Filosofía de La Cultura1
Filosofía de La Cultura1
JACINTO CHOZA
FILOSOFA DE LA CULTURA
(SEGUNDA EDICIN)
T H M A T A
SEVILLA 2014
Ttulo: Filosofa de la cultura
Editorial Thmata
C/ Italia, 10. Valencina de la Concepcin.
41907 Sevilla, ESPAA
TIf: (34) 955 720 289
E-mail: [email protected]
Web: www.themata.net
ISBN: 978-84-941231-0-8 DL: SE-695-2013
9
NDICE
Prlogo ............................................................................................................. 17
11
3. La danza ritual del fuego ............................................................................ 47
8. El rito de apropiacin del fuego y su valor en el sistema social ................... 47
9. El rito de apropiacin del fuego y su valor en el sistema cultural ............... 50
4. Danza, comunicacin y comunidad religiosa .......................................... 53
10. El rito como danza colectiva ...................................................................... 53
11. Danza y religin ........................................................................................ 55
12. Danza y lenguaje ....................................................................................... 56
13. La prosa del movimiento corporal .............................................................. 58
5. El despliegue socio-cultural de los sapiens .............................................. 59
14. Lenguaje, conciencia y reconocimiento intersubjetivo ............................... 59
15. Tabla cronolgica de smbolos paleolticos................................................... 64
6. El rito y sus elementos ................................................................................. 67
16. El rito y sus elementos ............................................................................... 67
12
29. Normalidad y locura ................................................................................... 115
5. Sistema social e identidad personal ........................................................... 117
30. Sistema social e identidad personal ............................................................ 117
31. El sistema social totmico, feudal cristiano y estatal .................................. 121
Capitulo 6. Las esferas de la cultura y los trascendentales del ser ....... 157
13
7. La tcnica y las artes prcticas. Ethos y potica ........................................ 183
51. Epos, poesis y techne ................................................................................. 183
52. Ethos, polis y tragedia.................................................................................. 185
8. La belleza y las artes tericas. Pathos y retrica ....................................... 186
53. El nacimiento de Venus. Belleza, abstraccin y medida .............................. 186
54. Lo bello y lo sublime. Eros, pathos y Peitho ............................................... 189
9. La verdad y el saber terico. Logos y ciencia ............................................ 191
55. La reflexin. El encuentro del nous y el logos ............................................ 191
14
70. Medida y categoras .................................................................................... 241
3. El paradigma onto-teo-lgico y la actitud terica de conocimiento ...... 244
71. Clculo y metforas ..................................................................................... 244
72. Esquema del conocimiento terico y del prctico ........................................ 247
4. Rehabilitacin de la razn prctica y del conocimiento ordinario ........ 251
73. Fenomenologa y legitimacin del conocimiento ordinario ......................... 251
74. Olvido del ser y de la vida ........................................................................... 254
5. La unidad de naturaleza e intelecto. La verdadera realidad .................. 257
75. La unidad de naturaleza e intelecto. La verdadera realidad ........................ 257
6. Epistemologa y hermenutica. La cuestin de Sanflix ......................... 262
76. Epistemologa y hermenutica. La cuestin de Sanflix ............................. 262
7. La pluralidad de la razn. La cuestin de Jorge V. Arregui ................... 264
77. La pluralidad de la razn. La cuestin de Jorge V. Arregui ........................ 264
15
PRLOGO
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Configurar el sistema cultural no implica definir a los individuos
en trminos funcionales u operativos, que es lo que hace el sistema
social. Implica definir las realidades entitativa, sustancial y cualitati-
vamente, o sea, decir lo que las cosas son e indicar qu valores tienen
para la comunidad y para los individuos.
El despliegue del sistema sociocultural, el lenguaje y la auto-con-
ciencia, se puede considerar como simultneo en el contexto del deba-
te sobre revolucin o evolucin del lenguaje humano, aceptando que
el lenguaje en cuanto fundamento de la comunicacin humana se da
todo a la vez, mientras que el habla especfica, es decir, la sintaxis, la
fontica, la semntica, etc., utilizadas por cada grupo de hablantes se
forma poco a poco, o, al menos, a un ritmo no superior al de la evolu-
cin fontica en grupos de 200 hablantes. Eso significa que el lenguaje
es la comunicacin y el comportameinto registrado en el arte parietal.
Los ritos de caza pueden considerarse como el sacrificio primor-
dial y como el origen de la cultura, pero no es necesario encontrar un
elemento que sea el primero. Probablemente no lo hay, como tampoco
hay, segn dicen insistentemente los fenomenllogos, un primer acto
de conciencia que sea el primero para todos. El comienzo de la con-
ciencia es el haber comenzado la conciencia, el comienzo del lenguaje
es el haber comenzado la comunicacin potencialmente infinita y el
comienzo de la cultura es el haber comenzado la cultura. Sobre esta
base, se puede sostener que el fundamento de la cultura es la repre-
sin sexual, como dice Freud; que es la pretensin de una dieta rica en
protenas, como sostiene Harris, o la comunicacin simblica, como
sostienen Durkheim y Lvi-Strauss, o la donacin y el intercambio
universal, como dicen Hubert y Mauss, o la violencia, como dicen
Girard y Burkert, o el binomio ahorro-inversin, como dice Jacques
Attali. No hay algo as como un primer acto de conciencia, no hay
algo as como una primera palabra o un primer acto cultural.
La Piedra Rosetta del Paleoltico (segn Marshack, Gimbutas y
Harrod) es un mandala, y como todos los mandalas, cumple la fun-
cin de representar el cosmos, de indicar el lugar que el hombre ocu-
pa en l, y de sealar la dinmica de los ritos por medio de los cuales
la vida sale de su origen y retorna a l. Un mandala es la codificacin
de todos los ritos y de todos los mitos.
Un modelo de Piedra Rosetta o de mandala como el de
Marshack y Harrod reproduce o reconstruye, mediante una clasifi-
cacin de diferentes pictogramas, el cuadrado lgico de Aristteles
con sus oposiciones. De este modo, la lectura de la Piedra Rosetta
18
de Harrod se puede tomar como clave para leer numerosos ritos y
mandalas.
Una mente que tiene la capacidad de conocerse a s misma como
infinitud y como totalidad, que puede generar un lenguaje simblico
y gestual con tales secuencias y oposiciones es, obviamente, capaz
de generar un sistema socio-cultural como el de los australianos o
los africanos, o como el de cualesquiera otros cazadores-recolectores
del milenio 50 o del 15 a.C., o del siglo xx. Generar un sistema as
es codificar el mundo mediante la construccin de un mandala. Esto
constituye la primera manifestacin del logos y hace al nous presente
para s mismo.
Conforme se desarrolla el Neoltico, las esferas de la cultura se
despliegan diferenciadamente pero mantienen siempre la referencia
a su origen sagrado en el mana o en el totem al cual retornan siempre.
Por eso hay tantos dioses como actividades, e incluso tantos dioses
como palabras, como comentan los investigadores en relacin con
las religiones de Amrica Central, en relacin con las de Indonesia, y
Varron en relacin con los romanos (lo cual es incluso aprovechado
por San Agustn para ridiculizar el politesmo).
Aunque la concepcin del mundo y el sentido comn son las dos
caras del sistema cultural (en el individuo y en el grupo), cada uno
tiene una cierta autonoma en virtud de la cual se pueden producir
cambios en uno pero no en la otra. Cuando esto sucede se produce
un desajuste entre la realidad y la psique, se suele atribuir la respon-
sabilidad (la falta) a la psique individual y se dice que ha perdido el
sentido comn, que se ha vuelto loca.
Las descripciones de algunos estudios clsicos pueden sistema-
tizarse en un modelo que permite percibir en qu medida el sistema
social y la identidad personal vienen determinados por un sistema
de actividades profesionales al que el individuo accede por medio
de un ritual, y cuya estructura permanece constante, en la medida
en que viene dada por la regulacin cognoscitiva y social del ciclo
vital de nacer, crecer, reproducirse y morir. Esta estructura permanece
constante para las sociedades totmicas paleolticas, las sociedades
feudales del medievo y las sociedades estatale modernas.
Las categoras aristotlicas y durkheimianas, as como el desa-
rrollo de la funcin predicativa del lenguaje, se consolidan en el pe-
riodo que va desde los comienzos del mesoltico, hace 12.000 aos,
hasta mediados del primer milenio a.C., cuando se generaliza el uso
de la escritura
19
El ritual paleoltico genera la idea de la vida en los individuos
del grupo caracterizada como a) idntica a s misma, contingente, sus-
ceptible de usos alternativos, como posesin, como comunin, como
donacin, como santa, como culpa, como retribucin y como pacto.
Pero no proporciona la idea de vida como b) eterna, individual, in-
mortal, perteneciente a uno mismo, exclusiva, o como diferente en
cada uno de los seres vivos.
Si la vida se conoce y se describe con las categoras/nociones de
la serie a) excluyendo las de la serie b), entonces es posible compren-
der la existencia de la repeticin, la identidad de la vida y, por tanto,
la comunin en el flujo vital como un ciclo y reciclaje de la vida y
de la sangre. Lo que no puede comprenderse entonces es un mundo
y un ciclo vital como el que est vinculado al concepto cristiano de
inmortalidad.
Es posible que desde la aparicin de los primeros asentamien-
tos urbanos, hacia el milenio 10, la mente haya compuesto relatos re-
ligiosos, polticos, jurdicos y econmicos, que han pasado de tener
un mximo apoyo en cantos, danzas y fiestas, a estar mximamente
representados en piedras, muros, cermicas y tejidos, a la vez que en
smbolos, pictogramas y signos dibujados en ellos. Y es posible que a
partir del milenio 4 a.C., la interaccin entre memoria, arquitectura y
escritura, consolidara las nociones de identidad, inmovilidad, inmor-
talidad, eternidad y universalidad. Todo ello es incluso ms probable
cuando las primera construcciones megalticas alcanzaron la posibi-
lidad de un nuevo tipo de enterramientos, un nuevo tipo de relacin
con los antepasados, y un nuevo concepto de la otra vida.
Gracias a los ritos, mitos, cantos, cuentos, a la pica y a la tra-
gedia, el universo entero queda nombrado y resulta disponible en la
interioridad del hombre y en el dilogo entre los seres humanos. Esas
palabras que eran marcas, eran tambin codificacin, claves, en las
que el cosmos quedaba encerrado o cifrado, segn la valoracin de
los diferentes grupos.
El sapiens imagina y nombra el mundo en primer lugar en un
lenguaje preformativo, de un modo imaginativo y eficiente, mientras
tiene que humanizar el medio, es decir, mientras tiene que construir
el cosmos. Cuando el cosmos est ya constituido, entonces empieza a
nombrarlo de un modo cada vez ms representativo y terico, o sea,
con un lenguaje cada vez ms ineficaz. Entonces lo analiza y describe
ms atinada y ajustadamente, con un enfoque ms adecuado, utili-
zando mejores medidas o quiz ms cientficamente. Las palabras no
20
hacen las cosas, pero las miden. Representan lo que son y nos dicen lo
que son. Por eso la primera forma de medida es la palabra.
Cuando el ser humano adquiere conciencia de la unidad y del
carcter nico de la realidad, del universo, de la eternidad, de s mis-
mo como nico e irrepetible, de las cosas que cambian con el tiempo,
y del tiempo mismo que pasa, se da cuenta de que su vida no es in-
finita, de que un da morir, y de que la muerte es una destruccin
definitiva y eterna. Entonces queda constituida la auto-conciencia del
hombre neoltico
La belleza en general, y la belleza de la mujer en particular, parece
producida por la proporcin de las partes del cuerpo. Comparando
unas partes del cuerpo con otras, midiendo unas con otras, y ensay-
ando con figuras de diferentes porporciones, a mediados del siglo V
a.C., la escuela de uno de los grandes escultores griegos cre la figura
de una mujer que a lo largo de la historia se ha tomado como canon
y arquetipo de belleza, la Venus de Milo. La belleza es una clave para
comprender el nacimiento de la ciencia en general, y de la geometra
en particular.
Algunos filsofos han pensado que el espacio, el volumen, el ti-
empo, etc., son los modos en que la imaginacin y la memoria apre-
cen para s mismas, categoras innatas o, como crea Kant, formas a
priori de la sensibilidad. En la misma lnea, se puede pensar tambin
que las nueve categoras de Aristteles (substancia, cantidad, cuali-
dad, relacin, posicin, posicin en el espacio, posicin en el tiempo,
hbito, accin y pasin) no son solamente categoras de una realidad
dada, las categoras de los fenmenos que podemos percibir y repre-
sentar, y que los humanos aprenden segn lo que creen que son, sino
tambin claves de la imaginacin y del intelecto humanos, mecanis-
mos innatos o ideas, para articular y organizar los contenidos mental-
es, para decirlos con palabras, para contarlos.
La vida cotidiana, el conocimiento comn y el lenguaje ordinario
tienen y utilizan sus propias categoras que no son cientficas. Son
categoras que tienen que ser descubiertas y mediante las cuales el
conocimiento humano espontneo y el lenguaje natural tienen que
ser legitimados.
Los abundantes estudios sobre el lenguaje ordinario y sobre el
lenguaje predicativo desarrollados a lo largo del siglo xx, muestran
que el lenguaje predicativo no es ms favorable al esquema sujeto-ob-
jeto que al esquema sujeto-sujeto. Que el lenguaje no es primaria-
mente conocimiento y reflexin y, secundariamente, comunicacin, ni
21
al contrario. Que la conciencia de lo que se dice es tan original como
el hablar. Que el momento de la referencia (monlogo del sujeto con
el objeto) no es ms original que el momento del sentido (dilogo del
sujeto con otro sujeto).
Desde los comienzos de la cultura occidental en el mundo griego
y fundada en la cultura griega, hay una tensin entre los dos tipos de
lenguaje y las dos configuraciones de la razn, que se ha mantenido
hasta los comienzos del postneoltico en el siglo xx. En ese momento
el lenguaje ordinario y la razn prctica adquieren una conciencia
cientfica y filosfica en s y para s mismos, y los lenguajes formal-
izados y la razn terica tambin, pero eso no ha hecho desaparecer
las tensiones.
La idea de este libro surgi de un seminario con alumnos de pos-
grado del profesor Jaime Peire en la Universidad Tres de Febrero de
Buenos Aires, en junio de 2011. Por las preguntas de aquellos estu-
diantes comprend que era necesario sacar de los dos proyectos que
tena, la filosofa del arte y la comunicacin y la filosofa de la reli-
gin, lo que fuera necesario para no interferir con ellos ni estorbarlos,
y que lo necesario para eso consista en una filosofa de la cultura. Me
puse al trabajo inmediatamente y, como una buena parte ya estaba he-
cho, pude terminarlo a comienzos de 2012. El curso de Antropologa
filosfica impartido a los alumnos de 1 de Filosofa en el semestre
de otoo-invierno de 2011-2012, con sus preguntas y dificultades, me
result tambin de gran ayuda.
En la redaccin ltima me han ayudado con sugerencias Teresa
Bejarano, James B. Harrod y Juan Jos Padial, y quiero agradecerles
aqu sus aportaciones.
22
PRLOGO A LA SEGUNDA EDICIN
23
En tercer lugar, al elaborar el cuadrado semitico completo
sealando cuales son, en cada uno de los cuatro campos, los cua-
tro elementos de los ritos, a saber: kinticos, grficos, icnicos u
operativos y fnicos, se ha establecido una correspondencia entre
los elementos grficos que haban sealado Marshack, Gimbutas y
Harrod, con los elementos fnicos y lingsticos pertenecientes a
la etimologa global de las lenguas de la especie humana sealadas
por Merritt Ruhlen en los aos 90. De esta manera es posible for-
mular hiptesis interpretativas sobre los ritos paleolticos toman-
do unitariamente los movimientos coreogrficos, los emblemas y
grafismos que les corresponden, los iconos y realidades veneradas
y las correspondientes acciones de veneracin, y las voces y cantos
que les acompaaban con el significado de tales sonidos.
Naturalmente, se trata de una construccin filosfico-semiti-
ca que tiene que ser probada por los arquelogos y estudiosos del
arte y las religiones paleolticas para descifrar restos de pinturas o
de otras expresiones de arte y religin prehistricas.
Por lo que se refiere al captulo 5, se ha ampliado y aclarado
un poco ms la relacin de los arquetipos con sus bases psico-fisio-
lgicas, con las figuras mitolgicas a que pueden referirse, con sus
expresiones socio-culturales y con los ideales a los que apuntan.
As se percibe mejor la funcin de la psicologa profunda en la
dinmica social y cultural, como sus fundadores, Freud y Jung, lo
haban establecido.
Por otra parte, se ha hecho un examen de los 23 rasgos de la
mente primitiva que seala Lvy-Bruhl, y que en conjunto se carac-
teriza como mente algica, mstica o mgica, para ver su concor-
dancia y su discordancia con el sistema categorial aristotlico, que
puede considerarse el sistema categorial generado en el neoltico
occidental.
De ese modo se advierte mejor que las diferencias de mentali-
dad no provienen del orden trascendental ni de un supuesto desco-
nocimiento de primeros principios. Atribuir un modo de pensar a
un desconocimiento o falta de uso de los primeros principios tiene
tan poco sentido como atribuir un modo de correr o de bailar a un
desconocimiento o falta de uso de la gravedad. La diferencia entre
los modos de pensar, y entre los sistemas del sentido comn pro-
vienen de la diferencia y pluralidad de sistemas categoriales que
se inaugura en el neoltico. Con los retoques introducidos ahora se
24
perfila y se enfoca mejor el estudio del origen del sistema catego-
rial neoltico-occidental que se desarrollar en adelante.
Finalmente se aade el epgrafe 39a. Estructura significativa
del smbolo y del signo. En l se muestra que el sistema categorial
neoltico deriva en buena parte del trnsito de la estructura signi-
ficativa del smbolo a la estructura significativa del signo.
Como ocurre con otras muchas publicaciones que se registran
en academia.edu y otras redes acadmicas, se pone en la red el n-
dice y el prlogo. El autor se reserva el derecho de enviar el texto
en pdf a los estudiosos y colegas que se lo pidan.
25
CAPTULO 1
LA FILOSOFA DE LA CULTURA
27
en la segunda mitad del siglo xx no sola estudiarse la cultura, ni entre
los animales, ni entre los homnidos, a pesar de que son las dos caras
y el borde de una misma moneda1. En parte debido a la delimitacin
administrativa del conocimiento y en parte al enfoque muy especiali-
zado de la investigacin2.
La antropologa cultural, y sobre todo la filosofa de la cultura,
son el tipo de conocimiento que quedan ms obligados a las perspec-
tivas amplias y a la sntesis, y por tanto, el tipo de conocimiento que
no puede soslayar la visin de conjunto de la cultura.
La vida animal, para los individuos que llegan a la edad adulta,
cumple el ciclo de nacer, crecer, reproducirse y morir, de una manera
bastante constante para los individuos de la especie, y con muy pocas
variaciones a los largo del tiempo. Las variaciones en el cumplimiento
del ciclo vienen determinadas por los cambios del medio donde el
animal habita, y consisten en alteraciones o mutaciones que si tienen
eficacia adaptativa permiten la supervivencia de la especie gracias
a los nuevos cambios, y si no las tienen, suponen la extincin de la
especie.
Los animales tienen una dotacin gentica e instintiva que les
permite cumplir el ciclo de la vida mediante un aprendizaje que, si
bien va en aumento segn se asciende en los diversos phyla de la es-
cala de la vida, es siempre limitado.
En el caso del hombre la dotacin gentica e instintiva no es su-
ficiente para permitirle cumplir su ciclo vital, mientras que su capaci-
dad de aprendizaje es en cambio ilimitada. Gracias a esa capacidad
de aprendizaje puede adaptarse a todos lo medios, y puede adaptar
los medios a s mismo, lo cual significa que las modalidades del cum-
plimiento de su ciclo vital son tambin ilimitadas. Es decir, la cultura
es en principio infinita, y refleja o manifiesta, por una parte, un nme-
ro finito de necesidades biolgicas que han de ser satisfechas para
[1] La etologa es desarrollada por Tinbergen y Lorenz que obtienen el premio nobel
de medicina en 1973. Cfr. Lorenz, K.: Sobre la agresin. Madrid: Siglo XXI, 1976; Tinber-
gen, N.: El estudio del institnto. Madrid: Siglo XXI, 1969; y por Eibl-Eibesfeldt, I.: Etologa.
Barcelona: Omega, 1974; la sociobiologa por Wilson, E.O.: Sociobiologa. La nueva sntesis.
Barcelona: Omega, 1980.
[2] Hay numerosos e importantes intentos de ordenar y sistematizar los diferentes enfo-
ques sobre la cultura. A mediados del siglo xx, Kroeber y Kluckhom, y a finales, los trabajos
de Gustavo Bueno, Javier San Martin, Antonio Ario en Llinares, J. B. y Snchez Dur, N.:
Ensayos de filosofia de la cultura. Madrid: Biblioteca Nueva, 2002.
28
que el ciclo vital se cumpla (para que los individuos lleguen a la edad
adulta), y un nmero infinito de posibilidades de satisfacerlas.
[3] Malinowski, B.: Una teora cientfica de la cultura. Barcelona: Edhasa, 1981.
29
resultado la fundacin de una disciplina, la antropologa, que cuenta con
unos precursores que se remontan a Herdoto4.
En 1952 los norteamericanos Alfred Kroeber y Clyde Kluckholn, pu-
blicaron Cultura. Una resea crtica de conceptos y definiciones, en que pasa-
ban revista a las ms de 250 definiciones de cultura utilizadas en el mbito
de la antropologa hasta entonces, que habra de continuar amplindose
en la otra mitad del siglo5. Esta antropologa cientfica, que se desarrolla
a partir del siglo xix segn los postulados del positivismo y de la ciencia
positiva, ha suministrado un conocimiento muy pormenorizado de la ar-
ticulacin de naturaleza y cultura a todos los niveles, de la constancia de
la especificidad de lo humano y de la variedad ilimitada de las culturas,
es decir, de los modos en que los humanos cumplen el ciclo vital de nacer,
crecer, reproducirse y morir.
[4] Para una visin de la historia de la antropologa fsica y cultural en relacin con la
antropologa filosfica, cfr. Choza, J.: Antropologas positivas y Antropologa filosfica. Tafalla:
Cenlit, 1985. Para una panormica amplia de la historia de la antrropologia cultural: Cfr.
Harris, M.: El desarrollo de la teora antropolgica. Una historia de las teoras de la cultura. Ma-
drid: Siglo XXI, 1978. Martnez Veiga, U.: Historia de la Antropologa. Formaciones socioecon-
micas y praxis antropolgicas, teoras e ideologas. Madrid: UNED, 2010
[5] Cfr. Kroeber, A. y Kluckhohn, C.: Culture. A Critical Review of Concepts and Definitions.
New York: Vintage, 1952. Cfr. Llobera, J. R.: El concepto de cultural en la antropologa
social y cultural, en Llinares, J.B. y Snchez Dur, N., (eds.) Ensayos de filosofia de la cultura.
Madrid: Biblioteca Nueva, 2002, pp. 113-130. Cfr. Daz de Rada, A.: Cultura, antropologa y
otras tonteras. Madrid: Trotta, 2010.
[6] Cfr. Calvo, J.: El concepto de cultura en el pensamiento griego, en Llinares, J.B. y
Snchez Dur, N. (eds): op. cit., pp. 59-80.
30
Entre los antiguos griegos la atencin a la physis o al nomos es saber
contemplativo, teora, a la que se dedican los hombres que no tienen que
realizar las actividades necesarias para la vida material, o sea tareas servi-
les, trabajo. La teora, el saber, la ciencia, es ocio (schol) y no trabajo consti-
tuyendo un ncleo importante de la educacin para la ciudadana, lo que
los griego llaman paideia.
Desde el nacimiento de la cultura occidental en el mundo greco-ro-
mano, la cultura suele estudiarse en tres rdenes. El primer orden es el de
la tcnica (en terminologa filosfica, orden de la poiesis), que comprende
desde la construccin de vivienda hasta la ms amplia variedad de herra-
mientas de madera, piedra, hueso, metal, etc. El segundo orden es el de la
organizacin y articulacin de funciones, o sea, el del derecho (en termi-
nologa filosfica, orden de la praxis), que comprende la gran variedad de
organizacin poltica, costumbres y reglas morales. El tercer orden es el
de las palabras y las ideas (en terminologa filosfica, orden de la theora),
que comprende la gran variedad de relatos religiosos y filosficos sobre el
origen del cosmos, de los hombres, y del propio pueblo.
Los rdenes de la tcnica, el derecho y las palabras e ideas, se corres-
ponden con lo que la escuela marxista denomin infraestructura, estructu-
ra y superestructura respectivamente, con lo que Durkheim llam herra-
mientas, instituciones y categoras y, en general, con los rdenes del tener,
poder y saber7. La relacin entre los tres ordenes fue concebida de modo
determinista por la escuela marxista, sosteniendo que los cambios histri-
cos se producan por modificaciones en el mbito econmico. Las restantes
teoras han hablado ms bien de interaccin entre los tres rdenes.
La diferenciacin griega entre teora y praxis por un lado, y poiesis por
otro, se mantiene en el mundo romano como diferencia entre ocio (otium)
y trabajo (nec-otium, labor). Adems, en Roma los conocimientos sobre la
naturaleza (ciencias) se contraponen a los conocimientos sobre los hom-
bres (letras ad humanitatem) y stos son los conocimientos que constituyen
el ncleo de la educacin para la ciudadana, que a partir de entonces no
se denomina paideia sino humanismo, letras, humanidades, o formacin
humanstica8.
[7] Sobre los rdenes de la cultura segn esta triple divisin, cfr. Llobera, J. R.: El concepto
de cultura en la antropologa social y cultural, en Llinares, J. B. y Snchez Dur, N.: op.
cit, pp. 113-130.
[8] Para una exposicin detenida de este proceso, cfr. Marn, H.: La invencin de lo humano.
La construccin sociohistrica del individuo. Madrid: Encuentro, 2007, y Choza, J.: Historia
cultural del humanismo. Sevilla-Madrid: Thmata-Plaza y Valds, 2009.
31
Esta diferencia greco-romana entre naturaleza, trabajo y ciencia,
por una parte, y sociedad, libertad y letras, por otra, es correlativa de la
diferenciacin entre dos niveles sociales bsicos. Estos dos niveles dan
lugar, en el medievo y el renacimiento, al conjunto de las artes serviles,
como las propias de los siervos y al conjunto de las artes liberales, como
las propias de los seores, que se constituyen como sistema de las bellas
artes y humanidades. A su vez, esta diferenciacin entre artes serviles y
artes liberales y bellas artes se corresponde, finalmente, con la diferen-
cia entre baja y alta cultura. El trmino cultura queda reservado para
designar el mbito de las letras y el de las bellas artes. Este sentido de
cultura se mantiene en el lenguaje ordinario actual cuando hablamos
de una persona culta.
Por otra parte, en el renacimiento, mientras que las bellas artes emi-
gran del mbito de las tcnicas y actividades serviles para pasar al m-
bito de la teora y la contemplacin, las ciencias de la naturaleza, que se
situaban en el mbito de la contemplacin en el mundo griego, pasan a
inscribirse en el mbito de las tcnicas e ingenieras, es decir, de las acti-
vidades dominadoras y transformadoras del medio9.
Mientras que la Ilustracin desarrolla una filosofa como reflexin
crtica, buscando la fundamentacin de la ciencia y de la moral de un
modo sistemtico, emerge la filosofa de la cultura en 1744 en la obra del
napolitano Gianbattista Vico como una Ciencia Nueva10. En abierta opo-
sicin a las corrientes crticas de la modernidad, Vico establece la tpica
como primer momento de la filosofa y de la cultura en general, porque
considera que la crtica es siempre reflexiva y secundaria, mientras que
lo primario es la vida, encontrar los lugares, (los topoi) donde coincidir
con los dems, donde ponerse de acuerdo con los dems, para pensar y
para vivir.
Junto a Vico, tambin Hobbes, Rousseau y Montesquieu desarrollan
una investigacin sobre el origen y fundamentos de la sociedad humana,
que dar lugar al nacimiento de la sociologa en el siglo xix y que ejercer
su impacto sobre la antropologa y la filosofa de la cultura.
[9] Leonardo da Vinci se tiene a s mismo por ingeniero, ttulo poco valorado en su poca
en comparacin con las letras y por cuya dignificacin y reconocimiento pele el pintor
toscano durante toda su vida. Cfr. Da Vinci, L.: Cuadernos de notas. Barcelona: Planeta-De
Agostini, 1995.
[10] Vico, G.: Ciencia Nueva. Madrid: Tecnos, 1995; cfr. Choza, J.: Reflexin filosfica y
desintegracin sociocultural en la antropologa de Gianbattista Vico, en La realizacin del
hombre en la cultura. Madrid: Rialp, 1990.
32
As pues, la gnesis y desarrollo de las ciencias sociales y humanas
se inicia con la Ilustracin y alcanza su madurez en el romanticismo. En
el seno del idealismo alemn se desarrolla la filosofa de la cultura como
filosofa de la historia y en los estudios de Hegel como historia del esp-
ritu que se descifra como historia de la libertad, o sea, como historia del
derecho (el sistema de la libertad).
El tono altamente especulativo de la filosofa del idealismo alemn
tuvo como reaccin en la segunda mitad del siglo xix la difusin y acep-
tacin del positivismo, en cuyo ambiente nace la antropologa como
ciencia, por cuenta de los pre-historiadores del derecho Bachofen,
McLennan, Morgan y Tylor. Con esos mismos presupuestos positivistas
pero en el mbito de la filosofa, Dilthey lleva a cabo la Estructuracin del
mundo histrico por las ciencias del espritu11 ya a comienzos del siglo xx.
Al igual que Vico en el siglo xviii, tambin Dilthey, y lo mismo
Nietzsche, basan sus anlisis y reflexiones sobre la cultura en la poesa
y la filologa y utilizan el trmino cultura con el sentido de cultura
humanstica o con el sentido de la expresin alemana alta cultura.
Por otra parte, tambin la produccin de esta filosofa alemana ejerce su
influjo en la antropologa anglosajona, que asume algunos de sus princi-
pios y categoras12.
En ese periodo de entre siglos, mientras que en el mbito anglosajn
se consolida como disciplina la antropologa cientfica, a partir de Boas
y sus seguidores, en el seno de la escuela neokantiana se acua y se ins-
titucionaliza como disciplina acadmica la filosofa de la cultura, en la
obra de Windelband, Rickert, Ortega y Gasset y especialmente Cassirer,
para quien la filosofa de la cultura y la antropologa filosfica resultan
casi indiscernibles13.
La filosofa de la cultura alemana elabora la diferencia entre cien-
cias de la naturaleza y ciencias del espritu, y acua el trmino Weltans-
chauung que la antropologa anglosajona traduce directamente como
[11] Dilthey, W.: Estructuracin del mundo histrico por las ciencias del espritu. Mxico: F.C.E.,
1944. Para la articulacin de la obra de Dilthey con la antropologa filosfica y la filosofia de
la cultura, cfr. Choza, J.: Hbito y espritu objetivo. Estudio sobre la historicidad en Santo
Tons y en Dilthey, en Choza, J.: La realizacin del hombre en la cultura. Madrid: Rialp, 1990.
[12] Especialmente en la discpula de Boas, Ruth Benedict, cuya divisin de las culturas en
apolneas y dionisiacas est inspirada en la obra de Nietzsche. Cfr. Choza, J.: Antropologas
positivas y antropologa filosfica, op. cit.
[13] Para la historia de la filosofa de la cultura, cfr. Prez Tapias, J. A.: Filosofa y crtica de la
cultura. Madrid: Trotta, 1995 y San Martin, J.: Teora de la cultura. Madrid: Editorial Sntesis,
1999.
33
World view, concepcin del mundo, en cuya unidad vuelve a integrar las
tcnicas y las artes junto a la religin y la sabidura moral y jurdica. Esa
filosofa alemana de la cultura desaparece tras la segunda guerra mun-
dial, y parte de sus supuestos y concepciones se conservan en el mundo
anglosajn a travs del concepto de cultura propuesto en 1948 por T.S.
Eliot, que tuvo una amplia acogida en el mundo de lengua inglesa14.
En contemporaneidad con la filosofa de la cultura alemana, la es-
cuela sociolgica francesa, en concreto, Durkheim y Mauss, proponen
el trmino civilizacin para designar un mbito ms amplio que el de
cultura y que incluye a buen nmero de ellas, como aparece en las expre-
siones cultura oriental o cultura europea.
En la segunda mitad del siglo xx, con el enorme despliegue de la
antropologa cientfica y el eclipse de la filosofa de la cultura alemana,
es cuando se produce el impacto del concepto de cultura en el concepto de
hombre y en todo el mbito de la filosofa en general15, que da lugar a una
convergencia de la antropologa cultural (o antropologa cientfica, posi-
tivista) y la antropologa filosfica, o dicho en trminos ms generales,
de la antropologa y la filosofa. Entonces vuelve a emerger el tema de la
relacin entre filosofa y concepcin del mundo, pero no como oposicin
entre ambas, sino como complementariedad de niveles de reflexin.
Toda esa historia de la antropologa y la filosofa en el mundo aca-
dmico, es el teln de fondo y el subsuelo en el que se formulan los nue-
vos modelos de sistema cultural y de concepcin del mundo que tienen
vigencia a comienzos del siglo xxi.
[14] Eliot, T.S.: Notas para la definicin de la cultura. Madrid: Encuentro, 2003.
[15] Geertz, C.: El impacto del concepto de cultura en el concepto de hombre, en La
interpretacin de las culturas. Barcelona: Gedisa, 1992; Reflexiones antropolgicas sobre temas
filosficos. Barcelona: Paidos, 2000.
34
La diferencia entre concepcin del mundo y filosofa consista en
que la filosofa realizaba una fundamentacin crtica, o una reflexin cr-
tica fundante, de lo que la concepcin del mundo describa sin indagar
sus supuestos. Con una actitud tpicamente moderna, y ms en concre-
to, cartesiana, la filosofa se reservaba la tarea de garantizar la verdad y
plausibilidad de las concepciones del mundo.
La filosofa moderna haba nacido con una desmesurada pasin por
la crtica, que asolaba todo campo cognoscitivo, y que asuma la tarea de
garantizar la verdad y el carcter cientfico de cualesquiera conocimien-
tos. Se toleraba la historia conjetural, los ejercicios de Hobbes, Hume,
Rousseau, Montesquieu y el resto de los ilustrados, que analizaban unos
hipotticos comienzos de la historia humana. En gran medida porque
sus anlisis se movan en el terreno del derecho y el pensamiento poltico
y moral, y no en el de la ciencia.
Vico, como se ha mencionado, hizo frente a esa primaca excesiva-
mente hegemnica de la crtica en su ciencia nueva. Ni la filosofa ni
ningn otro saber, sostuvo, puede empezar por la crtica. Lo que se cri-
tica es siempre algo establecido y lo que se establece es un lugar donde
se sitan las mentes para comenzar algo. Lo primero son siempre esos
lugares comunes, la tpica. Todo saber empieza siempre por la tpica y
la crtica llega en un segundo momento16.
La tpica es invencin, intuicin, creatividad potica e imaginati-
va, ejercicio del ingenio. La crtica viene despus y no crea nada. Como
Hlderlin dira un siglo despus, el hombre es un dios cuando suea y
un mendigo cuando reflexiona17.
Tambin Aristteles haba dicho que entre los saberes primero em-
piezan las artes necesarias para la vida, y la organizacin de la comu-
nidad, y posteriormente, cuando hay ocio y un cierto vivir bien para
algunos, entonces nace la teora18.
En el mundo germnico, la legitimacin de la concepcin del mun-
do desde la reflexin filosfica se desarroll en la primera mitad del siglo
xx. Con el inicio de la fenomenologa a partir de 1900 y el descubrimiento
de la actitud natural de conocimiento, con los debates entre Husserl y
Dilthey sobre la fundamentacin de las ciencias del espritu, y con la
publicacin de Ser y tiempo de Heidegger en 1927, se inicia el estudio de
las categoras existenciales del vivir humano, a saber, la angustia, la cura,
35
la comprensin, el proyecto, la comunicacin lingstica y la muerte (lo
que Heidegger llama los existenciarios). A partir de ah, en la segunda
mitad del siglo, se establece la tpica de la existencia humana y con ella
la de la cultura19.
En primer lugar se establece la legitimidad del conocimiento or-
dinario. Se elimina el dogma cartesiano de la exigencia de evidencia y
de verdad para la aceptacin de cualquier conocimiento, especialmente
para el conocimiento cotidiano, y se establece la legitimidad de los pre-
juicios, de la tradicin y de los discursos no universales. Posteriormente
se cuestiona la legitimidad de los discursos universales. Es la emergencia
y la universalizacin de la hermenutica, que tiene sus claves en obras
filosficas como las de Wittgenstein, Gadamer y Ricoeur y en obras an-
tropolgicas como las de Geertz, Said e Higinio Marn20.
Paralelamente, en el campo de la historia, de la antropologa y de
los estudios cientficos sobre la cultura, se discuten las tesis marxistas
de la determinacin del mundo ideal y de la organizacin social desde
la condiciones materiales de vida. Gramsci y Durkheim, entre otros,
sostienen la interdependencia de los tres factores de la cultura, pero re-
chazan la idea de una determinacin causal del factor econmico sobre
los dems.
La tesis de Marx de la determinacin causal de los factores econ-
micos sobre los dems factores de la cultura, la recoge Marvin Harris,
que pasa revista a todas las teoras de la cultura en Materialismo cultural,
en 1978, para afirmar que la clave explicativa de la evolucin de las cul-
turas es la preferencia por una dieta rica en protenas. A pesar de la difu-
sin de la obra de Harris y del materialismo cultural, a finales del siglo
xx y comienzos del xxi, cada vez se enfocan ms los estudios de la cultura
desde el punto de vista de la interaccin, la sinergia, entre los smbolos y
los significados, la organizacin y las tcnica, sin atender especialmente
a la primaca de alguno de ellos.
Por otra parte, el impacto del concepto de cultura en el concepto de
hombre converge cronolgicamente con esa rehabilitacin de la actitud
[19] Cfr. Choza, J.: Habito y espritu objetivo. Estudio sobre la historicidad en Santo Toms
y en Dilthey, en La realizacin del hombre en la cultura. Madrid: Rialp, 1990.
[20] Esas obras son, Wittgenstein, L.: Investigaciones filosficas. Barcelona: Crtica, 1988;
Gadamer, H.G.: Verdad y mtodo. Salamanca: Sgueme, 1977; Ricoeur, P.: Tiempo y narra-
cin, 3 vols. Mxico: Siglo XXI, 1995-96, y Geertz, C.: Conocimiento local. Barcelona: Paidos,
1994; Said., E.W.: Orientalismo. Madrid: Ed. De Bolsillo, 2003; Marn H.: Teora de la cordura
y de los hbitos del corazn. Valencia: Pretextos, 2010.
36
natural de conocimiento, con la rehabilitacin de la razn prctica y con
la emergencia y universalizacin de la hermenutica.
Una de las consecuencias del proceso que va desde la eliminacin
del dogma cartesiano de la evidencia como fundamento del conocimien-
to hasta la hermenutica es la crtica posmoderna al fundacionalismo21.
Dicha crtica vuelve a plantear el tema de la relacin entre concepcin
del mundo y filosofa, pero ahora no como oposicin entre dos saberes
netamente diferenciados, sino como saberes que se fusionan, para acabar
con una asimilacin de la filosofa a la literatura y a la historia en tanto
que saberes creadores de grandes relatos. Este enfoque de algn modo
suprime la diferencia entre filosofa y concepcin del mundo y entre
filosofa y literatura, como seala con contundencia Derrida22, aunque
siempre es posible mantener la diferencia y la legitimidad de todos los
saberes23.
En efecto, el arte y la poesa llegan ms lejos que el intelecto en su
creacin de figuras e incluso en la invencin de mtodos, porque la ima-
ginacin dispone de todos los materiales y los combina creativamente,
mientras que el intelecto es una instancia que inunda de luz y hace per-
ceptible en clave universal y trascendental los contenidos imaginados. El
arte llega ms lejos pero no sabe dnde llega, y el intelecto s, porque es
reflexin, especulacin.
En los procesos creativos no hay conciencia de sus momentos ni de
sus elementos, sino solo del resultado, porque la imaginacin no alcanza
ese grado de reflexin. El intelecto siempre acta haciendo comparecer
la infinitud y la exigencia de totalidad inherente a su naturaleza. Por eso
sita en ese contexto de infinitud y totalidad todo lo descubierto y lo
creado. Por eso es reflexin, y no slo relato.
[21] Cfr. Rorty, R.: Contingencia, irona y solidaridad. Barcelona: Paidos, 1991.
[22] Lyotard, J.F.: La condicin postmoderna: informe sobre el saber. Madrid: Ctedra, 1989. Cfr.
Derrida, J.: Mrgenes de la filosofa. Madrid: Ctedra, 1989.
[23] Cfr. White, H.: El texto histrico como artefacto literario. Barcelona: Paids, 2003.
37
que reflexin. No todo el pensamiento sigui despus de l esa prctica
metodolgica, pero tras el impacto de la sociologa del conocimiento y
de la antropologa en el mbito filosfico cada vez resulta ms temerario
no hacerlo. La reflexin en que la filosofa consiste requiere desde el siglo
xx hacerse cargo de la sociologa y de la cultura, lo cual es para la filosofa
un modo un tanto nuevo de hacerse cargo de s misma.
Bastantes aos despus de haber escrito la Filosofa de la formas sim-
blicas, la exposicin de su compresin del hombre como animal simbli-
co, su editor le propuso a Cassirer la tarea de hacer una nueva edicin de
su filosofa de la cultura. Entonces, en 1944, l se encontraba sin fuerzas
para llevar a cabo semejante tarea y lo que hizo fue una actualizacin
resumida de aquel trabajo anterior a la que puso por ttulo Antropolo-
ga filosfica. Una introduccin a la filosofa de la cultura24. Ah es donde,
siguiendo la concepcin kantiana de la imaginacin, y los desarrollos
sobre la imaginacin de la filosofa del romanticismo alemn, Cassirer
elabora la teora de la imaginacin y el intelecto humanos como genera-
dores de las esferas de la cultura, es decir, del despliegue del lenguaje y
la comunicacin que tiene lugar en el mesoltico. Y ah es donde concibe
la filosofa de la cultura como una filosofa de la creacin de las esferas
de la cultura (religin, artes, ciencia, lenguaje, etc.) y de la comunicacin
a travs de ellas.
Hasta el siglo xx poda pensarse que la cultura y el lenguaje no eran
temas de la filosofa, o que eran temas prescindibles, pero a partir del giro
lingstico y la universalizacin de la hermenutica, no solo el lenguaje y
la cultura han ocupado lugares preeminentes en ese mbito, sino que in-
cluso han llegado a ser los temas clave de la filosofa25. O bien, la filosofa
del lenguaje y de la cultura se han convertido en filosofa primera.
Sin la seguridad que ofrecan los grands rcits de la historia, se trata
de alcanzar un nuevo punto de vista desde el cual se pudiera alcanzar
el campo visual de lo que sucede. En el proceso de globalizacin re-
side una necesidad de lo total. La actualidad del concepto de cultura
radica en el hecho de que el concepto parece ofrecerla. La debilidad
del concepto radica justamente en el hecho de que l abarca ahora
la totalidad de la real. La cultura se ha convertido, en la discusin
actual, en un medium necesario para la totalidad del pensar y el actuar
humanos26.
38
La objecin a cualquier propuesta en que se juega algn valor de
que eso no es as en otras culturas, obliga a abandonar las pretensiones
de fundamentacin extracultural, o trascendental tpicas de la moderni-
dad, para aceptar que la cultura es ms radical que la razn27, para llegar
hasta el punto en que cultura y razn, unidas originariamente, empiezan
a pluralizarse y para buscar la solucin de los problemas y conflictos
en un consenso entre los hablantes que dialogan desde configuraciones
culturales y racionales diversas. El ltimo fundamento de tal consenso
se busca, ms que en un sujeto trascendental, en el lenguaje ordinario,
que es un factum trascendental en devenir, como sealaba Apel, y en la
voluntad de acuerdo fctico plausible sorteando los obstculos de las
controversias28.
La globalizacin propia del siglo xxi, las relaciones de todas la cul-
turas entre s a escala planetaria y los problemas planteados por el mul-
ticulturalismo, han llevado a poner en el primer plano de la reflexin
filosfica y humanstica la cultura, para estudiar su estructura, sus ele-
mentos, y la posibilidad desde ellas de estructuraciones concordes de las
psiques humanas.
Occidente inici su mayora de edad por la adolescencia, con todo
el alcance y las limitaciones de esa situacin del espritu. Tuvo su luna
de miel con la ciencia, con la libertad, la igualdad y la fraternidad, se
enfrent a sus padres, y alcanz su madurez reconociendo sus excesos
y reconcilindose con todo su pasado. Desde esa madurez puede ahora
dialogar con las otras culturas, cualquiera que haya sido el itinerario por
el que han llegado a ser interlocutores de la cultura occidental y de las
dems.
A comienzos del siglo xxi, el espritu humano occidental (y el de
cualquier otra ubicacin en el planeta), est por primera vez en condi-
ciones de abarcar la especie humana en toda su amplitud, desde sus or-
genes biolgicos hace unos 200.000 aos y desde sus orgenes mentales
hace 50.000 aos. Es una situacin nueva y una posicin de una madurez
indita.
Todas las pocas histricas implican una situacin nueva y una posi-
cin indita y por eso requieren una reedicin completa de la autoconciencia
[27] Cfr., Choza, J.: La cultura es ms radical que la razn, en Llinares, J. B. y Snchez
Dur, N.: Ensayos de filosofia de la cultura. Madrid: Biblioteca Nueva, 2002; cfr. Arregui, J. V.:
La pluralidad de la razn. Madrid: Sntesis, 2002.
[28] Cfr. Dascal, M.: Negotiation and power in dialogic interaction [Recurso electrnico], edi-
ted by Weigand, E.: Amsterdam: John Benjamins, 2001.
39
humana. La novedad actual respecto a las pocas anteriores es, conviene
insistir, que abarca la especie en toda su amplitud.
A lo largo de la modernidad las visiones generales del hombre y
de la historia se han realizado desde la concepcin moderna del mundo
y del hombre, y en la segunda mitad del siglo xx, cuando se realiza la
crtica de la modernidad, tambin las visones generales del hombre y
de la historia se han realizado desde una perspectiva moderna. Pero esa
perspectiva resulta a comienzos del siglo xxi una tanto antigua, un tanto
pequea y un tanto parcial. Por eso es necesario elaborar otra ms acor-
de con los recursos y perspectivas del momento presente, que sin duda
en momentos posteriores resultar tambin insatisfactoria. Pero a cada
edad, en la evolucin de la especie y del individuo, le corresponde su
autoconciencia y no puede dispensarse de expresarla.
A lo largo del siglo xxi se confirmarn unos datos y se desecharn
otros sobre el periodo de despliegue de la especie en el planeta y, desde
luego, se aportarn muchos que ahora no conocemos. Un esquema tem-
poral completo y fiable de la especie humana, de su evolucin mental,
social y comunitaria, permite un mejor autoconocimiento del hombre.
Ms contrastado. Ms maduro. Los saberes de la academia hacen y se-
guirn haciendo sus aportaciones en ese sentido, y entre ellos, la filosofa
de la cultura, tambin renovada, aportar su visin dibujada desde una
perspectiva digna de tenerse en cuenta junto a las dems y esclarecedora
para esas otras perspectivas.
En ese foro y en ese dilogo, planean algunas cuestiones claves.
Puede haber una concepcin del mundo global, nica, construida con
una ciencia y una filosofa concordes? Pueden la filosofa y la ciencia
sustituir a las concepciones del mundo? Puede la actualidad de la con-
ciencia reflexiva, de la ciencia y la filosofa, sustituir al sistema de hbitos
inconscientes, al sistema de la concepcin del mundo? Puede el texto
modificar continuamente el software y el hardware, el mensaje modificar
el medio? La reflexin y la crtica tienen su lugar y su tiempo, y la con-
cepcin del mundo tambin.
Si el hombre es una conversacin, como insiste Gadamer, puede
la conversacin, con su doble asistencia de conciencia reflexiva por una
parte y de supuestos inconscientes por otra, tomar el liderazgo de la vida
humana, personal y colectiva? Puede hacerlo en mejores condiciones
que en otros momentos, cuando esa doble asistencia ofreca horizontes
ms modestos?
En relacin con esas preguntas se puede adelantar ya que en ningn
caso la razn terica anular o suplir a la razn prctica, o lo que es
40
anlogo, que la epistemologa no cancelar la hermenutica, ni tampoco
la hermenutica cancelar la epistemologa. Los sistemas de prejuicios
inconscientes nunca sustituirn a la reflexin cientfica y filosfica, ni vi-
ceversa. Por eso, las concepciones del mundo y el arte, por una parte, y
la ciencia y la filosofa, por otra, siempre tendrn su lugar.
El fin de los grandes relatos y la crtica del fundacionalismo, por
otra parte, tampoco cancelan la exigencia de totalidad y de infinitud del
intelecto. La crtica de la modernidad no es en modo alguno una renun-
cia a esa exigencia. Todo lo contrario. Es el desengao gadameriano ante
una visin de la totalidad, ante una teora de la realidad, que al final se
descubre como no total, es decir, como particular y parcial, junto a otras
visiones y teoras tambin parciales que a la postre tambin tienen su
legitimidad.
Los grandes relatos no eran totales porque eran slo los de la cultu-
ra occidental y no recogen los milenios de vida de otros pueblos. Pero el
relato de la historia humana como teora de la realizacin de la libertad,
la filosofa de la historia como filosofa del derecho y la historia como
historia de los derechos humanos, alcanza precisamente su universali-
dad cuando se produce la crisis de los grandes relatos occidentales.
El examen de estos episodios es precisamente la filosofa de la cul-
tura. Por eso la filosofa de la cultura abarca ahora la totalidad de lo real,
y por eso ha llegado a ser una suerte de filosofa primera.
De todas formas, en el siglo xxi la filosofa de la cultura no puede
satisfacer la exigencia de totalidad e infinitud, que es lo propio de la
filosofa primera, sin estar en una simbiosis permanente con las ciencias
naturales y formales, y con las ciencias sociales y humanas.
41
CAPTULO 2
EL PROCESO DE HUMANIZACIN.
DEL INSTINTO AL RITO
[el hombre] ... en cuanto ser natural entre otros seres naturales, habla
con gestos, y, desde luego, con el lenguaje intensificado de los gestos,
con el gesto pleno del baile. ... con el sonido en cambio, resuelve, por as
decirlo el mundo de la apariencia en su unidad originaria, el mundo
de Maya desaparece ante su magia.
Mas cundo llega el ser humano natural al simbolismo del sonido?
Cundo ocurre que ya no basta el lenguaje de los gestos? Cundo se
convierte el sonido en msica?
Nietzsche, F.: La visin dionisiaca del mundo, en El nacimiento de la
tragedia. Madrid: Alianza, 1981, p. 253.
43
1. El gnero homo y las primeras sociedades humanas.
C uando hace unos 200.000 aos aparece la especie homo sapiens, hay
4 especies ms de homo. De esas 4 hay dos (Rhodosiensis y Heidelber-
gensis) que se extinguen hace 100.000 aos, y las otras dos (Neandertal y
Floresiensis) perduran hasta la gran explosin cultural del sapiens de hace
50.000 aos.
El despliegue del gnero homo en los ltimos dos millones de aos
puede representarse en la siguiente tabla.
H. Heidelber- Heidelber-
Antecesor gensis gensis
Neandertal- Neanderta Neanderta
ensis lensis lensis
H. H.
Habilis Ergaster
44
predisposiciones kinticas filogenticamente configuradas1. Los vivien-
tes que tienen dotacin cognoscitiva sensorial cumplen su ciclo vital de
nacer, crecer, reproducirse y morir mediante un conjunto de actividades
basadas en el conocimiento a la que se suele llamar comportamiento o
conducta.
Segn Darwin, las emociones resultan de acciones y comportamien-
tos completos, que, sincopados y abreviados, se esbozan gestualmente
mediante una sntesis de elementos kinticos y fnicos. Es decir, la pala-
bra, antes de ser palabra, logos, algo especfico del hombre, es phon, voz
que expresa las emociones que es comn al hombre y a los animales2 y,
antes que voz, es movimiento, accin, comportamiento, gesto.
En los animales, la programacin filogentica es lo bastante precisa
y ntida como para que las acciones y el comportamiento dispongan de
suficientes indicaciones previas en trminos de impulsos y de destrezas
innatas. Por eso cuentan, de entrada, con un amplio repertorio de mo-
vimientos y gestos, que se perfeccionan como destrezas con un aprendi-
zaje relativamente breve en comparacin con el de las cras de la especie
humana.
En el caso del hombre lo que hay son conatos de comportamientos
y de gestos, que han de ser completados con un aprendizaje mucho ms
amplio segn el procedimiento de ensayo-error o de transmisin de pau-
tas adquiridas por las generaciones precedentes.
En los comienzos de la especie homo sapiens, la combinacin de las
acciones reflejas, las potencialidades kinticas heredadas y los gestos co-
rrespondientes (de temor, de audacia, de ataque, etc.), la imitacin de
animales y de otras especies de homo y, adems, la actividad de ensayo-
error que tiene xito, en relacin con acciones de dominio de un territo-
rio, de vigilancia, de caza, de persecucin, de cpula con la hembra, de
descubrimiento de herramientas, de uso del fuego, etc., pueden consi-
derarse como origen de los ritos de dominio territorial, de utilizacin
y fabricacin del fuego, de caza, de persecucin y rapto de mujeres, de
construccin de chozas y poblados, etc.
Una accin de caza que ha sido eficaz se repite muchas veces de la
misma manera, incluso en ausencia de la pieza de caza, o bien, ante la
[1] Cfr. Darwin, Ch.: La expresin de las emociones en los animales y en los hombres. Madrid:
Alianza, 1998, p. 59 y ss. Sobre algunas races particulares de la razn y la moralidad hu-
manas en los animales, cfr. Miravet, M. y Sanflix Vidarte, V.: Biologa y cultura: Darwin
como antroplogo, en Llinares, J.B. y Snchez Dur, N., (eds.): op.cit., pp. 263-269.
[2] Aristteles: Peri Hermeneias, 2,3, 16 a 27.
45
representacin sagrada de ella en las paredes de la cueva3. El rapto de
mujeres y la cpula sexual pueden repetirse de la misma manera como
accin ritual. Lo mismo puede suceder con la accin de recoger el fuego
que queda en un rbol partido por un rayo o que fluye en la lava de un
volcn o con la de recoger y moldear el metal fundido que fluye de la
hoguera y las piedras de calcopirita que la cercan.
