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SANTIAGO MONTERO

D ic c io n a r io
DE ADIVINOS,
MAGOS
Y ASTRÓLOGOS
D E LA
A n t ig ü e d a d

e d i t o r i a l t r o t t a
DICCIONARIO
D E A D I V I N O S,
MAGOS Y
ASTRÓLOGOS DE
LA ANTIGUEDAD

SANTIAGO
MONTERO
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Diccionario de adivinos, m agos
y astrólogos de la Antigüedad
Diccionario de adivinos, magos
y astrólogos de la Antigüedad

Santiago Montero

e d i t o r i a l t r o t t a
Esta obra ha sido publicada con ayuda de la Dirección General del Libro,
Archivos y Bibliotecas del M inisterio de Educación y Cultura

C O L E C C I Ó N P A R A D I G M A S
B i b t i o t o. c a d e C i e n c i a s d e ¡ a s R e l i g i o n e s

© Editorial Trotta, S.A., 1997


Sagasta, 33. 2 8 0 0 4 Madrid
Teléfono: 593 90 40
Fax: 593 91 11
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© Santiago Montero, 1997

Diseño
Joaquin Gallego

ISBN : 84-8164-161-8
Depósito Legal: VA-852/97

Impresión
Simancas Ediciones, S.A.
Pol. Ind. San Cristóbal
C / Estaño, parcela 152
4 7 0 1 2 Valladolid
CONTENIDO

Presentación......................................................................................... 9
Introducción........................................................................................ 13
Bibliografía.......................................................................................... 29
Adivinos, magos y astrólogos de la Antigüedad
(por orden alfabético)......................................................................... 41

7
PRESENTACIÓN

La extraordinaria importancia que las prácticas adivinatorias y mágicas


de la Antigüedad tuvieron no sólo en la religión, sino también en la
política, en el ejército o en la sociedad, contrasta sin embargo con los
escasos nombres de adivinos, astrólogos y magos conservados por las
fuentes.
Ya el Antiguo Testamento se refiere a innumerables «profetas», «vi­
dentes», «hombres de Dios» cuyos nombres, en la mayoría de los casos,
desconocemos.
Del mundo clásico greco-romano, sobre todo antes de la era cristia­
na, ignoramos los nombres de muchos adivinos, profetas y «hombres
divinos» como es el caso, por ejemplo, del «griego desconocido»
(graecus ignobilis) que según Livio introdujo en Roma la celebración de
las célebres Bacanales del 186 a.C.:

La cosa comenzó con la llegada a Etruria de un griego desconocido que no po­


seía ninguna de las muchas artes que difundió entre nosotros el más culto de los
pueblos para el cultivo de la mente y del cuerpo: una mezcla de practicante de
ritos y adivino; y no era de los que imbuyen el error en las mentes con unas
prácticas religiosas declaradas predicando abiertamente la doctrina de la que
viven, sino un maestro de ritos ocultos y nocturnos (Liv., X X X IX , 8, 3-4).

Las fuentes antiguas, intelectuales y conservadoras, mantuvieron


un «despreciable silencio», en expresión de Cracco Ruggini, hacia estos
hombres y mujeres, cuyos nombres citaban sólo cuando sus pronósticos
ponían en peligro los intereses del Estado de la aristocracia.
A finales del siglo n d.C., Clemente de Alejandría realiza una lista
de los más célebres adivinos griegos. Muchos de ellos, como Aristón de
Tesalia, Cleofonte de Corinto, Dionisio de Cartago, Nicias de Caristo,
Polícratres de Tasos o Timóxeno de Corcira son, sin embargo, para
nosotros sólo nombres.

9
DICCIONARIO DE ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS

Los magos son silenciados aun con más frecuencia, probablemente


a causa de la clandestinidad de sus prácticas, perseguidas casi siempre
por las autoridades políticas. Tampoco se conservan los nombres de las
pitias que a lo largo de un milenio emitieron desde el santuario de
Apolo en Delfos sus influyentes oráculos dirigidos a ciudades y particu­
lares.
Este diccionario nace precisamente de la necesidad de preservar y
tener reunidos bajo su forma biografiada aquellos nombres de los que
aún sabemos algo. Existen numerosas monografías sobre los grandes
santuarios oraculares (Delfos, Claros, Dídima, el Serapeion de Alejan­
dría, Praeneste, etc.), pero ningún trabajo ha recogido hasta la fecha los
nombres de los adivinos que ofrecían sus servicios itinerantemente. A
ellos, también por primera vez, se incorporan los de los magos y astró­
logos más influyentes de la Antigüedad.
Cronológicamente la obra comienza con la figura del profeta Ba-
laam, a finales del segundo milenio a.C., y concluye con Albicerio, adi­
vino de los primeros años del siglo v d.C. Otro de los objetivos del
presente diccionario ha sido, precisamente, mostrar la sincronía de adi­
vinos y magos greco-romanos y orientales, así como de sus respectivas
técnicas.
Desde el punto de vista geográfico se ha pretendido abarcar todas
las culturas del mundo antiguo. Es evidente que Grecia, con sus nume­
rosos santuarios oraculares y sus adivinos y magos itinerantes, ejerció
un indudable predominio en este ámbito; pero limitar nuestro diccio­
nario a la cultura griega hubiera dado una visión greco-céntrica y par­
cial muy alejada de la realidad. De aquí la inclusión, por ejemplo, de
profetas y videntes judíos, de hechiceras tesalias o africanas, de astrólo­
gos babilonios o egipcios o de harúspices etruscos.
Hace unos años, el gran estudioso francés R. Bloch escribía:

Como en todos los ámbitos de la investigación religiosa, el estudio de la adivina­


ción exige acudir constantemente al método comparativo, pues si el papel y el lugar
del adivino varía según el caso y si las técnicas de adivinación son numerosas, la
vida adivinatoria, en cambio, tiene en todas partes las mismas tendencias, las mis­
mas necesidades, y como la imaginación del hombre tiene sus límites hay muchas
similitudes en las formas de interrogación y de respuesta observadas en los cuatro
puntos del mundo (La adivinación en la Antigüedad, México, 1985, p. 9).

Estas palabras de uno de los mejores conocedores de la adivinación


y los prodigios en la Antigüedad como era R. Bloch, justifican la publi­
cación y el planteamiento del presente diccionario.
Entre los criterios de selección seguidos en esta obra figura, ante
todo, el de incluir en ella a los adivinos, astrólogos y magos que ejercie­
ron su arte de una forma que hoy llamaríamos «profesional»; por esa

10
PRESENTACIÓN

razón he optado por dejar fuera aquellos personajes históricos —reyes,


políticos, militares, etc.— que sólo de forma ocasional o en calidad de
simples aficionados actuaron como tales.
Por el contrario, se presta atención a aquellos teóricos que escribie­
ron libros o tratados sobre adivinación, magia y astrologia. Son, por lo
general, adivinos y astrólogos que no ejercieron públicamente su arte
pero que, a su manera, es decir, sistematizando o profundizando en sus
respectivas doctrinas, contribuyeron a difundirlas.
Todos los personajes reunidos son históricos (o supuestamente his­
tóricos); quedan fuera —aunque nunca del todo— los adivinos, magos
y astrólogos de la literatura. Se ha hecho, no obstante, una excepción:
incluir los adivinos griegos de los ciclos tebano y troyano. Todos ellos
están más próximos a los hombres que a los dioses y la similitud de sus
técnicas adivinatorias con las practicadas por los profesionales históri­
cos así lo aconsejaba. El lector podrá reconocerlos fácilmente por la
ausencia de indicación cronológica en la entrada de la voz.
Por la misma razón han sido excluidos los dioses, héroes o ninfas
que sobresalieron por sus dotes adivinatorias o sus conocimientos má­
gicos, dado que hoy día existen en lengua española diccionarios muy
completos que cubren estas voces. Será oportuno recordar a este res­
pecto el magnífico estudio introductorio de C. García Guai, Introduc­
ción a la mitología griega (Madrid, 1992) y los repertorios de P. Grimal,
Diccionario de la mitología griega y romana (Barcelona, 1965) y A.
Ruiz de Elvira, Mitología clásica (Madrid, 1982).
Cada entrada consta del nombre en castellano seguido del nombre
originario (hebreo, griego o latín). Para la transcripción de los nombres
griegos se han seguido los criterios de M. Fernández Galiano, La trans­
cripción castellana de los nombres propios griegos (Madrid, 1969).
Junto al aspecto biográfico, cada voz recoge —cuando las fuentes
nos lo permiten— la palabra profètica, el pronóstico astrológico o el
conjuro mágico, que aparecerá en cursiva. Por último, no he renuncia­
do ni a la cita de las fuentes antiguas ni (cuando es posible) a una corta
referencia bibliográfica (que complementa el elenco bibliográfico de
carácter general que se incorpora al comienzo); tal información permi­
tirá en muchos casos profundizar en el conocimiento sobre determina­
do personaje. Las siglas de las revistas se corresponden con las recogi­
das en L ’Année Philologique y en J. L. Areaz, J. J. Caerols y A. López,
Clavis Periodicum, Madrid, 1995.
También he creído conveniente introducir al lector —mediante una
somera visión de carácter general— en la evolución de la adivinación,
la magia y la astrologia a lo largo del mundo antiguo, así como en las
diferentes formas que de ellas se practicaron.

11
DICCIONARIO DE ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS

En cualquier caso el objetivo principal de este diccionario es mos­


trar, a través del conocimiento de las biografías de estos personajes
históricos de la Antigüedad, lo alejado que nuestro concepto del anti­
guo adivino, astrólogo o mago suele estar de la realidad. Lejos del tópi­
co de un charlatán o falsificador, que sin duda también existieron, en­
contraremos a figuras que, al tiempo que practicaban sus técnicas,
participaban en la política o eran destacados militares, filósofos, litera­
tos o deportistas. Sea como fuera, con sus predicciones, con sus previ­
siones astrológicas o con sus conjuros cambiaron en no pocas ocasiones
el curso de la Historia.

12
Introducción
ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS DE LA ANTIGÜEDAD

1. LOS ADIVINOS

En todas las épocas y en todas las culturas del mundo antiguo, el hom­
bre ha sentido la necesidad de averiguar el futuro y en ocasiones tam­
bién el pasado y el presente que le era desconocido y al que por vías
racionales no podía acceder. Se dice por ello en la litada del famoso
adivino Calcante, que sabía «las cosas presentes, las futuras y las pasa­
das» (I, 70).
Las religiones oficiales e incluso los cultos mistéricos se preocupa­
ron por satisfacer esta necesidad de los fieles; pensemos, por ejemplo,
en el trance profètico de la Pitia en el santuario apolíneo de Delfos. Sin
embargo, al margen de ellas, proliferaron adivinos, magos y astrólogos
que — sobre todo en épocas de crisis— fueron consultados también a
título individual.
Pero reducir la adivinación a la práctica de profetizar los aconteci­
mientos futuros o de descubrir lo oculto y oscuro por medios sobrena­
turales o agentes mágicos, no sería justo. En un sentido más amplio, la
adivinación debe entenderse como la comunicación con el orden sagra­
do, con la divinidad, con las fuerzas naturales que se supone intervie­
nen en la vida del hombre y de la comunidad. Como dice A. Neher en
referencia a los profetas bíblicos, «la profecía responde a la nostalgia de
un conocimiento; pero no del conocimiento del mañana, sino del co­
nocimiento de Dios».
Entre los griegos la adivinación —considerada una técnica (téchne)
o un arte— se llamaba mantiké. Platón (Fedro, 244C) hacía derivar este
término del verbo máinesthai, «estar furioso», «loco», sin duda en refe­
rencia a la exaltación profètica, la más extendida —pero no la única—
de las técnicas adivinatorias; mántis, por tanto, designa al adivino. Los

13
DICCIONARIO DE ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS

romanos usaron el término divinatio, relacionado con divus y divinus,


para designar la adivinación, y el de divinus (pero también vates) para
referirse al adivino.
Los términos utilizados, pues, por griegos y romanos para designar
la adivinación tienen diferentes sentidos: los primeros, dándole una
interpretación más restringida, se fijan en la finalidad práctica del he­
cho, mientras los segundos hacen referencia con el vocablo a su aspecto
más general y sobresaliente. Cicerón así lo observó:

En esto, como en otras muchas cosas, nosotros hemos actuado mejor que los
griegos, ya que hemos dado a esta facultad superior un nombre sacado de la
divinidad, mientras que los griegos, según la interpretación de Platón, lo hacen
derivar de «locura» (furor) (De div., I, 1, 1).

Las formas de adivinación practicadas por los pueblos antiguos fue­


ron extraordinariamente numerosas y variadas, lo que explica que pron­
to surgiese la necesidad de clasificarlas. La división más común, que se
encuentra ya en Platón (Fedro, 244c) y será seguida más tarde por los
filósofos estoicos (Cicerón, por ejemplo, la desarrolla en su De divina-
tione, I, 72; I, 109-110; II, 26-27) es aquella que reconoce una adivina­
ción «intuitiva» o «natural» (mantiké átechnos, divinatio naturalis) y
una adivinación «inductiva» o «artificial» (mantiké techniké, divinatio
artificiosa).
En la adivinación intuitiva o natural los dioses se revelan directa­
mente a los hombres valiéndose de la posesión de una persona. El adi­
vino es directamente inspirado por la divinidad entrando así en un esta­
do de éxtasis o trance. Pertenecen, pues, a ella el delirio profètico, las
prácticas oraculares y los sueños premonitorios.
La adivinación natural estuvo especialmente arraigada en el Orien­
te. Desde el tercer milenio encontramos en Babilonia al baru o «viden­
te», término que parece corresponderse con los hebreos roeh y hozeh\
el término hebreo nabi, quizá de origen acadio, más genérico, suele
designar al profeta y acabó por imponerse a los anteriores cuando el
pueblo de Israel se instala en Canaán. Como el prophétes griego, el nabi
es un anunciador, es la boca de Yahveh porque anuncia su palabra. N o
obstante, en los primeros tiempos de la historia de Israel los que trans­
mitían oráculos de Yahveh eran llamados «videntes» y anunciaban
extáticamente las alabanzas de Dios. Hombres de Dios como Amos,
Isaías, Miqueas o Jeremías nunca se designaron a sí mismos nabi, térmi­
no que aparece en profetas como Oseas o Ezequiel.
Las formas de la revelación profètica se producían por medio de
sueños o de visiones, muy ligados —como en el caso de Jeremías— a los
éxtasis. Por lo general los libros proféticos no fueron escritos por los

14
INTRODUCCIÓN

profetas mismos, pero éstos sí dictaron oralmente oráculos aislados que


fueron fijados por escrito y coleccionados por sus discípulos, a los que
luego se añadieron noticias biográficas hasta configurar los actuales li­
bros proféticos.
Por otra parte, el texto bíblico da el nombre de «falsos profetas» a
hombres que se hacían pasar por profetas pero que, en realidad, no lo
eran: hablaban en nombre de Yahveh, sin haber sido enviados por él.
Los verdaderos profetas les acusaban de mentir, profetizar por dinero o
confundir al pueblo. De igual forma, son los profetas los suscitados por
Yahveh para que hablen en su nombre y no los magos y adivinos:

Cuando hayas entrado en el país que Yahveh, tu Dios, te otorga, no aprenderás


a imitar las abominaciones de aquellas naciones. N o ha de hallarse en ti quien
haga pasar a su hijo o su hija por el fuego, quien practique la adivinación, agore­
ro por las nubes, adivino, mago, quien obre encantamientos, consultor de espec­
tros u oráculos o evocador de muertos; pues constituye una abominación para
Yahveh el hombre que hace tales cosas, y por causa de estas abominaciones,
Yahveh, tu Dios, arroja a estas naciones delante de ti. H as de ser perfecto con
relación a Yahveh, tu Dios. Pues esas naciones que tú vas a expulsar escuchan a
agoreros y adivinos, mientras que a ti no te consiente cosa parecida Yahveh, tu
Dios (Dt 18, 9-14).

También la adivinación natural o inspirada se desarrolló mucho des­


de antiguo en Siria. Por los archivos de Mari, ciudad del Eufrates medio,
se conoce la existencia del mahhu, verdadero enviado de la divinidad
que surge inesperadamente como portador de un mensaje revelado. Aún
en época tardía grandes personajes históricos como Alejandro Magno o
Mario recibieron oráculos de profetisas de esta nacionalidad.
En el mundo griego fue generalmente una mujer (sacerdotisa o no)
la escogida como médium para revelar el futuro. Cualquier dios podía,
en principio, adueñarse de ella para hablar por boca suya pero fue Apolo
el que con más frecuencia recurrió a este tipo de adivinación. La pose­
sión del dios fue considerada como un acceso de «locura» (manía en
griego, furor en latín), comparada muchas veces con los ataques epilép­
ticos o la inspiración poética. En la mitología griega, Casandra, invadi­
da por Apolo, ilustra bien esta forma de revelación; en época histórica
las pitias, sacerdotisas del templo de Apolo en Delfos, y las sibilas (en
singular es citada por primera vez en el siglo vi a.C. por Heráclito de
Efeso), mujeres mortales pero de gran longevidad establecidas por lo
general en una ciudad o cerca de ella, aparecen como prototipos de esta
adivinación natural.
Existieron, no obstante, contrapartidas masculinas de las sibilas:
los «báquides», quizá un término genérico para designar a los profetas
extáticos itinerantes en época arcaica. En el siglo iv a.C. Platón mencio­

15
DICCIONARIO DE ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS

na a los theomanteis y chresmódoí como adivinos inspirados y Plutarco


a los engastrimythoi.
Dentro de este mismo tipo de adivinación, figuraron los sueños.
Muchos pueblos antiguos consideraron los sueños como revelaciones
divinas de lo futuro, de verdades ocultas o, simplemente, como avisos
de los dioses. En el mundo griego y, más tarde en el romano, se multi­
plicaron los templos en los que los particulares recibían instrucciones
oníricas del dios (incubatio), generalmente para mostrarles el camino
de la curación; los de Asclepio (Esculapio) y Serapis se especializaron
en este método. Como los sueños que los dioses enviaban eran a menu­
do simbólicos y requerían una interpretación, tanto el personal de los
asklepieia y de los serapieia como los intérpretes de sueños profesiona­
les se prestaron a ello. Pero, al margen de los ritos de incubación, exis­
tían también intérpretes especializados, como Artemidoro de Daldis,
que viajaban de forma itinerante explicando el sentido de los ensueños
o las visiones nocturnas.
La adivinación artificial (a veces llamada también inductiva) es una
téchne o un ars\ el hombre no es — como en el caso anterior— invadido
por la divinidad, no sufre ningún raptus, sino que recibe de ella un
signo que le anuncia el futuro y que debe ser interpretado. Este signum
(seméion en griego) suele ser de carácter excepcional, por lo que no es
difícil reconocerlo pero ha de ser un intérprete, es decir, un exeghetés
(gr.) o interpres (lat.) quien lo interprete. Este es, por lo común, un
hombre y no una mujer: si Casandra era el prototipo de la profetisa
inspirada de la adivinación extática, su hermano Héleno destaca por
sus cualidades para la adivinación artificial. Dicho intérprete debe re­
unir — en Grecia y en Roma— las características contrarias a la «locu­
ra» de las pitias y sibilas: es un coniector y por tanto debe observar
continuamente la relación entre los signos y los acontecimientos para
saberlos predecir. El Estado se cuidó de que recibieran la educación
necesaria, siendo su téchne equiparada a otras que, como la agronomía,
la medicina o la meteorología, también predicen para el hombre.
En Grecia surge pronto la figura del sacerdote adivino, el mantis,
prototipo del hombre sabio. Se trata de auténticos profesionales some­
tidos primero a largos períodos de aprendizaje; unas veces transmiten
su saber especializado a personas especialmente cualificadas; en otras
ocasiones, el don de la interpretación se transmite dentro de una misma
familia, de generación en generación, como es el caso, por ejemplo, de
los Yámidas de Olimpia.
En los ciclos legendarios griegos aparece ya un buen número de
adivinos que realizan esta función de intérprete. Los manteis más anti­
guos de la mitología griega participan en empresas colectivas como la

16
INTRODUCCIÓN

expedición de los Argonautas y las dos guerras de Tebas, ambas fecha­


das por los historiadores antiguos en el siglo xm a.C. y, posteriormente,
en la guerra de Troya u homérica (Calcante, Héleno), que se creía cele­
brada a finales del siglo xn. Sólo a partir de comienzos de la época
arcaica vemos a los adivinos griegos al servicio de un gobernante.
Próximos a los manteis, los chresmologoi (o chresmódoí) ejercieron
en las ciudades griegas una notable influencia; coleccionaban oráculos
(generalmente versificados), atribuidos a algún adivino legendario como
M useo o Bacis, que luego transmitían al pueblo; aún a comienzos de la
guerra del Peloponeso (s. v a.C.), según sabemos por Tucídides (II, 8,
2), los cresmólogos seguían anunciando el futuro. M. P. Nilsson advir­
tió que el papel de los cresmólogos —como el de los manteis— no debe
ser subestimado, ya que desempeñaron en tiempos de agitación política
una extraordinaria influencia.
En el mundo greco-romano eran los animales y en particular las
aves los que más frecuentemente proporcionaban esos signos indirec­
tos. La ornitomancia descansaba en la atenta observación del tipo de
ave, del vuelo o del graznido, siendo fuente de presagios importante
entre los pueblos indoeuropeos. Dicha «ciencia» la practicaron los grie­
gos desde muy temprano; Calcante es llamado por Homero «el mejor
de los oionopóloi» (de los intérpretes de pájaros); pero fueron sobre
todo los pueblos itálicos como los etruscos, umbros, marsos y latinos
los que más desarrollaron este arte. En Roma un colegio sacerdotal
especializado, el de los augures, fue el encargado de observar el vuelo
de las aves (auspicium) y revelar a los magistrados su significado.
Pero los dioses podían transmitir también sus signos valiéndose de
animales terrestres. La hepatoscopia o inspección del hígado de la vícti­
ma sacrificada (corderos y terneros) era una técnica usada entre los
babilonios y los hititas; los israelitas posiblemente la conocieron tam­
bién, pero no la practicaron. Recientemente ha sido hallado un hígado
votivo de bronce en el templo micénico II de Kition (Chipre), datado
en el siglo xii a.C. Pero aún anteriores son los hígados rituales encontra­
dos en la acrópolis de Ras Shamra, junto con textos mitológicos hurri-
tas y vasos micénicos del fines del siglo xiv y comienzos del xm.
La hepatoscopia griega (también hieroscopia o extispicina), desco­
nocida aún a comienzos de la época arcaica, debió de llegar de Etruria.
Aquí existía un sacerdocio, el de los harúspices, especializado en esta
técnica adivinatoria así como en la interpretación de los rayos y los
prodigios. Tales signos eran considerados como expresión directa de la
voluntad de los dioses, manifestaciones de la voluntad o de la cólera
divina ante el comportamiento de los hombres. Estos sacerdotes creían
en un principio de correspondencia entre el mundo terrestres y el mun­

17
DICCIONARIO DE ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS

do celeste, en base al cual el hígado de los animales era imaginado como


reflejo de la división de la bóveda celeste.
Roma requirió la presencia y la colaboración de los harúspices
etruscos a comienzos del siglo 11 a.C., lo que constituyó un caso único;
pocas sociedades antiguas permitieron que un sacerdocio de nacionali­
dad extranjera —etrusca en este caso— participara en la religión y en
los asuntos políticos nacionales. Es cierto que no faltaron en Roma
actitudes de desconfianza hacia los harúspices y, así, Tiberio Graco se
refiere a ellos como Tusci ac barbaria pero dichas actitudes fueron mi­
noritarias, ya que los harúspices llegaron a contar incluso con el apoyo
del Senado romano. En el año 186 a.C. el cónsul Postumio equipara,
por primera vez, la ciencia de estos adivinos con los decretos de los
pontífices y los senatusconsulta. Pocos años después, el Senado dictaba
un decreto por el que protegía los estudios de esta ciencia adivinatoria,
creando un Ordo L X haruspicum, órgano supremo de los harúspices
con sede en la ciudad etrusca de Tarquinia.
La colaboración del Senado con los harúspices etruscos, pertene­
cientes por lo general a las oligarquías locales, se explica por la induda­
ble atracción que los romanos sintieron por sus técnicas adivinatorias y,
en particular, por sus libros sagrados (conocidos como la Disciplina
Etrusca) donde se recogían las revelaciones de los dioses a Tages y
Vegoia.
En Roma la adivinación artificial es una de las características de la
religión. Los cargos sacerdotales romanos relacionados con la divinatio
—augures y decénviros— eran compatibles con el ejercicio de las ma­
gistraturas, aunque a diferencia de éstas podían desempeñarlos de por
vida. Además, su objetivo no era revelar el futuro (para lo que ya conta­
ban con los harúspices etruscos), sino reconocer los signos que adver­
tían la ruptura de la pax deorum, es decir, de las relaciones entre los
dioses y la comunidad. En el caso de que los dioses se indispusieran
contra la ciudad a causa de alguna falta, los hombres debían realizar las
expiaciones rituales indicadas por decénviros y harúspices para resta­
blecer cuanto antes la normalidad.
Otra forma más de adivinación artificial fue la cleronomancia o
adivinación por medio de las suertes, practicada sobre todo en Grecia.
Las suertes (lat. sortes) eran, generalmente, pequeñas tablillas de madera
sobre las que estaban inscritas palabras o letras que, al unirse, formaban
frases; otras veces eran dados, habas o huesecillos. Solían ser extraídas
por un niño o arrojadas fuera desde un recipiente; naturalmente no se
consideraban sólo cuestión de azar, sino también manifestación de la
voluntad misma de los dioses. En Roma algunos santuarios, como el de
Fortuna de Praeneste, estaban especializados en este tipo de adivinación.

18
INTRODUCCIÓN

Dentro igualmente de esta categoría existían diferentes variedades


en función del instrumento que se utilizaba, como las flechas (beloman-
cia), las varitas (rabdomancia) o los dados (pseformancia). Otros méto­
dos como la hidromancia (adivinación por el agua) o la cataptromancia
(adivinación mediante espejos), basadas en las virtudes de los objetos
resplandecientes, estuvieron más ligados a los santuarios (como el de
Deméter en Patras) que a los adivinos, siendo también menos populares.

2. LOS MAGOS

La magia — como la haruspicina o la astrología— descansa sobre unos


principios básicos. Considerada como «hermana bastarda de la ciencia»
(Frazer), se basa, como ésta, en la observación (aunque sea superficial y
rudimentaria) y en el principio de que existe un orden o unas leyes en la
naturaleza que permiten que las cosas, las palabras y las personas estén
íntimamente relacionadas entre sí.
Es característica de la magia la idea de que el mago o la hechicera
obran por virtud de sus propios medios y poder, independientemente
del dominio divino o de la ley moral. Para ello, el mago puede actuar
bien mediante la «homeopatía» o «magia simpática» (si se quema una
imagen de cera, el enemigo arderá de fiebre; si se golpea un escudo, se
provocará el trueno), bien mediante el «contagio» (se tendrá poder so­
bre una persona si se dispone de algo que pertenece a ella, a veces
incluso simplemente conociendo su nombre).
La magia fue utilizada con fines diversos: protegerse de enemigos y
peligros (magia apotropaica), curar enfermedades y aliviar dolores (ma­
gia terapéutica), suscitar el amor de un hombre o una mujer (magia eró­
tica) o adivinar el futuro (magia adivinatoria). N o obstante, los papiros
mágicos combinan en ocasiones algunas de estas funciones.
La extraordinaria variedad de amuletos o de tablillas de execración
(tabellae defixionum) bastan para darnos una idea de la diversidad y de
las finalidades de la magia; las tabellae (tablillas cuyo objetivo era so­
meter a una persona o anular su voluntad mediante una inscripción en
la que se invocaba el poder de las fuerzas infernales) fueron clasificadas
por A. Audollent en: judiciales (empleadas en los juicios), agonísticas
(en competiciones deportivas), eróticas (para actuar sobre la persona
amada), execratorias (contra calumniadores o ladrones) y comerciales
(para favorecer transacciones).
La magia fue, en el mundo antiguo, un fenómeno prácticamente
universal, si bien las fuentes clásicas señalaron a algunos pueblos o tri-
»' bus por sobresalir en el dominio de técnicas mágicas de características

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DICCIONARIO DE ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS

propias; así, los babilonios, los persas, los egipcios, los hebreos, los
galos, los marsos, los psilos o los tesalios.
La arqueología ha puesto al descubierto textos mágicos (sobre tabli­
llas de arcilla) pertenecientes a la biblioteca del rey Asurbanipal en Nínive
y en las ruinas de Assur. Se trata de documentos que datan de los siglos
vm-vn a.C. pero seguramente inspirados en textos sumerios o acadios de
comienzos del segundo milenio. N o sorprende, pues, que los historiado­
res griegos hiciesen a los babilonios maestros de los grandes magos
iranios, como Zaratustra, Ostanes o Histaspes.
Precisamente la palabra «mago» viene, a través del griego (magos),
del persa (magu). Designaba, en origen, una tribu meda (Herod., I,
101) que constituía —según los antiguos— una casta sacerdotal al tiem­
po que una clase social, al estilo, pues, de los brahmanes entre los in­
dios. Sus deberes religiosos eran muy variados (sacrificios y libaciones,
ritos funerarios, himnos rituales) y llevaban a cabo prácticas más de
tipo adivinatorio (como la interpretación de sueños) que propiamente
mágico. Muchos de estos magoi persas se vieron envueltos en las luchas
dinásticas que concluyeron con la toma del poder por Ciro y Darío.
Tampoco faltaron leyendas sobre los contactos de los magos iranios
con Egipto, donde la magia está documentada ya en los Textos de las
Pirámides del Imperio Antiguo; el clero egipcio hacía uso de ella sobre
todo para asegurar la felicidad del faraón en el M ás Allá. El Antiguo
Testamento es rico en alusiones a los magos egipcios que, al servicio del
faraón, llegan incluso a competir con el propio Yahveh.
Sin embargo, los magos egipcios no parecen haber existido como
tales. En Egipto, los sacerdotes desempeñaban un papel fundamental
en el mantenimiento del orden social y del orden cósmico, tan estrecha­
mente ligados; como intermediarios entre los dioses y los hombres,
gozaban de un enorme prestigio. Pero, en particular, su poder les vino
tanto de su condición de depositarios de las tradiciones nacionales como
de su gran sabiduría. Desde la Baja Epoca, el sacerdote es un represen­
tante culto y letrado, cuyo saber es de carácter universal (astrología,
farmacopea, filosofía, etc.), célebre, sobre todo, por su capacidad para
transmtir la voluntad de los dioses mediante la interpretación de signos
y oráculos y para intervenir en el ámbito de la magia. Este tipo de cono­
cimiento, que en realidad constituía sólo una parte de las ciencias sacer­
dotales, proporcionó a los sacerdotes un poder ilimitado sobre los seres
—vivos y muertos—, los dioses o las fuerzas del Universo. Recurrían
con frecuencia a fórmulas mágicas antiguas (cantos, exorcismos) reco­
gidas en papiros celosamente custodiados en los sótanos del templo
(ádyta hypogaia). Dichos textos escritos se caracterizaban por su her­
metismo; eran difícilmente comprensibles para quien no fuese sacerdo­

20
INTRODUCCIÓN

te o escriba. N o puede sorprendernos, por tanto, que durante la época


helenística y romana el mago egipcio estuviera identificado con el «sa­
cerdote lector» (el hierogrammateus, o «escriba sagrado», en griego).
Adquirir todos estos conocimientos (religiosos, filosóficos, científi­
cos) exigía no sólo una iniciación, sino también un largo aprendizaje
(incluido el de la escritura jeroglífica), pues constituía una ars o téchne,
una scientia o sophía, generalmente consignada en libros. Era pues ne­
cesario iniciarse en ella pero también estudiarla, aprenderla. La arqueo­
logía ha puesto al descubierto cámaras y galerías secretas en el Serapeion
de Alejandría o en los templos de Dendera y Edfú, donde transcurría el
largo aprendizaje de los sacerdotes egipcios.
En todas las culturas del mundo antiguo los hombres y mujeres que
se entregaban a las prácticas mágicas —y, en general, todo especialista
religioso— solían pasar una iniciación ritual; pero también debían re­
unir unas facultades especiales que a veces reclamaban de los dioses
como nos recuerda Platón, en su República-,

... por su parte los adivinos y sacerdotes itinerantes (agyrtai kai manteis) van
llamando a la puerta de los ricos y les convencen de que han recibido de los
dioses poder para borrar, por medio de sacrificios o conjuros [...] cualquier falta
que haya cometido alguno de ellos o de sus antepasados; y si alguien desea per­
judicar a un enemigo, por poco dinero lo harán, sea justo o injusto, valiéndose de
encantos o de ligámenes, ya que, según aseguran, tienen a los dioses convencidos
para que los ayuden (364 b-c).

La magia fue uno de los elementos más decisivos para la penetración


de los cultos egipcios en Occidente, dado que las ideas o especulaciones
teológicas apenas jugaron papel alguno. Los ritos y fórmulas mágicas de
los magos egipcios o persas cautivaron al pueblo romano.
En Roma nunca llegó a desarrollarse una magia de características
propias; ésta se practicaba, sobre todo, en el campo (para atraer o recha­
zar las lluvias, para hacer pasar las cosechas de un campo a otro) y estaba
particularmente vinculada a la medicina. Roma toma tardíamente (a
mediados del siglo i a.C.) el término magus del griego. La magia griega
y especialmente la amorosa fascinó a los latinos, como refleja la literatu­
ra desde Levio a Virgilio. Por lo general la figura del mago se asocia con
extranjeros, sobre todo griegos, tesalios y, más tarde, egipcios.
Las autoridades romanas se resistieron inicialmente a ellos dictan­
do orden de expulsión en tres ocasiones: en el 33 a.C. (junto a los
astrólogos), en el 28 a.C. y en el 8 a.C. Muchos de los juicios de maiestas
celebrados durante la dinastía Julio-Claudia tuvieron como causa las
consultas de los particulares a los magos sobre el futuro del emperador
o de los miembros de la familia imperial. Pero con el paso del tiempo
fueron tolerados cada vez más e incluso atraídos a la corte. Durante el

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DICCIONARIO DE ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS

Imperio conocemos nombres de magos célebres, sobre todo de origen


egipcio, al servicio del Estado o del emperador como Queremón, pre­
ceptor del emperador Nerón, o Arnufis, colaborador de Marco Aure­
lio. Pertenecen a una élite de profesionales admirada por sus conoci­
mientos religiosos, filosóficos y científicos.
Prueba de la libertad de actuación de la magia y también de la nota­
ble actividad de los magos egipcios es, sin duda, la circulación en el
Egipto greco-romano de un gran número de papiros griegos mágicos,
en su mayor parte datados en los siglos m y iv d.C. El contenido de estos
papiros, recopilados y traducidos por primera vez por K. Preisedanz, es
muy variado: unos pertenecen a la magia protectora y apotropaica,
otros a la magia maléfica, otros a la magia amorosa y un nutrido grupo
de ellos a la magia adivinatoria.
Nuestra información de la magia greco-romana procede de las ins­
cripciones sobre plomo (las tabellae defixionum o tablillas de execra­
ción), los papiros, y la documentación literaria. Desgraciadamente los
libros de magia que circulaban clandestina o subrepticiamente se han
perdido. Las razones son obvias: sabemos que un joven de la aristocra­
cia romana, hijo del prefecto de la ciudad, Lampidio, fue condenado y
decapitado en el siglo iv d.C. por haber copiado textos mágicos (Amm.
Marc., XXVIII, 1, 26). Los emperadores cristianos ofrecían a los magos
la posibilidad de escapar de las persecuciones quemando sus libros ante
los obispos y adoptando la fe de la nueva religión oficial (CTh IX, 38,
3-8). El propio Crisòstomo (Acta Apost. Hom., XXXVIII = PG , IX,
273) describe libros de magia flotando sobre las aguas del Orontes,
arrojados por sus propietarios por temor a los fuertes castigos de la
legislación imperial o por simple precaución.
Con el paso del tiempo, los antiguos llegaron a distinguir varios
tipos de magia según su grado de evolución y desarrollo: además de la
magia propiamente dicha, la goecia y la teúrgia. Aún a comienzos del
siglo v d.C., Agustín de Hipona mantenía esta triple distinción:

Y se realizaban por la fe sencilla y la piadosa confianza, no por los hechizos o


vaticinios compuestos por el arte de impía curiosidad, que designan con el nom­
bre de magia, o con el nombre más detestable de goecia, o con el menos deshon­
roso de teúrgia (CD, X , 9, 1).

