50% encontró este documento útil (2 votos)
368 vistas88 páginas

Hilda Sabato

Historia Argentina

Cargado por

martiaredez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
50% encontró este documento útil (2 votos)
368 vistas88 páginas

Hilda Sabato

Historia Argentina

Cargado por

martiaredez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
Hilda Sabato Historia de la Argentina 1852-1890 siglo veintuno Ssrsz Introduccion La Argentina, Historia poltica. Esto tro, Agradecinientos 1. Constituir una republica federal ‘San Nicos. Doin palabras alas armas, Buenos Aires sada, La Los Poderes del estado. 1 gobierno dé Uriuiza. Finanzas, Las ‘elaclones exteriors. La organizactn itr. Se reactiva a vida Poitica. Un orden procario 8. Dos repiblicas (I). El estado de Buenos Aires Las relaciones entre Buenos Aas y la Confedetacién, La ‘Quer continda. Pawn 4. En busca de un estado lun estado. Estuerzs de construccion estat. imperative del ‘Progreso, roducolén y comercio. La bisqueda dal organ. La paltica prctica, Los trabajos electorales, Prensa y police 5.En guerras Resstencasfederales, Discord ene Woevales. La gran guerra. a ditéica regional, Hacia la quar. La Tile lanza. La Contionda. Reacciones. La guara en la Argentina. Oposiciones, esata leva, Las rebeliones fedeales. La guerra en debate. Ya ada te gua 112Hstria dota Argentine, 1852-1890 fara referir a las décadas de 1850 a 1880 resulta ‘que la tradicional f6rmula de “los afios de Ia organiza- ‘Gién nacional” para dar cuenta de las incertidumbres y turbulencias de esa etapa. "Al mismo tiempo, también es engaiiosa la imagen muy dif de 1880 como exitosa culminacién del proyecto de con: estado y de instauracin de un orden pol ‘ia atrds, en el largo plazo es posible sefialar que ese afio fue crucial para ambos procesos, pero para los contemporaneos las certezas con Gque se abri6 esa década a poco de andar trocaron en perplejidad y, algo més tarde, en impugnaci6n politica (que, a partir de 1889, afect6 la vida, ‘Argentina, La recuperaci6n demo ‘muy importantes en todo nivel pais de fines de siglo era, en muchos sentidos, bien diferente de aquel cuyo perfil parecfa tan claramente definido en 1880. ‘ i Historia politica Este libro atiende a esas décadas de nuestra historia con-el foco puesto en sudimensi6n politica. Se pregunta por cOmo se organiz6 y constru- yéelpoder en el marco de procesos mas amplios de transformaci6n so- Cal, econdmica y cultural. Estéestructurado en torno de dos ejes prin cipales de interrogacién, estrechamente imbricados. Por un lado, se cexploran los proyectos y ensayos de formacién de una nacin federal, en la que—tal como lo exigia la Constitucién nacional~la soberanfa era ‘compartida entre una instancia de poder. central y los estados provin- ‘Gales, Por otro lado, se analizan los sucesivos intentos de construccién ylegitimacién de la autoridad politica en la nueva repiiblica, No hubo, en ninguno de los dos planos, recetas tinicas o caminos prefijados, mas alld de! marco normativo establecido por la carta mag- ha. En el primer caso, existieron diferentes maneras de entender, pro- yectar y construir el estado, que levaron a confrontaciones frecuentes Tuyos desenlaces definieron resultados inestables. Slo hacia finales det perfodo fue tomandlo forma un modelo de estado relativamente fuerte, ‘que busc6 subordinar las provincias a un orden centralizado, En cuanto a la autoridad politica, ma representativo fijado por la Constitucién, se crearon y pusieron a prueba diferentes mecanismos destinados a acceder, ejercer y conva- Introduocin 13, lidar el poder politico, asf como a establecer los nexos entre pueblo y Hubo, a