Retrato de Juan Lpez Cancelada, de su obra Minas en Espaa (1831)
la revolucin haitiana en la obra
de juan lpez cancelada
(1806-1810)
coleccin tradicin clsica y humanstica en Espaa e Hispanoamrica
13
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HUMANISTOS ESPAOLES. ESTUDIOS Y EDICIONES CRTICAS. VIDAS, TEXTOS E IMGENES AL SERVICIO DEL
PODER (FFI2012-37448-C04), que se hallan adscritos al Instituto LOU de Investigacin de Humanismo y Traicin
Clsica de la Universidad de Len.
la revolucin haitiana en la obra
de juan lpez cancelada
(1806-1810)
JESS PANIAGUA PREZ
Traduccin de textos franceses
y revisiones de la traduccin original
Inmaculada Brito de la Nuez
rea de publicaciones
e instituto de humanismo y tradicin clsica
de la UNIVERSIDAD DE LEN
2015
Paniagua Prez, Jess
La revolucin haitiana en la obra de Juan Lpez Cancelada (1806-1810) / Jess Paniagua Prez ; traduc-
cin de textos franceses y revisiones de la traduccin original, Inmaculada Brito de la Nuez [Len] :
rea de Publicaciones de la Universidad de Len . Instituto de Humanismo y Tradicin Clsica de la
Universidad de Len, 2015
569 p. : il. ; 24 cm. -- (Tradicin clsica y humanstica en Espaa e Hispanoamrica ; 13)
Bibliogr. : p. [491]-548. -- Indice
ISBN 978-84-9773-738-8
1. Lpez Cancelada, Juan-Crtica e interpretacin. 2. Hait-Historia-1791-1804 (Revolucin)-
Fuentes. I. Universidad de Len. rea de Publicaciones. II. Instituto de Humanismo y Tradicin Clsi-
ca. III. Brito de la Nuez, Inmaculada. IV Ttulo. V. Serie
821.134.2 Lpez Cancelada, Juan 1.07
94(729.4)1791/1804(09)
The text published here has been "Peer Reviewed"/El texto ha sido sometido a doble revisin
annima antes de ser aceptado para su publicacin.
rea de Publicaciones de la Universidad de Len
Instituto de Humanismo y Tradicin Clsica de la Universidad de Len
De sus textos: los autores
Cubierta: firma de Juan Lpez Cancelada
I.S.B.N.: 978-84-9773-738-8
Depsito legal: LE-354-2015
Imprime: Imprenta Kadmos
NDICE GENERAL
ABREVIATURAS......................................................................................... 9
EL MOMENTO HISTRICO DE HAIT Y LAS OBRAS DE JUAN LPEZ
CANCELADA....................................................................................... 11
I..La historiografa sobre la revolucin haitiana.......................... 11
II..La libertad de los negros. Prembulos abolicionistas de la revo-
lucin de Hait y consecuencias inmediatas................................ 41
III..Algo de historia de la revolucin............................................. 68
IV..Amrica y la revolucin de Hait............................................... 85
1.. Las posesiones espaolas...................................................... 98
A). Santo Domingo............................................................. 98
B).Cuba............................................................................ 118
C). Puerto Rico................................................................... 131
D).Trinidad....................................................................... 136
E).Venezuela.................................................................... 140
F). Nueva Granada y Panam.......................................... 147
G). Los territorios espaoles de los actuales Estados Unidos. 153
H). Nueva Espaa.............................................................. 157
I). Los pases del Ro de la Plata........................................ 168
2..Brasil....................................................................................... 170
3..Estados Unidos....................................................................... 173
4..Otros....................................................................................... 180
V..Los principales personajes de las obras....................................... 187
1.. Georges Biassou.................................................................... 190
2.. Franois Dominique Toussaint-Louverture........................... 194
3.. tienne Victor Mentor............................................................ 198
4.. Jean Jacques Dessalines......................................................... 201
8 antonio T. reguera rodrguez
5..Henri Christophe.................................................................... 210
6.. nne Alexandre Sabs Ption................................................ 215
Vi..Las obras y sus ediciones........................................................... 217
Vii.. Las ilustraciones...................................................................... 240
Viii. Las constituciones haitianas en las obras de Lpez Cancelada. . 247
CRITERIOS DE EDICIN.......................................................................... 255
VIDA DE J. J. DESSALINES, JEFE DE LOS NEGROS DE SAINT-DOMIN-
GUE; CON NOTAS MUY CIRCUNSTANCIADAS SOBRE EL ORI-
GEN, CARCTER Y ATROCIDADES DE LOS PRINCIPALES JEFES
DE AQUELLOS REBELDES DESDE EL PRINCIPIO DE LA INSU-
RRECCIN EN 1791........................................................................... 257
CDIGO FORMADO POR LOS NEGROS DE LA ISLA DE SANTO
DOMINGO DE LA PARTE FRANCESA HOY ESTADO DE HAIT.
SANCIONADO POR Henri Christophe, presidente y generalsimo.. 419
BIBLIOGRAFA.......................................................................................... 491
NDICE ALFABTICO................................................................................
ABREVIATURAS
AGI Archivo General de Indias (Sevilla)
AGS Archivo General de Simancas (Valladolid)
AHN Archivo Histrico Nacional (Madrid)
art. artculo
comp. compilador
ed/s. edicin, editor, editores.
(NE) Nota del editor espaol
(NA) Nota del autor
p. o pg. Pgina
pp. Paginas
ss. Siguientes
EL MOMENTO HISTRICO DE HAIT Y LAS
OBRAS DE JUAN LPEZ CANCELADA
I. LA HISTORIOGRAFA SOBRE LA REVOLUCIN HAITIANA
Es evidente que no podemos abordar toda la produccin historiogrfica
sobre esta Revolucin, que ha sido muy tenida en cuenta por los historiadores
en las ltimas dcadas. Sin embargo, no podemos obviar el tema, porque resul-
ta fundamental para la comprensin de la misma, incluso de las obras produ-
cidas en su da por Juan Lpez Cancelada, que son las que ahora nos ocupan.
Se ha dicho de la Revolucin de Hait, que ha sido la nica llevada a cabo
por esclavos y que adems concluy con xito1. Csaire incluso lleg a decir
que era la primera vez en que la negritud se haba levantado2. Lo cierto es
que vena a romper toda una serie de creencias en el mundo de los blancos,
para los que no era concebible la organizacin de un proceso de liberacin
e independencia de los africanos y sus descendientes. Considerando que la
mayora de los negros de la isla eran analfabetos y que, por tanto, la lectura y la
escritura significaban muy poco, era bastante improbable que los pensamien-
tos filantrpicos de los tericos europeos antiesclavistas pesaran demasiado,
en sentido estricto, y ms all de lo que pudiera llegarles por va oral, con
los indudables problemas de interpretacin y comprensin que ello pudiese
tener. Hemos mencionado ya algunas de esas posturas con anterioridad, pero
no parece que aquellos negros analfabetos se alimentaran esencialmente de
lo que decan los tericos europeos, incluidos los franceses, de posturas anti-
esclavistas como las de Montesquieu, Volatire, Rousseau, etc.
La Revolucin Haitiana tiene una clara diferencia con la de otras indepen-
dencias americanas que se consiguieron posteriores a ella. Fue primero una
revolucin social, a partir de 1791, a la que sigui la poltica, con la indepen-
dencia, en 1804. En el resto de las posesiones europeas tan solo se producira
1
Cyril Lionel Robert James, Los jacobinos negros, p. 17.
2
Aim Csaire, Cahier dun retour, p. 44.
12 jess paniagua prez
una independencia ms o menos tarda, pero que no iba seguida ni precedida
de una revolucin social; como mucho el negro dejaba de ser esclavo, pero
segua mantenindose en los escalones ms bajos de la sociedad.
En cierta medida, como consecuencia de lo anterior, ha habido un inters,
sobre todo en los ltimos tiempos, por poner de manifiesto la originalidad de
esta Revolucin, como se ver ms adelante. Es ms, se cree que Hegel plate
su teora de la lucha del amo y el esclavo, en la Fenomenologa del espritu
(1807), a partir de los conocimientos que tena de ella; de modo que una estu-
diosa del tema llega a decir que no hay duda que Hegel y Hait permanecen
juntos3. La autora de esta frase segua las ideas de Tavares, que pensaba en la
influencia sobre el filsofo alemn del destacado abolicionista francs y uno
de los fundadores de los Amis des noirs, el abate Grgoire4.
Tampoco hay que desdear del todo aquellas influencias de los tericos
de la poca, tamizadas a travs de otros intermediarios, como tampoco las
de la independencia de los Estados Unidos ni la inmediata de la Revolucin
Francesa. Precisamente esta ltima provocara toda una serie de resoluciones
en la metrpoli, que afectaban a todo el imperio y que en sus afanes iniciales
de libertad, igualdad y fraternidad iban a minar el tradicional poder econmico
y/o social de los blancos, especialmente de los colonos5.
Pocas revoluciones e independencias han dado lugar a una bibliografa
tan amplia en la poca en que se produjo, como la provocada por la haitiana.
Sus implicaciones fueron demasiadas como para que pasase desapercibida al
resto de la humanidad, parte de la cual, sobre todo la europea, trat de ignorar-
la en pocas posteriores. Era la primera Revolucin exitosa que afectaba direc-
tamente al Viejo Mundo, con un componente racial que no era blanco y que,
al mismo tiempo, se enfrentaba a una de las grandes potencias de la poca,
como lo era Francia, que tena all algunos de sus principales intereses econ-
micos. Todo, pues, hizo de Saint-Domingue, luego Hait, un foco de atraccin
para Occidente, que vea como se tambaleaba uno de los fundamentos de su
economa, el de la esclavitud. La propia Inglaterra, donde se discuta sobre el
abolicionismo ms que en ninguna otra parte y que defendi la independen-
cia haitiana frente a Francia, tuvo mucho cuidado en evitar que la situacin se
extendiese a sus colonias y en especial a Jamaica.
La historiografa de la poca se plante esencialmente en torno a dos de
las grandes potencias coloniales de la Europa del momento, sin duda las que
mayores intereses econmicos tenan relacionados con la esclavitud: Francia
e Inglaterra. Las obras de nuestro autor son un verdadero ejemplo de ello,
pues la primera es un trabajo de Louis Dubroca, de la poca de alianza entre
Espaa y Francia, en que el autor francs hace toda una serie de alegaciones
3
Susan Buck-Morss, Hegel, Haiti, p. 20.
4
Pierre Franklin Tavares, Hegel et labb Gregoire.
5
J. Flix Carteau, Histoire des desastres, p. IV.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 13
antibritnicas, que Lpez Cancelada no contradice ni en su introduccin ni
en sus anexos, sino que las ratifica; en la segunda, que corresponde ya a la
poca de la invasin francesa de la Pennsula, se alteran las consideraciones y
Francia deja de ser el ejemplo de nada. Tanto los autores britnicos como los
franceses utilizaron aquella Revolucin para establecer una pugna nacionalis-
ta, aunque en ocasiones surgi algn autor como Jean Chas, que abogaba por
una paz entre ambas potencias, a pesar de culpabilizar a Inglaterra de apoyar
a lo negros para convertir Saint-Domingue en ruinas y cenizas; pero conclua,
que haban de ser ambas naciones las llamadas a controlar los destinos del
Universo y a hacer respetar las constituciones, los gobiernos y las leyes de los
pueblos, los derechos y las autoridades de los reyes6.
El inters de la historiografa francesa de la poca alcanz hasta la parte
espaola de la isla de Santo Domingo, sobre la que siempre tuvieron apeten-
cias los galos y de la que, como nos dice algn autor, haba poca informacin
o al menos no estaba realizada con la misma profundidad que en la otra parte7.
Por esa necesidad de noticias, en 1796, Louis-lie Moreau de Saint-Mry publi-
caba en su imprenta de Filadelfia, en dos volmenes, la Description topogra-
phique et politique de la partie espagnole de lisle Saint-Domingue; obra que
continuara en los dos aos siguientes con la parte francesa. El autor haba sido
un destacado esclavista de Martinica, que lleg incluso a pensar en la constitu-
cionalizacin de la esclavitud, como lo propuso en la Asamblea Constituyente
el 13 de mayo de 1791, encontrndose con la dura oposicin de Robespierre,
que, dirigindose a los presentes les manifest que, si en algn decreto se
pronunciaba la palabra esclavo, habran pronunciado su deshonor8. Este autor
fue, sin duda, uno de los mejores representantes de la historiografa haitiana
en francs, escrita y/o publicada en los Estados Unidos en la poca.
Ya en aquellos tiempos se mostraron dos corrientes claras a favor o en
contra del fenmeno haitiano. De una parte la postura antirrevolucionaria
representada, aunque no slo, esencialmente por muchos de los historiadores
e intelectuales franceses, que no podan ver con buenos ojos como aquellos
negros y mulatos libres y/o esclavos, acogindose a las mximas exaltadas por
su Revolucin de 1789, se sacudan el yugo de la metrpoli. Para muchos de
esos historiadores la solucin estaba en presentar la imagen de una colonia
que no estaba preparada para su independencia y que no poda quedar en
manos de unos brbaros sobre los que algn autor, como Antoine Dalmas,
tena la conviccin de que deban ser dedicados a la servidumbre. Contrarios al
fenmeno revolucionario fueron muchos de los franceses que participaron en
Jean Chas, Rflexions sur lAngleterre, especialmente las pp. 24 y 57-58.
6
Lyonnet, en el Avertissement de su Statistique de la partie espagnole, s/p.
7
8
Maximilien Robespierre, Por la felicidad, pp. 86-88. Los editores incluyen los
comentarios de Aim Csaire a estas intervenciones de Saint-Mry y Robespierre.
14 jess paniagua prez
el conflicto armado y que nos dejaron sus recuerdos por escrito. Valga como
un ejemplo clsico y muy singular el de Pamphile Lacroix.
Ms all de los propios acontecimientos, muchos europeos estaban inter-
pretando los hechos de Saint-Domingue como una consecuencia de algo
meramente metropolitano, afectando esencialmente a Inglaterra y Francia.
As, por ejemplo, el colono francs Drouin de Bercy, que consider aquella
Revolucin como algo digno de ser estudiado por filsofos y polticos, mani-
festaba que era producto del intento de los ingleses por vengar la prdida de
sus Trece Colonias9. Acusaba tambin a los mulatos, a los que llamaba bastar-
dos ambiciosos, de su falta de gratitud, pues la fortuna de que disponan se la
deban a los blancos10. Otro colono, el mencionado Antoine Dalmas, expona
por primera vez en su Histoire los sucesos de Bois-Caman y, aunque la obra
se public en 1814, haba sido escrita dos aos despus de los mencionados
sucesos. La visin metropolitana era la que, por ejemplo, impeda comprender
a Michel-tienne Descourtilz, en su obra publicaba en 1795, la Histoire des
desastres, lo que l consideraba como las peores desgracias que haban suce-
dido, en la que haba sido la ms floreciente de las posesiones de Francia11.
El choque de posturas internas en la propia Francia se manifestaba en
toda una serie de panfletos y tambin de misivas de una y otra tendencia, que
corran por el pas y las colonias, hasta el punto de que pocas veces en la histo-
ria, hasta entonces, haba habido una guerra de informacin tan llamativa. Un
buen ejemplo de aquellos intentos por controlar la situacin y la informacin
lo represent Julien Raimond, mulato diputado por las gentes de color, que
daba cuenta de todos los movimientos de los representantes de los colonos
en la Asamblea francesa e, incluso, deca que estos acusaban a los negros de
todo lo malo que suceda, al tiempo que desarrollaban prfidos proyectos12.
El ejemplo contrario lo tenemos, cuando el 12 de agosto de 1789, los diputa-
dos blancos de Saint-Domingue en Francia escribieron una carta a los suyos
en la isla, ponindoles al corriente de que exista una sociedad abolicionista
de Amis del noirs, que escriban abiertamente contra ellos y que, por tanto,
estuviesen alerta, pues en Francia solo podan hacer de centinelas13. Incluso
a travs de los peridicos se comunicaban las intrigas, hasta el punto que los
colonos residentes en la metrpoli consiguieron que se llamase a la corte
al que consideraban como un estorbo informativo, el metropolitano Louis
Franois Roger Armand Gaterau, redactor del Courier politique et litteraire du
Cp. Lograron su deportacin a Francia, pero en septiembre de 1792 volva
9
Drouin de Bercy, De Saint-Domingue, p. (7) y (8)
10
Drouin de Bercy, De Saint-Domingue, p.
11
Michel-tienne Descourtilz, Histoire des desastres, p. 1.
12
Julien Raimond:Vritable origine, pp. 49-50.
13
Reproduce esta carta el diputado por las gentes de color Julien Raimond, Vritable
origine, pp. 6-8.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 15
a la isla y en octubre era de nuevo deportado, retirndose a Filadelfia, donde
fund el Courier politique de la France et ses colonies, cuyo primer nmero
sali el 10 de septiembre de 179314. Tambin en esa ciudad public en 1796
su Reponse aux libelles seditieux publies a Philadelphie contre les hommes de
couleur de Saint-Domingue.
Eran muchos los autores metropolitanos favorables al mantenimiento de
la esclavitud; as, por mencionar algn ejemplo, despus de la abolicin, en
1794, se publicaron algunas obras en ese sentido, como la annima de 1797,
De la ncessit dadopter lesclavage en France; en ese mismo ao tambin
hizo un alegato sobre la justificacin de la esclavitud Limochel, en su obra
La France demandant ses colonies; o, ms tarde, en 1800 el que haba sido
gobernador de Guadalupe, Victor Collot, en su Mmoire; tambin en 1800
los panfletos de Belu o de Csaire, por citar algunos entre los muchos que se
fueron sucediendo de los favorables a la esclavitud y a la vez expositores del
salvajismo de los negros. Precisamente la obra de Dubroca que hoy nos ocupa
estara entre estos, como tambin la de Groos, publicada en ingls en 1792 y en
francs al ao siguiente15. Igualmente otras annimas como My Odyssee, publi-
cada en ingls, aunque el manuscrito se hallaba en francs; o el Manuscrit
dun Voyage de France Saint-Domingue, la Havanne et aux Unis tats.
Muchos de estos autores se ocuparon en presentar un Saint-Domingue
donde negros y mulatos eran cmplices de los mayores horrores. Para hacer
ms visible esa imagen, con frecuencia se pona nfasis en los abusos y cruel-
dades a los que se someta a ancianos, mujeres y nios, como lo prueba la obra
de Dubroca, que reproduce Lpez Cancelada, y otras del mismo autor. Ello lo
aprovecharon los franceses para obras literarias como la de Pagault Lebrun,
que ve con respeto a Toussaint en su obra Oxiane, frente a la de Ren Perrin,
LIncendie du Cap, que lo presenta como un desalmado; u otra ms famosa
como la Histoire des Mesdemoiselles de Saint-Janvier, de Mademoiselle de
Palaiseau16; y en la misma lnea la carta de Madame Cardeaux Lecaye a Alexan-
der Hamilton, desde Puerto Rico, donde se hallaba refugiada17. Tambin hacia
1793 el colono Therou escriba un alegato contra Sonthonax y Polverel, a los
que defina como gorgeurs, y que le contestara Lonard Leblois, calificn-
dolo de calumniador. Muchas de aquellas manifestaciones eran producto de
quien las haba vivido o consecuencia de escritos y narraciones nostlgicas de
algunos colonos o sus defensores, a los que haba que aadir otros muchos
Julien Raimond: Vritable origine, p. 53. Adolphe Cabon, Un sicle, pp. 152-165.
14
Verneuil Groos, Isle de St.-Domingue, que el ao anterior haba sido publicada en
15
ingls como An Historick Recital, of the Different Occurrences in the Camps of Grande-Re-
viere, Dondon, Sainte-Suzanne, and Others, from the 26th of October, 1791, to the 24th of
December, of the Same Year, Baltimore, Samuel and John Adams, 1792.
16
Esta cuestin de la visin positiva y negativa de Toussaint puede verse en Lon-
Franois Hoffmann, Hati: regards, p. 38.
17
Alexander Hamilton, The papers, pp. 89-92.
16 jess paniagua prez
nombres como Dagneaux y su De Saint-Domingue et de son indepndanse,
o Coustelin, que frecuentemente entraron en una guerra de propaganda para
recuperar la colonia, sobre todo entre 1804-1824.
Era evidente que para defender sus intereses, otros autores aludan a
una especie de vida idlica prerrevolucionaria, como la Pequea Francia que
menciona Henri Castonnet des Fosses; o defendan el sistema colonial, como
Charles Esmangart, que consider que el abrumador desarrollo econmico de
Saint-Domingue se deba al mejor trato que daban los franceses a sus escla-
vos18. Con frecuencia se aluda igualmente a los derechos de los colonos des-
posedos o a lamentaciones sobre la prdida de la isla, como en el nonimo
Rflexions sur la situation actuelle de la colonie de Saint-Domingue.
Ni los colonos ni muchos franceses de la metrpoli podan asimilar la idea
de un estado negro, segn lo probaba la carta escrita por uno de los primeros
al general Foy, donde le deca que, de acuerdo con los naturalistas, la inteli-
gencia de los negros era muy inferior a la de los blancos19. Para muchos france-
ses de la poca, convencidos o influenciados por la propaganda, lo necesario
era restablecer la situacin tras los sucesos de los primeros aos, como escriba
en 1796 Franois Barb de Marbois; o Clausson, que haba conocido la isla
antes de la Revolucin y luego haba regresado con los ejrcitos de Leclerc;
o J.B. Desmaulants, en 1814. Incluso, en el caso de Laujon, en el mismo ao,
aquella recuperacin pasaba por una restauracin de la monarqua.
Algunas de esas ideas de recuperacin de la isla se plantearan tambin al
margen del fenmeno esclavista, al cual difcilmente se le poda dar cabida una
vez abolida la institucin. En ese sentido y con una postura conciliadora public
en 1814 su obra el coronel Malenfant, que planteaba una recuperacin de la
colonia con mtodos persuasivos y sin vuelta atrs en el asunto de la esclavitud.
Algo parecido plante Leborgne de Boigne en 1817, considerando que Francia
no poda abandonar la colonia y que la recuperacin deba hacerse por medios
pacficos, sin dar atrs en la cuestin de la libertad de los esclavos; eso s, crean-
do una compaa de comercio que hiciese de intermediaria con la metrpoli.
Tambin daba por hecha la abolicin, sin vuelta atrs, el escrito annimo de
1824, Quelques Rflexions sur le rtablissement de Saint-Domingue.
Lo cierto es que eran muchos quienes pensaban en aquella recuperacin
de la antigua y rica colonia. Un ejemplo llamativo de tales deseos lo represent
el que haba sido obispo constitucional de Les Cayes, Guillaume Mauviel, amigo
del abate Grgoire en Francia y del mulato Clerveaux en Saint-Domingue, que
permaneci en la isla desde 1800 a 1804, cuando fue expulsado por Ferrand20.
Mauviel crea necesario recuperar aquella vieja colonia para Francia en su obra
18
Charles Esmangart, Des Colonies franaises, pp. 23-24.
19
Maximilien Foy, Lettre M. le gnral Foy, pp. 7-8.
20
Sobre este obispo puede verse en francs el trabajo de Gabriel Debien, Guillaume
Mauviel y en espaol el artculo de Jos Luis Sez, Monseor Guillaume Mauviel,
pp. 557-598.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 17
Precis historique et politique de la Rvolution de St-Domingue y, frente a lo que
podan haber sido sus ideas primeras, apoyaba la invasin de Leclerc.
No faltaron quienes culparon de aquella situacin a la propia Revolucin
Francesa; tal es el caso de Jules Lacroix de Marls, que, en su Histoire des-
criptive et pittoresque, en 1862, consideraba lo sucedido en Saint-Domingue
como clara herencia de los acontecimientos revolucionarios de la metrpoli,
que haba dado ejemplo de insubordinacin, de independencia y de libertad.
Precisamente en esa misma lnea estara nuestro Lpez Cancelada, como lo
expres en su peridico, en 182121.
Frente a aquellas visiones ms retrogradas haba otras favorecedoras de la
libertad de los esclavos y de la consideracin del negro en paridad al blanco,
con lo que ello supona, incluso a niveles de autogobierno. La mejor represen-
tacin de esta tendencia la tendramos en los Amis des noirs, a los que haremos
mencin en varias ocasiones, aunque ahora podemos recordar que uno de
ellos, el abate Grgoire, result fundamental en el proceso de defensa de los
esclavos; as, en su obra de 1808, De la littrature des ngres, no ahorraba elo-
gios a los dominicanos de esa raza. Tal era su consideracin entre estos, que
en 1820 Boyer le ofreci el obispado de Santo Domingo, segn unos, por la
poltica conciliatoria que con Francia tena aquel presidente (1818-43), aunque
otros mantienen que por lo avanzado de su edad; pero lo cierto es que no lo
acept22. Buen ejemplo de aquella propaganda antiesclavista fue tambin la
voluminosa obra annima La Rvolution franaise et labolition de lesclavage,
publicada entre 1770 y 1804, que comprenda 12 volmenes repartidos en cua-
tro series. No menos relevante fue la figura de Victor Schoelcher, que, amn
de su Histoire de lesclavage pendant les deux dernires annes o Colonies
trangres et Haiti, entre otras muchas, nos dej igualmente una biografa
de Toussaint publicada despus de su muerte. Incluso el jacobino Eustache
Toulotte, publicaba su Histoire en 1819, y en ella defenda las independencias
como un derecho.
Como vemos, frente al silencio del que hara gala la historiografa francesa
posterior, adems de lo mencionado, en la primera mitad del siglo XIX no fal-
taron las referencias haitianas en las historias generales como en el tomo IV de
la de Jacques-Barthlemy Salgues. El propio Thiers hizo algunas valoraciones,
como la siempre presente idea de violencia de los negros, aunque aclaraba
que los mandatarios del ejrcito negro seran ms feroces que inteligentes,
aunque tambin bastante inteligentes23.
Entre los britnicos hubo tambin posiciones muy encontradas. Por un
lado, all iba adquiriendo una gran fuerza el fenmeno abolicionista; mientras
por otro apreciaban el peligro que poda extenderse a sus propias colonias del
21
El telgrafo Megicano de 1 de septiembre de 1821, pp. 5-7.
22
Alyssa Goldstein Sepinwall, Exporting the Revolution, pp. 50-51.
23
Adolphe Thiers, Histoire du Consulat, p. 174.
18 jess paniagua prez
Caribe, verdaderas joyas de la Corona, especialmente Jamaica, cuya conserva-
cin, segn el comandante britnico en Santo Domingo, John Graves Simcoe,
en 1798, dependa de la presencia britnica en las Indias24 . Muy crtico con la
Revolucin de Hait fue Bryan Edwards con su obra The History of the British
Colonies in the West Indies, aunque tambin lo fue con los colonos franceses
en An historical survey of the French colony in the island of St. Domingo,
publicada en 179725, donde acusaba al colono coronel Pierre-Franois Ven-
ault de Charmilly de ofrecer la isla a los ingleses, a los que haba engaado
respecto del apoyo interno que iban a recibir en la invasin, tras los primeros
sucesos. El francs contest a aquella acusacin en el mismo ao en su Lettre
M. Bryan Edwards Lo cierto es que la invasin inglesa para apoyar a los
colonos tuvo buena acogida entre muchos sbditos britnicos, que vean en
ello un medio para introducirse en la isla y controlar el comercio mundial del
azcar26. Edwards con sus obras quera concienciar a sus coterrneos de lo que
sucedera si se abola la esclavitud y se produjeran revueltas, incluso lleg a
hacer a los Amis des Noirs los responsables de la Revolucin. Su obra tuvo una
gran influencia en el mundo anglfono, incluso ofreci casi una visin idlica
del esclavo de la Indias Occidentales y se explay en los horrores provocados
en Saint-Domingue27. En oposicin estara la obra de Marcus Rainsford con tres
ttulos, A memoir of transactions that took place in St. Domingo, que a los tres
meses saldra como una edicin revisada con el ttulo de St. Domingo, or an
Historical, Political and Military Sketch of the Black Republic, with a View of
the Life of Toussaint LOuverture; por ltimo la obra An Historical Account; el
autor parece que se haba visto con Toussaint en 1799 y senta una gran admi-
racin por el, justificando los abusos de los negros por los abusos cometidos
con los esclavos.
Lo cierto es que Inglaterra haba estado apoyando las rebeliones que se
iban produciendo por toda Amrica y los rebeldes siempre la tuvieron como
un comodn al que acudir. Se haba pensado en aquella potencia para apoyar a
Tupac Amaru; Miranda haba negociado all sus proyectos; en Londres se haba
recibido al terico de la revolucin novohispana Servando Teresa de Mier;
incluso Mariano Moreno (1778-1811), uno de los gestores de independencia
del Ro de la Plata, cuando falleci camino de Inglaterra, su cuerpo fue arroja-
do al mar envuelto en una bandera britnica28.
El apoyo a los haitianos rebeldes lo manifestaron los britnicos de muchas
formas. En la propia Inglaterra se publicaba en 1803 una supuesta obra de
24
Tim Matthewson: A Proslavery Foreign Policy, p. 64.
25
Sobre esta obra hace una reflexin, en 1814, el coronel Malenfant, en su obra Des
colonies, pp. VIII-XII.
26
Tim Matthewson, A Proslavery Foreign Policy, p. 30
27
Bryan Edwards, The History of the British Colonies, pp. 74 y ss.
28
Manuel Moreno, Vida y memorias, p. 322.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 19
James Stephen, donde se calificaba a Toussaint de hroe, que haba luchado
por la libertad de los negros y por la defensa de Francia29. Percival Stockda-
le, antiesclavista, esriba en Letter to Granville Sharp sobre la rebelin de los
negros de 1791.
Los Estados Unidos, por sus implicaciones, no haban permanecido ajenos
a aquel proceso editor a lo largo del siglo XIX, ya que all se haban publicado
varias obras, incluso traducciones del francs. El fin de esa centuria lo marcara
la obra del pastor metodista negro Theophilus Gould Steward con The Haitian
Revolution, publicada en 1914.
De especial inters es el caso del prusiano Alexander von Humboldt,
pues en los diarios que se han publicado no hace una sola referencia a Saint-
Domingue, lo que llama la atencin, teniendo en cuenta su aficin a comentar
todas las noticias importantes del momento y por su postura antiesclavista,
como lo demostr con otros asuntos en los mencionados diarios y en su Essai
politique sobre Cuba.
En cuanto a Hait, en aquellos primeros tiempos, fue sobre todo tras la
independencia cuando los historiadores y los escritores haitianos en general
tomaron conciencia de su situacin, tras siglos de imposicin de las ideas de
los blancos. Obra fundamental para el conocimiento de la historiografa hai-
tiana del siglo XIX es la dirigida por Michel Hector y Lannec Hurbon, Gense
de ltat hatien.
Apareci, incluso, algo as como una historia oficial de los negros y mula-
tos, cuyo primer representante sera el secretario de Dessalines, Boisrond Ton-
nerre, que en 1804, adems de ser redactor del acta de independencia, escriba
Mmoires pour servir lhistoire dHayti, que no se public hasta 1851, gra-
cias a un haitiano en el destierro francs, como lo era Joseph de Saint-Remy,
autor tambin de las biografas sobre Toussaint, Henri-Christophe y Ption,
que corresponde a aquella segunda generacin de autores haitianos como
Ardouin, Madiou y Nau, entre otros.
Otro historiador oficial sera el Barn de Vastey30, Pompe Valentin Vas-
tey, secretario oficial del rey Henri-Christophe, que en 1819 se quejaba de
que quienes se haban ocupado de relatar la Revolucin de Hait haban sido
europeos, que no podan evitar una visin competitiva entre blancos y negros,
pero que utilizaban esencialmente materiales realizados por los primeros31. Su
postura era la de culpar de todo a los franceses, incluso de las guerras civiles,
alegando que tanto la de Rigaud (1799) como la de Ption (1806) se debieron
a la utilizacin que hizo Francia de sus intereses32. Es ms, consideraba a los
antiguos dominadores la causa de muchos de los males haitianos de aquellos
29
James Stephen (?), Buonaparte in the West Indies
30
Vastey (Barn de de), Essai
31
Vastey (Barn de de), Essai, pp. 1-2.
32
Vastey (Barn de de), Essai, p. 15.
20 jess paniagua prez
momentos33. El autor, al comienzo de aquella obra, planteaba dos formas
para acabar con los sistemas coloniales; por un lado, por la propia voluntad
de los opresores; por otro, recurrir a la violencia y a una lucha de sangre y de
destruccin entre opresores y oprimidos, como se haba producido en Hait34.
Precisamente respecto a la guerra con Ption, Vastey haba escrito un panfleto
titulado Le cri de la patrie, haciendo alusin a las conexiones entre aquel y
los franceses. Sus ataques a la antigua metrpoli eran continuos en sus obras,
llegando a escribir, en 1817, unas reflexiones sobre algunas obras y peridicos
de Francia.
Juste Chanlatte actu como redactor oficial de Dessalines, luego fue secre-
tario de Henri-Christophe y tambin dirigi la prensa oficial con Boyer. Este
autor lleg a hacer una comparacin de todos los grandes sucesos en el Occi-
dente de aquellos momentos, cuando los identific con un toro lanzado al
campo, al que ya no hay manera de contener su ardor, como pas en Francia
con la Revolucin, en Irlanda con los asuntos religiosos, en Inglaterra en la
Guerra Civil y en Espaa con la invasin de los franceses35. Lo interesante en
sus escritos fueron sobre todo sus dramas, a los que luego nos referiremos, y su
Oda a la independencia. Su obra histrica, Histoire de la catastrophe de Saint-
Domingue, publicada en 1824, llamaba a la concordia entre blancos y negros.
Tambin de esta primera generacin y con cercana al poder estaba Guy-
Joseph Bonnet, ayuda de campo de Rigaud, al que recomend que no ocupara
la parte oriental de la isla contra la voluntad de sus habitantes, pues sera con-
traproducente. La obra de este autor eran unos escritos que haba comenzado
a elaborar en 1809 y que se publicaran en Francia, en 1864, gracias a su hijo
Edmond Bonnet, con el ttulo de Souvenirs historiques.
Pero de aquella primera generacin, como nos dice Benoit, faltan los
testimonios y las memorias de reivindicaciones de los campesinos, pues el
analfabetismo no les permiti dejar constancia escrita, salvo lo que nos puedan
contar terceros36.
A la segunda generacin de historiadores haitianos pertenecan los ms
conocidos y con una obra ms slida, que queda ampliamente citada, por lo
que no nos extenderemos. As, los hermanos Beaubrun (Cligny Corolian y
Ardouin), partidarios de Boyer. Ardouin Beaubrun public la que es una de
las obras ms famosas de la historia de Hait desde el inicio de la Revolucin,
los tudes sur lhistoire dHati, que vio la luz en 11 tomos entre 1853 y 1860.
Cligny escribi los Essais, para los que recogi informacin desde 1837 y se
publicaron en 1865, gracias a su hermano. Corolian se dedic casi exclusiva-
mente a la literatura, aunque tocando algunos temas histricos. Adems de
33
Vastey (Barn de de), Essai, pp. 118-120.
34
Vastey (Barn de de), Essai, p. 5.
35
Juste Chanlatte, Histoire de la catastrophe de Saint-Domingue, pp. 75-76.
36
Joachim Benoit, La estructura social en Hait, p. 177.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 21
estos, Thomas Madiou sera el gran revitalizador de los lderes negros y un
gran defensor de la especificidad haitiana37. Es tambin de inters la obra de
Jean Demesvar Delorme, La Misre au sein des richesses, publicada en 1873 y
que da como motivo esencial de la independencia haitiana el deseo de crear
una civilizacin libre38.
Esta Revolucin, frente a lo ocurrido en el pasado fuera de las fronteras
de Hait, ha despertado un gran inters en muchos historiadores de las ltimas
generaciones. Sin embargo, hasta no hace mucho no se le daba la importan-
cia que tena y, al igual que otros procesos latinioamericanos de la poca, se
vio como una consecuencia marginal de lo que suceda en Europa. El mejor
ejemplo puede ser el de Eric J. Hobsbawm, que en su obra publicada en 1963
La era de la Revolucin, traducida al espaol en 1997, aluda a consecuencias
que tenan su epicentro en Francia e Inglaterra, pues las colonias americanas
eran las principales abastecedoras de esas potencias.
La explicacin de aquel olvido hasta los aos sesenta del siglo XX se debi
a que el problema del indio haba absorbido la mayor parte de los esfuerzos
investigadores latinoamericanos o sobre Latinoamrica, habida cuenta de lo
que supuso la conquista para los pueblos aborgenes, que siempre contaron
con ms destacados defensores que los negros durante el periodo colonial e,
incluso, posteriormente. El inters por la poblacin autctona se utilizaba como
fundamento para elaborar una historia nacional y desarrollar un sentimiento
de unidad frente a las antiguas metrpolis, devastadoras de lo originario. Y
obviamente los negros no estaban en esa condicin de habitantes primeros.
Por tanto, ya en aquellas defensas iniciales tras la conquista, el negro quedaba
relegado, a pesar de que algunas voces salieron en su defensa, como en Mxi-
co las de los arzobispos Alonso de Montfar y Moya de Contreras; el primero
manifestando que tanto indios como negros eran igualmente receptivos al
Espritu Santo; el segundo elevando sus protestas contra la esclavitud39. Todo
sin olvidar la famosa obra de Alonso de Sandoval, De instauranda aetiopum
salute, de 1627, aunque el mencionado ttulo no se le dio hasta la edicin de
1647. Todava Tocqueville mantena que los espaoles se haban caracterizado
por sus malos tratos a los indios, lo que contrastaba con el trato humanitario
que haban dispensado a los negros40. Lo cierto es que indios y negros con sus
variantes raciales haban ocupado los escalones ms bajos de todas aquellas
sociedades coloniales y en Saint-Domingue, donde ya no quedaban indios,
los propios negros se consideraron en su opresin como sus sucesores, de ah
que tomaran el nombre indgena de Hait para la nueva nacin, herencia a la
37
Sobre este autor puede verse el estudio de Arthur Lescouflair, Thomas Madiou
38
Delorme, Jean Demesvar: Reflexions diverses sur Haiti, p. 5.
39
Vid. en Ben Vinson, La historia del estudio, p. 27.
40
Alexis de Tocqueville, Rapport, p. 17.
22 jess paniagua prez
que tambin har referencia Verginaud Leconte en su drama de principios del
siglo XX, Une princesse aborigene.
Tampoco hay que pensar en un olvido sistemtico de la Revolucin Hai-
tiana y de los problemas de la esclavitud en las dcadas anteriores a los sesen-
ta del siglo XX. As, son de un gran inters los trabajos de W.E.B. du Bois,
publicados a partir de 1920; o el clsico del autor originario de Trinidad, Cyril
Lionel Robert James, publicado por primera vez en 1938, The Black Jacobins41,
que mantiene vigencia hasta el presente, dentro de su visin marxista. La pre-
tensin de James, que dara sus frutos, era universalizar aquella Revolucin,
manteniendo la idea de herencia de la Francesa, amn de que el autor dio una
especial relevancia a la figura del lder revolucionario. Ser su sucesora en
estos estudios, Carolyn E. Fick, la que, yendo ms all que su maestro, hiciese
prevalecer a la masa sobre el lder, en su obra aparecida en 1947, The Making
of Haiti. El enfoque de Fick resultaba novedoso, porque hasta entonces el
peso de aquella Revolucin haba recado para bien y para mal sobre sus lde-
res, de los que son un buen ejemplo las obras de Lpez Cancelada. Incluso
se han producido tratados colectivos de los mismos, como la obra de de Jos
Mara Capo, en 1942, Tres dictadores negros; o la de Charles Moran, con su
trabajo de 1957, Black triumvirate; o la tesis de Guilbert A. Daley, A trilogy of
the Haitian revolutionary triumvirate.
De todos modos, esa caracterstica historiogrfica de que prevaleciera el
individuo en esta Revolucin se sigue manteniendo con ms o menos inten-
sidad hasta nuestros das, aunque ya con ciertas disidencias. Desde luego era
una Revolucin atrayente para la historiografa marxista, en la medida en que
fueron las masas, con muchos de sus lderes salidos de sus filas, las que se
impusieron al imperialismo francs. El filn era fundamental y el historiador
dominicano Juan Bosch consider asombroso que la Revolucin de Hait fuese
una revolucin marxista producida veinte aos antes de nacer Marx; si bien,
dice este autor, no exista en los esclavos negros de Hait la idea de construir
un estado socialista42.
Lo que es indudable, es que los estudios sobre la Revolucin Haitiana no
pueden desligarse de los estudios sobre la esclavitud, que adquirirn tambin
especial relevancia a partir de los aos sesenta del siglo XX, especialmente en
los Estados Unidos, existiendo claramente un dominio sobre el tema de esos
historiadores norteamericanos43, ya que de alguna manera se ha considerado
como una herencia de la historia colonial anglosajona. Es evidente que haba
unos precedentes como la revista que se public desde 1916, The Journal of
41
En esta obra hemos utilizado la traduccin al espaol de 2003. La primera edicin se
public en Londres por Secker & Warburg.
42
Juan Bosch, De Cristbal Coln, p. 325.
43
Ese dominio historiogrfico norteamericano puede verse en Michael Zeuske, Histo-
riography and Research Problems, p. 89.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 23
Negro History, reconvertida luego en The Journal of African American History.
Pero en trminos generales, tambin en Estados Unidos se haba producido un
olvido de aquella Revolucin hasta la mencionada dcada y de manera muy
especial hasta la Primera Guerra Mundial, como seala Trouillot con su suges-
tivo ttulo Silencing the past. Aunque es cierto que apareci alguna obra como
la del hispanista Richard Pattee, publicada en La Habana, en espaol, con el
ttulo Jean-Jacques Dessalines, fundador de Hait. La tendencia se rompi
cuando en 1963 se publicaba de nuevo la obra de James, The Black Jacobins.
Apareca poco despus, en 1966, la obra de Davis Brion Davis, The problem of
Slavery in the Western Culture, con una visin muy limitada al mundo anglo-
sajn. En 1973 Thomas O. Ott se interes por la alarma que aquella Revolucin
haba producido en Estados Unidos. En 1979 sera Eugene D. Genovese con
su obra From Rebellion to Revolution, el que dio un nuevo vuelco desde una
visin marxista y abri toda una polmica, pues defenda que las revolucio-
nes de esclavos de finales del siglo XVIII estaban muy influenciadas por las
ideas de las revoluciones burguesas, con lo que se alejaba de las tendencias
que trataban de dar importancia a lo africano. Algo semejante mantena aos
ms tarde Franklin W. Knight, al decir que la Ilustracin haba provocado
profundos cambios en las sociedades caribeas, insistiendo sobre todo en la
Revolucin de Hait, especialmente en algunos aspectos menos conocidos
como el surgimiento de los pequeos propietarios, la disminucin en la oferta
de alimentos y en la definicin y construccin de identidades diferenciadas44.
Lo cierto es que a partir de aquellas fechas de los aos sesenta y setenta se
sucedieron los estudios en obras como las de Herbert Klein, Marcus Rediker,
Paul Gilroy, Ira Berlin, John Thornton y Darien J. Davis , entre otros muchos45.
La celebracin del segundo centenario de la independencia, en 2004,
aceler los cambios. Con ese acontecimiento proliferaron los estudios y las
interpretaciones. Valga como ejemplo la edicin de las actas del congreso cele-
brado por la Carter Brown Library en ese ao, coordinado por David Patrick
Geggus y Norman Fiering, bajo el ttulo, The World of the Haitian Revolution.
Precisamente el primero de estos autores ya haba publicado para entonces,
junto a David Barry Gaspar, la recopilacin que hemos mencionado, A Tur-
bulent Time; as mismo, se debe a este autor Slavery, War and Revolutin,
sobre la ocupacin inglesa de la isla. Tambin en Estados Unidos se public la
obra colectiva A Slave Revolution: 200 Years after 1804. Del mismo modo, en
Francia, Lcole des Hautes tudes en Sciences Sociales se hizo eco del acon-
tecimiento, aunque para ello tan solo recurri a historiadores de su entorno,
44
Franklin W. Knight, The Caribbean, o Franklin W. Knight y Colin A. Palmer (eds.),
The Modern Caribbean
45
Herbert S. Klein, African Slavery; Marcus Rediker, Between the Devil and the Deep
Blue Sea; Paul Gilroy, The Black Atlantic; Richard Price, Maroon Societies; John
Thornton, Africa and Africans; Darien J. Davis, Slavery and beyond
24 jess paniagua prez
dando como producto un libro editado por Giulia Bonacci y otros autores,
titulado La Rvolution Hatienne au-del de ses frontires. Tambin en Fran-
cia fue producto del bicentenario la obra de Wiener Kerns Fleurimond, Hait
1802-2004. Le Bicentenairedune Revolution oublie, periodista haitiano que
desarrolla su labor en Pars.
Todo lo anterior tiene mucho que ver con la llamada Historia Atlntica46,
que, aunque sus orgenes se remontan a mediados del siglo XX, adquiri un
especial dimensin a partir de los aos noventa, cuando sus estudios, eminen-
temente centrados en el mundo anglosajn hasta entonces, se extendieron
ms all de Europa y los Estados Unidos, adquiriendo una dimensin ms
real de lo que era el Atlntico, al incluir en sus trabajos el mundo africano y
latinoamericano. As, se desarrollan estudios como los de David P. Geggus,
The Impact of the Haitian Revolution in the Atlantic World. Otros trabajos de
esa historia fueron, por ejemplo, los de Alysa Goldstein Sepinwall, Exporting
the Revolution: Grgoire, Haiti, and the Colonial Laboratory, 1815-1827 o
la edicin de una reciente obra Haitian History. New Perspectives, en la que
aparecen estudios de varios autores como Trouillot, Fick, Geggus, Thornton.
Destacan tambin los estudios de Herbert Klein, The Atlantic Slave Trade, etc.
Igualmente Laurent Dubois ha realizado estudios como Avengers of the New
World y Origins of the Black Atlantic, que centr en aspectos sociolgicos
anteriores a la Revolucin y tambin culturales como el creole o el vud; de
ah su uso de la antropologa en los estudios histricos; pero adems recu-
peraba de nuevo la historia de los personajes, especialmente de Toussaint
Louverture. Philippe R. Girard, natural de la isla de Guadalupe, pero radicado
en Luisiana, en un trabajo reciente, vincula directamente a Dessalines con esta
historia Atlntica47, sin olvidar otros de sus muchos trabajos, como una historia
general de Hait titulada Paradise Lost o The Slaves Who Defeated Napoleon.
Tambin en los ltimos tiempos Popkin ha realizado varias obras de temtica
haitiana, como Facing Racial Revolution, en 2008; You Are All Free, en 2010;
The Haitian Revolution, en 2011.
En la Historia Atlntica, en lo referente a Hait, es de destacar igualmente
la figura de Ada Ferrer, muy vinculada a la investigacin en Espaa, pero que
ha producido trabajos en Estados Unidos, como Speaking of Haiti (2009) o
Haiti, Free Soil (2012).
Adems de este fenmeno historiogrfico, no hay que olvidar que en las
ltimas dcadas han adquirido un gran desarrollo los estudios de temas como
46
Sobre esta tendencia puede verse Federica Morelli y Alejandro E. Gmez, La nueva
Historia Atlntica y en general la revista monogrfica sobre el tema, donde viene este
artculo, Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En lnea], Bibliografas, Puesto en lnea el 05
abril 2006, consultado el 07 marzo 2013. URL: http://nuevomundo.revues.org/2102; DOI:
10.4000/nuevomundo.2102
47
Philippe R. Girard, Jean-Jacques Dessalines, pp. 549-582.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 25
el racismo, las migraciones, etc.; es decir, mucho de aquello de lo que partici-
p Saint-Domingue en la poca de su Revolucin e independencia. Algunos
de sus historiadores ya han dado una trascendencia especial a lo haitiano y la
influencia que tuvo en ciertos sucesos esenciales de la historia norteamericana,
ms all de lo puntual; tales como Alfred N. Hunt con Haitis Influence on Ante-
bellum America, publicada en 1988; o la que en 2011 ha publicado Matthew
Clavin sobre Toussaint y su influencia en la Guerra Civil norteamericana.
Novedosa por su consideracin de la modernidad es la obra de Sybille Fis-
cher, Modernity Disavowed, publicada en 2004, donde se niega a tratar aquella
Revolucin desde sus aspectos morbosos, puesto que consideraba que eran
estos los que haban servido para mantenerla aislada.
