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2006 Homogeneidad Diferencia y Exclusion

El documento describe las presentaciones de un encuentro-debate sobre América Latina ayer y hoy que tuvo lugar en Barcelona en 2005. Los temas discutidos incluyeron la homogeneidad, diferencia y exclusión en América, así como proyectos hegemónicos y resistencia social. Coordinaron el evento Gabriela Dalla Corte, Pilar García Jordán, Lola G. Luna, Miquel Izard y otros.
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2006 Homogeneidad Diferencia y Exclusion

El documento describe las presentaciones de un encuentro-debate sobre América Latina ayer y hoy que tuvo lugar en Barcelona en 2005. Los temas discutidos incluyeron la homogeneidad, diferencia y exclusión en América, así como proyectos hegemónicos y resistencia social. Coordinaron el evento Gabriela Dalla Corte, Pilar García Jordán, Lola G. Luna, Miquel Izard y otros.
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Homogeneidad, diferencia y exclusin en Amrica
X Encuentro-Debate
Amrica Latina ayer y hoy

Homogeneilat, Ofernca iexclusi a Amrica


X Trobada-Debat

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Amrica Llatina ahir iavui

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Homogeneidad, diferencia y exclusin en Amrica
X Encuentro-Debate
Amrica Latina
ayer y hoy

Homogeneitat, diferncia iexclusi a Amrica


X Trobada-Debat

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Amrica Llatina ahir iavui

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Coordinadors
Gabriela Dalla Corte. Pilar Garca Jordn . Lola G. Luna. Miquel lzard

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Javier Lavia. Ricardo Piqueras. Jos Luis Ruiz-Peinado. MeritxellTous

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Publicacions i Edicions

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UNIVERSITAT DE BARCELONA. Dades catalogrfi ques

Encuentro Debate Amrica Latina Ayer y Hoy (10 : 2(X)5 : Barcelona)

Homogeneidad, diferencia y exclusin en Amrica : X


Encuentro-Debate Amrica Latina Ayer y Hoy = H61stm.1.,,
diferncia i exclusi aAmrica: X Trobada-DebarAmrica
Llatina Ahir i Avui

Ponncies presentades al X Encuentro-Debate Amrica Latina ayer y hoy, celebrat a Barcelona, el


novembre de 2005
Referncies bibliogrfi ques
rsBN 84-475-3076-0

o
I. Dalla Corte, Gabriela, coord. II. Ttol. III. Ttol [Link]

r
l. Elit (Cincies socials) 2. Crisis poltiques 3. Conflictes socials 4. Dones 5. Moviments socials

le
6. Abogens 7. Conflictes tnics 8. Etnicitat 9. S. XVI-XX 10. Amazdnia (Regi) I l. Congressos

al
ab
O PUBLICACIONS I EDICIONS DE LA UNIVERSITAT DE BARCELONA, 2006
Adolf Florens4 Vn; 08028 Barcelona; Tel. 93 403 54 42;FAX 93 4O3 54 46
[Link] @[Link]; [Link]
C
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or

Impresin: Grficas Rey, S.L.


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Depsito Legal: B- I 9.046-2006


la

ISBN: 84-475-3076-0
al

Impreso en Espaa I Printed in Spain


D
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G

Queda rigurosamente prohibida la reproduccin total o parcial de esta obra. Ninguna parte de esta publicacin,
incluido el diseo de la cubierta, puede ser reproducida almacenad4 transmitida o utilizada mediante ningn
tipo de medio o sistema, sin autorizacin previa por escrito del editor.
ruorce

Presentacin 11

Conferencia inaugural
Daro G. Barriera. Escalas de observacin y prcticas historiogrficas.
La construccin de horizontes alternativos de investigacin. 15

Mesa l. Proyectos hegemnicos y resistencia social


Coordinadoras: Gabriela Dalla Corte, Pilar Garca Jordn, MeritxellTous,

o
Ponencias

r
Andrs Ciudad Ruiz. El poder del rey y el poder de los nobles mayas en la poca

le
del contacto. 39

al
Natalia Moragas, Osvaldo J. Sterpone. La economa del poder: Una reevaluacin
entorno a la hegemona teotihuacana en el territorio mesoamericano.

ab
49
Daro G. Barriera. Resistir al Teniente con la letra del Rey: la conflictiva relacin

C
del Cabildo de Santa Fe con la Gobernacin del Ro de la Plata durante
los aos 1620. 65
te
Alejandra Rene Mascioli. Desafiando y resistiendo a la autoridad. La carbonera
de Francisco Ramrez en los Montes delTordillo a inicios del siglo XlX. 73
or
Antonio Acosta. Articulacin territorial y fractura social. Una aproximacin desde
-C

la fiscalidad en El Salvador a fines del XlX. 85


Gabriela Dalla Corte. El Estado nacional en el control econmico del Gran
la

Chaco. La unidad de los intereses polticos y empresariales de Estanislao


Zeballos y Cailos Casado del Alisal.
al

105
Pilar Garca Jordn. "Lo que este Dios hablaba...era lo que todos los indios
D

sentan y todos los indios deseaban". Trinitarios frente a carayanas, un caso


de resistencia en la Bolivia de fines del siglo XlX. 123
la

Lea Geler. La sociedad "de color" se pone de pie. Resistencia, visibilidad y


ie

esfera pblica en la comunidad afrodescendiente de Buenos Aires, 1880. 141


Miguel Angel GonzlezLeal. Cuando los presidentes huyen...
r
ab

Rebeliones sociales en Ecuador (1996-2005). 155


Carla Pealoza. Defendiendo el cuerpo y el alma. La posicin de la lglesia
G

catlica frente a la Dictadura de Pinochet. 169


Pablo Ponza. lntelectuales y Violencia en Argentina. La dcada del sesenta. 183
Comunicaciones
Carlos Alcal Ferrez. Expresiones de conflicto. Violencia e intereses,
Campeche,1869. 201
Armando Martnez Moya. Fesistencia republicana desde la educacin ilustrada
en el proyecto educativo de Prisciliano Snchez en Guadalajara (1824-1827). 201
Alicia Morales Pea. Una revisin necesaria. La independencia venezolana
desde la perspectiva Regional y Local (el caso de Guayana). 202
Mnica Martnez Mauri. El pueblo Kuna ante la construccin del Estado
panameo,1903-1953. 203
La Rojas Mira. Procesos de cambio en Mxico: el caso de Tuta entre la
industrializacin y la conseruacin de los valores familiares.
Rossend Rovira. El rol redistribuidor de tas etites prehispnicas del vatte
de M x ico : Ap roxi m acin di acr nica.
Carla Ma Snchez. La lJniversidad como factor de cambio social en
El Salvador. La Experiencia de tgnacio Ellacura.
Gabriela urzar o. La conquista det ciudadano. Estado, sociabitidad y
Proyecto de Nacin en el Chile Decimonnico.

Mesa ll. Historia de las mueres, discurso, exclusn y


movimientos sociales
Coordinadora: Lota [Link]

o
Ponencias

r
le
Mara Eugenia Blandn. Movimiento de mujeres en Colombia.
Buscando la paz(l 985-2000).

al
213
Cecilia Buscarons. Las mujeres y las resistencias del lJruguay en

ab
Dictadura (f 973-1955): tJn anlisis desde el gnero. 225
Teresa cobo del Arco. La exclusin de las mujeres. Nicaragua durante la
primera mitad delsiglo XX.
C 237
Eric Llacuna. La construccin discursiva del movimiento piquetero en Ia
te
Argenti na contempornea. 249
or

Comunicaciones
Railda Andrade Dos Santos. Movimentos sociais, discriminago e
-C

mulheres negras. 267


Mara Moreno Prez. Discurso y exclusin de la mujer en las letras de tangos
la

y rancheras 268
al
D

Mesa lll. Desbaratando la armona. La segunda agresin a


Amrica
la

Coordinador: Miquet lzard


ie

Ponencias
r

Alejandro Andreassi. Arrasando el Far west, gestando el imperialismo.


ab

De las guerras seminolas a Wounded Knee. 273


Miquel lzard. Del diezmo a la totatidad 289
G

Dolores Juliano. Los territorios de conquista tarda en Argentina. 305


Nura Rodrguez y Esther rrav. lroqueses, sioux, Hopi y satish. Modetos de
resistencia ante la agresin blanca. 315

Mesa lV. Culturas indgenas y afroamericanas. Historia(s),


identidades y ciudadaa
Coordinadores: Javier Lavia, Ricardo piqueras
Ponencias
Alex Coello. Esclavos en el paraso de Gonzalo Fernndez de Oviedo
y Valds (1478-1557) 331
Silvia Espelt Bombn. Color y orden urbano en panam, s. XVltt. 345

8
Javier Lavia . La lglesia ante Ia esclavitud, iesuitas y dominicos'
355
Martn Rodrigo y Alharilla. lJna cara y mil cruces de Ia esclavitud en las
365
Antillas Espaolas.
Comunicaciones
. Los dispositivos de control social en las misiones
Ariel Germn Vila Redondo
guaranticasdelaProvinciaJesuticadetParaguay([Link]-XVllI).381

Mesa V. Brasil norte y nordeste: movmientos socales'


resstencia e identidades
Coordinador: Jos Luis Ruiz-Peinado
Ponencias
Haiti' 385
Jaime de Almeida. Quando a Revolugo perdeu sua aura: a soulouquizago do

o
Eurpedes Funes. s santa quem tem devotos: escravas msticas nos

r
le
sertes do Brasil. Santas negras do Cear. 393
Frederico de castro Neves. A Misria na Literatura: Jos do Patrocnio e a

al
seca de 1878 no cear - crnicas, romance e iornalismo no Brasil imperial.
403

ab
Angelo Priori. Conflictos de tierras y resistencia campesina en el
Estado de Paran, Brasil (1945'1964).
419

C
Conferencia de clausura te
Andrs Ciudad Ruiz. Estructura poltica y territorio entre los mayas prehispnieos 435
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Presentacin

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Es sta la dcima ocasin en que los profesores y profesoras de la seccin de

r
Historia de Amrica organizamos lo que en su da dimos en llamar Encuentros-Debate.

le
El motivo inicial del evento, que afortunadamente an persiste, fue el de reunir algunos

al
colegas que en el mbito cataln, espaol e internacional estuvieran desarrollando
investigaciones sobre diversas problemticas que decan al presente y pasado de las

ab
sociedades americanas. En esta ocasin el tema central que convoc a todos aquellos/as

C
investigadoresias que nos reunimos en Barcelona entre el 23y 25 de noviembre de 2005
fue el relativo ala Homogeneidad, diferencia y exclusin en Amrica'
te
El evento, organizado en un total de cinco mesas de trabajo a partir de las lneas de
investigacin que se estn desarrollando en nuestra Seccin Departamental, dio ocasin
or
para la presentacin de interesantes ponencias y comunicaciones que posibilitaron un
-C

rico y fructuoso debate entre todos los participantes entre quienes se hallaban tambin
estudiantes tanto de la Licenciatura como del Doctorado. Debate que es nuestra intencin
la

que contine tras la lectura de todas las ponencias que hemos recogido en este volumen
y del resumen de las comunicaciones que tambin fueron debatidas'
al

Finalmente, no queda ms que agradecer el apoyo de las autoridades acadmicas,


D

particularmente de la Facultad de Geografa e Historia de la Universitat de Barcelona


que nos ha facilitado la infraestructura logstica para el desarrollo de las Jornadas y la
la

entusiasta colaboracin de todos los participantes'


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11
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Conferencia inaugural

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Escalas de observacin y prcticas
historiogrficas' La construccin de
horizontes alternativos de investigacin

r o
Daro G. Barriera

le
(UNR / CONICET, Argentina)

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lntroduccin
la

c. Auguste Dupin, el personaje analtico de Los crmenes de la calle Mor-


gue gB \), cuestionaba los mtodos rudimentarios con los que la Polica de
al

a Eugne
ars investigaba sus casos. De este modo, Edgar Allan Poe se refiri
D

1817, pionero en la aplicacin siste-


Frangois Vidcq, fundador delasrten
mtica de prcticas forenses y criminalsticas en el campo de la investigacin
la

policial. Po'e reconoca en Vidocq perseverancia y capacidad conjetural, aunque


ie

cuestionaba su pensamiento errtico, posiblemente originado en


elexcesivo ar-
r

dor que consagraba a sus investigaciones'


ab

.Daaba su visin desde demasiado cerca. Quiz alcanzaba a


--escribi Poe- por mirar el obieto
perda el conjunto de la cuestin
ver uno o dos puntos con singular acuidad, pero piocediendo as
G

En el fondo se trataba de un Jxceso de profundidad, y la verdad no siempre est dentfo de un pozo'


qr", en lo que se refiere al conocimiento ms importante, es invariablemente
Por el contrario,
"r"o
profundidad corresponde a los valles, donde la buscamos, y no a las cimas monta-
superficial. La
osas, donde se la encuentra".l

La relacin entre pensamiento analtico y cambio de la escala de observa-


breve
cin haba sido ya briilantemente planteada, en clave metodolgica, en un
primera mitad del
cuento policial rbdactado antes de que hubiera transcurrido la
siglo XlX.
I

Allan Los crmenes de ta calte Morgue, Alianza, Madrid, 1994 [1841 ' traduccin de
$

r 1 . POE, Edgar
Julio Cortzar, 19761, P.30.
f
{ 15
I
i
El meandro de la microhistoria itatiana I

Al inventariar [Link] que plantearon un cambio en la


utilizacin de t
escalas de observacin y de anlisis como parte de un conjunto
de alternativas :
para enfrentar la crisis de los modelos de historia
social heiemnicos hacia los t
aos 1970, una alusin ara microhistoria itatiana"r ,n p". ouigaoo.
coincidiendo con algunos. colegas y disintiendo con otros, he elegido
carac_
lerizar al conjunto de dispositivos institucionales y editoriales2 a los que
refiere la
microhistoria como una "experiencia" (Barriera, ooa. Atribuiia
esos procesos
intelectuales, institucionales e historiogrficos el caicter de una
experiencia,
sobre todo permitirse examinaios como si se tratara de un reservorio.
'IqJgq
Definida por sus mismos mentores como una prctica,sus resultados

o
editoriales
y pedaggicos pueden ser evocados aqu legitimamente

r
como catalizador e im-
pulsor de otras construcciones historiogrfics que, sin

le
convertir sus aportacio-
nes en letra sagrada. tendieron con ellos lneas de dilogo y de contrapunto.

al
Antonio Annino, Anaclet pons, Justo serna, .tacqueJRvelo el mismo
Gio-

ab
vanni Levi, entre otros, instalaron la interpretacin segn la cual la,,microhistoria,,
fue la va italiana frente a la crisis de una historia soial cuando, hace
C un cuarto
de siglo ya, los modelos explicativos estructural-materialistas parecan haber
agotado su potencialidad y, sobre todo, haber perdido terreno a causa
de cues_
te
tionamientos que provenan tanto de la historiografa como de la praxis
social
(Revel, 1996; Levi, 1999;Cibotti, 1993: 123;Sera y pons, 1999:237_259).
or

Con diferentes cronologas segn las experiencias nacionales, los


coltazos
-C

del '68 se hicieron sentir en el plano de las demandas culturales. Concretamente,


este viraje implic tambin recambios en las conducciones insttucionales, punt
la

clave a la hora de identificar las orientaciones que se imprimen desde los


centros
al

donde se toman decisiones. Los territorios de clo no fueron la excepcin.


si
cierta parte de la historiografa francesa (probablemente la ms visible
D

desde el
exterior) mostr el desplazamiento del pradigma de una historia total
de corte
fuertemente estructuralista por otro de metod;logas plurales y
la

fragmentadas
(epistemolgicamente menos ajenas al modelo qu cueitionaoa
oe qr" pr_
ie

[Link]), algunos historiadores italianos (ligados a euaderni


storiciy' ala
Editorial Einaudi) reaccionaron sobre todo contra una historia de
r

corte materia-
ab

lista que priorizaba las estructuras postergando los campos


de experiencia, all
donde poda estudiarse la historia vivida.
G

Dentro del abanico de reacciones muy generalmente caracterizado,


se ubica
la produccin conocida bajo la etiqueta'd microhistoria itatiana,
en cuya base
se puede identificar una fuerte influencia de la antropologa cultural y
scial an-
glosajona, sin descartar la de matrices marginales det pnsamiento
econmico
y sociolgico.3 Esta "reaccin historiogrfic", que se construy con
base en
2' Es indispensable considerar aqu la coleccin microstoriaque Ginzburg y
Levi dirigan en Ei-
naudi as como las pginas Qualernisforcr, organismo universitario oe
travs del cual se instalaron le
iutticacionieridica a
internacionalmente debtes con otras tendencias as como en el interior
del grupo de los microhistoriadores.
3' Edoardo Grendi fue becario en la London School of Economics enlre 1958 y 1960.
public L'awento del labursmo. ll movimento operaio inglese En 1964
dat tBB0 at lg2o, Milano,y -durante
16
epistemologas y metodologas atentas a los particularismos y a la experiencia,
opt claramente por un paradigma comprensivo, minando de esta manera el
aspecto explicativo preponderante en los paradigmas estructural-materialistas o
estructu ral-ideali stas.
Como sucede con las propuestas intelectuales en general, la mxima difusin
de la contribucin de la microhistoria italiana no fue consecuencia de la lectura
sistemtica de los libros que conformaron la coleccin mcrostora de la Editorial
Einaudi. Su principal vehculo fueron algunos artculos de polmica -publicados
inicialmente en Quaderni Storici- e intervenciones presentadas en foros inter-
nacionales donde Carlo Ginzburg, Carlo Poni, Giovanni Levi y Edoardo Grendi,
entre otros, discutieron sus ideas con colegas de diversas latitudes. Quizs a

o
causa de la peculiaridad de estos formatos, quizs a causa de lo inevitable que

r
resulta simplificar a la hora de difundir,la vulgata de la propuesta microhistrica

le
se autonomiz abreviada en un slogan.

al
De acuerdo con ste, la prctica microhistrica descansaba en tres principios:
la reduccin de la escala de anlisis, la explotacin intensiva de las fuentes y la

ab
adopcin de un modelo expositivo orientado por la narracin policial basada en
el paradigma indiciario, la descripcin densa o el drama social (Burke, 1997:52y

C
ss.; Barriera, 1999: 180) Tras el periodo de difusin del slogan, por supuesto, cada
uno de estos principios dio lugar a complejas y enriquecedoras reformulaciones,
te
generadas por el intercambio con elaboraciones ms o menos coetneas.
or
Una de las caractersticas clave de la propuesta microhistrica como punto de
referencia alternativo a los modelos cuantitativos y estructural-materialistas con-
-C

sisti en que, desde la propia prctica, los microhistoriadores conseguan /lcuar


el problema de la "representatividad" de los casos escogidos y de las fuentes a
la

partir de las cuales construan sus artefactos historiogrficos. Su destreza en el


al

manejo de epistemologas de la comprensin, les permiti soportar-adems- los


D

embates de socilogos y economistas sobre la cuestin del micro-macro link.


La praxis microhistrica se mostr solvente a la hora de plantear nuevas
la

asociaciones entre escalas temporales y espaciales, pero tambin entre aqu-


llas y las escalas de observacin, aspecto fundamental a la hora de calibrar las
ie

adecuaciones que enfrenta el trabajo historiogrfico: esos historiadores italianos


r

resolvan casusticamente las intersecciones metodolgicas entre la dimensin


ab

espacial, la dimensin temporal, la socialy, asunto clave, sus potencialidades


relativas considerand o la densidad de las fuentes disponibles.
G

La microhistoria fue definida por sus cultores como una prctica. A pesar de
que estuvo ligada con dispositivos de produccin y difusin ntidamente identifi-
cables, prefirieron no referirse a ella como una escuela. Su carcter experimental
no reconoce matrices tericas homogneas. Otros rasgos que han servido para
identiticar a la microhistoria italiana son la lengua en la que fueron editados esos
escritos originalmente, su ubicacin como "historiografa perifrica" en un marco
de posiciones relativo entre las historiografas europeas y hasta un cierto carc-
ter marginal y vanguardista, cultivado por sus propios creadores.
Es importante subrayar que la reduccin de la escala de observacin funcio-
naba en esa propuesta slo como un primer gesto tcnico: adems de acercar el
foco para comprender y analizar el funcionamiento de realidades sociales den-

17
sas localizadas o relaciones sociales histricas a partir de la escala de una vida,
el proceso de construccin de libros como Et Queso y tos Gusanos, La Herencia
lnmaterial o Pesquisa sobre Piero, involucr otras operaciones. stas concer-
nan al mbito de la narracin (la prctica microhistrica otorg un lugar central
al modo de exponer los resultados de la investigacin de manera aristica, y
esto ms all de las fronteras italianas)a pero sobre todo a la implementacin de
mtodos analticos, hecho que converta la reduccin de la escala de observa-
cin en reduccin de la escala del anlisis.s La complejidad de la operacin que
media entre observacin y anlisis no siempre aparece reflejada en la vulgata
sobre la microhistoria y mucho menos en las diferentes "apropiaciones" que de

o
ese trmino se han realizado en diferentes latitudes.

r
Sealo esio porque, estando dedicadas estas Jornadas a la historia de Am-

le
rica, me gustara bosquejar brevemente elvnculo entre la difusin internacional

al
de la microhistoria italiana con las connotaciones que, tanto en Argentina como
en Mxico, ha tenido y tiene entre los historiadores el uso de las voces microhis-

ab
toriay microanlisis.
El caso argentino muestra en este sentido una arista paradjica: mientras que
C
las traducciones de los textos de los microhistoriadores italianos gozaron de una
te
extendida aprobacin,. a la hora de realizar elecciones metodolgicas en con-
textos de planificacin de investigacin, de redaccin de tesis o de publicacin
or

de los resultados de un trabajo, esos mismos lectores avisados de micrahistoria


-C

italiana, no se sintieron atrados ni fueron inducidos a adoptar esa matriz como


modelo -prefiriendo, segn las reas y los temas estudiados, los paths aparen-
la

lemente menos novedosos de la historia regional, de la historia del derecho, del


al

trabajo o del movimiento obrero, de la ecohistoria, de la historia econmica, de


la historia de las ideas, o alguna de las variadas formas de la historia agraria y
D

de la historia social.
la

En el caso mexicano, el rtulo microhistoria fue utilizado para identificar una


produccin que, como lo ha explicado perfectamente hace algunos aos Carlos An-
ie

tonio Aguirre Rojas, poco puede vincularse con la prctica historiogrfica italiana.
r
ab

su estancia en Londres- se relacion con Eric Hobsbawm y militantes del laborismo ingls. Vase
Palumbo,2004.
G

4. Me refiero a los trabajos de Toms Mantecn, Natalie Zemon Davis y Johnatan Brown, entre otros.
5. Para Aguirre Rojas, el artefacto microhistrico propone la visin escalar de la sociedad conside-
rada como un solo nivel, diferenciando as el uso de los niveles macro / micro del realizado en socio-
loga y economa, donde aluden a diferentes niveles de la sociedad. Vase Aguirre Rojas, 2003.
6. Lo que puede verificarse por la presencia en los foros de debate, en los aparatos erudtos
de papers de diseminacin cientfica y por su utilizacin como insumo de reflexin en los centros
de formacin profesional de textos originales en italiano as como de las traducciones al espaol
de los libros que Einaudi edit en su coleccin microstoria, de otros libros de los autores emble-
mticos de esa coleccin y de las entrevistas y de los artculos programticos y de polmica.
Varias revistas acadmicas publicaron traducciones de textos emblemticos y algunas editoriales
lanzaron compilaciones que circularon aceitadamenle. Puede citarse, a modo de ejemplo, las que
se realizaron en Entrepasados y Estudios Sociales; tambin por Biblos, Prohistoria; un ejemplo
interesante es la cantidad de publicaciones que tiene en castellano y de ediciones en Argentina el
texto de Ginzburg "lndicios..."

18
Cuando en 1968 el michoacano Luis Gonzlezy Gonzlez public Pueblo en
Vilo. Microhistoria del pueblo de San Jos de Gracia,T no poda siquiera tener en
mente el modelo de la microhistoria italiana, todava inexistente. Por otra parte,
la inflacin de circulacin del trmino y su directa asociacin con la persona de
Luis Gonzlezy lainstitucin que presidi por aos (El Colegio de Michoacn, en
Zamora, Mxico), tuvo algunas consecuencias no deseadas tanto para el autor
del disparador como para sus allegados,
De hecho, en una mesa redonda celebrada en la sede de El Colegio de Mi-
choacn poco antes de su deceso, el propio Gonzlez evoc las presiones que
recibiera de parte de editores y colegas para abundar en las especificidades de
una supuesta "microhistoria mexicana" cuya fundacin se le atribua.8 Gonzlez

o
expuso hasta el cansancio que su propsito no era otro que el de designar sint-

r
ticamente lo que conceba como historia del pago chico, y escribi que pens en

le
llamarla historia matria, para subrayar la dimensin afectiva que para l conno-

al
taba el vnculo entre su objeto de estudio y el proceso de ese trabajo -elaborado

ab
durante un sabtico al final de los aos 1960s.e Respecto del marco institucional
y de ciertas "exigencias" que suele generar cualquier polo de trabajo que adquie-

C
re visibilidad, no son pocas las miradas que buscan, tambin all, un efecto de
escuela que, probablemente, debiera indagarse menos por la va de las etique-
te
tas que por la trama de las relaciones que atravesaban ese centro de estudios
con sus races en las iniciativas de Daniel Coso Villegas y sus relaciones con el
or
Cardenismo durante los aos 1930s.10
-C

De hecho, el horizonte de discusin en el que Luis Gonzlez insertaba su in-


tervencin poco tena que ver con la mentada crisis de las historiografas estruc-
la

tural-materia'sfas. En cualquier caso, interpelaba a las historiografas centralis-


tas de la Revolucin Mexicana, lo que vincula Su conteo de publicacin mucho
al

ms con las nuevas historiografas regionales latinoamericanas -que eclosion


D

a escala continental recin durante la segunda mitad de los aos 1980s.-, que
con la reaccin epistemolgica de los microhistoriadores italianos.
la

lJn cuarto de siglo despus de la aparicin de Pueblo en Vilo, coeditado por


ie

universidades de Mxico y Argentina, se public Puebla desde una perspectiva


microhistrica. Tepeaca y su entorno agrario: poblacin, produccin e intercam-
r
ab

7. Bernard Vincent recordaba que ste haba estado entre los primeros en utilzar el lrmino
G

microhistoria para designar su propia produccin y, Carlos A. Aguirre Rojas, explic las diferencias
entre esta experimentacin con lo local -la "microhistoria" mexicana- y la introduccin del juego de
escalas en la historia. Vase Vincent, 1999; Aguirre Rojas, 1999.
8. El 18 de noviembre de 2002. La transcripcin de las intervenciones del propio Luis Gonzlez,
de Carlos Martnez Assad y de Carlos Antonio Aguirre Rojas fueron publicadas en la revista Relacio-
nes, 1 0'l , Zamora, invierno de 2005, pp. 193-224.
9. Segn Gonzlez, el trmino historia matra "...designara el mundo pequeo, dbil femenino,
sentimental de la madre; es decir, la familia, el terruo, la llamada hasta ahora patria chica" (1986: 1 5)
10. Entre 1936 y 1937 Coso fue Charg d'Affaires de la Embajada Mexicana en Lisboa. Cuando
se desat la Guerra Civil Espaola, sugiri al presidente Lzaro Crdenas invitar a algunos intelec-
luales espaoles a continuar con sus actividades en Mxico. Entre otras consecuencias, la llegada
de estos ntelectuales a Mxico (entre los cuales se contaba nada menos que Alfonso Reyes) deriv
en la creacin de la Casa de Espaa y en la fundacin de El Colegio de Mxico, que nucleaba aca-
dmicos refugiados espaoles --otros se sumaron al Fondo de Cultura Econmica.

19
bio (1740-1780,), de Juan c. Garavaglia y Juan c. Grosso. su aparicin coincidi
temporalmente con un punto alto de la difusin de la microhistoria itatiana en
Europall y con los xitos editoriales de las invitaciones a la microhistoria de
don Luis Gonzlez en Mxico, pero cualquier expectativa fundada en supues-
los dilogos inevitables se desvanece con la lectura de las primeras pginas.
Garavaglia y Grosso designaron como "perspectiva microhistrica" la adopcin
de un foco de observacin a escala de una camarca. Esta sera la dimensin de
estudio, tomada como fragmento preciso, como mbito restringido, para anali-
zar el funcionamiento de una economa regional -la de Puebla. Aqu, el "nivel
microhistrico" se plantea como foco de observacin acotado (la comarca) de
una realidad compleja (la regin) cuyos contornos geogrficos son ms amplios

o
(Garavaglia y Grosso, 1994).

r
Reducir la escala de observacin es un recurso comn a muchas prcticas

le
(cientficas o no); y sobre todo, es un gesto inmanente al pensamiento analtico.

al
Analizar significa desmenuzar un todo en partes, con el propsito de comprender
o de explicar las caractersticas de una totalidad. En los estudios histricos, la

ab
reduccin de la escala de observacin se dio en diferentes contextos y bajo
C
diferentes estmulos. Reducir la escala geogrfica, temporal(enfocando con ma-
yor agudeza una coyuntura o un acontecimento), reducir la escala del "sujeto"
te
-abandonando la unidad de la sociedad para enfocar relaciones sociales desde
la escala de un sujeto posible y de sus espacialidades y temporalidades especfi-
or

cas-, son operaciones que, de por s, no definen completamenfe la metodologa,


-C

sino que forma parte de un conjunto de gestos metodolgicos.


La reduccin de la escala de observacin no remata inevitablemente en la
la

factura de microhistoria. En muchas ocasiones se realizan observaciones aco-


tadas para confirmar versiones generales; en otras, para discutirlas. Si se toma
al

como punto de partida una historiografa de "escala nacional", emprender un


D

dilogo con ella haciendo "historias regionales" implica haber adoptado una re-
duccin de la escala de observacin. Sin embargo, para evaluar la pertinencia
la

de las operaciones metodolgicas necesitamos mucho ms que el gesto de la


ie

reduccin de una escala, por ejemplo ,la geogrfica de obseruacin: lo ms im-


portante es considerar el propsito que persigue el investigador al asumir sus
r
ab

decisiones metodolgicas, el lugar de la reduccin de escala en la construccin


del mtodo, la relacin entre los puntos que plantea discutir y la pertinencia de
G

las elecciones metodolgicas para estudiar ese tema.

Historiografas regonales en la Argentinai la construccin de


las escalas como ejercicio
Desde finales de 1983, y como parte del inicio de una normalizacn insti-
tucional que sigui a los destructivos aos que para la Argentina signific, en

11. Sobre todo en Francia, donde Jacques Revel haba traducido el libro de Levi y desde la
EHESS favoreca el seguimiento fle seminarios discutiendo ya distintas vertientes de microhistoria
y microanlisis.

20
todos los planos, la ltima dictadura militar (1976-1983), en las Universidades ar-
gentinas comenzaron a conformarse equipos de investigacin que han discutido
intensamente algunas visiones monolticas del pasado argentino, matizando o
replicando versiones "centralistas" y roturando campos historiogrficos obtura-
dos o vrgenes.
En ese marco, denominado por algunos como /a segunda renovacin histo-
riogrfica argentina del siglo XX,la agenda de problemas prioriz algunas reas
y algunos temas (postergando otros) y comenzaron a desarrollarse con perspec-
tivas de regularidad algunas prcticas profesionales que terminaron formando
nichos ms o menos slidos, que hoy pueden evaluarse retrospectivamente.
Entre esos nichos se destaca la lenta edificacin de "historias regionales"
como alternativa cientfica y poltica para cuestionar, mejorar, modificar o com-

o
plementar los resultados de una "historia nacional" poco atenta a las especifici-

r
le
dades de los procesos histricos vividos por comunidades alejadas del centro

al
poltico del pas (Favaro, 2002; Bandieri, 2001).
Sin embargo, estos intentos no siempre ponderaron desde elprimer momento

ab
el amplio abanico de implicancias que poda derivarse de la eleccin dela regin
como unidad analtica para la historia. Este problema, que no es exclusivo de la

C
historiografa, est estrechamente relacionado con eldesarrollo del Estado como
forma de poder poltico y con las polticas de estado desplegadas en la Argentina
te
(y en todos los Estados Nacionales) durante el los siglos XIX y XX, e impacta
or
sobre los resultados obtenidos por esas historiografas.
Las historias de los Estados Nacionales tienen como punto comn, entre
-C

otros, el hecho que desde el poder poltico se elaboraron divisiones tenitoria-


/es cuyo propsito fue el de definir los marcos jurisdiccionales de los diferentes
la

mbitos de la accin pblica: poder de polica, recaudacin fiscal, organizacin


al

judicial, de la accin de las Fuerzas Armadas, de las jurisdicciones eclesisticas,


de la prestacin de servicios de salud y educacin, de la administracin de la
D

Justicia y hasta de la organizacin de los Partidos Polticos o de la implementa-


la

cin de registros censales.


La construccin de los Estados Nacionales, desde luego, implic la gestacin
ie

de un modo de producir conocimiento sobre sus territorios distinto del implemen-


r

tado por las Monarquas: ese viraje es claro sobre todo en dos puntos: en el de
ab

la produccin de clasificaciones sociales (donde ya no interesa la fidelidad del


sbdito sino la ubicacin de ciudadanos y de sujetos fiscales' y en el de la fina-
G

lidad poltica del conocimiento producido (donde la funcin "control" del territorio
desplaza a la de "conservacin", predominante en el caso de las monarquas).
Ligadas entonces al desarrollo de las actividades de control territorialdel Es-
tado, as como a las prcticas ms modernas de planificacin para el desarrollo,
como parte de las polticas pblicas, existen unas operaciones especficas de
ordenamiento territorial que se denominan regionalizaciones.
Las experiencias ms recientes pueden vincularse con la implementacin
de polticas desarrollistas y modernizadoras durante los aos 1960s. y 1970s.
Durante ese proceso se crearon instituciones que llevaron adelante, desde el
Estado y desde la iniciativa privada, variopintas operaciones de este tipo; lti-
mamente, la plataforma electoral con la que el ex presidente argentino Carlos

21
-----!--u-rrB{nnE_illr l

sal Menem encar la campaa que lo propona para una tercera presidencia
en 2003, inclua un ambicioso proyecto de regionatizacin del pas, animado
en los principios de la descentralizacin,la reduccin del aparato del Estado
(proponiendo la disolucin lisa y llana de los ministerios de Educacin, salud
Pblica y Desarrollo Social) y el avance hacia la construccin de un Estado Red
que, a travs de una estructura informtica, vehiculizara sus acciones a travs
de un gobierno electrnrbo.l2 Esta regionalizacin interior iba acompaada de
otra, exterior, en la cual la clave pasaba por priorizar acuerdos con Estados uni-
dos dando por concluida la etapa formativa del MERCOSUR como experiencia
regional subcontinenfal ingresando a otra, de escala continental, a travs de la
suscripcin delALCA -rea del Libre Comercio para las Amricas.

o
Es importante tener presente que ciertas operaciones analticas que realiza-

r
mos historiadores, economistas, socilogos y gegrafos a la hora de interpretar

le
analticamente los territorios llevan ese mismo nombre: regionalizacn. y es

al
sobre este vnculo entre las regionalizaciones como prctica cientfica y como

ab
prctica poltica que me gustara hacer algunas reflexiones.
En primer lugar, confrontar dos casos de elaboracin de marcos regionales
C
que, coexistiendo dentro de las historiografas regionales argentinas, fruto del
proceso institucional, intelectual y poltico abierto hace poco ms de veinte aos,
te
tienen puntos de disidencia en lo que concierne a la actitud que se adopta frente
or

a este problema metodolgico.


Sara Mata de Lpez, autora de una muy consistente tesis doctoral sobre la
-C

historia ruraldel noroeste argentino en vsperas de la independencia, confronta


opciones historiogrficas utilizando el juego de oposiciones de escala. Afirma
la

que las historias nacionales y las historias locales "...consideradas hasta hace
al

muy poco tiempo como los recortes espacio-temporales legtimos del estudio
histrico..." (Mata,2001: 137-38) han demostrado una "insuficiencia", un dficit
D

que deba ser cubierto por la "historia regional".13 Sin embargo, a la hora de
la

decidir los criterios con los cuales precisar los contornos de su propio recorte es-
pacio temporal, al que denomina la "regin histrica", la autora de Tierra y poder
ie

en salta entiende que las divisiones regionales gestadas desde el Estado para
r

proyectar polticas econmicas de reconversin industrial en los aos 1960s.


ab

no eran deltodo arbitrarias "...ya que determinados rasgos estructurales cons-


G

tituan y an constituyen los resultantes de un proceso humano e histrico de


larga duracin" (Mata, 2001: 138). En una concepcin de este tipo concurren la
existencia de rasgos identificables de una regin (su "personalidad", en trminos

12. Plan de Gobierno de la Campaa Electoral 2003 "Menem Presidente"; Captulo 6: "Reforma en
Regiones, Provincias y Municipios y sus Relaciones Federales', punto 1: 'Reforma de las lnstitucio-
nes del Federalismo", apartado "Un nuevo Estado". Versin completa en [Link]
13. Hubo intentos anteriores de historia regional, al calor de los mencionados proyectos desa-
rrollistas de los aos 1960s., pero fueron coarlados por los golpes de estado de 1966 y 1976. De
cualquier modo, el horizonte lo constitua no tanto la regin sino /as economas regrbnales integradas
en circuitos que trataban de explicar la circulacin del capital mercan7. Vase sobre todo la compila-
cin de trabajos de Ciafardini, Assadourian, Garavaglia y otros editada como Cuadernos de Pasado
y Presente, ne 40.

22
vidalianos), con un tipo especfico de "accin humana", como es la delimitacin
pol tico-ad m i nistrativa.
Este diagnstico, que Supone un Estado que ha interpretado rasgos estructu-
rates histricamente presentes y que da por buena esa operacin para regiona-
lizarun estudio histrico, presenta varios problemas: en primer lugar, el nombre
asignado al "recorte". El "noroeste argentino" no exista en el siglo XVlll. No
exista la Argentina, ergo la puna y el valle de Lerma no eran su noroeste (en tal
caso s el sur charqueo) y la regin noroeste es, justamente, un producto de
las "regionalizaciones" del siglo XX, por lo que, desde la eleccin del nombre se
adopta una poslura tributaria al paradigma que dice criticarse, realizando una
tpica operacin genealgica del estado. Se mira hacia el pasado teniendo en
mente el diseo territorial polticamente marcado por un proceso histrico que,

o
para entonces, slo era futuro abierto.

r
le
Por otra parte, otro rasgo frecuente en anlisis de este tipo, es el intento de
hacer coincidir las "regiones" de varios siglos atrs con las actuales. Por ejemplo,

al
cuando se adopta como primer criterio de ubicacin histrica de la ciudad de

ab
Salta su inclusin dentro de la iurisdiccin de la Gobernacin del Tucumn (lo
que es totalmente correcto), se afirma que "el Tucumn colonial comprenda en

C
los siglos XVl, XVlly gran parte delsiglo XVlll, las actuales provincias de Crdo-
ba, Santiago del Estero, Tucumn, Catamarca, La Rioia, Salta y Jujuy..."(Mata,
te
2000: 27),lo que contrasta incluso con la traduccin cartogrfica (mapa de la
or
pg. 33, donde se incluyen, correctamenle, porciones de los actuales territorios
de las provincias de Santa Fe y de Buenos Aires; el laudo que fija los lmites
-C

actuales entre las provincias de Santa Fe y Crdoba es de 1888).


