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Roberto de Ruggiero

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282 ROBERTO DE RUGGIERO mismo de ésta, que, como se ha visto, es un elemento constitu- tivo del negocio. Pero no todos estén con respecto a ella en la misma situacién en el sentido de que puede ser diversa la rela- cién entre causa y voluntad, Hay negocios en los cuales Ja relaci6n es intima y fija, apa- reciendo tan estrechamente unidos ambos elementos, que la vo- luntad revela sin mas la causa; ésta es consubstancial al negocio, que la leva consigo porque la causa responde a la indole del mismo. Con otras palabras, la voluntad, no s6lo no puede for- marse mas que con la existencia de aquella causa determinada, sino que sin mds la revela, y ningdn efecto puede producirse cuando ta causa falte o sea ilicita. Son éstos los negocios causa- les 0 materiales, como la compraventa o la donaci6n, en que la promesa del precio, en compensacién de la cosa, o 1a obligacién de dar una cosa sin contraprestaci6n reveldn por s{ solas la cau- sa consistente en el cambio de dos prestaciones o en el espiritu de liberalidad (1). Hay otros, por el contrario, en los que tal relacién falta y se presentan como independientes de la causa, y no es que ésta fal- te sino que como el negocio ni la expresa ni la lleva incorpora- da en si, parece que la voluntad por si sola es suficiente a pro- ducir el efecto que persigue debiendo ia causa buscarse fuera del negocio en otra relaci6n entre las partes y pudiendo, por tanto, ser varia y diversa segtin la indole de éste. Tales son los nego- cios adstractos \lamados también formales porque en ellos debe ser manifestada la valuntad en formas determinadas, a veces so- lemnes, para que pueda ser id6nea a producir el efecto juridico. Por ello se ha afirmado que la causa se halla sustitufda por Ja forma o que la forma se identifica con [a causa, pero esto no es del todo exacto; una causa es también aqui necesaria y es distin- ta, como elemento esencial de Ia forma, solo que ésta asume frente a aquélla una funcién preponderante y hace sin mas eficaz (1) Ver Neubecker, Dir. abstrakte vertrag in sei nen histor. und dogm., Grundzligen, (Arch, £. Biirg. Recht, XXM, 1903, pag. 67 ; Thur, Zur Lehre von den abstrakten Schuldvertrigen nach dem G. B. G. (Festschr f. Schull~ ze, Leipzig, 1903); Britt, Die abstrakte Forderung nach dentsch. Reichsrecht, Berlin 1908; Stampe, Das causa problem., Causa und abstrakte geschafte. INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL 283) el negocio mientras que la independencia de la voluntad respec- to de la causa indica solamente que el negocio no tiene una cau- sa propia y por esto mismo puede tener en concreto una cual- quiera, entre las varias posibles. Los ejemplos mas caracteristi- cos los ofrece el Derecho romano con la stipulatio, la mancipatia’ y la iz iure cessio que eran perfectas, apenas eran pronunciadas- Jas palabras de la sponsto o cumplidas las formalidades de la ven- ta o del proceso fingidos. En nuestro Derecho lo ofrecen los ti+ tulos al portador y mas particularinente el contrato de cambio;. desvinculada y hecha independientemente de su. causa. (C6digo- de Comercio, art. 251), la letra de cambio ofrece al poseeder un titulo de ejecuci6n répida que no pueden detener las indagacio- nes sobre la existencia de la causa ni las excepciones fundadas- en el defecto 0 en los vicios de la misma mientras por su. natu- raleza de promesa abstracta se presta a los fines practicos mas variados (I). . La diferencia fundamental entre ambos grupos consiste en. que en tanto los negocios causales no pueden producir efecto al- guno cuando se pruebe la inexistencia 0 ilicitud de la causa, es- decir, que son nulos por defecto o vicio de un elemento esencial, los abstractos producen todos los efectos en todo caso incluso- cuando la causa falte o sea ilicita; cuando esto ocurre se dan, sin embargo, remedios particulares de repeticiones y restituciones que sirven para destruir el enriquecimiento injusto producido- por el negocio y a restablecer el equilibrio patrimonial. Contra el concepto de causa no han faltado ni faltan ain hoy objecciones y criticas muy vivas; hay una serie de escritores que- (1) Muchos discuten que Ja letra de cambio sea un negocio abstracto; . ver Vivante, Dir, comm. Ill, n.954, pag. 155 y siguientes; Marghieri-Scia- loja, Zratt. Dir. comm. VI, 1913. pag. 97; La Lumia, Z2-c. @. problema della causa nella cambiale, en Riv, Dir comm., 1914, XU, pag. 741; La cambiale e- a sua causa, Palermo, 1910; la afirmacién de que existan en nuestro or- denamiento negocios jurfdicos abtractos no es indiscutida; Ferrara, Sud° concetto dei negoz. astratti ¢ sul loro giur riconoscimento (Riv. Dir. comm,,.. 1904, II, I, pag. 281); Negocio giur. illicito, pag. 301 y siguientes. Som para el Derecho alemdn negocios dbstractos, el reconocimiento, la remisién: de deuda, la promesa de deuda, Ia delegacién, la indicacién de pago y~ otros. 