TRADICION AL RINCON QUITA CALZON
- Ricardo Palma -
El obispo Chvez de la Rosa era rector de un convento en Arequipa.
Un da tubo que suplir a un maestro ausente y se dedico a recordar algo de latn
con los alumnos; propuso una pregunta: quid est oratio!, pero ningn alumno le
supo contestar.
Molesto el cura orden a cada uno que vaya Al Rincn Quita Calzn!
As ocurri hasta que le pregunto al ms pequeo de la clase. El nio se burl del
cura demorando una respuesta que no sabia.
El cura iracundo le ordeno tambin AL RINCN QUITA CALZN, pero como el nio
se retiraba refunfuando algo entre dientes, el sacerdote insisti por el que
murmuraba.
Entonces el nio le propuso una interrogante al maestro: Cuantas Veces Se
Repite En La Misa El Dominues Vubis Cum?
Y por mas que el cura trat de recordar no pudo hacerlo; entonces el nio tambin
lo envi a el al rincn quita calzn! La burla de los estudiantes fue total.
El cura no tubo ms remedio que perdonar a todos el castigo propuesto y se retiro
completamente avergonzado.
Tiempo despus el cura retorno a su natal Espaa y se llevo al pequeo travieso
como pupilo, aya lo educo esmeradamente para que aos despus retornara al
Per convertido en un intelectual erudito:
don Francisco Javier de Luna Pizarro, presidente de la primera asamblea
constituyente del Per.
ARRE, BORRICO! QUIEN NACI PARA POBRE NO HA DE SER RICO
TRADICIONES PERUANAS DE RICARDO PALMA
Unos dicen que fue en Potos y otros en Lima donde tuvo origen este popular
refrn. Sea de ello lo que fuere, ah va tal como me lo contaron.
Por los aos de 1630 haba en la provincia de Huarochir (voz que signifi ca
calzones para el fro, pues el Inca que conquist esos pueblos pidi semejante
abrigo) un indio poseedor de una recua de burros con los que haca frecuentes
viajes a Lima, trayendo papas y quesos para vender en el mercado.
En uno de sus viajes encontrse una piedra que era rosicler o plata maciza. Trjola
a Lima, ensela a varios espaoles, y estos, maravillados de la riqueza de la
piedra, hicieron mil agasajos y propuestas al indio para que les revelase su
secreto.
Este se puso retrechero y se obstin en no decir dnde se encontraba la mina de
que el azar lo haba hecho descubridor.
Vuelto a su pueblo, el gobernador, que era un mestizo muy ladino y compadre del
indio, le arm la zancadilla.
Mira, compadre le dijo, t no puedes trabajar la mina sin que los viracochas te
maten para quitrtela. Denuncimosla entre los dos, que
conmigo vas seguro, pues soy autoridad y amigos tengo en palacio.
Tanta era la confi anza del indio en la lealtad del compadre, que acept el partido;
pero como el infeliz no saba leer ni escribir, encargse el mestizo de organizar el
expediente, hacindole creer como artculo de fe que en los decretos de amparo y
posesin figuraba el nombre de ambos socios.
As las cosas, amaneci un da el gobernador con gana de aduearse del tesoro, y
le dio un puntapi al indio.
Este llev su queja por todas partes sin encontrar valedores, porque el mestizo se
defenda exhibiendo ttulos en los que, segn hemos dicho, solo l resultaba
propietario.
El pastel haba sido bien amasado, que el gobernador era uno de aquellos pcaros
que no dejan resquicio ni callejuela por donde ser atrapados.
Era uno de los que bailan un trompo en la ua y luego dicen que es bromo y no
pajita.
Como nico recurso aconsejaron almas piadosas al tan traidoramente despojado
que se apersonase con su querella ante el virrey del Per, que lo era entonces el
seor conde de Chinchn, y una maana, apendose del burro, que dej en la
puerta de palacio, colse nuestro indio por los corredores de la casa de gobierno, y
como quien boca tiene a Roma llega, encaminronlo hasta avistarse con su
excelencia, que a la sazn se encontraba en el jardinillo acompaado de su
esposa.
Expuso ante l su queja, y el virrey lo oy media hora sin interrumpirlo, silencio
que el indio crea de buen agero. Al fi n el conde le dio la estocada de muerte,
dicindole que, aunque en la conciencia pblica estaba que el mestizo lo haba
burlado, no haba forma legal para despojar a este, que comprobaba su derecho
con documento en regla.
