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San Beda

Beda, historiador y Doctor de la Iglesia nacido en Northumbria entre 672 y 673, dedicó su vida al estudio de las Escrituras y a la escritura de obras históricas, siendo su más destacada 'Historia Eclesiástica del Pueblo Inglés'. A pesar de su enfermedad, continuó trabajando hasta su muerte en 735, dejando un legado de erudición y espiritualidad que influyó en generaciones posteriores. Su obra fue reconocida oficialmente en 1899, cuando fue declarado Doctor de la Iglesia, y su enfoque en las Sagradas Escrituras lo distingue como uno de los más grandes eruditos de la alta Edad Media.

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San Beda

Beda, historiador y Doctor de la Iglesia nacido en Northumbria entre 672 y 673, dedicó su vida al estudio de las Escrituras y a la escritura de obras históricas, siendo su más destacada 'Historia Eclesiástica del Pueblo Inglés'. A pesar de su enfermedad, continuó trabajando hasta su muerte en 735, dejando un legado de erudición y espiritualidad que influyó en generaciones posteriores. Su obra fue reconocida oficialmente en 1899, cuando fue declarado Doctor de la Iglesia, y su enfoque en las Sagradas Escrituras lo distingue como uno de los más grandes eruditos de la alta Edad Media.

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Historiador y Doctor de la Iglesia, nacido en 672 673 y muerto en 735.

