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Ramakatha Primera Parte

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BHAGAVAN SRI SATHYA SAI BABA

RAMAKATHA
La Historia de Rama
(Primera Parte)

Sai Ram
4

Ramakatha
La Historia de Rama (Primera Parte)

Fundacin Sri Sathya Sai Baba de Argentina

Sai Ram, 2009

Ttulo original: Ramakatha Rasavahini.


The Rama Story. Stream of sacred sweetness
Traduccin al espaol: Cristina Lara, Mara Silvia Romero, Doris Crespo

Copyright y derechos de traduccin y reproduccin de:


SRI SATHYA SAI BOOKS and PUBLICATIONS TRUST
Prashanti Nilayam - 515 134 - Anantapur District Andra Pradesh - INDIA

Ventas y/o consultas: [email protected]


www.fundacionsai.org.ar

Reservados todos los derechos


para la lengua espaola

Sai Baba, Bhagavan Sri Sathya


Ramakatha : la historia de rama 1ra parte. 2 ed. - Buenos Aires :
Fundacin Sri Sathya Sai Baba de Argentina, 2009.
240 p. ; 20x14 cm.

Traducido por: Cristina Lara ; Mara Silvia Romero ; Doris Crespo

ISBN 978-987-24317-6-1

1. Espiritualidad I. Lara, Cristina, trad, II. Romero, Mara Silvia, trad.


III. Crespo, Doris, trad. IV. Ttulo
CDD 291.4

Queda hecho el depsito que marca la ley 11.723

Libro editado e impreso en la Argentina


Printed in Argentina

La fotocopia mata al libro y es un delito.

No se permite la reproduccin parcial o total, el almacenamiento,


el alquiler, la transmisin o la transformacin de este libro, en cualquier
forma o por cualquier medio, sea electrnico o mecnico, mediante
fotocopias, digitalizacin u otros mtodos, sin el permiso previo y escrito
del editor. Su infraccin est penada por las leyes 11.723 y 25.446.

Esta edicin de 3000 ejemplares,


se termin de imprimir en los
talleres Sevagraf S.A., Buenos Aires,
Repblica Argentina, en agosto de 2009.
5

ESTE LIBRO
La historia de Rama, un torrente de dulzura sagrada, ha sido
por ms de un milenio, para millones de hombres, mujeres y ni-
os, una fuente de consuelo durante la afliccin, de confianza an-
te la incertidumbre, de lucidez en la confusin, de inspiracin en
momentos de abatimiento, y una gua que nos rescata de la in-
certidumbre. Es un drama intensamente humano, en el que Dios
personifica al hombre y rene alrededor de El, en el enorme es-
cenario del mundo, lo perfecto y lo imperfecto, lo humano y lo
subhumano, lo bestial y lo demonaco, para otorgarnos, median-
te el precepto y el ejemplo, la gracia de la Sabidura Suprema. Es
una historia que toca las cuerdas del corazn del hombre, brin-
dndole limpias y flexibles respuestas para que surjan la compa-
sin, la alegra, la adoracin, el xtasis y la entrega, elevndonos
del estado animal y humano hacia la Divinidad, la cual es nues-
tra esencia.
Ninguna otra epopeya en la historia de la humanidad ha teni-
do tan profundo impacto en la mente del hombre. Ha rebasado los
hitos de la historia y los lmites de la geografa. Ha moldeado y su-
blimado los hbitos y actitudes de generaciones. El Ramayana se
ha convertido en un corpsculo curativo en el torrente sanguneo
de la humanidad en vastas reas del globo terrqueo. Ha echado
races en la conciencia de las personas aguijonendolas e impul-
sndolas por el camino de la verdad, la rectitud, la paz y el amor.
A travs de leyendas y canciones de cuna, mitos y cuentos,
danza y teatro, a travs de escultura, msica y pintura, mediante
rituales, poesa y smbolos, Rama se ha convertido en el aliento,
la bienaventuranza, el tesoro de incontables buscadores (sadha-
kas) y aspirantes espirituales. Los personajes de la historia de
Rama invitan a la emulacin y a la elevacin espiritual. Nos han
dado brillantes ejemplos de logros y aventuras; han advertido al
indeciso contra el vicio y la violencia, el orgullo y la maldad; le han
dado valor con su lealtad y fortaleza. A todas las lenguas que el

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6

hombre ha empleado para la expresin de sus deseos elevados,


la historia de Rama ha aadido una sustentadora dulzura nica.
Sai (Isa, Dios), cuyo pensamiento es este Universo, cuya vo-
luntad es su historia, es el autor, director, espectador y crtico del
drama que est siempre desarrollndose en el tiempo y en el es-
pacio. Ahora se ha dignado a contarnos l mismo la historia de es-
ta singular accin pica en la que l actu en el papel de Rama.
Ahora Sai instruy, inspir y vigoriz, corrigi, consol y alegr a
sus contemporneos en la Edad de Threta. Como Sai Rama, aho-
ra est comprometido en la misma tarea. Por lo tanto, mucho de lo
que los lectores del Sanathana Sarathi* siguieron mes tras mes
con ardor y placer como captulos de esta narracin (el Ramaka-
tha Rasavahini) les debe de haber parecido un consuelo ante los
sucesos y experiencias contemporneos. Al leer estas pginas,
los lectores a menudo se sentirn agradablemente impresionados
con la similitud entre el Rama de esta historia y el Sai Rama cuya
accin actualmente estn presenciando.
La ciencia ha descripto a la Tierra como una nave espacial en
la cual la humanidad tiene que vivir su destino. Sai est, sabe-
mos, transformando rpidamente esta nave en un hogar de amor.
Tal vez ha sido su voluntad que este libro sea la panacea supre-
ma para eliminar los males que destruyen el Amor Universal, ta-
les como la morbosa ansiedad por el placer sensual; la creciente
irreverencia hacia los padres, maestros, mayores y lderes espiri-
tuales; la desastrosa frivolidad y ligereza en las relaciones socia-
les, maritales y familiares; la demonaca confianza en la violencia
como medio para lograr fines inmorales, la socorrida adopcin del
terror y la tortura como medios para ganarse logros personales o
grupales, y muchas otras actitudes negativas.
Sai Rama ha recordado aqu, con su estilo dulce y sencillo,
su propio desenvolvimiento como Rama! Qu inmensa fortuna
sta de tener en nuestras manos, inscribir en nuestras mentes,
imprimir en nuestros corazones, esta narracin Divina! Que po-
damos ser transformados con el estudio de este libro en herra-
mientas eficientes y entusiastas, para que se realice su misin de
moldear a la humanidad en una sola familia y para que cada uno
de nosotros comprenda a Sai Rama como la Realidad, la nica
realidad que es.

* Revista mensual que recoge y difunde el mensaje de Sathya Sai

6
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Sai ha declarado que l es el mismo Rama que ha venido otra


vez, y que est buscando a sus amigos y colaboradores de otros
tiempos (bantu, como se refiere a ellos en telugu) para poder
asignarles papeles en su presente misin de restaurar la rectitud
y guiar al hombre hacia el puerto de la paz. Que a cada uno de
nosotros pueda serle asignado un papel y que l nos conceda, co-
mo recompensa, la visin de ese puerto.

N. KASTURI
Editor de Sanathana Sarathi

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EL SIGNIFICADO INTERNO
Rama es el morador interno en cada cuerpo. El es el Atma-Ra-
ma, el Rama (fuente de bienaventuranza) en cada individuo. Sus
bendiciones brotan de ese manantial interno y otorgan paz y dicha
espiritual. El es la encarnacin del Dharma (la Rectitud), de todos
los cdigos de moralidad que sostienen al gnero humano unido
por el amor. El Ramayana, la historia de Rama, ensea dos leccio-
nes: el valor del desapego y la necesidad de volverse conscientes
de la Divinidad en cada ser. La fe en Dios y el desapego de los pro-
psitos mundanos son la llave de la liberacin humana. Desistan de
los objetos de los sentidos y ganarn a Rama. Sita desisti de los
lujos de Ayodhya y pudo estar con Rama durante el exilio del ava-
tar. No obstante, cuando vio con anhelo al venado de oro y lo de-
se vehementemente, perdi la presencia de Rama. La renuncia-
cin lleva a la dicha y el apego trae congoja. Permanezcan en el
mundo, pero no sean de l. Los hermanos, amigos, compaeros y
colaboradores de Rama son, cada uno de ellos, personas ejempla-
res saturadas de rectitud (dharma). Dasarata representa lo mera-
mente fsico, con los diez sentidos. Los tres gunas (cualidades del
hombre) satva (la pureza), rajas (la pasin) y tamas (la inercia)
son las tres reinas. Las cuatro metas de la vida los purushartas
(rectitud, bienestar, esfuerzo y liberacin) son los cuatro hijos.
Lakshmana es el intelecto; Sugriva es viveka o discernimiento. Va-
li es la desesperanza. Hanumn es la encarnacin del valor. El
puente se construye sobre el ocano del engao. Los tres jefes
Rakshasas son las personificaciones de las cualidades rajsicas
(Ravana), tamsicas (Kumbhakarna) y stvicas (Vibhishana). Sita
es Brahmajana o la conciencia del Absoluto, la cual debe con-
quistar el individuo, resistiendo las severas pruebas de la vida.
Hagan sus corazones puros y fuertes con la grandeza del Ra-
mayana. Establzcanse en la fe de que Rama es la Realidad de
su existencia.
SAI BABA

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1. Rama: prncipe y principio


Rama, el nombre, es la esencia de los Vedas, y la historia de
Rama es un ocano de leche, puro y poderoso. Se puede afirmar
que ningn poema de igual grandiosidad y belleza ha surgido de
otro idioma o de alguna otra nacin hasta el da de hoy; sin em-
bargo, ha inspirado la imaginacin potica en cada lengua y en
cada pas. Y, por su buena fortuna, es el ms grande tesoro otor-
gado a todos los hindes.
Rama es la deidad protectora de los indios. El nombre es sos-
tenido por los cuerpos en los cuales ellos habitan y por los tem-
plos a los cuales aquellos cuerpos asisten. Se puede decir que no
hay hind que no se haya embebido del nctar del Ramakatha, la
historia de Rama.
El Ramayana, la epopeya que refiere la historia de la encar-
nacin de Rama, es un texto sagrado que recitan reverentemente
distintas clases de personas, tanto el erudito como el ignorante, el
adinerado o el pobre. El nombre que el Ramayana glorifica limpia
toda maldad, transforma al pecador, revela la forma que el nombre
representa, una forma tan encantadora como el mismo nombre.
As como del mar provienen todas las aguas, todos los seres
han nacido de Rama. Un mar sin agua es un sinsentido; un ser
sin Rama no tiene existencia, ni ahora ni nunca. El ocano azul y
el Seor Todopoderoso tienen mucho en comn.
El ocano es la residencia del Todopoderoso, como lo pro-
claman el mito y la leyenda: El ha sido descripto reclinado sobre
un ocano de leche. Esta es la razn por la que Valmiki (el hijo de
Prachetas), el gran poeta que compuso la epopeya, empleaba pa-
ra cada canto la palabra kanda, que significa agua, una exten-
sin de agua.
Tambin significa caa de azcar. Por ms torcida que est
una caa, en cualquier parte que ustedes succionen hay dulzura,
permanece sin ser afectada y de manera uniforme, no es as? El

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ro de la historia de Rama fluye en un vaivn entre muchas colinas;


sin embargo, la dulzura (Karuna: ternura, piedad, compasin) per-
siste sin disminucin alguna durante toda la narracin. El ro vira y
corre a travs de la tristeza, la duda, la burla, la reverencia, el terror,
el amor, la desesperacin y el razonamiento, pero su fuerza est
bajo la superficie del agua, en la corriente del dharma (rectitud, mo-
ralidad), y que karuna incrementa.
El nctar de la historia de Rama es como el ro Sarayu que trans-
curre silenciosamente por Ayodhya, ciudad donde naci y gobern
Rama. El Sarayu nace en el Manasa-sarovar de los Himalayas, de la
misma manera que esta historia nace del lago de la mente (manasa
- sarovar). El caudal de Rama tiene la dulzura (karuna), y el ro de
Lakshmana (su hermano y devoto compaero) tiene la dulzura de la
devocin (bhakti); as como el ro Sarayu se une con el Ganges, y
sus aguas se mezclan, as tambin los ros de la tierna compasin y
la devocin (las historias de Rama y Lakshmana) se mezclan en el
Ramayana. La dulzura (karuna) y el amor (prema) delinean la figura
gloriosa de Rama, la imagen ms querida del corazn de cada indio,
y alcanzarla es la meta de todo esfuerzo espiritual.
El esfuerzo del individuo no es sino la mitad del logro; la otra
mitad consiste en la gracia de Dios. El hombre progresa espiri-
tualmente con el esfuerzo propio y tambin al recibir la bendicin
divina; esta relacin con el Seor lo satisfar durante todo el tra-
yecto por el oscuro ocano de las dualidades hacia el Uno inma-
nente y trascendente.
El Ramayana tiene que ser ledo no como el relato de una vi-
da humana sino como la narracin del advenimiento y las activi-
dades de un avatar (encarnacin de Dios). El hombre debe esfor-
zarse por comprender, a travs de su propia experiencia los idea-
les revelados en esta narracin. Dios es Omnisciente, Omnipre-
sente y Omnipotente. Las palabras que l pronuncia cuando toma
forma humana, los actos que l proyecta para realizar durante su
estancia terrenal son inescrutables y extraordinariamente signifi-
cativos. El precioso manantial de su mensaje facilita el paso a la
salvacin de la humanidad. No vean a Rama como el descendien-
te de la dinasta solar, o como el soberano del reino de Ayodhya,
o como el hijo del emperador Dasarata; tales analogas slo son
circunstanciales. Ese error se ha hecho habitual para los lectores
comunes, pues slo prestan atencin a las relaciones y filiaciones
personales entre los personajes de esta historia y no ahondan en
los valores que ellos representan.
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Veamos un ejemplo de ese error. El padre de Rama tena tres


esposas; la primera era as y as, la segunda era de tal naturale-
za, la tercera tena tales caractersticas; sus sirvientas eran feas...
las batallas libradas por Dasarata, el padre, se caracterizaban por
estas particularidades... De esta manera, el capricho desva al
hombre a la regin trivial, estril, descuidando la valiosa semilla.
La gente no se da cuenta de que el estudio de la historia debe en-
riquecer la vida y hacerla significativa y digna, ms que buscar sa-
tisfacciones mezquinas e ideas triviales. Su vigencia y valor se
apoyan profundamente en los hechos y se nutren en agua subte-
rrnea. Usen los anteojos de la adoracin (bhakti) y la dedicacin
(sradha); entonces el ojo los dotar de la sabidura pura que libe-
ra y les otorgar bienaventuranza eterna.
As como el hombre exprime el jugo de la fibrosa caa y be-
be slo su dulzura, as como la abeja succiona el nctar en la flor,
sin importarle su simetra y color, as como la mariposa nocturna
vuela hacia la luz de la llama, ignorando el calor y la inevitable ca-
tstrofe, el buscador espiritual (sadhaka) debe anhelar embeber-
se en la esencia de la ternura (karuna rasa), compasin y piedad
de las cuales el Ramayana est saturado, sin prestar atencin a
otros temas. Despus de comer una fruta, tiramos la cscara, las
semillas y la fibra. La fruta tiene todos estos componentes, pero
nadie se los comer slo por el hecho de haber pagado por ellos;
nadie se traga las semillas, nadie chupa la cscara. Lo mismo
ocurre con esta fruta-Rama llamada Ramayana: las aventuras
de los Rakshasas forman la cscara; los actos de esos hombres
malvados son semilla dura e indigerible. Las descripciones y los
sucesos sensoriales y mundanos, no son la parte ms sabrosa,
sino la cscara del jugoso fruto.
Aquellos que buscan la esencia tierna (karuna rasa) en la fru-
ta de Rama debern concentrarse ms en el argumento central
que en la narracin de los detalles que la embellecen o la afectan.
Escuchen el Ramayana con ese nimo; sa es la mejor forma de
sravana (escuchar con fines espirituales).
En una ocasin, el emperador Parikshit, a los pies del sabio
Suka, le pidi que lo instruyera en un punto que le estaba cau-
sando una terrible duda: Maestro!, una cuestin me ha estado
preocupando desde hace mucho tiempo. S que slo t me la
puedes resolver y nadie ms. Compadcete de m y dame una
respuesta que me satisfaga. He escuchado las narraciones de las
vidas de mis antepasados, desde el primero, el gran Man, hasta
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la de mis abuelos y mi padre. He estudiado esas historias con cui-


dado, y he observado que en cada una de ellas se menciona a
sabios apegados a la monarqua!, a santos eruditos como miem-
bros de la corte, asistiendo a audiencias y participando en los
asuntos del gobierno! Cul es el verdadero significado de esta
increble relacin de sabios renunciantes a todos sus deseos, que
han comprendido que el mundo es una sombra y una trampa, y
que el Uno es la nica Realidad, con reyes y gobernantes, de-
sempeando papeles de subordinados, de consejeros? Tambin
s que aquellos venerables ancianos no se involucraban en nin-
guna actividad sin tener una buena razn, pues su comporta-
miento siempre fue puro y limpio. Sin embargo, no puedo resolver
mi duda. Por favor, ilumname.
Suka ri ante la pregunta. Respondi: Sin duda has hecho
una gran pregunta. Escucha! Los grandes sabios y santos erudi-
tos siempre estarn ansiosos de compartir con su prjimo la ver-
dad que han alcanzado, la santificadora experiencia que han ga-
nado, las elevadas actividades que han tenido el privilegio de rea-
lizar, y la divina gracia recibida y para la cual fueron escogidos.
Buscan estar cerca de aquellos que tienen a su cargo la adminis-
tracin, de quienes son aptos para gobernar, con la intencin de
emplearlos como instrumentos para establecer y asegurar la paz y
la prosperidad en la Tierra. Los grandes sabios les implantan ele-
vados ideales en la mente y los caminos sagrados para realizar-
los; ellos les motivan acciones correctas de acuerdo con las leyes
justas. Los monarcas tambin invitan y dan la bienvenida a los sa-
bios, buscan a los santos eruditos y les ruegan que se queden con
ellos en la corte, para poder aprender de ellos el arte de gobernar
y actuar apoyados en su consejo. El monarca era el maestro y el
guardin de la gente; por eso los antiguos sabios (rishis) pasaban
sus das con el gobernante, con el propsito de realizar a travs de
l el anhelo de sus corazones: Que todos los mundos sean feli-
ces (Lokasamastha sukhino bhavanthu). Estaban ansiosos de
ver la felicidad y la paz esparcirse por toda la Tierra. Por eso tra-
taban de despertar en los reyes todas las virtudes, de saturarlos
de todas las normas morales, de proveerlos de todas las armas de
la enseanza, para que pudieran gobernar con virtud y sabidura,
con benficas consecuencias para ellos mismos y sus sbditos.
Tambin hay otras razones. Escucha: ellos saban que el
Otorgador de alegra a la humanidad, el Preceptor de la moral hu-
mana, el Gua de la dinasta solar, el Habitante en el cielo de la
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eterna bienaventuranza, nacera en una familia de ascendencia


real. As, los sabios que podan ver los acontecimientos antes de
que sucedieran, se ganaban la entrada a las audiencias de los go-
bernantes, para poder experimentar la dicha del contacto con la
encarnacin cuando aquello sucediera. Teman no tener despus
esa oportunidad y perder la bienaventuranza de aquel aconteci-
miento extraordinario. Ellos se valan de su visin del futuro y se
establecan en la capital real, en la comunidad, anhelando el Ad-
venimiento.
A este venerable grupo pertenecan Vasishta, Viswamitra,
Garga, Agastya y otros sabios. No tenan deseos; eran reyes de
la renunciacin: no buscaban nada de nadie, siempre estaban
contentos. Aparecan en los salones de audiencia de los empera-
dores de aquellos das, no para participar en polmicas o para re-
cibir los costosos regalos ofrecidos a tales litigantes y huspedes,
o para ser condecorados con los ostentosos ttulos que aquellos
patronos conferan a sus favoritos. En cambio, ansiaban el dar-
shan* del Seor y la posibilidad de sostener el dharma (la recti-
tud) en los asuntos humanos; no tenan ningn otro objetivo.
Los reyes de aquellos das tambin estaban inmersos en
pensamientos divinos! Buscaban a los ermitaos y sabios en sus
retiros para poder descubrir de ellos los medios para que sus sb-
ditos fueran dichosos; a menudo los invitaban a sus palacios y les
consultaban los medios para ser buenos gobernantes. Aquellos
eran das en que los sabios no tenan apegos y los eruditos no an-
helaban el poder; as era la clase de hombres que daba consejo
a los reyes. Como consecuencia, no faltaba la comida ni el vesti-
do, ni casa ni salud entre la gente del reino. Todos los das eran
de fiesta, todas las puertas se decoraban con guirnaldas. El go-
bernante senta que su ms sagrado deber era el de fomentar el
bienestar de la gente. Los sbditos, por su parte, tambin sentan
que el gobernante era el corazn del cuerpo poltico. Tenan tan-
ta fe en l, que era tan preciado como sus propios corazones; as
lo valoraban, lo veneraban y le rendan homenaje de gratitud. De
esta clara manera, Suka explic el papel de los sabios en las cor-
tes reales ante la enorme concurrencia que estaba sentada a su
alrededor.
Se han dado cuenta de esto? Todo lo que hagan los gran-
des hombres, escogiendo para ello una buena compaa, siempre

* La bienaventuranza de la visin

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los llevar por el camino de la rectitud, por la senda de la Divini-


dad, y sus actos promovern el bienestar del mundo entero! De
esta manera, cuando se recita o se lee el Ramayana u otras na-
rraciones de la Divinidad, la atencin se debe fijar en la majes-
tuosidad y misterio de Dios, en la verdad y la rectitud inherentes
a l, y en la prctica de dichas cualidades en la vida diaria. No se
debe dar ninguna importancia a otros asuntos; los medios y la
manera de cumplir con nuestro deber es la leccin suprema que
debe ser aprendida de esta historia.
Dios, cuando aparece con forma, con el propsito de defen-
der el dharma, se comporta de manera humana. Tiene que ha-
cerlo as, ya que debe ensear lo que es una vida correcta para
el hombre, y cmo es la experiencia de la alegra y de la paz. Las
actividades de un avatar (lilas) pueden parecer comunes y co-
rrientes para algunos ojos, pero cada uno de sus actos ser una
expresin de belleza, verdad, bondad, alegra y exaltacin. Cau-
tivar al mundo con su encanto, purificar el corazn que lo con-
temple. Vencer y apaciguar todas las agitaciones de la mente.
Romper el velo del engao (maya). Otorgar la conciencia con
dulzura. No puede haber nada comn y corriente en la vida de
un avatar. Todo en ellos es verdaderamente sobrehumano, so-
brenatural, y merece veneracin.
La historia de Rama no es la de un individuo, es la historia
del Universo! Rama es la personificacin del Ser universal en to-
dos los seres. El est en todos, para todos, todo el tiempo, en to-
do el espacio. La historia no trata de un perodo de tiempo pasa-
do, sino del presente y del futuro sin fin, del tiempo eterno.
Ninguna hormiga puede picar sin la voluntad de Rama! Nin-
guna hoja puede caer de un rbol sin que Rama lo mueva! Eter,
aire, fuego, agua y tierra los cinco elementos que componen el
Universo se comportan como lo hacen por respeto a l, de
acuerdo con sus rdenes! Rama es el principio que atrae, y me-
diante tal atraccin hace que los elementos de la naturaleza fun-
cionen. La atraccin que uno ejerce sobre el otro es lo que pro-
voca que el Universo exista y funcione.
Ese es el principio de Rama, sin el cual slo el caos existira. De
ah la sentencia: Si no hay Rama, no habr Universo (panorama).

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2. La dinasta imperial
En la dinasta solar, inmaculada y pura, naci Katvanga, el
poderoso, afamado por doquier, gran guerrero, intensamente
amado y venerado gobernante. Su gobierno derramaba suprema
felicidad sobre la enorme poblacin que se encontraba bajo su
reinado, que le renda homenaje como si fuera Dios mismo. Kat-
vanga tena un nico hijo, llamado Dilipa, que creci brillando en
la gloria de la sabidura y la virtud; comparta con su padre la ale-
gra y el privilegio de cuidar y guiar a la gente. Se mova entre sus
sbditos ansioso de conocer sus penas y alegras, deseoso por
descubrir la mejor manera de aliviarlos de la congoja y la desdi-
cha, comprometido con su bienestar y prosperidad. El padre ob-
servaba a su hijo crecer sano y fuerte, virtuoso y sabio. Busc una
novia para l, para que despus de la boda pudiera poner sobre
sus hombros parte de la carga del reino. La busc en casas de la
realeza, por todas partes, ya que ella deba ser una digna com-
paera para el prncipe. Al fin, la eleccin cay sobre Sudakshi-
na, princesa de Magadhan. Y la boda se celebr con insuperable
pompa y regocijo de la gente de la corte.
Sudakshina estaba dotada en amplia medida con todas las
virtudes de la mujer. Era santa y sencilla y una sincera seguidora
de su marido; serva a su seor y derramaba su amor sobre l co-
mo si fuera su propio aliento. Caminaba siguiendo los pasos de
su marido y jams se desviaba del camino recto.
Dilipa tambin era la encarnacin misma de la rectitud y, co-
mo consecuencia, ni el deseo ni el desaliento lo afectaban en lo
ms mnimo. Se adhera a los ideales y prcticas de su padre en
cuanto al gobierno del reino se refera, y as pudo, lentamente y
sin ninguna friccin, tomar la total responsabilidad de la adminis-
tracin. De esta manera le pudo dar la oportunidad a su padre de
descansar en su vejez. Katvanga se regocijaba contemplando las
grandes cualidades de su hijo y observando su habilidad, eficien-

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cia y prctica sabidura. As pasaron algunos aos. Despus, Kat-


vanga orden a los astrlogos de la corte que seleccionaran un
da y hora propicios para la coronacin, y el da fijado por ellos
nombr a Dilipa monarca del reino.
Desde aquel da, Dilipa brill como el seor soberano de un
imperio que abarcaba de mar a mar, con las siete islas del oca-
no. Su gobierno era tan justo y compasivo, tan conforme con los
mandatos establecidos por las Escrituras, que las lluvias caan
tan abundantemente como se requera y la cosecha era rica y
abundante. El imperio entero era verde y glorioso, festivo y com-
pleto. La tierra resonaba con las palabras sagradas de los Vedas
recitados en todos los pueblos, los mantras purificadores eran
cantados durante las ceremonias vdicas llevadas a cabo por to-
da la nacin, y las comunidades vivan en armona con las dems.
Sin embargo, el maharaja estaba aparentemente sobrecogido
por alguna misteriosa ansiedad; su rostro perda brillo y esplendor,
y con el paso de algunos aos la situacin no mejor. La desdicha
grab lneas profundas en su frente. Un da revel la causa de su
tristeza a Sudakshina, su reina: Querida! No tenemos hijos y esa
tristeza me est venciendo. Mi dolor aumenta cuando veo que
nuestra dinasta Ikshvaku terminar conmigo. Algn pecado que
comet debe de haber trado esta calamidad. Me siento incapaz de
decidir de qu manera voy a enfrentar este maligno destino. Estoy
ansioso de escuchar de nuestro preceptor, el sabio Vasishta, los
medios por los que puedo ganar la gracia de Dios y enmendar el
pecado. Estoy muy afectado por la pena. Cul crees t que pu-
diera ser el mejor medio para ganar la gracia?
Sudakshina ni siquiera se tom tiempo para pensar en la res-
puesta: Seor! Este mismo miedo ha entrado en mi mente tam-
bin y me ha causado mucha congoja. No he querido expresarla;
la he ahogado en mi mente porque no puedo, lo s, revelar mis te-
mores sin que t me incites a ello, mi seor. Yo siempre estoy de-
seosa y pronta a obedecer y seguir lo que te parezca la mejor so-
lucin para sobrellevar nuestra congoja. Por qu debe haber de-
mora? Apurmonos a consultar al venerado Vasishta. Dilipa or-
den que se trajera la carroza para ir hacia la ermita del preceptor,
y orden que nadie lo escoltara o acompaara a excepcin de su
esposa. De hecho, l mismo manej el vehculo y lleg a la senci-
lla choza de su divino maestro.
Al sonido de la carroza, los ermitaos que estaban en las
afueras del ashram (lugar donde vive un maestro) fueron a bus-
18
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car a su maestro para avisarle que llegaba el gobernante del im-


perio. Vasishta derram sus bendiciones en l tan pronto como lo
vio cerca de la puerta y amorosamente le pregunt sobre su sa-
lud y por el bienestar de sus sbditos y el de toda su familia.
Sudakshina se postr a los pies de la consorte del sabio, la
afamada Arundhati, encarnacin de todas las virtudes que ador-
nan a las ms nobles mujeres. Arundhati la levant hacia sus bra-
zos y amorosamente la estrech preguntndole sobre su bienes-
tar. Luego la llev hacia el interior de la ermita.
Como es propio de un monarca, Dilipa le pregunt a Vasish-
ta si las ofrendas (yajnas) y los sacrificios (yagas) que los asce-
tas deban llevar a cabo como parte de la tradicin cultural se es-
taban efectuando sin ningn contratiempo, si los anacoretas pa-
saban dificultades para conseguir comida y si continuaban con
sus estudios y prcticas espirituales, y si en la selva eran aterro-
rizados por alguna bestia salvaje. Ansiaba, dijo, que sus estudios
y ejercicios espirituales progresaran sin ninguna distraccin a
causa de un ambiente adverso o por influencias extraas.
Cuando el rey y la reina entraron a la choza y se sentaron en
sus lugares, con todos los sabios y buscadores espirituales reu-
nidos, Vasishta pidi a todos que lo dejaran solo con los monar-
cas. Le pregunt al rey la razn de su visita. Dilipa le comunic a
su preceptor la naturaleza y lo hondo de su pena, y le rog el ni-
co remedio que poda quitrsela: su gracia.
Luego de escuchar ese ruego, Vasishta se abism en pro-
funda meditacin. Imper un perfecto silencio. El rey tambin se
sent en la posicin de loto sobre el suelo desnudo y fundi su
mente en Dios; la reina tambin se uni a la Divinidad.
Al fin, Vasishta abri los ojos y dijo: La voluntad de Dios no
puede ser impedida por ningn hombre, sea cual fuere su poder y
autoridad. No hay ningn poder que pueda pasar por encima de un
decreto Divino. No puedo darte suficiente gracia para que, por mis
bendiciones, nazca el hijo que deseas. Tienes sobre ti una maldi-
cin. En una ocasin, cuando te acercabas a la capital, durante un
viaje de retorno a casa, la vaca divina, Kamadhenu, estaba echa-
da bajo la fresca sombra del rbol divino, el Kalpataru. Tu ojo la vio
pero, atrapado en los enredos de los placeres mundanos, la igno-
raste y pasaste de largo, con orgullo, hacia tu palacio; Kamadhe-
nu se sinti ofendida por tu indiferencia, estaba herida porque no
la habas honrado, y sinti que tu gente podra empezar a des-
honrarla, ya que el mismo rey haba faltado a su deber. Cuando los
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gobernantes no veneran a los Vedas, o no respetan a los brahmi-


nes que aprenden y practican los Vedas, o descuidan a la vaca
que sostiene al hombre, y continan gobernando impunemente
argument ella, no hay dharma (rectitud) en la Tierra.
Kamadhenu te maldijo ese da para que no tuvieras hijos que
te sucedieran en el trono pero aclar que, cuando siguieras el
consejo del gur y empezaras con humildad a venerar y a servir
a la vaca y la adoraras en contricin, la maldicin quedara anu-
lada y Kamadhenu te recompensara con un heredero.
Por eso, adora a la vaca a partir de este momento, con tu rei-
na, como lo establecen las Escrituras sagradas, y podrn estar
seguros de que tendrn un hijo. Se acerca la hora en que las va-
cas empiezan a regresar a casa luego de haber pastado. Mi te-
soro, la vaca divina, Nandini, se est acercando rpidamente a la
ermita. Vayan, srvanla con devocin y fe inquebrantable. Denle
comida y bebida a sus horas. Baen a la vaca, llvenla a pastar y
cuiden que ningn dao le ocurra mientras come.
Vasishta inici entonces a los reyes en el voto ritual de ado-
racin a la vaca (Dhenuvrata); los mand al establo con agua sa-
grada y ofrendas para la adoracin y l se encamin hacia el ro
para hacer sus abluciones y oraciones de la tarde.
Un da, mientras Nandini pastaba, un len la acech y la per-
sigui para poder calmar su hambre. Dilipa observ esto y us to-
da su fuerza y habilidad para evitar que el len la devorara, pero
finalmente tuvo que ofrecer su propio cuerpo a cambio. Aquel len,
aunque era una bestia feroz, respetaba el dharma. Conmovido
por el sacrificio que Dilipa estaba dispuesto a hacer para salvar a
la vaca que el rey adoraba, la puso en libertad, solt al rey y se
alej del lugar.
La vaca Nandini estaba llena de un inexpresable sentimiento
de gratitud y alegra ante el gesto de sacrificio de Dilipa, y le dijo:
Rey, en este momento la maldicin que te aflige queda sin efec-
to. Tendrn un hijo que someter al mundo entero, mantendr los
principios y la prctica del dharma, ganar renombre en la Tierra
y en el cielo, acrecentar la fama de la familia real y, ms an,
continuar la dinasta Ikshvaku, en la que el mismo Dios, Naraya-
na, nacer algn da. Que ese hijo nazca pronto!, y Nandini lo
bendijo. Y, cuidada por el rey, la vaca sagrada regres al ashram
de Vasishta.
El gur no necesit que se lo dijeran. Lo supo tan pronto co-
mo vio la expresin de los reyes; supo que su deseo haba sido
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cumplido, as que los bendijo y dio su venia para que partieran ha-
cia la ciudad. Entonces, Dilipa y Sudakshina se postraron ante el
sabio y marcharon al palacio, adonde llegaron plenos de alegra
por el feliz cambio en el curso de los acontecimientos.
La criatura creca en el vientre tal y como la bendicin lo ha-
ba afirmado. Cuando transcurrieron los meses, en un auspicioso
momento naci el hijo. Cuando las buenas nuevas se difundieron
por la ciudad y el reino, miles de personas se congregaron alre-
dedor del palacio con gran jbilo, las calles se engalanaron con
banderas y grandes hojas verdes. Grupos de personas bailaban
llamando a todos para que compartieran la felicidad por la noticia
y encendan llamas con alcanfor para sealar la ocasin. Enor-
mes multitudes exclamaban: Jai, jai!, y caminaban hacia los pa-
tios del palacio.
Dilipa orden que el nacimiento del heredero se anunciara a
la multitud, reunida en los amplios jardines del palacio, por el mis-
mo ministro. Como respuesta, la multitud hizo una dichosa acla-
macin que lleg al cielo. El aplauso fue largo y rumoroso; los jai
se oan como ecos de un extremo a otro de la calle. Llev muchas
horas para que la concurrencia se dispersara y se retirara a sus
casas.
En el dcimo da, el rey invit al gur y llevaron a cabo la ce-
remonia de dar nombre al recin nacido, y se seleccion el de
Raghu, por la constelacin en la cual haba nacido. La criatura de-
leitaba a todos con sus balbuceos y juegos, y con los aos fue
querido por todos por ser un brillante y encantador muchacho;
luego transcurri la adolescencia y se convirti en un colaborador
valiente, resuelto y eficiente de su padre.
Una noche, nadie poda saber por qu el rey se haba entris-
tecido, y cuando estaba a solas con la reina, le dijo: Sudakshina,
he logrado muchas grandes victorias. He tenido xito en llevar a
cabo muchos rituales importantes. He luchado en muchas batallas
con poderosos invasores y he triunfado sobre ellos, incluyendo a
ogros y a titanes. Hemos sido bendecidos con un hijo que es la jo-
ya ms preciada. Ya no tenemos nada ms que ganar. Pasemos
el resto de nuestras vidas en adoracin a Dios. Raghu es el depo-
sitario de todas las virtudes, es capaz en todos los aspectos y pue-
de soportar la carga de gobernar todo el imperio. Confimosle el
reino; nos retiraremos al silencio del bosque y viviremos de races
y frutos, serviremos a los sabios que llevan vidas austeras llenas
de pensamientos santos y que aspiran a Dios, y santificaremos ca-
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da momento escuchando las enseanzas sagradas (sravana), re-


flexionando en los significados profundos (manana) y en practicar
el camino establecido (nididhyasana). No cederemos ni por un mi-
nuto a la pereza, la cual es sostenida por las cualidades tamsicas.
Despus, tan pronto como amaneci, llam al ministro ante su
presencia; le pidi que se hicieran los arreglos para la coronacin
y matrimonio del prncipe. Pleno de espritu de renunciacin, le
pregunt a la reina cules eran sus planes. Ella derram lgrimas
de gratitud y alegra, y dijo: Qu mejor fortuna puedo tener? Es-
toy atada a tus rdenes, lleva a cabo tus planes. Entonces, su en-
tusiasmo y su solidaridad fortalecieron la decisin del emperador.
Dilipa llam a sus ministros, eruditos y sabios y les comunic
su intencin de celebrar la coronacin y el matrimonio de su hijo;
ellos accedieron de todo corazn y ambos actos se llevaron a ca-
bo con gran suntuosidad. El padre le dio al prncipe valiosos con-
sejos sobre la administracin, enfatizando la necesidad de pro-
mover el estudio de las Escrituras y estimular a los eruditos ins-
truidos en la ciencia vdica, as como la promulgacin de leyes
para el progreso de su pueblo. Despus se fue a la selva con la
reina, resueltos a alcanzar la gracia de Dios.
Raghu rein a partir de ese da de acuerdo con las directivas
de los pandits y con un doble propsito: el bienestar de sus sbdi-
tos y la promocin de la vida moral. Como crea que estos dos ob-
jetivos eran tan vitales como el aire, no escatim esfuerzos para
alcanzarlos, as como para que sus ministros tambin se le unie-
ran en ese objetivo. Aunque joven an, era rico en virtudes. Por
muy difcil que pudiera ser un problema, lo comprenda rpido y
descubra los medios para resolverlo; as logr que sus sbditos
estuvieran contentos. A los reyes malvados les daba severas lec-
ciones: se los ganaba con acercamientos pacficos e inteligentes
tcticas diplomticas, o lanzando contra ellos un pequeo ejrcito,
o enfrentndolos abiertamente en el campo de batalla.
Estaba comprometido en actividades que aseguraban el bie-
nestar de la gente y promova la cultura de los Vedas. Toda cla-
se de gente, de diferentes edades, posiciones econmicas y lo-
gros, enalteca su gobierno. Decan que era superior a su padre
en habilidad fsica, valor, conducta recta y compasin. Todos de-
can que traa fama al nombre que llevaba.
Raghu daba especial atencin al cuidado y bienestar de los
ascetas en la selva, cuidaba que permanecieran libres de hosti-
gamientos y l mismo supervisaba los arreglos para asegurarles
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proteccin. A causa de todo esto reciba sus bendiciones y gracia


en amplia medida.
Un da, Kautsu, el ermitao discpulo de Varathantu, lleg a la
corte despus de haber terminado de recibir sus enseanzas. Le
rog al rey que lo ayudara a conseguir la ofrenda de agradeci-
miento que tena que presentar a su preceptor. Raghu le dio el di-
nero que quera. Kautsu estaba feliz porque el regalo que haba
recibido no era impuro, sino reunido sin haber causado ningn do-
lor a la gente, la cual pagaba sus impuestos con alegra y grati-
tud, pues Raghu no recolectaba ni un centavo ms de lo que era
estrictamente necesario, ya que siempre tema la ira de Dios. El
dinero tambin haba sido entregado con gran amor y considera-
cin, y as, Kautsu estaba colmado de dicha y de gratitud. Su co-
razn estaba henchido y habl amorosamente al rey: Que seas
bendecido pronto con un hijo, quien ser famoso en todo el mun-
do, y se retir de la presencia del gobernante.
De acuerdo con aquellas palabras, diez meses despus,
Raghu recibi la gracia de un hijo que resplandeca como un dia-
mante. El rito de la imposicin del nombre se llev a cabo por los
sacerdotes del palacio. Fue llamado Aja. Era un beb encantador.
Creci y se convirti en un brillante muchacho, vido de aprender
todas las ciencias y las artes, de las que se volvi un experto en
cada una de ellas; su fama como gran estudiante y culto jovenci-
to se extendi por toda la nacin.
A su debido tiempo, Raghu tambin sinti la necesidad de co-
locar sobre los hombros del prncipe la carga del poder y retirar-
se a la selva para dedicarse a la contemplacin de Dios. El tam-
bin llam a sus ministros para que arreglaran la transferencia de
la autoridad mediante el rito de la coronacin, junto al matrimonio
de Aja con una novia adecuada. Indumati, la hermana de Bhoja-
raja, el gobernador de Magada, fue la muchacha que escogieron
como compaera de Aja. As, despus de haber dejado a su hijo
en el trono, los padres reales se fueron a su ermita en la selva.
Aja, con la reina como su amada compaera, gan la lealtad
de sus sbditos por su sabidura y compasin: siguieron escrupu-
losamente el consejo de Raghu sobre la manera y los medios de
un buen gobierno. Aja amaba y veneraba al mundo y a sus habi-
tantes como reflejos e imgenes de Indumati a quien amaba pro-
fundamente. De esta manera, l viva pleno de felicidad y regoci-
jo. Acostumbraban pasar das y semanas en los hermosos retiros
del bosque, admirando la maravilla de la naturaleza.
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Mientras tanto, la reina dio a luz un hijo. Los padres se rego-


cijaron con este feliz acontecimiento; asimismo, hicieron que le
comunicaran la noticia a su venerable preceptor, Vasishta. Que-
ran brindarle al recin nacido los ritos ceremoniales. Se le llam
Dasarata.
El pequeo era, sin duda, el favorito de todos los que lo vean
y tenan el privilegio de acariciarlo. El nio mova sus miembros
como si fuera todo vitalidad. Pareca que se alimentaba de alegra
y que slo viva para brindar felicidad a los dems.
Un da, Aja e Indumati acudieron al bosque, tal como era su
costumbre, para recrearse en el regazo de la naturaleza. El silen-
cio y lo sublime de ese da eran an ms atractivos que en otras
ocasiones. Se sentaron a la sombra de un rbol y se hablaban
con ternura cuando, de pronto, el ambiente se vio inundado por
un aire cargado con una fragancia dulce ms all de cualquier
descripcin. Y pudieron or fascinantes melodas de msica divi-
na. Se levantaron y buscaron la causa de estos misteriosos rega-
los. Descubrieron entonces muy alto sobre sus cabezas, entre las
nubes del cielo, a Narada, el hijo mental (manasa putra) de
Brahma, yendo rpidamente a algn lugar. Mientras lo observa-
ban, una flor que Narada llevaba en su tocado se solt y, llevada
por el viento, cay exactamente sobre la cabeza de Indumati. Aja
estaba atnito por el incidente, pero se sorprendi ms todava al
descubrir que la reina haba cado, cerrando sus ojos para siempre.
La muerte de la mujer que amaba tan ntimamente como a su
propio aliento, caus un dolor desesperado al gobernante, su de-
solacin estremeci al bosque de punta a punta. La Tierra tembl,
pero los rboles permanecieron inalterables, insensibles a la des-
dicha que ahogaba el corazn del rey.
Narada escuch aquellos lamentos, el llanto de Aja ante el
cuerpo de su bienamada, y lo fue a consolar en su tristeza. Ra-
j! dijo, la pena es una reaccin que no sirve cuando la muer-
te golpea; el cuerpo est sujeto a nacimientos y muertes, lo que
trae el nacimiento tambin trae la muerte, tratar de saber el por-
qu es una locura. Los actos de Dios estn ms all de la cade-
na de causa y efecto. Los intelectos comunes no pueden enten-
derlo sino, a lo sumo, adivinar la razn. Cmo puede el intelec-
to comprender algo que est fuera de su dominio?
La muerte es inevitable para cada ser encarnado. Sin em-
bargo, ya que el fin de Indumati te parece tan extrao, te dir la
razn dijo Narada. Escucha: en pocas pasadas, el sabio Tri-
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nabindu estaba concentrado en un ascetismo extremo, as que In-


dra resolvi probar sus logros y su equilibrio interno. Envi una
encantadora deidad llamada Harini para atraerlo hacia el mundo
de la sensualidad. El sabio permaneci imperturbable a sus en-
cantos y se mantuvo sereno. Abri los ojos y dijo: No pareces
ser una mujer comn. Podras ser una doncella divina. Bueno,
quienquiera que seas, vas a sufrir por haberte decidido a ejecu-
tar este cruel acto, un plan malvado! Cada del cielo, nacers co-
mo un ser humano; aprenders lo que es ser un mortal. Maldi-
cindola as, el sabio cerr nuevamente los ojos y entr en medi-
tacin.
Harini tembl de miedo y derram abundantes lgrimas de
arrepentimiento, pidiendo que no la exiliaran del cielo, rog pat-
ticamente para que le retiraran la maldicin. El sabio se compa-
deci un poco y dijo: Oh dbil criatura, no es posible para m
desdecir mis palabras. Sin embargo, te dir la manera en que
puedas salvarte. Escucha! En el momento en que una flor del
cielo caiga sobre tu cabeza, tu forma humana caer y podrs re-
tornar al Cielo. Indumati es aquella divina doncella y ha logrado
su liberacin en este da. Cuando la flor que yo portaba cay so-
bre ella, se liber de la maldicin. Por qu lamentarse entonces?
No hay ninguna razn. Narada le habl de los deberes de un mo-
narca, de su responsabilidad y del ejemplo que debe poner ante
todos; le habl de la fugacidad de la vida y del misterio de la
muerte, el destino final de todos los seres que nacen. Despus de
esto, Narada sigui su camino al cielo.
Sin posibilidad de poder ayudar a su bienamada, Aja llev a
cabo los ritos fnebres y se dirigi a la capital; estaba oprimido
por el dolor. Slo el prncipe Dasarata poda darle algo de con-
suelo y renovar su voluntad de vivir; el rey pasaba sus das sumi-
do en la tristeza. Como Dasarata era ahora ya un joven plena-
mente desarrollado, Aja le entreg el reino y se fue a un islote del
ro Sarayu, con el voto de no aceptar comida. Se negaba a s mis-
mo, ya no encontraba razn para continuar, as que provoc que
su propia vida se extinguiera.
Tan pronto como Dasarata oy esas noticias, se apresur a ir
al ro Sarayu y llor la prdida de su querido padre. Hizo sin demora
los arreglos para el funeral y sinti algn alivio al saber que su pa-
dre haba desistido de vivir en el cumplimiento de un voto ritual. Sa-
c algo de fortaleza de este hecho y asumi sus deberes como go-
bernante, con completo dominio de sus variadas facultades.
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En poco tiempo la fama de Dasarata ilumin como un sol al


amanecer. Tena la intrepidez y habilidad de diez aurigas, as que
el nombre Dasarata (un hroe con diez carruajes) era muy apro-
piado. Nadie se poda poner en contra de la arremetida de su po-
deroso carro de combate. Los dems gobernantes, atemorizados
por sus proezas, le rendan homenaje. El mundo lo exaltaba co-
mo un hroe sin igual, un dechado de virtudes, un hombre de es-
tado de la ms elevada categora.

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3. Ningn descendiente
Hasta Ravana, el rey Rakshasa de Lanka, lleg la fama de
Dasarata. Y estaba tan lleno de envidia que hizo un plan para
destruirlo, ya sea por medios justos o injustos. Busc entonces
una excusa para provocar a Dasarata. Un da le mand decir con
un mensajero que, a menos que le pagara tributo, se iba a en-
contrar con Ravana en el campo de batalla y le demostrara su
gran poder. Esta advertencia estaba en contra de la moral, pero
qu moral era la que un Rakshasa respetaba?
Cuando Dasarata escuch el recado se ri burlonamente.
Cuando el mensajero an lo estaba viendo, el rey dispar unas
flechas que llegaron hasta Lanka y con ellas trab las puertas de
la ciudad.
Dirigindose a los enviados, Dasarata dijo: Bien, seores,
ahora he trabado las puertas de su ciudad fortaleza, su jefe no las
puede abrir, por ms que lo intenta; se es el tributo que pago
a su impertinente seor. Cuando los mensajeros regresaron e in-
formaron a Ravana, ste se sorprendi de encontrar que todas
las puertas estaban trabadas, y sus desesperados esfuerzos y los
de todos los hombres no tuvieron xito; no podan abrir las puer-
tas. Cuando Ravana se estremeci de vergenza, extraamente
las flechas regresaron a Ayodhya y las puertas pudieron abrirse
otra vez.
Ravana, sin embargo, segua pensando que poda dominar a
todos los gobernantes del mundo, pero se daba cuenta de que s-
lo lo podra lograr ganndose la gracia Divina, as que se dirigi a
las profundidades de la selva y seleccion un lugar favorable y
auspicioso para realizar sus prcticas ascticas.
El ascetismo de Ravana era tan intenso y satisfactorio, que
Dios en su forma de Brahma se apareci ante l y ofreci otor-
garle cualquier gracia. Ravana, pide cualquier cosa, te dar lo
que tu corazn desee, dijo Brahma. Ravana le daba vueltas en

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su mente a la humillacin que haba sufrido a manos de Dasara-


ta, y pensando que aqul pudiera llegar a tener hijos an ms
fuertes, por quienes l pudiera sufrir ms, expres su deseo:
Seor!, concdeme esta gracia: que ningn hijo le sea nacido a
Dasarata. A esto, Brahma dijo: As sea, y desapareci, pues no
quera que Ravana pudiera idear otra sucia peticin si permane-
ca ante l. Ravana se pavone orgulloso y libre de todo temor,
regocijndose por el xito de su propsito.
Mientras tanto, otro proyecto surgi en su mente. Dasarata
es un joven que ya est en edad de formar un matrimonio; si yo
me las ingenio para que nunca se llegue a casar, mi salvacin es-
tar doblemente asegurada, pens y, buscando alguna artimaa,
se dio cuenta de que era muy probable que Dasarata se casara
con la hija del rey de Kosala. As que decidi terminar con la vida
de la princesa. Cuando la propia destruccin es inminente, la ra-
zn se distorsiona. Entonces entr al reino de Kosala clandesti-
namente y disfrazado secuestr a la princesa. Ponindola en una
caja de madera, la arroj al mar.
Ravana no tomaba en cuenta aquella verdad de que nada
puede suceder sin el asentimiento de la voluntad Divina. Brahma
tena otro designio. La caja fue llevada por las olas hasta la cos-
ta. El sitio donde fue arrojada por el mar era un excelente lugar de
recreacin. Al da siguiente, Sumantra, el primer ministro de Da-
sarata, casualmente visitaba el lugar para vacacionar y poder
pensar con tranquilidad sobre problemas de gobierno. Sus ojos
se posaron en la caja, la recuper y la abri: se sorprendi de ver
dentro de ella a una encantadora muchacha de atractivos y bri-
llantes ojos y un halo de divino resplandor. Sumantra sinti una
profunda lstima, y con dulces palabras le dijo a la nia: Peque-
a, cmo es que fuiste a parar adentro de esta caja? Ella res-
pondi: Seor, soy la princesa del reino de Kosala, mi nombre es
Kausalya. No s cmo llegu a esta caja ni quin me puso aqu.
Estaba jugando con mis compaeras en los jardines del palacio,
no recuerdo qu me sucedi. Sumantra se conmovi por su sim-
ple y sincera declaracin. Tales brbaras estratagemas slo las
llevan a cabo los Rakshasas, pues estn ms all del alcance de
los humanos! Te llevar con tu padre y te pondr en sus manos.
Ven conmigo, vayamos sin demora!
Sumantra la ayud a subir a su carroza y se dirigi a Kosala,
donde la devolvi al rey, su padre, y le cont ante la corte los de-
talles que l saba.
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El rey tambin le hizo varias preguntas a Sumantra y descu-


bri que era nada menos que el ministro de la corte de Dasarata,
emperador de Ayodhya, y que su amo estaba an soltero. Se col-
m de dicha ante tal descubrimiento. Le dijo: Ministro, me has
trado de regreso a mi hija, salvndola de la destruccin. Por eso
he resuelto darla en matrimonio a tu seor. Por favor, informa al
rey de mi ofrecimiento. Honr a Sumantra con la debida ceremo-
nia y lo envi con el sacerdote de la corte y los regalos corres-
pondientes.
Sumantra le relat detalladamente a Dasarata todo lo que ha-
ba sucedido. Para confirmar su aceptacin, Dasarata envi con
el sacerdote de la corte de Kosala a su propio sacerdote con re-
galos auspiciosos. Se fij el da y la hora del matrimonio. Dasara-
ta se dirigi a la capital de Kosala acompaado de un magnfico
grupo de elefantes, carrozas, caballera e infantera. El sonido de
la msica que marchaba con l alcanzaba el cielo y se repeta co-
mo un eco en el horizonte. El matrimonio de Dasarata y Kausalya
fue celebrado con resonante grandeza y esplendor. El rey de Ko-
sala acerc a Sumantra hacia l y le dijo: T eres la persona que
me trajo esta gloria; claro est que jams sucede nada sin la vo-
luntad de Dios. Sin embargo, cmo puedo demostrarte mi grati-
tud? Te pido que por favor me honres aceptando mi ofrecimiento:
csate hoy mismo en esta ciudad. Si ests de acuerdo, yo arre-
glar las celebraciones este mismo da.
Dasarata y Sumantra dieron su consentimiento a la proposi-
cin. Sumantra se cas con la hija de Viradasa, de la familia de
los Ganga. Las noticias de las bodas del rey y del primer ministro
en el mismo lugar y el mismo da, se esparcieron no por toda la
ciudad, sino por todo el reino. Aquella tierra estaba llena de ad-
miracin y deleite. El festival dur tres das, al pueblo se le obse-
qui con msica, teatro, danzas y otros entretenimientos; noche y
da estaba colmado de alegra y dicha.
Al cuarto da, Dasarata empez el camino de regreso a
Ayodhya con su reina y cortesanos, as como con el ministro Su-
mantra y su esposa y todo el cortejo, y entraron a la ciudad en-
tre aclamaciones. Sus sbditos se regocijaban bailando en las
calles por la boda del rey y del ministro. Exclamaban: Jai, jai!
hasta quedarse roncos. Se alineaban formando vallas en las ca-
lles para poder ver a su reina, rociaban agua de rosas por don-
de pasaban los monarcas y les daban la bienvenida con llamas
de alcanfor.
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Dasarata asumi nuevamente sus deberes de monarca y go-


bern con amor y cuidado. A menudo iba con su consorte en ex-
cursiones al bosque y pasaba sus das alegremente. Sin embar-
go, el tiempo volaba, los das se hacan meses y los meses aos,
y una sombra de angustia oscureca la cara del rey. El tormento
de no tener hijos lo hera terriblemente.
Consult a los sacerdotes, sabios y ministros y cuando supo
que sus deseos eran aceptados por Kausalya, se cas por se-
gunda ocasin, esta vez con Sumitra, mujer que verdaderamente
estaba llena de virtudes. Kausalya y Sumitra estaban unidas la
una a la otra por los lazos del afecto, mucho ms fuertes que los
de una madre con su hija. Cada una le quera dar gusto a la otra,
cada una tena profunda fortaleza, desapego y compasin. Sin
embargo, a pesar del paso de los aos, no haba ningn signo de
que el rey pudiera tener un sucesor para el trono. Movido por la
desesperacin, Dasarata se cas con una tercera esposa, a ins-
tancias de las dos reinas. Ella era Kaika, la encantadora hija del
rey de Kekaya, en Kashmir.
El rey de Kekaya, sin embargo, puso ciertas condiciones an-
tes de dar a su hija en matrimonio. Insisti en que el hijo que na-
ciera de Kaika debera tener derecho de subir al trono. Garga, el
sacerdote de la corte, llev el mensaje a Ayodhya. Kausalya y Su-
mitra descubrieron entonces el ardor del rey por casarse con la
princesa de Kekaya, ya que su belleza era alabada por todos.
Sentan que el deber de la verdadera esposa era obedecer el me-
nor anhelo de su marido y hacer lo posible para que dicho deseo
se realizara; tambin saban muy bien que la dinasta imperial de
Ayodhya nunca podra ser contaminada por un hijo que transgre-
diera el Dharma; aunque Dasarata no prometiera que el hijo de la
tercera esposa heredara el trono, el primognito de Kaika nacido
en la dinasta, con toda seguridad sera una encarnacin de la
rectitud, libre de toda mancha. As, imploraron con las palmas uni-
das: Seor, qu felicidad ms grande podemos tener que la tu-
ya? Acepta las condiciones establecidas por el rey de Kekaya y
csate con su hija para asegurar la continuidad de la dinasta
Raghu; ni siquiera hay necesidad de pensarlo un minuto.
Las palabras de las reinas avivaron su pequea chispa en
una llama brillante, y el rey envi a Garga de regreso con muchos
regalos aceptando los trminos e informando al monarca de Ke-
kaya que pronto llegara l para celebrar la boda. Y finalmente la
ceremonia se celebr con gran suntuosidad.
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Dasarata regres a su ciudad, y brillando como la luna entre


las estrellas, pas en procesin por las calles acompaado de las
tres reinas. El monarca trataba a cada una con igual considera-
cin, ellas tambin mostraban igual amor y respeto hacia cada
una y hacia el rey. Lo adoraban y teman no complacerlo. Se es-
forzaban por cumplir sin demora y de la mejor manera posible sus
deseos, ya que lo veneraban como su dios, segn la tradicin de
la autntica esposa. Vivan con tanto amor entre ellas que pare-
ca que tuvieran un mismo aliento en tres cuerpos.
Los aos pasaron. El rey y sus esposas haban pasado ya los
lmites de la juventud y se acercaban a la vejez, y no haba ningu-
na seal de un hijo; por eso, aunque las habitaciones de las reinas
tenan todas las comodidades para una existencia placentera, sus
corazones estaban destrozados por la ansiedad y la angustia.
Una tarde, los cuatro el monarca y las reinas, en una ha-
bitacin del palacio hablaron del incierto futuro de Ayodhya, pre-
guntndose por la prosperidad y seguridad de su reino, y cada
uno trat de contestar con inteligencia, pero, incapaces de resol-
ver el problema, se levantaron abatidos y decidieron consultar a
Vasishta, el preceptor real, y seguir su consejo.
Al amanecer, Vasishta fue respetuosamente llamado; mu-
chos otros sabios y consejeros tambin fueron convocados para
pedirles opinin. El rey plante el problema de encontrar un su-
cesor que gobernara ese enorme reino que se extenda entre los
mares, el dominio imperial de la dinasta Raghu. Sobrecogido por
la desesperacin, Dasarata rog lastimeramente a los ancianos
que le dieran sugerencias.
Vasishta permaneci reflexionando largo rato; finalmente,
abri los ojos y habl as: Rey, no te preocupes. Ayodhya no se
quedar sin gobernante, no ser viuda. Estos dominios sern di-
chosos y prsperos, con ininterrumpidas festividades y adornados
con guirnaldas siempre verdes. Ser la guardiana de la vida rec-
ta, donde la msica resonar con alegra. No estar de acuerdo
en criar un prncipe de otra dinasta para que gobierne sobre
Ayodhya. La gracia de Dios es algo inescrutable. El voto de rec-
titud que ustedes cumplen con seguridad les traer la suprema
alegra de tener un hijo. No se demoren ms. Inviten al sabio
Rishiasnaga, el hijo de Vibhandaka, para que lleve a cabo, como
sacerdote oficiante, la sagrada ofrenda (yaga) Putrakameshti*.

* Ritual prescripto para aqullos deseosos de tener hijos

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Cumplan con todas las reglas ceremoniales, y su deseo se cum-


plir sin duda alguna.
Escuchando estas tranquilizadoras palabras, pronunciadas
tan enfticamente por Vasishta, las reinas se sentan dichosas. El
botn de la esperanza floreci nuevamente en sus corazones, y
se retiraron a sus habitaciones rezando fervorosamente.
El rey busc entre sus cortesanos al emisario ms apropiado
para enviarlo a buscar a Rishiasnaga, para invitarlo a la capital
imperial en tal misin. Finalmente llam a su viejo amigo, Roma-
pada, rey de Anga, y lo envi con el equipo y las instrucciones ne-
cesarias. Mientras tanto, se hicieron los arreglos para la ofrenda
(el yaga) a la orilla del Sarayu, ro sagrado. Se construyeron alta-
res especiales de acuerdo con los requerimientos rituales y ador-
naron la ciudad con banderas y guirnaldas.
Tal como se haba dicho, el gran sabio Rishiasnaga lleg a la
ciudad de Ayodhya para deleite de todos, con su esposa Shanta.
El emperador Dasarata le dio la bienvenida en la puerta principal
del palacio; lav los pies del distinguido santo, y luego verti so-
bre su propia cabeza algunas gotas del agua santificada por
aquellos pies; despus se postr ante Vasishta y le pidi que le
preguntara a Rishiasnaga el procedimiento requerido para llevar
a cabo el ritual.
Rishiasnaga dispuso que los ministros y eruditos se sentaran
en lugares especialmente asignados, tambin le pidi al rey que
se sentara en su trono. Despus describi los distintos pasos en
el desarrollo de la ceremonia, de manera que los sacerdotes de
la corte pudieran tomar nota para llevarlos a cabo. Los describi
tan detalladamente que todos saban exactamente dnde sentar-
se en el saln sacrificial.
El sabio decidi que la ofrenda (el yaga) empezara puntual-
mente a las siete de la maana del da siguiente. Las noticias se
esparcieron en un instante por toda la ciudad.
Antes del alba todas las casas se decoraron con guirnaldas
verdes, en todas las calles una multitud haca procesin hacia la
orilla del ro Sarayu, donde se iba a llevar a cabo el ritual. En la ri-
bera, la gente estaba ansiosa por presenciar el gran sacrificio.
Rishiasnaga y su consorte, Shanta, llegaron al estrado cu-
bierto donde se llevara a cabo la ceremonia, acompaados del
monarca y las reinas, al mismo tiempo que se cantaban los Ve-
das y se escuchaban clarines y trompetas. A Rishiasnaga se le
ofreci el sitial de Brahma, en su calidad de celebrante principal
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del rito, y fue quien asign distintas tareas como la adoracin, re-
citacin, cantos, etctera, a los eruditos, tomando en cuenta sus
cualidades. Las ofrendas fueron puestas en el fuego sagrado con
la frmula prescripta por l mismo, con escrupulosa exactitud,
profunda fe y devocin.
Del fuego, el cual era alimentado segn las Escrituras, surgi
ante la vista de todos una persona Divina que brillaba con cega-
dora claridad. Sostena una vasija refulgente en sus manos. La
vasta concurrencia y los sacerdotes quedaron petrificados ante tal
portento; en ellos haba miedo y alegra. Estaban sobrecogidos por
el misterio y la repentina bienaventuranza. El monarca y las reinas
enjugaban lgrimas de alegra. Centraron sus miradas en la per-
sona Divina y le oraron con las manos juntas.
Rishiasnaga continu la ceremonia con actitud impasible, tal
como lo prescriben las Escrituras, haciendo ofrendas al fuego. De
pronto se escuch una voz que reson como el estruendo de un
rayo. Rishiasnaga cay atnito sobre su asiento y escuch con
atencin el mensaje del cielo: Maharaja, recibe esta vasija y da-
le el sagrado alimento que contiene, en partes iguales, a tus tres
reinas; se fue el mandato de la voz. Poniendo la vasija en las
manos del rey, la misteriosa persona que haba surgido de las lla-
mas desapareci en ellas.
La alegra de la gente, de los prncipes, sabios y sacerdotes
que presenciaron esta gran manifestacin no tena lmites. Pron-
to, los rituales finales fueron efectuados y el maharaja regres en
procesin al palacio, con la vasija sagrada otorgada por los dio-
ses en sus manos.

