Prédica: 09 de Octubre de 2016.
Lectura: Eclesiastés 11: 1-10
Cuentan que un cierto hombre estaba perdido en el desierto, a punto de morir de sed. Cuando él llegó
a una casita vieja -una cabaña que se desmoronaba- sin ventanas, sin techo, golpeada por el tiempo. El
hombre deambuló por allí y encontró una pequeña sombra donde se acomodó, huyendo del calor del
sol desértico. Mirando alrededor, vio una bomba a algunos metros de distancia, muy vieja y oxidada.
El se arrastró hasta allí, agarró la manija, y empezó a bombear sin parar. Nada ocurrió. Desanimado, cayó
postrado hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella. La miró, la limpió, removiendo la
suciedad y el polvo, y leyó el siguiente mensaje:
– “Primero necesitas preparar la bomba con toda el agua de esta botella, mi amigo”
PD.: “Haz el favor de llenar la botella otra vez antes de partir.”
El hombre arrancó la rosca de la botella y, de hecho, tenía agua. ¡La botella estaba casi llena de agua! De
repente, él se vio en un dilema: si bebía el agua podría sobrevivir, pero si volcase el agua en la vieja
bomba oxidada, quizá obtuviera agua fresca, bien fría, allí en el fondo del pozo, todo el agua que quisiera,
y podría llenar la botella para la próxima persona.
Pero eso podía no salir bien. ¿Qué debería hacer? ¿Volcar el agua en la vieja bomba y esperar el agua
fresca y fría? ¿O beber el agua vieja y salvar su vida? ¿Debería perder toda el agua que tenía en la
esperanza de aquellas instrucciones poco confiables, escritas no se sabía cuándo?
Con temor, el hombre volcó toda el agua en la bomba. Enseguida, agarró la manija y empezó a bombear…
y la bomba empezó a chillar. ¡Y nada ocurrió! Y la bomba chilló y chilló. Entonces surgió un hilito de agua
después un pequeño flujo, ¡y finalmente el agua salió con abundancia! La bomba vieja y oxidada hizo
salir mucha, pero mucha agua fresca y cristalina. Él llenó la botella y bebió de ella hasta hartarse. La llenó
otra vez para el próximo que por allí podría pasar, la enroscó y agregó una pequeña nota en ella:
– “¡Créeme, funciona! ¡Necesitas dar todo el agua antes de poder obtenerla otra vez!”.
Lectura: Eclesiastés 11: 1-10
El título hebreo de Eclesiastés es Koheleth, que el autor del libro se aplica a sí mismo (cap. 1:12). "Yo,
Koheleth, fuí rey sobre Israel". Significa un Reunidor o Convocador de reunión, y un Predicador de tal
reunión. Como libro Eclesiastés fue escrito por Salomón en su periodo de ancianidad, después de su
arrepentimiento del pecado cometido durante su reinado. En este capítulo 11, Dios nos invita a que
miremos a un rey que fue muy sabio y poderoso, que tomó riesgos, muchas veces por ímpetu emocional,
llevándolo a cometer equivocaciones, por eso nos insta a no ignorar en cada riesgo la dirección del
Espíritu Santo.
Título: Tome riesgos con sabiduría.
1. Toma en cuenta el tipo de riesgo.
En los versículos (V. 1-4) Salomón resume que la vida encierra riesgos y oportunidades. La vida en sí
misma no ofrece garantías, por lo tanto debemos estar preparados.
Al darnos Dios oportunidades, debemos aprovecharlas y no limitarnos a ir a lo seguro. Salomón no apoya
la actitud de desesperanza. Sólo por el hecho de que la vida sea incierta no quiere decir que no hagamos
nada. Necesitamos un espíritu de confianza y aventura. Debemos enfrentar los riesgos y oportunidades
de la vida con entusiasmo y fe dirigidos por Dios.
Si observamos lo que dice el versículo (V.1). Podemos hacer referencia a un suceso de la naturaleza,
cuando vemos una crecida de un río, muchos pueden pensar que nada podemos hacer en ese tipo de
terreno, ya que por su característica cenagosa nada crecería ahí. Decimos no hay oportunidad de obtener
algo de ahí, pero la palabra de Dios nos dice lo contrario.
El agua en el versículo (V.1), hace referencia a ese lugar en donde nosotros podemos regar la semilla. El
agua como figura es sacada de la costumbre de echar la semilla desde botes sobre las aguas desbordadas
del Nilo, o bien sobre terrenos pantanosos. Tras el reflujo de las aguas, el grano brotaba del aluvión.
