Historia de la interpretación del Apocalipsis
Historia de la interpretación del Apocalipsis
HISTORIA DE SU INTERPRETACIN
Ariel lvarez Valds
Santiago del Estero (Argentina)
1) La poca antigua
A) Siglo II: las primeras alusiones
Desde un principio la obra de Juan ejerci una gran influencia literaria
y teolgica entre los escritores eclesisticos, debido a la ayuda que el libro
ofreca a las comunidades cristianas durante el difcil perodo de persecuciones
que debi enfrentar, tanto por parte de las autoridades romanas como de las
judas. La fuerza combativa que el Apocalipsis brindaba, especialmente en re-
lacin con el poder corrupto, serva de gran aliento a los pequeos grupos des-
preciados de creyentes en su enfrentamiento con las poderosas fuerzas del Im-
perio, y los haca sentirse protegidos por el Cordero degollado, vencedor de to-
das las fuerzas del mal2.
1
Entre los trabajos sobre la historia de la interpretacin del Apocalipsis
pueden verse los de M. C. Tenney, Interpreting Revelation, Eerdmans Publishing, Grand
Rapids 1957, 136-146; E. Corsini, Appunti per una lettura teologica dellApocalisse,
en: L. Padovese (ed.), Atti del II Simposio di Efeso su san Giovanni Apostolo, Pontificio
Ateneo Antoniano, Roma 1992, 187-205; C. R. Koester On the Verge of the
Millennium: A History of the Interpretation of Revelation, WW 15 (1995), 128-136; E.
Lupieri, LApocalisse di Giovanni, Fondazione Valla - Arnoldo Mondadori Editore,
Milano 1999, XVII-XXXI.
2
C. Doglio, Duemila Anni di Tentativi. Storia dellInterpretazione
dellApocalisse, PV (6,2000), 5.
A. LVAREZ
Entre los primeros autores que parecen aludir a alguna parte del libro
figuran Cerinto ( 110) y Papas de Hierpolis ( 150). Tambin Justino (
165) e Ireneo de Lyon ( 202) comentan ciertos pasajes del Apocalipsis. To-
dos estos autores del siglo II siguen una lnea interpretativa literal. Paralela-
mente, grupos ms radicales pero tambin de interpretacin literal, inspirndose
en la predicacin de nuevos profetas, comenzaron a anunciar el cumplimiento
inminente de los anuncios apocalpticos, mezclando pasajes del Apocalipsis
con ideas fantsticas y estrambticas. El ms famoso de estos profetas fue
Montano ( 195)3.
3
Sobre Montano pueden verse las ya clsicas obras de P. de Labriolle, La
crise montaniste, Leroux, Paris 1913; idem, Les sources de l'histoire du Montanisme,
Collectanea Friburgensia, Fribourg - Paris 1913. Tambin K. Aland, Der Montanismus
und die kleinasiatische Theologie, ZNW 46 (1955), 109-116.
4
Para la interpretacin bblica de Orgenes, vase R. P. Hanson, Allegory and
Event. A Study of the Sources and Significance of Origen's Interpretation of Scripture,
John Knox, Richmond 1959.
5
En 1911 se encontr una obra en griego que contena diversas frases comen-
tando el Apocalipsis. En un principio fue atribuida a Orgenes (A. de Boysson, Avons-
nous un commentaire dOrigne sur lApocalypse?, RB 10 [1913], 555-567), pero la
crtica posterior se encarg de mostrar que, al menos en bloque, el libro no perteneca a
l. Algunas de sus frases son atribuidas a Ireneo, Clemente de Alejandra o Ddimo el
ciego. Cfr. A. G. Hamman (ed.), LApocalypse explique par Csaire dArles. Scholies
attribues Origne, Les Pres dans la foi III, 36, Descle de Brouwer, Paris 1989, 164.
2
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
6
Scorpiace XI,4: PL 2,168. Cfr. R. P. Hanson, Notes on Tertullians Interpre-
tation of Scripture, JTS 22 (1961), 274. Sobre la exegesis de Tertuliano puede verse T.
P. O'Malley, Tertullian and the Bible: Language - Imagery - Exegesis. Latinitas Chris-
tianorum Primaeva, Dekker and Van De Vegt Nijmegen, Utrecht 1967; J. H. Waszink,
Tertullian's Principles and Methods of Exegesis, en: W.R. Schoedel y R.L. Wilken
(eds.), Early Christian Literature and the Christian Intellectual Tradition: In Honorem
Robert M.Grant, Beauchesne, Paris 1979, 17-31; J. F. Jansen, Tertullian and the New
Testament, SecC 2 (1982), 191-207.
7
In Dan 4,23: PG 10,646. Sobre Hiplito cfr. P. Prigent y R. Stehly, Les
fragments du De Apocalypsi d' Hippolyte, TZ 29 (1973), 313-333.
8
Segn C. Mazzucco y E. Pietrella, Il rapporto tra la concezione del millen-
nio dei primi autori cristiani e lApocalisse di Giovanni, Aug 18 (1978), 36, lo que vol-
vi incmodo y polticamente sospechoso al Apocalipsis en esta poca fue: a) la teora
de los cuatro imperios (subyacente en Ap 6,1-8), que se remonta a Dn 7, y que expresa
una oposicin a las estructuras polticas en general; b) su visin antijerrquica del cris-
tianismo, como reino de sacerdotes (1,6; 5,10; 20,6); c) su vigoroso espritu antiromano
(17,7-14).
9
Sobre la teologa poltica de Eusebio, cfr. R. Farina, Eusebio di Cesarea e la
svolta costantiniana, Aug 26 (1986), 313-334.
3
A. LVAREZ
a) En Occidente
El libro goz de amplia estima, y tuvo gran aceptacin entre los auto-
res11. La interpretacin alegrica de los alejandrinos haba provisto de un arma
poderosa para la deshistorizacin de sus visiones antiromanas, de modo que se
poda ahora espiritualizar cualquier intento de reaccin contra la cristiandad es-
tablecida. As, a partir del siglo IV aparecen los primeros comentarios al Apo-
calipsis12, y a lo largo de esta poca vern la luz unas 20 obras, algunas de ellas
annimas.
10
Cfr. B. Corsani, LApocalisse e lapocalitica del Nuevo Testamento, EDB,
Bologna 1996, 129.
11
Para este apartado puede verse J. Irmscher, La valutazione dellApocalisse
di Giovanni nella Chiesa antica, Aug 29 (1989), 171-176; C. Mazzucco, LApocalisse:
testimonianze patristiche e risonanze moderne, en: M. Naldini (ed.), La fine dei tempi.
Storia e escatologia, Fiesole 1994, 9-23; M. C. Paczkowski, La lettura cristologica
dellApocalisse nella Chiesa prenicena, SBFLA 46 (1996), 187-222; C. Nardi,
LApocalisse nella lettura dei Padri, en: M. Naldini (ed.), La Bibbia nei Padri della
Chiesa, Letture patristiche 8, Bologna 2000, 165-188.
12
Segn Eusebio de Cesarea (HE 4,26: PG 20,392), ya Melitn de Sardes (
180) haba escrito una obra titulada Peri. tou/ diabo,lou kai. th/j vApokalu,yewj vIwa,nnou
(Sobre el Diablo y el Apocalipsis de Juan), de la que no tenemos fragmentos ni dato
alguno sobre su contenido. Posiblemente eran dos libros: Peri. tou/ diabo,lou, y Peri. th/j
vApokalu,yewj vIwa,nnou. Ms seguro es el testimonio de San Jernimo (De viris illustri-
bus 61: PL 23,707), que afirma que Hiplito ( 235) haba dejado un comentario al
Apocalipsis, desgraciadamente tambin perdido. Quizs el hecho de que los primeros
intrpretes del Apocalipsis hayan sido casi todos partidarios del milenarismo haya favo-
recido la desaparicin de estos primeros comentarios.
