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Hegemonía Cultural y Superestructura Marxista

La hegemonía cultural, un concepto marxista desarrollado por Antonio Gramsci, se refiere a la dominación de la clase dominante sobre la diversidad cultural de la sociedad, estableciendo su cosmovisión como la norma aceptada. Esta hegemonía justifica el status quo social y perpetúa la ideología dominante, mientras que la infraestructura y superestructura de la sociedad están interrelacionadas, donde la base material determina la estructura social. La hegemonía se ejerce sutilmente a través del control de entidades culturales, como los medios de comunicación, que moldean el sentido común y perpetúan la dominación.

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Hegemonía Cultural y Superestructura Marxista

La hegemonía cultural, un concepto marxista desarrollado por Antonio Gramsci, se refiere a la dominación de la clase dominante sobre la diversidad cultural de la sociedad, estableciendo su cosmovisión como la norma aceptada. Esta hegemonía justifica el status quo social y perpetúa la ideología dominante, mientras que la infraestructura y superestructura de la sociedad están interrelacionadas, donde la base material determina la estructura social. La hegemonía se ejerce sutilmente a través del control de entidades culturales, como los medios de comunicación, que moldean el sentido común y perpetúan la dominación.

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Hegemonía cultural

La hegemonía cultural es un concepto de la filosofía marxista, paralelo a lo que el sociólogo Pierre


Bourdieu llamaba violencia simbólica, que designa la dominación de la sociedad, culturalmente diversa, por
la clase dominante, cuya cosmovisión —
creencias, moral, explicaciones, percepciones, instituciones, valores o costumbres— se convierte en
la norma cultural aceptada y en la ideología dominante, válida y universal. La hegemonía cultural justifica
el status quo social, político y económico como natural e inevitable, perpetuo y beneficioso para todo el mundo,
en lugar de presentarlo como un constructo social artificial que beneficia únicamente a la clase dominante.
En filosofía y sociología, el término hegemonía cultural tiene connotaciones derivadas de la palabra
griega ἡγεμονία, que indica liderazgo y gobierno. En política, hegemonía es el método geopolítico de
dominación imperialista indirecta, en el que el estado hegemónico gobierna a otros estados subordinados, bajo
la amenaza de intervención como un medio implícito de poder, más que por la fuerza militar directa (invasión,
ocupación o anexión).
La hegemonía cultural es un término desarrollado por Antonio Gramsci para analizar las clases sociales y
la superestructura. Proponía que las normas culturales vigentes de una sociedad son impuestas por la clase
dominante (hegemonía cultural burguesa), de manera que no deberían percibirse como naturales o inevitables,
sino reconocidas como una construcción social artificial y como instrumentos de dominación de clase. Esta
práctica sería indispensable para una liberación política e intelectual del proletariado, reivindicando y creando
su propia cultura de clase.

Infraestructura y superestructura
Según la teoría marxista, la base o infraestructura es la base material de la sociedad que determina la
estructura social, el desarrollo y el cambio social.1 Incluye las fuerzas productivas y las relaciones de
producción. De ella depende la superestructura, es decir, el conjunto de elementos de la vida social
dependientes de la base o infraestructura, como por ejemplo: las formas jurídicas, políticas, artísticas, filosóficas
y religiosas de un momento histórico concreto. Los aspectos estructurales se refieren a la organización misma
de la sociedad, las reglas que vinculan a sus miembros, y el modo de organizar la producción de bienes.

La superestructura[editar]
La tesis básica del materialismo histórico es que la superestructura (en alemán: Überbau) depende de las
condiciones económicas en las que vive cada sociedad, de los medios y fuerzas productivas (infraestructura).
La superestructura no tiene una historia propia, independiente, sino que está en función de los intereses de
clase de los grupos (clase/s dominante/s) que la han creado. Los cambios en la superestructura son
consecuencia de los cambios en la infraestructura. Esta teoría tiene importantes consecuencias:

 Por un lado, la completa comprensión de cada uno de los elementos de la superestructura sólo se puede
realizar con la comprensión de la estructura y cambios económicos que se encuentran a su base.

 Por otra parte, la idea de que -en última instancia- no es posible la independencia de la mente humana, del
pensamiento, respecto de las condiciones materiales específicas en las cuales se está inmersa la sociedad,
afirma el determinismo advenido por factores de índole externa.
En el caso de la filosofía, ello quiere decir que la historia de la misma no puede ser una historia interna del
pensamiento (algo así como la historia de cómo unos sistemas filosóficos dan lugar a otros); es preciso apelar a
algo externo a ella misma, como es la economía, para comprender la propia filosofía. Las teorías filosóficas son
consecuencia de las circunstancias económicas y de la lucha de clases en la que está inmersa la sociedad en
la que vive cada filósofo.
Otra definición de superestructura es: el conjunto de fenómenos jurídicos-políticos e ideológicos, tales como el
derecho, el estado, las religiones, las manifestaciones, y demás; así como las instituciones que las representan
en una sociedad determinada.