284 ROBERTO DE RUGGIERO discuten su existencia como elemento separado y distinto, y re- firiéndose a los contratos afirman ser inutil el afiadir este cuarto requisito propugnando la abolicién de los artfculos 1.119, 1.122 y del tiltimo parrafo del 1.104 (1). La objecién arranca para al- gunos de Ja aparente falta de unidad conceptual de la causa, ya que si consiste en los negocios onerosos en la contraprestacién prometida o recibida, resulta violento en los gratuitos en que fal- “ta una tal contraprestaci6n el tener que recurrir para llenar el va- scfo a la intencién liberal. Y se afiade: la causa se identifica en -éstos con la voluntad, no es, pues, elemento distinto y por ello alguien ha eliminado la causa de los negocios gratuitos admitien- -do solamente su existencia en los onerosos. Mas radicales atin se muestran otros (2). Puesto que Ja doctrina expuesta considera que la causa en los contratos bilaterales radica en las dos presta- ciones reciprocas y subjetivamente respecto a cada uno de los -contrayentes en la prestacién del otro, en los unilaterales a titu- Jo oneroso en la previa entrega de Ja cosa o en el hecho realiza- do precedentemente por la otra parte y en los gratuitos en la in- tenci6n de beneficiar su objeto que la causa se identifica en los «dos primeros grupos con el objeto del contrato, no siendo la prestaci6n prometida o recibida otra cosa que el objeto del con- trato y en el tercern se identifica con el consentimiento, pues el espiritu o la intenci6én liberal no es mds que la voluntad de do- nar. De ello se infiere que el concepto de causa es una repeticién de los demas elementos. Las objeciones son infundadas y erréneas. El concepto de -causa es unitario no obstante su diversidad de facetas frente a los tipos particulares del negocio; viene dada por la funci6n que -€ste realiza y la funci6n no puede ser diversa de negocio a nego- -cio-sin mds que la diversidad del fin practico que en cada uno se spersiga. El haber recibido Ja cosa para su custodia o para su uso ‘durante un cierto tiempo en el depésito y en el comodato, el (4) Nora vet mrapveror—Ver articulos 1.261 y 1.275 del Cédigo civil -espafiol. (@) Laurent, Dir civ, XVI, n. 110 y siguientes'; Planiol, Afar. Ul, nié- ‘mero 1.037 y siguientes); Baudry-Lacantinerie, Oddlig., n. 321 y siguien- xtes); Giorgi. Odd/ig., III, nGms. 41, 445; Melucci, Zs¢. pag. 363. INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL 285: cambio de la cosa por el precio en la venta, de dos cosas en la permuta, del goce de la cosa 0 el aprovechamiento de un tra- bajo con el canon o alquiler en el arrendamiento, el espiritu de- liberalidad en la donaci6n, etc., son los fines practicos y especi- ficos, las causas que justifican en una y otra parte la adquisici6n y la pérdida, su variedad no destruye el concepto unitario de la funcién. Menos exacta es la opini6n que sostiene la confusi6n de la causa con el objeto o con el consentimiento; es causa en el contrato bilateral la relacién entre las dos prestacionos, el cam- bio de un valor por otro o sea la bilateralidad, *no cada presta- cién en sf; en los gratuitos es causa el espiritu de beneficencia que justifica una atribucién patrimonial sin contraprestacién y este espiritu de liberalidad, este animus donandi, del mismo modo que no se confunde con Ios motivos individuales (la donacién se hace para remunerar un servicio, para captarse la simpatia del donatario, por mera ostentacién) asi tampoco se confunde ni se- identifica con el consentimiento que es independiente y distinto de aquél, pudiendo existir un consentimiento y faltar o ser ilici- ta la causa de liberalidad. Las reglas que el Cédigo civil dicta en los articulos 1.119 a: 1.122 han creado un equivoco que ha contribuido no poco a obs- curecer la noci6n de causa. E! Cédigo, en efecto, habla de la cau- sa, ya en relacién con la obligacién (art. 1.119) ya en relaci6n con el contrato (art. 1.120); de modo que aparecen confundidas entre sf al parecer la causa de la obligacién y la causa del con- trato. Pero causa de la obligaci6n es la fuente de donde el vincu- lo deriva y puesto que entre las fuentes esta el contrato, no pue-- de confundirse con éste la causa del contrato. Puede, bajo otro aspecto, hablarse de causa de la obligaci6n considerando, no la relaci6n contractual en su conjunto, sino las especiales obliga- ciones que para una (unilaterales) o para entrambas partes (bila- terales) nacen del mismo. Suele Uecirse entonces que, por ejem- pio, en Ja venta es causa la obligaci6n del vendedor de dar la. cosa, la obligacién del comprador de pagar el precio y viceversa y mds brevemente que la causa es para el vendedor el precio y para el comprador la cosa; que en el mutuo es causa de la obliga- ci6n de restituir que tiene e! mutuatario la precedente entrega. “286 "ROBERTO DE RUGGIERO de Ja suma, etc. Esto no es inexacto pero nos ofrece la causa con- templada, subjetiva y unilateralmente como raz6n que determina a cada parte a asumir la obligacién suya, no la causa en su orgd- nica unidad objetiva que es la raz6n (y nica raz6n) para ambas partes; la causa del contrato no es la causa particular de uno uw otro de los contratantes sino que esté en la esencia de todo el contrato, § 30.