Domingo, 6 de mayo de 2012
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LA LTIMA CARTA DEL GENERAL CRISTERO ENRIQUE GOROSTIETA
Gral. Enrique Gorostieta en su boda con Gertrudis (Tula) Lasaga
En memoria de mis abuelos.
Por Eduardo Prez Gorostieta.
Ahora, a 75 aos* de distancia de la muerte del General Enrique Gorostieta, quiero
escribir algo de la parte de la historia que no ha sido escrita, de la parte que ha
estado silenciada. Me refiero a la figura del General como hombre; como persona
con convicciones y creencias; como hombre con sentimientos, como hombre con
debilidades y con flaquezas. Creo, que sin restarle validez a todos los documentos
histricos y narraciones que a este respecto se han estudiado, la ltima carta del
general nos pueda dar luz respecto a su persona.
El motivo que me induce a escribir estas notas, es que creo que lleg el momento
de utilizar el derecho de rplica que la familia no ha ejercido en estos 75 aos. Pero
quiero aclarar que es una rplica a la Historia, pues mucha de la literatura existente
relativa al General, parte de elementos del discurso y archivos oficiales del Estado,
los cuales lo mismo inventan, que contienen elementos difamatorios. Hacer pues
esta rplica, me parece de elemental justicia, no slo al General, sino a todos los
que con l murieron.
La ltima carta del General Gorostieta es dirigida a ciertos prelados con motivo de
los "arreglos" que, sin tomar absolutamente en cuenta a los verdaderos
combatientes, estaban llevando a cabo con el gobierno, es el nico documento
pblico escrito por l sin intervencin de terceras persona, y en el cual se demuestra
sin necesidad de interpretaciones, su posicin en el conflicto y sus ideas personales
acerca de la ndole de lucha, de la jerarqua eclesistica, de la Liga, y de las
personas que con l combatieron. Ningn escrito acerca del General estar
completo sin el documento ms importante y el ltimo que escribi en su vida. Este
documento est fechado el 16 de mayo de 1929 en El Triunfo Jalisco. En esa carta
el General sealaba al final de la misma:
"...Creo de mi deber hacer del conocimiento de Uds. que vamos a sufrir en los
prximos meses la ms dura prueba de toda esta epopeya; que tenemos qu hacer
frente a una agudsima crisis que sealar nuestro triunfo o nuestra derrota, y se
hace necesario que todos pongamos a contribucin el mayor esfuerzo, y
aprontemos mayor ayuda. Yo aseguro a Uds. que la Guardia Nacional cumplir con
su deber, pero pido que no se nos exija ms all del deber...".
Han transcurrido 75 aos de que termin el conflicto, y despus de haber sido
testigo de la evolucin de las libertades que en materia de culto y de profesin
de fe se han dado en el pas, no podemos ms que pensar, que efectivamente el
movimiento popular triunf, pues hoy podemos profesar la religin que deseemos y
celebrar nuestras misas, dentro de iglesias, en las plazas y sobre calles. Y aclar
que esta ltima palabra la he escrito con minscula, para no manchar de sangre
este escrito.- Jams se escriba en horas de dolor!- deca Jos Mart,- porque de la
pluma brotar sangre.- Por ello, la familia del General ha dejado pasar tanto tiempo.
Para que curados los agravios y rencores, se emitieran juicios serenos.
Para no confundir al lector respecto al texto del que hace alusin el primer prrafo
de este escrito, quiero sealar que cuando me refiero a la ltima carta del General
Enrique Gorostieta, me estoy refiriendo a la carta que mi abuelo Enrique envi a mi
abuela Gertrudis (Tula); carta que est fechada el 17 de mayo (un da despus de
la carta a los prelados) y que contiene una posdata de envo de 30 de mayo (3 das
antes de su muerte). Como ya se dijo la carta consta de seis prrafos y una posdata
de envo. Esta es una de 22 cartas que el General envi a su esposa entre 1927 y
1929, y que estn en manos de mi madre, a quien agradezco que me haya
autorizado citar parte del contenido de la ltima carta escrita por mi abuelo.
La carta tal vez fue leda por mi abuela Tula despus de conocer la noticia de la
muerte de su esposo, pues habiendo sido enviada el 30 de mayo como seala la
posdata "No habiendo tenido manera de mandarte sta hasta hoy 30 de Mayo, te
participo..."; es difcil que hubiera llegado ms rpido que las noticias del
fallecimiento de mi abuelo.
En cualquier caso, esta carta debi haber tenido para mi abuela una connotacin
de despedida, sin haber sido est la intencin inicial del abuelo.
Si queremos entender al General, adentrmonos en lo real del movimiento, en su
cotidianidad para as tal vez trascender la lucha y as encontrar los motivos de su
vitalidad.
"...Naturalmente que no se acaban los trabajos fsicos, como son : dormir en el
suelo, tener que caminar mucho, hoy desayunar y no cenar hasta el da siguiente,
pero ya t sabes que eso para m son tortas y pan pintado..."
Volvamos a la vida real, si observamos con sinceridad, podremos tal vez encontrar
entendimiento y comprensin a lo que el General estaba viviendo y sufriendo, como
se puede notar en el siguiente prrafo:
"Hoy he escrito a la Sra. Recomendndole te ayude a fin de
que ests perfectamente escondida y rogndole que nadie que no sea ella o Andrs
tu hermano, sepan dnde te encuentras ni hablen contigo. Este deseo que sea como
te digo; no hagas excepcin ni con los mos ni con los tuyos ni con persona alguna."
Ms tarde en la postdata inclua:
...Sigue al pie de la letra lo que se refiere a tu reclusin. Que Dios te bendiga. "
Enrique
Adentrmonos a la naturaleza humana. Observemos la vida de la poca y el
contexto revolucionario del Mxico de 1929. Nuestros gobiernos no siempre han
jugado limpio, y esa poca no era la excepcin. El General continuaba la carta
diciendo:
"Nuestro movimiento ha tomado tal fuerza y el gobierno est tan de capa cada, que
ya andan haciendo esfuerzos para localizar a las familias de los que andamos en el
campo, a fin de ver si de esa manera logran reducirnos, ya que no lo pueden hacer
por medio de las armas."
Para quienes todava pudieran tener duda de la naturaleza humana del General y
de sus sentimientos humanos, ofrezco el siguiente prrafo, esperando no haber
faltado a la promesa que hice a mi madre de no incluir prrafos con connotaciones
ntimas, pero creo, que si hemos de entender cabalmente al General, al hombre de
carne y hueso, estas palabras pueden dar luz sobre su ser.
"Yo comprendo que ser una nueva prueba para ti, pero confo en tu fortaleza de
espritu y abnegacin para el sufrimiento, para que la soportes y con ello corones la
obra de amor y dulzura con que has sabido hacerme tuyo en lo absoluto. Creo
firmemente que esto no ha de durar mucho y que pronto podremos reunirnos para
siempre y entonces vers lo que en mi ha logrado tu conducta".
Dejemos atrs las ideologas y los intereses, para as tal vez encontrar tranquilidad,
sabiendo que estamos en presencia de actos propios de la naturaleza humana y
propios de quienes sienten sus libertades amenazadas. Que estamos ante
convicciones que solo los que las han tenido pueden entender, como la de
emprender una lucha en la que se ha de entregar la vida. La vida no se da por pesos
oro, la vida se da por lo que se cree.
"Mantente animosa, fjate que lo que yo ando haciendo es un deber sagrado y
convncete de ello al considerar los millones de gente que estn rezando por m y
por mi causa...
...No flaquees por nada; no confundas los triunfos efmeros con los definitivos y fjate
en que la causa que defiendo es la del honor y la justicia y que esto es independiente
del resultado final."
Slo dejando de lado los intereses oficialistas al narrar la historia, se puede aspirar
a ver el movimiento cristero sin prejuicios sectarios, para poder ver los resultados y
las realidades del mismo.
"T por razn natural, vivirs ms que yo y acurdate de lo que ahora te digo: con
mi esfuerzo, sea cual fuere el resultado prctico de esta lucha, ya he logrado un
verdadero nombre para nuestros hijos".
Cuando veo la trascendencia del movimiento 75 aos despus, y las
manifestaciones de recuerdo y gratitud, que para mi madre tienen todos los
lugareos de los Altos de Jalisco: quienes ao con ao realizan una cabalgata en
honor del General Enrique Gorostieta; no puedo ms que estar seguro que
efectivamente logr un nombre para sus hijos. Y que logr algo ms: logr junto con
todos los cristeros defender sus ideales.
La vida da oportunidades y esta es una de ellas. Quiero agradecerle a la Historia,
esta oportunidad de rplica, para ofrecer una visin de un hombre, al que nada
humano le era ajeno y al que Dios ubic a combatir en la mejor trinchera y la batalla
ms justa. La Historia as lo demostr.
Eduardo Prez Gorostieta
Monterrey, Nuevo Len, Mxico.
* Este artculo fue escrito en el ao de 2004
Fuente: Facebook
Tulita Lasaga de Gorostieta
La nieta del general Enrique Gorostieta, la Sra. Eva Gorostieta Lamm,
recientemente ha publicado y nos ha compartido en su Facebook esta fotografa de
su abuela, la Sra. Gertrudis (Tulita) Lasaga de Gorostieta, esposa del gran general
cristero.
Como se recordar, la actriz Eva Longoria la personific en el excelente filme
CRISTIADA, recientemente estrenado en Mxico. En dicha cinta Andy Garca acta
como el general Gorostieta.
Esta fotografa era, hasta ahora, slo conocida de sus familiares.
Abajo publicamos un retrato original -ya conocido- del general Gorostieta y una
fotografa de su cuerpo, tras ser asesinado por luchar por la catolicidad y la libertad
religiosa en su Patria:
General Enrique Gorostieta
El Gral. Gorostieta asesinado
Fuente de la carta: es-
es.facebook.com/notes/.../la...gorostieta.../397866593577876
TEMA RELACIONADO. UN EXCELENTE RESUMEN SOBRE LA CRISTIADA (Haz
click): http://catolicidad-catolicidad.blogspot.mx/2012/04/la-cristiada-la-historia-
que-se-oculto.html
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Etiquetas: Cristeros; Mxico, Historia, Mxico
73 comentarios
Annimo12 de mayo de 2012, 0:50
Con fecha 11 de mayo de 2012, se public la siguiente informacin en una revista
de alto tiraje:
"A principios del prximo mes de junio, editadas por el Congreso de Nuevo Len y
el Centro de Historia Regional de la Universidad Autnoma de Nuevo Len, se
publicarn 22 cartas inditas que escribi desde el cuartel general de El Triunfo el
generalsimo jefe Supremo de la Guardia Nacional (Enrique Gorostieta), a su
esposa Gertrudis Lazaga."
Entre ellas la que ustedes difunden aqu en este post.
Contina la nota:
No conoc esas cartas cuando escrib los tres tomos de la Cristiada, dice a Apro,
Jean Meyer.
Subraya que "los documentos modifican radicalmente lo que sabamos del general",
ya que la historia lo presenta como un materialista que se sum a la guerra porque
la Liga de Defensa de las Libertades Religiosas le pag 3 mil pesos oro por mes por
sus servicios.
Para m eso demuestra que Gorostieta no es un masn liberal porfirista anticlerical
que entra como mercenario y se vuelve catlico al contacto de los cristeros, dice
Meyer.
Y concluye el autor de la Cristiada: Era catlico de una familia muy catlica.
Hasta aqu la noticia que reproduce las mismas citas que ustedes publicaron en este
post.
Los felicito, pues ustedes se adelantaron varios das a la prensa comercial. Adems
de la fotografa indita que aqu descubr de la seora esposa del General
Gorostieta. En verdad es una foto excelente y se observa que era una familia muy
bien parecida.
Un saludo afectuoso
Antonio Bravo
Responder
Respuestas
1.
Annimo12 de mayo de 2012, 17:35
El General y su familia. Orgullo de Monterrey!
Responder
2.
Catolicidad15 de mayo de 2012, 23:28
Estimado hermano en Cristo:
Lea usted el comentario -arriba- del 12 de mayo 2012 y ver que realmente
Gorostieta nunca se declar ateo (es un error que se propag errneamente), por
el contrario, como dice Jean Meyer: Era catlico de una familia muy catlica.
Un abrazo en Cristo.
Atte
CATOLICIDAD
Responder
Annimo24 de mayo de 2012, 12:54
Annimo3 de junio de 2012, 4:48
Habiendo tenido oportunidad de profundizar sobre el tiempo y la realidad de nuestra
historia, cuyo argumento trata esta pelcula, puedo afirmar que sta tiene una buena
base histrica. En otras palabras: presenta, con buen grado de objetividad e
imparcialidad, la realidad de lo que sucedi en nuestra patria entre los aos 1926 y
1929.