Y termin el virrey despidindole cariosamente con estas palabras:
Resgnate, hijo, y vete con la msica a otra parte.
Apurado este desengao, retirse mohno el querellante, mont en su asno y,
espolendolo con los talones, exclam:
iArre, borrico! Quien naci para pobre no ha de ser rico.
TRADICION EL CLARIN DE CANTERAC
- Ricardo Palma -
Recio batallar el de la caballera patriota y realista en Junn.
Un solo pistoletazo (que en Junn no se gasto ms plvora) y media hora de
esgrima y sable. Combate de centauros ms que de hombres.
Canterac, seguido de su clarn de rdenes, recorra el campo, y el clarn tocaba
incesantemente a degello.
Ese clarn pareca tener el don de la ubicuidad. Se le oa resonar en todas partes;
era como la simblica trompeta del juicio final.
"A la izquierda, a la derecha, en el centro, a la retaguardia, siempre el clarn.
Mientras el resonara no era posible la victoria. El clarn espaol, l solo, mantena
indeciso el xito". (Capella Toledo).
Necochea y Miller enviaron algunas unidades en direcciones diversas, sin ms
encargo que hacer enmudecer ese maldecido clarn.
Empeo intil. El fatdico clarn resonaba sin descanso, y sus ecos eran cada vez
ms siniestros para la caballera patriota, en cuyas filas empezaba a cundir el
desorden.
Necochea, acribillado de heridas, caa del caballo diciendo al capitn Herrn:
-Capitn, djeme morir, pero acalle antes ese clarn.
Y la caballera realista ganaba terreno, y un sargento, Soto (limeo, que muri en
1882 en la clase de comandante) tomaba prisionero a Necochea, ponindolo a la
grupa de su corcel.
Puede escribirse que la derrota estaba consumada. El Sol de los Incas se eclipsaba
y la estrella de Bolvar palideca.
De pronto ces de orse el atronador, el mgico clarn. Qu haba pasado?
Un escuadrn peruano de reciente formacin, recluta, digmoslo as, al que por su
impericia haba dejado el general relegado, carga bizarramente por un flanco y por
retaguardia a los engredos vencedores y el combate se restablece. Los derrotados
se rehacen y vuelven con bro sobre los escuadrones espaoles.
El general Necochea se reincorpora.
-Victoria por la patria! - dice al pelotn de soldados realistas que lo conduca
prisionero.
-Victoria por el rey! - contesta el sargento Soto.
-No - insiste el bravo argentino -.
Ya no se oye el clarn de Canterac, estn ustedes derrotados.
Y as era, en efecto. La tornadiza victoria se declaraba por el Per y Necochea era
rescatado.
-Vivan los hsares de Colombia! - gritaba un jefe aproximndose a Bolvar.
-La pin. pinela! - contest el libertador, que haba presenciado los incidentes
todos del combate - Vivan los hsares del Per!
-El capitn Herrn haba logrado tomar prisionero al infatigable clarn de Canterac,
y en el mismo campo de batalla lo presentaba rendido al general Necochea.
ste, irritado an con el recuerdo de lasx recientes peripecias o exasperado por el
dolor de las heridas dijo lacnicamente:
-Que lo fusilen.
-General. - observ Herrn interrumpindolo.
-O que se meta fraile - aadi Necochea, como completando la frase.
-Mi general, me har fraile - contest precipitadamente el prisionero.
-Me empeas tu palabra? - insisti Necochea.
-La empeo, me general.
-Pues ests en libertad. Haz de tu capa un sayo.
Terminada la guerra de independencia, el clarn de Canterac visti en Bogot el
hbito de fraile, en el convento de San Diego.
La Historia lo conoce con el nombre de el padre Tena.
IJURRA! NO HAY QUE APURAR LA BURRA! - TRADICIONES PERUANAS DE
RICARDO PALMA
I
No saben ustedes quin fue Ijurra? Pues es raro!
Don Manuel Fuentes Ijurra era, por los aos de 1790, el mozo ms rico del Per;
como que posea en el Cerro de Pasco una mina de plata, que durante quince aos
le produjo mil doscientos marcos por cajn. Aquello era de cortar a cincel.