—Elemehtos accidentales del negocio juridico. Condicién Brugi, Inst. § 21; Pacifici, Ist. II, pag. 402; Gianturco, Sist. J, §§ 53-8; Chironi, Ist. I, $§ 64-66; Chironi y Abello, Tratt. I, pag. 4313 Coviello, Man. I, 88 132-1375 Par. gen. § 34; Savigny, Sist. III, §§ 116-124; Windscheid, Pand. I, §§ 86-95; Re- gelsberger, Pand. I §§ 151-156 (1). La voluntad puede asumir, por virtud de la autonomia que el ordenamiento le reconoce, especiales actitudes, determindndose con modalidades que restrinjan los efectos normales del negocio y hasta excluyan la existencia de éste. Una venta, por ejemplo, es querida por las partes pero solamente en el caso de que se verifique determinado suceso; se presta fidenissio pero con dura- ci6n limitada hasta un cierto dia; una donacién es hecha con la carga en el donatario [Link] parte de la liberalidad en un fin determinado. En esta y otras semejantes hipétesis, la determina- ci6n principal de la voluntad (vender, prestar seguridad, donar) va acompafiada de una determinacién accesoria que restringe los efectos de aquélla (vendo solo condicionalmente, presto seguri- dad hasta un cierto dia, hago donacién imponiendo una carga) y puede afectar incluso a fa existencia del negocio en cuanto que es querido sélo en un caso y no en los demas. La voluntad se limita a si misma introduciendo en el tipo abstracto del negocio elementos nuevos que lo modifican mds 0 menos profundamen- (2) Monografias de estos elementos accesorios, Scheurl, Zur Lehre von den Neben bestimmungen bei Rechisgeschdften, 1871; Enneccerus, Rechts- geschaft Bedinguug und Anfangstermin, 1888-9, Borgne, Contrib. alla dottrina della determinasioni accessorie negli atti giur., Caglieri, 1891. INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL 287 te, elementos que son accidentales respecto al tipo normal, es decir, cuando la voluntad es pura, pero que cuando se emplea se convierten en esenciales en el negocio concreto imprimiéndole un cardcter particular. Estos elementos que pueden ser afiadidos por el declarante (salvo en los casos en que'el negocio mismo los excluya o la ley no los permita) los lamamos también autolimitaciones de los efectos de los negocios juridicos o determinaciones accesorias de a voluntad, porque refiriéndose a Ja voluntad pura que seria su- ficiente a producir los efectos comunes, se agregan a la determi- nacién fundamental y modifican la normal eficiencia del negocio, Como dijimos ya, los tres mds importantes son: la condici6n, el término y el modo (1). Condicidu (2).—Todo acontecimiento futuro e incierto del cual se hace depender la eficacia 0 la resoluci6n del negocio juridico, se llama condicién (condicio); y también la circunstancia que se agrega a la declaraci6n limitando la existencia del negocio inicial sucesivamente (art. 1.157) (3). La voluntad se dirige en el ne- gocio juridico condicionado a una determinada hipétesis en la que sélo el negocio es querido y no en las demés o viceversa (4) (1) También aqui se pone de manifiesto la falta en el Cédigo del con- -cepto general de negocio jurfdico. Estos tres elementos no se tratan uni- tariamente sino de modo disperso entre Jas obligaciones, las disposicio- nes de dltima voluntad, las donaciones. Asi en los articulos (.157-1.171, se trata de las obligaciones condicionales, en los 1.065-1.068 de la dona- cién condicional; en lds articulos 848-850, 852-860 de la condicién en los testamentos: del término se trata en los articulos 1.173-1.176 para las obli- gaciones, en el art, 851 para los testamentos, del modo a propésito de la donacién en los articulos 1.051, 1.077-1.080. (2) Cayhlarz, Zur Lehre von der Resolutiobedingung, 1871; Wendt, Die Lehre von bedingten Rechtsgeschafl, 1872; Schulin, Ueber Resolutiobedin- gung und Endtermine, 1875, Adickes, Zur Lehre von den Bedingungen, 1876, Missir, Die Risolutiobedingung und ihre Wirkung, 1819; Folchieri, Della causalita giuridica. Appunti sulle nosioni di causa ¢ condizione, Napoli 1915. (3) Nora pst rrapucror.—Ver art. 1.113 del Cédigo civil espafiol. (4) La declaracién de la voluntad puede ser formulada de modo que se dude si las partes hayan querido someter e! negocio a condicién sus- pensiva o resolutoria, lo cual tiene especial importancia en materia de riesgo (ver Polacco, Obédigasioni, 2.3 ed. I, pag. 238 y siguientes). No pu- 288 ROBERTO DE RUGGIERO y se dirige a ella de modo que tal hipdtesis, identificada como un hecho objetivamente incierto, determina el producirse el efector juridico querido 0 la cesaci6n o anulaci6n de los efectos produ- cidos (I). Especies.