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2a. Lectura Sarita Colonia

Sarita Colonia era una mujer migrante y pobre del Perú que inspiró devoción entre los pobres a través de su tesón, generosidad y coraje. Nacida en 1914 en Huaraz, Perú, tuvo que trabajar desde joven para apoyar a su familia después de que sus padres fallecieron. Murió en 1940 a la edad de 26 años en Lima, donde se había mudado para buscar mejores oportunidades. Aunque fue enterrada en una fosa común, con el tiempo los devotos construyeron una capilla en su honor en el cement

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2a. Lectura Sarita Colonia

Sarita Colonia era una mujer migrante y pobre del Perú que inspiró devoción entre los pobres a través de su tesón, generosidad y coraje. Nacida en 1914 en Huaraz, Perú, tuvo que trabajar desde joven para apoyar a su familia después de que sus padres fallecieron. Murió en 1940 a la edad de 26 años en Lima, donde se había mudado para buscar mejores oportunidades. Aunque fue enterrada en una fosa común, con el tiempo los devotos construyeron una capilla en su honor en el cement

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SARITA COLONIA

Sarita Colonia era migrante y pobre, como lo son muchas mujeres en el Per de hoy. Ella,
con su tesn, generosidad y coraje, inspira la devocin de muchos peruanos pobres que,
con los mismos mpetus que ella tuvo, pugnan por hacer del Per un pas para todos y han
contribuido grandemente a la democratizacin social de la otrora seorial y criolla ciudad
de Lima. Al igual que los migrantes que conquistaron un espacio en la ciudad Capital que
los margina y discrimina; Sarita, una santa popular, no reconocida por la iglesia oficial, una
almita caritativa y dadivosa, que no hace distingos, ni discrimina a nadie que la invoca, ha
conquistado un inmenso espacio en los corazones de muchos de los pobres y marginados
del Per, llenndolos de esperanza y sirvindoles de soporte anmico para enfrentar
batallas, penurias y carencias.

Sarita Colonia, Santa Te Quiere El Pueblo

Ana Mara Quiroz

[Link] 03/5_022.htm

anamariaquiroz@[Link]

El origen y caractersticas del culto a Sarita Colonia.

En la memoria:

De las distintas versiones difundidas por los administradores del culto sabemos que los
Colonia Zambrano, provenan de la sierra ancashina. A Sarita le toc ser primera hija y
hermana mayor en un humilde hogar en uno de los barrios ms pobres de Huaraz.

En esa ciudad Ancashina vino al mundo el 1 de marzo de 1914 y all pas buena parte de su
infancia junto a sus padres, don Amadeo Colonia Flores y doa Rosala Zambrano y junto a
sus hermanos menores. Cada uno de los cuales: Hiplito, Esther y Rosa, lleg despus a
formar su propia familia, a tener su propia descendencia; sin embargo a instancias de la
administracin del culto a Sarita, continan unidos, apoyados por sus respectivos hijos.

El padre de Sarita se ganaba la vida como carpintero, en tanto que su madre se dedic a la
casa y a cuidar de sus hijos, como hace la gente comn. Era gente sin pretensiones ni
recursos econmicos a su disposicin. Y aunque ahora recuerdan que doa Rosala haba
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servido al Banco de Crdito de Huaraz, ella tuvo que dejar el trabajo para atender a sus
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hijos.
Eran serranos y pobres como muchsimos peruanos, alejados de las bondades que se
concentraban en la capital del pas. Ellos emprendieron rumbo a Lima cuando a doa Rosala
le afectaron los bronquios. Se fueron a Lima a buscar atencin mdica y de paso mejores
oportunidades para la familia. Para entonces Sarita tena unos 10 aos.

En Lima, permanecieron por un lapso aproximado de 4 aos en una casita alquilada en


Barrios Altos. Don Amadeo matricul a Sarita y a otra de sus hijas, como alumnas internas
del colegio catlico Santa Teresita de Mavillac. Dicho centro educativo ubicado en el Parque
Universitario, estaba dirigido por una congregacin de religiosas francesas. Al cabo de tres
aos en el colegio, Sarita y su hermana haban aprendido a leer, a escribir y a dibujar.

Doa Rosala recibe la recomendacin de vivir en una zona con un clima como el de su tierra
natal, debido a esa necesidad don Amadeo decidi el retorno de la familia a Huaraz. Para lo
cual tuvieron que interrumpir la vida escolar de sus hijas Sarita y Esther. A ellas no les qued
ms que abandonar sus estudios y encargarse de velar por la salud de su madre.

