DOSSIEREl diario trans-atlntico de Witold Gombrowicz [137-146] Zama /4 (2012) ISSN 1851-6866 137
El diario trans-atlntico de
Witold Gombrowicz
"" Jos Amcola
UNLP
Resumen
En su calidad de diario ntimo, el diario de escritor presenta afinidades con la auto- Palabras clave
biografa y el ensayo, pero se encuentra en una situacin ms ambigua que estos dos Ensayo
ltimos con respecto a su publicacin, porque finge entablar nicamente un dilogo Autobiografa
con la persona que lo escribe. El Diario argentino de Gombrowicz puede compararse Filiatra
Inmadurez
con el diario refractado de Bioy Casares (titulado Borges), en la medida en que ambos Subjetividad
textos se ocupan en gran parte del mismo campo literario y toman partido por poticas
que conviven en el mismo tiempo sin superponerse. Escrito en polaco y separado del
resto de sus diarios por su propio autor, el Diario argentino fue publicado en 1968. En
l, como en el resto de su obra Gombrowicz abraza el principio del culto a la juventud
y a la inmadurez (la filiatra) por la que un mentor cultiva la amistad de un joven
con promesa de futuro, algo que la pareja Borges y Bioy Casares demuestra, por otro
lado, en la experiencia prctica de una relacin que se extendi por cuatro dcadas
con el perfil del Maestro y su Delfn. Por ltimo, la subjetividad como un devenir
que exhibe el texto del autor polaco es uno de sus principales intereses de lectura y
es concomitante con su vocacin de obra literaria que ostenta.
Abstract
Each writers diary being also a private journal shows affinities with the autobiography Key words
and the essay. But in another sense, it is situated in a more ambiguous light than these Essay
two in relation to their publication, because it simulates to establish a conversation Autobiography
with the person who writes it. The Argentine Diary by Gombrowicz can be compared Philiatry
Immaturity
with Bioy Casaress refracted diary (under the title of Borges), because both texts deal Subjectivity
in a great measure with the same literary field and take parties for poetics that have
a life of their own in the same time without colliding. Written in Polish and selected
by his author from the totality of his diaries, the Argentine Diary was published in
1968. In it Gombrowicz proposes the principle of cult of youth and immaturity (the
philiatry), by which a mentor courtesies the friendship of a younger man who has
a promising future, something that the couple Borges-Bioy Casares experienced in
their relationship of four decades under the figure of Master and Disciple. Last but
not least, the process of subjectivity that Gombrowiczs text exhibits becomes the
main reading issue and its best condition as a piece of literature.
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Los diarios de escritor son, por cierto, especie singular dentro de las escrituras del yo
y tambin forman una categora particular entre los diarios ntimos, en tanto poseen una
valencia literaria dada por la fama adquirida con su obra visible por el escritor o escri-
tora que registra en un texto personal impresiones supuestamente privadas. Adems,
los diarios de escritor se relacionan sin ms con los textos autobiogrficos, pero en su
condicin de la anotacin del da a da, en lugar de apuntar a la suma panormica, se
caracterizan por la fragmentariedad y las grandes lagunas en la narracin.
Durante mucho tiempo ese tipo de anotaciones fueron consideradas triviales y sin
ninguna importancia ni mrito; sin embargo, leyendo los diarios de escritor que se han
tornado clsicos durante el siglo XX como los de Franz Kafka, Virginia Woolf o Cesare
Pavese, podemos decir que esos textos vienen ganando un lugar en el arca literaria y que
las nuevas generaciones se sienten cada vez ms atradas por esa condicin de bisagra
con lo literario que presentan. A pesar de cualquier limitacin previa, ellos aparecen ya
en los programas de las instituciones acadmicas como una pieza ms en la trayectoria
de los autores claves de nuestra poca. Contra lo que hubiera sostenido Jakobson, las
sociedades actuales les acuerdan la condicin de literaturidad. Los diarios de escritor,
adems, juegan como todos los diarios ntimos con una situacin ambigua de existencia,
en tanto parecen textos privados y dirigidos, por lo tanto, a ser ledos solo por el sujeto
de la enunciacin. Con todo, ellos a menudo desbordan esa esfera y van a parar a las
manos de un pblico lector ampliado y regocijado con el hallazgo.