La goecia (goetia), que podríamos identificar con la «hechicería» o


«magia negra», es una magia vulgar, grosera, degradada, que descansa
en el ilusionismo y la charlatanería.
Generalmente la goetia va asociada a la magia nociva o maléfica, así
como a la magia amorosa o erótica, por lo que era perseguida y castiga­
da por la ley. En el primer caso recurría a los maleficios, las prácticas

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INTRODUCCIÓN

necrománticas y, sobre todo, a la elaboración de venenos (venena, phár-


maka)\ en el segundo, a los nudos, a efigies de las personas a las que se
desea atraer o a la elaboración de filtros amorosos (pocula amatoria).
En Roma y en general en el Imperio, este tipo de magia era practi­
cada casi exclusivamente por mujeres y, particularmente, por la saga, es
decir, por la hechicera no especializada, que con frecuencia actúa tam­
bién como alcahueta (lenae) o trabaja como mesonera (caupona). La
literatura latina nos ofrece una amplio repertorio de ellas: Canidia,
Ságana, Veya, Folia, Ericto, Meroe, etc.; suelen ser viejas de tez pálida
y cabello desordenado, que andan descalzas y actúan de noche cerca de
los cementerios. Se las conoce también por utilizar para sus prácticas
víctimas humanas (niños especialmente) y mutilar cadáveres.
En el extremo opuesto, durante el Imperio romano, se desarrolló
una forma más «evolucionada» de magia, conocida con el nombre de
teúrgia (theurgia). A su fundador, Juliano el Teúrgo, se atribuyó una
obra en hexámetros titulada Oráculos caldeos que fue muy bien acogi­
da por filósofos posteriores como Porfirio, y, en especial, por los neo-
platónicos (como Jámblico, el emperador Juliano, M áximo de Efeso);
aún en la Atenas del siglo v, Proclo dedica a la obra un extenso comen­
tario.
El foco desde el cual partió la teúrgia fue la escuela de Alejandría, a
finales del siglo i d.C.; los magos griegos y caldeos fueron quienes más
contribuyeron a difundirla por el Mediterráneo. El término «teúrgo»
no aparece antes de Porfirio (232-303 d.C.), quien, en opinión de algu­
nos estudiosos, pudo haber sido el inventor del mismo.
Se ha definido la teúrgia como una magia aplicada a un fin religio­
so; la diferencia entre ambas es clara: mientras la magia hace uso de
nombres y fórmulas de origen religioso con fines profanos, la teúrgia se
sirve de los procedimientos de la magia vulgar con un fin puramente
religioso.
La principal aplicación de la teúrgia fue la adivinación, como se
desprende de la existencia de sus dos ramas (Dodds): la consagración y
animación de estatuas de los dioses para obtener oráculos y el empleo
del trance de un médium (encarnación temporal de un dios en un ser
humano).
Los teúrgos componían y utilizaban una amplia colección de orácu­
los sagrados, generalmente de contenido muy oscuro, parecidos a res­
puestas de un médium. La teúrgia conoció un rápido desarrollo entre
las clases cultivadas, alcanzando su máximas cotas de popularidad a
mediados del siglo iv d.C.
Las teologías gnósticas y herméticas que se desarrollaron en el Im­
perio a partir del siglo m también estuvieron contaminadas de magia y

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DICCIONARIO DE ADIVINOS. MAGOS Y ASTRÓLOGOS

por ello Agustín asoció los gnósticos a los teúrgos. Uno de los textos
más importantes del Corpus Hermeticum, el Asclepius, retoma el tema
de la simpatía universal propia de la magia atendiendo también al papel
del demiurgo y los daimones.
Para entender las diferencias entre goecia o hechicería y las formas
más evolucionadas de la magia, como la teúrgia, es necesario conocer
las palabras que Heliodoro (s. iv d.C.), pone en sus Etiópicas en boca
del mago Calasiris:

Sin embargo, hay que distinguir dos tipos diferentes [de sabiduría]: una es vulgar y,
por decirlo así, camina sobre la tierra; es servidora de ídolos y da vueltas entre los
cuerpos de los cadáveres; es muy aficionada a los yerbajos y sólo se sostiene con
encantamientos; ni tiende ella a ningún fin digno, ni se lo procura a los que la
emplean; fracasa por su propia culpa la mayoría de las veces y en los casos en que
tiene éxito sus resultados son dolorosos y mezquinos, como alucinaciones en que lo
irreal se toma como existente, y frustraciones en las esperanzas; es hábil para encon­
trar todo lo que sea ilícito y magnífica cómplice en cualquier placer intemperante.
La otra, en cambio, la que verdaderamente hay que llamar sabiduría, porque la
primera no ha hecho más que usurpar y adulterar su nombre, esa en la que nos ejer­
citamos desde jóvenes los consagrados a la divinidad y todo el linaje sacerdotal, mira
a lo celestial, convive con los dioses y participa de su poder connatural, investiga el
movimiento de los astros y logra pronosticar el futuro; se mantiene lejos de los males
terrenales y se aplica al bien y a la utilidad para los hombres (III, 16, 3-4).

3. LOS A STRÓ LO GO S

La astrología fue conocida por primera vez en la tierra del Tigris y el


Eufrates. Los textos asirio-babilonios hallados en las excavaciones de
mediados del siglo xix permiten concluir que la «astromántica», quizá
emanación de una «religión astral», era practicada al menos ya en la
Mesopotamia del siglo vn a.C., si bien algunos de estos textos, según los
especialistas, parecen remontar incluso a la civilización sumeria del III
milenio. La antigüedad y superioridad de la técnica astrológica babiló­
nica es apuntada también por autores griegos como Diodoro:

Los caldeos, pues, que se cuentan entre los más antiguos habitantes de Babilonia,
ocupan en la distribución del estado una posición semejante a la de los sacerdo­
tes en Egipto: adscritos, en efecto, al culto de los dioses, dedican al estudio todo
el tiempo de su vida, disfrutando de la máxima reputación en el campo de la
astrología. Se dedican también en buena medida a la mántica, haciendo previsio­
nes acerca del porvenir, y se esfuerzan en procurar el alejamiento de los males y
la cumplimentación de los bienes, en unos casos mediante purificaciones, en
otros mediante sacrificios y en otros mediante algún tipo de conjuro (II, 29).

Se trata, pues, de sacerdotes dedicados al estudio de una ciencia en


la que astronomía y astrología se confunden. Los sacerdotes asirio-ba-

24
INTRODUCCIÓN

bilonios eran estudiosos del Universo, el cielo y sus constelaciones; pero


también consideraban que todo ello venían a ser «la caja de resonancia
de los acontecimientos terrestres y de las actividades y hechos del hom­
bre» (F. Lara). En los astros estaba contenido todo cuanto se desarrolla­
ba en la tierra y, por tanto, su adecuada interpretación permitía deter­
minar los hechos concretos presentes y las predicciones para el futuro.
Leer en los astros, interpretar sus «estaciones», era averiguar aquello
que iba a ocurrir en la Tierra. Los sacerdotes no observaban el cielo
sólo para profundizar en el movimiento de los planetas, las estrellas y
los fenómenos celestes desde un punto de vista «científico», sino tam­
bién para conocer el destino de los hombres.
Por lo general la frontera entre astronomía y astrología estuvo en el
Oriente, como más tarde en Occidente, mal definida, interfiriéndose
mutuamente. Astrónomos tardíos, como Naburamanni (hacia el 425
a.C.), Kidinnu (hacia el 300) o Sudinas (hacia el 240 a.C.) son citados a
veces como autoridades en materia astrológica.
Es esta casta sacerdotal la que, como sucede en el Poema babilónico
de la Creación, proyectó posteriormente una interpretación astrológica
sobre determinados mitos — como la lucha entre M arduk y Tiamat— de
la que inicialmente éstos carecían. En esta misma línea, los astrólogos
babilonios o «caldeos» (el término chaldaeus acabó siendo sinónimo de
astrólogo) también fueron expertos en la elaboración de horóscopos;
partiendo de la influencia y el determinismo que los astros ejercen sobre
una persona en el momento de su nacimiento podían predecir la vida de
cualquier sujeto.
Los griegos, llevados de su interés tanto por lo religioso como por
las leyes del cosmos y la naturaleza, siguieron — en lo que a este ámbito
se refiere— dos vías diferentes. Por una parte, una «vía astronómica»,
que en el siglo v a.C. había rechazado la idea de la Tierra como centro
del Universo y que en el m a.C. anticipó el descubrimiento copernicano
del movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Durante la época clásica
no faltaron escuelas griegas de astronomía, como las de Atenas, Rodas
o Samos, interesadas en el estudio del movimiento de los astros y, en
consecuencia, también en la medida del tiempo (determinación de la
hora, el día o la noche, fijación de una unidad de tiempo invariable, fi­
jación del calendario, etc.).
Por otra parte, en los círculos pitagóricos se puso de manifiesto un
temprano interés por la astrología caldea viva en el ámbito de la Acade­
mia de Platón, si bien no será hasta el período helenístico cuando la as­
trología oriental deje sentir su influencia sobre la sociedad. La expedición
de Alejandro, en los últimos decenios del siglo iv a.C., abrió —de forma
decisiva— el pensamiento científico griego hacia las observaciones y los

25
DICCIONARIO DE ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS

cálculos de los babilonios. Entre los tres siglos que transcurren de Alejan­
dro a Augusto la astrología oriental vencerá de forma definitiva.
Las doctrinas astrológicas de los babilonios o caldeos se difundie­
ron pronto por el Mediterráneo, sobre todo cuando Beroso, sacerdote
de Baal, fundó —hacia el 280 a.C.— una escuela en Cos. Fue también
autor de una Historia de Babilonia, dedicada a Antíoco I Sóter, donde
exponía las ideas básicas de la astrología. Astrónomos griegos de la talla
de Hiparco (190-120 a.C.), considerado por muchos como el más sa­
bio de los astrónomos de la Antigüedad, no tuvieron impedimento en
reconocer la superioridad de la ciencia astronómica oriental.
Pero no menos decisivas fueron también para Occidente las influen­
cias de la astrología egipcia, pues también a los sacerdotes egipcios se
les atribuyó una gran cantidad de observaciones astronómicas sobre el
movimiento de los planetas o la duración del año solar. Dichos conoci­
mientos eran celosamente guardados por la casta sacerdotal en el inte­
rior de los templos, si bien la perseverancia de los griegos, siempre
atraídos por la cultura egipcia, permitió que algunos de ellos —como
Tales o Eudoxo— recibieran sus enseñanzas de los sabios egipcios.
Hoy se considera que la astrología egipcia, como tal, es tardía, pues
apenas existen huellas de ella en el Imperio Antiguo. Las paredes de los
templos de Denderah, Edfú y Athribis, donde se representa a divinida­
des egipcias y signos zodiacales, serían los primeros testimonios conoci­
dos. Dicha astrología, de origen babilonio, no se practicaría pues antes
de la dominación griega del país. Pero para el futuro de la astrología
tendría una particular influencia una obra atribuida al rey Nequepso (s.
vil a.C.) y a su sacerdote, Petosiris que, aunque publicada hacia el 150
a.C., incorporaba conocimientos más antiguos. Dicho tratado, escrito
posiblemente en Alejandría, impulsó el prestigio de la astrología egipcia,
cuya influencia sobre la vida política y religiosa de la Roma se hizo sentir
ya en el siglo i a.C.
Roma, poco interesada en la astronomía como ciencia matemática,
vio cómo la astrología, pese a ser conocida tardíamente, ganó adeptos
entre los diferentes medios sociales: la poesía (y, en general, la literatu­
ra), la filosofía, la política e incluso la religión (una teología solar co­
nectada a cultos mitraicos) quedaron también impregnadas por esta
pseudo-ciencia.
Es una astrología que llega del Oriente, de mano de los llamados
«caldeos», pronto también conocidos como mathematici o astrologi-,
ambos términos son usados, sin embargo, para designar también — du­
rante el Imperio— al astrónomo: el término «astronomía» es atestigua­
do sólo a partir de época neroniana (Sen., Ep., 9 5 ,1 0 ; Petron., Sat., 88,
6) y el de astronomus aún más tarde.

26
INTRODUCCIÓN

Los primeros astrólogos debieron de llegar a Roma a comienzos del


siglo ii a.C., pues no sólo son citados por Catón (De agr. 5), sino que un
edicto fechado en el año 139 a.C. les obliga —por primera vez— a aban­
donar Italia en un plazo inferior a diez días. Pero este tipo de disposicio­
nes oficiales se reveló poco eficaz, como demuestra el hecho de que se
repitieran continuamente a lo largo de cuatrocientos años. Los astrólo­
gos no sólo no abandonaban Roma sino que fueron sumándose a otros
procedentes sobre todo de Egipto y de ciudades greco-orientales.
Durante el Imperio, la astrología conquistó casi todos los estratos
de la sociedad romana, desde los esclavos hasta el emperador. Busca­
ban en ella lo mismo que en otros ámbitos de la adivinación tradicional,
como la auguratio o la haruspicina: las llamadas «iniciativas» (gr. katar-
chái-, lat. electiones), es decir, saber si una empresa iba a tener éxito.
Otro método astrológico — éste más complejo y costoso— era la elabo­
ración de un horóscopo, es decir, la determinación de los astros en el
momento del nacimiento o —incluso— de la concepción de un indivi­
duo; dicha disposición determinaba el destino de la persona así como la
fecha de su muerte.
Juvenal (Sat., VI, 575-581) nos dice que las mujeres constituían las
mejores clientes de los astrólogos. Pero, como ya se ha dicho, tanto la
plebe como la aristocracia consultaron en mayor o en menor medida a
los astrólogos. Las diferencias entre una y otra eran, básicamente, dos:
los motivos de las consultas y el prestigio profesional del astrólogo.
Muchas escuelas filosóficas de época helenística prestaron a la as­
trología un valioso punto de apoyo, especialmente el estoicismo, que
defendía —aunque no unánimemente— la conexión recíproca o sym-
pátheia entre todas las partes del cosmos y la analogía entre el micro­
cosmos (el hombre) y el macrocosmos (el cielo). Zenón, Cleanto y
Crisipo, pero sobre todo Posidonio, ferviente defensor de la simpatía
universal, dieron un fundamento filosófico a la creencia en la astrología
situándola además en el conjunto de las ciencias y technai. Tampoco le
faltó el apoyo de algunos filósofos pitagóricos, como el célebre Nigidio
Fígulo.
Sólo los epicúreos o algunos escépticos radicales como Sexto Empí­
rico se mostraron hostiles a la astrología por considerarla una forma de
superstición.
Los más destacados personajes de la política —ya desde época re­
publicana— se sintieron pronto atraídos por esta pseudo-ciencia; Pom-
peyo, César o Craso —en el siglo i a.C.— no ocultaron sus consultas a
los caldeos. Continuando con esta tradición muchos emperadores ro­
manos —desde Augusto— se rodearon de ilustres astrólogos, sobre todo
de origen egipcio.

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DICCIONARIO DE ADIVINOS, MAGOS Y ASTRÓLOGOS

Pero la astrología también pasó a ser, desde los primeros años del
siglo i a.C., un peligroso instrumento de oposición a la política oficial;
Tiberio Graco y Cneo Octavio fueron quizá los primeros políticos re­
publicanos en recurrir a los consejos de la astrología. Las consultas a los
astrólogos, intensificadas a partir de Augusto, favorecieron las intrigas
sobre el futuro del emperador o de los miembros de la familia imperial.
Dichas consultas, efectuadas, sobre todo por los miembros de la aristo­
cracia, acabaron constituyendo un crimen de maiestas.
A partir del siglo 11 d.C. se advierte una distinción cada vez más
clara entre astronomía y astrología, como pone de manifiesto, por ejem­
plo, la obra de Sexto Empírico, Contra los astrólogos, y sobre todo la
producción de Claudio Ptolomeo, astrónomo y astrólogo alejandrino
de este mismo siglo.
Por último no podemos olvidar la «literatura astrológica», en la que
junto a tratados clásicos como el Tetrabiblos de Ptolomeo, las Antolo­
gías de Vetio Valente o la Matbesis de Fírmico Materno se incluyen
también numerosos manuscritos y textos astrológicos que han sido re­
unidos en los doce volúmenes del Catalogus Codicum Astrologorum
Graecorum (CCAG), publicados en Bruselas entre 1898 y 1953. Dichas
obras, de tipo teórico y doctrinal, daban a la astrología una apariencia
de rigor científico, contribuyendo así también, junto a la práctica diaria
de los astrólogos, a guiar los actos de muchos hombres. «Raramente
— escribió R. Turcan— una ideología ha regido la vida personal, fami­
liar, política con tanta prepotencia».

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40
DICCIONARIO DE ADIVINOS,
MAGOS Y ASTRÓLOGOS DE LA ANTIGÜEDAD
A

ÁBARIS / Ábaris (s. vi a.C.?).— Legen­ (quien sin embargo le considera un es­
dario adivino y taum aturgo (iatro- cita) y por Hipóstrato3.
mantis) hiperbóreo, pueblo al que los En sus viajes4 se detenía para reali­
griegos atribuían el conocimiento de la zar purificaciones, alejar pestilencias5
magia. Según la leyenda transmitida o desviar los vientos6, siempre sin to­
por Licurgo1, atravesando los mortales mar alimento alguno. En época hele­
un período de hambre y enfermedades, nística se le imaginó viajando a través
un oráculo de Apolo informó que sus de los aires transportado por una fle­
penalidades acabarían cuando los ate­ cha mágica que le había entregado el
nienses realizaran cierto sacrificio propio Apolo7 y que le permitía llegar
(proérosiá) en su honor. Ábaris llegó a a lugares inaccesibles.
Grecia procedente de una isla fértil y Ábaris reconoció en el filósofo Pitá-
de suave clima, de extensión no menor goras una encarnación del Apolo hi­
que Sicilia, situada «más allá de donde perbóreo. La relación de Ábaris con
sopla el viento del norte». Al verle, los Pitágoras (nacido en Samos hacia el
atenienses quedaron sorprendidos tan­ 580 a.C.) es mencionada por Aristó­
to por su carácter y la sencillez de sus teles y Heráclides, aunque probable­
costumbres como por su atuendo. mente se hablaba de ella ya en épocas
Atendiendo al oráculo, Ábaris reali­ anteriores; serán, no obstante, los filó­
zó el sacrificio y logró eliminar las cala­ sofos neoplatónicos los que más insis­
midades que padecían los mortales; tan en esa coetaneidad en la que hoy
dicho sacrificio parece ser una antigua no se cree. No tardó, pues, en hacerse
institución religiosa, probablemente de Ábaris un discípulo de Pitágoras, de
anterior a la fecha en que se creía había quien recibiría conocimientos sobre la
vivido Ábaris. Píndaro2 sitúa al perso­ naturaleza y los dioses e, igualmente,
naje en tiempos del rey Creso, es decir, sobre la adivinación por los números
hacia el 546 a.C. Según la Suda (s. x (cuando, hasta entonces, Ábaris sólo
d.C.), Ábaris habría llegado a Atenas utilizaba la observación de las entrañas
como embajador de los hiperbóreos de los animales8).
durante la LUI Olimpiada, es decir, Jámblico ' hace a Ábaris y Pitágoras
hacia el 568/565 a.C.; la misma fecha contemporáneos del tirano Fálaris de
es propuesta por Eusebio en su Crónica Agrigento (Sicilia), lo que es muy du­

43
A B D íA S

doso. Según este autor, Ábaris plantea­ co18). Otros autores, como Hecateo de
ba diversas cuestiones de carácter cien­ Abdera, le prestaron también gran
tífico y teológico a Pitágoras cuando atención19. En la Antigüedad circulaba
éste era prisionero del tirano griego y, un Lógos pros Abarin atribuido a Pitá­
viendo la lucidez de sus respuestas, goras.
pasó a venerarle com o a un dios. En Virgilio20 Ábaris es un guerrero
Fálaris decidió entonces actuar contra rútulo, muerto por Eusialo durante
los dos sabios, pero el mismo día en una salid a nocturna, m ientras en
que iba a ejecutarlos una conspiración Ovidio21 es un amigo de Fineo, y en
acabó con su vida. Ábaris es el destina­ Silio Itálico22 es un cartaginés.
tario de una carta del Pseudo-Fálaris10
seguida de una respuesta (falsa) del 1. Orat., fr. 86. / 2. Fr. 270 Snell-Mahler.
propio Ábaris. /3. Apud Harpokrat., s.v. «Ábaris»; Suidas, s.v.
El propio Jám blico11 nos dice tam­ «Abaris. Proerósia». /4. Herod., IV, 36; Steph.
Byz.,Hyperbóreioi./5.Jambl., Vit. Pyth., 135.
bién que Ábaris se detenía a veces en / 6. Porfirio, Vit. Pyth., 29 / 7. Jambl., Vit.
tierra, descendiendo de su flecha mági­ Pyth., 91; Porfirio, Vit. Pyth., 29; 140. / 8.
ca, para hacer una colecta con la que Jambl., Vit. Pyth., 147. / 9. Vit. Pyth., 215-
construir un templo al Apolo hiperbó­ 217. / 10. Ep., 56. / 11. Vit. Pyth., 91. / 12.
reo, a modo, pues, de los agyrtes o sa­ Diod., II, 47. / 13. Licurg., Orat., fr. 86. /1 4 .
Eq., 729. Cf. Suda, s.v. «Skythikoi». / 15.
cerdotes mendicantes de la Antigüedad.
Paus., III, 13, 2. / 16. Jambl., Vit. Pyth., 92. /
No han faltado mitógrafos que re­ 17. Plut., De aud. poet., 14 e; Anécdota
construyeran d itinerario geográfico Graeca, 1,178. / 18. Vit. Pyth., 215-221. / 19.
seguido por Ábaris a lo largo de su Diod., II, 47; Schol. Apoll. Rhod., II, 675. /
vida. Una de las escalas debió hacerla 20. Aen., IX, 344. / 21. Met., V, 86. / 22. Pun.,
en Délos, donde Ábaris renovó la anti­ X, 134.
gua alianza entre los hiperbóreos y los
habitantes de la isla12. Algunos autores [B ib l.: P. Boyancé, «Su r PÁ baris
d’Heraclide le Pontique»: REA, 36 (1934),
antiguos consideran que fue entonces pp. 321-352; G. Colli, La sabiduría griega,
— y no antes— cuando recibió de Trotta, Madrid, 1995, pp. 441-442.]
Apolo sus dotes proféticas13. En su
condición de profeta y purificador de
almas, Ábaris recorrió toda Grecia, re­ ABDÍAS / ‘Obadyahu (s. vi a.C.).—
velando los secretos del futuro y cu­ Uno de los doce profetas menores ju­
rando las enfermadades mediante fór­ díos (nabi), asentado probablemente
mulas mágicas. en Palestina tras la deportación de los
Según un escolio14, Ábaris recopiló israelitas a Babilonia. Su misión va es­
unos oráculos (los chrésmoi de Ábaris pecialmente ligada a sus ataques pro-
o chrésmoi Skythikoi) que, en su ma­ féticos contra el reino de Edom, en el
yor parte, eran prescripciones rituales. sur de Palestina.
Así, liberó a Esparta de una peste, sien­ La cronología de Abdías es, sin em­
do recordada su presencia en la ciudad bargo, discutida. Para unos, su misión
con un monumento levantado en el tuvo lugar en el siglo ix; en este caso su
templo de Koré Soteira'5. De igual for­ hostilidad contra Edom vendría justi­
ma purificó tam bién la ciudad de ficada por el ataque de este reino con­
Cnossos en Creta16^ tra Jorán, rey de Judá.
La leyenda de Ábaris —que, por Parece más probable, sin embargo,
otra parte, tanto recuerda a la de que la figura del profeta haya que si­
*Aristeas— fue tratada en una obra es­ tuarla en el siglo vi, cuando, tras la caí­
pecial por Heráclides del Ponto17 (con­ da de Jerusalén (587 a.C.) a manos de
sultada quizá más tarde por Jám bli­ los babilonios, los edomitas llevaron a

44
ACÁNTIDE

cabo repetidos saqueos sobre sus tie­ la luna, transformar la tierra firme en
rras e invadieron parte de su territorio; agua corriente o convertirse en lobo.
el libro de Reyes’ denuncia a «las ban­ En un acto de magia simpática cegaba
das de Aram» (Edom) y tanto los profe­ a los maridos arrancando con su uña
tas como los salmistas posteriores a los los ojos de las cornejas. Acántide con­
acontecimientos siguieron maldicién- sulta a los vampiros (striges) sobre la
dolos. Incluso después de la desapari­ muerte del poeta y con el propósito de
ción de Edom, el reino quedó como hacerle enloquecer elabora un filtro
prototipo de opresor del pueblo judío. (hipomanes) mezcla de hierbas y secre­
Abdías cree y espera la llegada del ciones de yegua preñada.
«día de Yahveh» o día del juicio contra El poeta recoge las seductoras pala­
las naciones (y en especial contra bras que Acántide, ahora en su faceta
Edom). Se le atribuye el libro más cor­ de alcahueta, dirige a Cintia, amante
to del Antiguo Testamento (21 versí­ del poeta, y con las que corrompe poco
culos), redactado, quizá, en el período a poco a la joven alejándola de éste:
posterior a la caída de Jerusalén (587
a.C.). En él se transmite el siguiente Si te agrada la aurífera ribera oriental
oráculo de Yahveh: de los Dorozantes [lejano pueblo del
Oriente, famoso por su oro] y la con­
¿Acaso en aquel día no exterminaré de cha que se enorgullece en el fondo del
Edom a los sabios y de la montaña de mar de Tiro, y te placen los tejidos de
Esaú la inteligencia? Y se aterrarán tus la Minerva de Cos, patria de Eurípilo,
guerreros, oh Temán, de suerte que y la frágil imaginería arrancada de los
todo varón será extirpado de la monta­ lechos atálicos, o los vasos que para ser
ña de Esaú. Por la mortandad, por la vendidos envía Tebas rodeada de pal­
injusticia, contra tu hermano Jacob, te meras, o los murrinos [vasos frágiles]
cubrirá la vergüenza y serás extirpado que se cuecen en los fuegos de Persia,
para siempre (Ab 8-10). ¡desprecia la fidelidad, derriba las imá­
genes de los dioses, triunfen las menti­
1 .2 R 24, 2. ras y quebranta las leyes de un pudor
perjudicial! Añade precio inventar un
[Bibl.: M. A. Arroyo, «El profeta Ab­ marido; haz uso de pretextos. El deseo
días»: Cult.Bib., 11 (1954), pp. 32-33; J. D. se acrecerá demorando la noche prome­
W. Watts, Obadiah, Grand Rapids, 1969.]
tida. Si acaso te mesara los cabellos, su
enojo puede serte provechoso: hay des­
pués que oprimirlo con una paz rega­
ACÁNTIDE / Acanthís (s. i a.C.?).— teada [...] Suplicante, siéntate a tu
Hechicera (saga) y alcahueta citada por lado, tú dispon tu sillón, escribe cual­
el poeta Propercio (50/47 a.C.-2 d.C.), quier cosa: si él teme tus artimañas
quien dirige contra ella una de sus ele­ ¡tuyo es! Muestra siempre mordiscos
gías1; el personaje es histórico, en opi­ recientes en tu cuello, que él piense que
nión de algunos autores. Propercio te los han dado en lid alterna [...[ Aco­
maldice a esta saga, corruptora de jó­ módate a las costumbres de tu amante;
venes enamoradas, cuya muerte desea; si canciones vocea, acompáñale y, em­
el tema fue tratado también por Hora­ briagada, une tu voz; que tu portero
cio (quien en Epodos2 execra a la lena esté despierto para los dadivosos: que
*Canidia) y Ovidio (quien en Amores3 se adormezca sobre el cerrojo bien
maldice a *Dipsas). echado, si viene desprovisto el que lla­
Propercio destaca los poderes de la ma. Y no te desagrade un soldado rudo
hechicera, capaz de alterar el curso de en am or, ni un marinero, si en su

45
ACHINAPOLO

encallecida mano trae monedas, ni ignoran, igualmente, inquietudes as­


aquellos de cuyos bárbaros cuellos pen­ trológicas en este personaje.
dió un cartel cuando untados de greda La idea de que el momento de la
danzaron en medio del foro [esclavos concepción era el más importante en la
extranjeros]. Tú atiende al oro, no a la determinación del horóscopo debió de
mano que lo trae. De oir versos, équé ser emitida por los filósofos antiguos
sacarás en limpio sino palabras? ¿De (J. Soubiran), si bien era muy difícil
qué sirve, vida mía, presentarte con el precisar dicho momento a causa del
cabello adornado y mover los pliegues largo período de gestación. Fue un mé­
delicados de un vestido de fina seda de todo astrológico, pues, poco extendi­
Cosf Del que te ofrende versos, pero do y reservado sólo a personajes de la
no el regalo de un vestido de Cos, séate realeza como Antíoco I Epífanes o el
la lira sorda y sin metal. Mientras la emperador Augusto. La mayor parte de
sangre bulle primaveral, mientras tu los astrólogos consideraba que concep­
edad carezca de arrugas, disfruta, no ción y nacimiento se producían nece­
sea que el día de mañana le quite la sariamente en las mismas circunstan­
flor a tu rostro. Yo vi las fragantes cias y bajo influencias astrales análogas,
rosaledas de Pesto, que vida prometían, por lo que el horóscopo del nacimien­
quedar mustias bajo el viento de una to era suficiente.
mañana {Eleg., IV, 5, 21-62).
1. De arch., IX, 6.
Estas palabras explican que la figu­
ra de Acántide, como la de *Dipsas,
haya sido considerada un precedente ÁGABO / Aagabo (s. i d.C.).— Miem­
de ciertos personajes literarios como la bro de la primera comunidad cristiana
Celestina. de Jerusalén, dotado del don de la pro­
fecía. Poco después de haberse conver­
1. IV, 5 . / 2 . 5 y 1 7 . / 3 . 1 , 8 . tido, anunció desde la ciudad de An-
tioquía un periodo de hambre «en todo
[Bibl.: A. M. Tupet, La magie dans la el orbe», es decir, en las provincias del
poésie latine, Paris, 1976, pp. 285-288.] Imperio rom ano. Hechos' recuerda
que la epidemia se produjo, efectiva­
mente, bajo el gobierno del emperador
A CH IN A PO LO / Achinapolus (s. i Claudio; conocemos, concretamente
a.C.?).— Astrólogo egipcio citado sólo una carestía en Judea durante los años
por Vitrubio1. Dejó una teoría de los 45-46 d.C., lo que justificaría el envío
horóscopos basada no en el momento de suministros por parte la comunidad
del nacimiento, sino en el momento de cristiana de Antioquía a los hermanos
la concepción. Los manuscritos dudan de Judea2.
entre Achi- y Archi- pero el nombre no Agabo reaparece en Cesarea, años
es citado por otras fuentes. Algunos más tarde (58 d.C.), en compañía de
autores (E. Maas) han leído Anchimo- Pablo. El profeta predice entonces,
lus, identificándolo, a su vez, con el mediante gestos simbólicos, la próxi­
Molón citado por Teócrito, si bien éste ma cautividad del apóstol. Concreta­
no dice que Molón sea astrólogo. Otro mente le quitó a Pablo el cinturón, se
autor (V. Rose) propone leer Atheno- ató con él los pies y las manos y dijo:
dorus e identificarlo con Kordylion, un
filósofo estoico al frente de la Bibliote­ El Espíritu Santo dice lo siguiente: «Así
ca de Pérgamo que vivió hacia el año atarán los judíos en Jerusalén al hom­
70 a.C. y que murió en Roma, pero se bre de quien es este cinturón, y lo en-

46
AGESIAS

fregarán en manos de gentiles» (Hch dote Josué se iniciaron los trabajos de


21 , 12). reconstrucción de la Casa de Yahveh. El
oráculo de Yahveh transm itido por
En efecto, la revuelta producida por Ageo dice:
los fanáticos judíos en las proximida­
des del Templo de Jerusalén fue la cau­ Subid al monte, traed madera y recons­
sa de que Pablo fuera detenido por las truid la Casa, y me complaceré en ella
autoridades rom anas, encerrado en y seré así honrado... Porque es mi Casa
Cesarea y, posteriormente, llevado a la que está en ruinas y vosotros corréis
Roma3. cada uno a vuestra casa. Por eso los cie­
los os negaron su rocío y la tierra rehu­
1.11, 27. / 2. Hch 11, 29-20. / 3. Hch 28, só los productos. Y llamé a la aridez
16 ss. sobre la tierra, y sobre las montañas, y
sobre los cereales, y sobre el mosto y
sobre el aceite y sobre lo que el suelo
AGÉLOCO / Agélochos (s. v a.C.).— produce, y sobre el hombre, y sobre las
Adivino (mantis) griego perteneciente bestias, y sobre todo trabajo manual
a la rama espartana de la familia de los (A g í, 7-11).
*Yámidas. Era hijo del célebre mantis
*Tisámeno y padre de * Agías y quizá
En el oráculo de 2, 10-14 se alude a
también de *Tisámeno el joven según una futura ley sacerdotal que regule los
recuerda Pausanias1. N ada sabemos de
elementos santos e impuros introduci­
su actividad como adivino.
dos en el interior del Templo, cuya
construcción se estaba llevando a cabo
1.111,11,5.
entonces, pero del que el profeta espe­
ra que sobrepasará al primero.

AGEO / Haggay (s. vi a.C.).— Profeta 1. Esd 5, 1; 6, 14. / 2. Ag 1 ,1 ; 2, 20-23. /


hebreo de Jerusalén (uno de los doce 3. Ag 1,1.
«profetas menores»). Debió regresar a
la Tierra Santa con los repatriados del
exilio del 587 a.C. Es, por tanto, el AGESIAS / Agestas (466/5 a.C .).—
primero de los tres profetas posexí- Adivino griego (mantis) perteneciente
licos, junto a ^Zacarías y *Malaquías. a la rama siracusana de la familia de
Su actividad profètica coincide con los *Yámidas (que custodiaba el altar
el segundo año del reinado del persa de Zeus en Olimpia), hijo de Sóstrato1.
Darío (en el 520 a.C.). El libro de Vivió en la primera mitad del s. v a.C.
Esdras1 señala que profetiza para los Sirvió como jefe militar y como adi­
judíos de Judá y Jerusalén; Ageo hace vino a las órdenes del tirano Hierón I
una llamada para reconstruir el Tem­ de Siracusa (478-466 a.C.), de quien
plo ante la indiferencia generalizada acabó haciéndose am igo; nada, sin
del pueblo hebreo. embargo, sabemos de ambas activida­
Un corto libro del Antiguo Testa­ des, si bien unos escolios2 dicen que
mento lleva el nombre del profeta destacó en los combates por su arte y
Ageo; seguramente recoge sus pala­ su valor personal.
bras, pero debió de ser obra de algún Píndaro le dedicó su sexta Olímpi­
testigo. ca3 por su triunfo en la carrera de ca­
En uno de los oráculos se elogiaba a rros de muías en los juegos olímpicos
Z orobabel2, gobernador de Ju d ea3, del 4 68. El éxito fue celebrado en
bajo cuya dirección y la del sumo sacer­ Estínfalo (ciudad de Arcadia, de don­

47
AGIAS

de procedía la madre de Agesias) con de antemano el tiempo en que la luna


la oda que Píndaro compuso en Tebas es oscurecida «por la sombra de la Tie­
para la ocasión; a la fiesta se sumó rra». Engañaba así a las mujeres, a las
*Eneas, otro adivino estinfalio, quizá que convencía durante los eclipses de
pariente de Agesias. embrujar la luna y poder «hacerla ba­
Agesias murió asesinado en el 466/ jar». La creencia de que las mujeres
5, durante una revolución interna pro­ tesalias tenían el poder de «bajar la
ducida en la ciudad de Siracusa pocos luna» estaba muy extendida en la Anti­
meses después de la muerte del tirano4. güedad4. Ignoram os cuándo vivió,
aunque el personaje parece histórico.
1. Pind., OI., 6, 9; Schol. Pind., 14a. / 2.
Schol. Pind., 30c. / 3. OI., VI, 4, 22 ss. / 4. 1. Mor., 145 C; 416 F-417 A. / 2. Schol.
Schol. Pind., OI., VI, 165. Apoll. Rhod., IV, 59. / 3. Mor., 417 A. / 4.
Aristof., Nubes, 749; Platón, G o r g 513a;
[Bíbl.: Cauer, «Agesias»: RE, 1 ,1 (1894), Apol. Rodas, Arg., IV, 54 ss.
col. 795.]

