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tecas del M inisterio de Cultura, para su prstamo en Bibliotecas Pblicas, de acuerdo con 10 previsto
en el articulo 37,2 de la Ley de Propiedad Intelectual.
La mirada
I)erechos reservados
I .nis Parkinson Zamora
(1 ')
g
Depsito Legal: S. 1.162-2011
'lhe paper on which this book is printed meets the requirements anSa 9706 ~
BONILLA
Este libro est impreso ntegramente en papel ecolgico sin cloro UNAM ARTIGAS
'T'IiIT'llm'"
Son muchas las personas a quienes estoy agradecida. Mi mayor deuda, como
siempre, es con mis amigos, que leyeron mis borradores y me brindaron su
perspicacia y su aliento: Wendy B. Faris, Evelyn Fishburn, Kathleen Haney,
Monika Kaup, Michael Schuessler y Silvia Spitta. Eduardo Gonzlez, Marga-
ret Rich Greer y Ellen T. Baird leyeron el manuscrito para University ofChi-
cago Press y me ofrecieron la sabidura de su experiencia. Jos Pascual Bux,
Myrna Soto de Pascual, Elena Estrada de Gerlero, Rosa Beltrn, Hctor Ba-
rraza, David Lazar, Enrique Dussel,James Ramey y Stephen Zamora anima-
ron mi comprensin del Barroco del Nuevo Mundo de muchas maneras, y
I)jelal Kadir ampli mi visin de los estudios comparativos americanos.
En 1991, Paul Wink.1er, entonces director de la Coleccin Menil en Hous-
ton, me invit a dar una charla en relacin con una exposicin de las fabulosas
pinturas de arquitectura imaginaria de Francois de Nom. Bainard Cowan me
anim a convertir la charla -sobre el uso narrativo de Alejo Carpentier de
una pintura de De Nom- en un ensayo que l y Jefferson Humphries inc1u-
yrn 1Il en su compilacin Poetics of the Americas: Race, Founding and Textuality,
publicado por Louisiana State University Press en 1997. Partes de ese ensayo
Mr incluyen en el captulo 3.
Si Paul Wink.1er y Bainard Cowan pusieron en marcha este libro, Ran-
dolph Petilos, mi editor en University of Chicago Press, me ayud a llevarlo
a cabo. Randy cuenta con un infinito acopio de paciencia, tacto y humor que
acompaan su inteligencia y buen juicio. Mara Naselli, tambin de University
of Chicago Press, fue infatigable en cuanto a asuntos de texto y sustancia se re-
fiere. Les estoy muy agradecida a ambos.
Tambin hay instituciones a las cuales debo mi agradecimiento: la Natio-
nal Endowment for the Humanities, por una beca de investigacin en 2001;
XII Al: IlA IH:C 1M II':NTOS
21 Juan Snchez Cotn, Membrillo, repollo, meln, y pepino (1602),303. l.S Diego Rivera, Civilizacin huasteca (fresco, 1942-1951), 101.
22 Edward Collyer, Trompe l'oeil (1703),306. l.l) Cdice Borbnico, lmina 31, detalle, 102.
23 Capilla familiar (1670-1682), San Francisco Javier, Tepotzotln, 341. l.IO Diego Rivera, Industria del maguey (fresco, 1942-1951), 103.
U I Diego Rivera, El arribo de Hernn Corts en Veracruz en 1519 (fresco,
1942-1951),104.
FIGURAS !.I2 Diego Rivera, Las mansiones de Xibalba, lmina 15 (1931),105.
PREFACIO 1.13 Diego Rivera, Historia de la Cardiologa: Los anatomistas, losfisilogos,
0.1 Coatlicue (figura esculpida), xx. los clnicos (fresco, panel izquierdo, 1943), 106.
l.14 I)iego Rivera, Historia de la Cardiologa: Los investigadores usando los
CAPTULO I instrumentos y aparatos (fresco, panel derecho, 1943), 107.
1.1 Quetzalcatl (figura esculpida), 5. l.1 Diego Rivera, Sueo de una tarde dominical en la Alameda Central
1.2 Qjietzalcatl (relieve en piedra en una cara de la pirmide de (fresco, 1947-1948), 109.
Xochicalco),12. l.1 () I)iego Rivera, Tierra fecunda con lasfuerzas naturales controladas por el
1.3 Yaxchiln, dintel 24, 15. hombre (fresco, 1925-1927), 111.
1.4 C6dice Cospi, Mixteca- Puebla (grupo Borgia), 18. l.17 l Jesiderio Hernndez Xochitiotzin, Palacio Municipal (fresco, siglo
1.5 Juan Correa, La conversin de Santa Mara Magdalena (siglo XVIII),23. xx),114.
1.6 Cruz atrial, San Agustn Acolman (siglo XVI),29. uS Desiderio Hernndez Xochitiotzin, detalle, 115.
1.7 San Miguel Arcngel Itzmiquilpan (fresco, siglo XVI),32. 1.1l) Melchor Prez de Holgun, Descanso en la huida a Egipto (La Virgen
1.8 Santa Mara Tonantzintla (relieve mural policromado, siglo XVII),33.
lavandera) (siglo XVIII),130.
1.9 Misin de Nuestro Seor de Santiago de Jalpan (siglo XVIII),42.
1.lO Annimo, Virgen-Cerro (siglo XVIII),132.
I.IO Cristo sangrante (siglo XVIII),Santa Mara Xoxoteca, 48.
1.11 Imagen original de la Virgen de Guadalupe, 55.
("I'/TIII.O 3
1.12 Annimo, Nuestra Seora de Guadalupe, patrona de la Nueva Espaa
(siglo XVIII),57.
'.1 ()ie~() Rivera, Danza de los listones (fresco, 1923-1928), 146.
1.1 Diego Rivera, Salida de la mina (fresco, 1923-1928), 148.
1.13 Jos de Alcbar, Virgen de Guadalupe (siglo XVIII),61.
. Frnncois de Nom (Mons Desiderio), Explosin en una catedral,
1.14 Annimo, El Padre Eterno pintando la imagen de la Virgen de
tambin titulado Rey Asa deJudea destruyendo los dolos y Rey Asa de
Guadalupe (siglo XVII),68.
Judea destruyendo la estatua de Prapo (c. 1620), 155.
1.15 Joaqun Villegas (atribuido), El Padre Eterno pintando la imagen de la
,1.4 Pedro Pablo Rubens, El descendimiento de la Cruz (panel central del
Virgen de Guadalupe (siglo XVIII),69.
trptico, 1611-1614),160.
1.16 Annimo, Dios Hijo pintando a la Virgen de Guadalupe (parte superior
del retablo, siglo XVIII),72. ,M Francois de Nom, El incendio de Troya con la huida de Eneas y
1.17 Miguel Cabrera (atribuido), Retrato de la Virgen de Guadalupe con San Anquises (1624), 164.
Juan Bautista,fray Juan de Zumrraga y Juan Diego (siglo XVIII),73. 1.6 Francois de Nom, Infierno (1622), 170.
,1.7 San Francisco Javier Tepotzotln (siglo XVIII),181.
CAPTULO 2 .1.S Cpula, Camarn de la Virgen, San Francisco Javier Tepotzotln
2.1 Cdice Borgia, lmina 54, 79. (siglo XVIII),183.
2.2 Cdice Borgia, lmina 53, 82. ,lol) Cabezas esculpidas de Quetzalcatl, serpiente emplumada, y Tlloc,
2.3 Cdice Borgia, lmina 5, 83. la deidad de la lluvia, Teotihuacn, 185.
2.4 Cdice Fejrvry-Mayer, lmina 1,87. ,1.10 Capilla del Rosario, iglesia de Santo Domingo (yeso policromado,
2.5 Cdice Telleriano-Remensis (1562-1563), 90. siglo XVII),187.
2.6 Lienzo de Tlaxcala (c. 1550, copia 1773),92. .1.11 Diego Rivera, Industria de Detroit, o hombre y mquina (pared sur,
2.7 Cdice Florentino (c. 1579),93. 1932-1933),190.
XVI lLlJSTI{Al:IONES
ILlJSTI{Al:ION xs XVII
3.12 Diego Rivera, Industria de Detroit, o hombre y mquina (pared sur, ,., Annimo, "Turris fortitudinis nostrae Sion fundata in lucernis ad
detalle, Coatlicue, 1932-1933), 191. docendum" [La torre de nuestro fuerte est construida sobre las luces
de la enseanza], grabado de Francisco de Burgoa, 337.
CAPTULO 4
,.6 Daniel Heins (Heinsius), emblema 15, "Et pi dolsi",
De emblemata amatoria (1616), 338.
4.1 Diego Velzquez, Las meninas (1656),207.
4.2 Caravaggio, Mara Magdalena (1596),209.
( 'AI'I'l'llLO 6
4-3 Caravaggio, El entierro de Cristo (1602-1604),212.
(1.1 Jos Kondori, iglesia de San Lorenzo, Potos (siglo XVIII), 350.
4.4 Gian Lorenzo Bernini, El xtasis de Santa Teresa (1645-1652),216.
(1.1. Detalle de la iglesia de San Lorenzo, Potos, 351.
4.5 Baltasar de Echave Iba, Retrato de una dama (siglo XVII), 219.
(1.1 Detalle de la iglesia de San Lorenzo, Potos, 352.
4.6 Andrs Lpez, Trinidad del cieloy Trinidad de la tierra (siglo XVII), 221.
4-7 Annimo, Retrato del capitn de granaderos Don Manuel Solar y su
familia (1806),224.
4.8 Frida Kahlo, Mis abuelos, mis padres y yo (1936),225.
49 Miguel Cabrera, SorJuana Ins de la Cruz (siglo XVIII), 226.
4-10 Frida Kahlo, Autorretrato como tehuana (1943),229.
4.11 Frida Kahlo, Autorretrato dedicado al doctor Eloesser (1940), 231.
4.12 Frida Kahlo, Autorretrato con mono (1940),234.
4.13 Manuel Villavicencio, Cristo cargando la cruz (siglo XVIII), 235.
4.14 Frida Kahlo, Races (1943),236.
4.15 Annimo, Alegora de la sangre de Cristo, Cristo dentro del huerto cerrado
(siglo XIX), 237.
4-16 Frida Kahlo, Henry Ford Hospital (1932),238.
4.17 Baltasar de Echave y Rioja, La Dolorosa (siglo XVII), 239.
4.18 Frida Kahlo, Elvenadito (1946),240.
4-19 Juan Patricio Morlete Ruiz, El Sagrado Corazn deJess (siglo XVIII), 242.
4.20 Juan Patricio Morlete Ruiz, El Sagrado Corazn deMara (siglo XVIII), 243.
4.21 Hermenegildo Bustos, Retrato de un sacerdote (siglo XIX), 245.
4.22 Jos de Alcbar, San FranciscoJavier (siglo XVIII), 251.
4.23 William Hogarth, Sir Francis Dashwood, Bt., en sus devociones (detalle,
siglo XVIII), 252.
4.24 Baltasar de Echave Iba (atribuido), La Magdalena (siglo XVII), 268.
4.25 Alonso del Arco, Mara Magdalena despojndosede susjoyas (1688),272.
CAPTULO 5
5-1 Baldassare Peruzzi, Sala delle Prospettive (fresco, c. 1515),299.
5.2 Gian Lorenzo Bernini, Habacuc y el ngel (1655-1661), 302.
5.3 Cornelius Gijsbrechts, Portacartas con la proclamacin de Christian V
(1668),307.
5.4 Andrea Alciato, emblema 177, "Ex bello pax", Emblematum liber
(1531),335.
La Coatlicue transformada
11111 en el arte y la metfora visual del pintor mexicano Saturnino Herrn para
,,1 hltc,nl1ismo cultural en su lienzo La Coatlicue transformada. Leonardo nos re-
~ucml" quc la perspectiva en el arte occidental dramatiza el acto de ver; Herrn
nu. lllerta de que el acto de ver se ubica dentro de un marco cultural (lmina 1).
H.rr4n representa la monoltica escultura de la diosa mexica (azteca) de la tie-
rna, CllIatlkuc, cuyo nombre significa "falda de serpientes" y cuyo collar est he-
.:ho de manos, corazones y un crneo en forma de pendiente (fig. 0.1). Esculpida
pUl'Oantes de la invasin europea de 1519, la propia Coatlicue es doble; donde
deberfu encontrarse su cabeza, se enfrentan dos testas de serpiente que repre-
sentan, en su unin, la decapitacin ritual y, por consiguiente, en la cosmologa
mexlca, las fuerzas complementarias de la vida y de la muerte. A la dualidad for-
mili y ritual de Coatlicue, Saturnino Herrn aade otro plano: el contorno de
un Cristo crucificado. La cabeza inclinada, las piernas y los pies ensangrenta-
do. descansan sin vida sobre la falda de serpientes de Coatlicue; las manos san-
fllntes del hijo de Dios caen a ambos lados del collar de manos y corazones,
LMINA 1. Saturnino Herrn, La Coatlicue transformada (1918), Mxico, Museo de Aguas-
calientes, Instituto Nacional de Bellas Artes, Mxico. sostenldas por los hombros de la figura. Esta "Coatlicue transformada" es una
",presentacin emblemtica de la convergencia de las culturas indgena y euro-
pell en Mxico, y yo propongo que representa, de manera ms general, el proce-
MOllemestizaje cultural en toda Latinoamrica. Este lienzo fue pintado en 1918
eomu estudio para el panel central de un friso que deba titularse Nuestros dioses.
I.u idea de Herrn era representar a fieles indgenas en el panel izquierdo y a es-
LA COATI.ICln: TRANSFORMADA XXI
tura y a filsofos de la historia, quienes han propuesto estos trminos, y consi- logas catlicas y monrquicas en un instrumento de resistencia frente a esas
derar sus mtodos de aproximacin al estudio de las relaciones que se establecen mismus estructuras y, por ende, su transformacin en un instrumento de crti-
entre las culturas latinoamericanas y sus formas de expresin visual y verbal. Ha- l'il poscolonial. En tanto que los historiadores europeos designan el siglo XVII
blando metafricamente, pues, mi tema es la constante transformacin de Coatli- 1 umo la poca del Barroco, ste es un marco demasiado limitado para abar-
cue, y ste es tambin el tema de los escritores que aqu analizo. Sus novelas drama- lar (,1 Barroco en Latinoamrica. De hecho, la creacin de arte y arquitectura
tizan el bifocalismo cultural encarnado en la figura de Herrn y la representacin hurroros en las Amricas continu casi hasta el fin del siglo XVIII, cuando el
"ms redonda" que este bifocalismo hace posible. (,~tilochllrrigueresco alcanz su expresin ms exuberante en Mxico. El ele-
lo colonizador emple artesanos y trabajadores indgenas para construir sus
IfI,lt-siasy monasterios barrocos, para tallar sus imgenes en madera y piedra, y
BARROCO, BARROCO NOVOMUNDISTA, NEOBARROCO para decorar sus muros interiores y exteriores. El captulo 1se concentrar en
la idl'ologa de la representacin visual que result de este choque de culturas
Mi propsito es poner en relacin estas energas transculturales con la esttica y la v ('ti la ontologa sincrtica de la visin que surgi durante tres siglos de do-
ideologa del Barroco del Nuevo Mundo. El Barroco novomundista es hbrido e ItI lijo colonial. A fines del siglo XVI, los criollos ya haban comenzado a adop-
inclusivo, y cualquier definicin precisa debe incluir los modos indgenas y africa- tur in1:'lgenes sincrticas como un medio de proyectar una identidad cultural
nos de concebir y expresar el universo. Sus energas transculturales se mueven en uuu-ricana frente al poder colonizador de Espaa. La Virgen de Guadalupe es
varias direcciones, por supuesto, y mientras Espaa y Portugal impusieron las es- I111 excelente ejemplo de este proceso, pero las estrategias descolonizadoras del
tructuras de la Contrarreforma en Amrica, sta, a su vez, aliment las energas Hurroro no se articularon plenamente hasta mediados del siglo xx.
creativas de Europa de una manera an visible de Sevilla a Roma y a Amberes, para I)('sde entonces, el Barroco novomundista se ha convertido en una ideolo-
nombrar tres centros de arte y arquitectura barrocos. Amrica tambin propuls v.h, poscolonial con conciencia de su propia identidad cuyo propsito es tras-
su creacin y su construccin: el oro y la plata extrados desde Zacatecas hasta Po- 101i1!' las arraigadas estructuras del poder y categoras de la percepcin. Esta
tos hacen sentir su peso en los altares de las iglesias barrocas a travs de toda Eu- Idl'Ologa, denominada Neobarroco en los aos setenta, ha proporcionado a
ropa, como lo hacen los cuerpos de los trabajadores indgenas que extrajeron esos hIN l'srritores latinoamericanos un medio para impugnar las ideologas im-
metales y cuya prdida conmemoran silenciosamente estos altares. Hago hincapi plll'st ~IS y recobrar textos y tradiciones relevantes. Bajo el signo del Neoba-
en la reciprocidad de este intercambio transatlntico, ya que no hacerlo llevara a rroru, han capturado las formas de expresin del Barroco histrico para crear
una interpretacin errnea del Barroco tanto en Europa como en Latinoamrica. 1111 discurso de "contraconquista" (trmino de Jos Lezama Lima) que opera
Sin embargo, el centro de atencin de los captulos que siguen es esta ltima: me Itlllplillllll'nte en la Latinoamrica contempornea. Gracias a sus estrategias
interesan las relaciones culturales asimtricas en los contextos latinoamericanos, y lIC'MI'l'lItralizadoras y perspectivas irnicas, algunos crticos han considerado
cmo estas relaciones continan presentes en la narrativa contempornea. C'I Neohurroco como una suerte de posmodernismo latinoamericano, pero la
Los captulos de mi estudio detallan la transformacin del Barroco en La- Ml'lIIl'jallza es engaosa.' A diferencia de las categoras posestructuralistas re-
tinoamrica de un instrumento de colonizacin europea que codifica ideo- /(Illarlllente impuestas por Estados Unidos y Europa o importadas desde all,
el Ncobarroco se encuentra profundamente arraigado en las historias y en las
culturn latinoamericanas. Las formas barrocas florecieron en la Nueva Es-
Los siguientes catlogos de exposiciones abordan explcitamente las formas sin- p"na catlica como no lo hicieron jams en la Nueva Inglaterra protestante;
crticas de atencin: Converging Cultures:Art and Identity in SpanishAmerica, Dia- hastc recordar las paredes desnudas de las iglesias coloniales de Nueva Ingla-
ne Fane (ed.), New York, 1he Brooklyn Museum/Abrahams, 1996; Cambios: 1he
Spirit ofTransformation in Spanish Colonial Art, Santa Barbara! Albuquerque,1he
Santa Barbara Museum of ArtlUniversity ofNew Mexico Press, 1992; Iberoam-
rica mestiza: Encuentro de pueblos y culturas, Madrid/Mxico, Centro Cultural de la l. Vase, por ejemplo, Pedro Lange-Churin, "Neobaroque: Latin America's Post-
VillalInstituto Nacional de Antropologa e Historia, 2003, con ensayos de Elisa modernity]", en Latin America and Postmodernity: A Contemporary Reader, Pedro
Garca-Barragn, Eduardo Matos Moctezuma y Mario Vargas Llosa, entre otros; I.ange-Churin y Eduardo Mendieta (eds.), Amherst, Humanity Books, 2001, pp.
y Painting the New World: Mexican Art and Lije 1521-1821, Donna Pierce, Rogelio 25~-73; y Horst Kurnitzky, "Barroco y postmodernismo: Una confrontacin pos-
Ruiz Gomar y Clara Bargellini (eds.), DenverlAustin, 1he Denver Art Museum/ terguda", en Modernidad, mestizaje cultural, ethos barroco, Bolvar Echeverra (ed.),
University ofTexas Press, 2004. Mxico, Universidad Nacional Autnoma de Mxico, 1994, 1'1'.73-92.
LA COATLlCIH: TRANH~'OltMAIlA XXV
XXIV
terra, el neoclasicismo nacionalista de Washington, D. C., Y el elegante mo- insiste en llue no puede limitarse a un nico lugar o perodo histrico; antes
dernismo del internacionalismo del siglo xx, para reconocer que el Barroco bien, es un espritu colectivo, una manera cultural de ser, que se caracteriza
es ajeno a la historia cultural de Estados Unidos. En Angloamrica, tampo- 1'01'sus estructuras dinmicas y sus perspectivas policntricas capaces de re-
co interactuaron las tradiciones indgenas con las formas europeas importadas ruuoccr e incluir la diferencia. Para Carpentier, la energa cintica del espacio
como 10 hicieron en Latinoamrica, donde crearon modos transculturados de ha rrol'O da cabida a las interacciones de las distintas historias y culturas ame-
I irallas, como 10 hace tambin su impulso dinmico de expansin y desplaza-
expresin que codifican las caractersticas particulares de los contextos cultu-
rales del Nuevo Mundo. Las ideas y las imgenes barrocas estn arraigadas en miento. De manera que recodifica lafuncin del Barroco, convirtindolo en un
las historias coloniales y poscoloniales de Amrica latina, y son indispensables 111strumcnto mediante el cuallos escritores latinoamericanos pueden trastocar
LIS instituciones colonizadoras y las construcciones modernas de raza y racio-
para nuestra lectura de la ficcin contempornea.
En el captulo 1, pues, trato alternativamente las modalidades de imagi- 1101lismo, Para Carpentier, el Barroco floreci en el Nuevo Mundo precisamen-
tI' porquc las culturas se han enfrentado y han convergido aqu: "El barroquis-
nera visual de la Amrica prehispnica y del Barroco europeo del siglo XVII
en la Nueva Espaa y en Latinoamrica en general. Mi objetivo es recuperar 1110americano se acrece con [oo.] la conciencia de ser otra cosa, de ser una cosa
estas ontologas visuales tal como existieron de manera independiente, y lue- 11I1{'Va, de ser una simbiosis, de ser criollo; y el espritu criollo de por s, es un
go mostrar cmo evolucionaron durante su cohabitacin en el Nuevo Mundo. c'Nl'rilu barroco".' Explorar esta posibilidad en la ficcin de Carpentier, es-
Har referencia a dos mitos que se encuentran relacionados, uno mesoameri- prriallllcnte en El siglo de las luces yen Concierto barroco, as como en su ensayo
cano y el otro novohispano: los relatos del espejo de Qjietzalcatl y del ojo de "1 ,o barroco y 10 real maravilloso", donde presenta su ms convincente argu-
Guadalupe nos permitirn considerar las diferentes relaciones de las imge- mento sobre el Barroco novomundista como un medio de crtica poscolonial.
nes visuales con las realidades que (re)presentan. Un dios indgena y una Vir- El captulo 4 se dedica a las convenciones de la hagiografa barroca y de la
gen barroca: stas pueden parecer fuentes remotas para nuestra lectura de la l"ltn'sentacin de los personajes relacionados con ella en los medios visuales y
ficcin contempornea latinoamericana, pero no 10 son. Junto con otras im- vrrhalc. Aqu estudio a Frida Kahlo y Gabriel Garda Mrquez en forma pa-
genes y otros textos, nos permiten considerar los diferentes modos de ver que rulr lu. Los retratos barrocos de Vrgenes dolientes y santos exttico s influye-
IlIIl sobre ambos, y ambos proyectan una dinmica barroca de sufrimiento y
han convergido a 10 largo de los siglos en Amrica Latina. De modo que este
primer captulo proporciona el fondo histrico sobre el cual se perfilan en pri- plllrrr, de tortura y trascendencia. En todas las discusiones acerca del Barroco
mer plano mis subsecuentes lecturas de los textos literarios. nuvomundista y del Neobarroco, es esencial comprender las formas catlicas
Los captulos siguientes ofrecen ejemplos de los encuentros culturales que dr expresin visual, aun cuando los pintores y escritores en cuestin no sean
constituyen el Barroco del Nuevo Mundo. En el captulo 2 me concentro en ('lItc)lkos. Los santos y mrtires catlicos podran parecer irrelevantes en un
las estructuras visuales de los cdices prehispnicos en Mesoamrica y detallo 11I1I\lisisde la obra de Kahlo o de la de Garda Mrquez, dado su compromiso
el desarrollo de su empleo en dos medios modernos, los murales y la narrativa ron el marxismo, pero veremos que la autoconciencia presente en los retratos
literaria. Mis temas principales son los murales de Diego Rivera en el Palacio barrocos puede decirnos mucho acerca de los autorretratos de Kahlo y los per-
Nacional, en la Ciudad de Mxico, la novela de Elena Garro Los recuerdos del NOIuljesde Garda Mrquez. En estilos diferentes, confirman la flexibilidad (y
porvenir, y la enciclopedia potica de la historia americana de Eduardo Galea- constante utilidad) de las modalidades barrocas de representacin del ser hu-
no en su triloga titulada Memoria delfuego. Estos artistas crean obras que se numo en el arte y la literatura latinoamericanos.
corresponden con los cdices prehispnicos y dramatizan la manera en que las El captulo final trata del Barroco borgiano. A pesar de que Borges rene-
formas indgenas se enfrentaron a los sistemas colonizadores europeos y los Kl) muy pronto del Barroco, y a pesar de su lmpido estilo, su obra tiene im-
modificaron, en un proceso que an persiste. portantes afinidades con las estrategias iconogrficas y retricas del Barroco.
El captulo 3 pasa revista a las teoras de hibridismo cultural que actual- Es Neobarroco en su empleo consciente de las estructuras barrocas de per-
mente se suelen agrupar bajo la rbrica del Neobarroco, desarrolladas en sus cepcln visual y extensin espacial; el espejo, el laberinto, el sueo, el trompe
inicios, en los aos cuarenta, por los escritores cubanos Alejo Carpentier y
Jos Lezama Lima, y ms adelante, por Severo Sarduy. Este captulo es el ful-
cro de mi argumentacin, pues Alejo Carpentier es fundamental para cual- ,., Alejo Carpentier, "El barroco y 10 real maravilloso",fragmento de la conferencia dic-
quier discusin del Neobarroco como una categora poscolonia1. Carpentier tada en el Ateneo de Caracas e121 de mayo de 1975, en La novela latinoamericana en
reconoce el barroquismo en su funcin histrica y colonizadora, pero tambin vf.lperas de un nuevo siglo y otros ensayos, Madrid, Siglo XXI, 1981, pp. 123-135.
XXVI P1161.<}(;O LA COATI.Il'U': TRANSFORMADA XXVII
l'oeil y la mise en abime estn al servicio de su tema ms importante: la natura- '1"1' no escriben apasionadamente acerca del arte, los artistas y la esttica vi-
leza ilusoria de todo conocimiento. El tropo barroco "la vida es sueo" es tan ""011; adems, los pintores a menudo son poetas, y los poetas, pintores. Esta
fundamental para la metafsica de Borges como lo fue para los escritores del movilidad entre los medios es una tradicin histrica: los modos de comu-
Barroco histrico: Caldern de la Barca, Qpevedo, Sor Juana Ins de la Cruz, uivucin visual y verbal han desempeado papeles complementarios desde la
Cervantes, Sir Thomas Browne. Es ms, su devocin por el artificio y la ale- tuudncin del imperio en el Nuevo Mundo espaol. En los virreinatos de Nue-
gora es barroca, as como su emblemtica estrategia de codificar el universo V,I ':spaf1a, Nueva Granada, Nueva Castilla (Per y Bolivia), y ms tarde en el
entero en algunas de sus partes. Aun cuando en el Cono Sur no se produje- .Id Ro dc la Plata, artistas y escritores colaboraron para proyectar una visin ca-
ron arte y arquitectura barrocos del mismo modo que en el resto de Latinoa- lol"a dc la realidad; despus de la independencia, sus imgenes y palabras sir-
mrica, las convenciones del ilusionismo barroco operan, sin embargo, en las \'11'1011 para fundar naciones; y ms recientemente, se han desempeado como
"ficciones" de Borges. Su universalismo urbano, su recuperacin de un nmero 1.1 lClllricllcia democrtica ante las oligarquas. El conflicto romntico entre
que parece infinito de textos y tradiciones, y su constante contemplacin del ,11 II '.1 a y sociedad, entre inspiracin individual e imperativos colectivos, nunca
infinito y la eternidad, reflejan el impulso de abarcar e incluir que inspira a la ,', 110 r.uces en Latinoamrica. Los artistas y los intelectuales son figuras p-
expresin barroca en todas sus formas. Su obra nos sugiere cmo las actitu- hlllas'y tuerzas polticas; defienden, ilustran, educan; aceptan puestos polti-
des y las formas expresivas del Barroco pueden animar la ficcin reciente aun I o~, escriben periodismo poltico, pintan murales en paredes pblicas. Estas
cuando no se las reconozca como tales en primera instancia. ftllll'iollCS e intenciones comunitarias a lo largo de los siglos han dado como
Aqu, y a lo largo de todo el libro, tiendo lazos estticos e histricos entre el 1I'''ldlado un acercamiento entre artistas y escritores, y sus respectivos medios.
Barroco europeo y las formas de expresin latinoamericanas para distinguir, 10 I':sle papel pblico refleja y dilata el papel de los artistas en la Mesoamrica
mejor posible, en qu estriba la novedad del Barroco del Nuevo Mundo. Los es- 1'"'lllspllica, aunque la palabra "artista" no es apropiada en este contexto. Los
critores latinoamericanos contemporneos manipulan las formas barrocas con 11"1'1/10 y ah ts'ib (pintor/sacerdotes) de las culturas del altiplano mexicano y la
fines poscoloniales, rechazando las estructuras coloniales y al mismo tiempo re- 11111\,,1, respectivamente, cumplan la funcin de escribas de los dioses, pintando
cuperando las formas culturales colectivas que han sido eclipsadas por los ra- -II~ mnndatos en lenguajes iconogrficos e interpretando sus significados en re-
cionalismos y los realismos de la modernidad. El trmino "Neobarroco" apunta 1'1('hrnladones orales. La gramtica visual de los cdices contena y comunicaba
a esta combinacin consciente de resistencia y recuperacin; los escritores re- lil hlhidura teolgica, astronmica, calendrica y adivinatoria de la comunidad,
configuran las formas barrocas con irona y de este modo recuperan las conti- lu. I'r~islros histricos y genealgicos y, en el caso de los mayas, tambin la his-
nuidades enterradas bajo una historia fracturada. El trmino "novomundista' lorlll de sus dinastas. La escritura pictrica de estos "libros pintados" no hace
es menos explcito a este respecto, puesto que hace referencia al largo proceso dl.llndn entre "texto" e "imagen'. La pintura y la escritura se combinan en co-
transcultural de adaptacin de las formas barrocas europeas a las circunstancias lul'idlls estructuras pictogrficas e ideogrficas, as como lo hacen la sabidura
culturales americanas. Por lo tanto, el Neobarroco depende del Barroco novo- Irulc'IKka, astronmica y esttica. En el captulo 1veremos ejemplos de este len-
mundista y lo incluye, aun cuando los escritores neobarrocos recodifican sus for- WHlJriconogrfico y consideraremos sus complejas conjunciones; en el captulo 2
mas conscientemente. Barroco, Barroco novomundista, Neobarroco: estas cate- drNl'ubrircmos su presencia en obras recientes literarias y artsticas.
goras surgen histricamente unas a partir de las otras y se traslapan esttica e 1,11 larga historia de lenguajes visuales y verbales entrelazados en Latinoa-
ideolgicamente. La ficcin que analizaremos explota las tensiones entre mun- mrica implica que ser "culto" no es necesariamente sinnimo de ser "letrado".
dos viejos y nuevos, entre las estructuras de la modernidad y sus subversiones A pesar del estudio de La ciudad letrada de ngel Rama en la Hispanoam-
neobarrocas. Como en la versin del Quijote de Pierre Menard, el Barroco no- rlnl colonial, o la igualmente importante historia del libro y la impresin en
vomundista refleja sus modelos europeos y los transforma por completo. 1" Nueva Espaa de Ernesto de la Torre Villar, o el anlisis de la cultura lite-
rllrlll ms reciente de Roberto Gonzlez Echevarra,' el "archivo" de Latinoa-
PROPSITOS INTERARTSTICOS
mrica no se encuentra necesariamente en forma impresa. Haba, y hay, vastas observador se le pide que imagine (personifique, penetre, ponga en accin) la
regiones, incluyendo zonas urbanas, donde la cultura impresa no tiene races narrativa. Semejante energa discursiva es tan fundamental para los artefac-
profundas, un hecho que no implica necesariamente que la gente no sepa leer. los prchispnicos como lo es para los retratos barrocos de santos y demonios,
11 para los murales del siglo xx que afirman una identidad poscolonial colecti-
Pensemos en la insistencia de Garca Mrquez en que el origen de su ficcin
se encuentra en las historias que le contaban sus abuelos (cosa en que vuelve a va. Tres interrogantes impulsan mi estudio: cmo las imgenes consolidaron y
hacer hincapi en su autobiografa) y en su empleo narrativo de las imgenes IIllllirlllaron las ideologas, cmo se generaron formas culturales sincrticas a
de santos y demonios barrocos, que analizaremos en el captulo 4. Estas fuen- parlir de la colisin y la convergencia de culturas diferentes y cmo contina
tes orales y visuales reflejan su experiencia de haber crecido en un pequeo I'~ll' proceso en la ficcin latinoamericana contempornea.
pueblo de la costa de Colombia, no su grado de alfabetizacin o su acceso a los
libros. Evidentemente, los textos y las imgenes circulan en distinta medida y
en diferente relacin de acuerdo con el lugar, la poca, la persona y la intencin 1./\ M I RADA EXUBERANTE
soamrica, los Andes, Brasil y el Caribe. Y la pintura mural se ha practicado a Mil ('Iunpo se tiende la batalla de nuevos sectores que disputan posiciones de poder"
(ri2). Es irnico, entonces, que el propio enfoque de Rama no abandone nunca la
travs del tiempo y los territorios en toda la Amrica anterior y posterior a la
pl\~ina impresa. No explora las relaciones de los medios de expresin o la produc-
Conquista. Estos medios visuales se desarrollaron a lo largo de los siglos para
clon de textos culturales adems del alfabtico, y tampoco examina las diferencias
narrar una diversidad de ideas; todos conllevaban (y algunos todava conlle- radicales en los medios de expresin que operaban en las ciudades coloniales y en
van) un contenido metafsico; todos eran (y algunos todava lo son) instru- 10M pueblos rurales (ciudades de espaoles y pueblos de indios). Para un anlisis de
mentos ideolgicos cuyo objetivo es hacer valer imperativos colectivos, ya sean esta fundamental distincin, vase el prlogo de Silvia Spitta a Mds alld de la ciu-
teolgicos, imperiales, nacionales, poscoloniales, o una combinacin de ellos. dad letrada: crnicas y espacios urbanos, Boris Muoz y Silvia Spitta (eds.), Pitts-
En todos los casos, el requerimiento afectivo permanece: el pintor o el escul- burgh, Biblioteca de Amrica/Instituto Internacional de Literatura Iberoamerica-
tor crea imgenes visuales que narran (profetizan, pontifican, polemizan) y al na, Pttsburgh University, 2003, pp. 7-23.
LA COATLlCUE TIIANNFOIlMAI>A XXXI
xxx
autores mismos, que emplean estrategias visuales para desplazar las fronteras (;arda Mrquez empieza su discurso de recepcin del Nobel, "La soledad de
que delimitan los campos culturales y expresivos. Porque los medios visuales \ mriru Latina", con una ancdota relevante. Hace referencia al relato del nave-
/',,11111' florentino Antonio Pigafetta en el que narra su viaje alrededor del mundo
son "otros" para la economa verbal de la ficcin moderna, sirven a los autores
'011 Mugallanes, y vuelve a contar la descripcin de Pigafetta de que "al pri-
(ya los crticos) como instrumentos indirectos por medio de los cuales ubicar
las obras literarias cultural y polticamente, y para evaluar sus capacidades ex- IIH'r Ilativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y
presivas. La yuxtaposicin de diferentes sistemas significantes -visuales y ver- '1111'aquel gigante enardecido perdi el uso de la razn por el pavor de su pro-
bales- permite a estos autores (ya nosotros) considerar cmo se transmite el 1'10\ illlagen" (230). Esta parbola no es acerca de la destruccin que trajeron
significado en distintos medios y con qu fines. Al igual que la mayora de los 1"" colouizadores europeos, sino sobre la insuficiencia de las formas europeas
estudios de literatura comparada, mi meta ser la comprensin de obras espe- 1',11 a contener al "gigante enardecido" de Amrica Latina. El espejo del colo-
1111 alll H' IlO puede abarcar las realidades latinoamericanas y, por eso, implica la
cficas sopesando sus similitudes y diferencias, pero mi comparacin interar-
tstica tambin cuestionar cmo los distintos medios comunican su significa- p.uuholu, es la tarea del artista ampliar y enriquecer (o subvertir y suplantar)
do, a quin y por qu. Por esta razn, las imgenes que incluyo en los prximos lo" modelos importados de expresin. As, Garca Mrquez ofrece una pre-
captulos no slo ilustran mi argumento, sino que son parte integral de l. dln'illll retrospectiva del poder de la imagen latinoamericana para incorporar
El ttulo de mi libro es una metfora de estas relaciones interartsticas y 1IIIllil'iolles heterogneas, una capacidad que consideraremos en mayor detalle
de las estructuras literarias expansivas que son su producto. En sentido literal, IlIillHlo hablemos del espejo de Quetzalcatl y del ojo de Guadalupe en el ca-
"exuberante" implica la abundancia desbordante, del Latn uberare, ser fruc- l'" Ido siguiente.
tfero, con el prefijo ex: una abundancia extravagante, extraordinaria, desme- Mi ttulo pretende ofrecer una alternativa al uso convencional del concep-
dida. Metafricamente, "la mirada exuberante" seala la pasin barroca por 111 de "la mirada" como apropiacin del otro, a menudo invocado por la crtica
incrementar e incluir que tambin caracteriza las energas narrativas de gran 1"llllllista y poscolonialista. Por ejemplo, el crtico cultural Homi Bhabha es-
parte de la ficcin latinoamericana contempornea. En su discurso de recep- IIIw sobre "la mirada estructurada del poder cuyo objetivo es la autoridad'l.?
cin del Premio Nobel, Garca Mrquez habla de las realidades latinoameri- 1':1 ',lljclo colonizado, de acuerdo con Bhabha, devuelve esta mirada estructu-
canas como inmensas, descomunales, desaforadas; l sugiere que este territo- llllla mediante la imitacin, efectuando as una "inversin estratgica del pro-
.1'1.0 dI' dominacin [... ] que devuelve la mirada del discriminado alojo del
rio no puede trazarse ni explorarse, es inconmensurable, y presumiblemente
tambin lo es su literatura." Su insistencia en la desmesurada realidad latinoa- I'0dl"" (141), El modelo de Bhabha es atractivo porque seala la resistencia
mericana puede parecer extica y engrandecedora en trminos que la crtica tlr h,NNUjl'toscolonizados, pero no permite una relacin recproca en la cual el
canadiense Amaryll Chanady ha denominado "territorializar la imaginera", ,'ololli/,ado no imita al colonizador. La resistencia que Bhabha imagina es dual
pero Garca Mrquez comparte con sus contemporneos latinoamericanos el y rrrrndu, se mueve entre el opresor y el oprimido sin las tensiones transfor-
impulso de crear discursos de diferencia que los distinguen de Europa y de los unulorus y las energas sincrticas que caracterizan al Barroco novomundista, y
Estados Unidos, un impulso ampliamente sealado por los crticos culturales .111reconocer que el intercambio afecta inevitablemente a ambas culturas. Es
11II\N, igllora modos de ver que no estn organizados por las nociones de per-
de Amrica Latina."
