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Evangelizar en Tiempos Violentos

EVANGELIO Y VIOLENCIA son un binomio inseparable. El primero no existiría si no existiese el segundo. Y no porque sin la violencia Dios no podría intervenir en la historia del mundo, sino porque la violencia, como expresión suma del misterio del mal, existe sin más. El hombre, en su libertad, escogió desde los orígenes un proyecto alternativo al de su Creador, creyendo con ello encontrar la felicidad sin límites. Y cuando la belleza y bondad de la creación se vieron desgarradas por esta ciega pretensión, únicamente entonces el hombre se dio cuenta de su locura. El mal no tiene existencia originaria; es siempre una falta de bien. Y sólo el bien nos da la exacta dimensión de lo que es el mal y, con ello, de su hija predilecta: la violencia. El varón contra la mujer, el hermano contra el hermano, las fuerzas de la naturaleza contra la humanidad, una cultura contra la otra: los primeros once capítulos del Génesis parecen una avalancha de violencia que se va agrandando cada vez más, arroyando a su paso todo lo que encuentra.
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Evangelizar en Tiempos Violentos

EVANGELIO Y VIOLENCIA son un binomio inseparable. El primero no existiría si no existiese el segundo. Y no porque sin la violencia Dios no podría intervenir en la historia del mundo, sino porque la violencia, como expresión suma del misterio del mal, existe sin más. El hombre, en su libertad, escogió desde los orígenes un proyecto alternativo al de su Creador, creyendo con ello encontrar la felicidad sin límites. Y cuando la belleza y bondad de la creación se vieron desgarradas por esta ciega pretensión, únicamente entonces el hombre se dio cuenta de su locura. El mal no tiene existencia originaria; es siempre una falta de bien. Y sólo el bien nos da la exacta dimensión de lo que es el mal y, con ello, de su hija predilecta: la violencia. El varón contra la mujer, el hermano contra el hermano, las fuerzas de la naturaleza contra la humanidad, una cultura contra la otra: los primeros once capítulos del Génesis parecen una avalancha de violencia que se va agrandando cada vez más, arroyando a su paso todo lo que encuentra.
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VOCES

Dilogo misionero contemporneo

EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS

INSTITUTO INTERNACIONAL DE FILOSOFA, A.C.


UNIVERSIDAD INTERCONTINENTAL
ESCUELA DE TEOLOGA
UIC

P. Juan Jos Corona Lpez


RECTOR

P. Martn Cisneros
ESCUELA DE TEOLOGA
VOCES
Dilogo misionero contemporneo

FUNDADOR
Sergio-Csar Espinosa Gonzlez

DIRECTOR
Martn Cisneros Carboneros

EDITOR
Arturo Rocha Corts

CONSEJO EDITORIAL
Sergio-Csar Espinoza Gonzlez
Emilio Fortoul Ollivier
Martn Cisneros Carboneros
Juan Jos Corona Lpez
Gabriel Altamirano Ortega
Roberto Jaramillo Escutia
Francisco Merlos A.
Eduardo E. Sota Garca
Ignacio Martnez Bez
Antonio Mascorro
VOCES. Dilogo misionero contemporneo es una publicacin del
Instituto Internacional de Filosofa, A.C., Universidad Intercontinental. La
revista es semestral y fue impresa en abril de 2011. Editor responsable:
Arturo Rocha Corts. Nmero de Certificado de la reserva otorgado por el
Instituto Nacional de Derechos de Autor: 04 2004 081713002200 102.
Nmero de Certificado de Licitud de Ttulo: En trmite. Nmero de
Certificado de Licitud de Contenido: En trmite. Asignacin de ISSN: 1870-
784X. Domicilio de la publicacin: Insurgentes Sur 4135 y 4303, Col. Santa
rsula Xitla, C.P. 14420, Tlalpan, Mxico, D.F. Imprenta: Editorial Ducere,
S. A. de C. V., Rosa Esmeralda 3 bis, Col. Molino de Rosas, C.P. 01470,
Mxico D.F., tel. 56 80 22 35. La edicin de este nmero consta de un tiraje
de 500 ejemplares. Distribuidor: Instituto Internacional de Filosofa, A.C.
Universidad Intercontinental, Insurgentes Sur 4135 y 4303, Col. Santa
rsula Xitla, C.P. 14420, Tlalpan, Mxico D.F.
PRESENTACIN 7

XIX SEMANA DE TEOLOGA DE LA UNIVERSIDAD


INTERCONTINENTAL
Evangelizar en tiempos violentos
Sobre el poder y la violencia: Una mirada desde la filosofa
arendtiana
Mara Teresa Muoz 11
El Principito y el Zorro. Un dilogo por la paz domstica
Juan Pablo Brand Barajas 29
Los medios de comunicacin ante un mundo violento
Norma Macas 37
Evangelizar en tiempos violentos. Evangelio y Esperanza
Javier Quezada del Ro 44
Tratando con la violencia
Pablo Romo Cedano 57
Declaraciones del Magisterio de la Iglesia Latinoamericana
en torno a la violencia el mundo
Jos Alberto Hernndez Ibez 87
Violencia y felicidad. Una visin desde la espiritualidad
cristiana en el dilogo con el mundo
Ricardo Villareal Acosta 99

OTRAS VOCES
El Atrio de los Gentiles 107
La Flor del Dilogo
Gianfranco Ravasi 109
Un espacio entre creyentes y no creyentes
Ivano Dionigi 117
De los excesos cristolgicos en versiones castellanas
de Nican mopohua vv. 27-28
Arturo Rocha C. 123
SOBRE LOS AUTORES 131
PRESENTACIN
EVANGELIO Y VIOLENCIA son un binomio inseparable. El primero no
existira si no existiese el segundo. Y no porque sin la violencia Dios
no podra intervenir en la historia del mundo, sino porque la
violencia, como expresin suma del misterio del mal, existe sin ms.
El hombre, en su libertad, escogi desde los orgenes un proyecto
alternativo al de su Creador, creyendo con ello encontrar la
felicidad sin lmites. Y cuando la belleza y bondad de la creacin se
vieron desgarradas por esta ciega pretensin, nicamente entonces
el hombre se dio cuenta de su locura. El mal no tiene existencia
originaria; es siempre una falta de bien. Y slo el bien nos da la
exacta dimensin de lo que es el mal y, con ello, de su hija
predilecta: la violencia. El varn contra la mujer, el hermano contra
el hermano, las fuerzas de la naturaleza contra la humanidad, una
cultura contra la otra: los primeros once captulos del Gnesis
parecen una avalancha de violencia que se va agrandando cada vez
ms, arroyando a su paso todo lo que encuentra.
La destruccin del diluvio no es ms que una amarga constatacin
de parte de Dios de lo que el hombre ya est haciendo con sus
propias manos. Y mientras declara de un lado que se ha arrepentido
de haberlo creado, pone en acto simultneamente su proyecto de
vida. Existe todava un hombre justo, No, que est dispuesto a
obedecer a sus palabras. As las aguas destructoras que invaden la
tierra son tambin las que permiten al arca flotar y llevar a salvo a
todas las especies de seres vivientes. Finalmente Dios hace cesar el
diluvio y poco a poco vuelve la vida. Dios bendice a No con las
mismas palabras con que haba concluido la creacin, pero con
algunas diferencias sustanciales. Desde ahora para vivir se tendr
que matar. Y aunque Dios trate de poner algunos lmites a esta
violencia la sangre del hermano pedir otra sangre, no ser en
fuerza del amor sino del miedo a acabar de la misma manera. La
8 PRESENTACIN

nueva alianza que sella a travs del signo del arco iris, lleva consigo
esta ambigedad. Dios renuncia a destruir a la humanidad, con
todo, el arco de guerra queda por ahora colgado en las nubes. Ha
bendecido una vez ms la vida, pero es una vida que encierra una
lgica de muerte. Se habr de esperar otro derramamiento de
sangre para que esta contradiccin quede resuelta; se habr de
esperar al nuevo Abel que se entregar voluntariamente en manos
de aquellos que lo quieren matar.
Desde el trono de la cruz, Jess, en lugar de emitir una condena
ms que comprensible, los perdona: Padre, perdnalos, porque no
saben lo que hacen. Se dirige a su Padre, sellando as su igualdad
definitiva con l. Ah donde l muere, ah se ve el rostro de Dios, el
rostro del perdn. El Crucifijo es la nica imagen de Dios que nos
aleja definitivamente de cualquier dolo. En la cruz, Jess implora el
perdn para nosotros que nunca sabemos hasta el fondo de lo que
somos realmente capaces. A esta extraa condena, sigue la
ejecucin: los enemigos, en lugar de ser exterminados, reciben en
herencia sus vestiduras. El Adn que haba huido desnudo de la
presencia de Dios, queda finalmente revestido de su verdadera
dignidad de creatura amada hasta lo inverosmil por l.
Alrededor de la cruz todos repiten una y otra vez a Jess: Slvate
a ti mismo! Es lo que el hombre ha hecho desde siempre y quiere
a un Dios a su semejanza. Pero si Jess hubiese bajado, no habra
sido Dios. Quedando atado a los clavos, derrota para siempre
aquella imagen pervertida de un dios omnipotente, vengativo y
celoso de sus prerrogativas. La muerte en cruz era una muerte
terrible porque el mismo condenado se ahogaba haciendo el
esfuerzo de respirar. Quin puede estar ah, no cerca, sino dentro
del dolor ms desgarrador, sino Dios?
l, ningn mal ha hecho, como dijo el malhechor a su lado. En el
lugar ms nfimo, ms abandonado y lejano de la piedad humana,
Dios se hace solidario hasta el punto de no bajar de la cruz. Es el
Dios conmigo, el Dios con-nosotros, porque su amor obstinado queda
con nosotros ms all del fin de nuestro cuerpo, venciendo la peor
violencia que hayamos podido cometer: matarlo a l. Slo as el mal
es transformado en bien.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 9

Lo mismo pedir a los discpulos de todos los tiempos. Nos ha


mandado como corderos en medio de lobos, una imagen bellsima
pero dura. El cordero cuando est vivo ofrece lana y leche, y cuando
est muerto se convierte en comida y piel que cobija. Es un animal
humilde e indefenso, fcil presa de las bestias salvajes. Para ser
corderos hay que ser pobres, no llevar nada, ni bastn ni alforja, ni
dinero ni poder. Porque siempre est fuerte la tentacin de quitarle
la fuerza al lobo para vencerlo con sus armas. Pero el poder y la
violencia jams pueden ser usados para fines buenos. Si el
discpulo, el misionero, va lleno de cosas, los dems se sentirn
atrados por ellas o tratarn de quitrselas, pero nunca ser su
hermano. Si va sin nada lo aceptarn por lo que es o lo rechazarn.
El amor es necesariamente pobre, porque cuando no se tiene ya
nada que ofrecer no queda ms que entregarse a s mismo. ste es el
gran misterio de Dios que se puso incondicionalmente en nuestras
manos hasta morir por nosotros. Cuando, en cambio, el misionero
va hacia los dems como lobo, empujado por el deseo de
dominarlos, aunque fuera en nombre del bien, se le pagar con la
misma moneda o slo tendr sbditos dispuestos a obedecer. Para
que el corazn del otro se predisponga a la acogida de la Buena
Noticia, necesita gente pobre como l, humilde e indefensa.
Hoy nos preguntamos a menudo cules son las nuevas vas de la
misin; pero a veces no nos damos cuenta de que deseamos hacer
nuestra la fuerza del lobo y creemos en buena fe que es as como el
Evangelio conquista a la humanidad. Buscar medios que pertenecen
a la lgica del mundo, traiciona una profunda falta de fe. Y es
precisamente esta falta de fe lo que impide a la Palabra manifestar
la fuerza que oculta.
Esta fuerza de la debilidad se ve ms claramente en el momento
inevitable del rechazo y de la violencia. Si el otro no acepta la Buena
Noticia o nos quiere destruir, no nos quedar otra cosa que llevar en
nosotros esta herida, como hizo Jess, el cordero inmolado: sin
responder a la violencia con la violencia, sino haciendo de ella una
ocasin para dar la vida. Es aqu donde se realiza el amor ms
grande. Pero si el otro nos acepta, se har como nosotros hijo y
hermano. A travs de la misin nos volvemos iguales al Hijo y
tenemos su mismo Espritu, el amor que hay entre l y el Padre:
10 PRESENTACIN

Quien a ustedes los escucha, a m me escucha; y quien a ustedes


los rechaza, a m me rechaza; y quien me rechaza a m, rechaza al
que me ha enviado (Lc 10, 16).
He aqu por qu la misin es esencial para la Iglesia, para todo
discpulo, porque es la nica posibilidad de rescate del mundo.
Cada uno de nosotros est llamado a participar de esta
bienaventuranza porque sabemos bien que el mal, la violencia, son
vencidos cuando vence el amor. Y el amor vence cuando pierde.

P. Martn Cisneros, MG
Coordinador de la Escuela de Teologa
SOBRE EL PODER Y LA VIOLENCIA.
UNA MIRADA DESDE LA FILOSOFA

ARENDTIANA
Mara Teresa Muoz

ABSTRACT: Este artculo realiza un acercamiento al fenmeno de la violencia como


hecho social desde la perspectiva de la filsofa poltica de Hannah Arendt. Al
margen de sus muy variadas expresiones, la autora centra su inters en la
violencia en el espacio pblico (mbito de manifestacin de la condicin humana) y
en la mancuerna poder y violencia. Dedica un espacio al tema de la ndole y
posibilidad de una violencia legtima, ya como herramienta natural de defensa ante
la injusticia, ya como uso del Estado, relacionada, empero, con el fortalecimiento
de la autoridad o del poder poltico. La autora delinea finalmente la tesis
arendtiana que desvincula la violencia de la nocin de poder en tanto que
dominacin, en provecho de una concepcin de poder consensual y comunicativo,
que privilegie la ntima vinculacin entre lenguaje y accin. A la nocin de poder
como dominacin (o poder sobre la voluntad de otros), Arendt opone el poder como
poder-hacer o genuina potentia de la pluralidad de la condicin humana. El
poder surge as como algo inherente a la intersubjetividad humana
consensualmente deliberativa y permanentemente cortejada, que reivindica,
frente a la violencia, a la palabra como forma de accin poltica.

NUESTRO PAS SE ENCUENTRA SITIADO por una ola de violencia que


amenaza con dejarnos paralizados. Asaltos, secuestros, personas
descabezadas y colgadas de puentes o lanzadas a las cunetas son
noticias que desbordan los medios de comunicacin e invaden
nuestros hogares. Los ciudadanos no slo sufrimos impotentes las
agresiones de delincuentes de todo calado sino que tambin
asistimos aterrorizados a una guerra sin cuartel entre grandes

Ponencia leda el 1 de marzo de 2011 en el Auditorio fray Bartolom de Las


Casas de la Universidad Intercontinental.
12 SOBRE EL PODER Y LA VIOLENCIA

bandas de narcotraficantes y las fuerzas de seguridad del Estado.


En las conversaciones con amigos, en los debates en familia surge
recurrentemente la cuestin: qu podemos hacer? Algunos, los que
pueden, se plantean irse del pas (algunos ya se han ido); otros, los
menos, se atrincheran en bunkers privados rodeados de grandes
medidas de seguridad; la mayora, miramos con desconfianza a
cualquier vecino o peatn de la calle y procuramos tomar medidas
mnimas (las que estn a nuestro alcance) de seguridad. Pero, estas
actitudes no van a solucionar un problema que no atae a todos.
Qu podemos hacer como acadmicos comprometidos con la labor
de formar a las nuevas generaciones?, qu hacer desde la filosofa?
Es ms, qu podemos hacer como ciudadanos?

II

Lo que propongo [...] es una reconsideracin de la condicin humana desde el ventajoso


punto de vista de nuestros ms recientes temores y experiencias. Esto, evidentemente, es
materia del pensamiento, y creo que la falta de pensamiento [] es una de las
caractersticas principales de nuestro tiempo. Por eso lo que yo propongo es muy sencillo:
nada ms que pensar en lo que hacemos.
H. ARENDT, La Condicin Humana

Se ha dicho de la filosofa que en su afn de avanzar hiptesis sobre


el mundo, la realidad, lo inmanente y lo trascendente cae en
generalizaciones propias de la teora. Desde mi punto de vista, por
el contario, el pensamiento surge de los incidentes de la experiencia
viva, que son los nicos indicadores que permiten orientacin. A
partir de esto, es imprescindible desvelar los orgenes de aquellas
experiencias y fenmenos que constituyen la esencia de la vida;
tanto de la llamada vida privada como de la vida poltica, esto es,
de la vida activa.
Hay una filsofa poltica, Hannah Arendt, que busc y adopt un
nuevo modo de acercarse a los fenmenos sociales, polticos e
histricos. Su propsito era (y en esto residir su propia
metodologa), poner al descubierto las experiencias humanas que
crean los conceptos polticos y recuperar su sentido originario; para
ella, las experiencias humanas constituyen la materia de la poltica,
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 13

y el pensamiento surge de los incidentes de la experiencia viva y a


sta debe seguir unido. Con todo, la suya es una reflexin que
aparenta ser sobre los fenmenos, y sin embargo nos coloca ms
all: en la pregunta sobre la posibilidad de los fenmenos mismos.
ste es, segn lo entiendo, uno de sus principales aportes: el anhelo
de comprensin de la poltica desde un acercamiento novedoso a
los conceptos y fenmenos polticos en torno a los que se articula.
Ella, aludiendo a un libro que nunca escribi pero proyectado con el
ttulo Introduccin a la poltica, deca:
Tratar de averiguar de dnde procedan estos conceptos antes de convertirse
en algo semejante a monedas gastadas por el uso y a generalizaciones
abstractas. Por tanto, examinar las experiencias histricas concretas,
generalmente polticas, que dieron lugar a la aparicin de los conceptos
polticos. Pues las experiencias que hay detrs de los conceptos incluso ms
gastados, siguen siendo vlidas y deben ser recapturadas y reactualizadas si
queremos escapar de ciertas generalizaciones que han resultado ser
perniciosas.1

Esta misma labor de rastreo conceptual ser la que intentar en este


breve ensayo ocupndome en particular del concepto de violencia:
Cuando se usa la palabra violencia, a menudo se hace referencia a
los fenmenos que involucran a la sociedad y al Estado. Se trata de
algunos acontecimientos que afectan tanto a las sociedades como a
los individuos. Sin embargo, el concepto de violencia tiene una
aplicacin mucho ms amplia, como mostrarn los expositores que
me sucedern esta maana. Hay violencia en los medios de
comunicacin, en los mensajes que difunden y en el uso que hacen
de la informacin que publican u ocultan; hay tambin violencia en
el mbito domestico, en las relaciones de pareja, en el trabajo
(moving), en las relaciones entre pares (el nuevo fenmeno del

1 Citado por Elisabeth YOUNG-BRUEHL, Hannah Arendt, Valencia: Ed. Alfonso El


Magnnimo/IVEI, 1993, I, nota 2, p. 414. [Original: Hannah Arendt. For Love of the
World, New Haven y Londres: Yale University Press, 1982 1993]. Se trata de una
biografa utilsima para introducirse no slo en la vida de esta filsofa sino tambin
en su desarrollo intelectual. Se puede encontrar en esta obra una completa
bibliografa de Arendt. (En adelante citar la versin en espaol). Menos detenida,
pero tambin ms gil: Alois PRINZ, La filosofa como profesin o el amor al mundo. La
vida de Hannah Arendt, Barcelona: Herder, 2001 [Ed. Alem. 1998].
14 SOBRE EL PODER Y LA VIOLENCIA

bullying), en los mercados nacionales e internacionales. No puedo


efectivamente ocuparme de todo el mbito de fenmenos que
ataen a la violencia. Por razones no slo de tiempo sino tambin
de competencia me ocupar de la violencia en el espacio pblico; de
la peligrosa identificacin de poder y violencia.

III
Podemos comenzar postulando una definicin tentativa y siempre
imprecisa del concepto de violencia. Para ello ser necesario
previamente demarcar el entorno conceptual de lo que llamamos
violencia. Cuando usamos este concepto solemos aludir a: obligar,
forzar, usar la fuerza, violentar, violar, quebrantar, manipular, controlar,
vigilar, agredir, atentar, asaltar, transgredir, vulnerar, dominar, someter,
imponer, coaccionar.
As, podramos tentativamente acordar que por violencia entendemos
la coaccin por parte de un agente o un grupo de agentes a otro u otros
para llevar a cabo acciones y adoptar creencias (contra su propia voluntad).
Quien acepte esta definicin tal vez comente: cuando se ejerce
violencia, alguien obliga, fuerza, violenta, domina, impone, agrede
para lograr un objetivo, satisfacer un deseo o alcanzar un fin. Se
ejerce violencia, se obliga, pues, con el inters de que alguien haga o
crea algo para alcanzar un fin. Desde este punto de vista es posible
formular preguntas acerca de la justificacin del ejercicio de la
violencia. Tal vez el fin perseguido justifique el uso de la violencia o
tal vez ningn fin justifique la violencia.
De manera que hay, dada esta definicin, una pregunta
absolutamente pertinente: hay violencia legtima? Por ejemplo,
est legitimada una madre en obligar a su hijo, contra la voluntad
del vstago, a que termine su plato de sopa? Tal vez podamos
dudar del uso de la nocin de violencia aqu pero, sin duda, las
madres y los padres presentes en el auditorio coincidirn conmigo:
en ocasiones, la hora de la comida es una autntica batalla campal.
Hace tan slo unos aos, la guerra conclua con una cachetada.
Hoy, esto suele ser calificado como violencia. No me ocupar de
este mbito ahora, estoy segura de que Juan Pablo Brand se ocupar
detenidamente de este asunto. De lo que s voy a ocuparme es de
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 15

otro contexto, el espacio pblico, es decir, el mbito de las


relaciones de los individuos entre s y con el Estado.
En este marco tenemos que recordar los casos en que se trata de
explicar la accin violenta como un derecho: bien sea como un
usufructo legal de los individuos para reclamar sus derechos frente
a un gobierno usurpador de las garantas constitucionales;2 bien sea
con el fin de justificar el monopolio de la violencia por parte del
Estado; se convierte entonces la violencia en un instrumento
requerido por el Estado para garantizar el orden social de una
Nacin. En ambos casos, el fin justifica los medios.
Conviene recordar con Carlos Kohn que
las acciones de violencia asumidas por movimientos de ciudadanos surgieron,
en la modernidad europea, como el derecho particular de las clases sociales
emergentes los burgueses, los obreros, los artesanos, para legitimar
jurdicamente aquella revolucin que habra de socavar la antigua sociedad
basada en una estructura rgida de estamentos con el fin de permitir la
movilidad social y poltica, sustituyendo as la legitimidad del poder derivada
del derecho divino o por orden dinstico, vigente en el Ancien Rgime, por una
ley positiva que emanase del principio contractual de soberana popular y
que establezca de manera fctica el derecho natural a la libertad y a la
igualdad jurdica.3

Recordemos tambin que en nuestro pas acabamos de celebrar con


todo fasto y boato la Guerra de Independencia de 1810 y la

2 Nos dice Locke: Al despreciar y quebrantar [un dspota] el vnculo que ha de


guardar a los hombres del dao y de la violencia, comete un atropello contra la
especie toda y contra la paz y seguridad que la misma ley natural proporciona.
Ahora bien: por el derecho que todo hombre tiene de defender a la especie humana
en general, est autorizado a poner obstculos e incluso cuando ello es necesario, a
destruir las cosas dainas para aqulla [] hacindose ejecutor de la ley natural.
(Ensayo sobre el gobierno civil, Madrid: Ed. Aguilar, 1973, p. 8). Y ms adelante,
aade: Si el rey demuestra odio no slo hacia personas determinadas, sino incluso
contra el cuerpo mismo de la comunidad poltica de que es cabeza, y si maltrata de
forma intolerable y tiraniza cruelmente a todo el pueblo, o a una parte considerable
del mismo, en ese caso el pueblo tiene derecho a ofrecerle resistencia y de defenderse de
todo dao (p. 177). Las cursivas son mas.
3 Carlos KOHN, El derecho a tener derechos. Los fundamentos de la violencia
poltica segn Hannah Arendt in: Mara Teresa MUOZ (comp.), Pensar el espacio
pblico. Mxico: Universidad Intercontinental (en prensa).
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 17

poder ideolgico, basado en la posesin del saber y de los medios


de persuasin;7 y por ltimo el poder poltico, basado en la fuerza y
en la posesin de los medios de coaccin fsica.8
Me interesa recuperar aqu la nocin de poder poltico que, a decir
de Bobbio, se basa en la posesin de los medios de coaccin fsica. De
acuerdo con esta definicin de poder poltico, y con la definicin de
violencia que nosotros aceptamos al inicio de la conferencia, ste se
identifica con la violencia. Parecera entonces que el poder poltico
tiene la posibilidad de ejercer la violencia, la coaccin fsica de
manera legtima.
sta es precisamente la tesis que a lo largo de la historia de la teora
poltica se ha venido sosteniendo, apoyada en una identificacin
entre poder y violencia y asentada en un prejuicio: la dominacin
constituye el problema central de los asuntos polticos.

IV
Una reflexin sobre la violencia no puede satisfacerse con un
anlisis descriptivo de los usos del trmino en cuestin, ni un
repaso, aunque fuera exhaustivo, por la historia de la teora poltica.
Por ello considero importante incluir aqu una propuesta
normativa. Volver a Hannah Arendt para ofrecer dicha propuesta.

una cierta conducta, que consiste principalmente en la realizacin de un cierto


trabajo til. En la posesin de los medios de produccin reside una enorme fuente
de poder de parte de quienes lo poseen frente a quienes no lo poseen, precisamente
en el sentido especfico de capacidad de determinar el comportamiento ajeno...
BOBBIO, Estado, Gobierno y Sociedad, p. 111.
7 ...el poder ideolgico es el que se sirve de la posesin de ciertas formas de saber,
doctrinas, conocimientos, incluso solamente de informacin, o de cdigos de
conducta, para ejercer influencia en el comportamiento ajeno e inducir a los
miembros del grupo a realizar o dejar de realizar una accin... sacerdotes... los
literatos, los cientficos, los tcnicos, los llamados intelectuales... ibid.; cfr. M.
STOPPINO, Voz: poder, p. 1242.
8 A decir de Ricardo Rivas, Estas tres formas de poder coinciden en que instituyen
y mantienen sociedades desiguales divididas en ltimo trmino entre superiores e
inferiores: ricas y pobres; sapientes e ignorantes; fuertes y dbiles. Ricardo RIVAS,
Violencia y poder, autoridad y derecho. Notas a propsito de Los fundamentos
de la violencia poltica segn Hannah Arendt, de Carlos Kohn, in: Mara Teresa
MUOZ, Pensar el espacio pblico. Mxico: Universidad Intercontinental (en prensa).
18 SOBRE EL PODER Y LA VIOLENCIA

A diferencia de la recuperacin que acabamos de hacer acerca del


concepto de violencia, Arendt separa la idea de poder de las de
dominacin y violencia, destacando y oponiendo a esta concepcin
un concepto consensual y comunicativo del poder.9
De acuerdo con el pensamiento arendtiano, en el espacio pblico se
manifiesta la condicin humana que se caracteriza por tres
dimensiones de la actividad: labor, trabajo y accin. Las actividades
relacionadas con la labor son aquellas que nos permiten atender a
las necesidades de la vida. A saber: comer, dormir, vestirse, etc.
Mediante la labor las personas devienen no iguales sino idnticas,
es decir, en este contexto se sufre una prdida de la conciencia de
ser individuo. El trabajo, en otro nivel, se articula en torno a las
actividades que el hombre realiza para producir objetos. Slo en el
contexto de la accin es en el que las actividades realizadas
permiten al hombre desarrollarse de la manera que le es ms
propia, esto es, libremente. Es la actividad estrictamente opuesta a
la labor, ya que la accin implica siempre un proceso de creacin
que conduce a una emancipacin de lo dado mediante un proceso
de culturizacin. A cada una de estas acciones le corresponde un
atributo de la condicin humana as, a la labor, la potencia; al
trabajo, la violencia, y a la accin, el poder. La potencia es un
atributo del hombre que deriva de sus capacidades fsicas; y la
violencia es una prolongacin de la potencia que se distingue de
sta por su carcter instrumental; el poder es como la capacidad de
los hombres para actuar concertadamente. As entonces, el poder se

9 Para J. Habermas, lo que Arendt denomina violencia (Gewalt) es lo que en la


tradicin desde Weber hasta Talcott Parsons se ha entendido como poder: la
eficacia de imponer la voluntad de uno sobre la de los otros: Macht y Gewalt son
solamente dos aspectos de un mismo ejercicio de la dominacin poltica. Macht
significara entonces la movilizacin del asentimiento de los miembros de una
comunidad para los fines colectivos, es decir, la disponibilidad de los miembros
para respaldar a la direccin poltica; mientras que Gewalt significara el disponer
de recursos y de medios de coaccin en virtud de los cuales una direccin poltica
puede tomar e imponer decisiones vinculantes para realizar los fines colectivos. J.
HABERMAS, El concepto de poder en Hannah Arendt (1976), in: Perfiles filosfico
polticos, Madrid: Taurus, 2000, pp. 205-222; vers. original: Hannah Arendts
Begriff der Macht (1976), en: Politik, Kunst, Religion. Sttutgart: Reclam, 1978. (Para
la cita, p. 206).
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 19

entiende siempre como colectivo, nunca como un ejercicio


individual.
Siguiendo a la tradicin griega, Arendt privilegia la accin y el
lenguaje sobre el trabajo y la labor, concibindolos como las
actividades constitutivas del ncleo de la poltica y depositando en
ellas la dignidad que diferencia al hombre de los animales. Todo
individuo en el momento de su nacimiento dispone de una
identidad natural, pero sta no es la que le hace propiamente
humano. Ser su aparicin en el espacio pblico lo que dote al
sujeto de identidad, una identidad como ciudadano. As, la poltica
es entendida como una actividad que permite a cada individuo
construir y desarrollar su identidad; mediante sus acciones y
discursos, presentarse ante los otros como un sujeto que posee una
identidad propia, que debe ser reconocida por ellos. El espacio
pblico es, pues, el mbito del pleno desarrollo de las identidades
diversas, plurales. Es el mbito para el reconocimiento de los otros
como ciudadanos iguales y a un tiempo, plurales.
De acuerdo con esta concepcin de la condicin humana, el espacio
pblico se entiende como el mbito de desarrollo de la vida
humana ligado a la accin y alejado de la labor y el trabajo. Pues
bien, para Arendt, el ser humano es un ser poltico que desarrolla
plenamente su identidad en el marco de su existencia en
comunidad, como una forma de convivencia ms all de aquella
determinada por la naturaleza y la necesidad. De manera que la
nica condicin verdaderamente humana es la puesta en prctica
de la libertad en el ejercicio de la accin poltica, es decir, en la vida
pblica.
La poltica debe brindar las condiciones para que la accin pueda
desplegarse en todo su esplendor.10 Ciertamente, el ciudadano debe
estar dispuesto a contribuir activamente en la construccin de una
esfera pblica auto-realizadora, que tenga en cuenta la pluralidad y
la responsabilidad por los otros. Lo pblico es el reino de la accin y
el discurso; de la libertad y la igualdad frente al dominio de la

10Hannah ARENDT, Qu es la poltica? (trad. Rosa Sala Carb), Barcelona: Paids,


1997, p. 151.
20 SOBRE EL PODER Y LA VIOLENCIA

necesidad y la desigualdad que caracterizan al mundo de lo


privado.
Como ya he sealado, en La condicin humana, Arendt presenta el
poder como un atributo de la accin. En dicha obra afirma que El
poder [] slo es posible donde palabra y acto no se han separado,
donde las palabras no estn vacas y los hechos no son brutales []
surge entre los hombres cuando actan juntos y desaparece en el
momento en que se dispersan.11 As, insisto, el poder es la
capacidad de los hombres no slo para actuar, sino para actuar
concertadamente. De este modo, como ya anunci al inicio de esta
seccin, Arendt separa la idea de poder de las de dominacin y
violencia, oponiendo a stas un concepto consensual y
comunicativo del poder.
El concepto de poder republicano que defiende Arendt se
caracteriza por no ser poder sobre la voluntad de otras personas, es
decir, no es un poder como dominacin sino un poder como poder-
hacer, como capacidad, como potentia de una comunidad de
personas. A diferencia de la nocin de poder que analizamos lneas
arriba segn la cual el poder poltico es la capacidad de dominacin
basada en la posesin de los medios de coaccin fsica, Arendt nos
presenta una nocin de poder como capacidad colectiva para la
realizacin de fines. Su pretensin es reconstruir los espacios
pblicos de la participacin en la toma de decisiones. La propuesta
de Hannah Arendt est orientada por el ideal clsico de la
ciudadana, donde el tratamiento intersubjetivo de los asuntos
comunes es un objetivo esencial de la vida de sus miembros.12

Hannah ARENDT, La Condicin Humana, Barcelona: Paids, 31998. (En adelante


11

CH, seguido de la pgina). CH, p. 223.


