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Ensayos Inéditos de Kurt Gödel

Se reseña la obra del lógico y matemático austríaco Kurt Gódel y, más en general la filosofía y la historia de la lógica y de la matemática del presente siglo.
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Kurt Gidel: Ensayos inditos

JUAN JosS ACERO


(Universidad de Granada)

El presente volumen (Madrid: Biblioteca Mondadori, 1994, 240 pgs.)


ha de ser calurosamente acogido por parte del pblico interesado de manera
especfica en la obra del lgico y matemtico austraco Kurt Gdel y, ms en
general, por la filosofa y la historia de la lgica y de la matemtica del pre-
sente siglo. Tras haber editado Jess Mostern, a principios de la pasada d-
cada, la obra que Gdel [O. en lo que sigueJ public en vida (Kurt Gdel,
Obras completas, Madrid: Alianza Universidad, 1981) y despus de que no
hace mucho se tradujera al castellano el libro de Hao Wang sobre este autor
(Hao Wang, Reflexiones sobre Kurt Gdel, Madrid: Alianza Universidad,
1991), una obra absolutamente imprescindible para penetrar en la personali-
dad de O. en su relacin con otros filsofos y cientficos de la poca, as
como en la significacin de sus escritos, Jos Rodrguez Consuegra edita
aboa, bajo el titulo de Ensayos inditos [El, en lo que sigue], lo ms destaca-
do de los escritos inditos de O. que forman parte del legado que obra en el
Institute for Advanced Studies de la Universidad de Princeton.
Precedidos de un breve prlogo de Willard y. Quine, los El constan de
dos partes (junto a un captulo de Agradecimientos y una Introduccin, am-
bos del editor). La primera est formada por un ensayo de Jos Rodrguez
Consuega, titulado oKurt Gdel y la filosofa de la matemtica y por un vI-
deo-disco-bibliografa de la obra de O. de publicaciones directa e indirecta-
mente vinculadas a su obra, y de algn material en video y disco sobre este
autor. La segunda parte contiene un captulo en el que el editor informa so-
bre el origen y contenidos del legado Gdel y sobre los manuscritos a partir
de los cuales se ha llevado a cabo la edicin de la presente obra. Aqu se nos

Bolsa cje t-l/c,sofi, 3 poca - yo - VItI (1 995). a <111. 1 4. pgs. 1 75 1 80. Ser~ i cio de Puh cae o nc
Universidad Complulense. Madrid, 1995
176 Juan Jos Acero

explica que estos El contienen la denominada conferencia Gibbs (Algunos


teoremas bsicos sobre los fundamentos de la matemtica y sus implicacio-
nes filosficas), que fue leda a finales de 1951 en la reunin anual de la So-
ciedad Matemtica Americana, as como dos de las seis versiones de un estu-
dio crtico, titulado Es la matemtica sintaxis del lenguaje?, en el cual
trabaj O. entre 1953 y 1959, tras invitarle Paul A. Schilpp a colaborar en el
volumen sobre la filosofa de Rudolf Carnap de la famosa Biblioteca de Fil-
sofos Vivos. El resto de esta segunda parte est formado por los textos dc la
citada conferencia, los de las versiones 11 y VI (que datan supuestamente de
1953-1954 y de 1955-1956, deforma respectiva) del estudio sobre la sinta-
xis lgica y por un breve captulo de notas en el que el editor compara los
contenidos de las dos versiones ms acabadas de ese estudio: la V y la VI.
Aun desconociendo las restantes versiones de este ensayo, opino que la elec-
cin del editor parece afortunada por el contraste entre el extenso y porme-
norizado, pero evidentemente inacabado, anlisis de la versin II y la elegan-
te y compacta presentacin de la versin final.
En conjunto, el trabajo de edicin y presentacin de Rodrguez Consue-
gra merece todo nuestro reconocimiento, dado el estado casi cabalstico de
los manuscritos originales de O. la tarea minuciosa de reconstruccin que ha
tenido que hacerse para poner a disposicin del lector el material finalmente
publicado y las facilidades dadas al lector en el estudio introductorio. El re-
sultado final contribuye a iluminar las ideas sobre filosofa de la matemtica
de una figura que, como O. no slo contribuy a la lgica y la matemtica
msmas con descubrimientos de la mayor importancia, sino que fue tambin
un interlocutor de primera fila en los movimientos de renovacin filosfica
habidos en la primera mitad de siglo. Si hasta el momento casi el nico texto
disponible en castellano para acceder a su ideario filosfico era su ensayo de
1944 sobre la filosofa de la matemtica de Russell (oLa lgica matemtica
de Russell) a lo que hay que aadir toda la Parte II de la obra de Hao
Wang, con la publicacin de estos Ellas fuentes de informacin se enrique-
cen sustancialmente. (Por cierto, que es con el ensayo sobre Russell con el
que estos EJ entroncan de una forma ms directa.) Ahora resulta indudable la
Importancia que O. dio a las cuestiones filosficas que le ocuparan de for-
ma prcticamente exclusiva algo ms de los treinta ltimt)s aos de vida y la
pertinencia de sus propios hallazgos metamatemticos (de 1931) para eva-
luar las ideas dominantes en la filosofa de la lgica y de la matemtica. A
este respecto, el anlisis que hace O. de la tesis de que la matemtica puede
reducirse a sintaxis del lenguaje tesis que sustanci Carnap en Dic Logische
Syntax den Sprache (1938, en la edicin completa) es la ms profunda que
conozco. El carcter provisional de Es la matemtica sintaxis del lengua-
je? (11) llega a ser del todo evidente, pero la profundidad de la mirada de O.
compensa sobradamente sus oscuridades y las cuestiones que dej por resol-
ver. Adems, los EJ revelan cun profunda fue la discrepancia mantuvo con
Kurt Gdet Ensayos inditos 177