Ijurra era de un feo subido de punto, tena ms fealdad que la que a un solo
cristiano cumple y compete, realzada con su desgreo en el vestir.
En cambio era rumboso y gastador, siempre que sus larguezas dieran campo para
que de l se hablara.
As, cuando delante de testigos, (sobre todo si estos eran del sexo que se viste
por la cabeza) le pedan una peseta de limosna, meta Ijurra mano al bolsillo y
daba algunas onzas de oro, diciendo: Socrrase, hermano, y perdone la
pequeez.
Por el contrario, si una viuda vergonzante u otro necesitado acuda a l en secreto,
pidindole una caridad, contestaba Ijurra:
Yo no doy de comer a ociosos ni a pelanduscas: trabaje el bausn, que buenos
lomos tiene, o vaya la buscona al tambo y a los portales.
No quiero hablar de las conquistas amorosas que hizo Ijurra, gracias a su caudal,
porque este tema podra llevarme lejos. Como que le birl la moza nada menos
que al regidor Valladares, sujeto a quien no tuve el disgusto de conocer
personalmente, pero del cual tengo largas noticias, que por hoy dejo en el fondo
del tintero.
Visto est, pues, que a Ijurra le haba agarrado el diablo por la vanidad, y que
para l fue siempre letra muerta aquel precepto evanglico de no sepa tu izquierda
lo que des con tu derecha. El lujo de su casa, su coche con ruedas de plata y la
esplendidez de sus festines, formaron poca.
En esos tiempos en que no estaban en boga las tinas de mrmol ni el sistema de
caeras para conducir el agua a las habitaciones, acostumbraba la gente
acomodada humedecer la piel en tinas de madera.
Las calles de Lima no estaban canalizadas como hoy, sino cruzadas por acequias
repugnantes a la vista y al olfato.
Los vecinos, para impedir que las tablas se resecasen y descendieran de su
armazn, hacan po ner las tinas en la acequia durante un par de horas.
Pues el seor Ijurra tena la vanidosa extravagancia de hacer re mojar enla
acequia una tina de plata maciza.
Cuntase de l que un da mand aplicar veinticinco zurriagazos a un espaol
empleado en la mina. El azotado puso el grito en el cielo y entabl querella
criminal contra Ijurra.
El proceso duraba ya dos aos, presentando mal cariz para el insolente criollo.
Este comprendi que, a pesar de sus millones, corra el peligro de ir a la crcel, y
para evitarlo pidi consejo a la almohada, que, dicho sea de paso, es mejor
consejero que los de Estado.
Presentsele al otro da el escribano a notificarle un auto judicial, y despus de
firmar la diligencia, fi ngiendo Ijurra equivocar la salva dera,
verti sobre el proceso el enorme cangiln de plata que le serva de tintero.
El escribano, al ver ese repentino diluvio de tinta, se tom la cabeza entre las
manos, gritando:
Jess me ampare! Estoy perdido!
No se alarme le interrumpi Ijurra, que para borrn tama o, uso yo de esta
arenilla.
Y cogiendo un saco bien relleno de onzas de oro las ech encima del proceso,
recurso mgico que bast para tranquilizar el espritu del cartulario, quien no
sabemos cmo se las compuso con el juez.
Vaya si tuvo razn el poeta aquel que escribi esta redondilla:
El signo del escribano, dice un astrlogo ingls, que el signo de Cncer es, pues
come a todo cristiano.
Lo positivo es que el de los azotes, viendo que llevaba dos aos de litigio y que era
cuestin de empezar de nuevo a gastar papel sellado, se avino a una transaccin y
a quedarse con la felpa a cambio de peluconas.
No sin fundamento, dice un amigo mo, que todo anda metalizado: desde el
apretn de manos hasta los latidos del corazn.
II
En la calle de Bodegones exista un italiano relojero, el cual ostentaba sobre el
mostrador un curioso reloj de sobremesa. Era un reloj con torrecillas, campanitas
chinescas, pajarillo cantor y no s qu otros muecos automticos.
Para aquellos tiempos era una verdadera curiosidad, por la que el dueo peda tres
mil duretes; pero el reloj all se estaba meses y meses sin encontrar comprador.