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4. Los hijos
Al terminar el bao ceremonial aconsejado por el preceptor, las
reinas entraron al templo del palacio, donde se encontraba el altar
de la deidad familiar. Vasishta finaliz la ceremonia de adoracin.
El alimento sagrado que la persona divina haba otorgado, fue
puesto entonces en tres tazones de oro. Despus, Vasishta llam
a Dasarata y le dijo: Raj, dale estos recipientes a tus esposas; pri-
mero a Kausalya, despus a Sumitra y por ltimo a Kaika. El rey
hizo lo que se le pidi. Las reinas tomaron los recipientes y se pos-
traron a los pies de Vasishta y Dasarata. Despus Vasishta les di-
jo que slo podran tomar el alimento sagrado despus de haber to-
cado los pies de Rishiasnaga, quien haba oficiado el ritual.
As, Kausalya y Kaika guardaron sus tazones en el mismo
templo y se marcharon para que sus doncellas les secaran el pe-
lo y las peinaran. Mientras tanto, Sumitra fue a la terraza, puso su
recipiente en el balcn y se sec el pelo al sol, reflexionando to-
do el tiempo en una idea: Soy la segunda reina. El hijo de Kau-
salya (la soberana mayor) ascender al trono por derecho propio;
el hijo de Kaika (la tercera reina) puede ascender al trono de
acuerdo con la promesa hecha por el rey cuando se cas con ella.
Pero recapacitaba qu suceder con el hijo que dar a luz?
No estar ni aqu ni all. Por qu tiene un hijo que sufrir como
un don nadie, sin su jerarqua ni soberana? Es mucho mejor que
no viva a que nazca y sea rechazado.
Pero eso slo dur un momento. Pronto reconoci y sinti
que deba suceder lo que Dios decidiera, y que nadie podra im-
pedirlo. Record que eso era lo dicho por el preceptor y el rey, as
que fue a recoger el tazn, decidida a comer el contenido cuan-
do, sorpresivamente, descendi un guila y se lo llev en el pico,
lejos, muy lejos, hacia el cielo.
Sumitra se arrepinti por descuidar el alimento sagrado, su-
puso que el rey se pondra muy triste si se enteraba del percan-

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ce. No poda decidir qu hara, as que fue a buscar a su herma-


na Kausalya y le cont toda la historia. Justo entonces, Kaika tam-
bin entr con su tazn de oro luego de haberse secado y reco-
gido el pelo. Las tres se queran mucho, como hermanas unidas
por un fuerte lazo de afecto.
De esta manera, para evitar darle al rey la triste noticia, hi-
cieron traer otro tazn de oro y Kausalya y Kaika vaciaron en l
una porcin de su propia parte, para que todas pudieran sentar-
se juntas en el templo. Comieron del alimento sagrado mientras
Rishiasnaga pronunciaba bendiciones y otros ancianos y eruditos
cantaban himnos vdicos auspiciosos. Despus, las reinas be-
bieron agua santificada y se postraron ante el altar; cayeron a los
pies de Rishiasnaga y se fueron a sus propios palacios.
El tiempo transcurri. La noticia de que las reinas estaban
embarazadas se difundi entre la gente; los cuerpos de las sobe-
ranas tomaron una complexin que haca que sus rostros res-
plandecieran. Lleg el noveno mes. Las doncellas y parteras
aguardaban alegremente el acontecimiento y atendan a las rei-
nas con mucho cuidado. Estaban en esto cuando se enteraron de
que Kausalya tena ya los dolores de parto; se apresuraron a ir a
su palacio, y cuando iban en el camino se enteraron de que la
consorte real haba tenido un prncipe. Al siguiente da, Kaika pa-
ri un hijo. Las felices noticias llenaron de alegra todo el lugar. Al
tercer da Sumitra dio a luz mellizos.
Signos auspiciosos se vieron por todas partes. Las buenas
noticias llenaron a todos con inconmensurable alegra. La tierra
se cubri de verde, los rboles crecan por todas partes; la msi-
ca estaba en el aire, las nubes desgranaban fragantes gotas de
lluvia, pero nicamente sobre las habitaciones donde los bebs
estaban en sus cunas. La felicidad de Dasarata no tena lmites.
Pues si por aos haba sufrido el dolor de no tener un hijo, ahora
el nacimiento de los cuatro le brindaba una satisfaccin y una ale-
gra indescriptibles.
El rey invit a los brahmines y les regal oro, vacas y tierras
en gran cantidad. Dispuso que se les diera dinero y ropa a los po-
bres; adems regal de todo a los que no tenan y dio de comer
al hambriento. Donde uno posara la vista encontraba gente acla-
mando el feliz acontecimiento, exclamando: Jai, jai! Los sbdi-
tos se reunan en enormes grupos para expresar su alegra bai-
lando. Ahora s tenemos prncipes para que continen la dinas-
ta real, se enorgullecan; sentan ms regocijo que cuando sus
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propios hijos haban nacido. Las mujeres daban gracias a Dios


por este favor, ya que estaban seguras de que el nacimiento de
los prncipes era una seal de misericordia divina.
Dasarata invit al palacio a Vasishta y, segn sus indicacio-
nes, hizo que un instruido astrlogo escribiera los horscopos de
los recin nacidos. El astrlogo les anunci que el hijo de Kau-
salya haba nacido en el momento ms propicio, el Uttarayana (la
mitad del Ao Divino), en el mes Chaitra, durante la quincena lu-
minosa, el noveno da, bajo la estrella Punarvasu, un lunes, en
Simhalagra (el signo zodiacal del Len), en el perodo Abhijit, el
de la victoria; adems, todo esto coincida mientras el mundo des-
cansaba alegremente, cuando la temperatura no era caliente, ni
tibia, ni fra. Por su parte, el hijo de Kaika haba nacido al da si-
guiente, en Chaitra, en la mitad luminosa, en el dcimo da, un
martes, en Gandhayoga. Al tercer da nacieron los mellizos, tam-
bin en Chaitra, durante la mitad clara, el decimoprimer da, bajo
la estrella Aslesha, en Vriddiyoga. Todos estos datos se le entre-
garon al astrlogo y se le pidi que elaborara las cartas y levan-
tara los horscopos de acuerdo con la ciencia, e informara al rey
de sus deducciones.
Despus, Dasarata le rog a Vasishta que fijara el momento
auspicioso para la ceremonia en que se impondra nombre a los
nios. El preceptor de la familia se sent en silencio por algunos
instantes, hundido en meditacin; vio revelarse, en su mente y-
guica, los aos venideros; excitado por aquella revelacin, dijo:
Maharaja! Tus hijos no son mortales comunes. Son incompara-
bles. Tienen muchos nombres; no son humanos, son seres espi-
rituales que han asumido formas humanas. Son personas divinas.
La buena fortuna de esta tierra los ha trado aqu. Considero una
gran suerte el poder oficiar la ceremonia del nombre para estos
nios divinos. Las madres son tres pero el padre es uno, por eso
Vasishta seal que el perodo de diez das de impureza se con-
tara a partir de la fecha en que Kausalya dio a luz. As, el deci-
moprimer da despus del nacimiento del hijo de Kausalya era
auspicioso para efectuar la ceremonia del nombre. El rey se pos-
tr a los pies de Vasishta en agradecimiento por este favor y el
preceptor se retir a su ermita.
El astrlogo tambin aprob el da y empez a escribir la lis-
ta de materiales que deberan estar preparados para el ritual. Se
la entreg al sacerdote en jefe y se fue, cargado de regalos que
el rey le dio. Dasarata hizo que se escribieran invitaciones para la
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ceremonia y orden que se enviaran a los gobernantes vecinos,


nobles, cortesanos, sabios y eruditos, dirigindose a ellos ade-
cuadamente segn su jerarqua. Los mensajeros que llevaban las
invitaciones eran ministros o sabios de la corte, o empleados o
brahmines, segn la posicin y rango de los invitados.
Diez das pasaron. La ciudad de Ayodhya fue iluminada y em-
bellecida, hacindola encantadora. La msica llenaba el aire y se
esparca por todo el reino, y la gente se preguntaba si eran nge-
les los que cantaban desde el cielo. Las calles estaban perfuma-
das de deliciosos aromas. La ciudad se llenaba de invitados. S-
lo los sabios y los miembros de la corte estaban autorizados a en-
trar en palacio y nadie ms. Al resto, ya fueran prncipes o cam-
pesinos, se les prepar un lugar especial. Haban erigido estrados
en el patio del palacio para poder sentar a todos los huspedes e
invitados. Los acomodaron ah para que pudieran observar la ce-
remonia con todo detalle.
Muy pronto se oy la msica que sala de la sala de audien-
cias; se escuchaban los himnos vdicos que cantaban los brah-
mines. Las tres reinas entraron al saln, elegantemente decora-
do, con sus bebs en brazos. Brillaban como madres divinas car-
gando a los dioses, Brahma, Vishnu y Shiva. La bienaventuranza
y el esplendor que invadan sus rostros estaban ms all de toda
descripcin.
Tan pronto como la gente observ la llegada de las reinas, las
aclamaciones de Jai, jai! surgan de sus corazones. Las muje-
res ondeaban las luces auspiciosas de sus lmparas ante las so-
beranas. Se haban colocado tres lugares especiales para ellas.
Kausalya tom asiento primero, seguida por Sumitra y Kaika. El
emperador Dasarata se sent a la derecha de Kausalya.
Los brahmines comenzaron la ceremonia, prestando la debi-
da atencin a los detalles. Encendieron el fuego sagrado y vertie-
ron las oblaciones recitando la frmula apropiada. Se esparcieron
granos de arroz sobre platos de oro, encima del arroz se coloc
un lienzo de seda muy suave y sobre ella, las progenitoras colo-
caron a los bebs. El hijo de Kausalya se qued mirando a Va-
sishta fijamente como si fuera un conocido familiar! Se esforzaba
por mantenerse cerca, como si le gustara su compaa y disfruta-
ra de estar cerca de l. Todos se sorprendieron ante este extrao
comportamiento. Vasishta estaba sobrecogido por la alegra; de-
rram lgrimas de felicidad y tuvo que limpiarse los ojos y contro-
larse con mucho esfuerzo. Despus, tomando algunos granos de
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arroz en su mano, dijo: Rey! El nio nacido para darle dicha a


Kausalya, le dar bienaventuranza a toda la humanidad. Sus vir-
tudes traern consuelo, contento y felicidad a todos. Los yoguis y
buscadores espirituales encontrarn en l una gran fuente de di-
cha. Por lo tanto, desde este momento, su nombre ser Rama,
Aquel que complace. Los sabios aprobaron el nombre y lo en-
contraron muy adecuado y significativo. Exclamaron: Excelente!
Excelente!
Despus, Vasishta pos su mirada en los mellizos de Sumi-
tra. El mayor senta l sera un hroe, un fiel luchador y do-
tado con una gran riqueza. Saba que se deleitara sirviendo a
Dios y a su consorte Lakshmi; el servicio sera para l como su
propio aliento. Por lo tanto, escogi para el pequeo el nombre de
Lakshmana. Su hermano menor pens Vasishta sera un for-
midable destructor de enemigos y, al mismo tiempo, un dichoso
seguidor de las huellas de sus hermanos mayores. Por eso lo
bendijo con el nombre de Satrugna (el que aniquila a los enemi-
gos).
Luego se fij en el hijo que era la fuente de alegra de Kaika.
Ese nio supo Vasishta llenara todos los corazones con
amor y felicidad; iba a sorprender a todos por su increble apego
a la rectitud (dharma); gobernara a sus sbditos con gran afecto
y compasin, as que le dio el nombre de Bharata (aquel que go-
bierna). La gente estaba feliz de poder escuchar al preceptor ha-
blar sobre el glorioso futuro de los nios; estaban llenos de amor
por los prncipes y desde aquel da los llamaron Rama, Lakshma-
na, Satrugna y Bharata.
Dasarata haba dispuesto exquisitos banquetes para todos
los que asistieran a la ceremonia; contagi con su alegra a toda
la gente que haba asistido, ofrecindole a cada uno la hospitali-
dad y los regalos que su jerarqua mereca; ofreci una enorme
cantidad de obsequios como actos de caridad y en cumplimiento
de los rituales de penitencia, reparti vacas, tierras, oro y otros
valiosos regalos a los pobres y necesitados, atendi los deseos
de todos, para que ninguno estuviera descontento o decepciona-
do; despus de terminada la ceremonia, los dej retirarse con la
debida cortesa para que regresaran a sus hogares.
Los nios crecan rpidamente con el amoroso cuidado de
sus madres. Sin embargo, sucedi algo muy curioso. Muy pronto
se dieron cuenta de que Lakshmana siempre buscaba a Rama, y
Satrugna a Bharata. Asimismo, desde el da de su nacimiento,
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Lakshmana siempre estaba llorando. Doncellas y nodrizas inten-


taron todos los remedios, pero nada poda aliviar su malestar ni
hacer cesar su llanto. Tambin le dieron medicinas, que de nada
sirvieron. Y como Sumitra estaba segura de que el dolor de su hi-
jo estaba ms all de los medicamentos, mand llamar al pre-
ceptor Vasishta y se postr a sus pies en cuanto ste entr a la
recmara. Maestro le implor, Lakshmana ha estado lloran-
do desde su nacimiento y quejndose por algo que no soy capaz
de descubrir. He consultado a los mdicos y lo he tratado segn
me han dicho. Sin embargo, da tras da llora ms, ni siquiera dis-
fruta la leche de su madre. Adems, tampoco duerme. Cmo po-
dr estar saludable y fuerte si contina en ese estado? Por favor,
dime por qu est as y bendcelo para que deje de llorar.
Vasishta analiz la situacin y despus dijo: Seora, su pe-
na es algo fuera de lo comn, y ests tratando de curarlo con re-
medios caseros y medicinas. Debes saber que su anhelo est
ms all de la comprensin de los mortales. Haz lo que te digo y
la criatura estar feliz y tranquila. En el momento que lo hagas, el
nio dejar de lamentarse y empezar a jugar con gusto. Llvalo
y acustalo junto a Rama, el hijo de Kausalya. Eso ser el reme-
dio. Vasishta se retir bendiciendo a madre e hijo. Sumitra llev
de inmediato a Lakshmana a donde el otro nio se encontraba en
su cuna, pues quera por sobre todo que su hijo estuviera feliz. Lo
acost al lado de Rama, y desde ese preciso instante los lamen-
tos cesaron! Empezaron las risas y los juegos.
Aquellos que vieron esta transformacin, se maravillaron.
Lakshmana, que hasta ese momento haba estado sufriendo, em-
pez a balbucear alegremente agarrndose los pies, moviendo
sus manitas gozosamente, como lo hacen los peces cuando son
devueltos al agua, deslizndose alegremente con movimientos
rpidos. Estaba ante la presencia de Rama, inmerso en biena-
venturanza y consciente de la gracia que Rama esparca.
La historia de Satrugna fue similar. Estaba triste y sin ganas
de comer ni de jugar. Se le vea muy dbil. Sumitra estaba preo-
cupada por su comportamiento, as que invit de nuevo al palacio
al preceptor y le pregunt la razn de tal proceder. Vasishta son-
ri nuevamente y dijo: Madre, tus hijos no son seres comunes.
Han nacido para actuar el drama divino! Pon a Satrugna en la
misma cama que Bharata. Entonces se pondr alegre, ser ex-
tremadamente feliz. Ya no te preocupes ms. Vasishta la bendi-
jo y se fue.
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Sumitra sigui sus instrucciones inmediatamente. Desde en-


tonces Satrugna pasaba el tiempo en compaa de Bharata. Los
nios gozaban de bienaventuranza ilimitada estando juntos. Co-
mo el esplendor del sol, crecan en inteligencia y gloria de hora en
hora.
Sumitra no tena ya nada que hacer por sus hijos; pero como
amaba a sus mellizos como a su propia vida, pasaba la mitad de
su tiempo con Kausalya y la otra mitad con Kaika, mimando a los
nios y atendiendo sus necesidades. Iba de un palacio a otro y
gustaba de su tarea como una doncella a quien le importaba mu-
cho la comodidad de los nios. No estoy destinada a criarlos,
era el pensamiento que la consuma, y la invada la soledad. A
menudo se preguntaba cmo haba surgido esa extraa situacin:
que sus hijos estuvieran felices con las madres de sus hermanos
y no con ella.
Finalmente, fue con el preceptor y le rog que aliviara su an-
siedad. El le dijo la verdad sin titubeos: Madre, Lakshmana es
una parte de Rama y Satrugna es una parte de Bharata. En el
momento que estas palabras salan de sus labios, Sumitra excla-
m: S, s! Me doy cuenta de ello ahora! Me siento feliz de ha-
ber sabido por ti cul era la verdad, y se postr a los pies de Va-
sishta y se retir al interior del palacio.
Dijo para s misma: Cuando el guila se llev en su pico el
maravilloso regalo, aquel alimento divino, yo estaba tan asustada
de que el rey pudiera enojarse por mi descuido que fui a decirle a
Kausalya y Kaika la calamidad que haba sucedido; entonces
ellas vaciaron una parte de sus porciones en mi tazn; por eso tu-
ve mellizos, como resultado de las dos partes que consum. Los
designios de Dios son un misterio! Est ms all de cualquiera
comprender su voluntad y majestad. Quin puede alterar este
mandato?
S se consolaba a s misma, los tuve en mi vientre du-
rante nueve meses, pas por los dolores del parto, pero sus ver-
daderas madres son Kausalya y Kaika, no hay ninguna duda. Es-
taba firme en esta creencia y alegremente confi sus hijos a Kau-
salya y a Kaika, compartiendo con ellas los mimos y el cuidado de
los nios.
Toda la familia real y los servidores gozaban observando jugar
a los nios. Cuando se iban, Kausalya siempre insista en que se hi-
cieran escrupulosamente los ritos para prevenir el mal de ojo. Era
tan afectuosa y considerada con los nios que no se daba cuenta
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del transcurso del da y de la noche, o de que la noche se iba y ama-


neca otra vez. No cesaba de cuidarlos ni por un instante. Mientras
se baaba o cuando rezaba en el templo, su mente estaba con los
nios, y se apresuraba a ir con ellos tan pronto como le fuera posi-
ble. Todo el trabajo que tena que realizar siempre lo haca rpida-
mente para poder pasar ms tiempo atendiendo a los nios.
Un da, ba a Rama y a Lakshmana, les puso perfume en los
rizos y luego los llev a sus cunas de oro. Cantaba dulces cancio-
nes mientras los meca. Cuando vio que se haban quedado dor-
midos, llam a las doncellas para que los cuidaran. Kausalya pre-
par su diaria ofrenda de comida a la Divinidad para poder termi-
nar sus ritos de adoracin. Tom el plato argento con la comida y
se la ofreci a Dios. Ms tarde fue al adoratorio para recoger el
plato y poder darles a los nios una pequea porcin de la ofren-
da, pero recibi una gran sorpresa cuando encontr a Rama ante
el altar, sentado en el suelo, con la ofrenda ante l y deleitndose
con la comida que ella haba ofrecido a Dios. No poda creer lo que
sus ojos vean. Kausalya se pregunt: Qu es lo que estoy vien-
do? Me engaan mis ojos? Es esto verdad? Puede ser ver-
dad? Cmo es que un beb que estaba durmiendo en su cuna
pudo haber venido hasta aqu? Quin lo trajo? Corri hacia la
cuna y mir en ella slo para encontrar que Rama estaba ah, dur-
miendo! Entonces crey que lo que haba visto haba sido una ilu-
sin, as que se dirigi al templo para sacar el plato de las ofren-
das que haba puesto ante las imgenes de la Divinidad, pero en-
contr vaco el plato. Cmo es posible se preguntaba que
haya visto al nio en el adoratorio? Pudo haber sido una ilusin,
pero, y este plato vaco? Esto no es falso.
Entre sorprendida e incrdula, tom el plato, se apresur ha-
cia la cuna, y se qued observando a los dos bebs. Rama tena
algo en la boca y le daba vueltas con la lengua, y evidentemente
lo disfrutaba; Kausalya estaba divertida observando el rostro de
Rama cuando descubri el Universo entero dentro de aquella bo-
ca. Perdi la conciencia ante tal revelacin.
Las doncellas gritaban angustiadas, pero Kausalya no las es-
cuchaba. La tendieron en la cama y una de ellas le tom los pies
y se los sacudi hasta que la reina despert. Volvi en s con un
vivo temblor en todo el cuerpo. Vio a sus doncellas alrededor y se
sent sobre la cama, impresionada, y volvindose hacia ellas pre-
gunt: Vieron al nio? S contestaron, estamos aqu des-
de hace rato y no le hemos quitado la vista de encima. Nota-
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ron algn cambio en l?, pregunt Kausalya con impaciente avi-


dez. No hemos notado ningn cambio; el nio est profunda-
mente dormido, como puede ver, fue la respuesta que recibi.
Kausalya pens entonces: Fue mi visin un autoengao o real-
mente sucedi? Si fue verdad, por qu no lo notaron las donce-
llas? Pens con detenimiento y finalmente se tranquiliz, recor-
dando que los nios haban nacido por la gracia divina, y slo se
poda esperar de ellos manifestaciones divinas.
Los cuid con profundo afecto maternal, y ellos crecan da a
da en resplandor como la luna en su fase brillante. Kausalya sen-
ta una dicha inconmensurable al mimarlos, vestirlos y enjoyarlos.
La niez de Rama fue una etapa sencilla pero sublime de su
vida. Kausalya, muy a menudo, olvidando que l era su hijo, se
postraba a sus pies, y juntaba sus palmas ante l reconociendo su
Divinidad. Pero inmediatamente senta miedo de lo que la gente
pudiera decir si la vean inclinndose ante su propio hijo y tocando
sus pies en seal de adoracin. Para cubrir las apariencias, mira-
ba hacia arriba y oraba en voz alta: Seor! Protege a mi hijo de
cualquier dao. Acostumbraba cerrar sus ojos contemplando a su
nio divino y le rogaba a Dios que su fe no se tambaleara ante los
caprichos de maya, el poder de lo ilusorio. Estaba maravillada por
el halo de luz que rodeaba su rostro. Tema que los dems pudie-
ran dudar de su cordura en caso de que ella les dijera sus expe-
riencias, pero tampoco se las poda guardar. Estaba tan aturdida
que a menudo se comportaba como si estuviera ausente por la
emocin de presenciar los divinos juegos de su hijo. Algunas ve-
ces se senta ansiosa por revelarle sus secretos a Sumitra o a Kai-
ka cuando estaban con ella, pero se controlaba, por temor a que
dudaran de la autenticidad de sus experiencias y las consideraran
una exageracin causada por el amor hacia su propio hijo.
Por fin, un da Kausalya se atrevi a relatarle al emperador la
historia completa, estremecedora y maravillosa. Dasarata escu-
ch con cuidado y luego le dijo: Seora, esto es slo la creacin
de tu imaginacin, por el inmenso amor que sientes por tu hijo; te
imaginas que es divino y ves cada una de sus acciones y movi-
mientos bajo esa luz, por eso te parece extrao y maravilloso. Eso
es todo. Pero esta respuesta no la satisfizo. El emperador la con-
sol con otros argumentos y la mand a sus habitaciones. A pe-
sar de lo que Dasarata afirm, la reina, que haba presenciado los
milagrosos incidentes con sus propios ojos, no se convenci. No
poda dar crdito a esas palabras.
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Por eso fue a buscar a Vasishta y le consult sobre la veraci-


dad de sus experiencias. El escuch su relato y le dijo: Reina, lo
que has visto es la pura verdad; no son creaciones de tu imagi-
nacin. Tu hijo no es un nio comn: es Divino!, te ha nacido co-
mo fruto de muchas vidas meritorias. Que el salvador de la hu-
manidad haya nacido como hijo de Kausalya es la singular fortu-
na de los ciudadanos de Ayodhya. Bendijo ampliamente a la rei-
na y se fue. Kausalya entendi perfectamente las declaraciones
de Vasishta. Ella saba que Rama era la Divinidad misma, y ob-
tena una enorme alegra al contemplar a su hijo.
Transcurrieron los meses. Rama, Lakshmana, Bharata y Sa-
trugna aprendieron a sentarse en el suelo y a moverse por do-
quier. Se haba dispuesto que siempre hubiera alguien que los
cuidara para evitar que se cayeran y se lastimaran. Les regalaban
muchos juguetes. Las madres y los nios pasaban los das en
continua alegra sin sentir el paso del tiempo. Los nios ya se po-
dan levantar y ponerse de pie, asindose fuertemente de los de-
dos de sus madres o de las sirvientas. Se apoyaban en la pared y
se paraban. Ya podan dar algunos pasos. Sus esfuerzos y logros
daban alegra a sus madres. Cuando balbuceaban algunas pala-
bras con sus dulces vocecitas, las hacan rer. Les ensearon a
decir mam y pap y se emocionaban cuando las pronunciaban
correctamente.
Cada da, al alba, les untaban fragante aceite medicinal en
sus cuerpos; luego los baaban en las aguas sagradas del Sara-
yu. Despus les secaban el pelo sahumndolo con incienso y les
ponan colirio en los ojos; les dibujaban sus puntitos en las meji-
llas para prevenir el mal de ojo, y les ponan marcas rituales en
sus frentes. Los vestan con suaves sedas y los ayudaban a re-
clinarse en las hamacas donde se dorman profundamente al rit-
mo de melodiosas canciones de cuna. Ocupadas en estas pla-
centeras tareas, las madres sentan que el cielo no estaba tan le-
jos, sino en torno a ellas.
Y ni qu decir de las joyas para los nios! Cada da tenan
nuevas y ms brillantes: ajorcas, tintineantes cinturones de oro y
joyas y collares con las nueve piedras preciosas. Por miedo de
que stas pudieran daar su tierno cuerpo, las montaban en sua-
ves cintas de terciopelo.
Los juegos y pasatiempos de los pequeos desafan cual-
quier descripcin. Cuando aprendieron a caminar, mandaban
traer de la ciudad a nios de la misma edad para que jugaran con
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ellos. A dichos nios les daban de comer deliciosos platillos, y


muchos juguetes para que se entretuvieran. Los atestaban de re-
galos. A las doncellas que los traan tambin se les daba de co-
mer. A Kausalya, Kaika y Sumitra no les importaban su propia sa-
lud ni comodidad cuando estaban cuidando a sus nios, tan feli-
ces se sentan con ellos.
Despus de este perodo de crecimiento y de habrseles pro-
curado todo en el interior del palacio, cuando llegaron a la edad
de tres aos los nios eran llevados por sus nodrizas al patio,
donde corran y jugaban a su gusto. Cuando regresaban, las ma-
dres les daban la bienvenida y los cuidaban con gran amor. Un
da, Dasarata, conversando con las reinas, mencion que los ni-
os no iban a aprender mucho de lo que vala la pena saber si s-
lo andaban con las sirvientas; que su inteligencia y habilidades no
iban a desarrollarse estando de esa manera, as que se fij un da
auspicioso para iniciarlos en los estudios, y se llam a los maes-
tros para que realizaran la ceremonia.
A partir de ese da, los encantadores pequeos se fueron a
residir a la casa de su maestro; renunciaron a sus costosos ropa-
jes reales y usaron slo una tela alrededor de sus cinturas y otra
sobre sus hombros. Todo esto se deba a que la educacin no
puede progresar si los nios estn en la atmsfera paternal de
amor y cuidado. Fueron a vivir con su maestro, embebidos en sus
lecciones tanto de da como de noche, ya que se aprende ms sir-
viendo al maestro, observndolo y siguiendo su ejemplo. Tenan
que comer lo que su preceptor les diera. Resplandecan como en-
carnaciones del brahmachari ideal, esto es, del buscador de la
verdad. Cuando las madres sentan la angustia de la separacin
y deseaban verlos, iban a la casa del maestro y se ponan felices
viendo el progreso de los nios.
El maestro tambin se senta contento cuando observaba la
constancia y el entusiasmo de sus alumnos; se sorprenda ante
su inteligencia y memoria prodigiosas, se maravillaba y llenaba de
dicha. Entre los cuatro, notaba que Rama tena un inters sobre-
saliente por sus estudios. Entenda tan rpidamente que poda re-
petir cualquier leccin correctamente aunque slo la hubiera es-
cuchado una vez. El maestro estaba atnito ante la aguda inteli-
gencia de Rama y decidi que su adelanto no debera detenerse
por la necesidad de poner a los otros a su nivel, as que agrup a
los otros tres por separado y le prest atencin individual a Rama,
quien aprenda muy rpido.
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Lakshmana, Bharata y Satrugna tambin aprendan sus lec-


ciones admirablemente bien, pero ansiaban tanto la compaa y
camaradera de Rama que en cuanto ste desapareca de su vis-
ta, perdan inters en el estudio y en los deberes hacia su maes-
tro. Como resultado, no podan nivelarse con Rama. Siempre iban
una o dos lecciones atrs.
Lakshmana se atrevi a decirle a su maestro una o dos veces
que no tenan ninguna necesidad de lecciones ni de aprender na-
da, que estaran contentos con slo tener la oportunidad de estar
con su hermano mayor. Rama era la vida misma de Lakshmana.
El maestro observaba esta extraa relacin entre los dos y se ins-
piraba al contemplarla. Record la declaracin del sabio Vasishta
de que esos nios no eran otros ms que Nara y Narayana, fuer-
zas divinas inseparables.

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5. El gur y sus discpulos


Los prncipes vivan en la casa del preceptor y lo servan con
devocin. Renunciaron a las comodidades del palacio y pasaron
privaciones alegremente. Llevaban a cabo los deseos del maestro
con humildad y lealtad. Terminaron sus estudios en un perodo muy
corto y se hicieron expertos en las materias que su preceptor les
ense. Un da, el emperador Dasarata fue con su ministro a la ca-
sa del maestro. Se llen de alegra al verlos recitando los himnos
vdicos y escuchar los mantras sagrados de sus bocas, claramen-
te, con fluidez, como una cascada de perlas brillantes. Estaba feliz
de que sus hijos hubieran aprendido tanto.
Rama se levant y cay a los pies de su padre. Al ver esto,
los tres hermanos tambin se acercaron y se postraron ante l. El
maestro invit al emperador y al ministro a que se sentaran en unas
sillas cubiertas de piel de venado. Dasarata empez a conversar
con el maestro para saber cunto haban progresado los nios en
sus estudios. Rama le indic a sus hermanos que no deban or la
pltica y abandon la habitacin con el permiso de su gur, llevan-
do sus libros y dicindoles a sus hermanos que lo siguieran. Los
hermanos seguan a Rama en todo, as que en silencio lo obede-
cieron. Vasishta y Dasarata advirtieron este incidente y apreciaron
la conducta correcta de Rama, su comprensin acerca del giro de
la conversacin de su maestro y la inmediata reaccin de humildad
y la manera en que era un ejemplo y un ideal para sus tres herma-
nos. Estaban felices de que hubiera aprendido tanta disciplina.
Vasishta no se poda contener. Dijo: Maharaja! Tus hijos do-
minan todas las disciplinas. Rama domina todos los Shastras. No
es un mortal ordinario. Tan pronto como empec a recitar los Ve-
das, los repeta como si ya los supiera. Slo aquel que ha inspi-
rado los himnos los puede repetir as, nadie ms.
Los Vedas no son libros que l hubiera podido leer con
cuidado en sus ratos libres. Han sido transmitidos de maestro a

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discpulo, a travs de la recitacin y nicamente oyndolos. No


estn disponibles en ninguna parte, excepto del preceptor. Esa es
la razn por la cual me refera a ellos como sruti, aquello que es
odo. Es el aliento divino mismo el que ha pronunciado los man-
tras. Hasta este momento no he visto a nadie que los haya domi-
nado como Rama. Pero por qu decir visto? Ni siquiera he
odo de alguien que haya logrado tal hazaa!
Te podra hablar de muchos otros logros sobrehumanos de
tu hijo, maharaja. Cuando recapacito en mi buena fortuna por te-
ner a estos muchachos como discpulos, siento que es la recom-
pensa al ascetismo que he practicado por tanto tiempo. No nece-
sitan aprender nada ms. Ahora deben ser entrenados en el arte
del arco y la flecha y destrezas similares propias de los prncipes.
Han completado sus estudios conmigo y son capaces en todo lo
que yo les puedo ensear. El da de hoy tambin es muy auspi-
cioso, llvalos contigo de regreso al palacio.
Ante esto, Dasarata, quien haba estado afligido desde haca
meses por el dolor de la separacin, derram lgrimas de alegra.
No poda contener su dicha. Se volvi hacia su ministro y le pidi
que llevara la buena noticia a las reinas para que fueran a la er-
mita con las ofrendas que los discpulos tienen que dar al pre-
ceptor cuando dejan su resguardo. Sumantra se dirigi rpida-
mente al palacio y comunic las buenas nuevas. Arregl las
ofrendas y regres ms rpido de lo previsto.
Mientras tanto, los nios fueron empacando sus pertenencias
y ponindolas en el carruaje. Tal como su padre les dijo, adoraron
al gur de acuerdo con el ceremonial prescripto, le dieron los re-
galos y se postraron a sus pies, pidindole permiso para ir a casa.
Vasishta atrajo a los nios hacia s, los tom de las manos y les
dio unas palmaditas en la cabeza, los bendijo y sin muchas ganas
les permiti irse. El dolor de la separacin le llen de lgrimas los
ojos. Los acompa hasta la carroza. Los nios subieron y el carro
parti. Los nios se dieron vuelta para ver al gur y miraron en esa
direccin con las palmas unidas durante una larga distancia. El pre-
ceptor tambin se qued en ese lugar, con las mejillas hmedas por
las lgrimas. Dasarata se dio cuenta de este lazo entre el maestro
y los discpulos y se sinti muy complacido.
Mientras los nios llegaban al palacio, el gur entr a su er-
mita con el corazn apesadumbrado. Donde posaba sus ojos, en-
contraba oscuridad. Tema que el apego que haba desarrollado
pudiera llegar a ser un impedimento en su realizacin, as que de-
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cidi sentarse a meditar para poder extinguir las mareas altas de


los recuerdos. Pronto pudo vencer la ilusin externa y se fundi
en la bienaventuranza interna. Se dio cuenta de que los nios
eran encarnaciones del dharma, artha, kama y moksha, las cua-
tro metas de la vida humana (rectitud, bienestar, esfuerzo y libe-
racin), y de que haban adoptado una forma humana para poder
restablecer en la Tierra estos grandes ideales para una vida gra-
ta, y esto le dio paz.
Dasarata decidi complementar la educacin que los nios
haban recibido instruyndolos en el manejo de las armas, as que
llam a expertos arqueros y a otros maestros para que les ense-
aran la ciencia del ataque y la defensa. Pero, quin podra en-
sear a estos nios que de por s ya eran maestros en todos los
campos de estudio? Los prncipes slo estaban actuando los
papeles de humanos en cuanto al aprendizaje.
Quin le puede ensear a mover los hilos a aquel que sos-
tiene las marionetas? Los hombres que no eran capaces de re-
conocer la realidad de los muchachos por el ocultamiento de ma-
ya, deseaban entrenarlos para hacerlos diestros en las armas y
ensearles prcticas tiles para la vida mundana. Pero los prnci-
pes haban venido a salvar al mundo del desastre y por eso te-
nan que estar en el mundo y ser del mundo, respetando sus re-
glas, en tanto que sirvieran a su propsito. Los hombres no po-
dan entender sus actos por estar ms all del intelecto o de la
imaginacin humanos; si se les hubiera pedido que los explica-
ran, no habran podido. Pero la gente debe aprender a poner en
prctica los ideales; por eso Rama se presentaba como una bra-
sa cubierta de cenizas, o como un lago con una gruesa capa de
liquen, o como la luna escondida por una cortina de nubes. Los
hermanos seguan sus huellas.
Rama y Lakshmana revelaban el conocimiento de estrategias
y destrezas que ni los instructores ms expertos conocan, los
cuales incluso estaban maravillados y hasta algo temerosos. Sin
embargo, ninguno de los prncipes disparaba jams una flecha a
un animal o a un pjaro. Nunca rompan su promesa de que usa-
ran las armas slo en ocasiones de gran necesidad, y no por el
placer de matar o herir. Los instructores a menudo los llevaban a
cazar a la selva para que practicaran, pero cuando localizaban al-
gn animal y les pedan que dispararan, se negaban a hacerlo di-
ciendo: Estas flechas no se deben usar en blancos inocentes,
son para proteger a los buenos, para el bienestar del mundo, pa-
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ra el servicio de la gente. Ese es el propsito por el cual las tene-


mos con nosotros; no las deshonraremos usndolas para esos ri-
dculos pasatiempos. Los maestros tenan que aceptar sus argu-
mentos. Cada palabra, cada acto de Rama demostraba su com-
pasin. Algunas veces, cuando Lakshmana apuntaba su flecha a
un pjaro o a otro animal, Rama se antepona y le deca: Laksh-
mana, qu dao te ha hecho a ti o al mundo? Por qu deseas
dispararle? Est en contra del cdigo de moral prescripto para re-
yes el castigar a seres inocentes; no lo sabas?
El emperador se sentaba a menudo entre sus ministros, con
los prncipes cerca de l, y discuta problemas de poltica y cues-
tiones legales, as como la aplicacin de los principios morales en
el gobierno del Estado. Tambin les hablaba de sus abuelos y de
la dinasta real, de cmo se ganaban el amor y la lealtad de sus
sbditos, de cmo luchaban contra los demonios y en favor de los
dioses, y de la forma en que se ganaban la gracia y el apoyo de
Dios en esas empresas. Tanto el padre como los hijos se regoci-
jaban escuchando estos relatos. En muchas ocasiones los minis-
tros se turnaban para que los dems pudieran escuchar esas pla-
centeras narraciones.
A medida que los nios crecan, los ministros se iban sintien-
do ms confiados en ir encargndoles algunas actividades de las
reas gubernamentales. La gente soaba en que cuando tuvieran
edad y tomaran las riendas del gobierno, la Tierra se convertira en
cielo. Cuando la gente vea a los prncipes, sentan un lazo de
afecto hacia ellos. Asimismo, la conversacin entre los nios se
distingua por su dulce concordia. En la ciudad de Ayodhya no ha-
ba nadie que no amara a aquellos sencillos, humildes, virtuosos y
desinteresados prncipes, o que no mostrara deseo por observar-
los. Eran tan queridos por los nios de Ayodhya como sus propios
cuerpos, tan preciados a la ciudad como sus propios corazones.
Cuando iban ya por los once o doce aos, un da Dasarata lla-
m a su presencia al ministro Sumantra y lo comision en los arre-
glos necesarios para que a los prncipes se les enseara la cien-
cia espiritual de la Liberacin. Dijo que no importaba lo adelanta-
do que una persona pudiera estar en las ciencias de este mundo,
que nicamente la ciencia espiritual de la Liberacin podra darle
la fortaleza necesaria para llevar a cabo sus deberes con rectitud,
que la ms elevada moral se les deba impartir a tierna edad.
El xito o el fracaso en la vida adulta est construido sobre las
impresiones y las experiencias de las etapas tempranas de la vi-
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da. Los primeros aos son los cimientos para la mansin de los
aos posteriores. Por lo tanto, le dijo: Lleva a los prncipes por to-
do el reino y deja que conozcan no slo las condiciones en que vi-
ve la gente, sino tambin los lugares sagrados. Hblales sobre la
santidad de esos lugares, la historia de los templos y de los san-
tos y sabios que los han consagrado, y deja que beban del pro-
fundo manantial de la Divinidad que santifica esos lugares. Pienso
que ser muy bueno que lo hagan, pues a medida que crecen es-
tn propensos a los deseos sensuales y a otros impulsos. Antes
de que caigan presos de aquellas tendencias, es mejor implantar
en ellos la reverencia, el respeto y la devocin a la Divinidad que
es inmanente al Universo. Esa es la nica manera de evitar que su
condicin humana se degrade en animalidad. Saber esto es esen-
cial para los que tienen que gobernar un reino. Consulta al gur y
a los preceptores y dispn el recorrido sin demora.
Emocionado por el proyecto de que a los prncipes se les
otorgara esa gran oportunidad, Sumantra hizo todos los prepara-
tivos y l tambin se alist para acompaarlos. Las reinas se en-
teraron del peregrinaje que los prncipes iban a llevar a cabo, y
como estaban encantadas de que se fueran a tan sagrada em-
presa, prepararon todo para que pudiera ser lo ms feliz y prove-
chosa posible. Dispusieron que fueran algunas nodrizas y algu-
nos otros compaeros de su edad. Los prncipes tambin estaban
rebosantes de alegra ante el proyecto de visitar los lugares sa-
grados del pas. Entusiasmaron a sus compaeros y tambin le
pidieron al rey el equipo y la ropa necesaria para aqullos.
Un da despus, cuando lleg la hora auspiciosa especial-
mente escogida para iniciar el viaje, los prncipes se inclinaron an-
te sus padres, tocndoles los pies con sus frentes y se postraron
a los pies del preceptor; las madres les pusieron los puntos sa-
grados en sus frentes y en sus mejillas para evitar el mal de ojo y
para protegerlos contra el mal. Se quitaron sus ropajes reales y
se pusieron la vestimenta de peregrinos, es decir, una pieza de
seda alrededor de la cintura y un chal de la misma tela cubrin-
doles los hombros. Se despidieron y subieron a la carroza, entre
las aclamaciones de miles de ciudadanos que se haban reunido
para verlos partir en la carroza escoltada por guardias.
Das, semanas y meses pasaron. Iban a cada templo y lugar
sagrado, se embeban de la santidad de todos los lugares; ado-
raban cada templo con fe y devocin. Aprendieron la historia de
cada lugar y los antecedentes de los templos, ignoraron cualquier
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otro pensamiento o actividad durante todo ese largo perodo. Su-


mantra les describa la santidad de cada lugar tan grfica y fami-
liarmente que sus corazones se emocionaban. Los prncipes lo
acosaban con preguntas demandando explicaciones, y l se re-
gocijaba por el insaciable anhelo de los muchachos, y les daba
ms informacin e inspiracin.
As viajaron desde Kanyakumari hasta Kashmir, y desde la
costa del este hasta el mar del oeste, durante ms de tres meses.
Contemplaron los sufrimientos de la gente y la incomodidad de los
peregrinos en cada regin del imperio, y cada vez que vean algo
as le rogaban a Sumantra que hiciera los arreglos necesarios.
Fueron responsables de la reparacin y mejoramiento de
muchos templos, de que se abrieran pozos de agua potable, se
plantaran rboles y se establecieran refugios donde encontraran
agua los caminantes sedientos, de la construccin de posadas y
de establecer centros de salud. Cada vez que Rama expresaba
el deseo de que se otorgaran tales facilidades, Sumantra acce-
da sin vacilacin; vea que se cumplieran inmediatamente a su
entera satisfaccin. Los prncipes sentan gran alivio de que el
imperio tuviera un ministro tan leal y eficiente como Sumantra,
decan que con tales ministros el bienestar y el progreso estaban
asegurados.
Todo lo que ocurra durante el peregrinaje de los prncipes
era sabido en Ayodhya gracias a heraldos especiales, quienes
corran en relevos para llevar las noticias que recogan. Cada vez
que haba demoras, las reinas se llenaban de ansiedad. Entonces
le rogaban a Vasishta que les diera informacin respecto de ellos.
Vasishta posea el poder yguico de saber lo que les estaba su-
cediendo, y les aseguraba que estaban felices, saludables y vi-
gorosos, y que pronto regresaran a la capital. Las madres obte-
nan valor y confianza; luego el preceptor las bendeca y se reti-
raba del palacio hacia su ermita.
Mientras tanto, los heraldos traan buenas nuevas. Avisaron
que los prncipes se acercaban a Ayodhya; que llegaran a la ciu-
dad en dos das ms. Se iniciaron arreglos para darles la bienve-
nida en la puerta principal de la capital imperial a los cuatro prn-
cipes, quienes haban llevado a cabo con xito su largo y arduo
peregrinaje, ganando renombre con ello, debido a su devocin y
compasin mostradas durante su triunfante gira. Se roci agua de
rosas en las calles para que no hubiera polvo y se colgaron guir-
naldas. Las mujeres se colocaban en ambos lados de las calles
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con lmparas encendidas, las cuales moveran en crculo cuando


pasaran los prncipes.
Llegaron a la puerta tal como se haba anunciado; la gente
mova las lmparas, ellos caminaron por la calle principal, tapiza-
da con ptalos fragantes; atrs de ellos venan los msicos ento-
nando canciones de bienvenida. Los brahmines recitaban himnos
invocando las bendiciones de Dios delante de los distinguidos
descendientes de la familia imperial. Sumantra vena caminando
junto a los prncipes, cuyos rostros brillaban con un extrao en-
canto, y por fin llegaron al palacio.
Ah, en la entrada misma, se realizaron varios ritos para evi-
tar el mal de ojo; entonces fueron conducidos ante sus madres,
que estaban deseosas de verlos. Los muchachos corrieron hacia
ellas y cayeron a sus pies, pero las reinas rpidamente los levan-
taron y los mantuvieron abrazados por varios minutos, arrobadas
en la alegra que envolva tanto a ellas como a sus hijos por la bie-
naventuranza de sentirse unidos a la Divinidad. Las lgrimas de
amor que las madres derramaban mojaron las cabezas de los
muchachos, y con una punta de sus mismos vestidos las secaron.
Acariciaron sus cabellos, los mimaron, los sentaron en sus rega-
zos y les dieron de comer arroz dulce con yogur con sus propias
manos.
La emocin de las madres era indescriptible. El dolor de la se-
paracin, sufrido por tres largos meses, se aliviaba al tener a los
nios bajo su cuidado, da y noche, por algunos das. Queran que
ellos les contaran la historia de su peregrinaje, y los nios la na-
rraron con sencillez y sinceridad. Hablaron sobre lo sagrado de ca-
da lugar tal como les explic Sumantra. Ellas escuchaban estas
narraciones con tanto ardor y fe que tambin parecan experimen-
tar el regocijo que cada templo otorga a los peregrinos sinceros.
Dasarata celebr el regreso de los prncipes de su viaje sa-
grado con ofrendas a Dios, y organizando un magnfico banquete
para todos los brahmines que haban concluido con xito su pe-
regrinacin a Kasi y Prayaga. Tambin les hizo obsequios.
As, desde el da en que nacieron los prncipes, la capital vi-
va un continuo festival. La ciudad de Ayodhya brillaba con ininte-
rrumpida alegra. Las fiestas y los entretenimientos unan al pue-
blo en una sola familia con lazos de amor y gratitud. Cada mes,
los das en que nacieron los nios (noveno, dcimo y decimopri-
mero de la mitad luminosa), se efectuaban ceremonias para se-
alar el feliz acontecimiento. Incluso cuando los nios fueron en
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peregrinacin, esos das se celebraron como si ellos hubiesen es-


tado all; excepto por las ceremonias en las cuales su presencia
fsica era requerida, todo lo dems las fiestas, los regalos, los
juegos, las danzas se realizaba con regocijo.
Sin embargo, los padres notaron un cambio en los nios co-
mo resultado de la peregrinacin. La transformacin era sorpren-
dente y esperaban que las extraas maneras adquiridas pudieran
debilitarse con el transcurso de los das. Observaban su compor-
tamiento y sus actitudes con gran atencin. No obstante, stas
continuaban sin ninguna seal de que pudieran desaparecer.
Rama pasaba la mayor parte del tiempo en casa. Ya no se
baaba a las horas establecidas como lo haba hecho hasta ese
momento. Le disgustaba usar la vestimenta real, rechazaba las ri-
cas comidas, ya no se sentaba en el trono de oro; pareca inmer-
so en la contemplacin del Absoluto, de algo ms all de los sen-
tidos y la mente. Debido a que Rama se mostraba cada vez ms
arisco y visiblemente malhumorado, los tres hermanos menores
siempre se mantenan cerca de l; nunca lo dejaban solo, ni por
jugar ni por ninguna otra razn.
Los cuatro acostumbraban reunirse en una recmara y se en-
cerraban ah. Las madres tenan que llamar a la puerta incluso
para llevarles comida. Por ms que trataban de descubrir por qu
se comportaban as, ellos nunca les revelaron la razn. Slo Ra-
ma se dignaba contestar sus preguntas diciendo: Esta es mi na-
turaleza, por qu buscan una razn?
Las madres pronto sintieron que aquella situacin no poda
continuar, y as se lo informaron a Dasarata, quien mand llamar
a los muchachos. Pero al ver que los hijos, que hasta entonces
siempre se apresuraban a su llamado, tardaban mucho tiempo en
llegar, se llen de preocupacin. En el momento que decidi ir l
mismo a verlos, lleg un asistente y le dijo que los prncipes ve-
nan en camino. El padre se sinti feliz. Los abraz estrechndo-
los contra su pecho y se sent con sus hijos a ambos lados; les
hizo preguntas, algunas importantes y otras sin importancia. Pero
antes, si l preguntaba algo, los nios daban diez respuestas; y
ese da, cuando l hizo diez preguntas, apenas contestaron una.
Dasarata acerc a Rama hacia su regazo y le rog amorosa-
mente: Por qu se niegan a hablar? Por qu este silencio?
Qu es lo que deseas? Qu tengo yo en el mundo si no es a
ustedes? Dime qu necesitas y te lo dar de inmediato. Ya no jue-
gas con tus hermanos como antes, y ellos estn tristes. Aunque
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el rey acarici amorosamente la barbilla de Rama y lo mir a los


ojos, el muchacho le dijo que estaba muy contento y que no ne-
cesitaba nada. La ansiedad de Dasarata aument al ver este ex-
trao comportamiento; los ojos se le llenaron de lgrimas, pero
los muchachos permanecieron indiferentes a su dolor. El padre
les dijo algunas suaves palabras acerca de cmo deban com-
portarse los hijos y luego los envi a sus habitaciones.
Llam a Sumantra para consultarlo; le pregunt si durante el
peregrinaje haba sucedido algo que hubiese puesto a los mu-
chachos fuera de s o si los haba trado demasiado pronto cuan-
do ellos todava estaban interesados en conocer algn otro lugar.
Dasarata lo acos con tantas preguntas que Sumantra se sor-
prendi y hasta lleg a sentir temor, as que sus labios temblaron
cuando dijo: Durante el viaje no sucedi nada que hubiera podi-
do disgustar a los prncipes, no hubo ninguna dificultad. Cada de-
seo de ellos fue honrado y cumplido. Di en caridad tanto como
ellos quisieron; hice que se construyeran en cuanto lugar suge-
ran, refugios para los peregrinos; no hubo ni duda ni demora.
Nunca me consultaron acerca de algn suceso que les hubiera
disgustado. Tampoco yo not nada. La peregrinacin fue un lar-
go viaje de dicha y adoracin.
Dasarata conoca muy bien a su ministro. Por fin dijo: Suman-
tra, eres un hombre competente. S muy bien que eres incapaz de
cometer una negligencia o caer en un error. Pero, por alguna razn
inexplicable, encuentro que los nios han sufrido un cambio des-
pus de la peregrinacin; han desarrollado disgusto por la comida
y por la diversin. Pese a los esfuerzos de la gente por persuadir-
lo, Rama no responde ni dice la razn de su extrao comporta-
miento. Est inmerso en la propia conciencia de la falsedad de las
cosas. Estoy sorprendido ante esto. Las reinas tambin han toma-
do esto tan a pecho que estn siendo consumidas por la ansiedad.
Cuando Dasarata le habl as a Sumantra, el leal ministro le
respondi: Si se me permite, ver a los muchachos y tratar de
diagnosticar su mal. Muy bien dijo Dasarata, procede ense-
guida. Una vez que encontremos la causa, el remedio no ser di-
fcil, la cura no estar lejos.
Sumantra se apresur hacia las habitaciones de los nios con
el corazn apesadumbrado. Encontr que las puertas estaban ce-
rradas por dentro y a los guardias afuera. Cuando Sumantra toc,
Lakshmana le abri y lo dej pasar. Sumantra convers con ellos
durante largo rato acerca de muchos temas a manera de poder
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obtener de ellos la razn de su malestar. Sin embargo, no pudo


descubrir el misterio. Not la diferencia entre el espritu de cama-
radera que haban gozado durante los meses del peregrinaje y la
distancia que haba surgido en los meses recientes. Le rog a Ra-
ma con lgrimas en los ojos que le dijera la causa de su melan-
cola. Rama sonri y le dijo: Sumantra, qu razn se le puede
dar a algo que es mi naturaleza misma? Yo no tengo anhelos, yo
no tengo deseos. No tienes por qu sentir ansiedad por eso.
Incapaz de hacer nada ms, Sumantra se dirigi a Dasarata
y se sent a su lado. Creo que sera bueno invitar maana al gu-
r y considerar qu medidas sern apropiadas, le dijo, y parti
despus de haber pedido permiso al rey.
Dasarata estaba triste, descuid todo lo dems, ignor las de-
mandas del imperio y sac muchas conclusiones que pudieran
explicar el comportamiento de los muchachos. Se dijo: Estn en-
trando a la adolescencia, as que tales cambios de temperamen-
to son naturales. Comparti su opinin con las reinas y descan-
s de la preocupacin, por lo menos en ese momento.
Cuando supieron que el gur Vasishta llegaba al palacio, las
reinas hicieron los preparativos necesarios y lo esperaron en el al-
tar familiar. Justo entonces lleg el gur; todos cayeron a sus pies
y lo acosaron con preguntas acerca del peculiar malestar de los ni-
os y acerca del cambio que haban tenido. Todos lloraban. Perci-
biendo la agitacin del rey y de las soberanas, Vasishta dirigi su
atencin hacia su interior y mediante su visin espiritual busc la
razn de la pena. La verdad fue revelada con rapidez a su gran pu-
reza. En pocos segundos, les pudo asegurar a las reinas: No hay
nada malo con los muchachos. Ellos no son comunes. Estn libres
del mnimo rasgo de deseo mundano. Sus mentes son inmacula-
das. No se angustien. Triganlos aqu; ustedes se pueden ir a sus
habitaciones ahora.
Dasarata y las reinas se sintieron felices con tal afirmacin;
mandaron llamar a los prncipes y se retiraron. Lakshmana, Bha-
rata y Satrugna se apresuraron a encontrarse con el gur cuando
se enteraron de que l los quera ver, pero como Rama no tena
ningn apuro, pues estaba inmerso en s mismo, como siempre,
Lakshmana toc sus pies y le pidi: Es mejor que vayamos sin
demora, si no, nuestros padres se lamentarn porque hemos osa-
do desobedecer las rdenes del preceptor. Lakshmana le pidi
insistentemente a Rama durante largo rato, empleando distintos
argumentos. Finalmente, Lakshmana, Bharata y Satrugna se diri-
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gieron al altar con su hermano mayor. Ah se postraron a los pies


del gur con reverencia.
Al verlos, Vasishta les pidi con gran afecto que se acercaran
y se sentaran junto a l. Los cuatro estaban cerca, pero Vasishta
quera que Rama se acercara ms an. Acarici al muchacho con
amor, jugando con su pelo y dndole palmaditas en la espalda.
Dijo: Rama!, cmo es que te has vuelto tan callado? Tu madre
y tu padre sufren de pena y miedo, incapaces de comprender es-
te cambio tan inexplicable. Debes contribuir a su felicidad tam-
bin, no es as? Tienes que demostrar con tu propia accin la
validez de los preciosos axiomas Trata a tu madre como a Dios
(Matru devo bhava) y Trata a tu padre como a Dios (Pitru de-
vo bhava), no es as? Vasishta le dio a Rama varias lecciones
para que considerara las verdades que le estaba enseando.
Rama se sent sonriendo, escuchando al gur. Cuando termi-
n, le dijo calmadamente: Maestro, t hablas de la progenitora; pe-
ro, quin es exactamente la madre? Quin es exactamente el
hijo? Qu es el cuerpo y qu es el alma individual? Es real el
mundo objetivo o lo es el Alma Suprema? Este cuerpo no es sino
la imagen del Alma Suprema, no es as? Los cinco elementos que
constituyen la sustancia llamada cuerpo tambin son la sustancia
del Universo entero. Este Universo no es ms que una interrelacin
de esos cinco elementos, no es verdad? Los elementos persisten
a pesar de todas las permutaciones y combinaciones. Estos tam-
bin tienen una base ms profunda. Si no se comprende esto, si se
cree que este Universo creado es real, si uno cae en la fascinacin
de esta falsedad, si se descarta la verdad por darle peso a la men-
tira, qu podramos decir de esa colosal ignorancia? Qu puede
ganar el individuo ignorando la eterna, absoluta, verdadera Reali-
dad, el Alma?
Cuando Vasishta escuch a Rama planteando estos proble-
mas filosficos tan profundos, tambin not un halo de rayos de
resplandor espiritual que emanaba y rodeaba su faz. Saba que la
luz indicaba Divinidad; por eso quiso que Rama mismo contestara
las preguntas que haba formulado. Y las respuestas y explicacio-
nes que Rama dio eran, en verdad, la voz de Dios. Vasishta vea
este hecho claramente. Inclin mentalmente su cabeza ante l por
miedo a que lo notaran, y le dijo: Hijo, te ver nuevamente en la
tarde. Acarici a los muchachos con un enorme sentido de grati-
tud y de amor, y se retir del palacio, sin siquiera buscar a Dasa-
rata; estaba sobrecogido an por la iluminacin del momento.
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El rey fue a ver a los prncipes y tambin vio la extraa luz de


divina conciencia brillando en sus semblantes. Y como no poda
entenderlo, esper el regreso de Vasishta por la tarde. En cuanto
el gur entr en el templo, los nios, las madres y el rey se pos-
traron a sus pies y se sentaron en sus lugares con las manos uni-
das en humilde plegaria.
De pronto, Rama sorprendi a todos haciendo una serie de
preguntas. Alma, Dios, Naturaleza, qu relacin existe entre s-
tos? No son los tres uno solo? Son entidades distintas? Y si son
uno, cmo se volvieron tres y para qu? Cul es el principio uni-
ficador subyacente? Qu beneficio hay en reconocerlos como di-
ferentes, desistiendo del conocimiento de la Unidad?
Los padres estaban pasmados ante la profundidad de estas
preguntas a la tierna edad de Rama. Se hundieron totalmente en
ese ro de conocimiento e investigacin, que derramaba preciosos
axiomas, los cuales traan luz a tales problemas; era como si el
Cielo respondiera a las preguntas de la Tierra. Se olvidaron de que
Rama era su propio hijo y pasaron toda la noche en el anlisis y
comprensin de la gran sabidura acerca de la Unidad. Vasishta
comprendi que las palabras de Rama eran en verdad el nctar de
la inmortalidad, el cual puede asegurar la paz para la humanidad;
bendijo a Dasarata y a las reinas y regres a su ermita.*
Rama pasaba sus das haciendo disciplina espiritual, comul-
gando consigo mismo, hablando consigo mismo cuando estaba
solo y en silencio cuando estaba en compaa y a menudo rin-
dose aparentemente sin motivo. Dasarata cada vez estaba ms
preocupado. Le inquietaba qu les sucedera a los prncipes; tra-
taba de mantener a los tres menores aparte, pero ellos no con-
sentan estar alejados de Rama, as que se les tena que dejar
siempre con l.
Dasarata y las reinas estaban muy deprimidos, ya que todos
sus sueos de dicha y gloria se haban desvanecido. Se deses-
peraban porque no vean en sus hijos ningn signo de cambio ni
recuperacin. Contaban las horas y los minutos; pasaban el tiem-
po con ansiedad y en oracin. Rama no tena inters ni en la co-
mida, pues se alimentaba irregularmente y con indiferencia. Su
salud cada vez era ms dbil.

* Los dilogos entre Rama y su preceptor conforman el Yogavasishta, un sig-


nificativo tratado, el cual tambin es conocido como el Ramagita

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6. El llamado y la primera victoria


En esa poca, en la regin este de Ayodhya, la ciudad real, el
sabio Viswamitra llevaba a cabo rigurosas prcticas ascticas. Un
da, al tratar de realizar el rito sagrado conocido como yagna, los
demonios interfirieron y lo mancharon con su maldad. Arrojaban
pedazos de carne en el altar, hacindolo impuro para aquella ce-
remonia vdica. Ponan obstculos de otras muchas maneras evi-
tando una y otra vez llevar a cabo ese sagrado ritual. Y como es-
taba a punto de perder la razn, Viswamitra decidi ir a Ayodhya,
la capital del imperio, para pedirle ayuda al mismo emperador.
Cuando se supo que llegara el sabio, el rey envi a sus mi-
nistros para que lo condujeran al palacio con los debidos honores.
Le dieron la bienvenida a la entrada de la ciudad y lo acompaa-
ron hasta la misma puerta del palacio. Ah los brahmines pronun-
ciaron los himnos vdicos mientras Dasarata le lavaba los pies,
tal como est establecido en las Escrituras y como es costumbre
al recibir a los sabios, y salpic sobre su propia cabeza las gotas
de agua as santificada. Luego llevaron a Viswamitra al interior del
palacio, donde se le asign un sitial, y los dems miembros de la
corte se pararon alrededor de l. Este es un gran da, exclam
Dasarata, y manifest su alegra por la inesperada llegada del
santo y por la oportunidad de servirlo y honrarlo.
Despus, el sabio pregunt por la salud y el bienestar del so-
berano y de su familia, as como por la paz y prosperidad del rei-
no. Le pregunt si su reino se distingua en fortaleza y seguridad
y si su gobierno aseguraba el progreso de sus sbditos. Dasara-
ta le contest que, como resultado de la gracia de Dios y de las
bendiciones de santos y sabios, los ciudadanos cumplan con su
deber felizmente, sin temor al fracaso, y que la administracin te-
na como firme propsito promover el bienestar de la gente. Dijo
que su gobierno serva a sus sbditos de distintas maneras para
alentar y preservar su felicidad y seguridad. Dasarata anhelaba

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saber la razn de la visita del sabio. Le asegur que estaba listo


a cumplirle su ms mnimo deseo. Declar con gran devocin que
llevara a cabo con diligencia cualquier cosa que le ordenara; s-
lo esperaba saber qu poda hacer por l. Viswamitra movi la ca-
beza en seal de aprobacin.
Se volvi hacia Dasarata y le dijo: No dir ahora ante ti que
eres un gobernante sumamente recto, que honras a tus huspe-
des y a los suplicantes y que eres la encarnacin de la fe y la de-
vocin; el hecho de que el imperio sea feliz bajo tu gobierno es
suficiente evidencia. El bienestar de los sbditos depende del ca-
rcter de sus gobernantes. La gente tendr paz o sufrir ansiedad
dependiendo de que sus gobernantes sean buenos o malos. Don-
dequiera que he preguntado, se me ha dicho que slo en Ayodh-
ya se puede encontrar a gente plena de amor y lealtad por su so-
berano y a un monarca lleno de afecto y respeto por su gente. Es-
cucho estas buenas noticias en cada rincn de tu reino, por eso
s que tus palabras vienen directamente de tu corazn. No tengo
ni la menor duda; no faltars a tu promesa. Cumplirs la palabra
que has dado.
Las palabras del sabio conmovieron profundamente a Dasa-
rata, quien dijo: Los grandes hombres slo se dedican a activi-
dades que ayudan al mundo. As, hagan lo que hicieren, no po-
drn desviarse de los mandamientos de las Escrituras. Debe ha-
ber una buena razn para todo lo que se proponen; estn impul-
sados por la voluntad Divina en cada acto que hagan. Por lo tan-
to, estoy deseoso, con todos los recursos de los cuales dispongo,
de servirte y cumplir tu menor deseo. Dasarata prometi una y
otra vez que llevara a cabo la orden del sabio.
Esto alegr a Viswamitra. S. Como dijiste, nosotros no sali-
mos de nuestras ermitas sin tener una buena razn. He venido a
ti con un propsito muy elevado, y escuchar tu entusiasta res-
puesta me hace doblemente dichoso. Me siento feliz porque mi
esfuerzo ha visto sus frutos. Mantendrs tu palabra, no es as?
Dasarata le respondi sin demora: Maestro, tal vez deberas ha-
cerle a otros esa pregunta, ya que Dasarata no es el tipo de per-
sona que rompa sus promesas. Dara su vida antes de deshon-
rarse a s mismo negando su palabra. Qu tesoro ms grande
puede tener un monarca que la moralidad e integridad? Son las
nicas riquezas que permanecen con l como fuentes de fortale-
za cuando cumple con sus mltiples responsabilidades. Si estas
dos se pierden, el reino se convierte en una mansin sin luz, en
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un enorme desierto, asediado por los caprichos y las luchas de


bandos. Se despedazara por la anarqua y el terror. Al final el rey
sufrira el desastre. Estoy seguro de que mi dinasta jams sufri-
r una calamidad as. As pues, sin la mnima duda, dime la mi-
sin que te trajo a Ayodhya y acepta la ayuda que este devoto
servidor est listo a ofrecerte.
Viswamitra dijo: No, no. Yo no dudaba de eso. Simplemente
dije esas palabras para poder or esa aseveracin de tu slida fi-
delidad a la verdad. S que los gobernantes Ishvaku estn inten-
samente comprometidos con el deber de cumplir su palabra. Bue-
no, necesito de ti slo una cosa. No es riqueza ni carruajes, ni va-
cas ni oro, ni regimientos ni servidores. Slo necesito a dos de tus
hijos, Rama y Lakshmana, para que me acompaen... Qu di-
ces a esto?, pregunt el sabio.
Dasarata perdi el equilibrio y se tambale, tardando en recu-
perarse. Despus de recobrar su compostura, se arm de valor
para decir: Maestro! De qu te pueden servir estos hijos mos?
La misin en la cual intentas incluir a los nios podra ser mejor
cumplida por m, no lo crees? Dame la oportunidad; haz que mi
vida valga la pena. Dime de qu se trata. Me producir una enor-
me alegra.
El sabio contest: Mi firme creencia es que la misin que es-
tos nios pueden cumplir, no la ha de realizar nadie ms. Slo
ellos pueden llevar a cabo esta tarea; ni miles de tus servidores,
ni siquiera t la podras realizar. Nios como stos nunca antes
haban nacido ni nacern otra vez. Esta es mi conviccin. Escu-
cha: decid llevar a cabo un ritual de sacrificio, pero tan luego co-
mo me dispona a empezarlo, se reunieron espritus malos, de-
monios salidos de ninguna parte, causando su sacrlega destruc-
cin, interrupciones y enormes percances. Quiero que estos nios
eliminen a esos demonios y salven mi ritual de esos seres abo-
minables para poderlo concluir. Ese es mi propsito, mi deseo.
Qu dices ahora?, pregunt Viswamitra con voz seria y reso-
nante.
El rey respondi: Maestro, cmo van a poder llevar a cabo
tan enorme tarea estos tiernos pequeos? Yo estoy aqu, deseo-
so y listo. Ir con todos mis carros de guerra, infantera, caballe-
ra, elefantes, y cuidar el territorio del sacrificio y tu ermita; ver
que el ritual se desarrolle sin interrupciones. Tengo alguna expe-
riencia en la lucha contra fuerzas demonacas ya que, como t sa-
bes, combat por los dioses en contra de espritus perversos y ob-
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tuve la victoria. Lo puedo hacer fcilmente. Har los arreglos pa-


ra acompaarte ahora mismo. Permteme hacerlo, implor.
Al escuchar estas palabras, el sabio dijo: Oh rey! A pesar de
todo lo que has dicho, no estoy de acuerdo. Te lo digo una vez
ms: t no puedes cumplir esta misin. No puedes entender que
incluso est ms all de m, que se me considera casi omnipo-
tente y omnisciente? Cmo entonces puedes t llevar a cabo es-
ta empresa y vencer? T consideras a estos nios como mucha-
chos ordinarios, pero eso es un error; t lo crees as por el afecto
que les tienes por ser su padre. S perfectamente que ellos son
el poder divino de Dios en forma humana. No dudes. Mantn tu
palabra tan solemnemente dada y mndalos llamar en este mo-
mento; si no, acepta que no cumples tu palabra y me ir. Haz
cualquiera de las dos cosas; rpido, ste no es momento para ti-
tubeos ni para demoras!
El rey estaba asustado por la enrgica voz del sabio. Deses-
perado, pidi que su preceptor se presentara en la corte. Vasishta
vino y al ver a Viswamitra, se saludaron con respeto. Vasishta es-
cuch del rey todo lo que haba sucedido. Por supuesto, Vasishta
conoca muy bien la realidad Divina de los nios, as que decidi
aconsejar al rey que no se preocupara ms, y que con gusto en-
tregara a los muchachos a la amorosa custodia del sabio.
Dasarata explic que los nios no gozaban de buena salud
desde haca algunos meses y que no tenan la fuerza fsica para
enfrentarse con los demonios en una batalla. Desde hace tiem-
po nos preocupa su salud y ahora esta peticin nos ha venido co-
mo pinchazo en una dolorosa llaga. Mi mente no acepta enviarlos
a enfrentarse con los demonios. Cuidar a mis nios, incluso con
el riesgo de mi propia vida.
Viswamitra intervino y dijo: Rey! Por qu te atormentas de
manera tan tonta? Deberas haber desistido de hacer promesas
que no puedes cumplir. Es un acto de pecado el que un gober-
nante haga una promesa sin considerar los pros y contras y lue-
go, cuando se le pide que la cumpla, se demore, se retracte o in-
clusive rompa su promesa. Esto desacredita en gran medida a re-
yes como t. Lamentablemente, desprecio la ayuda que me ofre-
ces. El auxilio que se ofrece, aunque pequeo, si viene de un im-
pulso sincero del corazn, es tan bueno como devolverle la vida
a alguien. Una ayuda titubeante, aunque sea enorme, es deplo-
rable. No tengo ningn deseo de causarte pena al pedir tu ayuda.
Bien; s feliz contigo mismo y con tu pecado. Me voy. Viswami-
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tra se puso de pie e intent marcharse. El rey se postr a sus pies


y le rog que le diera ms luz y ms tiempo. Pidi que le dijera su
deber y le rog que meditara sobre la justicia de su demanda.
Ante esto, Vasishta llam a Dasarata a su lado y le aconsej:
Seor, ests ante una revelacin csmica. Debido a que tu cora-
zn est afligido por tu afecto paternal, la verdad se vela ante ti.
A tus hijos nada los daar nunca. Adems, no hay ninguna ha-
zaa heroica que est fuera de su alcance. Formidables fuerzas
divinas han tomado la forma humana con el propsito de destruir
a los demonios y a las fuerzas perversas. De manera que, sin
ms demora, manda llamar a los nios. No tomes en cuenta aho-
ra su fsico o su inteligencia. Calcula ms bien la Divinidad que se
est irradiando a cada minuto de sus existencias. No hay ningu-
na fuerza que pueda resistirse a eso, recurdalo!
Despus de algunos otros consejos, Vasishta mand llamar a
Rama y Lakshmana, quienes, tan luego como supieron que los
sabios Viswamitra y Vasishta queran verlos, se apresuraron y al
llegar se inclinaron con reverencia. Primero se postraron a los
pies de su padre, luego a los de Vasishta, y despus a los pies de
Viswamitra quien, con una sonrisa en los labios, se dirigi a ellos:
Nios, quieren venir conmigo? y ellos se entusiasmaron ante el
proyecto.
Al escuchar esto, Dasarata estaba ms descorazonado an;
su cara perdi todo brillo. Rama vio que su progenitor se entriste-
ca por aquella aprobacin, se le acerc y dulcemente le dijo: Pa-
dre, por qu ests triste de que me vaya con el gran sabio?
Hay otra mejor manera de emplear este cuerpo que ponerlo al
servicio de los dems? Se nos ha dado con este propsito, para
compartir con los ascetas las misiones sagradas y ser capaces de
otorgarles algn alivio en las hostigaciones de que son objeto.
No es esto una utilizacin elevada? No hay nada imposible pa-
ra nosotros; lo hay? Destruiremos a los demonios, no importa
cun feroces sean y traeremos la paz a los sabios. Si se nos per-
mite, estamos listos para partir en este mismo instante.
Esas palabras llenaron de valor a Dasarata, y sirvieron para
calmar, por lo menos en alguna medida, su ansiedad. Sin embar-
go, el rey todava se resista; no se atreva a aceptar. Acerc a
Rama hacia s y le habl de esta manera: Hijo!, los Rakshasas
no son enemigos comunes. Las informaciones dicen que entre
ellos estn Sunda, Upasunda, Maricha, Subahu y otros. Son muy
crueles. Su aspecto es indescriptiblemente horroroso; todava no
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has tenido ocasin de ver esas terribles formas. No puedo con-


cebir el momento en que tengas que estar cara a cara con ellos.
Cmo podrs combatir contra aquellos tramposos, expertos en
los disfraces y las transformaciones fsicas? Ni siquiera has es-
cuchado la palabra batalla todava. Tampoco has visto una lu-
cha en el campo mismo. Y de pronto eres llamado para pelear
contra tremendos enemigos. S que es cruel el destino, que mis
hijos tengan que enfrentar en el mismo comienzo de sus vidas es-
ta monstruosa prueba!
Con estos pensamientos dando vueltas en su mente, Dasa-
rata derram muchas lgrimas por la angustia que haba en su
corazn. Lakshmana se dio cuenta de la debilidad de su progeni-
tor y le dijo: Padre, por qu estas lgrimas? No somos nias te-
merosas, el campo de batalla es nuestra legtima arena, la guerra
es nuestro deber, el sostenimiento de la rectitud es nuestra res-
ponsabilidad. El servicio a los sabios y mantener los cdigos de
la moral son como nuestro propio aliento. Me sorprende que te
pongas triste porque vamos a cumplir con tan gloriosa misin. El
mundo se reir de ti por esta muestra de debilidad. Envanos con
tu amor y tus bendiciones. Acompaar a mi hermano y regresa-
remos con la victoria.
Rama vio a su padre abrumado por el afecto hacia l; se en-
camin hacia el trono y le tom la mano amorosamente dicindo-
le: Padre, parece que has olvidado quin eres. Trae a tu memo-
ria el recuerdo de quin eres, en qu familia real, inmortalizada
por los antecesores, has nacido, y cunta fama alcanzaron. En-
tonces no llorars como lo ests haciendo ahora. Naciste en la di-
nasta Ikshvaku. Hasta este da, has vivido como la encarnacin
misma de la rectitud. Los tres mundos te han aclamado como
aquel que cumple su palabra, como el guardin y practicante de
la rectitud, as como el ms formidable hroe en el campo de ba-
talla y en todas partes. T sabes que no hay peor pecado que ne-
gar tu palabra. Retirar tu promesa dada al sabio, empaar tu jus-
ta reputacin. Tus hijos no pueden tolerar esa mala fama.
Cuando uno no puede actuar de acuerdo con su palabra, no
se puede recibir el mrito de los sacrificios, ni siquiera de los actos
benficos, como la perforacin de pozos o plantar rboles. Por
qu esperar? Nosotros tus hijos sentimos que es una deshonra
por la que tendremos que bajar la cabeza al escuchar que Dasa-
rata no cumpli con su palabra dada. Esa es una mancha en la re-
putacin de la dinasta misma. Tu afecto por tus hijos es ciego. No
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est basado en el discernimiento. Nos traer castigo, no protec-


cin. Si en verdad sientes cario por nosotros, debers poner cui-
dado en promover nuestra fama, no es as? Por supuesto que no
estamos en posicin de aconsejarte. T sabes todo esto. Tu afec-
to te ha arrastrado a este pantano de ignorancia, ha sido difcil pa-
ra ti reconocer tu deber. Por lo que a nosotros concierne, no tene-
mos miedo; la novia de la victoria de seguro nos desposar. No lo
dudes; bendcenos y confanos al sabio. As rog Rama e, incli-
nando la cabeza, se postr a los pies de su padre.
Dasarata acerc a Rama hacia l y le acarici la cabeza di-
ciendo: Hijo, todo lo que has dicho es verdad; son valiosas ge-
mas, no soy un tonto para negarlo. Sin embargo, avanzar con to-
do mi ejrcito y proteger la ceremonia de este sabio al costo de
todo lo que poseo, pues mi mente no acepta la proposicin de
mandarte a ti, que apenas has sido entrenado en el arte de la gue-
rra y en el manejo de las armas, a los brazos de aquellos demo-
nacos Rakshasas. A sabiendas, ningn padre mandara a sus hi-
jos a las fauces de un tigre. Acaso es correcto que sean arroja-
dos a las llamas del dolor? Nosotros los recibimos a ustedes por
nuestras austeridades y los cuidamos como el aliento mismo de
nuestras vidas. Qu se puede hacer cuando el mismo destino se
pone en contra? No los culpo a ustedes ni a nadie ms, es la con-
secuencia de los pecados que yo he cometido.
Dasarata se lamentaba as, con la mano sobre la cabeza. Ra-
ma sonri y dijo: Padre, por qu esta debilidad? Hablas de em-
pujarnos a la boca del tigre. No te has dado cuenta todava de
que no somos cabras para ser ofrecidas? Mranos como si fura-
mos cachorros de len, envanos a esta sagrada misin con tus
bendiciones. Los reyes no deben demorar las tareas sagradas.
Al escuchar estos sagaces comentarios de Rama, Vasishta se le-
vant y exclam: Excelente! Dasarata, has escuchado el rugi-
do del len? Por qu alla entonces el chacal? Levntate! Man-
da llamar a las madres y pon a tus hijos en las manos de Viswa-
mitra. Al escuchar estas palabras, Dasarata sinti que no poda
hacer nada ms que obedecer, y mand llamar a las reinas.
Las soberanas aparecieron con velos sobre sus cabezas, to-
caron los pies de los sabios y los de Dasarata y despus fueron
hacia los muchachos y acariciaron con amorosos dedos las coro-
nas que adornaban sus cabezas. Vasishta les habl a ellas pri-
mero: Madres: Rama y Lakshmana estn listos para marchar con
Viswamitra para cuidar su ritual de las intromisiones y obstruccio-
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nes de las hordas demonacas; que los muchachos reciban su


bendicin antes de irse. Tan pronto como Kausalya oy esto,
sorprendida levant la cabeza diciendo: Qu escucho! Estos
mozalbetes son los que van a proteger el ritual del gran sabio? He
escuchado que los mantras con su divino poder son la mejor pro-
teccin; cmo podr un simple hombre atreverse a llevar la car-
ga de salvar ese ritual de todo dao? La responsabilidad de la exi-
tosa conclusin de la ceremonia descansa en la rectitud del sa-
cerdote oficiante.
Esto le pareci correcto a Vasishta; sin embargo, pens que
sera mejor dar un poco de luz a la situacin. Kausalya! Madre!
El ritual de Viswamitra no es un suceso ordinario. Hay muchas in-
tromisiones que lo afectan y que estn creando ansiedad. Va-
sishta continuaba con la explicacin cuando Kausalya lo inte-
rrumpi diciendo: En verdad he quedado sorprendida al escuchar
que la ansiedad ensombrece los yajnas (sacrificios) que efectan
los sabios. Yo creo que no hay ningn poder que pueda ir contra
una resolucin sagrada. El sabio alberga este deseo y anhela su
cumplimiento para poder manifestar la luz y la paz suprema. Es-
ta es mi conjetura: quiz l ha hecho esta peticin para probar el
apego del rey por sus hijos. De otra manera, cmo podemos
creer que estos pequeos brotes de ternura pueden cuidar que no
se dae el ritual que este sabio, dotado de todos los poderes ms-
ticos y espirituales, se propone celebrar?
Mientras Kausalya deca esto, su mano acariciaba la cabeza
de Rama. Dasarata, que escuchaba lo que ella deca, de pronto
se dio cuenta de la verdad y tom una audaz decisin. Dijo: S,
las palabras de Kausalya dicen la verdad; esto no es sino un plan
para probarme; estoy seguro. Maestro!, puede un hombre dbil
como yo enfrentar tu prueba? Soportar lo que sea si es tu de-
seo. Con estas palabras, Dasarata se postr a los pies de Va-
sishta, quien respondi: Maharaja, has probado ser valiente. Es-
tos muchachos no son de una naturaleza comn. Sus destrezas
y capacidades son ilimitadas. Nosotros sabemos esto, pero otros
no. Esta ocasin no es sino el inicio de su marcha triunfal, es el
prlogo a la historia de su victoriosa carrera. Toman el voto de
Dharma-Rakshana, el Guardin de la Rectitud. Pronto regresarn
con la Novia de la Victoria. Por eso, sin pensarlo ms, entrgalos
con gusto a Viswamitra. Vasishta llam a los nios a su lado y,
poniendo su auspiciosa palma en sus cabezas, recit algunos
himnos que transmitan sus bendiciones. Los nios se postraron
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a los pies de las madres y recibieron sus bendiciones. Despus,


se levantaron listos a partir.
Dasarata not un brillo de dicha y valor en sus rostros; repri-
miendo la pena que se agitaba dentro de l, puso sus manos en
los hombros de los nios y se acerc a Viswamitra, se postr a
sus pies y dijo: Estos dos, oh maestro, son tus hijos desde hoy;
su salud y felicidad dependen de ti; si ordenas que los acompa-
en algunos guardias, con gusto har que vayan con ustedes.
Viswamitra solt la carcajada. Oh rey, en verdad que ests
enloquecido! Hay alguien que pueda cuidar a los hroes que van
a liberar de intromisiones el ritual sagrado? Necesitan a alguien?
Van a salvar el rito que nosotros no hemos podido cuidar; nece-
sitan tales hroes que alguien los proteja? Evidentemente, tu afec-
to te ha cegado. Rey, te los traer cuando la misin se haya cum-
plido. No te preocupes. Gobierna sin injusticias ni interrupciones.
Viswamitra se levant de su lugar; todos unieron sus palmas
en reverencia al gran sabio. El fue el primero en salir del recinto,
seguido por los prncipes. Tan pronto como llegaron a la puerta
principal del palacio, la gente escuch tambores celestiales y cla-
rines resonando en el cielo. Una lluvia de flores cay sobre ellos.
A medida que avanzaban, msica de caracoles surga a cada pa-
so; se escuchaban las trompetas a cada trecho del camino. A los
hombres, mujeres y nios de todas las edades les pareca que los
muchachos eran dos cachorros trotando tras el len mayor. Na-
die saba por qu los prncipes iban descalzos y se alejaban del
palacio con el celebrado sabio; as que cada uno empez a pre-
guntarle a su vecino cul era la misin a la que se haban aven-
turado. Los ministros, cortesanos y ciudadanos los acompaaron
hasta la puerta de la ciudad, ya que sa era la orden real. Ah se
despidieron de los prncipes y regresaron.
El sabio y los muchachos continuaron su viaje. Viswamitra
adelante, Rama a corta distancia de l y Lakshmana atrs. Vieron
hileras de hermosos rboles a ambos lados del camino; se col-
maban con la maravilla de la naturaleza que se descubra ante
sus ojos. Luego de haber caminado una buena distancia, entra-
ron a una jungla. Viswamitra les orden que se pusieran, desde
ese momento en adelante, protectores de cuero para las mue-
cas y para los dedos. Les pidi que tuvieran los arcos en el hom-
bro y listos para usarlos. As equipados, caminaron por la silen-
ciosa y atemorizante selva, avanzando entre la maleza, sin mie-
do y esplendorosos como si fueran los monarcas de la regin.
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Pronto llegaron al ro Sarayu. Era el atardecer. Viswamitra llam


a Rama y Lakshmana cerca de l y les dijo con suaves palabras:
Queridos mos, vayan al ro sin demora y lleven a cabo el rito ce-
remonial de lavarse manos y pies. Ahora los voy a iniciar en dos
frmulas, que son las joyas de las coronas de todos los mantras.
Se llaman Bala y Athi-Bala (la fuerza y la gran fuerza). Las dos es-
tn cargadas de enorme poder. Les restaurar no importa cun
exhaustos estn, impedirn el cansancio no importa cunto es-
fuerzo hayan realizado; estas sagradas palabras no permitirn
que la enfermedad los toque, los salvarn de las fuerzas demona-
cas. Cada vez que estn viajando, si ustedes se acuerdan de
ellas, los mantendrn sin hambre y sin sed, les darn salud in-
quebrantable y derramarn dicha y entusiasmo sobre ustedes.
Les fortalecern sus msculos y sus mentes. Rama!, estos dos
mantras son superiores a todos los dems, son ms brillantes y
eficaces que todos los dems, y Viswamitra se explay acerca
de la potencia de dichos mantras. Rama no tena necesidad de
que se lo dijeran, pero escuch con aparente sorpresa y con los
ojos llenos de asombro. Lakshmana, mientras tanto, observaba a
los dos, al sabio y a Rama, rindose para sus adentros.
Este incidente es una buena leccin para el mundo, pues Ra-
ma vino para restaurar la rectitud. Es una leccin que Rama en-
se ms que con palabras con su comportamiento. Nadie, por
muy grande que sea, puede escapar de maya, la ilusin del mun-
do; los pondr de cabeza en un momento, no aflojar sus garras
hasta que la vctima est embelesada en la creencia de que es el
cuerpo; no se asustar ante el nombre, la fama, la destreza o la
inteligencia de la persona que busca poseer. Slo cuando el indi-
viduo descarte el nombre y la forma, se libere de esta conciencia
del cuerpo y se establezca en el Absoluto, podr escapar del en-
gao que maya inflige. Esta fue la leccin, porque tomen no-
ta Viswamitra tena estos dos poderosos mantras bajo su con-
trol, haba acumulado una gran cantidad de tesoro espiritual, se
haba dado cuenta, de que slo Rama tena la fuerza requerida
para destruir a las hordas demonacas que estaban determinadas
a impedir el rito ofrecido a Dios que l se haba propuesto cele-
brar; haba aconsejado a Dasarata en contra de tener demasiado
afecto hacia el hijo, lo cual lo cegaba y no le permita ver la divi-
na majestuosidad de su descendiente; Viswamitra le haba dicho
que Rama era el guardin del mundo y que no haba ningn acto
heroico que no pudiera realizar. Y estaba listo para iniciar a esos
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mismos prncipes en los mantras, como si fueran nios comunes.