En el ltimo
captulo de su gran obra sobre la "Historia Eclesistica del Pueblo Ingls", Beda nos cont
algo de su propia vida, prcticamente todo lo que sabemos de l. Sus palabras, escritas en
731, cuando su muerte no estaba demasiado lejos, no slo muestran la sencillez y piedad
caractersticas del hombre, sino que arrojan luz sobre la composicin de la obra por la cual
se le recuerda mejor en todo el mundo. Escribi as: Y es as que, muy interesado en la
historia eclesistica de Bretaa, especialmente en la raza de los ingleses, yo, Beda, sirviente
de Cristo y sacerdote del monasterio de los benditos apstoles San Pedro y San Pablo, el
cual se encuentra en Wearmouth y Jarrow (en Northumbria), con la ayuda del Seor he
compuesto, cuanto he logrado recabar de documentos antiguos, de las tradiciones de los
ancianos y de mi propio conocimiento. Nac en el territorio del monasterio ya mencionado,
y a la edad de siete aos fui dado, por el inters de mis familiares, al reverendsimo abad
benedictino Biscop, y despus a Ceolfrid, para recibir educacin. Desde entonces he
permanecido toda mi vida en dicho monasterio, dedicando todas mis penas al estudio de las
Escrituras, a observar la disciplina monstica y a cantar diariamente en la iglesia, siendo
siempre mi deleite el aprender, ensear o escribir. A los diecinueve aos, fui admitido al
diaconado, a los treinta al sacerdocio, ambas veces mediante las manos del reverendsimo
obispo Juan [san Juan de Beverley], y a las rdenes del abad Ceolfrid. Desde el momento
de mi admisin al sacerdocio hasta mis actuales 59 aos me he esforzado por hacer breves
notas sobre las sagradas Escrituras, para uso propio y de mis hermanos, ya sea de las obras
de los venerables Padres de la Iglesia o de su significado e interpretacin. Despus de esto,
Beda inserta una lista de Indiculus, de sus anteriores escritos y, finalmente, termina su gran
obra con las siguientes palabras: Y os ruego, amoroso Jess, que as como me habis
concedido la gracia de tomar con deleite las palabras de vuestro conocimiento, me
concedis misericordiosamente llegar a ti, la fuente de toda sabidura, y permanecer para
siempre delante de vuestro rostro. Es evidente, en la carta de Beda al obispo Egberto, que el
historiador visitaba ocasionalmente a sus amigos durante algunos das, alejndose del
monasterio de Jarrow; pero salvo esas raras excepciones, su vida parece haber transcurrido
como una pacfica ronda de estudios y oracin dentro de su propia comunidad. El cario
que sta le tena queda manifiesto en el conmovedor relato de la ltima enfermedad y la
muerte del santo, legada a nosotros por Cuthbert, uno de sus discpulos. Su bsqueda del
conocimiento no fue interrumpida por su enfermedad y los hermanos le lean mientras l
estaba en cama, pero la lectura era reemplazada constantemente por las lgrimas. "Puedo
declarar con toda verdad," escribe Cuthbert sobre su amado maestro, "que nunca vi con mis
ojos, ni o con mis odos a nadie que agradeciera tan incesantemente al Dios vivo. Incluso
el da de su muerte (la vigilia de la Ascensin de 735) el santo estaba ocupado dictando una
traduccin del Evangelio de San Juan. Al atardecer, el muchacho Wilbert, que la estaba
escribiendo, le dijo: "Hay todava una oracin, querido maestro, que no est escrita." Y
cuando la hubo entregado, y el muchacho le dijo que estaba terminada, "Habis hablado
con verdad", contest Beda, "est terminada. Tomad mi cabeza entre vuestras manos,
pues es de gran placer sentarme frente a cualquier lugar sagrado donde haya orado, as
sentado puedo llamar a mi Padre." Y as, sobre el suelo de su celda, cantando "Gloria al
Padre y al Hijo y al Espritu Santo", y el resto, exhal su ltimo aliento. El calificativo
Venerabilis parece haber sido agregado al nombre de Beda antes de haber transcurrido los
dos generaciones posteriores a su muerte. Por supuesto, no existe una autoridad anterior
que corrobore la leyenda repetida por Fuller acerca del monje torpe que al componer un
epitafio sobre Beda se qued sin palabras para completar la frase Hac sunt in fossa Bedae . .
. . ossa y a la maana siguiente se encontr con que los ngeles haban llenado el espacio
con la palabra venerabilis. El calificativo es utilizado por Alcuin, Amalarius y al parecer
por Paulo el Dicono, y el importante Consejo de Aachen de 835 lo describe como
venerabilis et modernis temporibus doctor admirabilis Beda. Este decreto se mencionaba
especialmente en la peticin que el Cardenal Wiseman y los obispos ingleses enviaron a la
Santa Sede en 1859, rogando que Beda fuera declarado Doctor de la Iglesia. El tema ya
haba sido discutido antes de la poca de Benedicto XIV, pero no fue hasta el 13 de
noviembre de 1899 que Len XIII decret que el 27 de mayo toda la Iglesia deba celebrar
la fiesta del Venerable Beda, con el ttulo de Doctor Ecclesiae. Durante toda la Edad Media
se haba celebrado en York y en el Norte de Inglaterra el culto local al Santo Beda, pero la
fiesta no era tan popular en el sur, donde se segua la Liturgia de Sarum. La influencia de
Beda entre los eruditos ingleses y extranjeros fue muy grande, y probablemente habra sido
mayor si los monasterios del norte no hubieran sido devastados por las invasiones Danesas
menos de un siglo despus de la muerte de Beda. En innumerables formas, pero
especialmente por su moderacin, amabilidad y gran visin, Beda se distingue entre sus
contemporneos. En lo referente a erudicin, indudablemente fue el hombre ms sabio de
su tiempo. Una caracterstica muy notable, observada por Plummer (I, p. xxiii), es su
sentido de propiedad literaria, una particularidad extraordinaria en esa poca. l mismo
anotaba escrupulosamente en sus escritos los pasajes que haba tomado prestados de otros e
incluso rogaba a los copistas de sus obras que conservaran las referencias, una
recomendacin a la que ellos pusieron muy poca atencin. A pesar de lo elevado de su
cultura, Beda aclara repetidamente que sus estudios estn subordinados a la interpretacin
de las Escrituras. En su "De Schematibus" lo dice as: "Las Sagradas Escrituras estn sobre
todos los dems libros, no slo por su autoridad Divina, o por su utilidad pues son una gua
hacia la vida eterna, sino tambin por su antigedad y su forma literaria (positione
dicendi). Tal vez el mayor tributo al genio de Beda es que con una conviccin tan
desprovista de compromiso y tan sincera de que la sabidura humana es inferior, haya
podido adquirir tanta cultura verdadera. Aunque el Latn fue para l una lengua todava
viva, y aunque no parece haber volteado conscientemente hacia la Era de Augusto de la
Literatura Romana que preservaba modelos ms puros de estilo literario que la poca de
Fortunato o San Agustn, ya sea por genio natural o por el contacto con los clsicos, Beda
es extraordinario por la relativa pureza de su lenguaje y tambin por su lucidez y sobriedad,
especialmente en temas de crtica histrica. En todos estos aspectos presenta un marcado
contraste con san Aldhelm quien se aproxima ms al tipo Celta. Obras y Ediciones Nunca
se ha publicado una edicin de las obras completas de Beda basada en el cotejo cuidadoso
de los manuscritos. El texto impreso por Giles en 1884 y reproducido por Migne (XC-
XCIV) muestra pocas o ninguna mejora con respecto a la edicin bsica de 1563 o la
edicin de Colonia de 1688. Por supuesto, a Beda se le recuerda principalmente como
historiador. Su gran obra, "Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum" (Historia eclesistica
del pueblo ingls), que relata el cristianismo en Inglaterra desde sus inicios hasta la poca
de Beda, es la base de todos nuestros conocimientos acerca de la historia britnica una
obra maestra elogiada por los eruditos de todas las pocas. Plummer produjo una edicin de
esta obra, de la "Historia Abbatum" (Historia de los Abades) y la "Carta a Egberto", que
con toda justicia puede llamarse la versin final (2 volmenes, Oxford, 1896). En la
introduccin, Plummer ilustr admirablemente la extraordinaria diligencia de Beda para la
recopilacin de documentos y su uso crtico de ellos (pgs. XLIII-XLVII). La "Historia de
los Abades" (de los monasterios gemelos de Wearmouth y Jarrow), la "Carta a Egberto",
las vidas en verso y prosa de "San Cuthbert", y otras obras de menor tamao, tambin
tienen gran valor por la luz que arrojan sobre el estado del cristianismo en Northumbria en
la poca de Beda. La "Historia Eclesistica" fue traducida al anglosajn a peticin del Rey
Alfredo. Desde entonces se ha reproducido con frecuencia, notablemente por T. Stapleton,
quien la imprimi en 1565 en Amberes como arma controversial contra los telogos de la
Reforma en el reino de Elizabeth. El texto en latn apareci por primera vez en Alemania en
1475. Vale la pena hacer notar que en Inglaterra no se imprimi ninguna edicin, ni
siquiera la latina, antes de 1643. El texto ms preciso de Smith vio la luz en 1742. Los
tratados cronolgicos de Beda "De temporibus liber" y "De temporum ratione" (Sobre el
clculo del tiempo) tambin contienen resmenes de la historia general del mundo desde la
creacin hasta el 725 y el 703, respectivamente. Estas porciones histricas fueron editadas
satisfactoriamente por Mommsen en la "Monumenta Germaniae historica" (1898), y
pueden encontrarse entre los especmenes ms antiguos de este tipo de cronologa general,
por lo que han sido copiados e imitados en gran medida. La obra topogrfica "De locis
santis" (Sobre los lugares santos) es una descripcin de Jerusaln y los lugares santos
basada en Adamnan y Arculfus. En 1898, la obra de Beda fue editada por Geyer en "Itinera
Hierosolymitana" para el "Corpus Scriptorum" de Viena. El hecho de que Beda compil un
martirologio lo sabemos por l mismo, pero la obra que se le atribuye en extensos
manuscritos ha sido tan complementada que es muy difcil saber exactamente que escribi.
En su propia opinin, y en la de sus contemporneos, las obras exegticas de Beda fueron
las ms importantes, pero la lista es demasiado larga para describirla en este documento.
Entre dichas obras se encuentra un comentario sobre el Pentateuco completo, as como
sobre algunas partes seleccionadas. Tambin hay comentarios sobre los libros de Reyes,
Esdras, Tobas, El Cantar de los Cantares, etctera. En el nuevo testamento, interpret a san
Marcos, san Lucas, los Hechos de los Apstoles, las Epstolas y el Apocalipsis; pero la
autenticidad del comentario de san Mateo, impreso con su nombre, es ms que dudosa.
(Plaine en "Revue Anglo-Romaine", 1896, III, 61). Las homilas de Beda toman la forma
de comentarios sobre el evangelio. La coleccin de 50 (divididas en dos libros) atribuidas a
Beda por Giles (y Migne) son en su mayora autnticas, pero se sospecha de la autenticidad
de unas cuantas. (Morin en "Revue Bndictine", IX, 1892, 316). Beda menciona varios
escritos didcticos en la lista que nos dej de sus obras. La mayora de ellos an se
conservan y no hay razn para dudar de su autenticidad. Sus tratados de gramtica "De arte
metric" y "De orthographi" han sido editados adecuadamente en tiempos modernos por
Keil en su "Grammatici Latini" (Leipzig, 1863). Sin embargo, las obras ms grandes "De
natura rerum", De temporibus", De temporium ratione", alrededor que tratan sobre
ciencia, como era entendida en ese entonces, y especialmente sobre cronologa, nos han
llegado solamente a travs de tres textos poco satisfactorios de los editores ms antiguos y
Giles. Ms all de la vida mtrica de san Cuthbert y algunos versos incorporados a la
"Historia Eclesistica", no poseemos mucha poesa que pueda ser atribuida con toda certeza
a Beda, pero al igual que otros eruditos de su poca, seguramente escribi una buena
cantidad de versos. El mismo menciona su "libro de himnos" compuesto con diferentes
mtricas o ritmos. De manera que Alcuin dice de l: Plurima versifico cecinit quoque
carmina plectro. Es posible que el ms corto de sus dos calendarios mdicos impresos entre
sus obras sea genuino. El Penitencial atribuido a Beda, aunque aceptado como genuino por
Haddan, Stubbs y Wasserschleben, probablemente no sea suyo (Plummer, I, 157). El
Venerable Beda es el testigo ms antiguo de la tradicin puramente gregoriana de
Inglaterra. Sus obras "Musica theoretica" y "De arte Metric" (Migne, XC) son
consideradas especialmente valiosas por los eruditos que hoy en da se avocan al estudio de
la forma primitiva del canto.