12 De acuerdo con Axel Honneth (La democracia como cooperacin reflexiva. John
Dewey y la teora de la democracia del presente, in: Estudios polticos, nm. 15,
[jul.-dic.], 1999, pp. 81-116) existen dos importantes teoras sobre la democracia,
que son verdaderos intentos contra el liberalismo poltico: a una la llama
procedimentalismo y consiste en la concepcin de Habermas, quien considera
que para reactivar el proceso de la formacin democrtica de la voluntad slo es
necesario un procedimiento justificado moralmente; a la otra, republicanismo y
en ella considera la construccin terica de Hannah Arendt; la define orientada por
el ideal clsico de la ciudadana, donde el tratamiento intersubjetivo de los asuntos
comunes es un objetivo esencial de la vida de sus miembros.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 21

Ahora bien, en la repblica ideal arendtiana los individuos


optimizan sus oportunidades y posibilidades, es decir, su poder,
con el fin de adquirir realidad mediante el creciente poder de la
comunidad.
El poder del individuo se encuentra en su capacidad para construir
su mundo13 y dicho poder puede ser desencadenado tanto a favor
como en contra de la comunidad. Sin embargo, el poder de la
comunidad que configura el pblico en cada accin actual consiste en
evaluar, en su calidad de espectadores reflexivos, los correspondientes
actos y tomas de posicin innovadores, desviantes y negadores, en otorgar
consentimiento y proferir elogios o increpar al actor con crtica y
desprecio:
En la realizacin interpersonal de la accin, cualquiera puede fracasar, y si un
individuo pierde o sale victorioso no est slo en sus manos decidirlo, sino
tambin en las del pblico interactuante. Sin embargo, la soberana que pide
el sujeto autcrata pasa a formar parte de una comunidad que, por su parte,
pierde todo poder cuando reprime con violencia la capacidad de actuar y el
derecho del individuo a disentir crticamente.14

El gran acierto de Arendt consiste en situar a la accin poltica en


medio de un entramado de relaciones humanas que permiten que la
realizacin de la accin poltica sea necesariamente la realizacin de
la condicin humana de la pluralidad. Y sin embargo, para Arendt
la accin es ilimitada y no revelada al actor, debido a que los seres
humanos actuamos en medio de una gran red de relaciones sociales
y, por lo tanto, cada acto influye en muchos otros a travs de esas
relaciones de manera distinta.
Al igual que en el modelo republicano, Arendt se interesa por
recuperar el mundo comn como categora poltica frente a la
privatizacin de la vida ciudadana, pero con la ventaja frente al
republicanismo clsico de que este mundo comn se entiende
perneado de pluralidad. Esa pluralidad significa no slo que los

13Cfr. Hannah ARENDT, Sobre la violencia in: Crisis de la Repblica, Madrid:


Taurus, 1988, p. 181
14 Hauke BRUNKHORST, Cuestiones Pblicas: el republicanismo moderno en la obra

de Hannah Arendt, Sociolgica, nm. 47. Vigencia de Hannah Arendt, ao 16, sep.-
dic., 2001, p. 46-64.
22 SOBRE EL PODER Y LA VIOLENCIA

asuntos humanos estn en un continuo flujo debido a la incesante


irrupcin de nuevos sujetos y nuevas iniciativas, [] sino que esa
pluralidad tambin se manifiesta en lo que Arendt denomina la
trama de las relaciones humanas e historias interpretadas.15
Al mismo tiempo es preciso enfatizar que para Arendt la accin
slo es poltica cuando va acompaada de la palabra (lexis), en la
medida en que esta ltima convierte en significativa la praxis. La
accin poltica y el discurso constituyen el espacio pblico, en el
cual los agentes, en su actuar juntos, revelan los que son y lo que
desean que sea el mundo. La accin poltica es, pues, una actividad
de autorrevelacin colectiva.16 Lo que est en juego en la accin es
la constitucin de fines, y con ello la constitucin de la persona. A
Arendt le preocupa qu nos hace ser personas, (siempre con la
acotacin de que este problema no tiene a la base una idea
sustancialista de ser). Lo poltico es la actividad en la cual est en
juego la constitucin del ser, es decir, es la base de la condicin
humana. A travs de la accin nazco, aparezco en el mundo comn
y gano identidad en el espacio de aparicin.
La aparicin en el espacio pblico supone la construccin de una
identidad que viene dada por el reconocimiento de nuestra
singularidad que hacen los otros. Mediante la accin, las personas
devienen iguales en tanto ciudadanos cuya identidad una
identidad propia, singular y que por ello les hace distintos unos de
otros, se muestra, se construye, aparece en el espacio pblico. Lo
que se muestra en el espacio pblico es la singularidad del sujeto en
su actuacin. De esta manera, la pluralidad es junto con la libertad
uno de los principios polticos centrales de la propuesta arendtiana.
Y esta libertad se entiende, como en el caso republicano, como
libertad de no dominacin y no como libertad de interferencia.
Arendt estara dispuesta a defender que la verdadera libertad
poltica es la emancipacin de las formas de dominio, esto es, la

15Cristina SNCHEZ, Hannah Arendt, El espacio pblico, Madrid: Centro de Estudios


Polticos y Constitucionales, 2003, p. 76.
16Ronald BEINER, El juicio poltico, Mxico: Ed. FCE, 1987, [1 ed. inglesa 1983], p. 36.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 23

emancipacin de la dependencia de la voluntad arbitraria de una o


varias personas.17
En el espacio pblico, el poder es un fin en s mismo, y se manifiesta
como proteccin y promocin de la libertad a travs del consenso.
[] no se trata de conseguir un consenso con miras a alcanzar
determinados objetivos previamente fijados. Ms bien ocurre que el
consenso y el acuerdo son fines en s mismos, y as lo entienden
todos los que estn implicados.18 De manera que es la praxis
comunicativa el ncleo de la vida social y poltica.
Para Arendt el problema central de la poltica es la constitucin de
espacios donde los hombres puedan manifestarse a travs de la
accin y de la palabra. En este contexto, entiende que la naturaleza
del poder es completamente distinta, e incluso opuesta, a la de la
violencia. El concepto de poder, desde este punto de vista, est en
estrecha relacin con el concepto de legitimidad, como nos sugiere
la siguiente cita de Arendt: todas las instituciones polticas son
manifestaciones y materializaciones del poder; se petrifican y
decaen en el momento en que el pueblo deja de respaldarlas;19 la
legitimidad supondr el acuerdo intersubjetivo. En ese sentido,
aunque Arendt afirma categricamente que el poder no puede ser
reducido a instrumento, no tiene carcter de medio a disposicin
de algn fin, admite que es innegable que los gobiernos utilizan
el poder para alcanzar metas, pero la misma estructura del poder
precede y sobrevive a todas las metas. As que el poder, lejos de ser
el medio para llegar a un fin dado, llega a ser la condicin para que
un grupo de personas piense y acte en trminos de la categora de
medios y fines.20 El poder es un fin o bien en s mismo, que es
inherente a la existencia misma de las comunidades polticas.21 La

17Cfr.Philip PETTIT, Republicanismo. Una teora sobre la libertad y el gobierno,


Barcelona: Paids, 1999.
18Joseph M. ESQUIROL, En la encrucijada de la poltica: poder frente a violencia y
dominio, en Manuel Cruz y Fina Biruls (dirs. y comps.), En torno a Hannah
Arendt, Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1994, p. 54
19 H. ARENDT, Sobre la violencia, p. 39
20 Ibid., p. 48.
21 Id.
24 SOBRE EL PODER Y LA VIOLENCIA

violencia aparece donde el poder se halla en peligro; pero


abandonada a su propio impulso, conduce a la desaparicin del
poder.22 Por otra parte, la violencia puede destruir el poder pero
nunca puede generarlo, y en la medida en que resulta imposible
sustituir el poder por la violencia se pone de manifiesto la
naturaleza diferente de estos conceptos. La violencia resulta, por
consiguiente, impotente para la generacin de poder. Lo anterior
permite acentuar la diferencia entre ambos fenmenos, pero no slo
se distinguen sino que son trminos contrarios; se da entre ellos una
relacin inversamente proporcional: cuando el poder que sustenta a
un gobierno es grande, la violencia se ve fuertemente reducida, y
sta tiende a aumentar cuando el gobierno empieza a perder poder.
Es importante, entonces, enfatizar que el poder es inherente a la
intersubjetividad humana en su ejercicio a travs del debate, la
deliberacin y el juicio. Me permito recordar la cita que hice
anteriormente:
El poder slo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las
palabras no estn vacas y los hechos no son brutales; donde las palabras no se
emplean para velar intenciones, sino para descubrir realidades, y los actos no
se usan para violar y destruir, sino para establecer relaciones y crear nuevas
realidades.23

En la medida en que el poder brota dondequiera que la gente se une


y acta en concierto, la condicin de posibilidad del poder es la
pluralidad humana, y por consiguiente resulta ser un fenmeno
impredecible e inestable que depende del acuerdo temporal, de lo
que Arendt denomina el consenso cortejado. En sus palabras: la
misma estructura del poder precede y sobrevive a todas las metas.
As que el poder, lejos de ser el medio para llegar a un fin dado,
llega a ser la condicin para que un grupo de personas piense y
acte en trminos de la categora de medios y fines.24

22 H. ARENDT, Sobre la violencia, p. 52.


23 CH, p. 223.
24 H. ARENDT, Sobre la violencia, p. 48.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 25

CONCLUSIN
Al inicio de mi exposicin deca que, desde mi punto de vista, el
pensamiento, la filosofa, surgen de los incidentes de la experiencia
viva. A partir de esto, es imprescindible desvelar los orgenes de
aquellas experiencias y fenmenos que constituyen la esencia de la
vida.
A lo largo de esta conferencia me he esforzado en mostrar que la
poltica es un asunto de todos. No es posible permanecer al margen
de la construccin de un mundo comn. Slo a travs de la
actuacin en la dimensin del espacio pblico que es la poltica
podemos los seres humanos llegar a la condicin de autnticos
sujetos o individuos autnomos.
Lo que une a los sujetos individuales en cuanto ciudadanos de la
poltica es el hecho de habitar un espacio pblico, compartir
intereses comunes definidos por medio del debate intersubjetivo y
defenderlos en el seno de instituciones pblicas que garanticen la
pluralidad constitutiva de la ciudadana. Nuestro deber como
ciudadanos es rescatar la capacidad de ejercer poder con el fin de
defender nuestros derechos. En este proceso no estamos ajemos a la
violencia, sin embargo contaremos con la legitimidad de nuestras
acciones amparada por la legalidad de nuestras instituciones.
El poder, de acuerdo con la propuesta arendtiana que asumimos, no
se sustenta en una concepcin estrecha de lo que sea gobernar, es
decir, en la idea de que el gobierno supone nicamente una relacin
de mando-obediencia. El poder se genera en el apoyo o rechazo que
los ciudadanos prestamos a las instituciones, fundamentalmente a
travs de las opiniones expresadas, como estamos viendo
actualmente en el mundo rabe, a travs de las manifestaciones, las
protestas, las rebeliones, entre otras. Recordemos que el poder es el
acuerdo intersubjetivo permanentemente cortejado, y en este
sentido est en relacin con el concepto de legitimidad. No
debemos olvidar que, como nos sugiere Arendt, todas las
instituciones polticas son manifestaciones y materializaciones del
poder; se petrifican y decaen en el momento en que el pueblo deja
de respaldarlas.25 Por ello, Arendt observa que quien tiene la

25 H. ARENDT, Sobre la violencia, p. 39


26 SOBRE EL PODER Y LA VIOLENCIA

direccin poltica suele recurrir al incremento de la violencia


cuando el poder que lo sustenta (legitimidad) disminuye.
Dijimos lneas arriba que el poder no puede ser reducido a
instrumento; no tiene carcter de medio, a disposicin de algn
fin. Confundir el poder con la violencia y servirse de ella para
alcanzar metas, por muy legtimas que puedan parecer, slo
conduce a la prdida de legitimidad del poder poltico. Con se dijo
anteriormente, la violencia aparece donde el poder se halla en
peligro; pero abandonada a su propio impulso, conduce a la
desaparicin del poder.26
La violencia detentada desde el Estado nunca generar ms poder
poltico. No es posible ni deseable sustituir el poder por la violencia.
Lo que estamos viviendo en Mxico es un Estado que ha perdido
poder, porque ha perdido legitimidad. Impotente ante esta prdida,
pretende generarlo sirvindose de la violencia. Pero esto slo ha
conducido a la exacerbacin de la violencia. Recordemos: cuando el
poder que sustenta a un gobierno es grande la violencia se ve
fuertemente reducida, y sta tiende a aumentar cuando el gobierno
empieza a perder poder.
Es importante, entonces, recuperar el verdadero poder, se que es
inherente a la intersubjetividad humana en su ejercicio a travs del
debate, la deliberacin y el juicio. La constitucin de una ciudadana
participativa, ticamente responsable es el nico camino para a
mediano plazo superar la tenaza de la violencia desgarradora. Slo
una ciudadana comprometida puede orientar las prcticas polticas
hacia una reinstauracin del ordenamiento institucional del Estado.
En la propuesta arendtina se nos ofrece una vinculacin entre tica y
poltica; la accin individual y el compromiso personal no estn
desvinculados de los intereses colectivos.
En la actualidad, en Mxico, la democracia es una estructura de forma
piramidal: las lites estn en la cspide de la piramide. Tienen en sus
manos los medios de comunicacin, lo que significa tener el
monopolio del poder ideolgico. En el nivel intermedio se encuentran
los partidos, sindicatos y grupos de presin. Por ltimo, la sociedad.

26 Ibid., p. 52.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 27

Se hace necesario repensar las instituciones poltico jurdicas propias


de la democracia representativa de manera que sta se conciba de
modo ms participativo, pensar la democracia no slo como
procedimiento de eleccin de los gobernantes sino tambin como
democracia econmica y social. La legitimidad misma de la
democracia como sistema de gobierno radica en los valores de justicia
que deben darse en su seno.27 La va democrtica tal y como la
concibo supone intentar la moralizacin del Estado a partir de la
conversin del hombre privado en ciudadano u hombre pblico,
mediante un proceso en el que juega papel fundamental la cultura
tico-poltica orientada a la plena realizacin personal mediante la
participacin libre e igualitaria en los asuntos pblicos.
Pensar lo poltico como espacio de recreacin de lo especficamente
humano, tal como nos propone Arendt, nos abre la posibilidad de
repensar la interna relacin entre la accin y el estar juntos a travs
del discurso y la accin; esto es lo que permite que, al menos en ese
mbito sea, en parte, ajena a la violencia. La nocin arendtiana de lo
pblico como comunidad poltica nos permite reivindicar, frente a
la violencia, la palabra como forma de accin poltica.28

27 La democracia se define en primer lugar como el rgimen en el que rige la


igualdad: la ley de la democracia entendida de esta manera establece como norma de
igualdad que los pobres no deban tener menos poder que los ricos, ni unos deban ser
ms que los otros amos del gobierno. ARISTTELES, Poltica, IV, 1291 b, 31ss.
28 Conocimiento e inters, Madrid 1982. La primera edicin alemana es de 1968.
EL PRINCIPITO Y EL ZORRO.
UN DILOGO POR LA PAZ DOMSTICA
Juan Pablo Brand Barajas

ABSTRACT: El autor de este iluminador artculo propone como respuesta al


fenmeno de la violencia, unos oportunos remedios dialgicos capaces de
contrarrestarla en los mbitos de la vida domstica, apuntalados en afortunadas
analogas establecidas con los personajes metafricos de la clebre obra Le Ptit
Prince (El Principito) de Antoine de Saint-Exupry [1900-1944], singularmente
con el zorro y sus evocaciones trigales. El trabajo apuesta por una opcin a la no
violencia que conduzca indefectiblemente a la libertad tranquila, es decir, a la
paz.

EN SU VIAJE ENTRE LOS ASTEROIDES 325 y 330, el Principito conoce a


seis personajes: el rey, el vanidoso, el bebedor, el hombre de
negocios, el farolero y el gegrafo. El rey le muestra el deseo de
poder; el vanidoso, la intensa solicitud de admiracin; el bebedor,
la vergenza; el hombre de negocios da cuenta de la aficin del
avaro, mientras que el farolero es el perezoso, vctima de su
incesante letargo, empujado a buscar labores rutinarias exentas de
esfuerzo, cuyo resultado es la prdida del reconocimiento entre un
da y otro. Finalmente se encuentra con el gegrafo, quien puede
hablar de todos los mundos sin conocer ninguno; es el terico
esbozando lneas en el aire, esperando hacer coincidir su entorno
con sus ideas.
El trayecto del Principito podra ser denominado La ruta de las
incompetencias parentales:

Ponencia leda el 1 de marzo de 2011, en el Auditorio fray Bartolom de Las


Casas de la Universidad Intercontinental.
30 EL PRINCIPITO Y EL ZORRO

Los reyes. Padres o madres que se consideran los


todopoderosos de los hogares, percibiendo al resto de la
familia como sus sbditos. Al ser de su propiedad, pueden
ejercer libremente la violencia o disponer sexualmente de ellos
a voluntad.
Los vanidosos. Padres o madres narcisistas, quienes perciben a
sus hijas e hijos como extensiones de s mismos, por tanto
muestran un afecto ambivalente. Cuando los hijos se
desempean de tal manera que engrandecen la imagen de ellos
como padres, los exaltan y les dan intensas seales de afecto.
Pero cuando frustran su imagen de perfeccin son sumamente
hirientes con sus hijos, pudiendo llegar a la violencia.
Los adictos. Categora muy recurrida en la actualidad: padres o
madres que han visto frustradas sus expectativas y al
resultarles insoportable el malestar, consumen sustancias para
darle sentido a su ser en el mundo. Su psicopatologa es
variable, pero predomina la depresin, de la cual sienten que
emergen al estar bajos los efectos de las drogas. Sin embargo,
pasado el efecto, la realidad los apabulla. Pueden llegar a ser
violentos o tambin negligentes.
El avaro. Padres y madres que hacen del trabajo su justificacin
para la negligencia. En un momento de la historia donde las
funciones laborales estn sobrevaloradas, los avaros no
solamente se enfocan en la acumulacin de bienes, sino que
resguardan celosamente sus afectos. Por parte de ellos, el
maltrato puede ser de tipo psicolgico, econmico o por
negligencia.
Los deprimidos (perezosos), en una era donde el imperativo es
tengo que ser feliz y vivir con la fantasa del destierro de la
tristeza, negando as medio ser. Es un tiempo donde
predominan los vnculos kinect, una simulacin de los lazos
reales los cuales puedes desconectar al gusto. En busca de la
superacin, la felicidad y el ilusorio ser sin falta, se asfixia a
Eros. Considero que esto sucede por algo que nos explica
Levinas: para que exista responsabilidad por el otro, se
requiere darle rostro y actualmente la gente suele reflejarse en
el otro sin poder esbozar sus rasgos. En el momento en que el
otro se empaa como espejo, es expulsado: you are fired.
Esto crea redes de depresin, donde las personas suean con
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 31

vnculos legtimos, pero se sienten incapaces de tenerlos. Esto


fomenta lo que el psicoanalista Andr Green denomina la
madre muerta, madres que se encuentran fsicamente
presentes pero estn afectivamente muertas.
Los racionalistas. Padres y madres que hacen de su vida una
teora, encubriendo el verdadero deseo de esta actitud que es
mantenerse distantes de los afectos familiares y de sus hijos.
Pueden ofrecer una explicacin magistral de su familia, pero
son incompetentes para conectarse emocionalmente.

Sin embargo, del gegrafo, el Principito recibe una recomendacin


que confirma que alguien que se dedica exclusivamente a la teora
puede salir ms de s que los reyes, los vanidosos, los adictos, los
avaros y los deprimidos. El cientfico le da las seas para llegar a la
Tierra, donde el Principito conoce al personaje con quien establece
uno de los dilogos ms bellos del libro y probablemente de la
literatura infantil. El personaje es el zorro, y ste es parte del
intercambio.
Tras conocerse y saludarse el zorro dice:
Mi vida es muy montona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a m.
Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por
consiguiente me aburro un poco. Si t me domesticas, mi vida estar llena de
sol. Conocer el rumor de unos pasos diferentes a todos los dems. Los otros
pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarn fuera de la
madriguera como una msica. Y adems, mira! Ves all abajo los campos de
trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para m algo intil. Los
campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. Pero t tienes los
cabellos dorados y ser algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que
es dorado tambin, ser un recuerdo de ti. Y amar el ruido del viento en el
trigo.
El zorro se call y mir un buen rato al Principito:
Por favor... domestcame le dijo.

El zorro representa al beb, al recin nacido que ha llegado al


mundo y pide ser humanizado por otro, alguien que sople sobre su
cabeza el perfume del amor y lo arrope con su deseo.
Hoy abordo el tema de la violencia domstica. La palabra
domstico tiene su raz en el latn domus, que significa lo que es
hogareo, lo familiar. Es as que al pedirle el zorro al Principito que
lo domestique, le solicita le d un hogar, lo haga familiar.
32 EL PRINCIPITO Y EL ZORRO

Sigue el dilogo.
Bien quisiera le respondi el Principito, pero no tengo mucho tiempo.
He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
Slo se conocen bien las cosas que se domestican dijo el zorro. Los hombres
ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y
como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos.
Si quieres un amigo, domestcame!

Ante el clich de no tengo tiempo, el zorro brinda una respuesta


magistral: slo se conocen bien las cosas que se domestican.
Actualmente predomina la fantasa de que conocer todo y vivir
todo es el camino a la plenitud, cuando lo que nos dice el zorro es
solamente se conocen las cosas y las personas que realmente
amamos, que hacemos familiares. Es por eso que las redes sociales
de internet crean solamente vnculos ldicos, carentes de
substancia; por eso enajenan ms que satisfacer.
Qu debo hacer? pregunt el Principito.
Debes tener mucha paciencia respondi el zorro. Te sentars al principio
un poco lejos de m, as, en el suelo; yo te mirar con el rabillo del ojo y t no
me dirs nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada da
podrs sentarte un poco ms cerca
El principito volvi al da siguiente.
Hubiera sido mejor dijo el zorro que vinieras a la misma hora. Si vienes,
por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezara a ser dichoso.
Cuanto ms avance la hora, ms feliz me sentir. A las cuatro me sentir
agitado e inquieto, descubrir as lo que vale la felicidad. Pero si t vienes a
cualquier hora, nunca sabr cundo preparar mi corazn Los ritos son
necesarios.
Qu es un rito? inquiri el principito.
Es tambin algo demasiado olvidado dijo el zorro. Es lo que hace que un
da no se parezca a otro da y que una hora sea diferente a otra. Entre los
cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del
pueblo. Los jueves entonces son das maravillosos en los que puedo ir de
paseo hasta la via. Si los cazadores no bailaran en da fijo, todos los das se
pareceran y yo no tendra vacaciones.

sta es una sntesis de cmo debe ser todo contacto humano, desde
el primordial que es el posterior al nacimiento hasta las relaciones
con mayor madurez. Esto resulta notable cuando se trabaja con
nios, pues ellos van dando la pauta en el ritmo de la relacin; si
uno quiere adelantarse o se vuelve perezoso, inmediatamente lo
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 33

resienten. El respeto por el tiempo del otro es una de las grandes


prdidas de la poca actual. Las personas tienen ms
consideraciones con el agua de sus excusados que con su tiempo, el
cual derraman como si fuera un bien inagotable.
El problema es que hacen lo mismo con el tiempo de los otros y eso
es uno de los puntos crticos que le encuentro a la comunicacin en
la red: la intrusin permanente en la vida de los otros. Esto
incrementa las posibilidades de violencia puesto que la gente no
filtra sus sentires y vive al da emocionalmente, lanzando mensajes
sin procesar.
Los ritos tienen una muy baja popularidad en la actualidad. Las
personas estn dispuestas a permanecer largas horas construyendo
una granja la cual no le va ofrecer ningn fruto real, pero reniega de
cualquier rito. El rito es la apertura al otro con el cual puedo tener
una coincidencia en intereses, creencias, afectos, y por tanto lo
convoco y me convoca para compartir un momento en el tiempo y
el espacio.
Contina el dilogo.
De esta manera el principito domestic al zorro. Y cuando se fue acercando el
da de la partida:
Ah! dijo el zorro, llorar.
Tuya es la culpa le dijo el Principito, yo no quera hacerte dao, pero t
has querido que te domestique
Ciertamente dijo el zorro.
Y vas a llorar!, dijo l Principito.
Seguro!
No ganas nada.
Gano dijo el zorro he ganado a causa del color del trigo.

ste parecera el dilogo entre una pareja que est terminando una
relacin: Te dije que no te enamoraras de m, pero ah vas; si sufres
es por tu culpa. Cuanto ms se ama, ms se sufre, afirma Nasio en
El dolor de amar. Pero, ser que la llanura con su horizonte huidizo
ofrece mayor placer que la accidentada pero tangible cordillera?
Antonio Machado nos dice en su poema Yo voy soando caminos: En
el corazn tena la espina de una pasin; logr arrancrmela un da:
ya no siento el corazn Aguda espina dorada, quin te pudiera
34 EL PRINCIPITO Y EL ZORRO

sentir en el corazn clavada,1 que coincide con la respuesta del


zorro, quien desde el principio del dilogo asoci al Principito con
el trigo. El zorro parece decir: aunque llore, gan, al establecer un
vnculo de amor el cual podr recordar en cada ocasin que vea los
trigales. Esto es, el Principito celebra el haber recibido los frutos de
un don, los cuales son espontneos y gratuitos.
Lo que nos muestra el dilogo del zorro y el Principito es que los
nios requieren que los adultos cumplan su respectiva funcin. La
palabra funcin, proviene del latn functio, que significa ejecucin,
ejercicio de alguna facultad, cumplimiento de un deber. En su
forma verbal significa cumplir, desempear, satisfacer, pagar,
cumplir, emplear, gozar de.
Puede haber dis-funcin materna y paterna en el cuidado de los
nios. La palabra disfuncin nos remite a un mal o trastorno de la
funcin. Una de sus manifestaciones es el sobrecuidado, el cual
puede derivar en el llamado Sndrome del nio vulnerable, en el cual
no se logran distinguir los malestares psquicos de los fsicos,
sumado a una permanente experiencia de fragilidad e indefensin.
En cualquiera de sus expresiones, la disfuncin se refiere a la
confusin entre cuidado y posesin del cuerpo de los nios, por
tanto en esta categora tambin se suman todas las conductas
violentas de los padres.
La de-funcin nos hace pensar inmediatamente en la muerte, sin
embargo, desde su sentido etimolgico, tambin se relaciona con lo
obsoleto, lo que est fuera de uso. La defuncin se asocia con la
negligencia, esto es, cuando quienes tendran la responsabilidad de
ubicarse en la funcin materna o paterna, se vuelven obsoletos y no
pueden ser usados como objeto del cuidado de los nios. El
descuido es fuente potencial de enfermedad y muerte infantil.
La salud mental de los nios est sostenida en las funciones
materna y paterna. Cuando stas disfuncionan o defuncionan, el nio
queda atrapado en una dimensin corprea, difcil o imposible de
simbolizar, y por tanto permanecer amarrado a un ciclo biolgico,
negndosele la posibilidad de ser para trascender.
Todos hemos sido vctimas de la violencia, sea esta domstica,
escolar, social, poltica, en fin, en cualquiera de sus formas. Si

1 Antonio MACHADO, Poesa, Espaa: Alianza, 1980, pp. 30-31.


EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 35

bien la violencia es una posibilidad implcita en nuestra naturaleza


humana, tambin lo es no ejercerla. Por tanto, un primer paso para
la paz es asumir la responsabilidad de nuestras funciones
erradicando la violencia en el entorno donde las ejercemos. En el
momento en que renunciamos a la violencia, rompemos mltiples
redes de contagio. Ms all de la vida que nos haya tocado vivir, la
responsabilidad ltima del acto violento, es de quien lo ejecuta.
Ganemos a causa del trigo, optemos por la no-violencia en primera
instancia, pero ampliemos nuestra visin hacia la paz, hacia
vnculos de convivencia pacfica. Esto es una labor ardua, pero
recordemos que la paz es slo de quien la trabaja.

BIBLIOGRAFA

A. GREEN, Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Argentna: Amorrortu,


1999.
Antoine de SAINT-EXUPERY, El Principito, Argentina: Emec, 2008.
Antonio MACHADO, Poesa. Espaa: Alianza, 1980.
J. D. NASIO, El dolor de amar, Argentina: Gedisa, (1 reimp.), 2007.
LOS MEDIOS DE COMUNICACIN

ANTE UN MUNDO VIOLENTO
Norma Macas

ABSTRACT: Los medios de comunicacin, entendidos como extensiones del ser


humano, pueden ser usados de muchas formas. Las empresas mediticas han
argumentado que deben mostrar la realidad con toda su crudeza para no ocultar
informacin. Sin embargo la escalada entre el gusto o morbo de la sociedad por
consumir la violencia y lo explcito de las imgenes ocasionan el miedo y la
inmovilidad social, en lugar de la toma de conciencia que se pretende. Hay
caminos posibles para hablar de lo que sucede sin contagiar miedo o apata. Una
opcin es no perder de vista el elemento humano, su historia y su dolor, en lugar
de mostrar slo datos, estadsticas, cifras e imgenes sin contexto.