Si bien este procedimiento de ubicacin de la ciudad en la jurisdiccin podra
la

ser considerado un recurso para encarar luego la construccin de la regin a


al

partir del problema estudiado (paso inevitable, por ejemplo, cuando se producen
textos para divulgacin masiva que requieren ubicar al lector lego), el problema
D

es que la operacin de la regionalizacin no vuelve a realizarse en otra clave.


No obstante el punto discutido, el libro cumple cabalmente con el objetivo de
la

presentar una alternativa cientfica muy lograda a una historia localde Salta que,
ie

durante aos, slo consider los temas que trataran de la ciudad (postergando
r

cualquier anlisis del mundo rural) o se dedicaban, como muchas otras historio-
ab

grafas provinciales y locales, a la exaltacin de "su hroe" durante las luchas de


independencia, en ese caso, Gemes.
G

Desde otra perspectiva, en cambio, Susana Bandieri eS refractaria a consi-


derar como un dato cualquier tipo de regionalizacin emergente de las poltcas
estatales de planificacin territorial. Para ella se trata de "...unidades territoriales
artificialmente concebidas" (Bandieri, 2001: 193) y, defiende una prctica histo-
riogrfica para la cual los contornos de la regin deben ser el resultado al que se
llegaparliendo del anlisis de las experiencias de los actores -decisin que epis-
temolgicamente est en las antpodas de la anteriormente esbozada. De esta
manera, es la interpretacin y la experiencia que los actores tienen del territorio
(y desde luego que las mismas entran en conflicto o en alianza con la praxis del
Estado) las que permiten regionalizar sin terminar de soldar la pretensin de un
actor, el Estado, por preeminente que pudiera ser su incidencia.
Desde la Geografa
otras regionalizaciones, por ejemplo las realizadas para ensear geografa
argentina en la escuela, incluyeron la jurisdiccin estudiada por Mata en regio-
nes que denominaron como "Puna y Prepuna" (Rohmeder, 1943), como ,,sierras
subtropicales" (Difrieri, 1958). Realizadas segn diferentes criterios, las de Daus
(1956), siracusa (1958), chiozza-Aranovich (1975) y Roccatagtiata (1985), Lo-
renzini-Rey Balmaceda (1992), todos ellos gegrafos de profesin, utilizaron la
nomenclatura noroestey noroeste argentino, aunque a la hora de cartografiarla
no apelaron a los lmites interprovinciales.
Se dir que el motivo por el cual estas regionalizaciones no consideran los

o
lmites interprovinciales se debe a que consideran factores "geogrficos" y no

r
"histrico-polticos". Esto es exacto, pero no lo explica deltodo, ya que algunos

le
gegrafos eligen ese criterio administrativo para regionalizar y, desde la geogra-

al
fa, desde la economa o desde la historia, asumir que una regin, en el pasado,
comprende "territorios de provincias" (de actuales provincias, debiera decirse),

ab
responde claramente a una mirada que, consciente o inconscientemente, pro-
yecta las actuales formas poltico-administrativas de particin territorial sobre un
C
periodo al que son ajenas.
Veamos otras regionalizaciones: elConsejo Nacionalpara el Desarrollo (CO-
te
NADE), regionaliz el pas tomando como base las jurisdicciones provinciales.
or

Estableci que la Regin Noroeste estaba compuesta por los territorios provin-
ciales de catamarca, Santiago del Estero, Tucumn, salta y Jujuy. La regionali-
-C

zacin que realiz el INDEC, bajo la ltima dictadura militar, con el propsito de
ordenarlas tareas y los datos del censo Nacional de 1980, incluy tambin en la
la

Regin Noroeste el territorio de la provincia de La Rioja. A la hora de argumentar


al

por qu adoptaban estos criterios para regionalizar, estos organismos fueron


D

sumamente claros: aludieron utilizar como metodologa de delimitacin regional


criterios de homogeneidad, polaridad y complementariedad en los aspectos eco-
la

nmicos, sociales, polticos, ambientales y de recursos naturalesentre entes po-


lticos... Esto es, regionalizaban partiendo de datos estadsticos para equitibrar,
ie

corregir o planificar la correccin de desequilibrios ',estadsticos".


r

Regionalizar con este criterio, por lo tanto, forma parte de las opciones dis-
ab

ponibles a las que echan mano el Estado, los consejos regionalizadores de


diferentes partes del planeta, algunos historiadores, economistas y tambin
G

algunos gegrafos.
El dilogo con la produccin que proviene de la geografa no es frecuente
en las hisloriografas regionales argentinas. Feraces productores de insumos
para realizar aquellas regionalizaciones estatales de las que hablbamos, los
gegrafos tambin plantearon de manera diversa el problema de la regionatiza-
cin. Pero, entre los que trabajan con sistemas de lnformacin Geogrfica, por
ejemplo, el problema central es siempre la organizacin jerrquica de la infor-
macin cuanlitativa: la cuestin clave no es decidir la escala de la observacin,
sino seleccionar las herramientas concepluales que determinarn la organiza-
cin analtica de la informacin proveniente de diferentes puntos de un territorio.
Jerarquizar la informacin para planificar una accin poltica que, se dice casi

24
siempre, perseguir como propsito mitigar las asimetras producidas por una
desigual distribucin del ingreso.
En este sentido, hay notables puntos de coincidencia entre las lneas de la
historiografa regional argentina que toman conciencia del Estado como actor y
no como productor de "datos", y las advertencias formuladas, por ejemplo, por
Silvina Quintero, para quien "las geografas regionales elaboradas en Argentina
desde comienzos del siglo XX constituyeron, al igual que en otros contextos, un
modo de leer y ordenar en clave territorial las diferencias que atravesaban a la
sociedad nacional" (Quintero, 2002). S a la sociedad y no slo al territorio *el
nfasis en la cita es mo.
Lo mismo que la historia, la geografa enseada constituy y constituye una
verdadera narracin interpretativa del territorio, de la historia de la nacin y del

o
estado nacional. Sin embargo, como tambin seala agudamente Quintero,

r
le
"...promediando elsiglo XX, las polticas territoriales que buscaban dar solucin
a los problemas de escaso crecimiento y desequilibrios sociales internos, apela-

al
ron con fuerza a las teoras regionales, y a pesar de su escaso xito dejaron en

ab
el mapa argentino algunas huellas de sus regionalizaciones." (Quintero, 2002).
Ahora bien: qu criterios se utilizan para medir la eficacia de la accin poltica

C
en la su relacin con las teoras invocadas?
Lo que se planlea desde esa perspectiva geogrfica introduce un punto sen-
te
sible: a la idea de regin, en esa disciplina, subyace casi como un mandato la
or
cuestin de la homogeneidad, el de la individualidadde la unidad y el problema
de los desequilibrios en el desarrollo. Esto nos conduce de lleno al inconsciente
-C

de la disciplina y a algunos mandatos de sus padres fundadores.


En un contexto en el cual la regin es la parte de un todo, el problema que
la

aparece como crucial es el de la articulacin de las particularidades (los frag-


al

mentos) con esa totalidad que siempre es el territorio del Estado Nacional (como
finalmente lo era tambin para Vidal de la Blache), pensado como un ente que
D

debe desarrollarse de manera homognea o, al menos, enfrentar el problema de


la

las inequidades que se generan en su interior. Casi nunca se habla de la gente,


esa que esl manifestando las inequidades oculta bajo las cifras, incluso cuan-
ie

do "asimetras", "desigualdades" e "inequidades" son conceptos abstractos que


r

refieren a niveles de ingreso de los habitantes de un territorio, lo que suele tener


ab

consecuencias sumamente concretas.


Quintero advirti que en la Argentina la mayor parte de las regionalizaciones
G

geogrficas realizadas durante el Siglo XX, prescindi de utilizar como insumo


para hacer las particiones espaciales (es la expresin que utiliza) la actual demar-
cacin limtrofe entre los territorios provinciales. Esta postura, afirma Quintero,
al dividir el territorio ignorando de la divisin poltico-institucional del Estado -o
renegando ideolgicamente de ella-, vuelve crpticos los criterios de regionaliza-
cin (y por lo tanto, de identidad regional) para el lector lego. La autora aboga por
un acercamiento entre la tarea del gegrafo y... la lectura de quines? De los
legos? O de instituciones como el CONADE, el INDEC? O la de planificadores
y redactores de plataformas como las de C. Sal Menem?
Probablemente, el hecho que durante buena parte del siglo XX la geografa
enseada en la Argentina haya prescindido en muchas ocasiones de las delimi-
taciones interprovinciales, sea justamente el motivo por el cual -aun bajo la for-
ma de un horizonte difuso, aun sin basarse en una slida discusin epistemol-
gica previa- la regin constituy para la historiografa un elemento con atributos
potencialmente contestataros para plantear alternativas a una historia nacional
macroceflica que traduca la historia de la capital del pas como /a historiade la
Nacin Argentina.
Desde un horizonte analtico mucho ms vinculado a las praxis del Estado
que a las vivencias territorializadas, existe entre algunos gegrafos la tendencia
a discutir la relacin entre regin y regionalizaciones en trminos de variables y
de distribucin para el anlisis de lo que se denomina "informacin geogrfica".
Desde este punto de vista, el distanciamiento entre las historiografas regionales

o
y algunas geografas acadmicas parece continuar ensanchndose.

r
As, por ejemplo, la incidencia de la adopcin de un modelo de regin ho-

le
mognea, formal, funcional, de regiones poltico-administrativas, circuitos pro-

al
ductivos, complejos geogrficos, geosistemas o formaciones regionales tiene
consecuencias inmediatas no solamente en las pafticiones espaciales (Quintero

ab
dixit) que reflejan las cartografas sino tambin en los usos que los planificadores
hacen de esas cartografas como organizadoras de informacin.
C
La introduccin de los Sistemas de lnformacin Geogrfica (SlG), segn la
te
opinin de Guillermo Yelzquez, puso a disposicin de los gegrafos herramien-
tas que les permitieron ajustar perfecta o jerrquicamente informacin difusa
or

entre diferentes capas, considerando que las "regionalizaciones" pueden tener


-C

mayor o menor grado de confiabilidad (Velzquez, 2004 b:388). Aqu el centro


de inters est puesto en la organizacin de informacin con el propsito de ma-
la

peartemas como el de la distribucin de la pobreza o los diferentes ndices que


se utilizan para establecer los indicadores de calidad de vida (velzquez,2004a'.
al

174),lo que aparentemente tendra una mayor vinculacin con la experiencia de


D

vida de los habitantes de cada territorio es, sin embargo, un espejismo.


El objetivo de estas operaciones no es cuestionar las particiones espaciates
la

pergeadas desde el Estado, sino corregir la delimitacin de las regionalizacio-


ie

nes estatales "perfeccionando" eltrazado de zonas ms homogneas con base


en tcnicas estadsticas y pensando siempre en la aplicabilidad de estos ndices
r
ab

a pl an if i caci n e stratg ca.


Esto no connota, sin embargo, una utilizacin ideolgica unidireccional: hace
G

pocos das, en la Cumbre de las Amricas (Mar del Plata, noviembre de 2005), el
bloque de pases que se pronunciaron contra la integracin deleje MERCOSUR
+ Venezuela al rea de Libre Comercio de las Amricas (ALCA) fund el peso
de su disidencia justamente en criterios que jerarquizan la informacin de esta
manera, poniendo sobre el tapete que el voto negativo de cinco pases no era
minoritario si se consideraba que los mismos reunan ms del 60% del PBI en un
rea que comprende algo ms de dos docenas de estados nacionales.
Volviendo a nuestro campo de trabajo, podra decirse que tanto en las histo-
riografas como en las geografas, mientras algunos continan haciendo pie en
las referencias "territoriales" construidas por el Estado, otros prefieren andar el
camino ms difcil pero tambin ms desafiante que implica acompaar analti-
camente a los agentes en su propia construccin de las realidades.

26
Unos, consCiente o inConScientemente, adaptan lOs cOntornos de Su inveSti-
gacin a "lmites"; otros, siguiendo la bella expresin de Gerardo De Jong, sus-
rinen la imagen segn la cual "...la regin comienza y termina donde comienza
y termina su xpticain" (De Jong, 2002), librndose a la tarea de construir con-
jurisdicciones
iiguraciones de sentido que no coinciden necesariamente con las
admi nistrativas estatales.
no
Sealaba antes que, la difusin de la microhistoria italiana en la Argentina
fue seguida de una emulacin de sus mtodos ni de sus formatos' Esto no es
ni un descrdito. En tal caso, la propagacin
atgo que constituya una anomala,
OJ esa produccin enriqueci los recursos disponibles para construir historias.
para
As, se rindi tributo, paradjicamente, a cierta afirmacin de Giovanni Levi,

o
quien hacer historia no debe Ser "...simplemente una forma que repita lo hecho

r
le
anteriormente".l4
De cualquier modo, la circulacin de profesionales por centros de investiga-

al
cin y enseanza siempre deja sus huellas. Como contrapunto del escaso di-

ab
logo bxistente entre historiadores y gegrafos argentinos, entre historiadores ar-
gentinos y sus pares europeos vinculados con el "paradigma de la microhistoria"

C
e construyeron algunas redes por las que circularon intercambios fluidamente'
Muy recientemente, Beatriz Bragoni (2004) ha publicado bajo el sugestivo
te
ttulo de Microantisis. Ensayos de historiografa argentina un grupo de textos
or
que satisface bien la intencin de mostrar, sin coquetear con la exhaustividad, un
janorat" de producciones actuales cuestionadoras de algunaS nterpretaciones
-C

sobre la histoiiografa argentina que, con el tiempo, fueron adquiriendo estatus


de [Link] Enla particular, algunos de los textos proponen lecturas correctivas
la

frentJa imgenes preexistentes. Sin embargo, las mismas no fueron facturadas


al

teniendo en mente ni las historias locales ni aquellas que privilegiaban como


D

unidad de anlisis al Estado Nacin, sino las ms recientes e influyentes com-


posiciones historiogrficas que sobre el periodo colonial, el posrevolucionario
la

iioplatense y el de la "Argentina moderna" trazaron en su hora, respectivamente'


ie

carlos s. Assadourian, Tulio Halperin Donghiy Roberto corts conde.


r
ab

,,Entrevista a Giovanni Levi", por Carlos A. Ros Gordillo y Amrica Bustamante, en Contrahis'
14.
torias, 1, Mxico, 2004, p. 97. curiosamente, en la misma entrevista,
Levi caracleriza a la historio-
G

que ha revitalizado ese


grafa argentina como "atrasada", incluso como "una historiografa atrasada
i,i"mo ."tra.o" y a los historiadores argentinos como "bastante nacionalistas". No satisfecho lodava
rigidez tenible, por-
del perfil que trazaba, afirm que "[los historiadores argenlinos] padecen de una
y
qu" t cuestonas sus'mtodos, ellos te responden: t no conoces nuestra documenlacin,
"uando as que no es vlida tu crtica.", p. 98.
nosotros no tenemos muchos documentos,
1S. lntegran el volumen "El resurgimiento de la historia poltica: problemas
y perspectivas", de
y de una historiografa. Escalas de observacin y fuentes
Tulio Halpeiin Donghi; "Recorridos desalos
y resulta-
en la hist,oria rural iioplatense" de Ral Fradkin y Jorge Gelman; "Conceptos, herramientas
dos recientes sobre la historia econmica rioplatense de la primera mitad del siglo XlX"' de
Roberto
,,Relaciones entre flujos comerciales externos y movimientos migratorios: lo que puede mos-
Schmit;
"Cultura, sociedad, econo-
trar el cambio de escala en un estudio de caso", de Alejandro Fernndez;
ma y nuevos sujetos de la Historia: empresas y consumidores" de Mara lns Barbero Fernando
y
nocn, cenand con el de la propia editora, "Gobiernos de familia? Elites, poder y
poltica en la
experiencia argenlina del siglo XIX' Registro en torno a un ejercicio"'
Este es un rasgo que excede al libro y, por lo tanto, felicita la ubicuidad de
la editora a la hora de realizar la seleccin. No obstante, lo ms llamativo del
volumen es la heterogeneidad de los marcos tericos a la hora de referenciar el
principio aglutinador, mentado como microantisis. La propia editora encontr
inleresante este hecho que desde luego no le pas desapercibido: incluso sac
partido del mismo. La variedad de "...respuestas especficas a interpretaciones
sobre estudios de temas y perodos particulares del pasado..." tiene su origen,
lo mismo que en otras latitudes, en un consenso profesional acerca de una his-
toriografa aparentemente sometida a las leyes del rendimiento decreciente. La
misma, caracterizada como desbalanceada (minuciosa en lo terico pero men-
guada de evidencia emprica), pareca haber agotado su potencia explicativa.

o
(Bragoni, 2004:9)

r
El diagnstico de Bragoni es exacto en varios puntos. Respecto del buffer

le
que comunica produccin, consumo y "aplicacin" de la microhistoria en nuestro
pas, afirma que las discusiones de los microhistoriadores no obtuvieron ,,...tra-

al
duccin directa entre aquellos dedicados a rastrear dilemas y claves del pasado

ab
argentino" (p. 1 1). A la hora de evaluar los resultados historiogrficos, su reivin-
dicacin del microanbrb como tcnica ntensiva (cuya definicin es discutible
C
o, al menos, oculta matices) no ajusta deltodo bien con las soluciones prcticas
adoptadas por la historiografa argentina. por lo tanto, ese boceto es menos
te
eficaz que otra caracterizacin -ms enfocada empricamente y menos confusa
or

tericamente- rotulada como el redescubrimiento de la locatizacin.


Por este camino la explicacin es ms satisfactoria: lo que parece anudar los
-C

estudios de diferentes historiografas argentinas de las ltimas dos dcadas es


un reconocimiento de la potencialidad de los enfoques locatizados para disear
la

nuevas estrategias de investigacin. Sus resultados, obtenidos tambin a partir


al

de fuentes mensurables, debaten con interpretaciones basadas en miradas des-


D

de arriba que generalmente tuvieron una actitud despectiva frente a las peque-
as realidades que no encajaban en sus modelos.
la

El segundo problema que presenta Bragoni en su introduccin est relaciona-


do con una cuestin terica. El microanllsrb, en su versin radical, est sopor-
ie

tado por epistemologas que cuestionaron el dogma de la determinacin de las


r

estructuras sobre los actores, y que propusieron el reemplazo del par analtico
ab

actor/sistema por el de agente/configuracin. El sentido que adopta microanlisis


en los trminos que lo propone Bragoni, en cambio, est ms jugado a la carac,
G

terizacin de una mirada intensiva sobre superficies reducidas, pero desprovisto


de la carga terica que le otorgaron quienes enfocaron la dimensin relacional
y la movilidad constante de las configuraciones como un aspecto central de la
metodolog a microanal tica.
En este libro la reduccin de la escala del anlisis comporta la aplicacin de
una tcnica intensiva sobre actores situados, es verdad, en contextos locales.
Desde este punto de vista, el balance sobre la historiografa rural rioplatense
facturado por Ral Fradkin y Jorge Gelman es muy preciso. sealan que la re-
duccin de los "marcos espaciales" de los estudios en este campo, hija de la revi-
sin de las hiptesis canonizadas de Halperin Donghi y de Assadourian, puso de
relieve que frente a determinados estmulos (como las crisis productivas del polo

28
potosino o las coyunturas de guerra a comienzos del siglo XIX) las economas
regionales albergaban en su interior una diversidad de respuestas "...en espa-
cios que distaban unas pocas leguas entre s." Para estos colegas, la revisin de
esas'hiptesis desde una perspectiva regional o hasta microregional se factur
al comps del pasaje de "...una visin estructural de la historia o del funciona-
miento de la sociedad, a otra que comenz a poner de relieve una cierta libertad
de accin de los actores colectivos e individuales que podan incidir, a veces de
manera decisiva, en la conformacin general de la sociedad" (Fradkin y Gelman,
2004:34 y 35). Esta postura implic adoptar paradigmas sociolgicos que se
distanciaban de visiones deterministas o estructuralistas y permitan prestar ms
atencin a la accin y al campo de las prcticas'
Reconocer esas diversidades en las formas de la propiedad, en los modos de

o
la explotacin de la lierra, en los modelos de la gestin de la produccin y hasta

r
le
en las relaciones sociales como constitutivas de los espacios rurales rioplaten-
Ses, no constituye para los autores un fin en s mismo: para ellos estos estudios

al
resultan insuficientes si las evidencias locales no se inscriben en contenos que

ab
permiten realizar ejercicios comparativos'
Oteando sobre la historiografa econmica, Roberto Schmit asegura que la

C
historiografa argentina "...Se ha caracterizado por una manera muy particular
de asumir las novedades" (Schmit,2004:57). Consciente de la desigual acu-
te
mulacin cronolgica y geogrfica de los estudios en esa historiografa, Schmit
or
asume que la misma todava contina muy concenlrada territorialmente sobre la
provincia de Buenos Aires, femporalmente sobre el siglo XIX y socialmente so-
-C

bre sus lites. Continuando con la hisloria econmica, la renovacin de estudios


de la mano de la historia de empresas, tambin se sirvi de una reduccin de
la

la escala sociat de la observacin as como incluy en su anlisis, con acertada


al

conviccin, la crucial importancia de los patrones culturales de los agentes como


factor altamente incidente en los procesos de toma de decisiones, despejando
D

una vez ms elfantasma de la "lgica del mercado".16


la
ie

El reencuentro con el campo de la accin: del inters por los


r

marcos normatvos al estudio de las prcticas


ab

Un punto comn fuerte que atraviesa estas y otras valoraciones de los re-
G

sultados arrojados por las historiografas argentinas durante los ltimos veinte
aos, eS la apropiacin en clave positiva de enfoques mS atentos al peso de los
comportamientos individuales o de pequeos grupos. Esto vuelve a conectarnos
con el primer paso del recorrido. Se puede decir que, al operar la reduccin de
la escala de la observacin (sea descendiendo del marco estatal al regional
al local; sea descendiendo desde las clases a los actores o los agentes; sea
descendiendo desde "la sociedad" a las corporaciones o las comunidades), las
prcticas historiogrficas ms sensibles fueron encontrando o creando maneras

16. Esto lo plantean, en el mismo libro, Barbero y Rocchi; tambin lo haban sealado con ante-
rioridad Fernndez y Dalla Corte, 2001 .
de modificar, tambin, la relacin entre el mbito de inters del anlisis y las
escalas e instrumentos ms adecuados para construir la metodologa acore.
En la historia econmica, este viraje permiti exponer dinmicas donde las
"lgicas puramente econmicas" aparecen atravesadas por prcticas culturales,
por tradiciones y, como sintetiza schmit, esto sirvi para demostrar ,,...que
el
mercado no explica todo" (schmit, 2004: 61). Aqu concurren influencias de dife-
rente tipo: la historia econmica acus el impacto del examen de las relaciones
de parentesco y los diferentes crucesentre historia de la familia, de la propiedad,
de las redes sociales, de la historia poltica y de las pequeas empresas (Dalla
corte y Barriera, 2003) lo que fue decisivo a la hora de complejizar y cuestionar
imgenes que haban reificado al mercado como principio organizador de sus

o
[Link]

r
En este punto en general-y en varias tesis realizadas en Argentina en parti-

le
cular- las resonancias de los planteos que Giovanni Levi presentara en La he-

al
rencia inmaterial-y seguramente en los seminarios de formacin de posgrado
que dict, por ejemplo, en la universidad de Mar del plata- son clarament per-

ab
[Link] All existe una recuperacin del mbito de lo cultural, de las prcticas
C
que, ms o menos durante la misma poca, goz tambin del envin emanado
en una sugestiva nueva historia econmica institucionat.
te
Lo que resulta notable, en cualquier caso, es que muchos de estos enfoques,
destinados a contrarrestar las construcciones basadas en el Estado como unidad
or

analtica, adoptaron como "delimitadores del espacio en estudio", una vez ms,
-C

unidades territoriales que son, tambin, construcciones estatales. As, las hrbfo-
rias provinciales fueron minadas por estudios sobre temas tan diferentes como la
la

dinmica demogrfica, los modos de explotacin de la tierra o las culturas econ-


al

micas a travs de trabajos localizados que, no obstante su carcter crtico, toma-


ron como observatorio a los "partidos" o los "departamentos" de una provincia.
D

Esta nueva versin de la trampa de las entidades estatales como marcos


territoriales de los estudios de historia hace ya algn ruido: es que se trata
la

de algo inevitable? o, quizs, la adopcin de los paradigmas epistemolgi-


ie

cos y cognitivos no es llevada hasta sus ltimas consecuencias? creo que s


r

particularmente importante examinar las situaciones de produccin y adems la


ab

relacin entre lo proyectado y el contenido: que las entidades estatales gene-


G

17. Slo a guisa de ejemplo pueden citarse varios de los ttulos editados por el Grupo de lnvestiga-
cin en Historia Rural Rioplatense -resultados de tesis de posgrado que se reconocen tributarias de
las orientaciones de Juan Carlos Garavaglia, Jorge Gelman y Ral Fradkin entre olros: propietarios,
ocupantes y pobladores. san Nicols de los Arroyos, (1600-lg60), de Mariana canedo (2000); po-
blacin, parentesco y red social en la frontera. Lobos (Provincia de Buenos Aires) en el sigto XtX, de
Jos Mateo (2001); Productores y propietarios al sur de! Satado (1798-1860/, de Alejandia Mascioli
(2004); Aspectos sociodemogrficos del crecimiento periurbano. San Jos de Ftors (lStS-l869),
de Valeria Ciliberto (200$; El fin de una sociedad de frontera en la primera nitad det siigto XlX. Ha-
cendados y Estancieros en Pergamino, de Andrea Dupuy (2004). La serie se haba inicido en 1999
con avances de investigacin presentados en Tierra, Pobtacin y retaciones sociales en la campaa
bonaerense (siglos XVlll y XIX). coordinado por el mismo Fradkin, Mariana Canedo y Jos Mateo.
18. Como llamativa la ausencia del artculo que Grendi dedic a la relacin enlre mercados e
historia.

30
ran produccin de historia, eS una verdad a gritos. Por diferentes motivos, los
historiadores no podemos desvincularnos de esto. Pero s podemos enfocar los
marcos territoriales evitando proyectar el presente hacia el pasado conceptual-
mente y asumiendo las consecuencias del enfoque adoptado: esto se vierte en
el contenido e impacta sobre la forma, volviendo ms o menos inestables los
resultados segn el grado de coincidencia entre el obieto historizado y el modo
en que estudiamos sus diferentes pasados.
Si asumimos conceptualmente que el espacio se distingue del territoriopor'
que en la construccin del primero intervienen relaciones sociales complejas
que incluyen las unidades jurisdiccionales sujetas a una autoridad poltica slo
como un elemento mS, toda apuesta por una observacin y por un anlisis que
COloque en el Centro alos agentes y a SuS acciOneS deriva, necesariamente, en

o
el estudio de las configuraciones espaciales realizadas por los agentes atra-

r
vesando, desbordando y hasta sancionando territorialidades alternativas a las

le
planteadas desde el poder poltico. Si, por el contraro, tomamos como punto de

al
partida una unidad territoriatiurisdiccional,la nica forma de escapar a la trampa

ab
que nos tiende su presencia hoy es volviendo objeto de la historia (convirtiendo
en punto de llegada y no en punto de partida) esa misma sancin territorial, que

C
deja de ser un explicandum o un continentepara pasar a exigir una explicacin'
Otra de las lneas de trabajo donde el encuentro entre reduccin de la escala
te
de observacin y la recuperacin del orden de la accin ha sido ms notable es
en el campo de la historia social de la justicia.
or
En estos estudios, generalmente, el "continente fSico" de partida tambin so-
-C

la ser un territOrio jurisdiccional. "Reales Audiencias", "Ciudades", "partidos" o,


ms modernamente, "provincias", funcionan cOmo IOS referentes impueStos por el
la

proceso de organizacin estatalde los archivos, que acompa, en muchas oca-


al

siones, a la construccin misma del poder judicial en sus diferentes instancias.


La hisioria social se acerc a las fuentes judiciales como consecuencia de un
D

inters por la historia de la propiedad, por la conflictividad social, por las repre-
sentaciones culturales y por otros niveles descuidados por la historia institucional
la

de la justicia (como el de la costumbre, el de los procesos informales, el del


ie

honor, el del castigo como espectculo y como pedagoga, el de la imbricacin


r

entre justicia y religin el de la resolucin "extrajudicial" de conflictos). Por este


ab

motivo, las "cartografas judiciales", la dimensin "territorial" de la jurisdiccin


de los tribunales, no se toma como un dato definitorio: la adopcin del punto de
G

vsta de los agentes y la atencin a sus acciones promovi la reconstruccin de


la historia de esos espacios institucionales y extra-institucionales como campos
donde se jugaba la resolucin de conflictos. As, esos dispositivos no constituyen
siempre "respuestas desde arriba" sino que surgieron y funciOnaron Como reSUl-
tados de las pugnas entre los agentes que se disputaban la distribucin social de
los recursos materiales y simblicos.
Las preguntas que orientan la bsqueda interrogan a las prcticas de los
agentes y, desde la perspectiva constructivista, se propone la incorporacin del
universo normativo como un elemento ms deljuego social, y no como su ins-
tancia determinante (Barriera, 2002). Este cambio de escala de observacin y
de antisis impact igualmente en la historia poltica, que hizo descender el foco
31
rt-

desde "el macroscpico Estado" hasta, por ejemplo, la microscpica bsqueda ad


de los materiales con los que las poblaciones rurales construyeron su propia rgi
"cultura poltica" (en este sentido son centrales los trabajos de Ral Fiadkin, da
de neta inspiracin thompsoniana) La historia de ta administracin de justcia lot
se propone actualmente indagar sobre la arena de la administracin de justicia (k
como prctica, y por esto mismo, muestra un rostro localizado y ms concieto de fe
los procesos de construccin del poder poltico (Fradkin, 1999; Barriera,2a02). a
Es cierto que muchas de estas advertencias estaban presentes ya en la clsi-
vi
ca obra de Marc Bloch sobre la sociedad Feudal, quien aseguraba que la mejor ty
manera de conocer el funcionamiento de una sociedad era comenzando por p(
preguntarse de qu modo son juzgados los hombres (Bloch, 1g3g). sin embar- a(

o
go, quizs a causa de la manera en que se constituyeron en nuestro pas y en o<

r
Latinoamrica los campos profesionales de la historia del derecho, de la historia b

le
poltica y de la historia social, el re-encuentro de los historiadores con el mundo a(

al
de la justicia y de la accin al ras del piso es un fenmeno reciente.
Aqu, las miradas macroscpicas haban legado sntesis que concedan a la c(

ab
organizacin de la administracin de justicia un lugar en la hstoria de la cons- at
truccin del Estado -como prehistoria de la conformacin del Poder Judicial-,
C h
pero asignando categora de "hecho" o de "dato" a informaciones extradas de ci
cedularios, ordenamientos jurdicos u ordenanzas (utilizando sobre todo informa-
te
6i,
cin provista por fondos tpicamente objeto de la historia del derecho del rea de n(
or

la "legislacin"). ta
El cambio de la escala de observacin (hacia lo local) y el cambio de la orien-
-C

tacin de los anlisis (ms rnfensivoso ms antropolgicos) puso en evidencia ul


que el universo de lo legal constituy un recurso disponible y no una estructura
la

tU
constrictiva (Barriera, 2002). Como consecuencia, se han cuestionado las im- lo
al

genes donde Amrica apareca como el recipiente (en algunos casos pasivo, t
D

en otros medianamente conflictivo) de una trasposicin, transplanle o implanta- la


cin de instituciones polticas historizada bsicamente como la instalacin de un hi
la

supuesto "Estado Espaol" (Pietchsmann, 1989 y 1994; Levene, 1945; Elliott, pr


1984), as como la concepcin de Amrica como la versin bastarda de un tipo
ie

SI
ideal, resultado mestizo dscolo a la letra de las leyes castellanas. En las his- gl
r

toriografas latinoamericanistas, uno de los vicios ms frecuentes de la historia


ab

genealgica del estado lo constituy el estudio de las Reales Audiencias como p


prehistoria de los Estados Nacionales. Unidad conjunta de gobierno y justicia,las
G

p
Reales Audiencias fueron tomadas como los escenarios que, tras los procesos F
emancipatorios (Domn guez Ori2, 1 996; Polanco, 1 992; Konetzke, 1 966), con- ll
formaban los antecedentes de las demarcaciones territoriales de lo que luego d
fueron los Estados Nacionales latinoamericanos. lc
En la historia de la justicia de la Amrica Colonial, la modificacin de la escala lc
de observacin comenz como un correlato deldesplazamiento delfoco de an- F
lisis desde las instituciones a sus administradores. Fueron, sobre todo, trabajos fr
prosopogrficos sobre los administradores de justicia en Reales Audiencias y lc
corregimientos. Estos estudios se triplicaron entre 197sy 1989 (Surez, 1989;
Polanco, 1992). Los trabajos de Guillermo Lohman villena y de Burkholder y V
Chandler (1977) fueron fundamentales. Para conocer la naturaleza de la justicia ft

32
da administrada, tambin se han exhumado las bibliotecas de sus administradores,
lia reconociendo en ellas los elementos que componan sus culturas jurdicas (Rpo-
in, das, 1975; Rafael Diego Fernndez de sotelo, 2002). Puente Brunke, siguiendo
>ia los pasos de Lohmann, estudi las relaciones de los Oidores limeos con el resto
:ia de ia comunidad, planteando justamente la cara real de las quejas que pueden
Je relevarse de las Reales Cdulas (Puente, 1997). Sobre la Real Audiencia de
). Quito y sus administradores son insoslayables los trabajos de Tamar Herzog
si- y paraSantiago de Chile, los de Barrientos Grandn. Eltrabajo de Toms Flo-
ry'sobre los juzgados de paz en el Brasil puede encuadrarse en esta
or misma
or perspectiva. n cuanto a los "mediadores", Captulo clave para comprender la
tr- administracin y las representaciones sobre la justicia, Rogelio Prez Perdomo
estudi a los "a'bogados" americanos, y Charles Cutter (1995) la cullura jurdica

o
)n
lega y los miembros subalternos de los tribunales, enriqueciendo los saberes

r
ia

le
lo acerca de los verdaderos hacedores de la justicia.
En la historiografa argentina, los estudios que enfocan a los gobernadores

al
la coloniales y sus tenientes como administradores de justicia y sobre todo los que

ab
S- abordan los diversos papeles jugados por el Juez de Paz en sus jurisdicciones
han puesto de relieve la utilizacin de matrices doctrinarias "cultas" en conviven-

C
le cia con prcticas culturales "legas", cuestionando tambin las miradas evolu-
t- donistas que, desde la historia del derecho, con SuS periodizaciones, impedan
te
e notar las mltiples presencias de la cultura iusnaturalista en pocas que, asegu-
or
raban, el "derecho positivo" la haba postergado definitivamente'
t- Los materiales producidos en la arena judicial, fueron adems copiosamente
-C

a utilizados como rnsumo para revisar interpretaciones sobre diversos temas es-
a tudiados "desde arriba" (Stone, Fradkin, Garavaglia, Barriera). As, por ejemplo,
la

t- los expedientes criminales proporcionaron datos tiles para cuestionar las in-
al

I, terpreiaciones sobre los mecanismos de control sobre la mano de obra rural en


las campaas durante finales del periodo colonial o el posrevolucionario, y los
D

t-
n historiadores del agro han descubierto el filn de las fuentes "judiciales" como
puerta de abordaje para el estudio de la microconflictividad social en un rea que
la

) se supona ocupada por poblaciones homogneas, incultas y dramticamente


ie

estticas ([Link], 1999).


r

t Los estudios sobre la actuacin de los Jueces de Paz y los Alcaldes de Cam-
ab

) paa como caras visibles de la justicia en la vida cotidiana de las pequeas


poblacioneS y la zona rural de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre
G

) 'Ros
t muestran cmo la sancin de nuevas jurisdicciones en el marco del desa-
nollo del estado no se tradujo en una abolicin lisa y llana del paisaje de juris-
dicciones superpuestas, tpico del antiguo rgimen, y demuestra de qu manera
los agentes continuaban apelando a prcticas de la tierra y a una cultura de
lo inmemorial a la hora de resolver sus conflictos judicial o extrajudicialmente,
Recientemente, un bello estudio de Mara Elena Barral ha puesto de relieve las
funciones "judiciales" de los curas de parroquia en la campaa bonaerense co-
lonialy poscolonial.
En este sentido, los trabajos que sobre la administracin de justicia "rural"
vienen realizando desde hace algunos aos J. C. Garavaglia y Ral Fradkin
funcionaron en buena medida Como acicates para promover, desde una matriz
thompsoniana -quizs mucho ms influyente que la itlica microhistoria-, el es- c
tudio de la conflictividad social, de las culturas jurdicas de los sectores popula-
res antes ignorados por la historiografa jurdica. D
Este recorrido, aunque largo y tedioso, no podra ser ms injusto ni ms ses-
D
gado. Les ruego lo consideren, en el mejor de los casos, como un itinerario
D
posible. Volviendo a la sentencia de Edgar Allan Poe acerca de la ubicacin del
lugar de la mirada y las posibilidades de encontrar exitosamenle la profundidad, E
es posible que, en su afn analtico, tambin l cayera presa, como Vidocq, del
ardor de sus propias reflexiones. F

De nada sirve cambiar el punto desde el que se mira si no se sabe lo que se


F
busca y, mucho menos, si no se sabe qu hacer con lo que se encuentra, mu-

o
chas veces de manera imprevista. El reencuentro con el paradigma de la accin F

r
y con el estudio de los vnculos nos conduce, sobre todo, a enfrentar el desafo

le
de trabajar con convicciones historiogrficas que, emulando a las sociedades c

al
analizadas, se vuelven inestables. Esa puede ser, quizs, su mayor potencia y
c

ab
su mejor contribucin.