2. El santo del que hablaremos hoy se llama Beda y naci en el nordeste de Inglaterra,
exactamente en Northumbria, entre los aos 672 y 673. l mismo cuenta que sus parientes,
a la edad de siete aos, lo encomendaron al abad del cercano monasterio benedictino para
que fuera educado: "En este monasterio recuerda desde entonces viv siempre,
dedicndome intensamente al estudio de la Sagrada Escritura y, mientras observaba la
disciplina de la Regla y la tarea diaria de cantar en la capilla, para m siempre fue dulce
aprender, ensear o escribir" (Historia ecclesiastica gentis Anglorum, v, 24).

De hecho, san Beda lleg a ser uno de los eruditos ms insignes de la alta Edad Media, pues
pudo acceder a los muchos manuscritos preciosos que le traan sus abades al volver de sus
frecuentes viajes al continente y a Roma. La enseanza y la fama de sus escritos le
granjearon muchas amistades con las principales personalidades de su tiempo, que lo
animaban a proseguir en su trabajo, del que tantos se beneficiaban. A pesar de enfermar, no
dej de trabajar, conservando siempre una alegra interior que se expresaba en la oracin y
en el canto. Concluy su obra ms importante, la Historia ecclesiastica gentis Anglorum
con esta invocacin: "Te ruego, oh buen Jess, que benvolamente me has permitido
acceder a las dulces palabras de tu sabidura, concdeme, benigno, llegar un da hasta ti,
fuente de toda sabidura, y estar siempre ante tu rostro". La muerte le lleg el 26 de mayo
del ao 735: era el da de la Ascensin.
Las Sagradas Escrituras son la fuente constante de la reflexin teolgica de san Beda. A
partir de un cuidadoso estudio crtico del texto (nos ha llegado una copia del monumental
Codex Amiatinus de la Vulgata, en el que trabaj san Beda), comenta la Biblia, leyndola
en clave cristolgica, es decir, rene dos cosas: por una parte, escucha lo que dice
exactamente el texto quiere realmente escuchar, comprender el texto mismo; y, por
otra, est convencido de que la clave para entender la Sagrada Escritura como nica Palabra
de Dios es Cristo y, con Cristo, a su luz, se entiende el Antiguo y el Nuevo Testamento
como "una" Sagrada Escritura. Las circunstancias del Antiguo y del Nuevo Testamento
estn unidas, son camino hacia Cristo, aunque estn expresadas con signos e instituciones
diversas (lo que l llama concordia sacramentorum).

Por ejemplo, la tienda de la alianza que Moiss levant en el desierto y el primer y segundo
templo de Jerusaln son imgenes de la Iglesia, nuevo templo edificado sobre Cristo y los
Apstoles con piedras vivas, unidas por la caridad del Espritu. Y del mismo modo que a la
construccin del antiguo templo contribuyeron tambin los pueblos paganos, poniendo a
disposicin materiales preciosos y la experiencia tcnica de sus maestros de obras, as a la
edificacin de la Iglesia contribuyen apstoles y maestros procedentes no slo de las
antiguas estirpes juda, griega y latina, sino tambin de los nuevos pueblos, entre los cuales
san Beda se complace en nombrar a los celtas irlandeses y los anglosajones. San Beda ve
crecer la universalidad de la Iglesia, que no se limita a una cultura determinada, sino que se
compone de todas las culturas del mundo, que deben abrirse a Cristo y encontrar en l su
punto de llegada.

Otro tema recurrente en san Beda es la historia de la Iglesia. Tras haberse interesado por la
poca descrita en los Hechos de los Apstoles, repasa la historia de los Padres y de los
concilios, convencido de que la obra del Espritu Santo contina en la historia. En las
Chronica Maiora, san Beda traza una cronologa que se convertir en la base del Calendario
universal "ab incarnatione Domini". Por entonces se calculaba el tiempo desde la fundacin
de la ciudad de Roma. San Beda, viendo que el verdadero punto de referencia, el centro de
la historia es el nacimiento de Cristo, nos dio este calendario que interpreta la historia
partiendo de la encarnacin del Seor. Registra los primeros seis concilios ecumnicos y su
desarrollo, presentando fielmente la doctrina cristolgica, mariolgica y soteriolgica, y
denunciando las herejas monofisita, monotelita, iconoclasta y neo-pelagiana. Por ltimo,
escribi con rigor documental y pericia literaria la ya mencionada Historia eclesistica de
los pueblos ingleses, por la que se le ha reconocido como "el padre de la historiografa
inglesa".

Las caractersticas de la Iglesia que san Beda puso de manifiesto son: a) la catolicidad
como fidelidad a la tradicin y al mismo tiempo apertura al desarrollo histrico, y como
bsqueda de la unidad en la multiplicidad, en la diversidad de la historia y de las culturas,
segn las directrices que el Papa san Gregorio Magno haba dado al apstol de Inglaterra
san Agustn de Canterbury; b) la apostolicidad y la romanidad: a este respecto, considera de
primordial importancia convencer a todas las Iglesias irlandesas celtas y de los pictos a
celebrar unitariamente la Pascua segn el calendario romano. El Cmputo que l elabor
cientficamente para establecer la fecha exacta de la celebracin pascual, y por tanto de
todo el ciclo del ao litrgico, se ha convertido en el texto de referencia para toda la Iglesia
catlica.

San Beda fue tambin un insigne maestro de teologa litrgica. En las homilas sobre los
evangelios dominicales y festivos desarroll una verdadera mistagogia, educando a los
fieles a celebrar gozosamente los misterios de la fe y a reproducirlos coherentemente en la
vida, en espera de su plena manifestacin al regreso de Cristo, cuando, con nuestros
cuerpos glorificados, seremos admitidos en la procesin de las ofrendas en la liturgia eterna
de Dios en el cielo. Siguiendo el "realismo" de las catequesis de san Cirilo, san Ambrosio y
san Agustn, san Beda ensea que los sacramentos de la iniciacin cristiana convierten a
cada fiel "no slo en cristiano sino en Cristo", pues cada vez que un alma fiel acoge y
custodia con amor la Palabra de Dios, imitando a Mara, concibe y engendra nuevamente a
Cristo. Y cada vez que un grupo de nefitos recibe los sacramentos pascuales, la Iglesia se
"auto-engendra", o con una expresin an ms audaz, la Iglesia se convierte en "madre de
Dios", participando en la generacin de sus hijos, por obra del Espritu Santo.