las filosofas positivista y finitista y cun grande fue su recelo a hacerlas p-


blicas mientras no dispusiera de argumentos positivos o de crticas incontes-
tables. Tambin de la personalidad obsesiva de O. ofrecen estos El una prue-
ba palpable.
En lo concerniente al contenido de estos ensayos inditos y conociendo
la obra publicada de O. poda uno espeTar encontrarse con declaraciones de
principio como la de que existen objetos y hechos matemticos que son
exactamente tan objetivos (esto es, independientes de nuestras convenciones
o construcciones) como los objetos y hechos fsicos o psicolgicos, aunque,
desde luego, sean objetos de naturaleza completamente diferente (192).
Pero, ami juicio, lo realmente digno de ser destacado de estos El estriba, me-
jor que en las tesis realistas propiamente dichas de las que hay abundantes
muestras: cfi-. pp. 156, 165, 169, 173, 192, en las lineas argumentativas que
les prestan su apoyo y en las que O. aduce para socavar concepciones alterna-
tivas (como la finitista, la constructivista y muy especialmente la sintacticis
ta). En conjunto. dos de esas lneas argumentativas sobresalen por encima de
las restantes: una, la de la inagotabilidad de la matemticah la otra, la de la
incomunicacin de los mbitos de la matemtica y de la ciencia emprica.
Que la matemtica es inagotable lo ayala la existencia de proposiciones
matemticas indecidibles. Ello, dice O.. parece implicar que los objelos y
hechos matemticos, o al menos algo en ellos, existen objetiva e independien-
temente de nuestros actos mentales y decisiones (156). A esos hechos y
objetos tenemos acceso por una suerte de intuicin que demuestra ser
irrenpla>.able. Es esta intuicin la que, ajuicio de O., hace que nos aperciba-
mos de la consistencia de la aritmtica, a pesar de que no pueda ser demos-
tada como no sea mediante axiomas que la presupongan. Es ms, esa misma
intuicin es la ltima autoridad a la hora de justificar la aplicacin de la ma-
temtica clsica en el mbito de la ciencia emprica. Para acreditar semejante
aplicacion apunta O., hay que contar previamente con el resultado de que
la aritmtica es consistente. Pero se dispone de esta premisa bien cuando se
ha demostrado esa consistencia bien si se tiene un respaldo emprico (induc-
tivo) de ella. Lo primero est excluido por el consiguiente teorema de O. Lo
segundo. por el hecho de que la va de la induccin emprica no le reconoce-
ra a las verdades matemticas el gnero de validez que les es propio: la vali-
dez aprioi- Este esquema argumentativo aparece reiteradamente en estos El
cfr. Pp. 195 y s.; 198 y 200 y s.; 204; 232 y 236 para combatir la filosofa
de la matemtica del positivismo y del empirismo lgicos y, en particular, la
doctrina de que las verdades matemticas descansan en convenciones sintc-
ticas acerca del uso de ciertos signos (como propugnaron 1-Iahn, Schlick o
Carnap). Inexorablemente, siempre que una u otra variante de esta doctrina
es analizada. O. seala cwe la aplicacin del sistema de convenciones (o de
regas sintcticas) elegido y/o su justificacin presupone su consistencia, tras
lo cual infiere que ningn sistema de convenciones lingisticas puede hacer
178 Juan Jos Acero