Esas acciones pueden repetirse una y otra vez, con aire de solemni-
dad, respeto, temor, devocin, orgullo, culpa, etc., hasta convertirse en
ritos tan habituales que lleguen incluso a ejecutarse mecnicamente. Ese
podra haber sido uno de los mecanismos de aprendizaje de las distintas
especies del gnero homo.
46
No solamente la tcnica y en general la cultura es un producto del
sapiens, sino que tambin el sapiens es un producto de la tcnica y la cultu-
ra, en un proceso de hominizacin que comprende los ltimo 5 millones
de aos. Durante ellos se alcanza, desde la posicin bpeda y el caminar
erguido de los australopitecus, hasta el empleo del fuego y herramientas
lticas en el neandertal y el floresiensis, y hasta su uso para la coccin de
alimentos y fabricacin de armas entre los sapiens de hace 50.000 aos.
Tales avances culturales son los que hacen posible una capacidad cranea-
na, una talla media y un aparato fnico como los de los sapiens.
Sobre ese proceso de evolucin biolgica, o proceso de hominiza-
cin, se despliega el proceso de evolucin cultural o proceso de humani-
zacin5. Entre ambos se pueden y se suelen registrar las discontinuidades
ms acusadas. Entre ambos tiene lugar el big-bang cultural de los sapiens.
[5] Para una exposicin sinttica de ambos procesos cfr. Choza., J: Manual de Antropologa
filosfica. Madrid: Rialp. 1989, cap. 6. Para una exposicin ms amplia del proceso de ho-
minizacin y su resultado, cfr.: la primera parte de ese texto La constitucin del hombre.
Bios y psique, y para una exposicin amplia del proceso de humanizacin y su resultado,
cfr. la segunda parte de ese texto El sujeto humano. Logos y praxis.
[6] Quest for fire, 1981. Para una reflexin sobre esa pelcula desde el punto de vista aqu
adoptado, cfr. Lozano, F.: En busca del fuego, La emergencia de lo humano, en Choza, J. y
Montes, M. J.: La Antropologa en el cine. vol. 1, Madrid: Laberinto, 2001.
47
a los ojos, se le acerca despacio. Casi arrodillndose, levanta la mano
con la hierba hacia su boca, en ademn de ofrenda, profiere voces (que
quiz ms tarde se convertiran en palabras ), en tono no muy alto, casi
susurrando, en son de splica. Y espera que el animal responda de algn
modo. El animal toma la hierba que el humano le brinda y hace un gesto
de dejarle pasar con sus amigos mientras l, con su pequea manada,
sigue hacia adelante y ataca a los enemigos del humano.
Posteriormente, se recoge el momento en que los buscadores del
fuego relatan a los de su tribu el episodio del encuentro con los ma-
muts, pero entonces ese momento aparece, ms que en la forma de
ritual religioso, en la forma de relato pico gestual.
Siguiendo esas indicaciones de Annaud y sus colaboradores, y
otros datos antropolgicos, se puede hacer una reconstruccin hipo-
ttica de las primeras acciones de apoderarse del fuego, y de la ritua-
lizacin correspondiente, incluyendo la expresin de las emociones
propias del acontecimiento.
As pues, a partir de la informacin que brindan los estudios de
antropologa, la pelcula de Annaud y otras creaciones artsticas como
la Danza ritual del fuego, de Falla, el ballet La creacin del mundo de
Brlin o Las criaturas de Prometeo de Beethoven, se puede construir
un modelo terico de la aparicin de la especie humana, como hizo
Platn en su dilogo Protgoras, precisamente, a partir del mito de
Prometeo7.
El fuego se encuentra espontneamente en la naturaleza de dos
maneras. Como lquido ardiente que fluye de los volcanes, calcina
la tierra y mata a los vivientes que encuentra a su paso o como rayo
que cae del cielo con gran estruendo, mata a los animales, incendia
bosques y destruye formas vegetales.
La apropiacin y uso del fuego por parte de las distintas especies
de homo se puede describir escuetamente como la domesticacin del
rayo. De manera que antes de saber producirlo, y para utilizarlo, ha-
ba que tomarlo de donde naturalmente estaba.
Espontneamente el fuego estaba en el rayo, era su secuela. El
rayo vena del cielo, era una manifestacin de un poder infinito, ca-
paz de destruir bosques, animales y hombres. Y se abalanzaba sobre
ellos con un estruendo ensordecedor, con un rugido pavoroso. Acer-
carse al rbol ardiendo despus de que lo hubiera hendido el rayo era
[7] Platn: Protgoras, 321d-322d; Cfr. Campbell, J.: El hroe de las mil caras: psicoanlisis del
mito. Madrid: Fondo de Cultura Econmica de Espaa, 2005.
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un osada inaudita. Era acercarse al poder sin lmites, al poder que des-
truye, de manera que requera suma cautela, suma audacia, suma dis-
crecin y disimulo, suma valenta, suma paciencia, suma veneracin.
La primera vez que un homo hizo eso, pudo acercarse y notar el
calor y sentirlo como agradable, quemarse y sentirlo como terrible,
apoderarse de una rama y ver que poda transportarla sin que se apa-
gara, comprobar el pavor que esa rama ardiendo produca en los de-
ms animales... y sentir miedo, orgullo, gratitud y culpa, por haberse
apoderado del supremo poder sagrado.
Hubo uno de esos homo, que hizo algo as, al cual los griegos le
dieron del nombre de Prometeo y lo imaginaron como un sabio osado,
como un titn amigo de los mortales, que fue castigado por los dio-
ses debido a su atrevimiento. Su hazaa fue sacrlega: robar el fuego
sagrado del cielo. Porque el fuego, todo fuego, era sagrado, era de los
inmortales.
Pero esa hazaa tuvo unos resultados de amplia repercusin en
la comunidad de aquellos titanes y de aquellos sapiens, y dio como re-
sultado una serie de procesos organizativos, de prefiguracin de un
sistema social, de definicin de las relaciones de los homnidos y hu-
manos con el supremo poder sagrado y de la relaciones entre ellos en
funcin de quienes obtenan el fuego, quienes lo conservaban, quienes
lo usaban, etc.
Cmo no iban a sentir miedo ante el Gran Poder por eso? y, a la
vez, cmo no iban a sentir gratitud, si resultaban de eso tantos benefi-
cios para el hombre? Pero a la vez, cmo no iban a sentirse culpables y
orgullosos al mismo tiempo, si le sustraan un poder maravilloso a los
dioses y se lo entregaba a los hombres?
Por otra parte, cuando Prometeo mismo, y los hombres a quienes
l ense, volvieran a repetir la accin de recoger el fuego del rbol de-
vorado por el poder del rayo, no la realizaran del modo ms parecido
posible al de la primera vez?, no lo habran hecho as con el fuego que
conservaron y veneraron en su cueva?, no lo habran repetido as mu-
chas veces a solas con el fuego, all en sus cavernas? Y cuando salieron a
buscarlo de nuevo en los campos, tras las tormentas, no lo haran con los
movimientos, los gritos, los gestos y el atuendo de las primeras veces?,
no experimentaran las emociones de la culpa, el miedo, el orgullo y la
gratitud?, no iran asumiendo cada uno sus puestos en el ceremonial
domstico y en la bsqueda y captura del fuego al aire libre?
Esas emociones, movimientos, jerarquizaciones y conductas que
describe Darwin en funcin de unos gestos que se repiten en culturas
49
muy diversas y alejadas entre s8, constituyen el primer lenguaje, las
primeras expresiones humanas, los primeros tanteos de un sistema
social. Antes de ser palabras y organizacin social, y a la vez que eso,
fueron voces y movimientos, cantos y gritos, splicas y llantos, genu-
flexiones y postraciones, atrevimiento y humillacin, jbilo y gratitud,
saltos y aspavientos. Tales expresiones son, simultnea e indiscernible-
mente, danza y plegaria, comunicacin con la divinidad y gnesis de
una primera comunidad eclesial9.
50
autoproclama hijo del fuego. Esta experiencia la han vivido los otros
sapiens que participaban en la cacera. Luego la cuentan al resto de la
tribu repitiendo los gritos y los gestos, y los dems aprenden a hacer los
mismos gestos y a proferir los mismos gritos.
A la vez que el fuego est funcionando como un factor determinan-
te del sistema social y a la vez que opera estableciendo una especie de
coreografa y jerarqua entre los que lo buscan, lo transportan, lo custo-
dian, lo utilizan para un uso A, otro B, etc., y una sintona entre los que se
refieren a l de una manera o de otra, el fuego est funcionando tambin
como un factor determinante del sistema cultural. Configurar del siste-
ma cultural quiere decir, no ya definir funcional u operativamente a los
individuos, que es lo propio del sistema social, sino definir entitativa,
sustancial y cualitativamente las realidades, decir lo que las cosas son y
sealar el valor que tienen para la comunidad y para el individuo.
No es lo mismo lo que las cosas hacen y lo que las cosas son, y no es
lo mismo lo que las personas hacen que lo que las personas son, por muy
estrecha que sea la relacin entre hacer y ser. En el ciclo vital de nacer,
crecer, reproducirse y morir, no es lo mismo lo que hacen los hombres y
lo que hacen las mujeres, ni tampoco lo que hacen los nios, los jvenes,
los padres y madres y los ancianos. Para cada una de esas etapas y cada
uno de esos grupos hay ritos que sealan lo que puede y debe hacer cada
individuo y que, como resultado, constituyen en su conjunto el sistema
social.
Pero adems, para cada una de esos individuos y etapas diferentes,
hay una finalidad, un objetivo, que es igualmente bueno, ordenado y
hermoso, til y, adems, realista y sagrado y tambin de la misma ma-
nera el fallo en la consecucin de la finalidad, es igualmente malo, ca-
tico y repulsivo, nocivo y, adems, poco realista e incluso sacrlego. Las
personas y las cosas son buenas y malas, hermosas y repulsivas, tiles y
nocivas, reales y ficticias, sagradas y sacrlegas, y lo son en la medida en
que contribuyen o impiden alcanzar el objetivo de la mujer joven y del
hombre joven, de la madre y del padre, del guerrero y de la cuidadora de
la prole, de la anciana o del anciano.
Para cada especie animal y para cada individuo en sus diferentes
fases hay objetivos que alcanzar y tambin el mapa del entorno en que
viven est coloreado con las cumbres y las simas de lo bueno y lo malo,
lo til y nocivo, etc. Esos objetivos son un nmero relativamente peque-
o y desde luego finito, y esas cualidades tambin se dan en un nmero
relativamente pequeo de modalidades y por supuesto tambin finito.
51
En el caso de los humanos no es as. Los objetivos de cada individuo
en cada fase no estn dados en la programacin gentica, sino escasamente
prefigurados, y hay que determinarlos socialmente mediante la invencin
y el aprendizaje. Al realizarlos, resulta que pueden ser determinados de
mltiples maneras. Porque aunque el ciclo de nacer, crecer, reproducirse y
morir mantenga siempre su constancia tambin en la especie humana, en
ella los modos de cortejar, copular, alumbrar, amamantar, nutrir, alcanzar
la plenitud de las capacidades psico-fsicas, envejecer y morir son muy
diversos.
Son, estrictamente, infinitos, y basta aludir a las recetas de Apicio
y a los Kama Sutra para caer en la cuenta de ello10. Comer y copular, la
comida y el sexo, no son simplemente actividades y cosas buenas, her-
mosas y tiles. De la misma manera el fuego y la caza, la cueva y el gru-
po tampoco son cosas sencillamente buenas, hermosas y tiles. Cada
una de ellas es un conjunto muy amplio de elementos y factores, que se
van descubriendo y articulando al alcanzar cada individuo los objetivos
propios de su etapa vital, segn lo va sealando el grupo mediante unos
ritos que tambin se van configurando a la vez.
Al configurarse los ritos del grupo y con ellos las acciones de los
individuos en cada una de sus fases vitales, el conjunto de personas,
cosas, acontecimientos y objetivos, van adquiriendo las cualidades de
bueno/malo, hermoso/repulsivo, til/nocivo, real/ficticio, sagrado/sa-
crlego, a medida que emergen desde un fondo indiferenciado que, por
ser indiferenciado es eo ipso catico, y van adquiriendo un sentido y por
eso mismo constituyendo un cosmos, es decir, un sistema cultural, una
visin del mundo, una nocin de las cosas y de la misma realidad toda
que en adelante regir sobre el comportamiento de cada individuo y de
todo el grupo, o sea, sobre el sistema social.
Cada realidad adquiere sentido y significado al ser nombrada, y es
nombrada al ser ejecutada e integrada como una parte del ritual. Es pues
el lenguaje ritual lo que convierte cada elemento indiferenciado y cati-
co en elemento comunicable y comunicado, en significado compartido,
y por eso mismo lo que convierte el caos en cosmos, lo que genera el
sistema cultural como articulacin de realidades bien definidas. Pero no
hace falta que se trate de un lenguaje predicativo como el que usamos
[10] Entre los tratados antiguos que ponen de manifiesto la infinitud de modos en que
pueden ser satisfechas necesidades biolgicas bsicas, figuran como los ms conocidos y
celebrados el de Marco Gauio Apicio: De re coquinaria. Antologa de recetas de la Roma impe-
rial, edicin de Attilio A. Del Re. Barcelona: Alba, 2006, y Los Kama Sutra, en Libros de amor
del oriente. Madrid: Ediciones Ibricas, 1993.
52
actualmente, puede ser un lenguaje en las modalidades expresivas e im-
perativas, es decir, un lenguaje performativo, que es el de los rituales.
As nacen los ritos, el sistema social y el sistema cultural. Ese es el
proceso y el resultado del rito de la caza del fuego, del oso o del salmn.
As se construye el rito del alumbramiento y de la fecundacin. En par-
te aprendiendo de otros animales, de otras especies de homo, en parte
aprendiendo del fracaso y de la muerte, en parte siguiendo impulsos de
inspiracin y de invencin. Y as se va construyendo un saber que em-
pieza por las necesidades biolgicas ms fundamentales del ciclo de la
vida y que va creciendo y creciendo hasta llenar un vaco que se muestra
como cada vez ms insaturable.
[11] Cfr. Eliade, M.: El mito del eterno retorno. Madrid: Alianza, 1972, cap.2, van der Leeuw,
G.: Fenomenologa de la religin. Mxico: F.C.E., 1975, 55-56.
53
A esas ceremonias litrgicas se les puede aplicar la tesis que
Nietzsche aplica a la danza en general al hablar del gesto pleno del
baile 12, y que glosa Higinio Marn al describirlas como la danza plena
y el gesto pleno de la comunidad concorde, como la comunin plena13.
Si nos instalamos en el universo expresivo humano actual, donde el
lenguaje predicativo y escrito son las formas dominantes de comunica-
cin y de expresin, la danza necesita ser en cierto modo explicada y a la
vez tambin rehabilitada, que es lo que hace Nietzsche al mirarla como
forma expresiva suprema, ms all del lenguaje hablado. Pero si nos si-
tuamos en los comienzos de la especie humana, antes de la escritura y
de las formas del lenguaje predicativo, y la consideramos como forma
general de los diferentes ritos, como lo hicieron Vico y Rousseau en el si-
glo xviii, o como G. van der Leeuw y Kimerer L. LaMothe por una parte,
y John L. Austin y R. Rappaport por otra en el siglo xx, entonces la danza
aparece como la forma originaria y plena de la expresin humana y de la
comunicacin humana. La danza es la forma en que la comunidad toma
posesin y conciencia de s misma como comunidad, al igual que los
individuos toman conciencia de s mismos y se realizan a s mismos en
tanto que miembros de ella14.
El lenguaje hablado en su forma predicativa y en su forma escrita
actual, son muy limitados para expresar los movimientos y ritmos de
las realidades del cosmos y de las comunidades humanas, y mucho ms
limitados an para expresar la sintona y la comunin actual de los in-
dividuos con la comunidad misma y con el cosmos. La concordancia de
los movimientos y ritmos del cosmos con los de los humanos se expresa
mejor con la mimesis corporal, a saber, moviendo los organismos indi-
viduales sincronizados entre s y en sintona con los acontecimientos del
cosmos.
Es preciso imitarlos con el cuerpo, con los cuerpos de todos los in-
dividuos del grupo, y dejar que el cuerpo y el grupo sea arrebatado por
54
ellos y en ellos, y a la vez asumir y regir esos fenmenos csmicos como
la lluvia, la caza, la fecundacin o la muerte, desde los propios cuerpos
en movimiento, para que se d un verdadero y real conocimiento, una
verdadera comunicacin entre los hombres y el cosmos, como todava
sucede en las danzas litrgicas15. Desde este punto de vista, la danza apa-
rece siempre como eucarista, como accin de gracias por la creacin16.
[15] Cfr. Choza, J.: Formas primordiales de expresin corporal. La danza como plegaria,
en Choza, J. y De Garay, J. (eds.): Danza de oriente y danza de occidente. Sevilla: Thmata, 2005.
[16] Cfr. LaMothe, K. L.: op. cit., cap. 8, Spinning the Unity of Life. Dance as Religion.
55
el grupo en comunidad humana y el entorno en mundo humano. Eso
se logra mediante una serie de ritos con los cuales se define e identifica
al individuo mediante el repertorio de actividades que constituyen su
funcin en el grupo. As se configura la sociedad, mediante un conjunto
de funciones de los diferentes individuos, que se hacen eficaces en su
conexin mutua, o sea, formando un sistema. Y entonces es cuando la
naturaleza pasa a estar cultivada, adorada, interpretada, cuando pasa
a ser resultado de la actividad social y se llama ya cultura. No hay nin-
gn fenmeno paleoltico, ni vivencial ni conductual, que no sea de suyo
religioso.
56
tienen que atravesar la espesa y fosilizada capa de las expresiones usua-
les, para llegar a las formas elementales e indefinidas de las expresiones
originarias.
Pero las formas elementales e indefinidas de las expresiones ori-
ginarias, con todo, no tienen por qu resolverse en unas formas jerar-
quizadas de expresin verbal y conceptual. Se puede pensar as. Pero
tambin se puede pensar que el redescubrimiento de la originariedad
y primordialidad de las artes lleva a una pluralidad de formas de ex-
presin originarias e irreductibles, ninguna de las cuales es igualable ni
superable por otras y, por tanto, sin posibilidades de una jerarquizacin
piramidal entre ellas.
En lo que se refiere a la danza, se puede suponer que la danza con-
tempornea, a partir de Isadora Duncan y Marta Graham17, ha conquis-
tado por primera vez los ritmos y movimientos esenciales del cosmos y
de la existencia humana.
Y se puede pensar tambin que ha vuelto a recuperar la indefini-
da plasticidad expresiva del cuerpo del homo sapiens inicial, que lo ha
devuelto al momento originario en que el hombre empieza a saber del
mundo, de los dioses y de s mismo al aprender a moverse para vivir y
para sobrevivir.
Ese es el proceso, ciertamente largo, en el que el hombre llega a te-
ner un cuerpo por el procedimiento de tomar posesin de l, como dice
Hegel. Esa toma de posesin puede ser, a la vez, descubrimiento, pose-
sin, entrega a y desarrollo de los ritmos del cosmos y de la vida, como
dicen van der Leeuw y LaMothe. Y puede ser a la vez descubrimiento,
posesin y despliegue expresivo libre de esos ritmos.
Entonces la danza puede aparecer como lugar privilegiado en el
que se da con nitidez particular la articulacin del mundo, los dioses y
los hombres, y el cuerpo como el momento de la conjuncin entre ellos,
como el tema del dilogo ms cordial entre los dioses, el mundo y los
hombres. En la danza, el cuerpo puede aparecer como el contenido y
la expresin de las formas de relacin primordiales entre los dioses, el
cosmos y los hombres. Pero eso ya pertenece al tema de la diferenciacin
de las esferas de la cultura y, ms especficamente todava, al de la dife-
renciacin y autonomizacin de las esferas del arte, que no pertenecen a
este momento sistemtico.
[17] Cfr. LaMothe, K. L.: Nietzsches Dancers: Isadora Duncam and Marta Graham, 2006.
57
13. La prosa del movimiento corporal.
[18] Mauss, M.: Tcnicas del cuerpo, en Introduccin a la etnografa. Madrid: Istmo, 1971. Para
que los rituales no se conviertan en letra muerta en rbricas sin sentido y que, a la postre,
no se ejecutan, hay que renovarlos continuamente en tanto que rituales. Cfr. Rappaport, op
cit., p. 197 y ss.
58
Hay acciones completamente irrelevantes para la vida del individuo
y del grupo, carentes de dimensin litrgica alguna. A medida que los
ritos se secularizan, a medida que esos poemas gestuales se lexicalizan,
por decir as, a medida que esa mmica cultual se hace ms rutinaria,
convergen con las acciones carentes de relevancia litrgica y se funden
con ellas. Entonces cada vez es ms frecuente el lenguaje predicativo y,
entonces, surge lo que puede llamarse la normalidad gestual, la prosa
kintica de cada grupo humano, la forma normal de hablar, gesticular y
moverse.
[19] Mayell, H.: When Did Modern Behavior Emerge in Humans?, National Geographic News,
February 20, 2003: http://news.nationalgeographic.com/news/200302/0220_030220_hu-
manorigins2.html/
[20] Calvin, W. H.: A Brief History of the Mind. Oxford: Oxford University Press, 2004, cap. 9.
59
Hay bsicamente dos modos de explicar la aparicin del comporta-
miento y la cultura propiamente humanos: el de la revolucin y el de la
evolucin. Se entiende por comportamiento y cultura propiamente huma-
nos (behavioral modernity) la aparicin de los universales de la cultura, a
saber, lenguaje, religin, arte, msica, mitos, cocina, juegos y chistes. Den-
tro de esos universales, se integran actividades como fabricacin de herra-
mientas delicadas, pesca, intercambios entre grupos distantes o formas de
trueque, uso continuo de pigmentos y joyas para la decoracin o adornos
personales, arte figurativo, petroglifos y sepulturas21.
Dado que no se consideran demasiado relevantes las diferencias en-
tre las manifestaciones culturales de los sapiens anteriores al 50.000 y las
de las dems especies del gnero homo, se tiende a pensar que hacia esa
fecha hay alguna mutacin entre los primeros. El problema se centra en la
cuestin de si este cambio fue lento y gradual o muy rpido, si se trata de
una evolucin o de una revolucin22.
Para aportar ms luz sobre la cuestin, hay que examinar desde otra
perspectiva el modo en que la formacin del sistema social y del sistema
cultural (que se ver luego con ms detenimiento) es el proceso de forma-
cin del lenguaje, de la autoconciencia individual y del reconocimiento
intersubjetivo.
La simultaneidad de lenguaje, autoconciencia y reconocimiento in-
tersubjetivo se plantea y se postula en diversos frentes. Por una parte se
plantea en la moderna teora de la mente. Desde Gregory Bateson a co-
mienzos del siglo xx hasta Humberto Maturana a finales del mismo, la
teora de la mente se ha desarrollado como suposicin de que la mente de
cada hombre, dado que no tiene acceso directo e inmediato a la de ningn
otro, dispone de un modelo de mente general, en virtud del cual puede
atribuir los estados mentales que encuentra en s (creencias, deseos, inten-
ciones, conocimientos, etc.) a las mentes ajenas y as comprender que los
otros tienen creencias, deseos, intenciones, etc., distintos de los propios.
Se supone que todos tienen una mente igual que la propia y eso per-
mite comprender y explicar la interaccin social, el uso del lenguaje y la
comprensin de las acciones y las emociones de los dems. Esta compren-
sin tiene una base neurolgica cada vez mejor conocida, cuya disfuncin
60
permite explicar trastornos como el autismo y otros de tipo anlogo, y
permite comprender las modalidades de comunicacin entre algunas es-
pecies animales23.
Por otra parte, el problema del conocimiento de lo que pasa en otras
mentes en simultaneidad con lo que pasa en la propia, se aborda y se re-
suelve mediante lo que el fundador de la psicologa social, George Herbert
Mead, haba llamado el otro generalizado. Finalmente, por otra parte, e
histricamente en primer lugar, se plantea y se resuelve mediante lo que
Kant y Husserl haban llamado subjetividad transcendental e intersubjeti-
vidad transcendental, y mediante la concepcin fenomenolgica del siglo
xx, especialmente de Heidegger, del hombre como ser-con-los-otros24.
Se puede pensar como simultneos el despliegue del sistema socio-
cultural, del lenguaje y de la autoconciencia, en el contexto del debate so-
bre evolucin y revolucin de la cultura y el lenguaje humanos, suponien-
do que el lenguaje como fundamento de la comunicacin humana est
dado de un golpe, y que en cambio el habla, es decir, las sintaxis, las fonti-
cas, las semnticas, etc., concretas utilizadas por cada grupo de hablantes,
se van formando poco a poco, al menos a un ritmo no ms rpido del que
tienen las evoluciones fonticas para grupos inferiores a 200 hablantes.
Este punto de vista no es diferente del de los lingistas, que distin-
guen entre lenguaje (language, langage), como capacidad y fundamento
para la comunicacin lingstica, y habla (speech, parole), como idiomas
concretos, y admiten que el lenguaje se da desde el principio mientras
que la lengua se desarrolla poco a poco. En esta posicin se incluye Lvi-
Strauss cuando sostiene que todo empez a significar a la vez y que el len-
guaje se dio todo de golpe. Esa totalidad y simultaneidad puede darse de
entrada en una comunicacin basada solo en las modalidades expresivas,
imperativas y performativas del lenguaje, como son los ritos que generan
el sistema socio-cultural, en ausencia de las modalidades predicativas, que
son las que bsicamente componen nuestro lenguaje cotidiano, y que se
forman ms lentamente.
[23] Maturana, H.: La realidad: objetiva o construida?: Fundamentos biolgicos del conocimien-
to. 2 vols., Barcelona: Anthropos, 1996. Cfr. Bejarano, T.: Becoming human : from pointing
gestures to syntax. Amsterdam: John Benjamins, 2011. http://en.wikipedia.org/wiki/
Theory_of_mind
[24] Mead, G.H.: Mind, Self and Society. Chicago: The Chicago University Press, 1970; Heide-
gger, M.: Ser y tiempo. 26, Mxico: FCE, 1974. No deja de ser chocante que cuando la filo-
sofa del siglo xx inicia la crtica del sujeto trascendental, la teora de la mente lo introduzca
de nuevo en el mbito de la ciencia positiva.
61
Dicho de otra manera, lenguaje es la comunicacin y el comporta-
miento registrados en el arte parietal y las lenguas son lo que ha surgido
de ah como desarrollo de la fontica y de la grafa, de la lgica y la sintaxis
en las diferentes culturas, segn procesos que ms adelante se vern.
Por lo que se refiere al desarrollo en concreto de esas lenguas de los
primeros sapiens, y para calibrar la rapidez o lentitud de su formacin,
cabe formular una serie de cuestiones pertinentes al respecto.
Cmo podra ser la lengua de unos 1000 individuos que salieron de
frica hace 100.000 aos en un solo grupo o en varios de 200? Si se admite
que los grupos de sapiens del paleoltico constan de unos entre 50 y 200
individuos, con una vida media de 20 aos, y con la necesidad de producir
3 nias por mujer frtil para que el grupo sobreviva25, cmo es la lengua
que hablan esos 200 individuos? Si de esos 200 se restan los nios (por
ejemplo, 30%) quedan 140 individuos, 70 hombres y 70 mujeres, que se
comunicaban entre s sobre unos asuntos comunes con un gnero y sobre
otros asuntos con el otro gnero, cmo funciona la comunicacin entre 70
mujeres solamente o entre 70 hombres solamente?, cuantos individuos
tiene que haber para que una lengua se constituya y se mantenga, para
que se genere y se desarrolle un sistema de contabilidad de alimentos, por
ejemplo, es decir, un sistema de escritura?
Se ha apuntado que los grupos de homnidos eran a lo sumo de 50
individuos, y que para organizar grupos mayores es necesario el lenguaje,
por lo cual los sapiens deberan hacer salido de frica ya con lenguaje.
Seguramente ya disponan de lenguaje, de un lenguaje que se manifestaba
en su habla, pero de qu tipo era su habla y cmo era? El problema no
es solo que para organizar a ms de 200 individuos haga falta lenguaje, es
que quiz no puede haber lenguaje ni habla si no hay ms de 200 indivi-
duos que lo utilizan. O quiz si no hay ms de 1.000 o de 5.000.
Se suele considerar la cifra de seguridad para una lengua, segn
Bernrdez, en los 10.000 hablantes. Las lenguas de indios americanos que
superan esas cifras y que se espera sobrevivan despus de 2050 son: che-
rokee, siux, dakota, navajos y ojibwa. Las que tienen menos de 10.000 ha-
blantes y no se espera que sobrevivan son: comanche, cheyene y crow26.
Hay que admitir que el lenguaje y los idiomas de los sapiens se
mantienen porque desde el 50.000 al 10.000 a.C., la poblacin humana cre-
ce de 1.000 a 6.000.000 de individuos27. Esas lenguas crecen y se diversifi-
[25] Abelln, A. et al.: La poblacin del mundo. Madrid: Sntesis, 1998, p. 11.
[26] Bernardez, E.: Qu son las lenguas? Madrid: Alianza, 2004, pp. 107-108.
[27] Livi Baci, M.: Historia mnima de la poblacin mundial. Barcelona: Ariel, 2002, p. 44.
62
can al ritmo del desarrollo demogrfico de sus hablantes. Emergen como
lenguas performativas en los ritos sagrados que dan lugar al sistema social
y al sistema cultural a partir del 50.000 a.C., y van generando las moda-
lidades del lenguaje predicativo hasta un momento en que se alcanza el
nivel de las formas predicativas de las lenguas propias de los cazadores-
recolectores del siglo xx.
Es posible que la forma predicativa del lenguaje, las antecedentes de
las lenguas actuales, empezaran a desarrollarse despus de la segunda
expansin de las lenguas, hacia el 15.000 a.C28, o que se alcanzara con la
entrada en el neoltico.
Es posible que, a partir de ritos y mitos comunes en todas las tribus,
las lenguas se desarrollaran como interlinguas o como lenguas criollas, es
decir como lenguas comerciales, o como lenguas para tratar con grupos
de subalternos (esclavos, a partir del momento del neoltico en que empe-
z a haberlos). Es el tipo de lenguas que pudo surgir en las transacciones
comerciales y el trueque entre un conjunto de tribus cada vez ms nume-
rosas, cada vez con ms individuos, y cada vez con ms contactos entre
ellos, como surge el fulani en Camern29, algunas formas del tagalog en
Filipinas o el spanglish en California.
Es plausible, finalmente, que los desarrollos de las lenguas sean gra-
duales, como creen los lingistas, y que sean paralelos el desarrollo de las
formas del lenguaje oral, el de las formas del lenguaje escrito, la aparicin
de los elementos lingsticos (sustantivos, verbos, adjetivos), la consoli-
dacin de diversos conjuntos de categoras filosficas (sustancia, causa,
tiempo), las diversas sintaxis, y que pensamiento y lenguaje se hayan mo-
dulado y moldeado recprocamente, segn la vida de los grupos que los
utilizaban30.
Ahora se puede enumerar la produccin de elementos culturales du-
rante los 100.000 o los 50.000 aos del paleoltico, para ubicar en ellos la
emergencia del lenguaje predicativo, de la conciencia subjetiva y del reco-
nocimiento intersubjetivo.
63
15. Tabla cronolgica de smbolos paleolticos.
[31] Arsuaga, J. L. y Martnez, I.: La especie elegida. Madrid: Temas de hoy, 1998.
64
la conciencia del yo. Norbert Elias aadi interesantes observaciones a las
fases del proceso de desarrollo del individualismo.
Por su parte, a lo largo del siglo xx los antroplogos, desde Robert
H. Lowie y Alfred Kroeber hasta Geertz y Harris, describieron la so-
ciedad y la cultura, con todas sus esferas, de los cazadores recolectores
paleolticos y contemporneos. Por ltimo, o mejor, como tabla marco
inicial, Massimo Livi Bacci elabor una tabla demogrfica detallada del
paleoltico y del neoltico32.
Las tablas con las fases propuestas se han ido perfeccionando desde
que las elaboraran sus primeros autores. Es difcil la combinacin de esas
tablas, porque todava la datacin de los hallazgos y de las etapas del paleo-
ltico para los diferentes elementos del registro fsil no est establecida de
modo definitivo.
Quiz una unificacin cronolgica de todas esas tables permitira esta-
blecer una cronologa, tambin hipottica, del desarrollo de la subjetividad
personal, tal como se entiende ahora33. Ello permitira la mejor comprensin
de algunos fenmenos religiosos y psicopatolgicos, en la medida en que en
las religiones estn presentes las fases anteriores, y en la medida en que no
pocos fenmenos psicopatolgicos se han interpretado mediante regresin
a etapas anteriores de la formacin de la psique.
[32] Cfr. Leroi-Gourhan, A.: Cronologa del arte paleoltico, en Smbolos, artes y creencias
de la prehistoria. Madrid: Itsmo, 1984. http://en.wikipedia.org/wiki/Paleolithic_flutes
Campbell, J.: El hroe de las mil caras. Mxico: FCE, 1949. Bernrdez, E.: Qu son las lenguas?
Madrid: Alianza, 2004. Rivera Arrizabalaga, A.: Arqueologa del lenguaje. La conducta simb-
lica en el paleoltico. Madrid: Akal, 2009. Polanyi, K.: Notes on Primitive Money apndice
a The Semantics of Money-Uses, en Simbolic Anthropology. A Reader in the Study of Symbols and
Meaning. New York: Columbia University Press, 1977. Jung C.G.: Las relaciones entre el yo
y el inconsciente. Barcelona: Paids, 2010. Mauss, M.: Sobre una categora del espritu humano:
la nocin de persona y la de yo, en Sociologa y Antropologa. Madrid: Tecnos, 1979. Elias, N.:
La sociedad de los individuos. Barcelona: Pennsula, 1990. Kroeber, A.: Antropologa general.
Mxico: FCE, 1945; Lowie, R. H.: La sociedad primitiva. Buenos Aires: Amorrortu, 1979. Livi
Bacci, M.: Historia mnima de la poblacin mundial. Barcelona: Ariel, 2002.
[33]http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Tabla_de_culturas_prehistricas_del_Viejo_
Mundo. La cronologa de las culturas paleolticas ms frecuentemente actualizadas son
las de la enciclopedia britnica y las de wikipedia. La confrontacin entre las versiones
inglesa, francesa y espaola de wikipedia , que se actualizan a diferente ritmo y utilizan
fuentes diversas , es quiz la informacin mas completa sobre la cronologa de las culturas
paleolticas.
65
Aos poca Especie Periodo artstico, smbolos y lugares
histrica y Ubicacin arquetpicos
50.000 Glaciacin Sapiens en Musteriense,
a.C. Wrm Eurasia y Epoca prefigurativa, Arcy;
Amrica Pictogramas de Leroi-Gourhan y
Marshack
Flauta de Divje Babe
Mitos animistas de Campbell
30.000 Paleoltico Extincin Estilo I) Auriaciense-Gravetiense,
a.C. Superior Neandertal. signos femeninos y zoolgicos de Leroi-
G. Wrm Gourhan y Marshack
Flauta de Hohle Fels, Cueva de Chauvet
Mitos animistas de Campbell
20.000 Paleoltico Estilo II) Graveto-Solutrense.
a.C. Superior G. Signos femeninos, quidos, bvidos,
Wrm de Leroi-Gourhan y Marshack,
Venus Brassempuy, Lespugue,
Willendorf
Mitos animistas de Campbell
15.000 Paleoltico Estilo III) Magdaleniense antiguo y
a.C. Superior medio.
G. Wrm Altamira, La Pasiega, Lascaux
Pictogramas, quidos, bvidos
Piedra Rosetta de Marshack y Gimbutas.
Mitos telricos matriarcales de
Campbell
Mandala primitivo, Proto-lenguaje de
Harrod
11.000 Mesoltico Estilo IV) Magdaleniense reciente.
a.C. Postglacial Primeras ciudades en Oriente prximo,
en
Akl Hyk (Turqua) y Jeric (Israel)
Pictogramas, quidos, bvidos,
humanos.
Las Monedas, Pindal, Teyjat, Sta Eulalie
Mitos celestes patriarcales de Campbell
9.000 Neoltico Cermica,
a.C. Grecia Legumbres,
8.000 Oriente Bvidos, cerdos, ovejas
a.C. Medio Mitos de los hombres de Campbell
7.000 Inicios del lenguaje enunciativo
a.C.
66
De momento, es posible reconstruir los ritos paleolticos con cierto
nmero de sus elementos, gracias a la informacin proporcionada por
este conjunto de tablas.
[34] En esta exposicin del rito se sigue a diversos antroplogos e historiadores de las reli-
giones y, especialmente, a Rappaport, R. A.: Ritual y religin en la formacin de la humanidad.
Madrid: Cambridge University Press, 2001, cap. 5.
[35] Aqu se va a usar el trmino poder sagrado con el mismo sentido que Durkheim
otorga al trmino mana. Cfr. Durkheim, E.: Las formas elementales de la vida religiosa. Ma-
drid: Alianza, 1993, libro II, caps. 6-9. Aunque dicho trmino ha sido analizado y retocado
posteriormente, mantiene las caractersticas ms importantes que Durkehimn le atribuy y
existen trminos anlogos en numerosas religiones paleoltias. Cfr. Waldemar, S.: Man y
tab. Las religones de oceana, en Eliade, M.: Historia d elas creencias y delas ideas religiosas.
III-2, Barcelona: Herder, 1999.
67
que ahora entendemos por religin. Es organizacin poltica, es ordena-
miento jurdico, es establecimiento del sistema econmico, es tcnica, es
arte y es ciencia.
El ciclo vital de nacer, crecer, reproducirse y morir viene dado en los
animales por la adquisicin, maduracin, debilitamiento y extincin de
capacidades biolgicas programadas genticamente, que se activan y se
extinguen segn dicha programacin mediante cierta dosis de aprendi-
zaje, como se ha dicho.
En los humanos ese mismo ciclo vital, que tambin est programa-
do genticamente, se activa fundamentalmente mediante el aprendizaje,
es decir, mediante acciones rituales que asumen socialmente y cognos-
citivamente los momentos biolgicos individuales, como tambin se ha
dicho.
La compleja actividad en que consiste un rito resulta de la articula-
cin de los siguientes tipos de elementos:
Los elementos del tipo 1 apelan al sentido del tacto en toda su am-
plitud y al sistema muscular motor. Los del tipo 2 a la vista. Los del tipo
3 a la accin humana significativa y los del tipo 4 al odo. Los elementos
del rito son, pues, datos sensibles significativos, mediante los cuales se
constituye la unidad y la relacin hombre-mundo. La clasificacin de los
elementos del rito en estos cuatro tipos pone de manifiesto que para el
sapiens, desde su aparicin en el planeta, no hay meras sensaciones o
sensaciones puras, sino que todas las sensaciones son desde el princi-
pio parte de una percepcin, de una accin con sentido. O bien, que las
sensaciones puras, la impresin de lo desconocido, puede ser acogida
dentro de un mbito familiar que es, justamente, el de lo conocido.
Entre esos cuatro tipos de elementos suele haber una corresponden-
cia, de manera que los saltos corresponden con gritos, las danzas con
cantos y con pinturas e instrumentos que se llevan en las manos, los
hombros, la cabeza, etc. De ese modo, a partir de un elemento como el
fnico, se puede identificar el rito o la actividad concreta, de manera que
68
con una determinada forma de gritar se puede ordenar al grupo prepa-
rarse para un rito o una actividad determinada. El grito en cuestin sirve
para identificar la actividad, al conjunto de individuos que la realiza, y a
cada uno de los individuos que participa en ella, puesto que cada indivi-
duo se conoce a s mismo como el que reconoce ese grito y como el que
toma parte en la actividad36.
Los ritos proporcionan as al hombre las certezas que los animales
tienen por instinto, y le proporcionan en tanto que cultura, en tanto
que descubrimiento e invencin, el saber que los animales tienen por
naturaleza, por nacimiento. Esas certezas, llamadas por Arnold Ge-
hlen certezas irracionales, provienen de las acciones que se han po-
dido llevar a cabo, de las capacidades operativas reales, del dominio
sobre s mismo y sobre el medio, de la identidad y unidad del grupo, y
constituyen el primer saber acerca de s mismo y del mundo, las prime-
ras expresiones de s mismo y de su mundo, y las formas incipientes de
comunicacin y lenguaje37.
Naturaleza viene del verbo latino nascor, natus sum, nacer, y cultura
del verbo latino coleo, colere, cultum, cuidar, cultivar, dar culto. Lo natural
es lo que resulta de procesos biolgicos y lo cultural es lo que resulta de
procesos de aprendizaje e invencin humanos. Cultura es lo que resulta
del cultivo y de la veneracin, de la actividad tcnico-artstica y de la
actividad cultual-religiosa, que pueden considerarse las ms propias de
los sapiens sapiens. Aunque hay mucho que precisar en esta caracteriza-
cin de la nocin de cultura, puede tomarse como un punto de partida
suficiente para diferenciaciones ulteriores38.
Naturaleza es lo que resulta de las capacidades y actividades de
plantas y animales, de tierra, aire, agua y fuego, del planeta, del sistema
solar o del universo entero. Cultura es lo que resulta de las capacidades
y actividades del sapiens, que puede as contraponerse a todo el cosmos
como su poseedor, su rey desptico o su destructor y, tambin, como su
habitante, como su pastor y como su cultivador.
[36] Lo que Hegel llam dialctica del reconocimiento y describi como estructura de la au-
toconciencia humana es reelaborado en los estudios de psicolingstica y psicologa social
en niveles empricos muy concretos. Cfr. Rossano, M. J.: The evolution of conscious Experience:
Rituals, altered states and the origins of Religion. Nova Science Publishers, 2007.
[37] Cfr. Gehlen, A.: El hombre. Salamanca: Sgueme, 1980, pp. 356-371.
[38] Para una exposicin de las diferentes definiciones y teoras de la cultura, Cfr. Harris:
M.: Desarrollo de la teora antropolgica: historia de las teoras de la cultura. Madrid: Siglo XXI,
2008. Cfr. Daz de Rada, A.: Cultura, antropologa y otras tonteras. Madrid: Trotta, 2010.
69
Como se ha dicho al principio, el rito es, pues, lo que en el hombre
sustituye al instinto de los animales, lo que le proporciona el saber acerca
de s mismo y de la naturaleza necesario para sobrevivir, para desplegar
el ciclo de nacer, crecer, reproducirse y morir de modo que en ese des-
pliegue pueda expresarse cumplidamente la esencia humana. El rito es,
pues, el despliegue de la cultura, la apertura del mbito y del horizonte
para la realizacin del hombre, que es lo que ahora corresponde exami-
nar por sus pasos.
70
CAPTULO 3
71
libertad humanas, generado por ellos y en el cual ellos expresan su am-
plitud y su naturaleza.
Por la propia naturaleza del intelecto no puede separarse la compren-
sin del mundo, la emergencia del nous y la auto-comprensin del hombre
como un ser grupal y como pluralidad de hombres y mujeres que genera
descendencia.
Aqu se va a usar la palabra inteligencia e intelecto con el sentido
del trmino griego nous, que es el primer nombre que la cultura occiden-
tal le dio a la inteligencia o al intelecto cuando inici su reflexin sobre
ella y empez a estudiar su naturaleza. El trmino ha recibido muchas
determinaciones y ha sido objeto de muchos anlisis, y contiene de al-
gn modo toda esa polivalencia resultante de tanto estudio. Ahora, al
analizar ms detenidamente an los primeros ritos, se ir mostrando por
qu ellos son el mbito y el horizonte en que se expresa la amplitud y la
naturaleza del nous.
Al parecer, entre el 150.000 a.C. y el 30.000 a.C convivieron en Eurasia
el oso cavernario, el oso pardo y el neandertal, se disputaban las cavernas
para habitarlas y los neandertales lograban frecuentemente su objetivo
gracias al dominio del fuego. Hay signos de un culto del oso entre los
neandertales en Drachenloch (Suiza), con acumulacin y disposicin de
los huesos del animal y, especialmente del crneo, de una determinada
manera y en un determinado lugar1.
Durante aos se ha credo que los sapiens colonizaron las zonas r-
ticas a finales de la edad del hielo, hacia el 13.000 o el 14.000 a.C., pero el
descubrimiento reciente de artefactos fabricados con huesos de animales y
colmillos de mamuts permite situar esa colonizacin en el norte de Rusia
hacia el 40.000 a.C.2.
Es posible que los primeros sapiens que llegaron de frica fueran ca-
rroeros, y que se alimentaran con los restos de las presas de los neander-
tales o de los osos, y que practicaran el canibalismo en algunos momentos.
Parece que esas prcticas cesaron relativamente pronto, y que no tuvieron
al oso cavernario como una de las presas frecuentes en su caza, pero s al
oso pardo en toda la Europa meridional, y que tambin practicaron cultos
al oso en el rtico desde el 40.000 a.C.
[1] 15th International Cave Bear Symposium, Spisk Nov Ves, Slovakia, 17th
20th of Sept. 2009:
http://www.fns.uniba.sk/fileadmin/kalendar/2009/symposium/Abstract_book.pdf
[2] http://news.nationalgeographic.com/news/2001/10 /1001_arctichabitation.html/
72
Los pueblos que habitan en la Europa rtica practican todava en el
siglo xx un culto al oso que mantiene elementos de los ritos practicados en
el 40.000 a.C., y que concuerda con los mitos y hallazgos artsticos que han
mantenido esos pueblos durante los milenios que van de entonces hasta
ahora.
En la religin de los cazadores de los pueblos nrdicos ugro-fineses,
las ceremonias del oso son centrales. Los Kanti, Mansi, Nenets, Sami,
Fineses y Karelios estn muy familiarizados con mitos y ritos referentes
al oso. Los mitos cuentan que el oso es de origen celestial y es el hijo
del dios del cielo, desciende del cielo y, cuando muere, vuelve all. Hay
tambin un relato sobre el matrimonio entre un oso y una mujer del
cual se dice que desciende la tribu de los Skolt Sami en Finlandia.
La ceremonia de la muerte del oso est dividida en dos actos, la eje-
cucin misma y la fiesta posterior. Ejecutar a un oso que est protegido
por el espritu guardin de los bosques implica un ritual muy complejo,
que termina con el traslado del oso al hogar. Las mujeres creen que
tienen que mantenerse a una cierta distancia para que el oso no las deje
embarazadas.
La fiesta de la celebracin de la muerte del oso dura dos das y est
llena de simbolismo matrimonial. El oso es tratado ceremoniosamente
y se le escoge un hombre o una mujer joven como su pareja.
Durante una prolongada comida se consume abundantemente car-
ne de oso. Finalmente, la calavera del oso es llevada en procesin hasta
la rama de un pino en lo alto de una montaa. Esa es la costumbre en
Karelia. Un cierto nmero de miniaturas de mscaras estn relaciona-
dos con los ritos del oso de los Ugrios. Unos participantes enmascara-
dos le dicen al oso que los miembros de una extraa tribu lo mataron.
Parece haber conexin histrica entre las ceremonias del oso de los
Ugrios, Karelios, Fineses y Sami. En ningn otro sitio en la amplia esfe-
ra del rtico han tenido un lugar tan prominente los cantos y escenas
del oso como en este ritual de caza3.
73
18. El sacrificio primordial.
[4] Rappaport, R.: op. cit., p. 419. La descripcin completa del rito de fumar la pipa est to-
mada de Brown, J. E.: The Sacred Pipe: Black Elks Account of the Seven Rites of the Oglala Sioux.
Baltimore: Penguin, 1971 (orig. University of Oklahoma Press, 1953).
74
Cuando la pipa se llena con yerbas y cortezas, y se aprieta, el uni-
verso entero se contiene en el corazn de la pipa, que es tambin el co-
razn del hombre. El hombre, que llena la pipa, se identifica con todo lo
que introduce en ella, y asume todo el universo en su corazn.
Cuando prende fuego a lo introducido en la pipa, presenta la bo-
quilla en las seis direcciones del espacio (delante, detrs, izquierda, de-
recha, arriba y abajo), aspira el humo y lo expande, el hombre deja de
ser una parte del cosmos, se funde con cada parte y con el todo y queda
santificado.
Mientras se celebra el ritual se invoca a Wakan-Tanka y se expresa la
relacin del hombre con el mundo y con dios mediante el ritual.
Abuelo nuestro, Wakan-Tanka, tu lo eres todo, y sin embargo ests
por encima de todo. Tu fuiste antes que nada. Tu siempre has existido
[...]
Oh Wanka-Tanka, Tu eres la verdad. La gente de dos piernas que apli-
can la boca a esta pipa se transformarn en la verdad misma; no habr
en ellos nada impuro [...]5.
[5] Brown, J. E.: op. cit, p. 13, citado por Rappaport, R.: op.cit., p. 420.
[6] Para una exposicin de la religin de los sioux y del significado del nombre Wanka-
Tanka, cfr. Bolz, P.: Bajo el signo de la danza del sol. Visin religiosa del mundo y ritualis-
mo de los siux oglalas de Norteamrica, en Eliade, M.: Historia de las creencias y de las ideas
religiosas. III-2, Barcelona: Herder, 1999.
[7] Cfr. Freud, S.: Ttem y tab. Madrid: Alianza, 1977; Durkheim, E.: Las formas elementales
de la vida religiosa. Madrid: Alianza,1993; Hubert y Mauss: Magia y sacrificio en la historia de
las religiones. Estudios y Ensayos. Caracas: Lautaro, 1946; Girard, R.: La violencia y lo sagrado.
Barcelona: Anagrama, 1995. Para un examen y confrontacin entre los planteamientos de
estos autores, cfr. Ries, J.: Lo sagrado en la historia de la humanidad. Madrid: Encuentro, 1989.
75
Si se toma el ritual de la caza del oso, y de la caza en general, como
acto fundacional de cada sociedad humana, se examinan los ritos de
caza desde hace 40.000 aos y su persistencia en formas culturales ms
tardas, pasando por la tragedia griega8, hasta la misa catlica del siglo
xx, entonces se le puede dar la razn a todos esos autores en sus diversos
enfoques sobre el sacrificio como origen de la cultura y sobre la esencia
del sacrificio, ya se crea que dicha esencia es la comunin con el mana o
con el ttem, el parricidio originario, la fundacin y cohesin de la co-
munidad, o la violencia. Todos esos factores pueden ser esenciales en el
sacrificio y en los rituales de caza, y los rituales de caza pueden tomarse
como el big-bang de la cultura humana hace 50.000 aos, o hace 100.000
aos, cuando salen de frica antes de o en el momento de esa supuesta
mutacin que modifica su cerebro.
Si se define la cultura como el conjunto de los procedimientos de
los sapiens para sobrevivir, como se ha hecho, y los sapiens sobreviven
mediante la caza con sus correspondientes ritos (despus de o adems
del alimento de la carroa y del canibalismo), si esos ritos son de tipo
sacrificial y si, adems de ellos, se puede derivar el sistema social com-
pleto, como tambin se ver, entonces se puede decir, con un consenso
casi unnime, que el sacrificio es el origen y fundamento de la cultura,
incluyendo en la nocin de sacrificio desde los rituales de la caza del oso
hasta la misa catlica y todas las actividades de donacin e intercambio
de las actuales ONGs.
Se pueden tomar los rituales de caza como el sacrificio originario y
como el origen de la cultura, pero no hace falta encontrar en ellos un ele-
mento o una accin que sea la nica fundamentante de toda la cultura.
Seguramente no puede haberla, como tampoco puede haber un princi-
pio de la conciencia segn repiten insistentemente los fenomenlogos.
El principio de la conciencia es el haber comenzado de la concien-
cia, el principio del lenguaje es el haber comenzado la comunicacin
potencialmente infinita, y el principio de la cultura es el haber comen-
zado de la cultura. A partir de ah, se puede sostener que el fundamen-
to de todo eso es la represin sexual, como dice Freud, o la alimenticia
como dice Harris, la comunicacin simblica como dicen Durkheim y
Lvi-Strauss, la donacin y el intercambio universal como dicen Hubert
y Mauss, la violencia como dice Girard, o el binomio ahorro-inversin
[8] Cfr. Vernant, J.P. y Vidal-Nanquet, P.: Caza y sacrificio en la Orestiada de Esquilo,
en Mito y tragedia en la Grecia antigua. vol I, Madrid: Taurus, 1987. Cfr. Burkert, W.: Homo
necans. Antropologia del sacrificio cruento nella Grecia antica. Torino: Boringhieri, 1982.
76
como dice Jacques Attali9. Pero no hay un primer acto de conciencia, una
primera palabra, ni un primer acto cultural, aislable dentro de los actos
de conciencia, de las palabras y de los ritos. Es posible que en el pensa-
miento de estos autores, que trabajan en el siglo xx, operen las categoras
de sustancia, identidad, causalidad lineal y relacin jerrquica de los ele-
mentos, consolidadas en poca histrica y que todava hacen sentir su
presin a finales del xx. Por eso insisten en la bsqueda de un elemento
que sea el primero10.
Los ritos son suficientemente explicativos de la gnesis y desarrollo
del sistema social y del sistema cultural, como se ha indicado y se ver
ms detenidamente. Ahora se trata de ver en qu medida esos ritos son
tambin explicativos de la autoconciencia subjetiva y del reconocimiento
intersubjetivo.
77
1 SSSSO0OOOOOOSSS==
2 / / // / / X X X X / / / / / / Y Y Y / / / / / / / /
3 DDDF F F F F F T T T DDD HHHHHH <<<<<<<
4 \\\\XXXXX\\\YYY\\\\\
5 /0\/0\/O\000OOOSSS==
Los signos circulares de las filas 1 y 5, que no hace falta que sean
tan regulares como los ceros y las O del alfabeto, indican concentracin,
origen, fuente.
Los signos verticales de las filas 2 y 4 inclinados hacia la izquier-
da o hacia la derecha, las X y las Y significan bifurcacin, crecimiento,
emergencia, incisin, golpe. As es como todava en los comics actuales
se representan los golpes, las incisiones, las heridas, la ira, o la respi-
racin (esta ltima suele representarse mediante lneas que salen de la
boca).
Los signos ondulados como una S, horizontal o vertical, o como el
signo aritmtico igual, de las filas 1 y 5, significan fluir, serpentear, ex-
pandirse, como se representan el agua y el mar en los dibujos infantiles
y cmics.
Los signos cerrados de la fila 3 como la D, la H o como los de ma-
yor que (>) y menor que (<) significan rama, espiga, fruto, rbol cuaja-
do, abundancia.
El trabajo de Marshack, Gimbutas y Harrod se entiende mejor si se
comparan los smbolos y signos paleolticos con el alfabeto fenicio y con
el alfabeto latino, tal como se muestran en el siguiente cuadro.
