Luis Orrego Luco
RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO (1886)
EN FAMILIA
NOVELA
EMPRESA "ZIG-ZAG"
Calle Teatinos, nm. 666
Santiago de Chile -
1912
Es propiedad del autor. Que
da hecho el depsito que orde
na la ley.
CAPITULO I
Como vieja, pocas lo eran tanto
como Ja casa
aquella
que bien poda figurar entre las
ms antiguas del barrio
de Santo Domingo. La fachaa era
baja y larga, lo cual
le daba cierto aire chato, de sus dos
pesar pisos, de los
cuales el superior tena uno de esos
antiguos balcones
volados que inspiran su cierto recelo los viandantes de
que puedan caer sobre ellos. El segundo piso, bastante ba
jo, ostentaba en el centro mojinete triangular, sobre el
cual parecieron, en tiempos de antao, las armas de la fa
milia de Valcarcel, hoy tan decadas
y menoscabadas co
mo la fortuna material de ella. El alero saliente
se halla
ba sostenido por vigas salientes tambin, de estilo labo
reado, que tenan, de trecho en trecho, argollas embuti
das, destinadas sostener, durante las fiestas patrias, los
velones de las luminarias. La puerta
principal era muy
alta, cubierta trechos de anchos clavos de cobre, y te
na postigo lateral por el cual se traficaba en los dias
de entre semana. Por all se penetraba al ancho
zagun,
cuyo piso-estaba en altos y bajos, todo desnivelado. El
corredor, en torno del zagun, se hallaba pavimentado
6 EN FAMILIA
con lozas anchas : las ventanas guarnecanse con rejas
salientes de hierro de Vizcaya, de color obscurecido por
el transcurso de los aos, sobre el cual destacaba su nota
clara y sinintira una rama de palma descolorida y ama
rillenta, recuerdo, sin duda, de algn Domingo de Ra
mos. Por el amplio patio, empedrado con 'pequeos can
tos del Mapocho, crecan las verdes hierbas silvestres,
alimentadas por las lluvias, con aire descuidado y pere
zoso. Los corredores eran bajos, y bajas eran, por consi
guiente, las ventanas y las puertas, la par que bastante
anchas, dotadas todas ellas de postigos y de vidrios pe
queos. Haba en toda la tal casa aire de vetustez, de
inmovilidad y de profundo reposo de las cosas que fueron
y que ya no son
algo de la resignacin melanclica en
presencia de lo irreparable, el sello de fatalismo -que do
mina los hombres y las cosas en ciertos momentos de
la vida, cuando comprenden las esterilidades de la lucha
en contra de lo inevitable que se impone. Y si se penetraba
en el saln, que en esos propios momentos barran, sen
tase un tufillo de cosas viejas, como rancio, cuarto
encerrado, que surga con trazas de tumba. La tal casa
tena su psicologa, representaba toda una poca ya ida,
y un orden de cosas ya modificado por las inquietudes
de la vida moderna as como por la transformacin ine
vitable de las costumbres y de las cosas.
Plido sol de otoo iluminaba con suavidades na
caradas el raso del cielo, surcado trechos por leves co
pos de algodn de nubes. Un pino de California cortaba
en el segundo patio la lnea del cielo con su ramaje verde,
extendido, en ruedas sucesivas, hasta perderse en lo alto,
muy alto, como ligera punta que se hunda en el azul.
A lo lejos resonaba el silbido agudo de algn lechero,
avisando su llegada.
"Buena cosa con su flojera, Demofila", exclam una
voz desde el saln, "qu no ha odo que el lechero
llama?"
";Cmo quiere que oiga cuando estoy barriendo el
saln?" replic la sirviente con voz agria, y esa lgica
LUIS OKREGO LUCO 7
peculiar en la servidumbre que ni Dios que la entienda.
"Yo acabar de barrer", replic la joven, saliendo
con paso rpido y silencioso
el paso peculiar de las j
venes hacendosas
y activas, que tiene algo de gimns
tico. "Psame la escoba". Y no se oy ms ruido que el
del rpido barrer de una persona acostumbrada al manejo
diario de la casa. Mientras la vieja sirviente sala con
una sopera blanca recibir la leche, apareci en el hueco
de la ventana una joven, de cuerpo esbelto, ceido
por saya negra, y delantal blanco, amarrada la ca
beza con pao de manos. Se vea, sin embargo, una
linda cabeza,
toda una primavera juvenil y alegre
los ojos grandes y negros, iluminados por fulgor mis
terioso que unas veces se enciende, otras se apaga, con las
alternativas de faro. La luz suave de sus ojos proyec
taba dulzura aterciopelada sobre su nariz algo tosca y su
cutis un tanto moreno, sirvindole as como una pantalla
en las habitaciones, para baarla en penumbra que borrara
las asperezas. El terciopelo de la mirada se completaba con
la exquisita gracia de la sonrisa pues, siguiendo el cur
so de la imaginacin, si veces su ceo se frunca, en
ocasiones sonrea su boca de una manera infantil, con
alegras y con intenciones maliciosas. Tena rostro de
madonna italiana, era tanta la armona plcida del con
junto, el equilibrio tranquilo desprendido de su persona
toda vease que era muchacha reposada y discreta. Al
poco rato se subi sobre una silla, comenzando limpiar
los vidrios con pao ; al frotar, escuchbase el rumor agu
do, que se tornaba en grave, segn discurra el pao
hmedo sobre el vidrio.
Cuando la sirviente volvi con la leche, se vio salir
la cocinera con su cesto, camino del mercado. La joven,
de un salto, se puso en el zagun y dio las ltimas ins
trucciones para la compra del da.
"Los zapallos han
como la ltima
bajado, no los vaya traer tan caros
vez, Simodosea, trate de conseguir los huevos veinti
cinco. . .
que las papas sean grandes y tiernas.
.
escoja
.
bien las alcachofas y el meln ... no se olvide de
8 EN FAMILIA
cmo le mi ta, que no sea demasiado
agradan
maduro, no en ningn caso
pague ms de cuarenta
y
centavos. ndese ligerito y vulvase como un temblor,
Simodesea", agreg la joven.
Mientras haca las ltimas recomendaciones, la
le
acompaaba hasta la puerta, sin dejar de hablarle, y
como la sirviente siguiera andando, elev la voz para ser
oda: "No ms de cuarenta por los melones, Simode
sea". La calle tena el aspecto silencioso de una calle de
provincia, pesar de ser ya las ocho de Ja maana. La
muchacha dio mirada rpida para ver si pasaba al
avanz
guna persona conocida y no viendo nadie,
tranquilamente por la acera, segura de que su indumen
taria no sera comentada. La calle de Santo Domingo
apareca limpia, con tono aristocrtico, algo
callada y
vetusto, de pasadas de moda, de anchos aleros de
casas
la Colonia, amplios zaguanes, espaciosas todas ellas, con
extensos patios y cocheras en la calle atravesada. Algn
cup de mdico pasaba conduciendo su dueo al hos
pital, algn coche destartalado, de vuelta de su ser
vicio nocturno. Unos barrenderos limpiaban las calles
arrojando nubes de polvo. Al bajar la vista, la joven di
vis, cado en el billete de Lotera, que recono
suelo, un
ci la distancia, desde lejos ; lo recogi con curiosidad y
lo guard en el bolsillo de su delantal volvindose rpi
damente al interior de la casa cambiar de ropa.
A poco sala vestida de negro, con traje tan sencillo
como de buen gusto. El manto cea las formas elegantes
de su talle como cie un guante la mano, dndole as
pecto de uno de esos cuerpos de lirio dados por Burn
Jones sus figuras de estilo pre-rafaelita. Los pies pe
queos, arqueados, sutiles se alzaban con curva suave so
bre los tacones ingleses la piel blanca de una pierna
delicada se transparentaba por los puntos y calados de la
media, y la linea de la cadera tena la elegancia y pureza
de una virgen. No era la virgen frgil, quebradiza, sino
la virgen fuerte, vigorosa pero toda en mirada de luz.
Su paso era el andar tranquilo, sin prisa, del que sabe ha-
LUIS ORREGO LUCO 9
cer las cosas en su propio momentodentro de marco
metdico y ordenado. Era su sello
personal la natura
lidad, la falta absoluta de ostentacin : no pretenda dis
tinguirse de nadie, ni llamar la atencin por ninguna cir
cunstancia de modales de traje y, sin embargo, haba
en ella, sin saberlo, acaso sin quererlo, sello entera
mente peculiar de distincin' innata. En su mirada mo
desta pona dignidad, en su paso gimnstico
algo como
una cadencia de raza vaga reminiscencia acaso de
la pavana que bailaron sus abuelos en los salones de la
Corte. Era natural en su traje, en su paso, en su saludo,
en su mirada, en su sonrisa
que no prodigaba.
La silueta_esbelta y juvenil se desliz por la calle hasta
la esquinadle Claras, doblando en direccin la iglesia de
la Merced. En esos momentos cruzaba por ah un joven
alto y corpulento, de barba negra, no muy bien vestido,
de andar un tanto desgarbado. Daba grandes zancadas
movindose un lado y otro, con la barba inclinada
hacia el pecho. Bien se echaba. de ver, tiro de honda,
que no perteneca la sociedad de buen tono, tan cerrada
y casi terca entre nosotros. Desde luego, ningn mucha
cho de los que frecuentan salones se hubiera levantado de
madrugada; en seguida, de todo tena el joven menos
aspecto elegante.
No bien la hubo divisado, cuando atraves la calle.
En sus labios se haba dibujado sbitamente una son
risa, quitse el sombrero de pao suelto que llevaba, y se
acerc ella.
"Qu madrugadora es usted, Elisa; nadie hubiera
credo que se levantara con las gallinas. Cmo puede ir
al teatro, bailes y conciertos y luego hacer lo de la
hormiguita?"
"No s qu
dira usted si supiera que acabo de ba
rrer yo misma la casa, desde la cocina hasta el saln, y
que ahora me voy tranquilamente misa. Lo hago
todos los das. Por eso, por madrugar, estoy ahora con
suerte : acabo de encontrarme un boleto de lotera.. , .
es el premio seguro".
1C EN FAMILIA
"A ver, cunteme el joven me in
replic
que
teresa".
"No, Samuel, ahora no ; vaya casa esta noche y se
lo contar".
Mientras la nia hablaba, not Samuel Ortz cierta
vacilacin en su mirada, y la adivin: comprenda que
deseaba evitar que la vieran conversando sola, esa hora,
con un joven en la calle. Como era inteligente y obser
vador, saba que la educacin dada Elisa era entera
mente de la antigua escuela, excesivamente reservada,
de nuestras madres. Vea en semejante reserva, algo que
le molestaba y que le encantaba un mismo tiempo; si
notaba como alejamiento perfectamente claro de su
persona, senta, junto con esto, la delicadeza exqui
sita de un alma hecha toda de pudor, valiente para la
vida y tmida ante la fragilidad de cristal de su reputa
cin. Se sinti encantado en presencia de ese gesto tan
sencillo de pudorosa reserva era que como muchacho
pobre y provinciano desconocido, slo haba tenido amis
tades un tanto vulgares, se haba rozado con mujeres de
especie equivoca, llegando formarse, como algunos per
sonales de medio pelo, la extravagante opinin de que
las damas de la alta sociedad eran de modales un tanto
ligeros, y, cuando casadas, bastante libres. Y vea
sociedad bastante diversa de lo que l imaginaba. En
Elisa, cada gesto, cada actitud, cada palabra eran la ex
presin de una extremada reserva, de modo de ser
sencillo, de pensamiento casto, de vida pura: no
posea una de esas ridiculas virtudes que se defienden
antes que nadie las ataque, en vanos alardes de pudor
fingido, sino alma de bondad natural que flua sin
esfuerzo de su educacin, del medio, de la raza, del tem
ple natural que Dios le haba dado.
Y despus de quitarse el sombrero, cuando Elisa le
despidi con un afectuoso "Adis, Samuel", que dio
su nombre vulgar entonacin desconocida para l.
-
al marcharse en direccin al hospital de San Vicente,
se fu meditando, meditando suavemente, en atmsfera
LUIS RREGO LUCO li
de ensueo desconocida, pues era tan esencialmente prc-
_ tico y tan naturalmente pesimista. Lo que ms le haba
agradado en su conversacin con Elisa era una frase
muy sencilla que acababa de oirle : "haba barrido la ca
sa entera, desde l saln hasta la cocina". As le
gusta
ban las mujeres l : crea que las nias de sociedad no
saban sino bailar un vals elegantemente; acaso por eso
las miraba con desconfianza
pero Elisa no le tena mie
do la escoba.
Samuel' Ortz atraves el ro por ancho puente con
arcos de hierro, cerca de la "Cancha de Gallos"; junto
l pasaba en ese instante un acompaamiento, al cual
no prest atencin alguna. Los muertos le tenan sin cui
dado, haba vivido tanto entre ellos, en la vieja Escuela
de Medicina, que ya los colocaba entre esos conocidos
los cuales estamos acostumbrados, tratndolos sin eti
queta alguna. Y mientras desfilaba l carro fnebre, con
sus caballos empenachados de negro, y tras l largo y
pomposo cortejo con rumor como de pesada artillera
lento, fnebre, de esos que nos hacen meditar pesar
nuestro de las cosas de la muerte,
iba Samuel Ortz,
sumido en honda v risuea meditacin.
Cada vez que la vea, le pasaba igual cosa, despertaba
en l algo alegre y risueo, nota de simpata, como
de reconciliacin con las cosas de la vida, un suspiro
de alivio, como el que involuntariamente se desliza en
entre s "es una
pos de alguna pesadilla, y murmuraba,
buena muchacha".
No era que se sintiese enamorado ni cosa que
lo valga, no, sino que se reconciliaba con la vida cuan
do se encontraba con personas de alma sana y pura,
esforzadas para ludhar en contra de las adversidades, de
lapobreza de cualquiera de los quebrantos de la vida;
senta entonces que su pesimismo bajaba ale-unos quila
tes y acaso, acaso se encontraba mejor, ms gil de cuer
po y de alma. Mientras reciba saludos de algunos de los
acompaantes, desde los carruajes que pasaban, se puso
recordar involuntariamente la historia de su entrada
n EN FAMILIA
casa de la familia de Elisa Orbegoso y Garca, una de
las ms antiguas y encopetadas de Santiago, de estira
miento y de orgullo proverbiales. Aquello haba sucedido
el ao anterior, en poca de vacaciones, durante da
de tortsimo calor en que renegaba Ortz contra su suer
te, veraneando en su modesta casita de la calle de Loreto,
y sintiendo no poder hacerlo en Via del Mar por falta
de numerario, de vil metal, como se quiera. Gol
pes dados la puerta en forma repetida imperiosa vi
nieron sacarle de su quietud. All se encontr con un
seor de edad madura, pero de buen parecer y sumo cui
dado y esmero en su persona, que bajaba de carruaje
bien puesto, mientras el lacayo segua golpeando : era
don Hernando Garca. Acababa de llegar del fundo "Ti-
maulco", en busca de mdico. La familia estaba suma
mente alarmada con el accidente que por poco mata al
joven Juan Orbegoso. Una recia cada del caballo casi d
cuenta de l-: creyeron todos al principio que l asunto
era mortal, vindole sin conocimiento por
espacio de
varias horas. Don Hernando, que veraneaba en el fundo,
se comidi para ir Santiago inmediatamente en busca
de facultativo; contaba sin la huspeda, es decir, que en
esa poca del ao los mdicos
emigran en busca de aire,
como los dems mortales, y se hall con que todas las
celebridades estaban fuera. En el Club se encontr, por
casualidad, con Javier Rosales, que le recomend un m
dico todava desconocido, pero de no poco acierto en sus
diagnsticos : "Es un peine, hijito, le expres, pues as
cura una
pulmona infecciosa como un clico miserere ;
fig-rate que cuando l banquete del Ministro ingls, l
me san del ataque al
hgado que tuve". Era sabido que
el sistema de Rosales para fiiar fechas consista en la
poca de sus enfermedades. Esto de que el doctor Ortz
hubiera curado Rosales de un ataque al hgado, acall
los escrpulos de Garca : no sera tan "pichiruche" el tal
mdico si Rosales, personaje tan conocido y de moda
le consultaba. As discurri, y sin pararse considerar
que poda existir alguna diferencia entre curar un ataque
LUIS 0RREG0 LUCO 13
al hgado y tratar una cada de caballo posible frac
con
tura de pierna brazo, plant
se de
-en casa Ortz. Pocas
horas ms tarde, ambos se encontraban en las casas del
fundo "Timaulco" propiedad de doa Encarnacin Gar
ca del Valle de Sanders. Al principio, not el buen doctor
que no tena un pelo de tonto cmo le reciban con
cierta desconfianza, de mdico desconocido y dudoso;
mas, luego que hubo examinado al paciente con deten
cin, la simple expresin de su sonrisa bast para ejer
cer sobre ellos la sugestin indispensable
que constitu
ye, acaso, la parte ms importante de la ciencia el arte
mdico. Se trataba de una fractura sencilla de la pierna
izquierda, sin complicaciones de ningn gnero. La fie
bre que aquejaba al enfermo pasara en breve, para lo
cual despach inmediatamente las recetas del caso. El
joven Obergoso permaneci cerca de un mes con la
pierna en yeso, y temor horrible de quedar cojo pa
ra todos los das de su vida, lo que haca sonrer Or
tz. La fiebre pas, se alivi lentamente el enfermo, y
creci con esto el prestigio del nuevo facultativo, quien
se consultaba para todo, hasta para las enfermedades de
los loros de doa Micaela, hermana de la dueo de casa.
El doctor no contempl, como de ordinario, el her
moso paisaje de la cordillera y del ro que desciende
all lejos, saliendo de un semicrculo de rboles, del
lado del Seminario Conciliar. Continuaba embebido en
sus recuerdos : "s, aquellos das haban sido felices, y
un nuevo mundo se haba presentado ante sus ojos."
Escptico, pesimista, Heno de prevenciones para con las
clases elevadas de nuestra sociedad, las crea lle
nas de corrupcin, contaminadas por vanidad terri
ble, por amor desatentado al dinero, por inmorali
dad subterrnea: la religiosidad le pareca mscara
hipcrita, encubridora de vicios ; el patriotismo de aque
lla gente, un engao, la pureza misma de aquellas nias,
mistificacin
slo eran apetito de lujo, ansia de
goce, deseos de vida libre. Y luego, en las intimidades
de aqulla familia/haba descubierto su inmenso error,
14 EN FAMILIA
lo vaco de prevenciones, lo extravagante y fants
sus
tico de sus ideas todo aqullo entraba en la categora
del famoso subterrneo de los Jesutas que jams ha
ba existido. Como hombre inteligente que era, Samuel
Ortz se haba dado cuenta cabal del carcter de la fa
milia en la cual se encontraba, de repente, en la ms
estrecha intimidad, mientras atenda su enfermo. El due
o de casa, don Evaristo Sanders, no contaba para na
da, pesar de que era el dueo de la fortuna, si bien
el fundo en que se hallaban era de propiedad de su mu
jer; sta, en cambio, tena carcter imperioso y apa
sionado, ante el cual deban doblegarse todas las vo
luntades que la rodeaban. Doa Encarnacin Garca del
Valle de Sanders figuraba en primera lnea en la so
ciedad tradicional de la vieja Santiago, era presidenta
de varias sociedades de socorros los pobres, organiza
ba kermesses, y daba grandes bailes en los cuales sola
echar la casa por la ventana; ellos concurra lo ms
selecto de Santiago, sin que faltara ninguna de las per
sonas -de tono de caudales. Su fortuna considerable,
le permita darse todo gnero de lujos y satisfacer cuan
tas vanidades hallan cabida en cerebro femenino
pero no haca siempre uso de semejante facultad, pues
era la ms extraa mezcla de generosidad y de mise- /
'
ria. Debata enrgicamente l gasto de la suma insig-
"
(
nieante que se empleaba en Cualquiera de los^dtlles '
de la casa en la vida diaria, y con esto, no vacilaba en
gastar, cuando menos se pensaba, suma considera
ble en adquirir una pareja de caballos de raza, tenin
dolos de considerable valor y belleza; peleaba con el
cochero porque gastaba demasiado en aceite para el co
che en antes en esponjas; negaba fianza su
sobrino; suprima la suscripcin un peridico; y
arrendaba casa; alguna de las muchas que posea,
casi de balde, una persona cualquiera que le hubiera
cado en gracia. Muy aseada, tomaba todas las maa
nas bao fro y asista puntualmente misa de ocho,
"para mantener en su punto la salud del cuerpo y la del
LUIS ORREGO LUCO 15
alma", segn deca. Nunca fu bonita, ms en sus mo
cedades debi de ser graciosa, de lo cual sola dar en oca
siones muestras con cierta irona contundente y feroz,
contra la cual nadie poda defenderse, dada la posicin
que ocupaba en la casa.
Todo giraba en torno de ella, por decirlo as, pues
su hermana Magdalena, madre de Elisa, haba perdido
la fortuna en malos negocios de su marido Santos. Las
hermanas vivan en comn, en la antigua casa de fami
lia indivisa todava
; entre ellas, doa Juliana mu
jer sumamente beata,que pasaba la vida preocupada en
cosas deiglesia, y doa Micaela, solterona como la an
terior, muy dada los animales, pues viva rodeada
de perritos falderos, de gatos y de loros que haban
llegado constituir un verdadero jardn zoolgico. Los
habitantes de la casa solariega formaban verdadera
tribu, en la cual descollaba la figura respetable de don
Santos Obergoso, padre de Elisa, con su cabellera ca
na; Juan, el mayor de los hermanos de sta, era un tu
nante de genio alegre y deschavetado, regaln de doa
Magdalena, su madre, que viva ocultando sus trave
suras y disparates. Dos nios, de siete y doce aos, lle
naban la casa con su bulla y con sus diabluras; respon
dan los respetables sobrenombres de Micha y Caco.
El doctor comprendi desde el instante de su llegada
cul era la verdadera situacin de familia; supo que el
astro principal era doa Encarnacin, en torno de la
cual sus hermanas Magdalena, casada con don
giraban
'
Justo; doa Micaela y doa Juliana; su sobrina Elisa,
el tuno
que era la regalona de doa Encarnacin ; Juan,
incorregible, y los chicos. Don Evaristo Sanders, ma
rido de la seora Encarnacin, era hombre exce
lente, dbil de carcter, de nimo alegre, espontneo.
franco, pesar de su corteza, en apariencia seca, de
cascara amarga y de carn dulce. Don Santos ocupaba en
la casa un lugar especial, considerado de todos y muy
respetado de doa Encarnacin.
Recordaba el doctor perfectamente los incidentes del
16 EN FAMILIA
da de su llegada, el examen del enfermo, la ansiedad
de la madre de Elisa, el jbilo con que recibieron su
diagnstico tranquilizador, y luego, la primera noche
que se haba sentado la mesa, penetrando en aquella
vida de familia, en una forma d intimidad que no
haban conocido los ntimos de la casa. El vasto
comedor se hallaba iluminado con luz elctrica, y sus
reflejos brillaban sobre el parquet. Haba lujosos y an
tiguos muebles de caoba, muchas flores, en grandes va
sos; grandes y pesados candelabros de plaqu antiguo,
grabados finos en las paredes. Un bow-wintow, daba
la ms hermosa vista sobre el jardn, en el cual grandes
nsperos proyectaban sombras verdosas, en tanto que unos
grupos de magno'lios arrojaban bocanadas de perfume
penetrante de sus grandes flores que abran sus inmen
sos clices blancos en la verdura de cera de sus hojas.
Cuando se hubieron sentado la mesa, le pareci Or
tz que se hallaba en un convento, de tal manera le so
brecoga la sencillez monacal de las costumbres, la fal
ta absoluta de afectacin, la ausencia de vanidad y de
exhibicionismo que vienen acostumbrndose los tipos
transplantados de "rastacueres" que suelen importarnos
las falsas imitaciones de Pars. No bajaran de veinte
los que se sentaban la mesa, entre ellos el cura
del pueblo, y el jefe de Estacin, ambas personas mo
destas, quienes se trataba con vieja cortesa castella
na, ofrecindoles los primeros platos, y los mejores tro
zos. Y se notaba en todo, en el tono de las conversacio
nes, en la actitud de los invitados, en el aspecto general
de la mesa, en la familiaridad patriarcal que all reina
ba, en las bromas, en la traza de los que all' se sentaban,
en la manera de circular de los sirvientes antiguos, en
el servicio silencioso y puntual, en el buen tono distin
'
guido, que all habitaba raza de antiguos y rancios
hidalgos espaoles, sin falsas mezclas, ni adulteraciones
de conveniencias por matrimonios ventajosos. Todo all
"
era sencillo, sin humos, sin vanidades, sin farsas, sin
pretensiones; ms, en el fondo, sinti el doctor Ortz,
LUIS ORREGO LUCO 17
nunca haba sentido, el
como
respeto de las viejas tra
diciones que se imponan, el sentido respetuoso de las
distancias
de seguro que all no hubiera arriesgado
Samuel ninguna de las bromas que gastaba en la casa
de pensionistas en donde haba transcurrido su juventud
estudiosa, ni en las aulas de la Escuela de Medicina en
tre sus joviales compaeros. Se hablaba poco, se comen
taba con tranquilidad los acontecimientos que referan
los diarios, en tono apacible, sin exageraciones, sin ele
var la voz, sin
recargar los tonos y en aquella familia
religiosa, reinaba un tono de aparente escepticismo, de
despego, para tratar de las cosasordinarias de la vida;
se hablaba de la fortuna con ligereza de buen gusto, co
mo haciendo notar que para ellos no era lo ms
impor
tante, y se mencionaba las grandes familias del terruo
con el aire familiar de quien conoce el fondo de las
cosas, as como haba odo hablar los actores unos -de
otros, pero con cierta leve imperceptible irona ve
tada. Samuel Ortz se permiti dirigir broma de
dudoso gusto al modesto cura de aldea; bast, en ese
instante, la mirada un poco fra de don Justo, y
leve silencio en la mesa, sin que nadie le replicara, para
que l mdico sintiera la extensin de su plancha, que
rompa con l tono y con las ideas de la casa de aqu
tuvo una confusin suma que le mantuvo callado el res
to de la comida.
Entonces fu cuando Elisa le dirigi
la palabra por primera vez : haba comprendido su si
tuacin embarazada y quera sacarle de ella era el mo
vimiento espontneo de un alma inteligente y noble.
"Tiene usted familia?" haba preguntado con inters.
"S, seorita; una hermana que vive con mi madre,
en el sur; somos de Linares."
"Pero Ud. vive en
Santiago?"
"S, all vivo, desde hace algunos aos,
vine estudiar medicina." "Me parece que de
en que
be ser triste la vida de estudiante lejos de los suyos",
Elisa; "son pjaros fuera del nido". "As
agreg
como
no ms es ; uno vive como desterrado. Por eso no es raro
de familia
que m nadie me conozca; adems, soy
18 EN FAMILIA
modesta, mi padre era jefe de Estacin en la fron
tera", respondi el joven. Don Justo le mir atentamen
te, como hasta entonces no le haba mirado, y dijo
media voz don Evaristo : "Este muchacho ir lejos ; no
es vulgar".
Luego, despus de comer, recordaba los paseos por
los corredores, donde los pasos resonaban sonoros; la
yedra trepaba por los altos pilares, formando como un
manto de verde sombro al cual se mezclaban las rosas
trepadoras, picndolas manchas blancas de la cortina ver
de, y su perfume suba en oleadas, mientras la campa
na, all abajo, en el pueblo, tintineaba una meloda lar
ga, suave, melanclica. En la vieja casa de aspecto se
orial se respiraba la paz de los campos, la vida senci
lla y tranquila; el rumor de los grillos, lo lejos, y el
sonido metlico de unas espuelas se unan ladrido de
perros, lejano, muy lejano. El mayordomo se present
don Evaristo Sanders, que le recibi con saludo pa
ternal :
"Buenas tardes, Eusebio, se mejor tu chi
quilla?" "Un poco m alivia, patrn, Dios gracias.
. .
los remedios que le llev misi Elisita le han gelto el
alma al cuerpo. que nuestro seor se lo pague.
. . ende . .
no, se despacha, no ms".
Ortz comenzaba comprender las relaciones del in
quilinaje con los propietarios, que nada tienen de tirni
cos, sino de familiares y afectuosos las ms veces; don
Evaristo ayudaba los suyos, les prestaba dinero, les da
ba medicinas en sus enfermedades v Elisa, en persona,
les atenda, visitaba las mujeres, les hacia ropa los
nios, llevaba limosnas y consuelos. Pero, la jerarqua
se mantena slida con sus distancias naturales como
los antiguos tiempos del feudalismo distancias
estable
cidas por la diferencia de educacin, de medio, de cultu
ra, de hbitos ; era la misma que mediaba entre "Vina-
ere", l viejo choco que acompaaba Ensebio, y "Cas
tor" y "Polux", los hermosos y grandes perros daneses
de la casa solariega.
Al dia siguiente, que era Domingo, se abri la capi-
LUIS ORREGO LUCO 19
lia del fundo, llegaron numerosos huasos con mantas
de vistosos colores y grandes espuelas, ataron sus caba
llos la vara del frente, junto las casas de la adminis
tracin y penetraron, lentamente, la sala blanqueada
que se llenaba de pueblo ; el altar estaba cubierto de flo
res y de luces. Una suave armona de rgano, se dila
taba sonora y lenta mientras decan misa; las mujeres
arrebujadas en sus mantos, formaban un grupo negro,
en el fondo,
y los hombres, cerca de la puerta, inclina
ban las cabezas de frente estrecha y tupida cabellera con
recogimiento. Las caras tostadas tenan mucho de arau
cano y fiero, de expresin adusta y de fe sincera y arrai
gada. La familia estaba al pie del altar, cerca del cual
se arrodillaban las seoras en sus reclinatorios. Ortz
que era radical y libre-pensador, comprenda sin em-
'
bargo la fuerte ligadura, la trabazn entre el pueblo y
las altas clases sociales, por el sentimiento religioso, en
tre la fortuna y el brazo
era una serie de ideas que
por primera vez le penetraba de manera objetiva y pls
tica, por decirlo as.. Al mismo tiempo, con in su
teligencia rpida y comprensiva, daba
se cuenta cabal
del sentimiento que cada uno animaba; en las muje
res como doa Encarnacin y doa Magdalena, era la
fe parte integrante de la educacin, algo inherente
la extirpe, resabio aristocrtico; en doa Juliana, una
de las solteronas, era ms que la vida, el fin que. la jus
tificaba, el ensueo, un arrobamiento; en Elisa, una ex
pansin de su belleza moral, una suavidad, algo que la
embelleca con los tonos de las vrgenes y que, junto al
rgano que tocaba, le daba parecido con Santa Cecilia.
En don Evaristo, el sentimiento religioso tena aspecto
de hbito inconsciente, de actitud moral heredada de
sus padres
rezaba porque los haba visto rezar y se
lo haban enseado. En cambio, don Justo era otra co
sa: en l se vea el resultado de conviccin profun
da, de fe que echaba races en lo ms hondo de su
ser, que era superior los accidentes de su vida. .las
palabras del Evangelio se extendan como red sobre
20 EN FAMILIA
sus actos, los informaban, caan como santa lluvia so
bre l, dando su naturaleza ntima temple formidable.
Recordaba el mdico su impresin al despertar la
maana siguiente, cuando clareaba el alba en las rendi
jas de la puerta ; el piar de las diucas ; los golpes menu-
ditos de los pjaros que andaban saltos por los co
rredores, y su canto apacible; luego, abierta la ventana,
soplo de aire fresco y olor hierbas de campo; el
mujir de las vacas en los corrales de la lechera. A lo
lejos, por el camino polvoriento, caminaba lentamente
una mujer pie descalzo, al aire la falda de
percal lista
do, cubierta la cabeza con rebozo de lana roja, el pe
lo desgreado
entonaba la cancin, despus tan cono
cida, de "Adis que me voy llorando y te dejo". Sinti
se el galope de un caballo que se acercaba y se alejaba
luego, y junto con esto, los mil ruidos del despertar de
una casa que se pone en movimiento.
Fuera, le sali al encuentro, en el corredor, don
Justo, saludando afablemente : "Espero haya pasado
buena noche, doctor, y no haya extraado la cama."
He dormido como un padre provincial; ahora, vamos
ver al enfermo."
"Est desasosegado, creo que ,
tiene un poco de fiebre." En seguida, mientras tomaba
el pulso Juan, not que el caballero le diriga una mira
da honda, incisiva. Elisa penetr la pieza con un pocilio
de medicina : "Cmo lo encuentra, doctor?"
"No ten
gan ustedes cuidado, no hay motivos de alarma." Saba
sugestionar; llevaba la calma con su aspecto serio y
tranquilo, y hasta su traza modesta de mdico pobre le
haca simptico. Ortz no se tomaba otro lugar que el
que quisieran darle, se pona mentalmente entre el cura
y el jefe de estacin.
El golpe recibido por Juan haba sido recio, la conva
lecencia larga,
sealada por sentimiento de alivio
dilatado por sus miembros, hasta desprender la ca
beza. Al principio le dola el cuerpo entero, como si
sela -hubieran quebrado; ahora, una sangre nueva, car
gada de substancias, vivificaba los tejidos alimentan-
LUIS 0RREG0 LUCO 21
i
dolos con su ola tibia y rpida. La piel se coloreaba, re
componindose ; funcionaba regularmente la cavidad ce
rebral ; los nervios producan sensaciones claras y netas.
A la fiebre de los primeros das sucedi tranquili
dad apacible, el deseo intenso de vivir y de sentirse
vivir. A la modorra segua sentimiento de alegre bie
nestar. Ahora se complaca en charlar, en charlar mucho,
con el doctor Ortz quien
eligi luego Juan como
confidente, pues perteneca ese gnero de hombres que
no pueden permanecer
largo espacio sin auditorio. Era
Juan Orbegoso muchacho de hermossima figura, los
ojos zarcos, de mirar intenso y suave, nariz aguilea y
fina boca bien modelada, barba nazarena, rostro delgado,
un tanto flaco. Viva en un crculo de grandes tunos y
figuraba entre los calaveras titulados de Santiago, lo cual
le daba no poco prestigio entre las mujeres.
Por aquellos tiempos floreca en la capital chilena un
tipo curioso, el "tipo de portal", as llamado porque
viva y penaba en el centro de la ciudad, en la parte
comprendida en los portales de Matte y Fernndez Con
cha. Pasaban esos muchachos una parte de la vida en
los cafes, tomando copas jugando al billar, en
l cual eran 'eximios, bien dados al arte del domin
de donde tom su nombre el crculo de que formaba
Juan : "la Sociedad del Domin." Haban llegado
ser temidos de la polica por sus barbaridades tenan
fiestas, acompaadas de grandes remoliendas en las
cuales se beba por espacio de dos tres das y se bai
laba en compaa non sancta aquello sola concluir con
desrdenes monumentales en los cuales no siempre sala
bien parada la polica que se atreva meterse con aque
llos brbaros Javier Aldana uno de los ntimos de
Juan
haba formado coleccin completa de sables
de "Pacos" como se llamaba en aquellos tiempos los
policas : Julio Rosales, otro de los "dminos", guarda
ba preciosamente su coleccin de gorras de guardianes
municipales, conquistadas en el campo de batalla, como
trofeos d guerra. Era una juventud de buen humor que
22 en familia
se diverta locamente, que botaba l dinero sin con
tarlo, y amaba y cantaba y rea y haca todo gnero de
disparates, pero siempre con traza de caballeros. Algu
nos tocaban la guitarra, otros eran poetas; haba un
capitn de artillera que despus fu general y se dis
tingui en los campos de batalla; otros fueron Minis
tros y Senadores, otros se casaron, llegaron millonarios
y acabaron arruinados. Los primos de Aldana figuraban
entre las primeras fortunas del pas y su nombre gozaba
de considerable prestigio.
"A pesar de que soy de los Aldana pobres, aprove
cho, sola decir este; exploto siquiera la marca de f
brica."
En este medio alegre, bullicioso, despreocupado y
sin escrpulos, en existencia agitada y loca, sin grande
aficin al trabajo, ni maneras de ganarse la vida, trans
curran los das y las noches, .principalmente las noches
de Juanito. Algunos de sus amigos se haban propues
to como fin principal l matrimonio con muchacha rica,
para reponer un tanto l desorden natural de sus finan
zas dado l gnero de vida que llevaban
los tales eran
un poco ms recatados para sus tunanteras. Otros mi
raban con tranquilidad el porvenir, seguros d s mismos,
como si llevaran en su mochila el bastn de Mariscal de
Francia de los soldados de Napolen. Los haba que
eran empleados pblicos en oficinas secundarias, otros
tenan rentas propias, administraban fundos de sus
padres.
Un signo masnico les era comn ; todos se ha
llaban acribillados de deudas. Uno de los chicos Rosales,
de gran familia, tena que dar largo rodeo por la calle
de Hurfanos, pra~ VitaFeT paso por cierta sastrera
"donde tenarTIa extraa idea de cobrarle judicialmente
una cuenta de mil quinientos pesos de ropa que no pen
saba pagar, por cierto. Con tal motivo, otro de sus ami
fueron
gos le haba compuesto los siguientes versos, que
enviados al sastre insolente, junto con la cuenta sin can
celar :
LUIS ORREGO LUCO 23
"El que la hace la paga
por Belceb
me hiciste la levita?
Pgala t..."
No debi parecer muy graciosa la ocurrencia al sas
tre, sin duda, pues inici el juicio ejecutivo en contra
de la vctima. En mala hora tuvo semejante idea; los
jvenes le volvieron loco. Pepita Albareda, pariente de
Julio Rosales, le ofreci vengarle; haba sabido que uno
de los cortadores de la casa era de aspecto fsico bas
tante menguado, jorobado casi, por lo cual le llamaban
las costureras el "Zapo". La muchacha que era de bue
na sociedad y
muy viva, tuvo la idea diablica de publi
car en "El Chileno" un aviso en que se anunciaba la
exhibicin de un fenmeno: nada menos que "un zapo
que cose con aguja". Al da siguiente comenz ver
dadera romera en torno de la tienda. El dueo y
los dependientes, armados de sus varas, no daban para
la defensa, una poblada deseaba divisar siquiera,
el fenmeno. Los estudiantes iban en tono maleante,
mas no faltaban personas de buena fe que, con toda in
genuidad, preguntaran por el caso tan raro de habilidad
que all se mostraba, ofreciendo las ms fuertes sumas
por verlo, con lo cual suba de punto la indignacin del
sastre y la alegra de los "Dminos" que presenciaban
la escena desde la acera del frente, dispuestos presen
tarse al menor asomo de combate. Su coro de carcaja
das hubieran trastornado el seso al ms slido de molle
ra. Ellos afirmaron, an cuando con pocos visos de ver
dad, que el sastre se haba vuelto loco.
Eran considerados esos muchachos como los ms te
rribles calaveras de Santiago; todo era nombrarlos, y
las madres se hacan cruces. Gozaban, con todo, de in
negable prestigio en la sociedad juvenil, atendidas sus
condiciones de simpata, de valor, de generosidad por
otra parte, casi todos ellos pertenecan la mejores fa
milias y de reconocidos abolengos.
24 EN FAMILIA
Juan se familiariz con el doctor.
De ah poco,
"Ola, querido amigo, le deca al recibirle, saque usted
la lengua. qu tal noche? Ahora es m quien co
. .
rresponde curar usted, l dar whisky." "Y luego,
dirigindose Elisa, agregaba: "Vete fuera, lejos, pues
nada quiero con el sexo femenino, que causa nuestra
perdicin en este mundo. Sansn fu entregado por Da-
lila; yo nada extraara que el doctor Ortz se viera
seducido por esta mujer peligrosa, olvidndose de lo
que dice l poeta: "que la mujer es prfida como la
onda." No hay que hacer caso, doctor, de las tentaciones ;
deje usted que esta seora se adorne con las elegancias
corruptoras de ese que llaman el bello sexo no la mire
usted recuerde que todas las mujeres quieren solamen
te casarse."
"Lo que debe hacer, doctor, replicaba Elisa, es lle
varse est hombre la Casa de Orates; todos ganare
mos y la casa quedar en paz. Crame que no hay hom
bre ms insoportable sobre la faz de la tierra. Usted
qu es persona seria, no debera tolerarle tanto dispa
rate.-"
"Fjese como le adula usted la desgraciada, doc
tor; le llama persona "seria." Aunque si bien se mira,
no deja de ser ofensa gratuita injustificada. As como
se dice de una mujer que es muy buena, cuando es ton
ta y fea, no pudiend alabarla de otro modo, as se dice
d un hombre que es "serio" cuanto no tiene cosa que
valga la pena de mencionarse. Ella cree alabarle y le
ofende bienaventurados los pobres de espritu."
Juan deca disparates, haca dibujos, arte en el cual
era eximio, y compona versos que Ito Garca llamaba
"las Versas de Juan Orbegoso"npoesias dedicadas las
numerosas amadas del poeta. En los tales versos se llo
raba los desdenes de la bella, se hablaba de suicidio, de
noches de luna, de amores fatales, de pualadas en la
sombra, y de cuando en cuando apareca alguna remi
niscencia de Campoamor de Nez de ms
Arce,^
al
menos disfrazada. Haba cobrado cario mdico,
LUIS ORREGO LUCO 25
quien haca sus confidencias amorosas : en realidad era
de los hombres favorecidos por las mujeres merced
su
simpata, su figura, su trato tan original. Pero sus
aventuras eran todas del gnero semi-mundano, entre
mujeres fciles.
El doctor haba pasado en el campo, das inolvidables.
Cuando crey Juan fuera de peligro, quiso irse, pero
le retuvieron con delicado cario; el mdico se haba
convertido en amigo de la casa, en compaero de las
horas interminables de campo en que no se sabe qu
hacer por matar el tedio. En la casa se gozaba de liber
tad absoluta; los unos se acostaban dormir la siesta,
los otros jugaban al rocambor; el de ac lea, el de ms
all charlaba. En uno de los extremos del parque haba ,
cancha de tennis, en donde jugaban Elisa y algunas
de las vecinas de fundos colindantes que se aparecan <
frecuentemente de visita. Por la tarde se formaban ale
gres cabalgatas, y todos partan paseo, en el break
en victoria las seoras y nios, los dems caballo.
Eran galopadas locas en las cuales saltaban tapias y cercas
como en un Steeple-chasse. Recordaba el doctor un inci
dente que le haba ocurrido en cierta ocasin en que se le
carg al freno su caballo, como que no era muy diestro
dada su vida sedentaria. Despus de correr por caminos
desconocidos que se bifurcaban, fu dar parajes en
los cuales no haba estado jams. La noche caa y luego,
en aquel continuo galopar en la sombra, Ortz lleg al
estero, un lugar que segn ms tarde supo, llamaban
"el paso del Molino." Ignorante del peligro, y sin ms
trmite, pic espuelas al caballo y se lanz la corriente.
A los pocos pasos el animal se hundi en el agua y se
en aqulla parte no haba vado alguno.
puso nadar
Al frente corra el ro caudaloso como brazo de
mar ; solamente sala del agua la cabeza del caballo que
nadaba infatigable. Ortz afloj la rienda y se entreg
enteramente al instinto de su bestia. Despus de esfuer
zos desesperados, llegaron la orilla opuesta, en donde
haba una isla, pero no era posible abordar la tierra pues
26 EN FAMILIA
en aquella parte se daba barranca. Por fin, sin saber
en
cmo, el animal puso pi tierra en la nica parte
en
abordable. Eran como las nueve de la noche de una
noche obscura como boca de lobo; el caballo se mo
va con dificultad entre los matorrales de palqui y los
totorales de la orilla ms all se extenda un bosque
de peumos, de pataguas y de boldos. No haban cami-
-
nos en aquella parte, en la cual, para poderse mover,
tena que apearse frecuentemente. El cielo cubierto de
nubes que velaban las estrellas, pareca de tinta, en la cual
se destacaban sombras sobre sombras, que tales parecan
los rboles.
De repente reson un grito en las lejanas : era que bus
caban al doctor, notando que se haba extraviado; los
gritos se aproximaron Ortz los contest, y pudo luego
divisar unas antorchas desde la orilla opuesta, y, la gente
que cruzaba el ro por el vado, hasta dar con l. En cuan
to supieron el punto por el cual haba atravesado el ro
se hicieron cruces; casualmente por all se haban aho
gado unas yuntas de bueyes en das pasados. Era ma
nifiesta la proteccin divina. "Las animas del Purga
torio lo salvaron, patronato", deca el capataz que le
hall: "Ven haiga con el peligro grande que ha corrido
su merc
es milagro"
"Milagro" repetan los dems
huasos, con profunda conviccin. El cuerpo del doctor
pareca regadera, por el agua que estilaba; la noche era
siniestra, las luces brillaban en la sombra y todava re
sonaban lo lejos las voces de algunos inquilinos que
buscaban al doctor, creyndolo perdido. "Milagro es
la Virgen Santsima."
Toda una psicologa del pueblo le penetraba
honda
pesar suyo, aquellas horas de exitacin nerviosa; lue
en
go haba galopado terriblemente para llegar las casas.
Le esperaban, en el corredor. Los chicos Micha y
Caco, hermanos de Juan, recibironle con alborozo y
gritos, temerosos de algn accidente serio; se le colga
ron de los brazos y no queran soltarle. Como haba pa
sado la hora de la comida le aguardaban con cena. En
LUIS 0RREG0 LUCO 27
todo pudo notar el sincero afecto que le haban cobrado
en aquella patriarcal, donde al recin llegado de
casa
ayer se como amigo de la vida entera. Era la
le miraba
hospitalidad antigua, ofrecida generosamente.
Pero los recuerdos que no podran borrarse en el
nimo de Ortz eran los que se relacionaban con Elisa ;
en ella haba conocido,
por primera vez, el verdadero
tipo de la gran dama en ciernes, de la joven bella y pura,
de refinado sentimiento, fina en sus maneras, elegante
en sus movimientos y en sus actitudes, con algo la vez
tan dctil y tan frgil que le haca pensar en los seres de
eleccin que suelen cruzar por lienzos de pintores por
versos de poetas. Dirase que fuego leve, algo como
una chispa, animaba sus razgos con el brillo interior de
lmpara de porcelana mostrbase fugaz inquie
tante, con la tez color plido-mate y luz en la pu
pila de oro verdoso. Los rizos caan ensortijados sobre
su frente como velo negro sobre una porcelana japo
nesa.
Y su voz tena entonaciones musicales para decir
su hermano : "Juan, si no fueras tan loco habra pe
leado contigo hace ya mucho tiempo; si te contentaras
con decir barbaridades, menos mal, pero por desgracia
tambin las haces, y estoy segura que el caballo que te
arroj al suelo era ms juicioso que t tena menos
paciencia que yo."
Ortz la escuchaba sonriendo, senta el placer inefable
que emana de la gracia en la mujer de la gracia su
gerida no tanto por lo que se dice como por la manera
de decirlo. Luego, mirando su interior propio, expe
rimentaba la singular sorpresa que nos sobrecoge cuan
do tomamos conciencia de la inestabilidad del yo; ayer,
no ms, era un Samuel tranquilo, dueo de s mismo,
apacible, y fuerte, en tanto que ahora, senta un ser di
verso, sin energa, sin seguridad, sin serenidad, l, que
haba sido siempre pesimista por conviccin, seguro
negaciones absolutas. Hasta
siempre de s mismo en sus
entonces se burlaba de la capa de poesa romntica en
28 EN FAMILIA
la cual envolvemos menudo las realidades de la vida,
para embellecerla ... El amor era una simple atraccin
de temperamentos, el secreto instinto de la especie, la
seleccin que opera sin conocimiento nuestro. la hon
. .
radez un acto de utilitarismo social el matrimonio
...
una institucin de fundamento social y poltico, nada
ms ; la amistad, quimera
la virtud, convencin
que variaba con las latitudes y ahora se sorpren
da dudando de sus antiguas convicciones, sintiendo den
tro de s algo nuevo y desconocido, un ser diferente,
ms dbil, ms humano, ms soador.
No era que se hubiese enamorado de Elisa, as, de gol
pe y zumbido, bien lo comprenda ; pero su evolucin co
menzaba ser un hecho perceptible para l. Jams hubie
ra osado poner sus miradas en la hermosa joven ; parecale
algo inaccesible, tan lejano, como si le hubieran propuesto
la Presidencia de la Repblica. La misma imposibilidad
del hecho, le retraa de concebirlo en la esfera ordinaria
de las cosas corrientes, y como tena profundo sentido
de lo real no se engolfaba jams en lo que no deba, y los
sueos eran para l algo despreciable propio de seres d
biles.
Instintivamente sus miradas se dirigan la joven
mas, luego se dominaba, temiendo que atencin de
masiado sealada le disgustara, y sus miradas s enca
minaban un objeto cualquiera: "Qu representa ese
cuadro?". "Me agradan mucho los daneses que ustedes
tienen".
Pienso como Lord Byron, que mientras ms
conozco los hombres ms quiero mi perro". "Ah,
doctor, usted es demasiado pesimista, en el ser ms
perverso hay siempre algo bueno ; an esos hombres que
le hayan hecho pasar malos ratos con su ingratitud per
fidia han tenido momentos en que han sido grandes
buenos. Quin sabe si acaso esos bandidos condenados
al patbulo, colocados en otra tierra, en alguna ba
talla, no hubieran sido hroes que cayeran sosteniendo su
bandera en un reducto. Sabe usted cual es el mal ma
yor de que padecen los hombres? es la incomprensin,
LUIS ORREGO LUCO 29
Yo soy muy ignorante ; en las monjas no se aprende gran
cosa, y creo que las mujeres no necesitan saber mucho;
pero as y todo, me parece que la humanidad sera ms
feliz si tratramos de comprendernos los unos los otros.
Para que vea cmo nos ignoramos, an nosotros mis
mos, le voy preguntar sencillamente: "Doctor,
sabe
usted lo que ms nos agrada en los hombres nosotras las
mujeres? No me vaya salir con tonteras, la figura, el
talento, la elegancia, el brillo, la fortuna, el nombre"
"Pues yo creo que algo de so"
"Ya vea Venir el disparate. No, seor, no ; lo que
le pedimos cada hombre es que sea en cierto momen
to de su vida, ms bien de nuestra vida lo
que nosotras
deseamos. Por supuesto que usted no me entiende, y cree
r que yo tampoco. Es tan difcil darse comprender.
Pues bien, lo que yo quiero decirle es que cada momento
de la vida requiere un hombre distinto. A las nias les
gusta menudo un joven buen mozo ; las mujeres en la
plenitud, el ser que les lleva la pasin ; las que avanzan
en la vida, el ser discreto. La mayora de las mujeres
prefieren la expresin la belleza en los hombres, junto
con una afinidad indefinible, y la discresin antes que el
talento. Me comprende? Me parece que no. Y sin embar-
sro usted no es tonto."
"; En qu lo ha conocido ?"
"En que todava no me ha dirigido ninguna galan
tera, y hace algunos minutos que nos conocemos".
Esta y otras conversaciones anlogas quedaron gra
badas en el recuerdo de Samuel Ortz, en el mismo rin
cn en que guardaba los paseos de la tarde en compaa
de don Santos Orbegoso y de Elisa. An crea ver la figu
ra alta y escueta del caballero, su distincin de hidalgo
de antao, su antar lento y reposado, su barba blanca, su
nariz aguilea, la entonacin de viejo marfil de su rostro.
Si no le hubiera parecido tan respetable, el doctor se ha
bra dicho s mismo: "Qu tipo ms curioso es este
seor !" Y lo era, en efecto. Don Santos perteneca una
de las buenas familias d antao; haba heredado for-
30 EN FAMILIA
tuna cuantiosa, compuesta principalmente de bienes ra
ces, de algunas casas en Valparaso y de otras en Santia
go, y numerosos bonos de la Caja de Crdito Hipote
cario, as como acciones de Bancos. Pero uno de sus
hermanos, que tena casa de comercio en Valparaso, le
arrastr en su ruina, comprometindole fuertemente
acaso hubiera podido salvar mucho, pero don San
tos prefiri l buen nombre de su hermano, que era
el d su familia, y el de sus padres : se pag hasta el
ltimo centavo. Esto puso muy en alto su honorabilidad,
ya bien probada, le atrajo pruebas de simpata de algunos
amigos de su tiempo, y luego ligera nube de imper
ceptible indiferencia, casi de menosprecio, en los ms,
medida que su fortuna decaa. Don Santos lo not pero no
dijo palabra, ni manifest de manera alguna su herida la
tente
era tipo de santo. Al poco tiempo se presentaba
en Santiago el clebre Paraff uno de esos prestidi
gitadores farsantes que aparecen de sbito en las so
ciedades y engaan todo el mundo con el eterno cofre
/de madama Humbrt. Este seor Paraff haba descu-
I bierto l mtodo de sacar oro de cualquier metal, me
diante procedimientos qumicos de su exclusiva inven
cin. Reuni en su casa varios caballeros de nuestra
sociedad ms distinguida, y que si tenan mucho de hi
dalgos no tenan nada de sabios, y adems dos tres
seores que se las daban de qumicos, por vanidad por
inters. Las pruebas, que ms tenan de prestidigitacin
que de qumica, dejaron convencidos los buenos seo
res de la eficacia del invento. Reoartironse las acciones
y salieron naturalmente con pranio plaza. Don San
tos figur entre los afortunados accionistas de este nuevo
sistema de trasmutacin de los metales. Ya se consideraba
millonario, y en el Club de la Unin, todos le saludaban
con respeto del cual haba perdido un tanto la costum
bre desde la baja de su fortuna. Pero no tard mucho en
producirse la catstrofe; se vio que el descubridor, era
simplemente un estafador, le metieron en la crcel, lo
que no es frecuente con este gnero de pjaros de cuenta
LUIS ORREGO LUCO 31
y de mala ralea. Don Santos no era hombre codicioso, y
si se haba lanzado en la aventura de la "Sociedad del
Oro" haba sido, tan solo, por dar odos su mujer, do
a Magdalena, que deseaba rehacer su fortuna, pensando
en Elisa
y en sus nios : en vano se haba resistido el
buen caballero.
"Santos, quien no se arriesga no pasa el
ro", le haba contestado su mujer. Se arriesg, y al
poco tiempo se encontraba ms menos en la calle, pues
slo se haban salvado en parte los bienes de su mujer,
entre otros la casa de la calle de Santo Domingo, indi
visa en. la particin y en la cual habitaban. Natu
ralmente, desde ese da su mujer comenz tratarle con
menos consideracin, echndole en cara que no sirviese
para maldita de Dios la cosa. Ese da se revel una vez
ms el temple moral del caballero : en vez de amilanarse,
busc empleo pblico en la magistratura y lo consi
gui, gracias buenas y slidas relaciones sociales y po
lticas. Cmo sera de buena la reputacin de don Santos,
que no sufri con la cada del asunto Paraff, pues na
die se le ocurri acusarle de estafa como suele pasarle
las vctimas en casos tales. Mas, con todo, no dej de
notar el desdn que acompaa con la palabra de conmi
seracin los que caen. Con esto, comenz retraerse del
mundo, dndose la devocin. Siempre haba sido
creyente sincero, hombre de fe acendrada, de prcticas
religiosas firmes. Ahora se converta en devoto, en
fiel de las prcticas religiosas, comuniones y rezos;
se humill como si hubiera cometido grave falta;
busc en Dios alivio para los desdenes del mundo. Se le
vea, por la maana, en las primeras misas, al alba, de
hinojos, en algn rincn obscuro del templo, en la sala
fra y triste, por la cual cruzaba una que otra mujer de
manto
esa tristeza le inspiraba la conmiseracin de s
mismo, el olvido momentneo de la situacin difcil en
su familia se encontraba, el desprecio
del mundo, la
que
fortaleza para resistir los rigores de la fortuna. Y de no
consuelo en asistir
che experimentaba exquisito
funciones espirituales, oyendo los rumores del rgano
32 EN FAMILIA
graves y sonoros, tenues el murmullo, terribles
con
como acentos de la clera divina. Meditaba; la medi
tacin fortaleca su vida interior, le daba alas para ele
varse pases de ensueo, menos reales y duros que la
tierra, y su alma iba tomando suavemente pliegues de ri
gidez para consigo mismo, sin dejar de ser blando para
con los dems. Era la suya virtud desprovista de ostenta
cin, enteramente natural, sin el orgullo de que por esto
otros el conociesen y le estimasen. Don Santos se haba
resignado ser empleado pblico, despus de haber sido
millonario. La herida profunda de vanidad humana
se la ofreca Dios, en sus horas de amargura, que no
eran pocas.
Su alma delicada y vidriosa estaba llena de escrpulos,
de esos escrpulos que jams comprenden los seres medio
cres, y que torturan como espinas que s hincan en las car
nes; reprochbase el haber comprometido su fortuna con
su hermano, olvidado de que los suyos la deba; se
vituperaba su arriesgar sus caudales restan
ligereza en
tes, en empresa desatentada; no poda conformarse con
haber dado su hijo mayor la perversa educacin de hijo
de millonario y las calaveradas de Juan eran para l
perpetuo motivo de tormento. Crea perdido al muchacho
y de all nacan dolores que le atormentaban con fiereza
exagerando la responsabilidad que le caba en el regalo
y condescendencia con que haba sido criado.
Esos das de campo le haban dejado recuerdos inde
lebles Ortz. Se hallaba cansado, agotado por largo
trabajo del ao mdico, de manera que la curacin de
Juan le haba cado que ni de perlas. An se dilataban
sus pulmones galopando por las altas alamedas verdes
y polvorientas,, an recorra las eras en numerosa cabal
gata, ver funcionar la mquina trilladora y el motor
bajo la enramada. All se vea crecer como cerro el
hermoso trigo rubio. Los nios corran los montones
de paja, y se dejaban rodar de lo alto bien se perse
guan, arrojndose puados la cabeza. No faltaron das
de paseo las cadas de agua que se descolgaban all lejos,
LUIS ORREGO LUCO 33
al los montes, entre grupos de boldos y de
pierde pata-
guas, la parte de la cordillera, en donde estaba el fundo
de invernada. Por los potreros
pacan tranquilamente
los animales, vease vacas holandesas casi finas, de cuer
nos cortos, manchadas de blanco y negro, pequeas y
fuertes, excelentes lecheras, y las de raza inglesa, gran
des y de cuernos pequeos, de color run. A lo
lejos ga
lopaban caballos, en un prado. El agua, en los potreros
que estaban regando, se apozaba trechos, produciendo
el efecto de trozos de espejo quebrados sobre el pasto. La
zarzamora trepaba junto los lamos
y produca un efec
to que Samuel le pareca muro de fortaleza.
Y las nubes de polvo en los caminos, cuando pasaba el
ganado, arreado por los vaqueros, entre gritos, como
si fueran ejrcitos de caballera en marcha, le ahogaban.
Luego, el rumor sordo y el chillido de los ejes de las
carretas que pasaban cubiertas de mieses las eras; el
galopar desatentado de algn jinete por los caminos: el
olor de hierbabuena y otras plantas silvestres que sala
de Jos potreros, el silencio apacible de los campos, el
chillido de aln pjaro que cruzaba el espacio en r
pido vuelo ; el grito peculiar de las perdices que saltaban
de sbito y luego desaparecan ; los ladridos de perros,
el agudo clamor de la locomotora que pasaba lejos, de
jando suaves penachos de humo esfumado en el cielo :
todo se presentaba renovado los ojos de Samuel.
Haba sito encantadora pgina de su vida epi
sodio fugaz
aquella intimidad inesperada con la
familia de Orbegoso en el campo. Y cuando Juan pudo
levantarse, ya dado de alta, el doctor insisti en volver
Santiago.
"Su clientela le llama, sin duda, doctor,"
le dijo don Santos. Ortz sonri irnicamente su clien
tela si apenas tena uno que otro cliente; era mdico
pobre No ha divisado usted por las esquinas unos hom
bres que venden dulces y espantan las moscas con plu
meros de papel ? Esa es mi clientela".
El doctor sonrea mientras continuaba su camino en
tre recuerdos; estuvo punto de ser atropellado por un
2
34 EN FAMILIA
coche, al cruzar frente la
iglesia de la Estampa; ms
all se dio feroz encontrn con un pasante, qne sali
echando pestes. De cuando en cuando algn incidente,
el cruzar de una boca -calle, la carrera de un jinete, una
muestra de peluquera, despertaban su atencin, tra-
yndole la vida real. Y sin saber cmo se hall frente
al Hospital de San Vicente, al cual se diriga. Estaba
rendido de cansancio, y se dej caer sobre un sof de
fierro
feliz y cansado, un mismo tiempo. Se mir los
zapatos y los not viejos, as como el chaquet pasado
de moda, y suspiro involuntario entre cmico y do
loroso
se escap lentamente de su pecho. A Jo lejos se
vea la papalina blanca de una monja y olor de azahares
llegaba del patio.
CAPITULO II
Pot aquellos_aos_de 1886 y 87 Santiago, no era lo
qtiehoyda
la transformacin moderna slo comenzaba
~k~idisearse y las costumbres tenan no poco de los tiem
pos coloniales en que al toque de nimas todos daban por
concluida la existencia. Se coma temprano. El pa- '\ /
seo de la Alameda comenzaba las cinco
y terminaba
las seis y media. All se exhiban los trajes elegantes-
de las damas de tono, y se oa decir media voz :
Ese que lleva puesto la fulana se lo trajeron de Eu
ropa, le cuesta un dineral, es de Laferriere Doucet :
mire qu linda combinacin, mam".
"Por qu no se
lo pides prestado para copiarlo?"
"Pero si apenas la
conozco, mam".
"Y eso que ms te da, tonta; eres
muy amarrada para todo, si sigues as te vas dar ms
trabajo para encontrar marido que si fueras tomar una
estrella con la mano".
Quienes hablaban de ese modo eran Rafaela, Dorotea
y Mercedes Escalante, acompaadas de su mam. Aca
baban de bajarse del carruaje americano en que venan
del Parque, y se dirigan la parte del tabladillo de la
msica, frente la calle del Peumo.
"
A m no me gusta la combinacin de negro con
36 EN FAMILIA
verde nilo
interrumpi Dorotea, la menor, eso es muy
sitico".
"Pues, te equivocas, repuso casi al mismo tiempo
Rafaela, es de muy buen gusto, lo que es m me
encanta; nadie en Santiago se viste como Elisa Orbegoso,
es elegantsima, y qu bien anda; es una de las pocas
nias que saben andar entre nosotras".
"Lo que es el sombrero, m me entusiasma", agre
g Mercedes.
