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INDIVIDUACIN Y RECONOCIMIENTO
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INDIVIDUACIN Y
RECONOCIMIENTO
Experiencias de jvenes en la
sociedad actual
Pablo Francisco Di Leo y Ana Clara Camarotti
(Directores)
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Individuacin y reconocimiento : experiencias de jvenes en
la sociedad actual / Pablo Francisco Di Leo [et al.] ; dirigido
por Pablo Francisco Di Leo ; Ana Clara Camarotti. 1a ed . Ciu-
dad Autnoma de Buenos Aires : Teseo, 2015. 370 p. ; 20 x 13 cm.
ISBN 978-987-723-061-1
1. Sociologa. 2. Juventud. 3. Biografas. I. Di Leo, Pablo Francisco
II. Di Leo, Pablo Francisco, dir. III. Camarotti, Ana Clara, dir.
CDD 301
Este libro fue realizado con los aportes del proyecto de investi-
gacin UBACyT 2013-2016 GEF 20020120200171BA, financiado
por la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Editorial Teseo, 2015
Buenos Aires, Argentina
Editorial Teseo
Hecho el depsito que previene la ley 11.723
Para sugerencias o comentarios acerca del contenido de esta obra,
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Individuacin y reconocimiento
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ndice
Introduccin .....................................................................................9
Pablo Francisco Di Leo y Ana Clara Camarotti
Parte I. Pruebas y soportes vinculares e
institucionales ....................................................................... 29
1. Estar juntos como prueba: tensiones en las relaciones
de pareja juveniles ........................................................................ 31
Sebastin Ezequiel Sustas
2. Integracin, estrategia y subjetivacin: biografas
escolares y experiencias de maternidad ................................. 61
Mara Soledad Vzquez
3. Hacer frente a la lgica escolar: demandas y
expectativas de reconocimiento............................................... 93
Florencia DAloisio, Valentina Arce Castello
y Horacio Luis Pauln
Parte II. Sociabilidades, consumos de drogas y
cuidados ................................................................................ 115
4. Experiencias comunitarias de cuidado y diversin en
circuitos de msica electrnica .............................................. 117
Ana Clara Camarotti
5. Entre nosotros nos cuidamos siempre: consumos de
drogas y prcticas de cuidado en espacios recreativos
nocturnos...................................................................................... 143
Martn Gelman
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Parte III. Procesos de vulnerabilidad, violencias y
biografas .............................................................................. 171
6. Sucios, feos y malos?: experiencias de jvenes en
tratamientos por consumo de pasta base/paco ................. 173
Romina Ramrez
7. Caer detenido: vulnerabilidades punitivas y
trayectorias penalizadas ........................................................... 203
Natalia Laura Gonzlez y Paula Andrea Trillo
8. Los pibes tienen muchos berretines: muertes entre
jvenes, contextos de experiencia y reconstrucciones
biogrficas .................................................................................... 237
Alejandro Marcelo Villa
Parte IV. Movilidades, agencias e individuacin.......... 273
9. Hacerse joven en la ciudad: dinmicas urbanas y
construccin de identidades.................................................... 275
Guido Garca Bastn y Horacio Luis Pauln
10. De lmites a estrategias: movilidades de jvenes que
realizan actividades artsticas y deportivas......................... 305
Silvia Alejandra Tapia
11. Todo puede, todo el tiempo, cambiar:
(in)consistencias, agencias y procesos de individuacin . 335
Pablo Francisco Di Leo y Ana Clara Camarotti
Sobre los autores......................................................................... 365
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Introduccin
PABLO FRANCISCO DI LEO Y ANA CLARA CAMAROTTI
Desde 2010, con nuestro equipo venimos desarrollando
investigaciones en las que retomamos herramientas con-
ceptuales de la sociologa de la individuacin especialmente
de Danilo Martuccelli y la metodologa de los relatos bio-
grficos desde las propuestas de Michle Leclerc-Olive
para el anlisis de las experiencias y problemticas presen-
tes en las vidas de jvenes en barrios populares (Di Leo y
Camarotti, 2013). Este libro es producto de la continuidad
de nuestros estudios entre 2013 y 2015, en el marco de un
nuevo proyecto financiado por la Universidad de Buenos
Aires (UBA),1 de los vnculos que venimos construyendo
con el equipo de investigacin e intervencin dirigido por
Horacio Luis Pauln en la Universidad Nacional de Cr-
doba2 y del dictado de un seminario doctoral a cargo de
Danilo Martuccelli, con la colaboracin de ambos grupos,
1 Proyecto UBACyT 2013-2016 GEF 20020120200171BA. Director: Pablo
Francisco Di Leo, codirectora: Ana Clara Camarotti. Integrantes del grupo
de investigacin: Ana Josefina Arias, Laura Fox, Mariela Giacoponello,
Mariana Gonzlez, Natalia Laura Gonzlez, Martn Gelman, Romina
Ramrez, Sebastin Ezequiel Sustas, Mara Cecilia Touris, Paula Andrea Tri-
llo, Mara Soledad Vzquez, Alejandro Marcelo Villa. Financiado por: Secre-
tara de Ciencia y Tcnica de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Sede:
Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales,
UBA.
2 Proyecto 2014-2015 SECyT N 203/14 Sociabilidades juveniles y lgicas
de reconocimiento en la escuela y en el barrio. Director: Horacio Luis Pau-
ln. Integrantes del grupo de investigacin: Valentina Arce Castello, Rafael
Carreras, Florencia DAloisio, Guido Garca Bastn, Soledad Martnez,
Mariela Arce, Valeria Martinengo, Florencia Capparelli, Julieta Castro,
Julieta Roco Arancio y Ayeln Zurbriggen. Financiado por: Secretara de
Ciencia y Tecnologa de la Universidad Nacional de Crdoba (UNC). Sede:
Centro de Investigaciones de la Facultad de Psicologa, UNC.
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10 Individuacin y reconocimiento
en el Centro Franco Argentino de Altos Estudios (CFAAE-
UBA),3 que nos permiti reflexionar, profundizar y tensio-
nar colectivamente varias de nuestras hiptesis de trabajo.
De esta manera, fuimos incorporando a nuestro anlisis
diversos problemas y escenarios urbanos, buscando ampliar
la mirada sobre las continuidades y heterogeneidades pre-
sentes en los procesos de individuacin de jvenes en nues-
tra sociedad actual.
Si bien los resultados que presentamos aqu fueron
generados a partir de mltiples trayectorias acadmicas,
interrogantes, marcos tericos, recortes empricos y estra-
tegias metodolgicas, algunas herramientas conceptuales
que fuimos trabajando funcionaron como ejes transversales
que articularon y potenciaron nuestras preguntas, debates
y reflexiones. En nuestro libro anterior, desarrollamos las
propuestas de la sociologa de la individuacin de Martuc-
celli con las que seguimos dialogando en nuestros anlisis
actuales. En esta Introduccin, seguiremos otros recorri-
dos conceptuales que incorporamos en esta nueva etapa de
nuestra investigacin. En primer lugar, retomamos algunas
definiciones, dimensiones y vinculaciones en torno a las
categoras: procesos de vulnerabilidad y luchas por el recono-
cimiento. En la segunda seccin, reseamos algunas defini-
ciones y reflexiones de Franois Dubet y otros cientistas
sociales contemporneos alrededor de las experiencias socia-
les y las lgicas de accin. Finalmente, en el tercer aparta-
do, presentamos la organizacin del libro, sintetizando los
problemas, escenarios y experiencias juveniles abordados
en cada captulo.
3 Seminario de Doctorado: Las sociologas del individuo, CFAAE-UBA,
Programacin 2015. Profesor titular: Danilo Martuccelli. Profesores anfi-
triones: Pablo Francisco Di Leo, Ana Clara Camarotti, Horacio Luis Pauln.
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Experiencias de jvenes en la sociedad actual 11
Procesos de vulnerabilidad y luchas por el
reconocimiento4
Una herramienta que ha demostrado ser muy productiva en
el campo de la medicina social y la salud colectiva es el con-
cepto de vulnerabilidad. Mediante esta categora es posible
aportar a la visibilizacin de grupos o individuos en proce-
sos de fragilizacin social, poltica o jurdica, pasando de las
perspectivas estticas, estigmatizantes e individualistas a
las que lleva muchas veces el concepto de grupo de riesgo
atribuido a los jvenes, sobre todo de sectores populares
a otra mirada que ponga el acento en su carcter dinmico,
complejo y relacional (Ayres, 2003; Ayres et al, 2008; Ayres,
Paiva y Buchalla, 2012).
En esta lnea, Franois Delor y Michel Hubert (2000)
proponen desplazar el eje en los estudios sobre vulnerabili-
dad desde las situaciones hacia los procesos, analizando emp-
ricamente las vinculaciones entre lo individual y lo social a
partir de tres niveles que se presentan de manera articulada
en las biografas de los sujetos:
Trayectorias personales: cada individuo atraviesa diferen-
tes fases y acontecimientos en su vida, pero muchos
sujetos forman parte de esta trayectoria. Por ende, la
posicin en el transcurso de la vida es decisiva para
entender ciertas prcticas, elecciones y los riesgos aso-
ciados a las mismas.
Vnculos e interacciones: las acciones requieren del
encuentro de, al menos, dos sujetos que actan en
funcin de sus experiencias anteriores, las posiciones
que ocupan en la interaccin y el tipo de relacin que
4 En esta seccin y la siguiente retomamos recorridos conceptuales desarro-
llados en las investigaciones doctoral y posdoctoral de Pablo Di Leo (2008;
2009; 2013).
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12 Individuacin y reconocimiento
establecen entre s. Los individuos pueden vivir dife-
rentes situaciones de vulnerabilidad segn su posicin
o estatus en sus interacciones
Contextos socioinstitucionales: las normas e instituciones
sociales, polticas y culturales van condicionando y
mediando las prcticas, relaciones y encuentros entre
diferentes trayectorias individuales, suministrando o
negndoles el acceso a determinados recursos materia-
les, afectivos o simblicos y, por ende, afectando sus
niveles de exposicin a situaciones de vulnerabilidad.
En sntesis, los sujetos atraviesan, en distintos momen-
tos de sus biografas, diversas situaciones de vulnerabilidad,
definidas por el cruce entre sus trayectorias personales, los
vnculos intersubjetivos y las condiciones socioinstitucio-
nales polticas, econmico-sociales, gnero, generacin,
culturales que van conformando su propio mundo. Si bien
la vulnerabilidad es constitutiva de la condicin humana, su
intensidad tiene importantes variaciones segn las caracte-
rsticas, tensiones y articulaciones dinmicas entre dichas
dimensiones en las biografas de los sujetos (Butler, 2010).
Segn Delor y Hubert (2000), los tres niveles de los
procesos de vulnerabilidad arriba sealados deben enmar-
carse en una dinmica de permanente (re)construccin de
la identidad, es decir, al interior de procesos dirigidos a
mantener, expandir o proteger el espacio vital en el cual el
sujeto es socialmente reconocido. Este trabajo de constitu-
cin identitaria puede entenderse como el mantenimiento e
incesante desarrollo de una dinmica espacio-temporal en
la cual un individuo es sujeto a una tensin entre dos polos:
por un lado, la promesa y necesidad de reconocimiento, es
decir, ser considerado y tomado como un miembro pleno
de una comunidad social y poltica; por otro lado, el deseo
y necesidad de ser nico e inesperado tanto para s mismo
como para los otros.
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Experiencias de jvenes en la sociedad actual 13
Aqu recuperan los anlisis de Axel Honneth (1997)
en torno a la lucha por el reconocimiento. Segn el filsofo
alemn retomando las clsicas conceptualizaciones hege-
lianas y articulndolas con estudios de la psicologa y las
ciencias sociales del siglo XX, en los procesos de cons-
truccin de las subjetividades ocupan un lugar central tres
grandes formas de reconocimiento, que se presentan de
manera combinada y cuya negacin moviliza a los sujetos
individuales y colectivos a luchar en diversas esferas de
sus vidas cotidianas:
1. Afectivo o amor: la bsqueda de construccin y man-
tenimiento de la confianza en las relaciones afectivas
constituye la base de los procesos de subjetivacin y de
constitucin de la seguridad ontolgica o autoconfianza.
Su negacin extrema se pone de manifiesto en la humi-
llacin fsica, la tortura o la violacin, que privan al
sujeto de su autonoma en su relacin consigo mismo,
destruyendo su confianza bsica en el mundo.
2. Jurdico-moral: aqu el individuo lucha por ser consi-
derado titular de los mismos derechos y estatus moral
que los dems sujetos, construyendo as su autorrespeto.
Cuando es privado de derechos o excluido socialmente,
el sujeto siente que se le niega el status de integran-
te pleno de su comunidad: experimenta la injusticia, el
autoritarismo o la falta de respeto.
3. tico-social o solidaridad: sintindose socialmente valo-
rado y apreciado en sus particularidades, sus capacida-
des, su forma de vida, su ethos, el sujeto puede construir
su autoestima. Su negacin se manifiesta en las san-
ciones y discursos que valoran negativamente ciertas
prcticas o formas de vida, definindolas como ilegti-
mas o socialmente peligrosas.
Estas formas de negacin del reconocimiento, menos-
precio o invisibilidad social, se presentan en distintos
momentos de las biografas y en diversos contextos vincu-
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14 Individuacin y reconocimiento
lares y socioinstitucionales, impidiendo o dificultando a los
sujetos la construccin de su autoconfianza, autorrespeto
y autoestima. Segn los anlisis de Ayres (2011) y Betha-
nia Assy (2012), estas experiencias mutilan los procesos de
subjetivacin y autorrealizacin de los individuos generan-
do, sobre todo en determinados grupos sociales como los
jvenes de sectores populares, situaciones no deseadas que
los exponen a distintos tipos de vulnerabilidades corpora-
les, afectivas y simblicas que fragilizan sus vidas.
Aqu consideramos productivo retomar las propuestas
terico-polticas que se vienen desarrollando durante las
ltimas dcadas en el campo de la salud colectiva de Brasil
en torno a la categora de cuidado. Roseni Pinheiro (2007;
2012) la redefine como derecho de ser: el derecho a ser dife-
rente y que esas diferencias deben ser respetadas pblica-
mente. Si toda vida es fuente de valor, es fundamental para
su cuidado el reconocimiento del ethos, entendido como el
mundo que habitan los seres humanos, es decir, el modo
como los sujetos organizan y valorizan su propia vida, tanto
en la esfera privada como en las singularidades producidas
colectivamente (Arendt, 1993). De esta manera, se propone
un giro epistemolgico, tico y poltico en torno al cuidado,
desplazando su centro desde los saberes biomdicos hacia
una concepcin de la subjetividad que privilegie su dimen-
sin de alteridad. Podemos (re)definirlo as como el conjun-
to de prcticas, instituciones y polticas presentes en las
trayectorias sociales, los vnculos y/o las condiciones socio-
estructurales que se contraponen a procesos de vulnera-
bilidad, negacin del reconocimiento, invisibilidad social
vividas por los sujetos a partir de diversos tipos de recursos
y soportes materiales, simblicos y/o afectivos (Martuccelli,
2007; Ayres, 2011).
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Experiencias de jvenes en la sociedad actual 15
Experiencias sociales y lgicas de accin
Hasta fines del siglo XX, la teora y la investigacin social se
dividan entre dos grandes paradigmas:
Objetivistas: subordinan los mltiples mbitos de la vida
social a determinadas leyes y estructuras objetivas fun-
damentales que se imponen a los sujetos desde deter-
minadas esferas centrales: la cultura, la economa, la
poltica y la lengua. Dentro de esta perspectiva, la prin-
cipal funcin de las ciencias sociales quedara reduci-
da al develamiento de dicha lgica estructural, desde
la cual podra explicarse y predecirse cientficamente
todo fenmeno social o individual.
Subjetivistas: desde el polo opuesto, se considera todo
fenmeno social como una construccin nica e inte-
gralmente edificada por las acciones, percepciones y
valoraciones de los sujetos. De esta manera, la inves-
tigacin social se reducira a la observacin y des-
cripcin lo ms detallada y exhaustiva posible de las
prcticas, experiencias y significaciones individuales o
grupales, buscando exclusivamente en ellas mismas (y
nunca afuera) las claves de comprensin de todo pro-
blema social.5
Sin embargo, la profundizacin de los fenmenos de
complejizacin y heterogeneizacin de las sociedades en la
actual etapa de la modernidad generaron profundos des-
plazamientos en los cimientos de las ciencias sociales con-
temporneas, surgiendo diversos paradigmas tendientes a
superar dicho dualismo reduccionista. Dicho campo va des-
plazando su centro hacia la accin social, en lugar de las
tradicionales representaciones inciertas de lo social. Si bien
5 Para ordenar la exposicin, esquematizamos dos corrientes de pensamiento
que tienen grandes divergencias en su interior, tanto entre sus principales
autores como en sus desarrollos conceptuales.
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16 Individuacin y reconocimiento
los relatos sociolgicos clsicos siguen ocupando un lugar
importante, cada vez ms investigaciones y modelos teri-
cos se centran en los individuos, sus experiencias, agencias,
reflexividades y construcciones identitarias. En esta lnea,
desde finales del siglo pasado, Franois Dubet (1994; 2013)
viene proponiendo un marco analtico superador de dichos
dualismos alrededor de la categora de experiencia social:
Por un lado, es la versin subjetiva de la vida social,
una manera de percibir el mundo social, de significarlo, de
definirlo a partir de un conjunto de condicionamientos y
situaciones preexistentes. Es la apertura al mundo, la sen-
sacin de ser invadidos por sentimientos que nos arrastran
y nos superan. Es la corriente de lo social que, cuando
es suficientemente fuerte, puede arrastrarnos en contra de
nuestra voluntad. Simultneamente, la experiencia se sita
tambin en el extremo opuesto, como un proceso cognitivo
y prctico controlado, un trabajo de cuidada elaboracin y
evaluacin de la accin. Como lo social no tiene unidad ni
coherencia a priori, la experiencia social es una manera de
construirlo y de construirse a s mismo. En este sentido, el
actor debe, de manera ms o menos consciente y rutinaria,
resolver problemas y dominar su posicin en la sociedad.
Para resolver esta aparente paradoja, propone conside-
rar que la experiencia social no est integrada ni organizada
en torno a un programa o lgica nica. No es ni totalmente
determinada ni totalmente libre. Es una construccin nun-
ca acabada que realizan permanentemente los agentes para
articular lgicas de accin heterogneas.6 A partir de diversas
investigaciones tericas y empricas, identifica tres lgicas
principales que los agentes permanentemente deben com-
binar para constituir sus experiencias sociales:
6 Las lgicas de la accin no son slo grupos de motivos; son tambin puntos
de vista sobre lo social, lgicas ms cognitivas que normativas, que implican
un tipo de representacin de la sociedad tal como el actor la construye. Son
maneras de definir la naturaleza de la sociedad y de definirse a s mismo
(Dubet, 2013: 194).
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Experiencias de jvenes en la sociedad actual 17
1. Integracin: Cada agente acta muchas veces en funcin
de un principio de integracin definido por la interio-
rizacin de lo social. Desde esta lgica, el yo se define
como la manera en que el actor sintetiza un conjun-
to de roles y de pertenencias colectivas: el gnero, la
profesin, la familia, las creencias, las culturas (Lahire,
2004). Esta es nuestra identidad ms profunda, cons-
tituyendo el soporte ms slido del individuo (Mar-
tuccelli, 2007).
2. Estrategia: La identidad de los actores no es solo un
efecto de los proceso de integracin, es tambin un
conjunto de recursos movilizados en situaciones e
intercambios sociales particulares. En el mismo senti-
do, Erving Goffman (2001) analiza los roles no como
programas de accin, sino como marcos de interac-
cin. Es preciso que los actores pongan en escena su
identidad para alcanzar determinados objetivos. Las
posiciones e identidades de los agentes no se encuen-
tran predeterminadas a partir de categoras esencialis-
tas como las de clase, cultura o gnero, sino que deben
entenderse como expresiones relacionales, estratgicas
y dinmicas en relaciones de fuerzas histricamente
configuradas.
3. Subjetivacin: Existe una tercera lgica de la accin que
no es reducible ni a la integracin ni a la estrategia:
la representacin del sujeto. Los agentes no se identifi-
can nicamente por sus pertenencias y sus intereses,
se definen tambin como individuos, no a partir de
un principio abstracto de su libertad, sino porque las
sociedades modernas recrean y proponen permanen-
temente una representacin del sujeto: en tanto seres
genricos, que tambin se definen por su creatividad,
su autonoma, su libertad, es decir, todo lo que, para-
djicamente, se presenta como no-social, ms all o ms
ac de toda determinacin (Dubet y Martuccelli, 2000;
Martuccelli, 2007; Dubet, 2013).
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18 Individuacin y reconocimiento
Durante la modernidad, simultneamente, se formulan
estas representaciones que buscan la desustancializacin
del sujeto y se generan cada vez ms complejas y variadas
instituciones socializadoras que tienden hacia su reificacin
y heteronoma. Esta tensin puede captarse en las disputas
por la definicin y reproduccin de la categora de autono-
ma uno de los pilares centrales de la subjetividad en la
modernidad. Los discursos liberales y neoliberales buscan,
desde el siglo XVIII hasta la actualidad, congelarla y hege-
monizarla en torno a una concepcin del individuo hecha
a su imagen y semejanza: un yo racional autrquico (pro-
pietario, masculino, heterosexual, adulto, occidental), que
presupone que puede dominar solo la totalidad de su vida,
y que obtiene y renueva su capacidad de accin desde una
esencia interior (Castoriadis, 1997; Martuccelli, 2007).
Sin embargo, desde los inicios de la modernidad, dicha
representacin es disputada desde mltiples movimientos
sociales, polticos, culturales e intelectuales que, a partir
de sus propias experiencias, identidades, reclamos y crti-
cas, van desnaturalizando, desplegando y resignificando los
sentidos de la autonoma. Una de las mejores expresiones
de las potencialidades disruptivas de dicha categora pue-
de encontrarse en Cornelius Castoriadis (1997), quien para
definirla parte de una concepcin dialctica de la subjeti-
vidad: el individuo se constituye en un proceso histrico-
social nunca cerrado, a partir del cual la psique (unidad
psquica) es constreida a abandonar su mundo inicial y
a orientarse hacia objetos, smbolos, imaginarios y reglas
socialmente instituidas. El sujeto no puede pensarse como
una realidad previa a las instituciones, sino como un pro-
ducto de ellas que, a la vez, posibilita su transformacin:
est constituido por la sociedad, al mismo tiempo que le
da materialidad e historicidad, participando en su perma-
nente recreacin.
Desde esta concepcin, la autonoma puede redefinir-
se como la posibilidad de los agentes de reflexionar sobre
sus relaciones co-constitutivas con las normas, smbolos e
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Experiencias de jvenes en la sociedad actual 19
imaginarios histrico-sociales que, si bien emanan de ins-
tituciones que tienden a reificarlos y reproducirlos, pueden
ser desnaturalizados por los individuos, disputando sus sig-
nificados a partir de sus imaginarios radicales. A partir de
facilitar el acceso de los sujetos a la autonoma, es posible
recuperar la dialctica entre sus prcticas, los saberes y las
normas socialmente producidas. De esta manera, los indivi-
duos pueden apropiarse reflexivamente de los saberes que
necesitan y con ellos resignificar o modificar sus prcticas.
Las mismas dejan de estar autocentradas para convertirse
en actos reflexivos que parten del reconocimiento de los
otros sujetos e instituciones como momentos fundamen-
tales, aunque no determinantes, en su gnesis y cambio
(Castoriadis, 1997).
Finalmente, retomando las reflexiones de Jos Enrique
Ema Lpez (2004), esta definicin de autonoma nos permi-
te entender la categora de agencia como lo otro del poder,
que lo desborda permanentemente, como apertura de lo
posible en la accin hacia una novedad imposible.7 Desde
estas propuestas terico-polticas, las subjetividades nunca
estn definitivamente dadas ni obedecen al despliegue de
una esencia predeterminada y, por ende, se (re)constituyen
permanentemente en sus redes de relaciones:
La agencia es, por tanto, la posibilidad de escapar a la norma
para tratar de fundar otra regla. Esta fundacin ser nue-
vamente una posibilidad de desarrollar el poder de la regu-
laridad y podr ser nuevamente cuestionada y desbordada
(Ema Lpez, 2004: 20).
7 Segn Anthony Giddens (2003: 46), la agencia [] no denota las intenciones
que las personas tienen para hacer cosas, sino, en principio, su capacidad de
hacer esas cosas (que es aquello por lo cual agencia implica poder). Agencia
concierne a sucesos de los que un individuo es el autor, en el sentido de que
el individuo pudo, en cada fase de una secuencia dada de conducta, haber
actuado diferentemente.
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20 Individuacin y reconocimiento
Tensiones en las experiencias y agencias juveniles
Estos caminos conceptuales nos suministraron nuevas
herramientas para abordar los procesos dinmicos y los
complejos trabajos constitutivos de las experiencias y las
agencias juveniles en el actual contexto de nuestra sociedad.
En los distintos escenarios sociales que recorremos en los
once captulos de este libro, los jvenes, como verdaderos
hperactores relacionales,8 van (re)constituyendo, a la vez,
su individualidad y su mundo social, viviendo procesos de
vulnerabilidad y de cuidado, a partir de tensiones y arti-
culaciones entre: a) trayectorias personales, vnculos inter-
subjetivos y contextos socioinstitucionales; b) negaciones
y bsquedas del reconocimiento afectivo, jurdico-moral y
tico-social; c) lgicas de la accin basadas en la integracin,
la estrategia y la subjetivacin.
En la primera parte del libro, Pruebas y soportes vincu-
lares e institucionales, se incluyen los captulos que abordan
las principales experiencias juveniles de pareja, escolares y
de maternidades en distintos escenarios urbanos populares.
Sebastin Ezequiel Sustas, en el captulo 1, estudia rela-
tos biogrficos de jvenes utilizando la categora de prue-
ba como analizadora de las tensiones presentes en diver-
sas dimensiones de sus relaciones de pareja: la sexualidad,
el gnero, la afectividad, los proyectos de convivencia, las
relaciones con los familiares. Identifica y caracteriza tres
facetas centrales de dicha prueba la iniciacin, el crdito y
la convivencia, cuyas heterogneas formas de resolucin y
articulacin generan o profundizan instancias de vulnera-
bilidad o de cuidado en sus vidas.
En el captulo 2, Mara Soledad Vzquez analiza las
biografas de dos jvenes mujeres que viven en situaciones
de vulnerabilidad socioinstitucional, indagando sobre los
vnculos entre sus experiencias escolares y de maternidad.
8 Definimos y retomamos esta categora de Araujo y Martuccelli (2014) en el
captulo 11 de este libro.
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Experiencias de jvenes en la sociedad actual 21
Para ambas jvenes la escolaridad constituye un desafo
estructural que deben superar, aun desde significaciones
y motivaciones distintas. Asimismo, las estrategias para
afrontar dicha prueba se diversifican a partir de las articu-
laciones y tensiones entre sus acontecimientos biogrficos,
sus vnculos familiares, de pareja y sus contextos socio-
institucionales acceso a distintos formatos escolares, pro-
puestas pedaggicas y programas gubernamentales. Final-
mente, las dos experiencias escolares tambin pueden leerse
como prcticas de resistencia frente a mandatos familiares y
de pareja que buscan limitarlas al espacio domstico, impo-
nindoles diversas tareas reproductivas y de cuidado de los
miembros ms pequeos del hogar.
En la misma lnea analtica, aunque en escenarios
territoriales distintos, en el captulo 3 Florencia DAloisio,
Valentina Arce Castello y Horacio Luis Pauln estudian las
narrativas biogrficas juveniles en barrios populares la ciu-
dad de Crdoba, identificando los modos en que las expe-
riencias educativas se articulan con sus procesos de bs-
queda y construccin del reconocimiento social. Si bien
la prueba escolar ocupa un lugar central en sus vidas, los
jvenes hacen frente a la misma mediante distintas tcticas
alrededor de una doble tensin: por un lado, entre la inte-
gracin asumiendo prcticas y saberes reconocidos por la
institucin y el abandono significado como una falta de
adecuacin personal a las normas y las demandas cognos-
citivas institucionales; por otro lado, entre la bsqueda de
reconocimiento igualitario como sujetos de derecho y sus
demandas singulares de respeto.
En la segunda parte del libro, Sociabilidades, consumos de
drogas y cuidados, se abordan las prcticas de cuidado colec-
tivo de jvenes en torno a distintos consumos de drogas.
Ana Clara Camarotti, en el captulo 4 da cuenta de por qu
un grupo juvenil de sectores medios de la Ciudad Autno-
ma de Buenos Aires (CABA), que concurre a fiestas electr-
nicas, siente que en esos espacios de sociabilidad nocturna
logra encontrarse con otros jvenes con los que comparte
Ex libris: [Link]@[Link]: 5731ced8ba2ac. Slo para uso personal
22 Individuacin y reconocimiento
un gusto esttico y una misma posicin social en comunida-
des de la mismidad. Es decir, estos lugares funcionan como
escenarios de encuentro entre personas que poseen recorri-
dos biogrficos fuertemente similares. El trabajo analiza en
qu medida este encuentro es facilitado o no por el consu-
mo de xtasis, y cmo conciben estos sujetos las categoras
de comunidad, vnculo social y prcticas de cuidado.
Por otra parte, en el captulo 5, Martn Gelman ana-
liza los procesos de vulnerabilidad y las prcticas de cui-
dado asociados a los consumos problemticos de drogas
en grupos de jvenes que asisten a espacios de sociabilidad
nocturnos en barrios vulnerabilizados y de sectores medios.
A partir de la caracterizacin de las experiencias recreati-
vas y de las prcticas de consumo de drogas, por un lado,
evidencia que estos consumos no son patrimonio exclusivo
de un sector social, y por otro, le permite visibilizar las vul-
nerabilidades diferenciales en los distintos grupos sociales,
as como la comprensin de las tcticas utilizadas por cada
uno de ellos para propiciarse cuidado. Dicha comparacin
resulta, a la vez que novedosa, imprescindible a la hora de
planificar intervenciones y polticas preventivas y de pro-
mocin de la salud orientadas hacia jvenes.
La tercera parte del libro, Procesos de vulnerabilidad,
violencias y biografas, da cuenta de las vulnerabilidades y
las violencias que atraviesan los jvenes en sus trayectorias
vitales. Romina Ramrez, en el captulo 6 estudia, desde la
perspectiva de exusuarios de pasta base/paco, los recorridos
institucionales que deben llevar adelante en sus bsquedas
de atencin sociosanitaria. Para ello, analiza las experien-
cias de estos jvenes, indagando sobre qu tipo de vncu-
los, encuentros y desencuentros tuvieron en los diversos
espacios de atencin y cules fueron los recorridos rea-
lizados antes de comenzar sus tratamientos. Este aborda-
je permite identificar las explicaciones y las oportunida-
des que encuentran estos jvenes, a la vez que realiza una
Ex libris: [Link]@[Link]: 5731ced8ba2ac. Slo para uso personal
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 23
interesante reflexin en torno al funcionamiento de estos
espacios institucionales dedicados al tratamiento y cuidado
de personas que consumen pasta base/paco.
En el captulo 7, Natalia Laura Gonzlez y Paula
Andrea Trillo abordan los procesos de vulnerabilidad puni-
tiva y las trayectorias penalizadas que atraviesa un grupo
de jvenes que reside en barrios populares y en crceles,
poniendo el foco en los factores estructurales de sus expe-
riencias punitivas. Las autoras analizan las tensiones que
se producen entre las trayectorias individuales penalizadas, los
contextos sociales e institucionales de los barrios margina-
lizados y los vnculos que establecen los jvenes, identifi-
cando las regularidades y las heterogeneidades que emergen
de sus relatos. El captulo evidencia cmo la cadena puniti-
va, con la privacin de la libertad como su mayor vivencia,
es uno de los acontecimientos ms significativos en sus
vidas, a la vez que incorpora un interesante recorrido de
los modos en que estas experiencias sociales se relacionan
con los procesos de individuacin de jvenes que habitan
estos territorios.
Alejandro Marcelo Villa, en el captulo 8, realiza un
recorrido analtico en torno a jvenes muertos frente a
otros jvenes en dos villas de la zona sur de la CABA, a
partir de los relatos de distintos familiares de las vctimas.
Valindose de sus reconstrucciones biogrficas, el autor
caracteriza, por un lado, la relacin de la violencia y las con-
diciones de socializacin y subjetivacin en estos territorios
urbanos. Por otro lado, analiza las experiencias sociales de
los familiares para reconstruir dichas muertes, identifican-
do distintos contextos de la mismas: a) la accin de los
sujetos para establecer los motivos de la muerte del joven;
la bsqueda por establecer rupturas con los lazos sociales
de la familia del agresor, y una nueva posicin con respecto
a las relaciones sociales barriales; b) la caracterizacin de
los pensamientos y las categoras morales de que disponen
y utilizan los actores para establecer argumentos frente a
la muerte del joven; c) la descripcin y anlisis del proceso
Ex libris: [Link]@[Link]: 5731ced8ba2ac. Slo para uso personal
24 Individuacin y reconocimiento
de desintegracin del yo ocasionado por la muerte violenta y
los problemas que enfrentan los sujetos para establecer una
inscripcin psquica e histrica de la misma. Finalmente, el
autor plantea de qu maneras estas experiencias constitu-
yen para estos grupos sociales una prueba social.
En la cuarta parte del libro se incluyen los trabajos
que dan cuenta de Movilidades, agencias e individuacin juve-
niles. Dicha seccin la conforma el captulo 9, en donde
Guido Garca Bastn y Horacio Luis Pauln estudian las
experiencias de reconocimiento, de maltrato, exclusin y las
demandas de respeto que atraviesan en sus vidas un grupo
de jvenes de sectores populares en la ciudad de Crdoba.
El proceso de crecer y hacerse joven conlleva la necesidad
de una ampliacin del espacio de circulacin urbana, lo que
repercute sobre el horizonte de escenarios de interaccin
en los que los sujetos deben disputar su reconocimiento. En
este captulo los autores se centran en las significaciones y
los recorridos que hacen estos jvenes por el espacio barrial
y los modos que encuentran de transitar por el afuera, hacia
otros espacios de la ciudad.
En el captulo 10, Silvia Alejandra Tapia analiza cmo
se producen y qu caractersticas adquieren las movilidades
cotidianas de jvenes de sectores populares que realizan
actividades artsticas y deportivas en espacios gratuitos de
la CABA. El inters de la autora se centra en indagar sobre el
lugar que las movilidades urbanas ocupan en las biografas de
los jvenes, los modos en que se regulan o limitan, as como
tambin las estrategias que desarrollan para atravesarlas.
En primer lugar, hace un recorrido por los antecedentes de
la articulacin entre las investigaciones sobre movilidades
y los de juventudes, realizando un valioso aporte al cam-
po, dada la novedad de esta perspectiva analtica. Luego,
presenta aspectos vinculados a la movilidad en el trabajo
de campo y los resultados de su estudio, desarrollados a
travs de las siguientes categoras emergentes, surgidas de
su anlisis de los relatos biogrficos, entrevistas y observa-
ciones: el inicio de las actividades artsticas y deportivas: llegar
Ex libris: [Link]@[Link]: 5731ced8ba2ac. Slo para uso personal
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 25
por casualidad; circular cotidianamente: desafos y estrategias;
la posibilidad de realizar una actividad artstica y deportiva
como escape.
Finalmente, en el captulo 11, Pablo Francisco Di Leo
y Ana Clara Camarotti, a partir del anlisis del conjunto
de los relatos construidos con jvenes en barrios popu-
lares, identifican tres nodos biogrficos puntos nodales en
los que confluyen mltiples conexiones entre las dimensio-
nes personales, vinculares y estructurales centrales en sus
procesos de individuacin: vnculos afectivos, barrio e institu-
ciones pblicas. Dialogando con herramientas conceptuales
e investigaciones recientes de Araujo y Martuccelli, anali-
zan cmo los efectos y las vinculaciones de dichos nodos
con sus maneras de constituirse como individuos en nues-
tra sociedad actual no son unvocos ni lineales. En cam-
bio, a partir de complejas y activas articulaciones entre sus
agencias personales, relaciones intersubjetivas y condicio-
nes socioinstitucionales, se pueden desencadenar o poten-
ciar procesos de vulnerabilidad/desestabilizacin o de cuidado/
estabilizacin en las vidas de estos jvenes.
Nos resta agradecer a la UBA y al CONICET, por financiar
esta investigacin; a nuestro equipo, por su compromiso, tiem-
po, ideas, aportes, discusiones y reflexiones, fundamentales
para concretar este nuevo libro colectivo. A Horacio Luis Pauln
y a su equipo, con quienes durante estos aos fuimos constru-
yendo y fortaleciendo espacios compartidos de estudio, forma-
cin y amistad. A Danilo Martuccelli, a quien ya consideramos
un integrante del equipo, y con quien, a travs de largas jornadas
de trabajo, caminatas por Buenos Aires y comidas comparti-
das, continuamos charlando sobre las problemticas de nuestra
sociedad que nos desvelan, ayudndonos a mirar de otro modo
cuestiones que nos resultaban difciles de anudar. Y, muy espe-
cialmente, a todos esos jvenes que nos contaron momentos
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26 Individuacin y reconocimiento
muy importantes de sus vidas, permitindonos reflexionar jun-
tos en torno a sus padecimientos, alegras, sueos y deseos.9 A
todas y todos, muchas gracias.
Buenos Aires, noviembre de 2015
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9 Durante todo el desarrollo de nuestro trabajo de campo tomamos los resguardos
ticos de rigor para preservar el anonimato, la identidad y la integridad moral,
social, psicolgica y cultural de los sujetos que participaron en las entrevistas de
manera informada y voluntaria, asegurando tambin la confidencialidad de sus
respuestas. En la presentacin de los resultados reemplazamos los nombres de los
jvenesentrevistados porseudnimos.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 27
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28 Individuacin y reconocimiento
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Parte I. Pruebas y soportes
vinculares e institucionales
1
Estar juntos como prueba: tensiones en
las relaciones de pareja juveniles
SEBASTIN EZEQUIEL SUSTAS
Introduccin
El inters de las ciencias sociales en torno a aspectos vincu-
lados a la situacin de pareja de los jvenes, tal como sea-
la Edith Pantelides (1996), posee una cierta carga negativa
asociada a los efectos no deseados de las prcticas sexuales
como los embarazos no planificados, embarazos a edades
tempranas, o la transmisin de infecciones por va sexual.
Esta carga negativa originaria de los estudios en torno a la
sexualidad y afectividad de los jvenes se encontraba sos-
tenida en una particular concepcin de vulnerabilidad de
tipo individualista y generalmente estigmatizante, corpori-
zada en perspectivas de tipo preventivistas. En el presen-
te captulo nos proponemos analizar las significaciones y
experiencias sociales de los jvenes en torno a noviazgos y
parejas con el propsito de observar los procesos de vulne-
rabilidad social asociados a estas instancias. Proponemos la
categora de prueba de pareja como concepto analtico para
observar la articulacin entre los diferentes desafos aso-
ciados a los noviazgos y parejas y los soportes movilizados
para salir airosos de dichos retos.
Realizar el anlisis de los relatos biogrficos de los
jvenes entrevistados a partir de la nocin de prueba nos
permite exponer las diferentes lgicas de accin utilizadas
31
32 Individuacin y reconocimiento
por los jvenes para construir sus experiencias sociales en
torno a aspectos relativos a la sexualidad, el gnero, la afec-
tividad, los proyectos de convivencia, las relaciones con los
familiares, entre otras dimensiones inherentes a las relacio-
nes de pareja. De tal forma, pudimos identificar tres facetas
de la prueba de pareja: la iniciacin categora que refiere
a las alusiones a las primeras experiencias afectivas en la
vida de los jvenes, entre las cuales pueden estar presentes
menciones a la iniciacin sexual, el crdito categora que
apunta a los procesos de legitimacin de la pareja a partir de
las miradas y expectativas del entorno prximo de los jve-
nes respecto de las elecciones de sus parejas, y finalmente
la convivencia categora que remite a las experiencias de
cohabitacin en un mismo hogar con la pareja.
Retomando el enfoque metodolgico del proyecto de
investigacin donde se enmarca este captulo, para la cons-
truccin de los datos empricos seleccionamos como herra-
mienta metodolgica el relato biogrfico con el propsito
de contar con una mejor aproximacin a los procesos de
configuracin de las experiencias sociales y su vinculacin
con los contextos y reflexividades.1
Prueba y experiencia social
Un rasgo comn de los relatos biogrficos de los jvenes
entrevistados es la referencia a experiencias de pareja. En
ocasiones, estas alusiones a noviazgos, convivencias, y pare-
jas ocasionales, como as tambin las rupturas de aquellos
vnculos afectivos, implicaron puntos de inflexin en las
biografas de los jvenes, al ser identificados por los mismos
1 El presente captulo se enmarca en los proyectos UBACyT 2010-2012 GEF
20020090200376 y UBACyT 2013-2015 GEF 20020120200171. Para pro-
fundizar en la estrategia metodolgica, remitimos a Di Leo y Camarotti
(2013). Para un detalle del perfil de los jvenes entrevistados, ver el Anexo
del Captulo 11 de este libro.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 33
entrevistados como acontecimientos significativos (Leclerc-
Olive, 2009). En otros casos, las referencias a diferentes
variaciones de relaciones de pareja, a pesar de no ser identi-
ficadas como acontecimientos significativos en la construc-
cin de sus relatos, constituyen instancias de tensin, donde
los propios jvenes evidencian implicancias que desbordan
el crculo existencial inmediato, y sitan en dicho horizonte
prximo los obstculos de tipo estructural propios de los
contextos donde viven (Martuccelli, 2007). En otras pala-
bras, en dichas tensiones situadas en el entorno prximo, es
posible observar las vulnerabilidades sociales corporizadas
en diversas limitaciones en las condiciones de produccin
de sus procesos de individuacin.
Tal vez por la metodologa utilizada para la construc-
cin de los relatos biogrficos (Di Leo y Camarotti, 2013),
estas instancias nodales en las vidas de los jvenes entrevis-
tados parecieran poner de relieve en mayor medida aspec-
tos existenciales localizados en espacios donde predominan
las relaciones con el entorno inmediato, por sobre cuestio-
nes de tipo estructural. El mismo Martucelli (2006b) nos
advierte del riesgo posible de extremar esta tendencia: caer
en la sobre-personalizacin de las experiencias biogrficas,
es decir generar una ilimitada galera de escenas individua-
les que sean el comienzo y la meta del anlisis sociolgi-
co. Proponemos, siguiendo al mismo autor, valernos de la
nocin de prueba para analizar las situaciones de pareja,
con el propsito de observar las dinmicas relativas a lo
afectivo y su vinculacin con los procesos de construccin
de las tramas sociales en las cuales se hallan imbricadas:
[] las pruebas se declinan en forma diferente segn las
trayectorias y los lugares sociales, y asumen significaciones
plurales segn los actores considerados. [] Conservando en
primer plano los cambios histricos y los inevitables efectos
del diferencial de posicionamiento social entre actores, las
pruebas permiten justamente dar cuenta de la manera en que
los individuos son producidos y se producen (Martuccelli,
2006a, citado por Di Leo y Camarotti, 2013: 21).
34 Individuacin y reconocimiento
Las pruebas permiten dar cuenta de la diferenciacin
funcional que caracteriza las sociedades contemporneas
segn las esferas de accin a las cuales acceden los indi-
viduos, sin perder de vista la fuerte estandarizacin social
y temporal de dichos desafos en una sociedad dada. En
este sentido, describir el sistema estandarizado de pruebas
equivale a describir una sociedad histrica en su unidad
(Martuccelli, 2006a, citado por Di Leo y Camarotti, 2013:
22). Es posible pensar en desafos comunes en torno a
la pareja, la afectividad y sexualidad? Proponemos respon-
der positivamente esta pregunta a partir del anlisis de las
entrevistas en los jvenes que hemos entrevistado. En este
sentido, la adopcin del concepto de prueba al mbito de las
relaciones de pareja y noviazgos en los jvenes permite dar
cuenta la herencia de la impronta de la institucin familiar
como eje central en los procesos de individuacin, pero que
adquiere a su vez matices de acuerdo a las posibilidades de
enmarcar las prcticas e interacciones sociales del entorno
prximo en escenarios de sociabilidad con grados diferen-
ciales de vulnerabilidad.
Las pruebas en general, y sobre todo aquellas que refieren a
la pareja en particular, encuentran en el individuo el eje singular
de la afeccin encarnado en situaciones experimentadas por los
individuos en vivencias, el cuerpo o los afectos. La implicancia
a nivel individual pareciera as saturar de forma ms visible el
campo de las emociones por sobre otros niveles de anlisis. Sin
embargo en esa situacin de reto que comportan las pruebas,2
y a la cual estamos confrontados por su intensa implicancia a
nivel vivencial, es necesaria una instancia de percepcin de los
2 La alusin a las pruebas como retos se debe a las caractersticas intrnsecas de las
pruebas en su carcter analtico y a su faceta vivencial a nivel individual: todos los
individuosestamosconfrontadosenelprocesodeindividuacinapasarpordeter-
minadas pruebas, movilizando soportes a partir de nuestros lugares e itinerarios
sociales;experimentarunapruebaimplicavivenciarladeformaafectivayemotiva,
y asimismo percibir parte de las contradicciones entre lo deseado y lo posible, es
decir la afeccin individual de las tensiones entre la agencia y la estructura (Mar-
tuccelli,2007).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 35
mismos actores, aunque sea en un nivel velado, de las tensiones
entre el individuo y el mundo, es decir entre sus deseos y las
posibilidades concretas de realizarlos.3 Estas tensiones impli-
can mayores o menores posibilidades de salir airoso de estos
eventos centrales de las trayectorias individuales, pero tambin
se vinculan con procesos de seleccin que marcan hndicaps
diferenciales de recursos y posibilidades de movilizarlos para
afrontarlos (Martuccelli, 2006b).
Retomando la nocin de experiencia social (Dubet, 2013),
entendida como maneras de definir la sociedad y el s mismo,
es posible dar cuenta de las lgicas de accin que permiten iden-
tificar los sistemas estandarizados de pruebas. Estas lgicas de
accin:
no son slo grupos de motivos, son tambin puntos de vista
sobre lo social, ms cognitivos que normativos, que implican
un tipo de representacin de la sociedad (Dubet, 2013: 194).
Si las pruebas permiten observar lo social a partir de lo
individual, las lgicas de accin permiten dar coherencia de
sentido a las continuidades biogrficas en sociedades contem-
porneas donde se autonomizan los prismas que guan la cons-
truccin de experiencias individuales. Dubet (2013) seala que
en la construccin de la vida social se articulan tres lgicas de
accin:
1) integracin la interiorizacin de lo social, 2) estratgica
conjunto de recursos movilizados en situaciones de inter-
cambios sociales particulares, 3) subjetivacin todo lo que
se presenta como no social, ms all o ms ac de toda deter-
minacin (Di Leo y Camarotti, 2013).
3 En ocasiones la percepcin se suele asociar a la predominancia de la experimenta-
cin de un fenmeno desde su faceta racional. Desde esta ptica, la racionalidad
[Link]
percepcin, siguiendo a Eva Illouz (2007), alude a los desajustes entre las vivencias
esperables en un escenario dado y las posibilidades de llevarlas a cabo por los jve-
nes, sin poner en rdenes contrapuestos los aspectos asociados a lo afectivo y las
accionesconcretasefectuadas.
36 Individuacin y reconocimiento
A partir de este marco conceptual, y de las herramientas
analticas descriptas, las preguntas centrales que guan el cap-
tulo son las siguientes: Cul es la experiencia social de los jve-
nes de barrios vulnerabilizados del sur del AMBA respecto de
sus historias de pareja? Qu recursos movilizan los jvenes en
la construccin de sus vnculos de pareja? Cules son las lgi-
cas de accin que traccionan la construccin de sentidos de
continuidad biogrfica? Cun til resulta la categora de prueba
de pareja para observar los procesos de individuacin en aspec-
tos relativos a la constitucin de parejas, la experimentacin
sexual, ertica y afectiva? Cules son las dinmicas afectivas
constituidas alrededor de la prueba de pareja que permiten pre-
venir instancias de vulnerabilidades y propiciar formas de cui-
dado?
Componentes de la prueba de pareja en jvenes
A partir del corpus de relatos biogrficos de los jvenes, iden-
tificamos una serie de elementos que constituyen facetas de lo
que llamamos la prueba de pareja: a) la iniciacin categora que
refiere a las alusiones a las primeras experiencias afectivas en
la vida de los jvenes, entre las cuales pueden estar presentes
menciones a la iniciacin sexual; b) el crdito categora que
apunta a los procesos de legitimacin de la pareja a partir de las
miradas y expectativas del entorno prximo de los jvenes res-
pecto de las elecciones de sus parejas; c) la convivencia catego-
ra que remite a las experiencias de cohabitacin en un mismo
hogar con la pareja. A continuacin avanzamos con el anlisis
de estas facetas.
La iniciacin
Uno de los elementos que constituye la prueba de pareja son las
alusiones a las dimensiones romnticas de los primeros noviaz-
gos de los jvenes, los cuales se constituyen en hitos claves de
las experiencias afectivas. En muchos de los relatos biogrficos
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 37
de los jvenes entrevistados, las referencias a sus experiencias
afectivas remiten a dichos momentos del pasado como instan-
cias relevantes de sus vidas que dejan marcas en las trayecto-
rias deseadas y proyectadas de pareja. Estuve dos aos y medio
con ella, viste?, como que me marc mucho: desde chico estu-
ve, desde los 15 hasta los 17, dos aos y medio, y me marc
(Purly, varn, 18 aos). En el relato de Facu (varn, 19 aos) la
alusin al primer amor se funde con el carcter nico de aque-
lla experiencia:
E: Nunca te enamoraste?
F: Una s, la primera vez s, despus ya no.
E: De quin te enamoraste?
F: La primera novia que tuve.
E: La que tuviste en Villarica?
F: S.
E: La que contactaste por Facebook?
F: S, hace poco, s, s, esa, esa misma. Ella fue, o sea, mi nico,
digamos, en serio fue. Despus ya no, despus joda (Facu).
Un aspecto parece ser comn en los sentidos construidos
en las alusiones de Purly y Facu respecto de sus primeras expe-
riencias de noviazgo: aquello que los marca o que es nico tiene la
potencialidad de perdurar en las imgenes de futuro relativas a
la pareja. Al preguntarle la entrevistadora por los hechos impor-
tantes de su vida, luego de algunas dubitaciones, Nora (mujer,
19 aos) responde convencida: Ah Nada, que me puse de
novia hace tres aos y estoy con l. Yo creo que l es la perso-
na ms importante. La marca de la primera relacin es en este
caso un acontecimiento significativo, una instancia que permite
estructurar temporalmente su relato biogrfico, segn la propia
entrevistada. El punto de inicio situado en el noviazgo parece
ser el detonante de una serie de hechos puntuales que adquie-
ren la lgica de correspondencias causales que forman parte
de la narracin de su relato biogrfico: ponerse de novia, com-
prometerse, comprar anillos de compromiso, planear casarse,
tener hijos. La visin de futuro de Nora expone la trayectoria
38 Individuacin y reconocimiento
anhelada respecto de la prueba de pareja: le otorga una secuen-
cia temporal con un inicio establecido y una sucesin causal de
acontecimientos (algunos ya experimentados, otros deseados).
Esta comn referencia al inicio de la vida sexual/afectiva
no debe, sin embargo, hacer perder de vista las diferentes lgi-
cas de accin y las variantes de imaginarios de pareja que otor-
gan sentido a la continuidad biogrfica construida por los jve-
nes. Araujo y Martuccelli (2012) en su anlisis de la prueba fami-
liar en la sociedad chilena, describen tres tipos de ideales que se
articulan, concurren y tensionan en la constitucin de los ima-
ginarios de pareja: el ideal protector construido alrededor de la
figura de quien protege y estabiliza; el ideal de fusin consti-
tuido en la tensin entre la fusin pasional y la tendencia a la
formalizacin de la pareja; y el ideal de independencia el cual
supone espacios de reconocimiento propios para cada miem-
bro. En el caso de Nora, podemos pensar en una variante del
ideal de fusin que no se encuentre limitado a relaciones de tipo
pasional o conyugal, sino que tenga como eje el amor romn-
tico (Giddens, 1992; Fernandez, 1993). Esta variante del ideal
de fusin opera a nivel normativo, a partir del seguimiento de
narrativas de amor sostenidas en la matriz heterosexual, tanto
como horizonte de completitud subjetiva como de realizacin
personal. En su legitimidad descansa una idea de complementa-
ria binaria de los sexos, que adems de conjurar cualquier deseo
ininteligible (Butler, 2007), relega aspectos vinculados al ardor
sexual y el placer. Lo que prima en estas formas de amar son las
referencias a la imposibilidad de repetir en las experiencias en
torno a la pareja, vivencias de complementariedad como las ya
vividas. Al respecto, Nora sintetiza este anhelo en su relato:
N: No, no s, si no es con mi novio actual no me imagino
con nadie y eso es lo que menos quiero. Obvio, porque fue
el primero. Yo creo que el primero no se olvida nunca. Es
por eso tambin que me gustara estar siempre con l, pero
si no se da, qu ms queda. Me tengo que mejorar no puedo
estar siempre mal.
E: Quers que sea l siempre?
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 39
N: Claro. No, no me imagino con nadie, no puedo. Me va a
costar un montn salir de estar as convencida de que es l.
No pienso tampoco
E: No penss en qu, en cortar o en el futuro?
N: En estar as con una pareja que no es l. Como que pienso
que s voy a llorar, pero no s.
E: Como que tens una mirada ms en el presente, digamos
N: Claro. Y despus, no s, nada, tener hijos como todos
quieren (Nora).
En las construcciones de las experiencias sociales de los
jvenes en torno a la pareja, la evocacin al inicio de la vida
sexual y afectiva puede estar vinculada a instancias de ideali-
zacin. El amor romntico, como variante del ideal de fusin,
acenta estas referencias a recuerdos del pasado como momen-
tos extraordinarios de vivencia plena de estar junto al otro que-
rido/amado/deseado, y que pueden conducir a la construccin
de un estigma producto de la imposibilidad de reeditar en el
presente aquello que fue considerado nico o extraordinario.
Al respecto, podramos preguntarnos: Qu lgicas de accin y
qu ideales de pareja permiten la apropiacin de soportes que
habiliten el ejercicio de prcticas de pareja no limitantes? Una
evocacin que acente este punto de vista asociado al amor
romntico y el seguimiento de patrones de gnero tradiciona-
les, aporta elementos que pueden ser limitantes para el goce
de vnculos afectivos del presente y para la proyeccin bio-
grfica personal. Asimismo, estos condicionamientos encuen-
tran matices en las formas de vivenciarlos segn el gnero de
los entrevistados. Tanto en Facu como en Purly, esa instan-
cia de evocacin pareciera habilitar una proyeccin biogrfica
ampliada en el plano sexual y afectivo, donde elementos como
la experimentacin y la bsqueda de nuevas vivencias se vis-
lumbran como horizontes posibles y permitidos. En contraste,
la evocacin para Nora se configura, sino como una clausura, al
menos como un obstculo para una perspectiva de pareja. Con-
sideramos que en estos contrastes retomados de las entrevistas
40 Individuacin y reconocimiento
a las y los jvenes es posible entrever los mrgenes diferenciales
de lo permitido, habilitado y aceptado segn los roles de gne-
ro tradicionales.
El crdito
El segundo componente de la prueba de pareja identificado
a partir de las entrevistas realizadas lo hemos denominado el
crdito. En una de sus acepciones usuales, crdito implica dar
confianza o validar determinada situacin. Adaptado a nuestro
cuerpo analtico, el crdito alude al visto bueno o confianza
que se le otorga a la eleccin de pareja por el entorno inmedia-
to de los jvenes. As entendido, el crdito habita en una instan-
cia efmera y cambiante, ya que su carcter primigenio de las
relaciones recprocas no le confiere an la estabilidad de otros
vnculos ms asentados. Siguiendo a George Simmel (2002),
podramos pensar el crdito como un elemento primario de la
legitimidad construida en relacin a las elecciones de pareja de
los jvenes. Contar o carecer de crdito implica desde el vamos
el vnculo intersubjetivo con una serie cambiante de actores sig-
nificativos del entorno cercano. Sin embargo, a partir del corpus
de entrevistas con los jvenes, se destacan los actores del crculo
familiar, los grupos de pares y, en ocasiones un poco ms difu-
sas, el entorno barrial.
El corpus de los relatos biogrficos nos permite dar cuenta
de una multiplicidad de vnculos prximos ms all de las pare-
jas: amistades, familiares con diferente grado de cercana, e
incluso vecinos. Muchas alusiones de los jvenes muestran la
importancia que adquieren estos entornos cercanos y el carc-
ter de soporte en los que participan. Sin embargo, la conviven-
cia de diferentes actores de esos horizontes prximos no siem-
pre es armnica, al contrario, en ocasiones parecieran existir
disputas ms all de las personales que impiden la posibilidad
de convivencia de soportes de tipo afectivo en los procesos de
individuacin.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 41
La novia de Purly podra encuadrarse en la figura de la pro-
tectora, aqulla que permite el anclaje existencial en contextos
de vulnerabilidad:
[] ella me hizo dar cuenta de todo. Viste que yo te dije?,
que estoy siempre con los pibes, que no pasa ni un da que
no salgo con los pibes, y me hizo entrar en la cabeza, todo,
me hizo entrar muy bien en la cabeza. Ponele, el sbado no
sal (Purly).
En este sentido, el anclaje existencial tambin es una pro-
teccin de las inseguridades crecientes de los contextos vulne-
rables en los que habitan estos jvenes.
[] el estar con su novia se presenta como alternativa a la
joda, que si bien por un lado puede asociarse a situaciones
recreativas, por otro tambin se presenta como una instancia
cargada de sentidos de riesgo e inseguridades que refuerza la
idea de la prdida de rumbo (Sustas y Touris, 2013: 39).
Sin embargo, segn el relato de Purly en relacin a su expe-
riencia de noviazgo, es posible observar cierto horizonte con-
flictivo donde la concurrencia de los vnculos se presenta como
problemtica. Afianzar el noviazgo, implica romper los vncu-
los con los pibes?4
En ocasiones, el crculo prximo puede funcionar como
un diafragma, que se dilata y estrecha segn los momentos per-
sonales. En referencias al giro existencial que fue ponerse de
novia, Dora (mujer, 20 aos) relata una variante posible de estas
expansiones y retracciones:
[] o sea, no que me qued sin amigos, sino que alej a
mis amigos ehhh y nada, eso tambin me parece que influ-
y en a la hora de dejar de estudiar de, no s. En ese
4 Las sociabilidades vinculadas a los pibes en el caso de Purly remiten a las nociones
debarrio yesquina, que se presentan en su relato como soportes claves para la vida.
Para profundizar en el anlisis de estos conceptos con el mismo corpus de relatos
biogrficos, ver(FarinayGonzlez, 2013).
42 Individuacin y reconocimiento
momento yo soy muy familiera, muy familiera, ehhh y
no s, cuando estaba, cuando estuve de novia, no s si quera
estar tanto en familia como siempre quiero estar, o siempre
quise estar, as que ese noviazgo afect casi todo tambin
en mi vida (Dora).
Coincidente con la retraccin del crculo familiar a partir
de su noviazgo, Dora tuvo que hacer frente al rechazo de sus
padres de su situacin de pareja, ya que tenan temor a que que-
dara embarazada.
S y no s, pensaban que yo iba a hacer eso, pero yo siem-
pre les digo, hasta el da de hoy les digo: [a mis padres] Vos
me criaste de una manera muy distinta a lo que es el barrio,
le digo. Entonces si vos no confas en cmo me criaste, no
confas en m, le digo Ni en vos mismo confas' (Dora).
El temor de los padres de Dora se observaba acentuado
por los cada vez ms frecuentes embarazos de las chicas. Sin embar-
go, como lo resalta la misma Dora, su forma de crianza distaba
mucho de las formas habituales del contexto barrial, lo que nos
lleva a plantear dudas respecto al grado de homogeneidad de las
lgicas de socializacin dentro de los barrios, por el solo hecho
de compartir el mismo territorio.
El noviazgo de Dora devino en ruptura a partir de una ten-
sin entre elementos vinculados a la fusin y la autonoma:
E: Y se pelearon el ao pasado, que pas?
D: S, porque yo me di cuenta que ya no como que nos
habamos absorbido la vida uno de otro, era a todos lados
juntos, hacamos todas las cosas iguales, siempre juntos, a
todos lados, como que ya no haba privacidad en nada, no es
que yo haca mis cosas y el haca sus cosas, no, todo juntos
y como que no. Me di cuenta que no, nos empezamos a
distanciar un poco, pero despus nos terminamos separando
y nada (Dora).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 43
Problematizar sobre la legitimidad e ilegitimidad de los
soportes, como lo seala Martuccelli (2007), habilita pensar la
faceta poltica de la individuacin. El embarazo en la adolescen-
cia, pareciera poseer cierta carga negativa desde el punto de vis-
ta de los adultos y de algunos de los relatos de los jvenes (Gog-
na, 2005). La falta de crdito pareciera dificultar la confesin
de este tipo de soporte como proyecto de vida cuando parece
ser el nico al que se puede acceder en escenarios de carencias.
Slo adquiere cierta posibilidad de confesin si se encuentra
enmarcado en un proyecto de pareja, tal como lo seala Juana
en su relato:
Yo lo busqu porque tena ganas de ser mam []. Lo pens
un poco ms. Lleg, bueno, 6 meses que lo pens, lo pens, y
qued. Pero no se lo contaba a nadie, ni mi vieja, no lo saba
nadie. Y despus, cuando se lo cont a mi hermano, me dijo:
para qu?, casi me mata, viste? ( Juana).
En el relato de Jos Luis es posible dar cuenta de la influen-
cia de las redes familiares en esta faceta de vnculos prximos,
en parte asociada a los condicionamientos. Las referencias y
tensiones que relataba luego de su ruptura de pareja marcaban
una dada entre razn y emocin, expresada en las figuras de la
cabeza y el corazn.5 Los desajustes entre modelos deseados de
pareja pueden encontrar obstculos:
[] a mi familia no le gust para nada que yo me junte con
una mina que tenga dos hijas, con una mina que ya tiene su
vida armada y que va a ser difcil la convivencia y no no
aceptaron (Jos Luis).
5 En la descripcin de la siguiente faceta de la prueba de pareja la convivencia,
retomamospartedelrelatodeJosLuisdondehacereferenciaentrminosantag-
nicos a la razn encarnada en la cabeza, frente a la emocin corporizada en el
corazn.
44 Individuacin y reconocimiento
En esta faceta del crdito se exponen una serie de condi-
cionantes que se configuran por fuera de la pareja per se, pero
que en ocasiones emergen como elementos claves para la conti-
nuidad de los vnculos. De tal forma, podemos pensar el crdito
otorgado en dos sentidos: a) a partir de configurarse en contras-
te a determinadas caractersticas no deseadas o consideradas
negativas: las salidas nocturnas asociadas al descontrol o a un
amplio espectro de inseguridades en el caso de Purly y su novia,
al embarazo como evento no deseado en el caso de Juana y su
hermano, o Dora y sus padres, o la vida armada de la pareja de
Jos Luis como elemento disruptivo segn su familia; b) a partir
de vnculos subjetivantes entre quienes lo otorgan y quien es el
receptor del mismo: la forma de crianza de Dora, donde la con-
fianza aparece como un elemento vincular, y su capacidad para
plantear autonoma respecto de los temores planteados por sus
padres en torno de un embarazo no deseado.
La experiencia social de los jvenes respecto de sus relacio-
nes de pareja expone distintos grados y diferencias en las dis-
tancias entre lo vivido y lo deseado. En los intersticios de esos
desfases se encuentran las pruebas, donde conviven las expe-
riencias subjetivas y las de los entornos prximos. Frente a tales
desafos, los jvenes movilizan con mayores o menores nive-
les de consciencia diversos soportes, entre ellos los de tipo
afectivo. Como hemos sugerido, la concurrencia de soportes,
entre ellos el crdito, influye en las posibilidades de transitar
con xito la prueba de pareja, y posiblemente cualquier otro
desafo que implique los vnculos de tipo familiar.
El anlisis de la faceta de la prueba de pareja descrita en
este apartado permite observar las configuraciones de soportes
asentados en torno al crdito, aspecto que podemos situar como
instancia primigenia de la dimensin poltica de la legitimidad.
Los variados vnculos, mbitos y grupos de sociabilidad que
participan en estos procesos permiten pensar en una multiplici-
dad de crditos, como as tambin en dinmicas y lgicas parti-
culares de interaccin entre ellos donde no todos los elementos
y situaciones de pareja adquieren las mismas valoraciones. Nos
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 45
preguntamos entonces: Qu elementos y dinmicas vinculares
favorecen la multiplicidad de crditos? Qu otros soportes son
necesarios para ello? Qu trayectorias sociales los habilitan?
La convivencia
El ltimo elemento emergente de la prueba de pareja que hemos
identificado es la experiencia de cohabitar en el mismo hogar.
A pesar de la corta edad de los jvenes, algunos han transitado
por diversas convivencias, que se encuentran narradas en sus
relatos biogrficos.6 Una primera acepcin de los sentidos aso-
ciados a esta faceta de la prueba de pareja se vincula al ideal de
proteccin, ya que complementa la figura de pareja que prote-
ge, cuida, estabiliza, y otorga anclajes existenciales, a partir de la
proteccin de cohabitar el mismo hogar. Una segunda acepcin
opera en un nivel de significacin ms utilitario, asociado al sus-
tento de tipo material otorgado por compartir la misma vivien-
da. Al relatar su separacin, Lili (mujer, 23 aos) pone nfasis en
el segundo nivel del sentido de proteccin:
No tengo una casa adonde poder vivir bien con mis hijos,
tengo que vivir de prestado, obvio. Me tengo que ir haciendo
la idea de que me tengo que hacer mi propia casa. Porque
algn da mi hermana va a querer hacer su vida, y yo qu
voy estar en el medio? Bueno, y dos, que me faltan muchas
cosas que estando all [en la casa de su ex] me las tena
todas yo quera pan, me traa pan quera lo que quera
y me lo traa l (Lili).
La separacin de la pareja de Lili lleva a que ella abandone
el hogar del padre de sus hijos donde convivan, dando cuenta
as en su relato biogrfico de las dificultades de tipo material que
parecen saturar los sentidos construidos de la realidad experi-
mentada. Es tal vez en esta faceta de la prueba de pareja donde
6 Las referencias a los proyectos de convivencia con parejas actuales o exparejas
abundan en los relatos de los jvenes. Sin embargo, para este apartado tomaremos
lasalusiones alasexperiencias deconvivenciavividas.
46 Individuacin y reconocimiento
se exponga con ms fuerza los limitantes de tipo estructural a
los que los jvenes deben enfrentarse para superar airosos estos
eventos. Sin embargo, a pesar de los choques con la realidad, en
el relato de Lili sobre su ruptura de pareja, es posible encon-
trar alusiones que se sostienen en un ideal de fusin de pareja,
en su vertiente asociada al amor romntico. Sus hijos, adems
de constituirse en refugios afectivos que la sostienen (Sustas y
Touris, 2013), son la expresin de un momento de unin, de
complementariedad, que puede trabajar ms como una alego-
ra limitante de las proyecciones futuras ligadas a la afectividad,
pero sobre todo como obstculos en la posibilidad de encontrar
y conformar una nueva pareja. As, el carcter nico de la expe-
riencias vividas puede condicionar la bsqueda de un otro que
permita la construccin de la relaciones de confianza, de sus
soportes afectivos y del reconocimiento afectivo o amor (Hon-
neth, 1997).
E: Decs que tens compaa ests en pareja?
L: La compaa de mis hijos.
E: Ah no ests saliendo con nadie?
L: No, no, ya no. Eso no es ms para m.
E: Por qu: penss que no te vas a poner ms de novia?
L: Jams. Si no es con l, no es con ninguno.
E: Ah, vos desearas volver a estar con Ivn?
L: Obvio, s. Igual no creo volver a estar con l tampoco
porque No s, yo me siento que si yo me pongo de novia
con otra persona, como que los voy a estar engaando a mis
hijos no s (Lili).
Un sentido similar al otorgado por Lili es posible de
reconstruir en el relato de la separacin de pareja y convivencia
de Jos Luis (varn, 23 aos). En l podemos identificar las refe-
rencias a la lgica de accin de integracin que implica procesos
de socializacin de tipo tradicional, a partir de interiorizar el rol
de padre proveedor y sostn de familia.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 47
Se rompi una relacin muy grande, no?, pero lo que pasa es
que en ese momento no supe valorar lo que era, lo que estaba
conmigo, entends? Pero yo iba pensando en las mismas
cosas, pero uno se equivoca y yo la verdad que escuchaba
mi cabeza y no escuchaba mi corazn, as que hice hice la
separacin (Jos Luis).
El balance introspectivo que suscita la ruptura se encuen-
tra en el caso de Jos Luis acentuado por un aborto espontneo
que expuso tensiones que parecieran existir en un claroscuro
del relato.
[] si vena ese hijo, no iban a pasar estos problemas, porque
capaz que l te fortaleca la familia, entonces ah nos una-
mos todos, no? Me doy cuenta que para esto todava no
estoy preparado; para bancarme una familia no estoy pre-
parado (Jos Luis).
Si bien en el relato de Jos Luis parecen prevalecer deter-
minados valores asociados al rol masculino tradicional deudor
de prcticas de integracin subjetiva, el punto de quiebre que se
abre a partir de un acontecimiento significativo de su biografa
habilita la posibilidad de resignificar y reapropiar esos valores
entendidos en ocasiones como normas morales en recursos
posibles de ser movilizados en interdependencias sociales par-
ticulares, en este caso en la conformacin (o no) de una pare-
ja con una mujer con dos hijos. En otras palabras, la coheren-
cia del relato de Jos Luis flucta entre dos lgicas de accin:
aqulla ligada a la internalizacin de lo social expresada en el
seguimiento de determinados roles de gnero tradicionales, y
otra asociada a una lectura del contexto de pareja que permite
mrgenes de accin en la bsqueda de fines no necesariamente
concurrentes con lo esperable segn los procesos de socializa-
cin tradicionales.
El fracaso en la pareja es explicado por no poder aceptar
como propia una familia ya conformada, el peso del miedo a
reiterar fracasos familiares, y la influencia de vnculos de fami-
lia.
48 Individuacin y reconocimiento
En esta ltima fue por ella tener una familia ya armada, no?,
es decir, tener dos hijas de uno y dos aos, entends? Y yo
pensando pensando en mejorar el futuro, no?, pero no;
yo en ese momento fui medio egosta, para qu decir, no?
Pens en m y no quera como no quera fracasar yo solo,
entonces me escap. Lo dej lo dej ah, pero despus me di
cuenta de que perd un amor muy grande, un amor que me
dio todo, que me dio todo hasta su alcance, todo lo que tena
al alcance me lo dio todo. Y eso perd yo (Jos Luis).
Escuchar al corazn, como referencia a una instancia de
amor, se esgrime en el relato como una mxima que permiti-
ra sobrellevar cualquier tipo vicisitud. En este contraste entre
la razn y la emocin, hasta qu punto escuchar a la cabeza no
implica reconocer en cierto grado aquello que parece habitar
en los mrgenes del discurso amoroso? Es decir, la influencia
de aspectos de seleccin de las sociedades modernas tardas que
generan diferenciales de recursos y de capacidad de accin, pro-
ducto de trayectorias y lugares sociales, que se plasman en el
relato como el advenimiento de un freno al impulso amoroso,
y una emergencia de lo real cristalizada en las limitaciones de
tipo material, pero vivenciada como un egosmo a nivel perso-
nal. La mayor presencia de narraciones reflexivas en los rela-
tos se corresponde con dos procesos concurrentes: los desfa-
ses cristalizados en la imposibilidad de adecuar las prcticas a
las expectativas individuales (Martuccelli, 2007), y las angustias,
producto de la percepcin de la prdida de control de uno mis-
mo frente a la discordancia entre las posiciones sociales y las
subjetivas (Dubet, 2013).
Estos procesos convergentes requieren de los individuos
un arduo trabajo de construccin de s que involucra diferen-
tes instancias de seleccin. No todos los contextos habilitan el
mismo punto de partida, ni el acceso a un rango ilimitado de
soportes. En el caso de Jos Luis, el reto de la convivencia pone
en tensin las lgicas que estructuran los relatos biogrficos: la
imposibilidad de continuar el seguimiento de roles de gnero
internalizados como mandatos morales, y la angustia posterior
frente a la consciencia de la ruptura entre la praxis y lo esperable
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 49
en una situacin dada. En definitiva, esta construccin de s
mismo nos muestra una faceta del proceso de individuacin en
trminos sexuales/afectivos que interpela a los jvenes.