78
Este alfabeto fenicio, uti-
lizado entre 1200 a. C. y 250 d. Letra Nombre Significado
C., deriva de la escritura cu-
alp buey
neiforme y est emparentado
con la escritura proto-indoeu- bt casa
ropea, jeroglfica, el alfabeto
protosinatico y el protocana- gaml camello
neo, y da lugar a los alfabetos
delt puerta
hebreo, arameo, rabe, griego,
latino y probablemente mu- he ventana
chos otros11.
Inicialmente el alfabeto fe- wau anzuelo
nicio, como todos los alfabetos,
zai arma
tiene valor silbico y fontico
por una parte, y valor picto- et muro
grfico e ideogrfico por otro,
como aparece en el siguiente et rueda
cuadro. yod mano
James B. Harrod, siguien-
palma (de la
do el procedimiento con que se kap
leen algunos pictogramas egip- mano)
cios, algunos ideogramas chi- lamd aguijada
nos y los pictogramas anlogos
mem agua
de las tribus de indios Ojibway
del norte de Amrica (supues- nun serpiente
tamente los parientes ms cer-
cano a los sapiens franco-cant- semk pez
bricos), hace una lectura de la
ain ojo
Piedra Roseta como un himno
o una plegaria, en los siguientes pe boca
trminos.
Rompe tu cascarn y sal ade caza
de l, vuelve de nuevo a la vida,
qop mono
toma forma, florece, ramifcate
con una vida fluida y exuberan- ro cabeza
te, y luego, sigue el ondulate
in diente
tau seal
[11]http://en.wikipedia.org/wiki/
Phoenician_alphabet
79
movimiento vital, conocedor de los peligros y llenalo todo con la ener-
ga vital del espritu telrico12.
A tenor de esta interpretacin de Harrod, se puede tomar la Piedra
Roseta Paleoltica como una gua para un ritual, como una representacin
del cosmos, como una imagen del puesto del hombre en el cosmos, y
como expresin de la relacin con l es decir, como la versin ms anti-
gua conocida de un mandala13.
Un mandala es una representacin esquemtica del cosmos, del
cielo, la tierra y el infierno, del centro del universo y de lo perifrico, de
la relacin entre lo sagrado y lo humano en l. Un mandala es una repre-
sentacin de contenido similar al de la pipa de los sioux, y de los retablos
cristianos, pero en el que los momentos y factores salvficos estn repre-
sentados por elementos csmicos naturales, y no por figuras histricas14.
La palabra mandala es de origen snscrito y significa circulo.
Designa las representaciones csmicas hindes, pero hay mandalas en
casi todas las culturas, construidos de diversos modos y con gran va-
riedad de materiales: sobre el caparazn de una tortuga, o sobre una
tortuga completa, ubicando en cada campo de su superficie los diferen-
tes poderes y significados, sobre conchas de moluscos, colmillos de ani-
males, piezas de madera, etc. Tambin tienen el carcter de mandala las
almendras romnicas en que se representa la trinidad, el cielo, la tierra,
el infierno y la redencin y salvacin del hombre, y algunos rosetones de
vidrio de catedrales gticas.
La Piedra Roseta, como todo mandala, tiene las funciones de repre-
sentar el cosmos, de indicar el puesto del hombre en l y de sealar la
[12] Harrod, J. B.: Deciphering Upper Paleolithic (European): Part 1. The Basic Graphe-
matics Summary of Discovery Procedures, in Language Origins Society Annual Meeting
1998, Version 2.b, May 2004, Original Version 1987.
[13] Las tesis de Gimbutas, M.: El lenguaje de la diosa. Oviedo: Grupo Editorial Asturiano,
1996, y de Marshack, A.: The roots of civilization: the cognitive beginnings of mans first art,
symbol and notation. New York: Moyer Bell, 1991, pueden interpretarse en esta lnea de
asimilacin de la piedra roseta paleoltica a un mandala.
[14] La posicin intermedia entre las fuerzas csmicas sagradas y las figuras sagradas his-
tricas del judasmo y el cristianismo lo ocupan los dioses de las religiones politestas, que
son personificaciones de fuerzas naturales, como Durkheim seal. La elaboracin terica
de la unidad entre fuerzas naturales sagradas y divinidades la desarrollaron principal-
mente Porfirio, Plotino y Proclo para el politesmo griego y Dionisio Areopagita para el
cristianismo. Cfr. Garay, J.: Politesmo y neoplatonismo: Proclo, en Choza, J., de Garay, J.
y Padial, J.J. (eds): Dios en las tres culturas. Sevilla: Thmata, 2012.
80
dinmica de los ritos, por los cuales la vida sale de su origen y retorna a
l. Un mandala es la codificacin de todos los ritos y de todos los mitos.
La vida viene del sol, del cielo y se concentra en la tierra. Sale de la
tierra a travs de cada viviente, se difunde por la tierra a travs de cada
viviente y despus de haberse gastado en ofrecerse como energa a su
propio fruto, vuelve a recogerse en el seno de la tierra y en el cielo.
Cada rito que se ejecuta, ya sea de fecundacin, de nacimiento, de
iniciacin, de matrimonio, de caza, de curacin o de sepultura, consiste
en un convocar a la vida, hacerla emerger, hacerla brillar y desplegarse,
hacerla fructificar y hacerla terminar venerando su comienzo con su final.
El mandala es el esquema del universo, de todos los ritos y de todos
los mitos. No solo de los mitos animistas paleolticos, ni solo de los mitos
telricos matriarcales neolticos, ni solo de los mitos celestes patriarcales
calcolticos, sino tambin de los mitos de la edad de los hombres, de la
era axial, que se generan en el primer milenio a.C., segn la clasificacin
y la nomenclatura de Campbell15.
Por otra parte, el mandala, como smbolo y como ritual, se puede
considerar como el modo en que inevitablemente se encuentra el intelec-
to consigo mismo, cuando aparece por primera vez. El intelecto, como
los filsofos sostienen, cuando aparece, aparece para s mismo todo de
golpe, como totalidad y como infinitud, y no puede aparecer ni ser de
otra manera. Aparece como es y es como aparece16. El intelecto lo abarca
todo, aspira a comprenderlo y explicarlo todo y reconoce su propia infi-
nitud sobrepasando todo posible lmite, yendo ms all o trascendien-
do toda posible barrera, todo posible trmino. As es tambin como se
posee a s mismo, y como se expresa a s mismo al aparecer en la comu-
nicacin del grupo social, como totalidad y como infinitud, que es lo que
se representa en el crculo. As es como se origina y aparece, de golpe,
el lenguaje, lo que los psiclogos y neuropsiclogos llaman la teora de
la mente y lo que los filsofos llaman la subjetividad trascendental17.
[15] Campbell, J.: op. cit., 1992; Los mitos en el tiempo. Barcelona: EMECE, 2002.
[16] La aparicin del intelecto para s mismo es lo que los filsofos llaman fenomenologa,
y la descripcin ms completa del fenmeno qued plasmada en 1807 en una de las obras
claves de la filosofa la Fenomenologa del espritu, de G.W.F. Hegel, que aqu se toma como
clave para interpretar la autocomprensin de los primeros sapiens.
[17] No deja de ser chocante que, conforme se desarrolla la crtica del sujeto trascendental
en la filosofa del siglo xx, la neuropsicologa encuentra una versin emprica del mismo en
la llamada teora de la mente.
81
Aunque la Piedra Roseta del Paleoltico sea del milenio 15 a.C., y la
lectura que Harrod propone se ubique en ese periodo, si los elementos
del mandala de Marshack y Gimbutas estn ya en la cueva de Chauvet18,
y seguramente estn, entonces el intelecto del sapiens, con su subjetivi-
dad trascendental, su teora de la mente y su lenguaje humano, estn
ya presentes hace 40.000 aos.
A E
I O
82
subalternos porque difieren en la cantidad. Sobre esta estructura lgica se
basa buena parte del lenguaje proposicional humano y de la gramtica.
El cuadrado aristotlico esta establecido para proposiciones, es
decir, para las formas del lenguaje predicativo humano, en el que, por
otra parte, tal y como Saussure sealara, la diferencia entre signo y sm-
bolo, entre significante y significado, tiene que ser completa.
Desde el punto de vista de la semitica, la inexistencia de esa diferencia
no cancela la relacin lgica entre los cuatro tipos de elementos, ni impide que
el lenguaje de sonidos y gestos del magdaleniense sea un verdadero lenguaje.
En efecto, los cuadrados semiticos se construyen con parejas de
opuestos, contrarios o contradictorios, que no son necesariamente propo-
siciones del lenguaje predicativo sino que ms frecuentemente son accio-
nes, gestos, iconos, realidades, o, en general, elementos contrapuestos cuyo
significado se establece precisamente en la oposicin, como bueno/malo,
arriba/abajo, noche/da, etc21. Estos son los elementos con los que a travs
de las experfiencias y los rituales se forman las concepciones del mundo. Un
cuadrado semitico desde este tipo, mximamente general, es el siguiente:
A E
I O
[21] Cfr. Eco, Umberto: Tratado de semitica general. Barcelona: Lumen, 1991, pp. 121-134.
83
Siguiendo a Aristteles y a Marshack, Harrod agrupa diversos
smbolos magdalenienses en cuatro grandes clases, en funcin de cua-
tro gneros de significados, que se corresponden con los de la Piedra
Roseta, y que mantiene entre s relaciones como las de las proposicio-
nes aristotlicas. Estos cuatro grupos de signos-smbolos se correspon-
den con los cuatro grandes momentos o fases de los procesos vitales
de la naturaleza, de los ritos humanos, en los que puede cifrarse y des-
cifrarse la comunicacin humana, al menos, desde hace 15.000 aos22.
Los pictogramas clasificados por los intrpretes desde Leroi-
Gourhan a Harrod son los procedimientos de los sapiens para codifi-
car lo que hacen y lo que pasa, lo que pasa en el mundo y lo que les
pasa a ellos cuando hacen o no hacen ciertas cosas. Esa codificacin
define lo que es la vida, su comienzo, su desarrollo y su fin en cuatro
etapas, fases o momentos. Los puntos y momentos desde los cuales
la vida surge (pictogramas A) , los modos en que la vida se desplie-
ga y se expande (pictogramas I), los modos en que la vida fluye y se
irradia a todo (pictogramas O), y los modos en que la vida fructifica
y culmina en una forma desde la que se vuelve a empezar el proceso
(pictogramas E).
Segn Harrod, el lenguaje del Paleoltico Superior Europeo UP(E)
es un proto-lenguaje en la medida en que cumple todos los requisitos de
un sistema semitico tal como lo define la semitica. Los cumple porque
1) tiene una semntica fundamental estructurada por un cuadrado
semitico de campos semnticos, formando cada uno de ellos un mi-
cro-universo semntico, con sus signos propios, 2) tiene una semntica
narrativa, estructurada por unas reglas de transformacin de combina-
ciones y permutaciones, capaces de generar frmulas rituales y prohibi-
ciones, y 3) tiene un discurso semntico, un marco general que puede
ser percibido y asumido y en que pueden ser situados un conjunto dado
de actores y de acciones, de manera que pueden constituir rudimenta-
rios relatos de mitos, de dioses o de experiencias humanas23.
[22] Harrod, J. B.: Deciphering Upper Paleolithic (European): Part 1. The Basic Graphe-
matics Summary of Discovery Procedures, in Language Origins Society Annual Mee-
ting 1998, Version 2.b, May 2004, Original Version 1987 y Deciphering Upper Paleolithic
(European), Part 2: Maximal Graphematics and Correspondences to a Reconstruction of
Spoken UP(E) Summary of Phememic-Semantic Discovery Procedures, Version 2 May
2004 Version 1 April 1992; http://originsnet.org/upepart2247k.pdf
[23] Harrod, J. B.: Deciphering Upper Paleolithic (European): Part 1. The Basic Graphe-
maticsSummary of Discovery Procedures , 2004. Revised version of paper presented at
Language Origins Society Annual Meeting,1998. http://originsnet.org
84
Un modelo de Piedra Roseta o de mandala como el de Harrod,
se puede construir y completar mediante una clasificacin y distribucin
de los tipos de significantes formando un cuadrado semitico-lgico, es
decir, disponiendo los diversos significantes en los grupos A-I-O-E. De
esta manera, la lectura de la piedra Roseta podra tomarse como clave
para la lectura de una gran cantidad de ritos y de mandalas.
Como los ritos tienen cuatro elementos, se pueden establecer cuatro
tipo de significantes para cada uno de los cuatro campos del cuadrado:
[24] John D. Bengtson and Merritt Ruhlen: Global Etymologies, en John D. Bengtson and M.
Ruhlen:On the Origin of Languages: Studies in Linguistic Taxonomy. Stanford, CA: Stanford
University Press. 1994, pp. 277-336.
85
A ) pictogramas de vulvas, falos, E ) pictogramas de ramas, espigas,
pechos, crculos, soles, lunas, hojas arboles
significan: concentracin, origen, significan: vida nueva, frutos,
posesin formas, riqueza, abundancia
Se expresan en los 4 elementos del Se expresan en los 4 elementos del
rito: rito:
1) se danzan, recogimiento sobre s 1) se danzan con saltos,
composiciones de figuras
2) se escriben con signos-smbolos 2) se escriben con signos-smbolos
parecidos a las letras: A O V ( ) U parecidos a las letras: T F H
3) representan: fuente, madre, 3) representan: lo generado,
pechos, nio florecido
4) se cantan con las races de 4) se cantan con las races de
Ruhlen 1, 8, 11, 21 Ruhlen 12, 15
Las races de Ruhlen, con sus correspondientes pictogramas y
su posicin en el cuadrado semitico de Marschack y Harrod son las
siguientes:
86
Place in
Ruhlens Marschak
Ruhlens Ethymology Pictograms
Root Semiotic
square
10 KU(N) who?
11 KUNA woman V, U, O A
12 MAKO child B, D, b, P E
13 MALIQA to suck(le), nurse; breast X, F, K, T I
14 MANA to stay (in a place)
15 MANO man B, D, b, P E
16 MENA to think (about)
17 MI(N) what?
18 PAL 2 X, F, K, T I
87
Esa codificacin y desciframiento se lleva a cabo en los ritos y me-
diante los cuatro elementos de los ritos: kinticos, grficos y cromticos,
instrumentales y fnicos.
Segn estas claves, Harrod lee la Piedra Roseta como un himno del
siguiente contenido:
Rompe tu cascarn y sal de l (A), vuelve de nuevo a la vida, toma
forma, florece, ramifcate (I) con una vida fluida y exuberante, y lue-
go, sigue el ondulate movimiento vital, conocedor de los peligros (O),
y llenalo todo con la energa vital del espritu telrico (E).
88
Pictogramas O: La vida viene del cielo a la vctima sacrificada, y
pasa de la victima sacrificada a los que participan en el sacrificio.
Pictogramas E: los que participan en el sacrificio y comen, beben o
fuman de la vctima, viven con la vida que viene del cielo y van al
cielo o estn en el cielo.
89
cesin y relacin de oposicin posible entre los cuatro elementos, tierra
(A), fuego (I), agua (O) y aire (E), y una de las relaciones posibles entre
los elementos de las prcticas de brujera y la alquimia.
Por lo que se refiere al reino de lo orgnico, la secuencia A, I, O, E
se corresponde con el proceso de reproduccin sexual: ovulo-esperma
enteros (A), ruptura y dispersin de sus elementos (I), recombinacin
de los genes (O), y emergencia de un nuevo ser formado con una nueva
vida (E). Por otra parte, se corresponde tambin con los proceso de nacer,
crecer, reproducirse y morir.
Y, finalmente, por lo que se refiere propiamente al orden trascen-
dental, al mbito de la lgica y de los entes de razn, la secuencia se
corresponde con el orden de las primeras nociones, tal como ha sido se-
alado por los filsofos desde Platn a Hegel: ente (A), no-ente (I), divi-
sin-multitud (O) y aliquidad (E), o bien, en la formulacin de Hegel, ser
(A), nada (I), devenir (O), algo (etwas) (E)25.
Entre los significados de los elementos A, E, I y O, si se toman en
su valor predicativo, hay una relacin como la de los elementos del cua-
drado aristotlico, y si se toman en su valor performativo y ritual, tam-
bin. Dicho de otra manera, lo que aparece en el cuadrado de Marshack-
Harrod son los trascendentales del ser en una versin imaginativa. Y no
poda ser de otra manera.
Si los trascendentales del ser son realmente lo que la filosofa lla-
ma trascendentales, lo propio y lo que se puede predicar de cualquier
realidad, lo propio de cualquier ente por el hecho de ser, tanto de los
entes ideales, objetivos e inertes como de los entes reales, vivos y din-
micos, entonces, para todas las realidades se cumple: A), que son una
unidad, I), que son diferentes, O), que se constituyen con propiedades
diferenciadas que son solamente suyas y nuevas, y E) que constituyen
una nueva forma.
Esta no es la nica forma en que la filosofa expone los trascenden-
tales del ser. Entre otras cosas porque la historia de la filosofa es una his-
toria de la discusin sobre los trascendentales del ser. Por eso no pueden
no darse en cualquier comienzo.
Por eso precisamente se puede pensar que el mandala primitivo no
solamente es el origen del lenguaje y del arte humano, sino tambin,
como pens Marshack, de la ciencia, puesto que las relaciones entre las
proposiciones, una vez determinadas cuantitativa y cualitativamente,
[25] Cfr. Hegel, G.W.F.: Enciclopedia de las ciencias filosficas. Primera seccin de la lgica, La
doctrina del ser, 84-90. Madrid: Alianza, 2005, pp. 186-195.
90
dan como resultado los valores de verdad y falsedad propios de la mente
y del lenguaje humanos.
Las tesis de Marshack y Gimbmutas continan siendo debatidas,
as como la lectura de Harrod de la Piedra Roseta Paleoltica, pero esa
discusin incide sobre el plano y los planteamientos empricos, y puede
afectar a algunos momentos metodolgicos de los procesos argumen-
tativos. Desde el punto de vista de la esencia y sentido de los ritos, de
los procesos vivientes y culturales, qu otro sentido podra tener el rito
codificado en la piedra de la cueva de Lorthet que el ledo por Harrod?,
qu sentido puede tener cualquier rito de caza, de paso, de fundacin
del poblado o de curacin, cualquier rito en general, que ese? En lneas
generales una verificacin en el orden esencial no basta como prueba
para establecer una tesis en el orden emprico en todos sus pormenores,
pero s para sostener su validez en el orden esencial, y eso es algo que se
le puede reconocer a Marshack, Gimbutas y a Harrod.
Una mente que se conoce a s misma como totalidad y como in-
finitud, que genera un lenguaje gestual y simblico con las secuencias
y oposiciones sealadas, puede, obviamente, generar un sistema socio-
cultural como el de los cazadores recolectores del milenio 50 a.C., del 15
a.C. y del siglo xx, tanto australianos como africanos26 o de cualquier otro
lugar. Generar ese sistema es descifrar el mundo en la construccin del
mandala, dar lugar a la primera manifestacin del logos y hacer presente
el nous para s mismo.
[26] Los africanos tienen el sistema socio-cultural mas simple y accesible y los australia-
nos el ms complejo y elaborado. Cfr. Barnard, A.: Modern hunter-gatherers and early
symbolic culture, en The evolution of culture: an interdisciplinary view editado por Robin Ian
MacDonald Dunbar, Chris Knight, Camilla Power, Edinburgh University Press, 1999, pp.
50-68.
91
La vivencia de lo sagrado es la vivencia de lo tremendum et fascinans,
lo tremendo y fascinante, lo que provoca temor, un miedo especialmente
sobrecogedor y que, a la vez, provoca una atraccin y una seduccin por
encima de cualquier experiencia ordinaria, y eso tanto en el sapiens del
paleoltico como en el hombre actual.
Semejante experiencia ha quedado expresada a travs de obras
clsicas como la de Rudolf Otto Das Heilige de 191727, donde se des-
cribe la experiencia del mysterium tremendum et fascinas, del miste-
rio tremendo y fascinante, que provoca estupor, temor, fascinacin y
atraccin al mismo tiempo. A travs de obras como la de Eliade, Expe-
riencias de la luz mstica, como la de Bataille El erotismo28 y como tantas
otras. En cada lengua y cultura esa experiencia y lo vivido en ella se
ha designado con trminos propios, pero siempre se ha descrito como
produciendo el mismo efecto sobre el ser humano y moviendole a las
mismas posturas corporales de genuflexin y abajamiento, adoracin,
plegaria, entrega y splica.
Vivencias estrechamente relacionadas con esa experiencia, son la
de la admiracin descrita a menudo como comienzo de la filosofa, la
de la inspiracin artstica y la del xtasis ertico y mstico.
Es legtimo pensar que los primeros sapiens experimentaran algo
as ante el sol, el oso acosado y muerto o el fuego que quema su carne.
Como lo experimentan los hombres actuales en los trances msticos,
erticos y artsticos y, tambin, en el trance venatorio, aunque quiz
para los primeros sapiens se concentraban en una sola vivencia esas
cualidades que ahora estn diferenciadas29.
En otro sentido, la magnitud de lo que en esas experiencias de la
caza y del fuego vive el sapiens, en contraste con lo que vive el animal,
es la magnitud de la diferencia entre un intelecto como el humano y una
sensibilidad como la de los animales. La experiencia de lo sagrado es
tambin experiencia del intelecto, y es la actualizacin del intelecto en
la experiencia de la perplejidad y del misterio tremendo y fascinante,
92
lo que queda reverberando y se mantiene durante los periodos de con-
ciencia tranquila y rutinaria. Es tambin esa reverberacin y apertura
del intelecto lo que puede explicar conductas exploratorias, inventivas
y creativas, el diseo del mandala y, en general, la emergencia en l de
la percepcin y la concepcin de un intelecto universal o trascendental,
de una teora de la mente.
El fuego, el rayo, el oso, el bisonte o, en general, el poder, son nom-
brados quiz con una interjeccin que cuando se lexicaliza funciona como
nombre o como verbo que designa lo sagrado, lo luminoso o lo viviente.
En griego unos cuantos de esos trminos derivan del trmino
Phanaios, iluminar, traer a la luz, dar luz, del verbo Phaino, hacer
aparecer, revelar, descubrir, brillar y del sustantivo phans, antorcha,
linterna, lmpara. De estos trminos derivan los vocablos latinos fa-
num, templo, pro-fanus, lo que est fuera y delante del templo, y el
trmino de las lenguas vernculas fanatismo30. Con este sentido em-
plea Heidegger el sustantivo alemn Lichtung para significar, con la
metfora del claro del bosque, la conciencia intelectiva, el mbito de
la conciencia intelectual31.
Cuando los sapiens realizan los sacrificios de canibalismo ritual,
de osos o de otros animales que son sus parientes (padres o abuelos),
sienten, segn la Piedra Roseta de Marshack y Gimbutas, y segn el
anlisis de los ritos de Rappaport, que tocan el poder, la luz, lo divino,
sienten que hacen transfusiones de vida, de una vida que viene del
misterio tremendo y fascinante.
Esa cercana e identidad con lo divino, con el ttem, con el animal
sacrificado, hace que el propio individuo pueda sentirse l mismo pha-
num, lugar del poder divino, lugar del sacrificio divino, y que pueda
sacrificar a un semejante o a su propia sangre en las cuevas del norte de
Rusia el ao 40.000 a.C., en las costas griegas en el ao 1000 a.C., cuan-
do Agamenn se encuentra con Ifigenia, en Israel en el ao 2000 a.C.,
cuando Abraham se lleva al monte santo a Isaac, o el 11 de septiembre
de 2001 d.C. cuando se vuelan las torres gemelas en Nueva York. Eso
que ahora se denomina fanatismo quiz sea un comportamiento inspi-
rado en el phanum al que le faltan mediaciones culturales, al que ms
adelante se aludir32.
[30] Corominas, J.: Breve diccionario etimolgico de la lengua castellana. Gredos: Madrid, 1987,
p. 266.
[31] Heidegger, M.: Carta sobre el humanismo. Madrid: Alianza, 1998.
[32] Cfr. Marn, H.: Teora de la cordura. cap. 1. Valencia: Pre-Textos, 2010; Os, A.: Contra
93
23. Lo sagrado y lo profano. Organizacin del tiempo.
el fanatismo. Madrid: Sieruela, 2003; Grimaldi, N.: Une dmence ordinaire. Paris: PUF, 2009.
[33] Cfr. Eliade, M.: Lo sagrado y lo profano. Madrid: Guadarrama, 1981.
94
Los humanos actuales dividimos las actividades y el tiempo en fes-
tivo o extraordinario y laborable u ordinario. Las actividades extraordi-
narias se realizan en das festivos, y en ellos celebramos ritos, como bau-
tizos, bodas, comuniones, funerales, comidas de confraternizacin, etc.,
y descansamos. Las actividades ordinarias, lo que llamamos el trabajo,
las realizamos en los das designados como laborables.
Esa divisin nuestra entre tiempos festivos y laborables no existe
en los primeros sapiens. Entre ellos se da una divisin entre actividades
y tiempos sagrados cualitativamente distintos, y todos tienen su gnesis
ritual religiosa. Para ellos la organizacin del tiempo y del espacio se
fundamentaba, mucho ms que para los hombre actuales, en sus diferen-
cias cualitativas. Estas diferencias entre los primitivos se corresponden,
al igual que en los hombres actuales, con diferencias en el grado de auto-
conciencia y de identidad34.
En efecto, durante los das laborables, el hombre del siglo xxi desa-
rrolla la actividad ordinaria, que suele ser rutinaria, y durante los fines
de semana, fiestas y vacaciones, desarrolla actividades extraordinarias.
En las actividades rutinarias hay aburrimiento, agitacin, desasogiego,
etc., en funcin del logro de objetivos de la organizacin en la que se
trabaja. En las actividades extraordinarias se vive lo extraordinario, ge-
neralmente, en funcin del propio gozo.
En las jornadas laborables hay produccin, competencia, ayuda, en-
vidias, etc., actividades en las que los individuos son cada uno s mismo
en su conexin ordenada con los dems. En las jornadas festivas hay
juegos, deportes, embriaguez, discotecas, sexo, msica, espectculos,
actividades en las que los individuos viven un xtasis, una salida de s
mismos y una relacin desordenada con los dems, una relacin en la
que su propia identidad se disuelve en la de los otros como ocurre en los
grandes acontecimientos deportivos, musicales y orgisticos35.
Si los hombres y mujeres de las sociedades urbanas del siglo xxi
pudieran, en un gigantesco esfuerzo imaginativo o experimental (cient-
fico o artstico), prescindir de la organizacin cuantitativa del tiempo, y
de los aos, meses y semanas, para ubicar sus recuerdos y las diferentes
partes de sus vidas, entonces, a tenor de las leyes de asociacin de ideas,
95
los agruparan y clasificaran segn criterios cualitativos y el resultado
sera muy desconcertante36.
Por ejemplo, por una parte estaran los tiempos de los nacimientos
y de la lactancia. Ese tiempo, que podra llamarse los tiempos de la leche,
en los que casi un centenar de miembros de la tribu danzara, cantara y
hara determinadas cosas. Estaran los tiempos de los nios, en los que
todos los hombres y mujeres han estado y en los que se hacen otros jue-
gos y danzas con las madres y con los padres. Estaran los tiempos de
los misterios de la vida, en los que, por separado, los chicos y las chicas
danzan y cantan y celebran otros ritos que ya los padres y madres han
celebrado. Luego los tiempos de los matrimonios, en que los 100 inte-
grantes del grupo celebran las nupcias de los jvenes que llegan a la
edad de procrear. Mezclndose acaso con los tiempos de los jvenes y
los matrimonios estn los tiempos de los cazadores, en el que los jvenes
aprenden las danzas y los cantos de la caza. Los tiempos de la lucha y
los luchadores, cuando los jvenes aprenden otras danzas y otros cantos.
Los tiempos de las curaciones. Los tiempos de las comidas grandes y las
pequeas. Los tiempos del sol ardiente. Los tiempos de las aguas.
As es como organiza sus tiempos el sapiens del paleoltico en gru-
pos de unas 100 personas, y as es como lo siguen organizando algunos
cazadores-recolectores del siglo xx en poblados que pueden llegar a
superar los 500 individuos.
Si un antroplogo (o un individuo cualquiera de una sociedad ur-
bana del siglo xxi) quiere saber cundo sucedi algo en la vida de algn
individuo particular de una tribu que agrupa el tiempo de esa mane-
ra, puede resultarle completamente imposible, que es lo que le pas
a Cifford Geertz cuando intentaba ubicar en una secuencia temporal
organizada cuantitativamente algunos acontecimientos de la historia
balinesa37. Incluso es posible que un individuo de la sociedad urbana
del siglo xxi no sea capaz de establecer su identidad personal sin una
organizacin cuantitativa abstracta del tiempo.
[36] Hay descripciones etnolgicas parecidas a la descripcin tipo que ahora se hace. Por
ejemplo la de Turnbull, C. M.: The human Cycle. New Yorkm Simon and Schuster: 1953, o
la de Barley, N.: El antroplogo inocente. Barcelona: Anagrama, 1989; sobre los Dowayos de
Camern, entre otras muchas. Hay descripciones cinematogrfica y literarias anlogas. No
conozco experimentos psicolgicos en esta misma lnea, pero quiz los haya y, sin duda,
pueden realizarse.
[37] Cfr. Geertz, C.: Persona, tiempo y conducta en Bali, en La interpretacin de las culturas.
Barcelona: Gedisa, 1992.
96
Para los humanos de las sociedades urbanas del siglo xxi los tiem-
pos de fiesta y de trabajo, de descanso relajado y de vigilia tensa, estn
netamente diferenciados. Si quisiramos seguir la genealoga de estos
dos estados de conciencia y de sentidos de la identidad, remontando-
nos desde el hombre actual hasta los sapiens de hace 50.000 aos, nos
perderamos por el camino.
En los sapiens del paleoltico, como en la mayora de los animales,
se dan dos estados de conciencia, el de vigilia y necesidad, y el de tran-
quilidad y rutina. Los estados de vigilia y necesidad se corresponden
con una situacin subjetiva de perplejidad, que ya se ha descrito en
relacin con la apropiacin del fuego y con el encuentro con lo sagrado,
y los estados de tranquilidad y rutina con las situaciones de calma y de
trabajo en la vivienda. Estos estados de conciencia, en correspondencia
con esas actividades, tienen su reflejo en la distribucin de los espacios
de la caverna o la cabaa y en los del poblado del 40.000 a.C.: espacios
para el trabajo, espacios para el descanso y la comida, espacios para el
sueo y la adoracin, espacios para la fiesta38.
Pero todos esos espacios se ocupan con tiempos entrecruzados con
otros en los que no es fcil, o no es posible, sealar la anterioridad y la
posterioridad. Tampoco los calendarios, que empiezan con el neoltico,
representan primariamente una organizacin cuantitativa del tiempo. Ni
siquiera las formas ms antiguas de contar, ya sean das, dioses o hachas,
que se pueden situar en el paleoltico, cuentan segn la serie de los n-
meros naturales con las que los hombres actuales contamos el tiempo39.
Por otra parte, aunque se d en las culturas primitivas y antiguas un
cierto desarrollo de las formas de contabilidad y del clculo, como se dan
en Sumeria, eso no significa que exista en esas culturas, antiguas o actua-
les, inters por determinar cuantitativamente el tiempo de las personas.
Los usos del nmero propios de las sociedades urbanas contem-
porneas comienzan quiz hacia el milenio 15 a.C., que es cuando apa-
recen las formas de vida mesoltica y neoltica, y con ellas las formas de
cultura y de subjetividad correspondientes a esos periodos. Entonces
va apareciendo quiz tambin en el habla el predominio del lenguaje
predicativo, en la conciencia nuevos estados y perspectivas, en el inte-
97
lecto las formas de lo infinito, y en la cultura el repertorio de sus esferas
como se dan todava en los cazadores-recolectores actuales.
Durante todo el mesoltico y el neoltico, el sapiens genera e incrementa el
mbito de lo profano. Del mbito de lo sagrado los hombres y las mujeres se
llevan al mbito de lo profano su vida y su identidad, la fuerza y la vida del
mana, del oso, o del ttem, que fluye en cada individuo y en sus funciones.
Pero conforme se avanza en el neoltico, por profano que sea un mbito
o una actividad, siempre tuvo un origen sagrado en el mana, o en el ttem, al
que se vuelve siempre. Por eso hay tantos dioses como actividades, e incluso
tantos dioses como palabras, que es lo que comentan David Carrasco sobre las
religiones centroamericanas, Waldemar Sthr sobre las de Indonesia40, Varron
sobre los romanos y lo que sirve a Agustn de Hipona para ridiculizar las
formas de politesmo41.
Las sociedades neolticas son, frente a las paleolticas, sociedades cada
vez mas secularizadas, como sealara insistentemente Rousseau. Simplemen-
te por incremento demogrfico y diversificacin de las esferas de la cultura,
como se ver en su momento. Una sociedad sacralizada es una sociedad seria,
solemne y grave. La diversin difcilmente se abre camino en ellas, y hay entre
sus individuos demasiado hieratismo.
Esa fue la caracterstica de la sociedad cristiana desde sus comienzos
hasta el siglo xx, como refiere von Balthasar42, eso es lo que le ha sucedido a la
islmica y lo que le ha sucedido en el siglo xx y xxi a las sociedades sectarias
basadas en ideologas intensas (que son creencias sacralizadas).
En esas sociedades tiene que abrirse paso poco a poco la libertad de mo-
vimientos, de accin, de gestos, de danzas, de lenguaje y de actividades. Tiene
que abrirse paso, poco a poco, la risa y la burla institucionalizadas, el carnaval
primero y la comedia despus.
Quiz el primer brote de comedia y risa institucional es el proto-carnaval
de Babilonia en el iv milenio a.C., en tiempos de Gilgamesh, y de ah la fiesta
de la transmutacin de todos los valores llega hasta las saturnalias romanas y
hasta el carnaval de Rio de Janeiro.
[40] Cfr. Eliade, M.: Historia de las creencias y de las ideas religiosas. III-2, Barcelona: Herder, cit. 1999.
[41] Agustin de Hipona: La ciudad de Dios. Libros VI y VII, Madrid: BAC, 1977.
[42] Cfr. Urs von Balthasar, H.: Teodramtica. vol I., Madrid: Encuentro, 1990; Cfr. Choza,
J.: Historia de los sentimientos. Sevilla: Thmata, 2011.
98
CAPTULO 4
Durkheim, E.: Las formas elementales de la vida religiosa. libro II, cap.I, II,
Madrid: Alianza, 1993, p. 202.
99
1. En el principio era el poder.
100
como el periodo de diferenciacin y distanciamiento del individuo hu-
mano respecto de sus funciones y tareas, como el periodo de desarrollo
de su autoconciencia y su libertad.
El postneoltico se puede percibir como un periodo en que las rela-
ciones entre las esferas diferenciadas cambian, como un periodo en que
las relaciones neolticas entre ellas se modifican profundamente. Tam-
bin como un periodo en que se altera la diferencia y la distancia entre
el individuo y sus funciones sociales. Pero eso habr que verlo detenida-
mente en cada caso y en su momento.
El pensamiento neoltico de la cultura occidental examina al ser hu-
mano desde cuatro puntos de vista. La filosofa antigua estudi y analiz
al hombre desde el punto de vista de la categora de sustancia, la filo-
sofa medieval desde el puntos de vista de la categora de persona, la
filosofa moderna desde el punto de vista de la categora de sujeto y la
contempornea desde el punto de vista de la categora de existente o
de tiempo biogrfico.
El pensamiento paleoltico descubre, describe e identifica al ser
humano desde el punto de vista de la vida, del principio que hace vivir.
Utiliza las nociones de ciclo vital y de proceso biolgico-cultural, con
un sentido en parte similar al de las nociones de naturaleza, principio
activo, poder o ser, y muy alejado de las nociones de sustancia, persona
o sujeto.
La secuencia nacer, crecer, reproducirse y morir, que es la secuencia
con arreglo a la cual la religin, la poltica y el derecho contemplan y re-
gulan la vida del ser humano, tiene ms amplitud y ms contenido que
la nocin filosfica de naturaleza sustancial y subjetiva, al menos, desde
el punto de vista meramente categorial.
El pensamiento paleoltico designa la actividad, el ser, o el poder en
trminos generales con nombres como mana, wanka u otros, cuyo
significado preciso se ha ido perfilando mediante los anlisis realizados
a lo largo del siglo xx. Y designa con el trmino ttem la diversificacin
o participacin de mana que se manifiesta en cada una de las activida-
des humanas en que se ejerce un poder.
Por supuesto manifestaciones de mana las hay en todos los seres
naturales, tengan o no relacin con los seres humanos, pero solamente
son ttem aquellas fuerzas naturales que han tenido y tienen relacin
con la constitucin del grupo humano y con el desarrollo de las activida-
des mediante las cuales el grupo sobrevive. Por otra parte, tambin los
estudios realizados a lo largo del siglo xx han puesto de manifiesto que
hay sistemas totmicos muy diferentes, aunque lo comn a todos ellos
101
suele ser la referencia a un poder sagrado, ms frecuentemente animal,
como origen del grupo, de la tribu y del clan.
Una psique que puede apoderarse del fuego, y sobre todo gene-
rarlo, es una psique que no empieza situada en la certeza como la de la
mayora de los animales, sino situada en la perplejidad y, adems, que
tiene una imperiosa necesidad de salir de ella. Por qu empieza situa-
da en la perplejidad y en la ignorancia es algo que se ver ms tarde.
Cmo sale de ella hay que empezar a verlo ahora.
Los sapiens necesitan referir al arriba y al abajo, al antes y al des-
pus, los vivientes que aparecen aqu y ahora porque esos vivientes
no surgen de los sapiens mismos, porque no pertenecen a ellos y, sobre
todo, porque ellos mismos dependen de esos vivientes para sobrevivir.
Si la situacin inicial de los sapiens es la de perplejidad, el escenario en
el que estn situados de entrada es el inmenso agujero de un aqu y un
ahora que continuamente se llena y se vaca de vivientes, y tienen la
necesidad de saber cmo se llena y se vaca de esos actores.
Aunque no sean muy conscientes de ello, los sapiens tienen la ne-
cesidad de descifrar la realidad, ese escenario y esos actores, de apren-
der sus costumbres. Los animales no tienen esta necesidad porque no
estn en ese escenario. Su situacin no es la de perplejidad. Saben lo
que pueden comer y cmo conseguirlo (aunque les resulte difcil).
Esa psique humana dotada de nous, de intelecto, sale de la perple-
jidad organizando las actividades que tiene que llevar a cabo para so-
brevivir. Ponindole unos puntos de partida, unos lmites, para lo cual
genera espontneamente una nocin como la de empezar o como la
de comienzo. El intelecto necesita encontrar un principio. Se le pone
principio, es decir, lmite, al tiempo y al espacio, partiendo del aqu y
del ahora Por qu? Porque es lo ms sencillo. El intelecto necesita esa
nocin de comienzo porque el pensamiento se pierde en ausencia de
lmites, se pierde en lo ilimitado y en la nocin de infinito.
Dicho de otra manera, el pensamiento se pierde en su propia am-
plitud, en su infinitud, que percibe inicialmente proyectndola en las
cosa reales. Al percibir cada una de ellas, supera continuamente la fini-
tud de este ciervo, esta luna, y este suelo, y siempre va ms all de este
102
animal, ms arriba de aquel astro y ms abajo de esta tierra. La nocin
de infinito es la perplejidad misma, impide el saber y la comprensin.
El saber y la comprensin necesitan un punto de partida, un lmite.
Hay un punto cero de todo, que es aqu y ahora, y hay unos m-
bitos que lo rodean: arriba y abajo, delante y detrs, cerca y lejos. Hace
falta comprender cmo llega aqu y ahora el fuego, el mamut, el recin
nacido, la lluvia, el sol, cules son sus costumbres, cmo se les debe
tratar para que se queden aqu, para que sean amistosos y para que no
maten a nadie. Ese saber se va adquiriendo poco a poco, por ensayo y
error, por imitacin de otros animales, por impulsos espontneos afor-
tunados. As se aprende lo que ayuda a la vida y es bueno y lo que la
destruye y es malo; lo que es familiar y est ordenado y limpio, y lo que
es desconocido y es catico y sucio; lo que permite disponer del poder
y es til y lo que no permite controlar el poder y es nocivo. Eso es lo que
se inscribe en el mandala y lo que el mandala ensea.
Conforme se repite una y otra vez el rito de la caza, del nacimien-
to, de la fecundacin, de construccin de la cabaa y el poblado, de
inhumacin de los muertos, los humanos se acostumbran a tratar con
el poder, a cooperar con l, a cooperar entre ellos para cooperar con el
poder, a habitar en la tierra y a comprender el cosmos. De ese modo se
logra explicar cmo ha sido el principio de todo. Los ritos, las danzas,
y los elementos utilizados en todas esas actividades dan cuenta de lo
que ya se ha aprendido, y a ese conjunto se le llama cosmos. Aquello
de lo que no se puede dar cuenta es el caos, el mal, lo peligroso. Y la
articulacin de lo bueno y lo malo, lo ordenado y lo catico, lo til y lo
nocivo en funcin del poder supremo con el que los hombres colaboran
construyendo un orden que les permite sobrevivir, es lo que se define
como concepcin del mundo.
As pues, el sistema de instintos reforzados por el aprendizaje
que permite a los animales recorrer con xito el ciclo de nacer, crecer,
reproducirse y morir, queda completado en el caso de los sapiens por
un sistema de ritos que tienen, en una considerable proporcin, una
equivalencia funcional en la mayora de las culturas humanas. Eso es
lo que recibe el nombre de concepcin del mundo (Weltanshauung en
alemn, World view en ingls).
En la frmula de Clifford Geertz, una concepcin del mundo es
un sistema unitario en el que los smbolos sagrados refieren una on-
tologa y una cosmologa a una esttica y a una moral1, es decir, una
103
organizacin de los conceptos sobre lo real y lo irreal (ontologa), sobre
el cielo y la tierra (cosmologa), sobre lo limpio-ordenado y lo sucio-
catico (esttica), sobre lo bueno y lo malo (moral), que resulta garanti-
zada por las concepciones religiosas.
Una concepcin del mundo consiste en la asignacin de las catego-
ras supremas de valoracin, que en filosofa se designan como trascen-
dentales del ser (real, bello, bueno, verdadero), a personas, institucio-
nes y acontecimientos concretos, en correspondencia con actividades,
facultades o herramientas de la psique individual, como percibir,
sentir, querer y pensar. En efecto, se percibe lo que es real, se siente
emocin ante lo hermoso u horrible, se quiere lo bueno, se piensa y se
conoce lo verdadero.
La sistematizacin reflexiva de las correspondencias entre cate-
goras (sustancia viviente, cualidades de ellas, espacio, tiempo, etc.) y
trascendentales del ser (bueno y malo, verdadero y falso, real e irreal,
etc.), con las facultades y actos de la psique humana, es realizada en la
cultura occidental dentro del mbito de la ciencia griega por la escue-
la de Atenas y especialmente por Aristteles2. En las culturas india y
china estas correspondencias se establecen entre fuerzas y principios
positivos y negativos, masculinos y femeninos, del cosmos y de los
organismos vivientes en su implicacin mutua, que se recogen en los
libros sagrados de sabidura y teraputica3.
Las cosas y las personas, en las que se manifiesta el poder ori-
ginario, son lo que se percibe como real, lo que nos emociona como
hermoso o terrible, lo que se valora y se quiere como bueno. El compor-
tamiento respecto de las cosas a tenor de lo que las cosas son (a tenor
de lo que la concepcin del mundo dice que son) es, sencillamente, el
sentido comn4.
[2] Cfr. Aristteles: Acerca del alma. Madrid: Gredos, 1978. Todo el libro III est dedicado a
la diferenciacin de las facultades segn sus actos y de estos actos segn sus objetos. Los
captulos 1 y 2 se dedican a los sentidos externos y las categoras de cualidad, espacio y
tiempo, los captulos 7 y 8, a la articulacin entre imaginacin e inteligencia y a la relacin
entre categoras y trascendentales del ser.
[3] Entre ellos, en el conjunto de Los Kama Sutra y de Los libros de amor del oriente ya
citados.
[4] Se recoge aqu y se continua lo establecido en Choza, J.: Antropologa filosfica. Las repre-
sentaciones del s mismo, op. cit. Cap. 1.
104
26. Un modelo de sistema cultural.
105
nueve columnas y cinco filas en el que el sistema cultural se muestra con
cierta claridad5.
El sistema cultural, al igual que el sistema social, mantienen una
estructura constante en el paleoltico, en el neoltico y en el postneoltico.
La tpica axiolgica del ser humano mantiene una estructura constante
a lo largo de esos periodos.
En el postneoltico, y tras la aparicin de las cosmogonas cientfi-
cas, el universo se describe en coordenadas cientficas y desaparecen de
l los lugares naturales y los adverbios de lugar y tiempo, y se describe
en clave exclusivamente fsica sin alusin a posibles estados extra-tem-
porales. Dicho de otra manera, la ciencia positiva no alude a una escato-
loga religiosa ni a un estado ms alla de este tiempo y este lugar fsicos.
[5] El cuadro est tomado del captulo 1 de Choza, J.: Antropologa filosfica. Las representa-
ciones del s mismo, op. cit.
106
situando arriba y se sigue refiriendo al cielo, a lo alto, mientras que
los valores negativos de lo repulsivo, lo rastrero, lo despreciable, etc.,
se siguen refiriendo a lo de abajo, independientemente de que haya
desaparecido del imaginario comn la idea de infierno como un lugar
religioso.
Los nios del siglo xxi tambin tienen que aprender a ponerse de
pi y a caminar erguidos, tienen que aprender que el sol y las estrellas
son hermosos y estn arriba en el cielo y tienen que aprender que la
primera de todas las diferencias, en la que se resumen las de bien/mal,
til/nocivo, verdadero/falso (los trascendentales del ser), es la diferen-
cia limpio/sucio o bien ordenado/desordenado, que en griego se dice
cosmos/caos. Esa diferencia es la que los nios espaoles aprenden con
la palabra caca, que significa simultneamente, en los primeros esta-
dios del lenguaje, malo, feo, sucio, falso, desordenado, que mam no
quiere y pap tampoco. Esa diferencia es quiz la primera que aprendie-
ron los sapiens ms primitivos cuando celebraban sus ritos de caza y la
preparacin de su guarida como casa y de su poblado como mundo,
porque es la que abre el orden de los trascendentales.
El sistema cultural tiene estrictamente el carcter de sistema en
cuanto que los elementos de las filas a) y c) estn correlacionados entre
s. Lo hermosos est arriba, es luminoso y sublime, limpio y santo. Lo
repugnate est abajo y es satnico, sacrlego, sucio, infernal, nocivo. Para
un pueblo que vive de la caza de bisontes, y cuyo ttem poda ser el
bisonte, el sistema funciona perfectamente. El bisonte es un animal que
se caza de da, que se aparea en primavera y come pastos que estn en
su esplendor en verano. Por eso la luz, el sol, la lluvia y la belleza de la
primavera es lo que genera la vida de la tribu y del poblado, porque es lo
que en primavera, y siempre, hace germinar la vida del bisonte.
Para una tribu que se alimentara bsicamente de cefalpodos de
captura nocturna, por ejemplo, calamares (lucfugos y de pesca de atar-
decer o amanecer), y cuyo ttem fuera el calamar, el sistema podra sufrir
cambios: la fuente de la vida, el calamar, podra estar referida a abajo, a
las tinieblas, y el bien y la belleza podran tambin tener conexin con
esos valores.
En el neoltico, aunque la vida pasa a depender de la agricultura y
no de la caza y la recoleccin, tambin la vida depende, y ms que antes,
del sol, de la lluvia y de los vientos, de la primavera y los otoos.
En el postneoltico aunque la vida depende de la actividad humana
autnoma, de la actividad productiva de industrias y servicios, emanci-
pada de los ritmos naturales de da/noche y de los de primavera, verano,
107
otoo e invierno, mediante la energa elctrica, la tpica axiolgica se
mantiene con una parte de apoyo en esos ciclos naturales y otra parte
en el lenguaje mismo, cuyo contenido simblico mantiene los valores
positivos referidos a lo elevado y brillante, al cielo y al sol, y los negati-
vos referidos a lo bajo y rastrero. Pueden variar los elementos y lugares
concretos en que se anclan y se ubican los valores, pero la estructura de
la tpica axiolgica permanece constante.
El sistema cultural de los humanos, caracterizado de esta manera,
est completo quiz ya en el mesoltico. Si se supone que los primeros
tanteos de la agricultura y el desarrollo del ttemismo se producen hacia
el milenio 10 a.C., se puede suponer que el sistema social y el sistema
cultural estn prcticamente completos hacia esa fecha. Si se admite que
los ms antiguos ritos de la caza del oso datan del milenio 50 a.C., enton-
ces se puede suponer que el sistema social y el sistema cultural se elabo-
ran mediante los rituales que se generan en el periodo que va del milenio
50 a.C. al 10 a.C. Finalmente se puede suponer que hasta el milenio 10
a.C., hay predominio del lenguaje expresivo e imperativo, y que a par-
tir del milenio 10 a.C., empieza a ganar terreno el lenguaje predicativo,
hasta que se impone plenamente con la generalizacin de la escritura a
mediados del primer milenio a.C, que es cuando se produce plenamente
la diferenciacin de las esferas de la cultura.
La tpica axiolgica se mantiene constante en todo porque tambin
se mantiene as la estructura del ciclo vital humano, la de la organizacin
de sus capacidades operativas y la de las conexiones entre el orden de la
tcnica, el derecho y la economa. En la fila 0 se indican los valores en no-
menclatura filosfica segn el orden de los trascendentales del ser y en
la fila X se indican los valores en nomenclatura socio-cultural durkhei-
miana. Los valores de la teologa y la ontologa de las columnas 1 y 2 , se
corresponden con las categoras de la sistematizacin de Durkheim. Los
valores ticos de la columna 7 y los valores tcnicos de la columna 8, se
corresponden con las instituciones y con las herramientas en la sistema-
tizacin de Durkheim.
En general, la articulacin de las diversas esferas de la concepcin
del mundo se corresponden con la articulacin entre categoras, herra-
mientas e instituciones en el sistema cultural. No es necesario entrar en
las polmicas sobre qu factores y elementos son causalmente determi-
nantes de cuales otros, que como se indic ( 3) ocup buena parte de las
energas de la escuela marxista desde Marx a Gramsci y, quiz, ms an
de las energas de los polticos marxistas. Es ms fructfero considerar el
sistema como un conjunto de factores en interaccin y como un juego de
108
retro-alimentaciones, en el cual todos los elementos determinan y son
determinados por todos6.
Una vez analizada la estructura del sistema cultural en el plano de
la objetividad externa, (exterioridad subjetiva o perspectiva etic en ter-
minologa antropolgica), procede su consideracin en el plano de la in-
terioridad subjetiva, (plano fenomenolgico o perspectiva emic en termi-
nologa antropolgica), procede estudiar el estatuto del sistema cultural
en tanto que configurando la psique individual, es decir, en tanto que
generando lo que se denomina el sentido comn.
[6] Para la polmica sobre los factores determinantes en el sistema cultural; cfr. Harris, M.:
Materialismo cultural. Madrid: Alianza, 1989.
[7] Geertz, C.: El sentido comn como sistema cultural, en Conocimiento local. Barcelona:
Paids, 1994, p. 107.
[8] Gadamer, H.G.: Verdad y mtodo. Salamanca: Sgueme, 1977.
109
zado por la psicologa profunda como inconsciente en general y como
inconsciente colectivo en particular, para sealar como arquetipos
las modalidades de la existencia y el comportamiento humanos9.
El sentido comn es el suelo donde se asientan las convicciones
y las creencias, los lugares donde concuerdan las inteligencias, las
voluntades y los afectos, los sitios mentales en donde un discurso es
entendido por todos y puede ser aceptado por todos. El conjunto de
esos sitios y las argumentaciones que pueden enlazarse desde ellos y
entre ellos es lo que Aristteles llam Tpica, asunto al que dedic uno
de los cinco tratados de lgica de su rganon, y lo estableci como
piedra angular de la retrica, o arte de generar consenso, de poner de
acuerdo a los hombres10.
De los cinco libros del rganon de Aristteles, el primero, Peri
hermeneias, est dedicado a la formacin de las palabras y conceptos,
el segundo, los Primeros Analiticos, a los razonamientos, tanto demos-
traciones que prueban como mostraciones que no prueban, el ter-
cero, Segundos Analticos, est dedicado distinguir los razonamientos
demostrativos y los argumentos persuasivos, el cuarto Tpicos a los
razonamientos que son probables y los lugares de los que puede par-
tir (dialctica), y el quinto, Refutaciones sofsticas, a las demostraciones
y argumentaciones falsas.
Aristteles dedica ms atencin o ms pginas a la retrica y al
lenguaje ordinario que a la demostracin cientfica, a la episteme, y
reserva para otros dos tratados, la Retrica y la Potica, el estudio de
la conexin de los argumentos y discursos con los sentimientos, pa-
siones y necesidades ms profundas de los humanos, es decir, con lo
que ms tarde se llamara el inconsciente colectivo y el inconsciente
individual11.
Vico caracteriz el sentido comn como el conocimiento com-
partido por todos los individuos de una comunidad y, por eso, como
[9] Para una exposicin de las caracterstsicas del inconsciente colectivo, cfr. Jung, C.G.:
Los complejos y el inconsciente. Madrid: Alianza, 1983 y El hombre y sus smbolos. Barcelona:
Caralt, 1976.
[10] En realidad, los cinco libros del rganon de Aristteles, Peri hermeneias, Primeros Anali-
ticos, Segundos Analticos, Tpicos y Argumentos sofisticos, dedican ms atencin o ms pgi-
nas a la retrica y al lenguaje ordinario que a la demostracin cientfica, a la episteme.
[11] En realidad los arquetipos del inconsciente colectivo se encuentran en la tragedia, que
es el tema estudiado por Aristteles en la Potica. Para un estudio detenido de esas conexio-
nes, cfr. Choza, J.: Conciencia y afectividad (Aristteles, Nietzsche, Freud). Pamplona: Eunsa,
2 ed. 1990.
110
lo que mantiene la cohesin del grupo mediante certezas no reflexi-
vas, como una especie de alma de la comunidad en un sentido casi
durkheimiano, que es como lo caracteriza tambin Geertz. Para Vico,
el sentido comn empieza a descomponerse a la vez que empieza a
desarrollarse la reflexin (no a causa de ella, como poda creer Rous-
seau), hasta que se descompone del todo y la sociedad entra en una
nueva barbarie12.
El sentido comn, lo que en el plano objetivo es la concepcin del
mundo, en el plano subjetivo es el modo en que funciona la psique
individual y el modo en que ella comprende el mundo.
Se puede percibir mejor el modo en que el sentido comn con-
figura la psique individual y hace posible su comprensin del mundo
recurriendo a la comparacin de Peter Winch entre la cultura occiden-
tal y la de los azande.
