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El Rey se muere
El peatén del aire
El cuadro
Delirio a dio
EUGENE IONESCO
Traduccién de
Maria Martinez SierraBerenguer I, el rey
Jacques Mauclair
La reina Margarita, primera esposa del rey
Berenguer }
Tsilla Chelton
La reina Maria, segunda esposa del rey Berenguer I
Reine Courtois
El médico, que es también cirujano, verdugo,
bacteridlogo y astrélogo
Marcel Cuvelier
Julieta, asistenta, enfermera
Rosette Zucchelli
Elalabardero
Marcel Champel
Esta obra seestrené cl 14 de diciembre de 1962 en el Teatro de a Alianza
Francesa, en Paris. La puesta en escena era de Jacques Mauclair, Ia e3-
centografia y los trajes de Jacques Noal, la misc de escena de Geos
conga a riisica de escena de Georges
10
DEcoRrapo
Sala del trono, un tanto deteriorada, vagamente g6-
tica, En el centro del escenario, contra el muro del
fondo, algunos escalones llevan-al trono del rey. Aun
lado y a otro del escenario, casi en frimer término,
dos tronos mas pequefios que son los de las dos reinas,
sus esposas.
A la derecha del escenario, en el fondo, puerta pe-
quefia que conduce a las babitaciones del rey. A la
izquierda, en el fondo, otra puerta pequefia. También
ala izquierda, en primer término, puerta grande; en-
tre esta puerta grande y la pequefia, ventana ojival.
Otra ventanita a la derecha del escenario; puertecita
ala derecha, en primer término. Cerca de la puerta
grande, un viejo guardia, con su alabarda,
Antes de levantarse el teln, mientras el tel6n se
levanta, y algunos instantes mds, se oye una mtisica,
irrisoriamente regia, imitada de los Levers du Roi del
siglo Xv.
Alabardero (anunciando): Su Majestad, el Rey Beren-
guer Primero. {Viva el Rey! :
(Eley, con paso bastante vivo, manto de prirpura,
corona en la cabeza, cetro en mano, atraviesa el esce-
IrEUGENE IONESCO
nario, entrando por la puerta pequefia de la izquierda
y sale por la puerta de la derecha del fondo)
Alabardero (anunciando): Su Majestad, la reina Mar-
garita, primera esposa del Rey, seguida por Julieta, asis-
tenta y enfermera de Sus Majestades. ;Viva la Reina!
(Margarita, seguida por Julieta, entra por la puer-
ta del primer plano de la derecha y sale por la
puerta grande.
Su Majestad, la reina Maria, segunda esposa del Rey,
primera en su coraz6n, seguida por Julieta, asistenta y
enfermera de Sus Majestades, ;Viva la Reina!
(La reina Maria, seguida por Julieta, entra por la
puerta grande de la izquierda y sale con Julieta
por la puerta del primer plano ala derecha, Maria
parece mds hermosa y més joven que Margarita.
Lleva corona y manto de purpura. Y joyas. Su
manto es de estilo mas moderno y tiene aspecto
de haber sido hecho por un gran modisto. Entra,
por la puerta del fondo izquierda, el médico).
Su Altaneria, el sefior médico del Rey, cirujano, bac-
terilogo, verdugo y astrdlogo en la Corte.
(El médico avanza hasta el centro del escenario;
Iuego, como si se le hubiera olvidado algo, desanda
Jo andado y sale por la misma puerta por don-
de entr6. El alabardero permanece en silencio al-
gunos instantes. Parece estar cansado. Apoya la
alabarda en el muro, y se sopla las manos para
calentarselas).
Sin embargo, a esta hora debe hacer calor. Calefaccién,
enciéndete. Nada, no marcha. Calefacci6n, enciénde-
te. El radiador sigue estando frio. ;No me ha dicho que
42
EL REY SE MUERE,
me retiraba la delegaci6n de la lumbre! Oficialmente,
al menos. Con ellos, nunca sabe uno a qué atenerse.
(Bruscamente, vuelve a empuitar su alabarda. La
zeina Margarita vuelve a aparecer por la puerta del
fondo izquierda. Lleva en la cabeza una corona,
manto de ptirpura bastante usado. No tiene edad.
Aspecto severo. Se detiene en el centro del escena-
rio, en primer término. Julieta la sigue).
iViva la Reina!
Margarita (a Julieta, mirando en derredor): \Cunto
polvo hay aquit ¥ colillas en el suelo.
Julieta: Vengo del establo, de ordefiar la vaca, Ma-
jestad. Ya casi no da leche. No he tenido tiempo de
Jimpiar el living.
‘Margarita: Esto no es un living. Bs el sal6n del trono.
Cudntas veces tendré que decirtelo?
Julieta: Esta bien, el salén del trono, si Su Majestad
quiere. No he tenido tiempo de limpiar el living.
‘Margarita: Hace frio.