Eran hermanas y hablaban todas un tiempo, de or
dinario; cuando estaban en la mesa uno crea asistir
una jaula de cotorras nadie se oa, por lo cual esforza
ban la voz hasta dar con las notas agudas. En la familia
aqulla, todo expresaba en superlativos. Si se tra
se
taba de unajoven, era "linda", "encantadora", "admi
rable". O bien era "fea como el pecado mortal", "contra
hecha", "ridicula", andaba "como catimbao", "la vesta
su peor enemiga". Todas posean el mismo carcter jo
vial de la mam, la seora viuda de Escalante; metan
ruido por veinte, gritaban, manoteaban y charlaban sin
cesar. Por eso decan las amigas : "No hay nadie como
las Escalante, son tan graciosas, tan livianas de sangre;
tan divertidas". Con esto, y su poco de audacia, se crean
con derecho decir cuanto se les pasaba por la mollera.
Jo cual resultaba, veces, bastante divertido; pero en oca
siones una solemne barbaridad. Se contaba de Meche, la
menor, que en casa de su abuela haba encontrado sobre
una mesa la Biblia ilustrada, por Dor, en edicin de
lujo que se puso hojear. De sbito exclama, sin poder
se contener : "Mamita, mira este grabado, qu curioso,
si vieras, ; sabes que soy igual la mujer adltera de
la Biblia ?" Aquel da tuvo un acceso de furia la seora
viuda de Escalante, sin que Meohe comprendiera los
motivos de tan desusada ira. Y todas hablaban un mis
mo tiempo, por lo cual no producan grande efecto los
enojos. En sociedad les daba importancia su fortuna y
la alcurnia distinguida de sus abuelos.
Al pasar junto Elisa, le hicieron grandes saludos.
LUIS ORREGO LUCO 37
A la segunda vuelta, dejaron sentada la mam, en un
banco del paseo, y se dirigieron resueltamente la
jo
ven.
"No he visto mi vida traje ms precioso que el
en
suyo, lindo, encantador, maravilloso" le dijo, abra
es
zndola, Dorotea, precisamente la misma que pocos mo-
momentos antes haba dicho su hermana que no le
gustaba la combinacin de negro con verde nilo,
"pa
rece un sueo... trado de
Europa" agreg, pesar
de que poco antes haba dicho que era "sitico". "Es
regalo de mi ta Encarnacin" respondi Elisa.
"Si te quiere tanto, y con razn, hijita; lo que yo
siento es no ser hombre para casarme contigo".
"No hay traje ms lindo, ms ideal, parece "tejido
por las hadas", como dice Pas-Pouce en la vida social"
agreg Meche. "Estos modistos franceses son admira
bles dijo Rafaela; el sombrero es digno del traje; Fran
cia es el primer pas del mundo, de Napolen, de Doucet,
de Vctor Hugo". Meche conoca al gran poeta francs
por la hermosa traduccin de Bello de la "Oracin por
todos". Y como hablaban las tres un tiempo, resultaba
para el espectador la mezcla ms extraa que hubiera sido
posible traducir: Traje admirable... ideal... Napo
len. . sombrero.
. sueo de hadas.
. . Vctor Hugo..."
. .
Ese traje admirable debe ser el ideal de Napolen, en
cuanto al sombrero debi ser un sueo que tuvo Vctor
Hugo atando fu Halda" vestida de Doucet.
A esa hora se reuna en el paseo la juventud ele
gante de Santiago. Los carruajes se estacionaban uno
de los costados, medida que llegaban del Parque, en
largas, interminables filas, bien puestos casi en su mayo
ra, tirados por troncos Cleveland lo que constitua en
tonces la gran mdda; se apreciaba el caballo enorme, de
grande alzada y aspecto aparatoso. Reluca el barniz en
los toldos, herido por los rayos del sol ya prximo al
ocaso; piafaban los caballos, chasqueaban las fustas,
y resonaba el golpe seco de las portezuelas, abiertas y
cerradas dar paso la multitud de jvenes
para
38 EN FAMILIA
acompaadas de sus madres, que acudan esa hora, for
mando el centro del paseo grupo compacto de tonos
en
claros, de sombreros con plumas, de sombrillas de
colores. Los hombres, de "gran tenue", con sombreros de
copa reluciente, la flor en el ojal, desfilaban repartiendo
saludos y cruzando miradas ya en aquel tiempo haba
comenzado la moda del flirt pololeo de esa corte en
pleno aire, que ha venido sustituir al antiguo cortejo
de los salones, ms grave, ms compromitente y ms
segurp.
"Te venamos observando, picarona, le dijo Doro
tea, vienes muy chic, con traje d conquista; como quien
dice armada en guerra, para los pololos. Qu preciosura
de traje. En mi vida he visto nada ms lindo esa mezcla
de verde nilo con negro es lo ms encantador que puede
imaginarse". Cmo se hubiera redo Elisa si hubiera es
cuchado la conversacin de Dorotea con sus hermanas,
minutos antes.
-"Ah lo tienes tu disposicin" . . .
"No me lo ofrezcas, si yo fuera Manuelita Vsquez,
aqu mismo te lo sacara para ponrmelo ; pero soy ms
modesta, me contento con pedrtelo prestado para sacar
el molde .
Estoy segura que viene de Pars, esa debe
. .
de ser la gran moda. Parece un poquito ajustado, pero
como lo que es de moda no incomoda, all me avendr
con l. Muchas gracias, desde luego".
Y pesar de que acababa de encontrarlo cursi, no va
cil en aceptarlo, pensando en una costurerita que le tra
bajaba muy su gusto y por poco dinero.
-"Anoche te divisamos en el "Municipal" ; como to
caba el turno del abono A, estaba todo Santiago y
no podas faltar la sala habra parecido incompleta".
"Gracias; ahora s que podra devolverte la palabra,
"picarona". En cambio me parece que haba demasiado
silencio en el teatro estando ustedes".
Las Escalante rieron en coro.
"Qu divertido!. T parecas. . en misa, ni siquie
ra mirabas por caridad la platea".
LUS ORREGO LC 39
"Tengo el mal gusto de preferir la msica".
"No te creo; pues, quien no te conoce que te com-
pre . . .
"Hara buennegocio, replic Elisa, no me creo
tan mala que digamos".
"Pues, ya lo creo! agreg muy rpidamente Meche,
con seguridad vales ms que las dos mil "Arturo Prat"
que ha comprado mi to cien pesos y por las cuales aho
ra le ofrecen uno. Son tan tontos los hombres ; ms vala
que me hubiera regalado m el dinero, cuntos ves
tidos hubiera encargado Europa con ellos! "la mar". . .
"Mira, ah viene Elvirita Rosales, interrumpi Do
rotea, est ms linda que nunca, parece una porcelana".
Elisa not que las Escalante alababan siempre todas
las nias bonitas : eso tenan de bueno, ignoraban la en
vidia. Se complacan siempre en notar el lado favorable
de todas las personas. -
_
"Javier Aldana se ha juntado con Elvira", agreg
Rosala Escalante y mir de reojo Elisa.
Era que segn murmuraban las crnicas sociales, Ja
vier cortejaba Elisa, de quien estaba enamorado; se
agregaba, tambin, que la joven lo reciba con buenos
ojos ; pero que doa Magdalena, su madre, le miraba mal.
Percibir una emocin, vislumbrar el secreto de un alma
es sport delicioso para las mujeres, luego se compla--
Cen divulgando por la ciudad entera el resultado de sus
averiguaciones, dando como hecho lo que en realidad no
pasa de simple presuncin, para contar historias de ma
trimonios y rupturas. Pero Elisa permaneci impasible
tena dominio de s misma.
"Eso no te importa nada?" pregunt Rosala, en
tono malicioso.
"Absolutamente nada, amiga ma. En primer lugar,
Javier es un buen amigo como otro cualquiera ; lo estimo
porque es inteligente, agradable^no. Es atento conmigo,
pero nada significa, y el hecho de que se acerque otras
en la misma forma les probar que se pasan de mali
ciosas".
40 EN FAMILIA
"Entonces por qu estabas tan romntica en el tea
tro, sin mirar parte alguna, con el alma ausente, como
estn las enamoradas ?" ,
"No hablen ms de eso. El "amor, amigas mas, es
como los aparecidos, de quienes mucho hablan y nunca
les han divisado.",
Rosala, que no era tonta, se rasc ligeramente la
oreja, sintiendo la finura del epigrama. Aquello equiva
la decirle : ya que nadie se ocupa de t, deja los dems
tranquilos.
"Yo voy al teatro sentir, las dems nias van
mirar ser miradas. Me agrada la msica, y cuando sea
solterona, y me haya quedado para vestir santos, no har
ms que tocar el piano, que es mi mejor amigo y el ms
y gatos de mi ta Mi
desinteresado, fuera de los perros
caela. Anoche estaba encantada con la admirable roman
za de Aramburo, esa romanza final de "Favorita", el
que cant como un ngel.
spirto gentil,
"Como un ngel mal educado".
"Yo no les miro la educacin los tenores cuando
cantan", agreg Elisa. En aquel tiempo era frecuente
or formulado semejante extrao cargo en contra del
gran tenor espaol : era mal educado y no saba cantar en
escena. "Lo que es m, no me importa que mueva las
manos como aspas de molino, si canta divinamente y me
conmueve. A ese, le oa extasiada, expresando senti
mientos de pasin que parecen venir de otras esferas.
As me gustara ser amada, si llegaran quererme al
guna vez ; as, quisiera que un hombre fuera capas de sui
cidarse por m, que yo lo supiese, pero que l no lo hi
ciera."
Las dems muchachas pensaban de igual modo; en
ellas haba ese romanticismo que todos tienen al comen
zar de la vida. Estaban de acuerdo con Elisa. El ideal
era un hombre que quisiera suicidarse, pero que supiera
detenerse tiempo, como tren sobre un borracho.
En esta parte de la charla iban, cuando se junt con
ellas un joven elegante, de buena estatura, moreno, de
LUIS ORREGO LUCO a
ojos pequeos y vivos, pelo negro y levemente izado,
echado el sombrero la oreja, con sonrisa llena de natu
ralidad y bonhoma en los labios.
Era, sin duda, joven
elegante, alegre, despierto pero con cierta innegable tra
za de tuno, no s
qu, indefinible de calavera. Era
hombre de muy buena familia, de excelente condicin
social, pero con cierta nota desenfadada propia del tipo
que tan exactamente llaman los franceses bohemio. Toldo
l se
compona de anomalas y de contradicciones: era
como decamos, de buena extirpe, y, careca de fortuna ;
inteligente, audaz, bravo, pero intil, sin carrera, oficio ni
beneficio, ni aficin al trabajo : perteneca esa casta de
personajes que pueden llegar muy lejos no ser nada en
la vida pero que jams se detendrn en el trmino me
dio del vulgo. Era poeta romntico,
persegua infatiga
blemente cuantas bailarinas llegaban al teatro,
y estaba
idealmente enamorado de Elisa.
Lo primero que hizo fu desprenderse de un jazmn
del cabo que llevaba en el ojal y ofrecerlo la
joven que
lo recibi con visible frialdad, ponindoselo en el
pecho
con gesto de indiferencia, con movimiento pausado de
gran seora, que sabe dar las cosas la nota que con
viene.
Ya s de qu venan hablando ustedes, dijo Alda
na ;_ de Aram'buro, y naturalmente, del aria del suicidio
de Luca, que cant maravillosamente en noches pasadas.
A propsito, si alguna de ustedes necesita de que alguien
se suicide, aqu me tienen su
disposicin."
"Acepto, repuso Elisa, pero siempre que usted cante
primero el aria final con la voz de Aramburo ; en segui
da le buscaramos el mdico.
"Imposible, contest Aldana, en esas condiciones
yo no puedo
solo canto en guitarra.
"Conciliemos las ideas, interrumpi Meche Esca
lante, podra cantar despus de suicidarse con una gui
tarra."
Sin ms, continuaron el paseo, tomando por la parte
central. Una banda de msica militar tocaba los "Hugo-
42 EN FAMILIA
notes", y la conversacin continuaba al son del coro de
los "Puales", entre .saludos, sonrisas repartidas dere
cha y izquierda, rumor de carruajes que llegaban y de
otros que partan. El sol poniente arrojaba fulgores de
incendio sobre los vidrios de las casas; l mrmol de las
estatuas se tea de rosa, y algunas hojas secas, cadas
de los altos rboles del paseo, revoloteaban suavemente.
Las Escalante seguan comentando la crnica social,
los matrimonios en ciernes, las rupturas, las enfermeda
des; se habl de guisos, de banquetes, de trajes, de los
incendios que un conocido clrigo hablaba en contra de
los liberales, recomendando las nias que no se casasen
con ninguno de ellos, porque su alma ira, en tal caso, de
patitas al infierno. Eso les causaba risa las muchachas.
"Yo conozco ms de una, dijo Rafaela, que si lle
gara el caso, no vacilara en contraer matrimonio con
Lucifer en persona, con el mismo que acompaa al ar
cngel San Miguel en su altar de Santo Domingo, an
cuando echara fuego por la boca, siempre que llevara
intenciones matrimoniales claras, y tuviera la bolsa bien
provista".
Al caer de la tarde, en tanto que una luz violeta se
difunda suavemente, las nias volvieron sus casas,
despus de despedir los coches para hacer ejercicio pie.
Seguan lentamente, acompaadas de otros jvenes que
se les haban juntado en el paseo andaban con paso
largo, coqueteando, con miradas y reticencias, por ins
tinto.
Javier haba encontrado manera de colocarse junto
Elisa y aprovechaba los momentos conversando me
dia voz: "Amiga ma, esto ya es intolerable; en vano
me pregunto por qu causa me trata usted tan mal. Bien
sabe que la quiero como un loco, que no hago ms que
pensar en usted noche y da. En mala hora la conoc : en
mal momento me enamor, me enamor perdidamente.
y sin poderlo remediar, usted sigue dura como roca, in
sensible, me mira como al ltimo de los hombres, y sin
embargo, yo me estoy muriendo de amor".
LUIS ORREGO LUCO 43
"Amigo mo, no le creo palabra de lo que usted
dice. En ltimo caso le queda usted un
recurso, una
manera de
probarme toda la sinceridad de su afecto."
Cul? Pronuncie una palabra y lo ver."
"El suicidio", replic Elisa con su sonrisa insi
nuante y fresca. Suicdese usted, y veremos".
"Por Dios, no se burle usted, no pisotee lo que hay
de ms santo en mi alma, lo nico puro y hermoso, mi
cario."
"Cmo pretendeque lo tome en serio, hombre de
Dios, cuando usted mismo no se hace
respetar? Acaso
todo Santiago no habla de sus enredos y de sus calavera
das? Y sin embargo, m haba prometido
corregirse,
transformarse en otro hambre, dejarse de locuras de una
vez por todas.
Fjese que ya no es nio; en vez de tra
bajar, hace versos y locuras, y con poesas no se manda
la plaza. Un hombre que pretende formar hogar serio
y honrado, constituir su familia, formarse un nombre, ser
querido por nia que valga la pena, debe principiar
por respetarse s mismo para que ella la respeten los
dems. Crame que siento una pena muy honda cuando
llegan mis odos historias como la del ltimo combate
batalla campal con la polica. Usted es inteligente,
simptico, pero demasiado loco y esta es una expre
sin benvola, que emplean los que le aprecian, pues el
resto de la gente usa otras palabras que talvez no le agra
daran si las oyese. El hombre que ama de veras, no tiene
ms pensamiento ni lnea, en la vida, que aquella por la
cual se llega la mujer amada, Cmo se puede concebir
que un hombre que piensa con toda su alma en una joven
ruede as por lugares no se cmo decirlo sin nombre.
El cario es uno, Javier ; en un corazn no tienen cabida
semejantes contradicciones".
Al hablar de esa manera, ignoraba Elisa, en realidad,
que ese gnero de contradicciones constituye el fondo mis
mo de la vida : no caba en su mente el oleaje de pasiones
y de ocultos instintos que agitan los hombres. Es el de
fecto de la enseanza excesivamente delicada y sentimen-
44 EN FAMILIA
tal dada nuestras jvenes por sus padres ; es el de una
enseanza romntica, segn la cual slo conocen las apa
riencias de la vida, y llegan al matrimonio en la plenitud
de las ilusiones, buscando algo que nunca llegar talvez,
convencidas de la fidelidad inquebrantable de los hombres
que aman, la eternidad de los amores, en la delicadeza
en
infinita deaquellos que se les acercan murmurndoles pa
labras dulces, con la miel en los labios y crean en su
fantasa un mundo rabe de embriaguez amorosa, sin
exaltaciones sensuales que ignoran, pero de inefables
idealismos, encerrado en marco de oro.
"Est bien", agreg Elisa, con la cabeza ligera
mente inclinada sobre el pecho
si usted pretende que
yo lo quiera, es preciso que se transforme por completo."
Era que dentro de sus creencias, en la absoluta liber
tad humana, que constituan el fondo esencial de su fe
religiosa, la regeneracin era simple acto de la volun
tad, y en semejante acto confiaba con toda la fuerza de
las convicciones atvicas. "Es preciso que usted haga un
esfuerzo poderoso, Javier, y slo entonces tendr el de
recho de hablarme ; cambie de vida".
Javier quiso negar las historias que corran por su
cuenta. Elisa le detuvo con un gesto, con un simple juego
de su fisonoma :
"No tolero la mentira, es la mayor
de las bajezas ; le pido que nunca me engae
eso es co
barde, es villano. Si lo intenta siquiera, en otra ocasin,
ms vale que nunca se dirija m, pues no le contestar".
El joven agach la cabeza; bien saba la verdad de
cuanto Elisa le hablaba ; crea contar con su cario, ape
sar de todo, pero estaba cierto de que ella cumplira su
amenaza. Si la amaba precisamente por eso, porque era
un ser todo verdad, todo sinceridad, porque inspiraba la fe
absoluta, porque era la mujer con la cual podemos contar
en toda circunstancia, ms alta que el destino, superior
la adversidad, igual y modesta en la fortuna. Su mirada
transparente estaba hecha de luz toda luz en su pu
pila se vislumbraba su alma, y esa alma tan hermosa co
rresponda en todo su belleza fsica, elegante y fina.
LUIS ORREGO LUCO 45
firme y fuerte, segura de s misma, con el brillo
y la finu
ra de las
antiguas hojas toledanas. Javier se sinti ven
cido, se humill, hizo propsito de enmienda. Cada vez
que sedoblegaba ante ella, experimentaba una especie de
voluptuosidad especial, casi la misma que hubiera sentido
si ella se hubiera dignado ponerle su
pie sobre l cuello.
Era la revelacin de un temple y de una fuerza moral que
la enaltecan y laconsagraban como superior las dems
mujersTE'r, tambin; que se crea amado, pesar de
todo, y sin haber recibido jams de ella,- ni palabra ni
promesa que la atara. Ni siquiera haba coqueteado con
l, en la forma del "flirt" vulgar del "pololeo", ni le ha
ba dirigido esas miradas que tan felices hacen los ena
morados. Pero crea percibir algo que emanaba de su
alma en forma sutil, inconfesada, acaso inconciente, an
antes de que ella misma lo supiera
por el instinto pecu
liar de los hombres amados de las mujeres, quienes de
antemano les anuncia la corazonada, antes de que nadie
lo sospeche, cuando cae la semilla en buen terreno. Y la
actitud que la mayora pasara desapercibida, es para
ellos una revelacin, como ligero movimiento de los
ejrcitos contrarios para un general, las oscilaciones
imperceptibles de la Bolsa para verdadero hombre de
negocios.
Javier se humill porque esperaba ; Elisa perdon por
que amaba.
Al llegar la calle Ahumada, vieron que un carruaje
americano se detena; abrise la portezuela, y se oy la
voz de doa Magdalena que llamaba Elisa. La joven
no tuvo ms que despedirse de sus amigas y subir al co
che. Las Escalante sonrieron, al ver la maniobra, muy
contentas de poder comprobar su perspicacia; era claro
como la luz del medioda que la seora miraba muy mal
el cortejo de Javier su hija. "El barmetro marca
temporal", dijo Dorotea Meche; con estas olas el buque
de Javier se va pique de fijo."
"No creas, repuso Rafaela, en tierra, las tempestades
avivan los incendios".
46 EN FAMILIA
"Pero en la casa no faltan bomberos
ni agua con
cluy Rosala".
"Tienen agua, s, pero agua bendita, explic Me
che".
"Si nos estar oyendo Javier", agreg, con cierto
recelo, mirando hacia atrs, al joven que vena conver
sando con su mam.
CAPITULO III
Acabaron de comer temprano, como de costumbre, en
casa de las seoras Garca del Valle. Doa Micaela es
taba atribulada, pues, "Lautaro", su perrillo favorito,
pareca enfermo. "No ha comido mermelada, que tanto
le gusta, "deca ella con recelo", debe de estar enfermo;
estos animales son como los nios, todos los cuidados son
se hablaba de poltica, mise
pocos con ellos". Mientras
Micaela haba permanecido indiferente; ella la tenan
sin cuidado las tropelas del gobierno, as como las in-
tenvenciones electorales, pero la enfermedad del pobre
animalito la preocupaba vivamente. Acaso por eso, brill
un relmpago en sus ojos cuando oy
decir Elisa que
se haba encontrado con el doctor Ortz por
la maana y
que posiblemente vendra en la noche ; yapensaba con
sultarle la hora del t, como quien no quiere la cosa.
Los hombres se pararon tomar caf en el corredor,
ce
muebles
rrado con mampara de vidrio. All haba unos
de estilo americano que recin comenzaban
introdu
llamado
cirse ; eran amplios y cmodos, de corte severo
Mission, de cojines de cuero rojo, en los cuales se arre
fuma
llanaron don Santos y don Evaristo Sanders, que
ba un exquisito cigarro Corona. Desde all se contempla
la casa,
ba el jardn, extendido hasta el fondo mismo de
48 EN FAMILIA
con las lneas delgadas de un altsimo pino de Califor
nia por el cual trepaban las enredaderas formando her
moso manto verde obscuro; las
hojas de los nsperos
reverdecan sobre fondo de cielo claro y las matas de flo
res sobresalan en leves sinuosidades. Entre las ramas
de un magnolio aparecan las estrellas, titilando en la
noche callada.
Juan sali entonando "rivedr la floresta embalsa-
mata", la vez que daba chupadas un cigarro de millo
nario; senta en s la plenitud de la alegra de la
vida esa alegra de los veintids aos que no es com
parable con ninguna otra. Al pasar junto la mesa car
gada de peridicos, sobre la cual apoyaba su padre el
codo, vio que le haca una sea : "Tengo que hablarte
dos palabras puedes orme?".
Ambos pasaron juntos al corredor del primer patio.
Juan tena miedo esas conversaciones con su padre;
saba que de ordinario iban acompaadas de alguna re
primenda, por lo cual torci el gesto, interrumpiendo
.
el curso de su "Fioresta".
-"Aqu me tienes, pap".
"Pues bien, amigo, quera echar un prrafo".
Don
Santos no saba cmo dejarse caer; amaba entraable
mente sus hijos, por lo cual le dola enojarse, pero no
le era dable transigir con ciertas aventuras.
"Me han contado de t cosas que no me parecen
bien".
-"'Qu cosas pap?"
"Me han dicho que te haban visto en el Club de No
viembre, jugando ms no poder, es cierto?
Si, pap, he jugado algunas veces pero he ganado.
"La cosa no hace al caso, poco importa que ganes
pierdas; lo malo est en que juegues. Eso me parece mal,
pero muy mal. No hay vicio ms feo en el mundo, ni que
arrastre peores cadas ; en el juego, poco poco se va
perdiendo la nocin de la moralidad, el sentido del honor
y de la delicadeza. Adems t eres empleado de Banco. Si
lo supieran en la Territorial, de seguro que no les agr-
LUIS ORREGO LUCO 49
dara^y ante un gesto de
protesta de su hijo, com
prendiendo lo qu pasaba por su mente, gracias ese don
peculiar de adivinarse sin necesidad de palabras, fre
cuente en los que viven juntos,
aadi, el caballero, "no
creas que pasa
por mi mente, ni por un segundo, la idea
de que t puedas echar mano de fondos
que no sean tu
yos, pero si, puede darse el caso de que pierdas y de que
pidas prestado, lo que no es muy correcto cuando no se
tiene fortuna. As te vas llenando de trampas y con ellas
acude el descrdito, lo que no es brillante para un mucha
cho que comienza la vida. Fjate en que te cortas el
por
venir; ningn padre puede agradarle que una hija suya
se case con
jugador. Y si llegas enamorarte vers que
las madres te reciben tan mal como tu amigo Javier
Aldana, pesar de ser de buena familia y simptico".
"Juego poco, pap, y slo por divertirme un rato;
nunca he perdido ms de doscientos pesos."
"As se principia, y despus se pierde quinientos.
y se recibe dinero que los amigos ofrecen, como si no
hubiera necesidad de devolverlo jams; entonces vienen
los apuros, el ponerse de todos colores, el ir de carreritn
en busca de lo necesario para cumplir compromisos. An
da, hombre, que con los naipes suele pasar lo que dicen de
las escopetas, que las carga el diablo. Te prohibo termi
nantemente que vuelvas tomar cartas en la mano" Y
luego, doblando la cabeza, don Santos se dirigi l^.
parte noble y sana de su hijo, quien conoca fondc
"Bien sabes los padecimientos que he tenido que sufrir
en mi vida, las preocupaciones, las pobrezas, las amargu
ras, las humillaciones que aguardan al hombre que pierde
su fortuna, el continuo cavilar en la suerte futura de sus
hijos. Crees que puedo estar contento con el lote
que me ha tocado en la vida, pesar de haber cumplido
siempre con mis deberes? Cualquier cosa que llegara
sucderte sera para m golpe rudo. Tolerara con pa
ciencia como Dios manda, reveses de fortuna, prdidas de
dinero, pero no cadas que afectasen la dignidad com
prometieran el honor".
50 EN FAMILIA
En esos momentos se sintieron pasos por el zagun, y
se divis un sombrero de copa; la vez, llegaron
sus odos
fragmentos de dilogo. Eran visitas. En
aquellos tiempos, los jvenes se juntaban en grupos pa
ra visitar las casas de familias conocidas, ayudndose
mutuamente, para que conversara con los padres
uno
mientras el galn se distraa con la novia.
Era Javier Aldana que hablaba : "Ah est, don San
tos; de seguro que sermonea al pobre Juan. Todo anda
as en el mundo : mientras el hijo regala ramos las
bailarinas, el padre le regala consejos l. Por eso . .
dice con razn : "Siempre que mi pap me divisa frente
la confitera de Torres, me llama para darme. con . .
sejos.
Si lo menos fueran como los del personaje de la
Mascotta, acompaados de un cesto con huevos, siquiera
sirvieran para mandar hacer una tortilla".
Don Santos alcanz pescar algo del dilogo, pero
como tena mundo y era hombre en todo superior las
pequeneces ordinarias, les recibi con su cortesa habi
tual.
Las luces del saln estaban encendidas, y al travs
de las cortinas de punto se divisaba, en una diafaneidad,
la sombra alargada del piano de cola cubierto con primo
roso mantn de Manila de seda bordada y flecadura
blanca.
Las melodas de una pieza de Mo'skowski llegaban en
rpidos acordes que desgranaban sus notas en cadencias
sentimentales. Eso influy involuntariamente en el ni
mo de Javier Aldana ; cada vez que oa cierta msica,
senta dentro de s como un despertar de todo el ser. una
explosin de vida amorosa, en forma que no acertaba
explicarse, de igual manera que ciertas esencias usadas
por Elisa le producan mareo perturbador que des
pertaba ansiedades desconocidas, anhelos sensuales, ebrie
dad deliciosa, arrobamiento, encendiendo sus pupilas n
fulgores rojizos. Dado su carcter ligero, no haba ob
servado la influencia que tienen perfumes y sonidos en la
LUIS ORREGO LUCO 51
formacin de ciertos estados de alma. Sinti, pues, un
vuelco en el corazn, y abriendo suavemente la puerta de
la antesala, penetr en ella. Iba de levita cerrada
y ceida
a! cuerpo, de guantes gris perla, corbata de seda clara
prendida con alfiler de brillantes, y alto cuello de gui
llotina tal era el traje usado por los elegantes de aquella
poca. Junto con entrar,
comprendi que su situacin
no era fcil ni agradable, al ver el grupo de Seoras
sentadas en el fondo del saloncillo azul. Miraba los so-
fs de estilo Luis XV, con tapicera de Aubsson, ri
cos, tallados y antiguos, con ese tono de abolengo que
ni se imita ni se falsifica. Los cortinajes, igualmente
antiguos, caan pesadamente, sin gracia, pero con cier
ta majestad innegable. Javier casi tropez en la mesa
de Boule con incrustaciones de bronce y carey, que te
na en el centro un tarjetero de porcelana de Sajonia,
con figurillas de pastores en forma de
gloga.
El saludo le aguardaba fro y ceremonioso; uno
de esos saludos que cualquiera le hacen compren
der que est de ms : pero el muchacho era osado y no
se paraba en barras cuando iba tras de una mujer,
impulsos de sentimiento apasionado como el que indu
dablemente le mova. Por otra parte le serva de escudo
la presencia de Julio Rosales, que iba de "matasuegras"
como entonces se llamaba al acompaante que ayudaba
los enamoraJdos. El joven Rosales tena gran fortuna,
perteneca una d las familias ms antiguas ilustres
de la tierra, su aspecto no era malo. A pesar de no ser
lo que comunmente se denomina buen mozo, no ca
reca de distincin en su figura delgada, con traza
de Cristo de marfil, la barba aguda y la nariz fina y cor
tante como la hoja de un cuchillo. Pasaba por uno de
los grandes partidos de Santiago, en cuyos salones^ era
recibido con suma complacencia y con esa obsequiosidad
que desentona veces un tanto, al extremarse. Las
se
oras saludaron Rosales de manera que contrastaba
singularmente con la que acababan de usar con el joven
Aldana; ste comprendi bien claro, que si se le to-
52 EN FAMILIA -
leraba era simplemente en homenaje
en aquella casa
su
amigo Julio, quien
le ligaba la ms estrecha amistad,
y todo dentro de ciertos lmites que deba tener muy
presentes.
"Buenas tardes, Aldana. ."
.
"Qu es de su vida, Julio, por qu se haba perdido
de esta casa, de tanto tiempo esta parte? Y su mam?
buena, no es cierto? Ayer la divisamos en la Sociedad
del Buen Retiro, siempre interesante y joven, como que
por ella no pasa da".
"Mi madre est bien, Dios gracias; libre del reu
matismo que le vuelve cuando menos piensa".
"Vaya, qu molestia! Pero su mam es joven para
esos achaques; hasta podra casarse de nuevo".
"Ya lo creo, agreg mise Micaela Garca, como que
es apenas tres aos mayor que yo ; si estbamos juntas en
el colegio. . cuanto yo andaba de vestido corto ella es
.
taba entre las grandes".
Don Santos Orbegoso sonri; mise Magdalena baj
la vista, y .se mordi los labios gesto que le era fami
liar siempre que su hermana deca alguna simpleza, par
ticularmente cuando en su calidad de soltera se empe
aba en quitarse los aos, cosa en que por cierto no ha
ca mal nadie.
"Pero, Micaela, repuso Rosales, si mi madre es
muchsimo mayor que usted; usted si que es joven. ." .
Mise Micaela se sonroj, baj la vista y encontr
que Rosales era joven muy simptico y que deba ca
sarse con Elisa. A ella que se crea perspicaz, le haba
parecido que la nia no le disgustaba y como todos en la
casa la miraban como el extremo de perfeccin posi
ble, de belleza y de gracia, aquello pareca natural y
hasta lgico.
Por otra parte Rosalestodo un partido y eso
era
pasaba en la casa como artculo de fe, repetido en
conversaciones y charlas de. sobremesa, en las cuales se
comenta, en confianza los sucesos y las personas del crcu
lo en que ordinariamente se vive. Efectivamente, al jo-
LUIS ORREGO LUCO 53
ven Rosales legustaba Elisa y con agrado la hubiera
cortejado, pero tena mucho tacto, un tacto fino, y
comprenda que presentndose en aquel momento es
taba irremediablemente perdido, pues la joven se incli
naba Javier Aldana. En amor es preciso saber espe
rar
los impacientes estn vencidos de antemano, se
deca el candidato misterioso de la seora Micaela.
Mientras se cambiaban saludos, Javier experiment
dolor agudo en la pierna, algo como si le punzaran
con acero, y palideci. Momentos despus vio que su
sombrero de pelo, colocado sobre una silla, junto la
mesa de "boule", principiaba saltar solo, y oy una
gran carcajada que pareca salir debajo de la mesa. Era
Caco, escondido tranquilamente, que acababade picarle
con un alfiler y que ahora estaba muy afanado en hacer
bailar su sombrero, empujndolo con el dedo.
"Maldito chiquillo ! apuesto que Caco est debajo de
la mesa haciendo alguna de las barrabasadas que acos
tumbra", exclam doa Juliana; "en vez de irse es
tudiar el catecismo, como se lo recomiendo; pesar de
que le tengo prometido un caballo para el da de
su
primera Comunin si lo sabe como Dios manda".
"Caco, ndate acostar", le grit con voz imperiosa
doa Magdalena; "acaso no tengo ordenado que las
nueve te vayas la cama?"
"Entonces quieren que me vaya acostar con las
gallinas?, contest el nio con disgusto. Vamos ver,
quin cuidara Elisa cuando vienen jvenes?"
Las seoras no pudieron dejar de rerse; en toda cir
cunstancia estaban acostumbradas celebrar las bromas
y barbaridades que
haca deca el malhadado mucha
cho, pesadilla de los visitantes de la casa que con gusto
le hubieran dado veneno como los ratones. Y el diabli
llo adivinaba, con instinto extraordinario, guindose
adems por las conversaciones que sorprenda, quines
eran los que las seoras miraban mal y
con los cuales
le era
poda gastarse bromas pesadas. Adems, Javier el doc-
antiptico, por ejemplo, en tanto que otros
como
54 EN FAMILIA
tor le haban cado en gracia y no les haca jams juga
das desagradables.
Con el pretexto de huir de las bromas. Javier pas al
saln en donde tocaba Elisa. La joven se puso de pie, le
dio afectuoso apretn de manos, el skake-hand la
inglesa, y en seguida le hizo pasar la antesala, en donde
todos se hallaban reunidos. Era muy estricta en sus ma
neras; no le agradaba quedarse sola en la sala con jo
ven que le hiciera la corte, pesar de que estaba com
pletamente segura de que nadie se permitira con ella
ni palabra ni gesto que no fueran inspirados por
sentimiento respetuoso.
"Vamos donde estn to
dos. ." Javier obedeci inclinndose; le agradaba aque
.
lla manera de ser, talvez demasiado estricta; era como
bocanada de perfume de castidad que aprecian ms
que nadie los calaveras. Eso le haca resaltar an ms
el contraste entre la mujer que amaba y las compaeras
de diversiones y de calaveradas. Vea Elisa como sobre
altar, en apoteosis de Virgen, circundada de nim
bo de luces y de flores, como en el mes de Mara: su
amor tomaba algo de incienso, algo mstico, envuelto en
vapores de ensueo.
"No lo tome mal..." agreg Elisa, con gesto
como de disculpa.
"Al contrario", le replic gravemente Javier, "cuan
to usted hace me agrada; si no viera en usted la exqui
sita distincin, el seoro, el refinamiento de respeto so
cial, talvez no la quisiera como la quiero, como un es
clavo. ." .
Elisa le contest :
"No le permito ni una sola palabra ms en ese
tono..." Se puso seria, palideci, y se encamin la
antesala como si no le oyera lo que deca con ardor apa
sionado, en frases entrecortadas. La cortina de seda ro
ja tembl ligeramente, ondul su cuerpo de largas l
neas, vestido de espumilla blanca y encajes, y Elisa pe
netr en la antesala en donde todos estaban reunidos.
En ese momento llegaba el doctor Ortz, con som-
LUIS ORREGO LUCO 55
brero de pelo pasado de moda y levitn flotante; Eli
sa no se fij en
semejantes detalles, pero los jvenes, en
particular Javier y Julio, cambiaron rpidas miradas,
nacidas de comprensin incompleta de la vida, de
excesivo afn de elegancia, de un prejuicio errado de j
venes
no
penetraban en las almas, se detenan en la su
perficie, en el corte del traje, en la corbata. Elisa era otra
cosa ; les
mir, sorprendiendo su pensamiento y les encon
tr pequeos eso le produjo leve matiz de doloroso
desencanto.
El doctor, su vez, interceptaba al pasar, la sonrisa
irnica de los muchachos elegantes, y vea el gesto, casi
imperceptible, de Elisa con esa gratitud de las almas
sinceras y llanas. Nunca dejaba de penetrar en el saln
de Orbegoso sin experimentar la misma respetuosa de
ferencia de la primera vez que haba contemplado aque
lla pieza de cortinajes de brocato celeste y "paneaux"
de seda en las murallas, con l espejo altsimo que se
alzaba sobre la chimenea, y los candelabros de bronce
que representaban nios subiendo un tronco de vid de
doce luces. El reloj del centro era de Amores que se en
lazaban y se perseguan. Ah le agradaba contemplar su
imagen reflejada en l espejo, y luego pasear las mira
das por la mesa de boule, con porcelanas de Sajonia.
'Hasta la copia de la Virgen de Murillo colocada sobre
el sof, haba llegado serle familiar. Y de todo aquello
se desprenda para l un sentimiento de tradicin que le
abrumaba, hacindole verse inferior en posicin social.
Por -eso, las burlas de los jvenes le heran dolorosa-
mente, en parte sensible. En la vida se habla tanto con
las palabras como en el silencio de las actitudes. Existe
lenguaje de silencio en el cual las almas se comuni
can sin palabras, con mmica imperceptible casi ; se adi
vinan, se compenetran. De suceso balad, sin impor
tancia alguna, resultan enemistades mortales veces; no
se han pero se han manifestado sen
pronunciado palabras
timientos, han dejado adivinar con plasticidad
se
irrecusable. De tal escena muda, nimia, de esas qu en la
bb
EN FAMILIA
vida jams se toman en cuenta, naci hecho decisivo
para la de Samuel Ortz. Al dirigir Elisa una mirada
de gratitud silenciosa
por la proteccin que le daba,
sinti que haba en ella otra mujer. Vio
que su alma toda
se arrodillaba delante de esa nueva
y radiante visin
la
sinti enteramente duea de l. Su voluntad decaa
y
se
entregaba, experimentaba
la dulzura de darse, de
darse toda entera y sin reservas. Y continuaba mirndola
como algo lejano inaccesible en la
regin de los dio
ses, all entre las nubes, como suprema
elegancia y
belleza ideal; ms fcil, ms accesible le hubiera
pa
recido una princesa sentada en trono. Y
luego sinti
que se ruborizaba hasta el blanco de los ojos cuando la
nia le dijo con su voz llena, de
soprano:
"Doctor,
quiere acompaarme al saln? voy tocar el piano?"
Hablaba tranquilamente, como persona miraba con
que
indiferencia los dems visitantes ; Javier se morda los
labios, pero Rosales sinti ms hondamente la cosa, y,
sin embargo, por esas contradicciones aparentes del ser
humano, desde ese punto sinti por Elisa un despertar
re inters.
En el piano de cola se desgranaban las notas del "por-
trait" de Rubenstein, y la mano de nieve recorra el te
clado con la seguridad elegante de quien lo domina en ab
soluto. Era una mano delgada, larga, puntiaguda en los
dedos, de jestos suaves y flexibles, que ondulaba como
su pensamiento y tena
expresiones elocuentes y con
tracciones nerviosas que pintaban, al vuelo, un senti
miento, un matiz de sentimiento, en su expresin
fugaz. El perfil de Elisa se destacaba con fuerza sobre el
gran espejo que cubra casi todo un costado, tena la se
guridad de lneas de una estatua griega; su mirada, al
desprenderse del libro de msica, para dirigir algunas
palabras al joven, mostraba fulgores aterciopelados que
se fundan en su sonrisa, dndole gracia propia, fuerza
de atraccin magntica, exclusivamente de ella, la
cual era imposible resistir cuando peda, cuando insinua
ba. En esos momentos Ortz comprenda el por qu de
LUIS ORREGO LUCO 57
ciertas apostadas polticas y de ciertas abjuraciones mo
rales. Si ella le hubiera pedido un absurdo?
Acaso no
lo hubiera consentido ?
"Qu historia de boleto, me cont, al pasar, esta
maana ?" pregunt el doctor.
"Ah! Se me haba olvidado. Es que voy ser
pron
to millonaria, estimado doctor".
"Mucho me alegro; y, cmo ser eso?"
Me encontr en la calle un boleto de Lotera.
-"Por supuesto que se sacar la
rifa", agreg
el joven con tono de profunda conviccin. El boleto ha
sido enviado expresamente para
que lo tomara. Co
mo dicen los
pobres : "estaba escrito". Me parece que
nadie es ms digna de sacarse la lotera".
"Doctor, no me haga perder el buen concepto que
tengo de usted, dicindome galanteras vulgares." Fjese
que yo soy como el mundo, agreg, con sonrisa que no
no
se saba si era de orgullo de picarda. Y sin ms, des
gran las notas de una romanza de Gounod.
"Es verdad, amiga ma, que usted
es una criatura de
excepcin", murmur el doctor. Y lo dijo con tan pro
funda y sincera buena fe que ella le result cmica y
solt la risa; pero en el fondo se senta profundamente
alhagata por el homenaje involuntario de aquel hombre
quien consideraba bueno y sincero, si bien de es
pecie de tal manera inferior ella en condicin social,
que no le hubiera cabido en lo posible que pensara en ha
cerle la corte.
En el saln vecino se notaba cierto ruido de conver
saciones como de visitas que llegaban. Eran dos seoras
jvenes: Carmela Portal y Anita Escobedo, casadas am
bas con dos caballeros del mismo nombre de Matson,
apellido ingls muy conocido en el alto comercio de
Valparaso. An cuando sus maridos no eran parientes,
esa coincidencia fortuita del nombre haba conducido
acercamiento que haba concluido por amistad ntima.
Ambas eran muy hermosas, real y poderosamente bellas,
pero con distinta especie de bellezas; la una rubia,
58 EN FAMILIA
morena la otra. Carmela Portal, tena la delicadeza vapo
rosa de las antiguas pinturas de Wateau, con su nariz fin
sima, su rostro bien delineado, su talle admirable de finu
ra, y cierta expresin de displicencia que le daba entona
cin exquisitamente aristocrtica; sus labios delgados,
apenas se movan para sonrer y su sonrisa pareca
salir del fondo de la pupila dorada con fulgores lige
ramente verdes. Se vea en ella como la resurreccin de
alguna antigua belleza de raza, algo de antiguo retrato,
de vieja marquesa. Era belleza espiritual ms que
belleza sensual. Y tena un arte exquisito para sa
ludar, para recibir, para arreglar su mesa en da de re
cepcin de comida; saba dar cada uno la palabra
conveniente, la sonrisa amable, distinguiendo con infi
nitos matices que hubieran hecho su fortuna en cortes
europeas de antao, situaciones y personas. Saba
ser amable; haba nacido para ser amable, para decir
en sociedad esas naderas que tienen tanta importancia
segn el tono en que se dicen y la manera de decirlas.
Adase esto sentimiento exquisito de la elegancia
y de sus diversos matices, as en la manera de vestir como
en la de saludar y de sentarse, de alargar su mano suave
y fra como quien hace halago, homenaje servicio,
segn fuera la persona quien se diriga. Su ma
rido, don Elias Walters, era de los polticos que
ms haban figurado en los ltimos aos como firmes
pilares del Gobierno ; hasta ese momento haba sido bas
tante mal mirado por los crculos opositores que le ata
caban con la violencia empleada entonces en la poltica
chilena. Pero semejantes ataques se mezclaba siempre
un poco de miel
no acertaban comprender los ene
migos del Gobierno que le apoyase decididamente
hombre de ilustres antecedentes, de fortuna y posicin
social. Estaba bien que los advenedizos medraran su
sombra, pero no los personajes como Walters. Qu se
dejaba para los aventureros, los cursis y los picaros que
medraban la sombra de los contratos y de las granje
rias de Gobierno ? Precisamente por aquellos das se pro-
LUIS ORREGO LUCO 59
dujo choque entre el Presidente y Walters, que ocu
paba la cartera de Justicia en el Gabinete, con lo cual
ste se retir, en medio del jbilo de la '
oposicin que
vea formarse el vaco en torno del
Jefe del Estado. Con
servadores y radicales hacan oposicin
infatigable al
Gobierno, celebraban meetings, publicaban terribles ar
tculos en la prensa y movan la opinin y la sociedad
con entusiasmo ardiente. En casa de Orbegoso todos
eran opositores
y se consideraba como cosa de buen tono
el serlo. La seora de Walters atravesaba
pues, por la
hora halagea de popularidad que en esos instantes
rodeaba - su marido, en quien se vea esperanza y
refuerzo inesperado. Penetr al saln con paso de vence
dora, la sonrisa en los labios, la frente alta, recibiendo
homenajes los cuales se hallaba acostumbrada por su
gran posicin, por su belleza, por su fortuna y por la
situacin poltica de su marido.
Mientras tanto, don Santos y don Evaristo ayudaban
Walters quitarse el abrigo, con gran ceremonia.
"Todos estamos de plcemes, seor Walters, por
su actitud tan enrgica y tan activa en su choque con el
Presidente, dijo don Santos". Bien, muy bien, as se por
tan los caballeros como usted; que aprendan los lacayos
de la Moneda". Tal era el lenguaje de la poca.
"Lo felicito Walters; eso es de hombre que se
queden solos esos pelagatos, "agreg don Evaristo, con
desprecio" ; el mandarn se ve abandonado por toda la
gente de prestigio slo se va quedar con l medio
pelo".
El ex-ministro estornud, se son ruidosamente y re
plic con la mayor cachaza, sonriendo :
"Ustedes estn
equivocados, seores ; yo no he peleado con S. E. Sim
plemente hemos tenido pequeas divergencias de deta
lles, y como yo estaba cansado con los tres aos de minis
terio, y haba descuidado mis negocios por la poltica,
aprovech la ocasin de darme una largona. Soy hombre
de carne y hueso y necesito darme vacaciones como todo
el mundo." Diciendo eso volvi sonrer y estornudar.
60 EN FAMILIA
Era poltico la chilena, con mucha recmara; no
quera quedar mal con el Presidente, seguro de que al
menor apuro volveran llamarle,
y esta vez para el
Ministerio de lo Interior. Al mismo tiempo, le convena
quedar bien con la oposicin que en esos instantes le
aplauda desaforadamente, poniendo por los cuernos de
la luna su desinters y la firmeza de su carcter. Das
antes afirmaba un diario, "El Clarn" que ninguna per
sona decente
apoyara ese Gobierno de strapas ; al pre
sentar su renuncia Walters, dijo ditorialmente que el
ltimo caballero amigo de la administracin la abandona
ba. En el club le destaparon champagne cuanto se pre
sent de nuevo.
Carmela Portal contara entonces treinta y cinco aos,
y llevaba siempre en pos de si un squito de admiradores
y de amigos que la seguan por su gracia de buen tono,
su aureola de aristocrtica belleza, la posicin de su ma
rido, el prestigio de su familia, su fortuna. Entre los que
la escoltaban en ese momento iba Pepe Gallter, uno de los
tipos ms elegantes y ms completamente santiaguinos
de aquella hora. Gallter era natural de Suecia, y haba
venido Chile aos atrs, con motivo de la instalacin
de una fbrica de conservas. Todo pareca menos hombre
de negocios : su especialidad era la elegancia, su culto el
buen tono, su Biblia la moda. Ningn hombre en San
tiago se vesta como l ; el corte de su levita, la blancura
irreprochable de sus pecheras, el matiz de sus corbatas,
el puo de su bastn, el tono de sus guantes y de sus po
lainas, la forma de sus cuellos, sus sobretodos, sus som
breros eran materia de estudio especial que constitua
el afn de su existencia entera.
/Al verle pasar en su victoria, arrebujadas las piernas
en la manta de pao; con la orqudea en el ojal, los
guantes gris perla frescos, el sombrero de copa relu
ciente y la ltima moda, la levita ceida al cuerpo
como que usaba cors, un alfiler de perlas prendido en
la corbata, el monculo fijo en el ojo izquierdo, pro
duca la ilusin de un figurn. En sus maneras jams
LUIS ORREGO LUCO 61
abandonaba la frialdad sajona, la ms acabada cortesa
y atencin constante para con las personas que co
mo Carmela Portal ocupaban elevada situacin en
la vida mundana. Gallter,
pesar de todos los trabajos
que s daba para ser el hombre ms elegante de Santia
go, no era persona que contara en materia sentimental
amorosa ; por el contrario, apenas si figuraba como
simple corista, como personaje atento, insinuante,
fino, de tono, figura tejcorativa de primer orden. Y
como no presentaba
peligro alguno, los maridos lo vean
con agrado y las mujeres le reciban como auxiliar
pre
cioso en los salones, en calidad de acompaante de
fiestas, como bambalina de sus representaciones socia
les, como accesorio de valor subido. Ayudaba la "mi-
se-en-scene" de igual manera que las lmparas encendi
das sobre las. mesas, con pantallas de colores y encajes,
los vasos de metal con helchos. Adems era hom
bre agradable y culto, de conversacin amena, de gus
tos artsticos, que saba tratar de cuadros y porcelanas,
de modas y de novelas, de chismografa social, y de "lo
que se dice de nuevo". Cultivaba sus relaciones con es
mero, y sacaba de ellas partido precioso; perteneca
la categora de los hombres que saben sacar todo el
provecho posible de sus amistades mundanas, de los
que jams dan comida invitan un amigo sino
con la esperanza de sacar algn negocio lucrativo, al
gn beneficio neto. Y saben cultivar la copa, el cigarro
el amigo como un prestidigitador su juego de cartas.
Por eso se le vea siempre en el Club, conversando con
millonarios, con extranjeros que colocaban capitales,
con polticos influyentes, con hombres de posicin
social que dieran fiestas, con ingenieros personas que
le procurasen datos de negocios. Muy correcto, muy
atento, muy fino con las personas de su crculo,
las que no pertenecan l les daba dos dedos de ma
no enguantada.
"Seora, nos hemos pasado," dijo doa Magda
lena Garca, al tomarle la mano que bes respetuosa-
62 EN FAMILIA
mente la antigua; "nos hemos pasado la oposicin",
agreg en tono de broma, aludiendo la renuncia de
Walters.
"Bienvenidos sean", replic doa Encarnacin, su
hermana. "Los trataremos como al hijo prdigo, ha
ciendo matar el mejor de los corderos y dndoles el
buen sitio de la mesa y del hogar.
"Por favor, no hablen del hijo prdigo", interrum
pi Gallter," con eso me hacen recordar un cuadro muy
malo que hay en casa de las BunSen; creo que no incita
mucho al arrepentimiento."
"Y sin embargo, deben haberlo colocado ah con
alguna intencin", observ Carmela, aludiendo cierta
conocida historia de una de esas damas.
"No sean murmuradores", interrumpi Anita Es-
cobedo, la acompaante de Carmela Portal. "Si son
muy devotas, las veo todos los das en misa y comulgan
los Domingos", agreg, dejando caer una mirada sua
ve de sus ojos verdes y hmedos de fulgor admirable.
"Eso es, le dan sus
huesos Dios despus de ha
berle dado la carne al diablo", murmur Javier.
"No lo creo", agreg Gallter con una sonrisa; "al
diablo no poda gustarle."
Todos rieron porque la dama Bunsen, del cuento,
pesar de sus distracciones era bastante fea, si bien muy
elegante.
La figura delgada y el talle esbelto de Gallter apare
can en el de una puerta, con sus caractersticas :
marco
la lnea obscura del traje, las polainas que blanqueaban
en los pies y la flor en el ojal, una hermosa
garde
nia; los
bigotes retorcidos, el pelo brillante y liso, en
grandes ondas, los ojos azules que brillaban tras del
monculo, la raya del pantaln muy sealada, la sonri
sa en los labios como en actitud de retratarse. Tena
algo del galn joven de la comedia moderna y algo de
figurn. Presentbase como la correccin en persona, v
muchos le admiraban, tomndole por modelo de ele
gancia. Era persona de cortesa perfecta y de finos mo-
LUIS ORREGO LUCO 63
dales, pues haba frecuentado siempre la mejor socie
dad en todas partes. Se notaba, con todo, en Gallter,
falta de soltura en los modales, indefinible afectacin,
algo imperceptible casi, no ser para los ojos de los
iniciados, que revelaba la falta de raza, la prisa del ad
venedizo que se cree llegado, inters en conquistarse
el beneplcito de mujeres bonitas de personajes de
vala.
Gallter atraves el saloncillo con paso de baile, corto,
elegante, medido, y ademn de quien teme se formen
arrugas en la impecable levita : era lo contrario de
Kam-Hill, el actor que sedaba vueltas de carnero y
saltos mortales en el "Cirque d'Et", de Pars, sin que se
le formara ni slo pliegue en su elegantsimo traje
un
de frac, ni moviera su corbata blanca. Se dirigi
se
Elisa cogindola cortesmnte la mano, que bes con
respeto, en su afectacin de maneras europeas, lo cual
constitua una de sus debilidades agradables.
"Amiga ma, con que me oculta Ud. sus secretos
y yo tengo que adivinarlos ?"
"Si no tengo ninguno ..."
"Eso s que est bueno. Ya se est olvidando
de los mandamientos de la ley de Dios. El quinto,
Ud. ha faltado al quinto ..."
"Si yo no he muerto nadie, Gallter."
"Me equivoco el sexto ..."
...
"Comendador, que te pierdes", rectific muy opor
tunamente Carmela Portal; "el mandamiento que Ud.
busca es el octavo : "no levantar falso testimonio ni
mentir". Ud. olvida su catecismo, amigo mo."
"Eso es, precisamente", agreg Gallter con bastan
te aplomo y exagerando bastante su acento extranjero,
cosa que sola hacer cuando se senta embarazado. "Eso
es : No levantar falso testimonio ni mentir."
"Yo no he levantado falso testimonio ni he men
tido", dijo Elisa. "En cambio queda en limpio que Ud.
ignora los mandamientos, Gallter." "
"Es que los practico tan poco. . .
64 EN FAMILIA
"Vamos, Elisa, no saque el cuerpo. Por qu no
me haba dicho que tena
por ah adorador fervo
,
su
roso ?
La joven temi de que Gallter fuera
embromarla
con Javier Aldana.
"Veo debajo del
agua", agreg Gallter. "He des
cubierto que est locamente
enamorado de Ud. ." .
" Quin?" pregunt Elisa media voz.
"Su to. Hernando Garca", replic Gallter
. .
Eisa qued estupefacta; la noticia le
caa como
bomba. Desde haca
tiempo, sin embargo, haba nota
do gran solicitud en su
to; pero como ste la haba
tratado^ siempre de manera afectuosa y con gran cario
no haba dado
importancia,, al caso. Notaba, s, que so
la tomar actitud romntica y entonaciones confiden
ciales cuando se
diriga ella; haba percibido cier
tos destellos de luz en
pupila, un quebrantamiento
su
de Ja voluntad, un embelesamiento al contemplarla. To
do eso no era cosa ordinaria en su to. Tambin le ha
ba llamado
ja atencin cierta insistencia de su ta En
carnacin en hablar de los hombres de
provecho. Aho
ra caa en cuenta
por qu soltaba frases como sta : "Las
nias del da se vuelven locas
por el primer muchacho
de buena cara
que encuentran al pasar en su camino
y
m
siquieran miran los hombres formados, de
de fortuna, de familia con
posicin
quienes pudieran casarse
tan slo con decir dos tres
palabras, no ms." De re
pente, muchas cosas que haban pasado
desapercibidas
para ella, se hicieron claras; fu como una
visin retrospectiva
especie de
que iluminara su vida pasada en
ciertos obscuros rincones. Su memoria resucitaba
fra
ses y situaciones
que para ella no haban tenido sentido
alguno, y se present, por primera vez, su conciencia
un problema
nuevo, suscitado por una simple broma de
Gallter, al pasar. Elisa lo formulaba de manera
cruel y precisa: tena ella el derecho de
permitir que
sus padres se sacrificaran como
lo haban hecho hasta
ese momento. Don Santos
Orbegoso, entregado la
LUIS ORREGO LUCO 65
modesta situacin de empleado pblico, solamente
por
ella y para ella? A pesar de la
prdida de su fortuna,
Elisa se haba mantenido en situacin brillante. Era
verdad que su ta Encarnacin,
muy rica, mantena el
lujo tradicional de la familia, el coche, el palco en el
teatro, las fiestas y bailes de invierno clsicos en San
tiago por su esplendor; la ta extraa mezcla de ge
nerosidad y de miseria, que derrochaba el dinero en
las grandes ocasiones en que se trataba del lustre del
nombre y que encargaba Europa los ms caros trajes
de Paquin y de Doucet para su sobrina no vacilaba en
pelear con el tapicero por cuenta quejuzgaba exa
gerada. Pero clon Santos era, en pobreza, tipo
su
de gran seor; aceptaba vivir en compaa de su cua
da, pero contribuyendo los gastos de la casa, en la
medida de sus fuerzas, y la carga resultaba pesada pa
ra l. Elisa no
ignoraba nada de lo que pasaba su
alrededor: viva en medio de lujo refinado, saba
era menesterde sacrificios para mantenerlo y sin em
bargo, nopoda evitarlo. Su ta se habra sentido con
ella si no se hubiera puesto los trajes recin llegados de
Europa cuando tardaba en hacerlo estaba visiblemen
te inquieta, como sentida, como desairada. No tena hi
jos y todo su orgullo se haba concentrado en los triun
fos sociales de la sobrina. Elisa experimentaba la zo
zobra del lujo obligatorio sintiendo que no le era da
ble desprenderse de l y que con eso impona sacrificios
sus padres. Por eso, la broma de Gallter haba cado
sobre ella como bomba, dndole conocer, de gol
pe, el pensamiento ntimo de su ta Encarnacin v aca
so el de su propia madre. Les agradaba la idea de que
pudiera casarse con su to Hernando, ya rico, dueo de
gran fundo, y que tena hermosa "garconiere" la mo
derna, en la cual viva solo, desde haca tiempo, gozan
do de su libertad de soltern. Coma con frecuencia en
casa de ellas. Hernando haba sido para Elisa algo como
hermano; muchas veces se haba puesto sombreros en
cargados por l, Pars. En ms de una ocasin, le ha-
3
66 EN FAMILIA
ba pedido una pulsera para regalar
amigas en sus
el da de su santo, la satisfaccin de
algn capricho
insignificante. Ahora, de sbito, se sorprenda rubori
zndose de lo que haba hecho y que le pareca como abu
so de confianza, como desenvoltura indigna de mujer
delicada.
Sonriendo, en apariencia indiferente, sentse al pia
no tocando con acorde rpido, el comienzo de una ma
zurca de Goddard, para disimular con eso; y en reali
dad los acordes pareca que libertaran su cerebro,
devolvindole junto con su libertad la posesin de s
misma. La voz de Samuel Ortz vino sacarla de su tur
bacin.
"Deseo saber qu historia es esa del boleto de lo
tera de que me habl hace un momento. Cunteme al
gunos detalles."
"Ah! se me olvidaba, doctor. Figrese que al sa
lir de casa me hall un boleto de lotera. Ha de saber
que hace un ao, una seora dej en su testamento
al Asilo de la Infancia una propiedad en la calle del Puen
te, con la condicin de que fuera rifada y su producto
entregado ese objeto de beneficencia. Figrese que se
trata de una casa bastante buena que acaso valdr cien
mil pesos.
Al ver el boleto me pareci que Dios me lo envia
ba. Y si me saco el premio, como Ud. me lo anunciaba
hace un momento, cuando comenzaba referirle el ca
so, talvez cometa alguna locura, como se lo dije. ." .
"Vea, tanto gusto voy tener, que hasta pienso ca
sarme. ." y como sorprendida y turbada de lo que aca
.
baba de decir, agreg la joven : "Y con Ud., doctor."
Era aquella una simple broma, algo dicho al pasar, y
sin intencin alguna, ni nimo de coqueteo, pero produ
jo con esa frase una impresin extraordinaria en el ni
mo del doctor. Por primera vez se abri ante sus ojos
una perspectiva inesperada ; hasta entonces era tal la dis
tancia que sus ojos le separaba de la joven que jams
hubiera osado poner en ella la vista. Le pareca dema-
LUIS ORREGO LUCO 67
siado alta y demasiado lejos, comprenda la fuerza de
-
las preocupaciones aristocrticas en nuestra sociedad, re
cin salida de la atmsfera de antigua colonia. Quin
era l, Samuel Ortz, pobre mdico sin clientela, llegado
de obscuro rincn de provincia, sin nombre conocido,
ni fortuna, ni relaciones sociales, para pretender una
de las jvenes ms elegantes y encumbradas de San
tiago ? -
Tales reflexiones le fluan naturalmente al nimo,
sin que llegara de cabeza para darse s
quebraderos
mismo la respuesta. Y. por eso jams haba pretendido
cortejar la joven. Pero la frase escuchada en aquel
instante, el tono que crean sentir en ella y que un s-
bito" deseo le pintaba,- fueron suficientemente poderosos
para dar al traste -con- sus razonables pensamientos lan
zndole por camino inesperado, abrindole horizontes
.
,
nuevos, hacindole concebir esperanzas que poco antes
acaso le hubieran parecido locuras. "Hasta pensara
en casarme... y por qu no habra de ser con Ud.,
doctor?" .
...
Javier Aldana se acercaba su turno Elisa, con el
aire indiferente y jovial que le caracterizaba; sonrea,
pero haba en sus ojos ligero fulgor que no se saba
si era de resentimiento de cario. El doctor se retir;
quera separarse de la joven al son de la ltima y deli
ciosa frase, para conservar por ms tiempo su armona
en el alma, para deleitarse en ella, para grabarla en fon
do ntimo y no sospechado hasta entonces en el relica
rio de los secretos amores. -
"Elisa, que mal me trata ; soy para Ud. el ltimo de
los hombres.-. hasta prefiere al doctor. ."
. .
-"Y por qu n? amigo mo; es una excelente per
sona, hombre de bien, trabajador, honrado, bueno, se
rio..."-
"Y adems, porque la adora..."
"Sabe que no mele contest Elisa,
haba fijado?"
con. tono tal de sinceridad y de indiferencia que Javier
no pudo dejar de sonrerse! Era que ella le insp:raba
6S EN FAMi^IA
fe absoluta, la crea la verdad misma, la sinceridad en
persona. An cuando joven y pesimista terico, ya la
vida comenzaba mostrrsele en forma tal que las trai
ciones, las falsas, las ingratitudes, la deslealtad, le pa
recan cosa corriente en la existencia social. Cuntos
amigos v cuntas amigas que le estrechaban afectuosa
mente la mano iban momentos despus con algn chis
me, donde pudieran perjudicarle;, cuntos le haban
pedido dinero prestado, le haban ayudado derro
char su escaso -patrimonio y luego le pintaban como el
ltimo de los nerdidcs en casas cuya opinin le impor
taba; cuntos le haban quitado de entre las manos al
gn neeocio del cual les hablara confiadamente! Por eso
senta en s admiracin profunda, sincera fe, inmena
ilimitada confianza en la verdad del alma de Elisa. Era
muier que no nodia mentir, que no mentira iamc.