La tienda de Bodegones era sitio de tertulia para los lechuguinos contemporneos
del virrey bailo Gil y Lemos, a varios de los que dijo una tarde el relojero:
Per Bacco! Mucho de que el Per es rico y rumbosos los peruleros, y salimos,
Santa Madona de Sorrento!, con que es tierra de gente roosa y cominera. En
Europa habra vendido ese relojillo en un abrir y cerrar de ojos, y en Lima no hay
hombre que tenga calzones para comprarlo.
Lleg a noticia de Ijurra el triste concepto en que el italiano tena a los hijos del
Per, y sin ms averiguarlo cogi capa y sombrero, y seguido de tres negros,
cargados con otros tantos talegos de a mil, entr en la relojera diciendo muy
colrico:
Oiga usted, o Fifi rriche, y aprenda crianza para no llamar tacaos a los que le
damos el pan que come. Mo es el reloj, y ahora vea el muy desvergonzado el caso
que los peruanos hacemos del dinero.
Y saliendo Ijurra a la puerta de la tienda tir el reloj al suelo, lo hizo pedazos con
el tacn de la bota, y los muchachos que a la sazn pasaban se echaron sobre los
destrozados fragmentos.
A uno de los parroquianos del relojero no hubo de parecerle bien este arranque de
vanidad, o nacionalismo, porque al alejarse el minero le grit:
Ijurra! Ijurra! No hay que apurar la burra! palabras con las que quera
significarle que al cabo podra la fortuna volverle la espalda, pues tan sin ton ni
son despilfarraba sus dones.
La verdad es que estas palabras fueron para Ijurra como maldicin de gitano;
porque pocos das despus, y a revientacaballos, llegaba a Lima el administrador
de la mina con la funesta noticia de que esta se haba inundado.
Qu cierto es que las desdichas caen por junto, como al perro los palos, y que el
mal entra a brazadas y sale a pulgaradas! Ijurra gast la gran fortuna que le
quedaba en desaguar la mina, empresa que ni l ni sus nietos, que an viven en el
Cerro de Pasco, vieron realizada. Y este fracaso, y prdidas de fuertes sumas en el
juego, lo arruinaron tan completamente, que muri en una covacha del hospital de
San Andrs.
Aqu es el caso de decir con el refrn: Mundo, mundillo, nacer en palacio y acabar
en ventorrillo.
Desde entonces qued por frase popular, entre los limeos, el decir a los que
derrochan su hacienda sin cuidarse del maana:
Ijurra! No hay que apurar la burra!
TRADICION HISTORIA DE UN CAONCITO
- Ricardo Palma -
Segn Palma no a habido peruano que conociera bien su tierra y a los hombres de
su tierra como don Ramn Castilla.
Para l la empleomana era la tentacin irresistible y el mvil de todas las acciones
de los hijos de la patria.
Estaba don Ramn en su primera poca de gobierno, y era el da de su
cumpleaos (31 de agosto de 1849).
Corporaciones y particulares acudieron al gran saln de palacio a felicitar al
supremo mandatario.
Se acerc un joven a su excelencia y le obsequi, en prenda de afecto, un dije
para el reloj.
Era un microscpico caoncito de oro montado sobre una cureita de filigrana de
plata: un trabajo primoroso, en fin, una obra de hadas.
El presidente agradeci, cortando las frases de la manera peculiar muy propia de
l. Pidi a uno de sus edecanes que pusiera el dije sobre la consola de su
gabinete.
Don Ramn se negaba a tomar el dije en sus manos por que afirmaba que el
caoncito estaba cargado y no era conveniente jugar con armas peligrosas.
Los das transcurrieron y el caoncito permaneca sobre la consola, siendo objeto
de conversacin y curiosidad para los amigos del presidente, quien no se cansaba
de repetir:
Eh! Caballeros hacerse a un lado, o hay que tocarlo el caoncito apunta, no
se si la puntera es alta o baja, no hay que arriesgarse,, retrense no respondo
de averas.
Y tales eran las advertencias de don Ramn, que los palaciegos llegaron a
persuadirse de que el caoncito sera algo ms peligroso que una bomba o un
torpedo.
Al cabo de un mes el caoncito desapareci de la consola, para formar parte de los
dijes que adornaban la cadena del reloj de su excelencia, por la noche dijo el
presidente a sus tertulios:
Eh! Seores ya hizo fuego el caoncito, puntera b aja poca plvora
proyectil diminuto ya no hay peligro examnenlo.