1'C'1'l'it'JI1 occidentales o cimentados en un hegemonikn clsico -(alma, razn,
C'(O, conciencia subjetiva). La idea de "devolverle la mirada a Europa" es radi-
rulmcntc insuficiente para abarcar el proceso transcultural que sigue operando
7. Gabriel Garca Mrquez, "La soledad de Amrica Latina', discurso de acepta-
C'II el arte y la literatura de Amrica Latina.
cin del Premio Nobel, 8 de diciembre de 1982, ed. Wilhelm Odelberg, Stokholm,
Fundacin Nobel, 1983.
8. Amaryll Chanady, "1he Territorialization of the Imaginary: Self-Affirmation and
Resistance to Metropolitan Paradigms", en Magical Realism: 'Ibeory, History, Com- NIIreferencia (y su resistencia) a las medidas europeas. Vase Plinio Apuleyo Men-
munity, Lois Parkinson Zamora y Wendy B. Faris (eds.), Durham, Duke Universi- doza, m olor de la guayaba, Mxico, Editorial Diana, 1993, p. 78.
ty Press, 1995, pp. 125-44. Cuando se le pregunt a Garca Mrquez en una entre- \), Ilomi K. Bhabha, Ellugarde la cultura (1994), trad. Csar Aira, Buenos Aires,Ma-
vista de 1982 si la "desmesura" de sus novelas era una licencia literaria, respondi: nunriul, 2002, p. 138. Peter Beardsell emplea el modelo de Bhabha, as como el de
"No, la desmesura forma parte tambin de nuestra realidad. Nuestra realidad es otros tericos poscoloniales (Todorov, Foucault, Said) en su estudio Europe and
l.atin America: Returning the Gaze, ManchesterlNew York, Manchester University
desmesurada [...]". Los ejemplos que da -el Danubio comparado con el Amazo-
nas, la lluvia europea comparada con los huracanes latinoamericanos- confirman Press, 2000.
XXXII PRLOGO
vertir finalmente en un espejo que, segn se dice, refleja las lneas del mundo.
A lo largo de nuestra discusin, tomaremos en consideracin las diferencias
entre las maneras de ver indgenas y europeas.
EL ESPEJO DE QyETZALCATL
Los aventureros espaoles a los que ahora nos referimos como conquistado-
res embarcaron en Cuba y tomaron tierra en la isla de Cozumel en marzo de
1519, donde de inmediato hicieron frente a innumerables imgenes de cria-
turas sobrenaturales. Comparndolas inicialmente con los dioses paganos de
Grecia y de Roma, el soldado y cronista Bernal Daz del Castillo nos refiere el
acercamiento de Corts a estos "dolos de muy disformes figuras": "Y mand
Corts que a los dolos que derrocamos, hechos pedazos, echsemos a rodar
unas gradas abajo, y as se hizo [.oo] Y luego les mand llamar todos los indios al-
bailes que haba en aquel pueblo y traer mucha cal para que lo aderezasen [...]
Y luego otro da se encal y se hizo un altar con dos buenas mantas de Nues-
tra Seora; y mand a nuestros carpinteros ... que hiciesen una cruz de unos
maderos nuevos [oo.] yel papa y cacique y todos los indios estaban mirando
con atencin"." Por fortuna, algunos de los clrigos colonizadores siguieron a
Corts con una ptica ms amplia. La conversin justificaba la Conquista, de
modo que ellos, al igual que Corts, estaban obligados a remplazar los "dolos"
indgenas con imgenes catlicas, pero unos cuantos frailes se esforzaron por
conservar los mitos indgenas en sus formas verbales y visuales, y sus nombres
son clebres con justa razn. Sus registros, aunque tendenciosos, siguen siendo
fundamentales para nuestro conocimiento de las culturas mesoamericanas an-
tes del contacto con los europeos." As es que contamos con un nmero signi-
ficativo de mitos nahuas y mayas que conservaron los mismos hombres que se
dedicaron a borrarlos de la memoria colectiva.
Qpetzalcatl es tanto una deidad como un lder humano asociado con el
centro ceremonial tolteca de Tula y con el centro maya de Chichn Itz (fig.
1.1) .10 La historia de su encuentro con un espejo abarca tanto su identidad his-
trica como mtica, y dramatiza su capacidad proteica de pasar de una condi- 1lo la reformulacin de este mito del novelista mexicano Carlos Fuentes. Su
cin a otra. Los detalles se renen en los Anales de Cuaubtitldn, una coleccin tl'Ii'rl'ncia a la "cada" de Quetzalcatl, con sus resonancias cristianas, ya sugie-
de narrativas orales del altiplano del centro de Mxico, escritas antes de 1570, 11' 1'1 proceso de transculturacin que estamos analizando.
en nhuatl con alfabeto latino (el idioma de los antiguos grupos indgenas del al-
tiplano que an hablan ms de un milln de mexicanos") y publicadas, proba- TC'l.catlipoca,Ilhuimcatl y Toltcatl decidieron expulsar de la ciudad de los
dioses a Quetzalcatl, Pero necesitaban un pretexto: la cada. Pues mientras repre-
blemente en el siglo XVII, con otros dos textos posteriores a la Conquista en el
'('lItasc el ms alto valor moral del universo indgena, Qpetzalcatl era intocable.
Cdice Chimalpopoca,u Se desconoce al compilador as como a su informante (o Prepararon pulque para emborracharlo, hacerle perder el conocimiento e inducir-
informantes); de hecho, tambin se desconoce el paradero del manuscrito origi- lo a acostarse con su hermana Qjietzaltpatl [oo.] Bastaran las tentaciones huma-
nal." El hombre que tradujo una parte de la compilacin al espaol en 1885 se lIas?Para desacreditar al dios ante los hombres, s.Pero para desacreditarlo ante los
llamaba Chimalpopoca y de ah el ttulo de la compilacin, la cual no se tradu- dioses y ante s mismo? Entonces Tezcatlipoca dijo: "Propongo que le demos su cuer-
jo en su totalidad del nhuatl al espaol hasta 1945 y al ingls, en 1992. Aqu 1'''''' Tom un espejo,lo envolvi y fue a la morada de Quetzalcatl. All, le dijo al
dios quc deseaba mostrarle su cuerpo."Q es mi cuerpo?",pregunt con asombro
I)JI('t'l.alcatl.Entonces Tezcatlipoca le ofreci el espejo y Qpetzalcatl, que deseo-
"''''/11 la existencia de su apariencia, se mir y sinti gran miedo y gran vergenza: "Si
IIlisvasallosme viesen -dijo- huiran lejos de m". Presa del terror de s mismo
Este con la promesa de volver. Para un estudio de las sustituciones histricas y m- del terror de su apariencia- Qpetzalcatl bebi y fornic esa noche. Al da si-
ticas de Qpetzalcatl, vase William Ringle, Toms Gallareta Negrn y George K"kntc, huy.Dijo que el sollo llamaba. Dijeron que regresaria.!"
J. Bey IlI, "The Return of Qpetzalcatl: Evidence for the Spread of a World Re-
ligion during the Epiclassic Period", en Ancient Mesoamerica n? 9, 1998, pp. 183-
I ,lIS enemigos de Quetzalcatl pretenden deshacerse de l. Su estrategia es darle
232; para un estudio psquico-cultural de la persistencia del mito posconquista a 1.0
largo de los siglos y hasta hoy en da en Mxico y Latinoamrica, vase Jos Luis 111101 ill1a~en, es decir, encarnarlo y as, hacerlo visible, vulnerable, vano. Tezcat-
Daz, El revuelo de la serpiente: Quetzalcatl resucitado, Mxico, Herder, 2006. . I'po"a es un adversario digno de Quetzalcatl, Es el dios del "espejo humean-
n. De acuerdo con el censo mexicano del ao 2000, 1.448.936 personas hablan na- t c,"(1'11 nhuatl tezcatl, espejo, y tlepuca, una combinacin de tletl, chispa, y puctli,
huad. Se cuentan 28 lenguas indgenas bajo la categora de "otras lenguas", para un 11111110) y con frecuencia es representado con uno de sus pies en forma de espe-
total de 6.044.547 personas que hablan lenguas indgenas o, aproximadamente, el lo drl'ular del cual surgen dos columnas de humo o, en otras representaciones,
5% de la poblacin en Mxico. Vase la pgina de Internet del Instituto Nacional
UII chorro de agua o de llamas, o una serpiente." El Cdice Borgia, que alberga la
de Estadstica, Geografa e Informtica: <http://www.inegi.gob.mx!inegi/default.
I ,ihl'rra Apostlica del Vaticano desde finales del siglo XIX, muestra las cuatro
asp>. . I'rrNllnificaciones rojas y negras de Tezcatlipoca, sus tamaos relativos invertidos
12. Cdice Chimalpopoca; Anales de Cuauhtitln; Leyendas de los soles, trad. Pnm~ ~e-
liciano Velsquez, 3a ed. Mxico, Universidad Nacional Autnoma de Mxico, dl'Mdl'eI registro superior al inferior, cada una con su pie de obsidiana pulida (l-
[1945] 1992. Los tres manuscritos ya mencionados compendian el Cdice Cbimal- mluu 2), De hecho, la historiadora del arte Mary Ellen Miller afirma que, a fi-
popoca, el primero y el tercero en nhuad, fechados en 1558 y 1570 por autores an- IIl1lc'sde la cultura posc1sica del altiplano central, Tezcatlipoca tambin parece
nimos; el segundo en espaol por Pedro Ponce. Estn escritos en papel europeo, no Iml\('r sido personificado como el espejo de obsidiana mismo." Es tan proteico
en amate, y aparecen por primera vez en un catlogo bibliogrfico en 1736 en M-
xico. Para una lectura ms detallada del contexto transcu1tural del Chima1popoca,
vase Willard Gingerich, "Qpetzalcatl and the Agon ofTime: A Literary Rea-
ding oftheAnales de Cuauhtitln", en 'Ibe New Seholar n? 10,1-2,1986, pp.: 41-60. '.f, ('arios Fuentes, "La violenta identidad de Jos Luis Cuevas", en Casa con dospuer-
Miguel Len-Portilla analiza este texto y sopesa la validez de los textos alfab- "/1, Mxico.joaqun Mortiz, 1970, pp. 259-60; nfasis mo.
ticos posteriores a la Conquista como fuentes fehacientes del pensamiento nahua, ", VlIlSI~ Silvia Trejo, "Tezcatlipoca: 'Espejo humeante"', en Dioses, mitos y ritos del
puesto que fueron recopilados por misioneros espaoles y .e~~itos ~o.r sus a~iste~- Mt':dco antiguo, Mxico, Miguel ngel Porra, 2000, pp. 59-81.
tes indgenas catequizados. Vase La filosofa nhuatl, 4a edicin, Mxico, Unvers- 'ft. Mury Ellen Miller y Karl Taube, 'Ibe Gods and Symbols of Ancient Mexico and tbe
dad Nacional Autnoma de Mxico, [1956] 1974, pp. 19-21. M,~ya: An Illustrated Dictionary of Mesoamerican Religion, London, Thames &
13. El manuscrito desapareci de los archivos del Museo Nacional de Antropologa de Hudson, 1993, p. 114. Vase tambin Karl Taube, "The Iconography of Mirrors
la Ciudad de Mxico desde 1949, un hecho que se seala en la introduccin a la lit 'Ieotihuacn", en Art, Ideology and tbe City ofTeotihuacn, Janet Catherine Ber-
traduccin completa al ingls de John Bierhorst del Cdice Chimalpopoca, History lo (ed.), Washington, D. C., Dumbarton Oaks, 1992, pp. 169-204. Las superficies
and Mythology of the Aztecs: 'Ibe Codex Chimalpopoca, Tucson, University of Arizona rrflcjantcs de la piedra y del agua desempearon importantes papeles en los ritos
Press, 1992, p. 10. udivinatorios en las culturas mesoamericanas.
El. ~:spg.JOm: QUgTZALCATL y gL 010 m: GUADALUl'f: ')
8 CAPITULO I
(su imagen) y este ltimo se marcha, pero no lleno de vergenza (la suposicin I.AMINA z: C6dice Borgia, lmina 21, Mixteca-Puebla, Mxico, Biblioteca Apostlica del
interpretativa y cristiana de Fuentes) y no sin un plan para renovarse. Comba- V~'hllllll.tllt~gra~a:Arch~voFotogrfico Manuel ToussaintlInstituto de Investigaciones
JI,.'l'llnls/lJmversldad Nacional Autnoma de Mxico.
Para un estudio de la temtica de los espejos y los reflejos en la literatura latinoa- llr~ la imagen con la imagen. El mito contina cuando Quetzalcatl acude a
mericana, incluyendo un anlisis de Narciso-Huitzilopochdi, vase Marta Gallo, l:uyotlinahual, el "hacedor de plumas", quien le confecciona una mscara.
Refiexiones sobre espejos:La imagen especular: Cuatro siglos en su trayectoria literaria
hispanoamericana, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1993. E,~seguida~ehizo.su mscara verde; tom color rojo, con que le puso bermejos
17. La metamorfosis de Tezcadipoca de acuerdo con los colores es bien conocida. Oc- 1m luhios;tomo amarillo,para hacerle la portada; e hizo los colmillos' a continua-
tavio Paz escribe: "Cul de todos? Pues hay cuatro: el Tezcatlipoca negro, Espejo dt'ln le hizo su barba de plumas, de xiuhttol y de tlauhquchol, que apret hacia atrs
Humeante, dios jaguar que ve en su espejo el fondo de los hombres y que se con- ((:Mirl' Chimalpopoca, 9).
vierte en su doble contrario, el joven Huitzilopochtli, el colibr, que es el Tezcat-
lipoca azul. En el otro punto del espacio aparece el Tezcadipoca blanco, que es
Qpetzalcatl yen el cuarto punto, entre el maz verde y la tierra ocre, el Tezcadipo-
y en 111 traduccin de John Bierhorst:
ca rojo, que es Xipe Ttec" ("El espejo de la dualidad"), en Los privilegios de la vista
Enseguida le.hizo su mscara verde, tom amarillo para hacerle la portada, rojo
ILArte de Mxico, Obras Completas, op. cit., p.4S. 11I1.m colorear el PIC? Entonces le dio sus colmillos de serpiente y le hizo su barba, cu-
18. John Bierhorst, History and Mythology ofthe Aztecs, op. cit., p. 32. brlndolo por debajo con plumas de catinga y esptula (33).
19. Cdice Chimalpopoca, op. cit., p. 9.
CAPiTULO I El. ":SI'gfO DE Q.!JETZALCATI. y El. OJO In: GlJADAl.lJl'E 11
10
De nuevo, le presentan un espejo a Qjietzalcatl. Ve su imagen otra vez, IIl1aserpiente acutica o espritu de las aguas terrestres se pas al concepto mgi-
lO de un dragn ofidiano-jaguar; cmo este dragn dio lugar a pjaros-serpientes o
que es ahora una elaborada mscara. El cdice prueba que el narrador y el que
dl':lJ;ollcsalados que se ubicaron en el Cielo; cmo, a su vez, stos se transformaron
escucha estn ya en presencia de la deidad. La especfica descripcin fsica ex- ('11 la serpiente emplumada preciosa, en la nube de lluvia que se acompaaba de la
presa el poder de la imagen para convertirse en el cuerpo de un dios. 'l'rpil"nte de fuego; cmo estas serpientes o dragones celestes se convirtieron en los
Hay que considerar la creencia meso americana de que una esencia divina .uiimulcs anunciadores del dios de la lluvia; y cmo tambin la serpiente empluma-
reconocer una imagen apropiada para s misma. En virtud de lo que podemos da, con caracoles cortados sobre el cuerpo, pas a formar parte de Quetzalcatl, el
llamar una simpata visual entre un dios y su imagen, el dios habitar y tomar ,1 le IS "hombre-pjaro-serpiente"."
posesin del material esculpido, pintado o tallado. Esta concepcin de la simpa-
ta visual implica una reciprocidad entre la imagen y el objeto que supera la ve- (",1:1 descripcin pone de relieve el permanente dinamismo de la imagen mti-
rosimilitud para llegar a lo que Inga Clendinnen llama "apariencia significati- 1,1; las serpientes emplumadas aparecen, despus desaparecen para aparecer de
va", y Serge Gruzinski, "una extensin de la esencia'v" El espritu reconoce sus IIII1"VO,una y otra vez, como Qpetzalcatl.P Su imagen/mscara aparece cientos
I k vn'l'S en sitios a lo largo de toda Mesoamrica, grabada en columnas y frisos
correspondencias fsicas y morales porque el escultor o el pintor han concebido
l' iuouolitos, pintada en paredes y en cdices, burilada en cermica, y compuesta
y ejecutado la imagen con correccin; el realizador de la imagen ha penetrado la
esencia de ese espritu y lo ha incorporado a la pintura, la madera o la piedra. Esta ,11' piedras empotradas para adornar las fachadas de las estructuras ceremoniales.
relacin recproca del espritu y la imagen est dramatizada en el mito que acaba- I.os templos dedicados a Quetzalcatl en Teotihuacn (vase fig. 3.9), Ux-
mos de considerar. Quetzalcatl se reconoce a s mismo en la mirada que le refle- ruul, y Xochicalco (fig. 1.2) capturan esta esencia de transformacin perenne en
jan sus fieles. Su mscara personifica ahora sus responsabilidades y su rol apro- 1.1 repeticin rtmica de variadas formas de la imagen sobre las superficies de
piado; no es simplemente una serpiente con plumas y caractersticas humanas pll'dra de sus fachadas." As, tambin, las imgenes pintadas y esculpidas de la
~C'I picutc emplumada expresan el dinamismo de la visin meso americana del
sino una presencia metamrfica que es simultneamente y de manera diversa un
pjaro quetzal sagrado, una serpiente y un ser humano. Que los dioses mesoa- 11I1I1Hlo, con sus principios dominantes de nahualli y ollin (complementacin y
mericanos a menudo se representaran como sacerdotes usando mscaras confir- ruuvimicnto), y su concepto de ciclos calendricos que permiten la reaparicin
ma el poder de la imagen y hace eco de la identidad humana histrica de Qpet- dI' los dioses en formas alteradas." Para Octavio Paz la metamorfosis es la ca-
zalcatl como un sacerdote/profeta de Tula. Esta vez, cuando Qpetzalcatl ve su nh trrtsticn esencial del panten mesoamericano. En su ensayo sobre la cultu-
lil visunl mesoamericana, Paz hace referencia a una narracin maya de la crea-
imagen, se nos dice que "qued muy contento de s" (9).
Los comentarios acadmicos sobre la iconografa de Qjietzalcatl son ex- 11t"II,1I11aanaloga de la narrativa nahua del espejo de Quetzalcatl:
tensos. Romn Pia Chan sigue los indicios arqueolgicos de esta figura des-
de su ms temprana aparicin en la cultura Olmeca (1500-900 a.e.) a travs de
numerosas transformaciones, hasta su encuentro con la cultura europea. l nos Vense el captulo 9 de Clendinnen, "Aesthetics", op. cit., pp. 213-35; tambin la
,bnipdn de Serge Gruzinzki de la funcin cultural del productor de imgenes
muestra cmo
"11 I'I/inting the Conquest: 'Ibe Mexican Indians and the European Renaissance, trad.
I)"ke Dusinberre, Paris, UnescolFlammarion, 1992, p. 16.
al, 1~llIllll Pia Chan, Quetza!cat'Serpiente emplumada, Mxico, Fondo de Cultura Eco-
20. En Aztecs:An Interpretation, Cambridge, Cambridge University Press, 1991, Inga III~mira, 1977, p. 67. Enrique Florescano tambin considera las mltiples metamorfosis
Clendinnen hace referencia a un texto que exhorta al escultor mexica a desentraar del m ito en El mito de Quetza!catl, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, 1995.
las implicaciones de la apariencia, a penetrar el objeto e integrar sus descubrimien- U, V~asc William Ringle, Toms Gallareta Negrn y George J. Bey III, "1he Return
tos en la imagen. Clendinnen imagina la carga esttica y cultural del productor de lit Qjretzalcatl: Evidence for the Spread of a World Religion during the Epiclas-
imgenes indgena: "Los seres vegetales ofrecen solamente su apariencia como cla- Mir Pcriod", op. cit.
ves, de modo que la apariencia debe reproducirse sin mcula. Las criaturas que se " Xochicalco es particularmente interesante en este aspecto, pues fue un cruce de
mueven y actan muestran sus alianzas sagradas mediante su comportamiento as culturas; all estn presentes las culturas maya, teotihuacana, totonaca, zapoteca y
como mediante su apariencia: ambas deben estudiarse, y la representacin debe nuhun, y se sabe que fue un centro de investigacin astronmica y calendrica. Va-
realizarse de manera que incorpore los descubrimientos. Y tanto las cosas anima- MC Leonardo Lpez Lujn, Robert H. Cobean T. y Alba Guadalupe Mastache R.,
das como las inanimadas revelan relaciones significativas por su contexto, y (aun- XOl'hirfl!coy Tula, Mxico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2001.
que no necesariamente de manera evidente) por el parecido en algunos detalles de ' I.il narrativa del espejo de Qpetzalcatl detalla los principios calendricos relevan-
la apariencia" (p. 126; mi traduccin). tCH; vase Bierhorst, History and Mythology of the Aztecs, op. cit., p. 4.
EL F:SI'EJO DE QUETZALCATL y EL OJO DE GUADALUPF;
CAPTULO I
11
1..1 interconexin de las formas visuales con las identidades narrativas depen-
.11' k una concepcin del cuerpo humano que antecede (y an ahora evade) las
1
25. Octavio Paz, "El espejo de la dualidad", en Los privilegios de la vista 11, Arte de Me-
''" Strphcn Houston y David Stuart, "The Ancient Maya Se1f", en RES nO 33, prima-
VClrll,llJlJR, p. 77, nfasis de Houston y Stuart. Este nmero completo de RES est
xico,op. cit., p. 45. dedicado a "Los estados del ser precolombinos".
16. Mary Ellen Miller y Karl Taube explican bien esta volatilidad de formas y fun-
ciones del panten mesoamericano en God and Symbols ofAncient Mexico and tbe
iN, (.~llIlIdc-Fran~ois Baudez, "Los templos enmascarados de Yucatn", en Arqueolog(a
, ""lXiI'flna, n" VII, p. 37, mayo-junio, 1999, pp. 54-59.
Maya:An l11ustrated Dictionary ofMesoamerican R(/iKion, op. cit.
CAPiTULO 1
14
El rey, "al vestir a la usanza de los diferentes dioses, era ms que su sustituto
simblico. Era un conducto sagrado, un recipiente que daba carne al dios me-
diante la accin ritual" (302). El poder de la imagen en semejantes transaccio-
nes rituales se consideraba tan peligroso que "los mayas 'mataban' edificios con
regularidad al quitar las caras de las esculturas que representaban tanto huma-
nos como zoomorfos, y al hacer agujeros en la cermica. La mayor parte del
dao deliberado que se le hizo a los rostros de los retratos de los reyes y a otras
esculturas fue resultado de estos rituales asesinos" (43-44). Un relieve grabado
que representa al rey maya Escudo de Jaguar y a su esposa, la seora Xoc, des- t~
cribe una ceremonia sangrienta que hace explcita la identidad entre el cuerpo ,",UMA 1, l. Yuxchiln, dintel 24, cultural maya, estado de Chiapas, Mxico, fotografa: Ar-
del gobernante y el orden csmico (fig. 1.3). La sangre de ella gotea de la cuer- "VII FOlo;n\ficoManuel ToussaintlInstituto de Investigaciones EstticaslUniversidad
NlWlullMI Autnoma de Mxico, Maricela Gonzlez.
30. Roberta H. Markman y Peter T. Markman, 7he Flayed Cod: 7he Mesoamerican
Mythological Tradition, New York, HarperCollins Publishers, 1992, p. 5.
31. Linda Sche1e y Mary Ellen Miller, 'Ibe Blood of Kings: Dynasty and Ritual in Maya
Art, New York, George Braziller, 1986, p. 42; mi traduccin.
CAPITULO 1
El. ~:Sl'gJO m: QygTZALCATL y g, 0.10 DE GUADALUI'~;
16
da que atraviesa su lengua sobre pedazos de papel amate en la cesta que se en- IIlhl uuturulcza voluble. Una imagen contiene la historia de los espritus que la
cuentra debajo; el papel se quemar durante el ritual de manera que el humo 111111 huhitado; en el Mxico rural, las imgenes catlicas del mismo santo pue-
alimente a los dioses. La supervivencia csmica dependa de la participacin .1"11ltllllcncr historias y atributos muy diferentes de un pueblo a otro. As, la
fsica del gobernante en la prctica ritual, y las imgenes visuales hacan paten- II/III,~I'II romo-presencia constituye una integridad fundamental de espritu y ob-
11'111, IIlIa integridad que en la cultura occidental moderna es fcil confundir con
te esta simbiosis.
Carolyn Dean confirma una ontologa similar de la imagen en la cultura 1" 1IIIIgia,Consideremos un ejemplo reciente. En el otoo del ao 2000 se pu-
inca. En su anlisis de los retratos de los gobernantes incas, propone una dife- hth 111tI1I varios artculos en los peridicos sobre la actividad del volcn Popo-
rencia radical entre la representacin posterior a la Conquista y la personificacin 1'11"11('11, al este de la Ciudad de Mxico. Aunque incluan algunos datos cien-
prehispnica. En el Per antiguo no haba retratos en el sentido occidental; es 11th I \ti, SI' concentraban en la manera en la que la poblacin local personificaba
decir, no haba representaciones de una persona ausente: lit \'1 Ih 1'" 1 Yentenda su actividad como mensajes de los dioses antiguos. En n-
IlIh,II, l'opocatpetl significa "montaa que humea' o "Seor de la Antorcha
en la tradicin andina, las poderosas esencias de los reyes (antes que su forma su- II:ll'l'Illlida"; el volcn, que ha expulsado humo y ceniza durante milenios, es un
perficial) estaban alojadas (antes que registradas) en rocas y/o bultos de sus excre- hlll"l' Irudicional de veneracin religiosa. Los primeros cronistas espaoles des-
cencias corporales (por ejemplo cabello y uas); stos eran los wawkis (huaques) o ~'rlhl<'ron las prcticas religiosas asociadas con este sitio, y los residentes con-
"hermanos".No hubo una tradicin andina de elaboracin de imgenes sublimado-
11'11I1'"nlncossiguen refirindose al volcn como "Don Goyo". El nombre es un
ras, en parte porque los wawkis y momias de los reyes difuntos eran reverenciados,
lt\lIl1ll10 curioso para Gregorio Chino Popocatpetl, una combinacin de San
cuidados,y tratados como si an estuvieran vivos o su animacin inminente fuera
posible,ya que no haba sustancia alguna que negar." (jll'lJ,lIrio el Grande, nombre de un pueblo vecino, y de un viejo asociado con
'I'1~10" la deidad prehispnica de la lluvia. Un artculo en una revista dedicada
Las imgenes prehispnicas encarnaban a la realeza muerta, no se le asemeja- 11 111rulturu mexicana informa que para los habitantes contemporneos de los
ban. Dean muestra cmo los incas despus de la Conquista se apropiaron de ,"<'lIloNubicados en las faldas del volcn,
los cnones del retrato occidental para codificar sus tradiciones antiguas y arti-
( :rq~orillPopocatpetl es tanto volcn-naturaleza como hombre-divinidad. A
cular una identidad nativa transculturizada.i"
." VI-', romo montaa, es agua que escurre de los manantiales, ceniza fertilizante y
A pesar de la diversidad de grupos indgenas en las Amricas, emerge un
Ihll ,jl- imponente; como humano, es el viejo conocido por muchos que aparece y
sustrato cultural compartido que nos permite generalizar una imagen-como- 1II""IHII't'I'Csbitamente, el que solicita comida y obsequios pero slo los acepta si
presencia. Todas las culturas indgenas privilegiaron la capacidad de la imagen 1mdrpoHitanen los sitios sagrados de las alturas del volcn."
visual para ser, o convertirse, en su objeto. La imagen contena a su referente y
lo haca presente al observador. No exista una dicotoma entre ausencia y pre- A.'. 1111Nanto catlico se funde con el dios mesoamericano de la lluvia en la
sencia, no se supona una separacin entre la imagen y el objeto. La imagen no .""111 de un anciano que se aparece con regularidad a los residentes de los
era distinta de su referente, sino parte integral de ella de acuerdo con sistemas ",.hloll en las faldas del volcn. La cueva de Don Goyo es el ombligo del vol-
de analoga culturalmente determinados. An hoy, en las danzas rituales que se n y 11\1 dla de fiesta es el 12 de marzo. Las fuerzas espirituales ocupan simul-
realizan en festivales a lo largo de Mesoamrica y los Andes, la esencia del ani- "n'''lIlcnte formas naturales y figuras catlicas, combinando atributos topo-
mal tallado en la mscara reconoce y habita a su portador; en lo que se cono- Irift"UII y diversos sistemas teolgicos de manera culturalmente significativa.
ce como el nagual del portador, la imagen y su significado son uno mismo. Un *i En mi anlisis de Don Goyo sugiero que el conocimiento mtico sigue
espritu puede abandonar su imagen por diversas razones: enojo, aburrimiento, ndo en Mxico, aunque la mayor parte de los consumidores de imgenes
re no IIC adhieren conscientemente a tal conocimiento. Los Anales de Cuauti-
*".1" recopilacin de 1570 en la que aparece la historia del espejo de Qjiet-
,.te"tl, HC encuentran al comienzo de este proceso de transculturacin. El
32. Carolyn Dean, Los cuerpos de los Incas y el cuerpo de Cristo, op, cit., p. 111. " tu le escrlbo en alfabeto europeo, un modelo que favorece la narracin dis-
33. El catlogo de la exposicin 'Ibe Colonial Andes: Tapestries and Silverwork, 1530-
1830, Elena Phipps,]ohanna Hecht y Cristina Esteras Martn (eds.), New York,
Yale University PressfIhe Metropolitan Museum of Art, 2004, incluye varios en-
sayos tiles acerca de la transculturacin de la autorrepresentacin en el Per vi- Itd.llr Anaya Rodrguez, "Feliz cumpleaos, Don Gregorio!", en Mxico desconoci-
rreinal. tI" tnllr1.O,2001, p. 31.
111 CAPTULO I 1':1. Jo:SI'~:JOIn: QuwrzALcATL y 1':1. OJO DE GUADALUPE H)
sencia y la ausencia" se mantiene mediante las convenciones de la perspectiva 111'('s un recurso para l, pues, a diferencia de Qjietzalcatl, carece de "vasallos"
occidental, que recuerda a los observadores elparecido de la imagen con la na- 'I"t' uclurcn su imagen al reflejrsela de nuevo. Su imagen es iterativa ms que
turaleza y, por lo tanto, nuestra separaci6n de ella. La perspectiva occidental en- tI illlsfclfInadora. La historia de Narcisoes la demostracin delfracaso de la re-
marca a la naturaleza, confirmando as el distanciamiento del observador del 1" ('sl'lItacin; el sujeto y el objeto se colapsan, el ser no puede distinguirse de
mundo visible." "'1 u-lcjo, no puede individualizarse, no puede seguir existiendo. Al dramati-
En contraste con la mmesis occidental, la imagen mesoamericana previa 1,11 l' l error de adorar una imagen, el mito de Narciso presagia el mandamiento
al contacto de culturas no separa al sujeto del objeto, al que percibe de lo per- I 11'.1iuno en contra de la idolatra y afirma la nocin occidental del ojo como
cibido, sino que ms bien supone que el mundo est alrededor y en el ser, no IIP.1rumcnto intelectual en vez de participante primordial.
simplemente frente a l. Podemos comenzar a evaluar esta diferencia yuxtapo- I,a doctrina cristiana ha cuestionado largamente la relacin entre ver y
niendo el mito del espejo de Quetzalcatl al mito griego de Narciso. Ambos 11('('1. De acuerdo con la influyente metfora de San Pablo, los cristianos no
representan imgenes en el espejo de figuras mticas (Narciso es el hijo mortal 1"ll'd('1I esperar ms que "ver por un espejo oscuramente" en esta vida; las im-
de un dios del ro y de una ninfa); ambos relatan las reacciones de estas figu- W'IIl'Svisuales pueden confundir, engaar, seducir," Sin embargo (o tal vez por
ras ante sus inesperadas imgenes y sus insospechados cuerpos; ambos tienen 111 1(11110), los espejos ocupan un lugar prominente en la iconografa catlica en
enemigos que dieron lugar a la creacin de su imagen; ambos son sujeto de una 111(IUI', comenzando en la Edad Media, casi siempre estn asociados con las
metamorfosis. lIlujrres, El espejo estaba relacionado con el simbolismo de la Luna, con sus
La historia es bien conocida. Narciso rechaza el amor de Eco y de todos sus '"M('s/cirlos femeninos y con su naturaleza reflectante (i. e. pasiva); as como la
pretendientes, varones y mujeres. Se aleja de ellos y descansa junto a un estan- 1.1I1Iarecibe el reflejo de la luz del Sol, as el espejo recibe el reflejo de las im-
que de agua mansa, una escena representada mltiples veces por los artistas del Mrllrs:11 Estas caractersticas llegaron a asociarse con la virginidad de Mara;
Renacimiento y del Barroco. Encuentra hermosa su imagen reflejada, pero no I'llllllrdio de la Inmaculada Concepcin, Dios se refleja en la persona de Cris-
se da cuenta de que se est viendo a s mismo. Al inclinarse a besar la imagen, 111, 1':11 la iconografa renacentista y barroca, a menudo, la Virgen est rodeada
cae al agua y se ahoga o, en otra versin, suspira hasta la muerte por su amante &Irquerubines o de nubes que sostienen distintos objetos, uno de ellos es un
inexistente. Su identidad se refleja en el estanque de agua, como la de Quet- 'M"rjll. I.as virtudes cifradas emblemticamente en estos objetos se enumeran
zalcatl en el espejo de obsidiana de Tezcatlipoca, pero la diferencia es que la '" h, letana de Loreto (la letana lauretana), codificada en el siglo XVI, pero
deidad mesoamericana se reconoce a s misma y no le gusta lo que ve, en tanto 111I"lialllente divulgada en distintas versiones mucho despus.? En esta ora-
que Narciso no se reconoce a s mismo y le gusta lo que ve. La versin griega d.\lIll1ariana, la Virgen es un vaso para honra, una rosa mstica, la estrella de la
de este mito encierra una advertencia; tenemos que entender el error de Nar- Itlllnlllla, la sede de la sabidura, el arca de la alianza, la puerta del cielo yel es-
ciso. l deba haber reconocido la imagen del estanque como un (mero) reflejo "Jo de la justicia divina. De nuevo, el espejo es metafrico, no causal: "refleja"
de s mismo, como una (mera) representacin. En cambio, supone equivocada- 'U111 l(bl, un concepto, una doctrina (la Inmaculada Concepcin; la justicia de
mente que la imagen es su amado. En su anhelo por una imagen animada, vis-
lumbramos una analoga con la imagen-corno-presencia mesoamericana, pero
el deseo de Narciso nunca se satisface; la posibilidad de la participacin ritual
40, Was{'Christopher Braider, "The Fountain ofNarcissus:1he Invention ofSubjeeti-
vlty und the Pauline Ontology of Art in Caravaggio and Rembrandt", en Compa-
,.,";1 1/, Literature n? 50,4,1998, pp. 286-315. Este ensayo se convirti en el captu-
Ideology, Chicago, University of Chieago Press, 1986, pp. 7-46; YRoland Barthes, lo 2 del estudio interartstico del autor del periodo barroco, Baroque Selj-Invention
"1he Rhetoric of the Image", en Image, Music, Text, trad. Stephen Heath, New end llistorical Truth: Hercules at the Crossroads, Aldershot, Ashgate Publishers,
York, Hill &Wang, 1977, pp. 32-51. ;Z004.
39. Erwin Panofsky seala que "perspectiva" significa "ver a travs" y que el propsi- 41, J. K Cirlot,A Dictionary ofSymbols, trad. Jack Sage, London, Routledge & Kegan
to de la perspectiva posrenacentista es desmaterializar el medio de expresin por PlIul, 1962, p. 201.
medio de la ilusin de "una 'ventana, a travs de la cual nos parezca estar viendo el , 1,11 letana de Loreto, aprobada por la Iglesia en 1587, se compuso de acuerdo con
espacio, esto es donde la superficie material pictrica o en relieve, sobre la que apa- 1 convencones de las letanas marianas que ya existan y que exaltaban a la Vir-
recen las formas de las diversas figuras o cosas dibujadas o plsticamente fijadas, es I(cm por medio de objetos asociados con sus virtudes. Tales letanas empezaron a
negada como tal y transformada en un mero 'plano figurativo'" (La perspectiva como IIp,,recer en el siglo XII, proliferaron en los siglos XlII y XIV, Y tienen su origen en la
forma simblica, trad. Virginia Careaga, Barcelona, Tusquets, [1927] 1973, p. 7). pncNhlpopular latina.
