Los Miserables
Los Miserables
VICTOR HUGO
MONIQUE VILLEN
Introduccin
i
An me acuerdo de este poema de primaria:
Demain, ds laube.
Demain, ds laube, lheure o blanchit la campagne,
Je partirai. Vois-tu, je sais que tu mattends.
Jirai par la fort, jirai par la montagne.
Je ne puis demeurer loin de toi plus longtemps.
Je marcherai les yeux fixs sur mes penses,
Sans rien voir au dehors, sans entendre aucun bruit,
Seul, inconnu, le dos courb, les mains croises,
Triste, et le jour pour moi sera comme la nuit.
Je ne regarderai ni lor du soir qui tombe,
Ni les voiles au loin descendant vers Harfleur,
Et quand jarriverai, je mettrai sur ta tombe
Pinchar
Un bouquet de houx vert et de bruyre en fleur.
para la traduccin
ii
Victor Hugo comenz Les Misrables en 1845 pero abando-
n el libro durante quince aos. Lo retom en 1860, y la primera
parte apareci el 3 de abril de 1862. El 15 de mayo, se publica-
ron la segunda y la tercera parte y el 30 de junio, las dos ltimas
partes.
En una carta del 23 de marzo de 1862, Victor Hugo escribe:
Mi conviccin es que este libro ser uno de los principales vrti-
ces, sino el principal de mi obra.
Desde su publicacin, Los Miserables se considera la obra ms
celebre de Victor Hugo. Jean Valjean, Cosette, Gavroche, for-
man parte ahora de los personajes ms conocidos de la literatura
universal, y ciertamente de la literatura francesa.
iii
CAPTULO 1
El autor
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Victor Hugo nace el 26 de Febrero
de 1802 en Besanon (Francia). Es
el hijo de un general del Imperio
Joseph Lopold Sigisbert Hugo.
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Es tambin conocido por sus ideas sociales, humanitarias y polti-
cas. En Le Dernier Jour dun Condamne, expresa sus opiniones
contra la pena de muerte. Debe exiliarse a Jersey y Guernesey a
causa de su oposicin al golpe de estado de Louis Napolen Bona-
parte. De este exilio de veinte aos nacen Les chtiments y La
lgende des sicles ejemplo de poesa filosfica, en la que traza el
camino de la humanidad hacia la verdad y el bien desde la poca
bblica hasta su tiempo.
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Su obra es muy variada. Es poeta lrico en Odes y Balla-
des (1826), Les Feuilles dautomne (1831) o Les contempla-
tions (1856), pero tambin poeta comprometido en Les Chti-
ments (1853) y poeta pico en La lgende des sicles (1859 y
1877).
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Su obra polifactica contiene tambin discursos polticos a la
Cmara de los Pares, a la Asamblea Constituyente y a la Asam-
blea legislativa, y relatos de viajes.
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CAPTULO 2
En el cine
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Los miserables es seguramente una de las obras literarias ms lleva-
da al cine. Cada adaptacin cinematogrficas nos revela tanto de
la Francia del siglo XIX y del pensamiento de Victor Hugo como
de los siglos XX y XXI, y del universo del director. Sera muy in-
teresante analizar a Jean Valjean en cada pelcula y ver qu proce-
de de la obra de Victor Hugo y qu surge del momento histrico,
de los valores del director y del pas de origen: Francia, Estados
Unidos, Rusia, Japn, Turqua, Mxico
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LOS MISERABLES EN EL CINE
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CAPTULO 3
El musical
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El musical de Les Misrables fue creado en 1980 con la msica
de Claude-Michel Schnberg y el texto de Alain Boublil y
Jean-Marc Natel. Se present por primera vez en el Palais des
sports de Pars con una escenografa de Robert Hossein.
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Herbert Kretzmer hizo una versin inglesa para Londres, en
1985. Desde 1991, esa versin se ha presentado sin discontinui-
dad en la escena internacional, logrando as un rcord para ese
tipo de espectculos.
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CAPTULO 4
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A partir del musical de Claude-Michel Schnberg (1980) y de
la adaptacin al ingls de Herbert Kretzmer (1985), el director
Tom Hooper realiz la pelcula musical Les Misrables en 2012.
Premios ms importantes:
- 3 Oscares: mejor actriz de reparto (Hathaway), maquillaje y
sonido. 8 nominaciones.