Tanto en las experiencias narradas por Jos Luis como en
las de Juan (varn, 26 aos) es posible identificar acontecimien-
tos puntuales ligados a las rupturas familiares que constituyen
devenires traumticos (Villa, 2013)7 que se reeditan a travs de
temores a establecer vnculos con otros y el miedo a repetir cier-
tos modelos familiares y lgicas vinculares. La historia de pareja
de Juan expresa esta situacin:
La historia ma fue muy mal, es la misma historia que mi
familia de vuelta. Son como once en la casa, nadie trabaja, la
seora qued viuda, con la que viva no trabajaba tampoco. Y
yo trabajaba y le tena que brindar todo y no poda ( Juan).
El contexto de infancia vivido se reactualiza en la cons-
truccin de las propias historias familiares, lo cual pone en ten-
sin las lgicas de reproduccin de esas formas vinculares, en su
potencialidad de soportes, frente a un contexto signado por la
desolacin tanto material como simblica. En estos escenarios,
hasta qu punto los afectos soportan? En qu medida, ms all
de su condicin de legitimidad, permiten el funcionamiento de
otros soportes?
En el caso de Juan, la carga familiar expresada en la exi-
gencia de roles tradicionales masculinos, expone la condicin
potencial negativa de algunos vnculos familiares, acentuada
por su condicin de soporte nico en contextos de vulnerabi-
lidad, y por las formas de violencias que en dichos vnculos se
pueden corporizar a travs de heridas familiares (Di Leo, 2013).
En el relato de Juan es posible identificar un momento donde
observar estas tensiones a partir de recordar su experiencia de
pareja:
E: Y cmo era ella? Cmo se llamaba tu pareja?
7 Elautordenomina"devenirtraumtico"alosacontecimientosquepuedenpensar-
secomounareedicindeuntraumayavivenciado(Villa,2013: 181).
50 Individuacin y reconocimiento
J: Paulina. Ahora est en otro lado, est juntada, tuvo un
hijo Conmigo tuvo un hijo.
E: Tuvo un hijo?
J: Si, est en Delicias, all donde yo viva, ya tiene 4 5 aos
E: Cmo se llama?
J: Matas, lo conoc cuando fui a Misiones Si algn da lo
pudiera traer para ac, pero primero tengo que estar bien,
bien instalado como se dice, ahora no puedo.
E: Cmo te llevaste con Matas?
J: No, no habla.
E: Es chiquito.
J: Pero va a llevar la misma vida porque est con mi suegra,
as que lo tengo que sacar de ah cuando pueda.
En el relato de Juan, estar bien refiere tanto a condiciones
materiales como simblicas. El desplazamiento de los traumas
heredados parece incluso alcanzar a su hijo, con el cual no tiene
una relacin cercana segn surge del relato. Sin embargo, en
la construccin de su experiencia de pareja, la figura del hijo
emerge asociada a la esperanza de cortar con la reproduccin
intergeneracional de contextos de negacin de reconocimien-
to afectivo.
La faceta de la convivencia de la prueba de pareja remite
a la idea de la intimidad, el mbito de lo privado, la divisin de
las tareas, y la atribucin de roles y sentimientos asociados. Las
emociones, como manifestacin sensible de los lazos amorosos,
adquieren el status confesable de las dependencias de pareja, sin
por eso adquirir la condicin de ilegitimidad como expresin
de los soportes.8 Los grados variables de autonoma que pueden
generar se encuentran tambin atravesados por las formas en
que en el mbito de la intimidad se negocian y se establecen las
8 Estas dependencias amorosas alcanzan cierta ilusin de interioridad, por lo cual se
diferencian de las dependencias claramente identificadas como externas, unilate-
rales y sin aparente control a partir del voluntarismo como en el caso de planes o
ayudas sociales. Estas ltimas, desde una ptica del personaje social (aqul que se
sostiene desdeelinterior)sonilegtimas einconfesables (Martuccelli, 2007).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 51
condiciones de convivencia. Qu formas de relacin habilitan
la coexistencia de soportes? Qu tipo de lgicas condicionan-
tes generan?
Retomando las trayectorias narradas por los jvenes, es
posible observar matices en torno a la generacin de condicio-
nes de posibilidad para habilitar una multiplicidad de sopor-
tes por fuera del crculo ntimo. Incluso a pesar de habitar un
mismo territorio, las formas de transitarlo son esenciales para
comprender las posibilidades de contar con recursos y soportes
que permitan instancias de individuacin menos traumticas y
dolorosas. El relato biogrfico de Juana (mujer, 19 aos), pre-
senta algunos atributos que, segn ella misma, la diferencian de
muchas de sus amigas y vecinas:
Y yo, ponele, la mayora de los casos El mo no es as
porque, por suerte, tengo bastante cmo se dice?, puedo
hablar mucho con mi pareja, no?, y llegamos a ciertos acuer-
dos, pero veo que en la mayora de los casos, no. Es: hacs eso
y punto, y mis amigas se quedaron en la casa con los chicos, y
el chabn se peg la gira y est por ah o drogndose o se fue
a hablar y l puede hacer todo, ahora, la mina lleg a salir,
es la ms puta. Es as. Y despus ellos se fueron, capaz que no
aparecieron en una semana, vuelven como si nada ( Juana).
La estructuracin temporal del relato biogrfico de Juana
y la descripcin de los hechos significativos por ella identifi-
cados muestran la posibilidad de acceso a diferentes soportes,
como as tambin las formas de transitar los espacios de socia-
bilidad dentro del barrio: el examen de ingreso al Pellegrini, via-
je a Paraguay en la preadolescencia, vivir en el barrio de Con-
greso con sus hermanas, regreso a vivir en la villa, ingreso al
Ciclo Bsico Comn.9 Llegar a ciertos acuerdos implica instan-
cias de negociacin frente a tensiones implcitas en la conviven-
cia, a las cuales se le suman las limitaciones de convivir, ade-
ms de la pareja en el caso de Juana, con sus hermanas menores.
9 EstaseriedeacontecimientosfueronidentificadosporlapropiaJuanaalmomento
dediagramar sulneadevidajuntoalentrevistador.
52 Individuacin y reconocimiento
Igualmente, a pesar de las limitaciones espaciales que respon-
den al orden de lo material, convivir con relativo xito nos lle-
va a preguntarnos por aquellos soportes que permite sortear la
faceta de la convivencia de la prueba de pareja.
E: Y vivs con l hace cunto?
J: Casi 3. Creo que nos conocimos y No s si fue se el error,
pero Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, viste?
E: A ver, por qu?
J: Y, eso es lo que hace la mayora, tambin. En eso s me
incluyo. Lo que capaz que hacemos mal, no? Todas las chicas
apenas tienen novios, ya se juntaron. Yo hoy escucho: se
junt y digo: no, por qu?, por qu se juntan tan rpido?
Y Igual, ponele, lo mo con mi novio fue raro porque Era
como Un da se qued a dormir y se trajo la ropa de trabajo,
y al otro da se fue a laburar de casa. Y as. Y cuando me Y
cuando los dos nos dimos cuenta, creo que tena la mitad de la
ropa en casa. As que no fue como: ay, lo decidimos, no.
Contar con recursos para planear la convivencia pareciera
ser un aspecto que ayudara a sortear la prueba de pareja con
xito. Sin embargo, aun en el caso que no sea posible, el plan-
teo retrospectivo permite poner en consideracin los supuestos
que sostienen tales decisiones. Los imaginarios de fusin y los
de independencia trabajan en estos escenarios. Como mencio-
nan Araujo y Martuccelli (2012: 209), frente al ideal de inde-
pendencia y sus obstculos, el mecanismo conyugal imaginado
como camino para la realizacin del mismo es la bsqueda de
arreglos. La pareja trabaja a los jvenes, tal vez ms que ningu-
na de las otras pruebas, movilizando aspectos en el orden de lo
afectivo. Las tensiones de la convivencia, la necesidad de acuer-
do para sobrellevar lo bueno y lo malo de estar en pareja remite
a la idea de soporte no slo en trminos sociolgicos, sino en
otras acepciones, soportarse uno al otro:
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 53
[] la frase designa bastante ms, y espontneamente, una
zona de sombra, all donde se reconoce, contra el ideal
romntico, a favor de la desilusin, menos lo que se lleva
recprocamente que lo que se tiene a falta de algo mejor
(Martuccelli, 2007 : 90).
En el caso particular de los relatos de los jvenes que
hemos entrevistado, las limitaciones materiales emergen con
una mayor intensidad que en otros grupos de jvenes, y ellas son
un elemento clave que no debe perderse de vista al analizar las
dinmicas que adquieren las diferentes facetas de las pruebas de
pareja que hemos analizado, y particularmente la convivencia.
Sin embargo, retomando los relatos, junto con las necesidades
asociadas a lo material, el vivir en el mismo hogar puede tomar
la forma de instancia posterior inevitable a la formalizacin con
un otro. Aun sin poder contar con la posibilidad de planifica-
cin, el planteamiento retrospectivo de la instancia de convi-
vencia implica la revisin de acuerdos que pueden redundar en
climas de pareja favorables, donde se habiliten espacios de di-
logo, respeto y reconocimiento del otro.
Conclusiones
Analizar las experiencias en torno a los noviazgos y vncu-
los amorosos descritas por los jvenes en sus relatos bio-
grficos tuvo como propsito mostrar hasta qu punto esa
diversidad de instancias narradas y experimentadas produ-
cen formas de afeccin individual que los exponen diferen-
cialmente a una prueba con un peso estructural y tempora-
lidad social de importante regularidad. En esas instancias,
los jvenes tienen que movilizar recursos de todo tipo para
superar la aventura de estar en pareja, lo que conlleva en
definitiva a un ejercicio constante de ajustes entre las expec-
tativas personales y las posibilidades objetivas de llevarlas
a cabo. La prueba de pareja se despliega a nivel vivencial a
partir de las alusiones a los primeros amores, a las formas
54 Individuacin y reconocimiento
e ideales de amar, querer, desear, a las experiencias de con-
vivencia, y a contemplar la mirada de los otros vnculos
significativos en la vida de los jvenes. En este sentido, la
prueba de pareja insta a los jvenes a individualizarse.
En trminos analticos, la nocin de prueba de pareja
conserva aquel carcter contingente producto del reto inhe-
rente al que se sienten confrontados los jvenes, encarnado
en desamores, desilusiones, alegras, sufrimientos, sin dejar
por ello de mostrar los diferentes grados de vulnerabilidad a
que se encuentran expuestos, producto de la articulacin de
sus recursos disponibles, las trayectorias sociales, sus vncu-
los intersubjetivos y sus condiciones macro-estructurales.
A partir de las experiencias en torno a la pareja narradas
por los jvenes en sus relatos biogrficos, identificamos
algunas facetas que remiten al mbito de la intimidad, a los
entornos prximos, y los condicionantes de tipo estructural
(socioeconmicos e institucionales): la iniciacin, el crdito,
y la convivencia. En el siguiente cuadro, se presentan, de
forma sinttica, algunas de las caractersticas encontradas
en cada una de las facetas analizadas y sus vinculaciones
con instancias de vulnerabilidades o cuidados en las din-
micas de pareja.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 55
Cuadro 1: Facetas de la prueba de pareja e instancias
de vulnerabilidad y cuidado
Parejas y vulnerabili- Parejas e instancias
dades de cuidados
La iniciacin El inicio como nico e El inicio como instan-
imposible de reeditar- cia que rescate aspec-
se en el presente. tos del reconocimiento
del otro y de la auto-
noma.
La iniciacin como una Ruptura con roles de
serie pautada de ins- gnero tradicionales.
tancias que involucran
la vida afectiva/sexual
orientadas por el ideal
del amor romntico.
El crdito Confianza desubjeti- Confianza subjetivan-
vante. te.
Confianza integralista: Confianza concurren-
que no permite la con- te: que permite multi-
currencia de legitimi- plicidad de crculos o
dades. actores legitimantes.
Crdito negativo: con- Crdito positivo: con-
fianza otorgada a par- fianza otorgada a par-
tir de establecer ilegiti- tir de los vnculos ms
midades. que con los modelos
no deseados (ilegti-
mos).
La convivencia Condicionantes de Exponer grados de
tipo material, acuerdo, sino de forma
particularmente planificada, al menos
aqullos asociados a de forma retrospecti-
lo socioeconmico.
va.
La convivencia pro-
ducto del seguimiento
de lgicas tradiciona-
les de accin.
56 Individuacin y reconocimiento
Los componentes de la prueba de pareja que emergen
del anlisis de los relatos biogrficos de los jvenes deben
ser pensados ms que como una gua de interpretacin de
doble entrada que exponga vnculos lineales entre lgicas
de accin o ideales de pareja y vulnerabilidades, en una
referencia que permita pensar las dinmicas sociales entre
los diferentes niveles de los procesos de vulnerabilidad en
torno a las parejas jvenes. La iniciacin vincula las tra-
yectorias personales con el carcter social de los itinerarios
amorosos. As, pudimos dar cuenta de las alusiones a los
momentos de inicio en las vinculaciones de tipo sexual/
afectivo y cmo esas experiencias vivenciadas influan en
las imgenes del presente y los anhelos de futuro. Las refe-
rencias a las marcas y experiencias nicas de los primeros
noviazgos se constituyen en mojones que trascienden el
momento de su gnesis y poseen la capacidad de perdurar
en las trayectorias narradas. En ocasiones, el carcter nico
e irrepetible atribuido a esas vivencias ocasiona la imposi-
bilidad de desplegar recursos en torno a lo afectivo en el
presente, dificultando el reconocimiento afectivo y la cons-
titucin de la autoconfianza como base para construccin
de las identidades de los jvenes.
La convivencia y el crdito describen las diferentes
dinmicas de interaccin con los vnculos cercanos: la pare-
ja con la cual se convive, pero tambin el entorno prximo
de afectos y familiares. En relacin a la convivencia, pudi-
mos observar cmo ciertos ideales de pareja asociados al
amor romntico y lgicas de accin de integracin fun-
cionan como limitantes en torno a la posibilidad de cons-
truir formas de acuerdo dentro de la pareja. Las formas
que adquieren las interacciones posibilitarn (o no) escena-
rios de pareja que conjuguen el respeto por la autonoma y
cuidado propio y ajeno. Por otro lado, como analizamos a
partir de la nocin del crdito, aunque la prueba de pareja
puede estabilizar ciertos soportes, en circunstancias puede
ser a expensas de otros. Nuevamente, advertimos que estos
procesos vinculares se enmarcan en realidades cotidianas
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 57
que se encuentran signadas por diferentes grados de caren-
cias de tipo material que condicionan la faceta utilitaria
de la convivencia.
A partir de la prueba de pareja y de sus componentes,
pudimos mostrar algunas facetas en que los procesos de
vulnerabilidad se corporizan en las biografas de los jve-
nes, exponiendo las complejas e imbricadas articulaciones
entre los niveles de vulnerabilidad social. Consideramos
que en dichas articulaciones entre los aspectos contextuales
y las formas de resolucin de los desafos en torno a la
pareja se encuentran las claves para dar cuenta de aquellas
instancias que permitan horizontes de pareja que habili-
ten la autoconfianza, el respeto y reconocimiento del otro.
Por ello, sugerimos que la ampliacin de las posibilidades
de movilizacin de diferentes soportes materiales, simb-
licos y afectivos durante las experiencias de pareja poten-
cian escenarios donde pueden desarrollarse instancias de
cuidado.
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2
Integracin, estrategia y subjetivacin:
biografas escolares y experiencias
de maternidad
MARA SOLEDAD VZQUEZ
Introduccin
En las ltimas dcadas, diversas reflexiones latinoamerica-
nas se han interesado en las experiencias escolares,1 las mater-
nidades adolescentes,2 y los dilogos que estas dimensiones
sostienen entre s. Su propsito fue desencializar estos tpi-
cos, situndolos histrica y socialmente. En base a diferen-
tes anlisis empricos cuanti y cualitativos, e inscribindo-
se en distintas lneas tericas especficas, esas reflexiones
sostienen que la mayora de las maternidades adolescentes
profundizan situaciones de vulnerabilidad, vinculadas a las
condiciones materiales de vida, al gnero y/o la edad, que
les son previas o simultneas. Asimismo, dichas vulnerabi-
1 Muy sucintamente, el concepto experiencias escolares permite problemati-
zar los modos en que se articulan los procesos de socializacin (integracin
institucional) y de subjetivacin (mrgenes de autonoma individual para la
produccin de sentidos) en la institucin escolar contempornea (Dubet y
Martuccelli, 1997).
2 Siguiendo criterios internacionales, la maternidad adolescente es la que se
produce antes de los 20 aos (Pantelides y Binstock, 2005). En el marco de
este captulo, la edad es un aspecto necesario, pero no suficiente para abor-
dar las maternidades de mujeres jvenes. Por ello, dicha dimensin debe ser
puesta en dilogo con otras. Por ejemplo, las condiciones materiales de vida,
el gnero y las particularizaciones biogrficas en torno a la experiencia de
gestar, parir y criar un hijo/a.
61
62 Individuacin y reconocimiento
lidades, en muchos casos, operan ms como condicionan-
tes de las experiencias de repeticin o interrupcin de los
estudios que las maternidades per se (Pantelides y Cerrutti,
1992; Pantelides et. al, 1995; Stern, 1997; Stern y Garca,
2001; Reis dos Santos y Schor, 2003; Adaszko, 2005; Fain-
sod, 2006; Vzquez, 2014).
Algunas de esas investigaciones se posicionan en el
paradigma crtico sobre maternidades adolescentes y, des-
de esta perspectiva, cuestionan las matrices deterministas
biolgico-mdicas sobre el tema (Stern, 1997; Stern y Gar-
ca, 2001; Fainsod, 2006; Vzquez, 2014). Esta lectura, origi-
nada en diversos pases latinoamericanos hace aproximada-
mente tres dcadas, tensiona la asociacin directa y causal
entre maternidad antes de los 20 aos, abandono escolar,
dificultades para ubicarse en el mercado laboral y pobreza.
Por el contrario, sostiene que en la mayor parte de los casos,
las vulnerabilidades materiales, aunadas a ciertas desigual-
dades fundamentadas en el sexo/gnero y la edad, operan
ms como condicionantes de las experiencias de materni-
dad que como sus consecuencias. Asimismo, esta perspec-
tiva no considera esas maternidades como desvos de la
adolescencia esperada, sino ms bien como expresiones de
injusticia que afectan particularmente a las mujeres jvenes
de los sectores sociales menos favorecidos.
A la vez, dichos estudios dialogan con las discusiones
que autores como Franois Dubet (2013) sostienen con las
matrices tradicionales en torno a los nexos entre las institu-
ciones y la accin de los individuos o, en otras palabras, la
tensin estructura/agencia.
Este captulo aborda los recorridos por la escuela
secundaria de Mara Paula y Juana, dos jvenes en situacin
de vulnerabilidad con experiencias de maternidad, en un
contexto histrico de masificacin y obligatoriedad de ese
nivel. En este sentido, dichos recorridos son el punto de
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 63
partida para analizar algunas de las dimensiones que verte-
bran el proceso de ampliacin de derechos educativos pro-
movido por la Ley Nacional de Educacin (26.206/2006).3
Metodolgicamente, este anlisis se inscribe en el enfo-
que biogrfico, una propuesta inductiva y cualitativa espe-
cialmente recomendada para el estudio de diversos tpi-
cos vinculados al tema: educacin, familia, vulnerabilidades,
gnero y sexualidad (Di Leo y Camarotti, 2013; Vzquez,
2014). Su objetivo es describir dichas escolaridades y ana-
lizarlas desde una perspectiva que permita la emergencia
de singularidades biogrficas, a fin de poder tensionar los
argumentos homogenizantes que sostienen que toda joven
madre o embarazada, debido a su maternidad temprana,
inexorablemente abandona sus estudios.
Muchas de las nociones que utilizamos en este captulo
son categoras emergentes de los relatos biogrficos y
entrevistas realizadas a Mara Paula y Juana (las mismas se
presentan en cursiva). Dichos emergentes son puestos en
dilogo con diferentes propuestas tericas, especialmente
las que aporta Dubet (2013) al reflexionar sobre la experien-
cia social y las lgicas de accin del individuo.4
3 Si bien el crecimiento de la matrcula de este nivel ha comenzado hace ms
de cuatro dcadas en la Argentina, se acenta en las ltimas dos ya que
ingresan al secundario muchos jvenes otrora expulsados del mismo, de
manera ms o menos tcita, debido a su posicionamiento socioeconmico y
cultural. En gran medida, esta masificacin es favorecida y legitimada legal-
mente a travs de la Ley de Educacin y las polticas pblicas educativa des-
plegadas a partir de su sancin.
4 Experiencia social y lgicas de accin, son dos herramientas que, entre otros
conceptos, permiten acercarse a las prcticas de los sujetos, los vnculos que
sostienen con otros, sus pruebas biogrficas (o situaciones desafiantes difci-
les de atravesar), y los sentidos construidos en torno a stas, en una etapa
histrica donde las previsibilidades en torno a las conductas de los actores,
construidas en y por las instituciones modernas (familia, escuela, Iglesia,
mbito laboral) a lo largo del proceso de fabricacin de individuos, se desdi-
bujan, para dar lugar a una gestin ms personal y contingente de la propia
vida.
64 Individuacin y reconocimiento
Este captulo est organizado en cuatro apartados. El
primero presenta algunas dimensiones de las dos biografas
mencionadas, focalizando la atencin en los aspectos que
las jvenes tienen en comn. La segunda, describe analti-
camente sus experiencias escolares en el nivel secundario,
haciendo hincapi en las dimensiones selectivas de las mis-
mas: reprobacin de exmenes, repeticin y expulsin. La tercera
seccin aborda ciertos recorridos institucionales elegidos
por las entrevistadas por resultar ser ms fciles (es decir,
ms armnicos con sus biografas) para el despliegue de la
escolaridad en ese nivel, y sus nexos con las experiencias de
maternidad. El cuarto apartado explora otros aspectos que
atraviesan estos recorridos, interpretndolos como prcti-
cas de resistencia a la imposicin que sufren en sus hogares
en torno al trabajo domstico (Calveiro, 2005). Por ltimo,
se realizan algunas reflexiones finales.
Las jvenes
Como mencionamos en la introduccin, partimos de las
biografas escolares de Mara Paula y Juana. Las mismas
fueron construidas en 2011, en el marco de dos investiga-
ciones diferentes. Sin embargo, ambos corpus tienen varios
aspectos en comn que resultan significativos para nues-
tro trabajo, ya que permiten problematizar algunas de las
dimensiones que atraviesan el proceso actual de masifica-
cin de la escuela secundaria.5
5 Las entrevistas y el relato biogrfico de Mara Paula fueron construidos en
el marco de la tesis de maestra Alumnas embarazadas y/o madres. Pruebas esco-
lares, soportes y resistencias en contextos de marginalidad urbana (Vzquez,
2014), una investigacin interesada por las experiencias escolares de jvenes
vulnerabilizadas gestantes y/o con hijos/as. En relacin a Juana, su relato y
entrevistas han sido analizadas en Di Leo y Camarotti (2013).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 65
Estas jvenes son dos mujeres de 20 aos vulnerabi-
lizadas que viven y transitan diversas instituciones educa-
tivas y de atencin de la salud del sur del rea Metro-
politana Buenos Aires (AMBA). Mara Paula vive en un
monoambiente alquilado y Juana, en un barrio de emer-
gencia. Ambas refieren situaciones de hacinamiento y pre-
cariedades materiales (problemas de humedad, aireacin y
de acceso de luz natural) que se combinan, sobre todo en
el relato de esta ltima, con experiencias de discriminacin
por residir en esos espacios.
Tanto Mara Paula como Juana han realizado y realizan
diversos trabajos: servicio domstico en el caso de la pri-
mera; niera y empleada en una peluquera, en el de la
segunda. Estas tareas representan para estas jvenes, entre
otros aspectos evaluados como negativos, una importan-
te cantidad de tiempo y un gran esfuerzo fsico. Por otra
parte, estas actividades laborales no estn enmarcadas en
la normativa vigente.
Las dos jvenes relatan recorridos escolares por el nivel
secundario que no se ajustan a los criterios de normalidad
prescriptos por el sistema tradicional. Los mismos estn
atravesados por situaciones de reprobacin de materias,
repeticin e interrupcin temporaria de los estudios.
Adems, ambas refieren experiencias de maternidad:
gestacin y crianza de un nio de 2 aos, en el caso de
Mara Paula, y un embarazo deseado que culmina abrupta-
mente en un aborto espontneo, en el de Juana. Estas mater-
nidades, acontecimientos claves que marcan un antes y un
despus en sus vidas, fueron concebidas en una relacin de
pareja estable, con varones que son mucho ms grandes que
ellas. Mara Paula se ha casado legalmente. Su marido, de
30, tiene dos hijos de una pareja anterior que suelen ir a su
casa. Juana convive con su novio de 28, junto a sus herma-
nas. En ambos casos, la relacin ronda los cuatro aos.
Al mismo tiempo, los relatos de las dos jvenes se
vertebran alrededor de otros acontecimientos biogrficos
comunes. Por un lado, una relacin materno-filial carac-
66 Individuacin y reconocimiento
terizada por diversas tensiones que, combinando enojos y
obediencias, emerge como soporte6 insoslayable a la hora de
dar cuenta de sus primeros recorridos por el nivel secun-
dario. Por otro, varias experiencias de migracin desde y
hacia sus pases de origen (Mara Paz es chilena y Juana,
paraguaya) que se vinculan a una caracterstica insistente de
sus escolaridades: la intermitencia.
La experiencia de no encajar o no pertenecer
Como mencionamos en la introduccin, de los relatos de
Mara Paula y Juana emergen recorridos por el nivel secun-
dario que se alejan de lo esperado por el sistema escolar
tradicional, en un momento en el que dicho nivel se masifi-
ca, se hace obligatorio y se configura como derecho.
Estos recorridos empiezan en escuelas que gozan
de buena reputacin acadmica, cuyos estudiantes, en su
mayora, pertenecen a sectores socioeconmicos medios y
medios-altos, y poseen un importante capital cultural. Nin-
guna pudo sostener su escolaridad en esas instituciones.
En el caso de Mara Paula, se trata de una escuela privada
en la que transit slo 1 ao, sin aprobarlo. Juana, por
su parte, comenz el curso de ingreso obligatorio para el
colegio universitario Carlos Pellegrini, sin concluirlo satis-
factoriamente. Estas experiencias se producen antes de sus
maternidades.
Los vnculos construidos con sus madres y ciertas
acciones llevadas a cabo por ellas, emergen como dimen-
siones claves para el anlisis de esta experiencia escolar.
6 Brevemente, el concepto soportes, clave en el marco de la sociologa del
individuo, refiere a los sostenes externos materiales o inmateriales que les
permiten a los sujetos atravesar y significar biogrficamente diversas situa-
ciones difciles o desafos estructurales (Martuccelli, 2007).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 67
Como puede observarse en los extractos que siguen, estas
mujeres optan por esas escuelas para sus hijas sin atender
sus objeciones:
A mi mam se le ocurri la idea. No s para qu me mand
ah. No me consult. Me dijo: vamos a ese colegio. Y punto,
es as. Cuando sos chico, te mandan y te mandan, no te pre-
guntan si quers ir (Mara Paula).
[] mi mam quera que yo haga el curso de ingreso para
el Pellegrini pero yo no quera quera ir donde iba [una
amiga del barrio]. Pero mi mam deca: no, al Pellegrini. Me
anot, ella hizo todo lo que tena que hacer y yo iba a los
cursos los sbados ( Juana).
Interpretamos estas experiencias como selectivas. Es
decir, situaciones que redundan en expulsiones directas o
indirectas, explcitas o implcitas, que se producen hacia el
interior del sistema escolar en general y en el nivel secunda-
rio en particular, en momentos como los contemporneos,
en los cuales ste se masifica y se transforma en un derecho
sancionado por la Ley.
Se trata de un proceso en donde se encuentran y, a la
vez, confrontan diversas fuerzas. Por un lado, los grupos
histricamente excluidos de la escuela secundaria (del que
Mara Paula y Juana son parte) que pugnan por ser inclui-
dos en el nivel, debido a, entre otras razones, las nuevas
exigencias para el ingreso al mercado laboral. Por otro, los
mejor posicionados econmica y culturalmente que desean
mantener la escuela secundaria como un espacio de status
y distincin. Por ltimo, el Estado que, como contracara
necesaria de su poltica de extensin de derechos en torno
a lo educativo, favorece la creacin de diversos circuitos
escolares diferenciales, contribuyendo al fenmeno de la
fragmentacin. Es decir, a la configuracin de espacios insti-
tucionales rgidamente separados entre s, en donde opera
68 Individuacin y reconocimiento
la metfora del colador: los que son expulsados de un circuito,
caern en otros de menor reputacin (Tiramonti, 2009).7
De este modo,
La relacin de la escuela de masas para una cantidad de
alumnos est marcada, no tanto por el no xito escolar en s
sino por la experiencia de exclusin relativa de los [consi-
derados como] buenos establecimientos (Dubar, 2006: 158).
Las jvenes entrevistadas describen estas experiencias
selectivas a travs de las categoras emergentes no encajar
(Mara Paula) o no pertenecer (Juana):
No, no me gustaba. No era as que lo llevara re bien. No
encajaba! Repet [y me fui] No me senta bien en ese
colegio. Lo que pasa es que no s tena que ser ms, ms
responsable (Mara Paula).
[Empec el curso de ingreso] pero como que estaba perdida.
Porque muchos de los chicos prcticamente tenan el pase
directo. Tenan hermanos universitarios. Los que no, tenan
todos los recursos econmicos para pagarse el profesor que
te aseguraba aprobar los exmenes. Yo deca: mierda, adnde
estoy metida? Yo no perteneca a ese grupo (Juana).
Como puede apreciarse, no encajar para Mara Paula se
anuda a una suerte de cualidad personal. En sus palabras:
no se encaja en la escuela porque no se es lo suficientemente
responsable como para responder satisfactoriamente a las
exigencias de sta. En cambio, el relato de Juana permite
7 Como es analizado en varios trabajos (ver, entre otros, Southwell, 2011), a
diferencia del primario, el nivel secundario, en sus orgenes fue pensado
para un determinado sector social: los varones de los estratos medios y altos
residentes en centros urbanos. Su propsito era eminentemente propedu-
tico (el ingreso a la universidad) y/o la preparacin para cargos de gestin
poltica. Entre principios y mediados del siglo XX, a partir de diversas pre-
siones de los sectores no incluidos, se fueron incorporando otros colectivos
a instituciones especialmente configuradas para ellos, con objetivos ms
cercanos a la salida laboral (por ejemplo, las escuelas normales y las escuelas
fbrica).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 69
visualizar ciertas conexiones entre lo ocurrido al realizar el
curso de ingreso y las vulnerabilidades socioeducativas que
atraviesa. De este modo, interpretamos que no pertenecer,
entre otras dimensiones, alude a la carencia de trayectorias
universitarias en la familia y/o del dinero necesario para
solventar el apoyo de un profesor particular, dos herra-
mientas con las que sus compaeros s contaban.
A la vez, segn se desprende de sus relatos, Mara Paula
y Juana han interiorizado el mandato social y externo de
posicionarse como hijas, adolescentes y estudiantes que, a
una edad esperada y de manera adecuada, se escolarizan
en instituciones que tambin lo son. Dicho mandato llega
a ellas a travs de la orden materna y es aceptado sin con-
frontaciones abiertas, pero construyendo diferentes senti-
dos biogrficos en torno al mismo que pueden ser agrupa-
dos considerando al menos dos dimensiones emergentes:
vnculos maternos-filiales como soportes, por un lado, y desajuste
entre las expectativas sociales y la respuesta interna, por otro.
En efecto, ambas jvenes narran estas experiencias
escolares describiendo el acompaamiento materno como
un soporte necesario para atravesarlas. Este sostn, por sus
singularidades, las de sus madres y las del vnculo estable-
cido entre ellas, se particulariza de forma diferente. Mara
Paula subraya cuestiones relativas a los aprendizajes:
[mi mam] siempre me ayudaba a estudiar, porque esa escue-
la era muy exigente. Me ayudaba un montn a hacer las
tareas. Me las haca ella.8
Juana, por su parte, refiere a aspectos de ndole eco-
nmica:
8 Esta posibilidad de ayuda se vincula, entre otras dimensiones, a las trayec-
torias escolares de su madre, quien concluye sus estudios secundarios.
Entendemos que haber sido ella misma socializada como estudiante secun-
daria es una experiencia que brinda herramientas que posibilitan este acom-
paamiento. Dichos instrumentos estn ausentes en el relato de Juana.
70 Individuacin y reconocimiento
Mi mam me daba la plata para el sndwich. Con todo el
esfuerzo que eso implicaba en ese momento. Que me diera
todos los sbados diez pesos ms el boleto [para ir al curso de
ingreso], era una locura ( Juana).
A su vez, las descripciones que realizan ambas jvenes
sobre esta experiencia escolar permiten visualizar una no
correspondencia entre la expectativa social y la respuesta
individual. Dicho desajuste, como mencionamos reciente-
mente, emerge en el relato de Mara Paula como un coro-
lario de sus atributos personales: Me fue mal, porque no
estudiaba nada, tena que ser ms responsable. Es decir, una
suerte de auto-responsabilizacin por lo sucedido en la escue-
la que expresa, entre otras dimensiones, la naturalizacin de
la violencia institucional que este tipo de experiencias supo-
ne, e invisibiliza sus condicionamientos socioeconmicos
(Dubet y Martuccelli, 1997).
Juana, por su parte, construye sentidos biogrficos en
torno a esta no correspondencia donde la culpa por el des-
ajuste entre el control social y el control interno (Dubet, 2013)
se entreteje con sus estados de nimo, su situacin econ-
mica y familiar, y una de sus experiencias de migracin:
[] mi mam [me daba plata todos los das] Y yo qu haca?
Vena, me compraba un sndwich de milanesa y me lo coma
ac [con mis amigas del barrio]. No iba [al curso de ingreso].
Hasta que un da se dio cuenta y me dijo, por todo el proble-
ma que estaba pasando con mi pap: la nica forma que nos
quedemos es que vos entres al Pellegrini, o si no nos vamos a
Paraguay A Paraguay no me quera ir porque yo tena mis
amigas ac. [Me sent muy presionada en ese momento]. Y
dej. Y tal cual: no entr y nos fuimos a Paraguay, fue as. [Me
sent] Con toda la culpa. S, era toda la culpa que por mi culpa
estbamos ah. Ms que mi mam me haca creer eso Que
a lo mejor si yo entraba s nos bamos a quedar Pero era
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 71
tambin todo el quilombo que ella tena con mi pap. O sea,
era que nos bamos o nos bamos, ms all de eso. Por ah s
haba una posibilidad, pero no tena otra opcin.9
A partir de estas experiencias selectivas, ambas jvenes
se distancian de manera intermitente del sistema escolar,
combinando perodos de asistencia regular a clase en diver-
sas instituciones, con otros de interrupcin. En palabras de
Mara Paula: nunca dej el colegio. El ao que dej fue
cuando me fui a Chile. Despus volva, renda libre. Enton-
ces, es como que todo as, por parte. 10
La facilidad
Luego de estas primeras experiencias de seleccin, ambas
jvenes recorren distintas instituciones, atravesando diver-
sas situaciones que incluyen desde nuevos distanciamientos
del sistema, a la eleccin de espacios educativos ms fci-
les. Es decir, con formatos no tradicionales, ms armnicos
con sus biografas y particularidades. Sin configurar una
necesaria relacin causa-efecto, estos recorridos se combi-
nan con otros acontecimientos. Por ejemplo: experiencias
de maternidad y viajes a sus pases de nacimiento (ambas
jvenes); conyugalidad y consumo de drogas (para Mara
Paula), y, por ltimo, despliegue del proceso de aprendizaje
en s mismo (para Juana).
9 En esta transcripcin, Juana est haciendo referencia a una serie aconteci-
mientos biogrficos claves que se amalgaman: la reprobacin del ingreso al
Carlos Pellegrini, los conflictos entre sus padres y la decisin de su madre de
viajar a Paraguay con la joven y sus hermanas, dejarlas al cuidado de distin-
tos familiares, regresar a Buenos Aires sola y, desde all, partir a Espaa a
trabajar. Se trata de una decisin aunada a dos hechos tambin claves: los
problemas de violencia entre su mam y su pap y la situacin econmica.
10 Cuando Mara Paula tiene aproximadamente 18 aos fue con su hijo de 10
meses a Chile a visitar a su padre. Luego viaja su pareja. Es en este viaje, que
dura alrededor de un ao, cuando se casan legalmente.
72 Individuacin y reconocimiento
Mara Paula comienza a estudiar en una escuela noc-
turna en un momento biogrfico particular: viva re loca,
haca la ma, no le daba bola a nadie, de joda en joda, fumaba
marihuana, todo era as Aqu, su rendimiento acadmico
durante los primeros dos aos de cursada fueron satisfacto-
rios: me iba re bien, porque era re fcil para m. Segn la
entrevistada, dicha facilidad se vincula a su paso previo por
la institucin privada.
En trminos del sistema tradicional, se trata de una
experiencia escolar exitosa, que se despliega en combina-
cin con prcticas consideradas inapropiadas tambin des-
de esa matriz (consumo de droga e indiferencia hacia un
otro u otra que interpretamos como una persona adulta).
Sin embargo, Mara Paula, luego de reprobar varias mate-
rias en 3er ao, interrumpe su escolaridad.
Y ah repet, me rateaba [Me llev] como siete [materias].
Pero ni siquiera fui a rendirlas. Porque no haca nada, porque
no haca casi nada, soy re vaga, medio vaguita. Despus me
fui de vacaciones a Chile, volv como en abril. Ya haban
empezado las clases [y no volv a la nocturna].
Es durante este nuevo alejamiento que la maternidad
y conyugalidad de Mara Paula se producen. Como se des-
prende del extracto que sigue, esos acontecimientos estn
atravesados por la decisin de continuar con la gestacin
ms all de la opinin de su pareja, y una dimensin que,
a travs de la frase por algo ser, remite menos a un motivo
racional que a la suerte o el destino:
[] yo lo conoc a l y al poquito tiempo qued embarazada
enseguida. Le dije: si lo quers tener, bienvenido sea. Si no, lo
iba a tener igual se qued conmigo, se puso a vivir conmigo
en la casa de mi mam. [En ese momento iba] Para donde
me llevaba el viento. Y cuando lo conoc a l fue como que
no lo hice ms, como que cambi mi vida. Y cuando qued
embarazada, ms todava. Fue como decir: por algo era por
algo yo haba quedado embarazada.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 73
Luego de su gestacin y casamiento, e incentivada
por su esposo, Mara Paula retoma los estudios. De este
modo, conyugalidad, maternidad y escolaridad devienen
tres acontecimientos biogrficos claves vinculados entre s
que, como trada, contribuyen a modificar ciertas prcticas
que deben ser dejadas atrs, para poder convertirse en un
ejemplo para su hijo, en un futuro ms o menos mediato:
Mi marido quiere que vaya por un buen camino. Me rompe
las bolas [me dice]: no vayas a dejar, no vas a seguir perdiendo
aos. Yo soy medio rollinga.11 Y era como que tambin me
ayud diciendo: Pero no te vistas as, porque vos ests con
el nene, ya sos una mujer, ya no ands boludeando. [Por-
que] tens que tener una educacin el da de maana, si mi
marido no termin el secundario, mi hijo que va a querer
hacer?, nada? No, tiene que tener el ejemplo mo. Por lo
menos el de la madre. Tiene que seguir el colegio, tiene que
tener una educacin.
A estos sentidos sobre la escolaridad, la joven aade la
idea de que ir a la escuela permite obtener un ttulo y, con
ello, conseguir un buen laburo (es decir, uno ms y mejor
remunerado que el que realiza como empleada domstica;
menos exigente en cuanto a tiempos y energas fsicas, y
regulado por la normativa vigente):
No me gusta el trabajo que tengo [Me gustara tener] un
trabajo de oficinista. Algo que no tenga que estar rompin-
dome. Algo ms relajado, algo ms interesante no algo
Estos laburos de mierda! [Por eso] quiero terminar porque
quiero tener un buen laburo mi proyecto es s o s, como
sea, terminar para poder conseguirme un mejor laburo, no
estar fregando eso no es para m, definitivamente.
11 Este trmino alude a la banda de msica inglesa The Rolling Stones, creada
hace ms de cinco dcadas. Dicha banda y sus seguidores se distinguen por
el estilo musical que interpretan/escuchan (rock and roll), por el modo de
bailar y por la esttica (ropa, zapatillas, corte de pelo).
74 Individuacin y reconocimiento
El espacio elegido en esta oportunidad para realizar
los estudios es una Escuela de Reingreso: una propuesta
pedaggica e institucional dependiente del Gobierno de la
CABA12 que al trabajar mancomunadamente con el Pro-
grama de Retencin Escolar para alumnas madres, embara-
zadas y alumnos padres,13 le permite a Mara Paula (como
a muchas/os otras/os estudiantes gestantes y/o con hijos)
concurrir a clases con el nio, organizar con los y las docen-
tes los formatos de evaluacin de aprendizajes y diagramar
su propio recorrido acadmico. De esta forma, se abren
posibilidades para compatibilizar los tiempos y energas que
demanda la maternidad con los que exige la escolaridad
(Vzquez, 2014).
[] Despus de tercer ao, me vine a anotar ac [a la Escuela
de Reingreso]. A m me gustaba venir a este colegio Viste
cuando decs: quiero ir ah? Bueno, yo deca: quiero ir ah
porque yo saba que era ms fcil, viste? Y dije: voy a ir, voy
a ir. Y empec a romper las pelotas. Romp tanto las pelotas
12 Estas escuelas fueron creadas en 2004, con el fin de reinsertar en el sistema a
jvenes de entre 16 y 18 aos que haban interrumpido sus estudios durante
un ciclo lectivo o ms. Forman parte de una serie de polticas pblicas
implementadas a partir de 2000 con la intencin de efectivizar el derecho al
acceso a la escuela media (sancionado en la Ciudad de Buenos Aires en el
ao 2002), en los sectores sociales histricamente expulsados de la misma.
Otorgan ttulo bachiller. Su propuesta curricular es ms reducida que la del
nivel medio comn. Fue especialmente diseada para este tipo de institucio-
nes, y est organizada en cuatro tramos, por los que los/as estudiantes van
avanzando conforme aprueban una serie de materias anuales o cuatrimes-
trales y talleres. Este trayecto se planifica considerando las posibilidades
concretas de cada estudiante para transitarlo, las materias aprobadas en
otras instituciones oficiales y/o los diagnsticos realizados por los docentes.
Se permite el cursado simultneo de asignaturas de diferentes niveles (Tira-
monti et. al. 2007; Krichestky 2010; Vzquez, 2014).
13 Este Programa depende del Ministerio de Educacin de la Ciudad de Bue-
nos Aires y ha sido especialmente diseado para estudiantes padres, madres
o gestantes. Se origina hacia mediados de la dcada de 1990 en las escuelas
del sur de la jurisdiccin. Sus estrategias de intervencin son variadas. Algu-
nas de ellas son: coordinacin de talleres de reflexin destinados a estudian-
tes en condicin de paternidad y maternidad; formacin para los y las refe-
rentes del Programa en cada escuela y diseo y promocin de normativa
especfica (Vzquez, 2014).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 75
que me aceptaron. No quera [quedarme en la otra escuela] ir
a la noche. Haba repetido, me llev una banda de materias.
Quera cambiarme para ac, ac renda. Eran como ms posi-
bilidades, ac es re fcil. [Cuando no poda dejar a mi hijo con
mi mam, cuando todava no iba al jardn] haba veces que
lo traa conmigo y empezaba a rendir las materias. Cuando
me cambi para ac, solamente haca las materias [que me
haban quedado de la otra escuela].
Asimismo, la Escuela de Reingreso permite la construc-
cin de vnculos ms flexibles y afectivos entre docentes y
estudiantes y, por tanto, menos tradicionales:
Porque a m no me gusta tener esa relacin de profesor
de Ah! Yo soy el profesor y ustedes ac O sea, est bien,
es lo que corresponde O sea, que te sepa explicar [pero
tambin hablar] cosas que no sean del colegio, que te sepa
guiar, o eso, no s. A m me gusta tomar ms de los profe-
sores, por ejemplo, ac, de tomarlo ms as, por el lado de
amigos, me entends? Hablar de varias cosas, no solamente
estar hablando del colegio.
A la vez, la facilidad propuesta por esta escuela se vin-
cula, entre otros aspectos, a su poca exigencia en torno a las
tareas escolares y/o en relacin a cmo se desarrolla el pro-
ceso de enseanza-aprendizaje. Dicha caracterstica, que no
es evaluada positivamente por la joven, aparece en su relato
al comparar esa institucin con la escuela privada:
[] el nivel de estudios no es el mismo [en] una escuela
privada que [en] una escuela pblica, porque en la escuela
privada es como que te exigen ms, te dan ms tarea, te
ensean diferente. O sea, como que te ensean ms. Es como
ms estricto. En cambio, un pblico es todo as noms. No te
ensean nada, no te preparan. Excepto el que sea muy traga.
Y aparte que ac es re fcil. No tens que hacer nada. Te
ensean cosas as noms. O sea, el nico que es ms o menos
estricto, que ms o menos te ensea bien y todo, que te rompe
mucho las bolas es el de matemtica.
76 Individuacin y reconocimiento
Ahora bien, la emergencia de algunas dimensiones bio-
grficas especficas en su relato permite pensar que esta
facilidad no asegura necesariamente un despliegue exitoso
de la escolaridad en trminos tradicionales. Por un lado,
por sus obligaciones cotidianas, Mara Paula tiene dificulta-
des para concentrarse y responder satisfactoriamente a las
demandas escolares:
Estudio cuando puedo. A la noche, cuando termino de hacer
todo lo que tengo que hacer [ordenar mi casa, cocinar]. Ya
cuando vos ests cansado, no tens ganas de leer. S, no pods
estar leyendo algo si ests cansada. No entends nada, es al
pedo estudiar as.
Por otro, si bien cursa todas las materias propuestas
por la Escuela de Reingreso, la joven no las aprueba en
su totalidad. Es decir, no concluye all el nivel secundario,
sino a travs del Plan FinEs: otra propuesta pensada desde
la poltica pblica para garantizar la obligatoriedad de ese
nivel, centrada en la terminalidad.14 De este modo, la facili-
dad de la institucin es tensionada por las particularidades
de la propia biografa y las vulnerabilidades en las cuales
sta se despliega.
En este sentido, dicha facilidad y las dimensiones a ella
vinculadas permitir la organizacin del propio recorrido
escolar, ser menos estricta que otras instituciones, ser inclu-
siva con las alumnas madres, promover la construccin
14 En breves palabras, FinEs es un programa que se lleva adelante desde los
ministerios de Desarrollo Social y Educacin de la Nacin. Se origina en
2010 para jvenes y adultos mayores de 18 aos que, habiendo terminado de
cursar el secundario, adeudan materias. Luego se incorporan algunas modi-
ficaciones y se amplan sus destinatarios (por ejemplo, las y los trabajadoras/
es del programa de cooperativas "Argentina Trabaja" que no han finalizado
sus estudios primarios). El programa FinEs es de terminalidad. Se funda-
menta en las premisas de la Educacin Popular, pero considera al Estado
Nacional como un actor clave para su organizacin (para mayor informa-
cin ver: [Link] ).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 77
de vnculos menos rgidos entre docentes y estudiantes
parecieran ser condiciones deseables y hasta necesarias para
la escolaridad, pero no suficientes.
La facilidad como dimensin relacionada a la experien-
cia escolar tambin se visualiza en el relato y entrevistas de
Juana, aunque con diferentes particularidades biogrficas
que es necesario problematizar a fin de no invisibilizar las
heterogeneidades de la temtica que estamos abordando.
En principio, es necesario subrayar que en el caso de
esta joven hay un deseo muy marcado de seguir estudiando
que emerge en vnculo con la biografa escolar y laboral
de su madre: Para mi mam era re-importante que siga
estudiando. Lo que ella no pudo hacer ella, quera que yo lo
haga. Yo quera seguir estudiando y terminar, poder hacer
las cosas que mi vieja no haca. Este sentido, ausente en
Mara Paula (como mencionamos en nota 8, su madre ha
concluido el nivel secundario), permite comprender mejor
la culpa ante la experiencia de seleccin analizada en el
apartado anterior y sus insistencias por continuar los estu-
dios que sern abordadas a continuacin.
Como mencionamos anteriormente, despus de sus
dificultades para rendir satisfactoriamente el ingreso en la
escuela universitaria, la joven viaja con su madre y sus her-
manas ms chicas a Paraguay (ver nota 9). All se separan: las
nias ms pequeas van a vivir con unos familiares, Juana
con otros y su mam vuelve a Buenos Aires para viajar luego
a Espaa en busca de mejores ofertas de trabajo.
Luego de una serie de altercados y negociaciones con
sus familiares en Paraguay, que sern analizados en la sec-
cin siguiente, Juana estudia peluquera y ejerce ese oficio.
Pero, al cabo de cuatro aos aproximadamente, vuelve a
Buenos Aires y all se inscribe en un Centro Educativo de
Nivel Secundario (CENS), una propuesta dependiente de
la Direccin de Educacin del Adulto y Adolescente que,
78 Individuacin y reconocimiento
al igual que las Escuelas de Reingreso, se distancia de los
formatos escolares tradicionales, histricamente selectivos
para las y los estudiantes ms vulnerabilizados.15
Su opcin por esta institucin se anuda a la sobre-edad,
una situacin que, en el marco del sistema tradicional apa-
rece como indicador de fracaso escolar: Volv. Retom los
estudios No quera ir a un colegio normal, por la edad, tena
17 cumplidos. Entonces, me comentaron de un CENS.
Pero, Juana queda libre al poco tiempo, y, en relacin a
los sentidos construidos en torno a esta experiencia, alude
a sus docentes y sus modos de ensear:
[] qued libre enseguida porque no me gustaba la forma
en que enseaban. Era como muy convencional: ibas, te sen-
tabas, escuchabas lo que el profesor deca y no haba eso de
poder plantear lo que sabs, lo que penss.
Fue entonces cuando Juana queda embarazada. Esta
maternidad, a diferencia de la de Mara Paula, lejos est de
ser significada a travs de un por algo ser. Por el contrario,
es deseada y emerge como parte de un proyecto que se con-
trapone al de la escolaridad:
El ao pasado estaba como que deca: no s si seguir estu-
diando, no s si no, y me pasaba lo que le pasa a la mayora de
las chicas del barrio, que tena como proyecto, digamos, como
nico proyecto ser mam, como nico proyecto de vida. Por-
que deca: bueno, tanto tiempo mis hermanas estuvieron a
cargo mo y es hora, no s. Y, bueno, lo busqu creo Y,
bueno, s lo busqu porque tena ganas, tena como esas
ganas de ser mam. Por un lado, deca que estar lidiando con
los chicos, no. Pero, por otro lado, esto de tener algo propio,
15 Los CENS dependieron en sus orgenes del Consejo Nacional de Educacin.
Fueron transferidos a la Ciudad de Buenos Aires al comienzo de la dcada
de 1990. En sus inicios, la propuesta comprenda a medio centenar de insti-
tuciones de este tipo. Hoy, esa cantidad se ha duplicado. Su diseo curricular
es de tres aos.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 79
lo vea tambin como nico proyecto de vida Bueno lo
pens, lo pens, y qued. Y, bueno, yo estaba re contenta y
mi pareja, ni hablar
Esta experiencia de maternidad finaliza abruptamente
con un aborto espontneo, una situacin vivida con mucha
angustia y dolor por la joven y su pareja que, tiempo des-
pus, es resignificada. Como puede visualizarse en las pala-
bras que siguen, este acontecimiento clave cobra un sentido
anudado a la nocin por algo ser y, desde all, habilita una
escolaridad que, si bien por un momento es considerada
como un proyecto compatible con la maternidad, luego deja
de serlo:
[] tambin lo pongo en la balanza y digo: por algo ser
yo deca a la vez que iba a poder hacer las dos cosas, o sea,
ser mam y seguir estudiando. Despus me di cuenta que no,
o sea, ahora lo termino como confirmando, no? Pero, qu
s yo, en ese momento deca que iba a poder hacer las dos
cosas, hoy me doy cuenta que no, que no iba a poder.
Es as como Juana decide continuar los estudios en
un Bachillerato Popular, una escuela que no es normal,
como a los que ella estaba acostumbrada.16 All concluye su
16 Los Bachilleratos Populares Son espacios desarrollados por organizaciones
sociales, agrupaciones de estudiantes universitarios, cooperativas de docen-
tes, y tras su creacin buscaron el reconocimiento estatal de esta accin. Se
trata de espacios de escolarizacin secundaria para jvenes y adultos que,
tomando como referencia a los CENS (Centro Educativo de Nivel Secunda-
rio), organizan una graduacin de tres ciclos En la Ciudad de Buenos
Aires... la primera de estas experiencias comenz a gestarse en 2003, y fue-
ron aumentando con el correr del tiempo la cantidad de bachilleratos, lle-
gando en la actualidad a ms de 20 iniciativas distintas. Actualmente, aqu-
llos que han obtenido el reconocimiento estatal se encuentran en la
Direccin del rea de Educacin del Adulto y del Adolescente del Ministerio
de Educacin de la Ciudad (Garca, 2013:1).
80 Individuacin y reconocimiento
secundario e ingresa al Ciclo Bsico Comn (CBC).17 La
joven relata su experiencia en este centro educativo, recu-
rriendo nuevamente a la nocin facilidad:
[Al principio] no tena ganas de ir porque tena otro ritmo
de aprendizaje que mis compaeras la mayora eran per-
sonas adultas yo haba terminado hace poco, tena otro
ritmo ms fcil iba a la clase siguiente y estaban dando lo
mismo, entonces eso me bajoneaba y no quera ir mucho
[Pero luego de un tiempo] lo termin entendiendo. Porque
era como un poco egosta. Yo me escap del otro colegio que
no te esperaban, y ac te esperaban, yo no quera que esperen.
Era contradictorio, pero despus si lo acept.
Estas palabras, entre otras dimensiones, hacen emerger
un tipo especfico de facilidad vinculada a lo escolar, que
dialoga con la espera. De este modo, una escuela fcil, ade-
ms de menos exigente, de permitir el diseo del propio
recorrido acadmico, de incluir a los/as jvenes madres,
padres y gestantes y de favorecer la construccin de vncu-
los docentes-estudiantes menos rgidos, es aqulla que tiene
en cuenta los ritmos heterogneos de aprendizaje de sus
estudiantes.
Ir a la escuela para no limpiar. Estudiar para resistir
Mara Paula (al igual que Juana) tiene una relacin con su
cnyuge atravesada por ciertas tensiones. As como subraya
como algo positivo que l es laburador y que la banca en
sus estudios, tambin narra diversas confrontaciones que
incluyen situaciones de violencia verbal y fsica.
17 Ciclo Bsico Comn, instancia obligatoria para el ingreso de casi todas las
carreras de la UBA.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 81
Hacia el interior de su hogar, la joven y su esposo
tienen responsabilidades claramente diferenciadas: l pro-
vee los recursos necesarios para la manutencin familiar
mientras que ella se ocupa de administrar esos recursos, de
los quehaceres domsticos y de la crianza del hijo de ambos.
En este sentido, y de la mano de apreciaciones tales como
tu macho te tiene que mantener a vos, no vos a tu macho,
Mara Paula destaca de su esposo:
l no es que se re encanuta la plata. Por ejemplo, l labura,
eso yo tengo que re reconocer de l porque yo s que no todos
los maridos son as, l labura y me dice: labur tantos das. Me
da toda la plata, me la pone en la mesa y me dice: tom, ac
est. As, me la da a m, para que yo me organice y me fije.
Asimismo, y como contracara de una misma moneda
(en la que su marido ocupa el lugar de ayuda), la joven
dice de s misma:
Uy! La puta madre, tengo que cocinar, tengo que baar
al nene, tengo que acomodar las cosas, tengo que ordenar.
Porque si mi marido est trabajando, yo tengo que llegar y
limpiar mi casa, porque si no, l lo nico que me deja a m
para hacer es lavar los platos. Despus, me ordena todo. S,
me ayuda. O sea, hay das que lo hace y das que no. Porque
hay das que labura hay das que no labura. Tengo que lim-
piar yo siempre Prefiero eso antes que l no labure.
Esta organizacin familiar (en la que su trabajo como
empleada domstica aparece tambin como una ayuda o
compensacin de la funcin proveedora de su esposo) se
combina con la escolaridad, generando una amalgama de
experiencias que, a veces, como emerge de las palabras que
siguen, redundan en situaciones difciles de confrontar:
La otra vez, estaba tratando de leer un cuentito de mierda
porque tena que entregar el trabajo [de lengua], y me tuve
que venir al bao y del bao me tuve que ir a la pieza a
82 Individuacin y reconocimiento
acostarme con [mi hijo] porque si no, no se iba a callar [llo-
raba mucho] y no iba a poder leer juro por Dios, al bao
me fui con el libro!
Frente a estos condicionamientos (dificultades para
delegar en su esposo el cuidado de su hijo; falta de un
espacio adecuado en el hogar para el estudio), Mara Paula
organiza sus tiempos y energas, concentrando el esfuerzo
que demanda la escolaridad en la misma escuela:
Prefiero que las cosas que puedo hacer ac [en la escuela],
hacerlas en el instante, hacer todo en el momento. O sea, te
dan un trabajo prctico y, ms o menos, ir hacindolo en el
momento. En las horas que tengo ac. No decir: bueno, lo
hago en mi casa. Porque yo s que en mi casa, despus no
voy a tener tiempo.
Ahora bien, no siempre es posible dar este tipo de
respuestas a las vicisitudes que emergen de la articulacin
obligaciones domsticas-escolaridad. Porque, combinndo-
se con las intenciones y deseos personales, la escasez de
tiempos, espacios y energas para responder a las deman-
das de ambas esferas, es una dimensin insoslayable que
condiciona la accin individual de jvenes madres vulnera-
bilizadas como Mara Paula (Vzquez, 2014).
En este marco, es posible que las situaciones se tornen
ms confrontativas. A continuacin, se recorta un extracto
de su relato donde describe una discusin que tuvo con su
esposo, a raz de una insistencia de l: que la joven cuide
los fines de semana a los hijos de su primer matrimonio
adems de al hijo de ambos.
[] es como que no quiero [quedarme a cuidar a todos los
chicos] Porque es la lgica, no voy a estar todo el domingo
renegando con los pibes. Si antes lo haca, era porque antes
no laburaba, no estudiaba, no haca nada. Entonces, me daba
el tiempo para agarrarlos a todos y llevarlos a una plaza. Pero
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 83
ahora, no. Ahora no tengo ganas! sas son las cosas que l no
entiende. [A veces le digo]: No s, boludo, qu pretends? Ya
no puedo, no me da ms la cabeza.
Frente a este tipo de demandas, elige seguir estudiando,
sin cejar en ello a pesar de los reclamos y discusiones.
En este sentido, puede pensarse que existe una tensin
entre escolaridad e imposicin del trabajo domstico, don-
de aqulla, de manera subrepticia y como una decisin per-
sonal, le opone resistencia a los quehaceres del hogar.18 Esta
tensin tambin est presente en el relato y entrevistas de
Juana, aunque emerge de un modo ms explcito. Al igual
que Mara Paula, la joven se encuentra obligada a hacerse
responsable de las tareas domsticas por el hecho de ser
mujer (y por el lugar que ocupa en los lazos de parentes-
co). A continuacin, se traen a colacin algunas palabras
que dan cuenta de la situacin vivida en casa de sus tos,
en Paraguay:
[] all estn acostumbrados a que si sos sobrina, vas para
hacer de empleada domstica. Pero para m eso estaba todo
sper mal All sos mujer, vos tens que lavar, planchar,
cocinar, todo. Eso implica ser mujer. Si no sabs hacer eso, no
servs para nada. Y el varn tiene que estar sentado esperando
que la mujer le sirva. Para m eso no era as Y, bueno, ese fue
uno de los problemas. Lo mismo les pasaba a mis hermanas.
18 Interpretamos la nocin de resistencia tal como propone Pilar Calveiro
(2005) en su estudio sobre el poder y las relaciones familiares en Mxico DF,
desde una perspectiva que, entre otros autores, tiene en cuenta a Michael
Foucault. En breves palabras, as como ocurre en los espacios pblicos, hacia
el interior de las familias es posible observar varias cadenas de poder que
son inescindibles de situaciones de violencia y, al mismo tiempo, de prcti-
cas de resistencia que pueden ser ms o menos confrontativas, ms o menos
subrepticias. Una de las situaciones de violencia que se pueden visualizar en
las familias tiene que ver con la imposicin en torno al trabajo domstico
que recae casi invariablemente en las mujeres.
84 Individuacin y reconocimiento
En combinacin con este tipo de confrontaciones fami-
liares, Juana insiste en seguir estudiando, y, como primera
respuesta a esta demanda, sus tos le ofrecen formarse en
un oficio:
[] a mis tos se les ocurri que me queran armar una pelu-
quera, porque pareciera que mucha fe en el estudio no me
daban: a sus hijos s, pero a m no. Sus hijos varones s podan
ser profesionales, seguir estudiando. [Entonces] empec a
estudiar peluquera. Me gustaba. Siempre me gust todo lo
del pelo. Empec a estudiar, me lo pagaban ellos. Me pagaban
ellos, pero yo tena que estar los sbados y los domingos
prcticamente de estilista para ellos tambin.
Aunque se trata de una propuesta menos jerarquizada
que la ofrecida a sus primos varones, que a su vez debe retri-
buir con trabajo, la joven acepta. Pero lo hace sin dejar de
insistir en su deseo por continuar sus estudios secundarios.
Por ello, sus tos, con la anuencia de su madre, deciden ins-
cribirla en un internado religioso, una iniciativa que Juana,
entre discusiones y peleas, rechaza de manera inmediata.
De este modo, la joven opta por continuar los cursos
de peluquera y ponerse a trabajar en el oficio. Como se
desprende de las palabras que siguen, esta decisin se anuda
insistentemente a su necesidad de resistir a la imposicin
de trabajo domstico:
Entonces como me faltaba poco para terminar lo de pelu-
quera, me recib de peluquera. Estudi todo lo que es mani-
cura, pedicura, me recib tambin. Y justo en la esquina de
mi casa haba una peluquera que la seora se qued sin
asistente Empec yendo los sbados hasta que se qued
sin su secretaria y me qued en la peluquera. Y te digo que
me gustaba ms estar todo el da ah que en otro lado. Yo
[pensaba]: sta [la duea del local] es una explotadora. Me est
sacando la plusvala pero a full. Pero bueno. A quin le iba a
llorar? Si no me tena que quedar en mi casa, fumndome a
mis hermanas, terrible, cocinando.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 85
Sin embargo, y de manera simultnea, reinsiste con
su idea de continuar los estudios secundarios hasta que su
to le hace otra oferta: seguir trabajando todo el da en la
peluquera y asistir a una escuela nocturna cercana al hogar.
Dicha propuesta es rechazada por la joven, por considerarla
como una forma de control y represin para con ella. Final-
mente, Juana vuelve a Buenos Aires y realiza los recorridos
escolares en el CENS y el Bachillerato Popular abordados
en el apartado anterior.
Reflexiones finales
En este captulo analizamos los recorridos escolares por el
nivel secundario de Mara Paula y Juana, partiendo de una
lectura interpretativa de sus relatos biogrficos y entrevis-
tas como un modo de aproximacin al proceso de masifi-
cacin de ese nivel que viene desplegndose en las ltimas
dcadas. Tal como dijimos al comenzar, se trata de dos
corpus construidos a lo largo de procesos de investigacin
diferentes que, al tiempo que tienen muchos aspectos en
comn, expresan dimensiones insoslayables para dar cuen-
ta de la heterogeneidad que atraviesa la nocin maternidad
adolescente y/o el constructo alumna madre.
Teniendo como fundamento los datos, sostenemos que
tanto las escolaridades como las maternidades de jvenes
vulnerabilizadas pueden ser interpretadas como aconteci-
mientos biogrficos claves. Son situaciones difciles de atra-
vesar que dan cuenta de las condiciones estructurales en las
cuales sus vidas se despliegan y de ciertos sentidos indivi-
duales construidos a propsito de su emergencia. Dichos
acontecimientos se relacionan entre s y con otras expe-
riencias, por ejemplo, conyugalidad, migraciones y vnculos
maternos-filiales. Al mismo tiempo, se anan a la esperanza
86 Individuacin y reconocimiento
de encontrar un mejor trabajo una vez obtenido el ttulo
(Mara Paula) o a un deseo construido en vnculo con la
biografa escolar y laboral de la propia madre (Juana).
En este marco, los recorridos escolares por el nivel
secundario que no se ajustan a lo estipulado por el sistema
tradicional que relatan Mara Paula y Juana son menos un
indicador de fracaso que una expresin biogrfica parti-
cular de los modos de confrontar la experiencia escolar,
un desafo estructural que es sancionado a partir de la Ley
Nacional de Educacin, a la vez como una obligacin y
como un derecho de todos los adolescentes y jvenes.
Tal como analizamos, los primeros recorridos de las
jvenes por este nivel se producen en instituciones de las
que son tcitamente expulsadas, donde la mayora de los
estudiantes pertenecen a los sectores sociales medios y
medios-altos, y poseen un importante capital cultural. Estas
experiencias responden a un mandato institucional tradi-
cional, estn atravesadas por la relacin madre-hija, y emer-
gen de los relatos aunadas a la nocin no encajar (Mara
Paula) y no pertenecer (Juana).
Luego de estas experiencias selectivas (y de otras que
fueron sucedindose), las jvenes optan por instituciones
que les resultan ms fciles. Escuelas cuya propuesta organi-
zacional y pedaggica deviene tambin soporte, ya que les
permite atravesar sus escolaridades, hacindolas ms armo-
niosas con sus condiciones materiales de vida y sus particu-
laridades biogrficas. Esta facilidad posee varios rasgos. Por
un lado, se vincula a cierto deseo de estar en estas escuelas, a
la posibilidad de organizar el propio recorrido por la curr-
cula y a la inclusin deliberada que las mismas realizan de
los sectores sociales histricamente excluidos del nivel.
Asimismo, la opcin por una escuela fcil se relaciona
con las experiencias de maternidad atravesadas por ambas
jvenes. Como se problematiza en la segunda seccin,
dichas maternidades se producen en momentos de distan-
ciamiento del sistema escolar. Y, ya sea en vnculo con un
embarazo que prospera como con uno que no, emergen
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 87
en los relatos y entrevistas anudadas a la nocin por algo
ser, a la vez que se vinculan a una vuelta a la escuela
que, lejos de estar atada a algo que no se puede explicar
con exactitud, s forma parte de las decisiones personales
de las jvenes. De este modo, la opcin por una escuela
ms fcil, se relaciona con experiencias biogrficas donde
la escolaridad y la maternidad s pueden articularse (Mara
Paula) o, emerger como dos proyectos que, por el contario,
se contraponen ( Juana).
La insistencia en la facilidad de la propuesta institu-
cional elegida para confrontar y significar la escolaridad
remite a la nocin de estrategia que propone Dubet (2013),
una dimensin que, junto a la integracin (cumplimiento de
mandatos institucionales, socializacin) y a la subjetivacin
(mrgenes de autonoma, agencia), atraviesan la experiencia
social. Tal como analizamos, las jvenes desean continuar
estudiando. Ante sus experiencias selectivas en institucio-
nes en las que no encajan o no pertenecen y los por algo ser
vinculados a sus maternidades, deciden estratgicamente
transitar otros espacios, menos tradicionales y ms arm-
nicos con sus biografas y condicionamientos. Esto, lejos
de ser utilitarista o racional, responde a un conocimiento
ms o menos tcito, ms o menos explcito, de las reglas del
juego (impuestas y externas) y a la necesidad biogrfica de
acomodarlas, de modo tal de poder jugarlo.
En este sentido, cabe agregar que la Ley 26.206 que
sanciona la escolaridad media como obligacin y como
derecho, lleva nsita un conjunto de preguntas que movili-
zan tanto a la teora como a las polticas pblicas: cmo
hacer para que todos los y las jvenes ingresen, perma-
nezcan y egresen con sus estudios secundarios terminados,
cuando el formato escolar tradicional es expulsivo por defi-
nicin?; cules son las dimensiones que intervienen en la
no efectivizacin del derecho a la educacin de muchos de
ellos? La configuracin de instituciones con formatos ms
flexibles que los tradicionales y el desarrollo de polticas
88 Individuacin y reconocimiento
focalizadas vienen, en parte, a dar respuesta a este interro-
gante, aunque con la contracara de profundizar el proceso
de fragmentacin.
Por otra parte, las escolaridades de Mara Paula y Juana
emergieron como prcticas de resistencia a los mandatos
que las ubican como nicas responsables del trabajo doms-
tico en el interior de sus hogares. Se trata de una situacin
vinculada a una organizacin especfica del trabajo median-
te la cual, de manera arbitraria y jerrquica, se naturaliza
una divisin social de las responsabilidades y actividades
asignadas a varones y mujeres, fundamentada en el sexo
biolgico. En este marco, aqullos deben cumplir con fun-
ciones proveedoras (trabajar fuera del hogar para ganar
dinero y as satisfacer las necesidades del mismo), mien-
tras que stas cuidan a los miembros ms pequeos de la
familia y realizan tareas domsticas (cocinar, limpiar, lavar
y planchar la ropa). Como hemos problematizado aqu, las
escolaridades de Mara Paula y Juana, entre otras dimen-
siones, les posibilitan resistir con mayores o menores con-
frontaciones, el juego de poderes e injusticias que suponen
dichas desigualdades. ste es un sentido subjetivo particular
que, aunado a la opcin por una institucin considerada
como ms fcil, se aleja de los fundamentos de la escuela
tradicional, permitindoles tensionar esa imposicin.
El anlisis realizado permite sostener que, cuando se
trata de las escolaridades de jvenes vulnerabilizadas con
experiencias de maternidad en un contexto de masificacin
de la escuela secundaria, existen mrgenes de autonoma
para la construccin de sentidos subjetivos sobre la misma
que se amalgaman con los mandatos institucionales y fami-
liares y las acciones estratgicas. De este modo, ir a la escue-
la se vincula a la integracin, a las opciones que mejor per-
miten atravesar ese desafo estructural y a la subjetivacin.
As, la combinacin de las tres lgicas de accin presentes
en la experiencia social posibilita la problematizacin de
estas escolaridades como algo complejo y heterogneo. Un
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 89
tratamiento que hasta hace poco no formaba parte de las
preocupaciones tericas ni de las polticas pblicas intere-
sadas por el tema.
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3
Hacer frente a la lgica escolar:
demandas y expectativas
de reconocimiento
FLORENCIA DALOISIO, VALENTINA ARCE CASTELLO
Y HORACIO LUIS PAULN
Introduccin
En este captulo presentamos avances del proyecto de
investigacin Sociabilidades juveniles y lgicas de recono-
cimiento en la escuela y en el barrio,1 cuyo propsito es
comprender las prcticas relacionales de distintas juventudes
en el espacio escolar y barrial.
Desde esta lnea de investigacin, enmarcada en el
paradigma interpretativo-cualitativo, destacamos la rele-
vancia de atender a los ensayos de conocimiento y reconoci-
miento juveniles en las prcticas relacionales como modos de
asignacin de sentidos a los otros y a s mismos. En este
marco cobran relevancia los anlisis de los procesos de
sociabilidad para comprender las formas del respeto que dan
confirmacin social al sujeto en un contexto social contem-
porneo que extiende y amplifica las dificultades de rela-
cin con los otros. Desde la perspectiva de una sociologa
de la individuacin propuesta por Danilo Martuccelli (2007),
estas formas de conseguir respeto se pueden analizar en
1 Proyecto 2014-2015. Ver datos del proyecto en la Introduccin del libro,
nota 2.
93
94 Individuacin y reconocimiento
determinados rdenes de interaccin social (como el familiar,
el escolar, la comunidad y el grupo de pares) de acuer-
do a regmenes polticos de interaccin como la jerarqua, la
igualdad y la diferencia. Asimismo, Axel Honneth (1997), a
partir de una relectura de Hegel y Mead, resita la idea de
una lucha por el reconocimiento en las relaciones cotidianas.
