33%(3)33% encontró este documento útil (3 votos) 2K vistas40 páginasPolicarpo en Manhattan Poli Delano 170429171321 PDF
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OBRAS=
En la presente novela, Policarpo, el nino protagonista,
narra sus aventuras en la ciudad de Nueva York; reco-
rre distintos puntos de Manhattan, haciendo nuevos
Me Rane Rea Tatas trees
La desaparicién de una pulsera, el inflexible club al
OR ale RRC ER ke me OR ETS Cea
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amistad son valores inclaudicables.
Poli Délano (1936) estudid Pedagogia en Inglés en la
OTe CeCe om Od bn ETM ECN CCM Ow Mee Ce Ue Meo
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diplomatico, vivié varios afios en Espaiia, México, Esta-
dos Unidos, China, Francia y Suecia, y conoce otros
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rios, En este lugar sagrado y Como si no muriera nadie;
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Onan ceca cemetery
Perea ar eect nore
Petr nM e eRe eect w a itera
Pablo, Policarpo en Manhattan y Humo de trenes.
fonePOLICARPO EN
MANHATTAN
POLI DELANODelfin de Color
LSBN.:978-956-12-2530-5,
2 edicidn: octubre de 2013.
Obras Escogidas
LS,B.N.:978-956-12-2531-2
5 edicidn; getubre de 2013.
Direccién editorial: José Manvel Zafar,
Direecidn de arte: Juan Manuel Neirs.
2012 por Enrique Délano Faledn
Inseripeién N° 219.784. Santiago de Chile
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Impreso por Salesianos Impresores S.A,
General Gana [Link] de Chile
UNO
Lo bueno del caso es que Rafa, el nuevo alum-
no que habfa llegado recién a Nueva York desde
Puerto Rico y justo me tocd como compafiero
de pupitre, hablaba bien el espafiol, aunque con
un acento medio raro. Nos hicimos amigos desde
el primer dfa y nos lanzamos muy pronto por el
camino de las aventuras. Empezamos a faltar al-
gunos dias al colegio para dedicarnos a corretear
por el Central Park 0 a nadar en el rfo, ya que la
humedad caliente del verano hacia que hasta el
papel de los cuadernos se mojara.Pero lo malo del caso es que mi mama es
medio bruja y cada vez que me porto mal, ella lo
adivina y yo termino con la cola entre las piernas,
poniéndome més rojo que un tomate, como ocu-
rid la tarde del miércoles. Entré al departamento
alrededor de las cinco, la misma hora de todos los
dias. Iba con el Rafa, y la mirada que me dispard
mi mamé anunciaba problemas.
—jNo fuiste a clases! —exclamé con bastante
enojo y mucha seguridad.
_Si fui, mamé —menti con el mayor de los des-
caros, aunque sé que no se debe mentir.
—jPolicarpo, recuerda que te conozco mejor
que nadie!
Me ardié la cara y ella se dio cuenta de la men-
tira, por lo que le dio més rabia todavia.
ZY quién es este horrible orangutan que trajiste?
Se me quemaron las orejas y no supe donde
meterme. La odié por lo que acababa de decir,
aunque ella no tenfa por qué saber que mi amigo
entendia bien nuestro idioma. En todo caso, es
6
POLICARPO EN MANHATTAN
verdad que Rafa se vefa bastante feo: mandibula
saliente, brazos largos.
—Es Rafael, mamé. Compariero de curso.
—Buenas tardes, seora~. Mi amigo hablé en
espaol y avanz6 para saludarla. Ella se llevé la
mano a la boca y exclam
—Dios mio!... Hola le dijo en seguida, revol-
viéndole el cabello con ternura, como si le estuviese
pidiendo perdén—. Bueno, chicos, a lavarse, voy
a preparar la leche. Me miré con esa cara que
pone de “jay tt, ya vas a ver!”
La trampa que practicabamos con mi amigo
Rafa se llama en inglés play hookie y consiste en
faltar al colegio para hacer cosas bastante mas
divertidas que repetir lecciones de historia o di-
bujar ntimeros sobre la pizarra. Por ejemplo, ira
patinar en calles con buen declive, a bafarse en
la piscina del barrio o en el rfo, y hasta meterse
en el metro sin pagar para ir a recorrer otros
barrios de Manhattan como el Village, China-
town, lugares llenos de gente y sorpresas, 0 losPOL DELANO
parques de diversiones. Claro que en este caso
se necesita tener algo de dinero, porque no sale
gratis subirse a la rueda gigante, a los paracaidas,
o entrar a la carpa de los “fenémenos” y a la de
la mujer-globo.
Ahora vivimos en el noreste de Manhattan,
que es la isla de Nueva York, y est rodeada por
varios rios anchos y profundos, ya que hasta bar-
cos navegan por ellos, Nuestro departamento esta
en el edificio nuevo, justo donde termina la isla,
auna cuadra del rio Harlem y a dos del puente
que lo cruza hasta el distrito del Bronx. Rafa vive
en uno de los edificios viejos al otro lado de la
avenida, cerca de mi amigo Frank, por donde
pasa el tren elevado que llega hasta el zooldgico
de Van Cortland, otro lugar muy bueno para
cuando uno se decide a play hookie; irse de pin-
ta, le he escuchado decir a mi papd. Pedro, mi
profesor de violin, dice que en Chile a eso se le
llama “capear clases”. El hecho es que habfamos
pasado esa tarde baitdndonos debajo del puente,
POLICARPO EN MANHATTAN
y naddbamos como tortugas y nos tirdbamos de
cabeza o parados desde las piedras que se arru-
man en torno a los pilares. Lo més sabroso de
esas zambullidas es cuando pasan remolcadores
o barcos pequefios que forman unas olas suaves
que parecen columpios.
;Pero cémo se daba cuenta mi mama? ;Por qué
descubria siempre mis mentirillas?
Después de lavarnos, nos metimos con el Rafa
ami habitacién y jugamos un partido de damas,
hasta que mi mamé nos Ilamé a la cocina para
que tomaramos la leche. Yo atin sentia vergiienza
por eso de “horrible orangutin”, pero sabia que
era intitil buscar alguna manera de remediar la
situacion.