- 3 Globos de Oro: Mejor pelcula musical, actor (Jackman), ac-
triz secundaria (Hathaway)
Globo de oro
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CAPTULO 5
El libro
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Fantine
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La cuarta parte, El idilio de la calle Plumet y la epopeya de la calle de
san Dionisio, refleja ms bien los ideales romnticos de Victor Hu-
go: el amor contrariado de Marius y Cosette, y las reivindicacio-
nes revolucionarias de libertad y de igualdad de los jvenes estu-
diantes.
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NOVELA REALISTA
El autor detalla con precisin no solamente los acontecimien-
tos y los lugares, (incluso pidi a sus amigos que verificaran la lo-
calizacin de varias calles de Pars), sino tambin los personajes y
sus estados de nimo. Jean Valjean se inspira de un caso real, un
hombre que fue condenado en 1801 a cinco aos de presidio por
robar un pan para alimentar a los siete hijos de su hermana...
El texto siguiente describe lo que se llama hoy le titi pari-
sien. No sabra decir lo que proviene de la realidad y lo que se
debe a la creatividad de Victor Hugo pero lo cierto es que, sien-
do parisina, la figura me suena muy muy familiar. Incluso, me es
difcil imaginar a un nio parisino del siglo XIX de otra forma.
Londres tiene su Oliver Twist y Pars su Gavroche.
Pars tiene un hijo y el bosque un pjaro. El pjaro se llama gorrin y el
hijo pilluelo. Asociad estas dos ideas, Pars y la infancia, que contienen la
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una todo el fuego, la otra toda la aurora; haced que choquen estas dos chispas,
y el resultado es un pequeo ser.
Este pequeo ser es muy alegre. No come todos los das, pero va a los espec-
tculos todas las noches, si se le da la gana. No tiene camisa sobre su pecho,
ni zapatos en los pies, ni techo sobre la cabeza, igual que las aves del cielo.
Tiene entre siete y trece aos; vive al aire libre; viste un viejo pantaln de su
padre que le llega a los talones, un agujereado sombrero de quin sabe quin
que se le hunde hasta las orejas, y un solo tirante amarillo. Corre, espa, pre-
gunta, pierde el tiempo, sabe curar pipas, jura como un condenado, frecuenta
las tabernas, es amigo de ladrones, tutea a las prostitutas, habla la jerga de
los bajos fondos, canta canciones obscenas, y no tiene ni una gota de maldad
en su corazn. Es que tiene en el alma una perla, la inocencia; y las perlas no
se disuelven en el fango. Mientras el hombre es nio, Dios quiere que sea ino-
cente. (Tercera Parte, Mario. Libro I, Pars estudiado en su tomo. Cap.1. Parvulus)
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Me llama la atencin la descrip-
cin del paseo al campo, cuando
el autor presenta a Fantine. Pare-
ce un verdadero cuadro impresio-
nista anticipado:
Fueron a Saint-Cloud en coche; se pa-
raron ante la cascada; jugaron en las ar-
boledas del estanque grande y en el puen-
te de Svres; hicieron ramilletes de flores; comieron en todas partes pastelitos
de manzanas. () Las cuatro alegres parejas resplandecan al sol en el cam-
po, entre las flores y los rboles. En aquella felicidad comn, hablando, can-
tando, corriendo, bailando, persiguiendo mariposas, cogiendo campanillas, mo-
jando sus botas en las hierbas altas y hmedas (Primera Parte, Fantine. Li-
bro III, En el ao 1817. Cap. III. Cuatro a cuatro).
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Para documentarse, Victor Hugo estuvo en Montfermeil en
1845. Este conocimiento del pueblo es uno de los elementos que
dan a esta parte del texto su lado realista.
Montfermeil en 1823 no era ms que una aldea entre bosques. Era un
sitio tranquilo y agradable, cuyo nico problema era que escaseaba el agua y
era preciso ir a buscarla bastante lejos, en los estanques del bosque. El bode-
guero Thenardier pagaba medio sueldo por cubo de agua a un hombre que te-
na ese oficio y que ganaba en esto ocho sueldos al da: pero este hombre slo
trabajaba hasta las siete de la tarde en verano y hasta las cinco en el invierno,
y cuando llegaba la noche, el que no tena agua para beber, o iba a buscarla,
o se pasaba sin ella. (Segunda Parte, Cosette. Libro III, Cumplimiento de una pro-
mesa. Cap.1. La cuestin de agua de Montfermeil.)