—La primera y fundamental distinci6n que se ofre- ce, es la de condiciones que suspenden el perfeccionamiento del negocio juridico en cuanto del hecho previsto depende la cons- tituci6n de la relaci6n (condicién suspensiva art, 1.158) y condi- ciones que tienden a resolver el negocio constituido en cuanto que la eficacia de éste cesa, y cesa retroactivamente cuando el hecho se verifica (condici6n resolutoria, art. 1.158) (2) (3). Ya sea suspensiva o resolutoria, la voluntad en el negocio condicional, no es la conjuncién de dos momentos volitivos opuestos o de dos voluntades, una anterior y mas amplia y otra posterior y mas restringida que anule la precedente; la voluntad es una, puesto que la determinaci6n accesoria forma un todo in- separable con Ia principal, es una voluntad especialmente forma- da, un querer y un no querer conjuntos (4). Una separacién de los dos momentos volitivos es concebible en abstracto y debe admitirse para explicar el tratamiento especial de la condici6n; diendo presumirse el efecto suspensivo el resolutivo, deberé indagarse la intencidn de las partes. (1) Por Jo demés, no en todos los negocios juridicos puede insertar~ se una condicién, Hay algunos que no la sufren (los actus legitimi de los romanos, ver fr. 77. D. 50. :7) porque repugna a la naturaleza de a rela- cién el que sea incierta; asf, por ejemplo, el matrimonio (art. 95) el reco- nocimiento de los hijos, la adopcién, ja tutela, la aceptacién de la heren- cia (art. 929) letra de cambio (art. 266 del Cédigo de Comercio), El agre- gat una condicién determina la nulidad del negocio. (2) Los romanos no concibieron de este modo la condicién resolutiva, pues no concebian que el negocio juridico llevase en si, como expresa Ferrini, el germen de la propia destruccién. Todas las condiciones eran para ellos suspensivas y cuando la voluntad se dirigiera a revocar los efec- tos ya producidos, el negocio se consideraba puro pero con un pacto con- * trario dirigido a revocarlo y sometido éste mismo a condicién de modo que éste suspendia la anulacién prevista en el pacto (negotinm purum quod sub, condisione resolvitur). (3) Nora pat rrapuctor.—Concuerda con el 1.t14 del Cédigo civil es- paiiol. (4) Ver Windscheid, Pad. I, $ 86, n. 3. a). INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL 289 ‘de otro modo no se comprenderia cémo Ia ley puede, por ejem- plo, en la condicién imposible inserta en un testamento, dar vi- gor a la voluntad principal y negar eficacia a la condicién consi- derando ésta como no puesta y el negocio puro. El evento puesto como condici6a, puede ser el acaecimiento de un hecho o su no acaecimiento: la condici6n es positiva en el primer caso (si xavis ex Asia venerit), negativa en el segundo (sé servum non manumiseris). Se realiza si es positiva cuando el he- cho se ha verificado: si negativa en tanto el suceso previsto no se verifique, Puesto que el verificarse 0 no verificarse el hecho pue- de ir unido a una determinaci6n de tiempo, de modo que no se mire al hecho puro y simple sino en cuanto se verifique 0 no se verifique dentro de un determinado espacio de tiempo, (si navis intra certum tempus ex Asia venerit, si servum ante kalendas Tanuarias non manumiseris), la condici6n positiva cuyo cumpli- miento podria todavia esperarse sin esta exigencia temporal, se ccumple solamente si el hecho se verifica en el tiempo previsto {art. 1.167) y viceversa, la condicién negativa se entiende cum- plida cuando el tiempo haya transcurrido sin que se haya verifi- cado el hecho, pues en otro caso, pudiendo verificarse en todo ‘tiempo se entendera cumplida s6lo cuando se tenga la certeza de que el hecho no se realizara (art. 1.158) (L). A su vez, el hecho positivo o negativo puede depender de la voluntad que ha emitido la declaracién o de causas ajenas a esa voluntad como es el casus o la voluntad de un tercero y también de la voluntad del declarante y de causas ajenas a un mismo tiempo (art. 1.159). La condici6n se llama potestativa en la primera hipétesis (st ‘Capitolium ascenderis, si Alexandriegn teris), porque el verificar- ‘se 0 no verificarse el hecho se abanc, na a Ja voluntad de uno de dos sujetos del negocio que debe realizar una accién o una omi- ‘sién. Es necesario ademds que el hecho pendiente de su volun- tad no se reduzca a la misma determinaci6n volitiva de modo que se fije como condicién la voluntad misma y menos el nego- cio (si volam); una condici6n de esta naturaleza negarfa absoluta- (Q, gblona bat teapucron —Concuerda con los articulos 1.117 y 1.418 del Cédigo civil espaiiol. Rucesero : cry 290 ROBERTO DE RUGGIERO: mente la voluntad principal y por ello seria obstaculo a la crea~ cién de un negocio cualquiera, incluso condicional (art, 1.162). (L) (2). Caswad es en la segunda hipétesis, no halldndose en las- facultades del declarante el verificarse 0 no de la condici6n (sé navis ex Asia venerit, st Titius decem dedorit). En la tercera, la condicién se llama mixta porque por si sola no bastarjan la na- turaleza o la voluntad de un tercero a producir el hecho sino que se necesita también el concurso de la voluntad de una de las partes (st consul factus fueris, si Maeviae nupseris). Cualquiera que sea el hecho y de quien quiera que dependa debe ser siempre futuro, incierto, posible y arbitrariamente que- rido por el declarante. Son estos los elementos que determinan: Ja objetiva incerteza