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El Sangalote

Recopilación de la tradición oral michoacana por Pascuala Corona.

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David Sicars
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Sangalote abia una vez un barrendero que se llamaba Sangalote, de esos que barren las calles con unas escobas muy Jargas; pero Sangalote tenia un defecto muy feo: crefa siempre tener razén y por lo tanto era muy terco. Un dia barriendo, barriendo, se encontré un tlaco y se puso a pensar en alta voz, diciendo: —: Qué comprar€? Si compro pan, se me desmorona; si com- pro queso me lo comen las ratas; si compro azticar, se me acaba; compraré garbanzos. —¥ compré garbanzos. Al dia siguiente se fue a trabajar. Lleg6 a una casa, tocé y cuando le abrieron, dijo: —Buena sefiora. ;Quiere que le barra su calle? —jComo no sefior, barrala usted! —Bueno, est bien— dijo Sangalote—, pero zy dénde dejo mis garbanzos? | | SANGALOTE —Alli déjelos en el corral —le contesté la sefiora y Sangalote se fue a barrer y barre que barre, se le acabé el dia. Cual no serfa su sorpresa cuando al ir por sus garbanzos se hallé la bolsa vacia, porque un gallo se los habia comido. Entonces Sangalote llamé a la sefiora y le dijo: —jO mis garbanzos 0 mi gallo; 0 mi gallo o mis garbanzos! Y la sefiora, por no alegar, le dio el gallo. Y alli va Sanga- lote muy contento con su gallo. Todos los dias se despertaba con su alegre ki ki ri ké-y hasta a su trabajo lo Hevaba. Un dia llegé a casa de otra sefiora y le dijo: sQuiere que le barra su calle? —Si, sefior, barrala usted—, contesté la sefiora. —Bueno, esti bien —dijo Sangalote—, pero zdénde dejo a mi gallo? —Déjelo en la caballeriza— le dijo la sefiora, Sangalote se puso a barrer y barriendo se le acabé el dia. Entonces se presenté por su gallo, pero no encontré mas que las plumas, pues el gallo quiso comerse la cebada del caballo, el caballo se enojé y lo maté de una patada. Sangalote lamé a la sefiora y le dijo: —O mi gallo 0 mi caballo; 0 mi caballo o mi gallo. Y la sefiora, por tanto no alegar, Je dio el caballo. Sangalote se fue muy contento, pero como era pobre, tuvo que seguir barriendo, y asi fue como un dia con otro llegé a casa de otra sefiora y le pregunté si queria que le barriera su calle. PASCUALA CORONA —Si sefior, barrala usted —le dijo la sefiora. —Bueno, esta bien —dijo Sangalote—, pero zy donde dejo al caballo? —Alli déjelo en el establo —le contesté la sefiora. Y asi lo hizo Sangalote y se fue a barrer. Y barre que barre se Je acabé el dia. Cuando fue por su caballo se lo encontré con las tripas de fuera porque el caballo quiso comerse la pastura del toro; el toro se enojé y le encajé los cuernos. Sangalote, muy decidido, llamé ala sefiora y le dijo: —O mi caballo 0 mi toro; 0 mi toro 0 mi caballo. Y Ja sefiora, por no alegar, le dio el toro. Pero, a pesar de ser duefio de un toro, Sangalote tuvo que seguir barriendo y un dia con otro Ilegé a casa de una sefiora que tenia una nifia muy desobediente. —Buena sefiora —le dijo Sangalote—. :Quiere que le barra su calle? —Si, sefior, barrala usted —le contesté la seftora. —Bueno, estd bien —dijo Sangalote—, pero zy dénde dejo al toro? —Déjelo en el jardin —le dijo la sefiora—, pero amirrelo bien de un Arbol, pues como el jardin no esta bardeado, si lo deja suelto se le podria escapar. Asi lo hizo Sangalote y después se fue a barrer. El toro comenzé a mugir y la nifia le dijo a su madre: —Mamacita, el toro ha de tener sed, pues se esté quejando mucho. —No le hagas caso —le dijo la madre—, ya sabra el barren- dero qué hacer con él cuando lo oiga mugir. Cuidado y se te vaya a ocurrir Hevarlo a beber a la fuente; piensa que tiene muchas fuerzas y que se podria escapar. La nifia sin contestarle se fue al jardin pensando: “jQué se me ha da escapar! Son ideas de mama”. ¥ as{ pensando, llegé al Arbol, desaté al toro y lo Hevé a la fuente. 