No siendo experto en cinematografa, me limito a comentar el aspecto histrico de
tal pelcula:
Para un conocedor de la historia de ese tiempo o para quienes hayan odo relatos
de algunos sobrevivientes de entonces, salta a la vista que La Cristiada entreteje
y la relaciona la historia de diversos personajes, sin apegarse totalmente a la
realidad histrica. Pero puede entenderse que este es un recurso de la
cinematografa, para presentar la realidad histrica en su conjunto. Por ejemplo: no
es real que el General Enrique Gorostieta haya conocido y tratado al nio mrtir,
Jos Snchez del Ro; tampoco es real que este nio le haya dejado su caballo a
Victoriano Ramrez (El Catorce), para que ste pudiera escapar con vida, cuando
en una batalla perdi el suyo (se lo dej a otro jefe cristero); lo mismo se puede
decir del modo de presentar la muerte de El Catorce (que no muri en la batalla
de Tepatitln) y de la entrevista del General Enrique Gorostieta con el Presidente
Plutarco Elas Calles (no existi tal entrevista, pero gobierno busc llegar a un
arreglo con Jefe Mximo de los cristeros)
Sin embargo, no por esto, La Cristiada es ajena a la realidad histrica. Los
principales personajes presentados en la pelcula, son los principales protagonistas
de la epopeya cristera. Lo mismo puede decirse de los hechos presentados: como
la lucha pacfica de las organizaciones catlicas, aglutinadas por La Liga, para
pedir al gobierno la no aplicacin de la Ley Calles y la reforma de la Constitucin;
la suspensin del culto pblico, por parte del episcopado, como medida prudente
para no someterse a la Ley Calles; la represin violenta de los actos de culto
catlico y el asesinato de sacerdotes y de lderes catlicos, por parte del gobierno
callista, con la consiguiente reaccin violenta del pueblo catlico, que se organiza
espontneamente, para defender sus derechos
Contina
Annimo3 de junio de 2012, 4:56
Tambin me parecen bien presentados los ideales que movieron a los lderes
catlicos a unirse y organizarse para oponerse a la poltica anticatlica del gobierno
callista. Estos ideales pueden sintetizarse en el valor y derecho de la LIBERTAD:
Libertad religiosa para los ciudadanos y para la Iglesia, libertad de educacin, de
asociacin, de opinin y los dems derechos fundamentales del hombre. En
efecto, estos valores aparecen plasmados: en el programa de la L.N.D.L.R. (Liga
Nacional Defensora de la Libertad Religiosa), conocida como La Liga , en el de la
UP (Unin Popular) y en el Plan de los Altos o Manifiesto de Gorostieta.
Tanto la lucha pacfica del pueblo catlico mexicano como la defensa armada de
sus derechos no logr la finalidad que se propuso de modo inmediato: la derogacin
de la Ley Calles y la reforma de la Constitucin. Pero dio al gobierno mexicano
una buena leccin que no le conviene olvidar: el pueblo mexicano es esencialmente
religioso y catlico en su mayora; cuando no se respetan sus sentimientos
religiosos y su patrimonio espiritual, se atenta contra su misma vida y el pueblo
reacciona violentamente, como por instinto de conservacin. Parece ser que el
gobierno mexicano entendi la leccin, volvindose ms respetuoso de la
religiosidad del pueblo Poco a poco fue quedando, en la prctica, sin aplicacin
la Ley Calles y los artculos conflictivos de la Constitucin hasta llegar
tardamente a la reforma de la misma. Aprendamos a valorar el testimonio de
antepasados y vivamos los valores por los que lucharon y dieron su vida.
Reciban todos un fraterno abrazo.
P. Evaristo de Jess, Olmos V. SDB.
Respuestas
1.
Catolicidad7 de diciembre de 2012, 12:27
Siendo excelente la pelcula CRISTIADA, se les col un error de Jean Meyer -que
luego rectific- al suponer que en sus inicios el general Gorostieta no era catlico.
Por el contrario, desde siempre lo fue. l luch por la libertad para la religin catlica
en su Patria. Que haya recibido pago para que su familia tuviera recursos no
significa que l fuese un mercenario. Por el contrario, era de convicciones muy
firmes y por ellas (por su religin y su fe) muri.
2.
princesa mstica2 de enero de 2013, 5:57
Creo que eso de mostrar en la pelcula que el Gral. no crea en Dios y termin
convirtindose al catolicismo lo hicieron para darle un tinte romntico por as decirlo,
a la pelcula, pero de que crea en Dios si crea, puesto que luch hasta dar la vida
por l y con respecto a que cobr por dirigir al ejrcito cristero, creo que tena
derecho, pues no es cualquier cosa dirigir a un ejrcito de esa magnitud y convertirlo
en guardia nacional. Adems por su posicin poltica l saba que su familia iba a
sufrir persecucin por parte del gobierno y como buen jefe de familia pens en todo.
Muy bien hecho mi General! Viva Cristo Rey!
Responder
Viernes, 27 de abril de 2012
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LA CRISTIADA: LA HISTORIA QUE SE OCULT (Resumen de esta epopeya)
Escena del filme CRISTIADA
El tema de la Cristiada est en boca de muchsimos luego de la muy recomendable
cinta del mismo nombre que recin se estren en Mxico y que ha causado gran
impacto entre los cinfilos. Por su actualidad, despertada por ese film, presentamos
un excelente resumen histrico de esta epopeya a nuestros lectores. Si bien excede
el tamao comn de nuestros posts, en esta ocasin haremos una excepcin pues
realmente vale la pena leerlo para estar bien enterados del mismo. Sin duda, el
conocimiento y divulgacin de esta etapa histrica llena de pginas de gran
herosmo de un pueblo que defendi -con su propia sangre- su fe en Cristo Rey y
su devocin a Santa Mara de Guadalupe, ser de gran utilidad para las presentes
generaciones a quienes la historia oficial,escrita por la Revolucin, ha ocultado
sistemticamente esta epopeya que se desea sea ignorada y desconocida. Nuestro
blog CATOLICIDAD, para romper ese muro de silencio, ha venido publicando varios
post (hasta el da de hoy 24) que puedes consultar haciendo click en esta
etiqueta: Cristeros; Mxico. Lee, pues, este muy recomendable resumen para
conocer la historia ocultada:
LA CRISTIADA Y LOS MRTIRES MEXICANOS
El siglo de los mrtires
Es indudable que el siglo XX ha sido el ms acentuadamente martirial de toda la
historia de la Iglesia. Y conviene recordar en esto que el testimonio impresionante
de los mrtires de Mxico fue el modelo inmediato para todos los catlicos que ms
tarde habran de verter su sangre por Cristo. Y en primer lugar, poco despus, los
mrtires espaoles, tan numerosos. Antonio Montero, en La historia de la
persecucin religiosa en Espaa (1936-1939), obra de 1961 recientemente
reeditada (BAC 204,19982, p. XIII-XIV) dice que en toda la historia de la universal
Iglesia no hay un solo precedente, ni siquiera en las persecuciones romanas, del
sacrificio sangriento, en poco ms de un semestre, de doce obispos, cuatro mil
sacerdotes y ms de dos mil religiosos.
Pero unos aos antes (1926-1929), tambin los mrtires mexicanos fueron modelo
para tantos otros cientos de miles, millones de cristianos aplastados en nuestro siglo
por la Revolucin en cualquiera de sus formas, liberal o nazi, socialista o comunista.
Nos interesa, pues, mucho conocer la persecucin religiosa en Mxico, y entender
bien la respuesta de aquellos catlicos admirables, que con su sangre siguieron
escribiendo los Hechos de los apstoles en Amrica.
Hallamos informacin sobre la Cristiada en obras como la de Aquiles P. Moctezuma,
El conflicto religioso de 1926; sus orgenes, su desarrollo, su solucin; Antonio Rus
Facius, Mjico cristero; historia de la Asociacin Catlica de la Juventud Mejicana,
1925-1931; Miguel Palomar y Vizcarra, El caso ejemplar mexicano. Poseemos
relatos impresionantes de los mismos cristeros, como el de Luis Rivero del Val,
Entre las patas de los caballos, que viene a ser el diario del estudiante cristero
Manuel Bonilla, o el del campesino Ezequiel Mendoza Barragn, Testimonio
cristero; memorias del autor, a cual ms admirable. Y disponemos tambin de
excelentes estudios modernos, como el de Jean Meyer, La cristiada, I-III, y Lauro
Lpez Beltrn, La persecucin religiosa en Mxico.
Convendr, en todo caso, que comencemos nuestra crnica por el principio: la
persecucin liberal que ocasion la Cristiada en el siglo XX no era sino la
continuacin de la que se inici ya largamente en el siglo XIX.
Las persecuciones religiosas de Mxico en el siglo XIX
En 1810, con el grito del cura Miguel Hidalgo: Viva Fernando VII y muera el mal
gobierno!, se inicia el proceso que culminara con la independencia de Mxico.
Todava en 1821 el Plan de Iguala decide la independencia completa de Mxico
como monarqua constitucional que, al ser ofrecida sin xito a Fernando VII, queda
a la designacin de las Cortes mexicanas. Tras el breve gobierno del emperador
Agustn de Itrbide (1821-24), rechazado por la masonera y fusilado en Padilla, se
proclama la Repblica (1824), que camina vacilante hasta mediados de siglo, y que
pierde, en provecho de los Estados Unidos, la mitad del territorio mexicano (1848).
Muy poco despus de la independencia, ya en 1855, se desata la revolucin liberal
con toda su virulencia anticristiana, cuando se hace con el poder Benito Jurez
(1855-72), indio zapoteca, de Oaxaca, que a los 11 aos, con ayuda del lego
carmelita Salanueva, aprende castellano y a leer y escribir, lo que le permite
ingresar en el Seminario. Abogado ms tarde y poltico, impone, obligado por la
logia norteamericana de Nueva Orleans, la Constitucin de 1857, de orientacin
liberal, y las Leyes de Reforma de 1859, una y otras abiertamente hostiles a la
Iglesia.
Por ellas, contra todo derecho natural, se estableca la nacionalizacin de los bienes
eclesisticos, la supresin de las rdenes religiosas, la secularizacin de
cementerios, hospitales y centros benficos, etc. Su gobierno dio tambin apoyo a
una Iglesia mexicana, precario intento de crear, en torno a un pobre cura, una Iglesia
cismtica.
Todos estos atropellos provocaron un alzamiento popular catlico, semejante, como
seala Jean Dumont, al que habra de producirse en nuestro siglo. En efecto, la
Cristiada [1926-1931] tuvo un precedente muy parecido en los aos 1858-1861.
Tambin entonces la catolicidad mejicana sostuvo una lucha de tres aos contra los
Sin-Dios de la poca, aquellos laicistas de la Reforma, tambin jacobinos, que
haban impuesto la libertad para todos los cultos, excepto el culto catlico, sometido
al control restrictivo del Estado, la puesta a la venta de los bienes de la Iglesia, la
prohibicin de los votos religiosos, la supresin de la Compaa de Jess y, por
tanto, de sus colegios, el juramento de todos los empleados del Estado a favor de
estas medidas, la deportacin y el encarcelamiento de los obispos o sacerdotes que
protestaran. Po IX conden estas medidas, como Po XI expres su admiracin por
los cristeros.
En aquella guerra civil, en la que hubo deportacin y condena a muerte de
sacerdotes, deportacin y encarcelamiento de obispos y de otros religiosos,
represin sangrienta de las manifestaciones de protesta, particularmente
numerosas en los estados de Jalisco, Michoacn, Puebla, Tlaxcala (Hora de Dios
en el Nuevo Mundo 246), el gobierno liberal prevaleci gracias a la ayuda de los
Estados Unidos.
La Reforma liberal de Jurez no se caracteriz slamente por su sectarismo
antirreligioso, sino tambin porque junto a la desamortizacin de los bienes de la
Iglesia, elimin los ejidos comunales de los indgenas. Estas medidas no evitaron al
Estado un grave colapso financiero, pero enriquecieron a la clase privilegiada,
aumentando el latifundismo. Con todo eso, segn el historiador mexicano
Vasconcelos, tambin filsofo y poltico, Jurez y su Reforma, estn condenados
por nuestra historia, y l ha pasado, como otros, a la categora de agentes del
Imperialismo anglosajn (Breve h 11).
Benito Jurez
Sobre esto ltimo bastara recordar las ofertas increbles, vergonzosas, del gobierno
de Jurez a los Estados Unidos en los tratados Mac Lane-Ocampo y Corwin-
Doblado, o en los convenios con los norteamericanos gestionados por el agente
juarista Jos Mara Carvajal.