lo largo del perfodo, pautas duraderas en las a laver que se gestaron otras, dane ga agtadaeinestable En la década de orden duradero como preludio necesario del * reludio necetatt del ‘progrso" sé tadujo en la biaqueds, por parte de una renovada ditgencia, de imponer «en 1880, pero una década més tarde seria objeto de una fuerte pugnacién, que volveria a incorporar la incertidumbre en la vida que representé la Constitucién nacionalyy los intentos forma al nuevo orden republicai federal. Anal las cuatro décadas siguientes sein un recosido que de apoya en los doses ait men- Jos: el que tiene por centro ls conifictos en tornd al estado y el, que atiende a los mecanismos de accién y legitimacién politica y a Iuchas por el poder. Gonsta de diez capitulos ordenados eronol6gica- mente segtin subperfodos definidos por los ritmos de la vida politica. Las gestiones presidenciales ocupan, en ese esquema, un lugar destaca- do pues, debido al caricter presidencialista de los gobiemnos nacionales y ala indole precaria del aparato estatal en. constru ‘mandatario imprimi6 su selloa la administracién del fueron instancias decisivas de la disputa partidari os P laria y marcaron el com- Elegi terminar el libro en un momento de profunda crisis, que con- trasta con las representaciones mas habituales de la segunda mitad del siglo XIX como el perfodo de consolidacién del estado y el orden po- jografia ha recogido en clave de culminacién de un proceso, 10 capitulo aspira a dar cuenta 1. Constituir una republica federal En 1882, la derrota de las fuerzas de Juan Manuel de Rosas en Caseros en manos de un ejército comandado por el gobernador de Entre Rios, Justo José de Urquiza, produjo el derrumbe del régimen vigente desde la década de 1830 ~una confederaci6n de provincias bajo hegemonia portefia-. Se inauguré entonces un conflictivo proceso de rearticulacién politica e institucional, ‘que desembocé en fo inmediato en la reorganizacién de la Con- {federacién Argentina bajo influjo de Urquiza y en la secesion de Buenos Aires erigida en estado auténomo del resto. Al mismo tiempo, el gobiemio confederado sancioné la Constitucion na- ional, que instituyé a la Argentina como ropablica federal. Este capitulo 8 conflictos desatados en ese afio bisagra de 1852, asi las novedades radicales que introdujo la carta constitucional. EI 2 de febrero de de Juan Manuel de Rosas, y cor que hasta entonces habia arti conjunto de la Confederaci Argentina, Justo José de Urquiza, gobernador y hombre fuerte de Eni Rios, comandé el ¢jército de mas de 28 000 hombres que venci6 a las, tropas rosistas en la batalla de Caseros. Si bien las fuerzas enfrentadas ‘eran de similar envergadura, el tri mado Ejército Grande fue ido, de manera que hubo menos bajas (unos 2000 entre muertos y ‘que prisioneros (unos 7000). 1y6 en Buenos Aires el régimen también el andamiaje politi id y otros se dispersaron por ir las redadas enemigas y ~quizé~ volver a sus hogares o a sus pagos. Rosas se refugié en la casa del encargado de Negocios de Gran Bretafia en en pocas horas, se derrumbé un orden. 20 Hstria dela Argentina, 1852-1890 3: Final del combate, 6160 s0bre ‘Juan Manuel Blanes, Batalla de Caseros: tela, 71,5 x 229 om, 1856-1867, Colocci Palacio San José, Musoo y Monumento Histérico Nacional ‘J. J. de Urauiza’ UUrquia se instal en Palermo, en I que habia sido sonns, Desde allt, busc6 controlar la situaci6n inm Bona, a gues de lene or pate dele flores y ladrones, de soldados que rondaban sin mando y aun de las tropas vencedoras, Sin autoridades reconocidas, la ciudad fue tersto- yy varios personajes cevitarlos. Finalment xr de dias de atropellos y