Si, como mencionamos, los historiadores estadounidenses han sido los
grandes promotores en los ltimos tiempos de los estudios sobre la esclavitud
y, de una manera ms o menos directa, sobre la Revolucin de Hait, no ocu-
rri lo mismo con la antigua metrpoli de Saint-Domingue, Francia. Es cierto,
que ninguna historiografa europea prest demasiada atencin al fenmeno
haitiano, ni siquiera entre naciones que se haban visto implicadas en aquellos
acontecimientos como Espaa, Polonia, Gran Bretaa, etc. En el caso britnico
hay que destacar a un estudioso como David Nicholls, con una abundante obra
haitiana y con su estudio ya clsico From Dessalines to Duvalier. El historiador
haitiano Truillot explicaba aquellos silencios como producto de la incapacidad
de la historiografa occidental para expresar lo impensable48. De todos modos,
el caso francs ha sido el ms llamativo, por ser el de la vieja metrpoli.
Ya desde los momentos de la Revolucin Francesa el tema de la libertad
de los esclavos no interesaba a demasiados diputados, a pesar de las quejas de
Robespierre o las ideas de Marat sobre el derecho de las colonias a independi-
zarse e, incluso, de la actividad de los Amis des noirs. Es cierto, sin embargo,
que en un principio hubo una cierta produccin por los motivos que ya sea-
lamos, como la presente obra de Dubroca.
El olvido parece mantenerse tras las primeras dcadas del siglo XIX y
gran parte del XX, salvo alguna excepcin, como la del socialista Jean Jaurs
(1859-1914), o el abogado bordels Thomas ProsperGragnon-Lacoste, que
manej los papeles de la familia de Toussaint para su obra de 1877, de los que
se hizo donacin a la Biblioteca de Burdeos, donde ya no se encuentran. Es
ms, ni siquiera Sonthonax, promotor de la liberacin de los esclavos, mere-
ci reconocimiento alguno en los actos de celebracin del II Centenario de la
Revolucin Francesa49. Si bien es cierto que posteriormente aparecera algn
estudio de la poca con referencia a tal personaje, como en las actas editadas
por Dorigny del coloquio internacional Les abolitions de lesclavage. Ese mis-
Michel Rolph Trouillot, Silencing, p. 97.
48
Serge Barcellini, Two memories, pp. 343, 344.
49
26 jess paniagua prez
mo autor se hara cargo tambin de la edicin en 1997 de otras actas de un
coloquio celebrado en 1990, con el ttulo de Lger-Flicit Sonthonax.
Probablemente el olvido francs se deba al convencimiento de algunos
historiadores de su superioridad, lo que se contradeca con el proceso haitia-
no, en que unos negros y mulatos de una parte de una isla del Caribe, muchos
de ellos esclavos, haban humillado al ejrcito napolenico y haban declara-
do su independencia. Aquel olvido francs, no solo en la historiografa, sino
en otros muchos aspectos, hizo que Hait fuese gravitando poco a poco hacia
el rea cultural de influencia de los Estados Unidos, lo que se consumara en la
dcada de los veinte del siglo pasado, cuando, tras la invasin norteamericana
de 1916, hasta en lo financiero pas a ser dependiente de aquella potencia.
Por tanto, el silencio de la historiografa francesa tras los primeros tiempos
sobre aquella Revolucin e independencia ha resultado muy llamativo, como
ya lo puso de manifiesto Yves Benot en su obra La Rvolution franaise et la
fin des colonies, publicado en 1988; autor que adems incluy en su trabajo
La dmence coloniale, con el proceso de recuperacin imperial napolenica
de 1802 y el fracaso que ello tuvo en Saint-Domingue. Aunque ms llamativo
en Francia es ver que con frecuencia la Revolucin de Hait no entra en el
catlogo de las grandes revoluciones, como tampoco en la historiografa de la
vecina Cuba50. Todo ello no quiere decir que no existieran algunos trabajos de
inters como los de Gabriel Debien, que lleg a denominar a Saint-Domingue,
como La Argelia de nuestro Antiguo Rgimen51.
En las ltimas dcadas las cosas han comenzado a cambiar, debido, en-
tre otros, a los autores mencionados, Benot y Dorigny, que en 2003 editaron
conjuntamente la obra con el sugestivo ttulo de Rtablissement de lesclavage
dans les colonies franaises. Aux origines de Hati. Ruptures et continuits
de la politique coloniale franaise, cuya segunda parte est dedicada a la in-
dependencia haitiana. Precisamente Dorigny publicara en ese mismo ao su
Hati premire rpublique noire; y en el 2001 ya haba publicado LAtlantique:
un tat de la question, sobre una historia Atlntica, que por otro lado no ha
contado con demasiados adeptos en Francia, a pesar de que haya tenido ah
uno de sus principales precedentes en la figura de Godechot, que en 1947
sacaba a la luz su Histoire de lAtlantique. Algo parecido se ha mantenido
ms recientemente con otros historiadores como Blanchard, Bancel y Lemaire
en La fracture coloniale. Jean-Daniel Piquet, en su obra L mancipation des
Noirs, abord el tema desde la propia Revolucin Francesa. Todo ello sin ol-
vidar la Socit Franaise dHistoire dOutre-Mer y alguno de sus historiadores
como Jacques de Cauna, as como su rgano de difusin Outre-Mers. Revue
dhistoire. De todos modos, en Francia parece prevalecer en muchos ambien-
tes un deseo de silencio sobre los sucesos de su antigua colonia.
50
Dimitri Prieto Samsnov, La victoria no basta, p. 77.
51
Gabriel Debien: Gens de couleur libres, p. 212.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 27
Obviamente la historiografa haitiana es la que se ha hecho mayor eco
de aquel proceso. El problema es que sus autores apenas pueden hacerse
or, salvo aquellos que realizan su actividad fuera del pas. Los padres de la
historiografa haitiana fueron los mencionados Thomas Madiou y Beaubrun
Ardouin, ambos fundamentales para acercarnos a la poca que nos ocupa.
Estos, como otros del siglo XIX y primeras dcadas del XX, realizaron sobre
todo una historia poltica y de acontecimientos, nada despreciable, con una
gran valoracin de las individualidades. Algunos incluso se convirtieron en
defensores de las calumnias que se cernan sobre aquella Revolucin, como
sucede en la segunda parte de la obra de Lger, publicada en 1907. Lo cierto
es que casi siempre los historiadores haitianos, hasta la cuarta dcada del
siglo XX, se mantuvieron en el culto al lder en obras como las mencionadas u
otras como la de Vergniaud Leconte, Henri-Christophe dans lHistoire dHati,
publicada en 1931. Un caso de inters, aunque no sea precisamente un his-
toriador, sino un antroplogo, es el de Antnor Firmin y sus escritos sobre
la igualdad de las razas en su respuesta a Joseph Arthur de Gobineau, en la
que hace frecuentes referencias a su pas y en la que ejemplifica con hombres
negros a personajes superiores intelectualmente a los europeos, as Toussaint,
Dessalines y Christophe52.
Un hecho clave para la historiografa haitiana fue la fundacin de la Socit
Hatienne dHistoire, de Gographie et de Gologie, que el 1 de mayo de 1925
publicaba el primer nmero de su Bulletin de la Socit dHistoire et de Go-
graphie dHati. A partir de diciembre de 1926 esa revista ya aparecera como
Revue de la Socit Hatienne dHistoire et de Gographie dHati (RSHHG).
Ello supuso un cambio en los estudios sobre el pasado del pequeo pas y, es
a partir de 1946, cuando influida por las corrientes del momento, deriv hacia
estudios ms sociolgicos, especialmente tras producirse la celebracin del
tercer cincuentenario de la independencia. Se publicaron entonces estudios
como los de Grard Laurent Mentor o, con una visin marxista, la obra de
Charlier, Aperu sur la formation historique de la nation hatienne; incluso
se trat de hacer una recuperacin de las races africanas, como Claude B.
Auguste en Les congos dans la rvolution hatienne53. Tambin en la tradi-
cin marxista haitiana estn los trabajos de Joachim Benoit, muy influenciado
por obra de Pierre Vilar, que, en los ltimos aos de su vida, desarroll su
trabajo en el centro de Investigaciones Histricas y Sociales de la Universidad
de Puebla (Mxico).
Importante ha sido tambin la llamada visin antillana o antillanismo,
nacida en el siglo XIX frente al imperialismo expansionista. Se ha dado en
considerar esta propuesta como algo propio del mundo hispnico, donde se
le atribuyen varias paternidades, todas ellas con la idea de una vinculacin,
Joseph Antnor Firmin, The Equality, p. 326. Joseph Arthur de Gobineau, Essai
52
Claude B. Auguste, Les congos, pp. 11-42.
53
28 jess paniagua prez
muchas veces confederal, entre las islas del Caribe. Se habla de las paternida-
des de pensadores como Betances, Hostos o Mart54. Incluso algunos han atri-
buido su origen a la Sociedad Democrtica de los Amigos de Amrica, que en
1865 plante una confederacin de estados independientes. Ese mismo ao,
unos meses ms tarde, el chileno Benjamn Vicua Mackenna propuso algo
parecido en La Voz de Amrica55.
Hait ha sido ignorado con frecuencia en este proceso antillanista, inclu-
so Hostos deriv a unos planteamientos de la antillanidad que excluan a los
territorios que no fuesen de habla espaola. Pero el antillanismo haitiano ha
buscado sus races en el propio Toussaint, cuyos ideales de libertad sobrepa-
saron los lmites de la isla de Santo Domingo, donde plante una confedera-
cin dominico-haitiana. Igualmente Dessalines consider indivisible la isla;
y Petin, con una visin ms panamericana, apoy a Bolvar en su proyecto
grancolombiano. Pero uno de sus grandes representantes fue el mencionado
Antenor Firmin, que ya plante sus ideas con el convencimiento de un Hait
libre, incluso con una exaltacin de los mulatos por encima de quienes crean
que eran una representacin de la degeneracin de la raza blanca; de hecho,
frente a la obra de Gobineau Essai sur linegalit des reces humains (1853),
escribira De lgalit des races humaines (1885). Pero la visin antillanis-
ta haitiana entrara en crisis con el discurso de la ngritude, que contendra
muchos prejuicios raciales. Sin embargo, el antillanismo se ha recuperado
recientemente con Edouard Glissant y El discurso antillano y Jean Ghasmann
Bissainthe, de quien hemos tomado los datos anteriores56.
Igualmente hay que tener en cuenta el fenmeno del africanismo y la
ngritude, alimentados por la obra del antroplogo Jean Price Mars, que ha
tenido un gran xito en el siglo XX, especialmente en lo literario, como vere-
mos ms adelante. En realidad el africanismo haba estado latente desde los
tiempos de la esclavitud, afectando a muchos autores caribeos.
A pesar de la bsqueda de una historia ms total de la Revolucin Haitia-
na, no por ello se olvid la tradicin biogrfica de los lderes, como la de Tous-
saint, de Jean Fouchard, o las realizadas por el historiador y expresidente Leslie
Franois Manigat. Trouillot mantiene que sigue existiendo un gran respeto por
esos lderes entre los historiadores haitianos, a los que se aplica una tica, que
con frecuencia ha servido a las lites para la dominacin57; incluso menciona
la utilizacin de la historia por el dictador Duvalier, haciendo que los especia-
listas al servicio del rgimen introdujesen datos errneos e interesados58. Los
54
Valga el ejemplo de Emilio Cordero Michel y algunos de sus trabajos como Repbli-
ca Dominicana, cuna del antillanismo, pp. 225-236 y Mximo Gmez y el Antillanismo,
pp. 121-124.
55
Antonio Gazatmbide Gigel, La geopoltica, p. 4.
56
Jean Ghasmann Bissainthe, La visin antillanista, pp. 616-630.
57
Michel Rolph Trouillot, Silencing, pp. 66-69.
58
Michel Rolph Trouillot, Silencing, p. 105.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 29
trabajos biogrficos se siguen centrando sobre todo en Toussaint, Dessalines,
Chriostophe y Ption, especialmente en el primero, tanto dentro como fuera
de Hait. Segn James, Horace Paulus Sannon es el autor haitiano que ha
escrito con mayor profundidad sobre la Revolucin y sobre Toussaint en los
tres volmenes de su obra59. Ha destacado tambin Timoleon C. Brutus en
los aos cuarenta del siglo XX, con su Ranon du gnie, sobre Toussaint, o L
Homme dairain, sobre Dessalines. En 1947 se publicaban en Port-au-Prince
por Gerard-Laurent Mentor Jean-Jacques Dessalines, guerrier intrpide, gnie
organisateur; este autor publicara en 1949 un estudio sobre Toussaint, as
como una voluminosa obra sobre la actuacin de Sonnthonax en Saint-Domin-
gue; y pocos aos despus otros seis estudios sobre el mismo Dessalines. En
fechas muy posteriores Jacques E. Carbonel, escriba Dessalines calomni
injustement. Es de inters igualmente la obra de Hnock Trouillot sobre este
mismo hombre.
El historiador haitiano de mayor trascendencia en los ltimos tiempos,
radicado en Estados Unidos y fallecido en 2012, ha sido el ya mencionado
Michel-Rolph Trouillot; el cual ha hecho frente a la historiografa que ha pre-
tendido ver en la Revolucin de Hait una continuidad o una proyeccin de la
francesa. Es muy significativa en este sentido la obra Silencing the Past: Power
and the Production of History, que es una especie de visin de los vencidos
referida a los negros, cuya capacidad para hacer una revolucin fue incapaz de
ser entendida por los contemporneos y por los historiadores que trabajan con
prejuicios occidentales. Precisamente este autor escribira en 1977 la primera
obra histrica en creole haitiano, titulada Ti dife boule sou istoua Ayiti.
Otro historiador haitiano de relevancia es Laennec Hurbon, con su obra
LInsurrection des esclaves de St. Domingue. El autor da una gran importancia
a las cuestiones antropolgicas y tambin se niega a aceptar aquella Revolu-
cin como una continuidad de lo que sucedi en Francia, alegando que el
hombre occidental es incapaz de aceptar la capacidad del negro para pensar
su propia libertad; por tanto, lo sucedido en Hait no es ni un apndice ni una
consecuencia de la Revolucin Francesa60.
El destacado historiador haitiano y expresidente, Leslie Franois Manigat,
sostiene que la ruptura con el sistema fue tan indita, inesperada y triunfante,
que se calific de inmadurez por su excepcionalidad; lo cierto es que Manigat
ratifica que aquellos acontecimiento supusieron un cambio profundo en todo
el continente americano, pues esta sera la primera Revolucin regional con
xito, dentro de la gran Revolucin madre del continente.
Otro autor haitiano, el diplomtico Mezilas, ha tratado en varios trabajos la
Revolucin de su pas, no aceptando tampoco una al uso de las burguesas de
la poca, aunque algo saliera de ellas para influirla; segn el autor, el problema
Cyril Lionel Robert James, Los jacobinos negros, p. 218.
59
Lannec Hurbon, La rvolution hatienne, pp. 58 y 64.
60
30 jess paniagua prez
ha estado en que los europeos no han sabido captar la esencia de la misma,
ya que supuso un cambio profundo de las estructuras sociales, polticas, eco-
nmicas y culturales61.
Esa revalorizacin y reinterpretacin de la Revolucin Haitiana de los
ltimos tiempos entraba en contradiccin con quienes hacan hincapi en la
paternidad de lo europeo, como ya mencionamos en Hobsbawm y podemos
recordar tambin a Immanuel Wallerstein, quien consideraba que la Revolu-
cin Francesa haba proporcionado la base cultural del sistema-mundo, con-
virtindose en el acontecimiento ms importante de la modernidad.
En relacin con todo lo anterior son de inters los repertorios y estudios
bibliogrficos existentes, incluso en los aspectos legales, como la recopilacin
de S. Linstant de Pradine y Emmanuel douard, que recoge en ocho volmenes
la legislacin desde la proclamacin de la independencia hasta 1845. En 1950
Gabriel Debien publicaba Les tudes historiques sur Saint-Domingue depuis
1938. Ese mismo ao apareca en Hait la obra de Dants Bellegarde con
biografas de sus escritores. Probablemente la obra de mayor inters en este
sentido fue la publicada en Mxico, en 1953, por Pressoir, Ernest y Hnock
Trouillot; sala dos aos ms tarde que el diccionario de bibliografa haitiana
de Max Bissainthe. En 1962, Paul Blanchet, con la colaboracin de Grald
Dorval, Jacqueline Dolce y Jean Miotel Casthely, haba publicado Bibliographie
hatienne, 1957-1967. En 1974 David Nicholls sacaba a la luz un artculo
sobre los historiadores mulatos. Precisamente en Francia, donde no haban
abundado los trabajos sobre la Revolucin Haitiana, se public en 1976 el
de Grard Aubourg y otros autores sobre bibliografa haitiana en Francia. En
1979 Magdaline W. Shannon daba a la luz el artculo Bibliography of Saint-
Domingue especially for the period of 1700-1804. Hnock Trouillot publicara
una historiografa haitiana de los aos setenta y ochenta en varios nmeros de
la Revue de la Socit hatienne dhistoire et de gographie dHati (RSHHG),
entre 1979 y 1981. En los aos noventa se aadieron nuevos estudios como
los de Lawless, que sacaba a la luz su Haiti: A Research Handbook; Michel
Hector, en 1993, sobre la historiografa haitiana anterior a 1946. Es de inters
el repertorio bibliogrfico sobre esta Revolucin que se public en el volumen
XI, de The Cambridge History of Latin America. Para los aos finales del siglo
la obra de Gerard Mentor Laurent, de 1996, Les historiens haitiens de la fin du
XXeme siecle. En 2002 Michle Oriol difunda su Histoire et dictionnaire de la
rvolution et de lindpendance. Recientemente, en 2010, se daba a conocer
la obra Haitian Historians. Igualmente, la obra coordinada por Seymour
Drescher y P.C. Emmer, Who abolished slavery?, recoge los trabajos de algunos
de los ms prestigiosos estudiosos de la temtica esclavista, valorando la obra
del historiador portugus Joo Pedro Marques, tales como los propios editores
y John Thornton, David Geggus, David Brion Davis, Robin Blackburn, etc.
61
Glodel Mezilas, La Revolucin Haitiana de 1804, p. 23.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 31
En la web han aparecido pginas importantes sobre este fenmeno como
la de The Louverture project; en el caso de Toussaint es de inters la pgina
Haiti-Reference: Toussaint Louverture: Une tentative de Bibliographie; los fon-
dos sobre el tema de la John Carter Brown Library; The Haiti Collection, de la
Connecticut Historical Society; o la Haitiana Collection de la Universidad de
Florida; sin olvidar las reproducciones de Gallica, en la Biblioteca Nacional de
Francia; igualmente es de inters la pgina Fracophone slavery: http://slavery.
uga.edu/texts/works_color.htm. De reciente publicacin es el trabajo de Lau-
rent Delenne sobre la bibliografa de la historia de Hait y Santo Domingo; as
como la Haitian Revolution: Oxford Bibliographies Online Research Guide.
La atraccin de esta Revolucin en otros lugares de Europa puede verse,
por ejemplo, para Alemania, en el trabajo de Karin Schler, dentro del nme-
ro monogrfico dedicado a esta cuestin en la RSHHG, coordinado por Cary
Hector y Oliver Gliech.
En el mundo lusfono la acogida de la Revolucin Haitiana entre los his-
toriadores no ha sido excesivamente llamativa y muchas veces ni siquiera se
hace una vinculacin suficiente entre esta, el proceso de independencia de
Brasil y la abolicin de la esclavitud. Es ms, uno de los pocos estudiosos de
esta temtica, como es el mencionado historiador portugus Joo Pedro Mar-
ques, separa el proceso haitiano del resto de los que se produjeron despus en
Amrica, porque aquellos no respondan a acciones colectivas, amn de que
considera el caso de Hait como nico, lo que ha dado lugar a una discusin
plasmada en la obra dirigida por Seymour Drescher y P.C. Emmer Who abo-
lished slavery?62. A pesar de lo dicho son varios los historiadores que hacen
hincapi en la influencia de Saint-Domingue en Brasil, tales como Kenneth
Maxwell y Maria Odilia Leite da Silva, o como se aprecia en la obra de Marcia
Regina Berbel, Rafael de Bivar Marquese y Tamis Parron, Escravidao e politica.
Brasil e Cuba.
En el mundo hispnico tampoco se ha prestado excesivo inters al fen-
meno haitiano y su influencia en las independencias, a pesar de la colabora-
cin que, como veremos, la nueva nacin tuvo con algunos de los lderes de
aquellos procesos, que es casi el tema ms tratado dentro de la escasez de
estudios. Lo cierto es que Espaa y sus posesiones no fueron ajenas al fen-
meno de Saint-Domingue y buen ejemplo de ello es lo publicado por nuestro
Lpez Cancelada, cuya primera obra se edit en Mxico y la segunda en Cdiz.
Sin olvidar la obra de D.V.A.E.P. Historia de la Ysla de Santo Domingo, publi-
cada en 1806, o la informacin periodstica y otros trabajos a los que haremos
referencia en su momento. Un buen ejemplo de las influencias ejercidas es el
trabajo de Geggus, The sounds an Echoes of Freedom, as como un libro bajo
su direccin, en que se recogen diversos estudios, The Impact of the Haitian
Revolution.
Joo Pedro Marques, Slave Revolts, pp 25-26.
62
32 jess paniagua prez
Obviamente, el lugar ms afectado por los sucesos haitianos fue la vecina
posesin espaola de Santo Domingo, cuya historiografa no ha podido perma-
necer al margen de este momento histrico. Las alusiones a Saint-Domingue o
Hait son continuas, ya desde la poca de dominacin espaola; as, el escrito
realizado por Francisca Valerio63, en 1802, sobre la actividad de Toussaint, que
se publicara muchos aos ms tarde64. Sin embargo, la primera obra propia-
mente histrica despus de esa dominacin espaola, que haca referencia a
aquellos hechos, era la de Antonio del Monte y Tejada, que vivi directamente
los acontecimientos haitianos, al tener que huir su familia de Santo Domin-
go con la llegada de Toussaint, aunque tambin nos relata las crueldades
de Dessalines. Precisamente otro autor, Gaspar Arredondo y Pichardo, igual-
mente huido, aunque no como historiador, nos dejara de aquella poca sus
recuerdos. Posterior a Tejada, Gregorio Lupern (1839-1897) tambin centr
su inters sobre la ocupacin haitiana de Santo Domingo y se aada como un
miembro ms del antihaitianismo que ha dominado la historiografa domini-
cana, con ejemplos como el del gran pensador del siglo XIX, Pedro Francisco
Bon y Meja (1828-1906), que ya mostraba su temor por el expansionismo y
la emigracin de la vecina repblica. Amn de esto consideraba que la Revolu-
cin de Hait era producto de la crueldad francesa, generadora de aquella vio-
lencia, lo que sera imposible en la parte espaola a niveles de enfrentamiento
racial. Sus escritos han sido publicados por Rodrguez Demorizi.
El especial inters por las cuestiones haitianas adquira unas especiales
dimensiones con los grandes historiadores que la Repblica Dominicana ha
tenido a lo largo del siglo XX. Un clsico en la temtica ha sido el mencionado
Emilio Rodrguez Demorizi, del que son ya clsicos sus trabajos sobre las inva-
siones haitianas de 1801 a 1822, o sus trabajos de recopilacin, como La era de
Francia en Santo Domingo, o la Cesin de Santo Domingo a Francia. Preci-
samente sobre el tema de las invasiones tambin trat Ramn Marrero Aristy,
dos aos ms tarde, en 1957, considerndolas una ambiciosa pretensin de los
esclavos del Oeste sobre los territorios espaoles. De hecho, Marrero llegaba a
establecer una diferencia entre el primitivismo de los haitianos y la educacin
y capacitacin de los habitantes de la parte espaola, incluida la existencia de
un clero negro; por ello manifiesta la ofensa de quienes por la fuerza se haban
impuesto a los hispanos de la isla, convirtindose en libertadores y protecto-
res65. Por la misma poca, Inchustegui Cabral publicaba los documentos del
tratado de Basilea, que afectaban a Santo Domingo. Ese tratado, por el que la
parte espaola deba pasar a Francia, ha sido un tema de gran inters para los
dominicanos, que, previo a la obra de Inchustegui, haba conocido, por ejem-
63
Esta autora muri el 19 de enero de 1812. Vetillo Alfao Durn, Mujeres de la inde-
pendencia, p. 20.
64
Francisca de Valerio. Relacin.
65
Ramn Marrero Aristy, Repblica Dominicana, p. 206.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 33
plo, el trabajo de Manuel Arturo Pea Batlle. Muchos de estos historiadores,
como en la poca de la independencia, seguan teniendo una visin salvaje de
los habitantes de Saint-Domingue, frente a los civilizados dominicanos.
A otros dos grandes historiadores dominicanos, de visiones muy diferen-
tes entre s, tambin les interesaron los asuntos de aquella Revolucin del pas
vecino. Por un lado destacaremos en la tendencia narrativa ms tradicional a
fray Cipriano de Utrera, que, aunque nacido en la localidad sevillana de su
nombre, desarroll su tarea intelectual en aquella isla, donde toc el tema
haitiano en algunos artculos y en su obra Noticias histricas.
Por otro lado, en la historiografa marxista uno de los pioneros domini-
canos fue Emilio Cordero Michel, que estudi las incidencias de aquel hecho
histrico en su obra La Revolucin Haitiana y Santo Domingo, en 1968. Tam-
bin toc el tema de la abolicin de la esclavitud en su trabajo dentro de la
obra La ruta del esclavo. Igualmente fue autor del ensayo En cul fecha se
aboli por primera vez la esclavitud en Santo Domingo?, reiterativo sobre un
artculo anterior publicado en la revista dominicana Clio. Esta, como el Boletn
del Archivito General de la Nacin, o la Revista de Historia Dominicana han
sido los rganos de difusin, claves para la historia de la isla.
Otro gran historiador marxista fue Juan Bosch, fallecido en 2001, que a lo
largo del tiempo fue derivando a posiciones ms moderadas y al que hemos
hecho alusin con anterioridad. En su obra ya clsica, De Cristbal Coln a
Fidel Castro, trata el fenmeno haitiano, principalmente en los captulos XVI
y XVII. Este autor consider aquella Revolucin como la ms compleja de
los tiempos modernos; pero hay quien tambin dice de l, como Moya Pons,
que al margen de los elogios, en su vida poltica practic el antihaitinismo de
estado66. Opuesto poltica e ideolgicamente a Bosch estuvo Joaqun Balaguer,
que trat el tema haitiano en La isla al revs, publicado en 1983. Balaguer,
claramente antihaitiano, vio siempre un peligro en la nacin vecina, desde
sus inicios independientes, a causa de la idea presente en la antigua colonia
francesa de contar con una isla unida y controlada por los del Este, que ten-
dera a romper con el origen hispnico. Con esa misma tendencia estuvieron
y estn Pea Batlle y otros autores. Generalmente varios de los historiadores
de este grupo antihaitiano formaron los grandes smbolos de la exaltacin de
la hispanidad en la era Trujillo, frente a un Bosch en el exilio y reclamando
apoyos contra aquel rgimen, como tambin lo estuvo el izquierdita Franklin
J. Franco. Bernardo Pichardo con obras como Resumen de Historia Patria
o Hait, de Dessalines a nuestros das o Sobre racismo y antihaitianismo y
otros ensayos, estara en la tendencia contraria, como el mencionado Cordero
Michel o Jimnez Grulln. Precisamente contra las posturas prohaitianas ha
surgido la segunda edicin, muy ampliada, de la polmica obra de Manuel
Nez, El ocaso de la nacin dominicana.
Frank Moya Pons, Palabras de clausura
66
34 jess paniagua prez
Quien debi romper con el trujillismo en la historiografa dominicana
fue Frank Moya Pons, que quiso abrirla a otros mbitos ms all del poltico,
incluso planteando la recuperacin de los sin voz, pero poniendo en tela
de juicio al marxismo. Toc el tema de Hait en varias de sus obras y se ha
manifestado siempre contrario al antihaitianismo que ha prevalecido entre los
dominicanos. De esas obra merece destacase: Manual de Historia Dominica-
na; Historia del Caribe; El pasado dominicano; o La dominacin haitiana. En
la Historia de Amrica Latina, de la UNESCO, public la influencia de aquella
Revolucin en Santo Domingo.
En su lnea de renovacin hacia una historia que se alejase de la narra-
cin en favor de la interpretacin ha habido otros historiadores como Roberto
Cass, que toca el tema que nos interesa en su libro Historia social y econ-
mica de la Repblica Dominicana; o tambin Pedro Luis San Miguel, que en
su Isla imaginada, introduce un trabajo titulado Discurso racial e identidad
nacional: Hait en el imaginario dominicano. Precisamente estos dos historia-
dores editaran la obra Poltica, identidad y pensamiento social en la Rep-
blica Dominicana.
Otros especialistas de relieve que han tratado el tema haitiano han sido,
por ejemplo, Carlos Esteban Deive, espaol que ha desarrollado su vida aca-
dmica en la Repblica Dominicana, donde public una obra de gran relieve,
como es La esclavitud del negro en Santo Domingo, en que al autor muestra
un gran inters por los aspectos antropolgicos y sociolgicos; as, de la poca
que nos ocupa, ha estudiado la emigracin que se produjo de Santo Domingo
a Cuba o la historia de esclavos y cimarrones.
En aspectos ms particulares de aquellas influencias tenemos trabajos de
otros historiadores. Francisco Bernardo Regino Espinal public en el Boletn
del Archivo General de la Nacin, El Tratado de Basilea, Toussaint Louver-
ture y Napolen Bonaparte, 1795-1803; amn de la publicacin de algunos
trabajos del periodo conocido como la Patria Boba. Jos Luis Sez tambin
ha realizado un interesante trabajo sobre el obispo constitucionalista Mauviel
y su actividad, tanto en la parte espaola como en la parte francesa de la isla.
Era obvio que la mayor influencia de la Revolucin Haitiana haba tenido
que darse en el Caribe, como se aprecia en algunas de las obras que hemos
citado o las de Alain Yacou, profesor de la Universidad de las Antillas y de la
Guayana o en el historiador argentino Torcuato di Tella. Incluso sera un his-
toriador puertorriqueo, como Arturo Morales Carrin, el que promocion el
concepto de sndrome haitiano, que ha dado lugar incluso al ttulo de la tesis
doctoral del venezolano Alejandro Enrique Gmez Perna, Le Syndrome de
Saint-Domingue en la cole des Hautes tudes en Sciences Sociales, al que
mencionaremos posteriormente. Tambin en Puerto Rico, Guillermo Baralt, en
la primera parte de su obra Esclavos rebeldes, alude a las relaciones de Hait y
Puerto Rico en aquella poca.
Pero tras Santo Domingo, la isla ms afectada por aquellos aconteci-
mientos fue Cuba, donde durante el siglo XIX hubo un especial inters por
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 35
menospreciar a los negros, considerndolos como menores de edad, a los que
haba que proteger, para evitar que sucediese algo parecido a lo de Hait67.
Sin embargo, hubo excepciones; as, un contemporneo de la Revolucin
como Arango y Parreo alz su voz a favor de los negros, a pesar de no ser
favorable a la Revolucin Haitiana. Valga el ejemplo de su escrito de 7 de
julio de 1803:
Lo ms dulce para estos infelices es ser pasados por las armas, y todava
no es lo peor, que espalda con espalda y de dos en dos sean arrojados al
mar. Lo que me estremece es haber odo de boca del Jefe de Brigada Nerau,
Comandante de la Guardia del General en Jefe, que la noche antes haba
echado a los perros una negra prisionera; y otra tarde, que en aquella maa-
na haba sorprendido un destacamento de doce insurgentes, cuyo jefe fue
entregado a la tropa que lo pidi para sacarle vivo los ojos. Yo no comprendo
cmo puede disculparse ni a qu pueda conducir tan atroz procedimiento.
Creo, al contrario, que esta guerra es interminable si se quita a los rebeldes
la esperanza de capitulacin o perdn.68
El siglo XX sera el del gran inters de los historiadores de aquella isla por
el fenmeno esclavista. Se abrira con la obra de Fernando Ortiz, uno de los
fundadores de la Sociedad de Estudios Afrocubanos (1937), que propondra
con xito su concepto de transculturacin, alabado por Malinowsky, que nos
dej trabajos como Los negros esclavos; pero donde apareci el mencionado
concepto fue en su Contrapunteo cubano del tabaco, en 1940. Tal concepto
serva para definir los contactos en que la cultura dominante desprecia a las
dems y las considera como inferiores. Precisamente, la obra de Ortiz influyo
en el hispanista norteamericano Richard Patee, autor de una obra sobre Des-
salines.
Luego vendran los monumentales trabajos de Jos Antonio Saco y sus
historias de la esclavitud. Precisamente de este autor clsico del tema se ha
publicado una obra sobre sus apuntes inditos bajo el ttulo Historia de la
esclavitud en las colonias francesas. Por ltimo, hay que destacar la postura
marxista de Manuel Moreno Fraginals, en su obra El ingenio, aparecida en
1964, y representante por excelencia de los estudiosos sobre la esclavitud
cubana. Tambin en la segunda mitad del siglo XX destac el trabajo de Pedro
Deschamps Chapeaux y Prez de la Riva, que es un intento de recuperacin de
los olvidados en su obra Contribucin a la historia de la gente sin historia. Es
de destacar igualmente la figura de Jos Luciano Franco, estudioso de la raza
negra en Cuba, pero que adems de su obra de 1966, Historia de la Revolucin
de Hait, nos dej una recopilacin documental relevante para nuestro tema,
como es Documentos para la Historia de Hait en el Archivo Nacional de
Aline Helg, To the Black , pp. 130-131.
67
Francisco de Arango y Parreo, Obras I, p. 351.
68
36 jess paniagua prez
Cuba. Aunque polaca y residente en Estados Unidos, Elzbieta Sklodowska ha
escrito varios trabajos sobre Cuba, en alguno de los cuales se queja de que en
nuestra poca algunos autores mantengan los estereotipos de una mala prensa
sobre el pas caribeo como un lugar extrao, brbaro y salvaje69.
El inters cubano por Hait ha adquirido mayor relevancia desde el triunfo
de la Revolucin Castrista, como se podr apreciar en la bibliografa y muchas
de las citas que hacemos; incluso se ha dicho que para algunos autores la
Revolucin que verdaderamente impact en Cuba en el siglo XIX fue la haitia-
na, ms que la norteamericana70
En cuanto a Mxico, por ser el lugar en el que se desarroll la actividad
de Juan Lpez Cancelada, haremos referencia a los trabajos actuales, siendo
de especial inters los de Johanna von Grafenstein, que ha tocado el tema de
Hait y la Nueva Espaa en mltiples trabajos y de manera muy especial en
su obra Nueva Espaa en el circuncaribe, donde tiene en consideracin la
importancia que en esa regin tuvieron las revoluciones de los Estados Unidos
y de Hait. Esta autora dispone tambin de un pequeo artculo sobre Dessali-
nes y la discusin sobre su figura. Alicia Ramrez Olivares ha tocado el tema de
la influencia haitiana y en concreto de Dessalines en su artculo de Graffylia.
Aunque parte de su obra la ha publicado en Espaa, ya que aqu realiz su
tesis doctoral con el Dr. Piqueras, son de inters los trabajos de Jorge Victoria
Ojeda, muy centrados, aunque no exclusivamente, en las Tropas Auxiliares de
Carlos IV y su participacin en la Revolucin Haitiana, as como su proceso de
disgregacin posterior por diferentes lugares.
No podemos extendernos a toda la historiografa americana sobre el tema,
pero al menos debemos decir que esta Revolucin ha despertado inters en
otros lugares del Caribe como en Venezuela, donde son abundantes los tra-
bajos de Alejandro Enrique Gmez Perna, vinculado la Lcole des Hautes
tudes en Sciences Sociales de Pars. Al margen de su mencionada tesis sobre
el tema, Le Syndrome de Saint-Domingue, ha producido un buen nmero de
libros y artculos sobre esta temtica, como por ejemplo Hait y Venezuela en
la poca de la Independencia. En Colombia, concretamente en Cartagena, son
relevantes los trabajos de Marixa Lasso y de Dolcey Romero Jaramillo.
En Espaa no ha habido un especial inters, despus de aquellos prime-
ros momentos durante y tras la Revolucin. Ni siquiera actualmente abundan
los estudios, que a veces tiene que ver ms con autores forneos que trabajan
cercanos a los pocos investigadores que hay en nuestro pas sobre esta tem-
tica, como el mencionado mexicano Jorge Victoria Ojeda. Otros ejemplos
seran los de Alain Yacou, Ada Ferrer y el checo Joseph Opatrny. Estos u otros
historiadores han colaborado con frecuencia en libros colectivos realizados
en nuestro pas bajo la direccin de algunos investigadores espaoles; as, los
69
Elzbieta Sklodowska, Espectros y espejismos, pp. 126-132.
70
Fernando Martnez Heredia, Influencias, p. 20.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 37
publicados por la Universidad de Salamanca bajo la direccin de M Dolores
Gonzlez-Ripoll e Izaskun lvarez Cuartero; o de esta ltima autora junto a
Julio Snchez Gmez los varios volmenes titulados Visiones y revisiones de
las independencias americanas, de manera especial el dedicado a Mxico,
Centroamrica y Hait.
Tambin son de destacar los trabajos publicados por el CSIC, como el rea-
lizado bajo la direccin de M Dolores Gonzlez-Ripoll y otros, Rumor de Hait
en Cuba. Precisamente en el CSIC funciona el Grupo de Estudios Comparados
del Caribe y del Mundo Atlntico, al frente del cual se halla la Dra. Consuelo
Naranjo y en el que el tema haitiano es estudiado principalmente por Antonio
Jess Pinto Tortosa, con varios trabajos, entre los que hay que destacar su tesis
doctoral Una colonia en la encrucijada: Santo Domingo, entre la Revolucin
Haitiana y la reconquista espaola, 1791-1809.
En la Universidad Jaime I de Castelln un grupo de investigadores en
torno a Jos Antonio Piqueras han abordado temas relacionados con la poca
de la Revolucin Haitiana, como el mencionado autor mexicano Jorge Victoria
Ojeda con su tesis De libertad, excepciones, goces y prerrogativas. Impulso
y dispersin de las tropas auxiliares del rey de Espaa en la guerra de Santo
Domingo (1793-1848). El propio Piqueras ha publicado obras como Las Anti-
llas en la era de las Luces y la Revolucin, y ms recientemente La esclavitud
en las Espaas, sobre la esclavitud en las Cortes de Cdiz.
Existen otros autores que han tratado sobre este tema; as, en la UNED fue
leda la tesis del Dr. Fernando Carrera Montero, que aborda el tema de las dos
partes de la isla en Las complejas relaciones de Espaa con La Espaola: El
Caribe hispano frente a Santo Domingo y Saint-Domingue 1789-1803, que
ha sido publicada en Santo Domingo. Igualmente en la Universidad de Barce-
lona Javier Lavia con su artculo de 1988, La Revolucin Haitiana. Projecte
burgus-projecte popular.
La Revolucin Haitiana igualmente ha despertado intereses literarios,
quiz como pocos acontecimientos lo han tenido71. En 1982 Michel S. Laguerre
escriba una voluminosa obra de literatura haitiana en dos volmenes, publica-
da en Nueva York, que comprenda casi todo el siglo XX. Dos aos ms tarde
Leon-Franois Hoffmann publicaba una bibliografa de estudios literarios, que
abarcaba desde la independencia hasta 1984. Ms recientemente, en 2011,
Marie-Denise Shelton sacaba la luz Hati et les autres, examinado textos litera-
rios sobre la Revolucin hasta la actualidad.
Lo cierto es que esta Revolucin represent como ninguna otra lo que se
ha llamado en Latinoamrica el asalto de la literatura a la historia. As, los auto-
res literarios han reflejado muchas veces mejor que los propios historiadores
Unos buenos estudios en este sentido son el trabajo de Gordon Collier The Noble
71
Ruins, pp. 269-328; y el de Marie-Christine Hazal-Massieux, Textes anciens en crole
38 jess paniagua prez
las realidades del pasado latinoamericano. Pero el inters literario por la Revo-
lucin de Hait ya surgi en la poca en que se produca. Biassou, por ejem-
plo, se haba hecho tan famoso, que en 1798 su figura aparece reflejada en
el melodrama con toques de creole Adonis, ou le bon ngre, obra de Louis-
Francois-Guillaume Beraud y Joseph Nicolas Rosny. Aquella obra llevaba casi
el mismo ttulo que la novela de Jean Baptiste Picquenard, Adonis, ou le bon
ngre, Anecdote coloniale, que se dice que inspir la obra de Victor Hugo que
mencionamos a continuacin; ese mismo autor escribira tambin Zoflora, ou
la Bonne Ngresse. Anecdote coloniale.
Posteriormente desde que Victor Hugo publicara su Bug Jargal, en 1826,
no han cesado las obras literarias que hacen referencia a la Revolucin y sus
personajes. Precisamente la de ese clsico francs, en cuatro aos, se haba tra-
ducido a idiomas como el alemn, ingls y dans. En 1827 se escriba Hatiade
por el autor francs Antoine-Toussaint Desquiron de Saint-Agnan, que la firm
como un filntropo europeo; se trataba de un poema pico en ocho cantos,
que Hoffmann considera una epopeya libertadora llena de anacronismos e
inverosimilitudes72.
El eco en otras literaturas exteriores del siglo XIX lo encontramos incluso
en la clsica obra de Harriet Beecher Stowe, Uncle Toms Cabin donde expre-
saba de alguna manera la unidad de sangre de negros y blancos, al decir If
the ever in St. Domingo tour comes, Anglo-saxon blood Hill lead on the day73.
El africanismo latente en Hait, quedara muy bien reflejado en un poema
de la obra de Jacques Roumain, titulada Bois dban, publicada en 1944 y
traducida y muy reproducida por varios autores hispanos:
frica, he conservado tu recuerdo
frica, t ests en m
como la astilla en la herida,
como un fetiche tutelar en el centro de la aldea74.
Pero los mejores representantes de aquel proceso histrico de la ngri-
tude seran, sin duda, Alejo Carpentier y Aim Csaire, ambos reivindicando
lo autctono frente a lo europeo, a pesar de no ser ninguno de ellos haitiano,
como tampoco lo era el recientemente fallecido, en 2011, douard Glissant
con su concepto de antillanidad75 . La novela El reino de este mundo, de
Carpentier, apareci publicada en 1949 y, aunque desarrollada en Hait, su
protagonista era un cubano, a travs del cual se van relatando muchos hechos
72
Lon-Franois Hoffmann: Hati: regards, pp. 35-36.
73
Harriet Beecher Stowe (2004), Uncle Toms Cabin, p. 238.
74
Valgan como ejemplos Manuel Moreno Fraginals, frica, p. 322. Nancy Morejn,
Potica, p. 8.
75
De este literato nacido en Martinica pueden leerse en espaol dos de sus obras ms
relevantes. El discurso antillano y Tratado del Todo-Mundo.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 39
de la Revolucin y del reinado de Henri-Christophe, pero sin mencionar ni a
Toussaint ni a Dessalines, pues a Carpentier le interesaba ms la vida del pue-
blo en s, que la de los hroes.
El otro gran escritor es el literato de Martinica, Aim Csaire, iniciador
junto al senegals Lopold Sdar Senghor del fenmeno de la ngritude, que
adems de su biografa de Toussaint, publicada por primera vez en 1960, nos
dejo la obra La Tragdie du roi Christophe, publicada en 1963. Es ms Csaire
consider que Hait representaba el primer levantamiento de la ngritude76.
En la narrativa no hay que olvidar las propias historias populares que cir-
culan y/ o han circulado en Hait, algunas de las cuales fueron recogidas en su
da por George Eaton Simpson y J.B. Cinas.
El teatro ha sido un marco muy propicio para la Revolucin Haitiana y sus
hroes77. En 1802 Ferrand Olivier publicaba en Francia La prise de St Domin-
gue par les Franais et les Espagnols, ou dfaite gnrale de Toussaint Louver-
ture et des partisans. Juste Chanlatte, secretario del Henry Chistophe, durante
el imperio de su protector escribira los dramas Nehri (indito en su poca, que
es un anagrama de Henri)78 y La Partie de chasse du roy, escrita hacia 1820
para una pera con msica de Cassian79. En 1911 William Edgar Easton, que no
olvid a Dessalines, publicaba Christophe; a tragedy in prose of imperial Haiti,
despus de haber publicado otra obra sobre Dessalines que luego menciona-
remos. El autor de la isla de Santa Luca, Dereck Walcott, sacaba a la luz en
1949 Henry Chistophe, que se estren en Londres en 1952; en ella planteaba las
luchas internas por el poder tras la independencia, en que intervenan Henri
Christophe, su secretario el barn de Vastey, Dessalines y Ption. En 1963 el
colombiano Enrique Buenaventura publicaba otra obra teatral sobre Henri-
Christophe, en la que aparecen otros personajes de la Revolucin, entre ellos
Dessalines, a veces enfrentado verbalmente a Toussaint, al que considera un
privilegiado y poco firme en su toma de decisiones.
En toda esa creacin literaria en torno a la Revolucin, Dessalines tard
ms que Toussaint y Christophe en ser reconocido, a pesar de haber sido el
verdadero gestor de la independencia; ello se debe, entre otras cosas, a su
fama de hombre violento y sanguinario, amn de explotador de su propio pue-
blo; imagen que, sin ser ajena a la realidad, los europeos, y especialmente los
franceses, se encargaron de propagar, como muy bien nos muestra la primera
de estas obras que hoy tratamos. Ni siquiera fuera de las fronteras haitianas
76
Aim Csaire, Cahier dun retour, p. 44. Aunque por primera vez utiliz el trmino
ngritude en Jeneusse noir, dentro de la seccion Negreries de la revista LEtudiant noir.
77
Existen obras generales sobre el teatro Afroamericano, con frecuentes alusiones a
temas haitianos como las de Erroll Hill (ed.), The Theatre of Black Americans y del mismo
autor en colaboracin con James Vernon Hatch, A History of African American Theatre
78
Gondon Collier The Noble Ruins, p. 283.
79
M. Cassian, Juste Chanlatte (Conde de Rossier) y Bernardo Mendel, La Partie de
chasse du roy; Marie-Christine Hazal-Massieux, Textes anciens en crole, p. 232.
40 jess paniagua prez
del Caribe despertaba mucha simpata. As, en la Martinica, Aim Csaire, que
haba escrito sobre Christophe y sobre Toussaint, olvidaba mencionar a este
hombre; es ms, el propio Pablo Neruda, en su Canto general, editado en
Mxico en 1950, que en uno de los poemas se deshizo en alabanzas a Tous-
saint, no menciona a Dessalines. Una de las ltimas creaciones literarias de las
que ha sido objeto fue la de Guy Poitry, Dessalines, publicada en Lausana, en
2007.
De todos modos y aunque de forma muy lenta, en el siglo XX la figura
de Dessalines comenz a ser ms reivindicada en la literatura, especialmente
a partir de que en 1893 el ya mencionado William Edgar Easton publicara
Dessalines, a Dramatic Tale, donde, frente a la imagen tradicional, trataba de
convertirlo en un hroe, para lo que utiliz la ficcin de la influencia que en l
ejerca el personaje de su amada Clarisse, la hermana de Rigaud. Pocos aos
ms tarde, en 1906, Massillon Coicous publicaba y pona en escena en Port-
au-Prince, Lempereur Dessalines, en que tras ser asesinado y descuartizado,
Dfile junt sus restos y los lav con sus lgrimas, tratando de simbolizar la
unidad de la nacin. El norteamericano Langston Hughes fue modificando
varios trabajos desde 1928, como el drama The Emperor of Hait80, hasta pro-
ducir el libreto de pera Turbulent Island, en 1936, que aluda al ascenso y
cada de Dessalines, presentado como un magnfico soldado, pero no como
un hombre de estado, introduciendo la historia amorosa con sus dos suce-
sivas mujeres81. En 1967 sera el historiador Hnock Trouillot quien tambin
le llev a la escena en su obra Dessalines ou le sang du Pont-Rouge, en que,
como en sus trabajos histricos, el autor vuelve a hacer el planteamiento de
la creencia entre los blancos de la imposibilidad de los negros para llevar a
cabo su independencia, pero mostrndonos tambin un lite haitiana post-
independentista, que careca de principios para formar una nueva nacin.
Vincent Placoly, en 1983, publicaba en La Habana Dessalines ou la passion
de lindpendance, obra de teatro que nos pone ante los ojos al hroe de la
independencia como fundador de la civilizacin del Caribe y el Prometeo
portador de la llama del Nuevo Mundo. En 1991 Jean Mtellus daba a conocer
la obra de teatro Le Pont-Rouge, como una especie de complementariedad
entre la espada y la pluma en las figuras de un valiente e inculto Dessalines,
protector de los pobres frente a los ricos, con la de Boisrond-Tonerre, su
secretario y escritor, que domina la lengua francesa y tena una buena forma-
cin. En el 2009 J.A. Gracian Jean daba a conocer en Hait la pera en cinco
actos L empereur Jean Jacques Dessalines sacrifi lAube. Por ltimo, de
reciente creacin es la obra teatral de Uptown Flava, Moso Teyat, sobre la
trgica muerte de Dessalines.