Un ingls puede aprender francs y llegar a dominarlo bien sin
haber ido nunca a Francia e incluso sin tener conversaciones fre-
cuentes con franceses, pero es porque la lengua inglesa y la lengua
francesa comparten muchos elementos del sentido comn europeo.
Se puede aprender y manejar el francs sin ser francs, e incluso sin
ser europeo. En cambio, no se pueden entender las matemticas ni
utilizar con fluidez el lenguaje de las matemticas sin ser un poco
matemtico.
De la misma manera, no es posible entender las prcticas de
brujera entre los azande, como pretenda Evans-Pritchard, desde los
supuestos de las categoras cientficas occidentales de causalidad efi
ciente y causalidad lineal, porque los azande no entienden el mundo
ni lo explican segn esas categoras. Las conocen, pero no las utili-
zan13.
Los franceses y los ingleses tienen un sentido comn diferente y
una concepcin del mundo diferente, pero esa diferencia es casi nula
en comparacin con el sentido comn europeos y el sentido comn
azande, con sus respectivas concepciones del mundo. A su vez, a unos
niveles de mayor profundidad, los arquetipos del inconsciente co
lectivo de los europeos y de los azande presentan diferencias menos
acusadas.
111
4. Sentido comn y estructuracin de la psique humana. Etapas en la
formacin del habla.
112
Los smbolos que representan acciones para realizar en un tiempo
medio y en un tiempo muy lejano pertenecen a los sapiens sapiens y no
tienen una antigedad superior al milenio 80 a.C. En esa fecha o un poco
antes es cuando se admite que se produce la primera expansin de los
sapiens y de las lenguas desde frica al resto del mundo, mientras que
la segunda y tercera expansin de los sapiens y las lenguas, se supone
acontecida en los milenios 15 y 5 a.C.17.
Los lingistas admiten que las lenguas ms primitivas de la huma-
nidad tendran las siguientes caractersticas:
1) el lenguaje gestual acompaara al oral; 2) las palabras podran
representar significados ms complejos de lo que es ahora habitual,
al referirse a entidades ms concretas, ms especficas; 3) existiran
muy poco elementos de funcin gramatical, al principio ninguno; 4)
el orden de las palabras sera bsicamente icnico de la realidad; 5)
las relaciones jerrquicas entre las palabras equivaldran al reparto
de informacin en los textos; 6) las unidades bsicas seran pequeas
unidades de entonacin y gestuales, que representaras ideas indi-
viduales; la agrupacin de stas condujo a la organizacin en proposi-
ciones y, seguramente mucho ms tarde, oraciones18.
Para obtener una imagen cercana de esos inicios del lenguaje entre
los sapiens del milenio 50 a.C., tambin se puede repasar el proceso de
aprendizaje de la lengua por los nios. Despus de que los nios han
pasado una ao gateando, chupando, mordiendo, llorando, gritando y
balbuceando, hacen sus primeros ensayos de caminar erguidos entre el
primer y el segundo ao. En ese periodo, sus primeras formas de lengua-
je son el gesto de estirar el brazo y la mano mientras emiten un sonido
para alcanzar el bibern, o un juguete, o el agua, a todo lo cual, si lo quie-
re, lo designa con el mismo gesto y el mismo grito, y con otro diferente si
lo rechaza. Cuando aprende las primeras palabras, agua, mueca o
mam, las utilizan como oraciones complejas, equivaliendo a quiero
agua, quiero que me des la mueca o mam quiero que vengas,
identificando el sustantivo con el verbo de voluntad quiero.
Evidentemente, en esta fase no hay ms que sustantivos-verbos.
Las voces y gestos son sustantivos y verbos en una unidad. Luego pue-
den aparecer verbos diferenciados y autnomos y, ms tarde, quiz, ad-
verbios y adjetivos, peno no preposiciones ni conjunciones, ni tampoco
verbos en formas complejas (desde luego, no aparece el subjuntivo de
[17] Bernrdez, E.: Qu son las lenguas? Alianza: Madrid, 2004, p. 88 y ss.
[18] Ibdem, p. 203.
113
los verbos espaoles). Ms adelante, el nio puede nombrar cuchara,
plato y vaso en el orden en que l los ve que se ponen en la mesa,
o en el orden en que l aprende que se ponen. A la vez, el nio aprende
que quien pone la mesa es mam, o pap, y tambin quien lo viste y lo
mete en la cama.
El nio va aprendiendo el orden de las palabras como orden de las
cosas, y tambin como relacin entre las personas, y va aprendiendo que
hay un orden en la casa y en el mundo, y eso mismo es lo que va apren-
diendo el sapiens cuando empieza a utilizar el fuego, a calentar la comida
y a pintar en las paredes de la cueva.
Inicialmente la conciencia que tienen el nio y el sapiens de s mis-
mos es de caos, y segn crecen, segn aprenden, se va haciendo el cos-
mos alrededor: dnde est mam?, dnde est el fuego?, aqu,
all. En el principio era el caos, como dice Hesodo en la Teogona. Luego
el orden llega siempre a travs de los que son poderosos y le pueden al
caos: los padres, los dioses y los hombres piadosos, los que saben cmo
tienen que relacionarse con los dioses. As ocurre en el transcurso de la
vida de un ser humano.
Mediante las voces se van marcando y distinguiendo las labores de
la mujer y del hombre. La diferenciacin de esas voces y gritos es corre-
lativa de la divisin del trabajo y, por eso, los elementos del medio se
nombran haciendo aparecer los diferentes gneros. En unos idiomas la
palabra sol tiene gnero masculino, y se lo relaciona con el varn por
la potencia y la grandeza. En otros la palabra luna se relaciona a su vez
con la lactancia y con los episodios menstruales. El lenguaje se va con-
solidando al crear un universo de imgenes acsticas que permite una
comunicacin tambin acstica entre varios individuos.
As es como el nio y los sapiens se hacen conscientes del tiempo y
del espacio, gracias al da y la noche, gracias a que salen de casa y entran
en ella. As aprenden el fuera y el dentro, el aqu y el all, el ahora y lue-
go. Aprenden los adverbios de lugar y tiempo, aprenden el cosmos, y el
orden del cosmos contando los soles y las lunas que pasan. Aprenden lo
que es limpio y sucio, real y ficticio, y lo que significa cada uno de esos
nombres, aprenden lo que es bueno y malo, til y nocivo, y aprenden la
relacin de las personas que tienen alrededor con esos valores.
As tiene lugar la organizacin de la mente. El nio y los primeros
sapiens se dan cuenta de que tienen fro, y aprenden a ponerle nombre a
eso que sienten, y tambin al hambre, la sed, el miedo, el dolor, la nos-
talgia, la ira, la compasin, el rencor. Surgen las palabras, los sonidos,
las necesidades, sus remedios mediante la ayuda de los dems, de los
114
adultos, del grupo entero. El nio tarda cuatro aos en aprender todo eso
si vive en un medio lingstico, y los sapiens, que tuvieron que general
el medio lingstico mismo y el medio cultural, es posible que tarda-
ran veinte o treinta mil aos. Y es posible que la sntesis y convergencia
de trabajos como los de Marshack y Gimbutas, Durkheim y Bernrdez,
Popper y Eccles, Campbell y Piaget, Aristteles y Peirce conduzcan a
una buena comprensin de los comienzos de la especie humana.
La estructuracin de la psique es la estructuracin del grupo y del
poblado, la constitucin del sistema social y de las actividades de los
hombres, de los valores que tienen vigencia y de cmo hay que respe-
tarlos y realizarlos. El hombre sale de su situacin de perplejidad apren
diendo quin es l, donde vive y cmo puede mantener su vida, por
arduo que resulte, y cul es el sentido de su vida: nacer, crecer, repro-
ducirse y morir. Pero el hombre sabe que en su caso el ciclo vital lleva
consigo muchas ms cosas: tener hijos, ser rico y poderoso, tener ani-
males y tierras, y pieles y vestidos, y comidas y adornos, y venerar a los
antepasados.
De ese modo queda estructurada la psique del sapiens y del nio.
Inicialmente, cuando Aristteles acua el trmino psique y la analiza, la
concibe como principio rector del organismo viviente, como motor del
proceso embriolgico y posteriormente de todos los sistemas metabli-
cos e inmunolgicos. Ms tarde, en la edad moderna, psique pasa a sig-
nificar vida mental y tambin sustrato de la vida mental.
En poca aristotlica e hipocrtica, trastorno de la psique significa
transtorno del organismo, enfermedad, lisa y llanamente. A partir de la
modernidad trastorno de la psique significa un tipo especfico de enfer-
medad, a saber, enfermedad mental.
115
La palabra locura y loco existe en todas las lenguas, de pueblos
primitivos y de pueblos desarrollados. En griego existen dos palabras
para locura: mora y mana, (el caso de la palabra logon, irracional, que
solo existe en griego y en las culturas derivadas del mundo greco-roma-
no, requiere consideracin aparte).
El trmino mora, del verbo moraino, significa, estar loco, hacerse el
loco, hacer intentos locos, herirse a s mismo, y en sentido pasivo, que-
darse estupefacto, atnito.
El trmino mana significa, entusiasmo, frenes inspirado, pasin,
deseo loco por algo19.
Es decir la locura tiene la forma de la parlisis intelectiva, de la in-
anicin mental, por una parte, y de la excitacin frentica, por otra, los
dos modos en que la mente animal y la humana pueden reaccionar ante
la perplejidad completa. Si a un animal o a un humano se les priva de
cualquier elemento familiar y se les deja ante lo absolutamente descono-
cido, ante el caos, puede reaccionar de una de esas dos maneras, su men-
te vuele al estado de des-estructuracin completa porque no hay mundo
ni concepcin del mundo para ella. Dicho de otra manera, ante una si-
tuacin de caos completo sera difcil diferenciar a un loco de un cuerdo.
La locura es el caos mental, independientemente de que la exterioridad
sea o no tambin catica.
La estructuracin de la psique comienza con la prefiguracin de los
ritos mediante los que se puede cumplir el ciclo de nacer, crecer, repro-
ducirse y morir, es decir, mediante la prefiguracin de la funcin de pa-
dre o madre, de esposo o esposa, de cazador o de cuidadora del hogar,
de curandero y de sepulturero, que son los arquetipos del inconsciente
colectivo ya mencionado. La llamada psicologa profunda estudia los
momentos ms antiguos y primordiales de la psique humana, las races
biolgicas de las aspiraciones y del espritu humano, de los valores que
constituyen el sistema cultural.
A la vez que se lleva a cabo la estructuracin de la psique mediante
la emergencia y la consolidacin de los tipos humanos primordiales, de
los arquetipos, y la emergencia en ellos de las cualidades bsicas, de los
valores culturales, se lleva a cabo tambin la estructuracin de un segun-
do nivel mediante el sistema social, a travs del cual se consolidan las
categoras de espacio y tiempo, sustancialidad y causalidad, eficiencia y
finalidad. En este segundo nivel se da una mayor diversificacin de las
116
culturas, porque mientras el ciclo nacer, crecer, reproducirse y morir per-
manece constante para todos los lugares, los medios y procedimientos
de supervivencia varan ms de unos lugares a otros. Por eso se da una
mayor diferencia entre los sistemas categoriales e instrumentales de las
diversas culturas, que entre los arquetipos del inconsciente colectivo que
se encuentran en cada una de ellas. De esto es un buen ejemplo el estudio
citado de Winch del anlisis de Evans-Pritchard sobre los azande.
Por otra parte, no todas las configuraciones culturales dan lugar a
psiques igualmente equilibradas y estables, ni favorecen por igual todas
las formas de ejercicio de la inteligencia. El estudio de la estructuracin
de la psique por el sistema cultural ha dado lugar al amplio captulo de
los estudios sobre cultura y personalidad, muy desarrollado en Estados
Unidos a mediados del siglo xx, que aborda los fenmenos del estilo
cognitivo de las culturas, del choque cultural, de los trastornos psquicos
inducidos por configuraciones culturales o por formas sectarias de la
religin, etc.20.
A comienzos del siglo xxi, con el fenmeno de la globalizacin, se
produce una relacin de todas las culturas con muchas otras, y eso afecta
tambin al sentido comn de buen nmero de ciudadanos, con sus re-
percusiones no slo en el orden de la psicopatologa, sino tambin en el
de la religin, la poltica, el derecho y la economa.
[20] Cfr. Benedict, R.: Patterns of culture. Boston: Houghton Mifflin Co., 1959, y Wallace,
A.F.C.: Culture and personality. New York: Random House, 2nd ed. 1970. Cfr. Kepel, G.: La
revancha de Dios. Cristianos, judos y musulmanes a la reconquista del mundo. Madrid: Anaya,
1991.
[21] Durkheim, E.: Las formas elementales de la vida religiosa. Madrid: Alianza, 1993. Cfr.
Harris, M.: El desarrollo de la teora antropolgica. Madrid: Siglo XXI, 2008.
117
como poder sagrado o Mana de los primitivos australianos, despus
como Dios en las teologas occidentales, luego como Ser en las construc-
ciones metafsicas antiguas y, finalmente, como fuerza y energa en la fsica
moderna desde Newton hasta Einstein.
En correlacin con esa tesis, Durkheim sostiene que, adems, el hom-
bre se comprende a s mismo y se define a s mismo, como grupo y como
individuo, por la participacin que tiene en ese poder o fuerza suprema, y
que se designa con el nombre de ttem. El ttem es, pues, cualquier par-
ticipacin del poder sagrado que se encuentra en elementos inorgnicos,
vegetales y animales, como la lluvia o la luna, como la palmera o la acacia,
como el lobo o el oso, y que sirve para dar nombre a un individuo, un clan
o una tribu, como ya se indic ( 24). As, toro sentado es el nombre de un
individuo y oso cavernario el de un clan.
El ttem se representa y se designa mediante 1) un elemento kintico,
como un gesto o un movimiento, 2) un elemento grfico y/o cromtico, 3)
un elemento instrumental y que frecuentemente hace alusin a la porcin
de poder sagrado de que se trate, como una hoja de rbol, colmillo de ani-
mal, etc., y 4) un elemento fnico, que generalmente constituye el nombre
del individuo, del clan o de la tribu. Durkheim no sistematiza as, en correla-
cin con los cuatro elementos del rito, las formas de representacin y desig-
nacin del ttem y Rappaport tampoco, pero las enumeran muchas veces.
Hay correspondencia entre los elementos del rito ya sealados ( 16 ) y
las maneras de representar al ttem, y ello permite comprender el modo en
que los sapiens se adaptan al medio, sobreviven, se nombran y se compren-
den a s mismos creando un mundo, un medio cultural. Esta adaptacin al
medio a travs de la organizacin del grupo tiene cierta correspondencia
con lo que los ilustrados llamaron trnsito del estado de naturaleza al estado
de civilizacin.
Durkheim se toma el trabajo de enumerar las formas en que las repre-
sentaciones del ttem sirven para marcar lugares, tiempos, instrumentos,
viviendas, bienes de consumo y valores de cambio, objetos litrgicos, etc.,
porque una de sus intenciones es indagar desde la organizacin totmica
del parentesco y la sociedad, el origen de las reglas gramaticales y del len-
guaje en general.
Por eso estudi el poder del ttem para pre-signar, signar y designarlo
todo22. Rappaport tambin se toma el mismo trabajo, pero ms bien porque
[22] El anlisis de las descripciones de Durkheim en relacin con el presente modelo qued
elaborado en Choza, J.: Antropologa filosfica. Las representaciones del s mismo. Madrid: Bi-
blioteca Nueva, 2002, cap. 1.5.
118
tiene inters en mostrar que el ritual es el origen de la religin, del lenguaje,
de la autoconciencia, de la conciencia moral y de la cultura, y Campbell
tambin, por motivo similares.
Eso mismo lo haba hecho antes Vico, a quien Rappaport se remite ex-
plcitamente, pero interesndose en la gnesis de las esferas de la cultura
ms que en el origen de las reglas gramaticales23, por lo cual Vico es conside-
rado el fundador de las ciencias del espritu ms que uno de los fundadores
de la sociologa o de la psicologa social.
A pesar de que Durkheim hace numerosas comparaciones entre las
sociedades totmicas y las sociedades modernas, a pesar de que hace una
historia y genealoga de la nocin de fuerza, y a pesar de que considera
la sociedad, la unidad emprica de la especie humana, como la verdadera
sustancia de las creencias religiosas, no hace una descripcin de las formas
de expresin y reconocimiento del poder, de la conexin y comprensin de
las actividades humanas en funcin del poder, como s hizo Hobbes en 1651
con su Leviatn24.
Los estudios de Durkheim se centran en las sociedades totmicas, y
los estudios de Hobbes en la expresin y el reconocimiento del poder, que
segn l opera de la misma manera en el estado de naturaleza que en el esta-
do civil. Los filsofos han intentado siempre articular la inteligencia huma-
na con el cosmos y ambas cosas con Dios, pero Durkheim como socilogo
y Hobbes como filsofo poltico, lo han hecho centrado su atencin en las
relaciones de poder, independientemente del carcter divino o humano de
ese poder.
Teniendo en cuenta las descripciones de Hobbes se puede trazar una
lnea genealgica e histrica del modo en que el hombre se identifica con
el poder supremo y con determinadas participaciones del poder supremo,
desde las nociones de Mana y de ttem paleolticas, pasando por la nocio-
nes de Dios y Rey neolticas y medievales, hasta las nociones modernas de
estado y ciudadana25.
Por otra parte, teniendo en cuenta las correspondencias entre las for-
mas de construir el ordenamiento sociocultural y la identidad personal en
las sociedades totmicas, en las medievales, y en las modernas, se puede
disear un cuadro sistemtico en el que se muestra que hay coincidencia
119
entre las tres26. En las tres el ordenamiento social y la identidad personal se
establece segn los rdenes litrgicos generados por los ritos, que Rappa-
port analiza en las sociedades histricas en general.
No es demasiado sorprendente la constancia en la construccin y es-
tructura del sistema social en periodos tan heterogneos y prolongados si
se insiste en que lo que ese sistema regula es el ciclo vital de nacer, crecer,
reproducirse y morir, el proceso biolgico de todos los vivientes, pero que
en el caso del hombre presenta la peculiaridad de estar altamente mediado
por el conocimiento y el aprendizaje, por el descubrimiento y la invencin.
Por eso, aunque las sociedades totmicas estudiadas por Durkheim no son
sociedades paleolticas sino ms bien neolticas, pueden proyectarse sus ele-
mentos hasta el paleoltico medio.
Hay que insistir en que las capacidades programadas genticamente,
que van haciendo su aparicin, alcanzan su madurez y se debilitan tambin
segn dicha programacin, quedan asumidas cognoscitiva y socialmente
en los ritos, de manera que sin esa recepcin social cognoscitiva las capa-
cidades biolgicas, aunque estn programadas genticamente, no llegan a
actualizarse. Y eso no es solamente cierto para el lenguaje, sino tambin para
la madurez sexual y parental y para la madurez poltica.
Sin la regulacin social cognoscitiva el ciclo vital de nacer, crecer, re-
producirse y morir no se cumple. Dicho ciclo consiste en la emergencia de
unos poderes que, como cualquier poder, puede considerarse sagrado, pero
necesita la concurrencia de la comunidad eclesial, que como Durkheim
repiti muchas veces, es otro poder no menos relevante ni menos sagrado.
La constancia de la biologa y su regulacin de los poderes del individuo no
impide la constancia de la comunidad social y su regulacin por su parte de
esos mismos poderes individuales. Ni esa constancia biolgica y social im-
pide la amplia gama de variacin y de interpretacin que se da en los ritos.
Durkheim sistematiz el complejo de actividades derivadas de las es-
pecializaciones del poder, de las agrupaciones e individualidades totmi-
cas, de las profesiones del paleoltico. Hobbes sistematiz las numerosas
expresiones y reconocimientos del poder de los individuos dentro de los
grupos y Arnold van Gennep en 1909 sistematiz los ritos encontrados y
estudiados por los antroplogos, en una obra clsica que nunca ha perdido
valor: Los ritos de paso27.
Por su parte Rappaport sistematiz el conjunto de ritos que constitu-
yen las sociedades histricas segn su relacin con la formacin y cohesin
[26] Ese estudio queda realizado, Choza, J.: op. cit., 2002, cap. 1.
[27] van Gennep, A.: Los ritos de paso. Madrid: Taurus, 1986.
120
de la comunidad, y con la maduracin de la autoconciencia individual y la
conciencia moral y religiosa.
Las descripciones de estos cuatro autores se pueden sistematizar en un
modelo que permite percibir de qu modo el sistema social y la identidad
personal se determinan como un sistema de actividades profesionales a
las que se accede mediate un ritual, y cuya estructura permanece constante,
en cuanto que viene dada por la regulacin cognoscitiva y social (se podra
decir tambin libre) del ciclo vital de nacer, crecer, reproducirse y morir.
121
Sistema social e A) Sociedad B) Sociedad C) Sociedad
identidad perso- Totmica paleo- Feudal cristiana Nacional moder-
nal en ltica na
0) Poder supremo Mana Dios Estado
1) Poder personal Rito de nacimiento Bautismo Registro Civil
2) Poder grupal Ritos de iniciacin Integracin en Mayora de edad
poder del ttem Estirpe, Feudos. Nacin,
Ciudadana
3) Indumentaria Tatuajes y Emblemas y Tarjetas de visita
de poder amuletos escudos Uniformes, moda
de caza, guerra, Estandartes mili-
etc. tares
4) Herramientas Hacha, amuletos Armas, instrumen- Ttulos
de poder de curacin, etc. tos gremiales, etc. profesionales
Logo de la
empresa
5) Capacitacin Ritos de aumento Sacramentos, Formacin - ascen-
para nuevos de poder: profesin religiosa sos profesionales
poderes matrimonio
6) Proteccin del Ritos- Promulgacin de Promulgacin de
sistema de Promulgacin cdigos morales Cdigo penal
poderes de tabes
7) mbito de Ritos de Constitucin de Constitucin
vigencia del poder constitucin mbitos de nacional
de Poblado y Vasallaje Fueros
Tribu particulares
8) Formas de Ritos de refuerzo Consagraciones, Premios,
intensificacin Fetiches, Honores, ttulos Homenajes,
/anulacin Amuletos, Distinciones
de poder e Ritos-debilita- Destierro
identidad miento Excomunin Multas
Maldiciones, vud Condenas
judiciales
9) Lugares y Montaa Sagrada Arca de la alianza Parlamento, Banco
depsitos del Animal sagrado Templo central
poder
10) Simbolizacin Ritos-Eternizacin, Cementerios, Plazas, Museos,
de permanencia Tumbas, memoria Memoria de nombres de
de poder e de antepasados hroes y santos edificios y vas
identidades pblicas
11) Smbolo simple Ritos del culto a la Ritos del culto al Ritos del culto a la
y sustancial del Imagen del Ttem Estandarte, a la Bandera, nacin
poder Cruz
122
En la sociedad estatal C), en el ritual de inscripcin del recin naci-
do en el registro civil, es el estado el que cumple las funciones que antes
realizaban Mana y Dios. La inscripcin hace al nio persona ante el de-
recho y ciudadano ante el estado y, por lo tanto, titular de derecho a las
atenciones del sistema sanitario, del sistema educativo y de cualesquiera
otros derechos definidos en la constitucin.
2) Una vez que se pertenece a una comunidad, del poder del ttem,
de Dios o del Estado, se recibe la plenitud del poder y la plenitud de
las capacidades subjetivas que le corresponden al nio por naturaleza
cuando, mediante los correspondientes ritos, alcanza su madurez na-
tural. Entonces el individuo es investido de un poder mediante el que
realiza una funcin, que a su vez opera como clave de su identificacin
por parte de los dems y por parte de l mismo.
El pertenecer a un grupo le confiere al individuo el poder del grupo
y lo identifica como miembro del grupo con las capacidades y recursos
implicados en l. Esos poderes son distintos en el grupo de los hombres
y en el grupo de las mujeres, en cualesquiera de las sociedades conocidas
de la prehistoria y de la historia y, posteriormente, son distintos para
cada una de las actividades que se vayan a realizar.
En la sociedad totmica se alcanza la capacidad de engendrar me-
diante los ritos de iniciacin de los chicos y las chicas, en la sociedad
feudal cristiana mediante los ritos del sacramento de la confirmacin y
los ritos civiles de la puesta de largo, los primeros torneos y caceras, etc.,
y en la sociedad estatal al alcanzar la mayora de edad mediante los ritos
de obtencin del Documento Nacional de Identidad, Pasaporte, cuenta
corriente, tarjeta de crditos, etc.
3) Una vez alcanzada la mayora de edad, el poder supremo se par-
ticipa y se diversifica segn las actividades que se vayan a realizar, que
vienen definidas y expresadas en los ritos mediante los que se adquiere
la capacidad en cuestin y en la consiguiente indumentaria que por-
tar el que recibe ese poder. As en la sociedad totmica la indumentaria
del poder es de un tipo para la caza, de otro tipo para la guerra, de otro
tipo para los diversos cultos, y de diverso tipo son tambin los tatuajes,
amuletos, etc. En la sociedad feudal cristiana, igualmente, los ritos de
capacitacin para la guerra, para predicar el Evangelio, o para actuar
como notario, son diferentes, as como lo son los emblemas y escudos,
los estandartes militares, o la indumentaria profesional. Y en las socieda-
des estatales del siglo xx, la capacitacin es tambin diversa segn el tipo
de actividad a desarrollar y se expresa igualmente en la tarjeta de visitas,
el uniforme o la variedad de indumentaria que la moda disea para cada
123
mbito. Esta es la forma en que de modo ms explcito se produce la
identificacin entre funcin social e identidad personal en las sociedades
estatales laboro-cntricas.
4) La diversificacin del poder, adems de llevar consigo sus pro-
pios ritos de capacitacin y su propia forma de expresin y publicidad,
lleva consigo tambin su propio instrumental y sus propias herramien-
tas. En la sociedad totmica pueden ser la lanza, el hacha, las hierbas
para los conjuros, etc. En la sociedad feudal pueden ser la espada de
caballero, la mitra de obispo, la pluma de escribano, y los instrumentos
gremiales en general. Y en la sociedad estatal puede ser el fonendoscopio
para el mdico, el ttulo universitario colgado en el despacho, el logo de
la empresa, la firma reconocida por el banco, etc. El instrumental es el
verdadero signo del poder, de la funcin social y de la identidad perso-
nal, y un signo que causa realmente lo que significa.
5) Despus de alcanzada la mayora de edad y la capacitacin para
poderes diversificados, cada individuo accede a la capacitacin para
nuevos poderes, y en primer lugar para la plenitud del poder no ya in-
dividual (poder socio-laboral), sino grupal o socio-poltico, al poder
para el acrecentamiento del grupo, o sea, para el matrimonio. En algunas
sociedades totmicas, antiguas y medievales y modernas, como la ro-
mana o la judaica, solo el paterfamilias tiene la plenitud de los derechos
polticos.
En la sociedad totmica el matrimonio se celebra mediante un ri-
tual, que transforma socialmente a los contrayentes en individuos casa-
dos. En las sociedades feudales cristianas el sacramento del matrimonio
tiene los mismos efectos, y en las sociedades estatales modernas el rito
de inscripcin del matrimonio en el registro civil es lo que produce la
transformacin de los contrayentes.
Pero adems de los rituales matrimoniales, hay en las tres socieda-
des vas de promocin del individuo mediante ritos de incremento de su
poder, como son en las sociedades totmicas la adquisicin de un rango
superior de guerrero o de cazador, en la sociedades feudales la recepcin
de ttulos nobiliarios, la profesin religiosa y el ingreso en el estado de
perfeccin, y en las sociedades estatales los ascensos profesionales.
Lo que en las sociedades estatales se llamaba el estado civil o lo
que en sociologa se llama status y smbolos de status, constituye la iden-
tidad personal y social de cada individuo. No pocas veces es el conte-
nido de las ensoaciones juveniles respecto del futuro y del imaginario
tico social de cada joven y cada adulto.
124
6) miento, en las sociedades feudales cristianas el sistema moral de
pecados y castigos, y en la sociedad estatal el cdigo penal y el sistema
de delitos con las correspondientes penas. En ninguna de ella puede un
individuo usar indumentaria, herramientas o instrumentos para los que
no est legitimado, y utilizar las de otros est tipificado como engao,
suplantacin de personalidad, falsedad en documento publico, etc, y
castigado con penas ms o menos graves. La identidad personal y la
funcin social tienen fronteras protegidas que las refuerzan y aseguran.
7) En cada una de las tres sociedades, la totmica, la feudal cristiana
y la estatal moderna, se determina el mbito de vigencia del poder en
clave poltico-jurdica (lo que los romanos llamaron civitas) y en clave
poltico-geogrfica (lo que lo los romanos llamaron urbe). Dicho mbito
es el del alcance del poder de Mana, de Dios o del Estado, coincide con
la jurisdiccin a la que se extiende el poder, y se genera mediante los
ritos de constitucin del poblado y de la tribu, los ritos de generacin
de reinos y de mbitos de vasallaje, o los ritos de promulgacin de las
constituciones nacionales de diferentes pases.
Por otra parte, dentro del mbito general de jurisdiccin del poder
mximo, se generan tambin mbitos de poderes particulares cuando
una participacin importante del poder supremo rige una serie de fun-
ciones. Son los fueros particulares, por ejemplo de las mujeres o los gue-
rreros en las sociedades totmicas, de los caballeros y religiosos en la
sociedad cristiana medieval, y de los militares, acadmicos o deportistas
en la sociedad estatal.
La identidad individual y la funcin social adquieren todava el
refuerzo de la particularidad del fuero, y el de la particularidad de la
nacin, frente al conjunto de los vivientes.
8) Adems de una articulacin de las formas de participacin del
poder supremo, necesaria para la subsistencia y el desarrollo del sis-
tema social, los sistemas sociales cuentan tambin con procedimien-
tos para valorar la calidad con la que el individuo concreto ejerce el
poder-funcin que le corresponde y le define. Cuenta con formas de
intensificacin de poder e identidad como premio al individuo que ha
realizado bien sus tareas y como reconocimiento de su vala. Asimismo
cuenta con formas de anulacin de poder e identidad como castigo al
individuo que ha realizado mal sus tareas y merece un aminoramiento
de su poder, o incluso anulacin del mismo.
Eso es lo que se lleva a cabo en lo ritos de refuerzo del poder y la
identidad, que en las sociedades totmicas son la donacin de fetiches o
amuletos, que significan y causan ms poder efectivo en el individuo, y
125
en los ritos-debilitamiento, como las maldiciones, vud, y otras formas
de dao y castigo, que significan y causan una sustraccin del poder del
individuo.
En las sociedades feudales, los ritos de refuerzo del poder-
identidad son las consagraciones, canonizacines, el otorgamiento de
honores, ttulos nobiliarios, y distinciones anlogas, y los ritos de
aminoramiento o anulacin del poder-identidad son el destierro o la
excomunin, que efectivamente reducen al individuo a la nada social.
En las sociedades estatales los ritos de refuerzo del poder-identidad
son los premios (Prncipe de Asturias, Goncourt, Nobel, Cruz del Mrito
Civil, etc), los homenajes, las distinciones (nombramiento de hijo predi-
lecto, de conde, etc.), y los ritos-debilitamiento son las multas, condenas
judiciales, expulsiones, etc.
La identidad personal y la funcin social alcanzan en estos casos las
cotas supremas de lo sagrado y las nfimas de lo infernal, y es cuando se
cumple de modo ms perceptible la estructura de salida y retorno del
poder supremo y hacia el poder supremo.
9) Tanto en la sociedad totmica como en la feudal y la estatal, el
poder supremo queda ubicado y representado espacialmente en los lu-
gares y depsitos del poder, a los cuales peregrinan o se remiten los indi-
viduos para legitimar su funcin y su identidad, reforzarla, reconocerla
y proclamarla. En la sociedad totmica esos lugares sagrados y depsitos
del poder sagrado son la Montaa Sagrada, el Animal Sagrado, el Arca
de la alianza; en la sociedad feudal cristiana son el Templo, la Ermita, el
Santuario, el lugar de la aparicin; en la sociedad estatal los lugares son
el Parlamento, el Banco central, el palacio del jefe del estado.
La legitimidad de la funcin y la identidad del individuo emanan
de esos lugares, que son los centros del ser y del sentido.
10) Al igual que hay una representacin y ubicacin espacial del
poder, hay tambin representaciones y ubicaciones temporales del mis-
mo, que se constituyen mediante ritos de eternizacin, como son en las
sociedades totmicas las tumbas y reliquias de los antepasados, que con-
servan su poder, en las sociedades feudales los mausoleos y cementerios,
con las herencias de los antepasados, que tambin conservan su poder, y
en la sociedad estatal tambin las tumbas y cementerios, las plazas, ca-
lles y edificios a los que se pone su nombre, los memoriales de los hroes,
y sus herencias culturales y econmicas.
La funcin desempeada por ellos, el modo de desempearlas y el
poder que tuvieron, sigue actuando en el tiempo despus de la desapa-
ricin de ellos.
126
11) Por ltimo, en los tres tipos de sociedades hay el smbolo sim-
ple y sustancial del poder, al que se le rinde culto religioso o civil, de
un modo en el que la diferencia entre lo religioso y lo civil difcilmente
puede establecerse.
En las sociedades totmicas se dan los ritos del culto a la imagen
del ttem; en las feudales cristianas, los ritos del culto al estandarte, a la
cruz, a la imagen santa o divina, y en las sociedades estatales, los ritos
del culto a la bandera, a la nacin, a la independencia en el da de su
fiesta.
El sistema social queda constituido como un sistema de rdenes li-
trgicos, mediante los cuales cada individuo sabe quin es en cada etapa
de su existencia y lo que le corresponde hacer en ella, y quines son los
individuos inscritos en los dems rdenes y lo que les corresponde ha-
cer en ellos. Es posible que un sistema como este no estuviera completo
hasta el mesoltico, y que en ese periodo tuviera las caractersticas de un
ordenamiento incompleto, muy estricto y completamente sacral, como
se seal anteriormente ( 23).
Es posible tambin que el sistema fuera ganando en flexibilidad a
lo largo del neoltico y haya llegado a la mxima flexibilidad conocida
con la globalizacin del siglo xxi. Pero es admirable que el conjunto de
procedimientos utilizados por los seres humanos para organizarse e
identificarse se inventara en las sociedades pretotmicas paleolticas y
no haya sufrido variaciones esenciales desde entonces. Quiz tambin
es poco reconocido que ese sistema es la herencia cultural ms impor-
tante que los seres humanos han recibido del paleoltico, antes inclu-
so que las lenguas habladas efectivamente, que surgieron despus, y
como derivadas de l.
127
CAPTULO 5
Ibdem, p. 167.
129
1. Los sentidos del rito. Culpa y reconciliacin.
130
mientras devora a su presa. Su indiferencia es tal que, por eso, resultan
extremadamente crueles. La crueldad implica una inocencia absoluta.
En la especie homo sapiens, puede ser inocente la actividad de digerir
o la de dar a luz, pero no la de cazar o raptar mujeres, y ni siquiera la
de comer o la de copular. En realidad y en sentido propio, en el origen
no hay acciones humanas inocentes y no las hay porque el hombre, los
hombres, tienen inteligencia, porque los hombres saben.
Y qu es lo que saben? Lo primero que saben es que no saben.
Casi ninguna accin es individual, y los ritos de ninguna manera. Los
ritos son ritos del grupo, la ignorancia y la perplejidad es del grupo, y el
saber tambin. El saber y las acciones son saberes y acciones del grupo,
costumbres del grupo, colaboracin entre los individuos del grupo. Y
qu es lo que saben los integrantes del grupo?
Saben que el rayo no es suyo, sino que viene del cielo. Saben que el
sol se va y saben que no saben si va a volver. Saben cmo pueden matar
a un jabal y saben que no saben lo que pueden hacer los otros jabales.
Saben que no saben si los jabales llegaron del cielo, como los rayos. Sa-
ben que se pueden apoderar del poder de los jabales y usarlo para cazar
otros animales. Saben que no saben lo que los dems poderes, de las
aguas, de la tierra, de los cielos y del fuego, les van a consentir y les van
a impedir, les van a regalar o les van a quitar.
Porque los hombre tienen inteligencia, saben que todo lo que han
hecho y el modo en que lo han hecho, es modelo de lo que puede ser
hecho y de lo que hacen los dems. Porque la inteligencia universaliza
y aplica a todos los casos posibles lo que ha logrado una vez, como Vico
desarrolla por extenso a lo largo de su Ciencia nueva.
131
que comportarse como jvenes, los casados como casados, las madres
como madres y los cazadores como cazadores .
Naturalmente, en esos primeros periodos de los sapiens, no se trata
de una conciencia reflexiva de la responsabilidad ni de la libertad, pero
s de una conciencia vital, inmediata, de sus deberes. Lo suficientemente
reflexiva como para que se den sentimientos de culpa1.
Por eso es importante adorar al fuego en la parte interior de la cue-
va, donde se conserva en su lugar sagrado, en su propio altar, en su pro-
pio sagrario. Y es importante propiciarlo. Danzar a su alrededor como
hizo Prometeo la primera vez ante el rbol ardiendo, susurrarle como la
primera vez, postrarse ante l, saltar de alegra ante l, gritar ante l.
Por eso es importante adorar al bisonte en la parte interior de la
cueva, en la alcoba, donde se celebra al dios y se fecunda a la hembra.
El bisonte queda all en su imagen, en su espritu, en su poder, con su
vigor. Los hombres a su alrededor saltan, gritan, tiran flechas y lanzas.
Y las mujeres tambin. Piden perdn y dan gracias las mujeres y los
hombres, unas veces juntos, y otras por separado, y aprenden lo que es
ser hombre y lo que es ser mujer. Encienden la hoguera, espolvorean el
suelo de ocre rojo, se visten las insignias de caza, se ponen las pinturas
y tatuajes de expedicin y de adoracin, y dedican una noche y un da
completos a reproducir ritualmente el primer encuentro con el animal
y la primera apropiacin de l, los movimientos y gritos del animal y
los de los cazadores2.
Mediante los ritos los integrantes del grupo saben lo que tienen que
hacer todos juntos, lo que hace el grupo, y lo que hace cada parte del gru-
po por su cuenta. Lo que hacen los nios, los jvenes y las muchachas,
las mujeres, y los hombres, los guerrero y cazadores, los solteros y los
casados, los ancianos y las ancianas. Saben cmo se relacionan con el po-
der sagrado el grupo en conjunto y cada sector del grupo, qu parte del
poder sagrado tienen las muchachas que llegan a la madurez y las que
dan a luz, qu parte tienen los muchachos cuando pueden engendrar,
qu parte tienen los cazadores y cul los guerreros, cul el hechicero,
cual los ancianos y cual los muertos.
La vida del grupo se inicia como sustraccin y distribucin de los
poderes sagrados y se funda en esa sustraccin y distribucin, que es en
lo que consiste la caza. Por eso el sentimiento generado en ella es la cul-
pa. Pero a su vez, la caza, si se realiza adecuadamente, segn los rituales,
[1] Sobre el ritual como formacin de la conciencia moral, cfr. Rappaport: op. cit., cap. 4.
[2] Cfr. Leroi Gourhan: op. cit., p. 391 y ss.
132
es comunin con los poderes sagrados de todos los individuos del grupo
y de todos entre ellos gracias a la caza. La caza es comida, comunin,
celebracin de la vida, reconciliacin con los poderes sagrados y grati-
tud hacia ellos. Por todo eso la caza es comida, es eucarista, eucarista
colectiva e individual.
Esta estructura de exitus reditus, de salida y retorno desde el poder
supremo hacia el poder supremo, es la estructura de todo rito, como ya
se indic en relacin con el mandala de Harrod. Es el asentimiento ante
el cosmos, es la consumacin del mandala. El rito no constituye un deber
moral ante el que se puede optar. El grupo no puede optar entre cosmos
y no cosmos, entre sobrevivir o no sobrevivir, entre comprender y no
comprender. El rito es comprensin de uno mismo e interpretacin de
uno mismo, de la propia realidad, de la propia vida, individual y grupal.
Transformacin del caos en cosmos, elaboracin del cosmos. Construc-
cin del mundo humano y del s mismo. Distanciamiento, hostilidad y
reconciliacin. Cultura.
[3] Bejarano, T.: Becoming human : from pointing gestures to syntax. Amsterdam: John Benja-
mins, 2011, p. 27.
[4] Attali, J.: Historia de la propiedad. Barcelona: Planeta, 1989. El libro tiene como ttulo en
francs Au propre et au figur, y como subttulo Una historia de la propiedad. Hay desarrollos
de la relacin entre posesin e identidad en el primitivo en Lvy-Bruhl, L.: El alma ptrimiti-
va. Barcelona: Pennsula, 1974 y en Levi-Straus: Tristes trpicos. Buenos Aires: Eudeba, 1976.
133
los rituales rticos el oso cazado posee a su vez la vida de los cazadores
y de la comunidad, porque les va a dar la vida despus de o en el rito.
La tribu posee la vida del oso cazado, la del dios oso padre del cielo y
el dios oso padre del cielo recibe, a su vez, la vida de los miembros de
la tribu cuando le devuelven la cabeza del oso cazado.
El oso hijo del dios del cielo si es macho, recibe a una muchacha
sapiens como pareja y si es hembra, recibe a un muchacho. La unin
nupcial es una doble y mutua posesin. Por su parte, el oso padre dios
del cielo recibe el crneo del oso-hijo como ofrenda y, con ello, la vida
que la comunidad le devuelve.
Los sistemas de intercambio de este tipo parecen darse entre los
neandertales, especialmente en la forma de canibalismo, como ya se ha
indicado. El canibalismo parece haber sido excluido entre los sapiens
hacia el 40.000 a.C., cuando probablemente qued establecido como el
primer tab. Con todo, dado que vivan un animismo y una fraterni-
dad generalizados, quiz vivan tambin un canibalismo generalizado,
aunque desde luego en sentido figurado5. De todas formas, los sapiens
mantienen hasta el primer milenio a.C. el canibalismo ritual y el incesto
ritual, y en Amrica hasta el 1500 d.C.
El continuo intercambio de la vida entre los diferentes portadores
de ella y la escasa distancia entre el mundo de los vivos y el de los an-
tepasados puede restar dramatismo al modo en que el fenmeno del
canibalismo se ve ahora. Para darle tanta relevancia y tanta gravedad
a estas formas primitivas de comunin canbal es preciso tener un sen-
tido plural y muy fuerte del tiempo, de la individualidad y de la vida,
cosa que los primeros sapiens no tenan y que adquirieron poco a poco.
La dilacin en el tiempo de la posesin del alimento parece darse
cuando la pieza, en vez de ser consumida en el presente, se conserva
y se cuida para comerla en el futuro, lo que significa el comienzo de
la ganadera nmada. La ganadera aparece, pues, como la forma de
ahorro de alimento, como la primera forma de posesin extracorprea
y como la primera forma de posesin del tiempo, es decir, como una
forma de posesin del futuro en el presente, que es cabalmente lo que
significa el ahorro. Este inicio de la ganadera se sita en el comienzo
del mesoltico hacia el 12.000 a.C.6.
134
Parece pues, que lo primero que el sapiens tiene conciencia de po-
seer es el alimento y la vida. Es una conciencia de posesin diferente de
la que tiene el len de poseer el territorio que vigila o de los pinginos
que cuidan a sus cras. Esta conciencia de posesin de la vida no es la
nica conciencia de posesin posible para el sapiens, pues adems la
vida se puede poseer de varias maneras. Unas veces la tienen unos y
otras otros, y mientras la tienen pueden hacer unas cosas y cuando no
la tienen no.
las versiones inglesa, francesa y espaola de wikipedia, que se actualizan a diferente ritmo
y utilizan fuentes diversas, es una informacin correcta y asequible sobre la domesticacin
paleoltica.
135
Estas nociones y la autoconciencia correspondiente parecen emer-
ger al comienzo de la era postglacial, es decir, en el mesoltico, y parecen
consolidarse a lo largo del neoltico.
Es posible que el sistema cultural y el sistema social, como se ha di-
cho ( 26 y 30), se construyan entre el 50.000 a.C. y el 10.000 a.C., y que
en esa fase la cultura sea completamente religiosa, sacral ( 23). Es posi-
ble que el mandala de Harrod ( 19) empiece a construirse hace 40.000
aos. Por otra parte, es posible que el proceso de secularizacin se inicie
con el nacimiento y desarrollo de la domesticacin de plantas y anima-
les, que lleva consigo un nuevo sentido del tiempo y de la subjetividad.
Se ha dicho que en los humanos los ritos ocupan el lugar del instin-
to y que los ritos surgen por ensayo-error, por imitacin de otros anima-
les o por impulso interior espontneo, por inspiracin ( 6).
El procedimiento de ensayo-error no requiere explicaciones y el de
la imitacin tampoco. Pero el de la inspiracin y el impulso espontneo
las requiere y ha recibido varias propuestas de esclarecimiento. Una de
ellas es la de que esos impulsos espontneos, diferenciados y articulados
entre s de alguna manera, constituyen unas fuerzas internas a las que
varios autores les han dado el nombre de arquetipos, porque prefi-
guran los tipos originarios de los modos de ser de los humanos y se
expresan en esos modos de ser. Al conjunto de esos arquetipos se le ha
llamado el inconsciente colectivo porque se da igualmente en todos y
cada uno de los seres humanos ( 28).
Los arquetipos son el equivalente en los hombres a las tendencias
de las aves a construir nidos, sostena Carl Gustav Jung7. Cuando apare-
cen los sapiens sobre el planeta y, con ellos, aparece un intelecto como el
humano, el resultado es la perplejidad, como se ha dicho, una sensacin
aplastante de no saber cmo comportarse para sobrevivir, pero tambin
una enorme exigencia interior de saber sobrevivir, de saber para sobrevi-
vir, de realizar actividades con metas an desconocidas.
Esas actividades con metas an desconocidas se inscriben en el
horizonte de varias metas indeterminadamente ciertas, que son las que
[7] Cfr. Jung, C.G.: El hombre y sus smbolos. Barcelona: Caralt, 1976, p. 53 y ss. Cfr. Eliade,
M.: El mito del eterno retorno. Madrid: Alianza, 1972.
136
vienen dadas por el ciclo vital de nacer, crecer, reproducirse y morir. Lo
desconocido es el modo concreto en que se van a alcanzar e incluso el
hecho de si se alcanzarn. La indeterminacin de esas metas viene dada
por la amplitud del intelecto. Pero la meta misma est prefigurada en los
sapiens como lo est en las aves la construccin de nidos.
En el sapiens hay deseos de crecer y ser mayor, de engendrar
y de concebir, de tener esposo o esposa, de ser madre o padre, de ser
cazador y guerrero, de amamantar, de explorar y viajar, de cuidar y ex-
perimentar, de tocar a los dioses y de hablar con los muertos, de volar
junto a las estrellas o de encaramarse al sol. O al menos hay prefigura-
ciones de esos deseos.
Todos los deseos, inclinaciones e instintos para objetivos determina-
dos que puede tener un animal, los puede tener un sapiens con un intelec-
to como el humano. Pero ese intelecto hace que el deseo sea mucho ms
indeterminado, mucho ms espiritual y, por eso mismo, mucho ms
animal y mucho ms vegetal que los deseos animales y los tropismos
vegetales. Hace que esa prefiguracin sea mucho ms amplia, que los
tipos tengan mucho ms alcance y profundidad, y que cada individuo
encuentre su s mismo en unas lejanas y a unas alturas que los animales
no pueden albergar. Esas amplitudes y esas distancias inabarcables son
el mbito infinito de las biografas humanas y de la historia humana, y
ah es donde se realizan los arquetipos, en el paleoltico de una manera,
en el neoltico de otra, y en el postneoltico de otra.
Es posible que muchas cosas las aprendieran los sapiens de los nean-
dertales por imitacin, como apropiarse del fuego y conservarlo, apro-
piarse de guaridas y cuevas, cazar, organizarse en ncleos familiares,
fecundar a las hembras, asistir a los partos, cuidar a los recin nacidos y
enterrar a los muertos. Es posible que las aprendieran tambin por imita-
cin de otros animales, y que mejorasen los procedimientos por ensayo-
error. Y es posible tambin que el fuego, la caza, la unin sexual, los
nacimientos y la guarida familiar les produjera una fascinacin anloga
a la que produce a los humanos actuales, y experimentaran un impulso
interior a ciertos comportamientos al respecto.
El fuego es fascinante, y el mar, y el cielo estrellado. La caza es fas-
cinante. El sexo es muy fascinante. El nacimiento de un nio es muy fas-
cinante. La propia casa es muy fascinante. Tambin todas esas realidades
son atractivas, muy atractivas. Los humanos se sienten inclinados hacia
ellas, porque con un intelecto y unos afectos como el de ellos proyec-
tan sus vidas a unas alturas y a unos futuros muy elevados y lejanos, a
medida que logran articular un tiempo cada vez ms amplio. Imaginan
137
mucho y suean mucho lo que pueden vivir con el fuego, la caza, el sexo,
el nio, la vivienda familiar, la muerte y ms all de la muerte.
Se puede esbozar una especie de sistema de los arquetipos, o de las
familias de arquetipos, en correspondencia con sus bases orgnicas, por
una parte, y con sus expresiones e ideales socio-culturales por otra. Se
tratara de una especie de sistema de instintos ausentes, de un sistema
de muones de instintos, cuyo vaco viene cubierto por ritos, y cuyos
impulsos apuntan a la realizacin de unas figuras concretas en una serie
de mbitos que constituyen el sistema social que se ha examinado ( 31).
Desde este punto de vista, puede decirse que hay un arquetipo o un con-
junto de ellos para cada una de las etapas y funciones del sistema social.
La correspondencia se puede recoger en el siguiente cuadro:
138
37. Activacin cultural de los arquetipos.
[8] Kerenyi, K. y Ortiz Oss, A.: Arquetipos y smbolos colectivos. Barcelona: nthropos, 1994.
[9] La forma en que la sistemtica psico-analtica de los arquetipos de Jung queda expuesta
en una secuencia biogrfica narrativa unitaria es la obra de Campbell: El hroe de las mil
caras, op. cit.
139
Hay el arquetipo del viajero y del viaje, porque la vida es un exitus
reditus, una salida y retorno, hay el arquetipo del chaman, porque la vida
es cuidado, curacin y salvacin, hay el arquetipo del herrero-alquimista,
porque el hombre imita el poder sagrado transformando las cosas, hay el
arquetipo de la prostituta, la hembra que recibe todas las semillas como
la tierra y acoge a todos como la tierra, hay el arquetipo de la virgen, la
hembra que es aurora antes del amanecer10.
En la vida del grupo, esos son los tipos de individuos que integran
la comunidad formada por la tribu. En el organismo y en la psique de
cada uno de esos individuos habitan y actan los arquetipos, los univer-
sales fantsticos, los papeles de los personajes claves de la comunidad.
Y en el cuerpo, en la piel y en la cara de cada individuo, en su indumen-
taria y en sus utensilios, se inscribe la marca del tipo, del arquetipo, y
se asocia con gritos y voces, es decir, se le asocian sonidos que acaban
siendo nombres.
De esta manera, al igual que un len aprende lo que puede saltar y
lo que puede correr, un sapiens aprende tambin cmo puede apropiarse
el fuego o incluso producirlo, cmo puede cazar jabales o construir una
cabaa.
Ese saber es un saber de sus poderes, y es un poder. El tipo de cada
individuo es un tipo de poder, que le viene del ttem y que es la activa-
cin y la investidura del arquetipo. El ttem, en tanto que participacin
del poder sagrado, del poder csmico, externo, conecta con el arqueti-
po en tanto que predisposicin interna a un objetivo, lo activa. De este
modo, el sapiens tiene conciencia de s mismo al tener conciencia de su
poder, como el nio de cinco aos actual tiene conciencia de s mismo al
vestir la ropa de Superman o de Leo Messi y se siente realmente Super-
man y Leo Messi.
La autoconciencia adviene en la autodeterminacin a realizar las
acciones arquetpicas, en ese acto religioso de culto. En los momentos de
descanso, fuera de la escena, en los tiempos profanos, el sapiens puede
dormitar o deambular tan inconsciente de s mismo como el nio actual
que ha terminado sus juegos o el len que ha devorado su presa y dor-
mita satisfecho.
Vico y Durkheim, Jung y Eliade, Rappaport y Campbell pueden
definir todas las acciones realizadas en esos trminos como acciones sa-
gradas, como actos religiosos, y la autoconciencia y autodeterminacin
[10] Cfr. Eliade, M.: Iniciaciones msticas. Madrid: Taurus, 1989; Mefistfeles y el andrgino.
Barcelona: Labor, 1984.
140
originarias del sapiens como autoconciencia y autodeterminacin religio-
sas, sagradas, al igual que la identidad de cada uno.
Los que aprendieron a apropiarse el fuego y a producirlo llevan en
el cuerpo y en la cara las marcas de tizne del fuego. De modo anlogo
llevan las marcas correspondientes los que aprendieron a cazar el oso
o el ciervo, a construir la cabaa, a asistir a las parturientas. Cada in-
dividuo era un oficio viviente, un sustantivo y un verbo vivientes y el
conjunto era un sistema social, un sistema de comunicacin, un lenguaje,
una cultura.
As era la autoconciencia que poda tener aquel sapiens, en general
como ser humano y en concreto, como chaman, guerrero, parturienta,
muchacha desposada, as era tambin la autoconciencia neoltica y as
es la post-neoltica. Lo que el hombre sabe de s es lo que siente en su
organismo, en su medio familiar y social, lo que hace y puede hacer, lo
que proyecta y promete, lo que cumple y lo que incumple, lo que an-
hela y lo que teme, lo que sabe y lo que indaga. Esos contenidos varan
del paleoltico al neoltico, y del neoltico al postneoltico, pero las cinco
dimensiones en que se ha dicho que el nous se abre, las cinco dimensio-
nes de la autoconciencia [cosmos, sociedad, identidad personal, dios y s
mismo, ( 32)], y los operadores formales correspondientes, permanecen
constantes al parecer.
[11] Lvi-Strauss, C.: El pensamiento salvaje. Mxico: FCE, 1964. Para ver la mente primitiva
con otro enfoque ms moderno, cfr. Winch, P.: Comprender una sociedad primitiva. Barcelona:
Paids, 1994.
141
Es posible que haya un proceso histrico a lo largo del paleoltico,
difcil de descifrar, a lo largo del cual se ha llegado desde formas iniciales
de ritos y lenguajes solamente performativos a las lenguas de esos caza-
dores recolectores del siglo xx.
Es posible tambin que pueda sealarse un camino desde ese co-
mienzo de hace 80.000 aos hasta el mesoltico y hasta los comienzos
del neoltico, para dar lugar a la aparicin de las formas de lenguaje, de
pensamiento y de autocomprensin neolticas.