La violencia del maltrato, la exclusin del acceso a dere-
chos y la injuria discriminatoria asociada al sentimiento de
indignidad son los tres mecanismos del menosprecio que el
autor establece como contracaras del reconocimiento. Por
el contrario, ste se consolida en las relaciones de confianza,
respeto y la estima de s.2
Por ello, en este proyecto la indagacin de las formas de
reconocimiento que procuran da a da los jvenes se remite
a la indagacin de los espacios cotidianos como el escolar
y el barrial. Como hemos sealado, la escuela se constituye
en un espacio social de relacin inter e intra generacional
clave para analizar las experiencias de sociabilidad positiva,
pero tambin de maltrato y de no reconocimiento de sus
derechos (Pauln y Tomasini, 2014). De la misma manera,
se considera que en el barrio conviven el autoritarismo, la
afectividad, la comprensin o la descalificacin, que van
modelando las relaciones sociales que los jvenes estable-
cen luego en otros lugares. Para el caso de jvenes de secto-
res populares, el barrio se revela como un espacio clave de
construccin identitaria, a la vez que establece los lmites y
posibilidades de participacin social con las instituciones y
diversos sectores sociales.
Desde el paradigma de investigacin interpretativa-
cualitativa (Vasilachis de Gialdino, 2007), este proyecto de
investigacin busca analizar las significaciones de jvenes
de sectores populares sobre sus experiencias de vida, a
fin de recuperar su perspectiva como actores situados en
2 Estas lecturas tericas fueron ampliadas en la Introduccin del presente
libro.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 95
contextos urbanos de la ciudad de Crdoba.3 El conjunto
de datos analizado a lo largo de este captulo es resultado
de un trabajo de construccin de relatos de vida a partir del
enfoque biogrfico (Cornejo, Mendoza y Rojas, 2008; Leclerc-
Olive, 2009; Di Leo y Camarotti, 2013). Trabajamos con
seis jvenes de sectores populares de entre 16 y 23 aos,
de diversos barrios de la ciudad de Crdoba y con dife-
rentes trayectorias escolares. La seleccin de los mismos se
realiz a partir de un muestreo intencional que contempl
criterios de diversificacin como edad, gnero, trayectoria
educativa y procedencia barrial. Asimismo, en el acceso a
los entrevistados y en la construccin de un acuerdo de
confidencialidad de los datos, nos orientamos con la premi-
sa de que cada miembro del equipo se acercara a algn joven
con el que vena compartiendo alguna experiencia previa
de participacin en la investigacin social o en trabajos
institucionales y/o comunitarios. De esta forma, buscamos
garantizar que su participacin se enmarcara en un vncu-
lo previo de confianza para reducir al mnimo cualquier
sentido de obligatoriedad y vulneracin de derechos. Ade-
ms, cada investigador realiz un registro etnogrfico del
contexto institucional y/o comunitario de donde surge este
conjunto de entrevistas.4
Se realizaron 4 5 sesiones de entrevistas semi-
estructuradas a los fines de construir conjuntamente con
cada joven un relato acerca de su vida, siguiendo la lgica
trabajada por Di Leo y Camarotti (2013). Luego de una
3 El contexto barrial donde habitan y circulan estos jvenes es descripto en el
captulo 9 de este libro, "Hacerse joven en la ciudad: dinmicas urbanas y
construccin de identidades".
4 Adherimos a las premisas tico-metodolgicas que Leclerc-Olive (2009)
postula para la investigacin biogrfica: 1) principio de iniciativa: atendien-
do a que el inters por la investigacin nace en el investigador, deben vigi-
larse los efectos de obligatoriedad a participar de los actores; 2) principio de
intercambio: adoptar una actitud intermedia entre la pasividad o no directi-
vidad y el intervencionismo intrusivo; y 3) principio de totalidad: la serie de
entrevistas finaliza cuando la persona considera haber dicho lo ms impor-
tante sobre su vida.
96 Individuacin y reconocimiento
consigna de apertura que propona a los jvenes elegir
cmo presentarse y autodescribirse,5 en el trascurso de las
diferentes sesiones se los invitaba a rememorar situaciones
en las que se hubieran sentido bien o mal tratados como
personas (en su familia, en el barrio, con otros jvenes, en
la escuela o en el trabajo), haciendo referencia en forma
explcita a la nocin de respeto.
Para el anlisis de las entrevistas realizadas y los relatos
de vida elaborados seguimos los procedimientos centrales
de la grounded theory (Glaser y Strauss, 1967), mtodo que
permite la reconstruccin de significados y de situaciones
a partir de un interjuego entre los datos y las perspectivas
tericas de partida, favoreciendo la construccin de cate-
goras analticas referidas a los casos en estudio y la elabo-
racin de anlisis comparativos de procesos y contextos en
cada caso seleccionado.
A continuacin, nos centramos en los significados de la
escuela secundaria en las narrativas biogrficas de seis jve-
nes de la ciudad de Crdoba para analizar de qu modo las
prcticas y experiencias educativas participan en los proce-
sos de bsqueda y construccin de reconocimiento social
(ver perfiles juveniles en Cuadro Anexo al final del cap-
tulo). En este sentido, revisaremos en primer lugar cmo
las expectativas ligadas a la escolarizacin y al ttulo secun-
dario condensan anhelos de reconocimiento para sus vidas
futuras. En un segundo momento, nos detendremos en las
tensiones que se derivan de la necesidad de afrontar las
regulaciones y exigencias escolares y atender otros intere-
ses y necesidades juveniles. Por ltimo, nos proponemos
analizar cmo se dirime la bsqueda de reconocimiento
juvenil frente a la lgica meritocrtica inherente a las prc-
ticas escolares.
5 Si tuvieras que decirme quin sos, qu diras?, cmo te describiras?,
cmo te presentaras?, recuperada de la propuesta de Di Leo y Camarotti
(2013) para promover la autoidentificacin subjetiva de los jvenes. Agrade-
cemos a estos investigadores su colaboracin en nuestro proceso de trabajo
con relatos biogrficos.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 97
Hacer la secundaria, una va de reconocimiento
laboral y social?
De los cuatro jvenes en ese momento escolarizados, slo
Nahuel6 alude al amor por el conocimiento, o la entrega en
algn modo incondicional al saber (Tenti Fanfani, 2000),
al describir su vnculo con las prcticas escolares (dice que
nunca se resisti a estudiar porque le gusta) y fundamen-
tar su proyecto a futuro centrado en la continuidad pro-
pedutica: cuando sea ms grande [quiero ser] profesor de
geografa, porque me encanta mucho la materia. Para l,
la escolarizacin es una va crucial para tener cultura,7
lo que parece constituir una expresin de mandatos de su
familia materna (de origen sirio) y un modo de resistirse a
la postura anti-escolar de la rama paterna: Hay varias cosas
que tiene mi pap []. Me deca que no use uniforme, que
le conteste a los profes, que no haga esto, lo otro y a m
no me gustaba eso.
En concordancia con la obligatoriedad social de este nivel
educativo (Tenti Fanfani, 2007),8 el resto de los entrevista-
dos manifiesta motivos instrumentales para estar haciendo
la escuela o querer retomarla. Confan en el ttulo esco-
lar como va de acceso a un trabajo en condiciones dignas
y, principalmente quienes realizan una formacin tcnica
6 Los nombres son ficticios para preservar la identidad de los participantes.
7 En este sentido, Nahuel seala que es en la familia donde se inicia la forma-
cin personal y ciudadana, construyndose aprendizajes relacionados con el
respeto hacia los adultos, la importancia del estudio, la colaboracin con los
otros y la resolucin de conflictos a travs del dilogo.
8 Explica el autor que, al volverse obligatoria, la educacin media se constitu-
ye en el nuevo equivalente funcional de la escuela primaria: finalizar los
estudios secundarios aparece como el nuevo piso de la obligatoriedad
social, capital bsico que garantiza a quienes lo poseen mayores probabili-
dades de insertarse con xito en el mercado del trabajo, participar como ciu-
dadano activo en la vida pblica y construir una subjetividad relativamente
autnoma (Tenti Fanfani, 2007).
98 Individuacin y reconocimiento
especializada, valoran las posibilidades de una insercin
laboral rpida, fcil y rentable. En palabras de los jve-
nes:
[] entr sin saber nada, entr nulo a 4to ao. Me dijeron
que en ptica tena salida laboral y yo dije genial, no tengo que
hacer universidad ni nada. Entr y vi que fue un curro brbaro
[] y dije ya est, me lleno el bolsillo y eso me va a facilitar un
montn de cosas []' (Diego, 19 aos).
Est bueno el trabajo, porque [] ganamos mucha plata si
hacs las cosas bien []. Y ms ahora con la nueva especiali-
dad sals ya casi con trabajo (Alma, 19 aos).
En este sentido, y atendiendo a las exigencias del
mercado laboral contemporneo, la realizacin de estudios
secundarios, y su objetivacin en el ttulo escolar, constitu-
ye un importante elemento de reconocimiento social para
numerosos jvenes de sectores populares en tanto apues-
ta de dignificacin vital y validacin subjetiva (DAloisio,
2015a).
Al hablar sobre los estudios secundarios, tambin
emerge en la narrativa de estos jvenes una expectativa de
movilidad ocupacional intergeneracional9 (Guerra Ramrez y
Guerrero Salinas, 2012) y personal por medio del certifica-
do escolar. Algunos esperan que escolarizarse les posibilite
acceder a empleos distintos a los que han realizado y aqu-
llos que desarrollan sus familiares que no alcanzaron este
nivel educativo. Trabajos que suelen realizarse bajo con-
diciones de precariedad y que implican un fuerte desgaste
fsico, como el trabajo domstico, albailera, cuidado de
personas:
9 Para las investigadoras, ello implica el ascenso o descenso de la posicin del
hijo en relacin a la de sus progenitores, tomando como referencia un
momento determinado en sus vidas.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 99
S [volvera a la escuela]. Estaba viendo que en la Face-
book haban subido no s si lo conocs el instituto [nom-
bre] que es a distancia el colegio []. Porque quiero hacer
otra cosa. Quiero otro trabajo: no trabajando de empleada
[]. Un callcenter, un sper. En alguna de esas cosas. (Nata-
lia, 23 aos).10
Y mi mam siempre me dijo: Mir, yo ella tiene hasta spti-
mo grado no tengo estudios, nada. Tengo que estar trabajando. Y
vos que pods estudiar, estudi. Que con la secundaria no hacs
nada, dice. Y es la verdad, porque no puedo entrar a un super-
mercado con la secundaria, ahora es difcil ( Jos, 18 aos).
[] tengo pensado volver a la escuela []. Porque la obra
como que no me gusta mucho [] puedo laburar, aguanto,
pero no me gusta ese trabajo. [] As que hay que estudiar y
hacer algo. [] La bocha es avanzar. Un trabajo piola. Ponele,
en una estacin de servicio. O, de ltima, terminar el colegio
y estudiar otra cosa (Leandro, 19 aos).
Junto a la expectativa de movilidad laboral, y a dife-
rencia de los otros jvenes, Jos enfatiza que ahora con
la secundaria completa no hacs nada: necesits s o s un
terciario o la facultad, revelando conciencia en la deva-
luacin del ttulo secundario frente a estudios superiores
(Tenti Fanfani, 2003; Kessler, 2002; Gallart, 2006).
Numerosos jvenes de sectores populares construyen
sus experiencias escolares en las tensiones que supone ser
los ltimos en llegar a la educacin secundaria por ser un
sector histricamente excluido de este nivel educativo, los
primeros en llegar respecto a sus progenitores y algunos
congneres y los recin llegados desde la mirada de sus
docentes, formados para un alumno ideal distante de la
10 Para Natalia querer terminar la secundaria a distancia para tener otro traba-
jo conlleva una expectativa de superacin de la experiencia laboral personal
y materna (empleo domstico, cuidado de nios y ancianos), y de alcanzar
empleos bajo condiciones que ella, por la experiencia de su padre, valora
como mejores.
100 Individuacin y reconocimiento
poblacin real (Foglino, Falconi y Lpez Molina, 2009).11
Tensiones que se profundizan en el seno de una institucin
educativa que atraviesa diversas y profundas dificultades
para centrarse en su funcin pedaggica y responder a nue-
vas demandas sociales (Rigal, 2004; Tenti Fanfani, 2007).
No obstante, el menor peso del amor por el conoci-
miento requiere una lectura en relacin a las lgicas del dis-
positivo escolar. En este sentido, resulta pertinente la crtica
que uno de los entrevistados realiza sobre la organizacin
curricular en su escuela pblica, al sealar una posterga-
cin de asignaturas que permiten a los jvenes construir
pensamiento crtico.
[] siempre me pregunt por qu psicologa y filosofa te lo
dan en 6 ao y no te lo dan en 1 en 3, o en 4, 5 y 6. No,
te la dan en 6 y nada ms, un solo ao, y es como que Psicolo-
ga y Filosofa te abren los ojos para ver la realidad, y te la dan
un solo ao para que no te quejes, como que si vos al mono lo
entrens antes de tiempo [] claro, si vos al mono lo entrens
demasiado tiempo llega un momento que te va a superar y
me enferma eso. Nunca lo entend (Diego, 19 aos).
Para l, esta forma de administrar los contenidos aca-
dmicos sigue un objetivo de controlar y restringir las posi-
bilidades de emancipacin juvenil a travs del conocimien-
to. Si el currculum escolar expresa prioridades sociales
especficas (Goodson, 1995), la forma de organizar y admi-
nistrar contenidos denunciada por Diego dificulta que cier-
tos dominios de conocimiento se erijan en posibles herra-
mientas de integracin y reconocimiento social. Como
sealamos en otro trabajo (DAloisio, 2015b), desde la mira-
da de algunos jvenes de sectores populares, la escolariza-
cin, objetivada en el ttulo escolar, acredita una condicin
11 Superar la escolaridad parental puede suponer implicancias subjetivas con
las que deben lidiar los jvenes, como el sufrimiento por sentir que se trai-
ciona a los padres al devenir alguien diferente a ellos (Charlot, 2002) o
negarlos como objeto de identificacin (Foglino et. al, 2009).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 101
personal de sujetos cultos, no ignorantes, que no les pue-
de ser quitada: mediante determinados saberes y prcticas
generados en la escuela, aprenden a no dejarse maltratar,
humillar, manipular. Estos aprendizajes hacen de la escuela
secundaria una potencial instancia des-ignorante, de apertura
crtica al mundo, al permitirles trascender una condicin de
ignorantes y ayudarlos a integrarse socialmente porque
pueden vislumbrar y entender algunas lgicas del funciona-
miento sociopoltico, econmico y laboral actual (p. 1147).
En un marco de ampliacin educativa, concebir y organizar
el currculum escolar postergando y recortando contenidos
que, al decir de Diego, abren los ojos para ver la realidad,
les achicara a los jvenes sus mrgenes de accin, autono-
ma y empoderamiento como sujetos sociales.
A pesar de que la relacin con el saber (Charlot, 2002) no
ocupa un lugar central en las narrativas juveniles analiza-
das, la mayora incluye en las descripciones de s caracters-
ticas que se suponen favorables para el trabajo y aprendizaje
escolar, as como ciertos intereses propeduticos. Es decir,
el anlisis de las narrativas de la mayora de estos jvenes
nos revela que sienten que pueden aprender.
Aprendo rpido, [soy] gil, tengo mucha virtud tambin en
matemtica, en filosofa y eso no me lo reconocen, es como
que siento que me subestiman o que me exigen muy poco, o
por ah me exigen demasiado (Diego, 19 aos).
Me interesara mucho estudiar. As, quiero hacer una carre-
ra, no s si contador pblico (Jos, 18 aos).
Nunca me gust estudiar. Era inteligente, porque si yo me
pona lo haca al toque. Yo prestaba atencin y no me haca
falta estudiar. Tena buenas notas (Leandro, 19 aos).
Soy un flor de chico, porque mi abuela algunas veces dice,
mi mam [tambin] dice que yo y mi hermana salimos buenos
alumnos, es lo que soy yo ahora (Nahuel, 15 aos).
102 Individuacin y reconocimiento
Hacer frente al cotidiano escolar: agobio y exigencias
versus intereses y necesidades juveniles
Concebir a los participantes en su doble condicin de jve-
nes y estudiantes nos permite comprender que se trata de
sujetos que construyen experiencias en escenarios de actua-
cin diversos ms all del escolar, como la familia, el barrio
o el trabajo, entre otros.
La escuela es una crcel es la metfora que elige Diego
(19 aos) para describir el modo en que ciertas formas de
organizacin de los espacios y tiempos escolares constrien
su vida extraescolar:
Este espacio, te lo digo sinceramente, es una crcel. Una
crcel. Imaginate que para el ao que viene voy a tener 20
aos y no tengo nada, tengo conocimientos nada ms y no
tengo nada y eso me enferma porque horarios extensos,
plata gastada en cristales que al final terminan tirados a la
basura y solamente valen una nota [] a m me enferma
[] no veo la hora de salir de ac. Entro y no veo la hora de
salir, entro por obligacin.
Este joven enumera los horarios extensos, la obliga-
toriedad de cursado, la ocupacin continua de los mismos
espacios (al punto que sofoca) y los requerimientos econ-
micos de la especialidad tcnica como aspectos inherentes
a la organizacin de espacios y tiempos escolares que van
en detrimento de otros intereses y prcticas juveniles, sean
stas deportivas, recreativas o econmico-laborales:
[] me encanta el bsquet y es otra cosa que tuve que
dejar con el colegio, porque no me daban los horarios [] en
diciembre haba juntado plata en el ao y me quera ir a Men-
doza a un recital de la Renga y bueno, surgi esto de las faltas,
surgieron despus los lentes de cristales y tuve que gastar la
plata en eso, as que ser otro ao.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 103
[] ahora somos 5 [en la familia] y es mucho [] quiero
ayudar pero no puedo si el colegio me tiene atado de manos
(Diego, 19 aos).
Por su parte, su compaera Alma, si bien critica la esco-
laridad extensa como un aspecto que ocupa ampliamente
su existencia son muchas horas, salgo muy temprano
y vuelvo muy tarde, a veces estoy muy cansada y que
hace del espacio-tiempo escolar un escenario potencial de
conflictos convivenciales estamos mucho tiempo juntos
y cansa algunas veces, tambin la valora porque le per-
mite construir un espacio de pertenencia es como una
casa ms, la verdad.
Esta regulacin y estructuracin de una parte sustan-
tiva de la cotidianeidad juvenil da cuenta de la expansin
de la lgica escolar en la vida social (Dayrell, 2007), lo que
puede observarse especialmente en el caso de las escuelas
con orientacin tcnica.
Hacer frente a la lgica meritocrtica: demandas de
reconocimiento y respeto igualitario
Dentro de otras prcticas, las vinculadas al reconocimiento
del mrito escolar parecen centrales para entender el vncu-
lo (o sus dificultades) de algunos jvenes con la escuela, los
conocimientos y los educadores.
Natalia (23 aos), que junto a Leandro (19 aos) son
los nicos que no terminaron la escuela, no habla de su
paso por ella como un evento significativo, pero nos deja
entrever una trayectoria escolar que se vio interrumpida en
diversas ocasiones por motivos que no pueden reducirse a
un desinters personal por la escuela. Dejar la escuela fue
el corolario de una serie de factores o sucesos internos, como
el fracaso escolar, las sanciones disciplinarias y el enfrenta-
miento con compaeros (Kessler, 2004).
104 Individuacin y reconocimiento
Nos detenemos en el siguiente fragmento en el que
esta joven cuenta que dej de gustarle la escuela luego de
ser corrida de un IPEM, pues invita a pensar el fracaso
escolar como relacional, esto es, en virtud de la relacin
de los sujetos con determinadas condiciones de escolaridad
(Terigi, 2009, citada en Nobile y Arroyo, 2015).
Natalia: [] Yo dej en tercer ao, ms o menos, [tena] die-
cisiete o dieciocho.
Entrevistador: A qu escuela ibas?
Natalia: Iba al * (IPEM). Me corrieron por insultar a la profe-
sora cuando fui a rendir.
Entrevistador: Por qu la insultaste?
Natalia: Porque no me quiso aprobar la materia, entonces
la mand a la mierda.
Entrevistador: Qu materia era?
Natalia: Matemtica.
Entrevistador: Por qu no te quiso aprobar?
Natalia: Segn ella, no saba. Que me haba copiado, deca. Y
todos los das, [a otros] una segunda oportunidad; y a m no
me quiso dar una segunda oportunidad. Entonces, le agarr
la puerta a patadas y la mand a la mierda.
Entrevistador: Por qu cres que a vos no te quiso dar una
segunda oportunidad?
Natalia: No s. As que me corrieron.
La reaccin de Natalia admite una lectura en clave de
violencia situacional (Duarte Quapper, 2005), es decir, como
forma de expresar su descontento ante un trato docente
que percibi diferencial e injusto y de reclamar aquello
que senta como justo: sentirse existente y reconocida en
su derecho a tener iguales oportunidades que otros com-
paeros. Ser corrida tras esta manera de demandar res-
peto igualitario fue uno de los episodios que sign el fin
de su escolaridad.
Junto a Juarez Dayrell (2007) podemos pensar que
cuando en los escenarios escolares no se reconoce al joven
que hay en el alumno, esto es, cuando se invisibiliza la
diversidad sociocultural desde la que los jvenes llegan a la
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 105
escuela y se desenvuelven en ella, a stos les queda como
salida someterse al estatuto de alumno o correr el riesgo
de ser excluidos de la institucin, por no poder articular
sus necesidades e intereses con las demandas normativas
y cognoscitivas.
El fin de la escolaridad de Leandro (19 aos) estuvo
marcado por un enfrentamiento fsico con el vicedirector
de la escuela. Pero, en este caso, el joven no manifiesta
disconformidad con lo ocurrido, sino que lo justifica en
funcin de evaluar su ocasional comportamiento en tensin
con las normativas escolares:
Entrevistador: Por qu dejaste la escuela?
Leandro: Porque me echaron. Era moco, noms. S, tena
muy mala conducta.
Entrevistador: Qu cosas hacas?
Leandro: Me peleaba con todos. Me drogaba en el colegio.
Estaba zarpado en cachivache. Andaba con la fana. Re asque-
roso era []. Uh a uno le pegu un bollazo, al vicedirec-
tor; me echaron. Me agarr del brazo. Estbamos peleando
con un par, estbamos jugando y fue y me agarr. Yo me di
vuelta y le met un bollazn. Me agarr y me quiso pegar.
Y despus me ech.
Ms all de las particularidades situacionales de los
episodios relatados por Natalia y Leandro, en ambos casos
la interrupcin de los estudios fue leda, individual o ins-
titucionalmente, como corolario de atributos personales,
lo que devela, al decir de Mara Soledad Vzquez (2015),
una cualidad intrnseca de la prueba escolar: se traduce
como responsabilidad individual lo que resulta de la prueba
estructural de seleccin escolar.12
12 Recuperando los postulados de la sociologa del Individuo de Martuccelli
(2006), la autora precisa que la prueba escolar, que atraviesa nuestra socie-
dad, expresa tanto particularidades biogrficas como condicionamientos
socioestructurales en los que tienen lugar. La seleccin y la autoconfianza
son dos de sus dimensiones nodales (Vzquez, 2015).
106 Individuacin y reconocimiento
Distinto es el caso de Nahuel, cuya escolaridad ha sido
exitosa (sin repetir, en la misma secundaria desde primer
ao), que en distintos momentos de su relato destaca el sen-
tirse reconocido en su esfuerzo y voluntad personal (trabajo
escolar, participacin) y ser premiado con bienes por l
valorados: Me he conseguido ms de un premio yo en esta
escuela: [] ser el abanderado de la tarde, ser delegado de
curso, [] tener buena confianza de los profes. Su relato
enfatiza lo individual como clave, en este caso, del avance
en la trayectoria escolar, efecto del discurso de seleccin
escolar: ha sido premiado escolarmente como resultado de
su esfuerzo.
Estas diversas narrativas nos muestran que la lgica
meritocrtica, edificada sobre una norma de justicia que
supone la distribucin desigual de los individuos en fun-
cin de sus desempeos y del uso que hacen de su liber-
tad (Dubet, 2006:41), participa en los procesos de reco-
nocimiento juvenil, sea en un sentido de confirmacin social
(Martuccelli, 2006) o de desconocimiento.
Desde un aparente conocimiento de los mecanismos
meritocrticos, el relato de Nahuel incluye prcticas espe-
cficas de construccin de un lugar e imagen de buen
alumno que parecen funcionar, para l, como estrategias
efectivas de bsqueda de reconocimiento. Describindose
a s mismo, se adjudica rasgos, disposiciones y comporta-
mientos cercanos a la imagen de un alumno ideal, que,
considerando su trayectoria y desempeo, parece resultar
en reconocimiento escolar y familiar.
[] lo que si trato yo es de ganarme la confianza del profe.
Que sepan que me porto bien y que vengo de los otros
cursos bien, que no me llevo materias, que me llevo bien
en realidad, que me porto bien y no hago ningn berrin-
che en el curso. [] me llevo muy bien con los profes yo
[] soy buen alumno, quieto, paciente, nada ms que decir
(Nahuel, 16 aos).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 107
Jos, cuya escolaridad ha sido continua, tambin alude
a una lgica estratgica en la construccin de vnculos
intergeneracionales en la escuela que le permitan estar en
una buena posicin como estudiante:
Con algunos [profesores] me llevo, y con otros no. [] Me
ayudan, me tratan bien tambin. Yo siempre trato de
comprarlos a los profesores, para as estar siempre bien.
[] Cuando tengo que estudiar, estudio. A veces estudio, no
siempre. Hago las tareas. Les participo a los profesores, cosa
que me quiera la mayora, pero hay algunos con los que no
me llevo (Jos, 18 aos).
Es el aprendizaje del interjuego entre aspectos vin-
culares intergeneracionales (relacionados con el trato y la
confianza) y cierta dedicacin a las tareas escolares (estu-
diar, participar en clase) lo que le confiere a Jos una buena
posicin como estudiante. En contraposicin, cuando refle-
xiona sobre los profesores con los que no se lleva bien,
revela la ntima relacin entre el vnculo docente-alumno y
la relacin con el saber:
Si yo no me llevo bien con ese profesor, no quiero hacer nada
y tengo que ponerle yo las ganas. Por ejemplo, el de Lengua
nos hace leer, leer y leer. No nos hace hacer otra actividad
que no sea leer. Y eso es lo que ms odio: leer []. No me
gusta la lectura, as que con ese profesor no me llevo. Me
exige que lea, pero no leo. Y yo me pongo a ver que en la
facultad voy a tener que leer mucho, pero ya no hay problema
con eso (Jos, 18 aos).
En las narrativas de Nahuel y Jos, las expresiones llevarse
bien con los profesores, tratarse bien, ganarse su confian-
za, portarse bien y participarles en clases dan cuenta de la
construccin del oficio de alumno, la apropiacin de sabe-
res y saber-hacer necesarios para manejarse de manera adecua-
da en el medio escolar y sobrevivir o tener xito en l (Perre-
noud, 1990). Considerando que las trayectorias escolares de
ambos jvenes son tpicas, es decir, cursan estudios con las eda-
108 Individuacin y reconocimiento
des social y escolarmente esperadas, no podemos soslayar la
relacin entre reconocimiento meritocrtico y xito escolar, as
como el vnculo entre la construccin de estrategias propias del
oficio de alumno y el reconocimiento docente.
En el relato de Alma (19 aos) se enumeran algunas situa-
ciones diferentes a las de Nahuel y Jos, en las que el esfuerzo
personal puesto en la tarea escolar no siempre es valorado res-
pecto a otros compaeros y se vive como una injusticia desde
una lgica meritocrtica:
Por ejemplo el otro da me molest algo de los directores y
profesores. Que hicieron un viaje sobre ptica, para presentar
lo que iba a ser sptimo ao, todo. Y llevaron personas que
tienen previas de ptica, tienen malas notas y a las que tienen
lindas notas no las llevaron. Me pareci muy injusto eso, que
no valoren las cosas.
[] Me molesta que algunas veces ac el colegio no valora
algunas cosas que hace uno. [] Porque es lindo algunas veces
que te den como un regalo de decir bueno, qu buensi-
mo, estudi bastante, me lo mereca. Porque ni en cuarto
ni en quinto he tenido previas de esa materia, me molest
mucho eso.
Desde su mirada, adems de las calificaciones, la partici-
pacin en proyectos institucionales tambin parece dirimirse
muchas veces desde fundamentos que, al eludir los principios
de justicia y moralidad que sustentan la igualdad meritocrtica de
oportunidades (Dubet, 2006),13 atentan contra las expectativas de
respeto igualitario en el desempeo escolar.
Por otro lado, constata que en las prcticas educativas
muchas veces no son tenidas en cuenta situaciones ms perso-
nales, lo que parece inhibir demandas de respeto a la singulari-
13 Al decir de Dubet (2006), si bien la igualdad meritocrtica de oportunidades no es
realista ni perfectamente realizable, constituye una ficcin necesaria porque
moviliza principios de justicia y postulados morales fundamentales en una socie-
dad democrtica. Se funda en la idea esencial de que existe algo igual en todos: la
capacidaddecadaunodemanejarsuvidaysudestino,deejercerciertopodersobre
smismo(p.40).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 109
dad. La vivencia de injusticia no slo se relaciona con la falta de
un juicio meritocrtico, sino tambin con demandas de un trato
ms equitativo que no es atendido. En el siguiente fragmento,
podemos notar que Alma (19 aos) no se anima a exponer ante
su docente una dificultad en una situacin evaluativa, porque
no tiene expectativas de una escucha que derive en un trato jus-
to de su situacin:
Alma: [] algunas veces me va mal en el colegio, pero bueno.
Entrevistadora: Algunas veces te va mal?
Alma: S, bueno no s, me s llevar mal con algunos profeso-
res, porque siento que son medio injustos.
Entrevistadora: Injustos?
Alma: De no valorar las cosas. Por ejemplo, ayer no, antes
de ayer tuve un problema, pero no lo quise hablar porque es
una profesora con la que algunas veces no se puede hablar,
es de no escuchar.
Entrevistadora: No escucha?
Alma: No, no, no. Ella, por ejemplo, da un tema y nos toma
al otro da ya el tema. Y hay que tener repaso, porque ella da
ptica y es muy difcil. Por ejemplo, a m me cuesta mucho. Y
no valora las cosas, los trabajos, participar. Me haba equivo-
cado solamente en unas cosas y me baj toda la nota. Encima
me cuesta mucho a m esa materia.
En las voces de Jos, Fernando y Alma se ilustra la com-
plejidad caracterstica de la relacin con el saber, dada por sus
dimensiones epistmicas e identitarias. Charlot (2007) plantea
que sta es una relacin personal, que se define tanto en funcin
de la pertenencia del sujeto a determinados grupos sociales de
referencia como de la posicin que construye en las mismas:
aprender tiene sentido en referencia a la historia del sujeto,
sus expectativas, sus antecedentes, su concepcin de la vida,
sus relaciones con los otros, a la imagen que tiene de s mismo
y a aqulla que quiere dar a los otros (p. 117).
110 Individuacin y reconocimiento
Reflexiones finales
A partir de resultados de nuestra investigacin centrada en las
prcticas relacionales y demandas juveniles de reconocimiento
en escenarios urbanos de la ciudad de Crdoba, en este captulo
nos propusimos analizar cmo ciertas prcticas y lgicas esco-
lares participan en los procesos de reconocimiento de s mis-
mos que jvenes de sectores populares construyen en sus expe-
riencias escolares y en sus proyecciones a futuro.
Aun dentro de cierto reconocimiento de la devaluacin
del ttulo, para numerosos jvenes de sectores populares hacer
la secundaria, experiencia que se objetiva en la credencial esco-
lar, aparece como un importante elemento de reconocimiento
social y como una herramienta para afrontar una de las deman-
das del mercado laboral contemporneo.
Al hablar sobre sus experiencias actuales, los entrevistados
narran numerosas situaciones y vivencias de agobio derivadas
de las tensiones entre las formas de organizacin tmporo-
espacial del dispositivo escolar y las necesidades e intereses que
los jvenes quieren atender y que tambin requieren de ellos
tiempo y dedicacin.
Dentro de otras prcticas cotidianas, las del reconocimien-
to al mrito escolar parecen claves para entender el vnculo
con la escuela, con los conocimientos y con los educadores. Las
narrativas de estos jvenes de sectores populares nos acercan
formas de hacer frente a la prueba de seleccin escolar que resul-
tan, algunas, en integracin (como las estrategias ligadas a prc-
ticas y saberes reconocidas y avaladas por la mirada docente) y
otras en el abandono escolar significado desde una lectura indi-
vidual (como inadecuacin a las demandas cognoscitivas de las
actividades pedaggicas o como falta de correspondencia a las
normas institucionales).
Al recorrer estas narrativas, planteamos que los sentidos
que la escolaridad adquiere en sus biografas, los modos de
construir sus estrategias como sujetos escolarizados y las for-
mas en que la lgica meritocrtica se dirime en las prcticas
educativas estn en fuerte tensin con los procesos de cons-
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 111
truccin social de reconocimiento igualitario en derechos y con
demandas singulares de respeto que los jvenes expresan con
respecto a la educacin.
El anlisis compartido en este captulo nos permite adver-
tir que la construccin de un oficio de alumno, el sentirse escu-
chado por educadores, el valor asignado a la credencial escolar,
la posibilidad de insertarse exitosamente en el mundo laboral,
los mandatos familiares, la relacin con el saber y las exigencias
escolares operan de manera diversa en cada joven en un sentido
de confirmacin social o de menosprecio.
Anexo: Perfil de los jvenes entrevistados
* Instituto Provincial de Enseanza Tcnica (IPET).
** Instituto Provincial de Enseanza Media (IPEM).
***Centro Educativo de Nivel Medio para Adultos (CENMA).
112 Individuacin y reconocimiento
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Parte II. Sociabilidades,
consumos de drogas
y cuidados
4
Experiencias comunitarias de cuidado
y diversin en circuitos de
msica electrnica
ANA CLARA CAMAROTTI
Introduccin
El presente trabajo recupera los resultados de la investi-
gacin de doctorado Prcticas, discursos y nuevos espacios de
sociabilidad en torno al consumo de xtasis de jvenes de sectores
medios de la Ciudad de Buenos Aires. En la misma se analizan
los procesos de individuacin de un grupo de jvenes de
sectores medios de la Ciudad Autnoma de Buenos Aires
(CABA), a partir de las relaciones que se establecen entre
nuevas formas de consumo de drogas de sntesis, las expe-
riencias de diversin nocturna, los espacios de sociabilidad
y las prcticas de cuidado que incorporan.
Nuestro trabajo se llev a cabo en un tipo de espacio
urbano recreativo particular asociado a la msica, el baile
social, la diversin, los consumos distinguidos; atravesado
por una fuerte influencia global. Los jvenes del estudio
mostraron un inters particular en los encuentros noctur-
nos que llevan a cabo con sus pares en estos escenarios,
caracterizados por la msica electrnica, al experimentarlos
como lugares que propician situaciones y relaciones socia-
les diferentes a las que cotidianamente ocurren en la socie-
dad. Es decir, de sus relatos surge una marcada diferencia-
cin que mencionan a partir de las categoras dicotmicas
117
118 Individuacin y reconocimiento
adentro y afuera de estos eventos, en donde la categora
adentro, que tiene su correlato en la idea de comunidad,
expresa un sentimiento altamente positivo porque los hace
sentirse ligados a los otros, lo que no experimentan en otros
mbitos de sus vidas.
El presente captulo busca analizar por qu en la
actualidad estos jvenes buscan replegarse junto a otros en
comunidades de similares o comunidades de la mismidad
es decir, con aquellos jvenes con los que comparten un
gusto esttico y que adems comparten una misma posicin
social y entender en qu medida este encuentro es faci-
litado por el consumo de xtasis, as como tambin, com-
prender cmo conciben las categoras de comunidad, vnculo
social y prcticas de cuidado.
Para tal fin realizamos observaciones participantes en
los lugares de diversin nocturna ms caractersticos del
circuito y 20 entrevistas semiestructuradas, 9 a mujeres y
11 a hombres jvenes, cuyas edades rondaban entre los 23
y los 35 aos. En todos los casos, eran asiduos partici-
pantes de la movida electrnica en la CABA. Tanto en la
determinacin de la muestra como en el anlisis del corpus
construido seguimos los lineamientos de la teora funda-
mentada, utilizando como herramienta auxiliar el programa
informtico [Link].
Caracterizacin de la escena electrnica y
consumo de xtasis
En la CABA, los escenarios nocturnos que componen lo
que podra denominarse la movida electrnica o la cultura
dance presentan algunas caractersticas similares a lo que
ocurri en pases de Europa, mientras que otros mantuvie-
ron particularidades locales. Segn expresaron los jvenes
entrevistados la novedad que introdujo esta forma de diver-
sin en nuestro pas fue que se habilitaron escenarios de
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 119
diversin no conocidos hasta el momento. Como elementos
centrales podemos mencionar, por un lado, las fiestas mul-
titudinarias o raves, realizadas por lo general al aire libre en
grandes espacios, continuadas en los after hours o fiestas de
da comienzan a las 8.00 hs. de la maana y terminan a las
15.00 hs. del da domingo, que suponen una innovacin
temporal crucial para el concepto de fiesta o de escenario
de diversin nocturno. Algunas veces puede ocurrir que el
after se extienda hasta el anochecer, convirtiendo este cir-
cuito de diversin en un continuum noche-da. En algunas
oportunidades, estos eventos se extienden durante ms de
un da. Por otro lado, estas escenas estuvieron acompaadas
por la invencin y aparicin de la msica electrnica y del
consumo de una sustancia novedosa para sus participantes,
como fue el xtasis.
De los relatos de los entrevistados surge que los pri-
meros en consumir dichas sustancias fueron grupos mino-
ritarios, jovenes que viajaban al exterior, circunscriptos a
circulos elitistas, que buscaban experimentar y explorar a
partir de las drogas de sintesis, pero cuando los circui-
tos de fiestas electronicas fueron creciendo y masificando-
se, las pastillas de extasis se convirtieron en un elemento
caracteristico y distintivo de estos escenarios, en tanto les
ofrece ventajas instrumentales a quienes las consumen, ins-
trumentales: mantenerse despiertos, bailar durante largas
horas, divertirse, entrar en estados diferentes, sentirse bien
consigo mismos.
Asimismo, el uso de extasis en grupos cada vez mas
ampliados y las escasas situaciones problematicas asociadas
a este tipo de consumo evidenciaron que el uso de drogas
tambien podia ser controlado y compatible con el manteni-
miento de los vinculos sociales, el trabajo y el estudio. El uso
social o recreativo de drogas por parte de estos jovenes no
debe ser entendido en terminos de trasgresion, sino como
un intento de adaptacion a un estilo de vida juvenil. Los
significados en torno al consumo de extasis que manifesta-
ron los entrevistados de la muestra estuvieron relacionados
120 Individuacin y reconocimiento
con las exigencias que las fiestas electronicas proponen.
En sntesis, podemos decir que para este grupo de jovenes
que participan de la escena dance portena, el uso de drogas
es una practica cada vez mas esperable y menos reflexi-
va. En los ultimos anos, el menu psicoactivo ofrecido en
estos escenarios se diversifico y se comenz a observar una
progresiva perdida de estos espacios recreativos nocturnos
como lugares inclusivos y tolerantes a las diferencias, sin
embargo, continuan brindando a sus concurrentes la sensa-
cion de seguridad y de no discriminacin.
El uso de extasis da visibilidad y masividad a la cate-
goria de consumo recreativo o social de drogas como una
practica de jovenes de sectores medios y medios-altos. Asi,
el consumo de drogas puede dejar de ser pensado como
propio de colectivos marginales, lo que permite romper
con la asociacion droga-juventud-delito. De todos modos,
entendemos que la aparente heterogeneidad que presentan
grupos de sectores socioeconmicos diferentes en el consu-
mo de drogas oculta similitudes: busquedas de placer, emo-
cion, desrutinizacion y ruptura con la cotidianeidad presen-
tes en la mayoria de las experiencias, al menos iniciales, de
los consumidores de diferentes sectores socioeconomicos.
Lo que aparece como una caracterstica particular de
estos jvenes son los modos que encuentran para asumir
la menor cantidad de riesgos posibles en sus consumos de
drogas. Los jvenes entrevistados entienden que los consu-
mos de drogas presentan mayores riesgos que otras prc-
ticas, pero que no ponen en riesgo su salud. Para estos
grupos, el consumo de drogas no es producto de la falta de
percepcin del riesgo o de la falta de informacin, sino de
la presencia de otros cdigos construidos en oposicin a
los aceptados por la mayora. De todos modos, se muestran
atentos a no asumir ms riesgos que los necesarios.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 121
Cmo viven los jvenes la comunidad en la
modernidad tarda
En la bsqueda para responder a la pregunta de por qu
estos jvenes relacionan sus encuentros con otros jvenes
en fiestas multitudinarias como una vuelta a la comunidad,
consideramos oportuno comenzar rastreando cmo defi-
nan ellos mismos dicho concepto. Al indagar sobre este
aspecto, surgi que la comunidad era para ellos una manera
de recomponer los vnculos cercanos con los otros, donde
se priorizan las relaciones cara a cara, el estar juntos, la con-
fianza. En este sentido, la armona de los vnculos sociales
y la fuerte valoracin de la solidaridad se tornan elementos
claves imprescindibles para poder disfrutar de estos eventos
que rompen con lo rutinario (denominados por los entre-
vistados como extraordinarios). Asimismo, son estas caracte-
rsticas las que les hacen sentir que estn escapndose del
tedio y de la rutina que impregna lo cotidiano y constru-
yendo otras formas de relacionarse de modo ms prximo,
a travs de vnculos ms estrechos y clidos, difciles de
encontrar en la sociedad actual.
Segn los entrevistados, la comunidad se basa en el
entendimiento y en la buena convivencia, lo que concuerda
con lo que expresa Zygmunt Bauman (2003), quien asevera
que para que existan este tipo de encuentros comunitarios
debe haber un sentimiento recproco y vinculante que haga
que la gente se mantenga esencialmente unida a pesar de
todos los factores de separacin que tambin se hallan pre-
sentes. De todos modos, los contenidos del entendimiento
mutuo son muchas veces inexpresables y difciles de deter-
minar para los participantes de estos encuentros. Como la
seguridad a largo plazo ya no es posible, las comunidades
asumen la funcin de refugios, aunque vulnerables y frgi-
les. En este sentido, Bauman (2003) destaca que la comuni-
dad es una reaccin previsible a la acelerada licuefaccin de la
122 Individuacin y reconocimiento
vida moderna, una reaccin ante su consecuencia ms irri-
tante y dolorosa: el desequilibrio, cada vez ms profundo,
entre la libertad individual y la seguridad.
En los discursos de los jvenes no hay ingenuidad en
las interpretaciones que hacen en torno a su sentimiento
de conformar comunidad con los otros jvenes, sino que
ms bien lo que se pone en juego es la ilusin de estar
creando un momento mgico que, aunque fugaz, resultara
necesario para vivir en sociedad. Los protagonistas cono-
cen la finitud del evento: durar hasta que la msica calle,
pero esto les permitir volver al mundo cotidiano cargados
y renovados con la sensacin de que otro mundo, aunque sea
por un rato, es posible. De todos modos, cabe aclarar que
en estos discursos no se hace presente la idea de querer
cambiar el mundo, al contrario, lo que aparece es la idea
de armar un mundo privado, cmodo, confiable, y para ello
es fundamental que el ingreso a los lugares de reunin sea
selecto y restringido.
Otro aspecto que destacan los jvenes en torno al sen-
tido que le otorgan al concepto de comunidad hace men-
cin al hecho de compartir valores culturales. En este sentido,
los jvenes entrevistados priorizan el compartir el mismo
estilo musical y la eleccin de cierto tipo de esttica. El
consumo de xtasis, se consuma de manera individual o en
grupo, se ubica como el rasgo cultural compartido, lo que
lo convierte en el elemento aglutinante de lo comunitario.
Consumir xtasis o no hacerlo no resulta relevante porque
lo que se comparte como valor cultural es la manera de
entender el consumo de drogas. Para ellos esto es una prc-
tica que favorece y habilita la diversin, permite la apertura
a otros estados emotivos y facilita la creatividad, a la vez que
rompe con la mirada censuradora y reprobatoria instalada
en nuestra sociedad.
Algunos autores teorizan acerca de las transformacio-
nes que en la actualidad presentan las nuevas comunidades
y analizan los modos que los sujetos ensayan/encuentran de
ser y estar en las mismas. Pablo de Marinis (2005) plantea
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 123
que las nuevas comunidades presentan nuevos sentidos y
funcionalidades, es decir, no son una unidad sino que hay
que entenderlas como un archipilago de partes, sin todo, sin
bordes exteriores. El autor considera que la temporalidad deja
de ser para toda la vida y se vuelve fugaz; en este sentido,
sern los individuos los que administren el tiempo de per-
manencia en las mismas.
Siguiendo con las ideas que plantea de Marinis (2005),
las comunidades actuales tienen la caracterstica de estar
regidas por la electividad lo que otorga a sus miembros
una mayor libertad y por la evanescencia, es decir, la
posibilidad de pertenecer a varias comunidades, entrando y
saliendo de unas y otras en funcin de sus necesidades. Al
ser stas plurales, los individuos pueden adherir a muchas
de ellas a la vez, sin que esto resulte contradictorio para sus
miembros. En sntesis, podemos decir que el reino de lo uno,
de lo indivisible, de la bsqueda por la totalidad orgnica ha
encontrado, al menos para algunos grupos, su fin.
Articulando los sentidos y los significados de la
categora de comunidad
A continuacin, sintetizaremos algunas ideas dicotmicas
que fueron surgiendo en las entrevistas en torno a las cate-
goras adentro/afuera; comunidad ideal/sociedad actual, esbo-
zadas por los entrevistados. La anttesis sociedad/comu-
nidad resulta incompleta y hasta por momentos inexacta
cuando el investigador profundiza sobre los significados
que los jvenes les asignan a ambos conceptos. Es decir,
estos trminos no pueden ser pensados en forma secuencial
como los interpretaron algunos pensadores de la moderni-
dad, sino que, como expresamos anteriormente, deben ser
analizados de manera simultnea y en permanente retro-
alimentacin.
124 Individuacin y reconocimiento
Lo ajeno y lo propio
La noche electrnica se configura como un momento de
encuentro entre pares que se experimenta a partir de prcti-
cas discursivas y corporales. La repeticin de estas prcticas
hace que el espacio, el tiempo y las formas de sociabilidad
de los jvenes adquieran una organizacin y un aprendizaje
en torno a los modos correctos de participar, moverse y
mostrarse, as como tambin, en cmo encarar el consumo
de drogas, el cual se aprende en la propia prctica, favore-
ciendo, segn los entrevistados, la sensacin de afinidad y
unin con los otros participantes.
En este sentido, los jvenes llevan a cabo sus primeros
consumos como prcticas iniciticas, guiadas por algn
otro amigo experto que los orienta.
Toda comunidad fija sus lmites, contraponindolos
con un afuera, en donde se delimita a un otro, con el que se
diferencia y distancia. En la idea de comunidad que generan
estos jvenes se refuerzan no slo los valores compartidos
entre ellos, sino adems la diferencia con los otros, resul-
tando muy difcil encontrar un otro desconocido porque
se lo invisibiliza.
El grupo que forma parte del nosotros no queda defi-
nido por consumir o no drogas de diseo. A diferencia de
esto, es el modo de interpretar y evaluar el consumo de
drogas lo que los lleva a pertenecer o no. En este sentido, la
mirada de estos jvenes es una mirada desprejuiciada de
acuerdo al sentido comn en relacin al uso de drogas,
que no lo censura, lo que no implica que no est sancionado
el exceso o abuso de las mismas.
De todos modos, el nosotros que se constituye en esta
comunidad es simplemente un conglomerado de yos que,
a diferencia de la constitucin de un grupo, no es mayor a
la suma de sus partes.
Lo que cambi en el modo de constituir comunidades,
teniendo en cuenta momentos anteriores, es que antes no
poda pensarse la identidad colectiva (que se generaba en
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 125
su interior) separada de la accin colectiva de los miembros
que formaban parte de ella. En la actualidad, ste ya no es
un rasgo constitutivo de las comunidades. La comunidad
viene a confirmar, en virtud de la gran cantidad de per-
sonas que forman parte de la misma, la adecuada eleccin
individual de pertenecer, ya que esto les confiere un sello
de aprobacin social.
En esta experiencia que estamos analizando, la comu-
nidad perdura mientras dura el rito de la festividad y renace
con cada nueva fiesta electrnica. De este modo, los distin-
tos eventos funcionan como un pequeo milagro, en tanto
los jvenes que participan conjuran la experiencia de comu-
nidad, logran la alegra y los vnculos calurosos y cercanos
de la pertenencia, pero prescindiendo de la incomodidad
de quedar atados a ella. Los lazos que se establecen entre
los participantes se vuelven, de este modo, instantneos y
frgiles.
La escisin razn/sentimiento
En el seno de la sociedad, expresa Ferdinand Tnnies
(1942), el carcter vivo de las relaciones humanas tien-
de a cancelarse. Cada uno vive para s. El anonimato y la
dificultad para comunicarse entre las personas se tornan
preponderantes. El sujeto por otra parte est determinado
esencialmente en funcin de la propia voluntad reflexiva. Es
as que toda accin debe tener una intencin que le otorgue
un fundamento racional.
Durante la modernidad, se instituye la distincin del
mundo por pares antinmicos: hombre/mujer, pblico/pri-
vado, sujeto/objeto, ciudadano/tutelado, razn/sentimien-
to, pensamiento/instinto. En la base de este dualismo per-
siste la concepcin clsica del sujeto moderno: individuo
racional, autocentrado, escindido (cuerpo/mente). La uni-
versalizacin de la racionalidad moderna, a diferencia de lo
que propona, no logr cumplir con los designios de liber-
tad, igualdad y fraternidad. Para algunos autores el triunfo
126 Individuacin y reconocimiento
de la razn no slo no signific la emancipacin del suje-
to, sino que llev al empobrecimiento de su subjetividad,
de sus relaciones con otros y del deterioro de su entorno
(Guattari, 1995).
En este sentido, los entrevistados expresan la falta de
credibilidad en la razn, sienten que el cuerpo es la cer-
teza que tienen, lo ms instintivo, intuitivo y por ende lo
ms real por no estar mediatizado por la cultura ni por la
historia. Para estos jvenes, negar lo racional, y con ello
las palabras, lleva al corrimiento o a la desactivacin de los
filtros con los que perciben la realidad, es decir, deja sin
mediaciones las interpretaciones que los sujetos hacen de
los otros y del mundo.
Para ellos el encuentro con sus pares es un momento
de comunin y acercamiento con los otros, en donde el
extrao se convierte, por el solo hecho de estar ah, en parte
de un nosotros y para ello el dilogo no es el canal que
permite comunicarse y conocerse, sino que el lenguaje (oral)
queda sustituido por un vnculo que experimentan como
ms real y verdadero, es decir, por el encuentro entre los
cuerpos, que se relacionan a travs del movimiento, la dan-
za, el roce, las miradas que se captan, siendo experiencias
altamente valoradas y compartidas por todos los jvenes.
Lo que no contempla este anlisis que establecen los jvenes
entrevistados es que las experiencias que se tienen con/en
el cuerpo tambin estn atravesadas por normas sociales,
prcticas histrico-culturales y posiciones socioeconmi-
cas, las cuales van a condicionar los modos de sentir y de
actuar en las relaciones con los otros y con el mundo que
nos rodea. En trminos de David Le Breton (1999), el cuer-
po no escapa a la condicin que hace de toda cosa propia
del hombre efecto de una construccin social y cultural. No
existe una naturaleza del cuerpo, sino una condicin del
hombre que implica una condicin corporal que cambia de
un lugar y de un tiempo a otro.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 127
Sin embargo, estas explicaciones no contemplan que el
cuerpo representa, en tanto cuerpo de un quin, un punto
de vista particular del mundo, as como se convierten en
uno de los objetos visibles (por otros) de ese mundo (Br-
cena et al., 2003). De este modo, el cuerpo es interpretado
y vivido por estos jvenes de manera escindida. No hay
una exgesis integral del cuerpo que refleje el vnculo entre
la experiencia personal subjetiva y las relaciones sociales
construidas histrica y culturalmente. Es decir, un cuerpo
que aglutine tanto el placer y el sufrimiento como parte
del campo de la experiencia personal, como as tambin las
normas sociales y las exigencias culturales, las cuales van
a regular los lmites individuales y el tipo de experiencias
que pueden tenerse con el propio cuerpo, incluso en la vida
privada. El modo de expresar la alegra, el dolor, la salud o
la enfermedad es el significado de una relacin con los otros
y con el mundo que habitamos.
En este sentido, los consumidores de xtasis buscan
estar informados sobre los componentes de las pastillas,
toman recaudos para asumir menores efectos adversos, eli-
gen este tipo de drogas por considerarlas ms naturales,
menos nocivas, ms limpias, de fcil administracin y poco adic-
tivas, realizan los consumos en contextos grupales, espacios
y tiempos acotados (fiestas raves y recitales de msica elec-
trnica), lo que los lleva a que sus prcticas de consumo
generalmente no sean compulsivas y terminen en adiccin
o dependencia hacia la sustancia. La mayora de los jvenes
de la muestra relataban que sus experiencias iniciales con
las drogas de sntesis venan con fecha de vencimiento, es
decir, sentan curiosidad y queran probarlas, pero sabiendo
que no las consumiran por largo tiempo.
Por otro lado, la imposicin social en los usos de drogas
de los jvenes en contextos socioculturales y econmicos
desfavorables se convierte en determinantes de trayectorias
vitales signadas por las crisis permanentes, empujados a una
individualizacin negativa que multiplica las situaciones de
vulnerabilidad y persecucin que en muchos casos lleva a
128 Individuacin y reconocimiento
la negacin del propio cuerpo. El VIH/Sida, la hepatitis C
y la tuberculosis en este contexto emergen como sntomas
de estas construcciones de cuerpos y juventudes negados,
que pierden sus dimensiones de potencialidades, de placer
y de existencia.
Estos ejemplos extremos que relacionan a los jvenes
y sus consumos de drogas, adems de referenciar las trans-
formaciones que se produjeron en las ltimas dcadas en
la sociedad salarial, permiten entender, como se desprende
del ejemplo de los consumidores de drogas de sectores mar-
ginalizados, cmo la prdida de las regulaciones colectivas
erosion la integracin social y produjo la expansin de un
individualismo negativo, un individualismo por falta de marcos
y no por exceso de intereses subjetivos (Castel, 1997: 472). En
lugar de generar el desarrollo de diferentes tipos de reflexi-
vidad de los que gozan otros grupos sociales crecientes
poblaciones, sobre todo en los pases latinoamericanos, fue-
ron arrojadas a la condicin de particulares.
Otros grupos sociales, en cambio, recurrirn a la
nocin de reflexividad esttica como herramienta para cons-
truir su subjetividad (Lash y Urry, 1998). De este modo,
los sistemas estticos, a travs de las contribuciones de
las estructuras de informacin y comunicacin y, espec-
ficamente, de las industrias culturales, pasan a ser fuentes
morales para los sujetos, permitiendo una particular regula-
cin de la vida cotidiana y de la comprensin de s mismos.
El sentimiento de comn unin con los otros partici-
pantes se lleva a cabo a partir de la msica; ella es el elemen-
to que aglutina, que se comparte entre todos, pero que luego
formar parte de cada uno. Ese elemento comn, compar-
tido colectivamente, es el que, en un segundo momento,
queda integrado a sus experiencias subjetivas. Esto nos hace
entender la importancia que presenta la msica para los
jvenes.
Es decir, el lenguaje del cuerpo nunca deja de acom-
paar a la palabra, ya sea para anunciarla, contradecirla o
matizarla, el cuerpo da vida a cuanto decimos (Brcena et al.,
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 129
2003). Es el lugar en donde se experimentan las prcticas
de sentir, gozar, nacer, bailar, morir, rer. El cuerpo, al ser
testigo de lo acontecido, expresa y muestra lo vivido.
La historia occidental ha silenciado a los cuerpos y
stos parecen no querer enmudecer. Pero no debemos dejar
de tener en cuenta lo que expresa Umberto Galimberti
(1998: 115):
[] en cada uno de mis gestos est contenida mi relacin con
el mundo, mi manera de percibirlo y sentirlo, mi herencia, mi
educacin, mi medio o mi constitucin psicolgica.
El cuerpo semantiza el mundo en el que se vive y al
hacerlo permite descubrir que puede pensar, hablar, refe-
rirse a s mismo y a los otros y dar cuenta de su contexto.
Fernando Brcena et al. (2003) argumentan que el cuerpo
es tanto una experiencia del sujeto como una experiencia para
el pensamiento, en la medida en que nos revela dimensiones
desconocidas hasta un momento determinado de nuestras
biografas. Para estos autores no todo est determinado por
el contexto socioeconmico que habitamos, sino que esta-
blecen una diferenciacin entre un decir social y un decir
potico; mientras que el primero disciplina y normaliza las
prcticas, el habla y los modos de expresin, el decir po-
tico, como otro decir, permitir transgredirlo. La voz de la
palabra potica es la voz singular, una voz que muestra lo
que la voz del decir social no permite que se muestre, en
cambio la voz potica del cuerpo busca expresarse, salir,
decir (Brcena et al., 2003).
Del malestar social que se vive en la sociedad a la
comunin con los otros/nosotros
Como fuimos adelantando en el desarrollo del trabajo, en
los relatos de los entrevistados emerge la idea de un nosotros
ms primario que se conforma a partir de la sensacin de
estar en comunin con los otros. De todos modos, este
130 Individuacin y reconocimiento
nosotros no abre el juego como el carnaval que describe
Mijal Bajtn (1974), en donde el encuentro rene y junta a
los distintos (estratos socioeconmicos, culturales, tnicos).
En las raves el otro es un espejo de similitudes, fundamen-
talmente estticas, que a su vez son reflejo de otras simili-
tudes: origen social, nivel socioeconmico, capital cultural.
Es la apariencia lo que integra o desintegra. Es decir, hay
un estilo que se constituye como hegemnico, que se vive
como vlido.
En este sentido, podramos afirmar que la sociabilidad
que se genera en estos espacios deja de ser transversal a los
diferentes estilos y culturas juveniles.
Para Michel Maffesoli (1990) estos encuentros entre los
jvenes responden a caractersticas de lo que l denomin
comunidad emocional enmarcada en el paradigma esttico
de pensar y sentir en comn con los otros. Las caractersticas
que presentan estas comunidades son el aspecto efmero,
la composicin cambiante, la inscripcin local y la ausen-
cia de organizacin. Para los miembros que la componen
lo que importa es lo que une y no lo que separa. Lo que
toma cuerpo en las emociones es una figura que funciona
como aglutinante, en nuestro caso esa figura remite al disc
jockey (DJ), que logra congregar a todos los participantes a
partir del sentimiento colectivo que genera con cada uno de
ellos. El DJ funciona como una figura clave. Toda la aten-
cin est condensada en l. Los lugares de diversin que-
dan determinados por el artista de turno. El DJ tiene una
centralidad asignada que ningn otro actor en esta esce-
na tiene. Todo gira a su alrededor. l determina tiempos,
ritmos, subidas y bajadas de las emociones, todo vinculado
siempre a la msica en tanto es un elemento indispensable
en estos ambientes.
Uno de los entrevistados nos manifest una postura
crtica al respecto, porque considera que hubo una apues-
ta muy fuerte de endiosar al DJ, que es el que termina
manejando una masa de miles de personas que hacen lo
que ste propone.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 131
Por otro lado, las mujeres nos comentaron que otro
aspecto que colabora con un mayor bienestar es que en
estos encuentros sus concurrentes mujeres experimentan
ciertas prerrogativas que no existen en otros lados. Siguien-
do a Nuria Romo viles (2001), quien encontr los mismos
resultados en Espaa, esas ventajas son: en primer lugar,
la buena fama que tienen las drogas de sntesis entre sus
consumidores, lo que provoca la idea de que pueden con-
trolar el consumo y los efectos no deseados; en segundo
lugar, la escasa violencia presente en las fiestas, que brinda
la sensacin de mayor seguridad que en otros espacios; en
tercer lugar, el menor acoso sexual percibido y como lti-
mo aspecto a destacar en la muestra argentina, la ausencia
de discriminacin en tanto estrato socioeconmico, sexo,
etnia y/u orientacin sexual que perciben los y las jvenes
que participan de la movida electrnica.
La mayor parte de los jvenes entrevistados manifes-
taron falta de compromiso y poco involucramiento en la
cuestin social. Es decir, no busco mejorar o cambiar nada,
sino busco tranquilidad, el mundo exterior es tan hostil que
necesito construir un gueto donde poder relajarme. En
la mayora de los relatos, aparecen estos escenarios como
lugares cuidados y seguros, en donde los jvenes pueden
divertirse sin tener que preocuparse por el malestar social
que viven constantemente. En contraposicin, se presenta
la idea de sociedad atravesada por el miedo, el desorden, el
conflicto y el peligro, en donde la otredad es la que gobierna
y genera un escenario complejo de relaciones en el marco
de la construccin de la/s identidad/es.
En este sentido, la comunidad para estos jvenes, por
la fugacidad de sus vnculos, se transforma en una ilusin.
Como observa de Marinis (2005), estos sujetos no pueden
conformar otro tipo de comunidad en tanto son sujetos
emergentes de la matriz individualizante actual. Aunque
es importante destacar que, a pesar de todo, las personas
132 Individuacin y reconocimiento
siguen eligiendo reunirse, encontrarse y comunicarse. Y
esto se hace extensible no slo a los grupos de pertenencia,
sino a toda la sociedad.
Segn Maffesoli (2001), el modo actual de vinculacin
social y comunitaria no se caracteriza por ser fragmenta-
rio, sino impermanente, es decir, son modos de ser que
no se sostienen en un arraigo duradero en lo cotidiano,
sino que introducen en la cotidianeidad nuevas prcticas
que se reinscriben continuamente, proponiendo un carcter
nomdico a las relaciones con el mundo circundante. No
obstante, es posible experimentar intensos momentos de
empata e inmediatez afectiva.
Los entrevistados hacen referencia a que en estas fies-
tas logran un estado de inmersin, la sensacin es que la fiesta te
pasa por adentro del cuerpo.
Si no ests realmente adentro, te vas porque no pods sopor-
tar esto como un simple espectador []. La gente est cien
por ciento conectada ah (varn, 30 aos).
El consumo de xtasis colabora para lograr estos esta-
dos emotivos, segn nos relataron, al permitir tener los sen-
tidos ms abiertos, se relacionan mejor con los otros partici-
pantes, ya que se encuentran ms atentos observando lo que
ocurre a su alrededor. Por un lado, los jvenes expresan que
el efecto de las pastillas de xtasis que consumen colabora
con el sentimiento de conexin entre los jvenes; por otro
lado, al consumir todos los integrantes del grupo la misma
sustancia, en el grupo de amigos se crea un sentimiento de
fraternidad al poder compartir el mismo viaje. Retomando
lo que nos deca uno de los entrevistados:
El consumo de xtasis en parte homogeneiza, unifica a los
grupos, hace que los grupos funcionen como islas aunque
muchas veces primero se relacionan entre s y luego lo extien-
den a otros grupos (varn, 35 aos).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 133
Richard Sennett (2005) habla del mito de la pureza
comunitaria, haciendo referencia a la comprensin mutua
y a los vnculos comunes que unen a las personas, aunque la
mayor parte de las veces esas imgenes no se corresponden
a las verdaderas relaciones. El mito se utiliza para compo-
ner una imagen coherente de la comunidad como un todo,
de este modo se compone un nosotros que no se conflictivi-
za y, por ende, se relaciona con una purificacin virtual.
Segn los entrevistados, todos estn en la misma sin-
tona, todos quieren pasarla bien. La comunicacin es un ele-
mento muy mencionado por todos los entrevistados, para
ellos la bsqueda por establecer una buena comunicacin
con los otros se convierte en un elemento altamente valo-
rado.
La nocturnidad juvenil puede analizarse desde el punto
de vista de que representa lo liminal (Turner, 1988), en el
sentido de la transicin entre dos estados, en este caso des-
de el malestar social a un momento de comunin con los
otros/nosotros, donde pueden alcanzar estados de fusin
emocional con los otros presentes. Como sealaba Bajtn
(1974) a propsito del carnaval y de las ferias en la Edad
Media, se trata de espacios en los que el mundo cotidiano
queda cabeza abajo, por lo que es posible acceder a lo prohi-
bido y a lo fantstico, pudiendo estar presentes la bebida
embriagadora y la promiscuidad sexual.
Sin embargo, dentro del pensamiento social europeo
contemporneo, Francesco Fistetti, luego de un recorrido
analtico por los clsicos y de la mirada de Max Weber
sobre los procesos de racionalizacin y burocratizacin de
la vida social, sostiene que ambos procesos conducen inde-
fectiblemente al desencantamiento del mundo tpico de
la modernidad; es inevitable por otra parte que se produz-
can resurgimientos
134 Individuacin y reconocimiento
[] de instancias de re-encantamiento con el mundo, fuer-
temente crticas de la racionalidad burocrtica y calculadora
dominante, que en la inmensa mayora de los casos es una
renovada necesidad de comunidad (Fistetti, 2004: 142).
El cuidado vinculado al consumo de xtasis
No podemos dejar de tener en cuenta que la aparicin en
el mercado de lo que se denominan drogas recreativas
llev a que diversos grupos de edad las experimentaran de
manera simultnea. En este sentido, al producirse el inicio
en el consumo en pocas diferentes de los ciclos vitales, apa-
recen motivos dismiles para querer probar y experimentar
con estas drogas, as como tambin para incorporar o no
medidas preventivas.
Un parmetro comn que encontramos en el grupo de
usuarios de xtasis es que, en su mayora, son personas que
no llevan al lmite prcticas que potencien los riesgos pro-
ducidos por el consumo. Las drogas de baile son sustancias
cuyo uso se extiende bajo la idea de que provocan escasos
efectos secundarios y que son fciles de controlar, frente a
otras drogas, como por ejemplo la cocana, que est con-
siderada como ms nociva y con mayor potencial adictivo.
Quienes consumen estas drogas remarcan como ventaja el
poder controlar y elegir los momentos de consumo. Esto
nos permite observar una fuerte asociacin entre consumo
y control, es decir, la idea de un consumo controlado hace
que los usuarios sientan que pueden manejar la situacin,
sintindose seguros.
Siempre fui bastante cauteloso y como pensante, intento no
exponerme tanto (varn, 26 aos).
El vaco de la alegra es lo que hace volver a consumir. Yo
saba que al otro da iba a estar vaco de alegra y que tena
que aguantar. Nosotros habamos ledo, sabamos que pasaba
eso y nos cuidbamos (varn, 28 aos).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 135
No pierdo la cabeza, slo me relajo y eso hace que me pueda
divertir (mujer, 23 aos).
Para muchos de estos jvenes es importante conocer
cul es la composicin qumica de las pastillas de xtasis,
si bien esto no influye al momento de efectivizar o no
el consumo. Esta actitud es algo ms racional que la res-
puesta no es importante saber la composicin exacta de
la pastilla, aunque no deja de ser ineficaz al momento de
establecer prcticas seguras de cuidado. Una garanta que
mencionaron los jvenes con respecto a la composicin de
las pastillas que consumen es la que les ofrece la persona
que se las vende. La confianza depositada en el proveedor
de las pastillas se convierte en la medida preventiva ms
segura para este grupo de jvenes.
De todos modos es importante destacar que muchos de
los jvenes mencionaron la experiencia europea de testeo
de pastillas en las puertas de este tipo de eventos como algo
positivo, siendo sta una manera que les parece efectiva
para garantizar la calidad del producto. Un poco menos de
la mitad de la muestra pens alguna vez en dejar de consu-
mir xtasis, ubicndose fundamentalmente en este grupo de
respuestas los que llevaban ms aos consumiendo, lo que
evidencia que, a pesar de considerarlo poco nocivo y que
sus efectos les resultan bastante positivos, perciben en este
tipo de consumo cierto dao.
Como argumentan los especialistas de otros pases, el
contexto social del uso de drogas es una de las variables cen-
trales a tener en cuenta, ya que permite comprender tanto
los efectos especficos de cada sustancia como la posibilidad
de que los usos puedan ser controlados y moderados o,
por el contrario, compulsivos y nocivos (Gamella y lvarez
Roldn, 1999; Zinberg, 1984; Beck y Rosenbaum, 1994).
Gran parte de los recursos para poder controlar que el uso
no termine siendo abusivo son sociales y culturales. Casi
la totalidad de los consumidores de xtasis elige tomarlo
cuando est con amigos/as. No encontramos ningn caso
136 Individuacin y reconocimiento
que prefiera consumirlo en soledad. Los usos que expre-
saron son siempre colectivos y con un propsito social:
reunirse, organizar una fiesta o ir a un lugar de diversin
nocturna para consumir este tipo de sustancias.
Si yo fumo un porro, me quedo en casa tranquilo, solo.
Pero una pasti no da para tomarla solo, siempre en grupo,
siempre en comunidad, eso de vamos todos, nos abrazamos
[] yo solo ni loco, ni en pedo porque penss mucho, pen-
ss mucho y no penss nada al mismo tiempo. Es como que
necesits una compaa, necesits una persona a quien abra-
zar (varn, 38 aos).
En relacin con la percepcin del riesgo, encontramos que
un porcentaje bajo considera que el consumo de xtasis no
ocasiona problemas. Los problemas que asocian en mayor
proporcin al consumo de estas sustancias son: produce
adiccin y tiene efectos difciles de predecir.
En consecuencia, puede decirse que si bien el consumo
de xtasis entre los jvenes entrevistados no est estigmati-
zado, un alto porcentaje lo percibe como peligroso. Consi-
deramos que el lograr percibir cierto riesgo en el consumo
hace que estos jvenes no lleven sus conductas a lmites
extremos.
Los argumentos que utilizan en torno al consumo de
xtasis ofrecen elementos para pensar por qu estas prcti-
cas logran ser menos nocivas que otros tipos de consumos
de drogas. Entre las explicaciones ms frecuentes plantea-
ron que cuando comenzaron a consumir xtasis tenan muy
presente el momento de inicio en el consumo tanto como
el de finalizacin. Es decir, en su mayora los consumido-
res reconocen que el consumo de estas sustancias se limita
a un perodo de sus vidas, la juventud. La creencia que
circula es que el ser adulto no es compatible con este tipo
de prcticas, lo que lleva a limitar el consumo a un lapso
determinado de sus vidas, el cual al iniciarse ya tiene una
fecha de interrupcin.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 137
Reflexiones finales
Los jovenes que experimentan con xtasis ya no buscan,
como en dcadas pasadas (desde siglo XIX hasta las decadas
de 1960 y 1970), un estilo de vida alternativo o una respues-
ta contracultural en dicho consumo, por el contrario, lo que
quieren es poder cumplir con las exigencias que la sociedad
demanda. Es decir, el consumo de drogas ilegales deja de
ser interpretado como algo problematico en si mismo para
pasar a ser entendido como un facilitador, ya que permite
mantenerse despierto, asegurando la diversion, la conexion
con los otros y con uno mismo.
En este sentido, y tal como plantea Alain Ehrenberg
(2004), el consumo de drogas de sintesis, al igual que lo que
ocurre con los medicamentos psicotropicos, lejos de carac-
terizarse por la desocializacion y la decadencia, se definira
por los efectos positivos que se consiguen en la sociali-
zacion y porque permite una performance social adecua-
da. Asimismo, encontramos como coincidencia, que ambas
sustancias comparten una alta tolerancia social, ya que fun-
cionan como pastillas para sentirse mejor.
En el marco de una sociedad en donde las institucio-
nes que regulaban la vida social se encuentran en crisis,
sera el individuo el que debera hacerse cargo de dicho
malestar social. La dificultad que deben enfrentar los suje-
tos es producto del desplazamiento de la crisis originada
en la esfera de lo social, pero su solucion debe encararse
a nivel individual y para ello se requiere de personas con
autocontrol e iniciativa individuales. Es en este sentido que
tanto los psicotropicos para la vida laboral y familiar como
las drogas recreativas para los momentos de distension y
entretenimiento se vuelven herramientas adecuadas y fun-
cionales para conseguir el control de si mismo en pos de
la vida que se espera: disfrutable, sociable, exitosa, ple-
na, confortable. De este modo, los consumos de drogas de
138 Individuacin y reconocimiento
sintesis expresan un pasaje en la conceptualizacion del uso
de sustancias como practica ilegal hacia otro tipo de consu-
mo compensatorio de insuficiencias personales.
Los jvenes expresan que en estos escenarios de diver-
sin nocturna logran construir una comunidad con los
otros jvenes, la cual se convierte en un paliativo a la forma
que asumi en los ltimos aos la vida moderna. En ningn
relato aparece la ilusin de estar modificando radicalmente
la realidad, por el contrario, sus discursos tambin estn
atravesados por la ideologa individualista imperante, que
acuerda en que el nico modo de poder armar una comuni-
dad es compartiendo las intimidades.
Las fiestas raves no funcionan como un encuentro entre
personas que poseen biografas fuertemente dismiles. Por
el contrario, la comunidad que se conforma durante estos
encuentros es entre iguales o semejantes. Los jvenes valo-
ran y reivindican estos lugares, ya que no hay violencia
y nadie molesta a nadie, pero para ello debe existir una
estricta seleccin entre los que entran y los que perma-
necen afuera.