13
PL 5, 317-344. Sobre la figura de Victorino, vase J. Quasten, Patrologa I,
BAC Maior 206, Madrid 1960, 635-637; C. Curti, Vittorino di Petovio, en: DPAC II,
Casale Monferrato 1984, 3612-3615. Para la edicin crtica de su In Apocalypsin, cfr
Victorin de Poetovio, Sur lApocalypse et outres crits, Introduction, texte critique, tra-
duction, commentaire et index par M. Dulaey, SC 423, Les ditions Du Cerf, Paris
1997.
4
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
naristas de los asiticos. Por eso, en la primera parte del Apocalipsis, captulos
1-19, aplica una exgesis de tipo espiritual. Pero al llegar a los captulos 20-21,
donde se menciona el reino de los mil aos y sus derivaciones, cambia y em-
plea la interpretacin literal. An as, varias secciones de los captulos 20-21 las
comenta segn el mtodo alegrico. Adems, para lograr la unidad de las dife-
rentes visiones sin caer en el historicismo, incorpora la teora de la recapitula-
cin, segn la cual el Apocalipsis no narrara una serie continua de eventos fu-
turos, sino que repite siempre los mismos sucesos bajo formas diferentes14. El
comentario de Victorino se encuentra, pues, a mitad de camino entre las dos
posturas interpretativas: la asitica, ms arcaica, y la simblica, promovida por
Orgenes.
Sin embargo, de todos los comentarios escritos en la antigedad cris-
tiana, el ms importante y el que ms ha influido en la literatura posterior es la
Expositio in Apocalypsin, del obispo donatista Ticonio ( 390)15. Toda la tradi-
cin exegtica latina a partir del siglo IV y hasta el siglo XIII depende de este
comentario al Apocalipsis, desgraciadamente perdido 16. Los crticos durante
dcadas se han dedicado a la tarea de reconstruirlo y recuperarlo a partir de las
citas de autores posteriores, y lo han logrado en gran parte17. El comentario de
Ticonio, que al igual que el de Victorino desarrollaba una interpretacin espiri-
14
G. Biguzzi, I settenari nella struttura dell'Apocalisse. Analisi, storia della
ricerca, interpretazione, Supplementi della Rivista Biblica 31, EDB, Bologna 1996, 54-
55.
15
El estudio ms amplio y completo sobre el Apocalipsis perdido de Ticonio
es el de K. B. Steinhauser, The Apocalypse Commentary of Tyconius. A History of its
Reception and Influence, European University Studies 23, Peter Lang, Frankfurt - Bern -
New York 1987. Tambin puede verse A. Pincherle, Alla ricerca di Ticonio, SSR 2
(1978), 357-365; E. Romero Pose, La Biblia de Alcuino y el perdido comentario al
Apocalipsis de Ticonio, RET 55 (1995), 391-397.
16
La ltima vez que se lo menciona es en un Catlogo del siglo IX del monas-
terio de St Gallen. Cfr. G. Becker, Catalogi Bibliothecarum Antiquarum, Max Cohen,
Bonnae 1885, 48. Segn Casiodoro ( 580), estaba dividido en cinco libros. Pero ms
tarde Beda ( 735) lo conocer expuesto en tres libros.
17
Entre stos sobresale I. M. Gmez, El perdido comentario de Ticonio al
Apocalipsis. Principios de crtica literaria y textual para su reconstruccin, en R. M.
Diaz (ed.), Miscellanea Bblica B. Ubach, Abada de Montserrat, Montisserati 1953,
387-411; F. Lo Bue, The Turin Fragments of Tyconius Commentary on Revelation,
Text and Studies IV, Cambridge UP, Cambridge 1963; G. Bonner, Toward a Text of
Tyconius, SP 10 (1970), 9-13.
5
A. LVAREZ
18
Cfr. E. Romero Pose, Ticonio y su comentario al Apocalipsis, Salm 32
(1985), 41.
19
Segn Steinhauser, The Apocalypse commentary of Tyconius, 2, los autores
antiguos que siguen a Ticonio son nueve. En cambio para Romero Pose, Ticonio y su
comentario, 45-48, son unos quince.
20
Cfr. P. Fredriksen, Tyconius and Augustine on the Apocalypse, en: R. K.
Emmerson y B. McGinn (eds.), The Apocalypse in the Middle Ages, Cornell UP, Itaca
1993, 20-37; M. A. Tilley, Agustn: interpret mal a Ticonio?, Aug 40 (1995), 297-
302; P. B. Harvey, Approaching the Apocalypse: Augustine, Tyconius and Johns Re-
velation, AugSt 30 (1999), 133-151.
21
Cfr. W. S. Babcock (ed.), Tyconius: the Book of Rules, Scholars Press, At-
lanta 1989; P. Bright, The Rules of Tyconius: Its Purpose and Inner Logic, Notre Dame
UP, Notre Dame 1988. En italiano: L. Leoni y D. Leoni (eds.), Ticonio. Sette regole per
la Scrittura, Epifania della Parola, Testi ermeneutici A 5, Edizioni Dehoniane, Bologna
1997. Para la influencia posterior de esta obra, cfr. G. Gaeta, Le Regole per
l'interpretazione della Scrittura da Ticonio ad Agostino, ASE 4 (1987), 109-118; G.
Gaeta, Il Liber Regularum di Ticonio, da Agostino a Erasmo, ASE 5 (1988), 103-124;
P. C. Bori, La ricezione delle Regole di Ticonio, da Agostino a Erasmo, ASE 5 (1988),
125-142.
22
PL 35,2417-2452. Sobre la paternidad de Cesreo de Arls de estas
homilas, cfr. G. Morn, Le commentaire homiltique de S. Csaire sur lApocalypse,
RBen 45 (1933), 43-61.
23
Para la edicin crtica de Cesreo, vase G. Morin (ed), S. Caesarii Arela-
6
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
b) En Oriente
En Oriente, el mal uso que del Apocalipsis hacan las sectas, as como
su sospechosa actitud antiimperial, hizo que su lectura entrara en crisis. El es-
fuerzo de Orgenes y de Dionisio por instaurar el sentido espiritual no fue sufi-
ciente, y el hecho de que ms tarde Eusebio lo colocara entre los libros sospe-
chosos hizo que muchos terminaran ignorndolo, cuando no denigrndolo. As
se entiende el silencio de los Padres griegos sobre l.
Slo tenemos tres comentarios al Apocalipsis en Oriente.
tensi Opera Omnia. Expositio de Apocalypsi S. Johannis II, Ed. Maredsous, Maredsous
1942.
24
En espaol tenemos la edicin de A. Del Campo Hernndez (ed.), Comenta-
rio al Apocalipsis de Apringio de Beja. Introduccin, texto latino y traduccin, Verbo
Divino, Estella 1991.
25
PL 68, 793-936. La mejor edicin crtica de la obra de Primasio es A. W.
Adams (ed), Primasius episcopus Hadrumentinus, Commentarius in Apocalypsin, Turn-
hout, Brepols 1985.
26
Su libro fue conocido en el occidente sobre todo gracias a Beda, quien lo
uso ampliamente en su comentario. Cfr. G. Bonner, Saint Bede in the Tradition of West-
ern Apocalypse Commentary, Jarrow Lecture, Jarrow 1966, 7.