Mientras engulliamos sin muchas ganas nuestra
leche con cereales, mamé me pregunté con una
encantadora sonrisa:
—2Y lo pasaron bien en el rio?
Era bruja! ;Cémo podia saberlo?
—zEn el rio? -pregunté, haciéndome el tonto.A Rafa estaba a punto de venirle un ataque de
risa, pero se levanté a tiempo, preguntando dénde
quedaba el bafio. Lo miré salir hacia el pasillo
y pensé que en realidad se parecia mucho a los
gibones que vefamos saltando en el zoolégico no
porque fuera moreno, sino porque tenfa un poco
de trompa, la frente estrecha y muchos dientes.
10POLI DELANC
Mi mama aproveché para lanzar su ataque:
—;Fueron a bafiarse al rfo, verdad?
Senti arder la sangre, me vi perdido y no quedé
mas remedio que confesar:
Si, mama...
Y la verdad es que me senti mejor. Parece que
la mentira me tenia ahogado. En una revista de
historietas —comics las llaman aqui— que habia
leido por lo menos cinco veces, el Capitan Mar-
vel, antes de gritar “jShazam!” y echarse a volar,
aseguré que en las batallas hay que saber reconocer
cl momento para embestir y el momento para
retroceder. Si el color de mi rostro me delataba,
equé podia ganar con seguir negando?
—...Pero volveré a hacerlo —agregué, para suavizar
la aspereza de un nuevo ataque.
-Ya hablaremos con tu padre esta noche —me
condené.
Eso si que iba a estar duro, pero la verdad es que
me lo merecia por tonto, 0 quiz4 por descuidado.
iNo seria yo mismo el que daba las sefiales para
POLICARPO EN MANHATTAN
que ella me sorprendiera cada vez que me ponia
travieso?
No dije nada y después de un rato mas o menos
largo, volvié el orangutén a sentarse a la mesa,
cabizbajo. Terminé su leche y dijo que tenia que
partir. Lo fui a dejar a la puerta.
Poco después, como pasadas las seis, lleg6 Pedro
y me dijo: “Preparate”. Tenfa mi clase de violin.
Pedro era un miisico chileno que arrendaba una
habitacién en nuestro departamento. Yo no habia
estudiado bien mi lecci6n y para colmo estaba ner-
vioso por eso de “hablar con papa”, de manera que
me resigné a hacer el ridiculo por segunda vez en la
tarde. Ademés, confieso que el violin no me volvia
loco; las notas me sonaban sucias y desagradables al
oido. ;Por qué no me dejaron estudiar acordeén?
La Habanera de Biset me salié horrible.
El enfrentamiento con papé fue tenso, aunque
no resulté demasiado duro. Un sermén bastante
largo sobre los deberes y los derechos, luego al-
gunos ejemplos de cémo era él cuando nif, lobien que se portaba, todo eso, y finalmente un
par de promesas mfas de buena conducta.
Pero el momento mis desagradable de ese dia
todavia no se daba. Antes de que termindramos de
cenar, mi mamé anuncié que haba desaparecido
su pulsera de dpalos, un recuerdo heredado de mi
abuela. Lo dijo al pasar, como si no le importara
mucho. Sin embargo, yo adivinaba que en el
momento de darse cuenta tiene que haber echado
unas lagtimitas, més de tristeza que de rabia.
Vinieron dias raros para mf, y lo que me turbé
mas que la desaparicién de la pulsera de dpalos
fue que una tarde Doris me aclarara ciertas cosas
tan como si nada, igual que cuando alguien le re-
gala una moneda a un ciego ala salida del metro.
Y para qué decir la rabieta que le dio a mi papa
cuando le conté el destino que habfa tenido mi
bicicleta nueva. Pero estas cosas son por ahora
cuento aparte.
DOS
La primera vez que me atrevi a nadar en el rfo
fue la mafiana de un sdbado. Frank me conven-
cié, aunque para decir la verdad, pasé un tiem-
po bastante largo antes de que llegaramos a ser
“amigos”. Cuando con mis padre nos mudamos
a este barrio, él y los otros chicos de su grupo,
que andaban siempre vagando por las calles, se
burlaban de mf y me decfa pesadeces, mientras
yo pasaba camino a la “groseria”, que asi le llama-
bamos con mi maméa la grocery store, donde ella
me mandaba a comprar pan y leche. Como los
15de la pandilla de Frank eran varios, yo tenia que
tragarme las risitas con la cola entre las piernas
y hacerme el tonto. Si algtin dfa me cruzaba con
alguno de ellos que anduviera solo, veriamos qué
tal le iba, si acaso se atrevia a hacerme burlas.
El primero que encontré sin el grupito una tarde,
cuando volvia del colegio, resulté ser justamente
Frank, que parecta el jefe. Pasé frente a dl y lo
miré a la cara, como preguntandole:
-2Y ahora, ah?
Yo no tengo miedo de las peleas, porque en
el campamento de verano donde mis padres
me mandan en las vacaciones, me ensefaron a
boxear, y una vez hasta resulté seleccionado para
una pelea sobre el cuadrilétero. Como le gané al
que llamaban “Purios de plomo”, todos los demas
chicos empezaron a mirarme con respeto.
—Ya te vas a casa, mufiequita? —dijo Frank con
un tono odioso.
Me detuve.
~Si-le dije-. Pero no tengo apuro. Quieres jugar?
16
POLICARPO EN MANHATTAN
—Claro, quiero jugar. Juguemos al “ti me pegas,
yo te pego”.
Y me lanzé un golpe con mano abierta a la
cara, y luego otro. Ardiendo de rabia, solté los
libros de clases, que llevaba sujetos con un cin-
turén de lona y empecé también a bailar en la
acera, agitando las manos. Nos dimos algunas
cachetadas, que en realidad parecian de juego,
hasta que mis dedos azotaron un ojo de Frank y
a éste se le desaté también la rabia y empuné las
manos, empezando una ronda més dura. Recibi
varios golpes desagradables en la cabeza, y en un
momento me fui encima de él con toda la furia
que me producfa el dolor. Nos trenzamos, caimos
al suelo y rodamos como una sola pelota por la
vereda hasta la puerta de una tabaqueria. Un tipo
que venia saliendo traté de separarnos.
