100%(3)100% encontró este documento útil (3 votos) 447 vistas48 páginasEscribir No Es Soledad
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido,
reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
CRISTINA RIVERA GARZA
EScRIBIR NO ES SOLEDAD
Nota introductoria de
Icwacio M. SANCHEZ PRADO
Seleccion de la autora
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MExIco
CooRDINACION DE DiFusiON CULTURAL
DIRECCION DE LITERATURA
México, 2014Disefio de coleccién, nueva época: Ménica Zacarias Najjar
Fotografia de la autora: DR ® Yvonne Venegas
Primera edicién: enero de 2014
DR © 2014, Universidad Nacional Autonoma de México
Ciudad Universitaria, Delegacién Coyoacén
C.P, 04510 México, Distrito Federal
Coordinacién de Difusién Cultural
Direccién de Literatura
ISBN: 978-607-02-5022-4
Esta edicién y sus caracteristicas son propiedad de la Universidad Nacional
Auténoma de México. Todos los derechos reservados. Prohibida la repro-
duccién total o parcial por cualquier medio sin la autorizacién escrita del
titular de los derechos patrimoniales.
Impreso y hecho en MéxicoNoTA INTRODUCTORIA
La obra de Cristina Rivera Garza constituye una de las
instancias mas originales e intensas de la literatura
mexicana contemporanea. Nacida en Matamoros, Ta-
maulipas, en 1964, Rivera Garza es una de las figuras
mas importantes del medio literario en México y una
de sus autoras mas reconocidas en el ambito nacional
e internacional. La mayor parte de sus lectores la co-
noce desde su obra narrativa, gracias sobre todo al
considerable éxito de Nadie me vera llorar (1999),
cuya protagonista, Matilda Burgos, es uno de los per-
sonajes mas multifacéticos en la historia de la novela
mexicana. Nadie me verd llorar es notable porque
combina el trabajo literario con una rigurosa investi-
gacion hist6rica, nacida de la tesis doctoral que, afios
después, culminaria también en un magnifico ensayo:
La Castaneda. Narrativas dolientes desde el manico-
mio general, México, 1910-1930 (2010). A partir de
ahi, el tronco central de la escritura de Rivera Garza
se ha desarrollado en novelas de gran complejidad,
que intervienen con sutileza teérica y estética en los
espacios que deciden figurar: la memoria poética de
Amparo Davila (La cresta de Ilidn [2002]); la escri-
tura (Lo anterior [2004]); la novela negra y la figura
de Alejandra Pizarnik (La muerte me da [2007]); la
fragmentacion del sujeto y la percepcién (Verde
Shanghai [2011], que por cierto reescribe su tem-
prano libro La guerra no importa [1991]); las densi-
dades de los afectos (El mal de la taiga [2012]).
Aunque su obra narrativa varia ampliamente en
temas, el procedimiento central de Cristina Rivera
Garza radica en lo que los formalistas rusos llamaban“extrafiamiento” o “desfamiliarizacién”: la presenta-
cién de objetos y formas de lo cotidiano en versiones
inesperadas, que sacuden la comodidad que el lector
tiene frente a ellos. La historia en Nadie me verd llo-
rar, las certezas de la novela policial en La muerte
me da, la realidad misma en Verde Shanghai, son pre-
sentadas al lector de formas inesperadas, sorpresivas.
No s6lo cuestionan las expectativas y prejuicios del
lector, sino que sus nuevas formas son intensas e ilu-
minadoras, permiten observar perspectivas insospe-
chadas en el mundo previo a la lectura de sus libros.
Esta diversificacion de la experiencia del mundo y
de la cultura es caracteristica no sélo de las novelas de
Cristina Rivera Garza, sino también de sus volime-
nes de cuentos —Ningun reloj cuenta esto (2002) y
La frontera mds distante (2008)— y de sus poemas
—recogidos casi todos en Los textos del yo (2005) y
Viriditas (2012)—. La seduccién y complejidad de sus
trabajos literarios han convertido a Rivera Garza en
una de las autoras mas discutidas por la critica lite-
raria, tanto periodistica como académica, algo que se
atestigua en el volumen Cristina Rivera Garza: ningun
critico cuenta esto (2010), coordinado por Oswaldo Es-
trada, que incluye un amplio repertorio de sus intér-
pretes.
El volumen que tiene el lector en las manos recoge
dos textos que pertenecen a una produccién menos
conocida, pero absolutamente fundamental, del que-
hacer de Rivera Garza: el ensayo. La narrativa y poe-
sia de esta autora tienen uno de sus cimientos
fundamentales en el diverso y amplio trabajo teérico
que ha desarrollado en sus articulos y ensayos. Reco-
gidos en libros como £1 disco de Newton (2011), Do-
lerse. Textos desde un pais herido (2011) y Los
muertos indéciles. Necroescritura y desapropiacion(2013), asi como en su recién concluida columna se-
manal “La mano oblicua” (en el periddico Milenio) y
en su blog “No hay tal lugar”, los ensayos de Rivera
Garza la muestran como una de las muy pocas escri-
toras mexicanas que no recelan a la teoria. Se fundan
en un amplio registro de lineas filos6ficas y estéticas
que se vuelven parte de la configuraci6n activa de su
obra. En la obra ensayistica de Rivera Garza coinciden
estudios y algunos autores de fuerte cariz teérico y
experimental (como el norteamericano David Mark-
son) con lecturas intensas de figuras centrales del
pensamiento contemporaneo, como Gilles Deleuze y
Achille Mbembe. Aunque una discusi6n detallada de las
ideas literarias y filos6ficas de Rivera Garza excede el
espacio que tengo aqui, conviene destacar que su
obra esta predicada, mas que en ningtn otro autor
mexicano, al pensamiento critico y al deseo de inter-
vencién en las estructuras del imaginario publico, la
politica y la literatura misma. A pesar de su densidad
estética, la obra de Rivera Garza no es un trabajo
autorreferencial ni una defensa de la literatura pura,
sino un descentramiento de aquellas formas de la es-
critura que normalizan ideologias y formas de pensa-
miento naturalizadas en la esfera publica, con el fin
de entablar un dialogo critico con los lectores hacia
la renovacién de las ideas que rigen a la sociedad.
Asi, creo, pueden abordarse los dos textos incluidos
aqui. El primer ensayo “Breves vistas desde Pompeya.
La producci6n del presente en 140 caracteres” inte-
rroga la manera en que el Twitter, una de las mayores
disrupciones de la escritura en la época contempora-
nea, lleva a replantear la idea misma de la literatura,
asi como su papel en el pensamiento y enunciacién
de la contemporaneidad. El segundo texto, “Desapro-
piadamente: escribir con otros hoy”, plantea uncuestionamiento del “reino de lo propio” que subyace
al mito liberal de autor como individuo, y propone
pensar la escritura siguiendo la nocién de comunidad
que se encuentra en el centro de un grupo muy im-
portante de filosofos contemporaneos (Giorgio Agam-
ben, Jean-Luc Nancy y Jacques Ranciére, entre otros).
Al suspender la resistencia a la teoria que caracteriza
a mucha de la escritura y critica literaria mexicanas
de hoy en dia, los dos ensayos aqui incluidos desa-
fian al lector, en particular, y a la cultura mexicana
y latinoamericana en general, a replantear de ma-
nera radical los paradigmas de escritura que han defi-
nido el quehacer intelectual por décadas. Sin adelantar
en demasia, creo que el lector encontrara en los textos
aqui incluidos no sélo una prosa magnifica y un pen-
samiento sdlido y seductor, sino también un reto:
confrontar las nociones de literatura que cada uno de
nosotros tenemos con el fin de reformularlas y ex-
pandirlas.
Iewacio M. SANCHEZ PrapoBREVES VISTAS DESDE POMPEYA
LA PRODUCCION DEL PRESENTE EN 140 CARACTERES
I. UNA LINEA EN EL TIEMPO
En el mundo Twitter, TL sélo puede significar una
cosa: la linea del tiempo (timeline). En efecto, en
witter toda escritura conforma una linea de tiempo
en continuo movimiento. 0 al revés: en Twitter, todo
tiempo esta hecho de escritura en su incesante apa-
recer y desaparecer. Luciérnaga de hoy. No hay
iempo sin escritura, ésa es la primera conclusién. No
hay escritura que no sea, simultaneamente, tiempo
que pasa. Asi, sdlo el esfuerzo de una escritura co-
ectiva, incesantemente enunciada, constantemente
acaecida, logra hacer posible lo posible: que el tiempo
exista y, ya existiendo, que el tiempo pase.
ELTL es, por supuesto, el conjunto de rectangulos
llenos de frases de 140 caracteres que ocupa la pan-
talla y que, al aparecer, avanza, solo para desaparecer
otra vez. Creo haber mencionado ya la palabra luciér-
naga antes. De arriba hacia abajo: escritura vertical.
De la existencia dentro de los limites de la pantalla
del presente a la semiexistencia en los registros del
“ya fue”: escritura sinaptica. Pocas cosas nos recuer-
dan de manera tan punzante que lo propio del tiempo
es pasar. Pocas cosas nos confirman lo que, por obvio,
no deja de ser intrigante: ;asi que nosotros también
desapareceremos?
El tuit se parece a muchas cosas que han existido
en el pasado y que siguen sin duda existiendo en el
ahora: el aforismo, el haiku, el poeminimo, la inven-
cin varia, la vifieta, la frase suelta, el versiculo, la
oracién. La diferencia, sin embargo, es el medio. El
7tuit es escritura breve, ciertamente, pero es escritura
en pantalla. Ain mas: el tuit es escritura en tiempo
real, ese constructo. Ya lo decia Walter Benjamin, el
Ur-Cito escritor extremo, el transcrivener por excelen-
cia, en el apartado 14 de sus Tesis de la filosofia de la
historia (con apropiado epigrafe de Karl Kraus: la meta
es el origen): en oposicion al tiempo vacio y homogé-
neo de la ideologia dominante, se encuentra el tiempo-
ahora, un tiempo pleno que hace saltar, a través del
momento de peligro que es toda cita, el continuum de
la historia. Dice Benjamin cuando discurre sobre las
maneras en que la moda “cita” el ropaje del pasado:
“La moda husmea lo actual dondequiera que lo actual
se mueva en la jungla de otrora”. Asi el tuit: escritura
en breve, como tanta otra, pero con y en y a través de
la tecnologia de hoy. Sefialar las similitudes, un ejerci-
cio encomiable respecto de un fendmeno tan reciente,
no debe dejar de lado, sin embargo, las especificidades.