El perodo de Jurez se vi interrumpido por un breve perodo en el que, por
imposicin de Napolen III, ocup el poder Maximiliano de Austria (1864-67),
fusilado en Quertaro poco ms tarde. Tambin en estos aos la Iglesia fue sujeta
a leyes vejatorias, y los masones le ofrecieron al Emperador la presidencia del
Supremo Consejo de las logias, que l declin, pero acept el ttulo de protector de
la Orden, y nombr representantes suyos a dos individuos que inmediatamente
recibieron el grado 33 (Acevedo, H de Mxico 292).
A Jurez le sucedi en el poder Sebastin Lerdo de Tejada (1872-76). ste, que
haba estudiado en el Seminario de Puebla, acentu la persecucin religiosa,
llegando a expulsar hasta las Hermanas de la Caridad a quienes el mismo Jurez
respet, no obstante que de las 410 que haba, 355 eran mexicanas, que atendan
a cerca de 15 mil personas en sus hospitales, asilos y escuelas. En cambio, se
favoreci oficialmente la difusin del protestantismo, con apoyo norteamericano. En
el mismo ao de 1873 se prohibi que hubiera fuera de los templos cualquier
manifestacin o acto religioso (Alvear Acevedo 310). Todo esto provoc la guerra
llamada de los Religioneros (1873-1876), un alzamiento armado catlico,
precedente tambin de los cristeros (Meyer II,31-43).
La perduracin de Jurez en el poder ocasion entre los mismos liberales una
oposicin cada vez ms fuerte. El general Porfirio Daz que era, como Jurez, de
Oaxaca y antiguo seminarista, propugnando como ley suprema la no-reeleccin
del Presidente de la Repblica (Plan de la Noria 1871; Plan de Tuxtepec 1876),
desencaden una revolucin que le llev al gobierno de Mxico durante casi 30
aos: fue reelegido ocho veces, en una farsa de elecciones, entre 1877 y 1910.
En ese largo tiempo ejerci una dictadura de orden y progreso, muy favorable para
los inversores extranjeros petrleo, redes ferroviarias, sobre todo
norteamericanos, y para los estratos nacionales ms privilegiados. Tambin en su
tiempo aument el latifundismo, y se mantuvieron injusticias sociales muy graves
(+Kenneth Turner, Mxico brbaro). Por lo dems, el liberalismo del Porfiriato fue
ms tolerante con la Iglesia. Aunque dej vigentes las leyes persecutorias de la
Reforma, normalmente no las aplicaba; pero mantuvo en su gobierno,
especialmente en la educacin preparatoria y universitaria, el espritu laicista
antirreligioso.
Las persecuciones de Carranza y Obregn (1916-20, 1920-24)
Los ltimos aos del Porfiriato y los siguientes, en medio de continuas ingerencias
de los Estados Unidos, registran innumerables conspiraciones y sublevaciones,
movimientos indgenas de reivindicacin agraria, y guerras marcadas por
crueldades atroces. La revolucin liberal, que tan duramente persegua a los
catlicos, iba devorando tambin uno tras otro a sus propios hijos: es el horror del
proceso histrico del liberalismo capitalista, que durante el siglo XIX y la mitad del
XX, logr apoderarse de las conciencias de nuestros pueblos y no slo de sus
riquezas (Vasconcelos, H de Mxico 10). Surgen en ese perodo nombres como
los del presidente Madero (+1913, asesinado), Emiliano Zapata (+1919, asesinado),
presidente Carranza (+1920, asesinado), Pancho Villa (+1923, asesinado), ex
presidente Alvaro de Obregn (+1928, asesinado).
Obregn y Carranza
La revolucin del general Venustiano Carranza, que le llev a la presidencia (1916-
20), se caracteriz por la dureza de su persecucin contra la Iglesia. En el camino
hacia el poder, sus tropas multiplicaban los incendios de templos, robos y
violaciones, atropellos a sacerdotes y religiosas. Todava hoy en Mxico carrancear
significa robar, y un atropellador es un carrancista.
Y ya en el poder, cuando los jefes militares quedaban como gobernadores de los
Estados liberados, dictaban contra la Iglesia leyes tirnicas y absurdas: que no
hubiera Misa ms que los domingos y con determinadas condiciones; que no se
celebraran Misas de difuntos; que no se conservara el agua para los bautismos en
las pilas bautismales, sino que se diera el bautismo con el agua que corre de las
llaves; que no se administrara el sacramento de la penitencia sino a los moribundos,
y entonces en voz alta y delante de un empleado del Gobierno (Lpez Beltrn
35).
La orientacin anticristiana del Estado cristaliz finalmente en la Constitucin de
1917, realizada en Quertaro por un Congreso constituyente formado nicamente
por representantes carrancistas. En efecto, en aquella Constitucin esperpntica el
Estado liberal moderno, agravando las persecuciones ya iniciadas con Jurez en
las Leyes de Reforma, estableca la educacin laica obligatoria (art.3), prohiba los
votos y el establecimiento de rdenes religiosas (5), as como todo acto de culto
fuera de los templos o de las casas particulares (24). Y no slo perpetuaba la
confiscacin de los bienes de la Iglesia, sino que prohiba la existencia de colegios
de inspiracin religiosa, conventos, seminarios, obispados y casas curales (27).
Todas estas y otras muchas barbaridades semejantes se imponan en Mxico sin
que pestaease ningn liberal ortodoxo de Occidente.
El gobierno del general Obregn (1920-24), nuevo presidente, llev adelante el
impulso perseguidor de la Constitucin mexicana: se puso una bomba frente al
arzobispado de Mxico; se izaron banderas de la revolucin bolchevique -lo ms
progresista, en aquellos aos- sobre las catedrales de Mxico y Morelia; un
empleado de la secretara del Presidente hizo estallar una bomba al pie del altar de
la Virgen de Guadalupe, cuya imagen qued ilesa; fue expulsado Mons. Philippi,
Delegado Apostlico, por haber bendecido la primera piedra puesta en el Cerro del
Cubilete para el monumento a Cristo Rey.
La persecucin de Calles (1924-29)
Despus de la presidencia de Jurez (1855-72), Mxico fue gobernado casi
siempre, como hemos visto, por generales: general Porfirio Daz (1877-1910),
general Huerta (13-14), general Carranza (16-20), general Obregn (20-24). Y
ahora, en forma an ms brutal, va a ser gobernado por el general Plutarco Elas
Calles (1924-29).
Plutarco Elas Calles,
fundador del Partido
Nacional Revolucionario
Reformando el Cdigo Penal, la Ley Calles de 1926, expulsa a los sacerdotes
extranjeros, sanciona con multas y prisiones a quienes den enseanza religiosa o
establezcan escuelas primarias, o vistan como clrigo o religioso, o se renan de
nuevo habiendo sido exclaustrados, o induzcan a la vida religiosa, o realicen actos
de culto fuera de los templos... Repitiendo el truco de los tiempos de Jurez, tambin
ahora desde una Secretara del gobierno callista se hace el ridculo intento de crear
una Iglesia cismtica mexicana, esta vez en torno a un precario Patriarca Prez,
que finalmente muri en comunin con la Iglesia.
Los gobernadores de los diversos Estados rivalizan en celo persecutorio, y as el de
Tabasco, general Garrido Canabal, un dspota corporativista, al estilo mussoliniano,
y mujeriego, exige a los sacerdotes casarse, si quieren ejercer su ministerio (Meyer
I, 356). En Chiapas una Ley de Prevencin Social contra locos, degenerados,
toxicmanos, ebrios y vagos dispone: Podrn ser considerados malvivientes y
sometidos a medidas de seguridad, tales como reclusin en sanatorios, prisiones,
trabajos forzados, etc., los mendigos profesionales, las prostitutas, los sacerdotes
que ejerzan sin autorizacin legal, las personas que celebren actos religiosos en
lugares pblicos o enseen dogmas religiosos a la niez, los homosexuales, los
fabricantes y expendedores de fetiches y estampas religiosos, as como los
expendedores de libros, folletos o cualquier impreso por los que se pretenda inculcar
prejuicios religiosos (Rivero del Val 27).
Cesacin del culto (31-7-1926)
Los Obispos mexicanos, en una enrgica Carta pastoral (25-7-1926), protestan
unnimes, manifestando su decisin de trabajar para que ese Decreto y los
Artculos antirreligiosos de la Constitucin sean reformados. Y no cejaremos hasta
verlo conseguido. El presidente Calles responde framente: Nos hemos limitado
a hacer cumplir las [leyes] que existen, una desde el tiempo de la Reforma, hace
ms de medio siglo, y otra desde 1917... Naturalmente que mi Gobierno no piensa
siquiera suavizar las reformas y adiciones al cdigo penal. Era sta la tolerancia
de los liberales frente al fanatismo de los catlicos. Ellos pedan a los catlicos
solamente que obedecieran las leyes.
A los pocos das, el 31 de julio, y previa consulta a la Santa Sede, el Episcopado
ordena la suspensin del culto pblico en toda la Repblica. Inmediatamente, una
docena de Obispos, entre ellos el Arzobispo de Mxico, son sacados bruscamente
de sus sedes, y sin juicio previo, son expulsados del pas.
Es de suponer que los callistas habran acogido la suspensin de los cultos
religiosos con frialdad, e incluso con una cierta satisfaccin. Ellos no se esperaban,
como tampoco la mayora de los Obispos, la reaccin del pueblo cristiano al quedar
privado de la Eucarista y de los sacramentos, al ver los altares sin manteles y los
sagrarios vacos, con la puertecita abierta.
El cristero Cecilio Valtierra cuenta aquella experiencia con la elocuencia ingenua del
pueblo: Se cerr el templo, el sagrario qued desierto, qued vaco, ya no est
Dios ah, se fue a ser husped de quien gustaba darle posada ya temiendo ser
perjudicado por el gobierno; ya no se oy el tair de las campanas que llaman al
pecador a que vaya a hacer oracin. Slo nos quedaba un consuelo: que estaba la
puerta del templo abierta y los fieles por la tarde iban a rezar el Rosario y a llorar
sus culpas. El pueblo estaba de luto, se acab la alegra, ya no haba bienestar ni
tranquilidad, el corazn se senta oprimido y, para completar todo esto, prohibi el
gobierno la reunin en la calle como suele suceder que se para una persona con
otra, pues esto era un delito grave (Meyer I, 96).
Alzamiento de los cristeros (agosto 1926)
Ya a mediados de agosto, con ocasin del asesinato del cura de Chalchihuites y de
tres seglares catlicos con l, se alza en Zacatecas el primer foco de movimiento
armado. Y en seguida en Jalisco, en Huejuquilla, donde el 29 de agosto el pueblo
alzado da el grito de la fidelidad: Viva Cristo Rey! Entre agosto y diciembre de 1926
se produjeron 64 levantamientos armados, espontneos, aislados, la mayor parte
en Jalisco, Guanajuato, Guerrero, Michoacn y Zacatecas.
Aquellos, a quienes el Gobierno por burla llamaba cristeros, no tenan armas a los
comienzos, como no fuese un machete, o en el mejor caso una escopeta; pero
pronto las fueron consiguiendo de los soldados federales, los juanes callistas, en
las guerrillas y ataques por sorpresa. Siempre fue problema para los cristeros el
aprovisionamiento de municiones; en realidad, no tenan otra fuente de municiones
que el ejrcito, al cual se las tomaban o se las compraban (Meyer I, 210).
En Arandas, un pueblo de Los Altos, segn refiere J. J. Hernndez, acudan de
todos los ranchos nuevos contingentes, algunos armndose hasta con rosaderas,
hachas, y por los ranchos donde saban que haba armas iban a pedirlas... Esta
gente de verla daba lstima, unos a ms de traer malas armas, traan unas garras
de huaraches [sandalias], sus sombreros desgarrados, mochos, su vestido todos
remendados, otros iban en pelo de sus caballos, algunos no traan ni freno, otros
noms a pie (Meyer I, 133).
Al frente del movimiento, para darle unidad de plan y de accin, se puso la Liga
Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, fundada en marzo de 1925 con el fin
que su nombre expresa, y que se haba extendido en poco tiempo por toda la
repblica.