La radenn de fe penetra en las almas y se aduea de
ellas de manera absoluta.
Esto acontece especialmente dentro de las almas que
han sido rudamente probadas en la vida. Se haba acer
cado con ligero destello de celos, mas al or las pri
meras palabras de Elisa, los haba visto desaparecer co
mo nubes de verano v senta placer intimo en decirce :
"Elisa es toda hecha de verdad, es completamente distin
ta del resto de las mujeres."
"Ud. sabe que yo la quiero hasta el dolor. .
por
.
qu me trata con tanta dureza?"
"He sido ms benvola de lo que Ud. se figura.
Ud. es joven de reputacin abominable; en casa todos
le miran mal. excepcin de mi hermano que le quiera
sin tomarle muy lo serio, pues en el fondo estoy se
cura de que le considerara un marido detestable. Su
conducta, mieo mo. no puede ser peor de lo que es, y
si en realidad me quisiera, como dice, la cambiara."
"Elisa. Ud. talvez no me creer, pero voy mostrar
le sinceramente lo que siento y lo que soy. A Ud. la
nniero con toda mi alma, como ya ms no puede ser.
Pero ms de una vez siento la ansiedad de mi porvenir
LUIS ORE.EGO LUCO 69
tan absolutamente incierto
y obscuro, el desdn con que
Ud. me mira, la amargura de su indiferencia, el vaco de
mi pobreza. He nacido poeta, para la vida del amor
y
del ensueo, soy amigo por naturaleza del
trabajo, y
cuando pienso que Ud. es para m un imposible, ms
la quiero y ms la deseo; habramos podido ser tan fe
lices si Ud. me hubiese querido. . Le confieso eme me
.
he pendido ms de una vez para consolarme. y de lo
. .
dems yo no respondo. Ha sido la consecuencia de un
estado de nimo que me lleva la desesperacin. Si no
bebiera, creo que me matara. En el fondo mi gran deli
to es adorarla y ser pobre."
Elisa inclin la cabeza; todas las mujeres han escu
chado alguna vez en su vida esa misma frase de efec
to mgico y seguro, que hiere siempre las mismas fibras
delicadas y sentimentales, que despierta el ansia de lo
imposible, que muestra en el desierto el miraje del amor,
el oasis con sus palmeras y sus fuentes murmuradoras
y frescas. Y as como en el alma de Samuel se haba le
vantado una ola con movimientos de mar interior, as
en el alma de la joven se levantaban oleajes con aque
llas palabras que borraban hechos la adoraba
... era . . .
pobre. . haba
. cado en el vicio por ella. Y ella caa en
la tentacin de redimirlo, de rescatarlo ante s mismo
y ante el mundo, idea peligrosa y propia de personas
ignorantes de las secretas corrientes de Ja vida, que llevan,
sin que lo sospechemos, ciertos abismos ignorados.
En la antesala se haba formado un grupo en el cual
todos hablaban la vez. Se trataba de poltica, te
ma obligado en Chile de las conversaciones de los hom
bres, y que por aquellos das pasaba tambin las de
Jas mujeres, sustituyendo el ya un tanto manosea
do de las enfermedades y de las sirvientas, que, junto
con las reservas de la chismografa escandalosa, consti
tuye la fuente de la vida social nuestra. Es que las cos
tumbres no se modifican en un da; la era colonial ha
ba impreso su sello demasiado religioso y ajeno la
vida intelectual moderna en el nimo de las mujeres pa-
\ 70
j EN FAMILIA
ra que fuera
posible, en el espacio de breves aos, im
buirlas en ideas y darles gustos de cosas las cuales ha
ban permanecido, hasta entonces ajenas. Pero la pol
tica comenzaba invadir el hogar. La prensa, absoluta
mente libre, desmedidamente libre,
en un pas dominado
por el de autoridad de Jos Gobiernos, comenza
exceso
ba su propaganda con tendencias revolucionarias, en
; 1885. El clero se crea herido por las leyes de matrimo-
nio civil y de cementerios, recin dictadas entonces. Y
|
si por una parte los conservadores combatan con furia
'
creciente al Gobierno, por las cuestiones religiosas, por
la otra los radicales tambin le atacaban, acusndole de
'
intervenir, imponiendo candidaturas oficiales la Presi
dencia de la Repblica.
"Ay, cunto me alegro, hijita, deca doa Magda
lena Garca Carmela Portal, "cunto me alegro de que
tu marido no figure entre los lacayos que apoyan al Go
bierno. Un caballero como l, no puede entenderse con
gente de tan baja estofa, sin dignidad, que slo sirve al
Ministerio por los empleos pblicos, y por las pitanzas
que se cosechan con eso; un hombre como l no poda
emporcarse as no ms."
"Es claro; slo los "siticos" apoyan al Gobierno",
agreg doa Micaela con su voz de pito.
Carmela guard silencio con dinlomacia, pues saba
que el Presidente poda verse obligado llamar su
marido al poder. A pesar de todo, y de la buena cara
que pona, no dejaba de molestarla aquella eterna can
tinela de que se vala la oposicin para explotar ese
"snobismo" de los verdaderos cursis : "Los caballeros,
la gente bien nacida no apoyaba al Gobierno." La vie
ja aristocracia hacia resonar bien fuerte sus pergaminos
y sus viejas espuelas para que todos los advenedizos, los
enriquecidos de ltima hora, los luchadores por la socie
dad encopetada, se apresuraran reforzarla.
Carmela protest:
"Usted exagera, mise Magdalena ; no hay tal ; en to
dos lo? partidos figuran caballeros v "siticos", as co-
LUIS ORREGO LUCO 71
mo en todos hay hombres honrados y hay logreros."
"Eso n," interrumpi precipitadamente doa Ju
liana. "Ayer, no ms, deca Fray Pacomio en su sermn,
que solamente los sin conciencia podan apoyar
logreros
un
gobierno de el actual
masones como una .
gente
. .
sin Dios ni ley. Las persecuciones han comenzado, es
menester que los buenos cristianos
vayamos preparn
donos para ir las catacumbas" agreg con los ojos
brillantes de entusiasmo.
Las dems seoras asintieron, abanicndose lentamen
te y con visible satisfaccin; todas estaban
dispuestas
morir por la fe, queran figurar entre los cruzados de
la causa. Sentanse tocadas de exaltacin mstica.
Anita Escobedo trat de ayudar su amiga:
"No sean tan exaltadas; la moderacin es indispen
sable para tratar de cuestiones polticas. Hay tambin
muchos caballeros entre los liberales. Ah tienen uste
des, sin ir ms lejos, don Tulio Fernndez, des
cendiente nada menos que de los condes de Sierra
Bella..."
Pero la exaltacin poltica era tal que bast con que
saliera un slo nombre discutir la tesis que daban por
sentada las damas, para que Cerraran los ojos y decla
raran varias de entre ellas, que don Tulio no era sino
un simple "sitico" y que el ttulo de conde, al fin y l
cabo, no era sino ttulo comprado como los ttulos que
suelen concederse en Portugal y ciertas condecoracio
nes de las cuales se hace comercio fcil en varios pa
ses. Doa la ocasin para re
Juliana Garca aprovech
ferir unas historias en las cuales trataba de de
cuantas
jar mal parado don Tulio, que en realidad, no tena
ms pecado que ser partidario de.l Gobierno.
"A ver, ctenme otro para remedio", agreg la
Micaela muy sulfurada. "Al gobierno ni siquiera lo apo
ya un slo liberal "honrado", ni uno solo; para
mues
tra, basta con un botn : Slo con nombrar Jos Fran
cisco Pancho Puelma, Amuntegui, Augusto
Vergara,
Matte, todos los cuales figuran entre los ms decididos
72 EN FAMILIA
opositores. En cambio los pijes son todos partidarios del
Presidente. ..."
"Para sacar empleo y robar manos llenas una . . .
siente verdadero asco al nombrar esa gente . . .
seor,
qu pillos!..
y veces se convierten en bandidos.
. . .
quin no recuerda las matanzas de la Caadilla, en don
de los soldados sableaban la gente indefensa?"
La nota de indignacin cunda; las seoras se incita
ban las unas las otras, se aplaudan, se calentaban mu
tuamente en el santo fuego de la causa. Y lo mismo co
menzaba verse en todos los hogares de Santiago, pues
era un movimiento poltico al cual permaneca extrao
el resto del pas.
Se haban dado la mano los grupos dirigentes de la
vasta oligarqua, y todos una, radicales y conservado
res, liberales y nacionales, atacaban, llenos de indigna
cin, las infamias del Gobierno, se sentan puros, de al
mas blancas y regeneradoras, incapaces de fraudes elec
torales ni de incorrecciones administrativas. La prensa
encenda la hoguera con oleadas de santa indignacin;
se hablaba de acabar con el personalismo
y el autorita
rismo, implantando el parlamentarismo, que sejra el
"istmo" salvador, mediante el cual tendramos el gobier
no de la opinin ilustrada con el
sufragio universal.
Mientras las seoras se indignaban, se oy en la pie
za vecina un
gran estrpito precursor de la revolucin
que se incubaba.
Era una pirmide de sombreros de
pelo que se vena al suelo, derribando las copas y los va
sos de una bandeja.
"Esos malditos chiquillos" .
apuesto que son
. .
ellos... esto d grima" exclam doa Magdalena.
Se oy el portaso dado por Micha y Caco, que arran
caban despavoridos al ver el desastre de su torre de som
breros; detrs del sof alcanzaban divisarse la punta
de un zapatito gastado, era el de Pepe que se haba es
condido.
CAPITULO IV
Acababan de comer en casa de los Garca del Valle.
Todos se haban reunido en la
galera vidriada del se
gundo patio, que tomaba forma de bow-window, dejando
en su centro un espacioso cuarto cerrado de vidrios, con
vista al hermoso patio del jardn. Los muebles eran de
estilo Imperio, de caoba, tradicionales en la familia, con
hermosos tallados y bronces; slo el tapiz de color de
rosa vieja, era nuevo. La mesa de centro con cubierta
de mrmol blanco, y patas en forma de alas de quime
ra, tena aspecto decorativo. Multitud de peridicos y
revistas de modas la cubran, as como una caja de cos
tura, en la cual resonaban, de tarde en tarde, las tijeras
de Elisa que cosa. Doa Micaela ms propiamente
Micaela, como todos la llamaban en la casa teja unas
chaquetitas para los nios pobres, aue no acababa nun
ca de tejer y que le servan de eterna entretencin. Una
luz de parafina arrojaba su claridad, desde la gran lm
para con pantalla de porcelana, formando crculo
blanquecino en el centro de la pieza y dejando el resto
en penumbra dorada. Era cuadro de paz el de aque
lla familia iluminada por las medias tintas de la luz de
hogar. Por qu se usaba all semejante sistema de ilu-
74 EN FAMILIA
minacin? Era de las manas caractersticas de do
una
a Encarnacin la de emplear lmparas de parafina en
aquella pieza interior, porque se gastaba menos que con
el gas; era tacaa lo pequeo y rumbosa en lo gran
en
de y visible fuera. Las tales economas formaban parte
de sus pequeos placeres. Doa Magdalena que era ge
nerosa, como hija de raza hidalga en todas sus fibras,
sonrea. Las cabezas aparecan inclinadas bajo la luz,
las unas sobre el libro : Juliana lea el Ao Cristiano sin
hacer ruido, con su rostro avellanado y reseco, la ma
nera de cuero viejo, surcado de leves arrugas muy finas ;
doa Magdalena, la ltima novela de Pars, pues detes
taba las espaolas. A las perdidas turbaban el silencio
los rumores de tijera que cortaban un figurn; del ca
nasto de costura revuelto por Elisa que cosa del dia
rio cuyas hojas volva don Santos Orbegoso.
En el rincn haba un brasero de bronce muy ancho
y bajo, de los de rejilla, pero se la haban quitado para
poner la tetera que herva, arrojando su leve columna
de vapor desvanecida en arabescos. Era indispensable
para que Mise Encarnacin tomara el mate acostum
brado. Junto al brasero se apoyaba el antiguo arcn ta
llado, del siglo dieciocho, en el cual se encerraban los
tarros de plata del azcar y de la hierba. El gato ronro
neaba pacfico, echando un sueo, ahora que se vea li
bre de que los nios le tiraran la cola le hicieran al
guna barrabasada. De tarde en tarde pasaba Ja Demofila
la vieja sirvienta que serva de llavera
sin hacer rui
do, como una sombra viviente, con sus viejos zapatos
de badana, la antigua; slo se senta el rumor de las
puertas que abra y cerraba su paso.
De todo aquello se desprenda un algo de cosas vie
jas, de tiempos idos, de costumbres muertas que desen
tonaban con la vida moderna, pero que tenan su encan
to, sin embargo; algo de patriarcal y de noble un mis
mo tiempo. De aquellos perfiles emanaba un no s qu
de raza, la tranquilidad en el continente, el orgullo ca
llado, la posesin de s mismos, confianza que los adve-
LUIS ORREGO LC 75
nedizos ignoran por ms insolentes que sean; y por so
bre todo, la conciencia de vida honrada, del deber
cumplido, la pureza de almas que nada tienen que re
procharse en las cosas de la existencia, en la cual han
seguido siempre la lnea recta, sin desviaciones en su
conducta.
Acaso por todo eso, desprendase de la estancia una
atmsfera de paz que se dilataba debajo del crculo lu
minoso de la lmpara y que se extenda por la penum
bra, en aquella hora esencialmente tranquila de la vida
de familia.
"El jueves tienen recepcin donde las Heredia"
murmur Micaela.
"S? Pues me parece raro que no nos hayan con
vidado todava".
"Estuvo esta tarde la Manuelita, muy interesada
en que Elisa no faltara."
"Aqu hay una receta para hacer huevo molle", in
terrumpi don Evaristo Santers agitando el diario ; "es
cchenla ..."
Hubo luego un silencio en el cual se oa tan slo el
zumbar cantante de la tetera con agua que herva.
"Parece que Nena Hernndez se casa", dijo la Ju
liana, levantando la cabeza del Ao Cristiano que lea.
"No comprendo qu relacin tenga eso con el Ao
Cristiano que usted lee, ta," le observ Elisa son
riendo.
Doa Encarnacin celebr la ocurrencia de la joven;
siempre le agradaba cuanto deca la sobrina regalona.
"Nena se casa muy disgusto de su familia. . el
.
muchacho es un tuno. . un perdido, sin oficio ni bene
.
ficio ; hacen muy bien en recibirle mal . .
pero ella se
.
ha encaprichado", agreg mise Juliana.
Elisa se puso coser precipitadamente. Hubo un si
lencio. En la vida de familia todos se comprenden; se
habla ms sin palabras que con ellas. Y sin necesidad
de mirarse,' continuando cada cual en su tarea aparente,
pensaron todos en lo mismo. El nombre de Javier Al-
7G EN FAMILIA
daa por las cabezas de las seoras como una vi
pas
sin de pesadilla, despertando mueca de disgusto
en un rincn imperceptible de los labios, en un leve
fruncir del entrecejo, en la arruga de la frente. No
se murmur su nombre, pero todos lo sintieron pre
sente en la vida de familia, turbndola, quitando la cal
ma, inquietando el porvenir. Las seoras tenan los co
nocimientos de la vida que solamente la experiencia y
los aos procuran, en tanto que Elisa las combata con
la coraza de sus ilusiones que la impedan ver la reali
dad, esa realidad tan arrastrada. En su pecho se produ
jo un rpido palpitar, unos latidos tan fuertes que se
hubieran podido oir en el silencio. Pestae rpidamen
te y no pronunci palabra; haba comprendido que el si
lencio era su gran fuerza, que la tristeza era su arma
nica y segura. Qu le importaba ella lo que decan
de Javier? lo conoca mejor que nadie; era ligero, cala
vera, pero no malo, en cuanto eso tena un alma de
nio, se haba tirado al mar en Via para sacar un
roto que se ahogaba. Qu otro caballero hubiera he
cho cosa semejante? Pobre Javier, medida que le ata
caban, ms le quera, .porque se extremaban los ataques,
y la injusticia produca sublevacin de todo el ser
en su alma tan recta y tan noble; llegaban" hasta ne
garle el agua y el fuego. La verdadera razn de la
guerra tan tenaz que se le haca estribaba en que Ja
vier careca de bienes de fortuna, y si n por qu se
reciba con tanto cario Julio Rosales que era rico?
Elisa, con la obsesin de los que aman, no se paraba
meditar en que la razn era muy sencilla porque el otro
no la pretenda ella.
En cierto estado de intimidad se comprende, por ma
nera intuitiva, que las palabras jams expresan las re
laciones reales que entre los seres existen; se sabe que
la verdad penetra ms fondo en el silencio en el cual
se hace sentir de una suerte inequvoca. La intuicin de
las cosas ms graves, de la muerte, del amor, del desti
no, se agita en el extremo de hondura, en el fondo de!
LUIS ORREGO LUCO 77
fondo de las almas, sin que acierten las palabras dar
le consideracin, por eso las almas se pesan y comprenden
mejor el silencio, porque sienten la verdad de la esen
cia de las cosas.
All, minuto mudo, bajo el crculo luminoso de
en ese
la lmpara, las cabezas inclinadas sobre el libro la
con
labor de mano, todos se penetraban sin mirarse ; se vean
sentir, se tocaban por tentculos invisibles tan acos
tumbrados estaban llegar de unas almas otras en la
comunin tierna del afecto cuotidiano, de unas mismas
creencias espirituales, de una misma constante elevacin
del ser otras regiones ms altas y lejanas. Adems,
cuando los seres que viven en comunidad, llegan pene
trarse, lo hacen fondo, as como cuando se ignoran
entonces, se ignoran por completo.
El afecto mayor, la ms grande preocupacin era, sin
duda, de doa Magdalena; la madre es quien mejor
siente y mejor ama. Su cabellera, que comenzaba tro
carse en cenicienta, con suaves tonalidades de seda pla
teada, serva de marco una frente y unos ojos que
revelaban por destellos los padecimientos de su vida,
el orgullo herido, los fracasos de fortuna, las contra
riedades, el padecer continuo, el incesante preocuparse
con las cosas del futuro, en cuanto sus hijos le tocaba.
Ese corazn de madre soaba para su hija el lote que
para si misma hubiera deseado, y comprenda la felici
dad, no segn en realidad ella la joven la senta
sino como la hubiera deseado para si la propia doa Mag
dalena cuando joven. No acertaba comprender que en
cada ser vivo hay todo un universo que evoluciona y
cambia con el medio, una nebulosa que toma consistencia
segn el sentir propio y el sentir ajeno, con propios im
pulsos y con empujes que de fuera nos viene. A medida
que las varias luces nos hacen ver los horizontes diver
sos, se modifica la idea que de la felicidad llegamos for
marnos. De aqu tomaba ocasin la madre para desear
su hija las felicidades que para s conceba treinta aos
antes. Veala de seora de una grande y rica heredad, de
78 EN FAMILIA
un antigua, de dos mil ms cuadras regadas,
fundo la
ejerciendo el dominio la manera feudal, socorriendo
los pobres, en tanto que los vecinos reunidos su mesa
le rendan pleito homenaje como la "seora". Veala
recorriendo caballo las dilatadas alamedas de su predio
interminable, cruzando por esteros que nacan y moran
all; bien visitando la lechera de seiscientas vacas, los
prados poblados de animales, las serranas de las crianzas
que no se contaban, los inmensos potreros sembrados de
trigo cebada, de donde volvan las carretas crujiendo
con la carga de mieses, arrastradas por cuatro yuntas.
Vea su hija viviendo en palacio propio, poblado de ma
ravillas tradas de algn viaje Europa; hermossimos
cuadros, estatuas, cortinajes, tapices de India de Orien
te, muebles ingleses. Contemplbala recostada ensu vic
toria la mejor de Santiago arrastrada por tronco de
fina sangre, recibiendo el homenaje de aquellas que la
miraron en menos cuando era pobre. Todos sus rencores,
todas sus decepciones, las amarguras del callado sufrir
de su vanidad herida, las pona la cuenta de su hija,
desendola el desquite de los sufrimientos pasados. Como
el amor de la madre sea fuego que nunca deja de dar
calor y luz en donde est, junto con bienes de fortuna,
quera para su hija la vida del sentimiento, las satis
facciones santas del cario en el hogar, de un amor pro
fundo que lo completara todo, hermosendolo con santa
y dulce luz de poesa ; es decir, soaba lo imposible, que
ra lo inabordable, dado que todas las felicidades de la
existencia no pueden beberse en copa humana. Y como el
criterio dominante, el de la mayora de la gente, hace es
tribar la felicidad en la posesin de bienes materiales, que
ra para Elisa marido que realizara por lo menos sus
ideales de riqueza. Echando una mirada en torno suyo,
se haba presentado sus ojos, sin quererlo, un hombre
que no era joven pero que tampoco poda ser tachado
de viejo; de buena figura, de porte elegante, de gran fa
milia, y de considerable fortuna acrecentada por el pro
pio esfuerzo y clasificado entre los buenos partidos de
LUIS ORREGO LUCO 79
Santiago, nada menos que su hermano Hernando
era
Garca ; nosera la primera vez que una sobrina se casara
con su to, formando un
hogar dichoso. Pero '*' el cora
zn? Doa Magdalena quera dar cumplida satisfaccin
los anhelos naturales de su hija; su ideal habra sido que
Ja joven se enamorase de Hernando. Mas, desgraciada
mente, las cosas no haban pasado su entero sabor. En
cambio su hija le miraba con tierno afecto.
De repente, cierto da, sus hermanas le contaron que
unas amigas acababan de preguntarles si era cierto el
matrimonio de Elisa con Javier Aldana, y como
rechazaran la idea con gesto de desagrado, una de ellas
agreg, componindose los pliegues del manto : "As
me haba parecido, que eso no poda ser. Javier Aldana
es un muchacho tunante y descredo, que no vale dos
cominos, ni trabaja en nada, ni sirve para nada. Y qu
importa la figurita?. Por otra parte no es gran cosa
. .
la suya es preciso que acompaen condiciones de serie
dad que ese muchacho no tiene". Semejante conversa
cin haba trastornado el nimo de doa Magdalena; la
idea sola del matrimonio de su hija con aquel muchacho
le revolva la bilis, daba al traste con todos sus planes.
No caba en su cabeza que Elisa pudiera enamorarse de
l. Y as haba sucedido, sin embargo. Elisa lo quera,
si no con gran fuerza de pasin de los treinta aos,
con el cario discreto que ella sacaba de las fuentes dei
ternura de su. alma; se senta querida y por eso necesitaba
querer. El amor era en ella como una extensin
de sil
.bondad
pues cada uno ama segn su temperamento y
su conformacin moral; sin que existan en todo el uni
verso dos amores ni dos almas iguales y perfectas.
Cuando se haba hablado de "oposicin" un matri
monio, doa Magdalena haba pensado en Javier Al
dana y todos haban tenido el mismo pensamiento.
Elisa, su vez, haba suspirado. Talvez no haba llegado
su hora en la forma definitiva en que un escritor
la pre
senta : cada botn no florece ms que una vez, cada flor
no tiene ms que una mirada de belleza perfecta. El as-
80 EN FAMILIA
tro no pasa ms que una vez cada noche por el meridiano
los pensamientos y los sentimientos, porigual modo,
no tienen ms que un instante supremo y completo. "Ha
ba llegado esa hora para ella?
/ Elisa juzgaba que s ; recogida en el sagrado y casto
silencio de su alma, hecho el examen de conciencia, esta
j
ba cierta que sera feliz casndose con Javier Aldana,
siempre que se corrigiese de lo que ella consideraba me
ros extravos, productos de malas compaas y de lige
rezas, ms que de tendencias daadas se pintaba sola,
. como casi todas las mujeres, para arreglar al sabor de sus
deseos las cuestiones ms difciles, con las tintas sonro
sadas de su imaginacin soadora y optimista. No con
ceba la pasin, el amor exaltado que arrastra la ma
nera de torrente de tempestad, sino el cario tranquilo,
el sentimiento apacible y suave que constituye la es
posa y dentro de ese orden regular, tranquilo y sensato.
sentase arrastrada hacia Javier.
La ta Juliana era de esos seres que necesitan pensar
fuerte, casi como para rezar -que era su ms importante
ocupacin en la vida necesitaba la novena en comn,
con su largo coro que se dilataba en una salmodia ru
morosa por los vastos mbitos de la iglesia. Por eso fu
ella quien dijo, en alta voz, lo que todos callaban :
"Por qu no habr venido Hernando estos das?
Maldita de Dios la gracia que me hace la nueva moda
que han tomado los jvenes solteros de vivir por su
cuenta y riesgo, en casa propia, aislados de su familia,
sin que puedan atenderlos en caso de enfermedad, de
la cual nadie se encuentra libre. A m me gustara que
Hernando se casara, es tan bueno, tan creyente, nunca
falta sus deberes religiosos, y adems tiene sus buenos
reales, y como se dice vulgarmente lo que abunda no
daa ms bien, miel sobre buuelos para la muchacha
feliz sobre la cual ponga sus ojos".
La Micaela abund en el mismo sentido respecto de
su hermano :
"Si el pobre negro tiene un corazn de oro ; eso se
LUIS ORREGO LUCO 81
le echa de hasta en el amor por los animales. Cuando
ver
se enferm Csar"as se llamaba su perro fox
"Julio
terrier l mismo lo llev en coche donde Musi Bro-
quard, para que lo curara en la Quinta. Es bueno con todo
el mundo y tan caritativo, as la chita
callanda, sin
que nadie lo sepa ..."
-"De manera que nuestra mano derecha ignore lo
que hace la izquierda, como dice Nuestro Seor Jesucris
to, agreg doa Juliana. As se practica la caridad co
mo Dios manta". Y luego, para hacer resaltar la fortuna
de su hermano, agreg :
"Es verdad que
eso poco le
cuesta, ya que se encuentra tan rico, si
sabe qu ha
no
cerse con la plata. Tiene tres fundos
y la cosecha de ta
baco solamente le dej ms de sesenta mil pesos, sin con
tar las diez mil fanegas de trigo y las doce de cebada,
ni las engordas, ni la lechera que le deja un platal, ni la
la crianza de ovejas en Panguilemu.
"Es un gran partido y un excelente muchacho" agre
g con voz decisiva Mise Encarnacin, que como la per
sona ms rica de la familia, gozaba entre todas de ex
cepcional prestigio.
Doa Magdalena pensaba de igual modo que sus her
manas, comoclaramente lo manifestaba con su sola ac
titud, pero no dijo palabra. Eohbase de ver que con
cordaba con ellas en pensamiento, mas, por un escrpulo
de su alma delicada de santa, no quera que su hija sin
tiese la presin de la voluntad materna, inclinndola
por sentas que acaso no satisficieran las exigencias de
su alma. Jams se hubiera perdonado s misma la
imposicin de un matrimonio en el cual entrara el inte
res, con dao de las aspiraciones libres de su corazn de
mujer, sobre todo si en ella notara algn da el vaco
del sentimiento, la tristeza invencible de un alma que
palpita henchida de aspiraciones insaciatas. Pero, al
mismo tiempo, deseaba con vehemencia verla en posicin
holgada, duea de una fortuna, con independencia pro
pia. De su propia condicin de inferioridad, tomaba oca
sin para desear la suerte de su hija. Mise Magdalena
82 EN FAMILIA
callaba valerosamente las penas que su pobreza le haba
ocasionado, no tanto por obra de su familia, que siempre
la consideraba, sino por la actitud que haban asumido
para con ella las amigas de antao. A pesar de las pala
bras, y de los. halagos aparentes, bien vea que no eran
las mismas. La herida de orgullo, de orgullo tradicional
y de raza,, permaneca sangrando en ella, en el fondo
remoto de su alma. Eso lo saba Elisa, lo senta, y tra
taba de mitigar tales amarguras ntimas con extremos
de cario. Una sola mirada de sus ojos puros bastaba pa
ra que se comprendiesen todo lo que nunca se decan,
porque semejante confesin hubiera cuadrado mal con
el temperamento de la madre y con la sensibilidad ex
trema de la hija. Entre tanto, all, bajo la lmpara, los
rostros iluminados por suave luz de. misterio, que pona
.tonos de marfil en los dedos temblorosos de la madre al
volver maquinalmente las hojas de un romance fran
cs, y suavidades aterciopeladas y frescas en el brazo
de Elisa extendido para sacar una carretilla de seda del
costurero; all, bajo la lmpara, se cruzaron las miradas
de ambas en una muda interrogacin de la una y en un
silencio de la otra. Ambas sufran el contra golpe de las
ideas generales, mas al anhelo, mudo de la madre, con
testaba la hija con el recogimiento en s misma, ape
lotonndose como el erizo que se defiende, para que nadie
penetrase en su interior, para que nadie profanara su san
tuario. Ella tambin tena su tctica invencible : no dis
cuta, no presentaba blanco ni resistencia aparente, pero
jams celaba, y prosegua firme en sus propsitos, de
cualesquiera ndole que fuesen., La resistencia muda era
tctica de prudencia y de fuerza, de habilidad y de
previsin- y tambin de orgullo. Si la condicin mate
rial de sus padres hubiera sido diversa, acaso hubiera
cambiado en su actitud, entablando. la lucha abiertamente,
dando rienda suelta la vehemencia que se ocultaba tras
de la aparente calma engaosa de las- aguas mansas. No
quera discutir, para no verse oblifrarb.. aparentemente
ceder, en ciertos casos,. pues el fondo de su. espritu le
LUIS ORREGO LUCO 83
constitua ansia de vivir en la verdad, de no mentir
una
por causaalguna, ni costa de su felicidad, ni de su
fortuna ni de su honor, si llegaba alguna vez el caso.
Unos golpes dados en el vidrio con los nudillos de los
dedos, le sirvieron de diversin. Era Juan que llamaba :
estaba en mangas de camisa.
"Elisa, te necesito para que salves la vida pe
me
gndome los botones del chaleco que estn punto de
saltarse. Ven que te espera tu hermano, paloma ma. .".
"Si tu ventana llega
una paloma,
cuntale tus amores
que es mi persona. ." .
Madre y tas dirigieron una mirada cariosa al mu
chacho regaln, tan querido de todas ellas, prontas
celebrarle cualquiera de las cosas que deca con su ordina
rio buen humor.
"Con Juanito no se pasan penas", era la frase co
rriente en la casa.
Juan asom las narices :
"Sabe ta Micaela que el clera acaba de aparecer
en San Felipe?"
"Y m qu se me d eso?"
"Que puede venir Santiago,
y se morir toda la
gente como moscas... que tambin se mori
y lo peor es
rn todos los perros y gatos, que es lo que usted ms
le importa. "Julio Csar" corre gran peligro con esto,
y tambin el Lautaro... no digo nada de los loros, esos
van pasar prdida" agreg Juan.
Las seoras se divirtieron con las bromas del mucha
cho, menos la interesada, que puso cara de leona, con lo
cual aument la diversin general.
"Dicen que el contagio viene por el agua, trasmi-
sora de los baccillus", expuso don Santos.
"Pues entonces l remedio es fcil y est en la
mano, observ con gravedad don Evaristo, con poner
84 EN FAMILIA
en Jas bocallaves del agua potable una rejilla como las
que se usan de coladeras en el t, ya quedamos del otro
lado".
"Pero, hijo, si los microbios son tan pequeos que
para verlos se necesita microscopio..."
"Yo creo que basta para defenderse, con el empleo
de la destiladera", agreg con aplomo don Evaristo,
mientras don Santos sonrea y doa Encarnacin se
pona como tomate de puro colorada.
A ella no le agradaban esos desentonos de su marido
que opinaba de todo, convencido de que basta el sen
tido comn, aunque se ignoren las cosas, para tratar de
ellas. Adems los hacendados ricos, como don Eva
risto, se hallan acostumbrados que todos se inclinen an
te su parecer, convencidos como estn de que el dinero
acaba siempre por tener razn. "Suerte te d Dios, que
el saber de nada vale", era el refrn que de continuo
se oa en sus labios.
"Vaya corriendo to, pedir privilegio exclusivo
para su descubrimiento", Je grit al travs de la vi
driera Juan y agreg : "aprate Elisa, con ese botn,
...
que ya estoy sintiendo los primeros sntomas del clera
con lo que acabo de oirle mi to. Tengo una risa que
me duele el estmago.
La joven sali, penetrando con paso discreto al cuarto
de su hermano. Era pieza de dimensiones reducidas ;
pero amueblada la moderna, al estilo ingls, y puesta
con elegancia y gusto. Fuerte olor de vinagre de to
cador llenaba la atmsfera. Sobre una mesa de estilo
mission se hallaban revueltos los frascos de cristal cor
tado y las escobillas, los pauelos de batista y las cor
batas, en desorden. Sobre un sof, el frac esperaba que se
lo pusieran y la corbata blanca y fresca, junto los
guantes, aguardaba su turno. Mientras se arreglaba junto
un espejo de cuerpo entero, hablaba Juan, sin mirar
su hermana.
"Tengo que pedirte un servicio, hijita. Mira, tie
nes plata que me puedas prestar? Es por poco tiempo,
LUIS ORREGO LUCO 85
te loadvierto, slo por unos cuantos das ... un apuri-
11o. t comprendes. Al fin y al cabo uno
. .
no es viejo,
ni ermitao, y hay que vivir con los vivos".
"Tengo seiscientos pesos que me ha entregado mi
pap para que pague unos vestidos la modista, Ma
dame Regnard, por encargos de mam; no s si
pueda
darte algo. ." .
"Trelos no ms".
A los pocos momentos apareci la joven con un rollo
de billetes que pas su hermano, echndolos ste
su bolsillo tranquilamente: "Gracias, te los devolver
dentro de unos das".
"Esprate, respondi la joven vacilante, voy pe
dirle permiso pap".
"No lo hagas, por los clavos de Cristo".
"Entonces, devulvemelos, porque no ser para co
sa buena no sea cosa que
...
vayas jugar devul . . .
veme esa plata, no quiero
ayudarte en eso".
"No puedo; estoy comprometido devolver dos
cientos pesos Javier Aldana, que me los prest ano
che en el bacarat del club. Y adems, con algo tiene
uno que andar en el bolsillo para no
parecer rotoso".
Elisa enrojeci hasta la nia de los ojos. Le pareca
simplemente enorme, una desvergenza, que su hermano
le pidiese dinero prestado al joven que le haca la corte
ella.
El corazn le palpitaba fuertemente y senta vrtigos,
junto con acelerado de la sangre por sus ve
correr
nas. Jams imaginado que su hermano fuese ca
hubiera
paz de cosa semejante, de valerse del cario que el otro
le profesaba para sacarle dinero. Aquello la repugnaba
hasta darle nuseas. Y senta la desesperacin de no
haber podido sujetar una accin fea que la salpicaba con
su lodo, all en la regin misteriosa de los escrpulos
de su conciencia. Parecale que su blanca tnica de ar
mio, ya no estaba inmaculada, que la haban vendido
soezmente :
"Eres un miserable, un villano", dijo su hermano
/
86 EN FAMILIA
^on furia; el hermoso rostro se haba congestionado, des
peda fuego por los ojos, en tanto que una palidez mor
tal suceda al primer movimiento. "Acaso no sabes
que ese hombre me hace la corte? Y t te vales de tales
sentimientos, para especular con ellos, pidindole dinero
prestado".
"Parece que no tuvieras nociones de honor, como si
hubieras nacido en calle atravesada y en mala hora".
A medida que hablaba, indignbase todava ms, exal
tndose con el sonido de su propia voz. Era que su
enojo natural se una otro sentimiento que dolorosamen-
te la oprima con tenazas de hierro ; era un desencanto
que sbitamente la invada. Javier haba jugado, faltan
do su promesa de pocos das antes. Muy pronto le
haba pesado la cadena y sin embargo, vea al trmi
no de su camino otra que hubiera sido para l gran pro
mesa si la hubiera querido. No la quera, sin duda ; su ca
rio poco le importaba, no ser como triunfo de vani
dad mundana, ya que tan pronto la arrojaba por la bor
da como esos barcos que todo lo tiran para correr ms
ligero. Javier no tena compostura ; decididamente era in
corregible, por ms paciencia que con l tuviera. En su
imaginacin ella le vea en la mesa de juego, perdiendo
el dinero de sus hijos, el pan de la familia, olvidado de
lo que s mismo se deba y de la palabra empeada. No
era hombre serio, no deba dar batalla por l contra los
sentimientos de su familia entera, de su madre, de sus
tas, de sus amigas, por un hombre que rodaba rpida
mente por vicios que ella le parecan espantables y tre
mendos, con su inocencia de joven que mira la vida como
camino llano en que los buenos jams conocen las
cadas, ni las debilidades flaquezas. Era un desencan
to que la invada toda entera con su luz difusa de cre
psculo; deseo de alejarse dell mundo, para ocultar
se en un convento y buscar la nica felicidad humana ha
cindose monja, como aconsejaba el gran poeta. El claus
tro, el alejamiento de los hombres, todos falsos, traidores
y malvados, sumidos en la corrupcin y en los vicios.
LUIS ORREGO LUCO 87
En el centro de su voluntad de hierro forjaba la resolu
cin de romper con Javier, de alejarse definitivamente,
sin explicaciones ni palabras intiles. Nada la
ligaba
l, no exista promesa positiva de su parte, habindole
simplemente sometido prueba. Y, sin embargo, al for
mar su resolucin definitiva irrevocable ella lo sen
ta
experimentaba como inmenso desgarramiento in
terior, un desprendimiento de algo que arrojaba de sus
entraas, la muerte de una deliciosa esperanza, de una
ilusin que la haba llenado tantas veces en aquel rin
cn ntimo que nadie conoce, en el santuario reservado
en el cual celebramos nuestro culto, nuestro santo cul
to de amor. Elisa suspir y las lgrimas rodaron, hilo
hilo, de su rostro, en silencio doloroso que removi
hasta lo indecible Juan.
"Perdname, no saba que lo quisieras", con
test con humildad. Y se ruboriz al pensar que tan
tas veces haba tunanteado en compaa del pretendiente
de su hermana.
Sinti la profanacin de algo sagrado, como un dejo
de traicin, un encubrimiento y complicidad de su parte.
"Juega mucho Javier?"
"Bastante veces lo he visto tallar mesas de bacarat,
fuerte y feo".
Elisa baj la voz :
"Dime, slo, pero la pura verdad
esto si me en ...
lo en la' vida. Sabes t si tiene.
gaas no te perdonar . .
querida. .
Javier?"
.
Juan call ; no se atreva mentir en materia tan grave,
sintiendo la importancia del momento.
"Pero, hija de Dios, si so nada tiene de particular.
Todos los hombres padecen debilidades, no hay que tirar
demasiado la cuerda porque al fin se corta. y al fin . .
y al cabo no hay hombre que no tenga asuntos de ese
. . .
gnero, incluso los casados ..."
Y viendo el gesto de espanto que su hermana pona,
Juanito cobro nimo y agreg, no sin cierta vanidad de
mostrar cmo conoca las intimidades del mundo. . .
88 EN FAMILIA
"Por supuesto que casi todos esos seorones casados y
graves que sueles ver de Ministros y Senadores toman
su coche sin nmero y lo dejan la puerta del Club,
para seguir su camino quin sabe dnde, en otro nu
merado y de farol rojo, bailar su zamacueca de pata
en quincha" . . .
Elisa le dej concluir :
no "Est bien, vete, no quie
ro escuchar nada ms". Hablaba en tono tranquilo, pero
se le notaba esa voz blanca que uno suele escucharse en
ciertas ocasiones, sin reconocerla, como si hablara un ex
trao. Y sali de la pieza. Juan acab de ponerse el
frac, hablando consigo mismo : "Buena la plancha que
hice, seor; pero no poda figurarme que esta tonta, se
hubiera aleonado con Javier, que no sirve para maldita
de Dios la cosa, y que no tiene un real, ni siquiera figura,
pues no es buen mozo", esto se mir al espejo y qued
complacido con la comparacin. "A Javier no hay por
dnde tomarlo, seor, ni con pinzas; se suele dar unas
monas que Dios, tirita. Y vive lo gran seor, con la
Fonsetti, que gasta un dineral, como anoche me dijo la
Linda..."
En esto se acord que ya deba de ser tarde, mirando
su reloj, de esfera chata, para el frac. Tena que ir al Club
Invernal, echar su manito de bacarat, hasta las once,
para llegar al ltimo acto de Lohengrn y acompaar
Linda una cena que le daba en compaa de media
docena de amigos y amigas. algo alegre y ligero.
. . . .
pero caro. Per Baco. las estrellas de la pera no
. . se
regalan en los tiempos que corren.
.."Rivedr la oresta embahamatta"
. enton . . .
media voz, mientras rociaba el pauelo con esencia Ther-
mitor, echando una gota con la tapa.
Y sali, perfumado, elegante, correcto irreprocha
ble, haciendo sonar las botas de charol sobre el parquet
del vestbulo.
"Adonde vas?..."
"Por ah.
donde cantan. . . . . en el llamado Teatro
Municipal". - .
LUIS ORREGO LUCO 89
"Haras mejor en asistir una novena".
No conviene ta Juliana"
me saba el maldito que
le desagradaba profundamente ese tratamiento "no me
conviene", porque el padre Contreras ha predicado un
sermn en defensa de la poligamia y yo no quiero perder
mi moralidad.
"ndate, perdido. ." .
"Adis, Magdalena", dijo el muchacho su madre,
que le vio salir orgullosa de su porte, de su simpata y
ele sus atractivos, como todas las madres.
"Mira nio, me dicen que ests botando el dinero por
la ventana", le murmur don Santos al odo, mientras le
acompaaba por el corredor. "Apuestas, remates de ca
ballos, comidas, cenas, de todo se habla y se comenta.
Llegaron hasta preguntarme si haba recibido alguna he
rencia". "Si la tuviera, no trabajara as" les contest.
Pero todo esto me deja mala espina, muchacho. Un em
pleado de banco, como t, no debe meterse en esas hon
duras que dan tanto que pensar, y que en el mejor de los
casos se prestan comentarios no siempre halageos
para el que los sufre : no solamente debemos ser honrados
en la vida, nio, sino tambin debemos tratar de pare-
cerlo. . los antiguos hablaban del "cristal de la honra..."
.
"Eso era en tiempo de las comedias de capa y es
pada ; lo que es ahora, que hay fbrica de vidrios, no hay
cuidado".
"No me gusta que todo lo eches broma, que hay
muchas cosas serias y problemas graves que de todas
partes nos cercan los creyentes por conviccin, por tra
dicin y por raza: esa noche pavorosa del ms all, el
deber, la conciencia, la libertad humana, los misterios
de la fe y las crisis de la vida. Eso no se toma en broma,
en l pu
amigo mo, ni sirve para jaleo. El honor ...
sieron nuestros padres su espada y su vida."
"Pap, cuando tomas ese tono, me haces acordarme
del bartono en "Traviata", al concluir el acto segundo.
El mundo marcha, y todos marchamos. Yo marcho, t
marchamos, vosotros
marchas, l ella marcha, nosotros
90 EN FAMILIA
marchis, ellos marchan. Sobre todo ellas marchan . . .
Tariririrn . . . tariririrn. . . tariririntn. . . tin... taran-
tn... tan... tan. Buenas noches, Santos".
Y mientras el muchacho sala con el sombrero de
copa
echado atrs, el cache-nez de punto de seda cuidadosa
mente prendido, la orqudea en el
ojal del levita-palt,
dejando en el aire como un rastro de su perfume favo
rito, el padre, educado en la antigua escuela de respeto
y de humildad, en la cual el jefe de familia era consi
derado como semi-dios, sin que jams el hijo se
arriesgara fumar un cigarrillo echar una pierna so
bre otra delante de l, ni se alzara de su asiento sin pedir
licencia, el padre se senta molesto de su tolerancia. Sin
duda todas las transacciones con el vivir moderno eran
para mal; la escuela antigua responda mejor las exi
gencias de la moral cristiana y de la familia que de ella
nace. "El vivir sin disciplina ni orden, al uso, trae con
sigo la falta de respeto y de moral", pensaba entre s don
Santos, "y si esto se agrega la disolucin de la familia
por la relajacin de los vnculos religiosos y legales, ve
nimos parar un presidio suelto".
Reson lo lejos el ruido del portn al cerrarse, fu-
ronse perdiendo en la noche las notas del "suo
genitor"
de "Traviata", y don Santos sinti en su alma la irona
del canto, sus propias debilidades al educar sus hijos,
movido del deseo de no dejarles mal recuerdo, perdida
ya la fortuna. Elev los ojos al cielo fro y sinti como un
soplo de angustia que le acongojaba, como tantas otras
veces ; al punto hizo rodar entre sus dedos, en los bolsillos
del viejo gabn pasado ya de moda, las cuentas del rosa
rio trado por su abuelo de Tierra Santa. Y sinti dicha
inefable al murmurar por el patio silencioso las palabras
del Padre Nuestro, con su voz grave y triste.
CAPITULO V
La orquesta rompa con el estruendo de los instrumen
tos de bronce, al concluir del acto, en medio del ruido de
las puertas de palcos al abrirse y cerrarse, de los
espec
tadores que abandonaban sus asientos en medio de las
salvas de aplausos. Se arremolinaban las
pecheras blan
cas de los fracs, en los del
pasillos centro; abanicbanse
las seoras, cambiaban de asiento, se ponan los geme
los, se cruzaban saludos, se hacan observaciones media
voz. Dos damas conversaban en un
palco de primer or
den:
"Qu bien est esta noche Elisa Orbegoso ; su cuerpo
es admirable, de una belleza tan
pura y tan distinguida.
Cualquiera dira que tiene traza de duquesa".
"As es, no ms ; est verdaderamente en su noche,
muy bien. Pero cuando no est en su noche, Dios me libre.
Lo que es ahora luce un traje de Paqun, no hay ms
que mirarlo, como dicen las argentinas, pues lleva la mar
ca de fbrica. Hijita, si no hay quien tenga su corte im
pecable, y tan sencillo. Slo yo me digo: de adonde de
monios saca esta muchacha tanto lujo, pues siendo pobre
su padre no deba permitirlo?"
-"Pero hijita, si todos saben que la viste su ta En
carnacin, que no tiene hijos, v que la adora. La Encarna
cin Garca est muy rica, poderosa ; la fortuna de San-
92 EN FAMILIA
ders pasa de tres millones, y la fbrica de azcar de Be
tarraga es casi toda suya. si ni saben qu hacerse con . .
la plata. ..
"Quin le hace la corte? No tiene pretendiente?"
"Nadie . . un muchacho
.
y bue Aldana, elegantn
no para nada, tuno . . doctorcito
. una insignificancia ; un
radical que anda loco por cierto que ella ni lo mira, ni
se da por entendida era lo que faltaba !
Dicen tam . . .
bin est enamorado de ella su to Hernando ese s que
es pretendiente que valdra la pena : rico, pero de bastan
tes reales, caballero, elegante su victoria es la mejoi
puesta de Santiago y muy buena persona; bastante se
rio. No es muy simptico, pero no tiene mala figura.
. Creo que acabarn por casarse. Por otra parte la si
. .
tuacin de Elisa es bastante delicada. Sus padres no con
servan su fortuna; viviran estrechamente si no tuvieran
casa comn con los Sanders y el resto de la familia que
guaita lo suyo. Pero el da en que ella se case, si el novio
no es del agrado de su ta, no contar ni con un cntimo
y an as, Dios mediante. Es una criatura acostumbrada
al lujo y que exige gran gasto".
"No creas; las nias acostumbradas al lujo desde que
nacen, son las que mejor se encaran con las dificultades
de la vida. Ah tienes las Onelli, pobres como padres
franciscanos, todas arruinadas y tan contentas y tan dig
nas".
-"Eso tienen las verdaderas seoras, que saben caer
con dignidad, cosa que siempre ignoran las advenedi
zas".
Una de las dos damas se puso de pie, alargando la
otra la punta de sus dedos enguantados, con gesto gra
cioso que pona de relieve lo delgado y fino de su brazo,
de lnea suavemente curva.
"Por un minuto. voy donde las Garca del Va
. .
lle. Hasta luego. no?" . .
Y resonaba su voz musical con entonaciones infantiles.
No?
Juan sala en los momentos en que llegaba Ana a'
LUIS ORREGO LUCO 93
palco de visita. Le dio la mano, y en seguida se quit
el sombrero, la inglesa, pues las nuevas modas, deste
rrando la galantera de antao, tienden la rigidez auto
mtica de las maneras. Pero conservaba todava un poco
de las antiguas tradiciones, pues, junto con verla, se sac
la orqudea que llevaba prendida al ojal, pasndola
ga
lantemente la hermosa dama.
"Estar mejor sobre su pecho".
"Gracias".
A su turno Anita Escobedo, desprendi una flor japo
nesa de
largos ptalos violceos, pasndola con la frase
francesa que haba odo en asaltos de esgrima :
"A vous l'honneur ..."
"Par obeissance ..." contest
Juan al recibir la flor.
Y luego, separaron, mas, al torcer el rincn del pa
se
sillo, el muchacho volvi la cara, tiempo que Anita la
volva, cambindose las miradas y las sonrisas de un
flirt fugitivo, iniciado al pasar, sin que ni uno ni otro
acertara darse cuenta. Esas llamas se encienden se
apagan, al azar, por un capricho, por una simpata por
el sbito despertar de un alma, por leve excitacin ner
viosa, por el aroma de un perfume del cual algo les
queda por el desgranarse de una nota en las armonas
de una romanza de piano, por las entonaciones de una
voz que murmura nuestro odo, en el momento preciso,
las palabras que el alma ensuea.
Juan suspir, encaminndose con paso gimnstico al
nato que conduce al camarn de los artistas. Es una ga
lera estrecha, la cual se llega alzando pesada cortina
y abriendo la puerta angosta, cuidada por un portero
armado de rdenes estrictas que iams *e cumplen.
El joven le salud con un "adis, Manuel" de gran fa
miliaridad. La mayor parte de los muchachos sacan una
especie de timbre de orgullo candido de su intimidad
con los camareros de clubs y restaurants nocturnos con
los porteros de bastidores. Al llegar al camarn de Lin
da, dio tres golpes con los nudillos de la mano, suave
mente, murmurando media voz :
94 EN FAMILIA
"Son io carsima"
.
.-'..
.
"Avanti".
La puerta del camarn se abri, arrojando una rfaga
de luz sobre el corredor envuelto en penumbra casi f
nebre. Era el cuarto pequeo, con gran espejo al fondo,
y larga y estrecha mesa cubierta de pastas y de cosm
ticos de toda especie, de rojos, negros -y blancos, de pin
celes y algodones y botes de ungentos. Haba un her
moso traje arrojado sobre el canap, y collares de perlas
falsas revueltos con platos de orquillas y alfileres, un
frasco de esencia y el pao mugriento. Ms -all, un
abanico de papel rojo y un pauelo de encajes de valor.
Las moscas se haban paseado por aquel espejo desde la
poca de la fundacin del Teatro, y ms de una diva
haba dejado, escrito su nombre, con diamante, en algn
rincn del cristal junto con fechas cabalsticas y miste
riosas. De la pieza, calentada fuertemente por el gas, se
desprenda un tufo desagradable, olor vahos humanos
y aceites rancios, algo que apestaba y que haca mirar
con desagrado la gran canastilla de flores naturales, ob
sequio de algn admirador, colocada en punto visible.
"Mi gatito va benef"
"Y t, querida?" .
Ella le daba las dos manos, .un tiempo, y le alargaba
la frente, que el joven bes con respeto casi religioso
extremadamente cmico para un espectador avezado
la vida de las tablas y que- conociera los orgenes y aven
turas de la bella primadonna, tan innumerables como las
estrellas del cielo las arenas del mar. Por cierto que le
haba jurado era l su primer amor, el nico amor de su
vida, lo que crea Juanito ole firme y como artculo de
fe siempre la vanidad. de los hombres. les mueve dar
crdito cuanto halaga su amor propio
"Sintate por qu no fuistes hoy verme?
Al pronunciar estas palabras, arroj del sof al suelo
su vestido de lujo y un par de zapatos nuevos de charo!
que rodaron despidiendo reflejos, hasta caer, sobre
enaguas de seda y encajes: "Ah tienes espacio, carino
LUIS ORREGO LUCO 95
sintate en el lugar que ocupaba "Toto", mi perrito
japons. El poveretto est enfermo es una gran des
gracia, para cuidarle dije que tena influenza. Por cues
to, sin duda, el direttore, un bandi.it o, me ha puesto la
multa ayer m que soy buena como un cordero pascua-
le, como il pane. o crey que hubiese estado enferma,
porque se me perdi el certificado del mdico de ciudad.
Vas ocupar el lugar de "Toto", carino; es el mejor
lugar en mi alma de mujer.
"Y estas flores? pregunt Juan con cierto recelo.
"Me las mand Malianiun amigo no te enojes
no seas tonto, carino, bien sabes
que te adoro solamente
t, que eres mi vida. Linda hablaba sin darse vuelta,
mirndose al espejo y pasndose por el rostro diversas
especies de cosmticos y afeites. Y mientras se tea las
ojeras dijo, con disimulo, que haba ido al centro ver
si lo divisaba, pasando por la joyera de Rauff.
Juan se puso de pie, y acercndose Linda, coloc
sobre la mesa un paquetito atado con cintas y envuelto en
papel de seda. Era un estuche de joyera de regulares
dimensiones. "Te traa este pequeo recuerdo que en la
maana justamente compr para t."
La cantante arroj los instrumentos que tena entre
manos, se limpi la punta de los dedos en una palangana
flena de agua, y abri el estuche. Fulgor intenso pareca
desprenderse de un magnfico "Pendentif" de brillantes
y perlas.. Eran luces puras que se desgranaban sobre V\
candidez nacarada de las perlas de un oriente delicado y
plido de velado fulgor. La belleza de la joya, la so
briedad de la forma, la riqueza del engaste y el va}or de
las piedras corran parejas. Aquello para un conocedor,
vala cinco mil pesos lo menos. Y Linda era enten
dida en la materia, pues haba nacido en las tablas con
templando las alhajas que las cmicas reciben mandan
empear en circunstancias crticas. Se qued entusias
mada, loca de alegra; su cara, su cuerpo, sus ojos y su
boca, todo sonrea en ella. No pudo contener un gritito
de jbilo:
96 EN FAMILIA
"Mi Juanito, carino, cunto te quiero, y qu bueno
qu dije eresmolto gentle".
Y se arroj sobre l, besndolo apasionadamente, en
lazndose su cuerpo como una serpiente, arrojndole
al rostro el hlito ardiente de su pecho, unido al perfume
fuerte de su esencia favorita de Rosa Pompadour que
jams le haba fallado en sus tentativas de seduccin,
de las horas crticas. Era el suyo cuerpo delgado que se
enlazaba como planta trepadora, con flexibilidades de
yedra, sin soltar, sin ceder, con perversos estremeci
mientos nerviosos, que hacan vibrar los hombres como
las cuerdas de un violn, que atraan, que fascinaban, y
que saban el difcil arte de retener, de hacer inolvidables
las caricias, de hacer quemantes los besos dados con arte
profundo. Conoca el saber misterioso de las simulacio
nes del amor, del engao convertido en arte supremo,
del beso estremecido y candente, del desfallecimiento
amoroso llevado hasta el nirwana, deshacindose el cuer
po y el alma para fundirse en caricia devoradora como
la tnica de Nesso.
Nadie hubiera credo, al ver las formas delicadas y
finas de Linda, y su cuerpo de "Fausse maigre" ; nadie
hubiera soado, al or su voz acariciadora y cristalina
de niito regaln, de falsa ingenua, que tuviese la natu
raleza poderosa y ardiente que ocultaba para revelarse
dominadora y soberana sus favoritos de una hora. Per
teneca la raza de cortesanas que producen catstro
fes, como la que arrastr al teniente UJm vender los
planos de las fortalezas de Niza al enemigo, como las que
ha producido ms de una vez, duelos y suicidios; esa
raza de mujeres que envenenan la sangre como las frutas
deliciosas y perversas de ciertas regiones del frica inex
plorada.
"Mi adorado, le dijo con voz desfallecida, lo que
me conmueve no es tanto el regalo por s mismo,
y lo
encuentro magnficosino el sacrificio que has debido
hacer para trarmelo. T no tienes fortuna, eres pobre,
trabajas para vivir en un empleo de Banco. Estas deben
LUIS ORREGO LUCO 97
<er tus economas, dinero alcanzado en las emociones
terribles de las noches de juego que pueden costar la
vida. No es verdad que juegas?
Juan se ruboriz, como en parte de placer al
nio,
creerse comprendido, enparte de vergenza cuando le
decan que no era rico, como si hubiera en esto crimen
experimentaba emocin deliciosa.
"Juego por t, porque te adoro
y necesito darte algo
que te amarre mi recuerdo."
En mala hora pronunci tal frase. La actriz aprove
ch el momento para escena de alta comedia que slo
poda engaar un enamorado. Envolvi rpidamente
;a joya en su estuche, lo at con las cintas en que vena
envuelto y se lo meti en el bolsillo del frac Jua
nita :
-"Me desconoces yo no puedo soportar esa ofensa.
Has dicho que necesitabas "amarrarme" con esa joya.
Yo no me vendo, Juanita, bien lo sabes, y no ignoras
que he rechazado por t, por tu cario, amantes ricos
que todas me hubieran envidiado. Me has ofendido, m,
que te adoro, que te he dado el nico amor de mi vida
tan desgraciada. Vete; no quiero que me veas ms, nun
ca ms, y llvate tu joya...."
Junto con pronunciar estas palabras, le empujaba por
los hombros hacia la puerta del camarn. El muchacho
protestaba desesperadamente que ella no haba compren
dido su lenguaje y que jams haba pensado en pronun
ciar palabra que no fuera respetuosa. Linda, jadeante,
le fuera, en tanto que Juan se aferraba los
empujaba
muebles. Ella le solt, por fin, con lo cual Juan se dej
caer sobre el canap: las lgrimas caan hilo hilo de
su rostro.
La cantante se alarm, crey haber ido demasiado le
jos, y se abalanz sobre l, besndole frenticamente:
"No quiero que llores, adorado mo te recibir las
perlas. Dame un besode los tuyos de esos que
no se
acaban." Y le bes en las mejillas, en la frente, en la
boca ; le entre sus brazos, se frot contra l
cogi como
4
98 EN FAMILIA
una gata, le emborrach con su perfume clido de suspiros
y de besos.
Unos golpes del regidor sonaron imperiosos.
"Fa- presto-la hora del cuarto la escena."
Era una desentonada y agria, con dejos de vino,
voz
por lo. ronca. Oanse carreras por los corredores, de
partiquines y artistas secundarios.
"Per Baco" que esperen, si todava no he con
cluido de vestirme, contest Linda entreabriendo la puer
ta del camarn. Acaso creen que una hace maravillas
con los dedos, y cuando mi camarera est enferma?"
"Es que no faltan camareros contest del corre
dor la voz avinada.
"Insolente voy acusarte al Direttore, para que
te aplique la multa.
" Carne-de bassoffia !
" Sacripante ! infame figlio del diavolo!"
Los insultos rodaban gruesos y redondos como bolas.
Juanito se lanz al corredor para abofetear al empleado
que huy pidiendo auxilio, n sin haber recibido un golpe
dado por el joven con la izquierda, antes de que se inter
pusieran coristas y guardianes. Fu un pequeo escn
dalo, rpidamente apaciguado mediante unos cuantos
billetes.
Linda le despidi, dndole cita para la salida.
Juanito entr al palco de su casa rebozando alegra,
ligero el paso, brillantes los ojos, sin huellas de la tem
pestad de verano recin pasada. Pidi unos anteojos, y
de pie, desde el fondo del palco, recorri la sala con
mirada tranquila y fra, detenindolos, por breve espa^
ci, al llegar al palco de Anita Escobedo. Haca co
mentarios en voz alta :
"Las Escalantes se han presentado como circo
de fieras. Por grande que sea la fortuna de mam, no se
casarn dos tirones."
"Rafaela no est mal, lleva traje bastante pre
sentable . . .
-"Lo que no est presentable es su cara ; si pudiera ;
LUIS ORREGO LUCO 91
ponerse otra .para venir al teatro, menos mal. Y
qu me
dicen de Dorotea? Tiene todo el de alumna
aspecto una
aventajada de la Escuela Profesional, de esas que salen
en
grupo la hora del caonazo. Esa si que no me dirn
que sea presentable, no ser la hora del fusilamiento,
al final de Tosca.
"Parece que fueras cronmetro, hablas tanto de
horas.
"A propsito, interrumpi, Hernando
# Garca, qui
tndose de la boca su bastn con puo de oro,
prop
sito de horas saban ustedes que el Gobierno haba
hecho venir de Europa un hombre para
que compusiera
los relojes de las torres de Santiago? Miren
qu dispa
rate: si no saben cmo botar el dinero. ." .
Elisa, entretanto, miraba hacia un palco de primer
orden; precisamente en esa direccin se hallaba colocado
Javier Aldana,- mostrando su rostro moreno y simptico
en un
grupo de muchachos elegantes. Llevaba orqudea
..en' l hojal ; su cuerpo esbelto
y delgado se destacaba en
el grupo, que rea, al parecer, de algn dicho suyo. Sus
miradas se cruzaron, Aldana se inclin saludando, emo
cionado, con sbita palidez qu le suba al rostro. Elisa
no le contest,
y prosigui su mirada circular, con la
misma expresin de tranquilidad plcida, de completa
indiferencia, que constitua precisamente el sello de su
buen tono miraba sin ver. La gente desapareca sus
ojos, despreocupacin natural, no estudiaba, con des
con
prendimiento de s misma que hubiera envidiado un Brum-
mel. Aldana sinti el golpe en pleno pecho; era algo
tan imprevisto, que la sangre le suba al rostro. Con
pretextos, se alej de sus amigos para ir colocarse en
un punto que quedaba
muy cerca del palco de las Or
begoso. "....'
Volvieron encontrarse sus miradassalud nueva
mente. En esta ocasin ella no poda desentenderse-
contesto fra y tranquilamente, con leve inclinacin de
cabeza, sin mirarle. Javier qued mudo era tan com
pleto el cambio, marcaba una situacin tan clara, un
100 EN FAMILIA
propsito de tal manera firme de suprimirlo de su vida,
que sinti
se aterrado.