DEFINIMOS COMO HERRAMIENTA a los utensilios elaborados para


realizar una tarea y hacerla de forma ms sencilla. Como bien
seal el estudioso de la comunicacin Marshall McLuhan, los
medios de comunicacin son extensiones del hombre para difundir
informacin y recopilarla. Las herramientas tecnolgicas usadas en
la comunicacin potencian nuestra capacidad para mirar a
distancias grandes, escuchar desde muy lejos, saber de forma
inmediata lo que pasa en otros puntos del planeta; los medios nos
permiten aprender de nuestro mundo de forma ms fcil que
usando la experiencia individual directa con los fenmenos.
Al referirse a los medios en general (desde el dinero, hasta el
telfono o la radio) McLuhan pone en evidencia que, como toda
herramienta, no es buena ni mala por s misma, depende del uso
que le demos. Los medios son extensiones de nuestro cuerpo y

Ponencia leda el 1 de marzo de 2011, en el Auditorio fray Bartolom de Las


Casas de la Universidad Intercontinental.
38 LOS MEDIOS DE COMUNICACIN ANTE UN MUNDO

nuestra conciencia. Ms all de los intereses de quines los manejan


y decidan la programacin y la forma de sta, nosotros somos
quienes empleamos los medios para saber. Nosotros decidimos qu
hacer con sus contenidos, cules consumir y de cules privarnos.
Por qu, entonces, se ha criticado tanto a los medios como los
generadores de la violencia en la sociedad? Seramos una sociedad
menos violenta sin esos medios? Son slo reflejo y muestra de lo
que sucede en nuestro pas, slo amplificadores y distribuidores de
nuestras actividades comunitarias, o crean estereotipos y hbitos
que aprendemos de los noticiarios, la programacin y la publicidad
para luego reproducirlos en la vida social?
Como podemos darnos cuenta, el problema con los medios es
multifactorial; est enredado en intereses particulares, consumos,
poltica, ideologas, etc. Sin embargo, comprender cmo usarlos
mejor es responsabilidad individual que se refleja en el mbito
social.
Los medios estn constituidos por personas formadas por la propia
sociedad, depende de ella sus gustos, intereses y valores; cuando un
trabajador de los medios usa la herramienta de comunicacin,
depende de cierto lineamiento y poltica del medio, pero vierte en
ellos tambin los prejuicios, anlisis e intereses en los que ha sido
educado socialmente: tiene una forma de codificar la violencia y
entender la paz que comparte con su entorno y en el que tambin
ha influido la produccin meditica.
Roman Gubern, estudioso del fenmeno de la comunicacin y las
posibilidades de las imgenes, explica que el ser humano recuerda
mejor los mensajes violentos que los positivos, y que ello se debe a
un instinto primitivo de supervivencia. Los mensajes sobre riesgos
de vida, violencia y muerte nos mantienen alertas, nos preparan
para la reaccin en caso de encontrarnos en situaciones similares.
Otro tipo de mensaje llama menos nuestra atencin porque no se
conecta a una pulsin vital como lo hacen la violencia y el peligro.
Por tanto, las imgenes violentas tienen gran demanda; la necesidad
de mirar la realidad con crudeza, vende ms revistas y eleva el
rating.
Tanto las pinturas rupestres como los cantos juglares, las grandes
novelas, los corridos y hasta las religiones, se basan en
acontecimientos trgicos, en guerras, en muerte y sangre. Por qu
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 39

entonces, parecen los medios, particularmente la televisin, los


culpables del incremento de la violencia?
La difusin masiva de sus contenidos hace de los medios de
comunicacin una herramienta poderossima, como nunca antes
haba tenido la humanidad: cambia percepciones, crea prejuicios y
estereotipos, hace ms deseables ciertos estilos de vida. Esto se
logra, especialmente, si el uso de las imgenes no est conectado
con su referente real, si se presentan slo simulacros que vacan de
sentido nuestra vida cotidiana llenndonos la mente de imgenes
ideales e imposibles.
Andy Warhol, el artista estadounidense del movimiento Pop,
utilizaba imgenes cotidianas y las reproduca en exceso; su
intencin era aburrir con ellas, adormecer los sentidos para quitarle
significado a lo observado. As como una palabra que repetimos
continuamente va perdiendo sentido, desconecta el sonido de su
referente, las serigrafas con el rostro de Marilyn Monroe repetido
uno tras otro, quitan a sus rasgos el concepto de belleza que encarna
ese cono.
Las imgenes violentas, por tanto, nos escandalizan una vez, pero
repetidas y exageradas una tras otra, como caricaturas de s
mismas, nos adormecen, nos vacan de significado, nos hacen
olvidar el referente para volverse slo materia, sangre, cuerpos sin
cabeza. Aprendemos a anestesiar nuestra percepcin para que el
consumo de violencia nos hiera menos. Nos hemos acostumbrado a
ver cifras de muertos y a no percibir que refieren a seres humanos
que vivieron, amaron, tuvieron una historia, causaron dolor, que
son padres, madres, hijos o amigos. La mancuerna entre el consumo
de violencia y el exceso de oferta grfica sobre ella nos vuelve
inmunes al dolor humano; captamos los actos, pero no pensamos en
sus antecedentes ni en sus consecuencias. La lucha se vuelve ajena a
nosotros y slo nos invade una sensacin de temor abstracto,
miedo a la vida misma y a vivirla en sociedad.
El riesgo de que los medios muestren las imgenes de violencia que
produce la propia sociedad no tiene que ver con decir la verdad u
ocultarla, tiene que ver con saturar a la audiencia provocndole
miedo, difundiendo la sensacin de desesperanza, la idea de que es
imposible repensarnos y hacer posible una sociedad distinta. El
miedo sin referente de lo temido nos vuelve pasivos e indiferentes,
40 LOS MEDIOS DE COMUNICACIN ANTE UN MUNDO

evita la indignacin y la energa para demandar que las cosas


cambien.
El consumo de noticias desesperanzadoras provoca una sociedad
paralizada, temerosa e indiferente a las imgenes de las cules no se
saben las razones ni las consecuencias, no se conoce el contexto que
las provoca y cmo podra resolverse.
Durante la guerra de Irak, los corresponsales de cadenas pequeas
o de pases de tercer mundo no tuvieron oportunidad de acercarse a
las zonas de conflicto porque los espacios en los campos de batalla
estaban apartados para las grandes cadenas noticiosas
internacionales. Dada esta circunstancia, los reporteros mexicanos
tuvieron que llenar sus espacios informativos con notas distintas a
las escenas del combate. La decisin de algunos fue entrevistar a la
gente de los pueblos, a los heridos, hicieron una crnica de los
efectos de la guerra. Sin saberlo, estaban logrando dar contexto a
unas imgenes mediticas que ms parecan las grficas de un
videojuego que una guerra que estaba acabando con la vida de
seres humanos. La situacin oblig a estos reporteros a ponerle cara
e historia al dolor en Irak; estaban alejando la noticia del dato
numrico sobre las ciudades ocupadas o el nmero de bombas
detonadas, para llevar a los hogares por medio de la televisin el
contexto de los sucesos, las vivencias humanas y las repercusiones
de la ocupacin.
Pensando en que los medios no deben ocultar la realidad, no
pueden permanecer ajenos a los sucesos nacionales e
internacionales por crudos que sean. Cul es la alternativa para
informar sin promover la violencia o acrecentar la indiferencia? Una
de las posibilidades de quienes nos dedicamos a los contenidos
mediticos es despertar una postura tica ante los sucesos,
entendiendo las causas y las consecuencias sin dejar a las imgenes
mudas, para explicar lo que sucede a nuestro alrededor.
No podemos olvidar que los medios son herramientas, que son
nuestras herramientas y que fueron diseadas para conectarnos con
el mundo, con los otros, con lo que pasa lejos, pero tambin tiene
repercusin en quines somos y cmo vivimos en el mundo.
Las herramientas sirven para denunciar no por la crudeza de sus
imgenes sino por permitirnos comprender los contextos, las
razones y los problemas sociales que originan la violencia a nuestro
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 41

alrededor y que son asuntos que reclaman nuestra atencin y


nuestra participacin para resolverlos.
Los medios de comunicacin no slo difunden estereotipos y
consumos, tambin sirven para hacer visibles problemticas sociales
que no hemos notado ni discutido, ayudan a proponer soluciones y
puntos de vista, permiten compartir sentires y circunstancias, nos
obligan a crecer y a ver la realidad a partir de muchos ojos y
muchos odos.
Si buscamos ensear a las nuevas generaciones cmo vivir mejor en
un mundo violento, debemos hacerlos conscientes de que los
medios pertenecen a cada uno, son extensiones de nuestros cuerpos
y nuestras conciencias. Esto significa que nosotros somos quienes
decidimos en qu enfocar estas herramientas, podemos apagar la
televisin y no comprar las revistas, podemos contextualizar las
noticias y discutirlas, podemos evitar la saturacin y la apata, y
promover el consumo de mensajes que nos permitan idear formas
de vivir en paz.

BIBLIOGRAFA

BAUMAN, Zygmunt, Miedo lquido: la sociedad contempornea y sus temores,


Ed. Paidos, 2007.
GUBERN, Roman, Del bisonte a la realidad virtual: la escena y el laberinto, Ed.
Anagrama, 2007.
MACAS, Norma y Diana CARDONA, Comunicometodologa. Intervencin social
estratgica, Ed. UIC, 2007.
MCLUHAN, Marshall, Comprender los medios de comunicacin: las extensiones
del ser humano, Ed. Paids, 1996.
SARTORI, Giovanni, El homo videns: la sociedad teledirigida, Ed. Taurus, 2008.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS.
EVANGELIO Y ESPERANZA
Javier Quezada del Ro

ABSTRACT: Una interesante interpelacin a la Biblia y a las iglesias cristianas que,


de alguna manera, han dado pbulo a expresiones de violencia exacerbada en
nuestro mundo contemporneo. En aqulla, son ubicuas las expresiones de
violencia y exclusin (consecuencia de la teologa de la alianza o eleccin); en
stas, la doctrina de la redencin habra sido hipertrofiada hasta delinear toda
una teologa de un sacrificio expiatorio de naturaleza violento. Postular el autor
un necesario reenfoque en una teologa que ha acentuado el carcter sacrificial
de expiacin por los pecados cometidos o por el pecado heredado de la muerte de
Jess, en detrimento del aspecto gratuito del amor y del perdn de Dios.

EL TEMA QUE ME PROPONGO TOCAR en esta conferencia es muy


delicado. Quisiera dejar en claro que las ideas que voy a exponer
son radicalmente mas y que no representan la teologa oficial de
ninguna iglesia. Al menos, no es sa su intencin. No soy ni he sido
ministro de la iglesia catlica o de cualquier otra denominacin
cristiana. Mi punto de vista est fundamentado exclusivamente en
el estudio paciente de los textos bblicos.
Pido disculpas por anticipado a quienes se vayan a sentir molestos
porque mis ideas no concuerden con las suyas. Son slo mis ideas y
vengo a exponerlas por una invitacin de los organizadores de este
congreso. Creo que lo han hecho para provocar la reflexin seria de
todos. Los invito a ello.
Mi exposicin ser ms o menos corta, para dar lugar a las
reacciones que ustedes quieran exponer.

Ponencia leda el 2 de marzo de 2011, en el Saln de Usos Mltiples (SUM) de la


Universidad Intercontinental.
44 EVANGELIO Y ESPERANZA

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia


y reconoce en ella la Vctima
por cuya inmolacin quisiste devolvernos tu amistad
(Plegaria Eucarstica III).

INTRODUCCIN
La situacin que estamos viviendo en Mxico ha exigido una seria
reflexin sobre la violencia, su origen, sus causas y los caminos que
hay para salir de ella. Este simposio se une a este esfuerzo nacional,
pero bajo la perspectiva de la teologa y de la iglesia catlica.
Sin duda alguna, la violencia no vino a poner su tienda slo entre
los mexicanos. Basta encender la televisin (no precisamente para
ver Teresa), para darse cuenta de que el mundo entero est
convulsionado por la violencia. La ms visible es la que se da entre
los oprimidos, los excluidos; como ahora vemos en el norte de
frica y en Medio Oriente. Pero no hay que olvidar que la violencia
inicia con quien excluye, y de ella estn llenos los pases ricos. Por
ello, el legtimo anuncio del Evangelio implica violencia. Los
telogos de la liberacin de ayer y de hoy estaban bien conscientes
de ello. Ponerse del lado de los pobres es ya una opcin violenta
pues la situacin de pobreza y explotacin no puede cambiar slo
con buenas intenciones.
Pero mi reflexin quiere dirigirse por otros derroteros. Quisiera
proponerles un sua culpa eclesial. En efecto, creo que el catolicismo,
y en general el cristianismo ha puesto mucho de su parte para
generar este mundo tan violento que vivimos. En ese sentido, mi
conferencia quiere hacer dos denuncias. Una a la Biblia y una a las
iglesias cristianas.
A la Biblia, porque con su teologa de la alianza o de la eleccin
(que sigue vivita y coleando), ha generado indefectiblemente el
grupo de los no-elegidos, de los excluidos de la salvacin.
Denuncia a las iglesias cristianas, porque han hipertrofiado la
doctrina de la redencin por medio de un sacrificio expiatorio y
violento que habra sido exigido por Dios mismo.
Har la exposicin bajo dos subttulos.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 45

La primera parte versar sobre el origen y ubicuidad de la violencia


en la Biblia.
La segunda se centrar en la violencia que implican la teologa de la
alianza (o eleccin) y la teologa del sacrificio expiatorio por los
pecados.

EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA
Entre las consecuencias con que Dios castig la desobediencia de
Adn y Eva, segn Gnesis 3, hay una que hace referencia
directamente a la violencia. Dijo Dios a la mujer: Multiplicar en
gran manera los dolores en tus embarazos, con dolor dars a luz los
hijos, tu deseo ser para tu marido y l se enseorear de ti. Por
haber pecado primero, el apetito de la mujer tendera a su marido
(se entiende que sexualmente), y l se enseoreara, se hara seor,
de ella. Con ello se estableci la violencia entre Adn y Eva, en el
seno mismo de la pareja, mucho antes de que Can matara a Abel.
La violencia, pues, inici con el primer hombre y la primera mujer,
en el paraso mismo. Era de esperarse que acompaara a toda la
humanidad mientras estuviera fuera de l.
Y, en efecto, toda la Biblia est plagada de violencia. Por ello, no
debera resultar difcil hablar de la violencia en la Biblia. Qu es el
xodo sino el anuncio de liberacin en tiempos violentos? Y la cada
de Samaria, no es el colmo de la violencia?, no fue ella misma
anunciada con violencia por los profetas Oseas, Ams, Isaas y
Miqueas? Pero lo ms terrible de la Biblia fue, sin duda, la
destruccin de Jerusaln y el destierro a Babilonia. Las
Lamentaciones dicen que hubo incluso madres que se comieron a
sus hijos en la terrible hambruna provocada por el sitio de
Jerusaln. Jeremas lo habra predicho violentamente al rey
Sedecas. Y, qu decir de las pocas posteriores?, Israel vivi bajo
la dominacin (enseoreamiento) de los ptolomeos de Egipto y
luego bajo los Selucidas de Siria, hasta que una insurgencia llev a
la insipiente independencia que slo durara unas dcadas.
Finalmente, el Nuevo Testamento es testigo de la dominacin
romana, cuya mejor expresin bblica fue la crucifixin de Jess.
No debera, pues, ser extrao al cristianismo anunciar la paz, la
liberacin y el amor de Dios en tiempos violentos.
46 EVANGELIO Y ESPERANZA

LA TEOLOGA DE LA ALIANZA Y LA TEOLOGA DE LA REDENCIN


Pasemos ahora al segundo subttulo. La teologa de la alianza y la
teologa de la redencin. La Biblia no es inocente en cuanto a la
generacin de violencia. Se puede decir, sin temor a exagerar, que
ella misma, Antiguo y Nuevo Testamento, ha sido desde siempre
generadora de violencia, por dos motivos, principalmente: su
teologa de la alianza y su teologa de la redencin.

LA TEOLOGA DE LA ALIANZA
En cuanto a la teologa de la alianza, los textos ms bonitos implican
que Israel ser luz y motivo de bendicin para las naciones. Por ti
se bendecirn todos los linajes de la tierra, prometi Dios a
Abraham (Gn 12, 3b). Tal vez tambin sea sa la causa por la que
Dios dijo a Moiss que el pueblo sera un reino de sacerdotes y una
nacin santa (Ex 19, 6). Es decir, el pueblo elegido sera un
revelador y un mediador de la presencia de Dios, destinada a todas
las naciones.
As entendida, la eleccin del pueblo de Israel en el Antiguo
Testamento y del pueblo cristiano en el Nuevo, es ms un motivo
de preocupacin que de orgullo. Pablo lo expresa claramente
cuando dice, en la carta a los Glatas: Mas cuando Aquel que me
separ desde el seno de mi madre y me llam por su gracia, tuvo a
bien revelar en m a su Hijo, para que le anunciara entre los
gentiles (Ga 1, 15-16). El pueblo con quien se hace la alianza est
obligado a ser testimonio del amor actuante y misericordioso de
Dios ante el mundo. No hay nada de qu envanecerse, hay motivos
para preocuparse. Ay de m dijo el mismo Pablo, si no
evangelizara!.
Sin embargo, la teologa de la eleccin tiene una faceta oscura.
Como en una moneda, si de un lado est el pueblo elegido, en el
otro estn los no-elegidos. Y esta cara se presenta a veces de modo
siniestro, incluso en la Biblia. Por ejemplo con el exterminio de los
pueblos cananeos. Ellos ocupaban pacficamente su tierra. Israel era
un invasor. Pero, como Yahv los haba elegido y les haba dado
aquella tierra, tenan el derecho de invadirla y exterminar, en el
nombre de Dios!, a los habitantes. Yahv haba dicho a Josu:
Tiende hacia Ay el sable que tienes en tu mano, porque en tu mano
te la entrego. As que
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 47

cuando Israel acab de matar a todos los habitantes de Ay en el campo y en el


desierto, hasta donde haban salido en su persecucin, y todos ellos cayeron a
filo de espada hasta no quedar uno, todo Israel volvi a Ay y pas a su
poblacin a filo de espada. El total de los que cayeron aquel da, hombres y
mujeres, fe doce mil: todos los habitantes de Ay (Jos 8, 24-25).

Tal vez la masacre que implic, por parte de Dios, la salida de


Egipto, se justifique a nuestros ojos al afirmar que era un pueblo
opresor. Pero eso no quita nada de la violencia que Dios ejerca a
favor de los suyos y, obviamente, en contra de los no-elegidos.
Una lectura atenta de las historias de Jud e Israel no puede dejar
en la oscuridad el hecho de que Dios eligi a Jud y lo hizo subsistir
a pesar de que sus pecados eran tan grandes y tan serios como los
de Israel. Pero, qu me dicen de la eleccin de David en lugar de
Sal?, yo creo que los pecados de David, segn se puede saber por
los relatos bblicos, eran muchsimo ms graves que los de Sal. La
diferencia fue que Dios eligi a David
Pero esa eleccin, con su correspondiente no-eleccin, tambin se da
en el Nuevo Testamento. Aunque, dado que el grupo de los
creyentes no tena poder militar o poltico, su violencia era de orden
espiritual. Qu les parecen estas palabras de Jess, las ltimas que
dirigi a sus discpulos, segn el evangelio de Marcos?: Vayan por
todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura. El que crea
y sea bautizado, ser salvo; pero el que no crea, ser condenado
(Mc 16, 15b-16). En ese texto hay una violencia extrema, pues se
anuncia que quien no crea y no sea bautizado ser reo de muerte
eterna. Pero, claro, no en este mundo.
Esta teologa de la eleccin o de la alianza permea toda la Biblia. En
el catecismo se nos ensea la historia del pueblo elegido, y que
luego, ante su infidelidad, dicha eleccin pas al pueblo cristiano.
No tiene, pues, nada de extrao que esta teologa se siga
esgrimiendo en la actualidad como una espada capaz de dividir a
los que tienen el amor de Dios en esta vida y en la otra, y quienes no
cuentan con nada de ello.
Claro est que en esta teologa puede haber muchos matices, como
los hay en la Biblia y en la teologa mismas, y sera muy injusto
reducirla toda a sus ms patticas expresiones.
48 EVANGELIO Y ESPERANZA

LA TEOLOGA DE LA REDENCIN
Pero tal vez ms que la de la alianza, la teologa de la redencin se
lleva las palmas hablando de la violencia.
Quiero referirme a la teologa de la redencin en sus dos aspectos,
para m, ms sombros: la redencin del pecado original y la vctima
sacrificial de expiacin por los pecados.
La teologa de la redencin del pecado original implica que aquel
pecado de Adn y Eva era hereditario. Se trata de un pecado que,
sin embargo, no se hace de modo consciente, sino que se hereda, y
bastara l solo, para la condenacin eterna. He aqu la formulacin
agustiniana:
Antes bien, penetremos nosotros en el pensamiento del Apstol [Pablo] y
persuadmonos que l entiende el juicio condenatorio por un delito, porque
bastara para condenarse los hombres el pecado original solo, aun cuando no
tuvieran otros.1

Esta doctrina, que es una de las preferidas y claves de todo


catecismo de primera comunin, presenta a un Dios, por decir lo
menos, esquizofrnico. Ama tanto a la humanidad, que la crea para
compartir su felicidad, para darle todo su amor de padre. Sin
embargo, no puede perdonarle un pecado que no cometi. Eso no
puede sino generar perplejidad y, si se le analiza de cerca, ceos
fruncidos. Permtanme tomar prestadas unas palabras de Vctor
Hugo para expresar dicha perplejidad:
Prestan a Dios este razonamiento:
En otro tiempo, en un lugar de encanto bien escogido
puse a la primera mujer y al primer hombre;
comieron, a pesar de la prohibicin, una manzana:
Por eso sigo castigando a los hombres.
Los hago infelices en la tierra y les prometo
en el infierno, donde Satans se revuelca entre brasas,
un castigo sin fin por el pecado de otro.
Su alma cae en llamas y su cuerpo en carbn.
No hay nada ms justo. Pero yo soy muy bueno
y esto me apena. Ay! Qu hacer? Una idea!
Les enviar a mi hijo a Judea;
lo matarn. Y entonces por eso lo acepto,
habiendo cometido un crimen, sern inocentes.

1 AGUSTN, De los mritos y de los pecados, XII.


EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 49

Vindoles as cometer un pecado completo,


les perdonar el que no han cometido.2

El otro aspecto de la redencin es an ms sombro. Se trata de que


Dios necesitaba el sacrificio de su hijo para moverse a compasin y
perdonar los pecados de la humanidad. Esta vez, a diferencia del
pecado original, los pecados que cada quien haba cometido.
En el Antiguo Testamento y en el judasmo de la poca de Jess,
haba varios ritos de expiacin por el pecado. En ellos se derramaba
la sangre de algn animal. La sangre, que es la vida, se ofreca a
Dios. Hubo una serie de profecas del Segundo Isaas que hablaban
de una vctima sacrificial humana, el Siervo de Yavh. El cuarto
cntico de este Siervo es el nico texto del Antiguo Testamento que
habla de una vctima sacrificial humana, que quitara el pecado.
Cito aqu una parte que nos es bien conocida:
Y, con todo, eran nuestras dolencias las que l llevaba
y nuestros dolores los que soportaba.
Nosotros le tuvimos por azotado,
herido de Dios y humillado.
l ha sido herido por nuestras rebeldas,
molido por nuestras culpas.
l soport el castigo que nos trae la paz,
y con sus cardenales hemos sido curados.
Todos nosotros como ovejas erramos,
cada uno march por su camino,
y Yahv descarg sobre l
la culpa de todos nosotros.
Fue oprimido y se humill.
No abri la boca.
Como un cordero al degello era llevado.
Y como la oveja est muda ante los que la trasquilan,
tampoco l abri la boca (Is 53, 4-7).

Los autores del Nuevo Testamento, prcticamente todos, usaron


esa figura para explicarse y explicar el sentido de la muerte de
Jess. l es, segn san Juan, el cordero de Dios que quita el pecado
del mundo (Jn 1, 29).

2 Vctor HUGO, Obras completas, Posie, t. IX, Le pape, la piti supreme. Religions et religion,
lane, Paris: Ollendorf, 1927, citado en Sesbou BERNARD, Jesucristo el nico mediador.
Ensayo sobre la redencin y la salvacin, Salamanca: Koinona, 1990, p. 89.
50 EVANGELIO Y ESPERANZA

La exgesis actual ha demostrado que esos dos tipos de redencin


tienen, en el fondo, una mala comprensin de la Biblia.
La teologa actual debera tomar en cuenta los hallazgos de la
exgesis respecto a esas ideas sobre la redencin. El dilema est en
que muchos telogos, aun reconociendo que los fundamentos
bblicos de esos dos tipos de redencin son demasiado endebles,
consideran que las doctrinas de ellos emanados no pueden sufrir
cambios pues son un don del Espritu a la Iglesia.
En cuanto al pecado original, es preciso decir que ningn texto del
Antiguo Testamento considera el relato de Gnesis 3 como historia
o como un mito fundante o explicativo. No existe ningn profeta
que prometa un redentor que fuera a reabrir las puertas del paraso.
Ningn texto del Antiguo Testamento indica que esa fuera una
esperanza israelita. Eso demuestra que la historia de la cada no se
consideraba la razn por la que el ser humano viviera la situacin
actual.
De hecho, el Antiguo Testamento habla claramente de resurreccin
en dos textos: 2 Mac 7 y Dn 12, 1-3. En ambos casos se recurre a la
otra vida como explicacin de las injusticias que pasan en sta. Es
decir, dado que en esta vida hay gente mala que se la pasa bien y
muere bien; y hay gente buena que se la pasa mal y muere mal; hay
que postular la realidad de otra vida, de la resurreccin. En
ninguno de esos dos casos se hace mencin del pecado de Adn y
Eva y del paraso perdido, siendo que sera lgico traerlo a colacin
si se considerara una explicacin (real o mitolgica), de la situacin
de la humanidad.
La aceptacin de la resurreccin por parte de los judos antes de
Cristo, debi ser un freno para la teologa del pecado original tal
como est formulada. Cmo entender que el Antiguo Testamento
aceptaba la resurreccin y la bienaventuranza eterna sin que
hubiera un redentor del pecado original? Por la simple razn de
que no haba pecado original.
En cuanto al Nuevo Testamento, el tratamiento que da Pablo a
Gnesis 3 en la carta a los romanos, cuando habla del primer Adn,
podra comprenderse en el sentido de que la situacin humana
actual se debe al pecado de Adn: Por tanto dice Pablo como por
un solo hombre entr el pecado en el mundo y por el pecado la
muerte, as la muerte alcanz a todos los hombres, por cuanto todos
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 51

pecaron (Rm 5, 12). Aunque llama la atencin que hable del


pecado original slo en ese texto. Todo parece indicar que, como
tratndose de otros textos del Antiguo Testamento, lo toma en
cuanto puede servir para su argumentacin y no como elemento
estructural de su teologa. De hecho, slo en Rm 5, 12-21 toca el
tema.
En cualquier caso, Pablo nunca supone que el pecado original sea
un pecado (falta moral) que se transmita de generacin en
generacin, de padres a hijos. Para considerarlo as, habr que
esperar a Agustn.
La Biblia, pues, no considera que el pecado original sea un pecado
transmitido de padres a hijos y que merezca castigo por parte de
Dios.
El asunto de la redencin de los pecados cometidos por medio de
un sacrificio expiatorio de un vicario es algo ms delicado, porque
de ello no slo habla el Antiguo Testamento, sino que los primeros
autores cristianos, incluyendo los bblicos, interpretaron la muerte
de Jess como sacrificio de expiacin exigido por el Padre. Esta
interpretacin tambin est presente en la liturgia y en la teologa.
He aqu un texto del Catecismo de la Iglesia Catlica que cita al
Concilio de Trento:
1366La Eucarista es, pues, un sacrificio porque representa (= hace presente) el
sacrificio de la cruz, porque es su memorial y aplica su fruto:
(Cristo), nuestro Dios y Seor [...] se ofreci a Dios Padre [...] una vez
por todas, muriendo como intercesor sobre el altar de la cruz, a fin de realizar
para ellos (los hombres) la redencin eterna. Sin embargo, como su muerte no
deba poner fin a su sacerdocio (Hb 7, 24.27), en la ltima Cena, la noche en
que fue entregado (1 Co 11, 23), quiso dejar a la Iglesia, su esposa amada, un
sacrificio visible (como lo reclama la naturaleza humana) [...] donde se
representara el sacrificio sangriento que iba a realizarse una nica vez en la
cruz, cuya memoria se perpetuara hasta el fin de los siglos (1 Co 11, 23) y cuya
virtud saludable se aplicara a la remisin de los pecados que cometemos cada
da (Concilio de Trento: DS 1740).