El. ESPEJO DE Q!JETZALCATI. y El. OJO DE GUADAl.lJP~: 23
CAPITUl.O I
Al espejo sobre la mesa, Correa agrega el retrato de un elegante pretendiente Mil",'" Nacional de Arte, MxicolInstituto Nacional de Bellas Artes, Mxico/Consejo
en el marco del cuadro, aumentando as la alusin visual a su vida como pros- N~I "lIal para la Cultura y las Artes, Mxico.
tituta antes de la conversin. Al otro lado del lienzo, ella solloza en peniten-
cia, prefigurando el ser revisado en el que se convertir y que est retratado en 1111110 t/c'positaria del espritu y la imagen occidental como un rejiejo del esp-
un segundo plano a la derecha. El "antes" y el "despus" estn tan claramente .1111 provoc una enorme destruccin en Amrica. En ningn lugar las din-
divididos en la composicin de Correa como los papeles de Magdalena como Illlllls rransculturales de colisin e imposicin se revelan ms crudamente que
prostituta y penitente, opuestos que involucran la dualidad occidental entre IlIljo el signo de la "idolatra".
imagen y objeto, y la divisin catlica entre carne y espritu.
Con el tiempo, la iconografa de van itas se desdibuja en memento mori; la
belleza que se refleja en el espejo depende de la juventud, y la juventud se des- JIlIWI.OGfA E IDOLATRfA EN LA NUEVA ESPAA
vanecer. Las calaveras comienzan a acompaar regularmente al espejo, recor-
dndole al observador 10 engaoso del placer y la falsedad de la apariencia. Los Vulviendo al Corts que, en Yucatn, en 1519, destruye "dolos" indgenas,
espejos reflejan slo aquello que es visible, en tanto que slo 10 invisible es per- .hlll'U comprendemos sus acciones en trminos de la confrontacin de dis-
durable y verdadero. Mi anlisis de los espejos en la iconografa catlica, como tlllh'H ontologas del ver, y su iconoclasia como una confirmacin de la impor-
mi anlisis de las imgenes en el espejo de Quetzalcatl y Narciso, presupone tandu ideolgica de las actividades visualizadoras para los fines colonizado-
que la funcin ms reveladora de la imagen en cualquier cultura es la (re)pre- N . Para los conquistadores, y despus para el clero, las imgenes implicaban
sentacin de sus dioses, o de Dios; el mandamiento en contra de las "imgenes untos teolgicos y polticos, y la conversin masiva de los conquistados es-
talladas" en algunas culturas subraya este punto.P Cmo se imagina (o no) la tlh" ligada inextricablemente a ellas." Tzvetan Todorov, en La conquista de
divinidad es fundamental, y la diferencia entre la imagen indgena americana
44. 'Izvctan Todorov, La conquista de Amrica. El problema del otro (1982), trad. Flora
Horren Bur1,Mxico, Siglo XXI, 1987. Vanse en la parte 2, las secciones tituladas
43. En su estudio de la historia de la representacin en la cultura occidental, A1ain Be-
"Moctezuma y los signos" y "Corts y los signos", pp. 60-106.
saneen considera la representacin de 10 divino y la destruccin de imgenes reli-
A pesar de la iconoc1asia,en el siglo XVI se privilegiaban las imgenes como ve-
giosas. Vase 'Ibe Forbidden Image:An Intellectual History oflconoclasm (1994), trad.
hculos de comunicacin a travs de la brecha cultural entre los sujetos europeos e
Jane Marie Todd, Chicago, University of Chicago Press, 2000.
EL ~:SI'I-:.JO DE QyETZALCA'I'L y EL OJO DE GlJADALlJl'E
CA l' (TU LO I
ciclo y es madre de Nuestro Seor Dios. Los caciques dijeron que les pareca muy
Amrica. El problema del otro, sostiene que sta fue una "conquista hermenu-
bien aqulla gran teclecihuata,y que se la diesen para tener en su pueblo, porque a las
tica", y que la "conducta semitica" de Corts -su asimilacin y manipulacin grandes seoras en aquella tierra, en su lengua, llaman teclecibuatas.'
de los sistemas de smbolos indgenas- fue una pieza clave en su victoria so-
bre los mexicas en 1521.45 Tal vez, pero Todorov no reconoce que la conquista I'ara Corts, la imagen re-presenta 10 ausente ("en el cielo"); para los mayas, la
semitica fue contrarrestada por la seduccin semitica. Corts apenas pue- imagen es el espritu ("esta gran teclecihuata").
de contener su asombro ante las maravillas artsticas de Tenochtitln, e in- En la segunda carta de relacin de Corts hay un momento en el que esta
cluso el sobrio, racional Bernal Daz del Castillo elogia a tres artesanos ind- \.(mfrontacin de ontologas se vuelve casi insoportablemente irnica. Todos estn
genas (imagineros) como "a la altura de Miguel ngel", nombrndolos uno reunidos en el palacio real de Moctezuma. Corts cita el discurso oficial de ste,di-
por uno." En efecto, ningn cronista espaol del siglo XVI guarda silencio al ri~ido a los espaoles all reunidos, sobre la poltica del conocimiento visual:
respecto. Cuando comienzan por describir "dolos de muy disformes figuras",
pronto dirigen su mirada a las imgenes y artefactos cristianos que los artesa- "No creis ms de lo que por vuestros ojos veredes, en especial de aquellos que
nos indgenas han creado y sus adjetivos mudan abruptamente del vilipendio a son mis enemigos, y algunos de ellos eran mis vasallos y hnseme rebelado con
la exaltacin. El hecho de que la elaboracin de imgenes tenga una presencia vuestra venida, y por se favorecer con vos lo dicen. S que os han dicho que tambin
tengo casas con paredes de oro y que los muebles de mis salones y otras cosas de mi
tan prominente en sus relatos -ya sea para condenar o finalmente para cele-
servicio tambin eran de oro, y que yo soy, o hago ser, un dios y muchas otras cosas.
brar- da fe de la centralidad de las imgenes visuales en la prctica espiritual
Las casas que habis visto son de cal y piedra y tierra'. Y entonces levantse las ro-
"correcta". pas y mostrndome su cuerpo me dijo: "Miradme y ved que soy de carne y huesos,
La iconoclasia de los espaoles, entonces, puede entenderse como una per- romo vos y como todos, y que soy mortal y podis tocarme'l.f
versa proyeccin de su propia dedicacin a la fabricacin de imgenes. La des-
truccin por Corts de los dolos muestra su clara comprensin de su poder, y Aqu, Moctezuma proyecta su propia comprensin cultural, suponiendo que
Bernal Daz reconoce esta arma de doble filo al describir repetidamente la re- los espaoles 10 vern como un dolo, como un dios que habita una forma ma-
lacin de Corts con los dolos y las imgenes. Para mencionar un ejemplo en- n-rial. Alega en favor de una comprensin realista de su apariencia ("carne y
tre muchos: cuando Corts le mostr a los mayas huesos"), sin darse cuenta de que su estatus humano nunca est en tela de jui-
,io, y de que pronto morir a manos de los hombres que, errneamente, imagi-
[...] una imagen muy devota de Nuestra Seora con su hijo precioso en los brazos, ua han aceptado su cuerpo como el de un dios.
y se les declar que en aquella santa imagen reverenciamos, porque as est en el
Los espaoles se entregaron a la tarea de la Conquista y de la conversin
mn furia iconoclasta. Cada soldado y misionero era, por definicin, un ico-
noclasta, un hecho infaustamente documentado por el franciscano Diego de
indgenas. A este respecto, vase el fascinante ensayo de Thomas Cummins, "From I .unda, cuya Relacin de las cosas de Yucatn describe las prcticas iconogrficas
Lies to Truth: Colonial Ekphrasis and the Act of Crosscultural Translation", en indgenas y sus esfuerzos por hacerlas desaparecer. De Landa lleg a Yucatn
Reframing the Renaissance: Visual Culture in Europe and LatinAmerica 1450-1650,
en 1549, durante los primeros aos de la colonizacin en la zona; en 1562 se
Claire Farago (ed.), New Haven, Yale University Press, 1995, pp. 152-174.
1(' hizo volver a Espaa para defenderse del cargo de excederse en su autori-
45. Para un fascinante estudio acadmico que s comprenden este proceso como rec-
proco y desmedido, ver Carmen Bernard y Serge Gruzinski, De la idolatra: Una dad eclesistica." Su estancia en Espaa dur ms de diez aos, durante los
arqueologa de las ciencias religiosas, trad. Diana Snchez E, Mxico, Fondo de Cul-
tura Econmica, 1993.
,17. Bernal Daz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espaa, op.
46. Bernal Daz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espaa, op.
cit., p. 81.
cit., cap. 209, p. 581. Me refiero a uno de estos pintores, a quien algunos historia-
dores atribuyen la pintura de la imagen de la Virgen de Guadalupe, en una nota
-'X. Ilernn Corts, Cartas de relacin de Fernando Corts sobre el descubrimiento y con-
quista de la Nueva Espaa, Segunda Carta Relacin 1-2, tomo XXII, Madrid, Bi-
posterior. "Imaginero" se refiere a un tallador de madera y, por extensin, a los pro-
blioteca de Autores Espaoles, 1946.
ductores de imgenes indgenas en general. Vase Mara del Consuelo Maquvar,
4l). De Landa fue removido de su cargo en Yucatn y juzgado por la Iglesia en Espaa
El imaginero novohispano y su obra, Mxico, Instituto Nacional de Antropologa e
por su destruccin de dolos y los castigos impuestos a los idlatras. La acusacin
Historia, 1995. Maquvar se interesa particularmente en los gremios que se esta-
no fue un intento de poner alto a su crueldad hacia la congregacin indgena, sino
blecieron en la Nueva Espaa para los escultores y pintores indgenas, yen las ma-
la aplicacin del mandato del Concilio de Trento segn el cual solamente los obis-
neras en que estos gremios regulaban la produccin artstica.
2.6 CAI'/TIlI.O I El. f:SI'E,JO DE Q!Jf:TZALCATI. y ,,:1. OJO ns GlJADAl.lJl'f:
cuales escribi su Relacin como argumento legal en su propia defensa, docu- A diferencia de la imagen indgena, la imagen catlica no ha de ser depo-
mentando asiduamente su conocimiento de las formas jeroglficas mayas y sus sitaria del espritu; no existe para encarnar a Dios sino para facilitar la apela-
actividades iconoclastas al respecto. De Landa fue acusado y enjuiciado por rin del creyente a Dios. Es un ndice que seala la verdad, no un recipiente
distintos cuerpos eclesisticos y polticos, y finalmente fue exonerado; volvi q\lc la contiene. Las particularidades grficas de las pinturas y las estatuas ca-
a Yucatn como segundo obispo de dicha Dicesis en 1573, y all permaneci ilicas, de los desfiles y las procesiones, estn dirigidas a conducir al creyen-
hasta su muerte a la edad de 75 aos, en 1579. 11' a otra parte, no a provocar un verdadero contacto fsico con el observador;
Adems de la interpretacin teolgica que hace De Landa de los "dolos" \sSan Pablo exhorta a los primeros cristianos a intuir a Dios con "los ojos de
de los mayas como instrumentos del demonio, tambin menciona su funcin vuestro entendimiento" (Efesios 1:18). Siglos de comentarios de los escolsti-
como depositarios del espritu: lOS catlicos, basados en los textos griegos clsicos, haban determinado que
la belleza fsica era deseable porque poda servir de vehculo a la verdad meta-
Tantos dolos tenan que aun no les bastaban los de sus dioses: pero no haba IIsica.51 Precisamente porque la imagen visual permanece separada de las ver-
animales ni sabandijas a los que no les hiciesen estatua, y todas las hacan a la seme- dades trascendentales que representa, debe esforzarse por hacer esas verdades
janza de sus dioses y diosas. Tenan algunos pocos dolos de piedra y otros de made-
.uccsibles al intelecto y a los sentidos por medio de la lnea, el color, las escenas
ra y de bultos pequeos, pero no tantos como de barro. Los dolos ~e madera eran
tenidos en tanto, que se heredaban como 10 principal de la herencia. Idolos de metal u.irrativas dramticas, etctera. Ms all de los propsitos pedaggicos y pro-
no tenan porque no hay metal ah. Bien saban ellosque los doloseran obrassuyas y selitistas, una reaccin emptica ante las imgenes visuales puede transportar
muertas y sin deidad, mas los tenan en reverencia por 10 que representaban y por- aI creyente a los misterios divinos. Al tiempo que De Landa quemaba dolos
que los haban hecho con muchas ceremonias, especialmente los de palo.50 ('11 Man, la pintura europea haba empezado a proyectar una nueva interiori-
dad, una intensa comprensin emocional de la experiencia religiosa, incluso
De Landa estaba en lo cierto en cuanto a que los mayas "bien saban" que las mientras se continuaba insistiendo en que el artefacto mismo segua siendo un
imgenes "eran obras suyas", pero se equivocaba al creer que las honraban por mero intermediario entre la subjetividad del creyente y el objeto de la creencia.
lo que representaban. Para los mayas, "representacin" n~ significaba parecido, El Concilio de Trento, que se reuni en tres sesiones entre 1545 y 1563, anim
como De Landa imaginaba, sino ms bien encarnacin, Esta es su descripcin 1'1 \ISO de las imgenes en la prctica espiritual, pero los decretos tridentinos
del infame auto de fe en 1562 en Man, en el que ordena que se quemen cinco rrun claros, como lo haba sido la Iglesia romana desde el Segundo Concilio
mil "dolos" y veintisiete cdices. (le Nicea en el siglo XVIII: la imagen misma no deba ser venerada. 52
Usaba tambin esta gente ciertos caracteres o letras con las cuales escriban en
sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas seales de
~1.Se encuentran estudios tiles de esta tradicin en Hans Belting, Likeness and Pre-
las mismas, entendan sus cosas y las daban a entender y enseaban. Hallmosles
gran nmero de libros de estas sus letras, y porque no tenan cosa en que no hubie- sence: A History of the Image Before the Era of Art, trad. Edmund Jephcott, Chicago,
se supersticin y falsedades del demonio, se los quemamos todos, 10 cual sintieron a LJniversity of Chicago Press, 1994; Margaret R. Miles, Image as Insight: Visual Un-
maravilla y les dio mucha pena (82). derstanding in Western Christianity and Secular Culture, Boston, Beacon Press, 1985;
Aiden Nicho1s, 'Ibe Art of Cod Incarnate: Theology and Image in Christian Tradition,
London, Darton, Longman and Todd, 1981; Umberto Eco, Art and Beauty in the
Fue por este abuso de autoridad que le ordenaron volver a Espaa, pero in-
MiddleAges, trad. Hugh Bredin, New Haven, Yale University Press, [1959] 1986.
cluso mientras aguardaba el juicio, ofreca su fervor iconoclasta como prue-
p. El Concilio de Trento no fue el primer concilio ecumnico forzado por los refor-
ba de buena fe. Su fijacin con los dolos y la idolatra es prueba de lo que l y madores iconoclastas a abordar el estatus de la imagen catlica. La legitimidad de
otros colonizadores teman: la "imagen-corno-presencia" es demasiado pode- las imgenes visuales en el culto religioso se haba afirmado en el Segundo Conci-
rosa para ser aniquilada por el fuego o por decreto. lio de Nicea, en el ao 787, pero la naturaleza del icono en la prctica oriental era
objeto de debate. Un icono difiere de la imagen devociona1 occidental en que se le
considera sagrado en s mismo, y se le venera como un prototipo del santo que re-
pos podan juzgar la idolatra y a los idlatras. De Landa no era obispo en aquella presenta. "Veneracin" se distingue de "adoracin" en la prctica oriental: adoracin
poca y le hicieron proceso por abusar de su autoridad administrativa. Como sa- (latria) est restringida a la divinidad, en tanto veneracin (dulia) puede aplicarse
bemos, finalmente fue exonerado y reinstalado como obispo en Yucatn en 1573. a sus representaciones, con una categora intermedia reservada para la Virgen (hy-
50. Diego de Landa, Relaci6n de las cosasde Yucatn, Madrid, Historia 16, 1985, seccin perdulia). Durante el Segundo Concilio de Nicea, la Iglesia encontr que la venera-
XXVII, p. 88; nfasis mo. cin rayaba en la idolatra y los conos fueron prohibidos.
2.8 CAPiTULO I
gin y costumbres, aun entre ellos ha quedado borrada de la memoria; y solo se cita,
La naturaleza metamrfica de los dioses meso americanos complic an ms como ms probable,haber venerado esta falsa deidad con el ttulo de Ostotoctheotl,
el problema del clero catlico al trazar lneas estrictas entre imgenes paganas y cuya interpretacin es el Dios de las Cuevas, aunque de ello no hay total certeza."
cristianas. Las imgenes indgenas personificaban entidades inestables, combi-
nables, sujetas a una constante transformacin, de modo que podan ser (ya me- La mencin del nombre del dios indgena supuestamente "borrado de la me-
nudo lo eran) reconfiguradas segn el aspecto de los santos y vrgenes cristianos. moria" confirma la persistencia de las mismas prcticas sincrticas que el texto
Los archivos eclesisticos y gubernamentales estn llenos de registros que do- desacredita, y el continuado juego de ontologas visuales.
cumentan los esfuerzos catlicos por combatir semejante sincretismo no auto- A pesar de las tendencias "idlatras", se obligaba a los artesanos indgenas a
rizado. A lo largo de tres siglos de dominio colonial encontramos innumerables construir, decorar y amueblar estructuras eclesisticas a 10 largo de la Amrica
peticiones de conversos indgenas solicitando que se permitiera la veneracin en colonizada. En la Nueva Espaa, los mismos tlacuilos que haban descrito sus
cuevas o en retiros en las montaas. (''Adoratorio'' es el trmino que se usaba para propias narrativas cosmolgicas e histricas en los cdices, ahora empezaron
describir estos lugares de culto ilcitos, as como "dolo" describe las imgenes il- a copiar grabados europeos y comenzaron a aparecer adiciones idiosincrsi-
citas que all se encontraban.) Puesto que las imgenes indgenas se veneraban en cas de formas visuales indgenas y europeas en paredes y fachadas esculpidas.F
lugares naturales, para la Iglesia estas peticiones reflejaban una combinacin he- Junto a los cdices hbridos posteriores a la Conquista que veremos en el ca-
rtica de formas religiosas (recurdese la cueva del espritu del volcn Don Gayo ptulo siguiente, los murales en las iglesias y claustros del siglo XVI proporcio-
Popocatpetl). Generalmente los solicitantes eran desacreditados y castigados, nan fascinantes documentos transculturales del vasto encuentro de imgenes
as como aquellos que informaban sobre la aparicin de figuras catlicas en tales en Amrica. Las primeras de estas construcciones, monasterios franciscanos y
lugares/" Las peticiones eran denegadas, pero la prctica sincrtica no poda de- a~ustinos en la zona central de Mxico, son ejemplares (fig. 1. 7). En el ex con-
tenerse. vento agustino de San Miguel Arcngel Itzmiquilpan, en el estado de Hidal-
La preocupacin oficial respecto de la idolatra contina hoy en da donde las !;O, la mano del tlacuilo es claramente visible en los exuberantes detalles: caba-
imgenes catlicas ejercen una poderosa atraccin popular. Un folleto que an llos con sandalias, guerreros nativos, ahora europeizados, con volutas saliendo
se vende en Chalma, un importante lugar de peregrinaje en Mxico, explica la de su boca para simbolizar el habla. 58 De nuevo, entonces, la familiar irona:
aparicin del Cristo de Chalma, que se le apareci a unos conversos indgenas los frailes reconocan y prolongaban las tradiciones artsticas de los tlacuilos en
en una cueva y es objeto de veneracin de miles de peregrinos cada ao. El folle- 1 anta se esforzaban por borrar su memoria cultural. Y otra segunda irona: las
to reproduce enteramente un texto escrito en 1810 por el fraile agustino Joaqun culturas indgenas se resistan a ser borradas.
Sardo, quien exhibe la vehemencia catlica en contra de las imgenes indgenas Aunque estas afirmaciones son precisas, tal vez no hacen justicia a la com-
aun cuando reconoce su fuerza latente en la prctica icnica catlica: plejidad de las negociaciones culturales entre el clero colonizador, los artis-
tas indgenas y los informantes culturales. Ms arriba reconozco a varios de
Desde aquellos siglosde la gentilidad, poca infeliz, en que yaca nuestra Am-
rica sepultada en las horrorosas sombras de la idolatra, se hallaban miserablemente
envueltos en ellas todos los naturales de Ocuila y su comarca, dando ciega adora-
cin, y rindiendo cultos un dolo, de cuyo nombre, por la total mudanza de reli- Relacin histrica y moral de la portentosa imagen de N Sr. Jesucristo crucificado apare-
<(J.
cida en una de las cuevas de S. Miguel de Cbalma, 1810; reimpresin Mxico, Impre-
sos Olarde, 1984, p. 11.
p. Vase Michael Schuessler, "Iconografa y evangelizacin: Observaciones sobre la
55. Vase el fascinante relato de Juan Pedro Viqueira Albn del levantamiento de los
pintura mural en la Nueva Espaa", en La literatura novohispana: Revisin crtica y
grupos indgenas de Chiapas en 1712 como resultado de la aparicin de la Virgen
propuestas metodolgicas, Jos Pascual Bux y Arnulfo Herrera (eds.), Mxico, Uni-
y el consiguiente repudio y represin de la Iglesia. Mara de la Candelaria: India
versidad Nacional Autnoma de Mxico, 1994, pp. 255-276.
natural de Cancuc, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, Mxico, 1993. El relato
<S.Serge Gruzinski proporciona excelentes reproducciones y un anlisis de los mu-
gira en torno a un "dolo de piedra" y a una "ermita'. En este contexto, vase tam-
rales en Itzmiquilpan en El guila y la sibila: Frescos indios de Mxico, Barcelona,
bin el comentario de Guillermo Floris Margadant sobre la edicin facsimilar de
M. Moleiro Editor, 1994, pp. 52-89. Para un estudio iconogrfico ms detallado
documentos legales presentados por indios chamulas a finales del siglo XVIII en
de los murales, vase Oliver Debroise Curare, "Imaginario fronterizo/Identidades
contra de su sacerdote iconoclasta: Autos seguidospor algunos de los naturales delpue-
en trnsito: El caso de los murales de San Miguel Itzmiquilpan", en Arte, historia
blo de Cbamula en contra de su cura don Jos Ordez y Aguiar por varios excesosque le
e identidad en Amrica: Visiones comparativas, vol. 1, Mxico, Universidad Nacional
suponan, 1779, Tuxtla Gutirrez/Mxico, Universidad Autnoma de ChiapaslMi-
Autnoma de Mxico, 1994, pp. 155-169.
guel ngel Porra, 1992.
CAI'ITIJI.O I EL ESPEJO VE QUETZALCATL y EL OJO VE GUAVALUPE 33
31
FIGURA I.7 . San Miguel Arcngel Itzmiquilpan (fresco, siglo XVI), estado de Hidalgo, M-
xico, Instituto Nacional de Antropologa e Historia, Mxico, fotografa: Dolores Dahlhaus.
59. Vase Antonio Rubial Garda, Santa Mara Tonantzintla: Un pueblo, un templo,
Mxico, Universidad Iberoamericana, 1991; y Robert Mullen,Architecture and its tia. Robert Harbison, Rejlections on Baroque, Chicago, University of Chicago, 2000,
Sculpture in Viceregal Mexico, Austin, University ofTexas Press, 1994, pp. 143-148. p.l72.
EL ~:spgJo In: QyWI'ZAU'{)ATL y EL OJO Dg GlJADALlJl'g
CAPiTULO I
La fachada de estuco del santuario de la Virgen de Ocotln es un ejemplo mezclaron como nunca antes en la historia de la humanidad. A pesar de la
del churrigueresco mexicano (lmina 3). El ms elaborado de los estilos ba- enorme diferencia entre los supuestos ontolgicos e ideolgicos de las culturas
rrocos del Nuevo Mundo recibe su nombre del arquitecto espaol Jos Benito catlica e indgena, sus formas de expresin demostraron ser congruentes de
Churriguera (1665-1735), quien nunca trabaj en Mxico, pero cuyo nombre numerosas maneras, incluyendo la profusin de elementos geomtricos y or-
ahora describe las superficies excesivamente ornamentadas de las fachadas y p;nicos, el rechazo de una perspectiva nica y unificadora, las escenificaciones
retablos mexicanos del siglo XVIII.61 El intercambio de formas entre las facha- rituales en torno a sus imgenes visuales, y sus cosmogonas compuestas de le-
das y los retablos refleja la funcin evangelizadora de sus imgenes; el discurso giones de personajes y tramas. Estas semejanzas estticas y culturales empie-
teolgico de los retablos interiores se muda a la fachada para llegar al mayor zan a explicar por qu el Barroco floreci en Latinoamrica hasta finales del
pblico posible. Y viceversa: la monumental estructura que rodea la puerta de siglo XVIII, mucho despus de que su energa se hubiera agotado en Europa, y
hierro forjado de la capilla en la iglesia de los Carmelitas en San Luis Potos por qu sigue animando formas de expresin contemporneas, incluyendo las
(lmina 4) est tallada en piedra y revestida de estuco, como si la fachada hu- obras literarias que se analizarn en los siguientes captulos.
biese seguido a los devotos al interior del santuario. El churrigueresco mexica-
no involucra elementos clsicos (columnas, cornisas, caritides) para desafiar,
precisamente, tal orden clsico, apelando a un despliegue de recursos ilusionis- 1JA CONTRARREFORMA y LAS FORMAS BARROCAS DE EXPRESIN
tas en el proceso. Capas de cornisas angulares se amontonan y se escorzan n-
tidamente para crear la ilusin de una altura an mayor que la que inspira el I.a Contrarreforma fue tomista y aristotlica. Los escritos estticos y cientfi-
inmenso retablo. Las columnas trapezoidales en forma de estpite se estrechan cos de Aristteles se recuperaron para el Occidente cristiano en los siglos XII
en la base y su vertiginosa verticalidad parece afirmar la ligereza de las superfi- y XIII, e inspiraron ciertos aspectos de la teologa de Santo Toms de Aqui-
cies animadas que fingen soportar. Estas tcnicas de trampantojo desafan los no. Con su contemporneo San Buenaventura (c. 1218-1274), Santo Toms
confines fsicos del retablo para crear la ilusin del espacio infinito, haciendo (1225-1274) invisti la concepcin de la naturaleza aristotlica de significado
del retablo mismo un trampantojo, una imagen que pretende contener el uni- espiritual, argumentando que el cristiano poda descubrir a Dios en el cuerpo,
verso. los sentidos y en el mundo material. En Image as Insight: Visual Understanding
As nos aproximamos a las complejas interacciones entre las culturas que in Western Christianity and Secular Culture, Margaret R. Miles detalla la con-
crearon las formas visuales del Barroco novomundista, ese primer ejemplo de cepcin aristotlica de la imagen visual de Santo Toms:
globalizacin en el cual culturas radicalmente distintas se encontraron y se
Poco despus de que Aristteles se diese a conocer en el Occidente medieval,
se aplic al conocimiento teolgico su nocin de que las imgenes formadas por la
percepcin eran parte irreducible de todo pensamiento. Toms de Aquino dijo que
61. Elizabeth Wilder Weismann escribe: "El estilo u1trabarroco, que en Mxico se co- la teologa requiere el uso continuo de las imgenes. Siguiendo a Aristteles, corri-
noce como Churrigueresco, fue introducido a la colonia por un artista singular- gi la tendencia del platonismo popular a considerar los objetos sensibles como el
mente dotado, sevillano l, quien 10ejecut en todo su esplendor en el Altar de los primer paso hacia el conocimiento, pero un primer paso que deba ser dejado atrs
Reyes de la Catedral de Mxico entre 1718 y 1737: Jernimo de Ba1bs"(El arte 10ms rpidamente posible, al insistir en la permanente funcin mediadora de las
y tiempo en Mxico: De la conquista a la revolucin, trad. Arturo Aparicio Vsquez, imgenes.v
Mxico, Harla, 1990, p. 51). Nacido en Espaa a finales del siglo XVII, Ba1bs tra-
baj en Madrid y ms tarde en Sevilla; viaj a la Nueva Espaa en 1718, donde
I ,llego Miles cita a Santo Toms sobre esta "permanente funcin mediadora':
realiz su obra maestra, el retablo de los Reyes, en la catedral de la Ciudad de M-
xico. Muri en 1748, aunque las estructuras churriguerescas continuaron constru-
La imagen es el principio de nuestro conocimiento. Es aqu donde empieza
yndose hasta el ltimo cuarto del siglo XVIlI en algunos lugares, aun cuando los
nuestra actividad intelectual, no como un estmulo pasajero, sino como un funda-
estilos neoclsicos estaban reemplazando las estructuras barrocas en otros.
mento perdurable. Cuando es estrangulada la imaginacin, as tambin 10es nues-
La obra de otro andaluz, Lorenzo Rodrguez, tambin fue fundamental para
tro conocimiento teolgico (143).
establecer el estilo churrigueresco en Mxico. El historiador del arte Robert Mu-
llen describe la fachada del Sagrario Metropolitano (1749-68), la parroquia adya-
cente a la catedral de la Ciudad de Mxico, y afirma que Rodrguez se empe en
"realizar en piedra 10que Ba1bshaba creado en madera, y tuvo xito" (Architecture
and its Sculpture in ViceregalMexico, op. cit., p. 168j mi traduccin). ()1. Margaret R. Miles, Image as Insight, op. cit., pp. 142-143j mi traduccin.
CAPITULO I
36
63. Dada la codificacin de las formas y de las funciones de la pintura durante este pe- L~INA 4., Ret~b~o, Igles~a de los ~armelitas, Portal de los Arcngeles (siglo XVIII), San
riodo, no es de sorprender que hubiese muchos manuales de instruccin para los LUIS PotOSI, Mxico, Instituto Nacional de Antropologa e Historia, Mxico, fotografa:
Dolores Dahlhaus.
pintores y para los observadores. El arte de la pintura de Francisco Pacheco, publi-
El. ESI'EJO DE QU~:TZAl.l~ATI. y 1':1. OJO DE GUAllAI.UI'E
CAI'{TIJI.O I
Siendo talla naturaleza de los hombres, que no se pueda elevar fcilmente a la 6,. La representacin teatral era especialmente apta para la propagacin de la fe en-
meditacin de las cosas divinas sin auxilios, o medios extrnsecos; nuestra piadosa tre las poblaciones indgenas y los cortinajes en las fachadas de las iglesias encie-
madre la Iglesia estableci por esta causa ciertos ritos, es a saber, que algunas cosas rran una referencia simblica a la labor de evangelizacin, esto es, a la apertura de
de la Misa se pronuncien en voz baja, y otras con voz ms elevada. Adems de esto las cortinas metafricas que haban mantenido oculta la cristiandad a los habitan-
se vali de ceremonias, como bendiciones msticas, luces, inciensos, ornamentos, y tes del Nuevo Mundo. Vase la coleccin de ensayos sobre el teatro misionero edi-
otras muchas cosas de este gnero, por enseanza y tradicin de los Apstoles; con el tada por Mara Sten, scar Armando Garca y Alejandro Ortiz Bull-Goyri, El
fin de recomendar por este medio la majestad de tan grande sacrificio, y excitar los nimos teatro franciscano en la Nueva Espaa: Fuentes y ensayos para el estudio del teatro de
de losfieles por estas seales visibles de religin y piedad a la contemplacin de los altsimos evangelizacin en el siglo XVI, Mxico, Universidad Nacional Autnoma de Mxico,
misterios, que estn ocultos en este sacrificio (nfasis mo). 2000; vase tambin Michael Schuessler, "Gneros re-nacientes de la Nueva Espa-
fia: Teatro misionero y pintura mural", en La cultura literaria de la Amrica oirrei-
Se prescribe la inclusin de los sentidos (odo, olfato, tacto, as como la vista), y nal: Concurrencias y diferencias,]os Pascual Bux (ed.), Mxico, Universidad Na-
cional Autnoma de Mxico, 1996, pp. 269-277.
se atrae la atencin a los significados "ocultos" accesibles mediante la experien-
EL ~:SI'I';JO DE Q!IJo:'I'Z\I.C\TL y EL OJO In; GlJAJ)\LlJI'E 43
1'l6. Santiago Sebastin contrasta las diferentes estrategias visuales desarrolladas por
los agustinos, franciscanos y dominicos en sus iglesias y claustros en la Nueva Es-
paa durante el siglo XVI, y por los carmelitas, jesuitas y hospitalarios en los siglos
XVII y XVIII ("Las imgenes hagiogrficas de las rdenes religiosas", en Iconografta e
FIGURA 1.9.Misin de Nuestro Seor de Santiago de jalpan (siglo XVIII), estado de Qye-
iconologta del arte novohispano, Mxico, Grupo Azabache, 1992, pp. 61-77).
rtaro,Mxico.
CAPfTULO I
44
John Rupert Martin, en su estudio sobre el arte barroco europeo, indica que los
Ejercicios espirituales de San Ignacio, aunados a la ideologa esttica enunciada
por el Concilio de Trento, inspir un nuevo naturalismo en el arte religioso, que
se manifest con mayor energa en Espaa/" El ejemplo que da Martin es el
Cristo de la Clemencia (1603-1606), un crucifijo policromo esculpido y pintado
por Juan Martnez Montas para la catedral de Sevilla, donde an se encuen-
tra. La figura esculpida inclina la cabeza de tal manera que el devoto arrodillado
puede mirar hacia arriba y ver que los ojos de Cristo estn abiertos mirndolo,
un drama de miradas recprocas que Martin vincula con el consejo de San Ig-
nacio al devoto: "Imaginando a Christo nuestro Seor delante y puesto en cruz,
hacer un coloquio; cmo de Criador es venido a hacerse hombre, y de vida eter-
na a muerte temporal, y as a morir por mis pecados. Otro tanto, mirando a m
mismo, 10 que he hecho por Christo,lo que hago por Christo,lo que debo hacer
por Christo; y as vindole tal, y as colgado en la cruz, discurrir por 10 que se of-
fresciere" (53, coloquio). De tal manera la realizacin imaginativa de imgenes se
convirti durante la Contrarreforma en una disciplina espiritual.
Este acto de imaginacin se representa constantemente en la pintura y la es-
cultura barrocas." El pintor mexicano del siglo XVIII Carlos Clemente Lpez re-
presenta a San Juan Nepomuceno visualizando a Cristo con la cruz, exactamente
como San Ignacio 10 recomienda (lmina 6).70El imperativo jesuita a visualizar 10
invisible y a visualizarse a s mismo hacindolo, condujo a los observadores a una (,1 ojo imaginativo de Santo Toms de Aquino y San Ignacio de Loyola en favor
relacin cada vez ms consciente con los cuerpos flsicos de Cristo, la Virgen, los dd ojo lector de Lutero y Calvino.F Los textos protestantes podan estar acom-
santos martirizados, y con su propia experiencia sensorial." La representacin na- panados de imgenes visuales en tanto ayudaran a la comprensin intelectual
turalista se vuelve un conducto de 10 sobrenatural, y la carne y la sangre son los me- (verbal), pero a diferencia de las imgenes catlicas, su propsito no era alentar
dios que llevan al observador a la comunin mstica con la divinidad .incorprea. la experiencia sensorial o emocional de 10 divino. La relacin negativa de la ima-
Nada ms lejano de la prctica de la Reforma protestante, que sirve, por con- gCII con la comprensin espiritual en la prctica protestante refleja el nacimiento
traste, para poner de relieve la acogida de las imgenes visuales de l~ Contrarr~- dc la ideologa protestante de la autonoma espiritual, esto es, la relacin indi-
forma. Los puritanos llegaron a Amrica en 1620, poco ms de un SIglo despues vidualizada, vertical, con Dios, que no aprueba la participacin comunitaria que
de que Corts desembarcara en las costas del golfo de Mxico: La au~e~ci~ de de- requieren las formas de atencin visual. Jacques Barzun nos proporciona un til
coracin y de imgenes visuales en las iglesias puritanas refleja el privilegio de la I rsumen de estos dos movimientos reformistas: "el esfuerzo catlico para recu-
aprehensin intelectual sobre la experiencia fsica de los sentidos ~ ~e los texto~ es- Il{'rar terreno produjo nuevas obras en la arquitectura y las bellas artes; el esfuer-
critos sobre las imgenes visuales. Si para la Contrarreforma catolica los sentidos /1) protestante produjo literatura y grandes obras de doctrina". 73
podan conducir al conocimiento espiritual, para la Refo~~ prote.st~te era c~erto Con estas distinciones filosficas y expresivas se relacionan las polticas.
10 opuesto: la experiencia sensorial, incluyendo la percepcIOn de Imagenes VlS~~- I .n Reforma protestante vea con sospecha los despliegues de riqueza y poder,
les, impeda el conocimiento espiritual porque distraa al devoto de la apreh~~sIOn y los cuadros, altares y edificios catlicos representaban las mismas jerarquas
mental de la verdad metafisica. En tanto que para la Contrarreforma catolica la eclesisticas y celestiales que los protestantes deseaban erradicar. La iconocla-
verdad metafisica estaba en consonancia con la belleza fisica, el ojo puritano estaba sia era inevitable. Margaret R. Miles escribe que las actitudes protestantes va-
disciplinado para mirar hacia dentro y hacia arriba, no hacia el mundo exterior. Se riaron en la Europa del siglo XVI, pero, en general,
deba rehuir el mundo, no involucrarlo en la bsqueda de Dios. .