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Montfermeil al inicio del siglo XX - Avenida Victor Hugo.
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NOVELA PICA
El libro describe por lo menos 3 grandes frescos: la batalla de
Waterloo, el motn de Paris de junio de 1832 y la travesa de los
desages de Paris por Jean Valjean.
Les escenas de batalla en las barricadas me recuerdan el cua-
dro de Delacroix, La libert guidant le peuple.
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La novela es tambin pica por la descripcin de los combates
del alma:
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HIMNO AL AMOR
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radicalmente el discurso de Javert que piensa que un criminal no
puede redimirse.
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En este pasaje, se ve cmo el amor es capaz de transformar a
las personas y curar sus heridas aunque sean muy profundas.
Al da siguiente, al amanecer, hallbase otra vez Jean Valjean junto al le-
cho de Cosette. All, esperaba. inmvil, mirndola despertar.
En su alma entraba una cosa nueva.
Jean Valjean no haba amado nunca. Haca veinticinco aos que estaba
solo en el mundo. Jams haba sido padre, amante, marido, ni amigo. En pre-
sidio era malo, sombro, casto, ignorante, feroz. (...)
Cuando vio a Cosette, cuando la hubo cogido y libertado, sinti que se estre-
mecan sus entraas. Todo lo que en ellas haba de apasionado y de afectuoso
se despert en l y fue a parar a esta nia. Iba junto a la cama donde estaba
durmiendo y temblaba de alegra, senta arranques de madre y no saba lo
que eran porque es una cosa muy oscura y muy dulce ese grande y extrao mo-
vimiento de un corazn que se pone a amar.
(Segunda Parte, Cosette. Libro IV A caza de espera, jaura muda. Cap. III Dos des-
gracias entrelazadas producen felicidad).
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NOVELA POLTICA Y SOCIAL
Pero la principal motivacin del libro es la denuncia social. Es-
cribi Hugo para la Asamblea nacional legislativa, el 9 de julio
de 1849:
Je ne suis pas, messieurs, de ceux qui croient quon peut supprimer la
souffrance en ce monde; la souffrance est une loi divine; mais je suis de ceux
qui pensent et qui affirment quon peut dtruire la misre.
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Se podra hacer un estudio de los personajes a partir del tema
de la miseria:
Los personajes que logran salir de la miseria
Jean Valjean
Les Thnardier
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Los personajes que la miseria destruye
Fantine
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rojas, la boca entreabierta y desfigurada con algunos dientes de menos, los ojos
sin brillo de mirada insolente, las formas abortadas de una joven, y la mirada
de una vieja corrompida; cincuenta aos mezclados con quince. Unos de esos
seres que son a la vez dbiles y horribles, y que hacen estremecer a aquellos a
quienes no hace llorar. Un resto de belleza mora en aquel rostro de diecisis
aos. (Tercera Parte, Mario. Libro VII, El patrn Minette. Cap. IV, una rosa en la
miseria).
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CAPTULO 6
El contexto histrico
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Situacin poltica en Francia de 1789
hasta Los miserables.
Del final del siglo XVIII a mediados del siglo XIX, Francia ha
sufrido varias revoluciones, trastornos y ejecuciones. Victor Hugo
ha sido testigo desde su infancia de la incertidumbre poltica que
ha dominado este periodo.
1789: La Revolucin francesa y la primera Repblica.
1793-1794: El Terror.
1795-1799: Anarqua y golpe de Estado de Napolen.
1799-1815: Imperio de Napolen.
1815-1848: Restauracin y monarqua de Julio, que provocan
las revoluciones de 1830 y 1848.
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La escena de Waterloo de 1815 y la de la barricada de 1832 en-
cuadran no solamente la intriga de la novela sino tambin el mar-
co histrico y presentan diferentes etapas del siglo XIX.
Es interesante notar que el autor simpatiza con los republica-
nos que luchan en contra de la monarqua. Hijo de un general
del Imperio, da mucha importancia a la batalla de Waterloo y a
la cada de Napolen. Estos hechos histricos no cesan de influir
en los personajes y en los acontecimientos de la novela. La bata-
lla de la barricada, al igual que la batalla de Waterloo, es heroica
pero incapaz da cambiar el orden de las rgidas clases de la socie-
dad y el orden poltico de la poca.