El diario de Witold Gombrowicz (1904-1969) tiene la particularidad de volver insis-
tentemente sobre esta situacin de lectura. Su autor se pregunta para quin escribe
esas notas privadas de modo perentorio. Lo cierto es que dado que lo publica en la
madurez de su vida, el texto est reemplazando en buena medida la escritura de una
autobiografa. El dato no menor es que contiene, entonces, es que se trata de una
suma de reflexiones finales, como quien mira la situacin completa de su vida, o buena
parte de ella, desde una altura (la altura de los aos transcurridos en la Argentina) y
se justifica o autojustifica. Veamos cmo se confa Gombrowicz en su Diario argentino:
Escribo este diario sin ganas. Su insincera sinceridad me fatiga. Para quin escribo?
Si tan slo para m, por qu se imprime? Y si lo es para el lector, por qu finjo
entonces conversar conmigo mismo? Hablar con uno mismo para que lo oigan los
dems? () La falsedad existente en el principio mismo del diario me intimida, les
ruego que me disculpen (Gombrowicz: 2006, 17).
Para bien o para mal, muchas preguntas quedan sin respuesta en el diario de Gom-
browicz, porque con este gnero escriturario se produce, como se dijo, un coqueteo
con respecto al mercado, dado que no se sabe si ingresarn o no a la esfera pblica por
causa del propio autor o por sus herederos o editores. De todos modos, como sucede
con la mayora de los diarios ntimos, y los diarios de escritor no son una excepcin a
esto, la eventual publicacin es una instancia sugerente del texto que juega a las escon-
didas con la idea de su circulacin masiva. Esta incertidumbre con respecto a su status
futuro hace que las indiscreciones, los chismes y todo tipo de maledicencias estn a la
orden del da en ese formato. Por supuesto tambin el principal elemento comn que
tienen todos los diarios de escritor es la preocupacin por delimitar la propia posicin
del que escribe dentro de un campo literario determinado. Esta sera, en mi opinin, su
principal caracterstica, de tal modo que esta cuestin trasciende inclusive la otra que
supuestamente sera tambin importante: la definicin de la propia potica.
Los diarios de escritor tienen mucho de diario ntimo y de autobiografa, pero a esto
hay que agregar a esas impregnaciones posibles la vertiente ensaystica, que aparece
con mayor o menor nitidez segn las inclinaciones del escribiente. Aqu habr lugar,
pues, para la reflexin filosfica, psicolgica, social y poltica, aunque el contenido
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esttico siga teniendo preeminencia, al menos de manera implcita, por el modo en
que quien escribe el diario cuidar la forma que escoja con especial atencin, inclu-
sive si piensa que el mensaje est solamente dirigido a s mismo. Otra de las razones
del especial atractivo de los diarios de escritor se hallara en que muchos de ellos
pasan revista a las lecturas realizadas en la misma poca por quien escribe, dejando
as testimonio de ramificaciones literarias muy sugerentes. En nuestro caso, no es un
hecho menor que el diario de Gombrowicz nos depare la sorpresa de que su autor
est leyendo con placer los diarios de Kafka mientras escribe el suyo.
Gombrowicz, al parecer, empez a escribir sus diarios hacia 1955 en la Argentina y
de esa sucesin bastante extensa de manuscritos, apart una serie a la que denomin
Diario argentino que tuvo su primera publicacin traducida al castellano en 1968 bajo
el sello de Sudamericana de Buenos Aires, en versin de Sergio Pitol. Puesto que el
acto escriturario abarca, entonces, algo ms de diez aos, pero sobre todo, porque
una parte de lo escrito ha sido llevado a cabo a cierta distancia de los hechos, cuando
Gombrowicz ya ha regresado a Europa y goza del prestigio europeo, la relacin con
lo argentino adquiere una ptina particular, algo as como un All lejos y hace tiempo,
aunque no sea tan lejano lo que se narra.