Slo el que conoce las costumbres santiaguinas puede
comprender el alcance de estas escenas mudas que suelen
desarrollarse en teatros y paseos. Existe entre nosotros
un hbito exclusivamente nuestro el del pololeo
que
es un flirt, y que es
algo ms y algo diverso ; en este jue
go amoroso, se cambian miradas entre personas que no
se conocen,
que jams se han visto, que en ocasiones
nunca llegan tratarse, que
concluyen casndose. Son
miradas tmidas al principio, decidoras luego, ardientes
por ltimo que dicen tanto como los abanicos andaluces,
que declaran sentimientos, que dan quejas, que marcan
inteligencias ntimas. Son castas y pudorosas esas mira
das que en otras partes hubieran sido sntomas de equ
voca desenvoltura y que slo marcan el sentimiento
esbozado, intuicin de cario, un amor en ciernes entre
las muchachas santiaguinas. Es mezcla extraa de
algo casto y picaresco, de viveza decidora y diab
licamente inocente. Hay carios de esta especie, prolon
gados por largo espacio y que concluyen, de repente, en
matrimonio
en despedida melanclica, como en cier
tas Doloras de Campoamor :
"Te vi una sola vez, slo un momento ;
mas lo que hace la brisa con sus palmas
lo hace en nosotros dos el pensamiento;
y as son aunque ausentes nuestras almas
dos palmeras casadas por el viento".
Aldana sinti que esto era irrevocable conoca el ca
rcter de Elisa saba que era de esas mujeres que hablan
solamente una vez para pronunciar la ltima palabra.
Su actitud era inequvoca, no quera saludarle, no quera
verle.
Haba resuelto borrarle de su vida, pasar la esponja.
Todo conclua para siempre. Qu habra pasado? Qu
le habran contado para moverla resolucin tan deci-
LUIS ORREGO LUCO 101
siva y tan cruel? Lo ignoraba, pero senta en el fondo
de su ser un desgarramiento inmenso el mismo de ella,
tan bien disimulado deseos de morir, de que vinie
ra una catstrofe
cualquiera que le llevara de la vida. No
la comprenda sin ella. Y precisamente ahora que senta
cortados lazos tan dulces, la amaba ms que nunca, so
aba con ella al trmino de su camino de amor; recor
daba sus menores palabras, las entonaciones musicales de
su voz, que no tena ninguna otra mujer, las delicadezas
de su alma. Venanle la memoria palabras espirituales
sentimentales que le haba odo, voces de ternura mur
muradas media voz en su delicioso mezzo tono tan pe
netrante y tan dulce miradas que equivalan promesas
infinitas. Y todo eso haba desaparecido, ya estaba lejos,
era ido regiones de recuerdo, y sin embargo era de
ayer. Aldana casi no poda creerlo, tan rudo y tan ines
perado era el golpe. Sali tambalendose, como ebrio,
sumido en pesar indecible, en dolor sin forma y sin nom
bre.
La campanilla elctrica resonaba sin cesar, sealando
el principio del acto; la multitud volva apresuradamente
con el estrpito de pasos de un ejrcito en marcha, con
rumores secos de puertas abiertas y cerradas, de voces
humo en
que se perdan por los pasillos y bocanadas de
el espacio, mientras se arrojaba el cigarro para entrar
la sala. Alguna gente sala tarareando trozos de pera,
ponindose el palt de carrera empujados por el can
sancio del final.
El teln se alzaba lentamente. Tumulto de fiesta anima
la escena de baile, en el cual aparecen los trajes pinto
rescos de 1830 con que se representa ahora la Traviata
vieja pera de msica envejecida, pero de tanta poesa
humana. La alegra una alegra en que descontamos el
porvenir, en que arrojamos por la ventana la juventud,
en que derrochamos estpidamente la
existenciaesa
malsana de ciertas horas. vibra con los violines
alegra
de la orquesta, salta, juguetea, embriaga, se olvida de s
misma. Mientras unas parejas cruzan la escena en col-
102 EN FAMILIA
quios ntimos, otras se sientan las mjesas de juego.
Ah est Margarita, que no puede olvidar su amado
la pasin la ha ennoblecido, y en tal forma, que hasta los
ms severos se inclinan ante su cario purificado en el
fuego santo del sacrificio, en el crisol de las grandes
amarguras de la vida. El dolor tiene algo santo, algo que
redime, en su esencia. Elisa, sin darse cuenta cabal de
las honduras del vicio, comprenda el drama en su esen
cia el sacrificio suele atraer las mujeres como el abis
mo los hombres. Lo senta, lo
perciba al travs de las
notas veladas que se escapan Margarita Gautier, al pa
sar, entre los murmullos de la fiesta y las risas de los
violines.
Su vista se diriga involuntariamente, travs de la
barandilla del palco, hacia los hombros de una dama lu
josamente vestida de negro, con traje escotado de ter
ciopelo, que permita ver al desnudo sus hombros llenos
y su garganta sobre la cual se estremecan los hilos de
una riviere de brillantes. La msica prosegua el doloroso
drama de Margarita Gautier: Armando quiere aturdirse
v
juega, juega locamente, busca otras mujeres, trata
de arrancarse aquel amor que lleva clavado como un pu
al. La orquesta prosigue el alegre ritmo de la fiesta con
esa eterna indiferencia del mundo para con los dolores
ajenos que jams pasan de su epidermis. Armando se cree
traicionado y Margarita, pudiend justificarse con una
palabra, calla. Pero eso no es humano; Elisa siente que
la pasin est dispuesta saltar todas las vallas, rom
per todos los diques
el drama resulta de un sentimenta
lismo hermoso pero desentonado y falso. La verdadera
pasin no es as : todo lo sacrifica, menos una cosa, su
propia existencia se siente inmortal, porque el amor es
inmortal.
La escena del juego llev su pensamiento otra par
te, record las promesas de Javier de cambiar de con
ducta, v luego, sus ltimas aventuras y los escndalos
que haban llegado sus odos respecto de amistades
equvocas, de una comida en la cual todos se haban
LUIS ORREGO LUCO 103
embriagado. Ya su resolucin estaba tomada, y esta vez,
era irrevocable. Por ltimo, un amigo de la casa les haba
contado historias de dinero poco honrosas para Javier
Aldana. Con eso no poda transigir Elisa ; su espritu se
sublevaba no poda amar hombre despreciable
y, sin embargo, senta que le amaba, sin poderlo reme
diar. Pero rompi violentamente en el Teatro. Aquella
noche era la primera en que volvan encontrarse, y le
mostraba sus sentimientos de manera que no le dejase la
ms mnima duda. Elisa tena concepto muy alto de
sus deberes en la vida, alma bien templada, necesidad de
tener junto s la compaa de un hombre que la respe
tara y que la amara. Por educacin, por temperamento,
por el medio en que haba vivido una atmsfera de
honorabilidad le era tan necesaria como el aire. No se re
signaba, como otras, vivir al da, en vida desconceptua
da, en medio de honor dudoso, de negocios averiados,
del juego como nico recurso de existencia. Malquistarse
con su familia por un aventurero habra sido el colmo de
la locura. Pero ese aventurero ella lo amaba ... Lo
-
amaba verdaderamente, hasta el sacrificio ? Tales contra
dicciones la movan de un extremo al opuesto, en incesan
te oleaje
mientras la orquesta se estremeca con el grito
supremo del naufragio de Margarita, quien su antiguo
amante arrojaba un puado de dinero
era el premio
que la vida daba un sacrificio
entre los sollozos de la
flauta y el suave clamor de los violines. Javier
tampoco sabra agradecerle semejante lucha, y habra de
llegar un momento fatal en que ella pagase la desobe
diencia Dios castiga, pero no palos era la intuicin
de la sumisin incondicional y absoluta, conforme la
educacin antigua, la trasmitida de padres hijos era
tambin el secreto de la disciplina moral tan fuerte que
dio Chile, mientras se mantuvo, gobierno severo, hon
radez acrisolada en la vida pblica y en los negocios, y
temple espartano en la guerra. Se inclinaba ante sus pa
dres, desgarrado el corazn, el alma coronada de espinas,
lo
porque senta que una ley suprema de moralidad se
104 EN FAMILIA
impona
ley de tal
naturaleza que los individuos,
ante ella, infusorios que desaparecen y sufren
son como
sin que el mundo se altere, por obra de conservacin de
la sociedad misma.
En el ltimo acto la msica sube doliente : ha llegado
la hora de la reparacin y de la justicia. Armando co
rre arrojarse los pies de la amada, pidindole perdn
de haberla desconocido pero llega demasiado tarde y
siente que su dicha, cuando va ser completa, se le es
capa, se desliza entre sus dedos, ya que en este mundo
no cabe felicidad cabal, y el amor sigue de cerca
la muerte. La msica es triste, pero tambin, en el fon
do mismo de la felicidad humana, hay grmenes de tris
teza que es ilimitada. La felicidad de dos almas que vi
bran completamente unidas y se reconocen en la multitud
entre millones, encierran tambin esos grmenes. Las
miradas de Elisa volvan involuntariamente la platea
en donde se hallaba Javier, buscndole, ansiosamente con
la vista, para darle el ltimo adis sin que l la viera.
Acaso all en las profundidades de lo inconsciente es
peraba todava su rehabilitacin, sintiendo que le ama
ba. Elisa tena tan sagrado culto del deber y de la con
ciencia de la responsabilidad humana, que crea poder
amar dejar de amar voluntad
y cerraba los ojos
para no desentraar el oculto sentido de los suspiros que
se le escapaban del pecho como una bandada de golon
drinas huyendo de las proximidades de la tempestad.
Rumor de pasos estremeca los pasillos del segundo
orden de palcos, como si fuera ejrcito en marcha;
todas las puertas de los palcos se abran un mismo tiem
po, los hombres se ponan los gabanes, las seoras los
largos abrigos de teatro, envolvanse en pieles, en lige
ros tises de seda que les cubran las cabezas, en man
tillas de blondas ligeras y elegantes, en pauelos de en
cajes transparentes y finsimos. Por las puertas del foyer,
abiertas de par en par, se deslizaba la muchedumbre, for
mndose grupos de seoras que esperaban la llegada de
sus carruajes- que partan luego al trote acompasado
LUIS ORREGO LUCO 105
de los animales de raza.
Trajes claros, rosas t, celeste
y blanco, mantillas tras de las cuales asomaban ojos ne
gros de muchachas, largos guantes blancos recogiendo el
vestido, sombreros de copa aterciopelados y lucientes con
sus "ocho reflejos", blancas
pecheras de fracs, el bigotillo
levantado de un muchacho, la barba entrecana de un
pa
dre de familia, talle esbelto y delicado de joven,
cuerpo ya
obeso de matrona, marchaban lentamente, confundidos,
en aquel lento salir del teatro media
luz, al rumor ince
sante de los coches que llegan y que
pasan.
El doctor Ortz miraba la salida; vio pasar las Al-
vareda, hablando todas un tiempo, muy entretenidas
y alegres. Una de ellas, Julia, se dio vuelta para divisar
su pololo que vena detrs,
y le dej caer una sonrisa en
cantadora de gracia y de picarda ms all hizo un sa
ludo en extremo afectuoso otro muchacho que tambin
le gustaba.
"Te pill, picaronaza, le dijo al pasar Rafaela Es
calante; eso se llama comer dos carrillos. Que no te re
muerde la conciencia?"
"Ni pizca respondi la otra muy fresca ; los hom
bres son tan malos que es preciso vengarse de ellos anti
cipadamente".
"Lindo traje el de Miss Buxton, la hija del Mi
nistro americano. Te fijaste, mam?" deca al mismo
tiempo otra de las Escalante.
Las tres pasaron vestidas de blanco y con lazos crema.
Samuel Ortz segua mirando, interesado en el desfile.
Junto l pas la seora Portal de Watson, del brazo de
su marido; mantena bien su reputacin bien adquirida
de elegancia. Su cuerpo esbelto y gracioso, recordaba
los de las ladys inglesas en los diarios ilustrados eu
ropeos; llevaba traje malva, gran color
de moda por
aquellos das, con cuellos de encajes negros de Valen
ciennes ; pero la capa, una larga capa de teatro, la encu
bra en parte. Ortz salud profundamente. Carmela con
test con ligero saludo
demasiado digno que sue
len hacer algunas seoras, como si su virtud corriera
106 EN FAMILIA
peligro y hubiera llegado la ocasin de defenderse; don
Elias Watson tuvo la correccin severa que cumple un
hombre poltico importante ni demasiado familiar, lo
que le hara perder su prestigio, ni demasiado terco, lo
que pondra en peligro su popularidad.
Juanito llegaba en ese instante ; salud con leve sonrisa
Samuel: "Hola! buenas noches, doctor". No agreg
ni una palabra ms. Era que por sentimiento de extrao
snobismo no le agradaba que sus amigos le vieran de
intimidad con aquel personaje mal vestido y annimo.
Ortz lo comprendi, y una rfaga de amargura pas
por su fisonoma noblota y honrada que iba adquiriendo
la gravedad melanclica y la patina de nobleza impresa
por el estudio sobre la frente serena del sabio. Bien saba;/''
que caballero, sino persona de clase media; que
no era
no era de profesin, que no perteneca la ca
elegante
tegora de los intiles adinerados y brillantes bien se
guro estaba que no era ni sera jams buen mozo profe
sional. Pero no habra credo que Juanito, cuya casa vi
sitaba, quien haba atendido en horas bien difciles,
acaso salvndole la pierna quebrada durante las vacacio
nes, le hiciera la desconocida en esa forma. Una rfaga
de tristeza cruz por su rostro moreno.
Elisa bajaba por la escala de mrmol blanco, lenta
mente; su aventajada estatura se destacaba entre las fra
gilidades de Sevres de otras figurillas femeninas, bonitas
y pequeas, que se deslizaban su lado. Tena algo de la
virgen germnica, la virgen de los hielos, mas sus ojos
negros le daban asomos y resplandores fugitivos de pa
sin deslizados como destellos de faro. Sus ojos negros
brillaban aterciopeladas sobre la palidez anmica del
rostro
palidez enfermiza que tena reflejo de ciertas or
qudeas unido la tristeza de los desencantos y de las
fatalidades de la vida. Su mirada se encontr con la de
Samuel Ortz, y Je salud sonriendo, con sonrisa de afec-
t' franco de espontaneidad encantadora. Era que senta
la necesidad de un desahogo, dada la tensin nerviosa
que le haba causado su actitud con Javier; y haba sen-
LUIS ORREGO LUCO 107
tido cerca de s aquel cario tan sincero, aquel amor que
conoca tan hondo y tan puro, y tan desinteresado. Sa
muel nunca sera marido posible para ella; l no lo
igno
raba, y persista, sin embargo,adoracin, incen
en su
sndola con su pasin no correspondida. Elisa no le ama
ba, y senta sin embargo, dentro de su alma, que alejn
dose le hubiera causado con esto disgusto.
Samuel Ortz experiment sentimientos de felicidad in
decible la llevaba tan junta y unida con el alma en su
pecho. Como el amor sea fuego que nunca deja de dar
calor en donde est, la sencilla mirada de Elisa bast
para remover en sus ms ocultas fibras esa pobre alma
vencida del amor. No era limosna de sentimiento,
sino el dejarse llevar un impulso misterioso, de
corriente de simpata ; era algo que le sorprenda de im
proviso, algo no esperado, pues jams se atrevi so
ar con que le amara una mujer colocada en sus imagi
naciones la altura de diosa, como la ms elegante v
la ms bella de las mujeres de Santiago. El pobre no
caba en s de contento al recordar luego esa mirada que
le haba mostrado el horizonte nuevo no de otra ma
nera debi mirar Coln las proximidades encantadoras
del Nuevo Mundo, ni sentir la dulzura de las noches, tro
picales y el rtmico palpitar de las estrellas en el cielo
tibio y profundo, azul y luminoso. Ms de una vez haba
pensado en ella, levantando la mirada de un libro, en su
modesta pieza de trabajo ; ms de una vez haba credo
escuchar el eco de su voz tan conocida y tan querida
con las modulaciones cristalinas que tanto le agradaba
recordar. Era la visin radiante de unos ojos admirables,
fundidos en la sonrisa incomparable de su boca graciosa,
de labios sinuosos ; el brillo de los dientes en el hoyuelo
de su sonrisa; las firmes lneas de sus brazos por
los cuales corra una sombra de oro, al contemplarla es
cotada, erguido el busto en el palco, la mano nerviosa
sobre la roja barandilla. Cerrados los ojos, mirbala, y
vea su cuerpo como concierto inexpresable de curvas ar
moniosas, desde el extremo de la oreja delicada hasta la
108 EN FAMILIA
lnea del pie arqueado. Veala tentadora, imperiosa y sen
cilla, pero lejana como lo imposible, por su elegancia,
por su posicin y por su nombre.
Veala ms lejana
que unaestrella para un pobre mediquillo de provincia,
sin familia, sin nombre, sin recursos, sin clientela ve
nido de las clases inferiores la conquista de Santiago,
sin ms bagaje que su libro sobre los Insectos nacionales
-cosa de naturalista antes que de mdico que le haba
valido ms de una sonrisa de sus colegas ms dados
ganar dinero que escribir libros improductivos, ledos
de pocos. Era el sueo de lo imposible. Samuel bajaba
los ojos, daba suspiros, y empujaba lejos de s aquella vi
sin de sirena que permanecera siempre en la regin ina
bordables de las armonas wagnerianas, entre las ondi
nas y las vrgenes blondas la hora en que aparecen las
nyades envueltas en rayos de luna. Suspiraba, entonces,
y bajaba la vista sobre sus libros, correga con furia
los manuscritos comenzados.
Ahora senta su alma inundada de gozo. El horrible
pesimismo que le devoraba y que esparca entre sus ami
gos con reguero de veneno, pasaba de sbito, para
dar paso deliciosa beatitud, al optimismo de los escogi
dos era que con todo su aliento que era grande an
v'no se persuada de que la mayor parte de los sistemas
que dividen al mundo arrancan de la situacin personal
de cada ser en la vida y que nuestras creencias nuestro
escepticismo, nuestra fe y nuestras sublevaciones nti
mas, son reflejos y proyecciones de la vida sobre no
sotros, como el contra golpe inconsciente, la reaccin
de la vida misma. Y as como el cuerpo tiene los movi
mientos llamados reflejos que se efectan sin que Ja con
ciencia tome en ellos parte, as en el espritu se efectan
reacciones debidas nuestros intereses, nuestro hu
mor, al medio, al lote personal que la vida nos otorga. La
pobreza, el batallar continuo, las humillaciones, el verse
postergado sin causa, la carencia de recursos ms indis
pensables cuando vemos en otros el derroche, las injus
ticias del mundo, el injusto desdn c^n que se mira
LUIS ORREGO LUCO 109
los que como Samuel se consagran la ciencia y que slo
reciben manera de compensacin una irona todo era
parte formar, en el alma del joven un fondo de secreta
amargura, all en la trastienda obscura del ser, pronto
verse trado la superficie por
cualquiera sacudida violen
ta. De aqu su pesimismo natural ; mas en esta ocasin
se le haban abierto de sbito las ventanas de la vida, con
aquel saludo que le llenaba de gloria, dejndole gus
to miel en los labios. Acaso poda quererlo Elisa?
Quin conoce los misterios del espritu femenino? Nunca
se acierta saber por qu las
mujeres aman. Las hay que
se enamoran de sujetos feos y estrafalarios
luego, no
es la belleza masculina lo que las seduce ; las hay que se
enamoran de tontos de vulgaridades ridiculas
luego
no es el talento lo que las fascina; las hay que se entre
gan un hombre ya viejo luego no es la juventud; du
quesas han huido en brazos de un violinista zngaro
luego no es la posicin social, ni la distincin lo que las
arrastra. En dnde reside el secreto misterioso de tantas
locuras y de tantos amores inexplicables? Es una fuerza
como la electricidad, cuya esencia y origen se ignora.
"Por qu no habra de quererme m, que soy pobre,
desgraciado, sin familia, sin nombre, sin posicin social,
sin figura? Acaso Dios no es ms grande arrojando su
perdn su gracia de ms alto ?"
Elisa sala, con el paso gentil que pona de relieve la
elegancia del talle, lo esbelto del cuerpo, y Samuel la
miraba, de lejos, como quien contempla un tesoro que
casi considera propio. Junto la puerta se hallaba Ja
vier Aldana, esperando sin duda la joven. Samuel sinti
furioso ataque de celos. Si fuera coquetera, una mera
maniobra de Elisa? Sera mordedura feroz, recibida en
pleno corazn, la simple duda. Luego se dio mirar con
atencin su rival no poda negar que fuese bien plan
tado, de arrogante figura, fuerte, expresiva, simptica,
la nariz tosca, pero los ojos grandes y elocuentes, el mi
rar dulce, la boca espiritual, plegada ordinariamente por
alegre sonrisa, pronta transformarse en carcajada,
en
110. EN, FAMILIA .":','?
este momento severa, el gesto adusto. Era que Javier se
haba impresionado con el saludo de Elisa, que no com
prenda ; era evidente que deseaba romper, y que le seala
ba la puerta. "Por qu, seor, por qu?" Acaso le hubie
ran llevado chismes de su vida, contndole aumentadas sus
locuras de joven. La culpa, al fin y al cabo, no era suya;
haba quedado hurfano muy joven, con algn dinero y
nadie que velara por l, no ser su ta, seora de alguna
edad, con quien viva desde entonces. Lo natural era
que
se divirtiese y que hiciera sonar su dinero, que no era
mueho-^ya trabajara. Mientras' tanto no poda olvidar
que la vida es corta y que no tenemos ms que una, des
pus de la cual nadie sabe lo quC pasar, ya que nadie
se ha vuelto del otro mundo para contarlo. Era ocurren
cia curiosa la de la nia : "Qu yo haga votos de... fraile
por adelantado. que me transforme en cartujo, sin cau
. .
sa justificada
es una ocurrencia estrafalaria; que deje
las cartas de una vez. Pues,' seor, en primer lugar yo
. .
pierdo lo mo
y adems el libro de las cuarenta hojas
d mucha sabidura, ensea conocer la gente. ." .
Por otra parte, no se dir que la compaa de una ta
vieja sea la ms propsito para mantener un hombre
en su casa", pensaba entre s. Aldana' viva con doa
Custodia Mndez Nez, su ta, hermana de su madre,
quien sacaba de cuando en cuando sus buenos pesos;
pero tena que comer todos los das las cinco de la tar
de, junto con ella, y que rezar el rosario en compaa
de todas las sirvientas de la casa. Eso s que de cuando
en cuando finga comer, probando tan slo uno dos pla
tos, para irse luego donde pap Gage indemnizarse con
una comida copiosa y regada con vinos franceses pues los
del pas no le gustaban. "Qu le pasar Elisa? si me
habr equivocado?"
Y la joven pas sin mirarle, contestando su saludo
con una leve y fra inclinacin de cabeza.
Samuel Ortz la segua con la vista, y vio el saludo.
Dijrase que se haba baado en' agua de. rosas; Elisa
no quera Javier Aldana ; cuanto se hablaba en socie-
LUIS ORREGO LUCO 111
dad de sus amores era falso de toda falsedad
aquel sa
ludo lo deca claro. El doctor se senta tan feliz,
que se
hubiera puesto saltar en un pi, como sola hacerlo de
nio.
Qu aspecto tan honrado tena el ex-Ministro Wat-
son, quien, haca poco, acababan los diarios opositores
de acusar de mil delitos era la injusticia humana. Ani
ta Escobedo, al pasar su lado, le
dej impresin
de virgen, indignndole las murmuraciones, las calum
nias propaladas contra ella, sin duda alguna faltas de todo
fundamento. As discurra en ese instante, el doctor Or
tz, dispuesto de ordinario aceptar como artculo de fe
cuanto malo le contaban respecto de personas que no co
noca y por absurdo que fuese. Ahora senta inmensa do
sis de benevolencia social, indulgencia inagotable. Se crea
triunfante, lo daba todo por seguro : el amor de Elisa, la
llegada de la clientela, la fortuna, el porvenir, todo le
sonrea de manera inefable.
Una mano se dej caer sobre su hombro pesadamente,
con el prurito de dar golpes para manifestar cario, pro
pio de nuestra clase media. Reconoci su antiguo com
paero de la Universidad, Justo Salcedo, quien no vea
desde haca tiempo.
"Ortz, hombre, djame darte un abrazo; hace que
no nos veamos casi ms de un siglo... desde la guerra del
Per".
-"No exageres. .en primer lugar, no ha transcu
.
rrido un siglo desde la guerra Luego nos daremos
. . .
un abrazo donde Gage, agreg, producir mala
temiendo
impresin, con su recibimiento, en su antiguo camarada.
Pero aquello de abrazarse en el foyer del Municipal, no
le caa muy bien
sobre todo delante de aquella sociedad
correcta y fra, elegante y mundana. La verdad, era que i-
al doctor le haban bajado inconscientemente unos aire-
cilios de snob, l, que siempre se haba redo del sno
bismo santiaguino, del afn nobiliario, del buscar la com
Y
paa del buen tono y chic, de la vanidad mundana.
ahora, sin darse cuenta, vea penetrar dentro de su alma
112 EN FAMILIA
las debilidades y flaquezas que tanto criticaba en otros.
Esa es la vida.
-"Vamonos cenar donde Gage?"
"Donde Gage sea dicho".
Los ltimos grupos se alejaban del teatro, en tanto
que
partan de gran trote los carruajes de lujo, iluminadas las
linternas relucientes, los caballos con capas de monogra
mas enormes. Al
llegar la esquina de San Antonio, vie
ron el cup de Linda, acercndose lentamente
la puerta de los artistas. La cantante sali envuelta en
pieles de nutria, y penetr, con paso ligero, al hermoso
cup tapizado de seda. Transcurrido un minuto se abri
nuevamente la portezuela y entr al coche un joven de
figura esbelta, en el cual reconocieron fcilmente Juani
to: los caballos de grande alzada partieron con pesado
no habia
trote llegado an la moda de los Hackneys.
CAPITULO VI
Javier Aldana amaneci aquel da con humor de
todos los demonios : hallbase en uno de esos momentos
en los cuales, segn su manera grfica de hablar, no se
aguantaba ni s mismo. De ordinario era de carcter
alegre, bromista y liviano, dado las aventuras de to
do gnero; si rabiaba era manera de polvorazos en
las minas, producindose en l estallido violento, vien
tos de tempestad, tan pronto nacidos como disipados.
Su naturaleza de calavera alegre, le inclinaba bromas
que celebraba con grandes risotadas y estallidos de una
voz ronca pero simptica. Innumerables eran las histo
rias que de l se referan, habiendo pasado algunas
la crnica social de los muchachos. Entre otras cont
base que cierta noche, raz de una comida, acompa
ados de amigos de su afeccin, se haba presentado,
las dos de la maana, la botica de turno, haciendo
levantarse al boticario grandes aldabonazos en la puer
ta. Y cuando ste asom las narices, hallndose toda
va medio vestir, preguntle, asindole fuertemente
de la nariz : "Seor boticario, podra Ud. decirme
cmo est el cambio sobre Europa ?"
Tena la buena costumbre de hacer esperar los acree
dores aos enteros, ejercitando su paciencia lo ms po-
114 EN FAMILIA
sible; pobre del que pretendiera ser pagado antes de
tiempo quedaba sometido las bromas ms pesadas
de Aldana y sus amigos, que formaban con l una so
ciedad masnica de proteccin y ayuda mutua. Eso s
que con el tiempo y la gara siempre acababa por pagar
sus deudas. Entre tanto, le deba cada santo una vela : al
sastre, al zapatero, al camisero, en la cigarrera, en la pas
telera, hasta recordaba una cuenta de trescientos pe-
soso en esencias y agua de colonia y tocador donde Jar-
del. "Que aguarden ; la paciencia es una de las virtudes
ms hermosas del hombre."
La ltima broma, dada por Aldana un sastre ingls,
demasiado exigente, llamado Mr. Knox, haba sido ver-
dareramente extraordinaria. El joven se haba dirigido
la empresa de funerales, pidiendo carro fnebre para
el entierro de Mr. Knox, que tendra lugar al da si-
giente las ocho ; habl con varios cocheros de posta y
algunos sin nmero, dndoles cita para el da siguien
te, la puerta del sastre, detrs del carro. Hizo publicar
avisos en "El Ferrocarril", anunciando la muerte s
bita del ingls invitando al acompaamiento que par
tira de la calle Cueto, las ocho de la maana.- Cul
no sera la sorpresa y la furia del britnico al ver una
inmensa fila de coches, comenzando por el de las pom
pas fnebres, instalados la puerta de su casa. "Quin
ha muerto?" pregunt.
"Mr. Knox, el sastre ingls", le respondieron.
"Parta Ud., antes que yo raje su alma de un bas
tonazo."
"Era lo que faltaba, no ms; aprubalo, gringo de
m ... oledera ; pero amrrate bien los calzones, por la
gran flauta."
-"Mr. Knox no estar muerto, ser yo"... Goad deam...
"P tu madre, por si acaso."
Se corri la voz, los cocheros queran que el gringo
les pagase, pues en caso contrario no se iran; hubo gri
tos, insultos, palos, rabias, intervencin de la polica,
que dio la razn los que no la teman, hubo de abrir su
LUIS ORREGO LUCO 115
cartera y qued furioso mientras seguan presentndose
en fila
interminable, todos los carruajes de Santiago. Lo
peor fu que, al da siguiente comenzaron
la
llegarle p
sames viuda,
sobres negros de todas dimensiones.
en
Mr. Knox fu ver al Ministro britnico
para pedirle
reclamacin diplomtica al Gobierno de
Chile, con in
demnizacin de perjuicios.
Javierestaba de mal humor, todo le sala
mal; los
zapatos estaban apretados ; el cuello estrecho no
nuevos
;
pudo dar con una collera; derram la taza del desayu
no ; se hizo un
tajo al afeitarse. Entre tanto sonaba des
de el fondo del segundo patio la
campanilla del almuer
zo con tintineo
desagradable. No poda acostumbrarse
una hora tan
temprana de almorzar, las doce, precisa
mente la hora en que salen las
empleadas donde Pr,
dando unos saltitos de chineles, en busca del carro
que
habr de llevarlas su calle apartada.
"Hay algunas
de
rechupete", pensaba entre s, como que ms de una
vez las haba
seguido, invitndolas tomar las once
un lunch reconfortante en el cerro en "cabinet
parti-
culier".- Suspir; era preciso abandonar tan
halage
as expectativas, cediendo prudentemente las
imposi
ciones de lata doa. Custodia Mndez, que le quera co
mo hijo pero que le iba de cuanto en cuando la ma
no, pesar de que escondidas y sin que l lo supiera,
era quien ms-' celebraba sus bromas. Pero le
gustaba
comer y almorzar
acompaada del sobrino quien obli
gaba rezar el rosario de tarde en tarde. Javier, le obe
deca, sobre todo cuando andaba corto de fondos, apro
vechando la primera coyuntura para ciarle un sa
'
blazo.-
Qu diantres! Su renta era exigua, y tena que vivir
con. muchachos' ricos : y como no era decoroso que se hi
ciera pagar por otros, deba el oro y el moro. Bien hu
biera querido' ser roto pobre y sin obligaciones, emplea
do de tienda de la" clase media, que viviera en la Chimba.. ,
mdico modesto como el doctor Ortz ; pero tena obli
gaciones sociales las cuales no poda faltar. Era'nie-
116 EN FAMILIA
to del Oidor Martnez de Aldana, y biznieto, por lo Me
sas, de los Condes de Sierra Bella. An cuando la cosa
no le importara un rbano, sola expresarse de ese mo
do, sabiendo la buena impresin que tal argumento cau
sara en la ta Custodia, con lo cual consegua, vuel
tas de muchos rezongos, la entrega de algn cheque de
Banco, en extremo saludable para llevar con paciencia
las contrariedades de la vida.
El joven se anud cuidadosamente la corbata, esco
giendo una de las mejores, se puso terno "
nuevo, sac
un alfiler de oro de la caja de "cloisson
japons, en la
cual guardaba los prendedores, y se roci con gotas de
agua de colonia ambre, su perfume favorito. Figura
ba entre los muchachos elegantes de Santiago y gastaba
un dineral en vestirse: su traje tena el mejor corte, su
corbata, de las ms caras, pues haba costado cuarenta
era de verde resed con negro, en
pesos de Doucet
arabescos finsimos, y se funda con el gris del traje ; su
camisa, era de los ms fino. Sin embargo, apareca ligero
desentono en el conjunto, algo que no caa bien
unas
veces era que se haba puesto de prendedor una calave
ra de plata que le agradaba mucho, otras el sombrero
de forma rara, echado al lado, lo matn ; en ocasiones
llevaba de bastn un palo extravagante. Lo que usa
ba Javier con grande satisfaccin y por primera vez, pa
reca ya visto. Lo que traa siempre de bueno eran su
humor y su simpata. Cogi el pulverizador, apre
t la bomba regando el ambiente de agua ambre, que
ola, husmendola con gran satisfaccin, como un fuma
dor el cigarro.
En seguida se sac la chaqueta y el chaleco; se le ha
ba olvidado el ejercicio Sandow. Siempre, en todo, le
pasaba lo mismo : tena que deshacer lo hecho. Psose
mover en diversos sentidos las palanquetas niquela
das, al frente, hacia arriba, los costados, inclinando
el cuerpo y levantndolo. Luego el Puching-ball, la gran
pelota sobre la cual debia ejercitar la fuerza de sus pu
os. Ya se crea listo, pero no lo estaba ; despus de los
LUIS ORREGO LUCO 117
ejerciciosatlticos deba limpiarse las manos y arreglar
se las uas, para lo cual tena una serie de estuches
instrumentos de manicuro, con tijeras de todas clases y
formas, cepillos grandes y chicos, alicates, esponjas y
antes, escobillas de todas dimensiones, colocados sobre
una mesa, cubierta con
pao blanco, deshilado "a jour",
fino como encaje.
Por ltimo, al sentir unos golpes dados sobre el vi
drio, con los nudillos de los dedos, sali. Doa Custo
dia haba ido buscarle, viendo que no llegaba.
"Por qu levantabas, perezoso incorregible?"
no te
"Es que la noche
se ha hecho para dormir, y el da
para descansar, segn dijo un sabio, ta."
"Eso te pasa por llevarte la noche jugando al mal
dito baccarat en el club. As vas perder hasta el mo
do de andar."
"Eso s que me gustara, querida seora; andamos
tan mal en Chile. Mire las cosas de Gobierno. y de . .
finanza. Y en sociedad.
. . Si usted viera las nias
. .
en la calle, parecen jorobadas casi todas; por eso me di
jo un extranjero, al ver las nias de manto en el cen
tro: "Aqu casi todas las seoritas, son viudas joro
badas. En cuanto los hombres siempre andamos mal,
por lo malos pasos."
menos en
si no fuera por el cario que tu
"Cllate, cnico. . .
ve tu madre, te plantara de patitas en la calle."
"Le apuesto que ya estara aburrida si Ud. ...
dice palma
no
puede vivir sin m. Soy como quien su
cristi. Vamos ver cmo gastara Ud. todo su dinero si
yo no ayudase de cuando en cuando? Adems, ya
le
me estoy convirtiendo, ta, voy por el buen camino de la
sabe que el nio ms querido es el hijo pr
Iglesia; Ud.
digo."
"Me alegrara que fuera cierto y que acabaras de
veras en el seno de la religin."
li
"Figrese que pesar de mis reconocidas ideas
berales, el remedio que uso, el nico, es la cascara sa
grada, entre los licores el Padre Kerman. ."
y
.
118 EN FAMILIA
Javier hablaba con un metal de voz ronco, bastante
ligero y simptico.
Atravesaron el primer patio, enlozado en mrmol, de
altos corredores decorados con profusin de estucos y
de arabescos plateados, sobre fondo gris. Haba otro
corredor al extremo del patio, y una puerta que comunica
ba, por angosto pasillo, con el segundo, el cul pare
ca un jardn al antiguo estilo andaluz que era el de las
casas de antao, con muchas matas de claveles y de
rosas, enredaderas de jardines que colgaban entre los pi
lares, grandes plantas de Jazmn del Cabo, gardenias,
hortensias, rododendros, azaleas, lilas delicadas y sus
piros : an no se haban propagado los crisantemos, tan
populares ahora, y que slo comenzaban introducirse
por aquellos das. El comedor, regiamente puesto con
muebles importados de estilo renacimiento, de tallados
finsimos, alto zcalo de corte ingls, alto espejo y chi
menea de mrmol verde, sobre la cual se alzaba un reloj
de bronce con candelabros del mismo metal, todos con
amores que se trepaban y se agarraban de los pies for
mando como una guirnalda de nios, al estilo florentino.
como suele verse en los bajos relieves griegos. Las
columnas de encina tallada sostenan estatuas de Fal-
guires, en bronce de Barbedienne. La gran ventana,
con vitraux de colores, tamizaba suavemente la luz que
vena del jardn, deshacindola en hilos brillantes que
se rompan sobre el parquet de madera de haya, cubier
to en el centro por rojo tapiz de Esmirna autntico. So
bre los aparadores brillaba la cristalera de Baccarat jun
to los platos de Elkington, y una pieza de centro que
slo se pona en los das de comidas especiales. Era
aquel comedor uno de los ms elegantes y lujosos de
Santiago resto de la fortuna de la familia Aldana, que
haba venido menos, despus de haber sido una de
las ms acaudaladas de la colonia, y de ms orgullo
por sus rancios y autnticos pergaminos.
Doa Custodia tom asiento la cabecera de la me
sa, en amplio silln tallado y tapizado en cuero de Cor-
LUIS ORREGO LUCO 119
doba legtimo, dorado y estampado. Sirvironle jugo de
carne, en antigua taza de plata. Javier preparaba una
palta, entre tanto, con la atencin que todo gastrno
mo consagra estas materias, hundiendo en la carne
verde de la fruta el fino cuchillo de postre, con la sua
vidad de un cirujano.
"He formado propsito de enmienda, ta, para que
no me miren tan mal mis futuras suegras. Pienso traba
jar como negro, dedicarme cosas prcticas.
"A esos versos que sueles publicar en los pe
ridicos llamas t cosas prcticas?"
"Renuncio ellos para siempre, menos que me
los reciban de pago en la sastrera. Estoy pensando po
ner "lechera modelo", en alguna parte central; ya ten
go un amigo que me presta las vacas para que vayamos
en medias. Voy llenarme los bolsillos de dinero."
"Hum.
malo. En Chile todos los muchachos co
. .
mienzan con ventas de frutos del pas, con puestos de
carbn y lea otras novedades por el estilo, em
presas de coches de posta. Como uno le fu bien, todos
siguen su ejemplo hasta acabar con el negocio; lo mis
mo ha pasado con las vias y con cuanta empresa re
sulta es la historia del perro del hortelano, que ni co
pie, ni deja comer."
"Mi lechera modelo dejar un platal, ta. Voy
poner todo gnero de atractivos para que las nias va
yan pasar un rato agradable, bebindose
un vaso de
leche las seis de latarde; para atraerlas pienso insta
lar una orquesta de damas vienesas que toquen czardas
ver las ni
y piezas romnticas. Los muchachos, por
as, se irn all beber leche, en vez de embriagarse
con whisky y cocktails. Ser, en el fondo, una empresa
moralizadora y de reforma social, para combatir al al
coholismo. .".
Doa Custodia se ech rer de buena gana. Recor
daba que su sobrino haba llegado, en das anteriores,
bastante alegre, costndole trabajo considerable dar con
la cerradura para introducir la llave en el "hueco.
120 EN FAMILIA
"No es cosa de risa, ta, observ Javier ponindo-
dose grave, y medio corrido, "esto que m me pasa
cuando tengo deseos de trabajar en algo, dejando para
siempre una vida de ocio que ya me tiene desespe
rado.
En qu quiere usted que trabaje? Yo no tengo la culpa
de no haber seguido carrera. Cuando mi madre muri,
qued solo en el mundo; es verdad que Ud. me ha tra
tado como hijo, acaso fui demasiado consentido y re
galn de chico. Si hubieran sido severos conmigo, cas
tigndome cuando me haca el enfermo; si me hubieran
obligado cursar leyes matemticas, medicina, otro
gallo me cantara; estara trabajando como cualquier hi
jo de vecino, con mi buena carrera, en vez de andar
salto de mata como ahora... No diran que soy un bueno
para nada, sin oficio ni beneficio. La voz de Javier se
enronqueci an ms que de ordinario, mientras su mi
rada se clavaba en los artesonados del techo, en las her
mosas vigas salientes, talladas imitacin de antiguo
y barnizadas de color caf, pero no las vea, entregado
por entero sus meditaciones es que en el fondo sen
ta la herida sangrando, crea que el desprendimiento de
Elisa, su cambio sbito guardaban relacin con la gue
rra que por tales motivos se le haca en su casa.
Doa Custodia sinti en lo ms hondo el reproche
que con justicia le haca su sobrino. Le echaba en cara
su indulgencia, aquel cerrar los ojos sus locuras de ni
o, su pereza, su poca aficin al estudio. Su propia
debilidad se la arrojaba al rostro como crimen sinti
la desesperanza melanclica de ciertas mujeres cuando
el hombre amado, en ciertos instantes de la vida, suele
echarles en cara la flaqueza que con l tuvieron, la fal
ta cometida en amor suyo. Es rfaga de cansancio de
la vida, es peso de algo que nunca esperbamos sentir,
es la sensacin de un carga arrojada sobre nuestros
hombros por la nica persona que no tena derecho
para hacerlo. Involuntariamente inclin la vista hacia
el plato. El sirviente de mesa un espaol de rostro afei-
LUIS ORREGO LUCO 121
tado y limpiole sirvi trozo de
un
pescado, pasndole
la salcera en seguida.
Hubo un silencio el cual el ruido tenue de
en se oy
una copa tocada al azar.
"Tienes razn, Javier; eso que acabas d decir es
justo. Cunto necesitara para ese negocio de. ." .
"Lechera modelo..." con unos quince mil pesos
para principiar, creo que sera suficiente.
Pudo pedir ms, pero Javier era honrado y no quera
abusar de la benevolencia inesperada de doa Custodia.
Adems era listo, y calcul que si estiraba demasiado
la cuerda podra cortarse, diciendo
para su capote : "Don
Juan de Segura vivi muchos aos."
"Sera bueno que buscaras otro nombre para tu
negocio. Recuerdo que cuando yo era nia habia en
Santiago un Ministro de la Corte llamado don Casto
Paredes, casado con una seora de mediana estatura
pero de cuerpo rollizo y opulento pecho, la cual llama
ban los jvenes de entonces por el nombre significati
vo de "Lechera Modelo". Los
abogados que alegaban
ante los estrados cuidaban mucho de no mencionar, en
caso
alguno, la palabra lechera, desde que uno, por
hablar con insistencia de vacas, perdi su pleito."
Javier celebr el caso con grandes risotadas; la pro
mesa de la ta le haba puesto de excelente humor. Saba
que cuando la seora hablaba del tiempo viejo, era co
sa de nunca acabar y que entonces era cuando llegaba
de ordinario el momento de los sablazos; poda pedir
le cuanto quisiera.
Los recuerdos de antao acudan los labios de doa
Custodia; hablaba del general Blanco, y de cuando, ha
llndose viejo el guerrero ilustre, hacan pasar los
sirvientes con paraguas delante de su ventana, para que
no tuviera tentacin de salir, creyendo que llova. Re
cordaba los hombres de su tiempo : Manuel Recabrren
era joven muy buen mozo y simptico; Manuel Anto
nio Tocornal tambin era buen mozo y hablaba nota
blemente bien en las Cmaras se preocupaba bastan-
122 EN FAMILIA
te de su compostura decan entonces que pasaba horas
enteras en su antes de salir la calle, afeitado
tocador,
y perfumado como un dandy. Ahora no hay jvenes
tan cumplidos como los de aquellos tiempos
-se va per
diendo la educacin, ya no existen las maneras refina
das, la galantera fina de entonces. Cualquier muchacho
le quita una la vereda, nadie le ofrece el brazo para
subir una escala, ni le cierran la portezuela del coche.
Recuerdo que asist al baile de la reeleccin de Prez,
con quien di un paseo, "yo era entonces una chiqui
lla", agreg con cierta coquetera la vieja seora.
"S, ta, deba de ser Ud. muy joven entonces", re
puso Javier con el visible propsito de adularla, y sin
creer palabra: "Asisti d. al baile del Presidente
Errzuriz?"
"Por supuesto. fu gran baile; la gente no ca
. .
ba enel saln. Los conservadores lo haban elevado
la Presidencia. Cuando se acerc la Rosario Reyes,
que era tan graciosa, le dijo con bastante malignidad :
"Este Presidente me parece que huele ms azufre que
incienso." Poco despus suban los liberales al Go
bierno.
Al decir estas palabras doa Custodia se sirvi un
vaso de agua de Viehy "Celestns", mientras Javier pa
ladeaba un cognac viejo, que reluca como oro en la
copa. Casimiro, el sirviente, se alejaba con una bande
ja de plaqu, de piezas brillantes. La ventana, de gran
des viiraux de colores, en cuyo fon'do apareca Santa Ce
cilia, entre soldaduras de plomo, dejaba penetrar un
plido sol de invierno que doraba suavemente unas plan
tas de helchos, filtrndose entre sus hojitas finas de
primoroso encaje verde.
Javier se puso de pie, acercse la anciana seora
de cabellos plateados y de ojillos verdes y pentrantes,
de manos exanges y finas de abadesa noble ; la bes en
la frente y dijo sencillamente : "Gracias."
Senta profundo cario por su ta, quien miraba
como si fuera madre. La muerte haba creado entre
LUIS' ORREGO LUCO 123
ellos unos lazos estrechos y firmesanudados por los
ausentes desde el cielo. Sentase comprendido y perdo
nado de antemano por ella, que lea en el fondo de su
conciencia, viendo ligerezas y debilidades, locuras y vi
cios, entretejidos de nobles sentimientos; violencias de
carcter, inconsciencias infantiles y sanos impulsos ha
cia el bien; grandes faltas de conducta, unidas al sin
cero deseo de reparar defectos y de enmendarse. Era
sus
un eterno Pero tambin pareca nufrago
hijo prdigo.
de la vida, sin la mano vigorosa de un hombre que hu
biera .podido sujetarle en sus cadas y flaquezas. Entre
ta y sobrino existan lazos de las ms afectuosa ternu
ra. Doa Custodia vio
desaparecer, con dolor imborra
ble, su hermana, y tres aos despus su cuado. Ja
vier haba sido el fruto de un matrimonio tardo, hecho
esa hora en que la mayor parte de los hombres comien
zan sentirse definitivamente clasificados entre los sol
terones, hacindose egostas, amigos de su comodidad
exclusiva, de pequeos goces materiales, y enemigos de
las molestias y preocupaciones inherentes la vida de
casados. Los hijos, cuando llegan entonces, son inso
portables de consentidos, su educacin es difcil, hacen
lo que se les da la real gana, intil es tratar de contener
los, por todas partes encuentran aliados, en las abuelas,
en las tas, en el padre contra la madre y en la madre
contra el padre. Por eso recibi Javier la educacin del
nio mimado. Sus padres murieron. La tia Custodia.
que no se haba casado, recordaba que all en sus moce
dades se haba enamorado de un muchacho tunante y
buen mozo, quien sus padres' hicieron guerra por
mltiples razones; lo cierto es que la bella y seductora
muchacha, que nadie reconociera en la anciana de cabe
llera blanca y de encorvada nariz, de frente surcada de
arrugas finsimas
la hermosa nia de antao, a!
envejecer, haba concentrado los anhelos inconscientes
de maternidad que toda mujer abriga, an sin darse
cuenta, en aquel muchacho alegre y diablo, que revol
va la casa y el barrio. Todos los das llegaban con acu-
124 EN FAMILIA
ses : que el nio juntndose con otros de la vecindad,
haba puesto una cuerda tendida de uno otro lado de
la calle, para sujetar, de repente los caballos que pa
saban; que arrojaba agua las sirvientas, le prenda
cola los pasantes. Javier creci, y con sto las bromas
pasaron de castao obscuro, dndose el caso de que una
noche amaneciera el policial del punto amarrado, la
puerta de la casa vecina. Doa Custodia vea en el mu
chacho, no solamente la simpata sino el recuerdo del
hombre amado de quien la haba separado la suerte
mirbale contemplando en l reflejos de su propia vida,
escuchando esa msica de nuestra juventud, de las ilu
siones y de las primeras esperanzas, cuyos compases no
pueden ser odos sin emocin involuntaria, sin sentir
que nos remueven algo de nosotros mismos, fibras ocul
tas del ser, rincn abandonado del alma. Y se haba
quedado tan sola; su hermano Hermgenes, slo vena
Santiago en ocasiones contadas, en tratndose de al
gn gran negocio, de alguna festividad excepcional ;
era misntropo, tena
por el mundo distancias que na
da poda llenar. Corran, respecto de l. las ms con
tradictorias consejas, atribuyndole curiosas aventuras.
Alto, de cuerpo vigoroso, atrevido, sanguneo, habase
'
distinguido durante la campaa del Per por valor
toda prueba, pero tambin por sus locuras, pesar de
que no era nio. Referase que haba subido caballo,
por Ja escala de mrmol de un hotel, hasta llegar al co
medor, en el cual haba revuelto su animal la chilena,
y luego haba bajado tranquilamente, en medio del es
tupor de gente que cada instante crea se matara. De
case tambin, en el mundo, que haba tenido un gran
cario y que aquello haba concluido de manera mis
teriosa, de la noche la maana, sin que nadie acertara
explicarse el por qu de aquellos asuntos. Como su
hermano viva encerrado en el campo, si bien tena listas
dos de las mejores piezas del primer patio, por fuerza
doa Custodia haba concentrado su cario en el mu
chacho, cuyo buen natural y excelentes dotes conoca.
LUIS ORREGO LUCO 125
Como vea en el fondo, en la intimidad, sentase incli
nada disminuir lo grave que ignoraba, como pasa ca
si siempre en las familias. Llegaban, sin embargo sus
odos cosas serias, las cuales no daba crdito porque
jams creemos lo que daa la reputacin de las perso
nas queridas dijronle que Javier haba seducido
una muchacha de la clase media, dejndola abandonada
al poco tiempo; que haba tenido un duelo que se man
tuvo secreto, por asuntos que no redundaban en su ho
nor. Esto caa como la lluvia sobre los vidrios, en el
alma de la anciana seora. Por cima de todo flotaba su
afecto, invencible, al sobrino regaln, que perfumaba su
vida silenciosa y retirada con aroma de alegra, con
eterna nota jovial de juventud, con algo fresco de ma
ana de sol, que es un mismo tiempo luminosa y re
confortante. Luego l le traa las ltimas noticas del
da, la pona al corriente de la crnica mundana, de las
maledicencias, de los chismecillos corrientes que son en
ciertas pocas de la vida como el ltimo contacto que
nos queda con el mundo. De aqu la ternura conmovida
con que le miraba partir ese nio tena algo de la ter
nura de su pasado lejano.
Javier sali tarareando un trozo de zarzuela, ocupa
do en cortar la punta de un cigarro puro que encendi
luego cuidadosamente, dando largas chupadas. Tan s
lo en el tono de importancia con que ejecutaba ope
racin tan frivola, vease ya el vaco que dejaba en
su alma el ocio eterno, el eterno vagar del tiempo perdi
do cuyo valor ignoraba. Penetr en su escritorio, ten
dise sobre amplio sof de Maple, de resortes suaves y
muelles, de slido marroqu color de cereza. Las bo
canadas arrojadas con beatitud, iban perderse en el
techo blanco, pasando por unos grabados ingleses de
marco de madera, de haya clara que representaban
es
cenas de cacera. La pieza daba cierta idea de su due
o. Haba en ella dos estantes, de color de esti
caoba,_
lo britnico como todo el amueblado; en el primero se
mezclaban los libros ms encontrados de carcter: una
126 EN FAMILIA
hermosa Biblia de Scio, en varios tomos, regalo de su
ta; las obras de Paul de Kock, "El hombre de los tres
calzones", "Bigote", "El vecino Raimundo"... y va
rios libros de Javier de Montepin; las poesas de Espron-
ceda, un libro de Vctor Hugo y "El pual y la sota
na"; "El Almanaque Divertido" y "El Consejero Do
mstico" de Mena que meta mucha bulla por aquellos
tiempos era un libro lleno de consejos por el estilo de
ste : "Escobillas de dientes, son indispensables para las
personas de buena educacin, y una vez usadas, convie
ne ponerlas boca abajo, para que el agua se deslice sua
vemente, de lo contrario se pudren."
En el otro estante de Javier lucan sus lomos encua
dernados con lujo varios libros, con rtulos dorados.
En una de las tablas inferiores, vease un par de zapa
tos nuevos de charol, una caja de polvos de dientes
comprados sin duda por la sana influencia del "Conse
jero domstico"; un frasco de tinta, una cantidad' de
pauelos y corbatas, revueltos con calcetines de seda y
un revolver Smith-Wesson.
Las paredes se hallaban decoradas por trofeos de ar
mas, floretes de esgrima con sus guantes y mscaras,
petos amarillos, guantes de box, y un retrato de Sulli-
van en guardia, con la
esplndida musculatura del atle
ta al desnudo. Javier le contempl, con el placer que
siempre le causaba la imagen del maestro, y se toc los
lagartos con infinita complacencia tena las condicio
nes de un profesional del box en los brazos y en' las
l^r piernas.
Y se puso componer versos, porque Javier era
luego
poeta, y los suyos haban sido "muy aplaudidos de los
amigos, y hasta los haba ledo en el Teatro Municipal
en fiestas de caridad, recibiendo verdaderas ovaciones:
Y mientras suban las columnas de humo descenda
sobre su alma tristeza invencible que pareca brotar
de mismo contento. No era motivo de satisfaccin
su
que ta le hubiera prometido los doce mil pesos para
su
su "Lechera Modelo" ? La instalara regiamente, en lu-
LUIS ORREGO LUCO 12 7
gar central, donde todos fueran sin molestia beber
su vaso de leche cuotidiano :
y para que se entretuvie
ran les
pondra orquesta vienesa unas cuantas damas
y muchachas del Conservatorio vestidas de sayas cortas
lo gitano: "zngaras". Ya le
pareca escuchar los rit
mos del vals arrebatador
y lnguido ; ya vea las pare
jas deslizndose,y en cuanto comprendieran la posibili
dad de concertar all sus matrimonios, no
dejaran de
acudir todas las mamas de llenas
Santiago, de santo
fuego. A fin de cuentas, y todo bien mirado, sera un
verdadero filntropo, ya que los muchachos dejaran de
beber y las nias se casaran por obra de su industria
y Javier lo daba todo por sentado segn su costum
bre, y casi se extraaba como hubiera dicho don Mar
cial te que no le hubieran enviado la
Legin de Ho
nor
por su idea que juzgaba en extremo feliz. Otra bo
canada del cigarro. El Partagas no haba salido malo.
Pero de qu le serva todo esto si Elisa le alejaba de
s, precisamente cuando trataba de convertirse en hom
bre de' provecho ? Ahora le invada ola de negra
tristeza, de sbito desencanto, ante la inutilidad del es
fuerzo porque lo subordinaba Elisa. A la verdad que
su actitud era inexplicable, no ser que alguna de sus
amigas le hubiera llevado cuentos. En balde examinaba
su conciencia
nada le remorda no hallaba en ella co
sas verdaderamente graves que con justicia hubiera po
dido reprocharle en otra poca. Sus historias con Ja
Rufina? Eso era cosa que le pasaba cualquier joven,
no haba materia para alarmarse ms, en lo ntimo de
su conciencia, bien comprenda que para una alma pu
dorosa aquello deba revestir los ms graves caracteres
particularmente en sociedad de costumbres severas co
mo la nuestra. Acaso haba sido demasiado franco
en
las componendas de conciencia suele darse al cinismo el
nombre de franqueza tambin haba jugado baccarat,
contra lo convenido deba de haber otra cosa. De re
pente los celos le mordieron, rabiosos, en un solevan-
tamiento de todo el ser con esas conmociones violentas
\
128 EN FAMILIA
que los terremotos producen. Cmo no se le haba ocu
rrido antes? Ms una vez, esos amigos y amigas que se
complacen en hacernos sufrir, dndonos cuantas noti
cias desagradables pueden, le haban mencionado cier
tos rumores, segn los cuales Elisa se casaba con su to
Hernando. Y por qu no? Bien vea que si no jo
ven, era hombre de posicin y de gran fortuna, de re
gular figura de las que no disgustan las mujeres;
de distincin innegable. Tena casa bien puesta, en la
cual sola dar comidas encantadoras, una de las cuales
haba asistido el mismo Aldana. Su galera de cuadros
figuraba entre las mejores de Santiago, pues los haba
reunido pacientemente, por ac y por all, en viajes
Europa, en exposiciones, en ventas, sin contar un leg
timo Ribera heredado de sus abuelos. Eso de que Elisa
fuera casarse con otro le hera el corazn como agujas
que se le clavaran, quebrndose en la herida, era suplicio
que se haca por momentos intolerable.
La puerta se abri dando paso un muchacho de as
pecto desvedo, britnico en su porte, en su traje, en su
manera de andar; tena los ojos de un azul plomizo, ru
bio el cabello, el bigote afeitado, el cuerpo tiezo
con
mucho del clsico jockey ingls del preparador de
caballos. Era como visible la inflencia del medio
de sport en que viva, ms entre caballos que entre
gente.
Conoca los pedigrees de todos los animales que haban
corido en nuestro turf, sus hechuras, su manera de correr,
sus defectos y cualidades, el peso que haban llevado al
ganar sus premios respectivos, la historia de los barata-
sos clebres. Haba tomado copas con los jockey en bars
dudosos, para tener noticias reservadas ; les conoca
fondo, expidiendo verbalmente en cada charla certifi
cados de honradez para los unos, de pillera para los
otros : "Jameson es un pillo, un picaro redomado
su
jet Red-Roof en su carrera con Mortimer que slo pu
do ganarle por medio cuerpo. Rico caballo, Red-Roof
y tan elegante tiene una manera de sacar las manos
LUIS ORREGO LUCO 129
que parece nia bonita looks well is a jolly fellow
darling".
.
Solatener palabras conmovidas para con los caballos,
en cambio la gente le importaba poco y era bastante egos
ta. Creanle tonto, pero no Jo era, el bueno de Julio Ro
sales. Su ideal, como deca de chico, habra sido el ser
caballo en sus das de infancia el ms agradable de sus
juegos consista en relinchar, y sola decir con lgrimas
en los
ojos : -"Pap, yo quisiera ser caballo". Tambin
-
le hubiera gustado, sin duda, tener algo de ingls, si
quiera una partcula de apellido, pero le haba cabido en
suerte apellidarse Rosales, gran nombre en la sociedad
chilena, tan dada pergaminos coloniales, pero espaol,
al fin y al cabo, lo que no dejaba de ser inconveniente
para un sportman de su mrito y condiciones. Le conso
laba, lo menos, el que todos los que no le conocan, al
\ erles
por vez primera, le tomaran por britnico por lo
cual exageraba un tanto, en el vestir y en el andar, las
maneras de los hijos de Albion. Por lo dems hablaba
regularmente el idioma del pas amado.
"AliJavier.
"Como va.
"Pretty well Te veo preocupado sin duda estars
con spleen, como yo; cualquiera se la doy, despus de
la que hizo ayer Tom Kreeks, sujetando las riendas
Dinora de una manera escandalosa en la cuarta carrera.
Por eso he perdido hasta el modo de andar."
"Hombre, no sera malo, porque t andas demasiado
la inglesa; no te vendra mal una inyeccin de huaso
chileno bruto."
"Siempgre tan bromista
hombgre.
Hablaba con acento cerrado, agregando de cuando en
cuando erres y gges.
Javier se diverta con l prodigiosamente, de ordinario,
pesar de que sus dems amigos no podan comprender
semejante intimidad entre dos personas de naturaleza
tan diversa ; pero, hubiesen pensado de otro modo si co
nocieran la profundaadmiracin que Julio Rosales sen-
5
130 EN FAMILIA
ta por Javier Aldana
era como culto superticioso
de su talento, admiracin de la fuerza de sus puos
le haba visto pegar firme en dos tres ocasiones -y el
box era para l materia importante, sumamente im
portante. Aldana le atraa de manera invencible, le
sugestionaba, por decirlo as, le serva de orculo en ma
teria de modas, pues sola recibir trajes de Pool. Con
sultbale el color de sus corbatas, y hasta para sus flirts,
buscaba nias que le agradasen Javier.
"Ayer me acord de t.
"Hombre. . .
"La Ferreti estaba en las carreras muy elegante, dig
na del prncipe de Galles; te haca honor, chico. Llevaba
traje malva, de tnica sencilla, v encajes negros. Todos
te envidiaban, diciendo : "Con este Javier no hay quien
pegue".- Eres mucho hombre, seor. Y como tienes la
ventaja de unos buenos puos, nadie intenta condeco
rarte, como dice pap. "Pero yo no lo pas tan mal con
una morenita, nueva
Y have also my chance".
Al decir estas palabras Julio cogi una licorera de
cristal de roca, sirvindose media copa de whisky, con
media de agua lialf and half, para bebera lenta
mente, como conviene gente que se respeta.
Despus de un rato de charla insustancial, Javier pro
puso Rosales que fueran dar una vuelta al centro,
dndole comisiones reservadas para que averiguase lo
que' pasaba en casa de Elisa, y lo que significaba su ac
titud.
"ndate de visita, t que eres pariente de las Or
begoso y trata de averiguarme lo que hava de verdad res
pecto de Hernando Garca, v si hay algo cierto en lo que
se corre. Echa mano de toda tu malicia, gringo, agreg,
sabiendo que este apodo agradaba su amigo. No dejes
de preguntarle la Micaela por "Julio Cesar", su perro
favorito, y por el loro nuevo; lo que es la ta Juliana
dile que piensas entrar al retiro de San Jos. Averigame
todo lo que sepas de Elisa." .
Hechas estas recomendaciones, cogi el sombrero y los
LUIS ORREGO LUCO 13.1
guantes saliendo con la soltura desenfadada que le carac
,
terizaba; en la puerta esperaba un individuo de regular
aspecto. Javier comprendi en el acto que se trataba de
una cuenta, y que era cobrador.
"A quin buscaba? mi hermano Javier? Acaba
de salir pero no tardar en regresar, agreg; esprelo
un rato hasta que llegue". Su tono se haca amable y
melifluo.
su hermano."
"Est bien, seor, esperar
Rosales abra tamaos ojos :
Julio
"Hombre, esta si que est buena, yo no te la conoca ;
me parece esplndida, no estaba en mis libros. As lo
har yo con l sastre; voy contrsela todo el mundo
en el Club.
"No seas bruto ; esas cosas deben permanecer miste
riosas y reservadas, de otra manera pierden su mrito
y ya no sirven sino de perjuicio. Si todo el mundo emplea
los mismos ardides los pjaros se espantan."
Pensaba entre s, con buen acuerdo, que si todo eso era
una payasada divertida para l, los dems podan echr
sela en cara y tomarlo mal.
"Gllate, Julio, mira que "conozco el mundo y se
su alevosa".
menos que dirn es que yo le he pegadd ese pobre
Lo
diablo y t eres testigo de la manera amable y suave con
-
que lo he recibido.