Gracias a esta forma suya de hacer teologa, mezclando Biblia, liturgia e historia, san Beda
tiene un mensaje actual para los distintos "estados de vida": a) a los estudiosos (doctores ac
doctrices) les recuerda dos tareas esenciales: escrutar las maravillas de la Palabra de Dios
para presentarlas de forma atractiva a los fieles; y exponer las verdades dogmticas
evitando las complicaciones herticas y cindose a la "sencillez catlica", con la actitud de
los pequeos y humildes, a quienes Dios se complace en revelar los misterios del Reino; b)
los pastores, por su parte, deben dar prioridad a la predicacin, no slo mediante el lenguaje
verbal o hagiogrfico, sino tambin valorando los iconos, las procesiones y las
peregrinaciones. A estos san Beda les recomienda el uso de la lengua popular, como hace l
mismo, explicando en northumbro el "Padre nuestro" y el "Credo", y prosiguiendo hasta el
ltimo da de su vida el comentario en lengua popular al Evangelio de san Juan; c) a las
personas consagradas, que se dedican al Oficio divino, viviendo la alegra de la comunin
fraterna y progresando en la vida espiritual mediante la ascesis y la contemplacin, san
Beda les recomienda cuidar el apostolado nadie tiene el Evangelio slo para s mismo,
sino que debe sentirlo como un don tambin para los dems-, sea colaborando con los
obispos en las actividades pastorales de diverso tipo en favor de las jvenes comunidades
cristianas, sea estando disponibles para la misin evangelizadora entre los paganos, fuera
del propio pas, como "peregrini pro amore Dei".
San Beda, situndose en esta perspectiva, en el comentario al Cantar de los Cantares,
presenta a la Sinagoga y a la Iglesia como colaboradoras en la difusin de la Palabra de
Dios. Cristo Esposo quiere una Iglesia solcita, "bronceada por las fatigas de la
evangelizacin" aludiendo claramente a las palabras del Cantar de los Cantares (1, 5),
donde la esposa dice: "Nigra sum sed formosa" ("Soy negra, pero hermosa"), dedicada a
labrar otros campos o vias y establecer entre las nuevas poblaciones "no una tienda sino
una morada estable", es decir, a insertar el Evangelio en el tejido social y en las
instituciones culturales.

Desde esta perspectiva, el santo doctor exhorta a los fieles laicos a participar asiduamente
en la instruccin religiosa, imitando a aquellas "insaciables multitudes evanglicas, que no
dejaban a los apstoles tiempo ni siquiera para tomar un bocado". Les ensea a orar
continuamente, "reproduciendo en la vida lo que celebran en la liturgia", ofreciendo todos
sus actos como sacrificio espiritual en unin con Cristo. A los padres de familia les explica
que tambin ellos, en su pequeo mbito domstico, pueden ejercer "el oficio sacerdotal de
pastores y guas", formando cristianamente a sus hijos, y afirma que conoce a muchos fieles
hombres y mujeres, casados o clibes "capaces de una conducta irreprensible que, si se
les acompaa oportunamente, podran acercarse diariamente a la comunin eucarstica"
(Epist. ad Ecgberctum, ed. Plummer, p. 419).

La fama de santidad y sabidura de que san Beda goz ya en vida le llev a recibir el ttulo
de "venerable". As lo llam tambin el Papa Sergio I, cuando, en el ao 701, escribi a su
abad pidiendo que lo hiciera venir temporalmente a Roma para consultarle cuestiones de
inters universal. Despus de su muerte, sus escritos se difundieron ampliamente en su
patria y en el continente europeo. El gran misionero de Alemania, el obispo san Bonifacio
( 754), pidi en muchas ocasiones al arzobispo de York y al abad de Wearmouth que
hicieran transcribir algunas de sus obras y se las mandaran para que tambin l y sus
compaeros pudieran gozar de la luz espiritual que emanaban.

Un siglo ms tarde, Notkero Galbulo, abad de San Gallo ( 912), reconociendo la


extraordinaria influencia de san Beda, lo compar con un nuevo sol que Dios haba hecho
surgir no desde Oriente, sino desde Occidente, para iluminar al mundo. Dejando aparte el
nfasis retrico, es un hecho que, con sus obras, san Beda contribuy eficazmente a la
construccin de una Europa cristiana, en la que los diversos pueblos y culturas se
amalgamaron entre s, confirindole una fisonoma unitaria, inspirada en la fe cristiana.

3. 25 de mayo
SAN BEDA EL VENERABLE
Doctor de la Iglesia
( 735)

La Edad Media guarda numerosas sorpresas a todo


el que desea correr la aventura de adentrarse por sus
intimidades. Siglo oscuro y ruidos de armas. Seores
feudales con sus mesnadas guerreras. Castillos
defensores con puentes levadizas y celadas astutas por
las encrucijadas de los caminos. Invasin de los brbaros,
en una palabra, que ha preparado este precario estado de
cosas y ha liquidado una cultura decadente y cansada.
Brilla ahora mucho ms el ejercicio de las armas que el
conocer la cultura clsica. Y entre los nobles llega a ser
un timbre de gloria el ser analfabeto: "El seor no firma
porque es noble", terminan algunos documentos del
tiempo.

Pero la ciencia no ha desaparecido. Se ha


refugiado en los monasterios. La Iglesia, por los monjes
sobre todo, es la gran y nica educadora de los pueblos.
Clrigo y letrado. son ahora palabras sinnimas. Para
penetrar, pues, bien la Edad Media es preciso conocer
tambin la vida apretada y fecunda de los monasterios.
Entrar en ellas con el nimo purificado y sereno, dcil y
abierto a toda sugerencia. Descalzarse, previamente, de
toda predisposicin a lo complicado y vertiginoso, a las
velocidades supersnicas y a las carreras contra reloj.
Para sorprender mejor a aquellos hombres, enjambres de
Dios elaborando, en, sus celdas, la miel dulcsima de las
ciencias del espritu para el bien de las almas.

Uno de estos hombres fue Beda el Venerable,


nacido en Inglaterra el ao 673. Figura cumbre que
ilumin con su luz todo su siglo. No slo Inglaterra, sino
toda la cristiandad. No poseemos muchos datos sobre la
vida de San Beda. Con todo, no siempre se tiene la feliz
circunstancia de esta ocasin. l mismo dej una nota,
escueta y sencilla, de su vida al final de su Historia
eclesistica de Inglaterra, libro de gran aliento, objetivo y
exacto, que le da derecho a ostentar el ttulo de "padre
de la historia de Inglaterra".

"Yo, Beda, siervo de Cristo y sacerdote del


monasterio de San Pedro y San Pablo de Wearmouth,
nac en el pueblo de dicho monasterio, y a los siete aos
mis padres me pusieron bajo la direccin del abad Benito,
primero, y, despus, de Ceolfrido. Desde entonces toda
mi vida discurri dentro del claustro y puse todo mi afn
en la meditacin de las Sagradas Escrituras. Y entre la
observancia de la disciplina regular y el cotidiano oficio de
cantar en el coro, siempre me fue dulce el aprender, o
ensear, o escribir. Fu ordenado dicono a los diecinueve
aos y sacerdote a los treinta, de manos del obispo Juan.
Desde mi sacerdocio hasta ahora, en que cuento
cincuenta y nueve aos, me he ocupado en redactar para
mi uso y de mis hermanos algunas notas sobre la
Sagrada Escritura, sacadas de los Santos Padres o segn
su espritu e interpretacin."

Como se ve, nada es ms simple que su vida.


Observar la regla y cantar el oficio divino. Todas sus
delicias las pona en aprender, ensear y escribir. Todo su
afn, meditar las Sagradas Escrituras y comentarlas para
utilidad propia y de todos sus hermanos. Es decir, la regla
de oro benedictina: Ora et labora. Oracin y trabajo. La
oracin apoyando al trabajo, el trabajo nutriendo y
nutrindose de la oracin. Sin estorbarse, sino al
contrario, apoyndose mutuamente. "Ni el rezo estorba al
trabajo ni el trabajo estorba al rezo."