Mi inters en las siguientes pginas es restituir el texto a un contexto rioplatense, a
sabiendas de que el autor polaco ha escrito esas pginas en su idioma nativo. Pasando,
entonces, por encima de la diferencia lingstica, la mirada sobre el Diario argentino
se encargar de colocar este texto en contraste con otro diario singular que estaba
siendo escrito por los mismos aos en el mismo espacio geogrfico. Me refiero al texto
redactado por Adolfo Bioy Casares en que se reproduce da por da las conversaciones
mantenidas con su maestro, Jorge Luis Borges. Si el diario especular de Bioy ya es de
por s una valija de doble fondo, porque sus entradas son las disquisiciones borgeanas
a travs de la pluma de su dotado amanuense, ese texto gigantesco en su elaboracin
de cuarenta aos de frecuentacin no solo es una radiografa (aunque caprichosa) de
las dcadas de los cincuenta a los ochenta de la vida cultural de Buenos Aires, sino
que adems toma al propio Gombrowicz como uno de los tangenciales nudos de
mencin, produciendo as un efecto extra para este cometido comparativo sobre el
que me explayar luego. Naturalmente uno puede preguntarse, como lo hace Piglia
en numerosas ocasiones, por qu Borges y su crculo no comprendieron al escritor
polaco, dado que todo el grupo fue tan rupturista frente al tradicionalismo artsti-
co del frente que podramos llamar realista. Gombrowicz tanto como sus rivales
argentinos del club Borges adhieren a polticas conservadoras, al mismo tiempo
que abominan de lo poltico en el arte. Todos ellos son sarcsticos en cuanto a todo
lo que sea exclusivamente regional en el arte y abogan por un internacionalismo de
la cultura. En definitiva, el encono con que es recibido el husped extranjero parece
remontarse a la negativa del visitante a rendir pleitesa a los grandes popes de la
cultura de su pas de adopcin, as como su malhadada inscripcin a una esttica
surrealista que no parece entrar en el repertorio borgeano. Asimismo, el incauto
polaco viene relacionndose con lo ms odiado por el grupo: los Mallea, los Capdevila
y los Glvez, es decir, justamente el Frente Realista o Psicologista.
Hay otro paralelismo, tal vez ms hondo, que no ha sido puesto de relieve, a mi
entender, y que explica hasta cierto punto la desconfianza mutua existente entre
Borges y Gombrowicz, como podra darse entre los cabecillas de bandas de choque
opuestas, pero en el fondo no tan dismiles. Gombrowicz disfraz siempre sus deseos
homosexuales con un manto literario, fundando toda una teora sobre su atraccin
por la juventud y la inmadurez (masculinas). As sent en sus escritos el principio
de la filiatra (por sobre el de la fratra) que permita que sus protagonistas y l
mismo en persona, se codearan con aclitos ms jvenes que inyectaran energa
juvenil en el maestro a cambio de mayor discernimiento y discrecin. Esto est en la
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base de una obra capital para su produccin como la novela Trans-Atlntico, escrita
en polaco en la Argentina alrededor de 1955, pero la misma concepcin se halla ya
sostenida en Ferdydurke de 1937 y en sus cuentos ms tempranos, publicados en
Polonia. Borges, por su parte, no hizo del tema un Leitmotiv, pero con todo pas a la
accin declarando a Bioy Casares su delfn, seguramente embelesado con la hermosa
prestancia de su seguidor, lo prometedor de su futuro y la elegancia salida de la clase
de pertenencia. La filiatra aqu es menos un hecho discursivo que una prctica,
consensuada dentro del campo literario argentino del momento, con la justificacin de
asegurar continuidad a una potica elegante y mesurada que habra de representar a
los argentinos en el mundo como los ingleses de las pampas (versados y mundanos).
Laura Isola detalla ajustadamente en un breve artculo el significado de una homose-
xualidad no asumida por Gombrowicz, pero altamente exhibida en su simbolizacin
del territorio dedicado al principio del placer bajo el trmino de Retiro, que en las
dcadas en que lo frecuentaba el autor polaco era el equivalente de los bajos fondos
en los que se mezclaba no slo la vida fcil, sino el ambiente portuario erizado de
marineros jvenes en busca de encuentros erticos. El smbolo flico de esa zona
diferente de Buenos Aires podra haber sido la rplica del Big Ben londinense en
la Plaza Gran Bretaa, conocida como la Torre de los Ingleses. Esta exhibicin y, al
mismo tiempo, ocultamiento que caracterizaba al operativo Gombrowicz en su entor-
no argentino, estara magnficamente sintetizada en la comedia de equivocaciones que
aparece pintada al comienzo del Diario argentino y que habra sucedido en 1939. Por
esos momentos, Gombrowicz no comprende absolutamente nada del espaol, pero se
ve embarcado en una situacin de conferenciante que termina metido en una bolsa de
gatos, como fruto de su ignorancia. Para Isola ese quid pro quo sera paradigmtico
de la situacin de Gombrowicz en su pas de adopcin (sola, 176-177). Tal vez habra
que agregar que ese modo de contactarse con lo argentino dara a Gombrowicz su
posibilidad de permanecer en cierto anonimato en plena metrpolis cultural y tambin
aorar una fama que l no haba sido capaz de fomentar. En todo caso, su literatura
nos invita a reconstruir las categoras de lo masculino y femenino, de lo bello y lo
abyecto, de lo joven y lo viejo (182). A esto se podra agregar que la construccin
inmensamente coherente de la filiatra que Gombrowicz proyect desde su vida
a su obra, presente tambin en sus diarios, reproduce el dispositivo de Platn para
descorporeizar el amor griego en una fuerza espiritual inter-masculina que result
de honda repercusin en la cultura posterior bajo el nombre de amor platnico,
con lo cual se desacopl la mente del cuerpo. Las generaciones actuales, en cambio,
vendramos a restituir la materialidad fsica a estas manifestaciones gracias a una
lectura queer de los registros escritos, o sea mediante un queering de la literatura.
