EL MITO DEL POPULISMO
EN EL ECUADOR
FACULTAD
LATINOAMERICANA
de CIENCIAS SOCIALES
Primera Edicin, 1980
FLACSO Editores
La presente edicin se publica por acuerdo
especial con la Universidad Central del Ecuador.
Este libro no puede reproducirse, total ni parcialmente
sin autorizacin expresa de FLACSO. Para su informacin
escriba: Mariano Calvache Nmero 582 Quito - Ecuador
Derechos Reservados conforme a la ley
Impreso y hecho en el Ecuador
Printed and made in Ecuador
Rafael Quintero
EL MITO DEL POPULISMO
EN EL ECUADOR
Anlisis de los Fundamentos del
Estado Ecuatoriano Moderno (1895-1934)
FLACSO - QUITO, 1980
TABLA DE CONTENIDO
pago
Lista de Cuadros 9
Abreviaturas usadas en este libro 11
Presentacin 13
Prlogo 15
Reconocimiento 19
PRIMERA PARTE
ESTADO Y CLASES SOCIALES (1895-1934)
CAPITULO 1 25
AFIRMACION DE UNA PROBLEMATICA
1. Introduccin, p. 25 - 11. El "populismo Velasquista":
Una forma de dominacin poltica?, p. 28 - 111. Pro-
blemas de la Teora sobre el 'Populismo Velasquista',
y Replanteo Investigativo del Problema, p. 36.
CAPITULO 11 43
LA ECONOMIA POLITICA DE LA CLASE TERRATE-
NIENTE ECUATORIANA Y LA VIGENCIA ESTATAL
DEL REGIMEN HACENDATARIO
1. Introduccin, p. 43 - 11. Cuatro Vas de Constitu-
cin del Rgimen Hacendatario, p. 43 - 111. La Difu-
sin de la Clase Terrateniente, p. 55 - IV. Aumento de
la Poblacin Sujeta a la Nueva Servidumbre, p. 63 -
V. La Supremacia de la Clase Terrateniente, p. 66 -
VI. Las Formas de Poder del Rgimen Hacendatario:
La Caporalizacin en la Dominacin Poltica, p. 68.
CAPITULO 111 79
LA TRANSFORMACION BURGUESA, LA CONSTITU-
CION DEL ESTADO y EL APARECIMIENTO DE LOS
PARTillOS POLITICOS
1. La Problemtica, p. 79 - 11. La Constitucin del Es-
tado Burgus en el Ecuador, p. 82 A. Elementos Abso-
lutistas del Estado anterior a la Transformacin de
1895, p. 83 B. El Desarrollo Regional Desigual del Es-
tado Burgus en el Ecuador, p. 85 C. El Camino "Pro-
saino" de Constitucin del Estado Burgus en el Ecua-
dor bajo las Condiciones del Imperialismo, p. 88 - lII.
6 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
La Ruptura con la Ideologa Tradicional-Incensurable,
p. 94 - IV. La Activacin Poltica de las Clases Subal-
ternas, p. 98 - V. Surgen los Partidos Polticos Ecua-
torianos, p. 108.
CAPITULO IV 119
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL:
SUS CLASES Y FRACCIONES DE CLASE, ANTES Y
DESPUES DE LA CRISIS
1. Introduccin, p. 119 - n. La Burguesa en sus Rela-
ciones con otras Clases, antes de la Crisis, p. 122 1. La
fraccin comercial--bancaria de la burguesa, p. 125
2. La fraccin comercial--importadora de la burguesa,
p. 137 3. La fraccin industrial de la burguesa, p. 148
- In. El Problema de la Burguesa Nacional, p. 154 -
IV. El Inicio de la Crisis, p. 159 1. La Clase Obrera,
p. 164 2. Contenido y Derrota del 'Alfarismo', p. 167
3. La Respuesta de las Clases Dominantes ante la Pro-
fundizacin de la crisis, p. 183.
SEGUNDA PARTE
ANALISIS DE LOS FUNDAMENTOS DEL SURGIMIENTO
DEL "VELASQUISMO" (1930-1934)
CAPITULO V 221
LOS LIMITES DEL SUFRAGIO EN LA COYUNTURA
1931-1933
1. Introduccin, p. 221 - n. La Restriccin del Sufra-
gio en el Ecuador, p. 222 - In. La Dimensin del Cuer-
po Electoral y las Restricciones Jurdicas, Ideolgicas
y Tcnicas del Sufragio, p. 225 1. La restriccin al su-
fragio de los analfabetos en las elecciones de 1931 y
1933, p. 226 2. Las restricciones "tcnicas" a la partici-
pacin electoral: Expresiones de un poder dominante,
p. 229 A. Las Restricciones en la Inscripcin Electoral,
p. 230 a. Las limitaciones originadas en la cualidad no
permanente de la inscripcin electoral, p. 230 b. Li-
mitaciones econmicas en la inscripcin electoral,
p. 231 B. Las Restricciones en el Ejercicio del Sufra-
gio, p. 232 a. La limitacin discriminatoria en la fija-
cin de las mesas electorales, p. 233 b. La limitacin del
sufragio a los residentes, p. 233 c. La parroqualizacin
TABLA DE CONTENIDO 7
ad-hoc, p. 234 - IV. Conclusiones, p. 235.
CAPITULO VI 239
LA MEDIACION ESTATAL DE LA CLASE TERRATE-
NIENTE EN LA EXTENSION DEL SUFRAGIO FEME-
NINO
I. Introduccin, p. 239 - 11. La Reforma Electoral de
1929: las Mujeres Alfabetas pueden votar, p. 240 -
111. La Magnitud de la Extensin del Sufragio Femenino,
p. 245 - IV. Conclusiones, p. 246.
CAPITULO VII 253
NEPTALI BONIFAZ ASCAZUBI y JOSE MARIA VELAS-
CO IBARRA: CANDIDATOS DEL PARTIDO CONSER-
VADOR ECUATORIANO
I. Las Postulaciones Presidenciales de Neptal Bonifaz
Asczubi y Jos Mara Velasco Ibarra: Vigencia Pol-
tica de la Clase Terrateniente y su Partido, p. 253 --
11. Conclusiones, p. 262.
CAPITULO VIII 269
EL TRIUNFO ELECTORAL DE NEPTALI BONIFAZ AS-
CAZUBI y JOSE MARIA VELASCO IBARRA: VIGENCIA
POLITICA DE LA CLASE TERRATENIENTE EN LAS
INSTITUCIONES HEGEMONICAS DEL ESTADO BUR-
GUES ECUATORIANO
I. Introduccin, p. 269 - 11. Las Elecciones Presiden-
ciales de 1931, p. 271 - 111. Las Elecciones Presidencia-
les de 1933, p. 279 - IV. La Incidencia de la Reforma
Electoral de 1929 en las Elecciones Presidenciales de
los Aos Treinta, p. 292.
CAPITULO IX 301
EL MITO DEL "POPULISMO VELASQUISTA" y LA CON-
SUMACION DEL PACTO OLIGARQUICO
I. Introduccin, p. 301 - 11. Algunas Tesis Errneas so-
bre el Llamado "Velasquismo", p. 302 -1. Primera Te-
sis: Sobre los Orgenes Subjetivos del "Velasquismo",
p. 302 -- 2. Segunda Tesis: Los Triunfos de Velasco
se debieron a la votacin en los barrios suburbanos de
las ciudades ecuatorianas; siendo Guayaquil, la "plaza
fuerte del Velasquismo", p. 308 -- 3. Tercera Tesis: So-
8 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
bre la Relacin del "Velasquismo" con los sectores rura-
les, p. 316 - 4. Cuarta Tesis: El "Velasquismo " surgi
en 1933 como un fenmeno ajeno a los partidos polti-
cos, y al contrario signific el debilitamiento de stos,
p. 321 - 5. Quinta Tesis: La relacin del "Velasquismo"
con otros movimientos polticos "populistas", p. 326-
111. El "Velasquismo": Avance Histrico, "Crisis de la
Hegemona Oligrquica", o Consumacin del Pacto Oli-
grquico?, p. 329.
ANEXOS
Anexo Tcnico 355
Anexo sobre Poblaciones "Urbanas" en el Ecuador 360
Anexo sobre los Primeros Accionistas de "La Previsora" 361
FUENTES Y BIBLIOGRAFIA
Fuentes Manuscritas, Documentos Pblicos y Gubernamentales 371
Peridicos y Revistas 374
Entrevistas 374
Fuentes Secundarias 374
LISTA DE CUADROS
Nmero Pgina
1. Produccin Anual de Cacao entre 1729-1736 . . . . . . . . . . .. 50
2. Crecimiento de la Produccin Cacaotera en la Costa entre
1729 y 1820 ", . . . . . . . . . . .. 51
3. Ejemplo de Concentracin de Propiedad en la Parroquia
Puebloviejo. 1832 , 53
4. Importancia de la Hacienda Cacaotera en el Litoral. Circa
1900. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... 55
5. Poblacin Esclava en el Ecuador 1781-1852 . . . . . . . . . . . .. 59
6. Poblacin Esclava en la Antigua Provincia de Guayaquil
(1778-1805) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
7. Nmero de Esclavos Negros en la Provincia de Guayaquil
por cantones: 1780-1840........................... 60
8. Participacin Electoral en el perodo 1888-1924 101
9. Elecciones para Vicepresidente de la Repblica: 1894 118
10. Comercio de Importacin, considerado por orden de valores
en el ao 1917 141
11. Importacin de Medios de Produccin: 1917 142
12. Relacin entre los Importadores de Guayaquil (1909-1917)
y otras actividades econmicas 145
13. Exportacin de cacao entre 1925-1933 163
14. Caractersticas socio-econmicas de los principales socios
de la Compaa Nacional Comercial 173
15. Coeficiente de la Importacin por Naciones: 1919 " 189
16. Caracterizacin social de los accionistas de La Previsora:
1920 ' : " 194
17. Distribucin del Crdito de La Previsora a 1926 . . . . . . . . . .. 196
18. Crecimiento de La Previsora (1920-1926) , 202
19. Crecimiento de La Previsora (1920-1935) 202
20. Aumento de Capital de la Compaa de Crdito Agrcola
e Industrial entre 1913-1925 212
21. Importancia del diezmo en el total de Rentas Fiscales 214
22. Relacin entre socios del Banco del Ecuador al momento
de su fundacin con la clase terrateniente del Litoral
(1868) 214
23. Relacin entre socios del Banco Territorial y los hacendados
cacaoteros (1886) 215
24. Rentas fiscales: 1904-1914 216
25. Banco de Crdito Hipotecario (1871-1872) 217
10 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
26. Comparacin de la Participacin Electoral entre Ecuador
y Uruguay. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 223
27. Prohibicin del Voto a los Analfabetos. . . . . . . . . . . . . . . . .. 227
28. Dimesin de la Restriccin en la Inscripcin Electoral
(1930-1933) 232
29. Dimensin de la Reduccin de la Participacin en el
Ejercicio del Sufragio: 1931-1933 235
30. Participacin Electoral de 1931 a 1933 , 236
31. Participacin del Cuerpo Electoral: 1931-1933 , 236
32. Inscripcin Electoral segn Sexo: 1931-1933 245
33. Comparacin del Aumento de Inscripcin, segn sexo:
1930-1933 246
34. Dimesin y Distribucin del Cuerpo Electoral en 1931 , 272
35. La Eleccin Presidencial de 1931 273
36. Voto por el Candidato Conservador en 5 Provincias en
1931 274
37. Importancia de los Partidos Polticos para las provincias
ecuatorianas: 1931 275
38. Correlacin de Fuerzas Electoral-Partidista en 1931 276
39. El voto partidista segn categoras de votantes, 1931 276
40. Dimensin y Distribucin del Cuerpo Electoral en 1933
por Provincias. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 281
41. La Eleccin Presidencial de 1933 ., . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 282
42. Voto por el Candidato Conservador en 5 Provincias . . . . . . .. 282
43. Correlacin de Fuerzas Electoral-Partidista en 1933 284
44. Elecciones de 1933 285
45. Votacin por Candidato Conservador: 1933 287
46. La Votacin Presidencial en Quito: 1933 , 289
47. Aumento del Cuerpo Electoral en Quito, por Parroquias 289
48. La Votacin Presidencial en Guayaquil en 1933 290
49. Inscripcin Electoral por Sexo y Provincia, 1930 293
50. Inscripcin Electoral por Sexo y Provincia, 1932 294
51. Inscripcin Femenina, Rural y Urbana, por Regiones:
1930 296
52. Inscripcin Femenina regional por zonas rurales y
urbanas, 1930 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 296
53. Inscripcin femenina, rural-urbana, por regin: 1932 297
54. Inscripcin Femenina Regional por zonas rurales y
urbanas, 1932 297
55. Votacin en el Cantn Tulcn y en la ciudad de Tulcn
en las Elecciones Presidenciales de 1933 310
LISTA DE CUADROS 11
56. La Estadstica en 503 parroquias en 1933 356
57. La Estadstica en 276 parroquias en 1931 357
58. La Estadstica en 276 parroquias y su relevancia nacional 357
59. La Votacin a nivel nacional: 1931 358
60. Poblaciones "Urbanas" del Ecuador 360
61. Primeros miembros de "La Previsora" 361
ABREVIATURAS USADAS EN EL LIBRO
A.A Asociacin de Agricultores
A.G.E Archivo Genaro Estrada
AF.L Archivo de la Funcin Legislativa
A.U.C Archivo de la Universidad Central
B.C.A Banco Comercial y Agrcola
B.E Banco del Ecuador
B.T Banco Territorial
B.I Banco Internacional
B.N.Q Biblioteca Nacional de Quito
C.N.C Compaa Nacional Comercial
C.O.N Compactacin Obrera Nacional
J.N.S.L Junta Nacional del Sufragio Libre
P.L.R Partido Liberal Radical
P.S.E Partido Socialista Ecuatoriano
P.C. Partido Comunista (del Ecuador)
P.C.E Partido Conservador Ecuatoriano
Q.C Quaderni del Carcere
S.N.A Sociedad Nacional de Agricultura
NARE Nueva Accin Republicana
P.N.E Partido Nacionalista Ecuatoriano
V.S.R.E Vanguardia Socialista Revolucionaria Ecuatoriana
S.R.E Secretara de Relaciones Exteriores
t.n. traduccin nuestra
PRESENTACION
Entre los numerosos problemas que las Ciencias Sociales enfrentan
en el Ecuador, existen dos que, con ocasin de la publicacin del libro
de Rafael Quintero, quisiramos remarcar. El primero se refiere a la
inexistencia de un elemento esencial de la produccin intelectual: el de
la crtica como instrumento dialctico indispensable para el desarrollo
del pensamiento. De alguna manera cada afirmacin, interpretacin,
anlisis o inclusive inspiracin que se produce viene rodeada de un hli-
to de verdad acabada si no es de imposicin poltica; esta prctica de-
sastrosa, adems involucra muchas veces personalmente a los autores
llegndose al absurdo de confundir la crtica con la ofensa personal.
El segundo problema dificulta an ms las posibilidades de crea-
cin: es la casi universal ausencia de investigacin para enfrentar la rea-
lidad; en muchos casos porque se cree que sera rebajarse el tener que
demostrar aseveraciones nacidas de refinados razonamientos terica-
mente "intachables", en muchos otros simplemente porque no existe la
modesta tal vez, pero imprescindible disciplina necesaria.
Estos defectos reflejan, de manera lastimosa, tanto el bajo nivel de
desarrollo de nuestro medio acadmico como la perduracin de una tra-
dicin poltico-intelectual que se asemeja a lo que Pablo Gonzlez Casa-
nova llamaba la poca de las "ciencias sociales retricas".
Desde este punto de vista la obra de Quintero rompe con las dos
tradiciones. Establece, en primer lugar, las bases de una polmica im-
prescindible para la elaboracin de una sociologa poltica ecuatoriana.
Desmenuza las proposiciones que tienen vigencia entre la comunidad
ecuatoriana con fundamento en algo que pareca obvio que estuviese
agotado: el anlisis de los datos existentes. No deja de sorprender el
hecho de que ese anlisis se lo realice despus de ms de diez aos de
que el tema del velasqusmo est presente en el pensamiento socio-pol-
tico.
En segundo lugar, con base precisamente en esos datos, nos de-
muestra hasta la saciedad el carcter excluyente del sistema representa-
tivo en el pas y su ntima relacin con los intereses objetivos de las frac-
ciones y grupos que componen el espectro social. Y en ese caso tam-
bin, por primera vez, se interna en un anlisis del origen, caractersticas
y estructura de esas fracciones dando as fundamento de una discusin
objetiva del comportamiento del grupo dominante y su relacin con el
Estado.
Estas consideraciones motivaron a la Sede Acadmica de FLACSO
en Quito para publicar la obra, sin que necesariamente comparta las
14 EL'MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
ideas y conclusiones del autor;' nos parece indispensable impulsar a la
vez una toma de conciencia acerca de la relatividad de nuestro conoci-
miento a la vez que constituirnos en un foro intelectual que tenga como
objetivo primordial el de acercarnos con seriedad a la problemtica
nacional. Claro est, tal acercamiento no puede darse en un vaco y por
la sola voluntad de los cientistas sociales. Se requiere de la existencia de
una infraestructura de investigacin que implique tanto la vigencia del
dilogo, entendido como la presencia de una "masa crtica", como de la
posibilidad de acumulacin de instrumentos de trabajo, datos, materia-
les y documentacin que permitan elaborar interpretaciones cada vez
ms rigurosas.
En este sentido, a todas luces, es la colaboracin y cooperacin en-
tre las instituciones el nico camino que nos permitir adelantar en la
produccin de ciencia social nacional. El hecho mismo de que en los
ltimos aos se hayan creado ms de cuarenta centros de investigacin
demuestra que existe una inquietud esencial por la reelaboracin de un
conocimiento de nuestra realidad. A su vez, estoy seguro, que si los
resultados de tales trabajos permiten la constitucin de una discusin
crtica estaremos recuperando un elemento primordial que es responsa-
bilidad de las ciencias sociales y por cierto un deber de toda comunidad
intelectual: la de reflexionar sobre su propia realidad para convertirse
en un elemento que pennita cambiarla.
De ah que sea tarea impostergable la de impulsar investigaciones
tanto en el nivel de lo prctico, es decir que permitan realizar acciones
inmediatas y de mediano plazo, como otras que vengan a constituirse en
los ingredientes de una teorizacin sobre lo ecuatoriano. No por esto,
queremos participar de un parroquialismo estril, sino ms bien permitir
a la comunidad nacional el iniciar, con el fruto de su propio esfuerzo, la
confrontacin crtica con nuestros colegas latinoamericanos y de otros
continentes.
La obra de Quintero se inscribe en la segunda lnea de trabajo;
existe en ella, suficiente empeo y trabajo de investigacin como para
que constituya un aporte a nuestras preguntas tericas y prcticas esen-
ciales. Creemos que con su aparicin tendremos la oportunidad de ini-
ciar, en alguna medida, ese dilogo crtico mencionado al que invitamos
con espritu constructivo a nuestros colegas.
Gonzalo Abad Ortiz
PROLOGO
La formacin poltica del Ecuador, en su desarrollo histrico es
tema poco recorrido en las ciencias sociales ecuatorianas. La preocupa-
cin por lo inmediato, como urgencia de conocimiento y de prctica,
deja poco espacio para una reflexin retrospectiva. Se privilegia lo pre-
sente, justificado por lo futuro, y se ignora el pasado, que forma parte
constitutiva de lo actual. El vaco se cubre entonces de esquemas y for-
mulaciones generalizantes, carentes de sustento emprico.
La preocupacin por cernir la realidad histrica del llamado 'popu-
lismo' en el Ecuador, cuyo surgimiento se situara en los aos 1930, sir-
ve de punto de partida para esta investigacin cuya dimensin temporal,
y problemtica rebasa dicho fenmeno. Rafael Quintero considera que
la comprensin del movimiento poltico que lleva al poder al 'primer ve-
lasquismo', exige una perspectiva histrica que abarque la conformacin
de las instancias polticas, el Estado y las clases dominantes desde la Re-
volucin Liberal. El resultado es un dptico: Una primera cara revela el
proceso de estructuracin del Estado ecuatoriano actual, la segunda
profundiza la realidad del velasquismo.
A lo largo del siglo XIX, mientras en la Sierra se mantiene una cla-
se terrateniente enraizada en orgenes coloniales, en la Costa se consti-
tuye una clase de grandes hacendados, sin duda eslavonados histrica-
mente con elementos de origen colonial, pero formada por 'hombres
nuevos', muchos de ellos extranjeros que se radican. Estas dos estructu-
ras sociales agrarias, de la Sierra y de la Costa, fuertemente heterogneas,
en cuanto a caractersticas sociales, son el primer pedestal de formas es-
pecficas de poder poltico, insertas pero sin embargo diversas, en el apa-
rato estatal central que se va constituyendo a nivel nacional. Tanto la
hacienda serrana como la costea, poseen aparatos propios encargados
de tareas polticas, jurdicas e ideolgicas. Los hacendados en ambas
regiones ejercen una territorialidad (un poder espacialmente fijado) a ni-
vel local, y a nivel nacional, detentan el poder poltico por la mediacin
del Estado central. Esta investigacin saca a luz que la estructuracin
del Estado en el Ecuador a lo largo del siglo XIX -algo que se prolonga-
r a pesar de las sucesivas modernizaciones hasta luego de la Segunda
Guerra Mundial- sigue el camino de una amalgama histrica de estruc-
tura'> diversas, en apariencia contradictorias, entre organismos centrales
de corte capitalista y superestructuras polticas agrarias pre o no capita-
listas. Su reconocimiento y anlisis es un problema esencial para la com-
prensin del juego poltico, las formas de dominacin y de consenso, el
problema de la representacin, las dificultades de la integracin nacional
de grandes masas de la poblacin tnicamente diferenciadas. Cmo ca-
16 EL MITO DEL PQPULlSMO EN EL ECUADOR
racterizar esta forma de Estado? La pregunta est presente y queda
abierta. Al respecto, digmoslo, personahnente no seguiremos al autor
en la utilizacin de nociones como formas "feudalizantes": aqu, cree-
mos que el vaco terico en el,Ecuador y en Amrica Latina, la falta de
conceptos surgidos de nuestra especificidad histrica, no se soiuciona
aadiendo matices a conceptos histricamente bien definidos. Hace fal-
ta un salto cualitativo de una conceptualizacin. Sera necesaria una
discusin y ms investigaciones de la alta calidad como la que presenta-
mos, para alcanzar nuevas formulaciones.
Pero en el Litoral no se constituye solamente una clase terratenien-
te. Brota una clase burguesa en la ciudad puerto. La relacin entre los
agentes de la circulacin -burguesa comerciante y banquera- y los
terratenientes es compleja, varia en el tiempo, sigue un movimiento
marcado por la divisin de trabajo dentro del capital y el desplazamien-
to de algunos hacendados hacia la burguesa, al acumular renta y cum-
plir funciones en la esfera de la circulacin como comerciantes expor-
tadores y banqueros. Se perfila, en su compleja multifonnidad, la es-
tructura de clases engendrada por la inversin en la divisin de trabajo
y mercado mundiales abiertos por la Segunda Revolucin Industrial:
terratenientes, terratenientes exportadores-banqueros, comerciantes
exportadores-banqueros, comerciantes importadores, industriales.
Por lo tanto, en este libro el autor no se contenta concategorfas
simples y simplificadoras de lo real pero que tienen la calidad de condu-
cir a esquemas explicativos fciles. Estamos lejos de claves interpretati-
vas generales, como aquella utilizada hasta hace poco de la 'burguesa
agroexportadora', nica clase dominante de la Costa y portadora de la
Revolucin Liberal. Uno de los mritos de este trabajo es, precisamen-
te, la bsqueda de la complejidad de los procesos histricos. Es as
que se plantea una explicacin interesante sobre la Revolucin Liberal
donde entran en el juego poltico varias clases y fracciones sociales, re-
conocidas luego de un anlisis que utiliza datos significativos de prime-
ra mano. Es a nuestro conocer, un intento pionero que abre camino
y fecunda una posible discusin enriquecedora.
Lo es igualmente su tesis de que la constitucin del Estado en el
Ecuador sigue una va 'prusiana', condicionada por el imperialismo. La
Revolucin Liberal no desemboca en una transformacin de la estruc-
tura econmica del pas: facilita el desarrollo del capitalismo, pero con-
serva las formas pre o no capitalistas agrarias, a la vez en la Costa y en
la Sierra. Burgueses y terratenientes llegan a un compromiso polti-
ca y econmico. El Estado que se constituye tendra entonces una for-
ma burgus-terrateniente. Evidentemente encontramos aqu las ra-
PROLOGO 17
ces de la problemtica que regir la escena poltica en el ltimo medio
siglo, perturbada, claro est, por irrupciones populares, pero siempre in-
cambiada.
No podemos detenernos aqu en todos los temas de inters primor-
dial, para quien busque el conocimiento de los procesos polticos de
1895 a 1934, teln de fondo de aquellos actuales. Indiquemos simple-
mente que el lector encontrar un planteo sobre la inexistencia de una
burguesa nacional capaz de llevar adelante las transformaciones necesa-
rias para un desarrollo capitalista autnomo nacional y, sobre todo lo
que, a justa razn, puede ser considerado como el primer anlisis ob-
jetivo del problema de los partidos polticos en el pas.
Hemos mencionado varias veces ya, pero conviene recalcar, que to-
da la investigacin est basada en datos slidos, en muchos casos de pri-
mera mano o inditos. Rafael Quintero consult, efectivamente, las
ms ricas bibliotecas del pas, revis buena parte de la bibliografa exis-
tente sobre el tema. Adems, destaquemos, se utilizan aqu por prime-
ra vez la documentacin existente en el archivo del Palacio Legislati-
vo y en el Archivo Genaro Estrada de la ciudad de Mxico que contie-
ne los informes consulares mexicanos.
El estudio de Rafael Quintero pertenece pues a una nueva genera-
cin de investigadores.
La primera parte de la investigacin le conduce al autor al proble-
ma del 'populsmo". En base a un trabajo de documentacin original de
los hechos electorales (desempolvados de nuestros desastrosos archi-
vos y bibliotecas nacionales) que permitieron el surgimiento de la figu-
ra poltica de J.M. Velasco Ibarra en los aos 1933, el autor pasa por
un cedazo fino tejido con sus datos las bases de las diversas interpreta-
ciones formuladas hasta ahora sobre el comienzo del fenmeno velas-
quista. Es ya un lugar comn la afirmacin que el llamado "velasquis-
mo" surgi gracias a un sector social nuevo, producto de la crisis de
los aos treinta, el "subproletariado" costeo; que el arrastre electoral
de este personaje dominante en la escena poltica (y politiquera) de-
be atribuirse a su "carisma", a la figura asctica, verborrea demaggi-
ca, al porte ceremonioso y distante... En pocas palabras, del mito pro-
viene la mitologa, la que a su vez explica el mito: terreno privilegiado
de la ideologa, en el anlisis de la escena electoral, y de sus figuras,
se requiere aferrarse a la testarudez de los hechos.
Et Dr. Velasco Ibarra saba seguramente lo que deca cuando a-
firmaba que le bastaba un balcn en cada pueblo para ser elegido pre-
sidente: Se deba justamente investigar quin le prestaba la casa. Lo
que nos muestra este libro es precisamente cul fue en 1933 la coali-
18 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
cin de fuerzas polticas que prestaron dicho sustento objetivo al fu-
turo lder. Se comprende entonces que el ''velasquismo'' no es uno, si-
no mltiple, dependiendo de las fuerzas polticas que van a darle su
apoyo en las diversas conyunturas. Habr que estudiar por consiguiente
los velasquismos, uno por uno, en el contexto que le dan un contenido
poltico explicativo. El hombre y su escurridizo pensamiento tienen
sin embargo una importancia en s que sera errado desatender, pues es
algo ms que un simple receptculo de esencias polticas variables de
la derecha (yen un cierto velasquismo con componente de izquierda...)
Paradjicamente su catadura austera y severa espejea, atrae un electo-
rado numeroso y su "doctrina" maleable facilita mltiples acomoda-
mientos. El hombre presenta entonces las condiciones ideales para de-
venir una figura poltica de mediacin entre las clases dominantes o
fracciones de las mismas, y de adhesin de sectores sociales intermedios,
franjas de la pequea burguesa rural y urbana, agraria o no; es decir
la mayor parte del electorado de los aos 1930 y an de hasta hace po-
co. Esa es su fuerza y tambin su debilidad: surge cohesionando y
cae cuando el consenso provisional entra en contradiccin y se distien-
de.
Otro aspecto de esta investigacin es que nos invita a dejar la pla-
tea e ir a mirar el espectculo detrs de la escena electoral, donde pode-
mos observar la concepcin de la tramoya y los engranajes que la mue-
ven. Porque no olvidemos que el juego electoral, base de la democracia
representativa, es siempre un tablado montado por el "dios de la m-
quina", las clases dominantes. Es as que, tomando un ejemplo estudia-
do por el autor, la extensin del derecho electoral a la mujer, en 1929,
medida de avanzada evidentemente beneficia a la derecha. Dominada
por el hombre, sea cual fuere su determinacin de clase (de terratenien-
te a huaspunguero, de burgus a proletario), reducida a un rol de repro-
ductora biolgica y de trabajadora domstica, atada a una estructura
familiar en la cual se apoya el funcionamiento ideolgico del aparato
eclesistico y del Estado, la mujer constitua sin duda alguna un elemen-
to electoral seguro de los terratenientes. Hubiera sido necesario un ver-
dadero movimiento autnomo de mujeres, que cobre conciencia y se
enfrente a todas las formas de dominacin y explotacin sexistas y de
clase, para que la extensin del sufragio se convierta en un momento de
liberacin; en una arma poltica limitada pero no por esto despreciable.
Como, este ejemplo, una lectura atenta de la investigacin de Rafael
Quintero, no slo echa abajo interpretaciones poco fundamentadas, si-
no que aporta material de reflexin.
Andrs Guerrero
RECONOCIMIENTO
Ha transcurrido ms de un ao desde que termin de escribir este
libro en mayo de 1979. En este lapso he circulado el manuscrito entre
algunos colegas y amigos, a la vez que se concretaban las negociaciones
para su publicacin. Comprometida esta ltima y para su efecto, deseo
expresar mi reconocimiento a todos aquellos que con su generosidad y
apoyo hicieron posible la terminacin y difusin de este trabajo.
En la fase de investigacin emprica he trabajado en varios archivos
y bibliotecas de mi pas y del extranjero. El Archivo del Palacio Legis-
lativo y la Biblioteca de la Funcin Legislativa, la Biblioteca Nacional y
su "Seccin de Archivo de Peridicos", la Biblioteca Aurelio Espinosa
Polit de Cotocollao, los "Archivos" del antiguo Tribunal Supremo Elec-
toral en Quito, el "Archivo" del Tribunal Electoral de Pichincha, el Ar-
chivo del peridico cuencano "El Mercurio", el Archivo del Consejo Pro-
vincial en la ciudad de Laja, la Biblioteca de algunos Ncleos de la Casa
de la Cultura en las ciudades de Loja, Cuenca, Esmeraldas y Guayaquil,
la Biblioteca de la Universidad Central del Ecuador (Seccin Nacional y
General), el Archivo de la Universidad Central (seccin Tesis), las biblio-
tecas de las Facultades de Economa y Jurisprudencia de la Universidad
Central, la Biblioteca de la PUCE, el Archivo Nacional de Historia, las
Bibliotecas Municipales de Quito, Guayaquil y Laja, y muchos otros
fondos archivsticos nacionales an no organizados me han sido de
enorme apoyo en mi investigacin. En Mxico he trabajado en el riqu-
simo Archivo Genaro Estrada de la Secretara de Relaciones Exteriores
(secciones de Correspondencia Diplomtica y Consular-comercial), en la
Biblioteca "Jos Ma.Lafragua" de la Seco de RR.EE., y en la Biblioteca
del Colegio de Mxico (seccin de Correspondencia Diplomtica estado-
unidense) como en los diversos centros bibliogrficos de la Unam. A
todas aquellas personas ~mpleados y directivos- de todos estos fon-
dos bibliogrficos y archivstcos, tanto nacionales como mejicanos que
me ayudaron en mi labor les agradezco infinitamente por el tiempo y
dedicacin proporcionada en apoyo a mi trabajo. En 1977 a fin de
acelerar algunas tareas de recopilacin de datos, requer de la ayuda del
Sr .Jos Murgueitio, quien realiz su labor inteligente y responsable-
mente. La contratacin de dicha ayuda por tres meses fue posible gra-
cias al estmulo que recibiera mi investigacin por parte del entonces
Decano de la Facultad de Jurisprudencia, Dr. Francisco Salgado. En el
pasado Juan Maguashca y Andrs Guerrero ms recientemente, pusie-
ron en mis manos o indicaron fuentes documentales que resultaron im-
portantes para entender el desarrollo social del siglo XIX, al cual le de-
20 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
dico un captulo introductorio de esta obra, por lo cual les agradezco
encarecidamente. Irving Zapater, del Banco Central del Ecuador, hizo
otro tanto ayudndome a localizar y proporcionndome material indis-
pensable para el estudio de una institucin bancaria fundada en este si-
glo.
Aprovecho esta oportunidad para agradecer tambin a quienes co-
nocieron parte del manuscrito o lo leyeron en su totalidad y me dispen-
saron sus crticas, consejos y me motivaron a publicar esta obra. Enzo
Mella, Mara Valarezo, Liza North, Juan Maiguashca, y Luis Silva cono-
cieron varios captulos de esta obra y me proporcionaron valiosas suge-
rencias de forma y de contenido. De manera especial, quiero expresar
mi gratitud a mi esposa Erika Silva y a mi amigo Andrs Guerrero quie-
nes han seguido con inters el desarrollo de este libro, proporcionndo-
me sus crticas, discutiendo algunas sugerencias, y ofrecindome sus co-
mentarios, algunos de los cuales he incorporado a mi trabajo.
Para la Sra. Luisa Charvet de Silva mis ms cordiales gracias por su
eficaz colaboracin en el arreglo mecanogrfico del extenso manuscrito
que ella prepar pacientemente. Para Csar Verduga, Osvaldo Barsky,
as como para los compaeros del Ceplaes -que se interesaron en la di-
fusin de este libro- consigno mi sincera gratitud. Al Director de la Fa-
cultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede de Quito, Lic. Gonza-
lo Abad Ortiz, que se interes en la pronta publicacin del presente
libro, mi ms genuino reconocimiento.
y finalmente les debo ms de lo que puedo expresar a las personas
a quienes est dedicado este libro.