las veces de la intuicin matemtica y hacer justicia a la inagotabilidad de


este mbito de la realidad. Como la nica alternativa que deja libre este vn-
culo entre la aplicabilidad emprica de un sistema de proposiciones y el re-
quisito de su consistencia es que la validez objetiva del sistema la confieran
los hechos fsicos (o psquicos), O. puede concluir que el proyecto positivista
de conciliar una epistemologa empirista para la ciencia natural con el reco-
nocimiento de la validez aprioride la lgica y la matemtica es irrealizable.
El argumento de los dominios incomunicados ocupa un lugar central en
el rechazo de la doctrina de que las verdades matemticas carecen de conte-
nido. O. entiende que el fundamento de esa doctrina reside en el siguiente ar-
gumento: ...si se dividen los hechos empricos en dos partes A y B, tales que
B no implique nada en A, puede construirse un lenguaje en el que las propo-
siciones que expresen B carezcan de contenido (164). Segn yo lo entiendo,
el diagnstico de la incorreccin del argumento es la tesis de que puede ad-
mitirse el carcter analtico de las verdades matemticas (y lgicas) las que
describen 8 y el carcter sinttico de las verdades de la ciencia emprica
las que describen A sin que ello conduzca a la conclusin de que las pri-
meras estn vacas de contenido. Como dice O., quienes opinan de esa forma
asimilan contenido objetivo a contenido emprico (o fctico), pero esta asimi-
lacin es errnea. No hay duda de que estos Elcontienen muy poco material
sobre la teora gdeliana del contenido objetivo, pero a la vista de los pasajes
disponibles cf. Pp. 165 y ss., 177 y s., 197, 203, 223 y s., 226, 234 y s., 237
y s.- O. parece identificar el contenido objetivo de una proposicin (verda-
dera) con el hecho que describe; y parece entender que es un hecho la pose-
sin de una propiedad por un objeto o el que dos o ms objetos guarden una
determinada relacin. A eso aade que los objetos matemticos son de natu-
raleza conceptual, aunque no en sentido psicolgico. Por lo tanto, las verda-
des matemticas son analticas en un sentido preciso, a saber: en que deben su
estatuto a los conceptos de los que hablan, y no a cmo es el mundo fsico en
este o en aquel respecto. En definitiva, tanto las proposiciones matemticas
como las de la ciencia natural tienen contenido objetivo, pero describen dos
realidades completamente separadas. Es esta incomunicabilidad recproca la
que parece pero slo lo parece avalar la siguiente maniobra: Si dos domi-
nios, A y B, son mutuamente independientes y se atribuye contenido a las
proposiciones que tratan de los hechos de A, entonces se puede declarar va-
cas de contenido (es decir, tautolgicas) a las proposiciones que tratan de B.
(Vase pp. 164 y s., 203, 225, 233 y s.) Pero que las proposiciones de B sean
tautolgicas, apunta O., no responde a la realidad del caso, puesto que B pue-
de contener sus propios objetos y sus propios hechos, y no ser ni los unos ni
los otros creaciones nuestras. Su exclusin obedecera simplemente a una de-
cisin carente se fundamento. Esto es a juicio de O. lo que ocurre con la rea-
lidad matemtica.
Finalmente, un aspecto destacado de esta edicin de los El de O. lo cons-
Kurt Gdel: Ensayos inditos 179