Sin duda alguna, Viswamitra estaba confundido por maya. Haba
cedido al engao de juzgar por los atributos aparentes. Por su
parte, Rama saba que la fuerza avasalladora de maya haba
arrastrado al sabio, pues fue l quien haba obnubilado la mente
de Viswamitra y haba hecho que, lleno de orgullo, los iniciara en
esas poderosas palabras sagradas. Rama y Lakshmana termina-
ron entonces sus abluciones en el ro, tal como Viswamitra les ha-
ba dicho. El sabio fue hacia Rama y lo inici en los dos mantras.
Rama pronunci la frmula despus del maestro, y movi la ca-
beza como lo hara un novicio cuando le es enseada; Lakshma-
na hizo lo mismo. Luego inclinaron sus cabezas aceptando ser
sus discpulos. Pronto oscureci y los hermanos adoptaron co-
mo camas el mullido csped. Despus Viswamitra se sent al la-
do de ellos y les relat cuentos antiguos. Pronto los muchachos
parecieron haberse dormido como resultado de andar a pie tan
largas distancias. Viswamitra dej de contar su historia y se per-
di en pensamientos acerca de su propio destino.
La luz del da resplandeci en la Tierra. Pjaros multicolores
volaban de rama en rama del rbol bajo el cual los dos hermanos
dorman; cantaban dulcemente, como si tuvieran la intencin de
sacarlos del sueo, pero no podan! As que Viswamitra desper-
t a Rama: Levntate; ya ha amanecido. Rama abri los ojos y
despert a Lakshmana, que estaba a su lado, y ambos se pos-
traron a los pies del maestro. Hicieron sus abluciones matutinas
en el ro Sarayu; con las palmas de sus manos tomaron el agua
sagrada y la dejaron caer nuevamente, pronunciando himnos ala-
bando a la diosa del ro, en el cual se baaron y realizaron el rito
Sandhya, incluyendo la recitacin del mantra Gayatri. Pronto es-
tuvieron listos para continuar el viaje y se pararon ante el sabio
juntando las palmas de sus manos. Viswamitra les dijo: Queridos
mos, ya podemos irnos a nuestra ermita, no es as?, a lo que
Rama contest: Esperamos tus rdenes. Empezaron a caminar
antecedidos por el sabio. Pronto llegaron a la confluencia de los
ros Sarayu y Ganga. Los hermanos se postraron ante el sacro ro
y pasearon sus ojos por todos los alrededores del lugar sagrado.
Vieron una ermita, con celestiales vibraciones emanando hacia
todo el derredor. Los sorprendi la antigedad de aquel lugar y el
hecho de que estaba lleno de venerables recuerdos. Lakshmana
le pregunt al sabio: Maestro, quin vive en esa santa ermita?
Cul es el nombre del gran personaje que la habita? El sabio
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sonri ante la pregunta y respondi: Queridos mos, hace mu-


chos aos el Seor Shiva vino aqu con sus seguidores para rea-
lizar austeridades antes de su boda con Parvati. Cuando estaba
cumpliendo sus deberes divinos desde aqu, Manmata (el dios del
amor) obstruy sus prcticas espirituales y caus que la ira bro-
tara del corazn divino. Abri su tercer ojo, el cual arroj tales lla-
mas que Manmata se convirti en cenizas. Su cuerpo fue destrui-
do y por eso se le conoce como Ananga, El sin miembros (la pa-
labra para miembros es anga). Debido a que Manmata perdi sus
miembros aqu, a esta parte del pas se le conoce como Anga. Es-
ta es una zona muy rica. Esta ermita fue empleada por Shiva y
desde ese entonces generaciones de sus devotos tambin la han
visitado, y se han fundido con El como fruto de su duro ascetis-
mo. Esta ermita slo acepta como residentes a estrictos seguido-
res del dharma. Si as lo desean, pasaremos aqu la noche y con-
tinuaremos despus de habernos baado en el Ganga. Rama y
Lakshmana no pudieron disimular su gusto cuando Viswamitra hi-
zo la proposicin; dijeron: Nos haces muy felices. Y se baaron
en el sagrado ro Ganga. Mientras tanto, las noticias de que Vis-
wamitra estaba por ah y que vena con los heroicos hijos del em-
perador se esparcieron, y muchas personas se apresuraron a
darles la bienvenida y a recibirlos en sus propias ermitas.
Esa noche, el sabio y los prncipes se quedaron en la ermita
de Shiva, alimentndose con frutas y races. Observaron con in-
ters las actividades del lugar. Los prncipes escucharon las his-
torias narradas por Viswamitra; el tiempo corra en aquel ocano
de bienaventuranza. Tan pronto como amaneci, hicieron sus
abluciones y amorosamente se despidieron de los ermitaos pa-
ra proseguir su camino. Los muchachos seguan al gur. Tenan
que cruzar el ro Ganga, y unas personas de la regin los ayuda-
ron a llegar al otro lado del ro. Luego de cruzarlo, aquella gente
se despidi y se postr a los pies de Viswamitra, quien se sinti
gratificado por este acto de hospitalidad; apreciaba en ellos la
profundidad de su devocin y su sentido de entrega, y les permi-
ti partir, llenndolos de bendiciones.
Un poco ms adelante, un ruido sordo como de una corrien-
te subterrnea arrastrndose sobre la tierra, lleg a sus odos;
vieron embravecerse las aguas del ro, levantndose largas ca-
denas de espuma sobre las olas. Rama le pregunt al sabio:
Maestro, por qu de pronto la enfurecida corriente ha llenado
la cuenca y cmo puede embravecerse y levantarse tan alto?
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El sabio respondi: Rama! Toda la furia del ro Sarayu cae sobre


el calmado y tranquilo Ganges en este lugar, por eso el retumbar.
El sabio pronunci estas palabras con tranquilidad, pues era una
escena familiar para l. Rama, en tiempos pasados Brahma as lo
dese y un gran lago se form cerca del Monte Kailasa. Se cono-
ce como Manasa-Sarovar (manasa significa mente, y sarovar, la-
go). Los dioses lo nombraron as. Cuando la nieve se derrite, el
lago crece hasta colmarse y el torrente que sale del Sarovar se
convierte en el ro Sarayu, que corre a un lado de Ayodhya, has-
ta el Ganga. El Sarayu es un ro sagrado porque las aguas sur-
gen de un lago que fue originado por la voluntad de Brahma. Du-
rante su viaje, siguieron escuchando las emocionantes historias
que tena cada ro y cada rincn del camino.
Enseguida entraron a una selva espesa y oscura. Tuvieron
una sensacin de terror. Rama le dijo al maestro: No hay ninguna
seal de que el hombre haya entrado a esta jungla... Y antes de
que pudiera recibir una respuesta, una serie de pavorosos rugidos
que salan de las furiosas fauces de una manada de animales sal-
vajes, tigres, leones, leopardos y otras fieras menores, capturaron
su atencin. Pareca como si la Tierra estuviera rompindose en
dos! Vieron asimismo a animales salvajes atacndose, mientras
otros corran hacia los matorrales, alejndose de la violenta esce-
na de muerte. La jungla era el lugar de frondosos rboles que cre-
can hasta llegar al cielo esparciendo su sombra sobre la tierra: el
baniano, el cedro deodara, el pino y el higo sagrado.
No haba ningn camino por donde se pudiera poner el pie, te-
nan que ir abriendo brecha para poder proseguir. Lakshmana no
pudo contener su curiosidad y le pregunt a Viswamitra: Maestro,
quin gobierna este terrible lugar? Cmo se llama? El sabio
respondi: Lakshmana, donde ha crecido esta jungla, antes eran
dos pequeos reinos, Malada y Karusa. Brillaban como la regin
donde habitan los dioses, de hecho la gente deca que este lugar
haba sido especialmente creado y cuidado por los dioses. Cuen-
tan esta historia acerca del lugar: Cuando el dios Indra mat a Vri-
tra, sufri la contaminacin del pecado y, como consecuencia, fue
abatido por el insaciable dolor que provoca el hambre. En esas
condiciones, Indra fue trado por los sabios a esta regin, y lo ba-
aron en el sagrado Ganges. Despus de la inmersin, vertieron
sobre su cabeza varios recipientes de agua, al tiempo que pro-
nunciaban himnos sagrados y mantras. Con eso, el pecado (de
haber matado a una persona de casta elevada) fue lavado.
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Brahma estaba feliz de que tanto la contaminacin (mala)


como el lamento (krosa) por el dolor del hambre hubiesen termi-
nado. Por eso llam Malada y Karosa a estos reinos, los cuales
tambin tuvieron mucha fama por sus bendiciones. Los dioses
queran que las dos regiones resplandecieran por sus cosechas y
riquezas, y que sus habitantes gozaran de abundancia y prospe-
ridad. Pero una cruel ogresa llamada Thataki apareci y empez
a arruinar esta rica y pacfica regin. Ella poda transformarse en
lo que quisiera. Se cuenta que al momento de nacer, ella fue do-
tada con la fuerza de mil elefantes. Despus tuvo un hijo llamado
Maricha, que tena la fuerza y el arrojo de Indra mismo. Juntos,
madre e hijo, causaron gran desastre. La jungla en la que estos
malvados ogros an viven est a quince kilmetros de aqu. Esos
monstruos redujeron aquellos ricos valles a este fiero y temible lu-
gar, ya que los campesinos de estas frtiles tierras huyeron ate-
rrorizados. As fue como la selva empez a crecer. Los valles, que
haban sido densamente poblados, al igual que las aldeas, que-
daron abandonados y ruinosos, sin dejar huella de que algn ser
humano los hubiera habitado. A Thataki no podan capturarla ni
destruirla, ya que lograba escapar ante cualquier intento de agre-
sin. Nadie ha sido capaz todava de poner fin a sus depredacio-
nes. No puedo pensar en nadie ms salvo en ustedes; s, mi ms
profunda intuicin as me lo indica; nadie excepto ustedes puede
destruir a ese monstruo que posee tan avasalladora fuerza. Esos
dos, madre e hijo, guan a los demonios, impidiendo los rituales y
dems ceremonias sagradas de los eremitas.
Las palabras de Viswamitra exaltaron a Rama. No poda con-
tener la ira que senta. Con gran humildad y reverencia dijo: Oh,
grande entre los ascetas!, he odo que los demonios no son tan
poderosos. Adems, Thataki es mujer y, por lo tanto, ms dbil;
cmo puede entonces aterrorizar a una poblacin entera? De
dnde sac todo ese poder? Cmo pudo haber reducido esta re-
gin a ruinas habiendo recibido tales bendiciones de Brahma y los
dioses? Esto en verdad es incomprensible. Es algo que va ms
all de los lmites de lo que se puede creer. Viswamitra respon-
di: Rama!, te explicar; escucha: en el pasado haba un yaksha
llamado Suketo. Tan rico en virtudes era como en valenta, pero
no tena ningn hijo que lo sucediera; por ello hizo un retiro y lle-
v a cabo rigurosas austeridades para propiciar a los dioses y po-
der recibir sus bendiciones. Por ltimo, Brahma fue complacido
por su austeridad y apareci ante l; lo bendijo dicindole que ten-
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dra una hija con extraordinaria fuerza, inteligencia y destreza.


Suketo estaba atnito ante esa gracia; no obstante, sera una mu-
jer y no un varn, como l deseaba.
Suketo regres y, tal como se le haba anticipado, tuvo des-
cendencia, una nia que creci rpido y era fuerte. Aunque mu-
jer, por la gracia de Brahma tena la fuerza de mil elefantes y se
mova por todas partes sin considerar lmites ni ley, como si fue-
ra duea de todo lo que vea! Era una nia encantadora, as que
Suketo busc por doquier un novio igualmente encantador. Final-
mente lo encontr; su nombre era Sunda, y Suketo se la dio en
matrimonio. Tres aos despus Thataki dio a luz un hijo: Maricha,
de quien ya te habl. Madre e hijo se han vuelto invencibles en
combate. Sunda empez con sus crueles aventuras y se atrevi
a arruinar los rituales de los sabios, provocando con esto la ira del
gran Agastya, quien lanz una maldicin sobre ese villano, con la
cual lo mat y salv a los sabios de seguir sufriendo. En vengan-
za, Thataki y su hijo se lanzaron contra la ermita de Agastya, pe-
ro como ste ya haba sido prevenido del ataque, los maldijo pa-
ra que se convirtieran en ogros. Esto los encoleriz ms an, y
profiriendo insultos avanzaron ferozmente con ojos enrojecidos
contra Agastya, quien maldijo a Thataki para que perdiera su en-
canto y se volviera espantosa. Tambin asever que se converti-
ran en canbales, pero ella no se intimid por esa maldicin y
continu atacando con renovada ferocidad. Sin embargo, Agast-
ya escap a un lugar seguro. Encolerizada por ese contratiempo,
Thataki descarg su ira en esta regin (Malada y Karosa) destru-
yendo sembrados y jardines, que ms tarde se convertiran en
una enorme jungla.
Cuando Viswamitra termin de relatar esta historia, Rama le
dijo: Maestro, ella naci a consecuencia de un don de Brahma, y
como correspondencia a las austeridades, ella tena gran fuerza
y habilidad, pero no las us bien y con eso provoc ira y maldi-
ciones. El pecado de matar a una mujer, como lo sealan las Es-
crituras, es algo atroz, no es as? Esa misma razn le debe de
haber bastado a Agastya cuando la castig. O si no, por qu el
gran sabio, que haba causado la muerte del esposo, no mat a
la esposa tambin? He odo que los guerreros no deben matar a
las mujeres. Dime, qu debo hacer? Estoy preparado para obe-
decerte.
Viswamitra estaba feliz de que Rama tuviera tales escrpulos
dictados por el dharma. No ignoro el hecho de que matar a una
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mujer es un pecado atroz. Sin embargo, proteger a los que pro-


gresan espiritualmente, como brahmines y hombres virtuosos, as
como a las vacas, tambin es muy importante. El dharma est en-
trelazado con estos tres. No hay pecado cuando se acta para
promover el dharma y eliminar el adharma (injusticia). No cono-
ces el adagio? Dharma rakshati rakshita: El dharma salva a
aquellos que lo han salvado. Eso no es violencia que se emplee
para el autoengrandecimiento. Cuando se utiliza la fuerza para
preservar la paz y la prosperidad del mundo, te aseguro que no
acarrea ninguna mala reaccin. Ms an, la creacin, la preser-
vacin y la destruccin son expresiones de la ley divina; suceden
de acuerdo con la voluntad de Dios. No estn sujetas a los capri-
chos del hombre. Ustedes son manifestaciones divinas, tienen la
autoridad y el deber. Ninguna basura puede adherirse al fuego,
asimismo, ningn pecado puede contaminar a la Divinidad. La vo-
luntad que crea, la obligacin que protege, tambin cumple con el
deber de castigar. La pena que se merecen los pecados de esa
madre y su hijo no se puede evitar, se debe considerar que es
una fortuna que Thataki termine hoy su vida en tus manos, antes
de que aada otro pecado a los muchos que ya tiene, y por los
cuales tendr que sufrir tanto. Estars sirviendo al mejor inters y
al bienestar de la nacin, no se trata de un equvoco ni de un pe-
cado. Si ahora albergas sentimientos de compasin, causars da-
o ilimitado al mundo, se estar promoviendo la derrota de la rec-
titud; ayudars a Thataki para que cometa ms pecados. Por
qu he de seguir dndote argumentos al respecto? Lo he visto to-
do a travs de mi visin espiritual; t has encarnado en forma hu-
mana para destruir a la raza de los Rakshasas. Esa es tu misin,
tu tarea. Debes cumplirla el da de hoy y durante toda tu vida.
Guardin de la rectitud, destructor de la gente con tendencias per-
versas, son stos los propsitos que te han persuadido para que
nacieras. Yo lo s, sa es la razn por la cual me he apresurado
a pedirte ayuda; si no fuera as, por qu habra de buscar tu apo-
yo y tu servicio? Los ermitaos y aquellos que realizan austerida-
des en los retiros en el bosque, suplican la ayuda de los gober-
nantes de la nacin, por el bien no slo de ellos mismos, sino de
todo el mundo. Se desapegan de todo y se sostienen comiendo
nicamente races y frutas recolectadas por ellos; despus de al-
gunos meses o aos bajo ese rgimen, hacen que su vida sea
an ms difcil para que puedan perder la conciencia del cuerpo
y lleguen a fundirse en la luz; por qu tendra que preocuparse
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esa gente por lo que pasa en el mundo? Pero los sabios, los rea-
lizados, aparte de salvarse a s mismos por la Iluminacin de la
revelacin, se esfuerzan en decirles a otros el camino por el que
han pasado y la gloria de la meta que han alcanzado, para per-
suadirlos a practicar las disciplinas que los prepararn para reci-
bir la Verdad. Si los sabios slo se preocuparan por ellos mismos
y su liberacin, qu le sucedera al mundo? La gente caera ms
en la maldad, eso es todo. La rectitud desaparecera. Los ermita-
os mantienen relacin con el mundo por esta razn y no para
conseguir algo. Viven como el loto en el agua. Pueden estar apa-
rentemente enredados en el mundo, pero no tienen ningn apego
por lo terrenal; no permiten que el mundo los domine. Su meta s-
lo es una: el progreso y el bienestar del mundo. Unicamente se
preocupan en fomentar la rectitud. Ellos slo dependen de Dios.
Cuando Viswamitra dijo esas palabras, Rama respondi como
un novicio, como si no supiera ya todo lo que haba escuchado: El
mundo no comprende que las palabras de los ermitaos y de los
sabios estn llenas de significado. Yo slo te pregunt acerca de la
moralidad de este hecho para que pudiramos saber cmo realizar
un acto de justicia. No veas ninguna otra intencin en mi pregunta.
Mi padre Dasarata me dijo que obedeciera a Viswamitra, el sabio,
y que hiciera lo que me ordenara. Deseo acatar lo que dice mi pa-
dre. T eres un gran sabio, t has practicado rigurosas austerida-
des. Si alguien como t dice que a Thataki se le puede matar sin
incurrir en pecado y que ese acto es justo y moral, s que no estoy
haciendo mal. Estoy listo a cumplir con el deber que t me impon-
gas para restablecer la rectitud y para promover el bienestar de la
gente. Y al decir esto, sostena el arco y probaba la tensin de la
cuerda, con lo que produca un sonido con una vibracin que re-
tumbaba en las diez direcciones. Toda la jungla despert. Los ani-
males salvajes huyeron rpidamente. Thataki se sobresalt al es-
cuchar ese ruido tan espeluznante, y se encendi de ira. Rpida-
mente se dirigi al lugar de donde provena el sonido. Rama vio al
monstruo moverse hacia l como una montaa que se tambalea o
como un enorme elefante listo para atacar. Sonri y le dijo a Laksh-
mana: Hermano, mira esa masa de fealdad! Puede un hombre
comn sobrevivir ante la vista de una persona tan diablica? Su
apariencia es horrible. Qu podremos decir de su fuerza? Pero es
una mujer, y mi mente no coopera conmigo cuando me decido a
matarla. Creo que ese monstruo morir si le corto las piernas y los
brazos. Quiz eso sea suficiente para destruirla.
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Thataki se aproximaba a Rama con enormes brazos para


atraparlo y devorarlo y llevrselo a las fauces como quien come
un pedazo de pastel. Ruga ferozmente infundiendo terror. Con
los ojos cerrados, Viswamitra estaba rezando para que los her-
manos no sufrieran dao en este combate. Thataki cada vez se
acercaba ms a Rama; sin embargo, ante l senta un extrao
presentimiento; una o dos veces intent acercarse a Rama pero
tuvo que retirarse rpidamente. Estaba furiosa y el polvo que le-
vant oscureci todo el cielo e hizo el aire sofocante. Rama,
Lakshmana y Viswamitra permanecieron en silencio y quietos du-
rante un momento. Pero como Thataki era una experta en el arte
del engao y la destruccin, cre una intensa lluvia de piedras.
Rama se dio cuenta entonces de que no podan permitirle seguir
viviendo, que no poda ser perdonada slo por el hecho de ser
mujer. As que levant su arco y dispar una flecha al cuerpo de
la invisible Thataki, pero sabiendo con exactitud su localizacin.
Ella se acercaba con rapidez. Sus dos brazos fueron cortados por
las flechas de Rama. Cay gritando en agona y dolor. Lakshma-
na cort sus miembros uno por uno, pero Thataki poda adoptar
cualquier forma a su antojo; abandonaba una forma y asuma otra
rpidamente y apareca renovada y con ms furia que antes. Fin-
ga estar muerta pero pronto se levantaba. Adopt una serie de
formas al mismo tiempo y empez de nuevo con su estratagema
de la lluvia de rocas. Exhibi todos sus malvados trucos uno por
uno. Por ms que tuvieron cuidado, Rama y Lakshmana sufrieron
algunas heridas. Viendo eso, Viswamitra se dio cuenta de que no
deba haber ms demora, que tenan que matarla inmediatamen-
te. Exclam: Rama, no dudes! Este no es momento para consi-
derar que es mujer y darle concesiones. No dar resultado qui-
tarle slo los miembros. En tanto tengan vida, estos Rakshasas
pueden adoptar cualquier forma. Mtenla!, pues cuando llegue la
tarde su poder aumentar. Despus de la puesta del sol, es im-
posible combatir a los Rakshasas. Debe ser destruida antes de
ese momento. Luego, Viswamitra pronunci algunos mantras sa-
grados de proteccin.
Rama puso su pensamiento en el poder de sus vertiginosas
flechas, las cuales lanz en direccin de donde emanaba el ruido
de la ogresa; as supo dnde estaba Thataki y dispar su saeta
con el propsito de enredar sus miembros e impedirle el menor
movimiento. Thataki dio un feroz alarido y sac su lengua para
aplastarlos con ella; Rama no esper ms y dispar una saeta fa-
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tal que le dio exactamente en el pecho, haciendo que cayera he-


rida de muerte.
Se hizo un hoyo en el lugar donde cay. Los rboles fueron
arrancados de la tierra cuando aquella gigantesca masa rodaba
en agona. Su ltimo estertor fue tan horrible y penetrante, que las
fieras huyeron despavoridas, corriendo sin orden ni concierto.
Cuando la terrible ogresa muri, Viswamitra llam a Rama y aca-
rici su pelo amorosamente, dicindole: Hijo, tuviste miedo?
No, no, cmo va a temer el salvador de todos los mundos? Es-
ta hazaa es la primera piedra de los cimientos que darn estabi-
lidad a la mansin. Ven, ests cansado. El sol tambin se ha
puesto. Haz la adoracin vespertina y descansa. Vengan conmi-
go. Los llev al ro y despus les dijo: Hijos, aqu pasaremos la
noche, al amanecer continuaremos hacia nuestra ermita. Luego
escucharon las historias que Viswamitra les cont, y el maestro
tambin les revel sus propias facultades y su latente majestuo-
sidad.
Al amanecer, el sabio hizo sus abluciones y se acerc a los
hermanos que an dorman. Con una sonrisa benevolente le di-
jo con suaves palabras: Rama, me siento orgulloso de tu valor.
Cuando estabas venciendo a la ogresa comprend que eres el
Absoluto. En verdad soy muy afortunado. Viswamitra derram
lgrimas de alegra. Tom sus msticas armas y todos los man-
tras que les daban forma y sustancia y, en un acto de dedica-
cin, se los entreg a Rama. No tengo ninguna autoridad para
empuar estas armas, de qu me pueden servir aunque las
tenga? T eres el maestro y quien esgrime todas las armas, las
cuales tambin se sentirn felices de estar contigo porque pue-
den cumplir con su destino si t las manejas. Recapacita en es-
to. Desde este momento todas las armas que yo haya utilizado,
sern tus instrumentos, disponibles en la misin para la cual has
venido, le dijo, rociando agua sagrada y pronunciando los man-
tras apropiados, indicando as la irrevocable entrega.
Le puso en las manos la Dandachakra, la Dharmachakra, la
Kalachakra, la Indrastra, la Vajrastra, la Trisula inspirada por
Shiva, la Brahmasirastra, la Aishkastra, y la ms poderosa y
destructiva de todas: la Brahmastra. Luego se sent en silencio
por un rato con los ojos cerrados; despus, se levant diciendo:
Y qu tengo que hacer yo con lo que ha quedado? Y le dio a
Rama otros dos poderosos mazos, el Modak y el Sikar. Dijo:
Cuando lleguemos a la ermita te dar otras armas: el Agni Astra,
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la Krauncha, la Narayana, la Vayu, todos ellos misiles, y otras. Hi-


jo, todas estas armas estn a tu entera disposicin, son asom-
brosamente poderosas, y le murmur en el odo la frmula con la
cual poda materializarlas, activarlas y dirigirlas hacia el blanco
con incalculable poder. Le pidi que recitara la frmula bajo su su-
pervisin. En poco tiempo, Rama pudo visualizar a las deidades
que presidan sobre cada una de las armas divinas y recibi ho-
menaje de ellas. Cada deidad se presentaba ante Rama y se pos-
traba ante l, cada una deca: Rama, soy tu sirviente a partir de
este momento. Prometo que cumplir tus rdenes. Luego desa-
parecieron, esperando sus requerimientos.
Rama estaba feliz; toc los pies del sabio diciendo: Maestro,
tu corazn es el tesoro de la renunciacin. T eres, me doy cuen-
ta, la encarnacin divina del desapego (thyaga) y de la conquista
de los sentidos. Porque, de qu otra manera podra alguien re-
nunciar y regalar tal coleccin de armas tan poderosas y ganadas
tan arduamente? Maestro, por favor, delitame aconsejndome la
manera en que puedo retirar las armas despus de que hayan
cumplido el trabajo ordenado. Me has enseado la frmula para
hacerlas funcionar, ahora deseo saber cmo puedo recuperarlas.
Viswamitra se sinti gozoso; dijo que fuerzas y armas como el
Sathyakirti, Drishta, Rabhasa, Pitrisomasa, Krisana, Virasya, You-
ganda, Vidhuta, Karaviraka, Jrimbhaka, eran recuperables a vo-
luntad por el arquero que las disparaba, al pronunciar ciertos
mantras. Entonces lo inici en dichas frmulas tambin, y confor-
me las iba pronunciando, las deidades que as fueron propicia-
das, aparecieron y se postraron ante su nuevo amo. Rama les di-
jo que deban estar listas cuando las llamara, pero que por el mo-
mento podan descansar.
Viswamitra propuso entonces continuar el viaje y los tres se
pusieron en marcha. Despus de una corta distancia entraron a
una regin de elevadas montaas; sus ojos se posaron en un en-
cantador jardn cuya fragancia les daba la bienvenida y refresca-
ba sus cuerpos y mentes. Los hermanos sintieron curiosidad por
saber quin era el dueo de ese maravilloso lugar y le pidieron al
sabio que les dijera. Hijos, sta es la regin sagrada que los dio-
ses eligen cuando vienen a la Tierra a practicar austeridades pa-
ra realizar sus deseos. El gran Kasyapa hizo su penitencia aqu y
logr su propsito. El lugar confiere victoria a todos los esfuerzos
sagrados. Por eso se le conoce como la Morada de los Logros.
Yo mismo he fijado mi residencia aqu con la intencin de cultivar
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mi dedicacin y entrega a la Divinidad. Esta ermita es el blanco


del ataque de los demonios que interfieren y ensucian cualquier
rito sagrado que se haga. Tienen que destruirlos cuando intenten
sus nefastos ataques. Y diciendo esto, Viswamitra entr a ese
refugio de paz. Puso su brazo cariosamente en el hombro de
Rama y dijo: Esta ermita es de ustedes a partir de hoy, como lo
fue ma hasta ahora. El venerable sabio derram lgrimas de
gratitud mientras pronunciaba estas palabras. Cuando se acer-
caban al santuario, los devotos se apresuraron a lavar los pies del
maestro y a ofrecer agua para abluciones a Rama y Lakshmana.
Esparcieron flores por todo el camino hacia la ermita y los
guiaron hasta la puerta. Les dieron frutas y bebidas dulces y fres-
cas. Les ofrecieron a Rama y Lakshmana que descansaran en una
cabaa que haban preparado para ellos. Los viajeros aceptaron la
hospitalidad y despus del descanso se lavaron pies y rostro y fue-
ron ante Viswamitra para recibir sus indicaciones. Con sus manos
unidas en seal de reverencia, le dijeron: Maestro, el sacrificio
que has deseado llevar a cabo, podra realizarse maana? Vis-
wamitra se sinti feliz ante esta peticin y respondi: S, todo es-
t listo! En esta ermita es as. No hay necesidad de esperar a que
los preparativos se hayan realizado. Siempre estamos listos. Har
el voto prescripto al amanecer.
Las noticias se esparcieron y cada uno llev a cabo su tarea
para reunir todo lo necesario en la realizacin de la ceremonia.
Amaneci. Viswamitra hizo el voto de iniciacin y el yajna (sacri-
ficio) empez. Skanda y Visakha hacan guardia a los dioses, y
los dos hermanos, Rama y Lakshmana, estaban preparados para
salir al encuentro de cualquiera que intentara interferir con la de-
bida secuencia del ritual. Como era impropio hablar, pues Viswa-
mitra estaba inmerso en la ceremonia, Rama gesticul a otros
participantes para saber cundo se poda esperar a la horda de
demonios y en qu direccin, pero no pudieron decir cundo ni
dnde, ya que los demonios no aparecen en un momento en par-
ticular, pueden caer sobre la ermita en cualquier momento.
Quin puede predecir el instante de su embestida? Los ascetas
hablaron con Rama acerca de los demonios; cada uno, de acuer-
do con su apreciacin, habl del carcter y hbitos de aqullos.
Rama estaba satisfecho por la cooperacin de los ascetas, y
decidi que lo ms prudente era permanecer vigilantes y prepara-
dos para combatir a las fuerzas demonacas que pretendan frus-
trar la ceremonia sagrada de los ermitaos. Puso sobre aviso a su
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hermano. Vigilaban los cuatro rincones cuidadosamente y presta-


ban atencin al menor sonido sospechoso. Reconociendo su va-
lenta y seriedad, los ascetas experimentaban enorme dicha y se
maravillaban porque, a pesar de que los prncipes estaban en una
edad muy tierna, tenan una hermosa complexin; apenas haban
cruzado el umbral de la traviesa niez.
Durante cinco das con sus noches, los hermanos vigilaron
ininterrumpidamente el fuego sacrificial y la ermita sin siquiera
pestaear ni tener un momento de descanso. El sexto da co-
menz con la misma rutina. Viswamitra estaba concentrado en el
ritual, inmerso en la exactitud de cada paso de la ceremonia. Los
sacerdotes oficiantes y los dems participantes estaban imbuidos
en la oblacin y en la recitacin de los himnos sagrados. De pron-
to fueron aturdidos por un terrible estruendo que provena del cie-
lo, como si el firmamento mismo explotara! Por todos lados se in-
cendiaba la plataforma sacrificial, arrasando la hierba kusa, platos
y copas, los recipientes sagrados que contenan objetos rituales,
la lea que deba ser ofrecida al sagrado fuego, las flores, el kum-
kum* y otras muchas cosas auspiciosas que haban sido reunidas
para la adoracin de los dioses. Las llamas brotaban de todas
partes.
El cielo se cubri de oscuras y atemorizantes nubes; el da lu-
minoso se torn como la boca de un lobo. Misteriosos vapores hu-
meantes envolvieron rpidamente el lugar donde se llevaba a ca-
bo el ritual. De la siniestra nube empez a llover sangre, y cuan-
do las gotas caan eran bienvenidas por las lenguas de fuego que
se elevaban para recibirlas. Rama y Lakshmana trataban de lo-
calizar a los demonios entre aquella espectral batahola de odio.
Rama, por su divina visin, saba dnde estaban los jefes de
ellos, Maricha y Subahu, y lanz su saeta Manasa en esa direc-
cin. La flecha dio en el corazn de Maricha y as puso fin a cual-
quier otra fechora de su parte. Despus dispar el Agni Astra, el
arma de fuego, la cual se aloj en el corazn de Subahu. Rama
comprendi que si los cuerpos caan en la regin sagrada, la er-
mita se contaminara, as que para evitar ese sucio contacto, las
flechas de Rama arrojaron los cuerpos a cientos de kilmetros en
el ocano. Maricha y Subahu chillaban y lanzaban gemidos en in-
soportable agona y se debatan desesperadamente entre las
olas; pero no moran. Los otros lderes de la horda huyeron ms

* Polvo rojo usado en rituales

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all del horizonte para salvar sus vidas. Lakshmana dijo que no
era aconsejable permitir que ningn demonio sobreviviera, no im-
portaba cun cobarde pareciera ser, ya que pronto regresaran a
cometer sus prcticas malvadas. De esta manera, anim a Rama
a matar a la horda completa. Los ermitaos que observaban las
acciones estaban excitados y llenos de admiracin, crean que los
hermanos en verdad eran Shiva mismo en su forma terrorfica.
Mentalmente se inclinaron en reverencia ante ellos, ya que los h-
roes eran muy jvenes para aceptar su homenaje.
El bosque se visti de luz y alegra en un momento. A pesar
de aquel estruendo, Viswamitra continuaba firme y sin suspender
su meditacin en las deidades ni la recitacin de los himnos sa-
grados que se entonaban para el ritual. No hizo ni el ms mnimo
movimiento ni del cuerpo ni de la mente, tal era la profundidad de
su concentracin. La ofrenda de despedida en el fuego sacrificial
se llev a cabo con correccin y agradecimiento. Despus, Vis-
wamitra lleg sonriente hasta donde se encontraban Rama y
Lakshmana. Oh merecedores de la fama, me han trado la vic-
toria. A travs de ustedes he podido realizar el deseo de mi vida.
El nombre de este recinto ha sido justificado, en verdad se ha
convertido en la Ermita de los Logros!, dijo. El sabio derramaba
lgrimas de alegra y acarici con cario a los muchachos; se di-
rigi hacia la ermita con sus manos en los hombros de Rama y
Lakshmana; ah comparti las ofrendas sagradas hechas en el
fuego sacrificial. Luego les pidi que tomaran un descanso. Aun-
que el logro del propsito por el que haban venido actuaba como
un tnico reparador tanto de sus cuerpos como de sus mentes,
sintieron que era impropio ignorar la orden del maestro y as, obe-
decindolo, se retiraron y durmieron profundamente por largo ra-
to. El maestro se fue a otra cabaa para asegurarse de que los
muchachos durmieran sin ser molestados; tambin dio instruccio-
nes a algunos hombres para que hicieran guardia con el propsi-
to de que nadie hiciera involuntariamente algn ruido que los pu-
diera despertar. Mientras los hermanos dorman, Viswamitra se
regocijaba por la exitosa conclusin del ritual y de la divina proe-
za de los muchachos. Mientras tanto, Rama y Lakshmana des-
pertaron y, despus de lavarse la cara, las manos y los pies, sa-
lieron de la cabaa y encontraron a los nios de las familias de los
ermitaos haciendo guardia para que su sueo no fuera pertur-
bado. Les informaron que el maestro estaba conversando con los
ascetas en otra cabaa. As, se dirigieron hacia all y se postra-
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ron a los pies del sabio. Luego se pararon y, uniendo las palmas
de las manos, dijeron: Gran maestro, si estos sirvientes tuyos tie-
nen que hacer algo ms, dilo por favor y con gusto lo cumplire-
mos. Ante esto, un asceta del grupo se puso de pie y se dirigi a
ellos as: Con la destruccin de los demonios todo lo que debe-
ra haberse hecho ya se cumpli. Qu otra cosa ms queda por
hacer? El anhelo de aos del maestro ha sido satisfecho. Nada
ms elevado es necesario. Ustedes dos son las formas de Shiva
y Shakti. Esa es la manera en que ustedes aparecen a nuestros
ojos; no son mortales comunes. Nuestra buena suerte es la que
nos ha dado la oportunidad de verlos. Nuestra gratitud no conoce
lmites. Despus de esto, los residentes de la ermita tocaron los
pies de Rama y Lakshmana.

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7. Ganando a Sita
Mientras tanto, un joven discpulo lleg con unas hojas de
palma escritas y las puso en manos de Viswamitra. El gran sabio
vio algunas y las pas a un asceta venerable que estaba sentado
a su lado y le pidi al anciano que leyera en voz alta para que to-
dos pudieran or.
Ley que el emperador Janaka de Mitila haba resuelto cele-
brar un yajna que expresara la ms elevada gloria de la Rectitud,
y que rogaba a Viswamitra le diera la dicha de su presencia con
sus discpulos. Cuando escucharon, todos exclamaron: Subham,
Subham (Que eso pueda ser cumplido). Viswamitra dijo: Hijos!
ahora que ya podemos caminar por el bosque libres del miedo a
los demonios, he decidido iniciar maana mismo el viaje hacia Mi-
tila con todos los residentes de esta ermita.
Al escuchar esto, Rama dijo: Maestro, en verdad es una
fuente de alegra. Y ya que no hay nada ms que quieras de no-
sotros, regresaremos a Ayodhya, si nos das tu permiso. Y Vis-
wamitra dijo: Yo le promet a Dasarata algunas otras cosas; ten-
go que mantener mi palabra, no es as? Le promet que sera yo
mismo quien los llevara de regreso, as que no pueden regresar
sin m. Un magnfico ritual se celebrar en la ciudad de Mitila. No
hay suficiente tiempo para llevarlos a Ayodhya y despus llegar a
Mitila el da en el que la ceremonia empieza. Si ustedes dos me
acompaan a Mitila, podrn presenciar el rito y seguir hacia
Ayodhya conmigo desde ah.
Al escuchar estas palabras que parecan no tener ni la mni-
ma incertidumbre, Rama tambin le contest decididamente, sin
sopesar pros y contras: Maestro, ya que mi voto principal es la
obediencia a mi padre, tengo que hacerte una splica. Viswami-
tra le dijo: Ven, dime cul es. Rama le contest: Mi padre me di-
jo que cuidramos del ritual de Viswamitra para que no hubiera
ningn sacrilegio, y que cuando el gran sabio estuviera feliz, re-

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gresramos con la victoria; no nos orden que asistiramos a nin-


gn otro rito. No debera recibir permiso de mi padre para ir ha-
cia Mitila?
Viswamitra respondi: Rama, Dasarata no slo afirm eso.
El dijo: Ve y obedece todo lo que el sabio te ordene hacer; no
dejes de cumplir sus rdenes ni en lo ms mnimo. A m me di-
jo: Maestro, debes responsabilizarte totalmente de mis hijos, t
mismo debes trarmelos de regreso. T escuchaste lo que l di-
jo cuando salimos de Ayodhya. As que sigue mis indicaciones
ahora; ven conmigo a Mitila, y desde ah iremos a Ayodhya, yo y
t y todos mis discpulos. Rama comprendi la verdad en ese
plan y movi la cabeza en seal de asentimiento. Haremos lo
que t desees, respondi.
Se dieron instrucciones para que todos estuvieran listos an-
tes del amanecer para el viaje a Mitila. Viswamitra se levant tem-
prano y llev a los muchachos al ro para sus abluciones. Se sen-
ta emocionado de poderles narrar las pruebas que los demonios
le hacan pasar cada vez que intentaba, en el pasado, llevar a ca-
bo un ritual; les cont cmo sus medidas para contraatacar falla-
ban, les expres su gratitud por la destruccin de los demonios,
la cual haba dado seguridad a la ermita y a las regiones circun-
dantes. Describi cmo ahora la gente estaba felizmente aliviada
del miedo y tena paz y dicha sin mcula.
El lugar era silencioso, tranquilo y reconfortante. Sentados en
la mullida arena, el sabio Viswamitra les contaba sobre las carac-
tersticas especiales y el significado del ritual que llevara a cabo
el emperador Janaka.
Durante su descripcin, se refiri a un arco precioso que Ja-
naka tena en su poder, un arco nico en potencia y que brillaba
con un raro esplendor; les dijo que no perdieran la oportunidad de
verlo. Ante esto, Rama pregunt cmo haba llegado el arco a
manos de Janaka, y Viswamitra contest: Escucha, hijo, hace
muchos aos, el emperador de Mitila, llamado Devarata, celebr
un gran ritual de una forma que ningn mortal hubiera osado rea-
lizar; un ritual que poda conferir enormes beneficios espirituales
y que satisfizo tanto a los dioses, que le obsequiaron ese divino
arco en seal de su aprecio.
Es el arco de Shiva. Janaka lo adora con los debidos ritos
diariamente. Ofrece flores y pasta de sndalo y ondea llama de al-
canfor e incienso en su honor; ofrece comida y frutas ante la divi-
na presencia del arco. El arco est tan cargado de divinidad que
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nadie puede sostenerlo ni templarlo, sea deidad, demonio, ngel


o espritu. Muchos prncipes que han intentado templarlo se han
sentido tristes por su fracaso. Rama, ustedes son dignos y podrn
examinarlo. Durante ese yajna, es muy probable que el arco est
expuesto y entonces podrn verlo; definitivamente, sta es una
buena oportunidad. Viswamitra continu describiendo el maravi-
lloso poder del arco. Lakshmana llev sus ojos en la direccin en
que se encontraba Mitila. Mientras tanto, Rama dijo con deleite:
Seguro, lo debemos ver. Maana iremos contigo. Viswamitra se
sinti feliz de escuchar aquello.
Cay la noche y se levantaron para regresar a la Ermita de
los Logros. Viswamitra llam a todos los residentes del recinto y
les orden que se prepararan para ir a Mitila tan pronto como
amaneciera. Algunos de ellos preguntaron entonces: Maestro,
cmo se va a continuar con los programas del ashram si no hay
quien se quede aqu? El sabio respondi: Si cada uno cumple
con sus obligaciones, dondequiera que est, se ser el progra-
ma del ashram. No hay ninguna rutina en especial para una er-
mita que no sean sus eremitas; ellos constituyen la ermita; aque-
llos que buscan apoyo (ashraya), constituyen el ashram, y sin los
ashritas (los que dependen), tampoco puede haber ashram.
Cuando los ashritas estn conmigo, por qu preocuparse por la
rutina del ashram? Asimismo, los discpulos son aquellos a quie-
nes se debe cuidar, aquellos que deben cumplir las disciplinas.
Ms an, ya que el lugar ahora est libre del miedo a los demo-
nios, nada malo le puede pasar al recinto. El Creador es nuestro
refugio (ashrayam), nuestro apoyo, y cuando de l dependemos,
l nos cuida. Viswamitra hablaba de una manera poco comn y
continu: Llvense consigo lo que necesitan para sus rituales
diarios as como los instrumentos y las vasijas que pertenecen al
ashram; no hay ninguna necesidad de dejar nada aqu.
Algunos novicios preguntaron: Maestro, cundo regresare-
mos? Si nos dices, podremos escoger lo que necesitaremos; pa-
ra qu cargarnos con ms de lo que es esencial?
Viswamitra contest: El tiempo no es sirviente del cuerpo, si-
no que el cuerpo es el sirviente del tiempo, por eso uno nunca
puede decir cundo. Regresar aqu? Lo ignoro. Cuando escu-
charon esto, los corazones de todos los residentes se conturba-
ron mucho. Se les cay al suelo la ropa, vasija o utensilios que te-
nan en las manos. No podan encontrar palabras para decir algo.
No alcanzaban a protestar ni se atrevan a cuestionar al maestro.
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As que recolectaron pasto kusa, madera sagrada para el fuego


sacrificial y vasijas y utensilios ceremoniales, lo ms que pudie-
ron. El significado de las palabras de Viswamitra era un misterio,
as que cada uno de ellos las interpret a su manera.
Al amanecer del da siguiente, todos estaban listos, y cuando
se cerraban y aseguraban las puertas, Viswamitra dijo: No cie-
rren las puertas! Djenlas abiertas, esto no es nuestro. Todos los
que vengan podrn entrar; esta ermita debe dar la bienvenida a
todo el que llegue, siempre. Hoy, el lazo entre nosotros y este re-
cinto se ha deshecho. Crezcan en alegra de ahora en adelante,
ustedes, dioses patrones de esta regin! He logrado el xito en mi
empresa; acepten mi ofrenda de amor a cambio: nunca ms se-
rn molestados por los demonios. Ahora pueden vivir en paz con
toda su progenie, prsperos y felices. Me voy de la Ermita de los
Logros. He resuelto vivir en los Himalayas, al norte del sagrado
Ganges. Y Viswamitra se postr en seal de respeto a las dei-
dades del bosque.
Despus inici su viaje con Rama, Lakshmana y los monjes
de la ermita. Los residentes del santuario comprendieron enton-
ces que su lugar era donde Viswamitra estaba, y no los bosques
y chozas donde haban vivido durante tanto tiempo. Sentan que
la regin del Himalaya era igualmente buena para ellos; as que
tambin ofrecieron su gratitud y reverencia a las deidades del
bosque y a las viviendas y comenzaron su camino siguiendo al
sabio.
Cuando tomaron rumbo al norte, vieron atrs de ellos si-
guiendo sus huellas a miles de venados, pavos reales, pjaros y
animales de la jungla corriendo con sus colas levantadas. Viswa-
mitra, volvindose hacia ellos, les dijo: Habitantes de la jungla!
Los lugares a donde me dirijo no van de acuerdo con su manera
de vivir ni con su seguridad. Este bosque es su lugar natural. No
se entristezcan por la separacin, no nos sigan; permanezcan
aqu. Dios les otorgar paz y alegra. Y se alej de ellos tambin,
reiniciando su viaje.
El recorrido de ese da los condujo hasta la ribera del Sona;
por fuerza tenan que pasar la noche en ese lugar. Se dieron un
bao en el ro y realizaron las abluciones de la tarde. Despus se
reunieron con el maestro, ansiosos de escuchar sus relatos. Rama
pregunt: Venerado Seor, esta regin parece ser rica y prspe-
ra, cmo se llama y cul es su historia?, me gustara conocerla.
Viswamitra respondi: Rama, Brahma tuvo un hijo de su voluntad;
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se llam Kusa, era un gran asceta, estricto en sus votos, hroe en


las aventuras espirituales, estudioso de la ciencia de la moral. Se
cas con la hija del noble gobernador Vidarba. Los dos vivan en
la conciencia y la prctica de los cuatro fines de la vida humana:
rectitud, prosperidad, afecto y liberacin. Tuvieron cuatro hijos
Kusamba, Kusanaba, Adhurtarajaka y Vasu, cada uno igual
que su padre en virtud y muy evolucionados en cuanto a rectitud,
integridad y otras excelencias de la casta de los guerreros. Kusa
dividi al mundo en cuatro partes y asign una a cada uno de ellos,
dicindoles: Hijos, gobiernen la parte que les he dado y progre-
sen. De ah en adelante, iniciaron sus nuevas tareas y cumplie-
ron la orden de su padre. Cada uno de ellos empez por construir
una capital para su reino. Kusamba construy Kausambi; Kusana-
ba, Mahodaya; Adhurtarajaka edific Dharmaranya, y Vasu, Giriv-
raja. Esta regin es parte del reino de Vasu; tenemos alrededor de
nosotros cinco montaas y, por lo tanto, esta ciudad se llama Gi-
rivraja (conjunto de montaas). Este ro, Sona, tambin es conoci-
do como Sumagadi, y por eso a esta regin se le llama Magada.
Aqu, el ro fluye de este a oeste como una guirnalda de jazmines
alrededor de los valles. El rey Vasu bendijo las tierras a ambos la-
dos de la corriente para que fueran siempre verdes y frtiles.
El segundo hijo, Kusanaba, era un pilar de la Rectitud. Tena
muchas hijas, pero ningn varn. Les ense el buen comporta-
miento de acuerdo con las leyes y reglas establecidas en las Es-
crituras. Enfatiz que la tolerancia era el regalo ms grande que
uno le puede ofrecer a otro, es el sacrificio que otorga los frutos
ms prolficos, la manera ms benfica de ser honesto y la raz de
todo pensamiento y accin rectos. Les ense esta leccin desde
que mamaban del pecho materno. Aos ms tarde se casaron to-
das ellas con el rey de Kampilya, llamado Brahmadata. Cuando to-
das se fueron a esa ciudad, su casa se qued vaca y desolada.
Ay! se quejaba el rey, este palacio que brillaba y re-
sonaba por el ingenio y las risas, hoy se ha vuelto silencioso y os-
curo. Las hijas, no importa cuntas tengas, se irn del hogar pa-
terno dejndolo melanclico y en la monotona. Si slo tuviera un
hijo, esta calamidad no me habra oprimido. As empez a surgir
su deseo de un hijo.
Justo entonces, su padre fue a visitarlo y le pregunt la ra-
zn por la cual se vea tan triste y lleno de preocupacin. Enton-
ces el hijo le habl de su ansiedad. Kusa lo reprendi por preo-
cuparse tanto por esa razn en particular y lo bendijo para que
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pronto tuviera un hijo. Y as se fue. Al hijo que naci lo llam


Gadhi, quien se convirti en un prncipe muy virtuoso; desde que
naci, en el linaje de Kusa se le conoci como Kousika.
Sus hermanas perdieron a su marido, y despus de un tiem-
po, como esposas respetuosas, se inmolaron y ganaron el cielo.
Nacieron en los Himalayas como ros sagrados, los cuales se
unieron para formar el famoso ro Kousiki. Kousika estaba muy
apegado a la mayor de las hermanas, Sathyavani, de manera que
fij su residencia en la ribera de ese ro, se estableci en la Ermi-
ta de los Logros y celebr el sagrado rito que haba resuelto lle-
var a cabo con rectitud ceremonial.
Rama, gracias a tu herosmo, el yajna que yo haba resuelto
celebrar ha llegado a su fin de manera exitosa. Ha dado su fruto
y mis votos se han cumplido.
Ante esto, los monjes que se haban reunido alrededor del sa-
bio exclamaron: Qu maravilloso! En verdad somos afortunados
de haber podido escuchar la historia de los venerables anteceso-
res de nuestro maestro. Qu gran fuente de dicha es esta histo-
ria! El linaje Kusa en verdad es sagrado. Los nacidos en esta di-
nasta son iguales a Brahma en santidad. Qu afortunados somos
de tener esta oportunidad de servir a la encarnacin visible de to-
do lo que este linaje representa: el sabio Viswamitra. Esta opor-
tunidad tiene que ser el fruto del mrito acumulado a travs de
muchas vidas en el pasado.
Viswamitra los interrumpi y dijo: No hubiera hablado de to-
do esto, pero la pregunta de Rama me empuj a darle la res-
puesta, de otra manera yo no habra dado detalles con respecto
a este cuerpo y sus antecedentes. Ya se hizo de noche, descan-
semos, la demora en irnos a dormir podra disminuir nuestro ren-
dimiento maana. Rama, mira, la luna est atisbando entre las ra-
mas de los rboles para verte. Manda sus frescos rayos para re-
frescar a la tierra que ha recibido durante una larga jornada los ar-
dientes rayos del sol. Esa noche, todos comentaron la historia de
los antepasados del maestro.
Se levantaron muy temprano y pronto estuvieron a tiempo pa-
ra continuar su viaje. Se acercaron a Viswamitra y se postraron a
sus pies. Luego se pararon a cada lado de l y esperaron sus ins-
trucciones. Rama dijo: Maestro, el ro Sona no es muy profundo
en este lugar. El agua es clara y podemos cruzarlo. No se nece-
sita bote. Viswamitra respondi: Hijo, t no conoces este lugar y
no sabes el lugar exacto por donde debemos cruzar. Yo ir pri-
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mero; t me seguirs. El sabio camin por el lecho del ro. Todos


tenan sus atados colgados de los hombros. Luego de cruzar, co-
mo iban a paso lento, hacia el medioda llegaron al ro Janavi.
El primer indicio que tuvieron del ro fue el ruido de las aves
de la ribera. Todos los corazones se deleitaron ante la belleza de
la escena. Se baaron en las puras y difanas aguas y, cons-
cientes de la sagrada historia del ro, ofrecieron oblaciones a los
dioses y a los ancestros. Prendieron el fuego sagrado en la ribe-
ra e hicieron los rituales de sacrificio prescriptos por los Shastras.
Luego recolectaron fruta de los rboles circundantes y despus
de saciar su hambre con ella, bebieron del agua nectarina del Ja-
navi para saciar su sed.
Rama y Lakshmana caminaron hacia el rbol bajo cuya som-
bra Viswamitra estaba reclinado y se sentaron a su lado, reve-
rencialmente. Rama pregunt: Maestro, por qu se dice que el
Ganges fluye como tres ros en los tres mundos? Cmo llega el
Ganges al ocano, el cual es el Seor de cada arroyo y ro en to-
do el mundo? Por favor, dmelo y ser feliz. Viswamitra respon-
di: Hijo, la cordillera de los Himalayas es la base de todo este
mundo: es el hogar para todos los animales y todas las plantas.
Himavan, deidad de esta cordillera, tiene dos hijas: Ganga y Uma;
Ganga es la mayor de las dos. Ambas eran adoradas por todos.
Los dioses pidieron que Ganga les fuera entregada para poder te-
ner prosperidad. As que Himavan les dio a Ganga, para recibir
sus bendiciones y beneficiar a los tres mundos.
La hija menor, Uma, entr en una vida de extremo ascetis-
mo. Se someti a una ardua disciplina espiritual, surgida de un
desapego supremo por todo lo mundano. Himavan quiso casarla,
pero a pesar de todos sus esfuerzos no lo pudo lograr. Finalmen-
te, persuadi a Rudra (Shiva) para que aceptara casarse con ella.
De esta manera ella tambin se volvi digna de la adoracin de
los tres mundos.
El Ganga que ven aqu es la Ganga que los dioses se lleva-
ron consigo y que ha venido a la Tierra y tiene tres niveles, uno
en el cielo, uno en la tierra y otro subterrneo.
El sabio Viswamitra segua su viaje hacia la ciudad de Mitila
con Rama y Lakshmana, as como algunos de sus discpulos, re-
galndoles, da y noche, pintorescas descripciones sobre su pro-
pia historia, de los acontecimientos histricos acaecidos en los lu-
gares por donde pasaban, as como los anales de las diferentes di-
nastas que gobernaban las regiones por las que cruzaban.
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Esa tarde, cuando estaba sentado haciendo sus abluciones


rituales, Rama le record que quera saber el origen de aquel ro
sagrado. Viswamitra respondi: Ramachandra! Tus ancestros
son responsables de que Ganga viniera a la Tierra. Como resul-
tado de sus buenas acciones, las personas que habitan la Tierra
se santifican cuando se baan en las aguas sagradas y llevan a
cabo ritos ceremoniales y abluciones tanto al amanecer como al
atardecer. El Ganges es el ro supremo de pureza divina. Sus
aguas nectarinas pueden conferir inmortalidad. La primognita
Ganga habitaba en los cabellos de Shiva, y por esa razn es es-
pecialmente auspiciosa. Otorga todo lo que es benfico. Al or a
Viswamitra elogiar al ro en tales trminos, Rama dijo: Cmo
fue que mis ancestros pudieron traer a la Tierra un ro con atribu-
tos tan sorprendentes de poder y pureza? Si nos puedes descri-
bir la historia nos dara una gran alegra.
Cuando Viswamitra escuch esa peticin hecha con tanta hu-
mildad, dijo: Escucha. Hace mucho tiempo Ayodhya fue gober-
nada por un emperador llamado Sagara, un monarca justo y va-
liente. Fascinado por sus cualidades, tanto de mente como de co-
razn, el rey de Vidarba le dio en matrimonio a su bienamada hi-
ja Kesini. Ella tambin era una estricta seguidora del camino del
dharma; nunca se alejaba de la senda de la verdad.
Sin embargo, y a pesar de que haban pasado muchos aos,
no fueron bendecidos con progenie. Por eso Sagara se cas con
la encantadora hija de Arishtanemi, llamada Sumati; la tom co-
mo segunda esposa, de acuerdo con Kesini. Pero ella tambin re-
sult estril, as que el rey decidi pasar el resto de su vida en as-
cetismo. Se fue a la orilla de un ro donde el sabio Brigu tena su
ermita. Con sus dos esposas, vivi en la ms severa disciplina de
los anacoretas.
As pas mucho tiempo. Un da, al romper el alba, el sabio
Brigu, firme defensor de la verdad, apareci ante l y dijo: Oh
rey, deja de atormentar tu cuerpo. T ganars renombre en este
mundo: muy pronto sers bendecido con la dicha de un hijo. Tan
pronto como escuch estas palabras de compasin y gracia, Sa-
gara abri los ojos y vio al santo delante de l. Inmediatamente se
postr a sus pies y dijo a sus esposas que hicieran lo mismo y le
rog que las bendijera.
La reina mayor, Kesini, inclin su cabeza y se postr a sus
pies, pronunciando un himno de adoracin. Brigu le pregunt:
Madre, deseas un solo hijo para que la continuidad de tu des-
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cendencia no se rompa, o deseas un nmero mayor de hijos que


estn dotados con enorme fuerza fsica y sean famosos? Ella
respondi que con un solo hijo sera suficiente y rog que su de-
seo le fuera concedido. Brigu acept su peticin y la bendijo.
Cuando Sumati, la segunda esposa, se postr ante l, le hi-
zo la misma pregunta. Ella dese muchos hijos fuertes y valien-
tes, y el sabio le otorg el deseo y la bendijo para que se cum-
pliera.
Feliz por las bendiciones del sabio, Sagara regres a su ciu-
dad, acompaado de sus esposas. Grabaron en su mente las
bendiciones que haban recibido y pasaron el tiempo confiada-
mente. En pocos meses, ambas reinas concibieron y esperaron el
feliz momento. Cuando los nueve meses pasaron, Kesini dio a luz
un hijo y Sumati a muchos.
Conforme pasaban los das, los hijos empezaron a jugar con
otros nios de la misma edad y ms tarde salan del palacio en
busca de compaeros y nuevos juegos. El hijo de Kesini, Aswa-
manja, los llevaba a la orilla del ro Sarayu, pero se deleitaba em-
pujando a los nios al ro y rea gozoso cuando se ahogaban.
Pronto se gan una terrible reputacin de asesino.
Cuando llegaron a la adolescencia, Sagara seleccion a las
novias para cada uno de ellos y se celebraron las bodas. Pero co-
mo Aswamanja continuaba con sus crmenes, los habitantes de
Ayodhya tenan el corazn apesadumbrado por esa incorregible
maldad. Un da se acercaron a Sagara y entre lamentaciones le
hablaron sobre las atrocidades de su hijo mayor. Entonces el rey
orden que Aswamanja dejara la ciudad inmediatamente, exiliado
a la selva. Aswamanja tena un hijo, y tuvo que dejar a su esposa
y a su nio al cuidado de sus padres.
Los aos pasaron, y Amsumanta, el hijo de Aswamanja, cre-
ci y gan fama en todo el mundo por amoroso, virtuoso y valien-
te. Una vez, Sagara decidi llevar a cabo el gran sacrificio del ca-
ballo, y fij una fecha favorable para iniciar el rito.... Cuando Vis-
wamitra estaba en este punto de la narracin, Rama le pregunt:
Maestro, el sacrificio del caballo se llev a cabo en Ayodhya o
escogi alguna ribera sagrada? Viswamitra sonri y contest:
Rama, me doy cuenta de qu atento ests a lo referente a los sa-
crificios y cun respetuosa es tu actitud hacia los sabios. Los des-
cribir en detalle como deseas. Escucha: hay una cordillera sa-
grada frente a los Himalayas llamada Vindya. La regin en medio
de estas dos cordilleras es famosa por todos los rituales y sacrifi-
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cios que se llevan a cabo. As pues, el sacrificio del caballo se hi-


zo en esa regin. Asistieron expertos en la recitacin de himnos
vdicos, y en el eco de las montaas se escuchaba una y otra vez
la fuerte y correcta diccin de las frmulas rituales prescriptas. Mi-
les observaban con gran alegra aquella ceremonia sin igual. Se
condujo a un caballo bellamente enjaezado y se le ador; luego
se le dej que fuera adonde quisiera. Para poder librar de cual-
quier obstculo a su libre movimiento (lo cual significara, en
quien se opusiera, la ambicin de ser libre de la dominacin de su
soberano Sagara), Amsumanta sigui al caballo con un ejrcito
muy bien armado para poder enfrentarse a cualquier situacin.
Luego de recorrer el reino, nadie se haba opuesto a su paso, as
que el caballo fue conducido de regreso. Sin embargo, en el mo-
mento preciso en que el sacrificio se tena que realizar en el esti-
lo vdico ortodoxo, el caballo no apareca por ninguna parte. A es-
te respecto, se cree que la prdida del animal y no poder encon-
trarlo en el momento auspicioso trae malas consecuencias a los
organizadores del ritual. As que Sagara se senta muy contraria-
do, y mand a los numerosos hijos de su segunda esposa, bien
armados, a buscar el caballo y traerlo de nuevo al altar donde se
llevaba a cabo el ritual. Pidieron ayuda de los dioses y hasta de
los demonios y buscaron en todas partes, incluso hasta escar-
baron, no fuera a ser que el caballo hubiera sido escondido bajo
tierra por sus captores. No obstante su esfuerzo, tuvieron que re-
gresar y hablar del fracaso de su misin.
Sagara se enfureci. De qu sirven tantos hijos si slo sa-
ben decir que no pueden hacer nada? Por qu se paran frente a
m con esas caras? Vayan y no regresen hasta que hayan recu-
perado el caballo.
Los hijos reaccionaron al escuchar estas iracundas palabras,
y regresaron determinados a no dejar ni un rincn sin examinar.
Montaas, lomas, lagos, ros, cuevas, ciudades y pueblos, bos-
ques y desiertos... para qu alargar la lista; buscaron cuidadosa-
mente en cada prado, en cada metro de tierra. Durante su bs-
queda encontraron a un ermitao profundamente inmerso en me-
ditacin, y el caballo estaba ah, pastando con toda calma.
Al verlo, sintieron mucha alegra, pero tambin ira cuando
sus miradas cayeron en el ermitao. Oscilaban entre estas emo-
ciones conflictivas. Su razn fall; sus corazones se endurecie-
ron. Le gritaron al ermitao: Bruto, villano, has robado nuestro
caballo y lo escondiste aqu! Lentamente el sabio Kapila abri
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los ojos y mir a su alrededor. Los hijos de Sagara le arrojaron