AJAB / ‘Ajab (s. vi a.C.).— Falso pro­


AGIAS / Agías (2.a mitad s. v a.C.).— feta hebreo que vaticinaba en nombre
Adivino griego (mantis) hijo de Agélo- de Yahveh a la comunidad israelita de­
co y nieto del célebre *Tisame-no, per­ portada en Babilonia1. Fue denuncia­
teneciente a la «rama espartana» de la do y maldecido por * Jeremías (profeta
familia de los *Yámidas. verdadero), quien invocó —tanto con­
Las fuentes antiguas1recuerdan que tra él como contra Sedecías— un orá­
fue Agias quien animó de forma deci­ culo de Yahveh que decía:
siva al rey espartano Lisandro a atacar
a la flota ateniense en Egospótamos He aquí que yo los entregaré en manos
(405 a.C.), afirmando que lograría so­ de Nabucodonosor, rey de Babilonia,
meterla toda entera a excepción de que los hará m atara vuestros ojos; y de
diez embarcaciones que se refugiarían ellos se originará una imprecación pro­
en Chipre, como así sucedió2. verbial entre todos los desterrados de
En agradecimiento por este servi­ Judá que se hallan en Babilonia, excla­
cio, los espartanos elevaron en su ho­ mando: «¡H aga Yahveh contigo como
nor una estatua de bronce en el ágora con Sedecías y con Ajab, a quienes el
que aún podía ser contemplada en el rey de Babilonia tostó al fuego», ya que
siglo ii d.C. junto al altar de Augusto. obraron villanía en Israel, y cometie­
También tuvo otra en Delfos, próxima ron adulterio con las mujeres de sus
a la de Lisandro3. compañeros, y pronunciaron en mi
nombre palabras falsas que yo no les
1. Paus., X, 9, 7. / 2. Paus., III, 1 1 ,5 / 3 . había ordenado decir (Jr 29, 21-23).
Paus., X, 19, 7.
Por su condición de falso profeta,
A G L A O N IC E / A glaonike (s. n Nabucodonosor (605-562 a.C.), ins­
d .C .?).— Hechicera tesalia, hija de trumento de la justicia divina, lo man­
Hegétor, citada por Plutarco1y por al­ dó arrojar al fuego.
gunos escolios2. Era famosa por sus
1. Jr 29,21-23.
conocimientos astrológicos (astrologi-
kégyné, la denomina Plutarco3). Según
este autor, era experta en predecir AJÍAS / Ahiyyah (s. x a.C.).— Profeta
eclipses de luna llena, ya que conocía hebreo, originario de Siló, que anun­

48
ALBICERIO

ció el cisma de Israel mediante una ac­ der al príncipe Abdías, hijo de Jero­
ción simbólica1. Cuando en los últimos boam, muy enfermo, le anunció no sólo
años del reinado de Salomón (970-931 la muerte del niño sino la desgracia para
a.C.) Jeroboam salía de la ciudad de toda la casa real culpable:
Jerusalén, Ajías, que iba embozado en
un manto nuevo, le salió al encuentro. ...Así, pues, tú levántate y vete a tu
Cogiendo el profeta su manto lo rasgó casa; cuando tus pies penetren en la
en doce pedazos y, dirigiéndose al fu­ ciudad, morirá el niño. Todo Israel le
turo rey, le dijo: llorará, y le enterrarán; pues éste será
el único de los de Jeroboam que vaya a
Cógete diez trozos, pues así ha dicho parar a una sepultura, por cuanto que
Yahveh, Dios de Israel: He aquí que se ha hallado en él alguna cosa buena
desgarro el reino de la mano de Salo­ hacia Yahveh, Dios de Israel, dentro de
món y te daré diez tribus. La otra tribu la casa de Jeroboam. Yahveh se suscita­
será para él, en gracia a mi siervo David rá un rey sobre Israel, que aniquile la
y a Jerusalén, la ciudad que escogí de casa de Jeroboam: ¡en ese día! Luego
entre todas ¡as tribus de Israel [...] Sin Yahveh vapuleará a Israel, como la
embargo no retiraré de su mano todo el caña es agitada por las aguas, y arran­
reino, pues lo mantandré príncipe todos cará a Israel de este excelente país que
los días de su vida, en consideración a había dado a sus padres, y los dispersa­
David, mi siervo, a quien escogí, el cual rá a l otro lado del río [Eufrates] [...]
guardó mis mandamientos y mis leyes; Entregará a Israel, a causa de los peca­
pero retiraré el reino de mano de su hijo dos que Jeroboam ha cometido y ha
y lo daré a ti: las diez tribus; y a su hijo hecho cometer a Israel (1 R 14,12-16).
entregaré una sola tribu, a fin de que
David, mi siervo, tenga siempre una Los hechos no tardaron en confir­
lámpara ante mí en Jerusalén, la ciudad mar las predicciones del profeta. Muer­
que yo escogí para poner allí mi nom­ to Jeroboam, Nadab, su único hijo su­
bre. A ti te cogeré y reinarás sobre todo perviviente, sólo gobernó durante dos
lo que tu alma desee y serás rey sobre años, siendo asesinado por Basá, uno
Israel (1 R 11, 29-37). de sus generales. Este, tras proclamarse
rey, exterminó a toda la descendencia
Con este acto simbólico el profeta de la casa de Jeroboam3. Más tarde, a
daba a entender cuál es la voluntad de finales del siglo viii a.C., se cumpliría
Yahveh: Jeroboam reinará sobre la también la segunda parte del oráculo:
mayor parte de las tribus de Israel, el exilio de Israel al otro lado del Eu­
mientras que a causa de las infidelida­ frates.
des de Salomón, entregado al culto de
Astarté, éste sólo conservará la de Judá 1.1 R 11, 29-39. / 2 .1 R 12,26-33. / 3.1
(dos, en realidad, con la de Benjamín). R 14, 2-18; 1 R 15.
La promesa de Ajías, y en particular
el anuncio divino de una «casa firme»,
animaron a Jeroboam a acelerar sus ALBICERIO / Albicerius (s. iv d.C.).—
planes para asegurarse el poder. Adivino (divinus) de origen cartaginés
Pero una vez rey de Israel, Jeroboam citado por Agustín de Hipona en su li­
apartó a su pueblo de la religión de bro Contra los Académicos', escrito
Yahveh incitándolo a practicar sacrifi­ hacia el año 368 d.C. A los que iban a
cios en honor de Baal2, lo que no tardó consultar a este «vidente» respondía
en desatar la cólera de Dios. Cuando cosas «maravillosas y ciertas». En el
Ajías fue llamado por la reina para aten­ diálogo agustiniano, Albicerio es de­

49
ALEJANDRO

fendido por uno de sus personajes, Li­ lecturas), le advirtió que delante del
cencio, quien narra cuatro casos asom­ templo yacía tirada la estatua de un
brosos de los que fue testigo: antiguo sátrapa de Frigia, Ariobarza-
1) A una persona, a la que no cono­ nes; esta señal y otros presagios favo­
cía, que había perdido en su casa una rables animaron al adivino a asegurar
cuchara le adivinó no sólo lo que bus­ al monarca macedonio que obtendría
caba y dónde se hallaba oculta, sino su la victoria en una gran batalla de caba­
propio nombre. llería, especialmente si se daba la cir­
2) A un niño que llevaba unas mo­ cunstancia de celebrar el combate en
nedas, parte de las cuales había roba­ los confines de Frigia, como poco des­
do, le obligó a devolver las que había pués sucedería en la batalla de Gránico
hurtado sin haber visto la suma y sin (mayo/junio del 334 a.C.).
ser informado de lo que aquél había Finalmente anunció que con sus
hecho. propias manos Alejandro daría muerte
3) Estando Flaciano, un hombre de en el transcurso de un combate a un
alta posición social, en tratos para destacado general enemigo y que la
comprar una finca, preguntó a Albice- diosa Atenea colaboraría en su éxito.
rio si sabía qué asunto estaba llevando Como agradecimiento por el oráculo,
entre manos. El adivino manifestó la Alejandro dedicó su propia armadura
naturaleza del negocio y el nombre de como ofrenda a la diosa2.
la finca, que ni el propio Flaciano re­
cordaba. 1. XVII, 17, 6 - 7 /2 . Diod., XVII, 18,1.
4) Un hombre joven le desafió en
una ocasión a que adivinase lo que es­
taba pensando en aquel mismo instan­ A LEJAN D RO DE A B O N U T IC O /
te. Albicerio le respondió que tenía en Alexandrós (s. n d.C .).— Adivino y
mente un verso de Virgilio. Como él, mago fundador de un célebre oráculo
lleno de asombro, no pudo negarlo, le en Abonutico (Paflagonia), su ciudad
preguntó qué verso era y el adivino, natal. Sabemos de él a través de la bio­
que apenas sabía gramática, se lo reci­ grafía que le consagra su enemigo per­
tó completo. sonal, Luciano de Sam ósata (en su
San Agustín atribuye las dotes adi­ Pseudomantis) quien, sin embargo, re­
vinatorias de Albicerio a demonios o conoce haber consultado el oráculo de
espíritus que embaucan a los hombres2. Abonutico en varias ocasiones con el
En otra de sus obras3 explica las causas fin de poner al descubierto las super­
por las que Dios permite la adivinación cherías de Alejandro1, al que conside­
de los demonios. ra un «falso adivino» {pseudomantis).
Existen no obstante otras fuentes, ar­
1. Aug., C. Acad., VI, 17-18. / 2. De ordine, queológicas, epigráficas2 y numismáti­
II, 9, 27 = PL, 32, 1007. / 3. De div. cas, que prueban la historicidad de
daemonum = PL, 40, 582-591. Alejandro.
Alejandro debió de vivir en época
de los Antoninos, es decir, a mediados
A L E JA N D R O / A lexandrós (s. iv del siglo ii d.C. Dotado de gran talen­
a.C .).— Adivino (m antis) troyano. to, fue educado por un mago amigo y
Diodoro1 dice que una vez levantado compatriota de * Apolonio de Tiana,
el campamento de Tróade, Alejandro cuyo nombre no se cita. Concluida su
Magno se dirigió al templo de Atenea etapa de aprendizaje, decidió sacar
donde el encargado de los sacrificios, provecho de sus conocimientos. Se
Alejandro (o Aristandro, según otras asoció primero con un bizantino de

50
ALEJANDRO DE ABONUTICO

nombre ^Coconas, con el que acordó boca se abría o cerraba a voluntad del
fundar un oráculo en la ciudad de Abo- impostor y.
nutico bajo la protección del dios Una escultura marmórea hallada en
Asclepio. la antigua Tomi, considerada como
Para darle apariencia de autentici­ una imagen cultual, permite darnos
dad enterró unas tablillas de bronce en una idea de su apariencia: es de gran
el templo de Apolo en Calcedón —que tamaño (4,60 m) —enrollada al cuello
simuló después haber «descubierto»— y al torso de Alejandro aún tocaba el
en las que se anunciaba que «pronto suelo—, de cabeza «antropomórfica»
Asclepio, acompañado de Apolo, su —sobre todo los cabellos y las orejas—
padre, vendrían al Ponto y fijarían su pero también con partes propias de
residencia en Abonutico». El oportuno cabezas de perros y ovejas.
descubrimiento de estas tablillas difun­ Pronto estableció el método adivi­
dió inmediatam ente la noticia por natorio del oráculo de Glicón-Ascle-
Bitinia y el Ponto y, sobre todo, entre pio, tom ando com o m odelo el de
los habitantes de Abonutico. Anfíloco de M alo (Cilicia). Indicaba al
La llegada de Alejandro a su ciudad consultante que escribiera en una tira
natal despertó una gran expectación. de papiro lo que deseaba saber y que
De larga cabellera rizada, iba vestido luego la atara y la sellara con cera. El
con una túnica blanca y purpúrea so­ mismo tomaba las tiras y, ya en el inte­
bre la que caía un manto blanco y por­ rior del santuario, llamaba por orden a
taba una espada curva. Diversos orá­ los consultantes por mediación de un
culos hacían de él un descendiente de sacerdote. Después escuchaba al dios y
Podalirio (médico y adivino hijo de devolvía la tira sellada, sin abrir, tal y
Asclepio que participó activamente en como fue entregada, pero incluyendo
la guerra de Troya) y de Perseo, así en ella, debajo de la consulta, la res­
como un gran profeta. Uno de estos puesta del dios4. Luciano de Samósata
oráculos decía: describe algunos de los trucos utiliza­
dos por Alejandro para abrir los sellos
Este que veis aquí, hombre grato a sin que fueran advertidos5.
Zeus, de la estirpe de Perseo, / es el adi­ El precio de la consulta era caro:
vino Alejandro, partícipe de la sangre una dracma y dos óbolos6; un oráculo
de Podalirio (Alex., 11). emitido por Glicón había, sin embar­
go, anunciado el desinterés por el di­
Los habitantes de Abonutico fueron nero:
testigos del nacimiento de un nuevo
dios: Alejandro depositó en los cimien­ Os exhorto a conferir honores a mi ser­
tos del templo de Asclepio (cuya cons­ vidor y profeta, / no me preocupo en
trucción se iniciaba) un huevo de oca, exceso de las riquezas, sí de mi profeta
previamente vaciado, que encerraba en {Alex., 24).
su interior una serpiente recién naci­
da. Al «eclosionar» el huevo, apareció N o obstante, quienes pagaban más
la nueva divinidad, que recibió el nom­ podían recibir oráculos «autófonos», es
bre de Glicón (Glykón); algunos estu­ decir, pronunciados en voz alta por la
diosos (Eitrem) han relacionado el serpiente misma: un tubo acústico que
teónimo con el del dios de la gnosis salía de la cabeza del reptil permitía a
Chnubis o Cnumis, iconográficamente Alejandro simular el oráculo de Glicón.
afín. El dios tenía cuerpo de serpiente Las respuestas solían ser equívocas
y cabeza con rasgos humanos (la cabe­ y ambiguas recurriendo con frecuen­
za había sido pintada o modelada y la cia a expresiones tales como: Todo su­

51
ALEJANDRO DE ABONUTICO

cederá cuando yo quiera, y Alejandro, El niño murió a los pocos días, pero
mi profeta, me lo pida, y ruege por vo­ Rutiliano defendió al oráculo dicien­
sotros7-, a veces incluso carecían de sen­ do que lo ocurrido era precisamente lo
tido. Glicón prescribía también medi­ que el dios había querido predecir,
camentos y dietas, recomendando con pues ambos — Pitágoras y Homero—
frecuencia las cytmides, nombre inven­ muertos muchos siglos antes serían sus
tado por él para designar un remedio maestros, pero en el Hades.
fortificante hecho con grasa de oso. En otra ocasión Rutiliano le pregun­
Cuando el oráculo estaba en su apo­ tó de quién era el alma que él había
geo, Alejandro ideó un tercer método de recibido, a lo que el oráculo respondió:
consulta: los oráculos «nocturnos». To­
maba las tiras de papiro y se acostaba Primero fuiste el Pelida, después de
sobre ellas, dando las respuestas como si esto, Menandro, luego el que ahora pa­
las hubiese oído al dios en sueños8. reces, más tarde serás rayo solar, y vivi­
Con las enormes sumas que obtenía rás ochenta, ad em ás de cien años
(setenta u ochenta mil dracmas al año, (Alex., 34).
dice Luciano9) pagaba a las muchas
personas que estaban a su servicio: una Luciano dice que el oráculo se equi­
red de espías que le proporcionaba in­ vocó nuevamente con él, dado que
formaciones útiles, el personal dedica­ sólo vivió hasta los sesenta años.
do a la propaganda del oráculo, guar­ Fue precisamente gracias a la me­
dianes del templo, falsificadores de diación de Rutiliano como Alejandro
sellos, etc. logró entrevistarse con el emperador
La fama del oráculo se extendió por Marco Aurelio. Según Luciano, duran­
las ciudades vecinas llegando incluso a te la guerra contra los marcomanos
Roma, entre cuyos consultantes figu­ (hacia el 170 o 171 d.C.) el oráculo de
raron hombres de la categoría social de Alejandro prescribió arrojar «dos fie­
Severiano, tetrarca de Galacia, que lle­ les servidores de Cibeles» al Danubio,
vó a cabo una expedición militar con­ junto con perfumes de la India y otras
tra Armenia siguiendo las indicaciones magníficas ofrendas, como garantía de
del siguiente oráculo autófono: victoria y paz:

Después de someter a partos y arme­ En los remolinos del Istro, el río que se
nios con diestra lanza / regresarás a nutre de las lluvias de Zeus, / mando
Roma, y al agua del Tíber luminosa en arrojar a dos fieles servidores de Ci­
las sienes / llevando una diadema cen­ beles, / fieras en las montañas criadas,
telleante (A l e x 27). y cuanto cría el aire indio / de flores y
plantas perfumadas. Y al momento ha­
Otro personaje de alta condición so­ brá / una victoria, y gloria magna, jun­
cial que consultó repetidamente —me­ to con la anhelada paz (Alex., 48).
diante em isarios— al profeta fue P.
Mummius Sisentta Rutilianus, de fami­ El emperador, siguiendo las instruc­
lia romana consular y procónsul de Asia ciones del oráculo, arrojó dos leones
en el 150 d.C. Una de estas consultas se al río; los animales tras alcanzar a nado
refería al maestro que debía elegir para la orilla enemiga, fueron muertos por
que dirigiese los estudios del hijo de su los bárbaros. Sin embargo el oráculo
anterior esposa; Alejandro respondió: se mostró poco efectivo, pues, poco
después, cerca de veinte mil soldados
A Pitágoras y a l excelente aedo mensa­ romanos fueron hechos prisioneros y
jero de guerras (Alex., 33). los bárbaros lograron penetrar en sue­

52
ALEJANDRO DE ABONUTICO

lo itálico. Alejandro se defendió recu­ ayudar eficazmente a los hombres para


rriendo a la ambigüedad de los orácu­ evitar tales desastres. Uno de estos
los délficos, es decir, afirmando que la «oráculos autófonos» es citado tam­
victoria prometida por el dios se refe­ bién por Luciano:
ría a la de los bárbaros. Sólo entre los
años 166 y 169 el emperador logró a L a peste ahuyenta el bien crinado
duras penas rechazar a los marcoma- Apolo (Alex., 36).
nos invasores de las provincias orien­
tales. Algunos autores han creído re­ El verso era escrito sobre las puer­
conocer a los leones representados en tas de las casas para preservar a los ha­
la célebre columna de Marco Aurelio, bitantes de la plaga. Precisamente una
pero parece difícil admitir que un he­ inscripción con este mismo verso fue
cho de tan desgraciado recuerdo para hallada en Antioquía, lo que demues­
el ejército romano fuese conmemora­ tra la veracidad del relato de Luciano
do en un monumento oficial de estas (L. Robert).
características. Pero también es cierto que el orácu­
Alejandro mantuvo buenas relacio­ lo de Glicón-Asclepio desencadenó
nes con otros oráculos de la zona, en­ una fuerte oposición, sobre todo por
viando con frecuencia a muchos de sus parte de los filósofos epicúreos, resuel­
clientes a Claros, Dídima o Malo, lo tos a desenmascarar la farsa de Alejan­
que sin duda también contribuyó a dro. Desde su santuario, Alejandro
prestigiar el suyo. La ciudad de Abo- — dice Luciano— sostenía contra ellos
nutico llegó incluso a hacerse insufi­ una guerra sin tregua ni concesiones.
ciente para albergar el gran número de Una de sus armas fue el propio orácu­
peregrinos venidos de todas partes del lo: Alejandro emitió uno en el que, tras
Imperio. El propio Alejandro logró de haber sido preguntado por alguien qué
Roma que el topónimo de su ciudad hacía Epicuro en el Hades, respondió:
natal fuera sustituido por el más altiso­
nante de Ionopolis (conservado en el Lleva grilletes de plomo y está sentado
actual nombre turco de Ineboli), deri­ en cieno (Alex., 25).
vado de Ion, héroe epónimo de los
jonios. La ciudad recibió también, des­ En otra ocasión quemó una de las
de Lucio Vero, el derecho a acuñar más preciosas obras de Epicuro en el
moneda con las efigies del dios y del centro del ágora al tiempo que emitía
profeta. un nuevo oráculo:
En los últimos años, al decir de
Luciano, Alejandro dirigió sus orácu­ Te ordeno consumir en la hoguera las
los a los extranjeros que venían a con­ máximas del viejo ciego (Alex., 47).
sultarlo en sus idiomas de origen (si­
rio, celta, escita); la respuesta era Junto a los epicúreos, también los
escrita en esas mismas lenguas gracias ateos y los cristianos formaron parte
a la creación de un servicio de agentes de la oposición al oráculo. Por el con­
que la traducían10. trario, los filósofos platónicos, estoicos
También emitió oráculos durante la y pitagóricos (siempre según Luciano)
peste del año 165, distribuidos poste­ apoyaron al profeta.
riormente por todas las ciudades del Pero al margen de la actividad ora­
Imperio. Pretendiendo haber sido emi­ cular, Alejandro instituyó también
tidos con anterioridad a la aparición unos misterios (muy similares a los de
de la plaga predecía, junto a la peste, Eleusis) celebrados durante la noche
incendios y terremotos pero prometía con marchas de antorchas y ceremo­

53
ALEJANDRO DE ABONUTICO

nias sagradas. El primer día tenía lugar bañado con un color dorado, como el
la representación del parto de Latona que, según una tradición, tenía Pitágo-
(madre de Apolo), el nacimiento de ras; de esta forma aparentaba ser una
Apolo y su boda con la ninfa Coronis y reencarnación del filósofo griego. Para
la venida al mundo de Asclepio. El se­ resolver la polémica sobre si tenía o no
gundo día la aparición y el nacimiento el alma de Pitágoras, Glicón emitió el
del dios Glicón y, por último, el terce­ siguiente oráculo:
ro, las bodas de Podalirio (hijo de Es­
culapio) y de la madre de Alejandro El alma de Pitágoras, ora se extingue,
(que se decía descendiente de Perseo). ora crece de nuevo, i La del Profeta es
Una última representación cerraba los flujo del espíritu divino. / La envió el
misterios: la hierogamia de Selene (la padre como una ayuda para los hombres
Luna) y Alejandro. El papel de Selene buenos; / y a Zeus de nuevo volverá ful­
estaba encarnado por Rutilia, una her­ minada por el rayo de Zeus (Alex., 40).
mosa mujer hija del citado Rutiliano:
mientras Alejandro yacía dormido, ella Alejandro había anunciado en un
descendía sobre él desde el techo (que oráculo sobre sí mismo que viviría
simbolizaba el cielo) y, a la luz de las ciento cincuenta años y moriría fulmi­
antorchas, se daban besos y abrazos nado por un rayo14, pero murió en el
ante los presentes. Fruto de esta unión 174 d.C., es decir a los setenta, vícti­
nacería una hija, con la que más tarde ma de una pierna gangrenada «hirvien­
contrajo matrimonio el propio Ruti­ do de gusanos». Al morir, sus colabo­
liano, siempre siguiendo uno de los radores se disputaron su sucesión; su
oráculos de Alejandro. suegro, Rutiliano recibió el derecho a
Según Luciano11, muchas mujeres, impartir los oráculos «aunque él no
con la aprobación de sus maridos, pre­ estuviera». Algunos autores piensan
sumían haber parido un hijo de Alejan­ por ello que el oráculo pudo haber ad­
dro. Posiblemente éste las fecundaba quirido un carácter necromántico. Las
sustituyendo a Glicón pues las mujeres, monedas de Abonutico con la efigie de
llevadas de la extendida creencia griega Glicón llegan hasta la época de Trebo-
de que un dios-serpiente podía dejarlas niano Galo (251-253 d.C.), si bien es
preñadas, se acercaban con ese fin al posible que el oráculo permaneciese
santuario. Precisamente una inscrip­ activo algunas décadas más.
ción12 alude a un sacerdote llamado
Miletos, «hijo de Glicón Paflagonio». La 1. Alex., 53. / 2. IGRom., IV, 1498; CIL,
madre de Miletos debió, pues, de haber III, 1021-1022. / 3. Alex., 17. / 4. Alex., 19. /
visitado el santuario de Abonutico don­ 5. Alex., 20-22. / 6. Alex., 23. / 7. Alex., 22. /
S. Alex., 49.19. Alex., 2 3 ./ 10. Alex., SI. 1 11.
de recibió el milagro de un hijo, natural­ Alex., 42. / 12. ÍGRom., IV, 1498. / 13. CIL,
mente con la mediación de su sacerdote. III, 1021 y 1022./ 14. Alex., 59.
En Dacia (Apulum y Alba Julia) fue­
ron halladas dos inscripciones13 a Gli­ [Bibl. : Edición española del tratado de
cón (una de ellas hecha iussu dei). El Luciano: M. Giner Soria, Ello Arístides.
culto había penetrado más allá de los Luciano de Samósata. Discursos sagrados.
Cárpatos. Quizá esta expansión por Sobre la Muerte de Peregrino. Alejandro o el
falso profeta, Madrid, 1989. Sobre el per­
tierras danubianas se debió a la in­
sonaje: F. Cumont, «Alexandre d ’Abonoti-
fluencia de Rutiliano, el suegro de Ale­ chos: un épisode de l’histoire du paganisme
jandro, gobernador de la Mesia Supe­ au II siècle de notre ère», Mémoires de
rior entre los años 155 y 158 d.C. l’Academie Royale Belge, 40 (1887), pp. 3-
Muchas veces Alejandro se presen­ 54; E. Babelon, «Le faux prophète Alexan­
taba en público mostrando su muslo dre d ’Abonotichos»: RNum, 4 (1900), pp.

54
A MÓ S

1-30; F. Cumont, «Alexandre d ’Abonoti- 1. XXVIII, 1, 19. / 2. Amm. M arc.,


chos et le néo-pythagoricisme»: RHR, 86 XXVIII, 1, 19. / 3. Amm. Marc., XXVIII, 1,
(1922), pp. 202 ss.; A. D. Nock, «Alexan­ 20. / 4. Amm. Marc., XXVIII, 1, 21.
der of Abonuteichos»: CQ, 22 (1928), pp.
160-162; M. Caster, Commentaires sur Ale­ [Bibl.: S. Montero, Política y adivina­
xandre ou le faux prophète de Lucien, Paris, ción en el Bajo Imperio romano: emperado­
193 8 ; S. Eitrem, Orakel und Mysterien am res y harúspices, Bruxelles, 1991, p. 129.]
Ausgang der Antike, Berlin, 1947; L. Ro­
bert, «Lucien et son temps», en À travers
l’Asia Mineure, Paris, 1980, pp. 393-421; AMIAS DE FILADELFIA / Ammia (s. i
D. C lay , «L u cian o f S a m o sata: F ou r
d.C.?).— Profeta de la Iglesia, del que
Philosophical Lives (Nigrinus, Demonax,
Peregrinus, Alexander Pseudom antis)»:
nada sabemos, citado, junto a *Cuadra-
ANRW II, 36.5 (1992), pp. 3406-3450; F. to, por un antim ontanista anónimo
Guillaumont, «Lucien et la divination», en cuyo testimonio es recogido por Euse­
Les écrivains du deuxième siècle et l ’Etrusca bio de Cesarea1.
Disciplina. Caesarodonum, 1996, supl. 65,
pp. 13-25.] 1. HE, V, 17,3.

AM ANCIO / Amantius (s. iv d.C.).— A M Ó N / Ammon (s. iv d.C.).— Autor


Conocido harúspice de la segunda mi­ de un poema astrológico, Katarcha, del
tad del siglo iv d.C. citado por el histo­ que sólo se conservan 19 versos cita­
riador Amiano Marcelino1. El adivino dos por el escritor bizantino Tzetzes (s.
fue llevado ante un tribunal, por una xn). Este le menciona como destacado
delación anónima, acusado de haber astrólogo, aunque es probable que le
ofrecido sus servicios en Africa a Hyme- confunda con el Ammon al que están
tius, procónsul de la provincia conoci­ dedicadas las latrom athem atika de
do por sus críticas al emperador Valen- Hermes. Los críticos fechan los frag­
tiniano (364-375). mentos conservados en el siglo iv d.C.
El objeto de la visita de Amando es
revelado por Amiano: hacer un sacrifi­ [Bibl.: A. Ludwich, Maximus et Ammon,
cio «con propósitos criminales»; la acu­ Leipzig, 1877; Riess, «Ammon»: BE, I, 2
sación fue negada por Amando2. Pero (1894), col. 1858.]
en un registro privado fue encontrado
un escrito de Hymetius en el que roga­
AMÓS / ‘Amós (s. viii a.C.).— Profeta
ba al harúspice que realizara un rito
hebreo (nabí) nacido en Teqoa, al sur
solemne a la divinidad para aplacar a
de Judea. En origen debió de ser pro­
los emperadores Valentiniano y Gra­
p ie ta rio de g a n a d o 1 y q u izá de
ciano en su hostil actitud hacia su per­
sicómoros2. En 7 , 14a afirma: «Cierta­
sona3.
mente soy profeta (nabí) pero no un
Desconocemos qué ritos religiosos
profeta profesional (ben nabí)», lo que
pudo realizar el harúspice Amancio
ha dado lugar a interpretaciones muy
(Amiano parece referirse a un sacrifi­
diversas: a) funcionario cúltico dedi­
cio: ritu sacrorum sollemnium), pero
cado a la adivinación; b) profeta de
parece claro que no se trata de un rito
oficio; c) profeta pero no de oficio, es
haruspicinal a través del cual se quisie­
decir, llam ado expresam ente por
ra conocer el porvenir de los empera­
Yahveh.
dores o la voluntad de los dioses.
Amancio debió de intervenir en prácti­ Su actividad profètica hemos de si­
tuarla en el reinado de Jeroboam II
cas mágicas como confirma la pena ca­
(786-746 a.C.); es, por tanto, el pri­
pital que le fue impuesta4.

55
ANA

mer profeta cuyos oráculos se han con­ segador el que pisa la uva con el que
servado (en el Antiguo Testamento). esparce la semilla; y las montañas des­
Amos denuncia, ante todo, los ma­ tilarán mosto y todas las colinas se de­
les sociales de su tiempo: el lujo en el rretirán. Y repatriaré a los cautivos de
que viven los ricos de Samaria, el for­ mi pueblo Israel (Am 9, 11-15).
malismo cultural y la corrupción de los
profetas; también condena la violación Sin llegar a una concepción mono­
de los «derechos humanos» entre los teísta, Amos presenta a Yahveh como
pueblos extranjeros (2, 1). Sus ideas Señor de la naturaleza y las Naciones,
fueron la causa de que Amasias, sacer­ an ticip án d o se así a las id eas del
dote de Betel, ordenase su expulsión al Deutero-Isaías.
reino de Judá3.
Destacan sus profecías sobre el jui­ 1. Am 1,1. / 2. Am 7,14. / 3. Am 7, lOss.
cio final, reservado a una minoría:
[Bibl.: A. Neher, Amos. Contribution á
Así dice Yahveh: «Como rescata el pas­ Vétude du propbétisme, Paris, 1950; H. W.
Wolff, Uenracinement spirituel d ’Amos,
tor de las fauces del león dos patas o el
París, 1974; A. González, «Semblanza de un
extremo de una oreja, así serán resca­
profeta: Amos», en Profetas verdaderos,
tados los hijos de Israel que moran en profetas falsos, Salamanca, 1976, pp. 77-
Samaria, como un extremo de un le­ 95; J. L. Vesco, «Amos de Téqoa, défen-
cho, o como un pedazo de p ata de seur de l’homme»: Revue Biblique (1980),
cama» (Am 3, 12). pp. 481-513; A. G. Auld, «Amos and Apo­
calyptic: Vision, Prophecy, Revelation», en
El día de Yahveh, entendido por Storie dei profeti, Brescia, 1991, pp. 1-14.]
Amos en un sentido escatológico, no
será lu m inoso — com o el p u eblo
creía— sino triste y lleno de tinieblas: ANA / Ana (s. i a.C.).— Profetisa he­
brea, hija de Fanuel, de la tribu de Aser,
Ay de quienes ansian el día de Yahveh. citada en el Nuevo Testamento. Tras
El día de Yahveh, ¿de qué os servirá? siete años de matrimonio quedó viuda
Será tinieblas y no luz. Como cuando hasta los ochenta y cuatro. N o se apar­
huye un hombre delante de un león y taba del Templo de Jerusalén, sirvien­
topa un oso o entra en casa y, apoyan­ do a Dios con ayunos y plegarias día y
do su mano en la pared, le muerde la noche1. Por su condición de profetisa
culebra (Am 5, 18-20). se creía que en ella estaba el espíritu de
Dios y que recibía revelaciones divi­
Israel perecerá por completo si no se nas2; una de ellas le permitió recono­
convierte y hace el bien; sólo así situará cer al Mesías en el niño Jesús3.
a su pueblo en la tierra de la Promesa: Hechos4 alude a las cuatro hijas de
Felipe (cuyos nombres, sin embargo, no
En aquel día levantaré la cabaña de conocemos) también como profetisas.
David, que habrá caído, y repararé sus
brechas, y alzaré sus ruinas, y la recons­ 1. Le 2, 36. / 2. Le 2 ,25. / 3. Le 2 ,3 8 . / 4.
truiré como en otros tiempos de anta­ 2 1,9.
ño. A fin de que tomen a poseer el resto
de Edom y todas las naciones sobre las ANAXILAO DE LARISA / Anaxílaos
cuales es invocado mi nombre —orá­ (s. i a.C .).— Filósofo pitagórico y
culo de Yahveh que tal hace—. He aquí mago, originario de Larisa (Tesalia),
que llegan días —oráculo de Yahveh— expulsado de Roma e Italia por orden
en que el arador se encontrará con el de Augusto en el año 28 a.C .1. Dióge-

56
A N Fí L IT O

nes Laercio2 le atribuye un tratado So­ 175. / 7. Fr. 9 = Ps. Cypr., De rebapt., XVI. /
bre los filósofos, aunque también se le 8. Refut., IV, 28. / 9. NH, XIX, 21-26 y 28-
31. /1 0 . Ireneo, Adv. Haeres., 1,13; Ps. Cypr.,
considera autor de otros tres: Physikd,
De rebapt., III, 184.
Baphiká y Paígnia.
El motivo de su expulsión fue, más [Bibl.: Fragmentos: M. Wellmann, «Die
que sus enseñanzas filosóficas, la prác­ Physiká des Bolos Demokritos und der M a­
tica de la alquimia, la astrología y la gier Anaxilaos aus Larissa. Teil I», en Ab­
m agia. Los principales fragm entos handlungen der Preussischen Akademie der
conservados hacen referencia a los si­ Wissenschaften. Phil. Hist. Klasse, 1928; L.
guientes asuntos: T arán , «A n axilau s o f L arissa»: D SB, I
1) Propiedades ignífugas e insono- (1970), p. 150.]
rizantes del amianto3.
2) La tinta de la sepia posee poderes
tales que, puesta en una lámpara, la luz A N E B Ó N I Anebon (s. iv d.C.).— Des­
precedente desaparece y hace aparecer tinatario de una Carta de Porfirio so­
a etíopes. De igual forma, si el pulmo bre la filosofía de la religión y la
marinus se frota sobre un bastón, éste teúrgia. Debió de ser un mago y sacer­
se hace fosforescente4. dote de origen egipcio, discípulo de
3) Si se deposita el hipómano (sudor Porfirio y, después, de Jámblico. Di­
de yegua) en una lámpara, hace apare­ cha Carta se ha perdido pero podemos
cer cabezas de caballo5. hacernos una idea de su contenido a
4) Añadiendo azufre en un poco de través de los pasajes citados por Jám ­
vino y haciéndolo girar con los brazos blico, Eusebio de Cesarea y Agustín.
en alto se obtiene un reflejo que, al di­ Gran parte de la Carta estaba dedicada
fundirse sobre los invitados, hace que a las revelaciones oraculares, las epifa­
éstos adquieran un color pálido y mor­ nías o las apariciones de los dioses du­
tecino6. rante las sesiones teúrgicas', técnicas
5) Técnicas para hacer aparecer fue­ todas ellas en las que Anebón debía de
go sobre el agua7. ser un consumado maestro. Algunos
Existen algunas razones para creer autores proponen identificarlo con el
que Anaxilao conocía un método para «profeta egipcio» citado por Proel o2.
«fabricar» plata; la receta pudo apro­
piársela de alguna de las obras de * Bo­ 1. Porf., Ep. ad Aneb., II, 3b Sodano. / 2.
in Timaeum, I, 29-255.
los de Mendes.
En opinión de algunos estudiosos [Bibl.: A. R. Sodano, Porfirio. Lettera ad
(Wellmann) Anaxilao es el autor de Anebo, Napoli, 1958.]
prodigios y milagros atribuidos más
tarde a * Simón M ago8.
Un siglo después de su muerte, Ana­ ANFIARAO.— *Anfíloco.
xilao seguía siendo recordado como
autoridad en su materia. Así, Plinio el
Viejo le cita como una de sus fuentes ANFÍLITO / Amphílytos (s. vi a.C.).—
en los libros de su Historia N atu ral. De origen acarn an io , el ad ivin o
Autores paganos y cristianos aluden a Anfílito era contemporáneo del tirano
él aún en el siglo ii d .C .10. ateniense Pisístrato (527 a.C.), quien,
durante uno de sus exilios, recibió de
1. Jer., Chron. OI., 188, 1. / 2. III, 2. / 3. aquél el siguiente oráculo:
Fr. 1 = Plin., NH, XIX, 19 / 4. Fr. 2 = Plin.,
NH, XXXII, 141. / 5. Fr. 3 = Plin., NH, H a sido echada la trampa, la red se ha
XXXII, 141. / 6. Fr. 4 = Plin., NH, XXXV, tendido / y los atunes se precipitarán

57
ANFÍLOCO

con ímpetu en noche / de luna (Herod., A nfiarao participó activam ente


I, 62 ). — como guerrero y adivino— en la ex­
pedición de los «Siete contra Tebas»5
Comprendiendo el vaticinio, puso bajo el mando de A drasto, rey de
en movimiento sus tropas y, cayendo Argos; en las Olímpicas6 de Píndaro,
sobre Atenas cuando la población des­ Adrasto le llama «el ojo de mi tropa»,
cansaba, logró hacerse fácilmente con elogiando sus cualidades adivinatorias
el poder. Un autor cristiano, Clemente y guerreras.
de Alejandría1, dice que Pisístrato afir­ Durante el viaje a Tebas, a su paso
mó su tiranía gracias a que Anfílito le por Nem ea, los héroes pidieron a
designó cuál era «el instante propicio». Hipsípila, la esclava encargada de la
Se trata, probablemente, del primer custodia de Ofeltes (hijo del rey del
oráculo favorable sin reservas a un ti­ país), que les diese de beber. La mujer
rano. Anfílito debió de recibir de Pisís­ dejó al niño en el suelo durante unos
trato, como recompensa, la ciudadanía instantes siendo así que un oráculo ha­
ateniense, pues Platón2 y otros autores bía ordenado que no fuera depositado
más tardíos3 le consideraban origina­ antes de que aprendiese a andar. Apro­
rio de esta ciudad. vechando el descuido de la mujer una
El vaticinio de Anfílito fue emitido serpiente se precipitó sobre la criatura
en estado de trance (Heródoto emplea y la ahogó7. Anfiarao reveló el funesto
el término griego entheázon). Algunos significado de aquél prodigio: la expe­
autores han observado que Anfílito dición fracasaría y los jefes morirían.
abandonó las tradiciones de los anti­ El niño fue llamado Arquémoro («el
guos *M elampódidas para adoptar la primer muerto»), instituyéndose en su
adivinación intuitiva, entonces de honor unos juegos — conocidos más
moda. En su figura se confunde, sin tarde como ñemeos— en los que el
embargo, el cresmólogo con el exége- propio Anfiarao participó (en las mo­
ta, lo que también sucede en otros adi­ dalidades de salto y disco).
vinos como * Onomácrito. En Tebas, ante los muros de la ciu­
dad, Anfiarao intentó retrasar el últi­
1. Clem. Alex., Strotn., I, 132. / 2. Thea- mo —y fatal— asalto a la ciudad de­
ges., 124 d. / 3. Temist., Orat., 1, 26; III, 46; claran d o que las entrañas de las
XX, 235. víctimas prohibían atravesar el Ismé-
nos8. Fue quizá en aquel momento
[Bibl.: Hiller, «Amphilytos»: RE, I, 2
cuando Anfiarao, revelando su secre­
(1894), col. 1941.]
to, predijo que de todos los jefes de la
expedición sólo Adrasto regresaría
vivo al hogar; el héroe se entregaba así,
ANFÍLOCO / Amphílochos.— Héroe con resignación, al destino.
y adivino (mantis) mítico griego, hijo Poco después, Melanipo hería en el
del célebre Anfiarao y de Erifile. An- vientre a uno de los «Siete», Tideo.
fiarao, su padre, era un héroe y adivi­ Cuando éste yacía moribundo, Atenea
no griego de origen beocio. Su nombre le llevó un remedio para hacerlo in­
aparece ya en las tablillas micénicas1. mortal. Pero Anfiarao, que odiaba a
La mitología griega le presenta como Tideo, al darse cuenta de la intención
hijo de Oícles y de Hipermestra2, des­ de la diosa, cortó la cabeza de M e­
cendiente, por tanto, de *M elampo. Su lanipo y se le llevó a Tideo; éste la
mujer es la ambiciosa Erífila, hermana abrió y se comió los sesos. Al verlo,
de Adrasto’. Zeus y Apolo aparecen Atenea, asqueada, desistió de su buena
como sus protectores4. acción y lo aborreció9.