Lo extrao del efecto Gombrowicz provendra de su elocuencia para sostener cierta
admiracin por una inmadurez argentina que Borges y sus allegados hacen todo lo
posible por superar, mirando para otro lado: Francia, Inglaterra, Estados Unidos,
espacios otros que son fuente inagotable de energa para un pas aparentemente sin
pasado. Por oposicin a esto, el diario witoldiano condesciende a mirar a su alrede-
dor (el pas de adopcin), arriesgando interpretaciones sobre la argentinidad, uno de
los temas ms llevados y trados desde 1900 en la Argentina y que ha tenido un nuevo
mpetu a partir de 1930, como observ Oscar Tern (Tern, 91). El deslumbramiento
de Gombrowicz por la tabula rasa que le parece la Argentina tiene que ver, por supues-
to, en primera instancia con su creencia de que el peso de la norma artstica debera
ser aqu menor, en tanto los modelos no existiran o tendran menor fuerza. En este
sentido, el autor polaco menosprecia el modelo por excelencia que tiene a pocos
pasos, esa fbrica de pensamiento que es el planeta borgeano, cuya luz a nivel mun-
dial empieza a alzarse justamente a fines de los aos cincuenta y comienzos de los
sesenta. Y en esto tambin hay otra coincidencia, pues los agentes de divulgacin de
Borges y Gombrowicz estn localizados en Pars y se encuentran en publicaciones
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como LHerne, difusora de sus obras gracias a la labor de Dominique de Roux o Roger
Caillois.1 No es de extraar, entonces, que Gilles Deleuze aluda a ambos autores 1. En 1958 se traduce por primera
vez Ferdydurke al francs y se hace
citndolos juntos (Borges et Gombrowicz) como aquellos escritores que supieron a partir de la versin argentina.
representar un cosmos amenazado por el caos hasta fraguar un universo particular A comienzos de la dcada del
cincuenta ya se haban traducido
que el pensador francs denomina chaosmos, como se registra en La biblioteca de los primeros textos de Borges al
Babel del uno o la novela Cosmos del otro (Deleluze, 111). Gilles Deleuze, desde la francs por iniciativa de Roger
mirada francesa, los ha unido de manera clave para una reapreciacin argentina. Caillois en la coleccin Croix du
Sud de la Editorial Gallimard (por
Ambos autores, tambin, (misginos empedernidos a pesar del coqueteo constante Nstor Ibarra y Paul Verdevoye:
con el gnero femenino) han optado para esa poca de internacionalizacin por la Ficciones, en 1951; Roger Caillois
traduce El hacedor en 1965). Ambos
misma solucin para conservar su legado, contrayendo matrimonio con mujeres ms autores J.L.B. y W.G. vuelven a
jvenes que podrn sobrevivirlos. Esas esposas llevan a su mayor expresin la tarea aparecer ligados en el momento
de su difusin internacional,
de vrgenes guardianas, cubriendo al mismo tiempo la cuota de aburguesamiento primero por el premio Formen-
necesaria para la biografa de los hombres insignes. tor que Borges recibe en 1960 y
Gombrowicz en 1967 y, luego, a
travs del trampoln de Francia
Lo cierto es que ni Victoria Ocampo ni Borges pudieron atravesar los lmites de sus y de las traducciones francesas
propias convenciones para rescatar a un autor que, poco despus, se transformara como la puerta grande de Europa.