80
Langston Hughes, The Emperor of Hait, obra que tambin fue incluida en la reco-
pilacin de Errol Hill, Black Heroes
81
Langston Hugues, The Collected Works, pp. 15-51.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 41
II. LA LIBERTAD DE LOS NEGROS. PREMBULOS ABOLICIO-
NISTAS DE LA REVOLUCIN DE HAIT Y CONSECUENCIAS
INMEDIATAS
Los problemas en Saint-Domingue y en otras colonias no surgieron de
forma repentina, como producto nico de la Revolucin Francesa, creencia
que, como vimos, han criticado algunos autores, sobre todo haitianos. Prece-
dentes de levantamientos de esclavos y fenmenos de cimarronaje existieron
desde el siglo XVI en toda Amrica82 y en la isla de Santo Domingo desde la
rebelin en el ingenio de Diego Coln, en 1522, sin olvidar la de cimarrones
indios dirigida por Henriquillo (1519-1533)83. El nmero de esclavos negros
haba ido en aumento desde que se consintiera su trfico en 1501 y con ello el
desarrollo del cimarronaje; as, en Santo Domingo, a mediados de la primera
centuria de dominacin espaola, ya se calculaba que haba unos 7.000 cima-
rrones84 y la legislacin ya se haba encargado de plantear el castigo de aquel
fenmeno, como se aprecia en el libro VII, ttulo V de las Leyes de Indias.
En el siglo XVII el cimarronaje se convertira en un fenmeno muy carac-
terstico de las Indias Occidentales; as, se hicieron famosos los quilombos
brasileos; los maroons de las posesiones inglesas, los palenques y cumbes de
la Nueva Granada y Venezuela, etc. En 1679 se produca en Saint-Domingue
un levantamiento de cimarrones dirigido por el esclavo de origen espaol
Padre Jean o Padrejean, que, despus de asesinar a su amo en la parte espa-
ola, huy a la isla Tortuga y de all a Port-de-Paix, donde intent organizar
una rebelin con 25 esclavos cimarrones, que realizaron algunas acciones,
hasta que su lder fue asesinado por los bucaneros en 1679. A este personaje
le recordara el abate Grgoire en la poca que nos ocupa85.
Para acabar con un fenmeno que se volva tan peligroso, especialmente
en la parte francesa de la isla, en 1697 Francia y Espaa acordaron devolverse
mutuamente los esclavos que huyesen de uno y otro lado, cosa que raramente
hicieron los espaoles, a pesar de los continuos intentos que el rey de la nueva
dinasta francesa, Felipe V, pretendi forzar. Lo cierto es que en el siglo XVIII
el cimarronaje se haba acrecentado, como veremos en algunos ejemplos ms
adelante, unido ahora, con frecuencia, a una abundante propaganda anties-
clavista y a una actividad liberadora y de deseos de libertad por parte de los
propios esclavos negros86.
82
Sobre el cimarronaje en Santo Domingo puede verse Jean Fouchrad, Les marrons
Carlos Esteban Deive, La esclavitud del negro II, pp. 429-500. Jason Daniels, Marronage
in Saint-Domingue
83
Ida Altman, The Revolt of Enriquillo, pp. 587-614.
84
Jane Landers, La cultura material, pp. 145-146.
85
Gregoire, Mmoire en faveur des gens de couleur, p. 36.
86
Por ejemplo la II parte de la obra editada por Marcel Dorigny, LAbolition de
Lesclavage, pp. 71-146.
42 jess paniagua prez
Los problemas con la poblacin negra, que se acrecentaban en aquella
centuria, no pasaban desapercibidos a las autoridades, que trataron de solven-
tar algunos de ellos para evitar el avance de aquel proceso. El trfico negrero y
el propio crecimiento vegetativo se haban acelerado tanto, que los africanos
y sus descendientes haban aumentado de forma alarmante para la seguridad
interna de algunas colonias, tanto en las francesas como en las britnicas, por-
tuguesas, espaolas y de otras potencias, donde surgan las reivindicaciones.
En el caso de Santo Domingo la entrada de negros haba estado alimentada por
un fenmeno de imitacin de la parte francesa, que contrastaba por su mayor
riqueza con la espaola.
Si bien, en este tiempo, por regla general, la disconformidad se trataba de
solucionar con la suspensin del comercio cuando no con meros problemas
de trato y educacin y, en ocasiones, de libertad, pero de una libertad desa-
rrollada de acuerdo con la voluntad de los blancos87. Ese proceso liberador
tambin tena un carcter muy nacional, en la medida en que la defensa de
los esclavos negros, fuera como fuese, tena como mbito esencial las fron-
teras de sus defensores, que ejercan las presiones en sus pases de origen,
salvo algunos contados casos. No sera hasta el Congreso de Viena (1814-
1815), cuando la cuestin esclavista tom tintes mucho ms internacionales
y, ante las presiones de Inglaterra, el 8 de febrero de 1815, se conden por
las potencias all reunidas el trfico negrero, por contrario a los principios
humanitarios, aunque cada nacin poda fijar el momento de establecer el
final del mismo88.
Tambin es cierto que Espaa y Portugal haban contado siempre con
defensores de los esclavos en el sector eclesistico que, por influyente, pudo
tener alguna autoridad ante los abusos, cosa que no ocurra en las metrpolis y
colonias protestantes, donde el esclavo gozaba de estatus de un bien mueble.
Esto no implicaba que los espaoles trataran mejor a los suyos, sino simple-
mente que tenan una diferente consideracin de su humanidad89.
Lo cierto es que en el siglo de la Ilustracin haba comenzado a desarro-
llarse con fuerza en Europa y en algunos lugares de Amrica el problema de
la abolicin, o al menos se intentaban poner en marcha algunos atenuantes
del trgico proceso esclavista. En Portugal, los capuchinos del Congo, ante
la constitucin apostlica enviada al rey en 1741, en que se condenaba la
esclavitud de los indios, pensaron que lo mismo afectaba a los negros. Quien
primero se atrevi a plantear una especie de abolicionismo oficial en Euro-
87
Octavio Ianni, Esclavitud y capitalismo, p. 57.
88
La posicin de Espaa en esta cuestin puede verse en Julia Moreno Garca, Espaa
y el planteamiento internacional, pp. 151-164. Sobre lo tratado de este tema en el Con-
greso, Friedrich Schoell, Documentos del Congreso de Viena, pp. 5 y ss.
89
Frank Tannenbaum, Slave and Citizen, p. 74. Sin embargo, raramente se menciona
a estas naciones en los prembulos del abolicionismo, que casi siempre se limita a Inglate-
rra, Francia y Estados Unidos.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 43
pa fue el marqus de Pombal, que el 19 de septiembre de 1761 prohibi la
esclavitud en aquel reino, de modo que cualquier esclavo de sus colonias,
que desembarcara en la metrpoli, quedaba automticamente libre. Aquella
disposicin se completara con otra posterior, de 16 de enero de 1773, pero
ambas solo afectaban a Portugal y sus islas Atlnticas tradicionales, Madeira y
Azores. En el pas luso se lleg a ordenar que se anulase la palabra distintiva
de libertos90.
En Brasil, antes de las disposiciones pombalianas, ya se haba producido
un movimiento dirigido ms al buen trato y a la formacin, que a la libertad o a
la suspensin del comercio, como lo prueba la obra de Manoel Ribeiro Rocha,
publicada en 175891. El que las disposiciones de Pombal afectaran tan solo a
la metrpoli, caus algunos problemas en su colonia americana, donde buena
parte de la poblacin negra quera que la situacin portuguesa se extendiese
a Brasil, producindose un movimiento antiesclavista en Paraiba, por aquel
mismo ao de 177392. Posteriormente, en 1786, se iniciaba la conocida Incon-
fidencia Minera de Tiradentes, en Baha, en que se solicitaba la abolicin de la
esclavitud, pero su promotor acabara siendo ejecutado en 1792.
Por aquellos aos, eran muchos los esclavos brasileos que pasaban al Ro
de la Plata, especialmente desde que una real cdula de 14 de abril de 1789,
fundamentndose en el derecho de gentes, los declaraba libres al entrar en la
parte espaola93.
La abolicin del trfico negrero en Brasil se trat de hacer a imitacin de
Inglaterra, anuncindose una abolicin gradual de la trata en los dominios
portugueses, de lo que se dio noticia en Espaa, en 181094.
Si Portugal haba sido un reino pionero en los atisbos abolicionistas euro-
peos, el problema se planteara tambin en otros lugares del Continente.
Precisamente una de las potencias donde a lo largo del siglo XVIII se haba
desarrollado una mayor oposicin al fenmeno esclavista haba sido Gran
Bretaa. Adam Smith en su obra La riqueza de las naciones (1776), escrita en
un momento de gran discusin sobre el asunto en aquel reino, mantena una
postura contraria a la esclavitud, pero lo haca no en sus trminos humanita-
rios, sino esencialmente econmicos, pues resultaba ms barato mantener a
un trabajador asalariado que a un esclavo, incluso en lugares con sueldos tan
altos como Nueva York y Boston95. Sin embargo, en Gran Bretaa se produjo
tambin un movimiento de carcter ms humanitario, previo a la Revolucin
Emlia Viotti da Costa Sao Paulo, Da senzala, p. 391. Silvia Hunold Lara, A cor
90
maior, p. 372
91
Manoel Ribeiro Rocha, Etope resgatado
92
Flavio dos Santos Gomes, A hidra e os pntanos , p. 106.
93
AGI, Estado 80, n. 68.
94
Semanario patritico n 35, 6 de diciembre de 1810.
95
Adam Smith, Investigacin de la naturaleza, L. I, c. VIII, sec. 2.
44 jess paniagua prez
Francesa y/o a la Haitiana. Uno de los hitos ms importantes en la campaa
para abolir la esclavitud en todo el mundo se produca en 1772, cuando en el
llamado caso Somersset, el juez Lord Mansfield declar que la esclavitud era
ilegal en Inglaterra.
En 1785 el joven Thomas Clarkson haba ganado un concurso patrocina-
do por la Universidad de Cambridge sobre si Es conveniente hacer esclavos
a otros contra su voluntad? Aquella reflexin cambi su vida y desde enton-
ces se dedic a intentar abolir el comercio de esclavos.As, lleg a fundar la
Society for the Abolition of the Slave Trade o Society for Effecting the Abolition
of Slavery, el 22 de mayo de 1787, dejndonos adems algunos ttulos sobre
la temtica96. l y otros, despus de una lucha de casi 20 aos, lograron su
objetivo e Inglaterra aboli el comercio. Otro britnico que colabor en la
fundacin de la mencionada Sociedad, Granville Sharp, es considerado como
uno de los padres fundadores de Sierra Leona, por su proyecto en los aos
ochenta del siglo XVIII de asentar all en libertad a negros esclavos liberados
y fugados97. Sierra Leona se convirti as en una especie de ejemplo, que a la
postre no era ms que un proyecto colonizador, pues por medio de negros
occidentalizados se trat de cristianizar la zona y se hizo la guerra a las tribus
all asentadas98.
En Espaa se tenan noticias de estos asuntos e incluso, para probar las
facultades intelectuales de los negros, se publicaba que el descendiente de
uno de aquellos que haba ido a Sierra Leona, lleg a tener un bergantn con
su tripulacin y con l haba llegado a comerciar en Liverpool, en 181199. La
idea de devolver negros a frica desde Amrica estuvo en muchas mentes y
para favorecerlo en Estados Unidos se fund en 1816 la American Coloniza-
tion Society, que se encargaba de organizar los traslados100.
Otro abolicionista britnico de renombre fue John Wesley, que predicaba
por toda Inglaterra en contra de la esclavitud, comparando a los esclavos con
las miserables vctimas del campo y de la ciudad en aquel reino. De su acti-
vidad antiesclavista fue famoso su sermn de 1774, Thoughts upon slavery101.
Consciente de que sus predicaciones por s solas valan poco, buscara apo-
yos entre los representantes britnicos en las cmaras y la consigui en la de
los Comunes a travs de William Wilberforce, que fracas en su proposicin
96
Vid. como obras de Thomas Clarkson: An essay on the impolicy; An essay on the
comparative efficiency; The cries of Africa
97
Entre sus obras sobre esta temtica podemos destacar The just limitation of sla-
very; A short sketch of temporary regulations
98
Sobre el fenmeno de Sierra Leona es clsica la obra de Christopher Fyfe, A History
of Sierra Leona
99
El Conciso n 27, 27 de marzo de 1812 Variedades.
100
Alfred N. Hunt, Haitis Influence, p. 164.
101
John Wesley, Thoughts
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 45
abolicionista de 1791102. No era, sin embargo, la primera que se haca, pues ya
los cuqueros ingleses haban fracasado en otra propuesta de 1783, aunque
a ellos se debe en buena parte la creacin en 1787 de la mencionada Society
for the Abolition of the Slave Trade, en cuyo primer comit, formado por 12
miembros, nueve eran cuqueros103. Sin embargo, muerto Wesley en 1791,
las cosas iban a cambiar. Los esfuerzos de Wilberforce y otros antiesclavistas
tuvieron su fruto en 1805, en que se prohiba a los britnicos implicarse en
la captura y transporte de esclavos; sin embargo, aquella postura tendra una
dura oposicin en la Cmara de los Lores, que al final logr vencer el men-
cionado Lord Grenville y se consigui la aprobacin de la ley de 25 de marzo
de 1807, estando presente Agustn Argelles en Inglaterra; por ella se abola
el comercio de esclavos en el imperio britnico, justamente al da siguiente
de que el mencionado Wilberforce hubiese publicado uno de sus escritos104.
Aunque el trfico esclavista quedaba suspendido en Inglaterra por aquella
ley, la prohibicin de la esclavitud en sus colonias no se producira hasta 1833
y de una forma gradual, que se extendi hasta 1838.
El abolicionismo britnico era tan activo que se permiti incluso la publi-
cacin de obras de autores negros como Ignatius Sancho, del que dos aos
despus de su muerte, acaecida en 1780, se daban a conocer sus cartas con
el ttulo de The Letters of the Late Ignatius Sancho. Poco tiempo despus, en
1787, se publicaba igualmente la obra de Ottobah Cugoano, Thoughts and
Sentiments on the Evil; y por las mismas fechas la de Olaudah Equiano The
Interesting Narrative of the Life of Olaudah Equiano, or Gustavus Vassa the
African, written by himsel.
El abolicionismo en los Estados Unidos hunda sus races en el siglo
XVII, cuando algunos cuqueros haban abogado por la educacin y el mejor
trato del esclavo, aunque no expresamente por su libertad. El primer tratado
contra la esclavitud en Estados Unidos se realiz en Filadelfia, en 1739; pero
fue la dcada de los cincuenta la decisiva, en buena medida por la presencia
del cuquero francs Anthony Benezet, que enseaba a los negros en su casa
desde 1750 y que, como consecuencia de aquella preocupacin por la forma-
cin, fundara en 1770 la Negro School at Philadelphia105. Precisamente este
autor ejercera una gran influencia en muchos de los abolicionistas britnicos
y franceses. La actividad en Pensylvania de Benezet y otros cuqueros dio
lugar a que entre estos se prohibiera, en 1758, que los miembros de su socie-
102
En parte la carta de Wilberforce al Parlamento sobre el trfico de esclavos fue recogi-
da y traducida al espaol, en Londres, en 1814, como Bosquexo del comercio en esclavos,
obra de autora de Blanco White.
103
La lista de miembros y de la comisin puede verse en el folleto, Encouraged by the
Success
104
William Wilberforce, A letter on the Abolition of the Slave Trade
105
Sobre este antiesclavista puede verse Maurice Jackson, Let This Voice Be Heard,
especialmente pp. 168 y ss.
46 jess paniagua prez
dad religiosa tuviesen esclavos en propiedad o comerciasen con ellos. En 1760
uno de aquellos estadounidenses, John Woolman, publicaba una obra que iba
a influir decisivamente en nuestro Isidro de Antillon106.
Luego vendran los aos de desarrollo de la independencia de los Estados
Unidos, en que se incidi en el problema. As, en 1774, el Primer Congre-
so Intercontinental consideraba la esclavitud incompatible con la Repblica
y, precisamente, en ese mismo ao, Rhode Island abola la esclavitud en su
territorio. Los acontecimientos de la Revolucin Americana (1775-1783) hicie-
ron que miles de africanos y sus descendientes se liberaran de la esclavitud
luchando del lado de los patriotas. Sin embargo, las posturas no eran unnimes
dentro de la nueva nacin, por lo que, en la declaracin de independencia de
4 de julio de 1776, se evit expresar aquello que tuviera que ver con la pro-
hibicin o la crtica hacia el comercio de esclavos. El mismo Jefferson quiso
introducir algunas cuestiones antiesclavistas, incluso cargar las tintas contra
Inglaterra, porque el comercio de esclavos iba contra el respeto a la vida y con-
tra la libertad107. Su texto no se admiti, ya que lugares como Carolina del Sur
y Georgia no queran que se pusiesen en entredicho sus asuntos de comercio
de esclavos. Por tanto, la Constitucin se quedaba en una aceptacin genrica
de la igualdad humana.
En ese tiempo, Filadelfia se segua manteniendo como el gran ncleo
antiesclavista norteamericano y, en 1775, se fundaba all la primera institucin
abolicionista con el nombre de Society for the Relief of Free Negroes Unlawfully
Held in Bondage, que lo cambiara en 1784 por el de Pennsylvania Society for
Promoting the Abolition of Slavery and the Relief of Free Negroes Unlawfully
Held in Bondage. En 1787 Benjamin Franklin se haca cargo de ella como la
Pensylvania Abolition Society.
Por tanto, el que la Declaracin de Independencia no tocase el tema no
supuso que el inters por la esclavitud hubiese pasado a un segundo lugar.
Por el contrario, el inters iba cada vez a ms. As, en 1777 la Constitucin de
Vermont prohiba expresamente la esclavitud108. Algo similar ocurra en Pensil-
vania, en 1780; y en 1783 se consideraba que la Constitucin de Massachusetts,
de 1780, aunque no lo dijera expresamente, tambin lo haca, al declarar a
todos los hombres como nacidos libres e iguales109.
106
John Woolman, Considerations, citado por Isidro de Antillon, Disertacin sobre
el origen de la esclavitud, p. 98.
107
Thomas Jefferson, The Autobiography, pp. 19-20.
108
Esta Constitucin se halla reproducida, por ejemplo, en Horst Dippel (ed.), Constitu-
cins of the World, pp. 9-21. Se puede ver en el Captulo I: secciones 1-2: A Declaration
of the Rights of the Inhabitants of the State of Vermont. Un estudio sobre esta clusula se
encuentra en William C. Hill, The Vermont State, pp. 27-29.
109
Puede verse en Ronald M. Peters, The Massachusetts Constitution Reproduce el
texto entre las pp. 195-224 y lo la referencia a la igualdad en el la parte I, artculo I, p. 196.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 47
En Francia, los antecedentes de la lucha antiesclavista datan de 1655,
cuando el jesuita Pierre Pelleprat hizo una dura crtica a la esclavitud en las
Antillas francesas, en la primera parte de su obra Relation des Missions des PP.
de la Compagnie de Jesus. Ya en el siglo XVIII hay que destacar al menciona-
do Anthony Benezet, que acabara por asentarse en Estados Unidos, pero que
haba nacido en la localidad de Saint Quintn.
Entre los grandes tericos franceses del siglo XVIII tambin se critic el
fenmeno esclavista. En 1748 Montesquieu publicaba su Espritu de las Leyes,
cuyo captulo XV estaba dedicado a la esclavitud; considerando que esta no
tena cabida en la monarqua, pues solo serva para dar a los ciudadanos un
poder y un lujo que no deben tener. En la misma obra, ms adelante, contra-
pona la esclavitud con el cristianismo, pues al hablar de los negros, y para
demostrar el espritu anticristiano de esta institucin, deca que es imposible
suponer que tales seres sean hombres, porque si lo supusiramos, deberamos
creer que nosotros no somos cristianos, lo que se contradeca con su idea de
que no era posible que Dios hubiese dotado de un alma buena a gentes de
aquel color110. Precisamente este autor consideraba lgico que un esclavo
huyese de su condicin y, por tanto, llegara a decir, aunque refirindose a
la antigua Roma, que La guerra de los esclavos! ha sido la ms legtima que
jams se haya emprendido111.
Voltaire en el Dictionnaire philosophique de 1764 hizo la entrada de
Esclavitud y defendi la libertad. Tambin Rousseau haba considerado la
esclavitud como sntoma de decadencia, pues era un producto de la propie-
dad y, para quienes la haban justificado, mencionaba que los jurisconsul-
tos que consideraron que el hijo de una esclava naca esclavo, en realidad
estaban considerando que un hombre no naca hombre. Rousseau, despus
de declarar la nulidad de la esclavitud como un derecho, se diriga a los
esclavistas diciendo que haban pagado su libertad con la vuestra, por tanto,
pueblos modernos, no tenis esclavos, vosotros lo sois112. Precisamente un
peridico gaditano de la poca consideraba a este autor como el maestro
de todos los impos de la poca, entre los que citaba a Condorcet, Ption,
Barnave y Brissot113.
En La Enciclopedia encontramos igualmente algunas entradas de inters
en este sentido. Louis de Jaucourt, que hizo la referente al trfico de negros,
condenaba la esclavitud por ir contra la religin y ser antihumana y antinatural.
Se deca en aquella entrada que el trato que hacan los europeos en frica para
emplear a aquellos desdichados en las colonias era un negocio, que violaba
los principios de la religin, la moral, las leyes naturales y los derechos de la
110
Montesquieu, De lesprit des lois , L. XV. cc. I y V.
111
Montesquieu, Penses, p. 90.
112
Jean Jacques Rousseau, El contrato social, cc. IV y XV.
113
Diario Patritico de Cdiz 51, de 29 de septiembre de 1813.
48 jess paniagua prez
naturaleza humana. La misma Enciclopedia aada en la entrada Esclavitud,
que todos los hombres nacen libres y son por naturaleza iguales, aunque poco
a poco se haba ido introduciendo la desigualdad.
Condorcet publicaba en 1781 sus Rflexions sur lesclavage des ngres, en
que pona de manifiesto que reducir a un hombre a la esclavitud, comprarlo,
venderlo son verdaderos crmenes y ni siquiera lo justifican las leyes, porque
una ley que va contra los derechos del hombre, sea el que sea, es un crimen
que comete el legislador. Este mismo autor pona un ejemplo muy grfico
en el captulo III de su obra, diciendo que si tuviese la absoluta necesidad
de los caballos de un vecino para cultivar sus campos, no por ello tendra el
derecho de robrselos, por qu entonces tengo el derecho de obligar a otros
a cultivarlos?114
Pero la discusin abolicionista clave en Francia se produjo en torno a los
aos de la Revolucin. As destacaron figuras como Pierre Paul Nicolas Hen-
rion de Pansy o el propio Condorcet, que elabor un proyecto en 1788 por el
que los mulatos naceran libres y los negros que naciesen como esclavos, tras
mantenerse como tales hasta los 35 aos, luego seran manumitidos, despus
de haber sido educados y de que el dueo se hubiese aprovechado de su tra-
bajo115. En ese mismo ao se fund la Socit des Amis des Noirs, cuyo alma
parece que fue el propio Condorcet, aunque los autnticos fundadores fueron
Jacques Pierre Brisot y tienne Clavire, que seran guillotinados durante el
Terror (1793-1794). Esta sociedad estuvo en el punto de mira de los habitan-
tes blancos de las colonias y de los comerciantes de los puertos esclavistas;
as, la Cmara de Comercio de Burdeos uni sus esfuerzos contra aquellos
defensores de los negros116. Se les lleg a achacar el ser un instrumento uti-
lizado por los ingleses contra Francia. No les faltaba razn a los acusadores,
en alguna medida, pues su modelo haba sido copiado de la London Society
for Abolition of the Slave Trade, creada en 1787; es ms, mantenan una fluida
correspondencia con Thomas Clarkson y, como en la institucin inglesa, el
smbolo fue el del negro genuflexo con sus cadenas. Su inters terico estaba
puesto ms en la suspensin del comercio esclavista que en la libertad. A
ellos se les consider como los causantes directos de los sucesos de Saint-
Domingue, en 1791.
El abate Grgoire, al inicio de la Revolucin, reuni a los notables idelo-
gos de este movimiento y los convenci para presionar a la Asamblea Nacional
y dar fin al trfico esclavista y a la misma esclavitud. Aquel mismo ao de 1789
haba publicado su Mmoire en faveur des gens de couleur ou sang-mls de
St-Domingue. En 1808 sacaba a la luz De la littrature des ngres, dedicada
al jesuita espaol del siglo XVII, Diego de Avendao. Su admiracin por este
114
Nicolas de Condorcet, Rflexions sur lesclavage, c. III
115
Nicolas de Condorcet, Rflexions sur lesclavage, c. IX.
116
Enric Saugera, Bordeaux port ngrier, p. 115.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 49
autor fue tal117, que cuando tuvo que citar ejemplos de autores claves en la
historia de la lucha contra la esclavitud, lo fue haciendo por naciones y al
llegar a Espaa y Portugal expres que solo mencionaba a Avendao, porque
nadie como l se haba preocupado tanto por considerar a los negros dentro
del gnero humano118. Grgoire tambin mostr su admiracin por Las Casas,
como muchos de los grandes autores franceses del siglo XVIII, as lo prueba
su trabajo expuesto en el Instituto Nacional sobre el dominico y publicado en
1800119.
Obviamente, los mercaderes defendieron sus intereses alegando que el
fin del negocio esclavista significaba la pobreza y la ruina de los millares de
personas que de el dependan.
La lucha por la aplicacin de los derechos del hombre por parte de
negros y abolicionistas en Francia y en las colonias, especialmente en Saint-
Domingue, dara sus frutos con las leyes de 8 de marzo de 1790, que daba
el voto a los mulatos; y la de 15 de mayo de 1791, que la ampliaba en las
colonias a las gentes libres de color. En aquella lucha por los derechos de las
gentes libres de color hay que recordar la labor del mulato Julien Raimond120,
gran activista en Francia a favor de la libertad y por la representacin de los
suyos en la Asamblea Nacional121, que contaba con la ayuda de hombres
como Vincent Og y el mencionado abate Grgoire, as como, en general,
de los Amis del noirs. Posteriormente, este mismo hombre formara parte del
comit que elabor en Saint-Domingue la llamada, Constitucin de 1801, de
Toussaint Louverture.
Los sucesos de Saint-Domingue fueron uno de los principales motivos
por los que aquella asociacin de Amis des noirs pas a ser mal vista por
muchos franceses y se acab extinguiendo en 1793. En el poco tiempo que
funcion llev a cabo una dura lucha por el reconocimiento de derechos y de
oposicin a lo establecido en mayo de 1791. Entonces se haba decidido man-
tener la esclavitud en las colonias y, entre los negros libres, slo a partir de la
segunda generacin se les reconocan los derechos de los blancos, a lo que se
117
La gran influencia de Avendao en Grgoire puede verse en ngel Losada, Diego
de Avendao, pp. 1-18 y del mismo autor El abate Grgoire, pp. 71-88, especial-
mente pp. 82 y ss.
118
Henri Gregoire, De la littrature des ngres, pp. IX-XII. Precisamente Diego de
Avendao hara una especial defensa de los negros en su gran obra Thesaurus Indicus
T. I, Tit. IX, c. XII, art. VIII, titulado De contractu aethiopicorum mancipiorum, pp.
324-326.
119
Henri Gregoire, Apologie de Barthlemy de Las-Casas
120
Sobre Julien Raimond puede consultarse Mercer Cook, Julien Raimond, pp. 139-
170. Jacques de Cauna, LEldorado des Aquitains, pp. 188-198 y 384-397. Del mismo autor
Julien Raimond, un quarteron, pp.125-135. Yvonne Eileen Fabella, An enlightened
revolutionary John D. Garrigus, Opportunist or Patriot?, pp. 1-21.
121
Julien Raimond, Rclamations adresses lAssemble, especialmente pp. 6 y 7.
50 jess paniagua prez
opusieron los diputados Abate Grgoire, Dupont de Nemours, Jrme Ption
y Robespierre. A pesar de la mencionada extincin de la asociacin en 1793,
en 1794 en Francia se abola la esclavitud, despus de que Sonthonax, como
veremos, lo hubiese lecho en Saint-Domingue, en 1793.
Como consecuencia de la fundacin y de la postura mantenida por la
Sociedad de los Amis des Noirs, sus opositores los colonos se haban reunido
en el Htel Massiac para fundar el club del mismo nombre, donde denun-
ciaron las intrigas de la Asamblea122. Aquellos colonos absentistas tuvieron a
Marat y a Robespierre como sus grandes enemigos, en la media en que estos
defendan el fin de la esclavitud en los territorios franceses. Robespierre hara
su defensa de la abolicin en un discurso en la Asamblea Constituyente de
13 de mayo de 1791, en respuesta a Moreau de Saint-Mry, que quera que se
sustituyese la palabra esclavo por no libre123. Marat haba escrito expresamen-
te una obra sobre el tema, publicada primero en Inglaterra y aos ms tarde
en Francia, en que reivindicaba la libertad del pueblo y defenda la violencia
como forma para conseguirla124, condimentos ambos que se daran en la Revo-
lucin Haitiana.
Desde la desaparicin de los Amis des Noirs no hubo otra organizacin
similar hasta 1796, en que se fundaba la Socit des Amis des Noirs et des Colo-
nies, cuyo reglamento se aprobara en 1798125. En ella se hallaban Henri Gr-
goire, Franois Lanthenais, Jean Baptiste Say, Benjamin Sigismond Frossard,
Carl Bernard Wadstrm y Lger Flicit Sonthonax, entre otros. La actividad
de la Societ finaliz con la llegada de Napolen al poder en 1799, cuando la
esclavitud sera reinstaurada por la ley de 10 de mayo de 1802, en un ambiente
enrarecido por los sucesos dominicanos, que favorecan aquella vuelta atrs,
despus de toda la propaganda de terror que se haba hecho con obras y
comentarios como los que hoy presentamos y que hicieron que, incluso Cha-
teaubriand, sin ser esclavista, echara en cara a los negros de Saint-Domingue
los crmenes cometidos, que hacan imposible el que se pudiera defender su
causa126.
Es Espaa el problema de la esclavitud de los negros en las Indias vena de
antiguo. Para ellos no se haba tenido en cuenta el breve de Pablo III, de 1537,
que prohiba en Amrica no solo la esclavitud de los indios, sino tambin et
alias gentes127. El propio Carlos I, posteriormente, haba consultado a los te-
logos ms respetables de su reino sobre el problema del asiento de esclavos,
122
Dnonciation de la secte des amis des noirs
123
Este texto se halla muy reproducido y valga por ejemplo la obra de Philippe-Joseph-
Benjamin Buchez y Pierre-Clestin Roux-Lavergne, Histoire parlamentaire X, pp. 97-98.
124
Jean Paul Marat, Les chaines de lesclavageEsta obra haba sido publicada con
anterioridad en Inglaterra con el ttulo de The Chains of Slavery
125
Rglement de la Socit des amis des noirs et des colonies
126
Franois-Ren Chateaubriand, Genio del cristianismo III, P. IV, Libro IV, c. VII.
127
Jos Andrs Gallego, La argumentacin religiosa, pp. 195-238
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 51
donde casi todos ellos mantuvieron una posicin proclive al mantenimiento
de la esclavitud, aunque considerando que esta no era un fenmeno natural,
sino una necesidad128.
Las cuestiones esclavistas iban a adquirir especial relevancia durante el
reinado de Carlos II (1665-1700), momento en el que aparecen como figuras
del abolicionismo dos capuchinos. El primero de ellos era fray Jos de Jaca,
que haba vivido en Venezuela, desde donde escribi al mencionado monarca
sobre el tema; en 1681 pas a Cartagena y contact con un cierto ambien-
te antiesclavista entre algunos jesuitas, producto de la accin de Alonso de
Sandoval con su obra De instaurdanda aethiopum salute y su discpulo san
Pedro Clver, que haba muerto en 1654; o tambin de los clrigos Miguel del
Toro y Baltasar de La Fuente, que trabajaban y defendan a los cimarrones.
Fray Jos de Jaca, de nuevo desde Cartagena, escribi al monarca a favor de
los esclavos. Posteriormente se trasladara a Cuba, en 1681, donde lanz unas
diatribas condenatorias contra los esclavistas de la isla. All coincidira con su
hermano de Orden, el borgon Epifanio de Moirans, tambin contrario a la
esclavitud. Ambos seran deportados a Espaa por los problemas que cau-
saban entre los propietarios de esclavos en la isla, pues no se conformaron
solamente con atacar a la institucin, sino que llegaron a negar la absolucin
a quienes no prometan dar la libertad a sus esclavos. Deambularon por varios
conventos espaoles antes de llegar a Roma, en 1685, tras lo cual el espaol
intent pasar de nuevo a las Indias, sin xito, y el borgon se retir a algn
convento francs 129.
Unos aos antes de la actividad de esos capuchinos, otro jesuita radicado
en Per, el ya mencionado Diego de Avendao, publicaba en Amberes en
1668 el primer tomo de su Thesaurus indicus, donde en el Tit. IX, c. XII, art.
VIII haca una defensa del esclavo negro, con la que influira posteriormente
en el abate Grgoire.
Lo cierto es que el monarca se vio influenciado por aquella propaganda
y ya en 1683 se ocupaba del problema en una real cdula del buen trato a los
esclavos y de su formacin. Aun as, parece que le aquejaban problemas de
conciencia, que trat de acallarle el mismo Consejo de Indias, en 1685.
Fue tambin durante el reinado de ese monarca cuando se trat de garan-
tizar la libertad de los esclavos, que llegaban desde las colonias britnicas a
la Florida. Por una real cdula de 7 de noviembre de 1693, haca libres a los
esclavos de las posesiones britnicas que alcanzasen ese territorio espaol
128
Cipriano de la Huerga, Obras completas. Vol. VIII, pp. 245-271. En esta obra
se recogen los pareceres sobre la esclavitud, en 1553, de Andrs Cuesta, Alonso de Castro,
Cipriano de la Huerga, Pedro de Ibarra, Mancio de Corpus Christi y Juan Beln.
129
Francisco Jos de Jaca, Resolucin, pp. 75-113. Jos Toms Lpez Garca, Dos
defensores de los esclavos negros, pp. 34-35. Ildefonso Gutirrez Azopardo, Fray Fran-
cisco Jos de Jaca.
52 jess paniagua prez
y, como deca la propia cdula, para incitar a que otros hagan lo mismo.
Sin querer, se creaba en San Agustn un foco antiesclavista que molestaba a
los britnicos, por lo que la ciudad fue atacada en 1728; ataque que fracas,
en buena medida, por la defensa que de ella hicieron los propios soldados
negros, especialmente el conocido como Francisco Menndez (huido de Caro-
lina), lo que dio pie a que el gobernador de Florida suspendiese el mercado
de esclavos y liberase a los que haban participado en la defensa130. En 1738,
el gobernador Manuel de Montiano volvi a anunciar la libertad a todo esclavo
de Carolina que alcanzase la Florida. Fue entonces cuando se produjo la mayor
rebelin de esclavos que se haba conocido en la Amrica del Norte britnica,
como lo fue la de Stono River, en Carolina del Sur, en septiembre de 1739,
tambin conocida como Catos Conspiracy. Es evidente que esta no adquiri
las dimensiones de otras revueltas posteriores, como la que hoy tratamos de
Saint-Domingue, aunque coincide con una dcada de sublevaciones de los
negros, como las de Bahamas, en 1734; Antigua en 1735 o los cimarrones
de Jamaica, en 1739131. Aquella de Carolina fue protagonizada esencialmente
por congoleses catlicos, cuyo lder era Jemmy Cato. Su intencin era llegar
a San Agustn de Florida en busca de la prometida libertad por los espaoles.
No tardaron en ser vencidos, tras lo cual se daran toda una serie de medidas
restrictivas sobre los esclavos negros, recogidas el 10 de mayo de 1740 en la
Negro Act, la cual tambin permita, entre otras cosas, asesinar a los esclavos
rebeldes si se consideraba necesario132.
Durante aquel tiempo, se organiz con aquellos negros huidos a la Florida
una milicia de defensa en Santa Teresa de Mos, cuyo capitn fue el menciona-
do Menndez, aunque ya exista otra milicia de ese tipo en San Agustn. Aquel
enclave inici su andadura en 1738 con 38 hombres y sus familias y tuvo una
corta vida, hasta 1740, en que fue destruida por sus propios habitantes negros
ante el ataque del coronel britnico John Palmer, al que secundaba el gober-
nador de Georgia, James Oglethorpe. Abandonado aquel lugar, sus habitantes
se instalaron en San Agustn, hasta que el fuerte fue reconstruido un poco ms
al Norte del anterior, en 1752. En 1759 tena ya 77 vecinos, que seguan diri-
gidos por el lder negro Francisco Menndez133. Mos se mantuvo hasta que
la Florida fue entregada a Inglaterra en 1763 y los negros que all habitaban
fueron reubicados casi todos en Cuba, como el resto de la poblacin. Los que
permanecieron en Florida se convirtieron en cimarrones, ya que los britnicos
130
Kathelen A. Deagan, Fort Mose, p. 193.
131
Existe una amplia bibliografa sobre este tema. Mark Michael Smith (ed.) Stono,
Documenting and Interpreting o Peter Charles Hoffer, Cry Liberty
132
Su verdadero ttulo fue Act for the better Ordering and Governing Negroes and
other Slaves, reproducida por David J McCord, The Statutes at Large of South Carolina.
Vol. 7, pp. 397-417.
133
Kathelen A. Deagan, Fort Mose, pp. 194-199. Jane Landers, Gracia Real de Santa
Teresa de Mos, pp. 9-30. Patrik Riordan, Finding freedom in Florida, pp. 34-40.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 53
no parecan muy dispuestos a respetar su libertad. Al mismo tiempo que Flo-
rida pasaba a manos de Inglaterra, la Luisiana, donde rega un cdigo negro
muy restrictivo, de 1724, pasaba a manos espaolas, que lo mantuvo, como se
corrobor el 27 de octubre de 1769134 .
Las colonias espaolas durante el siglo XVIII se movieron en un mar de
contradicciones en el asunto de la esclavitud, pues mientras las autoridades
insistan en el buen trato, no se podan evitar los abusos. Al mismo tiempo el
comercio esclavista se vea como imprescindible y la Corona pretendi que
Espaa, habitual compradora a otras potencias, se convirtiese en autoabas-
tecedora. Por ello, en el tratado de San Ildefonso, de 1777, se consigui que
Portugal cediese Fernando Poo y Annobn, tras lo cual, en las instrucciones
del monarca al Consejo de Estado, en 1787, deca que aquello nos proporcio-
na el comercio y compra de negros de primera mano y la abundancia de
ellos; pero alegaba que la poca experiencia no haba permitido tener xito
en aquellos aos de disfrute, por lo que aquella explotacin esclavista deba
encargarse a la Compaa de Filipinas135. Los resultados apetecidos con aque-
llas posesiones africanas no se iban a conseguir, pero al mismo tiempo no se
detena la fiebre importadora de esclavos, muchos de ellos con destino a la
isla de Santo Domingo, pues la alta rentabilidad de la produccin azucarera
de Saint-Domingue haca pensar que lo mismo se poda conseguir en la parte
espaola, como lo expresaba el Cdigo Carolino de 1783.
Por no irnos demasiado atrs en el tiempo, recordemos, que el 31 de mayo
de 1789, Carlos IV haba puesto en marcha un Reglamento para el gobierno de
los negros, encargado a Antonio Porlier, en que se tuvo en cuenta el mencio-
nado Cdigo Carolino de 1783136. La real cdula se imprimi el mismo ao de
1789 y se envi a las autoridades americanas, incluso fue publicada tambin
en Mxico137 Aquella instruccin, por lo que poda suponer de peligro para los
dueos de esclavos y por las revueltas a que poda dar lugar, caus malestar
en casi toda Hispanoamrica138. Se trataba de una instruccin y no de un cdi-
go, como algunos autores han pretendido. En ella no se abola la esclavitud,
aunque se ponan lmites a los abusos, de acuerdo con un espritu ilustrado
que haca hincapi en la educacin, la felicidad social y la humanidad. Como
consecuencia se limitaba la intensidad del castigo corporal y se controlaba el
trato de los amos, as como se regulaban aspectos educativos, de religiosidad y
134
Juan Jos Andru Ocriz, Movimientos rebeldes, p. 25.
135
Floridablanca, Obras originales, p. 229.
136
Sobre esta cdula puede verse Manuel Lucena Salmoral, La esclavitud en la Amrica
espaola, pp. 280-298.
137
Real Cdula de su Magestad sobre la educacin, trato y ocupaciones de los escla-
vos en todos sus dominios de Indias e islas Filipinas baxo las reglas que se expresan
Precisamente se reimprimira en Mxico, en 1810, en los talleres de Felipe de Ziga y
Ontiveros.
138
Vid. Manuel Lucena Salmoral, La esclavitud en la Amrica espaola, pp. 286-298.
54 jess paniagua prez
de ocupacin; incluso se otorgaba al procurador sndico de los ayuntamientos
americanos el carcter de protector de los esclavos.
Las quejas ante todos aquellos beneficios de la cedula de Carlos IV llega-
ron sobre todo de los diferentes lugares del Caribe espaol y de manera muy
especial de Caracas, sin olvidar otros espacios, como las minas de Barbacoas,
en la Audiencia de Quito. Los dueos de esclavos vieron en aquella limitacin
de dominio un duro golpe a sus intereses, en la medida en que su poder sobre
ellos se fundamentaba con frecuencia en los castigos e incluso en la muerte. Se
alegaba la situacin de desventaja en que quedaban respecto de las colonias
francesas, por no poder aplicar la pena capital. Como consecuencia, en casi
todas las posesiones espaolas se peda la derogacin de la cdula, lo que
los propietarios y autoridades de Santo Domingo hicieron el 17 de mayo de
1791139. Haba un temor a que los esclavos malinterpretaran el contenido y se
sublevasen, causando graves daos a los intereses econmicos de las colonias
y de la propia metrpoli, tal y como lo adujeron multitud de gobernantes y
hacendados. Lo cierto es que la cdula qued temporalmente suspendida en
espera de una decisin definitiva, que nunca se produjo, ya que la sentencia
de 31 de marzo de 1794 suspenda sus efectos aunque no su espritu, pues
se recomendaba que los tribunales la tuvieran en cuenta140. Es decir, aquella
Instruccin de Carlos IV acab por ser ignorada en el Caribe hispnico, ya que
pudo ms el temor que tenan los dueos de esclavos, al ver como estos les
perdan el respeto y no mantenan su obediencia. Se sabe que aquella cdula
lleg a funcionar entre los negros y sus partidarios, como sucedi en Caracas,
segn algunos, gracias a los jacobinos negros141.
Previamente en Santo Domingo se haban planteado un Cdigo en 1768,
que tras algunos avatares se vio invalidado cuando el Consejo de Indias encar-
g, en 1783, que se elaborara otro para la misma isla, semejante al que tenan
los franceses desde la poca de Luis XIV. El producto fue el mencionado
Cdigo Carolino142, que tampoco entrara en vigor y de cuya elaboracin se
encarg Agustn de Emparn. Precisamente aquel ao se firmaba el tratado de
Versalles, que ratificaba la independencia de Estados Unidos y en el que se
haba llegado a negociar, aunque no tuvo xito, la entrega de la parte espao-
la de Santo Domingo a Francia y de Gibraltar a Espaa, a cambio de que los
franceses entregasen a Inglaterra Guadalupe y algunas otras islas. Fracas el
proyecto, pero en la idea del ministro espaol se vea como una posibilidad la
cesin de aquella parte de Santo Domingo a Francia o a Inglaterra143.
139
Un resumen de las quejas y actitud de las autoridades americanas puede verse en
Manuel Lucena Salmoral, La esclavitud en la Amrica espaola, pp.286-295.
140
Manuel Lucena Salmoral, La esclavitud en la Amrica espaola, pp. 297-298.
141
Consuelo Naranjo Orovio, La amenaza haitiana, pp. 89-90 y Carlos Edsel, Los
jacobinos negros, p. 161.
142
Lo reprodujo Javier Malagn Barcel, Cdigo negro
143
Floridablanca, Obras originales, pp. 265 y 317.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 55
Junto a esos cdigos y al incremento del comercio se trataba de imple-
mentar una poltica de buenos tratos para evitar los abusos exagerados. En
1784, una cdula de 4 de noviembre abola la prctica de marcar a los negros
en la cara o en la espalda, como opuesto a la humanidad144. Al mismo tiempo
que se trataba de poner remedio a los abusos, se intensificaba el inters por el
comercio esclavista.
Un nuevo hito en el trafico negrero lo supuso la cdula de 28 de febrero
de 1788 sobre de libertad del comercio de esclavos para promover las impor-
taciones a precios ms competitivos en Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y
Caracas, que se ampliara ese mismo ao a Buenos Aires y Santa Fe. Se preten-
da favorecer la entrada de Espaa en el comercio mundial del azcar, de ah
el inters que se puso en que la mayora de los esclavos fuesen varones, reba-
jando los derechos de entrada y grabando la posesin de los que no estuviesen
dedicados a tareas productivas. En 1793 se daban las primeras autorizaciones
para que los sbditos espaoles pudiesen traficar directamente en frica sin
pagar derechos.
El ao 1795 tambin tuvo una especial relevancia para los distintos gru-
pos raciales que conformaban la sociedad hispanoamericana, en la medida
en que el 10 de febrero se expeda la cdula de Gracias al sacar, por la que
se poda acceder a la condicin de espaol si no se era negro o indio puro,
lo que haba dado alas a los mestizos, mulatos y zambos y otras mezclas, que
previo el pago de una tasa podan obtener el ttulo de Don y la compra de
algunos cargos. Es evidente que aquella medida tena un inters por evitar las
insurrecciones caribeas, a la vez que para evitar alianzas entre la poblacin
menos favorecida socialmente y otras potencias, que acechaban en la zona y
que se podan aprovechar de los conflictos internacionales ante una Espaa
que se hallaba en una posicin muy dbil. Esto ya haba sido apreciado por
el gobernador de Santiago de Cuba, que estableca una relacin directa entre
los sucesos de Saint-Domingue y la cdula de Gracias al sacar145. Todo ello
sin olvidar la necesidad de numerario que tena la Corona. Lo cierto es que
aquellas concesiones no agradaron a los blancos y de ello dieron cuenta muy
puntual, al ao siguiente, el ayuntamiento de Caracas y el de Maracaibo146. Sin
embargo, las autoridades coloniales hacan odos sordos a aquellas quejas y el
3 de agosto de 1801 una nueva disposicin completaba la anterior y modifica-
ba los aranceles147, no solo por el peligro de las influencias de Saint-Domingue,
sino sobre todo por las necesidades econmicas del gobierno de Godoy.
144
Recogida esta cdula en Manuel Lucena Salmoral, Regulacin de la esclavitud,
doc. n 297.
145
Gloria Garca Rodrguez, Vertebrando la resistencia, pp. 289-290.
146
AGI, Estado 63, N. 5. En el caso de Venezuela existe un amplio estudio de Santos
Rodulfo Corts, El Rgimen de
147
Santos Snchez, Coleccin de pragmticas III, pp. 81-87.