58
ANFÓTERO

Ya en los últimos momentos de la tarde, volviendo a la Hélade, la de


batalla, Anfiarao, herido en la espalda Argos (en Acarnania) si bien, al no
por la lanza de Periclímeno, iba a ser agradarle la evolución de la nueva ciu­
alcanzado por éste cuando Zeus hizo dad, regresó a Malo. Allí reclamó el
abrir la tierra ante él por un enorme mando a Mopso, pero, ante la negati­
trueno10, desapareciendo en su interior va de éste a entregárselo, ambos pelea­
Anfiarao con sus caballos, su carro y ron, pereciendo en el combate18.
su auriga. Conocida la noticia, su hijo Según Pausanias19 en su época exis­
Alcmeón —siguiendo las instrucciones tía un oráculo de Anfíloco en M alo de
de su p ad re11— m ató a su m adre, Cilicia, el más verdadero de todos. N o
Erífila, al regresar a Argos. Más tarde obstante, las fuentes atribuyen la fun­
organizaría una segunda expedición dación de varios oráculos al otro
contra Tebas en la que Alcmeón parti­ Anfíloco, hijo de Alcmeón y Manto.
ciparía junto a su hermano Anfíloco. Anfíloco recibió culto en Oropos, Ate­
Zeus concedió la inmortalidad a nas, Esparta y Etolia.
Anfiarao, que pudo así seguir impar­
tiendo sus orácu los (oníricos) en 1. KN, X, 94: A-pi-ja-re-wo. / 2. Pind., P.,
8, 39; Diod., IV, 68, 4. / 3. Od., XI, 326 ss.;
Oropo (Atica). Pausanias12 menciona a
Apolod., Bibl., III, 6 ,4 ; Est., Teb., 734 ss. / 4.
un exégeta, Iofón de Cnossos, que Od., XV, 244-246. / 5. Paus., IX, 18, 1;
versificó (en hexámetros) los oráculos Apolod., Bibl., III, 60 ss. / 6. VI, 14. / 7.
atribuidos a Anfiarao y dirigidos a los Apolod., Bibl., III, 6 ,4 . / 8. Esquil., Siete, 276
siete jefes argivos en su guerra contra ss. / 9. Apolod., Bibl., III, 6, 8; Schol. Hom.,
Tebas; también se le atribuye otra co­ IL, V, 126. / 10. Pind., N., IX, 21 ss. / 11.
Apolod., Bibl., III, 6, 2. / 12. I, 34, 4. / 13.
lección de oráculos de *M opso. Iofón Apolod., III, 7 ,2 . /1 4 . III, 7, 5. / 15. Apolod.,
no es datado por ningún autor antiguo. III, 10, 8. / 16. Apolod., III, 10, 8, 2. / 17.
Anfíloco debió, pues, de heredar las XIV, 5,16. /18. Licofr., 439 ss.; Apolod., Ep.,
cualidades adivinatorias de su padre. VI, 2-4. / 1 9 . 1, 34, 3.
Bajo las órdenes de su herm ano,
Alcmeón, participó en la segunda ex­ [Bibl.: Sobre Anfiarao: E. Bethe, «Am-
phiaraos»: RE, I, 2 (1894), cois. 1886-
pedición de los «Siete» contra Tebas13,
1893; A. Moreau, «Fonction du personna­
conocida como la de los Epígonos. ge d ’A m phiaraos dans les Sept contre
A polodoro14 dice que Alcmeón dio Thèbes: le blason en abyme» : BAGB (1976),
muerte a su madre bien solo o con la pp. 158-181; P. Vicaire, «Images d’Amphia­
ayuda de su hermano; en cualquier raos dans la Grèce archaïque et classique»:
caso no fue perseguido por las Erinias BAGB (1979), pp. 2-45; I. Krauskopf, s.v.
como lo fue su hermano. Su nombre «Amphiaraos»: LIMC, I (1981), pp. 691-
figu ra15 entre los pretendientes de 713. Sobre Anfíloco: E. Bethe, «Amphilo-
Helena, razón por la cual intervino en cos»: RE, I, 1 (1894), cols. 1938-1940; I.
la expedición contra Troya16. Krauskopf, s.v. «Am philocos»: LIM C, I
(1981), pp. 713-717.]
A Anfíloco no se le cita en los poemas
homéricos y sí en los nostoi. En Troya,
Anfíloco, que heredó de su padre el don A N F Ó T E R O / A m phóteros (s. v
de la profecía, colaboró con el célebre a.C .).— Adivino (m antis) ateniense
adivino ^Calcante al que luego acompa­ perteneciente a la familia de los *Me-
ñó —por tierra— hasta Claros (Colofón, lampódidas. En el siglo v a.C. Eupolis1
en Asia Menor); aquí Calcante competi­ lo considera un vidente, al estilo de
ría en un certamen mántico en el que fue *Estilbides, colaborador de Nicias.
derrotado por *M opso. Nada sabemos de él.
Estrabón17afirma que Anfíloco fun­
dó la ciudad de Malo de Cilicia y más 1. Poleis, fr. 211 Nock.

59
ANTICARES

A N T ÍC A R E S / A n tich áres (s. vi curso del mismo se había abstenido de


a.C.).— Adivino (exégeta o intérprete carne humana, volvía al lago y, tras
de oráculos), natural de Eleon, que vi­ haber alcanzado la otra orilla, recupe­
vió en la época del rey espartano Cleó- raba su condición originaria.
menes I (h. 520-480 a.C.). Agustín2, siguiendo quizá a Varrón,
Contemporáneo del adivino *Lisís- narra una tradición análoga aunque sin
trato, sólo sabemos de él que aconsejó citar el nombre de la familia. Los auto­
a E u ristén id es D o rieo co lo n izar res modernos han señalado las enor­
Heraclea de Sicilia siguiendo los orá­ mes semejanzas de dicha tradición con
culos de Laios (Laiou chrésmoi) —no los ritos en honor de Zeus Lycaios3: el
sabemos si oráculos revelados a Laios, margo geográfico, el papel jugado por
pronunciados por Laios o colecciona­ el azar y, sobre todo, la metamorfosis
dos por L aios— , padre de Edipo. en lobo. N o obstante en el rito del
Antícares le dijo que todo el territorio genos de los Antidas hay elementos (la
de Eris, por haberlo poseído antes ropa colgada, cruzar el lago a nado)
Heracles tras vencer a aquél, era pro­ propios de los «ritos de paso», quizá
piedad de los Heráclidas. La interpre­ de iniciación al propio genos.
tación dada por Antícares a estos orá­
culos recibió la aprobación de Delfos1. 1. NH, VIII, 81. / 2. CD, XVIII, 17. / 3.
El historiador griego atribuye el fraca­ Paus., VIII, 38, 6.
so de la empresa a que Dorieo (que
encontró allí la muerte) no siguió fiel­ [Bibl.: C. Mainoldi, L ’Image du loup et
du chien dans la Grèce Ancienne, d ’Homère
mente las indicaciones de los adivinos2.
à Platon, Paris, 1984.]
1. Herod., V, 43. / 2. V, 46 ss.

A N T IFO N T E DE A TEN A S / Anti­


A N T ÍC R A T E S / A n tíkrates (s. i phon (s. v a.C.).— Experto en la inter­
a.C .?).— Astrólogo, probablemente pretación de sueños1 y de prodigios2.
histórico, del que se burla el poeta Originario quizá de Atenas, era con­
Filodemo, contemporáneo de Cicerón, temporáneo del orador Antifonte de
en uno de sus epigramas1. Ramnunte (h. 490-411), colaborador
del régimen oligárquico de los Cuatro­
1. Anth, Pal., 318. cientos, con quien a veces se le con­
funde.
[B ibl.: R iess, «A ntíkrates»: RE, I, 2 Además de adivino, Antifonte era
(1894), col. 2427.] poeta (epopoiós) y sofista3, siendo co­
nocido como rival de Sócrates4. Se le
atribuyen, al menos, las siguientes
A N T ID A S / A n th id ae.— Fam ilia obras: a) Sobre la interpretación de los
(genos) originaria de la Arcadia, famo­ sueños (Peri krtseos oneíron)-, b) Sobre
sa, según Plinio1, por la transformación la Verdad (Peri aletheías); c) Sobre la
en lobo de sus miembros. Concordia.
Según el naturalista latino los miem­ Antifonte es recordado por Cice­
bros del genos elegían a suerte a uno de rón5, quien recoge una anécdota atri­
ellos, que era llevado a un lago; después buida a él: un atleta que deseaba parti­
de haber colgado su ropa en una enci­ cip ar en las o lim p íad as soñ ó ser
na, atravesaba el lago a nado y, trans­ transportado por una cuadriga; acudió
formándose en lobo, permanecía largo a un intérprete de sueños (coniector)
tiempo lejos de los suyos. Si en el trans­ quien le aseguró que vencería, pues la

60
ANTÍGONO

velocidad y el ímpetu de los caballos queña serpiente, que tras dar la vuelta
tenían ese significado. Pero después se alrededor de la cáscara del huevo in­
dirigió a Antifonte quien le anunció: tentó volver a entrar por donde había
salido. Pero al meter dentro la cabeza
Estás destinado a perder; ino entien­ murió.
des que en el sueño cuatro corredores El intérprete, inspirado por un dios,
te precedían? (De div., II, 144). le explicó el significado de lo sucedido
a la luz del futuro nacimiento de su hijo
De igual forma, otro corredor ha­ Alejandro:
bía soñado ser transform ado en un
águila. Primero un intérprete de sue­ Rey, tendrás un hijo que ha de dar la
ños le anunció la victoria, ya que nin­ vuelta al universo entero sometiendo a
gún ave volaba con tanto ímpetu como todos a su propio poder, pero a l regre­
aquélla. Pero consultado también An­ sar a su reino, al cabo de pocos años,
tifonte, le respondió: perecerá. El ofidio es un animal regio,
y es una imagen del universo el huevo,
Estúpido, ino entiendes que ya estás de donde había surgido la serpiente. Ya
derrotado? Este pájaro, el águila, dado ves que, después de dar la vuelta a l uni­
que sigue y da caza a otros pájaros, vue­ verso y queriendo regresar allí de don­
la siempre la última respecto a las de­ de había salido, murió antes de lograr­
más (De div., II, 144). lo (Ps. Calist., Alex., I, 11).

También Artemidoro6, en el siglo n No obstante, la misma historia es


d.C., se refiere a él, y es posible que atribuida a *Aristandro, célebre adivi­
algunos pasajes suyos7 pertenezcan a la no de Alejandro Magno, al que acom­
obra de Antifonte. pañará en su expedición.

1. Hermog., 400, 3 Rabe: «oneirocrites». / 1. Ps. Calist., Alex., 1,11.


2 . ¡bid.; Diog. Laert., 11,46: «teratoskópos». / 3.
Suda, s.v. «sophistés». /4. Arist., fr. 75 R ./5.D e [Bibl.: Wellmann, «Antiphon»: RE, I, 2
div., I, 39. / 6. Oneir., II, 14. / 7. Oneir., I, 8. (1894), col. 2529.]

[Bibl.: Fragmentos: H. Diels, Die Frag­


mente der Vorsokratiker, Berlín, 1903 (n.°
80); M. E. Reesor, «The Truth of Antiphon
A N TIGO N O /Antígonos (s. n d.C.).—
the Sophist»: Apeiron, 20 (1987), pp. 203- Nacido probablemente en la ciudad de
218.] Nicea, vivió en la segunda mitad del
siglo ii d.C., siendo por tanto contem­
poráneo del también astrólogo *Vetio
A N T IF O N T E / A ntiphon (s. iv Valente. De él se conservan tres horós­
a.C.).— Intérprete de signos (semeio- copos de relevantes figuras históricas
lytes), de origen desconocido, contem­ de su tiempo. El más interesante es, sin
poráneo del rey Filipo de Macedonia. duda, el horóscopo del em perador
Para algunos autores fue él quien reve­ Adriano (117-138 d.C.), que conoce­
ló el significado de lo que sucedió al mos a través del astrólogo del siglo rv
monarca m acedonio1 cuando en los d.C. *Hefestion de Tebas1. Se trata de
jardines reales vio cómo, de pronto, un un documento de excepcional impor­
pájaro revoloteó hasta su regazo, so­ tancia, ya que es el único ejemplo co­
bre el que puso un huevo. Éste se des­ nocido de lo que los latinos llamaban
lizó rodando por sus ropas y, al caer a genesis (o genitura) imperatoria, es de­
tierra, se quebró. De él surgió una pe­ cir, de un horóscopo imperial.

61
ANTIGONO

Adriano había nacido el 24 de enero A continuación el horóscopo expli­


del 76 d.C. al levantarse el sol: Acuario ca los detalles de los mecanismos pro­
era pues su signo solar y su signo ascen­ piamente astrológicos que explican los
dente; en el zodíaco estaban la Luna y episodios más importantes de su vida:
Júpiter en conjunción. El horóscopo su elección como emperador y kosmo-
explica que la vida del emperador que­ crátor [«el que gobierna el cielo»]:
dase reducida a 62 años y 6 meses:
El llega a ser emperador a causa de la
Había un hombre nacido cuando el sol presencia de dos planetas en el sector
estaba en el 8.° (o 2 0 °) grado de Acua­ horoscópico (Marte y la Luna) y parti­
rio, la Luna, Júpiter y el Punto horos- cularmente porque la luna estaba en
cópico, los tres juntos en el primer gra­ ascendiente y coincidiendo con el sec­
do del m ism o sign o de A cuario, tor horoscópico y que Júpiter estaba
Saturno en el 16.° (o S.°) grado de Ca­ próximo a elevarse en el Oriente en los
pricornio, Mercurio en el mismo signo, siete días. Y como los «satélites» se en­
en el 1 2 °, Venus en Piscis en el 1 2 °, contraban en sus propios domicilios y
mientras que Marte estaba en el 2 2 °, Venus se estaba en la hypsóma del suyo
pero el Mesuranema se encontraba en y Marte en su propio triángulo, tenien­
Escorpión, en el 2 2 ° . En este horósco­ do su posición en sus propios sectores
po Saturno es el dueño del domicilio mientras que los dos planetas (Marte y
de la Luna. Estando en su propio do­ Venus) están cerca uno de otro y a pun­
micilio, da la muerte a la edad de 56 to de elevarse ante la Luna. Además, el
años. En tanto que Venus le favorece, Sol también, el soberano es el servidor
ella añade otros seis años a su vida, de la Luna en los seis sectores de ésta y
haciendo un total de 64. Después de el mismo es servido, a su vez, por Sa­
61 años y diez meses, sin embargo, el turno en su propio domicilio y por Mer­
Punto horoscópico y la Luna aparecen curio, encontrándose uno y otro en su
en el cuadrado de Saturno... (CCAG orto matinal. Queda por señalar que la
VI, 67, pp. 1 ss.). Luna también estaba a punto de entrar
en conjunción con una brillante estre­
Los datos astronómicos del horós­ lla fija en el grado 22. Pues no debe
copo han permitido conocer la fecha atenderse sólo a la conjunción de la
exacta del nacimiento del emperador. Luna con los planetas, sino también a
Después el horóscopo continúa recor­ su conjunción con las estrellas fijas
dando algunos hechos de su vida, (ibid.).
como su adopción por Trajano:
Por último, Antígono de Nicea trata
de justificar astrológicamente el culto
Fue adoptado por un emperador que imperial que se le debe dispensar así
había emparentado con él, llegando a como la sumisión de los súbditos del
ser emperador a la edad de 42 años. Imperio:
Estaba intelectualmente dotado y bien
cultivado, siendo honrado en los tem­
Que él fuese honrado y recibiese la pros-
plos y bosques sagrados. El se casa una
kynesis de todos los hombres se explica
sola vez, con una soltera intacta, pero por el hecho de que Júpiter estaba vigi­
no tuvo hijos. Tenía solamente una
lante, «epicéntrico» sobre el Sol, pues
hermana. Se hizo sospechoso y se diri­
una planeta que «sirve» de esta manera
gió contra los miembros de su familia.
al Sol y a la Luna, tiene como efecto que
En su 63er año murió de hidropesía,
el hombre (nacido bajo estos signos) es
sucumbiendo a la enfermedad (ibid.).
altamente estimado por sus iguales o

62
ANUBIÓN

superiores. Y las cualidades benéficas bre a través de H eródoto1, pero nada


las recibe de la posición ya citada de de su actividad como adivino.
Júpiter. Que él fuese benefactor de
l.I X , 33,1.
muchos y que reciba la proskynesis se
explica porque el «epicéntrico» Sol, y la
Luna, se encontraban igualmente servi­
A N TIO CO DE ATENAS / Antíochos
dos por otros cinco planetas. Pues si el
(s. ii d.C.).— Astrólogo griego que vi­
Sol y la Luna o los dos se encuentran en
vió entre los años 150 y 200 d.C.. Su
los puntos activos, es decir, en el Punto
cronología es bastante insegura (algu­
horoscópico o Mesuranema y están ser­
nos autores le creen de finales del siglo
vidos por todos los planetas, hacen que
i d.C.), pero sabemos que en sus escri­
aquellos que nazcan bajo tal conjunción
tos citaba a *Ptolomeo y ^Doroteo de
lleguen a ser reyes que reinen sobre to­
Sidón. Porfirio1, y más tarde *Hefes-
das las naciones (ibid.). tion2, nos dicen que era ateniense.
De su obra se conserva parte de una
Se trata, pues, de un razonamiento
«Introducción» (Eisagogiká) incluida
astrológico extremadamente complejo
en las Apotelesmaticas de Porfirio y en
ideado para justificar la presencia y los
los fragm entos de Retorio (h. 500
hechos de Adriano en el trono: in­
d.C.). También se le atribuye una an­
fluencia de los signos zodiacales, de la
tología titulada Tesoros (Thesayroi),
posición de los planetas en los signos y
compuesta en exámetros. Fírmico M a­
sus relaciones con las estrellas fijas.
terno3, en el siglo iv d.C., sitúa a An-
Estos y otros detalles explicaban para
tíoco junto a astrólogos de la talla de
los astrólogos su fama de constructor
Ptolomeo y Doroteo de Sidón.
y viajero o justificaban la elección de
su sucesor.
N o obstante, de Antígono de Nicea 1. Isagoge, 194. / 2. CCAG, VIII, 2,16. / 3.
Mathes., II, 29.
conocemos otros dos horóscopos más:
uno (post mortem) sobre Cn. Pedanius
Fuscus Salinator, ejecutado por Adriano [Bibl.: Los fragmentos se hallan recogi­
dos en CCAG, I, pp. 140-146; IV, pp. 155
quizá porque otro horóscopo le prome­
ss; VII, pp. 107-128, 194, 213 y 224. Estu­
tía el trono2. El segundo no incorpora dios: Riess, «Antiochos»: RE, I, 2 (1894),
el nombre, de forma que los estudiosos col. 2429.]
se dividen: para unos (Gundel) se trata
de P. Aelius Afer, el padre de Adriano,
mientras para otros (Cramer) se refería ANTÍFATRO/Antipater (s. n a.C .?).—
a Serviano, cuñado del emperador. Astrólogo citado por Vitrubio1 del que
nada sabemos. Algunos autores (H.
1. Lib. III = CCAG, VI, 67,1 ss. / 2. Dion Markowski) han intentado identificar­
Cass., LXIX, 17, 13; SHA, Hadr. 23, 1-9.
lo con Antípatro de Tarso2, un filósofo
[BibL: Fragmentos: CCAG, VI, pp. 67-
estoico alumno y continuador de Dió-
71; VIII, 2, pp. 82-84.] genes de Babilonia (s. n a.C.), pero no
existe total seguridad.

A N TÍO CO / Antíochos (s. vi a.C.).— 1. De arch., IX, 6,2. / 2. Diog. Laert., 4,64.
Adivino griego, de la familia de los
Yámidas. Vivió en la segunda mitad del
siglo vi. Era padre del mantis *Tisa- A NU BIÓ N / Annoubíon (s. i d.C.).—
meno. De él solo conocemos su nom­ Astrólogo autor de tratados y poemas

63
APFE DE CALCEDONIA

astrológicos, de los que se conservan teria de sueños; probablemente ejerció


algunos fragmentos. De su vida no te­ la oniromancia.
nemos ninguna noticia aunque sabe­
mos que “‘Manetón utilizó sus escritos; 1. Oneir., I, 79.
por su nombre (quizá un pseudónimo),
parece de origen egipcio.
De un poema suyo, escrito en griego, APOLONIO DE M INDO S / Apolló-
cuyo título desconocemos, se conser­ nios (s. m a.C .?).— Es considerado
van doce versos en la obra de Hefes- como uno de los primeros astrólogos
tion1, dos en la de Retorio2y unos pocos griegos de época helenística (h. 225
más en la antología astrológica de un a.C.?), quizá ligeramente posterior a
papiro. De todos estos fragmentos, el *Beroso; no parece probable, como se
más largo3 se refiere a la influencia ha sostenido, que fuera contemporá­
astral en el momento del nacimiento. neo de Séneca y del emperador Nerón
(54-68 d.C.).
1. CCAG, VIII, 1,147. / 2. CCAG, VIII, 4, Sus teorías sobre los cometas deri­
208, 4. / 3. CCAG, VIII, 1,147.
van posiblem en te de trad icion e s
orientales. Séneca1 sostiene que, se­
APFE DE CALCEDONIA / Ápphe (s. gún Apolonio, el cometa no se forma
n d.C .).— Profetisa de Calcedonia, por la reunión de muchos planetas,
quizá de los primeros siglos del Impe­ sino que — por el contrario— mu­
rio romano, citada en una inscripción chos cometas forman planetas; los
griega1 donde también se alude a su cometas son astros propios y distin­
alumna Orbanilla. tos, como el sol o la luna, de forma
esbelta y prolongada. En otro pasa­
1. CIG, 3.796. je2, Séneca dice que Apolonio era un
experto (peritus) en el arte de elabo­
rar horóscopos.
A PO LO BEX / Apollobex o Apollo- En cualquier caso sus libros, hoy
beches (s. v a.C.?).— M ago originario perdidos, ejercieron una considerable
de Coptos (Kuft) en el Alto Egipto. influencia sobre muchos autores grie­
Según Plinio1, el filósofo griego Demó- gos y romanos.
crito (muerto entre el 380 y 370 a.C.)
utilizó sus escritos mágicos junto a los 1. NQ, VII, 17,1. / 2. NQ, VII, 4, 1.
de *Dárdano. Apuleyo2 le cita entre los
grandes magos de la Antigüedad. La
mayor parte de los estudiosos conside­
APOLO NIO DE ATALIA / A polla­
ra su nombre relacionado con el del
mos (s. II a.C.?).- Originario de la ciu­
dios egipcio Horus.
dad de Attaleia (en Panfilia), escribió
un tratado de onirocrítica en dos li­
1. NH, XXX, 9. / 2. Apol., 90.
bros, donde se describían los sueños y
[Bibl.: Riess, «A pollobex»: RE, I, 2 su significado. Es citado en dos ocasio­
(1894), col. 2847.] nes por *Artemidoro de Daldis1. En la
primera afirma que Apolonio diserta
ampliamente en el libro II sobre el sig­
A PO LO D O R O / A pollodoros (s. ii nificado de los sueños en los que apa­
a.C.?).— Originario de Telmeso, es ci­ rece la lengua; en la segunda alude a lo
tado en una ocasión por *Artemidoro1 dicho por Apolonio sobre la capacidad
como renombrado especialista en ma­ de predicción de los hechos que acon­

64
APOLONIO DE TIANA

tecen de día y los que se producen du­ i d.C., conocido a través de la biografía
rante una visión onírica. que le dedica Filóstrato a comienzos del
siglo m. En ella le presenta bajo los ras­
1. Oneir., I, 32; III, 28. gos de un théios anér («hombre divi­
no») con poderes sobrenaturales: Apo­
[Bibl.: Riess, «Apollonius»: RE, II, 1 lonio es cap az de hacer m ilagros,
(1895), col. 161.] adivinar el futuro, expulsar démones,
evocar a los muertos, ver lo que sucede
a mucha distancia o entender el lengua­
APOLONIO EL EGIPCIO / Apolló-
je de los animales. N o obstante, otros
nius (s. i d.C.).— Astrólogo egipcio
autores antiguos vieron rasgos negati­
que desde su patria predijo la muerte
vos en esos mismos poderes extraordi­
del emperador Calígula (37-41 d.C.),
narios, califican d o a A polon io de
por lo que fue detenido y trasladado a
mágos o, aun peor, de góes1.
Roma según sabemos por nuestra úni­
Nació en la ciudad de Tiana, en la
ca fuente, Dion Cassio1. Respecto a
Capadocia (Asia Menor), en torno al
este traslado, caben dos posibilidades:
año 3 o 4 a.C. A la edad de catorce años
a) que Apolonio fuese ciudadano ro­
estudió en Tarso con el retor Eutidemo
mano, en cuyo caso tenía derecho a
de Fenicia; poco después realizó sus
apelar ante la administración imperial
primeros estudios filosóficos en Egea
la sentencia de muerte dictada por el
recibiendo enseñanzas pitagóricas de
gobernador romano de la provincia; b)
Euxenos de Heraclea. A los 16 años
si no poseía la ciudadanía el goberna­
adoptó el pitagorismo, viviendo cerca
dor, tras su sentencia, pudo haber con­
del templo de Asclepio de Egea, donde
siderado el caso lo suficientemente
llevó a cabo reform as en los ritos
importante como para ordenar su tras­
sacrificiales. Quizá ya entonces realiza­
lado a Roma, quizá en la esperanza de
ra las primeras curaciones: reciente­
que allí implicase a otros importantes
mente ha sido descubierta una inscrip­
personajes.
ción, procedente de A igai, con un
Apolonio llegó a la capital del Impe­
epigrama que evoca los poderes tera­
rio pocos días antes de que el empera­
péuticos de Apolonio2.
dor muriese asesinado víctima de una
Tras cinco años de vida pitagórica,
sedición (41 d.C.). Pese a ser hallado
Apolonio realizó un largo viaje visitan­
culpable de un delito de lesa majestad
do a los magos persas, los sabios de la
(F. H. Cramer), la ejecución fue anula­
India y los gim nosofistas etíopes.
da (quizá gracias a una amnistía o a una
Filóstrato pretende que en muchas ciu­
orden del emperador Claudio) y pudo
dades llevó a cabo labores de media­
salvar su vida. El episodio recuerda al
ción, lo que quizá en algún caso sea
del astrólogo *Largino Próculo.
cierto. Sus relaciones con los empera­
dores romanos fueron muy irregula­
1. LIX, 29, 4. res: malas con Nerón y —sobre todo—
con Domiciano y buenas con Vespa-
[Bibl.: F. H . C ram er, A strology in
siano, Tito y Nerva.
Román Law and Politics, Philadelphia,
1954, pp. 111-112 y 271-273.] También mantuvo un trato desigual
con otros filósofos de la época. Mien­
tras se mostró enemigo del filósofo es­
A POLONIO DE TIAN A / Apollónios toico E ufrates, entabló relaciones
(3/4 a.C.-97 d.C.).— Célebre tauma­ amistosas con Musonio Rufo, Dion de
turgo y filósofo neopitagórico del siglo Prusia o Demetrio el Cínico.
En tanto que filósofo neopitagórico

65
APOLONIO DE TIANA

sus enseñanzas se ajustan a la doctrina pe de ellos en lo que pueda. Quizá tam­


del fundador de la escuela: los anima­ bién las almas de los griegos que encon­
les, como los hombres, tienen un alma traron aquí su destino me encaminan
divina y por tanto es una falta grande para beneficio de su tierra... (I, 23).
matarlos para comer su carne, aprove­
char su piel u ofrecerlos en sacrificio. Conoce el pasado, el presente ocul­
Renuncia a los placeres carnales y pro­ to y el futuro, como se desprende de
pugna una vida ascética y pura. Apolo- varios episodios. Así, Apolonio reco­
nio cree también en la metempsicosis, mienda al sacerdote de Asclepio que
asegurando acordarse de sus preceden­ expulsara del templo a un cilicio al que
tes reencarnaciones. no conocía pero del que sabía que no
El de Tiana se rodeó de numerosos había tenido una conducta honrada (en
discípulos, como recuerdan Luciano3y concreto mantener relaciones con una
la propia correspondencia de Apolo- hija de su anterior matrimonio). El dios
nio4, dirigidas tois mathetais. La Vida se apareció de noche al sacerdote para,
de Filóstrato menciona, sobre todo, a confirmando las palabras de Apolonio,
Damis, Menippo de Licia, Dioscórides ordenarle que expulsara al cilicio de su
el Egipcio y Filisco de Melos, de los templo5.
que nada sabemos. En otra ocasión, viendo una leona
Los poderes taumatúrgicos de Apo- muerta en una cacería, de cuyo vientre
lonio, podemos agruparlos en dos ám­ se habían extraído ocho crías, anunció
bitos diferentes: el de la adivinación a su amigo Damis la duración de su
(sueños, visiones, oráculos) y el de la estancia en Babilonia:
magia (exorcismos, evocaciones de es­
pectros, etc.): Damis, la duración de nuestra estancia
junto al rey será de un año y ocho meses,
a) Poderes adivinatorios: pues ni aquél nos dejará irnos más pron­
Apolonio domina todos los ámbitos to, ni para nosotros el marchamos antes
de la adivinación, incluido el de la in­ de eso será más ventajoso. Preciso es
terpretación de sueños. Viajando ha­ conjeturar los meses por los cachorros,
cia la región de Cisia, próxima a Babi­ y el año por la leona, ya que hay que
lonia, él mismo tuvo uno en el que se comparar enteros con enteros (I, 22).
aparecían unos peces que, salidos del
mar, daban boqueadas en tierra y emi­ Durante su estancia en Efeso, cuan­
tían un lamento propio de seres huma­ do una epidemia estaba a punto de bro­
nos, suplicando a un delfín que nada­ tar en la ciudad pero la enfermedad aún
ba cerca de tierra que los salvara. no se había declarado, Apolonio se dio
Apolonio reveló a su amigo Damis el cuenta de su inminencia prediciéndola
significado del sueño: en varios de sus discursos mediante ex­
presiones como: «Tierra, permanece
Yo te voy a explicar qué alcance tiene el como eres», «Sálvalos», «N o llegarás
ensueño. Es que los habitantes de esta aquí»6. Nadie, sin embargo, le creyó,
región de Cisia son unos eretrios traídos por lo que decidió abandonar la urbe.
desde Eubea por Darío antaño, hace En Eleusis reveló la identidad del
quinientos años, y dicen, tal y como se hierofante que cuatro años después le
mostró el ensueño, que se les trató como iniciaría en los misterios7. Al llegar al
a peces respecto a su captura, pues fue­ Istmo de Corinto anunció con el si­
ron prendidos en una red y capturados guiente oráculo que com enzaría a
todos. Los dioses, por tanto, parecen excavarse un canal, pero que las obras
exhortarme a que, visitándolos, me ocu­ no serían concluidas:

66
APOLONIO DE TIANA

Ese cuello de tierra será cortado o, más Vitelio pocas semanas después y Otón
bien, no (IV, 24). se suicidó en Brixello, a orillas del Po.
Durante el trayecto de Siracusa a
Estando en Creta fue escuchado un Grecia, la nave en la que Apolonio via­
trueno procedente no de las nubes sino jaba hizo una escala en Léucade (una
del interior de la tierra, al tiempo que isla frente a la costa de Acarnania). Al
el mar retrocedió unos kilómetros. La llegar a ella, Apolonio dijo a sus ami­
población se asustó, pero Apolonio gos: «Desembarquemos de esta nave,
dijo: «Tened ánimo. El mar parió tie­ pues es mejor no hacer en ella la trave­
rra». Al cabo de unos días se anunció sía hasta Acaya»10. Sólo los que le co­
que poco después de producirse el fe­ nocían siguieron su advertencia: pocos
nómeno se había form ado una isla días después la nave siracusana se hun­
emergida del mar, entre Tera y Creta8. día cerca del golfo de Corinto.
Días después se produjo un eclipse Tan pronto como llegó de Grecia y
de sol acompañado por el ruido de un Rodas a la ciudad de Alejandría, don­
trueno. Apolonio, alzando su mirada de fue recibido por una multitud, vio
hacia el cielo, dijo: «Sucederá algo cómo eran conducidos al lugar de eje­
grande y no sucederá»9. Interpretar sus cución doce hombres, acusados de ser
palabras fue algo imposible para quie­ bandidos. Entonces, dirigiéndose a la
nes le acompañaban, pero al tercer día escolta que los llevaba, les dijo:
de producirse aquel fenómeno todos
comprendieron el significado de su No todos, pues Fulano ha sido falsa­
vaticinio: había llegado la noticia de mente acusado y se marchará [...] Os
que un rayo había caído sobre la mesa ruego que aflojéis el paso y lleguéis algo
de Nerón, destrozando la copa que se más tarde a la fosa, y asimismo que no
hallaba en sus manos. Al saberse, pues, matéis a este último, pues no tiene
que el emperador estuvo a punto de nada que ver con lo que se le acusa; así
morir fulminado, las palabras de Apo­ que vosotros obraríais con mayor pie­
lonio cobraron sentido. dad si dejarais vivir por un breve mo­
Cuando Apolonio llegó a Siracusa mento del día a los que mejor sería no
(Sicilia) supo que una mujer de la clase matarlos (V, 24).
alta había parido un monstruo de tres
cabezas, cada una con su propio cue­ La intención de Apolonio pronun­
llo, pero unidas a un solo cuerpo. Tras ciando estas palabras en un discurso
convocar a sus amigos, les anunció: más largo de lo que en él era habitual
pronto se puso de m anifiesto, pues
Serán emperadores de los romanos los cuando ya se había cortado la cabeza a
tres a los que yo recientemente llamé ocho de ellos, un jinete llegó cabalgan­
tebanos, pero ninguno acabará por ejer­ do hasta la fosa para ordenar que se
cer el poder, sino que, tras haber domi­ perdonase la vida de Farión, pues ha­
nado unos en la propia Roma y otros en bía mentido por miedo a ser torturado,
la periferia de Roma, perecerán, qui­ pero los demás habían coincidido en su
tándose la máscara más deprisa que los declaración que se trataba de un hom­
tiranos de los actores trágicos (V, 13). bre de bien. Conocido el desenlace, la
admiración de los egipcios por Apolo­
Los acontecimientos producidos a nio creció aún más.
lo largo del año 69 d.C. aclararon la Fue también en Egipto donde tuvo
oscura interpretación del prodigio ofre­ lugar el primer encuentro entre Apolo­
cida por Apolonio: Galba murió en nio y el futuro emperador Vespasiano;
Roma apenas hubo tomado el poder; éste le pidió que dado que siempre sa­

67
APOLONIO DE TIANA

bía cuál era el deseo de los dioses, le la biografía de Apolonio da, pues, por
dijera si éstos apoyarían su deseo de sentado algo que no todos los autores
llegar al trono de Roma, a lo que el sostienen: que Tito murió envenenado
taumaturgo le contestó: por su hermano Domiciano con una
liebre marina.
Zeus Capitolino (pues sé que eres el En los últimos meses de su vida,
árbitro de la siguiente situación), con­ Apolonio tuvo en Efeso una visión del
sérvate para él y consérvalo para ti. asesinato de Domiciano (septiembre
Pues el templo que ayer quemaron m a­ del 96 d.C.). En el momento en que, en
nos injustas está determinado por el Roma, el odiado emperador caía vícti­
destino que este hombre volverá a ele­ ma de una conjura, Apolonio paseaba
girlo (V, 30). por una alameda de la ciudad griega, en
compañía de algunos seguidores; pri­
Se refería Apolonio al incendio del mero bajó la voz, atemorizado, luego
templo de Júpiter en el Capitolio (di­ siguió su explicación, pero siempre
ciembre del 69 d.C.), consecuencia de como si estuviera distraído por algo.
los enfrentamientos en Roma entre los Finalmente se calló, miró hacia el suelo
seguidores de Vespasiano y los del y, avanzando unos pasos, exclamó:
emperador Vitelio (meses después el
templo sería, en efecto, restaurado por ¡Golpea al tirano, golpéalo! ¡Ánimo se­
Vespasiano, ya como emperador). La ñores, pues el tirano ha sido asesinado
noticia no había llegado aún a Egipto y hoy! ¿Qué digo hoy? ¡Ahora mismo,
Vespasiano quedó extrañado por las por Atenea, ahora mismo, en el mo­
palabras del profeta; Apolonio añadió mento en el que callé en mi discurso!
entonces: (VIII, 26).