descon- ar yar apolar mena dé poco dia se ste Sinan Aunque lrepresion ne wads dling Mos, muchos dels colgads on poses a doer prs dimndit alos potencales delineates abo, aden, ads por su selon P ea jeron en el campo rosista y tomorae al efecto de Urge, nego Move paso a is ros fueron we entero Gus ics mas: mbes 5 tes pionerosypsados po as aa Se ne oe ey cago, no fue ocopada. Urquza exp w cama ena que bababa tavtonfateridady a ceria area cde ogi ~ ae rnteneno, deve eoftecmiento dep ae on formada por vcnon notables. cabo design 2 re ncn pretigise personae prteio qe habia Corti una rope edera 24 MAMMA ee Entrada del Ejército Grande en Buenos Aires, ‘segiin versiones de Adolfo Saldias y Domingo Faustino Sarmiento (Cuenta Saldias: “Los tres ejércitos, entrerriano-correntino, oriental é imperial brasilenio, formaron en la maviana del 20 de Febrero 4 lo largo del camino de Palermo hasta ol Retiro. A medio dia, él general Urquiza, montado en un soberbio caballo del general Rosas, con poncho, sombrero de copa ata, adornado con ol cintilo punzé y seguido de su estado mayor, ccruzé la plata del Retiro (hoy General San Martin); y entré en la calle del Pend (hoy Florida) la cabeza de la gran columna de infanteria y atil- ‘fa, cuya retaguardia cerraban las divisiones de caballeria Las azoteas y ventanas, adomadas con profusién de banderas de varias rnaciones, estaban coronadas de gontes. De trecho en trecho los jofos de batalién daban vivas al libertador Urquiza y & los aliados en particu- lar. Estas manifestaciones encontraban ecos mas 6 menos entusiastas en un pablico que, si realmente entusiasmo experimentaba, no podia detenderse de cirta curiosidad roedora en presencia de ese espectd ‘culo completamente nuevo para Buenos Aires desde la fundacion de cesta ciudad, de un ejército extranjoro pasedindose 4 banderas desploge: {das por las calles de esa ciudad donde tan sélo uno ~el Briténico- habia tentrado, pero para rendir sus armas en la plaza principel que por ello se llamé de la Victoria. Cuando ta brigada brasilora entrontaba la bocacalle el Templo (hoy Viamonte), de un grupo de jévenes partieron agudos silbidos que al momento fueron hogados. Cuando el general Urquiza acababa de pasar la bocacalle hoy de Corrientes, la ventana de una casa, donde como, en muchas otras; no habia ni personas ni banderas, abridse de stibito... Asesino! jAsesinol Grits una dama extendiendo su brazo hacia Urquiza. Era la sefiora dofia Ventura Mathou, madre del ‘coronel Paz, muerto en Vences. Otras escenas andlogas se produjeron en el trayecto del eército aliado hasta la calle Federacién (hoy Rivadavia) 24 Historia de a Argentina, 1852-1890 de Ia Aduana los for tanto se reuniera el cot is para crear tun nuevo tipo de unidad, que no depei {jercicio vertical del poder que sobre el conjunto ejercfa la todas cllas. A dos dias de firmarse el protocolo de Palermo, considers autorizado para invtar a los gobernadores a con “Convencién Nacional” a realizarse en San Nicolés de los An «que “propendieran todos de acuerdo ala organizacion de la Replica”. PAA Justo José de Urquiza en 1852 ‘Cuando se levanté contra Rosas, Justo José de Urquiza tenia 50 aos. Haba nacido en 1801 en Entre Rios en o} sono de una familia destacada «en el émbito local. Su padre, oriundo de Vizcaya, se habia convertido ‘en un tico comerciante y hacendado del oriete entreriano. Justo José cestucié dos afios en el Real Colegio de San Carlos en Buenos Aires, para juego instalarse en Concepcién del Uruguay donde inci sus actividades: ‘comerciales, A principios de los afios 20 inicié su carrera poltica en la provincia, prticpando de las huchas que agtaron la