Para concluir que Jess no es una vctima sacrificial que se ofreci a


s misma al Padre para el perdn de los pecados, es preciso llenarse
de valor y hacer un par de consideraciones que, sin embargo, no
son complicadas.
52 EVANGELIO Y ESPERANZA

La primera es que la necesidad de una vctima expiatoria tendra


que ser de Dios mismo, es decir, que l necesitara una vctima que
satisficiera por los pecados de los hombres. Esa suposicin cuaja
bien con los sacrificios del Antiguo Testamento, aunque con
frecuencia hay condenas de los sacrificios que no van acompaados
con justicia y derecho. Pero no encaja bien con la imagen de Dios
que predic y vivi Jess.
El Dios que revel Jess es como un padre que perdona el pecado
gratuitamente, incluso sin que medie la fe en el o los beneficiarios,
mucho menos un sacrificio. No se puede decir que el paraltico que
fue descolgado del techo, cuando Jess estaba predicando, tuviera
fe, pues el texto dice: viendo Jess la fe de ellos (Mc 2, 5a), es
decir, de los que lo haban llevado, o de los que estaban presentes, o
incluso la fe de todos ellos, incluyendo al paraltico. Pero no se
especifica que aquel hombre tuviera fe. Adems, la fe que se podra
suponer en l es en realidad, la confianza en que podra ser curado.
Mas Jess, en cuanto lo vio dijo: tus pecados son perdonados (Mc
2, 5b), un milagro que no haba realizado hasta ese momento. Que
en ese milagro Jess muestra su vivencia y concepcin del amor de
Dios queda patente por la reaccin de la gente: De modo que todos
quedaban asombrados y glorificaban a Dios diciendo: Jams hemos
visto cosa parecida. Tambin podramos pensar en la curacin de
la mujer con flujo de sangre. En el texto de Marcos, ella qued
curada en cuanto lo toc y Jess se volte para saber a quin haba
curado. El texto dice: Inmediatamente se le sec la fuente de
sangre y sinti en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante,
Jess, dndose cuenta de la fuerza que haba salido de l, se volvi
entre la gente y deca: Quin me ha tocado los vestidos? (Mc 5, 29-
30). Es decir, Jess cur a la mujer sin saber a quin haba curado, ni
de qu. Se volvi para enterarse de quin haba sido beneficiada con
su amor. Tal vez ste sea el mejor ejemplo de cmo es el Dios de
que habla Jess. Es perdonador incondicional e infinitamente
amoroso, como el mejor de los padres con sus hijos.
Pues bien, ese Dios es muy diferente de aquel que exige sacrificios
por el perdn y ms an, que exige la muerte de su Hijo para
moverse a compasin y decidirse a perdonar los pecados humanos.
Es decir, el Dios predicado por Jess no se corresponde con el que
exige sacrificios (y de su propio hijo!) para decidirse a perdonar.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 53

Esta es la primera consideracin. La segunda es que los evangelios


dicen con toda claridad que Jess fue asesinado porque hablaba de
un Dios demasiado inmediato e incondicional. Esa predicacin
molest a las autoridades religiosas de su tiempo, quienes lo
amenazaron de muerte y, como l no se retractara, finalmente
cumplieron su amenaza. Esta explicacin puede rastrarse en los
cuatro evangelios. Permtanme volver al de Marcos. En l se dice, al
inicio de la vida pblica de Jess, que los fariseos se confabularon
con los herodianos para ver cmo eliminarlo (Mc 3, 6). A esas
alturas, Jess no haba hecho nada que pudiera sealarlo como reo
de muerte. Pero haba mostrado a un Dios demasiado cercano, ms
an, inmediato. Y eso lastimaba todas las pretensiones de los que se
ponan entre Dios y los dems seres humanos, los mediadores.
As pues, la interpretacin de la muerte de Jess como muerte
sacrificial expiatoria por los pecados est en franca contradiccin
con el Dios que l revel y no es sino una interpretacin entre otras,
que se sobrepone a la explicacin histrica.
Por qu tenan tanto inters los primeros cristianos en mostrar a
Jess como cumplimiento de las Escrituras? La respuesta es
bastante sencilla y obvia. Para ellos como judos y para la mayora
de sus destinatarios, que tambin procedan del judasmo, era muy
importante que en Jess se cumplieran las expectativas que haba
dejado abiertas el Antiguo Testamento. De esa forma, Jess era el
Hijo de David, el Mesas, el Hijo del Hombre, el Siervo de Yahv, el
Profeta, etc.
Esa tendencia a mostrar cmo en Jess se cumplan las Escrituras se
expresa a veces con el simple trmino: para que se cumpliera la
Escritura, incluso sin decir cul, y al grado de que hay veces en
que los especialistas no encuentran ninguna escritura que pueda
relacionarse con el acontecimiento de la vida de Jess en cuestin.
Esta necesidad de la primera comunidad cristiana explica por qu la
muerte de Jess fue mirada como una muerte expiatoria por los
pecados de la humanidad, en franca contradiccin con la idea y la
experiencia de Dios que Jess tena y ense.
Los textos que hablan de Jess como chivo expiatorio enviado por
Dios mismo para tener una satisfaccin suficiente de los pecados de
la humanidad, deben, pues, relativizarse. No son sino una
interpretacin entre otras y, lo ms importante: miran a Jess con
54 EVANGELIO Y ESPERANZA

los lentes del Antiguo Testamento, y no a partir de sus mismas


enseanzas y de la novedad de su mensaje.

CONCLUSIN. UN NECESARIO REENFOQUE


Todo esto significara que la teologa actual, que ha venido
acentuando el aspecto sacrificial de expiacin de la muerte de Jess,
sea por los pecados cometidos, sea por el pecado heredado, ha
contribuido de manera significativa a la violencia de este mundo.
Digmoslo con claridad. Tal como se ha interpretado el
cristianismo, es una religin profundamente violenta. En ella el
Padre tiene siempre necesidad de la muerte de su Hijo para
recordar, no que ama a la humanidad por s misma, por ser cada
hombre su hijo, sino que la ama porque su Hijo muri para expiar
los pecados de todos. El Padre violento slo calmara su furia contra
la humanidad porque entre ese odio y ella estara su hijo,
eternamente sacrificado en el altar dominical. En ese sentido, sera
correcto decir que Jess nos salv del odio del Padre.
Este acento en la calidad expiatoria del sacrificio de Jesucristo no se
ha dado siempre. Aunque est indicado en el Nuevo Testamento, su
exacerbamiento se ha venido dando paulatinamente a partir del
segundo milenio, y, si debemos creer a Sesbou, sobre todo a partir
del Concilio de Trento. Pero ese acento redencionista puede
cambiar a una teologa ms evanglica, ms cristiana, que acente
el aspecto gratuito del amor y del perdn de Dios. La teologa
actual puede, en este sentido, revitalizarse por medio de un regreso
ms fresco a las afirmaciones bblicas.
Inici esta conferencia con una lectura de la tercera plegaria
eucarstica, que muestra que el cristianismo es una religin violenta
desde sus races. Uno de los cambios ms importantes para
enfrentar la violencia actual, estara en subrayar el aspecto no
violento y gratuito del amor de Dios, que es un mensaje
profundamente evanglico. Jess como vctima no violenta que
rompe el ciclo de la violencia, como dira Ren Girard. Esto no
significa ni quitar la misa ni quitar los sacramentos, significa que
todo puede reinterpretarse de una manera ms actual y,
paradjicamente, ms evanglica.
La Eucarista debera convertirse precisamente en eso, una accin
de gracias comunitaria por el amor de Dios que Jess ha revelado.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 55

En cuanto al bautismo, debera perder ese acento, no bblico, de


sanacin del pecado original, y de eleccin (que implica exclusin
de la mayora), para tomar tintes ms evanglicos y ser una
verdadera revelacin del amor universal del Padre.
En este mundo convulsionado por la violencia puede resonar el
anuncio del amor sin lmites, del perdn incondicional, de la clida
inmediatez del Padre, que exige la insobornable fraternidad, tal
como en el tambin convulsionado mundo de Jess, l revel una
faceta inesperada de su Padre.
TRATANDO CON LA VIOLENCIA
Pablo Romo Cedano

ABSTRACT: La violencia en todas sus dimensiones amerita no slo una elucidacin


de su esencia y caracterismos, sino la delineacin de unos congruentes criterios de
accin que permitan lidiar con el fenmeno y orientar eficazmente la accin
pastoral. El presente artculo expone anecdticamente estas directrices al tiempo
que realiza tiles ejemplificaciones de cmo los cristianos de otras latitudes han
hecho frente a tan duro flagelo de nuestros tiempos. En suma: cmo han tratado
con la violencia.

FELICES LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ. CRITERIOLOGA


PARA LA ACCIN PASTORAL

PRELIMINAR

A LO LARGO DE ESTOS TRES DAS se ha estado reflexionando sobre la


violencia, desde diversas perspectivas. Acercndose al final de estas
jornadas de reflexin y tomando en cuenta lo que me sugiri el Lic.
Jorge Rodrguez para este momento del actuar, parece inevitable
contrastar la reflexin sobre la violencia, sobre el significado de la
caracterizacin de la violencia, los elementos de seguridad, las
estrategias de accin y actuacin concreta de la paz, de los
constructores de paz, ante la espiral de la violencia in situ.

Ponencia leda el 3 de marzo de 2011, en Saln de Usos Mltiples ( SUM) de la


Universidad Intercontinental.
58 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

CMO SE HAN COMPORTADO LOS CRISTIANOS ANTE LA


VIOLENCIA?

A lo largo de mi vida he podido estar y compartir con gente en


muchos lugares donde la violencia y la propia guerra es el contexto
de la accin de los cristianos. A lo largo de la historia de la humidad
y del cristianismo, los cristianos han interactuado en torno a la
violencia como un factor constante en las vidas. Qu han hecho?
Cmo se comportan ante la violencia?

MOSAICO, UNA EXPERIENCIA EN ANGOLA


En Angola existe un centro de derechos humanos que creci a pesar
de la violencia en el pas. Su nombre es Mosaiko1. Mosaiko
representa un espacio de libertad en medio de la guerra fratricida.
Ha significado y significa un oasis de libertad y respeto en medio de
miles de muertos. Este centro cultural en medio de la violencia se
conform como un lugar neutral de paz y de convivir. Cmo lo
logr? Los fundadores, religiosos, tomaron la decisin de no
participar en la guerra. Decidieron establecer su espacio como un
espacio de paz y con su autoridad ante la comunidad lograron que
se les respetara. Mosaiko fue una respuesta de un grupo de
cristianos que tuvieron consenso para construir paz en un pequeo
espacio de convivencia en medio de una guerra, promoviendo y
divulgando los derechos humanos. Es un raro caso de paz
respetada en medio de la violencia. Lo lograron; tuvieron consenso;
se zafaron de la guerra.

BURUNDI EN PLENA GUERRA


No todas las experiencias son como la de Mosaico en Angola. La
experiencia de Timothy Radclife, maestro de la Orden de Frailes
Predicadores es ilustrativa; algo diferente, en un lugar olvidado del
mundo: en Burundi. En aquel perdido pas, en medio de una
guerra, Fray Timothy puede ilustrar en un momento dado una
accin en medio de la violencia, no tan espectacular como en
Mosaiko, pero con un sentido diferente. Cuando l llega a

1 Cfr. http://mosaiko.op.org/
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 59

Buyumbura, capital de Burundi, en medio del conflicto interracial,


dice que lo nico que poda hacer en una comunidad dividida por
la etnia pero unida por la fe, fue rezar.2 Parece que en ciertas
circunstancias, rezar es una o la nica posibilidad de accin
inmediata ante la violencia.
De hecho en muchas experiencias de cristianos ante la violencia la
oracin es una expresin de fortaleza. Les recomiendo, en este
sentido, ver la pelcula de los monjes trapenses en Argelia De
Dioses y Hombres.3
Vale decir que semanas despus Timothy escribi esta experiencia y
al escribirla y hacerla pblica, esta oracin tiene un sentido diferente,
pues se coloca polticamente en los lectores de muchas partes del
mundo. Es decir, su oracin, no fue la oracin escondida, sino una
oracin que es pblica y se hace pblica adquiriendo nuevas
connotaciones. Tengamos cuenta de esto
En ese mismo Buyumbura, un poco de tiempo despus, conoc a las
hermanas de la Caridad de la hermana Teresa de Calcuta, que
dirigan un hospital y lugar de muerte, pues era un sidario. La
experiencia fue muy significativa, pues las hermanas acompaaban
a las personas sin ningn futuro a morir con dignidad. sa era para
ellas su respuesta ante la violencia: acompaar con dignidad a la
muerte. El silencio, el acompaamiento silencioso ante la muerte
inminente, acompaar al inocente a la muerte, pero con dignidad,
recuperando los rostros de los que moriran muy pronto o de
manera inminente por falta de toda ayuda. Esa accin ante la
violencia me pareci una cachetada con guante blanco a los
violentos, a los que violaron y contagiaron a esas mujeres con SIDA
en aquel contexto de violencia y guerra.
Lo que an guardo en la memoria, evocando esa escena que ahora
escribo, es el porte de las hermanas de la Caridad. Algunas de ellas
eran de la India, hacan su trabajo con gran porte y sin miedo; haba
una cierta serenidad en sus rostros que poda turbar a cualquier
miedoso. Recojo este rostro y actitud: no al miedo.

2 Timothy RADCLIFFE, Que votre joie soit parfete, CERF 2002.


3 Ttulo original: Des hommes et des dieus, dir. Xavier Beauvois, Francia 2010.
60 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

EL SOCORRO JURDICO DE EL SALVADOR


Otra respuesta de cristianos ante la violencia, que he conocido es la
de los trabajadores del Socorro Jurdico Cristiano de Solidaridad de
El Salvador, cobijado por Mons. Romero4. El Socorro Jurdico de El
Salvador fue dirigido por el entonces Lic. Roberto Cuellar, quien
despus lleg a ser el director del Instituto Interamericano de
Derechos Humanos. El Socorro Jurdico responda a los llamados
ante la violencia por la guerra en El Salvador en plena guerra civil.
Fue un espacio de derechos humanos muy importante y valiente,
pues defendi hasta la muerte de Mons. Romero a miles de
salvadoreos que padecieron la violencia de la guerra. Cuando
Mons. Romero fue asesinado, tuvieron que salir del pas los
abogados que trabajan ah junto con los activistas. As conoc al
hermano de Roberto, Benjamn Cuellar, quien se hizo cargo en
Mxico de este espacio en el exilio, continuando la defensa y
promocin de los derechos humanos para los miles de salvadoreos
que atravesaron Mxico buscando refugio. sa fue otra accin de
cristianos ante la violencia: la defensa de los derechos humanos y la
accin en el exilio.
No era fcil su trabajo, pues estaban trabajando en medio de la
guerra y de las amenazas. Su confianza en la seguridad que les
garantizaba el arzobispo les permiti recabar miles de testimonios
de salvadoreos en situacin de riesgo. La violencia no dependa de
ellos; no podan contrarrestarla toda, pero de alguna manera el
trabajo que hicieron, se convirti en un referente de la situacin. Por
un lado era un espacio para miles de salvadoreos para conocer la
verdad, y para otros, era un obstculo para la represin. La
violencia continu, pero este espacio del Socorro Cristiano fue un
obstculo para incrementarla.
Cumpli su propsito? Exacerb los nimos? Quin sabe; es
difcil medir su impacto en esos trminos, pero quienes participaron
creyeron haber hecho lo que sus conciencias les dictaban en ese
momento. No es eso mucho en tiempos de violencia?

4 Fue fundado por Segundo Montes, SJ en 1975.


EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 61

LAS HERMANAS FILIPINAS Y EL DILOGO INTERRELIGIOSO


Tambin conoc a un grupo de hermanas en Mindanao, Filipinas,
quienes ante la violencia de la guerra, una guerra tnica y religiosa,
se empearon por construir puentes de paz en medio de los
pueblos, de la gente, ms all de las grandes directrices de los
grupos hegemnicos y con gran riesgo para sus vidas y para el
futuro de la misin cristiana en el lugar. Las hermanas iniciaron un
trabajo de dilogo y encuentro entre los musulmanes y los
cristianos, convivencia que les permitan dialogar y compartir como
vecinos a pesar de sus diferencias. Hacan tardeadas, jugaban los
nios entre s de una fe y de la otra y podan celebrar juntos en
medio de una guerra lo que queran, a pesar de que tericamente
estuvieran de uno u otro lado de la lgica prevaleciente.
La guerra procura polarizar: de ah que Bush haya dicho o estn
conmigo o contra m en el contexto de su guerra. As es la lgica
de la guerra. Las hermanas rompieron con dicha lgica en su
pequeo espacio. Fueron respetadas con el tiempo y hoy son
referentes de paz para muchas otras comunidades que viven la
diferencia despus de los momentos de mayor violencia. Quiz una
clave que recupero de esta experiencia es el trabajo desde abajo, en lo
que parece pequeo e irrelevante.

LOS CENTROS MEXICANOS DE DERECHOS HUMANOS


Otros ejemplos de cristianos ante la violencia, en este caso
institucional, es la creacin de los centros de derechos humanos. En
Mxico, la historia de la creacin de muchos centros de derechos
humanos responde a la necesidad y la prctica de religiosos,
religiosas y laicos organizados que actan ante la violencia
institucional exigiendo el respeto de los derechos humanos. De ah
el surgimiento de centros de derechos humanos como el Fray
Francisco de Vitoria, el Bartolom de Las Casas, el Fray Pedro
de Crdova, el Fray Juan de Larios, el Miguel Agustn Pro
Jurez, el Fray Julin Garcs, el Fray Pedro Lorenzo de la
Nada, el Grupo Indignacin en Yucatn, el de la Montaa,
Tlachinollan, entre otros.
62 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

Estos espacios responden a violencias muy concretas y son acciones


directas de cristianos que han entendido as su misin. Lo
interesante es el trabajo articulado en redes. A principios de 1990,
estos grupos dispersos y a veces en franca competencia, se
reunieron y empezaron a confiar en la articulacin, en sumar
fuerzas ms all de las propias y formaron lo que hoy da es una de
las redes de organismos civiles ms relevante del pas.5
Quedmonos con este valor de la unidad de fuerza en una figura
tan democrtica como las redes.

LA VICARA DE LA SOLIDARIDAD LOS EXTREMOS DE LA IGLESIA


Hace unos das estuvo en Mxico Roberto Garretn, uno de los
fundadores de la Vicara de la Solidaridad. Este espacio fundado
tambin por el Cardenal Silva Enrquez, salv y document a miles
de chilenos en tiempos de la dictadura de Pinochet. Mientras un
nuncio Angelo Sodano aconsejaba y celebraba la misa en la
capilla privada del dictador, el cardenal y arzobispo de Santiago
fundaba un centro para documentar y acompaar a los familiares
de los desaparecidos de la violencia causada por el golpe militar.
La accin de los cristianos ante la violencia es diversa y una de las
lecciones que nos deja es que es preciso tomar partido. Gracias a este
espacio pequeo pero con mucha autoridad moral, la historia, la
memoria de un pueblo perseguido y enlutado por la represin,
puede tener testimonios directos de lo sucedido hoy da. La verdad,
en este caso, se convirti en roca fuerte para construir el futuro.
He hablado de unos ejemplos de iglesia y de cristianos unidos ante
la violencia, un paradigma comn de accin y de trabajo. Pero este
caso en Chile es ejemplar de la tensin imperante y de lo diferente
que pueden ser las acciones de los cristianos. Por eso hay que optar
de ante mano y saber que esto puede suceder.
Angelo Sodano tuvo gran xito: se convirti en Secretario de Estado
del Vaticano en tiempos del prximamente beato Juan Pablo II. El
cardenal Silva fue olvidado de la historia oficial, pero es recordado
como el hombre que salv la vida a miles ante una violencia
generalizada. Se podra pensar que actuaron como el polica bueno

5 Cfr. http://www.redtdt.org.mx/acerca.php
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 63

y malo pero, no! Respondan a proyectos sociales diferentes, a


teologas diferentes, quiz a dioses diferentes.

MEDIACIN PARA LA PAZ


La violencia despus de la guerra sucia en Argentina fue dirigida
hacia potencias extranjeras. En un primero lugar, en una guerra
abierta en los 70s contra Gran Bretaa, por unas islas en el
Atlntico, y despus por unos cuantos kilmetros cuadrados en el
sur de la Patagonia. Ante la inminencia de la guerra, algunos
jerarcas de la Iglesia intervinieron ante la inminencia de la violencia,
y mediaron y buscaron alternativas ante el conflicto, que reinara la
palabra en medio de las balas.
Los resultados fueron favorables. Los jerarcas de la iglesia de ambos
pases, Chile y Argentina, lograron un acuerdo, presionando a sus
gobiernos, sin que hubiera muertos. La violencia se transform en
un acuerdo de paz, que hasta ahora se cumple y evit un
derramamiento de sangre absolutamente intil. La prevencin de la
violencia requiere en momentos de un cierto protagonismo por parte
de los mediadores. En otros no; requiere la osada de actores que se
arriesguen para hacer atender a los llamados de paz.

TRISTES HISTORIAS
No todas las historias donde intervienen los cristianos, los lderes
religiosos de los pueblos, los pastores y pastoras son edificantes. A
veces son contra-historias ejemplares, pero sirven de contra-ejemplo
para ver cmo las ambiciones, el poder o la corrupcin en ocasiones
pueden ms, a fin de tomar precauciones y estar prevenido.
En tiempos de Fujimori, el dictador peruano, y del combate contra
el Movimiento Revolucionario Tpac Amaru, en una ocasin, un
comando armado tom la embajada de Japn, en Lima. Ambas
partes estuvieron de acuerdo en solicitar la intervencin de la
Iglesia, del arzobispo de Lima, para auxiliar en la comunicacin y
las negociaciones, a fin de liberar a los rehenes. La confiabilidad
hasta ese momento era clara de ambas partes en conflicto. Sin
embargo el despus cardenal, en ese momento arzobispo de Lima,
Juan Luis Cipriniani, traicion la confianza de una de las partes y le
64 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

apost a la fidelidad al poder de ese momento, Fujimori,


introduciendo en una Biblia micrfonos para poder espiar y
asesinar a los revolucionarios. La polica pudo as saber el nmero
de rehenes, su ubicacin, y logr un ataque muy certero contra los
secuestradores. Los rehenes fueron liberados, los secuestradores
asesinados, y el presidente de aquel momento se cubri de gloria,
todo gracias a la traicin del arzobispo y la pericia de la polica.
Las acciones de cristianos en tiempos de violencia no siempre son
pulcras y a veces responden a los intereses personales o de su clase
o grupo poltico por encima de los requerimientos ticos y de fe.

LA MEMORIA HISTRICA
Quiero citar un ltimo ejemplo de cmo los cristianos actan ante
contextos de violencia, para poder pasar a ver algunas pistas de
accin pastoral ante este fenmeno.
Las comisiones de la verdad son expresiones de experiencias en
medio de situaciones de grave violencia y guerras. Muchos
cristianos han participado impulsando estas comisiones en muchas
partes del mundo: en Sudfrica, en El Salvador, en Guatemala, en
Per, en Ecuador, etc.6 Su propsito es contar la verdad, lo que
realmente sucedi, ms all de la verdad establecida por la
propaganda o los que controlan los medios de comunicacin. Estas
Comisiones de la Verdad son narraciones que liberan a quienes las
cuentan, que construyen bases para saber de qu perdonar. Saber
realmente lo que sucedi, quin lo hizo?, por qu?, es una
experiencia liberadora para las vctimas que, confundidas,
apabulladas por aplausos, lgrimas, fotografas de paparazzi, no
entienden comprenden o recuerdan a ciencia cierta lo que
sucedi.
Pensemos en este momento, por ejemplo, en la familia Reyes,
asesinada hace menos de 10 das que claman justicia y no se sabe
pblicamente por qu la mataron. Imaginemos que sabemos el
mvil, sabemos quin lo hizo y qu pretenda: saber es liberador, es

6 COMISIN DE DERECHOS HUMANOS DEL DISTRITO FEDERAL, Comisiones de la Verdad.

Memoria Seminario Internacional, Comisiones de la verdad: tortura, reparacin y


prevencin. Mxico 2003.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 65

de alguna manera redentor. Por ello es importante conocer. Saber la


verdad, esa Verdad con maysculas que nos libera, que nos hace
libres
Saber el porqu de la violencia es un trabajo serio; no es una
expresin de propaganda, un panfleto consumible con las
telenovelas.
De ah que, saber, significa caracterizar la violencia y poder iniciar ese
proceso difcil de libertad, de adentrarnos en la verdad, por ms
dolorosa que sea, por ms compleja, por ms cercana.

POR DNDE EMPEZAR?


Por dnde iniciar el proceso? Hemos escuchado muchos casos.
Podramos citar muchos ms donde cristianos y cristianos han
abordado la violencia, la han enfrentado, la han tratado desde su
conciencia con la responsabilidad de que han sido capaces.
Recuperar las experiencias del pasado siempre ayuda mucho,
edifica mucho, ensea mucho. Quiz podramos seguir recogiendo
las reflexiones de tantos ms, como del telogo cristiano Dietrich
Bonhoeffer, quien ante la violencia extrema reconoca un dilema
planteado en trminos de acabar con el dictador con violencia. O
la de San Juan Crisstomo, quien al examinar el problema que viva
el pueblo y reconocer que la causa era el emperador, lo enfrenta y
vive las consecuencias.
En fin, en el pasado los cristianos han encarado situaciones de
violencia y slo los cobardes, los timoratos lo eluden, lo
desconocen.
Pero, cmo tratar hoy y aqu la violencia? Cmo hacer un abordaje
pastoral ante la violencia?

1. LA CARACTERIZACIN DE LA VIOLENCIA
Parece que es preciso caracterizar la violencia que vivimos, en cada
regin, en cada lugar y articularla en el gran conjunto del pas a fin
de actuar ante sta de manera pertinente.
A qu me refiero?
66 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

Me refiero a que si no tenemos un consenso claro del origen, la


naturaleza, los actores, lo que est en juego, lo que podemos perder
y ganar, podemos actuar sin ningn sentido de incidencia real,
podemos estar dando palos de ciego, quiz con buena voluntad,
haciendo discursitos, homilas sin sentido, consuelos vanos o
alienantes. Podemos estar pretendiendo consolar a Job explicando
simplezas: recordemos el magnfico libro de Gustavo Gutirrez
sobre el Sufrimiento del inocente y las intervenciones impertinentes
de los telogos que lo rodean.7
Caracterizar la violencia ayuda a comprenderla, y comprendindola
surgen pistas de accin pastoral que liberan a pesar de lo doloroso
que sea la verdad. As podremos actuar con una incidencia
adecuada.
Por ejemplo, si afirmamos que lo que estamos viendo y viviendo es
una guerra, como el Ejecutivo Federal lo ha dicho en reiteradas
ocasiones, habr que comportarnos como en una guerra, vivir en
una economa de guerra, usar las leyes de la guerra, tener relaciones
de guerra, aplicar las convenciones de Ginebra para presos,
territorios, heridos. Si decimos que es un conflicto entre dos o tres
grandes grupos y nosotros no estamos incluidos en estos grupos, no
nos debera afectar; habr que reaccionar con acciones defensivas,
habr que escondernos o tener precaucin y por supuesto, habr
que cuidarnos de tomar postura. As lo deca el finado Jos Luis
Santiago Vasconcelos a principios del sexenio, cuando afirmaba que
se matan entre ellos o como con frecuencia lo escuchamos en los
partes militares. Si entendemos la violencia como consecuencia de
un problema de salud pblica, como lo hacen los obispos en su
carta sobre el crimen organizado y la violencia de hace unas
semanas,8 entonces habr que actuar en orden a la salud pblica. Si
creemos que todos como sociedad estamos implicados y que con
nuestro silencio o participacin favorecemos o atajamos el crimen
organizado, entonces habr que actuar en consecuencia.

7 Gustavo GUTIRREZ, Hablar de Dios. Desde el sufrimiento del inocente. Una reflexin
sobre el libro de Job, Lima: Editado por Instituto Bartolom de las Casas, 1986.
8 CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO, Que en Cristo Nuestra Paz Mxico tenga
Vida Digna. Exhortacin Pastoral del Episcopado Mexicano sobre la misin de la Iglesia en
la construccin de la paz, para la vida digna del pueblo de Mxico, Mxico 2010.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 67

En cambio, si consideramos que es algo muy complejo que no


podemos entender, somos doblemente vctimas de las circunstancias,
pues por un lado la ignorancia nos orilla a creer todo o nada, o bien
no sabemos y somos blancos fciles de cualquier verdad o
propaganda.

1.1 EL ANLISIS EN LA CARACTERIZACIN


En el trabajo de transformacin positiva de conflictos (TPC) usamos
varios ejercicios para ir adentrndonos en la conflictividad;
fundamentalmente requerimos, de entrada, la necesidad de hacer
varios anlisis. Podramos hacer una analoga en esta ocasin para
tratar la violencia, siempre considerando las diferencias.9
As, para la caracterizacin, necesitamos hacer varios anlisis, uno
en el momento, llamado sincrnico, y otro en movimiento, o
diacrnico.
Tanto un anlisis como el otro, que se complementan y enriquecen,
constan de al menos tres grandes elementos que nos permitirn la
caracterizacin de la violencia.
El anlisis sincrnico o el contexto es una herramienta fundamental
para conocer la situacin en un momento dado de la violencia.
Conocer por lo que se pelean los actores, conocer los actores y haber
hecho un buen mapa de ellos, saber su ubicacin en el teatro de la
guerra, todos son elementos bsicos de la fotografa que hacemos
en funcin de la caracterizacin que queremos. Esta fotografa es
inmvil en un anlisis sincrnico, pero nos ayuda a identificar en
un momento dado qu sucede. De ah que hay que explicitar el
contexto con la litis o la disputa, los actores y el territorio. Por
ejemplo: la violencia en las calles, en el pas, se ha incrementado,
considerando como indicador el nmero de muertos que hay. El
contexto es la presidencia de Felipe Caldern, la militarizacin en el
pas, la crisis financiera y econmica global, la cercana del ltimo
periodo que como humanidad tendremos del uso de combustibles
fsiles, la cultura emergente de consumo, la falta de oportunidades,

9 SERAPAZ, Manual Anlisis y estrategias para la transformacin positiva de los conflictos,

(ed. privada), mar. 2008 [Serie: Escuela de Paz y Transformacin de conflictos].


68 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

etc. El contexto abarca un espacio mucho mayor que el propio


anlisis puntual que hacemos.
Es fundamental tenerlo explicitado, escrito si es posible, para
situarnos en el momento.
Cules son los elementos para una caracterizacin?
Les propongo tres: la disputa, los actores y el territorio.

LA DISPUTA
Ante todo debemos preguntarnos delante de la violencia por lo que
vemos,10 la violencia concreta, la de nuestras calles y de nuestra
parroquia. Por lo que pelean. Es decir: se trata de una primera
aproximacin para entender por qu pelean y por qu hay violencia.
Un segundo momento de esta pregunta est por lo que no vemos,
por lo que no es tan visible, tan evidente. La disputa puede ser el
espacio, la ruta, la venta al menudeo, la hegemona poltica, la
hegemona econmica, rias sin o con contenido poltico, sin o con
contenido de clanes, de bandas, de etnias de vecinos todo junto o
dos o tres elementos de ellos. Hay que preguntarnos por lo que est
en juego.
Si hacemos un anlisis muy global, y nos preguntamos por lo que
est en juego a nivel mundial (pues lo que ms deja dinero y
alimenta al capitalismo a nivel global son la venta de armas, la
venta trfico de personas y la venta de toda clase de droga, as
como el movimiento y especulacin con el capital financiero),
obviamente la violencia que produce es global y es inmensa.
Cuando hacemos un anlisis as de amplio nos dificulta tener una
incidencia concreta, pero nos ofrece un horizonte vasto y una
comprensin igual de vasta. A la inversa, cuando hacemos un
anlisis de la disputa a nivel muy, muy, local, la entenderemos muy
concreta, pequea y tangiblemente, con posibilidades de incidir de
manera puntual, pero con una comprensin tambin limitada.
En la medida que hagamos zoom en nuestro lente de acercamiento,
ganamos en precisin, perdemos en relacin sistmica.

10Partimos de nuestras percepciones para entender y analizar, pero no nos


podemos quedar en ellas.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 69

De igual manera, debemos temer en cuenta en esta primera


pregunta algo tan primordial y a veces olvidado como lo es el follow
the money es decir: sigue el dinero, hay que preguntarnos a quin
beneficia, a quin perjudica econmicamente, en el sistema de
poder y de prestigio?