La infraestructura[editar]
Las tesis marxistas de la infraestructura (en alemán: Basis) son las siguientes:

 Es el factor fundamental del proceso histórico y determina -en última instancia- el desarrollo y cambio
social; dicho de otro modo, cuando cambia la infraestructura, cambia el conjunto de la sociedad (las
relaciones sociales, el poder, las instituciones y el resto de elementos de la superestructura). Por cierto,
esto no es automático, ni mecánico, ni instantáneo, sino que es un factor que tiende a establecer
paulatinamente condiciones de irreversibilidad en cada tiempo histórico.
 La componen los medios de producción (recursos naturales más medios técnicos) y la fuerza del trabajo
(los trabajadores). Juntos constituyen las fuerzas productivas, que estarán controladas -a veces frenadas-
por las relaciones de producción (los vínculos sociales que se establecen entre las personas a partir del
modo en que éstas se vinculan con las fuerzas productivas, como por ejemplo las clases sociales).

 Hay periodos históricos en los que la estructura social (las relaciones de producción) frena el desarrollo de
las fuerzas productivas. La prolongación de esos periodos no significa una estabilización, ni siquiera un
estancamiento, de las condiciones de existencia social; por el contrario, se verifican retrocesos más o
menos severos, y tienden a reaparecer contradicciones y limitaciones que al inicio de período se
consideraban definitivamente superadas (por ejemplo, en los inicios del siglo XXI se verifican crecientes
casos de esclavitud y tráfico de seres humanos, males que a fines del s. XIX estaban superados en casi
todo el mundo).

Fuerzas productivas. Conjunto de los medios de producción y de los hombres que los emplean
para producir bienes materiales. La parte material de las fuerzas productivas, ante todo los medios
de trabajo, constituye la base material y técnica de la [sociedad]. Las fuerzas productivas están
constituidas por el hombre, las formas y medios que éste utiliza para actuar sobre la naturaleza (y
también sobre objetos con cierto grado de elaboración), en el proceso de producción. En otras
palabras, las materias que brinda la naturaleza, las maquinarias e instrumentos de la producción,
sus métodos y técnicas, los hombres y su experiencia, son fuerzas productivas. En la época actual,
se convierte en fuerza directamente productiva la ciencia. La fuerza productiva principal está
formada por los trabajadores, que crean los instrumentos de producción, los ponen en movimiento,
poseen experiencia y hábitos de trabajo.
 Resulta fundamental destacar el carácter eminentemente dinámico de las fuerzas productivas. Están
siempre desarrollándose; se extraen más y mejores materias de la naturaleza, se crean nuevas
técnicas, se inventan mejores maquinarias, aumenta la población, etc. Es en este sentido que se
habla de "nivel de desarrollo de las fuerzas productivas"
Expresión
 Las fuerzas productivas expresan la relación que existe entre el hombre y los objetos y fuerzas de la
naturaleza, el grado en que éste los domina. En el proceso de producción de los bienes materiales,
los hombres desarrollan y perfeccionan los instrumentos de trabajo, crean nuevas máquinas,
aprenden a explotar las riquezas naturales, amplían sus conocimientos, van dominando las leyes
que rigen el desarrollo de la sociedad y de la naturaleza. Ello conduce a un crecimiento incesante de
las fuerzas productivas. Por el influjo de este crecimiento y, ante todo, del perfeccionamiento de los
instrumentos de producción, cambian las relaciones de producción, y se modifica también el modo
de producción.
Fuerzas productivas y relaciones de producción
 A un determinado nivel de las fuerzas productivas corresponden determinadas relaciones de
producción, en las que entran los hombres en el proceso de producción.
 Fuerzas productivas y relaciones de producción son dos mecanismos que marchan unidos
indisolublemente en todos los procesos medios del desarrollo de la sociedad. ¿En qué momentos
las relaciones de producción pudieran no ser fiel reflejo del desarrollo de las fuerzas productivas? En
los momentos de ascenso de una sociedad que avanza sobre la anterior para romperla y en los
momentos de ruptura de la vieja sociedad, cuando la nueva, cuyas relaciones de producción serán
implantadas, lucha por consolidarse y destrozar la antigua superestructura. De esta manera, no
siempre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, en un momento histórico dado,
analizado concretamente, podrán corresponder en una forma totalmente congruente. Tal es,
precisamente, la tesis que permitía a Lenin decir que sí era una Revolución socialista la de Octubre,
y en un momento dado plantear, sin embargo, que debía irse al capitalismo de Estado y preconizar
cautela en las relaciones con los campesinos. El porqué del planteamiento de Lenin está expresado
precisamente en su gran descubrimiento del desarrollo del sistema mundial del capitalismo.