C c

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Mesa I

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Proyectos hegemnicos y resistencia social

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Coordinadoras
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Gabriela Dalla Corte
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Meritxell Tous
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El poder del rey y el poder de los nobles
mayas en la Poca del contacto

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Andrs Ciudad Ruiz

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Universidad Complutense de Madrid

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C
te
or
-C

La ponencia pretende analizar las dif ciles relaciones de poder que existen en
los estados segmentarios. Con una documentacin fundamentada en elterritorio
la

mayailzy en l rea chontal en tiempos inmediatamente anteriores a la conquista


al

de ste territorio, a finales del siglo XVll, se analizan las limitaciones de dominio
que tienen los gobernantes -reyes dinsticos- en Sus propios territorios y, en
D

iierto modo, en quellos sobre los que ejercen un poder hegemnico; as como las
respuestas de sus nobles y aliados matizadas por sus propios intereses polticos
la

y por una tensin permanente entre ambos. Tal comportamiento configura un


ie

tipo de estructura polticoterritorial de gran dinamismo'


r

las sociedades
Hubo contestacin social, levantamientos o rebeliones en
ab

preindustriales del"Nuevo Mundo"?, Qu huellas dejaen elregistro arqueolgico


ia existencia de estos fenmenos histricamente detectados en todas las
G

sociedades?, cmo podemos rastrearlos?, Qu podemos argumentar


acerca de elloJen el rea maya? En el curso de la historia, las comunidades
humanas han desarrollado instituciones complejas destinadas a organizar su
estructura interna, arbitrar las relaciones entre los individuos que las componen
y modular las interacciones con otros grupos humanos. En la medida en que
estas comunidades han evolucionado y se han hecho culturalmente complejas,
han ido ampliando su carcter multitnico, multilingstico y, en ocasiones,
multicultural. Una de las caractersticas ms comunes de las antiguas capitales
polticas es que en su interior no solamente convivi un nico estamento social
de poblacin, Sino que tuvieron una composicin diversificada; al menos en la
mayora de ellas se pueden definir dos de carcter muy amplio, los gobernantes
y los gobernados. Estamentos que a su vez estuvieron jerarquizados
desde un
punto de vista sociopoltico, y tuvieron diferente
acceso a la riqueza.
. como resulta lgico, en tales centros, y territorios complejos, la tensin social
fue un acontecimiento frecuente, que requiri de la creacin de
instituciones
sofisticadas para ser encauzada con xito. ciertamente, en
sociedades en que
se desarrollaron instituciones burocrticas maduras, esta tensin
tuvo un control
ms efectivo, mientras que en aquellas en que esta caracterstica
est ausente,
las polticas de contencin del descontento social y estamenrd
hubieron de
ser ms variadas y, quizs, no tan exitosas. An a, en momentos
de crisis
esta tensin alcanz lmites difciles de contener, y se produjeron respuestas
y
rebeliones orientadas a reconducir la situacin
Para la presente ocasin he elaborado unas reflexiones acerca

o
de algunas
situaciones de tensi.n en el rea maya anterior a la llegada de los espaoles,

r
le
analizando algunas de las posibles causas que las origi-naron. Hay que
admitii
que tales procesos sociales y polticos internos resultan muy

al
difciles e [Link].
en arqueologa, debido a que no significan alteraciones evidentes en
el registro

ab
material, como ocurre, por ejemplo, cuando se producen intrusiones
oe giupos
de extranjeros, o cuando se consolidan derrotas poltico-militares desde
C otras
hegemonas. Por ello, ms que un anlisis de un ievantamiento
o una rebelin
concreta, la orientacin de este trabajo deriva hacia el estudio del
te
ambiente
sociocultural en que stas tuvieron efecto. As pues, y en cualquier
caso
or

planteado con cierta reserva, estimo que la propia estructura poltica


mava oj
grandes espacios para la respuesta a situaciones hegemnics y
-C

oe imposicin
de tributo, que caracterizan el modelo poltico-territoril en la regin.
la
al

El modelo poltico maya


D

La organizacin poltica maya ha sido objeto de debate en las dos


dcadas pasadas, sin que podamos aseverar que el panorama haya quedado
la

completamente despejado; un problema que aqueja a la reconstruccin


ie

de la
mayora de las sociedades del pasado. con objeto de ser conciso,
la discusin
r

sobre este particular se ha resuelto con la construccin de dos modelos


ab

amplios
de comportamiento poltico-territorial: aquel que sostiene la existencia de
formaciones polticas a gran escala, organizadas en torno a un poder
G

centralizado
(chase y chase, 1996), o el que est,ablece que los territoris polticos
fueron
pequeos y con escasa centralizacin (Demarest, 1992; 1996).
En los ltimos
aos se ha hecho hueco, adems, un modelo que contempla la formacin
de
territorios multi-estado administrados por hegemonas polti'cas que incorporan
en su seno otras heqgloas ms pequeas (Manin y Grube, lggs; '2ooo;
Lacadena y Ciudad, 1998;Ciudad, 2000).
Esta ltima reconstruccin supone que este tipo de poderes integran
territorios autnomos con diferente grado de sujecin,'una buna parte
de ttos
controlados por seores locales y por sus elites iradicionales. El comportamiento
de estos poderes alcanzacierta naturaleza ,,imperlq]", y se basa en la prestacin
de tributos en materias primas y bienes acabadoi y..qn una variable, pero
en
40
\..
trminos amdlios reducida, intervencin en la estructura poltica de los territorios
;;t"; pr"rr!, 19BB). Et nivel de integracin y de intervencin poltica desde
r"'c"uei" o[' ta negemona resulta variable de regin a regin, segn las
por la cual
relaciones hislbricas q-ue nayan mantenido entre unas y otras; razn
ii"r f,g.r/nas no'son uhiformes desde el punto de vista de su extensin,
;;t. iniluenca y durabilidad en eltiempo, y mantienen ritmos muy diversos de
[Link],/t adurezy decadencia. En definitiva, su estudio manifiestavariaciones
n gtudd de poder, de centralizacin y de territorialidad'
ta,strrciura poltica interna diseada para el control de cada uno de estos
territorios y, en su caso, de la hegemona en su conjunto, presenta tambin
Richard
unas caraitersticas particulares que inciden en su inestabilidad' Segn
Fox, ',la entidad pottica maya es descentralizada, por lo que el monopolio

o
de l riqueza y det poder por una figura central es limitado. El gobernante

r
le
centrales [Link] simblica y carismtca, mS que coercitiva, un modelo
de la sociedad estatal; concentra en Su persona y en el paisaje construido

al
jefes
que ocupa, una serie de atributos de gobierno que son duplicados por

ab
menores y otros gobernantes, quienes con frecuencia deben obediencia
por
solamente nominaf a sus deseos. Las reas subsidiarias -controladas

C
parientes del gobernante, por personajes de designacin real con bases de
detentan poder y controlan regiones
boOer local o por magnates autnomos- te ms lejano
bn su propio O'erecho-y en sus propios trminos' En general, cuanto
es el grado de
," enbu"ntre del goernante un seor subordinado, mayor
or
independencia de u propio gobierno: es decir, que el estado de tensin entre
-C

superiores y subordinados es permanente. Al mismo tiempo, los nobles son


un fuente probable de sedicin, ya que forman un conjunto de candidatos
la

por
elegibles para gobernar y que estn emparentados con los reyes mayas
al

vnulos de sangre y por alianzas matrimoniales'


Por otra parte, el acceso hacia posiciones de autoridad deriva idealmente
D

por el
de la herencia o adscripcin, situacin que conduce a la competencia
niveles de una
la

poder y es endmica en todos los estados que no [Link]


En este tipo de sociedades donde el poder centralizado es
benit
ie

"'"ntr"lizacin.
limitado, la ideologa del pareniesco o la naturaleza divina del gobierno estabiliza
r

el marco de la organizacin poltica, incluso aunque los personajes cambien con


ab

f recuencia de posicin debido episodios de revueltas o usurpacin la importancia


a
del status ritual del gobernante se refleja en el papel cultural ideolgico de
la
G

capital o del centro de prestigio" (1977:41-42)'1


El panorama resulnte s ei Oe unas estructuras polticas que combinan
estabiidad e inestabilidad, incapaces en apariencia de desarrollar estructuras
burocrticas que permitieran la administracin y coercin de forma elicaz
y
permanente, y que fueran capaces de minimizar el riesgo de desintegracin o
bisminucin que inevitablemenle pareca producirse cada vez que los seoros
se enfrentaban a las dos situaciones de mayor tensin: (1) la sucesin en el

1. Traduccin del autor. Para mayor informacin sobre esta problemtica, vase el estudio
de
Linda Schele (1991)

41
poder, y (2) la situacin derivada de un acontecimiento poltico adverso
como
puede ser una derrota en la guerra.

Los ajawlelob de Tamactn-Acaln y de Nojpetn


Este tipo de sistema poltico-territorial pervivi en el rea maya al menos
desde el periodo Preclsico Tardo hacia el 350 a.c. hasta la culminacin
de su conquista y colonizacin a finales del siglo XVll. Centraremos nuestra
discusin, precisamente, en los ltimos momentos de la historia indgena maya.
Ms en concreto, en el pueblo mactn de Tamactn-Acaln en tJcnontapa
mexicana, y en el pueblo ilz de Nojpetn, Tayasal, en la regin lacustre el

o
Petn guatemalteco.2 La historia de los mactn ha podido ser reonstruida, entre

r
le
otros documentos de mucha menor entidad, a partir de los denominados papetes
de Paxboln-Maldonado pubticados por scholes y Roys en 194g
[1996]. Este

al
importante documento fue redactado por un escriba nativo de Tixchel en 1612.

ab
La copia que se conserva fue elaborada por un escribano espaol en 1614, y se
tradujo en diciembre de 1612 en campeche. Eltexto forma parte de los pafetes
C
de Paxboln-Maldonado que contienen las probanzas de servicios y mrits de
De Pablo Paxboln, cacique y gobernador de Tixchel y de su yerno, Francisco
te
Maldonado, con objeto de solicitar una encomienda a la Administiacin espaola.3
Tal documentacin es de gran utilidad para el estudio de la organizacin poltica,
or

ya que destaca el poder de los antecesores de Don pablo paxboln en la regin


-C

de Acaln, que fue gobernada con autonoma hasta su conquista en 1567.


La historia itz se ha recogido en una documentacin ms amplia, quizs
la

porque su capital Nojpetn ofreci una mayor resistencia a la conquista y


colonizacin espaola, pero tambin porque este grupo control una regin d
al

mayor relevancia econmica y poltica, y de superior valor estratgico en los


D

planes de la corona espaola. sin duda, el hecho de que no fue sujetada


al rey de Espaa hasta 1697, y que an as quedaran territorios circunantes
la

que nunca pudieron ser asimilados, gener un inters superior para los agentes
ie

de la conquista. Con todo, la documentacin sobre este reino'contina endo


bastante escasa (Jones, 1gg8).
r
ab

Acaln fue un cacicazgo, o una provincia, habitada por pueblos de habla


chontal de Tabasco, que inclua 76 asentamientos, muchos de ellos pequenos
G

poblados, otros con muchos habitantes. su capital se estableci en ytzamkanac,


a la que corts consider ms importante que Tayasal, la cual pudo tener
alrededor de'10000 habitantes. Esta ciudad fue la cabecera de una'hegemona
poltica que englobaba en su seno varios reinos que mantenan respecto de
ella
unas fuertes dosis de autonoma poltica. Para quien conoce las caractersticas
culturales de los pueblos mesoamericanos, no le resultar ertrao pensar

2. Paa una informacin amplia sobre la estructura interna y el comportamiento poltico de esros
territorios, vase Ciudad (2001 ) y Ciudad y Lacadena (1999).
3. El manuscrito forma parte del Legajo 138 de la Seccin Audiencia de Mxico del Archivo, Ge-
neral de lndias en Sevilla.

42
que una parte muy relevante de sus entidades polticas, grandes y pequeas,
siguieron'en el pajado normas organizativas basadas en la cuatriparticin, en la
drJdidad y en la centralidad; una posicin esta ltima destinada a la cabecera de
la
hegemona. Tambin congcer, entre otraS muChas COSaS, que no es infrecuente
qu ta capital de este poder sea concebida como el centro del universo, que se
subdivida, a Su vez en cuatro amplios Sectores, y que en el centro de ellos se
site el palacio y las dependencias religioso-administrativas del gobernante; un
personae cuya naturaleza, funciones y dinmica, se equiparan a las propias de
un tey. En numerosas ocasiones, los reyes subordinados pueden tener edificios
en cada uno de los cuatro sectores a los que he hecho referencia.
Las relaciones entre la cabecera de la hegemona y los territorios subordinados
denotan gran fluidez: los reyes sujetos prestan tributo y constituyen un soporte

o
ritual, ecdnmico y defensivo respecto del rey que ocupa la cabecera; a cambio,

r
ste respeta su autonoma poltica y econmica, y les proporciona ciertas

le
prerrogaiiuas rituales que resultan vitales para Su mantenimiento en el poder de

al
su territorio vencido y sometido a tributo. La debilidad del sistema poltico que

ab
he puesto de manifiesto con anterioridad, origina que las fuerzas centrfugas y
centrpetas estn en permanente contradiccin. Varios pasajes expresados por

C
los cronistas resumen esta situacin.
Hernn Corts sostiene al respecto lo siguiente: "(...) segn supe, no hay en
te
ella ila provincia de Acalanl otro seor principal, sino el que es el ms caudaloso
merader... que es este Apspolon [Paxbolonach], de quien arriba he nombrado
or
a vuestra majestad por seor principal" (1976: 199)'
-C

Y en lo que se refiere a la posicin hegemnica de Paxbolonach desde su


sede de gobierno en Ytzakkanac, los Papeles de Paxboln-Maldonado sealan
la

que ,,cahil me abi umobtel ubaob cablel ahaulel baob cheba tadzunum ba ahaulel
ba cheba atapan ba ahaulel ba cheba taqacto ba ahaulel ba" (Smailus, 1975:
48)'
al

Este pasaje e refiere a la llegada de Hernn Corts a la zona en 1524, y puede


D

tradu'cirse'de la siguiente forma: "(...) Entonces se reunieron los reyes de los


pueblos, sea el rey de Tadzunum, sea el rey de Alapan, sea el rey de Tagacto,
la

sea el rey de Tachabtte".


ie

La reunin de estos cuatro reyes en Ytzamkanac bajo el mandato de


Paxbolonach, sugiere al menos una poltica consensuada y, quizs, documenta
r
ab

que para enfrentaise al conquistador espaol se requiere el esfuerzo colectivo


de los cinco reinos. Corts es an ms claro a este respecto al afirmar que
G

',(...) mand a llamar al rey Paxbolonacha, al que ya nombramos, el cual recogi todos sus
piincipates de todos sus pue'blos, del pueblo de Taxunum y los principales del pueblo de Chabte,_y
porque no se podra
ios principales del pueblo de Atapan y los principales del pueblo de Tatzanto...
hacer cosa sin dar parte a esos principales" (1 976: 331 -332)'

El poder de la hegemona eS, pues, muy delicado, como demuestra la frase


que hace referencia a que no se podra hacer gran cosa Sn consultarles.4

4. Esta debilidad del sistema de gobierno parece, en realidad, general al coniunto del territorio
maya. Por ejemplo, para el caso de los lacandones Valenzuela (1979, fol. 336v; pp' 351) al referirse
a s caciqu principal, cabnal, seala lo siguiente: "(...) y lo que fue nottorio fue ser el susso dicho el
un problema importante a este respecto es que este sistema de gobierno
chocaba con aquel que organizaba histricamente al contingente espaol:
desde los Reyes Catlicos se haba ido produciendo en la Pennsula lbrica
una centralizacin poltica in crescendo que defina un poder muy piramidal y
centralizado;porelcontrario, las relaciones polticas en el mundo mesoamericano
eran ms dbiles, de manera que admitan la existencia de varios reyes dentro
de una entidad y una hegemona poltica; si bien cada uno de ellos con una
posicin poltica diferenciada segn la naturaleza de su territorio. Es as que el
ajaw, el rey,ilz de Nojpetn fuera
"(.../...) como un emperador entre ellos, y gobern sobre los dems reyes [p.e. reyezuelos] y
caciques, quienes en su lengua llevan el ttulo de batabob (...)' (AGl AG 345, ne 20, ff 121v-129v; P

o
237, ramo l; segn Jones 1 998: 90, Tabla 3.6).

r
le
Con posterioridad, en este mismo documento se coment que:

al
"(.../...) Ellos declaran que siempre y hasta el momento de la entrada de Don Martin de Ursa y
Arismendi fla provincia de Suyuja Petn ltz] fue gobernada por cuatro reyes y cuatro caciques

ab
quienes tienen sus propas provincias [parcialidades], separadas y ricamente pobladas (.../...)" (AGl
PAT 237, ff 80r-84v, ramo l; segn Jones, 1 998: 90, Tabla 3.6).
C
La consecuencia de ello no es exactamente una subordinacin "horizontal"
te
de los territorios, sino un tipo de relaciones polticas verticales de stos con la
cabecera de la hegemona, que mantiene un poder y una extensin muy dinmica
or

a lo largo de su existencia.
Como, en definitiva, se trata de territorios sometidos, que en cualquier caso
-C

tienen que prestar tributacin, ayudar en las acciones militares de la capital


hegemnica, y prestarle cuanta ayuda y servicios necesite, la contestacin a la
la

tensin social que se origina es permanente, y se lleva a efecto de formas muy


al

variadas. Por ejemplo, en el rea mactn el seor local de Tizatpetl y Teutiercas


D

[Tuxakhaa] estaba subordinado a Ytzamkanac, pero gobernaba con cierta


autonoma su territorio. A su paso por el territorio chontal, Corts estableci en
la

Teutiercas su cuartel general y llam al rey de Tamactn-Acaln, Paxbolonach


para mantener con l una entrevista. ste envi una embajada encabezada por
ie

su propio hijo con el encargo de decirle al capitn espaolque le sera imposible


r

ir porque su padre estaba muerto. Sin embargo, y con objeto de quitarse


ab

la
subordinacin hegemnica que sobre l ejerca Paxblonach desde Ytzamkanac,
el propio seor de Teutiercas confirma a Corts que Paxbolonach est vivo,
G

quebrando en cierto sentido la estrategia de su seor superior y manteniendo


con respecto a l una discutible lealtad.
"(...) El seor de este pueblo [Teutiercas]... me dijo que Apaspolon [quien haba mandado a su
[Link] para entrevistarse con Corts y decirle que su padre haba muerto]..., seor de toda aquella
provincia, era [estaba] vivo (...)" (Corts, 1976: 107).

Como se puede deducir de estas referencias, y de otras ms que no merece


la pena reproducir aqu, en la propia construccin del estado hegemnico

ms principal y mayor casique y seor, no por que ttubiera autoridad le hiziesen acattamientos y le
benerasen como ttal, sino porque su calpul o chinamital era el ms numeroso...".

44
Se asentaba la semilla de su destruccin, pues la ausencia de coercin y de
instituciones burocrticas de control facilitaban la deslealtad y la traicin, cuando
no la revuelta o laebelin. Bernal Daz del Castillo confirma esta norma de este
tipo de formacioes polticas preindustriales cuando menciona que:
y
fCon la i#ncin de salir de Acalan Corts les ruega que les ayuden a hacer puentesl "(...) los
los
tacqup iieron que, puesto que eran sobre veinte pueblos, que no les queran obedecer todos
rs lelns, en esbecl unos que estaban entre unos ros, y que era necesario que luego enviase
que eran sus sujetos...".
de ss teules [soados]..., y que los mandase que los obedeciesen, pues
(19b4:276)

Aven(ao y Loyola incide en el carcter dbilde la estructura poltica interna


I

en el terrhorio itz al sostener que su rey y Sus principales no eran capaces de

o
darle unalespuesta aclca de su conversin y del acatamiento a la autoridad

r
espaola halta que lolonsultaran con otros caciques de las islas del Petn Ytz.

le
Y a la segunda mana de su estancia en la capilal poltica, Nojpetn, con objeto

al
de tomar una decisin a este respecto

ab
,,comenzaron a venir navegando por la laguna algunos de los gobernadores, capitanes y cabezas
de losofos cuatro petenei (o islas) con sus oficiales de guerra". (Avendao y Loyola, 1 997: 41 ).

C
Aspecto en el que incide Villagutierre cuando comenta la embajada que el rey
AjKan Ek enva a Mrida para entrevstarse con el Gobernador Martn de Ursa
te
y Arismendi, encabezada por su sobrino, Martn Chan
or
,,(...) preguntle si tal embajada la envi con el beneplcito de aquellos que se llamaban reyes y
-C

O'ems pr'ncipales de sus dominios. A esto dijo que habindose


juntado con los reyezuelos y dems
principales de aquellas sus tierras, con beneplcito suyo, envi tal embaiador...". (1985: 469-470)
la

No sabemos Si con la intencin de restarle importancia a su autoridad, pero


al

este franciscano sostiene que


D

y slo tienen ese por cabeza [Canek], que los gobierna; bien se le conoce al rey serlo por su
,,{...)
sangre..., pues por tan buena [natuialeza] peca tanto que todos se le afeven con alguna demasa
la

de suerte que no es dueo de mandar sobre lo que tiene" (Avendao, 1 997: 46).
ie

La propia naturaleza dbil de la estructura poltica interna del gobierno en


las sociedades mayas, junto con la formacin de la hegemona a base de la
r
ab

subordinacin poltica, aumenta la sensacin de debilidad en estos territorios


polticos, quienes permanentemente corren el peligro de desestructuracin;
G

y estas caiactersticas pueden explicar la dinmica hisloria de la regin, que


ncluye enlre otros factores sucesvas decadencias de ciudades y terrtorios.
La consecuencia es la traicin, el desafecto y la rebelin permanente. Quizs
en este mbito se sita la percepcin de Avendao respecto de ciertos personaies
instalados en la Corte de Ajkan Ek. A este respecto, elfranciscano afirma que
,,(...) el cacique Covoh de Chakan ltz, aunque dentro de la hegemona de Canek, era enemigo
suyo" (Avendao, 19771 41).

Fray Joseph de Jess Mara, notario apostlico, que certifica el informe de


Avendao referente a su visita a la capital del reino ilz, atirma al respecto lo
siguiente:
"(...) haber dicho el rey [Canek] que como le degollasen a su enemigo el cacique
Covoh /fol 44vl
con sus secuaces (que ad sumun
[sic: summun eran de sesenta a selenta) enfegara l los petenes
[a la Corona] que estn a su cargo". Y posteriormente el rey Canek vuelv a reiterar a Avendao el
encargo de que maten a sus enemigos Chakan Ytzes antes de entregar su nacin,
a la vez que
confirma que el camino del Tip estaba expedito y por lo tanto los del oiiente
son su mejor alianza
poltica (Avendao, 1 977: 49, 59).

Los Kowoj controlaron la orilla norte y este del lago petn ltz y tenan
asentamientos en determinadas reas de la laguna yixh y sacnab al este,
ocupando una extensin aproximada de 45 km de este a oeste 17 de norte a sur,
t
con un rea aproximada de 750 km2. Fue un grupo en permanente competicin con
los itz, con quienes parecen haber tenido enfrentamientos desde antiguo aunque
en 1697 se encontraban subordinados a la hegemona itz (Jones, 19g:B: 17).

o
La rebelin del cacique Kowoj surge como consecuencia de la mencionada

r
embajada que enva Ajkan Ek en 1695, encabezada por su sobrino, Aj chan,

le
con objeto de entrevistarse con Martn de Ursa para tratar de la conversin de

al
todo su reino y de someterlo a la Corona espaola. Ajkin Kan Ek era to paterno

ab
del rey Ajkan Ek, el cual ejerca funciones de sumo pontfice y era considerado
una autoridad gemela del rey [pasaje referente a l]
C
A pesar del papel poltico esencial que juega en la corte itz, Ajkin Kan Ek se
opuso,sjunto alos Kowojala negociacin diplomticacon losespaolesencabezada
te
por Ajkan Ek. De hecho, la visita de Avendao y sus franciscanos en 1696 haba
exacerbado el faccionalismo poltico que tan frecuente resulta en los reinos del
or

posclsico mesoamericano y de los estados segmentaros. Esta es la razn por


la
-C

cual consideraron a Ajkan Ek y su faccin como traidores al espritu del reino itz.
La embajada de Ajchan se detuvo en Tipuj,6 donde gobernaba el capitn Diego
la

de Hariza, quien dio al emisario ilzy asus acompaantes la necesaria cobertula


para viajar a Mrida. Paralelamente, los Kowoj enviaron un emisario acompaado
al

de cien guerreros indios a Tipuj para entrevistarse con Hariza y enterarse de las
D

intenciones de Ajkan Ek; y al mismo tiempo un gran nmero de pueblos entre la


zona de Tipuj y Mopan, camino alilz, fueron abandonados como consecuencia
la

de un estado de levantamiento generalizado en el reino ilz, y que tuvo como


ie

cabeza ms visible al rey Ajkan Ek y elgrupo Kowoj (Jones, lgg: og; nota 16).
El capitn Diego Avila pacheco confirma que AjKowoj atac Nojpetn en
r
ab

tiempos del reinado de Ajkan Ek, quemando las casas y matando gran cantidad
de enemigos (Jones, 1998:4g7; notas 12, 13). posteriormente, este cacique
G

habra de ponerse a favor de los conquistadores del itz, el gobernador Martn


de ursa y su hueste, con objeto de derrotar al rey Ajkan Ek, tal como parece
desprenderse del siguiente pasaje:

5. "(...) Cincantek [era un] reyezuelo... encontrado lenfrentado] con Canek y sus gentes" (Villa-
gutierre, 1 985: 402).
6. En un pasaje inleresante, Vilagutierre (1985: 422-429) comenta que Martn Can
[Ajchan]
explica a Ursa lo mal que lo pas por ser embajador ante los espaoles, cmo el cacique ir
fp
le expuls, cmo se tuvo que ir a su pueblo, Alain, cmo de all se escondi en una pequea isla
-Motzkal- hasta que Canek se enter y se lo llev a Tayasal. Narra, en definitiva, el etecto que tuvo
la estancia de Avendao y lo quebrado que qued el orden poltico tras su salida, quizs reileo
del
faccionalismo poltico exstente en la zona y su inestabilidad.

46
,,(...) y habiendo andado llamar el general Don Martn de ursa al indio cobox, cacique de los
c'ofs, que habitaba en doce prbtos de la ribera y en otras rancheras.
de la montaa, le
de esia llamada, que fuese su seora all.'." (....)" El rey Canec y el
envo a decir en respuesta
que se eiecutaban en aquella tierra [a Cobox]"
euincaneK ecnaoan i crffa de todas las maldades
(Villagutiene, 1 985: 473).

Ello no obstante, y a pesar de estos ataques y traiciones a la autoridad


que tiene AjKowoj
constituida en el trono itz, Villagutierre reconoce la sujecin
al rey del ilz, de manera que cundo Ursa lleg al pueblo
principal de los Kowoj
el piopio cacique AjKowoj le llev a recorrer su asentamiento donde l viva
y
la ribera y otros
OesOe donde ominaba a otros asentamientos, 12 pueblos de
montaas "(...) aunque con la sujecin al canek" (Villagutierre'
metidos en las

o
1985:474).

r
le
al
Eplogo

ab
Las rebeliones y los levantamientos contra la autoridad poltica constiluida,
pueden tener diferentes fundamentos: de tipo poltico, Social, econmico,

C
ideolgico, militarista y un amplio espectro de situaciones' Tales respuestas
de la comunidad Se producen como consecuencia de causas que pueden
te que Se
ser estructurales o no; y de ello puede depender la frecuencia con la
poderes
or
que desarrollan no
llevan a efecto. En algnas sociedades antiguas,
burocratizados, fundamentados ms en las relaciones de parentesco y en
-C

poder, la estructura
sistemas clientelares que en instituciones especializadas de
poltica presenta tal debilidad interna, y las relaciones interestatales resultan tan
la

voltiles, que la respuesta social puede resultar endmica debido a la continua


al

competicin de los nobles que Se instalan en territorios que, a pesar de situaciones


propia
hegmnicas, mantienen siempre Su autonoma poltica' Por ello, en la
D

dinmica de la construccin delterritorio poltico y en la propia estructura de


las
"endmica" de la
la

instituciones que lo gobiernan, podemos encontrar una causa


rebelin y de la respuesta social'
r ie
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48
La economa del poder: Una reevaluacin
entorno a la hegemona teotihuacana en el
territorio mesoamericano

r o
le
Natalia Moragas
AAHA-UAEH

al
Osvaldo J. Sterpone
INAH-Hidalgo

ab
C
te
or
-C

lntroduccin
la

Este trabajo pretende dar una visin acerca de los modelos de explotacin
territorial de los teotihuacanos en la Cuenca Norte del Valle de Mxico. La
al

Cuenca Norte del Valle de Mxico no ha recibido tanta atencin por los
D

investigadores como Su parte Sur con la excepcin de algunos proyectos


en los que cabe destacar las investigaciones llevadas por el Dr. Alejandro
la

Pastrana en la Sierra de las Navajas y el Dr. Thomas Charlton sobre las


ie

rutas comerciales en el Clsico y en el Posclsico. Desde hace 10 aos el


Arquelogo Osvaldo Sterpone ha desarrollado investigaciones sobre esta rea
r
ab

que han proporcionado nuevos datos acerca de la ocupacin prehispnica


en esta zona, complementando las investigaciones anteriores. En 2004 se
G

inici una colaboracin por ambos autores, destinada a reinterpretar los datos
correspondientes al periodo Clsico y a la influencia teotihuacana en esta rea.
Eldescubrimiento de una serie de asentamientos del periodo Clsico a ambos
lados de la Sierra de las Navajas nos ofrece un panorama ms complejo de
la ocupacin humana para el periodo Clsico toda vez que nos hace revisar
cuales eran los modelos de explotacin de esas comunidades y su relacin con
la metrpolis de Teotihuacan. Los datos arqueolgicos ofrecen una perspectiva
tal vez ms autnoma de las comunidades asentadas en las laderas de la
Sierra de las Navajas que lo anteriormente definido. Ello nos hace repensar
los modelos entorno a una postura hegemnica del poder teotihuacano en
esta rea.
El trabajo que presentamos en este forum de investigadores pretende
reevaluar algunas de la cuestiones entorno a la hegemona teotihuacana durante
el periodo clsico. El impacto de Teotihuacan en Mesoamrica siempre se ha
interpretado a partir de la presencia de determinados indicadores arqueolgicos
tanto en forma de objetos como por elementos ideolgicos; no obstante queda
todava mucho por explicar acerca del papel de los teotihuacanos fuera de los
mbitos urbanos de la metrpolis. Este tipo de cuestiones puede ayudarnos a
reevaluar lo que supone la presencia o influencia de la cultura teotihuacana fuera
de los lmites de la ciudad.

o
Antecedentes y modelos de la hegemona teotihuacana: re-

r
flexin y problemas

le
al
Teotihuacan es considerada como uno de los fenmenos culturales ms
importantes de la historia de la humanidad. A lo largo de poco ms de seis siglos

ab
se va a desarrollar un fenmeno urbano de gran importancia cuya influencia
alcanzar a gran parte de lo que conocemos como Mesoamrica. Entre los
C
arquelogos e historiadores no cabe ninguna duda que la historia del Clsico
te
en elAltiplano mexicano se relaciona ntimamente con la ciudad de Teotihuacan
y la expansin del modelo teotihuacano en un amplio territorio. As Teotihuacan
or

aparece presente en lugares tan lejanos como Tikal, Kaminaljuy, Copan en


asociacin con las elites y de poder de estas sociedades mayas. La tesitura
-C

en que los objetos arqueolgicos teotihuacanos aparecen en otras sociedades


la

se nos asocia ms en mbitos de poder que en una penetracin total de estos


elementos en la sociedad no teotihuacana de una manera efectiva. Sin embargo,
al

esta cuestin se encuentra de nuevo en el ojo del huracn por el desarrollo de


D

una arqueologa regional que va complementando esta arqueologa de ciudades


que ha marcado el desarrollo interpretativo en estos ltimos treinta aos. Es por
la

ello que a menudo se ha tratado las relaciones entre Teotihuacan y copn sin
ie

comprender las correspondencias que existen entre Teotihuacan y su territoro


adyacente. Para ser honestos, la complejidad de las ciudades mesoamericanas
r

y el establecimiento de las principales tipologas arqueolgicas, nuestras


ab

herramientas bsicas de anlisis, no estn del todo completos en todas las fases
G

mesoamericanas en la manera ideal que nos gustara. En este comentario, no


hay que olvidar eltrabajo de sanders, saniley y parsons (1979) que sirvi para
establecer una secuencia regional de amplio alcance. sin embargo, tampoco no
hay que olvidar que este trabajo se desarroll a mitad del siglo pasado y que no
analiz zonas como la propia porcin norte de la Cuenca de Mxico.
La determinacin de la principales tipologas y propuestas en Teotihuacan
se realizaron en el periodo de los tres grandes proyectos que confluyeron en
Teotihuacan durante las dcadas de los aos 50 y 60 del pasado siglo: el
Teotihuacan Mapping Project dirigido por Ren Millon, el proyecto Teotihuacan
60-64 dirigido por lgnacio Bernal y el mencionado Teotihuacan Basin project
de sanders, santley y Parsons. Mencionamos dicho proyectos porque fueron
la base gracias a los cuales surgieron trabajos como la tipologa cermica de

50
Teotihuacan de Evelyn Rattray por citar, tal vez, el trabajo ms reconocido
conjuntamente con la tipologa de figurillas de Warren Barbour. Esta es una
cue;tin importante a considerar: en Teotihuacan se trabaja a nivel de sitio o
en el mejor de los casos en una mezcla de anlisis de materiales de superficie
o de pozos de sondeo. Afortunadamente desde la dcada de los noventa Se
trata de analizar los materiales de una manera ms completa para conjuntar
excavacin y anlisis a pesar de las complejidades derivadas de la gran
cantidad de materiales que surgen de la excavacin y las derivadas de la propia
financiacin. En importante destacar que la mayora de los datos de excavacin
que sustentan muchas de las interpretaciones se basan en el anlisis de sitios
que se extrapolan a un territorio.

o
Dado que el estudio de las sociedades del Clsico se ha nutrido inicialmente

r
de los aportes de las investigaciones arqueolgicas, los elementos de anlisis

le
han sido los proporcionados por las investigaciones de este tipo' La presencia

al
de determinados objetos de factura teotihuacana en contextos arqueolgicos no
teotihuacanos ha dado motivo a discusiones acadmicas acerca de los conceptos

ab
de rasgos e influencia teotihuacanas ms all del mbito de la ciudad. En algunos
mometos, la interpretacin se ha basado en este tipo de identificacin de objetos

C
teotihuacanos como evidencia del poder hegemnico de lo teotihuacano en otras
regiones. Ejemplo paradigmtico de esta cuestin es el trabajo de John Paddock
te
que, a principios de la dcada de los setenta, defini la presencia teotihuacana
or
fuera de sus lmites naturales con base a dos conceptos: rasgos e influencias'
En su clsica ponencia de la Xl mesa Redonda de Teotihuacan, Paddock defini
-C

ua... aquellos elementos de la cultura material que son dominantes


como rasgos
en Teotihuacan, menos frecuentes a medida que Se alejan del centro urbano y
la

excepcionalmente significativo cuando Se encuentran fuera de ella"; mientras


al

que el concepto de influencia lo defini por Ser "el efecto que tiene en un Ser
D

humano, el conocimiento de una cultura no propia, ya sea por medio de contactos


sociales o por contactos con los productos de una sociedad extraa" (Paddock,
la

1972:223-240). Desde el campo de la antropologa podra tal vez llamarse


aculturacin. Desde el punto de vista arqueolgico se debera entonces identificar
ie

en las otras culturas una serie de elementos de la cultura material teotlhuacana


r

y veramos el nivel de rasgos presentes y en consecuencia, de la influencia de


ab

Teotihuacan en una cultura determinada. En ese momento la caracterizacin


de estos rasgos e influencias supuso el hecho de delimitar y enumerar una
G

serie de "COSas" COnsideradas ComO teOtihuaCanas en Otras CulturaS.l Tal vez


por ello la literatura arqueolgica posterior se ha centrado en esa identificacin
de rasgos e influencias teotihuacanas sin considerar exactamente el porque de
los misrnos y si responden a una poltica concreta del poder teotihuacano. Son
los trabajos que asocian al talud tablero, la obsidiana verde de la Sierra de las

1. Algunos de los elementos considerados como teotihuacanos en el momento que Paddock


formul iu propuesta ahora sabemos que tienen sus races en pocas anteriores. El ejemplo ms
carasterstico es el reconocido talud{ablero que se consider inventado por los teotihuacanos y que
ahora sabemos de su exstencia en sitios arqueolgicos (Tlalancacleca, Tetimpa...y otros sitios), en
fases muy anleriores a la propia concepcin de Teotihuacan.

51
Navajas (Pachuca), los vasos trpodes, los braseros tipo teatro como evidencias
del ejercicio de un poder teotihuacano en zonas muy alejadas del Altiplano (Ball,
1983; Green y Moholy-Nagy, 1966; Laporte, 19g7; pendergast, 't971 ; sanders y
Michell, 1977).
Desde los teotihuacanistas, esta postura se ha aceptado de manera tcita
ya que era plausible con los modelos tericos al uso de la interpretacin
arqueolgica con base de los datos procedentes de excavacin. Es por ello
que se ha hablado del gobierno teotihuacano como un grupo monoltico de
las elites que estableci un modelo coercitivo y autoritario del ejercicio del
poder. Este poder se basara en el conocimiento y dominio de determinadas
cuestiones entorno a la astronoma, los dioses, las tcnicas agrcolas y el control

o
de determinados recursos y el dominio de las rutas comerciales. Excavaciones

r
como las delTemplo de Quetzalcoatl o el Proyecto Especial 80-82 favorecieron

le
la definicin de este modelo de gobernante-sacerdote teotihuacano, conocedor
de los designios de los dioses, acaparador de ciertos productos (obsidiana) y

al
capaz de reunir las suficientes fuerzas para emprender impresionantes obras

ab
constructivas de carcter pblico y privado toda vez que ejecutar ceremonias de
gran impacto colectivo como los sacrificios delTemplo de Quetzalcoatl (Cabrera
C
y otros, 1990, 1991).
La interpretacin delpapel hegemnico de Teotihuacan basado en el modelo
te
de un Estado teotihuacano poderoso y organizado que implanta polticas basadas
or

en este poder han sido favorecidas, tal vez, por las interpretaciones marcadas
por el desarrollo del materialismo histrico de gran aceptacin en Mxico. El
-C

debate tambin se ha mantenido vivo desde los investigadores del mundo maya,
concretamente por el episodio intrigante y sugerente de la famosa fecha del 37g
la

d.c. en la que se presenta la llegada de Teotihuacanos a Tikal formando pae


al

de un especie de intriga poltica que termina con un golpe de Estado en los que
los teotihuacanos aparecen como una tuerza militar que apoya y sostiene el
D

cambio dinstico y ponen un rey a su gusto (stuart, 2000). curiosamente los


la

teotihuacanistas estn actualmente ms escpticos sobre la presencia sostenida


de un poder teotihuacano que funcionara de manera efectiva y respondiendo a
ie

una poltica concreta y determinada por parte del gobierno teotihuacano.2 Este
r

modelo favorece interpretaciones homogneas sobre lo teotihuacano dentro de


ab

la ciudad y fuera de ella. Lo teotihuacano fuera de la ciudad es consecuencia del


poder teotihuacano pero tal vez sin reflexionar sobre la forma y la manera en que
G

se ejerce este poder.


Esta cuestin parece ms difcil de contestar en relacin a los actuales
datos arqueolgicos. Algunos investigadores propugnan que hacen falta ms

2. En la segunda semana de noviembre de 2005 se ha realizado la lV Mesa Redonda de Teo-


tihuacan con el tema de Teotihuacan: ms all de la ciudad. En dicho evento, la Dra. Maria Josefa
lglesias Ponce de Len (UCM) present una exhaustiva crtica sobre la influencia teotihuacana en la
zona maya reevalundola con base a las investigaciones realizadas en los ltimos aos. Su conclu-
sin despus de la semana de trabajos y conversaciones (a menudo alrededor del caf o una copa
de vino) fue que es una problemtica suscitada ms en el entorno de los investigadores mayislas que
dentro del entorno teotihuacanista, en general mucho ms prudente sobre la idea de una presencia
sostenida de los teotihuacanos en las tierras bajas.