El alzamiento viene expresado as en la carta de un cristero campesino, como lo
eran casi todos, Francisco Campos, de Santiago Bayacora, en Durango:
El 31 de julio de 1926, unos hombres hicieron por que Dios nuestro Seor se
ausentara de sus templos, de sus altares, de los hogares de los catlicos, pero otros
hombres hicieron por que volviera otra vez; esos hombres no vieron que el gobierno
tena muchsimos soldados, muchsimo armamento, muchsimo dinero pahacerles
la guerra; eso no vieron ellos, lo que vieron fue defender a su Dios, a su Religin, a
su Madre que es la Santa Iglesia; eso es lo que vieron ellos. A esos hombres no les
import dejar sus casas, sus padres, sus hijos, sus esposas y lo que tenan; se
fueron a los campos de batalla a buscar a Dios nuestro Seor. Los arroyos, las
montaas, los montes, las colinas, son testigos de que aquellos hombres le hablaron
a Dios Nuestro Seor con el Santo Nombre de VIVA CRISTO REY, VIVA LA
SANTISIMA VIRGEN DE GUADALUPE, VIVA MXICO. Los mismos lugares son
testigos de que aquellos hombres regaron el suelo con su sangre y, no contentos
con eso, dieron sus mismas vidas por que Dios Nuestro Seor volviera otra vez. Y
viendo Dios nuestro Seor que aquellos hombres de veras lo buscaban, se dign
venir otra vez a sus templos, a sus altares, a los hogares de los catlicos, como lo
estamos viendo ahorita, y encarg a los jvenes de ahora que si en lo futuro se llega
a ofrecer otra vez que no olviden el ejemplo que nos dejaron nuestros antepasados
(Meyer I, 93).
Aprobaciones eclesiales de la lucha armada
Pero antes de hacer la crnica de esta guerra martirial, hemos de detenernos a
analizar con cuidado, pues la cuestin es muy grave, la actitud de la jerarqua
eclesial contempornea hacia los cristeros. Prestemos atencin a las fechas.
Po IX
18 de octubre de 1926. En Roma Po XI recibe una Comisin de Obispos
mexicanos, que le informa de la situacin de persecucin y de resistencia armada.
Pocos das despus, habindose planteado al Cardenal Gasparri la cuestin de si
los prelados podan disponer de los bienes de la Iglesia para la defensa armada,
contesta que l, el secretario de Estado de Su Santidad, si fuera Obispo mexicano,
vendera sus alhajas para el caso (Rus 138).
18 de noviembre de 1926. Un mes ms tarde publica el Papa su encclica Iniquis
afflictisque, en la que denuncia los atropellos sufridos por la Iglesia en Mxico:
Ya casi no queda libertad ninguna a la Iglesia [en Mxico], y el ejercicio del
ministerio sagrado se ve de tal manera impedido que se castiga, como si fuera un
delito capital, con penas seversimas. El Papa alaba con entusiasmo la Liga
Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, extendida por toda la Repblica,
donde sus socios trabajan concorde y asiduamente, con el fin de ordenar e instruir
a todos los catlicos, para oponer a los adversarios un frente nico y solidsimo. Y
se conmueve ante el herosmo de los catlicos mexicanos: Algunos de estos
adolescentes, de estos jvenes cmo contener las lgrimas al pensarlo se han
lanzado a la muerte, con el rosario en la mano, al grito de Viva Cristo Rey!
Inenarrable espectculo que se ofrece al mundo, a los ngeles y a los hombres.
30 de noviembre de 1926. Los dirigentes de la Liga Nacional, antes de asumir a
fondo la direccin del movimiento cristero, quisieron asegurarse del apoyo del
Episcopado, y para ello dirigieron a los Obispos un Memorial en el que solicitaban:
1) Una accin negativa, que consista en no condenar el movimiento. 2) Una accin
positiva que consista en: a.-Sostener la unidad de accin, por la conformidad de un
mismo plan y un mismo caudillo. b.-Formar la conciencia colectiva, en el sentido de
que se trata de una accin lcita, laudable, meritoria, de legtima defensa armada.
c.-Habilitar cannicamente vicarios castrenses. d.-Urgir y patrocinar una cuestacin
desarrollada enrgicamente cerca de los ricos catlicos, para que suministren
fondos que se destinen a la lucha, y que, siquiera una vez en la vida, comprendan
la obligacin en que estn de contribuir.
El 30 de noviembre los jefes de la Liga son recibidos por Mons. Ruiz y Flores y por
Mons. Daz y Barreto. El primero les comunica jovialmente que, como de
costumbre, se salieron con la suya; que estudiadas las propuestas por los Obispos
reunidos en la Comisin, los diversos puntos del Memorial haban sido aprobados
por unanimidad, menos los dos ltimos, el de los vicarios castrenses y el de los
ricos, no convenientes o irrealizables.
15 de enero de 1927. El Comit Episcopal, respondiendo a unas declaraciones
incriminatorias del Jefe del Estado Mayor callista, afirma que el Episcopado es ajeno
al alzamiento armado; pero declara al mismo tiempo que hay circunstancias en la
vida de los pueblos en que es lcito a los ciudadanos defender por las armas los
derechos legtimos que en vano han procurado poner a salvo por medios pacficos;
y hace recuerdo de todos los medios pacficos puestos por los Obispos y por el
pueblo, y despreciados por el Gobierno. Fue as como los prelados de la jerarqua
catlica dieron su plena aprobacin a los catlicos mejicanos para que ejercitaran
su derecho a la defensa armada, que la Santa Sede pronostic que llegara, como
nico camino que les quedaba para no tener que sujetarse a la tirana antirreligiosa
(Rus 135).
16 de enero de 1927. A comienzos de 1927, sin embargo, llegan a Roma noticias
de prensa, en las que se comunica que Monseor Pascual Daz y Barreto, jesuita,
obispo de Tabasco, que haba sido desterrado de Mxico, en diversas declaraciones
hechas en el exilio se muestra reservado sobre los cristeros: Como Obispo y como
ciudadano reprueba Daz la Revolucin, cualquiera sea su causa (Lpz. Beltrn
108).
Inmediatamente, el 16 de enero, la Comisin de Obispos mexicanos enva una dura
carta a Mons. Daz y Barreto, entonces residente en Nueva York, lamentando con
profunda tristeza sus declaraciones pblicas hechas en contra de los generosos
defensores de la libertad religiosa y algunas favorables al perseguidor, Calles.
Los combatientes dan la sangre y la vida por cumplir un santo deber, el de
conquistar la libertad de la Iglesia. Ante el abuso gravemente injusto del poder,
existe el derecho de resistir y de defenderse, ya que habiendo resultado vanos
todos los medios pacficos que se han puesto en prctica, es justo y debido recurrir
a la resistencia y a la defensa armada. Le recuerdan tambin los Obispos que ste
es el sentir de la mayora de nuestros Hermanos [Obispos] de Mxico, y tambin
el de los Padres de la Compaa, no slo en Mxico, sino en Europa y
especialmente aqu en Roma. A propsito le citan las declaraciones hechas unos
das antes (3-2-1927) por el famoso moralista de la Gregoriana padre Vermeersch,
jesuita: Hacen muy mal aquellos que, creyendo defender la doctrina cristiana,
desaprueban los movimientos armados de los catlicos mexicanos. Para la defensa
de la moral cristiana no es necesario acudir a falsas doctrinas pacifistas. Los
catlicos mexicanos estn usando un derecho y cumpliendo un deber. Poco
despus llega un cablegrama con la contestacin de Mons. Daz y Barreto:
Autorizo honorable Comisin negar aquello que se asegura dicho por m, contrario
lo determinado todos nosotros, aprobado, Bendito Santa Sede. Autorizo honorable
Comisin publicar este cable, si conveniente (Lpz. Beltrn 109-110).
22 de febrero de 1927. En Roma, el presidente de la Comisin de Obispos
mexicanos declara a la prensa: Hacen bien o mal los catlicos recurriendo a las
armas? Hasta ahora no habamos querido hablar, por no precipitar los
acontecimientos. Mas una vez que Calles mismo empuja a los ciudadanos a la
defensa armada, debemos decir: que los catlicos de Mxico, como todo ser
humano, gozan en toda su amplitud del derecho natural e inalienable de legtima
defensa (107).
Po XI bendice el grito: Viva Cristo Rey!
17 de mayo de 1927. Unos aos antes de los sucesos que nos ocupan, en 1914,
San Po X, a peticin de los Obispos mexicanos, haba autorizado, como un
proyecto para Nos indeciblemente grato, consagrar a Cristo Rey la repblica de
Mxico, y poner corona real en las imgenes del Sagrado Corazn de Jess,
colocando tambin cetro en su mano, para significar as su realeza.
Pendn cristero
La consagracin de Mxico a Cristo Rey, cosa al parecer imposible a semejanza
de la realizada por Garca Moreno en el Ecuador en 1873, pudo sin embargo
realizarse, aprovechando la venia del general Victoriano Huerta, presidente (1913-
14), indio puro de Jalisco, que, por rara circunstancia, era catlico y no masn, sino
odiado y calumniado por las logias. Fue entonces, el 6 de enero de 1914, durante
el solemnsimo acto realizado en la Catedral, en presencia de todas las primeras
autoridades religiosas y civiles de la nacin, cuando por primera vez en Mxico el
pueblo cristiano alz el grito de Viva Cristo Rey!
Pues bien, a los comienzos de la Cristiada, con fecha 17 de mayo de 1927 se da
traslado a los Obispos mexicanos de algunas respuestas y licencias llegadas de
Roma. Y en el documento se lee: Otro rescripto que hemos recibido concede a los
que estn en Mxico, indulgencia plenaria in articulo mortis, si confesados y
comulgados, o por lo menos contritos, pronuncien con los labios, o cuando menos
con el corazn, la jaculatoria Viva Cristo Rey!, aceptando la muerte como enviada
por el Seor en castigo de nuestras culpas. Jean Meyer niega la existencia de este
inslito documento (II, 344-345), pero posteriormente Lpez Beltrn ha reproducido
su fotografa en la obra ya citada (73).
2 de octubre de 1927. El Cardenal Gasparri, secretario de Estado, en unas
declaraciones al The New York Times (2-10-1927), cuenta los horrores de la
persecucin sufrida en Mxico por la Iglesia, y denuncia el silencio de las naciones,
al tolerar tan salvaje persecucin en pleno siglo XX.
Reservas sobre el movimiento armado
A medida que pasaban los meses, las reticencias de la Iglesia para apoyar a los
cristeros iban creciendo, tambin en Roma. Recordemos que la doctrina tradicional
de la Iglesia reconoce la licitud de la rebelin armada contra las autoridades civiles
con ciertas condiciones: 1, causa muy grave; 2, agotamiento de los medios
pacficos; 3, que la violencia empleada no produzca mayores males que los que
pretende remediar; 4, que haya probabilidad de xito (Po XI, Firmissimam
constantiam 1937: Dz 3775-76).
Pues bien, la persecucin de Calles daba claramente las dos primeras condiciones.
Pero algunos Obispos tenan dudas sobre si se daba la tercera, pues pasaba largo
tiempo en que el pueblo se vea sin sacramentos ni sacerdotes, y la guerra produca
ms y ms muertes y violencias. Y an eran ms numerosos los que crean muy
improbable la victoria de los cristeros. No faltaron incluso algunos pocos Obispos
que llegaron a amenazar con la excomunin a quienes se fueran con los cristeros o
los ayudaran.
Aprobaron la rebelin armada los Obispos Manrquez y Zrate, Gonzlez y
Valencia, Lara y Torres, Mora y del Ro, y estuvieron muy cerca de los cristeros el
Obispo de Colima, Velasco, y el arzobispo de Guadalajara, Orozco y Jimnez,
quienes, con grave riesgo, permanecieron ocultos en sus dicesis, asistiendo a su
pueblo.
La reprobaron en mayor o menor medida otros tantos, entre los cuales Ruiz y Flores
y Pascual Daz, que siempre vio la Cristiada como un sacrificio estril, condenado
al fracaso. Y los ms permanecieron indecisos. Pues bien, siendo discutibles las
condiciones tercera y cuarta, ha de evitarse todo juicio histrico cruel, que reparta
entre aquellos Obispos los calificativos de fieles o infieles, valientes o cobardes. En
todo caso, es evidente que la falta de un apoyo ms claro de sus Obispos fue
siempre para los cristeros el mayor sufrimiento...
18 enero 1928. -Por fin, a mediados de diciembre de 1927 el arzobispo Pietro
Fumasoni Biondi, Delegado Apostlico en los Estados Unidos, y encargado de
negocios de la Delegacin Apostlica en Mxico, transmite a Mons. Daz y Barreto,
Secretario del Comit Episcopal, a quien el mismo Mons. Fumasoni haba nombrado
Intermediario Oficial entre l y los Obispos mexicanos, la disposicin del Papa,
segn la cual deben los Obispos no slo abstenerse de apoyar la accin armada,
sino tambin deben permanecer fuera y sobre todo partido poltico. Norma que
Mons. Daz comunic a todos los prelados (18-1-1928) (Meyer I,18; Lpz. Beltrn
111, 150-52)...