—;Stop it, kids!—grité—. Ya, muchachos tontos,
no sigan peleando!
Pero otro que se habfa detenido frente a noso-
tros, lo paré en seco.
7POLI DELANO
iQue sigan! —gritaba—. {Que se den hasta que
uno le saque la mierda al otro! -gritaba y se refa—.
jQue se den duro hasta matarse!
En un momento me vi montado encima de
Frank, que estaba de espaldas, y le lancé un pufietazo
con toda mi fuerza y con una rabia, que le hubiera
reventado la nariz si no ladea la cara a tiempo.
Mi pufo dio violentamente contra el pavimento
y lancé un grito que debe haberse escuchado en
la estacién del metro, como a dos cuadras. Los
nudillos se me pelaron hasta el hueso y Frank
aproveché para voltearme y quedar sobre mi,
pero en ese momento el tipo que habja salido de
Ja tabaqueria nos separé.
-Ya basta —dijo—. {Son formidables los dos!
jLuchadores de primera! {Un par de héroes, nada
menos! Pero es hora de ir a hacer las tareas, de
manera que choquen las manos y larguense.
Frank me miré con una sonrisa, y entonces yo
también le sonrei.
—.Amigos? —pregunté él.POL! DELANO
—jAmigos! -respondi yo, vendindome la mano
con el pafiuelo. Le pasé la izquierda y chocamos.
Pensé afligido que esa tarde Pedro se enojaria otra
vez, cuando le fallara al dar mi leccién de violin.
Tenfa que tocar Humoresque de Dvorak, y esta
vez si que habia estudiado bastante. Mala suerte.
El hecho es que desde esa vez Frank y yo nos
hicimos inseparables. Fui admitido en la “pan-
dilla” y hasta me invitaron los domingos a un
club que se reunfa en una casucha de madera al
centro del sitio eriazo situado entre mi edificio
y el rfo. Por esos dias comenzaba el calor y los
chicos me ensefiaron todo lo que tenia que saber
si pretendfa bafiarme seguro en esas aguas oscuras
bajo el puente, Habia un lugar —tras el pilar de la
orilla— para quitarse la ropa, y otro para dejarla:
una roca plana. La “ropa” era apenas una polera
de algodén y un bluyin encima del traje de baito.
Y los zapatos, claro. ;Y los zapatos!
Resulta que mientras nadabamos jugando
con una pelota de goma, nos Ilegé la oleada
20
POLICARPO EN MANHATTAN
que enyiaba una lancha mds 0 menos grande,
y se llevé mis zapatos. Nadé como loco para
atraparlos y solo logré rescatar uno. Observé
con angustia cémo el otro se alejaba siguiendo
el curso de la corriente. Me imaginé la cara que
pondrfa mi madre cuando me viera entrar a casa
con un solo zapato.
Frank era hijo nico de un marinero italiano
que solo tocaba el puerto de Nueva York unas
tres veces al afio, de modo que él vivia solo con
su mama, una sefiora robusta, que se tefifa el pelo
de un rubio casi blanco, y usaba vestidos pegados
al cuerpo. Era simpatica y gentil, risuefia, buena
para las bromas. Aquel verano —antes de que me
enviaran al camping a mediados de julio— los visité
bastante y pasé buenos momentos con ellos dos.
También él iba a mi departamento algunas tardes
y me hacia ponerle el disco de un concierto para
piano que nunca se cansaba de escuchar. A Frank
le gustaba la musica y decfa que me envidiaba por
lo del violin. Yo también lo envidiaba a él, queno tenia que rascar esas cuerdas todos los dias.
Nosotros éramos para otras cosas, le sugeria yo,
recordando la docena de comics que me devora-
ba cada semana; éramos para zambullirnos en
el rfo, para vivir grandes aventuras, ir de pesca
a la lagunita de Van Cortland, treparnos a los
4rboles del parque, recorrer Nueva York en los
metros sin pagar nunca, y no para estar tocando
instrumentos musicales. ;Qué quedaba entonces
para las nifias y los mariquitas?
No, Policarpo. La mitsica es algo grande —decfa
Frank-. Algo que... no puedo explicar.
Y escuchaba ese concierto una y otra vez.
Frank llegé a ser mi mejor amigo; pero, con-
fieso, que tenia algunas malas costumbres, como
esa de robar chocolates y chicle en las drugstores y
Jos supermercados. Traté de ensefarme a mi y yo
también intenté aprender, aunque sin resultado,
primero porque sentfa un poco de miedo, pero
més que nada, porque Fantomas castiga siempre
a los que roban, y si en alguien crefa yo era en
POLICARPO EN MANHATTAN
Fantomas. Por eso en un momento me pregunté
si acaso podia haber sido Frank quien se eché al
bolsillo la pulsera de épalos de mama. El también
habia estado en mi departamento en esos dias.
Pero la verdad es que me costaba creerlo.
8TRES
Lo mejor de todo es que los délares que Frank y
yo ganamos durante el mes de febrero, limpiando
la nieve frente a los negocios de Broadway entre la
162 la 168, decidimos guardarlos para mejores
tiempos. Y entonces a la llegada de la primavera
nos propusimos pasar un sabado entero en la
calle 42, que tiene tantos lugares para divertirse.
Empezamos por ver una funcién completa del
Laughmovies, para luego comernos una hamburguesa
enel “Automatico” de Times Square, donde en lo
alto de un edificio est4 esa gigantesca cara de unPOLL DELANO
tipo con la boca abierta, que lanza al aire volutas
de humo de cigarrillos Camel, y partir después a
los juegos mecanicos por el resto de la tarde. El
Laughmovies pasa siempre algun largometraje, y
luego puros cortos de distintos tipos. Vimos esa
en que Chaplin anda buscando minas de oro en
Alaska cuando todo esta nevado, mientras su
compafero, un grandulén barbudo y hambriento,
lo ve con forma de pollo y se lo quiere comer,
dentro de una cabafia que se columpia al borde
del abismo.
‘También dieron una en que Los Tres Chiflados
hacen todas sus payasadas vestidos de vaqueros
en pleno oeste. Pero ni cerca de Roy Rogers,
que seguird siempre siendo el mejor. Entre las
de dibujos animados ~Tom y Jerry, Dick Tracy
y varias mas— el que mas me gusté fue el de un
hada delgadita y desnuda, que vuela a lo largo de
un rio como danzando en el aire al comps del
Danubio Azul, con su varilla magica en la mano.