Hay tambin abundancia de observaciones, descripciones y expli-
caciones de las formas de autocompresin de los cazadores recolectores
del siglo xix y xx, y sistematizaciones de ellas en lo que sera la unidad
de la mente paleoltica, en los trabajos de los antroplogos clsicos, sobre
todo del siglo xx.
Un modelo de mente paleoltica que se puede tomar como punto de
referencia es el construido por Lvy-Bruhl en 1927 en su descripcin del
alma primitiva. A pesar de las diferencias entre las sociedades, culturas
y lenguas paleolticas, se puede disear un modelo de sociedad paleolti-
ca, de cultura paleoltica y de mente paleoltica, como se puede construir
de sociedad, cultura y mente neoltica y, dentro de ella, en referencia al
occidente, un modelo de sociedad, cultura y mente antigua, medieval,
ilustrada y contempornea.
Hay, por otra parte, varios caminos y muchos enfoques para hacer
ese diseo. Se puede analizar la transformacin de esa alma paleoltica
en alma neoltica, en la emergencia del mundo clsico y as lo han hecho
fillogos e historiadores del mundo clsico como Jaeger en 1947 o Rodr-
guez Adrados en 198312, antroplogos como Goody en 197713 y filsofos
como Ricoeur y Gadamer14.
En estos casos se parte de la mente neoltica, de los milenios 3 a 1
a.C., y se intenta acceder desde ella a la de los milenios anteriores. Este
tipo de enfoque corresponde con la propuesta de destruccin de los
conceptos fundamentales de la historia de la ontologa o deconstruc-
[12] Jaeger, W.: La teologa de los primeros filsofos griegos. Mxico: FCE, 1982, y Rodriguez
Adrados, F.: Fiesta, comedia y tragedia. Madrid: Alianza, 1983. He estudiado ese proceso
desde un punto de vista filosfico en Choza, J.: Antropologa filosfica. Las represenaciones del
s mismo, op. cit.
[13] Goody, J.: La domesticacin del pensamiento salvaje. Madrid: Akal, 2008.
[14] Ricoeur, P.: Freud: una interpretacin de la cultura. Mxico: FCR, 1983; Gadamer, H.G.:
Mito y razn. Barcelona: Paids, 1997.
142
cin de ella, que enunciara Heidegger en 192715 y, posteriormente, siste-
matizara Derrida. Hay tambin modelos no deconstructivos, sino ms
bien secuenciales como el de Frazer en 1918, o ms bien estructurales
como el de Rappaport en 199916.
Combinando todos esos modelos, se puede pensar que la formacin
del sistema cultural, del sistema social y del s mismo individual, ha se-
guido un proceso como el que se ha descrito desde el 50.000 a.C., hasta
el 10.000 a.C., y que dicho proceso se puede interpretar segn las claves
del mandala de Harrod ( 19 y 20)17.
Segn estos modelos, las categoras aristotlicas y durkheimianas,
as como el desarrollo de las funciones predicativas del lenguaje, se de-
sarrollaran en el periodo que va desde comienzos del mesoltico hace
12.000 aos hasta mediados del milenio 1 a.C., en que se generaliza el
uso de la escritura.
Si los humanos actuales no razonramos sobre los supuestos de que
hay algo que cambia y algo que permanece siempre, si no opersemos
con lo que Bergson llamaba la lgica del estado slido18, si no tuviramos
el pensamiento programado para operar con las categoras de sustancia
y tiempo como pertenecientes a rdenes diferentes, no podramos for-
mar la idea de eternidad como diferente del tiempo, ni la de alma como
algo que permanece, ni la de inmortalidad como estatuto del alma y del
individuo al margen de la vida ordinaria que fluye.
Esas ideas y categoras aparecen operativas por primera vez en la
epopeya de Gilgamesh, considerada el documento escrito ms antiguo
de la humanidad, compuesta entre el 2.500 a.C. y el 1.300 a.C., conser-
vada por tradicin oral y puesta por escrito a mediados del siglo vii a.C.
Si la domesticacin de plantas y animales comienza con el mesol-
tico hace 11.000 aos, y ello supone una alteracin en la concepcin del
tiempo de los sapiens, entonces es posible que las categoras de substan-
143
cia y tiempo se formen entre el 11.000 y el 2.000, y que estn consolidadas
ya cuando se componen el Poema de Gilagamesh, el Pentateuco y la Iliada
entre el segundo y el primer milenio a.C.
Los compiladores de la Epopeya de Gilgamesh y del Pentateuco hebreo
trabajan con relatos compuestos despus del 11.000 a.C., con mitos del
tipo de los telricos matriarcales de Campbell, dado que utilizan met-
foras de la alfarera (Yahweh crea modelando el barro). Hesiodo en cam-
bio maneja relatos compuestos antes del 11.000 a.C., compuestos entre
el 40.000 a.C., y el 11.000 a.C., o anteriores, o bien se est inspirando en
representaciones rituales a las que se les da forma narrativa posterior-
mente, con mitos de los del tipo animista de Campbell. Porque en su
Teogona la nica manera en que las cosas pueden originarse es mediante
la unin sexual, y no hay alusiones a prcticas de alfarera19.
Cuando aparece la cermica hay tambin cultivo vegetal y ganadera,
o sea, un sentido del tiempo y de la posesin ms diferenciados, desarro-
llado a lo largo de los 30.000 aos anteriores. A lo largo de ellos, durante
no sabemos cunto tiempo, los sapiens no pensaban con esas categoras.
[19] Tambin se ha interpretado ese rasgo de la Teogona de Hesiodo como una stira o un
desprecio a los relatos basados en la alfarera, que en su poca ya resultaban inverosmiles.
(Agradezco esta observacin a Teresa Bejarano).
[20] Crciumaru, M. et al.: Tmoignages symboliques au Moustrien , Congrs de lIFRAO,
septembre 2010 Symposium : Signes, symboles, mythes et idologie (Pr-Actes), agradezco a
James B. Harrod el acceso a este material. Para una discusin sobre el tema, cfr. Nixon, G.:
Mortal Knowledge, the Originary Event, and the Emergence of the Sacred, in Anthropoe-
tics: The Journal of Generative Anthropology, XII(1) Summer, 2006.
144
que se puedan interpretar como religiosos21, pero sus expresiones y sus
comportamientos son diferentes de los que se registran en los primeros
sapiens de hace 50.000 aos.
Sera difcil saber si para esos sapiens el oso cazado una vez, es o
no es el oso cazado otra vez. Quiz no tendran criterio para saber si es
otro o el mismo, si la repeticin es una prueba de la diferencia o de la
identidad22, porque eso depende de la formalizacin del tiempo y de las
categoras de sustancia e individuo, que se pueden suponer no formadas
an. El espacio y el tiempo son principios de individuacin y de identi-
dad para el sistema categorial occidental, pero no para todos los sistemas
categoriales.
El cuadrado aristotlico de la oposicin de las proposiciones, al
adoptar la forma de cuadrado semitico y componerse con los cuatro
tipos de smbolos de Harrod, al pasar del lenguaje predicativo a un len-
guaje performativo, pierde los valores de la cantidad y la cualidad, y
pierde los valores de verdad y falsedad, que es la bivalencia de la lgica
aristotlica ms difundida ( 19 y 20). Por otra parte, aumentan los pro-
blemas de ambigedad que aparecen en el Peri hermeneias en relacin
con el tiempo.
Cuando se ha comido el oso, el oso ha inundado de vida a todo el
grupo, cuya unidad deriva de que han comido la misma vida, y la po-
seen al unsono entre todos. Como lo que inunda de vida, a saber, el sol,
la luz y la lluvia, viene del cielo, y el oso se ve, se caza y se come con la
luz del sol y a pleno cielo, el oso proviene del cielo, y como todo animal
nace de otro animal igual, el segundo oso es el hijo del primer oso celes-
tial, y as siempre.
La vida, que reside en la carne y la sangre, pasa del oso al grupo. El
grupo sabe que no la posee ms que transitoriamente y que, quiz, la pose-
sin pertenece propiamente al oso del cielo. Las nociones de mo-nuestro
y suyo son categoras primordiales, y es el modo de darse la vida, como
[21] Cfr. Harrod, J. B.: Appendices for Chimpanzee Spirituality: A Concise Synthesis of the Li-
terature, posted December 26, 2009. En su crtica a la concepcin de la religin como un
sentimiento de dependencia de Schleirmacher, Hegel ironiza diciendo que si eso fuera as,
entonces tambin los animales deben tener religin, ya que ellos sienten esta dependen-
cia (Filosofia de la religin, Vol I, Madrid, Alianza, 1984, p. 174), pero precisamente en esa
lnea pueden interpretarse como religiosos los comportamientos de los chimpancs, nean-
dertales y otras especies de homo, de otros animales e incluso de plantas, en la lnea con la
expresin bblica coeli enarrant gloriam Dei (Ps.18)
[22] Desde luego, aqui entra en juego la problemtica de Deleuze, G.: Diferencia y repeticin.
Gijn: Jcar Universidad, 1988
145
ma-nuestra o suya, como algo que se posee y se transfiere, como dej
patente en sus anlisis Heidegger23.
El momento de la transferencia de la vida del oso celestial al grupo
se puede vivir como una donacin o como un latrocinio. En la medida
en que la caza del oso implica una cierta violencia, en la medida en que
se trata de un circuito matar-para-vivir, para-matar, para-vivir y as suce-
sivamente, se puede generar un crculo vicioso de violencia, que puede
acabar en muerte y desaparicin definitiva.
El crculo vicioso se convierte en virtuoso si el matar para obtener
la vida se lleva a cabo reintegrando la fuente de la vida a donde estaba, a
su poseedor24. De ese modo puede volver ms veces. El crculo vicioso se
convierte en virtuoso cuando el rito de caza, de apropiacin y ejecucin,
adopta la forma de rito eucarstico, de sacrificio eucarstico o de sacrificio
sin ms, puesto que esa es la forma del sacrificio.
La vida y el sol y la luz son contingentes, aparecen y desaparecen, se
van y vuelven. Circulan. Una manera de asegurarse la vuelta del oso es
reintegrarle al padre oso celestial la fuente de la vida del oso hijo, que es
el crneo. Por eso se lleva lo ms cerca posible del cielo, o al mismo cielo.
Sobre un monte, y mejor an, sobre un rbol.
El tab del canibalismo es el modo en que lo que poda ser un cr-
culo vicioso se realiza como virtuoso. No se mata al padre, a la madre,
al hermano, y no se come. No se mata al ttem, y no se come. O si se
mata y se come al padre o al oso, se hace de manera ritual, en clave de
eucarista25.
Como todo lo que en la tierra es inundado de luz y calor del cielo
genera luego vida, las mujeres tienen que preocuparse de no estar de-
masiado prximas al oso, porque pueden quedar embarazadas. Por otra
parte, la violencia y el mal quedan fuera del grupo porque resulta que
quienes han matado al oso han sido otros, otra tribu. El sacrificio no solo
retorna la vida al grupo, sino tambin la inocencia.
[23] Cfr. Heidegger, M.: Estudios sobre Mstica medieval. Madrid: Siruela, 1997, 10
[24] A este propsito Harrod observa que: We know that when chimpanzees hunt and
kill animals, they go crazy fighting over pieces of the carcass. For humans to become
scavengers and hunters without social self-destruction they would have had to ritualize
the distribution of meat. In ethnography of Kalahari San peoples, I read that the first word
a infant learns is share. Without sharing, they would all become extinct. In many hunter
cultures the hunter who kills the game must divide the carcass among kin and even non-
kin and take the worst part of the animal or nothing for himself. Comunicacin personal.
[25] As es como lo hacen los masagetas de los que habla Herdoto y los aztecas de los que
habla Corts.
146
Un ritual de este tipo, celebrado as y contado as, genera en los indi-
viduos del grupo la idea de vida, a) como energa fluida, como posesin
contingente, como susceptible de usos alternativos, como comunin, como
donacin, como sagrada, como causa y como efecto de la culpa, como re-
tribucin y como pacto. Pero no la idea de vida b) como eterna, individual,
inmortal, propia, exclusiva, diferenciada en cada uno de los vivientes.
Si la vida se sabe y se describe con las categoras-nociones de la serie
a) y excluyendo las categoras nociones de la serie b), entonces se puede
comprender que haya repeticin, identidad de la vida y por eso comunin
en el fluido vital, ciclo y reciclaje de la vida y de la sangre. Precisamente lo
que no puede haber es un mundo y un ciclo vital como el que corresponde
al concepto de inmortalidad del mundo occidental cristiano.
Lvy-Bruhl describe el alma primitiva mediante 23 rasgos26, que se
pueden agrupar en tres apartados: A) relacin del cosmos y los vivientes
con su principio, B) relacin de ambos entre s y C) relacin de ambos en la
fase posterior a su fin. El apartado A corresponde a la relacin de todos los
seres en cuanto a lo que no es diferente entre ellos, o sea, a lo que los fil-
sofos llaman orden trascendental. El apartado B corresponde a la relacin
entre los seres desde el punto de vista de las diferencias entre ellos, o sea,
a lo que los filsofos llaman orden predicamental, y que se rige justamente
por los predicamentos o categoras. El apartado C corresponde a los seres
desde el punto de vista de sus diferencias y de su unidad a la vez.
Si se atiende al orden trascendental, no hay nada de lo estableci-
do en l por la mente paleoltica que no pueda ser comprendido por una
mente con los principio, ideas y categoras de la mente neoltica.
A).- Relacin con el Principio fundante Categora Categora Concepto
paleoltica neoltica filosfico
- Hay un mismo principio, mana, inherente Cualidad Cualidad Ser
a todos los seres y objetos fluida
- Todos los seres existentes viven de y por Participacin Accin/ Potencia /
ese principio pasin dynamis
- Ese principio est presente en rocas y Generacin Efecto Ente
piedras que viven, crecen y se reproducen
- Esa vida que se encuentra en todos los Potencias Potencias Potencias
seres es temible, se respeta y puede ser cualitativas cualitativas cualitativas
asimilada
- No hay nada que se entienda como puramente Psych
material ni como puramente espiritual.
147
La relacin entre el origen originante y lo originado no se concibe de
modo muy diferente en el paleoltico y en el neoltico.
Pero la relacin de los seres originados entre s, una vez delimitadas
sus caractersticas entitativas y operativas en clave paleoltica, s que pre-
senta problemas para ser entendida con claves neolticas.
En efecto, la mente paleoltica opera con la categora bsica de
cualidad fluida y no de sustancia slida, que es la clave para la determi-
nacin de los entes y de las relaciones entre ellos en el neoltico, y por
tanto la clave del sistema categorial aristotlico. Esas claves son, por lo
dems, uno de los determinantes de la formacin de los conceptos bsi-
cos de la ontologa, esos que la fenomenologa se propuso deconstruir
a partir del programa diseado por Heidegger en el 6 de El ser y el
tiempo en 1927, el mismo ao que Lvy-Bruhl publica su estudio sobre
el alma primitiva.
En el paleoltico no est establecida la categora de sustancia ni tam-
poco la de cantidad de materia asignada a la sustancia como se dice en
el aristotelismo medieval (materia signata quantitate), como primer senti-
do del ser, y por tanto, como clave para la interpretacin pblica, lings-
tica, de la realidad y de la identidad de los entes27.
A lo largo del neoltico es cuando se establecen esas claves y se de-
fine la materia como principio de individuacin, pero una materia que
a su vez viene determinada por un espacio y un tiempo entendidos ob-
jetivamente28.
Cuando se establecen esas claves en el neoltico las leyes de ar-
ticulacin del logos, la lgica, queda constituida como una lgica del
estado slido, como dice Bergson, es decir, una lgica de las esencia
de los entes materiales que es lo que el aristotelismo tomista seala
como objeto propio de la inteligencia humana. Desde ese punto de
vista es desde el que Lvy-Bruhl dice que la mente primitiva es al-
gica, porque resulta incomprensible desde la lgica neoltica, como
puede verse en el siguiente cuadro.
[27] Aquino, Toms de , Summa Theologiae, I, q.3, 3c; q. 39, 1 ad 3 et 2c; q 56 1 ad 2, q 75 4.5c;
q 85 1c y 3 ad 4; 86 1 3c; I-2 63 1c. Madrid: BAC, 1965.
[28] Aquino, Toms de , Summa Theologiae I q 30 4c, 3, q, 77 2c. . Madrid: BAC, 1965.
148
B) Relacin del cosmos y los Categora Categora Concepto
vivientes entre s paleoltica neoltica filosfico
- Los animales y los humanos Formas fluidas Formas Esencia
conviven e intercambian sus solidas
formas y cualidades
- la Unidad humana no es el Identidad como Identidad Sustancia,
individuo, sino el grupo, y el jefe relacin como sustancia sujeto
expresa la unidad
- Hay una solidaridad fisiolgica, Identidad como Identidad
casi orgnica, entre los relacin como sustancia
individuos del grupo
- El matrimonio es una
transaccin entre grupos, los
hermanos y hermanas son
intercambiables en formas
extremas de sororato y levirato.
- Las posesiones son del grupo
- Las pertenencias equivalen al
individuo mismo
- La grasa de los riones son el
principio de la vida
- La sombra, la imagen, el
reflejo y las pertenencias de un
individuo son l mismo.
- La individualidad-dualidad
se da entre los brujos y brujas
y entre las personas comunes.
Cada uno puede ser hombre-
leopardo, hombre-tigre, hombre-
tiburn
- La iniciacin implica una
muerte y un renacimiento, y
desemboca en el matrimonio
La cultura y la mente neoltica en occidente, mediante un determi-
nado uso de este sistema categorial, opera una separacin muy neta, in-
cluso una escisin y oposicin irreconciliable, entre lo material y lo espi-
ritual, por lo cual se opone con fuerza a la mente y la cultura paleolticas.
La relacin del cosmos y los vivientes entre s, en el trnsito de la
muerte y en el ms all en el paleoltico, se rige por los mismos princi-
pios que en las dos fases anteriores. Pero la cultura y la mente occidenta-
les, por las elaboraciones teolgicas del cristianismo sobre el ms all y
149
por las prcticas de culto en lo que se refiere a accin de los sacramentos,
relacin con los difuntos, milagros, etc., est habituada a suspender la
vigencia del sistema categorial aristotlico-tomista.
C) Relacin del cosmos y Categora Categora Concepto
los vivientes con la muerte paleoltica neoltica filosfico
y ms all
- La muerte se percibe como Disminucin del Destruccin
contagiosa flujo de ser
- El muerte sigue viviendo Permanencia del Subsistencia del Inmortalidad
en otra parte. Oye, ve siente, fluido supuesto
tiene hambre y sed, etc.
- El muerto est presente en Comunicacin de Incomunicacin
su crneo, al que se consulta espritu y materia entre espritu y
en sueos materia
- Los muertos pueden Auxilio completo Relacin solo
trabajar como esclavos de entre vivos y espiritual entre
los brujos, reciben ofrendas, difuntos vivos y difuntos
reviven
- Los muertos se hacen Fusin de fluidos Impenetrabilidad Principio de
presentes bajo formas de de la materia individuacin
animales, y mantienen la
individualidad-dualidad.
- El muerto se une a los de Comunin y Comunin de los Excomunin
su clan y la mayor desgracia unidad del alma santos eterna,
que le puede ocurrir es del grupo condenacin
quedar separado de ellos
- Hay una muerte definitiva Disolucin de la Ofrenda total. Aniquilacin
de los muertos. Para los identidad en la Holocausto
muertos matados y comidos. comunidad
- Hay diferentes formas de Identidad variable Identidad Eternidad
reencarnacin permanente
[29] Lvy-Bruhl, L.: op. cit., p. 169 y ss. Para visiones ms modernas de algunos aspec-
tos del alma primitiva; Cfr. Goody, Jack: La domesticacin del pensamiento salvaje. Madrid:
Akal, 2008. Cfr. Geertz, C.: Conocimiento local. Barcelona: Paids, 1994, y La interpretacin de
las culturas. Barcelona: Gedisa, 1992.
150
el mundo y el hombre si se utilizan solamente las categoras y no-
ciones de la anterior serie a).
Desde este mundo de vista, no solamente el cosmos y la socie-
dad son sacros, sino que tambin el grupo, el jefe y cada uno de los
individuos, los animales, los vegetales y las piedras lo son. Es de-
cir, la visin que Rousseau tiene de la piedad de los primitivos, ba-
sada sobre todo en Sneca, Cicern y Tcito, puede en cierto modo
confirmarse sobre los trabajos de Durkheim, Lvy-Bruhl y Eliade.
Puede tambin entenderse el cosmos y el alma primitivas uti-
lizando categoras occidentales modernas. De hecho se pueden
aducir explicaciones y glosas de la misa catlica, que no resul-
tan demasiado distantes de las descripciones de Lvy-Bruhl.
El ritual rtico del oso puede exponerse en forma narrativa
con el texto del Evangelio de Juan, 6, 53-58 transcrito anteriormente,
como ya se indic, sustituyendo la palabra yo y mi por la pala-
bra oso. Ese ritual tiene potencia para configurar el orden social,
la psique personal, los sentidos del tiempo, las instituciones, la
moralidad y la identidad personal, tal como lo seala Rappaport, y
es posible que lo hiciera durante 40.000 aos.
Quiz a partir del mesoltico, la intimidad aparece de un modo
ms acusado cuando empiezan a darse conflictos de roles en el in-
dividuo, cuando el volumen de poblacin se hace particularmente
elevado, cuando la diferencia entre las exigencias del rol y las ca-
pacidades del actor se hace insalvable. Puede que entonces se diera
una determinacin de la identidad personal ms en funcin del
lugar donde se vive, del espacio, y del tiempo que se pasa en los si-
tios, del tiempo registrado en calendarios, que es tiempo objetivo.
Es posible que toda la amplitud de la intimidad humana que
ahora conocemos no se diera hasta los inicios del Neoltico, hasta
los momentos en que aparece la belleza y la escritura, y en que em-
pieza a haber tiempo para la soledad entre la multitud. Entonces
es quiz cuando el hombre no tiene ms remedio que empezar a
creer tambin en s mismo, cuando empieza el proceso de seculari-
zacin, y cuando la identidad se establece sobre todo por el aqu y
el ahora de cada uno.
Pero quiz eso ocurre solamente en oriente medio, en el punto
de confluencia entre frica, Asia y Europa, que es donde el neol-
tico aparece por primera vez y empiezan las ciudades. Donde eso
no ocurre las identidades, los significados, las categoras, y las l-
gicas se desarrollan de otra manera. De una manera que quiz solo
151
empieza a comprenderse y a apreciarse cuando acaba el neoltico,
en el siglo xxi , que es cuando la ciencia, la lgica y la filosofa em-
piezan a desprenderse del modelo nacido en el siglo vi a. C., y con-
siderado durante 2.500 aos como la estructura de la realidad y
como la naturaleza humana.
Lvy-Bruhl tiene razn desde su punto de vista de 1927 cuan-
do dice que la mente primitiva es algica. Tamben tiene razn
Levi-Straus en los aos 60 cuando dice que la mente primitiva
opera mediante oposiciones binarias, que hay muchos sistemas de
oposiciones binarias, y que su anlisis permite comprender la dis-
tribucin de las viviendas en los poblados, los relatos mticos, los
adornos en el cuerpo, la disposicin de los pictogramas, etc. Y tam-
bin tiene razn Goody cuando en los aos 80 seala que el uso de
la escritura obliga a desarrollar el pensamiento segn secuencias
lineales, que expresan una informacin meditada y elaborada sin
apremios de tiempo.
Esas y otras observaciones son pertinentes a la hora de analizar
cmo surgi en el neoltico el sistema categorial que ha estado vigen-
te quiz durante ms de diez milenios en la cultura occidental.
152
Smbolo Significado Smbolo significante Significado
significante
Tierra Refugio/ infierno Toro Fuerza
Aire Alma / vida Caballo Hembra
Agua Vida/ fecundidad Pjaro Alma del difunto
Fuego Poder / divinidad Vulva Hogar / vida
Luna Menstruacin Pechos (pezones) Hogar/ alimento
Leche Madre Semen Primavera
Sangre Vida Falo Poder / Padre
Smbolo Signo
Caractersticas Caractersticas del Caractersticas Caractersticas
del Significante Significado del Significante del Significado
(Natural) (Real) (Artificial) (Ideal)
1 Presente Futuro/ ms all Presente Atemporal
2 Singular Universal concreto Singular Universal
3 Emprico Transcendente Emprico Objetivo
4 Contingente Necesario Contingente Necesario
5 Elegido/ Ser real Elegido/arbitrario Esencia
espontaneo inteligible
6 Operante Activo Inoperante Inactivo
7 Eficaz Eficaz Ineficaz Ineficaz
8 Polismico Eficacia plural Unvoco Unvoco
153
Con estas caractersticas, el smbolo tiene valor de revelacin, por
una parte, y de adivinacin, por otra. De revelacin, porque hace mani-
fiesta en el significante una realidad oculta, que es la del significado. De
adivinacin, porque hace presente en el significante algo que pertenece
al futuro o al ms all, que es el orden del significado. El smbolo dice lo
que las cosas han sido, son y sern.
Cuando avanzando el neoltico los hombres construyen smbo-
los, el trmino symboln se emplea en Grecia para designar la parte
de un hueso o una tablilla que se entrega a otro individuo al establecer
un acuerdo, y que sirve a los descendientes de ambos individuos para
hacer valer el acuerdo y hacerlo cumplir cuando se produzca el encuen-
tro de los poseedores de las dos partes del significante. El significante
es una realidad natural que se fragmenta en dos partes igualmente signi-
ficantes, y que, al unirse, hacen realidad el significado.
En este sentido el smbolo griego mantiene el carcter de eficacia,
actividad concreta, reconocimiento y accin futura, voluntad mantenida,
etc., que tiene el smbolo paleoltico, rasgos todos completamente ausentes
del signo, que es una idea abstracta, objetiva, inoperante e ineficaz.
Conforme se avanza en el neoltico los smbolos van convirtindose
en pictogramas primero y en signos abstractos y convencionales despus.
Durante varios milenios mantienen a la vez las caractersticas de smbolos
y de signos, hasta que finalmente pierden las de los smbolos.
En efecto, los nmeros hititas y los hebreos, en el primer milenio a.
C. son smbolos (el 12 es la perfeccin suprema), y las letras del alfabeto
fenicio dejan de ser smbolos y pasan a ser solamente signos fonticos en
la segunda mitad del milenio30.
Cuando los smbolos se convierten en signos, entonces los iconos,
los gestos y los gritos de los rituales pasan a ser proposiciones y se inicia
el uso generalizado del lenguaje predicativo. Entonces es cuando el len-
guaje performativo de los ritos paleolticos pasa a un segundo plano y
queda vigente en las esferas de la cultura correspondientes a los saberes
creativos.
Durante ese periodo del primer milenio es cuando hace eclo-
sin la ciencia con todo el esplendor de la objetividad, cuando se
produce ese nacimiento de la geometra a que aluden Husserl y
Derrida, cuando se consolida lo que Heidegger llama el pensa-
miento representativo, lo que Zubiri denomina objetualidad, lo
[30] Cfr. Julien Ries, El smbolo sagrado, Barcelona: Kairs: 2013; Militarev, Alexander, The
Jewish Conundrum in World History, New York: Academic Studies Press - 2010 -
154
que Leonardo Polo llama lmite mental y lo que Derrida llama la
differance.
El siglo xx, que desarrolla ampliamente los estudios sobre lo ima-
ginario, los smbolos, los significantes y los significados, que elabora
la semitica, y, sobre todo, que desarrolla ampliamente tambin los es-
tudios antropolgicos, descubre el ejercicio del intelecto anterior a la
consolidacin de la reflexin. Mediante ese descubrimiento, por una
parte, vuelve al momento en que el pensamiento era tambin vida y
accin (al paleoltico), y por otra parte se asoma al momento en que el
pensamiento, sin abandonar la ciencia y la reflexin, vuelve otra vez a
eso (al post-neoltico).
155
CAPTULO 6
Por las venas del sujeto conocedor construido por Locke, Hume y
Kant no circula sangre verdadera sino la delgada savia de la razn
como mera actividad intelectual [...] los elementos ms importantes
que integran nuestra imagen y nuestro conocimiento de la realidad,
157
tales como unidad personal de vida, mundo exterior, individuos fuera
de nosotros, su vida en el tiempo y sus interacciones, pueden explicar-
se todos partiendo de esta naturaleza humana enteriza, que encuentra
en los procesos reales y vivos del querer, del sentir y del representar
no ms que sus diferentes aspectos. No la hiptesis de un rgido a
priori de nuestra facultad conocedora, sino nicamente la historia
evolutiva del desarrollo, que parte de la totalidad de nuestro ser , pue-
de responder a las cuestiones que habremos de plantear a la filosofa.
158
denominar al nuevo periodo geolgico (de fecha inicial discutida) el
antropoceno1.
El sistema social suele permanecer constante mientras los gru-
pos de individuos mantienen inalterado su estilo de vida, sus modos
de produccin y reproducccin, es decir, mientras continan siendo
cazadores-recolectores que forman grupos de entre 50 y 200 indivi-
duos, con un crecimiento demogrfico relativamente bajo, como se
ha sealado.
Cuando termina la glaciacin Wrm se retiran los hielos, se
inundan amplias zonas del planeta, sube el nivel de los mares, cam-
bia la flora y la fauna, se inicia la domesticacin de plantas y anima-
les, las condiciones de vida cambian y, consiguientemente, cambian
la movilidad de los grupos, el nmero de individuos que los forman,
el nmero y tipo de actividades que desarrollan, los medios de co-
municacin que utilizan y el nmero de aos que viven. Cuando
sucede todo eso entonces se transforma y se despliega el sistema
social que se ha expuesto.
Es posible que todas las esferas de la cultura se puedan encon-
trar prefiguradas en el comportamiento animal. La religin animal
se puede encontrar en los estudios sobre la religin en los chimpan-
cs y otros animales; la poltica en el comportamiento social de los
animales gregarios; el derecho en las relaciones entre los individuos
en las manadas y otros grupos de animales; la economa en las for-
mas de cooperacin y divisin del trabajo animal; la tcnica en las
herramientas animales y en las construcciones que algunos de ellos
realizan; las bellas artes en los diseos que algunos realizan con sus
secreciones y en los juegos, y la ciencia y sabidura en algunas cons-
trucciones, en los modos de llegar a acuerdos, en el modo de acepta-
cin de la muerte en algunos ejemplares ya ancianos, y en las formas
de solidaridad y lealtad.
Es posible que todas esas esferas de la cultura se encuentren
tambin en las diferentes especies de homo. Hay suficientes datos
arqueolgicos sobre las herramientas, formas de convivencia e in-
cluso formas de culto religioso, entre el homo ergaster y el homo an-
tecesor, de hace ms de un milln y medio de aos y, sobre todo, en
el neandertal y el floresiensis de hace 200.000 aos, para pensar que
ya haba en ellos formas incipientes de lenguaje e incluso una rudi-
[1] The Anthropocene: A New Epoch of Geological Time?, 11th May 2011, Meeting of The Geo-
logical Society of London, http://www.geolsoc.org.uk/anthropoceneconf
159
mentaria teora de la mente, y mucho ms en los contemporneos
del sapiens.
Es posible que el sapiens siga los ritos generados por todas las
dems especies que alcanzan ese grado mximo de inteligencia ani-
mal que l mismo manifiesta y que, en un determinado momento,
se produzca en ese sapiens esa mutacin gentica y ese cambio de
enfoque mental, que da lugar al big-bang cultural que de momento
se sita hace 50.000 aos, a la aparicin del primer mandala y la
primera cosmologa.
Las esferas de la cultura emergen como diferenciadas en virtud
de factores infra-estructurales como los geolgicos, climticos, fau-
nsticos y demogrficos, estructurales como la organizacin de la
vida sedentaria, y psicolgico-intelectuales como la actividad de la
imaginacin creadora.
El sistema social se despliega como divisin del trabajo en fun-
cin del nmero de personas del grupo, en funcin del espacio ocu-
pado y en funcin del tiempo que lo ocupan. Los diferentes elemen-
tos y valores del sistema cultural dan lugar al conjunto de las esferas
de la cultura. Estas esferas estn diferenciadas desde el principio
de la construccin del sistema social y, por eso, los antroplogos
los han estudiado como diferenciados2, pero como los valores co-
rrespondientes al poder sagrado, a la autoridad poltica, al orden
jurdico de la convivencia y a la riqueza son activados por una
misma persona, por el jefe, sus mbitos diferenciados no resultan
tan perceptibles como cuando son activados por personas diferentes
que, a su vez, los hacen valer en lugares y tiempos diferentes, y no
en el mismo lugar (el fondo y la entrada de la caverna, o bien, la
explanada central de la aldea).
La diferenciacin de las esferas de la cultura, que viene exigi-
da por el incremento demogrfico y la mayor divisin del trabajo y
las actividades sociales, obliga a nuevas formas y complejas vas de
comunicacin. Porque los valores del sistema cultural, vinculados a
funciones y personas diferentes en el sistema social, pueden ser acti-
vados y desarrollados simultneamente de modos diferentes y por
personas diferentes, de manera que las actividades de unos es des-
conocida por los dems, ocupados, a su vez, en otras actividades.
[2] Entre los primeros, especialmente, Lowie, R. H.: Primitive Society. New York: Liveright,
1970, 1 ed., 1920
160
Por primera vez en la historia humana, las actividades y el
saber necesario para la vida no se posee directamente mediante la
sola presencia. Por primera vez la vida no est dada en el presente
porque lo ha roto la simultaneidad de los presentes de diferentes
individuos dentro del mismo grupo. Pero si el sistema cultural ha
de mantenerse para la vida del conjunto del grupo y de la de uno
mismo, para la comprensin del mundo, entonces es necesario desa-
rrollar una forma de comunicacin entre quienes activan los valores
de las diferentes esferas y los que no lo ven porque estn activando
otros valores. Esa forma de comunicacin, que no consiste en hacer
ni en presenciar lo que se hace, que no consiste en la ejecucin de
rituales es, justamente, el lenguaje informativo, el lenguaje que no
es performativo, que se utiliza para acumular y transmitir informa-
cin y que llamamos lenguaje proposicional o lenguaje predicativo.
El lenguaje predicativo puede existir desde el principio como
conjunto de expresiones fnicas que acompaan a los gestos. Dicho
lenguaje predicativo no transmite descripciones de objetos o de ac-
ciones, lo cual incluso en la actualidad es infrecuente en la comu-
nicacin oral cotidiana. Transmite informaciones puntuales sobre
sucesos muy particulares y concretos, como ya se ha indicado: El
jefe se cay (dicho por quien viene de una expedicin de caza). El
cuchillo para las pieles se lo llevaron (dicho por quien habindose
quedado en el campamento ha sufrido una incursin de una banda
enemiga). La laguna grande est seca (dicho por quien en una
temporada de sequa ha ido a buscar agua a un sitio ms lejano del
habitual). O en el caso de que alguien le pida el cuchillo a quien sabe
lo que le pas al cuchillo o, igualmente, cuando alguien llame al jefe
en presencia de quien sabe lo que le pas al jefe3.
Hay buenas razones para pensar que el lenguaje predicativo
empieza a ganar terreno y a generalizarse a partir del momento en
que los grupos tienen varios miles de individuos y permanecen cada
vez ms tiempo en los mismos espacios. Es decir, hay motivos para
pensar que empieza a ganar terreno en la comunicacin de los sa-
piens en el mesoltico y, sobre todo, al iniciarse el neoltico.
En la medida en que todos los ritos son derivaciones del rito
de la caza y la comida, son invocacin a los poderes que confieren
la vida, la refuerzan y la mantienen, todos los ritos son religiosos y
todas las esferas de la cultura derivan de la religin, del sacrificio
161
primordial, como ya se ha indicado. Comer es el acontecimiento de
los acontecimientos y es el gran festejo con que hay que celebrar
cualquier acontecimiento digno de celebracin. Y eso tanto en el pa-
leoltico como en el siglo xxi.
Cada una de las esferas, al provenir de un rito, genera normas,
aceptacin de rituales y de reglas, y genera creencias 4. Los ritos de
iniciacin o de matrimonio capacitan para unos tipos de conducta
y a la vez obligan a realizarlas, son las capacidades y deberes de un
joven, o de una pe rsona casada. Los ritos de coronacin del rey o
de nombramiento de jefe militar confieren las capacidades y obli-
ga a unos deberes a quienes, a partir de ese momento, son reyes o
jefes militares. Los ritos de nombramiento de juez, de absolucin
como inocente o de castigo como culpable, capacitan y obligan a
unas conductas propias de quienes, a partir de los momentos en que
se celebra el ritual, son ya jueces, inocentes o culpables. Y los ritos
de adquisicin de propiedad, de contrato de alquiler o de servicios
capacitan y obligan a unas conductas determinadas a quienes a par-
tir de los ritos correspondientes son propietarios, arrendatarios o
prestatarios de servicios.
Las cuatro primeras esferas de la cultura recogen un saber per-
formativo, que era performativo en el paleoltico y que sigue siendo
performativo en el neoltico y el post-neoltico. Pero en el neoltico
el saber religioso, poltico, jurdico y econmico no est contenido
solamente en la accin ritual, en la memoria intelectual y corporal
de los participantes en el rito, sino que pasa a estar contenido tam-
bin en los medios extra-somticos de acumular y transmitir infor-
macin.
El saber religioso empieza a estar contenido, adems de en los
ritos, en los relatos sagrados primero y en los libros sagrados des-
pus. El saber poltico empieza a estar contenido tambin en los
himnos y relatos de la fundacin y organizacin de la ciudad prime-
ro y en las constituciones escritas de las ciudades-estados despus.
El saber jurdico empieza a estar contenido tambin en los relatos de
las costumbres y de la realizacin de tratados primero y en las le-
yes escritas y cdigos, despus. El saber econmico empieza a estar
contenido tambin en los relatos sobre las formas de adquisicin y
[4] En todo este desarrollo est muy presente la obra de Rappaport, R. A.: Ritual y religin
en la foromacin de la humanidad. Madrid: Cambridge University Press, 1999, citado varias
veces anteriormente.
162
los tipos de equivalencia de los bienes primero y en los sistemas de
contabilidad y clculo despus.
A partir del almacenamiento extra-somtico de la informacin
narrada, de la transposicin a forma escrita del poder y saber hacer
en esos cuatro mbitos de la cultura, aparece junto al lenguaje y el
saber performativos un saber y un lenguaje sobre los mismos asun-
tos pero inoperante, ineficaz, impotente, meramente representativo.
Primero la narracin y luego la escritura. Empieza entonces la ge-
neralizacin y el uso cada vez ms frecuente de la escritura como
lenguaje descriptivo, representativo y, por eso, completamente im-
potente.
Sin embargo, la representacin narrativa y, sobre todo, la escri-
ta, tienen otras caractersticas que se pueden sumar al ejercicio del
saber y el hablar performativos.
Lo escrito presenta las caractersticas de lo siempre idntico, lo
inmutable, lo inmortal y lo eterno y, como los menhires, genera el
conocimiento y la apreciacin de esas cualidades. Contribuye a la
formacin de las imgenes y conceptos o ideas correspondientes,
como las construcciones megalticas.
Es posible que desde la aparicin de los primeros asentamien-
tos urbanos, hacia el milenio 10, la memoria haya compuesto relatos
religiosos, polticos, jurdicos y econmicos, que hayan pasado, de
tener su mayor apoyo en los cantos, danzas y fiestas, a tenerlo cada
vez ms en las piedras, paredes, cermicas y tejidos, y en los smbo-
los, pictogramas y signos que se trazaban sobre ellos. Y es posible
que la interaccin entre memoria, arquitectura y escritura fuera con-
solidando las nociones de identidad, inmutabilidad, inmortalidad,
eternidad y universalidad a partir del milenio 4 a.C. Todo ello es
tanto ms probable cuanto que las primeras construcciones megal-
ticas llevan consigo un nuevo tipo de enterramientos, un nuevo tipo
de relaciones con los antepasados y una nueva concepcin de la vida
en el ms all.
A su vez, la diversificacin y especializacin de ritos y costum-
bres de la vida social, y el aumento de su nmero, pudo dar lugar
a una diferenciacin incipiente de los mbitos de lo publico, lo pri-
vado y lo ntimo, al aumento del contenido de los tres mbitos y al
juego de trasvase de contenidos entre ellos.
Ms en concreto, la diferenciacin de las esferas de la cultura es
por s misma el proceso de secularizacin, el proceso de transforma-
163
cin de una sociedad teocrtica en una sociedad cada vez ms laica5.
En efecto, todas las funciones de estructuracin del orden social y de
la psique individual, que eran desempeadas por la religin, pasan
a ser desempeadas tambin por la organizacin poltica, el derecho
y la economa. La poltica asume la tarea de creacin y organizacin
de rdenes sociales. El derecho, la de asignacin de los individuos
a los diversos rdenes y la asignacin de sanciones y recompensas
segn los cumplimientos concordes o discordantes con los rdenes.
La economa asume las tareas de provisin de bienes y asistencia en
necesidades y da lugar a una estructuracin de la sociedad en clases
y grupos diversos.
Desde luego, pasa mucho tiempo en el neoltico durante el cual
las tareas polticas, jurdicas y econmicas son desempeadas tam-
bin por las instituciones religiosas, e incluso se llega al siglo xxi, al
post-neoltico, sin que la autonomizacin de las esferas est comple-
tamente clarificada6
Los otros cuatro saberes, los descriptivos, asumen tambin
otras funciones de la religin, como se ver enseguida.
[5] Esta tesis ha sido expeusata antes en Choza, J. y Garay, J. (eds.): Pluralismo y secula
rizacin. Madrid: Plaza y Valds, 2009.
[6] Eso no es solamente cierto para los regmenes islmicos gobernados por estados
laicos, como Malasia, Indonesia y Turqua, a quienes los paises de la primavera rabe de
2011 toman como modelo y referencia. Tambin en el mbito catlico es en 1965 Cuando
el Concilio Vaticano II proclama la autonoma de la temporal, despus de un siglo xix de
luchas turbulentas por la desconfesionalizacin del estado.
164
El que tiene ms mujeres, animales y armas. El rey es, pues, quien
oficia el sacrificio, pero tambin es el juez y el que administra los
bienes del grupo.
El que oficia el sacrificio del oso se relaciona con el poder sa-
grado en orden a la preservacin de la caza futura. Con el grupo de
los cazadores tiene que ejecutar el rito de invocar a la vida, hacerla
emerger, hacerla fluir y propiciar su precipitacin en formas de nue-
vos animales.
En todos los casos, ya se trate de gestionar actividades religio-
sas, polticas, jurdicas o econmicas, el rito siempre consiste en re-
correr los cuatro puntos del mandala de Harrod, a) concentracin
en la fuente de la vida, i) crecimiento y ruptura de esa fuente, o)
dispersin, fluencia y recombinacin de las fuerzas vitales y e) pro-
piciacin de su floracin en nuevas formas.
En cada una de esas esferas de la cultura, religin, poltica, de-
recho y economa, cada uno de los cuatro elementos del rito, por la
propia dinmica de la divisin del trabajo y de la especializacin del
propio rito, da lugar a formas culturales que a su vez se diversifican
en nuevas formas.
As, los elementos kinticos dan lugar a las liturgias de las cere-
monias religiosas y polticas, y a las de los procedimientos jurdicos
y econmicos.
Los elementos grficos y cromticos dan lugar a las imgenes y
signos religiosos, a los emblemas e insignias polticas, a los signos
de las sentencias judiciales, a la contabilidad, etc.
Los elementos instrumentales dan lugar a estandartes, sacra-
mentales y reliquias, santuarios y templos en el orden religioso; a
coronas, cetros y escudos, fortalezas y palacios en el orden poltico;
a togas, edictos, uniformes de culpables y de honorables, a tribuna-
les y cortes de justicia en el orden jurdico; y a facturas, smbolos de
pactos, ttulos de propiedad, lonjas y cmaras de comercio y bancos
en el orden econmico.
Finalmente, los elementos fnicos, dan lugar a las creaciones
lingsticas, en forma potica primero y prosaica despus, que son,
en el orden religioso los mitos y dogmas; en el orden poltico las
constituciones de las repblicas, en el orden jurdico las leyes escri-
tas y en el orden econmico las formas de contabilidad.
El despliegue de las cuatro primeras esferas de la cultura puede
resumirse en una tabla, para ser examinadas por separado.
165
ESFERAS DE 1 2 3 4
LA Religin Poltica Derecho Economa
CULTURA
166
42. Saberes descriptivos.
167
ESFERAS 5 6 7 8
DE LA Tcnica Arte Ciencia Sabidura
CULTURA (bien) (belleza) (verdad)
168
ra de la subjetividad humana y de su ser en el mundo, para ubicar en l
los hechos empricos con objeto de obtener una mejor comprensin de
todos ellos.
Los hechos empricos, por su parte, pueden faltar en algunos ca-
sos, o darse en un orden inverso al ideal. Por ejemplo, si en el esquema
expuesto se induce a creer que los ritos son anteriores a los mitos y que
los relatos mticos resultan de las ceremonias rituales, que es el orden
ideal establecido por Vico, eso no significa que en el plano emprico no
puedan darse casos en que el mito precede al rito o en que hay una inte-
raccin simultnea de ambos.
Tampoco aqu se est prejuzgando la precedencia de ningn ele-
mento del ritual sobre los dems. Son ambos asuntos que quedan para
dilucidar en la antropologa y la filosofa del ritual, de la mitologa o
de la religin, y no es necesariamente el objeto de una filosofa de la
cultura.
Por otra parte, a partir del anlisis de las esferas de la cultura, se
puede sealar, adems, el modo en que, de cada uno de los cuatro ele-
mentos del rito, emergen los procedimientos propios y las prcticas de
cada esfera como los ceremoniales, burocracias, ritmos, etc., los tipos de
escrituras, los tipos de herramientas y sedes inmobiliarias, y los textos y
discursos de la religin, de la poltica, del derecho, de la economa, de las
tcnicas, las artes, las ciencias y la filosofa.
169
La razn por la que durante todo el neoltico se mantiene la secu-
larizacin como un problema es que la religin nunca desaparece del
todo de las dems esferas ni las dems esferas se desprenden comple-
tamente de ella.
La religin se disuelve o se camufla, como dice Hegel y como dice
Eliade7, pero eso es verdad en parte y en parte apariencia. Por una par-
te, es verdad que la religin desaparece. Es verdad porque la totalidad
de los objetivos institucionales de una sociedad, desempeados inicial-
mente por ella, pasan a ser desempeados por cada una de las esferas
autonomizadas como antes se ha dicho.
El ejercicio del poder global o central lo asume la poltica; la dis-
tribucin y organizacin de la libertad, o sea, la justicia, la asume el de-
recho; y la dispensacin de bienes y remedio de necesidades lo asume
la economa.
Pero por otra parte no es verdad que la religin desaparece. No es
verdad porque todas las esferas tienen su dimensin sacral y realizan
funciones de la religin. Este carcter sacral de las esferas de la cultura
tiene un doble fundamento. Un fundamento histrico, por una parte, y
un fundamento ontolgico por otra.
Las esferas de la cultura son histricamente sacrales porque de
un modo ms o menos reconocible conservan la memoria de su origen
emprico en el ritual religioso. Por otra parte, son ontolgicamente sa-
crales porque realizan un valor de orden trascendental, que de modo
ms o menos perceptible se reconoce como sagrado de suyo. Por eso
las esferas de la cultura tienden tambin a sacralizarse. Y no principal-
mente por apelacin a la historia o a la prehistoria, sino por apelacin
al carcter trascendental del valor que representan y las funciones me-
diante las cuales los realizan.
Dios, la patria, la justicia y los medios de supervivencia son sagra-
dos no slo por razones histricas, sino tambin por razones ontolgicas.
Y lo mismo la naturaleza, la belleza, la verdad y la sabidura.
La doble vertiente de disolucin y reaparicin de lo religioso en las
dems esferas de la cultura se percibe paradigmticamente en el rito re-
ligioso primordial y acto religioso por excelencia, a saber, la comida. En
las comidas quedan restos empricos (inicialmente irreconocibles) del
rito religioso primordial, como celebrarla comunitariamente, dar gracias
por ella, celebrarla con brindis y cantos, y algunas de las maneras de
[7] Eliade, M.: Historia de las creencias y de las ideas religiosas. III-2, Barcelona: Herder, 1999,
cap. Final, Creatividad religiosa y secularizacin en Europa desde la Ilustracin.
170
mesa (cierta correccin litrgica). Por eso se puede decir que las co-
midas son actos completamente secularizados y sin ningn vestigio de
dimensin religiosa.
Pero, al mismo tiempo, las comidas tienen un cierto carcter sacral
que impregnan de sacralidad cualquier actividad solemne situandose en
el epicentro de ella. No hay acto solemne y festivo que no se celebre con
una comida. Bautizos, bodas, inauguraciones, triunfos, establecimiento
de nuevas relaciones, acuerdos, etc., etc. La comida es, desde el princi-
pio, eucarista, mantiene siempre su carcter de tal, y por eso nimba de
sacralidad el tiempo, el espacio y el acontecimiento en cuyo centro se
sita8.
[8] Delaini, P.: Cos mangi Zaratustra, Hiram, 4, 2007, pp. 89-98.
[9] Cfr. Vernant, J.-P. y Vidal-Nanquet, P.: Mito y tragedia en la grecia antigua. vol I., Madrid:
Taurus, 1987, Caza y sacrificio en la Orestiada de Esquilo, pp. 135-160.
171
nismo son los siete sacramentos de bautismo, confirmacin, penitencia,
eucarista, uncin de los enfermos, orden sacerdotal y matrimonio, en
otras religiones paleolticas y neolticas son los ritos de la puerta y del
umbral, de la hospitalidad, de la adopcin, del embarazo y del parto, del
nacimiento, de la infancia, de la pubertad, de la iniciacin, de la ordena-
cin, de la coronacin, del noviazgo y del matrimonio, de los funerales,
de las estaciones, etc.10.
Cuando en el primer milenio a.C. aparecen las religiones de la inte-
rioridad y la interioridad misma, entonces aparece tambin un culto reli-
gioso que no se haba dado antes, y es el que viene dado por la divisin
entre culto interno y externo. Con esta divisin aparece la plegaria como
culto interior y como culto individual, por una parte, y el culto externo
por otra, y la magia por otra, como uso profano del poder sagrado11.
Las fases del ritual de la comida-sacrificio en el sapiens, desde el
50.000 a.C. hasta comienzos del neoltico en el 4.000 podran ser: 1)
canibalismo (50.000 a.C.), 2) caza-sacrificio (desde el paleoltico superior
hasta el mesoltico), 3) sacrificios humanos rituales (desde el mesoltico
hasta comienzos del neoltico o hasta el 4.000 a.C.) y 4) abolicin de los
sacrificios humanos, prescripcin de sacrificios de animales domsticos
y comienzos del culto interior en Egipto, Babilonia, Israel naciente y, pos-
teriormente, en Grecia y Roma12.
A medida que la religin se va urbanizando, y diferenciandose ms
de los otros poderes, correspondientes a las otras esferas de la cultura,
se centra ms en los ritos de paso, en el culto interior y personal y, a la
vez, en los ritos de fundacin de los otros poderes (poltico, jurdico y
econmico), es decir, en el culto pblico institucional.
La urbanizacin es tambin secularizacin dado que en las culturas
urbanas los nicos episodios perceptibles de emergencia de la vida son
los partos de mujeres. Porque las ciudades no tienen su fundamento en
la naturaleza sino en el arte (y por tanto se basan ms en la objetivi-
dad que en la realidad), y porque la vida no ha sido considerada en la
modernidad como un trascendental del ser. De todas formas, la religin
nunca pierde su referencia primordial a la vida. Por eso las mujeres tie-
[10] Cfr. Van Gennep, A.: Los ritos de paso. Madrid: Taurus, 1986. El texto citado corresponde
al subttulo del libro.
[11] Se retoman en este epgrafe y en todo este captulo temas apuntados en Choza, J.: Antro-
pologa filosfica. Las representaciones del s mismo. Madrid: Biblioteca Nueva, 2002, cap.2.
[12] Esta tesis se expone aqu como un modelo terico general y a ttulo meramente
hipottico.
172
nen ms afinidad con la religin (con los nacimientos, la iniciacin, los
matrimonios, las defunciones, y la eucarista, que son los actos religiosos
por excelencia) y por eso la rehabilitacin ecologista de la naturaleza y la
vida dentro de las culturas urbanas implica una serie de renacimientos
de la religin.
Pero tambin en las culturas urbanas la religin sigue siendo un
saber creativo que genera nueva vida, nuevos nombres, nuevas etapas
o formas de la vida individual, y que gestiona la vida en el ms all. La
religin genera y ensea nuevas maneras de ser. Aunque todo su saber y
su hacer vaya adquiriendo la forma de saber narrativo y de saber escri-
to, y se transmita tambin narrativamente, la religin no pasa por eso a
convertirse en un saber descriptivo. Eso no ocurrir hasta la ilustracin
greco-romana, que es cuando empiezan a darse el atesmo, las demos-
traciones de la existencia de Dios, y todos los episodios propios de los
saberes descriptivos. De ello se tratar en su momento.
173
clebre anlisis de la Antgona de Sfocles13, los vnculos de sangre son
ms fuertes que los civiles y pueden entrar en conflicto con ellos. Ese es
el motivo por el cual Platn propuso en su Repblica ideal la abolicin
de la familia14.
No se trata necesariamente de una relacin de negacin dialctica,
de negacin del ser y del amor, o de la religin, por una parte, y de su
afirmacin por otra. Puede verse, en sentido ms amplio, como una dife-
rencia15, como una secuencia emprica, que es como la percibe Aristteles
al describir la secuencia entre familia, aldea como grupo de familias, y
polis 16, como la percibe Cicern, al buscar los nombres y la secuencia
de los primeros reyes17, o como la perciben Hobbes, Rousseau y Vico, al
describir el trnsito de un estado de naturaleza a un estado civil18.
A veces los especialistas en dialctica se interesan ms en el mecanismo
lgico de la negacin y su funcionamiento que en la realidad de lo cam-
biante, e inadvertidamente escamotean esa realidad a los no especialis-
tas, sirvindoles a cambio la maravilla de los mecanismos de la negacin.
La dialctica, como la ciencia, crea adiccin y, a veces, hace a la atencin
sucumbir al atractivo del mtodo olvidando la realidad.
A comienzos del siglo xxi hay una cronologa y un registro fsil que
permite ubicar todas esas formulaciones tericas en la secuencia que
va desde el paleoltico al mesoltico y al neoltico (y que sin duda ser
perfeccionada en el futuro), y en el trnsito de grupos menores de 200
individuos entre el milenio 50 a.C., y el 12 a.C., a poblaciones mayores
de 5000 a partir del 4 milenio a.C. ( 69). Se trata del cambio de socieda-
des de cazadores-recolectores nmadas a sociedades caracterizadas por
la economa de produccin frente a la economa de subsistencia, por los
asentamientos urbanos y por la escritura, que es lo que en 1939 Gordon
Childe denomin revolucin neoltica19.