27
Complexiones Apocalypsis Ioannis; PL 70, 1405-1418.
28
Cfr. Lupieri, LApocalisse, XXI.
29
Un estudio sobre la relacin entre los comentarios de Victorino, Ticonio,
Cesreo de Arls, Apringio, Primasio y Casiodoro puede verse en R. Gryson, Les
commentaires patristiques latins de lApocalypse I, RTL 28 (1997), 305-337.
7
A. LVAREZ
30
El comentario de Ecumenio fue descubierto en Mesina en 1901 por F. Die-
kamp. La ms reciente edicin crtica es la de M. de Groote (ed.), Oecumenii commenta-
rius in Apocalypsin, Traditio Exegetica Graeca 8, Peeters, Louvain 1999.
31
As se desprende del comentario de Ecumenio a Ap 1,2, donde dice que la
revelacin le fue dada a Juan unos 500 aos antes. Cfr. A. Monaci, Il problema della
datazione dei Commenti all'Apocalisse di Ecumenio e di Andrea di Cesarea, en: Atti
dell' Accademia delle Scienze di Torino 114 (1980),1-24.
32
Cfr. M. de Groote, Die Quaestio Oecumeniana, SacEr 36 (1996), 67-105,
quien afirma, entre otras cosas, que Ecumenio no era el Ecumenio seguidor del monofi-
sita Severo de Antioquia (como sostienen Biguzzi, I settenari, 42, y Doglio, Duemila
Anni, 5), ni tampoco el Ecumenio obispo de Trica en Tesalia (como dice Swete, The
Apocalypse, CXCVIII).
33
PG 106, 215-458. J. Schmid, Studien zur Geschichte der griechischen
Apokalypse-Textes, Mnchner theeologische Studien, Mnchen 1955-1956, 3 vol.
34
Cfr. A. Monaci, I Commenti di Ecumenio e di Andrea di Cesarea: due
letture divergenti dellApocalisse, en: Memorie dell'Accademia delle Scienze di Torino
5 (1981), II Classe di Scienze Morali, Storiche e Filologiche, 303-426.
35
Para el estudio de la obra de Andrs de Cesarea, cfr. J. Schmid, Der grie-
chische Text der Apokalypse-Kommentare, BZ 19 (1931), 239-250.
36
PG 106, 499-786.
8
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
sede episcopal. Y al igual que ste, emplea el principio de Orgenes del triple
nivel de sentido, aunque con algunas innovaciones, por influjo de otras necesi-
dades exegticas. Ambos autores representan un raro ejemplo de uso de la tri-
particin origeniana37.
El de Aretas es el ltimo comentario que conocemos de la tradicin
bizantina38.
2) La edad media
Fue la poca de oro del Apocalipsis, ya que durante este tiempo la
Iglesia tom de l muchas de sus enseanzas. Pas a ser la fuente del arte y del
sentir cristiano39. Podemos dividirla en dos grandes momentos.
37
C. Nardi, Lermeneutica di Andrea e Areta di Cesarea: il triplice senso
biblico nei loro Commenti all'Apocalisse, VH 8 (1,1997), nmero monogrfico a cargo
de S. Tarocchi y L. Mazzinghi (eds.), Ecco l'uomo, Studi in memoria di Mons.
Valerio Mannucci, 169-198.
38
As lo afirma Schmid, Der griechische Text, 254. Hay que esperar hasta el
siglo XII para encontrar el primer comentario de un autor sirio, Dionisio Bar Salibi (
1171), obispo de Amida, el cual, retomando la antigua interpretacin de Hiplito, intenta
explicar el sentido de los tormentosos acontecimientos que le toc vivir.
39
Para este perodo vase el ya citado libro de Emmerson y McGinn (eds.),
Apocalypse in the Middle Ages. Segn Emmerson, Scholarship has not fully appreci-
ated the full extent of the influence of the Apocalypse on medieval culture (pg. 294,
nota 31).
40
PL 93, 129-206. Cfr. J. A. Giles (ed.), Venerabilis Bedae opera quae
supersun tomnia XII, Londini 1844, 337-452.
41
Cfr. Romero Pose, Ticonio, 43-44; J. F. Kelly, Bede and the Irish Exe-
getical Tradition on the Apocalypse, RBen 92 (1982), 393-406.
9
A. LVAREZ
42
La edicin crtica de la obra de Ambrosio Autperto puede verse en R. Weber
(ed), Ambrosius Autpertus, Opera. Espositionis in Apocalypsin Libri X, Turnhout,
Brepols 1975.
43
Cfr. S. Bovo, Le fonti del Commento di Ambrogio Autperto
sullApocalisse, en: A. Metzinger (ed.), Miscellanea biblica et orientalia R. P.
Athanasio Miller completis LXX annis oblata, Studia Anselmiana 27-28, Roma (1951),
372-403.
44
C. Leonardi, Spiritualit di Ambrogio Autperto, StMed 9 (1968), 1-131.
45
La edicin generalmente citada del comentario de Beato es la de E. Romero
Pose (ed.), Sancti Beati a Liebana Commentarius in Apocalypsin I-II, Scriptores Graeci
et latini consilio Academiae Lynceorum editi, Romae 1985. Vase tambin J. Gonzlez
Echegaray (ed.), Beato de Libana: Obras completas, edicin bilinge, Estudio Teol-
gico San Ildefonso, BAC Mayor 47, Madrid 1995. Para el texto que sigue Beato, cfr. M.
C. Daz y Daz, La tradicin del texto de los Comentarios al Apocalipsis, en: Actas del
Simposio para el estudio de los cdices del Comentario al Apocalipsis de Beato de Li-
bana (Madrid, 22-25 de noviembre de 1976) I, Joyas bibliogrficas, Madrid 1978, 215-
247.
46
Un estudio sobre el comentario de Beda y Beato puede verse en R. Gryson,
Les commentaires patristiques latins de lApocalypse II, RTL 28 (1997), 484-502.
47
J. Gil Fernndez, Los terrores del ao 800, en: Actas del Simposio para el
estudio de los cdices del Comentario al Apocalipsis de Beato de Liebana (Madrid, 22-
25 de noviembre de 1976) I, Joyas bibliogrficas, Madrid 1978, 216. Beato muri dos
aos antes de esa fecha, as que no pudo comprobar lo errado de su prediccin.
48
Perdida la obra original, slo se han conservado 25 cdices ilustrados, de los
siglos IX al XIII, que del autor del Comentario han tomado el nombre de Beatos. Va-
10
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
55
Joaqun naci en Clico, aldea de Calabria. Ingres en la Orden del Cister,
pero considerando que sta se haba relajado en la disciplina original de San Bernardo,
se retir a las montaas de Calabria y se instal en Fiore, donde fund con algunos de
sus discpulos un monasterio bajo la regla ms rigurosa del Cister. Su congregacin se
extendi luego por casi toda Italia. Para su biografa cfr. H. Grundmann, Gioacchino da
Fiore. Vita e opere, Opere di Gioacchino da Fiore: testi e strumenti 8, Viella, Roma
1997.
56
B. McGinn, Visions of the End. Apocalyptic Traditions in the Middle Ages,
Columbia UP, New York 1998, 130.
57
Dando a cada generacin la duracin de 30 aos, 42 generaciones hacen
1260 aos. As, Joaqun le dio una nueva y original interpretacin a las cifras tradiciona-
les de Dn 7,25 y de Ap 11,2; 12,6.