Hegemonía cultural como legado gramsciano[editar]


La hegemonía, desde Antonio Gramsci, era un proceso en el cual los subordinados debían imponer otro
"escenario" con la pena de acabar en la misma estructura social anterior. Un ejemplo posterior de esto fue
aquello en lo que se convirtió la Revolución rusa.
Se puede pensar que una teoría de la hegemonía gramsciana, emparentada con la superestructura de Marx y
la teoría de la "maldad estructural" del teólogo de la liberación Walter Wink, puede contradecir a la teoría de
clases de Karl Marx porque habría idealmente bases de contacto entre el ejercicio de la dirección política y el de
la dirección intelectual (en una base social) y la importancia será avanzar, sumando cualquier tipo de alianza
(interclasista si es necesario) con el fin de conquistar un modelo cultural y contraponerlo contra el hegemónico
con lo que se lograría superar el desnivelamiento entre opresión y moral histórica, fractura que también se
podría entender anteriormente como contradicción de clase.
El evolucionismo de Herbert Spencer fue fundamental a la hora de dotar de un esquema procapitalista aún a los
proyectos que iban contra el liberalismo, como el comunismo. Bajo ese influjo, en el cual cayeron hasta los
marxistas, la teoría de la hegemonía cultural se cumplía: en el Estado social, o fuera de éste, la lógica del
"progreso" se mantiene.
Algunos autores actuales han desarrollado el concepto gramsciano de hegemonía. Íñigo Errejón ha considerado
que dicho concepto es central en el análisis político actual definiendo la hegemonía como:1
Ese tipo de poder político que construye una relación en la que un actor político es capaz de generar en torno a sí un
consenso, en el que incluye también a otros grupos y actores subordinados. Es decir, un grupo o actor concreto con unos
intereses particulares es hegemónico cuando es capaz de generar o encarnar una idea universal que interpela y reúne no
sólo a la inmensa mayoría de su comunidad política sino que además fija las condiciones sobre las cuales quienes quieren
desafiarle deben hacerlo.
No se trata sólo de ejercer un poder político sino además hacerlo con una capacidad de hacerlo incluyendo algunas de las
demandas y reivindicaciones de los sentimientos y sentidos políticos de grupos subordinados despojándolos de su
capacidad de cuestionar el orden hegemónico liderado por el actor hegemónico que lo dirige.

Este autor señala que no se debe asociar la hegemonía con cualquier tipo de ventaja, primacía o liderazgo ya
que esto implicaría desposeerlo de su carga explicativa.

Hegemonía
Se denomina hegemonía al dominio de una entidad sobre otras de igual tipo. Se puede aplicar a diversas
situaciones con el mismo significado: un bloque de naciones puede tener hegemonía gracias a su mayor
potencial económico, militar o político, y ejerce esa hegemonía sobre otras poblaciones, aunque estas no la
deseen. Por «hegemonía mundial» se entiende el dominio del mundo por parte de una sola nación o un grupo
de naciones.
«Hegemonía historiográfica» es una expresión aplicada por Gayatri Spivak.
«Hegémono» fue llamado Poncio Pilato en "El maestro y Margarita", de Mijaíl Bulgákov.
Desde un aspecto social, se entiende como «hegemonía cultural» —según se lee en la obra de Antonio
Gramsci— la dominación y mantenimiento de poder que ejerce una persona o un grupo para la persuasión de
otro u otros sometidos, minoritarios o ambas cosas, imponiendo sus propios valores, creencias e ideologías,
que configuran y sostienen el sistema político y social, con el fin de conseguir y perpetuar un estado de
homogeneidad en el pensamiento y en la acción, así como una restricción de la temática y el enfoque de las
producciones y las publicaciones culturales.