en que consiste, la esencia misma del nego~ cio condicional; por eso con raz6n la doctrina llama impropias- Jas condiciones que no reunen los citados requisitos. Falta la incerteza objetiva cuando el hecho pertenece ali pa- sado 0 al presente (si Titius consul fuit, si Maevius vivit); hay s6lo una incerteza subjetiva que por si no basta a suspender el momento de la perfeccién del negocio, porque ningtin elemento. falta en el momento en que la voluntad es declarada. Por ello el efecto propio de la condicién de presente o de pretérito es que el negocio se perfecciona inmediatamente si el hecho deducido en condicién existe, y no se perfecciona si es inexistente. Falta, igualmente, la incerteza en la condici6n, que se refiere a hechos que necesariamente deben verificarse (s7 Titius morie- tur). La condicién necesaria (guae omnimodo extitura est) es s6lo aparentemente una condicién, y por eso debe ser considerada como negocio puro, a no ser,que pueda y deba darse a la cléu- sula el valor de un término.J" No se tiene condici6n t*mpoco si el hecho condicional es el (t) Lo mismo debe decirse si el hecho consiste en una accién o en una abstencién que no cuesta sacrificio alguno, en un acto que se realiza © no indiferentemente. Por el nulo sacrificio que implican o por carecer de interés para la otra parte equivalen a dejar al arbitrio del declarante Ja constitucién de la relacién juridica. (2) Nota pix. rrapucror.—Ver art. 1.115 del Cédigo civil espafiol. | INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL gor presupuesto necesario para la existencia del negocio juridico, es decir, si se expresa como condicidn lo que el ordenamiento ju- ridico presupone ya y exige para dar eficacia a la voluntad. Asi, por ejemplo, si una constituci6n de dote se estipula bajo la con~ dici6n si nuptiae fuerint secutae, o se hace un legado a condici6n de que el legatario sobreviva al testador. Son condiciones que no vienen fijadas por la voluntad del declarante, sino que son inherentes a la declaracién (condiciones extrinsecus venientes quae tacite insunt), porque es el derecho mismo quien los fija. Son Ma- madas también condiciones iuris, en contraposicién a las otras. que se llaman condiciones facti (ya se ponga como condicién una circunstancia de hecho o de derecho) (1). El expresarlas, pues, no afiade ni quita nada al negocio; nada en ellas se halla en suspenso o es incierto que dependa de la libre yoluntad del declarante, porque si la incerteza, existe es natural consecuencia del acto mismo. Ademias, debe ser posible, y puesto que Ja posibilidad es fisica 0 juridica, son condiciones impropias, tanto las condicio- nes fisicamente imposibles (si digtto caelum tetigeris) como las imposibles juridicamente (s¢ forum aut basilicam vendiderit); que Ja imposibilidad sea absoluta (el hecho objetivamente no es rea- lizable) o solamente relativa (el hecho puede realizarse, pero no en una tal relacién) no interesa, con tal que no sea meramente transitoria de modo que hubiera podido preverse una futura po- sibilidad. Desde el punto de vista légico debiera decirse que quien quiere un efecto bajo condicién de que se produzca un hecho irrealizable, manifiesta que no quiere el efecto; y la con- secuencia debiera ser la absoluta nulidad del negocio. Pero el ordenamiento no aplica de modo riguroso y universaleste prin~ cipio légico y mientras pronuncia_,, establece la nulidad del ne~ (1) No faltan escritores que niegan la contrappsicién de ambas espe~ cies: Karlowa, Das Rechtsgeschaft und seine Wirkung, Berlin, 877, pagi~ na 11, , 14, Sobre el concepto de condisio tures en las fuentes romanas y su utilizacién en Derecho procesal, yer Belti, Per. una costrusione dogm. della consunzione processuale, Parma, 1919, p4g. 14 y siguientes; ver también Scialoja, Condisione volontaria e condizione Legale (Scritti di: Dis ritto priv., Roma, 1906, pag. 3 y siguientes). 292 ROBERTO DE RUGGIERO gocio cuando la condicién haya sido agregada a un acto inder vives (articulos 1.160 y 1.165) dispone, por el contrario, que debe considerarse como no puesta cuando se trata de un acto mortis causa (art. 849) (1), de modo que el acto en este caso es plenamente valido; la doctrina suele expresar esto diciendo que la condici6n en et primer caso vitiatur et vitiat, en el segundo vitiatur sed non vitiat. Esta diversidad de la condici6n imposible deriva al Derecho moderno del romano, en el cual no fué tan absoluta como hoy la distinci6n entre actos inter vives y los mortis causa; no a todos los actos mortis causa se aplicaba la regla condicio impossibilis pro non scripta kabetur, sino solamente a la institucién de here- ro, a los legados, a los fideicomisos y a las liberalidades en fa- vor-del beneficiado (2). Limitada en estos confines la regla puede hallar una justifi- caci6n en favor de las disposiciones testamentarias que contu- wiesen liberalidades. No hay que olvidar que ya Gayo en su tiempo confesaba que no sabia hallar una explicaci6n satisfacto- ria, aunque, como Sabiniano, siguiese la teoria de su escuela, que