56 jess paniagua prez
Entre cdigos, concesiones y mejoras de trato, el movimiento abolicionista
apenas tuvo cabida en Espaa hasta pocas muy tardas. Una fecha importante
en ese sentido fue cuando el 2 de abril de 1802 el turolense Isidoro de Antilln148,
que luego sera diputado en las Cortes de Cdiz (1813), se declar contrario al
trfico de esclavos, en una conferencia pronunciada en la Academia Matritense
de Derecho Espaol y Pblico, incluso apoyando una abolicin gradual tanto del
trfico como de la propia esclavitud. La conferencia no se publicara hasta 1811,
en Palma de Mallorca149, desde donde el autor segua de cerca los acontecimien-
tos de Cdiz; incluso envi una representacin a las Cortes, tras la Constitucin
de 1812, en que deca que los principios que declaraba la Constitucin eran tam-
bin los suyos150. Como dijimos, en 1811 publicaba la conferencia de 1802 con el
ttulo Disertacin sobre el origen de la esclavitud, obra en la que cita a luchado-
res internacionales contra el trfico esclavista, tales como Clarkson y Grgoire,
as como se haca eco de las sociedades filantrpicas de Estados Unidos y Gran
Bretaa151. El motivo de la publicacin dice haber sido el debate de la sesin de
las Cortes de 2 de abril de 1811152, que a la postre dio muy pocos resultados. De
Santo Domingo nos da incluso unas estadsticas tomadas de Degrandpr153. El
autor turolense ofreca tambin una solucin al trfico esclavista, proponiendo
que lo que se cultivaba en Amrica se cultivase en frica, con lo que no se hara
necesaria la importacin de mano de obra esclava; incluso propona que las
naciones pioneras en aquellos asuntos deban ser Inglaterra y Francia, por ser
las ms ilustradas, en cuyas posesiones haba pocos o ningn indio154. Es ms,
dando la vuelta a la teora primitiva de Bartolom de Las Casas, planteaba que,
los indios podran suplir en nuestras Amricas el trabajo de los negros, prin-
cipalmente si se les tratase con menos dureza y arbitrariedad Entonces
los indios seran, lo que deben ser, el grande tesoro, la verdadera mina de
Amrica155.
148
Sobre este diputado puede verse Ricardo Beltrn Rozpide, Isidoro Antilln Len
Esteban, Estudio, pp. 9-64. Horacio Capel, Isidoro de Antilln, pp. 3-18.
149
Isidro de Antilln, Disertacin sobre el origen de la esclavitud
150
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin del 11 de
septiembre de 1812.
151
Isidro de Antilln, Disertacin sobre el origen de la esclavitudDe Clarkson en
concreto cita en la p. 84 sus Letters De Gregoire, su Apologie de Las Casas en la p. 89. Las
sociedades filantrpicas las menciona en la p. 76.
152
Obtuvo respuesta en el propio lugar donde se public, Palma de Mallorca, Diario
de Mallorca 295, 29 de noviembre de 1812.
153
Isidro de Antilln, Disertacin sobre el origen de la esclavitud, pp. 47-49. La obra
de Degrandpr a la que se refiere es el Voyage la cte occidentale dAfriqueI, que
recoge datos de Santo Domingo, en la introduccin a partir de la p. XVI, considerando la
esclavitud como una plaga de la humanidad.
154
Isidro de Antilln, Disertacin sobre el origen de la esclavitud, pp. 53-54 y 63-64.
155
Isidro de Antilln, Disertacin sobre el origen de la esclavitud, pp. 66-67
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 57
Las Cortes de Cdiz plantearon el problema con una proyeccin humani-
taria, aunque sin olvidar el sentido prctico. La idea de la esclavitud como un
ejemplo de la degradacin humana estaba en el ambiente, con independen-
cia de las posiciones esclavistas o abolicionistas, como se reflejara en aquel
artculo titulado Influencia de la esclavitud sobre el carcter moral del hom-
bre156. El enfrentamiento de posturas estaba, ms que en lo personal, en los
intereses que cada uno representaba; y hasta los defensores del mantenimien-
to de la esclavitud tenan muy claro que la institucin tena sus das contados.
Su defensa radicaba en la conveniencia econmica y en la seguridad, sobre
todo despus de los acontecimientos de Saint-Domingue. El primer escrito
sobre esclavitud en las Cortes de Cdiz fue el de Domingo Garca Quintana, el
7 de noviembre de 1810. En el deca:
Ya te oigo, hermano negro y mulato, que tuviste la suerte feliz de ser
espaol. Piensas que me olvido de ti? Ya s que naciste hijo de Adn y en el
pecaste como yo y que la misma legtima te cabe que a mi en la herencia de
nuestro Padre comn. Djame respirar, que ya te buscar de un modo que,
sin mal de otro, se verifique tu bien157.
Pero la primera alusin importante se produca el da 9 de enero de 1811,
cuando se discuti el artculo de la representacin en cortes de los americanos
y asiticos. Fue entonces cuando el mismo Garca Quintana deca aquello de
desterrar para siempre la memoria de la esclavitud, proponiendo que los
esclavos tuviesen un apoderado en el Congreso, que deba ser europeo, pero
elegido por ellos158. La oposicin le vino de un representante de los hacenda-
dos venezolanos, como lo era el to de Bolvar, Esteban de Palacios y Blanco,
que dijo aquello de que se destierre la esclavitud lo apruebo, como amante de
la humanidad; pero, como amante del orden pblico, lo repruebo. Fue el 25
de marzo de 1811 cuando el diputado novohispano por Tlaxcala, Jos Miguel
Guridi y Alcocer, puso sobre la mesa las ocho proposiciones que planteaban
una abolicin paulatina. Las mismas ni siquiera se recogieron en el diario de
sesiones, precisamente porque el diputado cubano, Andrs Juregui, contrario
a la abolicin, pidi que se trataran en sesin secreta159.
El diputado mexicano mantena que la esclavitud deba abolirse entera-
mente, por ser impoltica y desastrosa, contraria al derecho natural, proscrita
por las leyes civiles de los pases cultos y en conflicto con las mximas libe-
156
Abeja espaola, n 49 y 54, 30 de octubre y 4 de noviembre de 1812.
157
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin de 7 de sep-
tiembre de 1811.
158
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin del 9 de enero
de 1811.
159
Curiosamente los diputados cubanos, Juregui y Juan Bernando OGavan eran
defensores de la esclavitud como necesidad econmica de la isla. Marie Laure Rieu Millan,
Los diputados americanos en las Cortes de Cdiz, pp. 170-171.
58 jess paniagua prez
rales espaolas. Para no afectar demasiado a los intereses de los hacendados
propona que de momento se aboliera tan solo el comercio. Junto a esto, dos
frmulas para la abolicin gradual: la libertad de vientres y el derecho de los
esclavos a comprar su libertad; amn de aquello propona un trato semejante
al de los criados libres, un salario de acuerdo con sus aptitudes y la obligacin
del dueo a su sostenimiento por su vejez o por causas de salud. La proposi-
cin no se someti a debate y fue enviada a una comisin.
El 2 de abril de 1811 fue el momento clave, pues en la sesin de ese da, el
diputado por Oviedo, Agustn de Argelles, hizo dos proposiciones. La prime-
ra, contra la tortura en general, y la segunda para que se aboliese el trfico de
esclavos y que tal decisin fuese comunicada al monarca britnico160. Creemos
que merece la pena reproducir aquel discurso:
El trfico, Seor, de esclavos no solo es opuesto la pureza y liberalidad de
los sentimientos de la nacin espaola, sino al espritu de su religin. Comer-
ciar con la sangre de nuestros hermanos es horrendo, es atroz, es inhumano;
y no puede el Congreso Nacional vacilar un momento entre comprometer sus
sublimes principios o el inters de algunos particulares. Pero todava se puede
asegurar que ni el de estos ser perjudicado. Entre varias reflexiones alegadas
por los que sostuvieron tan digna y gloriosamente en Inglaterra la abolicin de
este comercio, una de ellas era profetizar que los mismos plantadores y dueos
de esclavos experimentaran un beneficios con la abolicin, a causa de que,
no pudiendo introducir en adelante nuevos negros, habran de darles mejor
trato, para conservar los individuos; de lo que se seguira necesariamente, que
mejorada la condicin de aquellos infelices, se multiplicaran entre s con ven-
taja suya y de sus dueos. A pesar de que el tiempo corrido desde la abolicin
es todava corto, estoy seguro que la experiencia ha justificado la profeca.
Esto mismo suceder a los dueos de nuestros ingenios y a otros agricultores
de La Habana, Puerto Rico, Costa Firme, etc., y aun no puede dudarse, que la
prohibicin sera un medio de inclinarlos mejorar el cultivo, por otro mtodo
ms anlogo al que reclama la agricultura y ms digno de los sbditos de una
nacin que pelea por su libertad e independencia.
Todava ms. La oposicin que pueden hacer los interesados nada con-
seguira atendida la libertad del Congreso respecto de las mejores de Amrica.
Seria infructuosa, como lo ha sido la que hicieron en Inglaterra los opulentos
plantadores y transitantes de Liverpool y otras partes, que se conjuraron abier-
tamente, por espacio de 20 aos, contra el digno e infatigable Wilberforce,
autor del bill de abolicin. Jams olvidar, Seor, la memorable noche del 5 de
Febrero de 1807, en que tuve la dulce satisfaccin de presenciar en la Cmara
de Lores el triunfo de las Luces y la Filosofa ; en que se aprob el bill de aboli-
cin del comercio de esclavos. En consecuencia de tan filantrpica resolucin
se form en Londres una asociacin compuesta de los defensores de aquel bill
160
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin del 2 de abril
de 1811.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 59
y varias otras personas respetables para desagraviar por cuantos medios fuese
posible, e indemnizar a las naciones de frica del ultraje y vejamen que han
sufrido con tan infame trfico. Su objeto es formar establecimientos cientfi-
cos y artsticos en los mismos parajes que eran antes el mercado de la especie
humana, llevndoles de esta suerte toda especie de cultura y civilizacin ; y su
profunda sabidura ha exceptuado slo la propaganda religiosa, no fuese que,
so color de religin, se abusase como se ha hecho muchas veces de este santo
ministerio, prefiriendo dejar a los progresos de la ilustracin un triunfo que
solo puede conseguirse con el convencimiento y los medios suaves.
Convencido el gobierno de Inglaterra, de que el objeto del bill no poda
conseguirse mientras las naciones de Europa y Amrica pudiesen hacer por s
este trfico o prestar su nombre a los comerciantes ingleses, resolvi interpo-
ner su mediacin para con las potencias enemigas, a fin de que se adoptase
la abolicin por sus gobiernos. Creo que aquel gabinete haba dado pasos
con Suecia y Dinamarca antes de la actual guerra; y si no ha hecho al V.
M. igual proposicin, seria porque en aquella poca tenamos la desgracia
de estar separados, y en el da porque le ocuparn atenciones de mayor
urgencia. Por tanto, Seor, no desperdicie V.M. una coyuntura tan feliz de
dar a conocer la elevacin y grandeza de sus miras, anticipndose seguir
el digno ejemplo de su aliada, para no perder el mrito de conceder espon-
tneamente a la humanidad el desagravio que reclama en la abolicin del
comercio de esclavos
Fueron varios los diputados que intervinieron aprobando la primera
proposicin. En cuanto a la del trfico esclavista, muy condicionada por los
intereses y la imitacin de Inglaterra, se hizo alusin al doloroso ejemplo de
Saint-Domingue. Como no poda ser de otra forma, Argelles recurri al dis-
curso humanitario para conmover a los representantes, diciendo cosas como
que comerciar con la sangre de nuestros hermanos es atroz, es horrendo, es
inhumano. Tras todo ello estaba el modelo britnico para acabar con el trfico
esclavista, cuyas discusiones parlamentarias l mismo haba conocido directa-
mente; as, no dud en mencionar la actividad de los traficantes de Liverpool
contra el abolicionista Wilberforce, recordando su presencia en la Cmara
de los Lores, el da 5 de febrero de 1807, cuando los britnicos aprobaron la
prohibicin del comercio de esclavos. Sin embargo, sobre aquella decisin de
Inglaterra, tramada desde mucho antes, ya algn hispano haba manifestado
sus dudas en cuanto a la sinceridad del proyecto. Se trataba de Francisco de
Arango y Parreo, que ms tarde, en las Cortes de 1813-1814, iba a ser repre-
sentante por La Habana. Este autor ya haba dicho en 1803 lo siguiente:
Los ingleses maduran despus de mucho tiempo el proyecto de abolir en
sus colonias la esclavitud. Pitt y Fox, siempre encontrados, se unieron en este
negocio para esforzar la opinin de la ms ilustrada y ms sana parte de su
nacin que no slo con razones filosficas sino polticas sostiene la abolicin
de la esclavitud. Algunos piensan que de ella es un principio el establecimien-
to de los dos regimientos de color creados en estos ltimos tiempos en la isla
60 jess paniagua prez
de Jamaica, porque, en efecto, repugna a los principios de todos sus cdigos
negros. Mas yo no creo tanto. Juzgo que la Corte de St. James se mantiene
en la irresolucin, por la influencia de muchas personas que tienen grandes
fondos en las Antillas y en el comercio de frica; y pienso, por ltimo, que
aquel gabinete celebrara y fomentara la insurreccin de todas las colonias
de caf y azcar, aun cuando de cierto supiese que peligraban las suyas. Lo
que a Inglaterra importa es extender su comercio; y nadie que considere la
superioridad de su marina, de su industria y de sus fondos, podr dudar un
momento que ella se iba a apoderar, cuando no del todo, de la mayor parte
del comercio de las Antillas, si fuesen independientes161.
Tampoco despertaba ninguna confianza en otro cubano, como lo era
Flix Varela, que escriba.
Esa misma Inglaterra, que ahora ostenta una filantropa tan hija de su
inters como lo fueron sus pasadas crueldades, y yo no s si diga, como lo
son sus actuales pero disfrazadas opresiones; esa misma Inglaterra cuyo rigor
con sus esclavos no ha tenido ejemplo. Esa misma introdujo en nuestro suelo
el ejemplo de tantos males. Ella fue la primera que con escndalo y abomi-
nacin de todos los virtuosos no dudo inmolar la humanidad a su avaricia.
Y si ha cesado en esos brbaros sacrificios, es porque han cesado aquellas
conocidas ventajas La Inglaterra nos acusa de inhumanos, semejante a un
guerrero, que despus de inmolar mil vctimas a su furor, se eleva sobre un
grupo de cadveres y predica lenidad con la espada humeante en la mano
y los vestidos ensangrentados. Ingleses, en vuestros labios pierde su valor la
palabra filantropa, excusadla, sois malos apstoles de la humanidad162.
Precisamente este hombre elabor el Proyecto de memoria para la extin-
cin de la esclavitud en la isla de Cuba, recogido en sus obras163 y cuyo
destino eran las Cortes, donde se hallaba como diputado, en 1822. En el se
pretenda conseguir la libertad de los esclavos sin que se produjesen prdidas
en lo capitales de sus dueos y procurando que la agricultura se viese afectada
lo menos posible. Sin embargo, el proyecto nunca lleg a ser presentado.
Volviendo a las Cortes gaditanas, en aquel proyecto Argelles encontr
la ayuda, entre otros, del diputado quiteo Meja Lequerica y, sobre todo, del
diputado por Sevilla, Manuel Garca Herreros, que quiso ir ms lejos y pro-
puso que se aprobase tambin una ley de libertad de vientres. La oposicin
le iba a llegar de nuevo de la mano del diputado habanero Andrs Juregui,
quien, defendiendo los intereses de los hacendados cubanos, alegaba los pro-
blemas que aquello poda causar en un lugar que por entonces permaneca
tranquilo, como era Cuba. En ese sentido peda a Argelles que recordase la
161
Francisco de Arango y Parreo, Obras I, p. 357.
162
Flix Varela y Morales, Obras II, p.114.
163
Flix Varela y Morales, Obras II, pp. 113-119.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 61
problemtica a que haba dado lugar la concesin de libertad de los esclavos
por parte de la Asamblea Francesa. Por tanto, Juregui solicitaba, que al igual
que haba sucedido con la proposicin de Guridi de unas semanas antes,
aquel asunto se tratase en secreto y no se insertase la discusin en el Diario
de Sesiones. A ello se opuso el diputado zamorano, Juan Nicasio Gallego y
Hernndez, que apoyaba la publicidad del asunto y que, como el diputado
por Valladolid, Evaristo Prez de Castro, tomaba postura a favor de Argelles.
Una posicin tibia sobre el mismo tema fue la del diputado del Valle de Arn,
Felipe Aner de Esteve.
El problema tambin vino de mano de Guridi y Alcocer, que en aquella
sesin se quej de que sus proposiciones haban sido casi las mismas de
Argelles y no se haban querido discutir, al contrario de lo que estaba suce-
diendo en aquel momento, por lo cual peda se reconsiderase la discusin de
su proposicin y que se insertase en el Diario164. Sin embargo, Meja Lequeri-
ca hizo la distincin entre ambas proposiciones, pues la de Guridi implicaba
la abolicin de la esclavitud, negocio que requiere mucha meditacin, pulso
y tino165, mientras la del diputado asturiano solo afectaba al trfico negrero.
Visto lo anterior, las ocho proposiciones de Guridi y Alcocer fueron inclui-
das en el Diario de sesiones de aquel mismo da y tanto la suya como la de
Argelles pasaran a ser discutidas en una comisin166. Esta, fue nombrada
el 20 de abril y la formaran Andrs Juregui (Cuba), Ramn Power (Puerto
Rico), Ramn Lzaro de Dou (Catalua), Luis Rodrguez del Monte (Betanzos)
y Andrs Morales de los Ros (Cdiz, pero originario de Nueva Espaa)167.
Tal comisin parece que nunca lleg a tener actividad y todo quedaba en un
punto muerto.
En consecuencia, la Constitucin de Cdiz no plante nada novedoso en
este sentido. Obviamente a los esclavos no se les reconoca en la carta magna
la condicin de ciudadanos, pues aun siendo espaoles no cumplan con la
condicin ineludible a que haca referencia el captulo II, que era la libertad.
Aos ms tarde, el diputado cubano Arango repasara una por una aquellas
proposiciones para intentar desmontar las que defendan la suspensin del
trfico, incluso criticando algunos proyectos de los abolicionistas europeos,
como el llevado a cabo en Sierra Leona168.
164
En 1803 Arango y Parreo aclarara que aquello no era cierto, pues de las propo-
siciones de Guridi, solo la primera era igual a las planteadas por Argelles. Francisco de
Arango y Parreo, Obras II, p. 44.
165
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin del 2 de abril
de 1811.
166
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin del 2 de abril
de 1811.
167
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin del 20 de
abril de 1811.
168
Francisco de Arango y Parreo, Obras I, pp. 24 y ss.
62 jess paniagua prez
Los otros diputados cubanos, como el marqus de San Felipe y Joaqun
de Santa Cruz, no intervinieron en aquella discusin. Sin embargo, una carta
del gobernador, marqus de Someruelos, leda en sesin secreta de 7 de julio
de 1811, alertaba de los peligros, pues expona que los hacendados teman
una revolucin como la que se haba producido en Saint-Domingue. A ello se
aadira el manifiesto que firmaban el 20 de julio de 1811 el Ayuntamiento, el
Consulado y la Sociedad Patritica para hacer recapacitar a los diputados169.
Quien no particip en aquella polmica fue el diputado suplente por
Santo Domingo, Jos lvarez de Toledo, que ejerci la suplencia hasta julio
de 1811, en que por un oficio enviado al gobernador dominicano, que fue
interceptado, se vio obligado a salir de Espaa haca Estados Unidos170, man-
teniendo desde entonces unas posturas extremas a favor de la independencia,
hasta que en 1815 solicit su perdn a Fernando VII, que se lo concedi y le
mantuvo en el cuerpo diplomtico171. Su sucesor y titular por Santo Domingo
fue Francisco Mosquera y Cabrera, que tampoco consta que interviniese en
asuntos de la esclavitud y, sin embargo, tom parte ms activa en asuntos de
indios, de los que ya no quedaba poblacin en la isla que representaba. Resulta
algo extrao su posicin marginal en el asunto negrero, pues, tras su salida de
Santo Domingo, a causa del Tratado de Basilea, haba pasado por Venezuela,
Puerto Rico y Cuba; es decir, conoca bien todos los lugares esenciales de la
actividad esclavista espaola172 y, sin embargo, tambin es cierto que parece
que en su cometido no se le encargaba nada referente al tema que nos ocupa173.
La informacin sobre la discusin de la proposicin de Argelles sobre
el trfico esclavista, como ya mencionamos, lleg en las Baleares a odos de
Isidro de Antilln, que decidi entonces publicar la citada conferencia de 1802.
En la introduccin, sin conocer el futuro de la proposicin, dejaba claro su
apoyo a aquellas Cortes, cuando deca:
en una corte donde reinaba el ms absoluto y ms incensado despotismo,
en donde se premiaba el espionaje y la delacin, como las acciones heroicas
se premian en una repblica; en donde todas las corporaciones de ms auto-
ridad, todos los agentes del gobierno tenan declarada la guerra a la razn y
proscrito al filsofo que osase invocarla, hubo quin lo creyera? un congreso
169
Parte de aquel escrito, publicado en 1811 lleg a ser reproducido en El Espaol de
mayo de 1813, p. 333. All se aprovecha para informar de lo sucedi en Inglaterra y hacer
una defensa de la abolicin entre pp. 333-343. Francisco de Arango y Parreo, Representa-
cin de la ciudad de la Habana
170
Lpez Cancelada hizo referencia a este hecho en El Telgrafo Mexicano de 31 de
julio de 1813, al decir que us la delicadeza de fugarse, como si compusiese parte de una
cuadrilla de salteadores.
171
La actividad de este hombre puede verse en Wenceslao Vega B., La Constitucin
de Cdiz, pp. 27-33.
172
Wenceslao Vega B., La Constitucin de Cdiz, pp. 33-44.
173
Vid. M Magdalena Guerrero Cano, Intervencin de los diputados dominicanos, p. 9.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 63
de jvenes honrados, que arrostrando las crceles, los destierros y toda la indig-
nacin del favorito y de los ministros, discutan libremente cuestiones muy
delicadas de moral y de poltica, raciocinaban sobre la libertad del ciudadano
y sobre la constitucin de las sociedades no crea yo, ni esperaba cuando en
el ao 1802 le en la Academia de Santa Brbara mi discurso sobre la esclavi-
tud de los negros, que en Espaa nueve aos despus llegara a reconocerse y
proclamarse la soberana del pueblo, origen fecundo de todos los derechos del
hombre en sociedadQu contraste entre los sublimes y patriticos discursos
pronunciados en las Cortes y las hediondas arengas de prostitucin y servi-
lidad que se desbordaban en la elocuencia de los cortesanos de Carlos IV! 174.
Despus de las proposiciones en punto muerto de Guridi y Argelles hubo
otras alusiones, como la del diputado chileno Joaqun Fernndez de Leiva, que
se haba quejado de que en la futura Constitucin la ciudadana se negara a los
libres originarios de frica, as como de las trabas que se les ponan para poderla
conseguir. Aclaraba que con ello no estaba planteando una igualdad jacobina,
sino una igualdad racional. Por ello, y como ejemplo de solucin, planteaba la
posibilidad de hacer con los negros lo que Carlos III haba hecho con los gita-
nos; es decir, declararlos hombres del estado llano y tiles a la Corona. Aunque
es cierto que, para ser ciudadanos de derecho, se les imponan algunas condi-
ciones que atacaban directamente su modo de vida. Aquello, deca el diputado,
era lo que tambin Carlos IV haba hecho con los expsitos175.
Vicente Terrero Monasterio, diputado por Cdiz, plante en septiembre
de 1811, al hablar de los negros de frica, que eran espaoles, aunque no se
les consideraba ciudadanos, y aada Qu plaga o constelacin infausta cobi-
ja al frica, que no cubre a la Europa, la Amrica y al Asia?, por eso mantena
que en su balanza no caba esa doctrina, haciendo todo un discurso a favor del
negro y sus descendientes Puede ser causa la esclavitud del padre de que los
hijos no gocen de los fueros del hombre? 176.
Precisamente en el ao en que se discuta este problema en las Cortes
de Cdiz, se pensaba en el envo a Cuba y Puerto Rico, el 22 de julio de
1811, de los negros que haba en Cdiz de las Tropas Auxiliares de Carlos
IV, que haban participado en los asuntos de Saint-Domingue. Es cierto que
haba detractores de aquella medida, porque tenan miedo de la influencia que
podan tener despus de haber vivido la libertad y conocer lo que suceda en
Cdiz; as el diputado cubano Juregui, que propuso como destino alternativo
para ellos las islas Baleares y las Canarias177.
Isidro de Antilln, Disertacin sobre el origen de la esclavitud, pp. III-IV.
174
175
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin del 6 de
septiembre de 1811.
176
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin de 5 de sep-
tiembre de 1811.
177
Jos Antonio Piqueras Arenas, Leales en poca de insurreccin, pp. 203-204.
64 jess paniagua prez
En los primeros das de 1812 el diputado por Guatemala, Larrazaval y Arri-
villaga, peda la libertad para todos los esclavos178, lo que no es de extraar, a
juzgar por el escrito de instrucciones que llevaba:
La degradacin de la especie humana; la mayor parte de los hombres
obscura y envilecida: las opinionesel hombre moral igualmente tiranizado
que el hombre fsico; multitud de groseras preocupaciones que forman de un
espaol un ente aislado; una sociedad dividida en opresores y oprimidos; y
stos pugnando por pasar a los otros, no con el objeto de mejorar la suerte
de sus hermanos, sino con el de tener el infame derecho de concurrir con
el dspota a violar la justicia, y apretar la cadena que arrastran unos mise-
rables esclavos, cuyas almas envilecidas, no teniendo otras ideas que las de
los objetos que los rodean, no han conocido otro gobierno, ni otros intereses
que los del tirano que los oprime: innumerables usurpaciones recibidas por
estos infelices como otros tantos derechos: unas leyes que sembrando delitos
producen delincuentes, y prohibiendo las acciones indiferentes, y aun vir-
tuosas dictadas por la razn y la naturaleza constituyen reo al individuo
ms activo y til a la sociedad.Un cdigo criminal, arbitrario, desnudo de
filosofa y de principios recibido en su mayor parte de los cdigos Romano y
Longobardo, y que se resiente de los vicios e ignorancias de estas naciones.
Una ciega y supersticiosa veneracin a todos los errores e inconsecuencias de
los tiempos ms brbaros y obscuros que el inters, el descuido, la ignorancia
o la malicia han conservado179.
En las Cortes tambin hubo diputados defensores del mantenimiento de
la esclavitud, sobre todo por cuestiones econmicas y de seguridad interna
de algunos territorios. Algunos de ellos, ms que defensores, prefirieron que
el tema no se tocase, como el mencionado Andrs Juregui. Tambin fue
llamativa la posicin del representante de Maracaibo, Jos Rus, solicitando la
introduccin de ms esclavos en su provincia, incluso pidi que se suprimie-
ra el pago de la alcabala por su compra180. El representante cubano Arango
y Parreo, que llegaba en 1813, traa una representacin de las fuerzas vivas
de La Habana con una dura crtica a lo que haban expresado en la legisla-
tura anterior Guridi y Argelles181; en aquella representacin se reconoca el
abuso del traslado de negros desde sus tierras africanas, pero se aclaraba que
la culpa de aquello la tuvieron los reyes que lo haban permitido, y que no
se poda suprimir repentinamente un fenmeno que haba durado 300 aos.
Lleg a decir que el da de su proposicin, Argelles estuvo adormeciendo
178
Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias Sesin de 10 de
enero de 1812.
179
Jos Mara Peinado, Instrucciones para la Constitucin Fundamental de la monar-
qua espaola, pp. 3-4.
180
Frdrique Langue: L representacin venezolana 30.
181
Francisco Arango y Parreo, Obras II, pp. 19-52.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 65
al Congreso con el humo filantrpico que adormeca sus sentidos182. Y deca
al respecto:
Ha probado el Sr. Argelles que nuestro trfico, nuestras plantaciones,
nuestra moralidad en esta parte, nuestras leyes interiores, y la suerte de
los esclavos entre nosotros es idntica a la de los ingleses? Indica siquiera
esos esenciales e indispensables puntos de comparacin? Pues, cmo pide
que se nos niegue la audiencia? Cmo, a la faz del mundo, estampa por
razn nica la de que el Congreso es libre para las mejoras de Amrica? y
haya podido olvidar que el Parlamento britnico jams ha pronunciado de
repente sobre los grandes intereses de sus provincias, jams ha hollado las
consideraciones que les son debidas, ni el primero de sus derechos, que es el
de ser odas, y odas con toda la pausa e impasibilidad inseparables de jueces
y legisladores183.
En pginas seguidas relata todo lo que sucedi en Inglaterra desde 1788,
aludiendo posteriormente a las ventajas econmicas que haba producido
la crisis de Saint-Domigue, pues se haba triplicado la produccin en Cuba,
donde a la sazn haba una gran escasez de mano de obra.
De aquellas discusiones de las Cortes se haba estado haciendo eco El
Espaol de Londres184, que previamente, en un artculo de 30 de julio de 1810,
haba criticado la historia de la esclavitud en Espaa. No es de extraar que
fuese ese peridico el que ms diese la batalla en ese sentido, alabando la
postura de Inglaterra de 1807, seguida por otros pases. Hasta tal punto quiso
afear la postura espaola, que en l se lleg a escribir, que para entonces el
comercio de esclavos solo se poda hacer bajo bandera espaola o portuguesa
y que incluso los lusos ya ponan algunas restricciones a aquel comercio185. El
mencionado peridico reprodujo toda una serie de artculos sobre la temtica
esclavista hasta 1813.
Entre tanto, en Espaa, el peridico que ms se preocup del tema fue
la Abeja Espaola, que en un artculo de diciembre de 2012, daba a conocer
todo un proyecto sobre la abolicin y el trfico, que llevaba por ttulo Medios
para precaver en las Amricas espaolas la insurreccin de los esclavos y las
horribles catstrofes que le seran consiguientes y pondran en el mayor peli-
gro la seguridad de aquella preciosa porcin de la monarqua. En realidad el
artculo pona de manifiesto, de alguna manera, el miedo existente con el pro-
blema de los esclavos en Cuba y Venezuela186. El autor no era otro que Esteban
Francisco Arango y Parreo, Obras II, p. 25.
182
Francisco Arango y Parreo, Obras II, pp. 26-27.
183
184
El Espaol , n 14, 30 de mayo de 1811
185
El Espaol , n 18, 30 de septiembre de 1811.
186
Abeja Espaola, n 106, de 26 de diciembre de 1812. El propio autor dice que al ao
siguiente dara la libertad a sus esclavos. El artculo continu el 28 y el 29 del mismo mes,
en que plantea todo lo relativa a la libertad de sus esclavos y las condiciones.
66 jess paniagua prez
Fernndez de Len, que haba sido intendente del ejrcito y superintendente
de rentas de la Capitana General de Caracas, entre 1793 y 1802, amn de ser
dueo de esclavos.
En la constitucin de 1812 se puso mucho inters en diferenciar entre
espaol, hombre libre, avecindado, liberto, etc., en el captulo II, en su artculo
5-1, se deca que eran espaoles Todos los hombres libres nacidos y avecinda-
dos en los dominios de las Espaas; y los hijos de stos; aadiendo en el 5-4,
que los libertos lo eran desde que adquiran la libertad en las Espaas. Pero lo
anterior no implicaba la ciudadana, porque para ella era esencial el concepto
de libertad y el ser hijos de padres libres. En el Ttulo II, Captulo IV, artculo
22 se deca:
A los espaoles que por cualquiera lnea son habidos y reputados por
originarios del frica, les queda abierta la puerta de la virtud y del mere-
cimiento para ser ciudadanos: en su consecuencia las Cortes concedern
carta de ciudadano a los que hicieren servicios calificados a la Patria, o a
los que se distingan por su talento, aplicacin y conducta, con la condicin
de que sean hijos de legtimo matrimonio de padres ingenuos; de que estn
casados con mujer ingenua, y avecindados en los dominios de las Espaas,
y de que ejerzan alguna profesin, oficio o industria til con un capital
propio.
Lo cierto es que ese artculo 22 contradeca otros, como lo hicieron ver
algunos diputados mexicanos durante las sesiones de discusin, al excluir a
las castas de los derechos inherentes a la ciudadana espaola, segn el texto
del Artculo 22, se elimina del censo electoral al grupo que posiblemente fuese
el ms numeroso de Amrica187. Aquella lucha por las castas no logr vencer
las reticencias de los afectados. Nos dice Varela que en Cuba los negros y
mulatos acogieron con frialdad la Constitucin, puesto que esta debera ser
sinnimo de libertad e igualdad y a estos trminos repugnan los de esclavitud
y desigualdad de derechos188.
A niveles internos, tras el regreso de Fernando VII y la abolicin de la
constitucin el 4 de mayo de 1814, las cosas se pusieron difciles para los abo-
licionistas liberales. Isidoro de Antilln, que ya haba sido agredido en Cdiz
por tres asesinos al salir de las Cortes, logr salvar su vida y retirarse a la loca-
lidad de Mora de Rubielos (Teruel). Pero su retiro no le libr de la persecucin
en el sexenio absolutista y, condenado a muerte, cuando era trasladado de la
mencionada localidad a Zaragoza para ser ejecutado, mora en el camino el 1
de julio de 1814, en su lugar natal de Santa Eulalia, debido a su delicado estado
de salud, despus de la agresin a la que hicimos mencin. Cuando Espaa
fue invadida por los Cien mil hijos de San Luis, en 1823, para restablecer el
187
David T. Garza, Criterio Constitucional Mexicano, pp. 51-65.
188
Flix Varela y Morales, Obras II, p. 119.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 67
absolutismo y dar inicio a la llamada dcada ominosa, las fuerzas realistas
desenterraron y quemaron el cadver de aquel hombre, lanzando las cenizas
al viento189.
Si aquella fue la suerte de Antilln, tras la llegada de Fernando VII, otros des-
tacados abolicionistas tambin sufrieron las consecuencias de la nueva poca.
Argelles pasara a Ceuta como prisionero. Otros ya haban tomado el camino
de exilio con anterioridad, como Jos Mara Blanco White, que desde 1810 se
haba asentado en Inglaterra, donde morira en Liverpool, en 1841, despus de
renunciar a su condicin de sacerdote catlico por la de anglicano y dirigiendo
el mencionado peridico El Espaol de Londres, que se haba hecho eco de las
discusiones sobre la esclavitud en la Cortes de Cdiz. Sus escritos fueron prohi-
bidos en Espaa, pero en 1814 publicaba en Londres su Bosquexo del comercio
de esclavos y reflexiones sobre este trfico considerado moral, poltica y cris-
tianamente. Lo cierto es que el inters de las discusiones en las Cortes haba
interesado en el exterior, pues en 1814 se reproducan traducidas al francs190.
Antes del Congreso de Viena (octubre 1814-junio 1815) las autoridades
espaolas mostraban preocupacin por el problema del trfico de esclavos,
sobre todo por el incremento que se haba producido en la isla de Cuba,
donde el ao anterior, por ejemplo, el ministro de hacienda enviaba una real
orden reservada al virrey de Buenos Aires para que se informase de cmo
poda suplirse la falta de negros esclavos en caso de suspenderse el comercio
y si convena, incluso, la abolicin de la esclavitud; aunque en la misma se
deca que sobre el asunto se quera or a las provincias de Ultramar191. Tras ese
Congreso, donde hubo un comit para tratar el comercio de esclavos, Ingla-
terra forzaba a Espaa a abolir el trfico, aunque ni Espaa ni Portugal acep-
taron tal amenaza y hubo toda una serie de negociaciones que no acabaron
en nada concreto, pues la representacin espaola alegaba que la abolicin
del trfico favoreca a las colonias inglesas, que ya estaban mejor abastecidas
que las espaolas. En 1815 su embajador en Madrid, Henry Wellesley, insista
ante don Pedro Cevallos en su mediacin para conseguir de las provincias
americanas la abolicin del comercio192. Por fin se llegara a un acuerdo el 23
de septiembre de 1817, por el que Espaa adquira el compromiso de llevar a
cabo el proyecto a partir de 1820. Para vigilar aquel comercio ilegal se forma-
ron dos comisiones mixtas; la una en La Habana y la otra en Sierra Leona193,
que comenzaron a funcionar en 1819, controlando los barcos sospechosos de
trfico. Previo a esto, se plante que los hacendados necesitados de mano de
Sobre sus ltimos das puede verse Jos Navarro Latorre, Prisin y muerte, pp.
189
107-149.
190
Recueil de diverses pices , obra en la que se recoge documentacin relativa a
Cuba entre las pp. 20-167.
191
AGI, Estado 82, N. 98.
192
AGI, Estado 88, N.32
193
Arturo Arnalte Barrera El tribunal mixto anglo-espaol, pp. 197-214.
68 jess paniagua prez
obra fueran precavindose y que se abastecieran principalmente de mujeres.
Por tanto, 1820 sera el ao en el que quedaba abolida la trata legal en Espaa,
pero se mantuvo la ilegal, sobre todo por la demanda de esclavos en Cuba,
cuyo Consulado, en 1818, acusaba a los britnicos de lo que suceda en Brasil,
donde eran ellos los que estaban desarrollando los productos tropicales, que
se cultivaban con mano de obra esclava194.
Espaa firmara otro tratado con los britnicos, en 1835, que permita a su
marina detener barcos negreros en alta mar.
Poco resultado dieron aquellas colaboraciones con Inglaterra, pues en la
primera mitad del siglo XIX la cifra de importacin de negros apenas vari,
llegndose a superar la cantidad de los importados en la dcada de 1820-1830,
especialmente con destino a Brasil y Cuba. Pero aquello no era exclusivo de
los pases ibricos, pues Dinamarca haba abolido la trata en 1802 y los negros
siguieron entrando en sus posesiones por miles y lo mismo suceda en las colo-
nias francesas de Guadalupe, Martinica y Guayana, a pesar de haber abolido
el comercio esclavista en 1814.
III. ALGO DE HISTORIA DE LA REVOLUCIN
El tratado de Ryswick (1697) consolid la apropiacin francesa de la parte
Occidental de la isla de Santo Domigo, que pasara a denominarse como Saint-
Domingue, para irse convirtiendo en la colonia ms productiva de la corona
gala, en funcin de la exportacin, principalmente de azcar. La produccin se
organizaba en torno a la gran propiedad que suponan las plantaciones. Otros
productos que tambin adquirieron importancia fueron el caf, el ndigo y el
ail. As, en vsperas de la Revolucin Haitiana haba en la isla 792 ingenios,
que procesaban la caa de 74.323 hectreas y 8.512 plantaciones195. En 1788-
1789 aquellos ingenios exportaron 140 millones de libras, es decir, ms del
50% de la produccin comercializada mundial de azcar196. Como consecuen-
cia de aquella productividad, el comercio exterior se valoraba en 42.000.000 $,
por lo que sobrepasaba al de los propios Estados Unidos, con su inmensidad
territorial197.
Todo ello haca que la economa francesa, en buena medida, fuese depen-
diente en su propio desarrollo de la dominicana, que le generaba grandes
ganancias, pues el puerto de Burdeos controlaba el comercio azucarero y el de
Nantes el de los esclavos, que abastecan a la isla. Para comprender aquel volu-
men comercial valga un ejemplo del ao 1791, en que la mitad de los barcos
194
Lo reproduce Juan Bernado OGavan, Observaciones, p. 16.
195
Emilio Cordero Michel, La Revolucin Haitiana, pp. 17-19.
196
Franois Blancpain La colonie franaise de Saint-Domingue, p. 65.
197
Emilio Cordero Michel, La Revolucin Haitiana, p. 22.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 69
que entraron o salieron de La Rochelle, puerto a medio camino entre Burdeos
y Nantes, tenan Saint-Domingue como destino198. Sin embargo, el centralismo
comercial francs favoreca el contrabando y provocaba el descontento de los
productores coloniales, que abogaron siempre por tener una mayor autono-
ma. Igualmente, aquel podero econmico era al mismo tiempo una amenaza,
en la medida que tocaba los intereses de otras potencias, especialmente de
Inglaterra y de su colonia de Jamaica.
Administrativamente, el Saint-Domingue francs se divida en las pro-
vincias del Norte, Oeste y Sur y sus destinos eran regidos por un gobernador
general, que tena adems el mando sobre un ejrcito de 3.000 efectivos, amn
de las correspondientes milicias. Existan tambin un intendente y un consejo
soberano de doce colonos.
La poblacin total de Saint-Dominguue, segn datos de Marbois, en 1789
era de 509.642 habitantes, de los que 35.440 eran blancos, de ellos 24.660
varones; otros 26.666 eran gentes libres de color, de los que 14.602 eran hom-
bres; el resto, de ms de 400.000 almas lo formaba el grupo muy mayoritario
de esclavos199. Pluchon, que nos ofrece la estadstica de una poca cercana
a los sucesos de Bois-Caman, da unas cifras muy parecidas, pues menciona
que Saint-Domingue tena 434.429 esclavos; 24.848 personas libres de color y
30.826 blancos200.
El incremento de poblacin esclava se aprecia en que, segn el men-
cionado Pluchon, en 1681 el nmero de esclavos era de 4.336, frente a 210
personas libres de color y 4.336 blancos201. En 1764 el nmero de esclavos ya
estaba en torno a las 200.000 almas, la mitad de los que haba en vsperas del
alzamiento. Otros autores plantean que la poblacin esclava por los aos de
la Revolucin deba ser superior al medio milln, de los que dos tercios eran
nacidos en frica, lo que implicaba, amn de un peligro, por los motivos
que veremos, una gran influencia cultural, que se aprecia en el creole o en el
culto vud, verdaderos vnculos de unin de una poblacin que no siempre
hablaba la misma lengua ni tena las mismas costumbres en sus lugares de
origen.
Los sucesos a partir de 1791 alteraron sustancialmente la demografa de
la colonia francesa, pues a mediados de 1804, tras la independencia, casi no
quedaban blancos en el territorio. Las represiones les haba obligado a salir
con otros destinos; as unos 9.000 se refugiaron en Cuba (hasta la ocupacin
napolenica de la Pennsula), y de forma ms espordica en Venezuela y en
Estados Unidos, particularmente en Nueva Orleans a partir del ao 1793, muy
Jacques de Cauna, Au temps des isles, p. 19.
198
Philippe Garran de Coulon (ed.), Rapport I, pp. 15-19. Estas cifras, aunque redon-
199
deadas, son casi las mismas que nos da el barn de Vastey, Essai, pp. 3-4.
200
Pierre Pluchon, Vaudou Sorciers, p. 307
201
Pierre Pluchon, Vaudou Sorciers, p. 307
70 jess paniagua prez
a menudo con escala previa en Cuba. Pero el destino inicial preferido, aunque
solo fuese como trampoln hacia otros lugares, fue la parte espaola de la isla,
a pesar de las restricciones impuestas por la legislacin espaola202.
La situacin poblacional y las condiciones de esclavitud no dejaban de
ser ms que un peligro anunciado, que se aada a las corrientes mesinicas
que circulaban por el mundo americano, a veces generadas en Europa. El
abate Raynal, en su Histoire philosophique et politique, de 1770, mencionaba
la llegada de un Espartaco negro, que poda cambiar el Codigo negro por un
Codigo blanco, en que se hiciese pagar a los esclavistas sus injusticias203. En
1771 Louis Sbastien Mercier propona la idea de un vengador en el Nuevo
Mundo en su famosa novela, LAn 2440, publicada sucesivamente en 1771,
1786 y 1798, donde se relata la aparicin de dos reinos en Amrica y un negro
vengador del mundo, el Espartaco Negro, que hara que la sangre de Mocte-
zuma volviera a ocupar el trono204. Ese Espartaco tambin estara en la mente
de Toussaint205. Precisamente un secretario de Dessalines escribir casi un
tratado contra la esclavitud, diciendo que muchos franceses, apoyados por
los colonos, aun pensaban en ella como algo positivo, fundamentndose en
que ya la practicaban griegos y romanos, aunque aclara que se olvidan de
mencionar a Espartaco y otros hroes. Ese mismo autor, en aquella oposicin
a la institucin esclavista lleg incluso a dar razones teolgicas, pues, si todos
somos iguales ante Dios, es porque no cre una raza superior con derecho a
dominar a los dems206.
Al margen de las teoras ms o menos fantasiosas que pudieron circular,
una de las cosas ms interesantes de la Revolucin de Hait es que las ideas
filantrpicas del Viejo Mundo no tuvieron tanto que ver con ella, ms all de la
teora, pues lo que se consigui fue sobre todo con el esfuerzo de los propios
haitianos. Por ello, adems de las ideas libertaras, mejor o peor concebidas,
hay que tener muy en cuenta otros aspectos de la propia cultura afroamerica-
na. Valga como ejemplo el vud, que les permiti mantener vnculos con sus
races y bajo cuya influencia plantearon su libertad. En ese sentido el antrop-
logo haitiano Lannec Hurbon trat de probarnos que ese vud, a lo largo del
periodo colonial, desempe un papel clave en la organizacin en secreto de
la resistencia207.
Aunque hemos mencionado a los esclavos, socialmente las diferentes
razas no formaban una unidad. Entre los blancos, por un lado, estaban los
llamados grand blancs, compuestos por la elite de mercaderes y plantadores,
202
Alejandro Gmez Perna, Le syndrome de Saint-Domingue, pp. 85 y ss.
203
Guillaume-Thomas Raynal, Histoire philosophique IV, L. XI, cc. XXIII-XXXI.
204
Louis Sbastien Mercier, An 2440, pp. 384-386.
205
Grouvel, J.: Faits historiques, pp. 21-22.
206
Juste Chanlatte, Histoire de la catastrophe, pp. 7 y ss.
207
Lannec Hurbon, Dieu, p. 159.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 71
que en general tenan su origen en estratos bajos de la sociedad, que haban
logrado prosperar y que llevaban una vida de grandes lujos, incluso algunos
de ellos como absentistas en Francia. De ellos tambin formaban parte los
altos funcionarios y militares de rango superior. Por otro lado, estaban los
petit blancs, que tenan ocupaciones relacionadas con los oficios mecnicos
y administrativos. Muchos de ellos haban llegado tras la Guerra de los Siete
Aos (1756-1763), incluso podan ser desertores del ejrcito o perseguidos por
la justicia en Francia. Su aspiracin era convertirse en plantadores y acceder al
estatus de los grand blancs. Durante las dcadas de los sesenta y los setenta,
por su situacin, social y econmicamente fueron competidores con las gentes
libres de color.
Los blancos, perteneciesen al estrato que fuese, siempre quisieron hacer
valer su primaca y evidenciarla ante la poblacin negra, especialmente ante
los esclavos. El abate Grgoire, por ejemplo, nos mencionaba algunas de las
barbaridades y vejaciones que los de aquella raza hacan con sus esclavos, a
pesar de la presuncin que tenan de s mismos como seres civilizados y cris-
tianos. Recuerda el autor como en el mismo ao 1791 el gobernador de Saint-
Domingue, el marqus de Chilleau, en la distribucin de las cintas tricolores
del 14 de julio, se las entreg tan solo a los dragones blancos, dejando de lado
a los dems208. Tambin es cierto que los malos tratos y vejaciones se vieron
ms limitados tras la Revolucin Francesa, pues se tuvo temor a las consecuen-
cias que podan originar las medidas coercitivas y los castigos corporales209.
Las gentes libres de color o affranchis eran unos 30.000, con dedicaciones
muy variadas. Incluso podan ser propietarios de esclavos, aunque no gozaban
de los derechos civiles de los blancos. Reclamaban las prerrogativas que les
ofreca el Cdigo negro (1685) y que nunca se les haban reconocido del todo
en la prctica. Incluso tras la mencionada guerra de los Siete Aos se les fueron
eliminando algunos derechos adquiridos. Sus reivindicaciones fueron bien
acogidas por los liberales de la metrpoli, especialmente tras la Revolucin, a
la que por lo general fueron adeptos. El barn de Vastey nos dice que en todos
esos grupos se haba generado un espritu de egosmo, orgullo y vanidad, que
actuaban como base del sistema colonial210, pues no en vano posean la tercera
parte de la riqueza y una cuarta parte de los esclavos211, e incluso enviaban a
sus hijos a formarse en Francia.
Era evidente que, con aquella economa y con aquella sociedad, la inde-
pendencia de los Estados Unidos y la Revolucin de su propia metrpoli cau-
saran un gran impacto, especialmente en los que podamos denominar como
privilegiados negros y sus variantes raciales; en unos por conseguir su libertad
208
Henri Gregoire De la traite et de lesclavage, pp. 9-10
209
Jean Fouchard, Les marrons de la libert, p. 511.
210
Vastey (Barn de de): Essai, p. 4.
211
James Leyburn, Pueblo haitiano, pp. 28 y ss.
72 jess paniagua prez
y en otros por conseguir ms poder e igualdad con respecto de los metropo-
litanos.
Pero adems de todo lo dicho, para abordar el problema de la inde-
pendencia de Hait y la libertad de los esclavos hay que tener en cuenta un
fenmeno muy peculiar que afect a la poblacin esclava de las colonias,
como era en cimarronaje. Muchos esclavos de Saint-Domingue haban sido
capturados como hombres libres en frica, por lo que en ellos siempre lati
la idea de la libertad perdida, que incluso transmitan a los esclavos criollos.