58
La obra puede verse en E. K. Burger (ed.), Joachim of Fiore, Enchiridion
super Apocalypsim, with Notes and Introduction, Pontifical Institute of Mediaeval Stud-
ies, Toronto-Ontario 1986. Tambin en K. V. Selge (ed), Gioacchino da Fiore:
introduzione allApocalisse, Opere di Gioacchino da Fiore: testi e strumenti 6, Viella,
Roma 1995.
59
Estas ocho partes son: 1) el orden de los apstoles, que enfrenta el ataque
de los judos (Ap 1-3); 2) el orden de los mrtires, perseguido por los emperadores
(Ap 4-7); 3) el orden de los doctores, combatido por los herejes (Ap 8-11); 4) el or-
den de los monjes, perseguidos por los musulmanes (Ap 12-14); 5) la Iglesia de Roma,
hostigada por los emperadores alemanes (Ap 15); 6) el tiempo de Joaqun de Fiore, en el
que deber enfrentarse con el Dragn (Ap 16-19); 7) el reino de Cristo, en el que Sa-
tans ser derrotado (Ap 20); 8) la consumacin definitiva (Ap 21-22). Cfr. E. R. Daniel,
Joachim of Fiore: Patterns of History in the Apocalypse, en: Emmerson y McGinn
(eds.), Apocalypse in the Middle Ages, 80.
12
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
tiene que muchos de los elementos de una poca se repiten en la otra, de modo
que los eventos histricos (el Islam, las cruzadas, Saladino) se encuentran alu-
didos en diferentes lugares. Segn su especial concepcin de la historia, el flo-
rense considera que est viviendo los ltimos tiempos, antes de la llegada del
reino de Cristo y de la era de prosperidad y paz anunciada en el captulo 20 del
Apocalipsis60.
Las ideas de Joaqun de Fiore significaron una revolucin en la inter-
pretacin del Apocalipsis, puesto que por primera vez se lea en este libro la
historia del mundo, haciendo as pasar la exgesis del plano de la eclesiologa
apologtica y edificante de sus predecesores, al plano concreto de la historia61.
Antes de l, y debido a la terminante actitud de San Agustn de rechazar toda
lectura literal, los comentaristas haban evitado cualquier intento de hacer del
Apocalipsis un libro de anuncios profticos, tanto de la historia pasada como de
la futura. Pero Joaqun rompi con esta tradicin, y buscando en las imgenes y
smbolos apocalpticos los diversos perodos de la Iglesia, pasada, presente y
futura, elabor una teologa de la historia. Esto lo convirti en el hermeneuta
ms famoso del Medioevo, y su teora tuvo una repercusin inmensa 62.
b) El joaquinismo
Siguiendo esta misma lnea, el franciscano Nicols de Lira (1270-
1340) compuso en 1329 su gran comentario bblico Postillae Perpetuae in Uni-
60
A. Rodolfi, Regno millenario e fine del mondo nell Enchiridion super
Apocalypsim di Gioacchino da Fiore, MR 8 (1997), 1-24. Como afirma B. McGinn,
The Calabrian Abbot. Joachim of Fiore in the History of Western Thought, Macmillan,
New York 1985, 154: Probably no single part of the long commentary shows
Joachims break with 700 years of Latin exegetical tradition more decisively than his
treatement of the Apocalypses description of the thousand-year reign of Christ and the
saints upon earth.
61
Segn McGinn, The Calabrian Abbot, 108: No other apocalyptic author
was as concerned as Joachim with the ordering of history.
62
Las ideas teolgicas de Joaqun de Fiore fueron criticadas por Toms de
Aquino. Cfr. J. I. Saranyana, Joaqun de Fiore y Santo Toms de Aquino. Historia doc-
trinal de una polmica, EUNSA, Pamplona 1979. En 1215 el IV Concilio de Letrn
conden su doctrina trinitaria, y en 1263 el Concilio de Arls conden en bloque toda su
produccin teolgica. Cfr. E. Reinhardt, Joaqun de Fiore y el IV Concilio Lateranen-
se, AHIg 11 (2002), 95-104. Como Joaqun afirmaba que la era del Hijo, es decir del
Evangelio, deba ser reemplazada por otra del Espritu, despus de su muerte circul la
noticia de que ste haba intentado reemplazar las Escrituras y el Evangelio con un
Evangelio Eterno que l mismo haba compuesto, idea que perdur en diversos crculos
esotricos. Cfr. M. Reeves y W. Gould, Joachim of Fiore and the myth of the Eternal
Evangel in the nineteenth century, Oxford UP, Oxford 1987.
13
A. LVAREZ
63
Para el estudio de esta obra vase Ph. D. Krey, Nicholas of Lyras Apoca-
lypse Commentary, transl. with an introd. and notes, Medieval Institute Publications,
Kalamazoo 1997.
64
Cfr. Ph. D. Krey y S. L. Smith, Nicholas of Lyra: The Senses of Scripture,
Brill, Leiden 2000. Vase tambin M. Tabet, El misterio de la Revelacin divina en la
Biblia segn Nicols de Lira, en: C. Izquierdo (ed.), Dios en la Palabra y en la Histo-
ria, Eunsa, Pamplona 1993, 569-578.
65
La visin optimista de la historia de Joaqun de Fiore con el anuncio de la
llegada, despus de la etapa del anticristo que se pensaba inminente, de una poca de es-
plendor y prosperidad, influy en innumerables pensadores posteriores como Lessing,
Schelling, Fichte, Hegel, Marx, Bloch e incluso Hitler. La gran repercusin de las ideas
joaquinitas ha sido estudiada por Henri de Lubac en su obra enciclopdica La postrit
espirituelle de Joachim de Flore, Eds Lethielleux, Paris 1978 (vol I), 1981 (vol II).
Vase tambin R. Rusconi (ed.), Storia e figure dellApocalisse fra 500 e 600, 4
Congresso internazionale di studi gioachimiti, Opere di Gioacchino da Fiore: testi e
strumenti 7, Viella, Roma 1997; G. L. Potest, Linee di ricerca e questioni aperte
riguardo a Gioacchino da Fiore e alla sua eredit storica e dottrinale, AHIg 11 (2002),
105-112. Uno de los ms claros y mejores escritos sobre el pensamiento y la influencia
de Joaqun de Fiore es el artculo de M. Reeves, The Originality and Influence of Joa-
chim of Fiore, Traditio 36 (1980), 269-316.
66
Para las principales debilidades del modelo historicista, cfr. Osborne, Reve-
lation, 19.
67
Cfr. A. de Zaballa Beascoechea, La discusin conceptual sobre el milena-
rismo y mesianismo en Latinoamrica, AHIg 10 (2001), 357.
14
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
68
Este franciscano siciliano escribi en 1254 la obra Liber Introductorius in
Evangelium Aeternum, condenada por la Iglesia y destruida. Algunos extractos han so-
brevivido, y han sido editados en H. Denifle, Protocoll der Commission zu Anagni,
ArchLitKgMA 1 (1885), 99-142; idem, Das Evangelium aeternum und die Commis-
sion zu Anagni, ArchLitKgMA 1 (1885), 49-98. Vase tambin B. Tpfer, Eine
Handschrift des Evangelium aeternum des Gerardino von Borgo San Donnino, ZG 8
(1960), 156-163.
69
R. Orioli (ed.), Fra Dolcino. Nascita, vita e morte di una eresia medievale,
Jaca Book, Milan 1983; C. Mornese, Eresia dolciniana e resistenza montanara, Derive
Approdi, Roma 2002; G. Buratti, L'anarchia cristiana di fra Dolcino e Margherita,
Leone e Griffa, Pollone (Biella) 2002.