proclamaba precisamente la validez de! testamento contra los proculeyanos que mantenian la nulidad del mismo (3). Y ain (1) Nota pet rrapucror. ~Ver articulos 1.116 y 792 del Cédigo civil espaiiol. (2) Lo han demostrado con agudo andlisis de los textos, Buonamici, Nota al § 10 Inst, II, 14 (Bull. ist. Dir. rom., VU, pag. 31 y siguientes) y Scialoja, Note minime sulle condistont imposstbili nei testamenti (ib, pag. 36 y siguientes. XIV, pag. 5 y siguientes); ver Manenti, Su/la regola sabinia- na relativa alle condiz. impos. (St. per Scialoja, I, pdg. 391 y siguientes), Fadda y Bensa en Windscheid, Pand. I, pag. 971 y siguientes; Brin’ Le- gatum e impossibilis condizio (Atti R. Acc., Torino, XL, 1907, pag. 714 y siguientes); La Lumia, Le condi:,.né impossibili ¢ turpi nel testamento ro- mano (Cire. giur, XLIM, 1912, pag. 144 y siguientes). En cuanto a la apli- cacién de Ja regla sabiniana a las donaciones, ver Vassalli, Ux texto ro- mano risigoto sulle condix. imp. e turpi (en Miscell. critica di [Link]., WU, Roma, 1907. pag. 45 y siguientes; éste sostiene que el art. 900 del Cédigo civil francés por el que la dicha regla se extiende a las donaciones (el Cédigo italiano no la extiende), se enlaza a una tradicién jurfdica indigena que nos confirma el Breviario de Alarico. (3) Gayo Il, 98, /tem sé guis sub condictone stipuletur, quae existere non INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL 293 es més dificil dar hoy una explicaci6n suficiente, porque la regla se extiende sin excepci6n a todos los actos mortis causa (1). Se trata, en esencia, de una regla arbitrariamente fijada por la ley en obsequio a la vieja tradicién, en parte aplicable, porque de- clarandose nulo el acto mortis causa, éste no podria renovarse, mientras que el acto infer vives podria repetirse. Pero no hay que creer que deba ciegamente aplicarse en todos los casos; debe indagarse siempre si el haber puesto una condicién imposible no depende de Ia falta absoJuta de voluntad 0 porque ésta no fué seria o porque dimane de persona que no estuviera en su sano juicio, en cuya consideracié6n ejerce decisi- Yo influjo la conciencia que el declarante tuvo de la imposi. bilidad. Guarda semejanza con ésta, aunque no sea una condicién imposible, la condicién perpleja cuando se pone como condicién un hecho que esta en contradiccién légica con Jo que se declara querer (si Titius heres erit, Setus heres esto; si Seius heres erit, Titius heres esto); aqui la imposibilidad se halla en el contenido mismo de la declaracién, que esté afectada de un absurdo in- trinseco, de modo que el negocio en tal caso es siempre nulo, sin distinguir entre actos entre vivos o a causa de muerte. A las imposibles se equiparan las condiciones ilicitas y las inmorales, es decir, las contrarias a las leyes o las buenas cos- tumbres (articulos 1.160, 1.065, 849) (2). Ilicita o inmoral es no s6lo la que directa y abiertamente se refiere a cosa prohibida potest velut, si digito caelum teligerit inutilis est stipulatio, Sed legatum sub impossibili condicione relictum nostri pracceptores proinde deberi putant, ac sé sine condicione relictum eset; diversae Scholae auctores niltlo minus lega~ tum inutile existhnani guam stipulationem, Et sane vix idonee diversitatis ratio reddi potest. : (1) Crome, Par. gen. § 54, pag. 314, halla por el contrario légica la re- gia. por voluntad del testador, y recuerda cémo este articulo es una traduccidn equivocada del 854 del Cédigo italiano, («La condicién que segin la voluntad del testa- dor no hace més que suspender la ejecucién de !a disposicién, no impide que el heredero o legatario tengan un derecho adyuirido y transmisible asus herederos aun antes de que la condicién se verifiques), El ilustre jurisconsulto aragonés D. Marceliano Isdbal se ocupa del problema, como extensién y profundidad, en reciente trabajo publicado en la Revista de Derecho privado (15 de Junio de 1926) llegando a la si- guiente solucién: la redaccién del art. 759 ha sido deficiente; la del 799 equivocada. En el 759 debid agregarse la palabra suspensiva ‘que no de- bid, por las razones expuestas al principio de la nota, ser empleada en el 799. En este articulo no se trata, en realidad, de una condicién sino de un término o plazo ex die 0 a guo. Término y condicién producen efectos suspensivos pero es distinta la naturaleza de !a suspensién. Si hay condi- cidn, lo que esté en snspenso es el nacimiento del derecho, si hay térmi- no, la suspensién se refiere tinicamente a la ejecucidn del derecho que ha nacido ya. Por eso hay transmisién en el término y no la hay en !a con- dicién, porque lo que no existe no puede ser transmitido. INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL 207 la condici6n deba simplemente suspender la ejecucién de la dis- posicién (art. 854) (i); por el contrario, se comprende que no- pueda ejercitarse ninguna de las facultades que presuponen ya nacido y perfecto el derecho; asi, por ejemplo, no puede eb acrreedor condicional compensar una deuda ya vencida, y vice- versa, corresponde al deudor condicional la repetitio indebiti si ha pagado antes de que se verifique la condicién. Si la condicién es resolutoria, mientras se halla pendiente el negocio, produce todos los efectos normales, como si fuese puro: y simple, pero como al verificarse la condici6n cesaran los efec- tos, el interesado en el cumplimiento de la misma, tiene todas aquellas tacultades que se han examinado en la hipétesis in- versa. 