R.Q.
Quito, Junio 30,1980
A mi madre Dorila Lopez R.
A Erika y Santiago
Primera Parte
Estado y Clases Sociales
(1895-1934)
CAPITULO I
AFIRMACION DE UNA PROBLEMATICA
1. Introduccin
Los griegos solan referirse al mito como "aquello de lo cual se ha-
bla". Lo contraponan as a los registros legendarios que podan leerse.
Pero, si en la ms remota antigedad aquellas obscuras tradiciones que
servan de antecedentes a la 'historia' escrita pasaban de generacin a
generacin, mostrando una eficacia nada ajena a los intereses de los que
"ms saban", tambin en nuestro tiempo, y en nuestro pas, se han eri-
gido mitos y leyendas sobre los cuales descansa una buena parte de nues-
tra sociologa moderna.
Desprendida de una verdadera investigacin histrica, la sociologa
ecuatoriana ha sido responsable de la creacin de muchos mitos sobre
nuestra realidad contempornea. Este libro apunta a desentraar una
de esas realidades menos conocidas, pero mayormente mitificada por
esa sociologa. Y el presente captulo quiere dar cuenta de la existencia
de una elaboracin terica que todo el libro cuestiona. Aun cuando se
trate, como es en verdad el caso, de nadar contra corriente y de recla-
mar la ruptura con una problemtica que ha ganado adeptos universal-
mente y que, puede exhibir una aceptacin unnime en los crculos aca-
dmicos del pas.
En efecto, por ms de una dcada ha perdurado en el Ecuador un
consenso que atraviesa todas las gamas del pensamiento social. Arraiga-
do en una argumentacin tendiente a interpretar "el fenmeno poltico
ms importante del Ecuador contemporneo" 1, el atributo a esa rareza
consensual lo ha dado la invidualidad histrica del ms conspicuo Presi-
dente de los ltimos 45 aos: el Dr. Jos Mara Velasco Ibarra. Y su
apelativo provino de la sociologa latinoamericana de los aos sesenta.
Se trata, no hace ni falta insinuarlo, del consenso existente en tomo al
llamado "populismo velasquista".
En verdad, la frmula del populisnio oclasquista se ha convertido
en el seno de la sociologa ecuatoriana en la llave argumental, universal-
mente aceptada, para explicar no solo el ascenso al poder del Dr. Velasco
Ibarra, en 1934, sino tambin para dar cuenta de las recurrentes mani-
festaciones de apoyo popular que en distintas ocasiones, logr aglutinar-
1 Agustn Cueva. "Interpretacin Sociolgica del Velasqusrn o ", Revista Mexicana de So-
ciologa, VoL 32, No. 3 (Mayo, Junio 1970), pg. 709.
26 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
se en torno a ese "conductor conducido", como elocuentemente apelli-
dara Alfredo Pareja Diezcanseco al cinco veces presidente.
Los cientistas sociales ecuatorianos tomaban as una problemtica
aportada por la sociologa latinoamericana de los aos 60 que difundi
profusamente el concepto de populismo para definir el carcter de los
regmenes presididos por Juan Domingo Pern en Argentina, Getulio
Vargas en Brasil y Lzaro Crdenas en Mxico. Y ms pronto que tarde,
aduciendo razones que se pensaban dentro de camino, tambin en Ve-
nezuela la Accin Democrtica reciba la denominacin de "populista",
a la par que en Per el APRA era elevado conceptualmente al rango de
"partido populista", e incluso se hablaba del "populismo cristiano" de
Eduardo Frei en Chile. La nomenclatura es aun ms abigarrada y se re-
produce en una composicin intelectual que, aunque dispareja, es harto
abundante en la sociologa latinoamericana. 2
La proliferacin del trmino en la sociologa moderna del conti-
nente no entra, sin embargo, la difusin de un significado unvoco
del concepto. Por ello, antes de examinar la ptica adoptada por los so-
cilogos ecuatorianos, se hace indispensable exhibir los divergentes cri-
terios fundamentales de quienes primero mantuvieron la teora del po-
pulismo como una referencia vlida para analizar la realidad sociallati-
noamericana. El lector advertir de esta manera que los mismos lmites
de la comparacin histrica hubiesen exigido una actitud quiz ms re-
servada por parte de la sociologa ecuatoriana.
Teniendo como teln de fondo las experiencias de Argentina, Bra-
sil y Mxico, fundamentalmente, y apoyado en el modelo analtico de
Gino Germani, Torcuato di Tella define al populismo como un movi-
miento poltico de amplio respaldo popular con participacin de secto-
res sociales no obreros, y sustentador de una ideologa anti statu-quo.
Como tal el movimiento popular carece de poder organizatvo autno-
mo y el fenmeno exhibe tres 'nexos de organizacin' o fuentes de fuer-
2 Como Uustraci6n y muestra de lo afirmado vase J. FeUpe Leal. "Notas sobre el Populls-
mo", Reviata Mexicana de SoclolollIJ, Abril - Jumo 1977; G. loneseo y E. GeUner. Po-
pulmo, Sus significados y caractersticas (Buenos Aires. Amozrortu, 1970); A. Quilano y F.
Weftort. Popuusmo, Marglnalidad y Dependencia (Costa Rica. 1973); Octavio Iann, La Forma-
cin del Estado Populta en Amrica Latina (Mxico. Ed. Era. 1975); Torcuato di Tena. ''Po-
pulism and Reform In Latln America" en Claudio Veliz. comp. Obstac1es to cluJnlle In Latina
Amerlca, London, 1970. Valga sealar aqu que esta sociologa latinoamericana ha influido no-
tablemente fuera de la regin, abrindose una amplia discusl6n del tema en Europa y EE.UU.
que retoma las tesis por ella planteada. El ms reciente caso que conozco es el del seminario or-
ganizado en San Francisco, en diciembre de 1978, por la American Historical A88ociation. sobre
"Popullsm in Latin America". Vase las ponencias de Michael L. Connff, "Populiml in Brasil:
1925-1945", de David Tamarin. "Irigoyen and Per6n: The Limita of Arlentlne Populiml", y de
Jorge Basurto, "El PopuJismo tardo de Luis Echeverra", presentadas en dicho seminario. entre
muchas otras.
AFIRMACION DE UNA PROBlEMATICA 27
za: a) una lite ubicada en los niveles medios o altos de la estratificacin
que est a su vez provista de motivaciones anti statu-quo ; b) una masa
movilizada formada como resultado de la "revolucin de las aspiracio-
nes crecientes", y e) una ideologa o un estado emocional difundido
que favorezca la comunicacin entre lderes y seguidores y cree un
'entusiamo colectivo'. En algunos casos, aade di Tella, "el carisma per-
sonal del lider Presidente es importante". 3 Criticando esta teora del
populismo, Ernesto Laclau seala que el anlisis de Germani-Di Tella re-
duce la explicacin a esto: ". , , la temprana incorporacin de las masas
a la vida poltica latinoamericana ha determinado una presin que ha re-
basado los canales de absorcin y participacin que la estructura polti-
ca es capaz de ofrecer. En consecuencia, la integracin de las masas de
acuerdo con el modelo europeo no ha podido verificarse, y distintas li-
tes influidas por el nuevo clima histrico del siglo XX han manipulado a
las masas recin movilizadas por sus propios objetivos. La mentalidad
de dichas masas, en razn de su insuficiente integracin, se caracteriza
por la coexistencia de rasgos tradicionales y modernos. En consecuen-
cia, los movimientos populistas constituyen una heterclita acumula-
cin de fragmentos correspondientes a paradignas ms dispares," 4 Co-
mo veremos, esta concepcin funcionalista influy decisivamente en la
interpretacin del "velasquismo " como uno de esos "populismos" que
habran aparecido en Amrica Latina a raz de la crisis de los aos 30.
Para otro de los tericos del populismo en Amrica Latina, el fen-
meno es definido tambin como un movimiento de masas, pero de tal
naturaleza que aparece en el centro de las rupturas estructurales propias
de la crisis del capitalismo y de las crisis correspondientes de las formas
oligrquicas de dominacin poltica en nuestros pases. Con el surgi-
miento del populismo , las formas de dominio que se expresaban en el
gamonalismo. el caciquismo y el caudillismo entraban en crisis. El po-
pulismo para Octavio Ianni tiene as un carcter histricamente avanza-
do pues no representa una ruptura sino ms vale una etapa en el desa-
rrollo de la clase obrera, y habra surgido en el momento de ruptura de
la dominacin oligrquica. Es decir, siempre segn el Sr. Ianni, cuando
se cuajaba una alianza entre la burguesa industrial y el proletariado in-
dustrial. La direccin poltica reformista de ese movimiento multicla-
sista que sera el 'populismo' para Ianni, lo asuma ostensiblemente la
burguesa industrial.
3 "Populismo y Reformismo" en Giri o Germani, et, at. Po plis m o y Contradicciones de
clase en Latinoamrica (Mxico: Ediciones Era. S.A. 1973) pgs. 47-54.
4 Ernesto Laclau , Poltica e Ideologa en la Teora Marxista (Espaa: Siglo XII. 1978)
pg. 174.
28 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
Por otra parte, el mismo autor haba enfatizado varios niveles para
el anlisis del fenmeno en Amrica Latina. En lo econmico y social
sobresala el proyecto econmico que sustenta esa alianza y en cuya ci-
ma se encontrar a la burguesa industrial; en el nivel poltico, se estu-
diara el 'arbitraje' del lder populista y la autonoma relativa del "Esta-
do populista", mientras en lo ecolgico, el populismo es visto como un
fenmeno eminentemente urbano. 5 Conocedor ya de una obra socio-
lgica en la que se caracteriz al ascenso de Velasco Ibarra al poder en
1934 como un fenmeno "populista", Octavio Ianni pone a prueba su
conocimiento histrico sobre Ecuador al identificar al "velasquismo"
como uno de los populismos latinoamericanos.
Referido principalmente a la experiencia brasilera, para Francisco
C. Weffort el populismo habra sido la expresin del perodo de crisis
de la oligarqua, y del liberalismo. Abrase con l una democratizacin
del Estado que, a su vez, tena que apoyarse en algn tipo de autorita-
rismo. Era la expresin "ms completa de la irrupcin de las masas po-
pulares en el proceso del desarrollo urbano e industrial" a partir de los
aos 30, y "de la necesidad, sentida por algunos de los nuevos grupos
dominantes, de incorporacin de las masas al juego poltico... las ma-
sas populares urbanas y la representacin de las masas en este juego es-
tar controlada por el propio jefe del Estado". El autor citado tambin
mantiene como vlida la teora del "carisma" para analizar el papel de
'rbitro' del lder populista. 6 Como se observar ms adelante, el es-
quema de Weffort result clave para la interpretacin que del "populis-
mo velasquista" se hiciera en la sociologa ecuatoriana.
11. El "Populismo Velasquista": Una Forma de Dominacin Poltica?
A diferencia de varios tratadistas latinoamericanos que aplicaron el
concepto de populismo al anlisis de regmenes o movimientos polticos
peculiares de la regin, los socilogos ecuatorianos que introdujeron y
difundieron el uso del vocablo en el pas, no intentaron determinar el
contenido especfico del concepto que empleaban para definir terica-
mente lo que ellos denominaron "populismo". Si el objeto tratado-el
'populismo'- hubiese previamente tenido en la Sociologa una significa-
cin y alcance inequvoco y preciso, ello naturalmente no habra sido
quiz necesario. Pero no era ese el caso. Examinemos entonces breve-
5 "Populismo y Relaciones de Clase" en Gino German, op, cit. pgs. 83-150. y La Forma.
cin del Estado Populista en Amrica Latina, op. cit.
6 "El populsmo en la Poltica Braslera", en Jean Claude Bernadt, et, al., Braail Hoy
(Mxico: Siglo XXI, 1972, tercera edicin) PP. 5484.
AFIRMACION DE UNA PROBLEMATICA 29
mente este problema tal cual se presenta en los trabajos de los socilo-
gos ms representativos de ese planteamiento.
Tanto en sus artculos originales como en sus publicaciones ms re-
cientes sobre el Ecuador, Agustn Cueva, despus de sealar algunas ca-
ractersticas de la crisis de los aos 20 e indicar que Velasco Ibarra gan
abrumadoramente en las elecciones presidenciales de 1933, ha caracteri-
zado su ascenso al poder como una respuesta "populista" ante una crisis
tanto econmica como poltica, es decir de hegemona. La mencin del
'populismo' que se encuentra en las obras de Agustn Cueva se hace pan
passu , en el tratamiento de otros rasgos del problema investigado: el
'velasquismo'. Es decir, no encontramos en su obra una elaboracin te-
rica extensa, ni mucho menos, sobre el carcter "populista" del fenme-
no. Esta imprecisin respecto al concepto que el mismo autor emplea
en su planteamiento interpretativo ha llevado a pensar que quiz Cueva
no le otorg importancia al mismo, y que se decidi ms vale por consi-
derar un "caudillismo" al movimiento poltico dirigido, aparentemente,
por Velasco Ibarra. ". . . el trmino 'populista' parece responder (en el
texto de Cueva) a la necesidad implcita tambin, de diferenciar el velas-
quismo de los caudillismos ecuatorianos anteriores". 7 A pesar de esta
mayor delimitacin imputada por Cuvi a Cueva, creo que su problemti-
ca plantea claramente, el "velasquismo" como un "populismo", asunto
que se deriva incluso del examen de sus trabajos ms recientes. En su
artculo sobre "El Ecuador en los aos treinta", publicado en 1977,
despus de indicar que Velasco Ibarra ganara abrumadoramente en las
elecciones de 1933, Agustn Cueva ha sealado en trminos inconfundi-
bles:
"De este modo naci el populismo en el Ecuador, con base
claramente subproletaria y en una coyuntura caracterizada no
solo por una crisis econmica, sino tambin por una evidente
crisis de hegemona. Hito importante en la historia de un
pas, que desde entonces hasta ahora, registrar nada menos
que cinco gobiernos velasquistas." 8
Ms an, el planteamiento de Agustn Cueva no es nada escueto y
est referido a una problemtica ms general dentro de la cual se propu-
so por primera vez en la Sociologa ecuatoriana la tesis bsica del "po-
pulismo velasquista", en el contexto de una operacin analtica que fiel-
mente sintetizamos de inmediato, para el lector.
7 Pablo Cuvi, El ltimo caudillo de la Oligarqua (Quito: Instituto de Investigaciones Eco-
nmicas dc la U.C., 1977) pg. 44.
8 En Amrica Latina en los aos treinta, Coordinador P.G. Casanova, (Mxico: UNAM,
1977) pg. 233.
30 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
De acuerdo a la formulacin de Agustn Cueva, fue ante la desarti-
culacin de las tres formas de dominacin poltica fracasadas entre 1922
y 1932 (a saber: el desmoronamiento del orden liberal, el fracaso del re-
formismo militarista y la frustracin de la respuesta conservadora), es
decir, estando en crisis los "mecanismos 'normales' de dominacin pol-
tica" que se abri el camino para una nueva solucin de otra ndole. 9
Esa solucin fue lo que Agustn Cueva denomin el Populismo Velas-
quista. Pero esa solucin se daba en un momento histrico caracteriza-
do por una "situacin de masas" diagnosticada por Agustn Cueva, para
el Ecuador de los aos 30, en que la estructura social de las urbes ecua-
torianas se haba alterado de tal suerte que devino "obsoleta la tradicio-
nal poltica de lite", con sus "viejos partidos de notables", hacindose
necesario encontrar "una forma indita que, sin cambiar el sistema fue-
se funcional en el nuevo contexto". 10 Era indispensable tomar en
cuenta las eventuales reacciones de las masas, que en adelante ya no
intervendran "slo en casos de insurreccin o motn, como antes, si-
no tambin en las contiendas polticas convencionales". 11
El "populismo velasquista" vino entonces a responder a las "con-
diciones objetivas y subjetivas de estos grupos sociales" que el autor de-
nomina subproletariado. 12 Esas masas del subproletariado, no pudien-
do encontrar aun una salida revolucionaria y no pudiendo "impulsar
otra cosa" 13 "quedaron polticamente disponibles" 14 dndose el
"populismo como el que Velasco inaugur y que por supuesto no ha si-
do el nico". 15 Es decir, como el mismo autor indica, la evidencia em-
prica por l avanzada prueba "de manera fehaciente ... la relacin entre
los marginados y el velasquismo". 16 Al autor de "Interpretacin So-
ciolgica del Velasquismo" no le cupo ninguna duda de que la "base
social de Velasco" haba sido siempre el subproletariado urbano funda-
mentalmente. 17
La naturaleza de esta problemtica planteada por Agustn Cueva
9 "Interpretacin Sociolgica del Velasqufsmo ", op, cit pago 707-711.
10 Ibd, pago 716.
11 !bid.
12 Ibd pago 717.
13 Ibd,
14 !bid.
15 Ibid.
16 Ibid.
17 Ibld pago 718.
AFIRMACION DE UNA PROBLEMATICA 31
es unnimamente aceptada por la Sociologa ecuatoriana. Y es a partir
de ella que se han elaborado una serie de sealamientos; se han avanza-
do tesis y corolarios, en los cuales otros autores recaban ms que el
propio Cueva. Pero siempre esos planteamientos slo intentan ser com-
plementarios de la problemtica tratada. Se consiente as en la existen-
cia de un esquema analtico que se ha convertido en referencia vlida y
punto de partida para el examen e investigacin de la realidad social
del pas posterior a los aos 30. Lo afirmado se demuestra fcilmen-
te si hacemos con el lector un breve recorrido por la literatura socio-
lgica pertinente.
Aunque de una ptica que entrelaza en lo terico las tesis del so-
cilogo alemn Max Weber con las del brasilero Francisco C. Weffort,
y retoma a Cueva en su anlisis de la realidad social eucatoriana,
ha sido Esteban del Campo quien ha escrito varios ensayos relativos
a considerar al 'movimiento velasquista' como parte del fenmeno
'populista' en Amrica Latina. En un primer ensayo este autor sigue la
concepcin weberiana de los tipos ideales en una formulacin del bra-
silero Guerreiro Ramos y se hace eco de una tipologa propuesta por
ste ltimo que comprende: "a) Poltica de clan; b) Poltica oligrqui-
ca; c) Poltica Populista; d) Poltica de grupos de presin; e) Poltica
ideolgica (poltica de clases)". A este pot pourri del socilogo subjeti-
vo brasilero, Esteban del Campo le da el rango de "puntos de referen-
cia terica, tiles para fundamentar los hechos". 1 8 Posteriormente el
mismo autor desarrollar el apartado sobre "poltica populista" en una
serie de artculos que acogen una misma problemtica. 19 Es entonces
cuando del Campo acepta los planteamientos de Francisco Weffort y
basndose en un tinglado de fuentes secundarias sintetiza sus argumen-
taciones en torno al "populismo velasquista". He aqu lo que escribe
al respecto:
" ... el populismo ecuatoriano es producto de la crisis que a-
traviesa la sociedad ecuatoriana, desde 1920. Como la nueva
frmula que buscan los sectores oligrquicos para relacionar-
se con las masas, es, sin embargo, un avance que incluye as-
pectos contradictorios. Ese populismo sucede a la poltica
tipicamente O'ligrquica aunque no la elimine completamen-
18 Vase "Introduccin al Velasquismo" Revista Procontra , 1971. pago 8-9. Ese texto fue
publicado nuevamente por el autor en la Revista Mensajero. 1975 (Julio). donde del
Campo mantiene la tipologa propuesta por Ramos. aunque ya no aparezca explicitada
su fuente.
19 En 1977 del Campo public un extenso artculo sobre "El populsmo en el Ecuador"
(Qulto: FIacso , 1977). Vase tambin, "Crisis de la Hegemona Oligrquica, Clases Po-
pulares y Populsmo en Ecuador", ponencia al XII Congreso Latinoamericano de Socio.
log a, Quito. Nov. 1977; y Ecuador Hoy, Siglo XII. 1978, Colombia. donde se reproduce
el primer trabaio,
32 EL MITO DEL POPUlISMO EN EL ECUADOR
te ._. Igualmente parece lgico sostener que el populismo e-
cuatoriano ha sido consecuencia de la debilidad poltica de
los grupos de clase media urbana y la expresin ms cabal de
'la irrupcin de las masas populares en el proceso de desarro-
llo urbano' de la poca. En efecto, la aceleracin de las migra-
ciones rural-urbanas, especialmente en la Costa ecuatoria-
na, permite el crecimiento de la peculiar base social que res-
ponder al liderazgo populista: el subproletariado urbano (las
'clases populares' en la acepcin de Weffort)" 2 o
La tesis, como se ve, es evidentemente idntica. Y es que casi re-
sulta innecesario recabar en la influencia de Cueva en otros estudios so-
ciolgicos sobre el "velasquismo", tales como los de Lautaro Ojeda, Mo-
rn Murillo y Pablo Cuvi, los cuales toman como argumentacin gua
y referencia vlida la tesis de Cueva sobre los orgenes 'populistas' del
'velasquismo'. 21 Incluso el mismo Cuvi, a pesar de su rechazo a
emplear el trmino 'populismo', acepta la problemtica derivada del a-
nlisis que del 'populismo velasquista' avanz Agustn Cueva y repite,
bsicamente, los mismos planteamientos, sustentando por ello las mis-
mas tesis, como veremos, aunque con matices diversos y reclamaciones
crticas pertinentes.
Los socilogos ecuatorianos han credo afirmar de un modo tan
rotundo la tesis acerca de los orgenes 'populistas' del 'velasquismo',
que aquellos que no realizaron escritos especficos sobre el tema se aco-
gan a las tesis centrales y navegaban as en las aguas del consenso exis-
tente.
Ello se refleja por ejemplo en los pocos estudios globales de inte-
rs sobre la poltica ecuatoriana. Gonzalo Abad en su Proceso de lucha
por el poder en el Ecuador, afirma que l coincide plenamente con las
conclusiones de Cueva respecto al 'velasquismo'. 22 Y quien estas l-
neas escribe, en un artculo sobre otro tema adverta que "el concepto
de bonapartismo sera extraordinariamente ms til (que el de populis-
mo) para analizar la forma de dominacin poltica que se adopta con el
20 Del Campo, "Crisis de la Hegemona Oligrquica... " op, cit. pago 4-5 (El subrayado es
nuestro).
21 Vase Lautaro Oleda, "Mecanismos y Articulaciones del caudillismo velasquista". Juna-
pla, 1971: Pablo Cuvi, op, ct.: Morn Murllo , "Estudio Sociolgico de Velasco !barra"
Revista Economa, Quito, I,I,E. de la U.C., No. 66, mayo 1976.
22 Vase El Proceso de lucha por el poder en el Ecuador, Junapla, 1970. pago 10. Otro tra-
bajo sobre la poltica ecuatoriana en que se plantea nuevamente la tesis que comenta-
mos es el de Oswaldo Hurtado, El poder poltico en el Ecuador (Quito: Universidad Ca-
tlica, 1977, y puede observarse la influencia de la misma problemtica en el libro de Pa-
tricio Moncavo, Grietas en la Dominacin (Quito: 1977) yen el de Agusto Varas y Fer-
nando Bustamante, Fuerzas Armadas y Poltica en Ecuador (Quito: Ediciones Lationa-
mericanas.1978).
AFIRMACION DE UNA PROBLEMATICA 33
(velasquismo )", otro trmino que entonces perciba como cuestiona-
ble. 2 3 No obstante las dudas existentes, utilizaba el trmino de "popu-
lismo" y, principalmente, reproduca la conceptualizacin de "arbitraje"
introducida por Cueva. Es decir, que a pesar de las reservas expuestas
(que nos llevaran ms tarde a realizar la presente investigacin), este
autor se sumaba al consenso acadmico existente y nicamente intua
que tan deslumbrante brillo algo poda tambin esconder.
En ausencia de otra visin, el consenso unnime entre los socilo-
gos no poda sino calar bien hondo en el pensamiento social actual del
pas. Si los estudiosos de otras problemticas confiaban en el desarrollo
de la sociologa "ms avanzada", tambin y 'con todo derecho' lo hacan
aquellos que transitaban por otros campos. Y as, economistas, filso-
fos, literatos y periodistas, cuando la contingencia lo exiga, aceptaban
y difundan inadulteradamente la tesis del 'populismo velasquista'. Tal
el caso, para no mencionar sino el ms reciente que conozco, de Alfon-
so Carrasco, discpulo del filsofo Enrique Dussel, quien --dicho sea de
paso-- tambin acoge la misma problemtica. En "Estilo e Ideologa en
el Discurso populista" Carrasco ha reconocido explcitamente como v-
lida la interpretacin sociolgica del "velasquismo" que haba avanzado
Agustn Cueva.
"La crisis de los aos treinta -escribe-- haba ocasionado el
surgimiento de una gran masa de marginales o subproletaria-
do en las ciudades, debido a la emigracin de campesinos. Es-
ta masa ser la fuerza del movimiento velasquista". 2 4
Ms an, influido por los tericos latinoamericanos del 'populis-
mo', Carrasco advierte que "(n)ormalmente, en el populismo el adversa-
rio es la oligarqua tradicional... El beneficiario, por lo comn, es la
burguesa industrial, la cual junto con el pueblo constituyen los aliados
del lder". 2 5
Y reconociendo que "el velasquismo no fue una frmula de arbi-
traje entre la burguesa industrial (casi inexistente en Ecuador) y la oli-
garqua exportadora", aade que el "populismo velasquista" no reune
"todas las caractersticas de los populismos 'tpicos' como el argentino,
el brasilero y el mexicano". 2 6 Sin embargo el atpico 'populismo ve-
lasquista' habra sido un "instrumento de manipulacin de masas margi-
nales y subproletarias", pues para dicho autor "la fuerza del velasquis-
mo fueron los marginados". 27
23 En un artculo publicado en 1976.
24 Vase Revista PUCARA, Cuenca. No. 3, Diciembre de 1977, pg. 124.
25 Ibid., pg. 119.
26 [bid. pg. 122.
27 Jbid., pg. 124.
34 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
Esta tesis, repetida mil veces, se ha vuelto una de esas 'verdades'
para cuya demostracin ha bastado la referencia objetiva y puntual a las
muchas fuentes existentes en la sociologa contempornea. En efecto,
incluso a nivel de la autoconciencia que sobre la realidad social del Ecua-
dor tienen amplios sectores ciudadanos, el populismo velasquista se pre-
senta como parte de un "saber" sociolgico manejado profusamente.
Escrito ya este libro sobrevino el fallecimiento del Dr. Velasco Ibarra, y
la prensa nacional se ocup de retrasar los orgenes del ''velasquismo''
que naciera en los aos 30. En absolutamente todos los casos, trtese
de revistas o peridicos, la versin expuesta confirmaba siempre la enor-
me difusin y aceptacin de la problemtica que nos concierne. 28
No vale la pena entrar a exponer en detalle la difusin y acepta-
cin que en el extranjero ha tenido tambin la problemtica sociolgica
que nos ocupa. Pues esos detalles no haran sino evidenciar an ms
hasta qu punto tales ideas han alcanzado una influencia que sobrepasa las
fronteras nacionales. Basta recordar que ya Octavio Ianni, influido por
Agustn Cueva, afirma los orgenes 'populistas' del "Velasquismo".
Igual aceptacin hace la sociloga Pilar Calvo, cuando resea para Histo-
ria y Sociedad la edicin mexicana de El Proceso de Dominacin Polti-
ca en el Ecuador. 29 En Europa, donde relativamente poco se ha escri-
to sobre el fenmeno, Jacque Zylberberg ha difundido la tesis en su ar-
tculo sobre "Populismo civil et militaire, developpement ingal et ins-
tabilit politique en Equateur", publicado en la prestante revista Cioili-
zation. 3 o y podramos citar a ms de una docena de autores que han
hecho igual cosa en los EE.UU. Pero esta gran difusin de la tesis, cuya
validez este libro cuestiona radicalmente, no debe sorprendernos lo ms
mnimo, pues la gran mayora de esa plyade de escritores extranjeros
que se ocupan de analizar nuestra empobrecida llacta, lo hacen basndo-
se en la exigua literatura existente, y solo en contados casos recurren a
fuentes primarias.
Ahora bien, la enorme influencia de Cueva en las interpretaciones
del fenmeno no significa que nosotros, al reconocerla, le imputemos a
28 Vase El Comercio, El Universo, El Telgrafo y otros diarios as como tambin las revis-
tas nacionales del mes de abril de 1979. El hecho de que los periodistas ecuatorianos se
sustenten, en la literatura sociolgica existente, para escribir sus crnicas aparte de ejem-
plificar la difusin de la tesis comentada, es revelador de la penneabilidad e influencia
que han tenido las ciencas sociales como tales en crculos intelectuales ms amplios.
Perteneciendo esa misma literatura sociolgica al movimiento intelectual de denuncia
contra la opresin, esto indica la existencia de una conciencia democrtica avanzada en
los crculos de nuestros comunicadores sociales.
29 Vase Pilar Calvo, "El proceso de dominacin poltica: un anlisis marxista". Revista
Historia y Sociedad, Mxico, No. 2, Verano de 1974. pgs, 115-117.
30 Volumen XXV, No. 3/4. Bruxelles, 1975, pgs. 349-364.
AF IRMACION DE UNA PROBLEMATICA 35
l los errores de otros. Muy al contrario. Reconocemos incluso que
frente a esa coleccin tan heterognea de ensayos y aportes que intenta-
ban explicar el 'fenmeno velasquista' antes de 1970, cabe destacarse el
estudio de Agustn Cueva. Y es que en ese texto podemos encontrar un
enfoque "nuevo" en la sociologa ecuatoriana dirigido a la organizacin
de conocimientos que intenton ser integrados a un cuerpo terico de-
terminado. Su ensayo sobre el populismo nelasqu ista constituy, para
1970, una notable excepcin por el nfasis que puso en relacionar algu-
nos hechos histricos con un intento de interpretacin terica que ese es-
tudio nos ofreca sobre un determinado movimiento poltico. Podemos
incluso estar de acuerdo con Pablo Cuvi, cuando al referirse a U Proce-
so de Uominacion Poltica en el Ecuador, afirma que "el gran mrito
del trabajo consiste en plantear el problema en trminos de clases socia-
les y de la lucha poltica". 3 1 En verdad, como lo ha sealado genero-
samente Pilar Calvo, Cueva ha recabado "en el estudio de la correla-
cin de fuerzas internas, en la lucha de clases, la participacin poltica y
la pugna por lograr representacin poltica en un Estado que se va con-
solidando". 3 2 Pero lo que debe advertirse en un anlisis cientfico de
cualquier realidad social, es el modo de plantear el problema por tratar-
se. Los cientficos sociales tienen la obligacin de "buscar las races de
los fenmenos sociales en las relaciones de produccin, y de vincularse
con los intereses de clases determinadas; deben formular esos dcsldera-
las como los 'deseos' de determinados elementos sociales que tropiezan
con la oposicin de otros determinados elementos y clases". 33 Solo
as puede evitarse que las teoras sociolgicas sean utilizadas, como
apunta el mismo autor citado, para teorizar por encima de las clases. Y
con el ensayo de Agustn Cueva hay mltiples problemas que se pre-
sentan a este respecto, problemas que son ineludibles por cierto.
Sus tesis, tan ampliamente difundidas y universalmente aceptadas
como base de cualquier tratamiento del populism o oelasouistu, son a
nuestro entender susceptibles de una revisin total. Como le ser claro
al lector de este libro, nosotros creemos que la interpretacin de Cueva
presenta un sinnmero de problemas no resueltos cuya rectificacin sig-
nifica necesariamente una ruptura con la problemtica por l planteada.
Esta ruptura con la problemtica de Cueva est determinada por dos
fuentes:
1) En algunos casos porque la conceptualizacin de su interpretacin
31 OP. cit . pg. 181.
32 Op , cit.
33 D.L Len n , El
eontenido econrnico del no JI lHl
puliemo crit ica en el libro del Sr. Slr u u
(Buenos Aires: Ed, Cartago ) Obras Completas, vol. 1,522.
36 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
del fenmeno adolece de ambigedades cuando no de limitacio-
nes propias a la misma corriente terica que la inspira;
2) En otros casos porque sus tesis yerran por cuanto la realidad no
fue adecuadamente aprehendida por el anlisis.
En este libro explicitaremos los contenidos de nuestra crtica que,
huelga afirmarlo, solo debe sustentarse en la investigacin de la realidad.
Construiremos de esta manera una nueva problemtica que ample y
profundice el estudio del fenmeno en cuestin al poder establecer ma-
yores campos de su propia realidad. Por eso en el prximo acpite de
este captulo cabe sealar los problemas que exhibe la teora del "popu-
lismo velasquista" y el necesario replanteo investigativo que ellos exigen.
111. Problemas de la Teora sobre el 'Populismo Velasquista', y Re
planteo Investigativo del Problema
1. Quienes han usado el calificativo de 'populismo' para describir
los orgenes del llamado "velasquismo" han trastrocado los trminos de
la investigacin cientfica. Aceptando las nominaciones usadas por la
sociologa latinoamericana de los aos sesenta para describir el surgi-
miento de los movimientos polticos "populistas" en Argentina, Brasil y
Mxico (as como tambin en otros contextos) a partir de la crisis de los
aos treinta, ellos han privilegiado la tarea de nominalizacin conceptual
en lugar de hacer de ella el resultado final de una verdadera investiga-
cin del fenmeno estudiado. La 'hiptesis' se converta as en 'tesis'
sin pasar previamente por las etapas requeridas de una investigacin
adecuada.
Para quien tenga un conocimiento aunque sea modesto de la histo-
ria latinoamericana moderna, las comparaciones entre la sociedad argen-
tina, brasilera y mexicana, con la sociedad ecuatoriana de los aos 30
tienen una comodidad ingeniosa. Pues salta a la vista que para los aos
treinta, mientras en esos pases, de mayor desarrollo capitalista, se de-
terminaban a veces alianzas favorables a la industrializacin, al desarro-
llo econmico 'autnomo', e incluso al bienestar social de determinados
sectores de masas, con el ascenso al poder de elementos aglutinantes co-
mo Getulio Vargas en Brasil (1934), Crdenas en Mxico (1934), y ms
tarde en Argentina con Pern (1944), no puede menos que sorprender
que el Ecuador, pas tan poco desarrollado en trminos capitalistas, se
haya anticipado a los ms desarrollados pases latinoamericanos en el
aparecimiento de una "poltica populista" en 1933 que supone, segn
la misma teora utilizada, la existencia de un proyecto burgus ms avan-
zado que el proyecto 'oligrquico tradicional', Toda la historia del
AFIRMACION DE UNA PROBLEMATICA 37
Ecuador protesta contra la idea de tal comparacin.