Lo que haba sabido es que el artificio del regalo aspiraba a una modesta plaza de
inspector en el resguardo de la aduana del Callao, y que don Ramn acababa de
acordarle el empleo.
La tradicin finaliza con una moraleja en la que Palma manifiesta que los regalos
que los chicos hacen a los grandes son, casi siempre, como el caoncito de don
Ramn.
Traen entripado y puntera fija. Da menos, da ms. Pum!, lanza el proyectil.
TRADICION LA ULTIMA FRASE DE BOLIVAR
- Ricardo Palma -
La escena pasa en la hacienda San Pedro Alejandrino, y en una tarde de diciembre
del ao 1830.
En el espacioso corredor de la casa, y sentado en un silln de baqueta, vease a un
hombre demacrado, a quien una tos cavernosa y tenaz convulsionaba de hora en
hora.
El mdico, un sabio europeo, le propinaba una pocin calmante, y dos viejos
militares, que silenciosos y tristes paseaban en el saln, acudan solcitos al
corredor.
Ms que de un enfermo se trataba ya de un moribundo, pero de un moribundo de
inmortal renombre.
Pasado un fuerte acceso, el enfermo se sumergi en profunda meditacin, y al
cabo de algunos minutos dijo con voz muy dbil:
- Sabe usted, doctor, lo que me atormenta al sentirme ya prximo a la tumba?
- No, mi general.
- La idea de que tal vez haya edificado sobre arena movediza y arado en el mar.
Y un suspiro brot de los ms ntimo de su alma y volvi a hundirse en su
meditacin.
Transcurrido gran rato, una sonrisa tristsima se dibuj en su rostro y dijo
pausadamente:
- No sospecha usted, doctor, quines han sido los tres ms insignes majaderos
del mundo?
- Ciertamente que no, mi general.
- Acrquese usted, doctor., se lo dir al odo.
Los tres grandsimos majaderos hemos sido Jesucristo, Don Quijote y yo.
TRADICIONES PERUANAS DE RICARDO PALMA
- LOS CACIQUES SUICIDAS -
La provincia de Cotac-pampas (llano de mineros) estaba en los tiempos del ltimo
inca dividida en dos cacicazgos, cuyos lmites mar caba la cordillera de Acca-cata.
El ms importante de los cacicazgos era conocido con el nombre de Yanahuara, y
su vecino con el de Cotaneras. An existen, en ruinas, los dos palacios que
habitaron los respectivos seores feudales.
El cacique de Yanahuara tena ya reunida inmensa cantidad de oro para contribuir
al rescate de Atahualpa, cuando recibi la noticia de que los espaoles haban
dado muerte al soberano.
El cacique mand construir entonces una escalera de piedra, que le sirvi para
transportar el tesoro a la empinada cueva de Pitic; luego hizo destruir la escala y
se enterr vivo en aquella inaccesible altura.
Los naturales agregan que en ciertos aniversarios fnebres se ve, en medio de las
tinieblas de la noche, un ligero resplandor, que para ellos representa el espritu de
su cacique vagando en el espacio.
En la poca de los Incas se sacaba mucho oro de los terrenos aurferos de Cotac-
pampas, y an es fama que en 1640 trabajaban cuatro portugueses.
IMAGEN: [Link]
la mina Hierba uma con pinge provecho. Una noche armse entre ellos grave
pendencia, recurrieron a las armas, murieron tres, acudi la justicia, y el
portugus que qued con vida, para no caer preso, acerc la lmpara a un barril
de plvora, cuya explosin ocasion el derrumbe de la mina.
En el primer ao de la fundacin de Lima, dispuso don Francisco Pizarro que se
trajesen en tralla indios de los alrededores de la ciu dad para que sirviesen de
albailes.
El cacique de Huansa y Carampoma se neg tenazmente a cum plir una orden que
humillaba la dignidad de los suyos; y en la impo sibilidad de oponer resistencia al
desptico mandato prefi ri, a ser tes tigo del envilecimiento de sus sbditos,
enterrarse en una cueva, cuya boca hizo cubrir con una gran piedra labrada.
Hoy mismo, siempre que los indios de la provincia de Huarochircelebran sus fi
estas, llevan fl ores y provisiones que colocan sobre dicha piedra, y consideran el
nombre del cacique como el de un genio protector de la comarca.