174
Pues bien, la primera fase de la diferenciacin entre familia, socie-
dad civil y estado, corresponde a los templos-fortaleza asirios, las ciu-
dades egipcias y las construcciones megalticas de la Europa occidental,
tambin del cuarto milenio a.C. Esa diferenciacin corresponden a una
de las primeras fases de diferencia entre poder religioso y poder polti-
co, y de nueva unidad de ambos, que a su vez unifica a la familia y la
sociedad civil, con los antepasados y habitantes del ms all. A partir de
entonces, el poder religioso y el poder poltico continuarn su proceso de
diferenciacin y de nuevas formas de articulacin.
175
Las monarquas e imperios teocrticos se constituyen y desarrollan
desde comienzos del neoltico (hacia el milenio 8 a.C., en los lugares ms
tempraneros) hasta bien entrado el milenio 1 a.C., en que las monarquas
ceden su lugar a las repblicas.
A mediados del primer milenio a.C., cuando empiezan a genera-
lizarse el lenguaje predicativo y la escritura, cuando los ritos religiosos
empiezan a convertirse en mitos, creencias y dogmas, por una parte, y en
normativa litrgica, moral y jurdica, por otra, los ritos polticos de fun-
dacin y coronacin empiezan a convertirse en mitos, creencias y consti-
tuciones, por una parte, y en liturgias parlamentarias y administrativas,
por otra, como se muestra en la tabla anteriormente trazada20.
La poltica sigue siendo un saber creativo, un lenguaje performati-
vo, mediante el que se crean, a travs de nuevos ritos, nuevos rdenes
sociales, nuevos tipos de actividades, articulando unos con otros, pero
adems empieza a ser un saber y un conocimiento representativos, y un
lenguaje predicativo.
Los rdenes sociales y sus funciones son creaciones del poder pol-
tico, cuyo poder creador proviene de su dimensin religiosa . La asigna-
cin de funciones a los hombres y la mujeres, por una parte, a los nios,
jvenes, padres de familia y ancianos, por otra, a los esclavos, campesi-
nos, artesanos, comerciantes, guerreros y funcionarios, por otra, y a los
sacerdotes y magistrados por otra, constituyen el ordenamiento consti-
tucional y su desarrollo en el ordenamiento administrativo.
La armona entre el poder religioso y el civil es tan frecuente como
su discordancia y las guerras tribales o civiles son, indiscerniblemen-
te, guerras religiosas. Por eso se puede hacer una prehistoria y una his-
toria del poder religioso y poltico tanto desde el punto de vista de su
discordancia como de su concordancia, y la historia de la filosofa polti-
ca es buena prueba de ello.
Tambin la bivalencia religioso-poltica del poder civil queda bien
expresada en el arte en general y especialmente en la arquitectura, en la
medida en que las ciudades nacientes presentan las construcciones civi-
les como comparables en grandeza, solemnidad y relevancia urbanstica
a las antiguas construcciones religiosas21.
176
5. El derecho y la asignacin de los individuos a los rdenes sociales.
[22] Tomas de Aquino: Summa Theologiae. Madrid: BAC, II-II, q. 61, 1978.
177
inventa el registro civil estatal. Pero en las sociedades estatales ms se-
cularizadas, justo cuando esta separacin es ms intensa, las mismas
sociedades civiles y las entidades comerciales han generado su propio
ceremonial religioso para la celebracin de bautizos, bodas, funerales y
otros acontecimiento sociales que tienen un fundamento religioso, tanto
emprico como ontolgico.
Lo mismo que en el caso de las comidas, las ceremonias de recep-
cin del individuo en la comunidad, las uniones conyugales y las defun-
ciones, aunque pierdan la referencia a su comienzo religioso emprico (si
es que efectivamente la pierden), no pierden la referencia a su comienzo
ontolgico trascendental. La necesidad de festejar esos acontecimientos
es la necesidad de expresar y reconocer su carcter sacral, la necesidad
de referirlos a un principio de la vida, de la nueva vida y del ms all
de la vida, como algo que de algn modo supera y trasciende la particu-
laridad de cada individuo y de cada pareja particulares, como algo que
merece triunfar sobre ese momento del tiempo emprico pasajero, como
algo que merece eternidad.
178
ordenamientos primitivos, significa que no hay una separacin, una
abstraccin, que permita situar el dao y la reparacin en un mbito de
relaciones ms amplias que la de la estricta igualdad24.
El trnsito al derecho abstracto es correlativo del desarrollo del
ordenamiento procesal y, con ello, de la emergencia de la nocin de sub-
jetividad personal libre y responsable. Es la reflexin judicial sobre las
capacidades jurdicas, con otros procesos culturales como el desarrollo
del teatro y el uso de la nocin de persona en la conjugacin verbal por
parte de los gramticos, lo que contribuye a la elaboracin de la nocin
onto-teolgica de persona por los primeros intelectuales griegos recep-
tores del cristianismo25. Por su parte, la concepcin de la persona propia
del derecho continua lgicamente siendo operativa, y se mantiene en
los ordenamientos jurdicos occidentales hasta el siglo xxi, dando lugar
a las definiciones jurdicas de persona de los cdigos civiles contempo-
rneos26.
El trnsito al derecho abstracto es tambin el proceso de secula-
rizacin del derecho civil, que, en cuanto procedimiento para resolver
conflictos, suele pasar por las fases que se describen en el derecho de
Roma: 1) mero enfrentamiento con victoria del ms fuerte, que autom-
ticamente resulta ser el que tiene el derecho (en la historia del derecho
de Roma, derecho de la fuerza, vis). 2) Enfrentamiento observando las
normas religiosas con victoria del mejor observante, que resulta ser el
que tiene el derecho. Se trata de las ordalas o juicios de Dios (en Roma,
derecho otorgado por los dioses, fas)27. 3) Litigios observando las normas
de los jueces con victoria del mejor observante. Se trata del juicio diri-
mido por los jueces humanos (en Roma, derecho otorgado por el ius). 4)
Litigios dirimidos segn el derecho escrito (en Roma lex)28. Estas cuatro
fases de vis, fas, ius y lex , segn el modelo romano, se repite con otros
nombres en otras culturas.
[24] Lara Peinado, F.: Los primeros cdigos de la humanidad. Madrid: Tecnos, 1994.
[25] Cfr. Choza, J.: Antropologa filosfica. Las representaciones del s mismo. cap. 3. Madrid:
Biblioteca Nueva, 2002.
[26] Para los efectos civiles, slo se reputar nacido el feto que tuviere figura humana y
viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno. Artculo 30, Cdigo
Civil Espaol. Madrid: Tecnos, 1993.
[27] Foucault, M.: La verdad y las formas jurdicas. Barcelona: Gedisa, 1992.
[28] Murga, J. L.: Derecho Romano clsico II. El proceso. Zaragoza: Universidad de Zaragoza,
Secretariado de Publicaciones, 1983.
179
El paso del fas al ius y a la lex coincide con el trnsito a la religin
interior, a las constituciones y repblicas, al uso general del lenguaje pre-
dicativo y al uso generalizado de la escritura. Con todo, hay que insistir
en que aunque el derecho se constituye como un saber narrativo y des-
criptivo, la actividad jurdica y judicial no deja de ser performativa en
ningn momento. En efecto, los individuos pasan a ser mujeres, mayores
de edad, propietarios, casados, culpables o difuntos, mediante el cumpli-
miento de los ritos correspondientes, mediante el dictamen de los jueces
o, incluso sin ellos y en los siglos xx y xxi, mediante error en el registro
civil (error que cuando se produce es costoso subsanar).
180
aquellos elementos sagrados en que el poder del antepasado o del
ttem est particularmente presente, y ayuda al ataque y a la defensa
en orden a la supervivencia. Es decir, se poseen los amuletos, los feti-
ches, las armas y los adornos.
Antes de que exista el dinero y la compra existe la herencia, la
dote y el trueque, que son las formas de adquirir la propiedad de lo
que no se come pero que es til. La herencia y la dote tiene multitud
de formas. El trueque se realiza entre elementos del mismo tipo o del
mismo gnero, de manera que no todos los elementos se pueden
intercambiar por todos, sino solamente por los del grupo de elemen-
tos equiparables en los sistemas de trueque30.
El desarrollo de la economa y del comercio es el cambio hacia
cada vez menos elementos que pueden ser intercambiados cada vez
por ms cosas, hasta que se llega a un nico elemento que solo tiene
valor de cambio frente al conjunto de todos los dems elementos que
tienen valor de uso. Eso es la aparicin de la moneda y la universali-
zacin del mercado31. Cuando eso ocurre hay un modo universal de
subvenir a las necesidades humanas y un sistema universal de inter-
cambio.
[30] Los sistemas de trueque se mantienen en cierto modo en las sociedades urbanas del
siglo xxi. Por ejemplo, cuando a uno le invitan unos amigos a cenar, queda obligado con
ellos a invitarles tambiin a cenar, y esa obligacin no puede cancelarse de ninguna manera
mediante dinero u otra prestacin. Tambin en el siglo xxi hay intercambios en los que se
requiere la estricta igualdad.
[31] Cfr. Polanyi, K.: Notes on Primitive Money apndice a The Semantics of Money-Uses,
en Simbolic Anthropology. A Reader in the Study of Symbols and Meaning. New York: Colum-
bia University Press, 1977. Cfr. Mauss, M.: Introduccin a la etnografa. Madrid: Istmo, 1971.
181
como el poder econmico, tiene ms autonoma respecto de lo sagrado y
ms dependencia respecto de los grupos humanos.
No es que la interdependencia, unidad y comunicacin de los gru-
pos humanos entre s no tenga sentido y valor religioso, que lo tiene, y
mucho. Es que la moneda, en la medida en que es susceptible de usos al-
ternativos y circula annimamente entre los individuos humanos, pierde
antes su referencia histrica a lo sagrado y al origen divino de su poder.
Con todo, la riqueza es un tipo de bien que, como la justicia, tiene su
fundamento ontolgico en el trascendental bonum, y que, desde luego,
puede ser adorada y frecuentemente lo ha sido y lo es.
Cuando en el neoltico las ciudades alcanzan cotas de poblacin
superiores a los 5.000 y a los 10.000 habitantes32, la distensin espacio-
temporal y la multiplicacin cuantitativa de los individuos de la espe-
cie humana alcanza tal grado, que la comunicacin de intercambio de
bienes se hace imposible sin la mediacin de una cuantificacin que los
haga homogneos y conmensurables, es decir, sin una medida cada vez
ms general del valor, que conmensure elementos cada vez ms hete-
rogneos cualitativamente, y sin una universalizacin cada vez mayor
del valor, es decir, sin un incremento de los individuos integrados en el
mercado comn mediterrneo del neoltico.
Todava en la Grecia clsica a Platn le parece un escndalo antina-
tural que incluso la tierra pueda venderse y comprarse. En efecto, la mo-
neda es la medida que mide mayor cantidad de elementos heterogneos.
El que tiene muchas monedas las puede cambiar por muchsimas cosas
muy buenas, pero slo en determinadas circunstancias, y se dice que es
rico. Por eso mucha gente quiere tener muchas monedas y ser rico.
Pero en otras circunstancia diferentes, alguien puede poseer mu-
chas monedas y puede ocurrir que nadie se las quiera cambiar por otras
cosas buenas, o que no haya cosas buenas para cambiar por las monedas.
Extraa riqueza es esa, que no impide al que la posee padecer nece-
sidad, comenta Aristteles, y llama a la riqueza que consiste en tener
monedas riqueza artificial (chrematstica), mientras que a la riqueza
que consiste en tener cosas buenas y necesarias para la vida le llama ri-
queza natural (oikonoma)33. La riqueza artificial puede llevar incluso a
la muerte como refiere el mito del Rey Midas, que convierte en oro todo
lo que toca y muere de hambre.
[32] Livi Baci, M.: Historia mnima de la poblacin mundial. Barcelona: Ariel, 2002.
[33] Aristteles: Poltica, Libro I, captulos 8-11.
182
El proceso de invencin y generalizacin del uso de la moneda es
paralelo al del lenguaje predicativo como lenguaje ordinario, pero no
como autonomizacin de los elementos grfico y fnico de unos ritos,
sino como autonomizacin de elementos instrumentales. Los antroplo-
gos y prehistoriadores de la moneda han construido un modelo de de-
sarrollo del proceso de su invencin que se puede superponer al de los
lingistas para el lenguaje34.
Probablemente la moneda es la cifra, la herramienta mtrica, que
ms ha habituado a ms mentes humanas a abstraer, a homogeneizar en
el orden categorial de la cantidad, y a combinar elementos heterogneos
en las relaciones de intercambio. Por eso es, como apuntaron Weber y
ms tarde Shell35 entre otros, el principal factor de racionalizacin de la
vida social36.
183
En la tcnica se toman elementos de la naturaleza para componer
con ellos un poema, pero la poesis no obtiene su fuerza del decir mis-
mo sino de los elementos naturales que entran en la composicin.
Por ejemplo, una nave a vela es la composicin de, por una parte,
una tela que es movida por el viento, por otra, un conjunto de maderas
unidas que flotan sobre las aguas, y por otra, un juego articulado de
otras maderas que permiten dirigir el movimiento de ese todo de cosas
unificadas en un sentido o en otro, aprovechando las corrientes de agua
y de viento.
La nave tiene un rendimiento utilitario, pero su invencin es posi-
ble porque se abstraen los efectos prcticos inmediatos del agua (mojar,
quitar la sed, refrescar, inundar, etc.), los efectos prcticos inmediatos
del aire (mover hojas, ramas, tierra, ventilar, avivar fuego, etc.), y los
modos en que es posible el cambio de direccin para los mviles dentro
de los flidos, y se componen para construir otra cosa. Una cosa que
no exista antes.
La tcnica es un saber que utiliza cosas que ya existan y fuerzas que
ya estaban operativas. En un principio esas fuerzas, como todas, eran
sagradas, y su utilizacin para uso y beneficio humano se relacion con
la culpa, como es el caso de Prometeo y, posteriormente, con la magia.
El fuego, como seal Platn, es el primero de todos los elementos
transformadores y tcnicos, pues sin l nada habra sido posible38. Pero
Prometeo no era un mortal, sino uno de los titanes (quiz el modo en
que la memoria pica griega guarda la noticia de los neandertales). El
gran hroe civilizador griego es Hercles, Hrcules, hijo de un inmortal,
Zeus, y de una mortal, y por tanto un ser semidivino. Hrcules inventa la
agricultura, la domesticacin de animales, los sistemas de regado, el que
vence a los enemigos de los hombres y el que prepara el terreno para la
construccin de las ciudades en general y de Atenas en particular.
Como refiere Platn en el Timeo, Atenas, la ciudad del dilogo y del
pensamiento, slo es posible en territorio herclida. O bien, como seala
Aristteles, las ciencias y la filosofa aparecen cuando se han desarrolla-
do ya todas las artes necesarias para la vida39. Por eso Vico observa que
todos los pueblos tienen su Hrcules, porque en todos el desarrollo de
las tcnicas es lo que ha hecho posible el proceso hacia formas de vida
cada vez ms confortable40.
184
Las trabajos y hazaas de Hrcules se rememoran en los ritos de ini-
ciacin a las tareas gremiales, ya sean agrcolas, ganaderas, venatorias,
mineras, urbansticas, navieras, portuarias, exploratorias, etc. y se reco-
gen en versin narrativa en los epos ( , palabra, historia, poema),
cantos de los aedos, epopeyas y tragedias.
La epopeya se encuentra siempre en la vanguardia de la tcnica y
refiere el acceso a los confines de lo humano, a las fronteras de lo inha-
bitable, donde se produce la destruccin completa del hombre, ya sea
el hades infernal, el precipicio del ocano o el reverso tenebroso de la
fuerza. La epopeya que canta los comienzos de la cultura occidental ex-
pone los inicios de la navegacin, el vaivn de las islas que se mueven y
el acercamiento de los bloques de rocas del estrecho de Mesina (los dos
monstruos Escila y Caribdis), que es el modo en que los primitivos ma-
rinos perciban los variados aspectos del mar, antes de que aprendieran
sus costumbres y descubrieran el fenmeno de las mareas.
185
familiares, las Erinias, mandan la veneracin absoluta a los progenito-
res. Es el caso ya citado de Antgona, en la tragedia de Sfocles, cuando
Creonte, rey de Tebas, manda dejar insepulto los cuerpos de los rebel-
des abatidos, entre los cuales est el hermano de Antgona, Polinice,
al cual la muchacha debe dar sepultura siguiendo el mandato de los
dioses familiares.
Tanto Orestes como Antgona se encuentran en la situacin de
obedecer a unos dioses o a otros, de seguir una religin u otra. Al tra-
tarse de dos imperativos religiosos, la conciencia humana tiene que
elegir entre los dos. Seguir un mandato religioso es un deber religioso,
pero elegir entre dos no lo es. Una eleccin personal sobre lo mejor o lo
preferible en un conflicto religioso, es una eleccin tica. De este modo,
el ser humano se encuentra ejerciendo su libertad soberana entre los
diferentes dioses.
Es esta capacidad la que se pone de manifiesto en la fundacin
de las ciudades griegas, la que queda emancipada de la religin en
los conflictos de la religiones, y la que emerge como tema propio en la
tragedia: la decisin humana sobre la prevalencia de un ordenamiento
religioso-jurdico sobre otro. Por eso, si la epopeya expresa la vanguar-
dia de la tecnologa en el dominio de la naturaleza, la tragedia expresa
la vanguardia del derecho en el domino de la sociedad.
La epopeya tcnica aparece as como relato de la reflexin de la
naturaleza sobre s misma hecha posible por las artes utilitarias, y la
tragedia como representacin de la reflexin de la sociedad sobre s
mismas hecha posible mediante las bellas artes, mediante el lenguaje
descriptivo. La reflexin de la naturaleza y de la sociedad sobre s mis-
mas generan un tipo de saber descriptivo que se expresan en las bellas
artes, las ciencias y la sabidura.
[41] Cfr. Choza, J.: Historia cultural del humanismo, op. cit., p. 86 y ss.
186
y la propiedad inmobiliaria (para organizar viviendas que alberguen a
un nmero de familias superior a 1000, palacios, templos y fortalezas),
entonces la mujer puede ser percibida independientemente de su rendi-
miento reproductivo.
A partir del milenio 5 a.C., hace su aparicin en los panteones del
medio oriente una divinidad nueva y especialmente deslumbrante, la
sumeria Inanna, la acadia Ishtar, la egipcia Isis (en algunas advocacio-
nes), la griega Afrodita y la romana Venus. A partir de entonces empieza
a haber mitos que explican el origen del mal en el mundo por la belle-
za de una mujer (mito de Pandora), los grandes conflictos entre las po-
blaciones por la belleza de una mujer (Helena de Troya), las invasiones
por la belleza de una mujer (rapto de Europa), el desarrollo de algunos
pueblos por la belleza de una mujer (entrega por Abraham de la hermo-
ssima Sara, su mujer, al Faran de Egipto, y restitucin posterior a su
marido Abraham)42.
Cuando la mujer empieza a ser percibida independientemente de
su rendimiento reproductivo y, en general, los entes reales empiezan a
ser percibidos independientemente de su sentido prctico, entonces co-
mienzan a ser percibidos en otro sentido diferente, a saber, en sentido
terico. Se miran no para hacer algo, sino para no hacer. Se contem-
plan, y eso, mirar contemplando, se dice en griego theorein, y theora.
Entonces esa actividad y los entes considerados en ese sentido pasan a
generar las esferas de la cultura que no pertenecen al orden del conoci-
miento trasformador, sino al del conocimiento descriptivo. Las generan
y las amplan cada vez ms. En efecto, el sentido terico puede ser sen-
tido ldico en el caso de la tcnica, esttico en el caso de las bellas artes,
reflexivo comparativo en el caso de las ciencias y reflexivo trascendental
en el caso de la filosofa.
En todos esos casos el conocimiento descriptivo consiste, justamen-
te, en la ubicacin del objeto en el mbito de la representacin, separa-
do de los dems objetos con los que podra tener una conexin prctica
productiva. Consiste en su colocacin en el plano de la representacin
abstracta, en el plano de la objetividad. En esa situacin, la referencia
del cognoscente al objeto consiste en el libre juego de las facultades (del
recuerdo, de la imaginacin, de la inteligencia pragmtica, etc.) sobre un
objeto liberado tambin de su rendimiento productivo, y puesto sobre
[42] Cfr. Ibdem y Choza, J.: Antropologa de la sexualidad. Madrid: Rialp, 1991. Sobre el descu-
brimiento de la belleza del cuerpo femenino en Egipto, cfr. Giedion, S.: El presente Eterno.
Los comienzos de la arquitectura. vol.II, Madrid, Alianza 1981.
187
un fondo vaco y potencialmente infinito que es justamente la potencia-
lidad del propio intelecto, tal como se manifiesta justamente al abstraer.
Abstraer significa, precisamente, cortar la referencia de algo real
con todo lo dems, considerarlo en s mismo y dejarlo en referencia a...
nada, siendo esa nada la amplitud potencialmente infinita del intelecto43.
En esa situacin el objeto, puesto que el intelecto no se puede estar
quieto, pasa a ser considerado en s mismo, y sus partes a ser comparadas
unas con otras, separadas, unidas de otras maneras, analizadas segn el
modo en que cada parte concuerda o rima con las otras, es decir, segn
el modo en que cada parte mide a otra. El modo en que unas partes
miden a otras recibe el nombre de proporciones de la cosa. Pues bien, la
tcnica, el arte, la ciencia y la filosofa consisten en el descubrimiento y la
invencin de las proporciones que las partes de las cosas guardan entre
s. Y eso tanto en relacin con las cosas que existen como en relacin con
la cosas que no existen, que pertenecen a realidades diferentes y que
ahora permiten la construccin o composicin de una nueva realidad.
A comienzo de la edad de los metales tiene lugar la aparicin de las
venus en los panteones del mediterrneo oriental, el desarrollo del arte
esquemtico en el mediterrneo occidental, la aparicin y desarrollo del
lujo y la aparicin y desarrollo de la astronoma en conjuncin con la
astrologa44.
La cultura griega, como todas las dems, juega con las unidades
de medida, pero lo hace de un modo especial, y no solo para resolver
asuntos prcticos. En algunos de esos juegos, observaron que las combi-
naciones de medidas produca efectos sorprendentes.
La medida es una abstraccin cuantitativa de cualidades porque
medir es la reiteracin de la medida, de la unidad de medida. La reite-
racin de la unidad siempre da cantidades homogneas en trminos de
medida, como es patente en el caso de la moneda, pero en trminos de
sensacin y percepcin da cualidades heterogneas.
Por ejemplo, una cuerda tensa, de una determinada medida, da un
sonido, y si la longitud de la cuerda es la mitad o el doble resultan so-
nidos cualitativamente distintos, pero de intensidad proporcionada a la
[43] Eso es, precisamente, lo que se hace en las exposiciones y museos para presentar al
publico las obras de arte, anular cualquier posible contexto para ellas. De ese modo se
sacraliza la produccin artstica y queda abierta en s misma, y slo en s misma, a la
contemplacin pblica.
[44] La primera representacin conocida de la bbeda celeste es el Disco celeste de Nebra,
encontrado en Alemania en 1999, y perteneciente a una cultura del 3.600 a.C., cfr. http://
es.wikipedia.org/wiki/Disco_celeste_de_Nebra
188
longitud de la cuerda. Tensando cuerdas sobre un arco de madera pue-
den hacerse vibrar las cuerdas de manera que resultan sonidos muy be-
llos. Cautivadores. Incluso capaces de amansar a las fieras.
Los griegos descubren que la belleza que produce esos efectos pare-
ce estar generada tambin por las proporciones y, por eso, desarrollan las
bellas artes a la vez como tcnica y como ciencia. Lo que confiere al arte
griego y, posteriormente, a todo el arte europeo, su idiosincrasia, los ras-
gos distintivos que lo hacen tan diferente del de otras culturas, y que per-
miten los desarrollos que ha tenido en todas direcciones, es que se basa
deliberada y conscientemente en el anlisis de proporciones. No es que
en Grecia y en occidente el arte sea calculado o deducido, no. Como
en todas partes, el arte surge de la intuicin, de la creatividad o incluso
del azar, del libre juego de las facultades. Pero una vez dada la intuicin,
la expresin feliz, la expresin artstica se analiza mediante la bsqueda
de sus medidas, de sus proporciones y rimas, ya sean espaciales, cro-
mticas, sonoras o kinticas. En esa bsqueda analtica, la expresin se
perfecciona, hasta que se alcanza su cota mxima y, a su vez, el mismo
anlisis abre nuevas posibilidades y lleva a nuevos descubrimientos que
llevan a nuevos anlisis. Es la tarea de las bellas artes.
189
aparecen en la prehistoria remota, pero no como artes. La autono-
mizacin de la esttica es simultnea a la autonomizacin de la ti-
ca, quiz del comienzo de los metales. Por entonces se prefiguran
el epos, la poesa lrica y la tragedia, que se consolidan entrada ya
la fase histrica, y entonces es cuando se autonomizan tambin los
elementos kinticos, cromticos, grficos y fnicos, que prefiguran
la danza, el canto y la msica como artes que se consolidan en el
primer milenio.
Cuando el ethos emerge como soberana de la voluntad libre,
entonces aparece tambin el pathos como resonancia afectiva del po-
der y el ser absolutos en el ser humano, como fascinacin y enamo-
ramiento producidos por la belleza y como persuasin (Peitho) y re-
dencin producidos por el poder y el ser sagrados, por el Phanum.
No basta que Venus aparezca en su esplendor ms radiante
para que se produzca la fascinacin. Es preciso que eros produzca la
herida en el momento adecuado para que ese esplendor penetre en
el corazn del hombre y se produzca el enamoramiento primero y el
xtasis despus. Entonces el enamorado, el persuadido, queda fuera
de s, en un estado de ubicacin en la belleza desde el cual puede
crear arte, o ciencia, o tcnica, o acceder a la sabidura45.
El fundamento ontolgico trascendental de las bellas artes y del
amor es el trascendental belleza, que es otro momento del ser y del
poder diferenciado de ambos y del bien y de la verdad. Atrae sin so-
brecoger como el ser y el poder, sin obligar que es como el bien atrae
(obligando con el deber), y sin imponerse al nous que es como atrae
la verdad. Atrae gratuitamente, as es como se comportan las gra-
cias, y as es como se comportan las artes inspiradas por las musas.
Hay una va narrativa para la referencia al bien, que es la ti-
ca; una va narrativa para enamoramiento y para la persuasin del
corazn ante lo bello y lo sublime, que es la retrica, y hay una va
narrativa para la relacin de la verdad y el nous, que es la lgica y
la ciencia.
En la poca clsica, hay tambin un encaminamiento del hombre
a todas esas metas que no es directamente performativo porque la
eficacia est siempre mediada por la libertad y la capacidad de los
individuos humanos. Ese encaminamiento es la educacin, lo que los
griegos llamaron paideia46.
190
Cuando la sociedad entra en poca histrica y la secularizacin
se ha producido de un modo amplio y profundo, cuando los princi-
pios histrico-religiosos del poder, del hacer y del saber quedan se-
pultados en la lejana de los tiempos y en la del inconsciente colec-
tivo, entonces los fundamentos ontolgico-religiosos del poder, del
hacer y del saber, se intentan alcanzar mediante la paideia, a travs
de las esferas de la cultura que hemos llamado saberes descriptivos.
La tica y la tragedia forman el carcter y la voluntad en su re-
ferencia al bien, y el bien es lo mximamente divino. La retrica y
las artes forman la sensibilidad y la afectividad en su referencia a la
belleza, y la belleza es lo mximamente divino. La lgica y las ciencias
forman la razn y el intelecto en su referencia a la verdad, y la verdad
es lo mximamente divino.
Entre los griegos clsicos se iniciaron unos debates sobre la pri-
maca de cada uno esos tres aspectos del ser y de lo sagrado, que con-
tinan en el siglo xxi d.C. Los maestros de tica y de tragedia, como
Sfocles y Scrates, ponan el principio en el conflicto y en el bien
resultante de l. Los maestros de retrica y de msica, como Gorgias
y Protgoras, ponan el principio en la belleza, que atraa y mantena
cabe s a los que quedaban arrobados y persuadidos. Los maestros
de lgica y dialctica, como Platn y Aristteles, ponan el principio
en la verdad. Y casi todos concordaban en que el principio del poder,
del hacer y del saber era, para la educacin del hombre, una percep-
cin y un sentimiento de los tres aspectos del ser y de lo sagrado47.
Sobre cul era el principio para el universo mismo no llegaron a tanto
acuerdo.
1990.
[47] Para las relaciones entre potica, retrica y lgica, cfr. Carchia: op. cit.
191
como conjunto de funciones sociales, como pasin y conjunto de senti-
mientos, como intelecto, como conciencia moral48.
Los humanos han hecho ya un recorrido lo suficientemente amplio
como para pararse a contrselo a s mismos, para pararse a reflexionar, a
ordenar las ideas y recuerdos, a buscar la unidad, las proporciones y la
concordancia de lo vivido, la unidad y el sentido del ser y de la vida, a
buscar la sabidura.
Los primeros filsofos ponen por escrito su sabidura y la ponen
en forma de himnos litrgicos, de poemas sobre la naturaleza. No se
trata de un saber performativo. La religin, la poltica, el derecho y la
economa organizan y gestionan la vida de la comunidad, pero en esas
esferas de la cultura ya tiene ms peso la informacin que se transmite
por escrito que la realidad que se crea con las actuaciones. La naturaleza
y la sociedad ya no se crean. Se crearon en un pasado remoto. Ahora
se describen. Se describen en forma de mitos, pero esos mitos ahora no
resultan crebles.
Ahora los hombres son muchos, las ciudades, los dioses y las cos-
tumbres tambin. Y adems han cambiado mucho. Con unos cambios de
los que algunos todava estn presentes en el recuerdo. Se han descubier-
to otros modos de saber sobre lo que las cosas son, que es describirlas, y
de mejorar las que ahora se hacen. Se han descubierto modos de mejorar
las construcciones de las ciudades, palacios y templos; los canales y los
puertos; las naves y las mquinas de guerra; los animales domsticos
y los cultivos agrcolas. Se dispone cada vez de mejores mapas. Se ha
descubierto que el sol gira alrededor de la tierra una vez en el tiempo de
un ao. Se ha descubierto que la tierra es redonda. Que el universo gira
una vez cada 50.000 aos. Ahora se pueden comparar las proporciones,
distancias y cantidades de las estrellas, de los mares. Se pueden medir,
y se pueden establecer relaciones entre esas medidas. Se puede calcular.
Ahora es ya el momento en que se puede preguntar qu es el nmero.
Qu es el tiempo, qu es cada cosa y cuntas clases de cosas hay. Se pue-
de preguntar por qu hay cosas en vez de no haber nada.
Los nombres y los nmeros miden las cosas, dicen lo que son y
cmo son. Se conoce lo que une el todo, el logos, se conocen las causas y
los principios de las cosas. Se ha descubierto tambin el nous, el intelecto.
El intelecto indaga sobre s mismo y sobre el logos, y lo hace en la con-
fianza de que el logos que rene la realidad, que se recoge de ella, y que
[48] Tema estudiado en Choza, J.: Antropologa filosfica. Las representaciones del s mismo, op.
cit. Cap. 4.
192
se elabora en el propio intelecto, dice lo que la realidad es, dice la verdad
de las cosas. Mediante el logos la verdad de todo resulta patente para el
hombre, familiar a l, y tambin tiene algo que decir sobre el sentido de
la vida de los hombres y sobre la vida de los dioses.
El logos es divino y el nous es tambin divino. Pero Herclito sabe
que lo sabio, que es solo y nico no quiere y quiere verse llamado por
nombre de Zeus49.
Ahora hay otro camino y otro lenguaje para saber cmo es el uni-
verso y para orientarse en l, el de la ciencia y la sabidura. Los sapiens,
que ahora se llaman a s mismos hombres, y que se definen como los
seres que tienen lenguaje, razn, empiezan ese nuevo camino que ellos
mismos llaman historia.
[49] Fragmento 64 (32), De Tales a Demcrito. Fragmentos presocrticos. Madrid: Alianza, 1988.
193
CAPTULO 7
195
El objeto de su amor era... l mismo.[...] Como una voz interior le
reproch: Insensato! cmo te has enamorado en vano de un fantas-
ma? Tu pasin es una quimera. Retrate de esa fuente y vers cmo la
imagen desaparece. Y, sin embargo, contigo est, contigo ha venido, se
va contigo... y no la poseers nunca. Alz los brazos al cielo Narciso.
Llorando.
Ovidio: Metamorfosis. III, 3.
196
Entonces empiezan a producirse asentamientos de las tribus nmadas
de cazadores-recolectores en el este del mediterrneo, empieza a cre-
cer la poblacin, el trabajo consiste en procesos ms largos y se divide
entre ms grupos, hay cada vez ms ocio para algunos de esos grupos,
hay que empezar a llevar la contabilidad del grano que se produce, de
la gente que lo necesita, del agua que hace falta para regar, del consu-
mo de trigo per capita y del nmero de personas que han de trabajar en
los campos, y otros pormenores.
As nace la escritura, la contabilidad, se hacen ms diversos y
abundantes los pictogramas, ms estilizados y empiezan a parecerse
cada vez ms a lo que sern las letras de los primeros alfabetos. Pero
la escritura no se usa solamente para la contabilidad y la comunica-
cin. Las tribus siguen celebrando los ritos que han celebrado siempre,
adaptndolos a las nuevas circunstancias de la vida urbana. Si ya no
hay osos ni mamuts, se celebra la caza del jabal o la matanza de la
oveja. O ambas cosas. Otras veces, adems de o en vez de celebrar esos
ritos, se ejecutan las danzas y los cantos que les son propios, o solo los
cantos. Aparecen as los cantos separados de las ceremonias litrgicas,
como relatos de lo que se haca antes, en las fiestas que ahora empiezan
a celebrarse en los sitios donde se asienta el poblado, en los juegos in-
fantiles, en las canciones de corro de nias, en las competiciones de las
grandes solemnidades, en los cuentos alrededor del fuego.
As aparecen los relatos del pasado, los mitos. As se elaboran y
reelaboran conforme se van repitiendo. La memoria entonces recoge
los acontecimientos primordiales y capitales para la comprensin del
mundo y del hombre, los custodia y, al repetirlos, los interpreta.
En esos relatos se expone el encuentro con el dios padre oso del
cielo, la caza y muerte que le dan, el sacrificio del dios padre oso
del cielo y la vida que con esa muerte logra la tribu, la cada de los
hombres en la culpa por ese parricidio originario, y la expulsin de
los hombres de los territorios de caza y de vida. Se cuenta, se canta, y
se repite en el ritual conmemorativo de la fundacin del poblado, en
ritos de caza, en los ritos del solsticio de invierno y de comienzo del
ao, y en otros ms2.
[2] Quiz hubo un tiempo en el que los relatos que luego llegaron a ser el poema de Gilga-
mesh y la Biblia hebrea, eran narraciones tan sencillas como las de los pueblos del Africa
Subsahariana, cfr. Beier, U.: The Origin of Life & Death. African Creation Myths. Heinemaznn:
Nairobi, 1988
197
57. El segundo parricidio originario y la construccin narrativa del
co mienzo. La memoria pica.
[3] Frazer, J.G.: El folklore en el Antiguo Testamento. Madrid: FCE, 1993, pp. 9-204.
[4] Eliade, M.: Tratado de historia de las religiones y Historia de las creencias y las ideas religiosas.
I, II y III. Barcelona: Paids, y vol III-2, Barcelona: Herder, 1999.
198
Episodios de la memoria pica de Cronologa cientfica de
las culturas humanas. comienzos del s. xxi
199
A medida que las religiones se diferencian de las dems esferas de
la cultura, elaboran su propia historia, definen sus competencias, y em-
piezan a fijar en textos orales primero y escritos despus, sus procedi-
mientos de actuacin, que son cada vez ms simblicos.
Ernst Gellner cree que, con el comienzo del neoltico, la religin deja
de prestar apoyos puntuales para situaciones concretas de la vida, y pasa
a presentar una oferta total de salvacin, para todo y para todos5.
Esta tesis se puede matizar. No es que con el desarrollo del neoltico
se llegue a un totalitarismo religioso cuando empieza a haber documen-
tacin escrita. En lo que se desemboca es justamente en un totalitarismo
biblio-alfabtico y en un imperialismo de la subjetividad y de la autocon-
ciencia escribiente, es decir, masculina. Se desemboca en lo que Derrida
llama el falo-logo-centrismo europeo.
El neoltico, como se ha dicho, desencadena un proceso de seculari-
zacin porque lleva consigo una transmutacin de los fundamentos del
sistema social, que se constituye mediante los ritos de paso gestionados
por la religin, y ahora tambin, a la vez, por los ritos polticos y el or-
denamiento administrativo-penal-civil gestionado por el poder poltico
y el judicial. Los ritos de paso en tanto que sacramentos, continan de-
finiendo la estructura social y la identidad personal, pero ahora esa es-
tructura y esa identidad no vienen dadas solamente en el orden religioso
por el poder sagrado y su incidencia sobre los individuos, sino tambin
en el orden civil por un poder secularizado, justamente civil, que incide
igualmente sobre los individuos. El poder civil empieza considerndose
a s mismo divino, y poco a poco termina considerndose como natural,
aunque no por ello deja de cumplir exactamente las mismas funciones en
el mantenimiento del sistema social.
200
Quiz hay mitos, canciones, relatos cortos recitados y otras com-
posiciones que se transmiten as desde la edad de los hielos. Cancio-
nes y relatos que cantan los cazadores cuando van a buscar la pieza,
las mujeres y los hombres cuando preparan y comen lo cazado, el
grupo entero cuando festeja a los que se vinculan en matrimonios,
cuando celebran enterramientos, o las nias cuando juegan al corro.
En algunos casos el que canta es uno solo y, entonces, elabora, pule
e interpreta ms lo recordado y transmitido. El aedo, el rapsoda, re-
cuerda y elabora solo, cuenta y canta solo. Y es posible que poco a
poco hubiera ms individuos que hicieran eso.
Mientras ms tiempo pase uno con sus recuerdos y pensamientos
a solas, interpretando lo transmitido o simplemente degustndolo,
ms crece el tiempo que retiene y articula en su recuerdo, ms tiempo
real pasado abarca con sus cantos, ms valor histrico tiene la pica.
Y tambin, mientras ms tiempo pasa uno con sus recuerdos y pensa-
mientos, ms crece su interioridad. Ya se ha sealado anteriormen-
te la correlacin entre construcciones megalticas del iv Milenio a.C.,
arquitectura, escritura, lenguaje proposicional y objetividad ( 40).
La interioridad se constituye y se despliega si los recuerdos y los
contenidos de la imaginacin se articulan y se organizan, y si esa articu-
lacin y organizacin se mantiene constante para todos, es decir, si hay
un sentido comn y un saber comn, al cual pertenece el pasado comn.
El sistema social y el sistema cultural son memoria y viven en la
memoria. Son sistemas de rituales y de relatos. Mientras el contenido
de los sistemas rituales se mantiene proporcionalmente constante6,
el contenido de esos relatos va aumentando y la memoria tambin,
y aumentan tanto que llega un momento en que hay que distribuir
entre unos grupos y otros las tareas de conservar y transmitir unos
recuerdos y otros, unos ritos y otros.
De uno de estos grupos surgen los aedos y cantores, de otros de
esos grupos surgen los escribas, notarios y contables, de otros los que
componen tragedias y representaciones teatrales.
El Poema de Gilgamesh, el Pentateuco, la Iliada y la Odisea empiezan a
componerse en el milenio 3 y 2, y se ponen por escrito hacia el siglo vii a.C.
Durante mil o dos mil aos esos contenidos se han transmitido oralmente, y
han sido interpretados y modificados por sus transmisores.
[6] Los saberes creativos apenas generan mbitos nuevos en el neoltico, en comparacin
con los descriptivos, la tcnica, el arte y la ciencia, que, siendo ellos mismos una cierta no-
vedad, generan una multiplicidad de especies cada uno dentro de su propio gnero.
201
Gracias a los ritos, a los mitos, a los cantos y a los relatos, a la
pica y a la tragedia, el universo entero ha sido nombrado y ha pasa-
do a estar disponible en la interioridad de los hombres, en el dilogo
entre los hombres. En un proceso que ha durado 40.000 aos, lo que
era exterioridad incomprensible y amenazadora se ha convertido en
cosmos familiar a escala humana. Todo eso gracias a las marcas sono-
ras que se le han ido poniendo a las cosas exteriores e interiores que se
experimentaban, gracias a las palabras. Gracias a ellas todas las cosas
podan ser re-conocidas. El arduo trabajo de conocer y roturar dejaba
paso al fcil y cmodo comportamiento basado en el reconocer, en el
aprender a hablar, o lo que es lo mismo, en la comunicacin verbal.
Esas palabras que eran marcas, eran tambin claves, llaves, en las
que el cosmos quedaba encerrado, cifrado, segn las valoraciones de
los grupos humanos. Cada grupo reconoca a otros como humanos si
comprenda que cada uno dispona del universo entero cifrado, y si
poda descifrar el universo de los otros.
Pero las cifras contenan el poder de las realidades cifradas. Los
nombres, que surgan frecuentemente en los ritos, tenan poder de
construir y destruir. Las palabras eran la fuerza de las cosas y de los
espritus, antes de ser, como se ver, la medida de las cosas.
Conforme el lenguaje predicativo va adquiriendo predominio y
hegemona en la vida cotidiana, a medida que el lenguaje que trans-
mite informacin va siendo en la conducta humana ms habitual que
el lenguaje que produce lo que significa, o sea, a medida que el len-
guaje se hace cada vez ms impotente, el lenguaje pasa a pertenecer
al mbito del saber descriptivo ms que al del hacer, ms que al del
saber creativo.
Los lingistas creen, como los filsofos, que se da un cambio en
el lenguaje cuando se pasa del uso de los smbolos naturales a los
signos convencionales. Dicho cambio significa una mayor libertad
por parte de la imaginacin y del intelecto para componer los grupos
constantes de elementos cualitativos diversos (palabras), para rela-
cionar las cosas y organizarlas, para describir el cosmos.
Los signos convencionales, aun conservando el contenido de lo
extramental, tienen ms la naturaleza de la imaginacin y del inte-
lecto que los smbolos naturales, como observaba Hegel7. Por eso el
[7] Hegel: Enciclopedia, 458, nota. Cfr. Derrida, J.: Mrgenes de la filosofa. Madrid: Ctedra,
1989, pp. 119-121, cfr. Choza, J.: Historia cultural del humanismo. Sevilla-Madrid: Thmata-
Plaza y Valds, 2009, pp. 213-219.
202
lenguaje se hace ms impotente, porque se hace ms intelectual y ms
creativo en el orden mental. Entonces se hace ms representativo, y la
dimensin performativa se debilita hasta casi desaparecer.
Los sapiens imaginan y nombran el mundo primero de modo per-
formativo, de modos fantsticos y eficaces, cuando tienen que hu-
manizar su medio, es decir, cuando tienen que construir el cosmos.
Cuando el cosmos ya est constituido, lo nombran de modo cada vez
ms representativo y terico, de modo cada vez ms impotente, y
entonces es cuando lo analizan y lo describen con ms cuidado, de
manera ms cmoda, con mejores medidas, o sea, ms cientficamen-
te. Las palabras no hacen las cosas, sino que las miden, representan
lo que son, dicen lo que son. La primera forma de medida es, pues,
la palabra.
En las ltimas fases del desarrollo del lenguaje, segn el modelo
de desarrollo de los lingistas, que corresponde al momento de mxi-
ma amplitud del tiempo que el lenguaje integra, segn el modelo de
Popper y Eccles, es decir, en el lenguaje hablado ordinario tal como
lo usamos ahora, y en los lenguajes cientficos que usamos ahora, el
cosmos se puede componer y exponer en muchos relatos diferentes,
y explicar de modos cientficos diferentes, cada vez ms ajustados a
los fenmenos que se dan en los escenarios reales a los que podemos
acceder8.
A la vez que la generacin de las palabras como signos conven-
cionales, se da el proceso de generacin de nmeros y unidades de
medidas, con la correspondiente notacin escrita, transcrita por otros
medios, o anotada con los correspondientes procedimientos mnemo-
tcnicos, como ilustra George Ifrah9.
Las representaciones numricas difcilmente pueden ser smbo-
los, y por eso las que conocemos son siempre signos. Han tenido un
carcter ms terico que poitico, ms abstracto, y ms adecuado
que las palabras para medidas ms ajustadas. Los signos numricos
se diferencian de las palabras en que abstraen absolutamente de todas
la cualidades de lo extramental manteniendo slo una, el quantum,
como tambin observa Hegel10. Con el quantum se pueden crear unida-
[8] Sobre los modelos de desarrollo del lenguaje de los lingistas y los neuro-filsofos, cfr.
Choza, J.: Historia cultural del humanismo, op. cit., cap. 5.
[9] Ifrah, G.: Historia universal de las cifras. Madrid: Espasa, 2001.
[10] En tanto que es este pensamiento de la exterioridad, el nmero es al mismo tiempo
la abstraccin de la diversidad sensible; no ha guardado nada de lo sensible, sino la deter-
203
des de medida cualitativamente distintas: de tiempo y de espacio (lon-
gitud y superficie), de peso y de volumen, que eran las ms necesarias
para el clculo de las cantidades de granos y otros productos agrcolas
que se podan producir por unidad de superficie, para el clculo de la
cantidad de individuos que se pueden alimentar por unidad de tiem-
po, y para el clculo de las cantidades y formas de las piedras con las
que construir silos, almacenes, tumbas, templos y palacios,
La prctica de obtener medidas de espacio comparando la tierra
con las diversas partes del cuerpo humano (el pie, el codo, etc.) y de
tiempo observando el cielo (vueltas del sol y de la luna para das, se-
manas, meses y aos), permiti resolver problemas de la vida cotidiana
y mejorar las condiciones de vida en todas las culturas, con mayor o
menor perfeccin.
Con el uso cada vez ms frecuente del lenguaje predicativo y de
las medidas numricas, surgi y se consolid tambin en el medio cul-
tural y en las mentes individuales uno de los rasgos ms asombrosos
del intelecto mismo y de sus contenidos, y que acompaa siempre a la
impotencia de ambos, a saber, el carcter inmutable de sus contenidos,
o lo que es equivalente, la nocin de eternidad, como tambin se ha
indicado ( 40).
Las ideas son eternas porque no cambian ni pueden ser cambia-
das. No pertenecen al orden del tiempo y por eso son eternas, porque
son impotentes. No estn vivas y no pueden dar vida ni morir. La con-
templacin de las ideas, como la contemplacin de los menhires y de
las inscripciones en piedra, fue para los hombres de los milenios 3, 2 y
1 a.C., la contemplacin de la eternidad.
204
de su contenido, ms ntimamente se relaciona el individuo pensante
con la eternidad.
Por eso aparece el descubrimiento-invencin de la eternidad
cada vez ms en cantos y relatos y, en primer lugar, en el tercer mi-
lenio a.C., en el poema de Gil-Gamesh. Antes los hombres no haban
dicho que queran ser inmortales. Quiz la muerte no les pareca
algo tan terrible si la vida era transmisible, entregable y recuperable,
si la certeza de una transmigracin del espritu de los individuos
mantena lejos de ellos la idea de una aniquilacin definitiva( 35).
La familiaridad con las piedras y las inscripciones en paredes, con
la inscripcin del propio nombre, la familiaridad con una identidad
propia, permanente y eterna, la familiaridad con las ideas, sin ms,
pudo favorecer la concepcin de una muerte tambin eterna, y consi-
guientemente la idea y el deseo de la inmortalidad eterna, de las que
hay testimonios a partir del iv milenio.
Esta constelacin de ideas relacionadas (identidad, inmutabili-
dad, inmortalidad, eternidad) madur y se consolid con el uso cada
vez ms habitual de la escritura, e incorpor otro elemento que apa-
rece cada vez en ms productos culturales, y quiz en primer lugar
en la reforma religiosa de Amenophis IV a mediados del segundo
milenio a.C., a saber, la idea de universalidad.
Amenophis IV, el primer reformador religioso del que se tiene
noticia documental, es tambin el primero que predica la universali-
dad de Dios11.
La difusin de la idea de la universalidad de Dios es tambin
la vivencia y la comprensin de lo que ms adelante los filsofos
llamarn el carcter trascendental del ser y del pensamiento, el ca-
rcter trascendental de la unidad, que es lo que llevar a los primeros
filsofos griegos a buscar un principio del cosmos y de la realidad
toda, y solo uno: el agua, el aire, lo indeterminado, el nmero o el
intelecto.
Cuando el ser humano adquiere conciencia de la unidad y
unicidad de la realidad, del universo, de la eternidad, de s mismo
como nico e irrepetible, de las cosas que cambian en el tiempo, y
del tiempo mismo que transcurre, entonces, experimenta que su vida
no es infinita, que algn da morir, y que la muerte es destruccin
definitiva y eterna. Entonces queda constituida la autoconciencia del
hombre neoltico.
[11] Eliade, M.: Historia de las creencias y de las ideas religiosas, vol. I, cap. IV.
205
Una de las maneras de asegurarse la inmortalidad (no la trans-
migracin, ni otro tipo de supervivencia), especialmente recurrente
entre los griegos, es buscar la fama. Tener fama es existir para siem-
pre en la memoria de los dems, en el relato, o incluso en la escritura.
No es esa la inmortalidad en la que cree Scrates cuando toma la
cicuta, pero s la que obsesiona a Erstrato cuando a mediados del si-
glo iv a.C., quema el templo de diana en feso. Con ello se aseguraba
pasar a la historia como autor de una hazaa, si no gloriosa, al menos
s terriblemente grande y desde luego memorable.
Todava hay una importante cualidad ms que, en la pasin por
ganar inmortalidad alcanzando el estatuto del ente ideal, se suma a
la nocin de eternidad en el mito de Narciso, tal como lo relata Ovi-
dio en las Metamorfosis, y es la belleza.
Ovidio compone su Metamorfosis en el siglo i d.C. Se conoce una
versin del mito de Narciso anterior en 40 aos y de origen griego,
lo que significa que el mito refiere un episodio perteneciente a un
momento de la historia antigua en que el pensamiento terico y la
escritura estn plenamente consolidados. Pertenece al momento de
mximo apogeo de la ilustracin romana, y puede considerarse como
uno de los primeros esbozos de la crtica a esa ilustracin.
La crtica y la enseanza consiste en aprender que la imagen,
por perfecta y hermosa que sea, no es en ningn caso superior a la
vida, a la realidad, y que si se incurre en esa confusin la consecuen-
cia es la muerte12.
A las cualidades de la identidad, la inmutabilidad, la eternidad,
la universalidad y la objetividad, que el intelecto confiere a sus obje-
tos, la cualidad que el mito recogido por Ovidio aade es otra que, en
sintona con ellas, produce la conmocin y el arrobamiento subjetivo
propio de Narciso, y que es la belleza. La belleza, como se ha indica-
do ( 53-54), tambin es un descubrimiento que se produce en los
comienzos del neoltico y se consolida a medida que se aproxima el
periodo histrico.
[12] Esta interpretacin del mito de Narciso est tomada de Choza, J.: Antropologa filosfica.
Las representaciones del s mismo. Madrid: Biblioteca Nueva, 2002, pp. 92-96.
206
3. Teora y belleza. De Praxiteles a Euclides.
[13] Rousseau haba observado que en el estado de naturaleza no hay sentimiento de amor
ni sentido de la belleza. Cfr. Rousseau, J-J.: Discurso sobre el origen y fundamento de la desigual-
dad entre los hombres. Madrid: Alianza, 1985.
[14] Para una visin ms detenida del clculo en la escultura griega, Cfr. Boardman, J.: La
escultura griega. Barcelona: Destino, 1999.
207
la construccin de la venus de Cnido y otros modelos de cuerpo feme-
nino. El canon de Praxiteles, a su vez, pareca tambin insuperable has-
ta que en 1648 Diego de Silva Velzquez descubri el canon 90-60-90 y
lo plasm en la Venus del Espejo. Esa proporcin velazquea entre los
dimetros del pecho, la cintura y las caderas del cuerpo femenino, fue
retomada por artistas posteriores como Rodin o Romero de Torres, y por
las modelos profesionales, especialmente por Claudia Shifer, que lo esta-
blecieron como patrn de belleza femenina a finales del siglo xx15.
La teora, en su vertiente de juego con las proporciones, es decir,
en su vertiente de clculo, es tambin la fuente de la ciencia, que en s
misma puede considerarse como una forma de proporcionalidad de las
proporciones, como una reflexin sobre la medida. Eso es lo que un siglo
despus de Praxiteles hacen Euclides y su escuela con el espacio en ge-
neral, y llevan a cabo la fundamentacin de la geometra.
[15] Esta tesis esta tomada de Choza, J.: Estilizacin del cuerpo y de la tierra. Euclides y
Praxiteles, en Fedro. Sevilla: Nmero 8, marzo de 2009.
[16] Cfr. Eco, U.: Tratado de semitica general. Barcelona: Lumen, 1991.
208
Las cifras ms clsicas y universales son los gestos (por ejemplo,
mover la cabeza para significar afirmacin y negacin), las herramien-
tas (por ejemplo, un hacha de piedra o una concha para significar va-
lor), los grafismos, letras y nmeros (por ejemplo un esquema de una
vulva o una letra V para significar comienzo), y las voces, cantos y
palabras (por ejemplo las voces yo I para designarse a uno mismo
como pronombre personal).
Las palabras son sonidos y grafismos que, como las dems cifras,
representan una pluralidad de cualidades de un tipo de cosas. La pala-
bra lluvia es la cifra de varios elementos y fenmenos cualitativamente
diferentes: aguas que caen del cielo de maneras muy diversas, que fa-
vorece la vida de plantas y animales y que a veces las ahoga. La palabra
ciervo es cifra de otros elementos cualitativamente distintos, de mu-
chos animales de tamaos diversos que corren mucho, tienen cuernos
de formas muy variadas, o no los tienen, y se pueden cazar y comer.
La lluvia es diferente cada vez, y los ciervos tambin, pero la ci-
fra recoge y mantiene constantes las cualidades que interesan ms al
sapiens, de manera que al repetirla los sapiens se estn refiriendo ms a
lo comn que a lo diferente en las lluvias y en los ciervos. As se forman
las palabras y las percepciones y, lentamente, los conceptos. Los sapiens
nombran lo que perciben y, como todos los seres humanos, perciben lo
que saben. Si ven correr ciervos dicen que ven ciervos. Si ven seres que
nunca han visto antes, dicen que no saben lo que han visto o que han
visto algo que no saben lo que es.