Y los dos amigos tomaron por la calle de Hurfanos,
en direccin al centro comercial. Javier andaba con paso
largo y desmadejado, echado atrs el cuerpo, la cabeza
mirando al cielo, con sonrisa de satisfaccin maliciosa;
Julio tena su aspecto ms britnico que nunca, el paso
tambin largo pero firme, el bastn cogido por el medio,
y alejado del cuerpo, el sombrero hacia
atrs Aldana lo
usaba al lado eran matices de carcter. Y eso les daba
aspecto, al uno de jockey y al otro de matn.
Eran como unos transplantados de modas extranje
ras ingertadas en la vida nacional.
En la esquina de Hurfanos con Ahumada estaba
132 EN FAMILIA
entonces la antigua pastelera de Torres, en donde los
muchachos solan tomar su aperitivo de la tarde. Ambos
se dirigan ella, cuando les detuvo Martn Salas,
amigos
frente al Club Gimnstico, situado en donde ahora se
halla la Casa Pr:
"Prense un momento que est "Silva" ; tengo que
hablar con ustedes." Entraron juntos una de las peque
as salas de conversacin, en la cual tomaron asiento,
sin quitarse los sombreros como es uso en los Clubs.
"
Qu han odo ustedes de Juan Orbegoso"? les
pregunt misteriosamente.
"Pues nada qu hay algo?"
"Si ustedes no saben ms que yo, para qu sigo
no se
puede creer, la gente es tan calumniadora. ."
.
Salas tena recelos de que Aldana, por su entusiasmo
con Elisa, que todos conocan, recibiera mal la cosa.
"Habla, hombre, habla."
"Slo s lo que por ah se murmura : que Juan ha
tenido un choque, no s qu historia en el Banco Terri
torial, y que ha salido."
-"Ser alguna bellacada de sus jefes," afirm Aldana,
que era buen amigo y estaba siempre dispuesto defen
der los suyos. "Juan es honrado, pertenece una fami
lia respetabilsima, tiene tradiciones que guardar, y nadie
me har creer que sea hombre de echarse un slo centavo
al bolsillo sin consentimiento de su dueo. Eso si
que n.
"Protesto de que yo slo repito lo que acabo de or,
sin que nada me conste, agreg el otro
; tambin lo
creo muchacho honrado. Pero todos les llama la aten
cin el hecho de que tenga queridas y de que gaste di
nero manos llenas, de que haya hecho correr un caballo,
el "Diamante", que gan una carrera, sin que nadie sepa
de donde venga semejante dinero".
"Ni tienen para qu averiguarlo", contest Javier,
ya en tono cortante. Yo tambin gasto, y tambin tengo
querida, y juego, sin que por eso haya robado dinero al
Banco Territorial ni ninguna otra institucin persona.
LUIS ORREGO LUCO 133
Estamos lucidos si cada uno tiene que
parar la gente
por la calle para explicarle el estado de sus finanzas y
sus fuentes de entradas
y gastos particulares. Ya no ca
bra mayor espanto ni la Inquisicin se meta en seme
jantes honduras."
Aldana tomaba la calor, no ya solamente por
cosa con
tratarse de un sino por que el asunto le tomaba
amigo,
ms de cerca. As lo comprendi Salas, quien para bo
rrar el efecto de su
plancha, hizo la proposicin usual en
estos casos entre nuestros Jvenes :
-"Dejmonos de "lesuras" y vamos tomar un
whisky".
"Eso
es de hombre, have a drink mann; no vale la
pena acalorarse por asuntos que no importan un rbano.
No hay que llorar hermanos, como deca el predicador
despus del sermn de Viernes Santo, al ver una vieja
en extremo afligida con la Pasin y Muerte de Nuestro
Seor. Si eso pas hace muchsimo tiempo, como dos mil
aos y todava quien sabe si la cosa fu cierta."
Celebraron la salida volteriana de Rosales y pasaron al
comedor del segundo patio. All estaba casi tota la ju
ventud conocida en aquel tiempo, los muchachos ele
gantes, los de rompe y razga, los polticos en ciernes,
imberbes casi todos entonces, ms tarde Ministros Di
plomticos los unos, escritores los otros, hacendados y
ricachones los ms, polticos de fuste algunos. En una
mesa departa Joaqun del Valle que ms tarde deba
alcanzar grandes y ruidosas conquistas de amor, con Pe
pe Ruiz, de barba negra y rostro delgado y moreno, que
deba clebre por un terrible drama de amor y de
ser
muerte. Ms all, frente una botella de champagne,
charlaba "el gringo" Mac Donalt, con sus conocidas pa
tillas inglesas de color rojizo, buen muchacho, popular ./"'
y alegre. Samuel Ortz, con su cuerpo
flaco y el paso
balanceado, la barba negra y larga, los anteojos relucien
tes, y la frente empapada en sudor, sala de la sala de
en donde haba tirado florete durante media
esgrima .
hora en compaa del profesor Ferragut y de Jernimo
134 EN FAMILIA
Arteaga que tambin deba tener ms tarde aventuras
sentimentales ruidosas en nuestro pequeo mundo.
Al cabo de breve rato Aldana desapareci, escabu-
Undose con ligereza. Arda en deseo de ver las Esca
lante, de quienes se haba hecho ntimo amigo. Ellas le
hacan tercio, en la gran cofrada femenina en que las
mujeres se sirven unas otras, con cargo de devolucin
llegado el caso. Javier atraves el centro comercial, en
donde bulla la multitud esa hora, las cuatro y media
de la tarde.
Comenzaba el desfile de la gente co
nocida.
La manzana se hallaba rodeada de coches americanos
recin introducidos por una fantasa de la familia Cou- V
sino y de unas pocas victorias, cuya moda no tomaba
el incremento que ahora tiene. Las muchachas elegantes
daban vuelta, en los das en que no haba msica en la
Alameda. Estrenbanse modas, se lucan los nuevos
sombreros, y los nuevos abrigos de mujeres. Los hombres
vestidos la inglesa, con sobretodos cortos de color
claro, caf, y corbatas de rojo rabioso tambin en mo
da y polainas blancas, desfilaban en grupos, aquella tarde
del ao de 1886.
De donde Gage, en la antigua casa situada junto al
Banco de Chile, de ancho portaln y balcones bajos, sa
lan algunos militares de los de antao, casi siempre en
bomba pues se consideraba que el embriagarse formaba
parte de la hombra y algunos muchachos deseosos de
lucir su estado ms que alegre.
Sigui rpidamente su camino Javier, cruzando entre
grupos de amigos y de gente conocida que le saludaba,
n le llamaba; iba calle de Hurfanos
arriba, casa de las
Escalante, en extremo suntuosa, como de viuda rica y de
familia pudiente. La fachada era de estilo moderno, bas
tante alta, de grandes ventanales con cristales de una pie
za
segn la moda Habia una imponente mampara en
el vestbulo ; las puertas eran de caoba, segn la moda
introducida por don Enrique Meiggs, y todas barni
zadas.
LUIS ORREGO LUCO 135
Apret el timbre elctrico, abrise la puerta, y el joven
pregunt al portero si las seoritas reciban, dando su
nombre. Hirironle pasar un saloncillo, desde el cual
oy desbande como de personas que arrancaban, seguido '
de cierra puertas general, y de las interpelaciones que
unas otras se dirigan entre s las nias Escalante, pre
guntndose por el paradero de esta de la otra prenda
de vestir. Por aquellos tiempos las mujeres vivan siem- \/
pre de trapillo en sus casas, y ni siquiera se ciaban el
trabajo de peinarse como ahora; as, pues, la llegada de
una visita, fuese de hombre de mujer, las llenaba de
zozobra, obligndolas cambio inmediato de vestido y
de calzado, cosa que hacan hasta las personas de gran
fortuna
como si en la propia casa no se pudiera perma
necer todo el da decentes. Sentase un abrir y cerrar de
cmodas y roperos. El chorro de agua caa sobre la taza
de lavatorio, mezclado perfume de esencias que llegaban
en rfagas al saloncillo. Luego entraron las tres hermanas
en tropel, precipitadamente compuestas como en tales ca
sos acontece con las cosas medio hacer. Luego principia
ron seas misteriosas las unas con las otras. Era que
esta se le haba olvidado quitarse los polvos, la otra le
haba quedado abierta la "manera" ; la de ms all se le
haba olvidado abrocharse un zapato. Y comenzaron
hablar las tres un tiempo. Sus voces se elevaban sonoras
en el saloncillo amueblado al estilo Luis XV, con sofa-
citos pequeos tapizados de verde nilo, con cortinajes
del mismo gnero, y mesillas recargadas de objetos de
porcelana de Sajonia y de las mil fragilidades elegantes
que suelen estar de moda. Por
todas partes espejos con
marcos recargados de oro y arabescos y curbas propias
del estilo, jardineras, biombos pequeos de cristales con
espejuelos y gnero de seda, mesas de metal jarrones.
Aquello era un maremagnum en donde el visitante
nr>
saba donde sentarse, tantos y tales eran los muebles las
sillas y las mesas, los biombos y las terracottas, todo
bonito, todo vistoso y todo inconfortable.
"Por fin se apareci Javier, exclam Rafaela rom-
136 EN FAMILIA
piendo el fuego; ya creamos que se haba muerto y bus
cbamos su nombre entre las defunciones. .".
Esa era la broma con que invariablemente lo reciban
uno en todas partes, hasta que mejor un poce e1 tono
y la cosa qued para la gente cursi; entonces todos la
empleaban, como frmula obligada de buen tono.
"Lo que es yo, estaba tranquila, interrumpi Doro
tea, pues, hoy estuve con Elisa y no vi que llevara luto."
"Pero estaba tristona
concluy Meche quien sabe
por qu motivo; lo cierto es que se dio una larga ence
rrona con Dorotea, que debe saber muchas cosas de
ella."
Cunto me paga si se las cuento?
"Lo que usted quiera."
En ese instante el reloj de porcelana de Sajonia daba
las cinco; Meche se par tranquilamente encaminndose
al saln "grande".
"Como usted le agrada la msica, Javier, voy
tocarle un poco."
"Eso es, gracias."
Luego se desgranaban las notas del vals de Fausto en
un
magnfico piano de Blthner, de media cola. Era esa
la seal convenida entre Meche y su pololo. El vals de
Fausto significaba : "hay visitas, pero puede usted pasar
por la casa."
"La Mascota", quera decir estoy libre, todos han sa
lido, venga ; Ohopin, "mam est en casa y no saldremos,
cuidado, vayase." El telgrafo no poda ser ms sencillo.
Rafaela se qued algunos instantes, pro-frmula, y
sali enseguida; saba perfectamente lo que significaba
aquella visita de Javier, y con la curiosidad que forma el
fondo de todas las mujeres en general y de las Escalante
en particular, no poda rsele cosa tan
gorda. Cuando
quedaron solos, habl Dorotea :
-"Malas noticias tengo que darle, Javier.
"Ya lo presuma: la actitud de Elisa me ha parecido
verdaderamente incomprensible. Usted sabe lo que yo
la quiero, y lo que ella es para m. No me gusta el tono
LUIS ORREGO LUCO 137
lrico, ni creo que haya necesidad de muchas palabras
para expresar lo que sabe sentir un hombre de corazn.
Ud. me conoce. Le aseguro que la actitud de su amiga . . .
me ha parecido crea estar soando el otro
tan rara que
da en el teatro. Me mir con frialdad glacial, con des
precio que no me explico, que no puedo comprender ; por
eso crea que fuera cosa de equvoco, de chisme, de enredo
que hayan metido entre nosotros."
"Por desgracia no hay nada de eso, amigo mo.
Ayer estuve con Elisa; usted sabe lo seria y reservada
que es con todo el mundo; cuesta arrancarle una sola
palabra y es preciso sacrselas como con pinzas. Por eso
me extra encontrarla ayer tan franca. Le habl de la
amistad tan estrecha que nos liga, del cario que usted
le profesan en casa, pues aqu todos lo quieren ..."
"Gracias."
"
Le cont que usted estaba sumamente
...
impresio
nado con su conducta
el teatro, con la manera tan
en
terca y tan injustificada de tratarlo, pues casi le negaba
el saludo. "Est desesperado el pobre Javier", le dije.
Elisa se puso nerviosa. Cuando me haca la corte con ms
insistencia, me contest, le puse como condicin que
observara conducta seria, que trabajase, que se dejara
de calaveradas, que no diera tanto que hablar. Y sabes
cmo se conduce? Pues juega ms y mejor en el Club
de Noviembre ; hace tres das ms, le o Juan que
deca, por darse aire de hombre corrido, cosa que le
agrada: "Pobre Javier, "le han metido cuatro"...
Cuatro qu? Cuatro mil pesos, hija. Eso en jer
ga de jugador, quiere decir que ha perdido cuatro mil
pesos en una noche, mozo sin fortuna. Adems tiene
una amiga. en la compaa italiana. No crees que es
. .
una verdadera insolencia lo que hace ese hombre con
migo ? Vaya manera de pretender una seorita . . .
y si eso hace ahora qu puede esperarse para ms tarde?
Mira, Dorotea, yo no quiero casarme con hombre rico;
rico pobre lo mismo d,- siempre que una lo quiera y que
sea persona seria, capaz de hacerse respetar de todos y
138 EN FAMILIA
querer de la que hayade compartir su vida. Yo no soy
persona romntica, ni sentimental eso me parece rancio
y pasado de moda
Me gustan las cosas regulares y or
denadas, el marido casero, ocupado de trabajar durante el
da sentado, la noche, junto su mujer y sus hijos,
departiendo tranquilo y sin preocupaciones, sin amores
y sin luchas, no ser los amores del hogar y las luchas
naturales de la vida. No me gustan esos personajes bri
llantes y aventureros, de escasa moralidad, metidos en en
redos perpetuamente, que van noche noche exponer
el pan de sus hijos en el tapete verde, en vez de trabajar
con rezn por ganarse la vida y formarse posicin
honrosa.
Muy simptico es Javier, amiga ma, pero
creo que lo mejor para l y, para m, es que busque en
otra parte una muchacha interesante y con fortuna que
tenga para con l toda la indulgencia que necesita y que
yo no puedo darle qu quieres? yo soy as, y no puedo
hacerme de nuevo. Con que repteselo cuando lo veas :
que no piense ms en m."
Javier escuchaba con !a cabeza inclinada lo que su
amiga le repeta, sintiendo en su interior que todo
era en extremo razonable y que no haba objecin que
hacerle pero con eso y todo sinti que se le rodaban
las lgrimas en silencio, una tras otra, sin que hiciera
esfuerzo para retenerlas : era que deseaba en lo ntimo que
Dorotea, al hablar ms tarde con su amiga, le repitiera
ese detalle. Existe algo de actor inconsciente en todo ser
enamorado, cuando todava espera y en medio de su
angustia, sintiendo que se abrasaba, que el corazn se
le parta, que el mundo vacilaba bajo sus plantas, todava
Javier, quera mostrar su corazn llagado, desnu
do y sangrando, los ojos de su amiga, para que Elisa
supiera ms tarde cunto haba sufrido por su causa.
El extremo de sentimiento borraba* todo vestigio de vani
dad, as como el mendigo, para exitar compasin, no
vacila en exhibir su llaga.
"Elisa tiene razn, no digo que no; tiene mucha
razn, soy indigno de ella. Me he conducido como un
LUIS ORREGO LUCO 139
pen, como el ltimo de los miserables. Todo cuanto le
han dicho es cierto. Pero qu gente, seor, qu gente tan
chismosa y tan villana. ." .
Ahora le bajaba sentimiento de indignacin pro
funda contra los que haban llevado el chisme casa de
su amada. Y
Juan, quien contaba entre sus mejores
amigos, haba sido capaz de referir sus historias de
juego en el seno del hogar, y haba cometido acaso la in
discrecin de mencionar sus aventuras la hermana. Eso
no tena nombre. No se daba cuenta de
que el otro haba
procedido por ligereza y sin darse razn alguna de lo
que haca.
"Qu hacer, Dios mo, qu hacer?
"Usted sabr; por ahora slo le aconsejo que no
piense ms en Elisa hay ctras mujeres, amigo mo. No
es la nica."
Esas palabras se pronuncian siempre, findose en su
efecto que se cree mgico, olvidndose que para el ena
morado no hay ms que una mujer en el mundo entero,
y que las mujeres no amadas no existen. La voz de Do
rotea haba tomado inflecciones cariosas, entonaciones
dulces y compasivas, como si quisiera descorrer el velo
del porvenir, dicindole : "si hay otras mujeres como yo,
que no tienen tantos escrpulos y que pueden quererte
con todos tus vicios y tus defectos ; acaso en razn misma
de todos tus defectos." Y esa es la razn por la cual
los calaveras son tan simpticos y queridos de las mu
jeres.
Javier senta sobre frente el peso de una sentencia
su
horrible. Era como rfaga de soplo fro que le ca
laba los huesos. No se resignaba renunciar un ensue
o de poesa, dentro del cual encaminaba su felicidad.
No 'poda razgar los velos que cubran el sncta-santorum
de su existencia ese lugar en donde haba ocultado
todas las ternuras de su vida y de su alma ; sus espe
ranzas de hogar l que no lo tena y que lo necesitaba
ms que nadie desamparado de la vida desde la infancia,
sin padre que lo protegiera, sin las delicadezas tibias de
40 EN FAMILIA
nido del afecto materno. Cuntas veces haba pensado
en una vida regular y tranquila, de orden y de afecto
duradero y su visin coincida, sin saberlo, con la de
ella
en un hogar de trabajo y de paz. Todo eso desa
pareca para siempre; era menester decirle adis, enviar
lo las regiones donde van los suspiros y las espe
ranzas muertas.
Ese muchacho fuerte y viril sinti que le anudaban
se
los sollozos en la garganta, que sus nervios
no le acom
paaban, que se le desplomaba el mundo, ese mundo de
ensueo en el cual se complacan sus imaginaciones de
poeta y de joven.
Ms le hubiera valido, su entender, una enfer
medad que carease sus huesos en achaque repugnante,
que pudriese sus carnes, que trastornase su cerebro en
las tinieblas de la inconciencia : ms vala el decaimien
to fsico que la agona moral de una vida desarraigada.
Con enfermedad horrible se habra quejado, habra
sufrido, se habra sentido acosado del mal feroz que no
perdona, mas, al mismo tiempo, habra podido adorarla
en suprema visin de esperanza. Elisa le suprima de su
vida, quitndole toda esperanza del hogar soado slo
con ella y para ella de los hijos, entregndole la piedad
estril de una parienta anciana. Ese cuerpo encantador
que haba besado en sus sueos tantas veces conser
vndolo en su blancura casta de lirio sera de otro, per
tenecera otro, se unira otro ; esa carne que tena la
frescura aterciopelada del durazno, y el brillo suave del
ncar, sera acariciada por otros labios, tocada de otro
dueo. Adivinaba que ese cuerpo tan delicado, lleno de
afinidades secretas indefinidas con el suyo, de com
prensiones misteriosas de esa que slo el genio de la
raza explica
tendra otro dueo. Dorotea senta remo
vida su alma, al ver sollozar ese hombre tan fuerte y
tan audaz, agitado por los oleajes de la vida.
Oyse el ruido de una ventana que cerraban : era Me
che que acababa de conversar con su pololo, dndose
cita para el paseo de la Plaza, las seis. Y luego reso-
LUIS ORREGO LUCO 141
naban las melodas elegantes de un vals de "Los Patina
dores" de Godard, con sus escalas rpidas y el suave
desgranarse de sus notas como patines sobre hielo.
En el silencio grave, en el recogimiento de aquella hora
tan amarga, Dorotea experimentaba el duro contraste
de la msica alegre, en presencia de la miseria, y senta
que una extraa piedad invada su alma.
CAPITULO VII
Juan Orbegoso, senta en esos instantes el peso de un
mundo que se le vena encima, en desarrollo de cata
clismo universal; hasta ese instante, haba vivido en la
inconsciencia alegre de la hora que pasa. Ahora llegaba
el momento temido de la crisis. Una angustia suprema
le atenaceaba, la vergenza enrojeca su rostro como
si fueran azotarlo en la plaza pblica, se senta puesto
en la picota, de tema de las murmuraciones malvolas
de sus amigos y de sus envidiosos, de los que le miraban
mal por su figura elegante y esbelta, su porte airoso,
su nombre, por las atenciones que reciba donde quiera
que fuese. Senta en un solo instante, los inconvenientes
de todas las ventajas que la naturaleza y la sociedad le
haban concedido. Era que tocaba la hora grave
esa hora de suprema gravedad, por la cual todos atra
vesamos en el curso de nuestra vida y que nos sirve
como piedra de toque unas veces para levantarnos y
otras para hundirnos definitivamente. Presntase ese
instante como resultado de larga serie de factores, entre
los cuales predominan nuestro temperamento, la edu
cacin, el medio con sus potentes influencias, nuestro
ser oculto, las leyes atvicas que salen luz, y encontra
mos en nosotros mismos un ser desconocido, nuevo, gene-
LUIS ORREGO LUCO 143
roso vil, que
nos sorprende como l sonido de nuestra
propia voz ciertas
en horas crticas, de una voz blanca
que nos parece ajena y sin embargo es la nuestra. Aque
lla maana Juan se haba levantado, bostezando y des
perezndose, como de costumbre, la vez que renegaba
de sus tareas y de su empleo que le obligaba presentarse
tan temprano en el Banco Territorial, en el cual era
cajero. Haba que estar las diez en el escritorio con
el sueo todava vivo, recordando escenas de fiestas,
las incidencias del baile anterior, las peripecias de una
carrera emocionante, en que haba resultado un "bata-
taso" que diera dos mil pesos por diez al ganador, bien
con el disgusto de un desaire inmerecido, de alguna
pequea herida de vanidad de esas que se ahondan solas.
Y siempre la misma vida, el eterno contar de los billetes,
recibir y pagar cheques y sumas, apuntando en libros,
revisando cantidades y haciendo operaciones rpidas.
Aquella maana Fernndez, su vecino de caja y amigo
de antao, le llam de manera misteriosa: "Compa
ero, tenemos que hablar. Le o un consejero amigo
de casa, que en el Consejo del Banco se habia hablado
de usted, nada malo.
lo encontraban simptico
de
buenos antecedentes de familia, sobre todo su padre
tiene tal reputacin de integridad que eso entona cual
quiera que ande por las vecindades. Pero se coment con
extraeza el hecho de que usted apostara tanto en las
carreras, y tambin se dijo que le haban visto en el
Noviembre perdneme la franqueza pero un emplea
do de Banco no debe jugar; se expone todo gnero
de comentarios ms menos equvocos. Se dice tambin
que usted gasta mucho y que no se le conocen las fuentes
de entradas. Yo observ que sus tos Sanders son ricos
de cuando en cuando
y que nada tena de particular que
le regalasen buenos morlacos pero la cosa no pa
sus
reci clara. As mucho me temo que le hagan un arqueo
extraordinario de caja, y
-sea dicho sin ofenderlo
que est alerta, por si acaso; nada
bueno es se pierde.
hasta la nia de los ojos, haciendo ade-
Juan enrojeci
144 EN FAMILIA
man como de persona ofendida,
pero luego, cambiando
sbitamente de actitud, contest al otro: "Le agradezco,
compaero, su consejo y su defensa; jams he jugado
en las carreras sumas extraordinarias,
y siempre que
lo hice fu con buena suerte, de otra manera no me
hubiera permitido gastos con mujeres de teatro, ni re
galos."
El baj la vista, dudoso, como diciendo, " mi
otro
no la pega usted". El fondo de su discurso, apare
me
ca rudo y hasta ofensivo para Juan, as lo sinti pero
al mismo tiempo vea la conmiseracin de una situacin
que el otro senta como posiblemente crtica, acto de
compaerismo y de piedad, y tambin acto de solida
ridad comercial, el deseo de evitar al Banco y los com
paeros situacin bochornosa; que se dijera de uno
de los cajeros del Territorial, Banco serio y bien repu
tado, que haba cometido malos manejos. Era la dignidad
del espritu de cuerpo que obraba inconscientemente. Juan
sinti perturbacin indecible, temor sbito; las piernas
se le doblaron, vacil el suelo en torno suyo. Una palidez
mortal que el otro observaba con el rabillo del ojo, sin
mirarle por lstima, invadi su rostro. Sentase mal.
Invencible inquietud nerviosa se adue de l, domi
nndole con garras de hierro. Antes haba tenido confian
za absoluta en si mismo, y sacaba dinero, al principio.
en pequeas sumas ; luego en sumas algo mayores, con
la esperanza de reponerlo en breve. Acaso no tena pa
rientes ricos? Ah estaba su to Hernando cuya bolsa
haba acudido en ms de una ocasin, hallndola siem
pre abierta ; tambin tena su to Sanders que era millo
nario, quien podra recurrir en caso apurado. Al prin
cipio haba sacado dinero que repuso jugando en el Club,
y quedando, sin grandes dificultades, al da. xAs haba
entrado en gastos que repona siempre sin la menor
dificultad, mediante su habilidad y su suerte en el tapete
verde y en las apuestas de caballos. De esa manera sac
el dinero de los regalos Linda, y el que le daba manos
llenas. Pero un da, cambi la suerte y comenz perder.
LUIS ORREGO LUCO 1-15
Esto sorprendi Juan, que se crea
seguro de ganar
siempre. Hasta entonces haba mirado como simple hi
ptesis la necesidad de pagar ese dinero que sacaba de
pocos de su caja; ahora para reponerlo, segua ju
gando y perda ms y ms, cavando el hoyo, que co
menzaba inquietarlo; ahora surga en sus noches la
pesadilla de algo terrible que le deshonrara, algo peor
que la muerte, ms infame que el presidio. Adivinaba
la desesperacin de su padre, el dolor y la angustia de su
madre, el descrdito para todos hasta para su pobre
Elisa que pasara ser la hermana de un laclrn. Las
consideraciones que hasta entonces no se haba hecho
se formulaban ahora de sbito, con presicin cruel
vease descubierto, lo senta as con la sobreexitacin
nerviosa anticipadora de acontecimientos que veces
no llegan verificarse y que producen siglos de agona
en cada minuto de recelo del mal que asoma como som
bra terrible sobre nuestras cabezas. El engranaje rodaba
y se estrechaba cada vez ms, hasta cogerle entre sus
dientes, y apretarle morir, y rebanar sus carnes, y rom
per sus huesos. Daba ya por hecho el arqueo inminente,
por descubierta la substraccin de fondos, por recibido
el golpe; vea el desprecio pintado en el rostro de los
amigos que le quitaban el saludo, con la implacable zana
que se pisotea los cados y los desgraciados
con
el mundo no espera las veinticuatro horas de regla para
sepultar sus muertos.
Las amigas con quienes tuvo sus pololeos, que coque
tearon con bailes y recibieron regalos de carreras,
l en
no le reconoceran al pasar, ni le recibiran en sus casas ;
los amigos que tantas veces le haban pedido dinero pres
tado en la mesa de juego, aprovecharan la ocasin para
no reconocerle donde le hallaran acaso seran los que
ms se ensaasen, como en otras ocasiones haba visto.
Tampoco le defenderan los que se haban sentado, in
vitados por l, la mesa de alegre cena, y haban bebido
su champagne, y comido sus platos exquisitos dispuestos
Presen-
por l con el gusto profesional de un Petronio.
146 EN FAMILIA
tbase sus ojos, de
golpe, una visin anticipada de la
situacin que vena, y esa visin era cruelmente lcida
y clara de claridad que sorprenda por lo doloro-
samente aguda. Juan experiment inmensa conmise
racin de si mismo, al mirarse en el espejo del lavatorio,
lo cual se mezclaba secreta satisfaccin de su figu
ra era buen mozo y las mujeres lo aceptaban bien
eso haba entrado en parte de su fatalidad. Sus miradas
cayeron sobre el zapato de charol, de corte elegante y que
le haca bonito pie, como le decan en la tienda; sobre
el pantaln bien planchado, sobre el conjunto aristo
crtico y distinguido, sobre el aire innegable de elegan
cia de su persona toda y fu una pequea sensacin
de vanidad satisfecha que borr, por instantes, con su
futileza, la gravedad inmensa de la hora.
Son un timbre : el Gerente le llamaba ; su corazn
palpit con fuerza espantosa
todo se haba des
cubierto, le llamaban para despedirle, para humillarle,
para hacerle cargos
era la hora del suplicio que se
acercaba, de la inevitable vergenza. Se estremeci, tuvo
ganas de huir, pero luego recuper su sangre fra. El Ge
rente, hombre de regular estatura, plido, de rostro
arrugado y amarillento, le recibi con seriedad pero sin
resabios de mal humor; era excelente y caballeroso
exigente con todos y consigo mismo en materia de
cumplimiento del deber, firme, duro, pero de alma sana
y bien puesta
extraordinariamente delicada en ciertos
casos. Le salud dndole un encargo de oficina. Era
simple alarma, pero haba bastado para hacerle medir
la amargura inmensa de una posicin enteramente falsa.
Record haber ledo aos atrs, un cuento de Poe, ti
tulado "El pndulo" en el cual un condenado muerte
por la Santa Inquisicin, v bajar sobre su cabeza el
pndulo de acero que habr de horadarle el crneo,
sin que la cosa sea posible de evitar. Tambin su pndulo
bajaba por minutos, y el suplicio se haca intolerable,
como desgarramiento permanente de la piel tirones
lentos y cortos. Hubo instantes en que pens hablar con
LUIS ORREGO LUCO 147
el Gerente y confesarle su falta. Encaminse la ge
rencia con paso resuelto, el corazn lacerado y la frente
palpitante; ms all se encontr con uno de esos deta
lles insignificantes que cambian, sin embargo, el curso
de las cosas. Don Germn de la Fuente, respetable ca
ballero, amigo de su casa, le detena golpendole el hom
bro cariosamente, para preguntarle por los suyos.
"Cmo estaba don Santos?" habanle dicho que
enfermo don Germn era consejero del Banco, y en
tr la sala del Gerente como su casa. Juan se detuvo ;
no se atreva confesarse en presencia de ese caballero
y lo dej para despus: en ese instante oy la voz del
Gerente que le deca:
"Usted parece enfermo, Or
begoso, retrese su casa."
"N seor, gracias, si to
dava puedo trabajar." Quera prevenirle en favor suyo
con tal muestra de celo. Todo en su espritu era con
traccin; por una parte quera alejarse de aquel
volcn, de aquella terrible mina que tena encendida la
mecha, prximo ya el estallido ; por otra, le pareca que
junto con alejarse de la oficina vendra, el terrible arqueo,
para dejarle en descubierto, produciendo la catstrofe
final.
A las cuatro y media en punto, sali del Banco, encen
dida la cabeza, la frente ardiendo, todo afiebrado; los
nervios le sacudan de tal modo que no poda encender
un cigarrillo sacado de la petaca.
"Dios mo, qu ha
cer?"
era la pregunta que incesantemente repeta, sin
hallar respuesta. Aunque le doliera mucho, lo ms corto
sera pedirle prestado el dinero su to Sanders
cmo no se le haba ocurrido antes una idea tan senci
lla? pero la suma no dejaba de ser gruesa diez y
nueve mil pesos. Su to le quera, eso era evidente, su
fortuna era considerable una suma de esa especie no
le hara ni ms pobre ni ms rico, millonario como era.
Adelante y pecho al ro; no deba amedrentarse por
vanos temores pero eso que le pareca tan sencillo de
hacer, en teora, en realidad se le haca terriblemente
difcil, retenido como estaba por falso pudor, por el
148 EN FAMILIA
miedo de confesar que haba cometido una accin fea,
una accin indigna. "Por qu no decirlo si era la ver
dad? una accin criminal," cuyo peso solamente ahora
comprenda en toda su extensin inmensa. Y esa reten
cin del pudor moral era tan grande que casi le pa
reca mejor confesrselo todo al gerente. Sin embargo,
al llegar la Plaza de Anuas, le entr como fiebre
por hablar con su to Sanders; mir su reloj, seran
cosa de las cinco y media. Apresur entonces el paso,
obligndole detenerse unos carruajes que se haban
enredado. De uno de ellos le hicieron el ms carioso
de los saludos eran las Escalantes, que iban al Parque,
"maana ya no me saludarn de esa manera" se dijo
el cuitado, en verdadero sobresalto de su vanidad
herida y palpitante. "Ya no me conocern, as es el
mundo". Esto le movi apresurar el paso. Despus
de arrastrarlo, al salir de la oficina, ahora casi corra,
tal inquietud le devoraba. Por fin, despus de minutos
que le parecieron siglos, lleg la vieja casa de la calle
de Santo Domingo preguntando la primera sirvienta
que top: "Dnde est mi to Sanders que traigo un
recado urgente para l?"
"Acaba de irse, contest doa Encarnacin entra-
briendo la puerta; parti Chillan, en el nocturno, pe
sar de lo mucho que le
pido no viaje en ese tren tan pe
ligroso, aqu donde tienen la costumbre salvaje de arro
jarle piedras los trenes nocturnos no sea que vaya
tocarle una en el instante menos pensado. Pero si se te
ofrece algo de importancia le escribir maana tem
prano de qu se trata ?
Juan se sinti sorprendido de improviso, calculando
que su ta no podra decirle nada; adems las mujeres
tienen criterio tan especial que uno jams acierta por
dnde habrn de salir reventar. Hizo gesto de in
diferencia :
"No se trata de nada de importanciar"
No pudo dejar de ruborizarse al mentir tan impensada
mente. Doa Encarnacin lo advirti :
"Y entonces
porqu venas tan apurado?"
Por si se iba de Santia-
LUIS ORREGO LUCO 149
go".
-"Cmo lo sabas cuando el viaje lo ha resuelto
de repente hace apenas una hora?" Su ta le dirigi
una mirada interrogadora
que le cay como garrotazo
y movi la cabeza lentamente, entre recelosa y
sor
prendida; senta que algo raro pasaba. "Tu me ocul
tas algo," agreg; lo que dices me parece turbio."
"Nada ta".
Juan sali aparentando indiferencia; en la puerta sac
el reloj de su bolsillo; daba las cinco y tres cuartos.
Acaso, acaso, apurndose alcanzara su to en la esta
cin, acompandole hasta San Bernardo ; en el camino
se lo dira todo, la verdad entera, como se le dice un
padre, y le prometera enmendarse, salir de Santiago,
hacer lo que quisiera- slo quera salvar su honor, evi
tar humillaciones que le abrumaran. En vano recorri
la calle trote largo, corriendo por ltimo, atrepellando
los pasantes al fin ; no pareca ningn coche hasta
que por fin dio con uno, le ofreci esplndida paga si
alcanzaba al tren del sur. Azot los caballos el auriga
y partieron en carrera vertiginosa, atrepellndolo todo,
partiendo por encima de la gente, sin darse tiempo de
gritarle se hiciera un lado dirase que su vida penda
de la velocidad de la carrera. Llegaron, por fin. la
Estacin. En ese preciso instante, el tren, que acababa
de partir, tomaba vuelo ya era imposible alcanzarlo.
Horrible desesperanza le invada ; dbanle ganas de ma
tarse, para evitar aquel terrible derrumbe que presen
ta. La indignacin de su padre puritano de terrible
severidad las lgrimas de su madre, y su congoja, el
dolor de los suyos. Era la muerte civil cmo, jams,
se atrevera presentarse delante de ellos con mancha
semejante sobre el rostro? era la prdida del hogar.
Nubes negras le envolvan de todas partes, con signos
precursores de la tempestad cercana. Vala ms morir
pero Juan miraba dentro de si y no se senta con nimo
de matarse la muerte honda, siniestra, con abismos
insondables, con lo desconocido pavoroso en pos de si,
le aterraba, le empequeeca, despojndole de su valor
150 EN FAMILIA
natural
del cual no careca y debilitando su voluntad.
No es tan fcil suicidarse como generalmente se cree
pens entr si. En el instante record la imagen de un
individuo, ahorcado, que haba visto de muchacho, y sin
ti movimiento convulsivo, casi animal de repulsin ins
tintiva. El no podra matarse.
Al volver, se ech andar pie por la Alameda,
hora obscura y mal alumbrada, particularmente por aque
llos tiempos. An no se haba levantado la serie de mag
nficos edificios, posteriormente construidos los alre
dedores de la Estacin Central estaban llenos de casas
pobres, de cafes chinos, pintados de rojo, de casas equ
vocas, de bodegas que arrojaban olor vino, de bares
miserables en los cuales se revolvan el vicio y el cri
men. All se concertaban, entre bandidos, los asaltos noc
turnos, los salteos de los alrededores, se enganchaban
las cuadrillas de salteadores encabezados por alguno de
los horribles jefes perseguidos intilmente por la justicia.
Un terrible relmpago ilumin las tenebrosas obscurida
des de la conciencia de Juan sintise rebajado hasta
ellos, an ms vil que ellos, puesto que haba abusado de
la confianza en l depositada, para robar mansalva
mientras tanto el bandido siquiera haba jugado su pro
pia vida, al asaltar la casa del rico que poda recibirle
tiros y darle muerte en legtima defensa, sin responsa
bilidad alguna. Cmo haba podido caer tan abajo un
joven como l, hijo de don Santos Orbegoso, el hombre
ms honrado y escrupuloso del mundo, y de una mujer
tan digna como su madre, de vida sin tacha, toda pura
y noble, que an en su pobreza vea manera de consa
grar parte de su tiempo y de su escasa fortuna la be
neficencia? cmo pudo hacerlo?
En casa slo haba
recibido buenos ejemplos, educacin religiosa, casi ms
tica, de extremada devocin. Acaso no resonaban an
en sus odos los rumores del rosario-semicantado, en su
melopea de invocaciones sagradas, tan dulces all en los
das de su infancia, en los cuales todos rezamos y todos
creemos? Acaso no vea las mujeres de la casa,
LUIS ORREGO LUCO 151
incluso la servidumbre y nios, adems de don Santos,
arrodillados ante el altar resplandeciente de luces y de
flores, con la
imagen de la Virgen, vestida de blanco y
de azul? An crea recordar ese impulso fervoroso que
pareca brotar de las almas estremecidas al elevar sus
plegarias al cielo; el sonido ronco de la voz de don San
tos cuando llevaba el coro, en tanto que las ltimas pa
labras parecan arrastrarse en suave murmullo, todo
"
lleno de uncin :
Ruega seora, por nosotros los pe
cadores, ahora ...
y en la hora de nuestra muerte,
...
amn."
No poda explicarse s mismo, cmo un hombre,
criado en semejantes condiciones, hubiera podido tener
cada tan atroz, en delito de tal manera grave. Pero, en
ciertas penumbras de su conciencia, comenzaba vis
lumbrar rayos de luz. Le haba arrastrado la vanidad,
principalmente la vanidad, que era la nueva ley que la
sociedad se haba dado si misma. Primero, se haba
visto en crculo de jvenes elegantes y de gran for
tuna, que tenan nombre tan bueno como el suyo. Todos
eran aficionados copas, beban, se
alegraban, y luego
iban parar las casas de calles lejanas en donde tenan
sus queridas; otros picaban ms alto y tenan relaciones
con artistas de compaas extranjeras que les hacan
gastar dinerales. Juanito entr en la vida de diversiones
que sus dems amigos, ms ricos, llevaban pero no te
na dinero no ser lo poco que sus padres podan dar
le, y eso no era suficiente. Recibir invitaciones sin corres
ponderas jams no sera digno 'habra sido rebajarse
existencia de parsito en la cual no poda mante
nerse un Orbegoso que tena nombre. Comenzaba la te
rrible vida del pobre de levita. Por eso no sigui carrera.
como hubiera deseado su padre : adems existan pre
juicios de familia. No les hubiera agradado un mdico
de apellido Orbegoso. era descender; para ser ingeniero
abogado habra tenido que sujetarse estudios desa
gradables. Adems, necesitaba dinero para poder llevar
vida pasable, an sin lujo. Y cmo vivira durante los
152 EN FAMILIA
varios aos de aprendizaje que una profesin requiere?
Cmo hara sus gastos de sociedad? Necesitaba ganancia
inmediata. Recibido de bachiller entr al Universal, en
donde haba trabajado varios aos ; pero necesitaba man
tenerse en posicin y en rango de mucho gasto. Entonces
fu cuando se le ocurri meterse jugar, en compaa
de Javier Aldana, que haca sonar los restos de su pa
trimonio, y de otros muchachos de fortuna, que tenan
fundos en arriendo, de sus padres, y disponan de much
simo dinero, como Julio Rosales, el "pato", Lamas Ar-
teaga y otros por el estilo. Los ms invitados, los me
jor recibidos eran los que se presentaban con mayor boato
haciendo sonar los cascabeles de una victoria, y los bi
lletes en fiestas de beneficencia en comidas . paseos.
La vanidad social, las exigencias que impone, haban
sido cmplices de su cada. Su padre tena alma romana,
'
.templada en el sentimiento del deber que constitua la
fuerza de las viejas generaciones chilenas y que nos dio
la victoria en los campos de batalla, an ms que el valor
de nuestros soldados. Era forjada con el espritu de sa
crificio, con el valor de la pobreza, con el desprecio del
qu dirn, con el desdn de la vanidad social, con la cual
ni siquiera se encaraba, de tal manera la modestia en
traba en el fondo de sus virtudes pero modestia en las
costumbres unida terrible orgullo de familia, al senti
miento de raza de los antiguos conquistadores. Juan ad
miraba su padre, sin comprenderlo. En cuanto l,
era hombre de su tiempo, de sociedad nueva, en ebulli
cin, que se transformaba v que pretenda gozar, vivir
al da, cuya ocupacin principal iba ser la conquista
del dinero, por bien si se poda, por mal en caso con
trario. Se haba saturado de la nueva admsfera, sin re
parar en los medios. Por eso, haba comenzado por jugar
con su dinero, luego haba tomado de la caja su futuro
sueldo, por ltimo sumas gruesas que, segn se deca
para disculparse, devolvera ms tarde era que entraba
en los compromisos de conciencia, cada vez ms elsticos
y cada vez ms inciertos que de la transaccin nos llevan
LUIS ORREGO LUCO 153
la destruccin definitiva del sentido moral. Ahora des
pertaba de su horrible pesadilla, del insensible rodar, al
borde de la catstrofe inminente.
Al levantar la vista, en el continuo desfilar de edificios
y de luces, divisados al travs de sutil neblina, vislumbr
Juan el de los Padres Franceses, en donde recibiera su
primera educacin. Vnole entonces la idea de verse con
el padre Anselmo, su antiguo maestro, Rector del Co
legio ahora. Tir del cordn de la campana, tocada en
otro tiempo cuando volva con su saco de ropa al hombro,
como los dems muchachos, el da domingo
cuan me
lanclico le pareca entonces el final de fiesta, con los es
tudios, los trabajos y la clausura en perspectiva y sin
embargo, con gusto hubiera vuelto esos tiempos cuya
atmsfera de paz slo ahora apreciaba. El Padre Anselmo
era entonces hombre de sesenta y cinco aos, pequeo
de estatura, de cabellera blanca, los ojos grises y vivos,
que brillaban como alfileres tras de sus gafas, tratando
de penetrar en el fondo de las personas. Era fama que los
muchachos ms diablos, hasta el clebre Javier Aldana
que pasaba por ser el mismo demonio, le tributaban ho
menaje juzgando intil tratar de engaarle. En cierta oca
sin en que se haba presentado con la cara amarrada, pi
dindole permiso para salir, por dolor de muelas, le con
test l padre : "Si quieres sacrtela, no tengo inconve
niente en que salgas", Javier acept, pero no contaba con
la huspeda; el padre Anselmo le acompaaba. Fueron
donde el dentista, Javier tuvo el valor, por no dar su
brazo torcer, de hacerse sacar una muela sana. Vol
vieron juntos al colegio. En la puerta le despidi el padre,
dicintole : "Lo que es ahora, ndate tu casa, por el
valor y la consecuencia que has demostrado en sacarte
una muela que no te dola; en otra ocasin, no trates de
engaarme, pues cuando t vayas de ida ya estoy yo de
vuelta". Era espritu fino y penetrante, unido corazn
con todos,
generoso; sus costumbres severas, exigente
en material de disciplina que para l era lo principal
en materia de educacin.
154 EN FAMILIA
Junto con penetrar en el estrecho saln de la casa, al
ver el antiguo crucifijo quetantas veces contemplara de
nio sobre la misma mesa, y los viejos muebles, decentes
y limpios pero modestos, de estilo imperio tapizados
en cuero ; al divisar por los corredores el paso arrastrado
de "Tachuela", con su cuerpo chico y su rostro aperga
minado, que haba sido tambor de los ejrcitos de Napo
len, segn la leyenda del colegio, sinti que le daba el
corazn un qu lstima de no vivir an
vuelco. "Ah !
en aquellos tiempos ! El padre Anselmo penetr la sala
momentos despus; recibile con los brazos abiertos y
una sombra de emocin, de cario paternal, que empa
aba sus lentes :
"Al fin, hijo mo, te apareces por ac. Cmo es
tn en tu casa? Nada de particular, por cierto, feliz
mente. En cambio t traes algo; me han dado malas
noticias tuyas muy malas Vivo lejos del mundo pero
me llegan los rumores de lo que pasa y sigo mis alum
nos en sus triunfos y en sus tristezas. Dicen que te has
vuelto calavera, que juegas, que pierdes gruesas sumas,
que en fin no hablemos todava de esas cosas tristes
que tienen tan duro despertar, porque todo en la vida
trae consigo su resultado, amargo veces cuando la con
ciencia no est limpia. Y pensar que t eras tan bueno
y tan piadoso. Quin pudo corromper mi oveja pre
dilecta?" Su voz se haca tierna, insinuante, como si
quisiera penetrar con suavidad en la conciencia de su
antiguo alumno. El sacerdote tuvo ese mismb tono lejano,
de honda melancola, de msica de antao, con que Ma
ra Guerrero, dijo aos ms tarde los versos del "Rosal" :
Quin te sac de la rama que no ests en tu rosal?
Juan se senta removido hasta lo ms hondo. No ne
cesitaba casi hablar, su antiguo maestro iba poniendo
suavemente l dedo en la llaga, para que no le doliese
demasiado.
Luego agreg l padre Anselmo : "A t te pasa algo
grave, algo que no te atreves decirme, y que es con
secuencia directa de la nueva vida que llevas, del ca-
LUIS ORREGO LUCO 155
mino que has tomado. Presiento en t, una especie de
agona ntima, desesperacin que no encuentra palabras.
Y si as no fuera, no estaras aqu, casi al pie del confe
sionario, en busca de alivio que el mundo te niega".
Juan no respondi una sola palabra; el silencio se hizo
en la sala conventual, mientras la sombra del
crepsculo
muerto, invada rpidamente, por los altos ventanales
de colores, los mbitos de la pieza.
"Tan grave es la situacin?"
"Muy grave"
"Habla, hijo mo..."
La voz acariciaba de nuevo, abra las puertas, indi
caba en las lejanas el perdn, como una esperanza, la
resignacin como una fuerza. El Crucifijo blanco, pa
lideca en la sombra.
"Habla, hijo mo. . .
Juan sinti entonces toda la fuerza sugestionante del
crepsculo y del vasto silencio; comprendi, por intui
cin, esa ley oculta en virtud de la cual las palabras de
amor y de misterio tienen doble fuerza la cada de la
sombra, en la hora en que se dice todo y en que todo
puede decirse. Abri las compuertas de su alma, y re
firi la situacin en que se encontraba, con detalles, sin
sin omitir alguno, sin perdonar lo que ms le humi
llaba. Era la necesidad de vivir en la verdad que le so
brecoga, de sbito, como canal desbordado y poderoso
que rompe los diques.
El padre Anselmo le escuchaba. "Todo no est perdido
puesto que sientes la necesidad de vivir en la verdad y
de enmendarte. Por mi parte, voy quedar tranquilo
respecto de t ; es menester que ahora t mismo te tran
quilices, que reconfortes tus nervios, que te aprontes
la crisis social y de vanidad humana porque, no te
equivoques, el origen de todas tus culpas est en el de
monio de la vanidad mundana que tantos pierde, y del
orgullo. Lo primero es pagar; no desmayes, busca dine
ro, brete con algunos de tus amigos y parientes, con
los ms ntimos. Pinta tu situacin en globo, sin bajar
156 EN FAMILIA
los detalles de vida privada que slo t te perte
necen. No vayas mentir por nada, pero no seas indis
creto. Por el momento, se trata de salvar limpio tu
nombre que es de tu familia, y luego de hacer nueva vida,
y de pagar religiosamente lo que ahora te prestaren.
Veamos quienes podras dirigirte."
Y comenzaron un examen rpido y sumario de sus
parientes y amigos, en el cual el sacerdote demostraba
conocimiento maravilloso de los hombres, disecndolos,
hundindoles el escalpelo, como lo hubiera hecho un po
ltico avesado al manejo de los hombres y de la vida.
"Mira, no te vayas meter con tu to Hernando, que no
.sirve para nada ; muy regular, muy correcto, oye siempre
su misa y cumple con la Iglesia tiene fortuna y la guar
da, es guardoso. pero no es capaz de corazonada, de
. .
algo espontneo. A m no me gustan esos seres que
todo lo constituyen en la forma, en la modalidad, que
siguen la letra y no el espritu del Evangelio, al modo de
los fariseos. No te metas con ese Y ya que bas estado ...
en esos los, busca, para que te saque del pantano, tu
amigo Javier. . . es tuno, desvergonzado, un per
dido. . . remedio porque tiene corazn, y jams
pero con
hay que desesperar con los hombres de ese temple ; anda
verlo. "El sacerdote lamentaba no disponer de fondos
en ese momento..." De ninguna manera los hubiera
aceptado interrumpi Juan. "Ya vez? habla el orgu
llo" le contest. Y sali con el alma reconfortada.
ms animoso, ms firme, distinto del hombre que antes
pensara en matarse.
Inmediatamente fu donde Javier, quien no encontr,
Le dej una tarjeta escrita con lpiz, y parti casa de
su to Hernando.
Por qu iba? Porque no poda creer en las palabras
del padre Anselmo; conoca el orgullo y la vanidad de
familia de su to, y por esto esperaba ayuda, an cuando
slo limitada, pero algo en fin dado que tambin recaa
sobre l aquel escndalo ya prximo.
Hernando viva en una casita de la calle de Teatinos
LUIS ORREGO LUCO 157
.cerca de Rosas, en edificio elegante y nuevo de dos pisos.
El sirviente, vestido de librea, le introdujo al saloncillo,
puesto con muebles de estilo americano, del llamado
mission, de cuero. Todo era elegante y confortable. Los
cortinajes sobrios, los cuadros alegres, y algunos de re
gular mrito, an cuando no por cierto legtimos los que
exhiba como Holbein y Watteau, repitiendo su historia
cada visitante de la casa.
En esos hallbase en compaa de un ami
momentos
go, el elegante Gallter, que paladeaba tranquilamente su
copita de Kummel, dejando caer unas cuantas palabras
con el tono y levemente desdeoso que formaba
parejo
parte de estudiada elegancia. Gallter vesta como
su
figurn, segn su costumbre, de pantaln claro, irrepro
chablemente planchado, chaquet tan entallado que pa
reca llevara cors, albsimo cuello y plastrn de seda
de tono granate y oro ; la onda de su cabellera formaba
una curva ireprochable, y los bigotes retorcidos y engo
mados tenan ese corte germnico, posteriormente popu
larizado por el Kaiser.
"Si seor, deca con acento levemente tudesco, los
negocios no marchan, no llevan, como antes, el paso de
parada. Es que la poltica en Chile todo lo resuelve. Mire,
usted, hombre ; yo no comprendo francamente por qu le
hacen tanta oposicin al Presidente: es necesario que
alguien mande, no es posible que todos gobiernen un
"
mismo tiempo. . .
-"Pero un pueblo libre, una raza viril como la nues
tra, necesita de libertad de elecciones, no puede dejarse
pisotear por un mandn cualquiera ; no somos inquilinos
de fundo, ni estamos dispuestos correr tras la m'ula
madrina que pasa haciendo sonar la esquila. Adonde
iramos parar si lo dejramos hacer lo que se le da la
gana, y designar sucesor como qu.ien nombra
nuevo
Esto no se puede tolerar, el pas est
mayordomo? ya
parar quin
que se arde ; el da menos pensado vamos
sabe dnde, qu lo, en una revolucin".
en
"J, j, djeme usted rerme, bombre; ustedes los
158 EN FAMILIA
chilenos son muy pacientes, no hacen revoluciones, y
tienen adems mucho sentido prctico y saben que con
la mejor revolucin no se gana nada
salvo los provee
dores de armamentos, que son los que promueven en
Chile las cuestiones guerreras internacionales, repar
tiendo primas para mantener el fuego sagrado del pa
triotismo.
Gallter tena entonaciones irnicas en su lengua je tran
quilo y fro, para decir las cosas ms amargas y fuertes,
como quien no dice nada.
Hernn se exalt :
"Usted no nos conoce Gallter. aqu no todo es ne
gociado; hay altivez, espritu de sacrificio, abnegacin,
generosidad."
"Estoy convencido
de eso, desde que vi una seo
ra millonaria que usted conoce, en circunstancias en que
un muchacho suplementero le devolva su cartera con
quinientos pesos, que acababa de recoger botada en la ca
lle. La gran seora le pas una moneda de diez centavos,
dicindole. "toma hijita, pero no te vayas beber al
despacho."
"Gallter usted se le pasa la mano
como parti
dario del Presidente abusa. ." .
"Si yo soy extranjero no tengo partido sino el pelo
j... j...
Era el precursor de los cuentos alemanes. Gallter rea,
satisfecho de lo que juzgaba su gracia, balanceando un
zapato de charol con caa amarilla, que era entonces la
ltima palabra de la moda, la cual segua como los
buenos observantes las prcticas religiosas.
Juan entraba en esos momentos, tiempo para im
pedir una discusin cosa que Gallter haba evitado,
probablemente, en su horror de buen tono por cuanto
significara levantar la voz y exaltarse ; las discusiones le
parecan groseras y de mal tono l hubiera perdo
nado un asesinato antes que una falta de correccin.
Se estir una arruga invisible del chaquet, se par de
su asiento y recibi Juan con sonrisa graciosa. Hernn-
LUIS ORREGO LUCO 59
do sali su encuentro. Como el sobrino jams le pro
digaba las visitas, calcul que si vena era para pedirle
un favor,
por lo cual asumi desde el principio actitud
importante y un si es no es desdeosa :
"Juanito, cmo va? Cmo estn en casa todos?
y Elisa bien? Me alegro. ." .
Y sin ms prosigui su conversacin con Gallter, para
evitar con su malicia de huaso chileno el quedarse
solas con el joven, de quien tema un sablazo.
"Volvamos al punto de partida, al estado general
de los negocios, Gallter". A Hernando le gustaban las
cuestiones econmicas, en las cuales poda decir impune
mente todo gnero de disparates, sin miedo de que le
enmendasen, no ser con otros disparates. Con ellas se
daba cierta traza de hombre de Estado, versado en cues
tiones tan importantes como la Hacienda Pblica, y ade
ms ese gnero de conversaciones sentaba bien un hom
bre serio y formal : por eso y su fortuna ya cuantiosa,
gozaba de crdito en el Club y en la buena sociedad
santiaguina.
Juan escuchaba con los ojos bajos, sin atreverse
interrumpirles, en estado de verdadero anonadamiento,
intimidado por la situacin que atravesaba : hay momen
tos en que las alas se le caen al ms altivo, en que la mi
seria moral inclina la frente borrando hasta el sentido
de la dignidad natural. Juan miraba modestamente
los interlocutores, en particular su to, con esa mirada
peculiar de los inquilinos los patrones, de los preten
dientes al ministro, en que hay un dejo de sumisin
inquieta, restos de vencimiento en la lucha por la vida,
la zozobra del rechazo que se teme, de la humillacin que
se ve venir.
La conversacin prosegua lnguida, cohibida ahora
por la presencia de tercero. As llegaron las ocho. En
un
ese instante Gallter se levant apresurado : "Tengo que
irme, voy llegar tarde. .hasta luego". Miraba dis
.
trado un magnfico reloj de Breguet. Hernando le acom
pa hasta el vestbulo, y distrado tambin :
60 EN FAMILIA
"Juanito, le dijo, vas dispensarme pero tengo
que vestirme apresuradamente para ir comer casa .
de Watson, en donde me esperan."
Juan sinti que la voz se le pegaba en la garganta :
"Una palabra, Hernando, se trata de un gran ser
vicio que tengo que pedirte, de cuestin de vida
muerte para m Necesito que me prestes dieciocho mil
. . .
pesos. Eres rico, no te harn mucha falta, y ms tarde te
los devolver puntualmente con sus intereses . . . eso no
podrs dudarlo. . .
"Para qu?" pregunt Hernando con curiosidad.
Juan record el consejo prudente del Padre Anselmo ;
no era conveniente largar todas sus cartas, descubrin
dose por completo, ya que una indiscrecin poda per
derlo. Tuvo miedo, vacil, y, luego, confes francamente
su situacin real. Era que su alma senta el ansia de la
verdad despus de lo que haba cometido, y llegaba has
ta el extremo contrario la indiscrecin por recelo de
engaar.
"No puedo ayudarte en estos momentos, pues acabo
de enviar una suma gruesa la Argentina para comprar
el caballo "Cfiro" que acabo de adquirir en diez mil
nacionales. Por otra parte, hablando francamente, no me
gusta mezclarme en estas cosas as tan sucias . . . . . .
dispnsame la franqueza de la palabra. He sido siempre
honbre honrado, y no puedo aceptar el meter las manos
en un plato
repugnante, en defraudacin bancaria. En
ltimo trmino, tengo escrpulos ; yo vendra ser tu
cmplice, participar en cierto modo en esos manejos...
poco limpios. .
dispensa la franqueza pero los hombres
.
de honor debemos siempre el lenguaje de la sinceridad.
Siento mucho .
dispnsame, tengo que vestirme".
. .
Juan se -puso de pie; ambos se estrecharon la mano
framente. Al llegar de nuevo la calle, el joven sinti
que la frente le abrasaba, con ardores de fiebre. En su
interior admir al conocimiento de los hombres que tena
el Padre Anselmo. Experimentaba, sin embargo, sensa
cin de alivio al dejar aquella casa, y vaga tristeza que
LUIS ORREGO LUCO 161
provena ms que de la repulsa recibida, de profundo
desencanto. Ahora no le
quedaba ms recurso que hablar
con Javier, con el pobre amigo tan perseguido, tan mal
mirado en sociedad. Encaminse la calle de Agusti
nas, toc el timbre de Javier. No estaba le escribi
una tarjeta dolorida, angustiosa, apremiante, pidindole
hora, dndole cita.
El estmago le arda con fuego de plomo ; era que no
haba comido, en tanto trajn, Se fu al Club, en donde
escribi una carta, una larga carta en la cual refera
Javier susituacin tal como era, sin omitir detalle sen
ta confianza en la caballerosidad de su amigo, preci
samente del que tanto haba contribuido con su ejemplo
y con su compaa llevarle la dura pendiente, al cal
vario que cruzaba desde baca horas que eran siglos.
Agitbale sentimiento extrao, mezcla de odio, por el
mal que le haba hecho, y de confianza por la salvacin
que ya slo de l aguardaba. En caso contrario, la noche,
la sombra, lo desconocido, quin sabe qu cosa. . .
A las diez lleg su casa, y entr en puntillas, para
que no le sintieran notaba que cualquiera conversacin
sera para l fuente de amargura y ya no poda disimu
lar por ms tiempo el cansancio moral. Pero vio luz en
el escritorio de su padre. Al pasar, la puerta se abri :
"Entra, tenemos que hablar".
Estas palabras, pronunciadas en voz baja, le dieron
la intuicin de que todo estaba perdido; cayeron como
una sentencia de muerte sobre el infeliz, como el adis
al honor, la familia, la vida, la sociedad. Experi
mentaba la sensacin desesperada del que se ahoga. El
corazn pareca salrsele del pecho. Entr en el escri
torio de su padre. Aquello deba terminar de una vez,
sufra ya demasiado.
"Ya lo s todo", le dijo su padre.
"Primero vino
Gallter llamarme por encargo de su amigo el gerente
del Territorial. Fui all, y lo s todo. .
qu vergen
.
za!... un hijo mo... y yo que supe sacrificar mi fortuna,
pudiend salvarla en el asunto de la Sociedad Paraff,
6
162 EN FAMILIA
trueque de legar ustedes un nombre limpio, nom
bre honrado... qu vergenza!..."
Don Santos que se paseaba por el escritorio, tom
asiento, apoy sus codos en la mesa y se ech llorar.
No le haba dicho ninguna injuria, no haba proferido
ninguna palabra dura, su tono era dolorido, sin impre
caciones intiles, sin impresiones melodramticas. Pero
Juan vea esa cabeza blanca, de hombre de trabajo, que
tan duros sacrificios haba soportado por la familia.
"La cuestin de dinero no me importa, agreg, ver
manera de pagar y, an cuando con sacrificios, podr
hacerlo. . .
pero no es eso, sino la mancha.
la cada... . .
el crimen. . . de mi
hijo.-. de un Orbegoso.
. ." .
El sentimiento de la raza, el orgullo tradicional de la
familia vena para agravar los dolores del padre, con
agudz tan intensa, que slo poda soportarla un esp
ritu del vigoroso temple moral de don Santos. Tuvo, en
ese instante supremo, fuerza de alma grande. "Cmo
puede ser amada vida llena de tantas amarguras, sujeta
tantos casos y miserias? Cmo se puede llamar vida
la que engendra tantas muertes y pestilencias? decimos
con la "Imitacin". Muchas veces es reprendido el mun
do que es engaoso y vano, mas no se deja de ligero
cuando los apetitos sensuales seorean : mas unas cosas
nos inclinan y atraen amarlo, y otras aborrecerlo.
A amarle, inctanos el deseo de la carne, el deseo de los
ojos, y la soberbia y fausto de la vida. Mas las penas y
miserias que se siguen de estas cosas, causan odio y enojo
con el mismo mundo." Aquel hombre fuerte y santo sen
ta compenetrada su alma con las enseanzas religiosas,
con el anhelo del ms all, con la fe de los tiempos pri
mitivos, de los antiguos conquistadores que llegaran,
lanza en mano, tomar reinos para la fe de Cristo en
las regiones desoladas y misteriosas de Amrica, luchan
do con los elementos y los hombres, con las nieves de las
cordilleras y con las tremendas lanzas de los indios arau
canos. No solamente les mova la codicia, el afn del
oro; movales tambin el misticismo de la raza, el esp-
163
ritu ardiente de un
Ignacio de Loyola, con su esplritua
lismo de combatividad,
y el misticismo contemplativo
de una Santa Teresa de
Jess. La raza que haba produ
cido generales y hroes, entre los
Orbegoso,
daba ahora
como producto atvico, en don Santos, una alma de rigo
rosa piedad, sometida al
deber, complacida en la desgra
cia como en la expiacin necesaria de las faltas
humanas,
como en estado de
perfeccionamiento del ser, como en
suprema exaltacin de la vida interior.