Es decir, estos jvenes encuentran en estos nuevos
modos de ser y estar en comunidades la sensacin de
estar creando un momento mgico, aunque efmero, pero
un paliativo necesario para poder vivir en sociedad. Estos
eventos son los que les permiten volver al mundo de lo
cotidiano con la sensacin de posibilidad de haber cons-
truido un espacio vivible y cmodo, aunque sea por bre-
ves instantes. De todos modos, en sus discursos surge una
tensin cuando mencionan, por un lado, que la apuesta es
crear un mundo privado y confiable, pero, por el otro,
al que no todos podrn acceder. La comunidad ideal ser
para unos pocos, los iguales, y para que ello ocurra muchos
tendrn que quedar por fuera, entre ellos, los otros, los
diferentes, los no confiables.
El modo que encuentran de vincularse con los otros
no tendr un sostenimiento cotidiano, sino que incorpora-
r en su vida diaria algunas prcticas aisladas en donde
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 139
reviertan el malestar social que viven habitualmente por
breves instantes de una fuerte empata y bienestar con los
otros y de conexin total con el momento que se est
viviendo.
De este modo, el concepto de comunidad nos permite
entender el nuevo orden social en la modernidad tarda, en
donde se generan intersticios que dan lugar a la conforma-
cin de lazos comunitarios, basados en el principio de soli-
daridad espontnea y en sus mltiples combinaciones.
La preocupacin de estos jvenes por lo corporal y la
sobrevaloracin que hacen de los sentimientos tambin res-
ponde a un discurso de poca, el cual contempla la primaca
del cuerpo. De este modo, como sujetos de la historia, no
escapan a la imposicin de la poltica del cuerpo. Estos
cuerpos, como arena de disputa entre las posiciones estruc-
turales de los sujetos y sus perspectivas individuales, per-
manecen sujetos a la dominacin, el control y la fabricacin,
por un lado, pero tambin mantienen una fervorosa lucha
para salir del corset que se les impone, oponindole resisten-
cia y buscando la posibilidad de actuar de otro modo.
Por ltimo, lo comunitario no se presenta para estos
jvenes, como fue interpretado por muchos de los clsi-
cos, como un obstculo al progreso, o desde su versin
ms romntica, como esquemas de percepcin e interac-
cin social que consideran que las relaciones sociales pue-
den desarrollarse intensamente y con un gran compromiso
afectivo. Por el contrario, se parte de la idea de que lo
comunitario no se convertir en la respuesta a los proble-
mas de la modernidad tarda, sino que, y en este sentido
retomamos a Alfonso Torres Carrillo (1997), es impres-
cindible realizar una nueva lectura de las dinmicas socia-
les que perfilan lo comunitario como sentido posible para
reconocer y asumir las dinmicas polticas y sociales, las
cuales muchas veces comprenden caractersticas contradic-
torias e incompletas.
140 Individuacin y reconocimiento
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Entre nosotros nos cuidamos siempre:
consumos de drogas y prcticas de
cuidado en espacios
recreativos nocturnos
MARTN GELMAN
Introduccin
En los ltimos aos, diversas investigaciones en Argentina
llevadas a cabo por nuestro equipo del Instituto de Inves-
tigaciones Gino Germani identificaron que el consumo de
drogas (legales e ilegalizadas)1 tiene una importancia sig-
nificativa entre los fenmenos percibidos como creciente-
mente problemticos por los jvenes en sus espacios de
sociabilidad.2 Los estudios cuantitativos y cualitativos rea-
lizados mostraron que para los jvenes el fenmeno resulta
an ms crtico cuando tiene lugar en sus espacios recreati-
vos nocturnos (fundamentalmente bares y boliches) (Korn-
blit, 2004; Di Leo, 2009; Mendes Diz et al., 2010; Kornblit,
1 Empleamos el trmino drogas ilegalizadas, porque permite dar cuenta del
carcter histrico, social y contingente por el cual la produccin, la comer-
cializacin y el consumo de ciertas sustancias han sido considerados prcti-
cas delictivas. El vocablo permite romper con la idea segn la cual el estatus
legal es una condicin inherente a las sustancias.
2 Siguiendo a Georg Simmel (2002), entendemos por espacios de sociabilidad a
aqullos en los que se despliega una forma autnoma (desligada de motiva-
ciones que excedan al momento sociable como tal) o ldica de socializacin.
A los fines de allanar la exposicin, utilizamos como sinnimos los trminos
espacios de sociabilidad y espacios recreativos.
143
144 Individuacin y reconocimiento
2010; Di Leo y Camarotti, 2013). A pesar de la multiplica-
cin de investigaciones y reflexiones alrededor de los con-
ceptos de vulnerabilidad y cuidado, desarrolladas durante los
ltimos aos en el campo de las ciencias sociales de la salud,
an existe una vacancia de estudios en los que se articulen
estas dos categoras para abordar las experiencias de jve-
nes en relacin a los consumos de drogas.
La investigacin cuyos resultados principales recoge el
presente captulo tuvo como propsitos cubrir esta vacan-
cia y aportar insumos que permitan optimizar la planifica-
cin sanitaria desde un enfoque de promocin de la salud
y formular polticas pblicas integrales orientadas hacia los
jvenes.3 Con esta finalidad, el objetivo general que gui
la indagacin fue analizar los procesos de vulnerabilidad
y las prcticas de cuidado asociados a los consumos pro-
blemticos de drogas4 en grupos de jvenes de entre 18 y
25 aos que asisten a espacios de sociabilidad nocturnos
de barrios vulnerabilizados y de sectores medios de la Ciu-
dad Autnoma de Buenos Aires (CABA). Para ello, en el
marco de un estudio cualitativo, desarrollamos siete grupos
focales (GF) con grupos preexistentes de amigos. No selec-
cionamos exclusivamente a jvenes que se definieran como
usuarios de drogas, dado que procuramos captar la hete-
rogeneidad de prcticas y experiencias que tienen lugar en
espacios de sociabilidad nocturnos. La decisin de incluir
en la muestra a jvenes que no hubieran experimentado (o
no experimenten habitualmente) con sustancias se bas en
que los mismos tambin podan resultar informantes cla-
ves de las prcticas de consumo que se desarrollan en los
espacios recreativos nocturnos a los que asisten, as como
3 La investigacin fue realizada con el apoyo de la Comisin Nacional Salud
Investiga del Ministerio de Salud de la Nacin a travs del programa de
becas Ramn Carrillo-Arturo Oativia.
4 En el presente trabajo utilizamos el trmino drogas para referir tanto a las
sustancias legales (fundamentalmente bebidas alcohlicas y psicofrmacos)
como a las ilegalizadas.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 145
de las estrategias de cuidado que despliegan otros grupos
juveniles en la prevencin y reduccin de las consecuencias
negativas del consumo problemtico.5
La estrategia metodolgica se revel apropiada para
responder a los objetivos de la investigacin, ya que, como
afirma Betina Freidin (2014), los GF crean situaciones de
interaccin social particularmente frtiles para:
[] indagar cmo las personas en sus redes de interaccin
y crculos [] optan por diferentes prcticas de cuidado,
por aceptar algunas y cuestionar otras, las limitaciones que
enfrentan, y los significados que otorgan a sus decisiones
[] [su] confianza en distintas modalidades de cuidado, las
tensiones que pueden presentarse en la vida cotidiana entre
la disciplina del cuidado y el placer/disfrute/relajacin, y sus
percepciones diferenciales de riesgo y vulnerabilidad []
(Freidin, 2014: 7-8).
En relacin al contexto conceptual, empleamos la cate-
gora de procesos de vulnerabilidad porque permite interrela-
cionar las dimensiones individual, vincular y socioinstitucional
o programtica. La articulacin de las tres dimensiones en un
esquema analtico permite visualizar que la vulnerabilidad
no se adquiere de una vez y para siempre, al tiempo que se
encuentra abierta a todos los grupos socioeconmicos. De
este modo, y a diferencia del enfoque clsico enraizado en
la nocin de grupo de riesgo, el paradigma basado en el con-
cepto de procesos de vulnerabilidad permite trabajar con
poblaciones histricamente excluidas de la investigacin e
intervencin sanitaria como son los jvenes de sectores
5 En este captulo, utilizamos como sinnimos las categoras consumo proble-
mtico y consumo excesivo. Para definir un uso problemtico o excesivo no
empleamos un criterio basado, por ejemplo, en el volumen de alcohol o la
cantidad de dosis de drogas ilegalizadas consumidos en un perodo de tiem-
po determinado (Direccin Nacional de Salud Mental y Adicciones
Ministerio de Salud de la Nacin, 2012), sino que nos centramos en los epi-
sodios en los que los propios jvenes entienden que tomaron de ms o se
la pusieron en la pera.
146 Individuacin y reconocimiento
medios, uno de los grupos sociales que conform el univer-
so de estudio de esta investigacin en relacin a temticas
como las infecciones de transmisin sexual, el embarazo
adolescente y los usos problemticos de drogas. Mientras
que para el enfoque clsico stos no podran incluirse den-
tro de un grupo de riesgo, el paradigma en que nos situamos
nos habilita a indagar sus procesos de vulnerabilidad en
tanto el devenir de sus trayectorias biogrficas los enfrenta
a giros existenciales que introducen transformaciones en
sus prcticas y en sus niveles de exposicin a los riesgos
(Delor y Hubert, 2000; Ayres et al. 2008).6
Caracterizacin de las experiencias recreativas y las
prcticas de consumo de drogas de los jvenes que
participaron de la investigacin7
En este apartado, presentamos una caracterizacin de los
jvenes que participaron de los siete GF, haciendo hinca-
pi en aquellas dimensiones que permiten comprender ms
cabalmente sus procesos de vulnerabilidad y sus prcticas
de cuidado asociados a los consumos de drogas en espacios
recreativos nocturnos.8 A este respecto, damos cuenta de la
edad de los integrantes de los GF; el tipo de barrio en que
residen; los tipos de espacios de sociabilidad a los que asis-
ten y la frecuencia con que lo hacen; y las prcticas de con-
sumo de drogas. Asimismo, realizamos una somera descrip-
cin de la historia de conformacin del grupo de amigos.
6 Para un mayor desarrollo de las categoras de procesos de vulnerabilidad y
cuidado, ver Introduccin del libro.
7 En el Anexo presentamos un cuadro que resume la informacin contenida
en esta caracterizacin.
8 Cuando aludimos, en este captulo, a prcticas de cuidado es siempre en refe-
rencia a aquellas estrategias dirigidas a prevenir o minimizar las consecuen-
cias negativas asociadas al uso de drogas.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 147
Los jvenes que integraron el primer GF tenan al
momento de participar entre 21 y 24 aos y residan en
distintos barrios de clase media de la zona oeste de la CABA.
Sus integrantes se conocieron durante los recitales de una
banda de rock de la que eran seguidores. A partir de ello,
comenzaron a compartir salidas recreativas nocturnas, tan-
to los fines de semana como en das de semana, con una
frecuencia de entre dos y cuatro veces por semana.9 Los
jvenes afirmaron que si bien los seis suelen estar presen-
tes en las salidas, a stas asiste habitualmente un nmero
mayor que, en ocasiones, alcanza las veinte personas. Los
espacios de sociabilidad nocturnos a los que concurren son
bares y espacios culturales en barrios no vulnerabilizados,
con preferencia por aqullos en los que se presenten en
vivos grupos de rock. Las bebidas alcohlicas y la marihua-
na fueron significados como ingredientes infaltables de sus
salidas nocturnas (Mendes Diz et al. 2010). Por otra parte,
refirieron consumir de manera espordica cido lisrgico
(LSD). A diferencia del alcohol y la marihuana, cuyo uso
consideran un hbito, el LSD no es consumido por estos
jvenes al interior de los espacios recreativos nocturnos,
ya que entienden que estos mbitos podran potenciar los
efectos negativos de esta sustancia; efectos asociados, en
lo fundamental, a su carcter alucingeno. El uso de LSD
reviste para ellos un carcter celebratorio y suelen utilizar-
lo fuera de su cotidianeidad temporal (vacaciones, fines de
semana, ao nuevo) y geogrfica (en zonas alejadas de los
grandes centros urbanos).
Los seis integrantes del grupo 2 (G2) tenan 20 aos
y se conocieron en el colegio secundario privado donde
estudiaron. Todos residen en barrios de sectores medios y
medio-altos de la CABA. Con una frecuencia quincenal, sus
salidas nocturnas consisten en reuniones en casas, asisten-
cia a salones de bowling o al cine o cenas en restaurantes,
9 Quienes asisten con regularidad durante la semana son aqullos cuyas obli-
gaciones laborales y/o educativas comienzan despus del medioda.
148 Individuacin y reconocimiento
siempre en barrios no vulnerabilizados. Dos de las cuatro
jvenes que participaron expresaron que algunos aos atrs
iban a bailar las dos solas a boliches pero ya se aburrieron.
Las drogas ilegalizadas no forman parte de las experiencias
de los integrantes de este grupo, mientras que la ingesta
de bebidas alcohlicas suele tener lugar en circunstancias
especiales como el festejo de cumpleaos de algn ami-
go o bien durante perodos vacacionales en los que no se
encuentran en sus hogares.
El G3 fue conformado por cuatro jvenes de entre 22
y 25 aos que residen en barrios de sectores medios de
la CABA. Sus integrantes se conocieron en el profesorado
de artes visuales donde estudian. Sus prcticas de consu-
mo de drogas son similares a las de los jvenes del G3
(uso frecuente de marihuana y bebidas alcohlicas duran-
te sus salidas nocturnas y experimentacin ocasional con
LSD y otras sustancias alucingenas). En lo que respecta a
sus experiencias recreativas nocturnas, estos jvenes optan
por asistir a espacios culturales con diversas performances
artsticas (msica acstica, poesa recitada, representacio-
nes teatrales, etc.).
El G4 fue el nico cuyos integrantes no residan en
la CABA sino en un barrio de sectores medios-bajos de
la zona sur del Gran Buenos Aires. Pese a ello, formaron
parte de la muestra porque, al momento de participar de
la investigacin, asistan con una frecuencia al menos men-
sual a distinto tipo de espacios recreativos de barrios no
vulnerabilizados de la CABA, especialmente bares en los
que los estilos de msica predominantes son el rock y el
rocanrol [o rock barrial], y, con menos asiduidad, a boliches
de concurrencia masiva. Sus integrantes, de entre 21 y 22
aos, se conocieron en el colegio secundario. Estos jvenes
presentan prcticas de consumo de drogas similares a las
de los G1 y G3.
Los tres jvenes del G5 residen en barrios no vulne-
rabilizados y asisten exclusivamente, y con una frecuencia
quincenal, a fiestas electrnicas que suelen desarrollarse en
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 149
boliches situados en barrios de esa misma condicin. Los
tres integrantes tenan 25 aos al momento de llevar a cabo
el GF. El grupo que comparte las salidas nocturnas est
compuesto por esas tres personas (dos de las cuales son
pareja) y por la novia de uno de ellos que tena previsto
participar del GF, pero no pudo hacerlo. El consumo de
drogas presenta en las experiencias recreativas nocturnas
de estos jvenes una centralidad significativa. A diferencia
de otros grupos con patrones ms diversificados, los inte-
grantes del G5 afirmaron que lo nico que consumen en
las fiestas son drogas de diseo o de sntesis (especialmente
MDMA o pastillas de xtasis y metanfetaminas).
El G6 fue conformado por jvenes de entre 18 y 22
aos que manifestaron conocerse del barrio. Los seis par-
ticipantes residan en una villa de la CABA. A diferencia de
los otros grupos, los jvenes del G6 sealaron que rara vez
los seis compartan una salida nocturna. Si bien expresa-
ron que espordicamente asistan a bares y boliches tanto
en barrios vulnerabilizados como no vulnerabilizados de
la CABA, las experiencias recreativas que les resultan ms
atractivas son las jodas [fiestas] en casas de amigos, fami-
liares o conocidos dentro de la villa, as como los cum-
pleaos de 15 (de mujeres) y de 18 aos (de varones y de
mujeres). Al igual que para los jvenes del G2, las drogas
ilegalizadas no constituyen un elemento de sus experiencias
de sociabilidad, con excepcin de uno de ellos, quien afir-
m consumir marihuana muy cada tanto. Los integrantes
del G6 manifestaron consumir bebidas alcohlicas con una
frecuencia mayor a la que pudimos relevar entre los parti-
cipantes del G2, aunque tambin en dosis bajas y con una
connotacin celebratoria.
Finalmente, el G7 fue integrado por seis jvenes de
entre 18 y 23 aos residentes en otra villa de la CABA. La
conformacin del grupo de amigos se remonta a la partici-
pacin conjunta en una serie de actividades de voluntariado
coordinadas por una organizacin poltica con presencia en
la villa. Asimismo, algunos integrantes fueron compaeros
150 Individuacin y reconocimiento
en el bachillerato popular que cursaron en el mismo barrio,
organizado por dicha agrupacin. A partir de ello, comen-
zaron a salir juntos a bailantas [boliches en los que los
estilos de msica predominantes son la cumbia y el cuar-
teto] en barrios vulnerabilizados y jodas en casas dentro
de la propia villa. En menor medida, afirmaron concurrir a
boliches en barrios no vulnerabilizados de la CABA. Estos
jvenes dieron cuenta de prcticas de consumos de drogas
ms intensivas, asiduas y heterogneas que las del resto
de los grupos. Entre las sustancias que consumen en sus
salidas nocturnas se encuentran la marihuana, el LSD, la
cocana y las bebidas alcohlicas (combinadas en ocasiones
con psicofrmacos). A diferencia de otros grupos en los
que la sustancia que marcaba la frontera de hasta donde
se poda llegar era la cocana, para estos jvenes el lmite
es la pasta base/paco.
Con excepcin del G7, los grupos fueron excluyendo
de su seno a quienes eran considerados ms fisura, es
decir, quienes presentaban un consumo de drogas marcada-
mente ms intensivo que el del resto de los integrantes del
grupo (durante las salidas nocturnas, en actividades diurnas
del grupo y, en ocasiones, hasta en solitario). De esta mane-
ra, los grupos fueron logrando una cierta homogeneidad, en
lo que a prcticas de consumo refiere, que a su vez asegur
un cierto margen de previsibilidad en el tipo de estrategias
de cuidado a desplegar.
Vulnerabilidad diferencial del consumo excesivo de
drogas en diversos mbitos recreativos
A travs del relato de sus propias experiencias, los jvenes
que participaron de la investigacin con independencia
del tipo de barrio en que residieran y en que se encontraran
los espacios de sociabilidad a los que asisten sostuvieron
que el consumo excesivo de drogas en las salidas nocturnas
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 151
aumenta la vulnerabilidad frente a un cmulo de situacio-
nes negativas. Sin embargo, la vulnerabilidad que se deriva
de este consumo resulta diferencial segn el mbito en que
el mismo se produzca. A este respecto, fue establecida una
distincin taxativa entre los riesgos del consumo proble-
mtico en casas y en espacios recreativos nocturnos, en
general, y en boliches, en particular. Los hogares (propios,
de amigos, de conocidos) brindan siempre una mayor segu-
ridad, dado que la ocurrencia de un consumo problemtico
en estos mbitos reviste menor gravedad que en un bar o
boliche. Ello se debe a que existe la posibilidad de quedarse
a dormir all; nadie debe encargarse de llevarlos hasta su
casa o procurar que arriben sin inconvenientes; y se libran
de la posibilidad de ser vctimas de situaciones de violen-
cia, robos o hurtos. La vulnerabilidad, que para los jvenes
resulta inherente al uso excesivo de drogas, se incremen-
ta en forma significativa cuando tiene lugar en espacios
recreativos nocturnos de concurrencia masiva tales como
boliches y cierto tipo de bares. En virtud de ello, cuando
asisten a estos lugares procuran moderar el consumo.
Entre las mltiples situaciones negativas a las que los
expone el uso problemtico de drogas en los espacios de
sociabilidad mencionados, los jvenes especialmente los
que asisten a bares y boliches en barrios vulnerabilizados
dan cuenta, en primer lugar, del aumento en las posibili-
dades de ser agredidos o verse implicados en situaciones
de violencia. En segundo lugar, la vulnerabilidad se agrava
sensiblemente dado que, con frecuencia, las personas que
se encuentran inconscientes o dormidas como consecuen-
cia de un consumo excesivo son retiradas del lugar por
empleados de seguridad de estos espacios en particular
boliches, quienes buscan, as, desligar de responsabilidad a
la institucin. Esta situacin atenta contra las posibilidades
de que los integrantes del grupo con quienes dicha persona
comparta la salida nocturna acudan en su ayuda, o bien,
retarda la atencin que pudiera recibir. Por ltimo, una pro-
blemtica referida exclusivamente por mujeres fue el acoso
152 Individuacin y reconocimiento
o abuso sexual. Algunas participantes explicaron que, en
ocasiones, este es perpetrado por varones que, al constatar
que se encuentran padeciendo efectos adversos del consu-
mo problemtico, se ofrecen a ayudarlas, pero no persiguen
un inters genuino. Ante la posibilidad de ocurrencia de
estos hechos, algunas de las mujeres que participaron de
los GF manifestaron sentirse ms protegidas cuando el gru-
po con el que comparten la salida nocturna est integrado
tambin por varones.
La existencia (o no) de enfermeras al interior de los
boliches dio lugar, durante la realizacin del cuarto GF, a
una discusin que trascendi las fronteras estrictas del tpi-
co y permiti reconstruir las significaciones de los jvenes
acerca de una de las principales preguntas-problema de la
investigacin: qu se considera una situacin de emergencia
en un espacio recreativo nocturno. Para Cristian, muchos
boliches, y en particular los de la CABA, tienen enferme-
ras que reciben a quienes requieren atencin mdica. Sin
negar su existencia, Leandro afirma que muchas veces las
enfermeras no son utilizadas, o bien, la posibilidad de reci-
bir atencin se encuentra fuertemente condicionada por la
voluntad de brindar asistencia de quienes se encuentran a
cargo de las mismas. Por su parte, Uriel considera que cuan-
do se encuentran activas solo atienden casos de emergencia
como cuando alguien se rompe la cabeza (en sentido trau-
matolgico y no en el sentido figurado que podra asociarse
al consumo excesivo de drogas) o se corta [de forma invo-
luntaria] con un vaso de vidrio. Las consecuencias directas
del consumo de drogas (nuseas, vmitos, mareos, bajones
de presin, coma alcohlico, prdida de conciencia, etc.) no
parecen constituir para estos jvenes ni para los partici-
pantes de la mayora de los grupos situaciones de emer-
gencia del mismo tenor que los golpes o lastimaduras (que
en ocasiones pueden ser efectos indirectos del consumo de
sustancias). De las significaciones de los jvenes residen-
tes en barrios vulnerabilizados con prcticas intensivas de
consumo de cocana y de bebidas alcohlicas combinadas
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 153
con psicofrmacos se desprende una mayor preocupacin
por los potenciales efectos de stas sobre la vida (pro-
blemas familiares y de pareja, prdida de un empleo, etc.)
y las posibles situaciones de violencia o los conflictos con
las fuerzas de seguridad asociados a la tenencia y uso de
drogas que por los daos a la salud fsica que estas sustan-
cias pudieran acarrear.
A partir de la consideracin de la vulnerabilidad dife-
rencial segn el mbito en que tenga lugar el consumo pro-
blemtico, algunos grupos expresaron que, a la hora de defi-
nir sus salidas nocturnas, buscan espacios recreativos que
puedan equipararse a casas, lugares en los que se sientan
protegidos o cuidados y les resulten amigables. En estos
lugares, los jvenes se sienten ms amigos que clientes.
Para ellos, los dueos, responsables y empleados de estos
lugares no tratan a las personas que all asisten (y menos
a ellos que lo hacen asiduamente) de la forma en que se
trata a los concurrentes de los boliches; lugares donde la
nica lgica que imperara es la mercantil. En contraposi-
cin, entienden que los propietarios de los espacios a los
que asisten con frecuencia no son mercenarios, tipos a los
que no les importa nada, que ni se preocupan si uno est
muy mal. La posibilidad de contar con la ayuda de estas
personas ante cualquier problema que se suscite en dichos
lugares (incluyendo, lgicamente, los relacionados con el
consumo de drogas), como parte de una estrategia delibera-
da, hace que los jvenes del G1 se definan a s mismos como
borrachos inteligentes.10
Los jvenes que asisten frecuentemente a fiestas elec-
trnicas afirman sentirse menos vulnerables y ms protegi-
dos en lo que denominan fechas que en eventos masivos.
Mientras que las masivas, que tienen en Creamfields su
10 El trmino borrachos fue empleado para referirse a su condicin de consumi-
dores ocasionales de bebidas alcohlicas en instancias de sociabilidad. El
vocablo no fue utilizado con un cariz peyorativo ni procur designar a quie-
nes detentan un consumo problemtico de alcohol.
154 Individuacin y reconocimiento
representacin ms acabada, son fiestas que albergan ml-
tiples estilos de msica electrnica y cuentan con carpas en
las que se presentan una gran cantidad de DJs (disc jockeys),
las fechas son eventos a los que concurren pocas personas
en las que predomina un subgnero musical y en las que
toca un nico (o unos pocos) DJ. Las fiestas masivas no
son para estos jvenes lugares amigables en virtud de que
a ellas asiste una gran cantidad de pblico que no forma
parte de la movida y cuyos intereses para concurrir care-
ceran de legitimidad: nicamente para drogarse; porque
est de moda; para robar y/o para generar situaciones de
violencia. Las caractersticas que fueron asumiendo las fies-
tas masivas los forzaron a ser ms selectivos priorizando la
concurrencia a aquellos lugares donde conocen a todo el
mundo y en los que se vivencia un espritu ms comuni-
tario (Camarotti, 2014).
La incorporacin de prcticas de cuidado
Sin excepcin, los jvenes que participaron del estudio
sealaron que, con el paso del tiempo, fueron adquiriendo
ms y mejores herramientas para prevenir el consumo pro-
blemtico de drogas, o bien, para atenuar sus consecuencias
negativas cuando se produce. Pese a que no lo expresaron
con estos trminos, los jvenes sienten que han ido logran-
do una expertise en relacin a una multiplicidad de aspectos
asociados a las salidas nocturnas. Tal como seala Eduar-
do Menndez (2003), los recursos y conocimientos que los
sujetos y grupos sociales van adquiriendo y desarrollan-
do dan lugar a diversos modelos de atencin, los cuales no
slo refieren a actividades de tipo biomdico, sino a todas
aquellas prcticas orientadas a prevenir, dar tratamiento,
controlar, mitigar las consecuencias negativas y/o curar un
padecimiento determinado.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 155
Las referencias a las distintas esferas que abarca este
proceso de adquisicin y perfeccionamiento de herramien-
tas resulta inescindible, en los relatos de los jvenes, de la
marcacin de una brecha generacional de carcter dual.
Primeramente, conciben que su capacidad de percibir
situaciones potenciales de vulnerabilidad vinculadas al con-
sumo excesivo de drogas en sus salidas nocturnas, y de
desarrollar prcticas de cuidado orientadas a prevenir o
mitigar sus efectos negativos, en nada se asemeja a la de
su adolescencia. Por el contrario, sienten que en la actuali-
dad se encuentran en una etapa en la que la inexperiencia
que vivenciaban algunos aos antes ha quedado definiti-
vamente superada.
En segundo lugar, de manera unnime los participantes
establecen otra brecha generacional al sealar que la madu-
rez con que se manejan y las prcticas de cuidado que
fueron aprendiendo e incorporando con el paso del tiempo
no se observan en adolescentes y jvenes de los que los
separan unos pocos aos. Mientras que algunos postulan
que estas personas hacen lo que ellos hacan a esa edad y
ahora dejaron de hacer, otros sostienen que los pibes estn
ahora ms fisura. A diferencia de lo que ocurra en su po-
ca a la que aluden en trminos nostlgicos estos sujetos
consumiran dosis mayores y, en virtud de ello, enfrenta-
ran consecuencias ms graves para su salud. Cabe destacar
que este tipo de reflexiones conviven, paradjicamente, con
la crtica que realizan a aquellos discursos adultocntricos
que estigmatizan las prcticas juveniles de sociabilidad por
considerarlas riesgosas y descontroladas.
Los jvenes dan cuenta de una mayor capacidad para
identificar con claridad cunto alcohol pueden consumir
sin quebrar, es decir, cul es su lmite y tolerancia. Sin
embargo, algunos participantes relativizan esta habilidad al
afirmar que con el correr de los aos no slo adquirie-
ron la capacidad de percibir con claridad el lmite a partir
del cual la ingesta de drogas deviene excesiva, sino que su
organismo fue alcanzando una mayor resistencia, lo que les
156 Individuacin y reconocimiento
permite consumir cantidades mayores sin quedar hechos
pelota. El desarrollo de esta expertise no slo se relacionara
con un aprendizaje, sino tambin con una maduracin o
con el hasto o aburrimiento respecto del tipo de salidas
nocturnas que realizaban hace algunos aos y las prcticas
de consumo que tenan lugar en el marco de ellas. De esta
forma, resaltan que consumo excesivo y disfrute fue-
ron convirtindose en antnimos con el paso del tiempo.
Aquellos jvenes que suelen concurrir a los espacios recrea-
tivos nocturnos (y retornar a sus hogares) conduciendo sus
propios automviles sealaron que el conocimiento de este
lmite deviene fundamental al funcionar como estrategia de
prevencin de accidentes de trnsito. En trminos generales
y sin distincin segn el tipo de barrio en que residieran
y en que se encontraran los espacios de sociabilidad a los
que asisten, los participantes refirieron que el siniestro vial
es el mayor riesgo que presenta el consumo de sustancias
en salidas nocturnas.
El logro paulatino de esta expertise refiere tanto a la per-
cepcin de situaciones potenciales de vulnerabilidad como
a la incorporacin de prcticas de cuidado. Con indepen-
dencia del tipo de sustancias consumidas y de la frecuencia
de uso, la totalidad de los jvenes afirm haber desarrollado
nuevas prcticas de cuidado y haber perfeccionado prcti-
cas preexistentes con el correr de los aos y la acumulacin
de salidas nocturnas. El consenso que se vislumbra respecto
de ello se desvanece al introducir en el anlisis la manera
en la que se produjo. A este respecto, identificamos tres
modalidades centrales: a) el aprendizaje sobre las prcticas
de cuidado se adquiere individualmente y detenta un fuerte
carcter intuitivo; b) el conocimiento es transmitido tanto
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 157
terica como prcticamente por personas de mayor edad
con las que se comparte el consumo;11 c) la incorporacin
es el resultado de la bsqueda activa de informacin.
Tal como mencionbamos, los grupos fueron exclu-
yendo de su seno a los ms fisura, aqullos que llevaban
a cabo prcticas de consumo cuya intensidad y frecuencia
resultaban significativamente mayores y por tanto discor-
dantes a las del resto de los integrantes del grupo. Esta
paulatina exclusin les garantiz que la provisin de cui-
dados no siempre se dirigiera hacia la misma persona y
asumiera un carcter recproco (todos cuidan a todos).
No obstante, debe aclararse que en algunos grupos deter-
minados integrantes cumplen habitualmente la funcin de
cuidadores, ayudando, acompaando y procurando que
no surjan problemas asociados, en particular, con el con-
sumo problemtico de drogas y las violencias durante las
salidas nocturnas o bien, liderando las estrategias de cui-
dado orientadas a mitigar sus consecuencias. En trminos
generales, quienes cumplen la funcin de cuidadores son
aqullos de mayor edad o experiencia en salidas recreativas
dentro del grupo, quienes tienen la responsabilidad de lle-
var al resto de los integrantes a sus casas, ya sea manejando
un vehculo o acompandolos en algn transporte pblico
y/o los que ms se rescatan, es decir, quienes presentan los
niveles ms bajos de consumo de drogas (tanto en cantidad
de dosis como en frecuencia).12
Entre las prcticas de cuidado incorporadas por los
jvenes cabe destacar las siguientes: alimentarse adecuada-
mente antes de consumir marihuana o alcohol; no consumir
11 La transmisin prctica se produce cuando los jvenes observan cmo las
personas con las que comparten el consumo (generalmente, de mayor edad)
actan en pos de la resolucin de complicaciones derivadas de ste (Epele,
2007). Esta modalidad de incorporacin de prcticas de cuidado fue referida
exclusivamente por los jvenes que afirmaron inhalar frecuentemente
cocana.
12 No nos resulta posible determinar si los que cumplen el rol de cuidadores lo
hacen porque son los que habitualmente ms se rescatan, o bien son los que
ms se rescatan porque saben que deben desempear dicho rol.
158 Individuacin y reconocimiento
drogas si uno se encuentra atravesando problemas emocio-
nales o afectivos;13 colocar de costado a quien consumi
alcohol en forma abusiva para evitar que se ahogue con
su propio vmito; y tomar o darle mucha agua a quien
consumi alcohol en exceso y salir/sacarlo al exterior. Una
prctica orientada a mitigar los efectos negativos del con-
sumo de drogas que resulta ms extrema que las mencio-
nadas y que fue referida nicamente por los jvenes que
afirmaron consumir cocana con frecuencia y residen en
barrios vulnerabilizados fue la de cortarle los dedos a quien
se encuentra cursando los efectos de una sobredosis de
dicha sustancia para que le circule la sangre y no sufra
un paro cardiorrespiratorio. El despliegue de esta prctica
puede entenderse como una consecuencia de la lgica de la
sospecha o desconfianza de los usuarios intensivos de drogas
ilegalizadas respecto de las instituciones de salud. Esta des-
confianza redunda, en mltiples ocasiones, en el desarrollo
de prcticas o sistemas de cuidado o curacin individuales
o implementadas por terceros (Epele, 2007).
El despliegue de prcticas de cuidado hacia el otro es
vivenciado por los jvenes como una cuestin de cdi-
gos, algo que se sabe que se debe hacer, aun cuando no
se haya conversado expresamente sobre el tema. Los jve-
nes sealan que el cuidado del otro es un mandato para
quienes integran el grupo de amigos, una prctica que es
significada desde la retrica de la lealtad. No dejar nun-
ca a un amigo tirado [librar a su suerte a quien enfrenta
las consecuencias negativas de un consumo problemtico
de drogas] forma parte de un contrato esencial para el
grupo de amigos, cuya transgresin supone una amena-
za a su continuidad. Si bien los jvenes que residen en
barrios vulnerabilizados y presentan un uso de drogas que,
en trminos generales, resulta ms intensivo que el del resto
de los grupos, comparten que nunca se debe dejar a un
13 Esta prctica slo fue mencionada por los jvenes residentes en barrios de
sectores medios y medios-altos.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 159
amigo tirado, sostienen que cada persona es responsable
de automoderarse en el consumo; instar a otro integrante
del grupo de amigos a dejar de tomar (alcohol o cocana,
fundamentalmente) es visto como una intromisin indebida
en su autonoma.
Moderador: [] para el tema del consumo, del alcohol y las
drogas, qu te puede decir para?
Jernimo: Ah te dira que es un poco difcil para que le diga,
porque uno ya sabe lo que hace, si somos todos grandes, uno
ya sabe lo que hace. l [seala a Daro] no me va a decir: Jer-
nimo, dej de tomar merca [cocana], porque te va a hacer
mal. Qu te mets en mi vida?
Mauricio: Ya saben que hace mal.
Nicols: Nadie te va venir a decir: Dej de tomar merca
porque te hace mal.
Mauricio: Ya sabemos eso.
Moderador: Ni siquiera si te ven muy mal
Nicols: Vos ests re duro [por la cocana] y qu le vas a
decir? No les vas a dar ni bola.
Moderador: Pero a vos [dirigindose a Nicols] te caera mal
que viniera l [Daro] y te dijera: che, dej de tomar?
Nicols: En ese momento s.
Jernimo: Porque le ests cortando el mambo [interrumpien-
do sus prcticas recreativas], djame de romper las pelotas.
Hasta te pods pelear [con la persona que te lo dijo].
Nicols: Claro, amigo, qu me vens a decir que deje de
tomar merca?
Mauricio: S, yo ya s lo que tengo que hacer.
No obstante, esta atribucin resulta legtima cuando
se observa a dicha persona consumir aquella sustancia que,
como mencionbamos, funciona como lmite para estos
jvenes: la pasta base/paco.
Nicols: Yo los veo paqueando [fumando pasta base/paco] [a
mis amigos], los cago a pedos. Qu ests haciendo, amigo?.
La [pasta] base [/paco] ni en pedo.
Jernimo: Un par de cachetazos, te rescataste.
160 Individuacin y reconocimiento
Aquellos jvenes que asisten con frecuencia a fiestas
electrnicas sealan que el cuidado y la contencin del otro
no se restringe a los integrantes del grupo de amigos sino
que puede extenderse a otros concurrentes de las mismas
a los que se reconoce de eventos anteriores o bien se los
identifica como parte de la movida electrnica por rasgos
y actitudes difcilmente perceptibles para el que no es del
palo [no pertenece a la movida electrnica].
[] nos pasa seguido. Hay gente que se da cuenta que sos del
palo. Entonces por ah, qu s yo, te ven parado en un costado
porque realmente te canss, por ms que en el estado en
que ests te canss de bailar y se te acercan y te dicen: Che,
ests bien? Es como que se genera un clima lindo por decirlo
de alguna manera (Lisandro, G5).
Los jvenes que conformaron el G5 dan cuenta del
desarrollo de un repertorio ms diversificado y complejo
de prcticas de cuidado que el del resto de los grupos. No
obstante, entienden que el proceso que desarrollaron no es
un atributo particular del grupo de amigos, sino que for-
ma parte del acervo de quienes pertenecen a la movida
electrnica y, en particular, de los que consumen drogas
sintticas o de diseo.
A diferencia de otras drogas [ilegalizadas], el que toma xta-
sis de forma consciente sabe lo que est tomando, porque
toma xtasis y no consume otras cosas y aparte tambin,
como sabe que es una droga de diseo, va a recopilar infor-
macin. [] Es por prevencin (Gustavo, G5).
En adicin a dos prcticas incorporadas tambin por
otros grupos (alimentarse adecuadamente antes de consu-
mir drogas y no consumirlas si uno se encuentra atravesan-
do problemas emocionales o afectivos), los jvenes del G5
dieron cuenta de dos que, pese a haber sido mencionadas en
los otros GF, adquieren aqu implicancias distintas: beber
mucha agua al consumir drogas sintticas (por el riesgo de
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 161
deshidratacin que stas conllevan) y salir al exterior si uno
se encuentra malviajando,14 o sacar del quilombo [llevar
a un lugar menos ruidoso y con menor concentracin de
personas] a quien se halle atravesando esta situacin.
En trminos generales, los grupos sealaron que las
prcticas de cuidado responden a la improvisacin, a la
prueba y error y a lneas de accin guiadas por el sentido
comn. Por otra parte, sealaron que, en general, no existe
una estructura de roles u organigrama para la resolucin de
conflictos, sino que la asuncin de cada tarea responde a
las particularidades que impongan las circunstancias: Se
improvisa sobre la marcha. Gracias a Dios siempre impro-
visamos bien (Antonella, G1).
A diferencia del resto de los grupos, los jvenes que
asisten frecuentemente a fiestas electrnicas (G5) exhiben
un discurso de previsin total. Las principales acciones que,
sumadas a las mencionadas, conforman una estrategia celo-
samente planificada en la que los imponderables parecen no
tener lugar son las siguientes: no consumir drogas sintticas
conjuntamente con alcohol porque, como mencionamos,
ello puede provocar deshidratacin; distribuir a lo largo de
la noche las dosis y establecer horarios lmite para el consu-
mo, aun cuando queden pastillas disponibles; procurar que
quienes comparten la salida nocturna consuman la misma
variedad de xtasis para que a todos les pegue de igual for-
ma [les haga el mismo efecto]; ingerir frmacos que acten
como protectores gstricos antes de usar drogas sintticas;
conocer con claridad la variedad y la composicin qumica
del tipo de droga sinttica que se va a ingerir.
La distribucin de las dosis a consumir a lo largo de
las fiestas y el establecimiento de horarios tope con el fin
de no ingerir ms dosis de las necesarias exigi, segn los
14 El mal viaje es definido como una situacin negativa que puede sobrevenir
luego del consumo de drogas sintticas que se produce cuando [] no tens
ganas de estar ah, [] no quers bailar [] [y] [la msica que] ests escu-
chando [] no te parece linda [] (Lisandro, G5).
162 Individuacin y reconocimiento
jvenes, el desarrollo de una habilidad previa: el conoci-
miento del tiempo que las rolas [pastillas de xtasis] tardan
en subir o hacer efecto. Al comienzo, al desconocer ese
lapso, podan llegar a tomar una segunda pastilla antes de
que la primera hubiera hecho efecto. Ello acarreaba con-
secuencias negativas, porque luego suban las dos juntas
lo que incrementaba los riesgos en forma innecesaria. Este
conocimiento se alcanz a travs de la prueba y error, de
la consulta a personas que ya haban experimentado con
las sustancias y de la bsqueda de informacin en pginas
web especializadas.
Asimismo, como parte de las estrategias de cuidado
que conforman lo que dimos en llamar previsin total, los
jvenes que asisten a fiestas electrnicas afirmaron que no
consumen una droga de diseo sin antes saber cul es su
composicin qumica. La posibilidad de comprar pastillas a
un dealer del que no tienen referencia, o bien, dentro de las
propias fiestas electrnicas (aun si se agotaron las dosis que
llevaban y tienen voluntad de consumir ms) est absolu-
tamente vedada. Esta regla inquebrantable adquiere mayor
relevancia ante la constatacin de que en la actualidad hay
mucha porquera dando vuelta, fruto de la masificacin de
la movida electrnica. La creciente demanda de drogas
sintticas habra generado un aumento en la oferta y en las
modalidades de adulteracin de drogas. Aprovechando la
homogeneidad de las pastillas en su aspecto exterior, los
vendedores entregan frmacos en lugar de sustancias psi-
coactivas o las adulteran con componentes altamente noci-
vos para la salud. La constatacin de este fenmeno cons-
tituye el argumento central de este grupo no solo para no
comprar drogas a vendedores desconocidos o en las propias
fiestas, sino tambin para llevar adelante estrategias que
permitan conocer la composicin qumica de las drogas.
La voluntad de conocer los componentes qumicos de las
sustancias antes de consumirlas dio lugar al desarrollo de
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 163
una prctica preventiva sin parangn con el resto de las
estrategias de cuidado relevadas durante la investigacin: la
aplicacin del Test de Marquis (Plotkin, 2000).
[El Test de Marquis] es un test que se vende, lo vende un
usuario [de drogas de diseo], es un reactivo en el que vos
toms una muestra de la pastilla que compraste y te fijs
cmo reacciona, mayormente te pods dar cuenta qu [com-
ponentes] tiene, qu no tiene [] (Gustavo, G5).
Cuando no pueden acceder a un Test de Marquis o
bien cuando ste arroja resultados indeterminados, recu-
rren a las experiencias de usuarios relatadas en sitios de
Internet y blogs especializados en la temtica en los que es
posible acceder a reviews: relatos de los propios consumido-
res sobre sus experiencias con determinada droga sinttica,
en una dinmica similar a la que presentan los sitios sobre
cine que incorporan crticas y reseas del pblico.15
Reflexiones finales
El anlisis de las experiencias de los jvenes en espacios
recreativos nocturnos, relatadas en los siete GF, permiti
dar cuenta de una significativa heterogeneidad en lo que
respecta al uso de drogas. A travs de un abordaje compa-
rativo entre jvenes que asisten a espacios de sociabilidad
nocturnos en barrios vulnerabilizados y de sectores medios
de la CABA, encontramos que las prcticas de consumo de
drogas no son patrimonio exclusivo de un sector social ni se
restringen a espacios recreativos localizados en uno u otro
tipo de barrio. Asimismo, a partir de los datos construidos
15 Si bien los integrantes del G5 no fueron los nicos que refirieron recurrir a
Internet para buscar informacin sobre los efectos negativos de ciertas sus-
tancias y sobre estrategias de cuidado para prevenirlos o mitigarlos, las
implicancias que esta prctica asume para los jvenes que asisten a fiestas
electrnicas no pueden equiparse a las del resto de los participantes.
164 Individuacin y reconocimiento
tampoco resulta posible sostener que los niveles de consu-
mo resulten mayores entre los jvenes que residen en un
tipo de barrio determinado o pertenecen a cierto sector
socioeconmico.
Pese a que presentamos por separado los procesos de
vulnerabilidad y las prcticas de cuidado que los jvenes
fueron incorporando, esta distincin no reviste un carcter
emprico, sino meramente heurstico. En otras palabras, la
percepcin (individual o grupal) de la vulnerabilidad res-
pecto de los potenciales efectos negativos asociados al uso
de drogas resulta indisociable de las prcticas orientadas a
prevenir o mitigar estas consecuencias. Los jvenes dieron
cuenta del consumo de drogas como un elemento intervi-
niente en un proceso de vulnerabilidad del que lgicamente
dependen muchos otros factores: el estado emocional; las
personas con las que uno se encuentra; el grado de infor-
macin con que uno cuenta acerca de las sustancias, sus
efectos y la forma de prevenir o atenuar sus consecuencias
negativas; el lugar en el que se encuentra; y la posibilidad de
contar con un adulto que les brinde confianza y los ayude a
evacuar dudas especficas, entre otros.
A los fines de profundizar las temticas aborda-
das en este trabajo, creemos que resultara provechoso
emprender futuras lneas de investigacin en las que se
indaguen otras prcticas de cuidado que los jvenes des-
pliegan frente al consumo problemtico de sustancias.
Por otra parte, la comprensin cabal de estos fenmenos
requiere entender que, para los jvenes, el grupo de
amigos resulta un lugar protector y constituye el mbito
primario de resolucin de problemas asociados al uso
de drogas. Esto resulta ilustrativo de que ciertas for-
mas de cuidado no institucionalizadas detentan mayor
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 165
relevancia para resolver este tipo de problemas que otras
instancias que se consideran ltimo recurso (funda-
mentalmente los centros de salud y los padres).16
Entre las barreras subjetivas de acceso a los centros
de salud, es decir, los factores que explican la renuencia
de los jvenes a solicitar atencin en stos ante los
problemas asociados al consumo de drogas y la conse-
cuente adopcin, en ocasiones, de prcticas de cuidado
individuales o grupales alternativas al sistema de salud,
revisten una importancia de primer orden el temor al
estigma y la lgica de la sospecha o desconfianza res-
pecto de las instituciones estatales. Esta desconfianza
est basada, habitualmente, en experiencias propias de
maltrato recibido de parte de los profesionales de la
salud cuando referan haber consumido drogas ilegali-
zadas (Epele, 2007; Albuquerque et al., 2013; Jorge et al.,
2013; Ramrez, 2015).
En contraposicin, los jvenes valorizan aquellas
instituciones que funcionan como espacios de escucha,
mbitos amigables en los que los profesionales no estig-
matizan sus prcticas (incluyendo, lgicamente, los con-
sumos de drogas) ni intervienen desde la sancin moral
(Direccin Nacional de Salud Mental y Adicciones
Ministerio de Salud de la Nacin, 2012).
En lo que respecta a los padres, los referenciales
negativos con que stos suelen concebir el consumo de
drogas ilegalizadas17 nutridos de la representaciones de
16 Menndez (2003) seala que el autocuidado que no slo involucra las
prcticas que los sujetos desarrollan sobre s mismos, sino tambin las
que los grupos de pares ejercen sobre sus miembros es la forma de
atencin ms frecuente de los padecimientos y suele ser la [] prime-
ra actividad que el microgrupo realiza respecto de los padeceres
detectados [] (p. 201).
17 La estigmatizacin de las drogas ilegalizadas y de quienes las consu-
men, conjuntamente con el establecimiento de una asociacin inque-
brantable entre consumo y adiccin, o bien entre consumo y delito,
conspira contra las posibilidades de establecer un dilogo franco entre
los jvenes y sus padres, ante el temor de los primeros de ser incom-
166 Individuacin y reconocimiento
los medios masivos de comunicacin, cuyo tratamiento
de la temtica en ocasiones parece procurar la instau-
racin de un pnico moral y la consecuente vergenza
o temor por parte de los jvenes de confesarles esta
prctica lleva a que stos no sean considerados provee-
dores de cuidado ante la ocurrencia de complicaciones
asociadas al uso de sustancias. Esto es visto como un
problema, ya que implica no contar con el apoyo y
la contencin que pudieran brindarles. Buena parte de
los integrantes de los GF sealaron que sus padres,
socializados en una poca ms restrictiva y autoritaria,
detentan una visin homognea de las distintas dro-
gas, por lo que no pueden distinguir entre sustancias
con mayor o menor peligrosidad, toxicidad y poten-
cial adictivo ni establecer un gradiente de consumos que
advierta las diferencias entre uso, abuso y dependencia
a una sustancia (Camarotti y Gelman, 2013). Por el
contrario, los hermanos mayores fueron sealados como
figuras centrales frente a las que se siente menor inco-
modidad, por lo que constituyen soportes (Martuccelli,
2006) fundamentales para la resolucin de este tipo
de problemticas.
prendidos, tratados como drogadictos o ante la voluntad de los
padres de avanzar hacia una internacin compulsiva en una comu-
nidad teraputica, atribuyndole al problema una gravedad que para
los jvenes no tiene.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 167
Anexo: Composicin de los grupos focales
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Parte III. Procesos de
vulnerabilidad, violencias
y biografas
6
Sucios, feos y malos?: experiencias de
jvenes en tratamientos por consumo
de pasta base/paco
ROMINA RAMREZ
Introduccin
En la dcada del noventa, el proceso de exclusin social
creciente que atraves Argentina afect fundamentalmente
a los sectores jvenes ms vulnerabilizados de la poblacin
y en ese perodo aument el consumo de pasta base/paco
(PB/paco), que se profundiz en la crisis del 2001.1 Esta
problemtica se consider un tema caracterstico de los
barrios marginalizados, porque el consumo de esta sustan-
cia cobr notoriedad primero en los sectores empobrecidos
de la zona sur del rea Metropolitana de Buenos Aires
(AMBA) (Arizaga, 2007; Salvia, 2008; San, 2009; Auyero,
2013; Castel et al., 2013).
La temtica del PB/paco se analiza desde una pers-
pectiva que pocas veces recupera las representaciones que
los jvenes tienen de sus recorridos institucionales. En
este captulo, abordaremos el tema desde sus experiencias
para poder comprender qu vnculos, encuentros y desen-
cuentros tuvieron en los diversos espacios de atencin y
1 En los discursos de los jvenes, ambas sustancias se denominan de forma
diferente. Para los fines de este trabajo los trminos sern utilizados como
sinnimos (Camarotti y Touris, 2010).
173
174 Individuacin y reconocimiento
cules fueron los recorridos realizados antes de comenzar
su/s tratamiento/s. La riqueza de esta perspectiva radica
en brindar explicaciones y oportunidades para reflexionar
sobre el funcionamiento de estos espacios dedicados a los
tratamientos de personas que consumen PB/paco. Por lo
tanto, recuperar el punto de vista de los exusuarios de esta
sustancia permitir comprender cmo se fueron modifi-
cando o no sus prcticas dentro de las instituciones por las
que han transitado.2
Cmo percibieron los jvenes los tratamientos? Es el
interrogante que guiar este captulo en funcin del cual
se seleccionaron tres dimensiones para el anlisis: a) las
relaciones que mantuvieron con las instituciones durante el
perodo de consumo de PB/paco; b) las prcticas que ellos
consideraron negativas dentro de los espacios de recupera-
cin, y c) las experiencias positivas en los tratamientos.
El concepto de experiencia como herramienta de an-
lisis contribuye a la comprensin de las capacidades que los
sujetos adquieren previamente a la recuperacin y permite
reconstruir el sentido de las decisiones que tomarn en el
futuro. De acuerdo con Martn Heidegger (1987) la com-
prensin (producto de la interpretacin) es un modo de ser,
de existir y habitar el mundo. La interpretacin slo se logra
por medio de la palabra, que la reconstruye, la reactualiza y
le otorga sentidos particulares al presente. Desde una mira-
da complementaria Hans-Georg Gadamer (2007) sostiene
que no es pensable fuera de los lmites del lenguaje. Por lo
tanto, si no puede ser narrada, si no da cuenta del proceso
que atraves el sujeto que la relata, no se podra realizar una
historizacin de la existencia.
2 Tomando en consideracin la importancia que las instituciones adquieren
en la vida cotidiana de las personas resulta fundamental analizarlas. De este
modo, si se retoma la perspectiva de Cornelius Castoriadis (1983), entende-
mos a las instituciones como una red social e histrica comn que debe pro-
ducirse y reproducirse a travs de los individuos que la integran (Ramrez,
2013).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 175
Joan Scott (2001) sostuvo que el relato de las experien-
cias pone en escena al sujeto que las relata y a su contex-
to. De esa manera, las narraciones permiten documentar
la existencia de instituciones que aparecen y desaparecen
de su cotidianeidad. Este concepto ayudar a construir una
imagen que rompe presupuestos y pone en superficie la
lgica interna de funcionamiento de los espacios de trata-
miento, que acerca o aleja a los jvenes.
En este captulo, se abordar el tema del consumo del
PB/paco recuperando la voz de los jvenes que asistieron
a los centros de tratamiento entre mayo de 2001 y enero
de 2013 en los barrios de Barracas y Retiro de la Ciudad
Autnoma de Buenos Aires, y Monte Grande, Lomas de
Zamora, Lans y Florencio Varela del sur del conurbano
bonaerense.
Para el desarrollo del trabajo se realizaron observacio-
nes no participantes, sistematizadas a travs de las notas de
campo y conversaciones informales en diferentes organi-
zaciones de la sociedad civil: centros de da, comunidades
teraputicas, espacios de recuperacin y centros de trata-
miento de personas con consumos problemticos catli-
cas y protestantes. La seleccin de la muestra se efectu
mediante un listado obtenido con la ayuda de diversos
informantes claves. Los primeros entrevistados fueron con-
tactados telefnicamente, gracias al listado proporcionado
por ellos. Luego, una vez transcurrido el encuentro cara a
cara, los jvenes facilitaron contactos de otras personas que
haban transitado el mismo proceso. Se utiliz el mtodo
denominado bola de nieve. En la mayora de los casos, pese a
la culminacin del tratamiento, no haban perdido el vncu-
lo con las instituciones y concurran de manera espordica
para algn evento especial.
Con cada joven se realiz un mnimo de un encuentro
y un mximo de cinco. Hubo casos que necesitaron ms
tiempo para responder el cuestionario de entrevista por la
gran cantidad de tratamientos que realizaron. A todos los
entrevistados se les brind un consentimiento informado,
176 Individuacin y reconocimiento
que fue ledo y explicado, considerando las caractersticas
de la poblacin. Se utiliz una estrategia metodolgica cua-
litativa para el anlisis de sus trayectorias de tratamiento.
Se consideraron sus percepciones respecto a la atencin
recibida en los centros de salud y en los hospitales, como
as tambin, las experiencias vividas durante los tratamien-
tos. Se entrevist a 22 jvenes, 12 varones y 10 mujeres de
entre 18 y 30 aos de edad que hubieran finalizado exi-
tosamente su tratamiento, un ao antes de la realizacin
de la entrevista y que hubieran concurrido, por lo menos,
a dos centros de tratamiento por consumo de PB/paco de
manera temporaria o permanente y que en la actualidad no
estuvieran bajo tratamiento.3
La informacin se sistematiz, codific y analiz
mediante el software [Link], especialmente diseado para
el anlisis cualitativo.
El inicio: cercana y significacin
La mayora de los entrevistados relat que su inicio en el
consumo de PB/paco estuvo relacionado a problemticas
personales, que se profundizaron por el contexto en el que
vivan. Algunos comentaron que su inicio en el consumo
fue a edades tempranas, entre los 11 y los 13 aos.4 Otros,
en cambio, contaron que alguno de sus progenitores tena
3 Consultar Anexo.
4 Segn la SEDRONAR, los usuarios de PB/paco son en su mayora varones
(82%) que no han tenido un trabajo o una ocupacin estable durante los lti-
mos aos. Sin embargo, estudios cualitativos posteriores (Camarotti y Tou-
ris, 2009) dan cuenta de que las mujeres tambin tienen una presencia signi-
ficativa a la hora de consumir esta sustancia, pero que el consumo de ellas
casi no se contabiliza en las estadsticas y, por lo tanto, no se evidencia en las
polticas de tratamiento. Por otro lado, remarcan que la edad promedio de
inicio del consumo es a los 13 aos (SEDRONAR, 2011). Pero la situacin en
los barrios ms vulnerabilizados de la Ciudad Autnoma de Buenos Aires
(CABA) es diferente, all el consumo comienza a edades ms tempranas
(Equipo de Sacerdotes para las Villas de emergencia, 2010; Canay [Link],
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 177
relacin directa con el consumo problemtico de drogas.
Sin embargo, lejos de culpar a sus familias, como suele
difundirse desde los medios de comunicacin masivos, los
entrevistados dijeron que comenzaron a consumir porque
no podan soportar su contexto y necesitaban escapar de la
realidad que les haba tocado vivir. Los jvenes explicaron
que sus familiares tambin atravesaron situaciones de vio-
lencia y que no podan responsabilizarlos porque: hicieron
lo que pudieron.
Otro de los motivos que asociaron al inicio de sus
consumos fue la curiosidad y la disponibilidad de la sustan-
cia en los barrios de origen. Tambin, sealaron el deseo
de experimentar qu provocara en ellos el PB/paco. Estos
relatos hablan de la relacin cercana que existe entre los
jvenes y la sustancia, que lejos de considerarla como un
fetiche (Touz, 2010), la describen como parte del paisa-
je barrial. En este sentido, no tiene una carga positiva o
negativa per se, sino que debe ser analizada a la luz de los
efectos nocivos que provoca en los individuos y en sus rela-
ciones. Los entrevistados reconocieron que el PB/paco es
mucho ms nocivo que otras sustancias, aunque refirieron
que lo importante es que se pueda entender por qu los
pibes tienen que recurrir al consumo para pasarla un poco
mejor.5 De esta manera, la sustancia se despoja del conteni-
do monstruoso y se la describe como un elemento presente
en el contexto, que merece ser discutido porque ayuda a
evidenciar situaciones conflictivas preexistentes como sole-
dad, desarraigo, desamor, desamparo.
2012;) A su vez, algunos autores hacen hincapi en que esta situacin es
similar en el AMBA (Folgar, 2006; Arizaga, 2007; Epele, 2010; Camarot-
ti, 2013).
5 Para ampliar consultar el trabajo de Camarotti y Gelman, (2013).
178 Individuacin y reconocimiento
Experiencias en el sistema de salud
durante el consumo
La mayora de los jvenes contaron que en algn momento
de sus perodos de consumo estuvieron en situacin de calle
y que sus recorridos por los servicios de salud fueron atra-
vesados por esta vivencia. Respecto a la concurrencia a los
hospitales podemos distinguir diferentes experiencias.
Los jvenes que nunca asistieron a los hospitales rela-
taron que evitaban ser atendidos porque les daba vergen-
za la situacin en la que se encontraban o porque saban
que no iban a ser atendidos, ya que en otros intentos de
asistencia el personal de seguridad los expuls. Tambin,
comentaron que algunos pares les recomendaron no asistir,
ya que haban tenido malas experiencias de atencin. Ade-
ms, expusieron que para ser atendidos primero los baa-
ban con mangueras porque estaban sucios. La estrategia
para matizar estos escenarios expulsivos fue intensificar el
consumo (Ramrez, 2015).
Las ideas de Ivan Illich (1975:1) ayudan a analizar ese
escenario, porque el autor sostiene que la medicina ins-
titucionalizada se transform en una gran amenaza para
la salud. El terico expuso las caractersticas de los trata-
mientos en la modernidad y sugiri que si bien se observa
alivio a la vez, este tipo de intervencin provoca perjui-
cios que derivan de relaciones poco equitativas entre los
profesionales y los tratados. Para referirse a esa asimetra
emple el trmino iatrogenia,6 que alude a los daos provo-
cados en el sujeto expuesto al contacto con los miembros
de las instituciones, y que derivan de la atencin (Garca
et al., 2005). En ese sentido, en algunos casos las acciones
llevadas a cabo por los responsables del tratamiento pueden
convertirse en adversas o contraproducentes para quienes
las reciben. Estas situaciones no siempre son producto de
6 El trmino "iatrogenia" proviene del griego iatros mdico y genus ori-
gen (Acosta Piedra y Piedra Herrara, 2011).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 179
formas de proceder inadecuadas, sino que forman parte de
prcticas que se incorporan a travs de la costumbre y se
institucionalizan, sin revisiones crticas. Este tipo de accio-
nar genera alteraciones psicolgicas dainas para el proce-
so de recuperacin, como inseguridad, ansiedad, depresin
(Vlez Correa, 2001), porque critican las creencias y se ata-
ca las conductas previas de las personas en tratamiento,
poniendo en duda sus cualidades tico-morales (Acosta Pie-
dra y Piedra Herrara, 2011).7
Otro de los obstculos expresados para relatar la rela-
cin con los equipos de salud fue el problema de comuni-
cacin que impidi decodificar el mensaje trasmitido por el
personal de salud. Al mismo tiempo, percibieron que con
el objetivo de realizar acciones tendientes a la mejora, los
profesionales les realizaron preguntas incmodas que, en
algunas ocasiones, ofendan a los jvenes.
El mdico me pregunt Cmo hacs para estar cerca de la
gente? Hace cunto que dejaste de baarte? Vos no te sents
el olor? Seguro que as nadie va a querer estar con vos. En ese
momento, sent tanta vergenza que si hubiera podido, me
hubiera ido (mujer, 18 aos).
La formulacin de interrogantes que podran lesionar
la integridad afectiva o emocional se convirti en una cons-
tante al igual que la emisin de frases desaprobatorias sobre
las acciones que los jvenes realizaron a lo largo de sus
vidas. De esta forma, quien pretenda ser atendido debi
superar por s solo todos los mensajes morales, en ocasiones
discriminatorios, presentes en la comunicacin en pos de
lograr alguna mejora en su salud.
Los jvenes que se acercaron a los hospitales por algu-
na golpiza, infeccin o situacin de emergencia realizaron
una distincin entre dos tipos de profesionales. Por un lado,
7 Hay un aspecto psicolgico de la iatrogenia que refiere al dao de la integri-
dad fsica, pero en este captulo slo se trabajar con los aspectos psicolgi-
cos.
180 Individuacin y reconocimiento
refirieron que existen quienes los atendieron bien e inten-
taron ayudarlos en la dolencia concreta, y les sugirieron
que se queden para ser tratados posteriormente. Por otro
lado, los que no quisieron brindarles atencin. Sin embargo,
destacaron que las situaciones de comprensin fueron las
menos frecuentes y que lo ms comn fueron las largas
esperas en los pasillos que terminaron con amenazas a los
profesionales para que los atiendan.
El mdico se hizo del que no me vio. Pasaba por al lado mo
y no me miraba. Entonces le dije: o me atends o me pego un
tiro. l llam a seguridad y me echaron del hospital. Cuando
sal me fui de gira (varn, 26 aos).
Durante las entrevistas, recordaron que las situaciones
de encuentro les provocaban vergenza y miedo. Por esa
razn, cuando se encontraban esperando y el efecto del PB/
paco haba desaparecido, se iban para evitar que la gen-
te los viera. Slo cuando el dolor se les haca insostenible
o estaban acompaados por algn par o familiar decidan
quedarse y esperar ser atendidos.
Cuando vos te rescatas y te das cuenta que sos el zombie al
que todos miran, penss: yo de ac me voy a la mierda. Por
eso siempre trataba de ir con hermanito [referente barrial]
(varn, 22 aos).
Estos fragmentos evidencian el recorrido que la mayo-
ra de los entrevistados vivieron cuando intentaron ser
atendidos. Las narraciones permiten derribar el mito que
sostiene que los usuarios de PB/paco no piden ayuda. Como
se analiza, los entrevistados buscaron ser atendidos, pero
pocas veces fueron escuchados. Sin embargo, dan cuenta
de la difcil tarea de los mdicos a la hora de afrontar la
tarea de atenderlos, porque consideraron que no se encon-
traban en condiciones aceptables. Estas reflexiones sobre
el rol de los profesionales surgen luego del tratamiento
de rehabilitacin, porque en ese proceso le fueron dando
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 181
sentido al rechazo de los profesionales. Las narraciones no
slo dan cuenta de la falta de preparacin, sino tambin de
la ausencia de protocolos, acuerdos, arreglos y normativas
institucionales existente en los hospitales para trabajar con
los usuarios de PB/paco.
Las mujeres, en general, concurrieron a los hospitales
con el fin nico de ser atendidas porque estaban embarazas
o iban a parir durante el perodo de consumo. Ellas conta-
ron, a diferencia de los relatos de los varones, que el trato
recibido fue cordial, aunque sintieron que las acciones de
los mdicos estaban relacionadas con la proteccin de la
vida del nio y no con manifestar algn inters en su salud.
Sin embargo, sealaron que para ser atendidas tuvieron que
esperar largas horas, debido a que los mdicos las dejaban
para el final porque, segn los especialistas, ellas necesita-
ban ms tiempo de atencin para explicarles las medidas
higinicas que deban tomar y porque aguardaban a que
estuvieran lcidas para que no se resistan a las prcticas que
se les iban a realizar. Sin embargo, todas acordaron en que
nadie les explic qu estudios les realizaran.
La situacin relatada por las jvenes, en lo que refiere
a las esperas, no parece diferenciarse demasiado con las
que atraviesan la mayora de las personas que acuden a los
hospitales o a las guardias. Lo que se modifica para esta
poblacin es la significacin que le otorgan al tiempo que
trascurre entre que llegan y las atienden. Generalmente,
todos los concurrentes a los hospitales o centros de aten-
cin esperan en pasillos que, habitualmente, son espacios
caracterizados por el desorden, pero en los que tambin se
producen interacciones entre los concurrentes a la consulta.
A pesar de la desorganizacin, tpica de las salas de espera,
la mayora de las personas aprovecha el tiempo de algu-
na manera. As, se utilizan estos momentos para conversar
con algn extrao, para jugar con los nios, para relajarse,
para hablar por telfono o como una excusa para salir del
hogar. As, este momento adquiere una dimensin social y
recreativa que forma parte del proceso de atencin (Auyero,
182 Individuacin y reconocimiento
2013). Pero, como se anticip anteriormente, al analizar
la situacin de las jvenes con consumos de PB/paco se
observa un rasgo distintivo. Para quienes asistieron bajo los
efectos de la sustancia el aguardar para ser asistidos result
expulsivo porque no lograron sentirse cmodas. Estas inco-
modidades pueden asociarse a que durante el tiempo que
permanecan en los pasillos sintieron miradas reprobatorias
de los otros concurrentes. As, rememoraron que en estos
momentos slo se agudiz la ansiedad que sentan y las
ganas de seguir consumiendo.
Yo me acuerdo que iba a los controles con Susana. Pero
no la miraba y no le hablaba porque no poda. Yo no quera
estar ah. El tiempo no pasaba ms. Todos me miraban y me
hacan sentir que me tena que ir. Molestaba. Si me sentaba
en una silla, haba dos vacas cerca mo. Todos pasaban y me
miraban. Era un bicho raro. Yo pensaba en irme para seguir
drogndome (mujer, 23 aos).
En estas ocasiones de espera, ellas fueron vctimas de
una segunda exclusin porque se ven involucradas en situa-
ciones en dnde sintieron el rechazo de manera directa
y por esa razn los deseos de consumo se intensificaron
(Mguez, 2007).
Todos los entrevistados que pasaron por las institu-
ciones hospitalarias, independientemente de sus situacio-
nes, remarcaron que el trato recibido dependa de la pre-
disposicin del mdico y de los profesionales de la salud
(Ulloa, 1995).
En cambio, en los centros de salud (Centros de Aten-
cin Primaria o Centros de Atencin Comunitaria8) las
experiencias fueron en general positivas. En estos espacios,
8 En los centros de atencin primaria se brindan los servicios y atencin de
salud bsica (clnica mdica, pediatra, vacunatorios y ginecologa son los
principales). Representan una versin reducida de los hospitales, ya que si
bien cuentan con elementos y recursos bsicos, no disponen de grandes tec-
nologas ni de espacios complejos. En la provincia de Buenos Aires se deno-
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 183
los profesionales fueron representados como sujetos ms
accesibles que los conocen y que los atienden sin precon-
ceptos, ya que estn al tanto del contexto del cual provienen,
de sus historias familiares y pueden comprenderlos mejor,
porque trabajan en mismo barrio. Estas relaciones de cerca-
na son positivamente valoradas y tratan de mantenerlas en
el tiempo porque, segn sus relatos, los ayudan a resolver
muchos problemas relacionados a su salud.
Los relatos sealan que los centros de atencin comu-
nitaria fueron mbitos claves a la hora de tomar la decisin
de recuperarse. Esta situacin se dio, fundamentalmente, en
el caso de las mujeres.
Cada vez que la nena se siente mal, voy a ver al Dr., tenga o
no tenga turno. Una vez fui y estaba para atrs. l se qued
conmigo como tres horas, me hablaba y me deca: vos te
tens que cuidar y tens que pedir ayuda. Yo estaba toda sucia
y golpeada. Me daba vergenza. Supongo que le daba asco,
pero l se qued conmigo y nunca me dijo nada. Ahora es el
nico al que le llevo a mi hija (mujer, 21 aos).
Esta relacin cercana entre mdicos y jvenes se desa-
rrollaba en el contexto del barrio y, en muchas ocasiones,
los propios profesionales fueron quienes los acercaron a los
tratamientos y los ayudaron a recuperar los documentos
o a conseguir las entrevistas para comenzar los recorridos
institucionales.
minan Centros de Atencin Primaria (CAPS) y estn distribuidos en diver-
sos municipios. En la CABA se denominan CeSAC (Centros de Salud y
Accin Comunitaria) y tambin estn dispersos por diversos barrios.
184 Individuacin y reconocimiento
Experiencias en tratamientos de recuperacin
En la mayora de los tratamientos de recuperacin y rein-
sercin se recurre para realizar el seguimiento personali-
zado de los ingresantes a quienes ya atravesaron el mismo
proceso. La tarea de responsabilizarse de los nuevos en la
mayora de las ocasiones constituye una parte importante
de la recuperacin, aunque estas prcticas llevan a que se
perciba a los profesionales como extraos, porque la rela-
cin se torna espordica y distante.
La entrevista de ingreso, es decir, el primer paso en el
tratamiento, es el momento de presencia de los profesio-
nales, por ese motivo relataron querer agradar, demostrar
buena predisposicin y docilidad con el fin de tener una
estada un poco ms placentera.
La experiencia de los jvenes sostiene que las entre-
vistas de admisin no siempre fueron realizadas en un
ambiente privado, ni que se utilizaron palabras que fueran
comprendidas fcilmente por ellos. Segn sus percepciones,
casi nadie intent establecer conexiones con sus estados
anmicos y emocionales porque consumieron una sustancia
que est desaprobada socialmente.
Ellos saben que vos sos de (pasta) base. Se dan cuenta porque
ests todo turulo. Saben que no entends una mierda. Vos
te tomaras el trabajo de perder el tiempo hablando con una
momia? Ellos piensan, si articulan dos palabras, no se mean
ni se cagan, que se queden. Ahora, si te haces el gallito, te
mandan a otro lado (varn, 23 aos).
La tensin comunicativa es una de las primeras en
manifestarse, aunque resulta central dar cuenta de que tam-
bin existen incomodidades y desconfianzas que se hacen
presentes en las interacciones y que permanecen durante
toda la estada, que son propiciadas por la escasez de con-
tacto entre jvenes y profesionales.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 185
Mir, yo s que ni la psicloga ni los operadores confiaban
en m al principio. Era obvio. Vos, por ser consumidor de
paco, sos lo ltimo de lo ltimo. Yo tambin me haca el
que confiaba, los meda. Si ellos me soltaban la soga, yo me
aflojaba. Pero era todo muy tirante al principio, entends?
(varn, 22 aos).
Los jvenes se relacionaron con el grupo de profesio-
nales responsables de un modo mediado. Los intermedia-
rios son sujetos en etapa avanzada de tratamiento y que se
encargan de transmitir el recorrido a los nuevos. De esta
forma, se produjeron relaciones distantes e impersonales.
Yo lo vea al psiclogo o a los directores una vez por semana
o dos, con suerte. Tampoco era que yo estaba mil puntos.
Estaba hecho mierda, en serio. Hablaba gangoso y el olor no
se me fue como hasta el mes. Si no hubiera sido por l (refiere
a su hermano mayor de la comunidad), no hubiera podido ni
chistar. l era mi traductor. Contaba todo lo que yo haca, lo
bueno y lo malo (varn, 27 aos).