Cuando toca una piedra, la convierte en flor. El
26
POLICARPO EN MANHATTAN
hada me recordé mucho a Doris y me puse muy
nervioso. Por primera vez senti algo raro en el
cuerpo al recordar sus ojos, su risa, las piernas tan
blancas cuando hacemos gimnasia en el colegio,
y el roce de los cuerpos cuando bailamos en la
hora de recreacién.
En la escuela publica de la 171, a la que iba
antes, se armaban peleas todos los dias entre nifios
blancos y negros, y debido a eso, mi papa decidié
que tenian que cambiarme a un colegio en el que
no hubiera racismo, donde todos los alumnos
fueran iguales. Y entonces me matricularon en
Walden School, lo que finalmente me parecié
una bendicién de Dios, porque aqui todo resul-
taba facil, grato, deseable. Nunca mds sentirfa la
tentacién de jugar al juqui 0 capear clases, ya que
lo tinico que deseaba ahora era tener clases hasta
los domingos. Entre otras razones, porque, ade-
mas, en mi curso estaba Doris. Ella tiene los ojos
luminosos, de un color verde amarillento, y el pelo
claro, atado en una colita de caballo. Quedé casiPOL DELANO
esttipido la primera vez que la vi en shorts jugando
basquetbol. Como después del almuerzo tenemos
una hora completa de descanso antes de comenzar
las clases de la tarde, nuestra profesora, Edith, toca
melodfas en el piano de pared que hay en nuestra
sala, y entonces podemos cantar o bailar. Algunos
cantan. Otros bailan.
Nunca se me habria ocurrido que algo asf pudiera
pasar en un colegio. Cuando Edith tocé una de las
canciones que habfamos aprendido, esa que dice:
I dream of Jeannie with the light brown hair, me
atrevi -no sé de dénde saqué agallas— a pedirle a
Doris que bailara conmigo, aunque le confesé que
no sabfa bailar y le sugeri que me enseftara. Desde
esa vez empezamos a bailar todos los dias y nacid
algo especial entre ella y yo, que primero no supe
bien cémo definir, pero que después mi amigo
Mario, el boliviano que vive en el mismo edificio
que nosotros, me ensefié que eso se llamaba amor y
me aleccioné también sobre lo que tenia que hacer,
obligindome a llevarlo a cabo a punta de golpes.
28
POLICARPO EN MANHATTAN
—Lo que pasa es que ests enamorado —dijo.
¢Enamorado? Yo habia visto algo de eso en las
peliculas. Es lo mismo que le ocurre a Chaplin
con la muchacha que conoce en la cantina poco
antes de la noche de Afio Nuevo. Pero no enten-
dia bien en qué consistia. Sin embargo, le conté a
Mario que pensaba siempre en ella, que a veces no
podia dormir en las noches, imaginandola y que
cuando la llamaba por teléfono me resultaba muy
dificil cortar, como si quisiera seguir hablando
para siempre.
—Lo que tienes que hacer —continus instruyén-
dome Mario~ es aprender una cancién de amor y
cantérsela. O si no, simplemente declararte. Eso
es todavia mejor.
—;Declararme?
—Decirle que la quieres y pedirle que sea tu novia.
Mario estd loco, pensé, gmi novia? Lo miré
poniéndome un dedo en la sien. Le faltaba un
tornillo. Pero una tarde en que él y yo estabamos
solos en mi departamento, me tomé examen de
29POLICARPO EN MANHATTAN
Ja cancién que me habia ensefiado: I’m forever
blowing bubbles, pretty bubbles in the air, y como
la canté bastante bien me dijo que Ilamara a
Doris. Marqué su ntimero, que sabia de memoria;
me contesté la mamé, pregunté por ella y esperé.
—;Policarpo? —dijo Doris.
-Si, soy yo. ¥ me quedé callado.POU DELANO
Entonces Mario me dijo: “Cantale la cancién”
y me pegé a puiio cerrado, con unos nudillos
filosos, en la parte superior del brazo. Yo estaba
en silencio, y Doris decfa: “:Al6, alé?”
—jCéntale! —repitié Mario con impaciencia,
dandome dos golpes de nudillo en el brazo.
Me dolié tanto, que estuve a punto de empezar
la cancién, pero me senti algo asi como ridiculo y
no pude hacerlo, Cayeron otros dos golpes en el
mismo sitio del brazo; estaba al borde de ponerme
a llorar de tanto dolor.
-;Céntale, maricén! -insistié-. O si no, al me-
nos, declérate.
—;Pasa algo, Policarpo? —pregunté Doris, y en
ese momento casi lanzo un grito por el nuevo
puiietazo que me dio Mario, y entonces tuve que
decidirme.
—Doris —le dije temblando—
novia? Por favor, acepta...
—Policarpo —dijo ella-. Yo pensaba que ya lo
era. ;Acaso no bailamos juntos todos los dias?
-2quieres ser mi
POLICARPO EN MANHATTAN
Senti como si una lluvia de flores estuviese
cayendo sobre m{. Dos cosas muy importantes:
por un lado, Mario me miré con respeto y pienso
que hasta con envidia, y por otro, Doris era mi
novia. Raro cémo pueden cambiar las cosas de
un momento a otro.
En todo caso, esa sensacién que tuve con los
vuelos del hada desnuda que se parecia a Doris,
no la comenté con Frank, pese a que un calorcito
especial me produjo agradables cosquillas en el
cuerpo.
Las hamburguesas y las bebidas nos vinieron
muy bien y después de zamparlas partimos muy
contentos a gastar los pocos délares que nos
quedaban en los juegos mecanicos. Ahi estaba-
mos, cuando se nos acercaron dos tipos. Uno era
delgado y moreno, mientras que el otro tenia el
pelo rubio, rizado, y me parecié algo barrigén.
Pienso que tendrian como treinta afios. Al poco
rato estdbamos jugando juntos en una de las
maquinas, compitiendo dos contra dos. Todo loPOLL DELANO
pagaban ellos. Nos ofrecieron Coca-Cola y nos
divertimos bastante.