TRADICION LOS MOSQUITOS DE SANTA ROSA DE LIMA
- RICARDO PALMA -
Cruel enemigo es el zancudo o mosquito de trompetilla, cuando se le viene en
antojo revolotear en torno a nuestra almohada, haciendo imposible el sueo con
su incansable musiquera.
Qu reposo para leer ni escribir tendr un cristiano si en lo mejor de la lectura o
cuando se halla absorbido por los conceptos que del cerebro traslada al papel, se
siente interrumpido por el impertinente animalejo?
No hay ms que cerrar el libro y arrojar la pluma, y coger el plumerillo o abanico
para ahuyentar al malcriado.
Creo que una nube de zancudos es capaz de acabar con la paciencia de un santo,
aunque sea ms cachazudo que Job y hacerlo renegar como un posedo.
Por eso mi paisana Santa Rosa, tan valiente para mortificarse y soportar dolores
fsicos, hall que tormento superior a sus fuerzas morales era el de sufrir, sin
refunfuo, las picadas y la orquesta de los alados musiquines.
Y ah va, a guisa de tradicin, lo que sobre el tema tal refiere de los bigrafos de la
santa limea.
Sabido es que en la casa en que naci y muri la Rosa de Lima, hubo un espacioso
huerto en el cual se edific la santa una ermita u oratorio destinado al
recogimiento y penitencia. Los pequeos pantanos que las aguas de regado
forman, son criaderos de miriadas de mosquitos y como la santa no poda pedir a
su Divino Esposo que, en obsequio de ella, alterase las leyes de la naturaleza, opt
por parlmentar con los mosquitos. As deca:
Cuando me vine para habitar esta ermita, hicimos pleito homenaje los mosquitos
y yo, de que no los molestara, y ellos de que no me picaran ni haran ruido.
Y el pacto se cumpli por ambas partes, como no se cumplen... ni los pactos
politiqueros.
Aun cuando penetraban por la puerta y ventanilla de la ermita, los bullangueritos y
lanceteros guardaban compostura hasta que con el alba, al levantarse la santa, les
deca:
Ea, amiguitos, id a alabar a Dios!
Y empezaba un concierto de trompetillas, que slo terminaba cuando Rosa les
deca:
Ya est bien, amiguitos: ahora vayan a buscar su alimento.
Y los obedientes sucsorios se esparcan por el huerto.
Ya al anochecer los convocaba, dicindoles:
Bueno ser, amiguitos, alabar conmigo al Seor que los ha sustentado hoy.
Y repetase el matinal concierto, hasta que la bienaventurada deca:
A recogerse amigos, formalitos y sin hacer bulla.
Eso se llama buena educacin, y no la que da mi mujer a nuestros nenes, que se
le insubordinan y forman algazara cuando los manda a la cama.
No obstante, parece que alguna vez se olvid la santa de dar orden de buen
comportamiento a sus sbditos; porque habiendo ido a visitarla en la ermita una
beata llamada Catalina, los mosquitos se cebaron en ella. La Catalina, que no
aguantaba pulgas, dio una manotada y aplast un mosquito.
Qu haces hermana? dijo la santa, Mis copaeros me matas de esa manera?
Enemigos mortales que no compaeros, dijera yo replic la beata. Mira ste
cmo se haba cebado en mi sangre, y lo gordo que se haba puesto!
Djalos vivir hermana: no me mates a ninguno de estos probrecitos, que te
ofrezco no volvern a picarte, sino que tendrn contigo la misma paz que conmigo
tienen.
Y ello fue que, en lo sucesivo, no hubo zancudo que se le atreviera a Catalina.
Tambin la santa en una ocasin tuvo que valerse de sus amiguitos para castigar
los remilgos de Francisquita Montoya, beata de la Orden Tercera, que se resista a
acercarse a la ermita, por miedo de que la picasen los jenjenes.
Pues tres te han de picar ahora le dijo Rosa, uno en el nombre del Padre, otro
en el nombre del Hijo y otro en nombre del Espritu Santo.
Y simultneamente sinti la Montoya en el rostro el aguijn de los tres mosquitos.