Doa Rosala falleci a los pocos meses de haber regresado a Huaraz. Pero antes de dejar
este mundo, le pidi a su primognita encargarse de la familia. Sarita ya estaba preparada
para eso, porque entre las familias de origen andino, es usual que las primeras hijas lo estn.
Su Hermano Hiplito da cuenta de eso cuando dice: Sarita se convirti en nuestra pequea
madrecita.

La familia se incrementa:

Don Amadeo se volvi a casar y tuvo 4 hijos ms. Con el crecimiento de la familia, crecieron
las necesidades, pero no los recursos econmicos. Sarita trabajaba en una panadera de
Huaraz para ayudar a los suyos. En 1930 cuando ya tena unos 16 aos de edad regres a
Lima. Viaj acompaada de su padre, quien, en Casma, cuando los viajeros disponan de un
tiempo para alimentarse, aprovech la oportunidad para conversar con una familia Italiana
establecida en el Callao. Esta familia estaba necesitando la ayuda de una joven que cuidara
a sus nios y Sarita fue la elegida.

Ella se dedic a realizar esa labor con agrado por ms de tres aos, hasta que volvieron a
necesitarla su padre y sus hermanos menores. Nuevamente don Amadeo haba quedado
viudo, con varios hijos pequeos, pens en Sarita, su primera hija como la encargada de
velar por sus hermanos. Primero envi a Lima a sus hijas Esther, Rosa, Graciela y Tefila y
posteriormente viaj l mismo con sus hijos Hiplito y Mximo. El pap de Sarita
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permaneci un ao en Lima mientras visitaba el Hospital Dos de Mayo, debido a sus


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problemas de salud.
La bsqueda de recursos para la familia era una de las principales misiones de Sarita. Pero
atender a los suyos implicaba una mayor disposicin de tiempo y una mayor independencia
que la que permita el empleo domstico. No le qued ms alternativa que dejar la casa de
la familia italiana, para ir al mercado central como ayudante de una ta, en un puesto de
pescado. Un tiempo despus se independiz con la idea de tener su propio negocio, pero
tuvo que dejarlo porque requera mucho dinero.

Para enfrentar las necesidades de su familia, se dedic a vender verduras, frutas, ropa de
nios y de adultos (damas y caballeros), as como de artculos de tocador. Dicen sus
hermanos que tambin trabaj en cafeteras y lecheras. Sarita no era indiferente a las
necesidades de otros pobres, comparta lo poco que tena. Cocinaba bien, era hacendosa y
afectuosa con los nios, con los ancianos, con los enfermos y con los desvalidos. Sarita la
pequea madrecita de muchos, no tuvo ocasin para interesarse en fiestas, ni en hombres;
es as como la recuerdan sus hermanos.

No es de extraar que se resalte de Sarita su gran sensibilidad ante las carencias sufridas
por otros tan o ms pobres que ella. Con el amor al prjimo, especialmente a los ms
necesitados, dio a los suyos un ejemplo de gratitud a Dios. Tampoco es de extraar que se
convirtiera en algo semejante a la mam de sus hermanos, las primeras hijas cumplen ese
rol en la tradicin andina. An conmueve el recuerdo de su disposicin a compartir con
otros lo poco que tena. Adems de hacendosa y muy buena cocinera, es recordada por su
humildad y especial bondad con los necesitados.

Dios se la llev:

Tena solo 26 aos de edad cuando dej este mundo en el hospital de Bellavista, un 20 de
diciembre de 1940. Se la llev el paludismo pernicioso; as consta en su certificado de
defuncin que guarda el obispado del Callao, pero la versin familiar seala que muri de
muerte natural.

Fue sepultada sin procesin fnebre, sus restos fueron enterrados en una fosa comn del
cementerio Baqujano del Callao. Y sobre dicha fosa, meses despus don Amadeo Colonia
coloc una cruz con la fotografa y el nombre de su hija.

En esa fosa comn se congregaban diversos grupos de creyentes, que iban a orar a sus
muertos y a las almitas milagrosas de otros difuntos, como el soldadito desconocido, fray
Ceferino, Isabelita, Sor Mara, entre otros. Los parientes y vecinos de Sarita iban a visitarla
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los domingos, le llevaban flores, oraban, le pedan ayuda. Poco a poco se fue convirtiendo
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en una suerte de representante de las almas milagrosas de la fosa comn.


Los estibadores del puerto fueron sealados como el primer grupo social alrededor de la
fosa comn donde el culto al alma de Sarita se fue imponiendo. Prostitutas, delincuentes,
homosexuales se agregaron a esta rutinaria peregrinacin y ms tarde sern otros los
grupos sociales que se suman a la devocin.