Los jvenes tardaron varias semanas en entender las
dinmicas de las instituciones en las que estuvieron, debido
a que no recibieron explicaciones detalladas por parte de los
miembros responsables sobre las conductas necesarias para
desenvolverse en el lugar y sobre cmo afrontar las ruti-
nas. Pero al tiempo que enfatizaron esta situacin dieron
cuenta de que ellos tampoco llegaron en condiciones que les
permitieran comprender largas explicaciones sobre el fun-
cionamiento de los espacios porque, en general, ingresaron
sin poder articular palabras y fsicamente deteriorados. 9
9 Los entrevistados que participaron de esta investigacin realizaron entre 2 y
11 tratamientos, muchos culminaron varios intentos, aunque luego volvie-
ron a consumir y debieron volver a comenzar. La mayora pas por espacios
en los que refieren que no lograron adaptarse y que abandonaron posterior-
mente. Todos coincidieron, sin evaluar toda su trayectoria por las diferentes
instituciones, en que el ltimo espacio fue el que los alej, hasta el momento,
del consumo. Partir de una mirada que considere las experiencias de los
186 Individuacin y reconocimiento
Yo llegu, me fui a dormir y al otro da cuando me levant no
hice la cama. Al toque, plum te confronto por no haber hecho
la cama. No entenda nada el primer da. Nadie me explic
nada (varn, 29 aos).
Los momentos de confusin se agudizaron porque la
mayora relat que al momento de llegar estaban muy asus-
tados o traumados por haber recibido golpes durante las
giras.10
Cuando llegu al centro no me explicaron nada. Pero igual
no hubiera servido de nada porque no iba a entender. Yo
tena mucho miedo, ya me haba pasado de todo en la calle.
Buscaba estar tranquila. Si me decan parate de cabeza, yo lo
haca (mujer, 25 aos).
Con el tiempo, cuando sintieron la capacidad de com-
prender las reglas de los espacios, tampoco nadie se acerc
a explicarles el funcionamiento y las dinmicas. Debido a
esta situacin, ellos, en su mayora, fueron los encargados
de determinar si reunan las condiciones necesarias para
finalizar el tratamiento o no. Por eso cuando no lograron
encajar en los espacios porque no pudieron entender las
dinmicas, se fueron sin mediar palabra o emitir quejas.
Una de las frases que ms repitieron en las entrevistas fue
que las reglas estaban pensadas para quien no haba pasado
por situacin de calle o pasillo.
La mayora de los varones y las mujeres que consumie-
ron PB/paco y estuvieron en situacin de calle coincidieron
en identificar dificultades que obstaculizaron la continui-
dad del tratamiento: cumplir abruptamente con horarios,
enfrentar esquemas rgidos de trabajo o afrontar castigos
jvenes que intentaron recuperarse en varias ocasiones e instituciones ayu-
dar a entender por qu abandonaron los tratamientos y cules fueron los
principales obstculos que atravesaron hasta llegar a concluirlos.
10 Las giras refieren a momentos en los cuales el consumo se intensific tanto
que el joven pasa das consumiendo sin comer, sin dormir y sin higienizar-
se.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 187
fueron las situaciones ms recordadas a la hora de expli-
car las causas que provocaron el abandono del proceso de
recuperacin.
En general el comienzo de los tratamientos no recono-
ci las trayectorias previas ni las necesidades de una adapta-
cin progresiva, por el contrario, exigi que se adecuen en
tiempo rcord a una vida que haca tiempo que no tenan.
Los entrevistados recorrieron diversos espacios durante
aos, por lo tanto, sus experiencias de ingreso estuvieron
atravesadas por el pedido de proteccin de persona (a travs
del artculo 482 del Cdigo Civil, actualmente sustituido
por el artculo 43 de la Ley de Salud Mental).11 Adems, refi-
rieron que comenzaron las recuperaciones enojados y sin
motivaciones. Los jvenes aseguraron que slo al momento
de conocer las dinmicas de los espacios pudieron avanzar
en las fases de los tratamientos. As, dieron cuenta de que
son portadores de un saber hacer que slo se adquiere en
el transcurso de varios tratamientos. De esta manera, cada
intento de recuperacin no culminado aport informacin
valiosa para un nuevo comienzo.
Para entender lo que me pidieron yo conoc tres interna-
ciones. Ellos (se refiere a los integrantes de las instituciones)
te exigan, que dentro de tus posibilidades, no te la pases
larveando. Vos llegas y ya tens que demostrar inters. No
tens que dar trabajo. Pero tampoco te pods hacer el que te
las sabs todas. Hay que ser humilde y demostrar inters. As
te queds en todos lados (varn, 25 aos).
El ingreso a los tratamientos fue caracterizado como
problemtico y la permanencia como dificultosa. Una vez
que pasaron los primeros das o semanas, los obstculos
11 Segn este artculo, no se puede privar de la libertad a las personas que ten-
gan algn padecimiento mental o adicciones. Las circunstancias excepcio-
nales en donde se demuestre que haya riesgo para s o para terceros slo
podrn determinarse por medio de una comisin interdisciplinaria. Los jue-
ces debern trabajar de modo articulado con estos equipos y slo all se
podr disponer el traslado de los jvenes a algn espacio de tratamiento.
188 Individuacin y reconocimiento
comenzaron a visualizarse. La tranquilidad de la estada o
los sobresaltos dependieron, segn los relatos, de la capaci-
dad de hacerse un lugar en los establecimientos.
Una de las posibilidades que manifestaron para obtener
una parte del territorio dentro de los centros de recupe-
racin fue el trabajo. Por lo tanto, si ellos demostraban
tener algn talento para la cocina, el jardn o la albailera
podran avanzar mucho ms rpido en las fases del trata-
miento, porque expresaban el compromiso con el proceso
de recuperacin. Debido a que en la mayora de los lugares
existen estructuras jerrquicas, demostrar aptitudes de tra-
bajo fue un recurso bien recibido. Qu pasa si no hay talen-
tos preexistentes? En ese caso, se los designa como acompa-
antes de alguien que ya conoce la dinmica y se les asigna
una tarea especfica para que la aprendan. Muchos recorda-
ron que durante el perodo de recuperacin no se sintieron
cmodos por la rutina que deban desarrollar en algunos
lugares. Las exigencias de realizacin de tareas domsticas,
el trabajo excesivo, las ventas ambulantes y las campaas
preventivas con pedidos de dinero a voluntad fueron los
factores sealados que aceleraron el abandono.
En relacin a la rutina de realizacin de tareas doms-
ticas, muchos, que previamente estuvieron en situacin de
calle, no pudieron soportar los horarios estrictos. En este
sentido, si bien reconocieron que los centros son espacios
de reinsercin, la mayora destaca que las rutinas no son
progresivas, sino que se imponen al momento de la entrada.
Remarcaron que si hubieran contado con ms tiempo para
adaptarse, el proceso hubiera sido ms beneficioso.
Las situaciones expuestas dificultaron visiblemente las
posibilidades de sostener el tratamiento. Sin embargo, el
factor que se destac como ms significativo fue la situacin
de encierro. Algunos recordaron que el encierro les provo-
c ansiedad y la sensacin de estar presos y que sintieron la
necesidad de abandonar el espacio. En este punto, hay que
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 189
sealar que muchos estuvieron presos en algn momen-
to de su vida y rememorar esa situacin les dificult an
ms el tratamiento.
Finalmente, hay que destacar que en algunos centros,
segn los entrevistados, el personal a cargo favoreca en
el trato a algunos miembros en detrimento de otros. Las
estructuras jerrquicas de algunos espacios contribuy a
la existencia de situaciones de discriminacin, abusos de
autoridad por parte de algunos miembros de las institu-
ciones como los directores, profesionales, administrativos,
operadores socioteraputicos y terapeutas, o sujetos que
se encontraban realizando su tratamiento, pero que tienen
una trayectoria ms extensa dentro de la institucin. En los
espacios se asignan las posiciones de los miembros segn las
normas de comportamiento: obediencia, internalizacin de
las normas del lugar e higiene. Sin embargo, si los jvenes
no cumplen con las reglas pautadas, pueden ser castigados
o estigmatizados. De este modo, el trato con el equipo a
cargo depende de las simpatas o antipatas que se puedan
generar, tal y como suceda con los equipos profesionales
en los hospitales o centros de salud.
Los entrevistados refirieron que, en la mayora de los
espacios de tratamiento, tener buena relacin con los direc-
tores fue fundamental al momento de garantizar la estada,
porque de ellos depende el avance o el retroceso en el tra-
tamiento. Adems, manifestaron que reciban castigos, tales
como comer parados mirando a la pared, la quita de los
llamados a familiares o la restriccin de las visitas. Este tipo
de castigo, para quienes pudieron mantener el contacto con
sus seres ms prximos, result nocivo para la recupera-
cin. En general, por las distancias que existen entre el lugar
de residencia de la familia y los centros de rehabilitacin,
muchos parientes hacan esfuerzos para llegar a las visitas
y, cuando los jvenes estaban castigados, no podan verlos.
Estas situaciones tambin son recordadas como puntos de
inflexin en la decisin de recuperarse.
190 Individuacin y reconocimiento
Prcticas de buen trato
A partir del dato de que todos los entrevistados terminaron
el tratamiento, en este apartado se considerarn las valora-
ciones positivas que hicieron los jvenes sobre los espacios.
La mayora destac como favorables a los lugares que con-
taban con tratamientos psicolgicos frecuentes y de emer-
gencia, porque ellos sintieron que podran brindar asisten-
cia en caso de que pierdan la compostura producto de la
abstinencia. Pero para que un mbito fuera destacado tam-
bin deba contar con actividades de capacitacin y ldicas.
En el relato de los jvenes estas actividades estn en el mis-
mo nivel de importancia, porque al tiempo que consideran
que trabajar es imprescindible para la reinsercin tambin
lo es despejar la mente y descansar para sanar. Finalmente,
se valor la ayuda recibida al momento de realizar trmites
como, por ejemplo, la obtencin del documento nacional.
En estos espacios, segn los jvenes, los profesionales
establecieron vnculos con la familia, con el propio sujeto y
con otras instituciones de modo articulado o integral porque
las intervenciones se organizaban en torno a un dilogo
que identificaba y movilizaba los recursos necesarios para
tratar de prevenir y darle una solucin a las dificultades
de los jvenes. En este sentido, los lugares que facilitaron
la construccin conjunta de las interacciones individuales
y colectivas ayudaron a la compresin de las acciones con
el otro y a marcar el rumbo sobre lo que es bueno hacer.
As, se comparten significados y responsabilidades sobre las
decisiones tomadas.
Los espacios surgidos en los inicios del barrio son los
que destacaron como positivos, ya que all se sintieron con-
tenidos y pudieron confiar porque conocan a la mayora
de sus miembros. En general, en estos mbitos entendie-
ron que deban esperar un tiempo hasta que los jvenes se
sintieran cmodos. As, el desembarco se produjo a par-
tir de un convite que ellos podan aceptar o rechazar sin
mayores problemas.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 191
Primero me acercaban la comida con la camioneta y ah
me invitaban a ir al centro. Yo al principio no quera, pero
cuando me di cuenta de que poda ir a baarme y a dormir en
un silln, la idea me empez a dar vueltas por la cabeza. As
me acerqu. Siempre pensando que si no quera estar o si me
senta incmodo me poda ir (varn, 26 aos).
Otra de las caractersticas que resaltaron como positiva
fue el trabajo articulado con otras instituciones (escuelas,
centros de salud, hospitales, registros civiles, comedores,
paradores, talleres de oficios, clubes de ftbol y de boxeo)
porque les proporcionan los recursos necesarios para resol-
ver los problemas ms inmediatos, tales como la obtencin
de comida, un lugar para pasar la noche, el seguimiento de
un tratamiento crnico, la prdida del DNI, entre muchas
otras necesidades que se van presentando en la medida que
se sienten mejor.
Ellos te facilitan todo, tienen contactos con todos. Quers ir
a la escuela, te llevan, o te la traen al barrio, te sents mal, te
acompaan al hospital, no tens dnde quedarte y te consi-
guen una casa (varn, 30 aos).
Segn los relatos, estos lugares ofrecieron recursos que
pocas veces encontraron en otros contextos institucionales
como herramientas de proteccin ante la mirada descali-
ficadora de los otros. Se podra decir que la mejora que
implicaba abandonar o reducir el consumo de PB/paco lle-
ga de la mano del buen trato, de las charlas y del cuidado
entendido como el compromiso de realizar acciones para
lograr el alejamiento de las situaciones que provocaron la
necesidad de consumir. Para comprender mejor esta prc-
tica hay resaltar que requiere de un esfuerzo por parte de
los miembros de las instituciones y de los jvenes. Lograr
la empata, el inters y el trato amoroso ayuda a que se
puedan satisfacer las necesidades y las expectativas de los
jvenes. Demostrar preocupacin implica construir rela-
ciones centradas en el afecto y la ternura. Por medio de
192 Individuacin y reconocimiento
estas acciones se disminuyen las situaciones de abuso por-
que se busca interpretar las necesidades de quienes intentan
recuperarse y se van organizado cdigos comunicaciones
para la satisfaccin de las mismas desde el primer momen-
to (Ulloa, 1995).
Vos llegs al centro y el tipo de la puerta te saluda, te abraza.
Uno cuando llega cascoteado, lo primero que busca es una
razn para irse. Si te maltratan de entrada, sa es la excusa
perfecta (varn, 28 aos).
Cuando rememoraron su estada en los centros, recu-
peraron la figura de algn referente y el trato humano que
ste les proporcion en los momentos iniciales. Este actor
clave fue el encargado de incluir a quien se intentaba recu-
perar dentro de la institucin y de orientarlo durante toda
la estada. Por esa razn, es muy comn que lo denomi-
nen hermano. l fue el encargado, segn las narraciones,
de proporcionar las cuotas necesarias de ternura, entendida
como el buen trato, a las relaciones desde el primer instante
(Ulloa, 1995). Como su tarea consiste en ser el nexo entre
los responsables institucionales y los jvenes, tambin son
los encargados, fundamentalmente en las zonas ms vulne-
rabilizadas, de mantener, fomentar el contacto y de armar
las redes de contencin para el despus. De este modo, se
puede comprender mejor a los jvenes cuando cuentan que
por algn tiempo, una vez concluido el proceso, continua-
ban yendo a comer, a hacer una changa o comentar las
problemticas que les presentaba el afuera.
Para los referentes y para los jvenes es muy impor-
tante que el centro mantenga las puertas abiertas y conozca
el contexto. Segn los entrevistados, en los espacios ms
flexibles en donde primaba el trato humanizado, el saludo
y las redes de apoyo (laborales, sociales y culturales) que se
pueden armar en funcin de la recuperacin son los que
contribuyeron a que ellos alcancen la serenidad para afron-
tar el afuera y poder vivir all.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 193
Otra cuestin que destacaron de los espacios en donde
prima el buen trato es la divisin de las etapas de trabajo. Es
decir, primero se los ayud a reconocer el lugar y a lograr
el alivio del consumo intensivo. En esta etapa, el acompa-
amiento se daba casi a la distancia, porque slo coman
o dorman all. Otra etapa comprenda que, pasados unos
das de permanencia, se los invitaba, por ejemplo, a que
participen de alguna actividad.
El trato amoroso implica un trabajo sostenido en el
tiempo que debe considerar los altibajos de los jvenes
durante la recuperacin sin juzgarlos negativamente por
eso. Los enojos, las broncas y los aprendizajes son parte
constitutiva del cario. As, la organizacin cotidiana de
la vida requiere de medidas relacionadas al aseo, el modo
correcto de relacionarse con los dems (pedir permiso, dar
las gracias, usar el por favor) y el alejamiento de las prc-
ticas relacionadas a la violencia fsica y verbal.
Reflexiones finales
En este captulo se puso de relieve que las relaciones que
se establecen entre jvenes, servicios de salud y centros
de tratamiento son producto de prcticas que se encuen-
tran instauradas en la cotidianeidad de los profesionales. El
nmero creciente de tratamientos reiterados invita a ana-
lizar, con mayor profundidad, cules son los factores que
expulsan y cules son los que acercan. Pensar las relaciones
desde las experiencias, invita a problematizar las barreras
simblicas que existen tanto en los centros de salud como
en los espacios destinados a los tratamientos por consu-
mo de PB/paco.
La primera cuestin que habra que considerar es la
historia previa, las prcticas y la visin del mundo de los
sujetos. Comprender que los jvenes intentan su recupe-
racin varias veces podra ayudar a organizar el proceso
194 Individuacin y reconocimiento
de rehabilitacin de maneras distintas, ya que, como se
analiz al comienzo del trabajo, ellos cuentan con recorri-
dos institucionales previos porque el consumo se desarrolla
con pausas para lograr recuperarse. A la hora de pensar
la atencin en los hospitales es fundamental comprender
que los consumidores de este tipo de sustancia adquieren
hbitos que deben ser contemplados al momento de ocu-
parse de ellos.
En el trabajo se han enumerado las dificultades desta-
cadas por los jvenes para la culminacin de los tratamien-
tos. Los relatos tambin dejaron en claro que las institu-
ciones que presentan exigencias rgidas, falta de atencin
psicolgica, desconocimiento del contexto, expulsan rpi-
damente porque no pueden adaptarse a los requerimientos
para lograr continuidad del proceso. Este tipo de mbitos
obstaculiza el proceso de recuperacin porque exige mucho
en tiempos breves. Esta situacin pone de relieve las rela-
ciones realmente existentes en los centros de rehabilitacin
y tratamiento para los jvenes que deciden recuperarse del
consumo de PB/paco.
La creacin redes slidas y la continuidad del trata-
miento, en general, se vieron obstaculizados por la escasa
o nula informacin que recibieron los sujetos a la hora de
entrar a las instituciones. Si bien muchos expusieron que al
momento del ingreso no estaban en condiciones de com-
prender las explicaciones, con el correr de los das, en la
mayora de los casos, nadie se les acerc a explicarles cmo
funcionaran las cosas. En este sentido, la falta de aseso-
ramiento en el transcurso del tratamiento constituy un
obstculo para la adecuada realizacin del mismo.
La escasez de informacin sobre las expectativas y
sobre las tareas que se esperan que realicen en las institu-
ciones, lejos de ayudarlos a mejorar, les gener angustia y
miedo. Por lo tanto, sera esperable que, al momento de tra-
bajar con este tipo de poblaciones, la informacin se repita
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 195
en varias ocasiones y se los ayude a comprender qu es
lo que se espera de ellos y por qu las acciones solicitadas
redundarn en el bienestar futuro.
El uso del castigo y de frases hirientes gener relacio-
nes de violencia en las instituciones. No hay que perder de
vista que las personas consumidoras de PB/paco provienen
de poblaciones vulnerabilizadas y que en un gran nmero
han pasado por experiencias de encierro, tales como insti-
tutos de menores o la crcel. Por lo tanto, replicar este tipo
de modelo para los tratamientos lleva al alejamiento y a la
prdida de oportunidades.
Los jvenes debieron incorporar las reglas del lugar de
manera progresiva, realizando un esfuerzo para adaptarse
y mantener la decisin que han tomado. En este sentido,
emerge la necesidad de tener en cuenta las diferentes cro-
nologas de los sujetos, para considerar que existen diversos
tiempos de recuperacin y que algunos quiz nunca dejen
de consumir. Por lo tanto, para abordar el tratamiento ser
necesario pensar en esquemas que reduzcan el consumo de
manera progresiva, y de esa manera aprovechar las oportu-
nidades y los recursos sociosanitarios disponibles.
En los espacios donde hubo buen trato y se mostraron
sensibles a las necesidades comunitarias, los entrevistados
se sintieron comprendidos y contenidos. Por esta razn,
segn ellos, son los ms propicios para realizar su recu-
peracin. Adems, apreciaron los cuidados, porque el trato
recibido fue humano y contaron con atencin psicolgica
frecuente. Otra cuestin que caracteriz a estas institucio-
nes es la ayuda recibida durante el proceso de realizacin
trmites. La mayora de estos elementos, segn los jvenes,
facilitaron los vnculos posteriores con la institucin y los
ayudaron a sentirse protegidos y queridos.
A pesar de la sancin de la Ley de Salud Mental,
muchos de los dispositivos que atienden el consumo de dro-
gas, en general y particularmente de PB/paco, siguen utili-
zando la reclusin y el aislamiento para reinsertar social-
mente a los jvenes. Los resultados de este estudio invitan
196 Individuacin y reconocimiento
a problematizar estas prcticas en pos de la construccin
de espacios que respeten la historia y el contexto. Al mismo
tiempo, resulta imprescindible que los hospitales y los cen-
tros de salud trabajen de modo articulado para aprovechar
la instancia de concurrencia de los sujetos en situacin de
calle y bajo los efectos del PB/paco.
Otra cuestin que resulta importante destacar es que
los usuarios de PB/paco encuentran puntos de inflexin
que los impulsan a pedir ayuda. Tambin, se concluye que
debe problematizarse la afirmacin que sostiene que los
usuarios de PB/paco no toman ningn tipo de recaudo a
la hora de consumir, ya que, por el contrario, el anlisis
demuestra que en muchas ocasiones los usuarios son los
que generan estrategias de autocuidado y prevencin.
La temtica debe abordarse desde un contexto que pro-
picie el cuidado y desde una perspectiva integral para apro-
vechar las oportunidades en las que los jvenes piden ayuda.
Del anlisis de las experiencias de los jvenes surge
que los centros de tratamiento, generalmente, no estn pre-
parados para contemplar las necesidades especficas de los
usuarios de PB/paco. Por esta razn, quienes lograron asis-
tir a estos espacios no pudieron mantener un tratamien-
to de modo sostenido en el tiempo, al menos durante los
primeros intentos. En este sentido, la reduccin de daos
se convierte en una estrategia fundamental para lograr el
acercamiento a los usuarios de PB/paco, porque en estas
poblaciones es muy complejo lograr la abstinencia total. Por
lo tanto, reducir las exigencias (tales como la abstencin
inmediata) en los tratamientos para los usuarios de PB/
paco ser fundamental a la hora de obtener tratamientos
beneficiosos.
Resulta fundamental un abordaje integral que contem-
ple accin de los equipos de trabajo y que, al mismo tiem-
po, pueda romper los esquemas tradicionales que sostienen
imposibilidad de trabajar con estas poblaciones o la reco-
mendacin de encierros.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 197
Anexo: Perfil de los jvenes entrevistados
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Caer detenido: vulnerabilidades
punitivas y trayectorias penalizadas
NATALIA LAURA GONZLEZ Y PAULA ANDREA TRILLO
Introduccin
En este captulo nos proponemos estudiar trayectorias
penalizadas que atraviesan algunos jvenes1 en barrios
marginalizados del rea Metropolitana de Buenos Aires
(AMBA). Para ello, analizamos las relaciones entre las tra-
yectorias individuales penalizadas, los contextos socioinstitu-
cionales barriales marginalizados y los vnculos e interac-
ciones que establecen los jvenes que atravesaron expe-
riencias punitivas.
Existen en Argentina numerosos estudios (CELS, 2003;
Garca, Vilanova, Del Castillo y Malagutti, 2007; Guemu-
reman et. al., 2010; Corda, 2011; Daroqui y Lpez, 2012;
CELIV, 2014) que dan cuenta de los factores estructura-
les que hacen a las experiencias punitivas de la poblacin
en barrios populares y en crceles. Si bien tomamos estas
investigaciones en calidad de antecedentes, el presente tra-
bajo se interesa en analizar los modos singulares en que
estos procesos se dan y participan de la constitucin sub-
jetiva de los jvenes.
1 En investigaciones posteriores se tratar de indagar las heterogeneidades
que la dimensin de gnero plantea para las experiencias que aqu nos
interesan.
203
204 Individuacin y reconocimiento
De este modo, nos centramos en analizar procesos
de vulnerabilidad punitiva, atendiendo a las regularidades y
heterogeneidades que emergen de los relatos y a las sig-
nificaciones de los jvenes acerca de sus vivencias. Des-
de nuestra perspectiva, si bien los elementos estructurales
presentes en un contexto social son importantes para los
procesos de individuacin y constitucin de subjetividades,
las experiencias vitales remiten al mismo tiempo a dimen-
siones individuales y singulares. En otras palabras: no todos
los individuos atraviesan las pruebas sociales de la misma
forma y stas no se asocian de manera directa y homognea
a las identidades.2
Estos propsitos nos llevan a seleccionar el enfoque
biogrfico como mtodo de anlisis e interpretacin. Mer-
ced a una sucesin de entrevistas, elaboramos junto con
los entrevistados relatos que dan cuenta de las significa-
ciones que los individuos otorgan a sus propias trayecto-
rias y de los acontecimientos que resultan ms relevantes
para sus vidas.
En una etapa posterior, nos acercamos a una ins-
titucin en la que reciben tratamiento por consumo de
sustancias por indicacin judicial personas en situacin
de libertad condicional o asistida. Realizamos entrevistas
semidirigidas en las que se solicit a los participantes que
comentaran lo que quisieran de su experiencia de libertad
condicional y la compararan con su vida antes del encierro.
El curso mismo de la investigacin nos ha mostrado
la pertinencia de los lineamientos de la teora fundamen-
tada. La correspondencia y constante comparacin entre
teora y datos nos ha llevado a revisar y a reformular nues-
tros conocimientos y categoras previas. Las entrevistas se
constituyen como una fuente original de nuevas y tiles
2 Entendemos identidad como aquello que, por un lado, asegura la permanen-
cia de un individuo en el tiempo y, por otro lado, reenva a un conjunto de
perfiles sociales y culturales, histricamente cambiantes, propios de un
colectivo social (Martuccelli, 2006: 47).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 205
proposiciones y conceptualizaciones para pensar la reali-
dad. De esta manera, a partir de nuestro anlisis del corpus
construimos una serie de proposiciones emergentes a travs
de las cuales intentamos vislumbrar las trayectorias, vncu-
los y contextos que hacen a lo que hemos dado en llamar
vulnerabilidades punitivas.
Para la construccin de este analizador emprico par-
timos del concepto de vulnerabilidades,3 entendidas como
procesos sociales e individuales, considerando las interseccio-
nes entre trayectorias individuales, vnculos e interacciones
y contextos socioinstitucionales. En este caso, desde estas
tres dimensiones fundamentales se erige una lnea de base a
partir de la cual muchas veces se forja una cadena punitiva,
caracterizada por distintos niveles de sujecin. En ella, lo
policial, lo judicial y lo custodial suponen una acumula-
cin de coacciones punitivas por las cuales un individuo
generalmente joven y proveniente de barrios populares
es construido como delincuente (Daroqui y Lpez, 2012).
Al referirnos a vulnerabilidades punitivas aludimos
entonces a procesos que vinculan tres elementos:
las trayectorias individuales penalizadas;
los vnculos e interacciones con personas significativas,
afectos y sociabilidades;
los contextos socioinstitucionales en barrios margina-
lizados y en unidades penales.
Nuestras decisiones metodolgicas apuntan a sostener
una tica del reconocimiento del otro como piedra angular en
la investigacin social. Se trata de una propuesta que busca
la comprensin de los individuos procurando no reducir
sus particularidades; no subsumir, absorber o neutralizar
las subjetividades.
3 Este concepto y sus dimensiones son presentados en la Introduccin del
presente libro.
206 Individuacin y reconocimiento
El captulo est organizado alrededor de cuatro propo-
siciones emergentes construidas a partir de las entrevistas,
relatos y participaciones de los jvenes en grupo focal: a)
estar en la mira de la polica; b) perder la libertad; c) libertad
condicional como una libertad a medias; y d) no preguntan por
m. La herramienta conceptual propuesta para el anlisis
es, centralmente, la categora de vulnerabilidades punitivas.
sta nos permite articular las experiencias penales con los
procesos de individuacin de los jvenes, a partir de las
reflexiones que hacen los entrevistados acerca de dichos
procesos. Por ltimo, desarrollaremos algunas reflexiones
acerca del trabajo que pudimos realizar e intentaremos
plantear posibles interrogantes y lneas de investigacin
para trabajos futuros.
Estar en la mira de la polica
Los jvenes describen como violentas a las relaciones que
la polica establece con ellos en el contexto de sus barrios,
dado el ejercicio de la fuerza no siempre legtima lle-
vado a cabo por sta ltima. Consideramos aqu que las
violencias son fenmenos histricos, sociales, culturales y
psicolgicos de carcter mltiple y plural, a travs de los
cuales individuos, grupos y/o instituciones se orientan a
reducir a determinados seres humanos a la condicin de
objetos (Di Leo, 2013).
Es posible estudiar estos fenmenos en tres dimen-
siones fundamentales: estructural, institucional y situacional
(Duarte Quapper, 2005). En sus aspectos estructurales, las
violencias refieren a las lgicas de dominacin y a una tra-
ma de factores polticos, cuya jerarquizacin impide que
algunos individuos sean concebidos como sujetos de dere-
cho. Desde su faz institucional, remiten a los modos en
que determinadas organizaciones de la sociedad ejercen
control sobre la poblacin, afectando sus posibilidades de
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 207
despliegue y crecimiento, con el propsito de mantener una
estructura de dominacin. Estos aspectos de las violencias
se puntualizan en situaciones especficas y cotidianas en las
que se vuelven efectivamente observables.
Estas dimensiones de las violencias pueden ser rpi-
damente advertidas en los relatos de los entrevistados. En
numerosas ocasiones, los jvenes ingresan al sistema penal
por intervencin policial a partir de tenencia de drogas
ilegalizadas y desde ese mismo momento se manifiesta un
vnculo de tensin con la polica. Los agentes de las fuer-
zas de seguridad son concebidos por nuestros entrevistados
como fuentes de amenazas, porque son vistos como deten-
tadores de un poder que tiene la capacidad de ponerles
algo4 (Corda, 2011; CELIV, 2014).
Se sigue entonces que la interaccin de estos jvenes
con las fuerzas policiales se encuentra mayormente tei-
da de una sensacin de peligro constante. Desde nuestra
mirada esta sensibilidad expresa una marcada diferencia-
cin en la distribucin del poder social. A travs de diversas
acciones cotidianas, estos funcionarios con gran poder de
nominacin parecen capaces de reducir5 a los jvenes y
mantener al mismo tiempo la estructura de dominacin que
les da legitimidad.
Porque si nosotros queremos, te podemos sacar un par de
cosas del bolsillo, ahora, o si queremos, te podemos llevar, me
dice. Y por qu me vas a llevar?; y, porque tenemos ganas.
Y no me contestes porque te cago a palos, ac delante de toda
la gente' (Charly, 26).
4 Trmino nativo que implica adjudicar la tenencia o posesin de drogas dan-
do falso testimonio.
5 Trmino propio de la jerga policial para referirse al control fsico de una
persona.
208 Individuacin y reconocimiento
Charly ilustra en su relato un poder policial que no
da razones, que no dialoga, sino que simplemente pretende
tomarlo por la fuerza y llevarlo de un lugar a otro. Todo
abuso de poder es repudiable, pero lo es an ms cuanto
mayor es el desbalance de fuerzas.
Algunos contextos de mayor vulnerabilidad compleji-
zan las situaciones y propician una intensificacin de las
tensiones y violencias. Aquellos individuos que se encuen-
tran en una situacin de libertad condicional o asistida o
tienen antecedentes penales, experimentan un estado de
mayor fragilidad ante la polica. La marca de la trayecto-
ria penalizada resulta un riesgo directo para la precaria
libertad recuperada. Estos jvenes se sienten constante-
mente bajo la mirada vigilante y persecutoria de la polica,
calculando cada movimiento que hacen frente a los fun-
cionarios porque sienten que cualquiera de ellos puede ser
un paso en falso:
Si me paran, yo te digo la verdad, depende la zona en que
est, le digo que tengo antecedentes. A veces ando por Cons-
titucin, ah te piden documentos, capaz que hubo algo, un
robo caliente y te quieren meter []. No, no tengo documen-
tos y te mandan a la comisara a investigar. Capaz que le
digo mi nombre y apellido y lo dicen por radio: S, estuvo
tal y tal tiempo. Hasta cualquier cosa y quin va a saber. Y
que digan Vos qu robaste?, ni un juez te cree, ni un juez
[]. Un polica que te tenga bronca, que suponete que sabe
que vos fums porro, o algo, si l te ve siempre y cada vez que
te engancha, nunca te encuentra con un porro para llevarte a
la comisara. Sabe que vos tens antecedentes y un momento
a otro te van a poner una moto robada. Los policas son lo
peor que hay. La polica igual, si vos tens documento igual:
Qu hacs por ac? Qu es esto? Son como que quieren
que s o s te equivoques. Viste cuando te estn preguntando
algo y te lo preguntan de mil maneras como para que te
confundas ( Jonathan, 22).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 209
Tener antecedentes significa, para Jonathan y para
Juan, vivir en permanente exposicin. Estos jvenes que
sienten una constante arbitrariedad; el maltrato policial; las
detenciones inmotivadas y las causas inventadas. Desde sus
miradas, cada encuentro con la polica puede terminar en la
prdida de su siempre endeble libertad:
Antes nosotros nos pelebamos, eso terminaba, no s, en
algn incidente grave, ms das en cana. Porque ni siquiera
era que te juzgaban como tena que ser: Ah, sos canchero?
Ahora te queds dos semanas ms. Y era la ley la impunidad
absoluta y absurda de la polica local y, terrible, pero siempre
ca de menor hasta los 18 aos. Estuve en el Doque, que sa
es una comisara de menor, que es la segunda de Avellaneda
y ah s era otro mambo, aparte de todos los berretines de los
pendejos, me acuerdo que haba cado la ltima vez, ya con 17
para cumplir 18, y que era muy conocido, me haba choreado
un coche y lo haba hecho hasta de canchero, porque saba
que la polica me iba a correr (Gonzalo, 25).
Gonzalo identifica no slo la pertenencia barrial, sino
la edad como factores importantes a la hora de ser objeto de
estas violencias. Segn el informe del Centro de Estudios
Legales y Sociales (CELS, 2013), sin importar las mltiples
normas que lo prohben de manera expresa, existen en la
Provincia de Buenos Aires personas menores de 18 aos
de edad privadas de su libertad en distintas dependencias
policiales.
Durante el ao 2001, segn datos del Ministerio de
Seguridad, se detuvieron 14.839 nios, nias u adolescentes
por motivos vinculados con conflictos con leyes penales.
No existe informacin exacta sobre la cantidad de jvenes
que permanecen detenidos en dependencias policiales, slo
existe informacin sobre aqullos que fueron alojados en
las comisaras del menor. Durante el ao 2001, el nmero
de jvenes alojados en estas dependencias alcanz un pro-
medio diario de 100. Sobre el total de nios, nias y adoles-
centes que se encuentran institucionalizados, se calcula que
210 Individuacin y reconocimiento
el mayor nmero lo est por causas asistenciales 81,92%
del total. Al mismo tiempo, existe un importante nmero
de nios y adolescentes privados de libertad por motivos
penales, sobre quienes el Consejo Provincial del Menor no
informa el delito que se les imputa 12,8% de la mues-
tra. El intervalo de edad que concentra mayor cantidad
de privaciones de libertad es el comprendido entre los 15
y los 18 aos, que concentra el 35,59% de las internacio-
nes (CELS, 2013).
Todo este panorama se encuentra invisibilizado, ya
que gran parte de los operadores del sistema de menores
slo registra a los nios encarcelados en las dependencias
policiales denominadas Comisaras del Menor.6 La falta de
registro de muchas de estas detenciones se debe a que los
operadores les asignan a estas acciones un carcter pro-
tector. De este modo, se invierten los preceptos legales y
donde las leyes sealan privacin, se interpreta beneficio; y
donde las normas internacionales establecen que la priva-
cin de libertad debe ser excepcional, sta se aplica de modo
generalizado (CELS, 2013).
De acuerdo con diversos estudios, los controles y suje-
ciones con mayor carga de hostigamiento, violencia y humi-
llacin se producen en vnculos que las fuerzas policiales
establecen con poblacin joven y humilde que consume
drogas o proviene de barrios marginalizados. Ellos consti-
tuyen el principal destinatario de la mirada policial que los
acecha desde la infancia y se intensifica en la adolescencia
(CELS, 2013; Kessler y Dimarco, 2013; CELIV, 2014).
Las trayectorias de consumos de drogas ilegalizadas y
ciertos contextos socioespaciales emergen como dos facto-
res importantes que contribuyen a los procesos de vulne-
rabilidad punitiva de los jvenes (Corda, 2011; Kessler y
Dimarco, 2013). La estigmatizacin que recae sobre ciertos
6 Este nombre en particular es el que recibe la delegacin policial de cada
jurisdiccin departamental cuyas celdas deben estar exclusivamente acondi-
cionadas para la reclusin de nias y nios.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 211
consumos y sobre determinados barrios y espacios urbanos
pareciera habilitar o legitimar en el sentido comn prc-
ticas policiales que aparecen como inaceptables para otros
mbitos socioterritoriales. Creemos posible que a partir de
la identificacin en el imaginario social7 de ciertas prcticas
y enclaves urbanos como negativos o peligrosos, resultan
marcados los individuos que las ejercen y habitan:
S, y nos enganchan antes de cruzar la va. Hay una va que
es la frontera, que divide adelante y el fondo, nosotros somos
del fondo y el centro de Fiorito es adelante. La gente es lo
mismo, nada ms que viven adelante y ellos se creen que son
de clase media. Y hay un problema de lucha de clases, jaja, es
un chiste, pero creo que es un poquito en serio y nos para la
polica justo antes de cruzar y lo que flashe fue: voy a caer
en cana por algo que no hice. Ya est, voy al penal y toda la
vida en comisaria de menores. Y 18 aos ya significaba penal.
Iba a morir en cana, hoy entendiendo que no hay guita, que
no pods arreglar, nada (Gonzalo, 25).
Gonzalo seala una frontera dbilmente marcada por
la va del tren, pero simblicamente reforzada. l, como
parte de los del fondo, es visto como peligroso por per-
tenecer al sector ms desfavorecido socioeconmicamente
del barrio, como un otro intimidante. Las significaciones
a las que antes remitamos, que asocian esos espacios con
miedos y sospechas, contribuyen as a reforzar las formas
de violencia policial en esas zonas porque cuentan con una
suerte de legitimidad social (Kessler y Dimarco, 2013).
Por supuesto que, a pesar de que estas prcticas de
violencia institucional se orientan a reducir a los jvenes
a la condicin de objetos, los sujetos que resultan vctimas
de las mismas pueden responder o tomar posicin fren-
te a ello de diversas maneras que van desde la aceptacin
7 Afirma Cornelius Castoriadis (1997: 158-159) que toda sociedad crea su
propio mundo de significaciones. stas estructuran las representaciones del
mundo en general, designan las finalidades de las acciones, imponen legiti-
midad y establecen los tipos de afecto caractersticos de una sociedad.
212 Individuacin y reconocimiento
hasta el desafo de las mismas o bien su rechazo. Para ello,
algunos recurren a un variado abanico de recursos, tcti-
cas, respuestas o alternativas que funcionan en calidad de
soportes a partir de los cuales se afirman como individuos a
ser reconocidos y respetados.
Estos soportes son una serie de elementos de infraes-
tructura individual sumamente plural factores socioeco-
nmicos; socioculturales; privados o ntimos; simblicos o
materiales; entre otros que permiten que los individuos se
erijan en el mundo de las formas ms variadas posibles:
[] estuvimos ah laburando, tuvimos que imponernos con
fuerza, con vida, con herramientas, con todo lo que tena-
mos a nuestro alcance para que ese lugar se respete, por-
que esa pelea era contra la polica tambin. Pero haba que
utilizar diplomacia, organizacin, fue una pelea donde me
cost mucho y no s hasta dnde est resuelto, hoy mucho lo
resuelvo con poltica (Gonzalo, 25).
Gonzalo sostiene que, con sus pares, tuvo que poner
en juego toda una serie de recursos para generar un espacio
alejado de la violencia ejercida por la polica; en el cual
afirmarse y emerger como sujetos frente a esas violencias.
En este territorio estigmatizado, las negociaciones a las que
nuestro entrevistado refiere pueden pensarse como meca-
nismos y estrategias de resolucin de cuestiones sociales de
quienes se encuentran en las intersecciones de las violencias
estructurales, institucionales y situacionales.
Gonzalo y sus compaeros participan as de manera
activa en la resolucin de sus propios problemas, procuran-
do realizarse a s mismo[s] en el seno de una variedad de mbitos
micro-morales o comunidades (Rose, 1997: 37). Se trata del
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 213
despliegue de diferentes herramientas, con distintos niveles
de legitimidad, que buscan superar las condiciones de una
democracia sin ciudadana.8
Ms all de caracterizar el accionar policial ilegal y
violento en trminos estructurales, institucionales y situa-
cionales, nos interesa destacar la mirada reflexiva y crtica
que los entrevistados muestran ante estas circunstancias. Si
bien este tipo de encuentros y sus tensiones son parte de la
vida cotidiana de estos jvenes, stos aprenden a cuestio-
narlos y enfrentrseles.
Por un lado, en el caso de Charly el accionar policial
se ve cuestionado ms all de su carcter asimtrico y esta
revisin da lugar a la intervencin de una red de apoyo
ligada al club en el que su hermano juega al ftbol de mane-
ra profesional. Jonathan, por otro lado, prefiere manifestar
que tiene antecedentes penales para que lo lleven directa-
mente a la comisara y no llevar el documento cuando cir-
cula por determinado barrio, para evitar que lo involucren
en robos o causas armadas.
Segn nuestras observaciones, algunos jvenes entien-
den estas situaciones de violencia donde se actualizan las
violencias estructurales e institucionales como injustas y
son capaces no slo de denunciarlas, sino de describir de
manera detallada el modo en que de acuerdo con su pers-
pectiva operan:
A m me agarraron y me queran hacer firmar un montn
de papeles: No, no voy a firmar, bueno, de ac no sals, yo
lo firmo pero tengo que leerlo primero. Si yo no saba leer o
8 [] Pese a que las garantas fundamentales se encuentran bien definidas en
la mayora de las constituciones democrticas, el ejercicio de una ciudadana
plena es prcticamente inexistente para la mayora de la poblacin. Estas
sociedades, basadas en la exclusin en trminos de derechos civiles y socia-
les, podran ser consideradas democracias sin ciudadana (Pinheiro,
2002: 16).
214 Individuacin y reconocimiento
entender o lo que deca, and a saber lo que me hacan firmar.
La polica te puede inventar cualquier cosa y despus no sals
ms, fijate el caso Carreras (Claudio, 22).
En el caso de Claudio, saber leer, conocer y manejar
en cierta medida la terminologa que suele ser muy tcnica,
da lugar a alguna forma de resistencia ante el embate de la
polica. En su propio relato se evidencia que no hay opcin:
si no firma los documentos no sale. A pesar de ello, ser
consciente de lo que est firmando aparece como un bastin
de s mismo: un modo de escapar a la violencia que busca
reducirlo o neutralizarlo.
En consonancia con lo mencionado anteriormente,
Juana interpreta estas violencias como modalidades de con-
trol y estigmatizacin social de las barriadas populares:
Es como que te pons a pensar que esto a los nicos que
beneficia es a la gente de afuera, porque vos te queds en
tu casa, tens miedo de salir de tu propia casa, porque se
estn cagando a los tiros constantemente y entonces no sals a
ningn lado En un sentido como, a ver, como un medio de
control, no?, como te deca la otra vez, falta un shopping, un
supermercado y ponen un alambrado y listo, qudense ac.
Y a lo mejor no pasa eso, pero pasan estas cosas. Y sali, por
ejemplo, en el diario Crnica, que no lo puedo conseguir, del
da martes o mircoles, sali un artculo con la muerte de este
chico, diciendo que l pas por ah y se qued en un tiroteo
de bandas de la villa ( Juana, 20).
Juana evidencia en su relato la operatoria de liberacin
de zonas por parte de la polica y la reproduccin de dis-
cursos sobre la supuesta peligrosidad en estos territorios
por parte de los medios de comunicacin. Las zonas pobres
de la ciudad de Buenos Aires y los partidos del Conur-
bano han sido histricamente mbitos diferenciados de las
polticas de seguridad y de las prcticas policiales. Tradi-
cionalmente, los modos en que las policas se relacionan
con los vecinos de estos barrios y con estos territorios han
implicado prcticas abusivas, tanto en el trato cotidiano
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 215
como en los grandes operativos, y tambin por medio de
la falta de respuesta frente a las denuncias o los pedidos de
ayuda (CELS, 2013).
Pedro, por su parte, lo refleja mediante el binomio
inclusin/exclusin. Desde su perspectiva, los habitantes de
zonas marginalizadas estn fuera de la sociedad slo por
habitar esos espacios:
[] ah no hay inclusin social, hay expulsin social, a la
gente de la villa los expulsan de la sociedad porque viven en
una villa, no tiene sentido (Pedro, 20).
Observamos que a pesar de que la violencia institucio-
nal se encuentra muy instalada en estos territorios y que
los jvenes conviven a diario con esta situacin tanto en
los barrios como en las unidades penales, este hecho no
impide que muchos de ellos la reconozcan e identifiquen
como ilegtima y busquen modos de resistirla o de desafiar-
la. Las experiencias de nuestros entrevistados nos reenvan
desde lo estructural a lo individual y nos muestran de este
modo que las pruebas que les impone la sociedad no son
atravesadas de igual modo por todos ellos ni los determinan
de manera inevitable.
La violencia instalada barrial o socioterritorialmente
se desarrolla tambin en el espacio del encierro, pudiendo
ser entendida la crcel como un territorio de relegacin
urbana ms (Auyero y Berti, 2013). Si consideramos que
las poblaciones que pueblan los penales son en su mayo-
ra varones jvenes provenientes de las barriadas populares
que describamos, o bien, de asentamientos precarios no
urbanizados sin acceso a los servicios bsicos y con difi-
cultades en la concrecin de derechos humanos y sociales,
podemos encontrar un correlato con las condiciones de
vida de sus habitantes fuera y dentro de las unidades carce-
larias del pas (CELS, 2013; CELIV, 2014). Es decir, muchos
de los jvenes que no encuentran condiciones de acceso a
servicios bsicos, hacinamiento y violencia de las fuerzas de
216 Individuacin y reconocimiento
seguridad en el trato cotidiano en sus barrios encuentran
condiciones similares de hacinamiento, violencia del servi-
cio penitenciario, y dificultades en el acceso a servicios y
derechos bsicos durante el encierro.
De acuerdo con los relatos de los jvenes y con varia-
dos estudios sobre el tema (MECyT, 2004; Garca, Vilano-
va, Del Castillo y Malagutti, 2007; Daroqui y Lpez, 2012;
CELS, 2013; Kessler y Dimarco, 2013), podemos sostener
que el sistema penal reproduce condiciones de exclusin y
marginacin por el tipo de dispositivo que pone en juego.
Entendemos aqu que el hecho de que se trate de las
mismas poblaciones no significa de manera necesaria que
sean exclusivamente stas las que delincan; sino que es posi-
ble que sean estos sectores sociales a los que se castiga,
o bien, a los que se considera socialmente como crimi-
nales. Finalmente, encontramos cierta correlacin entre la
estigmatizacin de las poblaciones que habitan territorios
de relegacin urbana y el accionar policial en esos mis-
mos mbitos.
Perder la libertad
A partir del anlisis de los relatos biogrficos y de las
entrevistas en profundidad de jvenes de barriadas popu-
lares encontramos numerosas referencias a las marcas que
la situacin de privacin de la libertad deja en sus trayec-
torias vitales. Charly identifica esta experiencia como lo
peor que le sucedi en su vida, como una vivencia casi
imposible de relatar:
Estar privado de mi libertad fue lo peor que me pas en
mi vida, lejos. [] Y a pesar de que yo, por el tema de junta
o del ambiente donde estaba, saba, ms o menos, lo que era
ese ambiente, pero una cosa es saberlo, que te cuenten y otra
cosa es vivirlo. La libertad no la valors hasta que no te la
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 217
privan. Lo que ms me cambi la vida fue estar privado de mi
libertad tantos aos. Yo pienso que hasta el ltimo da de mi
vida lo voy a recordar porque fue lo peor (Charly, 26).
Charly expresa que el impacto de la privacin de la
libertad es una marca que va a arrastrar a lo largo de toda
su trayectoria vital. En otros casos aparece como una viven-
cia que queda del lado de lo que debe ser negado u ocultado
para lograr esquivar el estigma social:
Vos cul fue tu ltimo trabajo? Me dice. [] Trabajaba en
una fbrica de cemento. Ah, me dijo, adnde? En Rawson,
le digo. Ah, y por qu te echaron?, No, lo que pasa es que
tuve que venir ac, vine para ac, por eso dej el trabajo. Y s,
qu le voy a decir? Que estuve [preso]? Imaginate que ni
as me llamaron, imaginate si le deca eso (Martn, 28).
Martn narra una vivencia que atraviesa durante un
proceso de seleccin laboral: al referir a sus antecedentes de
trabajo por temor a ser rechazado evita deliberadamente
sealar que ese aprendizaje ha sido logrado en un contex-
to de privacin de la libertad. Mariano relata tambin las
dificultades que encuentra para conservar un puesto laboral
cuando se hace pblico su paso por el sistema penal: Yo
perd mi trabajo por tener antecedentes []. Recin haba
empezado, no estuve ni dos meses creo [] (Mariano, 27).
En todos estos relatos observamos cmo los entrevis-
tados sienten que tienen que desplegar una serie de estra-
tegias que niegan parte de sus trayectorias vitales, con la
finalidad de construir as vnculos sociales de nueva ndole.
De acuerdo con sus propias interpretaciones, pareciera que
las trayectorias penalizadas y las experiencias punitivas slo
abren camino al rechazo, la soledad y la marginalizacin.
La experiencia de ser individuos se moldea en buena parte
por la vivencia del reconocimiento o por la falta de ste. Si
el entorno del individuo le brinda una imagen y percepcin
limitadas, errneas y/o degradantes de s mismo, su pro-
pia percepcin se afecta. Esta demanda de reconocimiento
218 Individuacin y reconocimiento
puede buscar revaluar identidades injustamente desvalori-
zadas, como as tambin una redistribucin socioeconmi-
ca ms equitativa.
Ms all de estas cuestiones de supervivencia o la
necesidad de reconocimiento social, resulta llamativo en las
narrativas la omisin sistemtica de palabras tales como
encierro, prisin, crcel y, en menor medida, preso, tan pre-
sentes en algunas de las grandes teoras de control social.
Al referirse a esta experiencia, emergen de sus discursos
variados conjuntos designacionales que conceptualizan la
experiencia con el nmero de una comisara o el nombre de
un penal o la homologan a una cada [en desgracia]:
Yo ca detenido el 16 de abril del 2007 y sal el 16 de marzo
de 2011. Sal y estuve tres meses y volv a caer detenido.9
Estuve dos meses detenido y volv a salir (Charly, 26).
Yo vine en el ao 87, con mi familia, compr mi casita, traba-
jando. Y bueno ca preso y bueno perd todo (Jos, 26).
Charly y Jos hablan de una cada. En un sentido muy
similar, Miguel se refiere al regreso al penal despus de
haber conseguido y perdido la libertad condicional: Y tens
que cuidarte de todo, tens que cuidarte de todo, sabs que
un resbaln10 (Miguel, 30).
La frase podra seguir: un resbaln y cas detenido
de nuevo, pero Miguel no la completa. Y es que la pri-
vacin de la libertad parece ser vivida por la mayora de
nuestros entrevistados de este modo: como una suerte de
detenimiento o pausa en la dimensin temporal de sus tra-
yectorias vitales, un tiempo entre parntesis. A pesar de
los lmites en los alcances de nuestra lectura no podemos
9 Resaltado propio. Este modo de nominar el paso por la crcel da lugar a la
construccin de una de las proposiciones emergentes que utilizamos en este
estudio.
10 Resaltado propio. Terminologa de los entrevistados que alude tambin a la
proposicin emergente anteriormente mencionada.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 219
evitar sealar que el modo en que relatan aquella experien-
cia resuena una y otra vez a una prdida, a una cada, a una
privacin, a un silencio.
Adems de una gran diversidad de reflexividades,11 los
entrevistados asocian estas vivencias con un abanico de
sentimientos que van desde el dolor, la angustia y la nostal-
gia a la auto-conmiseracin:
Yo tambin sufr un montn. Pero tens que estar, viste,
tens que ponerte bien de ac y bueno, y darle para adelante,
tranquilo, ponerte una meta s, una meta fija. Y saber viste
de que qu es lo que quers, porque si no ests en el
horno te comen los gusanos. Antes de que te coman, viste
yo qu se yo, mi punto de vista, no? (Martn, 28).
Te comen los gusanos: esta fuerte metfora ilustra
una de las interpretaciones que Martn hace de la crcel y
muestra su desesperacin por lograr un cambio, una modi-
ficacin en su trayectoria. En el espacio carcelario la vio-
lencia es mayormente retratada como un hecho cotidiano
y constante:
Las veces que estuve detenido, siempre fui maldito, porque,
a veces, la crcel te hace hacerte as. Porque tens que ser
arisco, malo, independiente, no le tens que creer a nadie.
Te saludan, te das vuelta y te sacan mano y si no te sacan
mano, te dan una pualada. Es todo una mentira, para m fue
siempre todo una mentira. [] Te tiran un plato de comida y
te muelen vidrio para que te rompas todo por dentro. Y hay
mucha maldad (Charly, 26).
11 Entendemos por reflexividades a la capacidad de los sujetos de volcarse
sobre las propias acciones, sus condiciones y sus efectos, de manera tal de
dar lugar a autorregulaciones y monitoreos de las mismas. Se incluyen aqu
dimensiones conscientes, prcticas e inconscientes (Giddens, 1990; 2003; Di
Leo, 2008).
220 Individuacin y reconocimiento
Charly expresa que tiene que ser de un modo particular
all, porque los vnculos con la institucin y sus pares estn
cargados de violencia. Estar detenido es relatado no slo
como un desvo en la ruta de la vida, sino del individuo mis-
mo, que tiene que emplear toda una serie de herramientas
que no son consideradas legtimas por los propios indivi-
duos para lograr su supervivencia.
En otros relatos, la crcel aparece vinculada tambin
a una intensa nostalgia por la libertad perdida. Esta lti-
ma pareciera emerger en las narrativas como una cualidad
idealizada que alguna vez se tuvo, un atributo ms que una
posibilidad o un estado del ser:
Yo antes de caer detenido capaz que pensaba que la libertad
es un paredn que por ms que te avances encima no te vas
a caer ( Jonathan, 22).
A pesar de que en la mayora de los testimonios la
privacin de la libertad es retratada como una experien-
cia sumamente desagradable, algunos entrevistados como
Charly y Martn la colocan como origen de una nueva
visin o valoracin de la libertad:
Recapacit mucho yo. Valor muchas cosas que a lo mejor
si estaba afuera no le daba importancia, y al estar detenido
s se la das. Cosas que pasaron, y yo estaba todo adentro,
todo adentro: las fiestas, cumpleaos, da de la madre, del
padre (Charly, 26).
Valors un poquito ms todo, o sea situaciones tan complejas
que estn al borde, que no sabs si valors, valors mucho
ms un montn de cosas Y las valors, como lo que es,
como la libertad. Antes parece que no, como que es algo
[como] libertinaje, no era libertad (Martn, 28).
De este modo, a partir de las experiencias punitivas en
crceles la libertad para estos jvenes adquiere un nuevo
sentido. Resignificada en trminos de prdida, privacin,
cada, o detencin en sus trayectorias vitales; marca un
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 221
antes y un despus en la mayora de las biografas. Pode-
mos pensarla como una prueba existencial para la cual la
generalidad de los entrevistados no se sinti preparada, ms
all de que una vez atravesada pudiera dar lugar a novedo-
sos reposicionamientos.
Libertad condicional como una libert
libertad
ad a medias
De acuerdo con los relatos de los jvenes, el paso por una
institucin penal condiciona, en buena medida, la trayecto-
ria emprendida a partir de all por un componente estigma-
tizante que visualizan como difcil de ser sobrellevado. El
rechazo social y las limitaciones judiciales que viven quie-
nes atravesaron esta situacin obstaculiza o condiciona en
numerosas ocasiones su capacidad de desenvolvimiento o
inclusin en crculos de sociabilidad, trabajo o vivienda:
La administradora sabe que estuve detenido, todo, no hay
problema. En su momento haba ciertas personas que no que-
ran que yo viva ah. As que llegu a un arreglo Si yo nunca
rob nada ah, as que, qu problema (Mariano, 27).
En todo sentido es distinto. O al lado de tu casa, qu piensan,
o pas algo, cualquier otra cosa, lo primero que se fijan es []
si la persona tiene antecedentes, es la realidad (Miguel, 30).
Mientras que Mariano relata sus dificultades para sos-
tener su permanencia en el departamento de su madre,
Miguel comenta las dificultades que se le presentan cuando
sucede algo en su barrio y l es el primero en ser culpado. A
pesar de todos estos inconvenientes la libertad condicional
sigue siendo algo mayormente deseado: Yo dur tres aos,
ver cmo pasa el tren de la libertad, en eso que se montaban
y se iban, y volvan en el mismo tren. Uh cundo viene el
mo?. Es as ( Jonathan, 22).
222 Individuacin y reconocimiento
En el relato de Jonathan la libertad condicional es
metaforizada con un tren, precisamente porque luego del
tiempo detenido del encierro, pareciera ser que retoma la
marcha de la vida. A pesar de la aoranza con que usual-
mente es referida, los jvenes la describen como frgil y,
por tanto, susceptible de ser perdida con facilidad. Tal como
emerge en el relato de Pablo, la libertad condicional parece
poseer una naturaleza eminentemente distinta de aquella
libertad ideal u original que cree perdida e irrecuperable. La
crcel pareciera habilitar un desvo en la ruta vital de estos
individuos, una bifurcacin sin retorno:
Antes pensabas que nunca ibas a estar en la calle y no pensa-
bas que ibas a estar en la calle y ahora con el mnimo gesto
Y ahora s que en cualquier momento puedo volver, sa es la
diferencia. No es la misma libertad (Miguel, 30).
Miguel identifica una vulnerabilidad social y laboral
que segn su postura atraviesan quienes se encuentran en la
situacin de libertad condicional o asistida. De este modo,
entiende que en algn sentido la libertad recuperada no
representa cambios sustanciales respecto de la situacin de
encierro:
Yo el otro da tena una discusin de trnsito, un tipo
encima que tena razn, y me deca de todo y no, no pods
una impotencia! [] Las personas que suelen estar priva-
das de la libertad estn en un estado de vulnerabilidad tanto
social como laboral. Para conseguir trabajo, los anteceden-
tes [] ests hablando con una persona y sale el tema de
eso, a los 5 minutos sale corriendo, hombre o mujer, es lo
mismo (Miguel, 30).
La vulnerabilidad de la que nos habla Miguel la enten-
demos aqu, precisamente, como vulnerabilidad punitiva.
En tanto procesos sociales e individuales, estos procesos
se colocan en las intersecciones que se generan entre las
trayectorias individuales penalizadas; los vnculos e inter-
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 223
acciones debilitados por el encierro y los contextos socio-
institucionales que hemos descripto. Estos contextos son
el marco fundamental que ubica a estos jvenes margina-
lizados en un continuum que los reenva una y otra vez a
situaciones de violencias.
La libertad condicional no tiene del todo el gusto a
la libertad, porque los jvenes que la experimentan ya estn
dentro de esta cadena de violencia continua. Es una libertad
a medias, ya que los hace vivir con una sensacin de peligro
inminente, limitando sus posibilidades de decidir, actuar y
vincularse con otros:
En el caso nuestro, lo que sea, cualquier tipo de drogas, o si
no la tens vos, el que al lado tuyo, es lo mismo (Miguel, 30).
Una discusin, termins a las pias y no te pueden te
meten preso por eso []. O sea, no es lo mismo en ese sentido,
ests quedndote en el molde, digamos, agachando la cabeza,
una forma de decir (Mariano, 27).
En este sentido, nos preguntamos por la insistencia con
la que desde algunas teoras se remarca el carcter bina-
rio adentro/afuera que caracterizara a las instituciones
totales (Goffman, 2009). A pesar de la innegable producti-
vidad de dichos anlisis sobre todo en miras a las inte-
rrogaciones y cuestionamientos que habilitan no hemos
encontrado en las entrevistas, relatos y grupos focales que
dicha dimensin fuera tan relevante. Por el contrario, nues-
tras observaciones se han orientado ms bien a comprender
que el encierro se prolonga mucho ms all de la materiali-
dad de los muros del penal. Pensar estas realidades a travs
del concepto de vulnerabilidades punitivas nos permite vis-
lumbrar cmo es en realidad todo un sector de la poblacin
que resulta fuertemente negativizado y colocado afuera de
lo social. Esta parte de la poblacin circula continuamente
en espacios de exclusin: el barrio, la crcel y la libertad
condicional o asistida.
224 Individuacin y reconocimiento
La libertad a medias se encuentra entonces marcada por
toda una serie de situaciones de violencia que lleva a que
estos individuos arrastren a lo largo del resto de su trayec-
toria vital la condena que ya fue cumplida en el encierro. La
vigilancia constante de la polica; el peligro de circular o de
habitar ciertos espacios; la dificultad de encontrar trabajo
y la posibilidad fantasmtica de recaer en el penal aseguran
el mantenimiento de ciertos sectores jvenes de barriadas
populares frecuentemente vinculados a consumos de dro-
gas ilegalizadas en los mrgenes sociales.
No preguntan por m
Los testimonios de nuestros entrevistados tambin des-
criben el modo en que estas experiencias de privacin de
la libertad han traspasado y marcado sus vnculos sociales
y afectivos. Indudablemente, la caracterstica principal del
dispositivo carcelario es que quien ingresa a l es puesto
aparte, es segregado del contacto social, para pasar a desa-
rrollar su vida al interior de una institucin que gestionar
cada intercambio que establezca con el mundo interior y
exterior. La persona encarcelada pierde la vida social que
haba conocido hasta entonces su familia, su barrio, sus
amigos.
Muchas veces esta prdida de contacto es tambin
consecuencia directa de la ubicacin del penal donde se
encuentra la persona privada de su libertad, ya que en
numerosas ocasiones se encuentra alejado del domicilio de
la familia y a menudo sta no cuenta con los recursos eco-
nmicos para realizar las visitas stas implican un alto
costo, considerando el traslado y el alojamiento, ya que rea-
lizar la visita puede demorar un da completo.
Algunos de los relatos dan cuenta de cmo los jvenes
sufren por el padecimiento de sus familiares frente a su
ausencia, ya que el apartamiento de uno de sus miembros
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 225
implica tanto la prdida de su presencia cotidiana en lo
afectivo como en lo referido al aporte econmico de quien
ha sido encarcelado. As, Charly relata cmo sus seres que-
ridos vivan su ausencia frente a los acontecimientos fami-
liares considerados importantes de los que no pudo for-
mar parte:
Y, mi hermano ms chico fue pap, que es mi ahijada; mi
hermana tambin fue mam, que tengo dos ahijados que los
conoc ahora cuando sal en libertad. Son chiquitos. Y yo yo
estaba detenido en todo ese transcurso. Cosas que pasaron:
muri mi to, muri un primo mo. Saba que mi familia
estaba mal. Nada, y yo estaba todo adentro, todo adentro: las
fiestas, cumpleaos, da de la madre, del padre. [] Hablaba
por telfono con mi familia y me haca mal escucharlos llo-
rar, mal ellos porque me decan que no pudieron festejarlo
como les hubiese gustado por cmo estaba yo. Para las fies-
tas tambin. Nada, estar con mi familia: mi mam, mi pap,
siempre, todas las fiestas paso con ellos y, bueno, de repente
no pudo ser (Charly, 26).
En algunos casos, los jvenes sienten y experimentan
que, a raz de la prdida de la libertad, tambin se pierden
relaciones afectivas o familiares. Estas situaciones ponen,
de manera definitiva, a prueba los vnculos:
A mi hermana tambin, hablo de vez en cuando, as por
whatsapp, vio? Pero como ella no me busca mucho [] yo
tambin estuve mucho tiempo preso, ni preguntaban por m,
nada. [] Cuando ests detenido te das ms cuenta de quin
es quin. Yo me di cuenta de que tengo poquita familia y no
tengo ningn amigo (Jonathan, 22).
Con respecto a las relaciones de pareja, la experiencia
del encierro no slo las obstaculiza, sino que genera gran
cantidad de separaciones. La dificultad para concretar
encuentros sexuales y la diferenciacin creciente que se
empieza a producir en las trayectorias vitales de las pare-
jas hacen mella con lo que antes los una. Sin embargo,
226 Individuacin y reconocimiento
otros casos como el de Charly toman un rumbo distinto:
l relata que se enamor y se puso de novio con su pareja
estando detenido:
Y ca detenido y fue ella, hicimos ms contacto, nos derro-
chamos ms amor cuando estuve detenido que cuando estuve
en la calle. Y cuando volv a salir, nada Me qued con
ella (Charly, 26).
Todo este panorama respecto de los vnculos sociales
y afectivos se complementa con una progresiva insercin
en el mundo carcelario, que implica adopcin de: lenguaje,
cdigos y nuevos modos de relacin. Las nuevas relaciones
dentro del penal no necesariamente funcionan a modo de
sostn, sino que en muchos casos se desenvuelven con una
modalidad violenta:
Nunca conoc un amigo, nunca nada []. Lamentablemente,
es as, inocentemente si vos no te quers subir a un problema,
pero no es que vos no te quers subir, a veces es como que te
obligan o la situacin misma te obliga porque sabs que hoy
no te subs a ese problema y maana cobrs el doble por no
haberte subido a ese problema (Charly, 26).
A la vez que este tiempo en pausa implica ruptura con
lazos sociales, provoca desconexin con los acontecimien-
tos y con los cambios sociales. Cuando salen del espacio
de confinamiento, hay un contraste muy grande entre la
sociedad que nuestros entrevistados recuerdan las prc-
ticas sociales, el aspecto del barrio y aqulla con la que
se encuentran:
Yo despus de haber salido, viste, a la semana me fui a bailar.
Vino un amigo, un chico que trabaja, que es DJ, un chico que
iba conmigo al colegio, a la nocturna, no? Bueno me pas a
buscar con otro amigo, en coche, fuimos a buscar a otra chica
a Flores, que estaba con un chico, otra. De repente haba tres
chicas, viste, y todas con telfonos ultra yo imagnate, no
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 227
entenda nada. No entenda nada y qu voy a decir, no? Ay,
no sabs tal cosa, uh, no lo busco en Internet, en el telfono,
y yo estaba re perdido (Martn, 28).
Por todo lo sealado anteriormente, el perodo de vida
que se desarrolla dentro del penal es vivenciado como irre-
cuperable. El paso por la institucin pareciera ser una bisa-
gra entre dos temporalidades de ritmo marcadamente dis-
tinto. Cuando nuestros entrevistados estn dentro de ella,
el tiempo circula de forma pausada, pero cuando consiguen
la tan deseada libertad condicional o asistida parece que el
tiempo ha transcurrido de manera vertiginosa. La sensacin
que nos enuncian es que al salir todo y todos han cam-
biado mucho; mientras tanto ellos se perciben a s mismos
escasos de herramientas para ponerse al da y retomar la
trama de lo social:
Y todo el tiempo perdido, olvidate, eso no lo recupers ms.
No s, todo ese tiempo, imagnate que en un da pasan un
montn de cosas, en 7 aos o depende del tiempo que ests,
imagnate todo lo que perds [] (Martn, 28).
[Y cuando saliste, cmo fue?] Y [] est todo cambiado.
Hoy todava veo cosas que estn todas cambiadas, todas.
Fue fue lindo, fue hermoso, pero est difcil la situacin
(Gonzalo, 25).
Consideramos aqu que los vnculos resultan una
dimensin fundamental para el individuo. Pudiendo ope-
rar como soportes, permiten que se sostenga frente a los
avatares y pruebas del mundo. La degradacin o empobre-
cimiento de las relaciones afectivas no slo afecta desde lo
emocional a los individuos, sino que tambin pueden coar-
tarles la posibilidad de acceder a servicios y lograr insercin
laboral. En el actual contexto de nuestro pas, en el que los
mecanismos de inclusin sistemtica no han alcanzado a
todos los ciudadanos, las modalidades de integracin socio-
cultural juegan un rol preponderante en la cohesin del
individuo con la comunidad (Araujo y Martuccelli, 2012).
228 Individuacin y reconocimiento
Esto se evidencia en el relato de Jos, en el que las relaciones
que ha logrado conservar luego de su paso por la crcel se
convierten en un motor esencial de cambio y deseo:
Quiero cambiar, ayudar a mis hijas. Quiero el trabajo, es
mi personalidad, punto. [] Hoy yo quiero trabajar, quiero
cambiar, quiero hacer las cosas bien y bueno, es as, de esta
manera. O por tus hijos o por alguien que vos quers en este
momento, quers estar bien. O por ah tens una pareja, qu
s yo, quers cambiar, estar bien, salir a pasear, qu s yo,
invitarla a salir, o comprarte algo. Pienso, no, que yo mi
punto de vista es as ( Jos, 26).
De acuerdo a lo desarrollado, podramos pensar que
las experiencias de detencin y privacin de la libertad de
los jvenes constituyen uno de los elementos que hacen
a los procesos de vulnerabilidad punitiva, en tanto erigen
estigmas que dificultan u obstaculizan el desenvolvimiento
social de estos individuos. Lo cierto es que las posibilida-
des de sostenimiento de estos jvenes se van disipando de
manera proporcional a la cantidad de tiempo en deten-
cin. Es decir, que si la experiencia de privacin de la liber-
tad genera cortes en los vnculos y roles de los jvenes, y
en general no provee de nuevos soportes ni recursos, cuan-
to ms tiempo se prolongue el aislamiento social, mayores
dificultades encontrarn para integrarse socialmente.
Los elementos que pueden facilitar la recuperacin de
vnculos y redes sociales son, por un lado, la escolariza-
cin y, por otro lado, la consecucin de un trabajo. Para
toda aquella persona privada de su libertad que no haya
tenido posibilidad de acceso a la escolarizacin tradicio-
nal como consecuencia de su condicin de vulnerabilidad
socioeconmica la educacin dentro del sistema peniten-
ciario podra constituirse en una oportunidad. Sin embar-
go, a pesar de que el 60% de la poblacin carcelaria se
encuentra en condiciones de cursar el nivel medio slo el
20% de las unidades tiene esta oferta educativa y la oferta
de educacin superior no universitaria o universitaria es
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 229
muy escasa y se centraliza en pocas jurisdicciones (MECyT,
2004; Garca, Vilanova, Del Castillo y Malagutti, 2007). En
este sentido, slo uno de los entrevistados refiri haber
atravesado una experiencia educativa dentro del penal en
que se encontraba.
En cuanto a las posibilidades de insercin laboral, se
produce en ocasiones una vulneracin de la privacidad de la
informacin al respecto de los antecedentes penales. Segn
palabras de nuestros entrevistados, la informacin circula
con facilidad por Internet con slo poner el nmero de DNI
en el buscador web de Google. Esto dificulta en numerosos
casos que consigan o sostengan trabajos formales o infor-
males y les hace sentir que se trata de una etapa de sus
vidas que deben mantener oculta. Y si a esto se le suma el
requisito de presentar un certificado de buena conducta,
la posibilidad de conseguir un trabajo fuera del circuito de
ilegalidad se torna an ms difcil.
Adems, muchos de los soportes con los que estos indi-
viduos an cuentan son considerados por la ideologa hege-
mnica como ilegales o desviados. Son conceptualizados
como malos soportes o soportes ilegtimos y los indivi-
duos erigidos entre ellos son considerados incapaces de sos-
tenerse por s mismos no son individuos econmicamente
independientes, capaces de obtener sus ingresos a partir
de una actividad mercantil o salarial, sino que son vistos
como asistidos y dependientes (Martuccelli, 2006: 40).
Al revisar las biografas de nuestros entrevistados, nos
hemos encontrado con que en realidad son individuos que
se sostienen desde el interior en dosis mucho mayores que
aqullos que no han vivido experiencias similares, puesto
que apoyndose en los recursos con los que cuentan, tienen
que construirse una vida personal y soportar un gran peso
de la existencia en el mundo. Incluso, sobreponerse a la
discontinuidad de los vnculos y de los roles previos a esta
experiencia y regresar a la vida de fuera del penal con las
marcas de estas vivencias.
230 Individuacin y reconocimiento
La crcel no les provee otras formas de sostn alter-
nativas o consideradas legtimas. Y si, en cierta medida,
logran sobreponerse a esta prueba, esto no sucede a causa
de las condiciones institucionales, ni por los dispositivos
implementados, sino por el modo en que se posicionan
y en que se articulan los soportes existentes respecto de
estas experiencias.