Un aforismo y un tuit pueden parecer lo mismo
leidos sin contexto. Aunque en ambos casos se trata
de textos de minima brevedad, uno y otro encarnan
maneras distintas de ver y representar el mundo a
través de la escritura. La gran diferencia es, de nueva
cuenta, el interfaz. Ya sobre el papel o la pantalla, el
aforismo es por lo regular una estructura cerrada que
se presenta como completa en si mismo. Un tuit, en
cambio, sdlo puede existir dentro del fluir continuo
del timeline. Siempre en conexi6n con otros, y siem-
pre en el movimiento vertical y descendente que lo
condena a un almacenamiento muy similar a la desa-
paricion, tuitear es una forma de escritura colectiva
que, con base en un sistema de yuxtaposiciones con-
tinuas, pone en crisis ciertas figuras basicas de la na-
rrativa tradicional: desde la bifurcacién que se asume
como central entre el autor y narrador de un textohasta la existencia o necesidad de un arco narrativo
en el relato, pasando por la alguna vez sacrosanta
idea de que la escritura es un ejercicio solitario. Pero
éste es solo uno de los ejemplos, y tal vez el mas
obvio, de las muchas maneras en que el uso creciente
de la tecnologia digital ha afectado y esta afectando
tanto el proceso como el significado cultural de una
practica que, vista dentro de contextos especificos,
nunca es igual a si misma.
Para ejemplos bastan dos botones. El trabajo, por
una parte, de Graciela Romero, quien asegura en un
tuit que “ya fue” es lo de hoy, y la escritura electré-
nica de Alberto Chimal (@albertochimal), quien ha
hecho una delicia de los deslizamientos transversales
de su Viajero del tiempo. El tiempo, pues, esa cosa
que pasa, y en ambos sentidos del término: lo que
acontece, si, y lo que se va. El tiempo y su manera
de estar, que es la escritura: tiempo medido, tiempo
fisico, tiempo con trazo. Tiempo con mas aca. El
tiempo que, por ser escritura, es imaginacion.
Graciela Romero fue, antes que todo, @diamandina
—su nombre de escritora de Twitter—. Recuerdo el
primer tuit que le lei: “Me haces falta de sobra”. Re-
cuerdo la manera en que la frase me hizo reir y, luego,
reflexionar y, al final, volver a reir pero esta vez con
conocimiento de causa: faltar y sobrar, dos verbos, y
la frase que en otro contexto podria ser cliché: me
haces falta. ;Qué se dice en realidad cuando se dice
“me haces falta de sobra”? Entre otras cosas se dice
que la frase, aparentemente natural, es en realidad ar-
tificio puro. Se dice que las posibilidades de los juegos
del lenguaje son infinitas y que, en el teclado preciso,
esas posibilidades nacen del batir de alas de lo colo-
quial. Se dice que entre letra y letra se mece una in-
teligencia jocosa y critica, atenta. Se dice, pues, queahi hay escritura. Por eso la segui leyendo. Y me
hice su seguidora. Digo, parafraseandola, que leer a
@diamandina es lo de hoy.
Alberto Chimal, por su parte, tiene ya una trayec-
toria como escritor de libros hechos en papel (prueba
de que el TL acoge por igual a los inéditos que lo edi-
tados, faltaba mas). Si la curiosidad maté al gato, a
Alberto y a sus lectores la curiosidad nos mantiene
vivos. Atento a las vicisitudes tecnolégicas de hoy,
Alberto no sélo hace de su cuenta de Twitter un canal
de informaci6n activa y recurrente, sino que también
la utiliza para crear. Prueba de ello son sus saludos
matutinos y nocturnos —un ritual que ya marca el
paso del tiempo en numerosas lineas del tiempo— y
esos trayectos que emprende de cuando en cuando
un Viajero que igual recurre a la cita docta que al
guifio de la cultura popular.'
Es una declaracién escandalosa y certera a la vez.
La profirid, no hace mucho, Josefina Ludmer en un
pequeno ensayo acerca de ciertos libros argentinos
publicados recientemente. Dijo: “Estas escrituras no
admiten lecturas literarias; esto quiere decir que no
se sabe o no importa si son o no son literatura. Y
tampoco se sabe o no importa si son realidad o fic-
cién. Se instalan localmente y en una realidad coti-
diana para ‘fabricar presente’ y ése es precisamente
su sentido.”* Por fortuna, aclaré que su concepto de
1 Graciela Romero y Alberto Chimal, “El viajero del tiempo y la
chica del ya fue en mi TL”, en “La Camara Verde”, Periddico de
Poesia, nim. 37, marzo de 2011: http://www.periodicodepoe-
sia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=168
7&Itemid=11.
? Josefina Ludmer, “Literaturas postauténomas”, en http://
www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v17/ludmer.htm.
10“fabricar presente” venia intimamente relacionado
con una lectura de un ensayo de Tamara Kamenszain
en el que la autora argumentaba acerca de cierta po-
esia argentina actual que “el testimonio es una
prueba del presente y no un registro realista de lo
que paso”? Ese es el punto de partida de Ludmer. Y
ése es el punto de partida aqui. Es inutil discutir si
la escritura que se lleva a cabo en la plataforma elec-
tronica conocida como Twitter es literatura o no.
También es irrelevante, aunque ahi radica uno de sus
puntos de interés, si es ficcién o no. Lo que importa
al leer el timeline por el que pasan, siempre en orden
descendente, los rectangulos que contienen 140 ca-
racteres que representan a la escritura en Twitter, es
que éstos constituyen una prueba del presente. No
son, como lo definiera Kamenszain, un registro rea-
lista de lo que acontece, pero constituyen una prueba
del presente. Evidencia y practica a la vez. Una pro-
duccién de esa enunciacién de la contemporaneidad
que le preocupaba tanto a Gertrude Stein.
IL. TRACTATUS LOGICUS TUITERUS
1. Digamoslo asi: un tuit no produce sentido sino pre-
sente.
1.1. Un tuit no cuenta lo que pasd; constata que algo
sucede.
1.1.1. Un tuit es lo que sucede.
1.2. Excepto por las palabras, nada ocurre mientras
tuiteamos.
3 Tamara Kamenszain, La boca del testimonio. Lo que dice la po-
esia, Norma, Buenos Aires, 2007.
111.2.1. El presente del tuit es, desde antes, un presente
mediado.
1.2.2. El presente del tuit es, desde antes, un ready-
made.
1.2.3. Frente a pantallas y teclado, los tuiteros parti-
cipan de un presente ficticio.
1.2.3.1. Algo pasa: la ficcién lo encubre. Nada pasa:
el tuit lo descubre.
1.2.3.2. El tuitero es el mejor personaje de Si Mismo.
1.2.4. El presente del tuit lo produce un cuerpo sen-
tado.
1.3. Porque el presente del tuit es desde antes un
readymade, no hay tuit sincero.
1.3.1. Todo tuit es, desde antes, inverosimil.
1.3.2. El tuit confesional es una contradiccién en tér-
minos.
1.3.3. Nadie hace en realidad tuit tease.
1.3.4. Alterproducido y alterdirigido, el tuit va de
afuera hacia afuera.
1.3.4.1. El tuit es una escena.
1.4. El presente del tuit, como el presente del tuitero,
se basa en un principio de yuxtaposicién y mon-
taje.
1.4.1. El presente del tuit ocurre en la articulacion
aleatoria del TL.
1.4.1.1. Aun si el otro tuit es del mismo tuitero, un
tuit requiere de otro para existir.
1.4.1.1.1. Todo tuit es eco.
.2. Todo tuit es contacto.
.3. Todo tuit es limbo.
1.4.1.2. Un tuit deviene tuit en su TL.
1.4.2. El presente del tuit esta en la pantalla.
121.5. La funcion de borrar acentta la consistencia efi-
mera del presente del tuit.
1.5.1. El tuit es el presente mas corto.
1.5.2. El tuit es el presente en su modo mas precario.
1.5.2.1. Se necesita un gran esfuerzo colectivo para
producirnos como el presente del tuit.
1.5.3. Borrar es lo propio del tuit.
1.6. Como las esporas, el tuit se reproduce a través de
los retuits (RT) que lo diseminan de TL en TL.
1.6.1. De TL en TL, la reproduccién esporadica del tuit
es un proceso de encuadre y reencuadre.
1.6.2. La reproduccién esporadica del tuit excluye su
fusi6n con otro.
1.6.3. Esporadicamente también significa de cuando
en cuando. Un tuit.
1.7. Twitter: sesion de escritura en vivo.
1.7.1. El Twitter es el jazz de la escritura.
1.7.2. Un tuit interpelado por otro: escritura en vivo.
1. Escrito hacia: el tuit.
1.7.2.2. Todo tuit es zigzag.
1.7.3. Una cadena de rapidas reacciones semanticas:
el impulso nervioso del tuit.
1.7.4. Metonimicas operaciones minimas: el tuit dia-
logico.
1.7.5. Ortografias errantes: las transformaciones sin-
tacticas del tuit.
1.8. Caleidoscépico, proteico, colectivo, esporadico:
el presente del tuit.