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CAPTULO 7
Los personajes
Los miserables
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SECCIN 1
Charles-Francois-Bienvenu Myriel
En la primera parte Fantine, el libro primero El justo est
dedicado completamente al obispo de Digne, Charles-Francois-
Bienvenu Myriel, personaje histrico cuya vida investig el autor
para escribir la novela. Es uno de los personajes ms conmovedor
y positivo de la novela. Buen Pastor, amigo de todos, se dice de l:
Hablaba as, grave y paternalmente; a falta de ejemplos, inventaba par-
bolas: iba derecho al fin que se propona, con pocas frases y muchas imgenes,
que era la elocuencia misma de Jess, convencida y convincente. (Primera par-
te. Libro I. Cap. III)
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El hombre abri sus ojos asombrado.
-De veras? Sabais cmo me llamo?
-S - respondi el obispo - os llamis mi hermano!
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-Ah, seor cura! - exclam el viajero - Antes de entrar aqu tena mucha
hambre; pero sois tan bueno, que ahora no s lo que tengo. El hambre se me
ha pasado.
El obispo lo mir y le dijo:
-Habis padecido mucho?
-Mucho! La chaqueta roja, la cadena al pie, una tarima para dormir, el
calor, el fro, el trabajo, los apaleos, la doble cadena por nada, el calabozo por
una palabra, y, aun enfermo en la cama, la cadena! Los perros, los perros
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son ms felices! Diecinueve aos! Ahora tengo cuarenta y seis, y un pasaporte
amarillo.
-S - replic el obispo - sals de un lugar de tristeza. Pero sabed que hay
ms alegra en el cielo por las lgrimas de un pecador arrepentido, que por la
blanca vestidura de cien justos. Si sals de ese lugar de dolores con pensamien-
tos de odio y de clera contra los hombres, seris digno de lstima; pero si sals
con pensamientos de caridad, de dulzura y de paz, valdris ms que todos
nosotros.
(Primera Parte, Fantine. Libro II, La cada. [Link]. Herosmo de la obediencia pasi-
va).
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SECCIN 2
Gavroche
Entre todos los personajes miserables pintados por Hugo,
los que suscitan ms su benevolencia y su piedad, son los nios.
Empecemos por Gavroche. Es el hijo de los Thnardier, el tpi-
co nio parisino: alegre, impertinente, crtico, burln, ingenioso y
generoso, el smbolo del irreductible espritu de libertad del pue-
blo. Este pasaje me parece divertido.
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Los nios se apretaron uno contra otro. Gavroche los arregl bien sobre
la estera, les subi la manta hasta las orejas, y apag la luz. Apenas qued
a oscuras su dormitorio, se sinti una multitud de ruidos sordos, como si ga-
rras o dientes araaran algo. El ruido iba acompaado de pequeos pero agu-
dos gritos. El ms pequeo, helado de espanto, dio un codazo a su hermano,
pero ste dorma profundamente.
-Seor!
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-Eh? - dijo Gavroche, que acababa de cerrar los prpados.
-Qu es eso?
-Las ratas.
Y volvi a acomodarse.
-Seor! Qu son las ratas?
-Son ratones.
Esta explicacin tranquiliz un poco al nio. Haba visto algunas veces ra-
tones blancos y no les tena miedo. Sin embargo, volvi a decir:
-Seor!
-Qu!
-Por qu no tenis gato?
-Tuve uno, pero me lo comieron.
((Cuarta Parte, El idilio de la calle Plumet y la epopeya de la calle de san Dionisio.
Libro VI, El nio Gavroche. Cap. 1, Travesuras del viento.)
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SECCIN 3
Cosette y Marius
Cosette, nia mrtir salvada por Jean Valjean, es el smbolo de
la debilidad y de la inocencia. De la nia feliz y despreocupada
que viva con su madre, se convierte en la esclava de los Thenar-
dier. Esta descripcin de Victor Hugo, con la sucesin de verbos
suba, bajaba, lavaba, cepillaba, frotaba, barra, sudaba, carga-
ba es magistral. Presagia las novelas de Dickens en contra de los
abusos de la sociedad industrial que explota a los nios sin pie-
dad.
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uno su modo diferente de martirizar. Si Cosette era molida a golpes, era obra
de la mujer; si iba descalza en el invierno era obra del marido.