Se echaron al campo, para buscar a Dios
Agosto de 1926. Muchos campesinos, de la zona central de Mxico sobre todo, se
echan al monte, como Francisco Campos, a buscar a Dios Nuestro Seor.
En Cocula (Jalisco), desde el 1 de agosto la iglesia estaba custodiada
permanentemente por 100 mujeres en el interior y 150 hombres en el atrio y en el
campanario, de noche y de da. Los cinco barrios se relevaban por turno y a cada
alarma se tocaba el bordn. Entonces, todo el mundo acuda al instante, como
refiere Porfiria Morales. El 5 de agosto toc la campana cuando ella estaba en su
cocina; su criada Mara, exclam: "Ave Mara Pursima!". Se quit el delantal, tomo
su rebozo y un garrote, y cuando aqulla le pregunt a dnde iba, le contest: "Qu
pregunta de mi ama! Qu no oye la campana que nos llama a los catlicos de la
Unin Popular? Primero son las cosas de Dios!" Y sali dejando las cacerolas en
el fuego (Meyer I,103).
No podr encarecerse suficientemente el valor de las mujeres catlicas mexicanas
en la Cristiada, repartiendo propaganda, llevando avisos, acogiendo prfugos o
cuidando heridos, ayudando clandestinamente al aprovisionamiento de alimentos y
armas. Las Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco, las Brigadas Bonitas,
escribieron historias de leyenda... Pero, en fin, la guerra es cosa de hombres, y a
ella se fueron campesinos recios. Ezequiel Mendoza Barragn, un ranchero de
Coalcomn, en Michoacn, cuya voz patriarcal hemos de escuchar en otras
ocasiones, lo cuenta as:
Centenares de personas firmamos los papeles, se enviaron a Calles y a sus
secuaces, pero todo fue intil... Los Calles se creyeron muy grandotes y ms nos
apretaron, matando gente y confiscando bienes particulares de los catlicos. Yo,
ignorante, pero con bro, al saber los nuevos procedimientos de tal gobierno, me
exalt y quise tapar el sol con un dedo, as eran mis sentimientos, me fui a
conquistar gente armada y dispuesta a la guerra en defensa de la libertad de Dios
y de los prjimos (Testimonio 17).
El curso de la guerra
Jean Meyer, en el volumen I de su obra, describe al detalle las vicisitudes que corri
al paso de los aos la guerra de la Cristiada, que l divide en estas fases:
-incubacin, de julio a diciembre de 1926;
-explosin del alzamiento armado, desde enero de 1927;
-consolidacin de las posiciones, de julio 1927 a julio de 1928, es decir, desde que
el general Gorostieta asume la gua de los cristeros hasta la muerte de Obregn.
-prolongacin del conflicto, de agosto 1928 a febrero de 1929, tiempo en que el
Gobierno comienza a entender que no podr vencer militarmente a los cristeros;
-apogeo del movimiento cristero, de marzo a junio de 1929;
-licenciamiento de los cristeros, en junio 1929, cuando se producen los mal llamados
Arreglos entre la Iglesia y el Estado.
El ejrcito federal
El ejrcito consustancial con el gobierno en el Mxico de entonces consideraba
a la Iglesia como su adversaria personal. Agente activo del anticlericalismo y de la
lucha antirreligiosa, hizo su propia guerra, su guerra religiosa. El general Eulogio
Ortiz mand fusilar a un soldado, en el cuello del cual vio un escapulario. Algunos
oficiales llevaban sus tropas al combate al grito de Viva Satn! (Meyer I,146).
Catlicos colgados por el ejrcito federal en Jalisco
Cada arma reclutaba por su cuenta. El enganche deba ser voluntario y firmado al
menos por tres aos, condicin que muchas veces se incumpla, tanto que se
seguan utilizando las cuerdas para atar a los voluntarios. Se echaba mano de
cualquiera: condenados de derecho comn, obreros sin trabajo, campesinos, y
sobre todo del subproletariado rural y de los indios, vencidos o no (149-150). La
brutalidad y la indisciplina de esta tropa es apenas descriptible.
Al no haber servicio de intendencia, el avituallamiento estaba a cargo de las
compaeras de los soldados, las famosas soldaderas, que marchaban al lado del
ejrcito y que, como la langosta, caan sobre las granjas y los pueblos... La
desercin, frecuente en tiempo de paz, llegaba a ser masiva en tiempo de guerra
(152). El general Amaro, jefe del ejrcito federal, no consegua poner en lnea ms
de 70.000 hombres, aunque se pasaba el tiempo reclutando: 20.000 desertores al
ao, de 70.000 soldados! (153). Este general famoso, el indio Amaro, hijo de un
pen de Zacatecas, hombre inteligente, implacable y sanguinario, el que mand a
su aviacin bombardear en el cerro del Cubilete el monumento a Cristo Rey, lleg
a ser muy culto, y se reconcili con la Iglesia varios aos antes de su muerte.
Los federales, malos jinetes, eran peores soldados, que disparaban de lejos,
gastaban mucha municin, perdan las armas con facilidad, y no conocan bien el
terreno por donde andaban. Eso explica que los cristeros, cuyas caractersticas de
lucha eran las contrarias, les infligieran tantas bajas. Los callistas, eso s, eran muy
crueles, pero la dureza de la represin, la ejecucin de todos los prisioneros, la
matanza de los civiles, el saqueo, la violacin, el incendio de los pueblos y de las
cosechas, dejaban en la estela de los federales otros tantos nuevos levantamientos
en germen (I, 194).
La guerra se haca tambin en la prensa del gobierno, ocultando la magnitud del
conflicto o dando siempre la victoria por inminente. Unida a la lucha militar, el
general Amaro propugnaba una campaa de desfanatizacin, como aqulla por
la que dio orden al gobernador de Jalisco de cambiar los nombres de todos los
lugares que llevaban nombres de santos (I,178). Todos los medios valan, tambin
el soborno. As, en una ocasin, el gobierno trat de comprar a un jefe cristero
llamado el 14, el cual respondi: Que a m ni me den nada, que noms arreglen
eso de los padrecitos y de las iglesias, y yo me estoy en paz, pero mientras no lo
arreglen que no piensen que con dinero me van a comprar (177).
La desesperacin del gobierno se iba acrecentando a medida que pasaban los
meses, y se vea incapaz de vencer -en palabras del gobernador de Colima- las
hordas episcopales de fanticos que engaados por la patraa clerical se han
lanzado a la loca aventura de restaurar el predominio de los curas (189).
Balance de la guerra
A mediados de 1928 los cristeros, unos 25.000 hombres en armas, no podan ya
ser vencidos, dice Meyer, lo cual constitua una gran victoria; pero el gobierno,
sostenido por la fuerza norteamericana, no pareca a punto de caer (I, 248). En
realidad, la posicin de los cristeros era a mediados de 1929 mejor que la de los
federales, pues, combatiendo por una Causa absoluta, tenan mejor moral y
disciplina, y operando en pequeos grupos que golpeaban y huan -piquihuye-,
sufran muchas menos bajas que los soldados callistas. Despus de tres aos de
guerra, se calcula que en ella murieron 25.000 o 30.000 cristeros, por 60.000
soldados federales.
"El 14" Victoriano Ramrez
En enero de 1929, el embajador norteamericano Morrow -que insista al gobierno y
a la prensa para que no hablasen de cristeros sino de bandidos (I,301)- estimaba
improbable pacificar el Estado antes de que se solucione la cuestin religiosa. En
febrero los mismos polticos vean el panorama muy oscuro, y un senador deca en
un discurso a sus colegas: Es que nuestros soldados no saben combatir
rancheros, o no se quiere que se acabe la rebelin? Pues dgase de una vez y no
estemos echando ms lea. No se olviden ustedes de que con tres Estados ms
que se levanten de veras, cuidado con el Poder Pblico, seores! (I,285).
General Gorostieta
A mediados de 1929 se vea ya claramente que, al menos a corto plazo, ni unos ni
otros podan vencer. Sin embargo, en este empate haba una gran diferencia: en
tanto que los cristeros estaban dispuestos a seguir luchando el tiempo que fuera
necesario hasta obtener la derogacin de las leyes que perseguan a la Iglesia, el
gobierno, vindose en bancarrota tanto en economa como en prestigio ante las
naciones, tena extremada urgencia de terminar el conflicto cuanto antes. Eran,
pues, stas unas favorables condiciones para negociar el reconocimiento de los
derechos de la Iglesia...
Rumores de un posible arreglo
Desde mediados de 1927 estuvo al mando supremo de los cristeros el general
Gorostieta, militar de carrera, a quien iban llegando de cuando en cuando rumores
de posibles arreglos entre la Iglesia y el Estado, a espaldas de la Guardia Nacional
cristera. Como estos rumores iban en aumento, el 16 de mayo de 1929 escribi a
los Obispos mexicanos una larga carta, de la que citamos algn fragmento:
Desde que comenz nuestra lucha, no ha dejado de ocuparse peridicamente la
prensa nacional, y aun la extranjera, de posibles arreglos entre el llamado gobierno
y algn miembro sealado del Episcopado mexicano, para terminar el problema
religioso. Siempre que tal noticia ha aparecido han sentido los hombres en lucha
que un escalofro de muerte los invade, peor mil veces que todos los peligros que
se han decidido a arrostrar. Cada vez que la prensa nos dice de un obispo posible
parlamentario con el callismo, sentimos como una bofetada en pleno rostro, tanto
ms dolorosa cuanto que viene de quien podramos esperar un consuelo, una
palabra de aliento en nuestra lucha; aliento y consuelo que con una sola
honorabilsima excepcin [Mons. Martnez y Zrate, obispo de Huejutla, 17 aos
desterrado] de nadie hemos recibido...
Uno de tantos sacerdotes fusilados: el P. Francisco Vera
Si los obispos al presentarse a tratar con el gobierno aprueban la actitud de la
Guardia Nacional, si estn de acuerdo en que era ya la nica digna que nos dejaba
el dspota, tendrn que consultar nuestro modo de pensar y atender nuestras
exigencias; nada tenemos que decir en este caso...
Si los obispos al tratar con el gobierno desaprueban nuestra actitud, si no toman
en cuenta a la Guardia Nacional y tratan de dar solucin al conflicto
independientemente de lo que nosotros anhelamos...; si se olvidan de nuestros
muertos, si no se toman en consideracin nuestros miles de viudas y hurfanos,
entonces... rechazaremos tal actitud como indigna y como traidora...
Muchas y de muy diversa ndole son las razones que creemos tener para que la
Guardia Nacional, y no el Episcopado, sea quien resuelva esta situacin. Desde
luego el problema no es puramente religioso, es ste un caso integral de libertad, y
la Guardia Nacional se ha constituido de hecho en defensora de todas las libertades
y en la genuina representacin del pueblo, pues el apoyo que el pueblo nos imparte
es lo que nos ha hecho subsistir...
Como ltima razn creemos tener derecho a que se nos oiga, si no por otra causa,
por ser parte constitutiva de la Iglesia catlica de Mxico, precisamente por ser parte
importantsima de la Institucin que gobiernan los obispos mexicanos (+Meyer
I,316-320)
El 2 de junio de 1929 el general Gorostieta fue asesinado en una emboscada por
los callistas, y le sucedi al frente de la Guardia Nacional el general Degollado.
Los mal llamados Arreglos (21-6-1929)
La historia de los Arreglos alcanzados en junio de 1929 es tan triste que haremos
de ella una referencia muy breve, atenindonos sobre todo a la documentada
informacin que Lpez Beltrn ha dado recientemente del asunto. Mons. Ruiz y
Flores, Delegado Apostlico ad referendum, escogi como secretario para negociar
a Mons. Pascual Daz y Barreto, el nico Obispo que haba mostrado decidido
empeo en lograr una transaccin con los callistas (Lpz. Beltrn 499).
Los "arreglos"
Ambos fueron trados de los Estados Unidos a Mxico, incomunicados en un vagn
de tren, por el embajador norteamericano Dwight Whitney Morrow, banquero y
diplomtico, protestante y masn, cmplice de Calles y del presidente Portes Gil.
Ya en la ciudad de Mxico continuaron incomunicados en la lujosa residencia del
banquero Agustn Legorreta. No recibieron ni a los Obispos mexicanos ni a un
enviado de la Liga. Tampoco quisieron recibier al Obispo Miguel de la Mora,
secretario del Subcomit Episcopal, que mand aviso a Mons. Flores de que tena
grandes y urgentes cosas que comunicarle, y que no fuera a pactar nada sin antes
orlo. Las puertas de aquella casa, en esos das, slo estuvieron abiertas para
Morrow, para los sacerdotes extranjeros: Wilfrid y Parsons y Edmundo Walsh, S.J.