Las palabras son el tipo de cifras que representan, en una unidad
significativa, una pluralidad de elementos cualitativos de la cosas. Los
nmeros son el tipo de cifra que representa solamente un elemento
cualitativo, a saber la cantidad de veces que aparece realizado en el
escenario del sapiens (real o mental) el conjunto de aquellos elementos
cualitativos diversos y unidos siempre, es decir, la cantidad de veces
que ve ciervos o la cantidad de ciervos que ve. Esta es la definicin de
nmero formulada por Frege y con ella se indica que el nmero no per-
tenece a realidad, que nunca hay dos o cuatro en la realidad, sino
que es una propiedad del concepto de lluvia o de ciervo cuando ocurre
o cuando decimos que en el escenario, real o mental, se dan dos veces
o cuatro veces la lluvia o los ciervos17.
[17] Un enunciado numrico afirma algo objetivo acerca de un concepto; Frege, G.: Fun-
damentos de la aritmtica. Investigacin lgico matemtica sobre el concepto de nmero. Barcelona:
Editorial Laia, 1972, 70.
209
No decimos una vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, un ciervo,
sino uno, dos, tres, cuatro, ciervos. Donde, dos, tres o cuatro, no es algo
que le suceda al ciervo real, no se predica del ciervo real, sino que le
sucede al concepto o a la imagen mental del ciervo y se predica de l.
Al concepto le pasa que la realidad lo representa una vez, y otra vez, y
otra vez. Si lo representa en un mbito tal que la vista los abarca todos
a la vez, entonces se dice que hay tres ciervos, y la actividad mediante
la cual se puede decir y saber que hay tres ciervos se llama contar.
Contar es poner lo que se ve simultneamente, todo a la vez, en
una sucesin temporal en la que el elemento siguiente retiene al an-
terior y a la vez se afirma como diferente de l, pero diferente solo en
cuanto al momento ordinal en que se da o se considera, y en compa-
racin con las veces que ha retenido a los anteriores , pues todas las
dems diferencias que hay entre los ciervos no se tienen en cuenta en
ese proceso18. En efecto, este ciervo se cuenta en el momento 3, aquel
en el momento 4, y as los momentos numerados indican un orden y se
dice que esos nmeros son ordinales.
Por eso una de las maneras en que Aristteles define el tiempo
es diciendo que es la medida del movimiento segn el antes y el des-
pus19, y Kant dice que el nmero es la vivencia pura del tiempo. Si no
se pudiera contar, si los nmeros no pudieran seriarse ordinalmente,
no podra haber sentimiento del tiempo, ni concepto del tiempo, ni mu-
chas formas del tiempo interior. Contar quiere decir sucesin, sucesos,
tiempo, tanto si se cuenta lo que hace el fuego como si se cuenta la caza
de un oso, la cantidad de osos cazados en el invierno, o simplemente
nmeros: uno, dos, tres, etc.
Hay otro tipo de cifra que, como se ha apuntado ( 53) , represen-
ta dos y solamente dos elementos cualitativos de algo real, a saber, el
nmero y otra cualidad. Esa cifra es la medida. Una medida de peso
representa una porcin de la cualidad de peso y la cantidad de veces
que se da esa porcin en un ente cualquiera. Una medida de longitud
representa una porcin de la cualidad longitud y la cantidad de veces
que se da esa longitud. Una medida de valor econmico representa una
[18] Este tipo de matices, diferencias, rasgos, posiciones y contenidos del intelcto, se pue-
den ir representando graficamente a partir del sistema de signos lgicos creados a tal efecto
por el propio Frege. Cfr. Frege, G.: Conceptografa. * Los fundamentos de la aritmtica. Mxico:
UNAM, 1972.
[19] El tiempo es el nmero del movimiento segn un antes y un despus, Aristteles:
Fsica, 219 b.
210
porcin de la cualidad de valor econmico y la cantidad de veces que
se da esa porcin de valor econmico.
A su vez, y por otra parte, resulta que los nmeros son todos dife-
rentes entre s y tienen muchas cualidades diferentes, y se pueden com-
binar de muchas maneras entre s muy cmodamente en los escenarios
mentales, en las paredes, en las tablillas o en el papel.
La medida es la homologacin, la igualacin o la equivalencia, de
unos conjuntos de cualidades extramentales, de unas sensaciones, con
una imagen, una imagen-idea, o una idea, es decir, una cifra. El efecto
inmediato de la medida es que las realidades extramentales, que son
siempre cambiantes y siempre heterogneas, adquieren las cualidades
de las cifras, de los entes imaginarios o ideales, que son siempre idnti-
cos a s mismos y cuando se repiten no cambian de contenido.
En todas las culturas los hombres cuentan y miden. Y en todas
anotan las cantidades de veces que sale el sol y se pone, que empieza y
termina el invierno, que se comen un conejo (probablemente el animal
ms consumido en todo el paleoltico), que se comen una manzana, o
que se comen una bolsa de setas todos y, por supuesto, el nmero que
son todos.
La medida permite generar mundos interiores muy diversos, por-
que cada unidad de medida abre un mundo nuevo y diferente. El de
los sonidos y la msica, el de la construccin y la arquitectura, el del
intercambio general de bienes y el comercio. Esos mundos interiores,
en los cuales realizamos actividades que luego resultan reproducibles
en la realidad exterior, le producen al hombre una impresin tremenda
de soberana sobre las cosas, y quiz incluso sobre las personas. Quiz
sobre toda la realidad. Porque el hombre que mide y construye puede
sentirse superior a todo lo medido y construido.
Pues bien, la invencin de la ciencia que tiene lugar en el mundo
griego, como la de la tcnica y la de las bellas artes, consiste en la ela-
boracin de un mundo ideal ms perfecto y ms manejable que el real,
de tal manera que puede producirse un intercambio constante de apli-
cacin y conmensuracin mutua entre el mundo ideal y el real, puede
contarse y medirse lo que ocurre en el mundo real, con arreglo al
nmero y a la medida construida idealmente20.
De este modo se generaron mundos nuevos ideales para los m-
bitos reales en los que se desarrollaba la actividad humana, es decir,
[20] Por supuesto, eso tambin ocurre con la tcnica y las bellas artes, con los edificios de la
ciudad y con el cuerpo de la mujer.
211
se crearon modelos tericos. Hipcrates cre un modelo terico de
organismo, Tales y los dems milesios crearon un modelo terico de
cosmos, Pitgoras un modelo de las relaciones de los nmeros entre s,
de la relacin entre los nmeros y las figuras geomtricas, Fidias y Pra-
xiteles un modelo terico de belleza, Aristteles un modelo terico de
logos, Erasttenes cre un modelo terico de la superficie de la tierra
y de los meridianos, Euclides cre un modelo terico de espacio, y as
sucesivamente.
Inicialmente ellos quiz no sospecharon que estaban creando mo-
delos tericos. Crean quiz que simplemente estaban observando y
describiendo la realidad. La filosofa tard ms de dos mil aos en des-
cubrir la semejanza y la diferencia entre describir lo que se ve y crear
modelos tericos. De todos los cuales, el ms hermoso, espectacular
y fascinante fue el modelo terico de espacio que elabor Euclides y
que consagr como modelo supremo de ciencia lo que ya se llamaba
geometra.
Ningn otro modelo terico le ofreca al hombre la posibilidad
de ver cmo un punto generaba una recta, cmo una recta generaba
un plano, cmo un plano generaba un volumen, y cmo surgan as la
totalidad de las figuras visibles en el universo y pensables con el pen-
samiento. Ningn otro saber le permita al hombre asistir como desde
la diestra del creador, a la creacin del cosmos a partir de la nada (de
un punto, que es la representacin espacial de la nada, la negacin es-
pacial del espacio) segn la suprema sabidura.
La ciencia y, sobre todo, la geometra, es tan fascinante que resulta
adictiva, crea adiccin, en muchos casos, y para algunas personas, ms
que la belleza del cuerpo femenino y ms que el sexo. Por eso a partir
de un determinado momento, los inicios de la modernidad, los filso-
fos quieren hacer una Etica more geometrico demonstrata, como Spinoza;
una Teodicea para justificar cientficamente a Dios y su creacin, como
Leibnitz; una Religin dentro de los lmites de la razn cientfica, como
Kant, y hasta un socialismo cientfico, como Marx.
En la modernidad la ciencia llega a convertirse en la nica clave
legitimadora de la interpretacin pblica de la realidad, hasta que tras
la crtica del siglo xx a la modernidad y a la razn cientfica, y tras la
reflexin de la ciencia sobre s misma, comienza a asentarse la diferen-
cia entre descripcin de lo que se ve y modelo terico, entre realidad
y objetividad, y se recupera la polivalencia del intelecto que qued en
cierto modo reducida en occidente al avanzar el neoltico.
212
5. El nacimiento de la ciencia. La geometra.
[21] Ifrah, G., Historia universal de las cifras. Madrid: Espasa Calpe, 2001, p. 185.
213
que una escalera puesta contra una pared tiene respecto del suelo y res-
pecto de la pared, puede ser til para averiguar el lado y la superficie
que puede tener la pared de un cubo, sobre la cual se coloca otro cubo
ms pequeo, y luego otro ms pequeo, hasta hacer una pirmide. Cal-
cular la superficie de una pared, puede ser til para calcular el volumen
de un cubo con seis lados igual que la pared en cuestin, y para calcular
la cantidad de tierra que se necesita para rellenar el cubo completamente
si se quiere construir una pirmide, o la cantidad de grano que cabe en
ella si se quiere almacenar grano. Esas prcticas pudieron dar lugar a la
invencin y el descubrimiento del teorema de Pitgoras, y de otras pro-
piedades de las figuras. Pero no es posible derivar la geometra de esas
prcticas, o al menos no solamente de ellas.
Uno de los estudiosos que investigaba a la vez que Frege sobre el
origen y fundamento de la aritmtica y tambin de la geometra, Edmund
Husserl, prosigui sus anlisis en una direcccin ms bien filosfica. En
el Anexo III al 9 de la Parte II de La crisis de la ciencia europea, de 1936
(publicada por primera vez por M. Nijhoff en 1954), Husserl sostiene que
la geometra nace en el juego del entendimiento puro con sus propios
objetos, nmeros y figuras. En 1962, en el prlogo a su traduccin fran-
cesa de La crisis de la ciencia europea, Jacques Derrida desarrolla las tesis
de Husserl y a partir de ah elabora su propia teora de la diferencia entre
el orden real y el orden ideal. Dicho prlogo se publica frecuentemente
como obra independiente de Derrida con el ttulo de Introduccin a El
origen de la geometra de Husserl 22.
En esos estudios, se sostiene que la geometra se genera en el enten-
dimiento puro, y que adquiere su perfeccin como ciencia cuando en 300
a.C., Euclides, en los libros de los Elementos, sistematiza el conjunto de
ese saber basndolo en cinco tesis que han pasado a la historia posterior
como postulados de Euclides.
Euclides formula los postulados de la siguiente manera:
[22] Derrida, J.: Introduccin a El origen de la geometra de Husserl. Buenos Aires: Manantial,
2000.
214
5. Y que si una recta al incidir sobre dos rectas hace los ngu-
los internos del mismo lado menores que dos rectos, las dos
rectas prolongadas indefinidamente se encontrarn en el lado
en el que estn los (ngulos) menores que dos rectos23.
1. Por dos puntos diferentes slo se puede trazar una lnea recta.
2. Todo segmento rectilneo se puede prolongar indefinida-
mente.
3. Con un centro y un radio dado slo se puede trazar una
circunferencia.
4. Todos los ngulos rectos son iguales.
5. Por un punto exterior a una recta se puede trazar una para-
lela y solamente una.
215
Porque si unos tensadores toman una cadena de agrimensor, de
17,760 m de longitud, y la tensan, la cadena se curva hacia el suelo desde
las manos de los tensadores. Para evitar los inconvenientes de una defi-
nicin tctil de la recta, que est basada en la nocin y en la realidad
de la fuerza, se puede dar una definicin ptica como la de Platn: lnea
que mirada desde uno de sus dos extremos se reduce a un punto. Pero
esa definicin se puede mantener cuando la distancia es suficientemente
corta, porque cuando es lo bastante larga como para medir un meridia-
no, entonces la definicin ptica tampoco es buena. Y Euclides y los ge-
grafos del siglo iii a.C, ya saban que la superficie de la tierra era curva.
Lo mismo que con el primer postulado ocurre con el segundo. No
es verdad que 2. Todo segmento rectilneo se puede prolongar indefi-
nidamente. Si se hace eso el tensador se cae al mar, o se sale de la tierra
y cae en los abismos siderales. Por otra parte los fsicos del siglo III no
solamente saben que la tierra es esfrica. Saben tambin que el cosmos
es finito. Si una recta se puede prolongar indefinidamente es porque el
cosmos es esfrico, y entonces la recta es esfrica tambin, o sea, es curva.
La otra posibilidad es que la prolongacin de la recta siempre ms
consista en salir del cosmos para salir de lo esfrico. La idea de la pro-
longacin de la recta no tiene ninguna base emprica, y es posible que
resulte de una trasposicin inadvertida al orden espacial de la sucesin
del orden temporal, que se consigue en la serie de los nmeros naturales.
O sea, es posible que el segundo postulado resulte de una aritmetizacin
de la geometra no advertida por Euclides.
En estos postulados se pone de manifiesto que la definicin de recta
no es del todo suficiente, o que en el orden real la recta no se distingue
suficientemente bien de la curva, o que no est dada por referencia al
orden real.
Cuando una proposicin o un juicio dice cosas sobre la realidad sin
haberla observado ni estudiado, y lo que afirma resulta que se cumple
en ella, constituye un juicio de un tipo especial que Kant llam sintticos
y a priori. Kant crea que 2 + 2 = 4 es un juicio sinttico a priori porque no
hace falta comprobar nada empricamente para saber que es correcto.
Y que tambin lo era la lnea recta es la distancia ms corta entre dos
puntos.
Frege cree que 2 + 2 = 4 no es un juicio sinttico a priori porque
no cree que enuncie nada de la realidad, pero s cree que la linea
recta es la distancia ms corta entre dos puntos es un juicio sintti-
co a priori porque cree que enuncia algo que se cumple en la realidad
216
verdaderamente, y que no necesitamos ninguna experiencia previa o
posterior para verificarlo.
Actualmente nosotros tampoco creemos que eso es un juicio sint-
tico a priori, porque tampoco creemos que diga nada de la realidad, del
espacio real. Lo mismo pasa con los dems postulados.
217
curvas y rectas. El significado del cuarto postulado en el orden de las
prcticas de agrimensura podra ser que los rectngulos y cuadrados
medidos realmente y que se toman como bases para clculos de la
amplitud de los terrenos, y la cantidad de siembra que admiten y
de siega que arrojan, para proyectar sus ngulos hacia los ngulos
opuestos de los cuadrados, para trasladarlos o para multiplicar las
figuras por las veces que sean convenientes, arrojan clculos exactos
porque esos ngulos no varan.
Pero con los ngulos ocurre lo mismo que con la circunferencia.
Si el terreno es muy ondulado y tiene pequeas colinas semiesfri-
cas, en el polo norte de la colina se puede trazar un ngulo recto
formado por la interseccin de dos meridianos, y en la base de la
colina, esos dos meridianos se cortaran con el ecuador de la colina
formando a su vez dos ngulos de 90. Sera un tringulo, la suma de
cuyos ngulos resultara 90 x 3 = 270.
Si el terreno real es plano, entonces se pueden hacer proyeccio-
nes de figuras, traslaciones, etc., y se puede calcular mediante esas
operaciones con la seguridad de que los clculos sern fiables, es de-
cir, verdaderos. Pero, y si no es plano? Si no es plano pero se le acerca
mucho, los clculos resultarn ligeramente desviados, y si es muy
accidentado, los clculos resultarn muy alejados de lo que luego sea
real. En ese caso, si se quiere ganar exactitud en los clculos hay que
afinar ms en los procedimientos de medida, hay que medir mejor,
hay que inventar nuevos modos de calcular.
La fsica clsica de Newton dio lugar a las fsicas relativistas y
cunticas cuando se descubrieron inexactitudes en los clculos y se
hicieron intentos de corregirlas. El modelo relativista de la fsica del
siglo xx amenaza con derrumbarse a comienzos del siglo xxi porque
unas determinadas partculas resultan unos nanosegundos ms rpi-
das que la luz.
Roberto Saumells deca en sus clases de cosmologa en la uni-
versidad de Madrid en 1963 y 1964, que el progreso de la ciencia
consista siempre en medir un poco mejor. Medir un poco mejor im-
plica frecuentemente percibir la semejanza y la diferencia entre las
medidas mensurantes y las realidades mensuradas, y esa mejora de
la medicin tiene que ver con los descubrimientos cientficos del
siglo xx .
218
7. Por un punto exterior a una recta...
219
Pero si todava vamos al segundo postulado, resulta que una recta
se puede prolongar siempre ms, como tal recta, s y solamente si el es-
pacio es plano, lo que significa que el segundo postulado define tanto
una propiedad de la lnea como una propiedad del espacio.
Los postulados 1 y 2 definen el espacio plano unidimensional, los
postulados 3 y 4 el espacio plano bidimensional, y el postulado 5... pro-
bablemente define el espacio en los mismos trminos que los otros dos
pares de postulados. Esto es una cuestin que, aunque estudiada ya por
el propio Eucldes, empieza a desarrollarse sistemticamente y a generar
nuevas geometras a partir del siglo xix.
Hasta entonces, se haba pensado que la geometra era el descubri-
miento del espacio ideal, y del mundo ideal en general, y que el mundo
ideal era el de la realidad verdadera. Por eso Platn haba puesto como
lema en el frontispicio de su academia, no entre aqu quien no sepa
geometra, y por eso en los libros VI y VII de la Repblica, donde cuen-
ta el mito de la caverna, seala que la aritmtica y la geometra son la
propedutica para la dialctica y la filosofa, para el conocimiento de la
verdad de las cosas.
Desde el punto de vista de Platn, el mundo emprico es el de lo
aparente, y as se mantiene hasta Gauss. La verdad es lo que dicen las
matemticas, que es la lengua en que est escrito el libro del universo.
Y si se registran errores al aplicar algunas de las leyes matemticas de
la naturaleza, como la de los gases perfectos de Boyle-Mariotte, la de la
gravedad de Newton, o la de la distribucin de los errores de Gauss (la
campana de Gauss), es porque est fallando la realidad.
Si la ley de Boyle-Mariotte no se cumple es porque la temperatura
del gas no es la que debera ser. Si los clculos estn bien hechos, cuando
en algunos casos la realidad no concuerda con ellos se puede afirmar que
la discordancia no se debe al error del clculo o del modelo matemtico,
sino a impurezas empricas, y que esas impurezas empricas pueden
atribuirse, tambin mediante el clculo, a realidades que primero se pos-
tulan, como el planeta Plutn o el bossom de Higgs, y luego se com-
prueban o se experimentan de alguna manera.
A finales del siglo xviii Kant sigue indagando la relacin entre lo
ideal y lo emprico. Cree que las condiciones que hacen posible el conoci-
miento son las mismas condiciones que hacen posible la realidad, y que
por eso podemos hacer clculos aritmticos y geomtricos en nuestra
mente que luego al aplicarse a la realidad funcionan. Por eso cree que
muchas frmulas aritmticas y geomtricas son juicios sintticos a priori,
como se ha dicho antes.
220
Pero la conviccin de Platn sobre la idea como verdadera natu-
raleza de la realidad, la mantienen los matemticos del siglo xxi, auque
ni los matemticos ni los filsofos sepamos an en qu puede basarse
exactamente esa certeza24.
Lo que parece claro para los cientficos y filsofos a comienzos del
siglo xxi es que la realidad es una cosa y la objetividad otra, que la corres-
pondencia entre objetividad y realidad, es decir, lo que en un determina-
do sentido se llama verdad, es un tanto problemtica, como todas las
medidas, y que las ciencias y la filosofa, ms que ofrecernos la realidad
tal y como inmediatamente es en s, la naturaleza tal cual es, la dan a tra-
vs de la cultura, a travs de modelos tericos de organismo, de espacio,
de tiempo, de cosmos, de lenguaje, o de realidad en general.
Esta conclusin no tiene por qu llevar a un agnosticismo respecto
de la realidad. La pregunta pero cmo es de suyo el espacio real, como
dice Eucldes, como dice Gauss, como dice Riemann...?, tiene la misma
respuesta que la pregunta pero cmo es de suyo el cuerpo de la mujer
real, como dice Fidias, como dice Praxiteles, como dice Velzquez...?
La situacin subjetiva de encontrarse enfrentado a esas preguntas
se conoce con el nombre de duda. Dudar es la ausencia de certeza res-
pecto del medio, respecto del mbito extramental. Cuando las dudas son
abundantes y afectan a una amplia porcin del horizonte volitivo y cog-
noscitivo, el ser dubitante con frecuencia se repliega sobre s mismo y se
cuestiona a s mismo.
Como Platn advirti muy bien, la concepcin del mundo, la cien-
cia, el saber en general, es algo que se da en el alma, pero no de cual-
quier manera, sino en el alma que ha sido preparada para familiarizarse
con la realidad verdadera. Y esa es el alma que ha recibido una educacin
adecuada. De manera que la educacin es un arte que no solamente mira
al mundo aparente y al mundo verdadero (a la ciencia), sino tambin al
alma, y a la proporcionalidad entre el mundo y el alma.
Pero eso le ocurri al sapiens paleoltico, al hombre del neoltico, y a
la persona greco-romana. En efecto, desde la aparicin del tab del cani-
balismo, el sapiens comprende que tiene que haber una proporcionalidad
entre lo que el poder sagrado regala y lo que los hombres le dan, entre el
poder que reciben los hombres y el respeto con que lo utilizan.
[24] Al menos los que yo he tratado. Es decir, los matemticos con los que yo he dia-
logado sobre algunos de estos problemas, creen que la matemtica es una porque la
naturaleza es una.
221
Igualmente, desde el descubrimiento de la eternidad y la aspira-
cin a la inmortalidad eterna en el neoltico, se comprende que tiene que
haber una proporcionalidad y correspondencia entre la vida divina y la
inmortalidad a que los hombres aspiran. Y de la misma manera, a partir
del descubrimiento de las religiones de la interioridad, y de la interiori-
dad misma, se comprende que tiene que haber una proporcionalidad y
semejanza entre las virtudes divinas y las de los humanos que resultan
del agrado de los dioses25.
222
Mientras ms tiempo pase un hombre con sus recuerdos, y ms de-
penda su vida de su memoria, ms vive en su interioridad, ms proyecta
su interioridad hacia el exterior y construye sus poblados y sus ciudades
como un trasunto de su ciencia y de su conciencia. Deja de vivir a la
intemperie, en la naturaleza inmediata, y vive en la cultura, en la interio-
ridad humana exteriorizada, en la naturaleza humanizada.
Desde la aparicin de la arquitectura, cada vez que entra en crisis
respecto del medio en el que vive, ya no entra en crisis sobre la natura-
leza ni se cuestiona sobre la naturaleza. Entra en crisis tambin sobre s
mismo y se cuestiona sobre s mismo. Y sobre su posicin en el mundo,
es decir, en la cultura.
La conciencia de la muerte y de la inmortalidad, de la vida en el ms
all, acentan la conciencia de la diferencia entre s mismo y la actividad
histrica y social que cada uno desempea.
Toda una serie de experiencias, de categorizacin de las experien-
cias y de formas de vida, generan una autoconciencia que viene dada
bsicamente por el modelo de la dualidad entre actor y personaje, o sea,
entre persona y personaje. Pero esta dualidad no consiste simplemente
en una metfora teatral o esttica, ni en una diferencia entre apariencia
y realidad. Es una diferencia ontolgicamente fundada entre la realidad
dada en el tiempo emprico y la realidad dada de otra manera, como es el
caso del intelecto, que a su vez confiere su tipo de realidad a algunos de
sus productos como los nmeros y las medidas, que luego hacen sentir
su eficacia sobre lo dado en el tiempo emprico.
La dualidad entre actor y personaje del marco neoltico, est ontol-
gicamente fundada en dos tipos de realidad. Esta dualidad quiz pueda
servir tambin para el marco de la ciencia y autoconciencia paleoltica,
pero es posible que ellas no jueguen con dos tipos de realidad sino con
ms, y podran estar tambin ontolgicamente fundados.
En este marco de la ciencia y la autoconciencia neolticas, dado
por la dualidad entre actor (s mismo, sustancia, sujeto) y personajes
(funciones sociales, reconocimiento intersubjetivo, historia), la sacraliza-
cin del reconocimiento social y de la historia, que pertenecen ms bien
al orden de la realidad dada en el tiempo emprico, debilita la conciencia
de la muerte y de la vida del s mismo al otro lado de ella, y la auto-
conciencia neoltica oscila entre tomar como referencia primordial uno u
otro tipo de realidad
Se trata de una ambivalencia de la autoconciencia neoltica muy
constatada en la historia de la filosofa. Pocos aos despus de que
Ovidio escribiera sus Metamorfosis, Epcteto escribe su Enchyridion, y
223
algo ms tarde Marco Aurelio escribe sus Meditaciones. En ambas obras
los dos filsofos estoicos elaboran tericamente la metfora del gran tea-
tro del mundo y la sustancialidad humana empieza a concebirse y des-
cribirse como interioridad.
Pocos siglos despus de esta obra, los telogos griegos elaboran la
nocin de persona27 y en el siglo v d.C., Agustn de Hipona rotura las
inmensidades de ese nuevo mundo recin descubierto de la interioridad.
El alma de Platn, el s mismo de Aristteles, el actor de Epcteto y Marco
Aurelio y la interioridad de Agustn se alinean al servicio de la nocin
de persona que construyen los telogos, y que luego se utilizar en el
medievo cristiano y en la modernidad.
Es precisamente la modernidad la que retoma todos esos materiales
tericos, toda esa ciencia neoltica, para definir la dignidad infinita del
hombre, para fundamentar los derechos humanos, y para construir nue-
vos modelos de cosmos y de universo28.
La ambivalencia entre esos dos tipos de realidad, a pesar de estar
ontolgicamente fundada, no impide la absolutizacin y sacralizacin
por parte del hombre de uno de ellos.
Cuando se sacraliza y absolutiza la realidad eterna olvidando la
otra, imperan las formas de desprecio del mundo del maniquesmo, las
gnosis, los neoplatonismos y los fundamentalismos religiosos. Cuando
se sacraliza y absolutiza la realidad temporal olvidando la otra, impe-
ran las formas del desprecio de lo eterno, las formas de lo que Heidegger
llama cada o inautenticidad, y que Agustn haba llamado formas
de la temptatio (la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de
los ojos y la soberbia de la vida).
La cada en la inautenticidad, seala Heidegger, es algo tanto ms
frecuente cuanto imprescindible resulta atender a aquello en lo que se
cae para la realizacin propia del s mismo. En efecto, el gusto por te-
ner todo lo que proporciona placer, gozo y lujo, que es lo que Agustn
llama concupiscencia de la carne no es fcilmente discernible de la
consecucin de las comodidades convenientes para la vida. El gusto por
poder disponer de los recursos que proporcionan dominio como in-
formacin, influencias y autoridad, que es lo que Agustn llama concu-
[27] Sobre los desarrollos tericos desde Scrates a Agustn de Hipona en relacin con la
nocin de persona, cfr. Choza, J., Antropologa filosfica. Las representaciones del s mismo.
Madrid. Biblioteca Nueva: 2002, cap. 4.
[28] Estas tesis estn desarrolladas en Antropologa filosfica. Las representaciones del s mismo,
op. cit., caps. 9 y 10 y en Historia cultural del humanismo, op. cit. Caps. 2 y 6.
224
piscencia de los ojos, no es fcilmente discernible de la consecucin de
lo necesario para obtener la vida en el mbito natural y social. Y el gusto
por alcanzar un reconocimiento que corresponda al triunfo de una vida
mxima, al valer propio, que es lo que Agustn llama soberbia de la
vida, no es fcilmente discernible del reconocimiento por haberse uno
realizado propiamente a s mismo.
En efecto, insiste Heidegger, es tan fcil perder el equilibrio en eso
que Kant llama las tres pasiones de tener, poder y valer y dejarse llevar
por ellas, que con mucha frecuencia uno se olvida de ser s mismo, de
que es finito y mortal.
Quien ms fuertemente en la modernidad haba llamado la aten-
cin sobre la adiccin al reconocimiento social, a las tres concupiscencias
agustinianas, haba sido Rousseau, y lo hace con ms bro que nadie.
Al pedir siempre a los dems lo que nosotros somos y no atrevin-
donos a preguntarnos sobre ello a nosotros mismos, en medio de tan-
ta filosofa, humanidad, educacin y mximas sublimes, no tenemos
ms que un exterior engaoso y frvolo, honor sin virtud, razn sin
sabidura y placer sin dicha29.
Las patologas del mundo ideal son ms que las sealadas por
Rousseau y Heidegger, y aunque tampoco aqu se va a hacer una expo-
sicin sistemtica ni completa de ellas, al menos se van a indicar tres ti-
pos de patologas que afectan de modo particularmente vivo en el plano
existencial personal y en el social. Se trata de la absolutizacin del mun-
do ideal en contra del mundo emprico y al margen del mundo real, que
[29] Rousseau, J. J.: Discurso sobre el origen y fundamento de la desigualdad entre los hombres.
Madrid: Alianza, 1985 p. 286. Los comentarios de Heidegger a Agustn y las primeras for-
mulaciones sobre la cada y la autenticidad estn en la leccin Agustn y el neoplatonismo,
impartida en la Universidad de Friburgo en el semestre de verano de 1921. Esta relacin
entre Agustn, Rousseau, Kant y Heidegger a propsito de la inautenticidad est expuesta
anteriormente en Choza, J.: Historia cultural del humanismo. Sevilla: Thmata, 2009.
225
da lugar a diversas formas de narcisismo; de la absolutizacin de una
parte del mundo ideal en contra de otras partes del mundo ideal, que da
lugar al fanatismo, y de la absolutizacin de la construccin del mundo
ideal, contra las formas ms especficas de construccin del mundo em-
prico y real de los vivientes, que son las formas extremosas de desprecio
a la comida y al sexo.
Son tres formas de negar el tiempo real. Mediante la afirmacin del
ente de razn frente al ente real, en el narcisismo y el fanatismo, y me-
diante la afirmacin de la prioridad de la objetividad impotente frente a
la potencia de la vida real en el celibato. Las tres formas tienen conexin
entre s y cada una implica tambin las otras dos, en la afirmacin de la
primaca absoluta de la actitud terica de conocimiento.
Cuando Husserl y Derrida, a propsito del origen de la geometra
( 62), sealaron la diferencia insalvable entre el orden real y el orden
ideal, aunque eran conscientes de las repercusiones que la inauguracin
de dicho orden poda tener y tiene en el orden existencial, no percibie-
ron, como es lgico, todo su alcance en ese orden y en el sociocultural.
Pero antes, cuando se habl del descubrimiento de la eternidad se
apunt al mito de Narciso ( 59) y a la pasin por existir en el orden ideal
para triunfar de la fugacidad del tiempo, es decir, a la pasin por la fama,
y se aludi a la figura de Erstrato.
El deseo de reconocimiento y de fama no es solamente una pasin
por una modalidad de existencia, como resulta patente en el caso de
Erstratao. Es tambin, como seal Freud, una sujecin a la tirana del
super-ego, y, como seal despus Sartre, una paralizacin de la vida
real ante el imperativo de la objetividad esttica30.
La referencia al ideal puede significar el acceso a las formas ms
propias y elevadas de realizacin del s mismo, pero la excesiva sujecin
a l puede implicar el sacrificio de la vida real, de las propias posibili-
dades reales, a unos ideales menos valiosos que la propia realidad em-
prica. Todo el mundo conoce a personas demasiado amargadas por no
haber alcanzado algunas metas e incapacitadas por eso para disfrutar
de las que s han alcanzado, y eso tanto en poder, riqueza y saber como
en belleza y gracia. La cantidad de mujeres que sufren porque su figura
no se corresponde con la ideal de Claudia Shiffer no es menor que la de
hombres porque no han alcanzado el nivel de reconocimiento o de rique-
za al que aspiraban o que corresponde a la idea que tienen de s mismos.
Se produce en no pocos casos una verdadera dictadura de la esttica, o
[30] Sartre, J.P.: El ser y la nada. Madrid: Alianza, 1984, Tercera parte, cap I-IV, La mirada.
226
de los smbolos de estatus, que convierte la existencia de no pocas per-
sonas en un martirio o, literalmente, en una enfermedad que requiere
tratamiento psiquitrico.
Hay veces que el deseo de identificacin con el ideal adopta la for-
ma de mesianismo, y entonces la propia inmolacin real, o la destruc-
cin de grupos e instituciones, se puede percibir como el procedimiento
para la realizacin no ya del bien propio, sino del bien comn o incluso
del bien universal. Surgen as casos de fanatismo religioso y de fana-
tismo poltico, de los que surgen expresiones como a la verdad no se
le pueden dar los mismos derechos que al error, o como los deseos de
matar o morir por cualquier ideal de nacin. Los tres mil aos de historia
occidental son suficiente testimonio de las veces que los occidentales han
matado en nombre de las ideas.
Finalmente, cuando se trat de lo especficamente religioso ( 44)
y se seal como tal la comida y el sexo, se indic tambin que respecto
de ambos se haban producido afirmaciones y negaciones exacerbadas
debidas a formas de religiosidad extremosas.
Por lo que se refiere en concreto al sexo, desde la aparicin de las
diosas vrgenes en los panteones mediterrneos hasta la abolicin del
celibato acadmico en las universidades inglesas en el siglo xix no han
dejado de producirse en la cultura occidental formas chocantes del celi-
bato, si es que hay alguna que en s misma no lo sea31.
Cuando Platn dice que hay que ejercitar la inteligencia y aplicarla
a la mayor facilidad con que el alma misma pueda volverse de la gene-
racin a la verdad y a la esencia32, quiere decir que el alma y el intelecto
deben ser educados para que puedan fcilmente dejar a un lado la acti-
vidad sexual para ejercitarse en la aritmtica, la geometra y la dialctica,
y si l mismo no pens imponer la disciplina del celibato, s lo hicieron
algunas escuelas platnicas, en concreto, algunos gnsticos y algunos c-
taros (ktharoi, los puros) durante la antigedad y el medievo, y algunas
sectas modernas.
Es posible que el postneoltico no obligue a los hombres a unos
equilibrios tan difciles, y que les lleve a unos escenarios en que tengan
que hacer frente a otras patologas.
[31] En algunos medios catlicos de la cultura occidental no resultan chocantes las for-
mas de celibato aceptadas por la Iglesia catlica, pero en otros medios, tanto catlicos como
no catlicos, esas mismas formas s resultan chocantes.
[32] Platn: Repblica. VII, 8, 525 c.
227
CAPTULO 8
DE LA CULTURA NEOLTICA
A LA POST-NEOLTICA.
229
1. La unidad cultural del paleoltico. La infinitud de la razn.
230
El mandala representa tambin el sistema cultural, lo bueno, lo til,
lo limpio y ordenado, lo accesible y lo inaccesible, lo sagrado, lo celestial
y lo infernal. Representa la primera versin de los trascendentales del ser
y de los primeros principios, en los cuales el intelecto, y el ser humano en
general, se reconoce como pez en el agua y como ave en el aire, es decir,
como en su medio natural ( 26).
Ese lenguaje de smbolos no est demasiado diferenciado porque los
smbolos no son convencionales, sino naturales. Por eso hay menos dife-
rencias entre los smbolos del arte parietal de los cinco continentes que en-
tre los pictogramas del arte esquemtico, y menos entre estos y los signos
de los primeros jeroglficos y alfabetos. Por eso se puede suponer que en la
primera expansin de las lenguas hacia el milenio 50 o antes, la diferencia
entre las lenguas es menor que en la segunda y la tercera expansin en los
milenios 15 y 41.
Como hay signos abstractos entre las representaciones realistas y
simblicas ms antiguas, puede pensarse que hay elementos convencio-
nales (elementos de libertad y de acuerdos) en los rituales y formas de
comunicacin ms antiguas.
En esos rituales y formas de comunicacin hay diferenciacin y re-
lacin entre actividades, cosas, sucesos, colores, marcas visuales, marcas
sonoras, actores, etc., es decir, entre los elementos requeridos para la exis-
tencia de un verdadero lenguaje, que quiz poda darse de alguna forma
anloga pero ms precaria en las otras especies de homo2.
Se puede pensar, pues, que hasta el mesoltico, hasta el milenio 15,
que es la datacin del mandala de Harrod ( 19), la comunicacin se basa
en un lenguaje sobre todo performativo y simblico, y mnimamente pre-
dicativo, y que a partir del mesoltico empieza a invertirse esta proporcin
de los dos tipos de lenguaje en la comunicacin humana.
Que la comunicacin se base cada vez ms en lo convencional signifi-
ca que se basa cada vez ms en la libertad, en los acuerdos y en la coopera-
cin. Por otra parte, como se indic tambin, el aumento de conocimiento
est ligado, en la memoria pica de los grupos humanos, a otra experien-
cia de la libertad, la de la culpa, y a la expulsin del paraso ( 57).
[1] Los mapas y cronologas de las expansiones de las lenguas estan tomadas de Bernrdez,
E.: Que son las lenguas?, op. cit., cap.3.
[2] Sobre los lenguajes de los otros homo no-sapiens, Bernrdez, E.: op. cit., cap. 7, cfr.
Arsuaga, J.L. y Martnez, I.: La especie elegida. Temas de Hoy, 1998, y Liebermann, Ph.:
Uniquely Human. The evolutyin of speech, thought and selfless behavior. Cambridge (MA):
Harvard University Press, 1991.
231
68. Las lenguas mesolticas y neolticas. Etapas en la formacin de la escritura
[3] Daniels, P., T. y Bright, W. (eds.): The Worlds Writing Systems. New York: Oxford Univer-
sity Press, 1996; http://en.wikipedia.org/wiki/History_of_writing
[4] Harrod, J. B.: op. cit., May 2004, Original Version 1987.
232
1) Sistemas de comunicacin simblicos lingsticos, que incluyen
elementos del lenguaje hablado que se asocian a un texto en orden a su
comprensin, como glifos que representan objetos, ideas y situaciones.
En el desarrollo de estos sistemas de comunicacin simblicos lingsti-
cos se distinguen tres etapas:
1.1) Fase mnemnica: comprende glifos que tienen la funcin de
recordar algo.
1.2) Fase pictogrfica (pictogramas): comprende glifos que repre-
sentan directamente un objeto o situaciones objetivas, de tipo (A) crono-
lgico, (B) informativo, (C) comunicativo, (D) ttems, ttulos y nombres,
(E) temas religiosos, (F) temas de costumbres, (G) temas histricos, y (H)
temas biogrficos;
1.3) Fase ideogrfica (ideogramas): comprende glifos que represen-
tan directamente una idea o una actividad ideativa.
Los casos ms conocidos de sistemas de comunicacin simblicos
lingsticos, de las tres fases, son:
El conjunto de smbolos Jiahu, grabados en una concha de tortuga,
excavados en China en 1999 y fechados en 6600 a.C.
Los smbolos Vinca, grabados en medallones de barro excavados en
Rumana en 1961 y fechados hacia el 5.300 a.C. Marija Gimbutas y otros
arquelogos los consideran los primeros escritos europeos.
La tabla Dispilio, conjunto de smbolos grabados en una tabla de
manera, excavada en Grecia en 1993 y fechada en 5.260 a.C.
Los smbolos del arte esquemtico del sur de Espaa, pinturas y
grabados en paredes de cuevas, estudiados e interpretados en 1929 y en
2008, fechados en el milenio 4 a.C.5.
[5] Breuil, H. y Burkitt, M.C.: Rock Paintings of Southern Andalusia. A description of a Neolithic
and Copper Age Art Group, Oxford University Press, 1929 y Ramos Muoz, J.: La ocupacin
prehistrica de la campia litoral y banda atlntica de Cdiz, en Aproximacin al estudio de
las sociedades cazadoras - recolectoras, tribales - comunitarias y clasistas iniciales. Sevilla: Conse-
jera de Cultura, 2008.
233
Smbolos Vinca
Tabla Dispilio
234
hablados independientemente de su significado. En esta segunda fase se
distinguen a su vez tres etapas:
2.1) Etapa verbal: glifos (logogramas) que representan una palabra
completa;
2.2) Etapa silbica: glifos que representan una slaba;
2.3) Etapa alfabtica: glifos que representan un sonido elemental
[6] http://en.wikipedia.org/wiki/History_of_writing
235
Jeroglficos egipcios
Egyptian hieroglyphs,
which have their origins as
logograms.
2600 BC
236
Pues bien, las lenguas mesolticas y neolticas, su constitucin y su
desarrollo, manifiestan la infinita riqueza de la razn a posteriori, em-
pricamente. Muestran la cantidad de signos que se han utilizado para
signar las cosas, eventos y elementos abstractos, la cantidad de maneras
de integrar unos eventos dentro de otros, unos antes que otros, a la vez
o despus de otros.
Los sistemas de numeracin y de contabilidad pueden ser la prime-
ra forma en que se descubre o se construye el logos del tiempo o para el
tiempo, mediante las marcas en el espacio, alineadas en el espacio. Pero
los proto-lenguajes y los lenguajes son las formas de articular la totalidad
de lo real, tambin mediante disposicin de las figuras en el espacio.
La articulacin del tiempo, de unos tiempos dentro de otros, y de
unas actividades dentro de otras, pueden ejemplificarse con el procedi-
miento de las cajas chinas, incrustadas unas en otras que es lo bsico
de la sintaxis en todas las lenguas:
[[el [coche [de [mi primo]]]] [se salt [siete [semforos [en rojo]]]]]7.
[[la [lluvia [de [la luna rota]]]] [se comi [dos [perros [del dios]]]]]
237
hegemona de un nmero ms pequeo an de sistemas de metaforizar
y categorizar.
Desde esta perspectiva de la formacin gradual de las lenguas, las
tesis de una lengua originaria (monogenismo) y de una pluralidad de
ellas (poligenismo), resultan perfectamente compatibles como sugiere
Bernrdez8.
238
Durante ms de 50.000 aos no se haba descubierto la piedra como
lo subsistente, ni esa era la forma suprema de ser. Al contrario. La vida
era un flujo. Iba y vena. Llegaba y se iba. Flua como los ros, las lluvias,
la sangre, la leche y el semen. Ahora en cambio la vida es lo permanente,
ese es el refugio, la defensa, el alimento, la eternidad.
En esa situacin de sedentarismo, de estabilidad, las personas y
las cosas se llevan de unos lugares a otros. Se dejan all y luego se po-
nen en otro sitio. Unas cosas caben en unos sitios y otras no. Unas pue-
den estar mucho tiempo y otras no. En unos sitios las cosas duran ms
y en otros menos.
Las cajas chinas, y el modo en que se ubican las cosas dentro de
ellas, en algunos casos remedan el modo en que unas cosas se ponen
dentro de otras en las ciudades, o encima de los animales para transpor-
tarlas, o el modo en que van juntas las personas, o el modo en que los
mayores pueden llevar encima a los pequeos.
Es importante tener en cuenta que este desarrollo del lenguaje tie-
ne lugar entre grupos humanos que van aumentando desde un nmero
de 1.000 habitantes hasta un nemro de 100.000 en un periodo de 8
milenios.
En efecto, Jeric aparece hacia el 9.400 a.C., y tiene unas 70 vivien-
das y unos 1.000 habitantes. Fue destruida y reconstruida ininterrumpi-
damente.
Knossos, en Creta, se funda hacia el 7.000 a.C., y en el segundo mi-
lenio llega a tener 100,000 habitantes10.
Biblos se funda hacia el 5.000 a.C., y cuenta con ms de 20 viviendas
en una extensin de 12.000 m2.
Menfis se funda hacia el 3.000 a.C., y hacia el 2250 tiene unos 6.000
habitantes.
Troya se funda hacia el 3.000 y se destruye y reconstruye 9 veces.
La Troya homrica o Troya VII (entre 1300 y 1190 a.C.), tienen una ex-
tensin de 200.000 metros cuadrados y una poblacin de 5.000 a 10.000
habitantes.
Nnive (actual Mosul, norte de Irak), se funda hacia el 1800 a.C., y
en tiempos de Sennacherib (siglo vii a.C.) Tiene ms de 100.000 habitan-
tes, el doble de la poblacin de la Babilonia de entonces.
239
Los Millares, en Almera, persiste desde el cuarto milenio hasta fi-
nales del segundo, con una poblacin de unos 1.000 habitantes.
Mientras no se disponga de una demografa lingstica o de una lin-
gstica demogrfica suficiente, hay que operar con hiptesis y datos tan
imprecisos como estos. Estas poblaciones desarrollan sus lenguas pro-
pias y empiezan a tener los primeros documentos escritos entre el tercer
y segundo milenio a.C. En concreto, las primeras lenguas indoeuropeas
con sus primeros documentos escritos datan de: indo-iranio descendien-
te del proto-indo-iranio tercer milenio a.C., antiguo asirio siglo 19 a.C.,
hitita siglo 16 a.C., griego micnico siglo 16 a.C., proto-celta y tartessio
siglo 8 a.C., latn y sus descendientes (lenguas romances) siglo 7 a.C.
Se estima que la poblacin mundial es de 6 millones en el 10.000
a.C., que con el desarrollo de la agricultura se duplica cada 2.000 aos
y alcanza los 252 millones en ao 0. En Asia pasa de 95 millones en el
ao 400 a.C., a 170 en el ao 0, y en Europa de 19 millones a 31 en el
mismo periodo11.
Cuando el grupo humano est formado por ms de 5.000 perso-
nas, entonces hay que contar bien la cantidad de grano que se cosecha
cada ao, el tiempo que tardan en consumirlo 5.000 personas, y hay
que organizar el tiempo segn un sistema numrico cuantitativo nico
para todos.
As el tiempo interior de los 5.000 individuos es el mismo y el modo
de representarlo, contarlo y vivirlo, tambin. El lenguaje predicativo, el
que se utiliza para acumular y transmitir informacin en sistemas extra-
corpreos, cada vez es ms necesario, ms habitual, ms familiar. En la
vida de la ciudad, en la de las familias y en la de los individuos. El traba-
jo hay que organizarlo como un inmenso engranaje de las actividades de
unos con las actividades de otros.
Durkheim crea que la sintaxis tena que ver con esa forma de
divisin del trabajo, de articulacin de funciones, de contar segn la
serie de los nmeros naturales. Que la nocin de sustancia y los nom-
bres sustantivos (y todas las palabras que hacan sus veces), podan
estar en correlacin con la estabilidad arquitectnica-urbanstica, que
las categoras de lo reversible y cambiante podan estar en correlacin
con esa peculiar herramienta del cambio universal que es el dinero, y
que el sentido lineal y unidireccional con que se organizaba el tiempo
colectivo y personal poda estar en correlacin con el sentido lineal y
unidireccional de la escritura.
[11] Livi Bacci, M.: Historia mnima de la poblacin mundial. Barcelona: Ariel, p. 45.
240
Pero adems de Durkheim, tambin lo crean, y con diferente enfo-
que y grado, unos cuantos pioneros de las ciencias sociales y humanas
como George Herbert Mead, Ferdinand De Saussure y Jean Piaget12.
[12] Bernrdez: op. cit.; cfr. Durkheim, E.: Las formas elementales de la vida religiosa. Madrid:
Alianza, 1993; Saussure, F.: Curso de lingstica general. Madrid: Alianza, 1991; cfr. Piaget, J.:
Las operaciones lgicas y la vida social, en Estudios sociolgicos. Barcelona, Ariel, 1977.
[13] Aristteles: Categoras, (1b25-2a4): Sustancia o cantidad o cualidad o relacin o donde o
cuando o posicin o tener o actuar o ser afectado. Of things said without any combination,
each signifies either substance or quantity or qualification or a relative or where or when or
being-in-a-position or having or doing or being-affected. To give a rough idea, examples of
substance are man, horse; of quantity: four-foot, fivefoot; of qualification: white, grammati-
cal; of a relative: double, half, larger; of where: in the Lyceum, in the market-place; of when:
yesterday, last-year; of being-in-a-position: is-lying, is-sitting; of having: has-shoes-on, has-
armour-on; of doing: cutting, burning; of being-affected: being-cut, being-burned ( Akrill).
241
De modo similar, unos lingistas piensan que las categoras lings-
ticas y las claves bsicas para usar la lengua, para hablar, se constru-
yen en el proceso de invencin y evolucin del lenguaje, y otros, como
Chomsky, creen que hay una ideas innatas o unos universales del len-
guaje que generan el lenguaje en todos los seres humanos.
En el proceso cultural de formacin del lenguaje, hay todava algo
ms que confiere a un grupo humano ms estabilidad que la piedra, que
la ciudad, o que el templo, y es la medida. La medida, y en general el
nmero, es ms estable que la sustancia, porque los entes ideales son lo
ms permanente, consistente e invulnerable que el hombre puede encon-
trar. Si acaso, en los primeros milenios del neoltico y del bronce, podan
pensar que las estrellas fijas eran sustancia tan fijas como los nmeros,
y sin duda Platn lo crea. Los nmeros y las medidas son ms firmes,
mas verdaderos y ms estables que las palabras y las categoras. No es
por casualidad que la palabra hebrea para verdad, a saber, emet,
signifique tambin piedra.
La simultaneidad e interaccin de todas las actividades humanas en
el proceso de generacin del sistema social, el sistema cultural y el sen-
tido comn, a partir del momento en que se consolidan los parmetros
de la revolucin neoltica sealados por Gordon Childe, es el contexto en
el que se genera un sistema de comunicacin especficamente adecuado
para transmitir informacin, a saber, el lenguaje predicativo.
Un lenguaje adecuado para transmitir informacin, en una relacin
de interaccin comunicativa, no es el lenguaje de los mitos que recogen
los rapsodas y aedos en el epos, en las epopeyas, cantares de gesta, roman-
ces, etc. No es tampoco el lenguaje que utilizan los escribas y comercian-
tes para contar el grano, la cantidad de tierra cultivable o la capacidad de
los silos y almacenes. Es, en cambio, el lenguaje que utilizan los magis-
trados y senadores en los foros, es decir, la retrica, el lenguaje que toma
Aristteles para su descripcin o definicin de hombre como animal que
tiene lenguaje, para ponerse de acuerdo respecto de lo bueno y lo justo
para la ciudad.
Es en relacin con ese lenguaje de la retrica, con el que Hermago-
ras de Temnos, en el siglo i a.C., establece siete claves o cuestiones que
hay que atender para que en la comunicacin se transmita una informa-
cin clara y precisa, que son: Quis, quid, quando, ubi, cur, quem ad mo-
dum, quibus adminiculis. Estas siete cuestiones claves, formuladas de
diversa forma por Cicern, Quintiliano y otros ilustres retricos romanos
y medievales, en el siglo xx se establecen en las facultades de periodismo
de las universidades norteamericanas como puntos fundamentales que
242
han de ser atendidos y aclarados en la informacin periodstica, a saber,
Who, what, when, where, why, in what way, by what means14.
Si se disponen en una tabla de siete columnas el mencionado sis-
tema de categoras retricas, en correspondencia con los de categoras
periodsticas, filosficas, lingsticas y culturales, se puede obtener una
tabla que ayuda a comprender la interaccin entre todos ellos, desde co-
mienzos del neoltico, en el proceso de consolidacin y desarrollo del
lenguaje predicativo y de la escritura.
[14] http://en.wikipedia.org/wiki/Five_Ws
243
lingstica tiene una potencialidad de configuracin de la razn occiden-
tal que fragua en dos modalidades, la racionalidad terica y la racionali-
dad prctica, que diferencian a la cultura occidental de todas las dems
culturas y que le confieren unos rasgos muy acusados.
[15] As lo comentan Carrasco, D.: Ciudades y smbolos. Las antiguas religiones cen-
troamericanas, Sthr, W.: Diversidad y totalidad. Las religones de Indonesia, Sthr, W.:
Las religiones de Oceana y Peter Bolz Bajo el signoi de la danza del sol. Visin religiosa
del mundo y ritualismo de los sioux oglalas de Norteamrica, en Eliade, M.: Historia de las
creencias y de las ideas religiosas. III-2, Barcelona: Herder, 1999.
244
A lo largo del neoltico esos elementos performativos quedan re-
servados para los lenguajes creativos de la tabla del ( 41), que son los
de los sacerdotes, reyes y magistrados, mientras que los lenguajes de la
vida ordinaria, en la que cada vez aumenta ms el nmero de personas,
se van desarrollando cada vez ms al margen de los saberes creativos,
cada vez ms como lenguajes impotentes, es decir, con un lenguaje pre-
dicativo, como lo que ahora llamamos el lenguaje ordinario. En el len-
guaje ordinario los nombres de dioses se secularizan y se lexicalizan,
y van generando los sistemas categoriales en correspondencia con las
categoras lingsticas tal como se configuran en los lenguajes contem-
porneos.
Edward Sapir, en 1921, ilustr lo fcilmente que los elementos
lingsticos pasan de una categora a otra16, de verbos a sustantivos y
viceversa, de adjetivos a adverbios y viceversa, y a finales del siglo xx
Roy Rappaport ilustra tambin lo fcilmente que una expresin perfor-
mativa, un rito litrgico, da lugar a una proposicin de fe en trminos
de lenguaje predicativo17.
El lenguaje ordinario, desde sus comienzos en el mesoltico, se
conmensura con el sentido comn, que es, como deca Geertz, natural,
prctico, transparente, asistemtico y accesible18. Por eso el lenguaje
ordinario esta lleno de metforas y tropos, expresiones nuevas, trminos
polismicos, y categoras lingsticas que cambian continuamente como
observan Sapir y Rappaport.
Ese lenguaje de la vida cotidiana, impreciso, polivalente y lleno
de figuras literarias, no es, sin embargo, el lenguaje de lo que hacia
mediados del primer milenio se consolid en el mundo griego como
ciencia (episteme), ni tampoco como sabidura (sophia). La sabidura se
haba desarrollado en Grecia como un tipo de ciencia, como la ciencia
suprema, y a su vez, la ciencia se haba desarrollado sobre la medida
y el nmero, y sobre la proporcin y relaciones entre medidas, o sea,
sobre el clculo, como se ha dicho ( 58-64). La metfora y el clculo
constituyen as las bases de las dos modalidades del lenguaje y de las
[16] Sapir, E.: Language. An Introduction to the Study of the speech. New York: Harcourt Brace
Jovanovich, 1949.
[17] Es decir, el modo en que los ritos dan lugar a los postulados sagrados fundamental-
es. Cfr. Rappaport, R.: Ritual y religin en la formacion de la humanidad. Madrid: Cambridge
University Press, 2001, cap 9.
[18] Geertz, C.: El sentido comn como sistema cultural, en Conocimiento local. Barcelona:
Paidos, 1994, p.107.