52
reevaluar los viejos
datos mientras que otros consideran que tal vez debamos
modelo tericos y, teniendo en cuenta las caractersticas especficas de la
del modo en que se ejerce
cultura teotihuacana debamos buscar los ejemplos
este poder fuera de la ciudad. La percepcin generalizada es que tras 100
de reestablecer lo
aos de investigaciones y excavaciones y trabajos debamos
teohuacano dentro y fuera de la ciudad'
momentos
Mesoamrica parece estar conectada por medio de rutas desde
Teotihuacan surge, por utilizar
muy tempranos de su desarrollo cultural. cuando
un trmino metafrico, en el Valle del mismo nombre, se han consolidado
y
una serie de redes que la ciudad clsica va a expandir consolidar
bajo un
(provisin
modelo hegemnico que envuelve conceptos tanto materialistas

o
y
de determinados bienes y materias primas) como elementos ideolgicos

r
en
religiosos que van a ercar esa imagen de legitimidad de lo teotihuacano

le
tod Mesoamrica. El proyecto que involucr al modelo gubernamental de

al
para sus propios fines
Teotihuacan fue aceptado y utilizado por las elites locales

ab
que se estn
de legitimacin. Esto eS, al menos, algunas de las interpretaciones
llevado a cabo en la zona de Veracruz a tenor de los datos ms recientes.3

C
Sabemos que los teotihuacanos hacan un uso ideolgico en la arquitectura
y la pintura mural a veces de manera muy clara y explcita'a La expansin de
te del
a cdaO, a partir de Tlamimilolpa, puede interpretarse como consecuencia
del xito de un
or
xito de un modelo poltico y socioeconmico, pero tambin
urbano
modelo cosmognico, imptantado ya en las primeras fases del desarrollo
-C

en su ciudad de
de Teotihuacan. Es un modelo que los teotihuacanos imprimen
peculiar
una manera consciente y que resulta el paradigma de una cosmovisin
la

ciudad. Por lo tanto, en el desarrollo


del mundo y del papel de los habitantes de la
al

urbanstico de la ciudad, las elites teotihuacanas marcan su territorio, su


visin
D

del mundo y la manera en que desean ser vistos por los dems.
Si esto fuera as, y los datos arqueolgicos lo sustentan dentro de la ciudad'
la

las denominadas colonias teotihuacanas deberan, en cierto modo, representar


este modelo de implantacin no tan slo territorial sino tambin cosmolgico'
ie

Esto ha llevado a ciertas dudas formuladas en otros trabajos.


r
ab
G

Los Modelos Hegemnicos: El control de la Obsidiana en Teotihuacan


Un ejemplo significativo para comprender cmo desde la literatura arqueol-
gica se-ha tratado el poder hegemnico de Teotihuacan se podra ilustrar en el
studio de la obsidiana. Las excavaciones en Teotihuacan, pronto pusieron en

3. Ver el coniunto de la Segunda Mesa Redonda de Teotihuacan cuyo tema


general trat sobre la
relacin entre Teotihuacan y la Costa del Golfo.
4. A menudo se ha mencionado las numerosas remodelacones arquitectnicas que se identifican
en las construcciones teotihuacanas. Ello ha complicado, a menudo, los trabajos de seriacin tipol-
gica de los materales arqueolgicos y de interpretacin de los datos. Estas remodelaciones pueden
interpretarse de diversas rnanes, desde perspectivas puramente formales a dotarse de un modelo
mucho ms complejo.
evidencia que los teotihuacanos tuvieron un papel importante en el control de la
obsidiana verde de la Sierra de las Navajas de pachuca.

El yacimiento de la Sierra de tas Navajas (Hidalgo)


La obsidiana es un material muy adecuado para la elaboracin de
instrumentos, por lo que los depsitos naturales donde se encuentran han
sido,
en su mayora, explotados. La zona Mesoamericana tiene varios depsitos
importantes de obsidianas que han sido sistemticamente explotados hasta la
actualidad. Hay que remarcar que no existen dos depsitos iguales y que de
esto se derivan diferentes formas de explotacin y organizacin. La obsidiana

o
es un vidrio volcnico con una dureza de 5.5 en la escala de Mohs. se origina

r
le
por el enfriamiento rpido de lavas ricas en slice (Si02) Las lavas pueden
ser bsicas o cidas que son las nicas que pueden formar obsidiana. Hay

al
obsidianas que por su alto contenido en slice son muy viscosas y no fluyen

ab
tanto como las baslticas, ricas en contenidos de ferromagnecianos, por lo que
fluyen rpidamente abarcando grandes reas. Los depsitos pueden formarse
C
por derrame o ser ignmbriticos. Estos ltimos se forman por la emanacin
de ceniza volcnica envuelta por una masa de gases incandescentes. Estas
te
partculas vtreas se depositan en el terreno formando un depsito en estado
or

viscoso donde se iueden alcanzar temperaturas de 6000e c o ms. un depsito


-C

de este tipo alcanza grandes dimensiones de 200 metros de espesor y 50


kilmetros de longitud (Antilln Cruz, 1994: 17-18).
la

La Sierra de las Navajas se encuentra al norte del actual poblado del Nopalillo
al

en elestado de Hidalgo. Forma parte deleje neovolcnico que comprende elrea


de Pachuca-Tulancingo-Hidalgo y se encuentra definida como una estructura
D

volcnica de composicin rioltica con una falla semicircular abierta hacia el


la

norte con una elevacin mxima en este punto de 3100 m.s.n.m. La zona de
explotacin prehispnica se encuentra entre esta altura y los 2700 m.s.n.m.
ie

En trminos generales, la estratigrafa de la zona se determina por un suelo


r

actual de tobas cidas de aproximadamente 50-60 cms de profundidad seguido


ab

por tobas con lentes de gravilla entre los 60 cm y los 2 metros de profundidad.
G

Entre los 2 metros y los 40 metros se encuentra un nivel de tobas erosionadas


compactas con bloques de obsidiana empotradas en estas tobas (Antilln Cruz,
1 994: 67).
Existen dos zonas de explotacin prehispnica, la zona denominada las
Minillas con evidencias de materiales mexicas y la Cruz del Milagro adscrita al
periodo teotihuacano pero con problemticas propias por la falta de un registro
arqueolgico claro ya que la cuestin es que no se advierte arqueolgicamente, la
presencia de teotihuacanos en el yacimiento de la Sierra de las Navajas (Antilln
cruz, 1994: 70-71). Los arquelogos que han trabajado en esta zona coinciden
en la idea de que la poblacin local extraa los bloques de obsidiana por encargo
de los teotihuacanos (Antilln Cruz, 19g4;pastrana, lggg).

54
Los talleres de obsidiana en Teotihuacan
En la fase Tezoyuca-Patlachique (150 a.c.- 1 d.c. segn Millon (1973); 300-
100 a.C. segn Sanders y otros (1979) se inician las transformaciones que
culminaran con la conformacin de Teotihuacan como la principal metrpolis
delAltiplano. Por un lado, se dobla la poblacin en todo elValle de Mxico y se
determina la presencia de dos centros regionales: Cuicuilco y Teotihuacan'
Tras el abandono parcial de Cuicuilco por la erupcin del volcn Xitle,
Teotihuacan se convierte rpidamente en el mayor centro del valle, sobre
todo en la manufactura de la obsidiana. En estos momentos, los talleres que
se encuentran son escasos y parecen responder a las necesidades de una
poblacin en crecimiento. Para Spence, esto es indicativo de que la agricultura

o
tiene un papel principal en la economa del asentamiento, y que el aparato

r
le
estatal todava no se encuentra lo suficientemente establecido para eiercer

al
un fuerte control de la produccin. Los talleres se encargaran de obtener sus
propias materias primas y distribuiran sus productos ya terminados (Spence,

ab
1984: 98-99). No obstante, en las fases siguientes, la presencia de obsidiana

C
aumenta en el registro arqueolgico considerndose esta industria como un
elemento primordial en el desarrollo de la sociedad teotihuacana.
te
Las investigaciones realizadas sobre Teotihuacan han puesto al descubierto
or
que, en toda la ciudad, la presencia de obsidiana es constante. La obsidiana
verde de la Sierra de las Navaias es una de las principales industrias de
-C

Teotihuacan sobre todo en la ejecucin de las navajillas prismticas, cuyo


la

virtuosismo se muestra en las esplndidas piezas encontradas en el Templo


al

Viejo de Quetzalcoatl. No existe ninguna duda en considerar a la obsidiana como


uno de los principales elementos arqueolgicos para comprender el proceso de
D

desarrollo y expansin del Estado teotihuacano. La discusin viene dada en la


la

influencia y amplitud de este comercio y la repercusin en la ciudad y en el


ie

desarrollo sociopol tico mesoamericano.


Este investigador, ha determinado que Teotihuacan cop la produccin de
r
ab

las minas de la Sierra de las Navajas y que la ciudad contaba con innumerables
talleres dedicados a la ejecucin y exportacin de preformas y piezas completas
G

(Spence, 1967,1977,1981, 1984, ]987). Spence considera que uno de los


factores ms importantes que contribuyeron a acelerar el podero teotihuacano
fue cuando Teotihuacan pas a dominar no tan slo la distribucin de materias
primas, sino tambin a constituirse en el principal productor y distribuidor de
los productos manufacturados (Spence, 1987: 122). No obstante, la definicin
de los talleres de obsidiana en general y de Teotihuacan en particular, ha sido
contrastada porJohn Clark, que argumenta que la adjudicacin de la nomenclalura
de un taller ha de ser valorada teniendo en cuenta la magnitud de su produccin
(Clark, 1986a y 1986b). Hay que tener en cuenta que la definicin de Clark se
refiere a criterios puramente tecnolgicos.
caractersticas de un taller de produccin de artefactos segn clark
(1986a y 1986b)
1. En una superficie relativamente limitada se encuentra una gran cantidad
de desechos no caractersticos de otras localidades.
2. los desechos en cuestin incluyen errores de manufactura y tambin
restos de fragmentos de los artefactos que se producen.
3. Los desechos han de ser de alta calidad y resultado de la estand arizacin
obtenida por los artesanos en la prctica.
4. Existencia de los implementos necesarios para la manufactura y produccin
de los artefactos, en asociacin directa con al contexto explorado.
5. Entre los desechos del taller debern identificarse los restos de todas
las etapas del proceso de trabajo, as como artefactos quebrados y en

o
proceso de obtencin.

r
le
6. El nmero de artefactos terminados asociados al taller deber de ser
limitado.

al
7. Los artefactos terminados o de la etapa final de la manufactura no debern

ab
tener huellas de uso.
8. En la localidad definida como taller deber encontrarse un alto porcentaje
C
de ncleos agotados.
9. Tener la posibilidad de identificar juegos de desechos provenientes de un
te
mismo ncleo.
or

En Teotihuacan no en todos los talleres definidos por Spence como tales se


-C

han podido detallar todo el proceso tecnolgico. En algunos casos, la abundante


presencia de desechos de obsidiana aparece como rellenos de las subestructuras
la

de algunos edificios sin encontrarse en los alrededores el taller asociado. En 1987,


al

Spence reconoce que sus identificaciones anteriores de talleres fueron en cualquier


caso algo optimistas pero existen dif icultades en el registro para poder caracterizar las
D

de clark (spence, 1987:430). siguiendo su trabajo, spence identificatres categoras


la

de talleres, definidos por el alcance de su produccin y no tanto por los tipos.


r ie

Tipos de talleres segn Spence (1987)


ab

1 . Precintados. Es decir asociados y restringidos a las reas de las estructuras


pblicas ms importantes de Teotihuacan. La ausencia de estructuras de
G

habitacin sugiere que los artesanos no residan permanentemente sino


que eran exclusivamente lugares de trabajo. Ejemplos de estas reas son
las Pirmide de la Luna y el Gran Conjunto.
2. Talleres regionales. Tambin se encuentra asociados a estructuras
pblicas pero se diferencian de la anterior categora en que el desecho es
mucho ms abundante.
3. Talleres locales. Se encuentran en estructuras marginales, fuera del centro
ceremonial de la ciudad y parecen responder a necesidades domsticas
de un conjunto habitacional.
En todos estos tipos de talleres, se muestra una diversidad en el registro
arqueolgico que permiten considerar que si bien las materias primas y formas eran

56
bastante estandarizadas s que haba cierta libead en el hecho de la produccin.
En algunos casos se encuentra que las formas eran realizadas en un tipo de taller
y, aparentemente terminadas en otro o que algunos talleres se especializaban en
preformas y el "cliente" las terminaba a su gusto en Su casa o las llevaba a otro
artesano tal vez ms hbil con la pieza (Spence, 1987: 436-437)-

Algunos ejemplos en Teotihuacan

Spence considera como talleres de obsidiana a los conjuntos de tres templos.


En otros trabajos hemos discutido acerca de la temporalidad de estos conjuntos,
no tan temprana, al menos en el caso de Grupo 5 (Moragas, 2003: 156; Paz, 1996:

o
1 10-120). En el caso del Grupo 5 situado al este de la Pirmide de la Luna describe

r
le
dos talleres. El sitio 27 es un pequeo taller al aire libre, con escasa actividad
situado al sur de la plaza, mientras que en el lado norte, el sitio 29 presenta un

al
taller con intensa actividad asociado a un rea residencial. Este ltimo sitio puede

ab
ser interpretado como la residencia y el taller de artesanos a tiempo completo
controlados y apoyados por el aparato estatal.5 Excavaciones realizadas en el Grupo

C
5 permitieron eldescubrimiento de gran nmero de desechos de obsidiana, tanto
en la superficie como formando parte del relleno de las plataformas. Esto permiti
te
comprobar algunas de las hiptesis formuladas por Spence, en el sentido de que
or
fue en el noroeste de la ciudad, donde se realizaron desde antiguo actividades
relacionadas con la produccin y comercializacin de la obsidiana (Spence 1967,
-C

1981, 1984, 1987). Pudiera proponerse entonces que en el Grupo 5!, como en
otros conjuntos aledaos fueran lugares de control de la elite en lo que se refiere
la

a dichas actividades6. En trminos generales, la mayora de investigadores que


al

han estudiado los conjuntos de tres templos coinciden en afirmar que stos son la
expresin constructiva del Estado teotihuacano y que en ellos se conjugan tanto
D

factores de orden econmico como religioso (Cowgill, 1988; Morelos, 1998).


A lo largo de la historia teotihuacana la produccin de la obsidiana verde
la

aumenta y aparece en todos los diferentes barrios de la ciudad. Las piezas ms


ie

destacables aparecen en contextos de ofrenda y en entierros. Uno de los ajuares


r

ms ricos corresponde a las ofrendas del templo de Quetzalcoatl en las que


ab

destacan las navajillas de obsidiana verde de ms de 20 cms de largo extradas


de un ncleo bajo un nico golpe (Cabreray otros, 1990 y 1991). Las actuales
G

5. "Their proximity [refirindose a los dos talleres] to one another and to public structures like de
Group 5 complex and the Moon Pyramid argue for a jont assocalion with the Teotihuacan State, but
the situation is complicated by the different character of the material from each of the workshops"
(Spence, 1 984: 1 03).
6. "A small open air workshop zone producing the same artifacts types was presented in Groupe
Five Prime, a Tzacualli three pyramid complex west of the Moon Pyramid. lt was probably a precinct
workshop, where Tzacualli craftsmen from the regional area produced artifacts as a form ol tax. Most
Tzacualli workshops were clustered in groups apart from the major public structures and obtained
their raw materials, indicating that the role of the state in the industry was still relatively limited (...) The
Tzacualli phase precinct workshop zone in Group Five Prime covered an open area of about 2000
m2 (Spence, 1987a: 4421.
excavaciones en la Pirmide de la Luna han puesto al descubierto varias ofrendas
en la que presencia de ltica tallada y figuras de obsidiana muestran que esta
industria se desarroll en fases muy tempranas.T
La presencia de la obsidiana no se reduce a contextos de templos con
talleres asociados u ofrendas sino que tambin se encuentra en contenos de
conjuntos habitacionales adscritos a diferentes clases sociales. Para citar un
ejemplo reciente podemos mencionar los materiales encontrados en la Ventilla.
La industria ltica de este conjunto residencia muestra el patrn generalizado
que funcionaba en gran parte de la ciudad. En el caso de este conjunto el
material procede de contextos de entierros, basureros, rellenos de unidades
arquitectnicas y de ofrendas. En todos estos contextos se pueden llegar a hacer

o
varias generalizaciones.
.

r
Absoluto predominio de la obsidiana respecto a otras materias primas

le
(pedernal, basaltos...).
.

al
Tres tipos de materiales: navajillas de obsidiana (obsidiana verde de la
Sierra de las Navajas), bifaciales (restringidos a formas de puntas de

ab
proyectil y cuchillos hechos en obsidiana gris de Otumba) y lascas (de
ambos tipos de obsidiana) (Sarabia, 2003).C
te

El norte de la Cuenca de Mxico: Nuevas perspectvas


or

En los ltimos aos los trabajos llevados a cabo por el arquelogo Osvaldo
-C

J Sterpone en el norte de la Cuenca de Mxico han proporcionado interesantes


datos acerca de la comprensin del desarrollo cultural de las poblaciones
la

prehispnicas de esta zona. De ser considerada un rea marginal que depende


al

de las minas de obsidiana o delsurgimiento de Tula, las investigaciones muestran


D

que el papel de la Cuenca norte se integra en el desarrollo cultural de todo el


Altiplano de una manera congruente y compleja.
la

El recorrido de superficie conjuntamente con excavaciones puntuales nos est


haciendo reevaluar el tradicional modelo teotihuacano de acceso, produccin
ie

y distribucin de la obsidiana verde de Pachuca hacia la metrpolis. Son


r

trabajos preliminares pero la prospeccin de campo ya ha mostrado evidencias


ab

sustanciales para sugerir un modelo de intercambio bajo nuevos parmetros en


la relacin del poder teotihuacano en la periferia. Tres asentamientos parecen
G

ser allamente significativos para sugerir un nuevo modelo. En el municipio de


Epazoyucan se han detectado diferentes asentamientos de la poca colonial
y prehispnica. Tal es el caso en la colonia El Manzano, perteneciente a la
poblacin de Xolostitla. En el lugar conocido como "La Lagunilla" se encuentran
los restos materiales de una unidad habitacional del perodo Clsico. La
excavacin de la unidad habitacional se realiz durante los meses noviembre
y diciembre de ao 2002, por medio de un rescate arqueolgico, dentro del
proyecto Geografa Histrica que es coordinado y dirigido. por el arquelogo
Osvaldo Sterpone, investigador del centro INAH, Hidalgo. La investigacin se

7. Rubn Cabrera, comunicacin personal.

58
efectu por el alto grado de exposicin de elementos arquitectnicos como
pisos y muros en la superficie; aunado a esto los diversos pozos de saqueo que
han dejado al descubierto la cimentacin de las estructuras. Las excavaciones
puntuales sirvieron para poner al descubierto los restos de unas habitaciones
de factura teotihuacana. En general, durante el proceso de excavacin no se
pudieron recuperan artefactos que estuviesen relacionados con las reas de
actividad de los espacios internos de los Cuaos, salvo los hallazgos fortuitos de
algunas puntas de proyectil fragmentadas y un ncleo prismtico de obsidiana
verde, localizado dentro del tlecuil o fogn del Cuarto 1. En este ltimo caso, el
ncleo aparenta haberse depositado en ese lugar debido a un proceso ajeno al
de la actividad de la preparacin y extraccin de las navaias de obsidiana. El

o
fogn aparenta haber sido cubierto por el proceso de derrumbe de los muros

r
y el ncleo fue encontrado en el fondo del tlecuil, indicando que el depsito se

le
relaciona con el acarreo de sedimentos y artefactos, desde las localidades de

al
descarte u abandono. Otro asentamiento localizado en las laderas de la Sierra de
las Navajas es el de Coatzacoalcos. Un recorrido del sitio ha permitido constatar

ab
que en el lugar se realizaron una actividad continuada que implicaba la factura
de navajillas prismticas de obsidiana, bifaciales pero sin descartar la produccin

C
de puntas de flecha y tal vez excntricos. Podemos encontrar en este sito gran
te
parte de las caractersticas sugeridas por Clark para la definicin de los talleres.
Evidencias del mortero tpico utilizado por los teotihuacanos se presenta en los
or
campos continuos a la mayor concentracin de estos materiales. Una observacin
general de la cermica nos indica la adscripcin teotihuacana de sitio con la
-C

presencia de contenedores, ollas del grupo bruido y vasos y cajetes del grupo
la

pulido. En ambos lugares mencionados, sus habitantes estaban directamente


relacionados con la produccin de la obsidiana y en definitiva inmersos dentro
al

delcircuito redistributivo de Teotihuacan o no?


D

El tercer sitio identificado nos lleva a la actual poblacin de Atotonilco el


Grande, ms all de la Sierra de las Navajas. En este caso nos enconlramos
la

con un sitio de factura monumental. El Tinacales un sitio arqueolgico en las


ie

cercanas de la poblacin de Atotonilco el Grande. Los vestigios del asentamiento


prehispnico se disponen en la parte alta de una loma que se encuentra en la
r
ab

vertiente Norte de la serrana de Pachuca sobre la cota de los 2100 m.S.n.m.,


descendiendo hacia la garganta de la Vega de Meztitln que, a menos de diez
G

kilmetros de distancia, baja hasta los 1400 m.s.n.m. La poblacin de Atotonilco


se encuentra a menos de dos kilmetros de distancia en direccin Sudoeste y sus
pobladores lo conocan como el lugar de las pirmides. El gradiente altitudinal
asociado con este emplazamiento debe haber ofrecido a sus habitantes una
serie de ventajas para la explotacin de los recursos de tierra fra y caliente.
Nuestra hiptesis de partida es que El Tinacal, fungira como centro de control,
captacin y redistribucin de determinadas materias primas procedentes del
Valle del Meztitln y que luego seran reenviadas a la metrpolis de Teotihuacan.
Hay que destacar que la zona del Valle se compone de diversos econichos
muy significativos con alturas que oscilan desde los 2300 m.s.n.m. hasta 1500
m.s.n.m lo que permite una gran variabilidad de productos y cultivos Tal vez sea
esta una de las razones por las cuales haya crecido este asentamiento, que a
juzgar por los pocos fragmentos de cermica que se han observado durante
las visitas que se han realizado, lo relacionan con los primeros aos del primer
milenio de nuestra era y con el crecimiento de una de las urbes ms importantes
de Mesoamrica: Teotihuacan. Los vestigios que an se conservan, abarcan un
espacio de aproximadamente 15 Ha, con un patrn muy semejante al que se
observa en la gran urbe del clsico; en un eje rector que tiene una orientacin
de Este a oeste y con una desviacin de entre 15' y 17' al oriente del Norte
magntico. Se han identificado al menos B montculos, en arreglos arquitectnicos
de plazas con tres basamentos piramidales, rodeados por lo que aparentaran
ser complejos de edificios muy semejantes a los observados en derredor de la
pirmide del sol en Teotihuacan. Las labores agrcolas y ganaderas han tenido

o
un impacto negativo en el sitio, aunque los relictos de los monumentos son de

r
una magnitud que no se compara con otros localizados en la cuenca de Mxico.

le
El rea del asentamiento, considerando los distintos sectores del trazo urbano

al
prehispnico, podran extenderse en un rea mayor a las 75 Ha.

ab
C
Figura 1. Modelo sin escala de los principales
asentamlentos mencionados en el texto
te
or

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-C

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la

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A pesar de que los estudios todava se encuentran en fase de formulacin,


creemos que pueden ser vistos de una ptica algo ms perifrica pero que
irnicamente nos pueden ayudar a comprender mejor el funcionamiento de los

60
modelos de distribucin de la ciudad. Lo que observamos en los sitios mencionados
es la explotacin del medio por parte de las poblaciones del Clsico. Bajo una
interpretacin tradicional diramos que se tratara de la evidencia de la expansin
del Estado teotihuacano pero no tenemos tampoco nada en contra de proponer
que lo que tenemos son las evidencias de una reorganizacin territorial con base
a la explotacin de la obsidiana y de otros recursos como el bosque, lacazay
tal vez otros minerales. Una cuestin interesante ser la de ver cuales son los
indicadores arqueolgicos que nos puedan permitir identificar a esas poblaciones
como teotihuacanos de la ciudad o gentes de teotihuacanizadas dentro del modelo
sugerido por Paddock. El asentamento del Tinacal nos indica la jerarquizacin
deL rea y abre las perspectivas de la presencia teotihuacana (tomando esta
acepcin con gran prudencia) hacia elinterior del Valle del Meztitlan.

r o
le
Reflexiones entorno al papel hegemnico de Teotihuacan

al
ab
Eldesarrollo de los argumentos presentados en este artculo nos muestra que
todava hay mucho que reflexionar entorno al tradicional modelo hegemnico de

C
Teotihuacan. Una de las cuestiones en la que se debe de crear un marco de dilogo
entre investigadores se ref iere a que es lo que entendemos como teotihuacano f uera
te
de los lmites de la ciudad. El discurso arqueolgico de los ltimos aos basado en
or
esa interpretacin hegemnica y homognea de los gobernantes teotihuacanos
parece estar, sino agotado, s que algo gastado en la necesidad de buscar nuevos
-C

marcos tericos. En este sentido las ideas entorno a las lites teotihuacanas como
un grupo social vivo, con intereses propios dentro de un marco heterogneo de
la

linajes en los que las relaciones sociales se moveran en el marco de pactos y


al

alianzas familiares y de linajes. Sin duda los avances en otras arqueologas como
la maya, la mixteca y la mexica nos incitan a sugerir a una sociedad teotihuacana
D

ms acorde a un modelo comn de la "familia mesoamericana"'


la

Hablar de conclusiones en la investigacin de los procesos tecnolgicos que


se desarrollan en la Cuenca de Mxico en torno a la industria de la obsidiana sera
ie

un poco aventurado. En el caso de Teotihuacan resulta un poco desesperanle


r

encontrarnos que el registro arqueolgico procede del centro receptor y no del


ab

emisor. Arqueolgicamente identificamos en Teotihuacan los materiales en


forma de preformas sin trabajar, ncleos de navajillas de obsidiana agotados,
G

lascas, desechos, sin olvidar los trabajos ya terminados que forman parte de las
ofrendas de sitios tan significativos como el templo de Quetzalcoatl y la Pirmide
de la Luna. Es por eso que si estudiamos la industria de la obsidiana desde
una perspectiva econmica, los sitios identificados en el Estado de Hidalgo
son altamente significativos para comprender los modos y las formas en que
los teotihuacanos se sirvieron de las poblaciones locales entorno a las minas
de obsidiana de Pachuca para obtener el monopolio de la extraccin de la
obsidiana. En un momento creamos que los teotihuacanos dominaron lo que
se denomina el "savoir faire", es decir el dominio de una determinada tcnica
para la realizacin de las navajillas prismticas, los excntricos, las figurillas y el
trabajo de piedra en general utilizando en este intercambio elementos ideolgicos

61
entorno a Teotihuacan como ciudad de los Dioses. Lo que el sitio de Xolostitla
nos muestra es que al menos los habitantes de este lugar, fueran o no de filiacin
teotihuacana o influidos por los teotihuacanos, s que dominaban la tcnicas de
elaboracin de las navajillas prismticas, los bifaciales y los excntricos. Ello no
invalida la existencia de talleres en la ciudad sino ms bien que las lneas de
produccin y circulacin de stos no son tan unilaterales como se crean.
Por otro lado, apenas hay estudios microscpicos de la obsidiana en
Teotihuacan. Esto es debido a que se ha confiando mucho en las observaciones
de la propia obsidiana al trasluz para identificarla como verde = a pachuca y gris
= a otumba. Tal vez cuando se empiece a generalizar investigaciones de este
tipo haya ms de una sorpresa.s
En este trabajo no hemos desarrollado la cuestin del intercambio de larga

o
distancia. Nos referimos al comercio de la obsidiana verde de Pachuca en zonas

r
le
fuera del alcance directo del poder teotihuacano. Es posible que estas piezas
fungieran como regalas entre las elites ms que elementos que evidencien el

al
poder de Teotihuacan sobre otras culturas como la maya. En todo caso, la falta

ab
de estudios microscpicos hace que se clasifiquen inicialmente como obsidianas
de la Sierra de las Navajas muchas de las obsidianas verdes.s
C
Lo que s resulta muy significativo es que tras el colapso de Teotihuacan, la
industria entorno a la obsidiana se bloquea. Ello se interpreta como una estrecha
te
relacin entre esta industria y un sistema en torno a las elites de la ciudad y de
or

los artesanos especializados que laboraban en los conjuntos de tres templos y en


zonas residenciales. No obstante sern muy importantes los datos que se puedan
-C

deducir de las futuras excavaciones en la sierra de las Navajas ya que hasta que
no se localicen con claridad los denominados campamentos teotihuacanos, la
la

mayora de ideas son tan slo conjeturas ms o menos argumentadas. Es por


al

ello que los datos aportados de los sitios de La Lagunilla, Xolostitla y el Tinacal
en Atotonilco el Grande resultan de gran importancia para poder comprender no
D

tan slo la redistribucin de los sitios a nivel localsino tambin en la redistribucin


la

mucho ms amplia.
Hasta la fecha se considera que los teotihuacanos remanentes en la ciudad
ie

y los nuevos grupos que se asientan se nutren de las minas de otumba,


r

mucho ms cercanas aunque con una obsidiana de menor calidad. Este patrn
ab

es muy coherente con la realidad poltica y econmica del periodo epiclsico


teotihuacano, caracterizado por una disgregacin del poder centralizado as
G

como de una menor complejidad sociopoltica y de la influencia panregional. De


hecho, la investigacin de la obsidiana para los periodos posteriores (epiclsico

8. Pero hay sorpresas. Thomas Charlton de la Universidad de lowa me ha comentado que anli-
sis realizados ms all de la identificacin macroscpica muestran que no toda la obsidiana gris de
Otumba es de este centro. Ello les esta llevando a revaluar todas sus conclusiones de los ltimos 20
aos (agosto 2003).
9. Este es otro de los temas que ha hecho correr tinta arqueolgica. El Materialismo histrico ha
pegado fuerte en los investigadores mexicanos desde hace ms de treinta aos con lo que muchas
de las interpretaciones sobre las principales culturas prehispnica ha enfatizado mucho las ideas "del
poder del Estado sobre...". La identificacin de obsidiana verde se ha interpretado como evidencias
de la presencia fsica de teotihuacanos obviando otras explicacones.

62
y posclsico) ha considerado Otumba y la obsidiana gris como marcadores
arqueolgicos de primer rango
Algo diferente sucede con las poblaciones que residen entorno a las minas
de obsidiana de la Sierra de las Navajas. Aparentemente se desmantelan los
campamentos fueran ocupados por teotihuacanos o por gentes locales. Resulta
interesante que nadie retoma el comercio a gran escala tras el vaco de poder
sucedido tras el colapso de Teotihuacan. Ello nos puede indicar el desconcierto
a nivel regional que sucede durante el Epiclsico y la falta de los artesanos
altamente especializados asociados al poder teotihuacano.
Resulta significativo que con el estudio de la ltica y concretamente la obsidiana
verde pOdemos aseverar, en un marco general, laS ideas entorno al deSarrollo,
auge y finalteotihuacano, as como de las fases posteriores.

r o
le
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64
Resistir al Teniente con la letra del Rey:
la conflictiva relacin del Cabildo de Santa
Fe con la Gobernacin del Ro de la Plata
durante los aos 1620

r o
le
al
Daro G. Barriera
(UNR / CONICET, Argentina)

ab
C
te
or
-C

La divisin en dos de la antigua gobernacin paraguaya (reduciendo la gida


de la cabecera de Asuncin a tres modestas ciudades ro Paran arriba y colo-
la

cando a la de Santa Fe bajo la rbita de la nueva gobernacin del Ro de la Plata


con sede en Buenos Aires) estuvo vinculada, en el mbito rioplatense, con la
al

consolidacin de la faccin confederada en el control de los resortes econmi-


D

cos e institucionales en la ciudad-puerto establecida por Garay en 1580. Si bien


el proyecto confederado (caraclerizado por la connivencia entre funcionarios
la

peninsulares y comerciantes portugueses y flamencos) logr imponerse como


ie

hegemnico en pocos aos, la ciudad de Santa Fe ofreci resistencia frente a


r

varias de las medidas tomadas por los nuevos gobernadores; particularmente


ab

rechaz la mayor parte de los tenientes que stos enviaron a la villa. En esta
ponencia se aborda la utilizacin que el cabildo hizo de la normativa regia para
G

elaborar exitosamente esta resistencia.

La intencin de los primeros Austrias de organizar los territorios virreinales


incluy una serie de medidas que tendan a evitar la incardinacin de oficios,
servicio real e intereses locales. Felipe ll, hacia 1569, insista en que no Se pro-
veyera cargo de Gobernador o Corregidor a nadie en la ciudad en que estuviere
avecindado; tambin pretenda excluir de la posesin de oficios a mercaderes,
encomenderos y a parientes hasta el cuarto grado, criados, familiares o allega-
dos de virreyes, presidentes de audiencia, oidores, gobernadores, corregidores,
fiscales o alcaldes del crimen. Hasta finales del siglo XVI y comienzos del si-
guiente, se pusieron en vigor medidas que intentaban mantener algn tipo de
control sobre la designacin de oficios municipales. Sin embargo, el reducido
nmero de hombres en las ciudades americanas de la monarqua, sus disputas
por la hegemona del control de los recursos, se sumaba a la estrechez de los
vnculos entre ellos (derivada de los modos de reclutamiento de hombres para
la empresa conquistadora), haciendo que fuera muy frecuente tanto considerar
una "formalidad" las exigencias reales, como posible encontrar como oficiales
de la monarqua a agentes que, en principio, estaran normativamente vetados
para hacerlo.
Obliga esto a considerar una oposicin entre normas y prcticas? Quizs lo
mejor sea considerar los casos para observar de cerca de qu manera los agen-
tes consideraban la normativa segn su propia conveniencia, casusticamente,

o
para gestionar la satisfaccin de sus intereses de las maneras ms diversas.

r
A finales de 1622, en Santa Fe del Ro de la Plata, la aceptacin de un Te-

le
niente de Gobernador plante serios conflictos al cabildo de la ciudad. El 2 de

al
noviembre de ese ao, el Capitn Manuel Martn -vecino feudatario y de los
primeros fundadores de la ciudad- present un ttulo de Teniente de Gobernador

ab
dado una semana antes por el Gobernador Gngora, en Buenos Aires, cabecera
de la gobernacin. Los capitulares lo recibieron, pero exigindole la aprobacin
C
de la Real Audiencia de Charcas para ponerlo en posesin de su cargo, tal y
como lo sealaba una Real Cdula de Felipe ll. Dos semanas despus, el men-
te
cionado capitn present una peticin contradiciendo la negativa del cabildo,
or

arguyendo que tal confirmacin no era ms que una "formalidad", lo que era
absolutamente cierto: durante aos, los Tenientes tomaron posesin de su cargo
-C

sin necesidad de que llegara la mentada confirmacin.


Un hecho aparentemente curioso parece dar sentido a las reticencias mani-
la

festadas por el cabildo santafesno el da 14 de noviembre. La fecha es signifi-


al

cativa, pues el Gobernador Gngora expidi ese da a favor de Juan Bautista de


D

Vega el mismo ttulo que haba otorgado poqusimos das antes a Manuel Martn.
Si Gngora jugaba con dos cartas alavez, es probable que para los capitulares
la

santafesinos no estuviera demasiado claro cul era la carta que ms convena a


su propio juego. De la misma manera que lo hicieron con Manuel Martn, supedi-
ie

taron la presentacin de Juan Bautista de Vega a la aprobacin que de su ttulo


r

deba llegarle desde la lejana RealAudiencia.


ab

El 12 de diciembre Manuel Martn se aperson munido de otro ttulo, ms


acotado y novedoso: "Capitn a Guerra de Santa Fe", el cual le habilitaba para
G

asistir al Cabildo y entender en causas de gobierno, aunque no de justicia. Era


indiscutible que la capitana de guerra resultaba imprescindible para el mante-
nimiento del orden y la seguridad: en una ciudad en permanente guerra con los
infieles y tambin fronteriza con el avance portugus sobre el Ro de la Plata, al
menos esto era un horizonte muy concreto. Mientras tanto resolva el Cuerpo, el
Procurador deba entender en cuestiones de Justicia (el hombre, cabe aclarar, no
estuvo en esta sesin ni en la mayor parte de las sesiones del ao, lo que dejaba
en manos del alcalde de primer voto el alfa y el omega de la justicia ordinaria

1. Archivo Histrico de la Provincia de Santa Fe (AHSF) Actas del Cabildo de la ciudad de Santa
Fe (ACSF), 2a. Serie, Tomo ll, ff. 40 v. a 50.

66
durante ese ao).l El novedoso ttulo tambin haba sido dado por Gngora y
tambin fue rechazado provisionalmente, con los argumentos ya referidos. Gn-
gora le haba investido con este honor el29 de noviembre del mismo ao, tan slo
iS Oias despus de haber designado como Teniente a Juan Bautista de Vega.
El asunto se simplific -aunque no se resolvi- de manera "natural", cuando el
pobre de Vega, la jornada siguiente de la designacin de Martn en funciones de
Guena, falleci. Pero, muerto el perro, no se acab la rabia.
El problema no slo no fue resuelto sino que irradi con Su onda expansiva
la totalidad de las sillas dispuestas en torno de la mesa capitular. Durante la
jornada del da 1 de enero del ao siguiente, tras la designacin de las nuevas
autoridades, elescribano asent que se esperaba la confirmacin en Su cargo de
todos los capitulares por el Gobernador en un plazo no mayor de cuatro meses.

o
Este requisito no era nuevo, pero no haba sido mencionado en las actas de los

r
le
aos anteriores. Como en el caso de los Tenientes, la confirmacin por el gober-
nador de alcaldes y regidores tambin era considerada una formalidad.

al
Durante ese ao, Juan Garca Ladrn de Guevara -vecino de Santa Fe con

ab
excelentes contactos en Buenos Aires- solicit copia de los argumentos que l
mismo haba presentado cuando rechaz los ttulos presentados por Manuel

C
Martn. El 6 de junio de 1623, el Cabildo acept como Teniente de Gobernador
a Gonzalo de arbajal, designado por Gngora el21 de mayo anterior' Se le
te
admiti a pesar de no tener la aprobacin de la Real Audiencia, argumentando
or
que sta demorara demasiado en llegar, en virtud del peligroso estado en que
se hallaban los caminos a la ciudad de Charcas. Sus fiadores, conviene retener
-C

los nombres antes bien que el argumento sobre el mal estado de los caminos,
fueron Antonio Toms de Santuchos y Agustn lvarez Martnez'
la

Para terminar de embarrar el cuadro, que no los caminos, cuando Carbajal


al

asumi, el Gobernador Gngora ya haba muerto. Enterado de esto, Sancho


de Figueroa Sols solicit al Cabildo que lo cesara en su cargo.2 Sin embargo,
D

el Teiente pisaba fuerte en el Cabildo y Figueroa Sols debi echar mano de


la

artillera pesada. Contact al Visitador Prez de Salazar, Oidor de la Audiencia


de Charcas, y obtuvo de ste un auto que decretaba el cese del Teniente hasta
ie

que, como en los anteriOres casos, fuera presentada la aprobacin de la Real


r

udiencia.3 En una jornada particularmente generosa en la oferta de motivacio-


ab

nes obvias, pueden leerse con claridad las razones del excesivo celo puesto por
Figueroa de Sols en el cumplimiento de la Real Cdula tantas veces invocada:
G

lalesin del 16 de abril deja expuesta la intencin de Sols de asumir el cargo,


con un nuevo ttulo, extendido a Su nombre por el gobernador entrante, don
Francisco de Cspedes. El Cabildo, haciendo gala de criterio para Sacar partido
del desgaste que iba sufriendo la figura, desautoriz a Carbajal, tal y como lo
mandab el Visitador, pero no aprob el ttulo de Figueroa Sols, dejando el
gobierno en manos de los alcaldes ordinarios. El Cuerpo aleg justas y graves
causas para no admitirlo, dadas las "amenazas que hizo antes que llegase a esta

2. AHSF - ACSF, 2a. Serie, Tomo ll, sesin del 2 de diciembre de 1623' tl. 141 a 144
3. AHSF - ACSF, 2a. Serie, Tomo ll, sesin del 29 de marzo de 1624.