Reflexiones finales
La acumulacin de coacciones policiales, judiciales y cus-
todiales sobre estos jvenes, los vnculos que establecen
y los contextos socioinstitucionales en los que habitan son
dimensiones que aparecen reiteradamente en los relatos
analizados. Desde nuestra perspectiva, generan un entra-
mado que provoca marcas corporales, individuales y socia-
les. Son condiciones heterogneas que surcan los procesos
de individuacin e interpelan y dan lugar a distintos posi-
cionamientos o reposicionamientos subjetivos.
La relacin con la polica es relatada mayormente como
conflictiva. Emana como vnculo privilegiado para insertar
a ciertos individuos en una cadena punitiva. Este tipo de
relacin social aparece asociada de modo especial a la franja
etaria de la juventud y a la pertenencia o presencia de los
individuos en contextos socioterritoriales marginalizados.
Como ejemplos de esta problemtica se destacan en los
relatos las denuncias de algunos jvenes sobre: la libera-
cin de zonas dentro de sus barrios; el hostigamiento por
parte de las fuerzas de seguridad; las detenciones y allana-
mientos ilegales y el armado de causas judiciales.
Ya dentro de la cadena punitiva, nuestros entrevistados
describen la experiencia de la privacin de la libertad como
uno de los acontecimientos ms significativos de sus vidas.
sta puede comprenderse como un punto de viraje que
provoca mltiples reflexividades: les permiten preguntarse
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 231
a s mismos acerca de los cambios a los que esta expe-
riencia da lugar el impacto que tiene en sus trayectorias
vitales a la vez que les posibilita revalorizar su pasado y
redisear su futuro.
En los testimonios podemos ver tambin cmo algunos
jvenes reconocen distintos procesos de vulnerabilidad
social y punitiva que son desencadenados por esta expe-
riencia de privacin de la libertad. Estas situaciones se
desenvuelven tanto durante la permanencia en el penal
como en los momentos de recuperacin de la libertad en
sus diversas formas definitiva, condicional o asistida.
Otros entrevistados no reconocen el carcter social
de sus padecimientos, sino que reproducen una suerte de
naturalizacin de los mismos. En estos casos, su inteligibi-
lidad se orienta por una concepcin del individuo en tanto
gestor o emprendedor de s mismo. As, la experiencia de
privacin de la libertad y sus efectos en la sociabilidad del
individuo son significados como consecuencias de una res-
ponsabilidad concerniente al mbito privado e individual.
Aquellos entrevistados que logran enmarcar estas vio-
lencias en contextos institucionales y sociales mayores las
identifican como ilegtimas y buscan modos de resistirlas o
de desafiarlas. Aqullos que no logran visualizar el carcter
comn que poseen estas situaciones perciben el acoso poli-
cial como algo habitual por haber nacido o haberse criado
en esos barrios; por ser menores de edad o jvenes y por
consumir drogas ilegalizadas.
Nuestros entrevistados dan cuenta en sus relatos de
un abanico de polticas de seguridad punitivas intrinca-
das en los consumos de drogas ilegalizadas. La tenencia
de estas sustancias es sealada como posible origen de un
proceso judicial y del ingreso de estos jvenes al sistema
penal. Aparecen como un elemento frecuentemente utili-
zado para el despliegue de amenazas, coacciones y abusos
de poder, sobre todo para los jvenes que tienen antece-
dentes penales.
232 Individuacin y reconocimiento
Adems de las dimensiones desarrolladas, las vulne-
rabilidades tambin se expresan en aspectos afectivos; tra-
yectorias educativas; posibilidad de acceso a servicios, y en
las probabilidades de lograr una adecuada insercin laboral.
El encierro condiciona a los individuos a una suerte de
discontinuidad en sus vnculos afectivos, roles y relaciones
sociales que antes los sostenan. Esto se intensifica en las
situaciones donde las visitas se encuentran obstaculizadas
o interrumpidas, por lo que se asegura as un profundo
corte que asla y despoja al individuo de los papeles que ha
desempeado en el pasado.
Este deterioro en la sociabilidad se complementa con
una franca reduccin de las posibilidades de acceso a un tra-
bajo, por lo que la capacidad de sostn econmico de estos
individuos se diluye de manera proporcional a la cantidad
de tiempo en el mundo del penal.
La libertad se vuelve as un espejismo; un atributo idea-
lizado y perdido a causa de una cada, una detencin del
tiempo vital. La nueva situacin de libertad condicional o
asistida es caracterizada por una continua inestabilidad y
fragilidad. La posibilidad permanente de recaer en el penal
y la escasez de oportunidades se suman a la ilegalidad
de ciertos soportes con los que estos individuos cuentan.
sta es la prueba existencial que los jvenes provenientes de
barrios populares atraviesan como pueden.
Este panorama nos sensibiliza ante la encrucijada en la
que se hallan estos jvenes: se encuentran frente a diver-
sos desafos estructurales y requerimientos sociales con-
trapuestos. Las vulnerabilidades punitivas suelen prolongar
sus marcas en las trayectorias individuales. Estas poblacio-
nes sobre las que recaen quedan estigmatizadas y sostie-
nen su existencia con los soportes que logran rearmar o
reconstruir. Es decir, estas experiencias parecen conducir-
los a cuestionar y resignificar los soportes que los indivi-
duos tenan y que, en muchos casos, se han visto deteriora-
dos o profundizados en su falta de legitimidad social. Ante
esta nueva interpretacin de los soportes, los individuos
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 233
se sobreponen con grandes dificultades y esfuerzos a los
procesos de vulnerabilidad. En este sentido, la superacin
de las pruebas existenciales cuando stas ocurren resul-
tan fruto de los vnculos y reflexividades que estos jvenes
consiguen con los escasos aportes del Estado y a costa del
gran sufrimiento de familiares y seres queridos.
El horizonte lleno de tensin que hemos descripto
puede llevarnos a interpelar de manera crtica el lugar del
Estado y de las polticas e intervenciones destinadas a estos
grupos tanto desde lo punitivo como tambin en materia
de salud y cuidados y en relacin al acceso de los jve-
nes a derechos.
Anexo: Perfiles de los entrevistados
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8
Los pibes tienen muchos berretines:
muertes entre jvenes,
contextos de experiencia
y reconstrucciones biogrficas
ALEJANDRO MARCELO VILLA
Introduccin
Un conjunto de documentos destacan la magnitud de la
violencia juvenil en la regin latinoamericana, as como
la creciente presencia de las muertes de jvenes por cau-
sas violentas. All, se destacan una serie de problemas: el
debilitamiento de los mecanismos formales e informales
de proteccin social de los jvenes; un exacerbamiento de
las diferencias generacionales; una sensacin de exclusin
social, caracterizada por distintas formas de violencia fsica
y simblica hacia ellos; un aumento de los homicidios juve-
niles masculinos (CEPAL, 2008). La regin latinoamericana
presenta las tasas ms altas de muertes violentas del mundo
(Spinelli et al., 2005).
Edith Alejandra Pantelides et al. (2014) han destacado
que en la Argentina, para el ao 2011, el 60 % de la mor-
talidad de adolescentes entre 10 y 19 aos, se produjo por
causas externas. Al analizar la morbilidad adolescente por
agresiones en la Provincia de Buenos Aires, este estudio
estima que se producen diez ataques que requirieron inter-
nacin hospitalaria por cada adolescente que termina en
muerte.
237
238 Individuacin y reconocimiento
Un estudio reciente sobre los homicidios dolosos en
la CABA, realizado por la Corte Suprema de Justicia de la
Nacin (2012), en base a los expedientes judiciales, corres-
pondientes a 184 causas y 190 vctimas, destaca que se pro-
duce una concentracin de los homicidios en las principa-
les villas de emergencia (villa 21-24 y Ncleo Habitacional
Transitorio Zavaleta, villa 1-11-14, villa 15 y villa 31-31
Bis). El 27% de las vctimas en toda la CABA tienen entre
18 y 25 aos; y el 36% de ellas corresponde a las villas
de emergencia. Se destacan all las situaciones de violencia
interpersonal entre grupos de jvenes, en su mayora en
la calle, y con armas de fuego y blancas. Los principales
motivos de las muertes en toda la CABA son reunidos en
una sola categora que agrupa a: Ria, Ajuste de cuentas
y Venganza, la que representa un 39%. Slo el 15% corres-
ponde exclusivamente a robos. Cuando dicho estudio reali-
za un anlisis georreferenciado, encuentra que el 73% de las
muertes corresponden a la zona sur de la CABA (Comunas
1, 4, 7, 8 y 9). En cuanto a los motivos de muerte homicida
en las villas de emergencia de dicha ciudad, se destacan los
vinculados a Ria, Ajustes de cuentas y Venganzas, con
un 59%; en contraste con el 39% del mismo motivo para
el total de la CABA.1
Teniendo en cuenta estos antecedentes, este captulo
presenta una discusin de hallazgos preliminares de un
estudio ms amplio.2 Dicho estudio comprende la recons-
truccin de biografas de jvenes entre 15 y 26 aos, muer-
tos frente a otros jvenes, provenientes de las poblaciones
marginalizadas, de las villas de emergencia de la zona sur
1 Es importante destacar que, incluso los homicidios en porcentaje estn
sobrerrepresentados en las villas de emergencia, ya que stas tienen aproxi-
madamente el 10% de poblacin de la CABA y el 59% de los homicidios.
2 Caracterizacin y efectos psicosociales de las muertes violentas de jvenes
en las poblaciones urbanas de extrema pobreza: una perspectiva biogrfica
en los contextos de las sociabilidades juveniles, realizado desde el Consejo
de Investigacin en Salud del Ministerio de Salud del GCABA, con el patro-
cinio del Instituto Universitario de Ciencias de la Salud/Fundacin H. A.
Barcel, sede Buenos Aires.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 239
de la CABA. Se reconstruyeron 6 biografas, con distin-
tos familiares de dichos jvenes. Seguimos las perspectivas
terico-metodolgicas de Leclerc Olive (2009), que fueron
ya utilizadas por nosotros en un estudio previo con biogra-
fas juveniles (Di Leo y Camarotti, 2013).
Realizamos el trabajo de campo para acceder a los casos
en dos villas de emergencia de la zona sur de la CABA, a
partir de nuestra insercin de muchos aos en el primer
nivel de atencin de la salud.3
Para dicho acceso hemos utilizado mltiples vas de
acercamiento comunitario: referentes comunitarios (prin-
cipalmente de comedores comunitarios); familiares de jve-
nes muertos a travs de personas conocidas por su atencin
en nuestro servicio de salud o por relaciones con institucio-
nes que trabajan con jvenes; algunas instituciones pbli-
cas y ONGs que brindan servicios en los barrios; jvenes
que tienen relacin con nuestro servicio de salud; grupos
de promotores comunitarios juveniles que trabajan terri-
torialmente.
Este captulo se inicia con una caracterizacin y discu-
sin sobre la relacin de la violencia con las condiciones de
socializacin y subjetivacin de los jvenes en las poblacio-
nes urbanas marginalizadas. En segundo lugar, indicamos
el modo de acceso a los casos y presentamos una snte-
sis de las situaciones de muerte de los jvenes estudiados.
Luego de los testimonios biogrficos de familiares, reali-
zamos una caracterizacin de la experiencia social de los
familiares para reconstruir dichas muertes, identificando
distintos contextos de las mismas y un conjunto de cate-
goras emergentes. Finalmente, discutimos la interrelacin
entre los distintos contextos de dicha experiencia, y cmo
3 Se trata del Programa de Juventud e Inclusin Educativa del CeSAC N8/
rea Programtica del Hospital J. M. Penna/Ministerio de Salud/GCBA, el
cual desarrolla actividades comunitarias y asistenciales con jvenes y sus
familias.
240 Individuacin y reconocimiento
ello nos puede conducir a caracterizar la prueba social,
en trminos de Martuccelli y Singly (2012), que enfrentan
estos actores, a partir de la muerte de un joven.
La relacin entre socializacin, violencia y
subjetivacin juveniles: la distancia entre las
condiciones estructurales y la accin de los actores
Muchos estudios en Argentina han sealado insistentemen-
te que en las ltimas dcadas las condiciones de existencia y
socializacin de la sociedad argentina han dejado de regirse
en su horizonte cultural por un modelo de integracin social
basado en la movilidad social ascendente (Chaves, 2010: 114).
Segn Chaves (2010), asistiramos a una socializacin en espa-
cios homogneos que refuerza o conduce al aislamiento social, el
que se autonomizara de la familia y la escuela.
La cada de la familia, el trabajo y la educacin como
principales organizadores de la socializacin, en conjunto
con un proceso de segregacin urbana, promoveran un
proceso de exclusin social territorial, una fragmentacin
social y una vulnerabilidad social (Braslasky, 1985; Chaves,
2010; Mguez e Isla, 2010; Mller et al, 2012).
La socializacin no es un problema de conformismo
o de la desviacin que establecera un sistema social con
respecto a la accin de los actores. Existe una distancia entre
los roles y las motivaciones individuales; por ello, la cultura y
la estructura social se separan y la identidad se convierte
ahora en una tensin creciente entre identidad para otro y
la identidad de s (Dubet y Martuccelli 2001: 64-65).
Asimismo, el enfoque cultural que interviene en la socia-
lizacin, tampoco puede partir de la existencia de un cdigo
cultural que se lo considere trascendental a la accin misma
de los actores sociales, al cual la accin debera acomodarse
o rendir cuentas. De modo diferente, se trata de mecanismos
de distribucin de recursos que realiza el actor; los que entran
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 241
en disputa sobre quines deben ser los destinatarios: qu
distribuimos?, a quines?, cmo interfieren las catego-
ras morales? (Noel, 2013).
En las perspectivas sociolgicas de la mayora de la lite-
ratura existente, se piensa a los jvenes en trminos nega-
tivos. Ello ocurre, con respecto a una definicin tradicional
de los espacios de sociabilidad que transitan y los proce-
sos sociales, tales como fragmentacin y vulnerabilidad
sociales como algo exterior a los actores; ms que pregun-
tarse por el modo singular de operar de esta socializacin y
por las condiciones de subjetivacin efectiva.
Planteadas las cosas de este modo, no alcanza con pre-
guntarse por los efectos de la estructura de clase social y por
condiciones culturales homogneas que determinaran la
socializacin de los jvenes. Pensamos que es necesario un
tercer enfoque que ponga atencin en la accin de los jve-
nes y sus allegados en tanto actores sociales singulares.
Cmo analizar la experiencia que enfrentan los acto-
res allegados al joven muerto en estas situaciones?
Para la sociologa de la individuacin de Franois
Dubet (2008), la experiencia social debe partir de la accin
del actor y no de un anlisis de la estructura social. Carac-
teriza a la misma por la posibilidad del actor de resolver
cognitivamente la paradoja de la doble afirmacin del influjo
de lo social y de la autonoma del actor. Para l, se trata de
dar cuenta de los modos en que el actor puede metaboli-
zar lo social y producirlo, mediante una multiplicidad de
lgicas de la accin, las cuales seran coordinadas por la
accin de aqul.
En nuestro problema de estudio, esta accin de un
actor, que cognitivamente podra coordinar diferentes
lgicas, supone un principio racional trascendental en
aqul, que no puede explicar la experiencia que inaugu-
ra la muerte. Tal como discute Daniel Cefai (2011:140) en
torno a esta nocin de experiencia de la sociologa de la
individuacin de Dubet, ms que dar privilegio a la accin
racional y la actividad cognitiva del actor, hay que poner
242 Individuacin y reconocimiento
el foco en la experiencia concebida como un acto social
de dar sentido a la experiencia de vivir juntos. Ello supone
objetivos afectivos, identitarios y simblicos, a travs de
los cuales nos constituimos como un s mismo y organiza-
mos nuestra vida colectiva. Este dar sentido est vincu-
lado a diferentes contextos de experiencia, en los cuales
los actores elaboran mltiples categoras que coexisten y
no necesariamente estn coordinadas y que, a su vez, los
conectan con otros actores.
A diferencia de la concepcin de Dubet, para quien
la experiencia es una prueba social, Martuccelli argumen-
ta que sta proporciona el material a los actores, desde el
cual enfrentan una prueba social.4 Una prueba social puede
caracterizarse por:
[] una articulacin entre el actor y el sistema, tras la crisis
de la misma sociedad la prueba es una nocin terica que
busca articular los problemas personales con las estructuras
sociales que los crean o amplifican []. Partir de las dificul-
tades de los actores a fin de comprender las maneras en que
las estructuras sociales dan cuenta de las mismas. El objetivo
es lograr caracterizar precisamente los desafos a que son
sometidos los actores y las maneras por las que esta nocin
permite articular lo individual y lo colectivo (Martuccelli, D.
y Singly, F., 2012:72).
Para la sociologa de la accin de Luc Boltanski (2000),
cuando analizamos una disputa social, los actores son
coaccionados en una determinada situacin social que
limita sus posibilidades de accin. Se ubican en un rgi-
men de justicia y se hallan en una disputa de sentidos
con otros. El actor posee all, adems, una competencia
cognitiva para poder desarrollar argumentos. La discusin
4 Comunicacin personal con Danilo Martuccelli en discusin del Seminario
Las sociologas del individuo, 13-24 de julio de 2015, Buenos Aires, orga-
nizado por el Centro Franco Argentino de Altos Estudios y la Universidad
de Buenos Aires.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 243
que se propone es: cules son las formas de los bienes
comunes en disputa?, qu tipo de acciones y justificacio-
nes utilizan los actores para llegar a acuerdos y bajo qu
rgimen de justicia?
Desde una perspectiva histrica, retomamos tambin
las conceptualizaciones de Joan Scott (1992) sobre la expe-
riencia. Se realiza all una crtica a la idea de una expe-
riencia concebida como una influencia externa a un indi-
viduo considerado preexistente, as como una reproduc-
cin y transmisin de un conocimiento al que se accedera
mediante la experiencia. En lugar de ello, destaca la nece-
sidad de problematizar: a) la relacin entre la percepcin
de los cuerpos mediante los sentidos y la produccin de
conocimiento; b) los procesos en que las concepciones e
identidades de los sujetos se producen, atendiendo a la
posicin de sujeto en la relacin entre discurso, cognicin
y realidad; c) la experiencia entendida como sustitucin y
disputa de interpretaciones.
Siguiendo con estos planteos, podramos preguntar-
nos: qu dimensiones de la percepcin de los cuerpos
mediante los sentidos se ponen en accin ante la muerte
de un joven?. Al evaluar los familiares las circunstancias
sociales de la muerte y emitir juicios, qu dimensiones de
la realidad, los pensamientos y las moralidades son conside-
rados?, y qu demanda de creacin de sentidos inaugura
la muerte del joven para inscribir los acontecimientos que
produce una muerte de un joven frente a otro joven?
La intervencin comunitaria y las situaciones de las
muertes de los jvenes: la presentacin
de los familiares
En nuestro trabajo de campo, nos encontramos con una
serie de dificultades, as como con una discusin de la pro-
blemtica de estudio en los mbitos comunitarios. Slo en
244 Individuacin y reconocimiento
pocos casos los referentes comunitarios se mostraron dis-
puestos a prestar colaboracin. Los familiares de jvenes
muertos adoptaron una actitud ambivalente. Por un lado,
mostraron reticencia a testimoniar en pblico, fundamen-
talmente, expresando dolor, diversos miedos (al agresor, a
los juzgamientos morales, entre otros motivos) y angustias.
Pero tambin, algunos expresaron su inters en testimoniar;
fundamentalmente a travs de redes con familias con las
que poseamos algn vnculo institucional y personal de
confianza previo. Los contactos con instituciones territo-
riales, ya sean pblicas u ONGs, como grupos juveniles,
tambin adoptaron una posicin ambivalente: discutieron
la problemtica; pero al mismo tiempo, no tenan una clara
voluntad de intervenir.
Aqu presentamos los casos estudiados, que en su
mayora fueron seleccionados a partir de los vnculos de
confianza institucional y personal. Describimos una sntesis
de las situaciones de la muerte que surgen de la reconstruc-
cin de seis biografas de jvenes, realizada con un conjunto
de entrevistas a distintos familiares de stos.
Domingo
Tena 26 aos cuando falleci, hace dos aos. Su madre,
Isabel, relata que el agresor de su hijo tena 16 aos. Algunos
amigos del joven le dicen que el agresor est saliendo con
la exnovia de l, de 15 aos. l estaba perdido por ella.
Segn su madre, l no quera creer, pero sus amigos lo
llevan y le muestran Su hermana de 16 aos, Daniela, nos
relata que se habr sentido traicionado por el que haba
sido su amigo. Isabel afirma que su hijo consuma todo
tipo de drogas, y que a partir de esta situacin consume
ms y refiere que quera ponerle una bomba al agresor.
Su madrina nos dice que habl en varias oportunidades con
l. Ella intenta detenerlo. En este contexto, Domingo va a
bailar a un boliche del barrio donde concurre el agresor y
en varias oportunidades lo insulta y se burla de ste. Recibe
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 245
como respuesta reiteradas amenazas de muerte. Su madre
le propone sacarlo del barrio para protegerlo; pero l no
cree que su examigo vaya a efectivizar las amenazas de
muerte. Isabel refiere que la muerte de su hijo tambin fue
empujada por la madre del agresor. Las dos familias, la de
Domingo y la de la chica, concurren a un espacio de media-
cin en la Iglesia del barrio; y las gestiones no dan resultado.
Luego de salir de un festejo del da del amigo, Domingo
camina por una calle del barrio y lo estn esperando otros
dos jvenes. Uno le dispara con un arma de fuego y lo hie-
re mortalmente. Segn el relato de sus familiares, Queda
tirado. La ambulancia tarda 45 minutos y muere cuando
llega a la guardia del hospital. El homicidio es caratulado
como crimen pasional.
Jos
Tena 16 aos, cuando fue apualado en una pelea con
dos jvenes, dentro de un boliche del barrio. El lugar de
la muerte se transforma en motivo de un fuerte conflicto
social, poltico y judicial, el que generar una movilizacin
de protesta en el barrio: el dueo del boliche argumenta,
en este caso, como en el de otros jvenes, que la muer-
te ocurri afuera del boliche. La familia va a argumentar
social y judicialmente, lo que todos saben, pero que calla-
ran: luego de las muertes, los cuerpos de los jvenes son
arrastrados afuera del boliche, para defender el argumento
de que el deceso ocurri afuera del establecimiento. Es su
hermano ms cercano, de 21 aos, quien contextualiza el
hecho de su muerte:
Los pibes donde parbamos nosotros juntan 4, 5 motos
truchas, choreadas. Viene uno de otra barra, los de la Ala-
meda, y se chorean una. Los ms grandes, los que paraban
ac, bueno ellos andan choreando, y despus fueron por all
y los cagaron a tiros. Despus nosotros estbamos ac con
los pibes y de all nos tiran un par de tiros, del callejn nos
246 Individuacin y reconocimiento
tiran un par de tiros Despus nosotros bamos a una joda
all al fondo, un boliche, donde estaban ellos y los guachos
nos miraban mal.
Y despus bamos al boliche de ac, donde mataron a Jos,
pero siempre bamos as a joder Ya un par de veces largas
les pegamos, ya una banda de veces nos peleamos con l (el
que mat a Jos) Ya la bronca viene de hace rato, no es de
ahora (Santiago, hermano de Jos).
Existe, tambin, una versin en los testimonios de su
hermana Carolina, de 30 aos, y su sobrino Daniel, acerca
de que tambin habra una chica de por medio entre Jos
y uno de los agresores.
Sergio
Tena 24 aos cuando lo mataron y hace diez que ocurri
su deceso. Slo accede a reconstruir su biografa su propia
madre, Cecilia. Segn el relato materno,
[] mi hijo le roba a un narco y lo mandan a matar con
el amigo. Como era el amigo, lo manda a matar. Eran dos
hermanos. Tambin se deca que uno de los chicos que lo
mata estaba celoso de l, de su novia. Por celos, que l pelea
a trompadas con el pibe y despus va y le dice al hermano
que lo mate, y va y lo mata. Pero el hermano ya estaba pagado
para matarlo. Fue por plata (Cecilia, madre de Sergio).
Pero luego de robarle al narcotraficante, el joven habra
dejado de robar y se habra ido a vivir fuera del barrio, a
la casa de una hermana, donde trabajaba en un comercio
en la casa de sta. Luego de transcurrido un tiempo, vuel-
ve al barrio para ver a sus dos hijos, y reside en la casa
de otra hermana, Mirta. Segn el relato materno, esto lo
condujo a la muerte. Por una situacin de celos, por una
mujer que era pareja de unos agresores, uno de los herma-
nos que delinqua y era amigo de Sergio entra a los tiros
en la casa, cuando ste estaba durmiendo. Hiere a una de
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 247
sus hermanas y sale corriendo gritndole a la madre, que
lo persegua: ah te lo mat a tu hijo, si no te lo mat, lo
voy a volver a matar.
Daniel
Cuando muere, tena 16 aos. Ocurri hace 8 aos. Acceden
a reconstruir su biografa su madre y dos hermanas. Haba
ido a comprar con un amigo, a la noche, un sndwich a un
kiosko. Otro joven le intenta robar al amigo de Daniel con
un arma de fuego y ste se pone en el medio porque era
amigo del agresor. Se dispara un tiro y mata a Daniel, acci-
dentalmente. Los dos salen corriendo y el que estaba con el
joven fallecido le avisa a una ta. Su madre estaba embara-
zada de 6 meses, y se descompone frente a esta situacin.
Daniel trabajaba en una verdulera y concurra a un centro
comunitario catlico. Si bien los hechos apuntaran a que
el disparo iba dirigido a su amigo, la madre interpreta que
iba dirigido a l, ya que un hermano del agresor acosa-
ba sexualmente a Daniel y haba fuertes conflictos previos
entre ambas familias, con amenazas e insultos.
Carlos
Tena 23 aos cuando fue asesinado a tiros por la espalda,
cuando corra. Hace 7 aos. Segn el relato de su madre,
Susana, lder social del barrio, haba ido a buscar con su
grupo y sin armas a otro grupo rival, de un sector barrial
diferente. Se habra enfrentado con ste. En ese momen-
to estaba perdido por el consumo de pasta base. Cuando
lleg la ambulancia, ya haba fallecido. La muerte ocurri
en otro sector del barrio y nadie quiso establecer la iden-
tidad del agresor. Susana tambin vincula la muerte de su
hijo al hecho de que ella estaba movilizndose en el barrio
y luchando con algunas instituciones para enfrentar a los
narcotraficantes de pasta base.
248 Individuacin y reconocimiento
Juan
Hace cinco meses que falleci. Tena 18 aos y fue muerto
de 6 disparos y 2 pualadas en un pasillo de un sector dife-
rente al que estaba residiendo. En ese momento, iba a bus-
car su partida de nacimiento, que tena su exnovia, para ter-
minar el trmite de su DNI. Haca un mes que haba salido
de un Instituto por una causa de robo. Son varios familiares
que reconstruyen su vida. Su abuela y una ta que lo criaron,
as como un to y una prima, afirman que no conocen los
motivos de la muerte, si bien saban que estaba robando.
Su exnovia, que mantena un vnculo con l, refiere que lo
estaban buscando por dos lados. Un joven durante la inter-
nacin lo haba amenazado de muerte cuando saliera. Y, por
otro lado, lo buscaban porque estaba robando a la gente que
iba a trabajar. Segn su relato, previamente a la muerte, le
haban dado dos tiros en una pierna, como un aviso. Varios
vecinos le habran advertido que se vaya del barrio porque
lo estaban buscando, y l no quiso hacer caso.
Los contextos de la experiencia de la muerte
de los jvenes
En nuestro anlisis, distinguimos tres grandes contextos
de experiencia que movilizan a los actores; cada uno de
ellos definido por un tipo de categoras especficas (Cefai,
2011). A partir de nuestro material emprico, identificamos
un conjunto de categoras emergentes:
1. Un primer contexto est constituido por la accin de
los actores para establecer los motivos de la muerte del
joven; as como una bsqueda de establecer rupturas
con los lazos sociales de la familia del agresor, y una
nueva posicin con respecto a las relaciones sociales
barriales.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 249
2. En segundo trmino, se trata de caracterizar los pen-
samientos y las categoras morales de que disponen y
utilizan los actores para establecer argumentos frente
a la muerte del joven.
3. Finalmente, describimos y analizamos un proceso de
desintegracin del yo que ocasiona la muerte violenta
en los actores, y los problemas que enfrentan stos
para establecer una inscripcin psquica e histrica de
la muerte.
Estos contextos poseen una relativa autonoma en sus
categorizaciones; ya que los mismos interactan, entran en
tensin y se articulan mutuamente.
Evaluacin de la muerte en las relaciones sociales.
Ruptura, reordenamiento y aislamiento
El primer trabajo que se les impone a los actores es el
establecimiento de circunstancias de la muerte del joven.
Ello comprende la presencia de testigos y la capacidad de las
redes sociales de las familias para establecer los hechos de la
muerte. En algunos casos, stos no pudieron establecerse.
En todos los casos, interviene la figura de un tercero del
mismo barrio, que puede ser un familiar del joven muerto,
que informa inmediatamente a la madre o hermanos, en
el momento en que ocurre el hecho violento. A partir de
esto, en la mayora de los casos, existen informantes, que
revelan las identidades de los agresores. All, la mayora de
las muertes ocurren en el mismo sector barrial y red de
sociabilidades del joven y su familia; e incluso puede ocu-
rrir en el domicilio, como en el caso de Sergio. En dicho
contexto, se hace muy dificultoso evitar el contacto entre
los allegados de uno y otro lado.
Al caracterizar las muertes, los familiares buscan expli-
car los motivos que habran ocasionado las mismas y descri-
ben una trayectoria previa de relaciones sociales de los jve-
nes en que stas se inscriben. Entre los motivos se destacan
250 Individuacin y reconocimiento
la violencia entre jvenes vinculada a disputas por mujeres;
las situaciones de respeto y relaciones de poder juveni-
les relacionadas con robos de diferentes ndoles, tambin
ligadas al trfico de drogas; situaciones vinculadas exclu-
sivamente al robo entre jvenes en forma individual y no
como parte de grupos. Asimismo, estos motivos son vincu-
lados en la mayora de los casos a trayectorias delictivas y
de consumo de drogas de los propios jvenes muertos.
En las trayectorias sociales juveniles descriptas, es
importante destacar que en todos los casos, los jvenes
tenan una relacin previa con el agresor. En la mayora
eran amigos, ya sea porque crecieron juntos en el barrio o
porque compartan actividades delictivas. Incluso, en algu-
nos casos, la familia del muerto tambin tena relaciones
previas con el agresor y su familia; la mayora de las veces,
de tipo conflictivo.
Junto al trabajo de averiguacin de los motivos de la
muerte del joven, los familiares intentan establecer un pro-
ceso de restriccin y delimitacin en los vnculos con el
agresor y sus allegados, as como en la circulacin por los
sectores geogrficos del barrio que frecuentan estos ltimos
(Bermdez, 2011). Asimismo, ello va acompaado de un
aislamiento social de la familia del muerto en los vnculos
ms prximos con respecto al resto del barrio. Incluso, se
pueden producir conflictos y aislamiento entre los mismos
miembros de la familia.
En la circulacin social cotidiana del barrio se produ-
cen contactos entre familias de uno y otro lado, tanto como
en eventos sociales barriales. Son frecuentes las amenazas
y/o burlas verbales y gestuales de la familia del agresor
hacia la del muerto. Veamos los testimonios de familiares
de Jos, que resaltan la actitud de la familia de uno de los
agresores, que estaba condenado y preso:
Se van a querer re matar porque l va a estar afuera, as
decan. Esta familia es provocadora porque vienen ac. Estu-
vieron en el corso se ren en la cara tuya, y por ah no los
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 251
ests ni mirando y te provocan. Saludan as como re cara
dura, como que no pas nada. Mnimo, pido un respeto
(Carolina, hermana de Jos).
Ello desencadena la impotencia y el reforzamiento del
dolor por la muerte ocurrida, as como miedos de parte de
la familia del muerto a represalias ante posible denuncia
judicial contra los agresores. Se acentuara as la percepcin
de los actores allegados al joven muerto, de una vulnera-
bilidad fsica, vinculada a relaciones sociales conflictivas,
violentas y amenazantes (Butler, 2006). La categora emer-
gente all es: nos pueden hacer algo.
Contexto cognitivo-moral presente en la disputa social
Junto a la experiencia con las relaciones sociales, los actores
necesitan construir una reputacin social del muerto y de
la propia familia frente a su comunidad y la sociedad en
general (Bermdez, 2011). La violencia puede entenderse
aqu como una interpelacin moral en la relacin inter-
subjetiva de los actores entre s, as como un cuestiona-
miento que se realizan los actores sobre s mismos, en
las valoraciones de sus propias acciones (Garriga Zucal y
Noel, 2010). No existen all mundos morales homogneos
y segmentados, que se diferencien entre s en la accin de
stos, sino conjuntos de valores diferentes que se encuen-
tran en tensin entre s y en disputa por el sentido en dicha
accin.5 Para Balbi (2007), los significados de los valores
pueden ser debatidos en la accin social de los actores,
en tanto, por un lado, las situaciones sociales especficas
son mediadas por elecciones morales o, de modo diferente,
dichas situaciones pueden producir nuevos sentidos para
la accin del actor.
5 Comunicacin personal con Gabriel Noel.
252 Individuacin y reconocimiento
En este trabajo seleccionamos los principales repertorios
culturales que utilizan los actores para construir una repu-
tacin del muerto y de sus familias. Entendemos a estos
repertorios en tanto una estantera de categoras a las que
recurren los actores para clasificar una situacin social
especfica. Dichas categoras son modos de actuar que per-
miten una lectura de las formas en las que somos socializa-
dos; y en las que se ponen en tensin los significados para
uno y para el otro (Noel, 2013).
Una trayectoria social que anticipa la muerte
Alude a un conjunto de valores que conforman una suerte
de pensamiento social, que muchas veces aparece formula-
do explcitamente, y otras est supuesto en las valoraciones:
Vos sabs que si robs o ests involucrado en el trfico
de drogas, pods terminar muerto. All, la categora que
emerge es vos sabs que te pueden matar. En el contexto de
las sociabilidades y esta trayectoria social anticipada de los
jvenes muertos, todos piensan previamente en la posibili-
dad de la muerte, los familiares y los propios jvenes. Bajo
la mirada social de los actores allegados al joven muerto y
de la comunidad barrial, existe un conjunto de valores que
se aplica a la trayectoria social del joven, que anticipa pre-
viamente la muerte y finalmente la efectiviza. Las categori-
zaciones de los actores incluyen all: el consumo de drogas
en un grupo de pares en la esquina; la participacin en
actividades de robo con otros jvenes y obtener la plata
fcil; el distanciamiento del joven de su grupo familiar;
el no escuchar los consejos de los miembros de familia y
de otros allegados, el sentirse ms grande de lo que se es y
buscar decidir por s mismo.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 253
La amistad entre jvenes en cuestin
Los actores producen un debate sobre los valores que cons-
tituyen la amistad entre jvenes; fundamentalmente, luego
de producida la muerte. El cuestionamiento apunta al inte-
rs material del consumo de bienes materiales como causa
exclusiva de las amistades y los conflictos juveniles. All,
emergen categoras vinculadas entre s. La primera es slo
sos amigo si tens algo. Se cuestionan los bienes materiales
y simblicos que median las disputas en los enfrentamien-
tos entre jvenes: el producto de los robos (dinero, autos,
motos, etc.); distintos tipos de vestimentas juveniles como
bienes simblicos, que son objeto de comparaciones y com-
petencia entre jvenes; la disponibilidad de drogas para
consumo; las mujeres jvenes que intervienen all como un
bien en disputa. Una segunda categora que emerge all es
tener muchos berretines. Susana, madre de Carlos, formula
muy claramente esto:
Que por qu me mira mal?, que usa zapatillas de marca y
el otro no, todo as. Uno le dice hoy tener muchos berre-
tines. Los berretines quiere decir que se enoja, porque vos
usas una campera Adidas y el otro no como si yo tengo un
celular tctil y vos tens un celular comn, yo quiero robarte
se porque de tener berretines, de yo soy ms que vos. l
no quera usar zapatillas comunes. l se enojaba conmigo
porque quera zapatillas de marca, y entonces los pibes lo
miraban, mir, ste no tiene zapatillas. Lo miraban, y as se
venan los problemas entre los pibes. Antes de decirle, ste es
un envidioso, se le dice tiene una de berretines, ste qu se
cree, o se hace el enojado, que quiere ser ms que otro.
Existen dos situaciones que desencadenan este debate.
En la primera, se destaca que el agresor era previamente
amigo del muerto en algn momento de la trayectoria
social de ambos jvenes. La situacin de Domingo muestra
claramente este debate, donde la disputa social entre exami-
gos, est vinculada a una novia. En una segunda situacin,
se cuestiona que los jvenes del grupo de pares ms allegado
254 Individuacin y reconocimiento
no ayudaron al joven en la situacin de su muerte. La cate-
gora emergente que aparece recurrentemente es lo dejaron
tirado. Esto generara bronca, desconfianza y un temor a la
propia muerte en los vnculos al interior de las bandas juve-
niles, particularmente entre los jvenes cercanos al muerto
(hermanos, sobrinos, primos, etc.).
Las madres que descuidan a sus hijos, las que luchan y
las que no pueden
Un tercer conjunto de valores vinculan la muerte del joven
con las caractersticas morales de la figura de la madre en
la socializacin de los jvenes. Existe una tensin en los
valores que colocan los actores sobre s y el medio social
sobre ellos, entre la figura de la madre cuestionada moral-
mente porque no puede cuidar a sus hijos, y la de aquella
madre que lucha por sus hijos, pero que se enfrenta a las
dificultades y la imposibilidad de intervenir sobre la socia-
lizacin juvenil extradomstica; es la madre que no puede o
no est preparada.
Esta tensin est referida a un conjunto de situaciones
de la socializacin de los jvenes que las madres desta-
can. La primera est constituida por un distanciamiento del
joven de la socializacin familiar en el momento de su ado-
lescencia. Este distanciamiento est vinculado, en general,
a algn tipo de violencia familiar, sea fsica o emocional,
hacia la madre y/o hacia los jvenes, o a una muy preca-
ria situacin econmica del grupo familiar, que incidira
en que el joven busque obtener recursos fuera del hogar
y/o sea alojado en alguna institucin durante el da o en
forma permanente. Una madre, que tiene once hijos, rela-
ta este proceso
l vea que los otros chicos tenan mejores ropas que l, y l
siempre me preguntaba Mam por qu ellos pueden y yo no
puedo tener esa ropa, o ese calzado, o esa pelota? Y yo le
deca, que yo le daba lo que yo poda darle, que ese amor de
madre no le faltaba, pero s que la faltaban las otras cosas, que
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 255
era lo principal, vamos a decir, la ropa o el calzado. Le deca
cuando ustedes sean grandes y trabajen, se pueden comprar
lo que ustedes quieran, porque yo no puedo Y ah l me
deca: Yo no te mand a que tengas muchos hijos l iba a
comer al comedor, y cuando tena 10 aos, un da me dijo que
no quera ir ms al comedor, que l quera ir a trabajar. Daniel
trabaj ayudando en la verdulera de un mercado tres aos.
No era que yo lo mandaba a trabajar, l quiso. l tambin
concurra a una comunidad cristiana desde los 7 aos, en la
que iba durante el da a hacer actividades para l, y para otros
chicos y ancianos (Amalia, madre de Daniel).
Es all donde una serie de categoras morales son accio-
nadas. Unas, valoradas negativamente, como estar en la calle,
drogarse, ir a robar, insultar a la madre y no hacer caso. Otras,
valoradas positivamente, como trabajar para ayudar a la
madre, estudiar, o estar durante el da en alguna institucin,
que apoye al joven y limite la permanencia en la calle.
Tambin, ante la adiccin a las drogas, el ejercicio de
violencia y los robos de los jvenes en el mismo barrio, las
madres son cuestionadas bajo la mirada social; e incluso se
pueden producir enfrentamientos entre familias por esos
hechos. Sergio haba matado a otro joven en el barrio, pre-
viamente a su muerte; y ante sta, su madre refiere:
Cuando l muri, ninguna familia se acerc. Yo fui muy
despreciada en el barrio porque a l siempre se lo tuvo como
un asesino. Yo me tuve que mudar de donde estaba porque los
vecinos me odiaban. Me decan ah va la madre del asesino. Y
ahora, que salieron de la crcel los dos que lo mataron, recibo
amenazas de ellos (Cecilia, madre de Sergio).
En el contexto de estos cuestionamientos, las madres a
menudo describen e intentan legitimar sus propias trayec-
torias de intentos de intervenir con sus hijos, previamente
o posteriormente a la muerte. Ello comprende fundamen-
talmente hablarle a sus hijos; expresarles el dolor de madre;
ir a buscar al hijo a la calle y traerlo a la casa; proponer
al hijo, gestionar en instituciones y acompaar al mismo
256 Individuacin y reconocimiento
a diversos tratamientos para rehabilitarse de la adiccin a
las drogas. Frente al proceso de socializacin de los jve-
nes, sobre el que las madres no pueden intervenir, tambin
ellas, en varias en ocasiones, realizan demandas y denuncias
pblicas ante las instituciones del Estado y comunitarias de
esa imposibilidad materna. Un ejemplo de ello lo constituye
el relato de la madre de Carlos:
Yo trabajaba todo el da, l se quedaba con el padrastro. No le
haca caso, y se iba a la calle y se quedaba ah. Yo fui al Consejo
del menor. l no poda depender de l y depender de m. Yo
no lo poda cuidar. Yo me fui al juzgado y le dije que l iba a
andar en cosas raras, que yo no s lo que l haca. El juzgado
lo encontr y lo llev Primero, pas por un instituto y luego
buscaron un lugar, y lo internaron en un centro de rehabili-
tacin por el poxiran. En ese centro no poda escaparse. Y ah
estuvo tres aos y sali bien (Susana, madre de Carlos).
Los modos de hacer justicia a la muerte
Junto al establecimiento de la situacin y los motivos de
la muerte del joven, a las demarcaciones en las relaciones
sociales descriptas, y al dolor por la prdida, surge en la
mayora de los familiares la figura de la venganza, mediante
el deseo de la muerte del agresor. Ello se expresa fundamen-
talmente en verbalizaciones o pensamientos entre los mis-
mos allegados, y en algunas ocasiones en intercambios de
insultos y amenazas entre las familias de uno y otro lado. La
existencia de conflictos previos entre las familias del muer-
to y la del agresor pueden potenciarse con la situacin de
la muerte; e incluso sta puede redefinir el sentido de esos
conflictos. La enunciacin de los familiares nos hace pensar
que, en principio, esta figura de la venganza se presenta
como una responsabilidad moral de los ms allegados con
el muerto; la que actuara al modo de un mandato.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 257
En algunas familias el deseo de la muerte del agresor y/
o el odio a su familia puede persistir incluso luego de que el
agresor haya sido condenado judicialmente, haya cumplido
su condena en la crcel, y haya vuelto al barrio.
Asimismo, las causas de oficio excepcionalmente van
acompaadas de denuncias de los mismos familiares.
Observamos, adems, que rara vez existe un apoyo institu-
cional en el barrio para que los familiares realicen las ges-
tiones judiciales para el reclamo de justicia ante el Estado
y en la misma comunidad. Cuando los familiares toman la
decisin de denunciar ante la justicia o se prestan a testi-
moniar activamente en la causa de oficio, la accin de estas
personas debe enfrentarse con dos difciles tareas. Prime-
ro, ejercer algn tipo de movilizacin social entre la red
de familiares y en el mismo barrio. All, se trata, por un
lado, de la capacidad de obtencin de testimonios entre
los mismos integrantes de la familia y otros allegados a la
situacin de la muerte. Pero, tambin, se trata all de la
capacidad de la familia del muerto y sus allegados de ins-
talar la visibilizacin de la problemtica de la muerte de
los jvenes, al conectar la situacin particular de la familia
del muerto con otros actores que pasaron por la misma
experiencia de la muerte y, as, producir una movilizacin
social en el barrio.
Cortamos la avenida e hicimos una marcha con un poco
de ruido, ms que nada para que se sepa que hay un boliche
en el barrio donde no solamente fue la muerte de Jos, hay
varias muertes ah adentro. Cuando estbamos haciendo la
movilizacin, unas 7, 8 mams se acercaban a decirnos mir,
a mi hijo le pegaron un tiro en el cuello, l est vivo, pero fue
ah adentro, despus otra me dijo mir, a mi hijo le metieron
lo mismo, una pualada en el brazo. Venan y contaban, y
as uno tambin se va enterando. Ms que nada la marcha
tambin era para que se sepa y para, de paso, ayudar a las
otras familias (Carolina, hermana de Jos).
258 Individuacin y reconocimiento
En segundo lugar, los familiares del muerto, particu-
larmente, la madre, tienen que enfrentarse a testimoniar
y escuchar los relatos de la otra parte, en el juicio a los
agresores. Ello se produce en un contexto de tensin, que
incluye miradas acusatorias y de dolor, insultos, amenazas
y burlas de parte de los allegados al agresor y cmplices.
Pero estos casos son excepcionales. En la mayora de
los familiares entrevistados existe un conjunto de circuns-
tancias que configura una percepcin de lejana de la jus-
ticia del Estado, y una poca diferenciacin de sta con el
accionar de las fuerzas de seguridad. Un hecho recurrente
parece ser que las fiscalas solicitan a los familiares testigos
de la muerte, as como datos para localizar a los posibles
agresores. Ante ello, los testigos no se pueden encontrar,
o cuando son contactados no quieren declarar. Tambin
ocurre, a menudo, que los familiares no tienen informa-
cin sobre el paradero de los posibles agresores. Adems
los familiares argumentan que, generalmente, la justicia y
la polica no buscan a los posibles agresores para apresar-
los. De hecho, muchos familiares refieren que los agresores
estuvieron prfugos luego de la muerte y, posteriormente,
fueron apresados por causa de otros delitos, o murieron en
enfrentamientos con otros jvenes.
Dicha lejana de la justicia del Estado se vera reforzada
por el hecho habitual de la continuidad de las amenazas
del lado del agresor y sus allegados. Ellas pueden incluso
continuar, durante la condena y detencin, y luego de haber
cumplido sta y de regresar al barrio. Adems, se reporta
que, a menudo, los allegados del agresor disponen de poder
econmico para sobornar a la polica o a la justicia; de modo
que aun cuando los agresores pueden ser detenidos, luego
podran ser liberados.
Junto a los valores inherentes a la figura de la ven-
ganza vinculada a la responsabilidad moral por el muerto
y la justicia por mano propia, as como a los valores que
legitiman la justicia del Estado, encontramos una tercera
concepcin de la justicia: la justicia de Dios. Encontramos
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 259
en los testimonios de los familiares distintos tipos de mix-
turas entre las creencias en la justicia de Dios, la justicia del
Estado, y la justicia por venganza.
Cuando los familiares participan activamente de las
causas judiciales, muchas veces el proceso judicial va acom-
paado de ritos catlicos, vinculados a misas, rezos, visitas
peridicas al cementerio, elaboracin de placas y recorda-
torios del muerto, entre otras.
Tambin los valores religiosos, pueden utilizarse para
reforzar la venganza y la justicia por mano propia, pero
puesta como un hecho social que le acontece o podra acon-
tecerle al agresor en otras circunstancias, y no como una
venganza ejercida por los mismos familiares. Se destacan
dos tipos de situaciones en los testimonios. En uno, los
familiares colocan en un mismo nivel la justicia divina y la
esperanza de que el agresor en algn momento va a morir,
apoyado en el guin social previamente descripto en este
trabajo: vos sabs que si robs te pods morir, y en el
supuesto de justicia del ojo por ojo. La formulacin ms
comn referida al agresor, que expresan y circula entre los
familiares como deseo y esperanza, es: ya va caer, lo van a
matar. La segunda situacin est configurada por la misma
lgica, pero ante el hecho efectivo de la muerte del agre-
sor en otras circunstancias a la del joven muerto. Es una
suerte de justicia efectivizada por venganza y mano propia,
pero ejercida por otros. En algunas ocasiones la muerte del
agresor es festejada y vinculada simultneamente al cum-
plimiento de una justicia divina; como ocurri en el caso
de Domingo. Cuando estbamos realizando su biografa,
mataron al agresor en otro enfrentamiento, y madre y her-
mana festejaron de este modo.
260 Individuacin y reconocimiento
La desintegracin del yo de los actores
En forma inherente y simultnea a los dos contextos de
experiencia descriptos, la violencia de la muerte produce
una experiencia de desintegracin del yo de los familiares
del joven.
Los actores necesitan reexaminarse a s mismos y a
sus vnculos sociales pasados y actuales. Ello constituye lo
que Butler (2009) denomina el trabajo de dar cuenta de s
mismo frente a la desposesin que efecta la violencia y la
muerte. All, el yo del actor es interpelado por los otros
y se crea una demanda de interlocucin con ellos. Esta
experiencia se inaugura con la gnesis singular de un sujeto
deliberante; el cual posee dos dimensiones bsicas. Por un
lado, el actor necesita establecer una nueva relacin de su yo
con sus propias relaciones sociales constitutivas; y por otro,
se ve impelido a indagar en la relacin de su responsabilidad
tica con las normas sociales. Este proceso escinde al yo
en dos partes que interactan permanentemente. Un parte,
constituida por un yo inconciente, resultado de lo inespera-
do de la muerte y de los no saberes que ello inaugura en
cuanto a la sujecin al otro que significa la violencia. Es la
experiencia de desposesin del otro, sin poder saber cierta-
mente qu se pierde en ese otro. Otra parte, hace referencia
a un yo reflexivo, que procura dar cuenta concientemente de
los vnculos con ese otro y de las relaciones sociales ms
amplias de la comunidad.
Existe all una experiencia en la percepcin originada
por el impacto de la situacin de la muerte en los sentidos
(visuales, tctiles, olfativos y auditivos). Ello produce una
desintegracin del yo que inaugura procesos de transmisin
psquica en el acontecer biogrfico de los familiares, los que
nos remiten a las posibilidades de una inscripcin psqui-
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 261
ca e histrica de la violencia y la muerte. La transmisin
es un mecanismo de transporte, de orden inconciente, de
deseos, afectos e imgenes entre el pasado y el presente.6
Los procesos de transmisin parten de una tensin
entre dos polos. Por un lado, es un transporte de rabia y
dolor que coloca al yo fuera de s, procurando desterrar la
vulnerabilidad que ocasiona la muerte. Surge como respuesta
la bsqueda de seguridad del cuerpo, con la posibilidad de
eliminar a otros frente a la vivencia de un sentimiento de inse-
guridad: sentirnos seguros a expensas de qu y quines?
(Butler, 2006:56). Por otro, la desintegracin del yo es un
efecto de la experiencia de los sentidos y de la memoria del
contacto con el muerto. Es la posibilidad del yo del actor
de soportar en la narracin biogrfica la paradoja de ser
constituido por los vnculos sociales del muerto, y al mismo
tiempo ser desposedo de la vida de ese joven, por esas
mismas relaciones sociales. Ello supone la posibilidad de
situar a la vulnerabilidad fsica en relacin al contexto social,
los juicios morales y las sociabilidades que constituyen a los
actores como vulnerables en forma originaria.
A partir del anlisis de dicha tensin, desarrollamos
tres dimensiones de anlisis de un mismo proceso, que nos
permiten explicar el contexto de la experiencia psquica e
histrica de los familiares en torno a la prdida del joven.
El trabajo de inscribir los recuerdos en acontecimientos
La narracin biogrfica pone en transmisin un trabajo
de inscripcin histrica de la muerte. La memoria de los
familiares se mueve en una tensin entre la localizacin
de recuerdos especficos de la vida del muerto, a partir
de la puesta en relacin de hechos de la vida del muerto
con el contacto corporal y su huella en los sentidos de los
familiares; y por otro, la localizacin de acontecimientos
6 Hemos discutido extensamente los procesos de transmisin en Villa, 2010 y
2012.
262 Individuacin y reconocimiento
biogrficos que marcan un antes y un despus en la vida
del joven. De dicha tensin resulta que, por momentos,
pueda aparecer en la narracin biogrfica una fragmenta-
cin y disgregacin entre dichos elementos, y que, en otros
momentos, la narracin pueda incorporar estos distintos
elementos en la historizacin y constitucin de un conjunto
de acontecimientos biogrficos. All, se tratara de la crea-
cin de diferentes temporalidades de los sujetos.
La muerte presentida e imaginada
En las reconstrucciones biogrficas de los familiares a
menudo surgen distintos tipos de imgenes, sueos o visio-
nes, as como actos del joven inmediatamente previos a su
muerte, que son interpretados por los familiares como pre-
sentimientos de la muerte. En un trabajo previo, hemos dis-
cutido la categora muerte imaginada, como presentimiento
en la experiencia sensorial, vinculada a las diferentes socia-
bilidades de los jvenes, en tanto una fenomenologa de lo
imaginario en la memoria (Villa, 2012). Qu palabras, violen-
cias y hechos en los cuerpos, en las trayectorias biogrficas
de los jvenes muertos, se constituyen para sus familiares
en imgenes que podran preanunciar la muerte? Imgenes
que podran actuar como despedidas del muerto, y desde las
cuales los actores pueden reconstruir la memoria de ste.
Perla: yo estaba durmiendo y de repente me dicen como si
fueran una imagen, una foto, de l. Cmo estaba siempre l,
tena un conjunto deportivo blanco, con esa carita que se rea,
as. Se rea l, diciendo: Mam, perdoname.
Tania: Porque mi mam le deca: Hijo, entr adentro, hijo
entr adentro. Estaba mucho en la calle. Era una persona que
no le haca caso a mi mam (Madre y hermana de Jos).
Pero tambin encontramos situaciones en que la muer-
te es presentida por los mismos jvenes, y esto se reve-
la para los familiares con posterioridad al deceso, quienes
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 263
no la haban presentido. En el caso de Carlos, existe un
presentimiento, que adquiere una forma de despedida de
sus tres hijos:
[] cuando nosotros lo estbamos velando, encontramos 3
cartas de l. Dice cmo a los hijos les pide perdn, perdn
por no tener un padre como l quera, como que l se senta
mal. Me gustara que las vea. l dej a cada uno de sus hijos
una carta. Las encontramos una hora antes de que lo enterre-
mos en una campera. Como que l presenta que le iba a
pasar algo. Poco antes de que l fallezca, a una seora le pidi
una lapicera para escribir a la noche las cartas estas.
La demanda moral del muerto y la culpa de s
Al describir el contexto de la experiencia cognitivo-moral
de los familiares, aludimos a una responsabilidad moral
por el muerto, que actuara como un mandato para los fami-
liares. Pero este mandato necesita de una doble confronta-
cin para actualizarse en el yo de los familiares. Por un lado,
una confrontacin con las relaciones sociales reales tras una
muerte, como describimos en los dos primeros contextos
de experiencia. Por otro, el yo de los familiares se encuentra
necesitado de dar cuenta de sus vnculos originarios con el
joven muerto. Son principalmente las madres quienes reco-
rren y reexaminan minuciosamente la socializacin de sus
hijos y particularmente la relacin de stos con ellas. All,
dudan, se contraran a s mismas, y ensayan explicaciones;
a partir de los recursos cognitivos y valores disponibles
descriptos anteriormente.
Esta segunda confrontacin se convierte en la ms
ardua tarea para la reconstruccin biogrfica. Particular-
mente, en todas las madres, encontramos una delibera-
cin subjetiva en que las voces de sus hijos retornan una
y otra vez, interpelndolas. Se trata de un proceso como
el siguiente
264 Individuacin y reconocimiento
El mes de mayo, de su cumpleaos, yo preferira que no
llegue, me encierro en esa fecha. Porque capaz me aferro, hoy
por hoy, a decir: Qu hice con mis hijos? Que no pude estar,
qu hice? O, por qu no lo ayud? O, por qu no estuve
ah? A veces me siento culpable. Porque tampoco no estaba la
posibilidad de yo poder ayudarlo, porque, como yo te deca,
al ser analfabeta Me reclam que yo no poda darle lo que l
quera l era chico, tendra 10, 11 aos, y me deca: mam
cundo vas a estar con nosotros. Y, no, para m, primero estaba
el trabajo. Hice lo que pude tambin yo creo que me falt
autoridad para que no salga a la calle ese da No me iba a
pasar que l muera. Ms all que siempre l me deca cuando
se enojaba conmigo: si a usted no le import mi vida, ud. se
quiere imponer ahora? Y, a veces, yo deca: no es que no me
import, porque me import ests vivo, porque me import
tens lo que tens. Yo creo que lo que me pasa a m son esos
reproches, que quizs l tenga razn o no tenga razn. Tuvo
razn porque no estuve, es cierto; y no tena razn porque yo
tena que trabajar (Amalia, madre de Daniel).
Ntese la necesidad del actor de colocar al yo como
sujeto de responsabilidad. La deliberacin subjetiva ocu-
rre entre dos polos de una tensin. En un extremo, el yo
se repliega en un proceso melanclico, preso de una cul-
pa extrema por la prdida que lo sume en la depresin
profunda, lo que incluye, a menudo, intentos de suicidio.
All, la demanda moral del muerto sustrae a los familiares
de toda capacidad deliberativa sobre sus vnculos con l
(Butler, 2006). En el otro extremo, el yo puede situar los
vnculos con el muerto, y tambin colocar a stos en las
condiciones familiares y sociales ms amplias. Es un proce-
so de duelo, caracterizado por un dilogo con la comunidad
social y poltica. Esto significa reconocer que estos jvenes
muertos y sus familiares forman parte de un orden social
de exclusin en que la violencia cobra sentido. Es all donde
el yo de los familiares podra situar la culpa como parte de
una comunidad moral que somete a los sujetos, un orden
externo a s mismos; y aceptar extramoralmente las propias
limitaciones en los vnculos con el joven muerto: lo que se
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 265
pudo hacer y lo que no se pudo hacer. As, el proceso de
duelo del joven muerto puede transformarse en una crtica
al orden social del propio barrio.
La articulacin de los contextos de experiencia y la
caracterizacin de la prueba social
De acuerdo con todo lo expuesto, podemos argumentar que
la experiencia social tras una muerte violenta entre jve-
nes abre su camino en dos direcciones indisociables que
se intersectan y vuelven, una y otra vez, al modo de un
circuito, una sobre la otra. Por un lado, se trata de una
dimensin psquica, en la cual asistimos a la desintegracin
del yo del actor como efecto de la experiencia de los sen-
tidos (tacto, olor, audicin y visin) y en la memoria del
contacto con el otro. Pero, por otro lado, son los otros los
que nos desintegran y ello remite al trabajo del actor en sus
relaciones con los otros, a las que est sometido. En este
circuito, las relaciones sociales del muerto se tornan para-
djicas en la misma experiencia biogrfica de los familiares:
constituyen la vida del mismo y sus vnculos con ellos, y
simultneamente los familiares se sienten desposedos de
esas relaciones sociales. De ah que la violencia de la muer-
te torne amenazante a la relacin con los otros, coloque
a los familiares en un estado de incertidumbre, y que por
ello surja un impasse de sentido en el yo de stos, y en
sus vnculos sociales.
Si nos enfocamos en el proceso de desintegracin del
yo para analizar los otros dos contextos de experiencia,
podramos argumentar que todo se dirime por un juego de
posiciones subjetivas en la percepcin frente a la realidad y
los discursos. Desde qu posiciones subjetivas los actores
pueden situar su relacin con los juicios morales, los pensa-
mientos y las relaciones sociales que ocasionan la muerte?
266 Individuacin y reconocimiento
Es all donde el contexto de la experiencia de la desin-
tegracin del yo de los actores se articula con los otros dos
contextos analizados.
Existe una especificidad sociolgica de la evaluacin
de los motivos de la muerte, la restriccin y el aislamiento
en las relaciones sociales. La capacidad de establecer los
motivos pone en evidencia las complejas redes de relacio-
nes sociales de los jvenes muertos. Esto puede revelar
la segmentacin y articulaciones entre diferentes espacios
de sociabilidad juveniles, fundamentalmente la familia y el
grupo de pares. En segundo lugar, los familiares pueden
visualizar y sistematizar los hechos que configuran una tra-
yectoria social del joven.
Los contactos en la circulacin, los conflictos y las ame-
nazas entre la familia del muerto y la del agresor ponen en
acto los recursos cognitivo-morales. All ocurre un proceso
social de interpelacin y segmentacin de sociabilidades de
las familias, el que coloca a los actores en una posicin
ambivalente. Se crea una fisura entre la trayectoria social
del joven y la singularidad de la vida personal y familiar.
Los actores deben dar cuenta de este quiebre. Es el nivel de
la experiencia conceptualizado por Dubet (2008): el actor
se halla colocado entre un influjo masivo de la complejidad
de las relaciones sociales, y una posicin de autonoma per-
sonal frente a ello. Pensamos que lo que se instala en esta
fisura es una exposicin del cuerpo y una vulnerabilidad
fsica y social que provoca la muerte violenta, como condi-
cin bsica de la cual parte la experiencia. Es una fractura
y distancia entre el proceso de socializacin, por un lado; y
los pensamientos y valores que sostienen los actores.
En el segundo contexto de experiencia analizado, esta
distancia se transforma en un debate del actor sobre la legi-
timidad de los valores y pensamientos. La efectivizacin de
la muerte, bajo el guin anticipado de la muerte pensada,
posee para los actores una doble dimensin, la que puede
tornarse ambivalente. Por un lado, brinda una explicacin
racional, la que podra naturalizar la muerte y el orden
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 267
social barrial en que se inscribe la misma. Pero, por otro
lado, sume a los actores en una posicin de impotencia y
dolor, que coloca a la trayectoria social del joven como algo
propio y no como un orden social externo a aqullos y a la
vida de la familia, en particular. Esto ltimo podra desen-
cadenar una crtica y un proceso reflexivo sobre el orden
social que produjo la muerte. Es el tipo de afirmacin recu-
rrente: Antes veas las muertes en el barrio, pero cuando te
toca a vos es diferente.
Los vnculos entre jvenes que ocasionan la muerte
conducen a discutir la nocin de amistad. Por un lado, los
actores reconocen y cuestionan el consumo privatizado (Wac-
quant, 2001), material y simblico, como soporte de las
sociabilidades juveniles, en las cuales la violencia deviene
una disputa material y simblica de los bienes del otro:
Qu bien tiene el otro que le puedo usufructuar? Pero
por otro, este cuestionamiento cultural no se traducira en
una modificacin sustancial de las sociabilidades juveniles
en trminos estrictamente sociolgicos: los jvenes podran
distanciarse relativamente del grupo de pares. Este cues-
tionamiento operara diferencialmente en trminos genera-
cionales, de los adultos a los jvenes; all donde los primeros
reconocen una socializacin efectiva en torno al trabajo
y a la educacin, en oposicin a la obtencin juvenil de
plata fcil mediante actividades delictivas, en funcin del
consumo.
La tensin inherente a la figura materna analizada
comprende un proceso de culpabilizacin; el que operara
en una doble dimensin. Por un lado, las madres se culpa-
bilizan a s mismas en su proceso de duelo por la vida de
sus hijos que condujo a la muerte; y por otro, la culpa es
resultado de la mirada social y las acciones de los miembros
de su comunidad que las juzgan y cuestionan. Estas dos
dimensiones, a veces, confluyen y es difcil distinguirlas; y
en otros momentos, se separan. Cuando, adems, las madres
268 Individuacin y reconocimiento
pueden trascender la dimensin moral de esta culpa, reali-
zan una crtica social de sus propias posiciones sociales y
las de las de los jvenes muertos.
El modo de concebir y recurrir a la justicia reconoce
dos grandes fundamentos, muy vinculados entre s. En pri-
mer lugar, se trata de un fundamento moral, anclado en la
capacidad de los familiares de sentirse habilitados moral-
mente para actuar frente a los juicios comunitarios. En
segundo lugar, se trata de un fundamento poltico. All, el
poder de la violencia de los grupos de jvenes y sus fami-
lias, y tambin del narcotrfico a nivel barrial, limitara las
acciones de justicia. Puede tratarse del temor a las repre-
salias; pero, tambin, puede revelar posibles afinidades y
compromisos o intercambios sociales de los actores con
estos poderes. En la mayora de los casos, existe una percep-
cin de lejana de la justicia del Estado; lo que reforzara la
situacin de vulnerabilidad social y corporal de los actores
allegados al joven muerto.
Si buscamos caracterizar una prueba social, los familia-
res deberan resolver el desafo de construir una reputacin
del joven muerto con relaciones, conflictos y pensamientos
sociales que procuran eliminar a los jvenes de la comu-
nidad. Y, al mismo tiempo, tendran que recuperar en su
experiencia personal la memoria del mismo en un orden
social que excluye estas muertes. Habra all una paradoja.
Los familiares deben dar cuenta de su experiencia personal
acerca de las relaciones sociales del muerto. Pero, al mis-
mo tiempo, al dar cuenta de estas relaciones sociales, son
interpelados moralmente por los juicios que comporta el
ejercicio de la violencia de los jvenes. De all, que deben
resolver una divergencia, entre una moral comunitaria que
excluye y elimina a los jvenes, y el yo de los actores que
no puede apropiarse de esta moral y tiene dificultades para
construir otra. Existe una distancia entre la socializacin
de los jvenes y los recursos cognitivos morales de que
disponen sus familiares para explicar las trayectorias socia-
les juveniles que condujeron a la muerte. Se tratara de
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 269
un desafo social a resolver, entre las prcticas sociales de
los jvenes y una relacin de los familiares con una moral
colectiva que pueda universalizarse en sus comunidades.
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Parte IV. Movilidades,
agencias e individuacin
9
Hacerse joven en la ciudad: dinmicas
urbanas y construccin de identidades
GUIDO GARCA BASTN Y HORACIO LUIS PAULN
Introduccin
Los espacios urbanos constituyen una dimensin clave para
la comprensin de la condicin juvenil, sus formas de socia-
bilidad y procesos de construccin identitaria. En ellos, se
producen aprendizajes y prcticas en relacin a la alteridad.
Para los jvenes de sectores populares, el barrio se revela
como uno de los escenarios ms importantes para el des-
pliegue de estos procesos que, sin embargo, debe ser enten-
dido en su intensa relacin con el resto de la ciudad.
En este captulo, presentamos algunos resultados de
una lnea de investigacin cualitativa que, a lo largo de suce-
sivos proyectos, se ha centrado en la comprensin de las
sociabilidades y prcticas relacionales juveniles en el mbi-
to de la escuela secundaria. En el proyecto actual,1 a raz
de las consideraciones iniciales, se incorpora a esta lnea
investigativa la dimensin urbana y sociobarrial, a la que
nos abocaremos en esta ocasin. Observamos que la din-
mica del barrio reviste rasgos radicalmente distintos de los
que propone el espacio escolar. Fundamentalmente, en lo
que refiere al grado de apropiacin territorial por parte de
1 Proyecto 2014-2015 SECyT N 203/14. Ver datos del proyecto en la Intro-
duccin del libro, nota 2.
275
276 Individuacin y reconocimiento
los jvenes. Por ello, sus narrativas acerca de este mbito
resultan enriquecedoras para complejizar la comprensin
de sus prcticas de sociabilidad y procesos de construccin
de reconocimiento.
Para pensar la categora de reconocimiento retomamos
algunas de las reflexiones tericas de Axel Honneth (2011).
Tal como fue sealado en la introduccin del libro, la vio-
lencia del maltrato, la exclusin del acceso a derechos y la
injuria discriminatoria asociada al sentimiento de indigni-
dad son los tres mecanismos del menosprecio que el autor
establece como contracaras del reconocimiento. Por el con-
trario, este ltimo se consolida en las relaciones de confian-
za, (como sujeto de amor y amistad), respeto (como sujeto de
derechos) y la estima de s (como sujeto de la comunidad),
estableciendo una gramtica moral que incluye la atencin
tanto a las formas de reconocimiento como a las heridas
fsicas y morales que reciben las personas.
Al recuperar el planteo de George Mead, Honneth
comprender al reconocimiento del otro como un elemento
central de las interacciones. A la vez que son estas inter-
acciones, en absoluto armnicas, las que hacen posible la
construccin de la identidad al instalar:
a quienes interactan y se interrelacionan, en una situacin
de conflicto, de lucha por el reconocimiento de sus preten-
siones y necesidades (Pasillas Valdez, 2011: 3).
A partir de estas premisas tericas es que nos pre-
guntamos: desde la perspectiva de jvenes cordobeses de
sectores populares, qu formas asume el reconocimiento
en relaciones inter e intrageneracionales que tienen lugar
en contextos sociobarriales y educativos especficos?
En esta oportunidad, abordaremos analticamente una
serie de narrativas juveniles a partir de considerar los varia-
dos modos en que los espacios urbanos participan de su
construccin identitaria. Entendemos que, lejos de tratarse
de una propiedad esencial e inmutable, la identidad supone
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 277
un complejo interjuego con el entorno social y los otros sig-
nificativos que all se encuentran, en un permanente pro-
ceso de devenir y no de ser (Hall, 2003: 17). A la vez, la
identidad se construye al calor de la diferenciacin entre los
unos y los otros, entendidos como alteridades situadas
en dichos espacios urbanos.
Por ello, situamos la comprensin de estos procesos de
construccin identitaria y proyeccin personal en el marco
de vidas cotidianas de jvenes de sectores populares, que
residen en escenarios de periferizacin urbana, caracteriza-
dos por la segregacin y la fragmentacin residencial2 (Valds
y Cargnelutti, 2014). Al hablar de segregacin residencial
aludimos a la desigualdad en el acceso a servicios y equi-
pamientos urbanos. En cambio, la fragmentacin se refiere
al producto de intervenciones urbansticas que visualizan
configuraciones territoriales localizadas, fundamentalmen-
te de dos maneras:
a) De modo continuo en la trama urbana, pero con fronteras
invisibles relacionadas con la alteridad; o bien, b) de modo
discontinuo, a manera de islas en el espacio urbano y como
resultado de la expansin urbana en una periferia dilatada. El
elemento comn es la baja interaccin entre los fragmentos
(Valds y Cargnelutti, 2014: 5).
2 Con una cifra de 1.300.000 habitantes relevados por el Censo Nacional del
ao 2010, Crdoba Capital es considerada, en trminos poblacionales,
como la segunda ciudad ms importante del pas, luego de la Capital Fede-
ral. En las ltimas dcadas, la ciudad contina expandindose por fuera de
los lmites del tejido urbano consolidado, como lo viene haciendo desde la
dcada del setenta (Valds y Cargnelutti, 2014). Al mismo tiempo, la exten-
sin sobre la periferia urbana se realiza de dos maneras diferentes. Por un
lado, con la auto-segregacin urbana por parte de sectores de mayor poder
adquisitivo hacia countries y barrios cerrados. Por otro lado, en la forma de
Barrios-Ciudades destinados a los sectores ms pobres y construidos a
travs de polticas pblicas enmarcadas en el programa provincial Mi casa,
mi vida, impulsado en 2004. El que no ha estado exento de cuestionamien-
tos, tanto desde la opinin de especialistas como por parte de sus mismos
destinatarios.
278 Individuacin y reconocimiento
Consideramos, junto con estas autoras, que el anlisis
de la dimensin simblica del espacio urbano configurado
como fragmento residencial resulta til para situar estas
construcciones de identidad y experiencias de reconoci-
miento al hacer visibles las barreras inmateriales entre los
lugares.
Estas proposiciones nos permiten pensar al espacio
urbano como campo de fuerzas, cuyos lmites tambin son
definidos simblicamente por las construcciones de alte-
ridad y las relaciones que sus habitantes (en nuestro caso
jvenes) realizan, aunque las condiciones estructurales ope-
ren en trminos de segregacin urbana y/o de fragmen-
tacin residencial.
En ese sentido, como nos interesa conocer las expe-
riencias de reconocimiento o de maltrato y exclusin, como
as tambin, las aspiraciones y demandas de respeto des-
plegadas en las existencias juveniles, es que consideramos
clave abordar las significaciones y recorridos de los jvenes
por el espacio barrial y cmo en su proceso de crecimiento
personal compartido con otros en la sociabilidad transitan
por el afuera, hacia otros espacios de la ciudad.
A lo largo de este captulo, se analiza un corpus discursivo
resultante del trabajo de construccin de relatos de vida
a partir del enfoque biogrfico (Cornejo, Mendoza y Rojas,
2008; Di Leo y Camarotti, 2013; Leclerc-Olive, 2009). Se
trabaj junto a seis jvenes de sectores populares, seleccio-
nados a partir de un muestreo intencional que contempl
criterios de diversificacin, tales como edad, gnero, tra-
yectoria educativa y procedencia barrial. En el acceso a los
entrevistados y en la construccin de un acuerdo de con-
fidencialidad de los datos, nos orientamos con la premisa
de que cada miembro del equipo se acercara a algn joven
con el que vena compartiendo alguna experiencia previa
de participacin en la investigacin social o en trabajos
institucionales y/o comunitarios. De esta forma, buscamos
garantizar que su participacin se enmarcara en un vncu-
lo previo de confianza para reducir al mnimo cualquier
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 279
sentido de obligatoriedad y vulneracin de derechos. Se
realizaron 4 5 sesiones de entrevistas semiestructuradas
con cada joven a los fines de construir conjuntamente un
relato acerca de su vida.