Cosette suba, bajaba, lavaba, cepillaba, frotaba, barra, sudaba, cargaba
con las cosas ms pesadas; y dbil como era se ocupaba de los trabajos ms
duros. No haba piedad para ella; tena un ama feroz y un amo venenoso. La
pobre nia sufra y callaba. (Primera Parte, Fantine, libro sexto, El nio Gavro-
che. Captulo 1, Travesuras del viento.)
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Marius en su etapa revolucionaria personifica la juventud del
escritor, casi se trata de un autorretrato. El personaje es interesan-
te por su trato con su padre y abuelo, as como por sus relaciones
con Jean Valjean. No ostente, al final de la novela tanto Marius
como Cosette, ya no son los hroes del inicio: la nia yendo a bus-
car agua en la oscuridad de la noche o escapando con Jean Val-
jean; Marius luchando en la barricada junto a sus amigos o carga-
do, herido, a travs las cloacas de Pars. Se presentan ms bien
los dos como personajes mediocres que se han acomodado.
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Terrible cosa es la felicidad! Est uno tan contento, y eso le basta, como
si la nica meta en la vida fuera ser feliz, y se olvida de la verdadera, que es
el deber. Sera un error culpar a Marius. Marius se limit a alejar poco a po-
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co a Jean Valjean de su casa, y a borrar, en lo posible, su recuerdo del espritu
de Cosette. Procur en cierto modo colocarse siempre entre Cosette y l, seguro
de que as la joven no se dara cuenta y dejara de pensar en l.
(Quinta Parte, Jean Valjean. Libro IX, Suprema sombra, suprema aurora. Cap I,
Compasin para los desgraciados e indulgencia para los dichosos)
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ce rer a las jvenes, la puerta que se encuentra cerrada de noche porque no se
paga el alquiler, la insolencia del portero y del almacenero, la burla de los veci-
nos, las humillaciones, la aceptacin de cualquier clase de trabajo; los disgus-
tos, la amargura, el abatimiento. Marius aprendi a comer todo eso, y supo
que a veces era lo nico que tena para comer. (Tercera parte, Marius. Libro V, Exce-
lencia de la Desgracia. Cap. I Marius Indigente)
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Cosette, ahogada por la emocin, cay sobre su pecho, exclamando: -Pa-
d r e !
Jean Valjean, fuera de s, tartamudeaba: -Cosette! Es ella! Sois vos, seora!
Eres t! Ah, Dios mo!
Y sintindose estrechar por los brazos de Cosette, aadi: -Eres t, s!
Me perdonas, entonces!
Marius, bajando los prpados para detener sus lgrimas, dio un paso, y
murmur: -Padre!
-Y vos tambin me perdonis! - dijo Jean Valjean. Marius no encontraba
palabras y el anciano aadi: -Gracias.
Cosette se sent en las rodillas del anciano, separ sus cabellos blancos con
un gesto adorable, y le bes la frente. Jean Valjean extasiado, no se opona, y
balbuceaba: -Qu tonto soy! Crea que no la volvera a ver. Figuraos, seor
de Pontmercy, que en el mismo momento en que entrabais, me deca: "Todo se
acab! Ah est su trajecito; soy un miserable, y no ver ms a Cosette". De-
ca esto mientras subais la escalera. No es verdad que me haba vuelto idio-
ta? No se cuenta con la bondad infinita de Dios. Dios dijo: "Crees que lo
van a abandonar, tonto? No. No puede ser as. Este pobre viejo necesita a su
ngel". Y el ngel vino, y he vuelto a ver a mi Cosette, a mi querida Cosette!
Ah, cunto he sufrido!
Estuvo un instante sin poder hablar; luego continu: -Tena realmente nece-
sidad de ver a Cosette un rato, de tiempo en tiempo. Sin embargo, saba que
estaba de sobra, y deca en mis adentros: "No lo necesitan, qudate en lo rin-
cn, nadie tiene derecho a eternizarse". Ah, Dios de mi alma! La vuelvo a
ver! Sabes, Cosette, que tu marido es un joven apuesto? Ah! Llevas un boni-
to cuello bordado, me gusta mucho. Seor de Pontmercy, permitidme que le tu-
tee; ser por poco tiempo.
-Qu maldad dejarnos de ese modo! - exclam Cosette - Adnde habis
ido? Por qu habis estado ausente tanto tiempo? Antes vuestros viajes ape-
nas duraban tres o cuatro das. He enviado a Nicolasa, y le respondan siem-
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pre que estabais fuera. Cundo regresasteis? Por qu no nos avisasteis? Os
veo con mal semblante: Mal padre! Enfermo y sin decrnoslo! Ten, Marius,
toma su mano y vers qu fra est.