—Hey —dijo el mas gordito-, I have an idea
—hablaba inglés como si no fuera gringo-. :Por
qué no vamos de paseo a Coney Island?
ZA Coney Island? ; Wow... Yo una vez. habia
ido a esa isla con mi papa, toda entera un gran
parque de diversiones, con ruedas de la fortuna
gigantescas, paracaidas, rifas, competencias,
tiro al blanco, cartos locos, carruseles, payasos,
hombres y mujeres fendmenos y, bueno, muelles
para la pesca y mucho mar. Miré a Frank como
preguntindole: “;Qué te parece”. Sus ojos me
respondieron que le parecia bien. Dijimos que
si y partimos los cuatro hacia el metro de Times
Square.
Coney Island parecfa ser algo asi como el gran
recreo ideal para las personas que desean escapar
un rato de la ciudad. {Qué bullicio, qué gentio,
quéalegrfa, colores y musicas! En el galpon de los
fenémenos vimos al hombre-pez, con la piel de
POLICARPO EN MANHATTAN
todo su cuerpo cubierta de escamas, ya la mujer
elefante, que, en lugar de nariz, tenia una trompita
que se movia sola, y a un sefior muy gordo que
podia comerse trescientos hot-dogs, uno tras otro...
todo parecia increfble, pero lo malo ocurrié cuando
subimos los cuatro a un compartimiento de un
trencito llamado la “Oruga de las sorpresas”. Las
sorpresas eran terrorificas, en plena oscuridad nos
ibamos encontrando con esqueletos iluminados,
arafias gigantes y cosas asi, y cada vez que pasaba
el miedo venia la risa, y durante una de esas risas
tuve la sorpresa mayor: el gordito me puso una
mano en las entrepiernas y empezd a sobarme. No
me dejé, Le grité que la cortara, le di un empujén
y éllanz6 algunas maldiciones. A Frank le ocurrid
algo parecido con el moreno, segtin supe después.
Solo entonces empecé a sospechar para qué nos
habjan invitado. ;Pero qué se podia hacer ahi
dentro, dando vueltas en la oscuridad? Mi papa
me habfa dicho que si algiin tipo me molestaba
en la calle, debfa denunciarlo al primer guardiaPOL DELANO
que se cruzara en el camino, ;Ya verian esos dos
cuando saliéramost
Estoy seguro de que cuando estuvimos de nuevo
con los pies en tierra firme, y nos quejamos con
un “poli”, los dos abusadores deben haber pasado
malos momentos. Fue todo muy desagradable y
me dejé bastante nervioso, hasta medio tiritén.
Estaba oscureciendo y tanto Frank como yo pen-
samos que era hora de partir a casa.
—Esos tipos son unos degenerados —dijo Frank.
Por suerte, nos quedaban algunas monedas con
qué pagar el pasaje.
Tenia clase de violin y antes de que llegara Pedro
de sus ensayos, queria llamar a Doris, porque una
tarde en que la llevé al Central Park en mi bicicleta
nueva, ella me dijo que el misterio de la pulsera
de dpalos era bastante simple; no entendia como
atin no estaba resuelto. ;Por qué podia decir eso?
jAcaso tenia la clave del asunto? {0 quizds sabfa
algo que yo ignoraba?
CUATRO
Antes de que nos mudaramos a la calle 206,
donde conoci a Frank, tuve dos buenos amigos
enel barrio antiguo. Uno de ellos era Efrain, que
nacié en México, pero aqui le decfamos Ifren.
Tenia once afios, igual que yo, vivia en el edificio
de enfrente y era muy generoso con sus cosas. El
invierno anterior me habfa prestado su trineo, En
realidad lo hizo cada vez que fuimos a deslizar-
nos sobre la nieve por las colinas de River Side.
El tenfa dos trineos: el suyo y el de su hermana
mayor, que habia muerto un afio antes. Yo, enPOU DELANO
cambio, no tenfa ninguno, pues para la Navidad
mis padres, contrariamente a los deseos inverna-
les que expresé en Ja carta para Santa Claus, me
regalaron una bicicleta, esa que mencioné antes.
En época de nevazones eta de bien poco lo que
servia. Una bici preciosa, marca Royal, ruedas
gruesas y claxon a pilas. Me duré muy poco, pero
eso es parte de otra historia.
Una tarde en que la ciudad estaba cubierta de
nieve y los copos segufan cayendo, Ifren me lla-
mé por teléfono para proponerme que fuéramos
a un parque lomeado, al que se llega subiendo
por Fort Washington Avenue y que limita con
el rio Hudson. No muy lejos del enorme puente
colgante que va.a dar a Nueva Jersey. Caminamos
casi una hora, pero como las colinas eran bastante
clevadas, el lugar valfa de sobra el esfuerzo.
Subfamos a duras penas hasta la cima de la
colina més alta, cargando cada uno su trineo, y
desde ahi, tendidos sobre la plataforma y con un
extremo de la palanca de direccién en cada mano,
38.
POLICARPO EN MANHATTAN
nos lanzabamos cerro abajo volando entre gritos
de emocién y risas de puro nervio. No éramos
los unicos. Otros nifios habfan descubierto el
lugar antes que nosotros. Durante uno de los
descansos, en la parte baja, nos sentamos sobre el
helado metal de la baranda, mirando el rio, Toda
la orilla, hasta unos cincuenta metros rio adentro,
estaba cubierta de unas placas de hielo bastante
gruesas y grandes, que flotaban topandose unas con
otras. Parecfa como si un rio congelado se fuera
resquebrajando por los efectos de un terremoto, y
la verdad es que después de observarlos un buen
rato y de ver a un par de “pioneros” navegando
ya, Ifren y yo nos miramos como si pensdramos
exactamente lo mismo: que esos témpanos nos
estaban invitando a abordarlos. Saltamos a la pe-
quefia franja de tierra al otro lado de la baranda y
cada uno se subi6 en el trozo que encontré mas
a mano. Al pisar el mio con los dos pies, senti
que se hundia un poco y se balanceaba bastante,
y tuve que hacer equilibrio con los brazos paraPOLICARPO EN MANHATTAN
no caer. Es un suelo peligroso el del hielo. A mi
amigo le tocé la mala suerte, porque al pasar de
su témpano a otro con el propésito de avanzar
hacia el interior del rio, perdié paso y se fue de
espaldas, primero sobre la superficie resbalosa y
luego con medio cuerpo al agua.