Alabardero: He intentado encender la calefaccién,
Majestad. No funciona. Los radiadores no quieren
hacer caso. El cielo est cubierto, las nubes no parece
que quieran disiparse facilmente. Bl sol trae retraso.
Sin embargo, of que él le daba la orden de aparecer.
Margarita: {Ab, vamos! El sol ya no obedece.
43Alabardero: Anoche of un leve crujido. Hay una grieta
enel muro.
Margarita: Ya? Esto marcha de prisa. No lo esperaba
tan pronto.
Alabardero: Intenté taparla, con Julieta.
Julieta: Si, me fue a despertar a medianoche. ;Con lo
bien que yo estaba durmiendo!
Alabardero: Se ha vuelto a abrir. Hay que volver a
taparla?
‘Margarita: No vale la pena. Es irrevocable.
(A Julieta).
¢Dénde est4 la reina Maria?
Julieta: Debe estar todavia en su tocador.
‘Margarita: De seguro.
Julieta: Desperté antes de amanecer.
Margarita: ;Ah! ;Vaya!
Julieta: La of llorar en su cuarto.
‘Margarita: Reir o lorar: es todo lo que sabe hacer.
(A Julieta).
Que venga inmediatamente. Vete a buscarla.
(En ese preciso momento aparece la reina Marga-
rita, vestida como antes se ha dicho).
Alabardero (un segundo antes de la aparicion de la
reina Maria): Viva la Reina!
Margarita (a Maria): Tenéis los ojos irritados, querida.
Lo cual dajia a vuestra hermosura.
Maria: Ya lo sé.
Margarita: No volvais a empezar a llorar.
Marfa: No puedo impedirlo. jAy de mi!
Margarita: Sobre todo, no perdais el juicio. No ser-
viria de nada. Lo que ha de suceder cae dentro de la
norma de las cosas, sno es asi? Lo esperabais? Ya no
lo esperabais.
‘Maria: Vos no esperabais mas que eo.
Margarita: Afortunadamente. Por eso, todo esta a
punto.
(A Julieta).
Dale otro pafiuelo.
Maria: Yo siempre esperaba...
Margarita: Tiempo perdido. jEsperar, esperar!
(Se encoge de hombros).
‘No tiene mas que eso en la boca, y lagrimas en los ojos.
iQué costumbrestEUGENE IONESCO
Maria: ¢Habéis visto al médico? ¢Qué dice?
Margarita: Lo que vos sebéis.
Maria: Quiz se engafie.
Margarita: No iréis a volver a empezar el jueguecito
de la esperanza. Los signos no engaiian.
Maria: Tal vez los haya leido mal.
Manger : Los signos objetivos no engafian. Lo sa-
gis.
Maria (mirando al muro}: ;Ay! {Esa grieca!
‘Margarita: jLa veis! Y no es s6lo eso. Culpa vuestra
€s si no esté preparado, culpa vuestra si va a sorpren-
derlo. Lo habéis dejado hacer, hasta le habéis ayuda-
do a extraviarse. jAh! La dulzura de vivir. ;Vuestros
bailes, vuestras diversiones, vuestros desfiles; vuestras
comidas de honor, vuestros artificios y vuestros fuegos
artificiales, las bodas y los viajes de boda! ¢Cudntos
viajes de boda habéis hecho?
Maria: Era para celebrar los aniversarios del matri-
monio,
Margarita: Los celebrabais cuatro veces al afio. “Hay
que vivir!”, deciais... No se debe olvidar.
Maria: Le gustan tanto las fiestas.
46
EL REY SE MUERE.
Margarita: Los hombres saben. {Hacen como si no
supieran! Saben y olvidan. Eles rey. Fl no debe olvidar.
Debja haber tenido la mirada dirigida hacia adelante,
conocer las etapas, saber exactamente lo largo del ca-
mino, ver la llegada.
Maria: Mi pobre amor, mi pobre reyecito.
Margarita (a Julieta): Dale otro paiuelo.
(A Maria).
{Un poco de buen humor, vamos! Vais a comunicarle
vuestras lagrimas. Es contagioso. Ya es bastante débil
por cuenta propia. ;Esa influencia detestable que habéis
tenido sobre él! jEn fin! El os prefirié a mi. ;Ay de mit
No estaba celosa, nada de eso. Me daba sencillamente
cuenta de que lo que hacia no era razonable. Ahora
ya no podéis hacer nada por él. Ahi estdis bafiadita en
lagrimas, ya no me hacéis frente. Ya vuestra mirada no
me desafia. Donde han ido a parar vuestra insolencia,
‘vuestra sonrisa irnica, vuestras burlas? Ea, despertad.
‘Ocupad vuestro puesto, procurad manteneros erguida.
iAh, seguis llevando vuestro hermoso collar! Venid.
Ocupad vuestro puesto.
Maria: No podré decitle...
Margarita: De eso me encargaré yo. Tengo costumbre
de tareas molestas.
Maria: No se lo digais. No, no, os lo ruego. No le
digais nada, os lo suplico.
ae