1.9. Mira: acaba de aparecer este tuit.
13TIT. BREVES MENSAJES DESDE POMPEYA
Son varias las razones que explican mi reciente adic-
cién al Twitter. Si he leido bien los ensayos tedricos
acerca de este fendmeno de comunicacion instanta-
nea que se establece a través de mensajes escritos
en no mas de 140 caracteres, esas razones también
son complejas. Todos los caminos parten esta vez de
Pompeya, y no de Roma. Nuestra cuna no es ya mas
esa ciudad eterna donde las ruinas yacen, capa sobre
capa, en un gesto de circular totalidad. Nuestra cuna
es, aqui y ahora, esa otra ciudad petrificada en la glo-
ria de un instante: Pompeya. Corte. Tajo. Interrup-
cion.
Hubo, alguna vez, eso es cierto, un homo psycho-
logicus. Se trataba de ese ser humano de las socieda-
des industriales que construy6 gruesos muros para
separar lo privado de lo publico y proteger asi una
noci6n silenciosa y profunda, individual y estable, del
yo. Porque tenia un secreto, el homo psychologicus
invent6 el psicoanalisis, por ejemplo. Tener un rico
“mundo interior” y una “historia propia” fueron, en
esa época, cosas de suyo importantes. Escribir largos
libros laberinticos (libros, en este sentido, romanos)
que llegaban, sin embargo, a un final bien estable-
cido, no sdlo era especial para el escritor que firmaba
el relato con su nombre, desligando asi al autor del
narrador y del personaje, sino también para el lector
que, en silencio, en otra habitacién del mundo pri-
vado, recibiria el mensaje que lo alertaria sobre los
recovecos propios. Se narraba, pues, para ser 0 porque
se era alguien extraordinario. Se leia por igual canti-
dad de razones. Uno de los maximos representantes
de ese mundo —francés, por cierto, y de apellido Ma-
llarmé— lleg6 a argumentar que la vida existia para
14ser contada en un libro. A juzgar por el peso del
papel, los libros eran objetos bastante engorrosos en
esa época.
Pero el homo psychologicus, como se sabe, ya fue.
En su lugar se ha ido formando, no del lento quehacer
de la ruina romana, sino del imperioso instante de
Pompeya, el homo technologicus: un ser poshumano
que habita los espacios fisicos y virtuales de las so-
ciedades informaticas para quien el yo no es ni secreto
ni una hondura ni mucho menos una interioridad,
sino, por el contrario, una forma de visibilidad. Co-
nectado siempre a digitalidades diversas, el technolo-
gicus escribe dentro de habitaciones transparentes
bordeadas de pantallas y, de hecho, acompafiado con
frecuencia de gente. Ahi, pues, escribe esa vida que
sdlo existe para que aparezca inscrita en fragmentos
de circulacién constante en esa exterioridad —para
usar un término vintage— conocida como soporte
Web 2.0.
Se trata, en ambos casos, de escribir la vida. Pero
en la iracunda competencia entre la ficcién y la no-
ficcion (como nombran estas cosas en el ex imperio
de Estados Unidos) la no-ficcién va ganando, y por
goliza. Una extrafia pero sugerente combinacién
entre el culto a la personalidad y una noci6n alterdi-
rigida del yo dentro de un régimen de visibilidad total
ha provocado que cientos de miles de millones de
seres poshumanos se lancen raudos y veloces a trans-
mitir mensajes escritos sobre lo que les acontece en
ese justo y pompéyico instante. Sin trama totaliza-
dora ni objetivo teleolégico alguno, esos pedazos de
escritura cruzan el espacio cibernético sin otro fin
mas que el aparecer donde aparecen, es decir, frente
a la vista legitimadora de su otro igual. Leer es, en
efecto, una forma de constatar. No hay secreto.
15Porque soy una DM (Digital Migrante), he llegado
al Twitter con algunos afios de atraso. Eso no le resta,
sin embargo, ni intensidad ni placer a mi nueva tuit-
adiccioén. De mis alebrestadas exploraciones por esta
Pompeya mexicana del siglo xxI rescato la disemina-
cion horizontal de la informacion (me he enterado de
mas minucias culturales y politicas a través de la lec-
tura y los subrayados de mi comunidad tuitera —desde
los links de Alberto Chimal o Ernesto Priego a los co-
mentarios de Yuri Herrera o Irma Gallo— que en cual-
quier otro medio); el ejercicio critico del periodismo
ciudadano (la informacion producida y propagada
acerca del terremoto de Chile me basta como ejem-
plo); y sobre todo, las formas de escritura que res-
ponden con creces a la pregunta/abracadabra de todo
tuit: ;qué le esta pasando (al lenguaje)?
Por malformaciones del oficio, busco escritura en
todo lo que hago. Contra todo pronéstico eso también
lo he encontrado en el tuit. Tengo la impresién, por
ejemplo, de que a tuitescritores como @diamandina
y @Frank_lozanodr (antes @franklozanodr) les im-
porta escribir y aparecer en la pantalla, en ese orden.
Mas que informar sobre lo que les pasa (aunque lo
hacen), estos dos escritores de Guadalajara (es lo mas
que pude colegir de sus sitios) escriben lo que le pasa
al lenguaje. Sus textos nos permiten ser testigos de
lo que sucede cuando Oulipo ha tomado el mando y
la sociedad entera se atiene a la maxima de los 140
caracteres de extension. Analizar con justicia lo que
hacen me llevaria paginas enteras, pero anoto aqui la
manera jocosa y deslumbrante en que ambos desen-
samblan el lenguaje popular, con frecuencia cam-
biando letras que convierten una palabra en varias
mas 0 reposicionando palabras dentro de una oracién
que se convierte, asi entonces, en una oracion ya des-
16conocida. En su “Me haces falta de sobra”, de @dia-
mandina, o en “Que-herida”, que aparece en este ins-
tante en mi pantalla dentro de una cajita horizontal
firmada por @Frank_lozanodr, no sdlo hay un pro-
fundo conocimiento de los giros cotidianos del len-
guaje sino una lidica subversién de la sintaxis y la
ortografia que me indican que ahi hay escritura y,
por lo tanto, pongo atencién, implicandome. En un
terreno que no alcanza a cubrir el aforismo pero al
que no llega del todo el poeminimo, @diamandina
escribe: “Desde 1998 te estaba esperando en 2010”,
“El acto malabarico de poner en movimiento tantos
celos al mismo tiempo”, “Reaccionaria: preferiria no
preferir no hacerlo”, “Mis planes tienen una agilidad
sorprendente para dar vuelta en bu”. De @Frank_lo-
zanodr: “Recuerdas ese jardin. No lo tuvimos”. “Yo en
realidad tengo una piedra en el corazon, y oidos sor-
dos”. “Y rueda la piedra, gira en su pértiga sonambula
hasta su conversién en polvo”. Llevo dias ya citando-
los a la menor provocacion y eso, valgame dios, voy
a decir una reverenda barbaridad (cosa que se me da, a
decir verdad), eso es algo que no hice ni siquiera con
Tolstoi.
IV. EROTOGRAFIAS POMPEYANAS
La ortografia, como se sabe, es “la parte de la grama-
tica normativa que fija las reglas para el uso de las
letras y signos de puntuacion en la escritura”. Otra
fuente afiade: “La ortografia se basa en la aceptacién
de una serie de convenciones por parte de la comu-
nidad lingiiistica con el objetivo de mantener la uni-
dad de la lengua escrita”. Lo que a mi me queda claro
es que la ortografia es una convencién dinamica y
17tensa, puesto que en el “fijar” de las reglas se asume
que participan integrantes, acaso disimiles, de “la
comunidad lingiiistica”. También me queda claro que
la lengua tiende a la dispersién y el no sé qué tan
sano esparcimiento, puesto que se han creado orga-
nismos, tales como la Real Academia, para “mantener
su unidad”.
No estoy muy segura del nivel de fiabilidad de
mis fuentes (y aqui he de confesar que son fuentes
wikipédicas) pero todo parece indicar que meterse
con la ortografia no es un asunto menor. Mas alla de
una simple distraccién o un analfabético devaneo,
retar a la ortografia implica vérselas con las mismisimas
fuerzas que mantienen a una lengua intacta. El mal or-
tégrafo puede bien ser un perfecto ignorante, pero
mirado de otra forma, mirado desde los lentes del
Twitter, también podria ser guerrillero de las fuerzas
centrifugas de la lengua escrita. ;Y para qué querri-
amos una lengua que, parafraseando lo que le dijo
Lopez Velarde a la Diamantina (Patria), fuera siempre
fiel a Si Misma?
Aclaro: no es éste un alegato en favor de las fal-
tas de ortografia en general, aparezcan éstas sobre
papel o sobre la pantalla. Lo que quiero hacer es sen-
tar las bases para analizar uno de los métodos mas
comtinmente empleados por los tuitescritores de la
Pompeya mexicana de inicios de siglo XxI cuando con-
testan a la pregunta “;qué es lo que esta pasando
(con el lenguaje)?”.
Mi teoria es que, utilizando a la ortografia como
un campo de accién, estos tuitescritores alteran tanto
el significado de palabras especificas asi como de fra-
ses completas —ya de extraccion popular, ya de una
cultura libresca— para producir visiones criticas y li-
dicas del cotidiano de donde surgen. Asi, desde las
18oficinas donde laboran o dentro de esas habitaciones
para solos, los tuitescritores se las arreglan para pro-
ducir la frase que, como el verso o el aforismo o el
poeminimo cuando lo es, continte constatando que,
si es lenguaje, entonces no es natural ni inamovible
ni pétreo. Si es lenguaje es lidico. Si es lenguaje, en
manos del teclado y en pantallas disimiles, pues en-
tonces es politica. Tal vez @Pelinni tenia razon
cuando aseguraba que “Ustedes son geniales, pero
tienen un empleo mediocre y una vida triste”, pero sin
duda esta en lo correcto cuando afiade: “Esa es la
magia de Twitter”. Arqueélogos de significados ape-
nas ocultos y malabaristas de la frase bien hecha, los
tuitescritores son gente que ha aprendido bien, y
para bien, el viejo adagio que reza que, sobre todo,
hay que saber reirse de uno mismo.