As resolva San Beda, en perfecto maridaje, la


conocida discusin sobre la prioridad de la oracin o el
trabajo en la vida cristiana. San Juan de la Cruz
recordara ms tarde, con notable insistencia, el lugar
preeminente, la importancia bsica y fontal de la oracin.
Como valor en s y con vistas al apostolado exterior.
"Ojal que los hombres devorados por la actividad, que
piensan remover el mundo por medio de sus
predicaciones y otras obras exteriores, reflexionaran un
instante. Comprenderan sin dificultad cunto ms tiles a
la Iglesia y agradables al Seor seran sin hablar del
buen ejemplo que daran a su alrededor si consagraran
la mitad de su tiempo a la oracin. En estas condiciones,
y con una sola obra, haran un bien mayor y con menor
esfuerzo que el logrado por miles de otros actos a los que
entregan su existencia. La oracin les merecera esta
gracia... Sin ella todo se reduce a puro ruido... Se hace
poco ms que nada, a menudo absolutamente nada, e
incluso mal."

Pero tampoco hay que descuidar el trabajo y caer


en el angelismo. No se ha de olvidar que somos hombres
y que, como tales, compuestos de cuerpo y alma, hemos
de salvarnos. Ni despreciar las realidades terrenas, que
nosotros hemos de transformar, y de las que hemos de
servirnos para saltar hasta Dios. "Vale la pena
desperdiciar tanto tiempo en las cosas de la vida de aqu
abajo? Vale la pena, vale la pena. Hubo un tiempo en que
yo mismo me preguntaba: Para qu luchar por la vida de
esta tierra? Qu me importa este mundo? Soy un
exilado del cielo y siento premura por volver a mi patria.
Pero, con el tiempo, he comprendido, y he cambiado de
pensar. Nadie puede entrar en el cielo si anteriormente
no ha vencido en la tierra, y nadie puede vencer aqu si
no lucha contra el mundo con mpetu, con paciencia y sin
descanso. El hombre no posee otro trampoln que la tierra
si quiere lanzarse al cielo. Si deponemos las armas
estamos perdidos, aqu abajo, en la tierra, y all arriba,
en el cielo."

Qu vida es, entonces, ms perfecta, la activa o


la contemplativa? Santo Toms dice que la mixta, la que
participa de las dos. He aqu un gran lema : "Ofrecer a los
dems el fruto de nuestra contemplacin".
Tan bien saba unir San Beda, con tanto equilibrio,
estos dos polos de su vida, trabajo y oracin, que es
difcil comprender, nota un autor antiguo, cmo pudo
sobresalir tanto en ambos. "Si consideras sus estudios y
numerosos escritos parece que nada dedic a la oracin.
Si consideras su unin con Dios parece que no le qued
tiempo para sus estudios."

El secreto est seguramente en aquellos remansos


de paz y trabajo que eran los monasterios, y en saber
renunciar a distracciones que desvan del fin. "Antes de
decidirse, el hombre puede escoger entre muchos
caminos. Pero, cuando ha tomado uno, slo adelantar a
condicin de seguir en l. Quien cambia continuamente
de ruta vuelve sin cesar al punto de partida... En cada
encrucijada es necesario sacrificar varios caminos para
seguir uno solo. El hombre no alcanzar una perfeccin
sino sacrificando muchas otras. Algunas personas no
saben sacrificar y no llegan entonces a nada."

Esta es la gran leccin que nos da San Beda.


Trazarse un rumbo bien claro y seguir tras el ideal, sin
mirar a la derecha ni a la izquierda, con una constancia y
energa indomable. Leccin, esta, de necesidad
apremiante, porque hoy es terrible el peligro de la
dispersin. Basta girar un botn para or, ver y sintonizar
con lo que, hace un par de horas, le ha sucedido al
alguacil de cualquier alcalde de Borneo. Hay que saber
mil nombres de libros, deportistas, polticos, congresos y
artistas de todo gnero. Todo parece dispuesto para
ofuscar, seducir, entretener y desviar.

El miedo del siglo XX es el acertado ttulo de un


reciente libro. "Miedo a que la tcnica, la mquina, la
civilizacin fra del fichero y la estadstica, de los cerebros
electrnicos y las leyes sin alma, se nos echen encima y
nos asfixien, y no dejen va sitio en nuestro espritu para
el Unico Necesario. Miedo porque la gran marejada de la
barbarie est ante nuestras puertas". "En Europa se la
esperaba tradicionalmente viniendo de Oriente. La
costumbre no se ha perdido. Pero el Oriente nunca ha
irrumpido ms que en una Europa descompuesta. La gran
marejada de la barbarie est en nuestros corazones
vacos, en nuestras cabezas perdidas, en nuestras obras
incoherentes y en nuestros actos, estpidos por cortedad
de vista. No nos quejemos maana de los brbaros si
aceptamos hoy nuestra decadencia." Tiempos de
brbaros los de San Beda. Tiempos muy parecidos los
nuestros. El y los suyos tonificaron y orientaron el
mundo. He aqu, tambin, la tarea actual de los
cristianos.

Aquello de no morirse sin haber plantado un rbol,


haber tenido un hijo y haber escrito un libro lo realiz San
Beda muy cumplidamente. En cuanto a lo primero,
plantar un rbol, en ningn sitio consta que no lo hiciera.
En cambio, s hablan las crnicas que trabajaba a veces
en la huerta. Hijos, discpulos de su doctrina, los tuvo
muy numerosos. Cuanto a escribir libros, es uno de los
escritores ms fecundos de materias espirituales y temas
profanos.

Todos sus enciclopdicos conocimientos los fue


distribuyendo en mltiples escritos de gramtica, retrica,
mtrica, poesa, msica, aritmtica, meteorologa, fsica,
cronologa, filosofa, teologa. San Beda saba que nada
haba ajeno a la legtima curiosidad del cristiano. Toda la
creacin es un reflejo de la gloria de Dios. Su fina
sensibilidad de alma interior descubra en todo la huella
divina.

Pero donde brill, sobre todo, con fulgor nuevo e


irreprimible la pluma de San Beda y, en la pluma, su
mente y su corazn fue en sus homilas y en sus
comentarios sobre la Sagrada Escritura. Escribi hasta
sesenta libros o tratados sobre la Sagrada Escritura,
segn propia confesin. Todo el plan de sus estudios lo
relacionaba con la interpretacin de la Sagrada Escritura.
A este fin diriga sus vigilias, sus investigaciones. Para
promover en su nimo y en el de sus discpulos tan santo
y laudable estudio. Tanto ha estimado sus homilas la
Iglesia, que las ha introducido en la liturgia. Sobre todo
en las fiestas de la Virgen, por quien Beda senta
tiernsima devocin.

Purificaba ms y ms su conciencia para entender


el sentido de los Libros Santos. "Porque en alma maliciosa
no entrar la sabidura ni morar en cuerpo esclavo el
pecado", dice el Seor. El mismo Santo nos dice que, aun
prescindiendo del bien que pudiera hacer a las almas, l
ya lo haba conseguido meditando las palabras del Seor,
que tanto estimaba, siguiendo en esto el espritu de San
Agustn. "La palabra de Jesucristo no es menos estimable
que su cuerpo, y, por tanto, las mismas precauciones que
guardamos para no dejar caer al suelo el cuerpo del
Seor cuando nos lo entregan debemos tomar para que
no caiga de nuestro corazn la palabra de Cristo que se
nos predica."

