Para Amrico Lugo
Yo, que conservo con vista anodina,
cual si fuesen pasajes de China...
t, prudencia, que hables muy quedo,
y te abstienes, zebrada de miedo;
t, pereza, que el alma te dejas
en un plato de chatas lentejas;
t, apata, rendida en tu empeo
por el mal africano del sueo;
y oh t, laxo no importa! que aspiras
sin vigor, y mirando, no miras...
l, de un temple felino y zorruno,
halageo y feroz todo en uno;
por aquel y el de all y otros modos,
se hizo dueo de todo y de todos.
Y redujo sus varias acciones
a una sola esencial: violaciones!
Los preceptos del cdigo citas,
y las leyes sagradas no escritas,
la flor viva que el himen aureola
y el hogar y su honor... qu no viola?...
Y pregona su orgullo inaudito,
que es mirar sus delitos, delito;
y que de ellos murmrese y hable,
es delito ms grande y notable;
y prepara y acota y advierte,
para tales delitos, la muerte.
Adulando aquel dolo falso,
qu de veces irguise el cadalso!
Y a nutrir su hemofagia larvada,
cuntas veces sinu la emboscada!
Ante el lago de sangre humeante,
como ante una esperanza constante,
exclamaba la eterna justicia:
Ololoi! Ololoi! (sea propicia)
Y la eterna Equidad, consternada,
ante el pliegue de alguna emboscada,
tras el golpe clamaba y el ay:
sea propicia!: Ololoi! Ololoi!...
Y clamando, clamaban no en vano.
Ya aquel pueblo detesta al tirano;
y por ms que indicndolo, acte,
y por ms que su estrella flucte,
augurando propincuos adioses,
no lo vio. Lo impidieron los dioses!
Y por mucho que en gamas variables
-no prudentes, mas no refrenables-
estallasen los odios en coro,
-como estalla en tal templo sonoro
un inslito enjambre de toses-
no lo oy. Lo impidieron los dioses!
Y pas, que la sangre vertida
con baldn de la ley y la vida,
trasponiendo el cadalso vetusto,
se cuaj... se cuaj... se hizo un busto!
Y pas, que la ruin pualada,
a traicin o en la sombra vibrada,
con su mismo diablico trazo
se alarg... se alarg... se hizo un brazo!
Cuyo extremo, terrfico lanza
un gesto de muda venganza.
Y la ingente maldad vampirina
de aquella alma zorruna y felina,
de aquel hombre de sangre y pecado,
vise dentro del tubo argenado
de una maza que gira y que ruge.
Y ha cado el coloso al empuje
de un minuto y dos onzas de plomo!
Los que odiais la opresin, ved ah cmo!...
Si despus no han de ver sus paisanos,
cual malaria de muertos pantanos,
otra peste brotar cual la suya,
Aleluya! Aleluya! Aleluya!
Si soltada la Fuerza cautiva,
ha de hacer que resurja y reviva
lo estancado, lo hundido, lo inerte,
paz al muerto!, loor a la Muerte!
(1907)