Estas actitudes divergentes de la Reforma en relacin con las imgenes vi- la preocupacin por las imgenes y los esfuerzos por eliminarlas de la veneracin
suales pueden atribuirse a distintas fuentes teolgicas y filosficas. Mientras cristiana son caractersticos de la Reforma protestante. Estaban mucho menos de
que la Contrarreforma catlica era tomista y aristotlica, la Reforma protes- acuerdo en cmo lograrlo, ya fuese mediante la accin violenta, por medio de pro-
cedimientos ordenados y legalizados, o sencillamente "eliminndolas del corazn",
tante era agustina y platnica. La interpretacin agustina de Platn antecede
como propugnaba Lutero (100).
con mucho a la recuperacin de Aristteles por Santo Toms de Aquino en el
siglo XIII. En el siglo IV, Agustn sintetiz los textos ~la:~icos di~p~nibles y
I .n accin violenta no era poco frecuente, a pesar de la recomendacin de Lu-
los aun con la teologa cristiana de manera que la dialctica platnica entre
tero, Miles concluye que los protestantes a 10 largo de toda la Europa del siglo
las formas fsica e ideal apoyara su propia comprensin de los reinos carnal y
x v I "buscaban aprovechar la capacidad didctica y persuasiva de las imgenes
espiritual-la Ciudad de Dios y la Ciudad del Hombre-. ~s de ~n milenio
siu permitirles actuar directamente -esto es, sin la interpretacin lingstica
despus, los reformadores protestantes adoptaron este dualismo; CIertamen-
adecuada-e- en la mente subconsciente de los creyentes" (116).
te, Calvino acentu las distinciones agustinas haciendo nfasis en la naturale-
Comprese esta actitud con las imgenes latinoamericanas llamadas "Cristos
za humana cada, la presencia del mal en este mundo, la vida como una trave-
suugrantes" (fig. 1.10). El proyecto de la Contrarreforma para fortalecer el sacra-
sa, etctera. Para los calvinistas, se adquiere mayor sabidura a medida que la
mento de la Eucarista condujo a una gran representacin grfica de la sangre de
mente se aleja del mundo para dirigirse a Dios, y este progreso se alcanza me-
Cristo, y el sufrimiento corporal del hijo de Dios contina en primer plano en
diante el estudio de la Biblia y de otros textos permitidos. La disponibilidad de
literatura teolgica fue crucial para la Reforma protestante, que desestimaba
72. Margaret R. Miles, Image as Insight, op. cit., p. 100. Vase el captulo 5, "Vision and
cenas detrs de la figura arrodillada que muestran su vocacin de confesor a la iz- Sixteenth-Century Protestant and Roman Catholic Reforms", pp. 95-125. Vase
quierda y su martirio a la derecha. " . tambin]. Phillips, 'Ibe Reformation oflmages: Destruction inArt in England, 1535-
71. La alegora de los cinco sentidos es una de las mas caractenstcas en:re los :e~as 1660, Berke1ey,University of California Press, 1973.
barrocos. Vase Santiago Sebastin, Contrarreforma y barroco, Madrid, Editorial 7lo Jacques Barzun, Del amanecer a la decadencia: Quinientos aos de vida cultural en Oc-
Alianza, 1985. cidente; de 1500 a nuestros das, Madrid, Taurus, 2001, p. 82.
EL ESPEJO DE Q!n:TZALcATL y EL OJO DE GUADALUPE 49
74. En la Europa catlica, la representacin del sufrimiento fsico extremo hace mucho
tiempo que dej de ser fundamental para la expresin religiosa. Vase el magistral es-
tudio de Leo Steinberg sobre esta cuestin en La sexualidad de Cristo en el arte del Re-
nacimiento yen el olvido moderno, trad. Jess Valiente Malla, Madrid, H. B1ume, 1989;
James Clifton, 'Ibe Body ofChrist in tbe Art of Europe and New Spain, 1150-1800,
MnchenlNew York, Prestel, 1997; y Elisa Vargas1ugo, "...E1 ms hermoso de los hi-
jos de los hombres ...", en Parbola novohispana: Cristo en el arte virreinal, Elisa Var-
gas1ugo (ed.), Mxico, Fomento Cultural Banamex, 2000, pp. 75-117.
Los rituales indgenas de desangramiento y sacrificios humanos seguramen-
te han aadido un mpetu inconsciente a las imgenes de la sangre de Cristo de la
Nueva Espaa. Octavio Paz, basando sus comentarios en Blood of Kings, de Linda
Schele y Mary Ellen Miller, pone de relieve la importancia ritual de la sangre en la
cultura maya en un lenguaje que se hace eco de la doctrina catlica: "Entre los ma-
yas, la sangre del monarca era la sangre de los dioses: por esto tena que derramarla
[... ] Con las lancetas sagradas los reyes mayas, sus mujeres y sus cortesanos perfo-
raban y laceraban sus cuerpos. La sangre se recoga en vasijas tambin sagradas y
que contenan trozos de papel que, durante el sacrificio, se encendan. Unin de la
sangre y el fuego "Reflexiones sobre un intruso", en Privilegios de la vista IL' Arte de
Mxico, Obras completas, edicin del autor, Barcelona!Mxico, Crculo de Lectores/
FIGURAI.1O Cristo sangrante (siglo XVIII), iglesia de Santa Mara Xoxoteca, estado de Hi- Fondo de Cultura Econmica, 1993-1994, p. 138.
dalgo, Mxico.
EL ESPEJODE QyETZALCATI.y \.:1. OJo DE GUADALUPE SI
so CAPTULO 1
finales del siglo XVI, los criollos haban empezado a apropiarse de la historia y
licas en las cuales los dolos eran (y siguen siendo) visibles. La irona no es original
de los mitos prehispnicos, exaltando el pasado indgena incluso cuando a me-
de la Nueva Espaa. La doctrina de la Iglesia catlica permita, desde mucho an-
"l~do desdeaban el presente indgena, colocando el pasado mitolgico (y mi-
tes, la inclusin de imgenes de culturas "paganas". Figuras de la mitologa griega y
li,hca~o) de Mxico al lado de las tradiciones culturales clsicas de Europa. Si
romana se adoptaron como precursoras y profetas de la venida de Cristo. En De la
Lspana reclamaba las culturas antiguas como su patrimonio (Grecia y Roma
idolatra, Carmen Bernard y Serge Gruzinski citan a las sibilas, antiguas profetisas
daban autenticidad a tradiciones espaolas y las ennoblecan) la Nueva Espa-
romanas pintadas en las paredes de la Capilla Sixtina, como prueba de la voluntad
nu reclamara su propia herencia cultural indgena y, de ese modo, su identi-
de la Iglesia de incorporar figuras no cristianas." Las sibilas tambin aparecen en
dad. El pensador novohispano del siglo XVII Carlos de Sigenza y Gngora y
la Nueva Espaa en el siglo XVI. Un desfile de sibilas, vestidas como damas medie-
~,\1 conte~pornea y amiga, la poetisa y dramaturga Sor Juana Ins de la Cruz,
vales sentadas a mujeriegas en sus palafrenes, adorna las paredes del siglo XVI de la
ou los ejemplos que da Manrique del entusiasmo sincrtico por la cultura
Casa del Den en Puebla,76 y en el bside del monasterio franciscano de Acolman
.riolla, como 10 es el imprescindible ensayo de Jos Lezama Lima sobre el Ba-
hacen compaa a los profetas hebreos, todos prediciendo por igual el nacimiento
ITOCOnovomundista "La curiosidad barroca", al que volveremos en el captulo
de Cristo." Series de sibilas aparecieron cada vez ms a menudo durante los siglos
1. La lite criolla abraz el Barroco como un instrumento de contraconquista,
XVII y XVIII, un tpico femenino/protofeminista que encarna el universalismo ico-
para usar el trmino de Lezama Lima, llenando las formas espaolas con un
nogrfico importado a la Nueva Espaa."
contenido americano, a fin de resistir la dominacin espaola y consolidar su
De hecho, esta prctica catlica se extendi ampliamente en la Nueva Es-
propio territorio poltico y cultural."
paa, puesto que el sincretismo que permita a las sibilas sentarse lado a lado
En la esfera eclesistica, los jesuitas fueron los principales proveedores de
con los santos tambin permiti dar cabida al panten prehispnico. En tanto
I('O ras de sincretismo cultural, y emplearon sus estrategias generalizadoras a
el proyecto de los primeros sacerdotes colonizadores era la destruccin de las
It) largo de los territorios espaoles y portugueses en las Amricas. Considere-
culturas indgenas, poco a poco anidaba en la cultura criolla el deseo de crear
IIlOS su creacin de la identidad cristiana de Quetzalcatl en la Nueva Espaa.
una prehistoria cristiana para la Nueva Espaa. Los criollos, descendientes de
I,os jesuitas promovieron el argumento de que Quetzalcatl fue el primero en
europeos nacidos en Amrica, componan la oligarqua novohispana colonial,
uuunciar el advenimiento de Cristo en Amrica, y su razonamiento era ste:
pero una oligarqua absolutamente consciente de su propio estatus de coloni-
(2.!lctzalcatl era la personificacin de Santo Toms, el apstol que Cristo ha-
zada. Ser criollo en la Nueva Espaa era tanto una circunstancia de nacimien-
bia designado para cristianizar "el Este", ahora entendido como Amrica." La
to como una condicin cultural, una actitud de autoconciencia y una bsqueda
usociacin sincrtica de Quetzalcatl y el apstol Santo Toms fue un tempra-
de autodefinicin.Jorge Alberto Manrique describe al criollo y a su cultura en
la Nueva Espaa: "El criollo va de alguna manera forjando su propio ser"." A
No, Para un anlisis de cmo la lite criolla emple el Barroco para crear y mantener el
poder poltico, vaseJohn Beverley,"Barroco de estado: Gngora y el Gongorismo",
75. Vase el anlisis de Alain Besancon de esta poltica sincrtica en Tbe Forbidden
en Del ~azarillo al.Sandini~mo: Estudios sobre lafimcin ideolgica de la literatura espa-
Image, "The Support of Ancient Gods", op. cit., pp. 168-72.
nola e bispanoamericana, Minneapolis, The Prisma Institute, 1987, pp. 77-97; YMa-
76. Serge Gruzinski proporciona excelentes reproducciones y un anlisis de estas sibi-
hc1Moraa, "Barroco y conciencia criolla en Hispanoamrica', en Revista de crtica
las en El guila y la sibila, op. cit., pp. 133-69. /ite~~ria latinoamericana XlV, 28, 1988, pp. 229-251. Ralph Bauer analiza a Sigenza
77. En Iconografa e iconologa del arte novohispano, Santiago Sebastin escribe: "En la
y Gong~;a en estos trminos en "Sigenza y Gngora: Creole Cosmographer of the
serie de las sibilas en el Mxico del siglo XVI hay que mencionar las que decoran el
Haroque ,e~ 7he Culn:ral Geography oJ Colonial American Literatures: Empire, Tra-
bside de la magnfica iglesia agustina de Acolman. All estn las sibilas Prsica y
~Ic~l,
Modermty, Cambndge, Cambridge University Press, 2003, pp. 160-169. A este
Cumana en relacin con los profetas Samuel y Daniel; la relacin Cumana-Daniel
r~specto,vase tambin Kath1een Ross, 7he Baroque Narrative oJCarlos de Sigenza y
es la prescrita en el libro de Filippo Barbieri antes mencionado, publicado en 1481"
(l~gora:A New World Paradise, Cambridge, Cambridge University Press, 1993, es-
(op. cit., 121-122). Constantino Reyes-Valerio proporciona una fotografa del in-
pccialmente cap. 1, "Culture of the Spanish American Baroque", pp. 17-39.
terior de la iglesia de Acolman en Arte indocristiano, Mxico, Instituto Nacional de
'11, VaseJacques Lafaye, Quetzalcatl y Guadalupe, op. cit., libro II, cap. III "Santo To-
Antropologa e Historia, 2000, lmina 164.
1Il:1s-Q1Ietzalc?atl,apstol de Mxico", pp. 260-297; Lafaye retoma los pasos de los
78. Santiago Sebastin, Iconografa e iconologa del arte novohispano, "Las imgenes del
primeros cronistas espaoles cuyas expresiones acerca de Qpetzalcatl (tanto sa-
humanismo",op. cit., pp. 105-33. ccrdote humano como serpiente emplumada) llevaron a los jesuitas a combinarlo
79. Jorge Alberto Manrique, "Del barroco a la ilustracin", en Ignacio Bernal et al.,
ron Santo Toms.
Historia general del Mxico, Mxico, El Colegio de Mxico, 2000, p. 433.
CAPTULO 1
52
no ejemplo oficial de 10 que llegara a ser parte integral del Barroco del Nuevo
Mundo: el establecimiento de continuidades culturales con el pasado mtico
americano.
Por qu Santo Toms? Los jesuitas promovieron su identidad con Qyet-
zalcatl sobre la base de su labor misionera, y tambin en la etimologa de su
nombre. J acques Lafaye explica: "Quetzalcatl, que en sentido figurado sig-
nificaba 'el gemelo precioso', apareci como sinnimo del griego 'Ibom, que
tambin significaba 'gemelo'; de ah la traduccin de Quetzalcatl por santo
Tom o Toms" (234). Adems de esta coincidencia, haba otras razones para
recomendar a Santo Toms a una cultura criolla que buscaba maneras de re-
presentarse a s misma. Primero, Santo Toms estaba dispuesto a confrontar
la violencia y a sufrir el martirio, una virtud muy apreciada por la cultura de la
Contrarreforma, yen especial por los jesuitas.82 Cuando Cristo propuso vol-
ver a Judea a pesar de las amenazas a su vida, Toms les dijo a los otros disc-
pulos: "Vamos tambin nosotros, para que muramos con l" (San Juan 11:16).
De igual importancia era su famosa tendencia a la duda; ste es el mismo To-
ms escptico que se neg a aceptar la resurreccin de Cristo sin ver y tocar sus
heridas. l no estaba presente cuando Jess se apareci al resto de los apsto-
les tras la resurreccin, y Toms no quiso dar crdito a su relato sin una prue-
ba visual: "Si no viere en sus manos la seal de los clavos, y metiere mi dedo en
el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creer" (San Juan
20:25). Cristo aparece, satisface los requisitos de Toms, y entonces alienta el
impulso opuesto: creer sin ver: "Porque me has visto, Toms, creste; bienaven-
turados los que no vieron, y creyeron' (San Juan 20:29). El cuadro mexicano
del siglo XVII La incredulidad de Santo Toms, de Sebastin Lpez de Arteaga,
representa el momento en el que el cuerpo deja de ser un objeto en este mundo
y se convierte en un smbolo del espritu (lmina 7). La separacin occidental
de la imagen de su objeto, del material de su significado, se afirma, aun cuando
Toms rechaza la separacin, insistiendo sobre la integracin mtica del cuer-
po y la fe. La cultura criolla en la Nueva Espaa tuvo que sortear constante-
mente estas relaciones opuestas entre ver y creer. El verso de Sor Juana "y so-
lamente 10 que toco veo" recuerda la necesidad de Toms de una confirmacin
fsica frente al llamado de Cristo a una creencia incorprea, y tipifica los es-
fuerzos de escritores y pintores en la Nueva Espaa barroca por concebir ma-
neras sincrticas de salvar esta contradiccin.f
82. Margaret R. Miles escribe sobre los jesuitas que estaban entrenados para "una vida
de sacrificio en el servicio, a menudo hasta el martirio", el cual era "una de las ma- I ,MINA 7.. SebastinLpez de Arteaga, La incredulidad de Santo Toms (sigloXVII) Mxico
yores prioridades de la orden' (Image as Insight, op. cit., p. 121). Musc~)Nac~onalde Arte, MxicolInstitutoNacionalde Antropologae Historia,M~co, foto~
83. Sor Juana Ins de la Cruz, Soneto 152, "Verde embeleso de la vida humana", en I(rnRa. ~ChlVO FotogrficoManuel ToussaintlInstituto de InvestigacionesEstticas/Universi-
dad NacionalAutnoma de Mxico.
Obras completas, op. cit., p. 137.
CAPITULO I EL ESPEJO DE Q.!JWI'ZALCATL y EL ojo DE GUADALUPE
LA VIRGEN DE GUADALUPE
84. Se han dedicado abundantes estudios histricos a las circunstancias que rodean
la aparicin. Entre los ms importantes estn Edmundo O'Gorman, Destierro de
sombras: Luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Seora de Guadalupe del Te-
,
peyac, Mxico, Universidad Nacional Autnoma de Mxico, 1986; Stafford Poo-
le, Our Lady of Guadalupe: 'Ibe Origins and Sources of a Mexican National Symbol, FIGURA LII. Imagen original de la Virgen de Guada1upe,baslica de Guadalupe, Mxico.
1531-1797, Tucson, University of Arizona Press, 1995; David Brading, La Virgen
de Guadalupe: Imagen y tradicin, trad. Aura Levy y Aurelio Major, Mxico, Tauros, la inmediata asociacin de la Virgen de Guadalupe espaola con el proyecto
2002; y Richard Nebel, Santa Mara Tonantzin Virgen de Guadalupe: Continuidad y del Nuevo Mundo. Jonathan Brown, en Imgenes e ideas en la pintura espaola
transformacin religiosa en Mxico, trad. Carlos Warnholtz Bustillos, Mxico, Fon-
del siglo XVII, escribe acerca de la Virgen espaola que, entre los peregrinos, "se
do de Cultura Econmica, 1995. Cito otros estudios relevantes en las notas si-
debe contar a los exploradores del Nuevo Mundo, quienes haban orado a la
guientes.
85. La palabra "tilma" refiere a una manta que los hombres indgenas en el altiplano de Virgen de Guadalupe para que los librase de peligros y que conquistaron y co-
Mxico se anudaban alrededor del cuello y dejaban colgar al frente del cuerpo. lonizaron Amrica en su nombre. Tanto Coln como Corts acudiran a Gua-
;6 CAPTULO 1
86. Jonathan Brown, Imgenes e ideas en la pintura espaola del siglo XVII, trad. Vicente
L1e Caal, Madrid, Alianza, 1980, p. 146. Vase captulo 5, "Las pinturas de Zur-
barn en la Sacrista de Guadalupe", pp. 143-177. Bernal Daz del Castillo men-
ciona el peregrinaje de Corts al monasterio de Guadalupe tras su retorno a Espa-
a en el captulo 145 de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espaa, pp.
523-524.
87. Octavio Paz, "Yo,pintor, indio de este pueblo: Hermenegildo Bustos", enArte Mo-
derno, Los privilegios de la vista Ilirlrte de Mxico, Obras completas, op. cit., p. 151; n-
fasis mo.
88. Cmo la pintura se convirti en instrumento poltico, primero de un imperio y
despus de una nacin es el tema de las tres exposiciones de Los pinceles de la his-
toria. Rafael Tovar et al., Los pinceles de la historia L' El origen del reino de la Nueva
Espaa, 1680-1750; Los pinceles de la historia IL' De lapatria criolla a la nacin mexi-
cana, 1750-1860; Los pinceles de la historia IIL' La fabricaci6n del estado, 1864-1910,
Mxico, Instituto Nacional de Bellas Artes, 1999,2000,2003.
FIGURA 1.11. Annimo, Nuestra Seora de Guadalupe, patrona de la.Nueva Espaa, Museo de
l\fllivt..n fntnll'l'l1lflg'Mgnll,.l 1,gvala Alnn~n.
Id 1addl1lnn ..l. r.llnrlnll1n.
;8 CAPiTULO 1
91. Carca Icazbalceta y De la Maza ofrecen fascinantes relatos del debate aparicionis-
ta; para un agudo tratamiento de las cuestiones polticas que tienen que ver con el
estatus de la imagen de la Virgen durante los siglos XVI y XVII, vase Joaqun Car-
ca Icazbalceta, Carta acerca del origen de la imagen de Nuestra Seora de Guadalupe
(1896), Mxico, Miguel ngel Porra, 1982; Francisco de la Maza, Guadalupanis-
mo mexicano, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, 1953; y Robert Ricard, 1he
Spiritual Conquest ofMexico:An Essay on theApostolic and the Evangelizing Methods
ofthe Mendicant Orders in New Spain, 1523-1572, Berkeley, University ofCalifor-
nia Press, 1974.
Enrique Florescano escribe que la aparicin de la Virgen de Cuada1upe ins-
I:'IGURA 1.13. Jos de A1cbar, Virgen de Guadalupe (siglo XVIII), Mxico, coleccin privada,
pir otras apariciones similares, confirmando la importancia de esta figura para
fotografia:Dolores Dahlhaus.
las poblaciones indgenas y alimentado la preocupacin oficial por la idolatra, so-
bre todo por parte de los franciscanos: "Amparados por la milagrosa aparicin de
la Virgen de Cuadalupe, los pueblos indgenas inventaron otras apariciones en las
que depositaron sus anhelos de identidad, autoafirmacin y justicia" (Memoria in-
dfgena, Mxico, Taurus, 1999, p. 266).
EL ESPEJODE QyETZALCATL y EL oro DE GUADALUPE
CAPTULO 1
62
rencia al contexto indgena de la aparicin sino tambin a la sustitucin me-
un reciente abad de la baslica de Guadalupe, cuya oposicin retras la canoni- tafrica de Mxico por Jerusaln, y de los mexicanos por los israelitas como el
zacin de Juan Diego mientras se realizaban ms estudios a instancias del Va- pueblo elegido de Dios. La presencia de estas vistas pone de manifiesto el ere-
ticano. El debate continu, pero la canonizacin se llev a cabo el 30 de julio cie~te papel de ~uan Diego en el programa de evangelizacin de los pueblos
92
de 2002, durante la quinta visita a Mxico del papa Juan Pablo n. nativos y 1~ c~eC1ente dependencia de los criollos de la imagen de la Virgen
Un detalle iconogrfico nos permite seguir paso a paso la aceptacin gra- para sus objetivos protonacionalistas.
dual de Juan Diego por el clero colonial. A principios del siglo XVII, las repre-
sentaciones de la Virgen empezaron a incluir 10 que se llama "vistas" en minia-
tura del cerro del Tepeyac, como la que se observa en la lmina 8. Las vistas se NrCAN MOPOHUA
agregaron al pie de los cuadros de la Virgen y generalmente incluan la baslica
de Guadalupe, construida entre 1695 y 1709 a partir del modelo (mtico) del I.,a historia ~e la aparicin de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego se visua-
antiguo templo de Salomn en Jerusaln.93 As, las vistas no slo hacen refe- liza "' un smnm~ro de variantes de las cuatro imgenes en las esquinas de
las pmturas ~e la V~rgen y tambin se narra en el Nican mopohua, un texto que
pretende ~eglstrar l~teralmente, en nhuatl, las conversaciones entre la Virgen
y Juan Diego. El ttulo est formado por las primeras dos palabras de la re-
92. Juan Diego es el primer santo indgena de Mxico. Actualmente hay tres beatos in-
lacin nh~atl y sig~ifica "aqu se narra", un encabezamiento que preserva y
dgenas mexicanos: "los nios mrtires" de T1axcala,Cristbal,Juan y Antonio, que
segn la leyenda fueron muertos en 1529 por su propia gente, por haber aceptado pone de relieve la calidad oral de este texto acerca de una imagen visual." Los
la fe catlica. Un sitio catlico hace referencia a estos acontecimientos por medio creyentes consideran las palabras de la Virgen en este documento casi como
de los textos de los primeros frailes al llegar a Mxico para evangelizar a los indge- una escritura sagrada; como en la Biblia, las frases estn impresas en versos
nas: <http://hispanidad.tripod.com/hechos9 .htrn>. (Durante su pontificado, Juan numerados. La imagen visual en la tilma de Juan Diego y su encarnacin na-
Pablo II canoniz a 470 santos en todo el mundo, ms que todos los papas anterio- rrati~a en el ~i.can mopohua son una entidad coherente, una imagen/texto, un
res juntos.) medio al servicio del otro a 10 largo de los siglos como fundamento y comple-
93. El templo de Salomn fue destruido antes del nacimiento de Cristo, pero se con-
mento.
virti en un tema significativo en los debates teolgicos y arqueolgicos del siglo
XVII. El origen simblico de la mayor parte de la arquitectura eclesistica (mons-
Cua1~ui~r ,h~storia definitiva del Nican mopohua sera una simplificacin y
tica y parroquial) en la Nueva Espaa es la descripcin en el captulo 7 del primer '" auto~la difcilmente podr determinarse. Una teora propone que el texto
libro de los Reyes del templo de Salomn en Jerusaln, y tambin en el captulo 41 fue escnto por el sacerdote Miguel Snchez en 1648, ms de un siglo despus
de Ezequiel. Las cuatro torres de la baslica y otros detalles arquitectnicos habran
sido reconocidas como referencias al templo de Salomn, y por 10 tanto para los
mexicanos como el ms reciente pueblo elegido de Dios. En una extraa combina-
cin de realismo y convencionalismo, entonces, las vistas en las pinturas de la Vir-
gen de Guadalupe reflejan estructuras tanto actuales como simblicas. es~ao1 arquitecto y.acadmico. La arquitectura imaginaria se volvi el lugar co-
Para el anlisis de varios lugares en la Nueva Espaa que hacen una referen- mun del ~arroco: y vistas de Jerusaln que incluan la versin del artista del templo
cia literal y figurativa al templo de Salomn, vase Miguel ngel Fernndez, La de Saloman servian a menudo como teln de fondo a las pinturas de la crucifixin.
Jerusaln indiana: Los conventos-jortaleza mexicanos del siglo XVI, Mxico, Smurfit Este tpico arquitectnico se encuentra en toda la Amrica colonial. Vase Te-
Cartn y Papel de Mxico, 1992. Fernndez vincula la frecuente representacin resa Gisbert, "Potos: Urbanism, Architecture, and the Sacred Image of the Envi-
del templo de Salomn a la temprana teora de que los pueblos indgenas eran la ro~ment", ~n Potos: Colonial Treasures and the Bolivian City of Silver, Pedro Que-
progenie de las tribus perdidas de Israel que se crea haban venido de Jerusaln a r~J.azuY Ehzabeth Fer~er (eds.), New York, Americas Society, 1997, pp. 36-37.
TenochtidnlCuidad de Mxico, y menciona en particular el argumento del frai- Gisbert se refiere eS'p~Clficamentea San Francisco en Lima, al Santuario de Copa-
le franciscano Gernimo de Mendieta. Tambin seala que el fraile y arquitecto cabana en el lago Titicaca y al Santuario de Manquiri.
carmelita Andrs de San Miguel, quien construy varios monasterios carmelitas, 94. Para el texto original en nhuatl y cuatro traducciones al espafio1en el curso de 350
escribi un tratado titulado La descripcin del templo de Salomn (116). De hecho, aos, vase Jess Galera Lamadrid, Nican mopohua: Breve anlisis literario e histri-
el templo de Salomn fue el tema de varios tratados contemporneos. Por ejem- co,.Mxico, Editori~Jus, 1991. Las traducciones son de 1666,1926, Y dos de 1978;
plo, In Ezechielem explanationes et apparatus urbis ac templi Hierosolymitani se pu- Miguel Len-Portilla ofrece una nueva traduccin en verso en Tonantzin Guada-
blic en Roma en 1596 y contiene un comentario sobre el libro de Ezequiel, con lupe, op. cit. El texto en varios idiomas est disponible en Internet.
planos y elevaciones a partir de los disefios de Juan Bautista Villa1pando, un jesuita
EL ESPEJO m: QUETZALCATL y EL ojo DE GUADALUPE
CAPTULO 1
64
nas con respecto a los conceptos de mrito personal, de dormir y soar, y de los
de ocurridos los acontecimientos que relata. Otra propone que fue escrito slo
atributos de linaje y cielo:
tres dcadas despus de aquellos sucesos, a mediados de los aos 1550, por el
pensador indgena Antonio Valeriana, un antiguo estudiante de Bernardino
Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: "Por ventura soy digno, soy merecedor de
de Sahagn y de otros franciscanos en el Colegio Imperial de Santa Cruz de lo que oigo? Qyiz noms lo estoy soando? Qyiz solamente lo veo como entre
Tlatelolco. Los historiadores tienden a preferir la primera teora, en tanto los sueos?Dnde estoy?Dnde me veo? Acaso all donde dejaron dicho los anti-
crticos culturales y literarios se inclinan por la segunda." Entre estos ltimos guos nuestros antepasados, nuestros abuelos;en la tierra de las fiares,en la tierra del
se cuenta a Miguel Len-Portilla, quien acepta la autora de Valeriana y califi- maz, de nuestra carne, de nuestro sustento; acaso la tierra celestial?".97
ca al Nican mopohua de "joya de la literatura nhuatl" . Piensa que el texto pudo
haber sido escrito a instancias del segundo obispo de Mxico, el dominico !\ diferencia del obispo Zumrraga, Juan Diego no duda en dar crdito a sus
Alonso de Montfar, para presentarlo como una produccin teatral al pbli- ojos cuando la Virgen aparece; su incertidumbre no radica en la veracidad de
co indgena." Cualesquiera que sean sus usos culturales inmediatos, podemos la imagen, sino en su propia vala. La incredulidad del obispo y la fe de Juan
considerar al Nican mopohua, as como a la cruz de Aco1man del siglo XVI y a I)iego pueden entenderse como un reflejo de sus distintas ontologas visuales.
los murales de Itzmiquilpan, como un artefacto transcu1tural por excelencia. Para el obispo, imagen y espritu estn separados y definidos; en cambio, para
Registra y encarna el encuentro histrico de distintas ontologas de la imagen juan Diego, imagen y espritu son uno y 10 mismo. El poder de la imagen est
en el momento de su reunin. en su inmediatez visible, tangible; el objeto contiene su significado.
Len- Portilla analiza la convergencia de culturas y medios en el texto, se- Tanto la tradicin nahua como la europea estn presentes en este texto sin-
alando la fluidez de Va1eriano en las convenciones orales de la literatura n- crtico y su autor emplea una para divulgar la otra. Consideremos el momen-
huatl y tambin en el medio europeo de prosa alfabtica. La combinacin de to, como se relata en el Nican mopohua, en el que la incredulidad del obispo se
intimidad y solemnidad del Nican mopohua deriva de las convenciones poti- vuelve creencia, cuando la imagen se transforma en la Virgen. Juan Diego lle-
cas del nhuatl, como demuestra Len-Portilla, y ponen de relieve la aprehen- ga con "rosas de Castilla" en su tilma. Las rosas son obviamente importadas de
sin sensorial (coincidiendo de esta manera con la esttica de la Contrarrefor- I':uropa, pero la imagen en la que estn plasmadas no 10 es: las flores que apa-
ma). Se encuentran repetidas referencias a la vista, la mirada, la luz, la visin, recen en el hueco de la manta son convencionales en la poesa nhuatl. Len-
el resplandor, as como al aliento de la Virgen como una metfora de sus pala- Portilla seala esta imagen en un cantar (un poema al que se le pone msica
bras. El Nican mopohua revela, adems, otras convenciones culturales indge- pero que no necesariamente se canta) compuesto antes de la Conquista por
el poeta nahua Tochihuitzin Coyolchiuhqui. Cito la traduccin al espaol de
I.en Portilla del texto de Tochihuitzin:
y as como cayeron al suelo todas las variadas flores preciosas, luego all se con- te a su contenido indgena. En el sincretismo de Guadalupe-Tonantzin y Juan
virti en seal, se apareci de repente la Amada Imagen de la Perfecta Imagen San- Diego-Cuauhtlatohuatzin, la imagen mtica sobrevive y da vida a la imagen
ta Mara, Madre de Dios, en la forma y figura en que ahora est ... (vv, 184-185). representada de la Contrarreforma catlica.
yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta t)t). Vase el anlisis de las pinturas del taller en Jaime Genaro Cuadriel1o, "Los pin-
tierra estis en uno, y de las dems estirpes de hombres, mis amadores, los que a m celes de Dios Padre", en Maravilla americana: Variantes de la iconografa guadalu-
clamen, los que me busquen, los que confen en m... (vv, 29-31). pana, Siglos XVII-XIX, Guadalajara, Patrimonio Cultural del Occidente, A.C., 1989,
pp. 82-83. En este ensayo sobre la evolucin histrica y teolgica de la representa-
La imagen de la Virgen de Guadalupe y del ahora santo Juan Diego todava cin de la Virgen de Guadalupe, Cuadriello afirma que Mxico fue testigo "de las
estn al servicio de los propsitos de la apropiacin cultural, pero podramos ms audaces invenciones mariolgicas en la historia del arte religioso", a pesar de la
preguntar quin se apropia de quin, porque su poder es claramente inheren- atencin que prestaba la Inquisicin a la correccin doctrinal.
FIGURA r.rc.joaqun Villegas (atribuido), El Padre Eterno pintando la imagen de la Virgen de
t lnadalupe, (siglo XVIII), Mxico, Museo Nacional de Arte, Mxico/Instituto Nacional de
FIGURA I.I4. Annimo, El Padre Eterno pintando la imagen de la Virgen de Guadalupe (siglo f\ ntropologa e Historia, Mxico, fotografa: Arturo Piera.
XVII), Mxico, Museo de la Baslica de Guadalupe, fotografa: Jess Snchez Uribe.
EL ESPEJODE QUETZALc6ATL y EL 0.10 DE GUADALUPE 71
CAIfTULO 1
FIGURA I.I6. Annimo, Dios Hijo pintando a la Virgen de Guadalupe (siglo XVIII), Mxico,
parte superior del retablo, iglesia de la Congregacin, Quertaro,
EL OJO DE LA VIRGEN
10
3.Jos Aste Tnsmann aborda este asunto en detalle en Los ojos de la Virgen de Gua-
dalupe, un estudio por computadora, Mxico, Editorial Diana, 1981; y del mismo au-
tor, El secreto de sus ojos, Lima, Tercer Milenio, 1998.
CAPTULO 1
74
El hombre barbado es, por supuesto,]uan Diego. (Juan Diego siempre se repre-
senta con barba, a pesar del hecho de que las barbas son generalmente signo del
origen europeo de su portador.) Se supone que tambin se ve reflejado un grupo
de personas (trece, de acuerdo con los informes en Internet) que se toman por
una familia, incluyendo una mujer cargando a un beb a la espalda al estilo no-
vohispano del siglo XVI. Esta reciente adicin de significado coloca una vez ms
en primer plano la reciprocidad de la imagen, como 10 hace el relato original del
obispo Zumrraga cuando finalmente ve y cree. El milagro no es un milagro
hasta que la imagen es vista por otros, quienes 10 constituyen y de ese modo ha- CAPTULO 2
cen posible la comprensin visual. As que el milagro se triplica: los reflejos en el
ojo de la Virgen son imgenes dentro de la imagen de la Virgen milagrosa. La
repeticin logra intensificar el efecto de la imagen; como veremos en el captulo Cdices prehispnicos, murales
3, es la proliferacin de elementos visuales la que se convierte en el mecanismo
privilegiado del Barroco del Nuevo Mundo. y despliegue histrico:
Concluyo apuntando 10 obvio: la verificacin cientfica -ya sea oftalmol-
gica, testimonial o documental- es apenas necesaria para confirmar el poder RIVERA, GARRa, GALEANO E IBARGENGOITIA
de esta imagen. Hoy en da, en la Ciudad de Mxico, en casi todos los sitios
de taxis se encienden velas ante la imagen de la Virgen de Guadalupe, para no
mencionar la presencia de su imagen en muros y bancas en los parques, en ni-
chos y ventanas, y colgando de los rboles. En todo Mxico, y cada vez ms en
los Estados Unidos, la imagen preside vecindarios y pueblos enteros. E112 de { ..} toda teora de la pintura es una metafsica.
diciembre, las carreteras de Mxico se llenan de peregrinos a pie, en bicicleta, (MAURICE MERLEAU-PONTy)I
por sentados cuando escribimos (o pronunciamos) la palabra "libro" al hablar EL ESPACroITIEMPO DE LOS CDICES
de literatura latinoamericana.
En un ensayo titulado "La economa escrituraria", Michel de Certeau sigue t 'laro est que los cdices mesoamericanos no son "libros" en el sentido con-
los rastros de la verbalizacin oral que animan la cultura contempornea de la iemporneo de la palabra." Tampoco son "cdices", un trmino que, estricta-
palabra impresa. Describe su empresa como "la bsqueda de las voces perdidas 1IIt'IltChablando, se refiere a un manuscrito encuadernado. Ni encuadernados
y reaparecidas en nuestras sociedades 'escriturarias"'. ni manuscritos, en el sentido que se le da generalmente a un escrito hecho a
ruano; los historiadores del siglo XIX utilizaron "cdice" por primera vez para
Trato de or esos frgiles efectos de cuerpos en la lengua, voces mltiples, aleja- u-lcrirse a estos textos prehispnicos pintados de acuerdo con los cnones na-
das por la triunfal conquista de la economa que, desde la "modernidad" (siglos XVII 1 ivos, El trmino se ha mantenido y prefiero emplearlo en vez de "libros pin-
y XVIII), se ha cobijado bajo el nombre de escritura. [...] Estas voces ya no se hacen 1 udos", como los calificaron los invasores europeos. Bernal Daz del Castillo, el
or sino en el interior de los sistemas escriturarios a los que vuelven. Circulan, dan-
rronista de la conquista de Tenochtitln, los compara con admiracin con "pa-
zantes y pasajeras, el campo del otro.'
lios de Castilla doblados", y describe las numerosas amoxcalli o "casas de c-
dices" que encontraron de inmediato tras su primer contacto con los pueblos
De Certeau se refiere a Europa, pero su utilizacin de la palabra "conquista'
illd~enas: "Hallamos las casas de dolos y sacrificios [oo.] y muchos libros de
seala el encuentro de Espaa y la Amrica indgena. En el mismo momen-
su papel, cogidos a dobleces, como a manera de paos de Castilla".' Ni libros
to del cambio paradigmtico en Europa que De Certeau describe, tambin se
11 i cdices, y de ninguna manera paos de Castilla, estos textos fueron creados
llevaba a cabo en Amrica la conquista de sistemas orales e iconogrficos. As,
pOI" numerosos grupos indgenas de Mesoamrica. Fueron hechos pegando ti-
otro observador francs y gran entusiasta de las recientemente "descubiertas"
las de papel de corteza de amate o de piel de venado pintados con intrincadas
culturas americanas, Michel de Montaigne, pudo escribir sin irona, a finales
ligllfas significativas, y plegadas como un acorden (vase fig. 1.4).6 Este vo-
del si~lo XVI: "Nuestro mundo ha descubierto ltimamente otro [mundo] [...]
no menos grande, y ms pleno y slido que el nuestro [... ]; sin embargo es tan
nuevo, tan nio, que an le estamos enseando el abecedario't.' La referencia
de Montaigne al alfabeto es metafrica, por supuesto, pero la de De Certeau .1. Sobre el "libro" y la "escritura" en Mesoamrica, vase Walter D. Mignolo, "Sg-
no lo es. Los novelistas que analizo en este captulo, as como De Certeau, es- ns and their Transmission: 1he Qpestion of the Book in the New World", y Eli-
cuchan las "voces mltiples" que an se oyen (y se ven) en los cdices. sta no zabeth Hill Boone, "Introduction: Writing and Recording Knowledge", en Wri-
es mera nostalgia, porque las antiguas voces s existen bajo la superficie de la fing Without Words: Alternative Literacies in Mesoamerica and the Andes, Elizabeth
I Iill Boone y Walter D. Mignolo (eds.), Durham, Duke University Press, 1994, pp.
pgina impresa en Latinoamrica, y el Barroco novomundista contina inclu-
nO-70 y 3-26.
yndolas. En la frase de De Certeau, las voces todava "circulan, danzantes y
\, Hcrnal Daz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espaa, M-
pasajeras, el campo del otro". xico, Editorial Porra, 1986, p. 75.