Es interesante, sin duda, encontrarse en los labe-
rintos de la Neopompeya con escritores que, utili-
zando mas cominmente el soporte de papel, hacen
una transicién limpia a la frase de 140 caracteres: de
as traducciones de Aurelio Asiain (@aasiain), por
ejemplo, a las elucubraciones bien hechas de Isai Mo-
reno (@isaimoreno); de los juegos de palabras que
desde el otro lado del charco produce Jorge Harmodio
(@harmodio) a los subrayados de Jordi Soler (@jso-
erescritor). Es posible encontrar en Twitter lipogra-
mas (Gael Garcia publicé uno hace un tiempo, por
ejemplo), palindromos, ficciones sibitas, traduccio-
nes exactas, minificciones. También es interesante
descubrir a esos otros tuitescritores que tal vez pu-
blican o no en papel, pero cuyo modo de escribir es,
sobre todo, electrénico. Podrian pasar por ocurrencias
o puntadas y, siéndolo, como lo podrian ser, todas
estas frases de 140 caracteres 0 menos, son otra cosa:
son escritura. Que la conciencia gramatical esta ahi,
19activa y desafiante, antiautoritaria y nada pueril, me
queda claro en entradas como la de @hiperkarma:
“De ahora en adelante, Usaré Mayutsculas Cuando
Hable”. Dandole RT a una frase de @mutante, @hi-
perkarma se hace eco de las trasgresiones ortograficas
asi: “No pienso poner ni una coma y dar asi una li-
bertad inusitada a la interpretacion del texto escrito”.
Fue ella quien, desde Monterrey, respondié critica y
justamente al anuncio mal redactado de Gandhi: “Si
tu limite de lectura son 140 caracteres. Te vamos a
hacer leer. / Si su puntuacién es mala, les ensefiaré
a escribir”.
Sus métodos aparentan ser simples pero tienen,
sin duda, su chiste. Van los mas recurrentes: el cam-
bio/sustitucion de letras dentro de una palabra, pri-
mero y, después, la reubicacién/reemplazamiento de
una palabra por otra dentro de una frase. En ambos
casos el fin (buscado o no) es producir una prolife-
racién de significados que desnaturaliza, cuestio-
nandolo, el significado que ya nunca mas sera
“original”. Con el simple cambio de la vocal “e” por
la vocal “a”, la palabra “felicidad”, por ejemplo,
puede devenir en “falicidad”, neovocablo a través del
cual se asocia el falo con el significado positivo de la
palabra inicial. En “Me rehuso a que no me reuses”,
@diamandina borra la mudisima “h” de la segunda
palabra que ahora, incluso sin guién entre sus partes,
adquiere una dimension erdtica, si no es que sexual.
En “Instrucciones para bailar matematicamente: cues-
tion de seguir el algorritmo”, la incorporacién de una
segunda “erre” en la ultima palabra logra intercam-
biar, de manera por demas feliz, el ritmo del baile con
la idea de método propio de la ciencia de los numeros.
Un hashtag de #pornolibros (yo lo segui en @viaje-
rovertical o Herson Barona) lleva este ejercicio al pa-
20roxismo al cambiar letras en algunas palabras de cier-
‘os titulos muy conocidos para producir un doble sig-
nificado sexual. Culises, de Joyce, es uno de ellos, por
ejemplo.
Existe un segundo método en el cual la palabra
permanece intacta, pero cuyo cambio de posicién en
una frase bien conocida (un dicho popular, el titulo
de alguna cancion o pelicula, por ejemplo) termina
por producir resultados pardédicos o epifanicos. @dia-
mandina dijo alguna vez: “Enganifa. Albaricoque. No
es por presumir, pero tengo felicidad de palabra”. La
“facilidad” de la frase coloquial (tener facilidad de pa-
abra) ha sido exponencialmente elevada a través de
a “felicidad”, palabra que respeta las reglas de la or-
ografia, pero cuyo posicionamiento en esta oracién
no es “natural”.
Otros, como @viajerovertical, se valen de sus lec-
turas de filosofia para plantear cuestiones de teoria
iteraria, “;La experiencia se conserva o se disuelve
en el texto?”, y para llevar a cabo reflexiones perso-
nales sobre la memoria y, entre otras cosas, el amor:
“Qué dolor el idilio en que uno solo es los dos aman-
tes y el jardin y el pajaro”. De las interacciones con
el inglés, los tuitescritores también cosechan sus fra-
ses de 140 caracteres. @diamandina lo logra otra vez,
combinando las burbujas del champan con las del en-
voltorio de plastico en: “A manera de brindis hay que
caminar sobre el bubble wrap”.
Lo que en sentido literal podria ser tomado
como un error ya de conocimiento (el no saber las
reglas ortograficas) o de mecanica (el tipico “de-
dazo”), deviene en el universo de la tuitescritura,
gracias al ingenio y al roce continuo con el hacer de
las palabras, en breves frases con gran poder evoca-
tivo y, en su caso, parédico. He aqui la razon por la
21cual he llamado erotografia a estos juegos con orto-
grafias alternativas que tanto caracterizan a los tui-
tescritores de hoy: el roce, el cuerpo a cuerpo con las
palabras de todos los dias. El placer. Ah, el placer de
volver a leer, por fin, algo fresco. Nota final: la ero-
tografia no tiene nada que ver, que yo sepa, con la
mas bien aleatoria ortografia del Twitter o twiter o
tuiter o tuitah.
V. TURNO NOCTURNO
2A qué tipo de documentos podria recurrir un antro-
pologo de finales del siglo xxI para desentrafiar, y
esto en su mayor detalle, la vida privada de hombres
y mujeres de inicios del xxI? Si éste fuera el afio 2092 y
yo fuera ese antropélogo interesado en explorar los
recovecos humanos tanto de la sentimentalidad como
de la sexualidad de inicios de siglo, sin duda buscaria
entre los registros de los TL de las cuentas de Twitter
que, segin noticias de no hace mucho, deberian
estar catalogadas en los archivos del congreso norte-
americano.
En el Twitter no se dice la verdad, eso se sabe.
Pero en el Twitter se exagera o se imposta dentro
de un contexto cultural que igual alimenta como
encauza la imaginacion que, de hecho, terminara
por construir el personaje. Paginas atras dije lo si-
guiente:
1.3. Porque el presente del tuit es desde antes un
readymade, no hay tuit sincero.
1.3.1. Todo tuit es, desde antes, inverosimil.
1.3.2. El tuit confesional es una contradiccién en
términos.
221.3.3. Nadie hace en realidad tuit tease.
1.3.4. Alterproducido y alterdirigido, el tuit va de
afuera hacia afuera.
1.3.4.1, El tuit es una escena.
Vayamos por partes. Sostuve ahi que un tuit (el men-
saje de 140 caracteres que un tuitero escribe siempre
dentro de un rectangulo en la parte superior de una
pantalla) es un readymade para enfatizar la natura-
leza mediada de su definicion mas propia. Un ready-
made, ese objeto encontrado y cotidiano que se
despliega a través de una forma ya codificada, esta
siempre listo para usarse. Por esa y no por otra razon
llegué a afirmar ahi que el tuit era inverosimil (en el
sentido en que, silo verosimil 1. Adj., tiene la aparien-
cia de verdadero; lo inverosimil debe tener entonces 1.
Adj., la apariencia de lo falso). Pero no me detuve
ahi. Dije, y esto lo sostengo, que no hay tuit confe-
sional. En otras palabras, dije ahi que, en tanto ready-
made, un tuit podria tomar la forma de lo confesional
para asi producir el efecto de revelacion e intimidad
que muchos asocian a la catarsis. De ahi, claro, que
nadie esté en posicion de hacer tuit tease. Aqui nadie
se desnuda 0, en todo caso, si alguien se desnuda en-
tonces la desnudez es sdlo un disfraz. El tuit, que se
expone de nacimiento, se produce en el afuera (el
lenguaje, la pantalla, el tablero) y se dirige, sin lugar
a dudas, hacia el afuera y en el afuera: el timeline. El
tuit es una escena pequefiisima.
Si al menos 80 por ciento de lo incluido en el pa-
rrafo anterior resulta sensato o al menos documen-
table, entonces es obvio que el antropélogo del 2092
no encontraria la verdad de las vidas sentimentales
y sexuales de inicios del siglo XxI en ningtin timeline.
Lo que el antropélogo del futuro si encontraria, sin
23embargo, seria la construcci6n colectiva de los limites
de la asi llamada vida intima. Fl antropdlogo, que en
realidad era una antropéloga, por cierto, haria bien
en cuestionar la veracidad de los datos a su disposi-
cién. Pero también haria bien en creerlos a pie junti-
llas con tal de llegar a dilucidar todos y cada uno de
los elementos que se desplegaban antes para producir
el terreno mismo de lo intimo. Después de todo, como
bien confirma Fernandez Porta:
la intimidad es un concepto que fue construido por
las clases acomodadas a finales del siglo XIX, para
distinguirse de las clases populares. Estaba basado
en la posesion de espacios cerrados (casas y habi-
taciones, pero también espacios sociales imperme-
ables), que garantizaban un cierto refinamiento en
la vida interior y relacional. En rigor ese concepto
deja de existir a mediados del siglo xx con la ex-
tension de las formas de espectacularizacién y pu-
blicidad.