EL ACTOR
El segundo elemento es el actor. Es decir, quines participan en la
disputa. Quines son los actores primarios, quines los
secundarios, quines los emergentes, quines los que se retiran.
Quines no son actores y devienen vctimas. Quines los nuevos
protagonistas. Quines se benefician directamente, quines
indirectamente.
De qu hablo? Hace unos das escuchaba al Padre Alejandro
Solalinde, en el espacio recuperado de MVS, responder a una
entrevista con Carmen Aristegui, y deca que no basta con detener a
los que secuestran y extorsionan a los migrantes. Quienes
extorsionan a los migrantes se llevan entre el 70 y el 85% del dinero
del secuestro de manera directa. Este actor es fundamental y son los
zetas, los funcionarios de migracin, del ejrcito, los cmplices, los
soplones, los encubridores. Pero jams haran eso sin la ayuda de
los que se llevan el otro porcentaje, que va del 15 al 30%. Ese otro
actor que se lleva un monto pequeo pero que jams es perseguido
porque no es sospechoso de crimen alguno, se lleva millones de
dlares al ao sin hacer nada aparentemente, pues son los que
cobran por las transferencias, los que mueven el dinero de la
extorsin, los que pagan a los extorsionadores en las ventanillas de
los bancos: ellos son Graham Money, Banco Azteca, Western Union,
etc. Son los que transfieren el dinero de la extorsin, sin preguntar,
sin pedir referencias, sin ningn escrpulo. No existe ninguna
limitacin para la transferencia de dinero de una frontera a la otra,
de un pas al otro. Ellos viven del secuestro, de la extorsin e
impiden que haya regulaciones para las transferencias: slo hay
comisiones. Pero son actores invisibles. Este ejemplo nos ayuda a
visualizarlos en nuestros anlisis de la violencia.
Hay que determinar a los actores de la violencia en funcin de su
protagonismo, pero tambin en funcin de su beneficio. No basta
70 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

considerar a los actores, como los ejecutores, los sicarios, los policas
de la calle, los soldados de a pie que estn en los retenes, o en la
plena calle. Hay que preguntarnos en el ejercicio de la
caracterizacin por los que se benefician, por aquellos que reciben
la gran ganancias, que no necesariamente es econmica, puede ser
ganancia poltica, puede ser un lugar en un puesto clave, en una
curul, en una presidencia municipal, en una parroquia.
Quines son los que participan? Quines los invisibles? A
quines atemorizan?, a quienes excluyen? Me podrn decir que
para qu hacemos esto en una accin pastoral. La muerte es una
insensatez de entrada, es algo absurdo, no tiene lgica.
Me acuerdo cuando sucedi la masacre de Acteal y le preguntaban
a Don Samuel por qu sucedi tal cosa. Cmo explicar la masacre?
La respuesta de jTatik siempre era la misma: no tiene sentido; no
tiene lgica la muerte de esta manera, no es racional asesinar a tu
hermano. Don Samuel se refera a un nivel antropolgico, de
humanidad.
Para hacer anlisis no podemos responder solamente as, por ms
que tenga sentido, pues nuestra accin pastoral, nuestra accin da
a da, requiere tambin de otras respuestas: en trminos teolgicos
el pecado tiene sujetos, actores que lo cometen, se arrepienten o no,
hacen propsitos de enmienda, piden perdn, hay penitencias, hay
reparacin del dao. En trminos jurdicos hay responsables, hay
juicios, hay sentencias.
El mapa de los actores es fundamental para un buen anlisis y para
llegar a una caracterizacin ms adecuada de la violencia, de sus
relaciones y de sus vnculos. Aqu distingo: el anlisis no
necesariamente es pblico, pues eso nos puede costar la vida.
Cuidado! Ms adelante hablaremos de la seguridad.

GNERO
Como nunca, hoy debemos hacer mucho ms explcito nuestro
anlisis con una distincin, en la aproximacin por el gnero. No es
lo mismo la violencia que sufren las mujeres que la que sufren los
hombres. No es lo mismo la violencia que perpetran los hombres
que las que infligen las mujeres. En nuestro anlisis es
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 71

imprescindible visibilizar esta distincin, pues ello permitir una


caracterizacin mucho ms cercana a la realidad, que cuando se
hace de manera plana y sin esta perspectiva.

ETNIA
As como hablamos de distincin genrica es muy pertinente
hacerlo en cuanto a la distincin tnica, pues no es la misma
violencia la que sufren los mestizos, los europeos o estadounidenses
en nuestro pas, que la que sufren los tzeltales o los triquis. No es la
misma justicia la que recibe la Barbi, o el agente de aduanas de
Estados Unidos, que la que ha recibido Ernestina Ascencio, aquella
indgena violada por miembros del ejrcito.
No hacer visible esta distincin en nuestros anlisis, nos empobrece
la caracterizacin que queremos hacer de la violencia.

CLASE
Sin querer agotar todas las distinciones, no puedo pasar a otro
elemento de anlisis sin explicitar algo que es obvio, pero que con
frecuencia se olvida en los discursos, tanto oficiales como eclesiales.
Un anlisis de actores que no considere la clase social de stos,
simplemente no realiza un anlisis serio. La violencia tiene rostro
masculino o femenino, pertenece a un grupo humano o a un pueblo
indio y est atravesado por la clase. Los actores que estn en el
entramado de la violencia son principalmente pobres. Los actores
que actan tienen niveles econmicos y niveles de responsabilidad,
de compromiso y de participacin.

EDAD
Hoy los conocedores ya no slo hablan de feminicidios, sino
tambin de una nueva palabra que tiene mucha razn de ser en
muchas partes, el juvenicidio. Es decir, las vctimas de la violencia
son mayoritariamente jvenes menores de 25 aos. Lo vemos en las
masacres recientes en Ciudad Jurez y en Guerrero.
72 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

EL TERRITORIO
El territorio es el tercer elemento en el anlisis de la violencia. De
acuerdo con nuestro nivel de anlisis ser el territorio que
abarquemos. Pero el territorio es tambin un botn, y a veces es
intangible e invisible. El territorio es el espacio de accin y de
operacin: puede ser un nmero significativo de calles, un barrio,
un municipio, una parte de la parroquia, etc. En trminos de
militares hoy tan familiarizados, se le llama a este espacio el
teatro de guerra.
Insisto, el territorio hace referencia no slo al espacio fsico
estrictamente hablando, sino a las relaciones que ste tiene con el
poder, el control estratgico, los negocios, las vas de comunicacin,
las aeropistas, las narco tienditas, los templos, los centros de
rehabilitacin, los antros, los table dance, los nuevos bares, las
nuevas comandancias de polica.
El territorio debe tener en cuenta la interaccin que existe entre los
diferentes planos: muy local, regional, municipal, estatal, nacional o
global.
Estos tres elementos del anlisis valen tanto para el que hace la
fotografa, el anlisis sincrnico, como para quien explica en el
tiempo, en la historia. Por ello, como ejercicio, es importante
establecer una lnea del tiempo, como le decimos en los TPC.

1.2 LNEA DEL TIEMPO


Nosotros en la Escuela de Paz, en Serapaz, hacemos un ejercicio al
que llamamos lnea del tiempo y considero imprescindible sealarlo
como un elemento necesario en el anlisis diacrnico. Hay que
describir en el tiempo la evolucin de la violencia, con sus
demandas, actores y espacios.
Describir en el tiempo la evolucin de la violencia nos ayuda
valorar con mayor precisin el momento.

1.3 MULTIDIMENSIONALIDAD
El anlisis que habr que hacer en cada lugar, en cada parroquia, en
cada equipo pastoral, tiene que tomar en cuenta la
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 73

multidimensionalidad. Explicar la violencia como un efecto a una sola


causa es pobre y frecuentemente se convierte en ideolgico.

1.4 EL ANLISIS COLECTIVO


Antes de ir al siguiente paso, creo pertinente sealar que el anlisis
para la caracterizacin de la violencia es un ejercicio colectivo.
Sugiero que se haga en el equipo de trabajo ms nuclear y de
confianza, no slo para repartir el trabajo y socializar informacin y
construccin colectiva, sino tambin para generar un consenso de
accin. Es un elemento de seguridad que trataremos en el segundo
apartado.

1.5 ARTICULACIN Y CONFRONTACIN


El proceso de caracterizacin de la violencia en cada regin o lugar
en que se emprenda, tiene el componente bsico de un anlisis muy
serio con los elementos antes dichos, pero requiere de la mirada de
expertos externos que ayuden a completar la visin.
Cuando estamos tratando la violencia, es imprescindible contar con
una serie de articulaciones que nos permitan, no slo enriquecer
nuestra visin, sino tambin contrastar nuestro anlisis. La
articulacin ms all de nuestro espacio pastoral de accin es
tambin elemento de seguridad y de madurez en la pertinencia da
a da, ms profesional y efectiva.

1.6 CONOCIMIENTO DE LOS DERECHOS HUMANOS


El conocimiento y la prctica de los derechos humanos en el
ejercicio cotidiano y para la caracterizacin de la violencia es el
ltimo componente al que quiero referirme. Cuando nos
preguntamos cmo tratar pastoralmente la violencia estamos
haciendo una pregunta sobre cmo hacer que los derechos de los
ciudadanos, de los parroquianos, de los vecinos sean respetados
Estamos preguntando por la falta de respeto a los derechos, por el
incumplimiento de la ley, por el combate a la impunidad, por la
justiciabilidad de los derechos.
Cuando caracterizamos la violencia, hacemos un anlisis, vemos en
la lnea del tiempo la evolucin del fenmeno, complejizamos
74 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

nuestra visin con la multidimensionalidad y multifactorialidad de la


violencia; lo hacemos colectivamente y con ayuda de miradas y
voces externas, y tambin con el conocimiento de lo queremos que
sea, es decir, el respeto a todos y cada uno de los derechos humanos
y por tanto su vulneracin. De ah que conocer y vivir a fondo los
derechos humanos es una accin concreta para combatir la
violencia.
Pero, cuidado!
El pas no est para acciones principalistas. Necesitamos desarrollar
estrategias de accin. La estrategia ante la violencia significa haber
comprendido caracterizado la violencia y empezar a pensar el
siguiente paso, los pasos siguientes, las metas a mediano y largo
plazo y saber con quines caminamos.

2. ELEMENTOS DE SEGURIDAD
La accin, la intervencin en un contexto de violencia, requiere de
una estrategia con muchos pasos a tomar, muchos elementos a
considerar y mucho tiempo para conseguir resultados. Quienes
piensan que con magia, con votos, la violencia desaparece, viven en
la fantasa. La buena voluntad, el conocimiento por s mismo no
conducen a una accin eficaz. Y por otra parte, hay que recordar
que el martirio es un don de Dios, no algo del voluntarismo
humano.

2.1 LA AUTOCONCIENCIA EN LA INTERVENCIN Y LOS INICIOS DE


LA CONSTRUCCIN DE LA ESTRATEGIA

Para desarrollar una estrategia tenemos que haber caracterizado la


violencia y saber con quines y con qu contamos. Es indispensable
saber quines somos y qu representamos para la gente. Debemos
saber que la ingenuidad, la bravuconera, la estupidez, la cobarda
nunca deben ser nuestras consejeras.
Tampoco debe ser el espritu del mrtir, del hroe o del
protagonista a ultranza. El liderazgo que tiene todo agente de
pastoral debe ser administrado con mucha audacia y perspicacia.
Hay que tener cuidado tanto con los gestos profticos que les
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 75

cuesten la vida a otros, como con el silencio prudente que mate y


abandone a la grey.
No es fcil la decisin. Salvar la vida, guardar silencio a pesar de
parecer cobarde, acompaar en silencio. De ah los ejemplos del
principio de esta presentacin. Ante una determinada realidad, la
actuacin de los creyentes puede y es diferente. Las decisiones son
diferentes y constantemente hay que rectificar ante ellas.
Conoc hace unos aos a un sacerdote de una dicesis del norte que
saba demasiado. Su conocimiento de muchas cosas lo
consideraba errneamente como un secreto de confesin y lo viva
en silencio. Termin con una depresin muy severa; no pudo seguir
con su ministerio.
Un agente de pastoral no puede jugar al papel del polica, cargar
con la responsabilidad de todo o convertirse en guardin social; no
es la autoridad ni se cas con ella. Tiene que asumirse con su
liderazgo ante la comunidad como defensor de los derechos
humanos, al tiempo que como pastor que cuida de sus ovejas, como
ya mencionbamos.

2.2 EL AGENTE DE PASTORAL COMO DEFENSOR DE DERECHOS


HUMANOS: RIESGOS

El agente de pastoral ante la violencia es un ciudadano, pero es un


defensor de la vida y de los derechos humanos que la hacen posible.
La autocomprensin de defensor de derechos humanos posibilita
ser defendido tambin como tal y actuar en un margen que le
permita mayor maniobra.
Los agentes de pastoral como defensores de derechos humanos en
el mundo son incmodos, y en muchos regmenes, peligrosos. Pero
tambin se ha avanzado mucho en la defensa de ellos y en su
proteccin. Por eso es importante conocer los mecanismos de
seguridad que existen al respecto, tanto en el plano jurdico como
en el ejercicio cotidiano de la pastoral.
No podemos ahondar mucho en esto, pero recomendamos a los
interesados adentrarse en los manuales de seguridad existentes,
76 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

elaborados por Front Line11 y otras organizaciones con mucha


experiencia internacional.

3. CONOCIMIENTO DE LOS LMITES


Habiendo tratado el tema de la seguridad y la autocomprensin en
un contexto de violencia, aunque sea brevemente, ahora abordemos
los lmites y estrategias.

3.1 FRONTERAS Y LIDERAZGOS


Es frecuente que los agentes de pastoral, en la frontera con la
realidad, no tengan el apoyo y la comprensin de sus superiores o
de sus obispos. Es frecuente que se les tache de acelerados y un
poco jvenes todava para entender qu pasa o simplemente
viven a su propia suerte. Este tipo de situaciones con frecuencia
encubre la cobarda y el miedo que existe por parte de algunas
autoridades o superiores que no saben qu hacer ante situaciones
como stas. De ah que los consejos sean invariablemente el no te
metas, sin considerar que todos ya estamos ms que metidos en
esto, no por nuestra voluntad; nos han metido a todos.
Las autoridades, los superiores deben, as como los que se
encuentran en las fronteras, estar en constante discernimiento,
colectivo e individual, para afrontar y acompaar adecuadamente a
sus hermanos o hermanas y al propio Pueblo de Dios. Ante la
violencia no se puede recetar de memoria los principios ticos y las
prcticas sin correlato con las realidades diversas y cambiantes. Por
ello, considero los siguientes elementos a tomar en cuenta para este
acompaamiento:

Anlisis y caracterizacin de la violencia colectiva, si es


conveniente, prudente o necesario, con los superiores.
Discernimiento colectivo.
Protagonismos diferenciados de acuerdo a las tareas,
asumiendo responsabilidades colectivas.

11Front Line. Manual de Seguridad para defensoras y defensores de derechos humanos.


Dublin. 2007. http://www.frontlinedefenders.org/es/node/5236
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 77

La verdad como principio rector, la prudencia como


resorte de seguridad y la confianza como espritu en el
trabajo conjunto con el equipo.

3.2 ACCIN DIRECTA, PROTAGONISMO


Cada da ms personas, los fieles, los estudiantes, la gente con la
que tratamos estn exigiendo acciones directas y efectivas. La
cultura nos ha envuelto en la creencia de que las acciones deben
tener casi inmediatamente respuestas en sentido contrario con la
misma intensidad, y no se valoran las acciones que tienen plazos
medianos o largos. De ah la necesidad de hacer desde los espacios
en los cuales nos encontramos, las escuelas, las parroquias, los
centros pastorales, las misiones, etc., acciones multi-track, es decir,
con incidencia en varios niveles y en varios momentos. No
podemos solamente emprender acciones que sean para el futuro,
sin estar actuando en concreto hoy y aqu para construir la paz.

ACCIONES SIMBLICAS
En muchas ocasiones no podemos hacer grandes cosas, pero
podemos realizar acciones simblicas de ms peso.
Hace unos das, un grupo de personas tanto de Ciudad Jurez como
de otras partes del pas, se reunieron para realizar un ayuno en
plena calle de la colonia Salvrcar, ah donde fueron asesinados los
jvenes adolescentes que estaban en una fiesta. Sin embargo, el
ayuno fortaleci a las familias, les dio la certeza de que mucha gente
saba de su situacin, oraba por ellos, ayunaba por ellos a pesar de
que an no encuentran justicia. Es un acto simblico; parece sin
relevancia, pero el carcter subjetivo de los actores afectados es muy
importante.
Otro ejemplo de accin simblica es la misa que cada mes se realiza
en la calle afuera del gran corporativo del Grupo Mxico, ah en
Reforma. La misa es por los mineros de Pasta de Conchos que no
fueron rescatados, que no fueron buscados. El acto simblico parece
no tener sentido, pero su eficacia trasciende el momento: ah estn
cada aniversario. Se parece a la oracin de Fray Timothy Radcliffe
en Bujumbura, a la que nos referamos.
78 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

Lo mismo las Abejas all en Chenah, Chiapas. Cada mes hay una
celebracin que recuerda la masacre y exige justicia.
Recordemos a las madres de la Plaza de Mayo, aquellas que muchas
veces fueron calificadas de locas, dando vueltas en la Plaza de Mayo
en la capital argentina. Hace unos das estaban sentados en el
banquillo de los acusados los dictadores que mandaron desaparecer
a los hijos y nietos de aquellas mujeres aparentemente locas. Las
madres de la Plaza de Mayo asisten hoy al juicio pblico, sentadas a
la derecha del juez.
Las acciones simblicas, si no estn muy desgastadas, tienen
sentido muy poderoso en las vctimas, en los que esperan. Yo les
pregunto a los creyentes de esta sala, no es un acto simblico la
misa y no tiene un valor muy poderoso para aquellos que esperan?
Sin embargo, cuando se trivializa o banaliza, no pierde todo su
sentido?
Las acciones simblicas tambin tienen un componte relevante que
es la memoria. En la propia Eucarista se habla de hagan esto en
memoria ma, no es as? Recordar tiene un carcter subversivo,
como deca el telogo alemn Metz, un carcter movilizador que no
podemos pasar por alto. De ah que las Comisiones de la Verdad
sean tan perseguidas, tan obstaculizadas en su trabajo, tan
olvidadas por los poderosos. A pesar de ello, las Comisiones de la
Verdad son factor de muchas cosas, de memoria, de duelo, de
reconocimiento de lo cometido, de punto de partida para la
reconciliacin en su momento. As, las acciones simblicas y la
memoria van de la mano, y son acciones muy concretas en tiempos
de violencia. En tiempo de silencio, son expresiones claves de algo
que no se puede pronunciar so pena de perder la vida.
Al inicio, cuando citaba a mi amigo Garreton y su trabajo en la
Vicara de Solidaridad en Chile, lo colocaba como ilustracin de una
accin muy importante en tiempos de violencia: guardar la verdad,
guardar los testimonios para los momentos de la verdad, no para
los de la propaganda de que vamos ganando, sino para esos
tiempos en los cuales se pueda hablar y comprobar el lodazal en
donde se viva. El trabajo de Garretn y de las Comisiones de la
Verdad relatan la historia, narran los hechos de la gente sin nombre,
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 79

sin credenciales ni visas, de la gente, de nuestra gente, de nuestros


parroquianos.
Documentemos y guardemos la verdad, la verdad de nuestra gente.
Con cuidado. El padre Santiago, all en Nebaj, Guatemala, tena en
su parroquia un archivo enorme de todas las masacres que cometi
el ejrcito en aquella regin. Aos despus, cuando se pudo hablar,
se empez a visitar el archivo y conocer mucho de los que haba
pasado. Una noche, no hace mucho todava, un incendio provocado
consumi el archivo y parte del curato. No se haba tomado la
precaucin de tener una copia en otra parte fuera del pas.
Tomen nota: la Vicara de la Solidaridad tena una copia de todos
sus archivos en Suecia, microfilmados.

ACCIONES NO-VIOLENTAS
No basta realizar, en muchos contextos, acciones simblicas, es
preciso acciones ms decididas.
Quiero recordar que las acciones van en correlato con las estrategias
que hemos adoptado en nuestra ruta de accin y no son expresiones
espontneas. Tienen una consecuencia en el anlisis, la
caracterizacin y el diseo estratgico. Tmenlo en cuenta.
Tenemos muchos amigos que son discpulos de Mahatma Gandhi,
amigos y amigas que estn en Mxico emprendiendo acciones muy
decididas por la paz. Pietro y Sonia son amigos que estn en
diferentes mbitos tratando de construir espacios de paz de manera
muy activa, muy decidida, muy entregada, muy valiente. Ellos
rechazan la violencia de una manera radical y la han estudiado
tanto que pueden ser buenos maestros para nosotros.
En una ocasin, en Campeche, estbamos acompaando a un grupo
de campesinos que haban sido desalojados violentamente de uno
predios que ocupaban haca ms de 20 aos. A pesar de la situacin
tan tensa, decidieron retornar a sus hogares, o lo que quedaba de
ellos. Un grupo de franciscanos caminaba con todo el grupo e
inmediatamente surgi la imagen y la idea clara: al llegar a donde
estaba la polica, en lugar de confrontarse, golpear o gritar
consignas, se les pidi a los franciscanos hacer una larga oracin.
Al poco tiempo, los nimos cambiaron, la oracin gener la foto en
80 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

la prensa y no hubo heridos ni detenidos. Regresamos por donde


vinimos con las manos vacas, sin poder traspasar la barrera de la
polica, pero convencidos de nuestra razn; y del otro lado
derrotados por la desproporcin de fuerza que tenan y que se
evidenci. Despus de algunos das, los campesinos retornaron a
sus predios haciendo una negociacin abierta con los presuntos e
histricos propietarios de los predios. La violencia se redujo, las
acciones no violentas dieron sus frutos.

FOROS ABIERTOS
Pareciera que los foros abiertos sobre temas de violencia no hacen
nada. Parece que salimos igual que como entramos. Es ms,
podemos pensar o estar seguros de que tambin los criminales
realizan foros y patrocinan conferencias sobre violencia y crimen
organizado para tener referentes y espejearse con lo que la
sociedad sabe. Entonces, de que sirve hablar?
Los psiclogos nos dicen que a veces oralizar situaciones de tensin,
de trauma, es el inicio de un proceso liberador. Estoy de acuerdo. Es
indispensable hablar de los problemas, compartirlos, socializar los
eventos, no para que cunda el pnico, no para hablar mal de nadie,
sino para curarnos. Cuando se pide a los comentaristas en la radio
que no hablen de los problemas, estn pidiendo que se quede
atorado el problema y que no se socialice. Piden que cada quien
sufra en silencio. Eso es simplemente un crimen, es el inicio de las
dictaduras. Hablar de las cosas, aunque no nos agraden, es un paso
hacia la libertad.

INCIDENCIA
Para muchas organizaciones no gubernamentales, la incidencia es lo
de hoy. Como si por s misma, la incidencia fuera la accin que
cambia las cosas. Creo que la incidencia es la consecuencia de un
proceso previo que requiere una concientizacin desde las base,
desde la propia gente. Es una expresin de la movilizacin popular
expresada en trminos polticamente correctos. La incidencia
construye nuevas normas de convivencia necesarias. No lo es
todo, me dir el que busca la revolucin, pero mientras sta llega,
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 81

es lo que hay y hay que aprovecharlo. Creer que uno est


construyendo nuevas normas cuando tiene desayunos con los
polticos del momento est uno perdido. Quiz uno est tratando
con el gran capo regional y uno est abriendo los secretos de mucha
gente con l. Cuidado! Eso se podra semejar a aquel que se
confesara con Marcial Maciel de los abusos de algn otro
pederastra. La ingenuidad es la madre de muchas muertes de
inocentes. Aprendan de los Reyes Magos, que se regresan por otro
camino
La incidencia debe ser lo ms pblica, impersonal y abierta posible.

ACCIN DIRECTA
Finalmente, cuando emprendamos acciones directas, enviemos el
mensaje a todos los que nos ven de que no estamos solos, que hay
muchos detrs, que si me matan, el costo poltico y econmico es
muy alto. Que todos saben lo que yo s. No guardo secretos, y sa
es mi gran fortaleza. No s nada ms de lo que muchos ms saben,
y que si me pasa algo a m, ellos corroborarn lo que s.
La accin directa no necesariamente la hago siempre yo, el
protagonista, el que s, o bien la hago en funcin de proteger al
verdadero equipo que s sabe. Pero no lo hago solo, no lo hago
porque el vrtigo de las entrevistas se ha apoderado de m o por el
an ms seductor vrtigo de la adrenalina: ese dulce impuso que
me conduce al lmite de m mismo y me convierte en hroe para m
mismo. Cuidado!
Dejemos que el protagonismo sea colectivo, sea de muchos ms, y si
es preciso, de otros.

3.3 RETAGUARDIA
Cuando era director del Centro de Derechos Humanos Fray
Bartolom de Las Casas sufrimos muchos atentados, pero ninguno
tan fuerte como aqul en que atacaron a nuestra contadora. Ella era
la ms frgil del grupo, era mujer, estaba casada, tena dos hijos, era
de la ciudad, era joven. La amenaza nos revel nuestras
debilidades: quiz un poco tarde. Por fortuna no le pas nada. El
82 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

susto nos ense mucho, sobre todo a cuidar la retaguardia. Cul


es la retaguardia en nuestros equipos?
No los dejemos descuidados. Ah somos vulnerables y ah hay que
tener una atencin especial. Me refiero a nuestras familias, a nuestra
abuela, a nuestra madre, a nuestros lados obscuros.

3.4 SILENCIO Y COMPLICIDADES


No quiero detenerme ms, ni aburrir. Es obvio que lo que
abordamos ahora, precisa de un taller de al menos unos tres das.
Digamos, simplemente, las cosas ms relevantes: el silencio nos
hace cmplices; tratar con criminales nos aproxima a ellos, que no
es lo mismo que con pecadores, pues el pecador busca dejar de
hacerlo; el criminal busca cmplices, aunque stos sean autoridad.
El dinero mal habido nos hermana. El miedo es la puerta mayor
para el crimen.

RESISTENCIA Y RESILENCIA
En psicologa existe una distincin que nos puede ser til en este
momento: la diferencia entre resistencia y resilencia. Consiste en la
actitud constructiva que est detrs. Los que saben dicen que
resistencia es una expresin pasiva ante un evento que se impone, en
este caso la violencia. La resilencia, en cambio, resiste, pero
construye, desde abajo y desde los resquicios de libertad, al ser
humano, el futuro y la esperanza. Considero, por tanto,
indispensable que en los graves momentos de violencia, no slo se
deba resistir, sino generar creatividad en la resistencia.

4. LAS ARTICULACIONES COMO ELEMENTO DE SEGURIDAD Y DE


FORTALEZAS

Al inicio hablaba de los organismos de derechos humanos en


Mxico, queriendo resaltar la articulacin que conforma la red ms
grande de organismos de derechos humanos en el pas.
Considero que un pilar de nuestra estrategia pastoral ante la
violencia es la articulacin. En tanto ms articulados estemos ms
difcil es atentar, ms difcil es olvidar y ms difcil es destruir.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 83

Hablo de seguridad, de memoria y de proceso. La articulacin


alivia el protagonismo, dificulta la represin y socializa la
informacin.
No es un asunto cultural o de formacin: se trata de un asunto de
supervivencia.

5. SALUD MENTAL Y EL REPOSO


La violencia no slo acta y daa all, fuera de uno. Ingresa en
nuestra propia estructura vital y de trabajo. Otro pilar de la
intervencin con la violencia es la salud mental.
Cuando Fernando, psiclogo amigo, lleg al Frayba y nos dijo que
nos poda dar un taller de salud mental, lo primero que pens era
que no lo necesitaba, pues no estaba loco. Craso error! La salud
mental es algo que deberamos practicar todos los das, desde que
despertamos hasta que nos dormimos. Fundamentalmente eso,
cuando dormimos.
En el nombre de la causa, de la lucha contra el mal y contra la
violencia, los activistas con frecuencia se olvidan de s mismos, de
descansar, dormir, divertirse, rer, construir espacios propios.
Usualmente conocemos a los grandes hombres y mujeres
indestructibles combatiendo el mal sin darse oportunidad de
cometer errores.
Una amiga religiosa, hace poco estuvo, en una casa de descanso y
retiro que administro Casa Xitla. Ella me pidi descansar, pues se
senta tensa ante el liderazgo que tiene, defendiendo a sus vecinos
de un megaproyecto neoliberal la superva. Durmi horas, como
nunca se lo haba permitido. Ello me hizo reflexionar en lo que con
frecuencia pasa con aquellos que tienen grandes responsabilidades
y descuidan su salud, su descanso y sus espacios recreativos.
Ante la violencia, la diversin, la risa, el buen humor son de los
mejores antdotos al menos en el carcter subjetivo tan
importante y vital para abordar el nivel objetivo.
84 TRATANDO CON LA VIOLENCIA

6. LAS CONCLUSIONES SURGEN DE LA ACCIN Y DE LAS


EXPERIENCIAS

Hay que llegar al final de esta presentacin. Espero no haberlos


aburrido. Provisionalmente podemos afirmar:
La accin contra la violencia es una accin por la paz:
felices los constructores de la paz, porque ellos sern
llamados hijos e hijas de Dios.
Slo es posible construirla la paz con la justicia y la
verdad.
Generar acciones de paz precisa de una acertada
caracterizacin de sus obstculos, es decir, de la
violencia.
Para caracterizar a la violencia hay que hacer anlisis
serios, compartidos (colectivos), considerando la
complejidad y la historia.
Es preciso tomar en cuenta la litis de la violencia lo
que est en juego, los actores; de manera especial a las
mujeres y a los miembros de los pueblos indios y a las
vctimas, as como el territorio donde se lleva a cabo.
No hay que actuar sin una estrategia definida y
compartida. Las acciones no sirven en s mismas si no
estn dirigidas a los niveles y tiempos indispensables.
Las acciones no necesariamente son de accin directa, las
hay simblicas, no-violentas, de mediano y largo plazo.
Es preciso tomar en cuenta al sujeto colectivo que
acta ante y contra la violencia como defensor/a de
derechos humanos.
La seguridad es parte de la estrategia y no es un plan
meramente inexorable de Dios. No podemos atribuir al
plan de Dios la negligencia e irresponsabilidad.
Los actores que tratan con la violencia necesitan, dentro
de su plan de accin, retroalimentaciones y espacios para
la salud plena.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 85

BIBLIOGRAFA

CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO, Que en Cristo Nuestra Paz,


Mxico tenga Vida Digna. Exhortacin Pastoral del Episcopado Mexicano
sobre la misin de la Iglesia en la construccin de la paz, para la vida digna del
pueblo de Mxico, Mxico 2010.
COMISIN EPISCOPAL PARA LA PASTORAL SOCIAL, El anhelo de la paz, la vida
digna y los derechos humanos en Mxico Dichosos los que tienen hambre y
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PAGINAS DE LA INTERNET CONSULTADAS

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DECLARACIONES DEL MAGISTERIO DE LA
IGLESIA LATINOAMERICANA EN TORNO A LA

VIOLENCIA EN EL MUNDO
Jos Alberto Hernndez Ibez

ABSTRACT: La presente conferencia constituye un oportuno llamamiento a la


solidaridad y una invitacin a la puntual denuncia de las estructuras de violencia
en el mundo a la luz del Magisterio de la Iglesia Latinoamericana, especialmente el
de la violencia institucionalizada e interespecfica. El autor destaca la relevancia de
las cinco conferencias episcopales que ha celebrado el CELAM, que han focalizado
aspectos de su reflexin en el tema de la violencia as como en los medios de una
genuina actitud cristiana basada en la justicia la vida digna y la solidaridad
para contrarrestarla, medios que surgen de una lectura humanstica desde el
Magisterio que busca afrontar el fenmeno no con consignas o arengas
revolucionarias sino desde las trincheras de la verdad sobrenatural.