67
ciudad como despus de ella", instruyendo aleternamente dispuesto Hernanda-
rias para ir donde el Visitador salazar a resolver el asunto.4 A mediados de mayo,
el cabildo dispuso de una carta firmada por el oidor, entregando el mando a los
Alcaldes. Nada se dice acerca del estado de los "caminos" utilizados por el oidor
para llegarse hasta Santa Fe.
Nada se dice pero parecen haber estado malos, sino en su textura, en su fun-
cin de conducir los flujos necesarios para zanjar los problemas. En 1624 Juan
de Zamudio, designado por el nuevo gobernador Francisco de Cspedes como
su Teniente en Santa Fe, tuvo los mismos inconvenientes que sus predecesores.
Hasta tanto lleg su confirmacin por la Real Audiencia --en agosto de 1625-, se
lo acept slo como "Capitn a Guerra".s

o
Las actas capitulares de la primera semana de ese ao, sin embargo, mues-

r
tran nuevamente cmo la complejidad del funcionamiento local se impona en

le
Santa Fe por sobre cualquier otra dimensin. El drama, una vez ms, involucr

al
a un par de notables, quienes descargaron todos sus recursos en funcin de los
intereses que perseguan. El3 de enero de 1625, elteniente Zamudio, ejercien-

ab
do como Juez de Comisin, puso en prisin a Juan de Osuna, alcalde electo.
Los capitulares se expidieron inmediata y corporativamente, determinando que,
C
en tanto que Zamudio no haba sido aceptado todava como Teniente, mal poda
apresar a un alcalde. El Teniente deba liberarlo inmediatamente y ponerlo en
te
ejercicio de su cargo.6 Quizs en un juego de toma y daca, Zamudio recibi la
or

aprobacin del Cuerpo menos de una semana despus: el alcalde Osuna, reha-
bilitado, pareca ahora bien predispuesto para con su Teniente, desestimando
-C

la necesidad de la aprobacin tantas veces exigida: el argumento invocado en


esta ocasin, fue la situacin de peligro en que se encontraba... Buenos Airesl
la

Era necesario tomar disposiciones impostergables: en consecuencia, el teniente


al

present a sus fiadores, entre quienes se alist nuevamente don Agustn lvarez
D

Martnez, garante probadamente aceptable de Tenientes y Alcaldes ordinarios.T


Juan de Zamudio tambin haba entrado a Santa Fe pisando fuerte; no obs-
la

tante, lo mejor de sus credenciales, en manos de quienes estaban bien informa-


dos, se convirti en materia de controversia. En noviembre de'1625, Gregorio
ie

snchez ceciliano exigi el cumplimiento de la Real Provisin por la cual los


r

gobernadores no podan nombrar "a personas de su casa" en cargos pblicos.B Al


ab

da siguiente, el alcalde Pero Hernndez, solicit a Zamudio que dejara su cargo.


Juan de Osuna, el hombre cuyo encarcelamiento a manos de Zamudio haba pro-
G

vocado el primer altercado a comienzos de ao, sali esta vez en su defensa.


El Licenciado Gabriel Snchez de Ojeda, vecino de Santa Fe y abogado de la
Real Audiencia de Charcas, fue presentado por Juan de Osuna ante el cabildo a
fin de que proporcionara su "opinin de letrado". ste afirm que, como esa Real

4. AHSF - ACSF, 24. Serie, Tomo ll, tf . 144 a 146.


5. AHSF - ACSF, 24. Serie, Tomo ll, fi. 160 a 161 .
6. AHSF - ACSF, 2a. Serie, Tomo ll, ff. 169 a 171 v.
7. AHSF - ACSF, 2a. Serie, Tomo ll, ti. 177 a 182. (1625), 7 de enero, Agustn Alvarez Martnez y
Juan Ruiz de Atienza.
8. AHSF - ACSF, 24. Serie, Tomo ll, f. 226.

68
Provisin fue dirigida a los alcaldes de la Provincia del Tucumn, no tena valor
para el Ro de la Plata. Brillantel Zamudio, adems, arguy que su designacin
iue aprobada por la Real Audiencia de Charcas, incluso con posterioridad a la
redaccin de esta Real Provisin.e En la copia de lo conversado, que se extendi
a pedido de Snchez Ceciliano, el Cabildo no incluy el parecer del letrado, ni el
parecer del Teniente de Gobernador que, a ojos de los capitulares, infringa "la
i"y".to n la sesin del 8 de noviembre, Snchez Ceciliano caracteriz a Zamudio
cmo "criado" de Cspedes.11 Dos das ms tarde, Pero Hernndez pidi copia
de los pareceres faltantes en la transcripcin de las actuacones y el cabildo dis-
puso se le diera noms "pie y cabeza". Si con anterioridad la cuestin haba sido
ia del cumplimiento de la famosa Real Cdula de Felipe lll, ahora la polmica
colocaba en el centro de la escena la relacin demasiado estrecha, a juicio de los

o
capitulares de 1626, entre Juan de Zamudio y elGobernador Francisco de Cs-

r
le
pedes. En este sentido, los nuevos capitulares de 1627 decidieron insertar en el

al
libro una copia del documento filipinol2 pero, respecto de los cuestionamientos
que recibiera Zamudio, el nuevo Cabildo rechaz la peticin del procurador Alon-

ab
so de Len, por estimar que el menCiOnado Teniente "...cumple con eficiencia y
prontitud..." las obligaciones de su cargo.13 Qu podra motivar una conducta a

C
primera vista tan esquizofrnica?
La renovacin de plazas no basta para explicarlo, pero contiene lo esen-
te
cial del argumento que aqu se ensaya. Durante la gobernacin de Cspedes
or
(1624-1631), lo que haba sido un enfrentamiento descarnado entre facciones
{aracterstica del perodo de Gngora (1621-1623)- dei paso a la construccin
-C

de un equilibrio precario pero equilibrio alfin y alcabo. Las disputas por recursos
de toda indole no desaparecieron, pero el cuerpo capitular mostr una tendencia
la

hacia posiciones ms homogneas en lo que respecta a asuntos de gobierno'


al

El fuerte cuestionamiento a Zamudio dej lugar a la lisonja en funcin de que el


alcalde de primer voto -y hombre fuerte en Santa Fe-, Manuel Martn, tena en
D

su bolsillo elttulo que le acrediiaba como sucesor de Zamudio desde haca unos
la

dos meses, tomando como referencia la jornada del prodigio o la esquizofrenia.


En este sentido, elCapitn Martn, -Teniente desde el 12 de mazo- difcilmente
ie

quisiera sembrar enemistades con elfuncionario saliente quien, por lo dems, era
r

un vecino respetable y, como se dijo, allegado ntimo del hombre que le acababa
ab
G

9. eue es en realidad una Real Cdula, dada por Felipe lll, en Madrid, a 12 de diciembre de
1619.
1 0. AHSF - ACSF, 2a. Serie, Tomo ll, lt- 226 v . a 228 v.

11. ldntica actitud asume en la sesin del 29 de diciembre de 1626 el Regidor Pedro Ruiz de
Villegas. El 2 de enero de 1627 solcita el cese de Zamudio, por ser paniaguado de Cspedes. AHSF
- AC-SF, 24. Serie, Tomo ll, ft.272 a 275. Y, efectivamente, tena razn. El asunto se analiza ms
adelante, bajo la lupa de cuestiones de justicia, pero es justo sealar que nada de esto apareci en
los archivos santafesinos, sino en Sevilla. All he encontrado el expediente que incluye a Juan de
Zamudio, embarcado con Francisco de Cspedes, como gente de su casa, nombrado como criado
en primer trmino. AGl, Contadura, 5388, n.74,23 de septiembre de 1624.
12. Real Cdula dada por Felipe lll en Madrid, a28 de diciembre de 1619. Transcripta en AHSF
- ACSF, 2a. Serie, Tomo ll, ff. 285 a 298 v. [289 a 298 v' ilegible]
13. Vanse las sesiones del 8 y del 22 de lebrero de 1627 , en AHSF - ACSF' 24. Serie, Tomo ll,
ff. 306 v. a 308.
de otorgar el ms alto cargo en su "cursus honorum". Ya le haba costado sus idas
y vueltas aquella designacin del atribulante Gngora, que resignara laureles
de
teniente en una"capitana aguerra", durante los ltimos das d'e 1622. siempre
muy cerca del centro de la escena, Manuel Martn aparece como ms cercan
al
universo de relaciones de cspedes que de Gngora. De hecho, es muy probable
que este ltimo desistiera de sostenerlo (cuando como se rese lo remplazara
por Bautista Vega primero y Gonzalo de carbajal despus), cuando supo
de sus
buenos contactos con elgobernador Hernandarias y su grupo, que constituan el
principal obstculo a los intereses de Gngora en SantJFe.,o vblvendo 1627,
a
momento que muestra a Manuel Martn repuesto en la Tenencia de gobernacin,
el otrora ensaado Alonso de Len testific gustoso en la asuncin el nuevo te-

o
niente sin mediar cumplimiento de Reales Cdulas ni mensura de distancias afec-

r
tivas, mientras que el "excarcelado" Juan de osuna, ofendido por Zamudio en las

le
buenas y defensor del mismo Zamudio en las malas, asumi el 23 de marzo en

al
reemplazo de Manuel Martn como Alcalde de primervoto. Los ,,hombres buenos',
de la ciudad estaban, los honores repartidos, en paz. pero el equilibrio poltico no

ab
oblitera la aparicin de grietas por otras partes: bien al contrario, las facilita.
Lo que interesa sealar ahora es un contraste que est ya esbozado pero que
C
quizs termina de configurarse con el desarrollo del prximo punto. En'la espe-
te
cfica relacin que sostienen elcabildo y los tenientes de gobernador (una de las
bisectrices que pueden trazarse como lectura de lo que s expuso en este apar-
or

tado) parece haber un desplazamiento del peso de una "institucin" hacia la otra.
En efecto, el enorme grado de concentracin de potestades y de influencia que
-C

el teniente de gobernador tena sobre el mbito capitular durante el ltimo cuarto


la

del siglo XVI sufri un franco deterioro a lo largo del cuarto de siglo siguiente, y
sobre todo durante elperiodo crtico que se abre en 161g. Los motivoJde estas
al

exitosas resistencias y hasta de este firme avance de las prerrogativas de un


D

cuerpo que, en su heterogeneidad, se fue autonomizando polticamente sobre las


potestades y sobre los dominios del teniente de gobernador, podran ser varios.
la

En principio, 1618 significo la sancin institucionaly administrativa de una nueva


gobernacin (la del Ro de la Plata) que retir a Santa Fe de la rbita de Asuncin
ie

del Paraguay y la ubic bajo la gida de Buenos Aires, nuevo polo de atraccin
r

econmica y de administracin poltica en el anhelado sitio de salida al Atlntico.


ab

Como todo momento crlico, el mismo implic muchas dificultades y hasta la derrota
polca de algunos (por ejemplo, los reveses sufridos por el grupo de Hernandarias
G

en santa Fe y en Buenos Aires), pero brind a muchos oiros una coyuntura de


oportunidades que intentaron aprovechar. Pero fue entre los "beneficiabos" por la
instalacin delgrupo confederado, donde se produjo, sin embargo, elproces ms
interesante de alineamientos. La complejidad deriva de ciertos choques que enfren-
taban a miembros de un mismo "partido", empricamente, a vecinos que estaban

14' En clave de dinmica facciosa, stos eran llamados los "benemritos", mientras que el grupo
que se apoyaba en los comerciantes portugueses llegados a Buenos Aires y ligados
a Gngorieran
denominados por aquellos como "confederados". Desde hace algunos anoi, Je ha demostrado que
estas facciones, en realidad, estaban mutuamente contaminadas, arreglndose los unos con ios
otros segn el negocio y las circunstancias.

70
compartiendo un universo de intereses con el ascendente grupo de comerciantes
porteos (la mayor parte de ellos portugueses y holandeses). Mientras que stos
controlaron el cabildo de la ciudad de Buenos Aires, la tensin con el cabildo santa-
fesino, o mejor, con algunos miembros delcabildo santafesino, era mediada por la
lucha facciosa entre bnemritos y confederados. Pero desplazado Hernandarias
de la gobernacin, relegado a terminar su mandato hasta 1620 en Asuncin e,
incluso, impedido de hacerlo a partir de ser encarcelado y de serle confiscados sus
bienes en eljuicio de residencia que Gngora le tomaba a caballo de la divisin de
las gobernaciones, la Ciudad de Santa Fe (es decir, el Cabildo como actor poltico),
no siempre estuvo dispuesto a aceptar a los tenientes enviados por Gngora o por
su sucesor, Cspedes (los dos primeros gobernadores de la Gobernacin del Ro
de la Plata). Adems, el cuerpo se mostr mucho ms "agresivo" o demandante en

r o
sus planteos para con la gobernacin y, como se ha visto, el incremento del nmero

le
de negociaciones y la subida del tono en las mismas, fueron una constante del
period, contrastando con los aos anteriores, cuando la "cuestin gobernacin" no

al
ocupaba tanto espacio en las discusiones capitulares.

ab
La aceptacin del cabildo santafesino, el beneplcito que muchos vecinos
sintieron frente a la consolidacin del orden confederado, no deriv mecnica-

C
mente en una subordinacin formal ni real de todos los intereses de la ciudad
a los intereses de una faccin que Se mova e intentaba desplegarse a escala
te
de gobernacin.
or
Los tenientes de gobernador de este periodo (1618-1630) ya no eran hombres
tuertes. Si mantenan, como antes, la cualidad de ser hombres de confianza de su
-C

gobernador, haban perdido la calidad de ser vecinos de la ciudad. Y sta, tena su


ensibilidad. Los tenientes del periodo 1573-1595 no slo fueron vecinos en casi
la

latotalidad de los casos, sino que hasta 1583, fueron hombres completamente
al

comprometidos con el proyecto fundacional (ya que el primero en ejercer ese car-
go fue el mismo fundador, Juan de Garay, quien a su vez, en mltiples ocasiones,
D

to OetegO en hombres de su entorno ms estrechamente cercano). A la muerte


la

de ste-, la figura de su yerno, Hernandarias de Saavedra, se perfilaba ya como


un elemento que poda garantizar la continuidad del orden "benemrito", insta-
ie

lado slidamente despus de la revuelta de los mancebos que, en 1580, intent


r

deponer alfundador. Esta incardinacin entre la autoridad y lo inmemorial (en un


ab

sentido que apela a la construccin recursiva de la autoridad y de la continuidad


de la vida de ia ciudad en las figuras directamente ligadas a la hueste fundadora)
G

pudo haber ejercido una fuerte marca en lo que respecta al peso que presentan'
en el periodo, las figuras del teniente de gobernador o del alcalde mayor.
Estas reflexiones se encuadran en un recorte excesivamente pequeo de la
dinmica poltica del proceso, y se insertan solamente con la intencin de con-
trastar el peso especfico de la figura que se utiliz como eje del anlisis en este
evento: los Tenientes quedaron atrapados en los usos locales de normativas
monrquicas durante largo tiempo desatendidas. El cabildo de la ciudad utiliz
esas normas (sigui la letra de la ley de la monarqua) como un recurso para
resistir al largo brazo del gobernador. Cuando los tiempos indicaron que esta
resistencia no era necesaria, la letra de los Felipes volvi a caer en el olvido.
Claro est, provisoriamente.
G
ab
rie
la
D
al
la
-C
or
te
C
ab
al
le
ro
Desafiando y resistiendo ala autoridad'
La carbonera de Francisco Ramrez en los
Montes del Tordillo a inicios del siglo XIX

or
Alejandra Rene Mascioli

le
Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina

al
ab
C
te
or

Una de las problemticas presente en los estudios referidos a la frontera en


-C

la historia americana es la referente a la relacin entre sta y las reas centrales.


la

que
Los diferentes anlisis que sobre eltema existen se mueven en un abanico
abarca desde aquellos postulados que reconocen una dbil vinculacin entre
al

ambas hasta otros que remarcan la existencia de una relacin mucho ms estre-
D

cha. Y esta cuestin remite, en definitiva, a la consideracin de la mayor o menor


autonoma de que gozaran las reas fronterizas (Scholes, 1976l.128-139; Lime-
la

rick, 1987: 17-32; Turner, 1991:9-44).


ie

En el caso de la frontera bonaerense diversos estudios vienen demostrando


el vnculo que existe entre sta y la ciudad de Buenos Aires tanto en aspectos
r
ab

econmicos, como sociales, culturales y polticos. Y en el marco de esta relacin


y una vez superada aquella imagen estereotpada del "caudillismo", cobra sen-
G

iOo el objetivo que nos proponemos en las pginas que siguen: analizar
el pro-
ceso de formacin del Estado bonaerense pos revolucionario en su vinculacin
con una zona de frontera: el inmediato sur del ro Salado de la actual provincia
de Buenos Aires a inicios delsiglo XlX.
constatada, entonces, la existencia de mltiples relaciones entre la frontera
y la ciudad de Buenos Aires, cabe preguntarse por la ndole de las mismas'
Se trata de un "modelo colonial" en el
que una no sera ms que un apndice
Je la otra sin significacin en s misma o queda margen para la accin autno-
ma?,1 hasta qu punto las autoridades de Buenos Aires logran imponer en la

1. Ver el planteamiento de Dippie en Limerick, 1987:17-32.


zona sus ideas y proyectos?, qu papel juegan, en este proceso, la tuerza y
la negociacin?. La premisa que nos gua en las pginas siguientes se inclina
por la alternativa de la cierta autonoma de esta zoa de frontera, dentro
del
marco interpretativo que sobre la formacin del Estado nos ofrecen una serie
de
trabajos referidos a Mxico y cuyos postulados tambin hallamos en estudios
sobre al rea bonaerense (Joseph y Nugent, 1gg4). En ellos se hace hincapi
en la idea de ver al Estado no como un objeto sino como relaciones de poder di-
nmicas, que evolucionan y se transforman, como formas diarias de accin. Ello
implicara una lucha cotidiana por el poder, en el marco de la cual los proyectos
hegemnicos de la lite encontraran diferentes tipos de respuestas e infleiiones
locales. De ah la importancia de tener siempre presentes distintos niveles de
anlisis (provincial, regional, local) a fin de ver tanto de qu manera juegan la

o
negociacin, la represin o la dominacin en el intento de implantar los proyectos

r
le
hegemnicos centrales como de dimensionar el impacto de los procesos locales
en aquellos ms [Link] figura de Francisco Ramrez y su carbonera de

al
los Montes del rordillo, a travs de sus acciones y relaciones, ser la ventana

ab
para adentrarnos en el estudio de las cuestiones mencionadas. Su conducta,
algunos de cuyos aspectos conocemos a partir de un sumario levantado el ao
C
1817 con motivo de una serie de delitos, cobra sentido en el marco de la comple-
jidad social y econmica que el inmediato sur del salado presenta
desde mucho
te
antes defundarse all un curato y un pueblo entre dicho ao y 181g. vayamos,
or

entonces, al anlisis deltema.


-C

Los hechos
la

El 17 de enero de 1817 Mariano Fernndez, Alcalde de la Hermandad de


al

chascoms y comandante de Milicias, actuando con Leonardo piedrabuena y


D

Ramn Carmona como testigos, inicia un sumario indagatorio a fin de esclare-


cer ciertos hechos delictivos que tienen como epicentro los Montes del Tordillo.2
la

Hacia 1817 estos montes estaban poblados por algunas cientos de personas y
ie

eran el centro de una serie de actvidades econmicas -lcitas e ilcitas- y d


relaciones sociales que las involucraban. No adjudicados an en propieda, su
r
ab

usufructo era compartido por los habitantes de la zona que extraan de ellos la
lea y el carbn que los avatares de la guerra de 1g10 ya no hacan posible traer
G

de la Banda orientaly delterritorio de la posterior provincia de Entre Ros.3


Del testimonio de los comparecientes en el sumario surge la figura de Fran-
cisco Ramrez y su carbonera, instalada en los Montes y proveedora de carbn
para el gobierno de Buenos Aires, como medulares en el conflicto. Teniente Co-

2. Se trala de uno de los lantos montes de talas y otras especies (adems de la fauna)
caracterslicos de la costa sudeste de la que se convertira en provincia de Buenos Aires. Ubicados
al inmediato sur del ro Salado y de una extensin aproximada de 24310 ha segn datos para 1gg1
,
en 1817 estaban bajo jurisdiccin de las autoridades del partido de Chascoms. El sumario referido
se halla en AGN, Divisin Gobierno Nacional, seccin Gobierno, Dolores, 1g17-1g31 .
3. Sobre la produccin de lea y carbn en el tenitorio de la que se constituyera en provincia de
Entre Ros puede consultarse Djenderedjian, 2004.

74
ronel graduado, Capitn retirado y posible Teniente Alcalde de la zona de los
Montel Francisco tendra, adems, una pulpera, tropa de carretas y una boyada
de invernada en un puesto de Juan Lorenzo Castro (Teniente Coronel Graduado
y Comandante de Milicias que se desempea, hacia 1805 y nuevamente en
i8tB, como Alcalde de la Hermandad de Chascoms). Padre de un hijo, con-
vivira con las santiagueas Feliciana y Dominga y sera, segn testimonios,
bastante "forzador". Los principales sospechosos de los delitos investigados son,
aparte de 1, los peones empleados (o que lo estuvieron en algn momento) en
su carbonera. Entre ellos destacan tres: el "europeo" Antonio Labado que viva
en dicha carbonera, tendra su ganado en la lsla del Vecino y estaba preso
al momento del sumario; Mariano Quiones, tambin por entonces preso en el
calabozo de la Guardia y Francisco Portilla, "el Paraguay", pen del mencionado

o
Quiones y tambin encarcelado. Los damnificados por sus delitos Son, por su

r
le
parte, tanto los habitantes y productores al sur del Salado como otros instalados
al norte del ro cuyos establecimientos quedan en el camino mismo que las tro-

al
paS de carretas re69rren en su trayecto entre los MonteS y Buenos Aires.4

ab
Ahora bien, cules Son eSoS delitos?. La fuente refiere, principalmente, tres:
robo de ganado;traslado de mujeres mayormente solteras desde Buenos Aires

C
hacia el sur del Salado que, una vezall, se "reparten con unos y otros"; el co-
bijo dado en los Montes a "vagos y deseores". Del testimonio de los compare-
te
cientes, ante las preguntas efectuadas por Mariano Fernndez, se desprende
or
lo que sigue. Tanto Labado, como Portilla y Quiones roban ganado que luego
introducen en los Montes delTordillo (bueyes, vacas, novillos, caballos), aunque
-C

en alguna oportunidad tambin Sustrajeron otros elementos (un Serrucho, un


Saco e Sal, unas cucharas, una pelota con grasa, unos cuergs vaCunos). El
la

ganado sustrado y conducido a los montes es encerrado en corrales tanto de la


al

arbonera de Ramrez como del establecimiento de Quiones. All se lo faena a


"horas intempestivas" o Se lo entrega a otros individuos o carboneras, Siendo a
D

veces utilizado como pago de alguna deuda o favor. En caso de faenamiento, Se


lo emplea para el abasto de la carbonera de Ramrez y se venden los cueros y
la

el Sebo, que viajan ocultos en alguna tropa de carretas. Otras veces, en cambio,
ie

es desde la misma carbonera desde donde Se compran estos productos pro-


r

venientes de animales robados y faenados en otro sitio. La lectura del sumario


ab

deja entrever que quien ms, quien menos, todos los individuos que comparecen
anie el Alcalde de la Hermandad tienen conocimiento de estos robos y de qu
G

individuos han faenado ganado ajeno, a sabiendas o ignorando su procedencia.


pero en estos ltimos casos, incluso, es posible advertir que dicha "ignorancia"
es producto de la certeza de tratarse de ganado mal habido. Por algo estos
individuos nunca Se preocuparon en conocer la procedencia del mismo. Por l-
tmo, tanto respecto a las mujeres provenientes de Buenos Aires como al hecho
de dar proteccin a "vagos y desertores" los testigos responsabilizan, una vez
mS, a Francisco Ramrez y su tropa de carretas. Por todo ello, Vicente Lagosta

4. En un trabajo reciente Ral Fradkin (2005, mimeo) seala la conflictividad presente en los
Montes del Tordillo a inicios del siglo XlX, suponiendo que habran sido un mbito especialmente
problemtico en la construccin del nuevo orden rural.
califica de "liorna" a dicho establecimiento y afirma que "...todos los que rodean
a Ramrez son (...) ladrones....".5

Antecedentes de intervencin
Esta es la situacin al ao 1817, aunque ni los hechos ni el pedido de inter-
vencin de alguna autoridad son recientes. Pero poco se haba podido hacer
hasta entonces ya que, algunas de las personas que reciban quejas sobre lo
que estaba sucediendo, no estaban facultadas para actuar. Hubo ocasiones,
no obstante, en que ciertos individuos intervinieron de manera extrajudicial para
remediar la situacin. Pero entrometerse en ella no parece haber sido nada fcil,

o
incluso para quienes tenan la autoridad de hacerlo. En tal sentido el Sargento

r
le
Mayor Jos Pea y Zasueta, que sirvi en una guarnicin de la zona afirma que,
tras haber intercedido en una cuestin relacionada con estos delitos,

al
ab
"...no tom otra providencia porque las Carretas llevaban carga del Estado, y unos hombres
acostumbrados al robo (segn la voz comn) pudieran haver hecho alguna felona...".6
C
Y algo similar refiere santos Almeida, mayordomo de Ramrez durante ocho
te
meses, al declarar que en ocasin de haber mandado buscar Mariano Fernndez
una mujer y otros individuos a la carbonera, Ramrez "puso en armas" a la gente
or

de la misma y a la tropa. Mariano Fernndez lo expresa as en el sumario:


-C

"...que luego que lleg el que declara [Santos Almeida, AM], de una diligencia a que lo havan
mandado, le diieron que hava puesto sobre las armas a la gente, Ramres, y que ste mismo se lo
la

dijo, que lo hava hecho porque Don Visente Lagosta le dijo que Don Mariano Fernndes, Juez de
este Sumario, le hiva a afopellar la Casa...".
al

Mencionemos, por ltimo, el caso de Ramn Lara. Desempendose como


D

Teniente Alcalde al sur del salado hacia 1815, y ante los reclamos de los pro-
ductores por los continuos robos de ganado, propuso alAlcalde de chascoms
la

Julin Martnez de Carmona que se nombrara tambin Teniente Alcalde a Pedro


ie

Nolasco Pereira ya que, dadas las distancias, no poda l solo atender toda la
jurisdiccin. Verificado elpedido de Lara, dice ste en su declaracin:
r
ab

"...como el referido Pereira pusiese todo celo fin de evitar los robos y desterrar los vagos de
que estaban llenos los citados Montes, y particularmente los que se abrigan en la Carbonera
G

de Ramiez, fue perseguido de Ramrez porque este Tenente Atcatde no le dejaba parar ningn
DesertoL n vago en dicha Carbonera, hasta tlegar a trminos que Ramrez se present al Alctde
de 1' Boto instaurando queja contra dicho Teniente A/calde pensando por este medio sorprender
aquel Juzgado; pero no sucedi as, porque este Juez prudente providenci para que informara el
Alcalde de este Partido, quien puso providencia para que yo, con los conocimientos gue tena sobre
la materia de gue trataba Ramrez, evacuara el informe, lo que verifiqu, y el Juzgado conocera

5. AGN, Divisin Gobierno Nacional, Seccin Gobierno, Dolores, 1817-1831 . Sera razonable
suponer que tanto los efectos que se transportan en las mencionadas tropas de carretas como el
ganado faenado clandestinamente abastecen no slo a los pobladores del rea sino, tambin, a
indgenas y soldados. Agradezco a Ral Fradkin esla observacin.
6. Tanto este testimono como los dos siguientes en AGN, Divisin Gobierno Nacional, Seccin
Gobierno, Dolores, 181 7-1 831 .

76
providenci en contra de
la Justicia que le asista Pereira para aquellos procedimientos; nunca
estos, Y ste conclui el Ao...".'

partir de su
Ahora bien, analicemos estos testimonios. Podramos decir que a
dificultad en imponerse ante
lectura Se entreve que las autoridades tienen cierta
y Zasueta, si bien acta en una
este estado de cosas. En el caso de Jos Pea
medida ms por temor a que
oportunidad, agrega que no implement ninguna
tomasen revancha rea-
los individuos contra quienes iba dirigida Su intervencin
lizando alguna accin inapropiada contra la carga del Estado que transportaban'
no lo hagan por
Que las autoridades consiituidas y con competencia para actuar
temor a represalias demuestra el poco poder real que tenan en algunas cues-
tiones. Dichas represalias podran interpretarse en el Sentido de un rechazo ala

o
parte de las autoridades' Orden, acla-
imposicin de un orden dterminado de

r
,"to., que vendra a alterar otro orden establecido, en el marco del cual tena

le
lugar la ida cotidiana de los pobladores de la campaa y cuya transformacin

al
re-
si duOa afectara ciertos intereses e individuos. Los dos ltimos testimonios
la autoridad tanto

ab
velan esto de manera clarsima. Ramrez enfrenta y desafa a
al "poner en armas" a la gente de su carbonera ante el rumor de la llegada
de
como cuando persigue al

C
Maiiano Fernndez en bsca de algunos individuos,
por nterferir en el
Teniente Alcalde recin nombrado y io denuncia ante iustcia
te la
de al
desarrollo habitual de sus actividaesl Podra hablarse de una resistencia
la autoridad y las reglas
menos algunos habitantes del sur del Salado a aceptar
or
del juego-que desde Buenos Aires o zonas ms cercanas intentan
aplicarse a
As, no slo la
-C

tas res de a poco incorporadas a la rbita de su iurisdiccin'


pobladores "cristianos" y al gobierno
poblacin indgna nabra diticultado a los
la

del territorio al sur del Salado'


y
be Buenos Airs el proceso de ocupacin control
haca ya algn tiempo cuyas
sino tambin algunos individuos asentados desde
al

Es sta una prueba de que


ia"ti."r, lcitaie ilcitas, podran verse afectadas'
D

'avanzar requera algo ms que hacer


y ejercer control eiectivo Sobre elterritorio
campas militares, establecer fuertes y guardias o nombrar autoridades'8
la
ie

En busca de una solucin


r
ab

Elsumario es elevado alcomandante Generalde campaa Ramn Balcarce


los "males",
en febrero de 1817. lnmediatamente ste propone, a fin de remediar
G

pblico".
la supresin total de las carboneras por ser stas "periudiciales al bien
pero el Asesor General interino Valle, al considerar la importancia que la pro-
que ha
duccin y el consumo de carbn tienen en la zona, especialmente desde
propone
dejado d'e introducirse el procedente de la Banda Oriental y Entre Ros,

7. El nfasis es nuestro.
g. Una situacin con caractersticas similares a las expuestas (delitos, desafos a la autoridad
"sur entrerriano"
constituida y dificultades de sta para imponerse) se da en la zona de frontera del
Djenderedjian,2004. Con relacin a delitos perpetrados
haciafines'del siglo XVlll. Ver al'respecto
por habitanies de la campaa bonaerense contra el Estado provincial, puede consultarse, para un
perodo posteror (1831-1851), Salvatore, 1997: 91-100'
elevar el caso al cabildo. El pedido se efectiviza y, el 1g de abril, el sndico se ex-
pide. Tras restar cierta importancia al problema, atribuyendo los ,,males" al hecho
de vivir fuera del marco de la justicia y la religin, manifiesta el error que sera
cerrar las carboneras. En su lugar propone nombrar un juez (elegido de entre
los pobladores del lugar) e instalar una capilla con un cura a su cargo. Destaque-
mos aqu que la zona no est falta de autoridades civiles y militares (aunque es
posible que no haya las suficientes). creemos que el principal problema es, en
cambio, que estas autoridades no logran imponerse.
Segn sabemos, el procedimiento habitual para la eleccin de Alcaldes de la
Hermandad es el de la elevacin de una terna de candidatos al Cabildo de parte
de la autoridad saliente, de entre quienes ste procede a elegir. Dichos candi-

o
datos, a su vez, se seleccionan de entre quienes habitan en la zona y renen

r
ciertas caractersticas de "notabilidad" (Garavaglia, 199g: gg-121; Ternavasio,

le
2002). Ahora bien, del informe del sndico se desprende la prescindencia del

al
mencionado procedimiento en este caso. As, el consentimiento del Director Su-
premo bastar para erigir en autoridad civil a quien sea elegido localmente. y

ab
ello es claramente estipulado en septiembre del mismo ao en un oficio que las
autoridades de gobierno envan al Cabildo de Buenos Aires estableciendo que
C
los habitantes delsur delsalado podrn elegir, por s mismos, alJuez territorial,
quedando por esta vez sin efecto las reglas que habitualmente rigen estos nom-
te
bramientos. Y destaquemos adems que, al hacer esta concesin, las autorida-
or

des dejan sin efecto un nombramiento que ya haban hecho para ese cargo. Esta
propuesta, creemos, se debe a que una persona conocida y aceptada por los
-C

habitantes de la zona podra tener mayor xito en hacerse obedecer al poseer


la legitimidad de que carecera alguien nombrado desde afuera. Pero el Sndico
la

tambin acuerda conceder a este juez cierta amplitud de facultades. Ello, junto
al

al hecho de ser elegido entre los lugareos sin mayor intervencin de las au-
D

toridades de Buenos Aires, deja entrever una cierta delegacin de funciones y


atribuciones de stas hacia las autoridades locales. podemos suponer que tanto
la

la distancia como el desconocimiento de lo que all sucede llevan al gobierno


instalado en la ciudad portuaria a confiar en que quienes estn en la zona sabrn
ie

arbitrar una solucin revistindose de la legitimidad que para ello necesitan de


r

parte de los pobladores del rea. como ms arriba expusimos, las campaas
ab

militares, el nombramiento de autoridades y la construccin de fuertes no fueron


mecanismos suficientes para lograr control efectivo por parte del gobierno por-
G

teo sobre los nuevos territorios incorporados a la rbita de su jurisdiccin. Era


necesario contar, en alguna medida, con el consentimiento a tal control por parte
de los habitantes de la zona.e
Ahora bien, el sndico tambin establece que sean los mismos pobladores
quienes asuman el costo econmico del mantenimiento deljuez y la construc-
cin de la capilla, ya que es a ellos a quienes interesa "poner orden". En esta

9. Con relacin a las dificultades de las autoridades asentadas en Buenos Aires para extender
e imponer su control sobre el territorio bonaerense durante la primera mitad del siglo XlX, lo que a
su vez las habra llevado a la necesidad de apoyarse en la propias sociedades locales en busca de
consenso, ver Gelman, 2000.

78
apreciacin pareciera trascender que los problemas en el Tordillo son vistos
cmo "desde afuera" (si se nos permite utilizar esta expresin de Silvia Ratto) por
parte de al menos algunas autoridades de Buenos Aires que no advierten que
ios mismos puedan oasionar perjuicios para quienes no sean pobladores de la
zonay, potianto, principales afectados e interesados en la cuestin, al tiempo
que O entrever las dificultades econmicas de una administracin afectada
por tas'erogaciones de la guerra. Adems de delegar la eleccin de la autoridad
civil y de concederle amplis atribuciones en el ejercicio de su poder, el gobierno
instlado en Buenos Aires se desentiende de la cuestin econmica' Con ello,
la solucin al conflicto pasara enteramente por lo que los habitantes del Tordillo
quisieran y pudieran [Link]
' El sumario llega nuevamente a manos del Asesor General interino quien,

o
eslando de acuerdo con el nombramiento de un Juez y con la ereccin de una

r
le
capilla, el 10 de mayo de 1817 se expide dejando entrever, sin embargo, una
concepcin diferente sobre la manera en que debe actuarse en este asunto'

al
Desde SU punto de vista, los "males" afectan a toda la "comunidad" y no slo a

ab
unos pocos pobladores de la zona. Las autoridades constituidas tienen la obli-
gacin de garantizar el orden a la totalidad de la misma a cambio de las "cargas"

C
on que lo indviduos son afectados. Vemos aqu una idea mucho ms cercana
a la que tenemos actualmente respecto a la relacin Estado-sociedad
te que la que
se desprende de los planteos anteriores. La expresin de estas diferentes con-
or
cepciones forma parte del proceso mismo de constitucin del estado (provincial,
en este caso).11
-C

Lamentablemente slo conocemos parcialmente lo que ocurri tras la reali-


zacin de este sumario: en 1817 se erigi el curato de Nuestra Seora de los
la

Dolores al sur del Salado y, un ao ms tarde, el pueblo del mismo nombre,


al

crendose asimismo diferentes juntas, comisiones y cuerpos armados a fin de


tratar las cuestiones de expansin, poblamiento y defensa de la frontera. Maria-
D

no Ramrez y los carboneros no vuelven a aparecer en las fuentes de que dis-


la

ponemos y tampoco hemos podido, hasta el momento, hallar referencias a ellos


r ie

10. El tema de la cierta autonoma de que habran gozado los habitantes de la frontera tanto
en
ab

sobre el
cuestiones relacionadas con su defensa como en la elaboracin de proyectos de avance
Aires habra
territorio, es tratado en detalle por Silvia Rao. La dificultad que el gobierno de Buenos
G

hallado en asumir el costo econmico que ello supona, explicaran esta actitud. Ratto' 2003'
en
especial el captulo 2. Ver tambin Halpern Donghi, 1972:121 y 256'
11. Analizando la constitucin del estado nacional argentino, Oscar Oszlak afirma
que "la
estatal implica la apropiacin y conversin de intereses 'civiles', 'comunes',
ampliacin del aparato
bb."to de su actividad, pero revestdos entonces de la legitimidad que le otorga su contraposicin
a la sociedad como inters general (...). Este proceso conlleva (...) la apropiacin de los recursos
"n
que consolidarn las bases de dominacin del Estado y exteriorizarn, en instituciones y decisiones
concretas, su presencia material. La expansin del aparato estatal deriva entonces del creciente
involucramiento de sus instituciones en reas problemticas (o "cuestiones") de la sociedad, frente
a las que adoptan posiciones respaldadas por recursos de dominacin". Oszlak,2004 [1989]:21.
Mara lena Banal y Ral Fradkin, por su parte, sealan que hasta aproximadamente 1836 no hay
en la campaa bonaerense un cuerpo de funcionarios diferenciados de la sociedad. As, se apela
conslantemente a ella en el ejercicio del poder, en busca de consenso y colaboracin. Barral
y
Fradkin, 2005:.7-48.
en otra documentacin. Sin embargo, testimonios sobre la inseguridad de vivir
en la frontera debido a la presencia indgena y a los frecuentes robos de ganado
-que se producen, y alusiones al hecho de asumir los productores de la iona la
defensa de la misma y el costo econmico que ello supone, estn presentes en
muchas de las fuentes que hemos consultado.l2
A modo de resumen podramos decir, entonces, que en 1g17 se levanta un
sumario sobre una situacin que vena sucedindose desde haca algn tiempo
relacionada con el robo de ganado, el traslado de mujeres hacia los trontes el
Tordillo y el cobijo dado a "vagos y desertores" en la zona. La carbonera de
Francisco Ramrez (ex militar y quizs Teniente Alcalde al momento del sumario)
aparece como foco del conflicto y, quienes trabajaban o haban trabajado en ella,
como uno de los principales sospechosos. Recordemos que esta carbonera al

o
igualque otras de su clase, ubicadas en los citados montes, cumpla una impor-

r
le
tante funcin de abasto de lea y carbn al gobierno de Buenos Aires. Tanto esta

al
actividad como otras lcitas e ilcitas relacionan a los habitantes del rea entre s
y con otros de fuera, perjudicando al menos a algunos de quienes han cruzado

ab
el Salado y han instalado all sus establecimientos productivos. Si bien la zona
est bajo la jurisdiccin de autoridades tanto civiles como militares, al parecer
C
stas tienen ciertas dificultades para imponerse. Terminar con las actividades
que ciertos productores denuncian como perjudiciales a sus intereses significa
te
alterar el orden de cosas establecido y, por ende, afectar a otros individuoJy sus
or

intereses. Entre ellos, claro est, al propio Francisco Ramrez. Es por ello que
ste no duda en armar a la gente de su carbonera ante la noticia de que traia-
-C

no Fernndezirahacia all, o en denunciar ante la justicia al Teniente Alcalde


Nolasco Pereira.
la

La sociedad indgena supuso un "obstculo" y un "problema" para quienes


al

emprendieron el proceso de avance y control de territorios de la que se cons-


tituira en provincia de Buenos Aires, pero no fue la nica. Al menos algunos
D

individuos que se asentaron en zonas an no controladas por las autoridades de


la

sta -en este caso desde fines del siglo XVlll-, que iniciaron all su vida, empren-
dieron diferentes actividades para subsistir y fueron estableciendo sus relaciones
ie

sociales, tampoco vieron con buenos ojos el intento de control del rea de parte
r

de Buenos Aires o de zonas aledaas. Esto supona alterar su situacin y afectar


ab

sus intereses. Todo ello determin, como ya indicamos, que las expediciones
militares sobre estos territorios, la construccin de fuertes y el nombramiento de
G

autoridades no bastaran para conseguir elcontrol del rea. Era necesario, junto
a estas acciones ms o menos violentas, lograr la aceptacin de los habitantes
del lugar. Y ello tenan seguramente en mente algunos de quienes desde Buenos
Aires intervinieron en la resolucin de la causa del sumario cuando, por ejemplo,
propusieron que de entre los lugareos se elija una autoridad civil con el acuerdo
del Director supremo saltndose, as, el procedimiento habitual de eleccin; o
cuando consintieron en que la misma sea revestida con amplias facultades. Esta
cierta delegacin de atribuciones de las autoridades porteas en los habitantes

12. Con relacin a estas cuestiones remitimos al lector a Ratto, 2003. Respecto a otras reas de
frontera, para la tucumano-chaquea puede consultarse, por ejemplo, Vitar, .1997.