El antropélogo que en realidad era una antropéloga
leeria, pues, los timelines de inicio del xxI. Si pudiera
aconsejarla, le diria que se concentrara, sobre todo,
en los tuits del turno nocturno. Se trata de la pro-
duccién escritural de los insomnes y va de por ahi de
las 11 de la noche a eso de las dos o tres de la ma-
fiana. Son las horas mas fragiles: ahi el desvelado
implora y borracho dice algo con apariencia de ver-
dad. Casi todos los tuits del turno nocturno llevan de
manera mas o menos explicita la disculpa por lo que
algunos denominan, no sin cierta altivez, su cursile-
ria. @viajerovertical, un tuitero que se dedica casi
exclusivamente a merodear las ideas contemporaneas
del amor desde su punto mas nostalgico suele reirse
24de si mismo en este aspecto. Algunos de estos tuits
son divagaciones o revelaciones mas o menos disfra-
zadas sobre el tema de lo sexual. @altanoche, desde
Hermosillo, diria cosas como ésta: “Tengo ganas de
meterme a la cama. Pero no a la mia”. @reiben, un
joven escritor tijuanense, ha llegado incluso a tuitear
una secuencia de pornotuits que incluyen imagenes
de mujeres atadas a una silla mientras otros dos se
dedican a tener sexo violento frente a sus ojos. Que
lectoras como @_manchas_o, @DianitaGL 0 @javier_raya
se inmiscuyan en la narrativa fragmentaria del TL para pedir
mano en el momento de elegir a qué personaje inter-
pretar no deja de tener su gracia. La antropdloga lo
comprobara mas bien pronto: incendiados y risuefios,
los tuiteros de inicios del siglo XxI estaban dispuestos
a dar cobijo y a apropiarse de secuencias 0 personajes
para provocar el deseo. @ciervovulnerado merece una
mencién aparte. Desenfadada por principio de cuen-
tas, duefia de un dominio jocoso de la blasfemia po-
pular, esta tuitera de Xalapa no tiene empacho en
mencionar por su nombre a las partes del cuerpo que
se refiere. Tampoco le tiembla la mano cuando re-
trata a su familia —su hermano también tuitea— ni
mucho menos cuando describe sus encuentros (ima-
ginarios o no) con diferentes parejas. @hiperkarma,
una tuitera de Monterrey, pone en juego el lado mas
bien queer de la moneda. Incluso @MiguelCarbonell,
quien usualmente tuitea sobre temas sociales, es-
pecialmente relacionados con el derecho, no pierde
la oportunidad de citar a Sabines o de expresar su
nostalgia o de emitir suspiros en los tuits de me-
dianoche.
Algo huele a fresco ahi y es por eso que uno sabe
que no se trata de Dinamarca. La antropéloga, que
acaso si fuera a fin de cuentas un antropélogo, haria
25bien en leer con cuidado y reir con animo ante las des-
veladas anticonfesiones 0, mejor dicho, des-confesio-
nes, de las que se hace esa intimidad que, en nuestra
era, va de afuera hacia fuera. El fin del circulo.
VI. CONTRA LA CALIDAD LITERARIA
Pretender discernir la asi llamada calidad literaria de
un texto digital utilizando las normas y rituales que
emergieron histéricamente para analizar textos impre-
sos en papel es como pedirle al chico salvaje e intenso
que sea tu novio, con la secreta y malévola intencién
de que pronto se convierta en el sefior de la casa. 0
viceversa. Tanto forma como contenido constituyen
una unidad dinamica, definida por una serie de inter-
dependencias mutuas, de ahi que el medio o soporte
en que se escribe un texto importe, y mucho. No digo
nada nuevo cuando digo que ningtin texto brota de
la nada. Por mas genial que sea su autor, la elabora-
cién de un texto involucra la participacién del cuerpo
y de la serie de tecnologias —del rudimentario cincel
al ordenador contemporaneo, pasando por el multifa-
cético lapiz— que hacen posible la existencia concreta
de la escritura. Esas tecnologias y esos cuerpos son
ciertamente histéricos, productos sin duda de contex-
tos volatiles y jerarquicos en los que la escritura ha
jugado papeles distintos. No es del todo sorpresivo que
una época de cambios radicales, como la que vivimos
ahora en pos de la revolucién digital, ocasione ansie-
dad y desconfianza entre los voceros del statu quo. Es
la voz de esta ola de neoconservadores la que se alza
cada vez que se esgrime, como si fuera esencial y no
histérico, natural y no contingente, el escabroso asunto
de la calidad de lo literario.
26Tal como lo argumenta John Guillory en Cultural
Capital: The Problem of Literary Canon Formation, la
literatura en cuanto tal surgié hacia finales del siglo
XVIII para darle nombre al capital cultural de la bur-
guesia. Con el término “literario” se describia, asi,
una forma de escritura historicamente determinada
y culturalmente significativa. Aunque a lo largo del xix
y por la mayor parte del xx la categoria de lo literario
fungié como un principio organizativo dominante en
la formacién del canon, su poder hegemdnico decayd
hacia fines del Xx e inicios del xxI. Son varias las razo-
nes de este declive pero Guillory enumera, al menos
para el caso de Inglaterra, tres: la institucionalizacion
del inglés vernaculo en las escuelas primarias del siglo
XVIII; la polémica en favor de la nueva critica moder-
nista instituida en las universidades; y la aparicién de
una teoria del canon que suplementé el curriculum li-
terario en las escuelas de posgrado. La literatura,
pues, no es un sinonimo de buena escritura o de es-
critura de calidad. La literatura es el nombre que se
le ha dado a una cierta forma de escritura que se pu-
blic6 en papel, usualmente en la forma de libros, y
que se constituy6 en elemento hegemdonico para la
formacién de canones a lo largo del periodo moderno.
Si una forma de escritura no es literaria sélo quiere
decir que es producto de otra era histérica y de prac-
ticas tanto sociales como tecnolégicas distintas a las
dominantes durante la modernidad. No quiere decir
que su calidad sea mayor o menor, sino que responde
a condiciones y expectativas de suyo distintas. Y,
como tales, habra que aprender a leerlas.
La calidad, definida como el conjunto de propie-
dades que permiten juzgar el valor de algo, no es, por
otra parte, inherente al texto. No hay nada, de hecho,
inherente al texto. No hay nada que venga del texto
27sin que esto haya sido invocado por el lector. Mejor
dicho: lo nico inherente al texto es su cualidad alte-
rada. El texto no dice ni se dice; el texto se da, lo que,
en este caso, significa que se da a leer. El texto se pro-
duce ahi donde se erigen el ti y el yo. El texto existe
cuando es leido y es justo entonces, en esa relacion di-
namica y critica, que existe su valor. Como argumen-
taba Charles Bernstein respecto de la tan polémica
definicion de lo que es o no la poesia en uno de los
capitulos que componen The Attack of the Difficult
Poem, “un poema es una construccién verbal desig-
nada como poema. La designacién de un texto como
poema incita una cierta forma de lectura pero no nos
dice nada acerca de la calidad del trabajo”. Lo mismo
podria argumentarse para lo literario. Sélo una vision
esencialista y, por lo tanto, ahistorica, haria de lo li-
terario un sinénimo de calidad. Sélo una vision con-
servadora, es decir, atada fuertemente al estado de
las cosas y las jerarquias propias de esas cosas, que-
rria la repeticion incesante de sdlo un modo de pro-
ducir textualidad.
éPor qué habria de pedirsele a todo texto que pa-
rezca como si hubiera sido escrito con la tecnologia
y los estandares de conducta de sus congéneres del
XIX? Pues porque una pequeiia elite temerosa de per-
der los cotos de poder que refrenda su estética lo
sigue argumentado aqui y alla en la plaza publica.
Por mi parte, estoy convencida de que todo mundo
tiene derecho a seguir escribiendo su version propia
del texto del xIx, ciertamente. Lo que esos neocon-
servadores no pueden hacer ya es esgrimir una nocién
de lo literario, que es histérica y contingente, como
si se tratara de un estandar natural o intrinseco a
toda forma de escritura. Seguiré siendo una admira-
dora de Dostoievsky hasta el tltimo de mis dias y,
28con seguridad, parte de mi trabajo seguira producién-
dose en papel, pero de la misma manera me entusias-
man, y mucho, las posibilidades de accién que traen
al oficio de escribir las transformaciones tecnolégicas
de hoy. Investigar esas posibilidades junto a una co-
munidad activa y vociferante que ha tomado a las
plataformas digitales por asalto es una de las alter-
nativas mas interesantes actualmente, entre otras
cosas porque no hay reglas escritas, porque las esta-
mos haciendo todos en el dia a dia. Si, como dijo Ger-
trude Stein, la Gnica obligacién del escritor es
producirse como contemporaneo de su época, explo-
rar las distintas formas de composicion de una era es
mas una vocacién critica que una opcién basada en
el mero gusto personal.
Cito lo que Kathy Acker dijo en “Writing, Identity,
and the Copyright in the Net Age,” cuando digo que
necesitamos recobrar esa energia que la gente
tiene, como escritor y como lector, cuando envia
por primera vez un e-mail por internet; cuando des-
cubre que puede escribir cualquier cosa, hasta las
mas personales, incluso para alguien a quien no co-
noce. Cuando descubre que los que no se conocen
pueden, sin embargo, comunicarse.
En eso andan, produciendo ese dialogo, desde Ken-
neth Goldsmith (Uncreative Writing. Managing Lan-
guage in the Digital Era) hasta Vicente Luis Mora (El
lectoespectador), desde Vanessa Place (Notes on Con-
ceptualisms) hasta Damian Tabarovsky (Literatura de
izquierda). Y eso, francamente, me parece mas inte-
resante que andar midiendo qué texto se parece mas
al texto del xIx que el temeroso censor neoconserva-
dor guarda en su cabeza.
29DESAPROPIADAMENTE: ESCRIBIR CON OTROS HOY
I. UNA POETICA DE LA DESAPROPIACION
Reescribir es una practica a través de la cual se vuelve
a hacer algo que ya habia sido hecho con anterioridad,
eso es cierto. También es cierto que el proceso de re-
escritura deshace lo ya hecho, mejor atin, lo vuelve
un hecho inacabado, o termina dandolo por no-hecho
en lugar de por hecho; termina dandolo, atin mas, por
hacer. Reescribir, en este sentido, es un trabajo sobre
todo con y en el tiempo. Reescribir, en este sentido,
es el tiempo del hacer sobre todo con y en el trabajo
colectivo, digamos, comunitario e histéricamente de-
terminado, que implica volver atras y volver adelante
al mismo tiempo: actualizar: producir presente.!