Dichosos vosotros los que sembráis junto a todas las aguas, y dejáis libres al buey y al asno.
Isaías 32:20 RV 1960
Esas aguas que muchas veces nosotros vemos oscuras, por la cantidad de sedimento, impurezas que
trae, son fuente de una gran cosecha. Esas aguas son todas aquellas personas a las cuales nosotros día
a día encontramos alrededor nuestro, siendo una oportunidad de compartir de lo que recibimos, son
terreno fértil en donde sembrar.
Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres,
naciones y lenguas.
Apocalipsis 17:15 RV 1960
Son riesgos que nosotros podemos tomar, teniendo en cuenta que la palabra dice que no son terrenos
que se van a trabajar en vano, sino que veremos la recompensa en Dios.
Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi
causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios.
Isaías 49:4 RV 1960
Nosotros debemos preparar cada terreno, previendo que no todos los días son buenos. Si lo vemos en
los versículos (V. 3-4). Esperar a que lleguen las condiciones perfectas significará inactividad.
Este razonamiento práctico se aplica en especial a la vida espiritual. Si esperamos el tiempo y el lugar
perfectos para leer la Biblia, nunca comenzaremos a leerla. Si esperamos una iglesia perfecta, nunca nos
congregaremos. Si esperamos un ministerio perfecto, nunca serviremos. Tome medidas ahora para
crecer espiritualmente. No espere a que lleguen condiciones que nunca existirán.
Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida,(K) y para entrar por
las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas,
los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.
Apocalipsis 22:14-15 RV 1960
2. Estemos atentos a la voz de Dios para tomar riesgos.
El que mira al viento no siembra; el que mira a las nubes no cosecha. Así como no sabes por dónde va
el viento[b] ni cómo se forma el niño en el vientre de la madre,[c] tampoco sabes nada de lo que hace
Dios,[d] creador de todas las cosas.
Eclesiastés 11:4-5 DHH L* 2002*
La ignorancia del hombre con respecto a la obra de Dios es un tema aquí repetido. Si magnificamos cada
pequeña dificultad, planteamos objeciones y penurias fantásticas, nunca iremos adelante y, mucho
menos, terminaremos con nuestra obra. Los vientos y las nubes de la tribulación están en las manos de
Dios preparados para probarnos. La obra de Dios será según su palabra, sea que lo veamos o no. Bien
podemos confiar en que Dios nos provea, sin nuestros afanes ansiosos e inquietos.
El viento[b] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es
todo aquel que es nacido del Espíritu.
Juan 3:8 RV 1960
Al no conocer en su totalidad el resultado del riesgo que tomamos, y no saber si este tendrá éxito, hay
que mostrarse diligente en todo momento (V. 6), pero confiando en Dios. Por eso nosotros debemos
estar anuentes a que si descansamos en las manos de Dios y somos fieles a en cuanto a nuestra
obediencia, el riesgo que tomamos va a tener éxito.
Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y
en confianza será vuestra fortaleza…
Isaías 30:15 RV 1960
3. Cuidémonos de la vanagloria al obtener éxito en el riesgo.
Si leemos los versículos (V. 7-8). Salomón en su sabiduría nos exhorta de cuidarnos de la vanagloria.
La vida es dulce para los hombres malos, porque ellos tienen su porción en esta vida; es dulce para los
buenos, porque es el tiempo de preparación para lo mejor; es dulce para todos. Aquí hay una advertencia
para pensar en la muerte aun cuando la vida sea más dulce que nunca. No son nuestros propios esfuerzos
que logran los resultados, éstos pueden ser pasajeros.
Nos alienta para que nos regocijemos todos los días, pero que recordemos que la eternidad es mucho
más larga que la expectativa de vida de una persona, que lo que conseguimos hoy va más allá de un éxito
terrenal alcanzado, el objetivo va dirigido a un puesto en los cielos.
Entonces llegué a la conclusión de que no hay nada mejor que disfrutar de la comida y la bebida, y
encontrar satisfacción en el trabajo. Luego me di cuenta de que esos placeres provienen de la mano de
Dios. Pues, ¿quién puede comer o disfrutar de algo separado de él?* Dios da sabiduría, conocimiento
y alegría a quienes son de su agrado; pero si un pecador se enriquece, Dios le quita las riquezas y se
las da a quienes lo agradan. Eso tampoco tiene sentido, es como perseguir el viento.
Eclesiastés 2:24-26 NTV
4. Conclusión.
Vivamos como quién un día enfrentará juicio, que toda acción o decisión que tomemos en esta tierra,
sea concordante con lo que Dios espera de nosotros.