Las cosas se manifestarán por si mis­ Naturalmente los efesios creyeron


mas, a sí que no me preguntes nada, que Apolonio se había vuelto loco,
sino concluye lo que con todo derecho pero éste les dijo:
te propusiste (V, 30).
No me extraña que aún no me aceptéis
En el año 71 tuvo lugar su encuen­ una noticia que ni siquiera conoce aún
tro con el emperador Tito, hijo de Ves­ Roma entera. Pero ya lo sabe, pues se
pasiano. Este se interesó por conocer está extendiendo. Son diez mil ya los
de quién debía guardarse más. Apolo­ que le dan crédito, salta de alegría el
nio le contestó que los dioses le habían doble, y aun el doble de éstos, y el cuá­
advertido que, en vida de su padre, te­ druple, ¡todo el pueblo! Llegará la no­
miera a sus mayores enemigos, pero a ticia también aquí, así que diferid los
su muerte a los más allegados. Interro­ sacrificios por este motivo hasta el mo­
gado también sobre la forma en que mento oportuno en el que se os anun­
moriría, éste respondió: ciará. Yo me voy a dar gracias a los dio­
ses por lo que he visto (VIII, 26).
Igual que dicen que murió Ulises, pues
también cuentan que la muerte le llegó Cuando, treinta días después, Nerva
del mar (VI, 32). comunicó por carta al filósofo y adivi­
no que ya se había hecho con el poder
En efecto, según una tradición grie­ en Roma y que lo conservaría con ma­
ga referida en la Telegonía, Ulises mu­ yor facilidad si acudía a su lado como
rió tras ser herido por una espina de consejero, Apolonio le contestó con
raya conchada. Filóstrato, el autor de estas enigmáticas líneas:

68
APOLONIO DE TIANA

Estaremos juntos, emperador, muchí­ tor, parecido al anfiloquio, y se halla


simo tiempo, durante el cual ni man­ junto a tal fuente, temblando, pues de­
daremos sobre nadie, ni nadie sobre sea el agua y la teme. Tráemelo a la
nosotros (VIII, 27). orilla del río en la que están las pales­
tras, con sólo que le digas que yo lo lla­
Apolonio sabía que no iba a vivir mo (VI, 43).
mucho tiempo más y que Nerva reina­
ría por poco tiempo (murió el 27 de El perro, que llegó arrastrado por
enero del 98). Damis, se echó a los pies de Apolonio,
llorando «como los suplicantes ante el
b) Prácticas mágicas: altar». Apolonio lo tranquilizó y puso
Apolonio destaca, ante todo, por la al muchacho de pie, a su lado diciendo:
realización de milagros (aretaí) y cura­
ciones milagrosas, que aprendió de los Ha trasmigrado a este muchacho el
brahmanes. Uno de los primeros mila­ alma de Télefo de Misia y las *Moiras
gros recordados por la biografía es la quieren la misma suerte para él (VI, 43).
resurrección de una muchacha, cuya
familia era de rango consular, a la que De la misma forma que Apolo dijo a
se dio por muerta el día de la boda. T éle fo , rey de M isia, herido por
Apolonio, que se hallaba casualmente Aquiles, que sólo sanaría si el que había
presente en el duelo, dijo: causado la herida era también su sana­
dor, así Apolonio ordenó al joven que
Poned las andas en el suelo, pues os el perro le lamiera la herida producida
haré cesar del llanto por la muchacha por la mordedura. El muchacho pudo
(IV, 45). así volver con sus padres y el perro ra­
bioso, tras cruzar el río Cidno, pudo
Preguntó después cómo se llamaba curarse de su enfermedad.
la muchacha y, sin más que tocarla y Apolonio actúa como exorcista en
decirle algo en secreto, aquélla desper­ varias ocasiones. La primera en Efeso,
tó de su muerte, recobró el habla y donde una plaga afectaba a la mayor
volvió a casa de su padre. Los amigos y parte de la población que fue reunida en
familiares entregaron a Apolonio una el teatro; entre la gente estaba un viejo,
suma de ciento cincuenta mil sester- cubierto de harapos, de rostro escuáli­
cios, que éste, sin embargo, entregó a la do, que cerraba artificiosamente sus
joven como dote. El episodio tiene co­ ojos y llevaba una alforja y un mendru­
nocidos paralelos en los Evangelios". go de pan en ella. Apolonio, disponien­
En la ciudad de Tarso, bajo el go­ do a los efesios a su alrededor, les dijo:
bierno de Domiciano, un perro rabio­
so había atacado a un muchacho y su Apedread a ese enemigo de los dioses,
mordisco le hacía comportarse como cogiendo cuantas más piedras podáis
un perro: ladraba, aullaba, corría a (IV, 10).
cuatro patas. Cuando llevaba treinta
días en estas condiciones, fue a verlo Los efesios se resistieron inicial­
Apolonio, que acababa de llegar a mente a ello, pareciéndoles mal matar
T arso; pidió que buscaran al perro a un hombre que se hallaba en un esta­
causante de la enfermedad, pero nadie do tan lastimoso y que, además, supli­
lo conocía. Apolonio, dirigiéndose en­ caba piedad. Pero ante la insistencia de
tonces a su amigo Damis, le dijo: Apolonio, el viejo comenzó a recibir
las primeras pedradas y abriendo re­
Damis, el perro es blanco, lanudo, pas­ pentinamente sus ojos ante la multitud

69
APOLONIO DE TIANA

los mostró llenos de fuego; los efesios decir, la buena novia es una de las
reconocieron inmediatamente en él a empusas, a las que la gente considera
un demon y lo lapidaron hasta quedar lam ias o m orm olicias. E sas pueden
completamente cubierto de piedras. Al am ar, y am an los placeres sexuales,
poco rato Apolonio los exhortó a que pero sobre todo la carne humana, y se­
apartaran las piedras y conocieran la ducen con los placeres sexuales a quie­
bestia que habían matado. Al ser des­ nes desean devorar (IV, 25).
cubierto, el que creían haber apedrea­
do había desaparecido y en su lugar Su amante y futura esposa era, pues,
apareció un perro de gran tamaño que una empusa, es decir, una especie de
escupía espuma, como los rabiosos. vampiro infernal sediento de sangre,
El segundo ritual de exorcismo tuvo capaz de adoptar formas diferentes;
lugar en Atenas. En esta ciudad Apolo­ proporcionaba todo tipo de placeres a
nio hablaba a un pequeño grupo de Menipo con objeto de devorar su cuer­
ciudadanos sobre las libaciones, cuan­ po y tomar su sangre. Con las palabras
do un joven soltó una extensa y des­ de Apolonio todos los ornamentos y
vergonzada carcajada; Apolonio, diri­ regalos de la mujer se esfumaron: co­
giéndose a él, dijo: pas de oro, objetos de plata, los coci­
neros, la servidumbre. La mujer, que
No eres tú quien te comportas con ese inicialmente se echó a llorar y pidió
descaro, sino el demon que te impulsa que no se la torturara, acabó recono­
sin tú saberlo (IV, 20). ciendo su verdadera naturaleza.
En otra ocasión Apolonio tuvo opor­
Estaba, efectivamente poseído por tunidad de expulsar al demon de un
démones, causantes de que pasara de la sátiro que, loco por las mujeres, fre­
risa al llanto sin motivo, de que conver­ cuentaba una aldea de Etiopía; había
sara y cantara para sí mismo o de que matado, además, a dos de ellas, de las
actuara como si estuviera bajo los efec­ que parecía estar especialmente enamo­
tos de la embriaguez. Al descubrirlo rado. Apolonio reconoció inmediata­
Apolonio, el demon prorrumpió en ri­ mente al sátiro, poniendo en práctica
tos de pavor y cólera, prom etiendo para acabar con él un plan del que se
abandonar el cuerpo del joven y no decía se había valido el rey Midas enuna
apoderarse del de ningún otro hombre. ocasión: se escanciaron primero cuatro
Pero Apolonio, dirigiéndose encoleri­ ánforas egipcias de vino en un abreva­
zado a él, le exhortó a que demostrase dero; después Apolonio pronunció un
sus buenas intenciones. El demon mo­ conjuro secreto. El sátiro no se dejó ver,
vió primero y derribó después una de pero el nivel del vino comenzó a bajar
las estatuas del ágora: inmediatamente como si alguien lo estuviera bebiendo.
el joven, como si acabara de salir de un Apolonio llevó entonces a los aldeanos
sueño, recobró su propia naturaleza. a una gruta de las ninfas donde les mos­
Pero quizá el caso más célebre tuvo tró al sátiro, que dormía profundamen­
lugar en C orin to. En esta ciudad te. Prohibió, sin embargo, que se le gol­
Menipo, un joven filósofo dotado de peara o injuriara, asegurando que, en
singular inteligencia y belleza, era ama­ adelante, ya no molestaría a nadie más12.
do por una rica extranjera. Sin embar­ Nuestro taumaturgo era conocido
go fue Apolonio quien le reveló la ver­ también por su poder sobre los espec­
dadera naturaleza de la mujer: tros. Mediante una sencilla invocación
—al estilo de las que hacían los in­
...Pues no es materia sino apariencia de dios— logró entablar una conversa­
materia. Y para que sepáis lo que quiero ción con Aquiles:

70
APOLONIO DE TIANA

Aquiles, la mayoría de los hombres ase­ Apolonio desapareció de Roma antes


guran que estás muerto, pero yo no ad­ de mediodía y por la tarde se mostró
mito esa idea, ni Pitágoras, ancestro de en Dicearquía ante los ojos de Deme­
mi sabiduría. Si estamos en lo cierto, trio y Damis. Aquél, al verle, no sabía
muéstranos tu propia figura, pues en si estaba vivo o resucitado y Apolonio,
gran medida te beneficiarías de mis ojos tendiéndole su mano, le dijo:
si te sirvieras de ellos como testigos de
tu existencia (IV, 16). Tócame, y si me evado de ti, soy un
fantasma que te viene de los dominios
Inmediatamente sobrevino un tem­ de Perséfone, como los que muestran
blor de tierra y surgió un joven de cin­ los dioses infernales a los que se hallan
co codos de alto y gran belleza que, al vencidos en exceso por sus penas. Pero
ser contemplado por Apolonio, dobló si, a tu toque permanezco, convence
su estatura y acrecentó su hermosura. también a Damis de que vivo y de que
Dentro también del ámbito de la no he abandonado mi cuerpo (VIII, 12).
magia podemos incluir el episodio,
narrado por Filóstrato13, en el que F ilóstrato asegura que, m uerto
Apolonio, encerrado y encadenado en Apolonio, pocos años después, se apa­
una prisión por orden del emperador reció a un joven que dudaba sobre la
D om iciano, dem ostró a su am igo naturaleza del alma para demostrarle
Damis su poder, sacándose primero la su inmortalidad.
pierna de los grilletes e introduciéndo­ La figura de Apolonio fue contra­
la de nuevo en ellos al tiempo que vol­ puesta a la de Cristo por muchos paga­
vía a com portarse como un prisio­ nos, pero sólo a partir de la época de
nero. Filóstrato. Así, Porfirio, en su tratado
Precisamente poco después de esto Contra los CristianosH, o Hierocles, en
Apolonio protagonizó un hecho aún su obra Los Amantes de la Verdad, afir­
más asombroso: su traslación mágica man la superioridad del taumaturgo de
desde el tribunal, en Rom a, hasta Tiana. N o obstante, también cristianos
Dicearquía, en las proxim idades de como Eusebio (Contra la «Vida de Apo­
N áp o les; dirigiéndose a su am igo lonio» de Filóstrato) acusaron a Apo­
Damis le anunció: lonio de ser un charlatán favorecido en
sus milagros por los demonios.
Mi defensa tendrá lugar en el día fija­ En época bizantina circulaban con
do, pero tú encamínate a Dicearquía, éxito talismanes atribuidos a Apolonio.
pues es mejor que vayas por tierra y, Su leyenda como sabio experto en talis­
después de entrevistarte con Demetrio, manes, bajo el nombre de Balinus, fue
tuerce hacia la orilla del mar frente a la conocida también en el Oriente árabe.
que se halla la isla de Calipso, pues me Los textos antiguos mencionan es­
verás aparecer allí (VII, 41). tatuas o retratos de Apolonio15. Dion
C assio16 asegura que cuando el empe­
Cuando Damis llegó a Dicearquía rador Caracalla llegó a Tiana en el 217
tres días después oyó hablar de una a.C. hizo erigir un heroon en su honor,
tormenta y de un violento vendaval sancionando así con la autoridad im­
que, por aquellos días, había causado perial una tradición local.
el hundimiento de varias naves; com­ Destaca igualmente la imagen que se
prendió así por qué Apolonio le había conservaba en el larario del emperador
recomendado que hiciera el viaje por Alejandro Severo (222-235 d.C.), jun­
tierra. Tras el juicio en presencia de to a la de Cristo, Abraham y Orfeo17.
Dom iciano y posterior absolución, Lamentablemente de todas ellas no se

71
APOLONIO DE LAODICEA

ha conservado ninguna. Un medallón n io 1 junto a Zaratus (gr. Zarátas),


con inscripción18, descubierto en Roma transcripción latina de Zaratustra.
y posteriormente perdido, recoge la
única imagen fiable de Apolonio. 1. NH, XXX, 5.
Se atribuye a Apolonio una gran
cantidad de obras: Sobre los sacrificios,
un Testamento, unos Oráculos, una A Q U IN IO / Lucius Aquinius (s. iv
Vida de Pitágoras, unas Cartas (de las a.C .).— Harúspice, quizá de origen
que se conserva una colección de 77, si etrusco, llamado por el Senado roma­
bien algunas de ellas no son suyas), un no en el año 389 a.C. para ser consul­
Himno a la Memoria, una obra Acerca tado sobre el ritual haruspicinal que
de la adivinación por las estrellas y las debía seguir uno de los tribunos mili­
Opiniones de Pitágoras. tares durante la batalla de Allia. Sólo
es citado por Macrobio1.
1. Lucían., Alex., 5. / 2. N. J. Richardson y Se trata del primer caso conocido
P. Burian, «The Epigram on Apollonius of en el que Roma solicita la intervención
Tyana»; GRBS, 22 (1981), pp. 283-285. / 3. pública de un harúspice etrusco, coin­
Alex., 5. / 4. Ep., 77. / 5. I, 10. / 6. IV, 4. / 7.
IV, 18. / 8. IV, 34. ¡9 . IV, 43. /10. V, 18. / 11.
cidiendo con un período de fuerte
Marc., V, 40; Luc., VII, 11. / 12. VI, 27. / 13. «etrusquización» de la ciudad: inme­
VII, 38. / 14. Fr. 4. / 15. VIII, 29; Lact., Inst. diatamente después de la tom a de
Div., V, 3. / 16. LXXVII, 18,4. / 17. HA, AS, Veyes y en tiempos de la alianza con la
29, 2. /1 8 . CIL, VI, 29828. ciudad etrusca de Caere. Un siglo más
tarde2 (en el año 273 a.C.) el estado
[Bibi.: Fuentes: A. Bernabé Pajares, romano comenzó a ejercer de forma
Filóstrato. Vida de Apolonio de Tiana, M a­
oficial, por medio de sus pontífices, un
drid, 1979. Las Cartas de Apolonio han sido
editadas por Kayser, Leipzig, 1870-1871.
control directo sobre las prácticas y la
Estudios: Miller, «Apollonios von Tyana»: organización de los harúspices etruscos.
RE, II, 1 (1895), cois. 146-148; G. Petzke,
Die Traditionen über Apollonios von Tyana 1. Sat., 1 ,16, 22. / Plin., NH, XI, 186.
und das Neue Testament, Leiden, 1970; W.
Speyer, «Zum Bild des A p ollon ios von
Tyana bei Heiden und Christen»: JbAC, 17 A R EX IÓ N / Arexíon (s. v a.C.).— Adi­
(1974), pp. 48-64; E. L. Bowie, «Apollonius vino (hieróscopo) griego, natural de
of Tyana: Tradition and Reality»: ANRW, II, Parrasia (Arcadia), que ocupó el pues­
16.2 (1978), pp. 261-327; G. Anderson,
to dejado por *Silano en la Expedición
Philostratus. Biography and Beiles Lettres in
the Third Century A.D., London, 1986; M.
de los Diez Mil (mercenarios griegos
Dzielska, Apollonius o f Tyana in Legend and al servicio del príncipe persa Ciro).
History, Roma, 1986.] Según Jen o fon te1 los estrategos
ofrecieron en Heraclea un sacrificio,
dirigido por Arexión (h. 400 a.C.). Las
APOLONIO DE LAODICEA / Apo- entrañas de las víctimas no fueron fa­
llónios (s. ii d.C.?).— Autor de un tra­ vorables para la reanudación de la
tado sobre auspicios ornitoscópicos ci­ marcha. Hubo sospechas de que, dado
tado por Pselo1. que Jenofonte no quería abandonar la
ciudad, para llevar a cabo otras empre­
1. Phil., VIII, 167. sas, había convencido al adivino para
que anunciara que las entrañas no se
mostraban propicias; este hecho obli­
APUSORO / Apusorus (s. m a.C.?).— gó a que, en lo sucesivo, los sacrificios
Mago persa citado únicamente por Pli- tuvieran que realizarse públicamente.

72
ARISTANDRO DE TELMISO

Cuando, pocos días después, Jeno­ dad de Libetra (al pie del monte Olim­
fonte sacrificaba de nuevo, Arexión vio po), una estatua de Orfeo sudó ininte­
un águila, signo de buen augurio, ex­ rrumpidamente. Pese a que, en general,
hortando a continuación al estratego a este tipo de prodigios era interpretado
abrir la marcha2. Por último, en los muy desfavorablemente, Aristandro
momentos previos al encuentro con el dio un significado bien distinto al afir­
ejército de Farnabazo, Arexión sacrifi­ mar que Alejandro iba a realizar haza­
có una víctima y las entrañas resulta­ ñas dignas de ser cantadas y celebradas,
ron —a la primera— favorables; el adi­ que darían mucho trabajo y sudor a los
vino no erró su p ron ó stico, pues poetas y músicos que compusieran sus
Jenofonte logró una victoria sobre himnos.
Farnabazo y los bitinios ’. En una novela tardía (Vida y haza­
ñas de Alejandro de Macedonia, atri­
1.Anab., VI, 4,13. / 2. Anab., VI, 5 ,2 . / 3. buida por la crítica moderna al Pseudo
Anab., VI, 5, 8. Calístenes), Aristandro, que aparece
con el nombre de *M elam po (como el
mítico adivino), ofrece una interpreta­
ARISTANDRO DE TELM ISO / Arís- ción diferente del mismo prodigio:
tandros (s. iv a.C.).— Célebre adivino
(mantis) telmesio colaborador de Ale­ Del mismo modo que Orfeo, tocando
jandro Magno durante su expedición la lira y cantando, persuadió a los grie­
asiática (334-323 a.C.). gos, ahuyentó a los bárbaros y amansó
La primera intervención conocida las fieras, así también tú, esforzándote
de Aristandro tuvo lugar poco antes de con tu lanza, los harás a todos tus súb­
que naciese Alejandro. Según Plutar­ ditos (I, 42).
co’, Filipo de Macedonia soñó después
de su boda con Olimpide que imprimía A partir de este momento y hasta la
un sello con forma de león en el vientre batalla de Gaugamela (1 de octubre de
de su mujer. Mientras otros adivinos 331) Aristandro será consultado cada
no dieron im portancia a la visión, vez con mayor frecuencia por Alejan­
Aristandro afirmó que la mujer estaba dro. La hepatoscopia, la onirocrítica y
encinta de un niño del ánimo de un la interpretación de prodigios no pare­
león. La misma anécdota es narrada por cen tener secretos para él. Las consul­
Tertuliano2, que sin embargo silencia tas de estos años se centran en los si­
el nombre del adivino. Este episodio guientes casos:
prueba la presencia de Aristandro en la a) Durante el asedio de Halicarnaso
corte de Filipo desde el año 3S7/356. apareció una golondrina que revolotea­
N o obstante, se trata de una profecía ex ba insistentemente sobre la cabeza de
eventu que debió ser divulgada cuando Alejandro, posándose una y otra vez
el Macedonio trataba de poner de ma­ sob re su n ido trin an d o de form a
nifiesto su carisma; en este sentido es estruendosa. Alejandro, dormido, es­
probable que Aristandro haya divulga­ pantó con la mano suavemente la go­
do la interpretación del sueño de Filipo londrina pero ésta se posó sobre su ca­
no en el 357/356, sino hacia el 336. beza y no levantó el vuelo hasta que
En los meses previos al inicio de la hubo despertado por completo. Con­
expedición asiática Aristandro demos­ sultado Aristandro, éste le contestó que
tró su habilidad para dar un significado aquello era indicio de la traición de al­
positivo a prodigios aparentemente guno de sus amigos, añadiendo que, sin
ambiguos o, incluso, amenazadores. embargo, la conjura llegaría a ser des­
Según Plutarco3 y A m ano4, en la ciu­ cubierta, pues la golondrina es un

73
ARISTANDRO DE TELMISO

pajarillo que convive con el hombre, de ñalar los límites que marcaran las obras
quien es su amigo. Poco tiempo des­ de fortificación; como no tenía con
pués se detenía a Alejandro, hijo de qué hacerlo utilizó la harina que los
Aréope, por tramar una conspiración soldados transportaban en unos barri­
contra él5. les. Reflexionando sobre esto Aristan­
b) Durante el asedio de Tiro, Ale­ dro, vaticinó que la nueva ciudad sería
jandro tuvo un sueño en el que creía próspera por muchas razones, y en es­
aproximarse a los muros de la ciudad, pecial por su fertilidad en frutos de la
donde Heracles estrechaba su mano tierra10.
derecha y le introducía en la ciudad. e) Tras vadear el río Tigris, Alejan­
Aristandro interpretó este sueño afir­ dro, aprovechando un eclipse de luna
mando que Tiro sería tomada a costa (21 de septiembre de 331), realizó un
de un laborioso esfuerzo, como ocu­ sacrificio conjunto a la Luna, al Sol y a
rriera con los trabajos de Hércules. la Tierra. A juicio de Aristandro, la
Tras el largo asedio, de enero a julio o coyuntura de la luna era favorable a los
agosto del 332, la ciudad fenicia cayó macedonios y a Alejandro, afirmando
finalmente en manos de Alejandro. que el combate contra los persas ten­
Arriano6, Plutarco7 y Quinto Cur­ dría lugar en ese mismo mes y que las
d o 8 ofrecen sus particulares versiones víctimas presagiaban la victoria del
de la intervención de Aristandro, pero macedonio".
siempre favorables a Alejandro. Casi todas las fuentes coinciden en
Merece la pena, no obstante, recor­ reconocer la presencia de Aristandro
dar lo transmitido por *Artemidoro en junto a Alejandro en los momentos
su célebre Oneirokritiká: durante el previos a la batalla de Gaugamela.
asedio de Tiro, Alejandro soñó que un P lutarco12 y C u rcio 13 afirm an que
sátiro danzaba sobre un escudo. El in­ Aristandro hizo sacrificios en nombre
térprete descifró el sueño: «Tuya (sá) de Alejandro (a Fobos según Plutarco,
será Tiro (Tyros)». a Zeus y Atenea Niké según Curcio) y
c) Durante el asedio de Gaza, mien­ que al inicio del combate, vestido con
tras Alejandro preparaba un sacrificio, un manto blanco, indicó a los solda­
ya a punto de ofrecer la primera vícti­ dos que soltaran un águila sobre la ca­
ma, un pájaro carroñero que revolo­ beza de Alejandro como auspicio de
teaba por encima del altar dejó caer victoria. Arriano14 silencia este episo­
sobre su cabeza una piedra que llevaba dio pero recuerda que A ristandro
entre sus patas. Interrogado sobre el anunció la victoria cuando se produjo
suceso por Alejandro, Aristandro res­ el citado eclipse de luna.
pondió: Tras la batalla de Gaugamela las in­
tervenciones de Aristandro se espacian
Señor, conseguirás tom ar la ciudad, más observándose, sobre todo, que sus
pero tú deberás tener una extrema pre­ interpretaciones de los presagios son
caución en el día de hoy (Arr., Anab., cada vez menos favorables a Alejandro
II, 26). y su empresa.
Curcio afirma que tras el episodio
de las llamadas «Puertas persas» Aris­
Desatendiendo u olvidando los con­ tandro renunció a sacrificar en nombre
sejos de su adivino, Alejandro arriesgó de Alejandro alegando que era inopor­
su vida durante el combate, resultando tuno15. Poco después, cuando el m o­
herido9. narca decidió luchar contra los escitas
d) Durante la fundación de Alejan­ y realizaba los sacrificios previos al
dría quiso el monarca macedonio se­ combate, Aristandro le dijo que las víc­

74
ARISTANDRO DE TELMISO

timas indicaban algún peligro. Ante la Arriano, Plutarco y Curcio, que citan
actitud impaciente y hostil de Alejan­ de pasada a otros adivinos llamados en
dro, el adivino manifestó que no era lugar suyo, como *Demofonte, *Cleó-
posible interpretar los sacrificios con­ menes y *Pitágoras. Dicha desaparición
tra la evidencia de los signos del cielo podemos ponerla en relación con el
por más que Alejandro deseara tener último período de la vida de Alejandro:
mejores noticias16. Sobre la conclusión aquel en el que el héroe macedonio
de este episodio las fuentes no concuer- pretendió el reconocimiento de una
dan: según A rriano17 el adivino fue naturaleza divina. Las razones del dis-
obligado por Alejandro a repetir el tanciamiento de Aristandro no debie­
sacrificio, que dio de nuevo resultado ron de ser muy diferentes de las del
negativo, rehusando modificar su in­ historiador Pseudo Calístenes quien,
terpretación de los signos celestes. Cur­ conforme a la mentalidad griega tradi­
d o 18 sostiene que Aristandro, atemori­ cional, se había negado a aceptar la di­
zado ante la ira de Alejandro, no sólo vinización del soberano.
repitió los sacrificios sino que extrajo El silencio del nombre de Aristan­
de ellos presagios favorables para la dro en las fuentes historiográficas
empresa que el monarca macedonio pudo deberse, según unos (Robinson),
proyectaba. En cualquier caso ambos a la interrupción de la obra del Pseudo
autores ponen claramente de manifies­ Calístenes; según otros (Berve, Hamil-
to el deterioro de las relaciones entre ton, Greenwalt, Prandi) a la muerte del
Alejandro y Aristandro. adivino, un año después (327 a.C.).
Otro episodio, el de la muerte de Sin embargo, se ha demostrado re­
Clito, pone también de relieve cómo cientemente (F. Landucci Gattinoni)
Alejandro iba perdiendo el favor divi­ que Aristandro no sólo pudo morir
no. Aristandro hizo ver al héroe mace­ después de esta fecha, sino que nada
donio que la fuga de tres ovejas duran­ excluye que siguiera formando parte
te un sacrificio celebrado por Clito era del grupo de manteis del séquito de
uno de los peores presagios posibles19. Alejandro hasta el 323 a.C. Es más,
Tras el asesinato de Clito a manos de Eliano23 sostiene que a la muerte del
Alejandro, Aristandro se limitó a impu­ macedonio sus generales discutieron
tar lo sucedido a la voluntad inmutable durante treinta días sobre el lugar don­
del destino20. El filósofo Anaxandro de debía ser enterrado el cuerpo de
justificó el homicidio parangonando a Alejandro. Aristandro, que había pro­
Alejandro con Zeus21. fetizado un poder eterno al diádoco
La última de las consultas a Aristan­ que sepultase a Alejandro en su terri­
dro tuvo lugar a orillas del Oxo (en el torio, indujo a Ptolomeo a trasladar el
confín entre la Bactriana y la Sogdiana) cuerpo a su satrapía egipcia pese a la
en la primavera del 328 a.C. Cerca del oposición de Pérdicas. La noticia de
lugar donde se fijó la tienda de Alejan­ Eliano parece, sin duda, una reelabo­
dro en el campamento brotaron dos ración tardía pero pone de manifiesto
manantiales, uno de agua y otro de una que muchos consideraban a Aristandro
sustancia oleaginosa (petróleo). Ante el vivo en aquella fecha.
prodigio Alejandro ofreció un sacrificio. La fama de Aristandro se perpetuó
Aristandro interpretó la fuente de aceite al menos hasta el siglo n d.C. Clemen­
como indicio de futuros sufrimientos te de Alejandría24 le cita entre otros
pero también de una victoria que llega­ adivinos célebres. Luciano25 considera
ría tras algunos contratiempos22. a Aristandro una autoridad en la inter­
A partir de entonces el nombre de pretación de los sueños, como también
Aristandro desaparece de los escritos de *Artemidoro. Algunos autores m oder­

75
ARISTEAS DE PROCONESO

nos, aceptando lo que dicen de él Pli­ aquí, al de los isedones, donde recopi­
nio y Luciano, creen que Aristandro ló noticias sobre otros pueblos legen­
pudo haber sido autor de algunos tra­ darios. Sus experiencias fueron relata­
tados sobre oniromántica y sobre el das en el citado poem a del que se
significado de los prodigios. conservan algunos fragmentos.
Aristeas tenía la facultad de desdo­
1. Alex., 2, 4-5. / 2. De anim., 46, 5. / 3. blarse y viajar en espíritu, mientras
Alex., 14, 8-9. / 4. Anab., I, 11, 2. / 5. Arr., que su cuerpo esperaba el regreso del
Anab., 1,25,6-8. / 6.Anab., II, 18,1. / 7. Alex.,
alma en vuelo2. En Heródoto3 aparece
25, 1-3. / 8. IV, 2, 4. / 9. Arr., Anab., II, 26-
27.; Plut., A/ex., 25,4-5; Curi., IV, 6 ,1 2 /1 0 . como un personaje capaz de morir y
Arr., Anab., III, 2,1-2; Plut., Alex., 26, 8-10; resucitar varias veces, desaparecer y
Curt.,IV, 8 ,6 ./1 1 . Arr., Anab., III, 7 ,6 ; Plut., reaparecer en un lugar lejano. Este his­
A/ex., 31, 8; Curt., IV, 10,1-7. / 12.A/ex., 31, toriador asegura que murió en un
9. /1 3 . IV, 13,15. / 14. Anafe., III, 15, 7. / 15. batán de su ciudad natal y que el
V, 4 ,2 . /1 6 . Arr., Anafe., IV, 4,3 . / 17. Anafe.,
IV, 4, 3. / 18. VII, 7, 23-29. / 19. Plut., A/ex.,
batanero, después de cerrar su taller,
50, 4-5. / 20. Plut., A/ex., 52, 2. / 21. A/ex., marchó a comunicarlo a los parientes
52, 5-7. / 22. Arr., Anafe., IV, 15, 7-8. / 23. del muerto. Difundida la noticia, un
HV, 12, 24. / 24. Sírom., I, 21, 134, 4. / 25. hombre venido de Artace sostuvo ante
Philopatris, 21-22. los vecinos de Proconeso no sólo ha­
berle encontrado en aquella ciudad,
[Bibl,: Kaerst, «Aristandros»: RE, II, 1 sino incluso haber hablado personal­
(1895), cois. 859-860; C. A. Robinson, mente con él. Cuando los parientes
«The Seer Aristander»: AJP, 50 (1929), pp. acudieron al batán para enterrarlo, el
195-197; M. Plezia, «De Aristandri vatici­
cuerpo de Aristeas no apareció. Sólo
nio»; Eos, 59 (1971), pp. 227-230; W. S.
G reen w alt, «A M acedon ian M an tis»:
al cabo de seis años Aristeas volvió a
AncW, 5 (1982), pp. 17-25; F. Landucci Proconeso para componer el citado
Gattioni, «L ’indovino Aristandro e l’eredità poema, tras lo cual desapareció nue­
dei Telmesii», en La profezia nel mondo vamente.
antico, Milano, 1993, pp. 123-138.] Aristeas está por ello muy ligado a
la figura de Apolo (cuyo culto se pre­
ocupa en propagar) y comparte mu­
A R IST E A S D E P R O C O N E S O / chos de los rasgos del hiperbóreo
Aristéas (s. vn a.C.).— Originario de *Abaris4. Así, después de su «segunda
Proconeso (una isla de la Propóntide), muerte», se le ve aparecer en la ciudad
fue un taumaturgo (iatromantis), entre de Metaponto, en la Magna Grecia,
mítico e histórico, al que se le atribuye para ordenar a los habitantes que ele­
un poema hexamétrico titulado Ari- vasen un altar en honor de Apolo y,
maspeas, en el que relataba su prodigio­ junto a él, una estatua suya, ya que ha­
so viaje al país de los isedones para in­ bía acompañado al dios a Italia bajo la
formarse en él de todo lo concerniente forma de un cuervo5; después, desapa­
a las regiones más septentrionales de la reció súbitamente. Los metapontinos,
tierra habitadas por los arim aspos tras enviar una embajada a Delfos, pre­
(hombres con un solo ojo), los grifos guntaron al dios qué significaba la apa­
guardianes del oro y los hiperbóreos1. rición de aquel hombre; como la Pitia
Desde el estudio de Bolton se acep­ les ordenó hacer caso de la aparición,
ta que Aristeas vivió en el Proconeso ya que sería de gran provecho para
entre 650 y 625 a.C. Posiblemente en ellos, decidieron seguir el consejo de
la época en la que los griegos explora­ Aristeas. Además de su célebre poema,
ban las costas del mar Negro viajó has­ ya citado, se le atribuía una Teogonia
ta el territorio de los escitas y, desde en prosa cuyo contenido desconoce­