Y comprobado el dominio que tena Rosa sobre los bichos y animales domsticos;
refiere el cronista Melndez que la madre de nuestra santa criaba con mucho
mimo un gallito que, por lo extrao y hermoso de la pluma, era la delicia de la
casa. Enferm el animal y postrose de manera que la duea dijo:
Si no mejora, habr que matarlo para comerlo guisado.
Entonces Rosa cogi el ave enferma y acaricindola dijo:
Pollito mo, canta de prisa, pues si no cantas, te guisa.
Y el pollito sacudi las alas, encresp las plumas y muy regocijado solt un
Quiquiriqu!
(Qu buen escape el que d!)
Quiquiricuando!
(Ya voy, que me estn peinando).
Tradiciones peruanas
Tradiciones peruanas
de Ricardo Palma
Idioma Castellano
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Tradiciones peruanas es el ttulo con el que se conoce el conjunto de textos escritos por el
peruano Ricardo Palma, que fue publicando a lo largo de varios aos en peridicos y revistas.
Se trata de relatos cortos de ficcin histrica que narran, de forma entretenida y con el
lenguaje propio de la poca, sucesos basados en hechos histricos de mayor o menor
importancia, propios de la vida de las diferentes etapas que pas la historia del Per, sea
como leyenda o explicando costumbres existentes. Aunque su valor como fuente histrica es
limitado y no confiable, su valor literario es enorme.
Las Tradiciones peruanas surgieron en el ambiente periodstico donde se movi su autor. Las
primeras se publicaron como artculos en diarios o revistas de la poca. La forma, en un inicio,
no estaba ni pensada ni definida. La idea de narrar un suceso llevaba al autor a ponerle
nombres como articulito, reminiscencia fiel, cuento, etc.
Las Tradiciones de Palma tienen caractersticas propias, entre otras:
Usan un lenguaje popular repleto de refranes, proverbios, canciones, coplas, entre
otros.
Se basan en un suceso histrico que tiene sustento en archivos o documentos.
Palma fue el bibliotecario de la Biblioteca Nacional del Per.
Tono oral e informal, en muchas ocasiones dialogan con el lector.
Propio del romanticismo, el drama es cargado cuando la narracin as lo requiere.
Crtica de las instituciones y costumbres polticas y religiosas de la poca, que se
describen despus incluso de interrumpir brevemente la narracin antes iniciada.
Al ser relatos cortos, los personajes son diversos.
Las tradiciones tienen un gran valor ya que, si bien no fue invencin de Palma, con l se
da una revitalizacin del gnero de la tradicin, y al mismo tiempo crea un producto
literario peruano propio por sus caractersticas, donde el suceso histrico tocado est lleno
del costumbrismo del pas y donde la historia del Per sirve como ambiente y almaclas
cuando se public la primera edicin argentina.
Son 453 tradiciones, cronolgicamente, dentro de la historia peruana, y 6 de ellas se
refieren al imperio incaico, 339 se refieren al virreinato, 43 se refieren a la emancipacin,
49 se refieren a la repblica y 16 no se ubican en un periodo histrico preciso.
ndice
Contenido
Primera serie:1
Palla-Huarcuna (sobre Un litigio original, tradicin en que La fiesta de San Simn
la poca incaica). el autor halaga pantorrillas o Garabatillo.
Don Dimas de la vanidades como candidato que anda Un predicador de lujo.
Tijereta, cuento de a pesca de votos para calzarse una Predestinacin.
viejas que trata de cmo diputacin al prximo congreso. Dos millones.
un escribano le gan un La casa de Pilatos. Las cayetanas, arma atroz es
pleito al diablo. Bonita soy yo, la el ridculo, y tanto que, hasta
El Cristo de la Agona, Castellanos (o Pues bonita soy yo, tratndose de las cosas
al doctor Alcides la Castellanos), a Simn y Juan buenas, puede ser matadora.
Destruge. Vicente Camacho. Los endiablados.
Mujer y tigre. Justos y pecadores, o de cmo el
El nazareno, de cmo el lobo visti la piel del cordero.
cordero visti la piel del
lobo.
Segunda serie:2
Los caballeros de la El encapuchado: Crnica de Pepe Bandos: Apuntes sobre el
capa: Crnica de una la poca del decimosexto virrey marqus de Castelfuerte.
Guerra Civil. virrey del Per. Lucas el Sacrlego: Crnica de la
Una carta de Indias. Un virrey hereje y un poca del vigsimo nono virrey del
La muerte del factor: campanero bellaco: Crnica Per.