[experto en poltica internacional de la universidad de Georgetown], para Cruchaga
Tocornal, el embajador de Chile, y para otros extranjeros. Para los extraos. No
para los mexicanos (Lpz. Beltrn 516).
Puede afirmarse, pues, que los dos Obispos de los Arreglos con Portes Gil no
cumplieron las Normas escritas que Po XI les haba dado, pues no tuvieron en
cuenta el juicio de los Obispos, ni el de los cristeros o la Liga Nacional; tampoco
consiguieron, ni de lejos, la derogacin de las leyes persecutorias de la Iglesia; y
menos an obtuvieron garantas escritas que protegieran la suerte de los cristeros
una vez depuestas las armas.
Solamente consiguieron del Presidente unas palabras de conciliacin y buena
voluntad, y unas Declaraciones escritas en las que, sin derogar ley alguna, se
afirmaba el propsito de aplicarlas sin tendencia sectaria y sin perjuicio alguno.
As las cosas, los dos Obispos, convencidos por el embajador norteamericano
Morrow de que no era posible conseguir del Presidente ms que tales
Declaraciones, y aconsejados por Cruchaga y el padre Walsh, que las crean
suficientes, aceptaron este documento redactado personalmente en ingls por el
mismo Morrow:
El Obispo Daz y yo hemos tenido varias conferencias con el C. Presidente de la
Repblica... Me satisface manifestar que todas las conversaciones se han
significado por un espritu de mutua buena voluntad y respeto. Como consecuencia
de dichas Declaraciones hechas por el C. Presidente, el clero mexicano reanudar
los servicios religiosos de acuerdo con las leyes vigentes. Yo abrigo la esperanza
de que la reanudacin de los servicios religiosos [expresin protestante, propia de
Morrow, su redactor] pueda conducir al Pueblo Mexicano, animado por un espritu
de buena voluntad, a cooperar en todos los esfuerzos morales que se hagan para
beneficio de todos los de la tierra de nuestros mayores. Mxico, D.F. Junio 21 de
1929.-Leopoldo Ruiz, Arzobispo de Morelia y Delegado Apostlico (Lpz. Beltrn
527).
Las leyes vigentes, por supuesto, eran aqullas que haban desencadenado la
Cristiada. Para derogar aquellas leyes vigentes haban muerto intilmente veinte
o treinta mil cristeros?...
Frutos de la Cristiada
Intilmente lucharon, con tan grandes prdidas y sufrimientos, los cristeros y sus
familias? En 1929 el jesuita Eduardo Iglesias, bajo el pseudnimo Aquiles P.
Moctezuma, en El conflicto religioso de 1926, escriba relativamente satisfecho:
Terminadas felizmente las conferencias entre el Estado y la Iglesia... (441). No
es sa la interpretacin hoy ms comn. Pero tambin hay actualmente quienes
estiman que los Arreglos fueron los menos malos posibles dentro de las
circunstancias. As lo cree, por ejemplo, Juan Landerreche Obregn, quien
adems insiste en que los Arreglos:
De ninguna manera significaron que el esfuerzo, el sacrificio y la sangre de los
cristeros hayan sido intiles para la libertad de la Iglesia Catlica y el respeto a la
religin y a los fieles. Por el contrario, los cristeros demostraron al gobierno con sus
sacrificios, sus esfuerzos y sus vidas, que en Mxico no se puede atacar
impunemente a la religin catlica ni a la Iglesia... Y todo esto se demostr en forma
tan convincente a los tiranos, que los oblig no slo a desistir de la persecucin
religiosa, sino los ha obligado tambin a respetar la religin y la prctica y el
desarrollo de la misma, a pesar de todas las disposiciones de la Constitucin [de
1917] que se oponen a ello, y que no se cumplen, porque no se pueden cumplir,
porque el pueblo las rechaza... Los frutos [de la Cristiada] se han recogido y se
siguen recogiendo sesenta aos despus de su lucha y seguramente culminarn a
su tiempo en la realizacin plena por la que lucharon quienes dieron ese testimonio
(Prlogo a E. Mendoza, Testimonio 4,7-8).
En 1993 el gobierno de Mxico concedi a la Iglesia un precario reconocimiento
legal como asociacin religiosa, y reestableci sus relaciones diplomticas con la
Santa Sede.
Un triunfo de la masonera
Unos das despus de los Arreglos logrados sobre todo por los masones Morrow y
Portes Gil, el 27 de junio de 1929, los masones dieron un gran banquete al
presidente Portes Gil, el cual a los postres habl a sus reverendos hermanos:
Portes Gil: "La lucha se
inici hace veinte siglos"
Mientras el clero fue rebelde a las Instituciones y a las Leyes, el Gobierno de la
Repblica estuvo en el deber de combatirlo... Ahora, queridos hermanos, el clero ha
reconocido plenamente al Estado. Y ha declarado sin tapujos: que se somete
estrictamente a las Leyes (aplausos). Y yo no poda negar a los catlicos el derecho
que tienen de someterse a las Leyes... La lucha [sin embargo] es eterna. La lucha
se inici hace veinte siglos. Yo protesto ante la masonera que, mientras yo est en
el Gobierno, se cumplir estrictamente con esa legislacin (aplausos).
En Mxico, el Estado y la masonera, en los ltimos aos, han sido una misma
cosa: dos entidades que marchan aparejadas, porque los hombres que en los
ltimos aos han estado en el poder, han sabido siempre solidarizarse con los
principios revolucionarios de la masonera (+Lpz. Beltrn 540-541).
Alude a la misma revolucin que asesin a Garca Moreno, y que tantas victorias ha
logrado en los siglos XIX y XX en la Amrica hispana con el apoyo de la masonera
local y norteamericana. Portes Gil ms tarde, en su libro La lucha entre el Poder
Civil y el Clero, dej bien claro que su aparente capitulacin [de los Obispos] a la
que dieron el nombre de un arreglo con el Gobierno, no fue otra cosa que someterse
incondicionalmente a la ley (547). En 1958, ajeno a la Iglesia, muri en Mixcoac, y
en la esquela publicada por la Muy Respetable Gran Logia Valle de Mxico se le
citaba como Miembro Activo y Gran Capitn de Guardias de este Supremo
Consejo del Grado 33 (546).
Licenciamiento de los cristeros
El Jefe supremo de la Guardia Nacional, general Jess Degollado Guzar, dirigi a
todos los cristeros, a pesar de que se nos desgarra el alma, un pattico mensaje
de licenciamiento, del que entresacamos el ltimo prrafo:
La Guardia Nacional desaparece, no vencida por nuestros enemigos, sino, en
realidad, abandonada por aquellos que deban recibir, los primeros, el fruto valioso
de sus sacrificios y abnegacin. AVE, CRISTO! Los que por Ti vamos a la
humillacin, al destierro, tal vez a la muerte gloriosa, vctimas de nuestros enemigos,
con el ms fervoroso de nuestros amores, te saludamos y, una vez ms, te
aclamamos.
REY DE NUESTRA PATRIA.
VIVA CRISTO REY!
VIVA SANTA MARIA DE GUADALUPE!
Dios, Patria y Libertad.
Tal vez a la muerte gloriosa... En efecto, poco despus de los Arreglos, el
Gobierno, mostrando el espritu de buena voluntad y respeto asegurado a los
Obispos negociadores, comenz a travs de siniestros agentes el asesinato
sistemtico y premeditado de los cristeros que haban depuesto sus armas, con
el fin de impedir cualquier reanudacin del movimiento... La caza del hombre fue
eficaz y seria, ya que se puede aventurar, apoyndose en pruebas, la cifra de 1.500
vctimas, de las cuales 500 jefes, desde el grado de teniente al de general.
Tambin hay que decir, y esto honra a aquellos hombres, que ms de un general
federal advirti a los cristeros del peligro que los amenazaba (Meyer I, 344-346).
De todos modos, an con esto, ms jefes cristeros fueron muertos despus de los
Arreglos que durante la guerra.
Esto supuso una larga y dursima prueba para la fe de los cristeros, que sin embargo
se mantuvieron fieles a la Iglesia con la ayuda sobre todo de los mismos sacerdotes
que durante la guerra les haban asistido.
Despus de los Arreglos
El capelln de los cristeros de Colima, padre Enrique de Jess Ochoa, en Los
cristeros del volcn de Colima, cuenta que llor de verdad el mismo Seor Ruiz y
Flores cuando se vio burlado, cuando mir el fracaso de aquellos Arreglos, "si
arreglos pueden llamarse", segn l mismo dijo, escribiendo de su puo y letra (el
1 de agosto de 1929).
Y aade: Yo mismo he visto llorar al Papa [Po XI] cuando trata el asunto de los
arreglos de Mxico: Lho veduto pingere, deca el Cardenal Boggiani al
vicepresidente de la Liga Nacional, don Miguel Palomar y Vizcarra; y al que esto
escribe, en Roma el ao 1930 (+Lpz. Beltrn 517).
La verdad es que los dos obispos de los Arreglos, y especialmente Mons. Pascual
Daz, sufrieron mucho en los aos posteriores, y al menos por parte de algunos
sectores, padecieron un verdadero linchamiento moral.
Recientemente publicaba la revista 30 das (1993, n.66) una entrevista con la
pintora mexicana Dolores Ortega, de 85 aos, que vivi de cerca la Cristiada con
su marido, Carlos Dez de Sollano, uno de los responsables de la Liga Nacional. A
la pregunta por qu los obispos firmaron los acuerdos?, responde: Estaban
confundidos y los engaaron. Despus de los arreglos, convidamos a cenar a
monseor Daz, arzobispo de Mxico. Estbamos comiendo y mi esposo le dice:
"Oigame, Ilustrsima, qu me dice usted de los arreglos?" Baj los ojos, casi se le
saltaron las lgrimas y le dice: "Mira Carlitos, ese asunto no me lo toques, me causa
mucho dolor. Nos engaaron". Y contina el periodista: Tambin ustedes cayeron
en el engao. A lo que contesta la seora Ortega: "No, de ningn modo. Nosotros
sabamos que era una trampa, que el Gobierno no respetara nunca los arreglos. Lo
sabamos todos, los de la Liga y los cristeros". Saban ustedes que era un engao,
que entregando las armas y dejando la clandestinidad la muerte era segura. Por
qu lo hicieron, entonces? "Porque lo mandaba la Iglesia. Por fidelidad, por
obediencia a la Iglesia".
Crnica de los mrtires y beatos
As fue. Y an hoy, pocos pueblos catlicos, como el mexicano, quieren tanto a sus
Obispos y sacerdotes. Pero hagamos crnica de los mrtires, lo ms importante de
todo cuanto ocurri en torno a la Cristiada.
Cristeros ahorcados por
el gobierno revolucionario
Los mrtires cristeros -en el sentido estricto de la palabra- fueron muchsimos,
aunque como es lgico slo algunos sern reconocidos y canonizados por la Iglesia
como tales. No es fcil, pues, entre tantos hroes destacar a algunos, pero vamos
a hacerlo con Anacleto Gonzlez Flores, el que organiz la Unin Popular en
Jalisco, impuls la Asociacin Catlica de la Juventud Mexicana, y se distingui
como profesor, orador y escritor catlico. El Maestro Cleto, como solan decirle con
respeto y afecto, era un cristiano muy piadoso, como lo muestra el siguiente dato:
Al final del Rosario, los cristeros de Jalisco aadan esta oracin compuesta por
Anacleto Gonzlez Flores: "Jess misericordioso! Mis pecados son ms que las
gotas de sangre que derramaste por m. No merezco pertenecer al ejrcito que
defiende los derechos de tu Iglesia y que lucha por ti. Quisiera nunca haber pecado
para que mi vida fuera una ofrenda agradable a tus ojos. Lvame de mis iniquidades
y lmpiame de mis pecados. Por tu santa Cruz, por mi Madre Santsima de
Guadalupe, perdname, no he sabido hacer penitencia de mis pecados; por eso
quiero recibir la muerte como un castigo merecido por ellos. No quiero pelear, ni
vivir ni morir, sino por ti y por tu Iglesia. Madre Santa de Guadalupe!, acompaa en
su agona a este pobre pecador. Concdeme que mi ltimo grito en la tierra y mi
primer cntico en el cielo sea Viva Cristo Rey!" (Meyer III,280).