70
Cfr. D. Burr, Olivis peaceable kingdom. A Reading of the Apocalypse
commentary, University of Pennsylvania Press, Philadelphia 1993; E. Pispisa, Gioac-
chino da Fiore e i cronisti medievali, Editrice Sicania, Messina 1988.
71
Un comentario al Arbor vitae crucifixae puede verse en M. Damiata,
Aspettando l'Apocalisse in fervore e furore con Ubertino da Casale (Arbor vitae
crucifixae), Tiellemedia Editore, Roma 2000.
72
Cfr. L. von Auw, La vraie glise d'aprs les lettres d'Angelo Clareno, en:
L'attesta dell'et nuova nella spiritualit della fine del medioevo. Convegni del Centro
di studi sulla spiritualit medievale III, 16-19 ottobre 1960, Todi 1962, 433-442. G. L.
Potest, Angelo Clareno dai poveri eremiti ai Fraticelli, Nuovi Studi Storichi 8, Ist.
Storico per il Medio Evo, Roma 1990.
73
General de la OFM entre 1247 y 1257, y destituido del cargo por San Bue-
naventura, que quiso limpiar la orden de los espirituales.
74
Por algunas secciones de la Divina Commedia, como Infierno 19,106-111;
Purgatorio 29,64-105; 32,109-160. Cfr. P. Armour, LApocalisse nel canto XXIX del
Purgatorio, en: G. Barblan (ed.), Dante e la Bibbia. Atti del Convegno Internazionale
promosso da Biblia 26-27-28 settembre 1986, Olschki, Firenze 1988, 145-149.
75
Cfr. K. G. Newport, Revelation 13 and the Papal Antichrist in Eighteenth-
Century England: A Study in New Testament Eisegesis, BJRL 80 (1997), 143-160.
15
A. LVAREZ
3) La poca moderna
A) La interpretacin futurista
Con el despertar del espritu humanista cientfico y crtico del renaci-
miento decay la espiritualidad de la poca medieval, y en muchos sectores se
perdi el inters que haba por las profecas. Surgi entonces a fines del siglo
XVI, como reaccin a las excesivas fantasas exegticas del mtodo historicista
precedente, un nuevo sistema interpretativo que acentuaba la ptica escatolgi-
ca. Segn este sistema, las visiones del Apocalipsis se refieren a los aconteci-
mientos finales de la historia, sin decir nada de la fase intermedia. Slo profeti-
zaban los eventos del fin del mundo.
Esta exgesis fue inaugurada por el jesuita espaol Francisco Ribera
(1537-1591), autor del voluminoso Commentarii in Apocalypsin, publicado en
Salamanca en 1591, y uno de los primeros comentarios propiamente modernos
al Apocalipsis. Segn Ribera, el libro de Juan se refiere a los primeros tiempos
de la Iglesia slo hasta Ap 6,8. A partir de all se narran las calamidades inme-
diatamente anteriores al anticristo. Y desde el captulo 11 se describen las per-
secuciones que sufrir la Iglesia en los ltimos tiempos77.
76
Sobre la interpretacin historicista F. F. Bruce comenta: No important con-
tribution to exegesis of Revelation was made by (historicists), whether J. A. Bengel in
Germany or Joseph Mede, Sir Isaac Newton, and William Whiston in England. The
book itself has suffered in its reputation from the extravagances of some of its interpret-
ers, who have treated it as if it were a table of mathematical conundrums or a divinely
inspired Old Moores Almanack; cfr. F. F. Bruce, Revelation, The International Bible
Commentary, Zondervan, Grand Rapids 1986, 1595.
77
F. Ribera, In sacra beati Iohannis Aposstoli et Evangelistae Apocalypsim
Commentarii, Salamanca 1591, 333. Un estudio sobre el comentario de Ribera puede
verse en A. Salerno, Chiesa e storia del Commmento allApocalisse di Francisco de
Ribera S. J. (1537-1591), Las 2 (2,1995), 35-48. Ribera muri al ao siguiente de pu-
blicado su libro, de modo que no pudo desarrollar ulteriormente su ptica. Segn l, los
tres aos y medio de tribulaciones de las que habla el Apocalipsis no deben tomarse
simblicamente (para evitar las arbitrarias fantasas) sino literalmente, y sera una poca
inmediatamente anterior a la segunda venida de Cristo.
16
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
Esta visin de la obra de Juan tuvo xito, y fue seguida por otros auto-
res, como Roberto Bellarmino (1542 - 1621 )78, Brs Viegas (1554-1599),
Benito Pereyra (1535-1610), y el famoso jesuita belga Cornelio a Lpide
(1567-1637)79.
Modernamente, la interpretacin futurista se dividi en dos corrientes
principales. La primera, se encuentra en la corriente evanglica llamada dis-
pensacionalismo, difundida sobre todo por J. N. Darby a partir de 1830, y po-
pularizada por C. Scofield en su Scofield Reference Bible, publicada en 1909.
Segn el dispensacionalismo, la historia del mundo se divide en varias eras o
dispensaciones80. El libro del Apocalipsis apuntara a esta ltima dispensa-
cin o era escatolgica81. La segunda, menos literal y ms seria, se encuentra en
numerosos movimientos religiosos que sostienen igualmente que el Apocalip-
sis describe las pruebas que deben atravesar los cristianos en los ltimos tiem-
pos, pero no consideran de un modo tan estricto las visiones como secuencia
cronolgica de los sucesos futuros82.
B) La interpretacin preterista
En el siglo XVI, y paralelamente a la interpretacin futurista, surgi un
segundo modo de leer el Apocalipsis, como reaccin al mtodo de la historia
universal difundido por Joaqun de Fiore. Es la lectura llamada de la historia
contempornea. Segn sta, los smbolos del Apocalipsis sealan principalmen-
te a los sucesos de la poca del autor, es decir, hacen referencia a las dificulta-
78
En su obra publicada entre 1581 y 1593, y titulada De Controversiis Chris-
tianae Fidei, Adversus Huius temporis haereticos, en la que trasladaba estas profecas
hacia el futuro.
79
En su comentario al Apocalipsis de 1625. Cfr. R. Osculati, Hic Romae:
Cornelio a Lapide commentatore dellApocalisse al Collegio Romano, en: R. Rusconi
(ed.), Storia e figure, 315-329; sobre la lectura jesutica del Ap en esa poca, cfr. A.
Salerno, Chiesa e storia nel Commento allApocalisse di Gregorio Ferrari (1580-
1659), Las 4 (1997), 35-55.
80
stas son: 1) De Adn hasta la cada; 2) Desde la cada hasta Noe; 3) Desde
el diluvio hasta Abraham; 4) Desde Abraham hasta Sina; 5) Desde Sina hasta la cruz;
6) Desde la cruz hasta la segunda Venida; 7) Desde la Segunda Venida hasta el Reino
Eterno. Cfr. C. I. Scofield, Rightly Dividing the Word of Truth, Loizeaux Brothers, Nep-
tune 1896, 9-11.
81
Aunque el dispensacionalismo fue rechazado por la mayora de las iglesias
americanas a fines del siglo XIX, sin embargo a partir del siglo XX logr gran acepta-
cin entre los movimientos pentecostales fundamentalista, y hoy goza de enorme popu-
laridad.
82
Vase G. K. Beale, The Book of Revelation, NIGTC, The Paternoster Press,
Grand Rapids - Michigan - Cambridge 1999, 46-47.
17
A. LVAREZ
83
Para el significado del preterismo, cfr. T. Ice, What Is Preterism?, en: La-
Haye y Ice (eds.), The End Times Controversy, 17-35.