Como era entonces corriente, ms que obras


nuevas, recoga todo lo bueno que los Santos Padres
haban dicho, Con todo, su ciencia no era propiamente
ciencia de archivo, ciencia de almacn, sino ciencia de
fbrica. "Abeja laboriosa", saba libar lo ms exquisito,
elaborarlo y transformarlo, para provecho propio y ajeno.
"Miel virgen destilaban sus labios." Ms que la ciencia
posea la sabidura, dando a esta palabra su sentido
exacto de saborear, degustar. Distinguir y escoger lo
mejor. Resume admirablemente esta hambre infinita de
saber la oracin con que acab uno de sus libros: "Te
ruego, buen Jess, ya que te has dignado concederme el
beber dulcemente las palabras de tu ciencia, me
concedas tambin la gracia de llegar un da hasta Ti,
fuente de toda sabidura, y estar siempre presente ante
tu divino rostro".

De esta manera no es extrao que la fama de San


Beda saltase de la isla al continente y se esparciese por
toda la cristiandad. Los seiscientos monjes del monasterio
porfiaban por escucharle. Otros acudan de los
alrededores, vidos de saber. El papa Sergio I le llamaba
a Roma. San Bonifacio, el apstol de Alemania, escribe al
monasterio de San Beda para que le enven "alguna
partcula o chispita de ese cirio de la Iglesia que encendi
el Espritu Santo, investigador sagacsimo de las Sagradas
Escrituras".

Se le llam maestro nobilsimo, doctor eximio, cirio


de Dios, sacerdote ejemplar, monje observante. Un
concilio de Aquisgrn le reconoci Padre de la Iglesia.
Ultimamente, en 1899, el papa Len XIII dio el
espaldarazo oficial y cannico a su magisterio,
declarndole doctor de la Iglesia.

Pero el nombre que ms se divulg y con el que


sobre todo ha sido siempre conocido es el de Venerable.
Un autor antiguo dice que, siendo tenido por un gran
santo en la Iglesia, es el nico entre los santos que no se
llama santo, sino venerable. Y explica la razn con dos
ingenuas leyendas: Estando ciego por su avanzada
ancianidad y habiendo llegado, de manos de un discpulo,
ante un montn de piedras, el discpulo empez a
persuadirle que haba all congregada una gran multitud,
que esperaba, con gran silencio y devocin, su
predicacin. Entonces el Santo les dirigi un discurso
elegantsimo, y, al acabar diciendo: "Por todos los siglos
de los siglos", las piedras respondieron: "Amn,
venerable presbtero". Despus de muerto el Santo otro
discpulo se dispona a preparar una inscripcin para su
sepulcro en un solo verso. Le faltaba una palabra y no
encontraba ninguna a propsito, hasta que, cansado, se
fue a dormir. Y he aqu que, a la maana siguiente,
encontr esculpido en el tmulo el verso completo, por
manos anglicas: Hac sunt in fossa Bedae Venerabilis
ossa. (En esta tumba yacen los restos del Venerable
Beda.)

La razn verdadera del nombre de Venerable


parece ser porque se lean sus homilas en las iglesias,
viviendo l. Y, al no poder llamarle santo, decan, "del
Venerable Beda", por el gran aprecio que se le tena.
Luego se confirm, al extenderse sus sublimes escritos
por toda la cristiandad.

Cargado de mritos, de aos y de veneracin, le


lleg al Venerable la hora de morir. Un testigo ocular
cuenta a su compaero, en una carta, la ltima
enfermedad y la muerte del Santo. Pas los ltimos das
dando gracias a Dios y cantando salmos. Incluso por la
noche, el tiempo que le dejaba libre el sueo. A veces
interrumpa el canto y se deshaca en lgrimas y lloraban
todos con l.

Durante estos das, sin dejar las lecciones que


daba ni el canto de los salmos, emprendi dos obras
nuevas: una traduccin del Evangelio de San Juan al
ingls y algunos pasajes de San Isidoro de Sevilla. Luego
se agrav, pero l segua trabajando.

Todo el ltimo da enseaba y dictaba, Se


apresuran por acabar el ltimo captulo. "Maestro, todava
falta un versculo." "Escrbelo pronto", respondi. Luego
deca el discpulo: "Todo est acabado". "S repuso el
Santo todo est acabado." Entonces, como gesto de
delicadeza, reparti los pequeos recuerdos que le
quedaban. Sobre todo a los sacerdotes para que dijesen
misas por l. Pidi que le pusiesen en el suelo, vuelto
hacia el lugar santo donde tantas veces haba alabado a
Dios. Y de este modo se puso a cantar por ltima vez:
"Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espritu Santo". Luego,
tranquilamente, entreg su alma a Dios. Era el 25 de
mayo de 735, vspera de la Ascensin. Contaba a la sazn
sesenta y dos aos.

Experto conocedor de las Sagradas Escrituras,


tuvo siempre presentes las palabras del Seor: "Caminad
mientras tenis luz, para que no os sorprendan las
tinieblas". "Mientras tenemos tiempo obremos el bien."
"Viene la noche y ya nadie puede trabajar." As muri San
Beda. Rezando y trabajando. Aprovechando hasta el
ltimo da de su vida para no presentarse con las manos
vacas. Una vez ms la muerte haba sido un reflejo
fidelsimo de la vida.

25 de mayo
SAN BEDA EL VENERABLE
Doctor de la Iglesia
( 735)
La Edad Media guarda numerosas sorpresas a todo el que desea correr la aventura de
adentrarse por sus intimidades. Siglo oscuro y ruidos de armas. Seores feudales con sus
mesnadas guerreras. Castillos defensores con puentes levadizas y celadas astutas por las
encrucijadas de los caminos. Invasin de los brbaros, en una palabra, que ha preparado
este precario estado de cosas y ha liquidado una cultura decadente y cansada. Brilla ahora
mucho ms el ejercicio de las armas que el conocer la cultura clsica. Y entre los nobles
llega a ser un timbre de gloria el ser analfabeto: "El seor no firma porque es noble",
terminan algunos documentos del tiempo.

Pero la ciencia no ha desaparecido. Se ha refugiado en los monasterios. La Iglesia, por los


monjes sobre todo, es la gran y nica educadora de los pueblos. Clrigo y letrado. son ahora
palabras sinnimas. Para penetrar, pues, bien la Edad Media es preciso conocer tambin la
vida apretada y fecunda de los monasterios. Entrar en ellas con el nimo purificado y
sereno, dcil y abierto a toda sugerencia. Descalzarse, previamente, de toda predisposicin
a lo complicado y vertiginoso, a las velocidades supersnicas y a las carreras contra reloj.
Para sorprender mejor a aquellos hombres, enjambres de Dios elaborando, en, sus celdas, la
miel dulcsima de las ciencias del espritu para el bien de las almas.