Pues bien, el 1 de abril de 1927 fue apresado con tres muchachos colaboradores
suyos, los hermanos Vargas, Ramn, Jorge y Florentino. Si me buscan, dijo, aqu
estoy; pero dejen en paz a los dems. Fue intil su peticin, y los cuatro, con Luis
Padilla Gmez, presidente local de la A.C.J.M., fueron internados en un cuartel de
Guadalajara. All interrogaron sobre todo al Maestro Cleto, pidindole nombres y
datos de la Liga y de los cristeros, as como el lugar donde se esconda el valiente
arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jimnez. Como nada obtenan de l,
lo desnudaron, lo suspendieron de los dedos pulgares, lo flagelaron y le sangraron
los pies y el cuerpo con hojas de afeitar. l les dijo:
Anacleto Gonzlez Flores
Mrtir mexicano
Una sola cosa dir y es que he trabajado con todo desinters por defender la causa
de Jesucristo y de su Iglesia. Ustedes me matarn, pero sepan que conmigo no
morir la causa. Muchos estn detrs de m dispuestos a defenderla hasta el
martirio. Me voy, pero con la seguridad de que ver pronto, desde el Cielo, el triunfo
de la Religin y de mi Patria.
Atormentaron entonces frente a l a los hermanos Vargas, y l protest: No se
ensaen con nios; si quieren sangre de hombre aqu estoy yo!. Y a Luis Padilla,
que peda confesin: No, hermano, ya no es tiempo de confesarse, sino de pedir
perdn y perdonar. Es un Padre, no un Juez, el que nos espera. Tu misma sangre
te purificar. Le atravesaron entonces el costado de un bayonetazo, y como
sangraba mucho, el general que mandaba dispuso la ejecucin, pero los soldados
elegidos se negaban a disparar, y hubo que formar otro pelotn. Antes de recibir
catorce balas, an alcanz don Anacleto a decir: Yo muero, pero Dios no muere!
Viva Cristo Rey!.
Y en seguida fusilaron a Padilla y los hermanos Vargas (+Rivero 131-133).
Una vez suspendido el culto en Mxico el 31 de julio de 1937, la inmensa mayora
del clero, unos 3.500, obedeciendo a sus Obispos, se fue recogiendo en las grandes
ciudades, controladas por el gobierno, con lo que los civiles y combatientes del
campo quedaban sin pastores. Estos sacerdotes, aunque sujetos a estricta
vigilancia y en ocasiones a vejaciones, no corrieron normalmente peligro de muerte.
Por el contrario, los sacerdotes que permanecieron en el campo, lo hicieron con
gravsimo riesgo, conscientes de que si eran apresados, seran ejecutados, muchas
veces con sadismo, ya que el gobierno pensaba que fusilando sin compasin a
todo sacerdote cogido en el campo, obligaba a los dems, aterrorizados, a
refugiarse en la ciudad, y esperaba as que dejando a los campesinos sin
sacerdotes, sofocara rpidamente la rebelin (Meyer I,40).
Se calcula que cien o doscientos permanecieron en el campo, escondidos con la
proteccin de los fieles, que en muchos casos fueron tambin ejecutados por darles
cobijo. Lpez Beltrn, considerando los aos 1926-29, da los nombres de 39
sacerdotes asesinados, ms los de 1 dicono, 1 minorista y 6 religiosos (343-4).
Guillermo M Havers recoge los nombres de 46 sacerdotes diocesanos ejecutados
en el mismo perodo de tiempo (Testigos de Cristo en Mxico 205-8). Muchos de
estos curas pertenecan a la archidicesis de Guadalajara (Jalisco, Zacatecas,
Guanajuato) o a la dicesis de Colima, pues sus prelados, Mons. Orozco y Jimnez
y Mons. Velasco, permanecieron en sus puestos, con buena parte de su clero.
El 22 de noviembre de 1992, Juan Pablo II beatific a veintids de estos sacerdotes
diocesanos, destacando que su entrega al Seor y a la Iglesia era tan firme que,
aun teniendo la posibilidad de ausentarse de sus comunidades durante el conflicto
armado, decidieron, a ejemplo del Buen Pastor, permanecer entre los suyos para
no privarlos de la Eucarista, de la palabra de Dios y del cuidado pastoral.
Lejos de todos ellos encender o avivar sentimientos que enfrentaran a hermanos
contra hermanos. Al contrario, en la medida de sus posibilidades procuraron ser
agentes de perdn y reconciliacin. La Conferencia del Episcopado Mexicano, en
el libro Viva Cristo Rey! (Mxico 19912), nos da breves reseas biogrficas de los
25 mrtires que han sido beatificados (otras reseas de ellos y de otros muchos,
tambin de laicos y religiosos: +Lpz. Beltrn 243-487; Havers, Testigos de Cristo en
Mxico). Aqu nos limitaremos a recordar sus santos nombres, con las fechas de su
martirio.
En 1915: David Galvn Bermdez, en la persecucin de Carranza (30-1).
En 1926: Luis Batis Sainz, y con l tres feligreses de la Accin Catlica, Manuel
Morales, casado, Salvador Lara Puente, y su primo David Roldn Lara (15-8),
tambin beatificados.
En 1927: Mateo Correa Magallanes (6-2); Jenaro Snchez (18-2); Julio Alvarez
Mendoza (30-3); David Uribe Velasco (12-4); Sabas Reyes Salazar (13-4); Cristbal
Magallanes, con su coadjutor Agustn Snchez Caloca (25-5); Jos Isabel Flores
(21-6); Jos Mara Robles (26-6); Miguel de la Mora (7-8); Margarito Flores Garca
(12-11); Pedro Esqueda Ramrez (22-11).
En 1928: Jess Mndez Montoya (5-2); Toribio Romo Gonzlez (25-2); Justino
Orona Madrigal (1-7); Atilano Cruz Alvarado (1-7); Tranquilino Ubiarco (5-10);
En 1937: Pedro de Jess Maldonado (11-2), en una persecucin desatada en
Chihuahua, en tiempo del presidente Lzaro Crdenas, otro general (1934-40).
La solemnidad de hoy [Cristo Rey], destacaba Juan Pablo II en la ceremonia de
beatificacin, instituida por el papa Po XI precisamente cuando ms arreciaba la
persecucin religiosa de Mxico, penetr muy hondo en aquellas comunidades
eclesiales y dio una fuerza particular a estos mrtires, de manera que al morir
muchos gritaban: Viva Cristo Rey!
A todos ellos ha de aadirse el nombre del padre jesuita Miguel Agustn Pro Jurez,
beatificado por el papa Juan Pablo II el 25 de septiembre de 1988. A diferencia de
los sacerdotes antes recordados, l estaba en la ciudad de Mxico, por orden de
sus superiores, dedicndose ocultamente al apostolado. Con ocasin de un
atentado contra el presidente Obregn, fueron apresados y ejecutados los autores
del golpe, y con ellos fueron tambin eliminados el padre Pro y su hermano
Humberto, que eran inocentes (23-11-1927) (+Rafael Ramrez Torres, Miguel
Agustn Pro; y Luis Butera, Un mrtir alegre. Vida del P. Miguel Pro).
El espritu de los cristeros
Pero volvamos a los cristeros, a aquellos catlicos que se alzaron en armas,
echndose al monte para defender a su Dios, a su Religin, a su Madre, que es la
Santa Iglesia. Traeremos sobre ellos algunos datos y observaciones, siguiendo
principalmente a Jean Meyer, que estudi largamente la Cristiada, y entrevist
durante cuatro aos a muchos antiguos cristeros.
Dos avisos previos:
1.-Ntese que los datos reflejan un tiempo, hacia 1970, en que el pueblo mexicano
llevaba siglo y medio independiente de Espaa, y un siglo sometido a persecucin
religiosa continua por parte de los gobiernos liberales, a partir de Jurez.
Recordemos que en 1917 la Constitucin establece la educacin laica. En 1934 se
impone al pueblo la educacin socialista, y Calles proclama indispensable que la
Revolucin se apodere de las conciencias de la niez y de la juventud, porque
ambas deben pertenecer a la Revolucin (352) -a la revolucin liberal o a la
socialista, viene a ser lo mismo-. Y en 1946 se vuelve a la educacin arreligiosa.
Pero siempre y en todo caso ha sido constante la actitud que supone que es el
Estado el que tiene el derecho de educar, derecho negado expresamente a la Iglesia
y no reconocido a los padres de familia (Acevedo 357).
2.-Advirtase tambin que la inmensa mayora de los cristeros eran rancheros
modestos, gente de pueblo, aunque tambin se unieron a ella algunos estudiantes,
licenciados o profesionales. Los ricos catlicos, dicho sea de paso, apenas les
ayudaron nunca, aunque lo necesitaban siempre, sobre todo para comprar armas y
parque. Pues bien, los cuestionarios muestran que entre los cristeros cerca del 60
% no haban ido jams a la escuela, aunque no todos ellos eran analfabetos, pues
bastantes haban aprendido a leer en su casa (III,272).
Muestran sin embargo una sorprendente cultura, y ms concretamente, una
profunda cultura cristiana. Ya conocemos, por ejemplo, la voz de Ezequiel Mendoza
Barragn, campesino michoacano de Coalcomn, que nunca fue a la escuela, y que
lleg a ser coronel famoso de cristeros. Jean Meyer, que conoci a Mendoza cuando
ste tena ya 75 aos, confiesa: qued deslumbrado, fascinado, por la misteriosa
energa que irradiaba de l (prl. Testimonio). Y en otro lugar dice que todas las
entrevistas confirman el carcter representativo de Ezequiel Mendoza, aunque es
cierto que su lengua era especialmente clara y bella (III,289).
Espiritualidad catlica
En entrevistas, crnicas y cartas de cristeros causa admiracin comprobar la calidad
doctrinal, bblica y potica de sus expresiones. Todo lo cual contradice abiertamente
el menosprecio de algunos pedantes acerca de la veracidad del cristianismo entre
los indgenas de Amrica. Los cristeros, concretamente, tenan en s toda la fuerza
de quien sabe estar haciendo la voluntad de Dios. Conscientes de hacer la
voluntad de Dios, dice Meyer, los cristeros podan resistir todos los descalabros
militares, todas las desdichas espirituales y hasta la ms terrible de todas: los
arreglos y el poco apoyo clerical (289). Esa fidelidad a la voluntad de Dios
providente les haca inquebrantables.
Ezequiel Mendoza, por ejemplo, deca a su gente: No, muchachos, acurdense
que aqu pedimos a Dios lo que ms nos conviniera y por eso no digamos
desatinados "ya ven que las cosas cambian de un momento a otro"; "la hoja del
rbol no se mueve sin la gran voluntad de Dios", paciencia y resignacin (289). En
cierta ocasin, segn l mismo refiere, arengaba as a los suyos: No queremos
compaeros que traigan fines torcidos, queremos hombres que de todo corazn
quieran agradar a Dios en todo, sin otro inters que defender a su Iglesia nuestra
Madre; ya que sus feroces enemigos la quieren exterminar, aunque no lo
conseguirn, porque fue dicho por Nuestro Seor Jesucristo que "las puertas del
infierno no prevalecern contra ella"; y lo que Cristo ofreci lo cumple; tambin dijo
que "pasarn los cielos y la tierra, pero sus palabras no pasarn". Adems tenemos
nuestra Reina y Madre la Virgen de Guadalupe, ella nos recomendar con su Padre,
con su Hijo, y con su esposo, el Espritu Santo. Todava ms contamos con todos
los santos y santas del Cielo y de la tierra para que ellos rueguen a Dios por nosotros
en todo tiempo y lugar, y si Dios est con nosotros no tengamos miedo de morir en
defensa de la Iglesia y de la Patria, seremos mrtires e iremos al cielo para siempre
(Testimonio 31).
Por su parte, Aurelio Acevedo, un simple ranchero de Zacatecas, animaba as a su
tropa: Vosotros, valientes sin tacha, siempre pensad que vais en camino del
Calvario; pensad que vais al martirio cumbre donde se entra al Cielo de la Paz y
eterno regocijo. Todo redentor debe ser crucificado para fin de que triunfe y sea
glorificado. No olvidis que esta leccin es ms clara que el sol que nos alumbra:
recordad a Jess! (Meyer III,275).
Y otro jefe, Pedro Quintanar, deca a sus tropas: Todo lo bueno que en vosotros
hay es slo de Dios y... todo lo malo que en vuestro regimiento hay es vuestro. A
Dios hay que atribuir todo lo bueno y toda la gloria y todo triunfo, pues vosotros sois
instrumentos viles (289).
Prcticas religiosas
La guerra fue para muchos cristeros como unos ejercicios espirituales continuados.