Nombrar el barrio es nombrarse
En ocasiones, se ha sealado que para los jvenes de barrios
populares la experiencia de atravesar espacios pblicos fue-
ra de sus barrios supone a menudo la tarea de lidiar con
situaciones de discriminacin, debido a los prejuicios aso-
ciados con sus lugares de residencia (Di Leo y Camarot-
ti, 2013; Puex, 2003). Prevalece en estas descripciones la
consideracin del barrio como un elemento cohesionan-
te frente a una discriminacin por parte del afuera. En
consonancia con ello, algunos de los jvenes que participa-
ron en nuestra investigacin hicieron referencia a que sus
barrios eran feos de nombre. En esta expresin, la fealdad
no es antnimo de belleza, sino de seguridad. Los jvenes
reconocan la circulacin de opiniones que sealan a sus
barrios como inseguros, como barrios feos. Sin embargo,
al hacer extensiva esta cualidad slo al nombre y no a los
barrios, los jvenes daban cuenta del carcter prejuicioso
de estas opiniones, rebatibles desde el contraste con sus
propias experiencias:
A pesar de que de nombre es como un barrio feo, la verdad,
nosotros nunca hemos tenido ningn problema ah, nunca
nos pas nada (Alma, 19 aos).
Si bien en las descripciones que los jvenes hacan de
sus barrios tendan a acentuarse los elementos positivos,
debemos sealar que gran parte de estas exaltaciones, ms
que sustentarse en el valor que estos elementos tenan en s
mismos, eran erigidas a expensas de la reputacin de otros
barrios, tambin populares y generalmente colindantes a los
280 Individuacin y reconocimiento
propios. Al estilo de la lgica elusiva de la discriminacin
que plantea Belvedere (2002), se construye la jerarquizacin
social de unos mediante la desvalorizacin de otros. Esto
puede observarse en los modos en que los jvenes nombra-
ban a sus barrios en las primeras descripciones. La alusin
al barrio normal, por ejemplo, marcaba un contraste con
el barrio colindante en que pasan cosas o con el barrio
de zona roja, que afectan a la propia reputacin. Incluso
cuando mediaba un reconocimiento de una presencia de
inseguridad al interior del propio barrio, simultneamen-
te sta era referida como un elemento exgeno:
Entrevistador (E): Sents que podes caminar [segura] por las
calles [de tu barrio]?
Alma: S. S, bueno, en realidad casi ya no hay ni un barrio
seguro porque pueden venir de otros barrios y te roban. No
te pods confiar mucho (Alma, 19 aos).
Jos, uno de los jvenes, hablaba de Matienzo como
de un barrio de viejos, nominacin que le otorgaba cier-
ta distincin como habitante de un barrio tranquilo. Si
la vejez en s misma no constituye un capital valorado, al
menos no en nuestra cultura, su apelacin para referir a
un buen aspecto del barrio deja entrever que no seran
adultos mayores los responsables de la inseguridad. As,
sutilmente, se nos aproxima hacia el grupo etario sobre el
que deberan recaer las sospechas.
Una distincin ms radical es la que separa al barrio
de la villa. Slo uno de los jvenes que participaron en el
estudio dijo habitar una villa. El significante remite impl-
citamente a cualidades peyorativas que desde ciertos dis-
cursos hegemnicos seran propias de los asentamientos
urbanos; pobreza, inmoralidad, ilegalidad (Guber, 2007).
Tal como fue apuntado etnogrficamente en relacin a una
favela brasilea (Koury, 2005), cuando estas cualidades son
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 281
adjudicadas hacia el barrio propio, puede percibirse una
injusticia por la generalizacin de un juicio que cabra slo
a pocos habitantes:
Natalia: [] ya nadie te quiere tomar [para trabajar].
E: [] Est bien lo que piensa la gente?
Natalia: No, porque no pueden comparar a la gente. Meten a
todos en la misma bolsa.
[] La gente ya tiene miedo [] porque dicen que es la villa
este barrio (Natalia, 23 aos).
Si en expresiones coloquiales, como meter en la misma
bolsa o barrio feo de nombre, los jvenes reconocen cier-
tos prejuicios infundados, no seran los mismos criterios de
justicia los que operaran luego para ponderar la reputacin
de los de al lado:
[] lo toman como muy feo al barrio porque al lado est
Ferrer y al otro lado Bella Vista, y ah s pasa cada cosa
(Alma, 19 aos).
Entendemos que la villa y el barrio son categoras
sociomorales antes que clasificaciones urbansticas. Cuan-
do la villa se asienta con posterioridad al barrio, la vivencia
de invasin es concluyente (Kessler, 2006) y diferenciarse
de los que la habitan es parte de la construccin yo-otros,
operndose el despliegue de categoras morales que deli-
mitan y significan el territorio entre lo virtuoso/normal y
lo vicioso/peligroso (Merklen, 2001, citado por Kessler G.
2006). El barrio propio cumplira con los aspectos virtuo-
sos y de buena vecindad (buenas familias trabajadoras, con
aspiraciones sociales adecuadas), mientras que los modos de
vivir de la pobreza relacionados al vicio y la peligrosidad
se depositan en los barrios marginados:
Jos: Nos juntamos con los amigos mos y damos vueltas por
todos lados. Vamos a caminar.
E: Cuando sals a andar en moto, por dnde sals?
282 Individuacin y reconocimiento
Jos: Por ac por el barrio. Me s ir a Rosedal, a San Roque,
por todas partes. Voy a visitar amigas.
E: Cuando decas que no te relacionabas tanto con los chicos
de Parque de las Rosas
Jos: Con los de Parque de las Rosas, y No, no conozco
tanto. Pero los que conozco s lo que son y no me junta-
ra con ellos ni nada. Y con los de Estacin Flores, conozco
varios, me llevo bien con varios. Y hay algunos, tambin,
que no me llevo.
E: Tu familia qu dice de eso, de cmo est el barrio?
Jos: A mi familia le encanta el barrio. Dice que es muy
tranquilo el barrio.
E: Y la relacin con otros barrios cmo la ven?
Jos: No les gusta Parque de las Rosas a mi familia, ni tam-
poco Villa Aspacia. Es una villa que trajeron y no les gusta
(Jos, 18 aos).
Esto, que no hace ms que informar acerca de los
mrgenes de maniobra con que los actores cuentan para
su presentacin de s mismos (Goffman, 1989), puede ser
complejizado si, como apunta Belvedere (2002), corremos
nuestra mirada de la topologa en que se demarcan el
adentro y el afuera, y nos abocamos a la tarea ms impor-
tante de descubrir mediante qu procedimientos se generan
los procesos de exclusin implicados en dichas demarcacio-
nes y cmo stas impactan en la construccin identitaria
de los jvenes.
En lo que sigue, intentaremos aportar a la comprensin
de estos procesos. Para ello, orientaremos la presentacin
en funcin de los tpicos que mayor saliencia tuvieron
en los relatos biogrficos en relacin a las significaciones
del espacio urbano, que categorizamos como: 1. Lugares y
dinmicas urbanas. 2. Dimensin moral y emocional de las
identidades urbanas.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 283
Lugares y dinmicas urbanas: aprender a transitar la
ciudad sin donarse
La antropologa aplicada a lo urbano ha sido por largo tiem-
po sinnimo del estudio de barrios como unidades rela-
tivamente autocontenidas. Sin embargo, vivir en mbitos
metropolitanos demanda cada vez mayores desplazamien-
tos y usos diferenciados del espacio urbano que exigen a la
tarea investigativa una comprensin del espacio barrial en
su intensa relacin con la ciudad, lo que supone la observa-
cin de la movilidad. Nuestra aproximacin metodolgica
nos impide efectuar esta observacin en primera persona.
No obstante, los relatos biogrficos de los jvenes permiten
ponderar la importancia de distintas locaciones sobre las
que transcurren sus vidas y conocer algunas significaciones
a ellas asociadas.
La casa, el ambiente ms inmediato, condensa los signi-
ficados de un espacio familiar y de contencin afectiva. All,
no slo se es contenido, a veces es necesario asumir tambin
un rol de contencin hacia otros. En algunas ocasiones, es
figurado entonces como un refugio afectivo (Sustas y Touris,
2013) y, en otras, como espacio de disputas fraternales o
intergeneracionales en torno a criterios de justicia discor-
dantes, por ejemplo, ligados a las posiciones de gnero o de
edad y sus implicancias sobre la distribucin de las tareas
y roles domsticos:
Algunas veces mi mam no tiene fuerza para hablar []
como que a nosotras si nos tiene que decir algo mi mam
va y lo dice. Pero a mi hermano no. Ella dice que le habla,
pero es mentira porque nosotras nos damos cuenta []. Y
l aparte es el nico hombre en mi casa, es re malcriado. Yo
siempre le digo: sos re malcriado. Eso me gustara, que valore
ms (Alma, 19 aos).
Por ejemplo, no s, en la computadora, tengo que hacer
un trabajo prctico y estn mis hermanos jugando. Y [mi
mam] me dice: vos si tens que hacer un trabajo prctico
despus termins en el Facebook y le digo: pero necesito
284 Individuacin y reconocimiento
estar en el Facebook para que en el grupo me manden el archi-
vo y despus descargarlo, hacerlo yo y mandarlo de nuevo
y no lo entiende a eso. Y empieza: no! vos quers hacerle la
vida imposible a los ms chiquitos, y una cosa lleva a la otra y
se arma un problemn enorme y hasta yo mismo le termino
faltando el respeto a ella (Diego, 19 aos).
Si pensamos al barrio como mbito que circunda el
espacio domstico, debemos precisar que se encuentra atra-
vesado por una dimensin temporal que permite diferen-
ciar sentidos infantiles, de un tiempo en que vivamos en
la calle y todo era color celeste, de otros juveniles, ms
cautos ante el conocimiento de los peligros que el barrio
puede albergar. Lo que da lugar a demarcaciones tales como
dentro/fuera, los de adelante/los del fondo, los buenos/
los choros3/los peligrosos/los inmigrantes.
En los relatos construidos puede inferirse que el trn-
sito de la niez hacia la adolescencia y juventud es acompa-
ado por una libertad creciente para circular por la ciudad.
Cuestin que se ve facilitada, en gran medida, por el uso
autnomo del servicio de transporte pblico:
Diego: Es como que diferentes edades te van llevando a
diferentes lugares.
E: A qu lugares te fueron llevando?
Diego: Ahora, por ejemplo, ms por el Patio Olmos, ms
buscando laburo [] despus tambin ando ms para all
para lo que es Buen Pastor, todo eso. Cuando salgo a los
boliches tambin, salgo a Nueva Crdoba. S, y con los chicos
de la iglesia, a la catedral, o cuando vamos a hacer Expo-
carisma (Diego, 19 aos).
El centro es uno de los espacios que se descubren a
medida que se desarrolla autonoma en el desplazamiento
urbano. Las excursiones hacia el microcentro de la ciudad
se ven motivadas ocasionalmente por bsquedas laborales,
3 El trmino choro se emplea en la provincia de Crdoba para denominar a
las personas que cometen delitos contra la propiedad.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 285
trmites, gestiones o prcticas de consumo que vinculan a
los jvenes con reas formales e informales del mercado
y el sector privado. Aunque tambin por la posibilidad de
concurrencia a ciertos espacios de sociabilidad juvenil que
all se encuentran ubicados. Diego, por ejemplo, mencio-
na al Patio Olmos. La iniciativa que en algn momento
tuvieran quienes, identificados como floggers,4 poblaban
el ingreso de este centro comercial sin otro nimo que el
de floggear (Quintero Ortiz, 2010), torn a este espacio en
un punto de reunin para decenas de jvenes que salen del
colegio y a veces llegan a ausentarse a clase (hacindose la
chupina)5 para asistir a l.
Pero una motivacin comn para la movilidad, incluso
para quienes no comparten las prcticas de sociabilidad de
los escolares, se vincula con los circuitos nocturnos de sali-
das, donde opera tambin una distincin temporal. Como
observaron Camarotti y Gelman (2013) en relacin a las
prcticas de consumo de sustancias, el fin de semana pue-
de ser pensado como un momento de una temporalidad
distinta. La mayora de las experiencias que vinculan a los
jvenes con la calle ocurre los fines de semana. Al refe-
rir a los mbitos en que transcurren sus salidas nocturnas,
ellos distinguen entre las jodas de barrio, los bailes y
los boliches.
En el primer caso, se trata de fiestas informales que,
como su nombre lo indica, tienen lugar en el espacio barrial,
generalmente en viviendas particulares. Los bailes, ambien-
tes de la msica de cuarteto, se llevan a cabo en clubes o
4 Los floggers integraron hasta el ao 2009 una tribu urbana originada en
Argentina que, en su momento, logr expandirse hacia otros pases latinoa-
mericanos. La palabra flogger viene de flog, contraccin de Fotolog; el
nombre de uno de los primeros sitios web en funcionar como una red social
en el que diariamente los floggers colgaban sus fotografas. La llamada
cultura flogger se caracterizaba por su fuerte componente esttico identi-
ficable en singulares peinados, indumentaria y formas de bailar.
5 Expresin coloquial argentina que alude a prcticas juveniles, generalmente
colectivas, de evasin de la asistencia a la escuela, realizadas como parte de
un divertimento.
286 Individuacin y reconocimiento
estadios deportivos. En ellos, el pblico, fundamentalmen-
te juvenil, es convocado por la afinidad con determinados
cantantes y bandas de este gnero popular. Por ltimo, los
boliches son recintos cuyo equipamiento e infraestructu-
ra estn destinados exclusivamente al esparcimiento noc-
turno. All, diferentes DJs6 ofrecen un repertorio variado de
estilos musicales, que generalmente incluye el gnero pop
y la msica electrnica.
Algunos de los relatos reconstruidos convergen sea-
lando en este orden de presentacin una proporcionalidad
inversa con el sentimiento de seguridad que cada lugar
inspirara:
Yo iba a las jodas del barrio X y eran en una casa. Era una
negrada. Y por eso empec a salir a los bailes. Se armaba
porque estaban chupados, drogados. Se desconocen y pelean
entre amigos, o te buscan quilombo a vos que nada que ver.
Como no sos del barrio de ah. Por eso empec a ir a los bailes
y a los boliches a los quince. [] En un boliche me siento
mucho ms seguro, ms lindo. En un baile, vos no sabs si te
van a pegar de atrs. [] Ms que todo voy a [los boliches de]
Nueva Crdoba ( Jos, 18 aos).
Por ejemplo, una joda, una joda de barrio y vos ves negros,
negros mal, en el sentido de negros brasas. Y sabs que cuan-
do sals se van a cagar a tiros, se van a tirar piedras entre ellos,
se van a hacer re cagar, entonces tens que salir temprano
o salir tarde y evitar el bao como saben decir, porque el
primero que se dona en el bao le roban. Es as, y and a
saber si sals de ah adentro. Y en un boliche se pueden cagar
a trompadas, afuera tambin, pero no pasa a mayores, porque
es una zona que hay policas (Diego, 19 aos).
Diego identificaba a la presencia policial como elemen-
to que torna a los boliches ms seguros por sobre otros
mbitos nocturnos. Algunas etnografas locales realizadas
en los bailes de cuarteto aportan contrapuntos para matizar
6 Abreviatura de disc jockey. Persona que selecciona y mezcla msica en bares
y boliches.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 287
esta idea. Mientras que Blzquez (2010) identifica en estos
mbitos de esparcimiento una fuerte presencia de policas
que, en ocasiones, intervienen de modo violento, el trabajo
de Previtali (2015) avanza sobre el anlisis de los procedi-
mientos implicados en los controles policiales de los bailes
cordobeses, sealndolos como factores claves en la gene-
racin de interacciones con violencia (p. 26). Quiz, para
comprender los matices que separan estos mbitos noctur-
nos debamos reparar, ms que en la presencia de policas
como actuantes de estos escenarios, en los modos en que
son construidas otras categoras de actuantes que tanto Die-
go como Jos responsabilizan de buscar quilombo en los
bailes y jodas de barrio: la negrada, los negros brasas. De
quines estamos hablando?
De negros brasas y gente trabajadora. La dimensin
moral y emocional de las alteridades
Hay veces que te discriminan. Si sos negro, te discriminan.
El color de piel digo yo (Natalia, 23 aos).
Las categoras negro, brasa y villero (y sus inn-
meras combinaciones y formas adjetivadas) son de uso
corriente en los sectores populares cordobeses, aunque no
son exclusivas de estos sectores. Se utilizan de modo des-
pectivo, generalmente, por quienes no se encuentran en
ese lugar o quienes mediante su enunciacin consiguen,
al menos momentneamente, posicionarse en un lugar de
superioridad (Garca Bastn, 2015). En la descripcin de un
negro brasa se exaltan ciertas formas de hablar y vestirse
definidas por oposicin a las propias de su par antagni-
co; el cheto. Sin embargo, el estilo no sera lo nico que
est en juego:
288 Individuacin y reconocimiento
Natalia: [A una compaera del colegio] le agarr el ataque de
que me empez a insultar. Y como yo no me le quedaba, me
esperaba en la parada del colectivo, en todos lados. Era una
negrita porrera grandota, grandota. Yo tena miedo. Era de
Villa Pez, [] me dijo que si iba a hablar con la directora y le
pasaba algo a ella, me iba a matar (Natalia, 23 aos).
E: Algn profesor que hayas sentido que te faltara el respeto?
Leandro: Con el director, noms. A la profesora de Lengua
le met un bollazo, tambin. Pero ella fue, porque yo estaba
hinchndole los huevos a una compaera y vino la vieja y me
pech [(empuj)]. Me quiso sacar y yo la empuj, como que
me quiso pegar una cachetada y ah me llevan a la direccin y
[el director] me empez a tratar mal.
E: Qu te dijo?
Leandro: Que era un negro villero (Leandro, 19 aos).
En los fragmentos anteriores Natalia y Leandro reme-
moraban algunos episodios de sus inconclusos trayectos
escolares. A la voz de negro villero el director reprobaba el
bollazo propinado por Leandro a su profesora de Lengua.
Natalia, por su parte, explicaba la actitud desafiante de su
compaera por su condicin de negrita porrera que viva
en Villa Pez. La violencia es una de las caractersticas que
se le adjudican al negro villero, por eso es entendible que
sea una figura temida.
Como pudimos apreciarlo en los testimonios de Diego
y Jos, el choreo7 tambin es parte constitutiva de esta
figura mtica que ronda la calle y otros espacios de socia-
bilidad. As como un tercer elemento: el consumo abusivo
de sustancias. Esta combinatoria convierte al negro brasa
en un personaje social receptor de los prejuicios anclados
en la representacin de una juventud negativizada (Chaves,
2005): drogadicta, delincuente y violenta. Imagen de una
alteridad amenazante (Reguillo, 2008) que contrasta con la de
la gente trabajadora y humilde, categoras sociomorales
que dignifican a sus portadores:
7 Robo.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 289
Alma: Lo que me gusta de este barrio [ es que] todas las
familias que viven ah son trabajadores. Y en ese barrio hay
muchos perros caniche y, por ejemplo: se te llega a escapar
uno [y la gente] te avisa, si vos te vas, te cuidan la casa. No se
falta el respeto nadie ah (Alma, 19 aos).
E: Alguna vez te faltaron el respeto a vos?
Leandro: S.
E: En qu situacin?
Leandro: Ponele te quieren tocar las cosas en tu casa. En ese
sentido, s [] Una vuelta, en la casa de mi mam, se metie-
ron y sacaron un termotanque. Me envenen yo. Se arm un
rabionazo []. Los agarr a tiros [] Por qu tienen que
venir y faltar el respeto en mi casa? (Leandro, 19 aos).
Si dentro del barrio la cualidad de trabajadores hace
a las condiciones de respetabilidad que otorgan pertenen-
cia a la comunidad moral (Feltran, 2007), a travs de estos
fragmentos vemos tambin que, en este espacio, una afren-
ta contra la dignidad puede ocurrir cuando alguien atenta
contra la propiedad privada, faltando el respeto. De ah
que la frecuencia de robos a las viviendas y la procedencia
barrial de los ladrones constituyan indicadores certeros
para determinar si se habita un barrio respetable, diri-
miendo por aadidura el estatus moral del morador, que es
quien hace el clculo.
La delincuencia, el consumo de sustancias ilegalizadas
o legales y la violencia, se presentan en los relatos, general-
mente aunque no siempre, asociados a figuras masculinas.
Cuando se trata de familiares o allegados, puede existir una
expectativa de que maduren, abandonando la joda y las
cosas de chicos, para asumir un estilo de vida ms sano y
dejar de mandarse sustos. De no mediar esta maduracin,
alguien podra tomar la iniciativa de apartar a quien no se
rescate a tiempo:
290 Individuacin y reconocimiento
Nahuel: Mi pap nunca quiso trabajar. Despus lo corri mi
abuela porque medio que mi pap la molestaba mucho a mi
mam [], nunca quiso trabajar, nunca le gustaba estudiar.
[] Se drogaba y a veces nos daba mala imagen (Nahuel,
15 aos).
Natalia: [Mi to] se volvi sano Como que madur.
E: Madur. Qu cosas te hacen pensar que madur? Por qu
decs vos que madur?
Natalia: Porque las cosas que l haca eran cosas de chico, se
cruzan ac al frente roban, no le importa si lo ven, nada.
E: En qu otras cosas, aparte del robo?
Natalia: Con la droga. Dej de fumar cigarrillos, porro l
fumaba mucho (Natalia, 23 aos).
Diego: Cuando ya empec a cambiar, empec a cambiar la
forma de hablar, empec a cortarme el pelo de otra forma,
hasta afeitarte.
E: La forma de hablar tuya era cmo la que vos me describas
hace un rato, la de los brasas?
Diego: S, s, era bastante negro. S, cambi un montn en
eso, aparte 19 aos y voy a seguir hablando as, sabiendo que
puedo hablar bien (Diego, 19 aos).
El ltimo fragmento aporta elementos para pensar
que si resulta difcil encontrar al negro villero en pri-
mera persona esto pueda deberse a que, ms que pensarse
como taxonomas estancas para designar clases de personas,
las clasificaciones mencionadas deban comprenderse como
categoras plsticas (Feltran, 2007) que permiten a los actores
demarcar situacionalmente una distancia moral respecto
de una alteridad amenazante. A la inversa, y tal como ha
sido sealado en otras ocasiones, es posible adoptar algunos
de los rasgos que usualmente seran adjudicados al negro
brasa en aras a hacerse el malo (Tomasini, 2013) o el cho-
ro (Pauln, 2015) y en ello hacerse respetar8 (Liberatori,
2014; Pauln y Martnez, 2014):
8 Liberatori (2014) muestra cmo, para sus informantes, hacerse respetar
supona una condicin difusamente separable de ser buenito, y por ende
vulnerable e indefenso, o ser un choro; situacin en que estaran supuestas
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 291
En este colegio vienen todos los negros de ac y se hacen los
mandams, digamos, los choros. Y eso a m me molesta por-
que yo no soy como ellos. Los forreo, digamos. [] Cuando
veo que se hacen los choritos, no me cae bien. Entonces, los
miro y hago que no estn (Jos, 18 aos).
Forrear o rebajar a otro con la mirada implica ubi-
carlo en un lugar inferioridad, casi hasta negar su exis-
tencia; hacer como que no est. Pero, paradjicamente,
requiere que dicho otro dote esa mirada de significacin,
a la vez que precisa de terceros que, con su mirada, resti-
tuyan la propia existencia. La actitud de forreo es un claro
ejemplo de cmo ante ciertas taxonomas estigmatizantes,
a veces deben tomarse medidas destinadas a distinguirse de
quienes pudieran quedar incluidos en ellas: No soy como
ellos. La identidad se construye a travs de la diferencia y
es constantemente desestabilizada por lo que excluye (Hall,
2003). Retomando los interrogantes con que concluamos el
apartado precedente, podra argumentarse que la necesidad
de una diferenciacin identitaria se acrecienta junto con
el riesgo de contaminacin que cada mbito de esparci-
miento nocturno supone: si los boliches de Nueva Crdoba
que Diego y Jos mencionan son mbitos que frecuentan
tambin los sectores medios de la ciudad,9 esta caracters-
tica no sera compartida con los bailes, restringidos casi
las cualidades que nuestros jvenes sealan como propias de los negros
villeros. As, en aras a hacerse respetar parecera ser necesario hacerse
el malo en la justa medida.
9 Nueva Crdoba es un barrio cntrico de la ciudad con un trazado pari-
sino de rotondas y calles diagonales. Si bien inicialmente fue un barrio
habitado por la clase alta cordobesa (lo que atestiguan algunas de las lujosas
casonas que se encuentran todava en pie), su proximidad con la ciudad uni-
versitaria fue tornndolo un barrio estudiantil poblado por jvenes que lle-
gan desde distintas regiones del interior de la provincia y del pas para estu-
diar en la ciudad. Con lo cual, sus tradicionales casonas han sido
progresivamente reemplazadas por edificios de altura hasta volverlo el
barrio de mayor concentracin de propiedad horizontal. Algunas de estas
casas han sido reestructuradas para funcionar como boliches bailables que
abren sus puertas de mircoles a sbados.
292 Individuacin y reconocimiento
con exclusividad a los sectores populares y menos an con
las jodas de barrio, a las que asisten fundamentalmen-
te los propios jvenes moradores de cada barrio. As, a
medida que el escenario ofrece menos recursos objetivos
para imputar una distancia social con el otro, pareceran
requerirse mayores esfuerzos subjetivos en aras a sostener
esa distancia.
Llegados a este punto, comenzamos a comprender
algunos modos con que estos jvenes, a travs de meca-
nismos de adjudicacin y asuncin de taxonomas sociales,
soportan el lastre de estar siempre en riesgo de ser dis-
criminados y considerados negros, no slo fuera de los
barrios populares en que viven, como resultado de procesos
de estigmatizacin por parte de otros sectores sociales, sino
tambin dentro de estos barrios, donde distinguirse del otro
requiere de una sensibilidad para el despliegue situacional
de repertorios que permitan hacer frente al estigma.
Tal como apunta Rossana Reguillo (2008), los mapas
subjetivos de la ciudad no son un dato estable. Ello nos
advierte como investigadores acerca de los riesgos que
supone reproducir las imputaciones nativas respecto de lo
que se consideran zonas seguras e inseguras del espacio
urbano. Pero, adems, supone para los actores la necesidad
de elaborar estrategias (discursivas y fcticas) para resolver
la continuidad en sus mapas (p. 65). En este sentido, la
actitud de hacer como que no estn, que Jos deca tomar
respecto a quienes designaba como negros, permite sos-
pechar lo que otros fragmentos muestran con mayor cla-
ridad: que el miedo es una emocin que participa tambin
en la organizacin de las interacciones urbanas en distintos
mbitos de sociabilidad:
Jos: [] Del barrio Parque de las Rosas [] siempre me
quisieron agarrar fuera del colegio. Y me disparaba, y nun-
ca me pegaban.
E: Y eso, cmo te pone? Te asusta? Te da miedo?
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 293
Jos: Me asusta, pero me da bronca a la vez porque vienen a
querer pegar. [] Un amigo la otra vez lo agarraron ac. Fue
el ao pasado. Ahora va a otro colegio que est en ah en la
Den Funes. [] Lo haba agarrado un negrito del otro barrio.
Lo agarr en el piso y lo cag a trompadas ( Jos, 18 aos).
Diego: Pass por una esquina donde hay 5 6 vagos y ya
te empieza a dar cagazo10 por si les va a pintar chorearte
o algo [] son cosas que pasan en la calle, por eso te digo
que en la calle se encuentra de todo y me da miedo por mis
hermanos (Diego, 19 aos).
Como seala Koury (2005), los miedos cotidianos con-
tribuyen a la estructuracin de jerarquizaciones. La per-
cepcin de peligrosidad puede constituir muchas veces un
elemento aglutinador que genere ciertos lazos comunales
entre quienes comparten un mismo barrio. Sin embargo,
tambin la pobreza puede tornarse peligrosa, incluso para
quienes se encuentran en esta situacin, cuando no es adje-
tivada por categoras como trabajo y honestidad (Feltran,
2007; Koury, 2005), llegando a producirse a veces ambiva-
lencia entre los moradores (Almeida, 2011).
Podra pensarse que, para los varones, estos preceptos
morales comportan una tensin adicional. Al presentarse
intersectados con otros mandatos ligados a modelos hege-
mnicos de masculinidad, podran dificultar el reconoci-
miento pblico del miedo conducindolos, eventualmente,
a hacerse los malos para autoafirmarse. Algunos trabajos
(Martnez, 2008; Montesinos, 2002) han sealado que en
varones de clases populares, ante las posibilidades limitadas
de obtener reconocimiento en mbitos laborales y educati-
vos, se hara ms notable el esfuerzo por destacarse a travs
del valor fsico y la capacidad intimidatoria. Lo que, en
los casos analizados, podra explicar la mayor facilidad con
que las jvenes informaban de los temores suscitados por
la circulacin urbana.
10 Miedo (Arg.)
294 Individuacin y reconocimiento
A pesar de ello, parecera haber amplio consenso de que
la calle es un lugar del que se presume, por sobre todo, la
peligrosidad. Cuando aluden a este espacio, detrs del sig-
nificante se despliegan mltiples lneas de significacin:
Ahora la calle es cualquier cosa. No pods salir a un boliche
porque te vas a un boliche y viene el colectivo lleno de negros,
bueno, te vens en el remi,11 pero no siempre vas a tener plata
para el remi. Porque una vez que saliste, ya te empez a gustar
la noche, y una vez que te empez a gustar la noche viene
todo junto (Diego, 19 aos).
La calle puede connotarse como un lugar en el que se
est relativamente desprotegido del eventual acecho de los
negros. Aunque tambin se asocia con la noche. Una noc-
turnidad que viene acompaada de muchos ingredientes,
algunos sumamente atractivos. Sin embargo, difcilmente se
pueda escogerlos aisladamente por cuanto all parece venir
todo junto. En los testimonios de las jvenes mujeres se
infiere ms claramente que la circulacin nocturna por la
calle se ve dificultada por el medio de transporte. Esperar
el colectivo en la parada puede implicar una exposicin
riesgosa que a Natalia, por ejemplo, le cost su vnculo con
la escuela nocturna en una oportunidad:
Despus me anot de vuelta al colegio a la noche, pero fui un
mes y lo dej. Porque sala muy tarde: a las doce de la noche.
Encima, despus no saba si no saba si al colectivo lo iba a
tomar o no. Ah ya tena 20 aos (Natalia, 23 aos).
Mi amiga [] vive en Comercial. Es lejos de la escuela. Me
s quedar los fines de semana [en su casa]. Cuando voy a los
bailes salgo ms de la casa de ella, porque a ella le quedan
ah noms los colectivos y a m no. Y para ir sola a la parada,
11 Un remi o rems es un servicio de transporte pblico usado en Argenti-
na, Uruguay y recientemente tambin en Bolivia. Es un automvil con con-
ductor (denominado remisero) que se alquila para llevar pasajeros. Normal-
mente se utiliza para recorrer trayectos cortos o medianos dentro de las
zonas urbanas.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 295
no, prefiero irme de ah o, bueno, a veces los padres de ella
nos saben llevar. Cerca de mi casa no pasan muchos colec-
tivos (Alma, 19 aos).
La circulacin nocturna conlleva el aprendizaje de no
donarse ante ciertas situaciones que pueden significar un
riesgo. Si tens calle sabs evitar eso, argumentaba Diego.
Al parecer, tener calle implicara la pericia resultante de
una trayectoria de exitoso relacionamiento con las esferas
de lo ilcito y del consumo de sustancias. Cualidades que
construyen el mundo de la calle retratado frecuentemente
por las letras del cuarteto (Previtali, 2015):
Leandro: Mi to tena una bandita y me llam para venga a
tocar. Y, ah no ms, empec a tocar con ellos; tocaba la gira.
[]
E: Y de qu hablaban esas canciones? Te acords?
Leandro: Eran canciones de la calle. Una la haba mandado
un chico que estaba preso (primo mo tambin es), que era
de un chico que limpiaba vidrios. Estaba buena la letra
(Leandro, 19 aos).
Conectada con la calle, la esquina es a veces sealada
como punto de reunin. Pero tambin puede ser escena-
rio de actividades ilcitas. Incluso sin participar de ellas, la
simple presencia en la esquina podra implicar el riesgo de
perder frente a la polica. De este modo, el mbito calleje-
ro se torna en un potencial articulador con otro submundo
institucional: el de la crcel.
S, sala. Me iba a para la Alem, Rancagua, todo eso. Tena-
mos unos amiguitos y salamos todos juntos. Y as, tuve que
caer un par de veces, o sea no por robo. Una sola vez me
pusieron por tentativa de robo. [] Un par de veces, tam-
bin, porque choreaban los otros, estaba en la esquina sin
saber nada, caan y te queran llevar. Un par de veces perd
(Leandro, 19 aos).
296 Individuacin y reconocimiento
[Mi novio] sali con fianza a la calle, as que se come, lo
de ahora, ms lo que l deba. l deba como dos aos creo
y ms lo que le quieren dar. Primero antes de empezar
la relacin conmigo cay preso por un robo en el centro
(Natalia, 23 aos).
La calle parece as constituir un desafo con el que debe
aprenderse a lidiar a medida que se amplan los mrgenes
juveniles de circulacin urbana y que en ocasiones ofrece
resistencias a esta ampliacin.
Grfico 1: Relaciones entre escenarios urbanos y
procesos de construccin identitaria
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 297
Reflexiones finales
Este captulo tuvo como propsito mostrar algunas con-
tribuciones que distintos espacios de sociabilidad y circu-
lacin urbana hacen a la construccin identitaria de los
jvenes de sectores populares cordobeses.
Las narrativas analizadas pareceran abonar las propo-
siciones que desde algunas lneas de investigacin sealan
al barrio como operador de identidad y cohesin, y a la
calle como lugar inseguro. Sin embargo, pudimos tambin
observar que la definicin del lugar de residencia como
barrio o villa es una construccin social en disputa sim-
blica para los jvenes que no siempre les brinda seguridad.
As, la discriminacin y estigmatizacin no se restringen
a las resultantes de la territorializacin12 del espacio urbano
(Puex, 2003), ya que, como pudimos observar, se trata de
procesos que suceden tambin al interior de sus barrios.
Esto nos permite pensar que en escenarios de periferizacin
urbana, donde las delimitaciones geogrficas se combinan
y funden con demarcaciones morales y emocionales sobre
s mismos y sobre los otros, la referencialidad de los acto-
res depende en mayor medida de sus dinmicos mapas
subjetivos que de estticas coordenadas georreferenciales.
Podemos afirmar entonces que para los jvenes de sectores
populares en condiciones de periferizacin, su autorrefe-
rencia residencial puede funcionar como un soporte estig-
matizante13 (Martuccelli, 2007) sobre el que deben operar
12 La autora refiere as al proceso por medio del cual se estigmatiza a un deter-
minado lugar dentro del espacio urbano y se realizan en su contra prcticas
discriminatorias.
13 En la sociologa de la individuacin que propone Martuccelli (2007) el indi-
viduo no existe sino en la medida en que logra sostenerse en un conjunto de
soportes, reales o imaginarios. En la clasificacin que construye, atendiendo
a sus diferenciales de legitimidad, los soportes estigmatizantes son aqullos
que, al ser escasamente legtimos, comportan un carcter simultneamente
protector y descalificante. Un claro ejemplo, provisto por el autor, son los
298 Individuacin y reconocimiento
(simblicamente) para convertirlo en sostn o aminorar, al
menos, los procesos de discriminacin social del que sern
objeto en su pasaje por distintos escenarios institucionales.
A su vez, el proceso de crecer y hacerse joven
conlleva una ampliacin del espacio de circulacin urbana
que repercute tambin sobre el horizonte de escenarios de
interaccin en que los jvenes debern disputar simblica-
mente su reconocimiento. En este proceso, la calle aparece
como el espacio en que se materializan simultneamente
las posibilidades de ser reconocido y las de resultar estig-
matizado. Por este motivo, segn nuestro anlisis, parte de
la experiencia del crecer en jvenes de sectores populares
implica aprender a lidiar con potenciales situaciones de
menosprecio que pueden suponer heridas para la estima de
s mismos (Honneth, 2011). En ese sentido, hemos plan-
teado algunos mecanismos mediante los cuales los jvenes
consiguen presentarse como integrantes de barrios respe-
tables y simultneamente marcar una distancia moral con
ciertas categoras de actuantes que circulan por la calle;
espacio con el cual se establece una relacin ciertamente
ambivalente. En los relatos juveniles, el espacio callejero,
simblico y material a la vez (Previtali, 2014) aparece como
un lugar que se conquista: se tiene calle o de lo con-
trario se est donado ante las inseguridades y peligros
que este espacio alberga. Tambin se constituye como un
locus de experimentaciones riesgosas, de las que algunos
logran rescatarse y ante las que otros, menos afortunados,
sucumben cuando les toca perder.
Sin desconocer que la experiencia de circulacin urba-
na pueda funcionar en ocasiones como espacio para el des-
pliegue de procesos de articulacin institucional (Ramrez,
2013), de nuestros anlisis se desprende que el espacio de
la calle parecera configurarse como un elemento adverso
subsidios estatales que, a la vez que sostienen la subsistencia, ubican a
los individuos en el lugar de asistidos, lo que conlleva una descalifica-
cin moral.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 299
a pesar del cual en ocasiones los jvenes consiguen pro-
yectarse hacia ciertos submundos institucionales, constru-
yendo sus biografas.
En este punto emergen ciertos interrogantes que
requeriran ser objeto de futuras indagaciones, referidos a
cundo y cmo los vnculos de la sociabilidad entre jve-
nes operan como sostn de dicho trnsito riesgoso por
la ciudad. Y en esa direccin, cundo y cmo las prcti-
cas de cuidado (en un sentido amplio) trascienden a las
advertencias familiares para incluir tambin aqullas que
devienen como resultado de aprendizajes juveniles en que
los pares se constituyen como otros significativos (Berger y
Luckmann, 2001).
Para finalizar, los testimonios de los jvenes presenta-
dos nos muestran que la experiencia de vivir en determina-
dos barrios y villas, como as tambin aprender a transitar
la calle, configura el marco donde se desarrolla la prueba
de la relacin con los otros (Araujo y Martuccelli, 2012: 103).
Es decir, se constituye en un factor de individuacin clave
para comprender cmo asumen, en trminos identitarios,
de dnde vienen y desde dnde transitan por cuenta pro-
pia la ciudad.
Para estos jvenes de barrios populares habitar la ciu-
dad se constituye en un desafo en el que ineludiblemente
se miden y recrean sus identidades, debido a que, como diji-
mos antes, deben lidiar con su procedencia barrial consti-
tuida como soporte estigmatizante y con la representacin
de peligrosidad social que portan, en un contexto carac-
terizado por procesos de periferizacin y fragmentacin
urbana que hacen cada vez ms inequitativo el ejercicio del
derecho al espacio pblico en Crdoba.
300 Individuacin y reconocimiento
Anexo: Perfiles de los entrevistados
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10
De lmites a estrategias: movilidades de
jvenes que realizan actividades
artsticas y deportivas
SILVIA ALEJANDRA TAPIA
Introduccin
En este captulo en el que presento avances de mi tesis
doctoral1 me propuse indagar: cmo se producen las
movilidades cotidianas de jvenes de sectores populares
que realizan actividades artsticas y deportivas en la Ciudad
Autnoma de Buenos Aires (CABA)?; qu estrategias desa-
rrollan los jvenes para desplazarse cotidianamente?; de
qu manera son reguladas tales movilidades? y finalmente,
cmo operan estos procesos en la configuracin de sus
identidades? En ese sentido, result de inters reflexionar
acerca de las caractersticas que adquieren las movilidades
urbanas cotidianas en las biografas de los jvenes de secto-
res populares que realizan actividades artsticas y deporti-
vas en espacios gratuitos de la CABA, los modos en que se
regulan o limitan tales movilidades, as como las estrategias
que stos desarrollan para atravesarlas.
Para la construccin de datos empricos siguiendo
los desarrollos de la propuesta metodolgica de nuestro
equipo, que toma en consideracin los aportes de Michle
1 Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Direc-
tor: Dr. Pablo F. Di Leo.
305
306 Individuacin y reconocimiento
Leclerc-Olive (2009) seleccion el enfoque biogrfico (Di
Leo y Camarotti, 2013). A partir de la realizacin de entre-
vistas en profundidad se identificaron los acontecimientos
que establecieran un giro existencial en la vida de los jvenes
para la construccin consensuada de su relato biogrfico.
Para ello, se entrevist, previo consentimiento informado, a
7 varones y 4 mujeres, de entre 18 y 24 aos, con quienes se
realizaron entre 3 y 7 encuentros (en total, 60 entrevistas).
Al momento de construir los relatos, todos los entrevistados
se encontraban participando en alguno de los talleres pro-
puestos por la organizacin a partir de la cual fueron con-
tactados.2 Para el procesamiento y anlisis se siguieron los
lineamientos de la teora fundamentada, utilizando como
auxiliar el software [Link] (Vacilachis de Gialdino, 2012).
Por otra parte, siguiendo los aportes de los estudios
etnogrficos, realic observacin-participacin que fue
registrada en un diario de campo (Aschieri y Puglisi, 2010;
Del Mrmol et al., 2012). Con acuerdo de los coordinadores
de una organizacin social, el circo que ofrece talleres
gratuitos orientados a poblacin de barrios vulnerabiliza-
dos, y de los jvenes concurrentes, particip en cuatro
talleres durante el segundo semestre del ao 2014: trape-
cio y tela; acrobacia y malabares; hip-hop y tango. Dicha
organizacin cuenta con cuatro sedes donde se desarrollan
tales actividades: Parque Patricios, Mataderos, Monserrat y
Barracas (Villa 21).3 La insercin en dichos espacios facilit
el encuentro con los entrevistados y gener mayor con-
fianza para llevar adelante la construccin de sus relatos
biogrficos.4 A su vez, conocer las dinmicas de los talleres
favoreci la comprensin de normas y pautas del lugar, de
2 Ver Anexo 1.
3 El circo es el modo en que los diferentes actores que participan del espacio
denominan cotidianamente a la organizacin social. A partir de aqu se utili-
zar este trmino para dar cuenta de la misma.
4 El trabajo de campo fue realizado en todas las sedes, excepto en Barracas,
dado que all concurran mayormente nios. Por cuestiones ticas y de los
objetivos del trabajo, se buscaba entrevistar slo a mayores de 18 aos.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 307
trminos utilizados por estos jvenes, as como tambin
de las relaciones entre stos, los coordinadores y el uso y
circulacin por los distintos lugares en que se desarrolla-
ban las actividades.
La organizacin del captulo se plantea en cuatro apar-
tados. En primer lugar, se hace referencia a antecedentes
de la articulacin entre los estudios sobre movilidades y
los de juventudes. Luego, se presentan aspectos vinculados
a la movilidad en el trabajo de campo. A continuacin, se
desarrolla el anlisis a partir de los emergentes en los relatos
biogrficos, las entrevistas y el registro de las observacio-
nes. Y, finalmente, se proponen las reflexiones finales de
este trabajo.
Movilidades y juventudes
Diversos abordajes terico-metodolgicos han puesto aten-
cin a distintas significaciones y prcticas asociadas al
movimiento y la circulacin tanto de personas, como de
objetos e informacin como aspectos sustantivos en el
anlisis de lo social, confluyendo en lo que se denomin el
giro hacia la movilidad (mobility turn) en las ciencias socia-
les. Considerar estas movilidades problematiz, a su vez,
el predominio de una mirada que destacaba el carcter fijo
y permanente de los fenmenos en los estudios que anali-
zan la espacialidad y lo urbano. La comprensin del modo
en que se configuran estas movilidades puso de manifiesto
que las investigaciones precisaban dar cuenta de distintas
dimensiones de la movilidad, no slo asociadas a proce-
sos estructurales vinculados a la migracin y el transporte,
sino tambin a las prcticas de la vida cotidiana, al lugar
de la corporalidad en estas experiencias y, adems, a las
potencialidades y limitaciones de esas distintas formas de
movimiento y circulacin (Sheller y Urry, 2006; Cresswell,
2010; Jirn, Lange y Bertrand 2010; Lange Valdes, 2011).
308 Individuacin y reconocimiento
En dicho marco se ha buscado comprender las movi-
lidades a la luz de las desigualdades y relaciones de poder
que stas pueden manifestar. Las distintas formas de poder
por clase social, gnero, nacionalidad, generacin impo-
nen distancias sociales y simblicas, regulan y normativi-
zan, resisten y reproducen estereotipos (Jirn et al., 2010;
Chaves, 2014; Zunino Singh, 2015). Al atender a las dimen-
siones de la movilidad es posible poner en cuestin estas
desigualdades, reconociendo su articulacin y sus tensio-
nes. Asimismo, contemplar las experiencias cotidianas de
los individuos y el modo en que se configuran sus identida-
des se vuelve sustantivo en tal abordaje, dado que [] todas
las prcticas de movilidad producen significados, identida-
des y sentidos culturales (Jensen, 2009: 141). En ese senti-
do, para el abordaje de dichas experiencias se vuelve rele-
vante atender a la movilidad cotidiana urbana, esto es:
[] aquella prctica social de desplazamiento diario a travs
del tiempo y espacio urbano que permite el acceso a acti-
vidades, personas y lugares. Este enfoque involucra adems
entender las consecuencias sociales, econmicas, culturales
y espaciales que genera sobre la conformacin del espacio
urbano y los distintos tipos de experiencia de sus habitantes
(Jirn et al., 2010: 24).
Por otra parte, algunos autores han sealado la escasa
atencin que tuvieron las movilidades de nios y jvenes
(Gough, 2008; Barker et al., 2010; Skelton, 2013). Aunque se
reconoce la emergencia de nuevos estudios que las toman
como objeto de anlisis, se ha destacado que, al estar cen-
trados en los pases del norte, esto ha invisibilizado las
particularidades de los procesos de desigualdad en pases
como los latinoamericanos y los africanos (Ansell y Blerck,
2005; Gough y Franch, 2005).
Sin embargo, lejos de ser exhaustivos, es posible dis-
tinguir diversas investigaciones que han recuperado dichas
experiencias. As, a modo de ejemplo, en Latinoamrica,
puede sealarse el caso brasileo donde, desde los primeros
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 309
estudios sobre juventudes, se reconoce la preocupacin por
su circulacin en las calles de las principales ciudades de ese
pas. La introduccin de las dimensiones de clase y gnero
ha permitido, adems, la comprensin de las desigualda-
des a partir de la movilidad, comparando significaciones y
modos de transitar por la ciudad segn sector social (Gough
y Franch, 2005). Otros anlisis abordan las redes de socia-
bilidad y las prcticas de circulacin en funcin del uso y
ocupacin del tiempo libre en barrios populares, la confi-
guracin de diversos circuitos, vislumbrando all diferen-
cias entre lo pblico y lo privado, las diversas concepciones
acerca de las juventudes y los conflictos intergeneracionales
(Franch, 2002; Magnani, 2005).
En Argentina, tambin se registran antecedentes de
investigaciones que incorporan el anlisis de las movilida-
des en los estudios sobre juventudes. Puede destacarse el
trabajo de Mariana Chaves (2014), en el que, retomando la
nocin de circuito juvenil de Jos Magnani (2005), aborda la
construccin de recorridos en las vidas cotidianas de jve-
nes de sectores populares urbanos, con el fin de identificar
el modo en que se configuran y localizan sus desplazamien-
tos, sus temporalidades, los sentidos otorgados a stos y las
interacciones generadas en dichos procesos.
Por su parte, desde una lectura crtica de los estudios
sobre segregacin socioespacial, Ramiro Segura (2012)
plantea la necesidad de estudiar los sectores populares ms
all de su cotidianeidad barrial. Busca comprender las lgi-
cas de circulacin de los jvenes de sectores populares por
la ciudad y el encuentro con otros actores sociales, para
poner en cuestin las concepciones de vida urbana que par-
ten slo de la separacin y el aislamiento.
En el presente trabajo la atencin al anlisis de las
movilidades tiene un doble propsito: por un lado, habilitar
el cuestionamiento a los enfoques positivistas que entien-
den la juventud como una entidad nica y estable para dar
cuenta, en cambio, de su carcter relacional, dinmico y
transitorio, situado social e histricamente en el marco de
310 Individuacin y reconocimiento
relaciones de poder (Chaves, 2010). A su vez, busca valori-
zar las prcticas culturales juveniles como manifestaciones
culturales propias y no como desvos de la cultura adulta,
apelando a considerar los aspectos de la vida cotidiana en
el proceso de constitucin de identidades (Kornblit, 2007;
Segura, 2012).
El circo: movilidades en el trabajo de campo
El trabajo de campo se desarroll en tres sedes del circo:
Parque Patricios (sede central), Mataderos (Barrio Manuel
Dorrego) y Monserrat. Tales ubicaciones responden a las
posibilidades de la organizacin de contar con espacios
cedidos o prestados para llevar adelante sus actividades, en
funcin de su inters por situarse en lugares que resulten
accesibles para los nios y jvenes que residen en barrios
vulnerabilizados. Estos barrios se concentran mayormente
en la zona sur de la CABA y es all donde se sitan estas
sedes del circo. Dicha accesibilidad no slo responde a la
cercana geogrfica, sino que se plantea desde un modo de
intervencin que busca favorecer el acercamiento y per-
manencia de los jvenes. Esto, a su vez, habilita el acceso
a nuevas experiencias, nuevas relaciones y temporalidades
que tienen impacto en sus vidas cotidianas.
En la sede central de Parque Patricios cuyo edificio
haba funcionado aos atrs como una fbrica se cuen-
ta con amplias instalaciones para circular y desarrollar las
actividades. Este lugar fue cedido por un espacio cultu-
ral que, con apoyo de fondos nacionales e internacionales,
nuclea organizaciones sociales con objetivos diversos. Aqu
asisten jvenes de distintos sectores de la ciudad, especial-
mente, de barrios populares como Villa Soldati, Bajo Flores,
Nueva Pompeya y Barracas. Concurren en mnibus o cami-
nando y lo hacen solos o en compaa de otros jvenes.
Quienes llegan caminando, en su mayora residen en las
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 311
cercanas del circo, aunque esto responde algunas veces a
la falta de dinero para utilizar un transporte pblico. En
el caso de Monserrat, de modo similar a la sede central,
acceden desde diferentes barrios del sur de la CABA. Esta
sede slo funciona los das sbados en las instalaciones de
otro circo ms antiguo que les cede el lugar ese da.
En Mataderos, el espacio y el equipamiento son meno-
res que en el resto de las sedes. Los talleres se dictan
en un saln del polideportivo del barrio Manuel Dorrego,
que pertenece al Gobierno de la CABA. La cantidad de
jvenes que asisten es significativamente menor. Residen
mayormente en las cercanas del predio, por lo que llegan
caminando. Ms de la mitad concurre desde la Villa 15
(ubicada frente a este barrio) y el resto, desde Villa Insu-
perable, un barrio del Conurbano bonaerense, que limita
con Mataderos.
En las tres sedes estudiadas, la circulacin, especial-
mente la de los jvenes, se encuentra limitada y regulada.
Esto parece, en parte, vincularse al hecho de que en ninguno
de los tres casos el lugar es completamente propio de la
organizacin. De ah que, al compartir el lugar con otros,
existen determinados espacios por donde no es posible cir-
cular o permanecer. En cada sede se construyen recorridos
que, de alguna manera, fijan y constituyen un camino de
ida y vuelta entre la entrada y la salida. La regulacin del
modo en que los jvenes circulan al interior del circo res-
ponde tambin al inters de sus referentes por generar pau-
tas de cuidado, delimitando as los espacios de circulacin
por donde resulte posible observarlos y acudir a ellos ante
cualquier eventualidad.
La sede central se encuentra situada en un amplio
predio que cuenta con varios galpones subdivididos. Aun
cuando stos se mantienen vacos gran parte del da, no es
posible circular por all. Los jvenes eran conscientes de
estos lmites. Por ejemplo, al querer realizar entrevistas en
estos salones, ellos advertan que se trataba de lugares en
los cuales no se poda ingresar o permanecer. En el predio
312 Individuacin y reconocimiento
de Mataderos, aun cuando se tratara de un espacio pblico,
el acceso y circulacin interna tenan limitaciones. En oca-
siones deban realizarse simultneamente tres actividades
(acrobacia y malabares, maquillaje artstico y kung-fu) en
un mismo saln por no contar con otro lugar. Podan utili-
zarse algunos espacios al aire libre dentro del polideportivo,
pero tambin resultaban limitados debido a que los mayores
sectores verdes del predio eran utilizados por otros grupos
para la prctica y/o enseanza de ftbol. En Monserrat, las
instalaciones son prestadas por otro circo. Si bien resultan
ms amplias que las de Mataderos, la apropiacin de ese
espacio por parte de los jvenes, e incluso de los referentes,
pareca ser menor. La percepcin del lugar como un espacio
prestado apareca con mayor recurrencia en los relatos de
los distintos actores y eso pareca limitar el modo en que se
produca la circulacin interna, el uso del mobiliario y de
ciertos materiales que se encontraban all.
De movilidades e inmovilidades
El inicio de las actividades artsticas y deportivas: llegar
por casualidad
Entre los acontecimientos ms significativos en la vida de
los entrevistados se mencion el inicio de prcticas arts-
ticas y deportivas vinculadas al movimiento: danzas, circo,
teatro, ftbol, kung-fu. Ante la pregunta por el modo en que
se acercaron a tales espacios, en los relatos se destac que
este comienzo no haba surgido de una decisin tomada con
gran anticipacin. Esto significaba que en algunos casos se
desconoca la ubicacin de los lugares en que se llevaban a
cabo, lo que stos podan ofrecer o las caractersticas de la
actividad que iban a iniciar.
A partir de una invitacin de familiares y amigos o
de un encuentro en la calle o una plaza con otros jvenes,
hallaron un nuevo espacio de sociabilidad placentero y de
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 313
gran relevancia en sus vidas. Gustavo, Mateo y Romina
llegaron al circo tras ser invitados por sus primos y ami-
gos para que los acompaaran a realizar una actividad que
ellos desconocan.5 Gustavo, al relatar su llegada al circo,
expresaba:
Mi amigo me dijo que vaya y yo fui a acompaarlo, no quera
hacer nada. Porque yo de chiquito no me suba ni a un rbol,
[] yo pensaba ir y esperarlo a un costado, mirndolo. Pero
cuando llegu como que todos eran muy inclusivos [] y
como que me arrastraron y bueno, empec a hacer. Y bueno,
cuando conoc malabares, hace poco, me encant!
En otros casos, este inicio se habilita al transitar por el
barrio. Para Omar, una invitacin de un amigo con el que
se encuentra en la calle lo lleva a conocer este nuevo lugar.
l vive en un parador de Parque Patricios, tras haber sido
echado del lugar donde viva con su madre. Al relatar su lle-
gada al circo, se destaca lo que esto signific en su vida:
Cuando empec, no saba nada de circo, me avis un amigo,
me invit y vine. Me dijo: che, Omar, quers entrenar circo
en un lugar?, porque estaba viniendo para ac justamente.
Yo lo encontr caminando y vinimos para ac. Y despus
vine otra vez y otra vez. [] El circo es mi casa, me cam-
bi todo el circo. Por el circo estoy as ahora, re tranquilo,
porque creo que si no hubiese conocido el circo, hubiese
sido otra persona.
Llegar a este lugar, el circo no slo permite encontrar
para Omar un nuevo modo de entrenamiento fsico, sino
la construccin de un nuevo espacio de pertenencia que
produce una transformacin en el proceso de configuracin
de su identidad. En cambio, en el caso de Portal, un joven de
18 aos de Parque Chacabuco, resultaba muy claro su deseo
de bailar hip hop. Eso significaba poder bailar con otros,
5 Se utilizan seudnimos elegidos por los jvenes entrevistados.
314 Individuacin y reconocimiento
participar en batallas y aprender nuevos pasos.6 Realizar
ese deseo comienza a ser vislumbrado al conocer un grupo
de jvenes que bailaban en el parque de su barrio:
Y justito estaba con un amigo, estbamos trotando en el
Parque Chacabuco y justito yo veo que hay un grupo de chi-
cos bailando. Yo los vea muy seguido, pero por timidez no
me iba con ellos. Y un da me dije: no!, me tengo que hacer
conocer. [] Me conocieron y me dijeron que bailaba piola.
Y bueno, empec a ir y ya hace un mes y medio que estoy
yendo. Y por lo menos ya me hice conocido y con ellos ya
particip en varios eventos.
Ahora bien, la permanencia y circulacin por espacios
pblicos, desde el punto de vista de los adultos, es asocia-
do a la inactividad y la generacin de problemas para los
jvenes. En el relato de Chinita, pasear por el barrio era
una forma de disfrutar las tardes de los das sbados, uno de
sus momentos libres de obligaciones. De modo similar, en
el relato de Romina, caminar tambin se presenta como un
tipo de distraccin durante los fines de semana:
[] vamos a la avenida en la que estn todos los negocios
de ropa y todo eso, a caminar, a mirar la ropa. Quizs eso
no es muy divertido, pero cuando ests aburrida algo hace,
te distras.
Sin embargo, estas prcticas aparecen vinculadas con
formas improductivas de utilizar el tiempo libre. En el rela-
to de Chinita sobre su ingreso en el grupo de la iglesia del
barrio, la Villa 21, se ponen en tensin las significaciones
acerca del modo en que los jvenes utilizan el espacio-
tiempo urbano y el modo en que esto parece ser compren-
dido por los adultos:
6 Evento en el que se realizan distintos enfrentamientos entre uno o ms bai-
larines de hip hop que deben realizar una performance frente a un jurado o
pblico que establece un ganador.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 315
Cerca de dnde yo vivo hay una parroquia, ah hay un par
de sacerdotes. Y yo era de salir mucho los sbados, pero as,
a pasear, a caminar con mis primas. Y entonces uno de los
sacerdotes me dijo que me vea muy al pedo, que estaba siem-
pre sin hacer nada y que algo bueno para m sera ayudar a los
ms chicos. Entonces me dijo para que me metiera en algn
grupo de la parroquia.
Entre los discursos de algunos docentes de los talleres
del circo tambin se buscaba evitar la permanencia de los
jvenes en la calle o en las plazas. Un profesor al finalizar el
taller sugera que vayan derechito a sus casas o a la escuela
y que no se detuvieran o se quedaran en el parque ubica-
do a cuadras de all. En ese parque, luego de los talleres,
poda observarse que varios haban comenzado a reunirse
para pasar un tiempo entre esta actividad y el resto de sus
ocupaciones diarias, jugando a la pelota, conversando y en
algunos casos, tambin, para encontrarse con otros jvenes
a fumar marihuana.
La circulacin por lugares pblicos, en particular la
calle, desde miradas adultocntricas, ha estado vinculada
sobre todo a sentidos negativos y problemticos de la con-
cepcin misma de los jvenes como seres improductivos
y desinteresados, desviados y peligrosos. Diversos estudios
dieron cuenta del modo en que la calle ha sido vislumbrada
como amenazadora y violenta ante su presencia, aunque
tambin como un espacio del cual hay que protegerlos. Esta
diferencia se ubica en particular en relacin con su con-
dicin social y de gnero. As, sobre todo la circulacin y
permanencia de los varones de sectores populares en las
calles ser lo que cause la principal amenaza. Como sealan
diversos estudios, en el caso de las mujeres, se centra, en
cambio, en su proteccin y cuidado (Franch, 2002; Cha-
ves, 2010; Segura, 2012; Ramrez, 2013). En el relato de
Romina se advierten esos lmites en trminos de gnero y
de ubicacin etaria:
316 Individuacin y reconocimiento
El que da la ltima palabra es mi to. A veces es como muy
exagerado y es del campo, es muy grande. Y no puedo tener
amigos []. Tiene miedo de que quede embarazada, ve tantas
chicas embarazadas, y quiere que yo estudie. No es que no
sepa que yo estudio, es por cuidarme.
Estas significaciones de los jvenes como problema
social y su presencia en las calles asociada a lo peligroso y lo
inseguro pueden rastrearse en los lineamientos de distintas
polticas e instituciones pblicas donde se advierte el pro-
psito de prevenir estas situaciones por medio de una oferta
cultural y deportiva. Tales experiencias actan, por un lado,
facilitando el campo de oportunidades, nuevas interaccio-
nes y relaciones a las que difcilmente accederan por otras
vas; pero tambin como regulaciones de los intereses, los
recorridos y los usos del tiempo de los jvenes, a travs de
actividades a las que se otorga mayor legitimidad. Se desta-
ca, por ejemplo, la valoracin de lo deportivo y lo artstico
como herramientas pedaggicas y de transmisin de valo-
res sociales (Franch 2002).
No obstante, estas significaciones producidas por pol-
ticas e instituciones como seala Gabriela Wald (2011) al
analizar dos proyectos de promocin artstica de alta cul-
tura orientados a jvenes de sectores populares no son
reproducidas linealmente por los actores sociales que par-
ticipan en dichas actividades. Por el contrario, estas regula-
ciones se ponen en tensin con los sentidos que los jvenes
otorgan a tales propuestas, resignificando esas experiencias.
Ahora bien, entre estos sentidos resulta preciso distinguir
los hallazgos de dicha autora en su investigacin acerca de
jvenes que participan en orquestas juveniles en dos barrios
populares de CABA. All se seala que, frente a los objetivos
de promocin de la inclusin social de tales propuestas, los
jvenes tomaban distancia y disentan de la capacidad de
los mismos para la generacin de una mayor integracin de
ellos en la sociedad. Si bien los jvenes daban valor a estos
espacios, sobre todo por el disfrute de tocar y hacer nuevas
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 317
amistades, al mismo tiempo advertan sus lmites y afir-
maban que no necesariamente formar parte de la orquesta
musical produca transformaciones positivas en sus vidas.
En los relatos de los jvenes que concurren al circo, en
cambio, el inicio de las actividades artsticas y deportivas
fue reconocido como un punto de inflexin en sus biogra-
fas e incluso, pudo vislumbrarse cmo a partir de estas
actividades se establecieron nuevas sociabilidades y nuevos
espacios de confianza que han repercutido positivamente y
de manera significativa en sus vidas.
Por otra parte, las distintas maneras de concebir la cir-
culacin de los jvenes en el espacio pblico deben, a su vez,
ser ubicadas en debates que histricamente han planteado
tensiones al dar cuenta de los modos de circulacin en los
espacios pblicos de las grandes ciudades. En el anlisis
de lo urbano, algunas reas fueron consideradas lugares de
paso y otras, de permanencia. Cada una de ellas era gene-
radora de prcticas que provocaban consecuencias diversas
en la vida social moderna. Los abordajes que hicieron refe-
rencia a las reas de trnsito meramente como lugares de
paso, caracterizadas por la imposibilidad de que se produ-
jeran relaciones sociales por la velocidad y lo efmero del
recorrido por stas, invisibilizaban as sus potencialidades
para la generacin de encuentros y sociabilidades (Lange
Valds, 2011). Advertir estas movilidades no implica, sin
embargo, desconocer la existencia de reas fijas y de mayor
permanencia y otras de mayor fluidez en la conformacin
de las ciudades. Por el contrario, plantea la necesidad de
advertir el vnculo entre esos espacios de trnsito y las
estructuras materiales a partir de las prcticas de los actores
que producen la ciudad al movilizarse ( Jensen, 2009).
Abordar crticamente las distintas formas de movilidad
permite cuestionar los preconceptos que parten desde posi-
ciones morales que determinan a priori las consecuencias
positivas o negativas de la movilidad en las vidas cotidianas,
en este caso, las de los jvenes de sectores populares. Pensar
las ciudades a partir de la articulacin entre lugares fijos
318 Individuacin y reconocimiento
y estructuras, as como los de trnsito, permite reconocer
la diversidad de interacciones y el carcter sustantivo que
stas adquieren en este proceso. As, es este dilogo entre
lo dinmico y lo estable y sus efectos en las prcticas de
movilidad lo que habilita nuevas comprensiones acerca de
las diversas configuraciones de las identidades juveniles.
Circular cotidianamente: desafos y estrategias
La experiencia de los individuos en sus movilidades coti-
dianas da cuenta de recursos a los que se accede de manera
desigual y que ponen de manifiesto significaciones dife-
rentes, tensiones y negociaciones acerca de quines toman
decisiones en el marco de relaciones de poder. No obstante,
como seala Daniel Muoz (2014):
[] la movilidad como fenmeno no expresa solamente
diferenciales de poder y segregacin socioeconmica. Lazo
(2012) hace un llamado a no centrarse solamente en variables
estructurales, como clase social o localizacin en la ciudad,
sino tambin a valorizar el mbito de la experiencia y las
tcticas de desplazamiento (Lazo, 2012: 24), enfatizando en la
necesidad de explorar en detalle la experiencia de los sujetos
que viajan, describiendo sus tcticas mviles y buscando en
ellas nuevas formas de comprender la necesidad de despla-
zarse por el entorno urbano (p. 4).
El anlisis de las movilidades requiere considerar, por
lo tanto, no slo la cotidianeidad barrial, sino tambin las
lgicas de circulacin de los jvenes de sectores popula-
res por la ciudad, sus posibilidades y limitaciones (Segura,
2012). Los entrevistados residen en barrios populares del
rea Metropolitana de Buenos Aires. Ms de la mitad vive
o ha vivido en villas de la CABA de los barrios de Barracas,
Villa Soldati y Bajo Flores. Concurrir al circo es una de las
actividades que realizan entre otras ocupaciones que desa-
rrollan en sus vidas cotidianas: practican otras actividades
artsticas y deportivas, estudian, trabajan, realizan tareas
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 319
domsticas y de cuidado. La articulacin de tales activida-
des les impone ciertas limitaciones y regulaciones, pero, al
mismo tiempo, los interpela para que generen estrategias
que les permitan transitar diariamente. En ese sentido, se
torna relevante comprender lo espacio-temporal como un
proceso dinmico y multidimensional,
[] [que] alude a la indisociable interconexin entre ambos
elementos, intentando superar la dualidad de su comprensin
como realidades separadas ( Jirn et al., 2010: 25).
Algunas actividades, los tiempos en los que se deben
realizar y los lugares a los que se debe concurrir para ello,
plantean tensiones en el relato de los jvenes. En distintos
momentos de sus biografas pueden reconocerse una serie
de tareas que deben realizarse, que determinan lugares a
los cuales asistir y horarios que cumplir. Comienzan duran-
te la niez, pero se sostienen hasta que los jvenes son
considerados lo suficientemente maduros por los adultos
para decidir a dnde concurrir y de qu manera. Como
consecuencia se manifiestan limitaciones para elegir qu
actividades realizar, cundo iniciarlas o finalizarlas, cmo
articular los horarios y cmo distribuir los tiempos durante
sus jornadas diarias. Esto, adems, implica tener que dejar
de realizar otras prcticas que resultan ms placenteras:
descansar, estar en su propia casa o realizar una actividad
artstica y deportiva. Chinita, una joven de 20 aos de Villa
21 que baila hip hop, entre otras actividades, relata:
Mi mam dej de llevarme a clases de baile porque le pareca
ms importante que aprendiera ingls. Las clases de ingls, al
ser tres veces por semana, se interponan con lo que era baile.
Esto no me gustaba, pero a ella no le importaba porque se
haca lo que ella deca. Como era chica haca caso a lo que me
deca, obedeca y no rompa las reglas.
320 Individuacin y reconocimiento
Sin embargo, ante tales obligaciones tambin se produ-
cen resistencias. Como sealan diversos estudios, los jve-
nes crean configuraciones espacio-temporales que se expe-
rimentan con mayor libertad y privacidad, con recorridos
y horarios alternativos a los de los adultos (Franch, 2002;
Franch y Gough, 2005; Camarotti, Di Leo y Kornblit, 2007).
As, por ejemplo, al finalizar los talleres de circo realizados
por la maana en la sede de Parque Patricios, varios per-
manecan en ese espacio hasta la tarde, cuando comentaban
que, en realidad, deban estar en la escuela o en otros mbi-
tos de estudio y/o trabajo.
No obstante, siendo jvenes tambin se manifiestan
responsabilidades en sus rutinas diarias que implican poder
articular lugares y horarios a los que se debe asistir y aqu-
llos en los que se desea participar. As, por ejemplo, sostener
la concurrencia tanto a la escuela tcnica con jornada com-
pleta y a los talleres de circo demandaban a Edrul quien
adems ayudaba en el taller textil de su familia el cumpli-
miento de los horarios de entrenamiento y luego tener que
acelerar los tiempos de traslado para llegar hasta su escuela,
en funcin de los escasos recursos con los que contaba para
viajar diariamente:
Me acomodaba los horarios y estaba bien, terminaba ac
[en el circo] a la maana y me iba corriendo al colegio para
taller, porque antes el horario era diferente. Iba corriendo a
taller y de ac me iba o en el [mnibus] 42, que me tena que
caminar hasta all, hasta Pompeya, Barracas casi. Y despus
de ah, me iba al colegio.
Solanch, otra de las jvenes entrevistadas, se encon-
traba realizando una capacitacin ofrecida por el circo en
la sede de Parque Patricios, a partir de un programa de
formacin para el trabajo en testing de software que alternaba
la enseanza de los contenidos con propuestas recreativas.
Solanch tiene dos hijas que tienen entre 2 y 5 aos y, al
momento de las entrevistas, se encontraba viviendo en una
villa de Bajo Flores. Viva con su pareja, Jos, de quien
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 321
estaba separada de hecho, en una vivienda que perteneca a
la familia de l. Sus hijas concurran a dos jardines materna-
les diferentes. Para que esto pudiera sostenerse cotidiana-
mente, ella deba combinar recorridos que les permitieran
cumplir con ambas obligaciones de trabajo y cuidado:
Cuando hice testing era levantarme, llevar a una al jardn,
[] la llevaba a Sofa. De ah me vena hasta ac [el circo].
Despus en testing haca hasta las doce. [] Agarraba y me
tomaba el colectivo y la iba a buscar a Camila, que sala a las
dos y media, tres. La llevaba a casa con su ta. De ah le daba
la teta media hora. De ah me iba hasta Pompeya, de Pompeya
volva, y ah ya terminaba mi da. [Y cmo terminabas, o
cmo termins?] No, termino exhausta! Antes me dorma en
el colectivo cuando iba a buscar a las nenas, pero tena la tarde
libre. Era el hecho de tener que estar viajando, cada 15 minu-
tos estaba viajando, eso era lo que me molestaba tanto.
Si bien resulta molesto y agotador llevar adelante este
recorrido cada da, para Solanch la necesidad de capacitar-
se representa contar con una opcin laboral a futuro. Sin
embargo, esto implicaba un esfuerzo por no descuidar a sus
hijas, de quienes era la principal responsable. Las movilida-
des, como las que platean estos casos, ponen de manifiesto
que poder circular o permanecer no refiere solamente a la
libertad de accin de los individuos, sino ms bien a prc-
ticas que expresan la tensin entre lo que se desea realizar
y las posibilidades de llevarlo a cabo, as como los recursos
con los que se cuenta para que eso pueda desarrollarse. Por
ello, realizar determinados recorridos o el motivo que lleva
a transitarlos puede responder muchas veces a una necesi-
dad, ms que a una voluntad personal (Chaves, 2014).
Por otra parte, para poder circular por la ciudad tam-
bin se presentan otras dificultades que derivan de los
sentidos de peligrosidad e inseguridad que se atribuyen al
desplazamiento cotidiano. Como se mencionara en el apar-
tado anterior, el uso y ocupacin de las calles por parte
de los jvenes de sectores populares estuvo, sobre todo,
322 Individuacin y reconocimiento
asociado a discursos negativizantes acerca de la presencia
juvenil en el espacio pblico. No obstante, tales significa-
ciones son construidas relacionalmente en la interaccin
entre diversos actores, en este caso, los jvenes y los adul-
tos (Chaves, 2014). En ese sentido, en los relatos de los
entrevistados tambin se vincula a las calles, en particu-
lar las de los barrios en los que residen, con espacios de
trnsito que implican peligros para ellos y otros jvenes.
Aquello que perciben como riesgoso en sus experiencias
cotidianas les impone la necesidad de crear estrategias de
cuidado y proteccin para poder atravesarlas (Di Leo, 2013;
Ramrez, 2013).
Las situaciones en las que se reconoce algn tipo de
peligro o temor estuvieron presentes en los relatos tanto
de varones como de mujeres. Estas situaciones se ubican
especialmente en los barrios en los que residen. Barrios
cuya peligrosidad, en comparacin con otros momentos,
aparece con mayor gravedad, por lo que deben desplegarse
ciertas precauciones:
Ahora es como que las cosas cambiaron y es como que ya
atacan a los de adentro, les roban a los de adentro. [] Yo
antes poda estar a las 12, caminando por ah tranquilamente
y no me iba a pasar nada, porque la mayora de vista por lo
menos me tiene. Ahora es como que si estoy a las 12, tengo
que estar con cuidado por donde voy porque me pueden ter-
minar robando, matando o lo que sea (Chinita).