2. Ese error no se resuelve tampoco al plantear que el "velasquis-
mo" surgi como un populismo "original", o "atpico". Muy al contra-
rio. Por ese camino lo nico que se logra es crear an mayor (1111b ipl e-
dad en la utilizacin del concepto. Pues si se mantiene que entre los
movimientos polticos cuyos signos fueron Pern en Argentina, Crde-
nas en Mxico, Vargas en Brasil y Velasca Ibarra en Ecuador hubo 'algo
en comn' que justifique llamarlos a todos ellos 'populistas', sera nece-
sario que nuestros socilogos identifiquen ese rasgo comn a partir del
examen de las caractersticas esenciales de dichos movimientos (su base
social, su representacin de clase, sus contenidos econmicos) y demues-
tren que, 'despus de todo', no son tan dismiles. Al no hacer esto,
nuestros socilogos escamotean el problema y caen en el nominalismo:
suponen que el rasgo comn de todos ellos es precisamente ... su "po-
pulismo"!
No sorprende por ello que los estudios sobre el populismo velas-
quis!a adolezcan de una carencia definicional, con relacin al concepto
clave que emplean. Y uno no puede, sino solo a riesgo de renunciar a su
labor cientfica, estar de acuerdo con Walter Little para quin la "utili-
dad del trmino populismo radica precisamente en su ambigedad" 34,
pues aceptar esa vaguedad conceptual sera hacerles la venia a tan dis-
miles fenmenos que pasan con el rtulo de "populismo" muy en alto,
y van a caer en un cajn de sastre.
Evidentemente no basta, como seala acertadamente Pablo Cuvi,
"simplemente con entender por populismo la manipulacin de dicho
pueblo con fines ajenos a sus intereses; un criterio tan amplio no permi-
te diferenciarlo del liberalismo o del fascismo, por ejemplo. Al contra-
rio, se trata -dice- de descubrir los grupos sociales que participan en
ese movimiento y de distinguir las caractersticas del proyecto que im-
pulsan". 3 5 Pero tampoco lo ltimo basta o satisface para tener una ca-
tegora analtica provista de dimensin histrica ya que ni los grupos
que 'participan' (como dirigentes o arrastre) en un movimiento poltico,
ni las "caractersticas del proyecto que impulsan" arrojan necesariamen-
te luces sobre los fundamentos de clase de un movimiento poltico, es
decir sobre el rasgo esencial y clave para determinar su naturaleza. En
el primer caso se estara confundiendo las expresiones de las clases, que
pueden tomar diversas formas polticas, y/o la base social determinada
34 Vase "Peronism : was it and is it p opulist "? Occasional Papers, No. 20,1 o Latin Ame-
rican Stude s, Unrverstv o Glasgow , 1975, pg , 1.
35 Op. ct., pg. 189-190,
38 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
de un movimiento con la representacin y contenido de clase de dicho
fenmeno. Y en el segundo caso se puede caer en el equvoco de tomar
los criterios expuestos por los representantes de los diversos grupos (O
incluso personas que presentan 'planes') como los expresivos de los inte-
reses de las clases en presencia. Y este criterio de anlisis solo sera vli-
do cuando vaya acompaado de un anlisis previo que identifique obje-
tivamente las clases y fracciones en presencia.
3. Es evidente entonces que para lograr una explicacin del fen-
meno que nos ocupa debemos rechazar todo acoplamiento de criterios
tomados apriorsticamente de una supuesta experiencia comn latinoa-
mericana, en que se enfatizan diversos rasgos secundarios para comparar
y caracterizar como 'populistas' a movimientos polticos de naturaleza
harto dismiles y abandonar todo ese mecanismo tan en voga en nuestra
sociologa que hace de Velasco Ibarra un "representante de la oligar-
qua". Tal simplismo debe ser superado por un anlisis que determine,
en primer lugar las condiciones estructurales o econmicas en las que se
apoyaba la sociedad, pues el ascenso de Velasco Ibarra al poder en 1934
no puede ser entendido solo en relacin a las condiciones particulares
del Ecuador a principios de los aos treinta; en segundo trmino, por
un examen que determine la alianza de clases o fracciones de clase de la
cual Velasco Ibarra fue el signo de su representacin; y por ltimo, por
una investigacin que establezca la relacin de fuerzas en la sociedad ci-
vil. de las diversas clases o fracciones de clase, tanto dentro de la misma
alianza que lo llev al poder en 1933-1934, como tambin de la socie-
dad en general. Tarea difcil y ardua en verdad, pero solo en su concre-
cin podr encontrarse una verdadera explicacin cientfica del surgi-
miento del llamado "velasquismo".
4. Ahora bien, el cientista social que pretende conocer el desarro-
llo de la sociedad ecuatoriana durante el perodo que va de la Revolu-
cin Liberal de 1895 hasta el ascenso de Velasco Ibarra al poder en 1934,
en ntima relacin con un saber histrico, se le presentan dos grandes
problemas en su cometido. El primero radica en la ausencia de una his-
toria econmica para el perodo. La historia econmica como discipli-
na ha desempeado el papel del "pariente pobre en la familia de las cien-
cias sociales", yen buena parte una ideologa de derecha y liberal ha ve-
nido disfrazada de "historia" en el pensamiento social ecuatoriano. La
escasa preocupacin por la investigacin histrica (para no hablar ya de
la historia econmica), y que compromete en verdad a todo el "perodo
republicano", se ve reflejada en nuestras universidades en donde hasta
1979 no hay todava ninguna Escuela o Departamento de Historia a ni-
vel profesional.
AFIRMACION DE UNA PROBLEMATICA 39
El segundo problema se refiere, a nuestro entender, al insuficiente
desarrollo de una conceptualizacin terica que de cuenta de las parti-
cularidades y especificidades de nuestro desarrollo histrico. A este res-
pecto cabe anotarse algunos sntomas de esta problemtica que plantea
un serio desafo, no menos grave que el primero, en el requerido avance
de una conceptualizacin cientfica en nuestro pas. En primer lugar,
resulta paradjico que en el mismo movimiento de denuncia se note an
la ausencia de una fuerte preocupacin intelectual centrada en el estu-
dio de nuestra realidad. Esto, por cierto, obstaculiza el desarrollo de un
pensamiento crtico en nuestro pas, pues este se dar tambin en la me-
dida en que se combata el desconocimiento de la resistencia del mundo
objetivo. Esta relativa falta de anlisis concretos sobre nuestra realidad
histrica que ha caracterizado a una parte de los escritores comprometi-
dos en el movimiento de denuncia y an en la lucha contra la explota-
cin, ha llevado a la sobrevaloracin intelectual (en nuestros crculos
acadmicos de izquierda) de aquellas especulaciones de lo abstracto-ge-
neral desconectadas de la realidad concreta a las que pertenecen, y an
de aquellas piezas de literatura salpicadas de una terminologa pertene-
ciente al lxico marxista. Parecera que se sigue todava, salvo afortuna-
das excepciones que si las hay, ignorando que la manera correcta de asi-
milar la conceptualizacin fundamental de la sociedad, es asimilarla con
el nico fin de aplicarla.
Por otra parte, en el campo del pensamiento marxista no se ha
podido an conjugar a cabalidad la investigacin histrica con el anlisis
terico, ni tampoco despejar una serie de falsos planteamientos en el es-
tudio de nuestro desenvolvimiento histrico por cuanto se ha reproduci-
do constantemente un presupuesto metodolgico que a nuestro enten-
der resulta falso: el suponer la presencia de las mismas etapas de desa-
rrollo histrico en el Ecuador que aquellas por las cuales transit la Eu-
ropa occidental, los Estados Unidos, o algunos pases latinoamericanos
ms avanzados que el nuestro. Este metropolitanismo terico exacerba-
do en las periodizaciones histricas clsicas que se aplican a nuestra rea-
lidad sin beneficio de inventario, ha impedido reconocer la necesidad
urgente de forjar explicaciones fundadas en planteamientos tericos que
"supongan formas no clsicas de organizacin del materialismo histri-
ca". 36 Las consecuencias de estos enfoques estn adecuadamente re-
cogidas en la afirmacin siguiente de Jos Carlos Chiaramonte: "Mien-
tras no acertramos a aclararnos en qu puntos la investigacin de la his-
36 Jos Carlos Chiaram onte , "Acerca de la heterogeneidad de formas econmicas y sociales
en la historia Iberoamericana", (Mimeo), 1976, pg. 11.
40 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
toria iberoamericana y el equipo conceptual utilizado producan una si-
tuacin de no atingencia recproca (una situacin en que las categoras
utilizadas no correspondan a los problemas a investigar o que estos no
eran formulados en concordancia con las categoras que se reconocen
como imprescindibles para el buen desarrollo de la labor) la tarea se
tomaba lejana". 37
Pues bien, esta situacin significa que frente a la exigua literatura
existente sobre la historia econmica del perodo en cuestin, y la ca-
rencia total de un estudio cientfico sobre la estructura social y el pro-
ceso poltico del pas para 1895-1934, el reflexionar sobre el problema
que nos ocupa signifique: 1) desarrollar una investigacin histrica para
reconstituir los rasgos fundamentales de la sociedad ecuatoriana para el
perodo en cuestin, investigacin que deber estar basada primordial-
mente en fuentes primarias ubicables en archivos nacionales y extranje-
ros, y que arroje como resultado un trabajo mayor cuyos elementos per-
tinentes al tratamiento del tema de este libro utilizaremos en los prime-
ros captulos de nuestro estudio; y 2) que las conceptualizaciones que
tejan una interpretacin de la realidad social del perodo tratado sean
eminentemente crticas, pues rompen con una serie de falsas problem-
ticas existentes, y porque permiten construir una nueva interpretacin,
basada no en la especulacin ni en las ficciones literarias sino en un es-
fuerzo paciente por sentar las bases para comprender la especificidad
del primer triunfo del movimiento poltico cuyo signo fue el Dr. Velasco
Ibarra. Solo as este libro que presentamos al lector podr ser una con-
tribucin no solo para el entendimiento racional del perodo tratado si-
no tambin para la comprensin de la crisis de los aos posteriores.
5. Por ltimo, en la necesidad de despejar ese conjunto de tesis,
corolarios y proposiciones que durante una dcada han constituido una
problemtica aparentemente cerrada, con interpretaciones que nadie ha
cuestionado, pero cuya limitacin general radica tambin para nosotros
en el hecho de no haber planteado adecuadamente el estudio del "Velas-
quismo" como un fenmeno inscrito en la teora del Estado, resulta in-
dispensable replantear radicalmente el anlisis del fenmeno surgido en
los aos treinta desde una perspectiva que nos permita revelar la base
social objetiva sobre la que se fundament el triunfo electoral del Dr.
Velasco Ibarra, en 1933.
Esta nueva perspectiva, terica y metodolgicamente hablando, es
la de ir inscribiendo el anlisis y discusin posterior del fenmeno en la
teora del Estado, e ir revelando su verdadera relacin, en cuanto movi-
37 Ibid., pg. 5.
AFIRMACION DE UNA PROBlEMATICA 41
mie nlo poltico. COII los fenmenos portidistos, Nuestra propia teora
se ir "abriendo" y mostrando sus diversas facetas en la medida que vaya
cxponio ndo los conceptos incorporados a la in vestigacin ya realizada.
La estrategia de nuestra investigacin parte de la necesidad de exa-
minar de manera sigll~ricaliva el apoyo electoral logrado por Jos Mara
Velasco Ibarra, pues habamos encontrado no solo utut total ausencia de
este tipo de anlisis, sino tambin, como lo demostrar, una serie de
contradicciones e inconsistencias en las premisas que sobre el 'velasquis-
mo' como movimiento electoral se hacan en toda la literatura sociolgi-
ca existente. Aun cuando estemos empeados en completar una investi-
gacin que abarque el anlisis de todas las elecciones en las que triunf
Velasco Iharra 38, sin embargo, para lograr los objetivos de replantear el
estudio del fenmeno en cuestin resulta suficiente examinar adecuada-
mente la naturaleza del movimiento acaudillado por Ve lasco en el mo-
mento de su insercin en la escena poltica, descubrir su verdadero or -
gen y reconocer apropiadamente cules son sus bases sociales de apoyo.
Ese intento de caracterizacin social del electorado "velasquista"
est apoyado tambin en otra estrategia investigativa que result de ex-
traordinaria utilidad. Considerando que entre el triunfo de Neptal Bo-
nifaz Asczubi en 1931 y el de Jos M. Velasco Ibarra en 1933 existie-
ron relaciones y vnculos no esclarecidos por las interpretaciones aqu
comentadas, cre indispensable realizar una couvparacion de los procc-
so.~ electorales mencionados cn que inoqu ioocameuio fu ero 1/ triunfado-
res los fu /a 11 iSltIOS apellidados por ambos personajes. Me ha interesado
comprender qu clases, sectores o fracciones de clase apoyaron las can-
didaturas del "Bonifacismo" y el "Velascoibarrismo " en 1931 y 1933
respectivamente. Si nosotros identificamos al mooimicnlo politice; cu-
yo signo ha sido Velasco Ibarra, como un [en/mienn orgnico, nuestro
inters --al analizar su primer triunfo-s- no podra ser otro que el de co-
nocer las relaciones que un movimiento orgnico conlleva en cuanto es
expresin de una unidad y vnculo entre la base econmica de la socie-
dad y la superestructura donde su privilegiada persiston cia por ms de
cuatro dcadas delata su posible carcter orgnico,
Ahora bien, el lector que nos acompaa en este estudio debe saber
que para nosotros el anlisis sociolgico de las elecciones como tal es in-
suficiente para explicar el carcter del triunfo del Dr. Velasco Ibarra en
1933. Lo mismo podra afirmar de cualesquiera de sus futuras victorias
:iR Jos Mara Velasco Iharra fue elegido Presidente del Ecuador, en 1933. 1952.1960 Y
1968. En 1944 fue nombrado Presidente por una Asamblea Constituyente resultante de
elecciones. Solo termin su tercera presidencia (1952-1956).
42 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
en las urnas. Y es que en verdad, el juego electoral en nuestra democra-
cia siempre 'apolillada', patoja y rengueante podra ser un espejismo, en
cuanto las elecciones no constituyan sino UNA de las ltimas instancias
de realizacin de los conflictos sociales. Esta es una verdad que nuestro
estudio no ignora, como el lector podr constatar.
Pero si en su lugar respectivo le hemos dado la importancia debida,
es porque el juego electoral es un mecanismo importante de constitu-
cin y reconstitucin del bloque de clases y fracciones dominantes.
Ms an: de las alianzas con sectores subordinados de la sociedad, en
particular con la pequea burguesa, la clase obrera y el campesinado,
siendo asimismo un mecanismo de creacin de un consenso, de una legi-
timidad y legalidad que solo las "verdades" reduccionistas -que aban-
donan el estudio de toda mediacin y matiz- pueden ignorar. Creer as
que los golpes de Estado en nuestros pases latinamericanos (como por
ejemplo el mismo golpe de Estado que derroc a Velasco en 1935) anu-
lan la validez de aquel otro mecanismo de dominacin, ha sido un error
muchas veces aplicado a nuestra realidad de pases "subdesarrollados",
y que fuera tambin aplicado en el Ecuador en relacin al mismo apare-
cimiento del' 'velasquismo". 3 9
Lo que sucede ms bien es que todos esos mecanismos de domina-
cin poltica que las clases dominantes tienen a su alcance, se entrelazan
segn las coyunturas y la correlacin de fuerzas existentes. Es por ello
que nuestro estudio ubica previamente el contexto histrico que nos
permite revelar as, mediante un anlisis de los conflictos sociales, aque-
llas condiciones en que triunf electoralmente el abogado Velasco Iba-
rra. Se comprender as que el triunfo de Velasco no se produjo de gol-
pe, sino que vena preparndose por muchos precedentes histricos. 40
39 As por ejemplo, esas apariencias llevaron en el ao 1937 a subestimar la fuerza de dicho
mecanismo en el Ecuador, y hubo quienes consideraron entonces el 'velasquismo' una
verdadera 'puchuela' del 'fracasado presidente '. Vase concretamente lo que escribiera
entonces Clotaro Paz en su libro Nuestras Lzuierdas (Guayaquil: Imp. "Tribuna Libre",
1938) pg. 259 y 256 respectivamente.
40 Refiero al lector al ANEXO TECNICO de este libro donde demuestro la validez de los
datos usados en el anlisis electoral, y revelo la confiabilidad establecida para el examen
posterior.
CAPITULO Il
LA ECONOMIA POLlTlCA DE LA CLASE TERRATENIENTE
ECUATORIANA Y LA VIGENCIA ESTATAL DEL
REGIMEN HACENDATARIO
L Introduccin
Las relaciones de servidumbre que surgieron en el perodo colonial,
alcanzaron un fuerte desarrollo en el siglo XVIII. Esas relaciones cons-
tituyeron la base de algunos tipos de obraje ubicados en las haciendas,
ya desde el segundo siglo de colonizacin ibrica 1 , Y configuraron, asi-
mismo, la base de la forma de produccin hacendataria durante las lti-
mas fases de desarrollo de la poca colonial.
En este captulo abordamos el problema del robustecimiento del
sistema hacendatario, planteamos la difusin de la clase terrateniente a
nivel "nacional" a lo largo del siglo XIX, y avanzamos algunas proposi-
ciones sobre el carcter de los hacendados en su calidad de clase domi-
nante en la sociedad ecuatoriana hasta 1895,
11. Cuatro Vas de Constitucin del Rgimen Hacendatario
Es posible distinguir alguna'> vas de constitucin del sistema ha-
cendatario ,
1. La expropiacion de las tierras comunales por parte de las clases
coloniales a 10 largo del siglo XVII y XVIII no cre una masa proleta-
rizada de campesinos, sino que la formacin de la gran propiedad terri-
torial en la Sierra constituy un movimiento de supeditacin extrae-
conmica del trabajador a la hacienda. El asedio de las comunidades por
la expansin de la hacienda oblig a los campesinos a entrar en una re-
lacin de dependencia cuyo objetivo era la apropiacin de una renta
en trabajo, Para tener acceso a determinados medios de produccin,
monopolizados por la gran propiedad, los campesinos se vieron forza-
dos a trabajar gratuitamente una cierta cantidad de das para el terra-
teniente. 2 La usurpacin de las tierras comunales alcanzada por la fuer-
za bruta o por medio de las enajenaciones "legales", y que conocemos
por las reclamaciones de los afectados para la poca colonial, haba
de continuar en el siglo XIX. Segundo Moreno ha sealado que en la
1 Vase al respecto el excelente trabajo de Andrs Guerrero, "Los obrajes en la 'Real Au-
diencia de Quito ..... RellL.ta Ciencias Sociales. No. 2, 1977, Quito, PP. 65-92. Vase
tambin R.B. Tv re r , The De mogratrnic and Econo mic Historv 01' the Audiencia de Qui
to: Indian Population and tlie tex tile industry. 1600-1800, Ph , D. Thesis, University
of California, 1976.
2 Vase S. Moreno, Sublellaeiones Lnd ige nas en la Audiencia de Quito. 1976, pp. 370-72.
44 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
poca colonial "aunque en varios casos las autoridades solamente con-
firmaron" a los miembros de la nobleza indgena y caciques "en el do-
minio de las tierras que posean desde el tiempo de la 'Gentilidad' ...
Era frecuente la enajenacin, por los caciques y dems indios, de las
tierras comunales; sin embargo ---aade- parece que el violento despojo
de las mismas era la forma ms frecuente de acumular tierras a los ya
formados latifundios". 3
Con la Independencia, la clase terrateniente, hegemnicamente re-
presentada en los rganos de poder del nuevo Estado, aboli las leyes
de proteccin de las tierras comunales --expedidas por el poder metro-
politano en la Colonia- y las entreg "en venta" a propietarios miem-
bros de su clase, consolidando la progresiva expansin territorial de la
clase terrateniente. Esto provoc la fuga de campesinos sin tierras, en
algunos casos. Alfredo Costales ha sealado que "La primera manifes-
tacin de xodo rural republicano ocurre en 1830. El pueblo indio
marcha empujado por la angustia. Entonces conquista el paramo, las
selvas, mientras la tierra til consolid haciendas y latifundios". 4
Este proceso de consolidacin del sistema hacendatario por es-
ta va de expropiacin de tierras comunales no fue exclusivo del calle-
jn interandino, pues tambin en la Costa se vieron expropiadas impor-
tantes comunidades indgenas. En un estudio reciente se afirma que la
mayora de las haciendas en el rea de Milagro y Yaguachi, que por lo
dems no tenan orgen colonial, se constituyeron en el siglo XIX me-
diante la "apropiacin de tierras comunales indgenas y el asentamiento
en terrenos baldos". 5 Con la Independencia de Espaa, la clase terra-
teniente -serrana y costea- logr erigir leyes que permitan la enaje-
nacin de las tierras comunales a favor del nuevo Estado para que ellas
pudiesen ser vendidas a compradores privados. En 1835 el Prefecto de
Guayaquil, Vicente Ramn Roca (que llegara en 1845 a la Presidencia
y que fue un miembro nato de la aristrocracia terrateniente costea)
vendi "la legua de los indgenas de auza" en la Provincia del Guayas
"a Bernab Cornejo, un miembro del Cabildo". 6 Por la misma fuente
3 Moreno, S. op, ct., 368. Vase asimismo el importante ensayo de C. Quizhpe y V. Piedra,
"El Proceso de Consolidaci6n de la hacienda en el Ecuador", Cuenca, 1015, 1977. Ba-
sndose en fuentes secundarias los autores se plantean analizar el funcionamiento de la
economa ecuatoriana en el perodo 17501850, destacando como el rasgo ms sobresa-
liente para ese perodo la consolidacin del rgimen hacendatario.
4 Alfredo Costales y Piedad Peaherrera, Historia Social del Ecuador, 1974, pago 80.
5 J.F. Uggen , Peasant Mobilization in Ecuador: A case Stutiv of the Guayas Province,
1975, pago 67. Traduccin nuestra.
6 Ibd, pago 69. El autor cuya investigacin se bas en el estudio de los Registros de la Pro-
piedad de la zona, rastrea de 1836 a 1870 los cambios de propietarios de la "Hacienda
Nauza". Vase PP. 69-73.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENI ENT E 45
conocemos que la "Hacienda Milagro" -~n donde actualmente se en-
cuentra el Ingenio Azucarero Valdez-- fue originalmente la Comunidad
Indgena de Chirij , 7
2. La necesidad de pagar el tributo tasado por el Estado Colonial
a las comunidades indgenas obligaba a caciques -mediante la estruc-
tura del Corregimienio-: a entregar a la clase terrateniente un determi-
nado nmero de trabajadores cuyo jornal de cuentas serva para pagar
el tributo. Fue mediante la introduccin de esta nueva institucin re-
guladora (el Corregimiento) creada para dar cuenta de los intereses me-
tropolitanos, que la Corona logr frenar efectivamente en un inicio el
poder autnomo de los encomenderos en la poca colonial. 8 Sin em-
bargo, a travs de este sistema, en primera instancia auspiciado por el
Estado Colonial (mediante sus mecanismos de atribucin de la fuerza
de trabajo) se perpetuaban y garantizaban las relaciones de servidumbre
dentro del sistema hacendatario. Es decir, la inicia! entrega de trabaja-
dores deviene en sujecin definitiva dentro de la gran propiedad terri-
torial en la medida en que los campesinos no retornan a las comunida-
des de origen para ser redistribuidos. Esta situacin se agudiza al pro-
ducirse la crisis del polo minero del Alto Pru que conllev a una ca-
da de la produccin textil y agrcola de las comunidades indgenas. Al
no contar ya "con los mercados de realizacin para sus productos ni
con la suficiente fuerza de trabajo" ---nos dice un ensayo reciente- se
crearon condiciones que imposibilitaron "el pago del tributo. Esta fue
la razn por la cual los pueblos de indios entran en profundas relacio-
nes de deuda con los cobradores partcipes y, en especial, con los obra-
jeros cobradores (comunidades religiosas y particulares criollas), que en-
7 {bid, pago 70.
8 Los ~'corregimientos de indios" fueron concentraciones de poblaciones indgenas que se
convirtieron en un caso de doble explotacin para stas: ya sea por parte de los espa-
oles. ya sea por parte de los caciques. El "Corregidor de Indios" cobraba el tributo,
en calidad de funcionario de la Corona: se interpona con ello a un agente estatal entre
las masas indgenas y las clases dominantes locales, logrndose as contrarrestar las ten-
dencias autonomistas de los encomenderos. Los corregidores arruinaban a los indgenas
(aduendose de sus bienes materiales) y lograban enriquecerse para regresar a la peru'n-
sula eomo hombres acaudalados. En su Breve Historia General del Ecuador (quito: Ta-
lleres Grficos del l.N.M., 1960, Tomo f. sexta edicin) Osear Efrn Reyes nos diee que
el Corregimiento dio lugar a muchos abusos eontra la masa indgena. Al ser abolida la
Mita colonial en 1724 sus funciones fueron asignadas al Corregimiento que cobraba en-
tonces las contribuciones de la cual una tercera parte deba constituirse en el sueldo del
Corrcgd or, Ms tarde aument el grado de abuso y explotacin de las masas indgenas
con la venta en subasta pblica que hizo la Corona de estos Corregimientos. (Ver
PP. 223-228). Sabemos que son los mismos corregidores los que "arrendaban" el co-
bro de los tributos rematados. Vase A. Guerrero y R. Quin'ro. "La Formacin y rol
del Estado Colonial.." P. 28.
46 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
cuentran en esta coyuntura las condiciones necesarias para apoderarse
de las tierras, obrajes e incluso de la fuerza de trabajo de la comunidad
indgena, vindose de esta manera acelerado el proceso de consolidacin
del latifundio ". 9
La subsecuente sujeccin definitiva del campesinado a la hacienda
conllev la ruptura de la relacin entre el corregimiento --que se queda
sin "gente que distribuir"- y la comunidad indgena, a la vez que signi-
fic que la distribucin del sobretrabajo a la clase terrateniente escapase
a la intervencin del poder metropolitano convirtindola en intermedia-
ria unilateral de la apropiacin del tributo por el Estado.
Con la Independencia, los corregidores que existieron como fun-
cionarios estatales designados por cuatro aos a ejercer funciones fisca-
les y polticas en cada cantn (1830), fueron desplazados por los jefes
polticos a mediados de siglo. Mientras en el Estado Colonial el corregi-
dor estuvo ligado al aparato estatal central, despus de 1830 se fue des-
plazando dicha ligazn hacia la estructura hacendataria, convirtindose
las jefaturas polticas que lo sustituyen, en un rgano de poder local de
la clase terrateniente. Al corregidor de cada cantn le secund el tenien-
te poltico en cada parroquia. Estos agentes estatales que la Ley de R-
gimen Poltico de 1843 llam "agentes naturales e inmediatos del Poder
Ejecutivo" 10 estuvieron ntimamente vinculados a los centros de poder
local y regional en virtud del desplazamiento de funciones econmicas y
fiscales importantes a favor de las gobernaciones provinciales y munici-
palidades que se establecieron entonces. 11 Estos agentes estatales co-
braban la "contribucin indgena" cuyos remates deban aprobar las
Juntas de Haciendas en cada capital provincial (y ya no el poder central),
y ejercan las funciones represivas para obligar a las comunidades nd-
genas a entregar trabajadores a las haciendas, cuyos propietarios paga-
ban el tributo indgena descontando del "jornal de cuenta" del trabaja-
dor directo. Es decir que a travs de la prolongacin de la recaudacin
del tributo indgena a la "poca republicana" se mantuvo un mecanis-
mo de realizacin monetaria del tributo que favoreci el proceso de
consolidacin del rgimen hacendatario.
3. Una tercera modalidad que cobra gran importancia en los siglos
XVIII y XIX, se deriva directamente de la mita colonial. Es el mecanis-
mo de endeudamiento campesino que permite jurdicamente la reten-
9 Quizhpe y Piedra, oP. cit . pg. 7. (El subrayado es nuestro).
10 Lei de Rgimen Poltico, 1843. Archivo p. Legislativo, Quito.
11 Ibid.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 47
cin del mitayo en las tierras de la hacienda: el mitayo y su familia se
endeudan para poder pagar los costos monetarios que implica la vida ri-
tual controlada por el aparato eclesistico, y el tributo monetario im-
puesto por el aparato estatal central. Abolida la mita en 1812 como
forma de trabajo forzoso estatal, la clase terrateniente, valindose de la
cdula real de 1601 fortalece el mecanismo de "concertar" a los trabaja-
dores potenciales en "plazas y lugares pblicos acostumbrados" 12 Y
trasladarlos a las haciendas, donde operaba el peonaje por deuda.
Mientras la encomienda y la mita permitan la movilizacin geogr-
fica de una masa de trabajadores --lo que contribuy al poblamiento de
"pueblos indios" (una poltica expresa de la Corona)--, el concertaje
que constituy una forma de disolucin de las relaciones de produccin
comunales y de las formas de trabajo forzoso estatal, conllev a un en-
casillarniento de los trabajadores en la hacienda. Y se convirti en un
poderoso instrumento para el establecimiento y control de una fuerza
de trabajo permanente integrada a la estructura de dominacin de la ha-
cienda. Mediante el sistema de peonaje por deuda, que se afianza en el
siglo XIX (y que existi tambin en la Costa), se crearon las condiciones
materiales para la reproduccin de las relaciones sociales al interno de la
hacienda, permitiendo que la clase terrateniente contase con un sistema
de trabajo de tipo servil. Este arraigo del trabajador al sistema hacenda-
tario (preferido por l en comparacin con la mita) le di a la clase te-
rrateniente un control directo sobre una masa de trabajo social, y des-
plaz con ello el anterior control que sobre esa masa de trabajo social
ejerca el poder metropolitano a travs de los corregidores.
Que el concertaje recluy a una masa considerable de campesinos
en la estructura hacendataria a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX,
se evidencia en los testimonios de la misma burocracia espaola y otros
observadores de la poca. La abolicin de la mita a principios del siglo
pasado vino a ser un reconocimiento de este cambio operado en las con-
diciones sociales que acompa al fortalecimiento del concertaje y con
ello al fortalecimiento de la estructura hacendataria.
Francisco Jos de Caldas, que viaj por la Audiencia de Quito en la
primera dcada del siglo XIX, haca notar que con la abolicin de las
encomiendas muchas ciudades y "poblaciones distinguidas" decayeron
y se vieron reducidas a la despoblacin y miseria, las minas se abandona-
ron del todo y hubo gentes venidas a menos, pero advierte que solo se
salvaron de este "comn naujragic:" aouellas familias que f1 ms de las
encomiendas ten tan propiedades territoriales, pudiendo los ierraio nion-
]2 Costales. op , cit . pago 4.
48 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
tes mantenerse en su posicin de privilegio. 13 Es, probablemente, en
este contexto de robustecimiento de las haciendas, que debe entenderse
el predicamento de Costales sobre el "xodo rural" para la poca y su
sealamiento de que en las haciendas mismas haba que "acorralarlo en
el campo" al trabajador indgena. 14
Por medio de un sistema de peonaje por deuda (creacin de un
abastecimiento de mano de obra a lo interno del sistema hacendatario)
la clase terrateniente hizo del concertaje una forma de trabajo servil en-
raizado en una base poblacional rural permanente. A lo largo del siglo
XIX el "concertaje" permiti fortalecer una nueva servidumbre inde-
pendiente del control de los aparatos estatales centrales, e incluso resis-
tente al control de esos aparatos, que fortalecera las bases materiales de
un poder poltico local para la diseminada clase terrateniente. Ahora
seran las propias superestructuras locales, a nivel del sistema hacendata-
rio, que actuaran para coaccionar extraeconmicamente a los trabaja-
dores directos, haciendo del hacendado el seor "omnipotente" del agro
ecuatoriano. Es sobre esta estructura social agraria que se apoya histri-
camente el gamonalismo de la clase terrateniente, que despus de una
centuria (en 1918) tendr an suficiente poder para oponerse a la apli-
cacin de las leyes de abolicin del concertaje, una vez consumada, cla-
ro est, la Hoguera Brbara.
4. Una cuarta modalidad de constitucin de la hacienda se debi
a la creciente incidencia del mercado mundial capitalista y la divisin in-
ternacional del trabajo en la economa ecuatoriana, especialmente en la
regin del litoral. Concretamente esto signific la ampliacin de la fron-
tera agrcola de la costa en el siglo XIX y el desarrollo de haciendas
cacaoteras y de otros productos tropicales destinados a la exportacin
tales como el arroz, el caf y el tabaco. Sin embargo, sera el cacao el
principal producto agrcola de exportacin durante buena parte del pa-
sado siglo. Ya desde cerca de 1830, Guayaquil haba incluso desplaza-
do a Caracas como el principal proveedor de cacao en el mercado mun-
dial. 1 5
Cmo y cundo se constituyeron esas haciendas a lo largo de la
Costa ecuatoriana y particularmente en la Provincia de Guayaquil don-
13 Ver Plan Razonado de un Cuerpo Militar. pg. 182 y Pp. 177-180, publicado en Les Re-
tations entre Iruliens et Espagnols a la epo q ue Coloniale. Vase a este mismo respecto las
quejas del burcrata espaol Merizalde sobre los hacendado en la parte sur de la Audien-
cia.
14 Costales, op , cit., pg. 62.
15 Hamerlv , Historia, (1973) pg. 165.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 49
de se concentr la produccin del principal rubro de exportacin para
el mercado mundial en la segunda mitad del siglo XIX y primeras dca-
das del presente siglo? 16
Sera errneo pensar que la estructura hacendataria costea, que se
consolid en el siglo XIX, no tuvo tambin su origen en las relaciones
de produccin o las formas de trabajo establecidos bajo la gida del Es-
tado Colonial. Esto equivaldra a negar la existencia de una clase terra-
teniente costea de origen colonial.