region. Ejeroé cargos representatives y mitares, y varias veces tuvo que exilarse por razones polticas, Su poder se afirmé durante la gobernacién de Pascual Echa- ‘gue, alado de Rosas, cuando se convinié en destacado comandante ide las fuerzas federales. Llegé a la gobemacién de Entre Rios on 1841 y desde ese lugar, diez afios més tarde lanzé la campatia contra Rosas. Para entonces, Urquiza habia ampliado notablemente sus negocios que Const ura ope feral 25, ‘comercio en gran escala y la propiedad de tras, ademas de la operacién de vapores y la explotacion de saladeros y_ Justo José de Urquiza, detalle del daguerrotipo original, 1852, Golecoién Museo Histérico Nacional. Asi lo vieron sus contempordneos: ‘Segin Sarmiento, en 1852: “Es el general Urquiza un hombre [... alto, gordo, de facciones regula- res, de flsonomia mas bien interesante, de ojos pardos suavisimos, y de ‘expresion inditerente in eor vulgar. Nada hay en su aspecto que revele un hombre dotado de cualidades ningunas, ni buenas ni malas, sin elevacion ‘moral como sin bajaza. Cuando se encoteriza su voz no se altera, aunque habe con mas rapidez, y cortando las palabras; su tez no se enciende, ‘us ojos no chispean, su cefio no se frunce, y parectora que se finge mas tenojado de lo que esta [...]. Nnguna sofal pude observarie de disimulo, ino es clertos habitos de expresién que son comunes al paisano |... ‘Su porte es decente: viste de poncho blanco en camparia y en la ciudad, pero leva el fraque negro cuando quiere [..]. La dnica cosa que Ie afea es 28 Historia dela Argentina, 1852-1890 cada vex mas claro, ademas, que no subordinaria su proy tensiones portefias, Estas dos posiciones cobraron forma en las semai Caseros, a medida que, tanto en Palermo como tillo punz6, un poderoso gesto simbélico que desa visitaran en Palermo. A partir de ese momento, crecié la polémica. Ese distintivo habja sido obligatorio en tiempos de Rosas, y los portefios lo interpretaron como una reediciGn de las arbitrariedades del pasado re- ciente. Para los urquicistas, en cambio, se trataba de una divisa federal adoptada espontaneamente por "los pueblos de la Reptiblica”. Se suce- 46 a continvacién una andanada de palabras; el gobierno provisional portefio diet6 un decreto aclarando que el uso del cintillo era opcional, y Urquiza emitié una proclama al ‘pueblo de Buenos Aires” en la que, ‘con duros términos, acusaba a su gobierno de blandir el pretexto del cintillo para “sembrar la discordia”. Los sucesivos pasos de esta disputa marcan los grados de crispacién creciente entre las dos partes en todos Jos planos. ‘Tanto en uno como en otro bando se alinearon ex emigrados, ro- lugar a dos grupos sistas conocidos y federales moderados, lo cual internamente heterogéneos- que compet jento del gobierno y de la habia dejado un vacio inmediato, pero tambié para la renovacién de los elencos dirigentes. | aparato represivo y la reinstauracién de yreuni6n ofrecieron el marco para que surgiera dé quienes habian permanecido en Ia disciplinada Buenos Aires, fue- les en el nuevo escenario. ¥ la prensa fue para ellos, publica: el 1? de abril aparecieron por primera vez Los Debates, dirigido por Bartolomé Mitre, joven yascendente figura del porteitismo, y £1 Progreso, portavoz del gru- po mas cercano a Urquiza. Un mes més tarde, Dalmacio Vélez Sarsfield, ‘Constr uri repsica federal 29 stas, cre6 El Nacional, sus diversas manifestaciones. El régimen rosista puso particular lar su propia prensa, mientras censuraba toda expresién de Al caer Rosas, cay6 taml ‘censura previa, y los diferen- tes grupos politicos crearon, muy ripidamente, sus propios medios de difusién. Cada