Pero ahora, esa alma fuerte flaqueaba, trada
y lle
vada de sentimientos de amor
paternal; quera con
denar con palabras.de fuego, con acentos de maldicin
al hijo que deshonraba su nombre, cadas las
no y poda,
alas del corazn al verle humillado y abatido, sin voz,
en estado de
postracin absoluta que trae consigo la pr
dida de la energa y el eclipse de la dignidad. Don San
tos necesitaba meditar, quedar solo,
para recuperarse
s mismo; despidi su hijo con gesto mudo.
Juan
sali ; el anciano, con el corazn dolorido, escuch el rui
do de sus pasos que se alejaban y medit. Lo vea todo
confuso; en la inesperada crisis, le pareca que el honor
de los Orbegoso, ese orgullo de raza, era ya la burla
y la mofa de Santiago entero cmo gozaran los en
vidiosos, los advenedizos, al ver que familia tan ilustre
dejaba rodar sus antiguos blasones histricos por el
cieno del arroyo
ya los recin enriquecidos le eclipsa
ban con su lujo, y no le daba su puesto la sociedad que
le haba visto, sin embargo, abandonar su fortuna en un
acceso de hidalgua, sin que los preceptos legales le obli
garan. Ahora, con esto de Juan, ya no le quedara ni el
armio de su nombre. Al pensar de esta manera, sobre
cogile una ira inesperada, tuvo un sobresalto de la dig
nidad herida, y el deseo supremo, la necesidad ntima de
mantener intacto el prestigio de su nombre. Abri el ca
jn del escritorio, sac un Smith-Wesson, revis los tiros
el estrecho
y lo ech al bolsillo de su gabn, tom por
pasillo que conduca las habitaciones del segundo pa
tio, y abri suavemente. La vela estaba encendida en la
164 EN FAMILIA
palmatoria, sobre una mesa, dando su luz mortecina as
pecto lgubre la estancia. Juan, echado sobre la cama,
sollozaba, en esas convulsiones de los dolores sin remedio,
de la vida que s hunde sin reparo, perdida la ltima
esperanza, abrumado por lo irremediable. Don Santos
penetr en silencio, llevaba el rostro demacrado, como si
hubiera envejecido en unas cuantas horas : los ojos bri
llaban siniestros en las cuencas resecas, entre los prpa
dos apergaminados; sus dedos sarmentosos sacaron, en
tre tiritones de los nervios, el revlver que llevaba. Lo
deposit, junto la palmatoria y sali. No haba pronun
ciado una sola palabra, Juan tampoco, pero se haban
entendido, sin mirarse, en aquella 'horrible escena muda,
en que el uno, acosado, ya ni siquiera imploraba piedad
humana, y el otro sealaba, implacable, al hijo, la repa
racin suprema al honor de la familia. Sali, don San
tos, vacil la luz de la vela, removiendo la sombra, re
son el golpe seco de la puerta que se cerraba, como la
de una tumba y Juan se levant de la cama con movi
miento convulsivo : ya no vacilaba. Su resolucin acaba
ba de cristalizarse de una manera implacable sentase
ligero, casi contento, de salir por fin de aquella agona
que no se acababa nunca. Sac una cartera de cuero
ruso, con monograma de oro
regalo de da de santo he
cho por su madre y suspir con el recuerdo. Cmo ira
sufrir la pobre seora cuando l ya no existiera. Ya se
vea s mismo rgido, como estara dentro de breves
instantes, con la mirada vidriosa, y la expresin de la
suprema calma. Escribi una carta su madre en tono
sencillo, pidindole perdn por lo que iba realizar;
otra su padre, respetuosa y humilde, encontrndole ra
zn en su consejo, por la insinuacin que le hacia.
Acababa de cerrar los sobres y de lacrarlos, cuando
se abri nuevamente la puerta y penetr en el cuarto do
a Magdalena, haciendo irrupcin sbita. Con una mira
da lo comprendi todo, al ver su hijo, las cartas la
cradas, y sobre todo la expresin de aquel rostro que ya
no olvidara nunca; es que semejantes esfuerzos no se
LUIS ORREGO LUCO 165
realizan sin una contraccin de todo el ser, manifestada
por la tensin de la mscara inmvil, la empaadura de
la mirada, la rigidez endurecida de las facciones
y un
efluvio de resolucin definitiva, de supremo esfuerzo que
no es ni remedar. Desprendase del in
posible fingir,
feliz de amargura sin consuelo.
un mar
Doa Magdalena dio un grito ronco, la voz no le sala
de la garganta :
"Santos, Elisa, aprense que el "nio"
vengan, . . .
se mata .
por Dios y por la Virgen Sant
. . socorro . . .
sima. el "nio" se mata".
. .
Esa palabra "el nio" que acuda involuntariamente
sus labios en tan supremo trance, lo resuma todo : el
cario engendrado en las entraas de la madre, la ino
cencia de otros tiempos, los cuidados de antao, las enfer
medades, las preocupaciones, los carios, las pobrezas y
penurias pasadas por el muchacho. Vealo chico, de ves
tido corto, luego en el colegio, ms tarde ya hombre, tan
apuesto y buen mozo, atrayendo las miradas de las j
venes por su elegancia y su gracia -y todo eso lo iba
perder en un rapto de locura. Don Santos lleg co
rriendo, vena de zapatillas, luchando consigo mismo, en
tre llegarse al joven dejarle obrar. Ya no poda ms
los gritos sordos, el rumor de una silla que caa, le
arrastraron sin poderse contener. Y sus fuerzas cedie
ron, al ver la pobre seora arrebozada en su pauelo
negro, con el rostro baado en lgrimas, los cadejos de
pelo ceniciento cados sobre el rostro, desesperada, ofre
ciendo al cielo su vida en holocausto por su hijo, para
que se salvara. Don Santos fu l y le abraz.
"Hijo mo. perdname. que se haga la volun
. . . .
tad de Dios. Lucharemos juntos, unidos y seremos fuer
tes. La vanidad humana me arrastr y no supe lo que
hice. Consulate, aprtate de ese pecado, de ese nuevo
crimen: afrmate. Dios nos gua y nos protege en las
cadas y errores propios de la flaqueza humana. Confie
mos en El : Seor, muy de buena gana padecer todo lo
que quisieres que venga sobre m, lo bueno y lo malo. . .
166 EN FAMILIA
no nos apartes de t. . . Jas tribulaciones son pruebas
que nos sometes. Hijo mo, no pienses en matarte".
Y todo esto naca espontneo de su alma religiosa que
viva encerrada en su vida interior bastndose s mis
ma en las miserias ordinarias de la existencia. El anciano
abrazaba estrechamente su hijo, como para sacarle del
peligro en que acababa de verse, como para quitarle de
las garras de la muerte, llevndole nueva vida en unos
horizontes de luz que l le iluminaban.
CAPITULO VIII
Danzaban las figuras como sombras chinescas, en ca
rrera vertiginosa, inacabable, persiguindose las unas
las otras, como si de ellas dependiera la suerte del uni
verso; eran unos hombrecillos enanos que corran y co
rran, como en los cinematgrafos, pisndose los talones,
pero sin darse alcance, enloquecidos y anhelantes, por
laderas y montes, por abismos sombros y por llanos ina
cabables de ilimitados desiertos. Perseguanles unos gi
gantes de piernas desmesuradas, dispuestos darles tor
mento horrible. Cruzaban unas veces por las regiones del
fuego, tal como l recordaba en una fragua, bien por
las del hielo, corrijo se describe en los viajes los polos.
Y l, Juanito, iba corriendo, corriendo entre los enanos,
acosado de una angustia atroz, sin saber por qu causa
corra, ni por qu le acosaban. Luego, hacase un silen
cio absoluto dentro de su ser, como si hubiese muerto,
como si todo hubiera desaparecido para siempre no le
tocaban los rumores mundanos, ranle indiferentes las
cosas que antes le sedujeron, el amor, la ambicin, el di
nero, hasta la familia. Luego volva la conciencia de s
mismo, como hubiera podido hacerlo algn extrao.
Unos compases de msica sentimental volvan y revol
van por su cabeza frases perdidas de una sonata de
168 EN FAMILIA
Beethoven, de la Meloda Passionata, escuchada muchas
veces en das felices una mujer que am en tiempos le
janos, una' que bes sus ojos y sus cabellos, hundiendo
en ellos los dedos
plidos con la melancola de las nos
talgias de amor y de ensueo. Pasaban en danza inaca
bable, vestidas de rosa las ninfas de los das dichosos;
de violeta la de las horas de crepsculo, de
negro las de
los das amargos. Todas ellas cantaban y cantaban,
pa
saban y pasaban en incesante ronda, irnicas joviales,
melanclicas pensativas 'por sus ojos corran res
plandores. . .
Una maana, al despertar, reconoci por primera vez
Elisa siempre su lado en las horas
amargas; traa
una taza con bebida.
"Quieres decirme, qu me ha pasado?"
"Has estado con mucha fiebre; pero ya te veo me-
jor".
Ah ! ahora le volva la memoria poco poco, inundn
dose de sudor fro, como si viera resucitar la terrible
imag-en de los das pasados.
Elisa lo adivin :
-"No pienses ms en eso".
"Quiero hablar con mi madre".
"Ms tarde ser".
"No ; inmediatamente".
"Entonces deseas recada? Tu asunto est arregla
do, pobre Juan. Javier se ha portado muy caballerosa
mente, contndole al seor Faz, al gerente del Universal,
lo que haba pasado entre ustedes. Ah tienes la carta que
te mand Javier, agreg, pasndole una misiva que lo
esperaba desde haca varios das".
Juan recorri vivamente las pginas, quedando sus
penso. Su amigo le deca que haba conseguido el dinero,
y depositado su nombre, declarando aue le haba sido
entregado por Juan, recibindole sin "visto bueno" un
cheque, bajo promesa formal de reintegrarlo en las vein
ticuatro horas; como su amigo se hallara enfermo,
para
evitar comentarios desfavorables, no
pudiend llevar-
LUIS ORREGO LUCO 169
selos, se los entregaba al propio jefe, pidindole excu
sas, pues sus odos haba llegado lo que de Juan se de
ca. Quedaba con grave irregularidad, pero libre de
culpa.
"Cmo se habr conseguido el dinero? de dnde
diablos lo sacara? se preguntaba Juan. Un sentimiento
de gratitud le invada, deseos vehementes de abrazar su
amigo, de llorar en su presencia lgrimas de gratitud in
finita. Haba llevado su abnegacin hasta el punto de
quedar en situacin personal equvoca, trueque de sal
varlo. Ignoraba que Javier, al recibir la carta, se hallaba
precisamente bajo el peso de la ruptura con Elisa, y que
su primer movimiento haba sido el de negarse redonda
mente. Por qu se ira sacrificar cuando le trataba de
ese modo la hermana de su amigo? Pero luego haba
reaccionado. Un Aldana no poda dejar tirado al compa
ero que tantas veces en la sala de juego le haba prestado
sumas considerables;por otra parte, no le caba tambin
responsabilidad moral, l, que le haba metido en aque
llos andurriales ? Javier se exageraba si mismo el sen
tido de la responsabilidad que le corresponda; era que
en el fondo tambin obraba el amor Elisa, an cuando
s mismo no se lo confesar i. Sac, suspirando, del Banco,
los fondos para la "Lechera Modelo", y agreg ellos
unos cuantos bonos del exiguo resto de su patrimonio
personal. Y pag.
Afuera se oa murmullo de conversaciones; era doa
Magdalena que hablaba con el doctor Ortz.
"Est usted seguro de que se mejorar pronto?"
preguntaba por centsima vez la atribulada madre.
"S, seora, no lo dude usted, pronto. Slo ser
preciso que se le evite emociones, siempre perjudiciales
en su estado, que es el fruto de tina fuerte impresin mo
ral; talvez emociones de juego, quizs contrastes de
amor".
DoaMagdalena callaba; un canario cantaba en su
de
jaula con sonoros repiqueteos, esparciendo atmsfera
trinos agudos. La primavera
paz y de confianza, con sus
170 EN FAMILIA
naciente arrojaba alegres bocanadas de efluvios aromti
cos. Despuntaban las rosas y moran las camelias, desgra
nando sus hojas blancas en ptalos que se
desplomaban
lentamente, con leve, imperceptible ruido. As tambin
ella haba visto deslizarse y caer tantas ilusiones en la
vida; haba concentrado la suya en aquel muchacho sim
ptico, alegre, buen mozo, querido de las nias y si no,
ah estaba para decirlo Pepita Velar-de,
que se mora
por l.
Su pensamiento era evocador
por esa extraa ley de
telepata ms frecuente de lo que se cree. Pepita entraba
en esos
instantes, acompaada de Rafaela y Mercedes
Escalante. Venan saber de Juan, haban odo decir
que
estaba extremadamente grave
y lo sentan en el alma.
"Mam est sumamente preocupada con esto,
^ agre
g Mercedes, lo mismo que si se tratara de alguna de
nosotras ; yo no s qu tiene este muchacho
para que to
dos lo quieran". Alguien les haba
dicho, en realidad,
que Juan se encontraba enfermo, y ellas, con el afn de
exagerarlo todo, que constitua la caracterstica de la fa
milia, casi lo haban dado por muerto.
"Est mejor, gracias, contest la seora en tono
agridulce; felizmente ha sido sino poca cosa".
Es que en las familias chilenas existe la costumbre de
apocarlo todo cuando de enfermedades se trata; se les
figura que as, la cosa es menos seria. Es como deseo de
sugestionar el mal, con temor supersticioso de que la cosa
empeore.
"Si no ha sido casi nada, el miedo ms que todo.
hijita, un susto que ha hecho pasar este
nos
malvado."
Pero nos ha procurado la ocasin de ver
que muchas per
sonas lo quieren an cuando l no lo
merezca".
Al oir estas palabras, Pepita
enrojeci como una ama
pola.- Era rubia, pequea, de ojos verdes y expresivos,
que tenan algo de mar. Cuando reciba impresiones
fuer
tes, pareca como que se obscurecan un tanto.
"Vaya, nosotros que contbamos con l para el pa
seo
Apoquindo. Ser una fiesta ntima, la cual slo
LUIS ORREGO LUCO 171
asistirn tres cuatro familias y dos docenas de jve
nes. Juan, con su buen humor, es
indispensable en todas
partes."
"Y^-no podra dejarse mejor ocasin?" pre
para
gunt conmalicia l doctor Ortz. Le agradaban esas pe
queas maldades sociales, las frases que permitan trans
parentar un sentimiento ajeno. "Supongo que no se tra
ta de celebrar todava el centenario de la independencia
con tanta anticipacin".
"Es que ya se haba comenzado repartir las invi
taciones", contest Pepita, con ingenuidad deliciosa.
Samuel Ortz sonri, y luego liando un cigarrillo :
"La humanidad ser siempre as ; unos cuantos pe
dazos de papel impresos, unas esquelas repartidas bastan
para que sacrifiquemos nuestros gustos y nuestras ale
gras, y nos pasemos de las personas que ms nos agra
dan. Ahora me hallarn ustedes razn cuando afirmo que
slo debe creerse en el sulfato de quinina."
"Jess, qu barbaridad ! miren las herejas que dice
este seor".
"Y si ustedes lo dudan, ah est para probarlo Juan,
que va saliendo victoriosamente de su crisis, gracias
lal sulfato".
Las muchachas protestaban todas un tiempo ; aquello
les pareca un contrasentido enorme, sin tomar en cuenta
el punto religioso que les pareca fuera de tota discusin
ataque, y mirndolo slo desde el fondo de su manera
de concebir la vida. Haban recibido educacin romn
tica, y sus padres se hallaban imbuidos en los prejuicios
de j 830. Soaban con Pablo y Virginia muchas ni-
as tas llamaban Virginias y muchos jvenes Pablos.
Vivan en la adoracin de la naturaleza, soaban con amo
res idlicos en el azul, con almas hermanas y hurfanas
que se perseguan. Conocanse al azar en cualquier fies
ta, cambiaban un par de frases y luego otro par de mi
radas y, sin ms, se crean profundamente enamorados
y dispuestos dar la vida el uno por el otro. En las ima
ginaciones se viva el sueo de los amantes de Teruel, que
172 EN FAMILIA
se esperaron aos y aos. As tambin se concertaban
matrimonios infantiles que se aguardaban como en los
tiempos bblicos todo sin fortuna ni esperanzas de te
nerla. Se consideraba como el punto ms alto de la no
bleza de sentimientos
desdear el dinero, despreciar
los hombres que se presentan con fortuna, an cuando
fuesen buenos y caballerosos y sanos, si no tenan, ade
ms, figura de Adonis, sello de fatalidad sobre la frente
y aspecto soador de poetas de antao, tal y como los
pintaron Byron y Espronceda. Chateaubriand se les apa
reca como el prototipo, reclinado muellemente sobre una
roca en contemplacin del mar, con la mirada perdida en
el espacio. Otras lo comprendan de rompe y rasga,
la manera de los Mosqueteros de Dumas y de los anti
guos caballeros de la mesa redonda y de los Libros de
Caballeras antiguos modernos. Por eso el escepti
cismo fro de Ortz les daba accesos de furia, contenida
por la educacin.-
"Me da lstima oirle, doctor, interrumpi Pepita,
con su voz clara de nio, usted le quita la vida todo lo
que tiene de ms agradable y ms hermoso ; no valdra la
pena de vivir la vida si uno dudara de todo el mundo, si
slo viera tristezas, si creyera que nos vemos rodeados
de picaros. Prefiero creer que me encuentro en medio de
gente buena, de almas sanas y que cuantos me rodean s
lo buscan el bien y estn deseosos de obrar honrada
mente. No concibo que se pueda ser malo si no por excep
cin, los desgraciados que han nacido en la miseria y en
el vicio, sin padres que velaran por ellos, degradados en
la pobreza. Concibo el mal de los mseros que viven en
tugurios, en los conventillos de aguas estancadas en los
patios, de habitaciones insalubres. All donde se revuel
ven la miseria con el crimen, all es natural
que no haya
moralidad, ni sentimiento del bien del mal ; all es na
tural que desconfiemos del ser humano que ms
parece
una fiera. Pero nosotras, que vivimos entre
personas cris
tianas, no tenemos por qu dudar de nadie, sino recibirles
por lo que se nos presentan".
LUIS ORREGO LUCO 173
"Ay! qu no dara yo por tener en mi caso esa
teora optimista y ese concepto feliz de la vida. En mu
chas cosas le encuentro por cierto razn, sobre todo en
la justificacin explicacin ms bien de los sentimientos
criminales en las clases pobres y desvalidas. Pero, como
usted comprende, no podra discutir cuestiones filosficas
con nias, sobre todo siendo tan complicadas esas co-
sas .
"Bravo! bravo! el doctor se por vencido y se
niega discutir ; el gigante ha cado herido por la pedra
da certera de David" exclamaba con entusiasmo Ra
faela. Y prorrumpa en grandes voces, sin darle tiempo
de contestar al mdico y cantaba victoria hablando
tupidito, en lo cual consista su manera de ganar
siempre las discusiones, sobre todo cuando llegaba de re
fresco.
no ms, contest el doc
"Hablen, hablen, hablen
tor:" nada hay ms hermoso que las ilusiones, que el
creer en la bondad como ley de la vida y que de todas
partes nos cercan corazones sanos y almas limpias ; bien
est eso, por el momento, pero, no ser mejor conocer
la realidad de la vida toda despojada de ilusiones, y
precaverse contra las acechanzas de los millares de ene
migos que nos esperan emboscados entre los matorrales
del camino? ser preferible la ilusin que se nos mues
tra como el espejismo en el desierto, en el cual el via
jero sediento cree contemplar el oasis cercano y anda
la muerte en
y anda bajo el sol de fuego hasta encontrar
busca de los palacios y de las fuentes de agua cristalina
y de bosques de plataneros, para lo cual
acababa de aban
donar el modesto el cual habra hallado el
refugio en
descanso de sus miembros fatigados y el alivio de la
sed y acaso el mendrugo de pan que les permitiera con
tinuar en las horas en que ya no quemase el sol, an
cuando ya no se vieran espejismos encantadores ? Qu
les parece ustedes ? No ser mejor el conocimiento de
la realidad, de la vida como es en s? Qu es triste, que
es amarga, que sea doloroso conocerla, no ser yo quien
174 EN FAMILIA
lo ponga en duda
pero as y todo, prefiero la verdad
al engao."
"En lo acompao, doctor, dijo una voz detrs
eso
de l ; todo caso prefiero yo el conocimiento de la
en
verdad. Si quisiera un hombre, me gustara una expli
cacin franca; nada de coqueteras ni de engaos, ni de
hacerles creer otros cosas falsas. A todo el que se
ha presentado alguna vez en mi camino le he dicho
siempre la verdad, sinceramente desengandole desde
el primer momento; jams he querido dar esperanzas
irrealizables. Del mismo modo me agradara saber si el
hombre que alguna vez ame me traiciona. Qu quieren
si yo soy as.
Era Elisa que se asomaba con un posillo en la mano.
Las dems muchachas sonrieron en tono de burla.
-"La fiebre ha disminuido mucho, doctor, Juan aca
ba de despertar y ha conversado largamente conmigo;
tiene la cabeza despejada. Entre verlo".
Elisa se mostraba radiante. Era de aquellos seres que
difcilmente- pueden ocultar sus impresiones, que se
muestran todos trasparentes, tales como son en las in
timidades del alma, sin encubrir sus defectos sus an
tipatas. La hipocresa social era carga demasiado pesa
da para ella y cuando le pasaba mucho se descargaba
diciendo toda la verdad, con tan abrumadora franqueza
y risa tan abierta que nadie se atreva creerle, tomar
por su verdadero pensamiento aquello que con tanta
audacia enunciaba.
Ortz penetr la pieza de Juan; marchaba con el
paso peculiar que suelen tomar los mdicos entre no
sotros, y que tiene algo de lento y de hiertico es el
andar del sumo sacerdote antiguo ritmo que trata de
sugestionar con el movimiento, as como lo harn en
breve el sonido de su voz, la manera de interrogar, la ac
titud grave, los movimientos acompasados interroga
tivos que tratan de llegar hasta el fondo mismo que se
les oculta. Ortz penetr con lentitud, se aproxim al
enfermo, le tom el pulso, la vez que le saludaba ca-
LUIS ORREGO LUCO 175
riosamente como si no tuviera mucho tiempo que per
der :
"A ver esa
lengua
el pulso
anda mal la fiebre
no
ha desaparecido, la temperatura es bastante buena y se
acerca lo normal. Francamente me
enga, cre que
tenamos un caso de tifus, pero ha sido solamente fiebre
nerviosa. Gran tuno, talvez has tenido prdidas de jue
go, fuertes impresiones. Tendrs que confesarte con
migo, yo te absolver."
Juan sonrea. Despus de leda la carta en que Ja
vier le refera cmo haba arreglado las cosas; cuando
le contaron que el seor Faz, el gerente del Territorial
haba pasado saber de su salud y hablado con su padre,
paratranquilizarle, la confianza haba vuelto l ; sin
embargo an se senta mal, moralmente mal. Su espritu
se haba quebrantado. Experimentaba la grande impre
sin de cansancio que sienten los que han salvado de una
cada inminente de peligro que vieron encima. Era la
la sensacin de la catstrofe que le dejaba estremeci
mientos y vibraciones en todo el ser. Luego, comenzaba
reflexionar ahora en que su amigo Javier se haba co
locado en mala situacin por salvarlo ; haba confesado
al jefe de una poderosa institucin bancaria fuertes pr
didas de juego que no haba tenido, comprometiendo su
crdito futuro, pues claro est que si ms tarde necesitaba
dinero, hallara cerrada las puertas.
Y ese muchacho que haba dado terrible asalto
la caja confiada sus manos, exponindose cadas
irreparables ahora temblaba y se senta acongojado ante
la idea del mal que haca involuntariamente al hombre
que le haba salvado su honor. Era escrpulo que le so
brecoga atenacendole las extraas como si cometiera
mala accin.
Era el fondo honrado y sano de aquella familia
Orbegoso que sala la superficie, despus del naufra
gio, renovado por gran dolor, imponindose ahora con
la fuerza de una delicadeza moral mrbida de carne
herida y arrancada de la piel.
176 EN FAMILIA
Le dola lo ntimo, que Javier perdiera su crdito
en
en el
Banco, necesario si algn da se empeaba en ne
gocios; adivinaba el descrdito social que sobre l re
caera en cuanto se esparciese la noticia de que haba
girado cheque por fuerte suma en pago, acaso de
deudas de juego y
sin tener fondos ah. La maledi
cencia hallara manera de transformar una accin gene
rosa en el resultado de libertinajes, orgas y juego. Un
malestar sordo le haca sentirse autor del descrdito del
hombre quien deba su propia honra.
Caa la tarde cuando penetraron la pieza doa Mag
dalena y Samuel Ortz; sentase el olor peculiar de las
habitaciones de enfermos, unido la pestilencia de las
casas antiguas que han permanecido cerradas durante
largo espacio de tiempo, mezcla de rancio con medica
mentos, de botica y de casa hmeda. Por la ventana del
fondo apareca un eucaliptos meciendo melanclicamente
sus ramas de largas hojas; un pltano se alzaba junto
l, y ms cenca una mimosa de hojas finsimas
sen
tase soplo de primavera, algo de resurreccin y de re
nuevo en la naturaleza y en las almas.
"Seora, esto va bien, prosigui el mdico, despus
de verificar prolijo examen. Y qu tuviste muchacho,
cuestin de amores?
Al pronunciar estas palabras, experiment sordo ma
lestar. Por qu? Era que haba pasado por sus ojos
la imagen de una escena callejera de amor, sorprendida
la hora del crepsculo, mientras volva su casa de
recogida. Pasaba Samuel, justamente, por el jardn de
la Recoleta cuando vio, sentados en un banco de la
parte interior, Lucinda Cavada, hija de doa Rosenda
Aguilar, duea de la casa en la cual viva Ortiz, arren
dando un departamento. La muchacha haba tratado de
esconderse pero haba podido reconocerla. Tratbase de
cita callejera de estilo corriente; de uno de esos amores
que se ven diario y que paran todos en el mismo tris
tsimo desenlace. A pesar de que sacaba el bulto, vio
que el acompaante era Javier Aldana. El doctor haba
LUIS ORREGO LUCO 177
sentido la ms honda pena al ver cmo caa la
hija de la
mujer que tan bondadosa haba sido con l en sus das
de penurias. Aguard que andando lentamente
pasara,
por la calle Dardignac, hasta que la vio deslizarse pegada
la muralla.
-"Lucinda, le dijo, vaya con la pillada que acabo de
hacerle ..."
"Qu pillada ser?.
.' .
"No crea que vengo de las chacras; la reconoc
perfectamente cuando conversaba, -hace rato, con un
caballero que conozco bastante."
Es usted amigo de Olivos? Pregunt ella toda
confundida y ruborizada.
No soy amigo de ningn Olivos, no trate de en
gaarme, es intil, usted estaba en compaa de Javier
Aldana que es un perdido ; y as por la actitud que us
tedes tenan como por el temor que les inspir, com
prend que no andaban en buenos pasos."
No dej de observar Ortz que medida que hablaba
se difunda mortal
palidez por el rostro de la nia
era que Aldana le haca la corte con el falso nombre de
Olivos, y que por tal le tena ella. Lucinda se deshizo
en llanto, confesando al mdico la historia de sus amores.
Aldana la haba seguido una vez en el centro comercial,
de tienda en tienda, y luego de lejos; la haba acompa
ado su casa. Despus de varios encuentros se le haba
acercado, en actitud respetuosa, y ella le haba hecho
retirarse; pero cierto da hablaron, se pint como estu
diante de medicina y hasta entonces sola juntarse con
ella cuando volva del Conservatorio de msica en el
cual cursaba clase de canto. Haba vivido as feliz, cre
yndose amada por Javier, sintindose mecida en una
vida de esperanza y de ensueo desde ese da se vean
en todas partes; habamestado juntos en la Quinta Nor
mal, dando largos paseos la cada de la tarde por las
avenidas desiertas. Solo viva para Alberto Olivos, co
mo l deca llamarse. Ahora lloraba desesperada. Por
qu, si pensaba honradamente en ella, se haba presen-
178 EN FAMILIA
tado con nombre supuesto, hablndole de matrimonio?
Por qu se haba fingido estudiante y pobre, llegado
de
provincia para seguir carrera? Por qu haba tratado
de
presentarse como de condicin modesta y de familia des
conocida, si no era para engaarla, con el propsito fro
y deliberado de hacer de ella vctima, una de tantas
seducidas infelices que se arrojan la calle cuando estn
dems ?"
Ahora, al or hablar la seora Magdalena de los pa
decimientos de Juan ; al escucharle repetir, por dcima
vez, la historia tal como contaban haba sucedido, del
prstamo hecho por Juan, aceptando bajo su responsa
bilidad un cheque de Javier Aldana, y cmo ste lo ha
ba cubierto religiosamente explicando al gerente lo que
haba ocurrido, con caballerosidad ejemplar, Ortz ya no
pudo contenerse :
"Hizo usted nial en prestarle, amigo mo, porque no
conoce Javier Aldana; lo que es yo, no le confiara ni
una cabeza de alfiler."
"Pues hara usted mal, contest con acritud Juan ;"
yo lo-tengo por ms abnegado que muchos de esos que
han sentado plaza de Catones y que no suelen ser sino
Fariseos."
Ortz era en extremo susceptible, como todos los que
sufren de pobrezas y que cada instante se creen mira
dos en menos. La frase cay sobre l como una bomba.
creyendo que l se refera.
"Seora, yo me retiro", exclam ponindose de pie,
en ademn airado.
"Pero, hombre, qu le pasa? Si no he podido re
ferirme usted ni por asomos ..."
Pero el doctor sali con gran dignidad, sintiendo el
alma helada y el corazn traspasado de honda pena. Ha
ba que decir adis todos sus sueos ; ya no pensara
ms en Elisa, esa visin radiante de primavera. No
haba sido hecha para l, era picar demasiado alto, si
seor; ms vala doblar la hoja y continuar su camino
que no seguir recibiendo humillaciones que maana se
LUIS ORREGO LUCO 179
repetiran rebajndolo y hundindolo sus propios ojos
El hombre pobre debe hacerse respetar en toda circuns
tancia." As discurra estirndose los puos de la camisa,
gesto maquinal que practicaba en las ocasiones crticas
y cuando se hallaba en extremo preocupado, Deba ha
cerse respetar en su pobreza. Tosi, la emocin le
ahoga
ba. Y sali de la pieza.
En esos momentos entraba don Santos que le detuvo,
asindole del brazo ; pareca muy contento. Doa Magda
lena encendi las luces, poniendo pantallas que les daban
tono suavemente dorado, de intimidad agradable. El
caballero se dirigi su hijo con sumo cario; senta en
la conciencia la necesidad de reparar una injusticia que le
remorda la escena con su hijo le pareca ahora mons
truosa, y se juzgaba culpable.
"Por fin te has mejorado, Juanito; vaya que nos
has hecho padecer. Pero qu se va usted, doctor? Es
preme un momento, que tenemos que hablar. Debo
este nio una reparacin pblica. Hoy volvi verme el
seor Faz, gerente del Universal, y hemos conversado
largamente. Creer usted, doctor, que yo mismo pens
que m hijo, que Juan, haba sacado fondos del Territo
rial, abusando de su puesto para derrochar dinero en
el juego?
Y en realidad lo que haba hecho no era tal delito.
sino que haba recibido en caja un cheque de Javier Al
dana, excedido en su cuenta, como este lo cont al mis
mo Faz al da siguiente. Fu acto de excesiva confianza,
inco
imprudencia para salvar un amigo afligido . . .
rreccin grave, pero no delito. Y yo que le cre culpa
ble..."
Cadapalabra de su padre caa en el alma de Juan
como pualada, como nuevo engao que se le haca in
soportable, causndole dolor moral que era por momen
tos insufrible, removindole la herida en las entraas.
"Faz tuvo palabras cariosas respecto de t; fal
tastesin duda tu deber, al dar dinero sin el visto
bueno respectivo y sin segu'- los trmites reglamentarios.
180 EN FAMILIA
pero tenas confianza en
y bastantes tor
que te pagaran
mentos sufriste en la incertidumbre eso ha sido ms
qu suficiente. En cambio, se expres bastante mal del
joven Aldana. Qu significa eso de que haya perdido
dieciocho mil pesos en una noche de juego? De dnde
saca ese dinero? De la nada, nada se hace. Todo esto me
da mucho que sospechar, lo mismo que l. Francamen
te, no me agradara encontrar nuevamente ese joven en
casa. . . es un personaje equvoco, inmoral, peligroso."
Pues por ese personaje equvoco me ha insultado
ahora Juan, m, que lo he curado en todas sus enfer
medades como slo lo hubiera hecho con un hijo..."
El doctor no haba podido contenerse ms, en la con
goja ntima que le ahogaba.
Juan sinti que dentro de su alma se levantaba una
horrible tempestad interior. Un hombre se haba sacrifi
cado por l haba conseguido dinero quin sabe costa
de cules sacrificios para salvarle, y todos se volvan
contra ese hombre y le injuriaban y le calumniaban.
Eso no podra permitirlo jams, sin dejar de ser caba
llero. Era mejor decir la verdad, pensaran de l lo que
quisieran ; eso le servira de alivio, sera descargo de su
conciencia. Senta la necesidad del vivir en la verdad
de la redencin por la verdad.
"Doctor, le afirmo que nunca pens en humillarle
pero deba defender un amigo sobre el cual se arrojaba
lodo, cuanto acababa de hacer por m un sacrificio inmen
so, de esos que muy pocos hacen, salvndome con gene
rosidad sin lmites. Casi me faltan las fuerzas para hacet
una confesin que me humilla, que me enrojece la cara
Quieren saber la verdad? Es mejor que la conozcan
para que se callen y respeten lo que an me queda de
caballero. ." .
Don Santos palideca, medida que su hijo hablaba
sintiendo su frente inundada de sudor helado y pegajoso.
"La verdad es que yo saqu dinero de la caja, cre
yendo poder reponerlo, y cuando lo intent, hall todas
las puertas cerradas; hasta mi to Hernando, de quien
LUIS ORREGO LUCO 181
nunca dud, me arroj con ofensas, como si yo no tu
viera bastante con mi angustia. Golpe todas las puer
tas solicit prstamos de
amigos quienes haba prestado
dinero otras veces, y todos me echaron Pero Javier . . .
Aldana, quienes ustedes insultan y ofenden, fu el
nico que sac dinero, Dios sabe de dnde y costa de
qu sacrificios. Lo deposit mi nombre y me salv de
horrible catstrofe ese es el hombre que todos in
. . .
sultan, el perdido quien no se puede recibir en casa,
porque la mancha con su presencia. Para mi son las pa
labras dulces y para l todo el desprecio al vicio. Pues
bien, yo les pido que no toquen ese hombre, pues, slo
yo soy culpable . . .
Don Santos atravesaba por estado de crisis moral
que iba recrudeciendo, por reflejo, la de su hijo, acaso
porque tenan la misma sangre; acaso por extraos y
ocultos atavismos. Al verle demudado, cadavrico, con
tradas las pupilas, hundidos los ojos en las cuencas, por
impulso sbito. Ortz temi por l un ataque, tawz
explosin terrible.- Pero le vio acercarse su hijo 'con
los ojos bajos, encorvado el cuerpo enclenque, y mientras
le rodaban las lgrimas hilo hilo del rostro, sobrecogido
de dolor indecible, de esos que no hallan palabras, ni ex
presiones, extendi la mano hacia Juan :
Mira, te comprendo, tienes razn, pero yo ignoraba
cmo dir? eso. eso... Has hecho bien en decir la ver
. .
dad, porque junto con la confesin franca, valerosa,
bravia, comienza la hora de la redencin por el dolor y
por el arrepentimiento. Te has confesado reo cuando na
die te acusaba y estabas libre, para salvar el honor de
un amigo injustamente acusado. Eso est bien, eso es de
hombre, es de Obergoso. Los que no tienen sangre, los
que notienen raza, no comprendern jams semejante
nobleza el sacrificio."
en
"Est Ud. equivocado, seor don Santos, dijo su
turno Samuel Ortz, con la altivez que le caracterizaba;
yo, que soy un pobre que no tiene pergaminos de ningu
na especie, ni abuelos, ni familia conocida, yo que soy
182 EN FAMILIA
un msero que no tiene dnde caerse muerto, le aseguro
que ahora aprecio ms su hijo que nunca; que le ad
miro, habindole mirado antes como poca cosa perdo
ne la franqueza.
Poco me importa la cada, vicio, fal
ta, cuando hay tambin nobles virtudes el respeto ab
soluto la verdad, aunque humille, y mientras ms la
verdad abata, y mayor haya sido el esfuerzo sobre s mis
mo, ms extremado ser mi respeto. . Admiro la con
.
secuencia con los que nos han servido... la comprensin
de honor ajeno. ."
.
"Los que hemos sufrido, los que hemos padecido hu
millaciones, pobrezas, desdenes injustos ; los que hemos
i sentido fro alguna vez y llevado la ropa vieja y pasada
de moda, crame, seor, que podemos penetrar mejor
que nadie en lo ms hondo de los padecimientos ajenos
y subir tambin lo mls alto de su nobleza."
CAPITULO IX
A la una de la tarde, esa parte de la calle de Hur
fanos, de ordinario tranquila, estaba sumamente animada
con el ruido de carruajes que partan que
llegaban ha
ciendo saltar las piedras. La calle, en ese rincn, tena
el aspecto algo conventual del antiguo Santiago, un
tanto triste y silencioso. Es verdad que -el convento de
la Merced, muy prximo, contribua dar carcter de
reposo y de calma la tal parte de la ciudad que se
acerca al antiguo Alto del Puerto. De all vease el ce
rro de Santa Luca, todo cubierto de verdura, que se al
za no lejos, con sus grupos de palmeras y de mimosas,
por cima de un contrafuerte de piedra, donde acampara
antao, en tiempo de la conquista, la primera hueste de
aventureros que con la lanza en el puo y la tizona
al viento, gachas las alas del chambergo se apearon en
aquellas alturas en las cuales haban de construir la
primera fortaleza, para echar los cimientos de su epo
peya cantada por Ercilla en "La Araucana".
Ya haban partido en coches de posta, muy de ma
drugada, las antiguas sirvientes con los canastos de
fiambres para el pasee campestre al cual se haba dado
el nombre de "Pic-Nik", la inglesa. Los grupos de mu
chachas y de jvenes se haban formado en el patio, en
1S4 EN FAMILIA
donde se charlaba animadamente. El vasto
patio de la-
Escalante, pavimentado todo de mrmol, era Justante
espacioso.
Haba bancas de hierro, entre las palmas Fnix y las
enormes plantas de Jazmn del Cabo que ms parecan
rboles, y los naranjos chinos, los Seibos y unos rbo
les japoneses muy valiosos, de retorcidos troncos y de
flores rojizas que alternaban con las moradas de los Ja
carandas, en otra poca del ao. Los jvenes iban de
polainas blancas la gran moda entonces como si se
tratara de un da de carreras
y las nias de trajes cla
ros las ms, adelantndose la primavera
que recin
comenzaba en aquel hermoso da de Septiembre. El sol
prometa ser brillante, inundando el cielo de azul inten
so, uno de esos admirables das de nuestra tierra cuya
belleza slo de lejos se comprende en todo su esplendor
no igualado. La atmsfera tibia tena algo de tropical,
en su soplo suave; algo de caricia, de savia que sube,
de botones que rompen detrs del hielo que huye. Al
travs de la espaciosa portalada que separa el primero
del segundo patio de las Escalante, se vea las flores
sonrosadas de los duraznos y la espuma blanca, muy al
ba que pareca cubrir los cerezos manera de nevazn
toda blanca y tal blancura, con semejante rosa tenue,
bajo el sol de Septiembre, daba exquisita sensacin de
primavera.
"Ustedes me dispensarn, seoritas", deca Julio
Rosales unas muchachas elegantemente vestidas con
trajes de pao blanco, irreprochables, como obra de
Ruff, pero bien poco apropiados para paseo campestre.
"Ustedes dispensarn, pero se me ha confiado la direc
cin cmo dir? de la parte sportiva; tengo la respon
sabilidad de los carruajes, que velar porque los Mail-
coachs y los breaks en una palabra, que todos los "four-
in-hand" estn en situacin de cumplir con su deber,
,
como Arturo Prat en Iquique. .
j. .j. ."
. . .
La comparacin haba parecido sumamente graciosa
al joven sportman y la celebraba mandbula batiente,
LUIS ORREGO LUCO 185
el primero, mientras una de las nias le acompaaba por
mera cortesa, sin hallar maldita la gracia la tan ex
traa comparacin entre los deberes del joven Rosales
en materia de caballeras y el sacrificio del hroe del 21
de Mayo al hundirse en su buque.
"Ustedes dispensarn, pero los altos deberes de mi
cargo me
obligan privarme de tan grata compaa
trueque de que no se vayan cortar los tiros
en l camino,
pasar algn desperfecto' la alegra de la
que perturbe
fiesta, en la cual me propongo divertirme como un ja
bal. j. ,j. ." "Hay que cuidar los detalles. "Ca-
. . . .
re for th'e
penis..', the poun'ds take care of them selves"
es preciso cuidar los
peniques, como dicen tan bien los
ingleses, pues las libras se cuidan solas."
Sin ms Julio Rosales sali con paso largo, entera
mente britnico, los guantes de manejar ya puestos,
an cuando sin abotonarlos, pues lo prohiban los cno
nes' de la moda que l respetaba ms que los preceptos
religiosos.
"No se olvide de que Ud. manejar nuestro Mail",
le de lejos Dorotea Escalante, "queremos ir com
grit
pletamente seguras, bajo la direccin del primer sport
man de Chile. ." .
"Seorita, muy galante ; eso se guarda para el prn
cipe de Gales que es el primer sportman del reino."
Y cuando se alejaba :
"Este pobre Julio, dijo Pepita Velarde, fuerza
de leer revistasinglesas de sport y de hablar con jockeys
y preparadores, ha llegado convencerse d que nuestro
pas forma parte del Reino Unido."
"Pero es muchacho elegante y simptico, expres
Mercedes Escalante, saliendo en su defensa." Nadie se
viste como l entre los jvenes parece ingls autntico,
de los que se pasean por Regent-Street las cuatro de
la tarde."
"Ou-ou-yes.
very well" grit en tono cerrado
. .
otra de las chiquillas, con entonacin cmica, imitando
los ingleses de zarzuela.
1S6 EN FAMILIA
Javier Aldana, en un rincn del corredor, charlaba
alegremente con la seora Portal de Watson, elegan
tsima, con traje azul marino con cuello de encajes cre
ma, sombrero y cinturn del mismo tono, y mangas cor
tas que le permitan lucir guante crema de gamuza que
cea su brazo bien torneado. Quera el joven dirigirse
otro grupo, ms no se atreva. Haba divisado Elisa,
muy hermosa, vestida sencillamente, con el verdadero
traje que corresponde un paseo campestre, tambin de
azul marino. La mirada de Javier se complaca en la
contemplacin de aquel cuerpo delicioso, de lneas vir
ginales y llenas, esbelto, vigoroso, con promesas de vi
da y de salud; era el cuerpo de la raza nueva, sana de
cuerpo y de alma, llena el alma de alegra y el cuerpo
de fuerza. El paganismo ide semejante gnero de be
lleza y lo transmiti la posteridad en el mrmol de
sus estatuas, de Juno y de Minerva y Diana Cazadora.
Y cuan deliciosamente se rozaba su mirada con la de
ella, que no le rehua, como en otras ocasiones en que le
hiciera sufrir tanto. Ahora experimentaba como un ba
o de gloria en aquel acuerdo ntimo de las almas que
encontraba en ella. Haban pasado las horas negras, las
horas desesperadas del invierno ltimo; ahora luca la
primavera con nuevos fulgores de esperanza. Y se com
placa en adivinar el alma de Elisa al travs de aquellos
ojos negros, aterciopelados que fulguraban con dulzura,
de aquellos ojos negros que slo podan decir la verdad,
de aquella mujer que habia maldecido algunas veces y
que ahora bendeca con la mirada, dando gracias Dios
por haber hecho maanas de sol y das tan brillantes y
cielos tan puros y mujeres tan hermosas y tan adoradas.
Esa sonrisa no poda compararse con ninguna otra, en
su frescura, en su pureza, en su alegra, en su gracia, en
su espontaneidad de alma. Senta que haba cambiado
completamente respecto de l. Era como si su ser todo
atravesara por los oleajes del ocano, con esas mareas que
unas veces nos elevan las cumbres, para arrojarnos
otras lo profundo de los abismos. No olvidaba aquella
LUIS ORREGO LUCO 187
noche en que tanto le hiciera sufrir la salida del lea-
tro, con su continente deliberadamente fro y hostil, y
l'.ig^ aquelladolorosa conversacin en casa de 'as Es-
ca'ante, donde
en ahora se haban dado cita para el pa
seo. Es verdad
que Dorotea le haba dicho, con una son
risa misteriosa; que las cosas iban bien: "Sus "bonos"
han mejorado, Javier, creo que tienen premio." Era len
guaje de Bolsa que estuvo de moda en ciertos momen
tosde agitacin burstil frecuentes en nuestra vida eco
nmica. Javier, con esto, haba quedado feliz; bien com
prenda que en la nueva actitud, en el cambio de frente
favorable de Elisa deba entrar por mucho su conducta
con Juan, durante los momentos horribles de la crisis.
Miraba dentro de s, y no le agradaba que semejante cam
bio fuera obra del agradecimiento. "Acaso cree
que yo
entregu Juan los restos de mi patrimonio para sal
varle por amor de ella, se deca ; est en un error pues
andaba precisamente furioso con ella : lo que hice fu
servir un amigo en apuros. Pero Elisa crea, sin duda,
que haba sido por amor ella, y semejante prueba de
amor, dada precisamente cuando ella lo rechazaba, le
pareca bajeza que le desagradaba hondamente. Y, sin
embargo, era esa la verdad Javier no hubiera ofrecido
todo lo que tena Juan con tan soberbio y caballeresco
desprendimiento, no ser por la llama interior que le
consuma pesar suyo, pues amaba Elisa sin poder
evitarlo, por fuerza mayor, no porque esperara algo de
ella despus de su rechazo, sinc porque ese amor era en
l como fuerza de la naturaleza que se impona, como
se impone el verdadero amor y como se
imponen las
tempestades y los elementos desencadenados.
Micha y Caco se acercaron saludarlo como dos viejos
amigos :
"Por qu no vas casa? Qu te ha pasado que te
has perdido?" le dijo Micha, abriendo los ojos azules,
inmensos, y corriendo con la mano los rizos de cabellos
rubios que rociaban por la frente. Llevaba peinado que
le dejaba en la frente corte como los de los pajes de
188 EN FAMILIA
la Edad Media; su cuerpo esbelto y fino tena las lneas
de una razael vestido corto le llegaba la rodilla, no
pensaban bajrselo hasta los catorce aos, lo que la te
na furiosa. "Qu te ha pasado que te has perdido de
casa? A mi ta Encarnacin y mi mam les gustara
que Elisa se casara con mi to Hernando, pero yo te
prefiero porque me llevas dulces. el to Hernando es . .
muy cicatero. . Dime, es
. cierto que eres muy tunante?
El otro da se lo o la ta Micaela. Y cuando yo le pre
gunt: "Ta qu quiere decir tunante?" me contest
muy .fruncida : "Cllate, chiquilla tonta; tunante es el
hombre que lleva los bigotes largos. pero he notado . .
"
que los tuyos no son as . . .
"Mira, Micha, es verdad que yo tena los bigotes
largos, pero puedes asegurarle tu ta que me los he
cortado, y que por lo tanto, ya no soy lo que ella crea."
En esto se hizo or una corneta que resonaba en la
puerta: era Julio Rosales llamando reunin, pues ha
ba sonado la hora de la partida. "Vamos, que ya no
'"
se espera ms los atrasados Las Alvareda llega
. . .
ban corriendo, ponindose los guantes la una, abotonn
dose una manga, la otra, y la menor con un zapato sin
abotonar todava. Pero las tres hablaban a un tiempo.
Ellas no tenan la culpa, la costurera se haba atrasado
con unas chaquetas que deba planchar, pues haban
llegado de Europa bastante arrugadas. Se les presenta
ba ocasin favorable para referir que todo se lo traan
de Pars y ellas no eran personas capaces de desperdi
ciar. "Tambin la enfermedad de la ta Julia agre
g la Pantihita. "Cllate, tonta", le dijo una de sus
hermanas media voz ; "no vayas hablar de eso, mi
ra que si se muriera la ta Julia lucidas bamos quedar
con lo que ests diciendo. nosotros paseando mien
. .
tras ella estaba con el ataque. cllate tonta; si no eres
. .
capaz de inventar ni los polvos de arroz. ." La verdad .
era que las hermanas se haban atrasado porque les ha
ba llegado la falsa nueva de la muerte de la ta Julia,
pero cuando se supo que se trataba slo de un ataque
LUIS ORREGO LUCO 189
gravsimo, como noqueran perder el paseo de ninguna
manera, resolvieron, en consejo, hacerse las que no lo
saban. De aqu las miradas furibundas que todas dirigan
la indiscreta. Luca y Hortensia se echaron disertar
sobre trapos con verbosidad asombrosa : "las ltimas ca
pas de Pr eran carsimas, valan un ojo de la cara. ." .
"Con eso, la seora que compre dos, para sus hijas,
se queda ciega", observ Elisa.
Pero las Alvareda seguan impertrritas hablando so
bre trapos, con el propsito deliberado de hacer olvidar
la plancha de la hermana, pues eran bastante agudas.
A todo esto, comenz la salida de los grupos, el des
file de nias que toda costa queran lucir sus elegan
cias la hora de la partida. Eran muchachas vestidas
como figurines, de cuerpos esbeltos los cuerpos encan
tadores de las mujeres Chilenas antes de casarse y de
que las haya deformado la gordura de la vida perezosa,
la turca de nuestros hogares cerrados. Era desfile de
la alta sociedad de aquel entonces, unas pocas familias,
pero de las mejores, las nias ms hermosas, las ms ri
cas, las de ms brillante posicin social; presentbase la
especie de masonera que existe en todas partes del mun
do entre la gente de fortuna y la de abolengo, sea en
repblicas en monarquas. Los jvenes todos parecan
figurines, cuya nica preocupacin era la compostura
en el traje, la presentacin externa, el aire britnico, con
polainas blancas y y sobretodos cascara, muy cortos, co
mo entonces usaban y algo campanudos.
se Llevaban
y aire fro y tieso, esforzndose
en apare
guantes rojos
cer indiferentes todo. Contbase que habindose des
bocado los caballos de un coche en el Parque Cousio.
Rosales, al ver que un guardin trataba de contenerlos,
le haba sujetado de la manga, dicindole: "Hombre,
deje ese caballo tranquilo... acabo .le apostar que
ne ;e mata."
Ahora, el mismo Rosales apareca en su trono, en lo
alto del pescante de un Mail-Coach, tena las riendas
de los cuatro caballos en la mano enguantada, y en U
190 EN FAMILIA
otra, alzaba la fusta elegante, apoyndola sobre su rodi
lla derecha, mientras el cochero, de jacquet rojo y go
rra de terciopelo, tocaba la corneta con entera correc
cin. Las invitadas se distribuyeron en los diversos ca
rruajes y breacks, alternndose nias y jvenes, trajes
claros y trajes obscuros de hombres, notas primavera
les, grititos, llamadas de unos otros, clamor de los ni
os invitados, entre los cuales figuraban Micha y Caco,
resueltos salir con alguna grande, pero desesperados
de que todava no se presentara la ocasin de hacer algu
na diablura. Corran las nias, de una parte otra, con
zapatitos nuevos de charol que relucan; repartanse los
asientos, buscaban colocacin sus amigos, alterando
el orden establecido y el reparto hecho de antemano por
Rosales, que protestaba desde su pescante alto.
Por fin partieron, doblando por la calle de Claras, para
desfilar por la plazuela de la Merced, sombreada de pi
nos enanos y palmeras ; dejaron atrs las torres del
templo que se perfilaban como agujas rosas y blancas
sobre el cielo pursimo y tomaron por Merced, en direc
cin la Providencia, cuyo camino polvoriento se dise
aba entre avenidas de rboles obscuros. En alegre al
garada llegaron las "Cajitas de Agua" que forman la
entrada la poblacin por el lado del Oriente. De s
bito se present sus ojos un espectculo maravilloso.
La Cordillera de los Andes surga en el fondo, toda blan
ca, con el ropaje del invierno, con leves ondulaciones na
caradas en sus crestas, en forma de encajes transparen
tes sobre fon'do azul de ventisqueros. Apareca, medida
que avanzaban, como si las cadenas de montaas se
hubieran recortado las unas sobre las otras, en aplica
ciones sucesivas de contrafuertes azulados y sin nieve
los que corran cerca, ms tenues y blanquecinos medida
que se alejaban. Eran ' manera de velos arrojados los
unos encima de los otros, de gasas de varias coloracio
nes y transparencias, todas en gama azul, como un leit
motiv en msica. En las alturas lejanas, entre los hielos,
se daban los ms varios y bellos colores : el amaranto,
LUIS ORREGO LUCO 191
el violeta, el palo, el
gris perla, el anaranjado, el oro
otoal de ms soberana opulencia
eran fajas de som
bra colorida sobre la blancura de la nieve, dndole va
guedad de ensueo eran lneas de Cordillera que se
dilataban como cinta arrojada en
caprichosos recortes,
como diamante sin
pulir, de exquisitas refulgencias em
papadas en luz.
Los carruajes seguan su camino orillas del "Taja
mar" antiguo muro de calicanto construido por los es
paoles ciento cincuenta aos antes para proteger la
ciudad contra las avenidas del ro Mapocho. El muro,
bastante alto, tena, en la parte superior camino de
pietones, por el cual caminaban lentamente las mujeres
del pueblo, llevando sobre la cabeza canastos de ropa.
Iban arrebozadas en pauelos de lana de colores, que
destacaban manchas rojas, formando pliegues al des
gaire tras ellas iba una chiquilla, tan cansada de tanto
caminar, que cada rato se paraba, mientras su madre,
una de aquellas lavanderas que lo eran sin duda
la
llamaba gritos. Algunos jinetes de mantas vistosas,
tendidas por el viento, pasaban echando nubes de polvo
los carruajes, del lado del Parque Forestal. All estaba
el "Pan de la gente" donde todos haban ido de nios,
en busca de galletas, pasteles sabrosos panes de grasa.
Javier hizo notar un rtulo famoso que all haba en un
tenducho : "Vamos entrando, comiendo, bebiendo, pa
gando y saliendo". Un roto, en mangas de camisa, la faz
congestionada, y gran "potrillo", enorme vaso de litro,
lleno de chicha en mano, se asomaba en la puerta. En
ese instante pasaba una victoria en la cual iban dos mu
chachos : Pastor Jimnez y Justo Ahumada.
"Patrn se la hago" le grit el roto, alargndole
el vaso lleno de licor.
Los otros, por humorada, hicieron parar la victoria,
y llevando sus labios el potrillo: "Se la pago"...
contestaron, bebiendo.
Recordaron que es costumbre en das de fiestas pa
trias, que al propio Presidente de la Repblica le hagan
192 EN FAMILIA
beber los hombres del pueblo, en el Parque durante la
revista de las tropas.
En seguida, pas el break en que iban las Alvareda,
todo cubierto de trajes claros y de sombrillas celestes
y rosas, de sombreros con flores y cintas. Iban comiendo
dulces
unos dulces
exquisitos de Boissier y charlaban
alegremente pololos que haban hallado manera
con sus
de tomar asiento en el mismo coche. En esto de repartir
Jos carruajes y disponer los asientos habia dado prueba
de mucho tacto, Julio Rosales, manifestando conoci
miento de la vida santiaguina y deseo de complacer
sus amigos y amigas. Rafaela, que era de temperamento
algo romntico, se preocupaba del paisaje. El ro se abre.
su entrada en Santiago, y se derrama por la hoya es
paciosa, toda cubierta de pedregales grises, entre los
cuales corren fragmentados esos hilos que suelen con
vertirse en torrentes de fuerza terrible y luego en bra
zos de mar que pasan rugiendo y con vertiginosa rapi
dez, como fieras que salen del cubil. Ahora, slo pare
can hilos de agua, deslizndose inadvertidos en la in
mensa hoya gris que se extiende por los "Tajamares"
hasta cerca del pie del cerro San Cristbal, todo cubierto
de musgo verde, con forma de cono trunco de inmensa
base. Unos molinos, lo lejos, alzaban sus edificios en
tre alamedas, al pie de los pedregales. Ms all, cerca
del Seminario, el ro y los rboles daban vuelta inmensa,
mostrando nueva faz de las Cordilleras siempre nevadas
y siempre hermosas en aquella estacin, con picos al
tsimos encaperuzados en ncar y plata. Otras perspec
tivas, recortes de cordilleras, nuevos espolones y encade
namientos que no se sospechaba aparecen hacia el camino
de la Providencia y de las Condes; el cinturn de ca
rruajes se deslizaba como larga serpiente por el camino,
al pie del "Tajamar", junto viejas alamedas que en esa
poca comenzaban cubrirse de verdura con la renova
cin primaveral de hojas, de flores y de savia. Al otro
lado del camino se alzaban inumerables casas-quintas
rodeadas de jardines y de rboles, entre los cuales so-
LUIS ORREGO LUCO 193
bresala la silueta elegante de las araucarias con sus
ramas que parecen encarrujados de verdura, y los inmen
sos pinos de California
que tocan el cielo, con mltiples
ruedas de .ramas; los pltanos de anchas
hojas y las
palmeras solitarias y perdidas. Y todo ese paisaje semi-
tropical se esfumaba entre nieves de montaas y encajes
azulados de lejanas. Topbanse, cuando menos lo pensa
ban, largos y pesados convoyes de carretas cargadas
con
de lea y tiradas por tres cuatro yuntas de
bueyes.
El carretero, con sandalias de cuero "ojotas", en
mangas de camisa, la manta al hombro, el ancho som
brero guarapn echado atrs, con gesto que hace re
cordar el de los picaros de la antigua
Espaa, "Rinco-
nete y Cortadillo", el ancho pecho descubierto por entre
la camisa entreabierta rotosa, tostado el semblante de
ancha nariz y angosta frente, con la expresin altiva
y
desafiadora de nuestro pueblo. Alguna mujer, arrebo
zada en pauelo de lana y tendida en lo alto de la ca
rreta, miraba con curiosidad el desfile de la brillante
comitiva del paseo, el rodar de las victorias y de los
breaks por el camino de la cordillera, hacia Apoquindo.
Luego pasaron por el cacero de Providencia, con casu-
chos de tierra y techos de teja descolorida y vetusta,
hundidos trechos, restos de antiguas casas de Ha
cienda.
"Ah estaba la casa de los Condes de Quinta Ale
gre, record mise Magdalena Garca del Valle, hablan
do con doa Jimena Snchez. Iban en carruaje de los lla
mados coches de "Trompa" que ya ban desaparecido,
pero que eran sumamente cmodos y suaves y de poco
peso. En el mismo coche haban dado asiento don Ger
mn del Real, tipo de elegante santiaguino de cuarenta
aos atrs, un Vieux-beaux de la antigua escuela, ahora
muy dado al Whisky, del cual era uno de los consumi
dores ms asiduos en el Club : "El alcohol conserva"
era su frase favorita, al echarse al cuerpo, de golpe,
medio vaso de la bebida usual. "Talvez sea por eso
que parece tan joven le
deca Javier no ser por la
7
194 EN FAMILIA
nariz, algo rojiza, cualquiera dira que usted es una vir
gen de Murillo".
"Cllate muchacho "opinante", le contestaba del
Real, "los nios de estos tiempos sonmuy maricas,
se conservan con naftalina ; si ya nadie sabe beber como
se debe."
Pero si no se v otra cosa que gente en las
cantinas y en los mesones de los bars.
"Calla, nio,
pero nadie se echa al cuerpo una botella entera de cog
nac, como en mi tiempo, y se presenta luego al saln
bailar cuadrilla. Entonces tambin bailaba el "Pericote"
y cuando estamos entre gente alegre, la "Polka de pun
ta y taln".
Ahora del Real estaba serio, y se mostraba como siem
pre fino entre seoras. Iba recordando, con las viejas
damas, la poca de antao. "Entonces s que se viva;
y qu buenas mozas eran las nias, seor; esas s que
eran mujeres y no muecas como las de ahora". Mise
Magdalena le encontr plena razn. "Entonces s que ha
ban bonitas mujeres" ; doa Berta asinti con la ca
beza, sin atreverse grandes gastos de gesticulacin
pues se pintaba todava, y tena miedo de que se descom
pusiera el esmalte. "Y para qu digo ms, cuando con
recordarlas ustedes tal como las vi en el gran baile
del advenimiento de Prez, ya no hay ms que ha
blar..."
"No se ra del Real, mire que ahora somos viejas;
interrumpi mise Berta". "Vamos ver y por qu no
se atrevi decirnos lo mismo entonces ? no hay que de
morarse cuarenta aos en las declaraciones, mire que uno
se muri esperando."
"Es que entonces ustedes me hubieran dado calaba
zas: eran chiquillas tan bonitas. . de rechupete, seor".
.
"Ahora tampoco se ven jvenes, como los de en
tonces, agreg doa Berta, para devolverle la galantera,
tan bien educados, tan finos, siempre detrs de las se
oras, en vez de consagrarse exclusivamente las pren
das" como los del da. Nunca sala una de las fiestas sin
que la acompaara un joven, llevndole el atadito con las
LUIS ORREGO LUCO 195
chirimoyas, los pltanos y las lcumas. Ahora se hacen
los olvidados y las dejan en el. asiento.
Apenas quedan
unos pocos hombres de
valer, muy pocos, y esos son re
liquias de antao, como Manuel Recabarren, Ambrosio
Montt, los Arteaga, Manuel Blanco; esos s que valan,
y eranelegantes y graciosos, mientras que los de ahora
son de una pavera que asusta. Cuando una anda en
pa
seos le parece que asiste entierros.
Mira,, nia, el otro
da no ms, tuve que llevar mi chiquilla la Plaza;
si vieras qu pena me daba el ver trillar tanta
gente
grande, dando vueltas y vueltas, como las muas en las
antiguas eras las nias iban de
un lado y los hombres
del otro y todos callados ..."
Exactamente como en la adivinanza: "Cuatro caba
llitos van para Francia, corre que corre y ninguno se
alcanza.'"
"
"La devanadera.. .
"Eso es. Y todos se pasean tristes como boca de
lobo, sin hablar palabra, como si tuvieran que pagar
impuesto por decirlas.
"Ya vendrn esos impuestos, y el del aire que se
respira, el nico que todava no cobra el Gobierno."
Por aqullos tiempos era moda hablar en toda con
versacin de la libertad electoral y de los excesos del
Gobierno, atribuyndole cuanto suceda, y echndole
la culpa hasta del mal tiempo de la falta de lluvia.