-Habis venido, seor de Pontmercy; conque me perdonis! - repiti Jean
Valjean.
A estas palabras los sentimientos que se agolpaban al corazn de Marius
hallaron una salida, y el joven exclam: -Cosette, no lo oyes? No lo oyes que
me pide perdn? Sabes lo que me ha hecho, Cosette? Me ha salvado la vida.
Ms an, te ha entregado a m. Y despus de salvarme y despus de entregar-
te a m, Cosette, sabes lo que ha hecho de su persona? Se ha sacrificado. Eso
ha hecho. Y a m, el ingrato, el olvidadizo, el cruel, el culpable, me dice gra-
cias! Cosette, aunque pase toda la vida a los pies de este hombre siempre ser
poco. La barricada, la cloaca, el lodazal, todo lo atraves por m, por ti, Co-
sette, preservndome de mil muertes, que alejaba de m y que aceptaba para
l. En l est todo el valor, toda la virtud, todo el herosmo. Cosette, este hom-
bre es un ngel!
-Silencio! Silencio! - murmur apenas Jean Valjean - Para qu decir
esas cosas?
-Pero vos! - exclam Marius, con cierta clera llena de veneracin - por
qu no lo habis dicho? Es culpa vuestra tambin. Salvis la vida a las perso-
nas y se lo ocultis! Y bajo pretexto de quitaros la mscara, os calumniis!
Es horrible.
-Dije la verdad - respondi Jean Valjean.
-No - replic Marius - la verdad es toda la verdad, y no habis dicho sino
parte. Erais el seor Magdalena, por qu callarlo? Habais salvado a Ja-
vert, por qu callarlo? Yo os deba la vida, por qu callarlo?
-Porque saba que vos tenais razn, que era preciso que me alejara. Si os
hubiera referido lo de la cloaca, me habrais retenido a vuestro lado. Deba,
pues, callarme. Hablando, todo se echaba a perder.
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-Se echaba a perder! Qu es lo que se echaba a perder? Por ventura os
figuris que os vamos a dejar aqu? No. Os llevamos con nosotros, Dios mo!
Dios mo! Cuando pienso que por casualidad he sabido estas cosas! Os lleva-
mos con nosotros. Formaris parte de nosotros mismos. Sois su padre y el mo.
No pasaris un da ms en esta horrible casa. Maana ya no estaris aqu.
-Maana - dijo Jean Valjean - no estar aqu, ni tampoco en vuestra casa.
-Qu queris decir? - dijo Marius - Se acabarn los viajes. No os volve-
ris a separar de nosotros. Nos pertenecis, y no os soltaremos.
-Esta vez - aadi Cosette - emplear la fuerza si es necesario.
Y rindose, hizo ademn de coger al anciano en sus brazos. (...)
Jean Valjean la escuchaba sin orla. Perciba la msica de su voz sin casi
comprender el sentido de sus palabras y una de esas gruesas lgrimas, som-
bras perlas del alma, se formaba lentamente en sus ojos. -Dios es bueno! -
murmur. (...)
Se detuvo, y luego dijo bajando ms la voz: -Es una pena.
La lgrima no cay sino que entr de nuevo en la rbita y la reemplaz
una sonrisa.
Cosette tom las manos del anciano entre las suyas.
-Dios mo! - exclam - Vuestras manos me parecen ms fras que antes,
os sents mal?
-Yo? No - respondi Jean Valjean - me siento bien. Slo que... Se detuvo.
-Slo qu?
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-S - dijo Jean Valjean. (...)
Marius petrificado, miraba al anciano. Cosette lanz un grito desgarrador.
-Padre! Padre mo! Viviris, s, viviris. Yo quiero que vivis. Os?
Jean Valjean alz los ojos y los fij en ella con adoracin. -Oh, s, prohbe-
me que muera! Quin sabe? Tal vez lo obedezca. Iba a morir cuando entras-
teis, y la muerte detuvo su golpe. Me pareci que renaca.
-Estis lleno de fuerza y de vida - dijo Marius - Acaso imaginis que se
muere tan fcilmente? Habis tenido disgustos y no volveris a tenerlos. Os pi-
do perdn de rodillas! Vais a vivir, y con nosotros y por largo tiempo. Os he-
mos recobrado.