uno de esos érganos sirvi6 tanto para poner en circula- cin las ideas del sector respectivo como para intervenir en el debate piiblico y actuar en las disputas politicas. Eran los mismos dirigentes {quienes escribian muchas de las notas y los que supervisaban la orienta- cin del periédico que los representaba. Cuando Urquiza autoriz6 el llamado a elecciones ~fijadas para el 11 de abril de 1852- para la Legislatura de Buenos Aires, que habia sido disuelta luego de Caseros, los diarios actuaron como instrumento fandamental de la confrontacién previa a los comi circular nombres de candi cci6n oficial de la li de Rosas. Ahora, las candidaturas surgian desde diferentes los diarios parche en una u otra direccién. Hubo, : movieron a “sus jueces de paz Jave en Ia organizaci6n y iar los comicios que a la vez operaron a través de sus al ministro de Gobierno Alsina, triunf6 sobre la “amaril por el gobernador y por el propio Urquiza. °, respaldada 82 Historia de a Argentina, 1852-1600 pero cuando este arribé a la ciudad y envio el proponiendo su aproba« lencia. Arreciaron los ataques contra el pacto en las columnas de Las Debates y EL Nacional, mi volantes y pegaban cart junio comenz6 el deba los representantes y funcionarios del gobierno, el priblico poblaba las galerias (la “barra”) y las calles aledaiias. DAMA eee Buenos Aires en ocasién del debate del Acuerdo de San Nicolas ‘Segtn informaba Robert Gore, representante inglés ante ol gobi Buenos Ares, a Malmesbury, su superior en el Foreign Office: “El interés ‘que mostraba el pueblo era tan grande, que la Ciudad aparecié como en dia de festa. Casi todas las tiendas estaban cerradas, y en hora muy temprana no s6lo a Galeria de la Sala, sino todas las cales colindantes, estaban llenas de gente. Provocaba este interés la creencia de que ésta ‘Conwencién iba a otorgar un Poder como el que detentaba el General Rosas antes, lo cual no deseaba ol pueblo". En James R. Scobie, La lucha por la cansolidacién dela nacionalidad argentina (1852-1862), Buenos Aires, Libreria Hachette &.A., 1964, pa Alla presentacin y defensa del Acuerdo por parte de dos ministros pro- vinciales, Juan Maria Gutiérrez y Vicente Fidel Lépez (hijo del goberna- hn ee Debate legislativo sobre el Acuerdo de San Nicolis Bartolomé Mitre sostuvo, en su discurso en la legisiatura, que "a auto dad creada por el Acuerdo de San Nicotis no se funda sobre el derecho natural... No se funda tampoco sobre ol derecho escrito, porque el tratado de 4 de Enero de 1831 invocado por al Acuerdo como ley funda- mental de la Republica, y que lo es, en efecto, ha sido violado en su letra yen su espiitu, por el hecho de crear una autoridad que él no reconoce ni acepta, y que inviste mayores facuitades que las que por ese Pacto doben depositarse en fa Comisién Representativa de los Gobiemos", Viconte Fidel Lopez, afirmaba en esa ocasion: "Y aqui sefores, ‘me honro con ta declaracién que hago: que amo como el que rs al pueblo de Buenos Aires en donde he nacido! iPero alzo mi voz para ‘que mi patria es la Repaibica Argentina y no Busnos Aires! El provincialismo, seftores, es hoy absurdo. No hace mucho que la Pro: Vincia de Buenos Aires, habia renunciado al honor y a la fama; y se habia eniregado a un tiano déndole sus rentas y sus soldados |..]