11, Vase un catlogo exhaustivo de los cdices prehispnicos meso americanos y de al-
gunos coloniales en Jos Alcina Franch, Cdices mexicanos, Madrid, Editorial Map-
fre, 1992. Anlisis esenciales sobre las estructuras interpretativas y las funciones
culturales de los cdices son, entre otros: Joyce Marcus, Mesoamerican Writing Sys-
2. Michel de Certeau, La invencin de la vida cotidiana, vol. 1, Artes de hacer, trad. Ale- tcms: Propaganda, Myth, and History in Four Ancient Civilizations [zapoteca, maya,
jandro Pescador, Mxico, Universidad Iberoamericana, [1980], 1999, pp. 145-46. mixteca y teotihuacana], Princeton, Princeton University Press, 1992; y Enrique
1. Michel de Montaigne, "De los vehculos", en Ensayos de Montaigne, trad. Cons- Florescano, Memoria mexicana (1987), 3a edicin, Mxico, Fondo de Cultura Eco-
tantino Romn y Salamero, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, <www.cervan nmica, 2002, cap. 1, "Las cosmogonas meso americanas y la creacin del espacio,
tesvirtual.com> . el tiempo, y la memoria" y cap. 2, "La concepcin nahua del tiempo y el espacio",
Ensalzando la "espantosa magnificencia" de Cuzco y Mxico, Montaigne con- l'P: 13-134. Otros importantes estudios se citan ms abajo.
tina: "nosotros no le hemos azotado y sometido a nuestra disciplina por la supre- Ahora existen muchas ediciones facsimilares de los cdices. Para conmemorar
maca de nuestro valor y fuerza naturales ... Mas en cuanto a la devocin, observan- el quinto centenario en 1992, la editorial ms importante de Mxico, el Fondo de
cia de las leyes, bondad, liberalidad, lealtad y franqueza, buenos servicios nos prest Cultura Econmica, public ediciones facsimilares de 16 cdices mesoamericanos.
el no tener tantas como ellos: esa ventaja los perdi, vendindolos y traicionndo- Tam bin hay otros cdices publicados, incluyendo una edicin facsimilar del Codi-
(l' Mendoza de U niversity of California Press.
los" (280).
CAPTUl.O 2 CDICES PREHISPNICOS, MURALES y DESPLIEGUE HISTRICO 79
7. Una introduccin general a los sistemas pictogrficos de notacin es Miguel Len- I .os cdices reflejan la similitud existente entre las cosmologas y las culturas
Portilla, Cdices: Los antiguos libros del Nuevo Mundo, Mxico, Aguilar, 2003. Igual- ru.rtcriales a lo largo de la antigua Mesoamrica, pues a pesar de las importantes
mente tiles para leer la sintaxis visual de los cdices son los apndices en Gor-
,1 i i-rcncias entre los grupos de habla maya y nhuatl, hay coincidencias esencia-
don Brotherston, Painted Booksfrom Mexico: Codices in UK Collections and the World
l.s. Octavio Paz, en su ensayo "El arte de Mxico: materia y sentido", empieza
1hey Represent, London, 1he British Museum Press, 1995.
, "11 tos elementos compartidos de cultura material y organizacin urbana -el
8. Para un anlisis de los cdices Mixteca- Puebla en general y del Cdice Borgia en
particular, vase Elizabeth Hill Boone, "1he Structures of the Mexican Tonala- . ulrivo del maz, la ausencia de animales de tiro y del trabajo con el metal salvo
mat!", en Acercarse y mirar: Homenaje a Beatriz de la Fuente, Mara Teresa Uriarte y I")f' "los exquisitos trabajos de orfebrera", las ciudades-estados, el juego ritual de
Leticia Staines Cicero (eds.), Mxico, Universidad Nacional Autnoma de Mxi- 1.1 pc!ota- y, luego, enumera las caractersticas que aqu nos conciernen: la con-
co, 2004, pp. 377-401. Vase tambin john Pohl y Bruce E. Byland, "1he Mixteca- [uucin de fenmenos cosmolgicos, astrolgicos e histricos:
Puebla Style and Early Postclassic Socio- Political Intcraction", en Mixteca-Puebla.
Discoveries and Research in Mesoamerican /Ir! (/1/(1/lrchl'oloKY' 11. B. Nicolson y E. IIlIa especulacin cosmolgica en la quc desempeaba una funcin cardinal la nocin del
Qpione Keber (eds.), Culver Ciry CA, Labyrinthos Press, 1<,)94, pp. 189-99. tiempo, impresionante por su nfasis en los conccptm dc movimiento, cambio y catstrofe
I)I(:I':S PIlI,tll. l' NIt'OS, MUIUII,ES y lH:SPI,II':ClJl': 111STllJ .o
CAPTUI.O 2
1;'
~~:,:.
~l
F,GURA 2.2.Cdice Borgia, lmina 53, Mixteca-Puebla, Mxico, Biblioteca Apostlica del 1,',e U RA CdiceBorgia, lmina 5, Mixteca -Puebla, Mxico, Biblioteca Apostlica del Va-
2.3.
Vaticano, el Vaticano, fotografa: Archivo Fotogrfico Manuel Toussalnt/Instiruto de In- ruuno, el Vaticano, fotografa: Archivo Fotogrfico Manuel ToussaintlInstituto de Investi-
vestigacione Estticas/Universidad Nacional Autnoma de Mxico. '.triones EstticaslUniversidad Nacional Autnoma de Mxico.
alcndario ritual de 260 das se denominaba tonalpohualli (la cuenta de los das)," 1.111el calendario ritual de 260 das; la figura 2.3 muestra el quinto pliegue del to-
su intrprete era el tlacuilo o tonalpouhque (literalmente, "el que est consagrado a III/Ipohualli del Borgia. Otros pliegos, incluyendo los que se muestran en las figuras
los das"), yen maya, ah ts'ib. Los primeros ocho pliegos del Cdice Borgia presen- ) I Y 2.2, aaden al tonalpohualli pictografias e ideogramas que contienen infor-
tienen aos" que presentan las tiras verticales con los signos de los das, de pginas meros y 20 signos. En su introduccin a 'Ibe Codex Borgia:A Full-Color Restoration
"almanaque" con los signos de los das a lo largo de la parte inferior, y de pginas oJ the Ancient Mexican Manuscript, Bruce E. Byland explica: "El calendario ritual
katun, que documentan el periodo de 7.200 das y estn "cargadas de informacin de 260 das se construy empleando dos secuencias continuas, una de 13 nmeros
ritual para la interpretacin del sacerdote iniciado" (1he Paris Codex: Handbook for y la otra de 20 signos. La secuencia de los 13 nmeros se completa y despus co-
a Maya Priest, Austin, University ofTexas Press, 1994, p. 17). Vase tambin Vic- mienza de nuevo. De manera similar, la secuencia de los 20 signos se completa y
toria R. Bricker, "The Structure of Almanacs in the Madrid Codex", en Papers on d .spus comienza de nuevo. El nmero total de das identificados especficamente
/he Madrid Codex, Victoria R. Bricker y Gabrielle Vail (eds.), New Orleans, Tulane mediante este sistema, entonces, es 13 veces 20, es decir 260" (xvi, op. cit.; mi tra-
University,1997,pp.1-25. du .cin).
16. [~Icalendario de 260 das representa el funcionamiento de ecuencias cclicas ex- ada da tena aso iado un signo y una deidad; Byland los enumera y lueg
.ntricas -una frase que suena a oxmoron para los odos occidenralcs- de 13 n- proporci na una cuadr .ula para mostrar .rno las s icu n .ias d 'si~ual 'S de] y 20
CAPTULO 2 CDICES PREHISPNICOS, MURALES y DESPLIEGUE HISTRICO
macin sobre las cualidades de los das, y otros relacionan el tonalpohualli con el .Iicntcs de la tierra al descubierto- insinuando una vez ms la compleja no-
ao solar. En contraste con nuestro calendario actual y su numeracin lineal de , ,II del espacio que encontr el Viejo Mundo en el Nuevo.
los aos, los siete nombres que se repiten para los das y los doce nombres para los Consideremos otra visualizacin de tiempo y espacio previa a la conquista,
meses que se representan slo a s mismos (pues la importancia de sus referentes ,'11 otro cdice adivinatorio del altiplano central de Mxico, el Fejrvry-Ma-
romanos haba sido olvidada mucho antes), cada da en el tonalpohualli posee una \'1'1 (fig. 2.4). En ste se representan los cuatro cuadrantes del universo mexi-
I u y un centro ocupado por la deidad fundadora Ometotl. En cada cuadran-
identidad material y mtica. Incluso los vestigios del contenido simblico de nues-
tros relojes, con el movimiento circular de sus "manecillas" en la "cara" que dan ori- 11' aparece una encarnacin de Tezcatlipoca, deidad del "espejo que humea"
gen a las metforas espaciales del sentido de las manecillas del reloj y contra las uu-ncionados) en el mito de Quetzalcatl. Tezcatlipoca es el hijo metamrfi-
manecillas del reloj, ha cedido a la abstraccin e inmovilidad de los relojes digitales. , II de Ometotl, cuyas formas mutables estn personificadas mediante el color,
El tonalpohualli, por el contrario, proyectaba metafricamente el movimiento de lu l'Omposicin y la direccin, Miguel Len-Portilla explica:
los dioses en el espacio de la experiencia humana: cada da posea un nmero, una
Identificndose muy pronto el Tezcatlipoca rojo con el lugar del oriente, Tlapalan,
direccin, un smbolo jeroglfico que representaba un objeto o un animal, y una
la regin del color rojo; el Tezcatlipoca negro con la noche y la regin de los muertos,
deidad que lo presida. En las metforas concretas de los cdices, el tiempo se vi- situada en el norte; Quetzalcatl, noche y viento, con el oeste, la regin de la fecundi-
sualizaba en el espacio, la historia se materializaba, y el destino se encarnaba. dad y la vida y por fin el Tezcatlipoca azul-personificado por el Huitzilopochtli azte-
Los cdices son, entonces, calendarios en un sentido primario, pero repito rOl en Tenochtitln-ligado con el sur, la regin que se halla a la izquierda del sol [... ].17
que el concepto occidental moderno de calendario es totalmente inadecuado
para describir su contenido. La duracin se concibe como secuencia y ciclo y 1,;11 el centro del pliego aparece Ometotl, dios de la dualidad, masculino y feme-
acontecimiento singular a la vez; la duracin se proyecta como un espacio ha- IlilIO, del da y de la noche, tambin llamado Tezcatlanextia, "el espejo que hace
bitable estructurado por la interpenetracin de presencias divinas, humanas, 1II la rccer las cosas". Dada su naturaleza dual de seor del da y de la noche, Ome-
animales y naturales. Los ciclos astronmicos se observaban, se registraban y ll'otl es tanto Tezcatlanextia como Tezcatlipoca, y adems se alinea con otros
se honraban, y los acontecimientos implicaban una disposicin, en el sentido Illlses en sus aspectos masculino y femenino. Esta creacin imagen/narrativa es
espacial de la palabra, como una ubicacin o un arreglo, y tambin en el senti- runcho ms detallada (y fluida) de lo que sugiere mi explicacin, pero mi inten-
do psicolgico y premonitorio de la palabra, como una tendencia o inclinacin ,illll es imaginar la escenificacin del tlacuilo de esta imagen espacial/temporal.
prevaleciente. Los significados espacial y premonitorio de inclinacin tambin I .a explicacin de Elizabeth Hill Boone es de utilidad para alcanzar este fin. Tras
estn comprendidos en los cdices. Puesto que los dioses regulaban la activi- uun detallada descripcin de los elementos de este pliego, concluye:
dad humana, era esencial conocer la disposicin, la inclinacin del da, esto es, la
posicin y estado de nimo del da en su compleja identidad material y divina. En esta compleja y magistral presentacin el pintor emplea el habitual paso del
Dada la importancia concedida al movimiento de los astros, no es de sor- /ol/fllpohualli para recrear el espacio fisico del cosmos con sus direcciones cardina-
les, rboles csmicos, pjaros, y los seores que gobiernan esas direcciones. Al pasar,
prender que las cinco "direcciones del mundo" -Norte, Sur, Este, Oeste y
('1 tiempo se mueve de una parte del cosmos a otra, absorbiendo el significado pro-
Centro, la direccin de arriba/abajo- estn elaboradas minuciosamente de Ihico que se asocia con cada direccin. As, el listn del tiempo describe el cosmos
acuerdo con los dioses reinantes, los fenmenos naturales y los marcadores omo una entidad fisica y geogrfica; al mismo tiempo la materialidad del cosmos
temporales, ya que las direcciones del mundo tambin servan como medio y graba el tiempo con significado proftico. Este nico diagrama, interpretado como
1111 mapa temporal y espacial del cosmos, muestra el modo inextricable en que el
canal de las fuerzas sagradas. Norte, Sur, Este y Oeste estn representados en
tiempo est unido al espacio en la mente meso americana (397).
pliegos separados del Borgia y la quinta direccin, el Centro o la direccin de
arriba/abajo, est representada por la imagen en el cuadrante superior dere-
EII consecuencia, al imaginar los cdices, necesitamos combinar las visuali-
cho de la figura 2.2, arriba. Esta figura desciende de cabeza dentro de la boca
abierta de la tierra -los pies arriba, los brazos abajo y en movimiento, los z.uiones occidentales modernas de coherencia espacial y temporal-mapas y
ruk-ndarios-r- y agregar la danza, cuyo medio es el movimiento. Es ms, debe-
corresponden a los 260 das. Otros acadmicos usan dos engranajes circulares, uno
con 13 dientes y el otro con 20, para mostrar cmo los das y (as deidades coinciden ''l. M igucl Len- Portilla, La jiloso/a nhuatl,4" edicin, Mxico, Universidad Nacio-
de modo irregular durante el periodo de 260 das. nal Autnoma de Mxico, [1956] 1974, pp. 97, 156.
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1'1as' 1I:lhuatl para dcsi 'llar lo cdices, in tfili in tfapalli [tinta roja, tinta ne-
gra 1, es una metfora que evoca la funcin del tfacuilo y su medio materiaL As
comprendemos que cualquier relato escrito actual de los mitos mesoamerica-
nos slo puede ser parcial, puesto que la traduccin de jeroglfico por jeroglfi-
co de los cdices oculta la naturaleza somtica y escenogrfica de su "escritura"
y "lectura"." Serge Gruzinski describe la comprensin de la representacin fi-
gurativa antes de la llegada de los europeos:
lizada por Michel de Certeau para referirse a las voces premodernas que so- 1"11,1 los espejos que son su encarnacin metamrfica, I'S~'I'tI,1(':I( l' tlll' I 1111
breviven en las modernas economas de la escritura. He citado la frase de Paz 1111111'0pero no tiempo petrificado sino en pel;p.etuo 1~1(lVln~I('III(11.1tlll 1'\
11 IIl't'lmorfosis danzaquees'guerraHorida'Jlcgol1usollo 1(111,1,11111,.1,
, I " '11I 1
11Ikjos lanzados por cuatro e pejo que se enfrent:ln y I'OI~\1:11('11 1111111II
1',1 s' .sfuerza por convocar metafricamente la Illt'W:II'IOII .1111 l' 11111,1, I
18. Alcanzamos una comprensin parcial de los cdices por medio de metforas, como 11I1Il\lO,de la corporeidad y del movimiento de los clic 's l'n ~1I1,11'11l' 11 1111
sugiero en el prrafo siguiente. En el en ayo que acabo de citar, Elizabeth Hill I1 dI' 1n 'as, colores yvolmenes.Al combinar 01 "ptll:tlnH'l\ll 111111111 '"
Boone utiliza la metfora de la doble hlice del ADN, la molcula de benceno y
Ildo modcrn de los mapas, l s calendario, ,y l rnovi 111i 'ni o II~II (1ti, 1.1ti 111 ,
la estructura entrelazada de la hemoglobina, as como una lista de restaurantes de
IIHkIllOS empezar a aproximarnos a una cOl11 r nsi >11dI' , t(' 1111di" iI 1111
Nueva Orleans y sus clasificaciones variables para analizar el tiempo/espacio de los
cdices.
19. Serge Gruzinski, Painting the Conquest: 1he Mcxicau lndians and the European Re-
naissance, trad. Deke Dusinberre, Paris, Unes o/Flammar ion, 1992, pp. 15-16; mi "1 Octuvio PaO/" "El .sp 'jo d 'la dualidad", '11/,0\ Pri ,;It:~io\ ,1"/11 '/I/lltl 1/ /1/, I \ t
tradu cin. viro, ()fmJ t'OlI/p/<'I(/f, .di .in d '1 autor, 01', rit., pp. 4' 1\6.
CAPTULO 2 CDICES PREIIISI'NICOS, MURALES y DESPLIEGUE HISTRICO
grfico/escenogrfico, que antecede al divorcio moderno del tiempo, del espa- excelencia en su integracin de maneras contradictorias de ver. En ellos, las vi-
cio y del movimiento csmico de la historia humana. sualizaciones previas de un espacio/tiempo dinmico se convierten en esce-
Los cdices posteriores a la Conquista de inmediato revelan indicios de nas separadas y secuenciales basadas en los grabados europeos, y comienzan
europeizacin. De hecho, su produccin floreci en el siglo XVI como ningn a integrar imgenes humanas y animales en sus relaciones sociales y doms-
otro medio de expresin prehispnica, y en estos documentos transculturales ticas. Se conserva el estilo plano para representar los detalles iconogrficos,
podemos leer los deseos traslapados de los grupos indgenas y europeos. Eliza- pero los espacios textuales fluidos desaparecen porque el propsito de los c-
beth Hill Boone escribe con elocuencia acerca de la dinmica entre la destruc- dices ya no es adivinatorio ni mtico-histrico. Cada vez con mayor frecuencia
cin y la memoria cultural durante este periodo: linos objetos se acomodan en hileras y se catalogan con subttulos explicati-
vos en nhuatl o en latn: para 1570 los rtulos textuales, de acuerdo con Ser-
Aunque los libros pintados de los aztecas ya haban sido el foco de destruccin p;e Gruzinski, se haban convertido en "el principal vector de informacin"y as
de los entusiastas conquistadores y de los frailes mendicantes de Europa, esta ten-
"representan el triunfo 'del libro'"."
dencia se revirti a mediados del siglo XVI cuando aztecas y europeos por igual re-
conocieron la utilidad de la tradicin manuscrita. Podemos suponer que estos cambios reflejan la necesidad de los tlacuilos de
Las lites aztecas necesitaban dar cabida al nuevo orden virreinal, pero aun as complacer a su nuevo pblico y, al mismo tiempo, de conservar las ideas y las
queran custodiar las ideas y las instituciones de su pasado y proteger y reafirmar sus instituciones de su pasado y de proteger su posicin en el nuevo dominio. El
derechos y su posicin en el presente. Pintaron mapas y planos de propiedad para equilibrio de estas necesidades cambia de un cdice a otro, y la occidentaliza-
documentar las tierras y los intereses financieros que retenan o reclamaban, y en-
cin del estilo vara de acuerdo con el pblico y la intencin. El Cdice Mendo-
cargaron documentos histricos que registraran un pasado distinguido al que que-
~~il es un ejemplo de este hbrido de escrituras, y el Cdice Telleriano-Remensis
ran dar continuidad durante el nuevo orden virreinal y cristiano.
Los espaoles, por su parte, reconocieron la conveniencia de comprender los (tig. 2.5) es otro. Las imgenes en estos cdices conservan la estructura esti-
sistemas aztecas para cosechar todos los beneficios econmicos, polticos yespi- lstica e iconogrfica prehispnica, pero llevan glosas informativas, ahora en
rituales de sus nuevas posesiones. Las autoridades seculares del gobierno virreinal, espaol, al pie de sus pginas. Respecto de estos cdices, se puede decir "p-
que consideraban los cdices pictricos admisibles como evidencia en los tribuna- p;inas" con exactitud, puesto que en lugar de tiras plegadas de papel de corte-
les, patrocinaron la pintura de mapas, los clculos de impuestos y tributos, y los re-
za estn compuestos de hojas individuales de papel importado y encuaderna-
gistros de propiedades y salarios para mejorar su conocimiento y control del terri-
torio. Una vez que los frailes vieron que su ignorancia de las antiguas costumbres dos como libros al estilo europeo. Estos cdices remplazan definitivamente
religiosas obstaculizaba sus esfuerzos misionarios, comenzaron a buscar los libros las preocupaciones mticas por las polticas y las materiales, y su funcin do-
aztecas que ya existan y a crear sus propios registros de las religiones aztecas para cumental se vuelve primordial. Otro ejemplo es el Lienzo de Tlaxcala, una tira
combatir con mayor efectividad su prctica continua." nica que muestra 87 escenas enmarcadas y rotuladas de acontecimientos his-
rricos consecutivos; la figura 2.6 muestra la victoria espaola en la batalla de
Una vez ms notamos la funcin de la imaginera visual en la constitucin de Cholula, con Corts y la Malinche en la parte inferior derecha. Los tlaxcalte-
la historia, pero la idea de historia contenida en los cdices posteriores al con- ('as se aliaron con los espaoles para derrotar a sus enemigos mexicas, de ma-
tacto con Europa se aleja con rapidez del concepto mesoamericano de espa- llera que estas escenas presentan los acontecimientos que llevaron a la cada de
cio/tiempo/movimiento. Tenochtitln como una victoria desde el punto de vista indgena, una irona a
En unas cuantas dcadas, entonces, la sintaxis visual de los cdices poste- la que alude Elena Garra en su cuento "La culpa es de los tlaxcaltecas'i.P El
riores a la Conquista se adapta a diferentes propsitos culturales e histricos. objetivo poltico de este cdice explica la extraordinaria occidentalizacin de
Algunos cdices (el Cdice Se/den, por ejemplo) sobrevivieron a la Conquis- SlISformas visuales: los tlaxcaltecas deseaban recordar a los espaoles que es-
ta, y siguen siendo escenificados en sus comunidades de origen. Sin embargo, I aban en deuda con ellos, as que crearon estructuras visuales adecuadas para
la mayora no lo son, y la inclusin de cnones occidentales de representacin
hace de los cdices posteriores a la Conquista documentos transculturales por
l2. Gruzinski, Painting the Conquest, op. cit., p. 161. Gruzinski seala que los tlacui-
los desplegaban su ingenio al integrar cdigos preexistentes a sus representaciones
21. Elizaberh Hill Boone, "Painted Manuscrprs", en Mexico: Splendors rf1hirty Cen- grficas de nombres, oficios y otras novedades culturales espaolas; vase tambin
turies, New York, 1he Metropolran Museum of ArtlLittle, Brown and Company, pp. 150-169 de Painting the Conquest.
1990, p. 268; mi traduccin. 21. En Elena Garro, La semana de colores,Mxico, Grijalbo, 1989.
l'Olllt'I',S I'HIWISI' NICOS,MlIllAI.ESy IH:SI'I.II':(:lIEIIISTUCO 9'
I~n los do e libros de la Historia general de las cosas de la Nueva Espaa, Saha-
glln y sus jvenes ayudantes han salvad y reunido las voces antiguas, las fiestas de
los ~ Alcina Franch, de/ices tuexicnuos, oj>. it., "1 .i .nzo de Tlaxcala", pp. 242-49.
') I,a l tistoria rt;elleml de las cosas de la NIII' 111!';I/)/I//11 's bsi 'amente el Cdice Floren-
tino tradu 'ido al eSI aol '1 [ormu dr plOsa, rnu profilsi6n de ilustraciones. Veas'
Migu ,1 1, .n Portilla, "1} .rnardino d ' SaiJ,lglll1: 1'1011\'10 de la antropologa", n
_--------.......--.",.,.,n- ..
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FIGURA2.6. Lienzo de Tlaxcala (c. 1550, copia 1773), Museo Nacional de Antropologa,
Mxico, fotografa: Archivo Fotogrfico Manuel ToussaintlInstituto de Investigaciones
Estti as/Universidad Nacional Autnoma de Mxico.
los indios, sus ritos, sus dioses, su modo de contar el paso de los aos y de los astros,
sus mitos, sus poemas, su medicina, sus relatos de pocas remotas y de la reciente
invasin europea ... La historia canta en esta primera gran obra de la antropologa
americana."
miento pmuuuericuuo realzaba el perfil pblico de las culturas indgenas du- pidall1ente su estilo muralista, tanto ntimo como pico, realista y a la vez in-
rante las primeras dcadas del siglo xx, valorando las tradiciones y prcticas 1l',L\l'adorde los planos compactos y de las formas geomtricas del cubismo, al
indgenas y reconstituyendo el tema de la inclusin cultural. (La autoconcien- ~('rvicio de sus objetivos mitificadores,
cia de los grupos de "nativos americanos", como se denomina a los indgenas I .as tres enormes paredes de la escalinata principal del Palacio Nacional,
de los Estados Unidos, y de los chicana s o mexicano-americanos, que comen- ('1\ el Zcalo de la Ciudad de Mxico, se pintaron entre 1929 y 1935. Mien-
z en los aos sesenta y en ocasiones se expresaba en murales, se puede con- Iras el visitante asciende las grandes escalinatas, se encuentra rodeado por el
siderar, en parte, como una manifestacin tarda del indigenismo panameri- ('spacio circulante del tiempo mexicano: a la derecha, la pared norte represen-
cano.) La inclusin de las culturas indgenas ya no estaba limitada a zonas de la" El mundo azteca", la pared frente al observador presenta "Desde la Con-
las Amricas donde la herencia indgena era una caracterstica cultural defini- quista hasta 1930",y la pared sur representa "Mxico, hoy y maana". En estos
toria; ms bien, se haba convertido (y sigue siendo) un elemento esencial de murales, los acontecimientos histricos y las tradiciones culturales coexisten
auto definicin regional y nacional en todo el hemisferio. Casi todas las teo- l' interactan en el espacio de la composicin visual. En la segunda planta del
ras del poscolonialismo latinoamericano incluyen elementos generados por Palacio Nacional, un balcn abierto rodea los cuatro lados de un enorme pa-
los imperativos indigenistas.
lio interior donde hay una serie de paneles. Originalmente estos paneles de-
El movimiento muralista fue, pues, parte de un esfuerzo mayor por reco- llian cubrir los cuatro lados del patio y envolver as al observador como 10 hace
nocer las historias culturales y las tradiciones visuales indgenas. En Mxico, 111 historia de Mxico en el espacio de la escalinata. Finalmente cubren slo
despus de 1848, las imgenes de los hroes indgenas haban simbolizado la IlIla pared y dan vuelta a la esquina para cubrir parte de otra. Se pintaron entre
resistencia ante los invasores extranjeros, pero esta iconografa del siglo XIX de 1').12 y 1951 e incluyen cinco grandes paneles que representan culturas regio-
herosmo romntico (y condenado) ya se haba agotado. Los muralistas de si- ua!l's indgenas especficas; el sexto celebra la fabricacin del papel amate, y el
glo xx recibieron el encargo de representar la renaciente ideologa del mesti- tU'primo muestra los abusos de los colonizadores espaoles -el final catastro-
zaje cultural y recurrieron a formas visuales indgenas, incluyendo los cdices, Iil'n del idilio prehispnico representado en los paneles anteriores-o Seis pa-
para elaborar su versin de la historia nacional. Cualquier anlisis de este pun- 11('!l'sms pequeos estn colocados en torno a los marcos tallados de las puer-
to debe centrarse en Diego Rivera, cuyos murales en el Palacio Nacional de la lllS y las pilastras ornamentadas.
Ciudad de Mxico proporcionan prueba suficiente de mis afirmaciones. En El uso del pasado indgena por parte de Rivera ha sido estudiado en deta-
estos murales, Rivera pinta los cdices y a los tlacuilos como precursores nece- 111', y mi inters particular es su empleo de los cdices." Si bien su (rervisin
sarios de su propia visualizacin de la historia posrevolucionaria.
La historia del regreso de Rivera a Mxico en 1921 tras catorce aos en
Europa es bien conocida. Vasconcelos lo llam y le encarg que pintara la his- uoumericanos durante al menos cinco dcadas, como lo hicieron los artistas esta-
toria de la Revolucin mexicana y proyectara los logros del futuro proletaria- dounidenses durante y despus de la Gran Depresin de los aos treinta.
do en edificios pblicos. De hecho, Vascancelas ya haba subsidiado indirec- 1\ El conocimiento de Rivera de las formas visuales prehispnicas es indiscutible
tamente a Rivera al asegurarse de que visitara Italia antes de volver a Mxico; ilnnque, por supuesto, revis los originales para adaptarlos a su medio moderno y a
all, Rivera comprendi el poder didctico de los murales, aprendi el arte del sus fines polticos. Una fuente temprana fue el pintor mexicano Adolfo Best Mau-
gard, quien haca investigacin en el Muse de L'Homme en Pars durante las d-
fresco y estudi la relacin entre el fresco y la arquitecrura.P Gracias a la in-
cadas de 1910 y 1920, Y en 1923 public un manual sobre mtodos artsticos con
fluencia de Vasconcelos, los murales se convertiran en el medio de Mxico
hase en el arte prehispnico que inclua imgenes de artefactos mesoamericanos.
para encarnar la nueva conciencia nacional, un plan que requera que los mu- Karcn Cordero Reiman analiza la amistad de Rivera y Best Maugard en Europa, y
ralistas se apartasen del modernismo elitista europeo." Rivera desarroll r- las ideas de este ltimo acerca de reconectarse con su mexicanidad por medio del
arte en "Dos figuraciones de modernidad: Retrato de Adolfo Best Maugard (1913)
dc Dicgo Rivera y autorretrato (1923) de Adolfo Best Maugard", en Memoria (la
33 Patrick Marnham, Soar con los ojos abiertos: Una vida de Diego Rivera, trad. Gern- antigua publicacin del Museo Nacional de Arte en la Ciudad de Mxico), n", 6,
ma Rovira Ortega, Barcelona, Plaza &]ans, 1999, pp. 185-207. 1')<)5,pp. 5-21. Le agradezco esta referencia a Mary Coffey,
34 Varios pintores ya reconocidos, o en vas de serlo, se adhirieron al cumplimiento del La revista Mexican Folkways, de la que Rivera fue editor artstico de 1925 a
plan de Vasconcelos; adems de Rivera estaban Roberto Montcncgro, Adolfo Best I ().17 (todos sus nmeros, excepto los primeros cuatro), promova la continuidad
Maugard, Carlos Mrida,]ean Charlot y David Alfaro Siquciros, entre otros. Los entre el Mxico antiguo y el moderno. La influencia de esta revista bilinge con-
murales hechos por encargo del gobierno continuaron apoyando a los artistas Iati- sisti cn dar a conocer las culturas indgenas tanto a los lectores de habla hispana
de la histol'1:1 IIldlg('11.1IIH 1\.111.1\ d.t Idl .dl .HI.I, ti \ IHlIllIOllliso artstico COI1
las tradi 'ion .s visu:t1('SIlIdlg '11:ts sus .tlltl'l \;IS.ldlH,1It/1I1//()I ('S r ':t1isla. Al igual
que los escritores 11 .obarrocos qu . analizar' '11 los proximos 'aptulos, su im
pulso creativo se funda en recuperar y revisar, un im ulso qu ' tiene como ob-
jetivo la construccin de una continuidad a pesar de la ruptura. En su panel
sobre la cultura tarasca, Rivera coloca en primer plano la produccin de los
cdices y la labor del tlacuilo, quien se encuentra de pie en el centro del mural
sosteniendo los pliegos de un cdice (lmina 9). El tlacuilo, como hemos visto,
era escribiente y pintor, adivinador y documentalista del espacio mtico de la
historia, actor de valores comunitarios, papeles que Rivera aspiraba a desem-
pear en el Mxico moderno; desde su regreso de Europa en 1921, entendi
su empeo cultural como el del tlacuilo." En este panel, Rivera celebra la tra-
dicin mesoamericana que daba importancia social y poltica al artista, recha-
zando de manera implcita la tradicin posromntica que postula el inevitable
conflicto entre artista y sociedad, entre la inspiracin individual y las formas
colectivas de expresin. La presencia del tlacuilo y de la iconografa de los c-
dices en este panel, yen otros del Palacio Nacional, convierten estos murales
en metatextos: son murales acerca del muralismo y acerca de la funcin comu-
nitaria y csmica de la imagen prehispnica como Rivera la (re)concibi.
El tlacuilo combinaba las funciones de artista y transmisor de la sabidura
comunitaria, y a Rivera y a los otros muralistas comisionados por Vasconcelos
se les encareci que hicieran lo mismo. Como seala Jos Joaqun Blanco en su
estudio sobre Vasconcelos, los "triples misioneros" del periodo posrevolucio-
nario eran el maestro, el artista y el libro, y cada uno incorporaba las funciones
de los otros dos. La pintura haba de ser un texto y el pintor un maestro: "El
artista no slo era la voz del pueblo, sino su gua; con Vasconcelos, la escuela
mexicana de pintura se volvi un arte mesinico"." Los murales, como los c-
dices, encarnaran una organizacin social y una metafsica, que coincidan en
Sl:jO), el libro sagrado de los mayas quich, Como los Anales de Cuautitln, el
Popo/ Vuh se escribi despus de la Conquista en escritura alfabtica y sin im-
genes, omo para recuperar las visualizaciones csmicas ya perdidas del Po-
po/ Vub, Rivera pint su propia serie de imgenes para acompaar el texto (fig.
2.12). Son versiones estilizadas de los cdices anteriores a la Conquista que
conservan algunos signos iconogrficos, y as como los murales monumentales
del Palacio Nacional, estas acuarelas tambin constituyen un comentario me-
tatextual sobre la tradicin continuada de imgenes indgenas y hacedores de
imgenes a la cual Rivera senta que perteneca.
Los cdices adivinatorios prehispnicos no son solamente temticos, sino
tambin estructurales en la obra de Rivera. Sus murales P ca ve es consisten
I 11,111(/\ 2.1 . Diego Rivera, Industria del maguey (fresco, 1942-19~1!, Palacio ~;c:~a~
.n una escena nica: on series cstru turadas qu ' sugi 'r n la exuberante re- l. XIIO, Instituto Nacional de Bellas Artes, Mxi o/Han o de Mxi 0, fotogra la,
la 'ion .s de acont im icn tos, persona] .s y cult u ras a 1 rnv \s el '1 'spa .io el pan e- I kili wijk.
--------"~-II 1",{l-'~------------~--.,
I 11 111(112.12. Diego Rivera, Las mansiones de Xibalba, lmina 15 del Popol Vub ilustrado por
I I 11,1, Museo Casa Diego Rivera, Guanajuato, Instituto Nacional de Bellas Artes, Mxi-
1I.1I1l'O de Mxico.
111 ('11 el espacio. Este Buido despliegue espacial abarca el tiempo; la historia
ruovimiento en el espacio.
Igualmente, Sueo de una tarde dominical en la Alameda Central transfor-
111.1 I.IS nociones cosmognicas prehispnicas en estructuras visuales (fig.2.15).
)11,1presentacin de la historia como espacio dinmico, esta obra enftica-
1111 lile horizontal (su anchura sobrepasa casi cuatro veces su altura) se mueve,
111lodo, verticalmente en el espacio y retrocede en el tiempo. En la parte in-
FICURA Diego Rivera, El arribo de Hernn Corts en Veracruz en 1519 (fresco, 1942-
2.11.
I 1101'se encuentran figuras contemporneas sentadas en bancas en el parque
195]), Palacio Nacional, Mxico, Instituto Nacional de Bellas Artes, Mxico/Banco de
Mxico, fotografa: Bob Schalkwijk. 1, 1.1Alameda. Estas figuras suean con los personajes histricos ubicados por
11\una de cada una: un campesino suea con Jurez en el lado izquierdo y, al
I I1 (1 lado del mural, un revolucionario suea con Zapata (no se ve el lado dere-
Ic relacionados entre s. Lo monumental de los murales contrasta con los c-
In ('11 fig. 2.15); ambas figuras se mueven hacia arriba en corrientes paralelas.
dices del tamao de un libro, por supuesto, y sin embargo podemos considerar
I I historia circula en el espacio del mural. La presencia, y no el progreso, es el
los paneles de los murales de Rivera como analogas modernas de los pliegos
;'11 dio del despliegue histrico de Rivera.
dc lo cdices, cuyo significado se acumula entre los paneles, cada uno de los
Ya he mencionado que Rivera visit Italia poco antes de volver a Mxico,
cuales es inseparable del significado del conjunto. Adems de los paneles em-
,l. '111 I ' absorbi la tradicin muralista desde Giotto hasta el Barroco. En cuan-
parentados del Palacio Nacional, los murales de Rivera en el Instituto de Car-
In I('~rcs a Mxico, y apenas un ao despus de su viaje a Italia, acompa a
diologa de Mxico son otro ejemplo (figs. 2.13 y 2.14). Su historia se mueve
V,I ron elos a Yucatn, donde conoci otro tipo de muralisrno." Vio por pri-
horizontal y verticalmente, hacia atrs y hacia adelante: horizontalmente en
1'1I'r:lvcz las pirmides mayas y as comenz lo que se convertira en un estu-
los paneles pareados que estn separados por una puerta, pero lo bastante cerca
como para requerir una lectura horizontal; y verticalmente en las figuras que se
mueven en forma de espiral de abajo hacia arriba, de dclos antiguos en primer
\') Patrick Marnham, onar COI/ los ojos abiertos: UI/a vida de iego Rivera, op. cit., pp.
plano, hasta las figuras modernas que sc pi rel in .n ,1 fondo cn tanto se ele- 1<)9200.