piedras, e incluso queran golpearlo.
Como Kapila vio que las palabras y las explicaciones eran in-
tiles contra aquellos rufianes, decidi tratarlos de otra manera, as
que, con slo posar su mirada en ellos, los convirti en cenizas.
Mientras tanto Sagara estaba enormemente preocupado por
la inusitada demora. No poda dejar la ceremonia a medias, pero
cmo poda llevarla a buen trmino? Al ver su preocupacin, su
nieto Amsumanta se postr a sus pies y se ofreci a buscar al ca-
ballo y a sus tos y traer noticias. Sagara lo bendijo y lo mand a
cumplir esa tarea.
Amsumanta se dedic a buscarlos, noche y da, hasta que lo
logr. Vio seales de que sus tos haban sido convertidos en un
montn de cenizas. Estaba ansioso de llevar a cabo las ceremo-
nias funerarias para aquellas almas, pero no encontr pozo, es-
tanque o arroyo, lo que era importante para depositar las ofren-
das del funeral. Lleno de pena, sigui buscando. Entonces, un an-
ciano se cruz por su camino y le dijo: No permitas que te ven-
za la tristeza, querido nio! Tus tos fueron convertidos en cenizas
por el sabio Kapila, por el bien del mundo. Por eso no te conten-
tes con ofrecer tus rituales con aguas mundanas. Consigue agua
sagrada del celestial Ganges. Trae el Ganges a la tierra para que
las aguas sagradas corran por las cenizas. As, esas almas ha-
brn sido salvadas. Pero primero llvate el caballo para que el sa-
crificio concluya gloriosamente. Despus podrs pensar en algu-
na manera para traer el sagrado Ganges a la tierra. Amsuman-
ta se postr a los pies del ermitao y se apresur a llegar con su
abuelo, que an mantena el ritual en espera del animal consa-
grado.
Sagara lo esperaba con tal ansiedad que no haba podido
dormir, as que cuando llevaron el caballo, l y los sacerdotes v-
dicos estaban muy contentos. Amsumanta crey que no sera
adecuado avisar en ese momento que sus tos haban fallecido
por la maldicin de un sabio. As que dej que llegara a trmino
el ritual, y que se repartieran los regalos a los sacerdotes e invi-
tados.
Despus que todo hubo terminado, Amsumanta hizo un re-
lato detallado de lo que haba sucedido a sus tos, y anim a su
abuelo a que trajera el sagrado ro Ganges a la tierra donde des-
cansaban las cenizas, y a Sagara le pareci acertada la sugeren-
cia. Se someti a muchas disciplinas ascticas, ceremonias y ri-
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tuales que, de acuerdo con el consejo de los mayores, induciran


al Ganges a concederle la gracia que l peda, pero no tuvo xi-
to. Da a da su salud se debilitaba por la pena, por la prdida de
sus hijos y por no haber podido asegurarles un brillante futuro.
Por ltimo, este hombre decepcionado se deshizo de su cuerpo.
Rama, entonces los ministros coronaron a Amsumanta lue-
go de haber consultado la voluntad del pueblo. El rey gobern im-
pecablemente porque su moralidad y espiritualidad eran muy fir-
mes. Cuidaba a la gente como si fueran nios nacidos de su pro-
pia progenie. Cuando envejeci, le cedi el trono a su hijo Dilipa,
y se retir a los Himalayas para llevar a cabo las disciplinas as-
cticas que l mismo quera imponerse. Su propsito no slo era
la autorrealizacin; quera traer el ro Ganges por el bien y salva-
cin de sus tos fallecidos. Sin embargo, tuvo que dejar su cuer-
po sin haber podido cumplir su deseo.
Dilipa tambin tena el mismo anhelo, ya que saba cun in-
tensamente su padre y su abuelo haban ansiado aquella consu-
macin: lograr traer el Ganges a la tierra. As que lo intent por
distintos medios. Hizo muchos yajnas difciles siguiendo el con-
sejo de los sabios. El dolor de no poder cumplir con el ideal de la
familia lo invadi y se volvi un enfermo crnico. Al ver que su
fuerza fsica y mental se debilitaba, puso a su hijo Bhagirata en el
trono y le confi la misin que l no haba podido cumplir. Poco
despus, Dilipa tambin falleci.
Bhagirata, que brillaba por su resplandor espiritual, prometi
lograr la labor que le haba encargado su padre. Aunque gobern
satisfactoriamente, estaba triste por no tener un hijo que conti-
nuara su linaje. Esto, junto con la tarea suprema de traer el ro
Ganges, lo forz a entregar el gobierno a sus ministros y retirarse
en silencio al famoso Gokarnakshetra, donde se qued practican-
do severas austeridades, como soportar el calor del sol y comer
slo una vez al mes. Por fin, apreciando su austeridad, Dios se
compadeci de l: Hijo. Pide cualquier gracia y te la otorgar.
Bhagirata tuvo la visin del Uno con el brillo de mil soles. Se
postr sobrecogido de gratitud y devocin: Seor!, haz que el
Ganges celestial venga a la tierra, para que mis bisabuelos pue-
dan salvarse de la perdicin y puedan regresar al Cielo. Favor-
ceme tambin con hijos para que la dinasta Ikshvaku no se ex-
tinga conmigo como su ltimo representante. Que mi linaje pueda
continuar y florecer. Se aferr a los pies del Seor haciendo su
splica.
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El Seor respondi: Hijo, el primero de tus deseos es muy


difcil de cumplir, sin embargo, lo har. En cuanto a lo de tu des-
cendencia, s, tendrs un hijo y tu dinasta continuar y florece-
r. Levntate! Bhagirata se puso de pie y el Seor continu:
Bhagirata, el Ganges es muy caudaloso y rpido, as que cuan-
do caiga del cielo, la tierra no va a poder soportar su impacto.
Por tal razn, y como gobernador de esta tierra, tienes que re-
flexionar sobre el problema y encontrar los medios con los cua-
les se pueda evitar ese desastre. Cuando el Ganges descienda
a la tierra, el efecto ser terrible, por eso se debe hacer que el
ro caiga primero sobre la cabeza de Shiva; de ah, las aguas se
pueden llevar a la tierra sin que su impacto sea tan tremendo.
Esta es la mejor manera para evitar daar a los habitantes de la
tierra. Considralo muy bien. Y despus de hablar as, el Se-
or se fue.
Desde ese momento Bhagirata empez a practicar sus aus-
teridades para propiciar a Shiva y, por ltimo, logr ganar su fa-
vor y su consentimiento para recibir al Ganges directamente so-
bre su cabeza cuando descendiera del cielo. Y as fue como el
gran ro cay sobre Shiva y luego fluy desde su cabeza hasta la
tierra, en siete ramales distintos: Hladini, Nalini y Pavani, que co-
rrieron hacia el este; Subhikshu, Sita y Sindu fluyeron hacia el
oeste, y el sptimo sigui los pasos de Bhagirata, es decir, hacia
los montculos de cenizas de sus bisabuelos, quienes esperaban
ser rescatados del infierno.
El ro fluy por la ruta que Bhagirata tom, y a lo largo del ca-
mino los hombres se beneficiaban del ro sagrado purificndose
en l; fueron liberados de los efectos de sus pecados por la in-
fluencia purificadora del Ganges celestial. Los bisabuelos tambin
se redimieron gracias a los ritos fnebres que se realizaron en la
ribera de la tres veces sagrada corriente.
Ya que Bhagirata trajo el Ganges a la tierra, el ro recibi el
nombre de Bhagirati. Despus que las ceremonias de los antepa-
sados terminaron, Bhagirata regres a Ayodhya, feliz de haber
podido cumplir, con la gracia divina, los ms vehementes deseos
de su padre y de su abuelo. Gobern el imperio por muchos aos
recibiendo el homenaje espontneo de sus contentos sbditos.
Por ltimo, l tambin abandon su cuerpo.
Cuando Viswamitra relat la historia de sus antepasados, Ra-
ma y Lakshmana quedaron maravillados. Pero el sabio dijo que
ya era medianoche y que todos deban ir a dormir, as que se pos-
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traron ante su preceptor y se acostaron sobre las mullidas arenas


de la ribera. Sin embargo, Rama y Lakshmana no podan dormir,
se recostaron slo por obedecer a su maestro, no porque necesi-
taran descansar. Se acostaron imaginando la maravillosa historia
del Ganges descendiendo del cielo, hasta que se dieron cuenta
de que haba amanecido. Entonces hicieron las abluciones y ri-
tuales matutinos en el ro y se prepararon para el viaje que toda-
va tenan por delante. Tan pronto como unos discpulos les avi-
saron que la embarcacin estaba lista, todos se dirigieron a ella,
tomaron sus lugares y cruzaron el ro sagrado. Llegaron a la ribe-
ra norte y empezaron la siguiente etapa de su viaje, admirando el
escenario selvtico por el que pasaban.
Luego avistaron una ciudad llena de preciosos edificios. Ra-
ma se dirigi a Viswamitra preguntndole: Maestro, desde esta
hermosa colina estamos viendo una gran ciudad. A qu reino
pertenece? El sabio le contest: Rama, parece que estuviera
cerca, pero de hecho nos va a tomar bastante tiempo llegar all.
Tal vez sea por la tarde. Te contar la historia del origen y fortu-
na de esa ciudad cuando estemos llegando a ella. Mientras tanto,
continuemos. Rama escuch las palabras del sabio con una son-
risa en los labios; entendi el significado de esta orden y camin
sin decir nada.
Cuando descendieron al valle, no encontraban ninguna seal
de la ciudad ni casas; no obstante, desde arriba pareca que la
ciudad estaba muy cerca. Caminando, hallaron que aunque ya
atardeca, no podan llegar a la ciudad an. Tal como Viswamitra
haba dicho, la ciudad se encontraba muy lejos. Al caer la noche
se detuvieron y, despus de un bao, hicieron los rituales como
indican los Shastras. Mientras descansaban, Rama volvi a hacer
la pregunta. Maestro, nos podras contar acerca de la ciudad?,
y Viswamitra dijo: Rama, yo tambin estaba pensando en eso
ahora mismo. Aunque me doy cuenta de que t sabes cmo fun-
cionan todas las mentes; aun as el velo de maya (la apariencia
de realidad) esconde el hecho y precipita al hombre por caminos
equivocados. No todos pueden ser los amos de su mente. Cuan-
do personas como yo encontramos que es imposible mantenerla
bajo control, qu podra decir del hombre ordinario? En el mis-
mo momento en que me vino a la mente el pensamiento de que
te habas olvidado de preguntar acerca de la historia de la ciudad,
t me preguntaste! No necesito ninguna prueba ms que indique
que t eres el que todo lo sabe.
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Rama! En el principio de los tiempos, Kasyapa tuvo dos es-


posas, Aditi y Diti. Los hijos de Diti eran famosos por su fuerza f-
sica, y los de Aditi por su grandeza moral. Cada da que pasaba
crecan en fortaleza. Los padres se sentan felices por ello, ob-
servndolos crecer rpido y fuertes.
Un da, los hijos de ambas se reunieron para discutir la for-
ma de evitar la vejez, y finalmente llegaron a la conclusin de que
el nctar (amrita) que se obtiene de batir el ocano de leche, cu-
rara las enfermedades, el envejecimiento y la muerte. Por lo tan-
to, pronto se pusieron en marcha para realizar esa tarea. La mon-
taa Mandara fue arrancada y echada en el ocano para que sir-
viera como vara en el batido. La serpiente Vasuki fue escogida
como cuerda para amarrarla alrededor de la montaa con el fin de
moverla con rapidez. Cuando llevaban un buen rato batiendo, la
serpiente Vasuki empez a vomitar su veneno. Estaba enfurecida
debido al dolor que le causaban los colmillos al chocar con las ro-
cas del pico de la montaa. Las fumarolas venenosas rugan co-
mo grandes llamaradas.
Al ver esto, los hijos de Diti y Aditi estaban mortalmente
asustados, crean que se quemaran hasta quedar convertidos en
cenizas en aquel holocausto. Le imploraron al Seor para que los
socorriera. Cuando Vishnu apareci ante ellos, los hijos de Diti
clamaron patticamente: Seor, slvanos! Acaba con este ate-
rrador desastre! El Seor se convirti en Shiva y dijo: Queridos
mos, yo soy el mayor de los dioses, y por lo tanto, soy digno de
recibir el primer fruto de este batido. Luego bebi sin demora el
veneno que les estaba causando pnico.
Despus, los hijos de Diti y Aditi continuaron batiendo el oca-
no. Otra calamidad los amenaz entonces: la montaa Mandara
empez a hundirse, y le rogaron nuevamente al Seor Vishnu,
quien reapareci y dijo: Queridos nios, no se asusten. El Se-
or entonces tom la forma de tortuga y ponindose bajo la mon-
taa, la elev en su caparazn y la mantuvo a salvo hasta que el
batido termin. Los hijos de Kasyapa estaban muy agradecidos y
felices. Alabaron al Seor profusamente.
Del ocano de leche emergi un dios con un bculo y una va-
sija con agua en sus manos. Su nombre era Dhanvantari. Cuando
los hijos de Diti y Aditi lo estaban viendo, brot del ocano una
sustancia dulce y espesa (rasa) de la cual se form una bola que,
a su vez, pronto se derriti y disolvi; de ella surgi un grupo de
doncellas, a las que, debido a que nacieron del rasa, se les cono-
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ce como Apsaras. Ellas trataron de muchas maneras de persuadir


a los hijos de Diti y Aditi a que se casaran con ellas; rogaron y ro-
garon, pero todos sus esfuerzos fueron en vano; por eso vivieron
solteras, libres y veleidosas. Luego, de las olas surgi Varuni, la hi-
ja del dios del agua; ella tena un cliz lleno de licor. Los hijos de
Diti lo rechazaron, pero los hijos de Aditi s lo bebieron. Aquellos
que rehusaron el licor (sura) se conocen como asuras (demonios),
y aquellos que lo aceptaron, como suras (dioses).
Por ltimo, de ese ocano de leche surgi el ansiado nctar.
Quines deban beberlo? Aqu surgi una controversia entre los
hijos de Diti y los de Aditi. En la terrible batalla que sigui, los hi-
jos de Aditi empezaron a destruir a los hijos de Diti. Pareca que
esta batalla sera una lucha de extincin total. La tierra temblaba
cuando chocaban las armas. El miedo y la ansiedad esparcieron
sus oscuras nubes sobre el mundo. De pronto, Vishnu apareci
ante los combatientes en la forma de subyugante y encantadora
mujer, quien cautiv los corazones de todos y alej sus mentes
del combate en el cual se haban enfrascado. Encant a todos,
pero durante su aparicin el preciado nctar desapareci.
Todos los hijos de Diti haban muerto. La pena de la madre
era inconsolable. Kasyapa no poda volverla a la normalidad. Fa-
llaban sus intentos por ensearle lo efmero de las cosas. Se la-
mentaba y gema como si el fin del mundo hubiera llegado.
Finalmente Diti se tranquiliz; se acerc a Kasyapa y, tra-
tando de ocultar su dolor, dijo: Seor, es esto justo? Las dos
tuvimos hijos tuyos. Ahora me he quedado sin hijos. Debo la-
mentarme para siempre? Ni siquiera uno de mis hijos est vivo.
Mejor que tener muchos hijos de corta vida, es preferible tener
uno pero que viva muchos aos, no es as?, y se solt lloran-
do. Kasyapa entonces la consol y le dijo que hiciera austerida-
des con el fin de propiciar a los dioses, para que con la gracia de
ellos tuviera un hijo que pudiera vivir muchos aos. Le aconsej
que olvidara su pena, pues eso impedira que se cumpliera su de-
seo. Animada por l y teniendo sus bendiciones, se fue inmedia-
tamente y empez sus austeridades con el propsito de recibir la
gracia de los dioses, la que le permitiera tener un hijo que fuera
capaz de vencer al dios de los dioses, a Indra mismo!
Kasyapa le dijo: La austeridad no es una disciplina fcil.
Uno debe mantenerse puro hasta el final; debe llevar a cabo ayu-
nos y cumplir sus votos sin infringirlos en lo ms mnimo; slo en-
tonces los dioses estarn complacidos y te otorgarn su gracia.
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Diti lleg a la regin conocida como Kusaplava y empez un


riguroso ascetismo. Sabiendo a lo que estaba resuelta, Indra qui-
so probarla y lleg a ella disfrazado como su ayudante. El ruego
de Diti fue escuchado; se embaraz por medio de la gracia Divi-
na. Pasaron los das y los meses; Indra estaba a su lado, como
su ayudante. En una ocasin, durante las horas calientes del me-
dioda, vencida por el sueo, se acost con el pelo suelto, con la
cabeza a los pies de la cama. Esto iba en contra de las reglas es-
trictas de la pureza ceremonial que deba guardar con tenacidad.
De esta manera, Indra tuvo su oportunidad; not que la postura
era indebida y contraria a los mandamientos sstricos, de mane-
ra que la castig fragmentando el feto en su vientre. Los frag-
mentos empezaron a llorar dentro del seno porque sus miembros
y segmentos se haban roto; su asistente, Indra, les habl sua-
vemente: Maa ruda! (no lloren). Diti tuvo intensas hemorragias,
se lamentaba de su destino y llor desconsoladamente.
Indra se puso enfrente de ella con las palmas unidas y dijo:
Madre, perdname, pero actuaste en contra de las reglas de la
pureza y rompiste tu voto. Tu pelo estaba suelto y tu cabeza en el
lugar donde se ponen los pies. Al dormir as, faltaste a tus auste-
ridades; cuando tu enemigo, que est esperando una oportunidad
para frustrar tu fortuna, la tiene, se quedar callado? Soy Indra
que he tomado esta forma. T orabas por un hijo que pudiera ma-
tarme, no es as? El feto en tu vientre sera quien me iba a des-
truir, as que aprovech la oportunidad para anular a mi enemigo,
incluso no lo destru con acciones condenables. T sabas que
era esencial que siguieras estrictamente el voto para que tu plan
tuviera xito; debas haberte asegurado de no violar el cdigo. El
feto ha sido cortado en siete fragmentos y les he dicho: Maa ru-
da. As que nacern como los siete marutas divinos (dioses del ai-
re); te confiero esta gracia. Indra habl as y regres al cielo.
Rama, ste es el lugar donde Indra y Diti mantuvieron ese
dilogo y ese compromiso. Aqu Ikshvaku tuvo un hijo de Alamba
Devi, que se llam Visala. En su honor este reino lleva su nombre.
Visala tuvo a Hemachandra el poderoso, un gran filsofo, quien a
su vez tuvo a Subadra, y ste a Dhumraswa, y su hijo se llam
Srinjaya, y el hijo de Srinjaya fue Sahadeva. Sahadeva lleg a ser
muy rico; era un fuerte pilar de la rectitud y la moral y fue un va-
leroso gobernante del reino durante un perodo muy largo. Su hi-
jo Somadata tuvo a Kakusta, y Sumati fue hijo de este heroico
monarca; asimismo, l tambin es un gobernante virtuoso y rec-
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to; en pureza y santidad es igual a los dioses. Rama! hoy entra-


remos en la ciudad de Visala y dormiremos ah; maana llegare-
mos a la ciudad del emperador Janaka. Cuando escucharon es-
to, todos se sintieron felices. Las noticias de la llegada de Viswa-
mitra le fueron comunicadas a Sumati por los mensajeros, y l se
apresur a recibirlo con cortesanos, ministros, eruditos y sacer-
dotes, rogndole que entrara a la ciudad y santificara el palacio
con su visita.
Viswamitra estaba complacido con su humildad y reverencia.
Dulcemente pregunt por su salud y bienestar, as como por su
reino. Mantuvieron una conversacin durante un rato acerca de
los asuntos del reino y de la dinasta, cuando los ojos de Sumati
se posaron en los hermanos Rama y Lakshmana. Estaba tan fas-
cinado por su encanto y dignidad, que pregunt a Viswamitra
quines eran esos cachorros de len; Viswamitra le contest:
Sumati, sa es una larga historia que ahora no tengo tiempo de
contarte. Te hablar de ella cuando lleguemos. Entonces Suma-
ti gui hacia la ciudad a todos los monjes y ascetas, as como a
Rama y Lakshmana. Viswamitra camin y platic con Sumati du-
rante todo el trayecto asuntos relacionados con el reino. Al llegar
a las puertas de la ciudad, se alcanzaba a or msica y vocero.
Los sacerdotes recitaron himnos de las Escrituras, de bienvenida
y buenos deseos.
Despus de la fiesta de recepcin organizada por el rey de Vi-
sala, Viswamitra describi a la concurrencia realeza, sacerdo-
tes y eruditos su propio santuario, la Ermita de los Logros, y el
ritual que haba celebrado, as como la heroica manera en que
Rama y Lakshmana haban defendido los recintos del sacrificio
de los terribles demonios. Todos aquellos que oyeron hablar de la
habilidad y el valor de los prncipes se maravillaron. Los vieron
con admiracin, y sintieron que Nara y Narayana haban vuelto a
venir. Se postraron ante ellos, inundados por un sentimiento de
reverencia.
Como ya era tarde, Rama y Lakshmana se postraron a los pies
de Viswamitra y, con su permiso, se fueron a las habitaciones que
les haban asignado. Se levantaron antes del amanecer, hicieron
sus abluciones y ritos matutinos y fueron con su preceptor, a buen
tiempo para proseguir la siguiente etapa de su viaje. Expresaron su
agradecimiento al rey Sumati, y continuaron hacia Mitila.
Sumati los acompa un trecho y despus se despidi del sa-
bio y de los dems. Viswamitra camin con sus discpulos y los
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prncipes. Hacia el medioda, llegaron a una inmensa campia, la


cual haba albergado un enorme nmero de ermitas muchos aos
atrs, de las cuales slo quedaban ruinas. Uno poda ver altares
que alguna vez haban recibido amoroso cuidado, as como luga-
res donde el fuego sagrado haba sido alimentado. Rama not
que era un lugar santificado por ascetas y sabios, y a Viswamitra
le llam la atencin lo acertado de sus conjeturas. Viswamitra
sonri y dijo: Rama, has observado correctamente. Estoy muy
contento. Te dir por qu se fue el gran personaje que habitaba
en este lugar. Escucha: Hasta los dioses aclamaban este recinto
sagrado. Esta es la ermita de Gautama Maharshi. Durante mu-
chos aos, l habit aqu con su esposa Ahalya. Con gusto pa-
saba por las ms severas austeridades y los ritos ms complejos.
Esta campia resplandeca con grandeza espiritual, brillaba y es-
taba llena de paz y dicha. Cada da era una jornada sagrada pa-
ra las personas que aqu habitaban. Ahalya, la esposa del sabio,
era una mujer poseedora de grandes virtudes y una estrella de
perfecta belleza. No haba nadie igual a ella en hermosura y en-
canto; por eso Gautama la mantena siempre bajo vigilancia, la
cuidaba mucho. Un da, mientras el gran sabio estaba ausente de
la ermita, Indra, el jefe de los dioses, vino al lugar, disfrazado del
mismo Gautama. La virtuosa Ahalya lo confundi con su seor y
lo atendi con reverencia, pero el verdadero Gautama entr y
descubri su aparente infidelidad. Reconoci a Indra a pesar de
su disfraz y se enfureci terriblemente: Ser de mente maligna!,
grit, pero Indra haba desaparecido ya.
Se volvi hacia Ahalya y en su ira rugi: Te has propuesto
destruir esta ermita dando rienda suelta al vicio, no es as? Pues
no permanecer aqu ni un minuto ms. No tolero ni ver tu cara. Y
t, t te movers escondida entre los arbustos viviendo como un
duende en el aire, sin comida ni bebida. Me voy de aqu. Gautama
odi aquel lugar que haba sido profanado por el engao.
Ahalya llor hasta que el corazn se le sali; alegaba ser ino-
cente de cualquier pecado, de haber sido engaada por el disfraz,
y motivada por la veneracin hacia su seor, se abraz a sus pies
y rog ser perdonada. Gautama se abland un poco ante sus rue-
gos; ahora la verdad era clara para l, pero ya que uno no puede
retractarse de sus propias palabras, dijo: Ahalya, t sabes que
yo he prometido que jams ir en contra de la palabra dada, as
que tendrs que permanecer entre arbustos y espinos, triste y
hambrienta hasta que Rama, el hijo de Dasarata, venga por este
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camino. Al verte, derramar su gracia sobre ti permitindote tocar


sus pies, y te hablar con gran compasin; su bendicin a travs
de la vista, el contacto fsico y el habla (darshan, sparsan y sam-
bhasan) te purificarn, y brillars con tu verdadera forma y en-
canto. Entonces me reunir contigo. Diciendo esto, Gautama de-
j el lugar dirigindose hacia la regin de los Himalayas. Desde
ese momento, Ahalya perdi su nombre y su forma, vive del aire
y est cumpliendo cabalmente su austeridad, deseosa de reunir-
se con su seor. Desde entonces esta campia, que alguna vez
fue hermosa, empez a descuidarse.
Cuando Viswamitra narr esta historia, Ramachandra expre-
s mucha sorpresa: Qu? Me ests diciendo que ella est es-
perndome? Pobrecita!; dime dnde est. Y al tiempo que Ra-
ma avanzaba, Viswamitra y Lakshmana lo siguieron a prudente
distancia. Pas entre los enmaraados matorrales y encontr una
cabaa ms all de unos arbustos espinosos.
Ahalya, absorta en austeridades, se haba mantenido alejada
de los ojos de los dioses, demonios y hombres, haba olvidado su
nombre y su forma; no le interesaba comer ni dormir, exista so-
lamente como un pedazo de roca. Pareca la luna escondida en-
tre las nubes, o el fuego del sacrificio cubierto por espesas corti-
nas de humo; cuando Rama se aproxim, su pie toc a Ahalya.
Ahalya levant su cabeza, y al ver la encantadora forma divina
de Rama, tom sus pies exclamando: Ah, me he salvado! Oh,
Dios, has venido a rescatarme del pecado, por fin se ha conmovi-
do tu corazn. Mostr su agradecimiento con mltiples alabanzas.
Se levant como la luna detrs de las nubes, radiante y fresca, y en
ese momento Gautama, quien era un gran maestro de los misterios
del yoga, apareci entre ellos, pues saba que Rama haba resca-
tado a su esposa. El la acept purificada luego de su rigurosa aus-
teridad y de haber sido bendecida por Rama. Tanto marido como
mujer se postraron a los pies de Rama y Lakshmana, llenos de la
bienaventuranza que haban recibido. Gautama vener y honr a
Viswamitra. El grupo de discpulos estaba asombrado ante la ma-
ravilla que haba presenciado; vieron a los hermanos con una mi-
rada de xtasis. Viswamitra se despidi de Gautama, y camin ha-
cia el noreste con Rama y Lakshmana a su lado.
Por la tarde se aproximaron a una ciudad. El sabio la seal
diciendo: Esa es Mitila, ese vasto conglomerado de magnficos
edificios. Los hermanos, as como los discpulos del sabio, salta-
ron de alegra, y a partir de ese momento empezaron a caminar
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ms rpido, olvidndose del agotamiento fsico; as, pronto llega-


ron a la entrada principal de la ciudad.
Dondequiera que miraban, vean ascetas y sacerdotes reci-
tando los Vedas. Vieron muchas casas donde tenan fuegos de
sacrificio alimentados con ofrendas rituales. Debajo de cada r-
bol, cobijndose en su sombra, haba grupos de personas cerca
de sus carretas de bueyes, en las que se haban transportado de
todas partes del pas. Haba hombres y mujeres, viejos, jvenes
y nios, pertenecientes a todas las castas y oficios, personas de
todos los niveles de vida reunidos en cada rincn; era como es-
tarse moviendo en un ro de alegra. La ciudad estaba llena de
gente que iba de un lado a otro por todas las calles. El sabio y sus
seguidores llegaron a la orilla de un estanque con poca gente, y
ah decidieron acomodarse. La hora de las abluciones vesperti-
nas haba llegado; se dieron un bao y terminaron los ritos pres-
criptos.
Cuando el yajna era inminente, cortesanos y guerreros del
palacio iban hacia los monjes que llegaban en todo momento, pa-
ra preguntarles sus nombres, sus maestros y las ermitas de don-
de provenan, su nivel espiritual y si haban sido o no invitados es-
pecialmente para la ocasin. El emperador Janaka insista en que
toda esa informacin se le deba comunicar sin demora.
Mientras tanto, Viswamitra haba terminado sus abluciones y
ritos; se sent junto al estanque con sus discpulos y los herma-
nos, quienes parecan estrellas gemelas cadas a la Tierra desde
el cielo. Y cuando el sabio les estaba describiendo las glorias de
Mitila, un mensajero de la corte se aproxim a ellos y muy ama-
blemente dijo: Maestro, por favor dime quin eres y de dnde has
venido. Somos mensajeros del rey. Obedecemos rdenes y cum-
plimos con nuestro deber. Si nos dices tu nombre, podemos in-
formarle al rey de tu llegada.
Cuando el mensajero se apresur directamente al palacio y le
dijo al emperador Janaka que el sabio Viswamitra haba llegado,
el monarca hizo los arreglos apropiados para la recepcin del
gran sabio; mand a los principales sacerdotes y eruditos de la
corte bajo la gua de Sathananda hacia donde se encontraba Vis-
wamitra.
El grupo se aproxim al estanque recitando himnos vdicos
de bienvenida y buenos deseos, y Viswamitra se dio cuenta de
que venan a llevarlos a la presencia del emperador, y pidi a Ra-
ma y a Lakshmana que se prepararan. Mientras tanto, Sathanan-
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da honr a Viswamitra en la verdadera tradicin vdica, tal como


mereca un gran maestro: se postr a sus pies; le ofreci un refri-
gerio consagrado con mantras vdicos y anunci con humildad
ejemplar que haba venido con otros cortesanos bajo las rdenes
del emperador para darle a l y a todos los que lo acompaaban,
la ms sincera bienvenida. Condujeron al sabio y a los dems a
la ciudad, precedidos por msicos que tocaban sus instrumentos.
En cuanto llegaron al camino real, el mismo emperador Jana-
ka avanz hacia ellos acompaado de ministros y cortesanos y
sus parientes ms cercanos. Janaka se postr ante Viswamitra di-
ciendo: Seor, he cumplido hoy mi ms grande ambicin. Mitila ha
obtenido, con tu llegada, un resplandor nico. Luego le pregunt
acerca de su bienestar y el de sus estudiantes y discpulos. Sus
ojos se fijaron en los dos muchachos, Rama y Lakshmana. Le lla-
maron la atencin como encarnaciones de resplandor solar. Du-
rante unos segundos no pudo encontrar palabras; ni siquiera supo
dnde se encontraba. Con gran esfuerzo, recuper suficiente con-
ciencia para preguntar a Viswamitra: Maestro, quines son? Pa-
recen los mismos dioses gemelos, los aurigas divinos, parece que
acabaran de llegar del cielo para darme su gracia. Tienen el dulce
encanto de esos dioses, tal vez son el sol y la luna que han veni-
do a la Tierra. Cmo ha sido posible que estas juveniles encar-
naciones hayan llegado hasta aqu caminando toda esa distancia
como simples miembros del grupo guiado por ti? Acaso se cono-
cieron en el camino y es as como llegaron juntos? Janaka haca
una pregunta tras otra como si hablara consigo mismo, olvidando
dnde estaba y lo que en verdad quera saber.
Viswamitra vio su ansiedad y no pudo refrenar su sonrisa y di-
jo: Estos son los hijos del emperador Dasarata de Ayodhya. Sus
nombres son Rama y Lakshmana. El valor y las destrezas de es-
tos muchachos son sorprendentes y milagrosas. El sabio quera
decir mucho ms pero pens que sera mejor contarle acerca de
ellos despus de llegar al lugar donde se iban a quedar, as que
caminaron hacia el sitio que les haban designado.
Tena la estructura de un templo pequeo y bonito situado en
el centro de un precioso jardn y estaba deliciosamente decorado
con verdes hojas y festones. El lugar era totalmente silencioso,
pareca como si estuviera cargado de paz proveniente del mismo
cielo. Estaba bastante cerca del palacio real. Despus de mos-
trarles sus habitaciones, Janaka se postr a los pies del sabio
nuevamente, diciendo: Tu llegada me ha otorgado enorme forta-
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leza y alegra. Estoy seguro de que tal regalo de la fortuna me ha


llegado como resultado de un mrito ganado en muchas vidas.
Ahora me ir. De acuerdo con los sacerdotes oficiantes, an que-
dan doce das antes de que empiece el yajna. Por favor, qudate
en esta ciudad y bendceme con tu presencia.
Viswamitra le asegur que no tena ninguna objecin a su
propuesta y de esta manera quit de su mente cualquier duda que
Janaka hubiera podido tener; por su parte, Rama y Lakshmana se
miraron como diciendo que seran demasiados das.
Se hicieron arreglos para que pudieran descansar y dormir
sin ser perturbados esa noche; del palacio les llevaron leche, fru-
ta y otros alimentos. Maana vendr al amanecer para recibir tu
darshan dijo Janaka al retirarse. No es propio demorar ms
tu descanso, pues han llegado de un largo viaje. Janaka regres
con los sacerdotes, sabios y eruditos.
Rama y Lakshmana hablaron entre ellos sobre la devocin y
la humildad del emperador y la luz de paz y alegra que brillaba
en su rostro. Se sentaron al lado del maestro y compartieron la
fruta y la leche. Despus de pedir permiso, se fueron a sus habi-
taciones para descansar.
Esa noche durmieron profundamente. Cuando la luz del da
se esparci lentamente por la ciudad, se oy msica de cornetas
y tambores por todas partes, los sacerdotes recitaron himnos v-
dicos. Rama y Lakshmana se levantaron y terminaron su bao y
otros rituales y se acercaron a Viswamitra. El sabio les dio leche
y dijo: Hijos, Janaka llegar en cualquier momento. Tomen su de-
sayuno y preprense. Pronto, ellos y los ms jvenes discpulos
del sabio tomaron la leche y las frutas, se lavaron las manos y en
silencio se reunieron alrededor de su preceptor y se sentaron res-
petuosamente junto a l.
Mientras tanto, se supo que el emperador Janaka se diriga al
lugar del preceptor real para rendirle homenaje; el sonido de las
caracolas y los nueve instrumentos tradicionales anunciaba la
cercana del gobernante del reino. Janaka entr con la auspicio-
sa pasta de sndalo y los granos de arroz en las manos mientras
Sathananda y el grupo entraban en la sagrada residencia. Con el
deleite de la gratitud lav los pies del sabio.
Despus de haberse postrado a los pies de Viswamitra, Ja-
naka se par al lado de la silla alta que haban puesto enfrente del
pedestal para que el sabio se sentara. En cuanto Viswamitra se
lo indic, Janaka ocup su propio lugar. Rama y Lakshmana se
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sentaron a la derecha del maestro sobre una alfombra en el sue-


lo. Janaka dijo: Gran sabio, qu es lo que deseas ahora? Estoy
listo para aceptarlo y honrarte. Por favor, dmelo. Janaka junt
las palmas de sus manos en oracin. Ante esto, Viswamitra son-
ri y dijo: La otra noche, ya que no haba tiempo, no poda con-
tarte con detalle. Ahora te platicar acerca de estos prncipes, Ra-
ma y Lakshmana, pues deseabas or esa historia. Pero si no tie-
nes tiempo ahora, te lo podr contar en algn otro momento. Ja-
naka exclam: Maestro, qu otro trabajo ms importante puedo
tener que experimentar la bienaventuranza de conversar contigo?
Esta oportunidad slo puede ser el fruto de una larga austeridad.
Estoy lleno de alegra ante la expectacin de que me cuentes
acerca de ellos; lo considero una gran suerte.
Viswamitra narr entonces los incidentes que acaecieron
desde su aparicin en la corte de Dasarata, hasta el ritual y la ma-
nera heroica en que los jvenes burlaron los intentos de los de-
monios para profanar el ceremonial. Describi la valenta y habi-
lidad de los muchachos en la batalla contra los demonios y alab
sus logros. Durante la narracin, lgrimas de alegra y gratitud sa-
lieron de los ojos del sabio y continuamente tuvo que enjugrse-
las con una punta de su propia vestimenta.
Al escuchar estas palabras y llenar sus ojos con la majestuosi-
dad y encantadora belleza de los muchachos, Janaka experiment
gran delectacin, el deleite que a menudo senta durante el sa-
madhi (estado de bienaventuranza) cuando meditaba. Sinti que
los muchachos eran encarnaciones de divino esplendor. Aunque a
menudo trataba de mirar hacia otro lado, sus ojos estaban sedien-
tos slo de la visin de aquellas caras semejantes a un loto que
provocaban la iluminacin. Difcilmente poda Janaka ocultar la ex-
presin de su xtasis interno y se sent vindolos fijamente de ma-
nera humilde y reverente. Ni por un momento sinti que era un em-
perador y que aquellos jvenes eran los hijos de otro monarca. Te-
na la indeleble impresin de que haban venido del Cielo a la Tie-
rra, y el sentimiento se fortaleci con la descripcin de sus habili-
dades y fuerzas sobrehumanas. Se daba cuenta de que eran seres
extraos, emparentados slo con Dios, ya que llevaron a cabo con
xito, inclusive antes de haber entrado a la adolescencia, la custo-
dia de un sacrificio que el clebre Viswamitra no poda llevar a ca-
bo a causa de las alteraciones que sufra. Qu maravilla!
Despus, la narracin fue resumida por el sabio con el inicio
del viaje hacia Mitila, y los relatos del sabio a los hermanos tam-
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bin le fueron explicados a Janaka. Cuando la historia de la puri-


ficacin y liberacin de Ahalya, la esposa del sabio Gautama, en
la ermita que estaba cerca de la capital, les fue relatada, Satha-
nanda se sorprendi enormemente y dijo: Qu! Mi madre ha si-
do liberada de la maldicin? Estas divinas personas han retor-
nado la santidad a mi madre y la han devuelto a mi padre? Ah!
Sin ninguna duda son divinos. Ros de lgrimas de gratitud y ale-
gra brotaron de sus ojos y de la emocin no poda ni moverse,
pareca una columna. Viswamitra lo observ y dijo: Hijo! No te
sorprendas tanto con lo que ha sucedido hasta ahora. En los das
siguientes ocurrirn cosas mucho ms sorprendentes, que cau-
sarn admiracin y bienaventuranza por su gloria sobrehumana.
Tus padres tambin llegarn a la ciudad de Mitila maana o pa-
sado, y podrs or de sus bocas la maravillosa historia de Rama
y Lakshmana. Clmate.
Ante esto, el emperador Janaka dijo: Maestro, qu afortuna-
dos son los padres que tienen a estos hijos divinos! Qu afortu-
nado soy yo, que han venido a mi casa! Se dirigi hacia Rama y
Lakshmana y les dijo: Queridos mos, disclpenme si la residen-
cia que les dispuse no es de su agrado o no es adecuada para su
nivel. Si as lo desean, les dar un lugar ms apropiado. Si quie-
ren, puedo mostrarles la ciudad, ya que ustedes son viajeros que
han llegado a Mitila, pidan lo que quieran sin reservas; me sentir
feliz cuando me lo pidan. A estas palabras, pronunciadas con
bondad y humildad ejemplares, Rama contest de una manera
que revelaba el respeto que senta hacia Janaka.
Dijo: Maharaja! No somos sino nios, as que no creemos
que haya que hacer ninguna cosa. Nos sentimos felices. No hay
ninguna necesidad de molestarse arreglando algn otro lugar pa-
ra nosotros. Sin embargo, si tanto nos aprecias, te pedimos que
nos cumplas un deseo..., y sin mencionar lo que era mir a su pre-
ceptor; entonces el sabio habl: Janaka, la misin por la que los
prncipes vinieron desde Ayodhya termin cuando el ritual que me
propuse se llev a cabo sin profanaciones. Rama y Lakshmana pi-
dieron permiso para regresar a casa. Mientras tanto, recib tu invi-
tacin con respecto al yajna que vas a llevar a cabo, as que le pe-
d a estos muchachos que me acompaaran a Mitila. Entonces
Rama replic que ya que su padre le haba dado permiso slo pa-
ra cuidar el ritual de mi ermita, no quera ir ms lejos y continuar
alejado de su padre ms de lo permitido. Sin embargo, yo les pla-
tiqu acerca de las armas divinas que t posees, objetos que na-
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turalmente estn ansiosos de ver y manejar. Les describ el arco


que tienes aqu, el arco de Shiva, el cual merece ser visto por
ellos. Les cont la historia de ese arco. Fue entonces cuando de-
cidieron acompaarme hasta ac, anhelando verlo. No tienen nin-
gn deseo de pasear por la ciudad ni de visitar lugares interesan-
tes; arcos, flechas, armas que pueden cuidar a los buenos y cas-
tigar a los malvados; esto es lo que les llama la atencin en primer
lugar. Janaka sinti que no tena necesidad de or ms y dijo: En
ese caso har los arreglos necesarios para que traigan el arco al
saln de los rituales cuanto antes, y pidi que se le preguntara al
preceptor Sathananda acerca de la hora auspiciosa para llevarlo.
Mientras tanto, Rama le pregunt a Janaka: Maharaja, nos
deleitara saber cmo fue que ese arco divino lleg a tu propie-
dad. Janaka dio los detalles con evidente alegra. Queridos mos:
seis generaciones despus de Nimi, el gran ancestro de mi di-
nasta, el rey llamado Devarata gobernaba este reino. Los dioses
pusieron este arco del Seor Shiva a su custodia en el palacio. Ha
estado con nosotros desde entonces; es el arma de los dioses, y
por eso aseguro que no es ningn arco comn. Pesa miles de to-
neladas! Nadie lo ha podido levantar hasta ahora porque, quin
podra alzar ese peso? Muchas veces en el pasado trat de des-
cubrir quin podra manejar el arco o cuando menos levantarlo
para que la gente lo viera, e invit a que las personas trataran, pe-
ro todava no he visto quin lo haga. Todos los reyes y prncipes
que han tratado, han fallado y han regresado humillados. No han
podido levantarlo, ni siquiera moverlo un poquito. Un da, cuando
estaba quitando el csped del lugar donde iba a llevar a cabo un
ritual, descubr una vasija en un surco de la tierra. Cuando la le-
vant y examin, encontr en ella a una encantadora nia. Y ya
que la nia lleg a nosotros del surco (sita), la llamamos Sita y la
criamos como nuestra hija. Un da, cuando estaba jugando con
sus compaeras, su pelota rod debajo de la larga caja donde se
guardaba el arco de Shiva; cuanto ms se afanaban por recupe-
rar la pelota, ms se meta bajo la caja. Sin embargo, nuestra ni-
a se ri de las dificultades de los guardias de palacio y de sus
compaeras. Con su tierna manita movi la caja y recuper su pe-
lota para asombro de todos. Me enter de esto a travs de las rei-
nas, quienes lo supieron por el asombrado grupo que estaba con
ella en aquel momento.
Ese da resolv dar en matrimonio a Sita a aquel que probara
ser digno de casarse con ella al empuar el arco. Desde entonces
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muchos prncipes han tratado de levantarlo y tensarlo para ganar-


se a Sita, pero todos han fallado vergonzosamente. Se sentan he-
ridos y ofendidos; decan que yo los haba humillado a propsito,
y en su resentimiento y desesperacin, se agruparon y atacaron la
ciudad de Mitila con sus fuerzas unidas. La batalla dur un ao
completo. En consecuencia, mi ejrcito estaba exhausto, y yo te-
ma por el destino de la ciudad. No tuve otro recurso que hacer
austeridades para ganar la gracia de los dioses, quienes, compla-
cidos, me bendijeron con refuerzos adicionales de infantera, ca-
ballera, elefantes y carrozas. Es decir, que la ayuda vino de las re-
giones situadas tras las fuerzas sitiadoras, y cuando stas fueron
atacadas por la retaguardia, se logr dispersar al enemigo. Duran-
te esas campaas de venganza, pude conservar el arco; lo cuida-
ba como a la nia de mis ojos. Su misterioso poder est ms all
de cualquier descripcin.
Rama! Ramachandra! No te negar el deseo que quieres
cumplir; si ests de acuerdo, el arco ser trado a este saln de
rituales. Tambin anunciar que cualquiera que se atreva a le-
vantarlo y tensarlo, lo podr hacer. Cuando Janaka habl con
tanta autoridad, Rama y Lakshmana se miraron uno al otro y no
dijeron nada porque estaban esperando la instruccin del maes-
tro, a quien haban seguido desde tan lejos.
Justo entonces Viswamitra, quien saba de la fuerza y des-
treza de los hermanos, dijo que lo que Janaka propona se poda
llevar a cabo, y que no tena que temer que algn obstculo se
pusiera en su camino. Janaka tambin anunci que dara a Sita
en matrimonio a quien pudiera levantar y empuar el arco, ya que
haba prometido que Sita se casara slo con quien pudiera ha-
cerlo. Viswamitra tambin apoy aquello.
Janaka pidi permiso para retirarse, y se dirigi al palacio re-
suelto a llevar el arco al saln de rituales. Se anunci a todos los
reyes y prncipes que el arco estara expuesto. El vehculo de ocho
ruedas que contena la caja con el arco fue empujado y arrastrado
hacia el saln por un gran nmero de hombres muy fuertes, pero
no lo pudieron mover ni siquiera un paso. As que ms hombres de
enormes proporciones tuvieron que ir para ayudar a cargar las pe-
sadas cadenas que estaban atadas al vehculo. Cuando finalmen-
te se pudo transportar el arco al sagrado lugar, los sacerdotes re-
citaron himnos para darle la auspiciosa bienvenida.
Rompi el alba. Los nueve instrumentos tradicionales eleva-
ron una hermosa meloda que alcanz la cpula de los cielos. Se
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escuch el estruendo de las caracolas. La auspiciosidad del da


fue propiciada mediante canciones y rituales. El emperador Jana-
ka entr al recinto acompaado por un grupo de sacerdotes y de
ayudantes que llevaban lo necesario para la adoracin del arco
divino. Mucho antes de ese momento, el recinto se llen de reyes,
prncipes, ministros, cortesanos, sabios y eruditos. Tan pronto co-
mo Janaka entr, la concurrencia en pleno se levant para rendir
homenaje al gobernante de la regin. Los eruditos vdicos decla-
maron himnos en voz alta invocando a los dioses para que otor-
garan su gracia; sus voces llegaron al unsono al cielo. Otros re-
citaban pasajes de los Vedas. Todos estaban tan llenos de ex-
pectacin que vean maravillados sin siquiera pestaear.
Janaka camin reverentemente alrededor del vehculo y co-
loc ante el arco una ofrenda floral, mientras se cantaba para pro-
piciarlo. Se inclin ante el arco divino y despus se dirigi a la dis-
tinguida asamblea: Me postro ante los sabios y les doy la bien-
venida a todos los que han venido a esta reunin! Durante mu-
chos aos, mis antepasados, as como muchos otros monarcas,
han venerado este arco divino, como todos ustedes saben. Ade-
ms, tambin es bien sabido que nadie, sea dios o demonio, ge-
nio, slfide, duende, Garuda, el destructor de serpientes, o Maho-
raga, la gran serpiente, nadie ha sido capaz de levantar el arco,
sostenerlo y tensarlo. Todos los que lo han intentado han regre-
sado humillados. A pesar de eso, este da he decidido nueva-
mente traer el arco a este sagrado recinto. Cualquiera de los aqu
reunidos que desee tener la oportunidad de levantar este arco,
tensarlo o ponerle una flecha, puede hacerlo, ah est. Con es-
tas palabras, Janaka se inclin ante la concurrencia juntando las
palmas de sus manos y luego se sent en el Trono del Len.
Viswamitra mir a Rama con una sonrisa, y el muchacho r-
pidamente se acerc al vehculo y con su brazo izquierdo alz la
tapa de hierro y con el derecho levant sin ningn trabajo el arco
que se encontraba en la caja. Sosteniendo el arco mir a su alre-
dedor, a la vez que todos lo miraban sorprendidos. Los miles que
presenciaron esta maravilla ciudadanos, reyes y prncipes, sa-
bios y mayores aplaudieron tan vigorosamente que el cielo les
devolvi los aplausos como un eco. Pronto, Rama tens el mag-
nfico arco. Con gran facilidad puso una flecha y jal hasta su ore-
ja para disparar, pero he aqu que el arco se rompi.
Todos los que estaban ah sintieron confusin y miedo por el
extrao e inesperado estallido. Algunas personas se desmayaron,
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otras gritaban aterrorizadas, varias corran llenas de pnico. Los


sabios pronunciaban oraciones a Dios. Toda la concurrencia, ex-
cepto Janaka, Viswamitra y los hermanos Rama y Lakshmana,
estaban sumidos en un inexplicable e inconsolable terror.
Mientras tanto, Janaka se levant de su asiento, se postr an-
te Viswamitra y le dijo: Maestro, no hay nadie en la Tierra que
pueda proclamar ser ms fuerte que Rama; su fuerza no es de es-
te mundo. Voy a cumplir mi palabra, dar a Sita en matrimonio a
aquel que levant, dobl y rompi este arco.
Viswamitra le contest: Janaka, sera bueno que le comuni-
caran las noticias al emperador Dasarata y que el auspicioso ma-
trimonio se celebrara cuando venga. Esa es mi opinin; Rama es
tan obediente con su padre que no admitira casarse hasta que
Dasarata diera su aprobacin. Entonces Janaka llam a su pre-
sencia a los sacerdotes y a sus ministros y les orden que partie-
ran en cuanto amaneciera. As que abordaron sus carrozas tira-
das por veloces caballos, y llegaron a Ayodhya en la maana del
cuarto da. Detuvieron sus carrozas frente a la puerta principal del
palacio imperial para que no hubiera demora en darle la noticia al
emperador. Cuando los guardias preguntaron sus nombres y su
misin, los ministros les pidieron que avisaran al emperador que
venan desde Mitila con un importante mensaje. Los guardias in-
formaron a Dasarata inmediatamente y los ministros fueron lla-
mados ante su presencia.
A pesar de su avanzada edad, la figura de Dasarata tena un
porte de divino esplendor. Al llegar ante su venerable presencia,
los sacerdotes y ministros de Mitila se postraron a sus pies sin du-
das ni reservas. Se levantaron y dijeron: Maharaja, somos men-
sajeros del emperador Janaka, quien nos ha comisionado para
que te preguntemos sobre tu bienestar y el de tu reino. Hemos si-
do enviados con la aprobacin del sabio Viswamitra, con el con-
sentimiento del preceptor real, el gran Sathananda, y por el ma-
haraja Janaka, para traerte un mensaje muy importante.
La cara de Dasarata se ilumin con una sonrisa, su serenidad
era imperturbable. Estaba sorprendido por la humildad y buenos
modales de los delegados de Mitila. Dijo: Ministros de la corte de
Mitila, no hay ninguna deficiencia en la administracin del reino de
Ayodhya, ningn impedimento para llevar a cabo rituales como el
sacrificio en honor a Agni, no hay ninguna infelicidad en mis sb-
ditos, ni obstculo alguno para el avance de la moralidad y la es-
piritualidad. Mis sbditos son prsperos y progresan hacia la me-
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ta ms elevada. Me siento feliz de decirles esto. Yo tambin de-


seo saber acerca de la salud y bienestar de Janaka, el empera-
dor de Mitila, deseo saber sobre los ritos ininterrumpidos en su
reino, de acuerdo con las prescripciones de los Vedas. Me pue-
den comunicar sin reserva el mensaje que han trado. Estoy an-
sioso de orlos.
Cuando Dasarata les dio permiso tan dulcemente, el sacer-
dote superior se levant de su asiento y dijo: Gran soberano,
nuestro seor Janaka haba prometido que su hija Sita Devi sera
dada en matrimonio a alguien de heroica fortaleza; sin duda ya
estars enterado de esto; tambin sabrs que muchos prncipes
han tratado de hacer la prueba y han regresado humillados. Por
la voluntad divina, tus dos hijos, Rama y Lakshmana, acompaa-
ron al sabio Viswamitra, ansiosos de ver el gran ritual que nues-
tro maharaja iba a celebrar, y sucedi que Rama, tu hijo mayor,
gan a Sita Devi gracias a su incomparable valor. Maharaja, qu
podemos decir! Cmo podramos describir aquello? En presen-
cia de los distinguidos sabios, reyes y prncipes reunidos, Rama
levant el arco de Shiva, lo sostuvo y lo tens. Ms an, rompi
en dos partes, como jugando, el ingobernable arco sagrado. Y co-
mo se haba hecho la promesa de que Sita sera entregada a
quien levantara el arco de Shiva, se reunieron los sabios, as co-
mo nuestro maharaja, y decidieron darla en matrimonio a Rama.
Hemos sido enviados para pedir y recibir tu consentimiento,
a ofrecerte la cordial bienvenida, a invitarte a ti y al preceptor, a
los sacerdotes, ministros, cortesanos, a todos tus parientes, ayu-
dantes y seguidores, a la ciudad de Mitila. Nuestro maharaja de-
sea celebrar el matrimonio de su hija despus de haber recibido
tu bendicin. Hemos sido enviados a tu presencia para poder in-
formarte esto.
Los sacerdotes y ministros permanecieron con las manos jun-
tas, en actitud reverente, esperando la respuesta de Dasarata,
pero ste daba vueltas en su mente con mucho cuidado y mand
llamar a los sabios Vasishta, Vamadeva y otros, para consultarlos
antes de dar una palabra en respuesta; tambin invit al ms des-
tacado de los sacerdotes de la corte. Cuando todos llegaron, pi-
di al grupo de Mitila que repitieran su mensaje. Cuando escu-
charon la noticia, quiso or sus comentarios. Dasarata se inclin
primero ante Vasishta y le rog que diera su aprobacin. Vasish-
ta, Vamadeva y los otros respondieron con alegres aclamaciones:
Qu auspicioso, qu auspicioso! Y se preguntaban: Para qu
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seguir pensndolo? Que se hagan los preparativos para el viaje


a Mitila!
Los ministros saltaban de alegra; las noticias del matrimonio
de Rama se difundieron en un instante por toda la ciudad, as co-
mo por las habitaciones del palacio donde estaban las reinas. Los
ciudadanos exclamaban: Gloria! Gloria! Ayudantes y sirvientes
rpidamente hicieron los preparativos para el viaje. Joyas, sedas,
brocados y otros regalos fueron empacados en grandes cantida-
des y variedades; incontables carrozas fueron cargadas con todo
aquello.
El emperador, la escolta imperial, Vasishta, el preceptor real,
sacerdotes y otros brahmines y eruditos subieron a sus carrozas.
Era como si toda Ayodhya se mudara a Mitila para asistir a la bo-
da. Dasarata hizo los arreglos para que fueran todos los que qui-
sieran ir. No se dej a nadie que estuviera deseoso de asistir. Pa-
reca como si los caballos compartieran la alegra que colmaba
los corazones de cocheros y pasajeros; cabalgaron rpidamente,
sin disminuir la velocidad ni mostrar signos de agotamiento. Dos
noches y dos das dur el viaje, pues a la tercera jornada llegaron
a Mitila.
Janaka le dio la bienvenida al emperador Dasarata en la mis-
ma entrada de la ciudad. Salud a los ministros, sabios y sacer-
dotes, tal como sus posiciones y jerarquas lo indicaban. Hizo
arreglos para que pasaran la noche. En cuanto amaneci, Dasa-
rata envi por los oficiantes, por las reinas y los cortesanos y les
avis que estuvieran preparados cuando los llamara. Mientras
tanto, Janaka lleg a la mansin donde se encontraba Dasarata y
lo llev al lugar en que se estaba celebrando el yajna. Se haban
asignado lugares para el preceptor, el emperador y su corte, de
acuerdo con su rango y autoridad.
Cuando todos hubieron ocupado sus lugares, Janaka le dio la
bienvenida a Dasarata con las siguientes palabras: Tu llegada a
Mitila con tan grandes sabios y sacerdotes, tu corte y escolta, au-
gura muy buena fortuna para nosotros. Es el fruto del bien que he-
mos realizado en otras vidas. Estoy seguro de que tu mente est
llena de felicidad por el valor y la victoria de tu hijo. Estoy por em-
parentarme con la dinasta Raghu, resplandeciente con el ilimita-
do herosmo de sus acciones. Mi dinasta est por ser santificada
ms que nunca por este parentesco. Yo creo que eso es resulta-
do de las bendiciones derramadas por mis antepasados. Maha-
raja!, esta maana, el ritual que hemos celebrado terminar. He
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pensado celebrar el matrimonio de Sita y Rama despus de que


concluya el ritual. Te ruego que des tu consentimiento.
Dasarata se estremeci de felicidad. Su cara se ilumin con
una brillante sonrisa. Dijo: Maharaja, t eres el donante; la tradi-
cin declara que el regalo se debe recibir cuando la dulce volun-
tad de aqul lo disponga. De manera que estoy preparado para
recibir el regalo cuando gustes. Janaka se sinti feliz de escu-
char a Dasarata hablar con tanta sabidura y calor, que derreta el
corazn con afecto.
Para entonces, Rama y Lakshmana llegaron con el sabio Vis-
wamitra; se postraron ante su padre y sus preceptores, Vasishta,
Vamadeva y otros. Los ojos de Dasarata brillaron por el gozo
cuando se posaron en sus hijos, a quienes tanto haba extraado.
Los atrajo hacia s, puso sus manos en sus hombros y los abraz
fuertemente contra su pecho. Al contemplar la felicidad del padre
que acariciaba a sus hijos, los sacerdotes y ministros se olvidaron
de s mismos. Estaban perdidos en aquella contemplacin.
Dasarata convers ntimamente con sus hijos, y escuch las
sencillas y dulces descripciones del yajna que haban cuidado pa-
ra que las fuerzas demonacas no lo estropearan; asimismo, le
contaron los incidentes del viaje desde la ermita de Viswamitra
hasta la ciudad de Mitila. Tambin la escucharon Vasishta, Va-
madeva y otros sabios, as como Bharata y Satrugna, Sumantra
y dems ministros, cortesanos y nobles. Todos los escuchas pa-
saron la noche recordando la maravilla y misterio de la trama de
la narracin.
Mientras tanto, Janaka estaba muy ocupado en los preparati-
vos de la boda. Pasaba casi todo el tiempo en el palacio. Invit a
la corte al sacerdote principal, Sathananda, y reverentemente le
pidi que empezara a reunir los hombres y los materiales nece-
sarios para los varios ritos preliminares antes del rito bsico de la
boda. El sabio replic: Maharaja, el yajna apenas hoy termin.
En los siguientes dos o tres das, segn s, hay algunas horas
auspiciosas para esas ceremonias. Te puedo dar ms detalles, si
lo deseas.
Janaka dijo a Sathananda, saludndolo con las palmas de las
manos juntas: Maestro! Anoche recib el consentimiento del em-
perador Dasarata. Es un signo de buena fortuna. Mi hermano me-
nor, Kusadwaja, no est aqu ahora; todos estos das estuvo ocu-
pado trayendo lo necesario para la ejecucin del yajna. No qui-
siera celebrar esta auspiciosa ceremonia sin que l est a mi la-
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do. No lo quiero privar de esta alegra. He mandado traerlo. Creo


que sera mejor si fijamos el da y la hora despus que haya lle-
gado. Sathananda respondi: Bien, bien!, eso nos har felices
a todos, y as diciendo se alej del palacio.
Janaka mand mensajeros con instrucciones de que trajeran
a su hermano a Mitila. Pronto lo encontraron en su ciudad, San-
kasya, debido a que viajaron en veloces caballos, los ms rpi-
dos. Le avisaron detalladamente sobre los acontecimientos de Mi-
tila, y Kusadwaja estaba feliz, as que irradiaba bienaventuranza.
Entonces reuni a toda su familia, as como a su squito, con ra-
pidez; hizo que las carrozas se cargaran con ofrendas y regalos
preciosos, y sali esa misma noche y rpidamente lleg a Mitila.
Janaka se apresur a encontrarlo; haba estado contando los
minutos. Abraz cariosamente a su hermano, lleno de una ale-
gra inexpresable.
Kusadwaja se postr a los pies de su hermano mayor, des-
pus ante Sathananda, y luego los tres se sentaron en sillas ele-
vadas para deliberar cmo deba ir hacindose todo. Consultaron
entre s y, cuando finalmente decidieron lo que tendran que ha-
cer, mandaron traer al ms respetado de los hombres, Sudhama,
y se le dijo: Ministro, ve a la presencia de Dasarata y rugale que
venga aqu, a este palacio, con sus ministros, sacerdotes, corte-
sanos, sbditos; todos los que quiera traer con l. Condcelo con
los honores debidos.
Sudhama llev con l a un grupo de cortesanos y eruditos y
a los sacerdotes reales; ya tena preparadas unas carrozas bella-
mente decoradas para que transportaran al grupo imperial, y lle-
garon al palacio donde se hospedaba Dasarata. Le dijo dulce y
suavemente el mensaje que haba trado y con profundo respeto
lo invit al palacio de Janaka. Dasarata estaba listo; sali con su
grupo y lleg al saln de Janaka muy pronto. Se saludaron mu-
tuamente tal como la ocasin y su respectiva jerarqua lo ameri-
taba, y ocuparon los lugares destinados para ellos.
Despus, Dasarata se levant y dijo: Janaka! Para la dinas-
ta Ikshvaku, el sabio Vasishta es Dios en la Tierra. El es nuestro
preceptor supremo. Puede hablar con completa autoridad acerca
de las tradiciones de nuestra dinasta. En cuanto Dasarata se
sent, Vasishta se par ante la asamblea y dijo: Maestro de la
Realeza! Escuchen todos! Brahman, el Supremo inmanifestado,
el Eterno, el Puro, mediante el ejercicio de su voluntad cre a Ma-
richi; el hijo de Marichi era Kasyapa, y su hijo, Surya; el hijo de
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Surya fue Manu, quien tuvo un hijo llamado Vaivaswata, que go-
bern sobre la gente y se gan el apelativo de Prajapati*; le naci
un hijo, Ikshvaku, quien fue el primer soberano de Ayodhya; la di-
nasta misma se llam Ikshvaku; el hijo de Ikshvaku fue Kukshi, el
hijo de Kukshi, Vikukshi; su hijo fue Bana; el hijo de Bana fue Ana-
ranya; Anaranya tuvo un hijo que se llam Trisanku; el hijo de Tri-
sanku fue Dhundumara; el hijo de Dhundumara fue Yuvanaswa;
Mandhata fue el hijo de Yuvanaswa; su hijo Susandi tuvo dos hi-
jos, Daivasandi y Presenjit; el famoso Bharata fue el hijo de Dai-
vasandi; el hijo de Bharata fue Asita; cuando Asita gobernaba el
reino, un grupo de Haihayas, Thalajangas y Sasibindus invadie-
ron la regin y Asita tuvo que huir a los Himalayas con sus dos
reinas. Se refugi en la regin llamada Bhrigu Prasravana, y des-
pus de algunos aos, falleci ah mismo.
Ambas reinas estaban encintas cuando l muri. Buscaron
asilo en la ermita de Chyavana, quien sinti compasin por el apu-
ro de las reinas y las consol diciendo: Madres, no tengan mie-
do. Este es su hogar. Darn a luz a salvo. Tendrn bebs afortu-
nados, resplandecientes. Y sus bendiciones fueron ciertas, pues
en pocos das la reina mayor dio a luz un hijo llamado Sagara, a
quien se nombr emperador de Ayodhya. Su hijo fue Asamanja,
quien tuvo un hijo llamado Amusumanta; el hijo de Amusumanta
fue Dilipa, cuyo hijo fue llamado Bhagirata, quien tuvo a Kakusta,
y su hijo fue Raghu, que tuvo a Pravarda; Pravarda tuvo a Sudar-
sana y Sudarsana a Agnivarna, y Sigraga fue el hijo de Agnivarna;
Maru fue el hijo de Sigraga; despus de l, el trono fue, de padre
a hijo, de Prasuruka, Ambarisha y Nahusa. El hijo de Nahusa fue
Yayati, y el de Yayati fue Nabaga, quien tuvo a Aja; Dasarata es el
hijo mayor de Aja, y sus cuatro hijos, una joya preciosa cada uno:
ellos son Rama, Lakshmana, Bharata y Satrugna. Rama, el mayor
de los cuatro, levant, tens y rompi el arco de Shiva.
Oh sabio real! Esta dinasta de soberanos es sagrada y pu-
ra. Todos los nacidos en ella han ganado iluminacin espiritual y
brillado con el mismo esplendor. Estn enraizados en la rectitud,
y sobre todo, tienen rango de hroes. Rama, Lakshmana, Bhara-
ta y Satrugna son lmparas preciosas que dan brillo a los anales
de su familia.
Debo sugerir ahora que sera deseable que esta auspiciosa
ceremonia de matrimonio se celebrase tambin para Lakshmana,

* De praja, el pueblo, la gente, y pathi, esposo; amo; protector, gua

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ya que l es el reflejo de Rama. Tu hija Urmila puede brillar muy


bien como esposa de Lakshmana. No lo pienses ms, resuelve
de acuerdo a esto y haz los preparativos necesarios. Vasishta
bendijo a la concurrencia y se volvi a sentar.
Despus de escuchar la ascendencia de la dinasta Ikshvaku
de los labios del gran sabio Vasishta, Janaka se levant de su tro-
no y dijo: Oh Brahmarishi ! Cuando un descendiente de una no-
ble dinasta va a dar a su hija en matrimonio, tiene que hacer
mencin de la gloria de su familia, no es as? He resuelto seguir
tu ejemplo y contarles nuestra historia, ya que me da una gran
alegra renombrar los nombres de mis antepasados y recordar su
majestuosidad. Mi nacimiento con este cuerpo ocurri gracias a
las bendiciones de los ancestros de mi dinasta y ser justificado
y su propsito cumplido slo si yo los nombro ante esta enorme
asamblea.
Janaka se puso de pie. Vasishta accedi a la peticin y dio el
permiso que se le peda. Janaka entonces empez la narracin:
Brahmarishi, venerados preceptores, maharaja Dasarata: en un
pasado muy distante, haba un emperador llamado Nimi que ca-
minaba firmemente por el sendero de la rectitud y, por lo tanto,
era famoso por su fuerza y visin. Su hijo Miti construy esta ciu-
dad, Mitila, para que fuera la capital de su reino. El fue el primer
soberano de esta regin. Su reino era muy afamado y sus sbdi-
tos, felices y prsperos. Su hijo, Sudhavasu, tuvo un hijo, Nandhi-
vardana, que gobern despus de l. El hijo de Nandhivardana
fue Suketu, y el hijo de Suketu fue Devarata; Brahadrata fue el hi-
jo de Devarata, y Mahavira fue el hijo de Brahadrata; Mahavira*
tuvo, como lo indica su nombre, gran valenta; su hijo Sudhrti tu-
vo un hijo llamado Dhristaketu. Y su hijo fue Haryaswa; Haryaswa
tuvo un hijo llamado Maru, y ste a Prathindaka; el hijo de Prat-
hindaka fue Kirthirata, quien tuvo un hijo llamado Devamida; su hi-
jo fue Vibuda, quien tuvo un hijo, Kirthirata; y el hijo de l fue Ma-
haroma, y el hijo de ste fue Hriswarupa, un talentoso gobernan-
te, estricto seguidor de la rectitud, quien fue aclamado como ma-
hatma (gran alma), un hombre santo que cumpli una misin en
la Tierra. El es mi padre; en verdad me siento orgulloso de confe-
sar que fue una persona ideal. La verdad es que estoy gobernan-
do muy feliz en Mitila, dado el mrito adquirido y heredado por mis
antepasados.

* Vira: actos heroicos de acuerdo con la disciplina espiritual

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Mi hermano Kusadwaja es ms que un hermano para m.