Uno de estos hombres fue Beda el Venerable, nacido en Inglaterra el ao 673. Figura
cumbre que ilumin con su luz todo su siglo. No slo Inglaterra, sino toda la cristiandad.
No poseemos muchos datos sobre la vida de San Beda. Con todo, no siempre se tiene la
feliz circunstancia de esta ocasin. l mismo dej una nota, escueta y sencilla, de su vida al
final de su Historia eclesistica de Inglaterra, libro de gran aliento, objetivo y exacto, que le
da derecho a ostentar el ttulo de "padre de la historia de Inglaterra".

"Yo, Beda, siervo de Cristo y sacerdote del monasterio de San Pedro y San Pablo de
Wearmouth, nac en el pueblo de dicho monasterio, y a los siete aos mis padres me
pusieron bajo la direccin del abad Benito, primero, y, despus, de Ceolfrido. Desde
entonces toda mi vida discurri dentro del claustro y puse todo mi afn en la meditacin de
las Sagradas Escrituras. Y entre la observancia de la disciplina regular y el cotidiano oficio
de cantar en el coro, siempre me fue dulce el aprender, o ensear, o escribir. Fu ordenado
dicono a los diecinueve aos y sacerdote a los treinta, de manos del obispo Juan. Desde mi
sacerdocio hasta ahora, en que cuento cincuenta y nueve aos, me he ocupado en redactar
para mi uso y de mis hermanos algunas notas sobre la Sagrada Escritura, sacadas de los
Santos Padres o segn su espritu e interpretacin."

Como se ve, nada es ms simple que su vida. Observar la regla y cantar el oficio divino.
Todas sus delicias las pona en aprender, ensear y escribir. Todo su afn, meditar las
Sagradas Escrituras y comentarlas para utilidad propia y de todos sus hermanos. Es decir, la
regla de oro benedictina: Ora et labora. Oracin y trabajo. La oracin apoyando al trabajo,
el trabajo nutriendo y nutrindose de la oracin. Sin estorbarse, sino al contrario,
apoyndose mutuamente. "Ni el rezo estorba al trabajo ni el trabajo estorba al rezo."

As resolva San Beda, en perfecto maridaje, la conocida discusin sobre la prioridad de la


oracin o el trabajo en la vida cristiana. San Juan de la Cruz recordara ms tarde, con
notable insistencia, el lugar preeminente, la importancia bsica y fontal de la oracin. Como
valor en s y con vistas al apostolado exterior. "Ojal que los hombres devorados por la
actividad, que piensan remover el mundo por medio de sus predicaciones y otras obras
exteriores, reflexionaran un instante. Comprenderan sin dificultad cunto ms tiles a la
Iglesia y agradables al Seor seran sin hablar del buen ejemplo que daran a su
alrededor si consagraran la mitad de su tiempo a la oracin. En estas condiciones, y con
una sola obra, haran un bien mayor y con menor esfuerzo que el logrado por miles de otros
actos a los que entregan su existencia. La oracin les merecera esta gracia... Sin ella todo
se reduce a puro ruido... Se hace poco ms que nada, a menudo absolutamente nada, e
incluso mal."

Pero tampoco hay que descuidar el trabajo y caer en el angelismo. No se ha de olvidar que
somos hombres y que, como tales, compuestos de cuerpo y alma, hemos de salvarnos. Ni
despreciar las realidades terrenas, que nosotros hemos de transformar, y de las que hemos
de servirnos para saltar hasta Dios. "Vale la pena desperdiciar tanto tiempo en las cosas de
la vida de aqu abajo? Vale la pena, vale la pena. Hubo un tiempo en que yo mismo me
preguntaba: Para qu luchar por la vida de esta tierra? Qu me importa este mundo? Soy
un exilado del cielo y siento premura por volver a mi patria. Pero, con el tiempo, he
comprendido, y he cambiado de pensar. Nadie puede entrar en el cielo si anteriormente no
ha vencido en la tierra, y nadie puede vencer aqu si no lucha contra el mundo con mpetu,
con paciencia y sin descanso. El hombre no posee otro trampoln que la tierra si quiere
lanzarse al cielo. Si deponemos las armas estamos perdidos, aqu abajo, en la tierra, y all
arriba, en el cielo."

Qu vida es, entonces, ms perfecta, la activa o la contemplativa? Santo Toms dice que
la mixta, la que participa de las dos. He aqu un gran lema : "Ofrecer a los dems el fruto de
nuestra contemplacin".
Tan bien saba unir San Beda, con tanto equilibrio, estos dos polos de su vida, trabajo y
oracin, que es difcil comprender, nota un autor antiguo, cmo pudo sobresalir tanto en
ambos. "Si consideras sus estudios y numerosos escritos parece que nada dedic a la
oracin. Si consideras su unin con Dios parece que no le qued tiempo para sus estudios."

El secreto est seguramente en aquellos remansos de paz y trabajo que eran los
monasterios, y en saber renunciar a distracciones que desvan del fin. "Antes de decidirse,
el hombre puede escoger entre muchos caminos. Pero, cuando ha tomado uno, slo
adelantar a condicin de seguir en l. Quien cambia continuamente de ruta vuelve sin
cesar al punto de partida... En cada encrucijada es necesario sacrificar varios caminos para
seguir uno solo. El hombre no alcanzar una perfeccin sino sacrificando muchas otras.
Algunas personas no saben sacrificar y no llegan entonces a nada."

Esta es la gran leccin que nos da San Beda. Trazarse un rumbo bien claro y seguir tras el
ideal, sin mirar a la derecha ni a la izquierda, con una constancia y energa indomable.
Leccin, esta, de necesidad apremiante, porque hoy es terrible el peligro de la dispersin.
Basta girar un botn para or, ver y sintonizar con lo que, hace un par de horas, le ha
sucedido al alguacil de cualquier alcalde de Borneo. Hay que saber mil nombres de libros,
deportistas, polticos, congresos y artistas de todo gnero. Todo parece dispuesto para
ofuscar, seducir, entretener y desviar.

El miedo del siglo XX es el acertado ttulo de un reciente libro. "Miedo a que la tcnica, la
mquina, la civilizacin fra del fichero y la estadstica, de los cerebros electrnicos y las
leyes sin alma, se nos echen encima y nos asfixien, y no dejen va sitio en nuestro espritu
para el Unico Necesario. Miedo porque la gran marejada de la barbarie est ante nuestras
puertas". "En Europa se la esperaba tradicionalmente viniendo de Oriente. La costumbre no
se ha perdido. Pero el Oriente nunca ha irrumpido ms que en una Europa descompuesta.
La gran marejada de la barbarie est en nuestros corazones vacos, en nuestras cabezas
perdidas, en nuestras obras incoherentes y en nuestros actos, estpidos por cortedad de
vista. No nos quejemos maana de los brbaros si aceptamos hoy nuestra decadencia."
Tiempos de brbaros los de San Beda. Tiempos muy parecidos los nuestros. El y los suyos
tonificaron y orientaron el mundo. He aqu, tambin, la tarea actual de los cristianos.