Al contrario, toda la reconstruccin del discurso analtico del pe-
rodo colonial en la costa nos ha llevado al sealamiento de la existencia
de una fraccin de la clase terrateniente costea que usufructuaba una
renta precapitalista de sus propiedades rivadeas de origen colonial. El
estudio de Uggen retrasa efectivamente la existencia de algunas hacien-
das de origen colonial en la zona de Milagro y Yaguachi de la provincia
del Guayas, unas de las ms importantes zonas de produccin agrcola
en el siglo XIX. As por ejemplo, la mitad oriental del cantn Milagro
haba sido en la Colonia la "Hacienda Papayal", cuyo ltimo propieta-
rio, antes de la Independencia, fue la madre de Vicente Rocafuerte, Do-
a Josefa Rodrguez de Bejarano, quin era descendiente del Coronel
de Milicias y "famoso cacaotero de la poca" colonial, Jacinto Bejara-
no. 17 Dicha hacienda se subdividi en "La Conducta", "Naranjito" y
"Venecia". Por otra parte la "Hacienda Tenguel" del cantn Guayas
era tambin de origen colonial y fue retenida por los descendientes de
una aristocracia terrateniente costea hasta los aos veinte del presente
siglo. 18
Nosotros hemos podido encontrar que durante el siglo XVIII se
puede retrasar a 1729 el momento del primer surgimiento significativo
del cacao en el litoral, a los cultivos de la zona de Baba segn da cuenta
el naturalista Ernesto Molestina. 19 Basndose en un Informe elevado
16 A<IU nos ocuparemos exclusivamente del desarrollo de la economa del cacao en las ha-
ciendas costeas. Sabemos que se produca tambin para la exportacin otros productos:
tabaco, arroz, corteza de chinchona, tagua, caf y para consumo interno algodn. caa
de azcar, banano, etc. Vase M lk , 1972; Quizhpe et. al., pg. 24.
17 Uggen , OP. cit., pg. 67. Vicente Rocafuerte (presidente de 1835 - 1839) hered una de
las tres haciendas en que se dividi la heredad mayor. Su hacienda "La Conducta" in-
clua "Barraganetal" y "La Isla", A la muerte de V. Rocafuerte HLa Conducta" fue do-
nada a la Sociedad Filantrpica del Guayas yen] 911 Carlos Ly rich la compr y estable-
ci en ella el Ingenio Azucarero San Carlos. Ver tambin Hamerlv , op , cit., pg. 58.
18 Uggen , op. cit., pg. 68.
19 Cultivos de Tierra Caliente, pg. 27. Ntese que si en 1729 se cosechaba cacao los culti-
vos debieron haber comenzado 5 o 6 aos atrs. El historiador Harnerlv , sin embargo, re-
trasa el perodo del "primer surgimiento del cacao guayaquileo" a 1763. Ver su Histo-
ria . . . ,pg. 2.
50 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
por el Presidente de la Real Audiencia al Rey en 1741, el autor seala la
existencia de tres zonas de produccin cacaotera, siendo Baba la ms (y
en verdad la nica) significativa. "Segn mis clculos (basados en el do-
cumento consultado) - dice Molestina- existan ya en el litoral ecuato-
riano, no menos de 3'000.000 de rboles de cacao, que se cosechaban,
de los cuales 2'500.000 estaban en la zona de Baba". 2 o
De acuerdo a los datos que da Molestina hemos podido elaborar el
siguiente cuadro sobre la produccin anual de cacao en varias zonas en-
tre 1729 y 1736.
CUADRO No.l
Produccin anual de Cacao entre 1729 - 1736
Zona de Nmero de Nmero de %
Produccin "Cargas" Quintales (2)
Baba 32.000 25.920 88.8
Babahovo 1.500 1.215 4.2
(Puebloviejo, Vlnces]
Pun 1.500 1.215 4.2
(Balao, Pasaje, Machala)
Daule 500 405 1.4
Yaguachi 500 405 1.4
ELABORACION DEL AUTOR
(2) Calculado en base al nmero de cargas (de 81 libras) dado por Molestina, op, cit.,
pg. 27.
Favorecido por las reformas borbnicas referentes al libre comer-
cio 21 Y debido a la creciente demanda del mercado mundial, se propi-
ci en la costa ecuatoriana un primer auge en la produccin de la "pepa
de oro" durante el ltimo siglo colonial; y aunque se haya desarrollado
tambin una economa de pequeos y medianos campesinos en el lito-
ral, la produccin de cacao ecuatoriano (que para 1830 haba de ser la
principal en el mercado mundial), se fue concentrando en una forma
dominante de tenencia de la tierra que fue la hacienda, o gran propie-
dad territorial precapitalista. "Durante el gran auge de cacao -1763-
1842-, el latifundio comenz a convertirse en la forma dominante de
20 Ibid . pg. 27.
21 Harnerlv , Ibid ,; pg. 166.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 51
posesin de tierras en las planicies del Guayas y el litoral sur. Hasta en-
tonces Baba, Babahoyo y Machala se haban colonizado, como el resto
de la Costa, por propietarios y ganaderos con terrenos medianos o pe-
queos. Por 1832, haban solo 30, 67 Y 65 labradores en los cantones
de Baba, Babahoyo y Machala, contra 53, 114 Y 115 hacendados y pro-
pietarios y 310,333 y 189 jornaleros". 2 2
. Durante un perodo de 91 aos, que va de 1729 a 1820, la produc-
cin y exportacin cacaotera en el litoral se quintuplic como muestra
el siguiente cuadro. 2 3
CUADRO No.2
Crecimiento de la Produccin Cacaotera
en la Costa entre 1729 y 1820
AO Superficie No. de rboles Produccin en qq.
Has. (cifra de expcrt.)
1729 3.000 3'000.000 28.000 *
1809 8.500 8'500.000 81.000
1820 12.000 12'000.000 121.000
Fuente: Molestina, op, cit., pg. 28.
: en quintales.
La creciente concentracin de los medios de produccin ---la tierra,
rboles, etc.- y la mayor absorcin de mano de obra (sembradores, fin-
queras, peones, "jornaleros"), fueron procesos que marcaron la consoli-
dacin de la hacienda cacaotera en el litoral del pas. Para 1820, por
ejemplo, haban 23 propietarios de la parroquia Puebloviejo que tenan
1 '499.000 rboles de cacao y en 1832 eran 17 los hacendados en la mis-
ma parroquia y 5 de ellos tenan un milln de rboles de cacao como lo
muestra el Cuadro No. 3.
De estos Manuel Antonio Luzrraga tena 100.000 matas adiciona-
les en la parroquia de Machala; los herederos de Martn Icaza posean
22 Ham erlv , op , ct., pg. 109.
23 En su documento colonial, .loaqu n de Molina seala que "se da un excelente cacao (en
la provincia de Jaen); mas sin embargo, de ser de buena calidad, no se puede promover su
cultivo , re sp ec t o a que siendo una Provincia interior, los fletes, dificultad de caminos y
transportes aumentan su precio y le privan la concurrencia con el menos bueno de otras
Provincias". "Instruccin de D. Joaqun de Molina al General Toribio Montes", Docu-
mento No. 105, reproducido por Alfredo Ponce R., En Quito: 1809-1812, pg. 291.
52 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
adems la hacienda Cachari en la parroquia de Babahoyo con 3.000 re-
ses, 430 cabezas de ganado caballar, una casa de hacienda avaluada en
3.000 pesos, 6 "sitios" avaluados en 8.700 pesos, una renta de 32.500
pesos anuales de sus cacahuales a ms de tener 5 esclavos negros (ava-
luados en 300 pesos cada uno para 1832); por su parte Domingo San-
tistevan adems tena en Babahoyo un edificio con 18 almacenes, ava-
luado en 7.000 pesos. 25
En 1832 haban 567.500 rboles de cacao en la parroquia de Pa-
lenque del cantn Baba y 520.648 en la parroquia Machala. 26 En 1840
el cantn Babahoyo tena no menos de 2'500.000 rboles avaluados en
312.500 pesos y que rendan 40.000 cargas de cacao al ao (32.400
quintales) que dejaban unos 180.000 pesos de renta anual.
La poltica de libre comercio permitida por los Barbones Carlos III
y Carlos IV dentro del Imperio Espaol (v.g. para el mercado colonial a
diferencia del mercado mundial) y con todas las naciones por Guayaquil
independiente durante 1820-1922 (v.g. apertura al mercado mundial),
naturalmente favoreci el auge de la produccin exportable e impuls
an ms la constitucin de grandes propiedades. "Una de las maneras
que tenan los propietarios para incrementar sus propiedades a fines del
siglo XVIII y principios del siglo XIX era denunciando seis a ocho leguas
de tierra, que abarcaban muchas fanegas ya cultivadas y amplias exten-
siones de bosques ... un buen nmero de labradores perdi sus tierras y
se encontraban forzados a irse tierra adentro y comenzar de nuevo o
quedarse como aparceros o jornaleros". 27 Ntese que estos despojos
del campesino no significaban su expulsin del campo a la ciudad sino
al contrario, su arraigo a la estructura hacendataria, en calidad de "jor-
nalero" o a condiciones de re-creacin de su condicin de pequeo pro-
pietario montaero. Es decir, el tipo de economa retena a una pobla-
cin campesina que no estuvo libre (como veremos) de los lazos de ser-
vidumbre y dependencia extraeconmica.
La concentracin de tierras para el cultivo del cacao tambin estu-
vo asociada a la venta directa o expropiacin de los comuneros, especial-
mente en el perodo correspondiente al segundo auge cacaotero del si-
24 Datos que da Harnerly , op. cit. pg. 109. Son datos an parciales y se los toma como
ilustrativos pues para 1820 la parroquia tena 1'499.000 matas de cacao.
25 Este prrafo est redactado en base a la abundante y rica infonnacin que ofrece Hame-
Iy , op, cit. pg. 109 y 74.
26 Harnerly , op, cit. pgs. 109-110.
27 Hamerly , op, ct., pg. 109. Ntese que este despojo del campesino no significaba su ex-
pulsin del campo, a la ciudad. Sobre este particular volveremos en el texto ms adelante.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 53
glo XIX. Las comunidades de pequeos propietarios se asentaban en
tierras baldas que llamaban "sitios comuneros" en los que cada campe-
sino tena "iguales derechos y acciones" 28 al usufructuar la tierra.
La concentracin de la tierra se daba por compra de los derechos y
acciones de otros comuneros, (O por el desalojo de ese "sitio"). Uggen,
sin embargo, no da un solo caso de un comunero que haya "consolida-
do" una gran hacienda comprndole a los otros sus acciones. Ms vale
Lois Weinman seala que los grandes hacendados no permitan que pe-
queos agricultores tuviesen tierras colindantes a sus fundos y aade
que para evitarlo se las compraban (para lo cual reciban emprstitos de
"sus" bancos) y que incluso los hacendados llegaban a la eliminacin f-
sica de los campesinos propietarios para conseguir la expansin de sus
haciendas. 29
CUADRO No.3
Ejemplo de Concentracin de Propiedad
en la Parroquia Puebloviejo
1832
Propietarios No. de Matas
Herederos Martn de lcaza 325.000
Josefa Pareja 200.000
Francisco Vitore 200.000
Manuel Antonio Luzurraga 125.000
Domingo Santistevan 125.000
TOTAL 975.000
ELABORACJON DEL AUTOR
Fuente: Datos de Harnerlv , op, cit., pg. 109. Los datos son parciales y el cua-
dro solo se lo toma como ilustrativo. En 1820 la misma parroquia te-
na 1'499.000 matas.
Por su parte, Uggen ha puntualizado que la historiadora L. Wein-
man estara en un error al suponer que las haciendas cacaoteras del se-
gundo perodo de auge (1870-1922) datan de los aos 1830. Y preten-
28 Uggen, op , ct., pg. 72. Las "acciones de sitio" se referan a sitios comuneros o sitios de
montaas en los cuales los miembros tenan iguales derechos y partes.
29 Ver Lois Weirnan, Ecuador and Cacao . . . , pg. 57. Hamerly por su parte considera que
mientras no se investigue el Tribunal de Cuentas de Guayaquil no se sabr nada concreto
al respecto. Ver op. cit.,; pg. 109.
54 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
de demostrar (aunque nicamente para la zona de Milagro y Yaguachi
que forman parte de la punta sur de la frtil cuenca del ro Guayas) que
si bien algunas haciendas pueden retrasar su constitucin a tiempos co-
loniales "la mayora de ellas fueron consolidadas con el crecimiento de
la demanda externa de cacao despus de 1870" 3 O, an cuando haya
por cierto excepciones. Esto le hace concluir en los trminos siguientes:
"El desarrollo del 'latifundismo' en la costa es por lo tanto un resultado
del crecimiento de una agricultura orientada a la exportacin durante el
siglo XIX, ms que un legado del colonialismo espaol, como ha sido
frecuentemente sugerido". 3 1
La cada vez mayor incidencia del mercado mundial capitalista por
intermedio del comercio con Inglaterra, heredera incontenible de Espa-
a 3 2, cre una determinacin externa de la expansin de la estructura
hacendataria en el litoral ecuatoriano. Para fines del siglo XIX la fron-
tera agrcola se haba abierto as en las 5 provincias del litoral y la ha-
cienda cacaotera se apreciaba en todas ellas. A esta expansin coadyu-
v sin duda la poltica del gobierno ecuatoriano de 1875 de vender a
propietarios privados terrenos baldos a un precio de 8 reales la hectrea
en la Costa y hasta en 4 reales en la Sierra "permitiendo la formacin de
grandes latifundios con la reunin de varios lotes y de all que existan,
-dice un economista- verdaderos latifundios sobre terrenos baldos ad-
quiridos a razn de 4 reales la hectrea". 33 La distribucin de tierras
baldas fue sin duda una de las vas de constitucin de los grandes lati-
fundios en la Costa.
Sea cual fuera el peso especfico de cada una de esas modalidades
de difusin de las haciendas en el litoral, para 1900 la importancia de la
30 Uggen, op , ct., pg. 65. En verdad esta es una cuestin abierta yen la cual no caben pre-
cipitadas generalizaciones pues casi nada se conoce sobre los orgenes cronolgicos de las
haciendas en otras zonas del Litoral. Por lo dems, a nuestro entender, ms importante
que saber si las haciendas pueden ser cronolgicamente retrasadas en su origen a la Colo-
nia o no, es conocer si las formas de trabajo que adoptaron en el siglo XIX son o no pro-
longaciones de las relaciones sociales de produccin coloniales o formas nuevas de adap-
tarse a las condiciones especficas de desarrollo de esas haciendas, dada la escasez de ma-
no de obra, las condiciones del mercado y la infraestructura material de la regin.
31 Ibd pg. 74. Traduccin nuestra.
32 Vase en Anexo de este captulo estadstica de ese comercio.
33 V.E. Estrada, 1919, pg. 237. En las Memorias del Ministro de Hacienda hay eatad stcas
de venta de terrenos baldos en la Costa. En el presupuesto de 1919 se prevea bajo el
rubro "venta del Dominio Fiscal" el ingreso de SI. 1.737 por venta de terrenos de propie-
dad del Estado. Ver Estrada, lbid. Sera importante saber cunto se recud por ese con.
cepto desde 1875 a 1922 y qu se hizo con ese dinero recolectado por el Fisco. En ver.
dad se desconoce an, por falta de investigaciones especficas, hasta que punto esa medi-
da favoreci al fortalecimiento del rgimen hacendatario en la Costa y en la Serrana.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 55
hacienda cacaotera era evidente, como lo muestra el cuadro siguiente:
CUADRO NO.4
Importancia de la Hacienda Cacaotera en el Litoral
Circa 1900
Provincia No. de Haciendas No. de Arboles % de la produc-
cin total
Los Ros 1.600 31'000.000 49
Guayas 550 15'000.000 28
El Oro 980 6'700.000 15
Manab 1.470 6'600.000 7.6
Esmeraldas 270 200.000 0.4
----------------------------
Totales 4.870 59'500.000 100.00 %
Fuente: Molestina, op. cit., pg. 30.
111. La Difusin de la Clase Terrateniente
La presencia dominante de una clase terrateniente serrana ha sido
suficientemente observada por algunos autores. No ocurre lo mismo
con la fraccin costea de la clase terrateniente ni con la diferenciacin
que se opera en el seno de la aristocracia terrateniente en su conjunto
(como clase) a lo largo del siglo pasado, por lo cual centraremos esta
descripcin en estos dos aspectos.
Sabido es que la aristocracia del ltimo siglo colonial estuvo cons-
titu da sobre la existencia de la produccin hacendataria-obrajera preca-
pitalista. Sus miembros descendan de los mismos conquistadores o pro-
venan de los altos funcionarios que se radicaron en la Real Audiencia y
se convirtieron en terratenientes. 34 Esta aristocracia se configur prin-
cipalmente en la Sierra. Para fines del siglo XVIII haban dos condados
en la capital colonial: aquel de Selva Florida y la Casa Jijn que perdu-
ra hasta nuestros das. Adems hubo terratenientes marqueses tales co-
mo el de Selva Alegre, Miraflores, Villa Orellana, Solarida y Maenza. 35
Sera esta aristocracia terrateniente la que habra de dirigir, en un pri-
34 Vase al respecto Gonzlez Surez, Historia, Vol. 5. pg. 443.;
35 Ib id .; pg. 445. Ver Tyrer, pg. 287.;
56 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
mer momento, el movimiento autonomista contra la Corona Espaola,
pues ella haba arrancado al Estado Colonial la direccin de varios sec-
tores sociales en la medida en que haba pasado a ocupar un lugar deci-
sivo en las relaciones de produccin y apropiacin del sobre producto.
A principios del siglo XIX la clase terrateniente serrana no puede
ser vista como un bloque cohesivo por cuento existieron ya fricciones
muy graves no solo entre elementos "chapetones" de la clase terrate-
niente y elementos "criollos" de la misma aristocracia, sino tambin en
el seno mismo de la aristocracia criolla. El anlisis de los documentos
primarios sobre el interregnum de 1809-1812 me permitieron aislar la
existencia de una fraccin -no eclesistica- de la nobleza terrateniente
"criolla" que estuvo abiertamente en contra de la fraccin rebelde y se
mostr leal al gobierno del depuesto Conde Ruiz de Castilla. 36 Ese
bando aunque "menos numeroso" era "el antiguo y fiel" (vieja clase te-
rrateniente?) compuesto por los Carcelen, los Calisto, Arteta, Salvador
y Ricaurte que anduvieron "fugitivos y escondidos de la Ciudad, para
evitar las ordenanzas de sus contrarios". 37
En la coyuntura de 1809-1812 esa fraccin en realidad se nos reve-
la polticamente dbil, tratndose de "algunos vecinos de esta Ciudad"
de Quito 38 que solo lograron aglutinar a la fraccin realista, a unas 300
personas en la capital colonial 39, frente a ms de 8.000 personas agluti-
nadas por el bando "ms numeroso" y la fraccin terrateniente de "los
ms ricos de esta provincia", 40 Debemos tener mucho cuidado en ha-
cer generalizaciones sobre las caractersticas socio-econmicas especfi-
cas de esa fraccin de criollos aristocrticos realistas (que comprenda a
varias familias de terratenientes) pues en verdad el grado de la investiga-
cin no nos permite saber con certeza en qu se diferenciaban esencial-
mente de la fraccin autonomista. Pero resulta indudable que hubo di-
ferencias no meramente ideolgicas, que llevaron incluso a la liquida-
36 Infonne elevado a la Junta Centra! Gubernativa de la Monarqua Espaola por el Regente
de la Audiencia de Quito D. Jos Fuentes Gonzlez Bustillo. Ver Ponce Rivadeneira, op,
ct., Doc. 49, pg. 195.
37 Infonne del Gobernador de Guayaquil a! Ministro de Gracia y Justicia sobre Varios Acon-
tecimientos de Quito, 15-II-1811, en op. ct., pg. 22, Doc. 70.
38 Infonne a ... (de) Jos Fuentes Gonzlez Bustllo, op, ct., pg. 195.
39 Oficio del Presidente Molina a! Consejo de Regencia, 29-IX-1811, op. ct., pg. 257, Doc.
90.
40 " . . . son ms de 8.000 las firmas en la ratificacin del Acta Popular. incluidas las del
Obispo. Cabildos Secular, Eclesistico, Religiones, etc., a ms del populacho ... " se lee
en el "Oficio Reservado del Capitn Juan Salinas a! Conde Ruiz de Castilla", op, cit.
pg. 186. Doc. 47.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 57
cin fsica de criollos realistas. 41 Se trataba quiz de un fraccin de la
clase terrateniente que tena intereses importantes en las relaciones es-
clavistas existentes an, y defendidas por el poder metropolitano? 42 No
lo sabemos. Lo cierto es que la fraccin autonomista de la clase terrate-
niente criolla tena intereses obrajeros 43 (y consecuentemente concen-
traba en sus haciendas mayor nmero de trabajadores que los hacenda-
dos no obrajeros). Esta clase terrateniente serrana se mostrar interesa-
da en retener en la estructura hacendataria la disponible mano de obra,
y con la Independencia, lodas las fracciones serranas de la clase hacenda-
tatia tratarn de impedir la migracin indgena hacia la Costo (en cuyas
haciendas cacaoteras era reclamada por la clase terrateniente costea),
justamente en un momento en el cual con el desplazamiento de las res-
tricciones coloniales al comercio del cacao guayaquileo, se incrementa-
ran las exportaciones.
Ser justamente la lucha entre dos fracciones de una misma clase
(los terratenientes pre-capitalistas) por controlar la fuerza de trabajo
disponible que marcar una dimensin central en el juego de contradic-
ciones de clase a lo largo del siglo pasado; contradicciones que aparecen
como regionales (entre serranos y costeos), o como in terclasistas a secas
(entre la clase terrateniente y la "burguesa") o como una combinacin
-igualmente distorsionante- de ambas (es decir, entre una clase terrate-
niente que solo se cree "serrana" y una "burguesa" con capacidad esta-
tal-apellidada indistintamente-- que se supone dominante y exclusiva
en el litoral desde comienzos del siglo XIX). 44 Detengmonos un mo-
mento en este problema.
Los primeros propietarios de las huertas cacaoteras --espaoles,
41 En verdad hubo casos de represin a los miembros de la misma aristocracia criolla. Pedro
Calisto , su hijo Nicols Calisto y Boria fueron apresados y fusilados en el Carch , acusa-
dos de traidores a la patria. Al yerno de Pedro Calisto , Pedro Prez Muoz y su mujer
Mara Calisto se los sentenci a 10 aos de prisin. Ver Porice Rivaderreira , op . cit.., pg.
96.
42 Por ejemplo, un Dr. Tenorio "tena esclavos", pero no sabemos si otros terratenientes
realistas eran a su vez esclavistas. Tenorio rehus participar en la Junta de Quito en cali-
dad de ministro de la primera sala civil y huy de la capital. Ver Carta del Cura de T-
querres, D. Juan de Santa Cruz, a su hermano Toms, Administrador de Correos de Pasto:
15-VIIl-1809, Doc. Il , op , cit., pg. 144. Resulta indicativo que en reemplazo a Tenorio
accedi al cargo un representante de los comerciantes, el Hnlercader D. Joaqun Barrera".
Vase Doc. 47,pg.145.
43 Po Montfar era un Hacendado-obrajero. El Marqus de Maenza en Latacunga tena
obrajes (R. Tvrer , 1976,321); el Conde de Casa Jijn tena varios obrajes (Tvrer, pg.
346).
44 Vase por ejemplo Jos ensayos publicados en Ecuador: Pasado y Presente (Quito: 1975);
que tratan del siglo XIX.
58 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
criollos y mestizos que vivan en las haciendas 45_ explotaban una ma-
no de obra esclava importada pues la poblacin indgena local "haba
casi desaparecido de las planicies del Guayas hacia fines del siglo XVI y
... fue reemplazada en el siglo siguiente por esclavos negros importados
para trabajar en las plantaciones cacaoteras". 4 6 Hacia 1606 --apunta
Hamerly- el nmero de indgenas, en lo que seran los cantones de Gua-
yaquil, Daule, Baba, y Babahoyo , haba disminuido a 1.407, en contras-
te a los 2.498 de la Provincia de Manab y los cantones de Santa Elena y
Machala; es tambin cierto que en el distrito en general el elemento ne-
gro constituy una mayora numrica a lo largo de los siglos XVII y
XVIII. Hacia 1780, los mulatos, zambos, y negros libres y esclavos cons-
tituian el 57.7 % de la poblacin total". 47
Ahora bien -segn el mismo autor-- la costa central y sur solo te-
nan 22.445 habitantes al comienzo del primer perodo de auge en la
produccin y exportacin de cacao. De estos Hamerly seala que "solo
la tercera parte eran varones aptos para el trabajo". 48 El problema que
aparentemente se le planteaba a la naciente clase terrateniente cacaotera
era el de una grave escasez de fuerza de trabajo. "Tal era el dilema que
afrontaban los propietarios del distrito cuando trataron de aprovechar
las oportunidades ofrecidas por las reformas al rgimen comercial he-
chas por Carlos III, que abran los mercados de la Vieja y Nueva Espaa.
Dnde se hallaran los trabajadores necesarios para aumentar la pro-
duccin de cacao?". 49
La respuesta a esta demanda del mercado mundial capitalista fue la
ampliacin y profundizacin del uso de formas de produccin atrasadas,
pre-capitalistas. Estas formas anacrnicas incluyeron la explotacin del
trabajo de una poblacin cautiva 5 o, y las diversas modalidades de serv-
45 MolesUna, op, eft., pg. 34. A decir de YolesUna en las zonas productoras de cacao, des-
de la poca colonial los espaoles inventaron "en unin de nuestros huancavilcas", la for-
ma de hacer huertas de cacao. (pg. 33).
46 Julio Estrada Icaza en su obra El Puerto de Guayaquil, Vol. n,sealaqueenelsiglo XVII
la "demanda de cacao en Acapulco impuls fuertemente el cultivo de este producto. Los
hacendados se endeudaron en la enorme suma de 1'000.000 de pesos para adquirir escla-
vos destinados a suplir la mano de o bra en la limpieza de las huertas, cosechas de las ma-
zorcas y beneficio de las pepas". pg. 38.
47 Harnerly , op, ct., pg. 74.
48 Es decir, unos 7.481 hombres para todas las actividades de la regin. N 6tese que Hamerly
(que supone en su libro el surgimiento de relaciones salariales desde muy temprano en las
plantaciones cacaoteras -"jornaleros libres"- pg. 2), considera "aptos" nicamente a
los varones, yen su libro nunca habla de las tareas cumplidas por nios y mujeres.
49 Harnerly , pg. 25.
50 Cuya introduccin se hizo tambin despus de la Independencia para trabajar en las ha-
ciendas costeas y en las minas de Zarurna, Hamerlv , pg. 75.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 59
dumbre, de un marcado sello feudalzante. Pero seran estas ltimas las
que iban a predominar en el siglo XIX dndose una tendencia creciente
de sustitucin del trabajo esclavo en el primer perodo de auge cacaote-
ro, 51 llegndose a la abolicin de la esclavitud en 1852 que no hizo si-
no registrar la total desaparicin de la dependencia laboral de la clase te-
rrateniente en una poblacin cautiva. Los cuadros siguientes Nos. 5, 6,
Y 7 revelan la disminucin de la poblacin esclava en el pas para el pe-
rodo 1781 - 1852.
CUADRO No.5
Poblacin Esclava en el Ecuador 1781 - 1852
AO Nmero de Esclavos
1781 4.591
1800 8.000
1810 (22.000)
1825 6.804
1839 5.114
1848 1.634
1849 2.119
1852 2.484
ELABORACION DEL AUTOR
Fuente: Para 1781 Hamerlv , op , cit., pg. 16. En el "partido de Gua-
yaquil" haba en 1779,1.287 (Ibid., 72-73), y segn "Tiem-
pos Idos", El ComEli.cio -Suplemento Dominical del 2 de ju-
I o de 1972, haba en 1780, 564 esclavos (y 2.311 "pardos")
en la Provincia de Pichincha; segn el Censo de 1779 haba
en la Sierra (sin contar t.oia) 1.169 esclavos. Ver Gonzlez
Surez , T. 5, pg. 462; para 1810, dato cuestionable de Jos
Manuel Restrepo, Historia de la Revolucin d~..i2~bljca
de Colombia, T. 1, Pars: 1825, pp, 21516; J.T. Donoso
(1959), pg. 6.
51 "Aunque desde principios del siglo XVII hasta fines del siglo XVIII, la esclavitud de los
negros haba servido como la fuente principal de mano de obra en los cacahuales, comen-
z a declinar en importancia a principios del siglo XIX; sino antes. En 1780, hab an
2.107 esclavos en la costa, de los cuales ms de la mitad --1.213- residan en la ciudad
dc Guayaquil". Ibid., pg. 74.
60 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
CUADRO No. 6
Poblacin Esclavaen la Antigua Provincia de Guayaquil 1
(1778 - 1805)
Ao Poblacin Esclavos /0 del Total
de la Pobl.
1778 30.161 1.872 6.20/0
1780 30.343 2.107 7.0%
1790 38.559 2.206 5.8%
1804/1805 48.105
1825 55.048 1.768
1840 62.565
1852 91.620 (A) 929 1.0%
ELABORACION DEL AUTOR en base a datos de Harnerlv, pago 89, 76, 80, 84.
Comprenda los cantones de Guayaquil, Daule, Santa Elena, Baba, Babahoyo, Machala
(es decir. excluyendo Portoviejo, Jipijapa y Montecristil.
(A) Corresponde a cifra de 1857/1858. pago 80, Harnerlv ,
CUADRO No. 7
Nmero de Esclavos Negros en la Provincia de Cuavaqull
por cantones: 17BO- 1840
Cantn 1780 1790 1825 1840
% % % %
Guayaquil 1.251 14.5 1.345 11.7 1.247 7.7
Daule 167 3.5 241 4.0 200 1.3 109 0.8
Santa Elena 25 0.5 3 0.1 11 0.1 16 0.1
Baba 304 12.6 391 8.6 222 3.8 58 0.8
Babahoyo 185 16.8 32 2.4 135 3.9
Machala 48 4.6 25 1.9 88 3.1
ELABORACION y FUENTES: M. Hamerlv , op. cit., pago 92.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 61
Pero fueron relaciones de produccin serviles no esclavistas las que
se constituyeron como respuesta de los hacendados ante la aparente
escasez de la mano de obra. El examen de esta realidad de servidumbre
en la Costa completa un cuadro por dems heterogneo de la estructura
social agraria del Ecuador del siglo XIX, (dada cuenta de que en la Sie-
rra predominaba la hacienda huasipunguera).
Al discutir el "sistema de financiacin para el establecimiento de
huertas de cacao" desde fines del siglo XVII, Ernesto Molestina, seala
la existencia predominante del "sistema de finqueros" 5 2, conocido
tambin en el litoral como el sistema de "redencin de cultivos". "Es-
te sistema de financiacin, cuyas ventajas son indiscutibles desde el pun-
to de vista del propietario. rico y ocioso ... consiste en contratos bilaie-
rales para el establecitnietito y cuidado de huertas de cacao (tambin de
caf y otros cultivos arbreos a largo plazo). E! [inouero , que es un
hombre entendido en el cultivo, jornalero o pequeo terrateniente, re-
cibe un lote de terreno que le entrega el propietario, para usufructuar-
lo durante un perodo de aos (en trmino medio 6 aos), junto con la
al/la guadua y otros frutos del bosque para fabricar su casa y mantener-
se. En cambio el finquero tiene la obligacin de sembrar, en el terreno
que se le indique, un nmero determinado de rboles de cacao, que de-
ber entregarse en una fecha determinada cuando las "matas" comien-
zan a producir una cosecha regular, generalmente despus del cuarto
ao de sembradas. Durante todo el perodo del contrato, el [inqucro de-
ber tener perfectamente limpia la plantacin y hacer las resiembras del
caso. A la terminacin del compromiso viene "la redencin"de la finca
o sembrio dI' cacao, que ya es una huerta en plena produccin: es decir,
el propietario recobra su propiedad y paga una cantidad fija por cada
planta de cacao que le entrega al finquero. La suma que se establece
en los contratos para "redimir" la huerta, vara de acuerdo con las dis-
tancias de los rboles; en pocas antiguas (el autor se refiere al siglo
XIX) se pagaba a razn de SI. 0.05 a SI. 0.10 (5 10 reales) por plan-
ta". 5 3
Por su parte, entrevistas con campesinos viejos de la zona de Mila-
gro y Yaguachi le permiten a Uggen afirmar que los sembradores eran
"contratados para sembrar las plantas de cacao. En retribucin se les
permita recoger la primera cosecha, usualmente despus de 4-5 a-
os requeridos para que los rboles maduren. El dueo entonces "re-
dima" la huerta por una cantidad fija de cerca de 3 reales por r-
52 Molestina, op, cir.. pago 34
53 Molestina, op, cit.., pago 34. Los subrayados son nuestros.
62 El MITO DEL POPUlISMO EN El ECUADOR
bol". 54
Cul era la situacin del campesino frente a los medios de
produccin y en el proceso de trabajo, y qu caractersticas guardaban
las relaciones entre el propietario de la hacienda y el campesino?
En primer trmino, el "contrato bilateral" entre el hacendado y
los sembradores estuvo mediado por los aparatos estatales locales (era
regulado por la ley y se registraba en el Registro de la Propiedad canto-
nal). 55 Adems de la siembra, los finqueros deban hacer dos o tres
"rozas" o limpiezas anuales antes de las cosechaduras para cuidados de
mantenimiento; a veces se daba un especial cuidado "al arreglo de los
rboles 'deschuponndolos' " 56, con el uso del machete, nico instru-
mento usado para el cultivo de las huertas, que era al parecer de propie-
dad del finquero. Ocurrida la "redencin del cultivo", lo que le propor-
cionaba al hacendado una huerta en produccin de la "pepa de oro"
sin que ste ltimo haya realizado una inversin monetaria en los 4
6 aos de preparacin, el "finquero" o "sembrador" "se trasladaba ya
sea a otro 'departamento' de la plantacin, o a una nueva plantacin.
El sembrador no tena fijacin permanente a la tierra y la migracin
de la plantacin era comn, hasta que el peonaje por deuda aminor la
migracin". 57
Idos los sembradores una fuerza laboral permanente en la hacienda
realizaba la cosechadura y otras tareas conexas.
Por otra parte conocemos que durante los aos de preparacin
de las huertas de cacao "para proporcionar la sombra, que se supona
faltaba, y para mantener a los jornaleros, se sembraban platanales en-
tre las lineas de cacao". 5 8 Sobre este aspecto de la relacin entre cam-
pesinos y hacendados las entrevistas de Uggen con Polibio Mora le per-
mitieron conocer que adems de sembrar, el campesino "sembrador"
tambin "prestaba seroicios de trabajos en la plantacin. Esto signifi-
caba entre 3 a 6 das de la semana, fuera de sus tareas de siembra. En
usufructo al campesino se le permita sembrar arroz para la subsisten-
cia, lo cual haca en las reas desocupadas de la hacienda. Una parte de
la cosecha de arroz deba pagarse al patrn. En algunas haciendas el pa-
trn ten a su propia piladora, en donde se le obligaba al campesino a
54 Uggen, op, ct., pago 113
55 Uggen, pago 114.
56 Molestina, pago 36.
57 Uggen , oo. cit .. pago 114 (traduccin nuestra).
58 Molestina, pago 33.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 63
llevar isus granos a 11/zar".
tOlOS
,. 59.
