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Fragmento Edipo Rey

Edipo descubre que sin saberlo mató a su padre Layo y se casó con su madre Yocasta, cumpliendo la profecía del oráculo. Al conocer la verdad, Yocasta se suicida y Edipo se arranca los ojos y se destierra de Tebas, condenado a vivir como un paria.
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Fragmento Edipo Rey

Edipo descubre que sin saberlo mató a su padre Layo y se casó con su madre Yocasta, cumpliendo la profecía del oráculo. Al conocer la verdad, Yocasta se suicida y Edipo se arranca los ojos y se destierra de Tebas, condenado a vivir como un paria.
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Fragmento Edipo Rey

Edipo es hijo de Layo y Yocasta, reyes de Tebas. Antes de su nacimiento, el orculo seala a su padre
que su hijo lo matar y se casar con su madre. En un intento por impedir este destino, Layo encomienda a un
sirviente que lleve a su hijo recin nacido, atado por los tobillos, lo mate y tire en un monte. Este hombre no
puede cumplir con el encargo y se lo entrega a un pastor de los rebaos del rey de Corintio, en* el monte
Citern, quien lo recoge y se lo entrega a Plibo y Mrope, quienes no podan tener hijos.
YOCASTA: ( ... ) Una vez le lleg un orculo a Layo, no dir del propio Febo, pero s al menos de sus
servidores, diciendo que era su destino morir a manos del hijo que nacera de m y de l. Pero a l,
segn fama, unos hombres extranjeros le dieron muerte en una encrucijada de caminos, y desde el
nacimiento de su hijo no pasaron tres das, cuando Layo, atndole los pies, hizo que le arrojaran a un
monte inaccesible. As, Apolo no dej que el nio fuera asesino de su padre ni tampoco que Layo, cual
temiera, muriera a manos de su hijo. ( ... )
Cuando Edipo crece, acude al orculo, quien le dice que matar a su padre y se casar con su madre. En
un intento por escapar de este destino infausto, Edipo se aleja de aquellos a quienes cree sus padres, con la
intencin de no volver. En el camino, se topa con unos viajeros, entre los cuales se encuentra Layo, y lo
asesina (sin saber quin es).
Llega a Tebas, donde se casa con Yocasta y se convierte en rey, formando una familia.
Posteriormente, la desgracia asola a la ciudad y el orculo seala que solo cuando la muerte de Layo sea
vengada, la maldicin desaparecer.
CREONTE.- Voy a decir lo que escuch del dios. El rey Febo nos ha ordenado claramente expulsar del
pas a la impureza que, segn dice, ha arraigado en l y a no dejarla que prospere incurable.
EDIPO: Con qu rito? Nuestra desgracia, en qu consiste?
CREONTE: Desterrando al culpable o vengando la muerte con la muerte, porque esta sangre es la que
lleva el temporal a la ciudad.
EDIPO: Y a la muerte de qu hombre se refiere?
CREONTE: Era en tiempos, seor, Layo el rey de esta tierra, antes de gobernar t esta ciudad.
EDIPO: Lo s de odas, porque jams le he visto.
CREONTE: Ahora nos manda castigar a los culpables de su muerte.
EDIPO: Y dnde estn? Dnde se encontrar esta oscura huella de una antigua culpa?
CREONTE: Dijo que aqu. Lo que se busca es posible encontrarlo: en cambio, aquello de que nadie se
preocupa nos pasa inadvertido.
Edipo se esfuerza por encontrar al culpable, sin embargo, lo nico que haya es la verdad acerca de l
y descubre que la profeca del orculo se cumpli: mat a su padre y se cas con su madre.
YOCASTA: ( ... ) yo soy merecedora, rey, de saber la inquietud que hay en ti.
EDIPO: No te he de privar de ello, una, vez que he llegado a este presentimiento. Pues a quien
hablara mejor que a ti en este trance? Era mi padre Pbilo, el corintio, y Mrope mi madre, de la
Dride. Yo era considerado como el primero de los ciudadanos hasta que me ocurri un suceso digno de
admiracin, si bien no del calor que puse en l. Un hombre ebrio me dijo en un banquete que yo no era
hijo verdadero de mi padre. Yo vejado, apenas me contuve; y al otro da fui a mis padres y les hice la
pregunta; y ellos se dolieron de la ofensa del que dej escapar aquella afirmacin. Yo me alegr por
ellos, pero aquello me escoca continuamente; pues me lleg a lo vivo. A escondidas de mi padre y de mi
madre, me encamin hacia Delfos; y Febo, a lo que preguntaba, nada me respondi, mas revel otras
cosas llenas de miserias, de horror y de dolor: que yo deba unirme con mi madre y hara nacer hijos
cuya vista los hombres no podran soportar y haba de ser el asesino de mi padre. Cuando esto o, hu de
Corinto guindome por las estrellas, adonde jams viera cumplirse la vergenza de mi orculo.
Andando, llegu a aquellos lugares en que dices que muri vuestro rey. Voy a decirte la verdad, seora.
Cuando llegaba cerca de aquella encrucijada, vi que hacia mi venan un heraldo y un hombre que
montaba en un coche de potros cual t dices; y el que vena delante y el anciano mismo quisieron
apartarme por la fuerza del camino. Yo golpe con ira al que me echaba fuera, al cochero, y al verlo el
viejo, aguardando a que pasara, me clav desde el coche su aguijn de dos pas en mitad de la cabeza.
No sufri igual castigo, pues al punto lo golpe con mi bastn y, rodando del coche, cay en el suelo