80
y las autoridades del lugar es una muestra de la bsqueda de esa aceptacin
y de la legitimacin que la misma implica, altiempo que supone cierta dificultad
para actuar debido a la distancia y al desconocimiento que ella conlleva. De
acuerdo a algunos testimonios que conocemos y como ya se ha demostrado en
trabajos realizados por otros investigadores, esta situacin de inseguridad en
las zonas de frontera fue repetidamente denunciada por algunos productores,
como astambin lo fue la desproteccin que sufran de parte de las autoridades.
Ello los llev a asumir la defensa de la misma por su cuenta, con los costos que
ello implicaba tanto en hombres como en bienes, conservando a cambio ciertas
prerrogativas de control sobre personas y recursos que los dotaban de una cuota
de poder.

r o
le
Consideracones f inales

al
Hemos hecho referencia al planteo de Silvia Ratto sobre la relativa autonoma

ab
de que habran gozado los habitantes de la frontera en cuestiones referentes a la
proteccin y defensa de la misma, asumiendo tanto el costo humano como ma-

C
terial. El anlisis que antecede, centrado en el accionar de Francisco Ramrez,
nos permite aadir algunos elementos a esta cuestin. El dinamismo de la vida
te
social y econmica de este rea de frontera antes de la fundacin formal de un
or
pueblo se gesta y se desarrolla, en cierto sentido, al margen de las autoridades
de la ciudad de Buenos Aires o reas circundantes. Si bien es cierto que la zona
-C

est por entonces bajo jurisdiccin inmediata de la guardia y posterior partido


de Chascoms y va entrando de a poco bajo la rbita de preocupaciones de
la

las autoridades centrales, ya hemos visto que tanto stas como las primeras
al

encuentran ciertas dificultades por revedir el orden de cosas existente. La car-


bonera de Francisco Ramrez es el epicentro de actividades tanto lcitas como
D

ilcitas que involucran a algunos pobladores de la zonay que perjudican a otros.


Y dicho Ramrez no duda en oponerse a los planes de las autoridades instituidas
la

cuando percibe que stos perjudicaran sus intereses. As manifiesta repetidas


ie

conductas desafiantes hacia las mismas al "levantar en armas" a la gente de su


r

carbonera o al denunciar ante la justicia a un Teniente Alcalde por interferir ste


ab

en sus actividades.
De esta manera, no slo la sociedad indgena habra sido un "obstculo" para
G

las autoridades centrales en el proceso de ocupacin de tierras por parte de los


"cristianos" al sur del ro Salado sino que, tambin, algunos pobladores "cristia-
nos" del rea lo habran sido en tanto se habran opuesto en ciertas oportunidades
a las decisiones y pretensiones de stas. Con ello, queda claro que la siempre
aludida poltica de campaas militares, fundacin de fuertes, guardias o pueblos
con sus correspondientes autoridades, no habran sido suficientes ni eficientes
para lograr el control del territorio que se pretenda ocupar. Era necesario, ade-
ms, lograr la aceptacin de los habitantes de la zona, tener su consentimiento.
Y, en pos de ello, vemos a las autoridades instituidas dar marcha atrs en ciertas
cuestiones y otorgar concesiones a los pobladores del rea: permitir a stos la
eleccin de las autoridades locales saltndose el procedimiento habitual que

81
regulaba estas cuestiones, dotar a las mismas de mayores atribuciones que las
que inicilmente les corresponderan, renunciar algunas autoridades a ejercer
acciones contra delitos perpetrados en la zona por temor a represalias contra
cargamentos del gobierno, por ejemplo. Vemos as, una vez ms, a la luerza
y a la necesidad de consenso actuando conjuntamente. Y, con ello, se aleja la
idea de un Estado en cuyo proceso de formacin quienes lo controlan se erigen
en guas que imponen sin inconvenientes su voluntad y sus proyectos desde el
centro hacia el resto delterritorio.
Con ello, entonces, observamos que la frontera y las reas centrales (en este
caso la ciudad de Buenos Aires) mantienen fluidos vnculos. Si bien la vida en
ella se desarrolla con cierto margen de autonoma en un principio, el poder cen-

o
tral se har cada vez ms presente. Pero ese intento de presencia no es simple.

r
El mismo conlleva una relacin de constante ejercicio de la fuerza sumado a un

le
constante ejercicio de negociacin. Y, en 1, se establece entre ambas zonas una

al
relacin de ida y vuelta donde los procesos que tienen lugar en una se hacen
sentir e inciden en la vida y las decisiones de la otra.

ab
Digamos, para concluir, que el caso de Francisco Ramrez no es el nico que
permite ilustrar y analizar esta situacin. Tambin en esta zona de frontera y
C
contemporneamente a las cuestiones tratadas, el accionar de Francisco Ramos
te
Meja y su conflictiva relacin con el religioso Francisco de Paula Castaeda,
constituye un ejemplo claro de cuanto venimos planteando. Y ello por no mencio-
or

nar las dificultades que el prroco del curato de Nuestra Seora de los Dolores
-C

-Francisco de Paula Robles- encuentra en la zona para ejercer su ministerio e


imponer sus normas. Lamentablemente cuestiones de espacio nos impiden ex-
la

playarnos aqu sobre estos casos que, sin embargo, han sido analizados en la
tesis doctoral en curso.
al
D
la
rie
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82
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or
-C

Hacia la mitad del siglo XIX trascendentales cambios tecnolgicos en la in-


dustria europea y norteamericana estaban generando un nuevo impulso en la
la

Revolucin lndustrial. Sin restar importancia a las dinmicas econmicas y so-


al

ciales internas de los nuevos pases hispanoamericanos, este Segundo empuje


de la economa industrial y financiera trajo como consecuencia un fuerte incre-
D

mento en la demanda de materias primas y en la oferta de manufacturas que


ocasion decisivas transformaciones en las estructuras de la antigua Amrica
la

espaola (Cardoso y Pre2,1979; Bulmer-Thomas, 1994). Amrica Central co-


ie

menz a experimentar estos efectos cuando los pequeos pases que surgieron
r

de la ruptura de la Federacin de Provincias Unidas de Centroamrica todava


ab

Se enfrentaban entre s Como consecuencia de Su histOria reCiente. En ese mar-


co este artculo aborda el caso de El Salvador, un pas relativamente singular en
G

el contexto centroamericano sobre todo a partir de su estructura agraria, cuya


oligarqua llev a cabo un imporlante esfuerzo de redefinicin del Estado en la
segunda mitad del siglo XIX en funcin de sus intereses, con abundante produc-
cin legislativa, expansin del aparato burocrtico, extensin de ciertos sistemas
de comunicacin -especialmente el telgrafo-, reforzamiento del ejrcito y la
polica, etc. ESte intenso proceso tuvo lugar, en parte, gracias al Cregimientg de
las exportaciones del caf, en el marco de las relaciones comerciales a que dio
lugar la expansin imperialista que se inici en dicho perodo. La historiografa
ha recibido en los ltimos quince aos algunas aportacones mportantes para
conocer mejor la historia econmica y social del pas (Lindo-F., 2002: Lauria,
1999), sin embargo todava es posible revisar e incorporar nuevos anlisis en
determinadas parcelas de la misma que ilustren mejor los mecanismos por los
cuales la clase dominante salvadorea logr mantener y reproducir su poder en
todos los mbitos de las relaciones sociales, desde la esfera de la produccin y
la economa, en general, hasta el poltico y la gestin del Estado, en particular.
Este ltimo terreno tambin ha sido objeto de recientes trabajos que, a mi enten-
der, an dejan sin responder importantes preguntas en torno al problema que se
plantea a continuacin (Ching, 1997).
En concreto este trabajo {omo parte de una investigacin de mayor calado-l
se propone un modesto objetivo cual es el de tratar de explicar algunas de las
lneas principales en que se bas el manejo fiscal y hacendstico de la oligar-
qua agraria salvadorea en el ltimo tercio del citado siglo XlX, precisamente

o
en los aos del comienzo de los efectos mencionados arriba y producidos por

r
la Segunda Revolucin lndustrial. Adems de con los beneficios obtenidos de

le
las exportaciones del caf, el Estado salvadoreo creci tambin gracias a una

al
extraordinaria deuda tanto externa como interna, de manera que podra trazarse
una hiptesis en el sentido de que se estaba produciendo un desajuste muy im-

ab
portante entre los costes delesfuerzo de construccin de este Estado oligrquico
y las bases financieras sobre las que se estaba levantando. Y a partir de ah se
C
puede formular una triple cuestin: 1. qu debilidades planteaba esto para el
propio Estado?;2. sobre qu sectores sociales recaa el peso fiscal para hacer
te
frente a dicho dficit financiero?; y 3. con qu instrumentos contaba la clase
or

dominante para hacer efectivo dicho peso? No es este el lugar, por la dimensin
de este trabajo, para resolver toda esta problemtica y me limitar a lo expuesto
-C

lneas ms arriba, pero es preciso centrar el problema en eslos trminos para


desmontar la creencia de que fue slo la oligarqua la que impuls con los bene-
la

ficios delcaf a ElSalvador por el camino del"progreso" (Burns, 1985:5g).


al

En estas pginas se trata un problema del perodo de expansin del capi-


talismo liberal, que mantiene su vigencia en el actual Estado del capitalismo
D

neoliberal -aunque con perfiles diferentes- porque es inherente a su naturaleza


la

y funcionamiento como tal. Se trata de la relacin existente entre los conflictos de


intereses en el seno de una determinada sociedad por un lado, y el carcter de
ie

clase del aparato del Estado por otro. Con los necesarios e importantes matices,
r

nos situamos en la posicin terica que sostiene que el aparato de los Estados
ab

suele ser controlado por lals clase/s dominantes de las sociedades, que se ase-
guran con ello la reproduccin de las relaciones de poder. se parte de la base de
G

que las clases dominantes no se limitan a ejercer su dominio en el terreno de las


relaciones productivas sino que, derivado de ello, prolongan adems elejercicio
de su dominio al plano de la estructura poltica de los poderes del Estado (Sonn-
tag y Valecillos, 1977; Therborn, 1979). En tanto que parcela estratgica del
Estado, la Hacienda -incluyendo la estructura fiscal y de gastos-, a la que est
dedicado especficamente este artculo, es simplemente uno de los territorios en
los que se manifiesta el control que las clases dominantes ejercen sobre el mis-
mo. Ellas son las que establecen y gestionan las estructuras fiscales en funcin

1. Trabajo que se inscribe en el proyecto l+D, financiado por el MEC, Ref.BHA2003-03628, desa-
rrollado en el seno del grupo consolidado de investigacin del TEIAA (UB).

86
I

de sus intereses -aunque a veces tengan que pactar parcialmente- al objeto de


hacer que el aparato poltico y administrativo del Estado funcione reproduciendo
las relaciones sociales existentes. La Hacienda es un terreno del Estado sobre el
que, por una parte, los intereses dominantes actan para definirlo pero, de otra,
a su vez es reflejo y agente de reproduccin del conjunto de dichos intereses,
acusando en ambos csos la existencia de eventuales conflictos internos. En
palabras de Robert Schnerb aplicables a este caso: "El hecho financiero es una
parte del conjunto -econmico, social y poltico-, signo de este conjunto, pero
tambin producto y facto/' (Bouvier, 1973).

o
Algunos de los rasgos bsicos de los problemas que pronto se conformaron

r
le
en el ltimo tercio del XIX se estaban perfilando en los perodos gubernamenta-
les de Rafael Zaldvar y de Francisco Menndez'

al
ab
El gobierno de Rafael Zaldvar

C
Hacia fines de la dcada de 1870 el perodo de los grandes enfrentamientos
te
blicos estaba terminando en Centroamrica. El impulso econmico internacio-
or
naly las relaciones que se derivaban del mismo estaban provocando eltraslado
de los conflictos sociales desde el plano militar al de las estrictas relaciones
-C

econmicas. Todava Justo Rufino Barrios intentara de nuevo ocupar El Salva-


dor y habra movimientos militares y golpes de estado pero la tendencia era a la
la

disminucin de los conflictos armados y, durante nueve aos entre 1876 y 1885,
al

el pas estuvo gobernado por Rafael Zaldvar, un civil impuesto en la presidencia


del pas precisamente por la poderosa figura de J. R. Barrios que, desde Gua-
D

temala, haca esfuerzos por controlar la regin centroamericana (Molina,1977:


la

19). Los aos de Zaldvar fueron de franca expansin del caf que sobrepas en
valor a las exportaciones de ailjustamente en la segunda mitad de la dcada
ie

de 1870 (Luna, 1971:202-3;Lindo-F., 2002:192-3). Estrechamente relacionado


r

con la expansin de este cultivo y con los cambios que estaba generando en la
ab

propiedad de la tierra, en 1881 y 1882Zaldvar promulg las leyes de extincin


de ejidos y tierras comunales, una medida de corte liberal-pese a que l mismo
G

ha sido considerado un gobernante "conservador"-, en lnea con lo que estaba


sucediendo en otros pases latinoamericanos y sobre la que hay diversidad de
interpretaciones (Browning, 1978;Menjvar, 1980; Lindo-F.,2002:215 y ss.). No
sorprende que la imagen de Zaldvar proyectada a la posteridad sea particular-
mente negativa en un pas de predominio histrico liberal, ni que sea difcil en-
contrar en la historiografa alguna referencia parcialmente, al menos, favorable a
su mandato (Molina, 1977).
Uno de los mayores problemas que se achacan a la gestin de Zaldvar es
el hacendstico y fiscal. En este aspecto fundamental para elfuncionamiento del
Estado y del pas en general, fue acusado de lenidad y malversacin de fondos
de modo que, segn sus detractores {ue se basaban en datos ofrecidos por el
militar que lo sucedi en la Presidencia tras un golpe de Estado- dej en ruina
a la Hacienda: 1. saque ms de 4 millones de pesos; 2' obtuvo un emprstito
interior, con efecto en la deuda interna, de medio milln para sostener la lucha
interna contra revolucin que lo derroc; y 3. en conjunto acumul 9 millones de
pesos contra el Fisco (Flores, 1934:338). Al margen de lo poco verosmilde que
:'r"qu"at"" 4 millones de pesos aunque fuese a lo largo de sus nueve aos de
gobierno, el problema eS que por el momento no Se conoce documentacin que
el volumen de la deuda, un
[udiera avalar tales acusaciones y que, de ser cierto
porcentaje muy importante de la misma quizuna tercera parte, eS decir, unos
b millons de pesos- correspondera a la llamada "deuda inglesa" que El Sal-
vador todava iena pendiente de pago, heredada del crdito otorgado por Gran

o
Bretaa a las Provincias Unidas en los aos 1820.2 En contra de lo que alguna

r
en 1860 (Menjvar,

le
vez se ha escrito, El Salvador no sald la "deuda inglesa"
1978: 9) sino que, como se ver, la arrastr hasta 1900 y la resolvi de forma

al
bastanle insatisfactoria si se consideran los intereses globales de la sociedad.3

ab
En todo caso, no se trata de reivindicar aZaldvar, sino de dilucidar el origen
de algunas informaciones y de tratar de comprender cmo estaba funcionando
C
desd el punto de vistafiscal un pas que en 1884 haba acumulado supuesta-
pblicos
mente una deuda de 9 millones de pesos, y que tena unos ingresos
te
presupuestados en poco mS de 4 millones'4 Revisemos algunos de los Presu-
para tratar de entender
or

br"rtbr nacionales del perodo de gobierno de Zaldvar


algunas claves.
-C

1. Segn los datos que refleja el cuadro 1, el Presupuesto nacional de de


1877,eiel inicio del gobierno de R. Zaldvar, presentaba una previsin de ln-
la

gresos de 1.369.371,6--2 pesos. Pero lo importante es qry 1]o en Gastos de la


drinirtr""in Pblica haba un total previsto de 1.200.000 pesos aproxima-
al

damente, es decir, ms del 87%. Esta cifra no es precisa porque haba minis-
D

previendo
terios, como el de Fomento, en el que aparecan partidas conjuntas
la construccin de caminos y puentes junto con los salarios de ingenieros' En
la

suma, esta distribucin del Presupuesto haca de El Salvador, ya en la dcada


ie

de 1870 uno de los pases de Amrica Latina con una burocracia ms abultada
r

en trminos de peso econmico.


ab

2. Por otra parte, derivado de lo anterior, el Presupuesto apenas contena can-


tidades destinadas a inversiones. Las carencias en este sentido cabe imputarlas
G

a la composicin de los ingresos, en los que la oligarqua terrateniente, como Se


ni por su produccin agraria
foda esperar, prcticamente no contribua en nada,
ni por su patrimonio. Las principales partidas de los lngresos en 1877 eran las
"Al'cabalas martimas al5/o" que eran derechos de importacin (700'000 pesos,

Palacio Nacional de San


2. En parte la falta de documentacin es debida al incendio que sufri el
Salvador en noviembre de 1889.
Ecuador por los mismos
3. Por cierto, se trataba de una deuda de similares caractersticas a la de
que t"tbn hered una parte de la contrada por la Gran Colombia' Vid' Flores Jijn' 1979 y
aos,
Acosta,1990.
"Trade and Development in an
. o ne podido consultar la Tesis de Maestra de Knut Walter,
Export Econmy: The Case of El Salvador, 1 870-191 4", University of North Carolina; 1 977' que apa-
rentemente trata estos problemas. Cfr. Lindo-Fuenles, 2002 :135'

88
por encima del 51% del Presupuesto);y la''Renta del aguardiente", un impuesto
l y bsicamente ppular (400.000 pesos, es decir, casi el 30% del
"onruro previstos'
total). Entre ambos conceptos sumaban ms del 80% de los ingresos
y montepo de aileros" importaba en
Frente a ellos, el "Product de guas de ail
era lo nico que se cobraba
los lngresos slo 35.000 pesos-, esto es, el2,So/oque
pesar de que
a los-productos de exportacin dominados por el ail y el caf.,.a
el valor de las exportciones de estos dos productos ascendi en el ao que
2002:192). Esta no era una situacin
comentamos a 2.930.740 pesos (LindO-F.,
general en Amrica Latina, ya que haba pases en los que la exportacin de ma-
rentas a la Hacienda, como era
ierias primas estaba generndo importantsimas
los efectos sociales que las mismas
elcaso del [Link] l guano, al margen de
tuvieran (Tantalen, 1 983).

o
lo que sig-
3. En todo caso todo, estas cifras correspondan a un Presupuesto

r
le
por qu cumplirse en todos sus puntos, tanto
nifica que no necesariamente tena
algunas pequeas cantidades de
en lngresos como en Gastos. As, por eiemplo,

al
eran destinadas por el gobierno
los irigresos procedentes del comercio exterior

ab
que disminuiran an
a la U-niversidad, o al Hospital de San Salvador, cantidades
ms con la entrada del gobierno militar que sucedi a R. Zaldvar.s

C
muy
4. Como era de esprar por la historia reciente de la regin, un captulo
de Guerra' En 1877 los fondos
importante en los Gasios lo bcupaba el Ministerio
te Pero tan
destinados a este apartado ascendan a\27"/odeltotal del Presupuesto'
era el hecho de
or
importante como la'cifra, absoluta o relativa, dedicada al ejrcito
qr'. t" Ley del Presupuesto inclua un articulo que rezaba que el saldo favorable
-C

jrevisto n tas del Estado se aplicara: "1e al pago de los elementos


"u"nt".
bomprados de guerra y que Se compren en lo sucesivo;2e a la amortizacin
de la
la

deuda flotante y pago"de los intereses circulante en billetes, cuando el Ejecutivo


promo-
ca oportuno sialecer para esto la oficina correspondiente;y 3q en la
al

que el eircito tena


cin de toda obra o n"go'cio de utilidad pblica". Es decir,
D

produjera
prioridad sobre la deudia la hora de gastar el posible supervit que se
la

en las cuentas.
con
Ahora bien, en 1879 Zaldvaf aument en trminos que no conocemos
ie

precisin el nivel de los aranceles de importacin desde el 5% al 30o/"y el resul-


iado, a efectos de recaudacin fiscal, queda tambin reflejado en el
Cuadro 1
r
ab

(ver'tambin Grfico 1). En dicho ao los ingresos subieron un36,7o/"; un 60,47o


1882;hastaque curiosamente en 1883
en 1880; un20,7o/oen aAt;un 15,17oen
G

y un estancamiento del +0,1 1"/" en


se produjo un descenso de -1 1,37o apenas
Pudiera llamar la atencin que
18d4, en'vsperas del golpe de Estado de 1885.
justo despus de las f-ys de Extincin de ejidos y tierras comunales, de 1881
y ftAz, uando Haciena debiera estar empezando a ingresar las cantidades
que muchos nuevos propietarios tenan que pagar por sus tierras, comenzasen
disminuir los ingresos iiscales, pero ello probablemente est ms relacionado

12 de octubre
5. B. Estupin, Secretara de Fomento, al Director del Hospital de San Salvador'
en Diario oficial,
de 1886; Memoria del Secretario de la universidad Nacional, 1 de enero de 1 887,
enerode 1887.
con un descenso relativo en el valor de las importaciones, y por tanto de los
derechos cobrados sobre ellas, en esos aos. (Lindo -F., 2002: 1g4)
Por lo dems, las lneas generales de la composicin de ingresos y gastos
se mantuvieron durante los aos de gobierno de zaldvar lo cual refleja que,
aunque se estuvieran produciendo cambios en el seno de los grupos dominantes
en el pas como consecuencia de la expansin del caf, estos no se trasladaban
al patrn estructural del Presupuesto y para detectarlos en sus consecuencias
sobre el mbito fiscal nacional ser necesario mirar en otras direcciones, como
haremos enseguida. En todo caso, estos fueron aos de gran crecimiento pre-
supuestario y la pregunta que queda por responder, al margen del fisco, es la
de cules seran los efectos sociales de los precios de los productos importados

o
gravados, desde 1879, con unos aranceles de entrada muy superiores a los que

r
le
hasta entonces haban tenido.

al
ab
El agravamento de los probemas durante el gobierno de
Francisco Menndez C
No es fcil contestar a la pregunta anterior en toda la dimensin que implica,
te
pero en 1885 tuvo lugar un golpe de Estado en el pas. Desde Santa Ana, un
grupo de militares, apoyados por sectores adinerados de los que estaban bene-
or

ficindose del auge de la exportacin del caf, derroc al gobiern o de zaldvar y


-C

fue el general Francisco Menndez quien se proclam nuevo Presidente. Lo inte-


resante en relacin con el interrogante de arriba es que, uno de los argumentos
la

esgrimidos por los sublevados era que Zaldvar tena al comercio "abrumado por
al

el peso de los impuestos", de manera que al menos se sabe de un sector social


del pas que s reaccion ante un nuevo panorama econmico que, desde luego,
D

inclua otros componenles.


la

Por contraposicin al de Zaldvar, el gobierno de Menndez y l mismo han


pasado a la posteridad como una de las experiencias polticas de mayor honesti-
ie

dad liberal de la historia de El Salvador. Pero dejando a un lado la elaboracin de


r

imgenes historiogrficas, que corresponde alterreno de la ideologa, enseguida


ab

surge la primera sorpresa y es que, pese a que Melndez es considerado un


liberal, no dejaba de ser un general golpista, que estuvo rodeado por algunos de
G

los ms importantes generales que en aos siguientes fueron protagonistas de


la poltica del pas como Carlos Ezeta, Jos Mara Rivas y otros (Flores, '1934:
325). Pero, como se adelant arriba detrs de ellos estaban los sectores cafe-
taleros del Departamento de santa Ana. Por tanto, como queda claro, la poltica
econmica y tambin la fiscal estaban directamente influidas por los intereses de
la fraccin ms dinmica y poderosa de la clase dominante.

90
Cuadro 1

Alcabala Fenta de Ministerio


Aos INGRESOS GASTOS
lmportacin Aguardiente de Guerra

1877 1.396.371 700.000 (a 5%) 400.000 1.309.579 381.000

1 878 1.491.327 560.000 (") 667.621 1.303.799 381.000

1 879 2.039.260 1.064.504 (a 30%) 711.527 1.360.983 388.000

1 880 3.272.740 3.122.063


1 881 3.951.670 3.826.637

o
1882 4.549.289 4.416.454

r
4.061.320 4.001.954

le
1 883
884 4.067.241 4.057.146

al
1

1 885 3.635.250 3.556.469

ab
1 886 4.480.307 4.271.328
887. 2.959.775 1.795.378 (a70/.) 894.581 2.846.821 ffiffi(8/.)

C
1

1 888" 2.959.775 1.626.466 (") 894.581 2.888.992 621.992


te
Fuente: Leistenschneider, 1977 ; Reyes, 1 888
or
*
Las cifras de 1887 son de R. ReYes'
** Diario Oficial, 19 de mayo de 1888, p. 653 y ss.
-C
la
al

Grfico 1
D

PRESUPUESTOS ANUALES DE EL SALVADOR


la
ie

10.000.000
r
ab
G

1.000.000

100.000
1877 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1884 1885 886 1887 1888
Rent -- Mo Gueffa rDeuda
-Gastos -Alcabala

91
El general F. Menndezhaba llegado al poder oficialmente con el objetivo de
poner en orden las cuentas de la nacin. En febrero de 1gg7 pronunci el dis-
curso anual de los presidentes ante la Asamblea Nacional cuyo contenido tuvo
una impofiancia programtica decisiva en este sentido, por lo que ser objeto de
anlisis pormenorizado en los siguientes prrafos. Su intervencin se produca
cuando el nuevo presidente deba tener ya conocimiento de que las cuentas del
Estado de aquel ao estaban apuntando un rumbo desastroso, pero trasladaba
todo el peso de la responsabilidad sobre el gobierno anterior y aseguraba que,
a su llegada tras el "despotismo" de zaldvar, haba encontrado el resoro na-
cional exhausto, las rentas pblicas comprometidas "por multitud de contratas
onerossimas", el crdito del Estado "casi completamente perdido en el interior y

o
en el exterior", el comercio "abrumado bajo el peso de crecidos impuestos" y la

r
agricultura, la "verdadera riqueza, luchando penosamente contra la baja de los

le
precios de nuestros principales frutos en los mercados extranjeros" (de lo que

al
no poda culpar a su antecesor).6 Alguno de estos puntos ya ha sido comentado;
otro, como el de la cada de los precios internacionales del caf, que ciertamente

ab
haban descendido entre 1879 y 1885, slo poda ser achacado al gobierno de-
rrocado cargndose de una fuerte dosis de demagogia (Lindo-F., 2002:2j6);y
C
eltema de las "contratas onerosas" se tratar ms adelante.
Menndez declaraba que su inters preferente era la cuestin econmica,
te
destacaba la deuda de cerca de 9 millones de pesos, en "gran parte proceden-
or

te de impuras negociaciones", y sentenciaba que la situacin "exiga medidas


enrgicas y decisivas". Para ello decidi suspender las contratas hasta que los
-C

tribunales decidieran sobre su validez o se llegara a un arreglo equitativo con


los interesados; y se suspendi el pago de la deuda el tiempo necesario para
la

calificarla y clasificarla convenientemente.


al

Con respecto a la deuda Menndez propona un arreglo especfico sin in-


D

dicar en qu sentido. La Asamblea haba emitido un decreto sobre la cuestin


en septiembre de 1886, pero haba habido dificultades para ejecutarlo y ahora,
la

en febrero del 87, el Presidente peda a la nueva Asamblea {ue se renovaba


anualmente- que lo reconsiderase para reformarlo. Para entonces el presidente
ie

destacaba los sacrificios que se estaban haciendo para atender los gastos del
r

Estado, las obras pblicas (de escasa presencia en los presupuestos) y, a pe-
ab

sar de ello, declaraba haberse haba amortizado cerca de un milln y medio de


pesos de la deuda anterior a 1885. Esta ltima afirmacin era verdaderamente
G

sorprendente. Es difcil comprender cmo su gobierno pudo saldar casi un mi-


lln y medio de pesos, es decir, la tercera parte de los ingresos previstos en el
presupuesto de 1886. Ello slo podra entenderse en el caso de que el gobierno
hubiera desatendido gravemente otras obligaciones del Estado, como pareca
haber sucedido efectivamente si se observan algunos puntos expuestos por Me-
nndez que se expondrn ms adelante.
Pero antes, con respecto a la dimensin y, sobre todo, a la composicin de
la deuda, es esclarecedor el decreto de la Asamblea Nacional del ao siguiente,

6. Diario Oficial. Mensaie del Presidente Provisional de la Repblica a la Asamblea, 1 7 de febrero


de 1887.

92
1898, en el que anunciaba que, tras la suspensin de pago de la deuda pblica
acumulada por el gobierno de Zaldvar hasta 1885, se haba procedido a una
clasificacin de la misma segn la cual quedaba dividida en:
1a clase. La compuesta por sueldos de empleados civiles y militares, la procedente de montepos
y pensiones de invlidos, prstamos voluntarios o forzosos, libramientos contra las Aduanas y
contratos sobre rentas, crditos procedentes de contratas de caeras, colegios y escuelas,
elementos de guerra, obras pblicas, etc.
2a clase. La existente en billetes de Deuda Nacional resellados y no resellados, los perjuicios
reconocidos y los depsitos, las subvenciones a empresas industriales y establecimientos de
beneficencia y de instruccin pblica, elc.
3a clase. Los intereses de las clases antedichas liquidados conforme a esta ley, las primas
estipuladas en contratos de libramiento contra las Aduanas, sobre anticipo de derechos y sobre
rentas, las primas a la exportacin de lrutos, etc.

o
A 24 de octubre quedaba establecido que la deuda de 1a clase ascenda a

r
le
1.672.360 pesos y devengara un 60/0 de inters; la de 2?, a 1.988'896 y produ-

al
cira un 4o/o;y la de 3a clase a 3.009.479 a 0% de inters, todo lo cual haca un
total de 6.670.736 pesos.T

ab
Pero mientras esto suceda con la deuda interna, en el msmo 1888, despus
de un intenso debate en torno a la "deuda inglesa", esto es, la deuda externa, y

C
a la conveniencia o no de volver a pedir un nuevo emprStito para tratar de su-
perar la crisis, el gobierno de Menndez hizo un intento de recaudar fondos entre
te
miembros de la oligarqua salvadorea, como ngel Guirola, Jos Larreynaga y
or
otros, para intentar evitar el tener que solicitar otro prstamo en el exterior. Sin
embargo, el intentO fracaS en uno de lOs momentos en que con ms transpa-
-C

rencia se dej ver la actitud de la clase dominante ante los problemas de las fi-
nanzas nacionales y, finalmente, se envi a un ioven Carlos Melndez a Londres
la

quien negoci otro crdito de 300.000 libras con The London and Sothwestern
al

Bank. Ltd., incrementndose con ello el montante de la deuda externa (Flores,


D

1934:347).
Pero regresando a la amortizacin del milln y medio referido arriba y a los
la

compromisos del Estado, en el mismo discurso referido el presidente Menndez


inform a la Asamblea que, en algunos Departamentos del pas, existan retrasos
ie

a los pagos de empleados pblicos a causa de la insuficiencia de lo que llamaba


r

"rentas interiores", aunque era "poco" lo que Se deba en este sentido. Menndez
ab

esperaba que con el aumento que se haba producido en la Renta del aguardien-
te gracias a una modificacin en la mSma, Se pudiera hacer frente a los gastos
G

de dichos Departamentos que hasta entonces "no haban podido bastarse".