Cuando un escritor decide utilizar alguna estra-
tegia de apropiacion —excavacion 0 tachadura 0 co-
piado— algo queda claro y en primer plano: la
funcién de la lectura en el proceso de elaboracién del
texto mismo. Esto, que la literatura ha preferido
guardar o, de plano, ocultar bajo el parapeto del
genio individual o de la creacién en solitario, la re-
escritura muestra de manera abierta, incluso altanera,
en todo caso productiva. La lectura queda al descu-
bierto aqui no como el consumo pasivo de un cliente
o de un ptblico (0 peor aun: de una carencia de pu-
blico), sino como una practica productiva y relacio-
nal, es decir, como un asunto del estar-con-otro que
es la base de toda practica de comunidad, mientras
ésta produce un nuevo texto, por mas que parezca el
? Cfr. Josefina Ludmer, “Literaturas postauténomas, op. cit.
30mismo. Ya lo decia Gertrude Stein cuando decia “una
flor es una flor es una flor”: la repeticion siempre im-
plica variaciones: no hay repeticién propiamente
dicha.
Cuando esto sucede, cuando la lectura se con-
vierte en el motor explicito del texto, quedan expues-
tos los mecanismos de transmisi6n, a lo largo del
tiempo y a través del espacio, que la cultura escrita
utiliza y ha utilizado para su reproducci6n y para su
encumbramiento social. Ojo: la reescritura no descu-
bre ni inventa esos mecanismos; la reescritura con-
tribuye a que queden al descubierto, a la vista de
todos, abiertos también a las habilidades y los fines
de esos otros. Presa monumental. Un sistema como
el literario, que tanto se ha beneficiado de las je-
rarquias que genera el prestigio o el mercado, en
cuya base misma yace la nocién de una autoria ge-
nial, sélo puede reaccionar ante tal exhibicién, in-
trinsecamente critica, con ansiedad generalizada y,
en casos extremos, con demandas legales para prote-
ger la propiedad —entendida ésta en su sentido mas
amplio, como una propiedad econémica y como una
propiedad moral—. Las buenas maneras y el buen
gusto, dos nociones francamente clasistas, pertene-
cen, sin duda, al reino de lo propio: eso que se com-
porta con propiedad; eso que resulta siempre lo
apropiado.
Apropiar, sin embargo, es sdlo una forma de la
reescritura. Tal como ha quedado claro en acusaciones
de plagio que han ocasionado ya tantos escandalos
en Espafia o en México, asi como en Colombia, el
apropiacionista, es decir, el que vuelve propio lo
ajeno, todavia no escapa, acaso en muchos casos to-
davia ni se plantea escapar, de los procesos de circu-
lacién del capital que facilita y es facilitado a su vez
31por la misma nocién de una autoria genial y solitaria,
es decir, desconectada del quehacer de la comunidad.
Es con bastante frecuencia que las estrategias de
apropiacién, muchas de ellas disefiadas y utilizadas
para minar el monumento de la autoria romantica,
han resultado en una confirmaci6n, y no una subver-
sion, de la misma. El autor como DJ, el autor sample-
ador (de caminos), el autor que mezcla: todos nuevos
estereotipos romanticos, si no es que francamente he-
roicos, de su oficio.
El autor que pretende hacer pasar como propio
de su autoria el texto de una autoria ajena ha dejado
el sistema autorial intacto. Este es el caso del plagia-
rio. El autor que, con base en un sistema jerarquico,
apropia textos de autorias no prestigiosas —como es
el caso de documentos de archivo o de textos trans-
critos de la tradicién oral— sin siquiera preocuparse
por trabajar con o aclarar que su proceso escritural
es producto de una coautoria ha dejado, también, el
sistema autorial intacto. Este es el caso del apropia-
cionista. De ahi que sea del todo relevante, y esto por
motivos tanto estéticos como politicos, que los auto-
res a los que les interese hacer estallar la base misma
de esas altas murallas de jerarquia y privilegio detras de
las cuales se resguarda una literatura mansa y apro-
piada aprendan ahora a hacer ajeno lo propio y a
hacer, de la misma manera, ajeno lo ajeno.
Desapropiar significa, literalmente, desposeerse
del domino sobre lo propio. Hay palabras clave en
esta definicién real. Estan, por una parte, los voca-
blos que remiten, sin duda alguna al respecto, a las
relaciones de poder que atraviesan y marcan todo
texto. Renunciar a lo que se posee: eso significa des-
poseerse. En este caso, la desposesi6n sefiala no sélo
el objeto sino la relacion desigual que hace posible la
32posesion en primer lugar: el dominio. Una poética de
la desapropiacién bien puede involucrar estrategias
de escritura que, como las apropiacionistas, ponen al
descubierto el andamiaje de tiempo y el trabajo comu-
nal, tanto en términos de producci6n textual como en
tiempo de lectura, pero necesariamente tienen que ir
mas alla. Ir mas alla quiere decir aqui cuestionar el
dominio que hace aparecer como individual una serie
de trabajos comunales —y todo trabajo con y en el
lenguaje es, de entrada, un trabajo de la comuni-
dad— que carecen de propiedad. Sejialar y problema-
tizar puntualmente procesos coautoriales, vengan
éstos acompafiados de los grandes nombres candnicos
o de las autorias no prestigiosas para el sistema lite-
rario, y propiciar formas de circulacién que evadan o
de plano subviertan los circuitos del capital fincados
en la autoria individual son sdlo dos formas de poner
en practica una poética de la desapropiaci6n. La otra
forma, la forma basica, es desentrafiar criticamente
las practicas de comunalidad que significan y le dan
sentido a todo texto.
II. COMUNIDAD Y COMUNALIDAD
Se nos ofrece que la comunidad llegue, que nos ocu-
rra algo-en-comin, eso, a decir del filosofo francés
Jean-Luc Nancy, es la escritura.’ Al definirla asi, al
colocar en una relacién tensa y por venir, depen-
diendo siempre de otro (“se nos ofrece”), al acto de
escribir y la experiencia de la comunidad, Nancy se
inscribe de manera singular en esa larga conversacién
? Jean Luc Nancy, La comunidad inoperante, Universidad Arcis-
Escuela de Filosofia, Santiago de Chile, 2000, p. 82.
33a través de la cual lectores y autores analizan y cues-
tionan los lazos que los unen y, al unirlos, los hacen
posibles. Carne y hueso. Presencia. Después de todo,
argumenta Nancy, “el escritor mas solitario no escribe
sino para el otro. (Aquél que escribe para lo mismo,
para si mismo, o para lo anonimo de la masa indis-
tinta no es escritor.)”* Insiste: “El ser en cuanto ser
en comtn es el ser (de) la literatura”.*
No son pocos los autores contemporaneos a los
que les preocupa la relacién entre la escritura y la co-
munidad. De hecho, el interés suele emerger con
mayor frecuencia entre aquellos que forman parte de
las propuestas mas alertas a los cambios que ha oca-
sionado la revolucién digital, asi como a las mas cons-
cientes en el contexto actual de necropolitica en el
que se llevan a cabo. Una cosa es enunciar una pre-
ocupacién, sin embargo, y otra cosa muy distinta es
elaborar textos que encarnen esta relacién o que con-
tribuyan, de manera critica, a este enlace. Una cosa
es cierta: lejos ya de la dicotomia que dominé, y cal-
cificé, mucho de esta conversaci6n a lo largo del siglo
XX, los autores de hoy no hablan ya del arte por el
arte, por un lado, y del arte comprometido, por el
otro. Al contrario, el pensamiento que vincula la re-
lacién entre la escritura y la comunidad pasa por
puentes complejos que involucran tanto a la produc-
cién como la distribucién del texto, planteando pre-
guntas que, mas que con la subjetividad, atienden
a la comunalidad que lo hace significar en cuanto
tal, en cuanto texto —asuntos que hoy por hoy son
y siguen siendo de relevancia tanto estética como
politica.
> Ibid., p. 80.
‘ Ibid., p. 81.
34La definicién misma de comunidad, aunque impli-
cita en un buen nimero de estos estudios, no deja de
ser, por otra parte, un mero sobreentendido. Hay una
linea de argumentaci6n, si, que va de Benedict Ander-
son y sus Comunidades imaginarias a Giorgio Agamben
y La comunidad que viene; de Maurice Blanchot y La
comunidad inconfesable a Jean-Luc Nancy y La comu-
nidad inoperante. Se trata de un pensamiento que ha
dejado atras cualquier consideracién del individuo
y que entiende los procesos de subjetivacién como
activas practicas de desidentificacién, tal y como lo
argumentaba Jacques Ranciére, usualmente involu-
crando la resistencia con identidades impuestas por
otro para conformar asi un estar-en-comin dina-
mico y tenso, en todo caso, inacabado. Pensar la co-
munidad, que es pensar el afuera del si-mismo y la
aparicién del entre que nos vuelve nosotros y otros
a la vez, es una tarea sin duda de la escritura. Acaso
esa sea, en realidad, su tarea, de tener una. Su
raz6n de ser, de tener sélo una.
Sin embargo, en pocos sitios de esta discusién fi-
loséfica acerca de la comunidad que toca, y no de ma-
nera tangencial, a las practicas de escritura, se trae a
colacién los procesos, tanto histéricos como cultura-
les, a través de los cuales tal comunidad se produce.
Esta, sin embargo, ha sido una de las preocupaciones
fundamentales de una corriente de pensamiento que
emerge y cuestiona la comunidad creada y vivida
desde hace siglos por los pueblos indigenas de América
Latina, especialmente en la asi llamada Mesoamé-
rica dentro de la cual se encuentra el estado mexi-
cano de Oaxaca. El proposito de este texto es, pues,
acercar el concepto y la experiencia serrana (mixe)
de comunalidad a la discusién que, en el mundo oc-
cidental europeo, explora criticamente las relaciones
35entre ésta y la escritura. Lo hago asi porque un punto
nodal en la produccién de la comunalidad de los pue-
blos mesoamericanos es el concepto y la practica del
trabajo colectivo, cominmente conocido como tequio
—una actividad que une a la naturaleza con el ser
humano a través de lazos que van de la creaci6n a la
recreacién en contextos de mutua posesién que, de
manera radical, se contraponen a la propiedad, y lo
propio del capitalismo globalizado de hoy.