(Quinta Parte, Jean Valjean. Libro IX, Suprema sombra, suprema aurora. Cap V,
Noche que deja entrever el da)
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SECCIN 4
Javert
He aqu algunos elementos del retrato que nos hace el narra-
dor de Javert en la I y la III parte de la novela. Es interesante
notar como el autor ha querido contrastar los dos retratos, el del
seor Madeleine y el de Javert.
Muchas veces, cuando el seor Madeleine pasaba por una calle tranqui-
lo, afectuoso. rodeado de las bendiciones de todos, aconteca que un hombre de
alta estatura, vestido con una levita gris oscura, armado de un grueso bastn
y cubierto con un sombrero de copa achatada, se volva bruscamente a mirarle
y le segua con la vista hasta que desapareciera, cruzando los brazos, sacu-
diendo lentamente la cabeza y levantado los labios hasta la nariz, especie de
gesto significativo que poda traducirse por: Pero quin es este hombre? Es-
toy seguro de haberlo visto en alguna parte. De todos modos, a m no me enga-
a. Este personaje, grave, con gravedad casi amenazadora, era de esos que
por rpidamente que se los vea, llaman la atencin del observador. Se llamaba
Javert, y era de la polica. (...) Javert era como un ojo siempre fijo sobre el se-
or Madeleine: ojo lleno de sospechas y conjeturas (Primera Parte, Libro V, el descen-
so. Cap. V Vagos relmpagos en el horizonte).
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Aquel hombre, tranquilo y brusco era a la vez temible y tranquilizador;
inspiraba temor y confianza. Marius le refiri la aventura: que una persona,
a quien no conoca ms que de vista, deba ser atrada por la noche a una em-
boscada. (...)
- Tenis miedo?
- De qu? dijo Marius
- De esos hombres.
- Ni ms ni menos que vos replic rudamente Marius que comenz a notar
que el polizonte no le haba llamado an caballero.
El inspector mir a Marius ms fijamente todava, y le replic con una es-
pecie de solemnidad sentenciosa:
- Hablis como un hombre valiente y como un hombre honrado. El valor
no teme al crimen, ni la honradez teme la autoridad.
Tercera Parte Marius. (Libro VIII el mal pobre. Cap. XIV Donde un agente de poli-
ca da dos cachorillos a un abogado)
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de su ceguera. Acta siempre sin vacilaciones ni dudas, sus actitu-
des y sus principios son claros, pero solamente respeta la ley al de-
trimento de la verdad. Estaba compuesto este hombre de dos sentimien-
tos muy sencillos y relativamente buenos, pero que l converta casi en malos a
fuerza de exagerarlos; el respecto a la autoridad y el odio a la rebelin.
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Toda clase de novedades enigmticas se abran a sus ojos. Se preguntaba:
Por qu ese presidiario a quien he perseguido hasta acosarlo, que me ha teni-
do bajo sus pies, que poda y deba vengarse, me ha perdonado la vida? Por
deber? No. Por algo ms. Y yo, al dejarlo libre, qu hice? Mi deber? No, al-
go ms. Hay, pues, algo por encima del deber? Al llegar aqu se asustaba.
Desde que fue adulto y empez a desempear su cargo, cifr en la polica casi
toda su religin. Tena un solo superior, el prefecto, y nunca pens en Dios, en
ese otro ser superior. Este nuevo jefe, Dios, se le presentaba de improviso y lo
haca sentir incmodo. Pero cmo hacer para presentarle su dimisin?
El hecho predominante para l era que acababa de cometer una espantosa
infraccin. Haba dado libertad a un criminal reincidente; nada menos. No se
comprenda a s mismo ni conceba las razones de su modo de obrar. Senta
una especie de vrtigo. Hasta entonces haba vivido con la fe ciega que engen-
dra la probidad tenebrosa. Ahora le abandonaba esa fe; todas sus creencias se
derrumbaban. Algunas verdades que no quera escuchar lo asediaban inexora-
blemente.
Padeca los extraos dolores de una conciencia ciega, bruscamente devuelta
a la luz. En l haba muerto la autoridad; ya no tena razn de existir.
(Quinta Parte, Jean Valjean. Libro IV, Javert desorientado)
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Como Valjean diecisiete aos antes, est confundido, an ms
trastornado, y reconsidera sus actitudes. En el musical, no es una
casualidad que la misma meloda acompae la conversin de Val-
jean y la cada de Javert. Sin embargo, para Javert es demasiado
tarde. El gesto de bondad de Valjean logra bajar sus barreras (co-
mo lo hizo el obispo para el presidario) pero no convierte ese co-
razn obstinado. Es incapaz de vivir con sus errores y prefiere la
muerte.