76
ARISTÓNICA

mos6. Otros llegaron incluso a hacerle rio de Delfos que vivió en época de las
preceptor de Homero7. guerras médicas (h. 480 a.C.). Aristó-
Tampoco tenemos noticias de orá­ nica dio el siguiente oráculo a una de­
culos pronunciados por Aristeas, pero legación de magistrados atenienses in­
sabemos que de un laurel de bronce que teresados en conocer el futuro de los
los metapontinos levantaron en el ágora suyos ante la amenaza persa:
para conmemorar la visita de Apolo y
su profeta salía una voz o un ruido que ¡Oh desgraciados!, ¿por qué permane­
provocaba el delirio extático de los céis sentados? / Huye a los extremos de
adivinos de la ciudad. Los pitagóricos la tierra, abandonando / tus casas y las
sintieron también gran interés por su altas cimas de tu ciudad circular. /Pues
figura, haciendo de Aristeas maestro o ni la cabeza permanece en pie, / ni el
discípulo del fundador de la escuela. cuerpo, ni los pies situados en las ex­
tremidades, / ni por tanto las manos, /
1. Herod., IV, 16; Paus., V, 7, 9 ./2 . Pind., ni nada del centro queda, sino que se
frag. 194; Max. Tyr., Diss., XVI, 2; XXXVIII, encuentra / en estado lamentable. / Pues
3; Suidas, s.v. «Aristeas». / 3. IV, 13-15. / 4.
la destruye el fuego y el activo Ares, /
Herod., IV, 13. / 5. Herod. IV, 15. / 6. Suda,
s.v. «Aristeas». / 7. Strab. XIV, 1, 18. que conduce un carro de origen sirio. /
También aniquilará otras muchas for­
[Bibl.: Fragmentos: A. Bernabé Pajares, talezas, / y ñ o la tuya sólo. / Entregará
Fragmentos de épica griega arcaica, Madrid, a l devastador fuego muchos templos de
1979, pp. 344-351; G. Colli, La sabiduría dioses, / que ahora se alzan bañados en
griega, Madrid, 1995, pp. 50-51 y 441-442. sudor, / temblando de miedo; y en lo
E stu d io s: Bethe, «A risteas»: RE, II, 1 más alto de los techos / se ha derramado
(1895), cois. 876-878; J. D. P. Bolton, sangre negra, / que presagia fatalidades
Aristeas o f Proconnesus, Oxford, 1962.]
de desgracia. / Ea pues, salid del santua­
rio, / mostrad entereza ante las desgra­
cias (Herod., II, 140).
A R IST O G IT Ó N / Aristogeíton (s. iv
a.C.).— Político y sykophante atenien­
Al escuchar el oráculo, los enviados
se de la época de Demóstenes, quien le
atenienses quedaron sorprendidos y
cita en uno de sus discursos1 escrito
abatidos. Timón, una de las autorida­
hacia el año 324 a.C.. Fue llevado a
des religiosas de Delfos, les aconsejó
juicio tras la batalla de Queronea por
entonces entrar de nuevo en el oráculo
falsa acusación y más tarde se vio impli­
con traje de suplicantes y llevar ramas
cado en el proceso de Harpalos. Por los
de olivo en las manos. Esta vez Aristó-
discursos de Demóstenes sabemos que
nica les contestó así:
como hechicero fue iniciado en los se­
cretos de los venenos y encantamientos
N o puede Palas aplacar a Zeus Olím­
por la esclava de *Teóride de Lemnos,
pico, / aunque le suplica con muchas
con la que tuvo dos hijos. Demóstenes
palabras y / con prudente discreción. /
le acusa de componer sortilegios (tna-
Pero a ti de nuevo dirigiré esta respues­
gganeúei), abusar de las gentes y preten­
ta, / comparándola con el acero: / Mira,
der curar a los enfermos de epilepsia.
al ser tomado lo demás que contienen
1. Or. XXV.
en su interior I la frontera de Cécrope y
la gruta del divino Citerón, / Zeus, de
amplia mirada, concede a Tritogenia /
que una m uralla de madera / sea la
A R IS T Ó N IC A / A ristoníka (s. v
única inexpugnable, que te servirá a ti
a.C.).— *Pitia y promantis del santua­
y a tus hijos. I Pero tú no aguardes in­

77
ARNUF1S

mutable a la caballería y I al numeroso Marco dice el historiador griego Dion


ejército / de tierra que viene desde el Cassio). Sus «artes ocultas» (sophía
continente, sino retirándote i tras vol­ tiní) lo g raro n la intervención de
ver la espalda; sin duda, todavía algu­ Hermes Aérios (Thot, el dios de la
na vez / estarás frente a él. I ¡Oh divina magia al que por entonces también se
Salamina, aniquilarás tú a tus hijos / asimiló el Mercurio latino).
de mujeres, / bien al esparcirse Demé- Durante las excavaciones del preto­
ter o bien al reunirse! (H erod., II, rio imperial de Aquileya (levantado en
141). el invierno del 168-169 d.C.) fue ha­
llada una dedicación de Arnufis a Isis
Los atenienses tomaron por escrito (Dea Epiphane) que parece probar la
esta segunda respuesta, más suave que historicidad del personaje.
la primera, y regresaron a su ciudad. Un pasaje de la Historia Augusta2
Allí se dieron interpretaciones dispa­ alude a que, antes de este episodio, el
res del oráculo hasta que, finalmente, emperador M arco Aurelio convocó
se impuso la de Temístocles: el orácu­ sacerdotes de todas partes del Imperio
lo iba dirigido a los enemigos de Ate­ para ejecutar «ritos extranjeros» (pere-
nas, y lo que sus habitantes debían ha­ grini) de profilaxis colectiva con moti­
cer era disponerse para una batalla vo de una pestilentia; el mago egipcio
naval, ya que era a esto y no a las mu­ pudo haber participado en dicho ri­
rallas a lo que se refería el «muro de tual, ya que un fragmento de Eliano
madera». Poco después los atenienses atestigua entre las especialidades de los
obtenían bajo sus órdenes una victoria hierogrammateis ritos purificatorios
naval sobre los persas en la batalla de contra las epidemias. Poco después, en
Salamina (480 a.C.). el 167 d.C., debió de pasar a formar
Plutarco1dice que Aristónica, como parte del séquito del ejército romano.
las pitias y ^sibilas más antiguas, pro­ No obstante, otras religiones se atri­
fetizaba en verso. buyeron la autoría del «milagro de la
lluvia». Así, uno de los fundadores de
1. Pyth. or., 23. la teúrgia, ^Juliano el Teúrgo, muy co­
nocido en aquel tiempo, hijo de un fa­
moso mago (Juliano el Caldeo) que vi­
ARNUFIS / Amoüphis (s. n d.C.).— vió en época de Dom iciano. Se le
M ago egipcio conocido, sobre todo, menciona en algunas fuentes como ri­
por el episodio que protagonizó en el val de Apuleyo y *Apolonio de Tiana
año 172 d.C., bajo el reinado de Mar­ en la purificación de Roma durante
co Aurelio. El ejército romano (la le­ una pestilencia3.
gión XII Fulminata), aislado en las Las fuentes oficiales, de las que la
montañas de Panonia, cercado por los escena XVI de la columna de Marco
cuados1y agobiado, además, por el ca­ Aurelio (erigida hacia el 176 d.C.) así
lor sofocante y la falta de agua, se vio, como un medallón romano del 1734 se
de repente, sorprendido por una opor­ hacen eco, atribuyeron el prodigio
tuna tormenta acompañada de lluvias —dentro de la más estricta ortodoxia
abundantes; este hecho permitió a los romana— a la intervención de Júpiter
romanos reponerse y rechazar a los Tonante que, con sus rayos detuvo a
bárbaros. los bárbaros. En el siglo iv d.C. el poe­
El milagro fue atribuido a Arnufis, ta Claudiano, aun conociendo la atri­
sacerdote (hierogrammateys) de Isis, bución del milagro a Juliano el Teúrgo,
que por entonces pertenecía al séquito se inclina también por la «versión ofi­
imperial de Marco Aurelio (synonta to cial» romana:

78
ARQUÉSTRATO

Y tú, benévolo Marco, no regresaste Pese a todo, las recientes contribu­


a los templos de la patria invocando ciones (Guey, Posener) se inclinan a
con tan gran entusiasmo cuando For­ aceptar la historicidad de la «versión
tuna liberó de peligros semejantes a egipcia» frente a todas las demás.
Hesperia por todas partes cercada por
pueblos bárbaros. No hubo allí mérito 1. Dion Cass., 71, 8,4. / 2. Vit. MA, 13,1-
alguno de los caudillos. Pues cayó so­ 3. / 3. Anast., Quaestiones et responsiones
bre los enemigos una lluvia de fuego. A centum quinquaginta quattor, Q. XX = PG
89, coll. 524-525. / 4. Gnecchi, I medaglioni
uno su abrasado caballo lo llevaba romani, II, p. 28, tav. 6 0,1. / S.Tertul., Apol.,
tembloroso en el lomo humeante; otro 5 ,6 ;a d Scapulam, 4, 7-8; Eus., HE, V, 5,1-6;
cayó consumido por el casco que se Oros., VII, 15, 9-11; Acta Sanctorum: Vita
fundía; las lanzas resplandecieron de­ Abercii, 485 ss. Nissen. / 6. Médit., V, 7.
rretidas por los rayos y las espadas se
desvanecieron de pronto en humo. En­ [B ib l.: A. C ald erin i, « L ’ iscrizio n e
tonces la batalla, restringida al cielo, aquileien se di H arn o u p h is»: A quileia
Nostra, 8-9 (1937-1939), pp. 67-72; J.
desconoció las almas mortales, ya si las
Guey, «La date de la pluie miraculeuse (172
fórmulas caldeas armaron con sus ritos après J.C .) et la colonne Aurélienne I et II»:
mágicos los dioses, o si, como pienso MEFR, 60 (1948), pp. 105-127; 61 (1948),
yo, la vida intachable de Marco pudo pp. 3-118; J. Guey, «Encore la “ pluie
merecer todo el apoyo del Tonante (De miraculeuse” »: RPh, 22 (1948), pp. 16-62;
VI cons. Hon., 340-350). M. Sordi, «Le monete di Marco Aurelio e la
p io g g ia m ira c o lo sa »: Ann. Ist. Ita l.
Pero desde Tertuliano (que escribe Numism., 5-6 (1958-1959), pp. 41-55; W.
cinco años después del acontecimien­ Jobst, «11. Juni 172 n. Chr. Der Tag des
Blitz- und Regenw unders im Quaden-
to) también las fuentes cristianas recla­
lande»: SAWW, 335 (1978), p. 3 6 ; Z.
maron para su Dios el milagro. La legio Rubin, «Weather miracles under Marcus
XII Fulminata (así llamada desde el si­ Aurelius»-.Athenaeum, 57 (1979), pp. 357-
glo I) era originaria de Melitene, una 380; G. Fowden, «Pagan Versions of the
de las ciudades más cristianizadas de Rain Miracle of A.D. 172»; Historia, 36
Asia Menor y fue precisamente —se­ (1 9 8 7 ), pp. 8 3 -9 5 ; A. Birley, M arcus
gún dichas fuentes— la plegaria de los Aurelius, London, 1987, pp. 227 y 251-259
sold ad os cristianos (precationibus passim.]
militum) la que logró que Dios obrara
el milagro. Una pretendida carta ofi­
cial del emperador Marco Aurelio al ARQUÉSTRATO / Archéstratos (s. v
Senado (auténtica según M. Sordi) es a.C.?).— Adivino (mantis), quizá de
argumentada por las fuentes cristianas origen ateniense, citado por Alexis1
como prueba5. De hecho, en la escena junto a otros literatos del siglo v a.C.
XVI de la columna de Marco Aurelio conocidos por su delgadez. Alexis dice
se representa a un soldado con los bra­ de él que cuando los enemigos captu­
zos y la mirada dirigidos hacia el cielo. raron a Arquéstrato y le pusieron so­
En un pasaje de sus Meditaciones6 el bre una balanza, pesaba solo un óbolo
propio Marco Aurelio atribuye un mila­ [= 72 cg], Polemón el Periégeta, en el
gro de características similares a éste a la libro Sobre las cosas asombrosas, afir­
plegaria simple y libre dirigida por los ma que fue al subir a la horca, tras ser
atenienses al amigo Zeus, lo que parece capturado por sus enemigos, cuando
reforzar la hipótesis de que adscribiese se advirtió que tenía el peso de un
el prodigio danubiano a las invocacio­ óbolo2. Eustacio' insiste también en su
nes de sus propios soldados, si bien di­ poco peso. Quizá de la noticia de
rigidas quizá a Júpiter Tonante. Alexis pueda deducirse que el adivino

79
ARRUNTE DE LUCA

era una figura destacada de la come­ Ante tales indicios (los dúo capita re­
dia antigua. presentan a Pompeyo y César, que se
enfrentarán en la batalla de Farsalia) el
1. Apud Elian., HV, 10, 6. / 2. Apud Ate­ adivino se percata de la inminencia de
neo, XII, 552. / 3. In Hom., II, 1288, 46. grandes desgracias y exclama:

A duras penas, dioses celestiales, me


A RRUN TE DE LUCA / Arruns (s. i será lícito revelar a las gentes todo lo
d.C.P).— Con este nombre es citado en que maquináis; pues no ha resultado en
la Farsalia de Lucano (39-65 d.C.) un tu honor, Júpiter supremo, este sacrifi­
harúspice etrusco de avanzada edad, cio que he ofrecido, y en el pecho del
originario de Luca (Dante1dice que era toro inmolado se han introducido los
de Luni, pero no sería improbable que dioses infernales. Nos asaltan temores
hubiese manejado un códice enmenda­ indecibles, pero vendrán desastres peo­
do), llamado por las autoridades de res aún que los que tenemos. ¡O jalá los
Roma para que expiara e interpretara dioses conviertan en favorables mis vi­
los prodigios aparecidos en vísperas de siones, y no haya que confiar en las vis­
la guerra civil (49-45 a.C.). El perso­ ceras, antes sea todo ello una invención
naje es, para algunos estudiosos, histó­ de *Tages, el fundador de esta ciencia!
rico. (Fars., I, 631-637).
Arrunte es experto en la interpreta­
ción del rayo, «de las venas calientes 1. lnf., 20, 46.
de las visceras» y de «los avisos del ala
que revolotea por el cielo». Ordena,
ante todo, quemar los «monstruos» ARTEM IDORO DE DALDIS / Arte-
(seres deformes) que la naturaleza ha­ mídoros (s. n d.C.).— Artemidoro vivió
bía producido y después un ambur- en la segunda mitad del siglo n d.C.
bium (procesión purificatoria del pue­ Había nacido en Efeso pero siempre se
blo, encabezada por los magistrados y consideraba de Daldis (Lidia), patria de
sacerdotes, alrededor de la ciudad). su madre1. En esta localidad existía un
Mientras, Arrunte concentra las ho­ templo a Apolo Mistes y Arte-midoro
gueras provocadas por el rayo, las en- confesaba haber iniciado la redacción
tierra en el suelo y pronuncia ante ellas de su tratado oniromántico obedecien­
un «lúgubre recitado». do los dictados del dios que se le apare­
Finalmente, sacrifica un toro en cía frecuentemente en sueños2.
honor a Júpiter, pero de la víctima no A él se refieren algunos autores con­
brotó «sangre corriente» sino una «ho­ temporáneos suyos, como Frontón,
rrible sangraza», lo que hizo palidecer Galeno3 y Luciano4. También le cita la
al harúspice. A éste siguieron otros sig­ Suda (léxico bio-bibliográfico escrito
nos no menos intranquilizantes: al ob­ en el siglo x).
servar el hígado vio «amenazantes las Su única obra conservada es un ma­
venas por la parte enemiga»; el «ten­ nual onirocrítico (Oneirokritiká), divi­
dón del pulmón» quedaba oculto; una dido en cinco libros: los tres primeros
pequeña fisura cortaba las partes vita­ dedicados a Casio Máximo (bajo cuyo
les; el corazón estaba encogido y las nombre parece esconderse el del sofista
visceras echaban pus a través de hendi­ Máximo de Tiro, que vivió entre 125-
duras abiertas. Pero el más grave de 185 d.C.) y los otros dos a su hijo, tam­
todos los presagios era que en la «ca­ bién llamado Artemidoro, que se dedi­
beza del hígado» se había desarrollado có a la misma actividad que el padre;
la masa de otra cabeza (dúo capita). en este sentido el libro V de su obra no

80
ARTEMIDORO DE DALDIS

es sino una recopilación de sueños in­ ro habla de los adivinos, en conjunto,


terpretados a lo largo del ejercicio de la señala que de ellos hay que excluir, por
profesión. em baucadores e im postores, entre
El propio Artemidoro, según él mis­ otros, a los quirománticos:
mo nos dice, practicó el arte de la adi­
vinación por los sueños, recorriendo ... los fisiognomistas, los que averiguan
Grecia, las islas del Egeo, Asia e Italia5. el porvenir mediante unos dados, el
En Roma tuvo ocasión de conocer al queso o una criba, los que interpretan
célebre retor M. Cornelio Frontón, las formas del cuerpo o las líneas de la
hombre próximo a la familia imperial. mano, los que se sirven de recipientes y
La frecuencia con la que alude a sue­ los que consultan a los muertos. Cier­
ños de los atletas que competían en los tamente, sus prácticas son de tal índole
grandes certámenes, sobre todo en los y no saben ni una pizca del arte mánti-
Juegos Olímpicos, hace suponer que ca, pero, sirviéndose de charlatanerías
Artemidoro ejerció buena parte de su y de engaños, desvalijan a los que caen
profesión aprovechando la celebración en sus manos (Oneir., II, 69).
de este tipo de certámenes.
Artemidoro se acoge a la tradición, Por el contrario, Artemidoro salva
muy difundida en el mundo antiguo, —como auténticas— las siguientes téc­
que creía en el valor premonitorio de nicas adivinatorias:
los sueños. El sueño dice (o predice) la
verdad, como Artemidoro intenta pro­ Únicamente restan como veraces los
bar cuando establece la etimología de vaticinios hechos por los que analizan
óneiros (sueño), de tó ón (lo que es y, los sacrificios o el vuelo de las aves, los
por tanto, lo verdadero) y eírein, forma observadores de estrellas y prodigios,
arcaica de légeitt (decir); por tanto: «lo los descifradores de sueños y los exa­
que dice lo verdadero». Los sueños pro- minadores del hígado de las víctimas
féticos (óneiroi) son subdivididos, a su 0Oneir., II, 69).
vez, en directos y simbólicos, conocién­
dose de éstos hasta cinco clases: propios, Desde que Freud se interesara por
ajenos, comunes, públicos y cósmicos. la obra de Artemidoro (traducida al
Pero existen otros, no p roféticos, alemán por F. S. Krauss), ésta ha sido
enypnia, que ponen de manifiesto las objeto de numerosos estudios.
pasiones del alma o del cuerpo.
El mismo alude, a otros trabajos 1. Oneir., III, 66. / 2. Oneir., II, 70. / 3.
anteriores a éste: uno de teoría oniro- Comm. in H ippocratis librum De victu
crítica6, otros sobre argumentos diver­ auctorum, I, 15. / 4. Philopatris, 21-22. / 5.
Proem., I y V. / 6. I, 1. / 7. III, 66. / 8. s.v.
sos7. La Suda8 atribuye a Artemidoro «Artemidoros»/ 9. Contra fatum, 60.
un tratado sobre la adivinación por
medio de las aves (Oionoskopia), tam­ [Bibl.: Traducción española: E. Ruiz
bién citado por Galeno entre los libros García, Artemidoro. La interpretación de los
más famosos sobre el tema, y otro so­ sueños, Madrid, 1989. Sobre el autor y su
bre la quiromancia (Cheiroscopika). obra: C. Blum, Studies on the Dream-Book
Quizá por ello no sea casualidad que o f Artemidorus, Uppsala, 1936; D. Del
Gregorio de Nisa9 divida el arte de pre­ Corno, «C ’e del método in questa follia:
decir el futuro en: interpretación de Artemidoro», en G. Guidorizzi, II sogno in
G recia, B ari, 198 8 , pp. 1 4 7 -1 5 9 ; H .
sueños, observación de prodigios y
Bender, «Predizione e simbolo in Artemi­
quiromancia. doro alia luce della moderna Psicología del
N o obstante, algunos autores dudan sogno», en G. Guidorizzi, II sogno in Gre­
de estas obras, pues cuando Artemido­ cia, Bari, 1988, pp. 161-171.]

81
ARTEMÓN DE MILETO

A RTEM Ó N DE M ILETO / Artémon le sepultura con el máximo cuidado.


(s. i d.C.?).— Onirócrita originario de Pero cuando se cumplían estas órde­
Mileto, autor de una obra, en 22 li­ nes, una fuerte lluvia extinguió las lla­
bros, de la que quedan algunos frag­ mas de la pira fúnebre y los perros des­
mentos1. En ella se recogían los signifi­ m em braron el cad áver a m edio
cad os de los sueños así com o las quemar, lo que fue puesto en conoci­
curaciones obtenidas en los santuarios miento del emperador.
de Serapis, donde, como sabemos, se Sus escritos son citados con fre­
practicaba la incubatio. A él se refiere cuencia por autoridades de la talla de
*Artemidoro de Daldis2, quien pudo *Vetio Valente4, Palchus5 y Lido6.
haber seguido su clasificación de los
sueños (D el C o rn o ). La ob ra de 1. Suet., Domic., 15, 3. / 2. Epit., 67, 16,
Artemón iba precedida de una intro­ 3. / 3. Domic., 15, 3. l4.Anthol., 9. / 5. Cat.,
ducción teórica, también citada por 1, 8 0 ,1 5 ./6 . Deost., 2.
Artemidoro.
[Bibl.: Fragmentos de la obra en CCAG,
VIII, 4, 101, pp. 2-12. Estudios: F. H.
1. FHG, IV, 340 / 2. Oneir., I, 2; II, 44.
Cramer, Astrology in Román Law and Poli-
tics, Philadelphia, 1954, pp. 143-145.]

A S C L E T A R IÓ N / A scletario (96
d.C.).— Astrólogo, condenado por el ASTÍFILO / Astyphilos (s. v a.C.).—
emperador Domiciano en el año 96 Adivino griego (mantis y onirócrita),
d.C. por haber hecho predicciones y originario de Posidonia (en la Magna
haberlas propagado1. El historiador Grecia), que anunció al ateniense Ci-
D ion C a ssio 2, m ás ex p líc ito que món la proximidad de su muerte tras
Suetonio, revela el delito cometido por narrarle éste el sueño que había tenido
Ascletarión: éste había predicho a Do­ antes de emprender la que sería su últi­
miciano el momento y la form a de ma expedición (450/449). En dicho
su muerte. sueño se le apareció una perra muy fu­
Su nombre aparece citado por las riosa que emitía un ladrido mezclado
fuentes de diversas maneras (Asele- con voz humana que le decía:
tarius, Asclepion, Asclation), pero, en
cualquier caso, parece de origen egip­ Ve, porque has de ser amigo / mío y
cio (H. Cramer). Pudo, de esta forma, de estos mis tiernos cachorrillos (Plut.,
pertenecer a un reducido pero impor­ Cimón, 18).
tante grupo de astrólogos egipcios cuya
influencia fue creciendo desde finales Astífilo, al ser consultado por su
del siglo i a.C. y al que pertenecerían, amigo Cimón, declaró que aquello sig­
por ejemplo, *Balbilo, *Queremón, nificaba su muerte, pues el perro es
*Ptolomeo Seleuco o *Pámmenes. enemigo de aquel a quien ladra y el
Ascletarión fue detenido en agosto mayor placer que se puede hacer a su
o septiembre del 96 d.C. y llevado ante enemigo es morir. En cuanto a la mez­
el emperador el 17 de septiembre de cla de la voz, designaba un enemigo
ese mismo año. Según Suetonio3, Do­ medo, porque el ejército de los medos
miciano le preguntó si sabía cuál era la se compone de griegos y bárbaros1.
suerte que le estaba reservada, a lo que Plutarco2 dice que después de este
el astrólogo respondió que en breve los sueño, estando Cimón sacrificando a
perros le despedazarían. Para demos­ Dióniso, el sacerdote que le ayudaba
trar que su arte carecía de fundamen­ (quizá el propio Astífilo) troceó la víc­
to, el emperador ordenó matarlo y dar­ tima; la sangre que se derramaba, ya

82
ATEYO CAPITÓN

cuajada, fue llevada poco a poco por (1898), pp. 96-105; Riess, «Astrampsy-
unas hormigas hasta ponerla pegada en chos»: RE, I, 2 (1894), cols. 1796-1798; G.
el dedo grande del pie de Cimón. M. Browne, «The C om position o f the
Cuando éste lo advirtió, vino el sacer­ Sortes Astrampsychi»: University o f London
Institute o f Classical Studies Bulletin, 17
dote mostrándole el hígado de la vícti­
(1970), pp. 95-100; G. M. Browne, The
ma sin «cabeza» (caput hiecoris), con­ Papyri o f the Sortes Astrampsychi, Meisen-
siderado como el peor de los presagios heim am Gian, 1974.]
en las técnicas hepatoscópicas.

1. P l u t Cimón, 1 8 ./2 . Cimón, 18,4. ATEN A IS / Atbenais (s. iv a.C .).—


Adivina (m an tikégyn é) griega, origina­
ria de Eretria, que vivió en tiempos de
ASTRÁMPSICO / Astrámpsychos (s. n Alejandro M agno (356-323 a.C .).
d.C.?).— Seudónimo de un mago y as­ Estrabón1 dice de ella que tenía el don
trólogo egipcio que utilizó el nombre de la profecía y la com para con la
de un antiguo mago persa de época de * Sibila, originaria de la misma ciudad.
Alejandro Magno1. Algunos autores le También señala2que fue ella quien pro­
atribuyen un poema (libellus) sobre clamó el origen divino de Alejandro.
interpretaciones de sueños, del que se
conservan 101 versos, escrito a co­ 1. XIV, I, 34. / 2. XVII, I, 43.
mienzos del siglo ii d.C. También se le
atribuyen otros tratados sobre geo-
mancia, oráculos y hechizos de amor2.
A TEN IÓ N / Atheníon (s. ii a.C.).—
Un papiro griego3 conserva una invo­
Esclavo de origen cilicio que recurrió
cación a Hermes para conseguir éxito
a técnicas astrológicas durante la lla­
y favores atribuido a Astrapsuco (As-
mada «segunda rebelión de esclavos»
trámpsico).
(104-100 a.C .). «Lugarteniente» de
Junto con *D oroteo de Sidón y
*Salvio, dio a conocer a los esclavos
*Manetón, representa el prototipo del
sublevados (en Egesta y Lilibeo) un
astrólogo-poeta que alcanzó gran po­
pronóstico astrológico, tras el estudio
pularidad durante los siglos ii y iii del
de las estrellas, según el cual la isla de
Imperio.
Sicilia caería en sus manos, advirtien­
Bajo el nombre de Sortes Astram-
do por ello que la tierra y sus cultivos
psycbi se conoce una serie de fragmen­
debían ser tratados con respeto como
tos de papiros con oráculos numera­
si le pertenecieran1.
dos que comprenden tanto la pregunta
A las órdenes de Salvio conquistó
form ulad a com o su resp uesta. El
Triokala, enfrentándose a Licinio Lú-
consultante anotaba el número de la
culo en el 103. Tras la muerte de Salvio
pregunta seleccionada, extraía luego
pasó a dirigir el movimiento servil, ocu­
otro número por sorteo y, mediante un
pando Makella. Fue derrotado y muer­
com plicado sistem a, llegaba a otro
to por el cónsul M. Acilio en el 101.
que, en teoría, se correspondía con la
respuesta.
1. Diod., XXXVI, 5,1-3; XXXVI, 4 ,4 ; 2,5.
1. Diog. Laert., pr. 2. / 2. Suidas, s.v. «As-
trampsychos». / 3. PGM, VIII, 1.
ATEYO CAPITÓN / C. Ateius Capito
[Bibl.: Fragmentos: Hercher, Astram- (22 d.C.).— Experto romano en dere­
psychi oraculorum decadas CIII. Estudios: cho civil y religioso (pontifical y sacral),
P. Tannery, «Astram-psychos»: REG, 11 en el año 17 a.C. interpretó un oráculo

83
ATTO NAVIO

que justificaba la elección de esta fecha viendo, avergonzado, se ahorcó. Aquel


para la celebración de los Ludi Saecula- que habría podido vivir consciente de
res, presididos por Augusto y Agripa1. su ignorancia muere ignorante, viene a
De origen humilde (su abuelo fue un decirnos el poeta. N o sabemos si Aulo
centurión de Sila), alcanzó destacadas fue — com o parece— un personaje
magistraturas (cónsul suffectus en el real, contemporáneo de Lucilio.
año 5 d.C.). Dejó numerosos escritos,
de los que se conservan sólo unos po­ 1. Ajtth. Pal., XI, 164.
cos fragmentos: Coniectanea (en nue­
ve libros); Epístolas; De pontificio iure
(en seis libros); De iure sacri-ficiorum, AURINIA / Aurinia (s. i d.C.?).— Una
y un tratado sobre derecho augural. de las primeras sacerdotisas y profeti­
Su adversario en el campo de lo ju­ sas germanas conocidas1, al estilo de
rídico fue el célebre Antistio Labeón2. *Véleda o *Ganna, y quizá, como és­
Su obra fue consultada por juristas, tas, opuesta a los romanos.
anticuarios y filólogos incluso de épo­
ca bajoimperial. 1. Tac., Germ., VIII, 3.

1. Zos., II, 4. / 2. Tac., Ann., III, 75.

[BibL: Fragmentos: W. Strzelecki, Atei AZARÍAS / Azaryahu (s. x-ix a.C.).—


Capitonis fragmenta, Berlín, 1960.] Profeta hebreo, hijo de Oded, que ins­
tigó al rey Asá de Judá (911-870 a.C.)
a luchar contra los ritos paganos, a eli­
A TT O NAVIO: “'Navio. minar sus imágenes y a favorecer el
culto de Yahveh1:

A U L O IAulus (s. i d.C.?).— Astrólogo ¡Escuchadme, oh Asá y todo Ju dá y


citado por el poeta Lucilio (que vivió Benjamín! Yahveh estará con vosotros
en Nápoles en época de Nerón), en mientras vosotros estéis con El; si lo
uno de sus epigramas satíricos1. Cuan­ buscareis, se dejará hallar de vosotros;
do Aulo logra descifrar su propio ho­ mas si lo abandonareis, os abandona­
róscopo, declara: rá. Por mucho tiempo ha estado Israel
sin verdadero Dios, sin sacerdote que
Ha llegado el momento marcado por guíe y sin Ley; pero cuando en su an­
el Destino; no me quedan más que cua­ gustia se convirtió a Yahveh, Dios de
tro horas de vida (Ant. Pal., XI, 164). Israel, y lo buscó, El dejóse hallar de
ellos (2 Cro 15, 2-4).
Lucilio dice que cuando llegó la
quinta hora y vio que continuaba vi­ 1. 2 Cro 15.

84
B

BA C IS IBákis (s. vi-va.C.?).— Célebre médicas) y tres en Pausanias (dos sobre


chresmologos (coleccionista oficioso de Mesenia4 y uno sobre Beoda5).
oráculos) griego, sin duda, el más famo­ Heródoto muestra una gran con­
so y mejor conocido de todos ellos. Los fianza en las colecciones oraculares de
chresmologoi suelen clasificarse en tres Bacis y en particular por la precisión
«generaciones»: una «mítica» o «legen­ con que anunció los acontecimientos
daria» (Orfeo, Laio, *Euclo y “'Museo); del 480/479; él es también el primero
otra «histórica», que aparece ligada, en citarlo.
sobre todo, al siglo vi a.C. (*Onomácri-
to, *Lisístrato, *Anfílito) y una «terce­ 1) El primer oráculo, cumplido tras
ra generación», testim oniada sobre la retirada de la flota griega de Artemi-
todo por las obras de Aristófanes (Tri- sio, decía:
geo).
Las fuentes le consideraban, pues, Procura, cuando eche sobre el mar un
un adivino histórico, de origen beocio, puente de papiro el que habla un len­
que profetizaba antes de las guerras guaje bárbaro, alejar de Eubea tus ca­
médicas (s. v a.C.). También se sabía bras que mucho balan (VIII, 20, 1-2).
que sus facultades proféticas las había
adquirido de las ninfas'; Bacis era, 2) En otro pasaje, Heródoto cita
pues, un nympholeptos, es decir, un siete versos de Bacis anunciando la de­
hombre «poseído por las ninfas». Sólo rrota de los bárbaros y el triunfo de los
algunas fuentes2 sostienen que fue griegos que el historiador consideró
Apolo quien envió a Bacis a profetizar. referidos a la batalla naval de Salamina
La crítica moderna no cree, sin em­ (en el 480 a.C., concluida con la victo­
bargo, en la historicidad del personaje, ria griega sobre el rey persa Jerjes):
inclinándose a considerarlo una perso­
nificación popular de la báxsis («pro­ Pero cuando unan con un puente de
fecía»); sería, pues, un vate ficticio, naves la orilla consagrada a Artemisa,
como Orfeo, Laio, M useo y tantos de espada de oro, y la marítima Cino­
otros. sura, con loca esperanza tras saquear la
Conservamos seis oráculos de Bacis: esplendorosa Atenas, la divina Dike
tres en H eródoto’’ (sobre las guerras apaciguará al fuerte Coro, hijo de

85
BA C IS

Hibris, que es terriblemente ávido pues Mas cuando Titoreo a Anfión y Zeto
cree que seducirá a cualquiera. En efec­ libaciones y plegarias y ruegos sobre la
to, el bronce chocará con el bronce, y tierra derrame, mientras el sol glorioso
Ares de sangre enrojecerá el mar. En­ permanece halagando al toro, entonces
tonces, el día de la libertad para la Hé- guarda a la ciudad de un mal no leve
lade trae el Cronida que ve a lo lejos y que la amenaza: pues los frutos perece­
la augusta Nike (VIII, 77). rán en ella arrebatados del suelo, lleva­
dos a la tumba de Foco (Paus., IX, 17,
3) El tercer oráculo se creyó referi­ 4-6).
do a la batalla de Platea (479 a.C.), en
la que los griegos derrotaron a los per­ Bacis alertaba a los tebanos de la
sas mandados por Mardonio; aunque iniciativa de los titoreos que, cuando
es probable que se haya perdido el el sol entraba en el signo del Toro, sa­
principio (o que Heródoto no lo cite), caban la tierra del túmulo de Anfión y
en él se habla claramente del destino Zeto ‘en Tebas) para trasladarla al de
adverso del ejército persa: Foco (en Titorea) con el fin de acre­
centar la productividad de sus cultivos
La reunión de los helenos a orillas del y empobrecer la tierra de los tebanos.
Termodonte y del herboso Asopo y un Según la leyenda, Antíope, madre de
grito de dolor de sonido bárbaro, don­ los gemelos Anfión y Zeto, construc­
de por encima de la suerte y del destino tores de las murallas de Tebas, huyó
caerán muchos de los medos portado­ de la ciudad, refugiándose en Titorea,
res de arcos, cuando sobrevenga el día donde se casó con Foco compartiendo
fatal (IX, 43). después su tumba.
Entre la época de Heródoto (s. v
4-5) Las alusiones a los oráculos de a.C.) y la de Pausanias (s. n d.C.), Bacis
Bacis reaparecen algún tiempo después es parodiado en las obras de Aristó­
de las guerras médicas, ya en el siglo iv fanes6, quien por primera vez utiliza el
a.C., y hacen alusión, sobre todo, al rey verbo bakitsein («profetizar»). Concre­
Epaminondas, cuya política antiespar­ tamente en Los caballeros", el político
tana en favor de Mesenia se vio favore­ Cleón y el charcutero, tratando cada
cida por los oráculos de Bacis. El pri­ uno de ellos de atraerse al demos, apor­
mero decía: tan en su favor gran cantidad de orá­
culos (inventados). Cleón presume de
Y cuando de Esparta la brillante flor que sus predicciones son de Bacis,
perezca, Mesenia volverá a ser poblada mientras que el charcutero se inventa
por siempre (Paus., IV, 27, 4). el nombre de un supuesto hermano de
éste: Glaniss.
Pausanias declara haber descubier­ Todo parece indicar, pues, que en
to que otro oráculo anunciaba también el siglo iv a.C. sus profecías estaban ya
la toma de Hira: muy desacreditadas. En este mismo si­
glo T eopompo4 consideraba a Bacis un
Los de Mesenia, con ruidos y fuentes «purifícador» y profeta apolíneo que,
domada (ibid.). siguiendo los consejos de Apolo, puri­
ficó a las mujeres espartanas presas de
6) El último oráculo conservado es delirio (nymphomanía). El epicúreo
bien diferente de los anteriores y se re­ Boeto10 no tenía dudas sobre la false­
fiere a una disputa de carácter agrícola y dad de los oráculos de Bacis si bien
religioso entre dos ciudades de Grecia admite alguno. Aun Luciano cita un
central: Titorea (en la Fócide) y Tebas: (falso) oráculo de Bakis".