Indudablemente estamos frente a una forma no asalariada (no ca-
pitalista) del trabajo campesino. En el sistema de redencin de cultivo
tenemos una combinacin de la renta en trabajo y de la renta en especie
o, si se quiere, se trata de una forma de transicin de la renta pre---ca-
pitalista. Renta en trabajo del campesino en la plantacin que estuvo,
tambin en la costa, dando testimonio de la forma ms arcaica de la ren-
ta feudal bajo la modalidad del concertaje tambin existente en esa re-
gin. Esta fue una forma que adopt la clase terrateniente ante la esca-
sez de mano de obra. "Los hacendados usaron el peonaje por deuda pa-
ra atar al campesino a la tierra, ya que la escasez de mano de obra fue
un problema permanente que enfrentaron todos los propietarios". 6 o
Aunque no tuviesen la fijacin jurdica de "conciertos" muchos traba-
jadores directos estaban sujetos al peonaje por deuda y no slo en el
siglo XIX sino hasta bien entrado el presente siglo, aunque pocos en ver-
dad eran oficialmente considerados legalmente como conciertos. 61
IV. Aumento de la Poblacin Sujeta a la Nueva Servidumbre
A la difusin de la hacienda precapitalista en el siglo XIX corres-
pondi un fenmeno de aumento cuantitativo de la poblacin rural,
lo cual repercuti a su vez en el fortalecimiento de las bases de poder
poltico de la clase terrateniente. Este fenmeno es perceptible a tra-
vs de una doble modalidad que adopta el crecimiento demogrfico ru-
ral.
A. El "concertaje " al recluir a una gran parte de la poblacin in-
dgena a la estructura hacendataria a partir del siglo XVIII dio lugar a
un movimiento de ruralizacin demogrfica. 62 Pero esta vez no se tra-
59 Uggen , pago 115 (traduccin nuestra).
60 Uggen , pago 115 (traduccin nuestra).
61 Para fines del siglo XVIlI, sabemos que el 35 o /0 de la poblacin de la Provincia del Gua-
yas eran indios tributarios. Harnerlv , pago 90. El autor indica que para 1840 haban 221
conciertos en la Costa, comparados con 318 esclavos de un total de 20.175 indgenas y
6.816 individuos de "raza negra" (pag. 102), pero estas cifras deben calificarse pues, segn
el mismo Hamerly en las estadsticas de p ontacron "se mcruven concier tos en la catego-
ra de 'indios' y los esclavos en la de 'pardos' ". (pag , 24). A principios de siglo, en la
provincia de Esmeraldas haba tambin peones conciertos, segn testimonio de perso-
nas de edad del lugar entrevistadas por el autor.
62 Para hacer esta afir.macin file bas en algunas observaciones encontradas en documentos
histricos consultados. F.J. de Caldas, habla de una despoblacin con la abolicin de la
encomienda en el caso de 'muchas ciudades y poblaciones distinguidas" que segn l
(que escrfb a en la Ira. dcada del siglo pasado) recayeron y se vieron reducidas a la
ne spobacon y miseria. Vase sus "Viaje de Quito a Popav n " (1805); 'Del Influjo del
Cli ma sobre los seres organizados" (l/l08); "1'lan Razonaao de un Cuerpo Militar? ;
"Viajes al Sur de Quito"; ;'Descripcin de Cuenca (Apndice al Viaje de Paute)" (1804);
64 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
taba de mitunaes, ni de mitayos trasladados por los aparatos estatales
centrales, sino de un proceso que escapaba al control del Estado Colo-
nial primero, y a los aparatos centrales del nuevo Estado ecuatoriano
despus, y que adems creaba las condiciones para debilitarlos, pues
el concertaje signific el arraigo del trabajador directo ("indgena"
o "mestizo") al sistema hacendatario, que, por diversas vas, vena cons-
tituyndose desde el siglo XVII, dndole as a la clase terrateniente el
control directo sobre la fuerza de trabajo servil.
B. En segundo lugar, debido a que la nueva servidumbre desconti-
nu el desfalco de la fuerza de trabajo que significaban las formas de
trabajo forzoso estatal, dando lugar a una tasa ms elevada de creci-
miento demogrfico en el agro. Expliquemos esto en la necesaria pers-
pectiva histrica, a fin de que se comprenda adecuadamente el desarro-
llo histrico de las luchas independentistas a principios del siglo XIX.
La extraccin de la produccin aurfera que iba a enriquecer las
arcas reales y la explotacin del trabajo de la poblacin nativa se obtu-
vo en la Colonia a travs de la refuncionalizacin de la principal insti-
tucin del rgimen social incsico, aquella institucin que parece haber
articulado todo el sistema laboral incaico: la mita. 63 Sabemos que la
mita incsica fue un "turno" de trabajo obligatorio en las tierras, minas,
obras tales como terrazas de cultivo y andenes, sistemas de regado,
medios de comunicacin, la forja de nuevas herramientas, el trabajo de
plantaciones, en las actividades militares y en todo tipo de "obras p-
blicas" emprendidas por el Estado desptico. El trabajo social realiza-
do a travs de la mita incsica requera de una direccin centraliza-
da. Fue un trabajo obligatorio -tributado- en las posesiones del poder
central, o en aquellas actividades dependientes de ese poder, includas
las tierras de culto.
La consolidacin de la mita incsica en el Per signific --segn
Fernando Arauco- "que en la sociedad incaica, la productividad del
trabajo no slo creci, sino que dio lugar a la conversin de una parte
del trabajo necesario en trabajo excedente". 64 La modalidad del de-
"Sjour a Riobamba", publicados en Les re/ations entre indiens et Espagnols a L 'Epo que
coloniale, pags, 158-164; 177-180; 169--172; 175-176; 165-168; 173-174 respecti-
vamente.
63 A este respecto vase la ponencia de Fernando Arauco presentada en el XLI Congreso
Internacional de Americanistas, Mxico 1974: "La Relacin trabajo necesario trabajo
excedente y la transformacin de la mita incsica en mita colonial". Aunque el objeto
de su estudio sea exclusivamente la mita po tosna, muchas de sus formulaciones, a tra-
vs de un correcto mtodo comparado, pueden ser aplicadas a la mita en la Real Audien-
cia de Quito.
64 Ibid.,pag.17.
LA ECONOMIA POllTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 65
sarrollo de la relacin trabajo necesario/trabajo excedente habra sido la
siguiente: 1) Una primera modalidad de trabajo necesario se conserv
en la comunidad para la reproduccin de la fuerza de trabajo (siempre
segn Arauco ), y 2) a nivel de la mita, "el trabajo necesario y el traba-
jo excedente se 'confunde en un solo bloque', presentndose en su tota-
lidad como trabajo necesario; si bien una parte de este trabajo ser apro-
piada por la burocracia estatal, otra parte volver directamente a las co-
munidades. La reproduccin del sistema de exploi acion est asegurada:
SI' preserva a la fuerza de trabajo combinando uno se{!unda modalidad
del 1mbajo necesario para su reproduccin social con Sil explotacin,
encubriond o a esta ltima bajo el disfraz que le presta la primera". 6 5
Esto con relacin a la mita incsica. Examinemos ahora el signifi-
cado de la mita colonial. La mita colonial que tuvo en el Per su mayor
relevancia en la produccin minera de la zona potosina, marc en la Au-
diencia de Quito la explotacin de un trabajo forzoso estatal de la masa
indgena para todos los propsitos: la explotacin de las minas, la ela-
boracin de textiles en los obrajes, las construcciones, los servicios de
todo tipo y la servidumbre domstica. Los mitayos eran extrados de
las comunidades indgenas vecinas y llevados a los centros de produc-
cin, comunidades que fueron la base de la reposicin de la mano de
obra donde esta era requerida. Los aparatos estatales de administracin
econmica establecieron una amplia red de mecanismos sociales que in-
cluso permitan la reposicin de esa mano de obra an cuando esta tu-
viese que ser extrada de lugares muy distantes: como ocurri, para no
citar sino escasos ejemplos, con los 2.000 indgenas llevados de Quito a
las mina.s de Santa Brbara por Diego de Ortegn, oidor de Quito 66, o
con las cuadrillas de Puruhaes sacados de Riobamba a las minas de Nabn
por Salazar de Villasantes en la dcada de los 1560. 67 Por otra parte
hay evidencias de que cuando se despobl Otavalo por efecto de la con-
quista. Benalczar trajo a esa regin indgenas pastos y an por 1649, se
recurri a trasplantar a los Pastos que ocupaban pueblos como Mira y
65 lbid., pgs. 17-18, subrayado nuestro. Debe notarse que Fernando Arauco aborda la na-
turaleza de la mita incsica y colonial partiendo del anlisis de la relacin trabaio necesa-
rortrabaio excedente. por considerar que dicha relacin "puede cumplir una rundn en
la aclaracin de los diversos tipos de relaciones sociales de produccin y de sus formas de
desarrollo y transforrnacn , similar a la funcin de <barmetros indicadores" que cum-
plen los instrumentos de trabajo respecto a las distintas estructuras de fuerzas producti-
vas "; pg. 4.
66 Aq uiles Prez , op , cit. pg. 299.
67 .J M. Vargas, op . cit . pg. 190.
66 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
Pimampiro en la Sierra. 68 Y al Per colonial que tuvo como centro
econmico a Potos se llevaron mitayos de Tucumn y an de Quito. 69
Lo que aqu nos interesa enfatizar es que las condiciones que ro-
dearon al trabajador mitayo y los mecanismos sociales de sobreexplota-
cin violenta que desarroll el Estado Colonial tuvieron efectos depre-
dadores en la poblacin indgena. Tan brutales eran las condiciones de
trabajo del trabajador directo, condiciones que han sido detalladamente
descritas por Aquiles Prez, que los "mitayos con el andar de los tiem-
pos y la sucesin del crecido nmero de crmenes que sobre ellos recaan
optaron por ahuyentarse de los centros mineros o de sus propias pobla-
ciones ... " 7 o, y hubo ocaciones en que "estando convencidos de que
el indio mitayo es indio muerto, al indgena que caa en el reclutamien-
to de la mita se le rendan funerales anticipadamente". 71 En rigor esto
significaba que la mita colonial dej de tener en la Colonia las caracte-
rsticas de trabajo necesario/trabajo excedente "en bloque" que reves-
tan en el Incario y cobr casi en su totalidad la caracterstica de "des-
falca" de la fuerza de trabajo como modalidad de trabajo excedente.
Ahora bien, en las formas de trabajo forzoso estatal existentes en
la poca colonial se lleg a formas como la mita en las que se redujo a
un mnimo el trabajo necesario (para la reproduccin de la fuerza de
trabajo) por cuanto la renovacin del proceso de vida a travs de la asi-
milacin de los medios de vida indispensables no fue logrado sino mni-
mamente. Se destrua pero no se reproduca la energa vital del mitayo.
De ah que consideremos correcto que se hable de un "verdadero desfal-
ca" de la fuerza de trabajo en la mita colonial.
Por ello, la sustitucin de la mita por el trabajo huasipungo en
las haciendas signific, desde el punto de vista cientfico, un avance his-
trico que no puede soslayarse, pues permiti un crecimiento de la po-
blacin y consecuentemente de la fuerza de trabajo inserta en la estruc-
tura hacendataria.
V. La Supremaca de la Clase Terrateniente
68 Segn Burgos, (1975). Por el ao 1612, los pastos que ocupaban sus pueblos de Tusa,
Puntal, Ch uqu i, Huaca, Tulcn, T'queres, proporcionaron trabaiadores mitayos: "Cin-
cuenta pastos de cada uno de estos pueblos. eran repartidos por tandas o turnos para los
trabajos de lbarra". (pg. 218).
69 Arauco, op , cit . pg. 19.
70 Aquiles Prez, La Mita en la Real Audiencia de Quito, pg. 239.
71 F. Arauco, op, ct., pg. 56.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 67
La creciente consolidacin del rgimen hacendatario en el siglo
XVIII, sobre cuya base habra surgido una clase terrateniente "serrana"
con una fuerte conciencia de clase, y una clase terrateniente "costea",
un tanto ms permeable a las ideas del siglo de las luces, configur la
tendencia contradictoria fundamental contra el poder metropolitano.
Esta tendencia contradictoria tuvo sus manifestaciones "precursoras" y
culminantes, en la lucha de clases, con algunos acontecimientos del siglo
XVIII y comienzos del XIX suficientemente conocidos.
El poder de la clase terrateniente ecuatoriana, la unificacin ideo-
lgica, econmica y poltica regional de los intereses de los diversos sec-
tores de los latifundistas (unificacin que se expresaba en el control de
determinados centros de poder locales como los Cabildos Civiles) le
confirieron a esta clase una supremaca en el proceso de lucha por el
desplazamiento del poder metropolitano a comienzos del siglo pasado,
proceso que culmin con la Independencia de Espaa.
El primer soporte de la empresa de la Independencia en el siglo
XIX lo fue el intcrrcgnum de la Junta Suprema de Quito (1809-1812).
Ah la clase terrateniente (del centro y norte del pas) con ideas monr-
quicas y con dirigentes que eran miembros natos de la aristocracia crio-
lla, busc consolidar en un mbito "patrio" las bases materiales de su
propio poder. 72 Las contradicciones existentes entre los hacendados y
comerciantes del litoral coaligados a los del sur del pas, y la fraccin de
la clase terrateniente que se expresaba en el movimiento autonomista de
Quito , impidi, entonces, la supervivencia de la mencionada Junta. El
surgimiento de un poder que desafiara definitivamente al poder metro-
politano estaba ligado a la unin con los intereses de la clase terratenien-
te del litoral y sur del pas, aun cuando no haya sido despreciable asegu-
rar la alianza con los terratenientes del norte. Fue esta unin de la clase
terrateniente en un mbito "nacional" lo que hizo posible el desplaza-
miento del poder metropolitano. Esa unin significara sin embargo,
que se haba operado una transformacin en la direccin poltica de la
clase terrateniente, dirigencia en la cual correspondera un importante
(pero no hegemnico) papel a los hacendados y comerciantes del litoral.
La supremaca de la clase terrateniente en ese proceso se manifest
en la dominacin que ejerca sobre la mayora de la poblacin trabaja-
dora -los campesinos que explotaba en obrajes y haciendas-e- a la cual
someta por la fuerza armada de su propio poder; pero tambin se ma-
nifiesta la supremaca de la clase en cuanto ella fue DIRIGENTE con re-
72 Vase Ponce R., Quito: 1809-J812.
68 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
lacin a grupos que le eran cercanos y aliados provenientes de diversas
capas sociales auxiliares -el artesanado, la clereca parroquial, los pe-
queos comerciantes pueblerinos, los criollos pobres. Esta direccin
cultural tambin se manifiesta sobre algunos grupos que seran econ-
micamente adversos a su poder: la burguesa comercial naciente que,
para alcanzar una cuota de poder y defender sus intereses comerciales
duramente desafiados por la poltica de la Corona, se vi obligada a ha-
cerse representar en el poder central por la clase dominante y sus direc-
tivas.
En sntesis, el poder de la clase terrateniente -que constitua su
SUPREMACIA en el proceso de Independencia- se articul en una do-
ble perspectiva de fuerza y de consenso, de dominio y de hegemona, de
dictadura y de direccin ideolgica. Ninguna otra clase tuvo la capaci-
dad estatal suficiente para acometer dicha tarea.
VI. Las Formas de Poder del Rgimen Hacendatario: La Caporaliza-
ci n en la Dominacin Poltica
En el Ecuador del siglo pasado y en virtud de la prolongacin de
un fenmeno previamente existente en el Estado Colonial, pero robus-
tecido por la supremaca poltica de la clase terrateniente en Sierra y
Costa, se da una verdadera fragmentacin, parcelacin y diseminacin
del poder poltico a travs de la estructura hacendataria, cuyas relacio-
nes eran jerarquizadas y superpuestas. Tratbase de una configuracin
de poderes netamente feudalizante, favorecida por el desarrollo de las
formas de produccin de la hacienda y que restringiran el carcter de la
escena poltica "nacional".
Sobre la base de las relaciones serviles a lo interno de las haciendas,
se levantaron ya desde la poca colonial verdaderas superestructuras po-
lticas locales, descentralizadas, que no eran sino partes integrantes del
Estado en cuanto constituyeron verdaderos aparatos estatales. Los ins-
trumentos de represin a lo interno de las unidades productivas (las ha-
ciendas) iban desde las crceles prediales, los castigos fsicos (v.g. la lla-
mada "pena de azote"), las normas y costumbres "consuetudinarias",
hasta la existencia de una fuerza represiva propia controlada por la clase
terrateniente. Los instrumentos de dominacin ideolgica, que tuvie-
ron una gran importancia en el tipo de explotacin que rega, se eviden-
ciaban en la existencia de las capillas de hacienda de la Sierra, y en el
control de la multifastica vida ritual ejercida por el aparato eclesistico
local de la parroquia. Esto configur en cierto modo un aparato estatal
local que (aunque diferenciado y menos especializado con relacin a los
lA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 69
rganos de poder centralizados) se integraba a estos en las tareas de do-
minacin y explotacin de las masas campesinas. El rgimen hacendata-
rio haba sentado las bases para la edificacin de un poder poltico mo-
nopolizado por la clase terrateniente, la misma que mediante las propias
superestructuras polticas locales ligadas al aparato eclesistico (el cura)
actuara para coaccionar extraeconmicamente a los campesinos.
Desde temprano en la vida poltica del Ecuador independiente, los
rganos de poder centrales mediados por la supremaca de la clase terra-
teniente empiezan a actuar y a ejercer un poder concentrado para garan-
tizar esa diseminacin del poder poltico que favoreci a los terratenien-
tes del pas. En 1831 un Secretario de Estado, representante directo de
la clase terrateniente serrana, estableciendo disposiciones de polica ru-
ral, ms represivas an que las ya existentes, decretaba en una circular
(no menos brutal que la violencia fsica) que los jornaleros conciertos
eran siervos de la gleba y como tales "haban sido destinados" a servir;
que no les era potestativo pasar a otro fundo, ni establecerse jams en
los poblados, ni viajar a la Costa, que las cuentas no podan ser exigidas
sino exclusivamente en las mismas haciendas a que estaban adscritos y
que ellos carecan de libertad para salir a los pueblos en pos de dinero
necesario. 73 El Congreso de 1833 -otro rgano de poder controlado
por la clase terrateniente- expide un decreto que faculta al propietario
o mayordomo de un predio a reducir a prisin o doblarles el trabajo a
los "conciertos o jornaleros" que "faltasen a su deber". 74
Estas medidas de la clase dominante tendientes a impedir el despla-
zamiento de la fuerza de trabajo a la Costa (poltica que fue atacada por
los hacendados costeos), y que permitan -ya en beneficio de toda la
clase terrateniente en su conjunto pero sobre todo de su fraccin serra-
na- que se ahondase an ms el endeudamiento obligatorio del campe-
sinado asegurando el establecimiento de leyes de "polica agraria" ms
represivas, afianzaban la diseminacin del poder poltico. "El endeuda-
miento es una forma de manifestacin del control (monopolio) del terra-
teniente sobre los medios de produccin y de subsistencia. En este mo-
nopolio se funda la relacin de dominacin que ata la familia del traba-
jador directo a la hacienda (Guerrero est hablando de la hacienda ca-
caotera) y permite la apropiacin de la renta en productos o en traba-
jo".75
73 Costales. op , ct., pg. 62.
74 bid., pg. 65.
75 ,~drs Guerrero, Hacendados Caeaoteros, banqueros, exportadores y comerciantes cn
Guayaquil (1890--1910), Mimeo, Nov. 1977.
70 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
Ahora bien, ladiseminacin del poder poltico que hemos observa-
do es un rasgo tpicamente feudalizante que se acenta en el Estado
ecuatoriano-durante las primeras dcadas de vida independiente, y que
va- a marcar posteriormente puntos de graves contradicciones entre la
clase terrateniente serrana y costea por una parte, y la burguesa coste-
a en ascenso que pugna por situar en los rganos de poder centrales a
representantes ms ligados a sus intereses. Esto no lo lograr la burgue-
sa comercial y bancaria guayaquilea sino hasta 1895. 76 Es decir, que
durante el siglo XIX, a la manera del Estado feudal en que los derechos
concedidos a las personas se graduaban segn su fortuna y el poder pol-
tico se distribua en la sociedad segn la propiedad territorial y la pobla-
cin servil sujeta a ella, el Estado ecuatoriano que se constituye luego
de la Independencia, exhibe un poder poltico jerarquizado segn la
propiedad territorial y por la fuerza de los intereses econmico-sociales
de los terratenientes de Costa y Sierra de la aristocracia serrana y el cle-
ro. El poder poltico se presenta, entonces, directamente constitudo
en defensa de los intereses privados de la clase dominante. Estos intere-
ses son "sagrados" ante la fuerza pblica del Estado precapitalista que
reprime toda sublevacin campesina, y a su vez estn revestidos de todo
un universo ideolgico que legitima la dominacin y explotacin de las
masas campesinas.
Estas formas de poder poltico, en reordenamiento a partir del des-
plazamiento del poder metropolitano, exhiben un proceso de disemina-
cin del poder que no fue exclusivo del rgimen hacendatario serrano,
sino que fue directamente a favorecer tambin al establecimiento y/o al
robustecimiento de aparatos estatales locales al interior de la estructura
hacendataria del litoral. En un estudio sobre los grupos hegemnicos y
las formas de dominacin poltica en la provincia del Guayas, para el
perodo 1830 - 1972, se anota correctamente que el poder de los pro-
pietarios de haciendas era grande y que su control y dominio eran "mu-
cho ms directos" sobre los grupos sociales subordinados y se aade:
" ... la clase dominante, que se halla en un proceso de expansin -siglo
XIX- de su poder econmico, se ve favorecida polticamente para con-
solidar su poder e ir estructurando todo un aparato de control social
que favorezca a sus intereses de clase". 77
76 Sobre las enonnes restricciones que los terratenientes impusieron a las medidas moderni-
zantes de Urbina y que llegaron prcticamente a anularlas en algunos casos, Vase Costa-
les, op. cit. pgs. 70 - 74. Nosotros no creemos que Rocafuerte haya "interrumpido" un
pice el dominio de la clase terrateniente a favor de una supuesta burguesa. Como he-
mos visto Vicente Rocafuerte fue un representante nato de la clase terrateniente precapi-
talista.
77 Ivn Femndez, Lautaro Oieda y P. Moncavo , Grupos Sociales hegenmicos y formas de
LA ECONOMIA POllTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 71
Esa estructura de dominacin que hacan la suma de los intereses
econmicos y sociales de la clase terrateniente en aadidura de la repre-
sin del gobierno central se iba en realidad expandiendo en el mbito
territorial de la formacin social ecuatoriana del siglo XIX. Ese proceso
de expansin de su poder corresponda en la Costa a la estructuracin
del rgimen hacendatario en el cual se fortalecan aparatos de domina-
cin poltica directa. En el momento de gran expansin de la produc-
cin cacaotera los rganos de poder centrales del Estado plantean al
Congreso la necesidad de legalizar los rganos de represin estatal exis-
tentes en la estructura hacendataria. Proponase en 1875, en trminos
del Ministro del Interior, "dictar disposiciones de polica rural, que per-
mitiera reprimirla (a la 'clase jornalera' de costa y sierra) innu-diotumeu-
te despus de' come/ida la falta, facultando a los patrones, administrado-
res, o mayordomos, para que puedan aprehender y asegurar a los peones
hasta consignarles ante la autoridad de la polica ms inmediata". 78
En las haciendas cacaoteras del litoral nos dice un investigador que reco-
gi evidencias en base a entrevistas con viejos campesinos, "Los castigos
por no cumplir con las obligaciones de trabajo con frecuencia eran las
palizas fsicas, las multas, o el desalojamiento de la hacienda. El campe-
sino no tena seguridad en la tenencia de la tierra, y la reciba nica-
mente a la voluntad del patrn". 79
Esta realidad de dominacin directa sancionada por los aparatos
centrales del Estado ecuatoriano nos recuerda las medidas iniciales de la
clase terrateniente de los aos 1830. El Congreso de 1835, por ejemplo,
expidi un decreto en que se adverta que "Si algn concierto o jornale-
ro faltase a su deber, el propietario o mayordomo del predio al que per-
tenezca, procurar reducirlo a l por medio de la persuasin y otros
estmulos decentes, mas si estos no fuesen bastantes, y se reiterasen las
faltas, deber concurrirse al juez territorial para que le imponga la pena
de doblarle el trabajo o de arrestarle en la crcel pblica". 8 o
Este fenmeno de la dominacin directa es mal comprendido cuan-
do se cree que "funciones que competen exclusivamente a las institucio-
do m inoco n po lit.icu en fina zona de la Costa ecuatoriana, 1830 -1 9 72. Ponencia presen-
tada al XI Congreso Latinoamericano de Sociologa. S. Jos de Costa Rca , Julio 8-1.3,
1974. (Indito)
78 Ecuador, Ministerio del Interior y Relaciones Exteriores, Exposicin del Ministro al Con-
greso en 1875. Citado en J. Fernndez, ato al., pg. 4.
79 Uggen , op . cit. pg. 115. Traduccin nuestra.
80 Decreto Legislativo de Hl.l.3, Citado por Costales, op , cit., pg. 65.
72 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
nes del Estado son delegadas al poder real particular". 8 1 Este error
-muy generalizado en cierta literatura sociolgica ecuatoriana- radica
en una asimilacin formalista de lo que es propiamente el Gobierno de
los funcionarios (que slo es la forma de vida estatal en el lenguaje
cuotidiano) y el Estado. Se confunde as lo que en el lenguaje corrien-
te "se conoce" con el nombre de "Estado" pero que no es sino la forma
de vida del Estado, o sea el "gobierno de funcionarios". Por ello las for-
mas de dominacin poltica a niveles locales, o propias de la estructura
hacendataria son consideradas como "ajenas", que no "competen" a
las "funciones" de las "instituciones del Estado", cuando en verdad e-
sas formas de dominacin poltica no pueden sino atestiguar la vigoro-
sa presencia de toda una superestructura poltica bien establecida y
que configura una constelacin de poder estatal de la clase terratenien-
te.
Claro est que si uno supone de antemano un carcter capitalista
al "Estado" del siglo XIX, entonces esas formas de dominacin (que
por cierto no corresponden al tipo del Estado que se supone existente)
resultan forzadas a pertenecer al mbito de un "poder real particular".
Para nosotros es necesario ver al Gobierno como el lugar de la fuer-
za poltica y militar, como ese aspecto represivo del Estado constitu-
do por el ejrcito, la polica, el derecho, los magistrados, el sistema car-
celario llamado "pblico" que los acompaa, as como la administra-
cin burocrtica y sus decretos y reglamentaciones restringentes. En
sntesis el gobierno es el aspecto de coercin ms o menos "legal" que
sirve al desarrollo "regular" y "regularizado" de la vida econmica,
civil y poltica segn los intereses y las rdenes de la clase que ejerce
su dominacin y su hegemona sobre la sociedad entera. Como tal es
slo una parte del Estado y no puede asimilrsela.
La realidad arriba descrita sobre la dominacin directa, apunta en-
tonces a un rasgo esencial del Estado en el siglo XIX. Nos encontramos
frente a la aceptacin y el ejercicio real por parte de un personal admi-
nistrativo privado -dueos o administradores y mayordomos al servicio
del propietario de la hacienda- allegados a la clase terrateniente, de
un poder de clase bien definido. Ese personal administrativo privado
que vela por los intereses de los propietarios latifundistas y que defien-
de y profesa defender los intereses de dicha clase (del "patrn grande"
y no los de "toda la nacin") fue formalmente y legalmente reconoci-
do por el aparato administrativo del Estado, es decir por el Gobierno,
como una parte del poder represivo del Estado, reconociendo directa-
81 1. Femandez, et. al . op, ct., pago 4.
U\ ECONOMIA POllTICA DE l.A CLASE TERRATENIENTE 73
mente sus funciones como competentes del poder de clase constitu-
d o en dominante. Se trataba de una "domesticacin" de los servicios
represivos del Estado ecuatoriano -proceso ampliado con la Indepen-
dencia-e- y no del ejercicio de funciones que le fueran "extraas" al
Estado. Las relaciones de explotacin revestan ah en los latifundios
serranos y en las haciendas cacaoteras un carcter mixto econmico
--social y poltico. Esas relaciones estaban globalizadas. Haba una
sobreposicin entre las formas como ese poder pol tico impona los in-
teresas de los hacendados y la dominacin directa que se ejerca sobre
el campesinado "asuietado ". Y esa sobreposicin fue caracterstica del
Estado ecuatoriano del siglo pasado.
Ese Estado feudalizante de entonces --cuyo dominio estaba en ma-
nos de la clase terrateniente de Sierra y Costa-- actuaba como simple ra-
tificador, por la fuerza, de los intereses econmicos y sociales de dicha
clase. En ese Estado de 1875, cuando un alto funcionario gubernamen-
tal define una poltica, los intereses de los latifundistas transpuestos
(en sus relaciones con las estructuras objetivas del Estado) bajo su for-
ma "inmediata" de intereses privados, no a la manera en que bajo el
Estado capitalista esos intereses (como ocurre hoy con los intereses
de esos sectores rezagados de la clase terrateniente) revisten una forma
mediatizada y propiamente poltica, (es decir a travs de organismos ta-
les como los partidos polticos en determinadas condiciones), y se pre-
sentan como encaminando, tambin ellos, el "inters de toda la socie-
dad" en su conjunto.
Como se sabe, el Estado burgus no se nos presenta como el lu-
gar de constitucin de la dominacin pblica de un privilegio privado
--tal como lo presenta al Estado ecuatoriano ese ministro en 1875---
sino como la expresin de algo universal, a travs de las expresiones po-
lticas de la clase dominante -burguesa- de una suerte de avalista
del "inters de todos". Un Estado en que la clase dominante hubiera
sido la burguesa en el siglo XIX, habra sido un Estado cuyo carcter
sera propiamente poltico y manifiesto por la UNIVERSALIDAD DE
ESE CONJUNTO DE INSTITUCIONES HEGEMONICAS A TRA VES
DE LAS CUALES SE DA LA MEDIACION ENTRE UNA REALIDAD
DE DOMINI0 ECONOMICO DE LA BURGUESIA ---clase econmica-
mente dominante- y la superestructura poltica. Siendo una de esas ins-
tituciones hegemnicas, esos organismos llamados "partidos polticos",
verdaderos vnculos y mediaciones entre la base y la superestructura.
Pero en nuestra Repblica basada en la servidumbre del siglo XIX,
las relaciones entre los peones, trabajadores siervos, conciertos, sembra-
dores, finqueros y campesinos jornaleros y los "administradores", "ma-
74 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
yordomos" de las haciendas a los que hace referencia el citado docu-
mento, son RELACIONES DE PODER CON SUBORDINACION E-
CONOMICA y SOCIAL DE LOS PRODUCTORES DIRECTOS Y NO
SON RELACIONES SOCIALES DE INDIVIDUOS LIBRES, iguales
ante la ley. En ese Estado del siglo pasado hasta 1895, la escena de "la
poltica" no tena una especificidad propia, aunque no estoy negando,
por cierto, la existencia de ciertas estructuras polticas universalizantes
del nuevo Estado: las ''protecturas de indios", los Congresos y Asam-
bleas Constituyentes, el Consejo de Estado, etc., que tendan a que la
sociedad poltica mostrase cierto incipiente nivel de disociacin con res-
pecto a la emergente sociedad civil que slo posteriormente quedar
fijada como el lugar especfico en que se den las contradicciones de los
intereses privados. * Pero lo poltico no parece haberse erigido en un
nivel especfico, con una lgica interna propia, con prcticas "autono-
mizadas", pues la pertenencia (trmino bien usado cuando se habla
del campesino indio en las haciendas) del campesino a una hacienda, o-
braje, comunidad indgena, ingenio, plantacin cacaotera, haca que esa
masa del pueblo estuviera identificada con su funcin econmico-so-
cial en un conjunto corporativo feudalizante, y no estuviese inscrita en
las superestructuras del Estado "nacional".
Ese Estado hbrido del siglo XIX, que contena elementos de tipo
corporativo feudalizante (los intereses de la clase dominante, los terra-
tenientes), recibe una consagracin del Estado-fuerza investido de
una ideologa tradicionalista justificadora de la dominacin y explota-
cin de las masas campesinas. Es a ese Estado que se aplica, en rigor,
un juicio de Poulantzas en su "Preliminaires a l'tude de L'hgmonie
dans L'tat" , cuando dice que en ciertos tipos de Estados, "la sociedad
civil y el Estado, lo econmico y lo poltico estn estrechamente im-
bricados en la medida en que el Estado supone los intereses econmi-
cos corporativos "privados" de las clases dominantes por medio de una
caporalizacin y una dominacin "directa" de la sociedad". 82
Esta caporalizacin en la dominacin supone la no insercin de
la poblacin dominada en superestructuras polticas capitalistas. Como
fenmeno global de la vida poltica significa por una parte, que el po-
der de los aparatos estatales centrales est limitado no slo por los pre-
ceptos de una ideologa tradicional, sino por los privilegios que supone
Vase lo que al respecto expreso en el Captulo UI, bajo el acpite U-A "Elementos Ab-
solutistas del Estado anterior a la Transfonnacin de 1895", pags, 83-85.
82 N. P<:,~antza, Les Temps Modernes, 21e Anne, Dcernbre , 1965, No. 235, pago 877 (tra-
duccn nuestra).
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 75
ese poder local de la clase terrateniente, Por otra parte, la caporaliza-
cin en la dominacin se refleja en que condiciona el aparecimiento de
formas de expresin poltica particulares que resultan de una cierta con-
figuracin de la base y la superestructura, tales como el r:wuJillisl/w,
el caciquismo y el gamonalismo que invaden la escena poltica "nacio-
nal", Examinemos brevemente estos aspectos.