84
En su libro Enarrationes in Acta Apost. et in Apocalypsin, Louvain 1845.
85
Segn Alczar, Ap 1-11 describe el rechazo de los judos y la destruccin de
Jerusaln por los romanos; Ap 12-19 la derrota del mundo pagano y la conversin del
imperio romano al cristianismo; Ap 20 la persecucin del anticristo Nern; y Ap 21-22
el triunfo de la Iglesia Catlica Romana. Al igual que el sistema futurista, el sistema pre-
terista de Alczar buscaba eliminar la aplicacin del Apocalipsis al tiempo intermedio
de la Iglesia y a las polmicas antipapales. Vase el estudio sobre Alczar de F. Contre-
ras, Luis de Alczar, Vestigatio arconi sensus in Apocalypsi (1614). Presentacin, es-
tudio y comentarios, ArTeGr 58 (1989), 51-168.
86
Siguieron tambin la visin preterista estudiosos como H. Grotius (1583-
1645), H. Hammond (1605-1660), J. Lightfoot (1601-1675), J. Le Clerc (1657-1736),
M. S. Terry (1840-1914), y P. Schaff (1819-1893).
87
Por ejemplo, J. Moffatt, The Revelation of St. John the Divine, The Exposi-
tors Greek Testament, Hodder and Stoughton, London 1910.
88
Por ejemplo, J. S. Russell, The Parousia: A Critical Inquiry into the New
Testament Doctrine of Our Lord's Second Coming, Baker, Grand Rapids 1999 (18871);
S. Gregg, Revelation: Four Views. A Parallel Commentary, Thomas Nelson Publishers,
Nashville 1997, 248.
18
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
redentor nico, puesto que all Dios ampli la redencin universal, al hacernos
pasar de un culto basado en el Templo a un culto basado en el espritu. A su
vez, los hechos del ao 70 son un anuncio de lo que suceder en la segunda ve-
nida de Jess89.
4) La poca contempornea
A) El nacimiento de la exgesis cientfica
A partir del siglo XVIII se desarrolla una transformacin exegtica,
precedida y acompaada por una verdadera revolucin teolgica. Comienza a
perfilarse la exgesis cientfica como indagacin de la razn, con mtodos pro-
pios e independientes de la fe. En el campo del Apocalipsis, aparecen los pri-
meros intentos de estudiar el libro dentro del judasmo de su tiempo90.
En el siglo XIX, el auge de la crtica histrica, literaria y de la historia
de las religiones aport numerosos elementos para una mejor comprensin del
texto jonico. Por ejemplo, las contribuciones de la escuela de la historia de las
religiones permitieron situar la obra en el contexto de la cultura religiosa de
Grecia y del oriente antiguo. En este sentido sobresalen los estudios de W.
Bousset91, A. F. Loisy92, y H. Gunkel93. Se cuestion la unidad literaria de la
obra, y empez a vrsela como un tejido de varios apocalipsis de pocas diver-
sas, y de distintos autores (Cerinto, Juan Marcos, Juan el Presbtero), reunidos
por un redactor posterior, que deban ser estudiados por separado con su propia
historia.
A comienzos del siglo XX, los estudios sobre el Apocalipsis vienen
insertados en el mbito de la literatura apocalptica juda, de la cual el libro de
Juan tomara el lenguaje, las imgenes y las concepciones. El ms insigne re-
presentante de esta corriente de estudios fue R. H. Charles, quien haba encon-
89
Para una historia del preterismo, cfr. T. Ice, The History of Preterism, en:
LaHaye y Ice (eds.), The End Times Controversy, 37-66.
90
As por ejemplo J. G. Herder en su comentario Das Buch von der Zukunft
des Herrn, des Neuen Testaments Siegel, Riga 1779. Antes que l, J. Hardouin (1741), J.
J. Wetstein (1752), J. Harenberg (1759), y F. Abauzit (1770). Despus que l, H. G.
Hartwig (1780). Cfr. Lupieri, LApocalisse, XXIV.
91
Cfr. W. Bousset, The Antichrist Legend. A Chapter in Christian and Jewish
Folklore, Hutchinson and Co, London 1896, cuyo estudio sobre el mito del anticristo
marc una poca en la exgesis.
92
A. F. Loisy, LApocalypse de Jean, Nourry, Paris 1923.
93
Sus obras en esta lnea son numerosas. Vase por ejemplo H. Gunkel, Zum
religionsgeschichtlichen Verstndnis des Neuen Testaments, FRLANT 1, Gttingen
1903. Gunkel es considerado el fundador de la crtica de las formas.
19
A. LVAREZ
94
R. H. Charles, A Critical and Exegetical Commentary on the Revelation of
St. John I, (The International Critical Commentary), Edinburgh 1920, L-LV.
95
E. B. Allo, Saint Jean, LApocalypse, Gabalda, Paris 19333.
96
C. Brtsch, La Clart de lApocalypse, Genve 19655 (19401).
97
A. Wikenhauser, Die Offenbarung Johannes, Das Neue Testament 9, Pustet,
Regensburg 19593 (19471).
98
M.-. Boismard, LApocalypse ou les apocalypses de S. Jean, RB 56
(1949), 507-527.
99
U. Vanni, La struttura letteraria dell'Apocalisse, Morcelliana, Brescia 19802
(19711)
100
Para un anlisis de los estudios del Apocalipsis en el ltimo cuarto del siglo
XX, cfr. C. Mazzucco, A proposito di alcuni studi recenti sullApocalisse, RivB 31
(1983), 213-225.
101
Cfr. K. Koch, The Rediscovery of Apocalyptic: A Polemical Work on a Ne-
glected Area of Biblical Studies and Its Damaging Effects on Theology and Phiilosophy,
SBT 22, Allenson, Naperville 1972; P. Sacchi, Lapocalittica e il problema del male,
PV 25 (1980), 325-329.
102
Cfr. U. Vanni, LApocalypse johannique. tat de la question, en: J. Lam-
20
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
C) El modelo pascual
a) E. Corsini y el modelo pascual preparatorio
En 1980, el patrlogo italiano E. Corsini inaugur un nuevo modelo
interpretativo, que suscit gran inters tanto en Italia como fuera de ella. En un
comentario al Apocalipsis publicado en 1980, sostiene que las visiones de Juan
relativas a Cristo no se refieren a su segunda venida sino a su primera venida,
brecht (ed), L'Apocalypse, 27-28; M. De Groote, Apokalyptik und die eigene Art der
Johannesapokalypse, BZ 46 (2002), 103-106.
103
Tambin se produjo un acercamiento del Apocalipsis con el NT, no slo
con los prrafos apocalpticos, sino con las dems corrientes neotestamentarias. Vase
por ejemplo E. Corsini, Apocalisse prima e dopo, SEI, Torino 19824, 65-82; D. Hell-
holm (ed.), Apocalypticism in the Mediterranean World and the Near East, Mohr - Sie-
beck, Tbingen 1983. Para la apocalptica y los Evangelios, cfr. V. Fusco, Ges e
lapocalittica. I problemi e il metodo, RSB 8 (1995), 37-69; J. S. Kloppenborg,
Symbolic Eschatology and the Apocalypticism of Q, HTR 80 (1987), 287-306; G.
Segalla, La memoria simbolica del Ges Terreno nel libro dellApocalisse, LA 50
(2000) 115-141. Para la apocalptica y San Pablo, cfr. L. E. Keck, Paul and Apocalyp-
tic Theology, Int 38 (1984), 229-241; P. von der Osten-Sacken, Die paulinische Theo-
logie als Form apokalyptischer Theologie, EvT 39 (1979), 477-496; S. Page, Revela-
tion 20 and Pauline Eschatology, JETS 23 (1980), 31-44.