4) Se dice que la condicién se ha cumplido cuando se ha verificado el hecho previsto; y mds arriba se ha indicado ya cémo se debe entender esto en Jas condiciones positivas y en las negativas (articulos 1.167 y 1.168) (2). El modo del cumpli- miento es una cuestién de hecho en la cual debe mirarse, sobre todo, a lo que las partes hayan querido e intentado (art. 1.166). Pero hay un caso en que, por determinaci6n de la ley, la condi- ci6én se considera cumplida, no obstante no haberse verificado el hecho, y es que el interesado en que el hecho no se realice lo impida él mismo (art. 1.169). Aqui, mas que una ficcién, se da un medio de represién de Ja conducta antijuridica del interesado, que contra Ja buena fe, con dolo o con simple culpa, procura librarse del vinculo impi- (1) Esta diferencia de! acto entre vivos y el testamentario deriva dek derecho justinianeo, el cual exigia solo para las disposiciones de altima. voluntad que la condicién se verificase en vida de Ja persona en quien: habia recaido. Es discutido el fundamento de esta regia que es juzgada por ef Derecho moderno como una anomalia injustificable; ver Fadda y- Bensa en Windscheid, Pand. I, n. 950, n. ll. y, por dltimo, Vassalli, L'o- rigine della trasmissibilitd ereditaria det crediti e dei debiti c ondisional® (Rev. it, per le. Se. giur., 1915, LVI, pag. 195 y siguientes). @ Noza pet Trapuctor.—En el sentido explicado concuerda el ar- ticulo 854 del Cédigo italiano con el 799 del Cédigo espaiiol; y los 1.167 y 1.568 ae aquél con los 1.117 y 1.118 de éste. “208 ROBERTO DE RUGGIERO diendo el libre desenvolvimiento del hecho que generaria tal vinculo (1). La especial virtud de la voluntad condicional estriba en que, realizado el hecho y desaparecida la incertidumbre propia del estado de pendencia, la relaci6n juridica se purifica, conside- randose pura desde el instante en que fué emitida la declaracién, no s6lo desde aquel en que la condici6n se realice. Puesto que todo el perfodo intermedio se borra como si no hubiera existido jams la incerteza, el momento del cumplimiento se liga sin mas al inicial en que fué emitida la declaraci6n, lo cual se expresa diciendo que el cumplimiento tiene efecto retroactivo (articulo 1.170) (2). Por consiguiente, si la condicién era suspensiva, el negocio se considera creado y sus efectos producidos desde el ptincipio, como si la voluntad no hubiera sido condicional; se confirman los actos de disposiciéu realizados medio tempore por -el derecho habiente condicional y se anulan los realizados en el mismo perfodo por quien habfa enajenado condicionalmente. Por el contrario, si la condicién era resolutoria, el negocio, no desde su cumplimiento, sino desde el principio, se considera como inexistente; todos los efectos producidos se reputan como jamds verificados y se considera la relaci6n como que no ha existido nunca, y mientras se confirman los actos dispositivos ‘hechos por el enajenante, carecen de eficacia los hechos por el adquirente sx condicione. Esta retroactividad no es meramente obligatoria, no lleva consigo una obligaci6n de restituir, de anu- lar, de resarcir el dajio; es real, acttia directamente sobre las re- laciones creadas y sobre los actos realizados medio tempore, res- tableciendo la situaci6n juridica tal y como hubiera resultado si el negocio hubiera sido concluido desde el principio puro y simple (3). (1) Fadda y Bensa en Windscheid, Pand. I, pag. 955- (2) Nora pet rrapuctor. ~ Concuerdan el 1.169 y el 1.170 del Cédigo italiano con el 1.119 y 1.120, respectivamente, del Cédigo espaiiol. (3) Sobre la retroactividad ver Fitting, Ueber den Begriff der Ruckgie~ hung, 1856; Dusi, Cenni intorno alla retroattivitd delle condizioni (St. per Schupfer, Ill); Le Loutre, Etude sur la retroactivité de ta condition (Rio. trim. de Dr. cio, 1997, pag. 753)- INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL 299 Pero en la retroactividad hay siempre una ficcién, y como ‘todas las ficciones es ésta incapaz de destruir los hechos que realmente se han creado o de crear los que no existian, Por ‘tanto, si una obligacién se ha contraido bajo condici6én suspen- siva y la cosa que constituye su objeto perece antes que aquélla se verifique, la obligacién se considera como jamés contraida, cuando la cosa perecié sin culpa del deudor, ya que en e) mo- mento de verificarse la condici6n faltaba un elemento esencial para la existencia del negocio (art. 1,163), mientras que si la cosa perecié por culpa del deudor sub-entra la obligacién del resarcimiento (art. 1.161 (1), pdrrafo 2.°; para el simple deterio- ro la norma es diversa, parrafos 3.° y 4.