[] Ahora que somos ms grandes no est tan bueno porque
como que vos tens que salir a trabajar o algo y llegas muy
tarde, es muy peligroso, como en todos lados, no?, pero es
mucho ms peligroso por un tema del lugar, de dnde es.
Y que sabs que a la vuelta de la esquina hay un pibe dro-
gndose, ya sabs de qu se trata, por eso te da un poco de
miedo, [] un ejemplo muy bsico, me voy a bailar ponele y
no puedo volver a mi casa a las seis de la maana porque s
que algo malo me puede pasar. Entonces qu tengo que hacer,
irme a la casa de una amiga, por ejemplo, con las que salgo y
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 323
me quedo ah a dormir un rato. Y despus vuelvo a mi casa
ms temprano, tipo ocho, nueve, ya cuando se puede, porque
es peligroso, medio feo (Sofa).
De este modo, las jvenes desarrollan estrategias para
circular por determinados caminos, as como volver o salir
de sus hogares en ciertos horarios, que les permiten evitar
posibles amenazas. En algunos casos, estos peligros remi-
ten a experiencias concretas experimentadas por ellos o sus
amigos. Sin embargo, en los relatos de los entrevistados, as
como se expresa tambin en hallazgos de otras investiga-
ciones, estas situaciones no son relacionadas a un contexto
social e histrico en el que las violencias juveniles tienen un
peso significativo en las causas de morbimortalidad, espe-
cialmente de los varones, sino que son mencionados como
experiencias personales que deben atravesarse con estrate-
gias individuales (Di Leo y Camarotti, 2013; Villa, 2014).
Ante un evento que supuso una amenaza, o como una
medida de precaucin luego de que ste ocurriera, los jve-
nes han desplegado estrategias que les permitieron prote-
gerse en interacciones con terceros potencialmente peligro-
sos. Lolo, tras la muerte de un amigo por una bala perdida
a la salida de un boliche, transform el modo en que poda
volver a salir a bailar los fines de semana:
Hay un tiempo que no fui a bailar, dije no voy a bailar por un
tiempo por l, porque l fue a bailar y le pas esto. Y despus
dije bueno, tengo que disfrutar mi vida, l quiere que disfrute
entonces y un da fui a bailar. Gracias a Dios no me pas
nada, pero s que pasa en cualquier lado, te puede pasar algo.
Por eso yo estoy precavido, por eso no trato de pelearme con
nadie, hay que tener buena onda con todos.
En el caso de Ivn, ante la presencia de un posible
ladrn y para evitar un intento de robo a la salida del cole-
gio, procur buscar la ayuda de sus amigos que se encon-
traban en el barrio:
324 Individuacin y reconocimiento
[] el chabn me vena rompiendo las pelotas, peda mone-
das, hasta que se pona ms cargoso. Y yo me acord que a
la vuelta estaban unos amigos mos, entonces fui por ah. Y
bueno, pas lo que tena que pasar, mis amigos saltaron por
m, mis amigos de la secundaria. O sea, me salv en una de
que me roben, ms por vivo.
La movilidad cotidiana urbana, aun cuando no slo
refiera a un tipo de movilidad fsica de personas, sino tam-
bin de objetos e informacin, en las experiencias cotidia-
nas presenta un componente importante de desplazamien-
tos fsicos y, por lo tanto, de copresencias corporales que
posibilitan lugares de sociabilidad, pero tambin de friccio-
nes (Cresswell, 2010; Jirn et al., 2010; Araujo y Martuccelli,
2012). As, ante situaciones que plantean tensiones y con-
flictividades, como las relatadas por los entrevistados, en el
encuentro con otros se buscar lograr una distancia ptima
que evite problemas con stos o, en cambio, se utilizarn
tales relaciones como recursos sociales y simblicos para
enfrentar los desafos que imponen ciertos tipos de despla-
zamientos y, en consecuencia, crear pautas de proteccin
para sostener sus actividades cotidianas.
La posibilidad de realizar una actividad artstica y
deportiva como escape
La violencia, como sealan otros trabajos, aparece en las
biografas de los jvenes como acontecimientos significa-
tivos que dejan marcas en sus vidas (Di Leo, 2013; Villa,
2013). Una de las principales problemticas relatadas se
relacion con situaciones de violencia fsica, psicolgica
y emocional, sobre todo durante la niez. En gran parte
de los casos, esta violencia es impuesta por sus madres y
padres, y es dirigida a sus parejas, pero tambin a stos y
a sus hermanos.
Tales situaciones generan angustia y se reconocen
como lugares de los que resulta preciso salir. La necesidad
de desplazarse fuera del mbito familiar es vinculada, a su
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 325
vez, a la posibilidad de contar con rangos de libertad que
se asocian a crecer y a empezar a tomar decisiones. Salir en
los momentos y a los lugares elegidos ser experimentado
incluso como acontecimientos que generaron los cambios
ms significativos en sus vidas. En el relato de Omar puede
advertirse el significado que tiene salir de las problemticas
familiares y elegir los lugares en dnde sentirse mejor:
[] antes yo no tena la oportunidad que tengo ahora de
hacer, de libertad porque yo antes slo iba al circo y al cole-
gio. He ido a veces a jugar a la pelota no ms, pero en cambio
ahora puedo ir a todos lados y de paso tengo libertad de hacer
lo que yo quiera y aprendo ms, y lo estoy aprovechando. []
Cuando estaba con mis amigos, ah tambin me despejaba un
poco, pero no tena tanta libertad como ahora, por eso ahora
yo estoy todo el da afuera entrenando o haciendo algo, pero
no estoy en mi casa.
As, desde la niez y hasta la actualidad, se construyen
diversos caminos en la bsqueda de tener un escape, de
despejarse y tambin, divertirse. Frente a aquello que pare-
ce no tener opcin como el hogar familiar que presenta
violencias, desinters y prdidas, intentan construir circui-
tos que produzcan espacios de mayor bienestar, en los que
esos problemas puedan resignificarse o expresarse de otras
maneras. En el caso de Solanch, el teatro y el circo se vuel-
ven espacios a los que se recurre para sentirse mejor, para
sentirse diferente. Recientemente, ella ha sufrido violencia
por parte de su expareja, padre de sus dos hijas. Hacer teatro
la interpela, le permite ser y, a su vez, no tener que ser ella
misma, para salir y comprender esta situacin a travs de la
interpretacin de un personaje:
[] las ltimas escenas que fueron las ms fuertes que
hice, [] la de las chicas que eran pobres, que decan: si yo
tuviera dinero a m esto no me pasara, con esa frase. Y des-
pus la otra que era la mujer golpeada, [] a m me haba
pasado algo parecido, entonces fue como que lo hice con
ms mpetu. Y fue como que ponerme en el lugar y como
326 Individuacin y reconocimiento
que estar ah tambin. De no ponerme tanto un poco en
mi lugar, sino de actuarlo, porque la intencin siempre es
actuarlo, no ser vos.
Los sentidos de libertad se vinculan especialmente con
la posibilidad de concurrir a espacios donde realizar acti-
vidades que se eligen, que se disfrutan, como es bailar o
hacer circo. No obstante, en la toma de decisiones, siguen
estando presentes los mandatos familiares y las expectativas
sociales acerca de lo que se espera en la vida y que, incluso,
en algunos casos, es deseado tambin por los mismos jve-
nes: estudiar (terminar el secundario y realizar una carrera
universitaria), formar una familia, tener un trabajo estable.
En los relatos se manifiesta una situacin ideal en la que
si se pudiese elegir qu hacer en el futuro, desearan ser
artistas o profesores de circo o danza. As, al mismo tiempo
que se realizan los talleres, se sostiene la concurrencia a
instituciones educativas, los empleos informales y las capa-
citaciones para el trabajo.
Ahora bien, aunque deban cumplirse ciertos mandatos,
se encuentran formas de distinguir el inters por cada una
de las actividades realizadas. Arribar a tiempo a un lugar,
llegar temprano y permanecer remite a emociones de bie-
nestar, de disfrute, que se contraponen a lo percibido cuan-
do se debe concurrir por obligacin. En su relato, Ivn dis-
tingue las emociones que le generaba concurrir a la escuela
secundaria y jugar a la pelota con amigos:
[] yo, por ejemplo, al colegio llego tarde, pero para jugar un
partido de ftbol nunca llego tarde. Es como que son distin-
tos lugares para m, yo los percibo distinto. Por ejemplo, en
el colegio, yo s por qu llego tarde, porque el colegio era un
lugar donde no me gustaba estar y entonces por eso llegaba
tarde. Y yo vea a los chicos que llegaban muy temprano y
deca pero por qu llegan tan temprano?, estn al pedo ah,
llegan a las seis de la maana. Yo llegaba tarde porque no me
gustaba estar, no era un mbito donde me gustara estar.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 327
La distincin en las emociones que generan las activi-
dades permite diferenciar los ritmos en las jornadas diarias
de los jvenes. Ritmos que se registran en la tensin entre
la imposicin y la eleccin por parte de los jvenes o de
terceros. Esto se destaca, como resaltaba el relato anterior,
al dar cuenta de lo que generan prcticas cotidianas como
asistir al colegio o realizar una clase de circo o de baile.
En el relato de Sofa se puede registrar lo que siente al
atravesar estos espacios:
Te das cuenta que vos vens del colegio, que son compaeros
y que estn todo el da hablando del colegio. Despus llegs
ah [el circo] y es como otra cosa, te descargs. Aprend un
montn de cosas. Capaz que aprend a compartir un poco
ms, a si estoy cansada o algo, no desquitarme con la gen-
te que capaz que me pregunta qu me pasa y te desquits.
[] Entender qu es lo que pasa al otro. Y tambin un poco a
tener tu tiempo para todo, tomarte un tiempo para relajar y
no pensar en las cosas, digamos, de la vida cotidiana.
En esta circulacin por lugares que se advierten con
diferentes caractersticas y ritmos se configura un tiempo
espacializado, un tiempo social. Es decir, un tiempo com-
partido que es construido en el encuentro con otros (Lasn
Daz, 2000). Las significaciones acerca de los distintos rit-
mos, a su vez, se expresan en el cuerpo al circular entre
lugares con responsabilidades diferentes. En este caso, la
permanencia en el circo configura un espacio-tiempo que
se vincula a sentidos como el respeto, el reconocimiento, el
aprendizaje y tambin el placer y el disfrute.
Los desplazamientos conectan lo experimentado en
cada lugar, de manera tal que lo que sucede en uno y en
otro produce espacios que se constituyen mutuamente. El
trnsito entre stos, a su vez, permite problematizar los
lmites y posibilidades en cada uno. En los relatos de otro
de los entrevistados, Gustavo, se advierte que la velocidad
y la fuerza que tienen los movimientos que realiza con su
328 Individuacin y reconocimiento
cuerpo, en algunos casos utilizando elementos como las
pelotas o clavas para malabares, le permite distinguir sus
estados de nimo:
Cuando hago los malabares me despejo, me despejo un mon-
tn. Y a veces no s cmo estoy hasta que hago malabares.
Por ah si empiezo a hacer y veo que estoy apurado o me
siento molesto o los hago ms relajado. Y como que a veces
me pruebo y se me empiezan a caer, hago de nuevo y se me
vuelven a caer. O los dejo y me voy a hacer acrobacia. Pero
siempre intento hacer de nuevo. Intento no rendirme. Siento
que desestresa o que saco la energa. Por eso, me gusta ms
malabares, siento por ah que si estoy enojado o voy a de mal
humor, y quiero hacer una vertical, pateo mucho. O estoy
con mucha energa y lo hago muy fuerte y me doy cuenta
que me puedo lastimar.
A partir de esta distincin procura vislumbrar qu acti-
vidad realizar considerando el peligro o el bienestar que
produce cada prctica con un ritmo particular, pero tam-
bin facilita el reconocimiento de las propias emociones y
las de otros. Estas emociones devienen movimiento, expre-
sin, in-betweens que permiten advertir las vinculaciones
entre aquello que ha sido presentado como elementos dis-
tintos, separados: sujetos y objetos, cuerpo y mente, interior
y exterior (Logfren, 2008).
Por otra parte, si bien estas significaciones y prcticas
se presentan en su narrativa como una forma personal y
singular de autoconocimiento y autocuidado respondien-
do al humor, la energa, el cansancio y el desgano como ele-
mentos naturales y espontneos de la corporalidad, puede
reconocerse que estas significaciones se encuentran atrave-
sadas por discursos y normativas propuestas por los refe-
rentes y profesores de la organizacin en la que realizan
dichas prcticas. Al ser fundamental para esta organizacin
el cuidado y el correcto desempeo de los entrenamientos,
durante los talleres y tambin en los horarios de descan-
so, constantemente se hace referencia al modo en que se
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 329
pueden y no se pueden llevar adelante los ejercicios. Esto
tiene como objetivo el cuidado propio y el de los compae-
ros, por ejemplo, utilizando colchonetas adecuadas para las
acrobacias o no pudiendo colgarse de los elementos areos
sin previo precalentamiento o supervisin adulta.
Los ritmos expresan la interseccin o alternancia de
algunos momentos de movimiento y tambin de descan-
so. Esto habilita la lectura de las prcticas sociales cotidia-
nas como prcticas que son, simultneamente, internas y
externas, orgnicas e impuestas. As, aun cuando el ritmo
parezca espontneo, natural, no regulado, siempre implica,
sin embargo, una medida, una regla (Lefebvre, 2004, citado
en Cresswell, 2010).
En este sentido, considerar las caractersticas de los
ritmos en las actividades que realizan los jvenes puede
considerarse, a su vez, como un elemento que posibilita la
comprensin del modo en que se regulan sus prcticas, en
tanto prcticas corporizadas y, por lo tanto, el modo en
que se configuran sus identidades, que son construidas rela-
cionalmente, espacio-temporalmente; situadas y, a la vez,
dinmicas, producidas en los momentos de encuentro con
otros (Massey, 2005, citado en Jensen, 2009).
Reflexiones finales
En los relatos result sustantivo el modo en que lo ines-
perado y lo casual fue asociado al inicio de las actividades
artsticas y deportivas que hasta el momento eran desco-
nocidas para los jvenes entrevistados. Estos caminos que
provocaron una irrupcin en lo cotidiano, ya sea en el flujo
de las calles, los encuentros casuales o las invitaciones no
esperadas, pusieron de manifiesto nuevas formas de circu-
lacin y de interaccin que han provocado giros existen-
ciales en sus biografas, habilitando experiencias novedosas
en sus vidas cotidianas.
330 Individuacin y reconocimiento
As, sin obviar que los espacios pblicos como las calles
o las plazas pueden producir tensiones y conflictos, reco-
nocerlos tambin como lugares de encuentro puede per-
mitirnos vislumbrar que stos, adems, pueden constituirse
en espacios de sociabilidad valorados y utilizados por los
jvenes para la construccin de vnculos de confianza; de
realizacin de prcticas deportivas, de produccin de dis-
tintas performances artsticas y, por lo tanto, como lugares
que propician la configuracin de identidades.
De este modo, aunque se deban articular horarios y
cumplir con diversos imperativos sociales; aun cuando se
perciba peligrosidad en sus barrios, se cuenten con pocos
recursos econmicos para acceder a actividades y a distin-
tos medios de transporte, los entrevistados circulan coti-
dianamente ms all de los lmites barriales. Buscan alter-
nativas para llevar adelante actividades que les resulten
placenteras, que les permitan encontrarse con otros jvenes
y adultos, pero tambin para poder cumplir con obligacio-
nes como el estudio, el trabajo y el cuidado de otros.
Dichas prcticas, al mismo tiempo, entran en tensin
con los lmites espacio-temporales de la ciudad y las reglas
de los lugares por donde circulan. Tales regulaciones suelen
ser respetadas por los jvenes, quienes las cumplen y cons-
truyen recorridos en torno a stas. No obstante, sus prcti-
cas de movilidad no son pasivas. Tales normatividades son
tambin resignificadas y resistidas por ellos. A partir de
sus movilidades, aun en tensin con lo que las posiciones
adultocntricas sealan como lo correcto, lo productivo, lo
moral, no slo conforman espacios de sociabilidad y desa-
rrollan estrategias propias para protegerse, para divertirse;
sino tambin para hallar nuevas formas de circulacin.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 331
Anexo: Perfiles de jvenes entrevistados
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11
Todo puede, todo el tiempo, cambiar:
(in)consistencias, agencias y procesos
de individuacin
PABLO FRANCISCO DI LEO Y ANA CLARA CAMAROTTI
Introduccin
En el marco de tres proyectos investigacin, venimos ana-
lizando distintos aspectos de los procesos de individua-
cin de jvenes que viven en diversos barrios populares
del rea Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Argen-
tina.1 Utilizamos como estrategia metodolgica los relatos
biogrficos, ya que mediante los mismos podemos abordar
los procesos de construccin de la experiencia social de los
sujetos y las vinculaciones entre sus contextos, reflexivi-
dades y soportes (Di Leo y Camarotti, 2013). Siguiendo la
estrategia de la comparacin constante de la teora funda-
mentada, construimos y fuimos codificando los relatos de
manera simultnea, utilizando como auxiliar el software de
anlisis de datos cualitativos [Link].2 A partir de un anli-
sis del conjunto de los relatos construidos y una relectura
1 Proyectos: UBACyT 2010-2012 20020090200376; UBACyT 2013-2015
GEF 20020120200171BA (financiados por la Universidad de Buenos Aires);
PICT 2010 0621 (financiado por la Agencia Nacional de Promocin Cien-
tfica y Tecnolgica).
2 Para consultar la fundamentacin, resguardos ticos y principales pasos de
la estrategia metodolgica, as como los relatos biogrficos tal como fueron
construidos y acordados con los jvenes que participaron en el estudio, ver
Di Leo y Camarotti, 2013.
335
336 Individuacin y reconocimiento
de los captulos escritos por nuestro equipo en el citado
libro anterior, identificamos tres categoras centrales a las
que denominamos nodos biogrficos retomando el sentido
utilizado en informtica, ya que funcionan como puntos
nodales en los que confluyen mltiples conexiones entre las
dimensiones personales, vinculares y estructurales, consti-
tutivas de los procesos de individuacin de estos jvenes.
En el presente captulo, en primer lugar, presentamos
algunas herramientas conceptuales provenientes de traba-
jos recientes de Kathya Araujo y Danilo Martuccelli en
torno a los procesos de individuacin en las sociedades
latinoamericanas en general, y en la chilena en particu-
lar. A continuacin, desarrollamos las proposiciones emer-
gentes de las experiencias juveniles en torno a los tres
nodos biogrficos construidos: vnculos afectivos; barrio; ins-
tituciones pblicas. Finalmente, articulando las proposiciones
y herramientas conceptuales desarrolladas, reflexionamos
sobre las vinculaciones de dichos nodos con los procesos
de vulnerabilidad/desestabilizacin y de cuidado/estabilizacin
biogrfica de jvenes en barrios populares.3
La individuacin en el sur
En coincidencia con las reflexiones de Martuccelli (2010),
que a su vez retoman las de Louis Dumont (1985), pode-
mos decir que la categora individuo designa dos realidades
diferentes: a) es un agente emprico, presente en todos los
contextos sociohistricos; b) es un agente moral, es decir,
un actor dotado de una serie de atributos especficos que
permiten representarlo o no como un sujeto individual.
Si la existencia de individuos no es puesta en discusin
desde la primera definicin, se convierte en polmica desde
3 En la Introduccin del libro presentamos algunas definiciones, dimensiones y
vinculaciones de las categoras procesos de vulnerabilidad y de cuidado que
retomamos aqu.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 337
la segunda, especialmente en relacin a sociedades y grupos
marginalizados. Las barreras epistemolgicas que obstacu-
lizan la comprensin de las mltiples y heterogneas formas
especficas en las que se construyen los individuos en dichos
contextos se originan en diversos metarrelatos desarrolla-
dos o retomados acrticamente en nuestra regin, pero aqu
nos centraremos en el formulado desde el modelo del indi-
viduo institucional, tal como ha sido conceptualizado por las
ciencias sociales de los pases centrales y aplicado muchas
veces sin las necesarias mediaciones crticas y empricas
en las sociedades perifricas (Araujo y Martuccelli, 2014).
Segn las formulaciones clsicas de este modelo, las
normas y los arreglos institucionales de los Estados de bie-
nestar convirtieron a los individuos (no a los grupos) en
receptores de los beneficios, aplicndose con ello la norma
de que las personas deberan organizar cada vez ms aspec-
tos de sus propias vidas. En este sentido, las instituciones
cardinales de las sociedades los derechos civiles, polticos
y sociales bsicos, pero tambin el empleo remunerado y
la formacin y movilidad que ste conlleva se orientaron
hacia el individuo y no al grupo. De ah que, an despus
de la crisis de los Estados sociales, la vida propia depende
por completo de las instituciones. En lugar de las normas
y las autoridades tradicionales, en la modernidad tarda las
directrices institucionales aparecen en escena para organi-
zar la vida de los sujetos: contienen la exigencia de que el
individuo tome las riendas de su propia vida (Castel, 1997;
Beck, 1999; Beck y Beck-Gernsheim, 2003).
Esto es lo que Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim
(2003) llaman la paradoja del individualismo institucional: las
personas son empujadas a hacerse cargo individualmente
de su propia biografa, a llevar la carga de los crecientes
riesgos generados permanentemente por la actual etapa del
capitalismo. Sin embargo, para realizar este mandato, cada
vez ms necesitan de la asistencia de una profusa red de
instituciones estatales, privadas, comunitarias. Es decir, la
produccin del individuo responde fundamentalmente a
338 Individuacin y reconocimiento
prescripciones, marcos y soportes institucionales mediante
los cuales el s mismo se constituye como sujeto. Por ende,
como sintetiza Scott Lash (2003), la individualizacin se
constituye en la estructura social de la etapa actual segunda.
A partir de distintas versiones de este relato, durante
varias dcadas las ciencias sociales han puesto en duda
la existencia de individuos en las sociedades perifricas y,
especialmente, han negado esa condicin a integrantes de
grupos socialmente subordinados, como mujeres, jvenes
y/o pobres, que eran vistos como anomalas y, por lo tanto,
invisibilizaban otras modalidades de individuacin (Araujo
y Martuccelli, 2014: 25). Para superar estas barreras episte-
molgicas, es necesario desarrollar estudios empricos que
identifiquen las pruebas estructurales y los soportes en rela-
cin a los cuales los agentes se constituyen como individuos
en nuestras sociedades.4 En esta lnea, recientes investiga-
ciones de Araujo y Martuccelli (2011; 2012; 2014) propo-
nen herramientas conceptuales y datos novedosos que con-
tribuyen a visibilizar las continuidades y heterogeneidades
presentes dichos procesos.
En las sociedades del sur los actores se construyen
como individuos muchas veces en ausencia o en contra de
las instituciones a partir de diversas consistencias pragmti-
cas personales, utilizando y desarrollando competencias prcti-
cas. Para el caso chileno, identifican tres habilidades centra-
les que se articulan entre s, convirtiendo a los individuos
en verdaderos hper-actores relacionales: esfuerzo, habilidades
personales y relaciones interpersonales. Estas particularidades
de los procesos de individuacin deben comprenderse en
un contexto estructural de inconsistencia posicional, defini-
do como un sentimiento de inquietud posicional ms o
menos permanente y generalizado en la gran mayora de los
4 Para un desarrollo de las categoras de pruebas y soportes como analizadores
de los procesos de individuacin, ver Martuccelli (2007). Asimismo, en Di
Leo y Camarotti (2013), retomamos dichas herramientas conceptuales en
nuestro estudio de relatos biogrficos de jvenes en barrios populares.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 339
estratos sociales [] (Araujo y Martuccelli, 2011: 165). sta
evoca un sentimiento comn y transversal a los distintos
estratos sociales: todas las posiciones pueden sufrir proce-
sos activos de desestabilizacin. Estos sentimientos plurales
de inestabilidad se grafican en la expresin: todo puede, todo
el tiempo, cambiar.
El problema no es que los actores no son como
los otros, sino que percibindose colectivamente como los
otros, sienten que sus posiciones son particularmente ines-
tables. Como estrategia para contrarrestar esta inestabili-
dad, los agentes buscan a partir de su esfuerzo, habilida-
des personales y relacionales interpersonales multiplicar
sus recursos, vnculos o soportes con el fin de apuntalar y
solidificar una posicin social que viven como inconsisten-
te, utilizando para ello diversas tcticas y estrategias indi-
viduales y colectivas. Resulta importante tener en cuenta
que no son necesariamente aqullos que tienen una fra-
gilidad objetiva quienes expresan una mayor inquietud
posicional.
Las inconsistencias posicionales presentan mltiples
causalidades y son vivenciadas y enfrentadas de maneras y
con intensidades muy diversas por los actores, lo que hace
que esta nocin se convierta en un eje analtico potente para
visibilizar las continuidades y heterogeneidades presentes
en los procesos de individuacin en una sociedad determi-
nada. Araujo y Martuccelli (2011; 2012; 2014) identifican y
caracterizan dichas inconsistencias inductivamente, a par-
tir de una variedad de experiencias vividas por los indivi-
duos en la sociedad chilena. Retomando esta propuesta, en
las prximas secciones desarrollamos los nodos biogrficos
que identificamos a partir de nuestro estudio, tomndolos
como analizadores de las inconsistencias, las amenazas, los
procesos de vulnerabilidad/desestabilizacin y de cuidado/
estabilizacin en relacin a los cuales los jvenes se consti-
tuyen como individuos en barrios populares.
340 Individuacin y reconocimiento
Tensiones en nodos biogrficos juveniles5
Vnculos afectivos
Separaciones y abandonos que provocan giros y
discontinuidades biogrficos
Muchos acontecimientos sealados como muy significati-
vos por los jvenes que participaron en las citadas inves-
tigaciones refieren a separaciones, rupturas con personas
muy cercanas afectivamente, que generaron giros, disconti-
nuidades en sus biografas. Jos Luis (23 aos),6 nacido en
Paraguay, vive la separacin de su ncleo familiar espe-
cialmente la migracin de su madre, en bsqueda de posi-
bilidades laborales como un abandono, una prdida de sus
soportes subjetivos ms importantes:
Mi vieja se vino por la desesperacin, por no por pasar
hambre; nosotros tambin, atrs. Y de qu tenemos la culpa
nosotros?, nosotros no pedimos permiso ni nada, vinimos,
nacimos, y despus? Y que te cuide tu abuela o tu ta []. S,
tena bronca a mi vieja y a mi viejo por no saber por no
tener por no tenerlos a ellos. Ellos, estando lejos, estando
trabajando bien. Mi vieja, por ejemplo, trabajaba bien, pero
ella ya viva su vida.
Las vivencias de abandono y de prdida de sentido
narradas por los jvenes ante estas situaciones deben
enmarcarse en la centralidad que sigue teniendo an con
sus heterogeneidades y tensiones la institucin familiar
como uno de los principales soportes en los procesos de
individuacin (Araujo y Martuccelli, 2012). Las rupturas
con las parejas tambin se presentan en las biografas aun-
5 Varias de las problemticas, categoras y dimensiones abordadas en esta sec-
cin son analizadas con mayor profundidad en diversos captulos de nues-
tro libro anterior (Di Leo y Camarotti, 2013) y del actual.
6 Ver perfiles de los jvenes que participaron del estudio en el Anexo.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 341
que con un menor peso que las anteriores como giros
biogrficos. En el relato de Julito (26 aos), una traumtica
separacin sentida como un abandono de su pareja, con la
que esperaba un hijo, provoc el derrumbe de su mundo,
la prdida de los lazos afectivos y materiales que lo unan
a su comunidad y la necesidad de reconstruir su vida en
un nuevo lugar:
En ese trayecto, me junt [con una chica], mi abuela se fue
a la ciudad y yo qued solo. Despus me dej mi pareja. Ella
estaba embarazada. Seguro tendra cuatro meses de embara-
zo, mi exsuegra la llev con otro chabn a cambio de mer-
cadera. Eso lo vi yo y no quera saber ms nada del barrio.
[] Me fue mal, qued sin trabajo y decid venir para ac
[Viva en un pueblo de la Provincia de Misiones y viaja a la
Ciudad de Buenos Aires].
Violencias familiares que generan heridas y marcas en las
biografas
En sus relatos biogrficos, varios jvenes narran situaciones
de violencia vividas especialmente durante su infancia o
adolescencia, generadas por distintos familiares cercanos,
significndolas como heridas que marcaron sus vidas. Car-
los seala la siguiente experiencia como uno de los recuer-
dos ms importantes de su historia y que delimit su senti-
do personal de justicia:
Yo tengo como un recuerdo, una imagen muy ma, un da
que le haba dicho a mi hermano que la prxima vez que
mi pap le pegara a mi mam le iba a partir un palo en la
cabeza. Yo era muy chico y me acuerdo que estaba en el patio
y estbamos viendo cmo mi pap le pegaba a mi mam,
mi mam estaba inconsciente y l le segua pegando. Yo no
me animaba a hacer lo que haba jurado, no lo poda hacer.
Entonces siempre tuve ese sentimiento de querer hacer justi-
cia. Esa justicia era drsela por la cabeza a mi viejo.
342 Individuacin y reconocimiento
Estas vivencias son significadas por los jvenes como
situaciones de sufrimiento, prdida y ruptura de un vnculo
constitutivo con sus seres ms cercanos, que marcan para
siempre sus identidades. Es posible relacionar estos aconte-
cimientos a la categora de duelo que, segn las reflexiones
de Judith Butler (2010), remite a la crisis o ruptura de los
lazos con otros sujetos que participan en la constitucin
del yo. Los individuos sienten que pierden su identidad, su
ser, sufriendo una profunda transformacin, cuyo resulta-
do no pueden conocer de antemano. Como se expresa en
la narracin de Julito, cuando estas situaciones lmite son
generadas por las personas de las que dependen afectiva
y materialmente durante sus infancias o adolescencias, los
sujetos viven la dimensin ms profunda, existencial, de las
violencias: experimentan de la manera ms cruda la vulne-
rabilidad del yo frente a los otros en virtud de su existencia
corporal (Butler, 2010):
Cuando mi padre muri, mi mam consigui un novio, un
marido, con el que tuvieron un montn de hijos. l le pegaba,
la maltrataba, nos pegaba a nosotros, nos negaba el pan de
cada da, porque generalmente no haba. Sala a mendigar
por los vecinos y los mandaba a los chicos, l no trabajaba.
Cuando consegua alimentos, cocinaba y primero coma l, y
si sobraba, le daba a los chicos, sino no. [] No le compraba
nada a los chicos, que andbamos todos desnudos. Yo me
acuerdo que coma tierra, un montn de cosas. [] Me haca
pasar hambre, y toda la vida fue as ( Julito).
Lazos afectivos que permiten construir autoconfianza y
proyectar las biografas
La mayora de los jvenes identifican como acontecimien-
tos centrales en sus biografas la constitucin de vncu-
los afectivos con distintas personas padres, madres, hijos,
sobrinos, parejas, amigos que los ayudan a sostener sus
vidas. En el relato de Carlos (26 aos), la propuesta de su
hermana de ser el padrino de su hijo es vivida como una
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 343
muy valiosa seal de confianza que contribuye a reconstruir
su propia autoconfianza en un momento de crisis, debido al
consumo problemtico de drogas:
Cuando me pide que sea el padrino de Coqui. Yo me interno
[en una comunidad teraputica] cuando mi sobrino tena 6
meses de vida. Ella me lo pidi en pleno quilombo mo. Y
la verdad que fue una ficha muy grande para m. Yo senta
que no vala nada, que no era responsable, por eso que mi
hermana me haya pedido que fuera el padrino de su hijo para
m fue que me pusieran un fichn.
En trminos de Anthony Giddens (1991), la confianza
permite a los agentes construir su seguridad ontolgica, es
decir, en trminos fenomenolgicos, su ser-en-el-mundo, sin
el cual les sera imposible actuar y habitar el mismo uni-
verso social con otros seres humanos. En general, los indi-
viduos reciben en la primera infancia especialmente de
sus familias una dosis bsica de confianza que los prote-
ge contra las ansiedades ontolgicas a las cuales todos los
seres humanos estn potencialmente sujetos. Sin embargo,
en la segunda modernidad, la seguridad ontolgica ya no se
encuentra asegurada por los lazos de parentesco o comu-
nitarios. En cambio, la permanente bsqueda de relaciones
personales cuyo principal objetivo es la sociabilidad, cons-
tituidas a partir de la lealtad y autenticidad, se convierte
en un requisito fundamental para la constitucin de iden-
tidades personales y lazos sociales. La confianza personal
es un proyecto a ser trabajado por las partes involucradas
y requiere la apertura del individuo para el otro (Luhmann,
1996).
Esta centralidad de las relaciones de confianza en la
construccin biogrfica se refleja en los relatos de los jve-
nes en torno a sus vnculos ms cercanos familiares y,
especialmente, amigos y parejas. Estas relaciones son valo-
radas por ellos como preciados capitales que se otorgan o se
ganan en raras ocasiones, pero que, al realizarse, son vividas
como experiencias de apropiacin subjetiva del s mismo,
344 Individuacin y reconocimiento
del otro y, como veremos ms adelante, tambin de las ins-
tituciones. Como aparece en la narracin de Purly (18 aos)
sobre una exnovia que sali con un amigo, la confianza es
una relacin dinmica y frgil, presenta diversos grados de
pureza o autenticidad y puede ganarse o perderse a partir
de una palabra, un gesto, una mirada o un conflicto:
Yo tena una novia que se qued mal porque deca que la
dej por mis amigas y los pibes. [] Y es verdad, yo la dej
por los pibes, porque a m no me pods prohibir que est
con mis amigos. Ella se qued tan enojada que se puso a salir
con un pibe del barrio que pasaba mucho tiempo conmigo
(vena a mi casa, mis viejos lo queran y parbamos en la
esquina). La actitud del pibe fue dolorosa. Si sos mi amigo,
mi re rancho desde hace aos, no te pods comer a [tener
relaciones sexuales con] mi ex.
En otra experiencia afectiva considerada muy signifi-
cativa por Purly, su pareja actual se presenta como un ancla,
un soporte que le ayuda a tomar distancia y reflexionar
sobre sus prcticas de sociabilidad, su uso del tiempo y a
proyectar nuevas posibilidades para su historia personal:
Mi novia me cambi la manera de pensar, me hizo refle-
xionar sobre algunas conductas. Por eso, conocerla ayud
a ver muchas cosas. Por ejemplo, el tiempo que paso en la
esquina y lo pendiente que estoy de los chicos, mis amigos.
A ella la conoc por Facebook y no empezamos bien, pero ella
trata de mostrarme que tengo que ponerme las pilas. A veces
pienso que tengo que dejar un poco la joda [las salidas con
mis amigos] para estar ms tiempo con ella.
Segn Claude Dubar (2002), en la actual etapa de la
modernidad, una condicin necesaria para que una relacin
amorosa se convierta en una pareja es que el Yo permanezca
como l mismo (S mismo reflexivo) en el vnculo afectivo
con el Otro, inaugurando una nueva etapa en su historia
personal (S narrativo). Tal como narra Purly, su ser amado,
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 345
su novia, ocupa un lugar central en la conformacin de su
identidad personal, como mediador entre el Yo (identidad
narrativa) y el s mismo (identidad reflexiva).7
Barrio
La villa como expresin de la otredad8
Muchos jvenes narran que vivir en la villa los obliga a
tener que soportar los prejuicios, la discriminacin y la vio-
lencia de los que no viven ah y, muchas veces, tambin de
sus propios vecinos. Es decir, se construyen dos otredades,
dos fronteras. Una entre el interior y el exterior del barrio
y otra entre los que viven all. En el primer caso, Facu (19
aos) nos relata:
Me imagino viviendo fuera del barrio, tal vez La Boca o Villa
Urquiza. Ya viv mucho tiempo en este barrio y ahora tengo
que salir de ah. Mi hermana me dice: tens que salir, todos
me dicen: tens que salir. Sal, pero volv a visitar, me dicen
en broma. Y mi idea es sa. Igual, mi hermano vive afuera, y
por ah voy con mi hermano. Puedo ser independiente dentro
del barrio, pero mejor afuera porque as consegus ms traba-
jo. Porque estando en la villa es ms difcil conseguir buenos
trabajos, por el tema de que vivs en la villa y suelen decir ah,
en la villa te roban, qu s yo, y todas esas cosas.
7 La identidad reflexiva se hace posible en las sociedades actuales, porque cada
vez ms la historia subjetiva no se reduce a la sucesin de las pertenencias en
nosotros comunitarios o societarios, el s mismo puede tomar una distancia
reflexiva con respecto a los mltiples papeles que representa en su vida coti-
diana (Dubar, 2002).
8 El trmino villa o villa miseria es utilizado en Argentina para denominar
en general, con tono despectivo, desde los medios de comunicacin y des-
de las personas que no viven en ellas, pero tambin con sentidos reivindica-
tivos por muchos de sus habitantes a los barrios vulnerabilizados (Cravino,
2009).
346 Individuacin y reconocimiento
Vivir fuera de la villa es expresado como un esfuerzo,
no como algo que ocurre sin resistencias, por el contrario,
para muchos resulta altamente significativo y trabajoso. Los
ejemplos que se repiten en este tipo de situaciones son los
de jvenes de las familias ms pobres y migrantes, como
la de Juana (20 aos):
Yo le dije a mi mam: Mir, m, yo ac no me gusta ms,
no aguanto ms, esto no es lo mo [se refiere al momento
que estaba residiendo en un barrio fuera de la villa]. Todo
muy lindo vivir afuera del barrio, poder dar una direccin,
que te lleguen las cosas a tu casa me refiero que ac en la
villa vos no pods dar tu direccin, ni siquiera para buscar
trabajo porque directamente te rechazan, pero no quiero
vivir ms ac. Y bueno, termin el contrato [de alquiler] y
nos volvimos a la villa.
En los discursos juveniles de nuestro estudio aparece
la idea de villa, como otredad construida como aquello
de lo que hay que distanciarse y diferenciarse. Segn Mara
Cristina Cravino (2009), los lmites afuera y adentro son
construidos por sus habitantes, pero tambin por distintas
instituciones externas, especialmente las estatales. Estas
delimitaciones pueden constituirse, asimismo, al interior de
los barrios como diferenciadores espaciales jerarquizados
entre los grupos o sectores sociales que los integran, en tan-
to son valorizados de diversas maneras por tales actores.
Salir del barrio implica muchas cosas para estos jvenes
y se torna una tarea titnica. Cmo se logra salir, y cmo y
de qu modo se vuelve es otro de los temas que estos jve-
nes tienen que transitar y resolver. Cuando alguien se va del
barrio, genera en su grupo de pertenencia admiracin, pero
tambin lo viven como una traicin al lugar. Una vez que
te fuiste, ya no volvs del mismo modo, ya no sos parte del
lugar, como reflexiona Carlos al volver de una internacin
prolongada por su adiccin a las drogas:
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 347
En el barrio los lmites son muy difciles, todo se comparte,
yo me saco las zapatillas y te las doy. Cuando volv despus
de mi tratamiento por drogas yo pona lmites, empec a
cuidar lo mo, y esto haca que la gente me despreciara. Dej
de ser el copado y me convert en el responsable, el que
tomaba distancia. Entonces, me encontr en un momento de
profunda soledad.
El barrio como territorio de violencias e inseguridad
Las violencias y la inseguridad barrial son temas recurren-
tes en los relatos juveniles de nuestro estudio. Pero qu
experiencias y significaciones sociales aparecen en los mis-
mos: de qu intensidad es la violencia barrial?; cundo
es lcito valerse de ella?; qu caractersticas presentan este
tipo de escenarios?; en qu se diferencia-distancia con las
de otros espacios? En torno a esta proposicin aparece una
fuerte dicotoma entre los peligros externos grupos que
vienen a irrumpir la tranquilidad barrial, pero tambin la
polica u otras fuerzas de seguridad y otras violencias e
inseguridades padecidas y sufridas por los vecinos, genera-
das entre ellos mismos bandas que se enfrentan; bandas
que tornan al barrio un lugar inseguro y hostil. Los jve-
nes manifiestan que en las ltimas dcadas se produjo un
cambio notorio en los modos en que se manifiesta la vio-
lencia dentro del barrio y relatan situaciones no vividas con
anterioridad que consideran resultantes de la modificacin
de los cdigos barriales.
Por un lado, aparece la idea de que al barrio se lo
defiende y se lo protege de otros grupos barriales, esto est
vinculado con la idea de poner en juego la defensa cuerpo
a cuerpo. Para protegerlo hace falta pelear y enfrentarse
con los que acechen el lugar. Para ello, hay una preparacin,
relatan rituales y diversos modos que ellos llevan a cabo
para bancar y cuidar al barrio. La pertenencia y defensa
de estos espacios ocupa un lugar central en sus identida-
des juveniles:
348 Individuacin y reconocimiento
Nosotros andamos con fierros [armas de fuego] en el barrio
para que no vengan a robar de otros barrios. El barrio se
respeta, el barrio es como tu casa. A m no va a venir ninguno
de otro barrio a agitarme algo [provocarme] en la esquina o
a venir a querer sacar algo. Es como que te estn robando en
tu casa. No, en mi casa no vas a venir a robar, y menos en
el barrio, porque el barrio es el barrio. Nosotros cuidamos
el barrio. Ms de una vez nos sacaron de otros barrios a
los tiros o sacamos del barrio a tiros a gente que no tena
que estar (Purly).
Sin embargo, las violencias ejercidas por integrantes
del barrio no siempre son valoradas positivamente o con-
sideradas como legtimas por los dems integrantes de la
comunidad. Para otros jvenes este tipo de forma de defen-
sa barrial termina incrementando los niveles de insegu-
ridad, lo que constituye un factor ms de sufrimiento y
padecimiento, y ponen en peligro las vidas de las personas
que viven all. Lo que se traduce en un clima barrial cada
vez ms hostil, vivindose como territorios fragmentados
y desunidos. Una de las causas que ellos adjudican a este
panorama es la heterogeneidad que en las ltimas dcadas
los caracteriza. En reflexiones como la de Nora, las expli-
caciones que se escuchan son: la villa dej de ser lo que
era, un espacio de encuentro y solidaridad, ahora prima la
separacin, la desconfianza y el individualismo.
En mi barrio existen dos grupos. Estn enfrentados por
cuestiones de robos de autos y motos. Pero, ahora, la cosa est
bastante violenta: se estn enfrentando a los tiros, matndose
los unos a los otros. El gran problema es que cuando se arman
las balaceras terminan siendo vctimas gente del barrio que
no tiene nada que ver (Nora).
Si recuperamos los resultados de otras investigaciones,
encontramos que los denominados barrios de emergen-
cia o villas tienen los mayores niveles relativos de vic-
timizacin por delitos violentos. Un segundo fenmeno es
la escasez, ausencia o desconfianza en las regulaciones e
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 349
instituciones estatales especialmente el poder policial, lo
que convierte a las redes de sociabilidad barrial basadas
principalmente en vnculos familiares en casi los nicos
soportes del orden social. Por ende, cuando se producen
conflictos, crisis o rupturas en dichas redes, se profundi-
zan en sus integrantes los sentimientos de inestabilidad
subjetiva, inconsistencia posicional e incertidumbre hacia
el futuro. Un tercer factor, articulado con los otros dos,
es que la ocurrencia de episodios delictivos en estos con-
textos tiene un fuerte impacto en las redes de sociabilidad
barrial generando o profundizando conflictos o descon-
fianzas entre vecinos, amistades o familiares, lo que mag-
nifica su impacto en los sentimientos de inseguridad de
sus habitantes (Kessler, 2009; Mguez e Isla, 2010; Kessler
y Dimarco, 2013).
El barrio como lugar de identificacin, pertenencia,
encuentro y posibilidades
Los vnculos sociales que construyeron en el barrio son un
elemento central de las narraciones de los jvenes. Valoran
y recuperan aquellas relaciones sinceras, intensas, crebles
que funcionaron en sus vidas como un factor protector.
No importa tanto el sostenimiento en el tiempo como la
intensidad de estos vnculos:
En el barrio estn mis amigos, a ellos les cuento mis cosas,
compartimos salidas juntos, boliches o fiestas, jugamos al
ftbol dos veces por semana, vamos a campeonatos y ah si
ganamos compartimos la plata, compramos para tomar, para
comer y compartimos. El barrio tiene eso, tengas o no ten-
gas siempre pods compartir. Por ejemplo, cuando salimos a
bailar cada uno lleva su plata, 150 200 pesos, pero lo que
tomamos lo compartimos (Purly).
En estas experiencias se pueden identificar algunos de
los soportes que el barrio les proporciona, principalmente
los simblicos y afectivos, a los jvenes para movilizar en
350 Individuacin y reconocimiento
sus procesos de individuacin. Purly circunscribe al barrio
como ese lugar de encuentro con su grupo de amigos, de
sociabilidad en espacios recreativos y ldicos, que los con-
tienen y donde se sienten reconocidos. La dimensin cor-
poral y el carcter co-constitutivo de los otros se revela
como fundamental en la produccin de las subjetividades
de los jvenes en el barrio. Vivencian y valoran las expe-
riencias de respeto y reconocimiento de los otros como
verdaderos soportes de su existencia:
Vivir en el barrio tiene una mezcla de vivir en la ciudad, pero
es otra cosa. Tiene la cultura del campo, pero con la conexin
de la ciudad. En el barrio tenemos otras costumbres, otras
formas de compartir, otro contacto fsico, para m el contacto
fsico es muy importante porque acorta las distancias. En la
villa conocs a todos y todos te conocen, en cualquier otro
barrio esto no pasa. El barrio te permite el encuentro, el
contacto con el otro, la proximidad hace que puedas verte sin
problemas, esto no ocurre en otros lados. Con los vecinos no
hay distancia (Carlos).
Muchas veces el barrio funciona de manera instrumen-
tal como contraparte de un sinfn de carencias que tienen
que enfrentar: como las casas son pequeas y en su mayora
no cuentan con patios, el barrio, la calle, funciona como
ese espacio que contiene a nios, adolescentes y adultos.
Los vecinos funcionan como soportes materiales y afec-
tivos frente a las carencias cotidianas de las familias en
el acceso a diversos productos, al cuidado de sus nios e
informacin. Los jvenes tambin destacan las ofertas que
se vienen gestando y ofreciendo en los barrios desde los
ltimos aos. Consideran que esto es algo muy positivo,
que potencian sus capacidades y que les permiten tomar
contacto con disciplinas y actividades a las que no podran
acceder de otro modo:
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 351
En la villa lo que me gusta son los centros culturales que
se abren, a lo mejor, no son as de gran nivel, pero por lo
menos son una base para los chicos, para poder introducirlos
un poquito ms; la escuela de msica; todas las ONG que
aportan un poquito tambin (Juana).
Instituciones pblicas
Escuelas en las que se sienten discriminados, no
reconocidos y/o excluidos
Las experiencias escolares de los jvenes en barrios popula-
res se asocian a distintas formas de estereotipacin y discri-
minacin por sus orgenes tnicos, nacionales y/o barriales.
Como se observa en las reflexiones de Jos Luis, en algu-
nos casos las prcticas de discriminacin especialmente
cuando son protagonizadas por adultos o agentes de ins-
tituciones pblicas, como escuelas y polica son desna-
turalizadas y denunciadas, definindolas como violencias
e injusticias:
[] Una discriminacin es una violencia, porque agreds al
que vos discriminaste: negro de mierda, paraguayo de mier-
da, boliviano de mierda Eso duele, eso ya es una violencia
verbal. Entonces, ya pons incmoda a la persona que se
lo dijiste, no? Y un da los bolivianos, los peruanos y los
pibes de la villa, los negros y los paraguayos son los que ms
reciben el golpe. Yo, la verdad, a veces me pongo a pensar
y no puedo entender todava. Para m, estamos en un pas
distinto, pero estamos viviendo el mismo mundo y somos
todos lo mismo.
Otro tipo de experiencias escolares narradas por los
jvenes se vinculan a repeticiones de aos, fracasos,
segregaciones o exclusiones. En el relato de Nora, su
devenir migratorio gener dificultades para cumplir con
las normas de asistencia a la escuela, por lo que como
352 Individuacin y reconocimiento
una forma de exclusin encubierta le imponen el cambio
de turno, perdiendo los vnculos que haba construido con
compaeros y docentes:
Hice el jardn, la primaria y gran parte de la secundaria en la
misma escuela. Cuando estaba en 4 ao, repet. Haba repeti-
do tambin 2 grado; en esa oportunidad, viaj con mi familia
a Paraguay, pero no recuerdo muy bien por qu hice ese viaje.
Creo que repet, porque, debido al viaje, perd das de clase.
Si bien no me echaron, me dijeron que para quedarme en la
escuela deba cambiarme de turno. Yo no me pude adaptar a
ir a la tarde. As que abandon.
En su investigacin doctoral desarrollada en escuelas
secundarias pblicas de la Ciudad Autnoma de Bue-
nos Aires, Pablo Di Leo (2010) identific la presencia
dominante de los tipos de clima social desubjetivante e
integracionista-normativo que, al centrarse en normas, auto-
ridades y saberes naturalizados, contribuyen a los proce-
sos de cosificacin de las instituciones y las subjetividades,
profundizando las distancias entre las instituciones y los
procesos de subjetivacin juveniles. Retomando los anlisis
de Dubar (2002), la relacin de la mayora de los jvenes
de sectores populares con la escuela pblica se encuentra
marcada ms que por el fracaso por la exclusin relativa de
las buenas trayectorias o de los buenos establecimientos
educativos, que habilitaran o potenciaran el despliegue de
sus subjetividades y reflexividades.
Violencias institucionales que provocan marcas profundas
en las subjetividades
Las violencias protagonizadas por agentes policiales se pre-
sentan en los relatos de algunos jvenes entrevistados como
una de las experiencias ms traumticas vividas en diver-
sos tiempos y espacios de sus vidas. Como se pone de
manifiesto en la siguiente experiencia de Purly, los vncu-
los entre muchos jvenes que viven en barrios populares
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 353
y la polica se encuentran marcados por la discriminacin,
el acoso, la desmesura, la arbitrariedad y el abuso en el
ejercicio del poder.
[] nosotros nos habamos ido a acompaar a la novia de l,
y despus a los pibes los pararon a todos. Eran como siete u
ocho, los pararon a todos as: los hacan sacar las zapatillas,
todo, cosas Y decs: para qu?, viste?, como que te re
cansan. Les pegaron a todos.
Los operativos policiales se presentan en varias oca-
siones con una espectacularidad y agresividad desmedidas,
dirigidas principalmente a demostrar su mayor fuerza fsica
y simblica frente a diversas manifestaciones de identifi-
cacin y organizacin popular, como las movilizaciones de
hinchadas de equipos de ftbol:
[] 11 colectivos bamos. Por los del medio iba yo. Y por all
la misma polica par. Terminaron parando como a, ponele,
mnimo nos habrn bajado a 7 colectivos. Y nos pararon a
todos en el medio de la autopista y nos bajaron y nos cagaron
a palos a todos. Bajabas y te cagaban a palos. A m me haba
quedado una re marca, me acuerdo, pero una marca as del
coso [culata de arma de fuego] ac, en la costilla (Purly).
Tal como surge de diversas investigaciones, la relacin
conflictiva de la polica con los jvenes es un fenmeno
generalizado en los barrios populares del AMBA, convir-
tindose para muchos en la principal generadora de sen-
timientos de inseguridad. Las experiencias cotidianas de
persecuciones, apremios y abusos dirigidos especialmente
a la poblacin juvenil van generalizando la conviccin de
que la polica tiene poco que ver con la ley, convirtindose
en una banda ms, mejor armada y con ms poder (Kessler,
2009; Mguez e Isla, 2010; Kessler y Dimarco, 2013).
Si bien estas tensiones permanentes entre policas y
jvenes son bastante generalizadas, en algunas experien-
cias, como la narrada por Charly (26 aos) un joven que
354 Individuacin y reconocimiento
haba sido judicializado, detenido en un penal y tena liber-
tad condicional, el ejercicio abusivo del poder policial es
mucho ms individualizado, traducindose en controles,
acosos, arbitrariedades cotidianas y profundas marcas en
los cuerpos, los vnculos y los soportes subjetivos:
[] me detienen en la puerta de mi casa, yendo a comprar
una tarjeta telefnica con mi hermano. Y a mi hermano que
es jugador de futbol profesional casi le arruinan la carrera. Es
el da de hoy que no puedo ver a la polica. Es ms, debajo
de mi departamento hay un bar en donde siempre hay un
polica parado. Y ese da cuando ve toda la situacin se acerca
y se suma al quilombo que estaba haciendo el polica y me
empiezan a cagar a palos ah en el medio de la calle. Me
empiezan a pegar y a mi hermano tambin. [] Nos subieron
al patrullero, a m me mataron a palos y me decan en el
patrullero: viste negro, vos te haces el canchero'.
En este relato se pone de manifiesto el fenmeno
que Alcira Daroqui y Ana Laura Lpez (2012) denominan
cadena punitiva. A partir de una investigacin desarrollada
recientemente en la provincia de Buenos Aires, las socilo-
gas identifican la generalizacin de un encadenamiento de
lo policial, lo judicial y lo custodial que forja trayectorias
penalizadas, en las cuales muchos jvenes en barrios mar-
ginalizados vivencian a lo largo de sus vidas diversas vio-
lencias institucionales, dirigidas a producir la degradacin,
sumisin y, en algunos casos, la anulacin de sus subjetivi-
dades y sus cuerpos. En el eslabn policial son comunes las
denominadas capturas no judiciables que transcurren por
fuera del sistema judicial, a partir de las cuales se instala un
modo de conocimiento recproco que marca las biografas
y moldea formas de relacin entre uniformados y jvenes
en el barrio, la esquina, la calle. Los siguientes eslabones de
la cadena muchas veces continan y profundizan los pro-
cesos de corrosin subjetiva, anulacin de las identidades
juveniles, llegando a su mxima expresin en contextos de
encierro como el vivido por Charly:
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 355
Las veces que estuve detenido siempre fui maldito porque, a
veces, la crcel te hace as. Porque tens que ser arisco, malo,
independiente, no le tens que creer a nadie. Te saludan, te
das vuelta y te sacan la mano o te dan una pualada. Es todo
una mentira, para m fue siempre todo una mentira. Nunca
conoc un amigo, nunca nada. Fue la falsedad ms grande que
conoc en mi vida, fue eso: cunto tens, cunto vals. No
tens nada, no sos nadie. Si sos maldito, te respetan, si sos
bueno, te toman por boludo.
Personas e instituciones que posibilitan el acceso a
recursos afectivos y simblicos
En sus relatos biogrficos, los jvenes destacan como acon-
tecimientos muy significativos las pocas oportunidades en
las que pudieron construir vnculos de confianza, escucha
y dilogo con algunas personas y, por su intermedio, con
ciertas instituciones pblicas que abrieron nuevas posibi-
lidades en sus vidas. Por ejemplo, el encuentro de Carlos
con un profesor de carpintera que, yendo ms all de su
funcin especfica, fue a su casa para proponerle que vuelva
a la escuela, construyendo as un vnculo afectivo con el
docente y la institucin:
A los 14 aos decid anotarme en carpintera en un Centro
de Formacin Profesional. Me acuerdo que mi mam se re
enoj porque ella siempre quiso que yo tenga una carrera uni-
versitaria y yo me anot ah. En realidad, yo estaba repitiendo
el colegio, porque estaba en primer ao y me haba empezado
a ratear, pero fue re loco, porque hasta el da de hoy me acuer-
do que yo me haba quedado libre otra vez y un da llego a
mi casa y me encuentro que el profesor de carpintera estaba
hablando con mi mam no, dije yo. Haba ido a buscarme a
mi casa para que vuelva a la escuela. Cuando se iba mi mam,
le dijo: qudese tranquilo que no le voy a hacer nada, no le
voy a pegar. Que el profesor me haya ido a buscar a mi casa
fue para m muy importante. Despus nunca ms falt me
pasaba eso, cuando haba una demostracin de afecto o cuan-
do yo le importaba a alguien, responda con fidelidad.
356 Individuacin y reconocimiento
Las relaciones de confianza de estudiantes con docen-
tes o directivos se hacen posibles en las escasas ocasiones
en las que dichos agentes manifiestan disposiciones para
escucharlos y tratarlos como sujetos. Su emergencia es sig-
nificada por los jvenes como verdaderos momentos de
inflexin en su experiencia escolar, habilitando un nuevo
tipo de vnculo con los otros y, en general, con la escuela
(Di Leo, 2010). As se manifiesta en la narracin de Purly
sobre su experiencia en una escuela rural, cuyo proyecto
institucional est centrado en la integracin de jvenes que
viven en barrios populares:
Esta escuela es muy particular, porque si no termins ac no
te recibs en ningn lado. Te ensean mucho en la escuela,
quiz no a nivel educativo. Te ensean a ser persona, cmo
ser persona, te ayuda mucho; te ayuda mucho en lo psicolgi-
co y dan apoyo, a veces los profesores te hablan como amigos,
o hasta el director. Si peds un consejo, te lo van a dar, capaz
te ven medio mal y te preguntan qu te pasa, cosas que en otra
escuela pasaran desapercibidas, porque hay mucha gente o
porque, no s, pero en esa escuela no.
La apertura intersubjetiva que, a la vez, es habilitada
por y es propiciadora de relaciones de confianza interge-
neracional, favorece el despliegue de los procesos de reco-
nocimiento jurdico-moral y tico-social de los estudiantes,
generando un tipo de clima social escolar tico-subjetivante.
En el mismo que ocupa un lugar subordinado con respecto
a los otros dos tipos de clima social escolar identificados,
los jvenes van construyendo cotidianamente sus identida-
des en procesos de identificacin abiertos, donde los otros
ocupan un lugar central, desarrollando sus reflexividades y
agencias tanto en la revisin crtica como en la generacin
de acuerdos en torno a normas, rituales, contenidos y auto-
ridades (Di Leo, 2010).
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 357
Reflexiones finales: articulando experiencias
subjetivas y procesos estructurales
A partir de nuestro anlisis de los relatos de jvenes en
barrios populares del AMBA, identificamos tres nodos bio-
grficos que ocupan un lugar central en sus vidas: vncu-
los afectivos, barrio e instituciones pblicas. Sin embargo,
como sintetizamos en el siguiente cuadro, sus efectos y
relaciones con sus procesos de individuacin no son un-
vocos ni lineales, sino que, a partir de complejas y din-
micas articulaciones entre sus trayectorias personales, sus
relaciones intersubjetivas y sus condiciones estructurales
socioeconmicas, territoriales e institucionales, pueden
desencadenar o potenciar procesos de vulnerabilidad/des-
estabilizacin o de cuidado/estabilizacin biogrficas.
Cuadro 1: Vnculos entre nodos biogrficos y procesos
de vulnerabilidad/desestabilizacin y cuidado/
estabilizacin biogrficas
358 Individuacin y reconocimiento
En los relatos analizados se presentan diversos esce-
narios en los que las vidas de los jvenes estn atravesadas
por experiencias de violencia, privacin, discriminacin y
desproteccin, trazando biografas marcadas por la nega-
cin de las principales formas de reconocimiento subjetivo.
En relacin al primer nodo identificado, las separaciones,
abandonos y violencias familiares profundizan la vulne-
rabilidad de los sujetos, debido a la negacin del afecto
o amor, fuente de seguridad ontolgica y autoconfianza.
Se conforman as experiencias de vulnerabilidad/desestabi-
lizacin afectiva, significadas como situaciones de fragili-
dad, duelo, que los acompaan durante toda su vida. Estas
vivencias resultaron compartidas por casi la totalidad de los
entrevistados, convirtindose para muchos en la amenaza
permanente de no poder contar con el abrigo y el sostn
familiar. Ni la conformacin de la propia familia logra erra-
dicar definitivamente esta amenaza.
En relacin al segundo nodo identificado, en el barrio
se levantan diversas fronteras entre sus habitantes, y entre
stos y el exterior, basadas en la anulacin simblica y fsi-
ca de los otros. As, la amenaza que se construye es la de
peligros y temores urbanos. sta da cuenta de un sentimiento
de miedo e inseguridad ante una multiplicidad de acechos
urbanos. Dentro de los barrios populares, en los espacios
segregados y con fuertes desigualdades a nivel de la cali-
dad de los servicios pblicos, se experimenta la sensacin
de que la ciudad es una fuente mayor de amenaza posi-
cional y vulnerabilidad/desestabilizacin biogrfica. Este
sentimiento se presenta en los relatos a partir de cuatro
modalidades narrativas:
1. El barrio de uno, no siendo bueno, no es tan malo como
otros: la comparacin remite siempre a situaciones en
donde hay otros que viven en lugares peores. Y a la vez
un sentimiento que, sea como fuere, es ah en donde se
desarrollan sus vidas.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 359
2. El ingreso de los nuevos como la causa del incremento de
robos u otro tipo de delitos: impone la necesidad de estar
siempre alerta, en vigilia.
3. La droga como causal de los males que se padecen en el
barrio: se encarna en el miedo, fundamentalmente de
las madres, de que sus hijos caigan en la droga, lo
que luego termina desencadenando trayectorias vitales
juveniles de cada libre.
4. Irse del barrio: aunque no es comn a todos sus habitan-
tes, ya que no todos sienten que tienen la posibilidad de
pensar en esto, la preocupacin por el robo, las muertes
y la inseguridad urbana generan un temor marcado en
los grupos ms vulnerables, impulsndolos a salir del
barrio, a pesar de las dificultades que esto con lleva.
En el tercer y ltimo nodo biogrfico construido, las
pocas instituciones pblicas con las que se relacionan los
jvenes escuelas pblicas y la polica, en lugar de con-
tribuir a disminuir las inequidades, injusticias y violencias
cotidianas, muchas veces contribuyen a profundizar sus
vulnerabilidades: discriminacin, exclusin, distintas for-
mas de negacin del reconocimiento. La experiencia y la
amenaza que se constituyen pueden denominarse como
injusticias, violencias o exclusiones institucionales: un senti-
miento de arbitrariedades y abusos de poder permanentes y
encadenados, de instituciones de baja intensidad, sin legi-
timidad, que no les brindan herramientas que consideren
valiosas para constituirse como individuos en sus contextos
sociales y que, en muchos casos, los discriminan y excluyen.
Se va generando as una sensacin de intemperie socio-
institucional y de impotencia ms o menos agudo, lo que
los lleva muchas veces a una restriccin mayor o a una
falta de habilitacin para vincularse con actores de otras
posiciones sociales.
Sin embargo, simultneamente, los jvenes, como ver-
daderos hper-actores relacionales, demandan o constru-
yen permanentemente diversos vnculos afectivos basados
360 Individuacin y reconocimiento
en la confianza que funcionan como soportes, sosteniendo
su seguridad ontolgica y su autoconfianza, permitindo-
les constituirse como individuos en torno a diversas con-
sistencias pragmticas. Aqu, el barrio tambin ocupa un
lugar central: al encontrarse sus habitantes especialmente
expuestos a la inestabilidad de los empleos y de las institu-
ciones pblicas, el conjunto de relaciones estructuradas en
lo territorial lo familiar, el grupo de amigos, los vecinos
se convierte en el sostn bsico que reemplaza a dichos
anclajes. El barrio se constituye as en la base principal de
la estabilizacin de la experiencia social. La inconsisten-
cia posicional est vinculada a factores socioeconmicos
y urbanos estructurales, pero tambin a procesos de vul-
nerabilidad/desestabilizaciones personales, vinculares y/o
institucionales. Por ello, los actores visualizan la necesi-
dad de desarrollar estrategias centradas en sus relaciones
interpersonales: redes de favores y reciprocidades, a fin de
contrarrestar o disminuir sus inestabilidades.
Finalmente, en ciertas ocasiones algunos agentes de las
pocas instituciones pblicas con las que se cruzan los jve-
nes de estos contextos principalmente escuelas generan
posibilidades, recursos, soportes afectivos o simblicos que
consideran muy valiosos en sus vidas. A partir del vnculo
de confianza con algn agente comprometido, que los tra-
ta como personas, con entusiasmo y con ganas de hacer
las cosas de otro modo, se van construyendo escenarios
institucionales tico-subjetivantes, que les habilitan herra-
mientas novedosas para construir sus identidades, torcien-
do muchas veces sus trayectorias prefijadas por el personaje
social y permitindoles cambiar el rumbo de sus proce-
sos de individuacin. En sus relatos, estos encuentros son
significados como giros biogrficos, acontecimientos extra-
ordinarios que abren nuevas posibilidades para iniciar o
desarrollar sus proyectos, consistencias y cuidados/estabi-
lizaciones existenciales.
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 361
De esta manera, a pesar de la inexistencia de claras
trayectorias institucionales que den consistencia y estabili-
dad a su devenir biogrfico, estos jvenes siguen pensan-
do y llevando adelante diversos proyectos para sus vidas:
continuar o retomar sus estudios; conseguir o cambiar sus
trabajos; sostener o formar una pareja o una familia; gene-
rar o desarrollar actividades artsticas, deportivas, religiosas
o culturales, individuales o colectivas. Sin embargo, una
dimensin central de estos proyectos refiere a sus condicio-
nes de produccin, es decir, las trayectorias y los contextos
socioinstitucionales en el cuales estn anclados.
Recuperar el anlisis de las inconsistencias posiciona-
les, si bien permite incorporar una lectura transversal entre
distintos estratos sociales, tambin evidencia que los grupos
ms vulnerables son los que muchas veces tienen menor
cantidad y menor legitimidad en sus soportes, lo que los lle-
va a disminuir sus posibilidades de construir consistencias
pragmticas en sus trayectorias vitales. Consideramos que
para que los jvenes puedan seguir imaginndose y escri-
biendo sus futuros, resulta fundamental propiciar inter-
venciones institucionales y polticas pblicas integrales que
habiliten diversos recursos y espacios para el reconoci-
miento, el dilogo, la transmisin e intercambio de expe-
riencias intra e intergeneracionales, creando o potencian-
do formas de cuidado/estabilizacin que contrarresten sus
procesos de vulnerabilidad/desestabilizacin biogrfica.
362 Individuacin y reconocimiento
Anexo: Perfiles de jvenes entrevistados
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Sobre los autores
Valentina Arce Castello. Licenciada en Psicologa, Univer-
sidad Nacional de Crdoba (UNC). Maestranda en Inter-
vencin e Investigacin Psicosocial, UNC. Coordinadora
de Curso y Acompaante Pedaggica. E-mail: arcecastello-
vale@[Link]
Ana Clara Camarotti. Licenciada en Sociologa, Universi-
dad de Buenos Aires (UBA). Doctora de la UBA en Ciencias
Sociales. Magster de la UBA en Polticas Sociales. Con-
sultora de la CICAD/Organizacin de Estados America-
nos. Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Inves-
tigaciones Cientficas y Tcnicas (CONICET), con sede
en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad
de Ciencias Sociales, UBA. Profesora Coordinadora de la
materia Sociologa de la salud de la Maestra de Salud Pbli-
ca de la Facultad de Medicina, UBA. E-mail: anaclaraca-
marotti@[Link]
Florencia DAloisio. Licenciada en Psicologa, Universidad
Nacional de Crdoba (UNC). Doctora en Estudios Sociales
de Amrica Latina (CEA-UNC). Becaria Posdoctoral del
Consejo Nacional de Investigaciones Cientficas y Tcnicas
(CONICET), con sede en el Centro de Investigaciones de
la Facultad de Filosofa y Humanidades (CIFFyH-UNC). E-
mail: florenciadaloisio@[Link]
Pablo Francisco Di Leo. Licenciado y Profesor en Sociolo-
ga, Universidad de Buenos Aires (UBA). Doctor de la UBA
en Ciencias Sociales. Magster de la UBA en Polticas Socia-
les. Posdoctorado del Instituto de Medicina Social, Univer-
sidad del Estado de Ro de Janeiro (IMS-UERJ). Investiga-
dor Adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Cien-
365
366 Individuacin y reconocimiento
tficas y Tcnicas (CONICET), con sede en el Instituto de
Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Socia-
les, UBA. Jefe de Trabajos Prcticos Regular en la Carrera
de Sociologa, UBA. Docente en seminarios de posgrado en
la UBA y el IMS-UERJ. E-mail: pfdileo@[Link]
Guido Garca Bastn. Licenciado y Doctorando en Psico-
loga, Universidad Nacional de Crdoba (UNC). Becario del
Consejo Nacional de Investigaciones Cientficas y Tcnicas
(CONICET), con sede en el Instituto de Geografa, Historia
y Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Humanas, Univer-
sidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires
(UNICEN). E-mail: guidogarciabastan@[Link]
Natalia Laura Gonzlez. Licenciada en Psicologa, Uni-
versidad de Buenos Aires (UBA). Maestranda en Estudios
Interdisciplinarios de la Subjetividad, Facultad de Filosofa
y Letras, UBA. Becaria del Consejo Nacional de Investi-
gaciones Cientficas y Tcnicas (CONICET), con sede en
el Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de
Ciencias Sociales, UBA. E-mail: ngonzalezb@[Link]
Martn Gelman. Licenciado y Profesor en Sociologa,
Universidad de Buenos Aires (UBA). Maestrando en Cien-
cias Sociales (Instituto de Desarrollo Econmico y Social/
Universidad Nacional de General Sarmiento). Becario de la
Agencia Nacional de Promocin Cientfica y Tecnolgica,
con sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germa-
ni, Facultad de Ciencias Sociales, UBA. E-mail: marguel-
man@[Link]
Horacio Luis Pauln. Licenciado en Psicologa, Magster en
Ciencias Sociales y Dr. en Psicologa, Universidad Nacio-
nal de Crdoba (UNC). Profesor Adjunto Regular en la
Ctedra de Psicologa Social e Investigador con sede en el
Experiencias de jvenes en la sociedad actual 367
Ncleo de Estudios Psicosociales y Comunitarios, Facultad
de Psicologa, y del rea Educacin, CIFFyH-UNC. E-mail:
hlpaulin@[Link]
Romina Ramrez. Licenciada en Sociologa, Universidad
de Buenos Aires (UBA). Profesora de Sociologa (UBA).
Especialista en planificacin y gestin de polticas sociales
(UBA). Maestranda en Polticas Sociales, UBA. Becaria Doc-
toral UBACyT, con sede en el Instituto de Investigaciones
Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, UBA. E-mail:
rominaramirez@[Link]
Sebastin Ezequiel Sustas. Licenciado en Sociologa, Uni-
versidad de Buenos Aires (UBA). Magster en Generacin y
Anlisis de Informacin Estadstica, Universidad Nacional
de Tres de Febrero (UNTREF). Doctorando en Ciencias
Sociales, UBA. Becario del Consejo Nacional de Investi-
gaciones Cientficas y Tcnicas (CONICET), con sede en
el Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de
Ciencias Sociales, UBA. Miembro del rea de Salud y
Poblacin de la mencionada institucin. Docente del depar-
tamento de Salud Pblica. E-mail: [Link]@[Link]
Silvia Alejandra Tapia. Licenciada en Sociologa, Universi-
dad de Buenos Aires (UBA). Magster en Polticas Sociales,
UBA. Doctoranda en Ciencias Sociales, UBA. Becaria Doc-
toral del Consejo Nacional de Investigaciones Cientficas
y Tcnicas (Conicet), con sede en el Instituto de Investiga-
ciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, UBA.
E-mail: silviaatap@[Link]
Paula Andrea Trillo. Licenciada y Profesora en Sociologa,
Universidad de Buenos Aires (UBA). Maestranda en Estu-
dios Interdisciplinarios de la Subjetividad, Facultad de Filo-
sofa y Letras, UBA. E-mail: [Link]@[Link]
368 Individuacin y reconocimiento
Mara Soledad Vzquez. Licenciada y Profesora en Socio-
loga, Universidad de Buenos Aires (UBA). Magster en
Ciencias Sociales con orientacin en Educacin, Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Docto-
randa en Ciencias Sociales, UBA. Tutora en cursos de for-
macin docente de Educacin Sexual Integral, Central de
Trabajadores de la Educacin de la Repblica Argentina
(CTERA), Unin de Educadores de la Provincia de Crdo-
ba (UEPC), Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
(FLACSO). E-mail: soledadvazquez@[Link]
Alejandro Marcelo Villa. Licenciado en Psicologa, UBA.
Posgrado en Salud y Ciencias Sociales (CEDES). Progra-
ma de Juventud e Inclusin Educativa, CeSAC N8, Hos-
pital Penna e Investigador Asociado del Consejo de Inves-
tigacin en Salud, Ministerio de Salud, Gobierno de la
Ciudad Autnoma de Buenos Aires. Investigador princi-
pal, Instituto Universitario de Ciencias de la Salud, Fun-
dacin Universidad H. A. Barcel. E-mail: alejandrovi-
lla2001@[Link]