86
BALAAM

Con alguna frecuencia las fuentes teuco. Es un extranjero proveniente de


recogen la forma plural, Bákides. Pro­ Petor1, «junto al río» (es decir, el Eu­
bablemente su origen se halle en la le­ frates; la localización del topónimo es
yenda de los «tres Bacis». De éstos el incierta pero podría tratarse de Aram-
más antiguo es el ya citado (supra), un Naharayin, en la Alta Mesopotamia2).
vate de Eleon (Beocia) inspirado por Según este dato sería un adivino meso-
las ninfas cuyos oráculos se referían potámico pero según otra tradición3 se
sobre todo a acontecimientos míticos trataría de un madianita, lo que expli­
e históricos beodos12. El segundo Bacis caría más fácilmente su relación con
fue ático; quizá sea a él a quien se re­ Yahveh.
fiera Heródoto como autor de las pro­ Fue llam ado por Balac, rey de
fecías sobre las grandes batallas nava­ Moab, cuando éste se enfrentaba a los
les atenienses (Pausanias, sin embargo, hebreos venidos de Egipto a través del
las atribuía al Bacis beocio). En Atenas Sinaí. El experto adivino marchó hacia
una tradición sostenía que Bacis era él no sin antes haber recibido en sue­
quizá un epíteto del tirano Pisístrato13 ños de Yahveh la orden de hacer lo que
(h. 560 a.C.), famoso por su pasión por le ordenara4. Sin embargo, sus inten­
los oráculos y su aplicación a la políti­ ciones no son sinceras: Balaam sabía
ca. El tercer Bacis era un arcadio de que el rey le colmaría de riquezas y
Kaphyai, conocido también por otros honores por maldecir al pueblo de Is­
nombres (Kydas, Aletes). Sobre esta rael aun a costa de desafiar el poder de
base se fue haciendo de Bacis un nom­ su Dios. Se desencadena así la ira de
bre genérico que designaba a cierto Yahveh, lo que da origen al célebre
tipo de adivino que profetizaba en es­ episodio de la burra: el animal se de­
tado de posesión, como una contrapar­ tiene al ver el ángel de Yahveh, lo que
tida masculina de las ^sibilas. a Balaam no sucede. Atemorizado fi­
nalmente por la visión divina, acaba
1. Aristof., Pax, 1070-1071; Paus., X, 12, por someterse a la voluntad de Yahveh,
21. / 2. Teopompo, 786H. / 3. VIII, 20, 77; comprometiéndose a transmitir a los
IX, 43. / 4. IV, 27, 4. / 5. IX, 17, 4-6. / 6.
Equit., 123 ss.; 997-1068; Pax, 1046-1126;
hombres cuanto Dios le ordene5.
Av., 959-991. / 7. Equit., 1002-1096; 1229- De esta forma, transformado en un
1240. / 8. vv. 1015 ss. / 9. FCrHist, 115 F 77 profeta verdadero a su pesar, Balaam
Jacoby. /1 0 . Apud Plut., De Pythiae oraculis, se ve obligado a pronunciar oráculos
399 A. /11. De mort. Peregr., 30. /1 2 . Paus., de bendición para el pueblo de Israel,
IV, 2 7 ,4 ; IX, 17-5-6; X, 12,11 ; Cíe.,Dediv., precisamente lo contrario de lo que el
I, 34. /1 3 . Schol. Aristof. Pax., 1071.
rey Balac esperaba de él. Al divisar el
campamento de Israel emite un primer
[Bibl. : 1. Trencsényi-Waldappel, «Die
Weissagungen des Bakis», en Untersuchun- oráculo; se trata de una visión extática
gen zur Religionsgeschichte, Amsterdam, en la que ve un futuro Estado, asenta­
1966, pp. 232-250; L. Prandi, «Conside­ do en su tierra de promisión, podero­
razioni su Bacide e le raccolte oracolari so y rico en agua y bienes naturales:
greche», en La profezia nel mondo antico,
Milano, 1993, pp. 51-62; D. Asheri, «Ero­ Oráculo de Balaam, hijo de Beor, orá­
doto e Bacide. Considerazioni sulla fede di culo del varón de cerrada vista, I o r á ­
Erodoto negli oracoli (Herod., Vili, 77)»,
culo de quien oye las palabras de El, de
en La profezia nel mondo antico, Milano,
1993, pp. 63-76.]
quien ve las visiones de Sadday; / que
cae y se le abren los ojos. ¡Qué bellas
son tus tiendas, oh Jacob; tus pabello­
BALAAM / Balaam (s. xm a.C.?).— nes, oh Israel! / Dilátanse como valles,
Prestigioso adivino citado en el Penta- cual jardines a la vera del río, / como

87
B ALBI LO

áloes que plantara Yahveh, cual cedros dificultades). En ella Balaam no sölo
junto a las aguas. / Agua fluye de sus habla en nombre de los dioses, sino
nubes y su sementera abundante agua que su palabra se transforma en juicio
rebosa. / Más ensalzado que Agag será y castigo.
su rey, y exaltado será su reino. / El,
que le sacó de Egipto, es para él como 1. Num 22, 5. / 2. Dt 23, 4, 5. / 3. Num
los cuernos del búfalo. / Devora las na­ 31, 8 ,1 6 . / 4 N um 22, 9-21. / 5. Num 2 2,23-
ciones enemigas suyas, y quebranta sus 3 8 ./6 . Jos 1 3 ,22.
huesos / y con sus flechas los traspasa. /
[Bibl. : E. Puech, «Le texte ammonite de
Luego se ha agachado, se ha tumbado
Deir ‘Alla: les admonitions de Balaam», en
como un león y como una leona; / La vie de la Parole: De l ’Ancien au Nouveau
iquién le hará levantarf /¡Benditos Testament, Paris, 1987, pp. 13-30.]
quienes te bendigan; quienes te maldi­
gan, malditos sean! (Num 24, 3-9).
BALBILO / Ti. Claudius Balbillus (s. i
El rey de Moab, indignado por el
d.C.).— Influyente astrólogo alejandri­
cambio de actitud de su adivino, orde­
no de época del emperador Nerón. Sus
na su inmediata expulsión, no sin que
orígenes son mal conocidos: según
antes Balaam emitiese un segundo orá­
unos (C. Cichorius) sería hijo de Ti.
culo. En él ve el esplendor de la mo­
Claudius Thrasyllus (T rasilo ), el as­
narquía de David, al que llama «estre­
trólogo de Tiberio; según otros, su nie­
lla» y «gobernante»; la tradición judía
to. Si se le considera como su hijo de­
y cristiana vieron en sus palabras un
bió de ocupar, bajo el reinado de
anuncio del futuro M esías, descen­
Claudio, el cargo de archiereus Aegyp-
diente del rey David:
ti, un verdadero ministro del culto im­
perial en la provincia.
Lo veo, mas no ahora; lo diviso, pero
Algunos autores (Piganiol, Schwartz)
no de cerca: / ha salido una estrella de
fechan en estos primeros años el inicio
Jacob, y ha surgido un gobernante de
de la hostilidad de Balbilo hacia los cris­
Israel I y ha quebrado las sienes de
tianos (en particular hacia la comunidad
Moab y el cráneo de todos los hijos de
de Efeso); se ha creído ver una alusión al
Set. / Edom se va empobreciendo y em­
astrólogo en la segunda bestia del Apo­
pobrécese Se’ir, su enemigo, / mientras
calipsis', un falso profeta que seduce y
Israel adquiere riqueza. / De Jacob sal­
engaña, valiéndose de magia y prodigios
drá Dominador y aniquilará el rema­
raros, induciendo a dar culto al Anticris­
nente de la ciudad (Num 24, 17-19).
to. Pero la documentación disponible
no permite confirmar esta hipótesis.
Balaam reemprendió así el regreso
Es posible que Balbilo entrara en
a su patria, pero, según el libro de
contacto directo con la corte a través
Josué6, fue muerto por la espalda du­
de Agripina (madre de Nerón), vién­
rante los combates de los hebreos con­
dose así involucrado en las intrigas
tra los madianitas, que auxiliaban a
para eliminar a Británico. En el 41 d.C.
Moab.
Balbilo debió de ser (J. P. Martin) el
Además de la información que so­
astrólogo que predijo a Agripina el des­
bre Balaam nos proporciona el texto
tino que esperaba a su hijo (es decir, el
bíblico, disponemos hoy de un segun­
trono) pero también que ella moriría a
do testimonio: una inscripción de fi­
manos de él. Tácito2 atribuye a Agripi­
nales del siglo vin a.C., hallada en Deir
na la célebre respuesta: «Que la mate,
Alia (de unas cincuenta líneas, aunque
con tal que reine». Se conserva una ins­
la lectura del texto presenta muchas

88
BALBILO

cripción hallada en Esmirna3 en la que en el poder, propalándose incluso el


un Tib. Claudius Thrasyllos (probable­ nombre de Rubelio Plauto como próxi­
mente nuestro astrólogo) manifiesta su mo sucesor de Nerón. Para acallar esos
lealtad hacia Agripina y su hijo Nerón. rumores, el emperador tomó la precau­
Pero su influencia en la corte au­ ción de hacer alejar de Roma8 a su ad­
menta con la llegada de Nerón al po­ versario, pero no ordenó su ejecución,
der (13 octubre del 54 d.C.). Según sin duda siguiendo la interpretación
T ácito4, la noticia de la muerte de «optimista» del significado del cometa
Claudio fue dada a conocer sólo en el (J. P. Martin) hecha por Balbilo.
momento que los «caldeos» lo consi­ Pero a finales del año 64, Balbilo
deraron oportuno. Esta precaución to­ intervino más directamente para inter­
mada por Agripina, sin duda aconseja­ pretar la aparición de un nuevo come­
da por B alb ilo, parece explicarse ta durante varias noches seguidas9. El
porque el horóscopo de Nerón (naci­ astrólogo sugirió al emperador la con­
do el 15 de diciembre del 37) contenía veniencia de conjurar tal presagio con
no pocos elementos inquietantes5. alguna muerte muy sonada para que,
Balbilo sobresalió del resto de los de esta forma, desviándolos de su per­
«caldeos» de su época (como entonces sona, fueran a recaer sobre otros.
se llamaba genéricamente a los astrólo­ Suetonio10 dice que Nerón sentenció a
gos); el emperador Nerón recurrió a muerte a los ciudadanos más conspi­
Balbilo no sólo para sus consultas astro­ cuos coincidiendo con la conspiración
lógicas sino para compartir con él sus de Pisón en Roma y de Vinicio en Be-
aficiones egipcianizantes y, en general, nevento. N o obstante, algunos estu­
orientalizantes; su colaboración debió diosos (H. Cramer) piensan que duran­
de haber favorecido el desarrollo de la te estos últimos años Balbilo mantenía
mitología solar que marcan los prime­ una actitud discreta, tratando de dis­
ros años del reinado neroniano, apor­ tanciarse de la feroz represión del 66.
tando también la tradición astrológica Al mismo tiempo Popea, la esposa de
de las monarquías helenísticas. Séneca6 Nerón, contaba con su propio astrólo­
dirige hacia él grandes elogios como go, ''Ptolomeo Seleuco, enemigo o ri­
persona y hombre de letras. Pocos me­ val de Balbilo.
ses después de la llegada al poder de La mejor prueba de este distancia-
Nerón, Balbilo fue recompensado con miento es su abandono de Roma entre
la prefectura de Egipto (55 d.C.). los años 66 y 70 d.C. El astrólogo Bal­
La muerte de Agripina (59 d.C.) no bilo parece, pues, haber estado ausen­
fue un obstáculo para que Balbilo, que te cuando se produjo la muerte del
regresó a Roma quizá en este mismo emperador, la guerra civil del año 69/
año, entrara a formar parte, junto a 70 o el advenimiento de Vespasiano,
otros hombres de origen greco-orien- permaneciendo quizá en Alejandría o
tal, de círculos aún más próximos al en Efeso. Para entonces su hija, Clau­
emperador. Algunos autores (J. Gagé) dia Capitolina, había contraído ya (64
le consideran dueño, desde entonces, d.C.) matrimonio con C. Julio Antío-
del destino de Nerón. co Epífanes (hijo del ex-rey de Com-
Así, en el año 60, cuando en Roma magene Antíoco IV) del que nacerían
fue visto (durante seis meses) un come­ dos nietos: C. Julio Antíoco Epífanes
ta al norte de la constelación de Perseo Filopapo (cónsul en el 109 d.C.) y Ju ­
que se dirigía a la de Virgo7, Balbilo lia Balbilla. Esta acompañaría años más
debió intervenir ante Nerón. Dicho fe­ tarde (130 d.C.) al emperador Adria­
nómeno celeste fue considerado popu­ no y a su esposa Sabina en su viaje a
larmente como un anuncio de cambio Egipto.

89
BALTASAR

Se cree (H. Cramer) que entre los Politics, Philadelphia, 1954, pp. 108-141;
años 69 y 72 d.C. Balbilo debió de R. Merkelbach, «Ephe-sische Pererga 21.
mantener contactos con el emperador Ein Zeugnis für T. Claudius Balbillus aus
Smyrna»: ZPE, 31 (1978), pp. 186-187; J.
Vespasiano, conocido también por su
P. Martin, «Néron et le pouvoir des astres»:
fe en la astrología; es posible incluso
Pallas, 30 (1983), 63-73.]
que en los años siguientes (73 y 74)
Balbilo mediase en las malas relacio­
nes políticas entre Roma y el reino de
Commagene, una de cuyas figuras más BALTASAR: * Melchor.
destacadas era precisamente su yerno.
Dion Cassio11dice que para demos­
trar a Balbilo la consideración que le B A R D E SA N E S D E SIR IA / Bar-
profesaba, el emperador Vespasiano Daisan (154-222 d .C .).— Filósofo es­
permitió que los habitantes de la ciu­ toico y astrólogo cristiano. Nacido en
dad de Efeso celebrasen juegos sagra­ Edessa (Siria) el 11 de julio del 154
dos en su honor. Dichos juegos —co­ d.C., sus padres eran paganos, pero él
nocidos como Balbillea o Balbilleia— se convirtió pronto al cristianismo.
fueron luego muy populares como re­ Según algunas fuentes tardías estu­
vela la epigrafía12; los testimonios más dió en Hierápolis, según otras, en Apa-
antiguos datan del año 90 pero se con­ mea. Probablemente estuvo también
servan algunos del 105. en Babilonia, donde pudo haber segui­
Se ha sugerido (F. Cumont) que do las enseñanzas de los astrólogos
Balbilo fue el autor de la interpretación (caldeos); en los primeros siglos del
astrológica del cometa aparecido en el Imperio dicha ciudad aún mantenía su
79 d.C., en lo cual era —como hemos prestigio cultural.
visto— una autoridad. Desconocemos Jerónim o1 cita a Bardesanes cuan­
la fecha exacta de su muerte, quizá a do se refiere a los gimnosofistas indios
comienzos de la década de los 80 d.C., y le llama vir babylonius. N o obstante,
medio siglo después de la de *Trasilo. Bardesanes pudo haber recibido sus
Se conserva de Balbilo un resumen enseñanzas astrológicas en Siria. Se
en lengua griega de sus reglas sobre la cree que su padre era él mismo un as­
duración de la vida en función de cál­ trólogo, ya que dicha disciplina, como
culos astrológicos. la de los magos, solía transmitirse de
padres a hijos.
1 .1 3 ,1 1 . / 2.Ann., XIV, 9 ,3 .1 3 . ZPE, 31 De su vida sabemos poco. Al frente
(1978), pp. 186-187. / 4. Ann., XII, 6 8 ,3 . / 5. de una delegación recibió a Abertius,
Suet., Ñero, 6, 2; 40, 2. / 6. N Q , IV, 2 ,1 3 . / 7. obispo de Frigia (hacia el 175) durante
Sen., NQ, VII, 17, 2; 21, 3. / 8. Tacit., Ann., el viaje que éste realizó por el Oriente,
XIV, 22. / 9. Suet., Ñero, 36, 1-2. / 10. Ñero, hecho recordado por una inscripción.
36. / 11. LXV, 9, 2. / 12. CIG, 2810; 3208;
3675; 5913; 6916. Escribió numerosos poemas, reco­
pilados por su hijo Armonio pero pos­
[Bibl.: Fragmentos: CCAG, VIII, 3, p. teriormente perdidos, que el pueblo
103; VIII, 4 cod. Paris, pp. 233-234. Estu­ cantaba en las iglesias y en las calles,
dios: F. Cumont, «Astrologues romains et pero que no gustaban a las autoridades
byzantinsl: Balbiílus»: MEFR(A), 37 (1918- esclesiásticas; algunos han llegado in­
1919), pp. 35-54; A. Piganiol, «Balbiílus», cluso a considerarle instigador de cier­
en Mélanges G. Glotz, vol. II, Paris, 1932, tas herejías de la época bajoimperial.
pp. 723-730; ]. Schwartz, «Ti. Claudius
Sus ob ras debieron escrib irse en
Balbiílus»: BIAO, 49, 1950, pp. 45-55; F.
H. Cramer, Astrology in Román Law and
siriaco, la lengua aramea hablada en el
norte de Siria desde el siglo i d.C.

90
BASÍUDES

Se le atribuye un tratado astrológi­ formó parte de la célebre expedición


co Sobre la conjunción de los Planetas, de los Diez Mil (401-399 a.C.). Jeno­
en el que estimaba la duración del fonte, uno de los jefes de la expedi­
mundo en 6.000 años. ción, propuso en Pérgamo de Misia un
De sus ideas filosóficas y astrológi­ plan para capturar al persa Asidates'.
cas (diferentes éstas de la astrologia Antes de llevarlo a cabo realizó un sa­
popular) podemos hacernos una idea a crificio. Basias el adivino, que estaba
través de El libro de las Leyes de los presente, dijo que las víctimas le eran
países, obra de Filipo —uno de sus dis­ muy favorables y que el enemigo persa
cípulos— conservada en un manuscri­ sería capturado, predicción que más
to del siglo vil d.C. Es aquí donde se tarde se cumplió2. Con Jenofonte ha­
recoge su peculiar visión del horósco­ bía colaborado también, durante esta
po y la necesidad de someterse al des­ m ism a e x p e d ic ió n , el adivin o
tino (hermarmen ) de los astros. Con­ ''Euclides.
tamos también con algunos fragmentos
conservados en fuentes tardías. l.Anab., VII, 8 ,9 ./ 2. Anafe., VII, 8,10; 23.
Tuvo algunos discípulos, entre los
que (según Efrén) se encontraba el cé­
lebre *M ani. Siguiendo las doctrinas BASÍLIDES / Basílides (s. i d.C .).—
del maestro, aquéllos creían en la exis­ Sacerdote y profeta egipcio, quizá
tencia del Bien y del Mal, en el Genio miembro del alto clero (Tácito1: e
de la Fortuna, los oráculos y las conste­ primoribus Aegyptiorum), que tuvo
laciones. Negaban la libertad en el dos encuentros con Vespasiano (69
hombre y la resurrección de los cuer­ d.C.) poco antes de que éste accediera
pos. Vestían siempre de blanco porque al poder.
pensaban que así participaban del Bien. Tácito dice que cuando Vespasiano
A Bardesanes se le atribuyen2 unos se encontraba en el monte Carmelo (Si­
Diálogos contra los marcionitas, una ria) sacrificando en un templo, el sacer­
obra, Sobre el destino, dedicada a dote Basílides, tras mirar una y otra vez
Antonino3y diversos tratados sobre las las entrañas de la víctima, le advirtió:
persecuciones de los cristianos en épo­
ca de Caracalla o de Heliogábalo; tam­
Sea lo que sea lo que proyectas, Vespa­
bién se afirma que perteneció a la es­
siano, ya construir una casa, ya dilatar
cuela de Valentín, contra la que se
tus tierras ya aumentar tu servidum­
volvería más tarde, lo que no parece
bre, se te conceden una gran morada,
cierto. Su fama se mantuvo varios siglos
ingentes confines y muchos hombres
dando lugar a numerosas leyendas.
(II, 78, 3-4).
1. Ad Jovianum, 2, 14; PL, 23, col. 317. /
2. Euseb. Caesar, HE, IV, 30. / 3. Fr. Apud Las mismas fuentes señalan un se­
Euseb., PE, 6, 10, 1-48. gundo encuentro entre Vespasiano y
Basílides, celebrado poco después, esta
[Bibl.: H. J. W. Drijvers, Bardaisan of
vez en Egipto. Según Tácito2 y, con li­
Edessa, Assen, 1966; J. Teixidor, Bardesane
d ’Edesse. La première philosophie syriaque,
geras variantes Suetonio3, Vespasiano
París, 1992.] entró a visitar el Serapeion de Alejan­
dría para consultar sobre los asuntos
políticos. Cuando se encontraba en el
BASIAS / Basías (s. v a.C.).— Adivino interior, completamente solo, creyó
eleo, perteneciente quizá a la familia ver a sus espaldas a Basílides (Suetonio
de los *Yámidas o de los *Clítidas, que dice que le ofrecía verbenas, guirnaldas

91
BATACES

y pasteles, como era tradición en el BEO / Boió (s. iv a.C.?).— Según Pau-
país), del que no ignoraba que se encon­ sanias1 era una mujer de Delfos que,
traba enfermo, lejos de Alejandría, a quizá por inspiración del dios, compu­
varios días de camino. Inmediatamen­ so un himno a su ciudad en el que afir­
te preguntó a los sacerdotes si habían maba que el oráculo de Apolo fue esta­
visto a Basílides entrar en el templo. b lecid o por lo s h ip e rb ó re o s que
Tras enviar a unos soldados, Vespasia- llegaron con Olén. Este era un adivino
no comprobó que Basílides se encon­ y músico que había sido el primero en
traba a ochenta millas del Serapeion. dictar los oráculos en hexám etros
Entonces interpretó lo sucedido como dactilicos.
una visión divina y, al mismo tiempo, Pausanias afirma también que, en
como oráculo favorable (pues Basílides época histórica, los delios cantaban him­
deriva, en griego, de basileus, «rey»). nos en honor de la diosa Ilitia2, de Hera3
Algunos autores creen, sin embargo, y de Acaya4 compuestos por Olén.
que el sacerdote del Monte Carmelo y La noticia transmitida por Pausa­
el del Serapeion son personajes dife­ nias parece ser una invención de época
rentes. helenística. El texto dice:

1. Hist., IV, 82. / 2. Hist., IV, 82. / 3. Vesp., 7, 1. Donde de cierto cumplieron un orácu­
lo digno de recuerdo / los hijos hiper­
[Bibl.: K. Scott, «The Role of Basílides bóreos, Págaso y el divino Agieo / [ ...] /
m the Events of AD 69»: JRS, 24 (1934),
y Olén, que se tomó en el primer profe­
pp. 138-140; L. Herrmann, «Basílides»:
Latomus, 12 (1953), pp. 312-315.] ta de Febo / y en el primero que com­
puso un canto de antiguos versos (Frs.
1 y 2).
BATACES IBatakes (s. i a.C.).— Gran
sacerdote y profeta de la Magna Mater Clemente de Alejandría^ alude a
(Cibeles) en Pessinunte (Asia Menor). Beo como cresmóloga y en el siglo x la
Llegado a Roma en tiempos de Mario, Suda6 menciona su m atrimonio. Su
aseguró ante el Senado que la diosa le nombre suele confundirse con Boios,
había anunciado en su santuario que al que Ateneo7 atribuye un tratado ti­
los romanos obtendrían una victoria tulado Omithogonía (Sobre el origen
aplastante sobre sus enem igos, los de las aves) que manejó Ovidio.
cimbrios y teutones1. El Senado prestó
fe a la profecía e hizo erigir un templo 1 .1,18, 5; VIII, 2 1 ,3 ; IX, 27,2. / 2. II, 13,
a Cibeles como agradecimiento por la 3. / 3. V, 7, 8. / 4. X, 5, 8. / 5. Strom., I, 132,
3. / 6. s.v. «Palaíphatos». / 7. IX, 393.
victoria que les prometía.
Pero Bataces se presentó al pueblo
[Bibl.: A. Bernabé Pajares y H. Rodrí­
con la intención de repetir las mismas guez Somolinos, Poetisas griegas, Madrid,
profecías. El tribuno Aulo Pompeyo se 1994, pp. 133-137.]
lo prohibió, llamándole charlatán y ex­
pulsándole de la tribuna con injurias.
Aulo, poco después de ser disuelta la
BEROSO / Berossós (s. m a.C.).— Sa­
asamblea, cogió unas fiebres tan eleva­
cerdote babilonio del dios Marduk (su
das, que murió una semana después. Al
nombre originario era, quizá, Bel-
conocerse la noticia aumentó la con­
re’usu), escribió en griego una obra muy
fianza de la población romana en los
consultada sobre la historia mesopotá-
oráculos de Cibeles.
mica (no exenta de referencias astroló­
1. Plut., Mar., 17, 9-11.
gicas), en tres libros, Babyloniaka o

92
BEROSO

Chaldaika, dedicada al rey Antíoco I concluía con el ordenamiento de los


Sóter (281-262 a.C.); de ella sólo que­ astros), otros autores (Jacoby) defien­
dan algunos fragmentos transmitidos den la existencia de dos autores dife­
sobre todo por dos autores: Eusebio de rentes: Beroso y un Pseudo-Beroso de
Cesarea y Flavio Josefo. Cos. Este último, un astrólogo, sería el
Como sacerdote de Marduk en Ba­ autor de los fragmentos astrológicos
bilonia, Beroso colaboró con los nue­ conservados y al que se referiría la lite­
vos monarcas greco-macedonios en la ratura técnica de época imperial (Pli-
consolidación de su poder, tratando nio, Ptolomeo, Séneca, Vitrubio, etc.).
también de que los grupos sociales más Sería también este (Pseudo) Beroso
influyentes del país conquistado pres­ el primero que reveló los secretos de la
tasen al gobierno su apoyo. En este astrología babilonia a los griegos2, fun­
sentido se le comparó a su contempo­ dando una célebre escuela de astrolo­
ráneo *M anetón de Egipto, autor de gía en Cos (que acogió a los astrólogos
unas Aigyptiaka dedicadas a Ptolomeo *Critodem o y *Antípatro)3. La elec­
II Filadelfo. ción de dicha isla se explica bien por
Las Babyloniaka constaban de tres su fama como centro médico, donde
libros: confluían todas las disciplinas. Quizá
I: Prefacio y dedicación, informacio­ muchos de los estudiantes de su escue­
nes biográficas y referencias a las fuen­ la eran los que asistían a la célebre es­
tes. En los orígenes de la civilización se cuela de medicina en la isla; la iatro-
encuentra la figura de Oannés, un matemática, «ciencia» que estudiaba
monstruo con cuerpo de pez pero cabe­ las relaciones entre las diferentes par­
za y piernas humanas, que, mediante tes del cuerpo humano y las constela­
un escrito, da a conocer a los hombres ciones o planetas, se creía muy antigua
la civilización y les revela los orígenes y de origen egipcio.
del mundo: al principio todo era agua, Los fragmentos de contenido astro­
de donde nacieron las criaturas mons­ lógico se refieren a los siguientes as­
truosas, pero luego Belos instauró el pectos:
orden dividiendo el cuerpo de Talat a) Fr. 19-20: una explicación de los
(que gobernaba sobre las aguas primi­ eclipses y de las fases de la luna a partir
genias) en dos, el cielo y la tierra, creó de su naturaleza (hemípyron).
a los hombres y ordenó los astros. b) Fr. 21: una versión de las catás­
II: Lista de los diez primeros reyes y trofes universales, diluvio y conflagra­
monstruos ictiformes. Reyes y dinastas ción, determinadas por las conjuncio­
hasta Nabonasar (s. vin a.C.). nes de los astros.
III: D om inación asiría, im perio El fuego y el agua era frecuente­
neo-babilonio y dominación persa has­ mente considerados entre los filósofos
ta Alejandro Magno. griegos como causas de la destrucción
Para autores antiguos como Flavio periódicas de los seres vivos4, pero la
Josefo1, Beroso inició a los griegos en idea no parece griega.
los secretos de la ciencia caldea y fue el Una tradición atribuye al (Pseudo)
introductor de la astrología oriental en Beroso de Cos, como esposo de E n ­
el mundo griego. Pero la crítica moder­ manto, la paternidad de la ^sibila Cal­
na se divide sobre los conocimientos dea5.
astrológicos de Beroso. Mientras para Plinio6 dice que los atenienses eri­
unos (Schwartz, Schnabel, Burstein) los gieron, a expensas públicas, en honor
fragmentos astrológicos proceden del de Beroso, una estatua suya con la len­
libro I de las Babyloniaka (después de gua de oro, en agradecimiento por sus
la exposición de la cosm ogonía que profecías divinas.

93
BESOS

Precisamente fue a partir de finales atención sobre el parecido fonético


de la época helenística, es decir, en el con un rey egipcio de nombre Bidis,
momento que Roma comienza a sentir­ citado en las Aegyptiaka de Manetón.
se poderosamente atraída por la cultu­ Parece menos probable que pueda
ra oriental, cuando la obra de Beroso identificársele con *Pitis de Tesalia o
comenzó a gozar de gran popularidad y con Bithos de Durratium’.
fue ampliamente consultada, incluso ya
tardíamente, por los autores cristianos. 1. DeMysteriis, 267 ,1 5 y 293. / 2. Comm.,
9. / 3. Plin., NH, XXVIII, 23, 82.
1. Flav. Josef., Contra Apión, I, 129. / 2.
Ibid., I, 129. / 3. V itrub., De arch., IX, 6;
FG rH , 680 T 5. / 4. Platón, Timeo, 22b-e / 5. BO LO S DE M E N D E S / Bolos (s. m
Pausan., X, 12, 9; Suda, s.v. «Sibylla Delphís». a.C.).— Escritor de hechos milagrosos,
/ 6. N H , VII, 37, 123; FGrH, 680 T 6. originario de Mendes (en el delta del
Nilo), cuyas obras eran dadas a cono­
[Bibl: Fragm entos: F. Jacoby, F G rH , III
c, sec. V, pp. 364-397. E studios: P. Schnabel, cer bajo el nom bre de D em ócrito
Berossos und die babylonisch-hellenistische (Suidas1, Columela2). De este falsario
Literatur, Leipzig-Berlin, 1920; A. K uhrt, sabemos sólo que vivió hacia el año 200
«Berossus’Babyloniaka and Seleucid Rule in a.C., pues utiliza con frecuencia (por
Babylonia», en A. K uhrt y S. M . Sherw in ejemplo en su Physika) la obra de los
W hite, H ellenism in the E ast: The Interac­ magos *Zaratustra y *Ostanes, textos
tion o f Greek and Non-Greek Civilizations traducidos al griego en época de Ptolo-
from Syria to C entral Asia after Alexander, meo Filadelfo y catalogados por Her-
L ondon, 1987, pp. 32-56.] mipo hacia el 200 (J. Bidez y F. Cu-
mont). Según Suidas’ era un pitagórico
(pithagóreios), pero con dicho término
BESOS / Bessoí.— Casta sacerdotal del parece dar a indicar su afición al ocul­
oráculo dionisiaco de Tracia. Según tismo, ya que en época helenística Pitá-
H e ró d o to 1, en el territorio de los goras pasaba por ser uno de los maes­
satras, en lo más elevado de sus mon­ tros de las artes mágicas.
tañas, se hallaba un oráculo de Dioni- Fue autor de tratados de contenido
so cuyos intérpretes eran los Besos. muy diverso: a) paradoxografía (Peri
Una sacerdotisa de esta casta vaticina­ thaumasíon)-, b) m edicina (Physiká
ba en su interior al estilo de la *pitia dynamerá): los libros X X V III-X X X de
de Delfos. la Historia Natural de Plinio nos pue­
den dar una idea de su contenido, ya
1. IV, 111. que este autor lo utiliza como fuente;
c) agricultura (Perigeorgías): Colume­
[Bibl.: O berhim m er, «Bessoi»: RE, III, 1 la (en su De re rustica, VII, 5, 17)
(1897), cois. 329-331.] consulta este escrito cuando escribe
sobre los instrumentos de los veterina­
rios; d) astrología.
BITIS / Bítys (s. iv d.C.?).— Sacerdote Sus observaciones sobre las enfer­
y profeta egipcio citado por Jám blico1 medades de los animales fueron teni­
como traductor al griego de libros her­ das en cuenta por autores tan impor­
méticos escritos en caracteres jeroglífi­ tantes como el citado Columela quien,
cos. Según algunos autores (Reitzen- siguiendo a Bolos, recomienda4 exami­
stein) puede ser indentificado con el nar con atención el dorso de las ovejas
Bitos al que Zósim o2 atribuye un dia- para ver si tienen la enfermedad cono­
gramma. Otros (Hopfner) llaman la cida como sacer ignis (pústula); si se

94
BOLOS DE MENDES

hallaran los síntomas ha de cavarse un pisada de una mujer desnuda durante


hoyo en la puerta del establo y ente­ la menstruación / orugas; patas de lie­
rrar viva y boca arriba la oveja que ten­ bre o ciervo / chinches; pico / peonía;
ga la enfermedad dejando que pase so­ elefante / carnero o cerdo; avispa /
bre ella todo el rebaño; haciéndose así, rama de encina de frutos comestibles;
asegura, la enfermedad desaparecerá. marta / olor de la mirra; tigre /sonido
En otro pasaje5 Bolos aconsejaba del tímpano; plumas de águila / pluma
plantar después del equinocio, en un de otras aves; tamariz / rata.
sitio de la huerta que sea abrigado y Tres conciernen a las simpatías: ser­
estercolado, hileras de férulas y zarzas, pientes / granos de hinojo; salamandra
así como abrir sus mérulas con una / fuego; golondrina / hierba celidonia.
vereta para echar estiércol y semillas El resto del tratado versa sobre ciertas
de cohombro por el agujero; al nacer propiedades maravillosas de animales,
las semillas se van incorporando a las hierbas o piedras: se domestica un toro
cañahejas o a las zarzas, ya que no sa­ furioso atándole en las patas un hilo
can alimento de sus propias raíces sino de lana o atándolo a una higuera; la
de aquéllas. Injertada la planta de esta lengua de una rana viva puesta sobre el
manera da fruto de cohombro incluso pecho de una mujer le hace confesar
durante el invierno. todos sus actos; la médula espinal de
Una de sus más célebres obras fue un una hiena cura las enfermedades de
escrito —firmado también como De- espalda; el hígado de la hiena cura las
mócrito— titulado Sobre las simpatías oftalmías; si se come el corazón o el
y antipatías (Perí sympatheion kaíanti- hígado de las serpientes se comprende
patheion)é tanto de animales como de el lenguaje de las aves; el lagarto ama­
plantas y piedras (por orden alfabéti­ rillo aleja las influencias hostiles y má­
co). El contenido de la obra ha sido gicas; el imán frotado con ajo no atrae
reconstruido por Wellmann (quien el hierro.
atribuye a Bolos 82 fragmentos). En El Libro de las simpatías de Bolos
ella se trataba de las propiedades natu­ de Mendes fue muy leído a partir del
rales, es decir, ocultas, de los tres rei­ siglo i a.C., siendo su autor reconoci­
nos de la naturaleza; Bolos añadía apli­ do como una autoridad en lo que se
caciones médico-mágicas de cada uno refiere a las ciencias naturales. Plinio,
de los objetos. Plutarco, Eliano o las Geoponica la ci­
Bolos sostenía en esta obra7 que los tan con frecuencia.
persas conocían una planta venenosa Los fragmentos relativos a la agro­
que cultivaron en Egipto con la inten­ nom ía p od em o s e n co n trarlo s en
ción de hacer matar a muchos de sus Cassio (88 a.C.); los fragmentos botá­
habitantes; pero dicha planta, transfor­ nicos en Krateuas (ii-i a.C.); los frag­
mándose en su contrario, se hizo co­ mentos zoológicos, en los tratados de
mestible y produjo un fruto muy dulce. Juba, rey de Mauritania (i a.C.-i d.C.);
Entre los fragmentos explícitamen­ los fragmentos filosóficos, en Posi-
te dados como democriteos veinte con­ donio. De su obra se aprovechan tam­
ciernen a las antipatías: comadreja / bién numerosos autores del siglo n
albahaca; ibis / serpiente; serpiente / d.C., como Plinio, Plutarco o Eliano.
hojas de encina; serpiente / saliva de Plinio —como con anterioridad Vi-
un hombre en ayunas; serpiente / rába­ trubio— cita los Cbeirókmeta (tratado
no negro; león / gallo; león / fuego; sobre hierbas mágicas no siempre fácil
hiena / pantera; camaleón / gavilán; de distinguir del Perí sympatheion), atri­
escorpión / lagarto; escorpión /asno; buyéndola a Demócrito (al que conside­
zorro / ruda; siempreviva / insectos; ra como el más apasionado estudioso de

95
BRÁNQUIDAS

los magos después de Pitágoras), pero el santuario oracular de Dídima, al sur


Columela8 asigna con acierto su pater­ de Mileto, que, atendido más tarde por
nidad a Bolos de Mendes. sus descendientes, los Bránquidas,
tuvo gran prestigio durante la época
1. s.v. «Bolos». / 2. VII, 5 ,1 7 . / 3. s.v. «Bo­ clásica.
los». / 4 . C olum ., RR, VII, 5 ,1 7 . / 5. XI, 3 ,5 3 . Apolodoro de Corcira dice de Bran-
/ 6. Ibid.-, Scbol. Nie. Ther., 764. / 7. Ibid. / 8. co que purificó a los milesios de la pes­
VII, 5 ,1 7 .
te (quizá después de la fundación de
[Bibi.: M . W ellmann, «B olos»: RE, III, 1
Mileto) asperjando a la población con
(1897), cois. 6 7 6 -6 7 7 ; M . W ellm ann, Die ramas de laurel3.
Physiká des Bolos Dem okritos und der Salvo Lactancio Plácido, quien le
Magier Anaxilaos aus Larissa, T eil I, Ab­ considera peritissimus futurorum deus4,
handlungen der Preussischen Akadem ie der en general fue considerado como un
W issenschaften. Phil. Hist. Klasse 1928 (la m ortal. Branco tuvo un tem plo en
segunda parte del trabajo nunca fue publi­ Dídima antes del 494 a.C., el llamado
cada); W. Kroll, «B olos und D em okritos»: Branchiadón5; otro, en honor de Bran­
Hermes, 69 (1934), pp. 228-232.]
co y de Apolo, era llamado Filesia6.
Pese a su origen griego, durante la
expedición persa contra los griegos
BRÁNQUIDAS / Branchídai.— Fami­ (480 a.C.) los Bránquidas colaboraron
lia (clan, genos) sacerdotal a cuyo car­ económicamente con Jerjes, al que en­
go estaba el oráculo de A polo en tregaron el tesoro del templo. Al fra­
Dídima (Asia Menor)1, también cono­ casar la empresa y ante el temor a ser
cido como de Apolo Milesio. castigados por sus compatriotas, soli­
Los Bránquidas decían descender citaron al rey persa ser transferidos a
del adivino Branco (Bránchos), adivi­ la Bactriana. Según C urdo7, Alejandro
no y purificador legendario, hijo de Magno castigó (150 años después) a
Esmicro (héroe originario de Delfos), los descendientes, a instigación de los
establecido en Mileto. Antes de darle milesios que formaban parte de su ejér­
a luz, su madre había tenido una vi­ cito.
sión en la que el sol descendía hasta su La sacerdotisa de Apolo Didimeo
propia boca, pasaba a través de su (quizá reclutada de los Bránquidas)
cuerpo y le salía por el vientre. El hijo daba sus profecías tras caer en trance
fue llamado Branco, es decir, «bron- extático, de forma análoga al sacer­
quio» porque fue por estos órganos dote de Apolo Clario o a la * pitia de
por donde su madre sintió descender Delfos. El ritual oracular era también
el sol. muy parecido al de ésta: sostenía en­
Según Conón2, siendo joven aún, tre sus manos una vara, se sentaba so­
mientras cuidaba del rebaño en el mon­ bre una tabla, lavaba sus pies y el bor­
te, Branco fue amado por Apolo, quien de del vestid o en agu a sag ra d a ,
le obsequió con el don de la adivina­ aspiraba vapores, ayunaba tres días,
ción, dándole como prendas y símbo­ se retiraba al adyton. Apuleyo8 dice
los una corona y un ramo. Dichas fuen­ que el oráculo del dios milesio res­
tes aseguran que fue «el beso» del dios pondía per sortem-, el término latino
lo que hizo del joven un adivino. puede referirse tanto a la técnica de
Levantó entonces un altar a Apolo extracción de una sors («suerte»), do­
Filesio («Amistoso») y empezó a pro­ cumentada por otra parte también en
fetizar. Posteriormente desapareció o Delfos desde el siglo iv a.C ., como
murió repentinamente. Los milesios le — genéricam ente— a la respuesta
edificaron una tumba y construyeron oracular.