Algunos la buscaron por medio del cimarronaje, sin excluir otros mtodos,
incluso el de inmolarse para que su alma regresara a frica212. Aquel fen-
meno era el antecedente ms directo, en cuanto a forma, de aquel proceso
haitiano, pues de alguna manera sirvi como experiencia de lucha contra la
opresin. Tradicionalmente los cimarrones, apartados de las reas de con-
trol efectivo de los blancos, se solan organizar en grupos de no ms de 100
hombres, que se medan con los europeos, acompandoles siempre un
sentimiento de miedo213.
De aquellos cimarrones, ya en el siglo XVIII, destacaron en Saint-Domin-
gue varias revueltas, a las que haremos una breve mencin. La de Colas-
Jambes-Coupes, en 1723, ejecutado en Bois-de-Lance en junio de 1724. La
de Plymouth, originario de las Antillas inglesas, en Grand-Anse, que sera
asesinado en 1730. Las revueltas cimarronas tendieron a desplazarse poste-
riormente al territorio entre Le Cap y la frontera del Santo Domingo espa-
ol; as, Polydor, en 1734, actuara con gran crueldad en Le Trou, hasta ser
traicionado por un esclavo; y con tanta o mayor crueldad actuara Chocolat,
poco tiempo despus. En 1747 destac en aquellas revueltas Pompe y diez
aos ms tarde Mdor. Se mencionaba tambin a un tal Toussaint, jefe de una
banda de cimarrones acantonada en la Montaa Negra, contra la que tuvo
que luchar el autor Milscent, antes de 1774214. Entre 1774-1775 se destac la
banda de Nol, que sembr el terror en el entorno de Fort-Dauphin; y des-
pus lo haran Telemaque, Conga, lsaac y Phyrus Candide. Casi todos ellos
raptaban mujeres de su raza para formar familias de negros libres. En 1785
se movilizaron Santiague, Philipe y Kbinda en Bohoruco; En 1786 sera el
mestizo Jrme, en Marmelade, que anunciaba ya la independencia a sus
seguidores. En 1787 Yaya, apodo de Gillot, desarrollaba su actividad en Le
Trou215.
212
Pierre Luc-Joseph, Vodou, p. 55.
213
Luz Mara Martnez Montiel, Culturas afrohispanas, p. 79.
214
Claude Milscent, Sur les troubles de Saint-Domingue,pp. 7-8.
215
Claude Milscent, Sur les troubles de Saint-Domingue Louis-lie Moreau de
Saint-Mry, Description, p. 175. Jean Fouchard, Les marrons de la libert, pp. 455-456.
Richard Price, Sociedades cimarronas, p. 103. Laurent Dubois, Avengers, pp. 50-55.
Pierre Luc-Joseph, Vodou, p. 55.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 73
Pero de todos aquellos cimarrones destacar para la historia la figura de
Franois Mackandal (1704-1758), que se ha hecho un gran hueco en la litera-
tura contempornea216, incluso en la historia de los pases hispnicos, como
Colombia, donde Germn Arciniegas lleg a decir con un toque potico:
El negro Mackandal tram una vez una revuelta. Era un orador estu-
pendo. Hablaba con el diablo. En los montes se oa sonar el tambor del vud,
a la luz de las antorchas bailaban las negras incesantes217.
Sin duda, ha sido el modelo de cimarrn del siglo XVIII, que supo utilizar
el veneno con varios amos y practicaba, como otros muchos esclavos, el vud.
Su idea era expulsar y/o exterminar a los blancos de la isla y su figura se con-
virti en un mito, que se rode de misterio por sus supuestas cualidades para
convertirse en animal. En su ltima captura fue condenado a morir quemado
en Le Cap el 20 de enero de 1758218.
Aunque muchos cimarrones colaboraron en el proceso independentista
de Hait, no por ellos se fren el fenmeno, pues los gobiernos de Dessalines o
Christophe no alteraron demasiado las condiciones de vida de los trabajadores
negros, que ahora, sin ser esclavos, se vean atados a la tierra en servidumbre,
bajo regmenes militares, siendo excluidos de la participacin voluntaria en la
vida econmica, poltica y cultural. Como consecuencia renaci el cimarronaje
y lo que se ha conocido como la paysannerie hatienne219, causa de aque-
llas diferencias entre los de la misma raza, que llegaron a ser defendidas por
autores como Ardouin220. Uno de los mejores ejemplos de rebelin cimarrona
postindepedentista fue el liderado por Goman, que en 1807 cre en el Sur una
especie de repblica independiente de campesinos armados, en Grand-Anse,
con capital en Jrmie, haciendo entradas de rapia en los lugares circundan-
tes y logrando mantenerse hasta 1819, en que Boyer envi todas sus fuerzas y
arras el territorio para acabar con ellos221.
Como dijimos, la Revolucin de Hait, a la que algn autor ha denominado
como el 1789 de la raza negra222, aunque es un proceso esencialmente de los
haitianos, no por ello se puede aislar de otras causas externas, esencialmente
de las revoluciones de los Estados Unidos y Francia.
Respecto de la independencia de Estados Unidos debemos recordar que,
en 1779, Saint-Domingue se convirti en la base de las operaciones del almi-
216
Especialmente famoso por haber sido llevado a la literatura por Alejo Carpentier en
su obra El Reino de este mundo.
217
German Arcinegas, Biografa del caribe, p. 290.
218
Jos Luciano Franco , Historia de la Revolucin de Hait, pp. 170-171.
219
Franois Blancpain, La condition des Paysans, pp. 176-177. Sobre este tema pue-
den verse Paul Moral, Le paysan Hatien Ricardo Parvex, Lesclavage, pp. 231-232.
220
Beaubrun Ardouin, tudesV, p. 60.
221
Henri Castonnet des Fosss, La perte dune colonie, p. 361.
222
Franois Dalencour, Alexandre Ption devant lhumanit, p. 57.
74 jess paniagua prez
rante DEstaign para el ataque contra los ingleses de Savanah, en el que se
alistaron en torno a 600-1500 mulatos y negros, entre ellos algunos de los que
luego veremos actuando en la Revolucin Haitiana. Aquella ayuda a la nueva
nacin norteamericana, sin duda, tuvo su efecto en la bsqueda de la libertad
e independencia, hasta el punto que algn historiador ha dicho que los negros
de las Antillas, que lucharon en aquella batalla, seran los futuros conductores
de la libertad en sus lugares de origen223.
Pero, sin duda, como colonia francesa que era, la influencia iba a soplar
ms de aquellas latitudes metropolitanas. La convocatoria de los Estados
Generales para el 5 de mayo de 1789 provocara algunos cambios o deseos de
cambio en la vieja colonia caribea, ya que los negros y mulatos propietarios
aspiraron a obtener la igualdad poltica y social de la que carecan. Ello no
supona que fuesen partidarios de la abolicin de la esclavitud, pues muchos
eran propietarios de gentes de su propia raza. Adems, aquello no solo pareca
satisfacer a los negros y mulatos libres, sino que tambin los blancos pobres
vieron en la nueva situacin metropolitana una posibilidad para mejorar su
situacin. Igualmente los ricos propietarios blancos tenan puestas sus espe-
ranzas en obtener algunas concesiones, especialmente de autonoma, ya que
achacaban que muchos de sus males se los deban a la metrpoli, sobre todo,
tras la guerra de los Siete Aos, en que se les haba obligado a pagar por el
mantenimiento de la defensa de las costas. Esos grand blancs fueron partida-
rios de algunas asociaciones que defendan sus intereses en la metrpoli, entre
las que destacaba el Club Massiac, al que se haban incorporado muchos de los
delegados blancos que llegaron desde la isla a la Asamblea Constituyente, con-
vocada en 1788224. Ese grupo de plantadores presentara a Luis XVI, en 1789, el
famoso Cahier de dolances de la colonie de Saint-Domingue, prsenter au
Roy dans lAssemble des Etats-Gnraux de la Nation, par MM. Les dputs
de cette colonie. Entre sus pretensiones estaban una mayor autonoma de la
isla, la abolicin del monopolio y, como era lgico, evitar toda modificacin
del Cdigo negro. Lo cierto es que llegaron a conseguir la concesin de una
Asamblea, en 1793, controlada por el gobernador.
El 9 de julio de 1789 en Francia se proclamaba la Asamblea Constituyen-
te, que aprobara la declaracin de los derechos del hombre y del ciudadano,
por la que se consideraba que todos eran iguales ante la ley y que nacan
libres e iguales en derechos. El 11 de enero del ao siguiente los miembros
de la Diputacin de Saint-Domingue manifestaban su desconcierto por aque-
lla declaracin, pues se mencionaba la igualdad absoluta225. Los esclavos
223
Theophilus Gould Steward, How the Black St. Domingo, p. 14.
224
Sobre el Club Massiac puede verse Lucien Leclerc, La Politique et linfluence,
pp. 342-363. Gabriel Debien, Les Colons de Saint-Domingue Dborah Libart, Un groupe
de pression
225
La Rvolution franaise, p. 25.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 75
tambin vieron en aquellos acontecimientos y declaraciones la posibilidad
de abandonar su condicin y ello no solo en Saint-Domingue, sino en toda
Amrica, pues la declaracin de derechos se extendi como la plvora, hasta
el punto que, en Santaf de Bogot, Antonio Nario hizo una traduccin que
se public clandestinamente en su propia imprenta, en 1794.
La declaracin de derechos en Francia cre un clima de gran inseguri-
dad para los blancos de las colonias, por lo que muchas familias huyeron
ya entonces de Saint-Domingue a la zona espaola, llevando consigo a sus
esclavos. Entre los que se quedaron se produjo una disociacin entre los
grandes y los pequeos blancos, pues estos ltimos no eran partidarios de
ningn trato con los mulatos y negros; as, a ellos se les ha culpado del asesi-
nato del abogado blanco Ferrand de Baudires, porque elabor un informe,
en el que los negros y mulatos de Petit-Gove pedan que se les permitiera
nombrar diputados para representarlos en la Asamblea Provincial del Oeste,
sin ni siquiera solicitar igualdad de derechos. Pero lo cierto es que los petit
blancs se irritaron y quisieron saber quin era el redactor de aquel escrito,
al que le cost la vida, en noviembre de 1789. Luego seran otros las vcti-
mas, como en mulato Lacombe, en Le Cap, por reclamar la aplicacin de los
derechos del hombre y el ciudadano. Tambin el anciano Labadie por tener
una copia del escrito de Baudires, aunque el mencionado anciano era uno
de los defensores de las actuaciones moderadas de mulatos y negros. Los
excesos contra los hombres de color y sus defensores iban en aumento por
parte de algunos blancos de la isla, alimentados desde Francia por el citado
Club Massiac226.
Era obvio que aquella declaracin de derechos no haba sido del gusto
de los esclavistas blancos de las colonias francesas, pues no queran que,
quien no fuese de su raza, participase en las decisiones de aquellos territo-
rios, como tampoco deseaban la libertad de los esclavos. A pesar de todos los
intentos que se hicieron, el 8 de marzo de 1790, la Asamblea Constituyente
daba voto a los mulatos propietarios de Saint-Domingue. La decisin se mati-
zara ese mismo da y el 28 del mismo mes, estableciendo que la igualdad de
derechos era para los hombres libres, aunque en el caso de negros y mulatos
en esa condicin eran las autoridades coloniales las que deban interpretar
las cosas.
La situacin se iba haciendo cada vez ms alarmante, pues fueron apare-
ciendo asambleas provinciales en Le Cap y Les Cayes, as como un Comit Pro-
vincial en Port-au-Prince, mientras en otras parroquias se creaban comits para
representar a las comunas; hasta las milicias se convertan en tropas patriticas.
Lo cierto es que los blancos no estaban dispuestos a aceptar aquella igual-
Beaubrun Ardouin, tudes I, pp. 115-116. Jean Philippe Garran de Coulon (ed.),
226
Rapport I, pp. 109 y ss.
76 jess paniagua prez
dad, llegando a una ruptura con las autoridades coloniales y creando una
Asamblea Colonial, con sede en Saint-Marc, el 25 de marzo de 1790, que se
denomin como Asamblea General de la Parte Francesa de Saint-Domingue,
reconocida de inmediato por el gobernador Peynier y donde se trat de ela-
borar un borrador de constitucin, que tena muy en cuenta que a las gentes
de color no se les poda considerar personas jurdicas; se llegara a expresar
en ella el deseo de exterminio de los mulatos o al menos deportarlos a la isla
de Asuncin, cerca de las del Prncipe, en Guinea, donde se les daran tiles
de labranza y vveres para un ao, y se peda de manera socarrona que se
nombrara como su alcalde a Brissot y por obispo al abate Grgoire227. Aquella
Asamblea de Saint-Marc abri los puertos a otras potencias y crearon para la
defensa los llamados pompons rouges. Frente a ellos surgi otra asamblea,
que centraba su fuerza esencialmente en Le Cap y que formaron los pompons
blancs, que se convertiran en los triunfadores de aquellas dos facciones
enfrentadas de blancos.
Los mulatos, por su parte, tambin trataron de llevar a cabo su experimen-
to de igualdad, que negociara en Francia Vincent Og, fundador en Pars de
la Socit des Colons Amricains. Este, lo mismo que antes Julin Raimond,
haba buscado un acercamiento al Club Massiac, que fracas228, por lo que
luego optaron por un acercamiento ms fructfero a la Societ des Amies des
Noirs, fundada en 1789 por Jacques Pierre Brissot, despus de una estancia en
Estados Unidos229. A esa sociedad perteneceran Sonthonax y Jrme Ption.
Su reglamento se iniciaba diciendo que La bandera de la libertad ondea sobre
todas las plantaciones de nuestras colonias; y en el artculo primero expresaba
que su fin era la abolicin de la esclavitud230.
Esta sociedad apoyara las proposiciones del mencionado Vincent Og y
del abogado tambin mulato y gran propietario de esclavos, Julien Raimond,
ante la Asamblea Constituyente, donde fueron rechazados como diputados.
Og defendi en ella la libertad de todos los hombres, aunque su proposi-
cin era que aquel reconocimiento se fuese haciendo de forma paulatina. Era
consciente de que el igualitarismo de la Revolucin Francesa no convena a
los hacendados blancos de las colonias, ya que afectaba a la situacin de sus
esclavos y a la trata de los mismos, as como a la produccin de azcar que,
por motivos del monopolio, deba ser refinada en Francia; de ah la posicin
un tanto moderada que tuvo en sus peticiones.
227
Aim Csaire, Toussaintt Louverture, pp. 203-204.
228
Ver del desarrollo de este acercamiento en Gabriel Debien, Gens de couleur ,
pp. 227-232.
229
Ese mismo ao el autor publicaba la Mmoire sur les Noirs Tambin se publicaba
el reglamento de la Sociedad, Rglement de la Socit
230
Rglement de la Socit, pp. 3 y 5.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 77
Lo cierto es que los mulatos, al tiempo que defendan sus intereses en
Pars, tambin iban a actuar en la isla y pusieron su centro de accin en Mire-
balais. All lleg Vincent Og, en 1790, despus de sus negociaciones en Fran-
cia, protegido por los Estados Unidos y los abolicionistas ingleses y franceses,
pidiendo el reconocimiento de los derechos civiles de los mulatos y negros
libres. En aquellos intentos se le unira el tambin mulato Jean Chavannes, y
juntos presionaron al gobernador conde de Peynier, para que aplicara lo dic-
taminado por las autoridades revolucionarias francesas sobre la igualdad, el 8
de marzo de 1790. Como sus intentos fracasaron, puesto que la concesin de
igualdad se haba dejado al arbitrio de las autoridades coloniales, se produjo
un levantamiento en septiembre, que tuvo poco xito, ante la reaccin de los
blancos y de las autoridades. Aquellos lderes se vieron entonces obligados a
huir con los suyos a la parte espaola de la isla, donde esperaron encontrar
ayuda. Pero Espaa, nada favorable entonces a la situacin poltica de Fran-
cia, tampoco quera enfrentarse al gobierno revolucionario, y el gobernador
Joaqun Garca los devolvi a las autoridades de Saint-Domingue, teniendo
un trgico fin el 21 de febrero de 1791231. La entrega se haba realizado en
contra de la opinin del asesor de la capitana general y abogado del Consejo,
Vicente Antonio de Faura, que alegaba la invalidez del tratado de extradicin
existente entre Espaa y Francia, en la medida en que en el pas vecino, con la
Revolucin, se haba pasado a primar el concepto de soberana nacional frente
a soberana del rey, que primaba en Espaa232.
Tras aquellos sucesos surgieron otros lderes mulatos como Louis-Jacques
Beauvais, Andr Rigaud y Jean Pierre Lambert en el sur; y en el Oeste Pierre
Pinchinat. Todos ellos formaron el Consejo de Representantes de la Comuna,
exigiendo y consiguiendo de la Asamblea Nacional Constituyente que, por un
decreto de 15 de mayo de 1791, se diese la igualdad poltica a los mulatos y a
los negros nacidos de padres libres, en lo que haba tenido mucho que ver otro
mulato que ya vimos actuando en Francia junto a Og, Julien Raimond233. Este
haba sido un gran activista en Francia a favor de la libertad y por la represen-
tacin de las gentes de color en la Asamblea Nacional234. Como consecuencia
de aquella concesin los mulatos se reuniran el 7 de agosto de 1791 en la igle-
231
De Vincent Og se conserva un grabado en el Archivo General de Indias. AGI,
Estampas 30.
232
Carlos Federico Prez Prez, El pensamiento y la accin, pp. 33-34.
233
Sobre Julien Raimond puede consultarse Mercer Cook, Julien Raimond, pp. 139-
170. Jacques de Cauna, Leldorado des Aquitains, pp. 188-198 y 384-397. Del mismo autor
Julien Raimond, un quarteron, pp.125-135. Yvonne Eileen Fabella, An enlightened
revolutionary Garrigus John D.: Opportunist or Patriot?, pp. 1-21. Posteriormente, este
mismo hombre form parte del comit que elabor en Saint-Domingue la llamada Consti-
tucin de 1801, de Toussaint Louverture, muriendo poco tiempo despus.
234
Raimond, Julien: Rclamations adresses lAssemble, especialmente pp. 6 y 7.
78 jess paniagua prez
sia de Mirebalais para nombrar miembros al Consejo y firmar un acta, segn
la cual permaneceran unidos hasta conseguir sus pretensiones. El da 21 del
mismo mes se constituan en fuerza armada, cerca de Port-au-Prince, en La
Charbonnire, eligiendo como sus jefes a Beauvais y Rigaud. Acto seguido el
Consejo elabor una carta con las reivindicaciones de los hombres de color,
que se envi al gobernador Blanchelande. El da 22, este declar ilegal aque-
lla Asamblea y peda tranquilidad, as como respeto y admiracin hacia los
blancos, a los que deban su libertad y su fortuna. Los mulatos respondieron
armndose y estableciendo como lugar de resistencia Croix-des-Bouquets.
Como consecuencia, el 7 de septiembre de 1791, se formaba el llamado Primer
Concordato, por el que los mulatos deban estar por encima de los blancos o
de lo contrario provocaran una guerra civil. Despus exigieron un Segundo
Concordato en que se revitalizara la memoria de Ogg y Chavannes, propo-
niendo adems una conciliacin de las razas, que tambin iba a ser rechaza-
do. Los mulatos reaccionaron cercando Port-au-Prince, lo que dio lugar a un
Tercer Concordato, el 19 de octubre de 1791, en el que adems de lo anterior
ahora exigan elecciones para la Asamblea Colonial, en que pudieran ser ele-
gidos todos los hombres libres. Aquel Tercer Concordato, tras la batalla de
Pernier, acab con un acto de conciliacin entre Beauvais y el jefe de la Guar-
dia Nacional, Jean-Baptiste Caradeux. Se cre entonces un llamado ejrcito
combinado de blancos y mulatos, dirigidos por Beauvais y por el plantador
blanco y caballero de San Luis, Hanus de Jumcourt235. Se escogieron adems
otros dos generales negros y dos blancos236.
Aquella situacin no gust a los petit blancs, que decidieron enfrentar a
los colonos y a los mulatos, provocando un incendio en Port-au-Prince que
caus el efecto contrario237. Tambin los enviados desde Francia estuvieron
en contra del ejrcito combinado, considerando que unirse en armas a los
mulatos era un acto de rebelin. Tras alguna actividad blica, el 21 de abril de
1792, se firmaba la Unin de Saint-Marc, ratificada por el comisario Roume,
que sellaba la unin de blancos y gentes de color, lo que aceptaba en Fran-
cia la Asamblea Nacional, bajo la influencia de Camille Desmoulins y Brisot,
miembros de los Amis des Noirs238.
Un cruce de intereses se estaba produciendo en la colonia francesa en
torno a todas aquellas premisas de libertad e igualdad. Los mulatos y los negros
libres haban accedido a una alianza con los grand blancs, pues aunque pre-
tendan una igualdad entre los libres, no tenan inters en que se diese libertad
a los esclavos, de los que muchos de ellos eran dueos. Sin embargo, no se
puede decir que, a pesar de ello, las gentes libres de color gozasen del respeto
235
Aim Csaire, Toussaintt Louverture, pp. 173-178.
236
Mmoire historique des dernires rvolutions, p. 67.
237
Aim Csaire, Toussaintt Louverture, p. 179.
238
Aim Csaire, Toussaintt Louverture, pp. 180-182.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 79
de los blancos; valga como ejemplo el que en Port-au-Prince se quejaron, el
5 de junio de 1791, porque los blancos les insultaban, golpeaban, les hacan
detener sin pruebas, etc. y que, por haber hecho una queja en este sentido, se
les haba expulsado de la Asamblea de aquel lugar239.
Mientras se estaban produciendo todas aquellas alianzas, el 22 de agosto
de 1791, se produjeron los famosos acontecimientos de Bois-Caman, que ate-
morizaron no solo a los blancos, sino tambin a los mulatos, que decidieron
momentneamente mantener su coalicin con los blancos240. Los aconteci-
mientos fueron alarmantes, pero lo cierto es que ningn grupo de los hom-
bres libres, blancos o de color, haban hecho nada por atraerse a la masiva
poblacin esclava, que acabara siendo la principal fuerza revolucionaria de
Saint-Domingue.
Era lgico que en aquel ambiente los negros aspiraran a su libertad. Pero
adems, eran muchos los que haban nacido en frica, donde haban vivido
libremente, ya que los aos ochenta haban sido especialmente activos en el
trfico negrero. Incluso muchos llegaban con experiencias guerreras en las
luchas tribales africanas, incluso contra los propios europeos. Tenan adems
como ventaja el que podan comunicarse en lenguas que eran desconocidas
para sus amos. Por tanto, formaban parte de un caldo de cultivo preparado
para la sublevacin. A pesar de todo lo anterior, tenan tambin un punto
dbil, la frecuencia de las traiciones241.
La sublevacin del 22 de agosto de 1791 tuvo como cabecilla al cimarrn
y conocedor de los ritos vud, Dutty Boukman. Con el participaron Jean-
Franois Papillon, Georges Biassou y Jeannot Bullet, entre otros. Reunidos
en Bois-Caman, los esclavos y cimarrones juraron luchar por su libertad y
vengarse de los blancos, invocando incluso a sus propios dioses, en concreto
a Mbumba242. De all su rebelin se fue extendiendo al Oeste y al Sur, incluso,
provocando temores de contagio en la parte espaola de la isla, a la que los
rebeldes solicitaron armas y vveres, que el gobernador Joaqun Garca les
negara. Tambin pensaban en la parte espaola como posible lugar de huida
en caso de fracaso.
Como dijimos, blancos y mulatos estaban profundamente preocupados
por aquellos acontecimientos y trataron de protegerse entre ellos firmando, el
11 septiembre 1791, el pacto de Croix-des-Bouquets, en que se reconoca la
239
Jean Philippe Garran de Coulon (ed.), Rapport II, p. 11. Este autor nos da en esta
obra toda una serie de ejemplos de menosprecios y abusos con negros y mulatos.
240
No nos extendemos en los sucesos siguientes, pues es a lo que hacen alusin las
obras de Lpez Cancelada, que hemos anotado convenientemente,
241
Michael Clemens, frica en el Nuevo Mundo John K. Thornton, African Sol-
diers, pp. 195-213.
242
Aim Csaire, Toussaint Louverture, p. 237. David Patrick Geggus, The Bois
Caman Ceremony, pp. 81-92.
80 jess paniagua prez
igualdad de blancos, mulatos y libertos. Pero aquella avenencia solo dur unos
meses, pues a finales de noviembre se produca una gran matanza de mulatos
en Port-au-Prince, que oblig a estos a aliarse con los negros y a colaborar con
ellos en la solicitud de abolicin de la esclavitud. Tambin es cierto que los
blancos no supieron actuar, pues recurrieron a la venganza, provocando que
las posturas se extremaran, hasta llegar al fanatismo243.
Ante todos aquellos acontecimientos, en noviembre de 1791 llegaban los
primeros comisarios enviados por Francia para conseguir una conciliacin. Se
trataba de Philippe-Rose Roume, Ignace-Frderic de Mirbeck y Edmond de
Saint-Lger244. Los blancos de la Asamblea de Saint-Marc no aceptaron aquella
va, pues consideraban que aquellos delegados no tenan legitimidad. Entre
tanto, en Francia tambin haba presiones de los esclavistas y buen ejemplo
de ello es que el 1 de diciembre de 1791 los diputados de la Comuna de Saint-
Malo se dirigieron a la Asamblea Nacional y al rey, alegando la crueldad y
estupidez de los negros, que se portaban como el tigre de las selvas de frica,
intentando imponer el despotismo de los jefes de las hordas de Guinea; y para
impresionar hablaban de haber visto las sangrantes comidas de los antrop-
fagos, por lo que muchos colonos haban llegado a refugiarse en Saint-Malo;
como consecuencia, pensaban, se impona el envo de una fuerza de pacifi-
cacin y no dejarse seducir por una falsa filantropa, alegando igualmente la
dependencia de Francia de sus colonias245.
La situacin se iba a complicar ms cuando la Asamblea francesa declar
el 4 de abril de 1792 la igualdad poltica con los blancos de mulatos y negros
libertos. Hasta esos momentos, los intereses de negros y mulatos haban ido
por rumbos diferentes, pero a partir de entonces, estos ltimos prometieron
la libertad de los esclavos, proposicin que tambin haran los blancos para
atraerlos a su causa; aunque estos ltimos eran conscientes de que llevaban
las de perder y por eso muchos de ellos huyeron a otros lugares y los que
quedaron solicitaron ayuda a Inglaterra y a Espaa. Ante aquella situacin se
enviaron nuevos comisarios desde Francia, esta vez en las figuras de Lger-
Flicit Sonthonax, tienne Polverel y Jean-Antoine Ailhaud, que llegaban
el 17 de septiembre de 1792; de ellos Polverel era un abogado de Burdeos y
Sonthonax un redactor del peridico Les Revolutions de Pars, perteneciendo
ambos al club de los jacobinos246.
Las cosas se iban a complicar aun ms, pues el 21 de febrero de 1793,
Luis XVI era ejecutado. En Saint-Domingue los monrquicos y defensores de
mantener la esclavitud ocuparan Le Cap el 20 de junio, con el general Thomas
243
Paul Gaffarel, La politique coloniale, p. 124.
244
Philippe-Rose Roume, Ignace Frderic de Mirbeck y Edmond de Saint-Lger, Pro-
clamation
245
Fournier de Varenne (y otros), Adresses des dputs, pp. 1-8.
246
Rveillre, Polverel et Sonthonax, p. 15.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 81
Galbaud al frente, que adems tena el ttulo de gobernador. Al da siguiente la
ciudad era recuperada por los negros rebeldes, que en realidad no eran anti-
monrquicos, sometindola al incendio tantas veces reproducido en grabados,
dibujos y pinturas de la poca, y provocando la huida de los blancos.
Entretanto Inglaterra y Espaa se consideraban con motivos suficientes
para invadir la colonia francesa por el Oeste y Este respectivamente, contando
incluso con el apoyo de algunos monrquicos franceses. Si bien se escudaban
en la mencionada ejecucin de Luis XVI, en el fondo pesaba ms el miedo a
que la situacin se extendiese a sus colonias. Pero tambin los lderes negros
se sintieron heridos con la ejecucin del monarca, al que se achacaba un
decreto que les conceda tres das a la semana para trabajar sus campos y que
prohiba el castigo con ltigo247.
Por tanto, la muerte de Luis XVI sirvi como pretexto para vincular los
intereses de los sublevados negros y las autoridades espaolas de Santo
Domingo, pues la propia Corte de Madrid haba recomendado negociar con
sus lderes. Estos pasaran a la parte espaola con sus efectivos, formando
las conocidas Tropas Auxiliares de Carlos IV. A cambio de aquella desercin,
Espaa les ofreca una serie de garantas, como veremos en este estudio, que
no llegaran a cumplirse. En esa situacin las tropas espaolas, ayudadas por
aquellos desertores de los intereses de Francia, invadieron Saint-Domingue248.
Uno de aquellos lderes negros, Jean-Franois, aleg, al igual que otros entre
ellos, que su traicin a Francia se deba a que las autoridades hispanas les
haban concedido todas las prerrogativas de hombres libres249, entre ellas una
serie de condecoraciones, despus de que los franceses le hubiesen tratado
como un traidor250. De los jefes con relevancia solo algunos mulatos permane-
cieron al lado de Francia como Andr Rigaud, Louis-Jacques Bauvais y Jean-
LouisVillate.
Para que la situacin no se complicase ms, uno de los enviados de la
Covencin, Sonthonax, decidi declarar la abolicin universal de la esclavitud
en Saint-Domingue, el 29 de agosto de 1793. Con ello pretenda atraerse de
nuevo a los lderes negros y responda a los temores que le haban causado
10.000 esclavos, que se haban apostado ante su casa. La comunicacin de
aquella concesin a las autoridades francesas corri a cargo del diputado ele-
gido por aquella provincia del Norte, el jacobino Louis Dufay251, que llegaba a
Francia a principios de 1794 y solicitaba, con un discurso muy emotivo, que la
247
Jorge Victoria Ojeda, Jorge: Jean-Franois y Biassou, p. 171.
248
Sobre estas tropas puede verse, por ejemplo, Jorge Victoria Ojeda, Las tropas aux-
iliares de Carlos IV o David Geggus, The Arming of Slaves in the Haitian Revolution,
pp. 221-222.
249
Victor Schoelcher, Vie de Toussaint, p. 37.
250
J. Flix Carteau, Histoire des desastres, p. 93.
251
Sobre este diputado puede verse Jean-Charles Benzaken Louis-Pierre Dufay,
pp. 61-85.
82 jess paniagua prez
Asamblea ratificara la abolicin dictaminada por Sonthonax252. La Convencin
consider entonces que poda tenerse por un deshonor oponerse a aquella
libertad y finalmente la vot el 4 de febrero de 1794, extendindola a todas las
colonias francesas. Acto seguido se envi el decreto a las islas, acompaado
de instrucciones a los gobernantes, papeles que adems se propagaron por el
Santo Domingo espaol con la promesa de que, cuando aquellos territorios
pasasen a Francia, los esclavos seran liberados253. No es que las autoridades
metropolitanas hiciesen aquellas concesiones y promesas de forma altruista,
sino que la situacin de rebelda les obligaba a ello, as como las presiones de
Inglaterra y Espaa, que amenazaban con extenderse en sus colonias254. Pero
despus de esas fechas, ni el Directorio (1794-1799), que supuso el control
del poder por la burguesa, mucha de ella con intereses en Saint-Domingue,
ni Napolen (1799-1814) fueron tan proclives a la libertad de los esclavos. As,
en la mente de este ltimo estuvo el restablecimiento de la esclavitud, para lo
que envi con unas rdenes secretas a Saint-Domingue a su cuado, el general
Leclerc, en 1802, amen de restablecerla en todas las dependencias francesas el
20 de mayo de ese ao.
Aquellas libertades dictadas por Sonthonax y la Convencin favorecieron
que algunos de los negros que se haban pasado a Espaa se reintegrasen al
servicio de Francia. Ya en 1793 lo hicieron Pierrot y Macaya, en 1794 Tous-
saint, mientras Jean-Franois y Biassou seguan fieles a Espaa y hostigaban
a los franceses. En esa situacin a finales de 1793 las tropas espaolas ase-
diaron Fort-Dauphin, que capitul su rendicin el 29 de enero de 1794, con
la condicin de no dejar entrar a las tropas del lder negro Jean-Franois255.
En la toma de la ciudad participaron las fuerzas de tierra de Casa-Calvo, los
emigrados franceses de Louis de spanville, los negros de Jean-Franois y la
escuadra de Aristizbal. Como se haba pactado, los negros de Jean-Franois
no acccedieron a la ciudad hasta que este forz su entrada a principios de julio,
provocando una gran masacre entre los franceses de la localidad, que algn
autor considera que con la anuencia de las autoridades espaolas256.
El 18 de mayo de 1794 tambin desertaba del bando espaol Toussaint
Louverture con sus soldados, que ocupaban una zona estratgica, por lo que
se cort la conexin Inglaterra-Espaa en el territorio de Saint-Domingue. De
todos modos, Inglaterra lograba ampliar su dominio a Port-au-Prince el 4 de
junio. A pesar de ello, las fuerzas de negros y mulatos iban hacindose con la
situacin a favor de Francia. Toussaint, adems, busc un profundo acerca-
miento a los franceses por medio de su colaboracin con el gobernador gene-
252
Louis Pierre Dufay, Compte rendu, pp. 8-9.
253
AGI, Estado 13, N. 15.
254
Louis Sala-Molins, Le Code noir, p. 262.
255
Thomas O. Ott: The Haitian Revolution, p. 82.
256
Beaubrun Ardouin, tudes III, pp. 1 y ss.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 83
ral tienne Laveaux, lo que no gust a los mulatos, que aprisionaron al francs
y nombraron como gobernador a Villate, en marzo de 1795. De nuevo se abra
el enfrentamiento entre negros y mulatos. Los primeros lograron rescatar a
Lavaux en 1796, y le repusieron como gobernador, por lo que, en agradeci-
miento, este hizo a Toussaint su lugarteniente.
El desarrollo de aquellos hechos tena su paralelismo en Europa, donde
Inglaterra y Espaa se haban aliado en una guerra contra Francia tras la
ejecucin de Luis XVI. Era la llamada Guerra de los Pirineos o Guerra de
la Convencin (1793-1795), que finaliz con la paz de Basilea, de 22 de
julio de 1795, pactada unilateralmente por Espaa, que ceda su parte de
Santo Domingo a los franceses, a cambio de la devolucin de las posesio-
nes peninsulares conquistadas en la contienda. Francia enviaba entonces a
Saint-Domingue la tercera comisin, en la que iban Sonthonax, convertido
ahora de jacobino en termidoriano; Pierre Leblanc; Marc Antoine Giraud; y,
por ltimo, Philippe Roume de Saint-Laurent, encargado de la anexin de la
parte espaola.
La estancia de Sonthonax dur poco, pues ese mismo ao sala de nuevo
hacia Francia como diputado, al igual que el gobernador Laveaux. Con aque-
llas salidas Toussaint se sinti libre para actuar y emprendi la expulsin de los
ingleses, que negociaron su abandono de la isla el 31 de agosto de 1798. Pero
Roume, desconfiando de Toussaint, haba hecho que se aplazara la entrega
de la parte espaola para evitar que los enfrentamientos de blancos, negros y
mulatos en la parte francesa se extendieran a aquella, que segua gobernada
interinamente por Joaqun Garca.
Liberado el territorio de Saint-Domingue de espaoles e ingleses y sin
una autoridad clara sobre el, Toussaint se lanz contra los mulatos de Rigaud,
a mediados de 1799, inicindose la que se conoce como la Guerra de los
Cuchillos, que concluira con la derrota mulata en Jacmel, con la ayuda de la
marina norteamericana. Los lderes mulatos Rigaud y Ption lograran huir de
la isla en 1800. Aquella contienda, nos dice un autor negro, provoc cambios
importantes en la mentalidad de Toussaint, de modo que de la imagen de una
rebelin esperanzadora de una colonia prspera se pas a convertir en una
rebelin odiosa e incluso cruel257.
Fue despus de aquellos acontecimientos cuando el propio Toussaint
con sus tropas invadieron la parte espaola, para ocuparla oficialmente,
como estableca el tratado de Basilea. Lograba as que la ciudad de Santo
Domingo capitulara el 27 de enero. Su presencia supuso la abolicin de la
esclavitud, que tuvo un corto recorrido, pues en febrero de 1802 las propias
tropas francesas liberaban esa parte de la isla de las manos de los rebeldes
haitianos.
Vie prive, politique et militaire de Toussaint-Louverture, pp. 96-97.
257
84 jess paniagua prez
Al asumir Napolen el poder en Francia, decidi reconquistar Saint-
Domingue, para convertir al conjunto de la isla en la base de sus planes ame-
ricanos. Para ello envi a su cuado Victor Manuel Leclerc, con casi 30.000
hombres, frente a los 15.000 de Toussaint, que tuvo que recurrir a la guerra de
guerrillas, en la que tenan especial experiencia los cimarrones. Finalmente el
lder negro acab por claudicar, siendo traicionado despus por Leclerc, que
contra lo convenido, le aprision y envi a Francia, donde muri preso en Fort
de Joux, el 7 de abril de 1803.
Con la salida de Toussaint de la escena dominicana se iniciaba una nueva
etapa en la Revolucin, alentada por la reinstauracin de la esclavitud en las
colonias francesas del Caribe, el 20 de mayo de 1802. Todo ello dio lugar a
una terrorfica guerra en Saint-Domingue por ambas partes, sobre todo tras la
muerte de Leclerc, acaecida el 2 de noviembre de 1802, que haba llegado a
comprender algo de aquella situacin haitiana, como lo puso de manifiesto en
la carta que escribi a Napolen, el 27 de septiembre, en que aluda a la idea
equivocada que en Europa se tena sobre el pas y las gentes contra las que se
estaba luchando258.
Al recaer el mando del ejrcito francs en Rochambeau, se recrudeci la
guerra de terror por ambas partes. Al frente de los negros se encontraba ahora
Jean-Jacques Dessalines, movilizando a los suyos con el grito de libertad o
muerte, aunque tambin de independencia o muerte, contando con la alianza
de los mulatos de Ption y con la ruptura del Tratado de Amiens, en 1803, que
apenas se haba firmado el de 25 de marzo de 1802. Con ello Inglaterra poda
entrar de nuevo en el conflicto haitiano, colaborando con los sublevados, al
bloquear los puertos en manos de los franceses, por lo que el ejrcito galo
pudo ser vencido en Vertiers el 18 de noviembre de 1803. El da 20 el ejrcito
de Dessalines entraba en Le Cap y el 1 de enero de 1804 aquel general decla-
raba la independencia.
Los aos siguientes fueron de turbulencias en la nueva nacin. Dessalines
la gobern con mano frrea. La nueva sociedad tena ahora en la cspide a
ricos propietarios negros y mulatos, que haban sido siempre libres y haban
gozado de propiedades. Ambos explotaban a una mano de obra ahora tam-
bin libre, pero para la que las cosas, en lo econmico, no haban cambiado
demasiado, puesto que se mantenan en servidumbre. Tras la muerte de Des-
salines las contradicciones internas se manifestaron en la aparicin de dos pa-
ses independientes: el Estado de Hait, regido por el negro Henri Christophe y
la Repblica de Hait, gobernada por el mulato Ption.
Econmicamente el nuevo pas naca hundido, pues se haban destruido
todos los medios de produccin, lo que haban aprovechado otras colonias,
sobre todos inglesas y espaolas, as como el Brasil portugus, para desplazar-
les en el comercio mundial del azcar.
258
Paul Roussier (ed.). Lettres du Gnral Leclerc, p. 251.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 85
Al cabo de unos aos de aquella situacin desastrosa con un pas dividido
se produjeron en la Pennsula los sucesos de la invasin francesa, en 1808.
Aquello tambin tendra repercusin en la isla caribea, cuya parte espaola
estaba dominada ahora por Francia, donde gobernaba Louis Marie Ferrand.
Este, ante la amenaza de los negros y posiblemente por estar en unos momen-
tos tensos en su gobierno respecto de la poblacin espaola mayoritaria, lanz
un proclama de unin ante la adversidad para mantener una unin que tena
pocos visos de futuro259. El gobernador de Puerto Rico fue quien dio a cono-
cer en Santo Domingo el levantamiento de los espaoles contra los franceses,
por lo que inmediatamente se produjo un movimiento en el que participa-
ron destacados personajes en Cibao y en el sur, tales como Cristbal Huber,
Salvador Flix, Ciriaco Ramrez, Diego Polanco, Miguel lvarez y Miguel de
los Santos. Tras ello haba tambin unos intereses, como eran el comercio
tabaquero y ganadero que se mantena con el estado de Christophe o con el
apoyo de Ption para crear un Santo Domingo libre. Aquellos rebeldes de la
parte espaola lograron vencer a los franceses en Malpaso (19 de octubre de
1808) y Sabanamula (23 de octubre de 1808). En aquellas luchas ya lata un
cierto espritu de independentismo, aunque todava muy dbil y, de hecho, ya
era frecuente la utilizacin del trmino pueblo dominicano; aunque tampoco
hay que olvidar los deseos de otros habitantes por reincorporarse a la corona
espaola. Pero en aquellos momentos el enemigo comn era Francia y ello
permiti la unin. Las discrepancias surgieron al convocarse en Bondillo, el
12 de diciembre de 1808, una Junta de Diputados de los habitantes de Santo
Domingo para fijar las bases del gobierno, pues frente a la burguesa naciona-
lista estaban los colonialistas hateros y el clero260 .
La capitulacin definitiva de Ferrand se produjo el 11 de julio de 1809,
cuando los ingleses tomaron la ciudad de Santo Domingo, que al ao siguiente
entregaron a Espaa, que mantuvo aquella posesin hasta 1821, periodo que
se conoce como el de la Espaa Boba.
IV. AMRICA Y LA REVOLUCIN DE HAIT
La segunda mitad del siglo XVIII fue un momento clave para la historia
de la humanidad. Una serie de acontecimientos, producidos sobre todo en
las ltimas dcadas, supusieron unos profundos cambios histricos que arras-
traron al mundo hacia una nueva etapa de su historia. Eran el producto de
259
Esta proclama de 9 de agosto de 1808 se reprodujo en la Gazeta de Mxico de 18
de enero de 1809.
260
Estos aspectos pueden verse en Emilio Cordero Michel, El primer intento,
pp. 123-146 y M Magdalena Guerrero Cano, Intervencin de los diputados dominica-
nos, pp. 77-89.
86 jess paniagua prez
un proceso, acelerado por el fenmeno ilustrado, al que nadie en Occidente
pudo quedar ajeno. En ese contexto la Revolucin de Hait supuso un hito,
que no podemos separar de otros, as como tampoco podemos desligarla de
lo que sucedi en Espaa y sus posesiones, donde, como en otros lugares
del mundo, se gener una gran hostilidad hacia el fenmeno haitiano, al que,
como ya vimos, se ha llegado a ignorar en el contexto de las revoluciones
republicanas261.
Desde la conquista, la presencia de los negros en Amrica se haba hecho
evidente como mano de obra, amenazada constantemente con la violencia. Se
calcula que entre 1519 y 1867 pasaron al conjunto de Amrica 1.569.000 africa-
nos. De ellos el 38,5% al Brasil, 28,1% a la Amrica britnica 17,5% a la Amrica
hispana, y el 15,9% restante a la Amrica francesa, danesa y holandesa262.
Aunque la presencia de negros fue muy variada, hubo una cierta tenden-
cia a ubicarlos segn la procedencia. En Estados Unidos predominaron los
de la Costa de Oro; en Hait los fon de Dahomey; en Jamaica, los cromanti de
la actual Ghana; en las Guayanas y Barbados los fanti-ashanti de la Costa de
Oro; etc. Esto permiti en algunos lugares que aquellos esclavos mantuviesen
internamente una organizacin semejante a la de sus lugares de origen, como
los ashanti e ibo en los Estados Unidos; los conga, mandinga, adra y congo en
Argentina; los congo, guanda, wuanda, angola, mungolo, basundi y woma en
Uruguay; los angolas, carabals, mozambiques, chalas y congos en Per; los
grupos minas, gangas, lucum, carabal y congo en Cuba. Aquellas organiza-
ciones podan responder tambin a modelos occidentales, como en el ejrcito
de Brasil, donde haba batallones de negros criollos, de angolas, de adras y de
minas; o en cofradas como la del Rosario en Baha, que solo admita angolas;
o la de los yorubas en la misma ciudad. Su organizacin poda ser tambin
para fines benficos o para mantener sus tradiciones, lo que les poda llevar a
organizar rebeliones263.
Pero no eran los aspectos tnicos de las razas africanas lo que importaba
especialmente a Lpez Cancelada, sino el inters que la Revolucin de Hait
despert en Espaa y en otras futuras naciones hispanoamericanas, especial-
mente del entorno del Caribe. Hubo que reaccionar ante aquel fenmeno
tan peculiar y nico hasta entonces. La novedad era tal, que muchos crio-
llos, favorables al proceso independentista, preferan mantener su sujecin
a Espaa antes que encontrarse con un pas dirigido por negros y/o indios;
y no lejos de estas posturas estaban, entre otros, Miranda y Bolvar, que bajo
ningn concepto queran ver reproducido el caso haitiano en sus reas de
influencia. En todo ello, sin duda, jug un gran papel el fenmeno del miedo
con obras, discursos o manifestaciones que incidan, como las nuestras, en el
261
Michael Hardt y Antoni Negri, Common Wealth, p. 29.
262
Omar H. Ali, Abolitionism in the African Diaspora, p. 3.
263
Luz Mara Martnez Montiel, Culturas Afrohispanas, pp. 30-31.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 87
lector. La consecuencia sera que, a pesar de existir reas con una gran canti-
dad de poblacin negra y mulata, las independencias americanas, salvo el caso
de Saint-Domingue, seran, ante todo, cosa de blancos, que aprovecharon la
coyuntura para conseguir el favor de los miembros de otras razas y castas, pero
siempre bajo su direccin y premisas.
Al peligro que suponan los hechos de Saint-Domingue hizo tambin una
clara e ilustrativa referencia el cubano Arango y Parreo, en 1803, quien, teme-
roso de lo que pudiese ocurrir con el comercio del Caribe, escriba:
Me han asegurado que para Puerto Rico y para la parte oriental de esta
isla han salido muchos rebeldes. Pero el gobierno nunca ha intervenido en
esas especulaciones, forjadas por la brbara codicia de algunos particula-
res. Mas, sea lo que fuere de los autores de esta iniquidad, conviene tomar
medidas para impedir su progreso y sus efectos. Para esto sera oportuno
hacer las averiguaciones necesarias por medio de los jefes que hay en Bara-
coa, Holgun, Cuba, Bayamo y Port-au-Prince264 lo que yo temo, lo que
veo de cerca, es que volvamos al tiempo de los filibustiers y bucaniers, y que
infestadas nuestras costas de tan atrevidos piratas se acabe la seguridad
que necesita el comercio de Costa Firme, el de la Isla de Cuba y el del Seno
Mexicano. Por este solo temor dije, y repito, que Francia, que ya no tiene
que perder, que pelea por esperanzas remotas y quizs areas, o no seguir
o no llevar sola el peso de esta funesta guerra, y que nosotros que estamos
en la vecindad, en la posesin de inmensos terrenos y no menos lisonjeras
esperanzas, estamos ms interesados que ella en la ruina de un enemigo que
por s solo es temible, y que lo ser mucho ms con el auxilio de los ingleses
y de los angloamericanos265.
En la misma lnea estaba, en 1804, el capitn general de Caracas, Manuel
Guevara Vasconcelos, cuando escriba al ministro de estado para decirle que
el ayudante de la capitana, Juan Gabriel de Liendo, le haba informado haca
un ao de algunos asuntos, que hacan pensar que, si Saint-Domingue se man-
tena en poder de aquellos negros, provocara la confusin y la ruina, primero
de las Antillas y luego del continente266.
Haba, pues, una intencin de tratar de evitar por todos los medios que
aquella Revolucin o su influencia se extendiese al resto del Amrica. No es
extrao, por tanto, que el embajador francs Daudeul, solicitase al gobier-
no espaol que fuese arrestado todo hombre de color procedente de Saint-
Domingue que llegase a las posesiones espaolas, ya que se tenan noticias
de que algunos emisarios de Dessalines intentaban sublevar a los esclavos de
otras potencias europeas267.
264
Francisco de Arango y Parreo, Obras I, pp. 351-352.
265
Francisco de Arango y Parreo, Obras I, pp. 356-357.
266
AGI, Estado 68, N. 3.
267
AGI, Estado 86A, N. 21.