Hemos manifestado ms arriba que las masas campesinas no se
encontraban insertas en la escena poltica "nacional" (es decir de los
aparatos estatales, e instituciones centrales), sino que su presencia
como sujetos de una dominacin se identifica en las superestructuras
comunales, de la Iglesia y del rgimen hacendatario. Cuando algn sec-
tor del campesinado se rebela contra la explotacin, son los aparatos
de represin "localizados" en esas superestructuras los encargados de
reprimir violentamente esas protestas. Cuando el conflicto es mayor
e involucra a toda la poblacin dominada de una regin, entonces in-
tervienen los cuerpos represivos de los aparatos estatales locales (tenen-
cias polticas, gobernaciones) o "nacionales" (ejrcito y policas de o-
tras regiones), habiendo casos en que el mismo Presidente se moviliza
a las zonas de rebelin campesina. 83
Ahora bien, conviene destacar el hecho de que la irrupci/ni de las
masas campesinas, especialmente serranas, en la escena poltica "nacio-
nal" del Ecuador del siglo XIX, fue casi siempre una irnuicin oiolcn-
la. No slo la ideologa dominante representaba a las masas de campesi-
nos quichua parlantes como una poblacin ajena a la vida "nacional",
sino que dicha exclusin tena su base objetiva en la no insercin de
las masas indgenas en las dbiles superestructuras polticas modernas
del Estado ecuatoriano. Es decir, no se trata de ver al indio concierto
como un "marginado" de la poltica, pues lo que ocurre es que l se
encontraba inserto en las vigorosas superestructuras precapitalistas del
Estado. En verdad su insercin a las superestructuras del Estado "Na-
cional" data nicamente del siglo XX. Qu significado tiene sto para
la delimitacin de la escena poltica del siglo pasado?
En primer trmino, cabe sealar que las masas campesinas al ver-
se iuvolucnulas directamente en el conflicto armado de los dos bandos
en lucha que se disputaban la hegemona del Estado en las guerras de
la Independencia a pesar de que pudieron haber actuado a veces abier-
sa En enero de 1872 el Representante en 'luito del Gobierno de FE,U (T, comentando pa-
ra su gobierno una sublevacin campesina de Chimborazo haca notar que en esa oca-
sin el Presidente Garc a Moreno NO FUE al lugar de los acontecimientos (como salia
hacerlo en casos de una sublevacin de "gravedad") sino Que el Go b e rn o se limit a e n-
viar tropas para reprimir violentamente a Jos sublevados Ver I'ap ers lt elatine lo thv Fe:
reig n Re laiions o{ the Uniied States (Washington: Governrnen t Prirrting Office , 1873),
pag.173.
76 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
ta O declaradamente en representacin de sus intereses, no registraron
luego una adscripcin a las estructuras institucionales del nuevo Esta-
do, sino que fueron totalmente excludas de ellas. Es decir, que si bien
las masas indgenas no estuvieron ausentes de la escena poltica "na-
cional" en esa coyuntura, su presencia no fue nunca canalizada a travs
de instituciones "nacionales" del Estado. Excludas totalmente de la es-
tructura de representacin poltica, las masas indgenas no se expresa-
ron polticamente a travs de ningn centro de poder u rgano de po-
der reconocido por el aparato estatal central. Los caciques de las comu-
nidades tuvieron nicamente una presencia local: subordinados a la vo-
luntad de la clase terrateniente, o en abierta lucha contra esa clase ex-
plotadora.
Ahora bien, si bien es cierto que las masas indgenas no tuvieron
una presencia directa y permanente en la restringida escena poltica
"nacional", tuvieron, sin embargo, una presencia estructural que condi-
cion y en parte determin el carcter mismo de la escena poltica "na-
cional" en la medida en que esas masas indgenas delimitaban ese espa-
cio poltico de realizacin de esas formas de lucha entre las clases y
sectores sociales insertos y presentes en la escena poltica "nacional"
del siglo XIX. Adems ellas -al igual que en la poca colonial- deli-
mitaron en la sociedad del siglo pasado "el margen de juego de la lucha
de clases entre los componentes dominantes". 84 Su enorme presencia
estructural slo podra haberse convertido en un torrente revoluciona-
rio que arrasara con la vieja servidumbre si su participacin poltica se
hubiera articulado a las estructuras de un Estado Nacional. Su ausencia
de la escena poltica nacional, mantenida y garantizada por los aparatos
ideolgicos y represivos del Estado ecuatoriano del siglo XIX, era una
garanta de la conservacin del orden social precapitatlista. Cuando Al-
faro en su ascenso al poder "tom en cuenta" a las masas indgenas e
hizo que ellas participasen en la escena poltica nacional (accin que in-
mediatamente le vali el calificativo de "indio Alfaro" para los terra-
tenientes), fue tambin para que ellas acten a su vez en el cuestiona-
miento global de la sociedad feudalizante del siglo pasado y ayuden a
derrumbar ese Estado levantado sobre la servidumbre. Toda incursin
institucionalizada de las masas campesinas en la escena poltica (antes
de la transformacin de 1895) hubiera conllevado un esfuerzo estatal
organizado para destruir la sociedad precapitalista del siglo XIX. Las
premisas materiales sobre las cuales pudiera haberse apoyado tal esfuer-
84 A. Guerrero y R, Quintero, op, ct., pago 47.
LA ECONOMIA POLlTICA DE LA CLASE TERRATENIENTE 77
zo no existieron sino hasta fines de siglo y fueron localizadas incluso
en una regin.
En segundo lugar, conviene puntualizar el carcter de la incursin
coyuntural de sectores subordinados en la escena poltica nacional.
Cuando en la escena poltica local o nacional irrumpen coyunturalmen-
te algunos sectores sociales dominados -----v .g. casos de las movilizaciones
callejeras de artesanos en Quito controladas por el aparato eclesistico
para algunas elecciones, o el celebrado caso de los "tauras" en el tiem-
po de Urbina- esta irrupcin no adquiere un carcter PUBLICO, en
el sentido de institucionalizarse en alguna estructura poltica "univer-
sal" a la cual sectores-rindividuos del mismo origen social puedan a-
dherirse libremente (v.g, un partido poltico), sino que ms vale adqui-
ri un carcter "privado" que se canaliz a travs del caudillismo,
es decir, mediante una expresin poltica que delata el carcter preca-
pitalista de la vida poltica del siglo pasado.
Como forma de poder autoritario y oligrquico, el caudillismo en
el Ecuador ha sido estudiado por Blanksten y definido por Silvert, am-
bos basndose, en parte, en las teorizaciones de Max Weber sobre las
formas de autoridad. Sin embargo, el caudillismo no puede entenderse
nicamente como una forma de expresin poltica en la que se apela a
la lealtad e incensurabilidad de la autoridad personoficada en un jefe. Al
contraro, el caudillismo (a nivel "nacional") y el caciquismo (a nivel re-
gional o provincial) resulta de una configuracin particular de la base e-
conmica y de su relacin con la superestructura. Configuracin parti-
cular de la base porque el caudillismo y el caciquismo son formas de po-
der poltico que se asientan en determinadas relaciones de produccin
precapitalistas y que aun no estn supeditadas realmente al modo de
produccin capitalista. Configuracin peculiar de la superestructura
pues el Estado ecuatoriano no se haba unificado enteramente en el m-
bito territorial de la formacin social hasta bien entrado el siglo XX.
En el siglo pasado, aunque existi s una mayor correspondencia de la
relacin entre la forma de produccin hacendataria y las superestructu-
ras polticas locales que le otorgaban gran estabilidad al poder de la cla-
se terrateniente, no se logr una coherencia y eficacia similar a nivel de
los aparatos estatales centrales. En ese contexto la difusin de formas
de expresin poltica local como el gamonalismo. 1:'1 caciouism o slo
atestigua el carcter anacrnico de la dominacin poltica. El caciquis-
mo "es una relacin de mediacin y articulacin entre individuos y co-
munidades locales y las estructuras polticas regionales y naciona-
r8 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
les". 85 El gamonalismo segn J.C. Maritegui designa "todo un fen-
meno social ... no est representado solo por los gamonales propiamen-
te dichos. Comprende una larga jerarqua de funcionarios, intermedia-
rios, agentes parsitos, etc. El indio alfabeto se transforma en un explo-
tador de su propia raza porque se pone al servicio del gamonalismo.
El factor central del fenmeno es la hegemona de la gran propiedad
semifeudal en la poltica y en el mecanismo del Estado". 8 6
El caudillismo se asienta asimismo sobre una base econmica pre-
capitalista y en un conjunto de rganos y centros de poder que, si bien
ejercen una influencia en el mbito territorial de todo, o casi todo el
pas, carecen an de un carcter nacional. En este sentido, el caudillis-
mo se apoya en una ideologa que apela a la lealtad e incensurabilidad
de la autoridad del "caudillo", y que no cumple la tarea de apelar a una
fidelidad a la Nacin-Estado, o a un "pueblo nacin" abstracto pero re-
velado en ese "montn emprico" del sufragio universal. El caudillismo
es as incompatible con la existencia de una estructura institucional de
representacin poltica que demande formas modernas (capitalistas) de
mediacin entre gobernantes y gobernados.
85 A. Guerrero. "Gamonalismo", 1975, pg. 65.
86 Citado por A. Guerrero, ibid., pg. 65.
CAPITULO III
LA TRANSFORMAClON BURGUESA, LA CONSTITUCION DEL
ESTADO Y EL APARECIMIENTO DE LOS PARTIDOS POLITICOS
1, La Problemtica
Con la transformacin de 1895 dirigida por Eloy Alfara irrumpe la
sociedad burguesa, pues la "Revolucin Liberal" la haba liberado de
muchas trabas y haba dado cabida a las diversas formas de su existencia:
las mltiples empresas que se forman, las tierras que se reparten a la
burguesa, los derechos polticos que se expanden, la prisin por deu-
das, el trabajo subsidiario y la contribucin territorial que fueron aboli-
das, la eliminacin de los fueros y de la pena de muerte, el estableci-
miento del matrimonio civil y el divorcio, la libertad religiosa que se re-
conoce, el enriquecimiento acelerado que se garantiza, los trabajado-
res-conciertos que se liberan, los campesinos que se incorporan a las
fuerzas armadas, el mismo Estado que se emancipa de la religin abo-
liendo el catolicismo como religin oficial y hacindole asunto privado,
el derecho que pugna por sustituir al viejo privilegio, los asalariados y
artesanos que se organizan, las industrias que aparecen, el comercio in-
ternacional y nacional que se expande, los centros urbanos que se co-
nectan, las ciudades que crecen y se convierten en centros culturales y
financieros nacionales, los nuevos cdigos que se emiten, los viejos im-
puestos que se eliminan, todos anuncian el paso a una nueva existencia
social. Aquella donde la produccin estar basada en la explotacin
de obreros asalariados.
Que hubo antecedentes y cambios de importancia que prepararon
el camino de la sociedad burguesa que irrumpe en 1895 es un hecho in-
negable. El desarrollo de una acumulacin originaria exiga cambios en
el orden jurdico poltico que advirtieran el advenimiento de la nueva
sociedad. Ah estuvo la emancipacin de los esclavos, la abolicin de
las protecturias, la supresin del "tributo indgena", la supresin de los
diezmos y los mltiples elementos y momentos de modernizacin del
Estado que hemos observado en otros trabajos.
Sin embargo, esos, que son momentos del desarrollo de la sociedad
burguesa (en la medida en que ampliaron las posibilidades del intercam-
bio y de las relaciones comerciales y fueron ampliando progresivamente
las posibilidades df:C emancipacin del campesinado siervo) no significa.
ron la conversin de estos libertos, ex conciertos, en ciudadanos libres
del Estado.
Todas esas medidas que marcaron el trnsito de una sociedad de
80 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
"castas", clases y estamentos abigarrados de una estructura social -que
hasta la transformacin de 1895 estuvo predominantemente constituda
por elementos heterogneos que no descansaban sino bajo formas de
produccin transitorias- a una sociedad de clases que desde entonces
est marcada ya por el momento de constitucin de un modo de pro-
duccin que determina el peso especfico de todas las formas de su exis-
tencia, includo, claro est, el Estado. Todas esas medidas progresivas
-valga la pena enfatizarlo- marcaron la disolucin de la vieja sociedad
civil corporativo-feudalizante sobre la que descansaba, en ausencia de
una unidad econmica en su base, ese Estado sin cohesin ni unidad, h-
brido, de formas precapitalistas de dominacin, que caporalizaba la ex-
plotacin de una masa de trabajadores sujetos a la servidumbre. Todas
esas medidas progresivas, sin embargo se tropezaron con el poder orga-
nizado de una clase terrateniente que diluy sus efectos, los volvi tar-
dos o simplemente los anul por completo.
Por eiIo cuando la clase terrateniente serrana concreta una alianza
poltica con un sector de la clase terrateniente costea ligada a los
exportadores de la misma regin, poniendo en peligro total el avance de
los intereses de la burguesa y amenazando con frenar an ms el desa-
rrollo de la sociedad burguesa (cuya crisis mundial de 1893 esa burgue-
sa soportaba), amenazando as con hipotecar a un futuro ms lejano el
desarrollo capitalista deseado, se desat en ese preciso momento la Re-
volucin Liberal, definitivamente.
Ahora bien: Cul es la importancia e incidencia de la Revolucin
Liberal sobre el surgimiento de partidos y movimientos polticos (como
aquel cuyo surgimiento estudiamos)?
En otro estudio he mantenido que es errado pensar que hubo par-
tidos polticos en la sociedad del siglo XIX, ms especficamente que
los hubo antes de la transformacin de 1895. Para nosotros la constitu-
cin de los partidos polticos presupone las coordenadas fundamentales
del modo de produccin capitalista que estn en la base de la constitu-
cin de la poltica como una instancia especfica. La prctica que exhi-
be un verdadero partido poltico presupone la separacin de la sociedad
civil y el Estado. Los partidos polticos se revelan como unos de esos
elementos constitutivos particulares de la poltica en la formacin capi-
talista. En este sentido el concepto de ''partido poltico" -propone-
mos- tiene como campo de aplicacin el dominio de las prcticas pol-
ticas que desarrollan las clases sociales propias de la sociedad burguesa,
y ms especficamente el dominio de la estructura institucional de la re-
presentacin poltica del Estado capitalista. Sin embargo, la discusin
sobre los orgenes de los partidos polticos ha estado viciada hasta ahora
LA TRANSFORMACION BURGUESA 81
por prejuicios polticos inmediatos y esto no solo por parte de aquella
literatura partidista nacional sino an por ciertos estudios que dan por
demostrado o simplemente suponen su existencia en el siglo pasado. He-
mos examinado que esa premisa, resultado de una aceptacin acrtica
de las doctrinas estasiolgicas que vinculan el surgimiento de partidos al
del sistema representativo, es falsa. 1
Ms an, el decir que los partidos polticos nacen con la Revolu-
cin Liberal --afirmacin que a nuestro entender s tendra algo de ver-
dad por cuanto hubo entonces una primera matizacin social de las lu-
chas pohticas-r, es simplificar, tambin demasiado el problema.
Lo que la Revolucin Liberal hace es abrir pI proce,W de constilu-
cn del fstado Nacional en el Ecuador y abrir osimisnio ('1 proce'w de
desarrollo del modo de produccin capitalista en el mbito territorial de
la formacin social. Al hacer esto, la transformacin de 1895 sentaba
la; bases y estableca las condiciones fundamentales que permitan la
cristalizacin y el desarrollo de partidos polticos, como organismos
permanentes del Estado y sociedad ecuatorianos, pero no garantizaba
de por si su aparecimiento.
Afirmamos lo anterior porque pensamos que los partidos polticos
son vnculos orgnicos (estables) entre una superestructura jurfdico-pol -
tica diferenciada y la estructura econmica de la sociedad. Por lo tanto
ellos no pueden existir ah i donde el carcter de la sociedad civil sea an
poltico 2 sino en aquellas sociedades donde una reoolucion haya actua-
do en funcin de la separacin de la soedad civil .y el Esuul), J en la
cual la domituicion poltica de la clase ilominontr haJa dejado, 1'11 prin-
cipio, de ser directa ,v requiera de agentes estatales que sirvan de "cucr-
pos intornie dios' entre el poder concentrado de la clase dominante (en
Vase "La estasiolog a y los lmites del sentido cornu ", Cap. I de mi tesis de Ph.D., Los
Partidos Polticos en el E'cu_ador :: la Clase Terrateriie n te en las Transformacionos del Es
todo, 1978.
2 Como seria en Ias sociedades precapi talstas: "La vieja sociedad civil -~ice Marx caracte-
rizando al teudalsmo- tena directamente un carcter poltico, es decir, los eJementos
de la vida burguesa. como por ejemplo la posesin, o la familia, o el tipo y el modo de
trabaio , se haban llevado al plano de elementos de la vida estatal. bajo Ia forma de la
propiedad territorial, el estamento o Ia corporacin. Determinaban, bajo esta forma, las
relaciones entre el individuo y el conjunto de! Estado, es decir, sus relacones polticas o.
lo que- es lo m ism o , sus relaciones de separacin y exclusin de las otras partes integran-
tes de la sociedad. En efecto. aquella organizacin de la vida del pueblo no elevaba la p o-
sesin o el trabajo al plano de elementos sociales, sino que, por el contrario, llevaba a tr-
m ino su eparacion del conjunto del Estado y los constitua en sociedades os p ecialcs den-
tro de la sociedad. N o obstante, las funciones y condiciones de vida de la sociedad civil
se gu ian siendo polticas, aunque polticas en el sentido del feudalismo. es decir, excluan
al individuo deJ conjunto del Estado, y convertan la relacin especial de su corporacin
con eJ coniunto del Estado en su propia relacin general con Ia vida del pueblo... " Ver
Sobre la Cuestin Jud ia; op, cit . pg. 35.
82 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
el Estado) y las masas insertas en la vida poltica nacional.
Por ello, sobre la base de la existencia de una sociedad en la que se
ha abierto ya el proceso de predominio del modo de produccin capita-
lista, los partidos polticos surgen en conexin con tres fenmenos:
1. El establecimiento del Estado burgus
2. La laicizacin del Estado y de la sociedad civil
3. La activacin poltica de las clases dominadas y explotadas y en
particular de la clase obrera.
Las modalidades especficas que adopten estos fenmenos en una
sociedad condicionar no solo el acelerado o atrasado surgimiento de
sus partidos polticos, sino sobre todo, el carcter que adquiera su rgi-
men partidista. Sus programas partidistas, los tipos de organizacin y
su funcionamiento estarn en gran medida determinados por el nivel de
desarrollo de dichos fenmenos y las diversas maneras en que se relacio-
nen.
Estas proposiciones sobre los orgenes de los regmenes partidistas
que avanzamos aqu debern ser cuidadosamente aplicadas en cada pas,
cuidando siempre de reconstruir los elementos pertinentes con una pers-
pectiva histrica, por las razones ya expuestas anteriormente. En el caso
particular del Ecuador esos fenmenos sealados se nos presentan, en
nuestra investigacin con rasgos caractersticos propios que pasamos a
puntualizar.
11. La Constitucin del Estado Burgus en el Ecuador
El dominio del capital comercial correspondi en el Ecuador a una
nueva estructura del Estado. Esa nueva estructura empez por cierto a
bosquejarse antes de la Revolucin Liberal, pero solo con la transforma-
cin de 1895 se cambi el carcter de la dominacin poltica (del Esta-
do) y se abri as el proceso de reestructuracin del Estado ecuatoriano.
Nunca antes de 1895 fue la burguesa -que haba sido "hospedada" en
algunos centros de poder regionales tales como el municipio guayaquile-
o- la clase dominante en los centros neurlgicos del Estado ecuatoriano.
La importancia de la Revolucin de 1895 radica en que no solo
permiti la organizacin de un gobierno burgus, sino que permiti la
creacin de un Estado burgus. Se inicia recin entonces la poca de la
modernidad en el Ecuador. Comienza, entonces, la historia que contina
hasta hoy, de un Estado que niega ser un Estado de clase. Puntualice-
mos las caractersticas esenciales del proceso de constitucin y desarro-
llo de dicho Estado, que nos sern indispensables para entender la natu-
raleza del rgimen de partidos polticos que surgi en los aos 20.
LA TRANSFORMACION BURGUESA 83
A. Elementos Absolutistas del Estado anterior a la Transforma-
cin de 1895
El Estado ecuatoriano del siglo pasado tuvo elementos absolutistas
y como tal jug un papel en la creacin de los prerequisitos para el as-
censo de la burguesa y la expansin del capitalismo en el pas. Es as
como se pasa de ese Estado fiscalmente atrasado de la poca del General
Jos Flores en que se "cobraban impuestos fijados por los Congresos, y
se invertan impuestos mediante rdenes verbales del presidente" 3, a
un rgimen fiscal que fue aceptando el procedimiento de ceder el cobro
de impuestos a instituciones bancarias, su.pedtulose asi progresiva-
mente el sistema fiscal del Estado al capital comercial-bancario, Ya en
1890 hubo incluso el intento de crear un Banco Nacional del Ecuador,
proyecto de banco estatal en el cual se verifica ya la concepcin de "in-
ters pblico" como una norma que tienda a normar el papel del Esta-
do. 4
La recaudacin de impuestos mediante contratos con compaas
de financistas y banqueros privados que retenan parte de la recauda-
cin como "ganancias" favoreci indudablemente al proceso de consti-
tucin de la burguesa comercial-bancaria ecuatoriana, siendo el mismo
Estado pre-capitalista quien jug un papel importante en dicho proceso.
La abolicin de la esclavitud, el tributo indgena y los diezmos fue-
ron conducentes a la disolucin de relaciones precapitalistas de tipo co-
lonial y arcaico, y se dieron apelando al concepto de "inters pblico",
y beneficiaron el avance del proceso de acumulacin originaria en el pas,
aun cuando no significaron el triunfo de las relaciones capitalistas.
La modernizacin de la infraestructura de comunicaciones que fa-
cilita la circulacin de mercancas 5, el desarrollo de una poltica de
apoyo, aunque conflictiva, a la naciente banca, la entrega de terrenos
baldos, y las medidas modernizantes en la administracin pblica y en
3 "La Reaccin: como surgi el primer partido poltico eouatoriano ", El Telgrafo, 14 de
agosto de 1930, pg , 2.
4 Vase el "Proyecto de creaci6n del Banco Nacional", reproducido en Banco Central, Po-
nencia presentada al 11 Encuentro de Historia y Realidad Econ6mica y Social del Ecua-
dor, Cuenca, 1977.
5 Garcia Moreno comienza el ferrocarril del sur, En las administraciones progresistas avan-
za ya hasta la cordillera habiendo servido a los hacendados cacao teros. Durante el go-
bierno de Caamao (1884 - 1888) se introdujo el telgrafo al Ecuador. En 1884 haban
ya 270 millas de lneas en operacin. En 1889 se extendi la lnea a la Costa conectando
la regin con Quito. En 1890 se aadieron 200 millas ms conectando el pas con Co-
lombia,
84 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
la legislacin, la ley de bancos y la creacin de una Cmara de Comer-
cio 6 y el establecimiento de la moneda nacional 7 son todas medidas
que revelan un adelanto cronolgico en la poltica estatal al ser expre-
siones institucionalizadas del "dominio pblico": Este adelanto del Es-
tado incidi en la acumulacin originaria de capital, y denota la existen-
cia de rasgos absolutistas.
Los procesos electorales por su parte, llegaron tambin a ser fen-
menos en los cuales ya se vislumbraba, para la poca del progresismo,
concepciones liberales sobre el "dominio pblico" y la representacin
de los "intereses generales". 8 Todo esto revela por cierto, la existencia
de rasgos absolutistas del Estado en el ltimo tercio del siglo XIX, y no
el dominio de la burguesa como tantas veces se ha supuesto, errnea-
mente.
En efecto la burguesa no era an una clase dominante en el Esta-
do (a pesar de que tena cierta influencia en algunos centros de poder y
poda presionar en otros) en cuanto se vea obligada a hacerse represen-
tar en el poder por otra clase, los terratenientes. No era todava, para
emplear un trmino usado por R. Zavaleta, una "clase estatal", es decir,
que deje de "sentirse en la necesidad de entregar sus direcciones a los
delegados indirectos de la clase dominante (...) demostrando que no ha
llegado an la hora de su liberacin". 9
En la interpretacin que avanzamos en otra obra, esto solo dej de
ser as cuando en 1895 la burguesa comenz directamente a implantar
los rganos poltico-jurdicos e ideolgicos de su propio poder. Es decir
que para nosotros el corte entre el Estado de tipo corporativo-feudali-
zante que adopt formas aristrocrtico-oligrqucas y el Estado de tipo
capitalista, tuvo lugar con la guerra civil de 1895 que sell el comienzo
6 La Cmara de Comercio de Guayaquil tuvo su or gen en el Gobierno de A. Flores Jijn y
fue creada por Decreto Ejecutivo del 5 de junio de 1889, con las siguientes atribuciones:
"Proponer las reformas que crea deban hacerse en la Ley de Aduanas, en el Cdigo de
Comercio y en todo 10 referente a Decretos, Ordenanzas o Tratados de Navegacin y Co-
mercio, as como al fomento de la Inmigracin, con el carcter de Comisin Tcnica
Consultativa de Gobierno". Pero fue solo despus de la Revolucin Liberal, que di pie
a la formacin de una Bolsa Mercantil, que la Cmara de Comercio entr en "activo servi-
cio", con una prensa dedicada a los intereses comerciales: En 1898 se reestructur "pues
no se haba dejado sentir eficazmente desde SU fundacin". Vase Banco del Ecuador,
Historia de Medio Siglo, pg. 133.
7 En el siglo XIX se usaba la moneda de varios pases, Colombia, Per, Bolivia, Chile, etc.
En 1885 se estableci el sucre como moneda nacional.
8 Vase mi trabajo sobre "La Estructura Institucional de R.P. en el siglo XIX", Revista CC.
SS. Nos. 7 - 8.
9 Ren Zavaleta, ALAI, Boletn, No. 24, Canad, pg. 121.
LA TRANSFORMACION BURGUESA 85
del dominio poltico de la burguesa. Descartamos as toda interpreta-
cin que confunda la existencia de elementos absolutistas de un Estado
con el carcter esencial de dicho Estado. Es indudable que en el Ecua-
dor, el Estado adopt crecientemente ciertos rasgos absolutistas desde
la poca garciana, que se acentuaron en el "progresismo", pero el con-
tenido de la dominacin poltica era precapitalista en cuanto una cla-
se terrateniente ejerca el control sobre los rganos y aparatos estata-
les neurlgicos. 10
B. El Desarrollo Regional Desigual del Estado Burgus en el
Ecuador
Mientras en la Sierra se mantuvo el rol de la Iglesia en la superes-
tructura, en la Costa y ms particularmente en Guayaquil se fue confor-
mando, en el ltimo tercio del siglo XIX yen base a la exportacin ca-
caotera, un nuevo aparato estatal modernizado con funciones econmi-
cas diferenciadas: la Gobernacin de Guayaquil. Concomitantemente
se fueron constituyendo en Guayaquil, con el aparecimiento de nuevos
sectores sociales modernos, una serie de "asociaciones", mutualidades
obreras, clubes civiles, sociedades art.sticas, que configuraban una nue-
va forma de asociacin de la sociedad civil pues escapaban del control
de la Iglesia.
Esta situacin contrasta con la quietud restrictiva de las ciudades
serranas en las cuales el aparato eclesistico controlaba la vida social
y cultural de sus habitantes. El monopolio de la sociedad civil por par-
te de la Iglesia impona muchas de las formas de expresin de la vida so-
cial y un determinado ritmo en toda la vida social de la Sierra. 1 1
En contraposicin a esa realidad el aparato eclesistico en Guaya-
quil parece muy dbil para la poca y con relacin a la Sierra. Otros or-
ganismos de la sociedad civil haban reemplazado o desplazado a la I-
glesia, tales como la Junta de Beneficiencia del Guayas, los clubes de
10 Esta interpretacin se aleja de aquellas que se inspiran en Nicos Poulantzas. Segn ese
autor el corte entre el Estado feudal y el Estado capitalista no tiene luger en el Estado
cuvo dominio lo tenga la burguesa sino en el momento en que aparece el Estado abso-
lutista. Vase su libro Poder Poltico y Clases Sociales en el Estado Capitalista.
11 Vase Hassurek, "Quito en tiempo de Garca Moreno", "Un pueblecito de la Sierra y
una fe sta de indios". P. 343--47; 351-354, El Ecuador visto por los Extranjeros, 1960.
Situacin sta que ha perdurado hasta aos recientes cuando haba pueblos dominados
aun por los curas. El 25 de agosto de 1968 visit Saraauro , Laja, en euyo "convento",
lugar donde viva el cura prroca (un Sr. Espinosa), me sorprendi ver una "Nota Impor-
tante" dirigida al pblico y en la que se prohiba a cualquier afiliado al Partido Liberal
Radical y Socialista ser padrinos en las ceremonas catlicas. En otros lugares de la sie-
na rural he visto casas cuy os altares improvisados contienen retratos de Garca Moreno,
Velase o Ibarra y Ponce Enrrquez entre las estampas de los "santos" catlicos.
86 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
intelectuales, las logias masnicas, los diarios liberales ya existentes en
1894 y las sociedades de artesanos y de trabajadores. Algunas de estas
asociaciones tenan su propia escuela. 12 Ya para fines de 1880 la ma-
yora de las escuelas de Guayaquil son privadas, y laicas, ajenas al con-
trol del aparato eclesistico.
Si recordamos que en Guayaquil se constituyen aparatos de la so-
ciedad civil como el educativo, financiero, y organismos "clasistas"
de tipo moderno (v.g. Cmara de Comercio y mutualidades) podemos
tener una visin ms clara de la importancia del control del sistema
hegemnico anterior a 1895 y las dificultades menores de implantacin
de un nuevo sistema, es decir, de otros aparatos afines a los intereses
de la burguesa y la disolucin o desplazamiento de los anteriores, so-
bre todo de la Iglesia, en el control de la sociedad civil en la Costa. Se
puede decir entonces que, en los aos anteriores a la Revolucin Liberal
la burguesa comercial guayaquilea controlaba las instituciones hege-
mnicas en la ciudad, mientras que el aparato estatal local, en sentido
restringido, (ejrcito, polica, gobernacin, etc.) estaba controlado
por los terratenientes cacaoteros aliados al gobierno central de la clase
terrateniente serrana. Este desarrollo desigual de las instituciones es-
tatales en las cuales los que controlaban las instituciones hegemni-
cas no eran los mismos -en trminos de clase- que controlaban el apa-
rato burocrtico-administrativo y represivo del Estado, creaba contra-
dicciones entre los dos medios, pero a su vez el control de la burguesa
sobre ciertos elementos de la sociedad civil en la Costa le permita
lograr un consenso favorable.
Esta realidad de desarrollo desigual de las instituciones estatales
en la Costa tiene su base en el carcter regional del desarrollo capitalis-
ta del pas. Guayaquil como ciudad, y la Costa, como regin, sern los
lugares ms dinmicos de la economa ecuatoriana que se liga al desa-
rrollo capitalista mundial. 13 Es sobre esa realidad compleja de un de-
sarrollo desigual del capitalismo ecuatoriano que se perfila una deli-
mitacin diferida, entre diversas regiones del pas, del desarrollo de las
superestructuras polticas capitalistas a partir de 1895. Por cierto que
la burguesa comercial bancaria, convertida en clase dominante con la
la El libro de Navas Buenaventura, Evolucin Social del Obrero de Gcu v aquil, 1920, re-
trasa la fundacin de todas las asociaciones habidas en el puerto desde mediados del si-
glo XIX. Por su parte en el censo de edificaciones de 1919 en Guayaquil aparecen 13
"sociedades obreras" con Edificios Pblicos. Ver Amrica Libre. 1920.
13 El trabajo de Andrs Guerrero sobre las caractersticas del proceso de desarrollo del ca-
pitalismo en el Ecuador es una invalorable fuente de interpretacin histrica para el pe-
rodo. Vase, op , cit., de 1977.
LA TRAN5FORMAClON BURGUESA 87
Revolucin Liberal, ir progresivamente extendiendo su dominacin
en el mbito territorial de la formacin social. Es verdad que la burgue-
sa triunfante disolvi el ejrcito oligrquico controlado por la clase te-
rrateniente v form otro controlado por los nuevos intereses guberna-
mentales. 1 ,1 Tambin desplaz a la clase terrateniente de su control
hegemnico, de los rganos y aparatos estatales centrales (Congresos,
Asambleas Constituyentes, "Gobierno central") y constituy organis-
mos que desafiaron la hegemona ideolgica de la Iglesia en el campo e-
ducativo (normales nacionales y creacin, o reformas, de universidades).
Sin embargo la perspectiva de anlisis adoptada en esta obra nos permi-
te visualizar un rasgo importante del desarrollo estatal burgus en el
Ecuador a partir de 1895, y relativizar correctamente aquel "desplaza-
miento" de la clase terrateniente de los rganos de poder poltico.
En efecio, para nosotros es insuficiente el anlisis del Estado e-
cuatoriano considerando nicamente datos sobre el aparato eclesis-
tico (la Iglesia) y aquellos que configuran el (;o!Jil'mo. Al contrario he-
mos insistido en la necesidad de considerar la existencia de estructuras
de diversas pocas en un mismo momento, es decir, tener presente la
heterogeneidad existente. Slo as se puede aprehender la esencia de
ese desarrollo desigual ('1111' no I'S ,~Mo rcpional del Estado en que apa-
recen primero en la Costa las superestructuras capitalistas y encuentran
ah el terreno abonado para su fortalecimiento, mientras que son resis-
tidas largamente en zonas y regiones donde la clase terrateniente es aun
incuestionablemente dominante. Ah la penetracin del dominio bur-
gus y por ende la implantacin de los rganos estatales de su propio
poder es agobiante mente lenta y sigue siempre la va del compromiso.
Por ello esta diferenciacin perfila ya una mayor extensin de la esce-
na poltica en la Costa, donde incluso en el siglo XIX se dio una mayor
participacin poltica creciente que convirti a dicha regin en el es-
cenario fundamental de la lucha de clases. Fue en el contexto de dicha
tnnpliarion de la ('S('I'TW poltica que aparecieron primero en la Costa,
ms concretamente en Guayaquil, los llamados "clubes electorales" a
14 El ejrcito antes de 1895 no tuvo un carcter nacional. En contraposicin a esa realidad,
la burauesra incluso antes de 1895 empez el reclutamiento de un nuevo tipo de ejr-
cito restndole fuerza al poder militar de la clase terrateniente. y de la aristocracia, La
"Jefatara'~ de Alfara en 1883 sobre las provincias de Man ab r y Esmeraldas estuvo soste-
nida por una fuerza militar contrapuesta al ejrcito regular oligrquico. A partir de J.895
hay un considerable aumento de reclutas dirigidos por el poder central --1"1 Gobierno---.