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SECCIN 5
Jean Valjean
1. Comparacin entre Valjean y Javert.
Es muy interesante comparar Jean Valjean y Javert. Aunque sus
caracteres son muy diferentes, algunas experiencias son comunes.
Los dos han tenido una vida dura que ha dejado secuelas en sus
almas y les ha quitado todo sentimiento positivo. Pero la ceguera
de Valjean desaparece gracias a la bondad del obispo que le
muestra la cara humana de la sociedad. Su acto de caridad y su
ejemplo que lo van a acompaar toda la vida y le darn las fuer-
zas necesarias para cambiar. Jean Valjean, hermano mo, vos no perte-
necis al mal, sino al bien. Yo compro vuestra alma; yo la libro de las negras
ideas y del espritu de perdicin, y la consagro a Dios. (Primera parte, Fantine.
Libro II, la cada).
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A partir de entonces, su historia es una serie de ascensiones. Em-
prende el arduo pero valioso camino del amor. Lo hace primero
sirviendo como alcalde y respondiendo a las necesidades de las
personas de su ciudad. Muestra que es posible ayudar a la gente
pobre para que viva una vida honesta y sacarla poco a poco de la
miseria.
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mira Valjean) evocan el contraste del infierno y del paraso, de un
alma perdida y de un alma salvada. Qu diferencia con lo que
piensa la sociedad de ellos! Javert el guardin de la ley y Valjean
el perturbador de la ley.
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Jean Valjean cort las cuerdas que ataban las muecas del polica, y luego
las de los pies. Despus le dijo:
-Estis libre.
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-Nmero siete.
Javert repiti a media voz:
-Nmero siete.
Se abroch la levita, tom cierta actitud militar, dio media vuelta, cruz
los brazos sosteniendo su mentn con una mano, y se encamin en la direccin
del Mercado. Jean Valjean le segua con la vista. Despus de dar algunos pa-
sos, Javert se volvi y le grit:
-No me gusta esto. Matadme mejor.
Javert, sin advertirlo, no lo tuteaba ya.
-Idos - dijo Jean Valjean.
Javert se alej poco a poco. Cuando hubo desaparecido, Jean Valjean des-
carg la pistola al aire. En seguida entr de nuevo en la barricada, y dijo:
-Ya est hecho.
(Quinta parte Jean Valjean. Libro I la guerra dentro de cuatro paredes. Cap. VII, la
venganza de Jean Valjean)
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vo robo, pero este lo salva, convencido de que el perdn y la cari-
dad son las nicas luces que pueden disipar todas las tinieblas.
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cia. El captulo, Una tempestad bajo un crneo, relata minucio-
samente, lentamente, analticamente, sus titubeos, sus restriccio-
nes, sus paradojas, sus falsos consuelos, sus trampas desesperadas,
esa lucha del hombre contra l mismo. No he encontrado en otra
novela, pginas tan profundas sobre el tema de la conciencia. Es
genial como Victor Hugo describe el sufrimiento de Jean Valjean
y su lucha para resolver su cruel dilema.
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CAPTULO 8
Conclusin
Los miserables es un libro muy extenso y muy complejo. No es
fcil dar una valoracin sin dejar de lado muchos otros elementos
importantes. Por ello, me encanta esta apreciacin de Guy Rosa
que se encuentra en el prefacio de la edicin du libre de poche
(1998):
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go que hay que ser merecedor; comprende la igualdad esencial que hay entre l
y los otros hombres y la manifiesta en el respeto y en la fraternidad...
(Jacques Maritain, Humanismo integral. Problemas espirituales y temporales de una nueva cris-
tiandad, Madrid, Palabra, 2001).
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acontecimientos, no trataba de condensar en llama la luz de las cosas, nada
tena de profeta y nada de mago. Aquella alma humilde amaba y nada ms.
(Primera parte. Libro I. Cap. XIV)
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CAPTULO 9
Fuentes
BIBLIOGRAFA
- Victor HUGO, Los miserables, Editorial Planeta, Barcelona, 2000.
- Fiche de Lecture Les Misrables, Les Editions de lEbook malin, 2013 (Tunes store).
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