Etimología[editar]
El término hegemonía deriva del griego ἡγεμονία hēgemonía ('dirección, primer puesto, preferencia, mando,
jefatura') del verbo ἡγεμονεύειν hēgemoneúein que significa 'guiar, preceder, conducir' y de la cual derivan los
significados «estar al frente», «comandar» y «Gobernar».
Por ἡγεμονία se entendía en griego antiguo la dirección suprema del ejército. Se trata, pues, de un término
militar. El hēgemṓn era el conductor, el guía y también el comandante del ejército. En el tiempo de la guerra
del Peloponeso, se habló de la ciudad hegemónica a propósito de cada una de las ciudades que dirigían la
alianzas de las facciones contendientes: Atenas y Esparta.

Hegemonía mundial[editar]
A lo largo de la historia moderna, sólo tres Estados han alcanzado la hegemonía en el sistema-mundial:
las Provincias Unidas, Gran Bretaña y Estados Unidos. Dichas hegemonías, al igual que todos los fenómenos
sociales, han tenido períodos de determinada duración: para este caso, han sido nombrados como ciclos
hegemónicos o ciclos de las hegemonías mundiales. Ahora bien, los ciclos hegemónicos constan de cinco
fases: 1) emergencia o ascenso, 2) despliegue, 3) apogeo, 4) declive, y 5) extinción. Dichas fases han sido
ampliamente estudiadas desde la dimensión económica, pero menos desde la dimensión política.1
Ahondar en el examen de las fases políticas por las que atraviesa el hegemón mundial es de suma importancia,
puesto que si se conjetura que la gobernanza internacional es ejercida principalmente por los Estados con
mejor posicionamiento en la estructura internacional2 gracias a sus capacidades nacionales, entonces el
hegemón –que por definición es la potencia que sobresale por su máximo cúmulo de poder nacional3 - será el
actor más determinante en la gobernanza del sistema.
Cada fase del ciclo hegemónico se corresponde con la promoción de ideas y valores orientados por
determinada ideología. Esto quiere decir que conforme evolucionan las capacidades nacionales de un Estado
hegemónico, éste tiende a favorecer u obstruir ciertas ideologías, lo que se traduce en un posicionamiento
internacional frente a determinadas políticas, Estados y organizaciones. Dichas fases por las cuales atraviesa el
hegemón según su ideología han sido nombrados como ciclos políticos hegemónicos y son fundamentales para
comprender la dirección política internacional que el hegemón imprime en la gobernanza internacional.

Hegemonía cultural[editar]
Artículo principal: Hegemonía cultural

Según Gramsci, la hegemonía existe cuando la clase dominante no sólo es capaz de obligar a una clase social
subordinada a que satisfaga sus intereses, renunciando a su identidad y a su cultura grupal, sino que también la
primera ejerce control total en las formas de relación y producción de la segunda y el resto de la sociedad.
Se puede matizar este argumento señalando que el autor expresa que este proceso no posee un carácter
explícito, sino que más bien se da de manera sutil. En ese sentido, la clase social subordinada adopta las
concepciones de la clase dominante y las incorpora a su repertorio ideológico, hecho ligado a lo que
comúnmente se denomina «sentido común».

Papel de las entidades culturales[editar]


Actualmente, la hegemonía se consigue a través del control de los agentes culturales, entre los cuales destacan
por su impacto social los medios de comunicación de masas. Ejemplo de ello es lo que se explica a través de la
teoría del imperialismo cultural, siendo de especial interés el imperialismo de la industria cinematográfica
estadounidense, y se da a entender que la tendencia actual en cuanto a hegemonización se centra en la
exposición de modelos de pensamiento y conducta propios de la sociedad estadounidense para que otras
sociedades adopten esos mismos modelos (fenómeno conocido como proceso definido en la teoría de la
reproducción).
Por otro lado, también existen otros agentes socializadores que se están utilizando desde las entidades de
poder como herramientas de hegemonización del statu quo, tales como la religión, la educación (mediante el
establecimiento de un currículo académico que favorece el aprendizaje de aquellas materias más afines a la
ideología dominante), el arte y los medios de consumo (mediante la asociación de estos medios con
determinados espectáculos potenciados por la publicidad).

Poshegemonía[editar]
Teniendo en cuenta que la hegemonía se instaura a menudo mediante un conflicto entre ideologías
mayoritarias y minoritarias en el que el eje es la persuasión dialéctica, cuando este proceso culmina con el
dominio de una ideología sobre otras, comienza a desarrollarse un periodo de
instauración paradigmática entendido como «poshegemonía» en el que la persuasión pasa a un discreto
segundo plano, ya que no hace falta convencer, sino controlar y mantener la ideología dominante, es decir:
reproducir en los sectores sometidos el modelo establecido.
Las personas que viven en el periodo poshegemónico han interiorizado el discurso y las prácticas de la
ideología dominante (marco cultural), y las han integrado en su repertorio comportamental en los planos
conductual, emocional y cognitivo (construcción simbólica de la identidad individual).
En síntesis, la era hegemónica es considerada como la era de las representaciones, y se caracteriza por la
dominación legítima basada en la argumentación dialéctica, mientras que la era poshegemónica, superada la
fase anterior, es considerada como la era de la comunicación, y se caracteriza por la comunicación ilegítima
basada en el control social.