Doa Magdalena miraba por la portezuela: era una
sucesin de ranchos pobres y cubiertos de paja la que
se presentaba ahora en ese poblado de Providencia. Las
acequias corran tajo abierto; algunos miserables ran
chos dejaban ver, en el fondo de un corralito, unos cuan
tos rboles, duraznos en flor, todos rosados y alegres,
junto los lamos muy altos y feos y un sauce que de
jaba caer sus ramas sobre la corriente del canal ; ms
lejos otras lineas de alamedas y prados, con matas de
espino y cercas vivas. La cruz de un campanario apare
ca lejana, perdida en un vaho lumjinoso, sobre el cielo
brillante por el cual cruzaban, moviendo lentamente las
196 EN FAMILIA
largas alas, unas aves de rapia, guilas de alto vue
le que tan pronto se perdan en el espacio como se deja
ban caer con la rapidez del rayo sobre la tierra. Haban
doblado por la Avenida Pedro de Valdivia, en la cual
comenzaban construirse algunos chalets. Ahora se
presentaba la vista, desnuda, con grandes potreros di
vididos por cercas de alambre, de verdura triste y te
rrenos pobres, cubiertos de manto verde de malezas, so
bre las cuales se alzaban raquticos espinos y pacan
.
unas vacas talando la escasa yerba-, corran caballos
de mala presencia. Pero el fondo magnfico de los An
des se destacaba mucho mejor all, con grandiosidades
salvajes y cortes abruptos, con el aspecto primitivo
imponente que debi tener para los conquistadores que
por primera vez contemplaron el valle de Santiago tre
cientos aos antes, sin quitarse todava el acero de sus
corazas ni el hierro, de sus yelmos.
La comitiva corra desalada, suban los breaks por las
laderas que conducen Apoqunelo, trepando suaves co
linas y caminos bordeados de lamos, una y otra par
te, contemplando los humos de las chozas que suban
azulados, las yuntas de bueyes que rompan el suelo
para sembrar cebada, los labradores que sembraban pe
queas chacras, algn perro sucio que se desperezaba al
sol en la puerta de una choza y que saltaba ladrando fu
rioso al paso de algn coche. Ms all regaban unos peo
nes y el taco de la acequia regadora cubra el prado de
manchas de agua que parecan trozos de cristal cortados
trechos. Ms all verdeaban unos campos de trigo que
prometa darse en buenas condiciones. De cuando en
cuando, pasaba su lado un huaso al rpido galopar de
su caballo redondo y sano, pequeo y fuerte, de raza
chilena, caballo de montaa, firme y valiente, de resis
tencia increble que nunca tienen los caballos de raza in
glesa. El jinete llevaba echado atrs el amplio guarapn
de grandes alas, el viento llevaba su manta de colores
vistosos, brillaban las grandes espuelas de ruedas es
trelladas de acero, el andar era seguro, firme, suelto,
LUIS ORREGO LUCO 197
con la gentileza nativa del jinete nacido sobre el lomo
del caballo.
Las tierras comenzaban subir; tras el cortinaje de
lama de plata de la bruma que se alza en la tarde, vease
una banda violeta,
regular, por cima del horizonte, que
se
prolonga, se desarrolla, sube y baja, luego cambia de
color, medida que nos acercamos y se torna verde obs
curo. Es mancha apretada que surge por entre los cerros
azules. Era el parque de Apoquindo.
Resonaban los gritos de corneta del Mail-coach diri
gido por Rosales que haca de cabeza del cortejo. Ba
jaron por camino que tuerce violentamente y luego tre
pa, rudo y difcil, pasaron por barrera de madera car
comida, junto la cual hay una casuca que suda el agua
del techo reverdecido por el muzgo. De nuevo subieron
cruzando por macizo de rboles hasta llegar la pequea
plazoleta, frente la casa vieja, de corredores bajos que
sirve de hotel. Luego comenzaron llegar uno en pos
de otro, todos los carruajes. La gente se bajaba, y, for
mando grupos, se encaminaba al parque delicioso y fres
co. Eran prados iluminados que ondulaban, entre macizos
de rboles ; enormes eucaliptos, encinas y castaos, de
hojas, verdes y nuevas, lejanos matorrales azules que
formaban espolones en los prados. Vease una laguna
bordeada de sauces que baaban en ella sus hojas. Y
por los caminos, en un grupo, iba Javier con Hernando
Garca, cerca de Elisa con Dorotea. Rafaela Escalante
y Pepa A^elarde. A sus pies los prados estaban cubiertos
de lirios, sobre todo en la parte que daba los caminillos
del parque. Andando, andando, llegaron la laguna, en
donde los sauces juntan sus ramas formando sombra
que sin embargo se mantiene clara. Los rboles aproxi
man sus ramas, sin que se toquen, de manera que el ca
mino, de ancho, se estrecha, y luego costea las ondulacio
nes donde la bruma habita y, as, insensiblemente se llega
la capa de agua clara de la laguna, que bajo los rboles
se obscurece formando estanque de aguas inquietas, algo
claras, que tiemblan en el bosque, con. tallados de dia-
198 EN FAMILIA
en las partes en
mante que el sol las hiere. Elisa sinti
no haber llevado pan para darlo los cisnes que se alle
gaban mansos, hasta el punto donde estaban los jvenes.
"Dara mi reino por un pedazo de pan para los cis
nes," dijo.
"Pues nada ms fcil que adquirir un reino tan
poca costa" murmur Javier, y sin ms, parti hacia el
Hotel, en busca de pan.
Hernando haba estado visiblemente inquieto y nervio
so durante el paseo. Le haba tocado asiento cerca de
Elisa, en el Mail, pero slo haba tomado parte en la
conversacin general con unas cuantas palabras que de
cuando en cuando introduca. Senta que tena algo
adentro, algo que le mantena inquieto. Dorotea diriga
miradas maliciosas Elisa, que no se daba por entendida,
como dicindole : "esto reza contigo, ponte en guardia,
que la declaracin se acerca". Elisa contestaba cortes-
mente, pero sin entusiasmo visible y miraba con tranqui
lidad l paisaje. Hernando pareca tambin embebido en
la contemplacin de la naturaleza. Las nias advirtieron,
con la suspicacia femenina, que se pona muy sentimental,
con ribetes de poeta, pero la cosa no le sentaba. Estaban
acostumbradas mirarle como ser de temperamento
positivo, de manera que semejante tono, no cuadraba
con la imagen que de l se haban formado era senti
mentalismo demasiado postizo que desentonaba como
ciertas luces encendidas en pleno da. A ratos se pona
plido; por momentos enrojeca; estaba unas veces ale
gre, otras tristes, sin razn justificada, en todos los ins
tantes inquieto y nervioso. Se desbordaba, no poda con
tenerse y ni siquiera disimulaba ligero castaeteo de dien
tes que le acometa con leves escalofros.
"Mira, Elisa, tengo que hablar contigo, quieres
que andemos un poco debajo de los rboles ?"
"Como usted guste."
Siempre haba existido ese curioso tratamiento entre
los dos, ocasionado por la diferencia de edad: ella le tra
taba de usted y l ella de "T". Era algo impercepti-
LUIS ORREGO LUCO 199
ble pero que caracterizaba entre ellos la situacin esta
blecida de antiguo.
"Deseaba (hacerte una consulta ligera, murmur
mientras se encaminaban debajo de viejos olmos; ins
tintivamente buscaba la sombra como si de semejante
manera le fuera ms fcil
expresarse. Haca tiempo que
Hernando experimentaba extraa turbacin en presencia
de la sobrina, quien mir como chiquilla durante largos
aos. La vio crecer, y embellecerse da da, hasta que
poco poco fu perturbndole sin que se diera cuenta.
Ms de una vez haba quedado extasiado ante su belleza,
tan sencilla, tan inconciente de si misma. Cundo y cmo
naci aquel deseo vehemente de hacerla suya? Cmo
vino sentir que la amaba? En qu forma fueron cris
talizndose las primeras ilusiones ? El no lo saba punto
fijo, ni hubiera atinado explicrselo si mismo. Pero
todos 'en familia pudieron comprenderlo sin necesidad
de esfuerzo, y lo miraron bien. Doa Encarnacin, la de
Sanders, convers ms de una vez con doa Magdalena
y ambas convinieron en que no poda caber mejor par
tido para Elisa : era Hernando persona de "buenas cos
tumbres", cristiano viejo, bastante rico, creanle millona-
ri, trabajador, dueo de varios fundos y no se le conoca
ningn vicio, ni el ms pequeo. Era elegante, lujoso en
sus coches y sus comidas selectas. Es verdad que ya no
era muchacho, pues frizaba su edad con los cuarenta y
cinco, pero no se poda negar que estuviese bien conserva
do lo que es el desidertum en la materia. Muchas ve
ces, conversando solas, le haba dicho mise Encarna
cin Elisa : "Nia, ti te conviene un joven maduro,
conocedor de la vida, con fortuna hecha, que te d co
modidades desde el principio. Mira, eso de "contigo pan
y cebolla" es broma de mal gusto. Pronto se va el
amor
la ventana, cuando hay que luchar por las necesida
por
des de la vida y falta dinero para la plaza, para el
traje el sombrero. Ests acostumbrada al lujo, ninguna
nia viste como t en Santiago. Pero si llegas casar
se
te contra la voluntad de la familia, por capricho, con
200 EN FAMILIA
cualesquiera, tendrs que pasar horas amargas. La vida
es realidad, novela por entregas, en que los hroes
no es
viven de ilusiones como quien dice de alpiste, al modo
de los canarios. Hay en ella desagrados, desilusiones;
el amor que nos llevara al matrimonio en rato de fiebre,
pasa sin huellas. Hasta llega momento en que los
dejar
esposos aborrecen cuando falta lo esencial, por aque
se
llo tan sabido de nuestros padres: "donde no hay hari
na, todo es mollina". La destruccin de un hogar feliz
por pequeneces y miserias es cosa de todos los das. Por
otra parte, la belleza y la juventud se van muy luego;
el muchacho que ahora te parece buen mozo, maana,
cuando se mate trabajando para ganarse duramente el
pan, se pondr feo, envejecer prematuramente, los ma
los negocios le pondrn el genio desagradable, y la casa
ser infierno. "As le hablaba su ta y luego le pintaba la
felicidad con seas correspondientes hombre que jams
nombraba ; pero, que no poda ser otro sino Hernando.
Nunca la contradeca. Siguiendo su antigua tctica de tan
buenos resultados dejaba rodar la bola, mantena raya
los avances del to con actitud familiar y cariosa un
mismo" tiempo, que dejaba los de la casa esperanza de.
un resultado feliz "dndole tiempo al tiempo" como deca
el to Sanders. Ahora, por la actitud de Hernando com
prenda ella que haba llegado el momento crtico. Espe-
riment extraa turbacin, sorpresa que la puso toda
encendida; tuvo confusin de sentimientos atropellados
como en instante de grave peligro, que la sobrecogiera
en situacin apurada. Hubiera querido evitar la explica
cin pero no hallaba manera. Adems, la nerviosidad
del to la contagi ella misma, asi como nos sentimos
mal cuando el orador vacila y se corta, el actor pier
de el hilo de su papel
senta que sus nervios, de los
cuales era duea de ordinario, la abandonaban ahora
estado en que la voluntad se pierde. En ese instante acu
dieron su miente las conversaciones pasadas con la ta,
y sinti que la partida decisiva iba jugarse. Involun
tario escalofro la sobrecogi en aquel punto.
LUIS ORREGO LUCO 201
Hubo silencio, durante el cual se
oy canto de gallo
iejano, muy lejano y sordo rumor de galope. Tambin
senta Elisa, claros y perceptibles los latidos de su cora
zn que palpitaba.
"Hace tiempo que deseaba decirte
algo, pero no me
atreva." murmur Hernando; "siento
no que ya soy
joven
sin ser
tampoco viejobastante he trabajado
en la
vida, acaso ms de lo preciso, para que al fin me crea
con derecho mi parte de felicidad. Dime me encuentras
viejo ?
"No Hernando, por el contrario, bien conservado;
tiene la presencia de cualquier joven."
"La verdad es que me siento bien. Cuando uno ya
posee fortuna,
como yo,' que no me cortara un dedo
por
menos de un milln de pesos, me parece que uno tiene
derecho hogar feliz, dando la mujer todas las comodi
dades y el lujo que quiera, su buen coche, palco en el
teatro, encargos Europa en fin cuanto se le de la real
...
gana. No puedo ver esos seres avaros que viven ateso
rando. N, seor, la plata se ha hecho para gastarla. . .
Tengo vivos deseos de casarme hago mal en pensar
as?
"Muy bien, to, muy bien."
"Mira, yo i.o querra mujer de fortuna; bastante
poseo con la heredada y que luego aument con mi tra
bajo.
Lo que quiero es mujer joven, buena, sobre todo de
alma muy noble, y si es bonita como t, entonces miel
sobre buuelos. La vida es cosa prosaica, ya no hay ro
manticismo ; todo pasa, incluso los caprichos y los "polo-
leos" de la juventud : hasta el amor se gasta. Pero el
respeto afectuoso, la admiracin, el sentimiento de la
virtud y del deber quedan siempre vivos. No necesito
que se casen conmigo en rapto de amor como el de
Romeo y Julieta; s que el amor baja, como deca mi
madre que en paz descanse. Dime, Elisa, querras ser
mi mujer? Unir tu suerte con mi suerte?
Elisa estaba extremadamente plida y le tiritaba el
202 EN FAMILIA
labio inferior; con la sombrilla de seda clara, se golpeaba
la punta fina del pie, apoyada un rbol del camino
como si temiera que las fuerzas la traicionaran. Pas un
momento sin hablar. Luego dijo, con voz tranquila, ya
dominndose :
"Le debo franqueza, Hernando; mucho le agradez
co que se haya fijado n m, con pruebas de afecto que
seguramente habran complacido la familia si lo su
piera. Pero. yo soy rara.
. .
pertenezco la antigua es
. .
cuela, slo quisiera casarme muy enamorada, pero mu
cho, de un hombre joven que me quisiese como yo l.
Mire, la cuestin material, no ie dir que no me importe
nada eso sera mentir pero s que para m tiene valor
muy secundario comparada con la otra; es decir con la
cuestin de corazn. Qu quiere yo soy as
... ro
. . .
mntica, como mi padre. Entre nosotros existe demasiada
familiaridad para que jams se me hubiera ocurrido
quererle de otra manera que como pariente cercano.
Adems no pienso en casarme todava.
"La esperar, Elisa, porque la quiero."
"Es intil, parece que no podr.
me busque otra,
. .
hay tantas mujeres interesantes. Ah tiene usted las
Escalante, son monsimas, ricas, buenas
y mejores que
yo talvez."
En ese instante Javier volva con su paquete de biz
cochos para los cisnes. Al divisar, de lejos, el aparte de
Elisa con Hernando, comprendi, con slo la actitud
que ambos observaban, la gravedad de la hora.
Su suerte iba decidirse. Era verdad qne Elisa, pare
ca haber reaccionado, que estaba ms humana respecto
de l, pero, al mismo tiempo, no poda negarse que era
desigual la partida: Hernando figuraba entre los
primeros partidos de Santiago, no era mal parecido, ni
viejo ; de gran fortuna y posicin considerable. En tanto
que l, no tena sino su psima reputacin como capital
y una serie de aventuras que parecan haber agotado la
paciencia de la nia. Angustia inmensa le atenaceaba las
entraas; deseos locos le asaltaron; hasta pens en buscar
LUIS ORREGO LUCO 203
camorra Hernando para obligarlo cambiar un par de
tiros, amedrentarle. Le perseguira. le hostigara.
. . . .
pero qu sacara con eso sino hacerse ms antiptico
y odioso Elisa, si llegaba preferirle? Por espacio de
algunos minutos, sinti que la tierra giraba en torno
suyo, y sin embargo, les observaba, con angustia, de lejos,
tratando de adivinar, de penetrar en lo que decan, en lo
que ella contestaba. Crea ver el rostro de su rival ilumi
nado por fugitivo resplandor que l le suma en tinie
blas y haca sangrar su corazn gota gota, con sutil
picadura de aguja dolorosa.
Bajo los rboles el dilogo continuaba :
"Qu feliz te hara, Elisa!. Por qu no te casas
. .
? No vez que te quiero desde hace tantos aos ?...
conmigo
Y luego, en vista de su silencio, agreg :
" Quieres otro ? Talvez ese tunante de Javier
ese badulaque, ese jugador... No comprendes que
es perdido sin oficio ni beneficio, indigno de que una mu
jer lo quiera, d que nadie se case con l? Sera ya lo l
timo. Nadie te vera en familia; tu ta Encarnacin
la
se desespera con semejante idea, y tu madre no le puede
ver. Si es un perdido."
su rostro, que todo
Elisa sinti que la sangre acuda
en ella sublebaba ante diatriba tan odiosa.
se
"Eso si que n, amigo mo ; no le permito que siga
hablando en ese tono de un hombre de corazn que vale
ms que usted, pero muchsimo ms que usted. Javier
ser perdido, calavera, tunante, jugador. Y quin le dice
usted que no pueda corregirse, si en el fondo tiene alma
de caballero?
"Moro viejo
no puede ser buen cristiano ..."
"Cllese.
cllese; usted no le conoce, ni es capaz
. .
de conocerle porque son hombres de distintas razas. .'" .
"Pero jams he dado que hablar nadie de mi con
ducta ni de mi honorabilidad, contest, Hernando todo
trmulo.
"As ser; pero m no me gustan los hombres sin
ningn vicio pero sin virtudes, incapaces de accin gran-
204 EN FAMILIA
de, de impulso generoso. Cuando mi hermano Juan atra-
vez por los momentos ms amargos de su vida, cuando
su honor corra
peligro, cuando lo amenazaba la desgra
cia ms terrible que puede aplastar una vida, no le cerr
usted la puerta? no se neg socorrerle, dar la mane
quien le peda un pedazo de vida ?"
"Tem entonces que me engaara que quisiera vol
ver las andadas y
jugar, rodar el vicio."
"No, hay momentos en que no se miente, hay caras
de agona que no engaan . . . Pues usted, el hombre co
rrecto, el virtuoso, l buen cristiano que se confiesa y
jams falta misa, lo ech puerta afuera. Entonces Ja
vier quien usted tacha de perdido, de tramposo, de ju
gador, de bueno para nada, pag la deuda de mi hermano
con lo que le haban dado para que trabajase, y agreg
los restos de su patrimonio, lo que le quedaba, una mi
seria sin duda, pero era todo lo que tena. Y debo ad
vertirle que eso lo hizo cuando esperaba bien poco de
m. . nada."
.
"Fu acto hbil, quiso ganrsela usted. Bien saba,
adems, que don Santos lo devolvera todo. fu hbil,. .
si y no digo que sea tonto."
"N, n. n fu hbil, porque yo acababa de des
pedirlo y sin duda estaba furioso conmigo, como lo estar
usted maana, porque los hombres son hombres y tienen
vanidad. Pero sus sentimientos de caballero y de amigo
lo llevaron una accin muy bella, muy generosa que
ni mi hermano, ni mi padre, ni y, podremos olvidar
mientras vivamos. Le pude perdonar Usted su conducta,
sin darme por entendida, pero jams permitir que ni us
ted ni nadie hable una sola palabra del hombre que ha
dado pruebas inmensas de nobleza. Con que as?
Hernando haba llegado seguro del xito ; el desen
lace le sorprenda couio golpe inesperado; tuvo instan
tes de cobarda moral, de increble desfallecimiento, ins
pirado por la vanidad de no salir tan enteramente ven
cido:
"Elisa, djame esperar, murmur con voz dbil.
LUIS ORREGO LUCO 205
"Esperar qu? El perdn del pasado, el olvido,
que le tome el brazo cuando usted me lo ofrezca en baile,
que le trate como todo el mundo. Eso s, nada ms. Y
acabemos de una vez, que esta escena es bastante desa
gradable, y no podemos exhibirnos antes los ojos de la
gente que acaso sospecha lo que est pasando."
La verdad era que en el grupo se hacan comentarios
sobre el suceso. Siempre en fiestas sociales bailes suele
verse pequeos dramas
que surgen de repente, inaperci
bidos, y que tienen toda la intensidad de la tragedia an
tigua, con sus matices de pasiones, con su movimiento
y la fuerza de vida interior. La mayora les v llegar
con indiferencia; la sociedad se
ocupa en ellos breve
espacio, y luego pasan sin
dejar huella
no ser en la
vida de los actores, que toma una otra direccin
segn el resultado de aquel momento fugaz impercep
tible. Las jvenes se dieron cuenta cabal de lo que pasa-
saba.
"Ha llegado para ivisa el momento crtico, dijo
no sin cierta emocin su
amiga Pepa." A lo que parece
Hernando ha quemado sus naves y se declara en toda
forma. Es matrimonio que se hace."
"A que no se hace, expres con cierto impulso no
desprovisto de envidia, Isolda Jimnez. Apuesto que
no se hace." En el fondo tema que Elisa fuera casarse
con el primer partido de Santiago, y confunda su deseo
con la realidad.
"No me digan que no sera una buena pareja, excla
m Dorotea Escalante. Y qu ms se querra Hernando
para casarse? Na hay nia ms cumplida que Elisa, es
buena, sencilla, natural, bastante bonita, elegante y no
me dirn que sea tonta."
Era cierta manera peculiar de alabar, diciendo la ver
dad, y al mismo tiempo, buscando la expresin que di
jese un poco menos, que atenuase, con entonaciones des
coloridas, muy usual en sociedad, donde la envidia reina,
siempre que en una persona existen condiciones de ex
cepcin.
206 EN FAMILIA
"Es evidente que nuestro amigo se declara; no hay
ms que la actitud que toma. ."
ver .
"Eso s que no lo entiendo. Ya que es to suyo y
puede ir la casa cundo y cmo se le d la real gana,
no comprendo que lo haga ahora, en paseo, y delante
de todo el mundo."
"As no ms es, hijita, pero los hombres suelen
bajarle timideces bastante divertidas, y de repente se
lanzan al asalto con tanta furia como si fueran leones;
ni siquieran reparan en que pueden quedar en ridculo.
Son tan vanidosos, hijita..."
La que haca estas observaciones mundanas, con rostro
inocente y ademn de lirio, era Meche Escalante; al mis
mo tiempo, se sacuda el vestido
que haba recogido un
poco de tierra con la caminata.
"Mira, ah viene Javier Aldana, observ otra de las
del grupo, al ver que el joven se acercaba con su paquete
de bizcochos." Muy tiempo ha llegado, le va tocar
mover el abanico para que bailen otros, como en la
figura
de cotilln."
En efecto, Aldana se acercaba lentamente, llevaba ei
paquete de modo maquinal, sin saber lo que haca, pene
trado de intensa emocin, no sentida hasta entonces. Ha
ba credo querer Elisa y ahora vea que la adoraba,
juzgar por la inmensa impresin que acababa de cau
sarle semejante escena. Hernando se diriga evidente
mente la joven en actitud que no ofreca duda, iba
pedirle su mano. Talvez ella se la concediera. Y por
qu n? Los hombres bien se dan cuenta, por la manera
de recibir de las madres, del valor social de cada persona,
del aprecio en que se la tiene, y del agrado disgusto
que podra causar una insinuacin suya. Hernando era
de los recibidos en palmas de manos, partido valioso,
eso bien lo saba Javier que no tena pelo de tonto. Ade
ms era grande su fortuna, "poderoso caballero es don
dinero". Luego, al ver la actitud tranquila, sonriente y
plcida de Elisa, se dijo asimismo, con amargura: "lo
quiere". Ligero temblor agit su cuerpo todo, y se de-
LUIS ORREGO LUCO 207
tuvo en el camino,
aboyndose en un rbol, tan fuerte era
la emocin. Semejantes palabras "lo
quiere, lo quiere"
se pronuncian con terrible precisin en momentos tales
y son tan d'olorosas que el amante siente como si esas
slabas le quemaran el corazn. Javier sufra, sufra, y
por eso comprendi que amaba era como si una luz
interior le hubiera iluminado sobre s mismo, revelndole
un ser desconocido, otro
Javier capaz de algo serio, puri
ficado por un sufrimiento, un Javier capaz de grandes do
lores, que abandonaba la risa para caer en el llanto. La
amaba. solamente ahora tena la fuerza de formularse
. .
con absoluta precisin semejante idea. La amaba. su . .
porvenir dependa de ella sera hombre de bien per
. . .
dido, trabajador, serio y un hombre de hogar calavera
sin importancia, judo errante sin rumbo.
Pero, de repente vio que Elisa se detena con el to.
mirndole cara cara, como adversario. Acaso discu
tan semejante expectativa le llen de esperanza no
se figuraba Javier, que el ataque injusto de Hernando
acababa de darle la victoria. Se haba exaltado defen
dindole, haba pronunciado las palabras irreparables que
acaban para siempre con una situacin, quitan toda es
peranza un hombre, y dan la estocada ltima. Era for
midable reaccin, creada en su interior por el sentimiento
innato de justicia y de verdad que formaba el fondo
mismo de su ser. Pero luego, cuando Elisa recobr la
calma, de golpe, y qued duea de sus ervos vino
comprender en toda su extensin, el cario que senta
por Javier. Lo amaba, estaba dispuesta todo por amor
l : la pobreza, padecimientos desconocidos, la
prdida de su posicin social. Bien saba que sus padres
no tenan fortuna, y que la herencia de su ta tena la
condicin precisa de casarse gusto suyo. Mas cmo
podra pensar en intereses materiales una mujer como
Elisa en instantes en que se vea iluminada por primera
vez con el ardor sentimental de llama interior? Todas las
objeciones con que hasta ese instante haba combatido
su amor naciente, desaparecieron, barridas una una,
208 EN FAMILIA
por la accin generosa de Javier para su hermane, y la
necesidad de defenderle en que le haban puesto. Era que
buscaba pretextos para perdonarle.
Volvieron con paso tranquilo; Hernando traa encen
didos los ojos y brillantes ; leve contraccin revelaba el
esfuerzo poderoso que haca sobre s mismo para mani
festarse correcto. Las arrugas, tan bien disimuladas de
ordinario, surgan ahora, como despus de noches de in
somnio. As llegaron al grupo, Elisa pestaeaba como si
la plena luz la deslumhrara. Cara cara se hall con
Javier. Sus ojos se buscaron inmediatamente se evi
taron, como si tan sencillo encuentro hubiera faltado las
leyes de la correccin. Ella se ruboriz levemente, de
manera furtiva, matizada en tonos sutiles, pues el mis
terio atrayente de su persona se formaba con no s qu
inquieto y frgil que fulguraba y mora en fluidos re
flejos de alma. Luego, sus miradas se buscaron y se en
contraron ; antes de aquel momento se haban esquivado.
Como si corriente sugestiva se estableciera entre ambos,
sintieron lo definitivo de un amor, y se hablaron sin de
cirse palabra alguna, entendindose.
Rosales llegaba con su autoridad de maestro, de cere
monias.
"Seores, el lunch est listo, ofrezcan el brazo las
damas y traten de levantar su naturaleza defallecida por
la ruda caminata; es preciso mezclar lo til con lo agra
dable, los placeres del corazn con los del estmago.
"All Right.
Go On man" agreg, poniendo la mano so
,
bre el hombro de Hernando ; "Parece que no se ha per
dido el tiempo con la primita. .
Oh, la.
. . .la.... Y
para cuando es el casorio?" dijo mledia voz, haciendo
todava ms completa la plancha. El otro pona cara de
vinagre, sin que Rosales lo advirtiera, porque la distrac
cin era de sus caractersticas y parta siempre de que
cuanto hiciera sera del agrado de la gente, de tal manera
se hallaba posesionado de si mismo.
"Est haciendo. plancha Rosales, jnurmur Pepita,
deje tranquilo Hernando."
LUIS ORREGO LUCO 209
Todas las nias haban comprendido el alcance de la
escena que acababa de pasar su vista. Era, para ellas,
uno de tantos
pequeos dramas sociales desarrollados al
pasar, en esquinas de saln, en rincn cualquiera, sin
gritos, sin gestos, casi sin palabras, y que tienen sin em
bargo ms impresionante intensidad que cualquier drama
de teatro. Sobre todos cay silencio,
pesado, que dur
pocos minutos y luego se echaron conversar un mismo
tiempo.
En el concierto de voces predominaban las Es
calante, llenas y sonoras, imponiendo sus pequeas cosas
familiares: hablaban del "landau" que acababan de re
cibir de Europa ese era el coche de ms lujo en aquella
poca. Decan el precio, el vapor en que llegara, el tiem
po que haba -tardado de Valparaso Santiago : "Fig
rate, hijita, que se ha demorado ms en llegar del Puerto
que en el viaje de Pars ac; ha resultado que Pars est
ms cerca de Santiago que Santiago de Valparaso Je
ss, qu barbaridad ! Ya de nada sirven los ferrocarriles ;
con razn
dijo el senador aquel que no vala la pena de
construir ferrocarriles porque se iba matar con eso la
industria nacional de las carretas."
El grupo caminaba alegremente, restablecida la calma
que perturb la inmensa plancha de Rosales, quien slo
ahora vena comprenderla, despus de muchsimas ex
plicaciones, ponindose rojo como amapola.
;No le parece que bien valdra la pena de hablarle
algo Garca, que es tan buen muchacho? "No haga
tal, replic Pepita", sera muchsimo peor, hundira toda
va ms el pual en ese infeliz -"Experimentaba incon
cientemente el sentimiento de crueldad con que las mu
jeres miran al hombre que acaba de recibir calabazas.
Algunos de los jvenes, entre otros Pastor Jimnez y
Justo Ahumada, cortaban lirios al borde del camino, para
dar ramos las nias que los pusieron en su cintura, y
luego fu como un florecer de lirios perfumados y trans
parentes, de aquella juventud que pasaba con alegres
risas y charlas interminables. En lo alto de una avenida
210 EN FAMILIA
de pinos, se haba colocado las mesitas, bajo la sombra,
sin orden ni concierto, cubiertas de flores y d ramas.
Sobresala la blancura de los platos en que se serva
las tajadas de pan negro con caviar Pat de foie. Sen
trense como mejor les cuadr. Rosales perdi por un
momento su gravedad britnica para devorar una pierna
de pollo :
"Buena cosa con la plancha grande, seor,
deca, recordando la barbaridad que acababa de hacer;
es cosa de almanaque... Quines son esas seoritas
tan feas ?
. .Mis primas ?
. Y las de ms all que toda
. . .
va son ms ridiculas ? . Mis hermanas
. .
Ja, ja, ja,
...
esa si que es buena; pero la ma es mejor." Sin ms Ro
sales se lanz contar la historia de su plancha con
Garca mediante lo cual todos se enteraron del caso muy
por lo menudo.-
Pastor Jimnez haba escogido mesa en buena compa
a, sentndose junto con la seora Portal, de lujoso tra
je malva con encajes negros. Era vividor; pidi al mozo
quien haba conocido mucho en el club, una botella de
Saint Steph, sirvi su compaera y con toda tranqui
lidad puso la botella debajo de la mesa, para que ningn
profano intentara llevrsela. "El buen vino, seora,
se parece la msica de Wagner; no est al alcance de
todo el mundo, se necesita buena educacin musical para
apreciarlo... quiero decir culinaria..."
"Usted parece un Petronio."
"Seora, cuanto honor para un pobre marqus ; pero
dejando bromas un lado creo que nadie en Chile ha
probado mejores vinos que yo. En la comida que di el
ao pasado en casa, al prncipe de Reuz, cuando su viaje
Chile para conocer la cordillera, me dijo entusiasmado :
"Francamente, Jimnez, no crea que en Amrica se pu
diera servir una comida tan delioada, con vino parecido
este Ohateau-Ronsard bien superior, por cierto al
Mouton-Rotschild tan apreciado". La verdad es que la
comida no estuvo tan mal presentada. Nada de gas; hice
alumbrar con veinte candelabros antiguos, para lo cual
puse contribucin todos los de la familia.
LUIS ORREGO LUCO 211
"De Via me mand un gran canasto de orqudeas el
Cachetn. A los sirvientes los vest de calzn corto y les
ech .polvos en la cabeza. S. A. estaba encantado; casi
no mir las seoras, entre las cuales haba bellezas de
primer orden, trueque de catar los vinos que le pare
cieron deliciosos.
"Qu bonitas mujeres hay en Chile, Jimnez,
me deca .
Pero existe en el mundo nada ms deli
. .
cioso que su Chambertin? El Prncipe de Reus se pre
sent con todas sus condecoraciones incluso el Toisn
de oro".
Carmela Portal escuchaba con visible agrado la des
cripcin de la comida del ao anterior, hecha por Jim
nez, con sobriedad de gestos en que visiblemente imitaba
al ilustre viajero de casa real, que haba honrado la mesa
con su presencia. El joven, muy correcto, de traje bien
cortado y corbata la moda, orqudea en el hojal, los
guantes de gamuza frescos un tanto salidos del bolsi
llo de su americana, desprenda levsimo perfume de white-
rose; sentase que el trato con Su Alteza le haba dejado
inmensa posesin de s mismo casi se crea duque. Todo
lo haca lo grande ; al mozo que le serva en ese mo
mento, le pas discretamente un billete de cincuenta
pesos de anticipada propina, para avivar su celo. Jimnez
hablaba con la cabeza echada atrs, estirando un poco el
labio inferior, gesto que le haba parecido el supremo chic
en S. A. el Prncipe de Reuz, de quien hablaba cuando
quera dejar alta idea de si mismo eso le daba tono
sus propios ojos.
En instante comenzaban sonar los corchos de
ese
campagne las distintas mesas ; cruzaban los mozos con
en
las ensaladas rusas y el pavo, de una parte ; con los pas-
telitos de ostras y los esprragos, de otra; con el Supre-
me-de-volaille, ms all. Unos arreglaban paltas, con
atencin religiosa, para las nias; otros condimentaban
algn plato de frutas con licores, algo nuevo. Jimnez
detuvo mise Berta que pasaba en compaa de doa
Magdalena Garca del Valle, para ofrecerles una copa
212 EN FAMILIA
de champagne : "Seoras, por qu no me honran
acompandome beber esta copa con ustedes?"
"
"Con gusto, Jimnez "... porque se case pronto . . .
Es el brindis afectuoso, el mayor cario que nuestras
matronas creen hacer un joven soltero "porque se case
pronto, Jimnez".
"Seoras. cmo creen ustedes que habr alguna
. .
persona de tan mal gusto, que quiera casarse conmigo?"
"No habra de faltarle con quien, cuando hay tantas
nias buenas en Santiago, que no se casan, replic, con
cierta ingenuidad, doa Berta.
" Qu lstima que usted no sea soltera, doa Berta !
usted me hubiera dirigido es tan bondadosa ..."
...
Doa Magdalena tuvo ganas de rerse, comprendiendo
la irona de Jimnez, quien haba herido la respuesta
anterior. En ese instante se vio obligada detenerse Eli
sa que vena, pues el grupo le impeda pasar. Don Ger
mn del Real tuvo un gesto caballeresco para hacerse
un lado :
"Seorita ..."
"Qu es eso, don Germn? No prefiere usted las
nias de otro tiempo? No eran mejores las de hace
treinta aos? le pregunt Jimnez que no ignoraba su
inocente mana de hallar mejor lo pasado.
Me desdigo de lo dicho, repuso del Real, en tono
galante, mirando Elisa que estaba realmente bella en
ese momento, con ojos aterciopelados, ms brillan
tes an que de costumbre, el aire fresco y primaveral ;
sus mejillas sonrosadas tenan delicada frescura de du
razno. Caa ya la tarde cuanto Javier y Elisa, precedidos
de un grupo de jvenes y de nias, echaron caminar por
sendero florido que serpenteaba hacia lo alto de la co
lina. Divisbase el camino cuajado de almendros en flor,
cuya sombra se destacaba graciosa sobre el fondo ver
de, tan tenue; los duraznos, ms abajo, formaban gra
dacin deliciosa de rosa plido, que pareca dorarse al
.
contacto con macizos de arbustos que an no haban mu
dado sus hojas amarillentas por las del intenso verde
primaveral. Iban caminando lentamente, en la plenitud
LUIS ORREGO LUCO 213
de almas que ya nonecesitan de palabras para compren
derse, dejndose llevar de la corriente de la vida, me
cidas en suave oleaje de rayos de luna. Era la primera
vez que encontraban al unsono, rotos los velos de re
se
serva y las preocupaciones que mutuamente les separa
ban. Javier, de ordinario tan audaz, como despreocupa
do con las mujeres, no saba qu decir esa que cons
titua el sueo de su vida; todo turbado al simple con
tacto del brazo frgil que reposaba sobre el suyo, ese con
tacto ligero, vivo, virginal, tan diverso y tan nuevo de
aquel que le arrastraba en las horas de pasiones ardientes.
Qu hermosa vista! exclam Elisa.
Estaban en lo alto de la colina; desde all dominaban
el valle, de tonos rojizos y suaves, cortado en el fondo
del horizonte por cinta de plata de neblina, al pie de los
cerros de la costa; la ciudad surga lejana, ms all de
largas alamedas, y de prados verdes que tenan algo de
tableros de ajedrez. El Santa Luca se destacaba como
mancha obscura, en el centro, el San Cristbal ms all.
El aire azulado del cielo pareca envolverlo en claridad
fresca y dulce. Se vea el mundo desde una altura, y
Javier sinti que as deba mirar siempre Elisa alma
de santidad, fuerte y serena, en que la gracia se una
la bondad. Sentase indigno de ella
de tal manera la
comprenda en ese instante, en la plenitud de su hermo
sura moral y su pureza. La contemplaba ; miraba esos
labios que tantas veces murmuraron frases de severidad
que contrastaba con su gracia y crea notar en ellos, co
mo sorprendidos, suspiros suaves
los suspiros ms aban
donados en que un alma de mujer puede deslizar sus se
cretos, y en esos secretos, se repeta lo que murmuraban
en ese instante mismo los rboles, las flores, la naturale
za toda en ansia de renovacin de amor.
Javier estrech levemente el brazo de Elisa contra su
cuerpo, murmurando media voz esta sencilla palabra :
"S?"
"S..."
" Mucho?"
214 EN FAMILIA
Ella inclin la cabeza, murmurando en voz tan queda
que apenas se oa :
"Mucho... con toda el alma."
Y siguieron por el sendero florido, admirados de que
la vida tuviera para ellos expresin enteramente nueva,
y la naturaleza les dijese algo que les hubiera callado
hasta entonces con leyes que nos mandan con acento ine
ludible imperioso. Oase canto de aves en el bosque,
gritos perdidos en la via cercana, ladrar de perros, ru
mor de abejas que daban ese momento un tono pecu
liar y penetrante de algo que ahondaba en las almas los
pequeos detalles sugestivos que suelen gravarse en la
memoria, en horas inolvidables, y que luego quedan flo
tando en la memoria.
Elisa confiaba ahora en l; nada haba cambiado, en
apariencia, y, sin embargo tena interior fe pro
en su
funda, convencimiento de que Javier le sera leal para
siempre, y de que sus vidas se unan de manera que ya
no podra cambiar, as como no cambia l curso de los
planetas. Era el sentimiento de la fatalidad que nos do
mina en cierta hora.
Nunca deba ya olvidar esa tarde radiante de sol, y
de esperanzas, en que abandon por primera vez su co
razn y sinti que ya no se posea s misma.
Javier experimentaba exquisita y sensual satisfaccin
de orgullo, de vanidad humana, sintindose ya dueo,
sin necesidad de palabras ni de frmulas, de aquella mu
jer hermossima, de aquel cuerpo de lneas llenas y de
curvas deliciosas, de aquellos-ojos nicos, de aqulla son
risa delicada inolvidable. Cuntas veces haba llorado,
sin lgrimas, por la mujer que ahora era suya, suya para
la eternidad, mientras el mundo existiese y la luna bri
llase y hubiera amores y penas. En esos mjomentos ja
ms lejanos concebir que los amores puedan llegar su
trmino, y acabarse, y extinguirse y morirse; la creen
cia en la eternidad del sentimiento les da virginidad eter
na, razn de ser y hasta justificacin en las horas gra
ves.
LUIS ORREGO LUCO 215
"Elisa... Elisaa. . .saa".
Deca una voz lo lejos, en las extremidades de la
via : era Pepita que la llamaba. Iba en compaa de Ro
sales. Senta la necesidad de hablar con la hermana de
Juan. Le quera desde haca tiempo y el muchacho ha
ba coqueteado con ella. Esperaba que vendra al paseo,
y le haba sorprendido su ausencia. Quera ver su ami
ga, pero notaba que sta le sacaba el cuerpo y evitaba la
confidencia.
"Quera hablar contigo un momento..." y luego,
media voz agreg: "Por qu no ha venido Juan?"
Las amigas se detuvieron corta distancia de los j
venes :
"
"Juan se va ...
"Sin despedirse? ni siquiera de m?"
Sin despedirse despus de lo que ha pasado y de
. . .
todo lo que han dicho del pobre, quiere irse trabajar
lejos . soterrarse en el campo, hasta que se haya for
. .
mado posicin. As es mejor; se deja de malas compa
as y abandona para siempre el juego que ha sido el
origen de todas sus desgracias. Me encarg que ha . .
blara contigo, que te dijera que jams se olvidara del
cario que en t ha encontrado. Cuando murmuraban
de l, no le defendiste contra todos? Cmo hubiera sido
posible que despus de tantas habladuras y de chismes
feroces, viniera presentarse aqu en medio de tantos
que le han sacado el cuero?"
Pepita lloraba en silencio, las lgrimas caan y caan
quietas, deshacindose en una pena callada, mientras sus
ilusiones se iban y se alejaban entre las brumas de la
tarde. Ambas sintieron el contraste de las situaciones
respectivas algo
; de envidia debi brotar en el alma bue
na de Pepita, en tanto que Elisa la consolaba mansa
mente, pues tenemos bastante fuerza de voluntad para
soportar los males ajenos.
La corneta del "Mail-coaCh" resonaba lejana, llaman
do los atrasados ; Haba llegado la hora de partir. Los
invitados se agrupaban en la Plazoleta, charlando ani-
216 EN FAMILIA
nudamente en varios grupos, mientras dos pequeas
sombras se deslizaban debajo del carruaje que haba de
manejar Rosales : era Meche y Caco que haban hecho
la ms completa diablura de la temporada. Los amigos
de la casa, que les saludaban cariosamente, para captar
se su simpata, les miraban con inmenso terror, acostum
brados las jugarretas ms pesadas. En balde les casti
gaba mise Encarnacin les daba pellizcos mise Mag
dalena; de fijo que haban de salir con alguna de las su
yas.
Subieron apresuradamente los carruajes, pues ya la
tarde caa, y un soplo helado de cierzo calaba los huesos
esas alturas. La vuelta era animada, las parejas se bus
caban para irse juntas, rota un tanto la estrictez de la
vigilancia materna. Los gritos razgaban el aire, confu
sin de madres que preguntaban por sus hijas, de ami
gos que organizaban las ltimas diversiones para el ca
mino. Pastor Jimnez haba descubierto, en las inmedia
ciones una cantora que deba acompaarles en la carre
tela para cantarles canciones populares en el camino.
Nadie cantaba "El hallullero" como ella. Izronla en
medio del grupo de nias y jvenes, junto con su gui
tarra que comenzaba afinar, punteando las cuerdas. El
cuadro eraanimado : chasquidos de fustas, relinchos de
caballos, gritos de gente que se llamaba que tomaba
colocacin en los carruajes, confusin de trajes y de
colores, de sombreros y de sombrillas, de cocheros y de
jvenes. Y luego partieron todo trote, unos en pos de
otros, los varios carruajes. Le haba tocado su turno al
de Rosales; habase puesto la manta sobre las rodillas,
tena las cuatro riendas en mano, el cigarro puro en
cendido, y el sombrero echado atrs ; pareca cochero sa
cado de un bajo relieve, el tipo del automtedonte. Levan
t la huasca y azot vigorosamente la pareja delantera,
los caballos hicieron esfuerzos y partieron con todo vi
gor.
Slo que, de sbito, se cortaron los tiros y los anima
les salieron disparados, arrojando Rosales sobre el
LUIS ORREGO LUCO 217
hierro del pescante, mientras el
cigarro volaba por los
aires sino es por el cochero que le
sujeta del chaquet,
el apuesto joven habra saltado
lejos, haciendo verda
dera prueba de trapecio. Los caballos,
entretanto,
co
rran tranquilamente por la carretera, mientras unos mo
zos le
perseguan para sujetarlos. En los coches vecinos
todos rean mandbula batiente de la
desgracia del in
signe sportman.
Rosales estaba furioso, echaba
chispas y casi se crea
deshonrado. En vano trataba de dar explicaciones, ms
se rea la gente:
"La verdades que yo no
puedo comprender cmo
ha pasado esto, pues yo mismo revis los tiros no hace
mticho rato, y se han cortado de una manera inverosmil.
Es que jams pasa en pas alguno civilizado, son co
cosa
sas que solamente se ven en Chile, seor."
Entre tanto los chiquillos, Meche y Caco, rean
mandbula batiente, y tan grandes fueron las carcajadas
que llegaron despertar las sospechas de 'su hermana.
"Apuesto que habr sido alguna barrabasada de
estos endiablados chiquillos; en balde le
dije Pepita
que no los convidara, acabaran por alguna picarda
mucho me temo que esto sea cosa de ellos."
"As no ms debe ser."
Poco despus, cuando volvieron los caballos, con los
camos cortados en la punta de los arneses, ya todos
comprendieron el negocio : los chicos los haban puesto.
La ira de Rosales no tena lmites.
"Esta es diablura de Caco en donde lo pille,
voy sacarle las orejas tirones."
Ya se oan lejanos los rumores de cascabeles del
break, cuando los del Mail se pusieron en camino. El
cielo se tea de naranja, en el ocaso, mientras el sol
se ocultaba tras la Cordillera de la Costa, de tinte azul
marino. Luego se vieron fajas violceas y transparencias
de sombra. La cordillera de los Andes se tea de sua
ve rosa, y las nieves se desmayaban y fundan en grada
ciones exquisitas de verte nilo, de gata y de amaranto,
218 EN FAMILIA
que parecan casi fantsticas. A lo lejos pareca como
que las varias cadenas de los contrafuertes andinos se
recortaran unas sobre otras en diversas gamas de azul,
ms tenue mls hondo segn la distancia, hasta pa
recer, por momentos, como si fueran sombras de velos
arrojados al azar del capricho, en recortes extraos.
"Javier, me parece que no nos olvidaremos de este
paseo."
"Y yo que vine lleno de temor: de qu? no saba,
pero sin duda era de algo que se relacionaba contigo."
"Chit habla ms bajo que pueden or este tuteo
y les llamara mucho la atencin."
Encontraban deliciosa la niera de llamarse de t;
todo les pareca nuevo, sus almas estaban radiantes,
y sin embargo la melancola de la tarde les sobrecoga
sin que se dieran cuenta, imprimindoles sello de gra
vedad. De sbito se sintieron tristes, comO con presenti
mientos de cosas desconocidas; era la ley de reaccin
de la inmensa felicidad que casi no caba en sus almas
al revelarse mutuamente sentanse tan felices que has
ta un leve soplo de luz moribunda les daba tristeza.
CAPITULO X
Se despedan en la esquina de Santo Domingo:
"Adonde vas tan apurado?"
"A la Lechera Modelo."
"Sabes que me da muchsima risa el nombre que
le pusiste tu negocio?"
"Rete, no ms; en cambio estoy ganando mis bue
nos pesos fuertes, y la cosa no ha resultado tan mala
como crean. Negocio de Javier Aldana, por fuerza tie
ne que ser algn solemne disparate, se decan ; y sin em
bargo, marcha bastante bien, y pienso en agrandarme
un poco medida que vaya la ganancia en aumento."
"Esprate, que pronto te llavar mi capital que no
ser corto, y vas ver cmo al poco tiempo nos casa
mos," dijo Elisa sonriendo.
Qu capital es ese que yo no te conoca?"
"Es que me voy sacar l premio de la gran rifa
de Beneficencia, de la casa legada por doa Mercedes
Murueta para los nios pobres. El ao ltimo se orga
niz una gran lotera, con permiso especial del Congre
so, y hoy, presisamente debe tirarse. Tengo un nmero
y estoy segura de que voy sacarme el premio.
"De veras tienes nmero?" pregunt Javier son
riendo.
220 EN FAMILIA
"La pura verdad.; fu un nmero que me encon
tr botado en la calle y que guardo cuidadosamente en
una cajita en compaa de unas reliquias milagrosas de
fray Antiresito.- Por eso me voy sacar el premio; una
casa bastante buena que valdr lo menos cien mil pesos.
Lo primero que har ser regalarte cartera vas ver
con monograma renacimiento ..."
"j'Alh! cunto me alegro que no sea de estilo Luis
XV que me tiene loco. Pero qu positiva te has puesto !..."
nia!..."
"Desde que pienso en casarme contigo, hago pre
supuesto hasta con los alquileres de las casas y con los
sueldos de los sirvientes ; casi, casi me dan ganas de hacer
lo de una amiga ma que. ." .
"Antes de casarse mand hacer la cuna Ou bar
baridad !"
"Tonto . ? Vienes esta noche casa ?
. .
"Por supuesto, cmo haba de faltar y me tocars
un poco de msica, en la salita de ustedes, para estar
lejos de la ta Micaela y de sus perros y loros. En cuan
to mise Juliana, esa no le hace mal nadie con sus
rezos, plticas, sermones y procesiones. No se puede
negar que es una familia bien curiosa la de ustedes."
En ese instante Javier, que tena buena vista, divis
don Santos por la Calle de Santo Domingo ; vena len
tamente, envuelto en su capa espaola de vueltas rojas
de terciopelo, el sombrero de copa echado atrs, el ros
tro macilento, hundidas las mejillas, saliente la barba
fina y la nariz de guila recubierta de piel amarilla y
apergaminada ; los ojuelos brillantes.
"Ah viene tu pap, talvez se dirige misa".
"No, la oy muy de madrugada, segn l acos
tumbra; le gusta levantarse con las gallinas, para mar
charse luego sus devociones. Si vieras el fervor con
que reza; el pobre papasito es santo, no slo de nombre
no le hace mal nadie, y dentro de sus recursos mo
destos practica la caridad en forma que sorprende; vi
sita y ayuda familias pobres. Ahora se v los Tri-
LUIS ORREGO LUCO 221
bunales,para llegar la hora fijada por la ley; es ver
dadero reloj. Me voy; acaso le parecera mal vernos
conversando solos en la calle. Es estricto como hom
bre de otro tiempo, del tiempo viejo."
Despidironse miradas cariosas, mientras Javier
con
retena entre sus manosla de Elisa y la vea alejarse,
con paso natural, suelto, elegante, dndole deseos de
repetir ante ella la oracin : "Bendita eres entre todas
las mujeres." Su mirada se deslizaba por aquellas lneas
llenas y mrbidas, por aquellas redondeces que rebo
zaban salud y fuerza, por aquel manantial de vida y de
belleza soberana, y cuando vio perderse lo lejos la si
lueta amada, ech andar por la calle de la Nevera,
en direccin
Mapocho. Confusos remordimientos le
asaltaban : haba seducido la hija de doa Rosenda
Agilitar, la patrona de Ortz. Las cosas siguieron su
curso ordinario, desde aquel momento en que el doctor
le sorprendiera. Haba sido aventura vulgar, de esas
que .se ven la vuelta de cada esquina. Muchas veces
haba tenido otras semejantes, y por otra parte, no crea
tener motivos para reprocharse de cosa alguna, ya que
cuando entr en la aventura aquella, sus relaciones con
Elisa estaban enteramente rotas. Con los ltimos acon
tecimientos el curso de la vida habia cambiado para l.
Todo bien mirado no habra tenido rauordimiento al
guno en continuar en aquellas historias agradables su
conciencia era elstica ien mate(ria de amores pero
quera de veras Elisa y abrigaba temor horrible de
que la cosa pudiera llegar sus odos y le despidieran.
La amaba, y sin embargo acaso no tendra escrpulos
en serle infiel extraa contradiccin dje conciencia,,
fruto de luchas ocultas entre su temperamento y su co
razn, realizadas en esas profundidades interiores de
las cuales nosotros mismos no nos damos cuenta. Pero
al ver pasar un tranva de la lnea Recoleta, sinti vuel
co en su corazn y aprensin sbita y terrible de ser
descubierto. Entonces tom la resolucin heroica de
mucha-
poner trmino la historia con Lucinda, pobre
222 EN FAMILIA
cha que cruzaba annima por su vida como cruzan tan
tas mujeres por la de tantos hombres, sin dejar en ellos
ms rastros que las huellas de pasos por la ribera del
mar. Don Santos andaba lentamente, causa del asma
que
le haca padecer, acompasado el paso, el cuerpo leve
mente encorvado; la mano sarmentosa apoyada en el
bastn de barba de ballena, con el cual daba golpes re
gulares. Al .pasar salud su hija con sonrisa bonda
dosa :
"Vienes de misa? bueno bueno las prcticas re-
lijiosas mantienen la disciplina moral, y la frecuenta
cin de los sacramentos fortifica nuestras debilidades.
Si vieras cmo me han servido de alivio en las terri
bles crujidas que he tenido que atravesar ms de una
vez. La resignacin, la fuerza del alma, viene de mucho
meditar y de sumirse en el seno de Dios, una y otra vez,
hasta encontrar alivio. Lo primero que el hombre debe
hacer es reconciliarse con Dios y restituirse en su amis
tad. Hecho esto, lo dems es fcilmente llevadero. La
vida religiosa, la vida interior es Ja nica slida y dura
dera, la nica vida en la verdad ; lo dems es pura fan
tasa, cosa de vanidad y de oropel. De los deleites y de
las alegras efmeras que brillaron un momento como
fuegos de paja, qu nos queda? A veces el recuerdo,
veces ni eso veces tan solamente una congoja, un
dejo amargo. Por eso los grandes escritores antiguos.
los que slo buscaban las felicidades paganas, nos ha
blan de horrible sabor, de la hez, que nos queda en -las
felicidades de la vida, en el amor, en el goce. Pero ;cmo
podras -entenderme t, que eres feliz, que te sientes
amada, que esperas felicidad soada y ya prxima, la
satisfaccin de tantos anhelos? La verdad, en la vida,
slo se conoce despus de graves dolores, con la ense
anza de las penas
se purifica en el fuego. Anda, hija,
vo slo despus de la muerte de tu hermano Julin, de
la ruina y de la pobreza, y de la desgracia de Juan he
comprendido que slo en la vida interior est el des
canso ..."
LUIS ORREGO LUCO 223
Y luego, consentimiento abnegado del padre, como
temiendo que pudieran llegar para ella das de prueba:
"Anda, hija, anda y que vivas tranquila, y que nues
tro Seor te libre del dolor y del mal, y que Dios te ben
diga en tu alma de paloma."
Elisa sigui su camino. Iba feliz; ahora estaba firme
mente convencida de que Javier andaba por el buen ca
mino. Ahora ya trabajaba, se ocupaba con seriedad en
la famosa "Lechera Modelo", en la cual ganaba lo bas
tante para pensar en mayores desarrollos bien poda
ser negocio. Haba dejado completamente el juego, y
ya no se asomaba por la sala de tapete verde. Tal trans
formacin era debida al amor, semejante cambio era
obra de cario sincero, de firme deseo de acercarse
ella. Y ella, su turno, comenzaba confiar en el por
venir. Por qu atormentarse con cosas que acaso jams
sucedan? por qu abrigar temores de que Javier vuelva
las andadas? La fe, intensa fe en la vida, esperanza
inmensa, nacida en su alma como las perlas en los ma
res, la invada toda con delicioso y sutil optimismo.
Los sacrificios que haba hecho Javier por su hermano,
el darle todo el dinero que despus le fu devuelto
por su padre, lo que tena para su negocio, y hasta los
ltimos restos de su fortuna qu probaban sino amor
generoso, discreto y abnegado, capaz de todo sacrificio
por ella? si no la hubiera querido como la quera habra
llegado hasta extremos? Y recordaba que preci
esos
samente en aquellos das era cuando ella haba despedi
do al pobre muchacho, y le acababa de sealar la puerta
con palabras que juzgaba irrevocables. Semejantes re
cuerdos le llevaban las lgrimas los ojos se senta
poseda de inmensa ternura de ternura que secreta
mente le haba llenado la vida entera sin que jams ha
llara medio de dar salida los sentimientos delicados
que moraban en ella, ignorados
hasta de ella misma.
amada esto redoblaba su necesidad de
Sentase con
y
amar.
penetr la
Con paso ligero atraves el zagun y sa-
224 EN FAMILIA
lita que en ese instante ventilaban. Un canario cantu
rreaba en los corredores; una diuca le responda en el
jardn, corriendo saltitos comerse los granos de
alpiste que haban cado de la jaula. Oase el ruido de
escoba de la Demofila que barra los corredores. Uno
de los loros de la taMicaela, todo pintado de amarillo
y rojo, dentro de su jaula de hojalata colgada de una
percha, peda "Claveles y albacas para las nias reta
cas." Y cuando le preguntaban: "Lorito eres casado?"
Contestaba : "Soy soltero y enamorado. .".
Don Santos prosegua su camino, por la vieja calle
que le era familiar, hasta en sus menores recodos ; es
taba acostumbrado los colores de las diversas casas,
la forma anticuada de la una, en la esquina, con ale
ro saliente y balcn corrido, la antigua, como ya que
dan pocas en la ciudad de Pedro Valdivia. No le dis
gustaba la arquitectura rara de la otra, de ancho portn
y de segundo piso bajo y sin arte; la de ms all, con
naranjos en el patio, al estilo andaluz y tas frutas do
radas entre tas hojas verdes, llenbale de contento. A
lo lejos, por la antigua calle del Puente, cruzaba un
tranva. En la Plazuela de Santo Domingo charlaban
unas viejas en stu puestos de flores, que se ofrecan
olorosas los transentes.Trabajadores dorman al sol
su ebriedad callada, "la mona", tendidos en el suelo
como los azsaroni de aples, mientras mujeres de man
to aguardaban la llegada de los carros de Recoleta. Don
Santos mir de manera distrada el templo que nunca
vea sin sentimiento de culta vene-racin ; no desperta
ron su atencin como otras veces, tas piedras doradas
y patinadas por el tiempo, los sillares macizos, los san
tos de piedra embutidos en los muros, en sus nichos que
guardan carcter de Edad Media todava, ni los que
coronan el imponente edificio, ni sus altas torres, ni los
otros santos que miran de lo alto, ni el estilo plateresco
de sus puertas y de sus cornisas, ni sus anchas mampa
ras obcuras como
grandes sombras proyectadas sobre
el muro.
LUIS ORREGO LUCO 225
Don Santos iba tan preocupado, que en vez de pene
trar la iglesia como sola, antes de irse al tribunal, se
limit llevarse la mano al sombrero cuando pasaba
por la puerta. Haba bastado una palabra, ligera con
versacin al pasar, con su hija, para levantar en su al
ma un mundo de
preocupaciones. De ordinario viva
para adentro ms que para la vida exterior; los aconte
cimientos, no tenan para l tanta importancia como
las ideas que por su espritu cruzaban, ni la vida tanta
realidad como su imaginacin. Haban bastado vagas
reflexiones para resucitar, sus ojos, el pasado, mise
rias, la ruina que le haba perseguido, acosndolo en su
vanidad social que sangraba todava con el menosprecio
de unos y con la posicin perdida. Luego, el reciente
golpe recibido, le haba causado herida que sangraba
an. Haba perdonado Juan su grave falta. Qu pa
dre no perdona al fin y al cabo ? Sobre todo al verle pa
decer como haba padecido, pero eso no obstante, crea
que sera nuevo motivo de menosprecio, que le empeque
eca y le abrumaba los ojos de los dems. No haba sa
bido educar su hijo; era un hombre sin carcter y sin
energa; dejaba decaer su raza 'siempre el fantasma de la
familia y de la raza, surgido de mundo, -ya viejo, para
perseguirle y acosarle en todo momento, como si la lnea
de sus antepasados fuera lnea de prncipes de pode
rosos magnates, cuya golilla hubiera de mantenerse
almidonada con el orgullo de los nietos.
Parecale que todo el mundo se daba cuenta cabal
de la gravsima falta, del delito cometido por su hijo,
y que la tal mancha recaa sobre su hija, quien mira
ran en menos los jvenes, dejndola para vestir san
tos pues an no se acostumbraba creer que pudiera
casarse con Javier Aldana, de tal manera le hera la sola
idea de semejante matrimonio. Ahora le toleraba en su
casa, nada ms, pero no poda concebir que aquello lle
gara formalizarse. El delito de Juan un desfal
co, y cometido por el hijo, de hombre que todo en
su vida lo haba sacrificado la honradez, establec n-
8
226 EN FAMILIA
dota sobre altar la cual sacrificaba hasta el reposo de
sus ltimos das, consagrndose tareas ingratas y
trabajo duro; ese delito le persegua. Ahora su vida
se hallaba como imantada por la idea de esta falta de su
hijo, cuyo peso recaa sobre la familia toda. Afn de sa
crificio, ideas de redencin, le sobrecogan; deseo de que
mediante padecimientos propios l pudiera rescatar las
faltas ajenas, y sinti, en lo hondo de su ser, la verdad
profunda, la necesidad del smbolo redentor. Y luego,
los sentimientos naturales al padre le acosaban, preocu
pndole la suerte del hijo. Haba pagado la deuda de
Juan, devolvindole su dinero Aldana y esto le obli
gaba cambiar de actitud para con el joven quien
antes no mirara muy bien. Cmo sealar la puerta
hombre que acababa de prestar su hijo servicios de
tanta importancia ? Habase producido naturalmente nue
va situacin, la cual Elisa no haba permanecido ex
traa, y pareca ahora posible el matrimonio que don
Santos consideraba como la mayor de las calamidades
pero qu hacer? cmo impedirlo? los acontecimientos
de la vida se eslabonan como anillos de una misma ca
dena, y la falta de Juan reflua ahora sobre el porvenir
de Elisa que su padre vea obscuro. Estaba convencido
de que indudablemente, por ms que le quisiera si le
quera de vera.s y no era aquello miraje engaoso de ju
ventud de todos modos, Elisa sera desgraciada con
Javier Aldana. El carcter no cambia y tiene razn el re
frn que dice: "Moro viejo no puede ser buen cristiano".