. Muchas leyes hay votadas en este mismo lugar que comprueban lo que he dicho, renunciando Buenos Aires a su honor, a su ibertad y a su fama", En Adolfo Saldias, Un siglo de insttuciones. Buenos Aires en el cantenario fa Rovolucién de Mayo, toma |, La Plata, Imprenta oficiales, 1910, pp. 810-311, y James R. Scobie, La lucha por la consalidacin de la naciona- lide argentina (1852-1862), Buenos Aires, Libreria Hachette S.A., 1964, ‘36 Historia dela Argentina, 1852-1890 igrada por aden 1 de los ejercicios ue debian enrolarse y part a, la Guardia pronto se convirtié en una fi clave de construccién y invasién a Corrientes y Entre Rios, frustrada por las fuerzas de Urquiza. La actitud crecientemente confrontativa del gobierno porteio de los jefes » cular, del coronel Hilario Lagos, de destacada trayectoria bajo ese régi- ‘men, que habia sido designado comandante en jefe del Departamento del Centro de la provincia por el gobierno de Alsina. El 1° de diciembre este se alz6 en armas contra el gobierno local, en nombre de con los “pueblos hermanos” y de la paz “reparadora’, para nuncia de Alsina y la concurrencia al Congreso de Santa Fe, si bi nifesté a su vez que no aceptaria agresién alguna por parte de las dems provincias. Tuvo éxito en levantar parte de la campatia y con sus egé hasta la propia ciudad, donde un \cuentro con Ios flamantes frend su avance, aunque |. Buenos Aires se pertrechaba yse preparaba para defenderse de lo que pronto fue el sitio declarado por Lagos y, algo mas tarde, el bloqueo de su puerto. PAM eTeaeeeaee Proclama de Hilario Lagos leida en la plaza de la Guardia de Lujan - yenviada a los demas pueblos de Buenos Aires Habitantes de la Capital: tenis enfrente de vuestras calles un efécito de ‘compatriotas que solo quiere la paz y la gloria de vwestro pais. Son vues- Constr una replica federal $7 los el plomo destructor. No enlutéis ‘ve le habian arrebatado unos pocos de sus malos hijos. Nada temais de los patriotas que me rodean: el ejécito de valiontos ‘que tengo ef honor de mandar, no desea laureles enrojecidos con la san- ‘gre de sus hermanos. Solo quiere paz y ibertad. El gloioso pabellin do mayo es nuestra divisa, y nuestros ostandartes serén siempre emblemas vonturosos de fratemicad, y de unién sincera de todos los partidos. Basta de males y desgracias para los hijos de una misma tierra, Pata y Nbertad " sea nuestro Norte jLa gloria de un abrazo fratomal nuestro premio! En Maria Femanda Barcos, “Expresiones polticas y movilizacién popular en fos pueblos de la campafia de Buenos Aires. La Guardia de Lujan y e! sitio de Lagos (1852-1854), en Nuevo Mund, Mundos Nuevos, 2012. a La situaci6n era dificil para Alsina los sitiadores exigian su alejamiento ¥ sus aliados portefios le retaceaban apoyo~, quien a los pocos dias de iniciado el sitio present6 su renuncia. A partir de ese momento, los diferentes grupos politicos sellaron una férrea alianza para re sitio duré més de seis meses, durante los cuales hubo negociaciovtes las partes y hasta un proyecto de tratado de pay con la Confede- las fuerzas de Lagos, n; avances y retrocesos combates terrestres y en el destinada a sobrellevar el problemas de abast 10s porteiios ~de onto superaron de otros jefes militares les a quienes reclut6 para administrar la provincia, que contaban, ademés, con bases populares propias. Unquiza rigadier general de Fuperto do San Juan, por 7 José Benjamin Gorostiaga, abogado de Santiago del Estero, por su provincia; Juan Maria Gutiérrez, de Buenos Aires, por Entre Rios; Dein B. Huergo, abogado de Salta, por San Luis; Benjamin Lavaisse, sacerdote de Santiago del Estero, por su. provincia; Manuel Leiva, de Santa Fe, por su provincia .Juan Llerena, abogado de San Luis, por su provincia; José Ruperto Pérez, de Entre Rios, por su provincia; Juan Francisco Segui, abogado de Santa Fe, por su provincia: Luciano Torrent, abogado y médico de Corrientes, por su provincia; ‘Martin Zapata, abogado de Mendoza, por su provincia; Pedro Algjandino Zenteno, sacerdote de Catamarca, por su provincia; ‘Salustano Zavala, abogado de Tucumén, por su provincia; FFacundo Zuviia, doctor en derecho de Salta, por su provincia. 