10', ,URA Diego Rivera, Historia de la Cardiologa: Los anatomistas, losfisilogos, los clni-
2.13
11 I 11 1111'111111111.11'11111 1'.11111
a qll' dur.u ra tod:1 su vida, qu' culmin '11
11.1111111\ 1.111111 1111111011de su propia gran pirmide, '1 musco Anahuacalli,
1 11 11 1111,qllt' :IUI1alb 'rga su e leccin de artefactos indgenas.'? Rivera re
11111111lO qUI' las pi nunidcs no separaban el tiempo del espacio, que eran "tiern
po qUI' SI' VlI.lvc geometra, espacio". sta es una frase de Octavio Paz, quien
da los si~ui .nte ejemplos como prueba de su afirmacin: "La pirmide de Te
l1ayu 'a, .crca de Mxico, tiene 52 cabezas de serpiente: los 52 aos del siglo
aztc a. La de Kukulcn en Chichn Itz tiene nueve terrazas dobles: los 18
meses del ao; sus escaleras tienen 364 gradas ms una de la plataforma: los
65 das del calendario solar [oo.] el templo de Quetzalcatl tiene 364 fauces
de crpicntes". La lista contina, y concluye: "Nupcias del espacio y del tiempo,
representacin del movimiento por una geometra ptrea"." Rivera combin
e ta percepcin americana del tiempo/espacio con las formas de expresin eu-
ropeas (tambin el inters central del cubismo es la estructuracin del espacio)
para proyectar un espectculo que es a la vez mtico e histrico.
En los abundantes escritos de Rivera sobre la arquitectura prehispnica,
vuelve una y otra vez a la integracin de la pintura, la escultura y la arquitectura,
e in iste en que es imposible discernir dnde comienza un medio y termina el
otro. Tambin admira el despliegue de "la forma, los espacios, los volmenes,
el color, sobre una planificacin irreprochable realizada con lgica perfecta", y
concluye que las pirmides son "un todo armnico totalmente integrado en su
plstica"." De igual manera, a menudo haca hincapi en el hecho de que sus
I'II;URA 2.15.Diego Rivera, Sueo de una tarde dominical en laAI~m.eda Central (det:U~,fres-
propios frescos eran parte integral de los edificios que los albergaban: "el fres- "', 1947-1948), Mxico, Instituto Nacional de Bellas Artes, Mexlco/Banco de Mxico, fo-
co no es una pared pintada sino que es una pintura que es una pared".43 Ya en III!;rafa:
Bob Schalkwijk.
40. Vase Barbara Braun, "Diego Rvera's Collection: Pre-Co1umbian Art as a Po- 1924 en una escalinata de la Secretara de Educacin Pblica, Rivera se pin-
litical and Artistic Legacy", en Collecting the Pre-Columbian Past, Elizabeth Hill a s mismo como un arquitecto sentado en esa misma escalinata, estudiando
t.\
Boone (ed.), Washington DC, Dumbarton Oaks Research Library and Collec- los planos que se extienden frente a l. . .
tion,1993,pp.251-270. Los murales en la ex capilla de Rivera en Chapingo es un proyecto SImI-
41. Octavio Paz, "Dos, cuatro y cinco", en Los privilegios de la vista JI- Arte de Mxico, lar de sntesis estructural y cultural, que en su totalidad se titula Canto a la tie-
Obras completas, op. cit., pp. 40-41. Vase tambin el ensayo de Paz, "Crtica de la pi-
I m (lmina 10). La capilla perteneca a una hacienda que haba sido expropia-
rmide", en Posdata, Mxico, Siglo XXI, 1970, pp. 103-155.
:la durante la Revolucin y convertida en una escuela de agricultura que hoy
42. Diego Rivera, "Un pintor opina", un artculo publicado por Rivera en Gua de ar-
( 11 da es la Universidad Autnoma de Chapingo. Su lema era y es: "Ensear
quitectura mexicana contempornea en 1952; citado en Rafael Lpez Rangel, Diego
Rivera: Arquitectura mexicana, Mxico, Secretara de Educacin Pblica, 1986, p. l.t explotacin de la tierra, no la del hombre"." El interior de ~~ex capilla est
116. Este volumen recoge los textos de Rivera sobre arquitectura y reproduce sus cubierto en su totalidad por escenas alegricas de la Revolucin y de la pos-
dibujos de aspectos arquitectnicos de sus murales, as como sus dibujos de los edi- 1 evolucin, el proyecto para el cual se le comision en 1924, tres ~os des?us
ficios en cuyo diseo estaba involucrado. de regresar de Europa, y que se llev a cabo entre 1925 y 1927. Nmguna irna-
43. Rivera, Textos de arte, ed. Xavier Moyssn, Mxico, Universidad Nacional Aut-
noma de Mxico, 1986, p. 206. El arquitecto y muralista Juan O'Gorman pone de
relieve la integracin de Rivera de estos medios en su ensayo "Diego Rivera, ar-
qui recto", en Rafael Lpez Rangcl, Diego Rivera: Arquitectura mexicana, op. cit., pp. 14.Antonio Rodrguez, Canto a la tierra: Los murales de Diego Rivera en la Capilla de
123-1.24. Chapiugo, Mxi o, Universidad Autnoma de hapin!;o,1986, p. 10.
...-----------------I:""III'T [11.0 2 COI)I(' FS l' In:111 SI', NI"()",',"
"IIIIlALES y I)ESI'LIEClJl': IIIS'I'IUCO 111
l , ' ~II NA 10. Diego Rivera, Canto a la tierra, murales de la ex capilla de Chapingo
(fresco,
1
1 ) 'i 1927), Mxico, Universidad Autnoma de Chapingo, Instituto Nacional de Bellas
1\ I I('S, M xico/Banco de Mxico, fotografa: Bob Schalkwijk.
I 6 DI'ego Rivera Tierrafecunda con las fuerzas naturales controladas por el h0m.bre
1l,IIIlA 2,[., d Chani Mxico
' t 925-1927) ex capilla de Chapingo, Universidad Autonoma e apmgo, ..'
1:: ll~:::;0 Nacional de Bellas Artes, Mxico/Banco de Mxico, fotografa: Bob Schalkwijk.
g 'Jl ()logrfica puede transmitir el efecto sensual que produce entrar en el si-
l .n .ioso, ntimo espacio de la ex capilla de Chapingo, con su opulento paleta I ,H ion de lo observado, en tanto la imagen indgena generaliza la ~articipa~in
d ' tonos ocres y mbares, que envuelven al observador. Rivera aumenta nuestra 11 1( a del observador en los procesos naturales csmicos. En la ~apllla de Riv~-
'XI' .ricn ia sensorial del espacio al constituirnos como espectadores dentro de I I podernos hablar de proporcin o e cala, pero no de perspe~tJva ~n su senn-
la capilla; la perspectiva no est determinada por los ngulos o la distancia, sino .11: habitual. ; 1 objeto del artista es trastocar un nico y :s~aclOnano punto de
por la interaccin del observador y lo observado. Retorno ahora a la distincin 'I~ta, y para alcanzar este fin adapta su medio arquitectonIc~., Los c~~tem~~:
qu ' h i .c en el captulo 1 entre la perspectiva y la participacin: la perspectiva I,III(,OS de Rivera llamaron barrocos a u murales y yo tambin cO,nsl erare ._
occid .nral en un punto fij simbolizala singularidad del ob ervador y su epa- 111111 I. nu .1(:1(
I 1(1' la, obr:" de Rivera on las formas barro .as n -1 .aptulo que SI
112
'(1)1 'I':S 1'1li':IIISI'NI 'OS, MURALES Y I)ESI'LII':ClJlc IIIS'I'lll('O
FIGURA 2.17. Desiderio Hernndez Xochitiotzin (fresco, siglo xx), Palacio Municipal, Tlax
cala, Mxico.
una hora y media al este de la Ciudad de Mxico (fig. 2.17). Los cuatro lados
del patio interior de este edificio estn pintados con densos textos pictogrfi-
cos y alfabticos que abarcan la historia y las relaciones polticas de las cultu-
ras prehispnicas de la regin. Estos murales son casi ferozmente histricos,
como si el muralista deseara reclamar la historia usurpada. Aqu, la interaccin
de textos e imgenes es explcita: debajo de los murales se encuentran pasajes
de las crnicas de los colonizadores espaoles de la regin, Motolina, Durn,
Torquemada y Muoz Camargo, que a su vez estn acompaados de pictogra-
mas de los cdices; una lnea textual une los murales y las crnicas, haciendo
las veces de subttulos para los murales y de ttulos para las crnicas. En el es-
pacio que rodea un arco (fig. 2.18), Hernndez Xochitiotzin traza su propio
linaje artstico hasta el tlacuilo, su genealoga se mueve de abajo hacia arriba y
culmina con el ideograma de la abundancia del Cdice Borbnico, un tributo al
arte de los cdices y tambin a su precursor ms reciente, Diego Rivera. En su
empleo de los cdices, la intencin de los muralistas es similar, pero sus pro-
puestas estticas difieren marcadamente. Los murales de Hernndez Xochi-
tiotzin son lineales en su estructura narrativa, en tanto las estructuras de Ri-
vera fracturan el espacio y multiplican la perspectiva; las historias visuales dc
Rivera no progresan, circulan. Al estilo cubista y de los cdices, Rivera emplea
volmenes simplificados y colores no mimticos para crear espacios dinmi-
, 8 . Dcsiderio I Iernndez Xo hitiotzin, detall "
os, en tanto Hernndez Xochitiotzin dc] ndc .nt 'mm .n: Ic una multitud 1'IGURA2.1
CDICES I'REHISPNICOS, MURALES y DESPLIEGUE HISTRICO
1!6 CAPTULO 2
;iere, es la naturaleza del tiempo, un tema que numerosos crticos han sea-
de figuras humanas. Llena sus frescos al estilo barroco, como 10 hace Rivera
lado. Jean Franco descubre varias "temporalidades en juego en la novela -el
p.ero ~~nde el ltimo integra la experiencia encarnada del observador al espa~ tiempo disyuntivo del cambio revolucionario, el tiempo nostlgico de la me-
CIO~ItICO de sus murales, Xochitiotzin meramente instruye el observador en moria, el tiempo congelado, el tiempo festivo y ritual-" .47 Amy Kaminsky
la historia de Mxico. hace 10 mismo, utilizando las dualidades de tiempo "monumental" e "histri-
. ~dems de los n:urales, hay ecos visuales de los cdices que han sido tras- co" de Julia K.risteva para construir una lectura que pone a prueba (y refuta) las
n:ItIdos a otros medios populares que incluyen el bordado, la cermica y, apro- ideas de Krsteva." Ninguno de los dos crticos considera la descripcin que
pIad~mente, la. pintura en pa?el de corteza. Frecuentemente, revistas y libros
ofrece Garro misma de la "temporalidad espacial" de su novela.
cont~enen motIVOSde los cdices en su publicidad; una imagen del Cdice Flo- A 10 largo de Los recuerdos del porvenir el lector percibe la "nueva dimen-
renttno .es la presentacin del importante libro de Diana Kennedy sobre coci- sin" del tiempo que Garro desea crear. Consideremos este pasaje, en el cual el
na mexrcana, y figuras de los cdices aparecen en las estaciones del metro y en
tiempo se materializa y se visualiza:
las ~a~edes a 10 la:g? del perifrico en la Ciudad de Mxico. Tambin persisten
vestigios de los cdices en forma novelstica en la literatura contempornea. De dnde llegan las fechas y a dnde van? Viajan un ao entero y con la pre-
cisin de una saeta se clavan en el da sealado, nos muestran un pasado, presente en el
espacio, nos deslumbran y se apagan. Se levantan puntuales de un tiempo invisible
FICCIN COMO FRESCO Y CDICE: Los RECUERDOS DEL PORVENIR yen un instante recuperamosel fragmento de un gesto,la torre de una ciudad olvi-
dada, las frases de los hroes disecadas en los libros o el asombro de la maana del
Y LA SEMANA DE COLORES, DE ELENA GARRa
bautizo cuando nos dieron nombre.
Basta decir la magia de una cifra para entrar en un espacio inmediato que ha-
La mitificacin pica de la historia de Amrica Latina tan comn en la fic- bamos olvidado.El primero de octubre es para siempre en mi memoria el da que
c~~n reciente,:e :elaciona conceptualmente con el muralismo moderno y tam- empez eljuicio de los [nvitados."
bin con los cdices mesoamericanos. La novela de 1963, de Elena Garro, Los
rec~erdos del porvenir y su coleccin de cuentos La semana de colores (1989) re- Aqu, el espacio del tiempo no es figurativo sino fsico: se puede "entrar" en l al
flejan y construyen una comprensin del tiempo mtico. Proponer que estas decir "la magia de una cifra", y la fecha de su bautismo confiere la imagen de la
obras de Garro emplean las estructuras y estrategias visuales/escenificadoras persona.t" Las fechas de Garro "con la precisin de una saeta se clavan en el da
de los, c?dices y del.muralismo moderno es sugerir que el tiempo y el espacio
~o~e~IstIc~ convencional (trama y escenario) estn trastocados, y que los seres
terial arqueolgico y de la historia del arte que mencion arriba en relacin c~n las
individualizados (personajes) estn en riesgo. Veremos cmo ocurre esto en el fuentes de Diego Rivera, as como las traducciones de la poesa nhuatl de Angel
anlisis que sigue. Mara Garibay, los ensayos de su ex esposo Octavio Paz y la erudicin literaria del
. Los recuerdos del porvenir y La semana de colores estn directamente rela- joven Len-Portilla. La dependencia de Garro de Garibay y de la primera obra de
cionados c.on los cdices. Garro conoca muy bien las formas de pensamiento Len-Portilla no se ha estudiado en detalle; cuando lo sea, creo que surgirn ms
n:esoa~encan~. En una entrevista de 1975, propone que la conciencia hist- analogias.
nca la~mo,amenc:na est ?asada en las nociones del tiempo tanto occidentales 47. Jean Franco, Plotting Women: Gender and Representation in Mexico, New York, Co-
como indgenas: ~e ha interesado sobre todo tratar el tema del tiempo, por- lumbia University Press, 1989, p.134; mi traduccin.
41\. Amy Kaminsky, Reading tbe Body Politic: Feminist Criticism and Latin American
~ue creo q~e hay dI~erencia entre el tiempo occidental que trajeron los espa-
WOmen Writers, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1993, cap. 6, "The
noles y el :Iem?,O finito que exista en el mundo antiguo mexicano. Siento que Uses and Limits ofForeign FeministTheory: Elena Garro's Los recuerdos delporve-
est.a .combmacIOn ha dado una temporalidad particular a nuestra cultura y yo
nir",pp.77-95.
qUISIera dar esa nueva dimensin"." El tema de su novela, como el ttulo su- 4 9 Elena Garro, Los recuerdos delporvenir, Mxico,] oaqun Mortz, 1963, p. 261; nfa-
sis mo.
')0. Elizabeth Hill Boone escribe: "Cuando naca una nia azteca, sus padres la lleva-
46. Entrevista con Roberto Pramo, en El Heraldo Cultural de Mxico, 31 de diciembre ban ante un sacerdote para que leyera su destino y le asignara su nombre de acuer-
de 1975, p. 21; citada en Anita Stoll, introduccin a A Dijfirent Reality: Studies on do con el calendario. El sacerdote abra las rgidas pginas del tonalamatl, consulta-
the WOrko/Elena ~arro, ed. Anita Stoll, Lewisburg PA, Bucknell University Press, ba los distintos almanaques y pronunciaba el destino de la nia ... En Mesoamrica,
:?9.0, p. 15. E~ la.e?oca en la que estaba escribiendo 1,0.1 recuerdos del porvenir, los todo lo que ocurra y todo lo que importaba estaba gobernado por las fuerzas adi-
cmcuenta y pnnClplOs de los sesenta, Garro habra tenido a su disposicin el ma-
CAPiTUl.O 2 CDICES PREIIISP NICOS, MURAI... I
'S y Ill'SI'I"''('UF
'... .
IIISTllICO
JI 1) a
sealado", una imagen que recuerda el Codice Borgia (figs. 2.1 y 2.2 arriba) don- 'Ir y venir de las estrellas y de las mareas, el tiempo luminoso que gira alrede~dordcl
, di' h b quen o es-
sol el espacio donde las distancias estan al alcance e a mano, a ian
de las diversas encarnaciones de Venus perforan el pie de una figura sobrenatu-
~'a;ar al da nico y sangriento de Ixtepec, pero Rosas aboli :apu~r:a queu:o~(~:~:
ral sentada, que chorrea sangre. La posicin de Venus era crucial para los nahuas,
la memoria del espacioy rencoroso nos culp de las sombras mm~V1les q(262' nfa-
que trazaban el movimiento de este peligroso y poderoso planeta con gran inte- acumulado sobre nosotros ... Su mundo fijo nos lo cobraba en crmenes ,
rs; en realidad "saeta", la palabra elegida por Garro para describir la lanza que se sis mo).
clava en los das, es la misma que se emplea para detallar el arma que luce Venus
: . ue-
en el Cdice Borgia. Para el narrador de Garro, la fecha es una contrasea que da Durante la dictadura de Rosas, el tiempo ya no se tranSlorma, SlOOque q 1
id b l'd "1 pue rta que nos lleva a a
entrada a la temporalidad mtica del Mxico antiguo que estaba plagado de ca- 1, ".m mvil" , el movimiento espacial h a SI o a o 1 o; a'vil
(,1 "d 1 al Rosas
tstrofes potenciales y cuyos dioses requeran ofrendas rituales constantes. Pero 1111:maria del espacio" se ha cerrado. Las "sombras inmo es" e ge~er a'
a diferencia de los dioses antiguos, el general Rosas, dictador de Ixtepec, el pue- 1111'\ imagen que se repite dos veces en este pasaje, borran la memona del esp 1-
, d al' d 'ica Rosas cance a
blo ficticio de Garro, no poda ser comprendido ni apaciguado. ('io", sin la cual el tiempo ya no pue e re Izar su anza cosm '. .
El pasaje que acabo de citar deriva en un relato retrospectivo realista de los ('\ espacio/tiempo animado en el cual el "nosotros" de est~ comunidad VIve-o~
acontecimientos de aquel inolvidable primero de octubre, y de los anteriores a : ' bien vivi- ya que el pueblo ha desaparecido, destruIdo por los abusos po
111,IS , 52
ste. Garro tiende a recurrir a las estructuras mticas espacio/tiempo en el mo- lticos y sociales. Las voces que omos son las de los muertos. .
mento en que introduce los abusos polticos que la novela dramatiza. Su his- Garro crea un narrador doble, un "nosotros" que es la voz colectiva del pue-
toria se desarrolla durante la Guerra Cristera, un levantamiento en contra de blo muerto y un "yo" que es el promontorio de piedra sobre el cual una vez se
la represin gubernamental de la Iglesia catlica tras la Revolucin mexicana, erigi el pueblo. Este narrador comienza la novela:
especialmente en los estados de Jalisco, Michoacn y Colima, durante la se-
gunda mitad de la dcada de 1920.51 El exorbitante general Francisco Rosas Aqu estoy sentado sobre esta piedra aparente. Slo mi memoria sabe lo que
, , 1 'co vengo
encierra. La veo y me recuerdo, como el agua va al agua, aSIyo, me ~nco, _
entra en el pueblo de Ixtepec y subyuga a su poblacin. Las novelas latinoa-
a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, ro.deada p~r las hierbas, enocer:
mericanas sobre dictadores a menudo dependen de la iconografa barroca del e
da en s misma y condenada a la memoria ya su varzado espejo.La leo, m~ ve y ,
mal y de las estrategias barrocas de autorreflexin, multiplicacin yexagera- transfiguro en multitudes de colores y tiempos. Es:oy y ~stu~e en muchos OJOS. Yo solo
cin, como veremos en el captulo 4. Pero el dictador de Garra no. Ms bien, soy memoria y la memoria que de m se tenga (9; nfasis mIO).
su maldad se hace palpable en relacin al espacio/tiempo mtico de los cdices
adivinatorios. Visin y movimiento constituyen la historia: como Qyetzalcatl y Guad~~EPe,
, fl . '11 la ven' s-
h mirada narrativa de Garro encuentra su re eJo en aque os que . l'
Seguimos bajo su sombra inmvil que repeta el mismo crimen una y otra vez io y estuve en muchos ojos". El narrador recorre el tiempo y el espaclO, as ~o-
con la precisin de un manitico. En su tiempo inmvil los rboles no cambiaban
'l1~oidades y las vidas individuales, contando las historias de. personas Y SOCle-
de hojas, las estrellas estaban fijas, los verbos ir o venir eran el mismo, Francisco Ro-
.lades El "variado espejo" de Garro, como los murales de Rivera, rechazda ulna
sas detena la corriente amorosa que hace y deshace las palabras y los hechos y nos , . dI" h y maya e as
guardaba en su infierno circular. Los Moneada haban querido huir para hallar el . . ectiva nica y como sus murales, recuer a a nocion na ua .
~;~I~~~cionesdel m~ndo. Tambin en la novela de Garr~, la tierra est arriba y
ah;\jo y alrededor del narrador, quien circula en el espacio. ., _
vinatorias adjudicadas al calendario" ("1he Structures of the Mexican Tonalamatl', 'Garro lucha contra su medio novelstico para vencer la separac~on .conven
op. cit., p. 381.
., .' d 1 gar una contlOUldad en-
ional entre narrador y narracion. suglnen o en su u .
51. Este periodo en la historia de Mxico representa la culminacin de dos siglos de I re eUos. El narrador en primera persona es la piedra; la piedra contzene y encar-
conflicto entre la Iglesia y el Estado. Durante la guerra Cristera, el anticlericalis-
mo liberal se enfrent al fanatismo guadalupano; el estatus de la cultura religiosa
estaba en juego, un teln de fondo adecuado para el empleo de Garro de los libros
sagrados del Mxico prehispnico. El texto esencial sobre este tema es lean A. Me- ~ z Analizo 10 que denomino las "necrogeografas" de esta novela y de o~ras dos, "Ma-
yer, La cristiada, trad. Aurelio Garzn de Camino, Mxico, Siglo XXI, 1973; vase , Pramo de Juan Rulfo y The House of Breath de William Goyen en .ml e~a~o " a
tambin Paul J. Vanderwood, 'Ibe Power ofGod against the Guns ofGovernment: Re- gical Romance/Magical Realism: Ghosts in US ..and L~tin Amencan ~eo:d' e;;
ligious Upheaval in Mexico at the Turn of the Nineteenth Century, Stanford, Stanford Magical Realism: Theory, History, Co~mu~ity, LOlS Parkinson Z~mora y y.
University Press, 1998. l .', i., (eds.)
,triS ,. ,
Durham NC Duke
'
University Press, 1995, pp. 497 550.
121
CDICES I'REIIISPNICOS, MURALES y DESPLIEGUE HISTRICO
120 CAPITlILO 2
ubica su novela, afirmando los fundamentos agrarios, comunitarios y mticos Don Flor conduce a las nias de una habitacin a otra, ardiendo en clera
de Mxico, aun cuando describe su deterioro y su desaparicin. ;1 causa de "la mujer perversa" que ocupa cada cuarto. Despus de mostrarles la
Garro nos dice que la piedra/narrador de Los recuerdos del porvenir se trans- rusa, las conmina a elegir el Da que desean ver sangrar. Ellas se asustan ya que
figura en "multitudes de colores y tiempos", una metfora constante en los l'I narrador nos dice:
trece cuentos de su coleccin La semana de colores. Cada uno de estos cuen-
tos tiene como tema la naturaleza voltil del espacio inmersa en la percepcin Su padre les explic que los das eran blancos y que la nica semana era la Se-
del tiempo. Ya hemos visto el concepto nahua y maya de los das como seres mana Santa: Domingo de Ramos, Lunes Santo, Martes Santo, Mircoles Santo,
animados u objetos o entidades que se pueden adivinar por medio de clcu- Jueves Santo, Viernes de Dolores, Sbado de Gloria y Domingo de Resurreccin ...
Ya se quedaron como pjaros, brincando de la Semana Santa a la Semana de Colo-
los calendricos rituales. Los veinte das con sus nombres, relacionados con
res encerrada en la casa de don Flor (71-72).
sus veinte deidades, reflejaban la intervencin de fuerzas sobrenaturales en el
mundo; del mismo modo en los cuentos de La semana de colores, el tiempo ad-
I .as nias estn atrapadas entre dos sistemas contradictorios y parece que el
quiere una presencia fisica y una personalidad. Posee una disposicin y una in-
mediador entre ellos es un loco. Si ignorsemos los conceptos indgenas de
clinacin en el doble sentido que describ antes, y los personajes de Garro se
I icmpo/ espacio y del destino personificado que intervienen en este cuento (no
conducen en consecuencia. Cada cuento contiene ejemplos de tiempo mate-
-,;lo don Flor est furioso con los Das, sino que se dice que los Das se vengan
rializado. Analizar tres: el cuento que da ttulo al libro, "La semana de colo-
I 11 atndolo y escapando) podramos llegar a la conclusin de que esta inexpli-
res," "El dla que fu'Irnos perros " y ""),'
~e h ora es ... ?"
(able violencia es el resultado de la locura y la misoginia de don Flor, o tal vez
~n "La semana de colores", don Flor, el protagonista, es un curandero que
(le la credulidad de las nias. Ciertamente, no tomar en cuenta la especificidad
despierta sospechas en el pueblo. La historia se narra desde el punto de vista
ulrural de los Das de Garro es leer el cuento nada ms que como una narra-
de dos nias que a pesar de las sospechas, confan en l. Entran en la destar-
cin regionalista sobre supersticiones locales, o como una fallida alegora de
talada casa de don Flor y atestiguan sus actividades. As empieza la historia:
abuso domstico/" Sin estar al tanto del inters de Garro en el antiguo espa-
"Don Flor le peg al Domingo hasta sacarle sangre y el Viernes tambin sali
io/tiempo mesoamericano, pasaramos por alto el hecho de que el compor-
morado de la golpiza"." Cada Da -la palabra est en mayscula, al igual que
I amiento de don Flor, por desquiciado y machista que parezca, est diseado
los das de la semana- ocupa una habitacin en la casa de don Flor, pintada
para representar "la cuenta de los das y su influencia en el destino" del tonala-
para hacer juego con las caractersticas que l atribuye a cada Da y adems,
mat]. Las acciones de don Flor encarnan su comprensin de "la cuenta de los
cada uno est personificado como una mujer. Las nias y don Flor recorren los
das" en su propia vida y de su ingerencia en el cosmos.
das de la semana retrocediendo en el tiempo. La habitacin del Domingo se
Resulta tentador imponer una comprensin occidental de "sino" o "destino"
califica como Lujuria y Generosidad y est pintada de rojo; la habitacin del
;t1 cuento de Garro. Ciertamente, el antiguo tiempo/espacio mesoamericano
Sbado se califica como Pereza y Castidad y est pintada de rosa; la habitacin
refleja el terrible poder de los dioses sobre los asuntos humanos de un modo
del Viernes es prpura, y se la cataloga como Orgullo y Diligencia; la del Jue-
que recuerda la tragedia griega. Pero de hacerlo as limitaramos nuestra lectu-
ves es naranja, Ira y Modestia; la del Mircoles es verde, Envidia y Paciencia;
la, pues siendo la construccin de la realidad griega externa a la intencin hu-
la del Martes es amarilla plido, Avaricia y Abstinencia; la del Lunes es azul,
mana, difiere significativamente del concepto meso americano de la mediacin
Gula y Humildad. El antiguo pensamiento meso americano se refleja en la do-
-dcl hombre. Don Flor est activo en el espacio del tiempo (con todo lo banal
ble naturaleza atribuida a los das as como en el significado otorgado a los
quc su actividad pueda parecerle al lector contemporneo); es influyente, pro-
colores. Esto lo hemos visto en la personificacin del dios Ometotl y su hijo
metamrfico Tezcatlipoca. Las dualidades se complementan en vez de opo-
nerse; intervienen fuerzas contradictorias sin cancelarse unas a otras.?
piciatorio e incluso nutritivo, as como los sacerdotes nahuas y mayas sacrifica- M":MORIA DEL FUEGO DE EDUARDO GALEANO
ban seres humanos para nutrir al sol y de esa manera asegurar la continuidad
csmica. Don Flor muere, pero los Das no; en este relato, el antiguo espacio/ ~ 1)C qu otro modo podran los cdices y los murales arrojar luz sobre la prc-
tiempo sobrevive. 1 ira literaria contempornea en Latinoamrica? Para acercarnos a Memoria del
El relato de Garra "El da que fuimos perros" versa acerca de dos nias que / i/l'go (1982-1986), la triloga del escritor uruguayo Eduardo Galeano, cito una
son indistinguibles de las de "La semana de colores". Tambin aparecen en crtica de la primera novela de Carlos Fuentes, La regin ms transparente. Esta
otros cuentos y de alguna manera parecen ser los lter ego gemelos de la autora crtica fue publicada primero en ingls en el New Republic y despus en espa-
a una edad temprana. En este cuento, Eva y su compaera de juegos se meta- nol en Vuelta, la revista de Octavio Paz. El autor es el historiador mexicano
morfosean en perros, una transformacin que al principio entendemos como I':nrique Krauze y el artculo se titula "La comedia mexicana de Carlos Fuen-
parte de un juego infantil de fantasa. Pero la metamorfosis es ms portentosa les". Este artculo precipit la permanente ruptura entre Fuentes y Paz; Krau-
que la fantasa comn: l.(~, haciendo las veces de esbirro, denigr la ficcin de Fuentes comparndola
rnn un mural de Diego Rivera:
Despertamos a las seis de la maana y supimos que era un da con dos das
adentro. Echada boca arriba, Eva abri los ojos y, sin cambiar de postura, mir a un A quien verdaderamente recuerda la primera novela de Fuentes no es a Balzac
da y mir al otro [...] el nuevo da brillaba doble e intacto. Eva mir los dos das sino a un gran actor de la pintura, Diego Rivera: textos y murales inmensos queproce-
(73).
den por acumulacin y yuxtaposicin esquemtica ms que por un enlace imaginativo.
Ambos son penosamente rgidos para sugerir la interioridad psquica de sus temas
El narrador, cuyo punto de vista es el de las nias, pone de relieve repetida- y personajes, y los manipulan con tesis o cargas didcticas que producen monoto-
na; ambos recurren a la mediacin alegrica. Textos que son murales, murales que
mente el carcter espacial del medio temporal. El da que son perros se sita
son textos. Lo mejor de Rivera est en la floracin de sus formas y colores. Lo mejor
fuera de la casa, tiene piso y paredes, y las jvenes existen dentro de l: "El da de Fuentes qued en el aliento verbal, excesivo pero viviente, de su prosa."
se volvi slido, el cielo violeta se carg de papelones oscuros y el miedo se ins-
tal en los pilares y las plantas" (73). El espacio slido del da de los perros pa- 1< rauze se equivoca en cuanto a la ausencia de "enlace imaginativo" en la no-
rece una caseta, pero sin la sensacin de encarcelamiento que sta sugiere. Por vela, pero a mi parecer su descripcin de los procedimientos estructurales de
el contrario, el da del perro es una liberacin del tiempo de la casa, pero el re- lucntes es precisa y perspicaz (ms que insultante, como fue su intencin):
lato termina cuando las nias se duermen, conscientes de que han perdido el .uumulacin y yuxtaposicin, alegora, formas y colores, el aliento verbal vi-
da en que fueron perros. vicnte de la prosa. En todo caso, la evaluacin de Krauze es absurda porque
"Qy hora es .. '?" tambin propone una temporalidad alternativa. Una ~,upone errneamente que Rivera y Fuentes deseaban retratar "la interiori-
mujer sudamericana de cierta edad se registra en un hotel europeo (al parecer dad psquica". Rivera nunca pretendi crear arte psicolgico (lejos de ello) y
en Pars) y comienza a preguntar obsesivamente qu hora es. Peor an, pre- la meta de Fuentes no era concentrarse en relaciones individuales en La regin
gunta obsesivamente si son las 9:47, la hora en la que debe llegar un avin de ntds transparente. Su protagonista es la historia comunitaria, no los individuos.
Londres con su amante. El amante no llega, y da tras da la mujer pregunta Rivera y Fuentes proyectan los amplios contornos de las relaciones sociales y
si son las 9:47; los das se convierten en meses y el amante sigue sin llegar. De
nuevo, Garro convierte el tiempo en espacio y materia; adquiere peso, canti-
dad, carga: "el tiempo se ha vuelto de piedra ... ese amontonamiento de minu- ~(). Enrique Krauze, "La comedia mexicana de Carlos Fuentes", en La historia cuenta,
tos y de rocas ... " (50-51). Como el tiempo del dictador en Los recuerdos delpor- Mxico, Tusquets Editores, Mxico, 1998, p. 194; publicado en Vuelta nO 139,27
venir, el tiempo en este cuento es "inmvil"; el amante llega demasiado tarde, y de junio 1988; vase <http://recomendacionesliterarias.blogspot.com/search/la-
"la puerta que nos lleva a la memoria del espacio" es abolida nuevamente. Slo bellLa comedia mexicana de Carlos Fuentes>.
Krauze debi haber disfrutado un momento de satisfaccin cuando se publi-
en "La semana de colores" el tiempo mtico se proyecta ms all del final de la
c la novela de Fuentes Los aos de Laura Diaz en 1999 con Diego y Frida como
narracin de Garro, pero con todo se privilegia el tiempo/espacio mesoameri-
personajes. En esta novela, los personajes de Fuentes son, ciertamente, tan rgidos
cano. Las culturas son acumulativas y Garro incluye las voces silenciadas por como Krauze sostiene, pero de nuevo, a mi parecer estn concebidos en trminos
"la triunfal conquista" de la escritura, como seala De Certeau, y las hace cir- muralistas, no psicolgicos; de hecho, se presentan como fragmentos de la vasta
cular en sus textos como "danzantes y pasajeras en el campo del otro". historia comunitaria que resea la novela.
~.&...... &
...."l'!i 1IlI -----
polticas; son artistas del colectivo, 'Iomnr en l'ollsiderul'ic'lll la alegora -la Orange, Nueva Jersey y Montevideo. y termina en 1984 con 16 fragmentos de
supuesta abominacin de Krauze- en mi anlisis de (;arl'a Mrquez y Bor- 14 lugares distintos. Luego, 1I1~ueun frj(lllcnto final en bustardilln, una car-
ges en los captulos 4 y 5, pero aboqumonos aqu a sus otras abominaciones, t a fechada en 1986 de Galeano en Montevideo" ('('dril' Bdfrllj(c, su rruduc-
"acumulacin y yuxtaposicin esquemtica". 101' en Mxico; la carta pretende acompaar el munuscrlto de elite tercer y lti-
stos son precisamente los recursos que estructuran la brillante triloga de mo volumen de la triloga. As, Galeano se coloca dentro de su propio mosaico
Eduardo Galeano Memoria deljUego. Si Elena Garra hace uso de estrategias histrico: "y ahora yo me siento ms que nunca orgulloso de haber nacido en
narrativas metafricas para abarcar las mltiples historias de Mxico, las estra- Amrica, en esta mierda, en esta maravilla, durante el siglo del viento". 60
tegias de Galeano son arquitectnicas; y si Garro recupera los cdices desde su Recordando la frase de Krauze, la "acumulacin y yuxtaposicin esquema-
posicin dentro de una cultura de formas y creencias indgenas transculturiza- rica" de Galeano se parece mucho ms a las estructuras seriales de Rivera que
das, el escritor uruguayo Galeano moviliza las historias indgenas desde otra al movimiento progresivo de la prosa de ficcin convencional. El lector puede
parte del hemisferio. A pesar de su muy distinta posicin cultural respecto de entrar en la triloga en cualquier punto y seguir el texto en cualquier direccin
los cdices mesoamericanos, Galeano comparte con Garro el impulso de in- ya que las escenas no estn colocadas en una relacin sintagmtica fija. Sin
corporar el despliegue de espacio/tiempo de los cdices. La obra de Galeano, embargo, grupos de fragmentos contiguos a veces cristalizan en configuracio-
as como la de Garro, es exuberante en su ambicin temporal y espacial. nes voltiles en el despliegue histrico hemisfrico de la triloga. El espacio/
Los tomos que constituyen la triloga Memoria del .fUego, Los nacimientos tiempo de los textos de Galeano depende de la movilidad de sus partes: salta-
(1982), Las caras y las mscaras (1984) y El siglo del viento (1986), acumulan y mos de escena a escena, y de las escenas a la bibliografa, as como brincamos
yuxtaponen fragmentos tomados de un milenio de historias y culturas a 10 largo de la Ciudad de Mxico a Managua a Hollywood a La Habana a Escuinapa,
de las Amricas. Cada volumen contiene cientos de fragmentos narrativos, en- del mito al acontecimiento histrico, del arquetipo a la irona, sin preocupar-
tradas o escenas que se conectan unas con otras y que al mismo tiempo pueden nos por una conexin causal. Lo que experimentamos es el movimiento de
ser independientes. Las escenas son modelos de condensacin, historias breves acontecimientos y personas en el espacio fenomenolgico, y la acumulacin de
que dependen de la irona para compendiar contradicciones histricas y huma- energas que actan (a menudo catastrficamente) en la vida de las comunida-
nas en estructuras narrativas en miniatura. La mayora estn fechadas y coloca- des y las naciones.
das en orden cronolgico; slo aquellas que provienen de fuentes prehispnicas A pesar de la organizacin cronolgica de los fragmentos narrativos, las re-
y otros textos mticos carecen de fecha. Estn ubicadas por ciudad o regin (con laciones entre las escenas son menos temporales que espaciales; sus relaciones
excepcin de las narrativas mticas) y se basan en una fuente histrica (ya sea es- se experimentan no como una sucesin, sino como una circulacin. En un en-
crita, oral o visual, primaria o secundaria) que se identifica mediante un nmero sayo titulado "El espacio como imagen del tiempo", el psiclogo del arte Ru-
(o nmeros) al final de la entrada. Estos nmeros remiten al lector a una biblio- dolph Arnheim describe esta estructura: "La labor del destinatario es contraria
~rafa de aproximadamente quinientos ttulos al final de cada uno de los tres vo- a la del creador de la obra. Como destinatarios debemos integrar la sucesin
lmenes; las bastardillas indican una cita directa de la fuente histrica. Un ndice temporal y traducirla en una imagen espacial [oo.] percibimos a travs de una
remata este aparato sorprendentemente acadmico. criba o de un filtro en donde los diminutos puntos visibles tienen que reunirse
Excepcional es la escena cuya extensin es de ms de media pgina; a me- en una visin general del conjunto. El instrumento mediante el cual la mente
nudo una pgina contiene dos o tres escenas, as que podramos decir que el logra esta traduccin del tiempo en espacio es 10 que los psiclogos denomi-
medio mural de Galeano es el mosaico ms que el fresco. En realidad, son los nan la memoria"." La descripcin de Arnheim sugiere que todas las narrati-
dos: ampliando la metfora, podramos pensar en su triloga como tres grandes vas histricas deben traducirse en imgenes espaciales si han de ser recorda-
paneles que exponen la historia de las Amricas en espacios llenos de miradas
de titilantes fragmentos. El primer volumen, Los nacimientos, abarca desde las
narrativas prehispnicas de la creacin hasta los acontecimientos histricos de (Jo. Eduardo Galeano, Memoria delfuego IJI- El siglo del viento, Mxico, Siglo XXI, 1986,
la Conquista y de la colonizacin; los ltimos tres fragmentos estn fechados p.337.
en 1700. El segundo volumen, Las carasy las mscaras, comienza en 1701 en 61. Rudolph Arnheim, "Space as an Image ofTime", en Images of Romanticism: ver-
bal and Visual AjJinities, Karl Kroeber y WiIliam Walling (eds.), New Haven, Yale
el valle Salinas, California, y termina en 1900 con escenas ubicadas en la Ciu-
University Press, 1978, p. 3; mi traduccin. Este ensayo est traducido en una ver-
dad de Mxico, Mrida y Tabi, Yucatn. El tercer volumen, El siglo del viento,
sin revisada, en Arnheim, Ensayos para rescatar el arte, trad. Jernima Garca Bo-
contina en 1901 con tres fragmentos ubicados en San Jos de Garca, West naf, Madrid, Catedra, 1992, PP. 46-<;4
ClllCI(S 1'ln:lIlsPNICOS, MIJRi\1.lI!l T """,",,ormuu ------- 11
CAPITULO 2
1'" ,,'''tl'11 '11 columnas y molduras que ofrecen frutas y peces y aves del trpico.
l)1I li -nzo sin firma muestra a la Virgen Mara en el cerro de plata de Potos,
11111 ('1sol y la luna. A un costado tiene al papa de Roma y al otro al rey de Espaa.
l', " I M ara no est sobre el cerro sino dentro ele l, es el cerro, un cerro con cara ele
11111' , manos de ofrenda, Mara-cerro, Mara-piedra, fecundada por Dios como
lo IlIlda el sol a la tierra."