Se da entonces la presencia de infantera en varias ciudades y pueblos. y ad qu iere n un
papel activo los campesinos costeos (libres de las haciend as) en el ejrcito, y las diviso-
nes tcrritoriales se van convirtiendo, lentamente aun, en centros de reclutarniento de una
nueva fuerza pblica, Ya para 1922 existe una distribucin territorial de la fuerza p-
blica en el Ecuador.
88 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
fines de la dcada de los aos ochenta, y que esbozaban ya los primeros
grmenes de un futuro rgimen de partidos polticos. 15
C. El Camino "Prusiano" de Constitucin del Estado Burgus
en el Ecuador bajo las Condiciones del Imperialismo
El carcter eminentemente poltico que tuvo la revolucin liberal
le confiere una limitacin histrica que definir al proceso de consti-
tucin del Estado burgus en nuestro pas. La revolucin liberal (que no
debe ser confundida por la guerra civil de 1895) fue, a nuestro entender
una revolucin parcial, una revolucin esencialmente poltica que dej
en pi los pilares del edificio social del siglo XIX. Fue parcial en el
sentido en que Marx habla de las revoluciones parciales, es decir, por
cuanto la burguesa emancip una parte de la sociedad (la burguesa)
e instaur su dominio general, pero no tuvo el poder suficiente para li-
berar a la anterior clase dominante (los terratenientes) de sus condicio-
nes materiales y espirituales de atraso, sino que bas su dominio sobre
una premisa que no era sino su propia condicin especial de clase bur-
guesa, es decir, en palabras de Marx, "bajo el supuesto de que toda la
sociedad se halla en la situacin de esta clase, es decir, de que posea
por ejemplo, el dinero y la cultura, o pueda adquirirlas a su antojo". 16
En el Ecuador de fines de siglo la transformacin lograda por una
burguesa comercial ligada a la exportacin y a su vez ligada a la propie-
dad precapitalista y con estrechos vnculos con una aristocracia terra-
teniente fue necesariamente parcial. La burguesa comercial en el po-
der se plante la liberacin del yugo eclesistico y estableci nuevas re-
laciones entre el Estado y la Iglesia (yen ese sentido esa revolucin
liberal tuvo un sezgo de revolucin de liberacin nacional limitado fren-
te al Estado Pontificio). 17 Pero, sin embargo, la burguesa que se apo-
15 De su existencia conocemos por sus reclamaciones. En enero de 1892 los clubes elec-
torales de las parroquias urbanas "La Concepcin" y "Ayacucho" de Guayaquil expo-
nen ante el Consejo de Estado una serie de reclamos por la irregularidad del proceso e-
lectoral y piden la nulidad de las elecciones en la provincia. La solicitud estuvo finnada
por el Vicepresidente del Club de La Concepcin Francisco G. Vsq uez y por A. Vaneo
gas, presidente del Club de Av acucho , Vase libro de Actas del Consejo de Estado. Se-
sin del 10. de febrero de 1892, pp. 349-59. Archivo Palacio Legislativo. El Consejo
de Estado ---un rgano controlado entonces por la clase terrateniente- devolvi la solio
citud a los interesados aludiendo que no era un rgano legal de tramitacin de recursos
ante la legislatura.
16 Sobre 10 Cuestin Juda, op, cr., pag. 12.
17 Digo limitado porque la Revolucin Liberal no le disput a la Iglesia la designacin de
la jerarqua eclesistica. Lo que la burguesa comercial ecuatoriana hizo en su etapa
revolucionaria (que ser posteriormente definida) debe ser catalogado como reali-
LA THANSFORMACION BURGUESA 89
dera de los aparatos y rganos estatales centrales en 1895 no realiz una
reforma agraria que diera al traste con las relaciones de produccin pre-
capitalistas en el campo. "Su hegemona escoge la va del compromiso,
de un desarrollo capitalista enredado en la maraa de relaciones no capi-
talistas de la Costa y precapitalistas de la Sierra; de una reproduccin
capitalista que tiende a transformar-conservar dichas relaciones sociales
(que se insertan orgnicamente en su estructura en lugar de disolverlas)
y depende de la supeditacin al mercado mundial". 18
Esta realidad va a marcar una va panicular, especfica del desarro-
llo y constitucin del Estado burgus en nuestro pas. Esta tesis que
planteo aqu significa que el modelo clsico de constitucin del fstado
nacional bu.rw.(;S 1/0 ('$ aplicable al Ecuador (Y quiz tompoco a otros
po isos latinoamericanos). Y ello por algunas razones valederas.
a) La Revolucin Democrtico-burguesa parcia] de 1895 se di
en condiciones de un pas que no haba alcanzado an su unidad nacio-
nal bajo otras formas de Estado, sea el Estado Colonial (a pesar de sus
elementos absolutistas) o bajo el Estado feudalizante del siglo XIX.
Qu significado tiene esto? Se trata de un asunto esencial. Esto signi-
ficar que la burguesa al llegar al poder no podr conferir un carcter
nacional a su hege/1/oll a poI itica 19, sino un carcter regional Y parcial.
Esto tendr graves repercusiones para la "ida espiritual del Ecuador has-
ta nuestros das. Expliqumonos.
En el caso de pases donde las revoluciones democrtico-burguesas
se dan cuando ellos haban preruunenu: alcanzado su unidad nacional
"-el caso clsico de Francia-, la burguesa al llegar al poder completo su
revolucin en la superestructura ideolgica a travs del control que el
poder del Estado (aparato nacional) le confiere sobre el conjunto de ins-
tituciones hegemnicas y logra as barrer, limpiar la superestructura
ideolgica de los rezagos de esa ideologa y cultura atrasada, feudal, bar-
z acn de tareas nacionales frente a un Estado opresor (el Vaticano) al reivindicar la so-
berana nacional. Recurdese que muchas leyes - y acciones de Al faro l->- fueron directa-
mente en contra de los intereses de ese Estado extranjero que es el Vaticano. Pero el he-
cho de haber realizado tareas nacionales no 1.. confiere a esa burguesa el carcter de na-
cional, y eUo porque una clase social solo puede definiJ:se como tal --"omo nacional-.. en
cuanto se vuelve unificadora de la nacin, y esto en relacin con otras clases y sectores
sociales. y "lo nacional" solo puede parcialmente definirse por oposicin a lo extranjero
y no debe confundirse dicha contradiccin ti oposicin por la misma realizacin de la na-
dan,
18 A. Guerrero. 1977, op , cit., pg. 54.
19 Ntese que hablo de hegemona y no de dominacin.
90 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
bara y arcaica. Esta es una tarea revolucionaria de primer orden que
marca el carcter histricamente progresista de la burguesa en esos mo-
mentos. La burguesa emprende en esos pases una verdadera campaa
de limpieza ideolgica que llega a los lugares ms apartados de la capital
donde ha instalado la sede de su dominacin: al campo y la ciudad, a
todas las provincias, cantones y parroquias del pas.
En contraposicin a esta realidad, en el Ecuador no pudo ocurrir
esto por la resistencia efectiva que opuso una clase terrateniente pode-
rosamente presente en muchos centros de poder estatal y que expresaba
su poder en las superestructuras polticas precapitalistas del rgimen ha-
cendatario, y de la Iglesia en las cuales se encontraba inserta la mayor
parte de la poblacin -rural- del pas.
b) Esta situacin esencial le confiere a la superstructura ideolgi-
ca del Estado burgus que se inaugura en 1895 un atraso grave que difi-
cultar la realizacin efectiva de las conquistas democrticas que imple-
ment la misma burguesa e impedir la ampliacin de la democracia.
Por eso se podra afirmar figurativamente que la burguesa ecuatoriana
lleg tarde a sus propias conquistas democrticas.
Por otra parte esta situacin le confiere a la derecha poltica una
reserva ideolgica muy grande en la medida en que ella puede manipular
a esas masas insertas rn las superestructuras polticas e ideolgicas pre-
capitalistas mantenidas drspu6s de la parcial revolucin d 1895. Esto
que a su vez crea una restriccin en la vida participatoria de las masas,
se ha convertido a lo largo del siglo XX y hasta nuestros das en uno de
los resortes ideolgicos de la reaccin. Es un rasgo caracterstico del Es-
tado burgus no acabado del Ecuador el llevar en sus entraas la media-
cin poltica de la anterior clase dominante: los terratenientes. " ... el
Estado moderno acabado solo existe ... donde no media contradiccin
alguna entre la libre teora y la vigencia prctica de los privilegios, sino
que, por el contrario, la abolicin prctica de los privilegios, la libre in-
dustria, el libre comercio, etc., corresponden a la "libre teora", donde
el Estado de cosas pblico no se contrapone ninguna cerrazn privilegia-
da ... " 2 o
e) La clase ms directamente representada en los orgenes del
Estado inaugurado en 1895 es la burguesa, pero la clase terrateniente
sigui consolidando su poder poltico e ideolgico, en un perodo pos-
terior, en la medida en que las bases renovables de su poder econmico
20 La Sagrada Familia, pg. 183.
LA TRANSFORMAC10N BURGUESA
--la estructura hacendataria precapitalista-r- no fueron disueltas. flor
elh, 11/ clas terrat.cnienl c tiene acceso \' participacin en las dl'cionl's
'/UI' ataen o las mismas trans.formaciolll"~ y/o l'onselTo!'n dI' institu-
eion es del r".~tad(J burgui:. Por ello los intereses corporativos de la clase
terrateniente se vern traducidos y representados a nivel poltico en la
rcn onada rslru ciura de f(?/Jn~sl'nl(lcin Iw/{Iica.
Todos estos elementos determinaron un camino especfico que
transit la Revolucin democrtica en el Ecuador en lo que dice rela-
cin a la supervivencia de los rezagos feudales y a la unidad nacional.
Lenin ha sealado este camino como una va desfavorable para el surgi-
miento de la sociedad burguesa acabada, y lo llam el camino "prusia-
no", Creo que este esquema es adaptable al pas, dentro de ciertos lmi-
tes.
El desarrolo capitalista puede, segn Lenin, adoptar dos grandes
modalidades. En una de ellas los vestigios de la sociedad precapitalista
desaparecen como resultado de las transformaciones de la economa te-
rrateniente, en la otra esos rezagos son Liquidados con la desaparicin de
los latifundios, "El desarrollo burgus puede tener lugar encabezado
por la gran economa terrateniente, que paulatinamente se tornar cada
vez ms en burguesa, y paulatinamente sustituir los mtodos feudales
de explotacin por los burgueses; y puede tener lugar tambin encabe-
zado por la pequea economa campesina, que por va revolucionaria
extirpar del organismo social la "excrecencia" de los latifundios feuda-
les y se desarrollar despus libremente sin ellos por el camino de la eco-
noma capitalista. "En el primer caso, la economa feudal del terrate-
niente se transforma lentamente en una economa burguesa, junker que
condena a los campesinos a dcadas enteras de la ms dolorosa expro-
piacin y servidumbre ... En el segundo caso, no existe economa terra-
teniente o ha sido liquidada por la revolucin, que confisca y divide las
haciendas feudales", 21
Lo que deseo avanzar en este punto es que este pronunciamiento
de Lenin IIU deb ser cntotulido /llico1111'1111' 1'/1 rclocin a lu C/lI'S/iIJ11
agroria, sino a tuda fa sociedad lnirguosa. Fs decir 111l1' tambicu SI' refie-
re, (1 debl' ser rl'.fi'rido ('11 lodo coso; a 111 V de const it u ciou del Fslado
lnireus, Esta proposicin a la cual hemos llegado en el estudio de las
transformaciones del Estado ecuatoriano, se encuentra corroborada por
el anlisis que sobre la historia alemana hace G. Lukcs. En" Acerca de
algunas caractersticas del desarrollo histrico de Alemania" el autor se-
21 Este esq uem a leninista de la va junker y va Iarm er o norteamericana ]0 presenta en "El
Programa Agrario de la Socialdemocracia" ." Ver a.c., Torno XIII, pgs, 223-224.
92 EL MITO DEL POPUlISMO EN EL ECUADOR
ala que el pronunciamiento de Lenin sobre el "camino prusiano" "no
debe entenderse referido solamente a la cuestin agraria en sentido es-
tricto, sino que se extiende a todo el desarrollo del capitalismo y a la su-
perestructura poltica que presenta en la moderna sociedad burguesa de
Alemania". 22
La tesis del camino "prusiano" de constitucin del Estado burgus
en el Ecuador significa que. la revolucin liberal tuvo que recorrer un ca-
mino desfavorable al desarrollo de la sociedad burguesa y favorable a la
mantencin de los privilegios de la clase terrateniente que se ir meta-
morfoseando muy lentamente en burguesa y que no pierde su cuota de
poder en el Estado. Significa adems que ella como clase estar presen-
te, y a veces aparecer al frente en los momentos de transformacin y
desarrollo del Estado burgus en el pas. En rigor entonces, se debe ha-
blar de un Estado burgus-terrateniente.
Mas, la va prusiana de constitucin del Estado se encuentra imbri-
cada en un movimiento histrico universal que se entrelaza y sobrepone
a las condiciones locales y a veces las determina. Me refiero a que la
transicin del Estado feudalizante al Estado burgus-terrateniente en el
Ecuador -cuyo corte hemos fijado en 1895- se efectu bajo las condi-
ciones histricas del imperialismo. 23
Las acciones intervencionistas de Inglaterra, Francia, Alemania y
EE. UU. comenzaron en el Ecuador mucho antes de que esos pases ca-
pitalistas adquieran un carcter imperialista. Ese intervencionismo del
siglo XIX no estuvo an aparejado con la "marcha arrolladora del impe-
rialismo" y correspondi al perodo del capitalismo de la libre concu-
rrencia, de la exportacin de mercancas, de la expansin territorial, de
la consolidacin del Estado nacional en esos pases y a la delimitacin
de las fronteras con su impulso expansionista. Claro est que el inter-
vencionismo de los pases capitalistas ms desarrollados se sinti en to-
da Amrica Latina, con impactos diferidos segn las "reas de influen-
cia" que esos pases tenan en nuestro continente. As por ejemplo. el
intervencionismo estadounidense se hizo sentir ms brutalmente en :
Centro Amrica, Mxico y el Caribe que en Argentina o el Ecuador. 24
22 G. Lukcs. pg. 41. En El Asalto a la Razn, (Barcelona: Griialbo , 1967).
23 Uso la categora en la acepcin de Lenin, El Imperialismo fase superior del capitalismo.
24 Hay dos obras de enorme importancia en las ciencias sociales ecuatorianas y que han,
desgraciadamente, permanecido ignoradas en algunos crculos acadmicos ecuatorianos.
Ambas son de M. Medd,na Castro. Vase EE. UU. y la Independencia de Amrica Latina
(Guayaquil: 1947), y la responsabilidad del Gobierno norteamericano en el proceso d~
mutilacin territorial del Ecuador, (Guayaquil: Depto, de Publicaciones de la Uriiversi-
dad de Guayaquil, 1977).
LA TR.ANSFORMACION BURGUESA 93
Nuestro pas empieza a sentir con mayor fuerza el impacto del interven-
cionismo estadounidense justamente cuando el desarrollo del capitalis-
mo norteamericano haba creado ya una base industrial y financiera que
le permitiera proyectarse como una nueva fase, histricamente distinta:
la del im.periaismo , Este intervencionismo por lo tanto afect simult-
neamente a la formacin social que se moldea y al Estado. El Ecuador
se vuelve entonces un pas sernicolonial en sentido estricto. Es decir
que, paradjicamente, el advenimiento de la Revolucin Liberal r-con la
cual se abre el proceso de constitucin del Estado nacional- tiene lugar
en un momento histrico que empalma con la inauguracin de la fase
imperialista del capitalismo: la ltima dcada del siglo XIX. Esio COl/-
solid ---proponemos aqu---la deformacin de [a democracia burguesa
ocuctoriana, en SIL desarrollo inicial y subsiguiente. .
Esta realidad va a marcar una va especfica del desarrolo y evolu-
cin del Estado burgus-terrateniente en nuestro pas: una va de/wn-
diente del imperialimo , Esta tesis que planteo aqu significa que el mo-
delo clsico de constitucin del Estado burgus no es aplicable al Ecua-
dor, como tampoco lo sera en situaciones semejantes de otros pases la-
tinoamericanos. Y ello por algunas razones valederas.
La sobredeterminacin imperialista en los Estados nacionales signi-
fica la instauracin de ese "proceso perverso" que han tenido los Esta-
dos latinoamericanos que han visto trasladadas las tcnicas represivas de
los pases imperialistas a los modernizados aparatos represivos del Esta-
do, Se instauran as cambios en el aparato estatal que no obedecen a
correspondientes cambios en la base material de la sociedad nacional
ecuatoriana. Ello significa que se genera un abultamiento e hipertrofia
de los aparatos estrictamente represivos del Estado (polica, ejrcito,
centrales de inteligencia) destinados a velar por los intereses econmicos
extranjeros en la sernicolonia. Fsto produce UI/ debilitamiento de los
provect os democrticos de /,'stwlo nacional a Sil ce:; (lile fomenta la
adopc(w de formas de Estado qlle respondan incinuiiciou alm entc a los
nuuuiatos del copita! monoplico .
Qu significado central tiene esto para el carcter de las transfor-
maciones estatales que supuestamente debieron iniciarse en 1895? Esto
signific esencialmente que la burguesa ecuatoriana lleg tarde al esce-
nario histrico de sus conquistas democrticas. Este factor, complejo
de por s, tuvo incidencias importantes que se ven reforzadas mutua-
mente con el camino prusiano que transit el Estado burgus, y explica
en parte el dbil carcter de las conquistas democrticas impulsadas
por la burguesa. E en este contexto que debo ser comprendido e! t.ar-
d/o surgimiento de IUI rgimen de partidos [i0UtLCOS. 1'11 eS/I('('La! CO/1/0
94 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
organismos actuantes en calidad de instrumentos de control y participa-
cin democrtica en el Estado burgus. De igual manera, la no constitu-
cin de un partido jacobino de la burguesa debe ser entendido en el
contexto de esta debilidad de la burguesa ecuatoriana y la va depen-
diente de constitucin del Estado capitalista en el pas. No extraa en-
tonces que la burguesa ecuatoriana no haya podido tampoco extender
su hegemona sobre el campesinado serrano inserto hasta bien avanzado
el siglo XX en las superestructuras polticas arcaicas y sujeto a la domi-
nacin de una clase terrateniente. 25
La explicacin avanzada arriba sobre la va especfica de constitu-
cin del Estado capitalista -llamada por nosotros "el camino prusiano-
dependiente"- nos permite comprender el porqu el Estado ecuatoria-
no no lleg nunca a ser un Estado Moderno, democrtico-burgus "tpi-
co", desarrollado, sino que en sus diferentes etapas de desarrollo, desde
1895 hasta el presente, muestra formas inferiores a las tpicas. Esto se
debe a la persistencia del poder de la clase terrateniente, material y espi-
ritualmente, en el proceso mismo de transformacin del Estado. Si una
de las especificidades histricas del Estado ecuatoriano es la de su per-
sistente atraso, es decir, el mostrar formas polticas inferiores a las que
corresponderan a una sociedad capitalista, segn los modelos clsicos,
esto se explica por el hecho de que la va de constitucin del Estado
burgus fue la va prusiana-dependiente aqu planteada.
,,1. La Ruptura con la Ideologa Tradicional-Incensurable
El carcter tradicional incensurable de la ideologa dominante en
la sociedad ecuatoriana anterior a la transformacin de 1895, entra en
crisis con el ascenso de la burguesa a los aparatos estatales centrales.
Ahora bien, toda crisis de la ideologa dominante afecta al conjun-
to del universo ideolgico de una formacin social. 2 6 Por ello la crisis
de la concepcin tradicional-incensurable de la autoridad, que en el
Ecuador solo madura con la laicizacin del Estado impulsada por los go-
. biernos liberales, nos remite a un problema terico planteado por noso-
tros: En la evolucin ideolgica de la sociedad ecuatoriana del pasado
siglo -como tambin ocurre en la evolucin de la estructura institucio-
nal de representacin poltica-, existe un MOMENTO DE RUPTURA
25 Para la poca, el proceso de produccin inmediata de la hacienda serrana estaba dado ba-
jo condiciones tpicamente precapitalistas y la clase terrateniente serrana tena insertas
en las superestructuras estatales de la hacienda a ms de 300.000 indgenas lo cual le con-
fera un enorme poder a nivel nacional.-
26 A este respecto vase N. Poulantzas, Fascismo y Dictadura, pgs. 77-80.
LA TRANSFORMACION BURGUESA
95
CON VIE,JAS FORMAS DE DOMINACION IDEOLOGICA y DE A--
DOPCION DE UN NUEVO SISTEMA HEGEMONICO "MODERNO",
Este corte que en su nivel ideolgico permite y fomenta la destruccin
del carcter sagrado de la autoridad fundada en un orden sobrenatural
y ultraterreno , a su vez, deja concebir lo poltico como algo terrenal,
esencialmente humano, en que se puede "tomar partido", defender in-
tereses contra los intentos de quienes tienden a anularlos. Cuando s-
to ocurre en una sociedad y a su vez se vuelve una tesis doctrinaria de
la clase dominante, se est creando una comlicion concurrente para el
surgimiento de organismos que sean "crisol de la unificacin de la teo-
ra y la prctica" como llamara alguna vez Gramsci a los partidos po-
lticos, 27 Slo entonces habr nacido una circunstancia que permite
la constitucin y desarrollo de los partidos, como organismos perma-
nentes que expresen voluntades colectivas. Dicha condicin slo existe
desde 1895 con la transformacin burguesa del Estado.
Numerosos autores han observado los esfuerzos de la Revolucin
Liberal por desclericalizar y laicizar el Estado. 28 Desde el filn ana-
litico que nos interesa adoptar aqu, la fOlldicin concurront c a la que
aludimos ms arriba se presenta COI/IO un cambio ('1/ el omlnenl c ideo/-
,~!I('() de lo 1',,('('110 polit.ico nacional. Expliquemos sto brevemente.
La legitimidad del Estado no se pretende fundar ya ms en la vo-
luntad divina encarnada en los principios monrquicos 29 sino que tieu-
di' exclusivamente a fundarse en el conjunto abstracto de individuos
formalmente "libres" e "iguales", es decir, en los principios de la sobe-
rana popular y de la responsabilidad laica del Estado hacia "el pueblo",
cuya ex[cnsilI fue, sin embargo, definida y delimitada res 1rict iz'Il""'II/1'
en nuestro pas. Este cambio en la fundamentacin ideolgica del Es-
tado se registra en un desplazamiento del control ideolgico ejercido
por la Iglesia en las instituciones encargadas de crear el consenso hacia
el nuevo modelo de dominacin poltica. Aparece entonces con fuerza
aquella categora de asesor estatal y funcionario ideolgico que Engcls
con toda propiedad califica de "esencialmente" capitalista : o: los
27 Quaderni cld caree.re (T'o rirro : Ein andi Ed it o ri , 1975, pago 1:J87.
28 Ve ase en especial las obras de Oswaldo Arborno z citadas en la Biblionruf ia y Alejandro
Mo reano , '<Uruversrdad y Desarronol~. ;l,zernoris Pr m er Congreso ,'VaciorJal tic Unvt-rsi .
dados , (Quito: Ed. Uuivcrst.aria. 1973), pp. 11!)---]:~5.
29 V asc Raf'aet (.juintero. "La Cultura Tradicional y la Iglesia en la So c'ie d ad Ecuatoriana
del siglo XIX", Revista Cultura, Vo!. Il l , No. 4, Mayo 1974, pp. 11 G--149.
30 Erigels , "Decadencia del Feudalismo y surgimicnt.o de los Estados Nacionales".
96 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
JURISTAS que reemplazan el anterior tipo de asesora legal recibida en
los diversos organismos estatales encargados de regular la administra-
cin de intereses econmicos privados. 3 1
A este respecto sera muy revelador examinar el papel que jug
esta reforma en las nuevas relaciones burguesas de la poca y consta-
tar el efectivo reemplazo de la asesora teolgica por la jurdica en la
legislacin parlamentaria. Recurdese que desde 1897 los sacerdotes
no pueden ya ser elegidos diputados provinciales, "derecho que defen-
dieron a toda costa". 32
Por otra parte, este cambio en el ambiente ideolgico de la esce-
na poltica se expresa en que cualquier ciudadano pueda ser parte de
aquella entidad nueva llamada "opinin pblica" a la cual los polti-
cos apelan con creciente frecuencia despus de la Revolucin Liberal.
A diferencia de las discusiones y debates que se daban en una escena po-
ltica estrechamente delimitada por las viejas instituciones del Estado
precapitallsta, donde las diferencias de posiciones no aparecan como
netamente polticas y no adquiran un carcter "pblico", las contro-
versias y contiendas en torno a las cuales existen posiciones divergen-
tes sobre un problema, tienden irreversiblemente a convertirse en a-
suntos pblicos, es decir, a comprometer la participacin en el deba-
te de sectores de individuos y de grupos que no necesariamente estn
insertos en las instituciones o centros de poder poltico que deben to-
mar una decisin al respecto, sino que pertenecen ya sea a una multi-
plicidad de asociaciones de la sociedad civil (v.g. crculos intelectuales,
peridicos, asociaciones culturales y profesionales, la Iglesia), o que
precisamente se organizan (y pueden hacerlo legalmente) en "movi-
mientos" que desean imprimir una influencia organizada al debate de
determinado problema.
31 Una investigacin realizada por el autor sobre la Revista Anales de la Universidad de Qui-
to nos revel que nicamente a partir de 1896 cambi radicalmente la orientacin -
deolgca de los estudios en la Facultad de Jurisprudencia. Desde entonces el Derecho
Romano tuvo preeminencia en la ctedra de Legislacin. (La Coleccin completa de es-
ta revista reposa en la Biblioteca de la U.C. Quito-Seccin Ecuatoriana). Orientado
a la formacin de esta nueva categora de asesores estatales fue el decreto de Eloy Al-
faro expedido el 26-XIl-1895 que cre la Facultad de Jurisprudencia. anexa entonces
al Colegio San Bernardo de Loia , pero facultada para expedir ttulos de Licenciados y
Doctores en Jurisprudencia. Vase Revista Facultad Jurisprudencia, Vol. l. 1975.
Loja No. 1.
32 "Obispos, cannigos, presbteros, defendieron COn energa su derecho a ser elegidos pa-
ra las Cmaras. De hecho formaron parte de los Congresos y Constituyentes del siglo an-
terior. Y justamente fueron estos clrigos-legis1adores quienes abanderaron la debat-
da tesis del origen divino de la autoridad ", se afirma en el estudio reciente de Enrique
Avala, Desarrollo histrico e ideolgico de los Partidos Polticos en el Ecuador, PUCE,
1977, pago 87.
LA TRANSFORMACION BURGUESA 97
Para no citar ms que un ejemplo suficientemente ilustrativo de
esta nueva realidad ideolgica de la escena poltica, recbase sobre el ca-
rcter esencialmente distinto que tuvo el debate y controversia sobre
la abolicin del concertaje en la segunda dcada del siglo XX en compa-
racin con aquellos debates decimonnicos sobre la abolicin del tri-
buto, el diezmo y la esclavitud en que nicamente se aceptaba la par-
ticipacin institucionalizada en los aparatos del Estado. 33 Este asunto
no slo que fue ventilado por una porcin inmensamente ms amplia
y grande de individuos y de grupos que competan en calidad de lde-
res de la "opinin pblica" a la cual apelaban e intentaban moldear, si-
no que a diferencia de aquel "tab intocable" existente frente a la cla-
se terrateniente en el siglo XIX, la reaccin de los hacendados no sus-
cit entonces (al momento del debate sobre la abolicin del concerta-
je) el terror registrado en pocas pasadas. Alfredo Costales comentan-
do una exposicin parlamentaria favorable a la abolicin del concer-
taje que califica de "sincera, ordenada y valiente" aade: "No olvide-
mos que el patrn o hacendado hasta entonces haba sido casi una es-
pecie de tab intocable, una casta privilegiada ante la cual haba de des-
cubrirse el sombrero para hablar. Se observa que el temor hacia l,
dice Costales despus de revisar el amplio debate sobre ese asunto, se
diluye a poco y cualquier ciudadano puede hablar y criticar de sus ac-
tuaciones desacertados e injustas" 3 4
Esto expresa el cambio en el ambiente ideolgico de la escena po-
ltica al que hacemos referencia. Es esta ruptura con una realidad ideo-
lgica tradicional, propia de Estados precapitalistas, la que registra la
presencia del "government of public opinion", como J.S. Mill se refiri
al Estado burgus. 35 Y es slo ah, donde no media contradiccin
alguna entre la "libre teora" y la abolicin prctica de los privilegios,
donde surge en realidad una escena poltica moderna acabada, que per-
mite la constitucin "natural", sin trabas, de partidos polticos. Pero
esa escena poltica moderna slo es posible en una sociedad burguesa
33 Se discuti por ejemplo en las revistas de la sociedad Jurdico-Literaria y en los escrt-
tos de la Sociedad de Agricultores, adems de la prensa peridica y se organizaron con-
ferencias, seminarios e incluso un Congreso (de la Iglesia) para tratar de orientar la opi-
nin pblica. Vase Costales para los detalles de esta discusin. op, cit., 124---130.
34 op, ct., pago 246 y passm , Comprese esta discusin con la de la abolicin dc la escla-
v tu d o de los diezmos o tributo indgena en el siglo XIX. en que no aparecen fenmenos
modernos como los movirnieros que discuten un asunto desde fuera de las institucio-
nes que deciden.
35 Ver O" Liberiv , pago XX. MiIls habla incluso acerca de "thc asce ndan cv of public o.
pinion in the State ", ibid., pago !l9.
98 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
con un Estado de tipo capitalista, es decir un Estado que ya no fije
jurdicamente ni traduzca en modo directo los intereses corporativos de
la clase dominante sino que traduzca la relacin de esos intereses con
aquellos de las clases dominadas y que para desempear esa funcin re-
quiere de un conjunto de nuevas estructuras polticas universalizantes
del Estado, entre las cuales se hallan los partidos polticos.
Correspondientemente, las imperfecciones de ese tipo de Estado
(v.g. su atraso) ha de incidir directamente en la va de constitucin de
los partidos polticos y en su debilidad como estructura universalizan-
te que traduzca esa relacin poltica entre clase dominante y domina-
da; es decir como organismos estatales que sean agentes de hegemona.
Pero estos organismos que en la sociedad cumplen importantes funcio-
nes hegemnicas nicamente emergen bajo la concurrencia de la condi-
cin aqu explicada, condicin que delata el carcter burgus del Es-
tado. 36
IV. La Activacin Poltica de las Clases Subalternas
La estasiologa ha insinuado una relacin causal entre la extensin
del sufragio y el aparecimiento de los partidos polticos, convirtindo-
se sta en una tesis harto aceptada y difundida en las ciencias sociales.
"En general -anuncia Duverger en su conocida obra-- el desarrollo de
los partidos parece ligado al de la democracia, es decir, a la extensin
del sufragio popular y de las prerrogativas parlamentarias". "Cuanto
ms ven crecer sus funciones y su independencia las asambleas polti-
cas, ms sienten sus miembros la necesidad de agruparse por afinidades,
a fin de actuar de acuerdo; cuanto ms se extiende y se multiplica el
derecho al voto, ms necesario se hace organizar a los electores a tra-
vs de comits capaces de dar a conocer a los candidatos y de canali-
zar los sufragios en su direccin. El nacimiento de los partidos est li-
gado, pues, al de los grupos parlamentarios y los comits electorales.
Sin embargo, algunos manifiestan un carcter ms o menos desviado en
36 Engels al referirse al nuevo contenido de la dominacin ideolgica burguesa seala:
"Lo que es bueno para la clase dominante debe ser bueno para la sociedad con la cual
se identifica aquella. Por ello cuanto ms progresa la civilizacin, ms obligada se cree
a cubrir con el manto de la caridad los males que ha engendrado fatalmente, a pintar-
los color de rosa o a negarlos. En otras palabras, introduce una hipocreca convencio-
nal que no conocan las primitivas formas de sociedad ni aun los primeros grados de civi-
lizacin: la explotacin de la clase oprimida es ejercida por la clase explotadora exclu-
siva y nicamente en beneficio de la clase explotada: y si sta ltima no lo reconoce
as y hasta se muestra rebelde, sto constituye por su parte la ms negra ingratitud hacia
sus bienechores, los miembros de la clase explotadora". El Origen de la familia . pago
183.
U\ TRANSFORMACION BURGUESA 99
relacin con este esquema general: su gnesis se coloca fuera del ciclo
electoral y parlamentario, siendo esta exterioridad su carcter comn
neto". 37
Por su parte Robert Mckenzie inscribindose en esa concepcion
institucionalista considera que la limitada representacin de la pobla-
cin que sancionaba el sistema electoral britnico en 1830, era incapaz
de sostener un sistema partidista, el cual emerge slo como "un produc-
to directo de la expansin del electorado". 38 "En la medida en que
el electorado fue expandindose en oleadas sucesivas a partir de 1832,
y las prcticas electorales corruptas eran eliminadas gradualmente, los
parlamentarios tuvieron que recurrir cada vez con mayor frecuencia a
las tareas de organizar su apoyo popular con los flamantes electo-
res". 39
Sigmund Nuemann amplia ms correctamente esta perspectiva
cuando seala: "". el origen de los partidos polticos modernos se ha-
lla ntimamente ligado al surgimiento del parlamento. Los partidos po-
lticos surgen cuando se ampla la representacin poltica y se desarro-
lla un foro nacional de discusin dando una constante oportunidad a
la participacin poltica siempre que se satisfagan esas condiciones". 4 o
Algunos autores, tales como Gabriel Almond y G. Binghan Powel,
estn de acuerdo con la tesis enunciada por Neumann y sugieren a la
vez que los partidos polticos "parecen surgir ah donde el nmero y
la variedad de intereses que estn siendo articulados se vuelve demasia-
do grande para recibir satisfaccin a travs de una articulacin infor-
mal". 41 Esta proposicin, sin embargo, se entrelaza segn dichos auto-
res, con la existencia del "pluralismo", es decir, un rgimen democr-
tico burgus ya establecido o por inaugurarse despus de una revolu-
cin. 42
Ahora bien, asumiendo por un momento la propiedad de estas te-
sis que relacionan el nacimiento del sistema partidista con la extensin
37 Duverger, Los Partidos Politicos (1971) pag, 15--16.
38 Briiish Polltical Parties ; 1967, pago 3 y 6. (traduccin nuestra) En Inglaterra la reforma
de 1832 aument en un 42 o lo el nmero de los capacitados a sufragar.