96
BRÁNQUIDAS

Es posible que los Bránquidas tuvie­ 2-4. / 3. apud Clem., Strom., V, 8 (243). / 4.
sen a los Evangélidas (Euangelidai), Ad Theb., Ili, 479. / 5. Varr., apud Lact. Theb.,
V ili, 198. / 6. Conón, Narr, frag., 33; Schol.
otro genos milesio, como colaborado­
ad Paus., V, 8, 8; Str., VII, 421; 634. / 7. VII,
res en calidad de mensajeros de las res­ 5, 28-35. / 8. Met., IV, 32. / 9. Conón, Narr,
puestas o de intérpretes de su signifi­ /rag., 33, 44.
cado9.
[Bìbl.: J . Fontenrose, Didyma. Apollo’s
1. Paus., I, 16, 3 y IX, 10, 12. / 2. Narr. Oracle, Cult and Companions, Berkeley,
frag., 33; Ludan., De domo, 24; Dial. Deor., 1988.]

97
c

C A FA C IO / Lucius C afatiu s (s. i CALCANTE / Kálchas.— Famoso adi­


a.C.?).— Harúspice citado en la céle­ vino (mantis) legendario griego, origi­
bre inscripción bilingüe etrusco-latina nario quizá de Micenas o de Niágara1,
de Pessaro1: [L(ucius) Caf]atius L(uci) que participó en la guerra de Troya.
F(ilius) Ste(llatina tribu) Haruspe[x) Hijo de Testor, es conocido en la Iliada
Fulguriator; [CJafates L(a)rth L(a)r por su habilidad en la interpretación
(thal) netsvis trvtnvt frontac. del vuelo de las aves, así como por sus
En la inscripción latina se distin­ dotes proféticas, que le permiten co­
guen los términos haruspex y fulguria­ nocer «el pasado, el presente y el futu­
tor, mientras la etrusca distingue tres: ro»2.
netsvis, trvtnvt, frontac. Los filólogos Guió a los aqueos hasta Troya gra­
suelen identificar haruspex=netsvis y cias al arte que Apolo le había procu­
fulguriator=trutnvt. El término fron­ rado3; no obstante, en tanto que sim­
tac es un hapax y parece indicar un ter­ ple demiurgos, socialmente era mucho
mino étnico alusivo a la ciudad de ori­ menos considerado que los héroes de
gen del harúspice, quizá Ferentum (la la expedición.
inscripción latina sólo indica la tribu). Dada la enorme popularidad de la
En todo caso queda clara en el epitafio figura de Calcante conviene distinguir
la especialización del personaje: se tra­ el tratamiento que recibe en los poe­
taría de un haruspex-fulguriator, capaz mas homéricos de la elaboración pos-
de atraer o rechazar los rayos (general­ homérica del mito.
mente para lanzarlos contra el ejército Las únicas intervenciones de Cal­
enemigo como sabemos por Livio). cante en la litada se producen:
a) En el canto I, cuando explica a los
1. CIL, XI, 6363 = ILS, 4958. suyos las causas de la ira de Apolo en el
décimo año de la guerra (el sacerdote
[Bibl.: La inscripción ha sido nuevam en­ de Apolo, Crises, había acudido al cam­
te publicada por E. Benelli, Iscrizioni bilingui
pamento de los aqueos a rescatar a su
etrusco-latine, Firenze, 1 9 9 4 ; M .H a n o ,« L e
hija Criseida y Agamenón le había ex­
tem oignage des inscriptions latines sur les
haruspices», en Les écrivains et l ’Etrusca
pulsado de él en un tono violento. A
Disciplina de Claude á Trajan. Caesaro- petición del sacerdote, Apolo castiga a
donum, 1995, suppl. 64, pp. 184-199.] los aqueos enviándoles una peste).

99
CALCANTE

Ni por voto incumplido ni hecatombe / b) Sugirió el sacrificio de Ifigenia


os hace ahora reproches, /sino por cau­ para que la flota griega pudiese zarpar
sa de su sacerdote, / al que Agamenón de Aúlide'.
ha deshonrado, / ya que él ni a su hija c) Tras la muerte de Aquiles y el
ha liberado / ni ha aceptado tampoco suicidio de Áyax anuncia a los griegos
los rescates; /por eso, pues, el flechador que la ciudad no puede ser tomada a
certero ¡ nos ha dado dolores / y otros menos que se procurasen el arco de
habrá de damos todavía. /Y no aparta­ Heracles6 (según otros autores la pro­
rá antes de los dáñaos / la peste igno­ fecía la hizo *Héleno).
miniosa, ¡ antes de que a su padre se d) Aconsejó a los aqueos la captura
devuelva / la muchacha de ojos girado­ de Héleno, que se había retirado a los
res / sin recibir a cambio / ni precio ni bosques del Ida, ya que era el único
rescate, / y una sacra hecatombe / a capaz de revelar las condiciones nece­
Crisa le llevemos; / podríamos enton­ sarias para apoderarse de la ciudad de
ces convencerlo, / si propiciárnoslo an­ Troya7.
tes conseguimos (I, 92-101). e) Calcante fue para algunos auto­
res quien tuvo la idea de construir el
b) Cuando los griegos se encontra­ caballo de madera gracias al cual los
ban en Aúlide dispuestos a zarpar rum­ aqueos lograron introducirse en el in­
bo a Troya, quedaron sobrecogidos al terior de la ciudad enemigas.
ver, durante la celebración de un sacri­ f) Tras la conquista de Troya orde­
ficio, cómo una serpiente, tras devorar nó los sacrificio s de A stianacte y
a ocho gorrioncillos en su nido y a con­ Políxena9.
tinuación a la madre, quedó petrifica­ g) En el momento del regreso pre­
da. Calcante calmó los temores al inter­ dice a los griegos que el viaje no será
pretar que, de igual manera, los aqueos fácil, pues Atenea estaba irritada con
lucharían por nueve años ante Troya y ellos a causa de la impiedad de Áyax,
no la tomarían hasta el décimo: su protegido; aquéllos quisieron matar
al adivino, pero al haberse refugiado
¿Por qué os quedasteis en silencio, / de en el altar de la diosa lo dejaron10.
larga cabellera en las cabezas? I En ver­ Los nostoi señalan que Calcante se
dad a nosotros ver nos hizo / Zeus, el embarcó junto a *Anfíloco, otro adivi­
consejero, este prodigio, / tardío en su no, y un grupo reducido de héroes,
llegada y cumplimiento, I del que ja ­ naufragando en la costa de jónica, cerca
más perecerá la fama. / Así como esa de C olofón". Otros autores apuntan
sierpe devoró /a los gorriatos y a la pro­ lugares diferentes como Claros, Cilicia
pia madre ¡ (ocho en total que hacían o el santuario de Apolo Grineo12.
con la madre / que los pariera un gru­ Un oráculo (o una profecía de Hé­
po de nueve), / así nosotros allí lucha­ leno) había anunciado que Calcante
remos I a lo largo de otros tantos años, moriría el día en que encontrara otro
/ pero al décimo año tomaremos / la más sabio que él; en la ciudad de Colo­
ciudad de anchas calles (II, 321-329). fón el adivino *M opso le derrotó en
un certamen de enigmas, del cual cir­
En la elaboración poshomérica del cularon diversas versiones1’. Calcante
mito de Calcante se añadieron otros murió poco después, apesadumbrado
episodios: por la derrota.
a) Calcante señaló la presencia de Las noticias sobre el lugar donde
Aquiles (cuando éste contaba sólo con descansa el cuerpo de Calcante también
nueve años de edad) como necesaria difieren entre sí, si bien N otio14 parece
para la conquista de Troya4 . ser el más comúnmente aceptado. Al­

100
CAMPESTRE

gunos autores localizan su tumba en la al séquito del tirano Polícrates y cuya


Magna Grecia (Italia), como por ejem­ vida perdonó el rey persa Darío3.
plo, en la montaña Drion y en Siris15, lo
cual parece explicarse por una confu­ 1. Herod., V, 44. / 2. Herod., V, 4 5 ,2 . / 3.
Herod., III, 132.
sión con Calco, rey de los daunios.

1. Hyg., Fab., 97; Paus., I, 43, 1. / 2. II., I,


68-71. / 3. II., I, 72-76. / 4. Apol., Bibl., III, C A M P E N S E / Cam pensis (s. iv
13, 8 ./5 . Proel., 138-140; Esq., Ag., 122-158; d.C.).— Según el historiador Amiano
Eur., Ipb.T., 15-24; Iph.A., 87-93; Enn., Iph., Marcelino, en el año 369 d.C. Chilón,
242-244; Hyg., Fab., 98; Prop., IV, 1, 109- antiguo vicario de África, denunció
112; Ovid., A te., XII, 27, 29. / 6. Apolod.,
ante el prefecto de la ciudad al harús-
Ep., 5, 8. / 7. Conón, fr. 1, 34; Serv., AdAen.,
II, 166; Ps. Apoll., Ep., V, 8; Quínt. Esmirn., pice Campense (junto al organarius
VI, 57-67; IX , 325-332. / 8. Virg., Aen., II, Sérico y al palaestrita Absolio) de ha­
185; Apolod., Ep., 5, 8. / 9. Astianacte, Acc., ber intentado envenenarle1. Los acu­
171-172; Sen., Troad., 365-370; Serv., Ad sados fueron inmediatamente encarce­
Aen., III, 3 21; Políxene: Sen., Troad., 360- lados.
365; Serv., Ad Aen,, III, 321. / 10. Apolod.,
Bibl. Ep., 5, 23. / 11. Proel., 288-289. / 12. El caso quedó finalmente en manos
Claros: Callim., fr. 8; Cilicia: Sofoc., fr. 180; del prefecto de la annona, Maximino,
Apolo Grineo: Serv., Ad Buc., VI, 72. / 13. quien inició una dura persecución, a la
H es., Melamp., fr. 278 M ; Ferec., fr. 95; que no escaparon ilustres personajes
Sofoc., fr. 181 N ; Apolod., Ep., 6, 2. / 14. senatoriales, bajo el pretexto de haber
Apolod., Ep., 6, 4 / 15. Str., VI, 284; Lyc.,
utilizado prácticas mágicas contra sus
1047 ss.
enemigos2.
[Bibl: H eckenbach, «K alchas»: RE, X , 2
La suerte del harúspice Campense
(1919), cois. 15 5 2-1555.] fue peor que la de sus compañeros al
ser condenado por Maximino a morir
arrojado a las llamas3. Se trata, pues,
CALIAS / Kalltas (s. vi a.C.).— Adivi­ de uno de los pocos casos (quizá junto
no griego (mantis) perteneciente a la al de *Amancio) en el que un harúspi­
rama de los *Yámidas, asentada en Si­ ce, apartándose de sus técnicas habi­
cilia quizá a finales del s. vm a.C. Las tuales, participa en prácticas mágicas.
fuentes le hacen contemporáneo del Algunos autores han propuesto identi­
tirano de Síbaris, Telis. ficar a Campense con ’’'Campestre.
Al observar Calias presagios sacrifi­
1. Amm. M arc., XXVIII, 1, 8. / 2. Amm.
ciales desfavorables en el momento en
M arc., X X V III, 1, 29. / 3. Amm. M arc.,
que los sibaritas iban a emprender una XXVIII, 1 ,2 9 .
guerra contra los crotoniatas, Telis se
indispuso contra él llegando a amena­ [Bibl.: S. M on tero, Política y adivina­
zarle, por lo que tuvo que buscar refu­ ción en el Bajo Imperio: emperadores y
gio en la ciudad de C rotona (510 harúspices, Bruxelles, 1 991, pp. 128-129.]
a.C .)1. Com o agradecimiento por la
sinceridad de su vaticinio los habitan­
tes de Crotona entregaron a Calias C A M P E ST R E / C am pester (s. n
unas tierras que en tiempos de Heró- d.C.?).— También citado como Cam-
doto aún eran disfrutadas por sus des­ pestrius (Kampéstrios), escribió un tra­
cendientes2. tado sobre el valor profètico de los co­
Algunos autores (Weniger) han in­ metas1 (para el que quizá utilizó como
tentado identificar a Calias con un adi­ fuente a *Petosiris) y un libro sobre ne­
vino que hasta el año 522 perteneció cromancia2. Algunos autores lo identi-

101
C A N I D IA

fican con el haruspice *Campen-sis, huesos quitados a una perra. Después


ejecutado por orden de Maxi-mino3, describe cómo se lleva a cabo la muer­
sin que existan plenas garantías, ya que te de un niño de corta edad con el fin
para Campestre se han propuesto di­ de elaborar con sus visceras secas un
versas cronologías: comienzos del Im­ filtro amoroso. Durante el ritual, Ca­
perio (Gundel), siglo 11 d.C. (Müller) y nidia dirige el siguiente conjuro a los
siglo ni (Wachsmuth). dioses de la magia para atraerse el
amor de Varo:
l.S e r v.,adA en., X, 273; Lyd., Ost., 1 0 ./
2. Fulg., Alieg. Vergtl., 142. / 3. Amm. M arc., ... ¡Protectoras / más fieles, Diana, No­
XXVIII, 1, 8. che, que el silencio / riges y ritos arca­
nos, / mostraos ahora, volved las divi­
nas ¡ iras contra hostiles casas! /
CANIDIA / Canidia (s. i a.C.?).— He­ Cuando languidecen con dulce sopor /
chicera citada en la obra poética de en la temerosa selva / las fieras, / que
Horacio (sobre todo en su épodo V, todos se rían del viejo / galán, ungido
pero también en otros poemas)1. So­ del nardo / mejor que mis manos ha­
bre la posible historicidad del persona­ yan hecho, al cual / ladren suburanas
je no hay unanimidad: para unos (L. perras. / ¿Qué p asa? ¿No valen los
Herrmann) fue real, mientras para crueles venenos / con que al huirse ven­
otros (E. Fraenkel) pertenece a la fic­ gó t Medea de la hija del grande
ción literaria. Algunos estudiosos, en Creonte, / su altiva rival, la novia / víc­
una posición intermedia, consideran tima del don, la túnica ardiente / en
que Canidia es un seudónimo de un sangre empepada? ¡Pero / si no existe
personaje real. Ya un escoliasta anti­ yerba ni raíz que en ásperas / breñas se
guo, Porfirion2, presentaba a la maga me haya escapado! / Ya duerme en su
como una perfumista (ungüentaría) na­ lecho que el olvido impregna / de todas
politana cuyo verdadero nombre sería mis contrincantes. / ¡Ahora está andan­
G ratid ia, enam orada de Q uintilio do, le libera el cántico / de alguna maga
Varo, un crítico literario de Cremona más sabia! / ¡Pues no, no serán usuales
amigo de Horacio, si bien no existe pociones / las que a mí me traigan, Varo
acuerdo sobre la verdadera identidad / que has de llorar tanto, ni fórmulas
de la mujer a la que este seudónimo marsas / te harán entrar en razón! /
encubriría. ¡Mayor, mayor filtro daré a tus desde­
Tampoco el nombre aclara mucho. nes! ¡ ¡Antes debajo del mar / se pon­
Canidia parece estar relacionado con drán los cielos y encima la tierra / que
canus y no con canis-, aludiría, por tan­ dejes tú de incendiarte / en mi amor lo
to, a una mujer de cabellos blancos. mismo que el betún cuando arde con
Horacio la describe adornada con negras llamas! (Ep ., V, 47-82).
pequeñas víboras en su despeinado
pelo y con las uñas sin cortar. En el Además de sus conocimientos en el
épodo V el poeta narra primero el ri­ ámbito de la magia amorosa (como es
tual de magia negra dirigido por Cani­ la preparación de filtros), Canidia co­
dia a la que asisten otras hechiceras noce también fórmulas para atraer los
(Ságana, Folia y Veya): preparación de astros3 y moldea figurillas de cera para
una h oguera a la que se arro jan evocar las almas de los muertos e inte­
cabrahigos sacados de tumbas, cipre- rrogarles sobre el porvenir4.
ses funerarios, huevos y plumas de Las otras tres hechiceras colabora­
búho em badurnadas con sangre de doras de Canidia pudieron ser proba­
sapo, hierbas de Yolco y de Hiberia y blemente también personajes históricos

1 02
CASANDRA

(aunque conocidas por sus seudóni­ s s .; S. S. In gailin a, Orazio e la m agia,


mos). Se trata de Ságana, Folia y Veya. Palerm o, 1 974; A. M . Tupet, La magiedans
La primera acompaña a Canidia al la poésie latine, Paris, 1976, pp. 293 ss.]
cementerio de las Esquilias (en Roma)
y participa directamente en la muerte
de un niño5. Su nombre viene de saga CA R M EN D A S / Carm endas (s. iii
(«hechicera»), término relacionado en a.C.?).— Mago, quizá de origen orien­
latín con sagio («tener buen olfato»). tal, citado por Apuleyo1 y por Plinio2
El escoliasta Porfirion6, recuerda que con el nombre de Tarmoendas. Algunos
existió una Ságana, liberta del senador autores consideran que su nombre pro­
Pomponius, pero todo parece indicar viene del carmen (qui carmen dat) o in­
que el nombre alude a la profesión de vocación al que recurrían los magos. En
la hechicera. Según cree A. M. Tupet, tiempos de Plinio (s. i d.C.) no se conser­
el comparativo maior que le acompa­ vaba ningún documento escrito suyo.
ña indica que existirían dos Ságana,
quizá hermanas. Horacio la describe 1. Apol., 90, 6. / 2. NH, X X X , 2, 5.
con las sayas arremangadas y el cabe­
llo tieso asperjando la casa con «agua
avernal». CASANDRA / Kassándra.— Hija de
En cuanto a Folia7, su nombre po­ Príamo y Hécuba y hermana gemela de
dría estar relacionado con el griego *H éleno. Cuando ambos hermanos
Phyllts, pero en masculino aparece nacieron, sus padres celebraron una
también en latín (A. M. Tupet). H ora­ fiesta en el templo de Apolo Timbreo,
cio dice de ella que procedía de Arimi- en las afueras de la ciudad de Troya.
nium (en la Umbría, hoy Rimini), que Al anochecer, embriagados, regresaron
tenía instintos viriles y que era capaz al hogar, olvidándose de sus hijos, que
de hacer bajar del cielo a los astros y a p asaron la noche en el santuario.
la luna con sus cantos tesalios. Cuando a la mañana siguiente fueron
Por último, Veya8 (su nombre se a buscarlos, los encontraron dormidos
atestigua con alguna frecuencia en la mientras dos serpientes les lamían los
epigrafía latina) ha sido puesto en rela­ oídos; de esta forma Héleno y Casan-
ción (A. M. Tupet) con el dios infernal dra, purificados por el animal que sim­
Vedius, lo que conviene bien a una bolizaba a Apolo, adquirieron el don
hechicera que realiza prácticas de ma­ de la adivinación1.
gia negra. Horacio la describe cavan­ Existe, sin embargo, otra versión de
do en la tierra, jadeante, para enterrar este mismo hecho: Apolo, enamorado
a un niño vivo al que dejaba sacar la de Casandra, prometió enseñarle a adi­
cabeza «al m odo de quien flota en vinar el porvenir si, a cambio, se entre­
agua»; después le extraía el hígado gaba a él. Cuando finalizó el aprendi­
seco y la médula, con los que fabricaba zaje, Casandra se negó a cumplir lo
un filtro amoroso. pactado con el dios. Entonces Apolo le
escupió en la boca, retirándole no el
1. Ep., III, 8; XVII, 6; Sai., 8, 24 y 4 8; II, don de la profecía — verídica siem­
1 ,4 8 ; 8, 95. / 2. Ep., 3, 8. / 3. Ep., 1 7 ,4 ss. / 4. pre— pero sí el de la persuasión: en
Ep., 17, 76. / 5. Ep., V, 25. / 6. Ep., V, 25. / 7. adelante Casandra podrá adivinar el
Ep., V, 42. / 8. Ep., V, 29 (30). futuro pero no será creída2.
Casandra es la más hermosa de la
[Bibl.: L. H erm ann, «C anidia»: Latomus
hijas de Príamo3, «semejante a la áurea
(1958), pp. 6 6 3 -6 7 0 ; T . Zielinski, « L ’en-
Afrodita»4. A diferencia de su herma­
voutem ent de la sorcière chez H orace», en
Mélanges O. Navarre , Toulouse, 1935, 44 2
no Héleno, experto en la interpreta­

103
CASANDRA

ción de sign os, C asan d ra era una por la ciudad entera, anunciando a los
profetisa «inspirada»; corno las * pitias habitantes lo que sucedía:
y las "sibilas, el dios se apoderaba de
ella y, en pleno delirio, emitía orácu­ Venid aquí, troyanos y troyanas, / a
los. N o obstante, la tipología de C a­ contemplar a Héctor, / si alguna vez
sandra como profetisa inspirada por otrora os alegrabais / al verle regresar
Apolo parece fijarse definitivamente de la batalla I vivo, puesto que él era la
sólo a partir de Esquilo (525-455 alegría / de la ciudad y de su pueblo
a.C.): en su Agamenón5, Casandra apa­ todo (II., XXIV, 703-706).
rece con el epíteto de phrenománe, que
será retomado más tarde por Platón6 5) Casandra se opuso a que el caba­
para aplicarlo a la Sibila. llo de madera arrastrado por los troya-
Las profecías de Casandra van liga­ nos fuera introducido en la ciudad, ase­
das, sobre todo, a la guerra de Troya. gurando que el caballo estaba lleno de
1) Cuando Paris, cuya verdadera guerreros armados, pero tampoco en
identidad no era aún conocida, llega a esta ocasión fue creída por los suyos9.
Troya, Casandra anuncia que traerá la 6) Se atribuyen a Casandra nume­
ruina a la ciudad. Sólo Eurípides7 sos­ rosas profecías sobre el destino de las
tiene que fue Casandra —y no *Esa- mujeres troyanas hechas prisioneras
co— quien aconsejó que se matase a tras la caída de la ciudad y, de igual
Paris, recién nacido. forma, los muchos sufrimientos de los
2) Ordenó el rey Príamo que el día aqueos para regresar a su patria. Así:
del aniversario de la exposición de su
hijo, al que se creía muerto, se cele­ ¡Desgraciado Ulises que no sabe qué
braran unos magníficos juegos fúne­ sufrimientos le aguardan! Mis desgra­
bres. Paris llega a Troya para tomar cias y las de los frigios algún día le
parte de los juegos y ganar el toro pro­ parecerán deseables como el oro. Diez
metido al vencedor. Vence en todas años habrá aún de esperar, además de
las pruebas y a todos los concursantes, los que aquí ha pasado para llegar solo
incluidos sus hermanos, quienes, hu­ a su patria [...] (Verá) el angosto desfi­
millados e indignados de que un pas­ ladero rocoso donde habita la terrible
tor los derrotase, quisieron matarlo. Caribdis; el montaraz Cíclope, devora-
En ese preciso instante, Casandra, in­ dor de carne cruda; Circe, la liguria,
vadida por el delirio profètico de que transforma a los hombres en cer­
Apolo, reconoce en el pastor al hijo dos; naufragios en el salino mar; la
de Príamo, en otro tiempo abandona­ atracción del loto y las vacas sagradas
do. Es éste uno de los pocos casos en del sol cuyas carnes cobrarán voz un
que Casandra es creída, pues Paris fue día para augurar a Ulises amargas pro­
aceptado y reconocido por el palacio fecías. Para abreviar, descenderá vivo
real8. al Hades y, cuando escape a las aguas
3) Cuando Paris regresa a Troya del mar, encontrará, al llegar, en su
con Helena, Casandra predice que casa mil calamidades. Pero ¿para qué
aquel rapto provocará la destrucción disparar como dardos los sufrimientos
de la ciudad. de Ulises? (Eur., Troy., 430-445).
4) Después de la muerte de Héctor
y de la embajada de Príamo a Aquiles, 7) Durante el saqueo de Troya, Ca­
Casandra es la primera en reconocer a sandra se refugió junto al altar de la
su padre, de pie sobre el carro de mu- diosa Atenea; Ayax quiso arrancarla
las, y el cuerpo yacente de Héctor en violentamente de la estatua a la que
el lecho mortuorio. Vociferó entonces estaba abrazada, arrastrando a la mu­

104
CASANDRA

chacha y a la imagen y cometiendo así mis hermanos. Y hay cosas que no quie­
un grave sacrilegio (la escena fue fre­ ro decir. No quiero yo cantar el hacha
cuentemente representada en el arte que se abatirá sobre mi cuello y sobre
griego, como nos recuerda Pausanias10). los de otros, ni las luchas matricidas
Los aqueos quisieron lapidarlo pero el que causará mi boda, el derrumbe, en
héroe se refugió en el altar de la diosa y fin, de la casa de Atreo. Voy a demos­
logró salvarse11. Apolodoro12 sostiene trar que el destino de esta ciudad fue
que Ayax, viendo a Casandra abrazada más venturoso que el que aguarda a los
a la estatua, la violó y por eso la imagen aqueos. Aunque poseída por el dios,
mira hacia el cielo. voy a salir, para probarlo, de mi delirio
8) En el reparto del botín, Casandra (Troy., 352 ss.).
fue entregada (como esclava) a Agame­
nón13, quien se enamoró ardientemen­ También ve su propia muerte:
te de ella. Hasta entonces había sido
solicitada por un buen número de pre­ En cuanto a mí, las aguas impetuosas
tendientes y, en especial, por Otrioneo, de los torrentes arrastrarán mi cadáver,
el cual llegó a pedir a Príamo la mano arrojado desnudo a las quebradas, cer­
de su hija a cambio de liberarlo de los ca de la tumba de mi esposo, para en­
griegos, pero murió en el intento14. tregarme como festín a las fieras. ¡A mí,
Según algunas versiones la mucha­ la servidora de Apolo! (Troy., 365 ss.).
cha dio a Agamenón dos hijos geme­
los, Teledamo y Pélope. A su regreso a En el siglo m a.C., Licofrón escribió
Argos, Agamenón fue muerto por su un poema cuya protagonista es Casan­
esposa Clitem nestra, quien, celosa, dra (llamada en la obra Alejandra) a la
también m ató a C asandra15. Com o que enriquece con nuevos elementos.
consecuencia de este crimen, para ven­ Su autor imagina que Príamo, descon­
gar a su padre asesinado, Orestes ma­ tento con las dotes proféticas de su
taría a su madre, Clitemnestra. hija, a quien nadie cree, y temiendo las
En el teatro de Esquilo, Casandra burlas de sus súbditos, la encierra en
no logra convencer al coro con sus una prisión donde no penetra la luz del
profecías sobre la muerte inmediata de día16. Las similitudes entre Casandra y
Agamenón: la sibila son evidentes: ambas viven
encerradas en una cueva; ambas son
¡Ay de mí! ¡Oh desventura! Nuevamen­ comparadas a la esfinge17 y los vatici­
te / terrible, el mántico aguijón me azu­ nios de Casandra, como los de la sibila
za, / con siniestros preludios perturbán­ o la esfinge, son oscuros y enigmáti­
dome / {...] /Me es igual que no logre cos18. N o sorprende, pues, que Casan­
persuadirte. I El futuro vendrá; pronto dra acabara confundiéndose más tarde
tú mismo / lleno de compasión, has de con una sibila19.
llamarme / profetisa verídica en exceso El poema es, en realidad, un relato
(Ag., 1130-1134). que hace a Príamo el guardián encar­
gado por el rey de la custodia de Ale­
En Eurípides, Casandra anuncia su jandra: vv. 1-30: prólogo del guar­
propia boda y las trágicas consecuen­ dián; vv. 31-1460: vaticinios de la
cias que ésta traerá para la familia de profetisa; vv. 1461-1474: epílogo del
Agamenón: guardián. Los oráculos abarcan mu­
chos episodios: la destrucción de
Pues yo lo haré perecer [a Agamenón] y Troya, la muerte de los héroes tro-
destruiré su casa, tomando así vengan­ yanos; las desgracias de las mujeres
za de la ruina que causó a mi padre y a troyanas y las que se abatirán sobre

105
CATA

los griegos en su viaje de regreso a la bió que se le diese de comer a pesar de


patria después de la guerra; las dificul­ encontrarse enferma; Cata había pro­
tades de aqueos y troyanos para esta­ nosticado que el reinado de Vitelio se­
blecerse en tierras extrañas (particu­ ría duradero y estable si éste sobrevi­
larm ente los periplos de Ulises y vía a la muerte de sus padres. Otras
Eneas), etc. videntes germanas en la Roma de los
Flavios fueron *Véleda y *Ganna.
1. Schol. II., VII, 44 = Anticlides, 140 F
17. / 2. Serv., ad Aen., II, 247. / 3. II., XIII, 1. Suet., Vitel., 14, 5.
365-363. / 4. II., XXIV , 699. / 5. v. 1140. / 6.
Fedro, 244. / 7 Androm., 296-300. / 8. Hig.,
Fab., 91; Fafe., 273, 12; Ovid., Her., XVI,
359 ss.; Serv., ad Aett., V, 370. / 9. Apolod., CECINA / Aulus Caecina, Avie Caim a
Bibl. epit., V, 17; Virg., /le«., II, 245. / 10. V, (s. i a.C.).— Autor y traductor de di­
19, 5; X , 26, 3. / 11. Licofr., A /ex, vv. 357- versos libros sobre adivinación etrusca
364. / 12. Bibl. epit., V, 17. / 13. Eur., Troy., (Disciplina Etrusca). Pertenecía a la co­
2 47-259; Hécuba, 8 2 7 ; Licofr., Aíex., vv. nocida gens etrusca de los Ceicna
1108-1119; Apolod., Bibl. epit., V, 23. / 14.
H om., II., XIII, 363; Virg., Aen., II, 343. / 15. (lat. Caecina) originaria de la ciudad
H o m , Od., XI, 421-423; Pind., Pit., XI, 19; etrusca de Volterra, de la que salieron
H ig., Fab., 117; Apolod., Bibl. epit., VI, 23. / muchos ilustres harúspices. Fue educa­
16. Licofr., Alex., v. 1461. / 17. Alex., v. 7. / do en Roma siendo compañero de es­
18. Alex., v. 1465. / 19. Suda, s.v. «Sibylla tudios de Cicerón, con el que entabló
Phrigía».
estrecha amistad. Llegó a entrar en el
orden ecuestre.
[Bibl.: Edición española de la Alejandra
de Licofrón: L. M asciliano, Licofrón: Ale­
Se casó en segundas nupcias con
jandra, Barcelona, 1956. Sobre el persona­ una noble tarquiniense, Caesennia
je: J. D avreux, La légende de la prophétesse (viuda, a su vez de un rico banquero
Cassandre, Liège, 1 9 4 2 ; J . B ollack y H . de Tarquinia). A la muerte de su mujer
W ismann, «Le thèm e de C assandre (Aga- tuvo que someterse a un complicado
m em non, 1322 -1 3 3 0 )»: REG, 94 (1981), proceso judicial para recibir la heren­
pp. 1-1 3 ; M . F u sillo, «L a A lessandra di cia que le había correspondido en el
L ic o fr o n e , r a c c o n to e p ic o e d isc o r so testamento, siendo defendido por Ci­
“ dram m atico” »: ASNPS s. m, 14, 2 (1984),
cerón en su célebre discu rso pro
pp. 4 9 5 -5 2 5 ; G . Am iotti, «Gli oracoli sibi­
llini e l’A lessandra di Licofron e», en La
Caecina (68 a.C.).
profezi