104
Cfr. P. Prigent, Et le ciel souvrit. Apocalypse de saint Jean, Lire la Bible
51, Les ditions Du Cerf, Paris 1980, 18, 203, 207; J. P. Prvost, Para terminar con el
miedo. El Apocalipsis, Paulinas, Madrid 1987; Corsini, Apocalisse, 15.
105
Cfr. Mazzucco, Alcuni studi recenti, 221-222.
21
A. LVAREZ
de modo que el libro relata nicamente los sucesos referentes a la venida hist-
rica de Jess, en especial a su muerte y su resurreccin106.
Segn cuenta el propio Corsini107, cuando se encontraba realizando la
traduccin del comentario de Orgenes al evangelio de Juan, le llam la aten-
cin ver que el Alejandrino se remitiera regularmente al Apocalipsis para inter-
pretar el Cuarto Evangelio como algo completamente normal, cuando nosotros
haramos precisamente al revs: utilizaramos el Cuarto Evangelio para explicar
el Apocalipsis, que es ms complejo. As, dice Corsini, qued en evidencia que
Orgenes, cuando lea el Apocalipsis, lo haca desde el misterio pascual, y no
desde la escatologa, ni desde la ptica del combate final entre las fuerzas del
mal y la Iglesia. Corsini estudi, como patrlogo, la extraa forma de proceder
de Orgenes, y comprob que esta manera de interpretar el Apocalipsis era co-
rriente en los primeros siglos, mientras que la aparicin de la interpretacin es-
catolgica - y la desaparicin de la exgesis pascual - se remonta a Eusebio de
Cesarea (s. IV). Esto explicara porqu fue posible atribuir en la antigedad el
libro del Apocalipsis al mismo autor del Cuarto Evangelio. En efecto, esta obra
se revela en s antiapocalptica, al afirmar que el creyente recibe la vida eterna
ya en esta vida, y que no hay que esperar para ello una segunda venida de Cris-
to. Si los primeros cristianos, cuando lean el Apocalipsis, hubieran interpretado
que este libro postergaba el triunfo de Jess para un futuro ms o menos lejano,
lo habran encontrado compatible con el pensamiento del evangelio de Juan,
como para adjudicarlo al mismo autor?108
La nueva interpretacin suscit diferentes reacciones entre los estudio-
sos, algunas favorables y otras ms escpticas 109. A esta lectura, nosotros la de-
106
Corsini, Apocalisse, 34-39.
107
En una conferencia pronunciada en Roma el 20 mayo 1981, y evocada por
I. de la Potterie, Mara en el misterio de la Alianza, BAC, Madrid 1993, 285.
108
Corsini, Apocalisse, 41-42.
109
En los aos siguientes a la publicacin del libro de Corsini pude leer 24 re-
censiones. La constatacin fue que los telogos italianos y franceses en lneas generales
fueron ms bien receptivos con la nueva opinin. Incluso un exegeta de la talla de X.
Len Dufour la acogi favorablemente, le dio todo su apoyo haciendo traducir el libro
para su coleccin de estudios bblicos que dirige en la Editorial Seuil, y escribi incluso
el prlogo, en el cual afirma animosamente que ningn nexo une indisolublemente al
Apocalipsis con el final de los tiempos, y que por consiguiente la hiptesis de Corsini
ofrece indudables ventajas sobre todas las otras que se han propuesto hasta ahora. Puede
verse esta versin francesa en E. Corsini, LApocalypse maintenant, Du Seuil, Paris
1984, 9-14. En cambio los biblistas ingleses se mostraron ms escpticos. Y los alema-
nes directamente la ignoraron. La primera recensin de un autor alemn que pude en-
contrar fue seis aos posterior a la publicacin del libro, lo cual demuestra el poco in-
ters que despert en ese ambiente.
22
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
nominamos modelo pascual preparatorio, puesto que segn ella gran parte de
las visiones del libro aparece referido a las etapas del AT, que preparan y des-
embocan en la venida de Cristo110.
El modelo de Corsini tuvo un entusiasta partidario en M. Gomine111.
Su comentario se sita en la misma lnea del de Corsini, y al igual que ste con-
sidera el Apocalipsis no ya como una mirada hacia el fin de los tiempos, sino
como una recapitulacin de toda la historia bblica hasta llegar al misterio pas-
cual de Jesucristo. Gomine explota al mximo este nuevo filn, en el que cree
encontrar la clave principal para entender todo el libro de Juan112.
110
A la obra de Corsini se le ha hecho fundamentalmente dos crticas. La pri-
mera es que, quizs por no ser biblista, carece de un anlisis exegtico que justifique su
postura. La segunda, que no ofrece prueba alguna de las cosas que afirma, adems de
que a lo largo de las 560 pginas del libro no hay absolutamente ninguna nota, y casi no
tiene bibliografa.
111
M. Gomine, Lvangile de Jsus-Christ selon lApocalypse de saint Jean,
Commentaire nouveau, historique et thologique, Tqui, Paris 1995.
112
Gomine, LApocalypse, 8.
113
P. Prigent, LApocalypse de Saint Jean, Delachaux et Niestl, Paris 1981.
Casi veinte aos despus public una edicin totalmente renovada y aumentada, siempre
en la misma lnea: P. Prigent, LApocalypse de Saint Jean, Commentaire du Nouveau
Testment 14, Labor et Fides, Genve 2000.
114
Aunque Prigent destaca en varios pasajes el aspecto de realizacin de la
nueva Jerusaln, sin embargo se lo ve fluctuar permanentemente entre la realizacin y la
23
A. LVAREZ
5) Conclusin
Despus de haber presentado la historia de la interpretacin del Apo-
calipsis, creemos que es posible clasificar las opiniones y posturas all encon-
tradas en diversos sistemas o modelos120. Casi todos los manuales suelen agru-
espera futura.
115
P. Prigent, Les secrets de lApocalypse. Mystique, sotrisme et apoca-
lypse, Les ditions Du Cerf, Paris 2002.
116
Prigent, Les secrets, 25-27.
117
Prigent, Les secrets, 37-62.
118
Prigent, Les secrets, 93.
119
Aunque no tuvo muchos seguidores, podemos encontrar algunos intentos
en este sentido, como el trabajo de J. Maniparampil, A Spiral-Theological Literary
Structure (An Overall Structure to the Book of Revelation), Biblebashyam 27 (2001),
44-75, para quien el Apocalipsis es una interpretacin de la primera venida de Jess, si
bien su segunda venida est entrelazada con la primera.
120
Sobre los sistemas interpretativos, cf. A. Feuillet, Les diverses mthodes
dinterprtation de lApocalypse et les commentaires rcentes, AdC 71 (1961), 257-
270; D. Mollat, Principi dinterpretazione dell Apocalisse, en: Associazione Biblica
Italiana, Apocalisse, Brescia 1967, 9-36; B. Marconcini, Differenti metodi
nellinterpretazione dellApocalisse, BeO 18 (1976), 121-131; A. F. Johnson, Revela-
24
EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
A) El modelo simblico
Llamado tambin espiritual, o idealista, o de la teologa de la historia,
consiste en interpretar las imgenes y visiones del Apocalipsis de una manera
simblica, es decir, sin relacin con acontecimientos histricos determinados.