boca arriba. Luego di muerte a los dems. Si aquel extranjero tiene que ver algo con Layo, quin es
ms desdichado que yo? Quin ms odiado por los hombres? Sea extranjero o sea ciudadano, nadie
puede en su casa recibirme, ni dirigirme la palabra, sino que deben expulsarme de su casa. Y nadie ms
que yo fue el que me lanc estas maldiciones. Y el lecho del muerto lo mancho con mis manos, por las
que l muri. No soy un vil y un hombre impuro? Puesto que he de huir y en mi destierro no he de ver a
los mos ni pisar en mi patria o, en otro caso, he de casarme con mi madre y he de matar a Plibo, que
me engendr y cri. No se podra decir que todo esto ha sido maquinado contra m por un dios lleno de
crueldad? Que no vea yo, oh dioses puros, venerables, que no vea yo ese da, sino desaparezca de la
vida de los hombres antes de ver que cae sobre m una tal mancha de infortunio!
En el desenlace, Yocasta, enfrentada a la verdad, se suicida y Edipo se entierra un broche en sus ojos
para quedar ciego y se destierra de Tebas.
MENSAJERO 2'~ Oh vosotros, los que ms honra recibs en esta tierra, qu cosas vais a or, cules a
ver, qu duelo no tendris si an, no tebanos, os importa la familia de Lbdaco! Pues yo creo que ni el
Istro ni el Fasis pueden purificar este palacio de los horrores que ahora guarda ni de los que mostrar a
la luz, horrores voluntarios y no involuntarios. De las desgracias, son las que duelen ms las de libre
eleccin.
CORIFEO: Lo que ya conocamos, no dejaba de merecer lamentacin. A ello, qu aades?
MENSAJERO 2'~- Para decirlo y que te enteres de la forma ms breve; ha muerto nuestra reina
Yocasta.
CORIFEO: Infortunado! Por qu causa?
MENSAJERO 2: A manos de s misma. De lo que sucedi, lo ms penoso os falta, pues no lo
contemplis. Con todo, en lo que alcanza mi memoria, te contar la muerte de aquella desgraciada.
Cuando, fuera de s, atraves el vestbulo, march derecha a su lecho de esposa, arrancndose el
cabello con los dedos de sus manos; y cuando entr, cerrando la puerta con violencia, invoc al viejo
Layo, ahora un cadver, y record su antigua unin por la cual l muri y dej a la madre procreacin
infausta para sus propios hijos. Lloraba por su lecho, donde, dos veces desgraciada, dio a luz de un
marido otro marido, e hijos de hijos. Cmo muri tras esto, no lo s, entonces irrumpi gritando Edipo y
por su causa no me fue posible contemplar la muerte de ella, sino que dirigimos las miradas a l, que
iba de un lado a otro. Iba y vena reclamando una espada y preguntando
dnde estaba su madre, doble campo en que nacieron l y sus hijos. Alguno de los dioses se la mostr al
rey enloquecido; ninguno de los hombres que estbamos all. Con un grito salvaje, cual si alguien lo
guiara, se lanz contra la puerta de dos hojas y, arrancando los goznes de sus quicios, penetr en la
alcoba; all vimos ahorcada a su mujer, sujeta de una soga oscilante. Al verla, con un grito de horror
solt la soga suspendida. Y cuando la infeliz yaci en el suelo, fue terrible de ver lo que vino despus.
Quit del vestido de ella un broche de oro con el que lo prenda, se hiri los ojos en sus cuencas
gritando de este modo: que as no le veran los males que sufri ni los que hizo, y que, en adelante, l
vera en las tinieblas a los que no deba ver y no conocera a los que buscaba conocer Con esta
imprecacin, alz la mano y golpe sus ojos; sus globos sangrientos mancharon sus mejillas. No
dejaban correr gotas de sangre hmedas, sin que, a un tiempo, negra lluvia sangrienta, cual granizo, se
derram. Estos horrores han nacido de dos, no de uno solo; son comunes al marido y su esposa. Su
antigua dicha era en un tiempo dicha verdadera; pero ahora en este da llanto, castigo, muerte, infamia,
todos los nombres de los males, ninguno falta.
CORIFEO: Y ahora, el desgraciado descansa de su mal?
MENSAJERO 2 ~- Nos pide abrir las puertas, nos pide que mostremos a los tebanos todos al parricida,
al de su madre... -no puedo repetir esa palabra impura-: dice que va a desterrarse y que no se quedar
maldito en el palacio, bajo su propia maldicin(...)
EDIPO: Fue Apolo, amigos mos, fue Apolo el que estos males, estos mis males trajo, estos mis
sufrimientos. Mas nadie hiri mis ojos ms que yo, el desgraciado. Por qu deba ver yo, que nada
dulce ver podra con mi mirada?
CORIFEO: As era cual t dices.
EDIPO: A quin podra yo ver o amar u or con placer cuando me hablara, amigos? Llevadme cuanto
antes de aqu lejos, llevadme, mis amigos, pues soy el gran culpable, el ms maldito soy y, adems, por
los dioses el ms odiado de los hombres.
CORIFEO: Triste de ti, pues que conoces tu infortunio! Cmo hubiera querido no haberte conocido!
EDIPO: Muriera el que quit la cruel atadura de mis pies en el monte y as de aquella muerte me libr y
me salv. Favor que no agradezco. Si hubiera muerto entonces, no sera un tal dolor para m y mis
amigos.
CORO: Habitantes de Tebas, mirad: ste es Edipo. Descifrador de enigmas y hombre el ms poderoso,
todos a su fortuna miraban con [Link] ahora a qu ola llegado ha de infortunio!
No juzguis, pues, dichoso a otro mortal alguno que no haya an contemplado aquel ltimo da en tanto
no termine su vida sin dolor

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