El culto adquiere notoriedad y significacin a partir de los aos 70, con el desborde popular,
que acarrea el incremento demogrfico urbano sin precedentes, propiciada por el
desplazamiento migratorio masivo de la poblacin rural. Durante esa dcada otros grupos
sociales del mundo popular se fueron sumando al culto: madres solteras, subempleados,
amas de casa, choferes de micro, taxistas, adivinos y otra gente que inventa oficios. La
identificacin con Sarita era inminente, ella y los suyos tambin haban llegado a Lima en
busca de progreso. Si bien los migrantes expresaban su esperanza de progreso, en una
notoria voluntad de trabajo, esta esperanza tambin quedaba revelada en su disposicin
religiosa.

La fosa comn o pampn al que se refieren los ms antiguos devotos de Sarita, se


encontraba en un lugar perifrico del cementerio Baqujano, el lugar estaba prcticamente
invadido de creyentes. Los mismos que evitaron el allanamiento del terreno dispuesto por
las autoridades del puerto para la expansin del cementerio. Prcticamente se haban
apropiado del pampn y haciendo uso de sus propios recursos, edificaron para Sarita
Colonia una capilla muy simple, cuya arquitectura, observa Gonzalo Portocarrero es
semejante a las casitas, lisas y funcionales de muchos pueblos jvenes.

Cuenta un antiguo devoto de Sarita, un peluquero bastante mayor, vecino en los barracones
del Callao (un lugar bastante pobre, N.E.), que la familia administr la plata de los devotos:
le compraron a la Beneficencia Pblica un pedazo de terreno y le hicieron ese mausoleo,
segn esta versin esa fue una manera de enfrentar a la iglesia que se haba empeado en
evitar el culto.

En la puerta de entrada del cementerio Baqujano se venden flores y ruda, pero adentro,
cerca de la capilla hay un mercado de estampitas, amuletos, medallones, prendedores,
cuadros, placas y llaveros con la imagen de Sarita, cuyos devotos saben que por ahora ocupa
un lugar especial entre las almitas milagrosas, pero que algn da ser santa.

Todos los das, los administradores del culto, Esther Colonia Zambrano y otros parientes,
esperan dentro de la capilla, en tanto ofrecen velas en venta. As es recibida la gran cantidad
de gente sencilla que a diario la visita para pedirle un milagrito y para testimoniarle su
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gratitud. Hay quienes no solo dejan flores, velitas encendidas, placas escritas, sino una serie
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de objetos, entre los que destacan finas joyas de oro y de plata.


Las paredes interiores de la capilla estn abarrotadas de placas con nombres, direcciones y
hasta fotografas u otros datos de quienes expresan su gratitud por tal o cual milagro
recibido. Sobre una cripta descansa el cristo crucificado, a poca distancia hay una estatua
de la virgen, prxima al santuario de vidrio de Sarita. Su imagen lleva puestos varios dijes,
cadenas, pulsera, anillos, prendedores y otras joyas de oro y plata, dejadas por devotos que
han necesitado expresar as su reconocimiento.

En ocasiones algunos devotos prefieren manifestar su gratitud, ofreciendo una misa a Sarita
en alguna iglesia y exhiben la convocatoria en la capilla. El sacerdote encargado, la celebra
como si se tratara de una misa de difuntos.

El culto tiene dos fechas importantes, el primer da de marzo en que se conmemora el


aniversario de su nacimiento y el 20 de diciembre en que se conmemora el aniversario de
su muerte. Son importantes estos das de fiesta en el cementerio Baqujano y es masiva la
congregacin de los fieles de Sarita. Se celebran misas all mismo a cargo de sacerdotes y se
reparten panes, estampitas y flores benditas entre los asistentes. Luego la familia invita un
almuerzo a la gran cantidad de concurrentes.

Rostro del culto:

Ms all de las evidencias aportadas por los testimonios recogidos, es notorio el origen
provinciano de los devotos, la gran mayora de ellos serranos o hijos de migrantes que
llegaron a la ciudad en busca de progreso. Podra decirse que lo cholo es el rasgo
caracterstico en el rostro de este culto.

La gama de oficios registrados en una muestra de 21 devotos, son los usuales en el mundo
popular. Las mujeres dijeron dedicarse cada una a quehaceres distintos: empleada en una
imprenta, tejedora de canastas de junco, ahuyentadora de los malos espritus, amas de
casa. Y los hombres mencionaron ganarse la vida, en trabajos como: peluquero, ayudante
de joyero, ambulante, marino mercante, pescador, taxistas, chofer de un camin de
transporte interprovincial y algunos dueos de negocios con locales propios.