Yo lo venero como a una personalidad divina. Es ms un amigo
que un hermano. Lo cri con tanto amor y afecto que he desa-
rrollado un gran apego por l. Hace aos, cuando el rey de San-
kasya demand que yo deba darle el arco de Shiva o bien ir a
la guerra, yo me rehus y l siti la ciudad de Mitila. Esto fue el
inicio de una amarga guerra entre nosotros durante la cual Sud-
hana muri, y yo nombr a mi hermano gobernador de Sankas-
ya. Esa ciudad brilla en la ribera del Ikshumati. Vista desde le-
jos, recuerda a una de las carrozas celestiales de los dioses.
Djenme decirles ahora otra auspiciosa idea que los dioses me
han inspirado.
He hecho traer a mi hermano para que pueda compartir la
alegra de las celebraciones nupciales. Brahmarishi! T ordenas-
te que Rama se casara con Sita y que Lakshmana se casara con
Urmila, mi otra hija. Acepto la orden con dicha inconmensurable.
Sita es una dama celestial que ser como una corona para el h-
roe. Inclino mi cabeza con humildad y doy con alegra a Urmila
para Lakshmana.
Tengo ahora otro ofrecimiento que hacerles. Maharaja Da-
sarata! Tienes cuatro hijos, todos nacidos por la misma gracia ce-
lestial. Por qu dejar que permanezcan solteros? Contribuira a
nuestra alegra si ellos tambin se casaran. Estamos bajo la cons-
telacin de Magha. Es un buen da para comenzar los ritos y lle-
var a cabo las ceremonias preliminares. Maana, el da estar ba-
jo la de Uttarapalguna; busco tu consentimiento para darte en ma-
trimonio a las dos hijas de mi hermano: Mandavi para Bharata y
Sruthakirti para Satrugna. Cuando termin de decir esto, todos
los que estaban reunidos en la gran asamblea aclamaron la pro-
puesta exclamando: Buena idea! Buena idea!, y sus aplausos
llegaban hasta el cielo.
Cuando el emperador Janaka hizo la sugerencia de ambas
bodas la de Bharata y la de Satrugna, los sabios Vasishta,
Vamadeva, Viswamitra y otros deliberaron entre ellos. Dasarata
fue fcilmente persuadido de aceptar y luego le informaron a Ja-
naka as: Oh rey! Las dos dinastas reales, la Ikshvaku y la Vi-
deha, estn llenas de tradiciones sagradas y su santidad no co-
noce lmite. La grandeza de estas dos dinastas no se puede me-
dir ni puede ser descripta por nadie, no importa cun erudito o ex-
perto sea. Las dinastas de tan elevada jerarqua, o cualquiera
que pueda ser asimilada a ellas en nobleza, no han aparecido an-
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tes en la Tierra. En verdad es un hecho muy auspicioso que es-


tas dos se unan ahora con los lazos del matrimonio.
Esto es altamente propicio, loable y sagrado. Adems, nos
sentimos felices de que las novias y los novios estn hechos el
uno para el otro en todos los sentidos. Janaka! Tu hermano Ku-
sadwaja conoce y practica el dharma. Es muy bueno que l tam-
bin tenga parentesco con Dasarata gracias a los lazos matrimo-
niales de sus hijas. Es una fuente de inmensa alegra. Por eso es-
tamos listos a bendecir el matrimonio de sus hijas Mandavi y Srut-
hakirti con Bharata y Satrugna. Nuestro deseo es que estas di-
nastas reales se unan en matrimonio.
Janaka y Kusadwaja se postraron ante los sabios, embarga-
dos por el deleite de que se hubiera cumplido su deseo. Este no
es un acontecimiento ordinario. Qu afortunados somos de haber
sido bendecidos con esta consumacin, qu suerte que los sabios
estuvieran de acuerdo con esta propuesta y facilitaran el camino!
Los sabios jams alientan los sucesos impropios. Obedeceremos
todas sus rdenes con reverencia, dijeron.
Vasishta dijo entonces: Pero por qu hemos de posponer es-
tas dos bodas para un da despus o para algn otro da? Maana
es auspicioso para todos. Sera muy bueno si las cuatro bodas se
celebraran el mismo da. Janaka entonces dijo: En verdad que
soy bendito, valioso preceptor. El emperador Dasarata ha sido des-
de hace tiempo tu discpulo, llevando a cabo todo lo que le orde-
nas. Mi hermano y yo, desde este da, tambin somos tus discpu-
los; todas nuestras cargas estn sobre tus hombros; dinos cmo
proceder, cmo actuar, y obedeceremos lo que nos ordenes. Se
quedaron de pie esperando su respuesta con las palmas unidas, en
actitud de humildad y reverencia. Ante esto, Dasarata se levant y
dijo: Gobernador de Mitila! No puedo describir con palabras las
virtudes que encuentro en ustedes dos. Han hecho excelentes
arreglos para la recepcin y estancia de tan magnfico squito de
maharajas y maharishis, as como de la enorme congregacin que
se ha reunido en esta ciudad. Ahora regresar a mi residencia y lle-
var a cabo los ritos de Nandi y Samavartana, siguiendo al pie de
la letra las indicaciones vdicas. Los hermanos lo honraron debi-
damente a medida que sala del saln y lo despidieron en la puer-
ta principal como lo indicaba su jerarqua. Despus se fueron a sus
propios palacios para cumplir con sus obligaciones.
Dasarata llev a cabo el rito Nandi. Muy temprano en la ma-
ana haba hecho que los cuatro hijos tambin celebraran el rito
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Samavartana. Puso adornos de oro en los cuernos a las vacas


seleccionadas para regalarlas a los piadosos brahmines, junto
con costosos recipientes para poderlas ordear. Era un deleite
para los ojos la escena de los nios regalando las vacas; los ciu-
dadanos de Mitila sintieron como si las deidades de las cuatro re-
giones estuvieran frente a ellos, con Brahma en el centro; as mi-
raban a los cuatro hijos alrededor de Dasarata.
Mientras estaban dando estos regalos, lleg Yudhajit, el prn-
cipe de Kaikeya, hermano de la reina Kaikeyi, madre de Bharata.
Su padre estaba ansioso de poder tener a su nieto Bharata du-
rante unos das con l, por eso haba ido a Ayodhya, pero ah se
enter de que la familia real se haba ido a Mitila para celebrar la
boda de Rama. Su padre dijo que no tena conocimiento de aque-
lla boda, ni de lo que estaba sucediendo, por eso l tambin ha-
ba venido a Mitila, para poder presenciar la boda y tambin co-
municar su deseo de abuelo que su nieto pasara con l una tem-
porada. Dasarata estaba feliz de que hubiese podido ir.
Esa noche, Dasarata habl cariosamente con sus hijos y
otras personas acerca de todos los felices acontecimientos. Na-
die dorma. Todos esperaban impacientemente el amanecer de
ese feliz da en que presenciaran la boda de sus queridos prnci-
pes. Todos estaban tan entusiasmados y felices como si fueran
sus propios hijos los que se iban a casar. Su dicha slo se poda
comparar a la bienaventuranza de Brahman mismo; sa era la
medida de su amor hacia Rama y sus hermanos.
Muy temprano, Janaka se dirigi al estrado donde se celebra-
ran los rituales de la boda; lo acompaaba un grupo de sabios de
elevado nivel espiritual que deslumbraban con su resplandor. Lue-
go realiz los ritos preliminares y aguard a los novios y a los pa-
dres y familiares. Rama, Lakshmana, Bharata y Satrugna, luego de
haber llevado a cabo sus baos ceremoniales, vistieron ropajes
amarillos de seda, tambin llevaban alrededor de su cabeza un tur-
bante de la misma; asimismo, portaban joyas como diamantes y
zafiros; los prncipes eran como dioses que descendan de los cie-
los y que cautivaban el corazn.
La hora auspiciosa llamada Vijaya se aproximaba y ellos se
acercaron al estrado, precedidos por msicos cuya meloda
se elevaba al cielo. Los consejeros de la corte y los gobernantes
de otros reinos eran seguidos por sus siervos, que llevaban como
regalos platones con joyas, sedas, monedas de oro y otros ar-
tculos auspiciosos necesarios para la ceremonia.
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Todos los ciudadanos observaban sin parpadear la belleza y


apostura de los valientes prncipes. Se decan unos a otros que la
dignidad de su porte los sealaba como seres divinos y no huma-
nos; exclamaban: Pero qu encanto! qu apostura! Todos se
sentan llenos de admiracin. Son habitantes del Cielo que han
venido a la Tierra, susurraban entre ellos cuando los novios pa-
saban entre las gruesas filas de asistentes. Las mujeres juraban
que nunca haban posado sus ojos en prncipes tan encantadores.
Todas las ventanas y balcones estaban llenos de gente. Por fin,
los prncipes llegaron a la plataforma y se sentaron.
Despus, Janaka y su hermano Kusadwaja trajeron al estra-
do a sus respectivas hijas, quienes se haban purificado con los
baos ceremoniales y engalanado ricamente, como lo merecan
los novios en el da de su boda; llevaban velos y seguan a sus
padres con un squito de innumerables damas, quienes llevaban
frutas y flores, fragantes polvos rojos y amarillos, granos de arroz,
joyas, etctera. Pareca que todos los tesoros de Mitila fluyeran
como un ro centelleante.
Los cuatro novios brillaban como lmparas magnficas. Ra-
ma, Lakshmana, Bharata y Satrugna ocuparon sus lugares frente
a Sita, Urmila, Mandavi y Sruthakirti. Se puso una cortina de ter-
ciopelo entre ellos. Los residentes y nobles de Ayodhya se senta-
ron atrs de Dasarata, y los residentes de Mitila y los invitados por
Janaka se acomodaron atrs de l en el estrado elevado.
Los ojos de todos eran atrados por las ricas y artsticas deco-
raciones que adornaban el escenario de aquellas bodas. Todo era
de oro, plata, flores, seda y terciopelo; los decorados y las bande-
ras, candelabros y columnas, arcos y cornisas eran tan bellos que
no se poda quitar la vista de ninguno de stos una vez que sobre
ellos caa la mirada. La vastedad del rea estaba totalmente llena
de parientes y gente que les deseaba el bien. Pareca que Mitila
misma estaba experimentando la emocin de la boda y disfrutan-
do las celebraciones como si fueran propias.
Pronto, Dasarata se puso de pie y cortsmente le pregunt al
preceptor Vasishta: Por qu demoramos? Al or esto, Janaka
se puso de pie ante el sabio y, con las manos unidas en gesto de
plegaria, le pidi que oficiara la ceremonia.
Vasishta accedi y, junto con Sathananda y Viswamitra, en-
cendi el fuego sacrificial en el centro del estrado, mientras los
eruditos y expertos en la recitacin de los Vedas elevaban sus vo-
ces y repetan himnos apropiados para la auspiciosa ceremonia.
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Acomodaron, alrededor del altar del fuego, platos decorados


con flores y pasta de sndalo, llenos de germinados de nueve cla-
ses de granos. Tambin haba incensarios, cucharas sagradas
para ofrecer las oblaciones en las llamas, vasijas de oro para el
agua, tazas y todo lo indispensable para el rito. Esparcieron la
hierba llamada kusa en el suelo, de tal manera que estuviera sua-
ve y plano como lo prescriben los textos. Despus empezaron a
poner las oblaciones en el fuego mientras recitaban los himnos
que aseguraban felicidad y prosperidad a los novios; todos los ri-
tos se llevaron a cabo con meticulosa exactitud y correccin. Los
hilos de la ceremonia de iniciacin fueron amarrados en las mu-
ecas de los prncipes y las princesas.
El siguiente rito era el de entregar a las novias. Vasishta lla-
m a Janaka para que fuera al frente; se acerc al fuego sagra-
do, vestido con todo esplendor y joyas dignas de la realeza. Tal
como le indic el sabio, le tom las manos a Sita y las puso en las
palmas abiertas de Rama; sus ojos derramaban lgrimas de ale-
gra; un coco, que simboliza prosperidad, haba sido puesto en las
palmas de Rama y despus las manos de Sita descansaron en l.
Janaka derram leche sobre sus manos como parte de la cere-
monia de dar a la novia.
Janaka le dijo las siguientes palabras: Rama! He aqu a Si-
ta, mi hija. Ella andar por tu camino de rectitud desde ahora en
adelante. Acptala. Ella trae prosperidad, paz y alegra. Toma su
mano con las tuyas. Ella es sumamente virtuosa y sincera. Des-
de este momento, ella es tu sombra para siempre. Con estas pa-
labras, derram agua en las manos de Rama sellando as la
unin.
Despus se acerc adonde estaba Lakshmana y dijo: Te es-
toy entregando a Urmila; acptala, y con los mantras prescriptos,
complet la ceremonia de dar a su hija al novio. Del mismo mo-
do, se acerc a Bharata y, pronunciando los mantras vdicos que
tradicionalmente se citan en las bodas, le dio a Mandavi como no-
via. De la misma manera, Sruthakiti le fue entregada a Satrugna,
derramando agua sagrada y recitando los Vedas. Despus los
eruditos vdicos completaron los ritos y rituales acostumbrados,
para que la gracia de Dios se derramara sobre las parejas recin
casadas.
Despus, Janaka se puso de pie y, parado en el centro del
estrado, anunci a los novios: Queridos mos, nuestras hijas de-
ben ser instaladas como dueas de sus hogares. El momento
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auspicioso ha llegado. Tan pronto como lo dijo, con las bendicio-


nes y aprobacin de Vasishta, los cuatro hermanos tomaron a sus
novias de las manos y dieron vueltas en torno al fuego sacrificial,
despus, alrededor de Janaka y Vasishta el preceptor, y se pos-
traron ante ellos.
Mientras estaban haciendo esta parte del ritual, una lluvia de
flores cay sobre ellos; msica maravillosa surgi de una gran va-
riedad de instrumentos. La distinguida concurrencia aclam el
momento y arroj granos de arroz en sus cabezas, desendoles
a todos lo mejor en la vida. El jbilo con el que gritaban: Felici-
dades! Felicidades! estremeci el cielo. Todos se deleitaban con
este clamor. Los dioses tocaban msica en el cielo, y se oa un
delicioso sonido de tambores. Los habitantes del cielo cantaban
alabanzas.
En el estrado, los msicos de la corte interpretaban las can-
ciones tradicionales de boda, describiendo el esplendor de la ce-
remonia, alabndola y comparndola con la boda del Seor Shi-
va y Gauri.
Era una variedad de melodas que llenaba la atmsfera con vi-
braciones de regocijo. Los cuatro hermanos y sus novias perma-
necieron de pie en el estrado enfrente de la enorme concurrencia
y se inclinaban agradeciendo los vtores y felicitaciones: Que sean
felices para siempre. Que todo sea bueno para ustedes.
Los hermanos, resplandecientes de herosmo, juventud y be-
lleza, fueron con sus esposas a los apartados ubicados detrs de
las cortinas, desde donde sus madres observaban la ceremonia,
para postrarse y ser bendecidos por ellas. Despus regresaron al
palacio que se le haba asignado al grupo real. Desde ese da, y
durante los tres siguientes, hubo una variedad de ceremonias y fes-
tivales maravillosos; tanto, que la gente de Ayodhya que haba ve-
nido a Mitila, as como los habitantes de esta ltima, no podan dis-
tinguir entre la noche y el da. Era una festividad sin interrupcin.
El da despus de la boda, Viswamitra fue a ver a Dasarata y
le dijo que su misin haba terminado. Llam a los hermanos pa-
ra que se acercaran a l y los acarici con mucho cario. Los ben-
dijo profusamente, y dirigindose hacia Dasarata, expres su in-
tencin de ir a los Himalayas. Al or esto, Rama, Lakshmana, Bha-
rata y Satrugna se postraron a los pies del santo. Viswamitra se
dirigi entonces al palacio de Janaka y tambin le dijo que su de-
seo haba fructificado triunfalmente. Bendijo a Janaka y a las no-
vias Sita, Urmila, Mandavi y Sruthakirti; ah tambin anunci
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que se iba a los Himalayas. Dasarata y Janaka y muchos otros de


Ayodhya y Mitila no queran dejar ir al sabio ni persuadirlo de que
se quedara. Por ltimo, se postraron ante l con gratitud y toma-
ron el polvo de sus pies cuando se fue, bendiciendo a todos.
El tercer da, cuando Dasarata expres su deseo de partir ha-
cia Ayodhya, Janaka no puso ninguna objecin, sino que hizo to-
dos los arreglos para su partida. Reuni a los cortesanos y a las
damas que iban a acompaar a las novias; mand traer muchas
carrozas con los artculos que se tenan que llevar. Les dio como
regalos un gran nmero de elefantes, carrozas, caballos y vacas.
A sus yernos les dio joyas en abundancia, as como una variedad
de regalos invaluables que podan usarse en la vida diaria. Al
amanecer del da siguiente, las carrozas estaban listas para par-
tir. Las mujeres de la corte lloraban; a decir verdad, todas las mu-
jeres de la ciudad estaban llorando ante la partida de las cuatro
queridas princesas.
Incapaces de soportar el dolor de la separacin de Sita y Ur-
mila, las ancianas nodrizas rompieron en llanto. Las madres to-
maron de las manos a sus yernos y les rogaron que trataran a sus
hijas con gentileza y afecto. No conocen la dureza ni la pena, han
crecido con dulzura y ternura, les rogaban patticamente. Llora-
ron como si perdieran sus propios ojos. Por ltimo ascendieron a
las carrozas y partieron. La ciudad se haba colmado de tristeza,
tanto como haba estado de xtasis los das anteriores.
Para Janaka era muy difcil separarse de Sita, haca lo posible
por enjugarse las lgrimas; acompa al emperador Dasarata du-
rante alguna distancia describindole las virtudes de la princesa y
rogndole que la tratara con ternura; con lgrimas en los ojos le pi-
di que le informara frecuentemente acerca de su bienestar y feli-
cidad. Tambin habl de las otras novias y mostr gran ansiedad
por ellas. Dasarata le respondi muy cariosamente, le habl con
suavidad haciendo lo posible por mitigar la agitacin de su mente.
Le dijo: Janaka, nosotros no tenemos hijas, as que stas son las
hijas que durante tanto tiempo hemos ansiado acariciar. Para no-
sotros son tanto hijas como nueras. No les faltar nada, se les pro-
veer de todo lo necesario para su alegra y felicidad. No te preo-
cupes ni sientas pena en lo ms mnimo. Regresa con la total se-
guridad de nuestro afecto y amor por ellas. Y diciendo esto, Da-
sarata orden que la carroza se detuviera.
Janaka descendi de la carroza del emperador y se acerc a
las novias, quienes estaban sentadas junto a los novios. Las con-
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sol de distintas maneras, porque ellas tambin sentan el dolor


de la separacin del hogar donde eran cuidadas con tanto amor.
Les infundi valor, y les record muchas citas de las Escrituras
que hablaban de la lealtad al marido y a todos sus parientes. Les
record cmo tenan que tratar a los sirvientes del hogar donde
cada una de ellas se encontrara pronto. Acept sus respetuosas
postraciones, las acarici una vez ms y las bendijo. Cuando se
volvi para partir hacia Mitila, solt el llanto; sin embargo, subi a
su carroza y se dirigi a su casa. Las carrozas muy pronto estu-
vieron a kilmetros de distancia. Cuando Janaka lleg a Mitila, las
habitaciones del palacio estaban vacas, sin seales de vida; sin
brillo de alegra, sin ninguna voz ni jbilo. No poda estar ah ni
por un instante. Mitila era la ciudad de la tristeza. Janaka mand
llamar al santo Sathananda y a los ministros, y para poder aliviar
su mente de la pena, despach una serie de asuntos que tena
que discutir. Entre asunto y asunto su mente vagaba en la triste-
za una y otra vez, y hasta daba respuestas que ni siquiera esta-
ban relacionadas con los problemas que surgan. A esto un mi-
nistro dijo: Seor, parece que la separacin de Sita ha causado
gran pena en tu corazn, pero piensa que ningn padre se puede
escapar de esta separacin y de esta pena. Una vez que ella fue
entregada al novio, es deber del padre reducir su apego gradual-
mente; esto no es desconocido para su majestad. Sabemos que
Sita no es una princesa comn; ella es un ngel divino, as que la
separacin de ella te debe causar mayor agona, oh rey! Pero si
las hijas son divinas, tambin los yernos tienen divino resplandor.
Parecen haber descendido del cielo. En Mitila, todos, jvenes y
ancianos, tuvieron ese sentimiento. En verdad es una maravillosa
coincidencia que tales novios se hayan casado con ellas, mere-
cedoras en todos los aspectos: fsico, mental, intelectual; por sus
caractersticas espirituales, por su jerarqua, riqueza, poder, ho-
norable familia, santidad en la dinasta, as como por su fe reli-
giosa. Esto no le sucede a todos. Por todo lo anterior, las hijas
tendrn felicidad sin lmite. Sus existencias tendrn ms y ms
alegra a medida que pasen los aos. Recordaron las maravillo-
sas celebraciones de la boda y calmaron la mente agitada de Ja-
naka. Se dedicaron a consolarlo y restablecerle la ecuanimidad y
la paz mental.

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8. Otro reto
Mientras tanto, Dasarata se diriga hacia Ayodhya, con sus hi-
jos y nueras, sabios y eruditos, infantera, elefantes, caballera y
carruajes y los ciudadanos de su imperio. De repente, observaron
algunos augurios negativos y sintieron la premonicin de que al-
go grave iba a suceder. Dasarata se aproxim a Vasishta y lo con-
sult: Maestro! Qu prodigio es ste. Nubes oscuras estn cada
vez ms densas y rugiendo, las bestias de la tierra caminan alre-
dedor de nosotros en crculos. No deberan comportarse as, no
es verdad? Cul puede ser la razn? Qu es lo que indica? Me
siento algo nervioso acerca de estos presagios. Vasishta inme-
diatamente vio a travs de ellos por medio de su divina visin in-
terna y dijo: Oh rey! Estas son seales de que algn suceso te-
rrible se nos aproxima. Las nubes estn rugiendo de modo ate-
rrador. Sin embargo, considerando el hecho de que las bestias de
la tierra estn dando vueltas alrededor de las carrozas, se puede
deducir lo siguiente: el desastre que nos amenaza ser obstruido,
as que no debes angustiarte. Vasishta le dio fe y confianza a Da-
sarata y esperaron los sucesos.
De repente el viento se convirti en un monstruoso cicln.
Hasta los rboles gigantes eran arrancados de raz y caan ha-
ciendo un ruido estrepitoso. Los picos de las montaas rodaban
unos sobre otros. Se oan explosiones en el aire como si la tierra
misma se estuviera rompiendo en pedazos. Los que iban en las
carrozas no podan ver ni al vehculo de adelante ni al de atrs;
un espeso polvo surga por todas partes. Caballos y elefantes em-
pezaron a correr sin control a causa del pnico. Los soldados que
iban a pie caan inconscientes; otros se quedaban de pie, petrifi-
cados de miedo.
Vasishta, Dasarata y los cuatro hijos fueron las nicas perso-
nas que permanecieron sin miedo en medio de la calamidad. To-
dos los dems quedaron sin nimo. Y tenan razn, ya que la tie-

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rra y el aire estaban envueltos en la ms profunda oscuridad, la


misma que contrastaba de pronto con relmpagos que cegaban.
Entonces, una forma espantosa, de ojos terrorficos, apareci an-
te ellos.
Su cabeza tena una corona de cabello revuelto. Llevaba un
hacha inmensa de doble filo sobre un hombro y en el otro, un car-
caj con flechas que centelleaban como rayos. Pareca la imagen
de Shiva con el tercer ojo, en camino de destruir a los demonios
gobernantes de la Triple Fortaleza! En cuanto lo pudo distinguir,
Vasishta lo reconoci; era Parasurama. Pero se preguntaba por
qu estaba tan furioso, ya que toda su ira en contra de los clanes
kshatriyas haca tiempo que se haba apaciguado como resultado
de las batallas en las cuales l los haba destruido. Trat de des-
cubrir qu podra haber hecho resurgir la llama de los nimos ya
enfriados.
Vasishta mismo se dirigi hacia Parasurama con los saludos
tradicionales de bienvenida, es decir, invitndolo a lavarse las
manos y pedirle permiso para lavarle los pies. Pero, aunque acep-
t estas seales de buena voluntad y recepcin amistosa, Para-
surama observaba a Rama con los ojos como carbones encendi-
dos. Rama, sin embargo, responda con una sonrisa encantado-
ra, la cual slo aliment ms su ira. Entonces, Parasurama dijo a
gritos: Eh, hijo de Dasarata! He escuchado de tus hazaas a mi-
les de leguas. Tambin o cmo rompiste el arco de Shiva como
si fuera un juego de nios. Pero de todo lo que aqu se habla yo
no he visto nada directamente. He venido ahora para examinar tu
valor personalmente. He trado este divino arco sagrado. Perte-
neci a Jamadagni, mi venerado padre. Mustrame tu poder ten-
sndolo y poniendo una flecha en l, o si no, ven, lucha conmigo.
As ret a Rama con ira apasionada.
Rama no se afect por toda esa demostracin de ira. Perma-
neci sonriendo framente. Oh Bhargavarama!, yo pens que
esta venganza que habas abrigado contra los kshatriyas haba
terminado hace tiempo. Por qu esta reincidencia? Por qu es-
ta recada, este absurdo?, pregunt. En ese momento, Dasarata
se inclin y, en tono doloroso, le dijo a Parasurama: Bhagavan,
t eres un brahmn. Has ganado gran renombre. Mis hijos son
tiernos adolescentes. Por qu derramar un odio vengativo en
contra de ellos sin ninguna razn en absoluto? Esto no es digno
de la elevada jerarqua de tu linaje. Tus antepasados estudiaron
los Vedas sin interrupcin y llevaron a cabo ritos y ceremonias
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con elaborado cuidado. T mismo declaraste ese da, cuando en-


traste al ritual Chandrayana, que ya no empuaras ningn arma
a partir de ese momento; dijiste que tus deseos haban sido cum-
plidos; hiciste esto delante del dios Indra nada menos, otorgando
todos los territorios conquistados por ti a Kasyapa, resolviendo
ustedes pasar el resto de sus das llevando a cabo acciones rec-
tas y ganando ecuanimidad.
Durante mucho tiempo estuviste ocupado realizando auste-
ridades en la montaa Mahendra, y ahora, totalmente en contra
de tus intenciones declaradas, tu mente est dispuesta a destruir
mi dinasta y mi familia. No es un pecado terrible ir en contra de
la palabra dada? Despus de haber roto esta promesa, para qu
sirve la austeridad? No hay ningn Dios superior a la verdad, no
es as? Ests retando nicamente a Rama y dices que pelears
slo con l. Si algo le pasara a ese hijo, mi familia entera caera
en la peor de las calamidades. Nuestras vidas terminaran en el
momento que el peligro lo daara. Un brahmn como t no de-
bera hacerse responsable de la prdida de tantas vidas! No slo
es un sacrilegio para los brahmines, sino tambin un terrible pe-
cado.
Parasurama no prest atencin a las palabras de Dasarata;
ni siquiera lo oa. Tena su mirada slo en Rama. Dijo: El arco
que rompiste y ste, ambos, han venido del cielo. Viswakarma, el
divino artfice, hizo los dos. Uno le fue ofrecido a Shiva, para usar-
lo en contra de los demonios de la Triple Fortaleza; el otro se le
confi a Vishnu. Una vez que los demonios fueron destruidos,
Shiva lo mand al emperador Devarata, con las flechas que se
usaron para la batalla. Tal vez el arco estaba dbil y frgil, ya que
el propsito para el cual fue ofrecido se haba cumplido ya. No es
prueba de fuerza ni de herosmo si se rompe tal arco.
Este arco todava tiene un trabajo que hacer, por lo tanto an
conserva su vigor y vitalidad. Este arco est sobrecargado de po-
der. Tmalo, tnsalo y rmpelo como hiciste con el otro. Esa es la
manera de probar tu fortaleza y tu herosmo. No andes por ah or-
gulloso de haber roto el arco de Shiva. Rompe ste y escribe tu
nombre en los anales de los valientes.
Podrs dudar de que ste sea el arco de Vishnu continu.
El mismo lo mantuvo bajo la custodia de Hrishika, un gran santo,
que se lo dio a su hijo, Jamadagni, ste es mi padre. El fue el de-
positario de enormes mritos adquiridos por la austeridad; era tan
puro de corazn que no tena rasgos de odio ni venganza en l.
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Mi padre renunci al uso de las armas; sin embargo, Karthavir-


yarjuna, el malvado, lo mat. Fue un crimen de una crueldad inu-
sitada; nadie antes haba matado a otro tan atrozmente. Yo deci-
d no tener clemencia; le tena que dar una leccin, promet que
destruira no slo a ese monstruo, sino a todos los reyes que no
fueran virtuosos. Desde ese da, he estado cortndolos en peda-
zos y practicando juegos de pelota con sus cabezas. Este arco
estuvo conmigo en todas esas batallas. He matado a muchos mo-
narcas malvados. El mundo entero est sojuzgado por m. Mi fu-
ria contra aquellos que haban matado a mi padre se calm un po-
co con esto. Desist de la venganza y empec un sacrificio vdi-
co. Invit a Kasyapa a ese ritual, ya que era un gran santo dedi-
cado a actividades meritorias, y le di la tierra que yo haba con-
quistado como pago por supervisar el rito. Desde entonces he pa-
sado mis das en la montaa Mahendra, con mi mente inmersa en
la paz y mi intelecto brillando con esplendor espiritual.
Tu padre me pregunta por qu he tomado de nuevo esta ar-
ma y te he retado, luego de haber renunciado al camino del odio y
la venganza. Les voy a responder ahora, Rama. Dos arcos fueron
creados en el cielo y quedaron en la Tierra. T has roto el arco de
Shiva. Ahora slo ste permanece intacto. Si ste tambin se rom-
pe, no tendr ningn sentido que permanezca conmigo, porque se
habr realizado su propsito. Entonces mi renunciacin ser com-
pleta; deseo que este arco tambin se rompa o que t te lo que-
des. Estaba esperando el momento de esta consumacin. El mo-
mento ha llegado. Estoy decidido a usarlo en lugar de desaprove-
charlo o permitir que sea mal usado. Tal vez dudes de que pelear
sea la mejor manera de aprovechar el tiempo; no obstante, lo que
hay que ver es el significado de la lucha; puede ser para el pro-
greso y bienestar del mundo, puede promover la supresin de los
no virtuosos y dar valor a los buenos. No puedes decir que la gue-
rra sea indeseable juzgando desde un punto de vista superficial;
analiza el propsito. Cuando se tiene que afilar un cuchillo, uno de-
be afilarlo en la piedra. Nadie podr condenar el proceso llamn-
dolo daino para el cuchillo. Si el cuerpo deriva fortaleza de los ali-
mentos, stos tienen que ponerse en medio de dos hileras de afi-
lados dientes y convertirse en pasta, sin piedad. Puede ser nece-
sario para proveer comida pura para el cuerpo o para el cuerpo po-
ltico el decidirse a la batalla, al enfrentamiento y al aparente dolor.
Bueno, estamos en medio del camino, a mitad del viaje. No
es adecuado entablar plticas estando aqu de pie. Entremos en
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accin. Es imperativo que comencemos de inmediato: vamos! O


tensas este arco y lo rompes, o luchas conmigo! Este fue el de-
safo de Parasurama. Lakshmana estaba furioso al escuchar
aquel reto, y estuvo a punto de intervenir con una calurosa res-
puesta cuando Rama lo call diciendo: Este asunto no te con-
cierne, ya que las preguntas que me hagan, slo yo tengo que
responderlas. Va en contra de los buenos modales interponerte,
djame que maneje esta situacin. Su afectuoso y dulce conse-
jo hizo desistir a Lakshmana, pero cuando Parasurama empez a
rerse de Rama y a ridiculizarlo por no aceptar el reto en cuanto
se le hizo, Lakshmana no pudo contener su iracunda reaccin y
le respondi gritando: Bhargava, esto no es nada para quien
rompi el arco de Shiva! Para quebrar ese arco tan pequeo, por
qu retas a Rama? Esa arma de brahmn slo es una brizna de
hierba. Yo mismo puedo romperlo en un instante sin esfuerzo, y
hasta jugando. Por qu pedirle a Rama una tarea tan insignifi-
cante? No necesitas decirle que lo haga. Cuando Lakshmana
pronunci estas palabras, Parasurama se encoleriz ms an,
pero Rama tom todo con frialdad y calma; le sonri a Lakshma-
na y lo tranquiliz hablndole suavemente. As, cuanto ms enfu-
recido estaba Parasurama, ms ecunime y ms controlada era
la reaccin de Rama.
Entonces Parasurama perdi el control de s mismo, le dio
rienda suelta a su lengua y empez a insultar; esto caus cons-
ternacin en el corazn de Dasarata. Las damas y sirvientes se
escondan de las furiosas arremetidas. El ejrcito temblaba de
miedo. Los eruditos estaban aterrados. Sita, sin embargo, obser-
vaba la escena, divertida; no estaba atemorizada en lo ms mni-
mo. Les daba nimo y confianza a los corazones de Urmila, Man-
davi y Sruthakirti dicindoles que Parasurama slo era un manso
chacal frente al len que era Rama. Cuando Bharata y Satrugna
vieron a Rama reprimiendo a Lakshmana, decidieron no interve-
nir, porque de otra manera ellos tambin habran participado en la
ria y le habran pedido permiso a Rama para pelear o asumir el
reto. Esperaron las rdenes de Rama y se mantuvieron alejados.
Vasishta tena la capacidad de ver el pasado y el futuro, as que
se dio cuenta de que el incidente no era sino una escena en el
drama divino. Permaneci en silencio, imperturbable.
Ramachandra habl con profunda calma: Parasurama, t
eres de la casta sacerdotal. Para un guerrero eres objeto de ado-
racin, de acuerdo con la jerarqua de las castas. Eres pariente
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del venerado Viswamitra. No siento que sea propio matar a un


brahmn de tan elevada casta. Tampoco es adecuado que apun-
te esta arma sagrada en contra tuya. T mismo acabas de decla-
rar que pertenece al reino de los dioses, y que hasta ahora ha
destruido a todos los enemigos, ciudades y fortalezas en contra
de los cuales ha sido usado, y que puede vencer y sobreponerse
a la fuerza y orgullo de quien se encuentre a su paso. No es un
desperdicio hacerlo inservible? As que elige cualquiera de estas
dos alternativas y dime: debo impedirte andar sobre tus pies?,
o debo impedirte alcanzar los mundos elevados que te has ga-
nado mediante austeridades? Cuando escuch estas palabras,
Parasurama se enoj ms an. Sus ojos se pusieron rojos. Se
apresur hacia Rama exclamando: Qu ests parloteando?
Rama tom el arco de Vishnu que colgaba del hombro de Para-
surama con una risa burlona que hiri su orgullo. Pero tan pronto
como el arma lleg a manos de Rama, Parasurama se debilit.
Perdi energa y vitalidad y en cambio Rama brill con aadido
resplandor que ningn ojo podra soportar tal visin. Ah estaba
de pie, como si miles de lmparas iluminaran todo el derredor.
Cuando el autntico arquero, Narayana mismo, la tom, el arma
tambin comenz a brillar; un aura triunfal cubri el arco y eman
luz de l. Los dioses se reunieron en el cielo y lanzaban flores so-
bre Rama, quien sostena el arco. Se oa una meloda auspiciosa
que provena del cielo.
Mientras tanto, Parasurama era todo sonrisas. Rama! di-
jo, te diste cuenta de lo que sucedi? He experimentado el de-
leite de la manifestacin divina, tu divino resplandor. En tiempos
pasados, le di esta regin de la tierra a Kasyapa. Al recibirla, di-
cho sabio declar que yo no podra entrar de nuevo a sus domi-
nios, y si lo hiciera, no pasara la noche; l me maldijo as. Bien,
ya est oscureciendo. No puedo permanecer aqu por ms tiem-
po. Debo apresurarme a la montaa Mahendra. Gracias a mis se-
veras austeridades, he ganado las regiones elevadas del cielo.
Rompe el arco, y con ello destruye todo el poder que gan. Todo
el poder que he logrado es tuyo. Rama, observa esto, estoy en-
tregndote el poder que yo he ganado. Y se acerc y abraz a
Rama con firmeza. En ese momento, tres facetas de la Divinidad,
que hasta ese momento haban subsistido en l, se fundieron en
Rama. Despus, Parasurama le dijo: Rama! El mundo no pue-
de comprender fcilmente el misterio de la Divinidad; hasta aque-
llos como yo, que han ganado gran poder a travs de la renuncia,
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el desapego y prcticas ascticas, confan ms en sus propios lo-


gros espirituales, ignorando la influencia de la divina estrategia de
Vishnu.
Por eso me he decidido a que tu Realidad y genuino poder
sean conocidos en el mundo; te he dado como una ofrenda los
poderes que yo tena, tambin he comprobado una vez ms que
t eres Vishnu, el dios de poder nico, el dios que dirige el drama
del Universo. No hay nada que no tenga de ti, nada que no seas
t. T lo eres todo. Todo es tuyo. Tuve la buena fortuna de em-
puar durante un tiempo tu divino arco, y como consecuencia ob-
tuve cierta reverencia del mundo. Ese es el mrito que he gana-
do y sta es mi ofrenda. Despus de decir esto, Parasurama de-
sapareci.
Rama le dio el arco y las flechas al dios Varuna con una son-
risa imperturbable. Se postr ante Vasishta y Dasarata, que esta-
ban a su lado. Dasarata haba estado temblando de miedo todo
el tiempo, sintiendo aprehensin por lo que pudiera sucederle a
su hijo por esta aparicin, pero ahora estaba libre de ansiedad.
Acerc a Rama hacia s y lo acarici afectuosamente. Levant la
cara de su hijo hacia l tomndolo por la barbilla, y encontrando
difcil expresar sus sentimientos, le dijo: Querido hijo, en verdad
soy afortunado, tema no volverte a ver! Tu valor, tu resuelto he-
rosmo est ms all de la imaginacin. De esta manera, alab y
reconoci las hazaas de Rama. En respuesta, Rama le dijo: La
rectitud tiene que vencer, la victoria es su inevitable resultado. En
las etapas preliminares de la batalla, se puede sentir temor y apa-
recer obstculos que parecen insalvables; hasta pueden aturdir la
mente. Puede surgir la sospecha de fallar o ser vencido. Sin em-
bargo, en lugar de inclinarse o doblegarse ante l, uno tiene que
poner su atencin en la meta. Entonces nunca se podr fallar, y
el fracaso nunca llegar. Los hombres no han indagado en toda
su profundidad acerca del poder de la rectitud; se dejan llevar por
obstculos superficiales y preocupaciones, abandonan el camino
y sufren. Lo que ha sucedido es para bien. Atribuyo esto a tus
bendiciones.
Diciendo esto, Rama se postr nuevamente a los pies de su
padre. Las fuerzas armadas estn esperando tus rdenes para
reiniciar la marcha hacia Ayodhya. Por favor, comuncales tus r-
denes, dijo Rama. Dasarata se senta feliz: Hijo, por qu tar-
darnos ms? La pena y la alegra nos afligen una despus de la
otra y causan angustia a la persona y a su cuerpo. Podemos ir a
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la capital y buscar vivir felices de la mejor manera posible. Llam


a sus ministros a su lado y les pidi que ordenaran a las tropas
que avanzaran.
Los soldados gritaron de alegra y empezaron a moverse. El
miedo haba cesado.
Dasarata pas el resto del viaje hablando y disfrutando los
sorprendentes sucesos de ese da. Cuando se acercaron a la ciu-
dad se mand un regimiento para que informara a los ciudadanos
de la llegada del grupo. El recuerdo de la grandeza y gloria de lo
que haban experimentado en Mitila, camino a casa, les dio velo-
cidad a sus pies y volaron como flechas hacia la ciudad. Anun-
ciaron que Rama, Lakshmana, Bharata y Satrugna entraran en
Ayodhya con sus novias y que Dasarata los haba enviado para
dar las buenas nuevas.
Los ciudadanos de Ayodhya decoraron y embellecieron las
calles y casas de distintas y atractivas maneras. Se ataron hojas
de pltano a ambos lados del camino. Tambin se colgaron cocos
de los postes y se salpicaron las calles con agua de rosas. La ciu-
dad entera se hizo encantadora y atractiva.
Los msicos con sus instrumentos se colocaron a lo largo del
camino. Hubo fuegos artificiales distribuidos tambin a todo lo lar-
go del trayecto, a manera de que se hiciera una larga fila de co-
lor y sonido. Esperaron al grupo con el sentimiento ms profundo
de alegra, contando los minutos a la vez que miraban a la dis-
tancia para captar el primer atisbo de su llegada. Las mujeres con
sus velos se reunan en las ventanas y terrazas de las mansiones,
o miraban tras las cortinas.
El emperador Dasarata entr a la ciudad de Ayodhya con sus
hijos y sus nueras. La msica comenz en cuanto estuvieron a la
vista. La gente grit vivas con entusiasmo hasta que sus gargan-
tas se quedaron sin voz. Las mujeres ondeaban las lmparas,
lanzaban flores y salpicaban agua de rosas. Los prncipes brilla-
ban como el sol con las novias que parecan estrellas resplande-
cientes. Cuando el pueblo vio la escena, muchos se olvidaron en
dnde estaban o quines eran; su dicha no conoca lmites. Su
sed de mirar no poda ser apaciguada, no importaba cunto vean,
as que caminaron enormes distancias para poder mantener los
ojos en ellos.
De esta manera, la ruta completa estaba cubierta hasta las
puertas del palacio. Ah, los sacerdotes se haban reunido para
recitar himnos vdicos invocando la buena fortuna y prosperidad
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para los recin casados. Las damas de la corte ondearon las lm-
paras y llevaron a cabo muchos ritos para eliminar el mal de ojo;
asimismo les rogaron a las nueras que entraran primero con el pie
derecho.
Mientras tanto, a la entrada estaban las reinas, Kausalya, Su-
mitra y Kaikeyi esperando su llegada con vida ansiedad. Se sal-
picaron esencias de sndalo y se pusieron flores en el pelo y pun-
tos rojos en la frente. Estaban llenas de felicidad, fueron hacia
ellos y los acariciaron bendicindolos una y otra vez. Los cuatro
hijos y las nueras se postraron ante las tres madres; cuando lo hi-
cieron, sus ojos lloraron de alegra, ya que su felicidad no cono-
ca lmites.
Mientras tanto, las doncellas trajeron arroz y leche hervida en
platos de oro; las madres pusieron comida en las bocas de los re-
cin casados; les pidieron que comieran, les dieron leche para
que bebieran. Despus los llevaron a las habitaciones interiores.
Por la tarde, las damas de Ayodhya fueron invitadas al pala-
cio para presenciar la auspiciosa ceremonia de bienvenida a los
recin casados. Se prepar un estrado imponentemente bello,
con sitiales dorados. Las reinas vestan costosos ropajes y pie-
dras preciosas; comisionaron a unas doncellas especialmente pa-
ra ayudar a las nueras a ponerse la ropa y todas las joyas, y lue-
go ellas mismas lo supervisaron, para que la belleza de sus nue-
vas hijas se realzara an ms. Las tomaron de las manos y las lle-
varon hasta sus asientos.
Para ese momento, Rama, Lakshmana, Bharata y Satrugna
ya haban tomado sus asientos, portando ropajes dignos de prn-
cipes y costosas joyas y coronas. Cada uno se sent a la derecha
de su novia. Las madres, as como las damas que haban sido in-
vitadas, llenaron sus ojos con el esplendor de la escena y su di-
cha era tan grande, que no poda ser expresada con palabras.
Mientras la ceremonia se llevaba a cabo, afuera de palacio se re-
partan regalos. Vacas, dinero, oro, tierras, granos, vehculos y
caballos se regalaban en gran cantidad.
Los sacerdotes se acercaron al estrado y esparcieron granos
de auspicioso arroz en la cabeza de los recin casados, mientras
elevaban su voz con cantos vdicos. Las mujeres casadas ondea-
ron 108 lmparas ante ellos para evitar el mal de ojo. Luego de
esto los hijos se pusieron de pie y con sus esposas se postraron
ante las madres, el padre y el gur Vasishta. Despus, se retira-
ron a sus propios aposentos.
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9. Preparativos para la coronacin


El prncipe de Kekaya el to materno de Bharata se acer-
c a Dasarata y le dijo que ya haba pasado mucho tiempo desde
que haba salido de su reino, que su padre estaba esperando ver-
lo regresar, que hubiera sido feliz de presenciar las festividades,
pero su padre no haba sabido de la boda de Bharata; dijo que se
sentira muy triste de saber que la boda de su nieto se haba ce-
lebrado en su ausencia, pero que esa decepcin podra mitigarse
en algo si Bharata iba con l para que se pudieran organizar al-
gunas festividades all para su satisfaccin y placer.
Dasarata consult con sus esposas y llam a Bharata a su
presencia. Hijo, tu to materno, Yudhajit, ha venido para llevarte
con l; cuando me pidi que le permitiera llevarte con l yo no
acept, pero me ha dicho que tu abuelo est ansioso por verte,
as que preprense para ir con l, orden Dasarata. Entonces
Bharata le dijo: Padre, sera muy bueno si Satrugna tambin vi-
niera conmigo. As que a l tambin se le dijo que se preparara
para ir, y ambos partieron a la ciudad de Girivraja con sus res-
pectivas esposas.
Movido por su respeto hacia los mayores, Bharata hizo los
preparativos para partir con su esposa sin ninguna objecin ni
ningn argumento en contra. Estaba dotado del ms elevado in-
telecto; adems era dueo de s mismo, de sus sentidos y deseos.
Bharata y Satrugna, con sus esposas, viajaron muy felices y lle-
garon a la ciudad de Girivraja. El abuelo ansiaba verlo y mostrar-
le su cario. Se apresur a acariciarlo al igual que a Satrugna, los
sent cerca de l y les pregunt sobre la salud y felicidad de la
gente de Ayodhya; les dijo que se vean exhaustos por las largas
horas de viaje e insisti en que descansaran y los gui a las resi-
dencias asignadas para ellos; desde ese momento los trat con
ms afecto que a sus propios hijos y estaba pendiente de sus m-
nimas necesidades.

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Aunque el abuelo se preocupaba por su comodidad y alegra,


los hermanos parecan sufrir algn descontento secreto; no po-
dan soportar la separacin de su anciano padre y de Rama, el
cual era el aliento mismo de su existencia. Conversaban entre
ellos constantemente slo acerca de Dasarata y de Rama. Todo
el tiempo, la ansiedad por la salud y bienestar de su padre los
atormentaba a pesar de ellos mismos, y no les permita tener paz
en la mente.
Mientras sus sentimientos eran as en Girivraja, en Ayodhya no
pasaba ni un solo momento sin que Dasarata sintiera anhelo por
sus hijos; se senta vaco sin ellos. Muchas veces se preguntaba a
s mismo: Por qu los habr mandado? Oh, qu bueno habra
sido si no hubiera consentido que se fueran! Los cuatro hijos eran
como cuatro brazos para Dasarata; ahora estaba desprovisto de
dos. Un da, Rama vio a su padre sumido en sus pensamientos de-
bido a la separacin de Bharata y Satrugna. Se acerc a su padre
y sentndose junto a l le dijo suaves y dulces palabras, hacindo-
lo sentirse feliz. Rama era sumamente gentil. No importaba cun
duramente hablaran los dems, el sola responder dulce y suave-
mente. Aunque los otros pudieran hacerle dao, nunca pensaba en
contra de ellos, slo buscaba ser bueno y poderlos servir. Cada vez
que tena tiempo sola platicar con los monjes mayores, venerables
brahmines y eruditos acerca de los cdigos de la buena conducta
y moralidad. Analizaba los misterios del pensamiento vedntico en
palabras sencillas y, como un buscador comn, planteaba sus pro-
blemas ante los eruditos para resolverlos con su ayuda. Los sabios
y eruditos, maestros en la ciencia del Vedanta y la investigacin fi-
losfica, sentan jbilo ante las explicaciones dadas por Rama de
los intrincados aspectos que l mismo preguntaba; alababan de mil
distintas maneras su inteligencia y lo profundo de su erudicin.
Rama se diriga a sus sbditos antes de que ellos le hablaran
a l, as de ardiente era su amor hacia ellos. Amorosamente les
preguntaba acerca de su bienestar y se senta lleno de compa-
sin por ellos. Por eso lo amaban los sbditos como a su ms
querido amigo, como a su ms amado pariente, y lo veneraban
por su afectuoso inters por ellos. Rama segua estrictamente las
reglas dictadas por la tradicin, cualquiera que fuera la inconve-
niencia o la incomodidad. A quienquiera que l hablara, le regala-
ba una encantadora sonrisa, una mirada alegre y una dulzura
enorme en sus palabras. Nadie notaba en l ni el ms mnimo ras-
go de ira, disgusto, desesperacin u odio.
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El era la encarnacin de la compasin y la simpata. Estaba


ansioso por rescatar a todos aquellos que sometieran sus deseos
a su voluntad. Los hbitos indeseables de los cuales la realeza
es presa fcil jams pudieron adherrsele, incluso ni acercrse-
le. No era una vctima de los malos hbitos de hablar demasiado
o con frivolidad. A pesar de esto, si alguien quera lucir ante l su
inteligencia para argumentar, jams lo frustraba con otro argu-
mento ms inteligente para ponerlo en su lugar. No conoca la en-
fermedad del cuerpo o la ansiedad de la mente. Reconoca las
necesidades de la gente, e inclusive antes de que se lo expusie-
ran, l consideraba la respuesta que se poda dar para remediar
el problema, despus de pedir permiso a Dasarata y haber inte-
resado a los ministros en la solucin. Dasarata tampoco obstrua
los deseos de Rama en ninguna forma; los cumpla al enterarse
de ellos. Rama pona mucha atencin hasta en el ms pequeo
detalle del gobierno y tomaba precauciones adecuadas para ver
que los problemas y asuntos complejos no surgieran nuevamen-
te una vez que haban sido resueltos. Otra excelencia evidente en
Rama era que nunca revelaba por anticipado lo que haba decidi-
do. Y hasta que no se decida completamente por una solucin,
nadie poda saberla o anticiparla. Su ira y resentimiento, o su sa-
tisfaccin, jams eran ftiles. No se retrasaba ni se permita a s
mismo ser engaado o ser desviado. Con tales caractersticas su-
premas, Rama brillaba lleno de gloria. Dasarata estaba feliz de
observar la manera en que estaba ganando el amor y la lealtad
de su pueblo. Oa de los ministros, sacerdotes y otros, la crecien-
te fama de Rama, y se emocionaba.
Una noche, Dasarata estaba sediento; no le gustaba desper-
tar a las reinas, as el mismo verti agua en un pequeo tazn, de
una jarra que estaba cerca de la cama, y cuando la estaba be-
biendo, observ que su pulso no era firme, la mano le estaba tem-
blando. Despus de eso ya no pudo dormir. Su mente se perdi
en infinidad de pensamientos. Por ltimo, se percat de que la ve-
jez le haba trado esa debilidad; entonces decidi no reinar ms
tiempo. Cualquier intento de gobernar a la gente sin la fortaleza
de sus msculos ni de su voluntad, slo poda traer confusin y
calamidad. Contaba los minutos desde ese momento para que,
en cuanto amaneciera, pudiera comunicar su decisin a los mi-
nistros. Finalmente, la noche se desvaneci y lleg la luz.
Al terminar sus abluciones matutinas y completar sus ritos de
adoracin diaria, le pidi a sus ayudantes que reunieran a los mi-
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nistros, a los lderes de la gente y a los sacerdotes para una reu-


nin en el palacio. Obedeciendo la orden del emperador, se reu-
nieron rpidamente y lo esperaron. Dasarata se postr a los pies
de Vasishta y le inform de los sucesos durante la noche y el flu-
jo de pensamientos que le surgieron. Le dijo que haba decidido
poner la carga del reinado sobre Rama. Pidi que no se pusiera
ninguna objecin a su propuesta. Deseaba que todos los prepa-
rativos se hicieran pronto para la realizacin de ese deseo.
Sumantra, el jefe de ministros, anunci esta decisin a la con-
currencia; los ministros, cortesanos, ciudadanos, sacerdotes y
eruditos que estaban ah reunidos aclamaron la noticia con jubi-
losa aprobacin. Gritaron: Qu afortunados somos!, qu suer-
te! Sus aplausos llegaban hasta el cielo. Vasishta se levant de
su asiento y dijo: Emperador! No necesitas preocuparte por es-
to en lo ms mnimo. Rama est preparado para este gran papel,
as que podemos esperar un poco y celebrarlo en gran escala in-
vitando a todos aquellos que deseen estar presentes. Sugiero
que esperemos un mes o dos, para que la coronacin de Rama
se lleve a cabo magnficamente como todos lo deseamos. Sin
embargo, Dasarata exclam: Mahatma! Nada est ms all de
tu saber; eres omnisciente. Cuando el rey pierde la fortaleza de
sus miembros, no merece llevar las riendas de un gobierno. Es
una mala seal que un rey, cuya vejez lo ha debilitado, tenga la
codicia de continuar en el trono. Indica que hay avaricia en su co-
razn. Sabiendo todo esto, si lo postergo habr fallado en el de-
ber que distingo con toda claridad. Perdname, pero no trates de
demorar esta ceremonia. Dame permiso para designar a Rama
como heredero al trono dentro de los prximos dos o tres das.
Dasarata rog as, con gran humildad y profunda reverencia.
Vasishta levant a Dasarata y le dio sus bendiciones. Dijo:
Soberano, la boda de Rama tambin sucedi repentinamente.
Cay del cielo como una gracia. As que tus sbditos no tuvieron
oportunidad de compartir la alegra de esa ocasin tan importan-
te. Si la coronacin tambin se resuelve rpidamente, no slo le
causar dolor a los gobernantes de muchas partes de esta tierra,
sino an ms, sera una fuente de gran tristeza para los herma-
nos Bharata y Satrugna. Adems, Janaka, que se ha convertido
en tu pariente y amigo, no podr asistir. Te sugiero, por lo tanto,
que consideres estos puntos antes de establecer la fecha.
Entonces el jefe de los ministros se puso de pie y dijo: Que
el venerado preceptor de la familia me perdone! La decisin del
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emperador tiene el aprecio y la aprobacin de todos. Ramachan-


dra es, como su nombre lo indica, como la luna, la cual repele el
calor que quema y deja la frescura y la comodidad en todos. El
quita el dolor causado por el odio, la maldad, la codicia y la envi-
dia. Por ningn motivo debera haber demora para coronarlo. Por
favor, da las rdenes necesarias para ese fin. Emperador, oro por
el bien de toda la poblacin de este imperio.
Cuando el emperador y el jefe de los ministros le rogaron as,
Vasishta no pudo mantener su punto de vista ms tiempo. Dijo
que era necesario saber lo que la gente pensaba sobre este asun-
to. Dasarata se puso de pie y con una mirada rpida vio a sus mi-
nistros, a los lderes de los ciudadanos, a los sabios y sacerdotes,
as como a todos los dems reunidos en la vasta asamblea, la
cual aclamaba la auspiciosa propuesta a una sola voz que pare-
ca un trueno. En medio de esa excitacin, un ciudadano que per-
teneca a un grupo muy importante se puso de pie y grit: Gran
rey!, los poderosos monarcas de tu linaje nos han cuidado a no-
sotros, los sbditos de este imperio, como si furamos sus pro-
pios hijos. La regin de Kosala ha logrado prosperidad y paz a tra-
vs del cuidado y afecto de los Ikshvaku. Tu hijo mayor, Rama, es
rico en virtudes, es un fiel seguidor del dharma, tan heroico como
el jefe de los dioses, y ms que todo, posee la habilidad de go-
bernar los tres mundos. Es en verdad nuestra buena fortuna que
t hayas concebido la idea de coronarlo como prncipe heredero.
Esta es nuestra buena suerte, es un hecho indiscutible del cual
nadie puede tener duda alguna.
Cuando el ciudadano habl as, en nombre de todos los sbdi-
tos del reino, Dasarata se dirigi a la concurrencia diciendo:
Miembros de esta asamblea! Todos estos aos he gobernado si-
guiendo los pasos dados por mis antepasados y he cuidado de su
bienestar y prosperidad lo mejor que he podido, con un sincero de-
seo de promover el bien en el mundo entero. Todos los aos de mi
vida los he pasado al abrigo de esta sombrilla blanca que est so-
bre mi trono, pero ahora soy un hombre viejo. Me he dado cuenta
de que el vigor y vitalidad de estos miembros han declinado. Este
cuerpo gastado necesita descanso; eso es lo que he decidido. No
es tarea fcil, no es una misin insignificante gobernar un reino, ya
que es la dedicacin de uno mismo al dharma. El dharma se pue-
de mantener inquebrantable a travs del proceso del gobierno slo
por una persona dedicada a la prctica o disciplina espiritual (sa-
dhana) constantemente y por aquel que est dotado con un riguroso
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control de los sentidos. He llevado esta carga durante tanto tiempo


que estoy exhausto por el esfuerzo. Si todos ustedes estn de
acuerdo y les parece bien mi plan, les dir todo acerca de l. Ja-
ms actuar en contra de sus deseos y preferencias.
No hay presin sobre ustedes; no teman ni sientan que yo los
estoy forzando a cumplir mis deseos, o que es una orden real, la
cual tienen que obedecer por fuerza. Lo dejo a su libre albedro y a
su juicio. En caso de que algn otro arreglo les parezca ms ben-
fico, estn en perfecta libertad de presentarlo ante nosotros para su
consideracin. Por lo tanto, conferencien entre ustedes e infr-
menme al anochecer lo que hayan acordado.
Antes de que Dasarata terminara de hablar, la asamblea es-
taba impaciente y excitada, como un grupo de pavos bajo nubes
cargadas a punto de romper en copiosas lluvias. Gritaban su con-
sentimiento, su gratitud y su alegra. T slo deseas lo que es
nuestro propio deseo. No queremos ningn otro regalo. En ver-
dad que sta es demasiada suerte. Ramachandra, viva! Dasara-
ta, viva! Las aclamaciones llegaban al cielo. Escuchando la re-
accin popular, Dasarata se senta entre alegre y aprensivo.
Se qued sorprendido por aquella espontnea explosin de
lealtad y afecto. Recobrando la compostura despus de un mo-
mento, Dasarata mir a la asamblea y empez a hablar: Miem-
bros de esta asamblea! Ninguna labor es ms importante para m
que acceder a vuestros deseos. Yo coronar, sin duda alguna, a
Rama como rey. Sin embargo, tambin siento un poco de temor.
Se los quiero explicar y quisiera recibir consolacin de parte de
ustedes. Deseo que me digan su opinin y me den la satisfaccin
que busco. El hecho es que cuando estuve a punto de exponer-
les la propuesta de coronar a Rama, inclusive antes de que la for-
mulara, ustedes proclamaron que lo coronara sin ninguna duda y
que l tena capacidades ilimitadas para gobernar este reino con
eficiencia. Viendo este hecho directamente, es obvio que ustedes
estn un poco insatisfechos con mi gobierno, o que algunas de
mis leyes estn en contra de sus intereses o inclinaciones. Aca-
so he mostrado alguna tendencia opuesta a la justicia? Estn
ansiosos por coronar a Rama como rey debido a que dudan de mi
habilidad para seguirlos gobernando para su bienestar? Los invi-
to a que sealen mis fallas o los errores que he cometido, sin te-
mor y en detalle. Escuchar con gusto su exposicin.
Uno de los lderes del pueblo se puso de pie y dijo: La capa-
cidad e inteligencia de Rama van ms all de cualquier descripcin.
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Y t, rey, eres igual al dios de los dioses; t eres como Shankara,


con la misma divina compasin y disposicin para conferir todo lo
que se le pida en beneficio de los sbditos. Eres Vishnu en tu ha-
bilidad para cuidarnos. Debemos ser tremendamente malvados si
alguna vez hemos causado problemas durante tu gobierno. Aque-
llos que lo hacen son terribles pecadores. T has llegado a esta re-
solucin porque ests ansioso de hacernos el bien y quieres ha-
cernos felices. Obedecemos tus rdenes sin cuestionar. Al or es-
to, Dasarata se volvi hacia su sacerdote en jefe y le dijo: Oh
grande entre los brahmines!, has escuchado los deseos de la gen-
te; no demores ms, junta todos los materiales que se necesitan
para la ceremonia de coronacin. Construyan los recintos y plata-
formas que las Escrituras prescriben para los ritos y los lugares pa-
ra ofrecer los sacrificios.
Se postr a los pies de Vasishta, el preceptor de la familia, pi-
dindole que supervisara los arreglos, y le rog: Maestro, van a
ayudar todos los que puedan; no tardemos ms en espera de
aquellos que tienen que venir desde lejos. Pueden tener igual ale-
gra cuando oigan que Rama ha sido coronado. No sugieras, co-
mo una razn para postergarla, la necesidad de invitar a Kekaya
o a Janaka y esperar a que lleguen. Otrganos permiso para lle-
var a cabo el sagrado rito de la coronacin lo ms pronto posible.
Soberano! respondi Vasishta, he arreglado todo; po-
demos proseguir tan pronto como lo desees. He ordenado que las
cien vasijas sagradas, la piel de tigre, el recinto cubierto para el
sacrificio, los materiales establecidos en las Escrituras para los ri-
tuales de adoracin, las hierbas y flores, todos estn listos al
amanecer. Esto no es todo; he pedido que las cuatro divisiones
de las fuerzas armadas estn en forma, y tambin que el elefan-
te Satrunjaya, el que tiene todos los signos auspiciosos en que los
Shastras insisten, sea vestido magnficamente. La sombrilla blan-
ca de resplandor y la bandera real de la dinasta imperial tambin
van a estar listas en el palacio. El momento auspicioso tambin
ha sido seleccionado: ser maana. Cuando Vasishta anunci
las buenas noticias, la gente experiment xtasis de gratitud y
saltaba de alegra.
Los caminos fueron barridos y limpiados a conciencia. Sobre
ellos y en las paredes se pintaron elaborados diseos y se colga-
ron adornos, se erigieron arcos sobre los que iban toldos para dar
sombra a lo largo de las calles; cada uno de los ciudadanos esta-
ba ocupado y feliz. La ciudad entera trabajaba diligentemente.
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Los sacerdotes y los jefes de los ciudadanos pidieron permiso pa-


ra retirarse y salir del palacio; pareca un verdadero ro de entu-
siasmo y excitada conversacin. Los ministros y Vasishta se diri-
gieron hacia los salones internos con el emperador.
Dasarata mand llamar a Rama, y reunindose con l en el
saln de audiencias, le explic todas las formalidades de la cere-
monia y los rituales relacionados con la coronacin. Le record
que deba estar listo antes del amanecer y le explic los pasos
preliminares que deba llevar a cabo. Lakshmana escuch la no-
ticia y corri hacia Kausalya, la madre, para llevarle la buena nue-
va; ella no poda contenerse de tanta felicidad, slo esperaba que
Rama fuera a verla. Faltaba muy poco tiempo y la ciudad entera
estaba ansiosa por la coronacin. A muchos kilmetros alrededor,
en las aldeas y hasta en los Estados vecinos, se enteraron rpi-
damente, ya que las buenas noticias vuelan. Nadie esperaba a
nadie; tan pronto como oan se apresuraban hacia la capital. El
flujo de personas por todos los caminos que iban a Ayodhya se
volvi algo incontrolable.
Ramachandra escuchaba lo que Dasarata le detallaba, pero
no responda; sus sentimientos iban ms all de las palabras. No
poda expresar lo que pasaba por su mente, as que permaneca
en silencio. Entonces Dasarata lo acos: Hijo! Por qu no veo
en ti ni una seal de alegra de ser coronado maana? No te gus-
ta la idea de ser emperador? O es un signo de temor por sentir
que estamos poniendo sobre tu cabeza el peso del estado? A pe-
sar de sus ruegos cariosos, Rama no deca nada a su padre. Por
fin dijo: Padre, no entiendo por qu ests actuando con tanta pri-
sa. Mis queridos hermanos Bharata y Satrugna no estn aqu aho-
ra. Mi abuelo est muy lejos y a lo mejor no podr llegar aqu a
tiempo; quiz mi suegro tampoco pueda llegar, as como los go-
bernantes de otros Estados, prncipes y reyes; quiz para ellos
tambin sea difcil asistir. Mi mente se preocupa porque estamos
desilusionando a tantas personas. No acepto la idea de la cele-
bracin cuando de seguro muchos van a sentir pena. Pidiendo
perdn por sus sentimientos, se postr a los pies de su padre.
Vasishta fue el que respondi: Rama, estas objeciones tam-
bin las planteamos nosotros; no creas que accedimos en silen-
cio al deseo del emperador. Pensamos en todos los argumentos
a favor y en contra y consultamos la opinin de la gente antes de
decidir. No hagas ninguna rplica ahora, respeta el deseo del em-
perador; la coronacin y la uncin se llevar a cabo maana mis-
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mo. Debes cumplir ciertas promesas; hoy no usars la cama ni


nada suave cuando te acuestes. T y Sita deben ayunar. Tan
pronto como amanezca, los dos deben tomar un bao, despus
de haberse aplicado aceite sagrado en la cabeza; luego deben
vestir ropa amarilla y prepararse, ya que la auspiciosa estrella
Pushya, seleccionada para el rito sagrado, surgir a esa hora. Por
lo tanto, retrate a tus habitaciones ahora, no te demores. Tan
pronto como el preceptor termin, Rama se postr a los pies de
su padre y de su preceptor y se retir a sus habitaciones, acom-
paado de Sumantra, el fiel ministro. Ahora ya no tena ninguna
duda. Le dio la noticia a Sita, y luego fue rpidamente a los apo-
sentos de su madre. Se postr ante ella y ella lo levant tierna-
mente, y lo acarici con afecto, sobrecogida por la alegra; le pi-
di que a los sacerdotes les regalara las vacas que ella misma ha-
ba conseguido con ese propsito; ya las haban decorado con
costosos adornos. Tambin hizo que Rama diera muchos regalos
a los dems. Lakshmana y su madre estaban ah en ese mo-
mento. Kausalya hizo que Rama se sentara a su lado y, enjugan-
do las lgrimas de alegra que fluan libremente, le confes: Hi-
jo, he esperado este precioso momento desde hace mucho tiem-
po! Mi anhelo se ha cumplido ahora. Estoy feliz. Mi vida ha valido
la pena. Oh joya querida, mi hijo de oro!, desde maana sers
rey. Que tengas larga vida. Gobierna el imperio; que el bienestar
de la gente sea siempre tu ideal, que tu reinado sea feliz y segu-
ro de acuerdo con los dictados de la justicia y la moralidad; acu-
mula fama inmaculada y mantn la reputacin y gloria ganada por
los reyes de esta dinasta. Que obtengas mayor poder y majes-
tuosidad que tu padre; el da que alcances esa posicin, he de
sentir que mi vida ha logrado su meta; mis votos, ayunos y vigi-
lias habrn dado entonces su fruto.
Kausalya acarici el cabello de su hijo y con palabras dulces
le dio su bendicin y consejos muy valiosos, a los cuales Rama
prest cuidadosa atencin. Despus, brome inocentemente con
Lakshmana: Hermano, me puedes decir qu prspera princesa
aceptar a este muchacho tan hermoso y tan alto, y el otro res-
pondi: Hermano, yo no necesito a ninguna gran princesa para
que se case conmigo. En tu reino, si t me asignas alguna res-
ponsabilidad, yo la cumplir. Esa es suficiente buena fortuna pa-
ra m. Diciendo esto, se postr a los pies de Rama.
Rama dijo: Lakshmana, t eres mi aliento! As que la mitad
de la responsabilidad de mi reinado es tuya. T tambin te debes
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preparar, junto conmigo, para portar joyas y ropajes reales. T lle-


vas la mitad de mi carga, t tienes mi felicidad, mi fama y fortuna.
T eres la mitad de todo lo que yo soy y de lo que ser.
Mientras Rama hablaba as, Sumitra derramaba lgrimas,
bendiciendo tanto a Rama como a Lakshmana. Ella dijo: Rama,
el amor que existe entre t y Lakshmana me da mucha alegra. Mi
hijo no necesita una jerarqua ms elevada, basta con que sea tu
sirviente. Si es capaz de tener para siempre tu amor, eso es sufi-
ciente para l. Cuando termin de hablar, Rama se postr a los
pies de la madre. Lakshmana tambin hizo lo mismo y acompa
a su hermano a sus habitaciones. Rama haba empezado el ayu-
no al anochecer, y se acost sobre una alfombra hecha de la hier-
ba sagrada llamada kusa.