—(Policarpo —grité con terror—, ayidame por
favor! Estaba metido en el agua hasta la cintura
y con los brazos se aferraba desesperadamente
al trozo de hielo, para no acabar de hundirse.
Salté dos témpanos casi sin pensarlo, y cuando
estuve junto al suyo, me acosté y me acerqué
remando con las manos para ayudarlo a que
trepara. Por suerte, la maniobra no resulté
dificil, y pocos minutos después estabamos
a salvo al otro lado de la baranda, riéndonos
como locos de tanto nervio, aunque al pobre
Ifren le castafieteaban los dientes, como si se
le fueran a quebrar.
—Vamonos ~me dijo-. Casi no siento las pier-
nas; seguro que me voy a pescar una pulmonia.
4POLI DELANO
Agarramos nuestros trineos, semisumergidos ya
por la nevazén, y partimos a paso rapido rumbo
a nuestras calles. A pesar del frio, yo respiraba a
todo pulmén y me sentfa contento hasta mas no
poder por el hecho de haber salvado la vida de
mi amigo. Fantomas se hubiera sentido orgulloso
de mi.
Por suerte, lo de la pulmonja no resulté, aunque
el resfrio tuvo a Ifren casi dos semanas en cama.
Lo eché mucho de menos, hasta que por esos
mismos dias conoci a Charles Williams, el tinico
gringo total entre mis amigos. Pero no por esto
olvidé a Ifren. Seguimos viéndonos bastante y un
poco después de nuestra aventura en los hielos,
él mismo tuvo ocasién de salvarme a mi de otra
manera, pagindome de sobra el favor. |
Yo pensaba contarle a mi mamé lo que habia
pasado, pero una voz interior me soplé al ofdo
que no lo hiciera. EI bien y el mal? Me pregun-
té recordando un sermén del sacerdote. Solo le
dije que habfamos ido a ese parque a jugar con
42
los wrineos. Al parecer, las aventuras mds setias y
peligrosas tienen que mantenerse en secreto. Asi
dice Roy Rogers en un comic. Roy Rogers es uno
de los mejores vaqueros del oeste. Pero como mi
mama es bruja resulta imposible pasarle gato por
liebre. No volveré a mentirle, lo juro.
-aY qué més hicieron? —pregunté.
—Nada —dije~... Nada.
Por la mirada perforante que me lanzé, com-
prendf que no me crefa ni una palabra. Tuve
que “cantar” como canario. Tal vez ese segundo
“nada” fue la palabra fatal.
Tengo que decir que Ifren también habia pa-
sado una de aquellas tardes a mi casa para jugar
a los dardos, pero la verdad es que de él yo no
podfa sospechar nada, ya que sus padres ganaban
mucho dinero. ;De qué le ibaa servir una pulsera
de épalos?
Antes de mi clase de musica, me pregunté si
no serfa Pedro el ladrén, y decidi investigar por
mi cuenta el caso, pensando que si resultabaPOL DELANO
culpable, mi papa le pedirfa que se fuera, y
entonces yo quedaria libre del famoso violin.
Ademés, me pregunté por qué el malhechor
tenia que encontrarse necesariamente entre mis
amigos. Me puse a releer Tom Sawyer detective
con entusiasmo,
,
CINCO
Charles Williams era un afio menor que yo, y con
él-al igual que con Frank— no habfa mds remedio
que hablar en inglés, lo cual, segiin mi mamé, era
muy bueno para mi, ya que juntandome con amigos
como Ifren, Mario y el Orangutédn tardaria mil afios
en aprender bien el idioma. Eta un chico solitario,
que tenfa una de esas pelotas de bolsillo que daban
muy buen bote, y se pasaba horas jugando handball
contra el muro del destartalado apart-hotel donde
vivia con sus padres y un hermano mayor, al que
vela poco, segiin se quejé una vez encogiendo los
45POL DELANO
hombros. Su papa tocaba clarinete en una banda
de jazz del Village, pero a veces le venfa la mala y
pasaba periodos largos sin trabajo y sin dinero. Era
eso si un misico de los grandes.
—Tienes que oitlo tocar -me dijo Charly una
vez, mientras caminabamos por el barrio, pateando
piedras de puro aburrimiento—. No vasa creer lo
que estas escuchando. ;Conoces The man I love,
de Gershwin?
Por supuesto que yo no conocfa eso, ni sabia
siquiera quién era Gershwin.
—La toca como un dios, es un genio —seguia
Charles sin que le parara la lengua.
‘A su pap yo lo habia visto dos o tres veces: un
tipo flaco, rubio y de poco pelo, bastante palido,
con dos colmillos como de Dracula que le aso- |
maban de la sonrisa. Al menos sonrefa, pensaba
yo, porque si hablamos de Charles, parecia mas
bien un tanto triste.
Lo mejor de todo es que el papa se conseguia
entradas gratuitas para muchos espectaculos y asi
46
POLICARPO EN MANHATTAN
resulté que una tarde a comienzos de la primavera,
mientras mi amigo y yo jugdbamos al handball, él
me dijo que tenia dos boletos para una funcién
que iba a dar Roy Rogers en el Madison Square
Garden. Roy Rogers en persona! Y lo dijo asi no
més, como si se tratara de cualquicr hijo de vecino
y no del cowboy mas famoso del oeste, junto con
Gene Autry, claro.
—zTe gustaria ir? —me pregunt6-. Pensaba invitar
a mi primo Gary, pero si quieres, te invito a ti.
¢Si queria? ;Por nada del mundo me hubiera
perdido una oportunidad como esa!
Yo solo habia estado en el Madison la primavera
anterior, cuando se presenté el circo de tres pistas,
pero ahora todo era un gran campo con el cielo a
la vista, esperando que apareciera el héroe de Far
West, montando a Trigger entre las aclamaciones de
muchos nifios, casi todos tan jadeantes y ansiosos
como yo. De pronto, sonaron los tambores y después
de unos segundos se hizo el silencio para que, al
fin, Trigger y su jinete entraran galopando, dieranPOLI DELANO
dos o tres vueltas alrededor de la pista y ocupara
el centro, mientras el caballo, con un relincho a
manera de saludo, se paraba en las patas traseras.