Segn este sistema, las escenas del libro tienen slo un valor teolgico, espiri-
tual, aplicable a la Iglesia de todos los lugares y de todos los tiempos, porque
expresan el constante drama, que durar tanto como el mundo, de la lucha entre
el bien y el mal, entre la Iglesia y los poderes de este mundo, hasta la venida
triunfal de Jesucristo. Segn este sistema, pues, el Apocalipsis contiene ms
que nada una teologa de la historia, o como dice Allo, una filosofa de la histo-
ria religiosa vlida para todos los tiempos122.
Una de las crticas ms significativas que se le seala a este sistema es
que no tiene en cuenta las numerosas alusiones a la historia que el autor del li-
bro ciertamente hace, como cuando se refiere a la ciudad de Roma (17,9), o al
emperador reinante (17,10) 123.
B) El modelo historicista
tion, The Expositors Bible Commentary 12, Zondervan, Grand Rapids 1981, 408-413;
C. M. Pate (ed.), Four views on the book of Revelation, Zondervan, Grand Rapids 1998.
121
Vase por ejemplo Beale, Revelation, 44-49. Una excepcin la constituye
S. Bartina, Apocalipsis de San Juan, en: La Sagrada Escritura. Texto y comentario
por profesores de la Compaa de Jess, Nuevo Testamento III, BAC, Madrid 1962,
576-584, quien enumera siete modelos: 1) el milenarista; 2) el recapitulativo; 3) el de la
historia universal de la iglesia; 4) el escatolgico; 5) el de la historia contempornea del
autor; 6) el del anlisis literario; 7) el de las religiones comparadas. Pero sobre esta cla-
sificacin conviene notar que: a) el milenarismo es slo un modo de interpretar el cap-
tulo 20, no todo el libro; b) la recapitulacin no es un sistema de interpretacin sino un
procedimiento literario, que puede aplicarse a diversos sistemas; c) el anlisis literario
tampoco es un sistema de interpretacin sino un paso previo de crtica literaria para de-
terminar las fuentes y documentos empleados por el autor o los autores.
122
Allo, L'Apocalypse, 273.
123
G. E. Ladd, A Theology of the New Testament, Eerdmans, Grand Rapids
1993, 672-673.
25
A. LVAREZ
C) El modelo futurista
Se lo llama tambin modelo escatolgico, o de la historia final (end-
geschichtlich). Afirma que el Apocalipsis describe los ltimos acontecimientos
de la historia inmediatamente anteriores al juicio universal y a la consumacin
final. Segn este sistema, lo que Juan detalla en su obra es ante todo el fin del
mundo, de manera que las calamidades y castigos que all vienen descritos de-
ben entenderse como las seales precursoras propias de esta poca terminal de
la historia.
Esta forma de interpretacin, inaugurada por F. Ribera en el siglo
XVI, fue compartida y desarrollada por numerosos autores despus de l126.
Se trata, como notan los crticos, del sistema ms cmodo de todos
puesto que deja los pasajes ms obscuros librados al porvenir, priva de toda ac-
124
H. Hailey, Revelation: An Introduction and Commentary, Baker, Gran Rap-
ids 1979, 49.
125
Con razn Allo (L'Apocalypse, 232) declara que esta forma de leer el Apo-
calipsis constituye el mtodo ms opuesto que existe al espritu de Juan.
126
A pesar de las diferencias, muchos comentaristas modernos sostienen que
gran parte del Apocalipsis anuncia sobre todo el final de los tiempos y la segunda venida
de Cristo. Y la creencia popular est marcada por esta interpretacin, a la que hay que
aadir el preconcepto del elemento catastrfico. Por eso hoy en da hablar del Apocalip-
sis para muchos equivale a hablar del fin del mundo.
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EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
D) El modelo preterista
Denominado tambin modelo de la historia contempornea (zeitges-
chichtlich), propone ver en el Apocalipsis una descripcin de los sucesos polti-
cos contemporneos al autor, narrados de una manera simblica. El modelo
preterista tiene dos lneas principales. Segn una, el libro relata el surgimiento
de la Iglesia, y el esfuerzo del judasmo por aniquilarla. Segn la otra, el ene-
migo que trata de aniquilar a la Iglesia es el Imperio Romano. El Apocalipsis
anunciara, pues, sea la cada de Jerusaln en el ao 70, sea el hundimiento del
Imperio Romano, y las visiones se refieren a los acontecimientos histricos que
tienen que ver con alguno de esos dos sucesos 128. Slo desde el captulo 21 en
adelante se aplica a la etapa ltima de la Iglesia y a la segunda venida de Jesu-
cristo.
Luis de Alczar fue el gran propulsor de este sistema en el siglo XVII,
y partir de l se extendi a numerosos autores y comentaristas129.
Este sistema tiene el mrito de respetar el contexto histrico original
del libro. Sin embargo, se presta a muchos excesos cuando se trata de identifi-
car cada visin del libro con acontecimientos concretos del siglo I. Adems,
tiene la debilidad de aplicar las descripciones del Apocalipsis slo a los hechos
histricos antiguos que conocemos gracias a otras fuentes, lo cual limita en
gran parte su credibilidad.
E) El modelo pascual
Expuesto por primera vez sistemticamente por E. Corsini, este mode-
lo sostiene que en el Apocalipsis no debe buscarse la clave de la historia mili-
tar, ni poltica, ni social del mundo, ni tampoco los acontecimientos futuros. Su
tema nico y central es la historia de la venida de Jesucristo al mundo, concre-
tamente su muerte y resurreccin, y la transformacin operada en el cosmos
gracias a ella. Las diversas visiones del libro no describen la cronologa del fi-
nal de los tiempos sino que son variaciones del mismo y nico tema, del que no
se cansa de revelar sus mltiples facetas.
El Apocalipsis es, pues, la mirada de fe de un creyente que descubre lo
127
Bartina, Apocalipsis, 581.
128
Johnson, Revelation, 409.
129
Recientemente han defendido esta interpretacin las obras de C. van der
Waal, Openbaring van Jezus Christus. Inleiding en Vertaling, Vuurbaak, Groningen
1971; Chilton, Days of Vengeance.
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A. LVAREZ
que ocurri ya en la historia. Frente a los ojos de los dems, la Iglesia aparece
como un grupo dbil, vacilante, sin importancia ni futuro. Para los ojos de la fe,
se trata de un pueblo vencedor, que ya vive la gloria de las bendiciones eternas.
No se trata de una revelacin estructurada en el famoso esquema ya pero no
todava. En este modelo, el no todava ya est todo en el presente. El cristia-
no no goza ahora slo de primicias, sino que puede vivir hoy en plenitud las
consecuencias de la salvacin operadas con el misterio pascual de Jesucristo.
Es la visin de la escatologa realizada.
Este modelo puede subdividirse en dos corrientes. Una, que llamamos
modelo pascual preparatorio, explica una parte de las visiones del Apocalip-
sis como alusiones a distintas etapas del AT preparatorias a la venida de Cristo.
Es la lnea seguida por Corsini130. La otra, que denominamos modelo pascual
consecutivo, explica todas las visiones del Apocalipsis como descripcin de
las consecuencias producidas en el mundo por la victoria de Jesucristo sobre la
muerte. Es la postura de Prigent131.
130
Corsini, Apocalisse, 18.
131
Prigent, LApocalisse, 749-750.
132
Como por ejemplo cuando sugiere (pgina 48) que el episodio de los dos
testigos de Ap 11 alude a la humanidad envuelta en pecado original, concepto teolgico
difcilmente presente en la mentalidad de Juan. Una extensa y ponderada crtica a Corsi-
ni puede verse en J. P. Michaud, Sur LApocalypse de Jean, un ouvrage important,
ScEs 37 (1985), 231-246.
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