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10. Las dos gracias


Los himnos vdicos resonaban por todas partes. Los ayu-
dantes del palacio haban trado agua sagrada del ro Sarayu en
recipientes de oro para el bao ceremonial de Rama y Sita. Los
eruditos recitaron himnos pidiendo bendiciones para los desposa-
dos; la oracin era muy emocionante y placentera al odo.
Mantara, la nodriza de Kaikeyi, vena de regreso la noche an-
terior, y presenci la algaraba del pueblo y pregunt la causa. As
fue como se enter de la inminente coronacin de Ramachandra,
y de que sa era la causa de esta alegra y gratitud. Tambin vio
a las nodrizas de Kausalya y Sumitra vestidas con saris blancos
como jazmines, y arregladas con costosas joyas, caminando de
prisa por aqu y por all. No soportaba seguir viendo aquello ni por
un momento ms. Todo el cuerpo se le crisp, y sinti que se le
clavaban aguijones de escorpin. Corri hacia el palacio de Kai-
keyi y, encontrando que la reina ya se haba retirado a sus apo-
sentos, se acerc a la puerta y grit: Madre madre! Abre la puer-
ta, se trata de algo muy urgente! Tu vida misma est en peligro!
Se aproxima un terremoto. Al escuchar sus angustiosas palabras,
que brotaban como cascadas una tras otra, la reina rpidamente
abri la puerta y pregunt con temor: Por qu? Qu ha sucedi-
do? Cul es la calamidad? Se ha hundido algo? Cul es el mo-
tivo de toda esta ansiedad? A lo que respondi Mantara: No, na-
da mo ha sido destruido. Tu vida es la que se est destruyendo,
eso es todo. De ahora en adelante tendrs que vivir llena de an-
gustias. Llorando, le dijo todo el lamentable estado que le espe-
raba a la reina haciendo gestos, quejidos y lamentos.
Kaikeyi no poda imaginarse por qu. El emperador est
bien, verdad? Y Rama, Lakshmana, Kausalya y Sumitra? No
les pasa nada a ellos, no es as? Entonces, si todos estn bien
y ningn dao los amenaza, no tengo por qu estar preocupada.
Qu me puede suceder a m? Si algn dao les ha sucedido, por

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favor, dmelo, Mantara. Dmelo ya!, insisti la reina. Volte la ca-


beza de la nodriza hacia ella, sostuvo su barbilla y le rog que le
diera una respuesta.
Mantara le dijo: Nada malo les ha sucedido. Pero han deci-
dido retorcerle el cuello a tu hijo!, y prorrumpi en pattico llanto.
Ante esto, Kaikeyi le respondi: Ests cometiendo un error,
Mantara! El emperador no es una persona as, ni tampoco Rama,
ni Lakshmana, ni mis hermanas Kausalya y Sumitra. Mis herma-
nas aman a mi hijo inclusive ms que a los suyos. Tu declaracin
slo revela tu entendimiento retorcido, eso es todo. Eso no es
verdad! Bueno, todava no me has dicho qu es lo que en verdad
sucede, ven y dame los detalles.
Mantara le pregunt: Qu es lo que pasa? Maana al ama-
necer Ramachandra ser coronado rey. La reina mayor, llena de
alegra, est regalando carsimos vestidos de seda y joyas a sus
nodrizas. Le ha pedido a Rama que regale oro y vacas en canti-
dad. Empeados en todas estas actividades de celebracin, te
estn descuidando a ti. No lo puedo soportar, no lo tolero. Sin em-
bargo, eres incapaz de comprender las implicaciones. Sueas
que no hay nadie ms afortunada que t. Tu buena suerte se es-
t agotando rpidamente. Para tu marido y sus esposas, te has
vuelto una persona insignificante. No pasar mucho tiempo antes
de que tomes el deplorable lugar de una sirvienta. Te aconsejo
que ests alerta si no quieres ser humillada. Despierta de tu le-
targo, planea lo que vas a hacer teniendo plena conciencia de las
consecuencias. Decide cul es el medio por el cual puedes esca-
par de la calamidad que te amenaza y se acerca rpidamente.
Cuando Rama sea rey, el imperio entero estar bajo el do-
minio de Kausalya, recurdalo. T tambin tendrs que bailar se-
gn su tonada as como lo harn todos los dems. Mantara es-
taba actuando su papel y derramaba lgrimas falsas para reforzar
su malvada estratagema.
Kaikeyi se impresion por su lealtad, pero no estaba conven-
cida de la rectitud de sus argumentos. Ella dijo: Mantara qu te
ha sucedido?, te has vuelto loca? Ests hablando como loca. Si
Rama es nombrado rey, ser el augurio ms feliz para el imperio
entero. Ten, toma este collar mo como una recompensa, como
un regalo por haberme trado a m primero estas buenas noticias.
S feliz, que ests llena de alegra. La coronacin de Rama qui-
z me da ms alegra a m que a la misma Kausalya. Mi dicha an-
te estas buenas noticias es ilimitada. Ramachandra tambin me
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ama a m ms que a su madre, me venera ms. No escuchar ta-


les imputaciones acerca de una persona tan pura y amorosa. Tu
razn te falla, est gravemente afectada. Kaikeyi reprimi a Man-
tara enrgicamente.
Pero Mantara se sinti todava ms agredida y se alter ms.
Mi razn es clara y fresca; la tuya es la que est mal. No te das
cuenta del terrible destino que te espera. Te atas ciegamente a tu
antigua fe y a tu apego. Estoy ansiosa y preocupada por tu felici-
dad y tu autorrespeto. Los otros slo estn actuando y preten-
diendo engaarte. No tienen respeto por ti en sus corazones. El
emperador no siente amor por sus otras reinas; est enamorado
slo de la mayor, de Kausalya. Slo para complacerte, l podr
decirte palabras melodiosas algunas veces, eso es todo, no sien-
te amor en su corazn por ti. Considera esto. Esa gente no te in-
form, no te consultaron acerca de este propsito porque ellos no
tienen ni la ms mnima consideracin o respeto por ti. Te han
hablado de ello alguna vez? Considera cuntas veces general-
mente deliberan y planean para poder llegar a una decisin as.
No puede haber una coronacin tan repentina, no cae del cielo un
da as como as no es cierto? Pero, han arreglado todo en si-
lencio y en secreto.
Todo esto es una intriga de Kausalya, dijo Mantara. Kaikeyi
no poda seguir sufriendo; entonces la interrumpi: Basta ya,
Mantara! Mi hermana es incapaz de tal intriga, nunca descende-
ra tan bajo, no podra suceder jams. No lo ser nunca. Y el
emperador? El es ms noble, ms recto que mis propias herma-
nas. No puedes encontrar en l ni siquiera un rasgo de mentira o
maldad. Han de haberse decidido por la coronacin rpidamente
por alguna buena razn. Las celebraciones de la boda, que hu-
bieran tomado mucho tiempo, fue algo que resolvi rpidamente,
no es as? De manera que tambin la coronacin de Rama se
ha de haber decidido de igual forma. El emperador mismo dar la
razn especial que lo indujo a decidir esto. A ti no te ha importa-
do conocer la verdad; has creado toda clase de absurdas razones
y temores sin fundamento sobre inocentes personas. En pocas
horas todo se aclarar; ten paciencia.
Mantara temi que su intriga sufriera una derrota. Estaba en
peligro del fracaso total, as que descendi a las peores tcticas
de persuasin. Querida madre, medita esto con un poco ms de
profundidad; he odo muchas cosas mientras andaba fuera del
palacio. De hecho, este asunto de la coronacin se decidi desde
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hace varios meses. Esa es la razn por la cual Bharata y Satrug-


na fueron enviados lejos de la capital. Presentan que su presen-
cia causara complicaciones, y tenan muy buenas razones para
pensarlo as, porque de otra manera, a quin se le ocurrira pre-
parar la coronacin estando ellos ausentes? Te has vuelto inca-
paz de hacerte esta simple pregunta? Hace mucho tiempo, cuan-
do te tom por esposa, Dasarata prometi y dio su palabra de que
el hijo que naciera de ti sera coronado rey de esta nacin; t po-
dras haberlo olvidado, pero yo no. Por el miedo de que estando
Bharata presente en esta ocasin, se pudiera recordar la prome-
sa hecha y que pudiera ser un obstculo para sus planes, se le
mand lejos de aqu, a la casa de su abuelo. Una vez que se lle-
ve a cabo la coronacin, nada se podra hacer para invalidarla.
Para poder hacer este malvado truco, mantuvieron la idea en se-
creto y no te la comunicaron; piensa en esto un momento, en el
designio interno. T no piensas en esos asuntos, t crees que to-
do lo que es blanco es leche y los dems se han aprovechado de
tu inocencia. T nicamente te regocijas por el amor que le tienes
a Rama y en tu apasionamiento recitas: Rama, Rama. Bueno,
deja todo lo dems de lado. Acaso ese Rama a quien amas tan-
to siquiera te inform de esta gran fortuna que le ha sucedido?
Mantara, con su mente torcida, emple muchos argumentos
desviados para nublar y ensuciar la mente pura y sin egosmo de
Kaikeyi.
Continu diciendo: Madre, quin en esta ciudad de Ayodh-
ya te presta atencin? Quin te trata aqu como debe ser? To-
dos estn unidos en contra tuya. Eres una extraa aqu. Hasta po-
dran llegar a echarte de Ayodhya dentro de poco; no desistirn
de cometer tal maldad. El emperador es un hbil farsante, un ta-
lentoso impostor. Cuando se te acerca, habla dulcemente para
satisfacer sus antojos; luego se va triunfante. No te das cuenta de
tu error, el cual no te permite tener la jerarqua que mereces.
Madre, debes recordarlo: los reyes estn gobernados por la
lujuria y no por el amor. Tu padre saba este hecho; por lo tanto,
no estaba de acuerdo en darte en matrimonio a este pretendien-
te de avanzada edad. Despus de prolongadas negociaciones y
confabulaciones y con la intercesin del sabio Garga, fue que se
decidi que t fueras dada en matrimonio, y el pretendiente fue
obligado a acceder a muchas condiciones.
Hoy esos acuerdos se han arrojado a las llamas; a tu hijo lo
han engaado; mientras tanto, todos estn actuando silenciosa-
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mente su feliz drama. De otra manera, por qu aprovechar esta


oportunidad de que tu hijo se encuentra fuera? Por qu han de
apurarse tanto al grado de que ningn gobernador de otros Esta-
dos ms que los limtrofes, pueda venir a la coronacin? Acaso
no ves cmo se revela su mentalidad inferior? Qu llenos de per-
versidad estn!
Si se invitara a gobernantes vecinos, con seguridad tu padre
no perdera la oportunidad de asistir. Naturalmente, l tendr que
recordarles a todos la promesa que se le hizo. As pues, el plan
consiste en llevar a cabo la coronacin sin informarle a nadie;
despus lo saben bien ya nada se puede hacer. Ese es el
propsito de esta conspiracin, as que ests advertida a tiempo;
si se desaprovecha este momento, tu destino ser tan desprecia-
ble como el de un perro. Por lo tanto, no pierdas tiempo; medta-
lo profundamente y decide alguna estrategia para evitar que la co-
ronacin se lleve a cabo. Mantara azuz as el fuego de la ira y
el odio. Kaikeyi por fin cedi a sus maquinaciones. Dijo: Escu-
chando tus palabras siento que cada declaracin que haces es
ms verdadera que la anterior. S, de seguro! Este no es un
asunto que pueda esperar. Qu debo hacer? Si me indicas cul
es el paso que debo dar, lo pondr en accin.
Cuando Kaikeyi dio seas claras de haber cado en sus en-
gaos, Mantara se sobrecogi de orgullo y alegra. Luego empe-
z a hablar con ms seguridad. Madre, no hay necesidad de pen-
sarlo ms. Los argumentos que pueden apoyar tu demanda son
fuertes. Aquel da, cuando el emperador agradecido acept tu
oportuna ayuda, no te ofreci dos regalos?, no te dijo que te
dara lo que pidieras? Y no le dijiste que no necesitabas nada,
que te reservaras el regalo y le pediras los dos deseos cuando
tuvieras necesidad de ellos? Hoy esos dos deseos servirn a las
mil maravillas. Puedes pedirle que te los otorgue ahora, no es
as? Cuando Mantara hubo hablado as tan enftica y claramen-
te, Kaikeyi levant su cabeza como si estuviera alarmada y dijo:
Ay, Mantara, qu hbil eres! Aunque en apariencia eres una ho-
rrible jorobada, en recursos e inteligencia eres extremadamente
agraciada. Tu falta de belleza se compensa con tus habilidades
intelectuales. Dime cmo debo asegurarme estos dos dones y
cules han de ser.
Mantara respondi: Madre, una gracia ser pedir que tu hijo
sea coronado rey. La segunda, bien podra ser que Rama no se
quedara en el imperio. Al or sus sugerencias, dadas tan a la li-
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gera, Kaikeyi cay en una depresin reflexiva, y despus de re-


cuperarse, dijo: Mantara!, podra ser una demanda justa que mi
hijo fuera coronado, pero mi mente no accede a mandar a Rama
fuera del reino. Siento dolor de slo pensarlo. Diciendo esto se
dej caer en el asiento. Mantara se dio cuenta de que deba ac-
tuar rpido. Madre, sta no es ocasin para sentir cobarda; la
demora cambia hasta la ambrosa en veneno. No hay nada de
malo en esto. Tienes que ser un poco dura, porque si no, no po-
dremos tener xito en nuestro plan. Esto no es nada en compa-
racin al cruel dao causado por ellos. Si quieres que tu hijo go-
bierne como rey y que t tengas la jerarqua de reina madre, en-
tonces debes actuar. Si no, tragar veneno y morir. No puedo
soportar verte sufrir mientras estoy viva. Mantara lloraba profu-
samente, como si estuviera llena de intenso amor hacia Kaikeyi.
Ella era la nodriza que cri a Kaikeyi, la haba cuidado, haba
jugado con ella y la haba atendido todos estos aos; Kaikeyi sen-
ta gran respeto y afecto hacia Mantara, as que ya no present
ninguna objecin y empez a calmar su angustia. Mantara, no
te preocupes! Sin ninguna duda har lo que me has dicho para
complacerte. Dime, qu debo hacer ahora?
Mantara le contest: Cuando te suger que pidieras que se
mandara a Rama al exilio, a la selva que est ms all del reino,
no creas que no sopes las consecuencias. Te lo dije despus de
haberlo pensado cuidadosamente. Ya que Kaikeyi no tena nin-
guna experiencia en relacin a los asuntos polticos y legales,
Mantara dijo: La ley declara que la posesin sin impedimentos y
el disfrute del usufructo durante doce aos continuos otorga a la
persona la propiedad, as que es mejor que fijemos una determi-
nada cantidad de aos para el exilio; digamos catorce. Cuando re-
grese despus de ese tiempo, ya no podr reclamar el reino, sera
propiedad indiscutible de tu hijo. Mantara not que la reina haba
aceptado la proposicin de pedir las dos mercedes en la forma su-
gerida por ella. As que dijo: Madre! No demores ms. Si le pides
al emperador que cumpla su promesa como ests ahora, no po-
drs persuadirlo. Tienes que elaborar una trama de ira, esparce
las almohadas y las sbanas de tu recmara, tira tus joyas al sue-
lo por los rincones, sultate el pelo y enmaralo para que te vea
salvaje; acta como si estuvieras decidida a quitarte la vida! An-
da y trate en el piso del Saln de la Ira, la recmara donde se re-
tiran las reinas que estn agobiadas por la ira y el dolor, para que
puedan ser encontradas y consoladas. No puedes ir as nada ms
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y pedirle directamente las dos gracias. Simula estar pasando por


una agona desesperada y que slo si se te otorgan esas merce-
des te puedes salvar de la muerte. Slo entonces estars deman-
dando tu derecho de consideracin y aceptacin. Levntate, da el
primer paso para el trabajo que tienes por delante!
Cuando Mantara habl de esta manera tan convincente, Kai-
keyi accedi y, despus de llevar a cabo sus indicaciones, entr
en el Saln de la Ira y lament su destino y la inminente calami-
dad. Luego, Mantara se dej caer en el suelo a un lado de la puer-
ta, afuera, como si no supiera qu era lo que causaba tanto furor
ah adentro.
Mientras tanto, el emperador haba terminado de hacer todos
los preparativos para la ceremonia de coronacin, y cuando sali
del saln de audiencias, sinti que en lugar de ir a los aposentos
de Kausalya, primero deba comunicar las buenas nuevas a Kai-
keyi; as que se apresur hacia su palacio. Las doncellas que es-
taban de pie a todo lo largo del pasillo se mostraban tristes y lle-
nas de ansiedad; el emperador pens que ellas no haban odo
las buenas nuevas, ya que, de ser as, sus rostros hubieran esta-
do iluminados. Las compadeci por no saber que Rama iba a ser
coronado el da siguiente. Dirigi sus pasos a la recmara donde
esperaba que estuviera la reina.
Al llegar, sus ojos descubrieron joyas tiradas por todas par-
tes, la cama deshecha, la ropa en el suelo y un estado general de
desorden y confusin. Estaba sorprendido y busc a la reina en
el cuarto atisbando los rincones. Una de las damas le anunci:
Maharaja! Su Alteza Kaikeyi Devi se encuentra ahora en el Sa-
ln de la Ira. Al or esto, se contrari mucho y dirigi sus pasos
en esa direccin. Cuando lleg, Kaikeyi estaba tendida en el sue-
lo en la ciega oscuridad del cuarto, llorando y gimiendo. Dasara-
ta dijo: Kaika!, qu escena tan desagradable es sta? Por
qu ests enojada? Quin te ha causado tanta desdicha? D-
melo. Lo matar en este mismo momento; yo te otorgar la felici-
dad. Slo dime qu es lo que deseas; siempre estoy listo a com-
placer tus deseos. Tu alegra es mi alegra. No sabes que no
tengo nada en este mundo ms querido y ms amado que t?
Ven, ya no me sigas poniendo a prueba. El emperador se sent
a su lado, y acaricindole la cabeza la consol y le preguntaba la
razn de su ira y dolor.
Kaikeyi estaba iracunda, cruja sus dientes ruidosamente;
apart las manos del emperador cuando trat de acariciarla y le
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dijo muy enojada: Basta de falsas palabras! Deposit mi fe en


ti durante mucho tiempo y sta es la degradacin que he mereci-
do! Ya no confo en ti. No poda creer que t fueras capaz de es-
te juego hipcrita. Este es el castigo por depositar mi fe en ti?
Anda, ve con tus preferidas; por qu te sientas aqu a mi lado?
T pones tu mente en un lugar y tu lengua en otro. Pon tu lengua
en el lugar donde est tu mente. Ya no tengo ganas de volver a
creer en tus palabras. No me causes ms dolor, vete por donde
viniste. Qu te importa lo que me suceda? Es mejor morir como
reina que arrastrarme como esclava! Este es el ltimo da de mi
vida.
Dasarata no comprenda el porqu de aquellos lamentos di-
chos entre sollozos y suspiros; estaba totalmente confundido y
sorprendido. Se acerc a la reina y trat de consolarla y mitigar su
ira. Kaika! empez diciendo, qu significan esas palabras?
No comprendo. Nunca he empleado palabras falsas e hipcritas
ni las usar jams. Mi mente y mi lengua actan al unsono; siem-
pre ser igual, donde est mi amor tambin estn mis expresio-
nes de amor. Mi lengua no falsear mi mente, es imposible para
ella apartarse as. No s cmo ha sucedido, cmo es posible que
no me hayas podido conocer y saber que soy sincero. Ya no me
tortures ms sin decirme abiertamente lo que en verdad ha suce-
dido y que te ha causado tanta pena. Dime lo que ha pasado;
por qu te ests comportando as?, qu es lo que te ha causa-
do esta pena?
Dasarata le rog en vano lastimeramente durante largo tiem-
po. La reina slo le replicaba mordazmente, le daba la espalda
con desfachatez, lo ridiculizaba sarcsticamente y pona odos
sordos a las splicas del emperador. Finga no darle ningn valor
a sus palabras. Dasarata fue herido en lo profundo de su corazn.
Sin saber qu hacer, llam a Mantara, quien se apresur a entrar,
actuando su papel en la conspiracin con la reina, rogando ayu-
da para su ama. Majestad! Salva a mi madre!, grit y se arro-
j a los pies del emperador.
Pero Dasarata era en verdad la inocencia personificada y por
eso no poda ver que estaban actuando. Temi que hubiera su-
cedido alguna calamidad que hubiese vuelto a su amada tan per-
versa y dura, as que le volvi a preguntar a Mantara qu era
exactamente lo que haba sucedido. Mantara le dijo: Maharaja!
Qu te puedo decir? No s nada en absoluto de lo que pueda
haber sucedido. La madre no confiesa la razn de su ira a nadie.
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De repente sali apresuradamente de su recmara y se dirigi a


este Saln de la Ira. Al notarlo, vine rpidamente; le rogu y ro-
gu de distintas maneras, pero no dice la causa de su pesar. Y ni
siquiera confa en ti, se lo revelar acaso a esta pobre servido-
ra? La vemos sufrir una agona; no lo podemos soportar, ya no
podemos seguir vindola as. Tenemos miedo de lo que pueda
suceder; por eso hemos estado esperando a que llegaras. Si no
la contentas y no alegras su mente, su condicin podra volverse
crtica. Ha sufrido profundamente durante mucho tiempo y su con-
dicin empeora a cada momento... Nos retiraremos ahora.
Mantara sali del saln junto con las otras doncellas dicien-
do: Encuentra la razn de su dolor y su ira y tranquilzala con los
remedios adecuados.
Mantara slo lo intrig ms. Dasarata estaba ahora an ms
confundido que antes. Se sent al lado de la desconsolada reina
y dijo: Kaika! Por qu me mantienes en la oscuridad? Delica-
damente levant a la reina y trat de persuadirla para que le re-
velara la razn de su inconsolable sufrimiento. Despus de algn
tiempo, Kaika rompi su silencio y empez a hablar: Maharaja!
No te has olvidado de las dos gracias que me prometiste aquel
da durante la batalla de los dioses contra los demonios, ver-
dad? Dasarata se sinti aliviado y le dijo: Kaika!, por qu te
has puesto as, en este estado de dolor, por algo tan simple? No
me olvidar de la promesa de las dos gracias en tanto que haya
vida en m. Esa promesa es tan querida para m como Kaika mis-
ma, t eres el aliento de mi vida y aquella promesa tambin es mi
aliento.
Reina, te ha hecho dao alguien, o es tu salud la que est
mal? Acaso se ha atrevido alguien a actuar en contra de tu vo-
luntad? Habla! Por ti, incluso mandara matar para que volvieras
a ser feliz. No dudes de m. Encarnacin del encanto, por qu su-
fres as? No sabes acaso que el imperio entero est a tu dispo-
sicin? Lo que quieras tener de cualquier regin, slo tienes que
pedrmelo, yo me asegurar de que te lo traigan para darte alegra.
Dime qu es lo que temes, qu es lo que te ha provocado este do-
lor; no retengas nada ni dudes en decirlo. As como el sol disipa la
bruma, yo desvanecer el dolor que te ahoga. Dasarata acarici
a la reina y trat de consolarla de distintas maneras.
Kaikeyi tena muy presente el consejo que Mantara le haba
dado; saba que deba conseguir de su esposo una promesa ba-
jo palabra antes de revelarle sus amargos deseos. Para poderlo
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conseguir, mostr un amor exagerado y seductor y enjug las l-


grimas de sus ojos; por ltimo, tom las manos del rey tan cari-
osamente, que ste qued esclavo de sus encantos y enamora-
do de sus embelesos. Ella dijo: Seor, no tengo ningn resenti-
miento hacia nadie ni nadie me ha lastimado ni insultado. No abri-
go ningn anhelo por nada que est en alguna regin apartada de
esta tierra. Sin embargo, debo admitir que tengo un deseo desde
hace mucho tiempo. Si das tu palabra de honor de que me lo
cumplirs, te dir cul es, y lo sedujo con una sonrisa; Dasarata
tambin sonri y, acercndose an ms hacia ella, le dijo: Por al-
go tan simple no era necesario irritarte tanto y causar tanta an-
siedad y angustia. Escucha: entre las mujeres, t eres la ms
querida para m, y entre los hombres, Rama lo es. Ustedes dos
son mi propio aliento. T lo sabes bien, no es as? No puedo so-
brevivir un solo da sin deleitar a mis ojos vindolos a ti y a l. Lo
juro por Rama. Ahora dime, cul es tu deseo?; lo cumplir sin
falta. Cuando le dio esa promesa, sosteniendo ambas manos de
Kaikeyi en las de l, ella estaba feliz. Se levant del suelo y se
sent y demostr an ms amor hacia l, pues se senta conten-
ta de que le fuera a cumplir sus deseos.
Le pregunt: Oh rey!, has jurado por Rama. El es el testigo
de este juramento, no es as?, y asegur su posicin doble-
mente diciendo: Seor, t eres un partidario ferviente de la ver-
dad. Eres el ms elevado entre los justos! Ests dotado de poder
y majestuosidad. En tu memoria est la guerra entre los dioses y
los demonios; sin embargo, djame recordarte esa batalla una
vez ms. Ese da, cuando el demonio Sambara destruy todo lo
que se le puso enfrente, luchaste desesperadamente para ven-
cerlo. Si yo no te hubiera cuidado mantenindome alerta y vigi-
lante, t sabes lo que te habra podido suceder. Apreciaste mi de-
dicado sacrificio y declaraste: Kaika, me rescataste de la muer-
te misma, qu te puedo dar a cambio? Pdeme dos gracias, cua-
lesquiera que sean; las cumplir y pagar as la deuda que tengo
contigo, de ese modo demostrar la gratitud que siento por ti. T
queras que te dijera lo que deseaba; sin embargo, en aquel mo-
mento yo senta que estar t vivo era en s el ms precioso don
para m, y por eso te contest: Seor, no tengo ningn deseo pa-
ra pedirte ahora, te lo dir despus; qudate esas gracias contigo
reservndolas para m. Te sentiste lleno de jbilo por mi actitud
y expresaste admiracin. Dijiste que te gustaba mi renunciacin y
declaraste que los dones se mantendran bien guardados mien-
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tras vivieras y que los podra pedir sin que hubiera ninguna obje-
cin. Todo esto debe de estar vivo en tu memoria, no es as? T
eres el monarca de la tierra y debes ser fiel a la palabra dada. En-
tonces dame ahora las dos mercedes que son mas y que has
mantenido guardadas para m. Hazme feliz con ello. No te estoy
pidiendo una nueva merced, slo estoy pidiendo lo que es mo.
No necesito recordrtelo, porque sabes bien que es un terrible pe-
cado negarse a retornar las riquezas recibidas para su custodia.
Si ahora dices que no las puedes cumplir, me estars lastimando
con ese abuso de confianza. No podra soportar la desilusin y en
vez de vivir con ese sentimiento de fracaso, considerara que el
quitarme la vida sera ms honorable. Cuando el marido no hon-
ra la palabra dada a su esposa, cmo pueden ser cumplidos los
deseos de la gente del reino? El emperador que se humilla al gra-
do de engaar a su esposa, hacindola creer en l y despus ac-
tuando en contra de esa creencia, no merece la posicin de ser el
protector de sus sbditos, no es as? T sabes que Manu, el que
nos dio las leyes, ha establecido que tales embusteros no debe-
ran ser tratados como monarcas. Por qu ahondar ms en es-
te punto y repetir mil argumentos? En caso de que mis mercedes
no se cumplan hoy, Kaikeyi no estar viva al amanecer.
Al decirlo prorrumpi en ruidoso llanto y lamentos. Dasarata
se senta dbil y desvalido; como un venado inocente que es atra-
do a la red por los gritos que imita el cazador, se senta sobreco-
gido por los arrullos de amor y atrado por los fascinantes gestos
de la reina, y cay en la trampa. Prometi solemnemente: Por su-
puesto que te otorgar esas dos gracias, y puso las palmas de
las manos de Kaikeyi firmemente entre las de l.
Tan pronto como pronunci estas palabras, los ojos de Kai-
keyi brillaron y se abrieron enormemente. Observ la cara de Da-
sarata intensamente durante un rato y dijo: Oh rey, hoy me he
dado cuenta de lo bueno que eres! Hoy has probado que eres ho-
nesto, que nunca rompes una promesa. Empez a alabar a Da-
sarata de esta y otras maneras. Suspirando de amor, el empera-
dor se senta halagado por sus alabanzas y la inst diciendo: Kai-
ka, por qu te demoras? Pide, pide las dos mercedes! Kaikeyi
dud por un momento y luego balbuce: Con los arreglos hechos
para la coronacin de Rama, lleva a cabo la coronacin de Bha-
rata, mi hijo; sta es la primera gracia que demando. Despus,
que Rama, con el pelo enmaraado y vestido con piel de venado
y corteza de rbol, se vaya a la selva Dandaka y permanezca ah
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durante catorce aos, sta es la segunda gracia que te pido. Bha-


rata debe convertirse en el prncipe heredero, sin nada que obs-
taculice su camino. Por otro lado, Rama debe ser expulsado a la
selva ante mis propios ojos. Otrgame estas dos gracias y man-
tn el honor y la dignidad de tu dinasta sin mcula; si no, da tu
consentimiento para que la vida de Kaikeyi se extinga en este
mismo momento. Diciendo esto, se puso de pie y clav su vista
en l, salvajemente, como una demonia.
El emperador se estremeci por los crueles rayos que llovie-
ron sobre l. Era acaso un sueo? Sera verdad? Era Kaikeyi
la que estaba pidiendo esas gracias? Era un ogro sediento de
sangre? Acaso sera una terrible alucinacin? Era una broma vil
surgida de una horrible enfermedad? No poda concebirlo. As que
grit: Kaika, eres t la que est ah? O es acaso alguna ogre-
sa que ha asumido tu forma? Dime primero quin eres. Dasarata
se mova sin control, incapaz de pronunciar las palabras que que-
ra decir, como una persona que ha perdido el dominio de s. Ron-
daba como inconsciente, de un lado a otro, y su mirada se perda.
De pronto salieron chispas de sus ojos cuando stos cayeron so-
bre Kaikeyi y exclam con una furia terrible: Malvada mujer!
Qu es lo que en verdad quieres? Acaso deseas desmembrar
a la dinasta real? Qu dao te puede haber causado mi querido
hijo Rama? Te ama a ti ms que a su propia madre. Cmo pue-
de tu corazn consentir en enviar a mi Rama a la oscura jungla?
Durante mucho tiempo sent que eras una princesa, pero ahora
me doy cuenta de que eres una cobra venenosa; te he permitido
infectar mi casa por pura ignorancia. Cmo pudo una idea tan pe-
caminosa entrar en tu cabeza, cuando Rama, el aliento mismo de
mi vida, est siendo aclamado por todos los seres que respiran?
Si es necesario, estoy preparado para renunciar al imperio o a mi
vida, pero no puedo renunciar a Rama, no! Quieres que tu hijo
sea emperador? Muy bien; que lo sea. Me ir a la selva con Kau-
salya, Sumitra y otros ms y me llevar a mi Rama, pero jams po-
dra enviarlo solo a la jungla. Eso es imposible. Desiste de ese de-
seo atroz y pecaminoso; desiste del odio que has cultivado por Ra-
ma. Kaika, dime sinceramente, en verdad deseas que esto suce-
da? O acaso slo es una estrategia para saber si siento afecto
por tu hijo Bharata? Si es as, puedes pedir que Bharata sea coro-
nado; pero no tiene sentido pedir que Rama sea exiliado a la jun-
gla. No deberas acariciar tal deseo. Kaika, Rama es el primogni-
to y en l se han depositado todas las virtudes. Los aos de su rei-
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nado sern gloriosos. T misma me habas dicho a menudo que


anhelabas el momento en que ese sueo dorado se hiciera reali-
dad. Y ahora quieres que ese mismo Rama sea enviado a la sel-
va. Cul es tu verdadero propsito? Ests bromeando conmi-
go? Si todo esto es una broma, por qu toda esta escena en el
Saln de la Ira? Por qu todo este rodar en un suelo de piedra?
Las bromas tambin tienen un lmite y cuando se traspasa, se co-
mete una terrible crueldad. No puedo concebir la idea ni como una
broma. No! No puedo separarme de Rama. Kaika, te has com-
portado como una mujer inteligente durante todos estos aos, pe-
ro ahora tu inteligencia se ha retorcido y se ha vuelto malvada. Es-
tas perversidades siempre son antecedentes de la propia destruc-
cin, pues es un terrible pecado destruir a los buenos. Sin embar-
go, los buenos no son afectados por esas tcticas; las estrategias
de los malvados slo ayudarn a su fama y gloria. Podrn parecer
difciles de soportar slo por un tiempo breve.
Tus malvados planes parecen como si estuvieran cargados
de deseos de desastre para la dinasta Ikshvaku, pero hasta este
momento jams habas dicho una palabra desagradable ni habas
pensado actuar de una manera no auspiciosa. Encuentro imposi-
ble de creer que seas la misma que ahora me est pidiendo esto.
Kaika!, siempre tuviste miedo de transgredir los cdigos de la mo-
ral, estabas ansiosa de ganar la gracia de Dios en cada pequeo
pensamiento, palabra y acto. Adnde se ha ido ese temor por lo
incorrecto? Qu has hecho con esa devocin a Dios que te man-
tuvo en el camino de la rectitud? Cul es la ganancia que espe-
ras al querer enviar a Rama a la jungla durante catorce aos?
Su cuerpo es suave y tierno como el ptalo de una flor recin
abierta, contemplarlo es un deleite. Rama es encantadoramente
bello. Qu beneficio representa para ti el que l sufra terribles e
insoportables sufrimientos en el bosque? En este palacio hay mi-
les de criados y ayudantes. Puede acaso alguno de ellos sea-
larlo y decir que es imperfecto en algn aspecto? Bueno, ya no di-
gas del palacio, podras traer una sola persona de la ciudad, po-
dras nombrar a alguien que pudiera culpar a Rama de algo? Ha
descubierto a muchos en la miseria y los ha levantado con rega-
los y riquezas, ha mostrado gran cuidado por ellos. Ha notado que
muchos no tienen hogar y les ha dado casa. Con su amor y su
cuidado se ha ganado el afecto de todos. El hecho de que t al-
bergues odio en contra de un hijo tan amoroso me enmudece, no
puedo encontrar palabras para describir tu diablica crueldad.
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Hay muchos que explotan a sus propios sbditos y actan


slo para satisfacer sus propios intereses egostas; este tipo de
demonios aparece en gran nmero en la actualidad. Pero a tus
ojos, debido tal vez a tu edad o a tus pecados pasados, las per-
sonas que mitigan los daos causados a los pobres y a los de-
samparados y fomentan su progreso, aquellos que investigan di-
rectamente acerca de sus dificultades y problemas y les brindan
alivio, esos hombres buenos parecen ser malos y merecedores
del exilio y el castigo!
Todos en este imperio se deleitan describiendo las virtudes
de Rama y contando sus bondades. Cuando se sienten exhaus-
tos en los campos, los labradores cantan melodas a Rama y a
sus encantos para hacer ms ligeras sus labores; cuando me en-
ter de esto me llen de alegra. Cmo puede tu corazn acce-
der a infligir a un alma tan compasiva esta atormentadora sen-
tencia? Esta misma tarde, cuando expuse ante la concurrencia de
sabios, ancianos, ministros, ciudadanos lderes, eruditos y mu-
chos expertos en asuntos de Estado, la proposicin de la corona-
cin de Rama, nadie mostr estar insatisfecho o en desacuerdo.
Al contrario, alabaron a Rama de distintas maneras, y declararon
que era fruto del mrito que haban acumulado en vidas pasadas
el que ahora pudieran tener como prncipe heredero y seor a un
hroe espiritual que es dueo de sus sentidos y que encarna la
accin sin egosmo, es de inteligente desapego e inquebrantable
lealtad a la verdad. Hicieron patente su alegra vitorendolo. Es-
te tesoro de mi amor, este favorito de la gente es al que preten-
des mandar a la jungla? De algo s puedes estar segura: yo no
mandar a mi hijo a la selva. Y escucha esto tambin: la corona-
cin de Rama ser maana; no se puede cancelar. As habl Da-
sarata, en una explosin de orgullo y valor.
Con terrfico semblante, Kaikeyi dijo: Raj! Recuerda que
hace slo unos minutos prometiste que me otorgaras las gracias
que te pidiera, y ahora te retractas. Quin es el que est arras-
trando la gloria del linaje Ikshvaku, t o yo? Medita sobre esto. Es
el orgullo de tal dinasta que nunca se han retractado de la pala-
bra dada. Ahora ests ensuciando esta justa fama, sin haber so-
pesado los pros y contras; t prometiste otorgar sin falta las dos
mercedes pedidas. El error, si hay alguno, es tuyo, no mo. T me
concediste esa gracia y hoy me prometiste cumplirla. Diste tu pa-
labra dos veces. Considera tu honor, tu jerarqua, tu dignidad,
cuando niegues tus propias palabras dichas entonces y ahora.
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Podr ser comn entre los gobernantes el lastimar e insultar a los


dbiles, actuar en contra de las promesas hechas solemnemente,
pero con eso no se puede promover el autorrespeto. Aquellos que
rompen sus promesas y engaan a las mujeres son salvajes, no
soberanos. Cuando los gobernantes caen en esta incivilidad, los
sbditos naturalmente se resienten y sublevan; as, muy pronto el
reino ser dominio de los demonios.
Todos estos aos te has esforzado por alcanzar honor y re-
nombre, y lo has logrado. Ahora la infamia de romper tu promesa
est sobre tu cabeza, no sobre la ma. Haz memoria de todos los
reyes. Ten cuidado de no actuar en contra de tu palabra y tu vo-
to. Medtalo bien. Ests procediendo por un camino terrible. Cui-
dado!, te mueves en contra del dictado de la rectitud. Si eres tan
inteligente como dicen que eres, primero deberas haberte ase-
gurado acerca de la naturaleza de las gracias que yo quera an-
tes de haber dado tu promesa, pero no lo averiguaste; estabas
encantado conmigo y me diste tu palabra. Y ahora me culpas,
cuando te pido que cumplas tu promesa. Considera qu grave-
mente equivocado ests sobre esto. Qu tonto demuestras ser.
Me acusas de haber perdido el miedo por hacer algo incorrecto,
de haber perdido mi devocin a lo divino y de pretender esta
crueldad censurable. Pero, qu hay acerca de ti? T eres acla-
mado como Dharmavrata, aquel que cumple el voto de ser co-
rrecto en palabra, pensamiento y acto, eres aclamado como Dai-
va samana, igual a Dios; cmo quieres que te llamen ahora que
te retractas de tu palabra? Pronuncia un juicio sobre ti mismo. La
capacidad de profundizar y dar solucin a los problemas de aque-
llos que estn ante ti, ya no es recomendable. Si uno profundiza
acerca de sus propias faltas y errores y permanece alerta para
que no lo lleven a uno fuera del camino, hacia el pecado, esa ma-
nera de usar la inteligencia s es ms aceptable. Los reyes y go-
bernantes son muy inteligentes, se cree que lo saben todo. Si al-
guien como t no se beneficia con el autoexamen, sino que ni-
camente le preocupan sus intereses egostas, qu derecho tie-
nes de culparnos de ser egostas y de tener mente estrecha? T
me otorgaste las gracias; es un hecho. Diste tu palabra; es un he-
cho. Pero rompiste tu promesa, te retractaste de la palabra dada,
tambin es un hecho. Dime si estos tres hechos son ciertos o no.
Ests engaado por el apego hacia tu hijo, fuiste esclavo del ca-
rio por tu esposa. As que ahora tiras tu promesa al agua. Yo no
he fallado, t eres el que ha actuado mal, porque es natural para
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una madre sentir apego por su hijo. Toda madre anhelar que su
hijo se eleve a la posicin ms elevada de autoridad, que sea mo-
narca de su nacin. Es el impulso de la naturaleza. Se siente obli-
gada a vigilar que su plan no sea frustrado por nadie; es natural
que ella piense por anticipado para actuar ante cualquier posible
ataque. Yo slo estoy llevando a cabo mi deber natural y mi res-
ponsabilidad, recurdalo; no hay nada que no sea natural o que
est equivocado en mi conducta.
Cuando Rama sea coronado, su madre, Kausalya, se con-
vertir en la reina madre, y mi hijo quedar con los brazos cruza-
dos esperando las rdenes de Rama, listo a cumplir sus encar-
gos. Se postrar a los pies de Rama, informndole sobre la tarea
que haya cumplido para l; tal vez hasta pueda ser amonestado.
No, no puedo ser testigo de tales escenas, me sentira tan humi-
llada que no podra seguir viviendo. Sera mucho mejor que aho-
ra mismo bebiera veneno y muriera que ver la vergonzosa condi-
cin de mi hijo. Declaro esto como un voto solemne, tomando el
nombre de mi hijo Bharata, al cual estimo como mi aliento. No es-
tar satisfecha con nada que no sea el exilio de Rama a la selva.
Con estas patticas y duras palabras, Kaikeyi cay al piso y em-
pez a sollozar y lamentarse con desgarrador dolor.
Dasarata se golpeaba la cabeza desesperadamente; dijo:
Kaika! Te ha aconsejado alguien que esta calamidad te va a
beneficiar? O te ha posedo algn espritu malvado y te ha for-
zado a pronunciar esos deseos? Qu ridiculez es sta, esta ab-
surda idea de mandar a Rama al bosque y coronar a Bharata?
Por qu no me deseas el bien, a m que soy tu marido, ni a Bha-
rata, tu hijo, ni a este reino de Ayodhya? Desiste de ese fatal de-
seo. Piensa bien en las consecuencias. O si no, t, yo y tu hijo,
los tres, seremos el blanco de la ms terrible infamia. Y no termi-
nar en eso, el reino entero se arruinar y muchas otras tragedias
podran suceder. Malvada y ruin mujer! Podras creer que Bha-
rata accedera a ser coronado aunque yo aceptara tu peticin y te
prometiera hacerlo? Bharata es un verdadero hombre justo; es in-
teligente y un modelo de rectitud. No aceptar el exilio de Rama
a la jungla ni que lo nombren a l prncipe heredero. Ni l ni los
ministros, ni los cortesanos, ni los vasallos, ni los aliados, ni los
sabios, ni los ciudadanos; todos se opondran a tu deseo. Cmo
podras ser feliz haciendo a tanta gente infeliz?
Considera la situacin de la que te hars responsable. Los
mayores y los sabios lo respaldan, todos coincidieron en lo mis-
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mo; esta tarde, en la Gran Asamblea de Ciudadanos, anunci que


se celebrara la coronacin de Rama. As que si acto en contra
de este anuncio, se me tratar como a un cobarde que se regre-
sa corriendo del campo de batalla cuando ve al enemigo. Todos
los arreglos para la coronacin estn terminados. Todos han sido
informados acerca de la festividad. La gente ha empezado a arre-
glar la ciudad para la celebracin; en las calles ya se encuentra
una muchedumbre feliz, con las caras brillantes de alegra ex-
pectante. En este momento, si mando a Rama a la jungla, se rei-
ra la gente de m diciendo: Qu! Este hombre ha terminado tres
captulos: la coronacin, el gobierno del reino y el exilio, todo en
una sola noche! De qu manera podra yo explicarles mi actitud,
despus de lo que pblicamente he declarado a esta enorme mul-
titud? Qu duramente me culpara la gente sintiendo que su rey
es un gran tonto. He gobernado sobre ellos todos estos largos
aos y he ganado su aceptacin por ser un firme seguidor del
dharma, como una encarnacin de elevadas virtudes y como un
temible hroe, valiente y valeroso. Y ahora, cmo voy a sopor-
tar el deshonor de ser burlado como un tonto que ha cado a la
ms baja conducta?
Dasarata habl de esta manera, recordndole el duro golpe
que su fama y nombre hasta ahora sin mancha recibiran si ac-
tuara de acuerdo con sus deseos. Sin embargo, Kaikeyi actuaba
como una destructora demonia, dej de lado los argumentos de
Dasarata como si se tratara de basura; no le dio ni una pizca de
valor a sus palabras. Se rehus a acceder, se aferr cada vez
ms y su obstinacin se enraizaba ms profundamente. Habl
contra los ruegos del rey e insisti en recordarle slo acerca de su
promesa. As que Dasarata dijo: Kaika! Si sucediera que Rama
se fuera a la jungla, no podra vivir ni un momento ms. No nece-
sito decirte lo que le ocurrira a Kausalya: morira en ese mismo
instante. Y Sita? Ella recibira un golpe mortal, pues no puede vi-
vir ni por un segundo lejos de Rama. Podra la gente ver todo es-
to con serenidad? Cuando el gran hroe, el dechado de sabidu-
ra, Rama, fuera enviado en exilio a la jungla, podra Lakshma-
na permanecer en silencio? Por qu detallar tantos sucesos? En
ese mismo momento Lakshmana se quitara la vida. Esa es la pu-
ra verdad. Nuestro reino tendra que sufrir todas esas calamida-
des. T tambin ests consciente de todas esas tragedias; sin
embargo, no puedo comprender por qu intentas ganarte el papel
de viuda. Ay, alma malvada y perversa! Fui engaado por tus en-
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cantos; fue como cortarse la propia garganta con una espada de


oro. Beb el tazn de leche sin saber que tena veneno. Me hicis-
te trampa con ms de un truco. Por fin has planeado destinar mi
linaje al polvo. Qu vergenza! Qu tonto soy! Recib este hijo
despus de haber llevado a cabo un sacrificio segn las Escritu-
ras; la gracia divina me lo otorg. Debo acaso ahora cambiar su
fortuna y su futuro slo por el miserable placer que una mujer me
dio? Es esto digno de su majestad el emperador Dasarata? No
me tirar piedras hasta el ms miserable perro de mi reino? Ay!
Ser ste el destino de Dasarata en sus ltimos das? Me puse
algo alrededor de mi propio cuello sin darme cuenta de que era una
cuerda que me estrangulara. Nunca supe que con quien me di-
verta y retozaba durante tanto tiempo, era la diosa de la muerte.
Ay!, he coqueteado con la muerte y la he acariciado en mi pecho.
La trat como a mi favorita y mi compaera. Con seguridad es la
carga de mis pecados que regresan ahora a m. Porque, hubo
acaso en algn lugar, alguna vez, un padre que por causa del pla-
cer que le da una mujer mandara a su hijo exiliado a la selva?
Ay, qu comportamiento tan extrao es este del ser huma-
no! Soy incapaz de comprender esto a pesar de todo. Kaika!,
cambia tu disparatado pensamiento. Rama no se opondr a nada
de lo que le ordene. Con slo decrselo ser suficiente. Se pre-
parar para irse al bosque. Ni siquiera preguntar por qu estoy
ansioso por mandarlo a la jungla! El es as de virtuoso; pero, por
qu mencionar slo a Rama?; ninguno de mis hijos desobedece-
ra una orden ma.
Bharata se disgustar cuando escuche tu plan. Inclusive po-
dra olvidar que eres su madre y se comportara de una manera
insospechada. Podra hacer algo terrible, pues Rama es su vida
misma, sus aires vitales, los cinco juntos, as que hara algo para
desafiar tu terrible deseo. Incluso sera capaz de exiliarse l mis-
mo en la jungla y dejar que Rama sea coronado, tan bondadoso
y recto es. Me admira cmo tu malvado intelecto no puede en-
tender cmo trabaja la mente de Bharata. Kaika!, los deseos mal-
vados son antecedentes de la autodestruccin, como dice el pro-
verbio. Este deseo se ha metido en tu cabeza presagiando tu rui-
na, recurdalo. Ests trayendo a la justa fama de la dinasta Iksh-
vaku una mancha indeleble, ests sumiendo en la desdicha a tan-
tas personas; t misma ests provocando su fin. Pueden tantas
vidas ser lastimadas por la consecucin de este deseo? Qu fe-
licidad esperas tener despus de haber provocado todo esto?
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Aunque alcanzaras tu meta, sera eso lograr la felicidad? Lo


podras llamar as? Ay, vergenza! Aquellos que se regocijan de
las penas de los dems en verdad son pecadores de la ms som-
bra clase, de una raza demonaca. Aquellos que se esfuerzan por
causar alegra a otros, aquellos que anhelan que otros sean felices,
sos son benditos. T eres una reina, eres una princesa nacida en
cuna real; sin embargo, no ests consciente de esta verdad ele-
mental, eres una desgracia para la sangre real. Una ltima palabra:
Rama es mi vida misma. Sin l yo no podr seguir viviendo. El no
te va a defraudar; as que aunque no sea yo el que le ordene por
mi propia boca que se vaya al bosque, l puede, al or acerca de mi
promesa y tu deseo, proceder inmediatamente para hacer vlida mi
palabra, no se demorar ni pondr ninguna objecin. Pero tan pron-
to como yo escuche noticias acerca de este suceso, quiero que se-
pas que habr dado mi ltimo aliento. Lakshmana, Sita y Kausalya
con seguridad seguirn a Rama. Kausalya no podr permanecer vi-
va alejada de Rama; Sita no se quedar lejos de l; Lakshmana no
puede caminar excepto siguiendo las huellas de Rama. Urmila tam-
bin se ira con Lakshmana al exilio. No habr nadie aqu entonces
para llevar a cabo los ritos funerarios de este cuerpo, y los das pa-
sarn hasta que Bharata y Satrugna lleguen del reino de Kekaya.
Hasta entonces, este cuerpo yacer sin ser santificado. Tal vez la
gente se levantar en contra ma por haber descendido a este nivel
inferior de maldad y condenarn mi cuerpo a ser arrojado como ca-
rroa a los cuervos y a los buitres, pues para ellos no merecera
unos funerales decentes. Tal vez no; ya que mis sbditos espera-
ran hasta que Bharata llegara, embalsamando el cuerpo. Bharata
jams aceptara el trono. Bajo tales circunstancias, l no tendra de-
recho a tocar el cuerpo o llevar a cabo las exequias. Anda, por lo
menos promteme que hars que l lleve a cabo los ritos funerales.
Por supuesto, s que estars dispuesta a prometrmelo, ya que es-
ts ansiosa por la dicha de lo que vas a recibir cuando te quedes
viuda. Qu es lo que esperas? Dime, malvada vbora. Por fin te
has convertido en un demonio! Ests arruinando, socavando y de-
rribando el linaje de los Raghu, la dinasta real. Es sa tu verda-
dera naturaleza?, o es acaso una misteriosa fatalidad la que arrui-
na tu pensamiento y te fuerza a actuar en contra de tu voluntad de
esta extraa manera? No lo comprendo.
Dasarata se torturaba as y la noche ya haba entrado en su
tercera etapa. Se quejaba; sufra como si padeciera una enfer-
medad mortal. Estaba en agona.
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Ahora, Dasarata intentaba ganar el cario de Kaikeyi y per-


suadirla de que aceptara la coronacin de Rama; as que empe-
z a halagarla con dulces palabras. Oh, reina!, eres la encarna-
cin misma del buen augurio y de la prosperidad. Durante mucho
tiempo te he tratado como mi propio aliento. T tambin me has
cuidado y alentado como si fuera yo tu propio corazn. Ven, pa-
semos el resto de nuestros aos sin darle cabida al escndalo a
causa de diferencias entre nosotros; permanezcamos felices y en
paz durante el resto de nuestras vidas. Princesa encantadora!
No voy a vivir muchos aos ms. Durante toda mi vida he sido fa-
moso por ser un firme adepto de la verdad, y todos los hombres
me han honrado por ello. He jurado pblicamente que Rama se-
r coronado maana como prncipe heredero. Considera cmo
mis sbditos me despreciarn si no se lleva a cabo la coronacin.
Piensa cmo me insultarn. T me salvaste aquel da durante la
batalla entre dioses y demonios. Me ests rechazando ahora
cuando algo peor me amenaza? No es justo ni conveniente...
Bueno, te otorgo el reino entero como dote. Maana t misma co-
rona a Rama. El tambin se sentir feliz si t lo haces, y no slo
l, sino que todos los ministros, los sabios, los mayores, los eru-
ditos, los ciudadanos comunes, el reino entero te lo agradecer y
lo apreciar; tu fama durar eternamente en esta tierra. En cam-
bio, si pones obstculos en el camino de la coronacin de Rama,
el mundo entero te castigar y te condenar. Hasta tu propio hijo
te encontrar faltas y te atacar. Tu cruel capricho te traer la rui-
na. Reflexiona en estas posibilidades. Gnate el reconocimiento
eterno, detn la estratagema que pretende tu ambicin, corona a
Rama con tus propias manos!
Dasarata describi la alegra que podra sentir de este gene-
roso acto; hablaba con dulces y halagadoras palabras hiladas de
manera inteligente. Esperaba envolverla con la ilusin de que ella
misma coronara al prncipe heredero. Pero Kaikeyi lo interrumpi
diciendo: Rey! Tus palabras me parecen extraas y sin sentido.
Ests tratando de retractarte de tu palabra dada bajo juramento;
para cubrir tu pecado, ests elaborando fascinantes cuentos. No!
Mil trucos de sos no me harn cambiar de opinin, porque t me
dijiste: Pide las gracias que quieras; yo te las conceder, y aho-
ra, en lugar de actuar segn lo prometido, hablas con suspiros y
lamentos. Eso no es digno de ti. Con tu propia conducta ests mi-
nando tu reputacin y tu honor. No soy responsable en lo ms m-
nimo de esta desgracia tuya. Recuerda la declaracin de aquellos
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que son los seores del dharma: la verdad es el ms elevado prin-


cipio de rectitud. Yo tambin he fundamentado mi peticin de
cumplimiento de las gracias prometidas en ese mismo principio
de rectitud. Y como es digno de un seguidor de la justicia, t di-
jiste: Bien, sern otorgadas.
Sin embargo, has empezado a imputarme que yo soy la que
te est arrastrando por el camino incorrecto, que yo estoy decidi-
da a cometer un imperdonable pecado, que estoy tratando de in-
famar tu nombre. Eso no es verdad; es injusto por completo. Soy
totalmente inocente de cualquier mal en este sentido. T hiciste
una solemne promesa sin pensar en el futuro, y cuando tuviste
que cumplir esa promesa, de repente te confundiste y desespe-
raste. La culpa es tuya, no ma. Aquellos que prometen y no quie-
ren actuar de acuerdo con lo que dicen, son pecadores de gran
magnitud. Acta segn tu promesa; despus, la verdad que has
mantenido lavar cualquier pecado. No te acuerdas? En el pa-
sado el emperador Sibi cort la carne de su propio cuerpo para
darle de comer al guila, porque mantuvo su promesa hecha al
guila cuando persegua una paloma como presa. Tambin el
emperador Alarka haba dado su palabra de que dara cualquier
cosa que se le pidiera; era un rey de singular resplandor, as que
para mantener su promesa, se arranc los ojos para drselos a
un sacerdote! Mira el ocano, es el seor de todos los ros, pero
aun as, atado por su promesa, se limita a sus costas en lugar de
traspasarlas. Para qu nombrar tantos ejemplos? Para todo, pa-
ra todos los hombres, la verdad es la ms alta autoridad, el ms
elevado ideal. La verdad es Dios. La verdad es el Sonido Primor-
dial. Es la rectitud. La verdad en s no sufre cambios ni declina-
cin. Las majestades como t no deberan alejarse de lo impere-
cedero por el bien de lo perecedero. Adhirete a tu promesa y
asegrate fama y gloria perdurables.
Eso es lo correcto. No cedas ante ilusorios apegos por el hi-
jo, o por la engaosa simpata por las mujeres. No reniegues de
los ideales polticos ni de tu obligacin real. No ensucies la di-
nasta Ikshvaku con deshonor irremediable.
No cambies las cosas. Llama a Rama a tu lado y dile que se
prepare para partir a la jungla; asimismo, ordena que vayan a lla-
mar a Bharata para que regrese. Enva al ministro adecuado pa-
ra que lo haga sin demora. Mira!, el cielo del oriente est acla-
rando. Esto debe llevarse a cabo antes de que amanezca. No im-
porta cunto puedas argumentar, no me contentar con menos.
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Si, por otro lado, permaneces inflexible y llevas a cabo la corona-


cin de Rama, estoy decidida a quitarme la vida delante de todos
en la asamblea. Esta es mi promesa y eso ser lo que suceda.
Dasarata observ a Kaikeyi hablar con enojo y haciendo ju-
ramentos iracunda y tensa, as que no poda demostrar la ira que
haba dentro de l, pero tampoco poda suprimirla. Era como el
emperador Bali que prometi tres pasos de tierra a Dios (en la for-
ma de Vamana) y que descubri que no poda cumplir esa pro-
mesa porque Vamana cubri la tierra completa con un solo paso,
el cielo entero con el otro paso y se qued pidiendo el tercer pa-
so de tierra que le haban prometido. Dasarata tema la maldicin
que le esperaba por romper las reglas del dharma. Sus ojos mos-
traban duda y desesperacin. Su cabeza le pesaba sobre los
hombros. Se derrumb al piso. Por fin, haciendo uso de un poco
de valor, grit: Ay! Pecadora mujer! Si la coronacin de Rama
se cancela, mi muerte es segura. Despus de eso podrs gober-
nar este reino como viuda, tan libre como lo desees. Y dando
alas a su ira, Dasarata grit: Rama! Haber llegado a esto: que
tenga yo que consentir enviarte a la jungla. No, no te mandar!
Prefiero quitarme la vida. No podra seguir viviendo ni un mo-
mento sin ti. Ay, malvada! Cmo puede tu corazn tener la in-
tencin de mandar a mi amoroso y tierno Rama a la oscura y sal-
vaje jungla? Bestia horrible!, en qu clase de monstruo te has
convertido? Y Dasarata perdi el conocimiento.
La noche se desvaneca ante el brillante amanecer. Los nue-
ve instrumentos musicales de la puerta del palacio anunciaban Da
de Dicha. Las calles empezaron a ser rociadas con agua de rosas.
El aire se senta denso de fragancias y ruido festivo. El cielo esta-
ba cargado de esperanza y emocin. La constelacin Pushya sur-
gi como la estrella del da. El sabio Vasishta se dirigi con su gru-
po de discpulos hacia el ro Sarayu para el bao ceremonial, y re-
gresaron de ah con el agua sagrada necesaria para las ablucio-
nes de la coronacin. Avanzaron por el camino real donde los ciu-
dadanos se haban reunido para presenciar los actos sagrados;
los guardias abran paso para el grupo sagrado. Por fin entraron al
palacio real por la puerta principal ricamente decorada.
Ya en esa temprana hora de la maana los espacios abiertos
dentro del palacio estaban llenos de sacerdotes, gobernantes, re-
presentantes del pueblo y ancianos, quienes ocuparon los asien-
tos designados para ellos. El ritmo de los himnos vdicos, recita-
dos por eruditos en las calles, retumbaba en el cielo. Mientras tan-
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to, Vasishta le dijo a Sumantra, el ministro: Ve, la hora auspicio-


sa fijada para el rito de coronacin se est acercando, hay mu-
chos ritos preliminares que se deben llevar a cabo. Anda e infor-
ma al rey que se necesita su presencia urgentemente. Lleva el
mensaje de que Vasishta est esperando su llegada.
Sumantra era un antiguo y fiel servidor y tena la libertad de
entrar en cualquiera de las habitaciones interiores del palacio, as
que se apresur a los aposentos de la reina Kaikeyi en busca del
emperador. Al entrar al saln donde estaban los lechos reales,
Sumantra recibi una conmocin. Se sorprendi al descubrir al
emperador en el suelo. Se preguntaba si sus ojos estaban viendo
correctamente; corri hacia el monarca y le dijo: Rey! Esta ma-
ana te debes encontrar como el mar al amanecer: lleno de ale-
gra. No comprendo por qu ests postrado en el suelo. La hora
auspiciosa se aproxima. Los grandes sabios vdicos estn listos
en sus puestos, esperando que llegues al saln de ceremonias.
Levntate, ponte regios ropajes y joyas y ven al saln, acompa-
ado de las reinas esplendorosas. El sabio Vasishta me mand
para llevarte al sagrado recinto del trono.
Al escuchar estas palabras, Dasarata no pudo contener la ex-
plosin de su desdicha. Llor a gritos y le dijo al ministro entre so-
llozos: Sumantra! Tu alabanza lastima mi corazn. Sumantra
no poda dar ni un paso adelante ni hacia atrs. Se qued de pie
petrificado. Suplic con las palmas juntas: Majestad, por qu
este cambio en un momento en que deberas estar inmerso en la
felicidad; por qu esta pena, este lastimero llanto? Cul es la ra-
zn? No lo puedo comprender.
Kaikeyi intervino al ver a Sumantra sumido en el dolor y le di-
jo: T, el mejor de los ministros: el emperador pas toda la no-
che ansioso por Rama. Ve inmediatamente y trae a Rama y el
misterio ser aclarado. Yo te lo digo. No malinterpretes. Anda y
trae a Rama aqu, rpido.
Sumantra recibi sus instrucciones como lo hara del sobera-
no y se dirigi rpidamente a la residencia de Rama. A la entrada
vio a ambos lados una larga fila de sirvientes y ayudantes car-
gando enormes platones que llevaban regalos: sedas, brocados y
joyas, guirnaldas y ramilletes, perfumes y dulces. Era un deleite
para los ojos, pero Sumantra no se detuvo a observarlos; slo se
apresur y sinti que algo muy valioso faltaba en esa festividad, y
se senta abrumado. La alegra que haba sentido haca pocos mi-
nutos haba cesado y ahora se hunda en la pena.
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Cuando iba en su carroza rumbo al palacio de Rama, advirti


cmo los cientos de miles de sbditos que atestaban las calles
hablaban entre s diciendo que el ministro iba a traer a Rama al
saln de la coronacin para la ceremonia. Vio sus caras flore-
ciendo en dichosa expectacin, ni siquiera pestaeaban para no
perderse ni el ms mnimo incidente de alegra. Por fin, Sumantra
lleg al palacio del prncipe. Poda caminar directamente, sin que
nadie le preguntara nada, hacia cualquier seccin de ese palacio
de siete pisos. As como el pez nada alegremente en las profun-
didades del ro, Sumantra iba por los corredores y los salones de
ese palacio.

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11. Lakshmana tambin


En palacio, los compaeros de Rama, entusiastas y conten-
tos, estaban listos, sus rostros alegres y con esplndidos ropajes,
esperndolo para acompaarlo al saln de las festividades. Su-
mantra fue a las habitaciones interiores de la mansin. Ah vio a
Rama sentado en un lecho dorado, irradiando divina luz, y Sita,
de pie a su lado, abanicndolo suavemente. Brillaba l como la lu-
na con la estrella Chitra.
Sumantra iba con prisa, no poda esperar. Dijo: Rama!, la
madre Kaikeyi y tu padre me han solicitado llevarte rpidamente
al palacio de la reina Kaikeyi. Me han enviado ac con esa misin,
as que me he apresurado para llegar. Tan pronto hubo escu-
chado esas palabras, Rama se volvi hacia su prometida y dijo:
Sita, esto es sntoma de algn problema y de nada ms. Ya me
haba dado cuenta, pero me haba mantenido callado y he res-
pondido todo, a fin de que mi padre pudiera seguir siendo feliz.
Las rdenes de mi padre se han de acatar porque de otra mane-
ra se sentira lastimado. Y mientras Rama hablaba as, el cora-
zn de Sumantra lata con fuerza. Trataba de interpretar las pala-
bras de Rama y el recuerdo de Dasarata gimiendo en el suelo.
Ahora estaba convencido de que el obstculo del que Rama ha-
blaba era genuino.
Entonces Sita dijo a Rama: Seor, de qu hablas? En esta
auspiciosa ocasin, no deberas hablar as. Sea cual fuere el obs-
tculo, las palabras de mi suegro deben ser honradas. Si l est
contento, tambin lo estaremos nosotros. Por l, nosotros debe-
mos renunciar a lo que sea. No vaciles lo ms mnimo, ve all in-
mediatamente. Sea que la coronacin se lleve a cabo o no, de to-
das maneras estaremos contentos. La madre Kaikeyi tiene un
enorme afecto por ti; lo que ella nos indique que hagamos, cual-
quier orden que nos d, ser sin duda alguna para nuestro bien.
No hay nadie aqu en la Tierra que sea tan solcita para lograr

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nuestro bienestar como la madre Kaikeyi. Cuando tu padre y una


madre como ella envan un mensaje pidiendo que vayas a verlos,
deberamos estar felices. Y diciendo estas palabras, Sita sigui
a Rama hasta la puerta principal del saln, desendole lo mejor.
Rama repuso: Sita, crees que no s todo eso? Para m, los
das pasados, los presentes y los que han de venir, son iguales.
Saludo cada nuevo da lleno de alegra. Estoy listo para mantener
en alto la reputacin de mi padre, para hacer lo que sea. Estoy pre-
parado para ir adonde se me indique. En verdad me hace inmen-
samente feliz el que t compartas mis sentimientos y apoyes mi re-
solucin. As, Rama sali acompaado por Sumantra. Cuando su-
ban al carro que los esperaba en el camino frente al palacio, la
gente exclamaba: Jai, jai, Ramachandra Prabhu Ki jai! con una
fuerza que sacuda el ambiente.
Sumantra anunci a la multitud: Por ahora el carro no lle-
var a Rama a la coronacin; lo va a llevar a la presencia del
emperador. Permitan que salga el carro. Rama volver en poco
tiempo, pueden esperarlo aqu mismo. Sumantra explic la ra-
zn de aquella salida y se alej a toda prisa. Cuando Rama atra-
vesaba en su divino carruaje las calles de la ciudad en direccin
al palacio de Kaikeyi, fue descubierto y aclamado. Cantores y
cortesanos entonaron himnos de alabanza. Las melodas de
muchos instrumentos se elevaban al cielo y miles de voces vito-
rendolo se elevaban de la multitud a ambos lados del camino.
Las mujeres, con sus mejores atuendos, cubiertas de joyas, se
asomaban por las terrazas y las ventanas de las casas, ansio-
sas de ondear las llamas sagradas al paso de Rama.
Cuando se aproximaba al palacio, lo saludaron con lluvia de
ptalos y ondeando sus sagradas lmparas. La gente contempla-
ba al prncipe hasta perderlo de vista, para despus gozar la ima-
gen de Rama en el carruaje que se haba grabado en sus cora-
zones, y permanecieron de pie sin moverse del lugar, como esta-
tuas, perdidos en la contemplacin de la bienaventuranza que los
embargaba.
El carruaje, imponente como la montaa Kailasa, lleg a los
recintos del palacio de Dasarata llamado Vardhamana (el gran
hroe). Pas por los tres patios vigilados por arqueros.
Entonces Rama descendi del vehculo. Enseguida atraves
otros dos patios ms a pie. Mientras caminaba, pidi a sus acom-
paantes, incluido Lakshmana, que permanecieran atrs. Rama
saba lo que pronto habra de suceder. A pesar de ello, actuaba
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como cualquier mortal, con la naturalidad de quien estuviera en


las mismas circunstancias. Finalmente, entr a las habitaciones
de la reina, donde Dasarata haba desfallecido. El cabello del rey
estaba en desorden; llevaba la ropa del da anterior. Estaba ten-
dido en la cama. Rama se sorprendi de ver la escena. Kaikeyi
estaba de pie al lado de la cama.
El rostro de Dasarata haba perdido todo brillo; se lamenta-
ba y quejaba. Levant la cabeza y sus ojos se fijaron en Rama.
Su lengua no pudo articular lo que deseaba decir. Las lgrimas
fluan de sus ojos; trataba de hablar pero ningn sonido se dej
or. Nunca antes Rama haba presenciado ni experimentado una
escena tan terrible como sa. Se senta angustiado, se apresu-
r para llegar con su padre y sostuvo los dos pies en sus manos.
Dime, por qu te lamentas de esta manera? Cul es la cau-
sa? Tratar de hacerte llegar la alegra de la mejor manera po-
sible. Dedicar mi vida misma para restaurar tu dicha. Dime,
qu es lo que ha causado este sufrimiento? No llores, le ro-
gaba.
Oyendo estas palabras, Dasarata exclam: Rama!, rom-
piendo en llanto nuevamente, incapaz de continuar, y perdi la
conciencia. Rama trat de reanimarlo y consolarlo, pero su padre
caa ms profundamente en la desesperacin. Entonces, reuni
valor y lo reprendi diciendo: Padre!, qu es todo esto? T eres
quien debe dar valor a la gente joven como yo, pero ests lloran-
do y quejndote de una manera que nos llena de angustia. No,
esto no est bien. Esta es una ocasin para estar feliz; no es co-
rrecto entonces que te hundas en la desesperacin. Hasta este
da, siempre que te enojabas o preocupabas, mi llegada haca de-
saparecer en un instante todos los signos de esas penas y te ha-
ca resplandecer de dicha. Recuperabas la paz cuando me abra-
zabas, no es cierto? Entonces, cmo es que ahora, cuanto
ms tiempo me miras, ms grande es tu sufrimiento? Esto hace
ms dolorosa mi preocupacin. No puedes decirme la razn de
este extrao comportamiento y devolverme la tranquilidad? No
puedes decrmela? Es que he hecho algo malo? O bien, si yo
debo hacer algo, dmelo, que lo cumplir sin falta. Me corregir si
me dices lo que he hecho mal. No te preocupes, no dudes ni va-
ciles en decrmelo; dime con la autoridad del afecto lo que debo
hacer y me inclinar ante tu orden. Padre, el que t ests hundi-
do en el dolor no es buen augurio ni para ti ni para m, ni para el
imperio.
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As rogaba Rama y se volvi hacia Kaikeyi. Con las palmas


de las manos juntas, le pregunt: Madre!, he hecho algo malo?
Dime, quin es el detestable pecador que ha causado tanta pe-
na a mi padre? Siempre que l me vea, me miraba con amor, me
abrazaba y me acariciaba con cario. Ahora, ni siquiera me mira
a la cara; de qu se trata? No pronuncia palabra alguna, apar-
ta su rostro de m! Pero, si la falta es ma, estoy dispuesto a su-
frir cualquier castigo para pagar por ella. Para m, lo importante es
que mi padre sea feliz. O es que est sufriendo algn malestar
o enfermedad? O es que mis hermanos Bharata y Satrugna han
enviado malas noticias? Ellos estn bien, no es as? Espero que
mis madres, Kausalya y Sumitra estn bien. Estoy lleno de an-
gustia porque no entiendo la razn del dolor de mi padre! Har to-
do lo necesario para devolverle la tranquilidad, por duro que ello
sea. Sus rdenes, por dolorosas que sean, las cumplir al pie de
la letra con la ms grande lealtad, con la cabeza inclinada. Quien-
quiera que nazca, siempre ser su padre la causa de su naci-
miento. Por eso, el padre es el Dios visible de cada uno. Mi ma-
yor deseo es su felicidad. Ten compasin de m, dime lo que ha
sucedido. Madre, es que tu pundonor ha sido lastimado por al-
gn incidente y debido a ello t pronunciaste algunas palabras du-
ras contra mi padre? O es que mi madre actu contra su volun-
tad lastimando con ello sus sentimientos? Madre Kausalya nunca
hara algo as. Y Sumitra? Estoy ms seguro respecto de ella; ja-
ms lo hara. Y mi padre desde luego que no se lamentara tanto
si la una o la otra obraran tan tontamente. Si mi padre se rehsa
a decirme lo que es, debe de haber una razn muy grave para es-
ta angustiosa situacin, por lo menos puedes decrmelo para con-
solarme.
Kaikeyi, mirando a Rama, que tan patticamente le rogaba,
abandon todo sentido de misericordia y moderacin, todo respe-
to por el esposo, quien poda hundirse en un sufrimiento an ms
profundo al escuchar las palabras que ella pronunciara en com-
pleta desconsideracin de las calamidades que con seguridad
atraeran. No se detuvo a pensar si sus palabras se podran ex-
presar o si sera mejor callar. No hizo distincin entre el fugaz pre-
sente y el futuro inminente; barri con todas las consideraciones
que exige el amor y desech su innata dignidad y condicin de
madre. Dijo: Rama, escucha. Hace aos, mientras se libraba la
batalla entre dioses y demonios, tu padre fue herido por las horri-
bles flechas de los demonios y sufri dolores inaguantables. Yo lo
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cuid hasta dejarlo nuevamente sano y feliz. El apreci mi sacri-


ficio y servicio y me dijo que le sealara dos favores y prometi
concedrmelos. En ese tiempo, yo sent que lo nico que desea-
ba era su recuperacin y su victoria; de manera que le dije: No
deseo nada en este momento; te pedir la concesin de las dos
gracias ms tarde, cuando las necesite. Muy bien, cuando t
quieras, puedes pedrmelas. Te prometo que te las conceder.
Estas dos peticiones no tienen lmite de tiempo ni estn atadas a
condicin alguna. Cuando me las pidas, sea lo que sea, te las co-
ceder, prometi.
T sabes que los descendientes de la familia Ikshvaku nun-
ca rompen su promesa. Confiando en ese hecho bien sabido,
ahora ped que se me cumplieran los dos deseos: uno, que mi hi-
jo Bharata sea coronado emperador y, dos, que a ti se te enve a
la selva de Dandaka por un periodo de catorce aos. Como re-
sultado, tu padre est armando esta tragedia. Para qu aumen-
tar este disgusto? Yo no modificar ni retirar mi peticin. Si tu pa-
dre es un hombre apegado a la verdad, y si t quieres probar que
tambin te apegas a la verdad, tendrs que partir en este mismo
momento para ir a la selva de Dandaka, vestido con piel de ve-
nado y con el cabello anudado al estilo de los renunciantes del
bosque. Debes permanecer en la selva por catorce aos.
Como t eres su hijo predilecto, no quiere enviarte al exilio;
est renuente a pedirte que vayas. Teme que lo tomes a mal; sa
es la razn de su pena. Aqu no ha habido ninguna otra calami-
dad. No tiene sentido exagerar este pequeo asunto inventando
que una catstrofe del tamao de una montaa ha cado sobre
nosotros. Rama, tu padre slo puede ser salvado del pecado de
haber roto su promesa cuando el hijo, su propia imagen, se re-
suelva a cumplir la palabra que aqul se niega a cumplir. De otro
modo, si quien hizo el juramento y el hijo del que jur, ambos ol-
vidan la palabra dada, entonces el padre habr de enfrentarse a
la ruina de la eterna cada. T no desconoces esto.
Rama no se sinti afectado en ninguna forma mientras escu-
chaba estas palabras expresadas con tanta y deliberada dureza.
Con una sonrisa en sus labios replic: No es propio que mi pa-
dre deba lamentarse. Movi la cabeza en seal de aprobacin de
lo que Kaikeyi propona. Pero cuando esta conversacin lleg a
los odos de Dasarata, el rey sinti que el corazn se le parta
dentro del pecho. Se revolcaba y gema en extrema agona. Ra-
ma se volvi hacia Kaikeyi y dijo: Madre, ser lo que t has pla-
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neado! Con reverencia acepto la promesa que mi padre hizo. Pa-


ra m es suficiente que l me estreche tan amorosamente como
sola hacerlo, que me hable con afecto y me bendiga. Incluso si
se me dice que no merezco esas expresiones, que no me he ga-
nado ese mrito, aceptar la prueba sin objeciones y con la mis-
ma alegra y satisfaccin. Mi padre siempre desea lo mejor para
m, siempre me bendice y desea que yo progrese. Es un gran vi-
dente; para m no slo es mi padre sino mi preceptor, quien me
muestra el camino ms elevado. Qu mayor responsabilidad y
deber los mos que darle gusto a l, que es tanto mi padre como
mi maestro! Ese es mi deber, mi dharma. Sentir inmensa dicha
cuando Bharata sea coronado. Mi dicha ser inconmensurable
all en la selva durante los catorce aos que permanecer en ella.
Y no slo catorce, pues si mi padre lo desea, estoy dispuesto a vi-
vir toda mi vida en la jungla. Pero, por qu vacila mi padre en ha-
blarme sobre estas promesas? Eso es lo que me duele. Yo jams
podra decir que no a lo que l me indica. Rama es sirviente y sos-
tn de la palabra paterna, no su opositor. Puede haber para el
hijo acto de gratitud ms noble que el de dedicar su cuerpo mis-
mo, que su padre le dio, al exclusivo servicio de l? Yo lo ofrezco
con alegra, yo no soy de los que esperan que eso les sea orde-
nado.
Madre, por qu no me dijiste que Bharata es la persona que
ser coronada? Entre mi hermano y yo no existen diferencias;
por qu entonces las hacas t? No sabemos de ninguna distin-
cin entre nosotros dos. Y tambin, por qu dices: Esta es una
orden de tu padre? Es que yo alguna vez he desobedecido tus
rdenes? No, nunca lo he hecho. Ya sea que t o mi padre lo pi-
da, yo lo cumplo sin demora. Hoy mismo salgo de Ayodhya rum-
bo a la selva. Madre, enva mensajeros especiales que cumplan
la tarea de traer a Bharata desde la casa de mi abuelo. Ser me-
jor que lo hagan rpido. Si mi partida a la selva y la coronacin de
Bharata se hacen al mismo tiempo, a mi padre le ser ahorrado
esfuerzo fsico, angustia y el sentimiento de la ausencia, y t tam-
bin quedars enteramente contenta. Sin embargo, quin pue-
de saber cmo se desarrollarn los acontecimientos?
Cuando Kaikeyi escuch estas palabras de Rama, se llen de
alegra, pero luego sinti temor. La angusti lo que podra suceder
si Bharata llegaba a la ciudad antes de que Rama hubiera partido;
resolvi que lo mejor sera insistir en que Rama se encaminara a la
selva ese mismo da, as que repuso: Rama, se pueden hacer
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arreglos para traer a Bharata desde donde se encuentra, pero no