La misa sobre todo era, cuando haba sacerdote, lo ms apreciado por los cristeros,
el centro de todo, cada da. Ms an, en los campamentos cristeros, cuando esto
era posible, el Santsimo Sacramento estaba expuesto, y los soldados, por grupos
de quince o veinte, practicaban la adoracin perpetua. La comunin frecuente era
la regla... Los sacerdotes que permanecan con los cristeros se pasaban el tiempo
confesando, bautizando, casando, organizando ejercicios espirituales y haciendo
misiones (III,278).
Jos Luis Snchez del Ro, mrtir.
Nio asesinado por defender su fe
Pero era frecuente que no hubiese ya sacerdote, y entonces un seglar tomaba la
direccin de la vida religiosa, como Cecilio Valtierra, el cual todas las maanas lea
el Oficio de la Iglesia, en presencia de los fieles, y todas las tardes llevaba el
Rosario. Estas misas blancas iban acompaadas de otras innovaciones (III,277).
Los cnticos y el Rosario acompaaban todos los instantes de la vida, en la marcha
o en el campamento. Los cristeros oraban y cantaban a altas horas de la noche,
rezando colectivamente el Rosario, de rodillas, y cantando los laudes a la Virgen o
a Cristo, entre las decenas (III,279).
Es indudable que de su fe cristiana sacaban los cristeros toda su abnegacin y valor
para la guerra. No eran unos valientes a pesar de ser unos hombres piadosos, sino
que ms bien porque eran piadosos eran valientes.
Slo un ejemplo: en cierta ocasin en que los cristeros haban sufrido varias bajas
y estaban tristes, el general Degollado les hizo rezar el rosario, tras de lo cual los
areng: "Porque Cristo Rey se llev a los nuestros ya ustedes se acobardaron, ya
se les olvid que al enlistarse en las filas de Su ejrcito le ofrecieron sus servicios y
sus vidas?... Dios, sin necesidad de usar de combates, dispone de nuestras vidas
cuando a l le place... Dejen sus armas al pie del altar, que yo nunca ser jefe de
cobardes". Las tropas lloraban y gritaban: "No, mi general! Seguiremos siendo los
valientes de Cristo Rey, y si no, pnganos a prueba" (Meyer I,232).
Idea del gobierno y de la guerra.
Los cristeros tenan de la guerra, y de la persecucin que la caus, una idea mucho
ms teolgica que poltica. En las entrevistas, algunas veces tambin, se refleja una
cierta visin poltica del conflicto. Por ejemplo, para los cristeros, el turco Calles,
vendido a la masonera internacional, representaba al extranjero yanki y
protestante, deseoso de terminar su obra destructora (la anexin de 1848 es
conocida de todos, y la situacin de subhombres de los chicanos de Texas y Nuevo
Mxico...), descatolizando el pas (III,285).
Sin embargo, prevaleca con mucho la visin teolgica de la guerra. Conocan bien,
en primer lugar, el deber moral de obedecer a las autoridades civiles, pues toda
autoridad procede de Dios, pero tambin saban que hay que obedecer a Dios
antes que a los hombres, cuando stos hacen la guerra a Dios. Vean claramente
en la persecucin del gobierno una accin poderosa del Maligno.
Ezequiel Mendoza, por ejemplo, consideraba a los gobernantes de su patria
endiablados callistas, masones y protestantes malos, que slo buscan las
comodidades del cuerpo y la satisfaccin de sus caprichos en este mundo
engaador y no creen que los espera un infierno de tormentos eternos, pobres
murcilagos que se creen aves y son ratones (III,283). Y deca, ay de los tiranos
que persiguen a Cristo Rey, bestias rumanas de las que nos habla el Apocalipsis!
Todos debemos tener muy presentes las bienaventuranzas de que nos habla
Nuestro Seor Jesucristo: pobreza de espritu, lgrimas de contricin, justa
mansedumbre, hambre y sed de justicia, misericordiosos, los de limpio corazn, los
pacificadores, los buenos cuando son perseguidos por los malos, como nos aprietan
los Calles ahora, dizque porque somos muy malos, que andamos tercos queriendo
defender la honra y gloria de Aquel que muri desnudo en la cruz ms alta y en
medio de dos ladrones, por ser l el ms malo de todos los humanos, que no quiso
someterse al supremo de la tierra. Es lo que dicen ellos, porque les falta un domingo
y los redobles de tambor, pero nosotros se los daremos con ayuda de quien resucit
de los muertos el tercer da y que, porque nos ama, nos dej por Madre su propia
Madre (III,287).
Este tono profundamente bblico era el de la Cristiada. Es la visin del Apocalipsis:
Satn, el dragn infernal, la antigua serpiente, da su fuerza a la Bestia, poder
maligno intramundano, que hace la guerra a los santos y a cuantos guardan el
testimonio de Jess. En este sentido, los cristeros estaban indeciblemente ms
cerca del Apocalipsis del apstol San Juan que de la teologa de la liberacin
moderna.
Con toda razn el Cardenal Ratzinger afirmaba que la teologa de la liberacin, en
sus formas conexas con el marxismo, no es ciertamente un producto autctono,
indgena, de Amrica Latina o de otras zonas subdesarrolladas, en las que habra
nacido y crecido casi espontneamente, por obra del pueblo. Se trata en realidad,
al menos en su origen, de una creacin de intelectuales; y de intelectuales nacidos
o formados en el Occidente opulento (Informe sobre la fe, 207). La espiritualidad
popular real es la de Ezequiel Mendoza y sus compaeros, llena de resonancias de
la Biblia y del catecismo.
El martirio
La teologa del martirio en los cristeros no es menos rica que la de las Passiones de
los primeros siglos, aunque muchas veces vaya en clave de humor. Qu fcil est
el cielo ahorita, mam!, deca el joven Honorio Lamas, que fue ejecutado con su
padre (III,299). Hay que ganar el cielo ahora que est barato, deca otro (298).
Norberto Lpez, que rechaz el perdn que le ofrecan si se alistaba con los
federales, antes de ser fusilado, dijo: Desde que tom las armas hice el propsito
de dar la vida por Cristo. No voy a perder el ayuno al cuarto para las doce (302).
En Sahuayo asesinaron uno a uno a veintisiete cristeros, que uno a uno murieron
dando vivas a Cristo Rey, pero perdonaron la vida a Claudio Becerra, por ser muy
jovencito. Ms tarde, con gran tristeza, iba a pedir junto al sepulcro de sus
compaeros martirizados: Compaeros, pdanle a Dios me vaya al cielo a
acompaarlos. Beba entonces demasiado, y cuando el cura le reproch, l dijo:
Me emborracho, padre, porque me da sentimiento que Dios no me quiso para
mrtir (Lpz. Beltrn 66-70)...
Una vez ms la voz del patriarca Mendoza: Ustedes y yo lamentamos de corazn
el fallecimiento de esos hombres que de buena fe ofrendaron sus vidas, familia y
dems intereses terrenales, derramaron su sangre por Dios y por nuestra querida
patria, como lo hacen los verdaderos mrtires cristianos; pues su sangre, unida con
la de Nuestro Seor Jesucristo y con la de todos los mrtires del Espritu Santo, nos
alcanzar de Dios Padre los bienes que esperamos en la tierra y en el Cielo.
Dichosos los que mueren por el amor al Dios que hizo los cielos y la tierra, y en todo
est por esencia, presencia y potencia, no como los dioses falsos de Plutarco Elas
Calles y de otros locos desviados por Satans, que les ofrece los bueyes y la carreta
de esta vida y despus los hace birria caliente y gorda en el infierno de los
tormentos (III,299).
La muerte tranquila de los cristeros, con frecuencia despus de terribles tormentos,
impresionaba siempre a los federales. Moran perdonando y gritando Viva Cristo
Rey! Y el pueblo guardaba sus palabras, recoga su sangre, enterraba sus cuerpos,
acuda en masa a sus funerales, cuando eran posibles, en protesta silenciosa y
confesin de fe.
Alegra
La alegra estaba tambin siempre presente, como es lgico, en estos hombres que
se estaban jugando la vida por Cristo, pasando indecibles miserias y penalidades.
En crnicas y escritos siempre hay huellas de alegra y de humor. Cuenta Ezequiel
Mendoza que su pap, en una ocasin, jugndose la vida, se qued sosteniendo
una puerta de campo, para que escapara un grupo de cristeros. Los federales le
disparaban una y otra vez, sin atinarle. As que l, sin soltar la puerta, como
enojado volvi su cara y rega al enemigo, dijo: "Pendejos, tirar para ac, parece
que no ven gente" (Testimonio 37). De stas hay innumerables ancdotas
cristeras.
Espiritualidad bblica y tradicional
Siendo la Biblia y la Tradicin eclesial las fuentes permanentes de la espiritualidad
cristiana, el calificativo de tradicional, en su sentido ms genuino, es tan precioso
como el de bblico. Pues bien, la espiritualidad de los cristeros es netamente bblica
y tradicional. Jean Meyer subraya con fuerza ambas notas: Hemos quedado
asombrados por el nmero y la exactitud de las citas bblicas. La idea de un pueblo
catlico ignorante de la Biblia no es vlida para el campesino mexicano de esta
poca. En los caseros lejanos de la parroquia se la lea de pie, o ms bien se
formaba crculo en torno de aquel que saba leer (307).
No hay, tampoco, mariolatra en la devocin a la Virgen: El culto de la Virgen
guadalupana no es distinto del que recibe en Rusia (800 lugares de peregrinacin
marianos!), en Polonia o en Francia (309). Meyer afirma una y otra vez la
indiscutible catolicidad de la fe mexicana (309).
La religin de los cristeros era, salvo excepcin, la religin catlica romana
tradicional, fuertemente enraizada en la Edad Media hispnica. El catecismo del P.
Ripalda, sabido de memoria, y la prctica del Rosario, notable pedagoga que
ensea a meditar diariamente sobre todos los misterios de la religin, de la cual
suministra as un conocimiento global, dotaron a ese pueblo de un conocimiento
teolgico fundamental asombrosamente vivo. A Cristo conocido en su vida humana
y en sus dolores, con los cuales puede el fiel identificarse con frecuencia, amado en
el grupo humano que lo rodea: la Virgen, el patriarca San Jos, patrono de la Buena
Muerte, y todos los santos que ocupan un lugar muy grande, completamente
ortodoxo, en la vida comn, se le adora en el misterio de la Trinidad. Esta religin
prxima al fiel la califican de supersticin los misioneros norteamericanos
(protestantes y catlicos) y los catlicos europeos no la juzgan de manera distinta
(307). Sin embargo, el cristianismo mexicano, lejos de estar deformado o ser
superficial, est slida y exactamente fundamentado en Cristo, es mariolgico a
causa de Cristo, y sacramental por consiguiente, orientado hacia la salvacin, la
vida eterna y el Reino. Durante la guerra, los santos se retraen notablemente hasta
su propio lugar, mientras se manifiesta el deseo ardiente del cielo (310).
La profundidad de la evangelizacin realizada en Mxico durante siglos qued
absolutamente probada cuando, despus de ms de un siglo de continuas
persecuciones liberales, socialistas y revolucionarias, los cristeros ofrecieron al
mundo este testimonio formidable de espiritualidad y de martirio.
Volvamos, pues, al principio, y oigamos la voz franciscana de uno de los primeros
evangelizadores, Fray Toribio de Benavente, Motolina. Lo que l dice de Mxico, lo
diremos aqu, para terminar nuestra historia; y lo diremos pensando en toda la
Amrica hispana:
Oh, Mxico que tales montes te cercan y coronan! Ahora con razn volar tu
fama, porque en ti resplandece la fe y evangelio de Jesucristo! T que antes eras
maestra de pecados, ahora eres enseadora de verdad; y t que antes estabas en
tinieblas y oscuridad, ahora das resplandor de doctrina y cristiandad (H de los
indios III,6, 339). Pues concluyendo, digo: quin no se espantar viendo las
nuevas maravillas y misericordias que Dios hace con esta gente?... Estos
conquistadores y todos los cristianos amigos de Dios se deben mucho alegrar de
ver una cristiandad tan cumplida en tan poco tiempo, e inclinada a toda virtud y
bondad. Por tanto ruego a todos los que esto leyeren que alaben y glorifiquen a Dios
con lo ntimo de sus entraas; digan estas alabanzas que se siguen, segn San
Buenaventura: "Alabanza y bendiciones, engrandecimientos y confesiones, gracias
y glorificaciones, sobrealzamientos, adoraciones y satisfacciones sean a vos,
Altsimo Seor Dios Nuestro, por las misericordias hechas con estos indios nuevos
convertidos a vuestra santa fe. Amn, Amn, Amn" (II, 11, 283).
Autor: Jos Mara Iraburu