Algo semejante, ésta es mi argumentacion, se
proponen ciertas escrituras contemporaneas empefia-
das en participar en el fin del reino de lo propio a
través de estrategias de desapropiaciOn textual que
evaden o, de plano, impiden la circulacién del texto
(a menudo en forma de libro) en el ciclo econémico
y cultural del capitalismo global. Se trata de maneras
politicamente relevantes de entender el trabajo del es-
critor en cuanto tal, es decir, en cuanto trabajo —uno
que, viéndoselas de cerca con el lenguaje comin, se
encarga de producir y reproducir tanto significado
como significante—. Se trata, asi entonces, de en-
tender el trabajo de la escritura como una practica
del estar-en-comin en la cual 0 a través de la cual
se exponen, a decir de Jean-Luc Nancy, las singula-
ridades finitas que la conforman. Se trata, final-
mente, de entender a la escritura siempre en tanto
reescritura, ejercicio inacabado, ejercicio de la inaca-
baci6n, que, produciendo el estar-en-comin de la co-
munalidad, produce también y luego entonces el
sentido critico —al que a veces llamamos imagina-
cién— para recrearla de maneras inéditas.
36III. ESTAR-EN-COMUN: COMUNIDAD Y COMUNICACION
Tal como la comunalidad de los pueblos mesoameri-
canos, la comunidad a la que se refiere Nancy en La
comunidad inoperante no es una mera acumulacién
de individualidades (el individuo, eso lo ha dejado
claro desde el principio, no es mas que “el residuo
de la experiencia de la disolucién de la comunidad”)
ni una combinacién histérica de territorio y cultura.
La comunidad, al menos en su acepcién moderna, es
“el espaciamiento de la experiencia del afuera, del
fuera-de-si”. Siguiendo de cerca a George Bataille,
pero alejandose de él tan pronto como la comunidad
queda reducida a la comunidad de los amantes,
Nancy se apresura a crear un eje que va de la comu-
nidad a la comunicaci6n (via el concepto de éxta-
sis), de la comunicacion al reparto (via el texto), y
de ahi a la interrupcién del mito que es toda escri-
tura. Entre una cosa y otra opera, por supuesto, la
inoperancia.
Porque la comunidad se hace de singularidades,
es decir, de seres finitos, Nancy rechaza la posibilidad
de fusién presente en la comunion, y mejor enfatiza,
en cambio, el lugar de la comunicacién, no entendida
ésta como un vinculo social intrasubjetivo (a la ma-
nera de Habermas, por ejemplo), sino como el lugar
de la comparecencia que “consiste”, dice él, “en la apa-
ricién del entre como tal: ti y yo (el entre-nosotros),
formula en la cual el “y” no posee valor de yuxtapo-
sicién sino de exposicion”.® La experiencia de la co-
munidad es, pues, una experiencia de finitud. Y, por
ello, la comunicacién que hace a la comunidad es su
5 Ibid., p. 40.
37reparto, es decir, su manera de interrumpir e inte-
rrumpirse, su modo de suspenderse. Su inoperancia.®
Aunque Nancy intercambia con asombrosa facili-
dad las palabras escritura y literatura, habla y oralidad
—elementos con los que los pensadores mixes han
sido, por fuerza de la practica propia, mucho mas cui-
dadosos— en La comunidad inoperante el lazo entre
la escritura y la comunidad no es aleatorio ni menor.
La escritura, de hecho, vendria “a inscribir la duracién
colectiva y social en el instante de la comunicaci6n,
el reparto”.” De ahi que lo que la escritura comunica
no sea sino “la verdad del estar-en-comin”.® Se trata
de una inscripcion del estar-en-comtn, el estar para
el otro y por el otro y, por eso, afiade después: “...
[hJacer, del modo que sea, la experiencia de la co-
munidad en cuanto comunicaci6n: aquello implica
escribir”.
IV. TRABAJAR EN COMUN: COMUNALIDAD Y ESCRITURA
Es en varias ocasiones a lo largo del escrito que Nancy
insiste en que a la comunidad no se le produce. La
comunidad, dice, no es en tanto obra. A la comunidad
se le experimenta: aparece en el limite mismo de su
ser que es el estar-con-otros. “No se trata de hacer,
ni de producir, ni de instalar una comunidad”, ase-
gura. “Se trata de inacabar su reparto”.’° Incluso, tra-
yendo a El capital a colacion, Nancy insiste en que
6 Ibid., p. 41.
? Ibid., p. 51.
8 Ibid., p. 52.
° Ibid., p. 81.
0 Tbid., p. 45.
38lo que Marx designa aqui es la comunidad en tanto
que formada por un articulacién de “particularida-
des”, y no en tanto fundada por una esencia autd-
noma que subsistiria por si misma y que reabsorberia
y asumiria en ella a los seres singulares. Si la co-
munidad “se establece antes de la produccién”, no
es como un ser comtin que preexistiria a las obras,
y que tendria que ser puesto en operacién, sino
que es en cuanto a estar en comin del ser
singular."*
De ahi que, en su ontologia la comunidad en tanto
comunidad inoperante, el sustrato Ultimo o basico sea
la comunicacion, la interrupcién o el suspenso que
expone la finitud de las singularidades que se repar-
ten. Esto ha hecho pensar a varios, especialmente a
Damian Tabarovsky en Literatura de izquierda, en la
escritura como una comunidad negativa que man-
tiene su distancia tanto de la obra (academia) o de la
circulacién (el mercado) para dirigirse asi exclusiva-
mente “al lenguaje”. Es de suyo interesante que en
su reenunciacién de la comunidad inoperante de
Nancy, Tabarovsky privilegie los libros “sin ptiblico”,
término con el que sujeta al lector en el lugar del
cliente, o en un no lugar fuera de la comunidad, alla,
en un circuito ajeno a las singularidades finitas de la
comunidad interrumpida y en suspenso que es la co-
municacién inoperante.
Los antropélogos de la comunalidad, a quienes
también les interesa la escritura aunque, sobre todo,
la tradicion oral, reconstruyen la comunidad “como
algo fisico”, a saber, “el espacio en el cual las perso-
nas realizan acciones de recreacién y transformacién
1 [bid., p. 90.
39de la naturaleza, en tanto que la relacién primera es de
la tierra con la gente, a través del trabajo”? Ademas
de tener y reproducir una forma de existencia mate-
rial, la comunidad también responde a una existencia
espiritual, formando asi ejes horizontales (“1. Donde
me siento y me paro; 2. En la porcién de la Tierra que
ocupa la comunidad a la que pertenezco para poder
ser yo; 3. La Tierra, como de todos los seres vivos”) y
ejes verticales (1. El universo; 2. La montafia; 3. Donde
me siento y me paro). La comunidad deviene en co-
munalidad con base en una serie de caracteristicas
que Floriberto Diaz denomina como inmanentes: una
relacién con la Tierra que no es de propiedad sino de
pertenencia mutua basada, ademas, en el trabajo, en-
tendido éste “como una labor de concrecién, que fi-
nalmente significa también recreacién de lo creado”.**
Puesto que el bien comin es lo que define derechos
y obligaciones, el trabajo que sustenta la produccién
y reproduccion de la comunidad en tanto comunali-
dad es el trabajo colectivo, gratuito, obligatorio que
se conoce como tequio. Sus variaciones incluyen: “el
trabajo fisico directo, la ayuda reciproca, la partici-
pacion en fiestas (donde se pone en juego la compar-
tencia de la comunidad) y el trabajo intelectual”.*
Todas y cada una de las formas de este trabajo colec-
tivo constituyen eso que Nancy denominaba como “la
inscripcién del estar-en-comin, el estar para el otro
y por el otro”. Por eso todas ellas aseguran un lugar
” Floriberto Diaz, “Comunidad y comunalidad”, en Floriberto Diaz.
Escrito. Comunalidad, energia viva del pensamiento mixe, Sofia
Robles Hernandez y Rafael Cardoso Jiménez (comp.), UNAM, Mé-
xico, 2007, p. 39.
2 Ibid., p. 42.
¥ Ibid., pp. 59-60.
40en la comunidad a través de la obtencién de respe-
tabilidad, la cual asegura la posibilidad de participar
en varias formas de servicio para la comunidad, que
son las formas de autoridad local y, eventualmente,
como “cabeza de mando” en las asambleas comuni-
tarias donde la organizacion y el sistema de justicia
se llevan a cabo.
Regida por la pertenencia mutua mas que por la
propiedad, y sustentada en el trabajo colectivo del
cual depende su producci6n y reproduccién, la comu-
nalidad, acaso légicamente, sospecha de la capacidad
de la escritura para inscribir lo que Nancy llama la
comunicacion y su reparto. De hecho, Diaz sostiene
que “una sociedad con lengua hablada parece que es
mas abierta a los cambios, menos autoritaria y dogma-
tica, con capacidad de critica”, argumentando al
mismo tiempo que con la escritura “no se pueden ex-
presar todos los sentimientos, ya que la lengua escrita
es fria y dependiendo de cada lector, un escrito ten-
dra sentido o no”. Luego afiade: “Es la lengua escrita
la que refuerza y expresa un alto grado de dogma-
tismo, autoritarismo y de control de poder, ya que
siempre ha sucedido que queda en pocas manos su
uso y entendimiento”.*°
Sin embargo, luego de cruentos debates en la co-
munidad, tuvo que aceptarse que la escritura de las
lenguas indias “aumenta las posibilidades de comu-
nicacién entre los hablantes de una misma lengua...
puede reforzar la identidad como base de unidad; es
decir, la oralidad de nuestros pueblos se reforzaria
con la escritura, con la cual se intercambiarian y
1 Floriberto Diaz, “Guia para la alfabetizacién mixe. Pasos que
debera seguir el Animador para la Cultura y Educacién Mixe
(ACEM)”, en ibid., p. 261.