Roy se llevé la mano al cinto y en el acto hizo
relampaguear su revélver, soltando tres o cuatro
balazos al aire. Después se paré sobre la montura
con las piernas abiertas y empez6 a hacer circulos
con su lazo, mientras Trigger trotaba suavemente
en redondo. jEra de no creerlo! ;Mucho mas de
POLICARPO EN MANHATTAN
lo que me hubiera podido imaginar! Pero lo més
increible vino a quitarnos la respiracién cuando
otro jinete entré galopando a la pista y solté un
atado de globos de todos colores, que se elevaron
lentamente hacia el cielo. Roy desenfunds sus
dos revélveres y tal como cabalgaba, de pie sobre
la montura, hizo fuego sobre los globos, que se
fueron reventando uno a uno en su camino a las
nubes. No erré ni un solo tiro,Por suerte, faltaba apenas una semana para mi
cumplearios y de més esté decir que el regalo que
pedi fue un traje de cowboy que se pareciera al de
Roy Rogers. Sombrero color beige de copa baja
con las alas dobladas hacia arriba, paftuelo de
cuello con un aro de metal para sujetarlo; camisa
de gabardina de dos colores y bolsillos en semi-
circulo, ribeteados con botoncitos rojos; cinturén
ancho con cartuchera a la derecha y revélver de
fulminante, imitacién Colt; pantalones Lee de
mezclilla, y esas botas de taco medio y cafia larga
con cueros de colores, dibujando figuras geométri-
cas. Habia visto ese traje en la seccién “Nifios” de
la tienda Macy’s y como era demasiado caro, por
una vez mis deseos dieron en el centro del blanco.
Con algunos ahorros que junté un fin de semana,
sacando las monedas que a veces se quedan en los
teléfonos ptiblicos —truco que me ensefié Ifren—
me compré un lazo verde que tenia dos junturas
de metal que permitfan dibujar esa redondela en
el aire. La noche de mi cumpleafios, después de
“OLICARPO EN MANHATTAN
soplar las velitas, me vesti con mis mejores ropas
vaqueras y, al quedar boquiabierto frente al espejo
del closet, pensé que podia perfectamente ser el
hermano menor de Roy Rogers.
La primera tarde que salimos a lacear, Charles
también iba vestido de vaquero. O al menos asi
lo creia él. Su sombrero era verdoso, copa alta
con dos hendeduras, eso si de una tela acarto-
nada, y su camisa era una lefiadora de franela a
cuadros blancos y negros, como un tablero de
ajedrez. Pantalén de mezclilla azul igual al mio,
y botas de goma que mds parecian de bombero.
Camindbamos en direccién al parque, donde tal
ver pudiéramos encontrar algtin perro juguetén
dispuesto a dejarse lacear. El lazo lo llevaba yo y lo
hacia girar con la mano derecha, como cuando se
levaa lanzar a algiin toro. Al llegar a una esquina
nos topamos con un grifo de agua y aproveché de
arrojar el lazo desde unos tres metros. No logré
capturarlo.
—Déjame a mi —dijo Charles.POLL DELANO
Pensé que si yo no habia laceado el grifo, menos
lo haria mi amigo con esa camisa tan ridicula, y
le pasé el lazo, sintiendo un poco de léstima. Lo
agarré al primer lance.
~jGané, gané! —grité con gran entusiasmo.
—Pasamelo! -. Volvia tirar y fallé de nuevo, yo, que
era el mds parecido a Roy Rogers! Charles propuso
que cada uno hiciera diez tiros y al que apuntara mds
veces el otro le pagaba diez centavos, que alcanzaban
para uno de esos chocolates Milky way o para dos
viajes en metro. Yo logré siete famas y Charles no
erré ni una sola vez, de modo que me senti bastante
humillado y al pasarle la monedita aproveché para
decirle, con algo de rabia, que su vestimenta me
parecfa una basura, una grosera imitacién. Charles
me miré con su sonrisa medio triste y dijo:
—Mi mama dice que esta camisa es verdadera,
de las que usan los vaqueros todos los dias, y que
la tuya es de fantasfa, para fiesta de disfraces.
~2Y las botas? —pregunté indignado-. Y el
sombrero?
POLICARPO EN MANHATTAN
Ledi un empujén fuerte. Charles no dijo nada,
siguié caminando cabizbajo.
Por la noche no me podfa quedar dormido. Tal
vez mi amigo tenia razon en lo de la camisa. En las
peliculas del oeste aparecian mds camisas a cuadros
como la suya que camisas como la mia. Pero no
era eso precisamente lo que me quitaba el sueho,
sino més bien haberme portado rudo y mezquino
con Charles. Tendrfa que pedirle perdén, como
asegura el Llanero Solitario que debe hacerlo un
hombre cuando ha cometido una falta.
Pero también pensé que él si que tenia razones
para interesarse en una pulsera de dpalos, y
recordé que también me habia visitado. Su padre
estaba cesante por esos dias y en un momento
de angustia hasta intenté vender su saxofén.
Charles me lo habia contado casi con lagrimas,
diciendo, ademés, como otras veces, que queria
ganar mucho dinero para ayudar a sus padres a
que nunca las cosas volvieran a estar mal, ;Seria
él quien robé la pulsera?SEIS
Una tarde, después de terminar mi clase de
violin, peleando mano a mano contra las notas
de una pieza de la pera Norma, subi con Mario
ala azotea del edificio para conversar tranquilos
cierto asunto. Se veia muy palido y hablaba cor-
tado, como si le faltara aire en la respiracién.
—Ifren esta hospitalizado —me dijo-. Le dio
pulmonia.
Quedé frio y se me proyectaron todos los hechos
como si mi mente hubiera sido una pantalla de
cine.POU DELANO
—;Por lo del Club? ~pregunté.
Dijo que sf. Le temblaba la barbill:
damos un buen rato sin decir nada.
. Nos que-
:Podia alguien morirse de pulmonia?