26 PASCUALA CORONA Pero sucedié que en cuanto el toro se sintié libre, eché a co- rrer, salt6 las trancas y se perdié detras de la loma. La nifia, muy asustada, se metié a la casa y sin decirle nada a su mami, se escondié debajo de su cama. Barre que barre se le acabé a Sangalote el dia y cuando fue a recoger su toro y no lo encontré, llamé a la sefiora y le dijo: —O mi toro 0 mi nifia; o mi nifia o mi toro. Y como la sefiora no tenia con qué pagarle el toro, sacé a la nifia desobediente de debajo de la cama y con todo el dolor de su coraz6n, se la entregé a Sangalote, que muy contento, la eché al costal de la basura y cargé con ella. —Ahora si quien me remiende los calcetines, quien me ayude a barrer —y se decia—, ya tengo quien me haga la comida diciendo, se encontré a un indito que vendia guitarras. —:Qué haria yo para comprarme una jarana? jLastima que no traigo dinero! Y diciendo y pensando cémo haria, le dijo al indio que lo es- perara mientras entraba a una panaderia a ver si le daban trabajo y asi podia comprarle la jarana. Los panaderos aceptaron que Sangalote les barriera la calle; entonces éste les pregunté dénde podia dejar su costal mientras barria. Los panaderos le contestaron que en la bodega donde es- taban los costales de harina, y en la bodega dejé Sangalote su costal y se fue a barrer. SANGALOTE La nifia, que se habia quedado en la bodega, dentro del cos- tal, comenzé a gritar; los panaderos al oirla fueron a ver lo que pasaba y al abrir el costal de Sangalote y encontrarse a la nia le preguntaron por qué estaba alli. La niiia les cont6 lo que le habia pasado y les prometié no volver a ser desobediente si la dejaban irse. Asi lo hicieron los pa~ naderos y la nifia, muy escarmentada, corrié para su casa. Entonces los panaderos Ilenaron el costal de viboras, ranas, sa- pos, ratas y ratones, arafias, alacranes y toda clase de animales pon— zoiiosos, pues no querian entregarle al barrendero el costal vacio. Cuando Sangalote acabé de barrer, cobré su dinero, compro pan, compr6é queso, compré la guitarra, recogié su costal y se lo eché al hombro. ¥ alli va muy contento, andate que andards, camino del mon- te donde vivia. Pero de repente, jque siente en el Jomo unas mordidas muy fuertes y creyendo que era la nitia le dio un manazo diciendo: —jArre nifia, no muerdas! Y siguié su camino y volvié a sentir otras mordidas mas fuer tes y como seguia creyendo que era la nifia le volvié a pegar y a decir: jArre nifia, no muerdas! Pero como seguia sintiendo las mordidas, decidié detenerse a descansar un rato. Entonces se sent6 debajo de un Arbol, puso junto su costal, cogié su guitarra y se puso a tocar, y al tiempo que tocaba canto: 28 SANGALOTE De mi tlaco, mis garbanzos, de mis garbanzos, mi gallo, de mi gallo, mi caballo, de mi caballo, mi toro, y de mi toro, mi muchachita, mi pan y queso y mi jaranita. jSal nifta hermosa! Y abrié el costal y salieron todos los animales y se Jo comieron. Y¥ el cuento de Sangalote, Como se los cuento yo, Por una oreja me entrd Y por otra me salid. MORELIA, MLCHOACAN MACAQUITA (MARiA)

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