88 jess paniagua prez
Se haca evidente la diferencia de significado que tena para los criollos
iberoamericanos la Revolucin Norteamericana o la Francesa con la Haitiana;
aquellas eran ms dignas de imitar y ms influyentes porque a la postre eran un
ejemplo surgido desde la aceptacin de un espritu superior de los europeos
y sus descendientes. Los espaoles, sin embargo, consideraron todos aquellos
acontecimientos como un mal ejemplo para sus colonias, especialmente las
revoluciones francesa y haitiana. Esto era especialmente evidente, por ejem-
plo, en Venezuela, a donde haban llegado muchos franceses huidos de Saint-
Domingue antes de 1793 y otros que haban desembarcado como prisioneros
por las guerra con Francia; de ambos se quejaba el gobernador por las malas
influencias que podan ejercer; por lo que a finales de aquel ao decidi enviar
a los libres de regreso a Santo Domingo, donde el gobernador tambin tena
muchas sospechas sobre su proceder268; y a los prisioneros a La Habana, donde
su gobernador separ a oficiales y soldados, colocando a los primeros en con-
ventos, para evitar influencias nocivas269.
La existencia de un estado negro en un mbito dominado por la cultura
europea se vio con desconfianza en todas las naciones del Viejo Continente,
pues se consideraba nefasto cualquier gobierno que no fuera de blancos,
como se expona en Espaa en la Gazeta del Gobierno de 14 de noviembre de
1809. Frente a esto, a lo largo del siglo XIX, Hait se convertira en un referente
del nacionalismo negro y del panafricanismo y su lder Toussaint Louverture
en la figura clave del panten de sus hroes270.
La Revolucin Francesa fue, sin duda, un acontecimiento de relevancia
indiscutible en historia de la humanidad. Sus consecuencias fueron mucho
ms all de lo que sus participantes directos pudieron pensar. Y, como parece
lgico, entre los primeros afectados por ello iban a estar las propias colonias
galas. Las ideas de igualdad, libertad y fraternidad no pudieron sustraerse a
algunos sectores de la sociedad, como les hubiese gustado a muchos colonos
o a los comerciantes de los puertos metropolitanos franceses, que se abaste-
can de unas materias primas, esencialmente azcar, caf e ndigo, ligadas a
la produccin esclavista de las colonias. Y lo que suceda en las posesiones
francesas, por su vecindad, despertaba tambin grandes temores en las auto-
ridades de otras potencias y, en el caso que nos ocupa, en concreto de las
espaolas y de los criollos de sus dominios. Los frecuentes pactos con Francia,
a pesar de la Revolucin, no servan para que disminuyese la desconfianza,
pues eran muchos los franceses que aprovechaban aquello para expandir las
bondades de su Revolucin, como lo hizo Philippe Roume en Santo Domingo.
Se desconfiaba, a pesar de que la economa de otras colonias se benefici de
aquellos sucesos, pues la decadencia productiva de Saint-Domingue permiti
268
M Jos Villaverde Rico, La fragilidad del imperio espaol, p. 125.
269
M Jos Villaverde Rico, La fragilidad del imperio espaol, p. 124.
270
Wilson J. Moses, Classical Black Nationalism, p. 10.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 89
ocupar el mercado que dejaban libre, de ah que Humboldt manifestara que el
precio del azcar no haba subido, porque se haba compensado con la mayor
produccin en Mxico, Luisiana, Venezuela, Guayana Holandesa y Brasil271. Es
ms, consideraba que los acontecimientos de Saint-Domingue haban permi-
tido aprovecharse ms de sus posibilidades a lugares como Cuman, Caracas,
Nueva Granada y Mxico, donde consideraba que haba una poblacin sufi-
ciente como para aliviar el trfico de negros272.
Los problemas que haban generado los sucesos de Saint-Domingue y
las amenazas que de ello se podan derivar en las colonias espaolas fueron
los que incitaron a Lpez Cancelada a hacerse eco de aquellos sucesos con
estas obras de tema haitiano, pues las concibi de forma ejemplarizante, ante
un posible contagio de aquella Revolucin al resto de Hispanoamrica. l
mismo lo expresara aos ms tarde, en 1821, al decir refirindose a la suerte
de los franceses en Saint-Domingue podran esperar nuestros criollos otra
suerte de doce millones y medio de hombres de color que les rodean?273. Se
inscriban adems en el marco de toda una produccin bibliogrfica sobre
aquellos eventos, con obras originales o traducidas, en las que los conteni-
dos estaban en relacin directa con la ideologa o la posicin poltica de los
autores; de ah los cambios en lo que pensaba nuestro autor entre la primera
y segunda obra, debido a su paso de una posicin francfila a una anglfila.
Esto mismo sucedi en todos los lugares, ocultando a veces las realidades en
funcin de los intereses y recurriendo a potenciar los aspectos morbosos de
aquellos sucesos, donde las atrocidades de unos y otros se manipularon segn
los mencionados intereses de los autores y de las propias editoriales; hasta se
recurri a las imgenes, como lo hizo nuestro autor. Obviamente interesaba
desarrollar una propaganda que sirviese de ejemplo en otros espacios, con fre-
cuencia alimentada por quienes haban huido a otros lugares del Caribe, como
Santo Domingo, Cuba, Puerto Rico, Luisiana, Jamaica y las pequeas Antillas
inglesas, holandesas y danesas274.
De alguna forma la Revolucin de Hait era el resumen de todo aquel pro-
ceso del Occidente del siglo XVIII, a pesar de sus propias peculiaridades y su
novedad, pues adems de todo el marco terico aportado por la Ilustracin,
algunos de los lderes que la gestaron haban combatido por la independen-
cia de los Estados Unidos y, al mismo tiempo, queran gozar de las nuevas
promesas que traa para el hombre la Revolucin Francesa, de lo que era un
buen ejemplo el mulato Andr Rigaud275. No olvidemos, por ejemplo, que en
la batalla de Savannah, en 1779, participaron negros y mulatos de Hait, como
Alexander von Humboldt, Ensayo polticoII, L. IV, c. X.
271
Alexander von Humboldt, Ensayo polticoII, L. IV, c. X.
272
273
El Telgrafo Megicano de 1 de septiembre de 1821, p. 6.
274
Esta dispora ha sido estudiada de forma particular para muchos lugares, pero un
buen resumen puede verse en Jacques Cauna, Hati : lternelle rvolution, pp. 211-213.
275
Sobre este hombre puede verse la obra de Michel R. Donet, Andr Rigaud
90 jess paniagua prez
Louis Jacques Beauvais, el mencionado Andre Rigaud, Alexandre Ption o
Henri-Christophe276; pero tambin lo hicieron negros de las posesiones espa-
olas, como los que acompaaron a Bernardo Glvez desde La Habana en su
ejrcito, que procedan de Cuba, pero tambin de Puerto Rico, Santo Domin-
go, Mxico, Venezuela, Saint-Domingue y Nueva Orlens. Precisamente los
britnicos de Pensacola se rindieron a estas tropas el 8 de mayo de 1781277.
Tampoco podemos obviar el papel que pudo ejercer la masonera. De este
asunto, si bien goza de algunos estudios, an se desconoce mucho, pues la rela-
cin con las revueltas de esclavos no ha tenido tanta atencin como su influencia
sobre los proyectos liberadores de las diferentes naciones hispnicas. La maso-
nera en Saint-Domingue haba sido algo muy vinculado a la poblacin blanca,
hasta 1791, y tena su origen esencialmente en la Gran Logia de Francia278. Los
fenmenos que se produjeron a partir de ese ao hicieron que los masones
pasaran a ser un peligro mayor para las islas espaolas del Caribe, en la medi-
da en que fueron muchos de aquellos blancos los que, como mencionamos,
huyeron a las mismas, especialmente a Santo Domingo y a Cuba.
En 1802 haca acto de presencia la Gran Logia de Pensilvania, que fun-
dara la Logia Provincial de Santo Domingo, extendiendo sus tentculos hasta
Cuba. A partir de ese momento los aspectos raciales dejaron de tener especial
importancia para la masonera islea, cosa que se hara aun ms evidente
desde que en 1809 la Gran Logia Provincial, que dependa de la Gran Logia
de Inglaterra, fue protegida por el mulato Boyer y acabara convirtindose en
el Gran Oriente de Hait, en 1823. Precisamente, la influencia de la francmaso-
nera en Hait ya la haba puesto de manifiesto Jos Ross y Rub, que, cuando
se diriga a su destino como alcalde mayor de Suchitepquez (Guatemala),
fue capturado por unos franceses que le dejaron como prisionero en Saint-
Domingue, donde deca haber descubierto los resortes que causaron y rigieron
la Revolucin Francesa y que eran tambin la causa de todos los alborotos que
estaban sucediendo en el mundo. Incluso cuenta que le propusieron entrar en
el estado luminoso de regeneracin279.
Sean cuales fueran las causas de la Revolucin Haitiana, era evidente que
todos aquellos acontecimientos se extendieron por el Caribe como la plvora.
El miedo entre los propietarios y autoridades de Saint-Domingue surga por
todas partes, en la medida en que se pona en entredicho la economa de plan-
tacin y con ello se producan alteraciones en las redes comerciales, que afec-
276
Sydney Kaplan, The Black Presence, p. 68
277
La accin de Glvez en Pensacola puede verse en Bernardo de Glvez, Diario
278
Sobre la masonera en Hait pueden consultarse los trabajos de Andr Combes,
Histoire de la franc-maonnerieI, pp. 66 y ss. La Franc-Maonnerie aux Antilles.
Tambin el artculo de Jos Antonio Ferrer Benimeli Vas de penetracin de la masone-
ra, pp. 4-19.
279
AGI, Estado 48, N. 26.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 91
taban de forma negativa y de manera muy especial a Francia. Adems, el temor
provoc la huida masiva de colonos galos, en muchas ocasiones acompaados
por sus esclavos. En aquella dispora de blancos, un buen nmero se oponan
al abolicionismo, lo que no quiere decir que no estuvieran imbuidos de ideas
revolucionarias. Esto y las noticias que llegaban de la parte francesa de la
isla tambin provocaban un gran temor a las autoridades y habitantes de las
zonas caribeas hispanas, especialmente cuando se vea como el movimiento
abolicionista estaba adquiriendo una gran influencia en Inglaterra; incluso se
tema que en sus colonias siguiesen los pasos de Saint-Domingue. Lo cierto es
que aquellos sucesos haban contribuido a instalar el miedo en las posesiones
espaolas donde predominaba la mano de obra esclava, casi todas ellas en el
Caribe aunque no todas y, por tanto, muy sometidas a las influencias rebel-
des. Se estaba produciendo, lo que se ha dado en llamar el sndrome haitiano,
o tambin el miedo haitiano280. El miedo tambin alcanz a otras potencias
coloniales, especialmente a Inglaterra y Portugal, y a la nueva nacin estadou-
nidense281. En consecuencia, en los aos finales del siglo XVIII la poblacin
de color del Caribe era vista por las metrpolis como un enemigo interno282.
La denominacin de sndrome haitiano, que ha tenido mucho xito, fue
usada por primera vez por Morales Carrin y ha llegado a dar, incluso, ttulo a
una tesis doctoral283. El propio Morales ha publicado artculos con la temtica
de la influencia haitiana en Puerto Rico. Aquel fenmeno adquirira mayor
auge a partir de 1793284. Es evidente que a ello haba contribuido el gobernador
de Saint-Domingue en aquellos primeros momentos, vizconde de Blanchelan-
de, que tambin se encarg de utilizar aquellos sucesos para prevenir a los
espaoles de que la Revolucin poda extenderse a sus territorios, toda vez
que desde Espaa le haba sido negada la ayuda285.
De lo que supuso aquel sndrome es un buen exponente nuestro Lpez
Cancelada. El miedo, de todos modos, no estaba injustificado; y no solo por
la rebelin de los esclavos, sino tambin porque los franceses tenan entre
sus proyectos el expandir su Revolucin a Espaa y sus colonias; incluso el
abolicionista Brissot, en una carta a Dumouriez, el 28 de noviembre de 1792,
recomendaba para ejecutar aquel proyecto al mismo Francisco de Miranda286.
Ese fenmeno del miedo haitiano ha sido estudiado por mltiples autores, sobre
280
todo en lo que se refiere a Cuba; as Ada Ferrer, William R. Lux o Gabriel Debien. En Espaa
es interesante la obra de M Dolores Gonzlez-Ripoll y otros, El rumor de Hait en Cuba,
que en sus diferentes trabajos aporta una buena bibliografa sobre la temtica del impacto
revolucionario.
281
Carl Ludwig Lokke, Jefferson, p. 327.
282
Frdrique Langue, Los extranjeros en el Caribe, p. 206.
283
Arturo Morales Carrin, La Revolucin Haitiana, p. 139. Alejandro Enrique
Gmez Perna, Le Syndrome de Saint-Domingue
284
Frdrique Langue, Los extranjeros en el Caribe, p. 210.
285
Antonio Jess Pinto Tortosa, Una vecindad controvertida, p. 10.
286
Jos Mara Antepara, Miranda, pp. 26-27.
92 jess paniagua prez
El miedo surgido a esa influencia, tanto de su propia Revolucin como
de la francesa, dara lugar a la creacin de un cordn sanitario en el Caribe,
que afectaba no solo a la recepcin de esclavos de las colonias galas, sino a
los propios blancos de tal origen, como presumibles propagadores de ideas
revolucionarias. En Espaa, desde 1790 se haba prohibido que se admitiesen
franceses blancos o negros de sus colonias, para evitar que se extendiesen las
ideas de 1789287; aquello afectaba incluso a los esclavos de amos espaoles;
aunque lo cierto es que la filtracin lleg a ser inevitable288. La dispora de
franceses tras los sucesos de Bois-Caman y posteriores desbord a las auto-
ridades hispanas, pues fueron muchos los que desde 1791 buscaron fortuna
en otros lugares, especialmente en el Caribe289. Floridablanca, al que se deba
el decreto de 1789 de libertad de comercio de esclavos en Cuba, Puerto Rico,
Santo Domingo y Caracas, estaba ahora temeroso de la expansin de las ideas
abolicionistas y revolucionarias e insista en la detencin de entrada de negros
de origen francs. A l se deba una real orden de 26 de noviembre de 1791
previniendo de las atrocidades que se haban cometido en Saint-Domingue,
pidiendo que, para evitar el contagio, los gobernantes americanos cerraran
las fronteras a toda influencia de Francia y sus colonias; adverta, incluso, que
se deban vigilar las desavenencias de los franceses de Santo Domingo290, as
como a los colonos que llegaban a Trinidad291. Esa poltica fue tambin seguida
por el conde de Aranda. Incluso, ms tarde, en 1801 se lleg a prohibir el trato
con el Saint-Domingue de Toussaint para preservar la pureza de las ideas292.
A pesar de las prohibiciones, las ideas revolucionarias iban calando y
propagndose en las posesiones espaolas, especialmente entre los criollos
liberales y ciertos sectores de la negritud, que haban conseguido aprender a
leer y a escribir y que, incluso, haban adquirido una cierta capacidad de lide-
razgo. El peligro haba hecho que el gobernador de Santo Domingo, en 1794,
para contener el avance de aquellas ideas, estableciese la pena de muerte para
quienes tuviesen correspondencia con el enemigo; as como haba mandado
poner dos horcas intimidatorias en los lugares de mayor trnsito293. Esto lo
haca despus de haber dado proteccin y haberse beneficiado de la presencia
de los lderes negros de las Tropas Auxiliares de Carlos IV, durante 1793-1794.
Al margen del miedo que pudiera provocar la Revolucin Haitiana en
Espaa y sus posesiones hubo otra postura que consider que los sucesos que
desembocaron en los actos de 1791, en Bois-Caman, haban sido alimentados
287
AGS, Secretaria de Guerra Universal 6803,56.
288
Sobre este aspecto, vase la obra de varios autores en la edicin coordinada por Carl
A. Brasseaux y Glenn R. Conrad (eds). The Road to Louisiana
289
Frdrique Langue, Los extranjeros en el Caribe, p. 211.
290
AGI, Santo Domingo 2556, N. 77.
291
AGI, Estado 66, N. 5.
292
Frdrique Langue, Los extranjeros en el Caribe, p. 214.
293
AGI, Estado 14, N. 83.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 93
por las autoridades espaolas para frenar o poner en evidencia a la Revolucin
Francesa y potenciar los intereses monrquicos, de los que curiosamente hicie-
ron gala muchos lderes negros de aquella Revolucin. Si esto hubiera sido
as, la relacin Espaa-lderes negros era una mera conveniencia. Lo cierto era
que las autoridades espaolas no sentan ninguna simpata por el movimiento
haitiano, ms all de su manipulacin contra los intereses de Francia. Es ms,
haba una profunda desconfianza hacia todo lo que poda suponer aquella
Revolucin, pues los derroteros que desde su inicio fue tomando hicieron
temer a Espaa, lo mismo que a otras potencias, el desenlace de algo que ya
no podan controlar fcilmente.
El miedo lleg a tales extremos que se intent mantener desinformada a
la poblacin, especialmente a la de algunos lugares del Caribe, como Cuba.
Pero frente a esa posicin, las obras que nos ocupan, aun siendo abiertamente
contrarias al proceso revolucionario haitiano, se hicieron desde el plantea-
miento opuesto. Es decir, no ocultar la informacin, sino plantearla, incluso
de forma exagerada, cosa a la que fue muy propenso Lpez Cancelada, para
contribuir al mencionado sndrome o terror, incluso en pocas ms tardas,
cuando al hablar de esta Revolucin mencionaba que hasta los nios eran
echados vivos en aceite hirviendo294. Esa posicin de sembrar el miedo se daba
igualmente en otras naciones, que no podan siquiera plantearse la idea de una
raza blanca sometida a los negros. Por tanto, no es de extraar que la obra de
Dubroca, que public nuestro autor, tambin hubiese encontrado aceptacin
en otras naciones europeas y que Lpez Cancelada la anunciase en la Gazeta
de Mxico, de 24 de diciembre de 1806, manifestando que la edicin de la
misma, con los aadidos que el editor haba hecho, serviran para transmitir
a nuestros descendientes el conocimiento de los monstruos de crueldad, que
nos han rodeado a nosotros.
El temor a los acontecimientos de Saint-Domingue no fue exclusivo de
los espaoles y americanos realistas, pues los propios criollos independen-
tistas vean con recelo lo sucedido en Hait. Toda idea de pardocracia, con
las supuestas consecuencias que se encargaba de expandir la propaganda,
despertaba el temor en unos y en otros. Por todo ello, la Revolucin Haitiana
se vio con admiracin y con miedo por destacados miembros de los procesos
libertadores de la Amrica espaola.
Uno de los mejores ejemplos fue del de Francisco de Miranda, que lleg
a ser propuesto por la Francia revolucionaria para favorecer una invasin al
continente americano, en un proyecto que l mismo rechaz. Lo cierto es que
en esa nacin se negoci el plan de Kersaint (1792) para repartirse el imperio
espaol, en un ataque que dirigira el lder venezolano. Holanda recibira las
islas de Venezuela, as como Cuman y Caracas; Francia a su vez Santo Domin-
go y, si era posible, Mxico; Estados Unidos se apoderara de Puerto Rico; e
El Telgro Megicano de 1 de septiembre de 1821, p. 6.
294
94 jess paniagua prez
Inglaterra de Cuba. Fueron los fracasos del ejrcito francs en Europa los que
hicieron inviable aquel plan, amn de que, bajo el Directorio, Miranda perdi
sus apoyos y tuvo que ocultarse hasta que el 16 de enero de 1798, en que pudo
embarcarse en Calais rumbo a Inglaterra. Ese mismo ao el lder venezolano
lleg a decir que, a pesar de sus deseos de libertad e independencia, le preo-
cupaban la anarqua y la revolucin, pues no quera que aquellos pases pasa-
ran por la suerte de Saint-Domingue y que, antes que pasar por aquello, era
preferible que se quedaran un siglo ms bajo la opresin brbara e imbcil
de Espaa295. Lleg, incluso, a temer que en Venezuela los esclavos se adelan-
taran a los criollos en el levantamiento296. El 27 de marzo de 1790 presentaba a
William Pitt su Plan para la formacin, organizacin y establecimiento de un
gobierno libre e independiente en Amrica meridional, reformulado en 1801.
Se mencionaba una monarqua constitucional y hereditaria de una gran nacin
llamada Colombeia, regida por un inca; tambin mencionaba un imperio ame-
ricano, que abarcara todas las posesiones espaolas. Aquella recurrencia al
incanato algunos la consideraron ms de carcter cultural297.
No avanz en su proyecto, pero cuando Pitt se hizo de nuevo con el
gobierno britnico, en 1804, nombr ministro de Marina a Lord Henry Dun-
das, vizconde de Melvill, al que solicit ayuda Miranda para su guerra contra
Espaa, pues tema que sus compatriotas venezolanos pidiesen ayuda a los
haitianos, ya que le horrorizaba una invasin negra a Venezuela298; aunque
es cierto que l mismo contara con aquella ayuda haitiana en la fracasada
expedicin de 1806, cuando en Inglaterra un peridico le denominaba como
Emperador299, lo que no tena tanto de extrao visto lo que hemos mencio-
nado. Miranda, en aquella tesitura y a pesar de sus temores, haba acabado
por acudir a Hait en busca de la ayuda de Dessalines para sus propsitos de
desembarco en Venezuela, en febrero de 1806, de lo que daba cuenta Lpez
Cancelada en un anexo de la primera de sus obras. Se ha especulado que Des-
salines y Miranda se entrevistaron en aquella ocasin en Jacmel y el haitiano
le recomend cortar cabezas e incendiar casas, aunque en realidad parece que
tal cosa le fue aconsejada por el general Magloire Ambroise300.
295
Cita recogida en muchos autores, como Hans Joachim Knig. Acerca del impac-
to, p. 16.
296
Carmen L. Bohrquez. Francisco Miranda, p. 205.
297
Jos Mara Antepara, Miranda, pp. XXXII-XXXVI. Antonio Egea Lpez. El pensa-
miento filosfico, pp. 155-156. Ral Porras Barrenechea, Obra gubernativa, p. 9. Esta
idea no solo fue de Miranda, sino de otros prceres como Manuel Belgrano, que posterior-
mente, en 1816, la volva a resucitar en Argentina.
298
Caracciolo Parra-Prez, Historia de la primera Repblica, pp. 83-84.
299
LAmbigu, 10 de junio de 1806. Este peridico lo public en francs el emigrado Jean
Gabriel Peltier, entre 1802-1818.
300
Leslie Franois Manigat. ventail dhistoire vivante dHati, p. 248. Acepta la reu-
nin con Miranda, en su estudio de Dessalines, Beaubrun Ardouin, tudes VI, p. 242 o
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 95
Su miedo a una invasin haitiana no implicaba posiciones esclavistas,
puesto que cuando lleg a ser presidente de la Junta de Gobierno de Vene-
zuela, el 14 de mayo de 1812, ofreci la libertad a los esclavos que se alistasen
en su ejrcito. A ello hizo referencia Lpez Cancelada, hacindose a la vez una
pregunta retrica:
Estos esclavos y no esclavos tomaron partido con Miranda en Caracas:
les ofreci libertarlos de esa desesperada vida Y queris que vuelvan a ella
porque capitularon sus jefes blancos? Si as lo pensis estis ms que locos301
Lo mismo que Miranda, Bolvar tambin se debati entre dos posturas. Si
por un lado culpaba a los colonos franceses de los acontecimientos que all
sucedieron, por no haber querido dar la libertad a los esclavos302; por otro, no
quera que se repitiesen los hechos de Saint-Domigue. Tena su propia idea
de lo que era la esclavitud en las posesiones espaolas, tal y como lo puso
de manifiesto en una carta fechada el 28 de septiembre de 1815 al editor del
Jamaican Quaterly and Literary Gazette, que se public en ingls en 1818
y en espaol en 1833303. Explicaba all por qu el esclavo hispano no haba
resultado tan levantisco como en otras naciones. Alegaba para ello que, por
lo general, viva inactivo en las haciendas, gozando de una gran parte de los
bienes de la libertad. Adems, a travs de la religin se le convenca que haba
nacido para servir, por lo que esa dependencia domstica le haca sentirse
como uno ms de la familia del amo, a quien quera y respetaba. Como conse-
cuencia, no estaba dispuesto a levantarse contra su dueo. Precisamente eso
haba hecho fracasar los intentos de Boves, Morales, Rosete, Calzada y otros
contra sus dueos criollos, pues se les haban ofrecido empleos y libertades,
para as establecer un sistema de desolacin, al modo haitiano, pero al servicio
del rey de Espaa. Como aquello no les funcion, los caudillos espaoles se
vieron obligados a recurrir a la fuerza, estableciendo el principio: que los que
no sirven en las armas del rey son traidores o desertores; y, en consecuencia,
eran sacrificados con sus mujeres e hijos, incluso poblaciones enteras. A pesar
de aquella fuerza a la que eran sometidos, cuando podan, desertaban y se
pasaban a los independentistas, sin que estos les hubiesen prometido la liber-
tad absoluta. Como consecuencia, deca Simn Bolvar:
Estamos autorizados, pues, a creer que todos los hijos de la Amrica
espaola, de cualquier color o condicin que sean, se profesan un afecto
fraternal recproco, que ninguna maquinacin es capaz de alterar. Nos
Jean Baptiste Saint Victor, Le fundateur, p. 246. No cree en esa reunin, sino con Magloire
Ambroise, Thomas Madiou. Histoire dHaiti III, p. 269.
301
El Telegrafo Mexicano de 22 de febrero de 1813, p. 57.
302
Vicente Lecuna (ed.), Cartas del Libertador II, p. 180.
303
Francisco Javier Yez y Cristbal Mendoza (eds.), Coleccin de documentos
XXII, pp. 207-229.
96 jess paniagua prez
dirn que las guerras civiles prueban lo contrario. No, seor. Las contiendas
domsticas de la Amrica nunca se han originado de la diferencia de castas;
ellas han nacido de la divergencia de las opiniones polticas y de la ambicin
particular de algunos hombres, como todas las que han afligido a las dems
naciones. Todava no se ha odo un grito de proscripcin contra ningn
color, estado o condicin; excepto contra los espaoles europeos, que tan
acreedores son a la detestacin universal. Hasta el presente se admira la ms
perfecta armona entre los que han nacido en este suelo, por lo que respecta
a nuestra cuestin; y no es de temerse que en lo futuro suceda lo contrario,
porque para entonces el orden estar establecido, los gobiernos fortificados
con las armas, la opinin, las relaciones extranjeras y la emigracin europea
y asitica, que necesariamente debe aumentar la poblacin304.
Era evidente que Bolvar tena miedo a un desarrollo del poder negro, lo
que explicara que en 1817 mandase fusilar a Manuel Piar305, del que se duda si
era mulato, ya que lo ocultaba. El motivo que se aleg fue que aquel provoc
una guerra de razas o guerra de colores, que deca el Libertador. Quedaba
claro que no quera luchas fratricidas como las de Saint-Domingue y lleg a
decir en su manifiesto a los pueblos de Venezuela, que esta infeliz regin no
sera ms que un vasto sepulcro donde iran a enterrarse en todas partes la
virtud, la inocencia y el valor306.
Tanto Miranda como Bolvar, aunque estaban en contra de la esclavitud,
tenan miedo a la igualdad absoluta de las gentes de color, que poda conducir
a la pardocracia y al exterminio de los blancos307. Ambos haban recurrido a la
ayuda de la nueva nacin, Hait, pero cuando en 1826 se convoc el Congreso
de Panam, esta no fue invitada. La explicacin se la haba escrito Bolvar a
Santander el 30 de mayo de 1825, diciendo que los Estados Unidos y Hait eran
extranjeros y con un carcter heterogneo para los hispanoamericanos, por
lo que nunca estara dispuesto a que los convidemos para nuestros arreglos
americanos308. Al ao siguiente, en otra carta al mismo general, deca que muy
bien que esos seores idelogos gobiernen y combatan, y entonces veremos
el bello ideal de Hait y los nuevos robespierres sern los dignos magistrados
de esa tremenda libertad309. Pero lo cierto es que Estados Unidos lleg a ser
invitada, mientras que por la presencia de Hait solo abog una nacin, Gua-
temala.
Adems del miedo a la pardocracia, a Bolvar tambin le molestaba la
deriva monrquica haitiana de Christophe y prefera la idea republicana y la
304
Se recoge tambin en Simn Bolvar, Doctrina del Libertador, p. 66.
305
Sobre este lder puede verse Francisco J. Herrera Luque, Manuel Piar
306
Simn Bolvar, Doctrina del Libertador, p. 72.
307
El trmino pardocracia fue muy del gusto de Bolvar y sobre esta cuestin puede
verse el trabajo de AlineHelg, Simn Bolvar and the Fear of Pardocracia, pp. 447-471.
308
Vicente Lecuna (ed.), Cartas del Libertador IV, p. 343.
309
Vicente Lecuna, Cartas del Libertador IV, p. 11.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 97
presidencia vitalicia de Ption, que haba sido su valedor. As, en su mensaje
al Congreso de Bolivia, el 25 mayo 1826, deca:
La isla de Hait, (permtaseme esta digresin) se hallaba en insurreccin
permanente. Despus de haber experimentado el imperio, el reino, la rep-
blica, todos los gobiernos conocidos y algunos ms, se vio forzada a ocurrir
al ilustre Ption para que la salvase. Confiaron en l, y los destinos de Hait
no vacilaron ms. Nombrado Ption presidente vitalicio con facultades para
elegir el sucesor; ni la muerte de este grande hombre ni la sucesin del nuevo
presidente han causado el menor peligro en el Estado. Todo ha marchado
bajo el digno Boyer, en la calma de un reino legtimo. Prueba triunfante de
que un presidente vitalicio, con derecho para elegir el sucesor, es la inspira-
cin ms sublime en el orden republicano310.
En aquel mismo escrito pona de manifiesto que algunos ambiciosos
se empeaban en levantar imperios, ejemplificndolo en Dessalines, Henri-
Christophe e Iturbide; y aada: No hay poder ms difcil de mantener que
el de un prncipe nuevo. Era muy poco recomendable, pues, plantear una
monarqua en una Amrica incendiada entonces por las llamas de la libertad311.
En realidad se trataba de algo muy semejante a lo que haba manifestado
Maquiavelo de la dificultad por mantener un nuevo estado, porque los estados
que se forman de repente, como todas aquellas producciones de la naturaleza
que nacen con prontitud, no tienen las races y las adherencias que les son
necesarias para consolidarse312. Curiosamente, frente a esto Bolvar ensalzaba
la presidencia vitalicia con derecho a nombrar sucesor y que ejemplific en la
presidencia haitiana de Ption, continuada por el digno Boyer313.
El legado inmediato de la Revolucin Haitiana no fue solo la alteracin
econmica o la libertad de los negros, sino que desde Virginia a Ro Grande
se tendi a una actitud menos tolerante con los negros, inducida por el miedo
a las revueltas314.
Los procesos abolicionistas, por uno u otro motivo, como veremos, iban
a ser irreversibles, as como las sublevaciones de esclavos entre 1791-1820.
Genovese mantendra que esas revoluciones esclavas de finales del siglo XVIII
eran un producto de las influencias de las revoluciones, por lo que suponan
un alejamiento de la reinstauracin de los ideales africanos, que haban pre-
valecido en las rebeliones anteriores. Esta posicin es contraria a la mantenida
por muchos historiadores haitianos y caribeos, que destacan la peculiaridad
de la de Saint-Domingue. Lo cierto es que esta abri un proceso de influencias
sobre la libertad de los esclavos, que culmin en Amrica con la abolicin
310
Simn Bolvar, Doctrina del libertador, pp. 198-199.
311
Simn Bolvar, Doctrina del libertador, p. 199. Del mismo autor Discursos, p. 124.
312
Nicols Maquiavelo, El Prncipe, c. VII.
313
Simn Bolvar, Doctrina del libertador, p. 198. Del mismo autor Discursos, p. 124
314
Herbert S. Klein: African Slavery, p. 91.
98 jess paniagua prez
de la esclavitud por parte de Brasil, en 1888. Primero se produjeron algunas
emancipaciones temporales, dependientes de los procesos independentistas,
como las de Mxico, en 1813; o Venezuela y Colombia, en 1821. Luego ven-
dran las aboliciones definitivas como Chile y Centroamrica en 1823 y 1824,
siguiendo el mismo camino el resto de los pases: Uruguay (1846), Colombia y
Panam (1850); Ecuador (1852), Per (1855), Argentina (1860), Bolivia (1861);
Paraguay (1869) Puerto Rico (1878) Cuba (1886); y, por ltimo, Brasil (1888).
Como se puede apreciar algunos pases iberoamericanos fueron pioneros
en la abolicin de la esclavitud, incluso antes que otras potencias, pues en las
posesiones britnicas y en Canad, precursores en cuanto a la abolicin del
trfico, se producira en 1833; en las francesas del Caribe, en 1848; en Surinam
y las posesiones holandesas, en 1863; y en los Estados Unidos, en 1865.
Como mencionamos, obras como las de Lpez Cancelada estaban hechas
para provocar miedo ante todos aquellos acontecimientos, puesto que el
panorama en el que se produjo la Revolucin Haitiana no era nada halageo,
especialmente porque el enorme territorio hispanoamericano estaba expuesto
a la vecindad de los lugares donde acontecan aquellos hechos, en un momen-
to de profunda debilidad econmica y militar, que, no pasaba desapercibido a
las dems potencias. Por ello vamos a ver en que medida aquella Revolucin
afect a los diferentes lugares.
1. Las Posesiones Espaolas
A) Santo Domingo
Obviamente la parte espaola de la isla de Santo Domingo fue la que reci-
bi ms directamente las influencias de la Revolucin Haitiana, toda vez que
desde la misma poca de Toussaint se tuvo la idea de una isla nica e indivi-
sible, tal y como lo recogieron las constituciones posteriores, como veremos
respecto de las que reproduce Lpez Cancelada de 1805 y 1807, pero tambin
otras como la de 1816 en su ttulo II, artculo 41; que repetiran posteriormente
el ttulo I, artculo 5, de la constitucin de 1843; y el ttulo I, artculo 4 de la de
1846, que sera reemplazado en la revisin por El imperio de Hait es uno e
indivisible. En las constituciones siguientes la frmula repetida sera La Rep-
blica de Hait es una e indivisible.
A finales del siglo XVII la situacin de la isla de Santo Domingo era lasti-
mosa, hasta el punto que el marqus de Varinas, entre las soluciones que daba
para mejorarla, en la novena propona introducir 500 negros, los dos tercios
varones, que al cabo de diez aos se habran convertido en 5.000315. Santo
Domingo, que haba pasado por un estancamiento demogrfico mejor a par-
tir del siglo XVIII por inmigraciones de canarios y de militares, amn de negros
315
Gabriel Fernndez de Villalobos (marqus de Varinas), Estado Eclesistico, p. 162.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 99
a los que, como en otros lugares, se prometa la libertad si abandonaban la
parte francesa; incluso se cre para ello, en las inmediaciones de la ciudad de
Santo Domingo, la localidad de San Lorenzo de los Mina. A raz de su depen-
dencia de Francia en 1795, por el Tratado de Basilea, su poblacin decreci de
nuevo, debido a la dispora, y as se pas de los 120.000 habitantes que tena
en 1783 a los poco ms de 70.000, en 1819316.
Frente a la rica economa de Saint-Domingue, la parte espaola ofreca
un aspecto muy distinto, pues como nos deca un viajero de la poca, enviado
por Hdouville, los habitantes solo cultivaban en funcin de sus necesidades
y solo haba comercio de bestias, abandonadas en los ricos pastos317.
Cuando Antonio Snchez Valverde publicaba su Idea del valor de la isla
Espaola, en 1785, nos ofreca unos datos interesantes con la comparacin
entre la poblacin de la parte francesa y la espaola. La primera, deca que
contaba con unos 350.000 negros frente a 12 14.000 mil en la espaola318.
El mismo autor haba aprovechado tambin su obra para introducir una nota
sobre el problema de la esclavitud, que pareca ms una justificacin para
evitar tratar el asunto, pues manifestaba que no quera entrar en sus causas
ni dilucidar si era contraria al espritu cristiano, aclarando, que, aunque los
europeos se escandalizaban con las palabras esclavitud y castigo de negros, lo
cierto era que los esclavos estaban ms protegidos que los propios trabajado-
res de Europa, amn de que solan comprar su libertad, valorada en unos 250-
300 duros, con cierta rapidez y facilidad, si es que no eran dados a los vicios.
En cuando a los castigos, aclaraba que solo se les aplicaba ante faltas graves,
pues a la postre el esclavo era un bien valioso que el dueo cuidaba y que las
leyes protegan319 . Este mismo autor criticaba el abuso que exista en dar la
libertad a los negros, pues los libertos se quedaban muchas veces sin oficio
ni beneficio, dando lugar a desrdenes. Por el contrario, en la parte francesa,
para poder dar la libertad a un esclavo haba que pagar 150 pesos al rey y ase-
gurar la subsistencia al liberto. Otra diferencia importante que haca el autor
entre los esclavos de ambas partes era que por los negros franceses de ciudad
se exigan al dueo tres pesos al ao, lo que induca a sus poseedores a no
utilizarlos para su lujo y apariencia, como lo estaban haciendo los espaoles320.
Para Espaa los acontecimientos de Saint-Domingue tambin supusieron
la ruptura del proceso de convivencia econmica, ya que la parte espaola
abasteca a la francesa de productos agropecuarios, especialmente los deriva-
dos de la ganadera, mientras que la parte francesa exportaba manufacturas
que llegaban de su metrpoli. Tambin pasaba a la parte francesa casi todo
316
Gerard Jori, El ingeniero militar Antonio lvarez Barba.
317
Dorvo-Soulastre, Voyage par terre, p. 8.
318
Antonio Snchez Valverde, Idea del valor de la Isla Espaola, c. XX.
319
Antonio Snchez Valverde, Idea del valor de la Isla Espaola, c. XXII.
320
Antonio Snchez Valverde, Idea del valor de la Isla Espaola, c. XXI.
100 jess paniagua prez
el tabaco que se produca en la espaola y no fue hasta los setenta del XVIII
cuando en Santiago se cre una factora, que se mantuvo hasta 1796, para
recibir el tabaco de la zona, pero el transporte y condiciones no favorecieron
su llegada a las reales fbricas321. Es decir, se haba establecido una especie
de mercado complementario entre ambas partes, casi sin intervencin de las
metrpolis, cuya influencia en aspectos comerciales se iba debilitando en
aquella relacin, al menos en lo que se refiere al abastecimiento; incluso se
lleg a decir que la parte espaola era una granja de la colonia francesa. No
ocurra lo mismo con los productos agrcolas, porque en Santo Domingo no
haba sino tierras incultas y ni una sola rada defendida322. La descompensa-
cin econmica entre ambas era evidente y por ello en la parte francesa, por su
mayor riqueza, gracias a los beneficios producidos por el azcar, se pretenda
una mayor autonoma de su metrpoli para buscar sus propios mercados sin
necesidad de estar condicionados por el monopolio, que estableca que aquel
producto deba pasar previamente por los puertos galos.
Amn de lo anterior, la esclavitud haba sido ms soportable en la parte
espaola, a donde huan muchos negros de la francesa, porque el trato era
mucho ms humano y exista ms claramente la posibilidad de poderse libe-
rar323. El fenmeno no era nuevo, pues ya en el siglo XVII los negros que
quedaron de la revuelta de Padrejean, en la parte francesa, aun no reconocida
su posesin, fueron recogidos en la parte espaola, donde se les asent en
el mencionado lugar de San Lorenzo de los Mina, junto al ro Ozama, hacia
1677324. El flujo de esclavos a la parte espaola fue continuo y todava en 1714,
por una cdula de 20 de octubre, las autoridades espaolas se comprometan
a devolver a los esclavos de la parte francesa, como ya se haba aceptado en
otras ocasiones. La verdad es que muchos de los esclavos de la parte espaola
eran manumisos y criollos y no haban vivido los rigores de la economa de
plantacin, actuando muchos como jornaleros en el campo o en algn oficio,
lo que a la postre les permita comprar su libertad325. Como consecuencia de lo
anterior las sublevaciones eran menos frecuentes en la parte espaola, aunque
por esta poca destac la de los cimarrones de Maniel, al Este de Neyba, sobre
la que informaba en 1785 el gobernador Joaqun Garca326.
Ya antes de los sucesos definitivos de la Revolucin Haitiana, en 1789 se
haba hecho partcipes a los dominicanos de los sucesos de Saint-Domingue,
con la huida de familias francesas, que se instalaron en San Miguel de la Ata-
laya y sus alrededores, como consecuencia de la Revolucin en su metrpoli.
321
Antonio Lluberes Navarro, Tabaco y catalanes, pp. 13 y ss.
322
Domingo Delmonte, Resultado de la cesin, pp. 40 y 42.
323
Jean Fouchrad, Les marrons, pp. 427-428.
324
Carlos Esteban Deive, La esclavitud del negro II, pp. 532-543.
325
Ruben Sili, Economa, pp. 102-103.
326
Sobre esta de Maniel, Jane Landers, La cultura material de los cimarrones, pp.
153-155.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 101
El levantamiento de los negros de Saint-Domingue, en Bois-Caman, el 22
de agosto de 1791, provoc preocupacin en la parte espaola por cuestiones
de vecindad, sobre todo cuando aquella se fue extendiendo hacia el Este y
hacia el Sur y se implicaron en ella tambin mulatos y negros libres, puesto
que los blancos franceses no les queran reconocer sus derechos, reconocidos
por la metrpoli tras la Revolucin. La consecuencia fue que un buen nmero
de blancos, que temieron por su vida y sus haciendas, pasaron a refugiarse en
Santo Domingo.
El gobernador Joaqun Garca, ya en septiembre de 1791, escriba alarma-
do al ministro de Gracia y Justicia para que la Junta Suprema de Estado ana-
lizase los hechos. No era de extraar su preocupacin toda vez que dispona
de muy pocos efectivos para atender una emergencia, lo que le haba obliga-
do a movilizar a las milicias y proteger la frontera. En un primer momento y
por cuestiones humanitarias, solo permiti el paso por la misma a ancianos,
mujeres y nios, optando polticamente por la neutralidad, aunque con una
posicin cada vez ms pesimista327. Esa neutralidad contara al ao siguien-
te con el apoyo de Floridablanca, aunque este mandaba que, por motivos
humanitarios, se deba auxiliar a los ciudadanos franceses que llegasen a la
parte espaola.
Frente a lo anterior, ambos contendientes de Saint-Domingue trataron de
buscar el apoyo de las autoridades espaolas desde los inicios del proceso; as,
el gobernador, vizconde de Blanchelande, pidi ayuda a varios gobernadores
de las posesiones espaolas y lo hizo de manera muy especial al de Santo
Domingo, Joaqun Garca, que se la neg por la mencionada neutralidad que
se haba adoptado. No era de extraar, pues aquellos primeros momentos
de la rebelin estaban provocando un profundo miedo en la parte espaola,
sobre todo tras el ataque, en enero de 1792, a la poblacin de Ouanaminthe,
que aunque francesa estaba muy prxima a la frontera328. Los rebeldes no
penetraron en la parte espaola, pero no por ello se evit la desconfianza y
el miedo a la expansin de la revuelta y a una probable invasin, por lo que
el 25 de mayo de ese ao se enviaron dos compaas espaolas al pueblo
fronterizo de San Rafael. La complicacin de la situacin en la parte francesa
hizo que a partir de junio y julio, como mencionamos, las autoridades penin-
sulares favorecieran la acogida de los blancos que llegaban329. Sin embargo,
para el mencionado gobernador Joaqun Garca, as como para el arzobispo
fray Fernando Portillo y Torres, la presencia de aquellos exiliados franceses
supona todo un peligro, pues contribuan a difundir los errores malsonantes
de la libertad y de toda idea destructora de los eternos principios del amor
327
Jess Mara Porro Gutirrez, , Inquietudes, pp. 166-168.
328
Alejandro Enrique Gmez Perna, Le Syndrome de Saint-Domingue, pp. 55-56.
329
M Jos Villaverde Rico, La fragilidad del imperio espaol, pp. 117-118.
102 jess paniagua prez
a nuestra madre la religin330. Especialmente para el arzobispo el problema
radicaba en que muchos de aquellos inmigrantes llegaban con poca propen-
sin al catolicismo y se burlaban de la religin, siendo an peor el peligro que
suponan muchos sacerdotes, al haber optado por la causa republicana331. Es
decir, que para muchos espaoles de Santo Domingo el peligro en la parte
espaola de la isla, por uno u otro motivo, estaba en ambos bandos.
Los rebeldes negros y mulatos, a pesar de aquellos temores, haban res-
petado la territorialidad espaola. Estaban necesitados de contar con aliados y
para ganarse la voluntad hispana y la ayuda en sus propsitos alegaban que su
rebelin se deba a la defensa de los intereses del rey de Francia, pariente del
monarca espaol332. Hyacinthe, uno de aquellos lderes negros, haba dicho
que nosotros no conocemos sino a Dios y al Rey Nuestro Seor, y nosotros
queremos derramar la ltima gota de nuestra sangre por nuestro Rey y por
nuestros derechos333. El ajusticiamiento de Luis XVI, el 21 de enero de 1793, iba
a tener sus consecuencias directas para la isla. Fue entonces cuando el Consejo
de Estado en Espaa dio instrucciones, en febrero, para que los gobernadores
de La Habana, Puerto Rico y Caracas preparasen la conquista de la parte fran-
cesa334, as como para que el virrey de Nueva Espaa, II conde de Revillagige-
do, remitiese caudales desde su virreinato335. Se inici todo un programa de
informacin, incluso enviando negros de la parte espaola para persuadir a los
de la parte francesa de la conveniencia de desligarse de la Repblica.
Una vez rotas las hostilidades entre Espaa y Francia con la primera guerra
de la Convencin (1793-1795), Joaqun Garca recibi la orden de atraerse a los
lderes negros para enfrentarse a Francia, especialmente a los ms relevantes,
como Biassou, Hyacinthe y Jean-Franois, utilizando para las negociaciones
al clrigo Jos Vzquez, cura de Dajabn y hbil para las intrigas336, al que se
premiara por sus servicios con la recomendacin para la dignidad de teso-
rero, el 14 de junio de 1794, pero continuando en la frontera para mantener
330
Carlos Esteban Deive, Heterodoxia, p. 316.
331
Carlos Esteban Deive, Heterodoxia, pp. 316-318.
332
Jorge Victoria Ojeda, Tendencias monrquicas, p. 49. Del mismo autor Los
negros auxiliares, p. 2.
333
Jorge Victoria Ojeda, Tendencias monrquicas, p. 53.
334
M Jos Villaverde Rico, La fragilidad del imperio espaol, p. 118.
335
AGS, Secretara de Guerra Universal 7161, 1.
336
Este clrigo, que actu como capelln de las Tropas Auxiliares de Carlos IV, sera
propuesto por Joaqun Garca para algn puesto eclesistico, en 1796, despus de no haber
podido ejercer de tesorero de la catedral dominicana, puesto para el que se le nombr en
1794, por la oposicin del den, aunque llegara a ocupar el cargo al ao siguiente. En aos
sucesivos pidi el deanato de La Habana y otros cargos. Mora quemado el 25 de febrero
de 1805, ante la invasin de Dessalines a la parte espaola de la isla. AGS, Secretara de
Guerra Universal 7156, 13. AGI, Estado 5B, N. 136, 11A, N. 38, y 11B, N. 70. Jos Ramn
Estella y Jos Israel Cuello, Historia grfica , p. 74. Jos Luciano Franco, Historia de la
Revolucin de Hait, p. 229.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 103
adictos a los negros337. La intervencin de este ltimo responda a que en los
deseos del Consejo de Estado estaba el que la atraccin de aquellos lderes
deba hacerse mediante propaganda religiosa y sirvindose del arzobispo y de
eclesisticos discretos y celosos338. El cambio de bando de los lderes negros
debera ser premiado por los espaoles con honras y prebendas, as como con
la proteccin que podra prestarles la monarqua espaola y la concesin de
su condicin de vasallos libres.
La aceptacin por parte de muchos de los negros de aquella proposicin
hizo que se pasaran a la parte espaola para luego luchar a favor de Espaa
en la francesa, despus de formadas las Tropas Auxiliares de Carlos IV, con
las que se contaba para poner todo el territorio de la isla bajo control hispano.
En la mente de las autoridades peninsulares estaba la idea de hostilizar a los
partidarios de la Revolucin Francesa, hasta lograr su total exterminio339; lo
que adems iba unido a la pretensin de un control total de la isla.