Este aspecto del sistema fiscal de El Salvador es muy revelador del sentido
de Estado que tena la oligarqua gobernante en estos momentos, que se pro-
long durante dcadas. El Salvador no era un pas federal, sino todo lo contrario
(los gobernadores de los Departamentos eran nombrados por el eiecutivo, el
sistema judicial era nico y todo ello era contemplado as en la Constitucin re-
cientemente revisada tras el golpe de Estado) y, sin embargo, aunque el gobier-
no conceba de manera uniforme la burocracia, haca depender el cobro de sus

7 . Diario Oficial, 26 de marzo de 1 888


salarios, de forma segmentada, de las "rentas interiores" de los Departamentos
(Leistenschneider, 1969: 299). Esto equivala realmente a una desarticulacin
territorial y social que impona la oligarqua cafetalera de occidente cuyos in-
tereses representaba Menndez. En realidad el gobierno oligrquico liberal no
tena una concepcin del Estado sino slo en la medida de los intereses de la
clase que ahora lo controlaba y, ms concretamente, en su fraccin cafetalera
occidental que estaba en auge. Curiosamente esto contrastaba con otras me-
didas que pudieran sugerir lo contrario, es decir, un esfuerzo por articular el
conjunto del territorio nacional, como era la extensin de la red del telgrafo. Sin
embargo esto pareca obedecer ms a un deseo de controlar elterritorio que al
de atender a los intereses del conjunto de la sociedad; de hecho posiblemente

o
eran los propios empleados del telgrafo, entre otros, los que en determinados

r
Departamentos no cobraran sus salarios.

le
De dnde debera salir el dinero para que cobraran? Desde luego de donde

al
no sala era de las crecientes rentas de los cafetaleros. El presupuesto nacional
de estos aos no prevea ningn ingreso procedente de gravar ni patrimonio (era

ab
demasiado pronto para esperar algo as) ni comercio o exportacin de caf. Por
el contrario, de donde se esperaba que surgiesen los fondos era de la Renta del
C
aguardiente, esto es, un impuesto indirecto cuyo peso recaa por cierto en la masa
te
de la poblacin. El aguardiente era un producto de alto consumo que desde la po-
ca colonial proporcionaba importantes ingresos a la Hacienda y el Estado del siglo
or

XIX sigui aprovechndose de ello, teniendo en esta renta una de las bases del
Presupuesto nacional. En 1886 los impuestos sobre el aguardiente haban ascen-
-C

dido a algo ms de 600.000 pesos y, con un incremento aplicado al ao siguiente,


la

la renta haba producido 894.581 pesos. Ante los problemas fiscales, Menndez
haba recurrido al aumento de los impuestos, precisamente uno de los argumentos
al

que haba utilizado contra Zaldvar en el golpe de Estado. Ni que decir tiene que
D

este consumo masivo de aguardiente produca problemas de alcoholismo que el


Estado trat de reprimir, aunque nunca ces de impulsar su consumo.
la
r ie
ab

Pues bien, este aspecto central de la concepcin fiscal que tena la oligarqua
se combinaba en el discurso del presidente Menndez con otro elemento de
gran inters y al que, de hecho, consideraba de la "mayor importancia". Deca
G

Menndez que "para que el Ejecutivo pudiera promover el adelanto de los pue-
blos deba contar con la colaboracin eficaz de las autoridades locales". Afirma-
ba que la "conveniencia de la descentralizacin administrativa es ya una verdad
generalmente reconocida". Por eso, en las leyes del pas se reflejaba
"...e| propsito de dar al Municipio la mayor independencia posible y las ms amplias facultades
para la admlnistracin de los asuntos locales. Pero esa independencia ser ilusoria, no pasar de
estar escrita en las leyes, mientras las Municipalidades no dispongan de recursos suficientes para
el cumplimiento de sus importantes atribuciones. Y actuaimente, sensible es decirlo, son muchos
los Municipios que no tienen ni para pagar a los empleados de su dependencia."s

8. Diario Ofrcial. Mensaje del PresirJente Prosional de la Repblica a la Asamblea, 1 7 de febrero de 1 887.

94
que permi-
Por eso, animaba a los legisladores a establecer nuevos arbitrios
necesidades y promover mejoras materia-
tieran a caa poblacin atender a sus
del Estado de El Salvador en el ltimo tercio
les. En la historia de la construccin
y de esta forma, al discurso de
oet sigto XlX, esta incorporacin del municipio,
central. El planteamiento del asunto
ta orgnizacin fiscal del pas es un tema
referida por
encerraba dos perspectivs. La primera alude a la descentralizacin,
generalmente reconocida", entendien-
u"neno", y que segn l era una "verdad que en
posible" de los municipios. Es cierto
o por etto;ta rayoi independencia
impuls despus de su golpe de
la constitucin liberal que er propio Menndez
municipal, pero identificar
Estado estaba recono;ido e principio de autonoma
las cosas
esto con descentralizacin reilejaba una peculiar forma de entender
salvadorea a la que representaba' En
i p"rt" de Menndei y de la oiigarqua

o
en El Salvador' Es preciso
realidad no haba ningn proces descentralizador

r
le
en la estructura
destacar, en todo cas; la importancia que mantena el municipio
y de la que la oligar-
del Estado, qr" proc"da de ia tradicincolonial e hispnica,

al
y
qua cafetalera pretenda extraer beneficios encontrar la solucin a los graves

ab
problemas fiscales en que se estaban embarcando'
y es que Menndei apelaba a la necesidad de la fortaleza econmica mu-

C
con sus
nicipal como una forma d contribuir a que el Ejecutivo pudiera cumplir
forma aparente-
obliiaciones de promover el adelanto de los pueblos,
te hermosa
intereses
r"t" filantrpica para referirse en realidad a la consolidacin de losPero plan-
or
de la clase terrateniente cafetalera (Browning, 1998; Lindo-F',2002)'
poda atender a los gastos
tear esto al tiempo que reconoca que el gobierno no
-C

de la administracin central en algunos Deparlamentos, como eran por ejemplo


Y era tramposa
los salarios de sus funcionarios, era una preocupacin tramposa.
la

la
porque encerraba -potenciando la lnea anterior de las "rentas interiores"-
al

de servi-
intencin de hacer recaer sobre las haciendas municipales la cobertura
cios que en condiciones normales deberan ser atendidos
por la hacienda esta-
D

estructura
tal. L que suceda es que ello era imposible, dada la desequilibrada
los intereses de los
la

de ingresos y gastos qu t"n" elfisco, hecha a la medida de


grrps dominntes y que sto poda mantenerse gracias a una deuda galopante'
ie

para llevar
na deuda suscrita y mitida, por cierto, por los sectores oligrquicos
r

a cabo el proyecto de "progreso" de Estado liberal, que implicaba importantes


ab

"sa-
t".tot admniltrativos ql" penas disminuyeron, a pesar de los cacareados
crificios" de que haca alarde Menndez'
G

En otras palabras, la oligarqua salvadorea iba a recurrir a las


magras rentas
municipales p"t" ruitir taicaiencias del fisco estatal diseado a la medida de
sin rentas sobre patrimonio ni sobre produccin
sus intbreses de claie, es decir,
y exportadores. Esta concepcin fiscal reflejaba las
de los grandes propietarios
fuertesiontradicciones entre intereses de diferentes sectores sociales, esto es,
reflejaba la lucha de clases proyectada en el terreno del sostenimiento del Es-
tado. Expresaba la forma en cmo la oligarqua ocupaba y mantena el Estado
.o*o py"ccin de las diferencias existentes en el plano del funcionamiento de
las relacines econmicas en la produccin. Pero la apelacin al apoyo municipal
presenlaba un segundo aspecto problemtico y es que, como elpropio presidente
sealaba, muchoi municipios del pas tenan unos ingresos bajsimos de manera
que difclmente iban a poder atender la exigencia que se les planteaba desde
el Ejecutivo. Para ello Menndez planteaba a la Asamblea el reto de aprobarles
nuevos arbitrios a los municipios para que pudieran ampliar sus rentas y esto iba
a constituir un captulo importantsimo de la historia fiscal, y en suma del Estado,
en las siguientes dcadas, al que nos referiremos posteriormente.
Pero Menndez no poda superar la crisis que le haba conducido a un presu-
puesto de 1888 de 2.959.775 pesos de lngresos, es decir menor que el de ocho
aos antes. Los derechos de importacin, ahora al70/", ascendan a 1 .535.934
que con otras partidas menores completaban 1.626.466. Hay que sealar que el
porcentaje medio de aranceles sobre las importaciones haba subido a ms del
doble del que tena establecido Zaldvar y que este captulo significaba el 54.9"/o

o
de los ingresos; y el aguardiente, 894.581, un 30.2/". Eran porcentajes muy pa-

r
recidos a los diez aos antes, pero aumentando a ms del doble el porcentaje de

le
los aranceles. En cuanto a los gastos, el Ministerio de Guerra y Marina absorba

al
el 23o/" del total, el de Hacienda y Crdito dispona de 1.022.444 (35,3o/") quiz
explicado por destinar fondos al pago de la deuda, y el de lnstruccin Pblica,

ab
293.710 (un 10%). Menndez haba incrementado impuestos de importacin y
de aguardiente de forma sustancial y es fcil suponer que el ambiente econ-
C
mico y social en el pas, y en la propia oligarqua, no deba ser muy favorable al
gobierno y en septiembre de 1887 hubo un intento sedicioso de derribarlo.e Pero
te
el nuevo golpe de Estado que termin triunfando fue protagonizado, en 1890, por
or

su antiguo compaero de la "Revolucin" de 1885 el general Carlos Ezeta y ha


sido transmitido por la historiografa con ciertos visos de alta traicin y de accin
-C

siniestra, aunque ms all de la teatralidad de la operacin, se puede compren-


der que el gobierno de Menndez se mantena en una situacin inestable por
la

motivos econmicos.
al
D

Algunos elementos de la economa savadorea a fines de


la

siglo XIX
ie

Tras la exposicin anterior, puede afirmarse que hacia 1890 la crisis finan-
r

ciera comprenda ya los componentes bsicos con los que tendra que vivir la
ab

economa del pas hasta la primera dcada del siglo XX, algunos de los cuales
son los que se resumen brevemente a continuacin.
G

a) Creciente presencia del capital privado en la estructura econmica

Dada la composicin de los Presupueslos nacionales en estas dcadas de


fines del XlX, los gobiernos -ni los referidos, ni los siguientes- no disponan de
recursos para destinar a obras pblicas y servicios que atendieran las necesi-
dades del conjunto de la poblacin. Esto dejaba un enorme campo libre para la

9. Diario Ofcial, 15 febrero 1888. Mensaje del Presidente, General Francisco Menndez a la
Asamblea.

96
penetracin del capital privado que, en efecto, ocup amplios espacios en acti-
vidades en las que era fcil y segura la rentabilidad contando siempre, adems,
con la garanta de facilidades que la propia oligarqua le proporcionaba desde el
gobierno central o el local.
Salvo las ms grandes operaciones, como fue la del ferrocarril -una larga y
complicada historia relacionada por lo dems con la deuda externa (Lindo-F.,
2OO2: 277\- o algunos bancos, que estuvieron exclusivamente en manos de
capital extranjero, en otras muchas inversiones se apreciaba la presencia del
capital nacional junto al forneo y, en ocasiones, emprendiendo operaciones
en solitario. La cooperacin era frecuente y as suceda con la Caja de Ahorro
del Telgrafo, por ejemplo, con capital extranjero pero con accionistas tambin
nacionales entre los que haba, en 1888, personajes conocidos como Valentn

o
Amaya, Carlos D'Aubuisson, Sebastin Sol, etc. lgualmente suceda con ban-

r
le
cos que se fueron creando con capital salvadoreo, como sucedi con algunos
importantes cafetaleros desde la creacin del primer banco, el lnternacional en

al
1880 (Lindo-F.,2002:266); con el alumbrado elctrico en San Salvador y otras

ab
ciudades; con la explotacin de puertos martimos y hasta con los mercados de
abastos de algunas localidades.

C
As, en 1887, dos inversores norteamericanos, David Clark y Jos Mcllvai-
ne, constituyeron una compaa annima para construir y explotar el mercado
te
de abastos de Santa Ana, la ciudad ms importante en lazona de expansin
or
del caf y foco de los movimientos militares de estos aos, con algo ms de
30.000 habitantes (el Departamento del mismo nombre rondaba los 75.000).10
-C

Los citados eran socios mayoritarios y a la compaa se incorporaron otros


accionistas locales como Emilio Belismelis, el Dr. Rosa Pacas, Lzaro Dreyfus,
la

Hilario lnteriano, etc. Clark y Mcllvaine se comprometieron a construir el mer-


al

cado expropiando el espacio asignado, procurando que los edificios afectados


fuesen valorados "equitativamente", operacin que sera supervisada por el Mu-
D

nicipio. El clculo aproximado de toda la operacin ascenda a 185.000 pesos


y el Municipio participaba cediendo diez tomas de agua (que tenan un coste
la

importante en lapoca) y adquiriendo diez acciones de 100 pesos. Asimismo


ie

la Alcalda prohibira ventas fijas de productos en las calles, para facilitar el


mayor margen de operacin en el mercado y los beneficios de la compaa,
r
ab

salvo en los casos de ganado, madera y ventas ambulantes a pequea escala.


Quedaba por fijar el establecimiento de cnones por quienes fueran a ocupar
G

puestos dentro del mercado, lo que no conocemos. Por ltimo, se concert una
concesin por 50 aos de la explotacin, la compaa se reservaba la exclusivi-
dad de construir un segundo mercado si fuera necesario y todos los materiales
que fuese necesario importar para la construccin o explotacin del mercado
quedaban libres de [Link]
Este es simplemente un caso ilustrativo de la presencia del capital privado
en las ms diversas esferas de la economa del pas que, a pesar de la crisis

10. Diario Oficial,'12 de febrero de 1887. lnforme del Gobernador de Santa Ana, Julio lnteriano.
11. Diario Oficial,3 de enero de 1888.

97
financiera -o precisamente quiz por ello-, no ces de crecer a lo largo de
estos aos.

b) Cada del precio internacionalde la plata. Problema financiero y monetario

Una parte importante de los desequilibrios financieros que acumulaba El Sal-


vador desde fines de la dcada de 1880 y en aos subsiguientes fueron debidos
a los efectos de la cada del precio internacional de la plata y los inicios de la
implantacin del patrn oro en parte de Europa, con lnglaterra a la cabeza, y en
los Estados Unidos. Las consecuencias de este decisivo proceso de la economa
internacionalen aquellos aos no han sido explicadas en elcaso de Elsalvador,

o
un pas con una economa abierta, sin reservas de metales y prcticamente sin

r
le
poltica monetaria, donde dichas consecuencias fueron muy graves y contribuye-
ron a ahondar an ms las diferencias sociales que existan en el pas.

al
cuando algunas de las economas industriales ms potentes del mundo,

ab
como Gran Bretaa y Estados unidos, decidieron adoptar como patrn de refe-
rencia monetaria el oro, aprovechando la produccin de este metal en Australia
C
y California, las grandes masas de plata circulante en el mundo lentamente co-
menzaron a perder su valor como referente monetario e, incluso, como metal.
te
Muchos pases, comenzando por los citados, detuvieron la acuacin de mone-
or

das de plata, prohibieron la entrada de plata extranjera y consiguieron mantener


el valor de las suyas, con dificultades segn los casos. Pero El Salvador no tena
-C

moneda propia al no existir en el pas casa de Moneda y, como consecuencia de


las transacciones mercantiles, all circulaban pesos norteamericanos, mexica-
la

nos, francos franceses, soles peruanos, cndores chilenos, etc. Al mantener El


al

salvador el doble patrn de oro y plata, incluso despus de haber comenzado la


crisis, lo que consigui fue que el oro, metal ms valorado, saliera del pas hacia
D

otros que haban prohibido la entrada de plata extranjera.


la

Desde fines de los aos 80 la economa salvadorea sufri las consecuencias


de todo ello en diferentes terrenos: (a) por un lado, con la existencia de un medio
ie

circulante variado y en grave proceso de depreciacin, con los consiguientes


r

problemas de inflacin de precios y de dificultad de clculo y previsin en los


ab

negocios; (b) adems, por el hecho de que los presupuestos nacionales, al igual
que los familiares, carecieran de una unidad monetaria a la que referirse y en la
G

que basar sus clculos; (c) por otra parte, por tener que responder a la deuda ex-
terna debiendo pagar una prima extra al tener que transformar moneda de plata
en moneda de oro que era la nica que admita lnglaterra; (d) al mismo tiempo
por la devaluacin de las propiedades y de las ganancias de los productores,
bien de los bienes destinados al mercado interno o bien para la exportacin; (e)
por ltimo, en cascada, porque los precios de los artculos de consumo para la
mayora de la poblacin suban sin cesar afectando a la capacidad adquisitiva de
los sectores humildes, cuyos salarios no lo hacan al mismo ritmo.
No es este el lugar para estudiar la reaccin de los diferentes gobiernos, a
partir del de Francisco Menndez, y especialmente el programa un tanto errtico
de actuaciones emprendido durante los aos de presidencia del General Carlos

98
Ezeta (1990-94), pero se puede apuntar al menos que se decidi crear finalmen-
te una Casa de la Moneda y, algo ms tarde, se aprob finalmente la adopcin
del patrn oro y el cierre del mercado nacional a la entrada de plata extranjera,
si bien estas medidas no fueron ni mucho menos de aplicacin fcil y estuvieron
rodeadas de fuertes confrontaciones entre el gobierno, comerciantes y cafetale-
ros (Lindo-F ., 2002: 266).12

c) El incremento de la deuda nterna

De cuanto va dicho es fcil deducir que las ltimas dcadas del siglo XIX
fueron difciles para la economa de El Salvador. Pese a ello, los sectores de

o
terratenientes productores pero, sobre todo, los procesadores y exportadores

r
le
de caf continuaron acumulando beneficios en medio de la crisis porque los
precios internacionales del caf se recuperaron y siguieron creciendo en este

al
perodo, mientras que los costes de produccin disminuan rpidamente. Y, ade-

ab
ms, salvo pequeos gravmenes que comenzaron a imponerse alcaf durante
el gobierno del General Carlos Ezeta (quien pretendi avanzar en este sentido

C
y fue derrocado en otro golpe de Estado por sta, entre otras razones) y que
terminaron siendo de un peso por quintal a fines de siglo, los cafetaleros expor-
te
tadores, que eran una minora con respecto a la enorme masa de productores,
or
se mantuvieron casi exentos de presin fiscal. Mienlras tanto, por otra parte, el
precio internacional del ail caa y la zona oriental del pas, donde haba pre-
-C

dominado este cultivo, viva un proceso recesivo y de creciente de desigualdad


econmica con respecto al occidente, predominantemente cafetalero. De modo
la

que el Estado continu teniendo que soportar un dficit fiscal galopante al que
al

trat de hacer frente por diversas vas, todas sin querer alterar la relacin de
fuerzas sociales existenle y sin poner en riesgo, sino todo lo contrario, la hege-
D

mona de la oligarqua cafetalera en el pas.


la

Una forma muy socorrida fue emprender nuevas reformas en la renta del
aguardiente, modificando el impuesto con que se gravaba el precio de la botella,
ie

restringiendo a los particulares la posibilidad de fabricar el licor, u obligando a


r

los expendedores a adquirir cuotas fijas de botellas en cantidades muchas ve-


ab

ces superiores a la capacidad de consumo de la poblacin. Una poblacin que,


ante la subida del precio de la botella, recurri con frecuencia al contrabando de
G

aguardiente extranjero, o a la produccin clandestina lo que, a su vez, acentu


la persecucin y el refuerzo de los cuerpos policiales y el sistema judicial que
en estos aos estaban dando lugar a un ambiente con ciertos visos represores,
en general.
Por otro lado, comerciantes y empresarios aprovechaban la debilidad del Es-
tado para prestar al gobierno y obtener diferente tipo de facilidades para sus

'12. Ya en 1 888 se haba firmado una contrata entre el gobierno y un particular, Gustavo Guzmn
para crear una Casa de la Moneda. Diario Oficial, 19 de enero de 1888; lnforme al Ministro de Ha-
cienda por E. Meja y otros. San Salvador, 2 de septiembre de 1892. Archivo General de la Nacin,
Hacienda 1 890-99.
intereses. Pero lo ms paradjico fue que, para hacer frente al dficit, el ms
importante mtodo utilizado fue precisamenle incrementarlo, produciendo una
espiraldiablica en trminos fiscales en la que la Hacienda termin empantana-
da. Veamos algunas cifras para mostrarlo.
Regresando a la fuente que son las cuentas nacionales, en 1899 El Salvador
la contabilidad del Estado haba arrojado los siguientes resultados:

Aos Ingresos Gastos Aduanas Renta Deuda


aguardiente nterna
1 899 5.277.954 5.175.212 2.449.894 1.483.010 11.024.053

r o
No entraremos a analizar en detalle la composicin de las columnas, pero

le
puede apreciarse que el 75/" de los ingresos del Estado seguan estando com-

al
puestos por las rentas de las aduanas y la del aguardiente, y que slo la deuda
interna era ms del doble que eltotal de los ingresos. Si a ello se suman 713J60

ab
libras esterlinas de deuda externa, la "deuda inglesa" que todava estaba pen-
diente {uya equivalencia en pesos no se ofrece en la contabilidad, pero que po-
C
dan suponer unos dos millones y medio ms-, tendremos un estado financiero
te
del Estado realmente calamiloso. En 1900, el gobierno del General Toms Re-
galado, que tambin haba llegado al poder por otro golpe de estado organizado
or

en Santa Ana, realiz una operacin mediante la cual pudo anunciar el pago de
-C

las 713.760 libras de la "deuda inglesa" que en realidad no era tal, sino que ha-
ban sido endosadas a la Gentral American Public Works Co. Ltd., concesionaria
la

para la construccin delferrocarril Sonsonate-Santa Ana-San Salvador, que se


al

deba encargarse realmente de saldarla.13 Es decir que, por una parte la "deuda
inglesa" haba tenido una duracin extraordinariay, por otra, en todo caso el
D

Estado, segua realmente oprimido por elpeso de la deuda interna.


la

Esta ltima haba ido creciendo durante la dcada de los 90 debido a una
ie

enloquecida cadena de emisin de bonos por parte de los gobernos de las ms


variadas caractersticas y sobre una gran diversidad de recursos, algunos de los
r
ab

cuales quedaban hipotecados en una proporcin importante. En 1900 el Minis-


terio de Hacienda llev a cabo una importante operacin de consolidacin de
G

deuda, como consecuencia de la cual se procedi a una incineracin de bonos


de diversas emisiones que ya haban sido amortizados y que dan una idea de la
compleja situacin financiera en la que viva El Salvador. Por orden de incinera-
cin y salvo alguna excepcin, se relacionan los documentos expresando entre
parntesis la fecha en que fue aprobada la emisin:

'13. Diario Ofical. Memoria del Ministerio de Hacienda y Crdito Pblico. 20 de marzo de 1900.

100
Bonos del Salvador del 6% (por decreto Bonos Deuda Francesa (abril 97)
abril1891) Bonos Deuda lnglesa (marzo 99)
Bonos aguardiente (abril 96) Bonos Puente Lempa (agosto 94)
Bonos del Salvador 3% (maYo 95) Bonos importacin y exportacin (mayo
Bonos 46 kgs. de importacin (diciembre e6)
e7) Bonos amortizables en el 2o/" de los
Bonos 107o 5a emisin (maYo 95) derechos de importacin (abril 99)
Bonos amortizables en el 10% sobre cada Bonos 107o A.l. (enero 99)
botella de aguardiente (febrero 99) Certificados Oro americano (Agosto 98)
Bonos amortizables en el 10 % de derechos Bonos "Pacific Mail" (diciembre 98)
de importacin (Contrata con David Bloom Certificados provisionales de Bonos del
y Ca (diciembre 98) 3%-

o
Bonos 10% 1a emisin (entregados al Bonos Casa de Moneda (julio 93)

r
Banco lndustrial de El Salvador en garanta Bonos 3a 10% (sic) (febrero 93)

le
de sus crditos) Bonos del Salvador (Deuda consolidada

al
Bonos alumbrado elctrico (mayo 99) por ley de abril del 99)
Bonos FC Occidental (febrero 99)

ab
Bonos FC Central

C
En total fueron 1 .327.573 de pesos pero, ms all de la Cifra, lo que parece
extraordinario es la cantidad de emisiones que haban ido incrementando la deu-
te
da, en medio de la crisis nacional hasta las cantidades indicadas.'4
or
-C

d) El problema municPal
la

Ya se explic arriba cmo, de forma explcita, a partir del gobierno de F.


al

Menndez se plante que Sobre los municipios deba recaer parte del peso de la
D

financiacin de las cargas del Estado lo que, en prncipio, pudiera tener sentido
siempre que Se hubiesen cumplido ciertas condiciones. Pero, en primer lugar
la

y muy importante, el hecho es que en ningn momento la legislacin fij qu


ie

gastos correran a cargo de la administracin central del Estado y cules seran


responsabilidad de los municipios, de manera que a lo largo de los aos que
r
ab

aqu Se estudian y como consecuencia de las presiones a que obligaba la crisis


fiscal, la adjudicacin de la cobertura de gastos a los municipios tuvo mucho de
G

variable y arbitrario.
Ahora bien, por otra parte hablar de municipios en general, no es decir mucho.
En realidad el pas, pese a su reducido tamao, contena una diversidad econ-
mica interna muy notable y la siluacin de las arcas municipales variaba mucho
de unos Departamentos a otros, y an dentrq de cada UnO. Y, comg adverta
Menndez en su discurso de'1887, muchos municipios de pequeo y mediano
tamao, e incluso alguna cabecera departamental, no tenan ni siquiera para cu-
brir sus propios gastos de funcionamiento, de manera que era iluso pensar que
podan contribuir de forma sustancial a cubrir gastos que en principio pudieran

14. Diario Oficial.l3 de junio de 1900.

101
corresponder al goberno, como poda ser la educacin, el sistema de justicia o la
red general de caminos o puentes. Aunque, por otra parte, ciertamente haba lo-
calidades con ingresos saneados que, adems, reciban ocasionalmente ayudas
de los gobiernos, como suceda con santa Ana, lo que no era de extraar.
Junto a todo ello, una cuestin central era el de la composicin de los arbitrios
y rentas municipales ya que, segn a qu actividades y en qu proporcin se
aplicaran dichas tasas, el volumen de ingresos poda ser mayor o menor aun
teniendo en cuenta todas las matizaciones previamente hechas. Los arbitrios
municipales eran propuestos por los municipios de las localidades a la Asamblea
Nacional y era sta la que los aprobaba en la forma propuesta, o modificndolos.
La confeccin del proyecto de arbitrios en cada municipio reflejaba de entrada

o
criterios de seleccin que no eran en absoluto neutrales en trminos de intereses

r
sociales, y la actuacin de la Asamblea completaba la aplicacin de determina-

le
dos criterios de intereses. No hay espacio en este trabajo para llevar a cabo un

al
anlisis de casos en el sentido que estamos indicando, pero el estudio de este
problema pone en evidencia, de nuevo, elpredominio de unos sectores sociales

ab
sobre otros tambin a escala de haciendas municipales, como suceda en la
hacienda del Estado. C
En la dcada de 1890, diferentes gobiernos pretendieron regular desde la
administracin central este gran asunto promulgando leyes generales que, pre-
te
cisamente, afectaban a la pretendida autonoma municipal, y que por la com-
or

plejidad del problema y las debilidades econmicas municipales fueron de difcil


aplicacin, lo que se refleja en la frecuencia con que se sucedieron: la Ley del
-C

Ramo Municipal de17 mayo 1895, la Ley de Arbitrios Municipales de 21 de junio


de 1900, y una nueva Ley de Arbitrios Municipales de 19 de junio de 1901 que
la

tuvo que ser suspendida a los pocos das de ser promulgada.


al
D
la

En suma, valgan estas breves consideraciones para mostrar en algunos de


sus aspectos generales cmo la historia fiscal y financiera del Estado salvadore-
ie

o a fines del siglo XIX era alavez producto y factor de las diferencias existentes
r

en la sociedad del pas, que slo haran acentuarse a lo largo del siglo XX y
ab

hasta nuestros das.


G

't02
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al
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ab
G

104
El Estado nacional en el control econmico
del Gran Chaco. La unidad de los intereses
polticos y empresariales de Estanislao
Zeballos y Carlos Casado del Alisal'

r o
le
al
Gabriela Dalla Gorte
Taller de Estudios e lnvestigaciones Andino-Amaznicos (TEIAA)

ab
Universitat de Barcelona

C
te
or
-C

lntroduccin
la

En los ltimos tiempos la frontera ha sido uno de los temas preferentes en la


historiografa europea (Sahlins, 1989; Anderson, 1997) y latinoamericana (Garca
al

Jordn, 1998; Hennessy, 1978). Unade las conclusiones ms importantes a la


D

que han llegado los estudios sobre elterritorio fronlerizo es sobre su capacidad
para ofrecer elementos de anlisis liminares a los proyectos hegemnicos idea-
la

dos desde los espacios centrales. En Amrica Latina, el Gran Chaco fue uno
ie

de los eSpacios en los que Se impusieron los calificativos "desrtico", "baldo"


y "salvaje" para oponer un modelo de ocupacin muy particular en el contexto
r
ab

de configuracin del Estado nacional (Lois, 2002). Como sabemos, durante la


poca colonial el Gran Chaco no fue un rea plenamente delimitada, conocida ni
G

ocupada por la monarqua espaola. A partir de las independencias, los proyec-


tos hegemnicos implementados por los Estados argentino, paraguayo y bolivia-
no (en cuyos territorios jurisdiccionales se acab distribuyendo la amplia regin
chaquea) marginaron elterritorio chaqueo, en pane como consecuencia de la
escasez demogrfica de la zona, y en parte porque otros territorios reclamaron
la atencin de las lites republicanas. La tardanza en la definicin jurisdiccional
del rea chaquea argentina, si se compara su ocupacin con la sufrida por el

1. Este trabajo forma parte del proyecto l+D, financiado por el MEC, Ref.BHA2003-03628 diri-
gido por Pilar Garca Jordn, desarrollado en el seno del grupo consolidado de investigacin del
TErAA (UB).

105
territorio pampeano y patagnico, se explica, entre otras cosas, por el hecho de
que el sector empresarial del pas se vio incentivado por producciones ms tenta-
doras que el aprovechamiento del quebracho chaqueo. Una situacin similar se
comprueba entre los grupos empresariales bolivianos desde el ao 1880 hasta la
guerra del chaco de los aos 1932 y 1g35. como veremos en este trabajo, en el
preciso momento en que el gobierno paraguayo procedi a la venta del t,erritorio
chaqueo, los empresarios bolivianos establecidos en santa cruz (que hubie-
sen podido entonces contrarrestar la ocupacin chaquea por parte del gobierno
paraguayo), se volcaron al rea norte de los orientes para aprovecharse asdel
boom cauchero (Garca Jordn, 2001). De este modo, dejaron la puerta abierta
para que Paraguay procediese a la privatizacin de los extenssimos territorios

o
chaqueos al oeste del ro Paraguay, de la mano de la presin de los intereses

r
argentinos, y al menos cuarenta aos antes de la verdadera "nacionalizacin"

le
territorial como consecuencia de la consolidacin de la soberana del Estado na-

al
cional paraguayo hasta las fronteras de la actual Bolivia.
La cuestin del chaco, que en 1932 se resolvi mediante una de las guerras

ab
ms cruentas de sudamrica, apareci como problema a partir de la guerra de
la Triple Alianza cuando el gobierno argentino reclam extender su jurisdiccin
C
territorial hasta Baha Negra. A partir del momento en que se dio por acabado el
conflicto blico que afect a Paraguay frente a la alianza argentina, brasilera y
te
uruguaya, el chaco Borealfue dividido en dos: lazonacomprendida entre el ro
or

Verde y Baha Negra fue otorgada a Paraguay; la seccin entre los ros pilcoma-
yo y Verde -donde estaba la Villa Occidental que reclamaba el gobierno argen-
-C

tino, actual Villa Hayes- fue sometida al arbitraje del presidente norteamericano
Rutherford Hayes, quien fall tambin a favor de Paraguay. En 1872 paraguay
la

adems fij su frontera con Brasil en el ro Paran,1mite jurisdiccional comple-


al

mentado en 1927, mientras la Argentina haca lo propio entre 1898 y 1904.


D

Bolivia, por su parte, comenz por reclamar su soberana tras las sucesivas
prdidas territoriales que sufri en el siglo XlX. En efecto, tras su implantacin
la

republicana en 1825, Bolivia 1ue tena un territorio de casi dos millones y me-
ie

dio de km2- fue suscribiendo tratados de lmites con chile y Brasil, y sufri un
desprendimiento territorial de ms de trescientos mil km2. En 1889 el gobierno
r
ab

boliviano cedi derechos en la Puna de Atacama tras la guerra del Pacfico (1879-
1884), y perdi as su costa martima. Luego, firm tratados con Brasil (Petrpolis
G

en 1903), con Chile, con Per (1909) y con Argentina (1925) reconociendo ante
esta ltima la prdida de la franja sur del Chaco delimitada por los ros Bermejo
y Pilcomayo. En 1879, tras ocupar Chile el litoral boliviano, el gobierno de Bolivia
reclam infructuosamente ante Brasil y Argentina sus derechos sobre el Chaco
que ya entonces era juzgado por ambos pases vencedores como perteneciente a
la jurisdiccin paraguaya. Desde aquel ao hasta 1918, Bolivia y Paraguay impul-
saron infructuosamente sus tratados de lmites (Quijano-Decoud 1879;Tamayo-
Hicual 1887; Bentez-lchazo 1894), hasta que se fij la lnea demarcatoria llama-
da zona statu-quo del protocolo Pinilla-Soler, que cont en 1907 con la mediacin
del canciller argentino Estanislao Zeballos que fue, a su vez, uno de los grandes
inversores en la compra de tierras en Paraguay. El dictamen de la mediacin, as
como el propio protocolo, fue cancelado en 1915 por el protocolo Ayala-Muja.

106
El problema de la tierra tras la guerra de la Triple Alianza fue analizado en 191 5
precisamente por Eligio Ayala en Su ensayo Evolucin de la economa agraria en
el Paraguay. "La extensin de las tierras fiscales", afirm Ayala, "era relativamen-
te considerable en el Paraguay. La guerra diezm la poblacin, destroz todos
los instrumentos de la produccin, extingui el capital nacional, y amedrent el
capital extranjero tan sensible a la inseguridad y la amenaza. Slo las tierras
resistieron la ola devastadora...contrastaban con los restos mutilados del pueblo
paraguayo" (Ayala, 1986: 17-111). El problema demogrfico, constantemente
sealado por historiadores y literatos,2 tiene implicaciones de importancia si se
procura entender cul fue el mecanismo elegido para garantizar su presencia en
elterritorio por parte de los Estados Nacionales paraguayo y boliviano que a par-
tir de 1870 se disputaron el Chaco, as como la entrega de tierras a productores,

o
comerciantes, polticos, intelectuales y empresarios radicados en la Argentina.

r
le
Miembro de la comunidad cientfica -Zeballos fund en 1872 la Sociedad
Cientfica Argentina, surgida en el depaamento de Ciencias Exactas de la Uni-

al
versidad de Buenos Aires, el lnstituto Geogrfico Argentino en 1879, y en 1914 el

ab
lnstituto Popular de Conferencias de La Prens*, el actor se configura a s mis-
mo a partir de una serie de acciones polticas en las que el Gran Chaco adopta

C
una definicin muy concreta ms all de los lmites geogrficos que finalmente
asumira el Estado Nacional argentino. En este sentido, es importante recalcar
te
el papel protagnico que asumira el Paraguay en el diseo de las relaciones
or
internacionales que para Zeballos se incluan ms en una concepcin del Chaco
paraguayo como continuacin geogrfica de los impulsos inversores de los em-
-C

presarios argentinos como 1, o radicados en la Argentina como Carlos Casado


del Alisal. En realidad, esta posicin responde a una enigmtica afirmacin que
la

Zeballos hizo en diversos medios (por ejemplo en 1900 en las pginas de su


al

Revista de Derecho, Historia y Letras) aludiendo a que la historia argentina de la


primera mitad del siglo XIX era fruto de la desmembracin nacional, es decir, de
D

la segregacin territorial rioplatense de la Banda Oriental (Uruguay), Alto Per


la

(Bolivia) y Atacama. Parte del siglo XlX, segn Zeballos, se haba convertido
en un "largo perodo de guerra civil e incertidumbre, de prostitucin de las ins-
ie

tituciones adoptadas en 1853, de grandes adelantos morales y materiales y de


r

mercantilismo insaciable", durante el cual haba continuado, segn Zeballos, la


ab

desmembracin. "El Chaco al norte del Pilcomayo, los territorios delgrado 52 de


latitud sur en la Patagonia, y una parte de Atacama oriental entre los paralelos
G

2la y lJe", seal a principios de siglo, "pasaron a extraos dominios, cuyo en-
grandecimiento aumenta los peligros futuros para la Repblica Argentina" (Ze-
ballos, 1900ayb).
Si el Chaco al norte del Pilcomayo deba ser un territorio del espacio soberano
argentino, se entiende el inters de Zeballos en comprar el Chaco "paraguayo"

2. El censo de marzo de 1886 realizado en territoro paraguayo y efectuado por el presidente


Patricio Escobar, empadron 82 partidos y dio como resultado la existencia de 239.774 personas
(59,09% de mujeres frente al 40,91Y" de varones). El Anuario Estadstico de la Repblica del Para-
guay de ese mismo ao publicado por la Oficina de Estadstica, por su parte, muestra un faltante de
poblacin de ms de cuarenta aos fallecida durante el conflicto.

107
y en sostener actividades empresariales como las de Carlos Casado. Siguiendo
esta lnea, en este estudio, analizo la presencia de Zeballos y del empresario
casado en territorio chaqueo desde la perspectiva empresarial, ligndola con
la privatizacin delterritorio desde el ao 1886, es decir, cincuenta aos antes
de la verdadera "nacionalizacin" conseguida con la guerra del chaco y gracias
a la participacin activa del gobierno argentino a favor del gobierno paraguayo
durante cinco dcadas. La Descripcin amena de la Repblica Argentina de ze-
ballos permite entender la unidad de intereses econmicos y polticos del sector
empresarial e intelectual de la Argentina en las tierras ricas en quebracho del
Gran Chaco.3 El inters por favorecer experiencias empresariales complejas en
tierras chaqueas tras la paz que sobrevino a la guerra de la Triple Alianza es

o
un tema desconocido en la biografa de Zeballos, pero puede ser entendido si

r
vinculamos aquel inters con el vnculo que uni al poltico con el espaol Carlos

le
Casado del Alisal, el gran comprador del Chaco paraguayo-boliviano radicado,

al
en realidad, en Rosario. Tras migrar alpuerto rosarino a mediados delsiglo XlX,
Casado se convirti en un importante banquero y en 1886 monopoliz gran parte

ab
de las tierras chaqueas que dcadas despus disputaran Paraguay y Bolivia.
Zeballos comparti este inters por comprar tierras chaqueas al gobierno para-
C
guayo a partir delao 1886, situacin que reforz con estudios cientficos sobre
el rea chaquea, con la edicin dela Descripcin amenade la RepblicaArgen-
te
tina, y con el ejercicio de la presidencia de la Sociedad Rural entre 1888 y 1894.
or

Zeballos siempre se mostr interesado en controlar los territorios nacionales, y


la ocupacin del Gran Chaco tambin figura, como no poda ser de otra manera,
-C

entre sus estudios sobre el sistema ferroviario, la construccion de caminos, la


nacionalizacin de la moneda y la produccin agropecuaria como basamento del
la

crecimiento nacional.
al
D

lntereses empresariales y poltcos en la construccin de los


la

Estados Nacionales del Cono Sur


ie

Como sabemos, las prcticas cientficas en la Argentina +fectuadas por ac-


r

tores sociales entre los que destaca sin lugar a dudas Estanislao Zeballos- pro-
ab

curaron homogeneizar el modelo societal para hacerlo funcional al estado liberal


nacional en gestacin, acompaando la definicin de las fronteras, la ampliacin
G

de los territorios ocupados y la eliminacin de las poblaciones originarias. En su

3. Los datos de las inversiones territoriales de Casado y de Zeballos, concrelamente el mapa


catastral del Chaco "paraguayo" de 1 91 0, son cruzados con la informacin brindada por el inventario
de los bienes de Casado del ao 1899 que consolidaron pblicamente la propiedad de los Casado
hasta el ao 2000. El corpus documental titulado La propiedad en el Chaco Paraguayo, Talleres Na-
cionales de H. Kraus, Asuncin, 191 0, proviene del Museo Etnogrfico Andrs Barbero de Asuncin
que, a diferencia del que existe en la Biblioteca Nacional de Asuncin, contiene el mapa catastral
reproducido en este trabajo. El inventario de bienes de Carlos Casado se conserva en el Archivo de
los Tribunales Provinciales de Rosario, Argentina: 1899, Serie Q,267: expediente del Juzgado Civil
y Comercial, 4q nominacin, 2e circunscripcin judicial, 2q secretara, causa Carlos Casado sobre
sucesin, inventario y particin.

108
anlisis sobre el impacto de la realidad paraguaya en la produccin intelectual
de Estanislao Zeballos, Liliana M. Brezzo (1998) ha demostrado que aqul fue
el primer cientfico argentino que llev a cabo un proyecto historiogrfico sobre
la guerra de la Triple Alianza que se inscribe, segn la autora, en el modelo
de cooperacin que intent ejecutar en el campo diplomtico en las relaciones
paraguayo-argentinas. En efecto, Zeballos se hizo eco delargumento de que las
sociedades indgenas eran contrarias al progreso, y que los inmigrantes deban
ser considerados por los grupos dirigentes como la nica posibilidad de civilizar
el pas y de construir el Estado Nacional. La idea subyacente era que los terri-
torios a ocupar por dicho Estado le pertenecan por derecho de soberana. Pero
lo ms sugerente, quizs, es la idea que tuvo Zeballos de que el Chaco Boreal,
pese a no pertenecer directamente a la jurisdiccin argentina, poda ser ocupado

o
por empresarios y terratenientes establecidos en la Argentina.

r
le
El primer captulo que inaugura el tomo dos de la Descripcin amena de la
Repbtica Argentina de Estanislao Zeballos se inicia con un relato poco menos

al
que nostlgico del Rosario colonialque en la imaginacin del intelectualaparece

ab
representado por la imagen de una mujer apegada a las costumbres coloniales
signadas por el caudillismo y el fanatismo religioso. Frente a la modernizacin

C
aportada por el progreso que supuso la desaparicin del indgena y la entrada de
la Argentina en el mercado internacional de la mano delferrocarril, del puerto y de
te
la agricultura (Zeballos, 1894; 1912), Doa Eulogia Llanos -fundadora de la ciu-
or
dad de Rosario- es presentada como el smbolo del pasado, un pasado que Ze-
ballos vincula en la Descripcin directamente con el Chaco: la mujer criolla tena
-C

en su habitacin "severas sillas de baqueta, combinaciones caprichosas y graves


de cuero labrado y estampado y caoba jacarand de las selvas exhuberantes
la

del Gran Chaco", adems de conServar "arcas de madera del ChaCo, espeoie de
al

cajas de hierro de la poca, muebles rotos, los de ropa, tarros de provisiones


y utensilios domsticos (que)...servala vez de morada al cuz cuz, la gata
D

barcina y otras populares variedades zoolgicas" (Zeballos, 1883: 16-17).


la

Si esta pervivencia colonial estaba destinada a desaparecer, el verdadero


responsable era, para Zeballos, el Ferrocarril Central Argentino, vapuleado por
ie

una sociedad destinada tambin a difuminarse, aunque el causante final fue-


r

se el puerto de la ciudad de Rosario. Romper la ligazn con la naturaleza era


ab

la condicin sine qua non marcada por Zeballos para hacer de la civilizacin
que deba mirar hacia
-sinnimo de "demanda capitalista"- el ideal de un pas
G

el Atlntico en lugar de hacerlo hacia las gramneas de la Pampa, o a la selva y


el palmar del Gran Chaco. No es casual entonces que Zeballos inicie el segun-
do captulo de su Descnpcin amena de la Repblica Argentina relatando con
horror una invasin indgena producida en 1864 a las estancias de los distritos
limtrofes de los Desmochados y La Candelaria, en ambas mrgenes del ro Car-
cara, en los pagos de Arequito que fueron, como l mismo reconocera tiempo
despus, escenario de sus primeras impresiones infantiles: "lleg a los hogares
de la Candelaria y Desmochados, la noticia de que los indios haban batido en
Loreto los cristianos, de los cuales cincuenta quedaron muertos y apenas diez
debieron su salvacin la fuga. Qu solemne horror el de estos das!" (Zeballos,
1883:21-26).