en una figura internacional con la venia de Francia. En estos ltimos aos a partir de
los diarios pstumos de Bioy Casares, resulta todava ms claro cmo Borges se va
tornando central en el campo literario argentino inclusive para entorpecer la apari-
cin de rivales. En el diario de Bioy se demuestra en detalle su creciente influencia
en la revista Sur, en el diario La Nacin, en la Sociedad Argentina de Escritores, en
la Biblioteca Nacional, en la Academia de Letras, en la Editorial Emec (en la que se
editan todo tipo de textos bajo su gida, como antologas, traducciones y sus propios
libros). A esto se agrega en las dcadas del sesenta y setenta los viajes del poeta lau-
reatus con motivo de sus seminarios y conferencias por todas las universidades del
mundo que le acuerdan los numerosos doctorados honoris causa. Era imposible en
un momento dado en la Argentina tener algn xito literario de cierto prestigio sin
haber recibido su beneplcito. En ese sentido, es innegable que Borges se torn un
pope del Buen Gusto argentino a partir de 1950, con la contundente desaparicin de
Lugones (y tambin de Mallea) de ese lugar privilegiado. Gombrowicz tuvo la mala
suerte de caer fuera de la esfera de su influencia y ello surge en el Diario argentino
como una triste congoja.
Es sabido, por otra parte, que los diarios de escritor despliegan tambin una estrategia
particular, en tanto sus autores escriben en ellos teniendo en cuenta cierta manipu-
lacin de una imagen pblica que estn resueltos a sostener frente a la posteridad.
Por ello, es interesante encontrar en su Diario, que Gombrowicz afirma que no se
considera ni romntico ni existencialista, pero tampoco un creyente ni un marxista
y que, por ello, no quiere abismos ni cimas, sino una llanura (84). Si bien algunas
de estas esferas de adscripcin parecen ajenas al itinerario witoldiano, como las
que tienen que ver con la fe o la postura poltica, llama la atencin su negativa a ser
asociado con el existencialismo profesado en su juventud, sobre todo porque esta
corriente de pensamiento podra hacer sistema con muchas de sus actitudes ante la
vida. En mi opinin esa denegacin no hace ms que acentuar una relacin que el
diario no consigue anular. Gombrowicz sigue siendo un existencialista en su aprecio
por el apego a la vida cotidiana en sus menores detalles y un convencido de que los
grandes momentos epifnicos pueden hallarse en un rincn cualquiera de la llanura y
qu mejor paisaje para ello que el argentino? Esta inclinacin a lo fenomnico puede
ser tal vez lo que explica otro enigma de los movimientos de Gombrowicz en suelo
argentino. No se entendera muy bien, quizs, el por qu de esa extraa bsqueda de
las glorias menores a su llegada a un territorio inspido de las provincias como Tandil
o Santiago del Estero, cuando en la propia ciudad metropolitana haba rehuido todo
trato con las eminencias porteas (Victoria Ocampo, entre ellas). Si bien es cierto
que la frecuentacin de los escritores provincianos le permita sentirse un grande a
pesar de su invisibilidad en Buenos Aires, al parecer la conversacin con la flor y
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nata de las promesas artsticas tandilenses o santiagueas no solo le daba material
para montar esa enorme construccin social que era el principio de la filiatra, sino
que le permita establecer la constante comparacin con una verdad nacional afn
con su lejana e inquietante polonidad. As despreciando el nacionalismo polaco, no
haca ms que volver a la bsqueda de todo lo que haba perdido, reencontrndolo
en un pueblo perifrico desde su ptica de specular border intellectual, como lo
llama Silvana Mandolessi. Por ello, suenan como una triste letana observaciones
introspectivas como la siguiente:
A quin debo culpar? A la poca? A los hombres? Pero cuntos existen cuyo
aplastamiento es aun peor. Mi mala suerte se debi a que en Polonia me despreciaban,
y, hoy, cuando uno que otro al fin comienza a respetarme, no hay sitio para m.
Estoy desprovisto de casa como si no habitara en la tierra sino en los espacios
interplanetarios, como un globo (11-12).