PROPONEMOS EL MARCO del Magisterio Latinoamericano dentro de


las cinco conferencias de las CELAM,1 relacionadas con el concepto
de unidad eclesial en medio de contextos evidentes: el regional y el
histrico, mismos que involucran a ciertos de los pases del

Ponencia leda el 2 de marzo de 2011 en el Saln de Usos Mltiples ( SUM) de la


Universidad Intercontinental.
1 Rio de Janeiro 1955, Medelln 1968, Puebla 1979, Santo Domingo 1992, Aparecida
2007. Se puede alargar cronolgicamente el concepto de unidad magisterial
latinoamericana en el Concilio Plenario del Episcopado Latinoamericano Romano
de 1899, como punto de partida, y vincularlo con el Snodo para Amrica de 1997,
con la exhortacin Ecclesia in America, como punto de llegada para la cristalizacin
de la idea de unidad catlica americana.
88 DECLARACIONES DEL MAGISTERIO

Continente Americano con su fe, su cultura y sus problemas. Sin


esta distincin podramos acudir a otros lugares histricos donde la
accin cristiana ha sido protagonista de circunstancias socio
religiosa similares como la que ahora queremos abordar. De hecho
los pronunciamientos cristianos en torno al tema de la violencia
estn a la base de la gnesis cristiana en el mundo americano
conquistado. Se debe aceptar que en Amrica la fe entr junto con la
injusticia. La conciencia episcopal por la defensa de los naturales de
este continente acompa el proceso de la bsqueda de la solucin
del problema de la violencia desde sus inicios.2
La enseanza universal catlica ha emitido declaraciones respecto a
los temas de la justicia, la paz y la igualdad. Toca a las conferencias
regionales asociarse y adaptarse a dichos pronunciamientos. En el
caso del momento teolgico que estamos enfocando, el Magisterio
Latinoamericano ha querido responder ms directamente a la
situacin propia; ha tomado la inspiracin del Concilio Vaticano II,
ms especficamente de la constitucin Gaudium et spes. No cabe
duda que el tema de la violencia fue el gran momento de AL
durante todo el siglo XIX y XX. El mundo fue espectador de sus
guerras de independencia, revoluciones civiles e ideolgicas, por
tanto el sentir de la Iglesia no poda ser indiferente; la sangre de los
cristianos siempre clama al cielo. Los acontecimientos hablan por s
solos, las voces de tantos profetas annimos y conocidos de este
continente han tenido algo que decirle al mundo. El Magisterio en
Latinoamrica ha sido la voz de los sin voz, y se hace declaracin
mundial porque el hombre es el mismo en cada rincn del planeta.
La enseanza cristiana desde Amrica ser siempre paradigma de
liberacin, sea dicha desde el plpito episcopal o desde el grito del
ignorado.

2 Hacemos el recuento de un Magisterio cristiano en la Amrica espaola, que si


bien no tena la fisonoma de la unidad regional, s mantena la claridad unnime
de la lucha contra los abusos contra los inocentes: Bartolom de las Casas
(Chiapas), Valdivieso (Nicaragua), Cristbal de Pedraza (Honduras), Pablo Torres
(Panam), Juan del Valle (Popayan), Fernando de Uranga (Cuba), Toms Casillas
(Chiapas), Bernardo de Alburquerque (Oaxaca), Pedro de ngulo (Vera Paz),
Pedro de greda (Coro Venezuela), Juan de Simancas (Cartagena), Domingo Santo
Toms (La Plata), Pedro de la Pea (Quito), etc. Cfr. E. DUSSEL, Historia de la Iglesia
en Amrica Latina. Coloniaje y Liberacin (1492-1973), Barcelona 1974, p. 96.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 89

EVANGELIZACIN O GRITO DE GUERRA


La realidad histrica del Continente Americano desde la conquista
espaola y la consabida primera evangelizacin muestra una
constante vuelta al problema de las injusticias regionales que son
los estigmas en el cuerpo de la fe del pueblo latinoamericano. A
simple vista y de frente a tan graves conflictos, parece que las
expresiones pastorales son pocas, tmidas y poco eficaces. Sin
embargo, desde el anlisis de la reflexin teolgica emergen
algunos indicadores hermenuticos que dan sentido a la doctrina de
este Magisterio, es decir, se propone una lectura humanista que no
es una arenga revolucionaria. Definitivamente no encontraremos en
el Magisterio Latinoamericano proclamas incendiarias sino un
modo de afrontar el fenmeno desde la trinchera de la verdad
sobrenatural.
La enseanza de la Iglesia es educativa y la realizacin de su
proyecto, lento, porque va a la conciencia del individuo, y en su
propsito de cambiar las estructuras humanas sabe que parte de un
principio bueno, quebrantado por el pecado y continuado por la
ruptura caintica de la primera injusticia fratricida. Se sabe que el
Redentor ofrend su dolor al Padre y que su pstumo grito humano
no obtuvo la respuesta humana para librarlo de la sangre. La
conciencia de la Iglesia en las palabras de su Maestro es ms fuerte
que cualquier grito desesperado: no resistan al hombre malo, no
teman a quienes matan el cuerpo, no odies, ama al enemigo.
Proponemos tres indicadores para la lectura del Magisterio
Latinoamericano para hacer evidente el tono declarativo que es, a
su vez, discurso histrico salvfico: 1. La violencia institucionalizada y
los mil rostros de la violencia; 2. La violencia interespecfica, y 3. La
actitud cristiana ante la violencia.
1. La violencia institucionalizada y los mil rostros de la violencia
A qu se le llama violencia? Fray Bartolom de las Casas advirti
como ausencia de derecho y falta de caridad las acciones del
conquistador por seorear sin causa estas tierras, acciones que iban
desde enajenar y sujetar los bienes de los indgenas, hurtar,
sojuzgarlos, hasta hacerles esclavos contra toda ley razonable,
contra toda justicia y caridad, aunque tuviese la intencin de
90 DECLARACIONES DEL MAGISTERIO

conducirlos a la fe.3 De igual manera, los obispos latinoamericanos


tienen claro que toda manifestacin polivalente de injusticia
cometida entre hermanos es violencia arraigada.
La primera gran declaracin abierta contra la violencia la proclam
la Conferencia de Medelln: Amrica Latina se encuentra, en
muchas partes, en una situacin de injusticia que puede llamarse de
violencia institucionalizada cuando, por defecto de las estructuras
de la empresa industrial y agrcola, de la economa nacional e
internacional, de la vida cultura y poltica [se violan] derechos
fundamentales. No debe, pues, extraarnos que nazca en Amrica
Latina la tentacin de la violencia. Ante una situacin que atenta
tan gravemente contra la dignidad del hombre y por lo tanto contra
la paz, nos dirigimos como pastores, a todos los miembros del
pueblo cristiano para que asuman su grave responsabilidad en la
promocin de la paz en Amrica Latina. Quisiramos dirigir
nuestro llamado, en primer lugar, a los que tienen una mayor
participacin en la riqueza, en la cultura o en el poder (16-17).
Como podemos ver, violencia no es sinnimo de agresin sino de
un status quo donde prevalecen las violaciones a los derechos
fundamentales y se sistematizan como modus vivendi del que nadie
puede reclamar: violencia institucional por efecto de las
estructuras; violencia es el atentado contra la dignidad y la paz.
Ms an, podemos comprender que la violencia posmoderna es una
sofisticada creacin de modos intangibles que afectan las relaciones
y la naturaleza pacfica del ser humano.
El Documento de Puebla visualiza la violencia en el entramado de
los mltiples rostros de los nuevos dolos: la riqueza, el poder, el
abuso poltico, la angustia por la represin sistemtica y selectiva,
angustia por la guerrilla, secuestros y extremismos, por el dolo de
la vanidad que contrasta con la extrema pobreza, el dolo de sexo,
etc., etc. En fin, la lista se alarga tipificando las formas de injusticia,
situaciones que se ven reflejadas en la aportacin de las posteriores
conferencias. Por tanto, la reflexin desde Latinoamrica ha
contribuido para advertir que no se debe hablar de violencia en
singular, sino de violencias que son resultado de reacciones

3 LAS CASAS, Historia de las Indias, cap. XIX.


EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 91

antropolgicas cada vez ms sofisticadas, de manera que el


individuo es vctima o causante de cualesquiera tipos de violencia,
los cuales han tomado forma institucional: depresin, frustracin,
insatisfaccin, e incluso omisin. El hombre contemporneo ha
permitido la injusticia sin hacer nada, por ende sin alterar su propia
conciencia. Son tambin responsables de la injusticia todos los que
no actan a favor de la justicia con los medios de que disponen y
permanecen pasivos por temor a los sacrificios y a los riesgos
personales que implica toda accin audaz y verdaderamente eficaz
(Medelln 18).
Si en 1968 se gritaba a los cuatro vientos el derecho a la igualdad y
se luchaba por la cada de los regmenes represores de la conciencia,
en el siglo XXI la violencia se llama impunidad a favor de la
serenidad de la misma conciencia.
2. LA VIOLENCIA INTERESPECFICA
El problema severo de la violencia en Amrica Latina, como rezago
histrico, ha sido la forma revanchista de vernos como
competidores. Antonio de Montesinos, en su famoso sermn del
segundo domingo de adviento de 1511, en la isla de Santo
Domingo, seal con una serie de preguntas una de las pginas ms
crueles del cristianismo: la violencia entre bautizados. Con qu
derecho y con qu justicia tenis en tan cruel y horrible
servidumbre a estos indios? Con qu autoridad habis hecho tan
detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas
y pacficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos
nunca odos, habis consumido? Cmo los tenis tan opresos y
fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que
de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por
mejor decir, los matis, por sacar y adquirir oro cada da? Y qu
cuidado tenis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y
creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y
domingos?4

4No se conservan los textos autgrafos de los sermones. Los conocemos mediante
un resumen que consigna fray Bartolom de las Casas en su Historia de las Indias.
Cfr. M. A. MEDINA, Fuentes bibliogrficas; J. A. BARREDA, Estudio preliminar y anlisis
92 DECLARACIONES DEL MAGISTERIO

En efecto, la violencia no se hace entre extraos; generalmente el


ejemplar dominante de la especie, por necesidad de conservacin,
subyuga al ms dbil. El problema de fondo es que el cristiano
actual ya no lucha contra los infieles, se debate con otros cristianos,
y salvo en los casos donde la fe es perseguida por motivos de
diferencia tnica e ideolgica, en Amrica Latina, y en muchos
lugares de tradicin catlica, la violencia es intrafamiliar.
Inicialmente la violencia comienza con la inconciencia del individuo
a asumir su propia identidad cristiana, dejndose seducir por las
insinuaciones del mundo en una especie de bautismo de infamia:
nada es divino y adorable fuera de Dios. El hombre cae en la
esclavitud cuando diviniza o absolutiza la riqueza, el poder, el
estado, el sexo, el placer o cualquier creacin de Dios, incluso su
propio ser o razn humana. Dios mismo es la fuente de liberacin
radical de todas las formas de idolatra, porque la adoracin de lo
no adorable y la absolutizacin de lo relativo lleva a la violacin de
lo ms ntimo de la persona humana: su relacin con Dios y su
realizacin personal (Puebla 491).
El Magisterio Latinoamericano advierte esta violencia como una
culpa catlica que se repite constantemente por efecto del pecado
personal que se va generalizando y repercutiendo en la sociedad: el
pecado corrompe el uso que los hombres hacen del poder,
llevndolo al abuso de los derechos de los dems, a veces en formas
ms o menos absolutas (Puebla 500).
Un fenmeno que ha crecido exponencialmente es la
discriminacin, cuyas expresiones van desde la ms mnima
descalificacin verbal del otro, hasta formas denigrantes. Por esto,
la Iglesia denuncia la prctica de la discriminacin y del racismo en
sus diferentes expresiones, pues ofende en lo ms profundo la
dignidad humana creada a imagen y semejanza de Dios
(Aparecida 533). No ha terminado el odio interracial, no
desaparecen las diferencias regionalistas, al otro no se le mira como
hermano; y as como lo deca fray Bartolom de las Casas: los
conquistadores estn ciegos por su codicia, as tambin el

crtico; I. PREZ FERNNDEZ, in LAS CASAS, Obras Completas tt. 3-5, Madrid 1994, t. 5,
pp. 1761-1762.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 93

Magisterio contemporneo entiende que la indiferencia entre


hermanos es una ceguera que engendra nueva violencia. Los
derechos humanos se violan no slo por el terrorismo, la represin,
los asesinatos, sino tambin por la existencia de condiciones de
extrema pobreza y de estructuras econmicas injustas que originan
grandes desigualdades. La intolerancia poltica y el indiferentismo
frente a la situacin del empobrecimiento generalizado muestran un
desprecio a la vida humana concreta que no podemos callar (Santo
Domingo 167).
Las desigualdades, la intolerancia y el indiferentismo lo generan
catlicos contra catlicos; eso es violencia interespecfica. En las
luchas latinoamericanas han sido ejrcitos de cristianos atacando a
poblaciones y estructuras cristianas; el boyante secularismo no lo
promueven los budistas, sino los bautizados catlicos que haciendo
lo correctamente poltico se han acomodado a la simulacin.
Como ejemplo y consecuencia de esta actitud sobresale una
juventud acosada por el mercado de lo fcil. La avidez del mercado
descontrola el deseo de nios, jvenes y adultos. La publicidad
conduce ilusoriamente a mundos lejanos y maravillosos, donde
todo deseo puede ser satisfecho por los productos que tienen un
carcter eficaz, efmero y hasta mesinico. Se legitima que los
deseos se vuelvan felicidad. Como slo se necesita lo inmediato, la
felicidad se pretende alcanzar con bienestar econmico y
satisfaccin hedonista. Las nuevas generaciones son las ms
afectadas por esta cultura del consumo en sus aspiraciones
personales profundas. Crecen en la lgica del individualismo
pragmtico y narcisista, que suscita en ellas mundos imaginarios
especiales de libertad e igualdad. (Aparecida 50-51)
Y hasta para dar una limosna, se mira con desdn al desdichado;
se ignora al que me pasa junto. Sin embargo, se es un hermano,
un bautizado, un hijo de Dios. Antes se deca de los cristianos:
mira cunto se aman; ahora se escucha: mira como se matan.

3. Actitud cristiana ante la violencia


Para nuestra verdadera liberacin, todos los hombres necesitamos
una profunda conversin a fin de que llegue a nosotros el reino de
justicia, de amor y de paz. El origen de todo menosprecio del
94 DECLARACIONES DEL MAGISTERIO

hombre, de toda injusticia, debe ser buscado en el desequilibrio


interior de la libertad humana, que necesitar siempre, en la
historia, una permanente labor de rectificacin. La originalidad del
mensaje cristiano no consiste directamente en la afirmacin de la
necesidad de un cambio de estructuras, sino en la insistencia en la
conversin del hombre, que exige luego este cambio. No tendremos
un continente nuevo sin nuevas y renovadas estructuras; sobre
todo, no habr continente nuevo sin hombres nuevos, que a la luz
del Evangelio sepan ser verdaderamente libres y responsables.
(Medelln 3).
Ya nadie se salva de tener prcticas violentas; hasta se acepta el
modo agresivo como algo convencional, el sntoma ms refinado de
la civilizacin es el sensacionalismo extremo que atenta contra el
equilibrio. Pero para que no se note como patologa, a la violencia
refinada se le llama subjetividad, y sta se encuentra por encima de
la espiritualidad. El Magisterio advierte los signos de desesperacin
como cultura violenta, provocacin a la que el cristiano no debe
ceder: As es como la Iglesia quiere servir al mundo, irradiando
sobre l una luz y una vida que sana y eleva la dignidad de la
persona humana, consolida la unidad de la sociedad y da un
sentido y un significado ms profundo a toda la actividad de los
hombres. Ciertamente para la Iglesia, la plenitud y la perfeccin de
la vocacin humana se lograrn con la insercin definitiva de cada
hombre en la Pascua o triunfo de Cristo. (Medelln 5).
Las verdaderas declaraciones de nuestro Magisterio son las
invitaciones pacficas, precisamente para construir justicia por
caminos de paz.
La Iglesia, Pueblo de Dios, prestar su ayuda a los desvalidos de
cualquier tipo y medio social, para que conozcan sus propios
derechos y sepan hacer uso de ellos. Para lo cual utilizar su fuerza
moral y buscar la colaboracin de profesionales e instituciones
competentes.
La paz en Amrica Latina no es, por lo tanto, la simple ausencia de
violencias y derramamientos de sangre. La opresin ejercida por los
grupos de poder puede dar la impresin de mantener la paz y el
orden, pero en realidad no es sino el germen continuo e inevitable
de rebeliones y guerras.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 95

La paz slo se obtiene creando un orden nuevo que comporta una


justicia ms perfecta entre los hombres. En este sentido, el
desarrollo integral del hombre, el paso de condiciones menos
humanas a condiciones ms humanas, es el nombre nuevo de la
paz.
La paz es un quehacer permanente. La comunidad humana se
realiza en el tiempo y est sujeta a un movimiento que implica
constantemente cambio de estructuras, transformacin de actitudes,
conversin de corazones. (Medelln 14).
Si bien es verdad que la insurreccin revolucionaria puede ser
legtima en el caso de tirana evidente y prolongada que atentase
gravemente a los derechos fundamentales de la persona y
damnificase peligrosamente el bien comn del pas, ya provenga
de una persona ya de estructuras evidentemente injustas, tambin
es cierto que la violencia o revolucin armada generalmente,
engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y
provoca nuevas ruinas: no se puede combatir un mal real al precio
de un mal mayor (Medelln 19).
La Iglesia tiene obligacin de poner en relieve ese aspecto integral
de la Evangelizacin, primero con la constante revisin de su propia
vida, y luego, con el anuncio fiel y la denuncia proftica. Para que
todo esto se haga discernimiento de las situaciones y de los
llamados concretos que el Seor hace en cada tiempo, lo cual exige
actitud de conversin y apertura y un serio compromiso con lo que
se ha discernido como autnticamente evanglico. (Puebla 338)
Comprometerse con la defensa de la vida desde el primer momento
de la concepcin hasta su ltimo aliento.
Participar con discernimiento en organismos de dilogo y
mediacin y tambin en instituciones de apoyo a las diversas clases
de vctimas, con la condicin de que sean serios y no
instrumentalicen mediante ideologas incompatibles con la Doctrina
Social de la Iglesia.
Empearse firmemente, a la luz de los valores evanglicos, en la
superacin de toda injusta discriminacin por razn de razas,
nacionalismos, culturas, sexos y credos, procurando eliminar todo
96 DECLARACIONES DEL MAGISTERIO

odio, resentimiento y espritu de venganza y promoviendo la


reconciliacin y la justicia. (Santo Domingo 168)
La Iglesia, sacramento de reconciliacin y de paz, desea que los
discpulos y misioneros de Cristo sean tambin, ah donde se
encuentren, constructores de paz entre los pueblos y naciones de
nuestro continente. La Iglesia est llamada a ser una escuela
permanente de verdad y justicia, de perdn y reconciliacin para
construir una paz autntica. (Aparecida 542)
Una autntica evangelizacin de nuestros pueblos implica asumir
plenamente la radicalidad del amor cristiano, que se concreta en el
seguimiento de Cristo en la Cruz; en el padecer por Cristo a causa
de la justicia; en el perdn y amor a los enemigos. Este amor supera
al amor humano y participa en el amor divino, nico eje cultural
capaz de construir una cultura de la vida. En el Dios Trinidad la
diversidad de Personas no genera violencia y conflicto, sino que es
la misma fuente de amor y de la vida. Una evangelizacin que pone
la Redencin en el centro, nacida de un amor crucificado, es capaz
de purificar las estructuras de la sociedad violenta y generar
nuevas. La radicalidad de la violencia slo se resuelve con la
radicalidad del amor redentor. Evangelizar sobre el amor de plena
donacin, como solucin al conflicto, debe ser el eje cultural
radical de una nueva sociedad. Slo as el continente de la
esperanza puede llegar a tornarse verdaderamente el continente del
amor. (Aparecida 543).

CONCLUSIN
El Magisterio est all como letra que no pierde su actualidad. El
Magisterio est all como signo del Reino que transmite los dones
del Espritu, aunque quiz se lo ve con recelo por ser signo de
contradiccin, o como dogma monoltico sin accin. Si queremos
ver declaraciones sumarias, condenas y anatemas contra la
violencia de parte del Magisterio latinoamericano sabremos que
stas no forman parte de la doctrina porque ya no son lenguajes
habituales de la fe, porque adems el grito violento tampoco
soluciona nada. El estilo de las declaraciones de los obispos
latinoamericanos van desde el disenso incomodo de monseor
Sergio Mndez Arceo, pasando por la sublimidad potica de Pedro
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 97

Casaldliga, por la conmocin de la muerte de Oscar Arnulfo


Romero, por la serenidad del obispo de Cuidad Jurez, Chihuahua
quien recomienda la prctica de la oracin ante tanta criminalidad
y horror (quin quiere ser apstol del Evangelio en ese lugar?),
hasta las declaraciones estructurales que tardan dcadas en ser
asimiladas.
La Iglesia se preocupa, sin embargo, por el abuso a las mujeres
quienes son objeto directo de ataques frecuentes a su integridad y
dignidad (a lo cual afortunadamente ha respondido el episcopado
estadounidense). La fe no le pide limosna al crimen, pero a cambio
le asesina ministros sin saber por qu; se elabora una aguda
doctrina social inspirada en preceptos evanglicos pero los
cristianos aumentamos el lucro. Comoquiera, la violencia se ha
sofisticado, y aunque existe una inspiradora doctrina, todava son
pocos quienes la aplican.
Todava el ejemplo liberacionista de Amrica Latina sigue siendo
un sueo, el espejo de la esperanza donde el mundo gime. Nuestro
Magisterio ha asimilado el imperativo de la opcin preferencial por
el ms pobre. Ahora este pobre es ms violento, el hombre sin
conciencia que est perdiendo el alma y que requiere un despertar
espiritual. Las declaraciones en contra de la violencia desde
Amrica Latina deberan ser la forma mentis de los catlicos de todo
el mundo. Quiz, por efecto de la predicacin del Magisterio,
puedan desaparecer las dictaduras. Sin embargo, persisten lo malos
gobiernos. Por el anhelo de los hombres de buena voluntad
aumenta el deseo de la paz, pero tambin aumenta el consumo de
drogas en almas intranquilas. Con las enseanzas catlicas se
piensa en una civilizacin ms justa, aunque todava no se logra la
reconciliacin y el perdn. Y si la doctrina es ejemplo para el
mundo, el compromiso cristiano en la conciencia de cada bautizado
lo debe ser ms.
VIOLENCIA Y FELICIDAD. UNA VISIN DESDE
LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA EN

EL DIALOGO CON EL MUNDO
Fray Ricardo Villareal Acosta

ABSTRACT: Una interesante exposicin que sondea las races profundas del deseo
el cual fundamenta en el hombre lo mismo los mecanismos de la violencia una de
las ms importantes manifestaciones del misterio del mal que su sed de infinito y
absoluto. Para conjurar la violencia es menester una higiene de nuestros deseos,
as como convocar a la verdad, bondad y belleza trascendentales que moran en
nuestro interior a fin de que seamos capaces de orientar nuestros anhelos
fundamentales de gozo, amor y creacin.

1. EN NUESTRA EXPOSICIN hemos tomado libremente las propuestas


de Ren Girard, Jos A. Marina, Liam Walsh, Albert Nolan, Jos A.
Pagola y otros pensadores contemporneos. Pero la inspiracin
fundamental se encuentra en la enseanza de Jess, el Cristo de
Dios, tal como nos orienta el Magisterio de nuestra tradicin
catlica romana. No podemos dejar de mencionar nuestra gratitud a
la sabidura budista tibetana del Dalai Lama, Namkhai Norbu y
Chgyam Trungpa, as como la sabidura budista zen del maestro
Thich Nhat Hanh. Y de una manera especial menciono la
experiencia mstica dominica expresada en la escuela del Maestro
Eckhart. Lo que a continuacin expondr son notas, apuntes,
reflexiones que no pretenden de ninguna manera agotar el tema.
Son slo pensamientos desde la fe que quieren motivar a una
prctica sabia de nuestro catolicismo.

Ponencia leda el 3 de marzo de 2011 en el Saln de Usos Mltiples ( SUM) de la


Universidad Intercontinental. Publicada previamente en el portal
www.domusvitae.com.mx
100 VIOLENCIA Y FELICIDAD

2. El punto central de mi participacin se encuentra en un aspecto


consustancial al ser humano: el deseo. No podemos concebir la vida
humana sin anhelos o proyectos. La vida creada por Dios es un
dinamismo constante, una sinergia de muchas dimensiones, tanto
humanas y personales como ecolgicas e incluso csmicas. La
fuente de la actividad humana es el deseo, en la conciencia de una
necesidad o la anticipacin de un placer; y podramos decir que el
deseo ms profundo del ser humano es su deseo de infinito, lo que
genera la totalidad del movimiento de vida. Recuerdo el ttulo
inspirador de un libro de Eugene Drewermann, Giordano Bruno. El
espejo del infinito, donde se explica precisamente que todo lo que nos
rodea est vivo, y que el ser humano mismo est vivo por su anhelo
de infinitud.
3. Para ubicar nuestra reflexin de hoy necesitamos pasar a la
sociedad concreta en la que vivimos. Para esto quisiera recordar un
cuento hind:
El viejo cacique de la tribu charlaba con sus nietos, acerca de la
vida. l les dijo:
Una gran pelea est ocurriendo dentro de m. Es entre dos lobos.
Uno de los lobos es el resentimiento, la inferioridad, el miedo, la maldad, la
avaricia, la mentira, el egosmo, la envidia, el rencor, la culpa, el dolor, la ira.
El otro lobo es la paz, el amor, la bondad, la alegra, la gratitud, la sencillez,
la esperanza, la serenidad, la humildad, la compasin, la sinceridad, la
misericordia, la generosidad.

Despus agreg: Esa misma pelea est ocurriendo dentro de


ustedes y dentro de todos los seres de la Tierra.
Los nios se le quedaron viendo al abuelo con grandes ojos.
Pensaron por unos instantes y uno de ellos le pregunt: Y cul de
los lobos crees que ganar? El viejo cacique respondi: El que
alimentes mejor.
4. No es mi intencin acentuar demasiado los aspectos negativos,
pero s es importante constatar que nos encontramos en medio de
una excitacin e incitacin constante de los deseos. Encender el
televisor o salir a la calle es una explosin de estmulos de todo tipo
que exacerban las necesidades humanas. Tal parecera que todo est
a nuestro alcance; no slo podemos tenerlo todo sino que debemos
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 101

tenerlo y por medio de una manipulacin del ego, la colectividad


llega al convencimiento de que lo merece todo. Observamos,
profesionales y gente de a pie, que la insatisfaccin producida llega
a grados patolgicos. Casi de manera sistemtica experimentamos
paradojas dolorosas y contradicciones, pues la misma presin por
consumir nos impide gozar de lo que tenemos. Lo comprado deja
de ser satisfactorio pues en la obsesin por la produccin y la
ganancia, siempre hay productos nuevos que sustituyen a lo que
hemos adquirido, y nos estamos perdiendo de muchas
posibilidades, pues carecemos de ellos.
Sin embargo, lo que parece maravilloso en la publicidad nos
defrauda una vez hecha la compra. En el momento inmediato
posterior a ella, queremos ahora el verdadero producto. Sufrimos
una especie de continua inquietud y decepcin, inquietud por estar
al da y obtener lo ltimo, y decepcin pues nada satisface. ste es
slo uno de los factores del origen de la violencia, una irritacin
generada y constante. El problema no es la irritacin misma, sino
que sta se convierte en parte de la vida, se hace estructura cultural,
social e individual. Uno de los signos que podemos vislumbrar
como expresin de esta irritacin es el nmero y grado de quejas
que producimos diariamente. Me atrevera a decir que la cantidad
de quejas diarias revela el estado de calidad de nuestras personas.
Uno de los lobos est siendo bien alimentado.
5. Sin definir el complejo origen de la violencia, desde el
cristianismo esta misma es manifestacin de un misterio que
carcome la vida creada por Dios y que llamamos pecado. El
pecado vivenciado es un conjunto de absurdos que echan a
perder el dinamismo vital; es como si ese misterio de destruccin
pudriera la vida creada por Dios. La violencia sera, si no la ms
importante, s una de las ms importantes manifestaciones del
misterio del mal. Desde la perspectiva teolgica se impone decir
que la salud integral de nuestra sociedad est comprometida; la
salvacin querida por Dios, a travs de su Hijo y la fuerza de su
Espritu, exige una higiene de nuestros deseos y una pedagoga de
las fuerzas humanas.
6. Y todo esto desde una conviccin muy catlica: la bondad, la
verdad y la belleza potenciales y originales del ser humano, nunca
102 VIOLENCIA Y FELICIDAD

desparecen del interior de l. Con nuestras decisiones podemos


hacer que se manifieste no el pecado original, sino la inocencia
original, es decir, un estado de armona querido y deseado por Dios
para todos sus hijos e hijas. Recordemos que no basta con nacer
para adquirir la estatura de ser humano y con esto no hacemos de
lado la dignidad intrnseca de todo ser humano por el simple hecho
de serlo, sino que nos referimos a la calidad humana que es
resultado de las decisiones que tomamos a diario, a favor nuestro y
de los dems.
7. Ahora bien, de muchas maneras podemos encontrar una analoga
en diversos maestros de humanidad que nos llevara a expresar que
todos los seres humanos estamos movidos fundamentalmente por
tres anhelos: gozar, necesitamos disfrutar; amar, necesitamos de
vnculos afectivos, de relaciones cordiales, alegres e inspiradoras; y
finalmente crear, necesitamos de una praxis que nos haga ubicarnos
en este mundo como parte de l, dejando en l una huella de
nuestra existencia, transformar para ampliar los horizontes de vida
y ser transformados por las posibilidades que van surgiendo al
ampliar nuestros horizontes.
8. GOZAR. En medio de la dispersin de nuestra sociedad,
atiborrada de preocupaciones de todo tipo, surge una conciencia
concreta y precisa, la necesidad de volver a centrar nuestra atencin
en lo esencial de la vida: vivir el presente. Esto es tal vez la mejor
traduccin del sentido histrico de la revelacin judeocristiana. Sin
embargo, no es fcil dejar las estructuras internas que nos obligan a
dispersarnos constante y diariamente. Muchos an se encuentran
obsesionados con la ideologa decimonnica del progreso y todas
sus implicaciones culturales, enfrascados en etiquetar a los
buenos y a los malos, a los progresistas y a los
reaccionarios, buscando un futuro que nunca llega y con pasados
autoritarios que obligan a muchos a vivir en la nostalgia liberal o
conservadora, es decir, nostalgias por proyectos que no fueron o
por glorias idas. La atencin flucta entre el pasado y el futuro, y la
vida de la gracia presente se nos escurre de las manos. Gozar el
presente requiere una opcin: la recuperacin del sentido
escatolgico cristiano. Slo aqu y ahora acontece la salvacin, aqu
y ahora; por la experiencia de la presencia del resucitado
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 103

encauzamos toda la fuerza de vida para saborear la existencia


liberada. Gozar de la inteligencia dada por Dios, de una mente
clara, como los ojos abiertos de los discpulos de Emus cuando
Jess comparti el pan con ellos. Gozar de la sexualidad, del
erotismo, de la sensualidad que Dios ha querido expresamente que
sean parte de nuestra vida. Hay una vocacin al disfrute del cuerpo
en lo ms profundo del ser humano que por influencia maniquea se
ha ido tergiversando en nuestra cultura catlica. Y tambin tenemos
que hablar del gozar en el espritu. El excesivo racionalismo de la
teologa decadente de finales del siglo XIX y las batallas campales
entre teologas clsicas y postconciliares, sin demeritar todos los
avances y clarificaciones logradas, fueron haciendo a un lado la
mstica, la devocin, el acto simple y sencillo de estar en la
presencia eucarstica de Jess y gozar de la experiencia de
encuentro con el Seor.
9. AMAR. Slo dos apuntes a este respecto. Primero, el deseo de
amar y ser amados. En medio de las provisionalidades
postmodernas y de los fracasos de sentido, en la exaltacin de las
emociones y sentimentalismos mediticos, se corre el peligro de no
encontrar cauces de plenitud y sensatez. Cuando optamos y
crecemos en una vida en el Espritu de Cristo, vislumbramos la
necesidad de renunciar a ser todopoderosos, a ser dioses y cuidar
nuestro corazn inteligentemente: necesitamos poner lmites en
nuestras relaciones humanas sin excluir, sino administrando
nuestras fuerzas personales, con la conciencia de que toda persona
est en proceso. Procuro, cuido y alimento las relaciones que me
ayudan a crecer como cristiano, como creyente, y establezco una
distancia respetuosa y fraterna con aquellos grupos o personas que
en este momento pueden significar tropiezos o confusin.
Esto es un amor ejercido inteligentemente. Para esto hay que
desarrollar el gusto por una virtud muy ausente hoy: la sensatez.
Vivir cuidando la vida y mi vida es sensatez; es cimentar sabidura.
Segundo, todos podemos experimentar la fuerza de la gracia de
Dios en la caridad cristiana, que consiste en ayudar al hermano, a la
hermana, a descubrir y a vivenciar lo mejor de s mismos. El
encuentro con un cristiano debe ser un motivo para que el otro se
experimente mejor persona. Vivir en la comunidad cristiana nos
104 VIOLENCIA Y FELICIDAD

lleva a encontrarnos con las mejores versiones de nosotros mismos.