En la parte francesa aquella traicin de los lderes negros fue seguida
de toda una propaganda de descrdito contra ellos, considerndolos como
motivados nicamente por sus intereses personales340. Pero tampoco entre las
autoridades hispanas el acercamiento fue bien visto por todos y as, el gober-
nador de Luisiana, barn de Carondelet, mostr su desacuerdo, denunciando
ante Aranda la actitud del gobernador de Santo Domingo. Igualmente otras
muchas personas en la isla vieron aquello como un peligro, pues se estaba
concediendo a los revoltosos un estatus de libertad y unas prebendas de las
que no gozaban los negros de la parte espaola que, sin duda, se sentiran ten-
tados a seguir los pasos de los franceses. No olvidemos que, entre los premios
y honores concedidos a Jean-Franois y a Biassou, estaban los de nombrarles
lugartenientes de los ejrcitos del rey de Espaa; incluso se les concedieron
medallas cuando, invadida la zona francesa, se haban tomado algunas pla-
zas importantes como Gonaves y las parroquias de Verretes, Plesance, Port
Margot y Borgne. De aquellas medallas honorficas tres eran de oro e iban
destinadas a Biassou, Jean-Franois341 y Hyacinthe; otras 12 eran de plata y
estas se repartiran por los generales negros a quienes consideraran pertinente
entre sus oficiales. Sin embargo, por entonces Hyacinthe ya haba fallecido a
mediados de 1793, por lo que su medalla, a peticin del gobernador de Santo
Domingo, en enero de 1794, se destinara a otro jefe negro que comenzaba a
brillar con luz propia, como era Toussaint Louverture342. El escrito que acom-
Jos Luis Sez, Marco poltico, p. 14.
337
M Jos Villaverde Rico, La fragilidad del imperio espaol, p. 118.
338
339
AGS, Secretara de Guerra Universal 7157, 19, 117.
340
Beaubrun Ardouin, tudes sur lhistoire dHati II, pp. 195 y ss.
341
La de Jean Franois le fue impuesta personalmente por el gobernador Joaqun Gar-
ca el da 9 de marzo de 1794 ante la oficialidad. AGI, Estado 14, N. 77.
342
AGI, Estado 14, N. 89.
104 jess paniagua prez
paaba a las medallas de oro no ahorraba elogios a sus beneficiarios, a los que
calificaba, entre otras cosas, como valerosos guerreros de espritu bizarro343.
Los privilegios de los negros en el ejrcito, quizs, a quienes menos agra-
daron fue a los militares espaoles, que en muchos casos no sintieron ninguna
simpata por ellos y solo por imposicin superior los haban tolerado. No era
concebible para ellos compartir su posicin, menos cuando se sospechaba
frecuentemente de su lealtad. Pero muchos de aquellos jefes negros se desta-
caron por una verdadera fidelidad a Espaa, y de manera muy especial Jean-
Franois, al que el 21 de junio de 1793 se le haba pasado una carta por los
franceses para desertar de los espaoles y con ella hacer dudar a estos de su
fidelidad, lo que no consinti el padre Jos Vzquez, que sali en su defensa
ante los rumores existentes344.
Es cierto, sin embargo, que la traicin se fragu por uno de aquellos lde-
res, como lo fue Toussaint Louverture, que acabara convirtindose en el cen-
tro de la Revolucin Haitiana. Su nuevo cambio de bando estuvo en relacin
con la promesa de libertad que haban llevado los enviados de la Convencin,
en 1793, y en concreto Sonthonax, que la aboli en la isla y luego la rectifica-
cin de dicha Convencin el 4 de febrero de 1794. Esto logr preocupar an
ms a las autoridades de la parte espaola, que decidieron informarse de la
situacin en Saint-Domingue a travs del propio Jean-Franois y del padre Jos
Vzquez. En realidad la decisin de concesin de la libertad a los esclavos por
parte de Sonthonax no agrad del todo a muchos negros, amn de que los his-
panos le hicieron una psima propaganda, calificndole como judo, hombre
feroz y sin ejemplo en el mundo por sus atroces providencias. El comisionado
a su vez, para hacer aquella campaa de atraccin de los lderes negros, que
dara sus frutos, utiliz a los mulatos, siempre ms proclives a la sumisin a
Francia345. Por fin Toussaint, en mayo de 1794, se pas con sus tropas a los
franceses. Aquella desercin supuso un importante progreso para este hombre
como nuevo lder en Saint-Domingue, pues la mayora de los antiguos jefes
se mantuvieron al servicio de Espaa. Adems, no permaneci inactivo frente
a los comisionados enviados por Pars, los cuales, tras algunas acusaciones
tendenciosas que se hicieron contra ellos, tuvieron que salir de la isla el 14 de
junio de 1794. Sonthonax regresara de nuevo en 1796, pero ese mismo ao
sera elegido como representante de la isla en el legislativo, por lo que tuvo
que regresar a Francia y abandonar para siempre el escenario dominicano.
La desercin de Toussaint puso an ms en entredicho a los negros al
servicio de Espaa, especialmente entre algunos oficiales del ejrcito, que
aprovecharon aquello para sembrar ms dudas sobre su fidelidad. Valga como
ejemplo el de Juan Lleonart, comandante del Sur y el Oeste de la isla en aquella
343
Joaqun Marino Inchustegui Cabral, Documentos para estudio, p. 31.
344
AGS, Secretara de Guerra Universal 7158, 30.
345
AGS, Secretara de Guerra Universal 7151, 11.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 105
guerra contra los franceses346, el cual, en 1794, abandonaba los pueblos de San
Rafael, San Miguel e Hinche a los mencionados negros desertores de las Tro-
pas Auxiliares de Carlos IV, que se haban pasado a los franceses347. Lo justifi-
cara alegando, entre otras cosas, que no poda esperar buenos resultados del
dbil apoyo de unos negros alzados y volubles, cuando no conocan alguna
mxima cristiana y poltica. Y se comprob con sus ltimos procedimientos,
faltando a la fidelidad que haban jurado348. Una vez preso en la ciudad de
Santo Domingo, este comandante haba escrito al rey el 23 de febrero de 1795,
solicitando que se le juzgase en otro lugar, concretamente en La Habana, lo
que conseguira349, por la inquina que le tena el gobernador Joaqun Garca.
Aprovechaba aquella carta para definir a los negros de las Tropas Auxiliares
como hombres sin conducta, religin y buenas costumbres, que aprovechn-
dose de las turbaciones de la Francia sacudieron el yugo servil y se armaron
contra sus amos350.
Otro de los ejemplos llamativos fue el del marqus de Casa Calvo, nom-
brado gobernador de Fort-Dauphin, donde sustituy a Gaspar de Casasola, en
marzo de 1794, y donde tuvo que soportar la presencia de los 1.000 hombres
del ejrcito negro dirigidos por Jean-Franois. En sus informes, aunque mani-
festaba que todo marchaba bien, aclaraba igualmente que nos vemos obligados
a sobrellevar el trato con los negros y gente de color, aun sin perder nuestro
decoro351. Este hombre, adems, mantuvo siempre un doble juego, en el que
pona de manifiesto la poca estima que le despertaban los negros, aunque gra-
cias a su resistencia Fort-Dauphin era la ltima plaza francesa controlada por
espaoles352. Al tenerla que evacuar y entregar al general tienne Laveaux, el
14 de mayo de 1796, como consecuencia de la Paz de Basilea de 22 de junio
de 1795, envi aquellas Tropas Auxiliares, al igual que las de los blancos, a La
Habana, lo que le cost una seria amonestacin de las autoridades peninsula-
res, porque haba rdenes para que se quedaran en la isla353.
Juan Lleonart era hijo del homnimo cataln que haba sido gobernador de Costa
346
Rica y de la extremea Mariana Crespite y Mora. Hizo su carrera en el ejrcito en Cuba,
donde lleg a ser coronel de infantera, en 1793, y de all pas a Santo Domingo para la
guerra contra Francia. AGI, Estado 18, N. 9. AGS, Secretara de Guerra Universal 6872, 37.
y 7151, 94.
347
AGS, Secretara de Guerra Universal 7152, 3.
348
AGS, Secretara de Guerra Universal 6855, 54.
349
AGS, Secretaria de Guerra Universal 7151, 94 y 6856, 39. AGI, Cuba 1774B. Recor-
demos que aquel juicio no solo le afectaba a l, sino tambin al brigadier Matas Armona,
al coronel Antonio Mara de la Torre y al capitn Miguel Ortiz de Zrate, aunque Armona
haba fallecido antes de ser trasladados a La Habana.
350
AGI, Estado 18, N. 9.
351
AGI, Estado 14, N. 63.
352
AGI, Estado 14, N. 65.
353
AGS, Secretaria de Guerra Universal 7161, 30. AGI, Estado 5A, N. 66.
106 jess paniagua prez
Toda aquella colaboracin de los lderes negros de la Tropas Auxiliares
de Carlos IV no se especific en la edicin madrilea de la obra de Dubroca
y, por tanto, tampoco en la obra de Lpez Cancelada, probablemente por
problemas raciales, lo que implicaba que no se viera con buenos ojos aquella
colaboracin, que s apareca en la obra original de Dubroca.
Tampoco las autoridades eclesisticas fueron ajenas al miedo por aquellos
acontecimientos. El arzobispo de Santo Domingo, Fernando Portillo (1788-
1798), ya desde los inicios de la Revolucin Haitiana desconfi de los negros
de Saint-Domingue, alegando que haban matado a sus amos y quemado sus
posesiones, por lo que se preguntaba si, cuando no tuviesen ya que comer, se
quedaran en la parte francesa354. A veces el prelado era muy explcito en sus
apreciaciones, pues ante la revuelta de Les Cayes, informaba el 15 de octubre
de 1796 a Godoy de la violenta insurreccin de mulatos y negros, que solo
aplacaron su ira con la sangre de blancos franceses, muchos de los cuales se
haban visto forzados a huir a la parte espaola355.
El fracaso ante Francia en aquella guerra de la Convencin y la paz de
Basilea fueron un duro golpe para los intereses espaoles, pues no solo supo-
na el abandono de la parte francesa, ocupada en parte por Espaa, sino que
haba que entregar la totalidad de la isla a Francia, para lo que se daba el
plazo de un ao. Se cumpla una vieja pretensin de los galos por expandirse
en la parte espaola, de la que incluso haba dado cuenta la Junta de Estado
hispana en un momento de buenas relaciones, all por el 8 de julio de 1787,
cuando estaba en la idea del monarca poblar y desarrollar el puerto y baha
de Saman356. En Basilea los habitantes de aquella posesin espaola vieron
como los intereses peninsulares se anteponan a los suyos, pues aquel era el
territorio escogido por Espaa para ser permutado por las provincias vascas
y catalanas, ocupadas por el ejrcito francs en los aos de 1794 y 1795. El
desnimo, pues, cundi entre aquellos espaoles de la isla, que teman que
la situacin que se viva en la parte francesa se extendiese a sus territorios,
por lo que muchos, con la sensacin de haber sido abandonados por su
metrpoli, prefirieron emigrar a otras posesiones. El propio Cabildo de Santo
Domingo estuvo dispuesto a ayudarlos, poniendo de manifiesto las preferen-
cias de aquellos colonos por los destinos de Venezuela, Puerto Rico y Cuba357.
En esta ltima isla, incluso, se pens crear una poblacin de dominicanos en
Puerto Guantnamo358. Lo cierto es que todos aquellos hechos y los que se
iban a suceder dieron lugar a una despoblacin de la isla y, aunque no hay
cifras muy fiables, se pudo pasar de 150.000 habitantes, en 1795, a poco ms
354
Joqun Marino Inchustegui Cabral, Documentos para estudio, pp. 551-552.
355
AGI, Estado 11A, N. 1.
356
Floridablanca, Obras originales, pp. 229 y 235.
357
Joqun Marino Inchustegui Cabral, Documentos para estudio, pp. 60 y ss.
358
Joqun Marino Inchustegui Cabral, Documentos para estudio, p. 125. Francisco
de Solano, Ciudades hispanoamericanas, p. 141.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 107
de 60.000, en 1819359, cifras que coinciden bastante con las que expusimos
con anterioridad de Dorvo-Soulastre.
El 26 de noviembre de 1795 el gobernador Joaqun Garca comunicaba a
Laveaux que ya se estaba preparando la evacuacin y que esperaba la llegada
del delegado que las autoridades francesas enviasen para hacerla. Con el fin
de dar salida a algunos problemas se haban arbitrado determinadas solu-
ciones para quienes no quisieron permanecer en la isla, incluso se tomaban
precauciones ante un probable ataque ingls a los barcos que evacuaban la
poblacin, incluidos algunos prisioneros franceses. Las fuerzas militares y la
burocracia local igualmente fueron enviadas a Puerto Rico, Caracas y Cuba.
Este ltimo lugar era el preferido por casi todos; as, se deca que monjas,
sacerdotes, familias criollas, la urna con los restos de Cristbal Coln, oficiales
de la Real Hacienda, criados, esclavos, todos emprendieron la huida hacia
Santiago y La Habana360. En aquellas evacuaciones tuvo un gran papel el
teniente general de la Armada, Gabriel de Aristizbal, presente en la isla desde
1793 y que se encarg tambin de la evacuacin de parte de los auxiliares
negros, que en principio fueron trasladados a La Habana, as como de trans-
portar a esa ciudad los restos de Cristbal Coln361.
El clero fue de los sectores ms afectados por aquella evacuacin y de ello
se encarg el propio arzobispo fray Fernando Portillo y Torres, pues no solo
haba que sacar a las personas, sino las alhajas, que hubo que inventariar, y
que se valoraron en dos o tres millones de pesos362. Adems, el traslado de los
dos monasterios femeninos a Cuba, dominicas y clarisas, provoc un colapso
en los centros monacales habaneros, acentuado aos ms tarde porque tam-
bin all recalaron las ursulinas de Nueva Orlens, cuando hubo que evacuar
la Luisiana, en 1803363.
El golpe que supuso la Paz de Basilea fue especialmente duro para los
negros de las Tropas Auxiliares de Carlos IV, en la medida en que dejaron
de ser necesarios para los espaoles, que, como vimos, no haban confiado
demasiados en ellos. Eran conocedores del arte de la guerra y eran grandes
defensores de su libertad, por la que haban luchado abiertamente, al menos,
desde 1791. Por tanto, quienes hasta entonces con mejor o peor talante haban
sido vistos como aliados, eran ahora menospreciados y considerados como
peligrosos, no encontrndose fcilmente para ellos un espacio en el amplio
imperio espaol de Amrica, como iremos viendo en los diferentes lugares
Jos Ramn Abad, La Repblica Dominicana, p. 86.
359
Jos Luciano Franco, Revoluciones y conflictos, p. 43.
360
361
Sobre Aristizbal y su participacin en los asuntos de Santo Domingo, ver Jorge
Victoria Ojeda, Rebeldes de la Revolucin, pp. 53-70.
362
AGI Estado 11A, N. 22. La orden del obispo para recoger aquellas riquezas la repro-
duce Emilio Rodrguez Demorizi, La era de Francia, p. 22.
363
AGI Santo Domingo 2621, N. 257. Sobre este convento en Nueva Orlens puede
verse Jos A. Armillas Vicente, La educacin femenina, pp. 1273-1282.
108 jess paniagua prez
que trataremos y a los que arribaron. En cada jurisdiccin se manifestaban los
miedos pertinentes. De pronto, estos efectivos se haban convertido en un ele-
mento incmodo, porque su condicin racial imposibilitaba su incorporacin
al ejrcito blanco regular. Adems, podan ser un mal ejemplo para los escla-
vos, que se sentan inclinados a imitarlos y a alzarse en armas para conquistar
su libertad. Sin embargo, no podan quedarse en su isla de Santo Domingo,
que deba pasar ahora en su totalidad a la administracin francesa, de la que
ellos haban renegado, por lo que su propia existencia corra peligro. La solu-
cin fue su traslado a varios lugares en donde, como veremos, no siempre
fueron aceptados, a pesar de las rdenes dadas.
Los negros partidarios de Jean-Franois, que estaban asentados en Fort-
Dauphin, fueron enviados por el marqus de Casa Calvo a La Habana, suman-
do la cantidad de 331 hombres, 284 mujeres y 92 nios. Al mismo tiempo que
los enviaba con aquel destino, el marqus informaba sobre ellos al gobernador
de la ciudad cubana, Luis de las Casas, poniendo de manifiesto el espritu
racista del que siempre hizo gala, sin sentir ningn agradecimiento por quie-
nes haban permitido mantener aquel enclave que gobernaba. Explicaba Casa
Calvo con desprecio, que hasta entonces se haba visto obligado a tratar con
un negro con grado de general, pero que no sala de la esfera a que le cons-
tituyeron su nacimiento y principios de esclavitud. Por ello, segua diciendo,
que, una vez acabada la guerra, debe acabarse con las contemplaciones con
los negros, que en algn modo son vergonzosas. En consecuencia, a Jean-
Franois haba que dejarlo de tratar como un teniente general y a Benjamn y
a otros como mariscales de campo. Es decir, al mismo tiempo que se solicita la
admisin de aquellas gentes en Cuba, se las defina como vboras venenosas,
pues, aunque hubiesen ayudado a Espaa, estos son los mismos que ase-
sinaron a sus amos, violaron a sus seoras y acabaron con cuantos tenan
propiedades en este suelo364.
Ante tales informaciones y el miedo existente, no es de extraar que el
gobernador habanero no quisiese aceptarlos y pens que mejor era su distri-
bucin inmediata por otros territorios de la corona hispana, porque la elevada
cifra de esclavos de la Gran Antilla elevaba el riesgo de rebelin negra, influida
por la presencia de estas tropas auxiliares.
Entretanto, el gobernador dominicano Joaqun Garca segua provocando
retrasos en la evacuacin espaola, alegando que el Tratado de Basilea esta-
bleca que solo se entregara a personas nombradas por la Convencin, lo que
no eran los enviados del gobernador tienne Laveaux. Se trataba de dos negros
y un blanco, que a su llegada repartieron panfletos, prometiendo la libertad
de los negros e intentando que no saliesen de la colonia. Aquello incomod a
Garca por tener que tratar con gentes de otra raza y porque consideraba que
los esclavos eran propiedad de sus dueos y, por tanto, podan llevrselos si
AGI, Estado 43, N. 18.
364
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 109
se iban de la isla. La respuesta de Laveaux haba sido que eran personas y que
como tales podan optar por quedarse o irse365. Estaba claro que Espaa, en
el ltimo momento, quera mantener aquellos territorios que simblicamente
representaban el inicio de su presencia en Amrica, llegndose a proponer,
incluso, el cambio por la Luisiana366. Es ms, el virrey de Nueva Espaa, mar-
qus de Branciforte, en 1796, a pesar de que Santo Domingo debera pasar
a manos de Francia, mandaba los situados correspondientes, cuya cantidad
ascenda a casi 400.000 pesos, pues consideraba que se podran usar para
evacuar la isla367 . Los propios criollos hispanos tenan miedo a perder sus pro-
piedades y esclavos, lo mismo que la burocracia y el clero teman verse sin sus
puestos y beneficios. Lo cierto es que incluso muchos franceses consideraban
onerosa aquella unin, en buena medida por la falta de mano de obra esclava
en la parte espaola368. Pero en la mente de Godoy no parece que hubiera
intencin por conservar aquel territorio, pues, tras la mencionada paz, deca
de la isla que era tierra ya de maldicin para los blancos y verdadero cncer
agarrado a las entraas de cualquiera que sera su dueo en adelante369.
El enviado de la Convencin para que se produjese la entrega fue Philippe
Rouse Roume de St. Laurent, que lleg a principios de abril de 1796. En un
primer momento pens en ocupar Santo Domingo, de lo que encarg al
general Rochambeau, pero los sucesos de Boca Nigua y luego los de Bnica,
atacada por tropas de Toussaint, sembraron el miedo, y el mencionado general
se neg a llevar adelante la ocupacin370. En realidad no haba especial inters
por parte de las autoridades francesas en hacerse cargo de la parte espaola de
aquel territorio y, por tanto, se evit la inmediata toma de posesin. El motivo
estaba, al menos en parte, en que por entonces el liderazgo de Toussaint en
Saint-Domingue provocaba muchos recelos en los metropolitanos franceses,
que no queran favorecer su poder sobre toda la isla. Se lleg as a una
situacin en la que Santo Domingo era una colonia francesa administrada y
defendida por los espaoles, ya que Francia, con sus campaas en Europa,
no poda facilitar tropas ni medios, pero tampoco quera que los de Toussaint
se convirtieran en los beneficiarios de la situacin. As, cuando se produjo la
rebelin de los negros de Boca Nigua, el 30 de octubre de 1796, fueron las
tropas espaolas de Santo Domingo y las llegadas de Puerto Rico, amn de la
artillera pesada, quienes detuvieron la sublevacin en pocas horas, en lo que
algunos han considerado como un intento de conseguir la libertad de todos los
Emilio Rodrguez Demorizi, Cesin de Santo Domingo, pp. 18-20.
365
Domingo Delmonte, Resultado de la cesin, pp. 45-46. Arturo Pea Batlle, El
366
tratado de Basilea, p. 11.
367
AGI, Estado 24, N. 20.
368
Vincent, Reflexiones de economa poltica, p. 130.
369
Godoy. Memorias I, p. 229.
370
Emilio Rodrguez Demorizi, Cesin de Santo Domingo, p. 102.
110 jess paniagua prez
negros de la colonia e imponer un gobierno revolucionario371. En noviembre
de ese ao, el mismo gobernador de Santo Domingo, por un lado solicitaba a
La Habana entre 800 y 1.000 hombres para sofocar una rebelin de esclavos
de aquellas haciendas, que las autoridades de Cuba no podran facilitarle sin
poner su isla en peligro; por otro lado, tambin haba pedido buques para
evacuar poblacin, que tampoco se le dieron, alegando la inminencia de una
guerra con Inglaterra372. A todo esto se aada el peligro britnico, pues en 1797
se haba pensado en una expedicin que saliendo de Canad, por el Misisipi,
llegara a Nueva Espaa, teniendo tambin a Santo Domingo como objetivo
de su desembarco, en que se cree que contaban con la ayuda de Francisco
Miranda373.
La situacin se iba prolongando y en 1799 llegaba como representante
francs a Santo Domingo el general Franois-Marie Perichou de Kerverseau374,
por el que Garca mostr un gran respeto, aunque no tanto por su sucesor,
Antoine Chanlatte, ya que era uno de los de sangre mezclada, que en alguna
ocasin tuvo que intervenir para calmar el miedo de los espaoles375.
En la parte francesa, Toussaint, como adjunto al gobierno, no era ajeno
a aquella situacin y maniobr para obligar a Roume a firmar un decreto de
posesin de la parte espaola, el 27 de abril de 1800376. Joaqun Garca se neg
a entregar el mando y el propio Roume anul el decreto el 16 de junio, des-
pus de que los vecinos de la ciudad expresasen sus temores a lo que pudiera
suceder si se diese una ocupacin efectiva, viendo lo que haba sucedido en
Saint-Domingue377. La respuesta negativa de Roume se haba hecho alegando
la imposibilidad de Francia para sufragar los gastos que exiga el mantenimien-
to de la parte espaola y que ascendan a unos 400.000 pesos anuales378. En
realidad aquel periodo iba mostrando el poder de Toussaint y el menosprecio
que senta por los franceses, como ya lo explicaba un autor de la poca, en
1800, que llegaba a decir que los ciudadanos que llegaban de Francia eran
tratados como enemigos, aherrojados en prisiones o llevados a pontones para
morir en ellos casi todos379; pero aquel intento de independencia de Francia
tampoco pasaba desapercibido a las autoridades espaolas380.
371
Carlos Esteban Deive, Los guerrilleros negros, p. 221. Esta rebelin ha sido estu-
diada por Juan Jos Andreu Ocriz, La rebelin de los esclavos o Roberto Cass, Histo-
ria social I., p. 192.
372
AGS, Secretaria de Guerra Universal 6858,36.
373
AGI, Estado 37,N.21
374
Antes de aquella fecha haba escrito junto a Leborgne su Rapport
375
Carlos Esteban Deive, La esclavitud del negro I, pp. 215-217.
376
De esto daba noticia el 24 de junio de 1800, Manuel Guevara Vasconcelos, capitn
general de Caracas, por noticias que le llegaron de la isla. AGI, Estado 67, n. 76.
377
Emilio Rodrguez Demorizi, La era de Francia, pp. 24-32.
378
Antonio Chanlante, Al gobierno francs..., pp. 211-212.
379
Antonio Chanlante, Al gobierno francs..., pp. 200-211, especialmente la 210.
380
AGI, Estado 67, N. 76.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 111
Un motivo alegado por Toussaint para ocupar la parte espaola era el
comercio que all se segua realizando con los negros que se capturaban en
la parte francesa. Como consecuencia, no dej de seguir haciendo presiones
sobre Roume para conseguir hacer efectiva la ocupacin. El ltimo de los
intentos de Toussaint fue levantar a la poblacin negra con la promesa de
entregarles aquellas tierras del Este. Roume, sitiado y amenazado de muerte,
finalmente firm el permiso de invasin, aunque se decidi esperar una ratifi-
cacin que llegase de Francia381.
Antes de preparar la invasin, Toussaint haba tenido que reprimir algunas
rebeliones, provocadas en parte por la ley de cultivos de 1800, que impona el
trabajo obligatorio en las plantaciones. Despus de esto y de haber consegui-
do el permiso mencionado, el lder negro mand apresar y expulsar de la isla
en noviembre al enviado de la Convencin. Se organiz la invasin justo en
el momento en que llegaba de Francia una orden que prohiba penetrar en la
parte espaola, pero que el lder negro no quiso recibir. Por fin, lograba entrar
en la ciudad de Santo Domingo el 26 de enero de 1801 y declaraba la libertad
de todos los esclavos382, prohibiendo que se sacaran ms negros del pas, pues
deca tener noticia de que unos 3.000 cultivadores se haban trasladado a otras
colonias espaolas con sus esclavos383. Parece que aquella ocupacin no fue
recibida del todo con agrado por el comn de la poblacin dominicana, entre
otras cosas porque los abusos cometidos por aquel ejrcito en su camino hacia
la capital contribuyeron a generar el miedo.
Ocupado Santo Domingo, el 5 de febrero Toussaint convocaba la Asam-
blea Nacional, con habitantes de las dos partes de la isla, donde se aprob la
llamada Constitucin de 1801, que recoga la abolicin de la esclavitud y la
igualdad ante la ley, aunque se mantena la vinculacin a Francia. El 12 de
febrero comunicaba oficialmente a Napolen la posesin del Este de la isla. El
da 22 las autoridades espaolas salan para Cuba y muchos negros de aquella
parte se acogan con ilusin al nuevo gobierno. No tardaron algunos blancos
en reconocer los beneficios que produjo la ocupacin de Toussaint, pues en
cuestiones laborarles mantuvo la normativa que haba en la parte francesa y
que le haba costado algunos disgustos por el descontento de los antiguos
esclavos, pero que vea necesaria para mantener las exportaciones. En conse-
cuencia muchos criollos se sintieron satisfechos, incluso alguno como Llenas
expres que, cuando el lder negro, despus de hacer las reformas abandona-
ba la aparte espaola, lo hizo colmado de bendiciones de los dominicanos384.
Antonio Chanlante, Al gobierno francs..., pp. 212-217.
381
Sobre este hecho no existe constancia documental, aunque no se descarta que al
382
tomar la parte espaola, en ella pasasen a regir las leyes de la francesa, que implicaban la
abolicin. Carlos Esteban Deive, La esclavitud del negro I, pp. 219-220.
383
Carlos Esteban Deive, La esclavitud del negro I, p. 219.
384
Alejando Llenas, Invasin de Toussaint Louverture, pp. 185-188.
112 jess paniagua prez
El historiador Monte y Tejada dice que se le mir con amor y respeto385. Pero la
llegada del general Leclerc a Saint-Domingue, en 1802, y con ello su retiro de
la parte espaola, le condujeron a asesinar a los miembros del batalln fijo de
Santo Domingo, al que haba prohibido la salida durante la evacuacin espa-
ola de la isla. Aquella masacre la provoc, segn unos por venganza, segn
otros por evitar que se pasasen a las tropas recin enviadas desde Francia386.
Las tropas del general Leclerc controlaron con facilidad la parte espaola,
pues muchos criollos lo vieron con buenos ojos, tarea con la que corrieron a
cargo los generales Kerverseau y Ferrand, siendo el primero el que ocup la
ciudad de Santo Domingo, el 25 de febrero. La situacin, sin embargo, era muy
precaria, lo que oblig a solicitar que se desplazaran all las tropas francesas
asentadas en Cuba; eso, ms los impuestos, levas y dems disposiciones aca-
baron por provocar la desafeccin de la poblacin hispana. Todo ello, a pesar
de que se restableciese la esclavitud.
Leclerc llevaba adems unas instrucciones que mantenan la diferencia
con la parte francesa, pues Santo Domingo mantendra una gran autonoma,
incluso en la divisin administrativa, hasta tal punto que, al final del captulo
IV de aquellas instrucciones, se deca que todo deba ser diferente en la parte
espaola de lo que era en la francesa387. La hispana qued entonces gobernada
por Louis Marie Ferrand, salvo la zona del Cibao, que estaba bajo el control
de Dessalines, segn unos por abandono, segn otros porque la poblacin
espontneamente reconoci la autoridad del jefe negro, que luego exigi un
milln de pesos a aquel departamento, provocando la alarma de los propie-
tarios, muchos de los cuales emigraron a Cuba, amn de facilitar a Ferrand su
ocupacin388.
El gobierno francs de Ferrand fue bastante respetuoso con la poblacin
de origen espaol. Hasta tal punto favoreci sus intereses, que permiti la
captura de esclavos en la zona independizada francesa, por un decreto de 6
de enero de 1805, incluso favoreciendo la exportacin de los que tuviesen
entre 10-14 aos para provocar una disminucin de la poblacin y evitar los
reclutamientos de los negros389.
La colonia espaola, siempre sospechosa de sus vecinos haitianos, vio
como, con la disculpa de aquellas disposiciones, era nuevamente invadida,
esta vez por Dessalines, temeroso de las actuaciones de Ferrand. En febrero
de 1805 reuni un ejrcito de 25.000 personas que invadi la parte espaola a
sangre y fuego, lo que provoc una nueva dispora de franceses y espaoles
385
Antonio del Monte y Tejada, Historia de Santo Domingo III, p. 191.
386
Carlos Esteban Deive, La esclavitud del negro I, p. 222. Cipriano de Utrera, Tous-
saint Louverture aniquila, pp. 85-96.
387
Paul Roussier (ed.). Lettres du Gnral Leclerc, p. 272.
388
Carlos Esteban Deive, La esclavitud del negro I, pp. 224-225.
389
Carlos Esteban Deive, La esclavitud del negro I, pp. 225-226.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 113
hacia los mismos destinos que con anterioridad, provocando otra catstrofe
demogrfica en la isla390. La proclama lanzada por el lder negro se haba hecho
en los siguientes trminos:
Espaoles, me dirijo nicamente a vosotros con el objeto de salvaros,
porque habiendoos hecho culpables de desercin, no tardaris en poder vivir
sino el tiempo que mi clemencia os conceder. Todava es tiempo. Abjurad
de un error que os puede ser funesto. Separaos enteramente de mi enemigo,
si no queris que vuestra sangre se confunda con la suya. Os doy 15 das, a
contar desde la fecha, para uniros a mis banderas391.
Tras aquella invasin fracasada, quedaba la duda si los haitianos lograron
retener algunas poblaciones fronterizas como San Miguel y San Rafael392.
Muchos de los dominicanos que durante todo este proceso abandonaban
la isla se iban con sus propiedades muebles y, con frecuencia, con sus escla-
vos. Esto ltimo extenda an ms el temor en los lugares de destino, pues
un buen nmero de ellos haban sido comprados en las colonias francesas o
aquella era su procedencia; por tanto, con ellos se supona que llevaban el
germen revolucionario. En consecuencia, se lleg a prohibir que se traslada-
sen a las posesiones espaolas tanto los negros prfugos como aquellos que
hubiesen estado vinculados con Francia y sus posesiones. En la isla de Cuba,
como ya se haban asentado muchos esclavos dominicanos, se lleg a hacer
una seleccin y los que respondan a las caractersticas precedentes se decidi
enviarlos a la isla de Pinos o a otras colonias que los quisiesen admitir; entre
tanto, se solucionaba el problema asignando a los varones a las obras pblicas
y a las mujeres se las enviara al palenque de los esclavos del rey, donde seran
mantenidas por sus antiguos amos393. Era de esperar que aquello produjese
quejas en los dominicanos dueos de esclavos, como sucedi con el alguacil
de la Audiencia, Nicols Guridi y Fromesta, que haba llegado a La Habana
con unos 150 esclavos de sus haciendas, despus de haber participado en la
contencin de la sublevacin de Boca Nigua de octubre de 1796394.
Pero el miedo de los dominicanos o de los habitantes de los lugares de
destino de estos no fue solo porque la poblacin negra pudiese imitar a sus
hermanos de Saint-Domingue, sino tambin por lo que pudiesen hacer los
propios franceses. Con frecuencia fueron estos quienes jugaron la baza de
la propaganda para provocar algunos levantamientos de esclavos en la parte
espaola, amn de repartir toda una serie de panfletos libertarios, prometiendo
la liberacin cuando definitivamente aquellos territorios pasasen a manos de
390
Ha estudiado estas emigraciones Frank Moya Pons, Nuevas consideraciones,
pp. 37-63.
391
La reproduce, por ejemplo, lias Regnault, Historia de las Antillas, p. 83.
392
Manuel Arturo Pea Batlle, Historia de la cuestin fronteriza, pp. 139-140.
393
AGS, Secretaria de Guerra Universal 6854,79
394
AGI, Ultramar 9, N. 2 y Estado 18, N. 86.
114 jess paniagua prez
Francia395. El regente de la Audiencia, Jos Antonio de Urzar, haba advertido,
cuando informaba de los sucesos de Boca Nigua, que la admisin de personas
y familias francesas deba hacerse con mucho cuidado, para evitar la relajacin
que se haba tenido, hasta el punto de que en Santo Domingo se haban esta-
blecido conocidas familias de judos; y que entre todos aquellos emigrantes
no haba duda que algunos estaban interesados en expandir la Revolucin
Francesa396. Precisamente este regente, consciente de los movimientos anties-
clavistas que se estaban produciendo en muchas naciones, haba elaborado
un discurso sobre la modificacin y lmites de la esclavitud, para evitar las
funestas consecuencias que de aquello se pudiesen derivar397
La invasin francesa a la Pennsula, en 1808, provoc una gran alteracin
en la visin de la Francia napolenica, de lo que son un buen ejemplo estas
dos obras de Lpez Cancelada, en que la primera destaca por su anglofobia y
la segunda por su francofobia, de acuerdo a como se haban ido sucediendo
los acontecimientos. La repercusin de los sucesos de 1808 tambin produjo
su efecto en la isla del Caribe que nos ocupa. Bajo el liderazgo del propietario
Juan Snchez Ramrez, que se haba refugiado en Puerto Rico, tuvo lugar un
levantamiento contra el dominio francs, en que se cont con la colaboracin
de Inglaterra y de los lderes haitianos Christophe y Ption. El apoyo del gober-
nador de Puerto Rico se hizo tambin a travs de Juan Jimnez, que llevaba
orden de mantener buenas relaciones con los mencionados lderes.
Aquel levantamiento, por un lado, tuvo como causa inmediata un error en
el gobierno de Louis Marie Ferrand en la parte espaola ocupada por Francia,
al prohibir el comercio con Hait; por otro lado, la invasin napolenica de
la Pennsula caus un gran impacto en la poblacin, que se segua sintiendo
espaola, entre la que se gestaban algunas revueltas con apoyo haitiano y del
gobernador de Puerto Rico. Todo esto supo aprovecharlo Ramrez, que cont
adems con la intervencin naval inglesa, al mando de Hugh Lyle Carmichael.
El asunto terminara con el triunfo sobre los franceses en la batalla de Palo Hin-
cado, el 7 de noviembre de 1808398, en que participaron muchos negros y que
permiti la toma de la capital con la ayuda de la escuadra britnica, llegada de
Jamaica al mando del mencionado almirante399. Con aquella ayuda se oblig a
las fuerzas francesas de Saman a rendirse, aunque la ciudad de Santo Domin-
go an resisti hasta el 11 de julio de 1809, en que los franceses capitularon y
la ciudad fue ocupada por las tropas britnicas, que posteriormente la entre-
395
AGI, Estado 13, N. 15.
396
AGI, Estado 13, N. 30.
397
AGI, Estado 13, N. 18.
398
Fernando VII, el 15 de julio de 1717, conceda una cruz distintiva a quienes parti-
ciparon en la mencionada batalla. Fermn Martn de Balmaseda (ed.), Decretos IV, pp.
298-300. Tambin fue publicado en la Gaceta de Madrid de 3 de julio de 1817.
399
Sobre estos hechos Lpez Cancelada reprodujo en su Gazeta de Mxico, de 11 de
enero de 1809, el oficio que se haba enviado al virrey de Nueva Espaa desde La Habana.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 115
garan a Espaa. Previamente se firm un acuerdo comercial entre Ramrez y
Carmichael, el 9 de agosto de 1809400.
Ramrez reinstaurara la esclavitud y un rgimen autoritario que mantuvo
bajo control hasta su muerte, acaecida en 1811, en que el gobernante hai-
tiano, Henri-Christophe celebr por l funerales de Estado401. La ratificacin
de aquella nueva posesin por parte de Espaa se realiz en el Tratado de
Pars, de 1814. Con el mencionado gobierno de Ramrez se iniciara el periodo
conocido como de la Espaa Boba, que durara hasta 1821, ao en que Jos
Nez de Cceres declarara la independencia402. La desconfianza hacia Hait
en ese periodo fue evidente, hasta el punto de solicitar por el intendente del
ejrcito en La Habana, que se infiltrase un agente secreto, pues las actuaciones
de Ption resultaban graves403
Los destinos antifranceses de Hait y Espaa haban llevado a una cola-
boracin evidente entre ambas naciones, a pesar de los choques de inte-
reses, pues las autoridades espaolas estuviesen dispuestas a mantener la
esclavitud y seguan sin fiarse de sus vecinos. Los haitianos, recelosos de
Napolen, no dudaron en felicitar a la nacin espaola, el 1 de noviembre
de 1808, por haber vencido a Bonaparte404. Es ms, una real orden de 18 de
febrero de 1809 recomendaba que se cultivase la amistad de Christophe405.
Atrs quedaban las matanzas llevada a cabo por este en Mocoa y Santiago,
que con dramatismo nos relat un testigo de la ltima, Gaspar de Arredondo
y Pichardo, en una relacin titulada Memoria de mi salida de la isla de Santo
Domingo el 28 abril de 1805, con una edicin reciente en Santo Domingo.
Lpez Cancelada no hace mencin de aquellas matanzas ni en la primera ni
en la segunda obra406.
El acercamiento a los negros haitianos no agradaba al gobernador de
Cuba, pues el 28 de julio de 1809 pona de manifiesto que, aunque las cosas
haban cambiado en relacin a Francia, pues de ser aliada haba pasado a ser
enemiga, no por ello haba desaparecido el peligro de los negros. Adems,
expresaba su desacuerdo con la idea de enviar una especie de embajador a
Christophe, pues ello supona que l mandara como embajador a uno de sus
negros, lo que sera un mal ejemplo para los de esa raza en la isla, incluso
suscitara los recelos de Alexandre Ption, que gobernaba en el Sur de Hait407 .
400
Lo reproduce William Walton, Present state, pp. 225-227.
401
J.N. Saint-Amand et Leger, Les frontires, p. 17.
402
Sobre el gobierno y la idea de Nez Cceres puede verse la obra de Gustavo Adolfo
Meja Ricart, Crtica de nuestra historia
403
AGI, Estado 4, N. 8.
404
Lo reproduce Jos Canga Argelles (tr.). Documentos II, pp. 213-214.
405
AGI, Estado 12, N. 51.
406
Gaspar de Arredondo y Pichardo, Memoria de mi salida, pp. 111-137.
407
No debe olvidarse que Hait se dividi a la muerte de Dessalines y se produjo un
enfrentamiento entre Ption y Christophe que dur hasta 1810. AGI, Estado 12, N. 51.
116 jess paniagua prez
Esas contradicciones quedaron reflejadas en las obras de Lpez Cance-
lada, que en la segunda de ellas, cuando ya haba pasado a una posicin
antifrancesa, evit reproducir las atrocidades de Christophe, personaje que no
identificaba con el que se hallaba gobernando y que se convertira ms tarde
en rey, como Henri I de Hait (1811-1820)408. Es probable que en su segunda
obra Cancelada conociese la posicin prohispnica de aquel mandatario y por
ello no dud en alabar su Cdigo, que nos traduce en parte, considerndolo
como un logro despus de haber conseguido aquellos valerosos negros su
libertad e independencia. La labor del futuro rey haitiano la contrapona a
la de su predecesor, el fiero Dessalines, que pretenda la persecucin de los
blancos y la negacin de todo auxilio y seguridad a los extranjeros409.
Por entonces Espaa no se hallaba en condiciones de mejorar la suerte
de Santo Domingo y eran muchos los criollos que, atenazados por el miedo,
seguan abandonando sus tierras para buscar fortuna en otros lugares. Hubo
tambin intentos de soluciones ms llamativas, como la planteada en 1810, en
que, para aliviar la triste suerte de la parte espaola de la isla, muchos criollos
pensaron en buscar la ayuda de otros pases; incluso algunos en la vecina Hait,
dando lugar a la llamada revuelta de los italianos, de septiembre de 1810, que
pretenda poner la colonia bajo la tutela de Alexandre Ption410. El proyecto
parta de un sastre de Caracas, llamado Jos Ricardo Castaos, quien cont
con la colaboracin del mulato de origen francs Santiago Fol, teniente de la
Sptima Compaa de Morenos; y el tambin teniente Emilio Pezzi, italiano de
Cerdea, que con otros de su nacin haban llegado con el ejrcito de Leclerc,
del que haban desertado y posteriormente se haban puesto al servicio de
Espaa. Descubierta la conjura fueron condenados a ser ahorcados sus lderes,
a excepcin de Pezzi, que en su condicin de blanco fue fusilado411. Tambin
se trat de implicar en aquella conjura a Cristbal Huber y a Ciriaco Ramrez,
lo que le cost el destierro y confiscacin de sus propiedades al primero;
mientras que el segundo ya se hallaba preso en Puerto Rico. Aunque la conjura
en principio pudiera parecer infructuosa, algn autor la ha considerado como
el germen del partido dominicano pro-haitiano412. Todo ello cuando tambin
se produca una dispora de negros haitianos hacia la parte espaola, ante lo
que el gobierno peda, en 1817, que se actuase con prudencia por el inters
en conservar la isla y por no comprometer las relaciones con los mandatarios
Christophe y Ption413.
408
Sobre este personaje puede verse Hubert Cole. ChristopheJohn Womack Vander-
cook. Black Majesty
409
Juan Lpez Cancelada. Cdigo formado por los negros, pp. IV-V del original.
410
El desarrollo de esta revuelta puede verse en AGI, Estado 4, N. 1. Tambin Scrates
Barinas Coiscou (ed.), Revolucin de los italianos, pp. 215-289.
411
Franklyn J. Franco, Les dbuts de lindpendantisme dominicain, pp. 571-572.
412
Carlos Esteban Deive, Santo Domingo, p. 36
413
AGI, Estado 17, N. 46.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 117
Todo esto suceda en el momento en que Jos lvarez de Toledo era
designado diputado a las Cortes de Cdiz en sustitucin de Andrs Muoz
Caballero, quien se hallaba en aquella ciudad representando los intereses de
la colonia por decisin de Snchez Ramrez414. Las posturas revolucionarias de
lvarez de Toledo hicieron que Jos Nez de Cceres le denunciase al pre-
sidente de las Cortes, por unas cartas que haba enviado a la isla, en las que
acusaba la debilidad de Espaa y el deseo de entregar Santo Domingo al con-
trol de los ingleses. Cuando en las Cortes se le llam a declarar sobre el asunto,
haba huido y fue puesto en bsqueda y captura en julio de 1811, lo que hizo
que Lpez Cancelada le calificase de salteador415. En 1812, desde Filadelfia,
incitaba a la independencia de los americanos y algunos ya le consideraban
adicto a la Revolucin dominicana, aunque cambi de postura y solicit su
perdn a Fernando VII, obtenindolo en 1815416.
Santo Domingo segua sin encontrar una solucin a toda su problemtica
y ni siquiera las Cortes de Cdiz haban sido capaces de dar una respuesta mni-
mamente vlida al problema de la esclavitud. A pesar de que hemos menciona-
do el germen del nacimiento del partido haitiano, es sabido que el gobernador
Snchez Ramrez, que haba reconquistado la isla, tuvo a veces que intercambiar
con el nuevo pas esclavos por productos de primera necesidad. Pero lo que pre-
domin en aquella poca, ante todo, fue un profundo antihaitianismo, por eso la
independencia de Santo Domingo no se dara como la de otros pases, expresa-
mente contra la dominacin espaola, sino contra los intereses de sus vecinos,
pues ya, despus de la aventura de Toussaint, en 1800, con la independencia de
Hait en 1804, la nueva nacin contemplaba como propio todo el territorio de
la isla, aunque aquel dominio no se hara efectivo hasta que Jean Pierre Boyer
la ocupo en 1822 y aboli la esclavitud, provocando una nueva emigracin de
blancos, a la vez que promocionaba la produccin agrcola, pero evitando el
desarrollo de una sociedad de plantacin esclavista417 .
El dominio haitiano dur hasta 1844, en que el 27 de febrero se proclam
la Repblica Dominicana, cuya cohesin interna tena mucho que ver con el
miedo a otra ocupacin y al antihaitianismo. A su vez, este recelo provocaba
una necesidad de anexin a otra potencia, que protegiera sus intereses, de
lo que fue un buen ejemplo el presidente mulato Buenaventura Bez (1849-
1853), que acu el trmino de amenaza haitiana y busc la anexin a los
Estados Unidos. A l se deben expresiones como Anexin significar salva-
cin, porque obligar a Hait a respetar los derechos de los dominicanos; o
aquella otra de no somos blancos de pura raza, pero jams soportaremos ser
gobernados por negros418.
414
Carlos Esteban Deive, La esclavitud del negro II, pp. 476-478.
415
El Telgrafo Mexicano de 31 de julio de 1813.
416
Wenceslao Vega B., La Constitucin de Cdiz, pp.27-33.
417
Pedro Luis San Miguel, Los campesinos del Cibao, pp. 31-32
418
Adriana Sang Mu-Kien, Buenaventura Bez, pp. 51-53.
118 jess paniagua prez
B) Cuba
Cuba fue, tras Santo Domingo, la isla del Caribe que se vio ms afectada
por los sucesos haitianos, tanto en aspectos positivos como negativos; incluso
en Espaa es, quiz, el lugar del mundo hispnico ms estudiado en cuanto
a influencias de aquella revolucin en trabajos realizados por espaoles o
publicados en su territorio, mereciendo destacarse la obra conjunta de varios
autores con el sugestivo ttulo de El Rumor de Hait en Cuba419. Se ha calcu-
lado que entre 1790 y 1843 en la isla se produjeron un centenar de revueltas,
aun considerando que esta cifra sera muy conservadora420. El mismo autor nos
dice que las producidas hasta 1830 lo seran bajo el signo de la Revolucin de
Hait, mientras que a partir de esa fecha lo seran por influencia del abolicio-
nismo britnico421.
En el censo de 1792 la poblacin de la isla era de 273.938 habitantes, de
los que 140.386 eran negros, es decir, que haba casi un equilibrio entre negros
y blancos.
La isla se vio implicada de inmediato en los sucesos de 1791, de los que
dio puntual cuenta el gobernador de La Habana, Luis de las Casas, cuando se
dictamin desde la Pennsula la neutralidad, en noviembre de aquel ao, salvo
si se formaban cuerpos de malhechores, piratas o negros contra los blancos,
en cuyo caso se poda auxiliar a los franceses con vveres, armas y municio-
nes422; como lo solicitaba al ao siguiente el gobernador Blanchelande para
abastecer de carne a Port-au-Prince423, ciudad que por entonces se hallaba
rodeada de negros sublevados424.
Tambin Cuba fue el punto de llegada de muchos de los blancos huidos
de la colonia francesa en aquella Revolucin, incluso sirviendo de escala para
quienes salan en busca de otros destinos425. En la fase 1790-1792 llegaron los
primeros inmigrantes franceses, que eran, sobre todo, ricos propietarios, aun-
que no faltaron incluso esclavos negros que llegaban con sus amos426. No eran
un gran nmero, pero tampoco fueron bien vistos en la isla, por la supuesta
contaminacin revolucionaria que pudiesen aportar; as, el gobernador, en
1793, enviaba a Godoy impresos sediciosos que se haban propagado desde
Saint-Domingue en los meses anteriores427.