hay necesidad de que t contines aqu hasta que l llegue. En
vista de que has decidido iniciar tu vida de ermitao, por qu ha-
bras de retrasar tu partida? Cuanto ms se retrase tu partida,
ms tardar el da en que regreses. Es aconsejable que te vayas
ahora mismo.
Tu padre est ansioso de decrtelo l mismo, pero se siente
renuente a comunicrtelo directamente. Aunque su corazn insis-
te en que te lo diga, se lo impide el sufrimiento de hacerlo, pues
te ama mucho. Se niega a hablar sobre la promesa que me hizo;
sa es la causa de su afliccin. No sufre por ninguna otra pena.
Cuanto antes salgas de Ayodhya, ms pronto se repondr de su
dolor. Me temo que no comer ni se baar mientras no te vayas.
Por eso, si anhelas devolverle la felicidad, cuanto antes te vayas,
mejor.
Dasarata, postrado en la cama, escuch estas duras pala-
bras que le partan el corazn; no pudo contener ms su clera y
pesar y explot en una furia incontrolada: Maldita seas, traido-
ra! Y dirigindose a su hijo, grit: Rama! Rama!, antes de vol-
ver a perder el sentido. Rama se sent en la cama sosteniendo la
cabeza de su padre en su regazo: acariciaba su frente, lo conso-
laba y reconfortaba con dulces palabras de amor filial. Tambin
se dirigi a Kaikeyi: Madre! No soy un codicioso envenenado por
la ambicin mundana. No deseo ganarme la voluntad de la gente
y establecer mi dominio sobre el reino. Deseo vivir como ermita-
o, anhelo fomentar y mantener el dharma. Eso es todo. Slo ten-
go una resolucin ms: la de darle el gusto a mi amado padre. Pa-
ra realizar estos tres objetivos, estoy preparado para efectuar
cualquier labor. Un hijo no tiene deber ms alto, ningn beneficio
ms grande, que el de servir a su padre. Madre, aunque mi padre
no ha hablado directamente conmigo, t me ests diciendo cul
es su mandato, no es cierto? Con eso basta. Adems, t ests
hablando en su presencia y, a pesar de que l est escuchando
lo que dices, no ha rectificado nada. Por eso infiero que tus pala-
bras son las de l. Siendo as, me inclino ante tu orden y me voy
como t has indicado.
Madre, tengo un pequeo deseo que espero me cumplas:
cuando Bharata reine sobre el imperio, cuida que l obedezca en
todas las formas las rdenes de mi padre y que con ello contribu-
ya a su alegra y satisfaccin. Para m, para Bharata, en fin, para
todo hijo, no hay nada ms sagrado y ms benfico que la pro-
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mesa de llenar el corazn del padre con alegra y felicidad. El ser-


vicio al padre es la ley eterna, el ineludible deber del hijo.
Con estas palabras, Rama cay de rodillas y toc los pies de
la madre Kaikeyi. Dasarata, que escuchaba las palabras de su hi-
jo, sinti como si el dharma que Rama mostraba y la ecuanimidad
que revelaba hicieran crecer an ms su amor, multiplicando con
ello su pena ms all de todo control. Al saber que Rama no per-
manecera ms en Ayodhya, perda todo sentido de lo correcto y
de su rango. Grit: Rama!, y se desplom en el piso. Las muje-
res que estaban en una habitacin contigua oyeron el golpe de la
cada y se angustiaron. Se lamentaron a gritos por el giro que ha-
ban tomado los acontecimientos. Rama se dio cuenta de que no
deba posponer la salida, y luego de postrarse a los pies de su pa-
dre y de tocarlos, sali de la habitacin.
Lakshmana se encontraba ante la puerta y escuch las pala-
bras que en el interior se haban dicho. Estaba llorando, furioso
contra Kaikeyi y enojado contra su padre. Se sinti incapaz de ex-
presar sus sentimientos, de manera que sigui los pasos de Ra-
ma con los brazos cruzados, los ojos fijos en el suelo y la cabeza
inclinada. A pesar de que haba perdido un reino y se vea forza-
do a exiliarse, el rostro de Rama brillaba como la luna detrs de
gruesos nubarrones, sin ser afectada por aquel oscuro velo. El
esplendor de su expresin no haba cambiado, pues enfrentaba
el honor o el deshonor con plena ecuanimidad. Se comportaba
como un veterano yogui. Sin traza alguna de agitacin en pensa-
miento, palabra u obra; caminaba como si nada hubiera pasado,
como si nada pudiera preocuparlo. Sin embargo, Sumantra adivi-
n que cierta transformacin haba tenido lugar dentro del pala-
cio, y esa conjetura pronto haba de volverse certeza. Cuando sus
ojos se encontraron con Lakshmana, su corazn sufri un sobre-
salto. Para aumentar an ms sus temores, Rama rechaz el pa-
rasol blanco que un asistente quiso levantar sobre su cabeza. Or-
den que el ceremonial de cortesa no se llevara a cabo con l;
declar que ya no mereca el carruaje de plata. Al escuchar esto,
Sumantra perdi las fuerzas y la voluntad. Sus peores temores se
haban confirmado.
Rama no habl ninguna palabra con los que lo rodeaban ni
con los ciudadanos a quienes encontraba; no era que estuviera
triste, no, l saba que los dems se sentiran lastimados al saber
las nuevas. Y si l hablaba, dira la verdad y esparcira tristeza a
todo su alrededor con sus propias palabras. Sin embargo, la for-
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ma en que regresaba a su palacio anunciaba las malas nuevas a


todos los que lo vean.
Rama no fue directamente adonde se encontraba Sita, sino al
palacio de Kausalya, a pie. El edificio estaba resplandeciente, con
banderas y festones y otras muestras de jbilo. Las mujeres y los
dems sirvientes del palacio que se dieron cuenta de la llegada
de Rama y Lakshmana, aprestaron lmparas sobre platones y
formaron filas para darles la bienvenida. Los viejos y confiables
guardias que estaban a la entrada principal, se pusieron de pie r-
pidamente cuando vieron llegar a los hermanos y exclamaron:
Victoria, victoria! Que la victoria sea con ustedes! Se inclinaron
y les ofrecieron su homenaje. Cuando Rama cruz por el segun-
do patio, los sacerdotes que se haban reunido all los llenaron de
bendiciones. Al entrar al tercer patio, las jvenes doncellas, da-
mas de la reina, se apresuraron a entrar llevando las buenas nue-
vas de la llegada de Rama y su hermano menor para rendir ho-
menaje a su madre. Estaban felices de ver a los prncipes. Des-
de la puerta exterior hasta la habitacin misma donde se encon-
traba la madre, las jvenes estaban alineadas a ambos lados del
largo pasaje, ondeando sus lmparas ceremoniales en seal de
bienvenida, as como para ahuyentar el mal y atraer alegra y
prosperidad.
La reina Kausalya haba guardado vigilia toda la noche pre-
parndose para el gran da que haba amanecido. Desde el alba
oficiaba ritos de culto. Sacerdotes brahmines propiciaban al dios
del fuego con himnos vdicos, cuando Rama fue anunciado. La
madre estaba llena de alegra porque iba a presenciar con sus
propios ojos la coronacin de su hijo, y celebr su alegra con va-
rios ritos; hizo numerosos regalos. Ayun y guard vigilia, la feli-
cidad era suficiente alimento para ella, el cual comparta con to-
dos. Corri a abrazar a Rama; acarici los rizos de su cabello y lo
llev de la mano hacia el saln de adoracin, donde estaba pa-
sando las horas de la maana. No tena idea de los angustiosos
acontecimientos que haban tenido lugar. Inocente y sencilla co-
mo era, vesta el sari blanco de la pureza atado con la sagrada
cuerda de seda en la cintura; con gracia estaba ocupada en la
adoracin de las imgenes de los dioses. Al mirar el rostro de Ra-
ma, not un gran esplendor que lo iluminaba. Ya no pudo conte-
ner su felicidad y dijo: Hijo!, todos tus ancestros fueron sabios de
la realeza. Todos fueron fuertes defensores de la rectitud. Eran al-
mas eminentes, cada uno de ellos. T sers tan longevo como lo
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fueron ellos; tan renombrado como ellos, tu gloria alcanzar todos


los confines, como la de ellos. Hijo, sigue los ideales de la recti-
tud que fueron mantenidos en alto por esta dinasta!, no los des-
cuides ni siquiera en un momento de distraccin. Mantnte unido
a ellos, sin titubear en lo ms mnimo. Con estas palabras colo-
c algunos granos de arroz en la cabeza de Rama en seal de
sus bendiciones en el auspicioso da. Puso un asiento dorado jun-
to al de ella, diciendo: Hijo, observaste la vigilia ceremonial ano-
che, no es as? Y ayunaste ayer, siguiendo las reglas. Debes de
estar exhausto. Sintate aqu un rato y come alguna fruta. Di-
ciendo esto, adelant un plato de oro con fruta que haba prepa-
rado para l.
A Rama lo emocion la dicha de su madre y el amor que ella
le prodigaba. Se preguntaba cmo iba a poder comunicarle el gi-
ro que los acontecimientos haban dado; no quera destruir la at-
msfera de alegra que reinaba all. Con el fin de complacerla, se
sent en la silla dorada que su madre le ofreca y tocando la fru-
ta que estaba en el plato, dijo: Madre, desde este momento no
volver a tocar el oro ni volver a sentarme en sillas doradas. Es-
toy esperando tu bendicin, pues debo ir desterrado a la selva de
Dandaka. He venido a despedirme. Kausalya no pudo compren-
der una sola palabra de lo que Rama le estaba diciendo. Lo ni-
co que pudo decir fue: Hijo, dentro de algunos minutos sers co-
ronado rey y hablas de la selva de Dandaka. No puedo entender
lo que me dices. Ella crea que su hijo haba hecho una broma y
agreg: Hijo, en esta hora auspiciosa no deberas, ni en broma,
hablar de temas de mal agero. Deja eso, mi joya preciosa! Con
sus dedos tom un poco de arroz con leche y se lo dio a probar a
Rama. Al observar el amor y la dicha de su madre, a Lakshmana
se le llenaron los ojos de lgrimas.
Kausalya advirti esto y volvindose a l, le pregunt:
Lakshmana!, por qu ests triste? Se apresur a llegar a l y
trat de acariciarlo, pero Lakshmana no pudo reprimir su dolor por
ms tiempo, y prorrumpi en llanto. La reina qued muy asusta-
da; no se explicaba esos sollozos. Las palabras de Rama y el do-
lor de Lakshmana la tenan muy confundida. Rama intervino: Ma-
dre, si me prometes no acongojarte, te dir una cosa, y mante-
niendo las manos de su madre entre las suyas, con firmeza dijo:
Esto es algo que me va a dotar a m, a ti y a toda nuestra familia
y dinasta, de gloria infinita. Por eso no permitas que la angustia,
la duda o el temor te embarguen. Acptalo con celo y alegra. No
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te llena de dicha que yo obedezca las rdenes de mi padre? El ha


decidido coronar a mi hermano Bharata, y ha resuelto enviarme a
m, con los hbitos de ermitao, a la selva de Dandaka por cator-
ce aos. Me he inclinado ante su mandato y he venido a despe-
dirme de ti.
Al escuchar esto, Kausalya grit: Rama!, y cay al suelo.
Qu es lo que ha pasado? Es posible que mi tierno hijo sea
enviado a la oscura jungla? Qu crimen ha cometido mi Rama
para merecer esto? No puede ser verdad! O es acaso un con-
fuso disparate producido por mi propio cerebro debido a que no
he dormido ni comido? Mientras trataba de explicrselo y conso-
larse, los acontecimientos en el palacio de Kaikeyi haban traspa-
sado las paredes y el llanto de las doncellas y las sirvientas se es-
cuchaba por doquier. Por todos los rostros corran lgrimas de pe-
sar. Gritos de Rama, no nos dejes!, se escuchaban en todas
partes. Grupos de gente apesadumbrada corran hacia el palacio
de Kausalya, que estaba sobrecogida por la sorpresa, el dolor y
la angustia. Era incapaz de desenredar el misterio de todo aque-
llo. No poda levantarse del lugar en que haba cado de tan ago-
biada que estaba por la angustia y la desesperacin. Pero desea-
ba con todo su corazn saber qu era lo que haba sucedido pa-
ra causar una agona tan general. Atrajo a Rama a su regazo y,
acariciando su rizado cabello, le pregunt: Hijo mo, qu noti-
cias son stas que estoy oyendo? Dime exactamente qu pas.
No puedo aguantar este suspenso por ms tiempo. Rama le di-
jo: En honor a los dos dones que mi padre le concedi a Kaikeyi
hace mucho tiempo, hoy le prometi satisfacer los dos deseos
que ella expresara. Rama le dijo a Kausalya que la primera mer-
ced que se le haba concedido era que Bharata sera coronado, y
la segunda, que l fuera exiliado a la selva durante catorce aos.
Cuando Rama hubo relatado estos hechos, garantizando con ello
que eran la verdad, Kausalya exclam: Rama! Realmente pidi
Kaikeyi tales favores? Ella tena un amor ilimitado hacia ti. No pu-
do haberlo deseado nunca! Dejemos esto. Aun si ella lo hubiera
querido, estoy segura de que slo pedira esas mercedes para
poner a prueba al rey. Por qu habra de suscitar tanto alboroto
este simple hecho? O, aceptando que ella hubiera pedido el cum-
plimiento de las dos peticiones, tu padre no estara dispuesto a
concedrselas. Me rehso a creer eso. Podra tu padre, que no
puede estar sin tenerte cerca un solo momento, enviarte lejos por
catorce aos? Esto me confunde ms an.
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Al ver que su madre no le poda creer, Rama volvi a tomar-


le las dos manos entre las suyas y, en tono suplicante, dijo: Ma-
dre, creme! Mi padre prometi cumplir con los dos deseos que
ella expresara, fueran los que fueran; luego, cuando ella hizo sus
peticiones, l no se sinti capaz de ir en contra de su palabra,
empeada con tanta solemnidad, pero tampoco pudo aceptar en-
viarme a la selva y quedarse sin mi compaa. Est sufriendo un
gran desasosiego; yo no puedo soportar ver la afliccin en que
se encuentra. En estos momentos vengo de all. Est incons-
ciente de tanto dolor, se encuentra en una terrible angustia. Esta
es la verdad. Creme, madre; yo no soy tan cruel como para cau-
sarte una preocupacin tan grande slo por una insignificancia.
He aceptado la orden de mi padre y he venido aqu a recibir tu
permiso.
Diciendo esto, Rama cay a los pies de su madre. Kausalya
lo levant con ternura dicindole: Rama, qu comportamiento
tan extrao es ste! Por brbara que sea una persona, cmo
puede hacer estas horribles peticiones? Puede un ser humano
pensar siquiera en enviarte, minutos antes de ser coronado, a la
selva, por catorce aos? He de sufrir por el resto de mi vida? Tu-
ve un hijo despus de haber pasado por muchos sacrificios y ri-
tuales. Mirando tu dulce rostro, he vencido siempre los sufrimien-
tos, los aos de tristeza. Yo no tengo ningn otro deseo, no pido
nada ms: para m es suficiente que mi hijo est conmigo, cerca
de m. Es que no merezco ese pequeo don? He dado a luz un
hijo slo para que sea echado a la selva? Estara cualquier ma-
dre dispuesta a enviar a su hijo a la jungla? Dios mo!, qu pe-
cado habr cometido en el pasado? En cul de mis vidas ante-
riores habr podido mantener separada a una madre de su hijo?
Desde el da en que fuiste iniciado en el estudio de los textos v-
dicos, a cada momento senta felicidad al pensar que el da de tu
coronacin se acercaba. Es posible que esos dulces sueos se
hayan desvanecido? Es que todas mis esperanzas se han de-
rrumbado para romperse en pedazos? Todos aquellos votos, vi-
gilias, ritos y rituales que tan escrupulosamente observ y llev a
cabo para asegurar tu alegra y felicidad, han sido en vano? Po-
bre de m, pecadora! Cmo es posible que mi corazn no haya
sangrado al or esta noticia? Y quiz tenga que soportar an mu-
chas noticias capaces de romperme el corazn. La muerte no vie-
ne para ayudarme; an late mi corazn a pesar de este golpe.
Dios mo, hasta la muerte espera su momento! Viene, pero vien-
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do este dolor, me deja vivir y retrasa el instante de mi liberacin.


Tampoco Yama tiene lstima de m. He sido culpada de no me-
recer siquiera el reino de la muerte. Rama! Ha cado la desgra-
cia sobre nosotros. Lamentndose as, se desplom desmayada.
Al volver en s rod por el suelo apretndose el corazn con la
palma de su mano. Rama no soportaba la escena. El llanto de las
doncellas que a su alrededor se haban reunido hera sus odos
como un estallido, pero no pronunci palabra alguna. Sentado
junto a su madre, le acariciaba la frente, tratanto de consolarla.
Sacudi el polvo con que se haban manchado sus ropas. Como
una enorme y firme roca erguida sobre las aguas del mar, Rama
segua imperturbable ante los golpes de las crecientes olas a su
derredor. Estaba por encima y ms all de los ataques de la pe-
na y de los halagos de la alegra. Lo embargaba la misma ecua-
nimidad que cuando se le haba ordenado retirarse a la selva por
catorce aos, igual que cuando iba en camino de ser coronado
rey de un gran imperio.
Kausalya tambin saba que Rama jams se desviara del
camino del deber. Estaba consciente de que Rama nunca rom-
pera su palabra, apartndose incluso el ancho de un cabello del
camino indicado por su padre. Estaba segura de que sus ruegos
no lo haran volver atrs. Siendo as, dej todo intento de disua-
dirlo de su resolucin. Hijo mo! De qu sirve culpar a los de-
ms cuando nuestro destino nos obliga a enfrentarnos a tan tr-
gicos acontecimientos? No, es puro desperdicio de palabras.
Todo lo que nos pasa es para nuestro propio bien. Nadie puede
decir no a los dictados de la Divinidad. Mi felicidad no est en
Ayodhya, en este palacio; slo soy feliz donde est mi Rama.
As pues, ir contigo; llvame, dijo. Y trat de levantarse y po-
nerse de pie; las doncellas la sostenan y la sentaron apoyada
contra una pared. Le hablaron dulcemente para que le volviera
plena la conciencia.
Lakshmana observaba la angustia de Kausalya y escucha-
ba sus palabras. Ya no le fue posible controlar sus emociones.
Estaba reventando de rabia. Con las manos apretadas contra el
pecho, dijo: Reverenciada madre, nunca aceptar esto! Es
posible que Rama deje el reino, aceptando ir a la selva cedien-
do al vano parloteo de una mujer? No lo puedo tolerar! Mi pa-
dre se ha hecho demasiado viejo y por eso su mente se ha vuel-
to dbil. Adems est enredado en los deseos sensuales y se
ha vuelto esclavo de los caprichos de Kaikeyi; es excesivamen-
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te condescendiente, da lstima y no tiene ya discernimiento res-


pecto de las consecuencias de sus actos. Es capaz, en su en-
gao, de dar cualquier orden. Mandatos de ese tipo no deberan
obedecerse. El rey se halla en un estado de debilidad mental
que lo hace incapaz de distinguir lo real de lo irreal, lo momen-
tneo de lo trascendente. Cuando gobernantes como l emiten
tales rdenes, pueden muy bien ser desobedecidas. Qu cri-
men cometi Rama para ser enviado a la selva? Ni los enemi-
gos ms crueles de Rama si es que tiene alguno, ni el br-
baro ms duro de corazn que sufre castigo por sus crmenes,
podra sealar la menor falta en su comportamiento. Ningn rey
sobre la Tierra tiene autoridad para exiliar a una persona de tan
irreprochable inocencia, pureza de intencin y divina santidad.
Rama camina firme en su sendero de rectitud: es el amo de sus
sentidos, honra y trata con respeto a enemigos de cualquier cla-
se. Habr padre capaz de enviar a la selva a un hijo como l?
Adems, el rey es un hombre adherido al dharma; es un hroe
lleno de sagrados ideales; respeta la mejor de todas las creen-
cias. Puede un rey as dar ese tipo de rdenes? Si juzgamos
as, es seguro que Dasarata debe estar demente o esclavizado
por la pasin. Cualquier mandato que provenga de una persona
sujeta a una u otra de estas condiciones es indigno de ser to-
mado en consideracin. Las palabras de un rey que se compor-
ta como un luntico o como un ser inmaduro, no merecen ser
obedecidas. Ha olvidado los dictados de la moral poltica, aban-
donado el camino de la sabidura mundana, echado a los vien-
tos las exigencias del afecto paternal... se ha vuelto loco y ha
dado rienda suelta a sus caprichos y fantasas. Entonces, c-
mo se pueden considerar vlidas sus rdenes? Yo no estoy de
acuerdo en que sea obedecido.
Lakshmana se volvi hacia Rama y apretando sus manos
con reverencia, dijo: Perdname! Toma el mando de este im-
perio antes de que se corran las noticias de lo que ha sucedido
y llegue a ser del conocimiento de todos. Yo estar a tu lado con
mi arco. Quien quiera levantarse en Ayodhya contra ti, se tendr
que enfrentar a las flechas de este arco. Claro que no hay na-
die, ni en Ayodhya ni en ninguna otra parte. Pero, en caso de
que surgiera cualquier oposicin, esta gran ciudad se transfor-
mar en un desierto sin habitante humano. Mis flechas se ocu-
parn de ello. Para qu repetirlo tantas veces? Si Bharata se
opone, lo destruir. No me importa. Hasta Dasarata, si se ade-
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lanta como apoyo de Kaikeyi en esta lucha, yo lo capturar y lo


encerrar en prisin.
Mientras Lakshmana continuaba en esta actitud, Rama se le
qued mirando severamente interrumpiendo el fluir de sus senti-
mientos y lo amonest de esta manera: Lakshmana! Tus pala-
bras estn salindose de los lmites. Nadie puede negarme lo que
yo deseo. Nadie puede detener la marcha de mi voluntad. Mi exi-
lio en la selva no se podr evitar. T hablas movido por tu amor a
m y por el deseo de evitar nuestra separacin. S indulgente! La
tolerancia te salvar de toda ansiedad y temor. Ten paciencia, no
te exaltes. No alimentes ideas de odio contra nuestro padre ni
contra nuestro hermano Bharata. Son personas sagradas y puras.
Tambin Kaikeyi es altamente venerable. Debe ser honrada y
adorada. Las peticiones que ella hizo tambin son intachables.
Ella me am, me mim, me aliment, jug conmigo, obtuvo ale-
gra de m, ms que de su propio hijo Bharata. Cuando la madre
pide hoy tales mercedes del padre, gracias muy contrarias a lo
acostumbrado en este mundo, seguramente debe de haber algn
significado oculto en este caso. Debe de ser el plan Divino, no una
simple tctica humana. Debes estar tranquilo, abandonar tus te-
mores y tu contrariedad. Debemos esperar para saber qu es lo
que sigue, le aconsej Rama.
Al escuchar esto, Lakshmana se postr a los pies de Rama
diciendo: Con qu autoridad se le ha de otorgar la corona a
Bharata, si te pertenece a ti? T obedeces esta absurda, injusta
orden, por tratarse de nuestro padre; pero yo no la aprobar, aun-
que digas lo que quieras para justificarla. Volvindose hacia Kau-
salya, Lakshmana continu: Reverenciada madre, debo confe-
sarte la verdad: yo soy un devoto de Rama. Digo esto bajo jura-
mento: no puedo existir ni un solo momento si he de vivir separa-
do de Rama. Si Rama no desea el reino y se va a la selva, yo ir
tras l. Seguir sus pasos; ser su sombra. Si l me lo ordenara,
con el mayor gusto saltara al fuego. Obedecer nicamente sus
rdenes, las de ningn otro. Madre, no soporto verte con ese do-
lor! El es tu hijo; l es mi Ramachandra. Cmo podra alguien vi-
vir lejos del aliento de su propia vida?
Al escucharlo, Kausalya se sinti un poco reconfortada, y
acarici la cabeza de Lakshmana diciendo: Tu amor me da mu-
cho consuelo. Tus palabras me dan fuerza. Hermanos como t
son realmente muy raros. El mundo considera que madres que
dan a luz tales hijos son venerables y sagradas; pero en estos
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momentos nos aflige el sentimiento de que somos grandes peca-


dores. Rama no desistir de su resolucin. El exilio para l es ine-
vitable. Ahora slo quiero esto: llvame a m tambin, exclam
sollozando.
Rama mir a Lakshmana y dijo: Hermano!, s cunto amor
sientes por m. Me doy cuenta de tu herosmo, tu habilidad y glo-
ria. Madre est sufriendo profunda pena, pues no puede entender
los hechos como son y el valor que tiene el autocontrol. Adems,
como yo soy la criatura nacida de sus entraas, su preocupacin
es algo natural. Pero considera t: para todos los valores en la vi-
da, la conducta recta o dharma es la raz misma. Y la rectitud es-
t segura slo si tiene por base la verdad. Verdad y rectitud son
indistintos: el uno no puede existir sin el otro. La verdad es bon-
dad, la bondad es verdad. En este momento estoy realizando am-
bos valores: verdad y rectitud, al tiempo que acto de acuerdo
con las rdenes de mi padre. Nadie que est dedicado a la vida
recta, ha de romper la promesa que le hizo a su madre, a su pa-
dre o a su preceptor. Por eso, no transgredir las rdenes de mi
padre. Eso es seguro. No fue Kaikeyi la que me dio las rdenes;
ella slo me comunic el mandato de mi padre, y lo hizo en pre-
sencia de l. Siendo eso as, se debe inclinar la cabeza con re-
verencia. Si no fuera una orden de mi padre, cuando Kaikeyi me
dijo que lo era, l pudo haber declarado que no lo era, no es as?
Pero no lo hizo, simplemente se lamentaba; por esa razn, es co-
mo si fuera su propia orden. Siendo as, no dar un paso atrs en
mi resolucin. No hay ninguna posibilidad de que lo haga. No per-
mitas que tu razn se desve para caer en la mentalidad creado-
ra de terror de un Kshatriya. Abandona la violencia y la crueldad
y adopta mi punto de vista. Rama palme la espalda de Laksh-
mana, que se senta aplastado por la rabia y la pena, dicindole
palabras amorosas para mitigar su contrariedad. Luego, volvin-
dose hacia su madre Kausalya, dijo: No trates de impedir mi re-
solucin ni trates de que rompa mi voto. Pase lo que pasare, mi
exilio a la selva no puede ser cancelado. Envame all con tu
amor; bendice mi voto, mi resolucin. Cay de hinojos a sus pies
y rog le diera su permiso para partir.
La madre temblaba con una angustia que la torturaba; coloc
sus manos sobre la espalda de Rama y prorrumpi en llanto. Al
ver su dolor, Rama tampoco pudo contener sus emociones. Abra-
z sus pies y dijo: Madre! Mi palabra es la verdad suprema; es-
cucha: nada malo me ocurrir mientras est en la selva. Pasar
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esos catorce aos con la mayor felicidad y alegra. Retornar y


volver a postrarme a tus pies. Cumplir todas las esperanzas
que tienes cifradas en m. Madre, se trata de una orden de Da-
sarata! Es una orden que no slo yo, sino tambin t, Lakshma-
na, Sumitra y Bharata han de cumplir al pie de la letra. Esa es la
antigua ley, el Sanathana Dharma.
Madre!, har otra peticin; perdname. Los preparativos
que t y otros hicieron para coronarme a m, han de ser utiliza-
dos con la misma alegra y entusiasmo para la coronacin de
Bharata. Mi padre me ha confiado la regin de la selva, eso es
lo mejor. Est en concordancia con el ms alto deber que al-
guien pueda cumplir. El tratar de impedir nuestros deberes es
nutrir la idea de una diferencia entre yo y Bharata. Lo que debes
hacer es bendecirnos a ambos, pidindonos a cada uno de no-
sotros llevar a feliz trmino la responsabilidad que se nos ha
confiado.
Kausalya, que oa estas palabras de Rama, no pudo aguan-
tar el dolor que caa sobre ella. Se quejaba en su enorme pena:
Hijo mo! Tu padre te cri y te ayud a crecer y fue feliz de ver-
te fuerte y grande. Tan slo por eso merece reverencia y obe-
diencia. No soy yo tambin merecedora de reverencia y obe-
diencia? Y considera esto: la esposa es la otra mitad del con-
sorte. El cnyuge es la mitad derecha de la esposa. As, cuan-
do cada uno es la mitad del otro, yo soy la mitad de Dasarata,
no es as? Por eso la esposa es llamada la ardhangi del espo-
so. Cuando t dices que has recibido orden de Dasarata, es s-
lo la orden de la mitad de l; no se origin en todo l. Slo ten-
dr autoridad cuando la otra mitad tambin est de acuerdo.
Mientras yo no lo est, no ser vlida como orden. T conoces
el sentido y significado del dharma en todos sus variados as-
pectos; por lo tanto, debes estar consciente de esto tambin. Sin
la aceptacin de la madre, ningn deber puede ser obligatorio y
nada merece tener el nombre de correcto. Ms que la orden del
padre, hay que seguir la de la madre. Ese es el deber ms im-
portante, pues es la madre quien te nutri para llevarte de la ni-
ez a la juventud, no el padre. Si la madre no lo hubiera llevado
en el vientre por nueve meses, no habra nio. T ests ahora
arrojando a la madre a las llamas del dolor, proclamando: Es la
orden de mi padre, debo obedecerla a toda costa. Yo no acep-
to esta conducta como correcta. No existe tesoro ms preciado
para una madre que su hijo. Y para madres como yo, el hijo lo
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es todo. Cuando el hijo me mira con recelo y considera que la


orden de su padre es superior, de qu me puede beneficiar el
tratar de asegurarme el cielo y vivir del nctar divino all? Pre-
ferira estar en el infierno. Considerara que es el cielo si mi hijo
est conmigo.
Rama, qu puedo hacer aqu? No he probado un momen-
to de felicidad en toda mi vida! Desde que nac, he estado atada
por las limitaciones que me impusieron madre y padre; luego, con
las dudas de qu tipo de esposo me tocara y de cmo sera su
carcter y comportamiento; finalmente fui casada con tu padre.
Por aos me afligi la pena de no tener hijos. Luego, tuve que su-
frir el conflicto causado por las otras esposas de tu padre. No he
tenido alivio en esa batalla desde entonces hasta ahora. Como re-
sultado del mrito de una vida anterior que no conozco, se me
concedi el tenerte como hijo. Y ahora se me depara la separa-
cin de ti. Cundo he tenido felicidad yo? Mi vida se ha conver-
tido en un caudal de penas; yo, en medio de la corriente, luchan-
do, incapaz de nadar, me hundo sin esperanza alguna de ser sal-
vada. Te tuve a ti como un madero del que me asa para salvar-
me. Ahora, si me niegas eso, qu me suceder? Adems, a con-
secuencia de haber estado separada de tu padre, l ni siquiera
sufrir por el sentimiento de prdida; tiene su felicidad en Kaike-
yi, no necesita nada ms. Por eso, en vez de seguir en este lugar
consumindome en mi propia agona para, finalmente, morir, pre-
fiero mirar la encantadora cara de mi querido hijo; aunque no ten-
ga alimento ni agua para saciar mi sed en la selva, tendr el sus-
tento necesario con esa alegra.
Aunque Rama senta que haba algo de cierto en esa des-
cripcin, se senta obligado a obedecer los deseos de su padre y
por la promesa que haba dado de no faltar a su deber. Pero
Lakshmana intervino y dijo: Hermano, las palabras de nuestra
madre contienen la ms alta verdad. La madre merece una ma-
yor reverencia que el padre. En las Escrituras se lee: Que la ma-
dre sea tu Dios, y luego: Que tu padre sea tu Dios. Se coloca
primero a la madre y al padre en segundo lugar. No es propio que
persistas con tanta firmeza en tu resolucin y le causes tanta pe-
na a nuestra madre.
Rama, volvindose a l, interrumpi sus palabras: Laksh-
mana!, ests apoyando las declaraciones de una madre que su-
fre el efecto de una fuerte atadura hacia su hijo. Considera la or-
den del padre, que se relaciona con el bienestar de todo el im-
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perio, del mundo entero y de la comunidad humana. No has


comprendido la implicacin interna y el sentido de esa orden.
Slo la rectitud puede asegurar las otras tres metas del hombre:
riqueza, felicidad y liberacin. No hay por qu dudar de esto ni
argir sobre la correccin de este hecho. Cuando la actividad se
limita a la ganancia de bienes, el mundo odia al individuo; cuan-
do se limita a la satisfaccin egosta de los deseos, el mundo lo
condena como un ser despreciable. Por eso, la actividad debe
estar de acuerdo con la rectitud. Y eso no es todo; Dasarata es
nuestro padre, nuestro preceptor y monarca. Puede ordenarnos
algo, ya sea por el deseo de lograr algo, o bien por enojo contra
alguien, o por amistad y amor por alguien, lo cual no nos in-
cumbe, slo debemos obedecer; no existe ninguna justificacin
para no hacerlo.
Un hijo que se complace en el pecado, suele actuar en con-
tra de la orden paterna, pero yo no soy uno de sos. Ante cual-
quier mandato de mi padre, bajar la cabeza con reverencia.
Respecto de esto, t podras tener alguna duda. Si un padre, un
necio cegado por la lujuria, carente de la inteligencia necesaria
para distinguir entre lo momentneo y lo eterno, pendiente slo
de su engrandecimiento egosta y confiado en las estratagemas
de otros, inflige injurias sobre su propio hijo, podras preguntarte:
debe el hijo confiar en l y obedecerlo? S, sin duda alguna de-
bera hacerlo! Puede ser un necio o un cruel tirano, pero, no
eres t su hijo? Cuando es as, tu posicin siempre es ms baja
y la de l ms alta. Esto decide todos los deberes y todos los de-
rechos. Cuando mucho, el hijo puede tratar de aclararle alguna
situacin y explicarle, segn su entendimiento, lo que a l le pa-
rezca confuso o complicado. No debe negarse a obedecer por
considerarlo tonto o absurdo.
Debes considerar tambin que Dasarata es una persona
muy talentosa, un gran guerrero, un luchador heroico, un pilar de
la rectitud, y que est luchando a muerte para mantener su pala-
bra dada. El no ha sido engaado por Kaikeyi ni cegado por la lu-
juria. No; lo que lo mova era la necesidad suprema de cumplir su
compromiso, una promesa que haba hecho. Adems, l le haba
dicho a ella que le otorgara dos deseos, fuesen lo que fuesen,
aun si la concesin pusiera en peligro su propia vida! Nunca po-
dr aceptar que l est vencido por la lujuria. Nuestro padre se
encuentra en una triste situacin porque no ve ninguna salida a

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causa de una promesa; pero de corazn, no est conforme con


enviarme a la selva.
Lakshmana! Nuestro padre es un leal partidario del dharma,
ms leal que sus predecesores en el trono. Su fama se ha exten-
dido y ha sido escuchada en todos los rincones de los tres mun-
dos. No sera un mal ejemplo para la humanidad si su esposa,
la reina ungida, lo dejara para acompaar a su hijo, abandonn-
dolo? La vida es breve, su duracin es limitada. Perder uno su re-
putacin para siempre por ceder de esta manera a actos inco-
rrectos, no es bueno ni para m ni para ti.
Dicho esto, se volvi hacia su madre rogndole pattica-
mente: Madre...!, pero antes de poder continuar, Kausalya
qued paralizada por el dolor, pues se haba dado cuenta de que
sus esfuerzos para cambiar la posicin que Rama haba adopta-
do, eran infructuosos. Vio claramente que no se poda librar de la
obligacin de darle su consentimiento para irse con sus bendi-
ciones. Sinti que cuanto ms se lamentaba, mayor era el dolor
de Rama.
Entretanto, Lakshmana estaba profundamente conmovido:
sus ojos se enrojecieron; perdi conciencia de dnde y entre
quines estaba; sus labios se secaron, su lengua se paraliz y
su mirada qued fija; inclin la cabeza y mir al suelo; las lgri-
mas fluan libremente de sus ojos. Rama lo observaba y sinti
que no poda dejarlo en ese estado. Adems, podra hacer algo
irreflexivo si lo dejaba solo; hasta podra lastimar a otros. Y se
podra considerar que esos actos ocurrieran por mi culpa, pen-
s Rama. Entonces le dijo a Lakshmana: Hermano, los humos
de la clera son incienso dedicado a la horda de pecados: su-
prmelos. Puedes estar preocupado al pensar que Rama ha si-
do tan burdamente insultado y deshonrado, pero el sendero de
la verdad y de la rectitud no presta atencin a honor o deshonor,
no espera lo uno ni evita lo otro. Ten valor, llena tu corazn con
fortaleza. Permanece aqu y sirve a nuestro padre; pasa tus das
de esa manera, en cumplimiento del ms alto propsito de la vi-
da. Cuando su hermano mayor lo bendijo de esta manera,
Lakshmana recuper el habla. Hermano exclam, cuando
Rama, mi propio aliento, se encamina hacia la selva, a quin
puedo ya servir aqu con este objeto material que se llama cuer-
po? Este Lakshmana no desea servir a nadie excepto a Rama.
T sealas tu obligacin, tu deber, yo tambin tengo mi deber y
lo valoro igualmente, por eso te seguir. No tengo necesidad de
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esperar las rdenes de nadie. No estoy incluido en el grupo de


personas atadas a las mercedes exigidas por Kaikeyi. Y aun si
estuviera involucrado, no prestara atencin a sus rdenes ni a
las indicaciones de sus seguidores. Nadie ms que Rama tiene
autoridad para mandarme o indicarme cmo me he de compor-
tar. As que aqu y ahora yo tambin me vestir de ermitao con
corteza de rbol; desatar mi cabello y me preparar para se-
guirte. Diciendo esto, Lakshmana se quit las joyas y dems
atavos reales con que se haba engalanado para asistir a la co-
ronacin; arroj disgustado a un rincn de la habitacin las jo-
yas y el ropaje de seda. Estaba impaciente por acompaar a su
hermano. El corazn de Rama se enterneci cuando vio la de-
vocin espontnea y la autntica lealtad de Lakshmana. Se
acerc a l y poniendo su mano sobre el hombro de su herma-
no, suavemente habl as: Hermano, mi alegra no tiene lmites
al ver que tengo un hermano como t. Es mi gran fortuna, pues
al venir t conmigo, madre Kausalya ganar cierta tranquilidad.
Est sumamente angustiada por el temor y la duda de cmo ha-
br de pasar los catorce aos en la selva y si volver despus
de esos aos de exilio. As pues, dile a nuestra madre que no te-
ma. Ve a consolarla. Mientras pasamos las horas as, nuestro
padre ha de estar sufriendo ms y ms, y Kaikeyi sufrir de cre-
cientes dudas pensando que quiz yo ni siquiera me vaya. Por
eso ir a ver a Sita para informarla y de all ir al palacio de Kai-
keyi para despedirme de mi padre. Mientras tanto, t irs a ver
a tu madre Sumitra para solicitar su permiso de partir conmigo.
Despus de estas palabras, Rama dio una vuelta completa
alrededor de Kausalya y se tendi ante sus pies en seal de re-
verencia. Al ver eso, las doncellas y sirvientes, as como todos
los dems ocupantes del gineceo, entonaron un sonoro lamen-
to como si hubiera cado el diluvio sobre ellos. Pero Kausalya
valientemente atrajo a Rama hacia ella cuando ste se levanta-
ba para recibir sus bendiciones. Lo abraz, acarici su cabello y
con las manos sobre sus hombros, le dijo: Hijo, eres el ms fir-
me seguidor del camino de la rectitud. Eres un hroe. No pue-
des sentir temor a la vida en la jungla. Te has resuelto a vivir en
ella y ha sido imposible para m cambiar tu decisin. Que todo
sea con bien para ti. Cumple tu ideal, tu anhelo, para respetar el
deseo de tu padre. Paga la deuda que se le debe al padre ac-
tuando de acuerdo con sus rdenes. En cuanto a m, slo deseo
que regreses bien a Ayodhya. Ese da por lo menos estar feliz.
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Rama, el decreto del destino es ciertamente inescrutable. Sus


palabras no pueden ser cambiadas ni por los ms poderosos. El
dharma, por cuyo bien te ests alejando ahora de nosotros, te
proteger y guiar en el exilio. Rama, qu hermoso sera que
en este mismo momento los catorce aos hubieran pasado y yo
te contemplara de regreso en lugar de verte partir! Ay, perdona
mi locura, hijo mo! Cmo he de trasmitirte mis bendiciones?
He de decirte que dejes pasar catorce aos como si fueran ca-
torce das? No, no, como catorce parpadeos? Vuelve a salvo,
vuelve pronto. Y que seas coronado emperador, joya de la di-
nasta Raghu! Mi adorado hijo, la diosa de la rectitud segura-
mente te resguardar durante los aos de exilio, pues para pro-
piciarla a ella irs a la selva; ella es la ms firme y ms fuerte de
todos los guardianes. Estar rogando a los dioses aqu durante
los catorce aos para que ningn dao te ocurra. El servicio que
t has ofrecido a tu madre, a tu padre y a tu preceptor, te brin-
dar larga vida, salud y felicidad; tu lealtad a la verdad te con-
ceder valor. Las montaas, los ros, los matorrales, los hormi-
gueros, las fieras y las aves de la selva te recibirn con afecto,
te abastecern para satisfacer tus necesidades y te llenarn de
alegra. El sol, la luna y otros cuerpos celestes desviarn todo
mal y te protegern. Hasta los demonacos Rakshasas de la sel-
va, obstinados en horribles actos de crueldad, se sentirn atra-
dos por ti, pues tu corazn est lleno de reconfortante amor, y
se rendirn a tus pies aceptndote como su maestro.
Con estas bendiciones, Kausalya, haciendo un esfuerzo, se
sobrepuso a la tristeza que la estaba venciendo y mostr una faz
valiente y tranquila. Aspir el aroma de la corona de cabellos de
Rama y lo abraz con todo su amor maternal. Bes sus mejillas,
y sus labios temblaron cuando pronunci las palabras de despe-
dida: Hijo mo, vuelve a salvo y que seas feliz!. Rama conoca
la profundidad del afecto que su madre senta por l; toc muchas
veces sus pies con gratitud y reverencia, diciendo: Madre, no de-
bes preocuparte; no vayas a perder el sueo ni el apetito, no da-
es tu salud. Recurdame a toda hora con corazn alegre. Tus
pensamientos se reflejarn en mi seguridad y prosperidad. Si t
ests penando aqu, cmo quieres que yo sea feliz all? Si de-
seas que yo sea feliz, t debes estarlo aqu. Con todo tu corazn,
debes bendecirme desde aqu. Rogando de esta manera, sali
del lugar, no deseando dejarla as, pero ansioso de cumplir con
su deber.
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Rama sali al camino destinado al rey y se fue descalzo en-


tre la multitud de ciudadanos que se haban aglomerado all, pa-
ralizados al ver aquel resplandeciente smbolo de verdad y virtud.
La gente haba escuchado rumores que les anunciaban que Ra-
ma se iba a la selva, mas no podan creer que eso fuera cierto, y
rogaban al cielo que no fuera verdad. Pero cuando lo vieron ca-
minar descalzo, sus corazones desfallecieron; la exaltacin que
haban experimentado con las noticias de la coronacin, se des-
plom hasta las profundidades de la desdicha. Caras que haban
florecido de alegra, repentinamente palidecieron y marchitaron.
Rama no levant la cabeza para ver aquellos rostros que lo rodea-
ban, y se dirigi a las habitaciones de Sita.

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12. Sita insiste y gana


Sita estaba pendiente de la puerta de entrada porque ansia-
ba saber lo que haba ocurrido en el palacio de Kaikeyi y por qu
Rama no haba llegado an a pesar de que la hora auspiciosa fi-
jada para la coronacin se aproximaba rpidamente. Ella haba
llevado a cabo sus ritos de vigilia y ayuno y mantena listo un pla-
tn con pasta de sndalo, flores, semillas y otras cosas prescrip-
tas, para que no hubiera motivo de retraso a la hora de acompa-
ar a su seor al saln de la coronacin. Su corazn lata acele-
radamente en espera de la llegada de Rama. Todas las doncellas
y asistentes que la rodeaban estaban encantadas por la prxima
hora de esplendor. Hermosas doncellas estaban preparadas con
lmparas encendidas para ondearlas ante Rama cuando l entra-
ra al vestbulo decorado. De pronto, Rama, con inigualable en-
canto, entr sin ser anunciado, con la cabeza baja y descalzo.
Todo el mundo estaba sorprendido. Sita se adelant hacia su
seor, sin poder creer lo que vea. Temblaba como una hoja al
viento. Mordi sus labios y trat de ocultar su sorpresa. Seor!,
qu significa esto? Por qu te presentas as? Dijiste que ste
es el da dedicado a Brihaspati, el preceptor de los dioses; dijiste
que era un da auspicioso, que la estrella dominante es Pushya y
que t seras nombrado rey. Cmo se explica que no sostengan
sobre tu divina persona el parasol blanco del imperio, con su bri-
llo de perlas iluminadas por el sol, con sus cien cordones de oro
adornados de pedrera preciosa? Dnde estn los abanicos de
plumas de brillo nacarino que semejan lunas? Por qu los can-
tantes y danzantes de la corte, silenciosos, no entrenan sus ala-
banzas a tu paso hacia el saln del trono? Oh seor!, cmo es
que los maestros de la tradicin vdica, los brahmines, no te han
ungido con la miel y la leche consagradas? Y los ministros, los re-
yes vasallos y los representantes de las muchas comunidades del
Estado, por qu no caminan siguindote, como lo exige la cos-

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tumbre? Y el majestuoso elefante real, cima de montaa en mo-


vimiento, hollando el suelo, haciendo creer a la gente que una os-
cura nube azul pasa por el camino, l debe llegar primero anun-
ciando tu llegada, no es as?
Mientras Sita haca llover preguntas como stas, Rama no
atinaba a contestarlas; ste no era asunto que se pudiera aclarar
rpidamente y en pocas palabras, y siendo as, Rama entr al sa-
ln interior, atrajo a Sita y le dijo: Sita, mi reverenciado padre ha
deseado y resuelto, en esta tan auspiciosa hora, enviarme a la
selva; por eso es urgente que yo cumpla su mandato. Sita escu-
ch las palabras, pero no pudo creer que fueran ciertas. Seor,
qu crimen has cometido para merecer este castigo? Dasarata
es la encarnacin misma de la justicia, es un hombre justo. Nun-
ca dara una orden de esa naturaleza sin razones legtimas!
Cul es el verdadero propsito, el significado oculto de esta or-
den de vivir en la selva?
Rama sonri ante la pregunta y repuso: Sita, hace mucho
tiempo mi padre prometi otorgar a la madre Kaikeyi dos merce-
des, las cuales hasta ahora no haban sido cumplidas, ni ella las
haba requerido. Este da ella pidi el cumplimiento de ambas. Se
trata, en primer lugar, de que Bharata sea coronado y, en segun-
do, que yo me vaya a la selva para vivir all con el cabello enma-
raado y vestido con cortezas por catorce aos. Mi padre es su-
mamente justo, nunca va en contra de su palabra; por esa razn
inclino la cabeza ante el deber, accediendo. He sentido que deba
verte antes de partir. Procedes de una familia altamente reveren-
ciada, conoces y valoras todos los cdigos y fines de la moral. Ja-
naka, maestro de los misterios profundos de la ms alta moral, es
tu padre. Tambin t caminas siempre por el sendero de la recti-
tud. Debo partir a la selva hoy mismo. Dasarata ha dado este im-
perio, que l hered de muchas generaciones, a Bharata; de aho-
ra en adelante l es el seor de este reino. Inmediatamente des-
pus de ser coronado, l vendr a verte para recibir tus bendicio-
nes. No me alabes ante mi hermano; no muestres seal alguna
de pena o disgusto por el hecho de haber sido yo enviado a la sel-
va; no lo desaires ni lo menosprecies. Los reyes slo aprecian a
aquellos que los adoran y les sirven. As pues, no me alabes ni lo
juzgues a l. Es mi hermano y tu cuado, pero eso nicamente en
lo que se refiere al parentesco; en lo que se refiere a la jerarqua,
Bharata es tu monarca y el mo. Rndele los honores que merece,
no le causes disgusto o pena alguna ni de palabra ni de hecho.
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Bella y bondadosa Sita!, obedece las rdenes no slo de Bhara-


ta, sino tambin de mi anciano padre. Sirve tambin a mi madre
Kausalya, que est sufriendo lo indecible porque yo me alejo de
ella. Haz lo apropiado para alejar la tristeza de ella. A las otras
dos madres, Kaikeyi y Sumitra, tambin las tienes que obedecer
y complacer. Mira, Sita, tanto Bharata como Satrugna me son tan
queridos y prximos como mi propia respiracin. Trtalos como si
fueran tus hermanos, o protgelos amorosamente como si fueran
tus hijos. Encantadora doncella!, no abandones este lugar para ir
a Mitila slo porque yo no estoy aqu. Permanece en Ayodhya pa-
ra consolar a mi madre y a mi padre, sirvindolos de manera que
mitigues la tristeza de sus corazones. Con amor y cuidado, dales
consuelo, valor y alegra.
Mientras Rama indicaba a Sita sus deberes, ella no pudo con-
tener la risa, pues se senta confundida por el giro que haban to-
mado los acontecimientos y, sin poder permanecer callada por
ms tiempo, dijo: Rama, t eres el hijo de Dasarata; nunca, en
ningn momento, he odo de tus labios palabras que no honren
ese linaje. Madre, padre, hermano, hermana, hijo, nuera... todos
tienen que experimentar cierta felicidad y desdicha en proporcin
con el bien o el mal hechos por cada uno, pero la esposa tiene
una especial fuente de fortuna, buena o mala. Quiero decir, ella
participa del bien y del mal del que su esposo es responsable. A
ella le corresponde parte de la alegra o de la pena. As pues, si
el emperador Dasarata te ha ordenado ir a la selva, a m tambin
me ha dado ese mandato. Una mujer puede ser alimentada y cui-
dada por su madre y su padre, puede ser reverenciada por su hi-
jo, puede ser atendida por sus sirvientes; pero ellos nunca podrn
ser su escudo y apoyo. Las recomendaciones con que tratas de
convencerme, que parecen ms bien futilezas y juegos, nica-
mente sirven para divertirme. Durante los aos previos a mi ca-
samiento, mi padre me ense todos los deberes que haban de
guiarme. Yo no soy ni ignorante ni ambiciosa de poder. Adems,
quiero que sepas que no me aferro fanticamente a ninguna opi-
nin slo porque sea ma. No necesitas indicarme mis deberes,
porque los conozco todos. Es slo porque decido quedarme aqu
que me tienes que decir cmo y cundo debo servir a mis sue-
gros, a mis cuadas y al gobernante de esta tierra, no es as?
Pero cuando yo estoy contigo, qu necesidad hay de que yo me
ocupe del servicio que corresponde a otros? Voy contigo llena de
alegra! Desde hace mucho tiempo he albergado el deseo de pa-
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sar unos aos en la selva. Es mi buena fortuna el tener ahora la


oportunidad de satisfacer ese deseo en compaa de mi seor, y
no voy a prestarte atencin si insistes en que no he de expresar
mi punto de vista en este importante asunto. No te enojes conmi-
go porque te desobedezco. No es justo ni apropiado que me de-
jes aqu como cuando se tira el sobrante de agua del vaso que mi-
tig la sed. Creme: yo no permanecer en Ayodhya un solo mo-
mento sin ti!; llvame contigo.
Con estas palabras, Sita cay a los pies de Rama, asindo-
los firmemente. No siento ni la menor desilusin de que no hayas
sido coronado: te quiero igual, con corona o sin ella. Dondequie-
ra que te encuentres ser el imperio para m. All estar mi teso-
ro. Esa ser mi gloria, suplicaba y rogaba. Rama le dijo que la vi-
da en la selva estaba llena de peligros y angustias, que la jungla
estaba llena de animales salvajes y hombres an ms salvajes,
depredadores demonacos y bandidos; que era necesario enfren-
tarse a ros crecidos, atravesar por espesas malezas espinosas.
Dijo que ella no estaba acostumbrada a caminar por esos lugares
y que sufrira grandes agotamientos; describi muchas otras for-
mas de sufrir miedo que se le presentaran, pero Sita segua in-
conmovible. Repuso: Seor, por salvajes que sean los animales,
por espesa y llena de terror que sea la selva, qu dao me po-
drn causar, qu lesiones podr sufrir si ests a mi lado? Puedo
caminar por las veredas, no ser difcil para m. Incluso me haras
ms feliz an si me pidieras ser la primera para preparar el sen-
dero que has de pisar: recoger y tirar lejos las piedras y las es-
pinas para allanar tu camino. Permteme que est contigo, para
que pueda prestarte ese servicio y ser feliz: aqu en el palacio de
Ayodhya y en el gineceo, no tuve la oportunidad de servirte. Me
senta preocupada y triste ya que todos los servicios a tu persona
los realizaban tus sirvientes y ayudantes. Pero en la selva no ten-
drs ningn servidor! As que podr sentirme feliz de realizar to-
dos los servicios yo misma. Esa es mi grande y buena suerte.
Haz que mi vida valga la pena, seor, dame esa maravillosa
oportunidad! Sita rogaba de muchsimas maneras, pidiendo com-
pasin y justicia. Rama se conmovi y dijo: Sita, viviendo en la
selva no podrs ser feliz, sufriras muchsimo. Rama se explaya-
ba sobre los horrores que hay en la jungla y los sufrimientos que
inevitablemente se tienen que enfrentar all. Sin embargo, Sita se
mantuvo firme. Rama, no ser ningn obstculo en el cumpli-
miento de tus votos. De tus palabras infiero que me ocultas algo.
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Cumplir a la par contigo con todas las promesas de austeridad


personal que incumben a una persona que se encamina en el
sendero del brahmachari*.
Tambin yo vivir de races y frutos, yo tambin dejar de
usar perfumes; ambos inhalaremos nicamente la fragancia de las
flores silvestres. T eres el vstago del linaje Ikshvaku que ha sal-
vado a millones de personas de peligros y desastres!, no puedes
t resguardarme de ellos? Acaso eres tan dbil? Yo no te dar
ningn trabajo; por m no tendrs la menor preocupacin. Seor,
no tengo ms remedio que seguirte. Dormir a tus pies; eso ser
para m la ms grande felicidad. Rama, yo no conozco ni conoce-
r a nadie ms que a ti. No puedo vivir ni un instante apartada de
ti... Muy bien, si te aferras a tu decisin y te vas dejndome en
Ayodhya, Sita habr exhalado su ltimo aliento antes de que lle-
gues a la selva. De eso debes estar seguro.
Los ojos de Sita derramaron lgrimas al pronunciar estas pa-
labras. Rama trat de tranquilizarla dicindole: Sita, t eres una
firme seguidora del dharma. Lo mejor es que con esas cualidades
de rectitud sigas estando aqu. T no puedes actuar segn lo dic-
ta tu voluntad; no ests en libertad de comportarte como deseas,
tu dharma es que actes de acuerdo con mis palabras. Por eso,
abandona esa idea tuya. Lo digo por tu propio bien. El cuidarte se-
r un obstculo para m, tenlo por seguro. Torrentes bajando de
las cimas de las montaas, bestias feroces que habitan en las
cuevas, leones y tigres vagando libremente por colinas y valles;
todo eso tendr que ser superado. Habr que vadear los ros cre-
cidos, tendremos que saltar de altos peascos y rocas. Conside-
rando estas dificultades, me veo forzado a decirte de manera ter-
minante que te quedes aqu. Tendras que llevar el pelo sin alisar
y adornar y vestir con corteza de rboles. Nosotros los hombres
tendremos que ir a orillas de algn ro o lago para llevar a cabo
los ritos de adoracin; mientras tanto, quin te cuidar para de-
fenderte en caso de que alguna calamidad pudiera ocurrir? Cual-
quiera que sea la situacin, nosotros no podemos dejar de llevar
a cabo esos ritos. T sabes lo estricta que es la regla; como as
ser, t tendras que quedarte sola por algn tiempo todos los das.
Nosotros no podemos decir qu suceder y cundo.
Rama trat de describir ante Sita escenas temibles de la vida
en la selva, pero ella no se intimid en lo ms mnimo. Dijo: Ra-

* Discpulo del principio de Brahman (Dios). Persona que camina hacia Dios

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ma, por qu me dices eso, como si yo fuera una ignorante de al-


gn pueblo atrasado, o una mujer estpida, inconsciente de las en-
seanzas de los Shastras? Me doy perfecta cuenta de tus habili-
dades y proezas. No hay nada sobre la Tierra, qu digo la Tierra,
en los catorce mundos!, que sea imposible para ti. Y cuando t,
este t que yo conozco, ests conmigo, qu temor podra yo ex-
perimentar? Mira, aun si una bestia salvaje me atacara y cayera
presa de ella, morira feliz estando t presente y no en otra parte,
lejos. Jams aceptar vivir si ha de ser sin ti. Has dicho que yo no
tendra libertad de obrar como yo quiera. Lo has dicho con plena
conciencia de lo que significa? O fue solamente un comentario
para probarme? No puedo entenderlo. Yo soy la mitad de ti; estoy
en mi derecho de considerarme a m misma como la mitad de ti.
T tambin tienes ese derecho, sa es la verdad. Ni t ests com-
pletamente libre ni yo lo estoy; yo tengo tanto derecho sobre ti co-
mo t lo tienes sobre m, pero en estos momentos no estoy de-
fendiendo mis derechos o pretensiones. Yo estoy anhelando estar
junto a ti, estar siempre en tu presencia. Mis palabras surgen de
ese anhelo.
Al escuchar a Sita revelando su firme determinacin, Rama
continu: Sita, te ests enredando en las complicaciones de los
derechos y las obligaciones! Cuando yo me encamine a la selva,
nuestros ancianos padres quedarn lamentndose y llorando por
m; en esos momentos t podrs consolarlos y confortarlos con
suaves palabras. Ese es tu deber. Debes conducirte de acuerdo
con lo que pida cada ocasin. Qudate con ellos, srvelos, que sa
es la mejor manera de complacerme y de hacerme dichoso. Ra-
ma habl como si sa fuera su decisin final, en tono de mando,
pero Sita respondi slo con una sonrisa. Cuando el hijo nacido
de estos padres les provoca profundo dolor con su partida, afe-
rrndose con garras de oso a su dura resolucin, y cuando ese
mismo hijo, a quien ellos aman tanto, abandona todo para ir a la
selva, qu responsabilidad debe tener la nuera que ha entrado en
esa casa por su propia voluntad, una extraa en la familia; qu res-
ponsabilidad, digo, puede tener ella para consolar y reconfortar a
aquellos que fueron abandonados por el hijo? Reflexiona un poco
sobre esto dijo ella. Se me ha dicho que t insististe en que tu
madre se quedara aqu para servir a su esposo, a pesar de que
ella llor hasta dejar secos sus ojos, rogando que le permitieras
seguirte a la selva. T mismo dijiste que su deber predominante
era el de servir a su esposo, declaraste que atraera desgracia in-
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finita sobre la dinasta Ikshvaku si abandonaba al seor con quien


ella se cas slo por su afecto por el hijo a quien ella prepar pa-
ra este mundo. Esas fueron las normas morales que exaltaste an-
te ella; pero tan pronto te acercas a m, cambias ese consejo y
empiezas a decirme que mi deber es el de servir a los padres, mis
suegros, y no a ti, que eres mi esposo! Piensa en eso! Cul es,
pues, el consejo correcto? Para la esposa, el esposo es Dios. Y
sta no es una definicin exclusiva para Kausalya; es gua y meta
para toda mujer, sin excepcin, en todo el mundo. Evidentemente
has olvidado esa verdad, pues no satisface el deseo que expresas
ahora. No eres capaz de explicar cmo la regla moral que expu-
siste ante Kausalya no se aplica a m.
Por ms que argumentes, sea cual fuere tu afirmacin, no
dejar de seguir tus huellas. Puedes matarme por no cumplir tus
rdenes, pero yo sostengo que nunca podr estar sin ti. Rama-
chandra, en cuanto mencionaste que habas aceptado el exilio,
sent una gran alegra al recordar un incidente de mi infancia. T
no podras entender el grado de esa alegra! Mi madre, tenindo-
me sentada en su regazo, estaba muy angustiada por el esposo
que el destino deparara para m; si sera un hombre de moral, do-
tado de excelentes atributos, o no. Ella me acariciaba el cabello,
perdida en sus pensamientos. En esos momentos se present un
sirviente anunciando que cierta mujer asceta deseaba hablar con
ella. Mi madre me puso suavemente en el suelo para ir a encon-
trarse con la visitante. Mi madre se postr a sus pies y me indic
que hiciera lo mismo. La mujer me mir fijamente de pies a cabe-
za y dijo: Madre, tu hija pasar aos con su esposo en la selva.
Al or eso, mi madre replic al tiempo que rea: No se casa to-
dava y usted habla de que va a pasar aos de su vida en la sel-
va!. Pero la mujer explic: Despus que se case, tendr que vi-
vir en la selva con su esposo por algn tiempo, y sigui su ca-
mino. Siempre, desde entonces, he esperado con ansias que lle-
gue el momento en que pueda ir a vivir contigo, mi seor, en la
selva! Hazme feliz, llvame contigo. Y Sita cay a los pies de Ra-
ma sollozando.
Rama se conmovi y tuvo piedad. La levant suavemente y
dijo: Sita, a quin ms he de confiar el secreto origen de mi de-
cisin? Escucha: t eres joven; en la selva hay muchas ermitas
llenas de ascetas y sabios. Debo ir en busca de ellos para serles
de utilidad y para ofrecerles mi reverencia. Es posible que tam-
bin vengan reyes y prncipes, porque suelen ir de cacera, quie-
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nes los honrarn para recibir su bendicin. Sus ojos pueden po-
sarse en ti, dando lugar a complicaciones y conflictos. Y como yo
estar vestido como un asceta, no sera apropiado que me en-
frentara con ellos. Al menos por esa razn tendrs que permane-
cer en Ayodhya.
Sita tena sus propias razones para protestar contra esto lti-
mo. Dijo: Rama, no es justo que me decepciones con tales fan-
tasas, como si t fueras de estirpe comn. Cuando ests a mi la-
do, podra el mismo rey de los dioses poner sus ojos en m? Si
lo hiciera, no quedara instantneamente reducido a cenizas?
As que por esta razn no me dejas aqu; no puedes escapar de
tu deber y responsabilidad por este motivo. Deja que tambin yo
te diga algo: si t no ests conmigo, cul ser mi destino? Ten-
dr que estar sola en Ayodhya e incidentes como el que acabas
de mencionar pueden suceder aqu! Tambin puede ocurrir que
yo tenga que sufrir agonas del alma al no poder soportar la feli-
cidad conyugal de los dems. Por eso no me dejes sola, llvame
contigo. Para que tu renombre y el mo se extiendan para siem-
pre por todo el mundo. Y permteme agregar: t eres querido por
todos como Ramachandra, Rama, la luna; yo soy Sita, que signi-
fica frescura, la fresca luz lunar. Como puede estar la luna en la
selva y su fresca luz quedarse en Ayodhya? Donde est la luna,
ah estar su luz. Por esa razn, esta separacin nunca ser po-
sible. Ambos debemos estar siempre juntos, nunca separados. Si
nos separramos, ello no sera sino seal del advenimiento de al-
guna catstrofe, alguna tragedia que hara temblar al mundo; o
podra ser signo de algn cambio de poca que sirviera para des-
truir a los malos y salvar a los buenos de la extincin. Como no
se sabe por ahora de una crisis tal, nuestra separacin es impo-
sible. No puede ser. Sita, la Madre Suprema, pronunci estas pa-
labras con voz resuelta que no tolera objecin.
Sita, tendrs que dormir en suelo de piedra, vestir ropa he-
cha de fibras o corteza, alimentarte de races; adems, todo ese
alimento puede ser difcil de conseguir todos los das, depende de
las estaciones del ao. Cuando no se pueda conseguir, podras
sufrir hambre por das enteros. La selva est infestada de tribus
demonacas que son poseedoras de miles de ardides y que con
deleite devoran carne humana. Es imposible describir plenamen-
te todas las dificultades de la vida en los espesos bosques. T no
podrs soportar esas tribulaciones. Si me acompaaras en el exi-
lio, la gente me condenara, volcando un mundo de calumnias so-
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bre mi persona. Cmo podra el cisne celestial, que vive en las


aguas ambrosacas del Manasa-sarovar, sobrevivir bebiendo el
agua del mar? Cmo podra la kokil que se deleita en el jardn
sombreado con las tiernas hojas de los rboles de mango, ser fe-
liz y despreocupada en una pequea superficie de pasto seco?
Reflexiona en todo esto. Es absolutamente preferible que te que-
des en casa.
Sita escuchaba a Rama, quien hablaba de manera suave y
dulce, pero todo el tiempo tena puesta la mirada en el piso y las
lgrimas fluan por sus mejillas. Se mantena como una columna,
sin conmoverse e inamovible, mientras sus lgrimas seguan ca-
yendo; Rama no pudo soportar verla en tal desgracia. Sita no en-
contraba las palabras que respondieran a las objeciones que Ra-
ma pona. Finalmente pudo controlar sus emociones y su sufri-
miento. Dijo: Seor de mi vida, t eres el depositario de todo lo
bueno y auspicioso. Si estoy separada de ti, hasta el cielo me pa-
recera un infierno. Los padres, hermanos, hermanas, suegros, hi-
jos, preceptores, toda la familia; todos ellos pueden ser resplande-
cientes depositarios de la bondad, pero para una mujer, su espo-
so es la nica fuente de fuerza, dicha y fortuna. Solo l puede dar-
le felicidad y complacencia. Aparte de su esposo, ella no tiene a
nadie que la gue y guarde; l es su refugio, su nico recurso. Se-
or, cuando el esposo est separado de ella, la mujer ver su pro-
pio cuerpo, la casa, la ciudad, el reino, la riqueza amontonada a su
alrededor... todo!, pero slo como motivos de pena y dolor. Todo
ello no puede proporcionarle alegra con su mente atormentada.
La dulzura se vuelve amarga cuando el esposo no est, el gozo se
torna malestar. Todas las alegras que yo deseo se centran en ti.
Nada se puede igualar al xtasis que me proporciona el mirar tu
rostro resplandeciente, tan luminoso y reconfortante como la luna
llena en otoo. Cuando est a tu lado, las pjaros y dems ani-
males sern mis hermanos. La selva ser la ciudad que yo ame,
la ropa hecha de corteza de rbol ser tan suave como la seda, el
refugio hecho de ramas y palmas ser un hogar tan delicioso pa-
ra m como una mansin celestial. Las hadas, ngeles y deidades
de los bosques sern como mis suegros: yo los reverenciar con
igual respeto. Mientras est contigo, montones de pasto y ptalos
de flores sern iguales en suavidad a una cama. El dios del amor
no puede aspirar a ms. Y las races y frutos de los cuales me ha-
blas, sern tan dulces y sustanciosos como el mismo nctar divi-
no! Las montaas que hay all me gustarn tanto como las torres
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de Ayodhya. Descender por una pendiente y subir por otra con


la misma facilidad que si bajara por unos escalones y subiera por
otros; ser fcil y delicioso.
Cada da me traer la felicidad de ver tus pies de loto. Ade-
ms, ser la oportunidad dorada para que yo te sirva a todas ho-
ras y de todas las maneras. Cmo he de sobrevivir a la agona
de perder esta preciosa oportunidad? Oh santuario de compa-
sin, no me dejes aqu; llvame contigo! Realmente no hay nece-
sidad de que yo vierta estas palabras en tus odos, porque t re-
sides en todos los seres y sabes todo lo que sienten y piensan.
No puede ser que t me causes tanto dolor, sabiendo que mi co-
razn est ansioso de tener la oportunidad de estar contigo. Se-
or, estoy abatida, me siento miserable. Si t me dejas, arruina-
rs tu nombre. T tienes todos los nobles atributos; entonces,
por qu negarme tu compasin? Puedo seguir viviendo por ca-
torce aos, separada de ti? Incluso siento que es imposible seguir
viviendo aun en los breves momentos de separacin. Acepta mi
ruego, mustrame un poco de tu bondad. Cuando estoy contigo,
cmo puede alguien atreverse a daarme o atacarme? Que
por qu? Nadie me mira siquiera. Puede el chacal o la liebre
atreverse a abrir sus ojos y mirar de frente al len? Yo no soy tier-
na y frgil, y t eres la ternura personificada. La Tierra es mi ma-
dre. Por eso, yo tengo todo el derecho y toda la fuerza para ir por
la Tierra. En realidad, a ti te toca ser feliz en la vida; a m, sufrir.
Cuando se es el caso, por qu inviertes los hechos y me cau-
sas desilusin? Eso no es correcto. Yo declaro que puedo ejecu-
tar con la misma facilidad que un juego, tareas que estn ms all
de lo que supones. Sabes muy bien que yo levant el arco de Shi-
va, el mismo que ningn rey, por orgulloso que estuviera de sus
proezas, pudo levantar. Me sorprende entonces que dudes de
mis capacidades. Mi valor y habilidades no son inferiores a los tu-
yos. Por eso, dame permiso y ordena la partida, conmigo, y con
gran alegra.
Sita se postr a los pies de Rama al pronunciar estas ltimas
palabras. Rama sinti que sera impropio seguir rehusndose, as
que resolvi ceder. Sita dijo, deja ya de sufrir. No te dejes
vencer por la tristeza. Si as lo deseas, te llevar conmigo. Pre-
prate rpidamente para viajar al bosque. Al escuchar las dulces
palabras de Ramachandra, Sita se llen de jbilo; su alegra no
tena lmite. Dijo: Prepararme? De qu tengo que disponer pa-
ra vivir en la selva? Estoy lista, pues slo te necesito a ti, no ten-
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go necesidad de nada ms. T sabes que no abrigo otro deseo


que el de estar a tu lado. Con estas palabras, sujet la mano de
Rama, y se adelant. Sita! exclam Rama, considera esto:
no estars en Ayodhya durante catorce aos. Por eso, ve y suel-
ta a los papagayos y dems aves que criaste con amor y cuida-
do. Y las vacas que cuidaste con afecto, reglaselas a los sacer-
dotes para que sigan siendo tratadas con cario. Distribuye entre
la gente los diferentes artculos de vestir, los vehculos y todo lo
que utilizabas, pues de otro modo se echarn a perder con el
tiempo. Es mejor que sean utilizados a que se echen a perder.
Cuando oy estas sugerencias, Sita corri inmediatamente hacia
las jaulas, y hablndole a cada ave con amorosa voz, les dijo:
Vyanse, vuelen libremente como nosotros, hacia el bello bos-
que. Y con sus propias manos abri las jaulas y las liber. Lue-
go fue al establo y dio a las vacas varios bocados sabrosos, y ha-
bl con los sacerdotes que las iban a recibir como regalo. Su ros-
tro encantador brillaba de alegra. Los que vieron cmo regalaba
todo, sintieron afliccin ante su inminente partida. Derramaron
muchas lgrimas, pues estaban conmovidos por su generosidad
y, sobre todo, por el regocijo de Sita de acompaar a su esposo
en el exilio. Su xtasis exceda lo que la pluma de cualquier poe-
ta pueda expresar.
Mientras tanto, Lakshmana lleg para reunirse con ellos, des-
pus de despedirse de su madre. As salieron los tres rumbo a la
selva.