El desarrollo de las diversas capacidades que dichos oficios suponen, muy poco o casi nada
le deben a la educacin formal. En el grueso de la mencionada muestra, el grado de
instruccin al que accedi la mayora era elemental. Entre los analfabetos por desuso que
contaban con primaria incompleta destacaban las mujeres mayores y entre los que no
llegaron a concluir la secundaria estaban casi todos los dems. Haba un contador, que
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podemos considerar un indicador de que hay entre los devotos quienes van logrando
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mayores estudios.
Los vnculos familiares aparecieron como de gran valor para los devotos, casi todos vivan
cerca de sus parientes ms directos. Y el peluquero que sufra por carecer de vnculos
familiares, haba construido fuertes lazos de amistad entre los devotos.

Lo que si era un hecho, es que cada quien establece la frecuencia de sus visitas, segn la
promesa que haya hecho y segn sus posibilidades. Uno de los devotos dijo vivir en Iquitos
y otro en Chiclayo, pero vienen a Lima con cierta regularidad y en cada ocasin visitan a
Sarita. Hay quienes la van a ver una vez por semana y quienes la ven a diario como aquella
mujer que sabe deshacer maleficios, porque trabaja en el mismo cementerio, muy cerca de
la capilla.

La gente que va a la capilla de Sarita Colonia luce sencilla y humilde, eso s, mucho ms
sencilla que pobre y los milagritos que le solicitan a su almita milagrosa son del orden de
lo cotidiano, relacionados prioritariamente con el trabajo. Le piden un cliente, la concrecin
de un trabajito, el xito de una pequea gestin, de un negocio, de una venta. Las mujeres
piden esa ayuditas milagrosas sobre todo para sus hijos y esposos. Una ayudadita para
lograr un da agradable, sin molestias causadas por la salud, sin contratiempos con el ser
querido, es algo que tambin le solicitan.

En realidad los devotos solicitan a Sarita una ayudadita milagrosa a su esfuerzo, son de los
que saben que dependen en primer lugar de sus propias fuerzas. Confan en sus propios
mritos y en la bondad milagrosa de Sarita, as como en el afecto de los suyos para sus
logros cotidianos y puntuales.

No le quito, ni le doy:

Hoy en da el alma milagrosa de Sarita Colonia es amiga ya no solo de estibadores y


marginales, sino tambin de todos los que la invocan, empresarios emergentes o
emprendedores migrantes, comerciantes, taxistas, microbuseros, entre otros. La presencia
de Sarita acompaa la vida cotidiana de gente humilde, su imagen circula por todos los
rincones de la ciudad, en apartados lugares del pas y ms all.

Poco pudo la iglesia catlica contra la difusin de este culto informal. Sarita es para sus
devotos una presencia sagrada y para algunos estudiosos una santa del catolicismo popular,
la ms importante en el Per de las ltimas dcadas.

Haba sido migrante como gran parte de los limeos, vino de la sierra, del Callejn de
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Huaylas. Haba nacido el primer da de marzo de 1914, en un barrio pobre de Huaraz, era la
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primera de varios hijos de don Amadeo Colonia y doa Rosala Zambrano.


Alrededor de los aos 30 los Colonia Zambrano haban decidido migrar en busca de
progreso; as llegaron al Callao. Sarita incluso estudiaba interna en el colegio religioso Santa
Teresita de Marillac y abrigaba la esperanza de convertirse en monja. Al quedar hurfana
de madre, tuvo que renunciar a sus sueos y orientar su vocacin de servicio a la atencin
de necesidades muy concretas, como el hambre de los suyos.

Sarita era nia todava, cuando recibi la responsabilidad materna como legado, pero saba
cmo atender a sus hermanos y a su padre, conoca la labor domstica y no le fue difcil
conseguir trabajo como empleada de casa. Se dedic al oficio domstico por algn tiempo,
hasta que tuvo la oportunidad de vender en el mercado; prefiri esta actividad porque le
permita atender mejor a sus hermanos.

La vocacin maternal de Sarita desbord el hogar, fueron testigos de eso: sus hermanos y
vecinos. Ellos saben cmo la conmova la pobreza de los otros y cuan dispuesta estaba a
compartir lo poco que tena con vecinos que tambin sufran carencias. Esa es la Sarita que
habita el imaginario popular, est viva en el sentimiento.

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