419
Mara Dolores Gonzlez-Ripoll (y otros), El rumor de Hait en Cuba
420
Alain Yacou, Essor des plantations, p. 235.
421
Alain Yacou, Essor des plantations, p. 236.
422
AGS, Secretaria de Guerra Universal 6846, 79.
423
AGI, Estado 9, N, 24-25.
424
AGI, Estado 9, N, 24.
425
Frdrique Langue, Los extranjeros en el Caribe, p. 211.
426
Alain Yacou, Esclaves et libres, pp. 164-165. Del mismo autor La presencia
francesa, p. 220.
427
AGI, Estado 14, N. 23.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 119
La oleada migratoria se hizo ms intensa entre 1793-1795, especialmente
de colonos monrquicos y militares, sobre todo ante el miedo que les suscit la
ejecucin de Luis XVI y la firma posterior de la Paz de Basilea. Los monrqui-
cos de Saint-Domingue buscaban territorios en los dominios espaoles para
convertirlos en bastiones contrarrevolucionarios y, aunque no tuvieron xito
en sus pretensiones, muchos de ellos s lograron arraigarse en Cuba428.
Despus de la mencionada Paz, en 1795, la aportacin migratoria fue
sobre todo de blancos y negros espaoles de Santo Domingo, bastantes de
ellos incardinados en el ejrcito, a los que se les ordenaba dirigirse a esa isla,
aunque para muchos era preferible el destino de Caracas, en concreto la pro-
vincia de la Guayana, que tanto interesaba conservar por su vecindad a los
britnicos, holandeses y franceses429. Aquella inmigracin masiva de 1795 hizo
que el gobernador de La Habana se viese obligado a solicitar auxilios al virrey
de Nueva Espaa para poder socorrer a los recin llegados430.
Despus de aquella paz el perfil del inmigrante francs en Cuba cambi,
pues con el avance productivo azucarero por la crisis de Saint-Domingue se
favoreci la llegada de tcnicos, hacendados, administradores, etc., sobre todo
vinculados a esa produccin y a la de caf, contribuyendo con ello a la recon-
versin de la economa cubana en una economa de plantacin431.
En torno a 1800, de nuevo se produjo otra oleada migratoria, aunque
ahora muchos eran britnicos o mulatos de Rigaud, involucrados en la Gue-
rra del Sur. Precisamente el gobernador Someruelos, que trat de mostrar la
neutralidad en aquel conflicto, peda que a las gentes de color partidarias de
Toussaint se les diese hospitalidad y se les transfiriese a otros destinos, lo
mismo que se hara con los de Rigaud, aunque en ninguno de los dos casos
se permitiera su admisin en Cuba432. El gobernador trataba de evitar toda
injerencia en aquella guerra, a pesar de las peticiones que se le hacan por
ambos bandos. Solo al final de la misma, cuando fue perdida por los mulatos
de Rigaud, permiti que algunos de estos se beneficiaran de la hospitalidad
cubana, extendida incluso a los militares armados. Pero la masiva llegada de
aquellas gentes alarm tanto a las autoridades, que, el 29 de agosto de 1800, se
decidi que si algn barco llegaba a la isla necesitado de auxilio, se le prestase,
para que cuanto antes siguiese haca otro destino433.
El fracaso de Leclerc provoc que en 1803 se produjese una nueva dis-
pora de franceses, que salan con sus esclavos, muchos de ellos con destino
Alain Yacou, La presencia francesa, pp. 221-222.
428
AGI, Estado 63, N. 4.
429
430
AGI, Estado 24, N. 6.
431
Manuel Moreno Fraginals, El Ingenio I, p. 67. Johanna von Grafenstein Gareis El
impacto econmico, p. 66. Alain Yacou, Esclaves et libres, pp. 168-169 y La presen-
cia francesa, pp. 222-223.
432
Alain Yacou, Esclaves et libres, p. 171.
433
Alain Yacou, Esclaves et libres, pp. 172-174.
120 jess paniagua prez
a Cuba, pues preferan huir antes que mantenerse bajo el poder de Dessali-
nes434. De este modo el gobernador Kindelan informaba que a Santiago haban
llegado 18.213 personas, sin contar a los oficiales y soldados, que lo hicieron
en desbandada, a todos los que se aadiran quienes lograron escapar de las
matanzas de Dessalines a lo largo de 1804-1805435. Ante aquellos hechos, el
autor cubano Arango y Parreo, ya en 1803, crea que haba que ayudar a
Francia en la guerra de Saint-Domingue y obtener ventajas de ello, pues la
metrpoli por s misma no podra ganar aquella contienda436.
Con todos estos procesos migratorios, se calcula entre 10.000 y 30.000 los
franceses que pasaron entre 1792-1803, que se asentaron principalmente en
la parte oriental, especialmente en Santiago, Baracoa y sus alrededores437. Ms
escasos fueron los asentados en Occidente, donde Pinar de Ro, La Habana
y Matanzas, fueron los principales centros receptores; mientras que fue muy
escasa su presencia en el centro de la isla438. En 1804 la poblacin era ya de
432.000 habitantes, de los que 198.000 eran negros o mezclas de esa raza.
La reticencia que exista entre los cubanos hacia los galos se puso ms
de manifiesto a raz de la invasin de la Pennsula por Napolen, en 1808,
de ah que el 28 de diciembre el gobernador de Santiago solicitase la expul-
sin de los franceses de la isla, por traidores439. Precisamente en aquellas
circunstancias Henri Christophe, que buscaba una alianza con Espaa para
evitar posibles injerencias de Francia, alababa los triunfos espaoles contra
los franceses y, el 2 de diciembre de 1808, propona al general de marina de
La Habana, Juan de Villavicencio, activar el comercio con Cuba. Pero parece
que tampoco el gobernador de la isla estaba muy de acuerdo y mantena sus
precauciones, por lo que recomendaba que no se incomodase a los haitianos,
pero que se evitase la comunicacin con sus puertos440. A pesar de todo, el
miedo segua presente, como lo manifestaba el cabildo de La Habana el 22
de enero de 1808 al expresar que la guerra con Francia no es tan peligrosa
como el prodigioso nmero de nuestros esclavos, mencionando el ejemplo
fatal que haban tomado de los de Saint-Domingue, adems de los muchos
que se ocultaban entre ellos de los que haban participado en la sublevacin
de la vecina isla441.
434
Gabriel Debien, Les colonos de Saint-Domingue, pp. 559-605. Alain Yacou, La
presencia francesa, pp. 218-232. Alain Yacou, Esclaves et libres, pp. 174-176.
435
Alain Yacou, La presencia francesa, pp. 223-224.
436
Francisco de Arango y Parreo, Obras I, pp. 357-358.
437
Alain Yacou, La presencia francesa, p.225 y Alejandro Enrique Gmez Perna, Le
Syndrome de Saint-Domingue, p. 86.
438
Alain Yacou, La presencia francesa, p. 225.
439
AHN, Estado 59A.
440
AHN, Estado 59B, N. 97, f. 97.
441
Manuel Barcia, Un coloso sobre la arena, pp. 62-63.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 121
La invasin napolenica de la Pennsula en 1808 acrecent las sospechas
sobre los franceses, lo que puso en entredicho a los refugiados del antiguo
Saint-Domingue en las colonias espaolas, especialmente en Cuba, isla que
se enriqueca de forma acelerada gracias a la experiencia y laboriosidad de
aquellos inmigrados, que ahora se veran obligados a desplazarse hacia otras
colonias francesas, a las posesiones angloamericanas y a la misma Francia442.
Parece que incluso Ption quiso aprovechar aquella circunstancia enviando,
en enero de 1809, un barco a Cuba para repatriar a los haitianos huidos a
aquella isla; pero no se permiti el desembarco de sus tripulantes ni se acceda
al deseo de aquel presidente, alegando el gobernador cubano que no estaba
facultado para aquello443.
En 1810 la poblacin de la isla ya era de 600.000 habitantes, de los que
326.000 eran negros y mulatos. Aquel aumento de la poblacin de origen afri-
cano fue uno de los motivos del miedo haitiano, a lo que se unan, adems,
las influencias de las revoluciones haitiana y francesa, y el eterno peligro de
Inglaterra, que muy bien podra buscar una alianza con aquella poblacin
descontenta. Por tanto, se produca un doble temor, interno y externo. Quien
mejor manifest esto fue Arango y Parreo, en 1811, en la representacin de
la ciudad de La Habana a las Cortes:
Toda nuestra Amrica est y ha estado, principalmente desde el princi-
pio de nuestra gloriosa Revolucin, en necesidad urgente de esos remedios
grandes. Perece con paliativos; mas ninguna, de seguro, tan dolorosamente
como esta preciosa Isla, que vale por s un imperio, que es adems el puerto o
arsenal de Nueva Espaa y la llave de buena parte de Amrica del Sur; pero
que, por la precaria naturaleza de su industria, poblacin y gobierno inte-
rior, se halla a la discrecin del que domine los mares, y expuesta, por otro
lado, a los terribles riesgos de la vecindad del negro rey Enrique Cristbal y de
los Estados Unidos, sin que, en medio de tantos escollos,444 Vuelva V.M. otra
vez sus prudentsimos ojos al nuevo reino de Hait, y considere los riesgos de
los que estamos a su vista, rodeados de combustibles, y recibiendo, a todas
horas, tantas chispas incendiarias445.
El miedo fue casi paralelo a la Revolucin y ello explica el comporta-
miento respecto al problema de las Tropas Auxiliares de Carlos IV, una de las
cuestiones sobre las que primero se manifest, de forma directa, el mencio-
nado temor.
Cuba fue el primer destino para aquellas tropas, formadas por antiguos
lderes de la Revolucin Haitiana, que se haban pasado al servicio de Espaa,
y que tras la firma del tratado de Basilea, de 22 de julio de 1795, tuvieron que
442
L.J. Clausson, Prcis historique de la rvolution, p. 120.
443
AGI, Estado 12, N. 54.
444
Francisco de Arango y Parreo, Obras II, pp. 40-41.
445
Francisco de Arango y Parreo, Obras II, p. 40.
122 jess paniagua prez
ser evacuadas de la isla de Santo Domingo. Precisamente durante la guerra
con Francia, en 1793, quienes haban actuado en tierras dominicanas fueron
tambin tropas procedentes de Cuba, cuyos miembros no vean con buenos
ojos las prebendas que las autoridades espaolas concedan a aquellos negros,
tales como las ya mencionadas medallas de oro. Aunque es cierto que aquello
no evit algunos negocios, pues se dice que las Tropas Auxiliares atacaban
los pueblos de frontera para capturar esclavos, que vendan a los llegados de
Cuba, que a su vez los revendan a los rebeldes haitianos y a los ingleses446.
Su llegada inicial fue al puerto de La Habana, donde no fueron bien recibi-
dos, ya que el cabildo tema el contagio revolucionario, como haba sucedido
en Jamaica, amn de que se percataron de que varios cabildos negros de la
isla estaban preparando un gran recibimiento a Jean-Franois, entre ellos el
de Shang Tedum, al que perteneca Jos Antonio Aponte; actos que fueron
prohibidos por influencia del cabildo habanero, controlado por dueos de
esclavos, a los que sobrecoga el miedo447. Pensaban que todo aquello poda
ser un mal ejemplo y un camino para ver convertida la isla en un segundo Saint-
Domingue, pues aquellos esclavos miserables ayer, [eran] hroes hoy de una
Revolucin, triunfantes, opulentos y condecorados448. No exista plena confian-
za para quienes haban iniciado el proceso haitiano y eran conocedores de las
mximas de la Revolucin Francesa, amn de haber participado muchos de ellos
en la guerra de independencia de los Estados Unidos. Por tanto, adems de la
mera teora, eran conocedores del manejo de las armas y de tcticas de lucha. Lo
cierto es que el gobernador informaba que la gente privilegiada estaba aterrori-
zada ante su llegada, pues cada vecino cree ver el momento de la insurreccin
de sus esclavos y el de la desolacin general de esta colonia449.
El gobernador Luis de las Casas, que comunic a Godoy los temores exis-
tentes, prepar algunos navos para que, cuando llegasen, aquellas tropas y
sus gentes se repartiesen en otros destinos como Cdiz, Canarias, Florida o la
vecina isla de Pinos. El inters por esta pequea isla radicaba en su aislamiento
y fcil control, amn de que all podran servir como compaa de morenos
disciplinados y desarrollar trabajos mecnicos450.
Los auxiliares llegaban al puerto de La Habana en dos grupos. El primero
con Biassou y luego el definitivo con Jean-Franois, el 9 de enero de 1796,
topndose con aquella decisin de De las Casas. A Jean-Franois se le propuso
pasar a Espaa con su familia, mientras que el resto de su gente se desplazara
a Trinidad. El lder manifest que prefera irse a la mencionada isla con los
suyos, pero con la posibilidad de poder trasladarse en un futuro a la Pennsula.
446
Ada Ferrer, El mundo cubano del azcar, pp. 109 y ss.
447
Jos Luciano Franco, La conspiracin de Aponte, pp. y 8 ss.
448
AGI, Estado 5B, N. 176.
449
AGI, Estado 5B, N. 176.
450
AGI, Estado 5A, N. 36.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 123
Finalmente se le convenci para emprender viaje rumbo a Cdiz con algunos
de sus militares de rango, familiares y criados. El resto del contingente de las
tropas auxiliares se repartieron de la siguiente forma: 23 personas a Florida con
Biassou; 144 a Trinidad; 310 a Trujillo de Honduras (sobre estos haba orden
al gobernador de aquel lugar para que se acabara con su complejo de igual-
dad, quitarles las armas y dividirlos en pequeos grupos451); 115 a Campeche;
y otros 90 iran a Portobelo. Solo quedaban en Cuba dos varones y una mujer
enfermos, as como algunos ms no especificados452.
Los que pasaron a Cdiz lo hicieron con el teniente general Gabriel Aris-
tizbal, que durante el trayecto concedi a Jean-Franois el grado de teniente
general, adems del uniforme, divisa y la cruz de Alcntara. Asimismo, a los
auxiliares subalternos les concedi tambin divisas de la clase que decan
tener. Todo aquello, probablemente pudo hacerse por miedo, ya que en su
condicin de soldados aquellos negros iban armados para un viaje de tan larga
duracin453. Llegaron a Cdiz, pero no se les permiti pasar a la Corte. Eran
ahora las autoridades gaditanas las que consideraban imprudente mantener
en Europa a aquella gente de la Revolucin Haitiana, por lo que aconseja-
ban su remisin a Amrica, pero a regiones continentales, a Florida u otro
lugar454. Tampoco ellos tuvieron mucho inters por permanecer en Espaa y,
tras algunos intentos fallidos, parte lograran embarcarse para Cuba, en 1813,
en el bergantn Jpiter y en la fragata Junta Central455. Como para entonces ya
haba fallecido Jean-Franois, al frente de ellos iba el coronel mayor general
de Morenos de la tropa auxiliar de Santo Domingo, Francisco Agapito, natural
de Saint Michel (Hait), con su esposa Juana Andr Cupidor, natural de Santa
Margarita (Port-Margot?). Le acompaaban tambin en el mencionado bergan-
tn Mara Francisca Cornet, viuda de Les Cayes de St. Louis (Hait); la tambin
viuda norteamericana Clara Gemison; Mara Marta Lector, natural de St Pierre
Limbe (Hait); y Mara Pipel, natural de frica. Junto a esta ltima iba su esposo
Pablo Ferr, que tambin haba pedido licencia para pasar. Igualmente iban en
la fragata Junta Central el ayudante Sofrin Azor, natural de Saint-Pierre (Mar-
tinica) y su esposa Mara Constanza, natural de Ouanaminthe (Hait). Con este
matrimonio iba su hija Mara Magadalena Azor, tambin de Ouanaminthe, a
la que acompaaba su esposo Juan de Meade, estadounidense456; y con ellos
Julio Csar Pinto Soria, Centroamrica, pp. 122-123.
451
Jorge Victoria Ojeda, Los negros auxiliares de Espaa; De reales promesas
452
p. 155; De la Revolucin Haitiana, p. 280. El mismo autor repite estos datos en mltiples
trabajos.
453
Jorge Victoria Ojeda: Rebeldes de la Revolucin, pp. 64-65.
454
Jorge Victoria Ojeda: Rebeldes de la Revolucin, p. 66.
455
AGI, Ultramar 328, N. 36.
456
Esposo de M Josefa de Azor, solicit permiso para pasar el 13 de julio de 1813. Juan
Pedro Meade era originario de Saint-Domingue, pero haba sido esclavo en los Estados
124 jess paniagua prez
el cabo Santiago Lorenzo, de Ouanaminthe, y su esposa Genoveva Diodone,
del mismo lugar457.
El cinturn sanitario respecto de Hait se haba puesto siempre en eviden-
cia en la isla de Cuba, con disposiciones como las que hemos mencionado o
con actuaciones como la que tuvo el gobernador en 1791, cuando pretendi
expulsar a 20 negros franceses, que los corsarios haban desembarcado en
Baracoa, ordenando que se hiciese lo mismo con los que llegaren a cualquier
lugar de su distrito. El temor acechaba por todas partes y ya el 20 de noviembre
de 1791 Arango y Parreo escriba al rey exponindole el peligro de la cerca-
na que la parte francesa tena de la isla de Cuba, diciendo que aun cuando
no pasen los sublevados y se propague la doctrina de sublevacin por la boca
de estos infernales apstoles, podamos ser tan desgraciados que cundiese el
mal ejemplo458. A pesar de todo, expona este autor tres causas por las que no
poda suceder lo mismo en Cuba: la primera era la subordinacin y la eterna y
ciega obediencia al soberano; la segunda, que la guarnicin de La Habana era
ms respetable que la de Le Cap; y la tercera y principal, porque los franceses
haban mirado a sus esclavos como bestias, mientas que los espaoles los
haban visto como hombres459. Presentaba, pues, una situacin casi idlica de
los esclavos cubanos; es ms, manifest que se poda aprovechar el problema
para promocionar la economa islea, sobre todo con la real cdula que ya
estaba anunciada de libertad de comercio y de introduccin de esclavos, pues
era un defensor a ultranza de la liberacin del trafico esclavista, para abastecer
la isla de mano de obra. Para ello propona como ms beneficioso el permitir
a los extranjeros su libre introduccin o que los propios espaoles los comer-
ciasen donde quisiesen460 . Pero tambin fue uno de los promotores del temor
hacia el negro como una categora poltica y sociolgica461, pues defendi la
desmovilizacin progresiva de los batallones de pardos y morenos para man-
tener la seguridad interna, frente a la masiva llegada de esclavos; pensaba este
autor, como lo puso de manifiesto en 1792, que negros libres y esclavos no
tenan intereses diferenciados, pues ambos tenan los mismos motivos para
vivir a disgusto con los blancos462. Aada que el peligro del problema habra
Unidos. Su amo tena negocios en Cdiz, donde este esclavo obtuvo su libertad, en 1812.
AGI, Ultramar 328, N. 46.
457
AGI, Ultramar 328, N. 45.
458
Representacin hecha a S. M. con motivo la sublevacin de los esclavos en los domi-
nios de la Isla de Santo Domingo, en Francisco de Arango y Parreo, Obras I, p. 140.
459
Representacin hecha a S. M. con motivo la sublevacin de los esclavos en los
dominios de la Isla de Santo Domingo, en Francisco de Arango y Parreo, Obras I, p. 141
460
Primer papel sobre el comercio de negros, en Francisco de Arango y Parreo,
Obras I, pp. 117-118.
461
Enrique Patterson, Cuba, p. 51.
462
Discurso sobre la agricultura en La Habana, en Francisco de Arango y Parreo,
Obras I, p. 172.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 125
que evitarlo favoreciendo, con el tiempo, una poltica migratoria y tambin
una poltica social, que les fuesen limitando sus derechos y oportunidades.
No es de extraar que en la segunda etapa de su obra mezclase sus intereses
con los de Saco, en favor de eliminar la trata de esclavos o proponiendo, en
1826, un blanqueamiento de los negros, para lo que pens en una inmigracin
canaria463.
La influencia haitiana fue cuajando en una serie sucesos que se produ-
jeron a partir de los aos finales del siglo XVIII y que entraban en la tnica
de los acontecimientos en otras islas del Caribe; as, el 24 de agosto de 1795
el gobernador de La Habana, Luis de las Casas, comunicaba a Godoy una
sublevacin que se haba producido en el Palenque de Jamaica, entonces muy
numeroso, debido a la llegada de negros de las colonias francesas, aclarando
que, de ser verdadera la noticia, era probable que los provocadores hubiesen
sido emisarios franceses464.
Las manifestaciones de la influencia haitiana en Cuba fueron ms viru-
lentas a partir de 1795, especialmente hasta 1799 y de manera muy especial
en la regin central de la isla. En abril de ese ao se produjo una revuelta en
la hacienda de Serapio Recio Miranda, llamada Cuatro Compaeros, cerca
de la villa de Santa Mara de Puerto Prncipe, hoy Camagey, en la que tan
solo haba siete esclavos, a los que se aadieron algunos otros de haciendas
prximas; su finalidad, de acuerdo con el modelo haitiano, era exterminar a
los blancos. No se fue excesivamente duro en la represin, pues se deca que
alguien haba acudido a conferenciar con aquellos esclavos, por lo que a sus
lderes se pidi que se les dispensase un buen trato, poniendo de disculpa
que las sospechas recaan esencialmente sobre los esclavos de origen francs,
como unos tales Jos y Juan465 .
A aquella sucedieron otras revueltas de negros, tambin en la jurisdic-
cin de Puerto Prncipe (con continuas revueltas entre 1795-1812) y Trinidad
(1798). En 1795 el mulato y miliciano Nicols Morales, en Bayamo, se atreva
a defender la igualdad de mulatos y cuarterones para los cargos civiles y ecle-
sisticos, que venan ocupando los blancos, as como solicitaba repartir tierras
y abolir impuestos; en dicha conspiracin participaron tambin Gabriel Jos
de Estrada y los hermanos Escalona466. El control de aquellas revueltas se haca
a veces con castigos ejemplares como el mencionado de Trinidad, en que el
gobernador informaba que dos negros haban sido ejecutados en la horca,
porque se haban amotinado con la intencin de acabar con los blancos de
Enrique Patterson, Cuba, p. 52.
463
AGI, Estado 5A, N. 12.
464
465
AGI, Estado 15A, N. 15. Jos Luciano Franco, en Las minas de Santiago, p. 126.
explica la influencia del abolicionismo revolucionario francs. Ver tambin sobre la hacien-
da de Serapio Recio a Alain Yacou, Saint Domingue Espagnol, pp. 225-227; y David
Patrick Gegus, Slave Resistance, pp. 133-136.
466
Matt D. Childs, The 1812 Aponte Rebellion, pp. 127-133.
126 jess paniagua prez
aquel distrito. Como en otras ocasiones se pensaba que tales castigos serviran
para calmar a quienes se sentan atrados por los sucesos de Saint-Domingue,
que haban conducido igualmente a la falta de respeto de los esclavos hacia
sus amos467. Pero una de las rebeliones que ms parecido present con la de
Saint-Domingue fue la fracasada sublevacin de Gines, en 1806, en que los
sublevados, en su avance hacia Guanabacoa, pretendan acabar con todos los
blancos, incluso no ocultaron su deseo de convertir aquello en otro Hait468.
En 1810 se producan los prembulos de la que iba a ser la conspiracin
de esclavos ms importante. Se trataba de una sublevacin independentista del
criollo Romn de la Luz y del capitn de milicias, Luis Francisco Bassave, con
el que colaboraba el cabo negro Jos Antonio Aponte. Los dos principales lde-
res fueron capturados y condenados a varios aos de prisin. A partir de los
restos de aquel intento de sublevacin, el mencionado Jos Antonio Aponte
provocara la conspiracin de esclavos ms famosa de la isla de Cuba, en 1812,
que tena como ejemplo la de Hait469. Previo a su sublevacin se produjeron
otras en algunas haciendas, que dio en la horca con 14 sublevados a finales
de enero de 1812; luego hubo algunas ejecuciones ms en Bayamo y Holgun.
Despus vino la definitiva sublevacin en Peas Altas, cuyos miembros fueron
detenidos casi todos e interrogados, lo que permiti la captura de Aponte el 19
de marzo, siendo ejecutado con otros lderes el da 9 de abril. De esta rebelin
no se hizo eco Lpez Cancelada, puesto que tuvo lugar despus de publicadas
sus obras.
Aponte representaba en s muchas cosas de inters en los procesos de
aquellos momentos. Tena una formacin militar como miembro de las mili-
cias, incluso haba participado en la independencia de Estados Unidos en un
batalln de pardos y morenos, atacando la posicin inglesa de Nueva Provi-
dencia, en las Bahamas, en 1782470; tambin parece que haba entrado en con-
tacto con los lderes haitianos de las Tropas Auxiliares de Carlos IV y, lo que
ms nos interesa a nosotros, senta una profunda admiracin por los sucesos
de Saint-Domingue, lo que justificara su inters por establecer en Cuba un
gobierno similar al de la antigua colonia francesa, disponiendo en su poder
de un retrato del presidente y luego rey Henri Christophe, que mostraba a sus
hombres471 y del que incluso pens que le prestara su ayuda. Pero adems
tena retratos de otros lderes y de temas africanos, representados en su famoso
467
AGI, Estado 1, N. 80.
468
Ada Ferrer, Cuba en la sombra de Hait, pp. 216-219.
469
Sobre Jos Antonio Aponte son de inters las obras de Jos Luciano Franco, La cons-
piracin de Aponte; Juan Antonio Hernndez, Hacia una historiaSon adems muchos
los estudios sobre la poca que hacen alusin a este asunto, sin olvidar la mencionada obra
de Matt D. Childs, The 1812 Aponte Rebellion
470
Luis Pavn, La belleza del fsico mundo, p. 147.
471
Matt D. Childs, The 1812 Aponte Rebellion, p. 169.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 127
Libro de pinturas472. Christophe no estaba muy dispuesto a darle apoyo, por
su propio inters y la seguridad de su estado, siendo ms proclive a colaborar
con las potencias coloniales, que le estaban respetando; en el caso de Espaa,
en 1809 se haba pedido a Someruelos que se llevase bien tanto con l como
con Ption, sin mezclarse en los intereses particulares y desavenencias entre
ellos473.
Junto a Aponte fue ahorcado un negro libre, aunque haba sido captura-
do en frica como esclavo, Juan Barbier, que se piensa que haba simulado
ser Jean-Franois entre los esclavos para provocar el levantamiento de Peas
Altas474. Haba vivido en los Estados Unidos y luego en Saint-Domingue, donde
aprendi francs, todo lo cual le haca especialmente peligroso, por haber
tenido contacto directo con los sucesos de aquella isla; incluso l mismo haba
manifestado a algunos esclavos que haban llegado a Cuba generales de Hait
para ayudar en la rebelin475.
Aquellas rebeliones o conatos de las mismas haban servido para acrecen-
tar el miedo en la isla y que se produjese algo parecido a lo de los franceses de
Saint-Domingue, con la expansin de sus ideas liberadoras de la esclavitud. Se
trat incluso de frenar la propagacin de noticias que pudieran llegar a odos
de los negros. Ya el 28 de mayo de 1804 el marqus de Someruelos expresaba
la conveniencia de no publicar en la Gazeta de Madrid noticias sobre Hait,
por la influencia que poda causar en los negros de la isla, lo mismo que volvi
a hacerse el 13 de agosto de 1809476. No se quera la propaganda, pero esta se
haca tambin desde la nueva nacin, pues en 1806 el embajador francs en
Madrid solicitaba que todo hombre de color que llegase de Santo Domingo a
las colonias espaolas fuese arrestado, ya que se tenan noticias que algunos
emisarios de Dessalines estaban tratando de sublevar a los esclavos en las
posesiones de los pases europeos477.
Ante el miedo a los esclavos, los blancos cubanos se sentan desprotegi-
dos, como lo manifest el cabildo de La Habana el 22 de enero de 1808:
La guerra con Francia no es tan peligrosa como el prodigioso nmero
de nuestros esclavos. No tenemos plazas fuertes (a reserva de la capital) que
aseguren una retirada a los blancos en caso de insurreccin de los negros
y, por consiguiente, quedan los campos expuestos a todos los estragos de la
crueldad. El ejemplo fatal que han tomado nuestros esclavos de sus iguales de
Santo Domingo: El deseo de la libertad que precisamente debe influir en ellos:
Elzbieta Sklodowska, Espectros y espejismos, p. 53. Juan Antonio Hernndez,
472
Hacia una historia
473
AGI, Estado 12, N. 49.
474
Matt D. Childs, The 1812 Aponte Rebellion, pp. 326-327
475
Sobre Barbier puede verse Matt D. Childs, The 1812 Aponte Rebellion, pp.21-23.
476
AGI, Estado 12, N. 50.
477
AGI, Estado 86A, N. 21.
128 jess paniagua prez
el justo fundadsimo recelo de que entre nuestros esclavos se oculten muchos
de los que presenciaron y tal vez tuvieron parte esencial en la sublevacin del
Gurico y que estos le sirvan de promotores y caudillos478.
Sin embargo, ese miedo entraba en contradiccin con la necesidad de
mano de obra esclava, en una economa de plantacin, que estaba suplantan-
do a la antigua colonia francesa. Por ello, ya en la ltima dcada del XVIII, se
haba solicitado permiso para introducir esclavos africanos en gran nmero;
incluso en 1803 se creaba en La Habana una sociedad annima, en la que par-
ticipaban los hermanos Cuesta Manzanal, para desarrollar el comercio escla-
vista, creando sucursales en Londres y Liverpool, as como factoras flotantes
en las costas de frica479.
Todo indica que la isla se estaba moviendo entre el miedo y la necesidad
que planteaba la nueva economa azucarera, que sustitua el control francs
de ese producto.
Todava en 1818 haba miedo a la repblica de Ption, como lo segua
habiendo aos ms tarde. En esa fecha el intendente general de La Habana
informaba que los negros de Hait no solo tenan medios para hacer frente
a su antigua metrpoli, sino tambin para otras empresas, entre las que se
encontraba la invasin de la isla de Cuba, de la que los separaban tan solo 13
leguas480.
En todo aquel panorama cubano no poda estar ausente el creciente fen-
meno abolicionista de aquella esclavitud que le hara decir a Humboldt, en
1803, que la vida del campo pierde su atractivo, cuando es inseparable del
aspecto de la infelicidad de nuestra especie481. En la propia isla, el filsofo
habanero Jos Agustn Caballero fue quien arremeti contra la trata de escla-
vos y los perjuicios que esta provocaba a la sociedad cubana, en una serie de
artculos aparecidos en el Papel Peridico de La Habana entre 1791 y 1799.
Los primeros conatos verdaderamente abolicionistas aparecieron parale-
lamente a las Cortes de Cdiz (1810-1814), aunque era un abolicionismo muy
poco estructurado. As, el clrigo Jos Gonzlez Tllez, al enterarse de la pro-
posicin de Guridi y Alcocer, en marzo de 1811, no tuvo empacho en anunciar
a los esclavos de La Habana que iban a ser libres. Arango y Parreo nos lo
relata y aclara que, por fortuna, los nimos en Cuba lo mismo que se forman
se disipan; pero aada que si Guridi hubiese visto lo que produjo el anuncio,
se hubiese temido, como se temieron los juiciosos de la isla, que se empezaba
a encender la hoguera en que ardi Santo Domingo, de cuyo reino de Hait
les llegan tantas bombas incendiarias482. Pero las amenazas de los esclavis-
478
Manuel Barcia, Un coloso sobre la arena, pp. 62-63.
479
Manuel Barcia, Un coloso sobre la arena, p. 64.
480
AGI, Estado 4, N. 8.
481
Alexander von Humboldt, Ensayo polticoII, L. IV. C. IX.
482
Francisco de Arango y Parreo, , Obras II, p. 48.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 129
tas fueron ms lejos, puesto que de aprobarse la ley, haban propuesto al
representante de los Estados Unidos en la isla la incorporacin a esa nacin483.
Tambin entre los antiesclavistas haban cuajado algunas cosas y se supone
que Jos Antonio Aponte es probable que conociese lo que se haba discutido
en las Cortes, aunque para l, como vimos, el modelo era directamente Hait.
Contra aquellas voces de las Cortes, el Ayuntamiento de la Habana hizo
llegar el 20 de julio de 1811 un memorandum en el que se opona a la abo-
licin diciendo que los esclavos estaban en Cuba no por nuestra culpa, sino
por la del padre Bartolom de las Casas, que dos siglos antes, para proteger a
los indios, haba propuesto importar esclavos negros. Ahora, segn el escrito,
deba aceptarse que la economa de Cuba se apoyaba en el trabajo esclavo. Los
esclavistas cubanos no estaban dispuestos a ceder y pusieron en entredicho su
ayuda financiera si se segua por ese camino.
Las pugnas abolicionistas y antiabolicionistas seguiran en Cuba en los aos
posteriores, sobre todo por lo que afect a Espaa el tratado firmado con Ingla-
terra, en 1817, para suspender el trfico negrero. Aquel hecho tomara especial
relevancia en 1820, con el inicio del trienio constitucional, en que las nuevas
Cortes trataron de impulsar lo ratificado en el tratado. Uno de los elegidos cuba-
nos para aquel periodo constitucional por la provincia de Santiago fue el can-
nigo Juan Bernardo OGaban, abiertamente opuesto al tratado anglo-espaol
de 1817484, como puso de manifiesto en sus Observaciones sobre la suerte de los
negros de frica, donde planteaba la esclavitud como una forma de civilizar a
los africanos, pero a la vez con una previsin apocalptica, al decir que la isla
de Cuba sin los brazos africanos que necesita para el cultivo de sus inmensos
terrenos, sera un vasto desierto dentro de pocos aos485. Precisamente aquel
hombre sera un denunciante de la hipocresa britnica en el asunto. Aquella
postura responda a las instrucciones de los delegados cubanos, que deseaban
ampliar el retraso de la fecha del comercio para abastecerse, sobre todo de
mujeres, con las que garantizar el futuro esclavista de la isla486.
Para las cortes de 1822, y con la orden expresa de seguir oponindose a
ese tratado con Inglaterra, se eligi por la isla de Cuba a Nicols Ruiz, Jos del
Castillo y Gonzalo Arstegui y, como ms destacado por su posicin antiescla-
vista, al clrigo Flix Varela.
Flix Varela se opuso abiertamente a aquellas directrices de La Haba-
na y defendi el abolicionismo frente a lo que haba hecho en la legislatu-
ra anterior, el que haba sido su profesor, el mencionado OGavan. Pero las
Sergio Guerra Vilaboy, Las Cortes de Cdiz, p. 483.
483
Ya haba sido representante en las Cortes en 1812, aunque en aquel periodo no se
484
sabe que interviniera en cuestiones sobre la esclavitud. Marie Laurie Rieu-Millan, Los dipu-
tados americanos, p. 170.
485
Las reproduce Juan Bernado OGavan, Observaciones, pp. 111-114.
486
Marie Laurie Rieu-Millan, Los diputados americanos, p. 170.
130 jess paniagua prez
elecciones fueron impugnadas, aunque en las nuevamente realizadas volvi
a salir elegido Varela, si bien ahora sus compaeros de viaje fueron Leonardo
Santos Surez y Toms Gener. Lo cierto es que mantuvo sus proposiciones,
que causaron desasosiego entre los plantadores cubanos, pues la abolicin de
la esclavitud se pensaba que causara un grave problema econmico.
Este diputado describira como nadie la proyeccin en Cuba del miedo
haitiano. Recordaba que, con haber premiado la entrada y la venta de negros,
se supla sin peligro la falta de brazos, pero el acaecimiento de Santo Domin-
go advirti muy pronto al gobierno de su error487. As, la vida econmica se
haba hecho dependiente de los esclavos, que podran solicitar por la fuerza
lo que se les negaba por justicia, como era la libertad y el derecho a la felici-
dad. Alegaba adems que era un error pensar que carecan de lderes, por ello
peda recordar lo sucedido en Saint-Domingue, donde se haban visto entre
los negros uniformes de potencias enemigas488. Es ms, hizo pensar en los
haitianos como posibles invasores de Cuba, pues aquella nueva nacin tendra
la ventaja de contar en el interior de la isla con un gran nmero de esclavos
partidarios, que solo esperaban un genio tutelar que los redima; amn de
esto, teniendo en cuenta la nueva situacin americana, aada la amenaza de
Bolvar, que haba manifestado que con 2.000 hombres y el estandarte de la
libertad tomara la isla, cosa que tambin podran hacer los mexicanos, incluso
los ingleses, que eran dueos del mar y les sobraban talentos y libras489.
Los movimientos de Bolvar se seguan muy de cerca en Cuba, sobre
todo por las ayudas que reciba de Hait y en especial de Ption; as, en 1816
el gobernador Eusebio Escudero informaba que el Libertador se hallaba en
Yacomelo a la espera de unos corsarios de Port-au-Prince y de Les Cayes, para
dirigirse a las costas de Venezuela; aquel gobernador dira del lder mulato hai-
tiano que estaba dispuesto a favorecer las inquietudes sobre cualquier parte,
donde por desgracia se despierten 490.
El debate de las propuestas de Varela no sabemos en qu hubiese acabado,
pero s que haban causado una gran desazn en la isla, sobre todo en los pro-
pietarios de esclavos. En 1823 Espaa fue invadida por los Cien mil hijos de San
Luis, enviados por la Santa Alianza para restablecer el absolutismo y dar inicio
a la llamada dcada ominosa, que se ceb entre los liberales, como con este
diputado, que fue condenado a muerte, aunque logro huir a los Estados Unidos,
donde muri en 1854, haciendo campaa por la independencia cubana.
Pero tambin hay que considerar que el proceso haitiano haba servido de
freno a una posible independencia cubana, pues en aquellas circunstancias,
una elite que pretendiera sus fines por medio de movilizaciones populares
487
Flix Varela y Morales, Obras II, p. 114.
488
Flix Varela y Morales, Obras II, p. 117.
489
Flix Varela y Morales, Obras II, p. 117.
490
AGI, Estado 12, N. 19.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 131
poda exponerse a la peor derrota491. A esto se aada el temor que provoc la
anexin haitiana de Santo Domingo, en 1820, pues se sospech que pudiese
haber intentos imperialistas, que se podan proyectar en Cuba y Puerto Rico;
aunque tal miedo no solo se extenda a las colonias espaolas y a Espaa, sino
tambin a los Estados Unidos, Inglaterra y Francia.
Opuesto a la postura de Varela, durante la dcada ominosa, Duque de Estra-
da, abogaba por el buen trato a los esclavos, aunque no por la abolicin, pues
lleg a decir en su obra de 1823 que es deber del esclavo amar a su dueo492.
En el trasfondo de todas aquellas tensiones generadas en la isla caribea
estaba la sustitucin de Cuba por Saint-Domingue en el control del merca-
do mundial del azcar, lo que no se tard en conseguir, aumentando con-
siderablemente la importacin de esclavos, que entraron especialmente por
el puerto habilitado de Santiago, aunque no hasta los lmites que lo haban
hecho en la colonia francesa antes de su Revolucin, pues en Cuba tan solo
sobrepasaron las gentes de color a los blancos sin mucha diferencia, aunque
lo suficiente como para permitir desarrollar una economa de plantacin. La
produccin cubana pas de 130.000 arrobas en 1763 a 2.387.000 en 1800, junto
con una duplicacin del precio, debido a la crisis productora de la antigua
colonia francesa. Gran parte de las ganancias iban a parar a los comerciantes
de La Habana, que prestaban dinero a los productores ms modestos, que se
endeudaban hasta tal punto que deban entregar su azcar a precios ms bajos
de lo normal493. Aunque todava en 1800 el cultivo de azcar tan solo ocupaba
un 4% del territorio cubano494.
C) Puerto Rico
En lo referente a la esclavitud y a la propia economa de la isla, la visita
del irlands al servicio de Espaa, Alejandro OReilly, en 1765, supuso un
cambio drstico. Hasta entonces a Puerto Rico casi slo se le haba dado un
valor estratgico en la defensa de las posesiones espaolas; sin embargo, el
mencionado visitador realiz un informe en el que puso de manifiesto muchas
cosas, como el abuso del contrabando o los aspectos militares y defensivos,
etc.; pero, sobre todo, nos interesa su proposicin de desarrollo a partir de la
inmigracin de agricultores pudientes, que erigiesen ingenios para favorecer
una produccin beneficiosa al comercio espaol; a estos emprendedores con-
vena favorecerlos con licencias para introducir negros sin tener que pagar las
tasas correspondientes495. Como consecuencia, en 1766, se pens incluso en
Ada Ferrer, El mundo cubano, p. 113.
491
Antonio Nicols Duque de Estrada, Explicacin de la doctrina cristiana
492
493
Manuel Moreno Fraginals, El Ingenio I, p. 72.
494
Michael Zeuske, Las capitanas generales, p. 25.
495
El informe de OReilly puede verse en Ada Caro Costas, Antologa de lecturas,
pp. 454-456.
132 jess paniagua prez
asentar soldados en la isla, que una vez licenciados se dedicasen a la agricul-
tura, pero siempre que mostrasen inters por esas tareas y viviesen concen-
trados496. Hasta aquel momento, segn datos del irlands, de los casi 45.000
habitantes de Puerto Rico solo 5.000 eran esclavos. La consecuencia fue que
desde entonces se increment la importacin de los mismos, incluso en 1768
se estableca el depsito de negros de Iriarte, para la importacin de bozales
con los que se deba abastecer a otras colonias, pero que tena como centro
la isla497.
Las ltimas dcadas del siglo XVIII haban convertido a Puerto Rico en un
lugar de atraccin de poblacin, incluso se haba facilitado la inmigracin fran-
cesa y el desarrollo de la produccin azucarera. As, el 14 de enero de 1778 una
real cdula pretenda plantearse como una gran reforma agraria de la isla, que
acab con las propiedades comunales y que entreg y reconoci propiedades
privadas, con la condicin de que fueran cultivadas y pagaran un impuesto
para mantener a las milicias disciplinadas; la misma cdula reconoca a los
inmigrantes sus ttulos de propiedad sobre las tierras que ya estaban explotan-
do, con las mismas condiciones que a los anteriores. Por tanto, se pretenda
arraigar a los trabajadores extranjeros que se dedicasen a la agricultura y que
profesaran el catolicismo, incluso se lleg a liberalizar el trfico esclavista sin
pagos de impuestos.
Entre los inmigrantes, los ms favorecidos por lo anterior fueron los fran-
ceses, debido a la poltica espaola de alianzas del momento y porque eran
los que mejor cumplan el requisito de catlicos. Lo cierto es que Puerto Rico,
en 1789, contaba con poco ms de 11.000 esclavos; en 1794, ya eran 17.500,
aunque en 1802 la cifra haba disminuido a 13.333, debido a la guerra entre
Francia e Inglaterra, en que Espaa apoy a la primera y la isla lleg a ser sitia-
da por los ingleses, sin xito, en 1797. El motivo no haba sido exclusivamente
aquella alianza hispano-francesa, sino tambin que los britnicos pretendan
acabar con los ataques pirticos franceses a sus naves, que se hacan desde la
las costas puertorriqueas. Con todo ello no es de extraar el auxilio que pres-
taron los galos en aquella defensa498. Lo cierto es que en todo aquel proceso
de desarrollo, de poco ms de 11.000 esclavos en 1789, y salvando el bache
de aquella guerra, se lleg a ms de 17.000 en 1813, es decir el 9,5% de una
poblacin de casi 184.000 habitantes499. An as era una isla que reciba situa-
dos por valor de 376.000 duros en 1813, cuando nos dice Lpez Cancelada,
que las estimaciones de algunos extranjeros era que poda contribuir al erario
con ms de dos millones de duros500.
496
Juana Gil-Bermejo, Panorama histrico, pp. 254-255.
497
Luis M. Daz Soler, Historia de la esclavitud negra, p. 92.
498
Mara Dolores Luque, Revolucin e inmigracin, p. 126.
499
Arturo Morales Carrin, Las corrientes abolicionistas en Puerto Rico, p. 249.
500
El Telgrafo Mexicano de 30 de abril de 1813, pp. 169-170.
la revolucin haitiana en la obra de Juan lpez cancelada 133
A pesar de que las alianzas, la Revolucin Francesa y los sucesos de Hait
provocaron, como en otros lugares, una desconfianza haca todo aquello que
tena que ver con Francia y sus colonias, no se pudo evitar que llegasen quie-
nes huan de las consecuencias de aquellos acontecimientos, a veces favore-
cidos por la Corona, sobre todo si se trataba de defensores del absolutismo
monrquico. La llegada fue especialmente relevante entre 1789-1802, coinci-
diendo adems con un auge en la demanda de azcar por parte de los Esta-
dos Unidos. Aquella presencia, como mencionamos, no sola estar bien vista,
porque se consideraba que con esa inmigracin tambin llegaban las ideas
revolucionarias; y as, el obispo Juan Alejo de Arizmendi acusaba a los inmi-
grantes franceses de que con su presencia en la isla hacan cundir las mximas
irreligiosas como un cncer501.
Los refugiados franceses de Saint-Domingue haban preferido para asen-
tarse el occidente de la isla, en lugares como Mayagez, Ponce y Guayama.
Todo este tiempo, adems, se favoreci la entrada de negros bozales, hasta el
punto de que en 1804 se conceda a los sbditos espaoles su importacin por
espacio de 12 aos y a los extranjeros por seis, en la que sera la ltima cdula
negrera, cuyo cumplimiento se vera interrumpido por la invasin francesa a
la Pennsula, en 1808502.
Llegaron adems un buen nmero de dominicanos, tras la cesin a Francia
de Santo Domingo, aunque muchos de ellos lo hicieron de forma moment-
nea, pensando en regresar a su isla, como Juan Snchez Ramrez, que, apoya-
do por el gobernador Toribio Montes, obtuvo tropas para luchar en su isla de
origen junto a las milicias disciplinadas, con las que pudo obtener la victoria en
la batalla de Palo Hincado, el 7 de noviembre de 1808, frente al general francs
Ferrand, al que los puertorriqueos unos meses antes haban calificado como
vasallo del brbaro celoso que abort la miserable isla de Crcega503.
La desconfianza haba ido a ms a raz de la invasin napolenica de la
Pennsula, lo que dio lugar al decreto de expulsin de los franceses de los terri-
torios espaoles, el 18 de febrero de 1809. En el caso de Puerto Rico aquella
decisin fue bien acogida por algunos cabildos, as como por el prelado de
la isla; sin embargo, tambin es cierto que muchos franceses se vieron prote-
gidos por los hacendados que los empleaban, que lograron mantenerlos con
el apoyo del gobernador Toribio Montes504. Precisamente ese mismo ao a
Montes le sucedera Salvador Melndez, que mand secuestrar las haciendas
de los franceses, pero mantenindolas en manos de sus propietarios para no
entorpecer la produccin505, sobre todo en un momento en que Espaa estaba
501
Mara Dolores Luque, Revolucin e inmigracin, p. 129.
502
Luis M. Daz Soler, Historia de la esclavitud negra, p. 102.
503
Gazeta de Mxico, de 18 de enero de 1809.
504
Mara Dolores Luque, Revolucin e inmigracin, pp. 129-132.
505
Arturo Morales Carrin, Las corrientes abolicionistas en Puerto Rico, p. 249.
134 jess paniagua prez
tan necesitada de numerario. Posteriormente, la necesidad de mantener a los
galos en Puerto Rico tendra que ver con los altos precios que lleg a alcanzar
el azcar en el comercio mundial, debido a su escasez, de modo que entre
1810 y 1820 el precio de al arroba se dispar de 4 a 29 pesos506.
Puerto Rico se convirti en un destino de los sublevados negros captura-
dos en otros lugares. As a los 20 jefes de Saint-Domingue apresados por Jean-
Franois, el gobernador dominicano Joaqun Garca decidi enviarlos a esa
isla, el 17 de marzo de 1794, para que se les mantuviese presos o se aplicasen
a obras reales que les haga sentir el espritu republicano que han seguido y
horrores que han cometido507. Al ao siguiente se pretendi tambin enviar
negros sublevados de Venezuela, lo que se consider un peligro, porque uni-
dos a los anteriores y otros que haban llegado tambin de Saint-Domigue
suponan un reto a la tranquilidad islea508.
Pero en cuanto a los sucesos internos, el primer conato de importancia se
haba producido durante el gobierno de Ramn de Castro y Gutirrez (1795-
1804), que daba cuenta a las autoridades peninsulares de la insurreccin de
Aguadilla, el 15 de noviembre de 1795. El gobernador la consider vinculada
a los sucesos de Saint-Domingue, por lo que haba mandado vigi