245
dos modalidades de la razn, a saber, lenguaje ordinario y razn prc-
tica, por una parte, y lenguajes matemticos o formalizados y razn
terica, por otra.
Desde los inicios de la cultura occidental en el mundo griego y
apoyada en la cultura griega, se da una tensin entre los dos tipos de
lenguaje y las dos configuraciones de la razn, que se mantiene hasta
los comienzos del postneoltico en el siglo xx. En ese momento el len-
guaje ordinario y la razn prctica adquieren una conciencia cientfica
y filosfica de s mismos, y los lenguajes formalizados y la razn te-
rica, tambin, pero, como enseguida veremos, no por eso desaparecen
las tensiones.
Las tensiones entre los dos tipos de lenguaje y los dos tipos de
razn se producen porque aunque el lenguaje predicativo es el lengua-
je del pueblo, el lenguaje ordinario, tambin es el de las autoridades,
y ese lenguaje predicativo de las autoridades, es heredero de los len-
guajes performativos poderosos, de los lenguajes poderosos religiosos,
polticos y jurdicos. El lenguaje formal y la razn terica es el lenguaje
y la razn de los sabios, que no son las autoridades de la sociedad,
ni tienen poder alguno inmediatamente perceptible e inmediatamen-
te determinante de la vida cotidiana. Pero por otra parte, el lenguaje
matemtico y la razn inciden sobre el pueblo pretendiendo conocer y
transmitirle la verdadera realidad de las cosas.
En efecto, desde el punto de vista de Platn, el mundo emprico
es el de lo aparente, y as se mantiene hasta Gauss. A finales del siglo
xviii todava Kant sigue creyendo algo parecido. Cree que las condi-
ciones que hacen posible el conocimiento son las mismas condiciones
que hacen posible la realidad, y que por eso podemos hacer clculos
aritmticos y geomtricos en nuestra mente que luego al aplicarse a la
realidad funcionan. Por eso cree que muchas frmulas aritmticas y
geomtricas son juicios sintticos a priori, como se ha dicho antes ( 64).
Pero la conviccin de Platn sobre la idea como verdadera naturaleza
de la realidad, como veremos, la mantienen los matemticos y filsofos
del siglo xxi.
Por su parte, la filosofa, al menos en una de sus lneas importantes
en la historia de la cultura occidental, la que arranca de Aristteles y le
sigue, ha mantenido una posicin intermedia entre el lenguaje ordina-
rio y el lenguaje formalizado, afirmando por una parte la legitimidad
del conocimiento ordinario y de los sentidos, y por otra la verdad del
mundo ideal, mientras se mantena perpetuamente en el dilema de si
poda y deba afirmarse a s misma como ciencia. Y ese es un problema
246
que inquiet a Aristteles, a Agustn, a Toms de Aquino, a todos cuan-
tos intentaron crear un lenguaje formalizado para la filosofa, a Kant, a
Hegel, a Dilthey y a Husserl, y que parece resuelto de una vez a partir
de Frege, Heidegger, Wittgenstein y Gadamer en el siglo xx. A partir
de entonces la filosofa tiene conciencia de qu tipo de lenguaje est
usando en cada caso, qu tipo de sistema categorial, y cules son sus
posibilidades.
Quiz esa tensin y esa ambivalencia de la filosofa occidental en-
tre vida ordinaria y ciencia se deba a la ambivalencia probablemente
propia del sistema categorial de Aristteles, que est fuertemente en-
raizado en la estructura del lenguaje humano (occidental y neoltico),
y en la medida en que el juego de sustancia-accidentes se corresponde
con el juego sujeto-predicado19. Ese sistema categorial est establecido
por va inductiva, empricamente, y basado completamente en el len-
guaje ordinario, en la vida cotidiana. Por eso los filsofos posteriores
han intentado establecer el sistema categorial por va deductiva, de-
mostrativa, cientfica, o bien han intentado, como Kant, una deduccin
trascendental de las categoras.
Probablemente el esquema sustancia-accidente y su correlato l-
gico sujeto-predicado, es decir la estructura del lenguaje predicativo,
tenga en s mismo la ambivalencia que ha tenido y tiene la filosofa.
247
que ha oscilado la filosofa, la tendencia a la ciencia por una parte, y a
la vida y la sabidura, por otra20.
1 Yo emprico A Cultura occidental B Cultura occidental C
S mismo clsica y moderna medieval y post-neoltica
2 Yo trascendental
Intelecto y Razn terica Intelecto y Razn prctica.
Orden trascendental
3 Entendimiento y
Entendimiento y Tpica
Orden predicamental Categoras
Signo y Clculo Smbolo, analoga,
Ideacin, diferencia
4
temporalizacin Tropos, metfora
Elementos y
Pensamiento temporal Pensamiento espacial .
estructura de la
Lenguajes formalizados Lenguaje ordinario
actividad intelectiva
Esquema sujeto-objeto Esquema sujeto-sujeto
Epistemologa Hermenutica
Imaginacin
Actitud cientfica de Actitud natural de
conocimiento conocimiento
Sentido comn
Juicio determinante Juicio reflexionante
Esquematizacin Simbolizacin
(paradigma onto-teo- (paradigma post-
lgico neoltico
olvido del ser) apertura al ser)
Realizacin, concepcin Realizacin, concepcin
5 y expresin de la subjeti- y expresin de la subjeti-
Productos culturales vidad y del ser en clave vidad y del ser en clave
cognoscitivos temporal e interior. espacial.
Ciencia, dialctica, gran- Comunicacin, compren-
des relatos. sin.
Predominio de estructu- Predominio de
ras organizativas pirami- estructuras
dales. organizativas reticulares.
Elaboraciones cognosciti-
Referencia cognoscitiva a
vas en la interioridad.
6 lo informalizable:
Formalizacin de la exte-
Formas de la Dios, Vida, Ser, Poder,
rioridad y de la interiori-
auto-comprensin Nada,
dad: ciencias, biografa,
Caos, Libertad, Mal.
historia.
[20] Cfr. Capitulo 8 de Choza, J.: Antropologa filosfica. Las representaciones del s mismo, op.
cit. El esquema se puede completar con el cuadro de la estructura del espritu subjetivo de
Manual de Antropologa filosfica. Madrid: Rialp, 1989.
248
El clculo, como ya se ha dicho, es la combinacin y el estableci-
miento de unas relaciones entre medidas. A este tipo de funcionamien-
to de la razn Kant le llama juicio determinante, y lo caracteriza como
una manera de homogeneizar, de medir elementos heterogneos, a
la que llama esquematizacin, suponiendo que se trata de una tarea
imaginativa. El juicio determinante es el propio de la ciencia, y se trata
de un conocimiento seguro y exacto.
La metfora, la creacin y el uso de metforas, como en el ejemplo
que se ha puesto al decir que el agua de la luna se comi dos perros
de los dioses, no es la homogeneizacin de dos elementos heterog-
neos, sino la articulacin de dos elementos heterogneos atribuyendo
a cada uno cualidades del otro y manteniendo inalterada su heteroge-
neidad. Kant le llama simbolizacin y al tipo de operacin intelec-
tiva mediante la que se lleva a cabo le llam juicio reflexionante. Al
juicio reflexionante y a la simbolizacin tambin le llaman los antiguos
pensamiento analgico, y Kant lo seala como tpico de la creacin
artstica. Se trata de un conocimiento inmediato, polivalente, inseguro
y muy prctico, como es el sentido comn y el lenguaje ordinario21.
No es muy difcil advertir que el lenguaje ordinario est ms ba-
sado en la simbolizacin y la analoga que en el clculo, pero tampoco
es difcil advertir que hay una dimensin de la vida cotidiana en que el
clculo tiene ms importancia que todo lo dems, y es toda la dimen-
sin econmica. Para intercambiar bienes y servicios y para comprar
y vender, hay que calcular. Ese clculo tiene que ser un clculo exac-
to a partir del momento en que se produce la universalizacin de los
salarios y del uso del dinero, que es con la revolucin industrial en la
segunda mitad del siglo xviii.
Pues bien, desde que se inicia la acuacin de la moneda en el
siglo vi a.C., hasta mediados del siglo xviii, la mentalidad cientfica
ha ido ganando terreno en la vida cotidiana de los occidentales en la
medida en que el clculo era cada vez ms necesario para esa vida coti-
diana. Eso ayuda en parte a que se acente la mentalidad cientificista
que impera en la cultura occidental desde mediados del siglo xviii hasta
mediados del siglo xx. Pero eso no explica el cientificismo y, mucho
menos, su descomposicin y la emergencia de nuevos modo de pensar.
[21] Kant, E.: Crtica del juicio. Madrid: Espasa Calpe, 197, 1-29, cfr. 29, Nota general
a la exposicin de los juicios estticos reflexionantes , cfr. Choza, J.: Antropologa filosfica.
Las representaciones del s mismo, op. cit., cap. 8.
249
Este esquema del funcionamiento de la razn en la cultura occi-
dental dura unos 2.500 aos. Todava se comprende mejor esta mente
neoltica, al sealar su descomposicin y al compararla con la cultura y
la mente post-neoltica del siglo xxi, que enlaza con el alma primitiva
y abre nuevas posibilidades a la razn de aquella infinita riqueza de
posibilidades que esa alma contena de suyo.
La creciente hegemona del uso cientfico de la razn no slo se
apoya en el creciente uso de la moneda y del clculo monetario. Se
apoya tambin en la racionalidad y medida que establece el derecho
abstracto, en la organizacin racional de la administracin romana y en
la estructura administrativa del estado moderno, como sealara Max
Weber22. Y por supuesto, se apoya en el gran desarrollo de la ciencia
moderna y de la revolucin industrial, que cambian las condiciones de
vida de lo que Gordon Childe haba llamado revolucin neoltica, can-
celando los parmetros bsicos que el historiador australiano sealara.
A resultas de todo eso, en la segunda mitad del siglo xx desaparece
la economa de produccin y se sustituye por una economa de servi-
cios, desaparece la ciudad y se sustituye por las reas metropolitanas
o por la ordenacin del territorio, y desaparece la escritura alfabtica
como base de acumulacin y transmisin de informacin y se sustituye
por los medios basados en las ondas y el lgebra de Boole23. Esto ltimo
significa que la totalidad de lo dado en el orden emprico y en el orden
conceptual puede ser acumulado y transmitido instantneamente (a la
velocidad de la luz) mediante una codificacin y decodificacin en cla-
ve de 0 y 1, o sea, puede ser digitalizado y convertido en informacin.
La hegemona del uso cientfico de la razn, con la bsqueda kan-
tiana de un sistema filosfico categorial tan deducible como el sistema
de los nmeros, la bsqueda de un lenguaje formalizado completo que
a partir de Frege se alcanza, es lo que Heidegger caracteriza como pa-
radigma onto-teo-lgico, y lo que antes Nietzsche critica como plato-
nismo y cristianismo esencialista y apolneo.
La crtica de esa hegemona de la razn cientfica, la percepcin
de los lmites del uso cientfico de la razn, es lo que se desarrolla en el
siglo xx como crtica de la Ilustracin, crtica de la modernidad, o crtica
de la racionalidad cientfica, y que Heidegger realiza a partir de 1927
[22] Weber, M.: Economa y sociedad. Madrid: FCE, 2002, Segunda parte, cap. X, Sociologa
de la dominacin.
[23] Este tema esta expuesto en Choza, J.: Antropologa filosfica. Las representaciones del s
mismo, op. cit., cap. 7.
250
denominndola destruccin fenomenolgica de los conceptos funda-
mentales de la ontologa clsica24.
251
tambin los pequeos), son simultneamente cambios en el mbito de
la infraestructura, la estructura y la superestructura, o, para decirlo con
terminologa aristotlica, en el mbito de la tcnica y economa, en el
del derecho y la poltica, y en el del arte y la ciencia.
Tambin tiene que ver con la universalizacin del lenguaje ordina-
rio y su llegada al centro de los saberes creativos mediante la univer-
salizacin de la democracia, de lo cual la obra de G.H. Mead y de los
pragmatistas americanos da buena cuenta26.
El descubrimiento de Husserl y el nacimiento de la fenomenologa,
abri la tarea del anlisis y la legitimacin del conocimiento ordinario.
Husserl crey que esa tarea haba que realizarla cientficamente, y que
la fenomenologa permita construir la filosofa como ciencia estricta y
rigurosa. Pero por diversas circunstancias no pudo llevarla a cabo.
Esa tarea la llevaron a cabo, y adems con absoluta independen-
cia cada uno del otro, Wittgenstein y Heidegger, y lo hicieron com-
pletamente al margen de la ciencia. La vida cotidiana, la conciencia
comn y el lenguaje ordinario, tienen y usan categoras propias, no
cientficas. Esas son las que hay que descubrir y con las que hay que
describir y legitimar el conocimiento natural humano y el lenguaje
espontneo humano.
La posicin de Wittgenstein y Heidegger se interpret como una
crtica nihilista a toda la filosofa anterior, ms que como legitimacin
de algo natural que no haba sido estudiado. En parte porque la esco-
lstica llamada pos-moderna, que como todas las escolsticas ope-
ra en unos cauces ya abiertos de los que solamente obtienen algunos
corolarios pero en los que no abren nuevas perspectivas, dedic sus
esfuerzos a la simple destruccin de los conceptos clsicos.
Poco a poco se advierte que el rendimiento del uso cientfico de
la razn haba sido altsimo, y absolutamente irrenunciable, y surgen
los planteamientos de la tradicin neo-ilustrada. En cualquier caso, el
impacto de la fenomenologa ya no tiene marcha atrs, y se impone la
certeza de que, al contrario de lo que se haba credo en la modernidad,
la ciencia no es la nica manera de conocimiento y, desde luego, no es
el camino de la sabidura27.
[26] Mead, G.H.: Espritu, persona y sociedad. Buenos Aires: Paidos, 1972 y Sanchez de la
Yncera, I.: La mirada reflexiva de G. H. Mead: sobre la socialidad y la comunicacin. Madrid:
Centro de Investigaciones Sociolgicas, 1995.
[27] Husserl, E.: La crisis de las ciencias europeas y la fenomenologa trascendental. Una intro
duccin a la filosofa fenomenolgica. Barcelona: Editorial Crtica, 1991.
252
Uno de los continuadores de Frege, Kurt Gdel, establece en
1931 sus teoremas de la incompletitud, sobre la imposibilidad de
una construccin formal autosuficiente en cuanto a la consistencia
y en cuanto a la completitud, con lo que cerraba la posibilidad de
una fundamentacin formal completa de la lgica y la matemtica28.
Por su parte, Husserl, que haba trabajado al igual que Frege en la
fundamentacin de la aritmtica a finales del siglo xix, llegaba a la
conclusin de que el lenguaje ordinario es la base de fundamenta-
cin y verificacin de los lenguajes formalizados, y lo mismo haca
por su cuenta Wittgenstein 29.
Pero los lenguajes ordinarios se basan en ltimo trmino en la
metfora, como haba dicho Nietzsche a finales del siglo xix30, y como
repite con ms amplitud Derrida a finales del xx31. Como a su vez los
lenguajes ordinarios y las metforas se fundan en la vida cotidiana
de sujetos particulares, el lenguaje objetivo de la ciencia se remite, en
ltimo trmino, al punto de vista de los sujetos particulares, y es a su
vez un lenguaje particular.
La filosofa de los puntos de vista particulares, del punto de vista
de un singular, es la filosofa de la comprensin, que Gadamer desa-
rrolla a partir de Dilthey y Heidegger como hermenutica. La com-
prensin no es un conocimiento necesario, universal y demostrable,
como el de la ciencia, sino un conocimiento contingente, singular e
indemostrable, que ms que los rasgos de lo garantizado y garantiza-
ble tiene los rasgos de lo gratuito, los de una gracia.
En esta perspectiva, la filosofa no solamente no es una ciencia,
sino que resulta un saber bastante diferente. Por eso no solamente
tiene como tema la matemtica, la lgica y en general, la ciencia, sino
que tambin tiene como tema el leguaje ordinario, y no necesita con-
vertirse en una ciencia para describirlo y legitimarlo. Necesita ir a los
fundamentos del lenguaje ordinario, de la metfora, del arte.
Anlogamente la antropologa no necesita convertirse en cien-
cia para examinar los fundamentos de las culturas. Necesita ir al
253
fundamento de los procesos de simbolizacin y de los smbolos, que
es el camino abierto por la obra de Clifford Geertz.
Los abundantes estudios sobre el lenguaje ordinario, sobre el len-
guaje predicativo, desarrollados a lo largo del siglo xx, muestran que
el lenguaje predicativo no es ms favorable al esquema sujeto-objeto
que al esquema sujeto-sujeto. Que el lenguaje no es primeramente
conocimiento y reflexin y secundariamente comunicacin, ni lo con-
trario. Que la conciencia de lo que se dice es tan originaria como el
decir, y al revs. Que el momento de la referencia (monologo con el
objeto) no es ms originario que el momento del sentido (dilogo con
otro sujeto)32.
254
Se acaba de decir que el lenguaje y la conciencia no estn ms de-
terminados por un sentido que por otro, que las dimensiones de cono-
cimiento y de comunicacin, de verdad y de sentido, son igualmente
esenciales.
Pero cuando la polarizacin es excesiva en el sentido del conoci-
miento el ser humano acaba resintindose. Todo el romanticismo es una
protesta contra la marginacin de la vida en la filosofa, moderna y an-
tigua. Esa protesta tiene un punto lgido en la crtica de Nietzsche al
socratismo y a Eurpides.
Su carcter artstico, casi no-griego puede resumirse con toda bre-
vedad en el concepto de socratismo. Todo tiene que ser consciente para
ser bello, es la tesis euripidea paralela a la socrtica Todo tiene que ser
consciente para ser bueno34.
La doble vertiente de la configuracin occidental de la razn la ha-
ban registrado y examinado desde muy antiguo otros pensadores y la
haban expresado como oposicin entre conciencia y vida, entre ciencia y
virtud. As lo haban hecho Sneca, Cicern y Tcito, Maquiavelo, Hob-
bes y Rousseau, al tomar como tema clave de su pensamiento el poder,
la vida o un estado de naturaleza anterior al estado civil, anterior a la
cultura. Nietzsche lo acenta an ms como oposicin entre matemtica
y msica, entre lo apolneo y lo dionisiaco, entre la ciencia y el arte, y
adems lo hace apelando a la tragedia griega como reminiscencia de los
ritos y las danzas ancestrales, como invocacin al paleoltico.
Esa invocacin, en los anlisis de Heidegger, se vuelve apelacin a
las fases pre-conceptuales de la historia humana como destruccin fe-
nomenolgica de los conceptos, y apelacin a las fases prelingsticas
de la comunicacin humana, es decir, apelacin al caos y al phanum. (
21-23), apelacin a la fase en que el intelecto aparece por primera vez
para s mismo y se encuentra en trance de construir el primer mandala
( 19-20).
El lenguaje es primero arte, metfora, y luego medida, homogenei-
zacin. Luego concepto, formalizacin e ideacin, tal como indican Kant
y Hegel, y a la vez temporalizacin, construccin del orden ideal, objeti-
vo e intemporal35.
Pero precisamente por eso el lenguaje predicativo, en cuanto que
se hace lenguaje conceptual, pierde el acceso a las dimensiones de la
realidad y de la subjetividad irreductibles a la formalizacin. Pierde la
255
referencia al tiempo extramental, al tiempo del s mismo exterior y ante-
rior a la conciencia, la referencia a la vida. En general pierde la referencia
a lo informalizable y, por eso, pierde la referencia a lo sagrado, el ser, la
libertad, el caos, la nada y el mal.
Heidegger denomina a la prdida de esa referencia olvido del ser, y
para superarla apela a la poesa y propone acostumbrarse a habitar en
lo innominado36, es decir propone sostenerle la mirada a lo informaliza-
ble, que ha sido marginado por los modos oficiales de saber, por la cien-
cia y la filosofa cientfica y se ha refugiado en el arte y la literatura, como
haban dicho Nietzsche y Dilthey. Seala la insuficiencia de un pensar
que ha tomado demasiado dogmtica y estrictamente el principio de
no-contradiccin como el primero y ms trascendental de los primeros
principios, y establece la diferencia como el primero y ms trascendental
de los primeros principios.
Como se ha dicho, es considerado por eso un nihilista iconoclasta
hasta que se entiende su alegacin de que su crtica al humanismo no
significa anti-humanismo, ni su crtica a la lgica irracionalismo, ni su
crtica a la tica inmoralismo, ni su crtica a Dios atesmo37.
Significan deconstruccin del humanismo, de la lgica, de la ti-
ca y del tesmo establecidos, deconstruccin que no pretende aniquilar
ni eliminar su vigencia, sino proponer otros que no son contrarios sino
diferentes, y que han pasado a denominarse alternativos en el lenguaje
meditico y en el lenguaje ordinario. En efecto, lo que no es algo, algo
formalizable, no por eso es nada, porque puede ser lo informalizable,
como ser, vida, caos, poder, etc. ( 72. Columna C fila 5). Las nociones
que abren el mbito de lo informalizable no designan en ningn caso
algo, sino los lmites del entendimiento formalizante, e incluso del len-
guaje ordinario, las instancias o las potencias que hacen que algo sea o
no sea formalizable, inteligible, susceptible de tratamiento cientfico, de
reproduccin en trminos de modelo terico, y expresable en trminos
de lenguaje ordinario.
A Heidegger su arrogancia y su estilo oracular le impiden apelar a
los ritos paleolticos, a la antropologa y a la obra de Frazer, cosa que s
hace Wittgenstein en busca de las mltiples posibilidades lingsticas y
racionales del alma primitiva. De todas formas, Wittgenstein tambin
pas por ser un nihilista iconoclasta.
256
En realidad, no se trata de nihilismo ni de destruccin de los princi-
pios ms bsicos de la cultura occidental. Se trata de que el uso terico de
la razn, que ha servido para construir la ciencia y establecer la dignidad
del hombre y los derechos humanos, tiene sus limitaciones en general,
y en particular en relacin con lo informalizable. El lenguaje cientfico,
mucho ms que el lenguaje ordinario, es especialmente limitado preci-
samente para habrselas con Dios, el ser, el poder, la libertad, la nada, el
caos y el mal, asuntos a los que, por otra parte, los hombres tienen acceso
y con los que tienen trato en el orden de su vida cotidiana, desde su in-
dividualidad personal informalizable.
Esa legitimacin del punto de vista del individuo singular, en re-
ferencia a los asuntos ms importantes de la vida, y en trminos del
vivir cotidiano y del lenguaje ordinario, es lo que queda examinado y
legitimado por la filosofa del siglo xx, que termina siendo hermenu-
tica, y por la antropologa del siglo xx, que trae al presente las formas
de vida paleolticas, y con ellas la fascinacin que ejercen el poder, la
vida, la nada, el caos, etc., en el alma primitiva y en la de los hombres
del siglo xxi.
257
La cuestin a clarificar es qu tiene que ver la ciencia, los modelos
tericos, con la realidad, y por qu cuando lo averiguado mediante cl-
culos sobre el modelo terico se aplica a la realidad, resulta que funciona.
La cuestin se puede ilustrar an ms afirmando que la proposicin
2+2=4 no es un juicio sinttico a priori, sino un juicio analtico derivado
de la naturaleza conceptual del nmero, y que por eso cuando se aplica
a la realidad se cumple. Pero, aunque fuera un juicio sinttico a priori, el
problema se mantiene intacto. Tambin se puede ilustrar diciendo que
la proposicin por un punto exterior a una recta se puede trazar una y
solo una paralela no es un juicio sinttico a apriori, sino un juicio anal-
tico derivado de la construccin conceptual del espacio plano, y por eso
cuando se aplica a la realidad de espacios planos se cumple igualmente.
Pero tambin, aunque fuera un juicio sinttico a priori, el problema se-
guira idntico.
Ya sean juicios sintticos o ya sean juicios analticos, el problema
es por qu los clculos y las construcciones matemticas mentales, que
se hacen prescindiendo por completo de la experiencia, concuerdan con
la realidad cuando se aplican a ella. La descripcin caricaturesca de los
matemticos como esos peculiares sabios que no saben de qu hablan
pero tampoco les importa, enuncia la circunstancia de que la matem-
tica no necesita especiales referencias a la realidad para desarrollarse.
Pero omite la circunstancia de que con el desarrollo de las ciencias em-
pricas siempre se acaba descubriendo a qu realidad corresponde cada
matemtica, qu recovecos y peculiaridades del universo real se pueden
exponer con ese lenguaje matemtico particular. La caricatura no expre-
sa la conviccin de esos peculiares sabios de que la matemtica es una
porque la naturaleza es una, y de que la naturaleza es una porque la
matemtica es una. Eso es lo que los matemticos declaran, al menos los
que yo he tratado38.
[38] Estas tesis las he tratado con mis colegas los profesores Jos Mara Montesinos Amilib-
ia, de la Universidad Complutense de Madrid, y Jos Luis Vicente Crdoba de la Uni-
versidad de Sevilla. Jos Luis ilustra muy bien esta tesis de que la matemtica sirve para
cosas que no se haban sospechado: La unidad de la matemtica est en el polo opuesto
de un sincretismo cientfico. Djame que te ponga un ejemplo grosero. La matemtica es
como un taller donde se reparan (=se resuelven) problemas todo tipo de aparatos: desde
un coche hasta un televisor, una mesa de cocina o un reloj de pulsera suizo. Esos objetos
estn all y son lo que son: no podemos identificar un reloj con un atizador de chimenea. El
dueo de tan extravagante taller es un tipo de lo ms ingenioso. Un buen da descubre que
el cepillo de madera que le sirve para el mobiliario de cocina lo puede emplear con xito
para reparar un cronmetro de alta precisin.
258
Lo que parece claro y admitido por los cientficos y filsofos a co-
mienzos del siglo xxi es que la realidad es una cosa y la objetividad otra,
que la correspondencia entre objetividad y realidad, es decir, lo que en un
determinado sentido se llama verdad, es un tanto problemtica, como
todas las medidas, y que las ciencias y la filosofa, ms que ofrecernos la
realidad tal y como inmediatamente es en s, la naturaleza tal cual es, la
dan a travs de la cultura, a travs de modelos tericos de organismo,
de espacio, de tiempo, de cosmos, de lenguaje, o de realidad en general.
Esta conclusin no tiene por qu llevar a un agnosticismo respecto
de la realidad. La pregunta pero cmo es de suyo el espacio real, como
dice Eucldes, como dice Gauss, como dice Riemann...?, tiene la misma
respuesta que la pregunta pero cmo es de suyo el cuerpo de la mujer
real, como dice Fidias, como dice Praxiteles, como dice Velzquez...?
Un matemtico dira que esa pregunta no puede responderse mien-
tras no estn suficientemente definidas las nociones de realidad y de
existencia. La definicin precisa de estas nociones atrajo siempre la
atencin de los profesores Francisco Canals de la Universidad de Barce-
lona y Leonardo Polo de la Universidad de Navarra39.
Por supuesto, los filsofos se han encargado de precisar ambas no-
ciones a lo largo de la historia. Para Kant y para Hegel, existencia es lo
dado en el espacio y en el tiempo empricos, lo observable y comproba-
ble por los sentidos. La verdadera realidad, para Kant, es la cosa en s
incognoscible, y para Hegel la verdadera realidad es la sntesis entre
lo empricamente dado y el concepto, la unidad de la existencia y la idea.
Hay otras definiciones de ambas nociones, pero estas son suficientes
ahora.
Desde el punto de vista hegeliano, la verdadera realidad del logos
quiz sea el modelo de razn de Aristteles y el de Frege en una sntesis
actual, y desde el punto de vista kantiano lo oculto e incognoscible de la
inteligencia humana.
La verdadera realidad de los nmeros, para Hegel, quiz sea el
modelo que resulta integrando en una sntesis contempornea las
259
definiciones de Pitgoras, Arqumedes, Gauss y Frege, y para Kant lo
incognoscible de los nmeros.
La verdadera realidad del Universo, para Hegel, quiz sea el mode-
lo que resulta de la integracin de las propuestas de Newton, Einstein,
Plank y Higgs, y para Kant, lo incognoscible del universo.
La verdadera realidad del organismo humano quiz sea, para
Hegel, la integracin de los modelos de Galeno, Avicena, Harvey y Clau-
de Bernard, y para Kant, lo incognoscible del organismo.
Cuando lo percibido como existente empricamente de la razn, los
nmeros, el universo y el organismo no coincide con el modelo terico,
para Kant podra tratarse de que la verdadera realidad emite seales
de que no es conocida en su verdad. Para Hegel podra tratarse de eso,
pero tambin podra tratarse de que hay impurezas empricas en lo
observado.
Si en vez de tomar el organismo humano desde el punto de vista
anatmico y fisiolgico, se toma desde el punto de vista esttico, se pue-
de aclarar un poco ms la cuestin. Si volvemos a preguntar cmo es el
verdadero cuerpo de la mujer, si el modelo de Fidias, de Praxiteles, o de
Velzquez, desde el punto de vista de Hegel habra que decir que la ver-
dadera realidad de la mujer es Claudia Shiffer, o Naom Campbell, por-
que en ellas lo existente empricamente coincide con la idea de Praxiteles
y de Velzquez. Y desde el punto de vista kantiano... como lo propio de
la esttica es slo el aparecer, la coincidencia entre apariencia y realidad,
la verdadera realidad de la mujer sera tambin Claudia Schiffer. Porque
aunque cien modelos reales en las pasarelas de la moda no tienen ms
contenido inteligible ni perceptible que las cien modelos transmitidas
por televisin o que cien chicas pensadas, su verdadera realidad es
precisamente lo que hay en las pasarelas y que no est en la pantalla de
televisin ni en las chicas imaginadas.
Todava se puede ilustrar de modo ms completo el sentido de la
expresin verdadera realidad tomando al ser humano, no desde el
punto de vista anatmico y fisiolgico, ni desde el punto de vista es-
ttico, sino desde el punto de vista de su plenitud fsica, psquica y es-
piritual (que es la definicin de salud establecida por la Organizacin
Mundial de la Salud). En ese caso, la verdadera realidad del hombre
sera, para Hegel, Jess de Nazaret40, y para Kant tambin en cuanto que
para l (cristiano como Hegel), es la plenitud de la realidad humana en
tanto que incognoscible.
260
En este caso, el punto de vista de Kant y Hegel, cristianos protes-
tantes ambos, coincidira con el de Wittgenstein y Heidegger, cristianos
catlicos ambos41, en cuanto que para los dos la verdadera realidad
pertenece al orden de lo informalizable. En lneas generales puede pa-
recer que en este caso el punto de vista de Wittgenstein y Heidegger
coincide con el de Kant, y el de Hegel se aparta de los tres.
Podra sostenerse con fundamento ese punto de vista si se con-
sidera la crtica de Hegel a Kant insistiendo en que la diferencia entre
fenmeno (apariencia) y cosa en s (verdadera realidad) pertenece
a la conciencia y no a la realidad. Pero esa crtica no es el nico punto
de vista de Hegel al respecto si se tiene en cuenta que la para l la inti-
midad individual esa sede del mrito y la culpa permanece siempre
sustrada incluso al proceso de realizacin de la idea universal en la
historia42. Finalmente, para ilustrar el sentido de la expresin verda-
dera realidad en la vida cotidiana y en el lenguaje ordinario, referido a
los seres humanos corrientes desde el punto de vista de un ser humano
corriente, hay que sostener que personalmente, para m, la verdadera
realidad y la cumbre de lo humano es mi hija, mi padre y mi madre
(aunque hayan muerto), y mis hermanos, porque sus impurezas em-
pricas no les hacen perder un pice de su carcter de realidades real-
mente vivas que transmiten realidad y vida, y tambin yo en el mismo
sentido soy la verdadera realidad.
Eso, desde el punto de vista de Kant, de Hegel, de Wittgenstein
y de Heidegger. Y probablemente, tambin desde el punto de vista de
Jess de Nazaret, en la medida en que en sus enseanzas transmitidas
hay igualmente expresiones en el mismo sentido sobre la verdadera
realidad.
En efecto, la expresin pues quien no ama a su hermano, a quien
ve, no puede amar a Dios, a quien no ve (1 Jn 4, 20) alude a la identidad
de lo emprico, lo inteligible y lo informalizable del hombre y de Dios
dado al hombre corriente en el acto de ver, de tratar, a su hermano.
El trato con los padres y los hijos, los hermanos y los amigos, est
basado ms en saberes y lenguajes performativos que en saberes y len-
guajes predicativos, ms en ritos creativos y transformadores que en la
[41] Wittgenstein y Heidegger son considerados catlicos aqu en cuanto por voluntad
propia murieron como catlicos y fueron enterrados como catlicos, sin entrar en las rela-
ciones del pensamsiento religioso de ambos con la enseanza oficial de la iglesia institu-
cional de su poca.
[42] Hegel: Lecciones sobre la filosofa de la historia universal. Madrid: Alianza, 1980, p. 99.
261
transmisin de informacin. Los ritos de levantarse de la cama, llevar a
la ducha y ensear a usarla, desayunar, llevar al colegio, comer, ensear
a comer, ayudar a los deberes, dar la merienda, dar la cena, vestir, sacar
de paseo, dar besos, reir, castigar, mandar lavar las manos, comer bien,
ir a la cama a su hora, contar un cuento, jugar en el ordenador, ver pe-
lculas, etc., ocupan ms tiempo que transmitir informacin mediante
lenguaje predicativo.
Esos ritos, por otra parte, son elementos integrantes del rito pri-
mordial y total de la vida, de recibir la vida y dar la vida, que desde
los primeros tiempos del paleoltico tenan al oso como referencia, como
padre, madre e hijos ( 17-18), del que derivan todos los dems ritos
que organizan el espacio y el tiempo y los valores ( 25-26), estructuran
la psique ( 27-28), determinan la identidad ( 30), y establecen el plano
de lo emprico, del lenguaje predicativo, de lo formalizable y de lo sus-
ceptible de tratamiento cientfico.
Precisamente porque esta verdadera realidad de lo humano y de
lo divino, del ser y de la vida, del caos y el mal, dada en el orden del
saber creativo y transformador, permanece siempre sustrada incluso al
proceso de realizacin de la idea universal en la historia y sustrada al
estruendo de lo formalizable y de la ciencia, tiene una autonoma e inde-
pendencia que se custodia al otro lado de una frontera bien diferenciada.
Pero el hecho de que la frontera entre individuo y cultura est bien
diferenciada no significa que no haya un trasvase continuo de un lado
al otro. Del individuo a la cultura aportando siempre nuevas creaciones
y de la cultura al individuo situndolo cada vez en un tiempo cultural
diferente (en la sucesin del tiempo histrico).
262
epistemologa y la hermenutica, podan cada una dar cuenta de la otra
y hacerse cargo de ella.
En su estudio, Sanflix se inclina ms bien en el sentido de que
mientras cabe tratar cientficamente la interpretacin y hacer ciencia de
ella, no es del todo viable una traditio, una transmisin e interpretacin
del pasado sin situarlo en el nivel de la ciencia del que lo recibe, y que
en este sentido no cabe una transmisin de la ciencia sin actualizacin de
ella, sin transformarla en ciencia.
El estudio de Sanflix tiene ms sentidos y aspectos que este que se
acaba de referir, pero este es el ms pertinente en relacin con las tesis
de la filosofa de la cultura. En su perspectiva lo que est tomado como
clave de la hermenutica es la transmisin de la tradicin, aqu, en cam-
bio, la de la legitimidad del punto de vista particular, incluso del punto
de vista singular. La hermenutica y la ciencia se pueden considerar, en-
tre otras perspectivas, desde el punto de vista del contenido, del objeto.
Tambin se pueden considerar desde el punto de vista de la actividad
singular del pensador.
Desde este segundo punto de vista la ciencia tiene una dimensin
performativa, ritual. No slo en el sentido de los ritos acadmicos de la
obtencin del grado de licenciado o de doctor, ni en el de los ritos de
obtener la venia docendi , la ctedra o la libertad de ctedra. Sino, sobre
todo, en el sentido de alcanzar el consenso o la aceptacin por parte de
la comunidad cientfica.
Antes an que el consenso de la comunidad cientfica, el rito ms
importante en la actividad de un investigador es el de obtener al menos
la aceptacin de un colega, aunque sea slo uno. Ese rito que concluye
con la expresin, explcita o implcita, s, yo tambin lo veo, o s, estoy
de acuerdo.
Zubiri deca que la condicin del filsofo es la soledad, porque se
aventura con el pensamiento en territorios por donde nadie ha pisado.
Y la soledad lleva consigo la extraeza y la inseguridad, manifiestas en
soliloquios del tipo esto se le tiene que haber ocurrido antes a alguien,
cmo se me va a haber ocurrido a mi slo, y si esto no se le ha ocurrido
a nadie...aunque a mi me parece claro... ser verdad?. Roger Penrose,
en un pasaje de La nueva mente del emperador, hace una fenomenologa del
acto en el que un matemtico registra en su conciencia, como acto dife-
renciado de los dems, la percepcin de que ese paso, esa conclusin, es
verdad. Eso que Penrose analiza existe, y es como l lo describe.
Pues bien, por fuerte que sea la evidencia producida en la relacin
sujeto-objeto, si esa evidencia se mantiene aislada, el sujeto experimen-
263
ta la soledad y la inseguridad. Eso le pas al propio Gdel. Tambin
Leonardo Polo repeta, quin puede estar seguro de que est en la ver-
dad cuando est solo?.
Cuando Husserl insiste en que el lenguaje ordinario es el ltimo
mbito de esclarecimiento y de fundamentacin de los lenguajes for-
malizados, insiste tambin en que el ltimo criterio de objetividad es la
inter-subjetividad. Eso significa que el ltimo criterio de validacin de lo
que se establece en los lenguaje predicativos y formalizados son los ritos
de concordancia intersubjetiva en que lo que se dice es as, la coinci-
dencia inter-subjetiva en el ser, el encuentro inter-subjetivo en el mbito
de lo informalizable, la superacin de la individualidad en la comunin
con la vida de otro, eso que Nietzsche piensa que solo se da en la embria-
guez de la msica y la danza.
Desde este punto de vista resulta ms plausible que la ciencia, la
epistemologa, la relacin sujeto-objeto, no es lo primero. Que es igual-
mente originario y fundamental la relacin sujeto-objeto-sujeto, la co-
municacin, o quiz la relacin sujeto-sujeto-sujeto. Y tambin se puede
pensar que esa relacin, por mucho que se pueda definir como parousa o
como escatologa , como manifestacin del absoluto para s mismo y para
todos, como Hegel la piensa y como Derrida menciona, tambin tiene su
lugar y su momento en la vida cotidiana y en el lenguaje ordinario de los
hombres corrientes. Porque las inteligencias se unen en la verdad y las
voluntades se unen en el bien, y si no todos los das, al menos de vez en
cuando los hombres normales se ponen de acuerdo en diversas cosas con
otros hombre normales.
264
A lo largo de sus 287 pginas, en dilogo con los colegas de la filo-
sofa espaola, y con las figuras ms destacadas del pensamiento anal-
tico y de la antropologa internacionales, el motivo que una y otra vez
aparece como trasfondo, es siempre la cuestin de si el pluralismo es un
hecho o un valor. La respuesta contundente es que el pluralismo es un
valor. Particularmente un valor de la psique y de la razn humanas, en-
tendiendo por razn humana lo que se entiende por inteligencia humana
en el lenguaje ordinario, y entendiendo que en cada fase histrica y en
cada nivel de desarrollo la razn se pluraliza en numerosos sentidos.
No solamente la inteligencia humana se configura en Grecia como
razn cientfica y se desarrolla en occidente como razn terica, adems
de como razn prctica o como uso natural de la razn. Tambin en las
esferas de la cultura la razn se configura como razn religiosa, poltica,
jurdica, econmica, artstica, cientfica y filosfica. Pero adems en cada
uno de esos mbitos tambin se pluraliza en el sentido de que el modelo
terico de organismo de Galeno, Harvey y Claude Bernard, admite y
tiene a su lado el modelo de organismo de Hanemann, y la correspon-
diente concepcin de la enfermedad y la terapia de la homeopata, que es
inconmensurable con la patologa general de la medicina convencional.
Esta inconmensurabilidad, por otra parte, no es una afirmacin de
relativismo porque los dos modelos de organismo tienen bien definidos
los criterios de salud y de enfermedad. Lo inconmensurable es la terapia,
es decir, el proceso por el que se va desde la enfermedad a la salud en
cada caso.
La universalidad de la razn es la universalidad de la inteligencia
como capacidad natural de la psique humana, y la psique humana mis-
ma. El valor del pluralismo y de la pluralidad es lo que se ha llamado
antes la infinita riqueza de la razn y de las posibilidades lingsticas del
mesoltico ( 68), la infinita capacidad de creacin de sistemas de signos,
y, con ello de sistemas categoriales.
Por otra parte, y como ya se ha sealado ( 67), la capacidad de crea-
cin de sistemas de smbolos es menor porque mientras los signos son
convencionales y arbitrarios, los smbolos son naturales. Si todava se
tiene en cuenta que aquella primera simbolizacin es el comienzo emp-
rico del orden trascendental, desde el punto de vista histrico y desde el
punto de vista trascendental, entonces es posible conectar con los sapiens
de Altamira o de Chauvett para considerarlos como nuestros primeros
clsicos, al menos en el orden histrico. Tan clsicos como Homero y
Cervantes, en el sentido de que, desde su singularidad irrepetible, abren
local y singularmente el orden trascendental, a partir del cual empiezan
265
a construir, como los sapiens posteriores siempre harn, el orden predica-
mental de los sistemas categoriales y lingstico-alfabticos.
El valor del pluralismo no est solo en que pone de manifiesto la
infinita riqueza de la razn, sino tambin en que pone de manifiesto las
infinitas vas de acceso a la comprensin del orden transcendental, de lo
informalizable.
266
CAPTULO 9
EPLOGO CONCLUSIVO
267
El neoltico se interpret como un proceso progresivo que al alcan-
zar las metas propias de un humanismo global se cancelaba a s mismo
como proceso y desembocaba en el fin de la historia, el fin del arte y el
fin de la religin. Esa es la visin no solamente de Hegel, que cree firme-
mente en la historia y el progreso, sino tambin de quienes creen en la
involucin y el regreso, como el nutrido grupo de apocalpticos que van
desde Oswald Spengler a Ernst Gellner. En general, en la segunda mitad
del siglo xx se reproduce el abatimiento y la desesperanza de finales de
la edad antigua. Agustn contempla la descomposicin de Roma como
si presenciara el fin del mundo, y los ltimos pensadores de la moder-
nidad en el siglo xx y buena parte de los de la posmodernidad, perciben
tambin el fin de la Ilustracin como fin del mundo y de los ideales del
humanismo occidental.
Con todo, en el silgo xx, hay muchas perspectivas desde las que se
percibe bien que, aunque efectivamente el neoltico est entregando sus
ltimo frutos culturales, ello no slo no significa una liquidacin de los
valores del humanismo paleoltico ni de los del neoltico, sino la inaugu-
racin de una nueva etapa para la que an no hay criterios de interpre-
tacin y comprensin suficientes.
Entre esas perspectivas se inscriben la obra filosfica de Heidegger
y Wittgenstein, que en cierto modo inauguran una nueva era cultural y
un nuevo humanismo, la de Dilthey que percibe el carcter indefinido
del progreso y, desde luego, la de Hegel, que percibe la fusin de las
esferas de la cultura y de todos los valores del humanismo en esa unidad
de la sociedad civil a la que da el nombre peculiar de Estado.
La filosofa no se ocupa del futuro. Es reflexin y slo se reflexio-
na sobre lo que ya ha pasado. De este modo puede hacerse cargo de
cmo se comprende s mismo el hombre en el paleoltico, en el neol-
tico y en el periodo histrico, segn los esquemas y categoras de su
paradigma cultural.
Pero despus del periodo histrico, cuando empieza lo que hemos
llamado post-neoltico, la filosofa ya no es solo reflexin, y mucho me-
nos reflexin crtica y fundante, sino conversacin, y sobre el futuro s se
puede conversar.
Cuando termina el periodo histrico la filosofa, que se ha ido exa-
cerbando como crtica desde los comienzos de la modernidad, ejerce su
crtica sobre la crtica misma, por una parte, y sobre el fundamento y la
fundamentacin, por otra.
Entonces vuelve a aceptarse que la crtica es una forma derivada
y secundaria de pensamiento, que la primera es el habla, y que hablar
268
puede hacerse despus de que se ha establecido el pacto de discurso.
Es decir, la filosofa nace en Atenas despus de que Hrcules ha acon-
dicionado el territorio y ha derrotado a los invasores procedentes de la
Atlntida. El pensamiento filosfico nace sobre la paz alcanzada median-
te la lucha y los acuerdos1. El primer momento del pensar estonces no
es la crtica, sino la tpica, el encuentro de los hombres en los lugares
en que puede haber acuerdos (pues no en todos los puede haber). La
filosofa solo puede comenzar en el neoltico, y la crtica slo al final del
periodo histrico, cuando se generaliza lo que Vico llamaba la barbarie
de la reflexin. Despus de la barbarie hay un nuevo comienzo, ese nue-
vo comienzo es conversacin, y en esa conversacin s est legitimado
hablar del futuro.
Las ltimas dcadas del siglo xx registran un buen nmero de con-
versaciones sobre el futuro. Por una parte las conversaciones que ela-
boran esas utopas quejumbrosa, elegacas y apocalpticas, mantenidas
por quienes imaginaron un futuro demasiado definido y adornado de
todas las gracias que se valoraban mximamente en la primera juventud.
Por otra parte, las conversaciones que elaboran unas utopas en que los
recursos tcnicos y culturales dibujan un panorama en que difcilmente
el individuo humano se reconocera como tal, como adaptable y capaz
de mantener su identidad. No hay conversaciones que describan utopas
en las que se resuelven tcnicamente los problemas humanos, a pesar de
que sobran elementos para hacerlo as.
Aunque la cultura registra numerosas alteraciones en las tres fases
en que aqu se ha desglosado, el paleoltico, el neoltico en su fase prehis-
trica y en su fase histrica, y el post-neoltico, hay motivos para creer
que algunos parmetros permanecen constantes en las tres fases. Por una
parte, las etapas que vienen dadas por el ciclo biolgico de nacer, crecer,
reproducirse y morir, y por otra los mbitos culturales que vienen dados
por la recepcin de esas etapas en una psique dotada de un intelecto que
opera en dos niveles, el trascendental o de lo informalizable, y el catego-
rial o de lo formalizabe.
Hay motivos para pensar que en el post-neoltico las cuatro etapas
o momentos del ciclo biolgico se mantendrn constantes. Es decir, hay
motivos para pensar que los seres humanos seguirn naciendo y se se-
guirn muriendo. A la vez, hay motivos para pensar que los dos nive-
les del intelecto producirn tambin sistemas semiticos y categoriales,
[1] Cfr.: Platn: Timeo; Choza, J.: Antropologa filosfica. Las representaciones del s mismo, op.
cit., cap III, 2.
269
aunque sean diferentes de los de las dos fases anteriores. Es decir, hay
motivos para pensar que los seres humanos seguirn hablando y comu-
nicndose entre ellos. Y eso ya son suficientes fundamentos metafsicos
para tener una certeza bsica sobre la esencia humana.
Es decir, aunque es posible que la reproduccin humana se lleve a
cabo mediante procedimientos tcnicos industriales, y que la vida huma-
na se prolongue ms aos, hay motivos para pensar que la reproduccin
se seguir realizando mayoritariamente por los procedimientos artesa-
nales de siglos anteriores que tan entraables nos resultan, y hay moti-
vos para pensar que los seres humanos seguirn muriendose y sus seres
queridos los recordarn y harn algo con sus restos. Hay motivos para
pensar que los sapiens seguirn percibiendo la vida, el poder, el caos, la
libertad o el mal como algo de lo que en ltimo trmino no disponen y
se les escapa, como algo no susceptible de ser formalizado cientfica y
tcnicamente, mientras que percibirn un gran repertorio de problemas
humanos como asuntos que s podrn ser tratados y resueltos as. Desde
la poca de Platn se ha comprobado repetidas veces que un rey filsofo
no tiene ms garantas de tomar decisiones polticas acertadas que un
rey agricultor o comerciante, y tampoco hay motivos para pensar que un
rey ingeniero o informtico s las tendra.
Esos cuatro momentos o etapas biolgicas se han elaborado cultu-
ralmente, en el paleoltico, mediante un repertorio limitado de smbolos
y con una gran variedad de sistemas categoriales. En el neoltico, me-
diante una enorme variedad de sistemas de signos y con un repertorio
bastante limitado de sistemas categoriales, tanto en occidente como en
las pocas decenas de grandes culturas hegemnicas.
Dado que la cultura se basa en y resulta de esos momentos biol-
gicos y su recepcin en una psique cuyo intelecto abre esos dos mbitos
diferenciados, no hay motivo para pensar que los parmetros funda-
mentales de la cultura vayan a alterarse.
Pero dentro de esos parmetros constantes, los cambios pueden ser
muy considerables. Tomando lo que aqu se ha considerado factor pri-
mordial de los cambios, a saber, la demografa, solamente la sugerencia
de imaginar la vida de 20 mil millones de personas en este mismo plane-
ta ya resulta un reto considerable.
No porque pueda haber problemas tcnicos y econmicos insupe-
rables, que no los hay como ha mostrado suficientemente la historia en
el siglo xx. Esos problemas tcnicos y econmicos, se pueden resolver,
y hacerlo puede suponer un interesante esfuerzo imaginativo para los
270
autores de ciencia ficcin. Los problemas ms difciles de resolver son los
psicolgicos y polticos.
Para una antropologa filosfica y para una filosofa de la cultura es
igualmente estimulante imaginar el s mismo postneoltico, que puede
estar tan disperso y repartido en sus redes sociales como el s mismo
paleoltico estaba disperso en sus redes de tiempos cualitativos.
Cuando la superficie del planeta, es decir, la superficie de las ciu-
dades, las tierras y los mares, ha sido atravesada por una red de coor-
denadas espacio-temporales que permite localizar a un individuo en un
velero en cualquier punto de cualquier ocano, o en cualquier suburbio
de cualquier ciudad, y cuando esa red es igual de firme o ms que las
tierras y los mares, entonces puede darse otra vez una dispersin de la
subjetividad en los escenarios del siglo xxi como la del individuo en los
tiempos cualitativos del paleoltico.
Sobre la homogeneizacin de la globalizacin tcnica y econmica
se expande la particularidad de las fusiones interculturales. La cultura
afroamericana no es una excepcin. Tambin existe la asitico-canadiense,
la argelino-francesa, etc. Pero adems existen las tribus urbanas multicul-
turales, nacionales, etc... Y existen los grupos cosmopolitas. La movilidad
geogrfica y cultural es un oleaje que se va acelerando. Las poblaciones y
las corrientes culturales se parecen ms a las aguas y las corrientes mari-
nas que a las montaas y ciudades neolticas e histricas.
En todos esos mundos culturales cambiantes pueden darse siste-
mas categoriales y semiticos insospechados, y eso es lo ms importante
desde el punto de vista de la antropologa, desde el punto de vista del
saber que se ocupa de analizar los modos en que el hombre se compren-
de a s mismo.
Como ya se dijo ( 72), la totalidad de lo dado en el orden emprico
y en el orden conceptual puede ser acumulado y transmitido instant-
neamente (a la velocidad de la luz) mediante una codificacin y decodi-
ficacin en clave de 0 y 1, o sea, puede ser digitalizado, transformado en
informacin y transmitido en tiempo real, si es que puede establecerse el
sentido de la expresin en tiempo real. Y eso significar una alteracin
de las fronteras entre saberes creativos y descriptivos y de su geografa.
La frontera entre individuo y cultura puede hacerse ms porosa, o
ms impenetrable, pero seguir habiendo un trasvase continuo de un
lado al otro. Del individuo a la cultura aportando siempre nuevas crea-
ciones y de la cultura al individuo situndolo cada vez en uno o en va-
rios tiempos culturales diferentes.
271
Estas observaciones no tienen nada que ver con las profecas de
la ciencia ficcin ni con las previsiones apocalpticas de las utopas ne-
gativas. Por una parte, son modestas advertencias en orden a preparar
estrategias metodolgicas adecuadas para comprender fenmenos que
pueden producirse, y que no pueden ser bien comprendidos con catego-
ras y sistemas semiticos actuales. Por otra parte, son referencias a algu-
nas constantes humanas que sirven de orientacin, referencias a lo que
los filsofos llamamos esencia y definicin. En los ltimos cien mil aos,
y en la perspectiva del siglo xxi, tras los cambios experimentados, la defi-
nicin de la esencia humana que parece ms resistente y ms orientadora
es la que hace referencia al ciclo biolgico de nacer, crecer, reproducirse
y morir, o sea a la animalidad y a la sexualidad, y la que hace referen-
cia a las relaciones sociales y a la comunicacin, o sea, al lenguaje. Es
decir, parece que la ms resistente y orientadora definicin del hombre
es animal que tiene lenguaje (Zon chon lgon2). En la perspectiva del
siglo xxi, la animalidad aparece como el fundamento emprico y el fun-
damento trascendental de la cultura ( 6-7) y el lenguaje, que adems de
la animalidad tiene como fundamento emprico y trascendental la liber-
tad, la igualdad y la solidaridad, aparece como el fundamento emprico
y trascendental de la sociedad y de los derechos humanos ( 14 y 21).
De todas formas los cambios siempre desconciertan, pero de todas
formas los medios cognoscitivos y tcnicos siempre aparecen en el mo-
mento adecuado y, adems, en varios sitios a la vez. En varias culturas
distintas a la vez y en varios cerebros individuales a la vez. Porque el
logos, que es el conjunto de relaciones de los elementos reales entre s,
se cierne sobre todos los procesos reales, y va apareciendo segn lo que
la teora de la gestalt llama ley de la mejor forma en la configuracin
real de los procesos inorgnicos, orgnicos y culturales, y en el escenario
mental de quienes conviven con esos procesos y los perciben.
El lenguaje sabe ms que nosotros, y el logos de lo real tambin. Po-
dra ser cierto que el hombre es el pastor del ser, que si lo sigue el ser lo
lleva siempre a buenos pastos o a su casa, que las ocurrencias felices y
salvadoras que aparecen a la vez en algunas mentes singulares no rela-
cionadas entre s son como mensajes de la verdadera realidad al intelecto
humano, como las noticias de los mensajeros que han llegado a lo que
Platn llamaba la llanura de la verdad. Podra ser cierto que la matemtica
es una porque la naturaleza es una. Podra ser cierto que el ser conduce al
hombre a travs de la cultura.
272
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La Antropologa en el Cine. Vol. II. Madrid: Ediciones del Laberinto, 2001.
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La segunda edicin de este libro se termin
de imprimir el da 5 de abril de 2014
festividad de Santa Irene de Tesalnica.