Parecera, efectivamente, que Gombrowicz encuentra en los rincones provincianos
de la Argentina un estado social primigenio y arcaico que coincide con esa Polonia
de los aos treinta que se conserva en su mente y que hace tiempo ha dejado de
existir. All haba condiciones feudales y un mundo coloreado por la vida campe-
sina atravesado solo intermitentemente por jirones de espritu, como sucede en los
entornos con que se topa en la Argentina y que le permiten desplegar ante s y ante
los dems un sentimiento de centinela de sus propias emociones a partir de la atalaya
de la experiencia cruzada. En este sentido su diario no deja de hacer sistema con su
novela Pornografia (traducida al castellano como La seduccin), en la que inventndo-
se gracias al operativo autoficcional una experiencia sustituta en Polonia, sita al
personaje Gombrowicz en una casa de campo polaca durante la invasin nazi a su
pas hacia 1941. As, mientras en su diario Gombrowicz-persona desecha la acusa-
cin de cobarde que le infligieron sus coterrneos por no haber vuelto a Polonia
en el momento de la guerra (80), la autoficcin de Pornografia le permite no solo la
condicin de voyeur del erotismo joven (que explica el ttulo de la novela), sino que
especialmente salvaguarda su ego pintando a su otro yo (el yo literario) en una situa-
cin de compromiso poltico con la cuestin polaca en medio del fuego graneado de
la guerra. Es la trama novelesca lo que le permite al hombre Gombrowicz desdecir
su fama de desertor, junto con la autojustificacin que desarrolla en el diario, en el
que cuenta los episodios de su soledad artstica y su retiro en el polo ms austral del
mundo, donde no puede encontrar a sus lectores originales.
La otra diferencia fundamental con respecto a la pareja Bioy Casares-Borges (y aqu
es importante despegar a Silvina Ocampo de ese clan masculinista), se halla en la
especial sensibilidad de Gombrowicz para apreciar las cuestiones que hoy llamaramos
de gender, como cuando reflexiona sobre la masculinidad, una reflexin imposible
de encontrar en el otro diario que nos sirve de contraste. As Gombrowicz escriba
en los aos sesenta lo siguiente:
Ah, conoca ese tipo de masculinidad que se fabrican los hombres cuando estn
entre ellos, instigndose a ella, obligndose mutuamente a ella por el terror pnico
a la mujer en s, conoca bien a los hombres tensos en su afn por lograr la hombra,
machos convulsos que sentaban escuela de masculinidad. Un hombre as aumentaba
artificialmente sus calidades: exageraba su pesadez, brutalidad, fuerza, autoridad; l
es quien viola, quien conquista por prepotenciateme entonces la belleza y la gracia,
armas de la debilidad, se obstina en su monstruosidad de macho, se vuelve cnico y
banal, bruto e indolente (66-67).
En su descripcin de la visita a la casa de los Bioy Casares y Silvina Ocampo, en la que
como de costumbre se encuentra Borges, Gombrowicz se presenta como un individuo
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torpe e incapaz de cumplir las funciones de la sociabilidad. Sabemos que Gombrowicz
manipula la informacin para destacar una oposicin con un medio social que l,
polaco de la alta burguesa con pretensiones nobiliarias, no poda desconocer. Sin
embargo, all el visitante es la vctima de un malentendido, que ni siquiera Silvina
Ocampo consigue disipar:
En esa cena estaba tambin presente Borges, quizs el escritor argentino de ms
talento, dotado de una inteligencia que el sufrimiento personal agudizaba; yo, con
razn o sin ella, consideraba que la inteligencia era el pasaporte que aseguraba a mis
simplezas el derecho a vivir en un mundo civilizado. Pero, prescindiendo de las
dificultades tcnicas de mi castellano defectuoso y de las dificultades de pronunciacin
de Borges, quien hablaba rpido y poco comprensiblemente, omitiendo tambin mi
impaciencia, mi orgullo y rabia, tristes consecuencias del doloroso exotismo y del
consiguiente aprisionamiento en lo extranjero, cules eran las posibilidades de
comprensin entre esa Argentina intelectual, estetizante y filosofante y yo? A m lo
que me fascinaba del pas era lo bajo, a ellos lo alto. A m me hechizaba la oscuridad
de Retiro, a ellos la luces de Pars. Para m la inconfesable y silenciosa juventud del
pas era una vibrante confirmacin de mis estados anmicos, y, por eso, la Argentina
me arrastr como una meloda, o ms bien como un presentimiento de meloda (46).
En una entrada de 1956, en cambio, Bioy Casares relata en sus propias anotaciones que
Borges se burla de Gombrowicz llamndolo conde pederasta y escritorzuelo (Bioy
Casares, 181). Y Silvina Ocampo da su versin de la famosa cena en una entrevista
con Rita Gombrowicz, en la que segn la escritora argentina se dieron toda clase de
malentendidos, pero donde ella pudo establecer cierta especie de contacto cmplice
con el escritor polaco por encima de la animadversin del crculo masculino que los
rodeaba (Gombrowicz, R., 69-70).