41mejor nuestras ideas e inquietudes... superando asi
la atomizacién”.° Acaso como pocos ejemplos, la dis-
cusién que se ha llevado a cabo de manera relativa-
mente reciente para producir el mixe como una
lengua escrita alumbre el trabajo comunal que da
lugar a la escritura. En efecto, no ha sido sino hasta
1983, en los seminarios denominados como “Vida y
lengua mixes”, llevados a cabo en Tlahuitoltepec, que
emergié “la propuesta de escribir de una sola forma
todas las variantes de nuestra lengua. Para ello ten-
driamos que ponernos de acuerdo en un alfabeto lo
mas amplio posible”.””
Se trata, por supuesto, de un acto, como lo deno-
mina Diaz, de muchos. Se trata, ademas, de un acto
en la historia y con la historia donde misioneros y ha-
blantes del siglo XVIII ocupan un lugar privilegiado
junto a los promotores culturales y traductores de li-
bros religiosos, especialmente la biblia, en épocas mas
cercanas. Se trata, pues, del trabajo de los hablantes
de la comunidad y la serie de articulaciones que fue-
ron capaces de establecer con antropélogos y lingiiis-
tas, con agencias del Estado y con organismos
independientes para crear, de esta forma, un alfabeto,
asi como también las formas concretas, localmente de-
terminadas, de su transmisién y ensefianza. Se trata
del largo, dinamico, inarménico y comunitario camino
que la letra escrita recorre mientras se convierte, con
el paso de la practica y el uso colectivo, en un queha-
cer cotidiano con apariencia de ser, en las sociedades
dominadas ya por la cultura escrita, algo no solo na-
tural sino también, acaso sobre todo, individual.
‘6 Tbid., p. 263.
1 Tbid., p. 269.
42Esta disociacién, que es histérica y es politica,
yace en el corazon mismo de una escritura que se per-
cibe a si misma fuera de la comunidad, como una
torre de marfil desde la cual un vigia privilegiado avi-
zora el pasado y el porvenir. Esta disociacién que pro-
duce la impresién de individualidad —de autoria
genial— es acaso la que atacaba Ulises Carrion tam-
bién cuando, hacia la década de los setenta, se pro-
puso recordar a los escritores su responsabilidad del
y en el “proceso entero” de producir libros, es decir,
en el proceso de producir lengua escrita. “En el arte
viejo, el escritor se cree inocente del libro real”, ase-
guraba Carrion, poniendo especial énfasis en la marca
de clase, en la marca jerarquizante, que conllevaba,
y conlleva, tal decision: “El escribe el texto. El resto
lo hacen los lacayos, los artesanos, los obreros, los
otros. En el arte nuevo la escritura del texto es sdlo
el primer eslabon en la cadena que va del escritor al
lector. En el arte nuevo el escritor asume la respon-
sabilidad del proceso entero”.!®
La reescritura, especialmente la reescritura des-
apropiada, pone de manifiesto y problematiza, de
hecho, este “proceso entero”, esta “responsabilidad”.
V. DESAPROPIACION: UNA POETICA DE LA COMUNALIDAD
Hasta no hace mucho, era comin preguntarse, en el
momento de analizar un texto, por el proceso de sub-
jetivacion que le daba sentido. Con esta pregunta, los
analistas mas contemporaneos dejaban atras una bis-
queda muchas veces rigida de inscripciones identitarias
"8 Ulises Carrién, El arte nuevo de hacer libros, Tumbona Edicio-
nes, México, 2013, p. 39.
43—de clase, género, raza 0 generacién— para dar
lugar a una exploracién que sobre todo involucraba,
y aqui sigo de cerca a Jacques Ranciére, el forcejeo
dinamico que emprendia el sujeto en contra de iden-
tidades impuestas: un proceso que se conoce como
de desidentificacién 0, en términos mas caseros, de des-
clasificacion."
Una poética desapropiacionista invita a hacer ése
y, sobre todo, otro tipo de preguntas. Puesto que el
texto desapropiado lleva consigo las marcas del
tiempo y el trabajo de otros, del trabajo de produc-
cién y del trabajo de distribucién de otros, es decir
del trabajo colectivo hecho junto con otros en el len-
guaje que nos dice en tanto otros, y nos dice por lo
mismo en tanto comunidad, es sélo justo que la pre-
gunta que busca dilucidar el motor que hace signifi-
car a un texto no sélo se refiera a procesos de
subjetivacién sino, mayormente, a los procesos de co-
munalidad que le permiten enunciar y enunciarnos
por virtud de su ex/istir. Aclaro: utilizo el término
comunalidad, en lugar de comunidad, porque el pri-
mero hace hincapié en las relaciones de trabajo co-
lectivo que se encuentra en el eje mismo de su existir
como un afuera-de si-mismos y como forma basica de
un estar-con-otros. Ese trabajo colectivo, gratuito, de
servicio, es lo que deja ver la reescritura cuando se
le lleva a cabo desapropiadamente. Eso es, sin duda,
lo que la vuelve amenazante para sistemas cerrados
y jerarquicos que viven y predican el privilegio, el
prestigio, el mercado. La ganancia en lugar de la com-
partencia.
* Jacques Ranciére, “Politica, identificacion y subjetivacion”, en
Aux bords du politique, Carissa Sims y Daniel Duque (trad.), La
Fabrique, Paris, 1998.
44Formular los ejes de ese tipo de interrogantes se-
guramente requerira mas anilisis. Pero adelanto aqui
lo que puedo adelantar: que las preguntas evadiran la
mera biografia intelectual del autor (los libros que
ley6, las universidades o tertulias que frecuenté, la
musica que considera mas influyente, el nombre de
sus amigos mas reconocidos) para concentrarse en las
practicas materiales que le vincularon al texto: desde
su “ganarse la vida”, su “cdmo” del trabajo cotidiano,
hasta el sistema personal de decisiones estéticas y
politicas que le permitieron elaborar éste y no otro
libro, éste y no otro artefacto de la cultura. Imagino
que las preguntas no sdlo intentaran dilucidar las re-
laciones especificas que el cuerpo material de la es-
critora en su estar-con-otros —los datos mas bien
identitarios de clase y raza y género y generacién,
entre otros— sino que iran mas lejos: iran hasta los
resquicios iltimos donde se cuece el brebaje de su co-
munalidad. Una de las primeras preguntas en este
sentido tendra que ser, sin duda, acerca del trabajo
comunal (gratuito, obligatorio, en el lenguaje-en-
comin) que le da existencia al texto en el afuera-de-
si. Se trata de una historia de la lectura, si, pero en
realidad estamos ya hablando de otra cosa, como diria
Antoine Volodine. Nuevamente, la pregunta habra de
escapar al terreno de la mera historia de las ideas o
de la biografia intelectual. En su lugar, incitara la ins-
cripcién de datos de la historia social y, de suyo, co-
munal del libro. Si la lectura, como lo he repetido
tanto, no es un acto de consumo pasivo sino una
practica de compartencia mutua, un minisculo acto
de produccién colectiva, entonces en juego estaran
no sdlo los libros leidos sino, sobre todo, los libros
interpretados: los libros reescritos, ya en la imagina-
cién personal o ya en la conversacién, esa forma de
45la imaginaci6n colectiva. Y aqui habran de hacerse
preguntas que permitan volver visibles las huellas
que esos otros han dejado, de una forma u otra, en
las reescrituras y, luego entonces, en la version final
—que es la forma interrumpida— del libro mismo.
Lo que cada vez me queda mas claro, sin em-
bargo, es que la escritura de libros en comunalidad
tendra que vérselas, y esto de manera explicita, con
la puesta en escena de la autoria plural. ;De qué ma-
nera las figuras del narrador, punto de vista o arco
narrativo, por ejemplo, tendran que rehacerse para
dar fe de la presencia generativa de otros en su
mismo existir? ;Qué soporte se habituara mejor a la
develacién continua del palimpsesto y la yuxtaposi-
cién intrinseca a cada proceso escritural? ;Cémo sera
el asi llamado aparato critico cuando cada frase e, in-
cluso, cada palabra, tenga que dar cuenta de su ser
plural y pluralmente concebido?
Acaso no seria descabellado pensar ahora mismo
en libros cuya seccién de agradecimientos —el lugar
por ahora destinado a reconocer el hacer del otro en
la produccién del libro— sera incluso mayor a, ademas
de estar entreverada con, la seccion todavia conocida
como cuerpo del libro. Acaso en la escritura que desde
la comunalidad se antepone a los avatares de la ne-
cropolitica, no sera impensable concebir libros que
sean, y esto de manera abierta, eso precisamente: un
puro reconocimiento, que es un puro cuestionar cri-
tico, acerca de la relacién dinamica y plural que hace
posible, en primer lugar, su existencia.
éY qué otra cosa es reconocer sino puro agrade-
cimiento?
46INDICE
Nota introductoria
Breves vistas desde Pompeya
La produccién del presente en
140 caracteres
Desapropiadamente: escribir con otros hoy
30Cristina Rivera Garza, Material de Lectura, serie
El Ensayo Contemporaneo en México, num. 5, de
la Direcci6n de Literatura de la Coordinacién de
Difusién Cultural de la UNAM, se terminé de im-
primir el 28 de enero de 2014. La composicién
tipografica, formacién e impresién se hicieron en
los talleres de Impresos Trece, S. de R. L. de C.V.,
Mar Mediterraneo 30, colonia Tacuba C.P. 14410,
Delegacién Miguel Hidalgo, México, D.F. Se tira-
ron 1 000 ejemplares en papel Cultural de 75 gra-
mos. La composicién se hizo en tipos Officina Serif
Book de 8, 11 y 15 puntos. La edicién estuvo al
cuidado de Martha Angélica Santos Ugarte.
También podría gustarte
En La Raya
Aún no hay calificaciones
En La Raya
30 páginas