tituye el estudio introductorio de Rodrguez Consuegra. Los tres captulos de


que consta tratan, respectivamente, de la relacin entre los hallazgos meta-
matemticos y el realismo platnico de O., segn aparece en sus escritos in-
ditos, del carcter analtico de las verdades matemticas y de La analoga que
O. perciba y explotaba entre la matemtica y la lgica, de una parte, y la cien-
cia emprica, en particular la ciencia fsica, de otra. Los tres captulos consti-
tuyen una til gua para el lector, sistemtica y bien concebida en cuanto sus
criterios, pues no slo proporcionan lo esencial de las principales alternati-
vas a los puntos de vista de O. tanto de las principales entre las que le ante-
cedieron (de Frege, Russell, Hilbert, Wittgenstein, Tarski y Carnap) como
tambin alguna de las posteriores (Quine o Dummett), sino que adems
contiene informacin bien elaborada sobre sus doctrinas ya publicadas y
acerca de las principales novedades de los inditos. Entre otros diagnsticos
de inters, la afinidad entre muchas ideas dc O. y las de Frege y Russell es
muy oportunadamente sealada en estas pginas. Mi nico desacuerdo con
esta parte de los Elrsulta de la actitud pro-quine-ana que se hace visible en al-
gunos juicios de Rodrguez Consuegra, sobre todo en aquellos en los que de-
sea mostrar que hay vas que permiten obviar las radicales ideas de O. (En su
prlogo, Quine escribe que la filosofa de la matemtica de O. est reida
con las posiciones de la mayor parte de los filsofos contemporneos que se
ocupan de la lgica y la matemtica>.) A. este respecto, sealar dos cuestio-
nes sobre las que me parece necesario que los estudios futuros de estos El
arrojen ms luz.
En primer lugar, es perceptible que Rodrguez Consuegra da por vlidos
los argumentos de Quine a propsito de la distincin analtico/sinttico y
que esa validez es entendida en detrimento de la posicin del propio O. (va-
se p. 78, lneas finales). As, no slo sucede que los argumentos de Quine de-
rivan de premisas que estn lejos de haber sido unnimemente respaldadas
por ejemplo, qte el significado sea una propiedad de la conducta, sino
que yo no aprecio en los El indicios claros de que O. deba verse en la tesitura
de aceptar el gambito, posibilidad apuntada por el editor, de que los concep-
tos de una teora matemtica vengan definidos por los axiomas de esa misma
teora (como se apunta en Pp. 78 y 82). A mi juicio, los sin duda escasos frag-
mentos de O. sobre el tema (cf. supra) apuntan ms bien en la direccin de
una teora denotacional del contenido conceptual. (La proximidad de O. a
Russell podra encontrar aqu una manifestacin ms.) Pero una teora as,
sin entrar en sus mritos intrnsecos, por el solo hecho de asignar contenido a
los trminos primitivos de las proposiciones matemticas, abre la posibilidad
de que haya proposiciones que sean verdaderas exclusivamente en virtud del
contenido de sus constituyentes.
En segundo lugar, Rodrguez Consuegra defiende que O. vio que entre ma-
temtica y ciencia natural exista una analoga profunda; y aade que, en su
opinin, esta analoga contiene implicaciones holistas (83). En la medida
180 Juan Jos Acero

en que esto supone (siguiendo a Duhem, Carnap y Quine) que slo hay una
diferencia de grado entre el abandono de un axioma matemtico y el de una
ley fsica, el holismo atribuido a O. me parece problemtico. Es cierto que O.
reconoce la analoga mencionada, pero no lo es menos que tambin insiste
en su diferencia: en la diferencia entre la particularidad de los objetos fsicos
y la generalidad de las entidades conceptuales (p. 204), entre la intuicin di-
recta de los axiomas matemticos y la observacin de los hechos de la natu-
raleza, entre la verdad fctica y la verdad conceptual (Pp. 206 y s.), entre la
validez a priori de la matemtica y la validez a posteriori de la ciencia empri-
ca (p. 196). Precisamente, el ir ms all de la analoga y asimilar los axiomas
matemticos a las leyes de la naturaleza, viendo stos como parte de la teo-
ra fsica que slo resulta bien definida despus de que ellos hayan sido da-
dos (206), es, ajuicio de O., el error de la concepcin sintacticista de la lgi-
ca. Sin embargo, tras haber sealado todo esto, existe un argumento
pro-holista en el sentido sealado por el editor. En diversos lugares de estos
El O. afirma que, en el caso de que los axiomas de una teora matemtica se
siguieran de un sistema de convenciones sintcticas, seria preciso probar que
de dicha teora no se sigue proposicin emprica ninguna. Ello no slo per-
mitira justificar la naturaleza a priori de la verdad matemtica, sino demos-
trar su consistencia pues de tal sistema no se seguira al menos una cierta
proposicin. La duda que resta es m con este argumento O. se limila a le-
vantar un obstculo a la teora carnapiana de la verdad matemtica, dada la
ntegracin que esta teora hace de ciencia formal y ciencia emprica en un
unico bloque; o bien si entiende, adems, que semejante integracin la satis-
face su propia concepcin de la verdad matemtica. En este segundo caso, la
tesis de Rodrguez Consuegra tendra un asidero slido.

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