Es sabido que un diario de escritor viene a avalar la imagen de autor que el indi-
viduo en cuestin ha venido presentando en su vida ms o menos pblica, lo que
significa en muchos casos poner nfasis en determinados puntos o callar otros. A
veces tambin se da la situacin de que esta imagen presenta contradicciones. As,
en el caso de Gombrowicz, qu figura monoltica puede surgir de un intelectual
que, por un lado, se encarga de subrayar su torpeza ante la crme de la crme de
la sociedad y de la vida artstica, al mismo tiempo que, con otra mano, cuenta su
frecuentacin de familias de abolengo en la Argentina como los Anchorena y los
Santamarina (137)? De la misma manera, la alusin al mecenazgo de la doblemente
bendita Cecilia Benedit de Debenedetti al solventar la publicacin argentina de
Ferdydurke, no condice con la imagen de miseria artstica que el autor polaco ha
instalado en su imagen pblica y se parece ms a la situacin de un Rilke, mimado
por la nobleza europea a pesar de sus arrebatos de franciscanismo. Gombrowicz
hizo gala, entonces, durante su permanencia en la Argentina, de un sincero desdn
a los poderosos (Victoria Ocampo y la revista Sur), al mismo tiempo que se dej
apoyar por otros menos ostentosos de su poder, cultivando un elegante charme de
noble en el destierro y de poeta incomprendido. Sin embargo, en el Diario llega
a un momento de suma y resta, diciendo que en definitiva su trayectoria poda
parcelarse en tres perodos claramente discernibles: 1. de 1939 a 1947, con miseria,
bohemia, despreocupacin y ocio; 2. de 1947 a 1955, con la vida de oficinista en el
Banco Polaco; 3. de 1955 a 1963, con una existencia modesta pero independiente y
gozando de un prestigio literario en ascenso (244). De aqu se puede colegir, por
lo tanto, que si la fama de bohemio la gan en el comienzo de su permanencia
entre los argentinos, esa rotulacin qued impresa en su personalidad y le cost
deshacerse de ella. Su fama en Francia a su regreso a Europa sorprendi a moros y
cristianos, salvo al mismo Gombrowicz, que haba fijado como meta de su proyecto
la trascendencia pblica a pesar del ostracismo argentino.
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En buena medida, este diario ms que otros, e inclusive ms que el diario refractado
de Borges escrito por Bioy, muestra una ambivalente construccin de la subjetivi-
dad de quien lo escribe. Gombrowicz es consciente de que su sensibilidad se ha ido
cincelando de otro modo en su refugio sudamericano, hasta el punto de que quien
escribe se vea forzado a reconocer en aquel Yo de 1939 que lleg a la Argentina a
alguien muy distinto del que regres a Europa en 1963 (97 y 242).
El diario de Gombrowicz es, en definitiva, un trozo de literatura vivida en el que la
manipulacin ficcional de los datos de la realidad, la magnificacin de los hechos
vividos, la hiprbole de aquellos sucesos ideales, va de la mano con un tratamiento
expresionista de la escritura. Un dato no menor es el deseo de presentar las entradas
del diario sin anotar meses ni aos, como si el individuo que experimenta la necesidad
de fijacin por escrito de sus emociones volara en una atmsfera desprendida de la
tierra y, sin embargo, no hiciera ms que tratar de apresar los momentos terrenos
en un infructuoso interno de capturar el eterno retorno: el retorno de lo similar o el
retorno de lo reprimido? En ese inquietante vaivn se hallara, pues, el arte de este
diario de escritor que tiene como mentores tanto a Kierkegaard y a Nietzsche como
a las vanguardias europeas de los aos treinta. Su importancia para una mirada
sesgada del quehacer literario se encuentra en un punto equidistante de aquella
extensa construccin literaria que es tambin el diario de Bioy dedicado a su maestro.
Tengo para m que la significacin de ambos puntos nodales, en extrao equilibrio
de opuestos, ir creciendo a medida de que en este rincn del mundo se repare en la
carga de poesa y verdad que esos dos textos contienen.
DOSSIEREl diario trans-atlntico de Witold Gombrowicz [137-146] Zama /4 (2012) ISSN 1851-6866 145
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