Pero ella le miraba con ojos que decan bien claro
los de un padre que su alma ya no le perteneca. Su hija
se le iba, se le iba para siempre; puesta y obligada
optar entre su padre y el recin llegado. Vacilara por
acaso? Es ley de renovacin imperiosa de la existencia
la que relega los padres lejos cuando se presenta el
hombre que habla por primera vez al corazn. Adems
la educacin nueva, coloca los padres en situacin
bien diversa. Mi madre, pensaba entre s, don Santos
se cas sin querer mi padre, slo porque se lo orde-
LUIS ORREGO LUCO 227
naron, y lo hizo sin replicar, en virtud de un principio
de obediencia casi monstica que nuestros padres cum
plan sin discutir, porque el padre de la Colonia era
como el de Roma dueo
y seor de vidas y haciendas,
en tanto que la educacin nueva
suprime del todo, en las
ocasiones graves, la autoridad de los padres, dejando
el porvenir de los hijos en manos del acaso. Talvez hu
biera podido l, por encima de todo, y salvando obstcu
los, aduearse de la voluntad de su hija, que era dcil,
pero la culpa de Juan la haba entregado maniatada, y
como era natural se haba
dejado llevar de las inclina
ciones que naturalmente la arrastraban y que don San
tos "se hallaba en la imposibilidad de combatir. Todo eso
era fruto de una sola falta,
y de falta ajena, de tal ma
nera el quebrantamiento de la
ley moral refluye por
manera inesperada, no slo sobre la
propia vida, sino
sobre la vida de los que nos rodean. Todo eso lo sobre
coga, sintiendo, de repente, como llamas abrasadoras de
odio en contra de su hijo, surgidas manera de rfagas
que tan pronto aparecan como se disipaban en corazn
bondadoso inclinado por instinto al perdn. La falta de
ese hijo le persegua,
producindose de aqu extrao fe
nmeno moral, la aspiracin al sacrificio, propio y ajeno,
que apareci intervalos regulares como leit-motiv de su
vida. Haba que rescatar ese crimen, haba que sufrir por
la culpa ajena. .
En qu forma? l no lo saba de ma
.
nera precisa, pero lo presenta por la extraa intuicin
de iluminado que tantas veces, en su vida, le haba con
ducido la verdad por caminos ignorados de todos y de
l mismo, pero que le mostraban el fondo de las cosas
y que le hacan presentir los acontecimientos.
Don Santos prosegua su camino por la calle de Santo
Domingo, erguido el cuerpo ahora, por sbita actitud
que corresponda una como sublevacin ntima de todo
su ser ; brillaban sus ojos negros en el rostro apergamina
do, bajo las cejas pobladas y grises, el cabello cano y se
doso echado adelante sobre las sienes, la antigua, airo
so el porte, envuelto el cuerpo en una capa
una de esas
228 EN FAMILIA
capas que ya no se ven, expulsadas por el gabn moder
no. Y la nariz aguilea le daba traza de ave de rapia,
desmentida por lo suave y soador de la mirada de aps
tol. No reparaba en cosa alguna; tan abstrado iba que
por poco no le atrepella un carruaje del servicio pblico,
al cruzar la calle del Puente. Llevado de su imaginacin,
vea de antemano las desgracias que habran de acaecer-
le su hija con persona tan poco sujeta leyes morales
como Javier Aldana. Imaginaba que le vea en el teatro,
sentado tranquilamente en palco, en compaa de damas
de reputacin dudosa, y luego, cuando sbitamente se
topaban en los pasillos, concluida ya la funcin, no poda
contenerse por ms tiempo: "Caballero, usted es' un
miserable que engaa mi hija, y que se muestra en
compaas escandalosas an antes de casarse, qu ser
despus? Todo queda concluido entre mi hija y usted:
espero que no vuelva poner los pies en casa !" Not que
los transentes le miraban, y escuch el sonido de su
propia voz, lo que le puso en vereda.
En el Tribunal continuaba involuntariamente su so
liloquio mientras tas partes alegaban. Algunos de los
miembros del Tribunal escuchaban con ojos entornados,
pensando acaso en negocios particulares mientras los
abogados se agitaban, apoyndose en disposiciones del
Cdigo citando comentadores. En la sata reinaba at
msfera fra, hielo de cansancio y de indiferencia. Son
el tintineo de- la campanilla del presidente del Tribunal,
tas partes se retiraron mientras los abogados saludaban
la Corte, los Ministros reclinados en sillones bajo
rojo dosel. La luz penetraba plida, envolviendo en at
msfera nebulosa los rostros cenicientos y cansados. Don
Santos no poda conformarse con sucesos que daba de
antemano como ciertos; parecale que su hija no poda
ser feliz casndose Aldana. Luego le venan remor
con
dimientos, acusndose s mismo de prejuzgar, dando
por sentado que sus predicciones pesimistas hubieran de
realizarse. No, no tena derecho pensar as, atendida
la manera cmo Javier se haba conducido con su hijo,
LUIS ORREGO LUCO 229
salvndole de la deshonra; era ingratitud de su parte
No tena derecho de juzgarlo mal, despus de lo que ha
bapasado. Por qu habra de ser feliz Elisa si lo
no
quera? Sera dable marido de mujer tan buena,
ser
de alma tan noble y adems tan hermosa, sin quererla?
Su experiencia le indicaba que en la historia de los matri
monios existen siempre causas ocultas de las cuales la
gente no acierta darse cuenta cabal; incompatibilidad
de humores, resistencias fsicas sbitamente despertadas,
desencantos, falta de comprensin mutua, y mil otras
cosas que siempre quedan ocultas en el misterio de la
alcoba conyugal. Su hija era mujer completa, con ella no
caban sino los caminos fciles : no era posible conocerla
sin adorarla. Seguramente sera feliz.
Concluido el trabajo, el ejercicio fsico, unos rayos de
sol primaveral que calentaban el patio y que le acompa
aron por la calle de Bandera, frente al jardn del Con
greso; la vista de las palmeras y de las hermosas plan
tas del jardn reverdecido, le llevaron la calma.
El ir y venir de transentes, saludos los amigos,
le distrajeron. Top con uno, en el camino, que le detuvo
cariosamente :
"Santos, pero qu bien conservado te veo ; si no fue
ra de tu tiempo, te tomara casi por nio".
"Es verdad, estoy bastante bien, pesar de las pe
nas y contratiempos que nunca faltan. Como deca Cos
me : ahora los chiquillos tienen sesenta aos".
Ambos rieron de buena gana, sentanse felices de vi
vir, de tomar el sol en aquella deliciosa tarde de prima
vera que les borraba tas canas rejuvenecindoles. Don
Alvaro Portal, su interlocutor, era antiguo y conspicuo
personaje poltico, que se haba abierto camino en el Go
bierno, cortejando los Presidentes la antigua usanza;
as haba llegado Ministro en varias combinaciones,
siempre sumiso, adivinando los deseos presidenciales.
Don Santos experimentaba placer en que le vieran acom
paado de personaje d tantas campanillas, en charla fa
miliar
realzbase sus propios ojos, con eso, despus
230 EN FAMILIA
de lo de su hijo, era casi u.na partcula de rehabilitacin
social.
"T siempre gobiernista, Alvaro Es lstima que
...
apoyes Gobiernos tan desprestigiados, t, persona de
tan excelente posicin que de nada necesitas para figu
rar; con prestigio, con nombre. ." .
"Qu quieres, soy hombre de convicciones y debo
seguir al partido", replic el otro, mtiy convencido de lo
que deca, sin fijarse en su irona involuntaria. "Es pre
ciso apoyar al Presidente. Mira, Santos, contra el Go
bierno es intil luchar; lo mejor es seguir la corriente y
as uno puede hacer algo bueno siquiera".
Despidironse, y don Santos cruz por la Plaza de
Armas, pasando entre nios que jugaban al pillarse y
corran por las avenidas, dando gritos de placer. En los
bancos estaban sentados hombres del pueblo, de manta
deshilacliada y traje rodo, los rostros amarillentos, en
tre pordioseros y vagos ; una mujer pobre, arrebozada en
su manto, con el canasto de huevos junto s, tomaba el
sol, descansando beatamente. Las palmeras se estreme
can entre manchas de verdura, al soplo de brisa suave.
Y los jardineros iban de un lado otro, con mangueras,
arrojando lluvia sutil sobre el verde csped; era como
soplo de paz que tranquilizaba los nervios. Don Santos
respir largamente, y sinti cmo se tranquilizaba, y
nuevas imgenes, ms tranquilas, se ofrecan su ima
ginacin, evocadas por sugestiones del paisaje. Las an
chas galeras de los portales abran sus arcos armonio
samente ; el edificio de la Municipalidad, de color de rosa,
elegante en sus lneas, le produjo sensacin de agrado.
Se confes que todos estos edificios nuevos, que susti
tuan las vejeces de antao, eran ms bonitos pero
dej escaparse involuntariamente un suspiro por el tiem
po viejo, el tiempo ya ido y que nunca ms volvera. Mu
cho Je placa, en compaa de viejos de su tiempo, la evo
cacin del pasado ya muerto.
As lleg casa. Elisa, en el corredor del
segundo
patio, mudaba el agua de los canarios, que canturreaban
LUIS ORREGO LUCO 231
saltando en sujaulas pareca como que quisieran acom
paar la meloda de Denza, cantada por la joven, con
voz cristalina, que tena eco romntico una de aque
llas melodas de saln que dejan meditabundos los mu
chachos que buscan amores y suean con formar nido.
"Te veo contenta; bueno, bueno. La alegra es tan
necesaria parada vida como el pan; es la expresin de
alma sana que ignora todava las contrariedades del
mundo, las acechanzas que por todas partes nos cercan,
las tembladeras que pisamos sin saber. Me figuro que la
alegra forma parte de la virtud rete, no ms hija ma,
que las horas tristes llegarn demasiado pronto."
"Pero qu filosofas se aprenden en los Tribunales,
pap ; yo crea que slo se iba dormir las audiencias,
mientras los abogados alegaban. ." .
"Habrs de ser siempre burlona, muchacha. Pe . .
ro aprovecho la ocasin, como que la pintan calva, para
hacerte una pregunta".
Y poniendo cara seria, agreg don Santos:
"Es verdad que te gusta ese muchacho. . . ese Ja
vier Aldana? Contstame con franqueza".
"S, pap."
-"Esseria la cosa?"
-"No puede serlo ms; lo quiero y estoy comprome
tida casarme con l".
Don Santos frunci el ceo; para l la palabra era
sagrada, inviolable, una vez comprometida. Senta tris
teza profunda de ver ya decidido el porvenir de su hija,
mas no se le ocurri la idea de decirle que faltara
compromiso formal. Y, luego, en tono de tierno re
proche :
"Por qu no me consultastes antes de dar ese paso
tan grave, hija?"
"Porque el corazn no se manda, pap ; y ya estaba
resuelta darle mi palabra desde que ya le haba entre
gado mi cario ..."
"Una no puede saber cundo se compromete ; la hora
cuenta cabal
llega y nos sorprende sin que nos demos
232 EN FAMILIA
de cmo han pasado las cosas. Hay instantes decisivos
en la vida de la nia, el momento en
que se entrega el
corazn y ese es el ms grave y jams depende de
nosotros. Cul fu la palabra? Cul fu la mirada?
Qu se dijo ? Qu se cay ? Cmo vino cogernos la emo
cin, de repente? Nunca lo sabemos, esa es la verdad',
pero ya estamos cogidas en red misteriosa. Le confieso
que al principio desconfiaba de Javier y me port bastan
te dura con l; pero lleg instante en que ya no dud
ni de su sinceridad ni de su cario, y de repente, sin dar
me cuenta cabal de cmo pasaba, sent en l fe profunda,
le vi de alma noble y extremadamente generosa, llevada
hasta el sacrificio por Juan... acaso tambin por m.
Pero an no crea quererlo. Sabe usted cundo supe que
le amaba? Una vez que Hernando le atac con injusti
cia y con crueldad, delante de m. Por el odio, por la re
pulsin, por la clera que sent contra Hernando en
ese momento, pude medir todo el cario que senta por
Javier. ." .
-"'Es verdad, nada subleva tanto como la injusti
cia".
"Y cuando sent que le quera, ya no fu posible
negrselo, porque no puedo vivir fuera de la verdad, en
el engao de tas convenciones sociales, en el disimulo
que las conveniencias aconsejan. Y as pas todo, senci
llamente, sin que yo me diera cuenta de lo que suce
da..."
"Antes los hijos nunca daban pasos tan graves sin
que sus padres lo supieran de antemano, sin contar con
su beneplcito".
"Es cierto, pero eso eraantes; ahora, en la vida mo
derna, cada mujer es duea de su corazn, y sus senti
mientos se respetan".
Don Santos la mir largamente, sin decir palabra.
Conociendo el carcter firme de Elisa, tena el hbito
de dar por sentado que jams podra hacer cosa que no
fuera irreprochable, pues conoca la rectitud de su alma.
Saba que la voluntad era lo ms acentuado en su perso-
LUIS ORREGO LUCO 233
nalidad moral. La mir nuevamente, medit, reconcen
trado en s, y se vio desarmado, pues no poda combatir
a! hombre que haba salvado de la deshonra el nombre de
Orbegoso, dando pruebas de innegable nobleza de esp
ritu. La falta de su hijo le daba por vencido sin comba
te. Hombre como don Santos no poda pagar beneficios
con desaires, acto grande con golpe, y suspir.
Elisa, callando, adivinaba.
Ambos caminaron bajo el emparrado que corra has
ta el fondo de la casa. Iban paso lento, sin mirar la
verdura que por todas partes, les cercaba. Acercbanse
los grandes nogales y las coposas higueras que por las
bardas del fondo extendan sus ramas sobre el predio
vecino. La primavera hinchaba los brotes, produca ex
plosiones de hojas y de sabia esflorecencia de malezas,
all en el fondo, en la parte ms inculta, en tanto que las
alcachofas se levantaban florecientes entre guindos y
ciruelos, perales y damascos alineados en filas separada*
cubierto
por zanjas, uno y otro costado del parrn ya
de hojas como bendicin de Dios. Las lneas obscuras
de algunos rboles atrasados, que tan slo ahora co
menzaban brotar, aparecan entre innumerables hojas
de parras y de arbustos, verdes todas, de varios tonos,
intensos y brillantes, y de formas varias, desde la alar
gada brillante de los nsperos, con reflejos de cera,
y
hasta la finsima y pequea de los Jacarandas que produ
cen flores violetas. Oase, en el silencio,
el caer lento.
gota gota, del agua de la destiladera de piedra la
de de Talagante. Reson aleteo
vieja y ancha olla greda
de de graznido de
de ave de corral seguido grito, y pa
l amarrado en el fondo
vos; ladr furiosamente perro
en la
del corral, unos caballos hicieron resonar los cascos
la la tarde caa, mientras
caballeriza, y volvi paz que
la vecindad
de la casa vecina lleg el canto de niitas de
entonaban ronta infantil, con melopea dulce y triste
que
un mismo tiempo :
"... .Y aserrn" _..--_
aserran,
234 EN FAMILIA
"los loritos"
"de San Juan"
"piden queso"
"piden pan"
"los de Roque"
"Alfandoque"
"los de Rique"
"Alfeique"
"los de Trique
"Triquitrn".
"Triqui, triqui, triquitr, triciuitrn..."
Las vocecillas infantiles resonaban acompasadas, en
coro delicioso, lleno de melancolas para el que ya co
mienza vislumbrar el ocaso de la existencia, fundin
dose en las luces del crepsculo. La vista de don Santos
se perdaen los tonos anaranjados y violceos del po
niente, mientras la cordillera, en el fondo, como inmenso
marco, se tea de rosa, de rosa virginal y nevado.
Elisa quiso hacer las paces, cogi el brazo de su padre,
y la dulce presin del brazo querido, el ritmo de su an
dar y de su cuerpo, todo lozana y juventud, evocaron
en el alma del anciano los tiempos en que era nia, de
vestido corto, de largo pelo ondeado y rubio, y se haca
perdonar sus pecadillos con sonrisas y con besos. Emo
cin involuntaria le agit dulcemente. Las campanas de
la Merced daban lentamente el toque de oraciones, con
campanadas vibrantes que hacan surgir en el alma la
tristeza infinita del tiempo viejo, de las horas idas, de
sentimientos marchitos, de fugitivos amores que se cre
yeron eternos, de melancolas duraderas, de recuerdos
imborrables. Las campanadas se hundan en la sombra.
"Seorita, ya es la hora del mes de Mara", mur
mur con voz ronca la Demofila, vieja sirvienta que los
haba criado todos desde nios. "No se vaya atra
sar su merc. . mire que ya es l'hora".
.
Apuraron el paso. En el fondo del saloncito de doa
Encarnacin, generalmente utilizado, como- pieza de cos
tura, se alzaba el altar de la Virgen de Lourdes con ves-
LUIS ORREGO LUCO 235
tidura blanca de cintas azules y
surga entre nimbo de
luces encendidas en los
antiguos candelabros de familia,
con seorial y noble,
aspecto entre innumerables
flores colocadas en jarrones y vasos de tamaos diversos.
Se haba trado, desde los jarrones de Sevres de la
sata,
hasta los florerillos modernos del dormitorio de Elisa.
La servidumbre se haba agrupado en el
espacioso corre
dor, detrs de las seoras; doa Magdalena, doa En
carnacin, mise Juliana y la Micaela, don Evaristo San
ders, los nios Meche y Caco. Don Santos se arrodill
detrs de todos, embebido en la contemplacin de la Vir
gen, quien tena que pedirle tanto, con fe ardorosa de
iluminado y de apstol. Tena que rogar ante todo
por
la felicidad de Elisa. Luego, entre
perfume de flores y
reflejo de luces confundidas en la del crepsculo que se
desmayaba, brot el coro del Ave Mara. La voz de la jo
ven llevaba el rezo, en suave
melopea que pareca canto
y tena la armona encantadora de suspiro mstico, mien
tras el coro, grave y profundo en el cual se mezclaban
tas voces de todos, clara en doa Magdalena, ronca en
la Demofila formaba una gran voz de coro antiguo que
haca surgir el pensamiento ingenuo de los primeros
cristianos, Henos de fe, de las rancias familias colonia
les, de cristianos viejos y de "Encomenderos de aejos
pergaminos :
"Santa Mara, madre de Dios, ruega seora por nos
otros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muer
te. .amn."
.
La luz del crepsculo acababa de morir, en tanto que
por el fondo, cruzando al travs de las hojas de un gran
nsperos, comenzaba filtrarse la luna por los anchos ven
tanales del vestbulo con la vibracin dolorosa y enfer
miza de la msica de Chopin.
En el fondo de claridad de lirios que llenaban los va
sos y de luces- que iluminaban el altar se destacaba la
figura de Elisa, con lneas plenas y flexibles de cuerpo,
el valo suave del rostro, y ojos aterciopelados que se
fundan, elevados al cielo, en un ensueo mstico.
CAPITULO XI
La comida transcurri tranquila. La vieja sirviente lle
vaba los platos, en silencio, con el modo respetuoso y
familiar un mismo tiempo de los antiguos servidores
de casas chilenas, que conservan algo en la actitud de an
tiguos esclavos de siglos pasados, sin ms familia ni otros
carios que sus antiguos amos, que continan sus ojos,
como raza privilegiada de seores de horca y cuchillo
seres superiores que moran muy alto, en regiones casi
inaccesibles. A juzgar por las miradas que de cuando en
cuando diriga Elisa, estaba al tanto de lo que ocu
rra. En la cocina, ya hablaba la servidumbre del futuro
matrimonio de la seorita: sabase que haba dado ca
labazas su to Hernando y que el preferido era Javier
Aldana. Todos miraban mal la cosa, principalmente
porque el novio careca de fortuna ellos no acertaban
comprender que fuera posible semejante matrimonio
"el novio no estaba la altura de la nia". Demofila, co
mo llavera, les haba hecho callar; no
poda consentir en
que se repitieran semejantes disparates, "eso era de
todo punto imposible". Ahora diriga su "Nia" unas
miradas investigadoras, como tratando de penetrar en
su interior, de tal manera, en la vida de familia
patriar
cal chilena los servidores se identifican con los amos.
"
1 . LUIS ORREGO LUCO 237
"Cmo estaban las cementeras, Evaristo? interro
g don Santos.
"No andaban mal el trigo est del alto de un
...
hombre y parece que v macollando bien. solamente . .
el precio del ganado tan bajo. hasta que no prohiban
. .
la importacin de animales de la Argentina ia cosa no
tiene remedio".
"Ustedes los agricultores siempre estn desconten
tos".
"Es que uno todo lo mete en la tierra por eso el
preverbio es tan cierto: "El hacendado vive pobre y
muere rico". Adems los peones estn caros habr . . .
que pagarles un sentido para las cosechas".
Al decir estas palabras brillaban los ojos de don Eva
risto, mientras empinaba el codo, echndose al cuerpo el
contenido de una copa de vino color de rub.
Circulaban las fuentes humeando; unos se servan,
otros las rechazaban con un gesto, en silencio, con acti
tudes fras, comedidas, correctas, de gente de buen tono.
Como el sirviente de mesa estaba enfermo, la Demofila
circulaba con los platos, movindose un lado y otro,
agobiada por el peso de los aos y no habituada este
gnero de servicio.
Mise Juliana, alzando la cabeza, habl de funciones
sagradas que pronto se celebraran en la parroquia; em
pleaba tono de melopea, montono, tomado del confesor,
pues pasaba la mitad de su vida en la iglesia.
"Hoy estuve con el padre Nez donde las Solar.
No se hablaba de otra cosa que de la rifa. Decan que yo
me la sacara porque soy la ms cumplidora de cuantas
amigas ah nos reunimos, pues he comulgado todo el
ao, domingos y jueves. El padre Nez afirmaba que
nadie sino yo poda llevarse el premio que de no ser as
no justicia en este mundo."
habra
"Qu premio es ese?"
"Es que hoy debe haberse tirado la
lotera de la casa
es bastante bue
legada al "Asilo de Nios" El premio
no. Como son tan baratos,
slo cuesta cinco pesos el
238 EN FAMILIA
nmero,
he tomado cinco, y con seguridad me toca,
exclam mise Juliana. Y el premio es bueno, nada me
nos que una casa que valdr. ." .
"La conozco, agreg con autoridad don Evaristo,
que consideraba su opinin como la ltima palabra en
materias de dinero. La conozco y valdr cerca de cien
mil pesos."
Mise Juliana y su hermana Micaela cambiaron mira
das de codicia. Eran ricas y sin embargo el dinero les
tentaba.
"Y qu haras con ese dinero? Pregunt doa En
carnacin. T tienes lo que necesitas."
"Me comprara sepultura, mandara hacer mauso
leo de estilo rabe como el de Alonso."
-"Jess! exclam mise Juliana con espanto, si es
sepulcro moro... no ser que quieras enterrarte con
"Julio Cesar", con el papagallo; una cristiana slo
cabe bajo la cruz ..."
Elisa quiso apaciguar la tempestad naciente, para lo
cual intervino : "Pero no se apuren tanto con el di
nero, pues se trata como en el cuento del pjaro vendido
y no cazado".
"As no ms es, agreg don Evaristo. No hay que
disponer de la lotera con tanta anticipacin. Esto me
recuerda la historia de ese fundo que un huaso de Co
quimbo le vendi un ingls en cien mil pesos, con dos
mil huanacos. El otro, de puro barato se anim com-
| prarlo, era gran fundo de cerros. Al cabo de algn tiem-
< po, el gringo se present muy enojado donde el huaso :
Ust .
engaarme m
. . no haber ningn gua
. . .
naco en la fundo." Como no, le contesta el otro, si ah
no se v otra cosa por los cerros ; la cuestin es
que hay
que pillarlos".
-"Sobre todo cuanto quien se habr de sacar el pre
mio ser yo, agreg Elisa".
"Que tomaste boleto, t, que siempre te res de
las loteras, y que jams has querido entrar en la de
Buenos Aires?"
LUIS ORREGO LUCO 239
"No he tomado boleto, precisamente; pero tengo
uno me encontr en la calle. Al
que principio quise ponei
aviso, pero como pens que el aviso en el diario me cos
tara ms que el boleto, me lo adjudiqu como enviado
por la divina Providencia con altos fines, para mi felici
dad. Vern como soy yo quien se saca el premio".
"Por qu causa?"
"Porque es la primera vez que juego en mi vida;
jams he tocado los naipes ni en broma."
"Ojal pudiera decir lo mismo tu amigo Javier,
exclam doa Encarnacin, que jams perda ocasin
de largar puyas en contra del joven.
Elisa se sonroj :
"Quin sabe si no se me ocurrir hacer compaa con
ese amigo, replic; ambos nos haramos ricos".
Engaaba con la verdad, lo que pasa en sociedad ms
frecuentemente de lo que parece, pues en realidad pen
saba entregar ese dinero su amigo para dar importan
cia la "Lechera Modelo" que visiblemente prosperaba
De dnde haba sacado idea semejante? No lo saba,
pero tena la conviccin de que iba sacarse el premio;
lo menos, ms de una vez haba considerado el caso
como extremadamente probable. En sus horas muertas se
entretena pensando en lo que hara con el dinero si se
sacaba la lotera. Elisa no era codiciosa, lejos de eso.
No vacil en rechazar Hernando que tena fortuna,
dando preferencia Aldana que nada tena, pues la de
la ta estaba en tan fatales condiciones como la suya pro
pia. Tampoco era falsa romntica, de esas que rechaza
ran un hombre por desigualdad de condicin de di
nero. Era sencillamente muchacha juiciosa, de nobles
impulsos, generosa de alma, abnegada, pero de sentido
prctico, que viva en lo real.
"Pues que destapen champagne por la lotera que le
va Elisa", exclam don Evaristo. Aprovecha
tocar
ba siempre cualquier pretexto para hacer destapar cham
Brill el lquido en las co
pagne, al cual era aficionado.
Las caras estaban animadas con la broma, y enroje-
pas.
240 EN FAMILIA
cidas al final de la mesa. Caco meta bulla infernal, arro
jando pelotillas al rostro de su hermana Meche.
"Sosiego, cllense de una vez", exclam la voz au
toritaria de doa Magdalena. La luz de la lmpara, con
gran pantalla central, toda blanca, apareca tamizada y
suave sobre aquel cuadro de vida de familia, ntima, sen
cilla, patriarcal, pero al mismo tiempo seorial y noble,
vida de hidalgos que tenan guardados los pergami
nos.
Servido el postre, doblaron las servilletas, segn an
tigua costumbre, colocndolas en anillos de plata nu
merados, y salieron al vestbulo, en donde se tomaba
caf. Las tacitas estaban sobre la mesa americana jun
to las cajas de cigarros puros abiertas. Elisa lo sirvi
con cuidado; los viejos slo les gustaba preparado por
ella, acaso porque era regalona de la casa entera, talvez
porque en realidad supiera prepararlo mejor que nadie.
Destap en seguida los frascos de cristal de roca, de
licores, con Kummel y Pisco.
Elisa, encendi las velas del piano Steinway de la
salita de su madre, en donde solan pasar la noche en
.
vida ntima. Los nios jugaban rincn metiendo
en un
bulla, en tanto que madre
su los llamaba constantemen
te al orden. Don Santos fu miaba cigarro, comentando
los sucesos del da. De algn tiempo esta parte se ha
blaba no poco de poltica, se atacaba la del Gobieno,
pues todos en la casa eran opositores.
"Quin sabe dnde iremos parar con estas cosas.
seor; el Gobierno se nos sube a las barbas como si el
pas no contara para nada. No hay abuso que no se co
meta, y los Intendentes y Gobernadores preparan la
elecin sangre y fuego no habr ms diputados que
los que el Gobierno quiera. Y luego llegan en tropel
una serie de "siticos" y dictan todo gnero de leyes
opresoras de las conciencias, que no nos dejan vivir n
paz. Esto ya no es vida, no se puede aguantar. Pero lo
que me da ms clera es ver que no faltan Intendentes
que vayan ponerse las "libreas de l Moneda", en
LUIS ORREGO LUCO 241
cuatro pies delante del Presidente, como si fuera fe
tiche.
Don Santos se paseaba fumando, mientras doa
Mag
dalena slo pensaba en el ausente, en el pobre Juan
que
se haba dado trabajar en el campo, en uno de
los fundos de don Evaristo. El infeliz deba llevar vida
de perro. Ay! seor, los jvenes se pierden en el cam
po, pensaba la pobre madre; slvamelo, seor, y que se
corrija". Le quera ms an desde que haba cometido
la falta, porque otros lo despreciaban, porque sufra, por
que ahora era el abandonado de la familia, y siempre
las madres sern iguales mientras el mundo exista. Do
a Magdalena recordaba con placer los rpidos encuen
tros en la iglesia con Pepita
una mirada de inteligen
cia las una como secreto lazo, un mismo cario silen
cioso. Apenas si se saludaban, pero no necesitaban de pa
labra para entenderse, unidas en el mismo afecto ntimo
y poderoso. Ese encuentro, esa mirada de Pepita, eran
para la madre recuerdo grato que volva complaciente
su memoria. La seora teja, contaba incesantemente
los puntos de unos trajecitos de tana para los nios po
bres que teja por la noche, especie de distraccin ma
quinal que dejaba su espritu libre y le permita pensar
en el ausente sin llamar la atencin, sin exponerse
preguntas dolorosas.
"No pienses tanto, Magdalena", sola decirle por
las tardes don Santos, y ella comprenda lo que signifi
caba ese "no pienses tanto". Bastaba la mera y lejana
alusin al ausente para que su corazn de madre san
grara con toda la pena de la vida muerta, del infeliz sa
crificado quin sabe por cunto tiempo. Volvera;
se ira la Argentina como su padre deseaba, en bus
ca de trabajo y de rehabilitacin futura? La seora sus
pir, rod el ovillo de lana por el suelo sin que nadie
se bajara cogerlo, y esto le hizo recordar la palabra-
del ausente en esos casos: "Seora, sus ovillos de lana
"
parece que patinaran, por lo ligero que
corren . . .
Don Santos paseaba, callado, mientras Elisa tocaba
242 EN FAMILIA
piano. Sus dedos largos y finos recorran el teclado con
extraordinaria soltura, produciendo acordes rpidos,
claros y justos, melodas encantadoras de Grieg, sonatas
de Beethoven. La sonata "Passionata" pasaba fundien
do sus notas candentes, verdaderamente apasionadas.
"Slo ahora comprende bien esa msica", deca en
tre s el viejo, como observador atento de la vida; "s
lo ahora la comprende, y es que debe quererle de veras
el arte slo vive cuando pasa al travs del sentimiento
propio". Y luego, acercndose ella, le dijo al odo :
"Me parece que ahora ests comenzando interpretar
esa msica, antes no te resultaba".
Elisa enrojeci, porque vea, en aquella ligera broma
de padre, seal de aceptacin de los hechos consuma
dos. Son el timbre de la campanilla y penetr Javier.
Ahora vena con mayor frecuencia y ms de confianza;
su situacin haba cambiado, pero no dejaba de notar,
por cierto, las resistencias latentes en las tas, particular
mente en doa Encarnacin, que haba tomado mal
el rechazo de las pretensiones de Hernando, quien con
sideraba casi como marido de la sobrina, pues no caba
en su cabeza que pudiera rehusarse partido semejante.
Su traje, por s solo, ya indicaba el cambio de la situa
cin; vesta Javier chaqueta azul marino, de corte irre
prochable, de tono severo.
"Qu linda corbata!. ." le dijo Elisa al recibirle.
.
Saba cmo le halagaba con esto y se complaca en pe
queas adulaciones que traan su -boca sonrisa invo
luntaria de placer.
Los nios dieron gritos de alegra y Caco se colg del
brazo del joven, que saludaba respetuosamente doa
Magdalena : "Seora, mi padre, que era amigo ntimo
del general Blanco y le acompa las Tuberas ms de
una vez, me recomendaba una vieja costumbre que Ud.
me permitir restaurar", dijo, cogiendo la mano de la
dama y besndosela : era una blanca mano de abadesa
y de santa, largos los dedos y suaves, terminados fina
mente.
LUIS ORREGO LUCO 243
Don Santos aprob complacido el gesto y la frase
que caan bien con sus maneras de viejo hidalgo.
"Cmo est Ud., amigo, le dijo. Por qu se ha
ba perdido de sta su casa?
"Los nios la cama, que son las nueve", orden
doa Magdalena los suyos, que salieron rezongando,
como de ordinario, al dar la hora. "No sean tontos
y
vengan despedirse." Los bes en la frente.
Se respiraba confianza de vida de familia en aquel inte
rior suavemente iluminado por lmpara de parafina, de
ancha pantalla crema con encajes negros, colocada so
bre mesita de marquetera. El piano abierto mostraba
su teclado de marfil luciente, iluminado por las panta-
llitas de las velas; un cuadro de costumbres holandesas
de la escuela de Teniers, trado en la primera mitad del
siglo, destacaba su mancha obscura en el marco dora
do. Caprichosas figuritas de porcelana de Meitzel y re
tratos con marcos de plata cubran las consolas y me-
sitas de laca, entre jarrones con flores. La mitad de la
pieza quedaba en sombra suave. Don Santos iba y ve
na por un costado, sin tropezar en las mesillas pesar
de la semi-obscuridad que all reinaba, tan acostum
brado estaba la atmsfera de la vida de familia.
"Por qu no sigue tocando, Elisa? Acaso la ha
br distrado el color de mi corbata?"' pregunt Javier
con suave irona. "Nada me agrada m como la m-
siear"
"Es que nada hay comparable ella", interrumpi
don Santos. En oyendo un poco de piano, me parece que
todas las penas del da se van como por encanto. El
nico remedio para curar la locura del rey David era
la msica, y Ud. bien sabe que de msicos, de poetas
y de locos todos tienen su poco, segn deca el re
frn".
"No hay nada tan contradictorios como los refra
nes", observ doa Magdalena. "Ah tienen Uds. uno que
dice : "A enemigo que huya, puente de plata ;" en cam
bio, afirma otro, con igual razn: "A enemigo que
244 EN FAMILIA
arranca, quebrarle la pata". Cmo podemos entender
nos?" t oo
"Tocando el piano", expres Elisa. Y sus dedos
giles recorrieron el teclado, esbozando una de esas de
liciosas fantasas de Cheminade, muy nuevas en aquel
tiempo. Era msica ligera y sentimental, llena de con
trastes imprevistos, de armonas sugestivas.
Don Santos suspir; l le agradaban las antiguas
melodas, "Linda de Chamounix", "Los Puritanos",
"La Norma", todas las piezas que su hija le tocaba
siempre, sin necesidad de pedrselas, conociendo sus
gustos era la msica suya, la nica, la exclusiva. Aho
ra tocaba para gusto de otro, buscaba lo moderno, los
nuevos compases, las armonas en vez de las melodas.
Haba llegado la hora en que pasaba otro ocupar el lu
gar que por tantos aos tuvo exclusivamente en el cora
zn de su hija. "Es la lucha eterna en la cual siempre
sern derrotados los padres", pens entre s; "educa
mos nuestros hijos, llenamos su corazn de pedazos
del nuestro, de nuestra propia vida y llega momento
en que el desconocido de la vspera nos lo arrebata" .
Reinaba silencio lleno de cosas graves, mientras las
notas surgan con mundo de ensueos. Doa Magda
lena recordaba con agradecimiento que ese joven ha
ba salvado su hijo en la hora crtica, y con esto, sen
ta fundirse las prevenciones todas que abrigara en con
tra de Aldana. Elisa lo senta cerca de s, dentro de s,
le hablaba con sus notas, con el alma de su msica, Javier
contemplaba enternecido el cuadro del hogar, la dulzura
de la vida de familia, que jams haba conocido como hijo
de madre que muriera al darle luz y de padre que lo dej
nio. No vea la vida oculta, las amarguras, las preocu
paciones, las pobrezas, los golpes trados por los hijos,
con sus enfermedades y su faltas; vea solamente la
paz del hogar, la dulzura de la vida de familia, sintin
dose atrado al nuevo hogar que su vez formara con
la mujer encantadora que adoraba y que senta tan cer
ca de s, dentro de su alma, en la penumbra, sin mirar-
LUIS ORREGO LUCO 245
la siquiera, en las notas que pasaban frgiles y fugi
tivas.
Una voz reson ronca en el patio, con entonaciones
guturales: "La Libertad Electoral" tengo, "con el gran
sorteo de beneficencia, y el nmero premiado!"
Sin saber por qu doa Magdalena experiment la
misma sensacin de curiosidad punzante de los das de
la guerra, cuando se esperaban noticias de batallas.
"Elisa, anda recibirla". No tena paciencia para
tocar la campanilla y mandar sirviente.
La puerta se abri, la joven habl algunas palabras
con el muchacho que llevaba paquetes de diarios bajo el
brazo, y volvi con el nmero fresco an, oliente tin
ta de imprenta, hmedo.
"No necesitamos verlo", exclam Javier en tono
de broma. "Estoy seguro de que Elisa es quien se ha
sacado el premio gordo suya es la casa. Saludo la
feliz propietaria capitalista".
y
La joven desdobl el peridico y se acerc la lm
su crculo rojizo en torno de la
para que proyectaba
mjesa:
"Aqu est: "Hoy las cinco de
la -tarde, en
del Presiden
presencia del Intendente de la Provincia,
te de la Junta de Beneficencia y de variosde sus miem
bros, tir
se la rifa anunciada de "El Asilo de Nios".
Obtuvo premio el nmero 19,522. Se trat de averiguar
el nombre del feliz poseedor, pero por desgracia no lo
haban escrito sobre el talonario. Maana lo comuni
caremos nuestros lectores."
palideci levemente y sali de la pieza. Iba en
Elisa
en busca del nmero suyo. Momentos despus regresa
ba con un papel de color azul que llevaba inscrito el n
mero de orden en la parte superior.
Y muy plida, intensamente plida, con el corazn
palpitante,lo su madre :" Vean, dijo sencilla
pas
mente."
Doa Magdalena abri desmesuradamente los ojos,
exclamando con voz levemente agitada:
"Elisa tiene
246 EN FAMILIA
el nmero 19,522. Se ha sacado la lotera; la casa es
suya: Vaya con la suerte de esta chiquilla!"
Don Santos se par en mitad de su paseo.
Se hallaba estupefacto, de tal manera la cosa le co
ga de improviso, pues hasta ese instante slo haba
tomado broma el asunto de la lotera.
Doa Magdalena abraz estrechamente su hija, so
brecogida por emocin que no le era dable disimular.
Ambas se comprendan, sin necesidad de palabras, uni
das por estrechos lazos espirituales, acostumbradas
cambiar impresiones con miradas, con silencios, leyn
dose mutuamente cada aspiracin, cada repliegue den
tro de s mismas, todas las pequeas miserias que es
menester tragarse en la vida diaria de familia, cuando
la necesidad obliga muchos vivir en comn, como
ellos vivan desde tantos aos atrs, en la comunin for
zosa y tremenda de caracteres desiguales y de situacio
nes diversas, ocultndolo todo los ojos del mundo.
Para darse cuenta del choque formidable recibido por
Elisa, lo que sacudi su ser como un terremoto, hacien
do vibrar sus nervios todos ; para comprender la exten
sin de la sacudida manifestada por leve temblor de
su barba, por la dilatacin de sus pupilas, el estremeci
miento de las alas de su nariz, la intensa inesperada
palidez era menester penetrar hondamente en lo in
terior de aquella vida de familia, en apariencia tran
quila, pero que tena veces las sacudidas violentas del
choque de caracteres, del continuo encontrarse de sen
timientos diversos, de pequeas manas como las de
Micaela y Juliana, de tendencias absorbentes como las
de doa Encarnacin Garca de Sanders, duea de gran
fortuna, acostumbrada las adulaciones de la sociedad
santiaguina, Presidenta de numerosas sociedades de be
neficencia, millonaria varias veces por su marido, pro
pietaria de varios fundos de imlportancia, que le daban
hasta influencias electorales, de las cuales haca uso en
beneficio de los conservadores y de la oposicin. Doa
Magdalena, junto con las grandes prdidas de dinero
LUIS ORREGO LUCO 247
de su marido, haba pasado
una situacin secundaria
en propia
su Don
casa.Santos haba tenido que entrar
en la carrera judicial, con los
pobres sueldos que por
aquellos aos se ganaban duramente y con trabajo de
muchas horas, ms de graves responsabilidades. Su
mujer haba visto respetada y considerada por sus her
se
manas; doa Encarnacin haba llevado su delicadeza
hasta tomar por su cuenta Elisa, quien encargaba
Europa todos Jos trajes y sombreros no se pona uno que
no fuera del gran modisto del da tena palco en el
Teatro, principalmente para ella, y carruajes admirable
mente puestos, esplndida casa en Via del Mar; daba
fiestas y comidas que tenan fama de elegancia y las
cuales asista lo mejor de lo mejor, "la creme de la cre-
me". Y sin embargo, ni Magdalena ni Elisa eran feli
ces : es que el roce diario de tantos caracteres diversos,
de tan varias encontradas tendencias ntimas como
all vivan, slo poda realizarse de manera permanente
mediante sacrificio constante de ideas, de sentimientos,
de maneras personales de contemplar la vida, de doble
gar los gustos ; de modificar constantemente las ideas,
atenundolas exaltndolas, y los sentimientos, que era
preciso variar en su forma cuando n en su esencia. En
aquella casa, en que todos se queran sin embargo, no
exista la franqueza absoluta, la libertad de hacer en
todo lo que cada cual agrada, el parecer que se extien
de, el alma que se dilata en sbita expansin en que se
da toda entera, manifestndose s misma que es libre.
Ah! La libertad, la absoluta independencia, haban si
do los sueos de misi Magdalena durante largos aos
sueos callados que nadie conoca, que constituan la se
creta y misteriosa aspiracin de su existencia, solamen
te penetrada por Elisa. Luego, venan pequeos disgus
tos causados por los sirvientes que transmitan mu
tuamente chismes sus patrones respectivos, creyen-
dos halagarles con tales pequeas miserias; alguna
palabra dura pronunciada por las tas solteronas, dia
bluras y maldades de los nios, fechoras de Meche
248 EN FAMILIA
Caco, ruidos importunos, platos vasos quebrados por
ellos, una pedrada un perro, tas mil insignificantes
perturbaciones, de escasa importancia en apariencia pe
ro que provocan
disgustos en la vida diaria de muchos
seres que habitan en comn. Mucho la queran todos
pero doa Magdalena haba sentido, con dolor callado,
sin confesarlo, verdadera disminucin de su persona
lidad eran los nfimos dolores sin nombre, de la va
nidad herida, de tas aspiraciones contrariadas, de alfile
razos que rasguaban apenas la epidermis pero que to
mados en conjunto constituyen el fondo mismo, la esen
cia de la vida. Con mucha razn sola decir su hija
doa Magdalena : "Mira que la vida no se compone de
grandes dramas; ya los maridos no matan sus muje
res cuando tienen celos, como telo Desdmona; ni
se consagra la existencia la venganza, como en el Con
de de Monte-Cristo, ni suceden las cosas tremendas de
los Libros de Caballeras en que los Caballeros Andan
tes combatan con los Dragones de Fuego . con Gigan
tes y les vencan. Todo pasa de manera normal ; los
acontecimientos son sencillos y vulgares casi, pero den
tro de esa vulgaridad ambiente hay que vivir la vida.
compuesta de ese conjunto de pequeneces y de miserias
que la llenan. Es preciso purificarla, elevarla y ennoble
cerla, en cuanto cabe, la medida de nuestras fuerzas.
Mas, para eso se necesita independencia ..." Al pro-,
nunciar estas palabras su rostro resignado caa sobre
el tejido que tena entre manos. Tales cosas vea y es
cuchaba diario Elisa ; formaban la tela de su vida, ta
mizada por mimos de tas tas, por miradas y actitudes
cariosas que no eran parte borrar la impresin ms
duradera de lo que lea en el alma de la madre, en el
rudo esfuerzo de trabajo del padre, en el gesto que bro
ta elocuente y sin palabras.
Mas. estos sentimientos antiguos de Elisa se vean
injertados ahora con otros nuevos que fluan natural
mente de los sucesos ltimos : el amor haba llegado
ella,callado, poderoso, dominante, arrasndolo todo cq--
LUIS ORREGO LUCO 249
mo viento de tempestad. Javier, por quien tuvo siem
pre secreta simpata, era dueo de su ser, la haba con
quistado con su generosidad pues Elisa era de aquellas
mujeres que caen por el alma, que se dejan vencer por
palabras, por sentimiento noble, por indefinibles y pe
culiares actitudes que suelen pasar desapercibidas para
el comn de los mortales. Obraba en ella, por supuesto,
el inconsciente instinto del sexo, el anhelo callado de
la especie que acta sin que nosotros nos demos cuenta
cabal de su forma, del momento de la causa, pero que
acta en virtud de leyes superiores tan seguras y fijas
an cuando desconocidas como las de la gravitacin
universal. Pero en Elisa predominaba el instinto de al
ma
si es lcito usar esta expresin contradicto
ria impulso reflejo, gesto maquinal que la conmova
profundamente en presencia de actos de ternura de
licadeza moral y qne la haca inclinarse naturalmente
hacia el bien, como ciertas flores hacia el sol. Javier la
hizo suya con una corazonada, entregando su hermano
todo lo que tena cuando ya nada esperaba de ella es
que tambin la fibra fraternal era en ella muy fuerte,
adoraba al hermano.
Ahora, de repente, este boleto de lotera le procuraba
la independencia fortuna sera tambin de su ma
su
dre el
bienestar material, aligerara el ..peso de la vi
da para los suyos, permitira algn descanso su pa
dre. Adems esto era lo ms, importante para ella
y
con la fortuna que la llegaba de improviso, podra ca
sarse en breve plazo; Javier tendra base ms slida,
punto de apoyo ms eficaz para sus esfuerzos. El pre
mio de lotera la
era felicidad que se acercaba, era ya
el trmino de las penurias y de los contratiempos. La
antipata de su ta Encarnacin hacia Javier era tan vi
sible, que ya no podra esperar su ayuda, ni la protec
cin 'del
to Sanders. Por otra parte, ella jams la hu
biera aceptado, conociendo como conoca lo que de l
innata naturaleza hubiera sublevado
pensaban. Su se
toda entera la sola enunciacin de semejante prop-
250 EN FAMILIA
sito, rechazndola si la ofrecieran. El premio inespera
do de la lotera solucionaba inesperadamente las difi
cultades. Por eso, agitada intensamente por la emocin,
abraz nuevamente su madre, dicindole con voz en
trecortada y ronca :
"Mamacita, mamacita, la Virgen me ha escucha
do, envindome esta recompensa por el cario que te
tengo y por la fe que abrigo
se lo haba pedido tanto,
tanto y con tal uncin, que no poda negarme esto que
ya es el principio de la felicidad, para m y para ste",
agreg sealando Javier.
Semejantes palabras hubieran sorprendido y choca
do su madre seora formulista y de la vieja escuela,
sobre todo en vista de que nada oficial exista, pues Ja
vier no haba pedido an la mano de su hija.
En cual
quiera otra ocasin se habra indignado, pero ahora, en
estos momentos extraordinarios y de excitacin nervio
sa en
que lo inesperado la sobrecoga con tamaa fuer
za, no par mientes, tomndolo como lo ms natural del
mundo.
"Hija ma, este es el primer consuelo que tengo
despus de tantas y tantas penas, de tantos das amar
gos en que los minutos parecan siglos. Que Dios te
bendiga y la Virgen te ampare. ." .
Don Santos se acerc nerviosamente, agitado ms que
de ordinario se haba metido las manos en los bolsi
llos de los pantalones
su gesto habitual en tas horas
crticas en que se reconcentraba en s temblaba ligera
mente su barba y le parpadeaba el ojo izquierdo.
"A ver", dijo Elisa, "mustrame el boleto, no
andemos tan de prisa, y como dice el proverbio, despa
cito por tas piedras. Veamos ese boleto, puede que te
hayas equivocado y que no sea verdad tanta belleza".
Pronunciaba estas palabras con tono helado que al
contrastar con el ardor de las almas en aquel momento,
sorprendi todos.
"Aqu lo tienes, pap, ya vers que es el verdade
ro, el autntico. ."
.
LUIS ORREGO LUCO 251
Don Santos lo cogi entre sus dedos flacos y descar
nados que parecan sarmientos de via retorcidos por
los reumatismos; dio vueltas el papel un lado y otro:
el nmero era el mismo.
Era el nmero 19522.
En seguida cogi el diario, y ponindose las gafas,
cotej. Quera cerciorarse, obedeciendo la antigua
prctica de administracin de justicia que le haca pri
mero verificar la efectividad de los hechos sobre los
cuales aplicara luego las teoras del derecho era mo
vimiento instintivo, irreflexivo, que ejecutaba maquinal -
mente. Acaso quiso, tambin, movido de temor instinti
vo, evitarse la solucin del problema moral que en esos
instantes se presentaba sus ojos con gravedad ines
perada y casi trgica. Pero ya no caba duda: era me
nester considerarlo cara cara.
"Dime, Elisa, mientras t y otros en la casa habla
ban de este asunto de la lotera de beneficencia en fa
vor del Asilo de Nios desvalidos, bien pudiste notar
que yo no le daba importancia de ningn gnero. Pero
ahora, en este boleto, est el premio grande, casi una for
tuna, y, an sin casi. Dime, Elisa, cmo lo adquiriste,
dnde lo compraste?
joven se turb; la molestaba y la inquietaba se
La
mejante actitud inquisidora de su padre; subale al ros
tro rubor inesperado, que provena no saba de qu
causa.
"Pues la cosa es muy sencilla, pap. Ese boleto lo
encontr en la calle, botado, har cosa de diez meses;
lo recog y lo guard. Al principio, tuve ganas de anun
ciarlo en el diario como perdido, para que su dueo lo
reclamara ..."
"Ojal lo hubieras hecho !...' todo estara ms
claro. ." .
"Pero
seocurri que el aviso iba costarme
me
casi tan el boleto, que slo vala cinco pesos.
caro como
momento no tena plata.
Adems, en ese
stas palabras enternecieron don Santos. A su hi-
252 EN FAMILIA
ja no se le haba ocurrido mentir. Por su tono, ya de
ba comprender que surgan dificultades en el asunto, y
sin embargo, no se le haba ocurrido borrarlas con una
sola palabra que habra bastado evidentemente. Luego,
aquel detalle tansencillo de que "no tena plata", con
fesado sin falso pudor, sencillamente, delante del novio,
era sugestivo de su carcter hermoso.
"Lo siento, lo siento en el alma, hija ma; pero
m me parece que t no puedes cobrar ni aceptar ese
premio, y que el boleto no te pertenece. Cmo podras
reclamar lo que otro ha pagado con su dinero, que aca
so le haya costado sacrificios, alguna privacin? Fjate,
adems, en el objeto de la rifa : es para el Asilo de Ni
os. Si nadie lo reclama, ese dinero volver providen
cialmente los desvalidos, los nios sin amparo, los
abandonados de la vida, los desprovistos de recursos
que no tienen pan, ni abrigo, ni comida, ni fuego en el
invierno. Dime: ; iras t disputarles su pan. su espe
ranza legtima? Y con qu ttulo podras hacerlo, si el
boleto no te pertenece, pues el slo hecho de habrtelo
encontrado en la calle no te confiere ttulo de ninguna
especie? Pedir el premio, siento mucho decirlo, en se
mejantes condiciones, no sera honrado. Lo honrado ha
bra sido devolverlo la Junta de Beneficencia en un
sobre cuando te lo encontraste".
"Y por qu no me lo dijo Ud. entonces, hace diez
meses, cuando me lo hall y lo dije toda la casa, sin
hacer misterios ni tapujos? Por qu no me lo dijo en
tonces?" exclam Elisa con violencia que no le cono
can.
Confieso que hice mal en no dar importancia al tal
boleto, pues jams me figur que pudiera ser premiado;
ms bien lo tom niera... De todas maneras,
como
yo no podra permitir que una hija ma se presentara an
te la Junta de Beneficencia reclamando el premio de
boleto que no habia pagado, que no haba llegado 'sus
manos de manera legtima. No me dirn que semejante
acto sera honrado ..."
LUIS ORREGO LUCO 253
Elisa rompi llorar desesperadamente, sacudindo
se en el sof sobre el cual se hallaba. Sus pies se retor
can uno contra otro, y la media transparente dejaba
ver la piel blanca de su tobillo delgado. Doa Magda
lena la advirti: en cualquiera otra circunstancia hu
biera hecho gestos su hija, pero en aquel momento pa
recan haberse suspendido las reglas de la vida conven
cional y de pequeos pudores.
"Repito que no sera honrado", agreg don San
tos con los ojos brillantes, mirando fijamente, "no sera
honrado valerse del dinero ajeno para cobrar premio
que no nos corresponde, estafar as una sociedad des
tinada proteger la infancia. ." .
Y despus de breve silencio :
"Mi vida entera ha sido consagrada la honradez;
he pasado toda suerte de calamidades, he perdido mi
fortuna, que habra sido la de mis hijos, trueque de
mantener enteramente puro mi honor que era tambin
el de una familia ilustre,porque no slo vivimos del
del Todo el orden so
presente sino tambin pasado. en
cial depende de este sentimiento de honor, de este patri
monio de honor que no debemos disminuir: el estado,
la familia, el hombre, tienen como lazo la honradez, con
hacer transacciones, esas
la cual no podemos pues con
de conciencia inician las
pequeas transacciones se gran
des cadas. Y si n. ah est el triste caso de Juan. Prin
deu
cipi sacando dinero que no era suyo, para pagar
das de juego y poder seguir ; una primera vez repuso . . .
la segunda con mayor dificultad. y luego pudo, y
. .
no
sacando". Las palabras salan dolorosas y len
sigui
tas de sus labios, quemndole al tocar un recuerdo que
evidentemente le era doloroso y amargo.
de
"Santos", interrumpi doa Magdalena, volada
la frialdad aparente que
clera, pero contenindose, con
le procurabael gran dominio de s misma y su mucho
mundo "Santos, no te reconozco, te exaltas sin
mo
la razn; todo eso dices
tivo, si la "nia" est en que
es puro quijotismo. Un boleto perdido, como un bi-
. .
254 EN FAMILIA
Hete qu hallamos en la calle pertenece cualquiera, al
primero que lo encuentra. ." .
"As lo crees? Pues cuando yo era muchacho,
recuerdo que un da, hallndonos en el Teatro, de char
la en el foyer, unos de los amigos, al ver pasar un
tercero, nos dijo con tono despreciativo, sealndole :
"Ese es un ladrn..." Y como protestramos todos,
agreg framente : "Pues voy demostrarlo". Sac de
su carteraun billete de diez pesos y lo dej caer al sue
lo, junto s. Luego llam al tercero : "Mira, X, se te
ha cado un billete, porque el que est en el suelo debe
de ser tuyo". El otro se agach, lo recogi y lo guard,
retirndose momentos despus. Todos nos miramos tas
caras, espantados
pensbamos lo mismo, que nuestro
amigo no era honrado y qu piensan Uds?"
"Pero Pap, no ves que ese boleto me lo ha envia
do la Virgen, quien tanto le he rogado? No ves que
es proteccin del cielo, de Dios, quien he rezado
tanto?"
-"Crees, por ventura, que soy menos creyente que
t? No comprendes que al emplear este lenguaje me
estoy partiendo el corazn? No comprendes todo lo
amargo que ha sido para m evocar el recuerdo de "esa
falta de mi hijo que tengo sangrando en las entraas.
con su porvenir perdido? Precisamente por eso quie
ro evitar transacciones humillantes de conciencia, pues
las pequeas transacciones llevan las grandes cadas.
Qu significa un puado de dinero en comparacin con
la paz del alma, con el orgullo de s mismos, y la satis
faccin de la conciencia que hace sacrificios?..."
Surga en el espritu de don Santos nuevamente la
obsesin que le haba perseguido en el da? ;Por qu
se representaba sin cesar la idea de "sacrificio
para re
parar la falta de Juan" que le haba cogido en el da?
Senta la aspiracin reparar con inmensa mortificacin
de todos los miembros de la familia la culpa de uno de
ellos? Tales movimientos internos se verifican por aso
ciaciones misteriosas de ideas y por rpidos impulsos
LUIS ORREGO LUCO 255
del alma, forma tal que no es dable
en
seguirlos as co
mo no cabe
seguir los movimientos de la electricidad
por los alambres conductores en las fuentes generadoras.
"Pap", exclam Elisa desesperadamente, no ves
que se trata de mi porvenir, talvez, de mi
matrimonio,
tantas cosas importantes
de^ que vas sacrificar por es
crpulos de conciencia?. Ah! veo que t no me quie
. .
res..."
Acuda al terreno sentimental; don Santos vio que
all no podra seguirla :
"Concluyamos de una vez la discusin",
dijo en
tono resuelto, con voz temblorosa, "concluyamos ..."
Y acercndose una de las velas encendidas en el plano,
quem en ella el boleto de lotera que ardi rpidamen
te y luego, transformado en
lengua de fuego rojiza,
ms tarde negra, se quebr en pequeos trozos que ro
daron, que flotaron un segundo en el espacio, y luego de
saparecieron. El castillo de ilusiones y de esperanzas' se
desplomaba para siempre. Todos haban quedado sor
prendidos, estupefactos, tan rpida fu la accin de don
Santos, y luego sintieron dentro de s la impresin de
muerte humana, de vida real que desapareca, sensacin
positiva de cadver : en doa Magdalena era dolor, de
sencanto, amargura, desprendimiento de una vida ente
ra
movida por impulso de inters aniquilado, lleg
hasta dudar de las facultades mentales de su marido. . .
en ese momento le despreciaba. Elisa sinti que se le re
movan las entraas, presa de vrtigo nervioso, y se re
torci sobre el sof llorando gritos :
"Por qu me matas, pap? Por qu me has qui
tado, con tu mano, toda la esperanza que tena?. Por . .
qu me has arrancado mi matrimonio, la felicidad que
guardaba entre mis manos? por qu? por qu? Si no
tienes entraas. .si no se juzga al hijo como un
.
reo."
Y lo que no pudieron hacer las splicas, lo que no pu
do conmoverse con raciocinios, lo que haba permane
cido intacto en el alma severa y firme de aquel hombre
256 EN FAMILIA
de otros tiempos, se dobleg ante esas lgrimas, ante el
hondo sentimiento de dolor que vea en los seres que
ridos, ante la inmensa emocin que ahora palpaba, con
los sentidos, positiva, quemante, hirviente. Y en gran
movimiento de sbita vibracin de su alma toda, se arre
pinti de lo que haba hecho, deplor "haber sido hon
rado", se arrepinti en un segundo de su pasado entero
de vida sin tacha y pura, cuando pudo evitar tantos y
tantos sufrimientos y penalidades los suyos con ha
ber cerrado los ojos en el momento en que el honor
hablaba, hacindole pagar deudas que no tenan escri
turas ni sancin legal en los tiempos de Paraff. .
y
.
ahora, el hombre honrado, el ntegro por excelencia,
comprendi el secreto de infinitas cadas humanas.
Comprendi que las fuerzas humanas tienen su lmite,
que la naturaleza es flaca y que hasta el mismo Jesu
cristo lleg al momento supremo, la hora crtica en
que tas tribulaciones le abrumaron y la carne humana
habl en l, diciendo: "Padre, por qu me abandonas?"
Don Santos tuvo, en ese instante, la nica cada de toda
su vida, sinti la desesperacin de lo irreparable, de su
honradez pasada que aplastaba tantos corazones queridos,
de aquel boleto que haba desaparecido para siempre, y
sali con el paso vacilante incierto del reo
el suelo
se hunda debajo de sus pies, puesto que ya no crea
en s mismo. Se arrepenta de haber sido honrado.
Javier Aldana haba presenciado aquella escena con
la prudencia del hombre de mundo quien se le reve
lan cosas de tal naturaleza y de tal intimidad que debe
hacer olvidar su presencia inesperada y su asistencia
ella. No haba tomado parte, hasta ese instante, en la
discusin, ni adelantado ideas. Estaba muy colorado,
lo que era frecuente en su temperamento sanguneo en
las horas de emociones, y miraba al techo, contrayen
do al mismo tiempo los labios como si fuera silbar. Al
salir don Santos se enderez :
"Me permite hablar dos palabras, doa Magda
lena? Al fin y al cabo hay entre nosotros relaciones de
LUIS ORREGO LUCO 257
cario que creo me autorizan para opinar en este ca
so. Pues, francamente, yo nomotivos
creo que haya
para tanta excitacin : creo que se trata de nervios. Las
mujeres hacen un mundo de cualquier cosa. Desde lue
go, Elisa, si bien se mira, no contaba para nada con
el tal boleto de lotera que ha venido sorprendernos de
improviso todos lo que es yo, mucho menos. No im
porta su' desaparicin; nos quedamos como antes....
cuando nada tenamos y ramos felices Mira, Eli . . .
sa, quin sabe si no es un bien que no te
hayas sacado
la lotera; uno jams sabe si el dinero es suerte mal
dicin. De un amigo recuerdo que era muchacho apa
cible y feliz cuando nada tena; mas lleg la herencia y
adquiri con ella los vicios ignorados y en un decir
Jess se fu al hoyo... Ahora estoy trabajando
bastante bien; el negocio me dejar de fijo, este ao,
sus buenos pesos fuertes En cuanto al matrimonio,
...
como jvenes, podemos esperar todava un po
somos
co;
la
esperadas y deseadas valen mucho ms.
cosas
Con qu ansiedad esperaba yo de nio los regalos del
da de mi santo!"
Y luego, acercndose Elisa, que lloraba ahora ca
lladamente : le cogi una mano :
"No llores tanto, ni-
ita, mira que el llanto pone las mujeres feas. Si no
hay para qu afligirse; respeta los escrpulos de tu pa
dre, an cuando sean descabellados; as quedar con
tento. Lo que es nosotros, el tal dinero no nos impor
ta bledo. Para qu necesitbamos ese par de reales?
un
Vamos ver? Mi padre perdi trescientos mil fran
cos en una noche de baccarat, sin pestaear, en Monte-
Cario, como caballero.
"Y para ms seas, vendi nuestra casa de la calle
del Estado, para pagar la deuda. Ayer pas por ah,
mirndola. Sus puertas estaban cerradas, as como las
ventanas. Pintada enteramente de obscuro, tena el as
pecto melanclico que conviene casa perdida al bac-
car. ." .
"Abamos, yo trabajar: el trabajo me distraer, dar
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campo al exceso de fuerza que hay en m, no me dejar
tiempo para pensar en otras cosas y evitar tentaciones.
Guarda que el hombre es flaco y la ocasin es calva ; as
ser ms tuyo, mira si te conviene. ." .
Y luego, acercndose ms an, hasta su cabeza re
clinada en el sof, la bes en la frente, con el beso casto
y suave del esposo :
"No llores ms, nia; tranquilzate que la cosa no
espara tanto. No ves que te quiero con toda el alma?
Y eso no te basta?"
Doa Magdalena miraba estupefacta semejante sa
lida ; la reaccin comenzaba en ella por el respeto
las conveniencias.
Elisa, enternecida, toda de impresiones rpidas y mu
dables, pas, de golpe, al tono que su novio le seala
ba; y la voz as como el tono serio que en sus labios le
pareca nuevo, le dieron tentacin de risa :
-"Sabes, Javier, que como predicador en misiones
de campo no tendras precio?"
FIN