Y es ah donde podemos fundamentar una esperanza de
convivencia pacfica y constructiva. Ciertamente el obstculo ms
fuerte para el desarrollo de estas dos dimensiones del amor es el
pecado capital por excelencia: la soberbia, que como actitud se
incrementa por el dinamismo de competencia de nuestra sociedad.
10. CREAR. De los tres anhelos, gozar, amar y crear, tal vez este
ltimo es el que exige un mayor trabajo de conciencia y prctica.
Porque nuestro objetivo no es sino el de crear posibilidades para
una vida feliz, donde la violencia no sea una realidad que se perciba
como definitiva, sino como una ausencia de sabidura en el manejo
de nuestras sociedades y personas. Crear significa estar abiertos a
generar la comunin tan anhelada por todos y tan temida por
muchos. Catlicos liberales, catlicos conservadores, de
izquierda, de derecha, alternativos, clsicos, el trabajo de
etiquetar a otros para sentirnos seguros de quienes somos ya ha
cansado a muchos y no ha tenido frutos evanglicos. El impulso
del Espritu de Dios nos mueve a trabajar intensamente en el
discernimiento y la integracin de todas las dimensiones de nuestra
persona. El anhelo de creacin no es sino la expresin del impulso a
trascender el estado de cosas de nuestro momento histrico hacia el
deseo de Dios de comunin, hechos a su imagen y semejanza.
11. Termino esta pequea intervencin en el marco de esta Semana
de Teologa de la UIC recordando que es urgente revisar, actualizar
y avanzar en nuestra experiencia de ser catlicos. Ser cristianos con
vocacin da acogida a todo lo bueno, bello y verdadero que se
encuentra en otros grupos de cristianos, de otros creyentes, de todo
hombre y mujer de buena voluntad. La felicidad nos es un estado
que se alcanza, es un hbito que se adquiere por las decisiones
cotidianas a favor de una vida sensata y con buen humor, signos de
gracia. Un mundo que vive en el ojo por ojo va a quedarse ciego
como advirti Gandhi.
Gracias por compartir este momento de charla teolgica. Una
teologa que no genera esperanza y devocin es discurso hueco, y
una vida devota sin inteligencia de la fe se vuelve bobera o
fanatismo. Gracias por su esfuerzo de buscar caminos que nos
lleven a una experiencia ms profunda de fraternidad y sororidad.
OTRAS VOCES
EL ATRIO DE LOS GENTILES
UN ESPACIO ABIERTO AL DILOGO CON LA CULTURA, EL ARTE,
LA SOLIDARIDAD, LA FE, LA VIDA... DONDE LA DIVERSIDAD NOS
ENSEA QUE LA VERDAD NO ES DE NADIE Y PERTENECE A TODOS
AAVV

ABSTRACT: Estimular y reunir reflexiones de creyentes y no creyentes sobre los


temas ms diversos, como la conservacin del planeta, la cuestin del laicismo, la
pregunta nietzscheana de la muerte de Dios, la reflexin crtica sobre el nihilismo,
o la indiferencia, es el propsito de una nueva iniciativa promovida por el Consejo
Pontificio de la Cultura: El Atrio de los Gentiles.
Creado por el Cardenal Gianfranco Ravasi, es la respuesta a una clara invitacin
de Benedicto XVI en la bsqueda para poner en marcha una vieja idea: conciliar de
dilogo con los que no creen: La Iglesia debera abrir hoy una especie de Atrio de
los Gentiles en donde los hombres puedan, de alguna forma, acercarse a Dios, aun
antes de haberlo conocido y haber penetrado en su misterio. (Palabras de
Benedicto XVI en el tradicional discurso a la Curia romana en la ciudad
del Vaticano, el 21 de diciembre de 2009).
Esta iniciativa devuelve, por tanto, aquel espacio ideal de encuentro y cotejo de la
multiplicidad de pensamientos en torno a las cuestiones supremas de la existencia,
y abre las puertas a todos aquellos que no quieren verse a s mismos como objeto
de misin, ni renunciar a su libertad de pensamiento y de voluntad. El Atrio de
los Gentiles nos transporta a aquel patio del antiguo Templo de Jerusaln al cual
podan acceder, incluso los no hebreos, independientemente de la cultura, lengua o
religin.
Pero, cules son los cimientos para un dilogo entre laicos y creyentes? Cules
los temas y finalidades que pueden sostenerlo? A stas y otras interrogantes de

Gianfranco RAVASI, Julia KRISTEVA, Sergio GIVONE, Massimo CACCIARI, Augusto


BARBERA et al., Il cortile dei gentili. Credenti e non credenti de fronte al mondo d'oggi. A
cura di Laurent Mazasintroduzione de Ivano Dionigi, Roma: Donzelli Editore, [Sagine,
185]. Traduccin y seleccin de textos de Higinio Corpus Escobedo,
www.uic.edu.mx. Cfr http://www.donzelli.it/libro/2312
108 EL ATRIO DE LOS GENTILES

fondo responden grandes personalidades de la ciencia, del derecho y de la filosofa


que han acogido ya, en primer lugar, el estmulo del Atrio de los Gentiles y ven
en ste un espacio abierto al dilogo con la cultura, el arte, la solidaridad, la fe, la
vida donde la diversidad nos ensea que la Verdad no es de nadie y pertenece a
todos.
LA FLOR DEL DILOGO
Gianfranco Ravasi1

ME FALTA LA FE Y POR LO MISMO JAMS podr ser un hombre feliz,


porque un hombre feliz no puede tener el temor de que la propia
vida sea slo un vagar insensato hacia una muerte cierta No he
heredado el bien escondido furor del escptico, ni el gusto por el
desierto apreciado para el racionalista, o la ardiente inocencia del
ateo. No tengo la osada, entonces, de arrojar piedras sobre la mujer
que cree en cosas de las que yo dudo.
Tena solamente 31 aos y estaba ya en la cumbre del xito; y sin
embargo, el 4 de noviembre de 1954 decidi quitarse la vida. Quiz
la clave de esta fuga malograda se puede encontrar en las lneas
citadas de su obra Nuestra necesidad de consuelo. Nos referimos a un
escritor sueco de culto (muy respetado), Stig Dagerman, que
ilumina en forma explcita el significado de un dilogo entre ateos y
creyentes.

ENCUENTRO A LO LARGO DE LA FRONTERA


Preguntarse sobre el significado ltimo de la existencia no involucra
ciertamente al escptico sardnico y sarcstico que slo ambiciona
ridiculizar las afirmaciones religiosas. Entre otros, un buen
conocedor del atesmo como el filsofo Nietzsche, no dud en
escribir en El crepsculo de los dolos (1888) que slo si un hombre

1 In: AAVV, Il Cortile dei gentili, cit., pp. 3-13. Trad. de Higinio Corpus Escobedo.
El Cardenal Ravasi es el actual Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura.
110 EL ATRIO DE LOS GENTILES

tiene una fe robusta, puede tener tolerancia al lujo del


escepticismo. Ni siquiera el racionalista, envuelto en el manto
glorioso de su autosuficiencia cognoscitiva quiere correr el riesgo de
encaminarse en senderos de altura de sabidura mstica, segn una
gramtica nueva que participa del lenguaje amoroso, que es bien
diferente de la espada de hielo de la solo importante razn pura. Ni
est interesado en este dilogo el ateo declarado, quien siguiendo
las huellas del celo ardiente del marqus de Sade, en la nueva Justine
(1797), presenta su pecho solamente al lance de honor: Cuando el
atesmo requiera de mrtires, yo digo: mi sangre est pronta.
El encuentro entre creyentes y no creyentes se da cuando se dejan
atrs discusiones apologticas crueles y descalificaciones
destructivas; cuando se quita el manto gris de la superficialidad y
de la indiferencia que sepulta el anhelo profundo de bsqueda; y
cuando, sin embargo, se revelan razones profundas de esperanza
en el creyente y de expectativa en el agnstico. He aqu la razn por
la que el Pontificio Consejo de la Cultura ha pensado en el atrio de
los gentiles, siguiendo la huella de una solicitud de Benedicto XVI
dirigida durante su discurso a la Curia Romana en diciembre de
2009. Dejamos de lado la denominacin histrica que slo tiene una
funcin simblica y que evoca el atrio que en el templo de Jerusaln
estaba reservado a los gentiles, los no hebreos, que visitaban la
ciudad santa y su santuario. Detengmonos mejor en su aspecto
temtico como lo refleja Dagerman. Uno de los intelectuales
hebreos ms abierto del siglo I d.C., Filn de Alejandra, artfice de
un dilogo entre judasmo y helenismo por lo mismo, segn los
cnones de entonces, entre los fieles Yahvistas y los paganos
idlatras defina al sabio con el adjetivo methrios, es decir, aquel
que est en la frontera. ste tiene los pies plantados en su regin, pero
su mirada se extiende ms all de los lmites y sus odos escuchan
las razones del otro.
Para realizar este encuentro se debe uno armar no con espadas de la
dialctica, como en el duelo entre el jesuita y el jansenista en la
pelcula La Va Lctea (1968) de Buuel, sino de coherencia y
respeto. Coherencia con la visin propia del ser y del existir, sin
mella de sincretismo, invasin del fundamentalismo o
aproximaciones propagandsticas; respeto por la visin del otro a la
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 111

que hay que prestar atencin y reconocimiento. Por el contrario, se


es incapaz de reencontrarse en aquel lmite entre los dos patios
simblicos del templo de Sin, el atrio de los gentiles y el de los
israelitas, cuando se protege solo en la defensa de los dolos
propios. En El Adolescente (1875) Dostoievski, aunque con la pasin
del creyente, identificaba esto con claridad. Por un lado, en efecto,
afirmaba que el hombre no puede existir sin reverenciar a
alguien Se inclinar entonces ante un dolo de madera, o de oro, o
del pensamiento o ante los dolos sin Dios. Y por otro lado
reconoca, sin embargo, que existen algunos que carecen
verdaderamente de Dios, mucho ms temibles que los otros, porque
vienen con el nombre de Dios en sus labios. sta es la tipologa
comn a aquellos que no se paran a dialogar en aquella frontera:
aquel que est convencido de tener en s ya todas las respuestas con
el solo deber de imponerlas.
Esto, sin embargo, no quiere decir que nos veamos solamente como
mendigos, carentes de cualquier verdad o concepcin de la vida.
Colocndome congruentemente en el terreno del creer al que
pertenezco, quisiera evocar solamente la riqueza que esta regin
revela en sus diferentes panoramas ideales. Pensamos en el refinado
estatuto epistemolgico de la teologa como disciplina dotada de
una coherencia, en la visin antropolgica cristiana elaborada a lo
largo de los siglos, en la investigacin de los temas importantes de
la vida, de la muerte y del ms all, de la trascendencia y de la
historia, de la moral y de la verdad, del mal y del dolor, de la
persona, del amor y de la libertad; pensamos tambin en las
aportaciones decisivas ofrecidas por la fe a las artes, a la cultura y al
mismo ethos de Occidente. Este enorme legado de saber y de
historia, de fe y de vida, de esperanza y de experiencia, de belleza y
de cultura se ponen sobre la mesa frente al gentil, que podr a su
vez, disponer la mesa de su bsqueda y sus resultados para
compararlos.
De un encuentro semejante no se sale jams indemne, sino
recprocamente enriquecido y estimulado. Ser un poco paradjico,
pero podra ser verdadero aquello que Gesualdo Bufalino escriba
en su Malpensante (1987): Solamente en los ateos sobrevive hoy en
da la pasin por lo divino. Una leccin y por lo mismo una
112 EL ATRIO DE LOS GENTILES

exhortacin para el mismo fiel habitual que se refugia en frmulas


dogmticas, sin preocuparse por comprenderlas en forma
inteligente y vital. Por otra parte, tambin se puede imaginar el
epgrafe de una de las tumbas de la Antologa del Spoon River (1915)
Aqu yace quien fue el ateo del pueblo, locuaz, pendenciero y
conocedor de los argumentos de los incrdulos. Pero que durante
una larga enfermedad ley los Upanishad y el Evangelio de Jess.
Ello encendi en m una pequea llama de esperanza, de intuicin y
de deseo que la Sombra, guindome a travs de las cavernas de la
oscuridad, no pudo extinguir. Escchenme, ustedes que viven en
los sentidos y piensan slo a travs de los sentidos: la inmortalidad
no es un don sino un cumplimiento. Y slo aquellos que se
esfuerzan mucho podrn alcanzarla.

LA INCREDULIDAD DEL CREYENTE Y LA FE DEL ATEO


Se debe afirmar entonces siempre en esta lnea y sobre la huella
metafrica de la frontera que el lmite, cuando se dialoga, no es
una cortina de hierro infranqueable. No solamente porque existe
una realidad que es aquella de la conversin, trmino que
asumimos en su significado etimolgico general y no en su acepcin
religiosa tradicional. Sino tambin por otro motivo. Creyentes y no
creyentes se encuentran frecuentemente sobre otro terreno con
respecto a aquel propio punto de partida. Existen, como se suele
decir, creyentes que creen por creer, pero que en realidad son
incrdulos, y tambin al contrario, no creyentes que creen por no
creer, pero cuyo camino se recorre en aquel momento bajo el cielo
de Dios. A este respecto quisiramos sugerir un par de ejemplos
paralelos aunque ubicados en dos campos. Partamos del creyente y
del componente de oscuridad que la fe trae consigo, sobre todo
cuando se prolonga la fatiga del silencio de Dios.
Es fcil pensar en Abraham y los tres das de camino sobre el
empinado monte Moria, apretando la mano de su hijo Isaac y
guardando en su corazn el desconcierto del sacrificio mandado
por Dios (Gnesis 22); o bien, recordar la pregunta lacerante y
continua de Job; o el mismo grito de Cristo en la cruz: Dios mo,
Dios mo, por qu me has abandonado?. O solamente por escoger
un emblema moderno, entre tantos posibles, referirnos a la noche
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 113

oscura de un gran mstico como San Juan de la Cruz, junto con el


recuerdo de la crisis de fe del pastor Ericson en la pelcula Luces de
Invierno (1962) de Ingmar Bergman. Escriba justamente el telogo
francs Claude Geffr: Desde un plano objetivo es evidentemente
imposible hablar de una no creencia en la fe. Pero desde el plano
existencial se puede llegar a discernir una simultaneidad de fe y de
no creencia. Esto no hace sino subrayar la naturaleza misma de la fe
como don gratuito de Dios y como experiencia comunitaria: el
verdadero sujeto de la fe es una comunidad y no un individuo
aislado.
Detengmonos ahora sobre la otra corriente del ateo y sus
vacilaciones. Su mismo anhelo, testimoniado ya, por ejemplo, en la
cita de Dagerman, es un recorrido que se adentra ya en el misterio,
a tal punto de ponerse en oracin, como es testimoniado por la
invocacin de Aleksandr Zinovev, autor de Cumbres abismales
(1976): Te suplico, Dios mo, busca existir, al menos un poco, abre
tus ojos, te lo suplico! No tendrs ms qu hacer sino seguir aquello
que pasa: es muy poco! Pero, oh Seor, esfurzate por ver, te lo
ruego! Vivir sin testigos, qu infierno! Por ello, forzando mi voz yo
grito, doy un alarido: Padre mo, te suplico y lloro. Existe!
Es la misma splica de uno de nuestros poetas contemporneos
ms originales, Giorgio Caproni (1912-1990): Dios de voluntad,
Dios omnipotente, busca, / (Esfurzate!), a fuerza de insistir al
menos de existir. Es significativo que el Concilio Vaticano II
haya reconocido que, obedeciendo los mandatos de su conciencia,
tambin los no creyentes pueden participar de la resurreccin en
Cristo que: Esto vale no solamente para los cristianos, sino tambin
para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazn obra la
gracia de modo invisible. Cristo muri por todos []. En
consecuencia, debemos creer que el Espritu Santo ofrece a todos la
posibilidad de que, en la forma de slo Dios conocida, se asocien a
este misterio pascual. (Gaudium et Spes, 22)
En ltimo anlisis, el obstculo que se quita por este dilogo-
encuentro es quiz uno solo, el de la superficialidad que empuja la
fe hacia una espiritualidad vaga y reduce al atesmo a una negacin
banal y sarcstica. Para muchos en nuestros das, el Padre Nuestro se
transforma en la caricatura que ha hecho Jacques Prvert: Padre
114 EL ATRIO DE LOS GENTILES

nuestro que ests en los cielos, qudate all!, o burlarse de las cosas
que el poeta francs deduce del Gnesis: Dios sorprendiendo a
Adn y Eva,/ dijo: Continen, se lo ruego,/ no me molesten,/
acten como si yo no existiese!. Hacer como si Dios no existiese,
etsi Deus non daretur, es un poco el lema de la sociedad de nuestro
tiempo: Encerrado como est en el cielo dorado de su trascendencia,
Dios (o su idea) no debe molestar nuestras conciencias, no debe
meterse en nuestros asuntos, no debe arruinar nuestros placeres y
xitos.
Es ste el gran riesgo que pone en dificultad una bsqueda
recproca, dejando al creyente envuelto en una leve aura de
religiosidad, de devocin, de ritualismo tradicional, y al no creyente
inmerso en la realidad pesada de las cosas, de lo inmediato, del
inters. Como anunciaba ya el profeta Isaas, all se encuentra uno
en un estado de atona: Mir, y no haba nadie, ni un consejero a
quien pedir informacin para tener una respuesta (41, 28). El
dilogo es precisamente para hacer crecer la planta de las
preguntas, como tambin para hacer florecer las corolas de las
respuestas, al menos de algunas respuestas autnticas y profundas.

EL ESPA DE DIOS
En esta lnea de dilogo entre creyentes y agnsticos en torno a las
preguntas ltimas, como aquella que se refiere a Dios,
proponemos ahora una especie de ejemplo contemporneo
emblemtico y provocador, el de un escritor ateo de gran impacto
emotivo y terico. Yo soy un extranjero para la polica, para Dios y
para m mismo. Es sta quiz la ms lapidaria y brillante carta de
identidad de Emil Cioran, nacido el 8 de abril de 1911 en Rasinari,
en la Transilvania Rumana. Como es conocido, este escritor-
pensador nico, a los 26 aos, en 1937, emigr a Pars en donde
permaneci el resto de su vida hasta su muerte acaecida en 1995.
Extranjero, por lo mismo, por su patria de origen, que haba
borrado del registro personal y abandonando incluso su idioma.
Extranjero por la nacin que lo haba hospedado a causa de su
constante aislamiento: Suprima de mi vocabulario una palabra
tras otra. Hasta el exterminio, una sola permaneci como
superpuesta: Soledad. Me despert apagado.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 115

Extranjero, en fin, para Dios, l que era hijo de un sacerdote


ortodoxo. Totalmente extranjero como para inscribirse en la raza
de los ateos y, sin embargo, con el desvelo del ansia por buscar el
encuentro con el misterio divino: Haba siempre rondado
alrededor de Dios como un delator: incapaz de invocarlo lo he
espiado. Cioran, en efecto, se coloc en el lugar para tender una
emboscada a Dios, obligndolo a reaccionar y por lo mismo a
revelarse. Es significativo el dilogo que a distancia entabl con el
telogo Petre Tutea. ste no haba abandonado su tierra a pesar de
los 13 aos transcurridos en las prisiones de Ceausescu, no tanto
por su fe, al punto de replicar a Cioran as: Sin Dios el hombre
queda como un pobre animal, racional y parlante, que no viene de
ninguna parte y va sin saber a dnde. En realidad, su interlocutor
no era estrictamente un ateo o un agnstico, tanto ms que haba
llegado al punto de sugerir a los telogos su particular va
esttica para demostrar la existencia de Dios. Escriba, en efecto,
en De lagrimas y Santos (1988): Cuando escuchan ustedes a Bach
ven nacer a Dios Despus de un oratorio, una cantata o una
pasin, Dios debe existir Pensar que tantos telogos y filsofos
han desperdiciado noches y das para probar la existencia de Dios,
habiendo olvidado la nica!
Cioran acusa a Occidente de un delito extremo, aquel de haber
vaciado y secado la potencia generadora del Evangelio: Acabado
hasta el hueso, el cristianismo ha dejado de ser una fuente de
admiracin y de escndalo; ha dejado de liberar de los vicios y de
fecundar inteligencias y amores. Este Qohelet-Eclesiasts moderno
se transforma entonces en una especie de Mstico de la Nada,
dejando entrever el estremecimiento de la noche del alma de
ciertos grandes msticos como San Juan de la Cruz o Angelo Silesio,
remontndose hasta el desconcertante cantor de la unin entre
Dios-Nada, el clebre Meister Eckart medieval. Era entonces un
nio cuando conoc por primera vez el sentimiento de la nada,
seguida de una iluminacin que no me atrevo a definir. Una
epifana de luz oscura, podremos decir como una feliz unin de dos
ideas contradictorias utilizada por el Job bblico.
116 EL ATRIO DE LOS GENTILES

DIOS Y LA NADA
Si siempre hay algo arriba de s continuaba- ms all de Dios
mismo se eleva la Nada, pero he aqu la paradoja: el campo visual
del corazn es el mundo, ms Dios, ms la Nada. Esto es todo. Y
entonces sta es su conclusin: Y si la existencia fuese para
nosotros un exilio y la Nada una patria? La Nada siempre por
feliz coincidencia llega a ser el nombre de Dios, ciertamente muy
distinto del Dios cristiano; sin embargo, como el dispuesto a recoger
el mal del vivir de la humanidad. Escriba Cioran, evocando la
psicostasia del antiguo Egipto, o sea el peso de las almas de los
difuntos para la verificacin de la gravedad de sus culpas: En el
da del juicio sern pesadas solamente las lgrimas. En momentos
de desesperacin, en efecto, ciertas blasfemias declaraba Cioran,
siguiendo a Job son oraciones negativas cuya virulencia es
acogida por Dios, ms all de las mesuradas formalidades
teolgicas (idea formulada ya por Lutero).
Cioran es, por lo mismo, un ateo-creyente sui generis. Su pesimismo,
o ms bien su negacin, mira ms que nada a la humanidad: Si
No hubiese tenido el don de leer el futuro, no existe ninguna duda
de que se hubiera ido a pique y hundido. Y aqu la Nada llega a ser
la pura nada, un vaco anonadamiento. Adorar la tierra y decirse
que precisamente es ella el trmino y la esperanza de nuestros
afanes y que sera intil buscar otra cosa mejor para descansar y
disolverse.
El hombre te hace perder toda fe; es una especie de demostracin de
la no existencia de Dios y es bajo esta luz en la que se explica el
pesimismo radical de Cioran que aparece ya en los ttulos de sus
obras: Del inconveniente de haber nacido (1973), La tentacin de existir
(1979), En las cimas de la desesperacin (1936), Desgarradura (1979),
Silogismos de la amargura (1952) etc. Y a veces es difcil echarle la
culpa, si miramos no solamente la historia de la humanidad, sino
tambin el vaco, de tantos individuos, que no tiene nada de lo
trgico de la Nada trascendente: De muchas personas se puede
afirmar lo que se vale para ciertas pinturas, es decir, que la parte
ms hermosa es el marco del cuadro. Sin embargo,
afortunadamente tambin y ste es la gran contradiccin existe,
como se deca, Bach
UN ESPACIO ENTRE CREYENTES Y NO
CREYENTES
Ivano Dionigi2

A NINGUNO SE LE ESCAPAR el significado y la importancia de la


iniciativa para la constitucin del Atrio de los Gentiles. Se trata de un
espacio de dilogo entre creyentes y no creyentes, que se ejerce en el
mbito de la homnima fundacin, concebida por el cardenal
Gianfranco Ravasi. La presentacin de la iniciativa, de la que este
pequeo libro es testimonio, asume el carcter propio y verdadero
de un preludio una especie de sesin privada de aquel
itinerario que conocer diversas etapas en las capitales de Europa y
fuera de Europa.
Para Italia habra pensado en una institucin as de noble, antigua
y gloriosa como la universidad de Bolonia. En aquellas palabras
que me dirigi Monseor Ravasi desde junio del ao pasado, no
poda menos que aceptar con satisfaccin y gratitud al mismo
tiempo que con sorpresa el enorme y prestigiado reconocimiento
(un verdadero don) que se haca a nuestra universidad y por su