109
Aquella "invasin" indgena sirvi a Zeballos para hacer de la guerra de la
Triple Alianza desatada al ao siguiente el punto de inflexin en lipoltica im-
plementada por el Estado Nacional contra las poblaciones originarias. La im-
portancia del Paraguay no debe ser desdeada en Zeballos que se iniciaba a
la vida pblica enfatizando el poder de la actividad asociativ a y la luerza de las
iniciativas privadas. Estas ideas le permitieron dar inicio ala Descripcin amena
que se convertira en un importante aporte del intelectual al pensamiento de
la Generacin del '80. La inmigracin europea, portadora de progreso y desa-
rrollo para la Argentina de finales del siglo XlX, sirvi tambin a Zebalts para
proponer un modelo de pas diferente, moderno, que pudiese dejar de lado la
etapa colonial. Si en el litoral coloc Zeballos el nfasis para afirmar que era el

o
territorio ms atractivo para el "elemento extranjero que se internaba desde las

r
orillas del Plata" haciendo de Rosario una tierra nueva, el chaco segua siendo

le
un territorio marginal. Al mismo tiempo, si Asuncin del paraguay era,,el asiento

al
de la civilizacin invasora, porque es una base de operaciones en la esperanza
de alcanzar el pas del oro, en las naciones del ro del mismo nombre, e inter-

ab
nndose hacia el oeste travs de la selva vrgen del Gran chaco", ese chaco
contena "laraza belicosa y aventurera de los guarans, cuyas tribus les hacan
C
la cruda guerra" (Zeballos, 1883:48-49).
En La Regin del rrigo Zeballos relata que en 1g65 sali aterrado de los
te
campos de Arequito y que por entonces La Candelaria slo tena diez habitantes
or

y cinco mil vacas. En ese mismo ao el gobierno provincial de Santa Fe habili-


t a individuos o sociedades establecer bancos de emisin en todo elterritorio
-C

provincial con un capital inicial de 100 000$. Casado fund el banco que llevaba
su nombre precisamente en el momento en que la Argentina, junto con Brasil
la

y uruguay, invada tierras paraguayas dando inicio a la guerra del paraguay


al

(1865-1870). Quizs ese fue su primer contacto con paraguay, pero lo cierto
D

es que Casado se benefici del conflicto blico, mantuvo a las familias afecta-
das por la guerra, y abasteci a las escuadras y a los ejrcitos que llegaban al
la

Rosario. En'1870, adems, fund la colonia La candelaria y all levant vlla


casilda en honor a su madre. En 1878, cuando Estanislao volvi a Rosario y a
ie

las colonias aledaas tras su etapa estudiantil en Buenos Aires, visit La Cane-
r

laria y encontr un panorama muy diferente al de su niez. ya no se trataba de


ab

un "solitario desierto" sin poblacin civilizada y plagado de peligrosos indgenas,


G

sino de un territorio signado por el progreso del que l mismo se senta promotor.
El puerto de Rosario en el ro Paran asumi un nuevo rol al articular a la Argen-
tina con los pases limtrofes, al mismo tiempo que con los mercados europos,
segn Estanislao Zeballos se deba reconocer "patriticamente" que ,,los ros
valen, como caminos, ms que los ferrocarriles mismos" en la unin empresarial
y mercantil entre Argentina, Bolivia y Paraguay (Zeballos, lg}3;27-29: Bonaudo
y Sonzogni, 1998).
como ha demostrado Liliana Brezzo, Estanislao pas casi toda su vida bus-
cando informacin sobre el Paraguay para escribir un libro que nunca public.
Es interesante la conclusin de la autora al sealar que, como ocurra con Er-
nesto Quesada y Enrique de Ganda, el propsito que guiaba la investigacin
de Zeballos -ms interesada en integrar el espacio paraguayo-argentino que en

110
diferenciarlo- era "superar las barreras que las historias nacionales y algunas
conductas diplomticas levantaban en las vinculaciones bilaterales" (Brezzo,
1998:242-243). Nuevamente, sin embargo, poco dice Brezzo de las importantes
inversiones empresariales de Zeballos que fueron resultado del inters que te-
nan depositada en el rea chaquea paraguaya las personas que le rodeaban,
en particular Carlos Casado del Alisal. Esto coincidi temporalmente con otro
hecho: desde el ao 1886 diversas personas recibieron por parte del Estado
paraguayo concesiones de tierra a precios insignificantes. Carlos Casado logr
hacerse con gran parte del Chaco y Zeballos adquiri 351.562 hectreas. Brezzo
seala, desde una perspectiva ms interesada en elpapelpoltico delintelectual
rosarino, que:

o
,,Zeballos lleg a Asuncin en 1888. La presencia de quien presida la Cmara de Diputados de la

r
le
Repblica argentina no pas inadvertida en los mbitos poltico y diplomtico. El representante de
la Legacin del Uruguay, informaba que "el notable escritor de la Argentina viene con el objeto de

al
recoger datos verdicos de la guena de la Triple Alanza, or opiniones a los hombres que formaban
en lai filas del ejrcito del tirano Lpezy recorrer el vasto escenario en que se desanoll la lucha'

ab
con el objeto de escribir la historia de esta repblica, dedicando especial atencin a los gobiernos
de Francia y Lpez y reuniendo en un libro la terrible historia de las tiranas sufridas por este
pueblo y sus luchas litnicas". Confirma que Zeballos fue perfectamente recibido y que tanto el

C
gobierno como los particulares pusieron a su disposicin los archivos, correspondencias y cuanto
documento necesitara para completar tan importante obra" (Brezzo, 1998: 225'226).
te
Brezzo nos dice tambin que el presidente, Patricio Escobar, convoc en
or
Su casa a jefes militares y otras personas "que desempearan un papel impor-
-C

tante al lado de Lpez con el objeto de reavivar sus recuerdos y presentarle


a Zeballos una memoria militar de los acontecimientos". Zeballos regres a
la

Buenos Aires y Se entrevist cOn Mitre que, como sabemos, fue unO de IOS
grandes creadores de la historia oficial nacional argentina. Hasta aqu todo
al

parecera mostrarnos el perfil acadmico de Zeballos, pero para entender Su


D

inters empresarial es necesario comprender su proyecto econmico. En el


tomo dos de la Descripcin amena de la RepblicaArgentina, Zeballos sostuvo
la

que la cesin de tierras a empresarios y banqueros ingleses, interesados en


ie

construir un ferrocarril, era una de laS meiores estrategas para fomentar la


r

agricultura y la colonizacin, incluyendo por supuesto los territorios chaqueos


ab

todava no ocupados ni delimitados. As, tras resolver la "cuestin indios del


Chaco", deba surgir un territorio nuevo " medida que nuestros regimientos
G

arrojen mas lejos sometan al indio montars". Asumiendo esta poltica, la Ar-
gentina se convertira segn Zeballos en un pas verdaderamente poderoso en
el que pudiese imperar la "legislacin econmica liberal, (la) reforma y perfec-
cionamiento constante de nuestras instituciones y (la) difusion de la instruccin
pblica". Cabe agregar que Zeballos no neg la importancia de la intervencin
estatal pero siempre para fomentar el inters privado, y revindc para el Chaco
la actividad privada frente a la colonizacin nacional. De ese modo, cueston
el estado de las colonias oficiales de Reconquista, Resistencia y Avellaneda
que no haban permitido el control territorial, y contrast esla situacn con el
sistema de colonizacin espontnea en el que destacaban las experiencias de
Carlos Casado.

111
Poltica territorial en el Gran chaco: el caso de Estanislao Ze-
ballos y de Carlos Casado del Alisal
En 1881 Estanislao Zeballos, por esas pocas ocupando un importante puesto
como diputado en el congreso Nacional, hizo una alocucin en la que manifest
que la mejor colonizacin era la que dependa del colono con aptitudes y bue-
na voluntad: "estos colonos que han hecho un ahorro, que han adquirido iierras
sobre el chaco, y que por consiguiente han ido formando colonias fuera de los
lmites poblados (y hablo del chaco para citar un ejemplo concreto) necesitan
traer de Europa gentes de confianza, quienes confiar el cultivo de sus nuevas
propiedades, mientras ellos manejan sus negocios en los ncleos importantes".
El poltico sostuvo la idea de ceder tierras a los colonos y afirm que la necesidad

o
"no es de dinero, sino de brazos y de produccin. Debe concederse extensio-

r
le
nes considerables, cien hectreas por ejemplo, para que el atractivo sea mayor"
(Diario de sesiones, congreso Diputados, tomo l, 1gg1:350). Zeballos apnt

al
en su Descripcin amena que la administracin argentina sufra de [Link]-

ab
radora enfermedad endmica" que haca "de los empleos cuestin electoral, de
influencias, y de recomendaciones mas que de idoneidad en mira de los intereses
C
generales". De este modo extendi al Paraguay la poltica argentina al afirmar
que "las colonias de santa F, Buenos Aires y Entre Ros son nuestra grande y
te
verdadera escuela de agronoma, y ellas han provisto de agricultores d [itord d
or

la Repblica, irradindolos hasta el Estado oriental y el paraguay, mientras que


las escuelas oficiales no han dado hasta ahora media docena de colonos, ya que
-C

no de directores de explotaciones rurales" (Zeballos, 1BB3: 239-2s6,267).


Para reforzar esta poltica, Zeballos dividi los Territorios Nacionales en dos
la

reas, separadas por el paralelo 33e de latitud sur, los de la Regin sur (incluyen-
al

do Patagonia, Tierra del Fuego, lslas Malvinas) y los de la Regin Norte (chaco y
D

las Misiones). En el rea delchaco, Zeballos incluy el chaco Austral (con part
de santa Fe y de santiago del Estero hasta donde comienza el ro Bermejo); el
la

Chaco lnterior (provincias de Salta y Jujuy por el ro Bermejo); el Chaco oreal


(enlre los ros Bermejo, Pilcomayo y paraguay); el Andino (limitado por los Andes
ie

y el Pilcomayo). En la concepcin del intelectual, el Chaco Boreal inclua la actual


r

provincia formosea adems del territorio que ya por entonces paraguay reputaba
ab

como suyo frente a las demandas bolivianas. La venta de las tierras chaqueas
fue fomentada en 1883 por Zeballos distinguiendo entre los territorios ubicados
G

en las riberas de los ros Paran y paraguay (arazn de 2 pesos nacionales la


hectrea) y los terrenos interiores (arazn de 1 peso nacional). El poltico prepar
as el escenario afirmando que el gobierno deba conceder tierras a las empresas
que quisiesen radicarse en los Territorios Nacionales, entre ellos el Chaco, en los
que el Estado argentino tena jurisdiccin. si sumamos a esto el hecho de que
Zeballos confiaba ms en la colonizacin espontnea que en la oficial, tenemos
un cuadro de situacin que explica parte de sus ideas empresariales.
Pero nos queda una pregunta: al adquirir miles de hectreas en el chaco
paraguayo Zeballos estaba, en realidad, intentando dar marcha atrs en la ya
inevitable desmembracin del antiguo Virreinato del Ro de la plata? una pie-
gunta irnica como sta no debe ocultarnos el hecho de que buena parte de

112
los intelectuales argentinos que acompaaron y disearon la construccin del
Estado Nacional (que tom forma con la guerra de la Triple Alianza y que en
gran medida cerr su poca con la guerra del Chaco, siempre fuera de territorios
reputados nacionales argentinos, y coincidiendo con la crisis de Wall Street) fue-
ron grandes propetarios que monopolizaron buena parte de la riqueza nacional.
En el caso de Zeballos parecera sorprender su inters por el Chaco paraguayo
y por Paraguay en general, cuando Se trata de un territorio en elque el gobierno
argentino no poda reclamar derechos Soberanos. De hecho, el ideal de recu-
peiar el dominio argentino sobre territorios del antiguo Virreinato del Ro de la
Plata es una de las acusaciones que se ha hecho a Zeballos como representante
clave de las relaciones internacionales de diversos gobiernos argentinos. Liliana
Brezzo sostiene que ese ideal slo puede imputarse a intelectuales argentinos

o
hasta 1852 "pero no se advierte con posterioridad conductas concretas que ava-

r
le
len esta hiptesis". En la idea de la Gran Argentina que pudiese reconstruir el
Virreinato, Zeballos queda fuera de cualquier posible acusacin, pero lo cierto es

al
que, tal Como recongce Brezzo, Estanislao, designado mediador entre Paraguay

ab
y Bolivia en 1907, afirm que ambos pases eran "mercados de consumo para
las industrias de nuestro pas y debemos procurar que prosperen y vivan de

C
nuestra riqueza elaborada" (Zeballos, 1974\'
Aos antes, como hemos visto ms arriba, el propio Zeballos hizo alusin
te
a la "desmembracin territorial" sufrida por Una Supuesta Argentina que haba
or
perdido territorios como consecuenca de las guerras civiles del siglo XIX (Ze-
ballos, 1900 a). Poco despus de aquella categrica afirmacin de Estanislao
-C

Zeballos respecto alChaco "al norte del Pilcomayo" que simbolizaba claramente
la "desmembracin territorial", encontramos la distribucin catastral del Chaco
la

paraguayo bastante bien definida (imagen 1). Los propietarios eran, en su gran
al

mayora, empresas dedicadas a la explotacin del quebracho, o particulares de


origen norteamericano, alemn y britnico. En la distribucin de los 13.749.671
D

de heclreas del Chaco paraguayo, las sociedades y compaas posean en


la

1910 una superficie de 3.093.856 hectreas, y las entidades bancarias 262'500


hectreas. Alaiza justific las dificultades de Bolivia para "constituir en aquella
ie

lejana frontera los elementos destinados a resguardar su soberana" en la ocu-


r

pacin de hecho por parte del Estado paraguayo de toda la margen occidental
ab

del ro Paraguay, desde el Otuquis hasta la desembocadura del ro Pilcomayo


(Alaiza, 1928:4). Durante esos aos, Bolivia consider el Chaco como el sudes-
G

te del territorio nacional boliviano, anexo al Oriente, y su servicio militar estaba


conformado con soldados procedentes del departamento de Tarja. Sin embar-
go, como ha demostrado Pilar GarcaJordn (2001), el territorio no haba sido
hasta entonces plenamente incorporado por el Estado boliviano. Refirindose a
esta situacin, el coronel Miguel Alaiza, gran defensor de los derechos bolivianos
sobre el territorio chaqueo, afirm en 1928 que el gobierno paraguayo preten-
da extender su dominio incluso a la regin del Oriente que era para Bolivia uno
de sus territorios ms importantes "por ser llave comercial e internacional del
departamento de Santa Cruz y la provincia de Azero de Chuquisaca hacia el
extenso litoral del Ro Paraguay" (Alaiza,1928: 54).

113
lmagen 1: Mapa del Chaco reputado "paraguayo".
Distribucin de la propiedad en 1910 segn La propiedad en el Chaco pa-
raguayo, Asuncin: Talleres Nacionales de H. Kraus, 1910.

ro
le
al
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or
-C
la
al
D
la
rie
ab
G

Miguel Alaiza, sin embargo, se pregunt una y otra vez por qu el gobierno
boliviano no haba conseguido imponer su soberana frente a los avances para-
guayos y encontr la respuesta ms que en la negligencia gubernamental, en la
presin ejercida por el Estado y los empresarios argentinos:
"La situacin mediterrnea de las zonas del oriente y sudeste ocupadas por Bolivia, zonas alejadas
de los centros ciudadanos, carentes de vas de comunicacin fluviales, de caminos carreteros o

114
de hierro, ha constituido y constituye ahora mismo una barrera que ha detenido brazos y capitales
extranjeros, impidiendo as la colonizacin e indusfializacin de esas importantes tierras. N aun
la libertad y garantas que ofrecen nuestras legislaciones, son de una suficiente efcacia, porque
otras razones las anulan e inutilizan. De suerte que, todo lo que se ha conseguido dentro de
nuestro captulo deficiente de capitales, en el progreso del Oriente y el Pilcomayo, se debe casi
exclusivamente al estuerzo del pas. En cambio, la zona ocupada por el vecino del sudeste, con
ventajas naturales apreciables, situada a lo largo de un ro navegable, como es el Paraguay, con
escaso esfuerzo ha podido aclimatar capitales y brazos extranieros, entre los que corresponde
un gran porcentaie a empresas argentinas, ostentando hoy, por consecuencia, una prosperidad
notable" (Alaiza, 1928: 38-39).

Desde finales del siglo XIX diversas personas recibieron por parte del Estado
paraguayo concesiones de tierra a precios insignificantes. La familia Casado
tuvo mucho que ver en la concentracin territorial chaquea. La tierra del Gran

o
Chaco (que desde 1932 disputaran Bolivia y Paraguay) se encontraba desde el

r
ao 1886 en manos de ciudadanos argentinos, como fue elcaso de Zeballos, o

le
de espaoles radicados en la Argentina, como Casado. Estanislao Zeballos, por

al
ejemplo, adquiri 351.562 hectreas. La familia Casado, por su parte, concentr

ab
en poco tiempo una extensin amplsima mediante estratgicas adquisiciones
no siempre legales. Entre las compras de los particulares de la familia (3.262.500

C
hectreas), y la Asociacin Patritica Espaola de Buenos Aires (318.750 de
hectreas), la superficie adquirida por el grupo familiar represent el260/" de las
te
hectreas loteadas hasta 1910.4 Si contrastamos los lotes adquiridos por Zeba-
llos con la divisin catastral del mapa que indica la distribucin de la tierra en el
or
Chaco paraguayo, eS posible comprobar que el rea monoplizada Se concentr
-C

terrenos cer6anqs al acceSo al agua, es decir, al ro Paraguay, Stuacin que


tambin benefici a la estructura empresarial del grupo familiar de los Casado
la

ya que el Chaco Se Caraoteriza, precisamente, por una carencia casi abSoluta


al

de agua, siendo como eS una vasta planicie cubierta por depSitos aluviales, no
estratificados, compuestos de arenas, arcilla y gravas. En el caso concreto de
D

Zeballos, los lotes 156 y 164 estn juntos y, al mismo tiempo, cruzados por el
curso probable del riacho Michi con desembocadura en el ro Paraguay. En 1928
la

el coronel Miguel Alaiza cuestion la negligencia de los propietarios: "como el


ie

pas no puede estar dependiente del punible descuido de estos terratenientes,


r

que Slo vigilan celosamente sus intereses, con grave mengua de la soberana
ab

misma de aquella frontera, estas tierras deberan volver al Estado, para su dis-
tribucin entre los colonos nacionales de las provincias limtrofes delChaco". La
G

presencia de los extranjeros, entre ellos los argentinos, aparece en la crtica de


Alaiza al afirmar que "el Paraguay y Bolivia son dos pases que han sufrido una

4. Segn La propiedad en el Chaco Paraguayo. Asuncin,Talleres Nacionales de H. Kraus, 1910,


los propietarios tueron: Alberto Casado, Iote 71 , 18.750 hectreas; Carlos Mateo Casado, lotes 168,
169, 176, 184, 191, 192, 1.125.000 hectreas; Carlos Mateo Casado y Jos Casado, lotes 87' 88'
151, 161, hectreas 15O.0OO; Eduardo Casado, lotes 105, 106, 107,108,265,266, 112.500 hect-
reas; Genara Casado, lote 70, 18.750 hectreas; Ramona Sastre Aramburu de Casado, lotes 50, 73,
74,75,76,77,78,79,80,81,82, 124,135,150,160, 170,171,177,179,183,188, 189,222,223,
225,226.227,228,229,230,231,232,233,234,237,238,239,240,241,244,245,246,247,248,
251, 252, 253, 254, 255,256, 257, 258,259, 260, 261, 262, 263, 264, 1.837.500 hectreas. Total,
3.262.500 hectreas.

115
dolorosa va crucis; estrechados por las ambiciones de los gobiernos limtrofes
que desmembraron sus territorios...no han seguido un desarrollo rectilneo que
les permitiera ponerse al mismo nivel de otras naciones ms afortunadas del
continente" (Alaiza, 1928: 53-54, 71).
El Estado paraguayo, como era de esperar, garantiz los derechos de los
propietarios frente a los simples ocupantes. La constitucin paraguaya asegur
jurdicamente la propiedad chaquea y las tierras fiscales pasaron a inversores
extranjeros, dos de ellos Zeballos y carlos casado. Para Lewis, en paraguay
haba una pequea lite duea de grandes extensiones de tierra de cultivo.
"El sector rural de Paraguay, que comprende la mayor parte de la vida econ-
mica del pas", afirm Lewis, estaba "dominado por los grandes propietarios y

o
latifundistas que producan los principales productos comerciales para el con-

r
sumo interno o para exportacin: carne de res, algodn, madera, tabaco, yerba

le
mate...extracto obtenido del rbol del quebracho que se utiliza en el curtido de

al
pieles y cueros (tanino)" (Lewis, 1986:24). Eligio Ayala encontr en la venta
indiscriminada de dichas tierras la causa de "cruentas luchas sociales" y de

ab
"agudas crisis agrarias" que afectaron al pas en las dcadas siguientes. En
palabras de carlos Pastore en la introduccin a la obra de Eligio Ayala del ao
C
1915 aparece una crtica similar:
te
"las tierras fiscales permanecan incultivadas, los campos y yerbales inexplotados, como una visin
or

incomprendida de esperanzas remotrs. Conforme a las ideas econmicas domnantes en aquella


poca, era necesario enfegar a la iniciativa privada esos elementos de produccin, para que sta
-C

fuese efectiva. Las tierras inmviles en la posesin del gobierno, eran consideradas intiles para
la economa nacional. Estas errneas preocupaciones econmicas y las exigencias financieras,
la escasez de recursos, los apremios de los presupuestos de gastos, fueron seguramente los
la

motivos principales de la resolucin funesta de vender las tienas pblicas del Paraguay. Las leyes,
conocidas, de venta de tierras pblicas fueron dictadas con la precipitacin propia de la imprevisin
al

y la ignorancia. Y las mejores tierras del Paraguay fueron enajenadas a precios irrisorios, exiguos.
La operacin de la venta fue fcil y rpida, claro est, pero estaban lelos de realizarse los beneficios
D

esperados de ella. Se crey que la iniciativa privada, en posesin de esas tierras, estimulara la
produccin y lo que se realiz fue sencillamente la ruina del porvenir econmico del Paraguay"
la

(Ayala: 1986: 18).


ie

Para conseguir esto, Zeballos haba promocionado una imagen muy concre-
r

ta: la de que el gobierno paraguayo tambin haba hecho poco por consolidar
ab

su presencia en el rea chaquea. Las cuencias del Bermejo y del pilcoma-


yo eran, como sabemos, un territorio ocupado por diversos grupos indgenas,
G

entre los que predominaban matacos, mataguayos, tobas y noctenes, que a


finales del siglo XIX estaban siendo reducidos y "evangelizados" por los misio-
neros. No es casualque el lnstituto Geogrfico Argentino, que funcionaba bajo
los dictados cientficos de Zeballos, publicase en 1895 la obra de samuel A.
Lafone Quevedo (incluyendo el mapa tnico de las tribus mataco-mataguayos
del Gran Chaco segn la carta del padre Giomecchini y los mapas del padre
Corrado), en la que el primero afirmaba que "los mataguayos cubren una vasta
zona del gran Chaco y especialmente las riberas izquierdas del Bermejo, y
las derechas del Pilcomayo. En la frontera de salta llmanlos comunmente
malacos, y en la de Tarija noctenes, corrupcin de Octenai, nombre que les
dan los chiriguanos, y que parece ser igualmente corrupcin de Huenneyei,

116
que es el nombre con que los mataguayos se llaman si mismos" (Lafone
Quevedo, 1895). La unidad tnica pareca, entonces, confirmar la unidad de
intereses chaqueos desde la Argentina y desde un organismo cientfico como
el lnstituto Geogrfico Argentino.

lmagen 2: Mapa utilizado por Zeballos en el Alegato de la


Repbtica Argentina sobre la cuestin de lmites con el
Brasit en el territorio de Misiones sometida al presidente de
los Estados Unidos presentadq 1893.

ro
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G

Zeballos reiter esta imagen en 1893 cuando era Ministro Plenipotenciario


de la Argentina en Washington. El mapa etnogrfico de Sud Amrica en el siglo
XVl, mostrando la lnea entre las colonias espaolas y portuguesas, de acuerdo
al Tratado de Tordesillas de 1494,Ia ruta de Alvar Nez Cabeza de Vaca, y los
lugares habitados por la poblacin guaran, segn las tribus mencionadas por
Ulrich Schmidt en su viaje (por Lus L. Domnguez, Londres, 1890) le sirvi para
defender los derechos argentinos en un alegato sobre la cuestin de lmites con
Brasil en el territorio de Misiones. Zeballos fij el territorio sometido a arbitraje al
presidente de los Estados Unidos, y su mapa verifica una concepcin etnogrfica
muy interesante: el canciller acept la idea de que la poblacin indgena chaque-

117
a era homognea. siguiendo esta lnea argumental, tambin homognea deba
ser la poltica implementada por los gobiernos argentino y paraguayo, incluso
en contra de los intereses bolivianos (imagen 2). De este modo, quizs sigui la
concepcin espacialde su tesis Apuntes sobre los quechuaseditada en Buenos
Aires a travs de La Prensaen 1874, que exclua del mbito andino precisamen-
te al rea chaquea de los Orientes bolivianos. Estos indicios interrelacionados
permiten entender su inters por la ocupacin del espacio nacional, y tambin su
preocupacin por extender los tentculos del Estado argentino en los territorios
de los pases hermanos, Bolivia, Paraguay y chile. Negar esta ambicin que
podramos denominar "colonizadora" de un Zeballos que fue uno de los repre-
sentantes claves de diversos gobiernos nacionales argentinos conduce, como
mnimo, a negar el impulso del Estado argentino por aumentar sus territorios

o
y establecer sus fronteras, defendiendo tierras en unos casos y expulsando, o

r
le
eliminando, a la poblacin originaria en otros.

al
ab
Reflexiones finales
C
Dado el inters argentino por impulsar la presencia paraguaya en el cha-
co disputado con Bolivia, no sorprende el hecho de que a partir de 1918 los
te
acercamientos diplomticos paraguayos y bolivianos mostraran su fracaso. La
or

guerra civil de 1922-1923 favoreci la militarizacin paraguaya al comps de las


primeras penetraciones sistemticas bolivianas en territorio chaqueo sobre el
-C

ro Paraguay. La penetracin boliviana en territorio chaqueo, por su parte, se


acrecent despus de la guerra del Pacfico y empresas tales como la Standard
la

oil corporation se aseguraron que exista petrleo en la regin chaquea de


al

Camiri. Bolivia instal diversos fortines en territorio chaqueo, como Guachalla y


Ballivin, hasta que en 1928 comenzaron abiertamente los conflictos tras el ata-
D

que paraguayo al recientemente creado fortn Vanguardia, ubicado por Bolivia en


la

el ro Paragu ay, y la consecuente destruccin del fortn paraguayo Boquern por


parte de los bolivianos. Gonzlez Blanco detect claramente las causas de esta
ie

situacin econmica resuelta en elterreno blico:


r
ab

"falt la decisin de los pases todos de Amrica; sobr la infomisin excesiva de la Argentina en
los asuntos paraguayos....de los 22.000.000 de hectreas de que se compone el Chaco, ms de
la mitad pertenecen a sociedades argenlinas. Los 33.000 habitantes que componen la poblacin
G

del territorio chaqueo estn, en su mayor parte, al servicio de patronos argentinos. El estado
paraguayo no explota, de los 958 kilmetros de ferrocarril que hasta la fecha cruzan su territorio,
ms que 148. Los 810 restantes pertenecen a las empresas Carlos Casado limitada; Azucarera
Paraguaya S.A.; Cenoi y ca; Fassardi y ca.; River Plate Quebracho Corporation, consttuidas casi
todas ellas con capitales argentinos. En la navegacin fluvial predomina, al menos por tonelaie de
mercancas transportadas, la bandera de la compaa argentina de navegacin ttrlihanovich. Los
principales abastecedores del Paraguay son, en primer lugar, la Argentina, que exporta por valor
de 9.999.000 de pesos oro; luego viene Norteamrica, con 1,6; lnglaterra, con 1,2; Alemania, con
0,9; ltalia, con 0,6; y Espaa, con 0,5. lgualmente entre los compradores ocupa la Argentina el
primer lugar, con 6.100.000 pesos oro; Uruguay, con 0,4; Francia con 0,1; Alemania, con 0,1, etc."
(Gonzlez Blanco, 1 934: 64-65).

La guerra del chaco, como sabemos, fue uno de los conflictos blicos ms
sangrientos de sudamrica y, pese a su riqueza, Paraguay y Bolivia fueron desti-

118
nados a Ser dos de las naciones del Cono Sur ms pobres del mundo. Gonzlez
Blanco sostuvo que el conflicto era "una lucha sin sentido si se la considera desde
el punto de vista de los intereses autnticos de los dos pases"; el problema era
"de una clara sordidez en cuanto a orgenes y motivos" pues se trataba de "capi-
talistaS extranjeroS, en torno de diversaS concesioneS", compaaS entre las que
destacaban la lnternational Products y la Argentine Cattle. Para el defensor de los
reclamos bolivianos, eran los "capitalistas argentinos" quienes explotaban eltanino
extraido del quebracho y el ganado chaqueo. Durante el apoyo dado por Argenti-
na al Paraguay, Gonzlez Blanco (1934: 81-83, 106) lleg a sostener que, cuando
se abriesen los archivos de las cancilleras sera la hora de opinar definitivamente
sobre el papeljugado por el gobierno argentino en el conflicto.
Por supuesto, el papel "argentino" debera ser, como mnimo, aclarado, ya que

o
el conflicto por las tierras adquiridas en el Chaco paraguayo a finales del siglo XIX

r
le
no est en absoluto cerrado. El hambre por las tierras occidentales al ro Paraguay,
o conectadas a este ltimo por riachos, explica, entre otras cosas, porqu la familia

al
Casado ha sostenido durante todo el siglo XX, desde el momento en que muri el

ab
patriarca en 1899, una gran disputa con el gobierno paraguayo por los verdaderos
derechos de propiedad territorial, en particular de los lotes 64 y 65 que la familia

C
Casado vendi a inicios del siglo XXI a la secta Moon. Valindose de la informacin
brindada por el ltimo apoderado que luvo la empresa Casado en la provincia argen-
te
tina de Santa Fe, el peridico La Capitalde Rosario afirm en agosto de 2005 que
or
en 1886 Carlos Casado haba comprado en subasta pblica dos lotes de una legua
de frente por diez leguas de profundidad frente a la ribera del ro Paraguay. Afirm
-C

tambin que los dos lotes fueron comprados por Casado a Jos Monte, a quien le
pag en la ciudad de Asuncin 1.000$ por legua y fueron destinados a la industria
la

maderera a base del quebracho (durmientes y tanino), situacin recogida en la escri-


al

tura formalizada por el escribano G. Pereyra Cazal el 24 de septiembre de 1889.


En la sucesin e inventario de los bienes de Carlos Casado que hizo Daniel
D

lnfante no existe ninguna referencia legal que avale la propiedad de los lotes 64 y
la

65 que quedaron bajo la administracin del albacea, Carlos Mateo Casado, que
era el hijo mayor delempresario espaoly de Ramona Sastre Aramburu, hija de
ie

Marcos Sastre. Casado, en realidad, compr legalmente las tierras paraguayas


r

entre 1885 y 1886, pero los lotes disputados aparecen en el inventario como
ab

comprados sorpresivamente en 1889 sin que se aclare el vendedor originario y,


lo ms importante, sin que dichos lotes fuesen otorgados legalmente en herencia
G

a ninguno de los hijos de Casado. Tal como afirma buena parte del espectro
poltico paraguayo levantado casi en armas en el ao 2005 contra la presencia
extranjera en el pas, dichos lotes nunca fueron comprados, al menos legalmen-
te, por Carlos Casado del Alisal, personaje a quien Zeballos present siempre
como el prototipo del progreso nacional argentino. En la expropiacin efectuada
por el gobierno paraguayo en el ao 2005, Lano afirm que Casado Casado
"nunca recibi n protocoliz los ttulos de sus tierras en el Chaco paraguayo",
afirmando que fue "slo una concesin corrupta del gobierno de entonces."s

5. Rechazan denuncia de un senador del Paraguay sobre un prcer santafesino, La Capital,


10.08.2005.

119
Quizs la informacin que permita dilucidar la manera en que las tierras fueron
adjudicadas y monopolizadas en pocas manos surja, en realidad, a travs del
anlisis econmico de los testamentos, inventarios y sucesiones de las escasas
personas involucradas, ms que delestudio del ejercicio diplomtico.

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ab
G

121
G
ab
rie
la
D
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or
te
C
ab
al
le
ro
"Lo que este Dios hablaba... era lo que
todos los indios sentan y todos los indios
deseaban".l Trinitarios frente a carayanas,
un caso de resistencia en la Bolivia de
fines del siglo XIX

r o
le
Pilar Garca Jordn

al
Taller de Estudios e lnvestigaciones Andino-Amaznicos (TEIAA)

ab
Universitat de Barcelona

C
te
or
-C

Lo que Dios hablaba, y los indios sentan y deseaban era que el primero "ya
estaba compadecido de lo que sufran" los segundos "de parte de los carayanas,
la

y que haba resuelto llevarlos a lejanas tierras donde pudiesen vivir y practicar su
al

religin con libertad". El autor de la afirmacin es el jesuita Gumersindo Gmez


de Arteche quien, juntamente con dos compaeros y a peticin del gobierno de
D

Gregorio Pacheco, haba viajado hasta Trinidad, la capital del departamento del
la

Beni, entre julio y septiembre de 1BB7 con el objetivo de "pacificar" la zona y


convencer a los indgenas prfugos, en el lenguaje gubernamental "rebeldes",
ie

que retornaran a sus pueblos.


r

El relato de los acontecimientos hecho por el religioso es, probablemente, el


ab

informe ms detallado acerca de la llamada Guayochera, sucesin de hechos


acaecidos tras la revuelta indgena, la leroz represin que sigui patrocinada
G

por los sectores propietarios, y el remonte de los indios supervivientes, que se


desarroll en la provincia de Moxos (Beni)'? entre marzo y julio de 1887. El movi-
miento liderado por el indgena itonama Andrs Guayocho fue interpretado por

1. Gmez de Arteche, Gumersindo. "Misin de los PP. Arteche, Aslrain y Manzanedo", nforme
fechado en La Paz, 1 .01 .1 888, cuadernillo de 102ff. conservado en el Archivo de la Curia de la Pro-
vincia Peruana de la Compaa de Jess (Lima), ff.61-62. El trabalo expuesto aqu se inscribe en el
proyecto de investigacin l+D, Ref. BHA2003-03628.
2. En el organigrama poltico-administrativo boliviano de esos aos, Moxos era una de las pro-
vincias del Beni, junto a Scure (Santa Ana -capital-, cantones Exaltacin y Reyes), y Magdalena
(Magdalena -capital-, cantones Huacaraje, Baures, el Carmen, San Ramn y San Joaqun). Moxos,
designada en ocasiones como el Cercado, a mediados de los '80 estaba constituida por la capital,

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sus contemporneos por un lado, como un conflicto cultural enlre civilizacin y
barbarie (surez, 1887); Ren Moreno secund esta tesis y sostuvo, ademj,
que elconflicto se desarroll ante el completo desinters del"gobierno boliviano
[que] ha vuelto siempre las espaldas al departamento del Beni, o ms propia-
mente a Mojos" (1973 [1888]:391); por otro lado, como un conflicto socio-eco-
nmico como consecuencia de la explotacin a la que unos pocos ',desalmados,'
(enganchadores gomeros) sometan a los indgenas benianos (pacheco, 1gg7),
conf licto que se radicaliz por la ausencia de la debida asistencia religiosa (G-
mez de Arteche, 1888). Ms tarde, en la dcada de 1920 y desde la "historia",
Limpias Saucedo apoy y confirm las tesis de surez y Ren Moreno. Todas
estas interpretaciones ofrecieron una "impresin" de lo sucedido a partir de una u

o
otra constatacin, sin ofrecer un intento explicativo de la resistencia desarrollada

r
por el grupo moxeo liderada por Andrs Guayocho.

le
En las ltimas dcadas, diversas aproximaciones hechas desde la antropo-

al
loga sobre las migraciones de indgenas moxeos hacia zonas "libres" de la ac-
cin de los carayanas (blancos), como la protagonizada por los indgenas prota-

ab
gonistas de la Guayochera, han dado una nueva explicacin, tericamente ms
rica y metodolgicamente ms fundamentada. El fenmeno se explicara como
C
un movimiento mesinico surgido entre los moxeos que tratando de escapar
de la opresin blanco-mestiza ejercida por los carayanas tras la expulsin de los
te
jesuitas, dejaron los principales centros poblacionales benianos a la bsqueda
or

de la "loma santa", el equivalente a la "tierra sin mal" de los guaranes donde


pudieran vivir en libertad (Riester, 1976; Gantier Zelada,1g88; Corts, 1990) y
-C

recogiendo dicha posicin aunque sin pronunciarse abiertamente por ella se ha


ocupado tambin del tema Roca (2001 : 1 '19-133).
la

El alzamiento, liderado por Andrs Guayacho +omnmente llamado Guayo-


al

cho- iniciado el 8 de marzo contra la explotacin y los abusos de que eran objeto
D

constante los aborgenes por los comerciantes y empresarios gomeros, provoc


la represin comandada por stos y permitida por las autoridades departamenta-
la

les, y la posterior huda de los indgenas.3 Los hechos desencadenados en 1Bg7


a partir de la revuelta de los que fueron denominados como trnitariog o gua-
ie

yochos, me permite abordar la resistencia de stos al proyecto expansionista,


r

tericamente homogeneizador y asimilacionista desde el punto de vista cultural,


ab

por cuanto pretendi conquistar y ocupar los territorios y someter a las poblacio-
nes de las denominadas fronteras, regiones a las que prefiero denominar como
G

orientes. El proyecto fue liderado por los empresarios mineros, con el apoyo no
siempre coincidente de los grupos dirigentes regionales, que accedieron al poder
en la Bolivia de los '80 y que, interesados en ordenar la economa para consoli-
dar su vinculacin al mercado exterior, y favorecer la estabilidad poltica lograron

Trinidad, los cantones (pueblos) de San Pedro, San lgnacio, Loreto, San Javier adems de numero-
sas rancheras indgenas, entre otras, Trinidacito, san Lorenzo, Rosario y san Francisco.
3. Una primera aproximacin al tema en Garca Jordn, 2004: 305-330.
4. Los trinitarios, poblacin moxea perteneciente a la familia sociolingstica Arawak, ubicada
en el departamento del Beni, ubicada preferentemente en el actual municipio de Trinidad y toda su
zona de influencia.

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incorporar a los hacendados agrcolas del altiplano y valles perifricos para hacer
de Bolivia el estado-nacin que permitiera consolidar la incorporacin del pas a
lo que entonces gust denominar el "conciefto de las naciones civilizadas".
En consecuencia, despus de abordar en un primer apartado, los elementos
ms significativos de la poltica del Estado boliviano en relacin a los Orientes en
la segunda mitad del siglo XlX, y en un segundo, los elementos ms relevantes
presentes en el Beni para la misma poca, me interesar sealar en un tercer
punto, los hitos ms representativos de la Guayochera como premisa para una
muy breve reflexin sobre eldiscurso elaborado por los grupos dirigentes en tor-
no a la movilizacin indgena, que Se har en el cuarto apartado. Concluiremos
notando que la revuelta fue tanto un conflicto socioeconmico como cultural, en
que la sobreexplotacin de la mano de obra indgena que lleg a su cenit en

o
la dcada de los '80 llev a algunos indgenas a remontarse para escapar