7 de 1852, pe pal DAMA eeee ‘Juramento de la Constitucién en Mendoza Elacto de juramento se lev6 a cabo en muchos pueblos de la Confede- racién de acuerdo a la férmuta dispuesta por ol gobiemo. [En Mendoza} [..1 6! poder ejecutivo emitlo un decreto que ordenaba detaladamente la forma en la que se cumpltia ol acto de juramento |... Disponia ol jura- ‘mento y promulgacién de la Constitucién para el 9 de juli, en fa capital yen las "vilas y fortalezas de la camparia’, convocdndose a todos ios CGudadanos a concur en sus respectivos distritos alos lugares que se designaban. El er formaria en ta plaza a las ocho de la maftana, los representantes del gobiemo y los miembros de la cémara de justicia ‘se porsonarian de sesiones a las 9 dol dia 9 y desde all una ‘comisi6n compuesta por el presidente de la legislatura, ode la camara de |usticia y ef ministro general, presidida por el gobernador, “acomparada por los representantes del pueblo® y demas empleados civil ‘escoltada por la guarcia de honor, conduct tae! lugar donde debe presentarse al pueb ‘comicios pibicos” 0 sea con partcipacién popular activa, en la plaza de * 2. Dos republicas (I) La Confederacién Argentina En base a la Constitucién en 1853, la Confederacién Argentina se organizé como repablica federal. Reunia a trece de las cator- ce provinclas, pues Buenos Aires se separé dol resto y funcioné ‘como estado auténomo hasta 1860. En todo el pais se realiza- ron elecciones para integrar el poder ejecutivo y el Congreso nacional. El flamante gobierno, con Justo José de Urquiza a la ‘cabeza, se instal6 en Parana, Entre Rios, deciarada capital pro- visoria. Las autoridades buscaron crear los mecanismos para definir¢ instrumentar la nueva soberania estatal. Esos intontos resultaron conflctivos y favorecieron una intensa dinamizacién de la vida politica en todos los niveles. Este capitulo explora los esfuerzos de constitucién de un poder central asi como las disputas desatadas en torno a ellos. rapidez con que se lograron los acuer- dos para sancio 10 de que s6lo una provincia se a jurarla, fa rica y siempre lado, y la biisqueda de un ordenamiento ‘a.un centro, por otro lado, fueron las prin- sen la acei6n de Urquiza y su entorno en la primera uyente resolvi6 designar como capil sidiera el gobierno nacional. Asi, cuando el reci tivo fij6 su sede en Parand, esta se ‘oda la provincia fue feder gubernamental fue- ra: la ect En los otros campos de npacto relativo. CCatl Muller, Casa de Gobierno de Parana. cs). Al mismo tiempo, Ios i destinad dejando a las provi los gastos del erario El gobierno de Urquiza iente de recursos, 52 Hotora dota Argentina, 1852-1890 Puorto de Rosario, 1868, Coleccion Roberto Ferra Las relaciones exteriores PATA eT ee Los diplomaticos extranjeros en Parand mercio que Urquiza habia aceptado en 08, los encargiados bri asistieran ala asuncién del poder de Urquiza en 1854, y nit diplomatico se estableciera en Parand, demostraba la prudente las potencias extranjoras |... Factores de corweniencia y comodidad como también consideraciones: practicas respecto de sus intereses nacionales determinaron esta tenden- ia de los agentes extranjoros a establecerse en Buenos Aires y liar sus contactos con Parand a breves visitas 0 al intercaribio de correspon- dencia, Parana, una ciudad de provincia de apenas diez miles habitan- tes, no podia compararse como lugar de residencia con la cosmopoita Buenos Aires. EI ministro de Estados Unidos, James Peden, fue desagra-

También podría gustarte