2Intervencin del rector de la Universidad de Bolonia, Ivano Dionigi, en el primer


encuentro del Atrio de los Gentiles, celebrado el 12 de febrero de 2011, en el aula
magna de esa institucin universitaria, la ms antigua del mundo en
funcionamiento ininterrumpido. In: AAVV, Il Cortile dei gentili, cit., pp VII-XII.
Traduccin de: Higinio Corpus Escobedo.
118 EL ATRIO DE LOS GENTILES

medio a la ciudad de Bolonia y a la regin entera. Pues no era


Roma, ni Miln, sino Bolonia y su universidad.
Los trminos exactos de esta fundacin gnesis y finalidad los
expondr en breve su creador; y una primera interpretacin se
expondr a lo largo de las intervenciones siguientes.
Cules han sido las reacciones y las interrogantes que esta
intuicin del presidente del Consejo Pontificio de la Cultura ha
suscitado en m?
El problema de Dios, entendido como relacin entre fe y razn, es
solamente una ocupacin ordinaria de filsofos, telogos,
psiclogos y antroplogos, o tiene algo que ver tambin con la
reflexin extraordinaria de cada uno de nosotros?
El dilogo creyentes/no creyentes, ms all de demostrar la
compatibilidad entre religiosidad y laicismo, puede asumir formas
y tonos que contribuyan al esclarecimiento y enriquecimiento de la
originalidad y nobleza de cada una de estas posiciones?
Una universidad pblica y laica, en el momento en que da cabida
al encuentro entre credere e intelligere, abdica a la autonoma
propia, o ms bien da cauce a la funcin propia de una institucin
orientada, por su naturaleza e historia, a la formacin e
investigacin?
Estas preguntas que pueden resumirse en la polmica pregunta
de Tertuliano: Que cosa tienen en comn Jerusaln y Atenas?
hoy se cargan de nuevas aportaciones, nuevas dificultades y nuevas
perspectivas, sobre todo despus de la llegada de dos inesperados
brbaros: la globalizacin, con su profeta Internet, y las otras
culturas, no reducibles a nuestros cnones clsicos.
Ante todo, pienso que hablar del hombre es equivalente a hablar de
Dios, y hablar de Dios equivale a hablar del hombre. Digo esto, no
para enlistar a todos en la gran tropa de los creyentes, ni para
limitar el discurso al Dios hecho hombre del cristianismo, sino
simplemente porque ser hombre, hasta sus ltimas consecuencias,
significa plantearse las cuestiones ltimas e interpretar la vida como
un continuo interrogante y bsqueda de aquella verdad que no
siempre es cmoda ni consoladora. Preliminarmente hay que
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 119

distinguir los fines de los medios; estos ltimos, tan invasivos y


agresivos, llegan a oscurecer y sofocar a los primeros.
Las respuestas pueden ser mltiples, divergentes e incluso al
margen. El intelectual griego se conformar con el dios
desconocido; Pablo y Agustn, en medio de una vida desordenada
se convertirn al deus patiens cristiano, puente entre el abismo del
pecado y la gracia; Marx y Nietzsche negarn a Dios,
considerndolo enemigo de la libertad y de la dignidad humana;
Dostoievski, encontrando insoportable el sufrimiento del inocente,
blasfemar contra el nombre de Dios y le regresar el boleto de
entrada a espectculo tan indecente; Pascal, en una ajustada teora
de ventajas comparadas, apostar por la existencia de Dios. Cada
uno de nosotros, a su modo, voluntariamente o por accidente,
termina por encontrarse cara a cara con el problema: as como
cuando choca uno contra el escollo de aquella realidad dura y
contra natura que no es buena para nadie y que se llama muerte
(Agustn, La Ciudad de Dios, 13, 6:habet enim asperum sensum et
contra naturam [] nulli bona est).
En segundo lugar el dilogo, es decir el uso compartido (dia-) de la
razn (logos) entre creyentes y no creyentes, ha de entenderse
como una oportunidad recproca. Abrirse a las mentes de los otros,
reflejarse en el prjimo, que es el mismo tiempo igual y diferente, y
aceptar el reto de lo desconocido, es lo que rinde homenaje y
servicio a nuestra naturaleza de seres pensantes, peregrinos y
orientados a la esperanza. La ausencia de encuentro, por el
contrario, seca la mente y el corazn, genera malos entendidos,
certezas falsas y fanatismos al grado de negar o contradecir aquello
mismo que uno cree, sea trate de una fe religiosa o laica.
Con el Atrio de los Gentiles el dilogo toma su lugar en la
ctedra. Yo creo que el dilogo y que slo el dilogo nos salvar.
Habr que entender, entonces, laico no como una categora opuesta
a creyente; y laicismo no como una doctrina, una fe y ni siquiera
como un valor en s mismo, sino como un estado, condicin propia
o ambiente natural en el que cada ser humano busca, experimenta y
razona; como una actitud de las personas que hace posible el
ejercicio ciudadano de todas las libertades. No habr de olvidar que
creyente (como no creyente) es un participio presente del verbo
120 EL ATRIO DE LOS GENTILES

creer, por lo cual aquello que era posible o imposible ayer podra
invertirse el da de maana. Para unos y para otros no se trata ni de
condenar, encerrndose en un monlogo, ni de englobar en una
empobrecedora reductio ad unum sino principalmente el de buscar
comprender en medio de la diversidad, la diferencia y relacin.
Finalmente el papel de la universidad. Fuerte en su historia y en su
autonoma, consciente del saber y de sus conocimientos, la
universidad no teme ningn reto. Precisamente por su naturaleza y
denominacin (uni-versitas), ella tiende a la unidad; y hoy ms que
nunca hay necesidad de esta responsabilidad y tensin hacia la
integracin, en un momento en que los conflictos, por desgracia,
son de ignorancia y no de cultura. La universidad, por lo mismo, en
lugar de realizar un acto de sumisin o de expropiacin, exalta su
condicin propia y natural de institucin autnoma, libre y laica,
porque con un encuentro de esta naturaleza responde plenamente a
su tarea principal que consiste en formar personas ntegras y en
investigar aquello que mira lo que todava tiene que ser.
Si el Alma Mater es la sede principal de (re) elaboracin de ideas
que constantemente se afirman y se superan, si es el lugar de
produccin de conocimientos, en unas ocasiones bajo el signo
acumulativo de la memoria, precisamente como las humanidades
y, en otras, bajo el signo sustitutivo del olvido, propiamente como
la ciencia, si se trata de una comunidad de mujeres y hombres libres
que estudian y que forman generaciones de jvenes: entonces
tambin la atencin a la esfera religiosa sea como dimensin
histrica o como reflexin personal no solamente tiene el derecho
sino tambin pleno deber de reconocimiento dentro de nuestro
mbito universitario. Ejercitando como dice nuestro Gianfranco
Ravasi una doble y noble arte, el ars interrogandi y el ars
respondendi.
Este discurso asume connotaciones actuales y urgentes porque hoy
estamos llamados a revisar nuestros cdigos y desarrollar un nuevo
canon; despus que, como se nos ha recordado, el intelectual
europeo ha visto desvanecerse el sueo de una sntesis entre el
Sabio griego, el Profeta hebreo y el Legislador romano (Foucault).
Aquel canon cultural por el que el hombre europeo y occidental
tiene un alma mitad clsica y mitad cristiana no es ya reconocible
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 121

ni reconocido; porque junto a la historia se han afirmado, en forma


imperiosa y determinante, dos nuevas dimensiones: la geografa y
la demografa, creando as nuevas jerarquas y hegemonas
econmicas antes que polticas y culturales (casi para llevarnos
humildemente a hacer valer las razones de la etimologa y a
recordarnos que occidente significa precisamente aquello que
fenece.
Es tiempo de una nueva koin lingstica, cultural, moral, por la que
los hombres de pensamiento son los primeros en ponerse en
entredicho, como nos recordaba hace algn tiempo el premio Nobel
de Qumica, Richard Ernst: Soy del parecer que corresponde a la
comunidad acadmica universitaria [] poner en guardia a la
opinin pblica y aconsejarla constructivamente [] solamente la
universidad y los docentes universitarios tienen de hecho la libertad
[] para conducir estudios imparciales y objetivos [] en forma
diferente a los polticos y a los lderes industriales. En efecto, los
profesores pueden comunicar verdades impopulares sin poner en
peligro la posicin propia.
Tenemos necesidad de creyentes y no creyentes crebles y no de
ateos devotos, ni de adeptos a la religio civilis con el riesgo,
demasiado obvio, de dar un uso poltico a la religin y de un uso
religioso a la poltica.
DE LOS EXCESOS CRISTOLGICOS EN
VERSIONES CASTELLANAS DE NICAN MOPOHUA
VV. 27-28
Arturo Rocha Corts

ABSTRACT: Una estricta revisin de la versin castellana de dos versculos


esenciales del relato de las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indio Juan
Diego. Una traduccin excesiva o un forzamiento del nhuatl perpetuado por
algunos autores, ha dotado a ambos versculos del Nican mopohua de una carga
cristolgica que en la lengua mexicana no poseen en absoluto. Este artculo corrige
de una vez por todas los excesos de traduccin, dejando a salvo el mbito para
ulteriores elaboraciones exegticas.

UNO DE LOS MOMENTOS MS HERMOSOS Y EXALTADOS de la relacin


nhuatl de las apariciones de la virgen de Guadalupe, el Nican
mopohua, es ciertamente aquel en que la celestial Seora, tras
referirse a su Divino Hijo con la relacin de los atributos teolgicos
ms acendrados del Mxico antiguo,1 instruye puntualmente al

1 ca nhhuatl in nienquizca emicac ichpochtli santa maria in inn inantzin in in huel


nelli teotl Dioz in ipalnemohuani in [] teyocoyani, in tloque Nahuaque: in ilhuicahuah in
tlalticpacque [Antonio VALERIANO], Nican mopohua, vers. 26: NYPL, Ms. 379
Guadalupe, Mxico (ca. 1548), Monumentos Guadalupanos, serie I, t. I, ff. 191r-
198r. El lugar citado corresponde al f. 192v. Vase: Arturo ROCHA, Monumenta
Guadalupensia Mexicana. Coleccin facsimilar de documentos guadalupanos del siglo XVI
custodiados en Mxico y el mundo, acompaados de paleografas, comentarios y notas
por, con una presentacin de Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y
Episcopal de Guadalupe, Rector del Santuario. Palabras preliminares de M. I.
Mons. Jos Luis Guerrero, Miembro del V. Cabildo de Guadalupe. Prlogo del
autor, Mxico: Insigne y Nacional Baslica de Santa Mara Guadalupe/ Grupo
Estrella Blanca, 2010, p. 11.
124 DE LOS EXCESOS CRISTOLGICOS

indio Juan Diego: huel [] nicnequi, enca nicelehuia inic nican


nechquechilizque noteocaltzin inn oncan nicnextiz, nicpantlaaz
nictemacaz in ixquich notetlaotlaliz, noteicnoyttaliz, in notepalehuiliz, in
notemanahuiliz,2 que literalmente significa: Mucho quiero yo,
mucho as lo deseo que aqu me levanten mi casita divina, donde
mostrar, har patente, entregar a las gentes todo mi amor, mi
mirada compasiva, mi ayuda, mi proteccin;3 nada ms.
La cuestin es que otros autores como el gran campen del
guadalupanismo, P. Mario Rojas, han traducido el pasaje nhuatl in
oncan nicnextiz, nicpantlaaz nictemacaz in ixquich notetlaotlaliz,
noteicnoyttaliz, in notepalehuiliz, in notemanahuiliz como: en donde
Lo mostrar, Lo ensalzar al ponerlo de manifiesto: Lo dar a las
gentes en todo mi amor, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en
mi salvacin,4 con lo que a nuestro juicio y dicho con todo
respeto a la persona del recientemente desaparecido sacerdote, es
violentar el nhuatl al extremo de hacerle decir lo que no dice.
El asunto resulta tanto ms relevante cuanto estos dos versculos
del Nican mopohua son los que se aducen en infinidad de ocasiones
para apuntalar prcticamente toda la cristologa de la narracin del
sabio Antonio Valeriano. Y conste que no estamos sealando meras
accidentalidades: el P. Rojas y quienes siguen su versin del nhuatl
(o sea, una buen cantidad de autores), escriben incluso con
mayscula el artculo Lo: Lo ensalzar, Lo dar a las gentes
para que no quede la menor duda de que Nuestra Seora de
Guadalupe se refiere a su Hijo Jesucristo.
La pregunta obligada es la siguiente: Esto es as efectivamente?
Dice Mara de Guadalupe en NM, 27-28 que va a ensalzarlo a l (a

Vase tambin: Arturo ROCHA, Nican Mopohua, Boletn Guadalupano. Informacin


del Tepeyac para los Pueblos de Mxico, ao III, nm. 38 (feb. 2004), 7-11 pp., Mxico:
Insigne y Nacional Baslica de Guadalupe, p. 9.
2Nican mopohua, vv. 27-28: NYPL, Ms. 379, cit., ff. 192v-193r. Cfr. ROCHA, Nican
mopohua, Boletn gudalupano, cit., pp. 9-10.
3 Vid. Miguel LEN-PORTILLA, Nican mopohua. Traduccin del nhuatl de, in:
Ana Rita VALERO, Arturo ROCHA, Miguel LEN-PORTILLA, Diego MONROY, et al.,
Juan Diego Cuauhtlatoatzin, presentacin de Norberto Cardenal Rivera Arzobispo
Primado de Mxico, proemio de Manuel Ramos Medina, Mxico: Insigne y
Nacional Baslica de Guadalupe/ DGE Equilibrista, 2005, 19- 39 pp.; pp. 23-24.
4 Vid. ROCHA, Monumenta Guadalupensia Mexicana, pp. 11 y 13.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 125

Cristo), que lo dar a l a las gentes, y adems, en todo su amor (de


la Virgen), en su mirada compasiva, en su auxilio, en su salvacin?
La respuesta podr hasta enfadar a muchos, pero la verdad es que
el nhuatl no dice aquello. Y si bien de las palabras de Mara de
Guadalupe puede realizarse la interpretacin exegtica de que Ella
se est refiriendo a Cristo Jess (pues, a final de cuentas, l, su
Divino Hijo, es lo que entrega a las personas a travs de su amor de
madre), lo cierto es que aquellos Los para nada estn presentes en
los versculos en lengua mexicana.
Examinemos el tema. Tras los verbos en futuro nicnextiz,
nicpantlazaz, nictemacaz (que no quieren decir nada distinto de [yo]
mostrar, [yo] patentizar, [yo] entregar) viene el meollo de
la cuestin, pues Nuestra Madre dice a Juan Diego in ixquich
notetlazotlaliz, lo que literalmente significa: todo mi amor [a las
personas]. La partcula no- (mi, mis) hace las veces de adjetivo
posesivo.
Pero es a la partcula te- a la que hay prestar ms atencin, Por
ejemplo, como ensea Rmi Simon, hablando del complemento de
las oraciones nahuas, cuando ste no est expresado, se utiliza el
pronombre indefinido te para las personas y tla para las cosas;5
como cuando se dice niTE-tlazotla, amo a alguien o a la gente o
bien niTLA-tlazotla, quiero una cosa o las cosas.
Andrs de Olmos [ca. 1480-1571], fraile franciscano, lengua de
lenguas del nhuatl, ensea esto mismo en el cap. VII de su Arte, a
propsito de algunas partculas que se juntan con los verbos
activos:
Tla.- Esta particula tla denota que la accin del verbo a quien se ayunta puede
generalmente conuenir, o puede pasar en cosas inanimadas o animadas,
aunque por la mayor parte se pone para denotar cosas inanimadas, y quiere
decir lo que en nuestro romance decimos: algo. Ex.: nitlatlaotla, amo algo. []

5 Rmi SIMON, Diccionario de la lengua nhuatl o mexicana, redactado segn los

documentos impresos y manuscritos ms autnticos y precedido de una


introduccin por, Mxico: Ed. Siglo XXI, 172004 [Coleccin Amrica Nuestra.
Amrica Antigua], p. LXXVI.
126 DE LOS EXCESOS CRISTOLGICOS

Te.- Esta particula te denota que la accin del verbo passa en cosas animadas y
por la mayor parte se dize de cosas racionales. Esta quiere decir: alguno, no
sealando quien. Ex.: nitepaleuia, ayudo a alguno. [] [sic]6

En suma: tla y te son partculas que indican que la accin de los


verbos con los que se vinculan se da con algo o bien con
alguno, respectivamente. Ms todava, Olmos ensea que la
partcula te significa alguno, no sealando quin, por lo que no se
la podra personificar o hipostasiar en alguien especfico (como
podra serlo el Hijo de Dios).
Estas partculas tla y te funcionan de la misma manera en los
verbales sustantivos es decir aquellos que significan la action y
operation del verbo, assi como enseana o doctrina [sic],7 y que
suelen acabar en liztli los cuales son, huelga decir, precisamente de
la forma de los que venimos discutiendo.
Sobre estos sustantivos ensea Olmos lo siguiente:
Estos no tienen plural. La formacion dellos es del futuro del indicatiuo
boluiendo la tercera persona en liztli. Ex.: tetlaotlaz, aquel amara; tetlaotlaliztli,
el amor con que aman a otros. [] Y los que salen de verbos actiuos pueden
tomar las particulas tla, te, ne, porque si vienen de verbos neutros que no
tuuieren nino, timo, etc. no las pueden rescebir. [sic]8

Pero tambin seala que con los pronombres no, mo, y, etc. pierden
el tli [] Ex.: techicaualiztli, esfuero, notechicaualiz, mi esfuero con
que esfuero a otros [sic].9
Por eso en los versculos del Nican mopohua que comentamos no se
escribe notetlazotlaliztli, sino notetlazotlaliz, pues tlazotlaliztli pierde el
tli al recibir el pronombre no-. Podramos enunciar el ejemplo casi
en palabras de Olmos: tlazotlaliztli, amor, notetlazotlaliz, mi amor
con que amo a otros.

6Andr de OLMOS, Grammaire de la langue nhuatl ou mexicaine, compose, en 1547,


par le franciscain, et publie avec notes, claircissements, etc. par Rmi Simon,
Paris: Imprimerie nationale, M DCCC LXXV [1875], segunda parte, cap. VII, pp.
122-123.
7 Ibid., primera parte, cap. IX, p. 42.
8 Id.
9 Ibid., p. 43.
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 127

En otras palabras: la partcula te en el notetlazotlaliz del versculo


del Nican mopohua en cuestin, significa que la accin de dar mi
amor (esto es, el de la Virgen de Guadalupe) se verificar con las
personas. Pero ello no quiere decir que lo que Mara dar sea una
persona. Dicho de otro modo, el pronombre indefinido te, subraya el
carcter personal de la palabra tlazotla, es decir, que cuando esta
accin se verifique (cuando se d dicho amor) se verificar con las
personas, pero no que sea precisamente una persona lo que se dar,
y mucho menos una Persona (la Segunda de la Trinidad: el Lo de
la versin de Rojas).
Se ha querido argumentar que en nhuatl mi amor se dice
notlazotlaliz, y que lo que vuelve a esta palabra distinta de
notetlazotlaliz es propiamente la partcula te, y como sta se refiere a
la persona, pues entonces no-te-tlazotlaliz significa mi-persona-
amor o mi amor persona.10 Pero esto es una fabricacin, pues te
no quiere decir persona, nocin ms propia de expresarse con
sutiles difrasismos (como el in ixtli in yollotl explicitado por Len-
Portilla y Lpez Austin) o aun por el propio nhuatl tlacatl. Este te
es ms bien una partcula referencial o un relativo de (o para) las
personas, de (o para) los dems. No hay diferencia en que dicho
pronombre indefinido se enlace con un verbo o con un sustantivo.
Es ms sencillo todava: En el Nican mopohua se desea insistir en el
amor a la gente (no-TE-tlazotlaliz) y no en el amor o querencia de o
hacia las simples cosas (no-TLA-tlazotlaliz).

10 En esto se pliega literalmente el P. Jos Luis Guerrero al P. Mario Rojas, pues de


ste tom, a final de cuentas, todo el anlisis filolgico de la relacin de Valeriano
para su intento de exgesis. (Vid. Jos Luis GUERRERO, El Nican Mopohua. Un intento
de exgesis, 2 vols., Mxico: Universidad Pontificia de Mxico, 1996 [Bibliotheca
Mexicana, 6-7], t. I, cap. VIII, pp. 169 y 171-172). Janet Barber IHM, llega al extremo
de traducir al ingls el Lo por Him, en su versin del Nican mopohua
(verbatim de la de Rojas), perpetuando as el error: on which I will show Him, I will
exalt Him, in making Him manifest (?), y aun nos endilga un all my personal Love:
I will give Him to the people in all my personal Love, in my compassionate Gaze, in my
Help, in my Salvation (??) (J. BARBER, Nican Mopohua by Antonio Valeriano, c. 1548.
Translated from the Spanish Version of the Rev. Mario Rojas Snchez, 1978 by, IHM, Ph.
D., with Reference to the Nahuatl, apud GUERRERO ROSADO, op. cit., pp. 171-172, si bien
el sacerdote no brinda la referencia exacta). En suma son el P. Mario Rojas, el P.
Jos Luis Guerrero y Janet Barber quienes se adhieren a esta peculiar e inexacta
traduccin.
128 DE LOS EXCESOS CRISTOLGICOS

Esta vinculacin personalmente amorosa de Guadalupe ya ha sido


subrayada en el mbito teolgico por los autores, alguno de ellos
citado hasta por el propio Card. Joseph Ratzinger (huelga decir, hoy
Romano Pontfice, Benedicto XVI) en un texto ms o menos clebre.
En efecto, argumentando Ratzinger contra Karl Barth, a favor de la
conectividad del cristianismo con otras religiones en la forma de
adoracin de Dios, de la liturgia y en modos de vida como el
monacato, colocndose con ellas en la continuidad del culto,
aportando al mismo tiempo la renovacin de los contenidos,
afirmaba el cardenal que:
(e)l ejemplo ms impresionante de esta continuidad dentro del cambio es la
Imagen de Nuestra Seora de Guadalupe. Su culto empieza en el lugar en el
que antes haba estado la imagen de nuestra venerada madre seora
serpiente, una de las ms importantes diosas indgenas. Pero el hecho de
mostrar su cara sin mscara muestra que no es una diosa, sino una madre de
misericordia, puesto que los dioses indios llevaban mscara. Esto se ampla y
profundiza por el smbolo del sol, de la luna y de las estrellas. Ella es mayor
que los dioses indgenas porque oculta el sol, aunque no lo extingue. La mujer
es ms poderosa que la mxima divinidad, el dios sol. Es ms poderosa que la
luna, puesto que est de pie sobre ella, pero no la aplasta. En las formas y
smbolos en que aparece se ha incorporado toda la riqueza de las religiones
precedentes y se ha reducido a una unidad desde un nuevo ncleo procedente
de lo alto. Est, por as decir, por encima de las religiones, pero no las aplasta.
De esta manera, Guadalupe es en muchos aspectos una imagen de la relacin
del cristianismo con las religiones. Todos los ros conluyen en ella, se purifican
y renuevan, pero no se destruyen. Tambin es una imagen de la relacin entre
la verdad de Jesucristo y las verdades de las religiones: la verdad no destruye,
sino que purifica y une.11

El Card. Ratzinger se apoya fundamentalmente en H. Rzcepkowki


en su entrada Guadalupe del vasto Marienlexikon, editado por R.
Bamer y L. Scheffczyk.

11 Card. Joseph RATZINGER, La unicidad y la universalidad salvfica de Jesucristo y


de la Iglesia. Conferencia del cardenal en un congreso celebrado en la
universidad de Murcia, LOsservatore Romano, no. 3 [17 ene. 2003], 9-11 pp., p. 11,
el subrayado es nuestro. La cita tambin en la obra: Joseph RATZINGER, Caminos de
Jesucristo, trad. de A. Quarracino, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2005, pp. 72-73.
(= Joseph RATZINGER, Unterwegs zu Jesus Christus, Augsburg: Sankt Ulrich Verlag
GmbH, 203).
EVANGELIZAR EN TIEMPOS VIOLENTOS 129

Pero este subrayamiento de la dignidad visiva de Guadalupe (en


el que se constituye una elocuente prosopopeya del respeto, en tanto
que re-mirar, o miramiento recproco (re-spicio), cual hemos sealado
en otros lugares)12 no autoriza tampoco a sobreestablecer o a
sobreestatuir lo que el nhuatl del Nican mopohua dice en los
mencionado versculos.
El que el dulce y desenmascarado mirar que Guadalupe dirige a sus
hijos sea edificante y genuinamente sanador, aunque el amor de
Ella lo sea, ello no autoriza a decir que dicho amor est hipostasiado
o que sea Su Hijo; al menos tal no dice el nhuatl. Lo que por otro
lado para nada est reido con cualquier exgesis razonable que en
tal sentido se pueda hacer. Por ejemplo, el to Juan Bernardino es
sanado tal puede interpretarse por el dulce y reparador mirar de
Guadalupe. Pero no es Ella, la que sana, sino su Divino Hijo. Su
mirar todo est impregnado de amor en el Resucitado, y ste es el
amor que sana. En conclusin, su amor es Cristo. Luego, si Ella
viene a dar su amor, entonces vienen a dar Cristo, etc., etc. Todo
ello esta muy bien y equivale a subrayar toda la cristologa
subyacente en el mensaje de Santa Mara de Guadalupe. Pero no es
eso lo que dice el nhuatl en los versculos discutidos sino, simple y
llanamente, dar todo mi amor.

12 Vase, por ejemplo: Arturo ROCHA, Los valores que unen a Mxico. Los valores
propios de la mexicanidad. Una contribucin a la experiencia de Mxico con una insistencia
particular en las virtudes morales. Primera Parte Lib. II: Del Mxico Colonial (1. parte
1521-1650), Mxico: Fundacin Mxico Unido/ Nacional Monte de Piedad/
Fundacin GBM/ Laggs, 2010, cap. VIII, p. 462 nota 3035; cfr. ROCHA, Virtud de
Mxico. El valor de la tradicin, Mxico: Ed. Miguel ngel Porra/ Fundacin
Mxico Unido, 2006, cap. 6, pp. 47-51.
SEMBLANZAS DE LOS AUTORES

MARA TERESA MUOZ


Es doctora por la Universidad Nacional Autnoma de Mxico
(Mxico) y licenciada en Filosofa y Letras por la Universidad
Complutense de Madrid (Espaa). Posee estudios de doctorado en
la Universidad Complutense de Madrid (Espaa). Ha publicado
diversos artculos en revistas especializadas nacionales y
extranjeras, fundamentalmente en el rea de epistemologa, filosofa
del lenguaje y la filosofa poltica. Cuenta con captulos en varios
libros entre los que destacan: Hannah Arentd. El Sentido de la
Poltica, Ed. Porra/Tecnolgico de Monterrey, Mxico 2007; El
ser que puede ser comprendido es lenguaje, Mara Antonia
GONZLEZ VALERIO y MariFlor AGUILAR, Gadamer y las
Humanidades, UNAM, 2007; Es posible hablar de lo mismo? Una
respuesta desde la confluencia del pensar gadameriano y
wittgensteiniano in: J. ACERO, et al. (eds.), El legado de Gadamer, con
el trabajo publicado por el Departamento de Filosofa de la
Universidad de Granada, Espaa, 2003; Repensando la metfora
del espacio pblico in: Dora Elvira GARCA GONZLEZ (comp.),
Filosofa y crtica de la Cultura. Una reflexin desde la diversidad, UNAM,
2002. Ha publicado dos libros: Wittgenstein y la articulacin
lingstica de lo pblico. Un camino de la semntica a la poltica, Mxico:
Instituto Internacional del Filosofa, 2009 y Pensar el espacio pblico.
Ensayos crticos desde el pensamiento arendtiano, Mxico: UIC, 2011. Se
desempea como profesora-investigadora de la Universidad
Intercontinental.

JUAN PABLO BRAND BARAJAS


Es Licenciado en Psicologa por la Universidad Intercontinental.
Maestro en Psicoterapia Psicoanaltica por la misma universidad.
Diplomado Internacional en el pensamiento social francs del siglo
XX, por la Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Diplomado
en Reflexiones sobre la teora de sistemas de Niklas Luhmann en la
comunicacin de masas y el arte, junto con el traductor de la obra
del autor al espaol, por la Universidad Simn Bolvar. Se ha
desempeado como Docente de la Universidad Intercontinental
132 SEMBLANZAS DE LOS AUTORES

desde el ao 2002. Ha sido Coordinador de Academias del rea de


la Salud de la misma universidad a partir del 2008 y hasta el 2011,
as como investigador de la misma institucin dentro de la lnea de
evaluacin de la calidad de vida en nios. Ha impartido varios
cursos, talleres, conferencias as como publicado diversos trabajos
vinculados con el tema de la infancia, la adolescencia y la familia.
Como parte de su investigacin para titulacin de posgrado, trabaj
con el tema del dolor y sus implicaciones subjetivas. Ha sido asesor
de tesis, sinodal e investigador de la Universidad Intercontinental al
tiempo que ha desarrollado doce aos de prctica psicoteraputica
privada con nios, adolescentes y adultos.

JOS ALBERTO HERNNDEZ IBEZ


Licenciado y Maestro en Teologa y Ciencias Patrsticas por el
Instituto Patrstico Agustiniano de Roma, Italia. Curs el Seminario
Interdisciplinario: Pablo de Tarso en la interpretacin bblica y
patrstica, en Iskenderum, Turqua. Ha realizado estudios en
lengua francesa, italiana, alemana, griega y latina, as como, en
desarrollo humano para la formacin sacerdotal, programacin
neurolingustica y direccin de centros educativos, entre otros. Se
ha desempeado como Director del Centro de Estudios Religiosos
del Seminario Conciliar de Mxico y, all mismo, como asesor de
Preparatoria y de Teologa. Tambin ha sido profesor de diferentes
asignaturas para instituciones y universidades privadas.
Actualmente es Director de la Seccin de Teologa del Instituto
Superior de Estudios Eclesisticos, A.C.

NORMA MACAS D.
Licenciada en Ciencias de la Comunicacin por la Universidad
Intercontinental. Diplomada en Creacin Literaria en la Escuela de
Escritores de la SOGEM. Maestra en Estudios de Arte por la
Universidad Iberoamericana. Se ha desempeado en los campos de
correccin de estilo, caricatura poltica, animacin, guiones para
televisin (Argos, Multivisin, TV Azteca, Canal 11, Annimo
Producciones) y planeacin estratgica. Ha sido ganadora de varios
premios literarios y menciones honorficas en concursos de cuento y
guin para radio. Ha participado en las publicaciones colectivas:
Criaturas de la noche, El vrtigo del erotismo, Chile y Sal y La jornada
SEMBLANZAS DE LOS AUTORES 133

nios. En 2006, public la novela Ddalo y el laberinto habitado, y en


2009 edit su novela El Evangelio segn Can. Como guionista, se ha
desempeado en televisin, internet y cine. Desde enero de 2009 es
coordinadora de la Escuela de Comunicacin en la Universidad
Intercontinental.

JAVIER QUEZADA DEL RO


Doctor en Filosofa por la Universidad La Salle. Sagradas Escrituras
por la Universidad Pontifica de Mxico. Doctorante en Sagradas
Escrituras por el Monasterio de la Flagelacin de Jerusaln. Publica
regularmente en la Revista Iberoamericana de Teologa (RIBET) de
la Universidad Iberoamericana (UIA) del Distrito Federal, donde se
desempean como docente de tiempo completo a nivel de
licenciatura y maestra. Participa como docente en la CET-CIRM en
la ciudad de Mxico y como profesor invitado en el Instituto Bblico
de la Arquidicesis de los ngeles, CA. Ha publicado varios libros
con temas bblicos en la Editorial Jaque y en la UIA. Actualmente es
Presidente de la Asociacin de Biblistas de Mxico. Contacto:
[email protected]

RICARDO VILLAREAL ACOSTA, OP


Religioso dominico. Licenciado en Teologa por la Universidad de
Friburgo, Suiza. Es profesor de teologa en la Universidad Pontificia
de Mxico, en la Universidad Intercontinental y en el Centro
Cultural del Distrito Federal, adems de otros centros de estudios
teolgicos y religiosos. Ha ocupado la Secretara Ejecutiva del
Centro de Derechos Humanos Francisco de Vitoria.

HIGINIO CORPUS ESCOBEDO


Con estudios de teologa por el Colegio Mximo Cristo Rey, de los
jesuitas. Licenciado en Misionologa por la Universidad Gregoriana
de Roma. Con experiencia pastoral en Corea y Valle del Mezquital,
en Hidalgo, Mxico. Fue profesor de Misionologa y de otras
materias teolgicas en la Escuela de Teologa de la UIC y
actualmente coordinador del Diplomado Santa Mara de
Guadalupe en la Historia y en la Teologa.
134 SEMBLANZAS DE LOS AUTORES

ARTURO ALEJANDRO ROCHA CORTS


Licenciado en Filosofa por la Universidad La Salle, Maestro en
Humanidades por el Centro UCIME del Ateneo Filosfico de Mxico,
doctorante en filosofa en la Universidad Anhuac Mxico Sur.
Catedrtico de la Universidad Intercontinental y miembro de la
plantilla docente de su Diplomado en Guadalupanismo en la
Historia y la Teologa desde el ao 2010. Fue Catedrtico de la
Facultad de Medicina de la Universidad Autnoma del Estado de
Mxico y del Instituto Teletn de Estudios Superiores en
Rehabilitacin hasta el 2011. Es Director de Investigacin,
Publicaciones y Contenidos de la Fundacin Mxico Unido y
responsable del proyecto editorial Valores de la mexicanidad
desde hace diecisis aos. Fue Director del Boletn Guadalupano de la
Baslica de Guadalupe de 2004 a 2011. Es miembro fundador del
Instituto Superior de Estudios Teolgicos e Histricos
Guadalupanos. Traductor del Fondo de Cultura Econmica. Ha
dictado conferencias y brindado entrevistas televisivas sobre los
temas de su especialidad en Mxico, Italia y los Estados Unidos. Ha
recibido el Reconocimiento al Mrito por sus investigaciones y
obras publicadas de parte de la Sociedad Defensora del Tesoro
Artstico de Mxico (2007). Entre sus libros destacan: Nadie es
ombligo en la tierra, Discapacidad en el Mxico Antiguo (cultura nhuatl)
(2000); Los valores que unen a Mxico. Los valores propios de la
mexicanidad, libs. I-II, (2004-2010); Virtud de Mxico. El valor de la
tradicin (2006); Juan Diego Cuauhtlatoatzin (2005); Monumenta
Guadalupensia Mexicana (2010). A partir de 2012 es editor de la
Revista Voces. Dilogo misionero contemporneo de la Universidad
Intercontinental.
VOCES. Dilogo misionero contemporneo

Revista de Teologa Misionera de la


Escuela de Teologa de la
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