I
1 1111 pin eles de cerdas de jabal, los sabedores de cosas haban pintado estos libros
d"111brados, alumbradores, para que los nietos de los nietos no fueran ciegos y su-
1'I(',an ver e Yver la historia de los suyos, para que conocieran el movimiento de las
I Ir .llas, la frecuencia de los eclipses y las profecas de los dioses, y para que pudie-
1n.urador lamenta la prdida de casi todos los registros escritos de los mayas,
pe 111 tambin sabe que la memoria no slo depende de documentos:
1I I (;al 'ano, Memoria rielf/lego JI- Las caras y las mscaras, op. cit., p. 17; nfasis del au-
tor,
II~ (;al 'ano,Ml'morill ddjill'go I: Los nacimirntos, M ~xi '0, iglo XXI, 1982, p. 158,
IJ2
COI)Il'I'.S I'lll':IIISI'i\NIC05, MUlli\LES y IH:5I'LIECUE 1115'1'( 11I 'o
u o til' lI/mIZOS (1989): "Recordar: Del latn re-cordis, volver a pasar por el o
I I ()I'" .(tl
h(l. m libro de los abrazos, Mxico, Siglo XXI, 1989, s/n. Despus de Memoria delJuego,
las colecciones de Caleano comenzaron a agregar imgenes al texto impre o. u
coleccin titulada Patas arriba: La escuela del mundo al revs, est ilustrada con los
grabados de Jos Cuadalupe Posada; la traduccin al ingls de El libro de los abrazos
est ilustrada por el propio Calca no.
"la memoria encuentra refugio en las bocas", "cuerpos que danzan". Como los ()7. Vase el estudio del ontenido indg -na .n la ficcin latinoamericana contempor
~abe?~~es de co~a~, Gale~no crea una estructura diseada para aproximarse al nca en Cardan Brothcrson y Lciu dI' S:, "First P .oplc of the Arncricas and th .ir
m t:t!z in ,tlapallz, tinta rOJa, tinta negra, en forma moderna. [~ltiempo y el es- l.ucrarurc", en COlllpartllivc CII/IIII'II/ SII/I/il'\ IIlId t.atin America, Sophin A. M'
pacio estan grabados en el uerp de la memoria, omo afirma '1 'pgrafe a }j'l I .nnan y I~arl I~. Fit% (cds.), W'sl 1,:11:, '\,I tI' 1N, Purdu . University I r .ss, 2004,
pp, B :\3.
y I>F.SPLlF.GUF. ".S ----
HISTORICO--
68. Jorge Ibarg.engoitia, ~stas ruinas que ves, Mxico,Joaqun Mortz, 1975, pp. 91-2.
69. E~ el muralismo .meX1.cano, los anlogos de Ibargengoitia son Abe! Qpezada y
.ty,I~gue1Co~arrublas, pl~to.res que crearon murales y caricaturas cmicas que tam-
bin p~r~dla~ la grandiosldad industrial y la tecnologa mitificada. Vase Peppi
Batta~hm MI~a~o,Abel Quezada: The Muse Hunter, Mxico, Joaqun Mortz, 1989;
y Adnana Williams, Covarrubias, trad. Julio Coln Gmez, Mxico, Fondo de
Cultura Econmica, 1999.
70. Jorge Luis Borges, prlogo a la edicin de 1954 de Historia universal de la infamia,
en Obras completas, vol. 2, Buenos Aires, Emec, 1974, p. 291.
2
{'APTULO 3
1~:1Barroco novomundista
y la dinmica del espacio:
l,'ARPENTIER, DE NOM, LEZAMA LIMA y SARDUY
10:1 escritor cubano Alejo Carpentier fue uno de los primeros en elaborar el
I uurcpto de Barroco novomundista como potica latinoamericana y poltica
l'0sl'Olonial. Ya a comienzos de 1920, intuy la insuficiencia de las interpre-
r.nioncs formalistas del arte y, en particular, la imposibilidad de los esfuerzos
"lrlll:]istas por mantener la separacin entre el arte y sus circunstancias cul-
filiales, Carpentier percibi que se requera una teora que lograse definir las
uucracciones de las formas artsticas y las histricas, y que, de esta manera,
uhurrase los procesos histricos mediante los cuales las formas culturales ha-
lu.m sido desarraigadas, transplantadas y reconstituidas en los contextos del
NIII'VO Mundo. Bajo el signo del Barroco, Carpentier asumi este desafo. Re-
1 I:m la idea de que el estilo barroco hubiese florecido nicamente durante el
'dl',1o XVII, periodo designado por los historiadores del arte europeo, y propuso
1'11 su lugar "una constante humana" que "puede renacer en cualquier momento
l' renace en muchas creaciones [oo.] Porque es un espritu y no un estilo hist-
ricd',' Esta propuesta sirvi al proyecto cultural de Carpcntier, permitindole d,u 11' una importancia excesiva a las fronteras regionales o nacionales", como
5
desarrollar una teora de transculturacin adecuada a la experiencia histrica de dlll:1 l 'urlos Fuentes acerca de Carpentier al principio de su propia carrera.
Latinoamrica. Desde su primera novela en 1933 hasta la ltima en 1979, dra- 1':''' as preocupaciones transculturales convertiran a Carpentier. e~ el progeni-
matiz esta teora, poniendo en movimiento interacciones imaginarias entre 1111 dI' la generacin de novelistas latinoamericanos que le segurna, un precur-
personajes y formas de expresin europeos, americanos y africanos. La ten- .111 sin el cual la obra de Garro, Galeano, Garca Mrquez, Fuentes y muchos
sin generada por estas perspectivas desmedidas es su recurso narrativo bsico, IIIIIIS no habra sido posible. A su regreso de Francia en 1939, Carpentier se
como veremos en El siglo de las luces (1962) yen Concierto barroco (1974). En 11111'11<'> en Cuba durante seis aos, hasta 1945, ao en el cual se mud a Cara-
este captulo har referencia a otros escritores, principalmente a Jos Lezama 111' r. Volvi a La Habana una vez concluida la Revolucin cubana, en 1959, y
Lima y a Severo Sarduy, quienes, con Carpentier, sacaron al Barroco del Nue- .,' ljlll'd de nuevo seis aos. En 1966 regres a Pars donde',como agregado
vo Mundo del nicho que ocupaba dentro de la historia del arte y 10 transfor- , ul Imal de Cuba, permaneci hasta su muerte en 1980. Ademas de ser un gran
maron en una ideologa y en una esttica de diferenciacin cultural.' Ilf'usador y un gran escritor, Carpentier dedic su vida al estudio de. las artes
Carpentier naci en 1904 y muri en 1980; sus padres emigraron a Cuba pl.lsI iras (entre las cuales inclua la msica), y recurra con frecuenC1~ a estos
en 1902; su madre era de origen ruso, su padre fue un arquitecto francs, un 'u;'dills para estructurar sus relatos narrativos del Barroco novomundista.
detalle interesante dada la predileccin de Carpentier por los espacios arqui-
tectnicos barrocos. Pas ms de tres dcadas de su vida adulta en Francia, la
primera, en los aos treinta, en Pars, donde mantuvo una relacin estrecha con I,/\11ECUPERACIN DEL BARROCO PARA LATINOAMRICA
escritores y pintores surrealistas." Al regresar a Cuba en 1939, expres la ne-
cesidad de que los artistas latinoamericanos examinaran las discontinuidades I ,11r-volucin de la teora del Barroco novomundista de Carpentier se dio en
-y continuidades- de las culturas e historias del Viejo y del Nuevo Mundo, 'ullvillliento: de Cuba a Mxico, a Francia, Blgica y Espaa, y de regreso a
En tanto formulaba la premisa de la relacin de las formas culturales europeas ","da Latinoamrica", entendiendo esta ltima tanto como un espacio con-
con los modos de expresin latinoamericanos, hizo "un intento consciente y Il'plllal como un territorio geogrfico.6 Una indispensable coleccin. de en=re-
concertado para abarcar la experiencia latinoamericana en su conjunto, sin V"Ias a Carpentier, publicadas en Cuba en 1985 y que abarcan casi 50 an?s,
ti 11'; permite seguir esta trayectoria con cierto detalle. En numerosas ent~evIs-
lill" ( 'arpentier menciona su primera visita a Mxico en 19~6 y, en e~pecIal, su
rucxicunos
;l'IIlld(,H ('11 IUl'lIitlll'lllllllv(,I'S"11'1'Il dl;IIO dI' IOIlHlI'SI' ('11 ejemplo en toda
f .ntinoumricn," ' .nnrica. (Cincuenta aos despus, un personaje de su novela La consagracin
.trl primavera expresa el mismo asombro cuando tambin viaja a Mxico y se
,Ic" icne frente a un mural mexicano.) El proyecto de los muralistas de registrar
Rivera, ms que Orozco, demostrara ser el amigo y la influencia ms perdura-
'.11 propia historia y prcticas culturales fue esclarecedor, dado que Carpentier
bles: Carpentier recuerda que incluso antes de conocer a Rivera haba recibido
Inla conciencia de que su gran desafo literario sera describir las realidades
en Cuba un peridico titulado El machete, que publicaba los textos de Diego
IIIinoarnericanas, y que vio a Rivera y a Orozco enfrentar este desafo de ma-
sobre el arte y la revolucin, y cita una frase de uno de esos textos: "cada pared
IIl'1"agenial. De nuevo cito su descripcin de la influencia que tuvieron en su
conquistada para los pintores revolucionarios es una posicin conquistada a la
[uvcntud:
burguesa"." Esta frase debe haber adquirido inmediatez mientras Carpentier
vea trabajar a los muralistas en 1926.
de ese contacto surgi en m una tremenda duda: yo acababa de ser iniciado en
La "iniciacin" mexicana de Carpentier no fue solamente poltica, sino la pintura no figurativa, en las maneras de pintar de un Picas so, de un Gris, en el
tambin cultural. Observaba las culturas indgenas americanas y comparaba a rubismo, en una pintura que cada vez ms iba hacia lo abstracto, y de repente, he
Cuba con Mxico en este sentido: ah que me encontraba en Mxico con un tipo de pintura profundamente afincada
"11 10 real circundante, en lo contingente, en lo vivo, y que estaba plasmando una
Los pueblos nacen, por su propia idiosincrasia, con una particular propensin a serie de realidades nuevas de Amrica y de una manera completamente inesperada e
que ,la sensibilidad se les manifieste en un sentido o en otro. Mxico, por ejemplo, o i mprevista."
Pero, contaban, a la llegada de los conquistadores, con una gran tradicin plstica. Y
fue de su fusin con lo que de Espaa les vino, de donde haba de surgir ese tercer 1':11 la frase que he enfatizado, Carpentier hace referencia a la utilizacin de los
estilo que llamamos barroco americano. En Cuba, por el contrario, no haba rastro 11111 ralistas de paneles y perspectivas para dramatizar las culturas convergentes
de una tradicin semejante."
del Mxico posrevolucionario. En su manejo del espacio, Carpentier intuye la
versin barroca americana del horror vacui.
La "fusin" de tradiciones indgenas y formas europeas observada por Car-
Este trmino describe el impulso barroco de no dejar ningn espacio en
pentier en Mxico se convertira en la base de su teora transcultural, que
blanco, una reaccin al vaco conceptual que crearon las nuevas ciencias en la
extendi a Cuba y al resto de Latinoamrica a pesar de sus diferentes historias !':ln>pa del siglo XVII. Los descubrimientos cientficos a los que se hace refe-
y tradiciones.
1 cncia colectivamente como "la revolucin Copernicana" desafiaron las certe-
Otro aspecto de su iniciacin en Mxico, despus del poltico y cultural, las religiosas y desestabilizaron la experiencia cotidiana del espacio. u Haban
tiene que ver con la esttica. Recuerda su asombro al ver el realismo de los mu-
,olllenzado las fuerzas culturales de la secularizacin, a pesar de los mejores
rales de Rivera, en una poca en la que la abstraccin an prevaleca en Europa
rsluerzos de la Iglesia por mantener a Dios en su cielo bblico. El historiador
y empezaba a arraigarse en los Estados Unidos y en algunas partes de Latino-
.lc arte Erwin Panofsky utiliza metforas del espacio desmedido para captar el
7 Alejo Carpentier y Lourdes Galaz, "Reyes, Orozco y Rivera fueron mis maestros" lO. Carpentier y Miguel Osario Cseres, "De la soledad a la solidaridad" (1977), en
(1975), en Entrevistas, op. cit., pp. 301-302.
Entrevistas, op. cit., p. 361; nfasis mo. Carpentier afirma que su opinin acerca de
8. Carpentier y Miguel Osorio Cseres, "De la soledad a la solidaridad" (1977), en la contribucin de Rivera no ha cambiado, sealando que se aprecia una tendencia
Entrevistas,op. cit., p. 359.
a minimizar a Rivera como un pintor "anecdtico", pero que, en los aos veinte,
9 Carpentier y Santiago Amn, "Sobre arte, con Alejo Carpentier" (1978), en Entre- "Rivera constitua en Amrica una novedad absolutamente sensacional [oo.] nos
vistas,op. cit., p. 425; nfasis de Carpentier y Amn. Carpentier a menudo pona de plantea a todos un problema de conciencia: 'La verdad es esto o la verdad es lo que
relieve tales diferencias culturales. En una entrevista de 1975 contrasta el Mxico est all?' (p. 362; nfasis de los autores).
de los aos veinte con La Habana del mismo periodo: "La Habana era una ciudad 11. La frase "revolucin Copernicana" hace referencia especficamente a la nueva no-
muy espaola, ya que fuimos colonia hasta 1902, en tanto que los pases del Conti- cin de espacio fsico que fue resultado del trabajo de cuatro astrnomos: Nicols
nente se emanciparon entre 1810 y 1824. Nuestras costumbres y nuestro ritmo de Coprnico, Tycho Brahe,Johannes Kcplcr y Galileo Galilei. Ms generalmente, la
vida era muy de la Pennsula". Alejo Carpentier y Mag-dalena Saldaa, "Opinar so- revolucin cientfica del siglo XVII involucra un cambio en las nociones de la natu-
bre la literatura latinoamericana, difcil por la incomunicacin: Carpentier" (1975), raleza en su conjunto, sobre la base de las nacientes disciplinas de la Anatoma, la
en Entrevistas, op. cit., p. 303.
Fisiologa, la Botnica y la Astronoma, entre otras,
EL BARROCO NOVOMl1NDlSTA y LA DINMICA DEL ESPACIO 143
sentido de angustia producido por este proceso de cambio; "ningn periodo ha Su propuesta es anloga a la de Carpentier en cuanto a la reaccin generada
estado tan obsesionado por la amplitud y profundidad, el horror y sublimidad por el vaco creado durante tres siglos de ocupacin imperial. A la "ausencia"
[... ] como el Barroco, la poca en que el hombre se encontr enfrentado con el del espacio colonizado opone un "espacio gnstico" que deba llenarse con
infinito como cualidad del universo, en vez de ser una prerrogativa de Dios"." imgenes visuales que revivieran el pasado indgena americano: "tal como en
Ante est~ comprensin secular del espacio infinito, con el miedo al vaco y a el mundo antiguo el destierro, el cautiverio y la liberacin empiezan a poblar 10
la ausencia que comportaba, los artistas barrocos reaccionaron con visiones estelar ya re actuar sobre la historia" .15 Para Lezama Lima, el Barroco europeo
cin~ticas del espacio: figuras y motivos proliferando en espacios dilatados, es- estaba muerto, pero sus formas haban renacido en Amrica donde reclamaron
pa~lOs t.e,atrales ab:i~dose a la ilusin ~el infinito, planos pictricos mltiples "su misma amplitud de paisaje" y "su legtimo mundo ancestral" .16
y violacin d: los lmites entre los espacies reales y pictricos. Estas estrategias Tambin Severo Sarduy se concentra en la naturaleza del espacio barroco en
fav~r~ce~ la mc~usin y la acumulacin ms que la seleccin, y las perspectivas su libro Barroco (1974). Delinea el rechazo del geocentrismo renacentista en el
policentncas mas que la perspectiva del punto de fuga renacentista. Robert S. siglo XVII gracias al astrnomo alemn johannes Kep1er, cuya teora del movi-
J-:Iuddleston, en su ensayo "Baroque Space and the Art of the Infinite" [Espa- miento elptico del sistema solar sustituy el concepto de movimiento circular
ClObarroco y el arte del infinito], afirma: alrededor del sol y con ello, de acuerdo con Sarduy, el equilibrio de las estruc-
turas del clasicismo: "El paso de Galileo a Kep1er es el del crculo al elipse,
El efectode movimientoy accinera ahora ms importante que el efectode sime- el de lo que ser trazado alrededor del Uno a lo que est trazado alrededor de lo
tra y equilibrioque haba dominado el arte del Renacimiento.Los artistasbarrocosas-
/'/ura/' paso de lo clsico a /0 barroco",t? La versin de Sarduy de la dialctica ba-
piraban a eliminarla unidad clsicade forma y funcin,a desequilibrarla composicin
y alcanzarla impresinde movimientoy espacioque exigala nueva era.P rroca entre la abundancia y la ausencia se establece en el espacio astronmico,
pero su filiacin con el imperativo geogrfico de Carpentier es bastante clara.
El Barroco novomundista respondi a este imperativo, pero a diferencia de sus Sarduy, Lezama Lima y Carpentier estn hermanados en su utilizacin del
modelos europeos, le interesaba menos la nueva ciencia que las necesidades 10- espacio barroco para establecer a Latinoamrica como un complejo mvil de
constelaciones culturales e histricas. Aunque su valoracin de la naturaleza
cales~y lo.s espacios expansivos de las formas barrocas eran aptos para albergar
las historias y las culturas plurales de Amrica.
Es evidente que Carpentier entendi los murales mexicanos en estos
trminos, como un intento por llenar el vaco que creaba la carencia de una
identidad autnoma en Amrica, es decir, como la representacin de un dra- IS. Lezama Lima, "Imagen de Amrica Latina', en Amrica Latina en su literatura, op.
ma espacial dinmico entre la abundancia y la ausencia. Jos Lezama Lima y cit., p. 466.
Severo Sarduy tambin reconocieron este drama. Lezama Lima arguye que el 16. En "Sumas crticas del americano", Lezama explica en mayor detalle este "espacio
gnstico" americano: "En la influencia americana lo predominante es lo que me
Barroco ofrece "una nueva integracin surgiendo de la imago de la ausencia"."
atrevera a llamar el espacio gnstico, abierto, donde la insercin con el espritu
invasor se verifica a travs de la inmediata comprensin de la mirada. Las formas
congeladas del barroco europeo, y toda proliferacin expresa un cuerpo daado,
desaparecen en Amrica por ese espacio gnstico, que conoce por su misma am-
12. Erwin Panofsky, Estudios sobre iconologa, trad. Bernardo Fernndez, Madrid plitud de paisaje, por sus dones sobrantes. El simpathos de ese espacio gnstico se
Alianza, [1939] 1984, pp. 115-116. ' debe a su legtimo mundo ancestral, es un primitivo que conoce, que hereda pecados
13 Robert S. Huddleston, "Baroque Space and the Art of the Infinite" en Tbe 'Ibea- y maldiciones, que se inserta en las formas de un conocimiento que agoniza, te-
tric~l Baroque, Chicago, David and Alfred Smart Museum of ArJuniversity of niendo que justificarse, paradojalmente, con un espritu que comienza. Por qu
Chicago Press, 2001, p. 17; mi traduccin. En el siglo XVII, el movimiento se con- el espritu occidental no pudo extenderse por Asia y frica, y s en su totalidad en
sideraba la base de la filosofa natural, y el movimiento de la Tierra era un tema Amrica? Porque ese espacio gnstico esperaba una manera de fecundacin vege-
particularmente escabroso. Para un relato detallado del debate en torno a la natu- tativa, donde encontramos su delicadeza aliada a la extensin, esperaba que la gracia
raleza del movimiento y, por lo tanto, del surgimiento de las nociones modernas le apartase una temperatura adecuada, para la recepcin de los corpsculos generatri-
de cambio, desarrollo y relaciones progresivas (degeneracin, evolucin, trastorno, ces" (op. cit., pp. 178-79; nfasis mo).
duda), vase Dava Sobel, La hija de Galileo, Madrid, Debate, 1999. 17. Severo Sarduy, Barroco (1974), incluido en Ensayos generales sobre el Barroco, M-
14 Jos Lezama Lima, "Sumas crticas del americano", en l,a l'x/m'sin americana, ed. xico, Fondo de Cultura Econmica, 1987, pp. 151-52, n. 5; nfasis del autor. Vase
Irlemar Chiamp, Mxico, Fondo de Cultura EeOlIl'lIllea,/19591199.1, p. 182. especialmente el cap. 3, "La cosmologa barroca: Kepler", pp. 177-197.
2 1':1. liARllOCO NOVOMIlNDlSTA y LA nTNAMICA nF:L F."F.Il"IFI"lAIIl ' S
a:
y vhthllld"d dr In emprcsn vara notablemente,
cada uno reconoce el impulso
de desplazamiento y descentralizacin, amplificacin e inclusin."
hUl'l'Ol'O propuesto esta analoga; estos escritores, como los muralistas, responden" h,
I cnsin americana entre abundancia e insuficiencia con un horror vacui:
. l:arpel1tje~, ,Lezama Lima y Sarduy no eran insensibles a la irona que
implicaba reVIVIrlas formas coloniales para la construccin de una identidad
Quizs, al pertenecer a un universo relativamente ignorado, el escritor latino-
poscolonial, pero llegaron a entender cada vez ms el Barroco novomundista
americano se siente obligado a darles un nombre a las cosas,a darles una textura;
como una es~rat~gia poscolonial, como un instrumento de contraconquista, eso explica la multiplicidad de los signos, que constituye la caracterstica del estilo
para usar el termmo de Lezama Lima, por medio del cual los artistas latinoa- barroco."
mericanos podran definirse en contra de las estructuras colonizadoras. Con
todas sus diferencias, estos escritores se asemejan en su transformacin del 1':\ impulso de nombrar las realidades latinoamericanas es tan antiguo como
Barr~co en un ~ro~eso de recuperacin y revitalizacin cultural. Si Sarduy I,)s invasores espaoles, pero el impulso de Carpentier de darles "textura" es
enfatizaba el artificio de los recursos narrativos del Barroco y su capacidad IIIUY personal. Sin duda, los escritores en todo el mundo sienten que se enfren-
para trastocar las perspectivas hegemnicas, Carpentier y Lezama Lima em- t.m "a un universo relativamente desconocido", pero los escritores del Barroco
plearan sus tensiones formales y estrategias descriptivas como un medio para ru Amrica hacen de esta confrontacin su prioridad esttica e ideolgica. Por
abarcar la diversidad de los "contextos americanos"." Cada uno a su manera "1 cxtura", Carpentier sugiere la atmsfera y la intensidad de siglos de sincretis-
se dio a la tarea de conquistar a los conquistadores al apropiarse las estrategias JI10 ultural en Amrica Latina, yen su afirmacin reconocemos el bosquejo
barrocas para expresar su visin de "indo-afro-bero-amrica"; su propsito .1(' 10 que se convertira en su tema ms persistente: el significado y la necesi-
comn era "recomponer, reincorporar, lo roto", como seala Carlos Fuentes en dad del Barroco en el Nuevo Mundo.
su ensayo sobre Lezama Lima,20 ~ murales de Rivera habra visto Carpentier en Mxico en 1926? La
El proyecto es utpico, por supuesto, y a su servicio Carpentier invoca el rx capilla de Chapingo estaba casi terminada y los murales de la Secretara de
tratamiento de los muralistas mexicanos de "una nueva realidad americana" I':ducacin Pblica ya estaban comenzados. Rivera cre aqu algunas de las ms
que l vincula al Barroco. En una entrevista de 1967, titulada "En Amrica memorables imgenes de su larga carrera. Sus 128 paneles celebran los ritua-
Latina tenemos todos un estilo barroco", compara a los muralistas con Mario J.s folclricos mexicanos y los modelos de produccin indgenas; cubren tres
Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Miguel ngel Asturias, Julio Cortzar y consi- paredes y tres pisos de los dos patios interiores con soportales de la Secretara,
go mismo." En otra entrevista, publicada un ao antes, Carpentier ya haba V se conocen colectivamente como patio de Las Fiestas y patio del Trabajo, res-
\ll'ctivamente.23 Ya estaban parcialmente terminados en 1926, lo suficiente para
(1I1C el joven Carpentier pudiese apreciar su grandiosa concepcin y diseo. En
111I artculo en Revista de Avance, publicado poco despus de su regreso a Cuba,
18. Irlemar Chi.ampi co,~para los proyectos de Carpentier, Lezama y Sarduy en Barro- "o~iaba con desmedido entusiasmo la integracin de los espacios arquitect-
co y modermdad, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, 2000, cap. 1, "El barroco
niro y pictrico por Rivera. A dos de las series en el patio de Las Fiestas -la
en el oC,asode la modernidad", pp. 17-41. Para un anlisis comparativo ms ex-
l<cvo1ucin Proletaria y la Revolucin Agraria- el mismo Rivera las llamaba
tenso, vease Gustavo Guerrero, La estrategia neobarroca, Barcelona, Ediciones del
Mall,1987. "lITidos (narraciones tradicionales en forma de cancin), pero Carpentier, en su
19 La frase es del ensayo de Carpentier "Problemtica de la novela actual en Latinoa- artculo, se refiere a ellas como una sinfona: "esa sinfona pictrica -sinfona
mrica", citado ms abajo. I'astoral, sinfona heroica, sinfona de las mil voces!". Sobre el trptico al final
20. Carlos Fuentes! "Jos Lezama Lima: Cuerpo y palabra del barroco", en Valiente .1('\ patio de Las Fiestas escribe que "se alzan los rojos pendones del primero de
mundo nuevo: Epica, utopa y mito en la novela hispanoamericana, Madrid Monda- M ayo, cuyo simbolismo es Leitmotiv que Diego hace sentir de cien maneras en
~~l~~m. '
21. Carpentier y Nicole Zand, "En Amrica latina tenemos todos un estilo barroco"
(1967), en Entrevistas, op. cit., p. 1~5. El pasaje es el que sigue: "Tome a Carlos
Fuentes, a Mario Vargas, a Miguel Angel Asturias, a m mismo. Todos nosotros te- .' 1, Carpentier y Daniel Albo, "El ms clebre de los escritores cubanos: Alejo Car-
nemo~ un estilo barroco, en el sentido que se le da clsicamente a 10 que puede ser pcntier: 'En Amrica latina la literatura es una novedad!"', en Entrevistas, op. cit., p.
un estilo barroco: hablo de los murales mexicanos, por ejemplo. En la actualidad 144.
Julio. Cortzar tambin nos ~,freceuna prosa barroca, tanto por el tema como por ei .' \. Pete Hamill estudia e ilustra la estructura conceptual de toda la serie en la Secreta-
ambiente que le es necesario . ra de Educacin Pblica en Diego Rivera, New York, Harry N. Abrams, 1999, pp.
'.IR-117.
',1. 1i\ H H()(. o N () V o r-ru NI) I STi\ Y 1.i\ 1) 7I:1rnI'lITr:r.T"'I"l"'I't"lT.,----n-..,--------
el mundo plstico de sus frescos"." La interconexin ondulante de Danza d. ~ Il'al est presente y es palpable, pero se expande, se descentraliza, estalla.
listones (fig. 3.1) recuerda las filacterias barrocas que vimos en el captulo 1 (~g:': I Iice referencia a la entrevista que lleva por ttulo la afirmacin de Carpen-
1.1~ y 1.15) Y qu: volvere~~s a ver en el captulo 4 (figs. 4.13, 4.15 Y lmina 16); ucr "Reyes, Orozco y Rivera fueron mis maestros". Ya hemos visto a Orozco y
los lis~ones de DIego tambin predicen los pliegues barrocos que aparecern el , Rivera, pero qu hay de Reyes? Carpentier conoci al intelectual mexicano
el captulo 5. lfonso Reyes en La Habana en 1927 y desarroll una amistad con l que
Carpentier llena una pgina entera con la descripcin deslumbrante de las prolong la "iniciacin" que haba comenzado en Mxico el ao anterior. La
escenas en el patio.de Las Fiestas y luego, se vuelca al patio del Trabajo. Las es di .tadura cubana, que haba intensificado la represin de los estudiantes y los
cenas de sus tres niveles representan el trabajo intelectual, industrial y agrario,
I110I '''11 ,'''11 I 1\ 1111"11 ('11Amric. ,1 d'Ors y a Uslar Pietri en la poca de sus publicacione : EIl[OIIl ( ''1'1111111
Idli 1111lo, 1110ti 111 1'" 1 1, 111111I lo 111111.1111,1111'los aos 1 I importante trabajo del historiador del arte argentino Angel CUido, qlll('1l
11011I1 \ ti, 1111 1111I Il ,11du
1 plOpUSOen Redescubrimiento de Amrica en el arte, en 1944, no so~amente ~I~a
historia del arte y la arquitectura barrocas del Nuevo Mundo, S1110 tambin
una teora de la cultura latinoamericana basada en la recurrente inclusin de
\',1 "1' 1'11(111111/\1(I(Ot'O" 'I'R/\NSIII TRICO:CARPENTIER y n'ORS I.IS formas barrocas de expresin. Es posible que Carpentier hubiera ledo a
( :uido, y es casi seguro que Lezama Lima lo hizo." En resumen, durant~ es~e
( ':tII1('lltin ha sido acusado de "esencializar" las diversas culturas y topografas periodo, el Barroco se estaba concibiendo de nuevas maner~s que contribu-
d(' I .atinoam ~ri a al argumentar que el Barroco es una forma autctona y al concepto de Carpentier del espritu barroco y sus particulares encarna-
11,111
aut ~l1lil'a de Amrica, para repetir dos de sus adjetivos citados arriba, y cier- 1Iones americanas.
I:U11 'IHe la inclusin de artefactos prehispnicos en su definicin del Barroco D'Ors, Uslar Pietri y Guido predicen la ampliacin del significado his-
's .ucstionable si se consideran las versiones estndares de la historia del arte. iorico y cultural del Barroco: la '~contraconquista" y las "eras imaginarias': de
Su objetivo era precisamente trastocar las versiones estandarizadas para incluir I .czama Lima, la "desviacin" de Edouard Glissant, el etbos barroco de Bolvar
lo que l expresaba como "mutaciones histricas" y "sincretismos culturales" ",\,hevarra y, obviamente, la "constante humana" de Carpentier.P Estos es-
de Amrica Latina, y el Barroco le proporcion el medio para hacerlo. Pero 1ritores y crticos empiezan con el Barroco europeo del siglo XVII y luego se
antes de que Carpentier pudiera hacer del Barroco un modelo "esencialmente" ,dejan de l no para deshistorizarfo sino para la transhistorizarfo y de ese ~~do
americano, tena que universalizarlo; antes de que el Barroco pudiese servir n-clamar su relevancia en Latinoamrica." Para Carpentier, es a la vez unica-
.orno una esttica americana poscolonial, tena que ser liberado del estrecho ucnte americano y tambin universalizador, una fuerza que hace su aparici.~ en
camarote que ocupaba en los barcos de los colonizadores espaoles. El con- mltiples culturas a lo largo de la historia. En Amrica Lati~a, .las activida-
epto carpenteriano del Barroco como una "constante del espritu humano" .les del "espritu" barroco permiten la posibilidad de una continuidad cultural
refleja las teoras vigentes en Europa en los aos veinte y treinta, sobre todo
la de Eugenio d'Ors y ms tarde la del fillogo venezolano Arturo Uslar Pie-
tri. Carpentier estaba en Pars durante la dcada de 1930 cuando d'Ors, un
\ . ngel Guido, "Amrica frente a Europa en el arte", en Redescubrimiento de Am-
historiador del arte y filsofo cataln, elaboraba su argumento transhistrico
rica en el arte Buenos Aires, F. y M. Mercatali, 1944, pp. 27-42. Probablemente
de los "eones" culturales recurrentes, y despus en Caracas a finales de los Guido fue el inspirador del trmino contraconquista de Lezama, pues teoriza sobre
aos cuarenta cuando Uslar Pie tri publicaba su famoso anlisis de la literatura una repetida relacin entre conquista y reconquista/Barroco y Barro~o novomun-
venezolana. En Letras y hombres de Venezuela, Uslar Pie tri escribe acerca del dista. Volver a Guido en mi conclusin. Estoy en deuda con Monika Kaup por
historiador venezolano del siglo XVIIJos de Oviedo y Baos: "lo barroco para esta conexin y ella, a su vez, con Arabella Pauly, "Zur Geschichte des Begriffs
l, ms que un lujo de formas, es una disposicin del espritu", y agrega que es neobarroco" (De la historia del concepto neobarroco), introduccin a Neobarroco:
"casi una condicin de lo hispnico"." Seguramente Carpentier habra ledo Zur Wesensbestimmung Lateinamerikas und seiner Literatur, Frankfurt, Peter Lang,
1993,pp.13-36.
11. Vase Jos Lezama Lima, Eras imaginarias, Madrid, Editorial Fundamentos, 1971;
douard Glissant, "Concerning a Baroque Abroad in the World , en Poetics of
31. Arturo Uslar Pietri, Letras y hombres de Venezuela, Caracas, Monte vila Editores Relation, trad. Betsy Wing, Ann Arbor, U niversity of Michigan Press, 1997, pp.
Latinoamericana c.A., 1993, p. 35; nfasis mo. La afirmacin de Uslar Pietri es 77 -79; Y Bolvar Echeverra, La modernidad de lo barroco, Mxico, Ediciones Era/
ciertamente "esencializadora", pero sus ejemplos son relevantes para nuestro an- Universidad Nacional Autnoma de Mxico, 1998.
lisis. El pasaje del cual tomo la segunda frase es el siguiente: "Lo barroco es casi 11. A Sarduy en particular se le ha acusado de desbistorizar el Barro~o,. es. decir, de
una condicin de lo hispnico. Lo clsico, lo lineal, lo racional, es contrario a las ampliar sus aplicaciones hasta el extremo de que desaparecen las distinciones en-
profundas solicitaciones de su sensibilidad y de su emocin. No es un azar que el tre periodos. Vase, por ejemplo, Marie- Perriette Malcuzrnski, "Le (Neo)Baro,~ue:
gran arte hispanoamericano haya sido el barroco. Lo espaol se ha expresado con Enqute critique sur la transformation et l'application d un champ notlO~~el ,en
grandeza y universalidad avasalladoras en las pocas y en las formas no clsicas. En !mprvue 1,1987, pp. 11-43. [En ingls: "1he (Neo)Baroque Effect: A Critical In-
el gtico florido, en el plateresco, en el churrigueresco. En la Celestina, en el Quijote, quiry into the Transformation and Application of a Conceptu~ Fie~d for Co~pa-
en el Entierro del Conde de Orgaz, en las Meninas, en los Fusilamientos de la MO/1 rative American Srudics", trad. Wendy B. Faris, en Comparatiue Literature n 61,
ciad' . iii, 2009, pp. 295-315.1
11111111I
35 Fuentes, "Jos Lezama Lima: Cuerpo y palabra del barroco", en Valiente mundo
nuevo, op. cit., p. 219.