Crnica de la poca del de la poca del Un virrey y un arzobispo: Crnica
primer virrey del Per. decimosptimo virrey del de la poca del trigsimo virrey del
Las orejas del alcalde: Per. Per.
Crnica de la poca del La desolacin de Rudamente, pulidamente,
segundo virrey del Per. Castrovirreina: Crnica de la maosamente.: Crnica de la poca
Un pronstico cumplido: poca del decimoctavo Virrey del virrey Amat.
Crnica de los virreyes del Per. El resucitado: Crnica de la poca
marqus de Caete y El justicia mayor de del trigsimo segundo virrey.
conde de Nieva. Laycacota: Crnica de la El corregidor de Tinta: Crnica de
El Peje chico: Crnica poca del decimonono virrey la poca del trigsimo tercio virrey.
de la poca del quinto del Per. La gatita de Mari-Ramos, que
virrey del Per. Beba, padre, que le da la halaga con la cola y araa con las
La monja de la llave: vida!...: Crnica de la poca manos.: Crnica de la poca del
Crnica de la poca del de mando de una virreina. trigsimo cuarto virrey del Per.
sexto y sptimo virreyes Racimo de horca: Crnica de Pancho Sales el Verdugo: Crnica
del Per. la poca del vigsimo virrey de la poca del virrey-bailo.
Las querellas de Santo del Per. A la crcel todo Cristo!: Crnica
Toribio. La emplazada: Crnica de la de la poca del virrey ingls.
Los malditos. poca del virrey arzobispo. Nadie se muere hasta que Dios
El virrey de los Cortar el revesino: Crnica quiere: Crnica de la poca del
milagros. de la poca del vigsimo trigsimo sptimo virrey del Per.
El tamborcito del pirata. segundo virrey del Per. El virrey de la adivinanza: Crnica
Los duendes del Cuzco. Amor de madre: Crnica de la de la poca del trigsimo octavo
poca del virrey brazo de virrey del Per.
De potencia a potencia.
plata. Buena laya de fraile!!: Crnica
Los polvos de la
Un proceso contra Dios: de la poca del virrey marqus de
condesa: Crnica de la
Crnica de la poca del Viluma.
poca del decimocuarto
virrey del Per. vigsimo cuarto virrey del Con das y ollas venceremos.
Per. El fraile y la monja del Callao.
Una vida por una honra: La fundacin de Santa
Crnica de la poca del Liberata: Crnica de la poca
decimoquinto virrey del del vigsimo quinto virrey del
Per. Per.
Muerte en vida: Crnica de la
poca del Vigsimo sexto y
vigsimo sptimo virreyes.
otras Tradiciones son:3
Carta canta. Los ratones de fray Martn. Altivez de limea.
El padre Pata. El alcalde de Paucarcolla. El Manchay-Puito.
Capricho de limea. Franciscanos y jesuitas. Los escrpulos de
Mosquita muerta. La sandalia de Santo Halicarnaso.
Una aventura del virrey poeta. Toms. La tradicin del himno
La conspiracin de la saya y el Dos palomitas sin hiel. nacional.
manto. Los alcaldes de Arica. El coronel fray Bruno.
El Demonio de los Andes: 01. Feliz barbero!. Fray Juan Sin Miedo.
El Demonio de los Andes: 04. Las tres puertas de san Una moza de rompe y raja.
'El Demonio de los Andes: 06. Pedro. Los tres etcteras del
Quiz quiero, quiz no quiero. Monja y cartujo. Libertador.
La casa de Pizarro. Los tesoros de Catalina La carta de la Libertadora.
Los pasquines del bachiller Huanca. Justicia de Bolvar.
Pajalarga. La faltriquera del diablo. La ltima frase de Bolvar.
Los mosquitos de Santa Rosa. Batalla de frailes. Las mentiras de Lerzundi.
El alacrn de fray Gmez. Una trampa para cazar El chocolate de los
Tauromaquia. ratones. jesuitas.
Motn de limeas. Desdichas de Pirindn. Los siete pelos del diablo.
A iglesia me llamo!. El divorcio de la condesita. Los primitos.
Mical y Nils Genialidades de la Refranero limeo.
Perricholi.
La camisa de Margarita.
El latn de una limea.