El statu quo (literalmente ‘en el estado en que’; pronunciado [estatu-kuó] 1


) es el estado de cosas de
1 2
un determinado momento. El latinismo es usado para aludir al conjunto de condiciones que prevalecen en un
momento histórico determinado,3 y es la reducción de la fórmula diplomática in statu quo ante.
Gramsci (Hegemonia/ Bloque hegemonico)
resumen
Gramsci
Hegemonía / bloque hegemónico
Atribuye un papel central a la relación infraestructura (fuerzas de producción y relaciones sociales de
producción) con la superestructura (“ideología”: sistemas de ideas, doctrinas y creencias de una
sociedad), a partir del concepto de “bloque hegemónico”. Según él, el poder de las clases dominantes
sobre el proletariado y todas las clases sometidas en el modo de producción capitalista, no está dado
simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado, pues si así lo fuera dicho poder
sería relativamente fácil de derrocar (bastaría oponerle una fuerza armada equivalente o superior que
trabajara para el proletariado); dicho poder está dado fundamentalmente por la “hegemonía”
cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través del control del
sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. A través de
estos medios, las clases dominantes “educan” a los dominados para que estos vivan
su sometimiento y la supremacía de las primeras como algo natural y conveniente, inhibiendo así su
potencialidad revolucionaria. Por ejemplo, en nombre de la “nación” o de la “patria”, las clases
dominantes generan en el pueblo el sentimiento de identidad con aquellas. Se conforma así un “bloque
hegemónico” que amalgama a todas las clases sociales en torno a un proyecto burgués.
La supremacía de un grupo social se manifiesta en dos modos, como dominio y como dirección
intelectual y moral. Un grupo social es dominante de los grupos adversarios que tiende a liquidar o a
someter hasta con la fuerza armada y es dirigente de grupos afines y aliados. Un grupo social
puede y debe ser dirigente desde antes de conquistar el poder gubernamental (ésta es una de las
condiciones principales para la conquista del poder); después, cuando ejercita el poder se vuelve
dominante, pero debe continuar siendo dirigente.
Las Clases subalternas
La hegemonía es, por lo tanto, el ejercicio de las funciones de dirección intelectual y moral
unida a aquella del dominio del poder político. El problema está en comprender como puede el
proletariado volverse clase dirigente y ejercitar el poder político y así convertirse en clase
hegemónica.
Las clases subalternas, proletariado urbano, rural y pequeña burguesía, no están unificadas, su
unificación ocurre solo cuando “se convierten en Estado”, cuando llegan a dirigir al Estado, de otra
forma desarrollan una función discontinua y disgregada en la historia de la sociedad civil de los
estados singulares. Su tendencia a la unificación “es despedazada continuamente por la iniciativa
de los grupos dominantes” de los cuales ellas “sufren siempre la iniciativa, aún cuando se rebelen y se
insurreccionen.
La hegemonía es ejercitada unificando un bloque social creando una alianza política de un
conglomerado de clases sociales diferentes, que por sí misma no es homogénea, mediante una
política, una cultura y una ideología o un sistema de ideologías que impidan que los contrastes de
intereses, permanentes hasta cuando sean latentes exploten, probando desde el principio la crisis de
la ideología dominante y luego una consiguiente crisis política desde el interior del sistema de poder.
La crisis de la hegemonía se manifiesta cuando, aunque manteniendo el propio dominio, las clases
sociales políticamente dominantes no logren más ser dirigentes de todas las clases sociales, o sea no
logren resolver los problemas de toda la colectividad e imponer a toda la sociedad la propia concepción
del mundo. La clase social subalterna si logra indicar concretas soluciones a los problemas dejados
irresueltos se vuelve dirigente e, incrementando su propia cosmovisión también a otros estratos
sociales, crea un nuevo bloque social, volviéndose hegemónica. El momento revolucionario es
inicialmente a nivel de superestructura, en sentido marxista, es decir, político, cultural, ideal, moral,
pero traspasa a la sociedad en su complejidad, embistiendo hasta su estructura económica, o sea
embistiendo a todo el bloque histórico, término que para Gramsci indica el conglomerado de la
estructura y de la superestructura, las relaciones sociales de producción y sus reflejos ideológicos.

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