Resulta que los muchachos del Club habian
condenado a Ifren por “alta traicién, pero Mario
y yo no estuvimos de acuerdo con la gravedad de
su falta, ni tampoco con el brutal castigo que le
: Jimmy, el presidente,
el mds grande del Club, en tamaiio y en edad,
alegé rojo de rabia que el hecho de “desertar”
en plena batalla rompia nuestros cédigos. Yo no
aplicaron. La cosa fue a:
entendfa bien lo que eran los cédigos, pero si creo
que escapar en una pelea est4 mal, porque deja
al compajiero batiéndose solo. La rosca se habia
armado en los alrededores del puente, cuando
Iften pedaleaba su bici, remolcando a Jimmy,
que rodaba en patines, Tres tipos que acababan
de cruzar el puente los detuvieron y trataron de
quitarle a Ifren la bicicleta, y entonces empezd
la pelea. Después de varios forcejeos y algunos
POLIGARPO EN MANHATTAN
pufietazos mas 0 menos rudos, a Jimmy lo tum-
baron y le dieron patadas en el suelo, mientras
Ifren aprovechaba para rajar a todo lo que daban
los pedales. Yo sabia de peleas y conocia las pala-
bras “batalla”, “traicién”, “desertar”, “condena”,
porque en el campamento donde mis padres me
mandan cada verano, combatfamos por lo menos
una vez cada semana. El entrenador nos divide
a todos los chicos en dos grupos: los Azules y los
Rojos, y luego nos lee los reglamentos, lo que se
puede [Link] que no se puede hacer. Las faltas
que se castigan, los hechos heroicos que se anotan
como puntos a favor. La guerra es igual que en
las peliculas, solo que sin armas de fuego. Los
rojos, con una camiseta roja, se dispersan por el
bosque, y cada “soldado” debe buscar un escondite
donde guarecerse, con la instruccién de acechar al
enemigo y capturarlo, de pelear hasta las ultimas
consecuencias para no ser capturado. Prohibidos
palos y piedras, pero validos los puiios y los pies.
Quince minutos después parten los azules, conPOLI DELANO
su camiseta celeste, llenos de desafio y valor. Yo,
por supuesto, soy de los rojos. La primera vez
gané y la segunda vez perdi, pero sin rendirme
nunca, luchando hasta el final.
Eso estuvo muy feo —le dije a Mario.
—Si, aunque él jura que no escapé de miedo,
sino que fue a buscar refuerzos a la zona del Club.
Pero no regresé, y al pobre de Jimmy se la
dieron dura.
Sin el voto de nosotros dos, el Club castigé
a Ifren. Lo llevaron al rio, le sacaron las ropas
hasta dejarlo completamente desnudo, y luego lo
obligaron a montarse en uno de esos tempanos
flotantes, para empujarlo rio abajo. ;En pleno
invierno!
—jSon unos salvajes! —dijo Mario~. {Tenemos
que salirnos del Club!
—Si —dije, aunque la idea de salirnos no me
gustaba mucho-. Ya lo mejor el sabado podemos
ir al hospital a visitar a Tfren.
—Estas loco? La pulmonfa es contagiosa.POLL DELANO
—Oye, si hubiéramos estado ahi cuando le apli-
caron el castigo a Ifren, qué hubiéramos hecho?
—No sé.
Me senti muy desolado, me costaba creer que
ocurrieran cosas asi. Me turbaba la imagen de
Ifren bajando desnudo por el rio montado en ese
témpano, me dolia mucho pensar que mi amigo
pudiera morirse.
Si le habian dado ese castigo por una falta me-
nor, gqué condena podia aplicarse a quien hubiera
robado la pulsera de mamé?
60
SIETE
Los jueves saliamos del colegio dos horas mas
temprano, y por segunda vez Doris y yo fuimos a
mirar los insectos en el Museo de Historia Natural,
que tiene un piso entero para los invertebrados,
otro para las aves, uno para los minerales. Uno
puede pasar horas ahi sin aburrirse ni un minuto.
Ademés, nos queda apenas a un par de cuadras.
Después de deslumbrarnos con las mariposas y
Jos coledpteros, la invité a tomar un helado y a
columpiarnos al Central Park. Habia comenzado
la primavera y las suaves lomas del parque estaban
cubiertas de narcisos.
61POLI DELANC
Caminamos tomados de la mano y me sentia
bastante feliz, pero a la vez un tanto inquieto,
inseguro, porque notaba que algo raro le pasaba
ami novia, ya que no mostraba la misma soltura
de siempre, sino que parecfa encerrada en un pro-
blema. Antes ya me habia adelantado que tenfa
algo que contarme, relacionado con la pulsera de
6palos que le habian robado a mi mama.
Nos sentamos sobre una roca frente a esa lagunita
donde siempre hay seis o siete cisnes navegando.
—Doris, ;cudndo vas a dejar que te bese? le
pregunté, haciéndome el muy valiente.
Llevabamos un tiempo juntos, la iba a dejar
todos los dias a su casa; los fines de semana salia-
mos a jugar, a caminar, tbamos al cine, a tomar
helado, patindbamos, pero nunca nos habfamos
besado en los labios, porque a su mam se le ocu-
rrié decirle que eso era muy antihigiénico, Nos
dabamos besos en la mejilla, nos abrazdbamos y
nos tomabamos de las manos; pero besos como
los de las peliculas, no.
2
7
—Ya sabes que eso no es bueno, Policarpo. Le
prometi a mama...
—Pero hagdmoslo, aunque sea una vez.
¢Qué tenia de malo? Yo habia visto que otras
parejas del colegio lo hacfan con bastante natu-
ralidad, como si fuera lo normal.
Ella pensé unos minutos, sonrefa, se ponia seria,
hasta que finalmente dijo que no. Me senti bas-
tante desdichado y esa inquietud que me asfixiaba
crecié todavia mas.
—:Es solo porque tu mama te dijo que era
antihigiénico?
—Bueno... En realidad, no. Es que...
En ese momento me soné una alarma en el
coraz6n y tuve miedo de que algo se rompiera.
—Es que tengo algo que decirte continu
Pero no quiero que lo tomes a mal. Por favor,
no lo tomes a mal.
Otra vez guardé silencio, y yo estaba que me
comfa las ufias, sin poder sacar una palabra.
FI que robé la pulsera de tu mamé no fue
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