Aquello de no morirse sin haber plantado un rbol, haber tenido un hijo y haber escrito un
libro lo realiz San Beda muy cumplidamente. En cuanto a lo primero, plantar un rbol, en
ningn sitio consta que no lo hiciera. En cambio, s hablan las crnicas que trabajaba a
veces en la huerta. Hijos, discpulos de su doctrina, los tuvo muy numerosos. Cuanto a
escribir libros, es uno de los escritores ms fecundos de materias espirituales y temas
profanos.
Todos sus enciclopdicos conocimientos los fue distribuyendo en mltiples escritos de
gramtica, retrica, mtrica, poesa, msica, aritmtica, meteorologa, fsica, cronologa,
filosofa, teologa. San Beda saba que nada haba ajeno a la legtima curiosidad del
cristiano. Toda la creacin es un reflejo de la gloria de Dios. Su fina sensibilidad de alma
interior descubra en todo la huella divina.

Pero donde brill, sobre todo, con fulgor nuevo e irreprimible la pluma de San Beda y,
en la pluma, su mente y su corazn fue en sus homilas y en sus comentarios sobre la
Sagrada Escritura. Escribi hasta sesenta libros o tratados sobre la Sagrada Escritura, segn
propia confesin. Todo el plan de sus estudios lo relacionaba con la interpretacin de la
Sagrada Escritura. A este fin diriga sus vigilias, sus investigaciones. Para promover en su
nimo y en el de sus discpulos tan santo y laudable estudio. Tanto ha estimado sus
homilas la Iglesia, que las ha introducido en la liturgia. Sobre todo en las fiestas de la
Virgen, por quien Beda senta tiernsima devocin.

Purificaba ms y ms su conciencia para entender el sentido de los Libros Santos. "Porque


en alma maliciosa no entrar la sabidura ni morar en cuerpo esclavo el pecado", dice el
Seor. El mismo Santo nos dice que, aun prescindiendo del bien que pudiera hacer a las
almas, l ya lo haba conseguido meditando las palabras del Seor, que tanto estimaba,
siguiendo en esto el espritu de San Agustn. "La palabra de Jesucristo no es menos
estimable que su cuerpo, y, por tanto, las mismas precauciones que guardamos para no
dejar caer al suelo el cuerpo del Seor cuando nos lo entregan debemos tomar para que no
caiga de nuestro corazn la palabra de Cristo que se nos predica."

Como era entonces corriente, ms que obras nuevas, recoga todo lo bueno que los Santos
Padres haban dicho, Con todo, su ciencia no era propiamente ciencia de archivo, ciencia de
almacn, sino ciencia de fbrica. "Abeja laboriosa", saba libar lo ms exquisito, elaborarlo
y transformarlo, para provecho propio y ajeno. "Miel virgen destilaban sus labios." Ms que
la ciencia posea la sabidura, dando a esta palabra su sentido exacto de saborear, degustar.
Distinguir y escoger lo mejor. Resume admirablemente esta hambre infinita de saber la
oracin con que acab uno de sus libros: "Te ruego, buen Jess, ya que te has dignado
concederme el beber dulcemente las palabras de tu ciencia, me concedas tambin la gracia
de llegar un da hasta Ti, fuente de toda sabidura, y estar siempre presente ante tu divino
rostro".

De esta manera no es extrao que la fama de San Beda saltase de la isla al continente y se
esparciese por toda la cristiandad. Los seiscientos monjes del monasterio porfiaban por
escucharle. Otros acudan de los alrededores, vidos de saber. El papa Sergio I le llamaba a
Roma. San Bonifacio, el apstol de Alemania, escribe al monasterio de San Beda para que
le enven "alguna partcula o chispita de ese cirio de la Iglesia que encendi el Espritu
Santo, investigador sagacsimo de las Sagradas Escrituras".

Se le llam maestro nobilsimo, doctor eximio, cirio de Dios, sacerdote ejemplar, monje
observante. Un concilio de Aquisgrn le reconoci Padre de la Iglesia. Ultimamente, en
1899, el papa Len XIII dio el espaldarazo oficial y cannico a su magisterio, declarndole
doctor de la Iglesia.

Pero el nombre que ms se divulg y con el que sobre todo ha sido siempre conocido es el
de Venerable. Un autor antiguo dice que, siendo tenido por un gran santo en la Iglesia, es el
nico entre los santos que no se llama santo, sino venerable. Y explica la razn con dos
ingenuas leyendas: Estando ciego por su avanzada ancianidad y habiendo llegado, de
manos de un discpulo, ante un montn de piedras, el discpulo empez a persuadirle que
haba all congregada una gran multitud, que esperaba, con gran silencio y devocin, su
predicacin. Entonces el Santo les dirigi un discurso elegantsimo, y, al acabar diciendo:
"Por todos los siglos de los siglos", las piedras respondieron: "Amn, venerable presbtero".
Despus de muerto el Santo otro discpulo se dispona a preparar una inscripcin para su
sepulcro en un solo verso. Le faltaba una palabra y no encontraba ninguna a propsito,
hasta que, cansado, se fue a dormir. Y he aqu que, a la maana siguiente, encontr
esculpido en el tmulo el verso completo, por manos anglicas: Hac sunt in fossa Bedae
Venerabilis ossa. (En esta tumba yacen los restos del Venerable Beda.)

La razn verdadera del nombre de Venerable parece ser porque se lean sus homilas en las
iglesias, viviendo l. Y, al no poder llamarle santo, decan, "del Venerable Beda", por el
gran aprecio que se le tena. Luego se confirm, al extenderse sus sublimes escritos por
toda la cristiandad.

Cargado de mritos, de aos y de veneracin, le lleg al Venerable la hora de morir. Un


testigo ocular cuenta a su compaero, en una carta, la ltima enfermedad y la muerte del
Santo. Pas los ltimos das dando gracias a Dios y cantando salmos. Incluso por la noche,
el tiempo que le dejaba libre el sueo. A veces interrumpa el canto y se deshaca en
lgrimas y lloraban todos con l.

Durante estos das, sin dejar las lecciones que daba ni el canto de los salmos, emprendi
dos obras nuevas: una traduccin del Evangelio de San Juan al ingls y algunos pasajes de
San Isidoro de Sevilla. Luego se agrav, pero l segua trabajando.

Todo el ltimo da enseaba y dictaba, Se apresuran por acabar el ltimo captulo.


"Maestro, todava falta un versculo." "Escrbelo pronto", respondi. Luego deca el
discpulo: "Todo est acabado". "S repuso el Santo todo est acabado." Entonces,
como gesto de delicadeza, reparti los pequeos recuerdos que le quedaban. Sobre todo a
los sacerdotes para que dijesen misas por l. Pidi que le pusiesen en el suelo, vuelto hacia
el lugar santo donde tantas veces haba alabado a Dios. Y de este modo se puso a cantar por
ltima vez: "Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espritu Santo". Luego, tranquilamente, entreg
su alma a Dios. Era el 25 de mayo de 735, vspera de la Ascensin. Contaba a la sazn
sesenta y dos aos.

Experto conocedor de las Sagradas Escrituras, tuvo siempre presentes las palabras del
Seor: "Caminad mientras tenis luz, para que no os sorprendan las tinieblas". "Mientras
tenemos tiempo obremos el bien." "Viene la noche y ya nadie puede trabajar." As muri
San Beda. Rezando y trabajando. Aprovechando hasta el ltimo da de su vida para no
presentarse con las manos vacas. Una vez ms la muerte haba sido un reflejo fidelsimo de
la vida.

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