6
3 . Vase Jacques Barzun, Del amanecer a la decadencia: 500 aos de la vida cultural en X. Eugenio d'Ors, Lo barroco, Madrid, Editorial Tecnos, 2002, p. 85. d'Ors revierte las
Occidente; de 1500 a nuestros das, trad. Jess Cullar y Eva Rodrguez Hallfter, Ma relaciones de los medios en las pocas de clasicismo: "la msica se vuelve potica; la
drid, Taurus, 2001, pp. 337-341. poesa, grfica; la pintura, plstica, y la escultura, arquitectnica" (p. 85).
37 Eu?~nio d'Ors, Du Baroque, Paris, Gallimard, 1935, y Cupole et monarchie, Paris, Li ll). Carpentier, "Lo barroco y lo real maravilloso", en La novela latinoamericana en vs-
bralf~e de Fran~e, 1926. Du Baroque se basa en un seminario que dio d'Ors en la peras de un nuevo siglo y otros ensayos, op. cit., p. 114; nfasis del autor.
abada de Pontigny, un monasterio cisterciense en Botgoa que haba sido trans 10. Proust, por ejemplo. En "Lo barroco y lo real maravilloso", Carpentier escribe:
formado en un lu~ar de reunin donde los intelectuales europeos discutan tpicos "Marcel Proust (Marcel Proust precisamente, y aqu vuelve Eugenio d'Ors, que en
selecto .. Esto explica en parte por qu Du Baroque no se public en espaol hasta su ensayo acert en muchos puntos), Marcel Proust nos da uno de los momentos
1,944 ni Cupole et monarchie hasta despus de su publicacin en francs y con otro ele la prosa barroca universal, prosa en la cual-y esto lo observa d'Ors-se interca-
ttulo: Las Ideas y las formas: Estudios sobre la morftloga de la cultura, Madrid, Pcz lan unos "entre parntesis" que son otras tantas clulas proliferantes, frases metidas
Editores, 1928. En las historias de la filosafia espaola a veces se compara a d'Ors en la frase, que tienen una vida propia y que a veces enlazan con otros "entre parn-
con Ortega y Gasset por su existencialismo fenomenolgico, u inters en las formas tesis" que son otros elementos proliferantes" (p. 122).
de expresin y su en formular hiptesis sobre las corricnt .s culturales. Va eA. L 11. D'Ors, Lo barroco, op. cit., p. 74; vase .n particular la eccin titulada "Morfologa
pe'l, uintas, R/ pensamiento ji.loso/lcode Orll;r;{/y rI'On, Mudrid, e uadarrama, 1972. del barro o. La multipolaridad. La 01 tinuidad", pp. 84 91.
1.llIdlllllll.1 \111(11.1(('1
dl~tlll(IOII('~ (,IIII('lw, dll" l'II"IIlI'\l\O de d'Ors
no (',1.1 Ilg;ldo :1 UII lugar g 'ografi'o o a una configurar,o'l i ulrural, como lo
('sta ('1 de 'arp .nticr, sino ms bien a una nocin de "eones" en los que las
cnract .rfsticns culturales se repiten. D'Ors busca temas barrocos que relaciona
con tpicos romnticos, en tanto Carpentier est interesado en la funcin d '1
Barroco en Latinoamrica. Y si d'Ors encuentra que el Barroco se manifiesta
durante la decadencia de una civilizacin determinada, Carpentier insiste en
que seala la plenitud cultural. Refirindose al argumento de d'Ors en "Lo
barroco y lo real maravilloso", Carpentier reconoce esta ltima diferencia:
Eugenio d'Ors, que no siempre me convence enteramente con sus teoras ar-
tsticas, pero que indudablemente en algunos ensayos es de una penetracin ex-
traordinaria, nos dice [oo.] [que] hay un eterno retorno del barroquismo a travs de
los tiempos en las manifestaciones del arte; y ese barroquismo, lejos de significar
decadencia, ha marcado a veces la culminacin, la mxima expresin, el momento
de mayor riqueza de una civilizacin determinada'! (113-114).
nuestro inters por la naturaleza del espacio barroco: la presencIa en. la nov 'la
El Barroco florece en Amrica porque sus culturas son hbridas, excntricas, de Carpentier de un cuadro de Francois de Nom, tambin conocid ~omo
exuberantes. Carpentier trabaja para restaurar y actualizar la plenitud de las M onsuDesideri
eSI eno (fig 3
.., 3) 43 Este cuadro no est fechado, pero se consid .ra
imagineras acumuladas de Latinoamrica, un esfuerzo que explica la presen- que fue pintado alrededor de 1620 y se describe repetidamente en la novela d '
cia central de un lienzo barroco europeo del siglo XVII en su novela El siglo de
las luces.
1, Jos Lezama, "La curiosidad barroca", en La expresin americana, op. cit., p. 79;
FICURA 3,4, Pedro Pablo Rubens, El descendimiento de la Cruz (panel central del trptico; l.czama Lima emplea esta frase para dar a entender que el Barroco ha llegado
1611-1614), catedral de Amberes, Blgica, fotografa: Art Resource, Nueva York. a describir tal vastedad de formas expresivas que ha alcanzado "el mximo de su
arrogancia".
lJ mberto Eco, Obra abierta: Forma e indeterminacin en el arte contemporneo, trad.
Roscr Berdagu, Barcelona/Caracas/Mxico, Editorial Ariel, 1979, p. 78.
l. Gonzalo Celara, "Del barroco al neobarroco", en Ensayo de contraconquista, Mxi-
ro,'lu quets, 2001, pp. 78-79.
Bruce Bouchcr tambin ha e hin api ~ en la continuidad del clasicismo
1 .naccntista y el barro o: "En ocasiones el Barroro se ha considerado una recreacin
d ,1 Alto R 'nacimiento, pero en un grado extremo. 1::8ta 's una manera vlida de
----- __ --------, 1, nl\ 11" '-n '~\I V\ IIVI U l~ 111 1-"--'--'""'" T1.,. ..~'T'T"T"""I"T1r_n...,..,.r__--"""TT"T'""------
lit Gonzalo Celorio de que en el arte barroco las ramas son ms importantes que
l. I~ rboles? De Nom incluye la cultura clsica, pero la reorganiza y la derriba.
Ya sea que entendamos las ruinas de De Nom como elegacas y/o irni-
I ,I~,podemos estar de acuerdo en que su genialidad es a la vez arquitectnica y
.uqucolgica, y que su poder artstico se basa en una combinacin de meticu-
FIGURA 35Francois de Nom, El incendio de Troya con la huida de Eneas y Anquises (1624), losidad y anarqua. Su visin de las ruinas es tan hiperblica que el observador
Statens Konstmuseer,Estocolmo, Suecia.Reproducida con permiso.
moderno sospecha una parodia: la del tpico barroco de la mutabilidad (de la
I 11:11 las ruinas clsicas eran un emblema); la de la ornamentacin barroca; in-
. ~~ ninguno de los cuadros de De Nom sus personajes se presentan como I luso la autoparodia, porque De Nom claramente se deleita en las rarezas mul-
individuos; sus santos, mrtires y hroes mitolgicos no son retratos en el uplicadoras de sus paisajes arquitectnicos. En todo caso, sus ruinas enfrentan
sentido habitual. En realidad, a menudo parecen ser intercambiables con su 1.1 exuberancia a la aprensin, la continuidad a la fragmentacin, la contencin
estatuas, que ms parecen fantasmas o esqueletos. Las figuras de De Nom I l.rsica a la proliferacin barroca. La tensin producida por los opuestos com-
parecen pequeas debido al gran arrastre de una historia que se ha desencarri- plementarios es tpica del Barroco, pero con todo, las fantasas arquitectnicas
lado; se sienten abrumados por fuerzas que ellos no crearon ni controlan. Lo de De Nom son idiosincrsicas. Claramente, su objetivo no era provocar una
fragmentos arquitectnicos que rodean y envuelven a las figuras en casi todo 111 xlitacin sobre la mutabilidad y mucho menos una reflexin sobre la realidad,
sus cuadros muestran un orden social in extremis. En la figura 3.5, titulada El 1Il0 inspirar en el observador una respuesta emocional, un cmulo de sensacio-
incendio de Troya con la huida de Eneas y Anquises, las figuras son reconocibles ncs, Pero sensaciones de qu? De grandeza histrica, tal vez, y al mismo tiempo,
pero su funcin es alegrica: son mensajes cifrados de los estragos de la guerra. de no talgia por una historia haca largo tiempo agotada. En el siglo XVII, haba
De Nom lleva a cabo sus inversiones en el espacio dinmico y en las estruc- 1111 gnero de pintura paisajista con ruinas cuyas convenciones estaban diseadas
turas en explosin, no en las acciones individuales.
para evocar el pasado heroico, y con l, al extico "otro". O quizs la excentrici-
Los cuadros de De Nom proyectan una alegora arquitectnica de decadencia dad de De Nom se explique por medio de su propia trayectoria transcultural.
y muerte, y su tono combina lo apocalptico y lo elegaco. En la iconografa contra- T Iabiendo nacido en el norte de Europa y trabajando en el sur, De Nom
rreformista la mutabilidad es el lado oscuro de la trascendencia; la vida es un sueo sortea este cruce cultural de la manera ms evidente en su combinacin de la
o un estadio o un laberinto, tpicos que regularmente simbolizan la preocupacin
barroca por la naturaleza ilusoria y efmera de la experiencia. El historiador del
arte mexicano Guillermo Tovar de Teresa seala: "La advertencia de lo efmero e
uno de los pensamientos constantes del hombre barroco. Todo es relativo, todo e, 7. Vase Robert Harbison, 'Ibe Built, the Unbuilt and the Unbuildable: In Pursuit of
mudable, todo es fugaz salvo la certeza de que se ha de morir"." Pero con cunta Architectural Meaning, Cambridge, MIT Press, 1991, en especial caps. 4, 5 Y 6:
"Ruins", "Paintings" y "Unbuildable Buildings". Las ruinas imaginarias se convier-
ten en un tpico barroco popular, pero se retrotraen a finales de la Edad Media,
cuando los escolsticos imaginaban las vastas espe ulacioncs teolgicas y filo fi-
56. Guillermo Tovar de Teresa, Mxico barroco, Mxi '0, SAIIOP, 1988, p. 59.
ras como "catedrales del pensamiento".
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111-ron a I{ollla, p '1'0 la Illayona 110pcrmanccio di jllhi lo. La m .tfora de Pa cal se .onvcrtir .n ,1t 'Illa d ' Ulla ,ilo 1.1 f 1<I 111111
,dll, CI'Ollfll' lo 1 'Ii~ioso estaba resolvindose en el norte de Europa y el m" III.\Sconocida de Jorge Luis Borges, como veremos 'n ,\ 'apltulo .
lado ti " arte .staba floreciendo. De Nom tampoco se qued, pero eligi tras \,:1 historiador del arte Christopher Wright escribe a er a el' l) , Nomc <lit'
ludarsc al sur, a Npoles, alrededor de 1610. Su bigrafo J. Patrice Marandcl IllIlgn otro pintor del perodo logr representar los aconte imi .ntos COIltal
as 'gura que Npoles "siempre conserv en su cultura popular (que perrneahu (1I1id de la teatralidad, en tanto remova todo sentido de seriedad moral de
las clases superiores) un sustrato de paganismo. ste tom la forma de la su \.1ocasin".6o Ciertamente, las enormidades bblicas a menudo proporcionan
1 pr 'texto para sus fantasas visuales: adems de la destruccin de los ido los
pcrsticin, la fascinacin por el esoterismo y la prctica de la brujera" (25-26).
La naturaleza fantstica de la obra de De Nom seguramente es, en parte, re .111rey Asa en Explosin en una catedral, De Nom pint un buen nmero de
sultado de su travesa de norte a sur, de Metz al centro romano de la ortodoxia 1u.idros de vidas y martirios de santos en los cuales dispone figuras minsculas
y luego, a la periferia napolitana. Cre sus cuadros en el lmite de la corriente .olltra vastos, irreales y escabrosos telones de fondo arquitectnicos y topogr-
tll os. En el Martirio de Santa Catalina (lmina 12), una mujer est a punto de
dominante, entre culturas, y se cuenta entre aquellos artistas (como Piranc
.1 I decapitada por un fornido verdugo, mientras un infiel (a saber, el turbante)
si, Fuseli y Blake) de los que puede decirse que no tienen seguidores. Alejo
Carpentier no habra pasado por alto su excntrica postura ya que l mismo 11,1("cabriolas sobre un caballo blanco en la parte izquierda del proscenio y
buscaba maneras de expresar realidades latinoamericanas que eran tanto con \11 compaeros de la santa huyen a la derecha del mismo. La identificacin
1 mociona] era la supuesta meta de las representaciones barrocas del martirio,
tinuas como discontinuas con respecto a las europeas. De Nom perteneca y
,\lll' eran consideradas "arte devocional" por su poder de conminar al observa-
era ajeno, y a Carpentier su pintura le debe haber parecido apropiada para los
requerimientos de su propia narrativa, ya que se esforzaba por representar un dor a la veneracin, pero en este ejemplo es poco probable que el observador
: identifique con el sufrimiento de la mrtir. De nuevo, el coeficiente afectivo
Nuevo Mundo en los mrgenes occidentales de la cultura europea.
Puede ser la trayectoria marginal de De Nom lo que vuelve tan dramtica '\1' la pintura de De Nom no es inherente al drama religioso o personal, sino
su aversin al espacio vaco -su horror vacui-. En sus cuadros, como ya he ,11espacial. El trasfondo abruma al primer plano, las ruinas arquitectnicas
sealado, la experiencia individual queda subsumida por la amplitud del espa uncnazan con derrumbarse sobre la mrtir antes que la espada del verdugo. El
I pacio cintico envuelve a todas las figuras, al verdugo y a la santa por i~ual.
cio, por el aparente peso del espacio como tal, aun cuando dicho espacio est ~
representado como abierto, dinmico, potencial. El eptome de esta obsesin Tambin se desarrolla un drama espacial como ese en la novela El SIglo de
1/1 luces, en la que Carpentier aborda la teatralidad de la Revolucin francesa
barroca con el espacio es Blaise Pascal, contemporneo de De Nom, pero
se expresa en un registro totalmente distinto. Pascal escribe con angustia y 111el Caribe tanto temtica como estructuralmente. Hablar del "teatro" de
asombro: 1.1~L1erra es bastante comn, por supuesto, pero Carpentier vuelve literal la
11IetMora, empleando el tropo barroco del teatrum mundi -el mundo como
Todo este mundo visibleno es sino un rasgo imperceptible en el amplio seno de 1111cscenario- para codificar las ilusiones y el autoengao del periodo." En
la naturaleza. No hay idea ninguna que se aproxime a ella. Podemos dilatar cuanto ,11novela, como en los lienzos de De Nom, las escenas ocurren a menudo
queramos nuestras concepciones allende los espacios imaginables, no alumbrare- 111 .laroscuro, con una luz extraa e inquietante parpadeando contra un teln
mos sino tomos, a costa de la realidad de las cosas. Es una esfera cuyo centro se dc fondo de oscuridad. Durante la Revolucin francesa, un grupo de asocia-
halla por doquier y cuya circunferencia no se encuentra en ninguna parte.59
I Iones corrientes giraban en torno a este contraste de luz-ilustracin-libertad
y oscuridad-ignorancia-encarcelamiento, asociaciones que Carpentier abarca
von irona en el ttulo de su novela as como en escenas particulares. Los his-
58. Hablando sobre la obra de De Nom durante sus aos en Rorna.]. Patrice Maran-
del comenta: "Separado de las fuentes visuales originales de su Lorena natal es, sin
embargo, notable presenciar cmo fue capaz de conservar, en medio de Roma, su oo. hristopher Wright, 'Ibe French Painters of tbe Seuenteentb Century, Boston, Little
identidad cultural [nortea]" (Franfois de Nom: Mysteries of a Seventeenth-Century Brown, 1985, p. 42. .
Neapolitan Painter, op. cit., p. 22). (11. El eptome de este tpico es la obra El gran teatro del mundo, de Caldero n de
59. Blaise Pascal, Pensamientos, Madrid, Espasa-Calpe, 1940, Seccin 11,72: "Dcspro la Barca. Vase Anita M. Hagerman-Yollllg y Kerry Wilks, "The Theatre of the
porcin del hombre". World: taging Baroque Hierarchies", en 1Ze 'lbcatritnl Baroqne, op. cit., pp. 36-45.
plsado .orno ,1 l"UtUIO,111111111111111111 0111"111111111 1111I IU,tI 11 Ii I 11111111
han dejado de opcr.u \.1 IIIItV.1 .UIII 111)1.11111 \ ..1 IU',\IIII,I di \.1 p.d,dll,1
"revolucin' es instructivu n 'st' 1 'Slll' .t o; olij.\ill:dlll 'lile Ilupln ;1!l,1111\111111
1'.0
1rcli 'o, un movimiento histrico rotatorio de .ambios r 'guiar 's y r 't'Ulll'lIles,
\.1 renovacin histrica mediante la revitalizacin ms q le la ruptura. Si cst '
sentido original de "revolucin" privilegia el pasado, el uso m cierno privil '
j.\ia un futuro desconocido. La Revolucin francesa fue la primera revolucin
que explot plenamente este sentido moderno del trmino com~ una ruptura
histrica, como una suspensin al borde del futuro. Es este preClso momento
1,1que tambin transmite el cuadro de De Nom, una histo~ia suspendi~a, que
debe haber parecido reflejar la historia del propio Carpentier, que escriba su
novela durante y poco despus de la Revolucin cubana.f
Consideremos el lienzo de De Nom titulado Infierno (fig. 3.6). Esta pintu-
ra est estructurada de acuerdo con centros dinmicos ("ncleos proliferantes",
corno los llamara Carpentier en su ensayo "Lo barroco y 10 real maravilloso")
que tornan difuso el punto de vista y requieren del espectador q~e camb~e de
posicin para ver la obra. El espacio, ms que dirigir o encerrar, dilata y circu-
la; los mltiples "ncleos" casi autnomos de este lienzo estn estructurados
mediante la luz, la lnea y la masa, y cada uno parece titilar, apagarse, moverse
I.MINA 12. Francois de Nom, Martirio de Santa Catalina (s, f.), coleccinprivada, Roma. dentro y fuera de foco de modo independiente. La composicin, la perspectiva,
los efectos de luz y sombra remplazan el contenido moral; el infierno es un
espectculo para contemplar, antes que un ambiente m~ral ?ara. temer o para
toriadores han examinado las maneras como esta imaginera de la Ilustracin soportar. Recompensa y castigo, poder y temor y obediencia: n.mguna de las
se torn, al incrementarse los abusos de la Revolucin francesa, en imgenes c.uegoras morales habituales son relevantes, pues el tema de la pmtura n~ es la
de luz cegadora y luego, en imgenes de conflagracin.s! La obra de De Nom ~ moralidad, sino el movimiento en el espacio. La descripcin de Carpentier en
es pertinente por su yuxtaposicin de clasicismo y conflagracin, que se hac . "1.0 barroco y 10 real maravilloso" puede aplicarse a la pintura de De Nom: "~s
explcita en su Incendio de Troya (fig. 3.5). Tambin Carpentier juega con est . un arte en movimiento, un arte de pu1sin, un arte que va de un centro hacia
.ontraste. Su novela describe a lderes de la Revolucin francesa que se conci aCuera y va rompiendo, en cierto modo, sus propias mrgenes" (117).
ben a s mismos en trminos de modelos griegos y romanos y quienes, con la Presiones cinticas compensatorias y energas espaciales en colisin dan a
ayuda a los artistas de la poca, asumieron un estilo neoclsico para confirmar las escenas de De Nom una sensacin de tiempo suspendido, y Carpentier
la identidad que haban elegido. Fue Jacques-Louis David quien produjo los hace algo similar en su descripcin de acontecimientos caticos en El siglo de
retratos neoclsicos arquetpicos de la Revolucin francesa, sin embargo no IIIS luces. Ya he dicho que la Revolucin francesa fue la primera revolucin que
es el clasicismo de David, sino la manipulacin barroca del clasicismo de De se comprendi a s misma como ruptura de renovacin histrica, pero se pa-
Nom la que otorga a Carpentier su perspectiva crtica de los abusos de la raliz en el Caribe; haba ocurrido ruptura, pero no renovacin. La novela de
Revolucin francesa en el Caribe.
Los acontecimientos revolucionarios tal como se relatan en la novela re-
Hejan un caos de fuerzas y vectores dinmicos, pero no una direccin ni una
coherencia y, ciertamente, ninguna conclusin. Carpentier describe una po- 63- Guillermo Cabrera Infante asegura que cuando esta novela apareci en Cub~ en
1962, Fidel Castro y Ral Castro la "exaltaron"y declararon que era lectura ~bli?~-
ca "intermedia", un intersticio entre "antes" y "despus" que contiene tanto el
da para los oficiales militares. Cabrera cita a Heberto Padilla sobre la admiracin
que senta Castro por la novela: "Ninguno de los dos la ley. De ?abe~l~,he~ho
se hubieran dado cuenta de que era profundamente contrarrevoluClonana (VIdas
62. Vase Ronald Paulson, Representations of Revolution, 1789-1820, New I laven, )';11' para leerlas, op. cit., p. 143).
nivel' ity Press, 1983, p.174.
,.,....----~--~II, 1'''l"(lft,\ " \/Y\/IYI,71"'1'1
67, Esta frase est incluida en una carta que Paz escribi a Lezama Lima cuando ley LMINA 13. Fray Pablo de Jess, Conde de Calves, virrey de Nueva Espaa, 1785-1786
Paradiso por primera vez en 1967: "Leo Paradiso poco a poco, con creciente asom- (1796), Mxico, Museo Nacional de Historia/Instituto Nacional de Antropologa e Histo-
bro y de lumbramiento. Un edificio verbal de riqueza increble; mejor dicho, no un ria, Mxico/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Mxico.
edificio sino un mundo de arquitecturas en continua metamorfosis y tambin un
mundo de signos -rumores que se configuran en significaciones, archipilagos
del sentido que se hace y se deshace [... ] es la comprobacin de lo que unos pocos titucin de los elementos de la composicin porque, como observa el narrador,
adivinamos al conocer por primera vez su poesa y su crtica. Una obra en la que slo hay un elemento, la lnea nica que se pliega una y otra vez sobre s misma.
Ud. cumple la promesa que le hicieron al espaol de Amrica Sor Juana, Lugones La ornamentacin es el tema de esta obra. El triunfo de la forma sobre el conte-
y otros cuantos ms" (en Pedro Simn [ed.], Recopilacin de textos sobreJos Lezama nido es tan extremo que la eleccin de esta pintura por parte de Carpentier slo
Lima, La Habana, Casa de las Amricas, 1970, p. 316). puede entenderse como una crtica a la estructura colonizadora a la que pertene-
68. Gilles Deleuze, El pliegue: Leibniz y el barroco, trad. Jos' Vzquez y Umbelina La- ce el amo, una estructura, propone Carpentier, que privilegia la superficie sobre
rraceleta, Barcelona, Paids, [1988] 1989, pp. 148, 11. Deleuze explica as este fe-
el significado. El amo abandonar pronto esta estructura y se encontrar en un
nmeno: "En primer lugar, imgenes de base, pero que tienden a romper todo marco,
a formar un fresco continuo para entrar en ciclos amplios (bien otros aspectos del .spacio barroco muy distinto, al que volver al final de este captulo. .
mismo animal, bien otros animales): pues lo figurado, animal u otra cosa, nunca es En "Lo barroco y 10 real maravilloso", Carpentier se deshace en entusiasmo
una esencia o atributo, como en el smbolo, sino un acontecimiento que, como tal, por la fluidez de las estructura barro 'as, qu ' in luyen las pirmides indgenas
se relaciona con una historia, con una serie" (161-162; infasis del autor). americanas, las capillas barro as y los t .mplos d ' la India. En los bajorrelieves
69. Carpentier, Concierto barroco, en Obras completas, M ixico, Sil-';loXXI, 11974] 1983, de estos templ s, nos dice, hay
vol. 4, p. 148.
'A l' 'l'lJ 1,0
1';,.1\111(1(0('0 NOVOMlJNIlIS'I'A y I,A 1l1N MI 'A 1)10:1,I':SI'A .ro '7
'74
metros y metros, por no decir kilmetros, de bajos relieves, ms o menos erticos, presta a una lcctu ra emblemtica, y sin duda las formas espirales son diseos
que son barrocos en la forma y barrocos en el erotismo por la imbricacin de figu- decorativos comunes en el Barroco, Pero la concha est encerrada y se torna
ras, por el arabesco constante, por la presencia de [,..] una serie de focos proliferan- sobre s misma y por eso, a mi juicio, no representa el concepto de Carpentier
tes que se prolongan al infinito; llega el momento en que se detiene el bajo relieve,
del Barroco novomundista. Ms bien su concepto se encuentra encarnado en la
pero podra seguir con el impulso adquirido, si hubiese una mayor superficie que
proliferacin de elementos presentes, por ejemplo, en las pirmides mesoame-
esculpir, hasta una distancia increble (118).
ricanas y en La Habana, donde las cosas caen constantemente en cascada unas
sobre otras, amplificando y confundiendo el espacio mismo." Consideremos la
Acerca de las estructuras indgenas americanas, tan importantes para su teora
descripcin de La Habana que se ofrece al lector en el primer prrafo de El siglo
del Barroco del Nuevo Mundo, Carpentier escribe: "Casi nunca hay un metro
de las luces (un solo prrafo de varias pginas del que cito una pequea parte):
de superficie vaca en un templo azteca" (123). El espacio se expande hasta que
la composicin barroca parece incluir el universo.
la ciudad, extraamente parecida, a esta hora de reverberaciones y sombras largas, a
Otro autor que hace nfasis en la capacidad generativa de significantes in-
un gigantesco lampadario barroco, cuyas cristaleras verdes, rojas, anaranjadas, co-
terrelacionados del espacio barroco es Umberto Eco. Para Eco, el dinamismo loreaban una confusa rocalla de balcones, arcadas, cimborrios, belvederes y galeras
de "las partes componentes" es esencial para el reordenamiento barroco de la . de persianas -siempre erizada de andamios, maderas aspadas, horcas y cucaas de
perspectiva renacentista: albailera, desde que la fiebre de la construccin se haba apoderado de sus habi-
tantes enriquecidos por la ltima guerra de Europa, Era una poblacin enteramente
[...] el abandono del centro que necesitaba la composicin, del punto de vista privi- entregada al aire que la penetraba, sedienta de brisas y terrales, abierta de postigos,
legiado, se acompaa de la asimilacin de la visin copernicana del universo que ha de celosas, de batientes, de regazos, al primer aliento fresco que pasara, Sonaban
eliminado definitivamente el geocentrismo y todos sus corolarios metafsicos; todas entonces las araas y girndulas, las lmparas de flecos, las cortinas de abalorios,
las partes aparecen dotadas de igual valor y autoridad, y el todo aspira a dilatarse las veletas alborotosas, pregonando el suceso, Quedaban en suspenso los abanicos
hasta el infinito, no encontrando lmite ni freno en ninguna regla ideal del mundo, de penca, de seda china, de papel pintado. Pero al cabo del fugaz alivio, volvan las
pero participando de una aspiracin general al descubrimiento y al contacto siem-
pre renovado con la realidad."
talidad se encuentra al final del captulo 24: "Esteban, desnudo, solo en el mundo,
Ya sea que concibamos la estructura narrativa de El siglo de las luces en trmi- miraba las nubes, luminosas, inmviles, tan lentas en cambiar de forma que no les
nos del desplazamiento metonmico de Silva Cceres, de la cadena de sig- bastaba el da entero, a veces, para desdibujar un arco de triunfo o una cabeza de
nificantes de Sarduy, de los focos proliferantes de Carpentier o de las partes profeta. Dicha total, sin ubicacin ni poca. Tedeum [... ]. O bien, con la barbilla
componentes de Eco, las repeticiones y reubicaciones en la novela sirven para reclinada en el frescor de una hoja de uvero, abismbase en la contemplacin de un
crear perspectivas mltiples, descentradas, que dominan la heterogeneidad. caracol-de uno solo- erguido como monumento que le tapara el horizonte, a la
altura del entrecejo. El caracol era el Mediador entre lo evanescente, lo escurrido, la
Las repetidas apariciones de la pintura de De Nom, las peripecias polticas
fluidez sin ley ni medida y la tierra de las cristalizaciones, estructuras y alternancias,
y los vaivenes geogrficos, los aparentemente intercambiables epgrafes de los
donde todo era asible y ponderable. De la Mar sometida a ciclos lunares, tornadiza,
Desastres de la guerra de Goya, la profusin de objetos y atributos, las mutables abierta o furiosa, ovillada o destejida, por siempre ajena al mdulo, el teorema y la
oposiciones de pasado y presente, luz y oscuridad, movimiento y xtasis: todo ecuacin, surgan esos sorprendentes carapachos, smbolos en cifras y proporciones
estos elementos narrativos animados e inestables conllevan la intencin de de lo que precisamente faltaba a la Madre. Fijacin de desarrollos lineales, volutas
abarcar una visin totalde todo aquello, como Carpentier detalla en el prrafo legisladas, arquitecturas cnicas de una maravillosa precisin, equilibrios de vol-
citado como epgrafe de este captulo. menes, arabescos tangibles que intuan todos los barroquismos por venir".
Entre los crticos que han hecho referencia a este pasaje se encuentran Roberto
La descripcin de El siglo de las luces que se cita con 'mayor frecuencia como
Gonzlez Echevarra, Ral Silva Cceres, Alexis Mrquez Rodrguez, Fernando
ejemplo del barroquismo de Carpentier es aquella en la que se toma un caracol
Ansa y George Handley.
como emblema del espacio barroco." Estoy de acuerdo en que esta imagen se
72. En realidad, Severo Sarduy ilustra su argumento acerca de la proliferacin barroca
(la "operacin metonmica par exce/lence") citando otro pasaje de El siglo de las luces,
similar a ste, en el cual Carpenti .r .nurn ira una serie de objetos arquitectnicos
70. Umberto Eco, Obra abierta, op. cit., p. 89. que migran de modo metonmi 'o ti ' Ul1 el 'lll .nto a otro creando un espacio din-
7l. Carpentier, El siglo de las luces, en Obras completas, Mxico, Siglo XXI, [1962] 1984, m ico, voltil, urbano ("El barro 'o y ,1 11coh a lloro", en AII/i rica Latina en su literatu-
vol. 5, p. 219. Aqu hay una parte de la des rip in del aracol; el pasaje en su to ra, op. cit., p. 171).
1':1, 11/\l(ltl)\,O NOVOMUNI)15'1'/\ y L/\ LJINMICA LJEL I,SPAClO 177
1',' 1111 ,1 11111' 1 ", 1111111\< 11111 ,111t: II1t:r[(;, nuevamente detenido crun- las altsimas
1I.lIt'des \k Ills .tposcnros (29-30).
dogmatismo teolgico, empirismo y esco1asticismo- y en Latinoamrica, a
una mirada de contradicciones culturales. Robert Harbison, en Rejlections on
I':! Barroco, dice Umberto Eco, tiende al dinamismo y la indeterminacin del Raroque, hace un comentario acerca de la capacidad de las estructuras barrocas
.ccto: los ~lementos arquitectnicos de Carpentier en este pasaje y a 10 largo d ' para dar cabida a la inconsistencia:
la I:OVel~sm duda. "remueven un aire inerte". Como las peripecias de sus revo-
lucIOnanos,.los .0bJetos de Carpentier se van multiplicando para crear la ilusin Tal vez esto ofrezca una clave del xito del Barroco en Amrica latina [oo.] Incluso an-
~e un espacio dilatado, es decir, de una expansin sin direccin o destino. Cons- tes de intentar dar cabida al extico material cultural, parece que el Barroco prospera
t~tuyen un conjunto que acumula partes en movimiento: el prrafo arriba citado a base de las contradicciones y florece en aquellas empresas perversas que tratan de
insertar motivos contrarios en un formato prescrito, prefigurando las formas europeas
sIgue con la descripcin de palacios con "columnas seeras y blasones tallados en
como el medio de una jactanciosa imaginacin nativa [.00] Los principios formales
la pie?ra"y casa~ se?ri~es con "mrmoles preciosos y finos alfarjes de rosceas y en los que est construido [el Barroco] se prestan con ms facilidad a estimulantes
mosaIc~s -de reFs diluidas en volutas tan ajenas al barrote que eran como claras pre entimientos del caos primigenio que al establecimiento del orden clsico."
veget~cIOnes de hierro prendidas en las ventanas" (30). En algunas de sus novelas
(.ro;, ejemplo, El reino de este mundo y Los pasos perdidos), Carpentier "territoria- I.a comp1ementacin de los opuestos ha sido indispensable para los tres siglos
liza el B:u:roco con des~ripciones ~~ suntuosas topografas americanas, y flora y d "expresin latinoamericana y, ms especficamente, para la formulacin del
fauna exoticas, per~ a~Ul su vegetacin es de hierro forjado." El artificio ms que propio concepto barroco de Carpentier, lo real maravilloso americano.
la naturaleza -artIficIO como naturaleza- constituye la metonimia barroca de Se ha argumentado que al final Carpentier sustituy el Barroco por su
Car~~nt~er en es.ta n~v~la; como en los cuadros de De Nom, sus ornamentos y mncepto de 10 real maravilloso pero yo estoy en desacuerdo." Carpentier
mobiliarios arqUltectomcos se mueven, se multiplican y se funden unos en otros. equilibr la reivindicacin de los dos a 10 largo de su carrera y, de alguna
Las p~,tes cambi.an y circulan en el conjunto "pulsante" que es La Habana y, por manera, los superpuso.i" "Lo real maravilloso" es en s mismo una coinciden-
extensin, el Caribe y toda Latinoamrica. tia oppositorum barroca: 10 maravilloso se opone a 10 real y tambin reside en
Octavio Paz escribe que la gran contribucin del periodo barroco fue el el.79 Cuando se compara este concepto con la yuxtaposicin de Carpentier, se
c~~cepto del .coincidentia oppositorum, el enlace de opuestos en estructuras es- explica su rechazo por la esttica surrealista a pesar de su importancia en su
te~Icas que m homogenizan ni destruyen la diferencia, sino que mantienen
abiertas las oposiciones para generar una energa expresiva." Los escritores
barrocos adaptaron las tradiciones anteriores" al carcter contradictorio de la
7. Robert Harbison, Reftections on Baroque, op. cit., p. 187; mi traduccin.
Europa del siglo XVII-su sensualismo y espiritualidad, innovacin intelectual n Vase Gonzlez Echevarra,Alq"o Carpentier: El peregrino en su patria, op, cit. , P: 285;
YDjelal Kadir, Questing Fictions: LatinAmerica's Family Romance, Minneapolis, Uni-
versity ofMinnesota Press, 1986, cap. 4, "Baroque or the Untenable Ground: Qpest
7J. El citado ver~o "territorializar" se refiere al trmino de Amaryl1 Chanady, mencio- as Self-Rernnscence", pp. 86-104. Kadir afirma (errneamente, en mi opinin) que
nada en el Prologo y citada all en la nota 8. el Barroco de Carpentier invalida la "programtica de la autenticidad" de lo real ma-
En su oxmoron de vegetacin de hierro forjado, Carpentier capta lo que Gonzalo ravilloso a la que vez que (correctamente) lee lo real maravilloso como un concepto
e.lorio describe en "Del barroco al neobarroco", en Ensayo de contraconquista: "[oo.] barroco: "el discurso barroco sublima su dificultad del peregrinaje hacia figuras ex-
el Juego de contradicciones que todo mundo acepta como inherente a la esttica cntricas -asndeton, encabalgamiento, catacresis, quiasmo, oxmoron- un lengua-
barroca. La apariencia exterior sera su contenido ms profundo: la mscara su rostro' je equvoco de conceptos en el cual trminos mutuamente reemplazables insisten en
el eng~o, su verdad; la exuberancia, su vaco; el artificio, su naturaleza" cit., 79).' (op ser recordados, persisten como evocaciones, como contigidades para tcticas y como
74 Octavio Paz, Sor Juana Ins de la Cruz o Las trampas de laje Barcelona Seix Ba 1 adiciones condensadas: 'maravillosa realidad' (86).
1982,p.105, 'r , , rra,
71l, En entrevistas de 1975 y 1976 Carpentier aborda lo real maravilloso y lo barroco sin
75, En la pri:nera. mitad del siglo xv, Nicols de Cusa sustituy la intuicin mstica dar indicios de rechazar el primer trmino. Alexis Mrquez Rodrguez tambin de-
por el raclOnalIsmo escolstico y convirti el concepto de la conjugacin de opues- fiende la conmensurabilidad de estos conceptos en Lo barroco y lo real-maravilloso en
~os como par~~ central de sus tratados, ampliamente ledos, Su comprensin de la la obra de rllejo Carpentier, Mxico, Siglo XXI,1982, especialmente en el captulo 4,
Int~r~enetraC1?n de la susta~cia y el espritu extiende la comprensin tomista de "Lo barroco americano, forma y expresin de 10 real-maravilloso", pp. 145-176.
Ans~ot~~es y SIrve de base al naturalismo trascendental" que el Concilio de Trente 79. arpentier in iste en este punto: "Lo real maravilloso ' iste en todas partes: en la calle,
convrrtio en esttica y poltica de la Contrarreforma. en la gente, en la naturaleza. Pero uno ti .n ' que salwr ti .scubrirlo" ( arpentier y Darie
Novaceanu, '~Jcjo arpentier en I uman ia" 1197(11,en ':/III/"lIi\lm, o/>. cit., p. 341).
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\('IIIJlI;III:t(lInl:l .in artfsti 'a. La yuxtaposicin surreali ta (paraguas/mquina (1011 de 'arp '1 ticr de lo real maravilloso am iricano: las OIIIl:I, del 11,111111
11
de l'OS.r) r 'quiere una relacin de disparidad radical que carece de significado
excepto cuando los elementos siguen siendo dispares, aleatorios, mutuamente
,1111capa .cs le transmitir fuerzas que son sagrada~, rnti 'as, <:
III VI :1 11
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