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13. En el exilio
Miles se haban congregado frente al palacio. Su dolor era in-
conmensurable. Mientras tanto, el ministro haba encontrado en el
suelo al emperador, inconsciente. Lo anim para que se sentara
y lo mantuvo en esa posicin. Le comunic que Sita, Rama y
Lakshmana haban venido para hablar con l. Rama ya haba es-
tado junto a su padre reconfortndolo con palabras de amor.
Cuando Dasarata vio a Sita y a Lakshmana, su dolor ya no tuvo
lmites. Abraz a Rama con las fuerzas que le restaban y volvi a
desmayarse. La angustia le cerraba la garganta y presion su pe-
cho con las manos tratando de arrancarse aquella pena. Sita y
Lakshmana no podan seguir viendo cmo sufra.
Lakshmana descubri a Kaikeyi, que estaba cerca y tena
en el rostro una expresin de autoridad; sus ojos se enrojecie-
ron de rabia y lanzaban dagas contra ella, como si quisiera ma-
tarla all mismo, pero pronto control su furia y calm sus emo-
ciones al observar la serena calma en el rostro de Rama. En ese
momento Kaikeyi dijo: Rama, ests hundiendo a tu padre en
una pena mayor. Cuanto antes te marches, ms pronto tu padre
recuperar la tranquilidad. No retrases tu salida por ms tiempo.
Inclnate ante tu padre y vete. Estas palabras tan exentas de la
ms elemental bondad, parecan hechas para partir el corazn
de Dasarata, quien repentinamente grit: Mujer endemoniada,
espritu maligno, cun duras e inflexibles son tus palabras!, y
con esta exclamacin se desmay nuevamente. En ese mismo
instante, Sita, Rama y Lakshmana se hincaron ante l. Rama
exclam: Padre, bendcenos y danos tu venia para salir. Es
tiempo para regocijarnos, no para estar tristes. El afecto excesi-
vo lleva infamia detrs de l. Rama le rog que tuviera valor y
abandonara esa ilusin engaosa que lo obligaba a rebajarse de
esa manera. Estrech los pies de su padre y luego, de rodillas,
lo acarici y consol.

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Dasarata mir de lleno a su adorado hijo. Se enderez con


gran dificultad y, sosteniendo entre las suyas las manos de Rama,
dijo: Amado hijo mo!, escucha: t eres poseedor del autocontrol
y del discernimiento. T sabes lo que est bien; por eso es justo
que t solo hagas lo que est bien, pero no es correcto que una
persona haga el mal y otra tenga que sufrir las consecuencias,
no es verdad? El juego del destino es algo impredecible, es un
enigma.
Cariosamente, el emperador fue uniendo argumento tras ar-
gumento para disuadir a Rama de emprender el viaje al exilio. Co-
noca bien a su hijo y saba que era un maestro y firme seguidor
de los cdigos de moral. Saba que Rama era experto en sopesar
sus actos y, en consecuencia, no tema los resultados de sus de-
cisiones. Dasarata ley en la expresin del rostro de Rama, de pie
frente a l, que haba ido con el firme propsito de despedirse pa-
ra emprender el camino al exilio. Luego vio a Sita, tambin frente
a l, y le indic que se acercara; cuando ella se puso de rodillas,
suavemente le acarici el cabello, explicndole las dificultades
que encontrara para vivir en la selva. Le dijo que para ella lo me-
jor sera quedarse, ya con sus suegros o en la casa de sus pro-
pios padres. Sus palabras salan entrecortadas por los gemidos
que le provocaba su insoportable pena. Cuando su mirada caa
sobre Kaikeyi, sus dientes rechinaban de rabia, y todo el tiempo
se atormentaba, incapaz de dominar su dolor.
Sita se postr a sus pies y le dijo: Venerable suegro, mi men-
te anhela nicamente servir a Rama. Esa buena fortuna slo la
podr tener plenamente en el bosque; no puedo permanecer aqu
y perder esta preciosa oportunidad. El servicio prestado a los pa-
dres o a los suegros no puede dar a la esposa la misma satisfac-
cin de autntica realizacin que el servicio dado al esposo. No
hay gozo o felicidad mayor ni ms alta que sa. No te opongas ni
me presentes argumentos para no salir. Dame tu bendicin y d-
jame ir con Ramachandra.
Dasarata comprenda y apreciaba muy bien los anhelos de
Sita. Elogiaba sus virtudes con verdadero entusiasmo, ponindo-
la como ejemplo para Kaikeyi, quien se encontraba parada frente
a l. Entretanto, las esposas de los ministros y las de los precep-
tores reales, que se encontraban en el saln reunidas alrededor
de Sita, a su vez le hablaban sobre las dificultades de la vida en
la selva. La esposa del preceptor de la corte prob un ardid ms
inteligente para disuadirla. Dijo: Sita, a ti no se te ha pedido salir
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para internarte en la selva. Es tu obligacin permanecer aqu pa-


ra reconfortar a los padres de tu esposo, que estn sumidos en la
tristeza. T eres la mitad de Rama, no es as? Entonces, es-
ta mitad debe quedarse para aliviar el dolor que la partida de la
otra mitad les causa. Adems, siendo t la mitad del hijo pri-
mognito, heredero al trono, tienes el derecho de gobernar sobre
el imperio. Si Rama se va a la selva para vivir all a fin de hacer
cumplir la palabra de su padre, qudate t para reinar mante-
niendo en alto el nombre de Rama y llenar de alegra a sus pa-
dres. Como esposa de Rama, ste es el paso correcto que debes
dar, es tu legtimo deber.
Estas palabras fueron pronunciadas con suave voz, como los
susurros de la luna de otoo en los odos de las aves chakrava-
ka, pero hicieron que Sita se pusiera triste. Qued tan asustada,
que ninguna respuesta pudo salir de sus labios.
Entretanto, Kaikeyi haba conseguido ropa hecha de fibras y
rosarios de tulsi; se los mostr a Rama y dijo: El emperador te
quiere tanto como a su propia vida. Siendo as, est atrayendo so-
bre s eterno descrdito al no querer dejarte ir. Su afecto por ti es-
t nublando la rectitud de su conducta. No quiere pronunciar las
palabras: vete al bosque bajo ninguna circunstancia. Es intil
esperar que d su consentimiento. Decide t cules sern tus pa-
sos: Ests cortejando a la infamia y el deshonor permaneciendo
aqu para reinar sobre el imperio? Te vas a la selva para la eter-
na gloria de la dinasta de los Ikshvaku? Decdete y acta!
Rama se alegr de que ella hablara as, pero esas palabras
penetraron el corazn de Dasarata como agudos clavos hundidos
a golpes de martillo. Dios mo, qu cruel es mi destino! Que
pueda seguir viviendo despus de escuchar tan duras palabras!,
exclam, y rod por el suelo sin sentido. Cuando recobr la con-
ciencia, record las palabras que haba odo y volvi a desma-
yarse. Rama no pudo soportar ver a su padre en tal impotencia.
Sinti que deba aceptar la sugerencia de Kaikeyi e irse, pues
cuanto antes saliera, tanto mejor sera para todos.
Recibi la tnica de fibras vegetales que su madrastra haba
trado y, envolvindose en una de ellas, dio otra a Sita. Descon-
certada, Sita estaba de pie con la ropa en las manos, la cabeza
baja, avergonzada, pues no saba cmo ponerse aquello. Era una
prenda demasiado corta. Rama, que ya se haba puesto su tni-
ca, se acerc y le habl en voz baja. Ella estaba apenada por no
saber cmo usar el traje de cortezas que las mujeres ermitaas
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vestan con tanta elegancia. Coment en un susurro: Es que es-


to no es como lo que acostumbramos; es demasiado corto y es-
trecho. Rama la consol y, dndole valor, la llev aparte y le dijo
que poda usarse de esta manera y, dicindolo, le enroll la
prenda l mismo. Al ver eso, las mujeres de los ermitaos y otras
mujeres derramaron lgrimas de compasin.
En ese momento lleg Vasishta, el preceptor real y, atnito,
se dio cuenta, a primera vista, de la situacin. Se indign contra
la reina Kaikeyi. Declar que Sita no necesitaba usar aquella ro-
pa. Afirm que Kaikeyi haba pedido dos favores que se le haban
concedido, pero nicamente dos: que Bharata fuera coronado y
Rama desterrado, y que Sita poda ir al bosque con todos los or-
namentos reales y lo necesario para poder tener all una estan-
cia cmoda.
Al or esto, Rama desenroll la burda tela que le haba puesto
sobre el vestido, pero Sita se adelant y se postr a los pies del sa-
bio, dicindole: Maestro, est claro que si llevo esa vestimenta no
es por deseo de la madre Kaikeyi. No puedo yo imitar a mi seor?
Sera apropiado para m, me beneficiara en algo, si en la selva vi-
viera cubierta de joyas y ricos atavos, mientras mi seor va cu-
bierto con el sayal de ermitao? Sera extremadamente absurdo
que una esposa respetuosa adoptara esa actitud, no es verdad?
Por eso te ruego que me permitas llevar esta ropa para que pueda
yo cumplir con mi deber siguiendo el cdigo de conducta.
El firme respeto a las reglas de la rectitud que Sita mostraba
con esas palabras conmovi al gran sabio hasta las lgrimas. La
tristeza hizo que su voz tartamudeara al decir: Sita, esta mane-
ra de pensar viene de ti con toda naturalidad, puesto que eres la
personificacin de la virtud! Pero como reyes y gobernantes que
somos, tenemos que respetar ciertos principios, y eso vale para ti
y otras personas. Al cerebro torcido y malvado de tu madre polti-
ca es necesario que se le den algunos consejos y advertencias.
De hecho, hoy tu esposo debi haber sido coronado emperador.
Y aunque ese hecho no se realiz, debido a las circunstancias,
las cuales incluyen promesas hechas hace mucho tiempo, debo
decir que va contra la justicia poltica el que Bharata sea corona-
do. Slo el hijo primognito tiene derecho al trono; nadie ms. Si
l, por alguna razn, abandona el derecho por su propia voluntad,
como ahora lo ha hecho Rama, t, como la otra mitad de su per-
sona, tienes el derecho de recibir esa investidura. No hay tercero
al que le corresponda.
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Cuando Vasishta expona las reglas de la moralidad poltica,


Kaikeyi se vio visiblemente afectada por el temor, pero no dej de
percibir el hecho de que Sita no deseaba ejercer autoridad legal
ni poder. Por mucho que Vasishta insista en hacerle ver sus de-
rechos, Sita rehusaba prestar atencin, lo que deseaba era tener
la oportunidad de usar el vestido de ermitao, prefirindolo a la
ropa de esplendor imperial. La esposa del preceptor real saba
que Sita nunca se retractara; as que ella y las otras tomaron el
sayal y se lo enrollaron a Sita en el correcto estilo de ermitao.
Mientras tanto, Lakshmana vesta ya la misma ropa silvestre
que llevaba Rama, quien haba decidido que no haba motivo pa-
ra ms tardanza. Los tres se postraron reverentemente ante Da-
sarata, quien cay inconsciente al verlos con su atuendo de as-
cetas. Tambin se hincaron ante Kaikeyi, que se encontraba de
pie all. Se arrodillaron ante el sabio Vasishta y su consorte, y se
encaminaron hacia la selva.
Los ciudadanos de Ayodhya, que se haban congregado an-
te las puertas del palacio, los vieron pasar vestidos como ermita-
os y rompieron en amargo llanto. Muchos de ellos se conmovie-
ron de tal manera que cayeron inconscientes. Otros ms golpea-
ban sus cabezas en plena desesperacin. Rama se arrodill una
vez ms ante el sabio Vasishta en los escalones de la puerta real
y luego dirigi algunas palabras a la gente all reunida para que
conservara la ecuanimidad y mantuvieran en alto las virtudes; les
dijo que no se preocuparan por el curso que los acontecimientos
haban tomado, que l regresara a Ayodhya cuando los catorce
aos hubieran transcurrido, y que la orden de exiliarse era slo
por el bien de ellos, el suyo propio y del mundo entero.
Despus reparti generosamente beneficios para los pobres;
regal casas y oro, tierras y vacas a los sacerdotes para que pu-
dieran llevar a cabo sus rituales de adoracin y sacrificio sin res-
tricciones. Le rog al sabio que hiciera arreglos para que los sa-
crificios vdicos se efectuaran en las ocasiones apropiadas. Per-
maneci con las manos juntas ante l y dijo: Santo, sabio y pre-
ceptor, para estas personas, para el pueblo y para mis padres, t
representas los verdaderos padres. Aconseja al emperador para
que gobierne al pueblo como si fueran sus propios hijos. Cuando
la gente escuch esta splica, repetida para que ellos la oyeran,
se entristecieron y sintieron que su corazn se rompa. Algunos
se golpearon el pecho lamentndose de haber perdido la fortuna
de ser gobernados por un prncipe como se. Algunos hasta se
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golpeaban la cabeza; otros, llorando a gritos se revolcaban en el


suelo.
Rama se dirigi nuevamente a la multitud, y con las manos
juntas les dijo estas palabras: Mi querido pueblo, ustedes son pa-
ra m tan queridos como mi propia vida. Nuestro emperador me
ha enviado a la regin de la selva para protegerla y cuidarla. No
sientan animosidad contra l por ello. Resptenlo y recen por l
en todo momento, obedezcan sus rdenes; hagan que sea feliz y
ustedes mismos sern felices. El amor que sienten por m no de-
be provocar que no lo quieran. Nunca le deseen mal alguno. Pa-
ra m slo son queridos aquellos que hacen lo posible para que el
emperador sea feliz cuando yo me haya marchado. Aquellos que
hacen lo que a m me gusta son verdaderamente mis devotos.
Cumplan este deseo mo, honren estas palabras mas; hganme
feliz. Querido pueblo mo, mi separacin de mi madre, la reina
Kausalya, naturalmente le causar un gran dolor. Toda madre en
una situacin como sta sufre una agona insoportable. Pero yo
les ruego, ya que son personas inteligentes y llenas de bondad,
que hagan lo que est en su poder para aliviar el dolor de mi ma-
dre, para reconfortarla.
Enseguida llam al ministro Sumantra y le dijo: Sumantra, ve
ahora con nuestro padre, aconsjalo y sernalo. Esa es la tarea
de la que t te habrs de ocupar. Sumantra, sobrecogido por la
pena, qued en silencio, con las lgrimas mojando sus mejillas.
Sin poder refrenar su dolor, solloz y llor abiertamente. Otros mi-
nistros que estaban alrededor de l, as como los ayudantes, tra-
taron de devolverle la calma y el valor, pero tambin ellos estaban
demasiado tristes para quedarse parados all, as que entraron al
palacio siguiendo las rdenes de Rama. Toda la ciudad estaba
hundida en un mar de tristeza.
Entretanto, Dasarata se recuperaba de su desvanecimiento y
pudo estar consciente de lo que haba sucedido. Lamentndose
exclamaba: Rama! Rama!, tratando de levantarse. Pero, abru-
mado por la congoja, volva a caer. Cuando finalmente logr po-
nerse de pie, trat de caminar, pero no pudo; se mova tamba-
leante de un lado a otro.
En ese momento, Sumantra entr y trat de sostenerlo y con-
solarlo, pero con los fuertes arrebatos de angustia que surgan de
su interior, cmo iba a poder consolar a su seor? Sin embargo,
recordaba la peticin de Rama, as que venci el pesar que em-
bargaba su corazn y se sent al lado del emperador, aunque no
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poda contener sus propias lgrimas. Por largo rato fue incapaz
de pronunciar palabra alguna.
Dasarata abri los ojos, vio a Sumantra a su lado y, excla-
mando con incontrolable pena el nombre de Rama, pos su ca-
beza en el regazo del viejo ministro, sollozando. Luego se ende-
rez y gimi: Sumantra, Rama se ha ido a la selva y mi alma no
ha abandonado este cuerpo! Qu puede ganar mi vida perma-
neciendo en este cuerpo? No obstante, luego, calmndose un
poco, dijo: Mira, apresrate y sigue a Rama. Rpido toma un ca-
rro y sguelo. Mi nuera nunca podr soportar los rayos del sol.
Pronto tendr ampollas en sus pies de ptalo de loto. Ve, sgue-
los con el carruaje!
Sumantra dijo Dasarata, mi Ramachandra es un hroe
inquebrantable, no regresar, no dar paso atrs. Su resolucin
no puede ser impedida por nadie. Todos los esfuerzos que se ha-
gan para obstaculizarlo sern intiles, y nosotros solamente le
causaramos dificultades. Adems, es un firme seguidor de la ver-
dad. No te demores, pues aunque se necesita poco tiempo para
alistar el carro, podras perder su rastro. Mis sbditos no soportan
ver a Rama caminar a lo largo del camino real de Ayodhya. Ve,
apresrate!
El emperador le insista en que se apurara: Lleva en el carro
alimento y algunas armas y entrgaselas. Ah, Sumantra, olvidaba
decirte que le ruegues con toda tu alma para que los acepte; men-
cinale que yo te lo ped. Dile que Sita debe recibir instrucciones
para regresar a Ayodhya. Condcelos en el carruaje, llvalos ha-
cia la selva y ve con ellos por un trecho, pues si Sita se asusta y
t te dieras cuenta de ello, inmediatamente pdele a Rama que or-
dene que ella regrese y t pdele a la tierna princesa de Mitila que
retorne a Ayodhya, recordndole que se tambin es mi deseo.
Dile que si no se puede decidir a permanecer en Ayodhya, el em-
perador dar instrucciones para que ella vuelva a la casa de su
padre. Dasarata repiti estas palabras varias veces y, agobiado
por el pesar que le producan, por el recuerdo que ellas evocaban,
perdi el conocimiento y cay al suelo.
Al reponerse exclam fuera de s, con gran preocupacin:
Sumantra, no pierdas tiempo! Trae a mi presencia a Rama,
Lakshmana y a Sita para que los pueda ver! Hazlo pronto y haz-
me feliz!... Pero luego, tristemente recomend a Sumantra: Ve
rpido, no demores, toma el carruaje y ve donde estn; llvalos en
el carruaje hasta donde puedan llegar. Posiblemente el viaje to-
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mar tres o cuatro das; al final de ese tiempo, djalos que sigan a
pie. Qudate all observndolos hasta que los pierdas de vista, an-
tes de que regreses para traerme las nuevas sobre su salud y se-
guridad. Ahora vete. Ya no te detengas aqu, ve.
Inclinando la cabeza en seal de acatar las rdenes del em-
perador, Sumantra se postr a sus pies y alist el carruaje. Al-
canz a Sita, Rama y Lakshmana en el camino por el que se ale-
jaban de la ciudad y les dijo lo que el emperador le haba dicho:
que subieran al carruaje, y as los llev hacia la selva.

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14. Llegada al bosque


A ambos lados del camino real, grandes grupos de ciuda-
danos lloraban. Sumantra los exhort para que controlaran sus
emociones y se calmaran. Cruzaron los lmites de la ciudad y se
alejaron un poco ms. El pueblo corra tras el carro, formando
una gran masa que, en pnico, levantaba nubes de polvo que lo
cubran todo. No se vea ni el suelo del camino, todo era una
vasta planicie cubierta de humanidad desesperada, hombres
viejos, mujeres, hombres jvenes y fuertes, sacerdotes, quienes
al unsono gritaban entre sollozos: Rama, Rama, llvanos con-
tigo, no nos dejes! Todas las calles de Ayodhya estaban va-
cas, la ciudad estaba tan silenciosa como si estuviera durmien-
do. Luego cay la oscuridad como un peso del cielo sobre cada
techo.
Algunos hombres y mujeres que no podan seguirlos, se que-
daban de pie como troncos, impotentes en el medio del camino.
Muchos cerraron sus puertas y pasaron das enteros sufriendo
una angustia excesiva; no coman ni beban, se quejaban y caan
al suelo por donde pasaba Rama. Algunos esperaron hasta la ca-
da de la noche creyendo que, inducido por la compasin, Rama
regresara junto a su adorada gente.
Mientras tanto, Dasarata tambin tom un carro. A gritos cla-
maba: Rama!, Rama! Sumantra! Sumantra! Dentengan ese
carro, quiero mirar el tesoro de mi amor slo una vez ms. Ace-
ler el paso de los caballos y se acercaba cada vez ms. La ma-
sa de ciudadanos que segua a Rama se vio atrapada entre los
dos carros y muchos, ya exhaustos, cayeron al suelo. Algunos,
cuando vieron que un carruaje pasaba a gran velocidad, levanta-
ron la cabeza para ver si era Rama que regresaba; se levantaron
y trataron de detenerlo para tener un vislumbre de su querido
prncipe, pero cuando escucharon los quejidos de Dasarata, rom-
pieron en sollozos nuevamente; dejaron pasar el carruaje excla-

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mando patticamente: Oh rey, apresrate y trae a nuestro Ra-


machandra de regreso!
Dasarata vio el carruaje de Rama que corra por las dunas
en los exteriores de la ciudad y grit: Sumantra, Sumantra, de-
tnte, frena!, a la vez que ordenaba a su auriga que acelerara.
Sumantra mir hacia atrs y descubri el carruaje que los segua.
Dijo: Ramachandra, el padre Dasarata viene detrs de noso-
tros! Creo que lo mejor ser detenernos un rato y averiguar cu-
les son sus rdenes. Rama tambin vio la gran cantidad de ciu-
dadanos y el carro que llevaba a su padre a toda prisa para al-
canzarlos. Saba que si se detena ahora, la gente lo rodeara y
creara una situacin incontrolable, pues aquellos exhaustos a la
orilla del camino se levantaran y correran impulsados por una
nueva esperanza, y aquello slo sera un acto de mayor crueldad
por parte de l, pues les inspirara esperanzas vanas. Tambin
sera romper el cumplimiento de su promesa. Si los sbditos eran
testigos de las exclamaciones de dolor de Dasarata, perderan
estimacin por l. Sopesando todas estas consideraciones en su
mente, indic a Sumantra que no haba necesidad de detener el
vehculo, incluso le dijo que sera mejor que apresurara la carre-
ra an ms. Oyendo esto, Sumantra rog con las manos juntas:
Rama, tengo rdenes de estar contigo slo unos das, despus
debo volver a Ayodhya. Al verme de regreso, el emperador se-
guramente me cubrir de reprimendas por no haber detenido el
carro como l me orden. Qu le voy a decir para justificarme?
Te ruego que aceptes que me quede contigo por todos los aos
de exilio en la selva. Estimar que mi vida habr sido vivida bien
y con felicidad si me permites estar contigo. Si ests de acuerdo,
no me detendr; acelerar tanto como t quieras. Por favor, dime
tu respuesta.
Rama pens sobre el problema que Sumantra le expona y
sus implicaciones. Dijo: Sumantra, aquel que te ha ordenado to-
mar el carruaje y llevarnos hasta la selva, era tu amo, el empe-
rador; el que ahora persigue este carruaje llorando y rogando que
te detengas es Dasarata. Debes escuchar y obedecer las rde-
nes del emperador, no las de Dasarata. Eres el ministro del pas,
de tu gobernante, no de una persona llamada Dasarata. Como
individuos, entre nosotros existen lazos de afecto que atan al hi-
jo a su padre, pero como emperador, l tiene autoridad imperial
sobre ti y sobre m. Tu lealtad y mi lealtad hacia l deben ser las
mismas. T debes cumplir con tu deber. Si Dasarata te castiga
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por no atender a lo que l te pide ahora, dile que no lo oste; no


est mal que lo hagas as. Y Rama le pidi que acelerara, que
no detuviera el carro.
Sumantra bebi con avidez el nctar del anlisis moral que
Rama le haba dispensado para convencerlo. Cuando Dasarata
vio que Rama segua adelante, detuvo su vehculo y regres a
Ayodhya maldiciendo su suerte y lamentndose a gritos. En cam-
bio, la gente segua las huellas del carruaje sin dejarse vencer
por el cansancio, impulsada por la determinacin de no perder de
vista a su adorado Rama. Algunos que estaban dispuestos a sa-
crificar su vida por l y morir en su esfuerzo por alcanzarlo, se-
guan, arrastrando los pies, sin aliento y quebrantados, las hue-
llas del carro en que l iba. Rama vio a los sbditos que lo se-
guan, movidos por el amor que sentan por l, lo que le desper-
t una gran compasin. Detuvo el carro y con voz suave y dulce
les habl, conmoviendo sus corazones. Les habl de los diferen-
tes aspectos morales de esa situacin y les rog que volvieran a
Ayodhya.
Respondieron que el estar separados de l iba a ser una
agona difcil de soportar, y que no podran residir, ni por un mo-
mento, en una Ayodhya de la cual Rama estuviera ausente, as
que preferan morir en los bosques antes que vivir en Ayodhya!
Mientras muchos afirmaban esto, los ms jvenes declaraban
que una ciudad de la cual haba desaparecido la deidad de la
rectitud sera un lugar mucho ms horrible que la jungla y que no
podran vivir en un lugar tan espantoso. La selva en que t vivas
ser Ayodhya para nosotros dijeron. No te preocupes porque
suframos agotamiento o tengamos dificultades.
Atiende a tu promesa, a tu deber, tal como lo tienes pensa-
do; nosotros tambin atendemos a la nuestra. T has decidido
honrar el deseo de tu padre como un deber sagrado; nosotros
tambin tenemos un deber sagrado, el de honrar el deseo de
Rama en nuestros corazones, el Atma Rama, nuestro amo, la
autoridad que reverenciamos con lealtad. No titubearemos en
nuestra resolucin; no regresaremos. Solamente la muerte nos
podr vencer. Eso anunciaron entre sollozos y lgrimas de de-
sesperacin.
El compasivo corazn de Rama se abland con estas pala-
bras de amor y lealtad. Sita derram abundantes lgrimas.
Lakshmana observaba cmo surga la devocin en la gente co-
mn del reino; pero al acordarse de Kaikeyi, sus ojos se enroje-
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cieron de ira, su lengua estaba paralizada por el enojo hacia la


madrastra que no tena siquiera un poco de esos sentimientos
hacia Rama. Se sent en el suelo con la cabeza agobiada por es-
tos tristes pensamientos.
Rama sinti que lo mejor sera tratar de persuadirlos por
cualquier medio para que regresaran a su casa. Los consol, les
manifest su compasin, les record que deban atender a los ri-
tuales diarios acostumbrados, y cules seran las consecuencias
de no hacerlo. Describi los horrores de la vida en la selva y los
peligros a que se tendran que enfrentar si trataban de vivir all,
y les aconsej que efectuaran sus rituales correcta y continua-
mente para que sus aos en el exilio transcurrieran rpidamen-
te y sin tropiezos; as, ellos lo ayudaran a pasar esos aos en
paz y alegra a fin de volver a Ayodhya a su debido tiempo, fuer-
te, con salud.
Los jvenes brahmines que estaban frente a l no pudieron
ser convencidos por estos argumentos. Rama suplicaba dicien-
do: Sus ancianos padres echarn de menos sus devotos servi-
cios, no est bien que los dejen solos, sin ayuda. En respuesta,
los jvenes dijeron: Rama, nuestros ancianos padres estn tan
dbiles y desanimados que no te pueden seguir hasta la selva;
venan para ac, pero regresaron volcando su angustia en lgri-
mas. Nos han dado instrucciones para que te sigamos y estemos
contigo, pues, como ellos mismos dijeron: Nosotros estamos
demasiado dbiles; ustedes son fuertes y jvenes. Vayan, sirvan
a Rama en nuestro nombre. Esos ancianos estn ms tristes
porque t ya no ests en Ayodhya que porque nosotros no este-
mos con ellos. Se sentirn contentos si sus hijos estn con Ra-
ma, una fortuna que ellos no pudieron alcanzar. Llvanos conti-
go, aunque slo sea por esa razn, para derramar alegra sobre
esos ancianos. Y rogndole de tal suerte, se postraron llorando
a sus pies.
Rama permaneci silencioso ante esta sincera expresin de
amor y reverencia; estaba emocionado con la renunciacin de
esos jvenes, que era ms grande que su propia renuncia al tro-
no. Su alegra no dejaba de tener cierto sentido de orgullo al dar-
se cuenta de que sus sbditos sobrepasaban su propia piedad fi-
lial. Mientras estos ruegos y convencimientos se desarrollaban,
caa la noche sobre la Tierra. Por eso Rama les pidi que des-
cansaran y comieran algo para pasar la noche, en vez de regre-
sar en la oscuridad.
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A fin de animarlos a hacerlo, Rama tom un bao en el ro


Tamasa; tom una comida que consista en races y fruta, y des-
cans un rato. La gente que lo haba seguido desde tan lejos, es-
taba tan fatigada que, despus del frugal alimento, cayeron en
profundo sueo.
Rama saba que al despertar insistiran en acompaarlo; por
eso despert a Sumantra y le dijo que preparara el carruaje de
tal manera que hiciera el menor ruido posible, y que llevara el ve-
hculo de forma que no dejara rastro. Sumantra se dio cuenta de
que no quedaba otro remedio, as que llev el carro de tal modo
que las huellas quedaron tan confusas que no dejaran ver la di-
reccin que haban tomado; incluso, algunas indicaban que el ca-
rruaje poda haber vuelto a la misma ciudad de Ayodhya. Des-
pus de haber dejado hbilmente ese rastro, encamin el ve-
hculo hacia la selva.
Amaneca. Los ciudadanos de Ayodhya despertaron y mira-
ron a su alrededor. No haba seales del carruaje real. Nadie ha-
ba visto a Sita, a Rama ni a Lakshmana, y cayeron en profunda
afliccin; despertaron a los que an dorman, buscaron las hue-
llas de las ruedas en el suelo. Y lloraban a gritos: Rama! Ra-
ma! Corran en todas direcciones buscando el carruaje.
Uno de ellos dijo: Hermanos, Rama vio que estbamos can-
sados, cmo dormamos de tan exhaustos que estbamos y, as,
se fue de aqu sin llevarnos con l. Entonces empezaron a acu-
sarse mutuamente por haber mostrado cansancio, provocando
con eso que Rama los dejara y se fuera solo. Otros se inculpa-
ban de ser inferiores a los peces, pues decan: Los peces no
pueden vivir sin agua, pero nosotros estamos vivos a pesar de
que Rama nos ha abandonado... Vergenza, qu vergenza la
de nuestras vidas! gritaban. Somos la causa de estar sepa-
rados de la persona ms querida para nosotros. Por qu no cae-
r sobre nosotros la muerte, que acabar con tanto dolor? As
se lamentaban, pero pronto se acordaron de que la Divinidad que
vive en su interior era Rama, el suicidio era algo impensable, lo
opuesto a un acto meritorio; el suicidio slo puede ocurrir cuan-
do el destino de uno es morir por su propia mano. Entonces, otro
entre ellos sugiri que le podan rezar al Destino para que les die-
ra un fin como se para todos.
Estaban en estas patticas discusiones y dudas, ansiosos de
tomar una decisin, cuando uno de ellos lleg avisando que ha-
ban sido reconocidas las huellas dejadas por las ruedas. Qu
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buena noticia!, pues las huellas indicaban que el carruaje haba


tomado la ruta de Ayodhya. Siguieron las huellas por una distan-
cia, pero de pronto ya no se podan distinguir; se haban desva-
necido. Se hizo imposible averiguar qu haba pasado, as que
regresaron a la ciudad con la mente confusa.
Muchos se consolaron diciendo que Rama seguramente re-
gresara al palacio, pues haba visto el apuro en que ellos se en-
contraban y su corazn estaba lleno de compasin hacia los an-
gustiados. Rama regresar antes de haber transcurrido dos o
tres das, dijeron. Las mujeres iniciaron varios votos y actos de
adoracin para propiciar que los dioses persuadieran a Rama a
retornar con sus sbditos.
Despus de eso la gente viva como las aves chakravaka,
que no tienen ninguna flor de loto en qu posarse, ya que el sol
est ausente y esas flores no pueden florecer sin su calor.
Mientras la gente sufra de tal manera, Sita, Rama y Laksh-
mana llegaron a las inmediaciones de Sringivera con el ministro
Sumantra. Rama vio el Ganges e inmediatamente dio instruccio-
nes a Sumantra para que detuviera el carro. Descendi y se pos-
tr en tierra ante el ro sagrado. Tambin Sita, Lakshmana y Su-
mantra bajaron e hicieron lo mismo. Rama explic a los dems
que el Ganges era la fuente de toda riqueza y prosperidad, de to-
da la paz y abundancia que pudiera resplandecer alrededor. Ese
ro daba a todos los seres suprema felicidad y los ms altos do-
nes espirituales. Entonces decidieron baarse en sus sagradas
aguas.
Rama pidi a Lakshmana que encontrara algn lugar en la
orilla donde Sita pudiera baarse sin temor. Las riberas eran
fangosas en la zona selvtica; por eso Lakshmana escogi un
sitio que reforz con piedras y lajas para que ella pudiera apo-
yarse y volviera fcilmente a subir despus de sus abluciones.
Le rog a Sita que utilizara ese descansillo temporal para sus
baos. Con mucho cuidado baj ella, y antes de entrar el ro se
postr ante la diosa Ganga. Lakshmana fue a la selva para re-
coger algunos frutos para que Rama y Sita pudieran probar al-
gn alimento despus del bao. Se los ofreci reverentemente y
ellos comieron.
Mientras tanto, algunos barqueros se haban acercado a ese
lugar. Sus ojos descubrieron el carruaje real as como las formas
principescas de Sita, Rama y Lakshmana. Pensaron que se ha-
ban reunido all para celebrar un paseo. En esa creencia, se
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apresuraron a comunicrselo a Guha, su jefe, informndole que


unos visitantes reales se hallaban cerca. Guha envi a un men-
sajero para que averiguara quines eran y con qu propsito ha-
ban venido a las orillas del ro Ganges.
El mensajero volvi con la noticia de que eran nada menos
que los hijos del emperador Dasarata y la misma princesa Sita,
que venan acompaados de Sumantra, el ministro real. Guha
pens que esos momentos superlativamente deliciosos no se de-
ban disfrutar en soledad, as que inform a sus familiares, a sus
compaeros y amigos que el prncipe Rama haba venido al Gan-
ges con su hermano y su esposa. Recolect frutas y flores en
abundancia y todo el grupo avanz con actitud humilde y reve-
rente hacia el Ganges. Guha puso la fruta y las ofrendas florales
a los pies de los visitantes reales y se postr ante Rama, lo mis-
mo que sus familiares y amigos.
Al ver la felicidad que los embargaba, Rama le pidi a Guha
que se acercara y le pregunt cmo les iba a todos y si vivan fe-
liz y pacficamente. Pregunt al jefe Guha hasta qu punto su li-
derazgo ayudaba a la comunidad a prosperar. Guha contest:
Seor Ramachandra, al postrarnos a tus pies, todos hemos ex-
perimentado una dicha sin lmites. Esta gran fortuna seguramen-
te la obtuvimos debido a los mritos que acumulamos con accio-
nes buenas en el pasado. De otro modo, cmo podramos no-
sotros, que pasamos nuestros das en esta espesura casi impe-
netrable, aspirar a recibir la bendicin de tu visita y poder adorar
tus pies de loto? De ahora en adelante, esta regin ciertamente
gozar de abundancia y paz, debido a que tus pies han pisado
este suelo. De eso no puede haber duda, dicha transformacin
tiene que suceder.
Lakshmana, Sita y Sumantra notaron aquella expresin de
sinceridad y alegra, as como las lgrimas de bienaventuranza.
Estaban sorprendidos al ver esa devocin, humildad y sabidura.
Durante todo el tiempo, Guha abrazaba los pies de Rama y de-
ca: Seor, todo esto es tuyo; todas las riquezas, territorio y au-
toridad que yo tengo como jefe, as como todos mis sbditos, to-
do es tuyo. Ellos esperan tus rdenes; estn a tu disposicin pa-
ra que los utilices para tus propsitos, a tu servicio. Yo soy tu
siervo, acptame como tal. Acepta todo lo que te ofrezco y entra
a la ciudad en que vivimos.
Cuando Rama escuch este ruego, sonri y repuso: Guha,
eres un devoto firme; eres profundamente virtuoso. Tu corazn
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es muy puro. Pero escucha: yo debo recorrer la selva como exi-


liado, llevando la vestimenta de ermitao, en obediencia a las r-
denes de mi padre. No puedo poner los pies en ciudad o pueblo,
slo debo tomar los alimentos que corresponden a los monjes
que viven en austeridad. Debo vivir de acuerdo con los regla-
mentos que se han fijado para los ascetas. Por esa razn no pue-
do cumplir con el deseo que t acabas de expresar.
Al or esas palabras, Guha se llen de tristeza. Gran nme-
ro de personas que haban llegado ah desde la ciudad de Srin-
givera, cuchicheaban comentando el divino encanto de Rama,
Sita y Lakshmana. Uno de ellos se pregunt cmo los padres de
esos adorables hermanos y de aquella angelical dama pudieron
ser capaces de exiliarlos a la selva. Cmo pudieron pronunciar
tal sentencia? En respuesta, otro dijo: Cllate, tonto! En reali-
dad esos padres han hecho un bien. Si no hubieran pronunciado
tal sentencia, nosotros no habramos tenido ocasin de esta fies-
ta para nuestros ojos, de la fortuna de ver sus divinas formas. Es-
te da, nuestros ojos estn gozando de un festival poco comn.
Esas palabras llenaron a muchos de satisfaccin y gozo. Los
hombres de la tribu nishada, quienes componan el grupo reuni-
do, hablaron entre s con admiracin devota hacia los visitantes
reales. Exaltaron la belleza, la ternura, los modos suaves y dul-
ces de Sita, Rama y Lakshmana.
Guha se senta muy triste por haber perdido la oportunidad y
buena fortuna de poder dar la bienvenida a Rama en la capital de
los nishadas. Pensaba que si Rama tan slo pudiera ver la ciu-
dad, si sus ojos siquiera llegaran a mirarla una vez, quedara
bendecida con paz y prosperidad para siempre; as que hizo la
sugerencia de que Rama caminara hacia un gigantesco y bellsi-
mo rbol de simsupa que creca cerca, y Rama estuvo de acuer-
do. Guha supo entonces que los ojos de Rama haban visto la
ciudad desde aquel lugar. Estaba muy complacido con ese pen-
samiento. Rama tambin estuvo contento cuando vio la ciudad a
distancia. Permiti a los nishadas tocar sus pies y les recomen-
d que volvieran a sus hogares, ya que era inminente la cada de
la noche.
Luego efectu los ritos sagrados que deben ser observados
al anochecer. Entretanto, Guha recogi cantidades de suave
pasto y hojas tiernas y prepar lechos. Mand recoger tubrcu-
los, as como frutos sabrosos y frescos de los rboles y plantas
de la regin; orden que los llevaran envueltos en grandes hojas
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para ser ofrecidos a los distinguidos visitantes. Sita, Rama,


Lakshmana y Sumantra compartieron el frugal alimento y se reti-
raron a dormir.
Sita durmi en el blando lecho de pasto. Lakshmana se sen-
t a los pies de Rama para darles un suave masaje para aliviar
el cansancio del esfuerzo realizado. Rama saba que Lakshma-
na seguira masajendolo mientras estuviera despierto; deseaba
que Lakshmana fuera a descansar tambin, fingi haber cado
en profundo sueo. Viendo esto, Lakshmana temi que, de se-
guir con el masaje, perturbara el sueo de Rama, y calladamen-
te se retir a cierta distancia. Se mantuvo en la postura del h-
roe para poder abarcar las cuatro direcciones y reconocer inme-
diatamente cualquier animal salvaje que pudiera aproximarse,
cualquier ogro o persona endemoniada que pretendiera romper
el sueo de Rama. Todo l era atencin y vigilancia.
Viendo esto, Guha tambin dio instrucciones a sus leales lu-
gartenientes para que vigilaran el rea y se aseguraran de que
nada sucediera que pudiera perturbar el sueo de Rama. Coloc
en su hombro el carcaj y, sosteniendo el arco, se sent cerca de
Lakshmana, deseoso de compartir la vigilancia. Con los ojos lle-
nos de lgrimas, mantuvo las palmas de sus manos unidas ante
l y le pregunt: Lakshmana, el palacio del emperador Dasarata
es, me imagino, ms grande y magnfico que la divina mansin
del jefe de los dioses, Indra. En ese palacio todo es atractivo y
bello, dondequiera hay fragancias y dulzura; blandas camas de
plumas y lmparas realzadas con piedras preciosas aumentan la
grandiosidad y comodidad del palacio. Ah las camas tienen s-
banas ligeras y blancas como la espuma de la leche caliente y
mullidos cojines. Sita y Rama, que acostumbraban dormir en ca-
mas tan lujosas, duermen ahora sobre montones de pasto, sin
sbanas ni almohadas, gracias al puro cansancio fsico. Para m
es una agona insufrible contemplar esta escena. All estn pa-
dre y madre, los sirvientes que velaban por satisfacer sus nece-
sidades y darles comodidad de diversas maneras. Sita y Rama,
que vivan como reyes hasta ayer, ahora duermen en el suelo.
Dios mo, se me parte el corazn de pena!
Sita es la adorada hija del afamado emperador Janaka, y sin
embargo, est tendida sobre una capa de pasto seco. Qu ex-
traa vuelta del destino es sta! Es que Sita y Rama podrn so-
portar la vida en los bosques? Esto comprueba que las conse-
cuencias de nuestros actos son ataduras irrevocables.
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Kaikeyi es la hija del rey de Kekaya. Nadie poda suponer


que ella hubiese sido capaz de cometer un acto tan atroz y pe-
caminoso. Ellos estn en la edad en que deben ser felices jun-
tos. Qu acto tan censurable es el de infligir en ellos tan dura
sentencia! Tal destino no debera serle impuesto ni al peor ene-
migo.
La princesa de Kekaya ha demostrado ser el hacha que cor-
tara en dos las mismas races del rbol de la dinasta solar. Su
egosta ambicin ha hundido al mundo en la tristeza. Ah, des-
graciados mis ojos que estn destinados a mirar este pattico es-
pectculo! Qu despreciable pecado habr cometido para me-
recer este castigo? De quin fue la vida feliz que caus que mis
ojos en el pasado se enrojecieran de envidia, para tener que ver
ahora a mi adorado Rama en esta situacin?
De esta manera se quejaba Guha, incapaz de detener el em-
bate de las olas de dolor que iban surgiendo en su interior; luego
mantuvo la boca cerrada, con la cabeza agachada; estaba sen-
tado, sufriendo una agona irreprimible. Viendo esto, Lakshmana
tambin qued hundido en el abatimiento, pero se dio valor para
decir: Jefe de los nishadas! No se consigue ser feliz mediante
otra persona ni miserable por conducto de otro; nadie puede te-
ner buena o mala suerte a travs de otra persona. No existe la
posibilidad de lograr tales resultados por medios indirectos. Tam-
poco se puede ser realmente feliz o desventurado. Cada uno de
nosotros llega a la existencia con algn propsito, impulsado por
los actos de su encarnacin previa, o por la Voluntad o Decreto
soberanos, y mientras se cumple el propsito, uno parece ser fe-
liz o miserable; eso es todo. Un limosnero suea con ser un rey;
un rey, con ser un limosnero; ambos, cuando despiertan, en-
cuentran que la riqueza o la miseria son irreales y fugaces. As
tambin es el mundo: un sueo, lo irreal... una ilusin. Sientes
pena porque Rama est en situacin difcil; pero Rama est por
encima y ms all de penas y alegras. Para aquellos que lo ob-
servan, de acuerdo con su buena o mala fortuna, decidida por los
mritos o culpas acumulados, l puede parecer feliz o desventu-
rado; lo que t ves como alegra o pena en Rama slo es el re-
flejo de tu propio estado mental. Al or esto, Guha se calm y de-
j de sentir rabia contra Kaikeyi, y comprendi que no es conve-
niente buscar las faltas de otra persona y culparla.
Toda la gente est inmersa en el sueo de la ilusin, siendo
testigo de una gran variedad de sueos. De esta manera, la hu-
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manidad pasa la noche denominada vida. Los yoguis, perso-


nas autodisciplinadas, son los nicos que permanecen despier-
tos durante esa noche, sin quedar prisioneros o encantados
por los sueos. No los afectan el mundo ni lo que contiene. Se
han apartado de todos los placeres sensoriales y otros enredos.
Mientras esto no se logre, la gente no puede decir de s misma
que est despierta. Cuando se logra despertar a la sabidura,
y la Realidad se descubre, entonces caen las ataduras del enga-
o, de la ilusin, y el amor se fija en los pies de loto del seor Ra-
ma. La mente de Guha segua apresuradamente estas palabras,
y se senta reconfortado y fortalecido. As, el resto de la noche
transcurri mientras Guha y Lakshmana se contaban mutuamen-
te relatos sobre los divinos atributos de Rama y la plenitud de la
gloria que haba en l.
Pronto lleg el alba; mientras uno montaba guardia donde
Rama dorma, el otro terminaba sus abluciones matinales y re-
gresaba adonde el otro. Rama empez a despertar; frot sus ojos
e incorporndose mir en las cuatro direcciones. Despert a Sita
y ambos se encaminaron hacia el Ganges. Despus de baarse
y de haber efectuado sus ritos, volvieron adonde estaban Guha y
Lakshmana. Rama pidi a su hermano que trajera un poco del ju-
go lechoso del rbol de la higuera. Lakshmana obedeci sin mur-
murar y se introdujo en la cercana selva; sin dilacin trajo, dentro
de una vasija hecha de grandes hojas, el jugo deseado. Rama
aplic el lquido a los rizos de su cabello convirtindolos en una
espesa masa opaca, tal y como lo acostumbran los ermitaos.
Al ver esto, Sumantra no pudo contener los sollozos. Le do-
la que aquella cabeza, que deba lucir una corona, ahora lleva-
ra una carga de cabello enmaraado. Se lamentaba de aquel
destino que lo obligaba a ver esa trgica escena. Su corazn se
quemaba en el dolor. No puedo seguir contigo en la selva; esto
se ha hecho imposible para m. He cumplido con las rdenes del
emperador. El destino est cortando de tajo mi estancia ante tu
presencia. El me orden que te trajera hasta las orillas de cual-
quier ro sagrado y te dejara all, para luego regresar. Tengo el
deber de informarte sobre este hecho; ahora te toca a ti decir qu
debo hacer. Sumantra dijo esto de pie frente a Rama, con la ca-
beza agachada por la pena y por la humildad, mientras las lgri-
mas corran libremente por su rostro.
No te preocupes dijo Rama. Cumplir el mandato del
emperador es tu obligacin, e igualmente la ma. Me alegra mu-
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cho que hayas realizado las rdenes que l te dio. De ahora en


adelante acatar las rdenes que me ha dado a m; seguir sus
instrucciones con la mayor reverencia y escrupuloso detalle. No
te demores; regresa a Ayodhya. Mis padres estarn esperando
tu llegada con ansiedad, querrn escuchar de tus labios la des-
cripcin del viaje hasta aqu. As pues, toma el carruaje y vuelve
all lo ms pronto posible.
Sumantra se imaginaba el lugar al que iba a regresar. Pat-
ticamente rogaba: Ramachandra, no permitas que Ayodhya se
convierta en una ciudad hurfana! El emperador se ver en difi-
cultades para controlarse en tu ausencia, y Bharata se sentir in-
capaz de reinar. Sumantra se arroj a los pies de Rama sin po-
der soportar el peso de su dolor. Rama lo levant, y ayudndolo
a sostenerse, lo consol: Sumantra, no hay principio de rectitud
ms alto que la verdad; los Puranas, las escrituras picas, todas
afirman y proclaman esto, como t lo sabes. Ahora bien, yo he si-
do nombrado para cumplir con este supremo principio de recti-
tud. Qu ventura la ma! Si fallo en esta oportunidad y pierdo es-
ta fortuna, yo y toda mi dinasta sufriremos eterna infamia en los
tres mundos. El descrdito quema al hombre recto de manera
ms dolorosa que un milln de muertes y cremaciones. Ve, pues,
pstrate a los pies de mi padre y explcale con claridad mi deter-
minacin y mi alegra. Debes vigilar y asegurarte de que mi pa-
dre no se preocupe por m, por Sita ni por Lakshmana.
Guha y su gente escucharon a Rama y quedaron visible-
mente afectados por sus palabras. Sin que se dieran cuenta, las
lgrimas fluan de sus ojos. Lakshmana no pudo soportar la tris-
teza, y expres algunas palabras de rabia y amargura contra
aquellos que haban causado aquella tragedia. Pero Rama, que
conoca su temperamento, lo detuvo en el acto. Luego, dirigin-
dose a Sumantra, le dijo: Lakshmana es muy joven; no prestes
atencin a lo que ha llegado a decir, ni se lo transmitas a mi pa-
dre. La mente de Lakshmana sufre muchsimo debido a que sien-
te gran afecto por m y tambin porque se aflige por las penas
que pueda sufrir Sita. Dio rienda suelta a esas expresiones por-
que tiene una nocin equivocada sobre aquellos que me manda-
ron al exilio. Por naturaleza, Lakshmana ha sido dotado de muy
buenas cualidades. Y Rama empez a enumerar las virtudes de
su hermano.
Sumantra, levantando la cabeza, implor en favor de Sita:
Seor, Janaki es tierna y de naturaleza dulce; no puede so-
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breponerse a las dificultades que trae consigo la vida en los


montes. Es necesario aconsejarle que regrese a la ciudad, con-
vencerla de que eso es lo ms adecuado. Ella es el aliento vi-
tal de Ayodhya, es la diosa de la prosperidad para el imperio. Si
ella no puede venir a Ayodhya, los habitantes de esa ciudad su-
frirn como peces en un tanque seco. Permite que regrese pa-
ra vivir como ella est acostumbrada, con su suegra o con sus
padres. El emperador me ha ordenado decrtelo una y otra vez,
con estas mismas palabras. Cuando t regreses a Ayodhya al
trmino de los catorce aos, podr ser trada de la casa de Ja-
naka.
Mientras Sumantra lo estaba importunando de tal manera,
Rama haca seas a Sita para que prestara atencin a lo que se
deca. Cuando Sumantra termin de hablar, Rama se dirigi a
ella diciendo: Sita, escuchaste el mensaje de mi padre? Vuel-
ve a casa y haz que mis padres dejen de sufrir siquiera parte de
la agona que estn soportando por mi separacin. A su avanza-
da edad estn demasiado dbiles para sobreponerse a esta te-
rrible situacin. As pues, es necesario que regreses junto con el
ministro a Ayodhya. Rama emple varios argumentos para per-
suadirla, a fin de que aceptara la peticin de su padre.
Sita repuso: Seor, t que eres omnisciente, conoces la
conducta ideal prescripta para cada sector de la humanidad. No
es necesario que yo te lo recuerde. Por favor, escucha un minu-
to mi ruego. La sombra tiene que seguir al cuerpo, no es as?
Puede apartarse de l? Los rayos solares no pueden existir sin
el sol. La luz de luna no puede existir separada de la luna. De
igual manera, Sita, que es tu sombra, no puede alejarse y existir
despus de irse Ramachandra.
Se volvi hacia Sumantra y dijo: T eres para m tan vene-
rable como mi padre y mi suegro. Eres el ser que desea lo mejor
para m. Te ruego consideres esto: no busco otro refugio que el
que encuentro a los pies de loto de mi seor. El mundo sabe que
la nuera que es trada a su nuevo hogar no puede estar ms cer-
ca que el mismo hijo nacido dentro de la familia. La suposicin de
que ellos dejarn de sufrir por la separacin del hijo si la nuera
est con ellos, es una declaracin sin sentido. En cuanto al lujo
y comodidad del palacio de mi padre, los he disfrutado bastante
en los das de mi infancia. Ahora me parecen tan secos y comu-
nes como el pasto si mi seor no est a mi lado. No tengo otra
senda que la que l pisa. Por esta razn, trata de no malinter-
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pretar mis palabras y acptalas; abandona ese intento de llevar-


me de regreso a Ayodhya. Olvdalo! Transmite mi veneracin a
mis suegros y asegrales que no existe motivo para que se an-
gustien por nosotros. Diles que Sita est feliz, mil veces ms fe-
liz que cuando estaba en Ayodhya o en Mitila. Estoy con el seor
de mi corazn, con el gran hroe, el mejor de los guerreros, con
su hermano Lakshmana; diles que as paso estos das en la sel-
va, felizmente, sin temor o agitacin de la mente. Diles que no es-
toy cansada por el viaje; diles que estoy muy feliz y que conside-
ro este exilio una enorme fortuna.
Al escuchar estas palabras, Sumantra qued tan abrumado
de admiracin y preocupacin al mismo tiempo, que no pudo mi-
rar de frente a Sita, no poda seguir oyendo palabras tan conmo-
vedoras. No encontraba palabras para responderle. Reflexion
sobre sus virtudes, acerca de sus sentimientos puros y sobre su
firmeza. Deplor la mala suerte que privaba a Ayodhya de la pre-
sencia e inspiracin de una dama de tan elevado carcter.
Dirigindose a Rama, dijo: Rama, en este caso, escucha un
ruego: acptame a m tambin en la selva y permteme que te sir-
va durante los catorce aos. Rama repuso: Sumantra, t ests
bien versado en las leyes y reglamentos de moral. Eres el minis-
tro del emperador Dasarata, no un ministro mo. Fue l quien te
orden regresar; cmo puedo yo permitir que te quedes? Ade-
ms, aunque no fuera as, no es deseable que permanezcas
apartado del emperador, sobre todo en estos momentos. Eres
como la mano derecha para l. No debes prestar atencin a tu
propia felicidad y tratar de permanecer alejado de l. Anda, ve
con tu rey sin mayor dilacin. Si te vas pronto, puedes darme a
m y a mis padres mucho consuelo y confianza. Rama lo per-
suadi de irse, utilizando para ello otros argumentos y ejemplos.
Hallando que era imposible resistirse, Sumantra llor sin reser-
vas y se postr ante los tres. Sus pasos eran pesados y vacilan-
tes cuando emprendi la retirada, ni su mente ni su cuerpo de-
seaban alejarse.
Rama tom su mano, lo ayud a caminar hasta el carruaje y
a sentarse en su asiento. Rama pronunci palabras dulces a Su-
mantra y a los caballos del carro para inducirlos a darse vuelta y
regresar a Ayodhya, pero stos se mostraban renuentes a volver
sobre sus pasos; volvan hacia el lugar en que estaba Rama, de-
seosos de seguir con l y poco dispuestos a alejarse. A pesar de
ser aguijoneados y azuzados, apenas se movan. Relinchaban
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patticamente en protesta, se detenan y volvan sus cabezas


para ver otra vez a Rama.
Sumantra, colmado de insoportable tristeza, enjugaba las l-
grimas que corran por sus mejillas, tena la cabeza inclinada co-
mo para esconder la cara ante los hombres. Guha, al ver la de-
solacin de Sumantra, se sinti tan agobiado por la pena que se
apoy en un rbol, sollozando, apretando la cara contra el tron-
co. Por su parte, Rama, luego de haber despedido al anciano mi-
nistro, se dirigi a las orillas del Ganges con su esposa y su her-
mano.
Cuando incluso los animales sienten que es imposible vivir
apartados de Rama, qu se puede decir de la angustia que su-
fren los padres que lo vieron nacer y lo criaron con amor y con
toda esperanza, y de los sbditos del reino que lo veneraban con
lealtad y amor? Ay! Quin puede medir el dolor que desgarra
el corazn de la reina Kausalya?, pensaba Guha. La pena le co-
rroa el alma. Sus ojos se posaron en Rama, Sita y Lakshmana,
que caminaban hacia el Ganges; se apresur a seguirlos y dn-
dose cuenta de que deseaban cruzar el ro, llam a un botero
que se encontraba al otro lado. Cuando aquel hombre oy la voz
de su jefe, se apresur a remar atravesando el ro y, en pocos mi-
nutos, ya estaba listo ante Rama.
Guha lo llam aparte y le dijo que limpiara la lancha y la de-
jara lista para transportar al prncipe de Ayodhya, hijo del empe-
rador Dasarata, su consorte y su hermano, para que pasaran el
ro en su camino hacia la selva. El botero saba por la gente, sus
hermanos de Nishada, la triste historia del exilio del heredero al
trono, de manera que no perdi tiempo en llegar. Sin embargo,
tena una duda que deba ser resuelta: haba sabido que Rama
puso su pie en una roca y que sta sbitamente se haba con-
vertido en mujer; era ste aquel Rama o era un Rama diferen-
te? Esa fue la pregunta que le hizo a Guha, quien le respondi:
Mi querido botero, qu buena memoria tienes! Me alegro de
que recuerdes ese incidente que ocurri hace tanto tiempo y que
me lo hayas vuelto a la memoria. Con gran regocijo se volvi ha-
cia Rama y le dijo: Rama, escucha, este hombre de mi tribu, es-
te botero, ha atesorado en su mente tu majestad y gloria; ha tra-
do a mi memoria cmo rescataste a Ahalya, la mujer del sabio
Gouthama, de la roca en la cual estaba hechizada. Mis sbditos
estaban muy alarmados por la terrible maldicin que fue lanzada
sobre esa seora, as que se pusieron felices cuando supieron
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que tu divino poder la haba liberado. Qu afortunada es mi gen-


te por estar consciente de tu Divinidad! Guha describi la fe y
devocin de su botero con gran alegra.
Entretanto, Rama caminaba hacia el bote. El barquero, pa-
rado ante l, tena las manos juntas y le dijo: Ramachandra! Los
aos que he vivido tienen ahora razn de ser, ante la buena for-
tuna que ha llegado a m. Rama, de quien he odo hablar desde
hace ya tanto tiempo, hoy est delante de m, lo puedo ver! El
que yo pueda llevarte a ti, a tu consorte y a tu hermano para cru-
zar el Ganges, es un premio que seguramente he acumulado a
lo largo de muchas vidas anteriores. Permteme que te pida una
bendicin: que roce mi cabeza con el agua santificada que haya
servido para refrescar tus pies, antes de que reme para llevarlos
a la otra orilla. Guha no se haba dado cuenta de la devocin tan
profunda de aquel botero. Se sorprendi con la peticin que tan
humildemente haba hecho a Rama y lo conmova que el hombre
la expresara. Dijo: Escchame, hermano, deja que Rama tome
asiento en el bote primero; luego podrs lavarle los pies con las
aguas del Ganges; no son buenas maneras el querer lavrselos
mientras est parado en la orilla. Guha lo reprendi as por su
obstinacin y simpleza.
Pero el botero no ceda; suplicaba: Seor, t posees enor-
me riqueza y yo soy irremediablemente pobre. Con dificultad re-
no lo que puedo para sostener a mi familia, pasando a la gente
de una orilla a otra. Veo que mis ganancias son insuficientes aun
para la pequea familia que tengo. Cmo podra ser feliz si per-
diera incluso estas ganancias? Por eso te ruego que no me ma-
linterpretes. Permteme que te lave los pies aun antes de que pa-
ses al bote.
Rama capt el sentido de la extraa peticin del botero; son-
ri y se volvi hacia Sita dicindole: Notaste el temor de este
botero? Guha no poda entender lo que todo esto significaba y
por qu Rama haba sonredo. Estaba confundido ante el com-
portamiento del hombre. Dijo: Anda, botero! No entiendo de qu
hablas. Qu relacin tiene el mantener a tu familia con tu deber
de llevar a Rama al otro lado del ro? Ests acaso pidiendo que
Rama te pague ms por este oficio que has heredado? Si es as,
nicamente ests revelando tu ambicin. En caso de que tus ga-
nancias no sean suficientes para mantener a tu familia, yo estoy
dispuesto a aumentarlas, como jefe de la regin. No trates de ob-
tener de Ramachandra lo que te hace falta. Atiende tu negocio y
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alista el bote. Guha se enojaba ante la persistencia del botero,


quien al or esto explic que haba odo decir a la gente que los
pies de Rama tenan un poder peculiar. Dicen que cuando los
pies hicieron contacto con una piedra, sta se convirti en mujer.
Mi bote fue hecho juntando muchas piezas de madera. Si cada
tabla se convierte en una mujer, mi seor me las dejara todas sin
cuidado, puesto que se habran formado con las maderas que
componen mi bote. Cmo podra yo soportar esta carga adicio-
nal? Pero si le lavo los pies antes de que pasen al bote, puedo
estar libre de temor. Adems, si salpico el agua de la ablucin so-
bre mi cabeza, me lavara tambin mis pecados. Por eso, permi-
te, por favor, que mi deseo se cumpla.
Guha se perdi en sus pensamientos. Pero Rama llam al
botero para que se acercara y le dijo con una sonrisa que le ilu-
minaba la cara: Querido hombre, ven, lvame los pies, y colo-
c sus pies en las manos del botero, cuya alegra no conoci l-
mites. Mantuvo los pies en las palmas de sus manos y los lav
con gran cuidado y amor, sin descuidar los espacios entre los de-
dos, usando para ello el agua sagrada del ro Ganges. Luego ro-
ci con esa agua su propia cabeza y todos los rincones del bote,
para protegerlos de los poderes malficos. Estaba inmensamen-
te complacido con el xito de su plan.
Sostuvo la mano de Rama cuando ste puso su pie en el bo-
te y lo abord. Rama ayud a Sita, teniendo su mano firmemen-
te en la suya, e hizo que Lakshmana se sentara a su lado en una
de las tablas transversales. Hablaban entre s de la devocin e
inocencia del botero y gozaban del movimiento que haca el bo-
te sobre las aguas. Conversaban con Guha y el tiempo transcu-
rri tan rpidamente que ya se encontraban en la otra ribera sin
haberse dado cuenta del trayecto. Rama fingi estar avergonza-
do de no tener ni siquiera una caracola que ofrecer al botero en
lugar de los honorarios. Sita saba por instinto cules eran los
sentimientos de su seor. As que sac un anillo de su dedo y lo
puso en la mano de Rama, quien llam al botero y le dijo: Ten:
stos son tus honorarios. Tmalo. El botero cay a los pies de
Rama exclamando: Seor! Este da he obtenido el regalo de re-
galos. Todos mis pecados han sido reducidos a polvo. He que-
dado liberado de la abominable condena de nacimiento y muer-
te. Las congojas que tuve que sufrir durante muchas vidas en la
Tierra, finalmente han dado fruto, mi Dios me ha bendecido, mis
ancestros y mi progenie han sido liberados del pecado con esta
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bendicin. Seor, para m es bastante si recibo y merezco tus


bendiciones! Y cuando vuelvas, oh seor, ven por este camino y
dame la oportunidad de servirte. Eso sera para m lo ms apre-
ciado en mi vida, y se tir cuan largo era ante Rama, con el ros-
tro baado en lgrimas.
Rama y Lakshmana consolaron al botero y trataron de sua-
vizar su xtasis. Intentaron convencerlo de que recibiera el rega-
lo, pero l protest diciendo: Si acepto honorarios por pasarte a
ti por este pequeo ro, dime cunto recibes por pasar genera-
ciones de mi linaje y millones de mis congneres a travs del
vasto y terrible ocano de nacimientos y muertes, el cual arras-
tra a todos los seres en la corriente de los cambios. Yo estoy su-
mergido en la bienaventuranza desde que recib esta oportuni-
dad; por favor, no me comprometas ms forzndome a aceptar
un pago por esta feliz oportunidad que ha cruzado mi camino.
Estas palabras conmovieron el corazn de Rama, quien sinti
que no sera bueno presionarlo ms y lo bendijo y le dio permiso
para irse.
Rama y Lakshmana colocaron sus arcos y flechas en telas
extendidas a la orilla y entraron en el Ganges para baarse.
Cuando salieron, Sita tambin entr en el agua del sagrado ro y,
despus del bao, ofreci sus oraciones a Ganga y jur que re-
gresara despus de haber pasado catorce felices aos con su
seor, rociando su cabeza con el agua sagrada en agradeci-
miento por la conclusin del exilio.
Ms tarde, Rama llam a Guha y le dijo: Querido amigo, he
aprovechado para mi propio uso demasiado de tu tiempo. Ahora
debes volver a tu ciudad. Cuando esta orden lleg al odo de
Guha, la expresin de su cara se descompuso y las lgrimas flu-
yeron en abundancia sobre sus mejillas. Con las palmas juntas,
rog: Rama, por favor escucha mis palabras. Yo estar contigo
por algn tiempo; conozco todas las veredas de la jungla y pue-
do darte informacin til. Estoy deseoso de servirte, te ruego que
no me niegues esto. Rama se puso feliz de ver el amor y la de-
vocin de Guha y acept su compaa. Caminando alguna dis-
tancia, se detuvieron unos momentos al caer la noche para des-
cansar bajo un frondoso rbol. Guha y Lakshmana se apresura-
ron a barrer el lugar dejndolo limpio para el descanso de Rama
y Sita. Los frutos de aquel rbol se vean muy dispuestos a caer
y servir a los divinos visitantes: estaban rojos de excitacin y ale-
gra. Guha y Lakshmana juntaron los frutos y los colocaron sobre
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anchas hojas ante Sita y Rama, pero Ramachandra pregunt a


su hermano: Lakshmana, podemos comer estos frutos sin an-
tes efectuar los ritos de la tarde? As pues, se encaminaron a
Prayag, la confluencia de los ros sagrados, que se hallaba cer-
ca de all, y gozaron de la divina vista antes de tomar su bao. Y
cuando regresaban del ro, Rama describi las glorias del lugar;
dijo que el poder de las aguas en la confluencia de los tres ros
sagrados era tan grande, que limpiara a un ser de todos los pe-
cados que mancharan su mente.

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INDICE

Este libro (N. Kasturi) ........................................................... 5


El significado interno (Bhagavan Sri Sathya Sai Baba) ....... 9

1. Rama: prncipe y principio .............................................. 11


2. La dinasta imperial ........................................................ 17
3. Ningn descendiente ...................................................... 27
4. Los hijos ......................................................................... 35
5. El gur y sus discpulos ................................................. 47
6. El llamado y la primera victoria ...................................... 59
7. Ganando a Sita .............................................................. 83
8. Otro reto ......................................................................... 127
9. Preparativos para la coronacin .................................... 137
10. Las dos gracias .............................................................. 147
11. Lakshmana tambin ....................................................... 171
12. Sita insiste y gana .......................................................... 195
13. En el exilio ...................................................................... 207
14. Llegada al bosque .......................................................... 215

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EL GITA
Sathya Sai Baba

Entre dos ejrcitos contrincantes! Ah est el significado del Gita. Por


un lado, las fuerzas de la rectitud, representadas por los hermanos
Pandavas; por el otro, las fuerzas de lo incorrecto, encarnadas en los
Kauravas. En un lado, lo bueno. En el otro, lo malo. Ante este doble
impulso, Arjuna, incapaz de decidir el curso que ha de tomar, llora de
desesperacin y el Seor Krishna recita el Gita. He aqu la visin
sinttica y moderna que nos da Sai Baba sobre esta histrica narracin,
cuya enseanza es siempre permanente.
238

ESWARAMA,
LA MADRE ELEGIDA
N. Kasturi

A Eswarama le toc en suerte la tarea rayana en lo imposible de


expandir su conciencia ms all del cerco de montaas, ms all de la
barrera impuesta por tradiciones, tabes y de los muros levantados por
costumbres y castas: ser la Madre del Avatar de esta Era. Cargada con
el prestigio y el perdonable orgullo de la ms preciosa maternidad a
que mujer alguna pueda aspirar, no le fue posible evitar, pese al
esfuerzo constante, el homenaje que atraa hacia s. Pero igual que
cualquier otro aspirante espiritual ansioso por ganar Su Gracia, tambin
ella tuvo que recorrer la senda interior que lleva de la multiplicidad a la
unidad, de la dispersin a la concentracin, del egosmo al desapego,
de la pasin a la serenidad, de la indiferencia al amor. Pero quizs la
prueba mayor haya sido trascender el amor maternal y apegado hacia el
hijo que estaba destinado a vivir para Sus devotos.
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UN SACERDOTE
ENCUENTRA A SAI BABA
Mario Mazzoleni

Durante quince aos, el Padre Mazzoleni, miembro de la Academia


Alfonsiana de Roma, estudi el fenmeno Sai Baba en busca de
elementos que probaran que es una Encarnacin Divina. Analiza en
profundidad la separacin respecto del dogma y el prejuicio al
descubrimiento de la unidad fundamental de todo credo religioso,
ms all de las culturas que lo expresan. La crnica de su encuentro
con Baba y los detalles de su vida en el ashram (comunidad), es
dedicada por el autor (pese a su excomunin por hereja) A mi
Madre, la Iglesia Catlica, porque sigo amndola a pesar de sus
incomprensiones. Y con seriedad escrupulosa este
telogo asume que, como Jess, Sai Baba conoce el pasado, el presente
y el futuro de cada cosa pero, por sobre todo, sale de l una armona
extraterrena.
240

RAMAKATHA
La Historia de Rama
Vol. 2

A punto de ser coronado rey de Ayodhya de manos de su padre


Dasarata, Rama es expulsado injustamente a la jungla durante
14 aos, donde es seguido por Sita, su esposa, y Lakshmana,
su hermano y ms fiel servidor.
Con este doloroso cuadro comienza el Ramakatha (Segunda Parte).
Los aos transcurridos por Rama en el destierro, y las duras
pruebas a las que lo enfrenta su destino, no hacen sino
evidenciar la diamantina esencia de su Divinidad.
Rama es ejemplo de conducta a travs de todo este drama,
mostrndonos en cada oportunidad el camino recto, la accin justa
y la actitud ecunime frente a las ms increbles circunstancias.
La historia nos ayuda a reflexionar sobre nuestra vida, viendo en cada
hecho la prueba para poner en prctica tan inspiradoras enseanzas.

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