°). Por otra parte, si se verific6 una enajenacién bajo condicién resolutoria, los actos de gesti6n hechos en el intervalo por el adquirente subsisten y son validos, no pudiendo ser destrufdos ‘con una simple ficcién y no siendo por lo demas incompatibles con el interés de aquel que ‘deriva su derecho del cumplimiento de la condici6n, lo cuai wale también para el caso inverso de la condicién suspensiva. ¢) Falta la condicién cuando el hecho no se ha verificado o ‘se tiene la certeza de que ya no se verificara. Si es suspensiva, el negocio se considera como jamds existente; si es resolutoria, el negocio continuaré produciendo sus efectos y ya producidos se consideran definitivos, habiendo cesado ya la amenaza de su srevocacién. § 31.—Término o plazo y modo Brugi, Ist.§ 21; Pacifici, Ist. 11, pag. 411; Gianturco, Sist. I, §§ 59-61; Chironi, Ist. 1, 88 67-68; Chiron y Abello, Tratt. I pag. 451; Coviello, Man. I, §§ 138-141; Cro- me, Par. gen., §§ 53-36; Savigny, Sist, IIL, $$ 125-129; Windscheid, Pand. I, §§ 96+ 100; Regelsberger, Pand. I, §§ 157, 158, 166. Término (2).—Llimase asi el momento en que el negocio ju- stidico debe comenzar a producir 0 cesar de producir sus efectos. (4) Nora pst reapucror. —Véanse arliculos 1,122 y 1.123 del Cédigo civil espatiol. .. (2) Monografias especiales sobre la materia, ver Lenz, Zur Lehre vow dies nach rin Recit, 1858; Schulin, Veber Resolutiobedingungen und End- * 300 ROBERTO DE RUGGIERO Su virtud no estriba como la de Ja condicién en condicionar el nacimiento o la persistencia de la relaci6n, sino solamente en pre- fijar la duracién de sus efectos haciéndolos comenzar desde un cierto dia o durar fasta un cierto dia. Segtin esto, distinguense también aqui dos especies fundamentales: el térmrino inicial (dies @ quo) que sefiala la iniciacién de los efectos y el término final (dies ad quem) que sefala su cesacién. Hay, por consiguiente, bajo este aspecto un cierto paralelismo entre término y condi- cién, correspondiendo a la condici6n suspensiva el término ini- cial, a la resolutoria el final (1); pero su intrinseca diversidad aparece clara si se considera que el negocio con término inicial surge ya en el acto de la declaraci6n y el derecho es ya adqui- rido, quedando solo en suspenso su ejercicio; que en el negocio con término final nada se destruye cuando el término vence, sino que solamente desde este momento dejara de producir ulterio- res efectos de modo que no puede hablarse de retroactividad o de pendencia. La diversidad es también puesta de manifiesto en el art. 1.172, si bien éste considere el término en las obligacio- nes y solo el inicial el término puesto en las obligaciones difie- re de la condici6én en que no suspende la obligacién sino que re- tarda solamente su ejecucién (2) (3). Requisitos suyos son el ser un momento futuro y (contraria- mente a la condicién) cierto; cierto; sin embargo no en cuanto al termine, 1875; Simeon, Das Wesen des befristeten Rechtsgeschafts, 1889; Sa- lomén, Das Wesen des befristeten Recksgeschéifts, Ramponi, La determina- sione del tempo net contrat? (Arch. giur., 1890). (1) El paralelismo se acentda en el Derecho justinianeo segin Vas- salli, Dies vet condicio (Bull, ist. Dir, rom. 1914, XXVIL, pag. 192) que cree advertir en 1a compilacién justinianea el resultado de un movimien- to que tiende a aproximar las relaciones suspensivamente condicionadas a las sujetas a término inicial. (2) Hay negocios que no toleran el término porque el aplazar el ejer- cicio del derecho 0 el hacerlo cesar en un momento determinado contras~ ta con Ia indole del negocio o de! derecho. En general, los que no admi- ten la condicién no admiten tampoco el término, Hay algunos, sin embar~ 0, que s6lo no admiten el término como es, por ejemplo, la instituciém de heredero que no soporta in dies a quo in dies ad guem (art. 851). (3) Nora pat rrapuctor.—Véase art, 1.125 del Codigo espafiol. INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL 1 instante mismo en que Ilegar4 sino en cuanto al hecho de que ha de Hegar. Cuando, en efecto, sin recurrir al calendario se fije el término (Kalendis Martis die navitatis) con referencia a un he- cho futuro, dos hipétesis son posibles en abstracto: o que sea in- cierto respecto a cuando ocurrir4 el hecho, siendo seguro que ocurrira (cum moriar; cum Titius morietur)o que sea incierto que el hecho ocurra (cum Tietius aunorum quathuor decim factus rit). La escuela, combinando las varias hipétesis de incerteza en el quando y en el az construye cuatro tipos de término: el dies cev- tus an et quando (el 1.° de Enero de 1926, el dia de Pascua de 1930) el dies certus an incertus quando (el dia de mi muerte) el dies incertus an certus quando (el dia en que serés mayor de edad) dies incertus an et guando (el dia de tu casamiento) ahora bien, puesto que solo la incerteza en el cuando no condiciona la existencia del negocio, resulta claro que el Gltimo tipo de térmi- no no es otra cosa que una condici6n (lo mismo es decir

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