39 Ib id . pago 6. Vase tambin Gunnar Heckscher , "Political Parties", 1957, pago 155.
(traduccin nuestra)
40 Co m paratiue Politics: A. Reader ; pago 351. (traduccin nuestra).
41 Ver "Interest Aggregation and Political Partes", capitulo V de Compuratiue Po lit ics:
A developmcnt Approach, 1966, PP. 98-127. (traduccin nuestra).
42 !bid, palo'. 102.
100 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
del sufragio recordemos que en el Ecuador la extensin de la participa-
cin electoral se da en 1892. De los 30.636 votantes de 1888 se lleg a
los 62.878 en las elecciones presidenciales de 1892. En los prximos
comicios presidenciales de 1901 el cuerpo electoral alcanz la cifra de
74.074, indicativa de una tendencia ampliatoria del sufragio que se hace
visible en el perodo posterior a la Revolucin Liberal, como lo muestra
el Cuadro No. 8.
Es decir, segn cifras oficiales, un cuerpo electoral que en 1888 so-
lo representaba al 3 % de la poblacin exhibi en tres dcadas una sig-
nificativa extensin, llegando a registrarse la participacin del 11 % de
la poblacin. Administradas por Liberales que concedan abiertamente
la necesidad de no "perder con papelitos lo que se haba ganado con ba-
las", las elecciones realizadas entre 1899 y 1924 estuvieron oficialmente
viciadas por el fraude. 43 El abogado Manuel M. Romero cuya tesis so-
bre "El Problema Electoral" tiene elocuentes pginas sobre el fraude
institucionalizado de los regmenes liberales de la poca afirmaba en
1923 que "en ningn tiempo ha existido la libertad del sufragio" en el
Ecuador. 44
Como sabemos el sistema de elecciones directas era relativamente
nuevo a la idea de representacin poltica en el Ecuador. Por cierto,
despus de la transformacin burguesa de 1895 los idelogos del nuevo
Estado exaltaron el principio de la "soberana perteneciente al pueblo"
lo cual no hubiera tenido mucho sentido a menos de que fueran esas de-
claraciones acompaadas de una cierta activacin electoral. Sabemos
que la representacin poltica centrada en las elecciones como el princi-
pal mecanismo del consenso de la clase dominante hace parte de una
ideologa liberal. A la burguesa no le interesa que las masas subordina-
das estn representadas socialmente sino que se sientan (ideolgicamen-
te) representadas por los gobernantes elegidos por sufragio directo. Des-
pus de todo una Repblica es la ausencia de autoridades no elegidas, y
su implementacin requiere indefectiblemente de una cierta animacin
electoral.
Lo que nos interesa saber aqu no es la "validez" o la falta de vigor
de esas nociones liberales, includa la de representacin poltica, sino el
carcter real de la extensin del sufragio en el pas durante el perodo
analizado, pues hemos ~n un principio- aceptado la perspectiva de
43 Muchos autores, "Liberales" y "Conservadores". han reconocido el carcter fraudulento
de las elecciones en dicho perodo. Vase La Lucha por la Democracia (1956) de A.P.
Diezcanseco. Vase igualmente los trabajos de Bentez, Romero, Castillo citados en la
Bibliografa. Ver L. Weinman. op, ct., pg. 141.
44 Romero Manuel, El Problema Electoral, Jur., U.C. (Archivo) 1923. pg. 30. Vase PP.
41-45 sobre sus denuncias del fraude oficial.
LA TRANSFORMACION BURGUESA 101
examinar el surgimiento de los partidos polticos en el contexto de la
ampliacin del cuerpo electoral. A este respecto caben las siguientes
constataciones:
A. En las ltimas elecciones generales realizadas antes de la Re-
volucin Liberal -<iquellas elecciones para vicepresidente ganadas por
Lizarzaburu-- los distritos electorales serranos comprendan el 60 o
del total del cuerpo electoral. (Vase Anexo, Cuadro No. 9) Por los es-
tudios que he realizado sobre la estructura institucional de representa-
cin poltica en el siglo XIX puedo afirmar que la clase terrateniente te-
na una hegemona electoral incuestionable que se extiende a esas elec-
ciones oicepresidenciales de 189.J.. Sabemos por otra parte, que el 75 %
de la poblacin del pas resida en las provincias del altiplano andino,
un 6 % en la vecina regin oriental y nicamente un 19 % en el Lito-
ral. 45 Hemos explicado tambin el por qu la mayor parte de la pobla-
cin ecuatoriana (que viva en zonas rurales) estaba inserta en superes-
tructuras polticas precapitalistas, supremo reinado del gamonalismo.
Cabe preguntarse entonces: Cmo respondi electorclmenle esta clase
terrateniente con el ascenso al poder de la burguesa comercial en 1895?
CUADRO NO.8
Participacin Electoral en el Periodo 1888 - 1924
Ao Poblacin Electorado %
1888 1'004.651 30.636 3
1892 1'004.791 62.878 6
1894 1'073.329 35.508 3
1899 1'062.506 17.707 2
1901 1'108.353 74.074 7
1905 1'156.532 79.247 9
1911 1'311.817 109.663 8
1912 1'336.458 63.030 5
1916 1'452.195 136.032 10
1920 1'555.754 128.105 8
1924 1'699.705 186.538 11
ELABORACION DEL AUTOR
Fuente: Archivo Palacio Legislativo. Los datos poblacionales son
oficiales o calculados en base a datos oficiales.
45 Pedro Medo, Tesis de Economista, A. U .C., pg. 165, Cuadro No. 32.
102 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
B. En las posteriores elecciones, instaurado ya el rgimen liberal,
y en las cuales se elega asimismo a un vicepresidente (en 1899), los dis-
tritos electorales controlados por el gamonalismo del sector serrano de
la clase terrateniente registran un verdadero abstencionismo. En la pro-
vincia de Pichincha, an cuando se haban efectivamente reunido, las
Juntas Electorales de San Sebastin y Saquisil cerraron sus sesiones sin
recibir un solo voto; en Tungurahua ningn ciudadano sufrag en las
Juntas Parroquiales de Picayema, Cevallos, Patate, Cacal, Baos, Ben-
tez, Pllaro, San Miguelito y San Andrs (todas parroquias rurales), a pe-
sar de haber funcionado; en Chimborazo sucedi cosa igual en las pa-
rroquias de Chunchi y Cebadas; en Bolvar nadie sufrag en la parro-
quia de San Simn; en Loja no se registr votacin, segn las actas ana-
lizadas, en Vilcabamba; en dos provincias serranas, Carchi e Imbabura
no se registr votacin de acuerdo al anlisis de las actas. 46 Este abs-
tencionismo controlado por la clase terrateniente, signific que en la Sie-
rra se emitieron nicamente 9.913 votos vlidos y en la Costa 6.267, la
mayor parte de ellos contabilizados en las capitales de provincia, a las
que se haba extendido el mando administrativo de la nueva clase domi-
nante.
C. Las primeras elecciones presidenciales solo se realizaron en
1901, pues Alfaro a pesar de haber dictado en 1896 una ley de eleccio-
nes que prescriba la existencia de comicios generales presidenciales, no
hizo uso de ella cuando en enero de 1897 fue designado Presidente
Constitucional por la Asamblea Constituyente. Se tena entonces una
correlacin de fuerzas electorales desfavorable para el rgimen liberal.
Pero esos temores se tradujeron en una preparacin a ganar las eleccio-
nes de 1901 a travs del fraude propiciado por el abultamiento artificial
del cuerpo electoral. 47 El candidato del gamonalismo terrateniente Li-
zardo Garca obtuvo 7.880 votos contra los 65.960 atribudos al candi-
dato oficial, Leonidas Plaza Gutirrez. 48 En 1905, cuando se realiza-
46 Actas del Escrutinio. A.P .L. Durante los cuatro das de elecciones hubo algunas irregula-
ridades que fueron denunciadas en el Congreso por los representantes de la clase terrate-
niente. R. Crespo Toral por ejemplo observ que en las parroquias de El Sagrario y San
Sebastn del Cantn Cuenca haba nombres de electores que no constaban en los catas-
tros. El fraude era tan evidente que aunque se neg inicialmente su mocin de nulidad.
el Congreso tuvo que resolver dejar fuera del escrutinio a esas dos parroquias. descartan-
do los 1.000 votos inicialmente contabilizados.
47 En el peridico El Grito del Pueblo del 15 de enero de 1901. No. 2.792. pg. 82. Se de-
nunciaban las Irrregularidades de esas elecciones cuyos resultados favorables a Leonidas
Plaza fueron abultados por la intervencin de la fuerza pblica.
48 Archivo Palacio Legislativo. Actas de Escrutinio.
LA TRANSFOliMACION BURGUESA 103
ban las segundas elecciones generales presidenciales, el rgimen liberal
incapaz de articular una poltica electoral fraudulenta frente a un gamo-
nalismo terrateniente decidido a movilizar todas sus clientelas electora-
les, perdi dichos comicios. Lizardo Garca fue elegido con 74.399 vo-
tos de un total de 79.247 sufragios, solo para ser derrotado militarmen-
te por Alfara, quien fue nuevamente nombrado Presidente Constitucio-
nal en 1906 por una Asamblea Constituyente. Desde entonces hasta
1924 cuando fue elegido Presidente Gonzalo Crdova, los Liberales pre-
pararan cuidadosamente el abultamiento fraudulento de los resultados
electorales. Ninguna de esas elecciones dej de ser oficialmente viciada
y por lo tanto las estadsticas disponibles sobre el cue1po electoral no
son fidedignas. Cmo saber, aunque sea aproximadamente, la verdade-
ra dimen sion. de la extensin del sufragio en este perodo clave?
D. Pienso que es posible calcular el crecimiento real del cuerpo
electoral para el perodo posterior a la Revolucin Liberal, si tomamos
un perodo mayor dentro del cual se hayan dado elecciones cuyos resul-
tados accequibles sean absolutamente confiables. Esas elecciones no de-
ben, por supuesto, ser muy distantes del entre-perodo objeto de nues-
tro clculo. Por ventura hemos podido reconstituir las estadsticas elec-
torales para los comicios presidenciales de 1931 y 1933, am bos univer-
salmente calificados como idneos. 49 En los primeros el cuerpo elec-
toral fue de 62.118 votantes y en los segundos ascendi a 64.662. Am-
bas elecciones fueron sumamente competitivas, no hubo en ellas absten-
cionismo organizado alguno, y el cuerpo electoral reciba por primera
vez en 1981 la participacin de las mujeres alfabetas facultadas a sufra-
gar por disposicin de la Asamblea Constituyente de 1928-1929. 5 o Da-
das las restricciones del rgimen electoral a la participacin poltica de
los sectores populares 51, las cifras que arrojan esos procesos electorales
no seran en lo ms mnimo abultadas y corresponderan a la verdadera
dimensin del electorado para comienzos de los aos treinta. Como ao
base he tomado las elecciones de 1888 cuyo electorado alcanz los
:30.636 votantes. Las variaciones observadas en la dimensin del electo-
rado entre 1888-1899 (Vase Cuadro No. 8), con fuertes alzas y agudas
49 En 1931 gan el candidato del gamonalismo terratcniente y del ya establecido Partido
Conservador: Don Nep tal Bon ifaz , En 1933 gan J.M. Velase o Ibarra. Ninguna de esas
elecciones estuvo viciada por el fraude oficial.
50 Las cifras para 1931-1933 fueron calculadas por el autor en base a datos parroquiales re-
cogidos para todo el pas.
51 Vase cap tulo V.
GRAFICO NO.l
200 CRECIMIENTO REAL DEL CUERPO ELECTORAL, 1888 - 1933
180
J \,
150
III = VOTACION INFLADA
J
/
1\
= MARGEN DE VARIABILIDAD PROBABLE
\
111111 Ir--r~
r- r-. I I
J
-- = CURVA OFICIAL
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o = CURVA REAL CALCULADA \
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O e
1.888 1.901 1.905 1.911 1.912 1.916 1.920 1.924 1.931 1.933
O
AOS DE ELECCIONES O
JJ
LA TRANSFORMACION BURGUESA 105
bajas, hace menos aconsejable tomar cualesquiera de los otros comicios
habidos entonces. 52
Ahora bien, en base a las cifras oficiales de las 7 elecciones presi-
denciales habidas entre 1901-1924 y a nuestros datos de las elecciones
del ao 1888 y las de 1931-1933, hemos proyectado una curva ms ob-
jetiva de la extensin del sufragio y a la vez la comparamos con aquella
cuyo curso marca los lmites inusitados de una verdadera votacin infla-
da. El Grfico No. 1 no solo revela la magnitud del fraude, causante de
por s de un abstencionismo 53, sino que muestra un aumento paulati-
no y moderado del electorado, habida cuenta incluso del margen de va-
riabilidad probable. Se puede entonces concluir que la extensin del S/1-
[ragio , sobredimensionada en las estadsticas oficiales, fue, sin embargo,
un fenmeno regular por primera vez observable en el perodo 1901-
1933. Dicha extensin, aunque creciente, no tuvo un carcter significa-
tivo y se di a un ritmo relativamente lento: en 32 aos el electorado
creci en un 61.6 ojo, exhibindose un aumento anual promedio de 769
votantes como base. En trminos globales, un electorado (en 1888) de
30.636, o de 3 % de la poblacin total, se haba a duras penas expan-
dido (en 1933) a 64.662, o al 3.1 % de la poblacin total. En estos
trminos resulta incluso bastante inusitado hablar de una expansin del
sufragio para el perodo, pues su aumento parecera ms determinado
por el desarrollo natural de la poblacin adulta alfabeta, y no por ningu-
na ampliacin democratizadora de los procesos electorales. 54 Puesto
en otros trminos: en 1901 cada parlamentario nicamente representa-
ba a un promedio de 416 electores yen 1933 cada congresista represen-
taba 673 electores. Para mantener apoyo electoral de ese nmero de
gentes no resultaba indispensable para un hombre adinerado tener el
apoyo de un aparato o maquinaria organizativa. Comparativamente, en
1980 con un electorado potencial de 2'500.000 personas, cada congre-
sista representar (en promedio) a 51.020 electores. Movilizar, ganar y
mantener el apoyo de ese nmero de personas es un asunto que requiere
los esfuerzos de una organizacin partidista que financie las campaas,
52 La dimensin promedial del cuerpo electoral. consideradas las elecciones de 1888, 1892.
1894 y 1899. es de 36.682, lo cual no nos aparta significativamente del ao base escogi-
do aqu.
53 Un observador del ambiente eleccionario en el Ecuador de la poca deca en 1923 Que
los fraudes haban producido abstencionismo. Vase Romero, El Problema Electoral,
Tesis Doctoral. U.C., 1923, A.U.C.
54 En el captulo VI veremos Que hubo s una reforma electoral importante en 1928-1929
Que aument el cuerpo electoral con los contingentes de electoras alfabetas, a partir de
1930. Eso sin embargo solo corrobora la interpretacin presentada en el texto.
106 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
movilice el apoyo a los candidatos elegidos a travs de los onerosos re-
cursos a los cuales solo tendra alcance un millonario. Pero an as en
la actualidad, un millonario capaz de sufragar los gastos de una costosa
campaa no puede esperar alcanzar victoria sin el apoyo de los partidos
polticos fundamentales. Como sucede en otros pases capitalistas con
regmenes electorales, en el Ecuador todos los grandes rganos de opi-
nin pblica, se dedican durante una campaa a presentar y a "dramat-
zar" los problemas pblicos entre las grandes agrupaciones partidistas.
Los independientes, o los candidatos de agrupaciones menores tienen
poco acceso a las noticias de la prensa nacional y mucho menos a la ra-
dio y a la televisin, y por eso ellos son menos "conocidos" por el am-
plio electorado. 55
Hago esta referencia al presente poltico ecuatoriano para enfatizar
la pequeez democrtica de nuestra vida republicana en el perodo in-
mediatamente posterior a la Revolucin Liberal. Lo interesante es des-
cubrir que no hubo reforma electoral alguna destinada a expandir el su-
fragio hasta 1928-1929. En ese contexto la extensin de la participa-
cin electoral que se di ms dramticamente en 1892 y 1894 (Vase
Cuadro No. 8) fue un diagnstico de la extensin en la participacin po-
ltica ms amplia que se iba acoplando con la difusin de un nuevo sis-
tema hegemnico. Es decir, que la extensin del sufragio en calidad de
fenmeno relacionado al surgimiento de los partidos polticos es, en
contraposicin a las tesis estasiolgicas ampliamente citadas, solo una
manifestacin o un aspecto de una condicin causal concurrente mucho
ms compleja y diversificada: la activacin poltica de las clases subor-
dinadas de la sociedad.
En efecto, la participacin electoral aumentada en el Ecuador del
perodo que comentamos estuvo acompaada de otros fenmenos en
los cuales se refleja, incluso de manera ms directa esa movilizacin o
activacin poltica de las clases trabajadoras. A principios de siglo hubo
una movilizacin no INTENSIVA sino EXTENSIVA de las masas traba-
jadoras en ciertas partes del pas. No solamente haba la Revolucin Li-
beral producido ya una determinada movilizacin parcial de los campe-
sinos de la Sierra 56 Y de las masas "montuvias" del Litoral ecuatoria-
55 Vase sobre estos aspectos lo dicho por Robert Mckenzie en su obra ya citada, pg. 5 y el
polmico artculo de J.D. Martz sobre Political Campaien publicado en Joumal of Poli-
ttcs,
56 Eloy Alfara conform una parte de sus efectivos militares con campesinos. Esa parte del
Ejrcito estaba controlada por dos oficiales indgenas nombrados General y Coronel por
el mismo Alfara: Saez y Guaman, Al mando de Saez se encontraba una fuerza de 20.000
campesinos indgenas: unos destinados a la lucha armada y otros a tareas militares auxi-
liares como el espionaje de las fuerzas enemigas en el Altiplano andino. El mismo Alfara
LA TRANSFORMACION BURGUESA 107
no 57, sino que adems, las primeras dos dcadas de este siglo atestigua-
ron la irrupcin violenta del importante movimiento insurreccional Con-
chista (protagonista de una verdadera guerra de guerrilas en la Costa) 58
Y los mltiples episodios de rebeliones, levantamientos y "montoneras"
en las zonas rurales. Hubo incluso en la Sierra ecuatoriana movimientos
huelgusticos organizados por los campesinos como en el caso de la bru-
talmente reprimida huelga de Leito , 59
En las principales ciudades del pas, y en especial en Guayaquil
aparece un saliente movimiento obrero que exhibe diversas formas
organzatvas ~n mutualidades, sindicatos, etc.- y protagoniza sus pri-
meras huelgas contra la explotacin y el despotismo del Estado burgus-
terrateniente y de los intereses de una burguesa enloquecida por el di-
nero. 6 o Quito, por su parte, contaba ya en la segunda dcada del siglo
XX con una masa polticamente movilizable , compuesta de artesanos y
obreros que formaban las populares "barras" de los debates parlamenta-
rios. 61 Una pequeaburguesa de funcionarios estatales, burcratas,
reconocera el papel qur jugaron cuando dijo: "No dejar de consignar ... que ... a la
clase indgena desvalida, estuvo en mi mano levantarla como elemento de extermno
contra mis frenticos enemigos polticos, y no lo hice porque esa medida entraaba feroz
y sangrienta venganza por parte de una raza que ... no habra dejado ... ni vestigios de
sus legendarios opresores". (Ver Albornoz, Las luchas indgenas . . 1961. pg. 82). Al-
fredo Costales ha escrito que cuando en 1895 A1faro suba hacia la capital en su campa-
a militar, miles de conciertos salieron a su encuentro y algunos engrosaron su ejrcito.
Vase op , cit. pg. 91.
57 Muchos peones de las haciendas cacaoteras del Litoral engrosaron los ejrcitos de Alfare
y las montoneras. Por ejemplo el coronel Enrique Valdez , hijo de Rafal Vald ez (funda-
dor de la Hacienda Valdez en Milagro) capitane una fuerza liberal compuesta fundamen-
talmente de trabajadores de la hacienda en la histrica batalla de 'Conducta' en febrero
12 de 1895. Vase Julio Viteri Gamboa, El Nio Milagrero (Milagro, 1969). Evidencia
de este tipo ha sido ampliamente recopilada por diversos autores. Vase por ejemplo,
John F. Uggen , op , cit. en Bibliografa.
58 La llamada Revolucin de Concha fue una verdadera guerra civil que dur 3 aos (1913-
1916) Y que comprometi a varias provincias costeas y serranas en una verdadera movi-
lizacin militar y poltica.
59 En 1923 se di en la Hacienda Leito un movimiento campesino que reclamaba aumento
de jornales, mejores condiciones de higiene. restitucin de las tierras comunales usurpa-
das por los latifundistas. El terrateniente propietario de la hacienda consigui que el Go-
bierno enviase una fuerza represiva que a cargo del Teniente Poltico de Pellleo masacr a
30 campesinos el 13 de septiembre de 1923. Esta lucha en que se protege a la clase terra-
teniente refleja el carcter burgus-terratenente del Estado que mantena los privilegios
feudales del gamonalismo.
60 La Sociedad de Carpinteros fundada en 1896 se declar en huelga reclamando una jorna-
da de 9 horas de trabajo; en 1907 se di la huelga de los obreros del ferrocarril del Sur;
en 1908 el gremio de los cacahueros realiz una huelga que result en la conformacin
de la "Sociedad Cosmopolita de Cacahueros Thomas Briones". Vase J. Madero Guerrn,
El Movimiento Obrero en el Ecuador, Tesis de Licenciatura, 1972, A.U.C. pgs. 30-37.
61 En 1892 se fonn en Quito la Sociedad Artstica e Industrial de Pichincha (SAIP), que
108 EL MITO OEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
intelectuales, periodistas, maestros de escuelas y colegios, incursiona-
ba tambin en la cambiante y agitada escena poltica nacional en el pri-
mer tercio del presente siglo. Por su parte la migracin hacia zonas ur-
banas se increment desde fines de siglo y el concertaje se haba estado
resquebrajando en el campo antes de que en las mismas ciudades se d
un movimiento en tomo a su abolicin, con participacin de intelec-
tuales, lderes eclesisticos, juristas, polticos y periodistas.
Sin embargo, el hecho histrico ms importante que justamente
marca en forma dramtica ese cambio en la escena poltica nacional,
y que de manera inusitada anunci la politizacin de la clase trabaja-
dora, fue la notable presencia poltica que daopt la clase obrera e-
cuatoriana en el ao 1922 y que registrara, para los anales del movi-
miento obrero ecuatoriano, la matanza del 15 de noviembre con la cual
el proletariado recibi "su bautismo de sangre". 62 "Importa anotar
--escribe un literato de la "Generacin de los aos 30"- que desde
1922 el hombre de la calle particip en la vida pblica". 6 3
V. Surgen los Partidos Polticos Ecuatorianos
Es esa activacin poltica de las clases y sectores subalternos la
que completa el conjunto de condiciones concurrentes para el surgi-
miento de los partidos polticos en una sociedad donde predomina el
modo de produccin capitalista. Umberto Cerroni ha dicho a este res-
pecto que los partidos pareceran surgir con "el ingreso en masa en la
poltica de fuerzas sociales imponentes, cuya dinmica, lejos de estar
determinada por los partidos polticos, parece ms bien determinarlos.
En este sentido -r-aade Cerroni-, nos parece fundamental buscar en el
nacimiento histrico totalmente moderno de esta formacin un docu-
mento de la definicin que de la poltica apuntaba Gramsci declarn-
reuna a artesanos de la capital; en 1909 se reuni6 en Quito el Primer Congreso Obrero
que form6 la "Uni6n Ecuatoriana de Obreros" cuya presidencia recav en el Presidente
de la SAIP (Ver Albornoz, pago 94); los sastres de Quito realizaron en 1917 un paro ar-
tesanal de carcter reivindicativo y en 1919 la Sociedad Tipogrfica de Pichincha hizo
cosa parecida; ese mismo ao declararon huelga los ferroviarios, tomando grandes pro-
porclones en Chlmborazo bajo la direcci6n de la Federaci6n Obrera de Chlmborazo, con-
siguiendo satisfacer algunos reclamos.
62 Poco se ha escrito sobre el 15 de noviembre de 1922. Vase principalmente Elas Muoz
Vicua, El 15 de noviembre de 1922, Guayaquil 1978; Pedro Saad, El15 de noviembre
de 1922 y el papel de la Clase obrera en el movimiento de liberacin del pueblo, Guaya-
quil,1972.
63 Alfredo Pareja D. Historia, Tomo IV, pago 136, Albornoz, Del Crimen... Guayaquil,
1969.
LA TRANSFORMACION BURGUESA 109
dolo --en polmica con la idea de la 'poltica como ciencia atnoma'--
un 'determinado grado superestructural', el primer momento o primer
grado; el momento en el que la superestructura est todava en la fase
inmediata de la mera afirmacin voluntaria, indiferenciada y elemen-
tal". 64
Las tres determinaciones concurrentes explicadas en este captu-
lo crean, a veces lenta otras aceleradamente (segn el camino transi-
tado por el desarrollo capitalista de cada pas) la situacin de una ver-
dadera emergencia histrica por la existencia de ciertos vnculos orgni-
cos permanentes entre la estructura econmica y la superestructura ju-
ridico-spolitica, ms diferenciada .Y ms compleja bajo las condiciones
del desarrollo capitalista. Slo bajo estas determinaciones, que en el
Ecuador se entrelazaron en la segunda dcada del siglo XX, se hace po-
sible aquella "identificacin entre poltica y economa" que explica-
ra la posibilidad histrica de una "pasin organizada permanentemen-
te", "impulso inmediato a la accin", que como acertadamente seala
Gramsci, slo aparece "en el terreno permanente y orgnico de la vida
econmica" y hace "entrar en juego sentimientos y aspiraciones en cu-
ya atmsfera incandescente el mismo clculo de la vida humana indivi-
dual obedece a leyes distintas de las del inters individual". 65
Es indudable que esta perspectiva de anlisis se pierde cuando con-
cebimos al partido poltico como lo ha definido indistintamente la es-
tasiologa.
Ahora bien, en el Ecuador fue nicamente en la dcada de los a-
os veinte cuando haban madurado ya las tres determinaciones analiza-
das en este captulo: la activacin poltica de las clases subalternas,
la laicizacin del ambiente ideolgico de la escena poltica marcada por
la ruptura con la ideologa tradicional y la constitucin de un Estado
que, aun cuando dbil haba s asestado "su primer golpe a la sociedad
feudal" 66 con la abolicin del concertaje en 1918. El elemento que
puso en juego .Y entrelaz estas tres condiciones concurrentes fue la gra-
vsima crisis econmica de 1920 que vino a agudizar los conflictos so-
ciales en el pas. Esa crisis econmica 67, en ltima instancia causa de-
terminante o si se quiera catalizadora del entrelazamiento orgnico de
64 Cerron, La Libertad de los Modernos, pago 240.
65 Citado por Cerroni, op, ct., pago 239.
66 Al decir de Costales, o p, ct., pago 259.
67 Como veremos en el capitulo IV, en 1920 se profundiz una aguda crisis econmica y fs-
cal en el pas manifiesta en la cada de las exportaciones de cacao.
110 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
los tres [uctorcs auotados.vino a cerrar el proceso de maduracin de los
mismos." a abrir, por lo tonto, el proceso de constiiucion de los parti-
dos politicos ccuaioriunos.
Aparecen entonces en la escena poltica tres partidos polticos or-
gnicos o fundamentales con los cuales se inaugura recin en el pas
el rgimen partidista. A continuacin damos cuenta de su constitucin
puntualizando algunos aspectos centrales de ese desarrollo.
El nacimiento de un partido poltico es un proceso de desarrollo
ms o menos largo y rara vez se trata de una "explosin" sinttica i-
nusitada. Segn Gramsci tambin las "explosiones" sintticas se veri-
fican, pero observando de cerca, se ve que en estos casos se trata ms
de destruir que de reconstruir, de remover obstculos exteriores y mec-
nicos al desarrollo autnomo y espontneo. 68 En el Ecuador, los par-
tidos Socialista, Conservador y Liberal que con un programa homog-
neo, una organizacin amplia y estable, y un funcionamiento permanen-
te nicamente "nacen" en los aos veinte, iniciaron su proceso de cons-
titucin de manera molecular y lenta despus de la transformacin de
1895. Desde entonces, y en algunos casos aos antes, aparecen los clu-
bes ele ct orak:s ya observados desde 1892 en Guayaquil y que seguirn
apareciendo en varias ciudades en el transcurso de por lo menos 3 d-
cadas ms. Esos "clubes electorales" de tendencia ideolgica Liberal
o Conservadora no hacan parte de una organizacin poltica permanen-
te y eran ms vale grupos ad-hoc de compromisos electorales, pero a-
nunciaban s el futuro advenimiento de los partidos polticos. Ser jus-
tamente en los aos veinte cuando estos clubes empiezan a ser articula-
dos progresivamente por los partidos polticos. Haban existido inclu-
so "Asambleas" de Liberales y Conservadores con anterioridad a los a-
os veinte pero de ellas no haban surgido organizaciones polticas con
funcionamiento continuado ni con programas definidos: es decir, no
"se pasaba del plano del caudillismo personalista, con basamento doc-
trinario de enunciados generales, al estudio de los problemas nacionales
como fundamento de la poltica". '39 Por otra parte, junto a las "in-
quietudes de la vida civilizada -escribe Aldunaten reconociendo el cam-
bio en el ambiente ideolgico de la escena poltica- la falange liberal a-
bandona su clerofobia que fuera en gran parte el signo de su conducta
partidaria. La lucha religiosa, estaba por fin, vencida", 7 o Con la ac-
68 Q.C.,pag.1057.
69 A. Pareja D. Historia, pago 132, citado por Jos M. Aldunaten V. Estudio sobre Partidos
Pol icos, Tesis. 1957. A. U .C., o p , cit . pago 61.
70 Aldunaten, op , cit .. pago 63. Subrayado nuestro.
LA TRANSFRMAClN BURGUESA 111
tivacin poltica ascendente, transformadora de los contornos sociales
de la escena poltica nacional, aquel "hombre de la calle" de Alfredo
Pareja hizo entrada trgica y dolorosa al escenario pblico de la vida es-
tatal en 1922. Todas las condiciones estaban ya dadas para que surjan
los partidos polticos.
El Partido Conserrador Ecuatoriano (PCE) se estableci a media-
dos de los aos veinte. Sin pensar por un momento que se pueda fijar
fechas exactas de la fundacin de ningn partido, la Asamblea reuni-
da en Quito el 9 de octubre de 1925, en la cual se adopt un Programa
y Estatutos, fue sin embargo ilustrativa de la constitucin formal del
PCE. El PCE alcanz entonces "una organizacin nacional que llega
hasta el nivel cantonal y que le permite contar con una fuerza coheren-
te y disciplinada". 71 Tres meses despus de la Revolucin Juliana na-
ca formalmente una organizacin poltica permanente y representativa
de los intereses de la clase terrateniente y de la Iglesia Catlica. Ellas
intentaran retomar el poder de los aparatos centrales del Estado que
dejaron de controlar directamente en 1895.
La clase terrateniente, consciente de su control de un electorado
potencial compuesto por esas masas insertas en las superestructuras po-
lticas precapitalistas no disueltas, empez desde principios de siglo a
urgir por ciertas reformas electorales que le favoreceran decisivamente
en las contiendas de un sufragio ms amplio. En Quito haba impulsa-
do la creacin de la Sociedad Obrera compuesta por ms de 700 artesa-
nos y obreros organizados bajo el declarado propsito de conseguir pa-
ra ellos el derecho a participar en las elecciones. Dirigida esta sociedad
por universitarios organizados en la [uvontud Conservadora, se impul-
s una lucha de reclamaciones y denuncias frente al rgimen liberal,
tendiente a lograr la extensin del sufragio. En 1907 el presidente de
la Soedad Obrera, Rafael F. Dvila no se refiere a otro caso cuando
subraya: "Desde que principi el honroso cargo de presidente de esta
benmerita sociedad, os manifest que para conseguir no slo el mejora-
miento de la clase obrera sino aun la felicidad de la Patria, de esta Patria
que a la vez que tan desventurada tan querida por todos sus hijos, era
la imperiosa necesidad que despertemos de este profundo y criminal
sueo en que por tantos aos hemos vivido, haciendo criminal absten-
cin de nuestros ms sagrados derechos, hablo del sagrado derecho del
wlmgio '111(' en los pases republicanos co nstiiu.ye la base de la sobcra-
11ia tWIJlilar. prescindir del (~jercici() de este derecho es cometer crimen
71 Hurtado. 1977. pago 129.
112 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
de lesa Patria, es permitir que se burlen de los sagrados intereses del
pueblo, que se atropellen sus derechos, en una palabra, que se entro-
nice el despotismo". 7 2
Aos ms tarde, y esta vez en representacin del Partido Conser-
vador, Velasco Ibarra pronunciara discursos de un contenido y tono si-
milares. Ese Conservador ad nativitem que dirigira en 1933 para las
fuerzas de derecha un electorado por ellas aglutinado, se pronunciara
'enrgicamente' contra el fraude electoral ya favor de las 'elecciones li-
bres' que no burlen la 'soberana popular'. Como veremos ya la clase
terrateniente y su partido haban tomado la iniciativa aos atrs: haban
introducido innovaciones coherentes, precisas y decididas para dirigir
polticamente a un determinado electorado. Y en presencia de un cre-
ciente nmero de campesinos, obreros, artesanos y pequeo burgueses,
la clase terrateniente buscara mantener o lograr la hegemona sobre esa
masa que irrumpa dirigida "desde arriba" en la escena poltica "nacio-
nal".
Pero las diversas sociedades obreras y artesanales, culturales y juve-
niles y los clubes electorales no estaban solo bajo el control de la dere-
cha. Estos eran indistintamente controlados por intelectuales de ten-
dencia Liberal, Conservadora y Socialista como un fenmeno que anti-
cipaba la lucha de partidos polticos en gestacin. As, el "ncleo cen-
tral" del Partido Socialista Ecuatoriano nace incluso antes que el Parti-
do Conservador: el 20 de julio de 1925, apenas once das despus de la
Revolucin Juliana. Sus antecedentes organizativos inmediatos han de
hallarse en la Federacin Obrera del Guayas fundada el 19 de noviem-
bre de 1922, en la fundacin en Riobamba del grupo poltico llamado
"Partido Social Demcrata" en 1922, en la organizacin del "Grupo
Antorcha" en 1924 que apoyado econmicamente por el terrateniente
Juan Manuel Lasso edita un peridico en Quito; en la "Sociedad Ami-
gos de Lenin" de 1924 y en los ncleos socialistas ya existentes en va-
rias provincias para el ao 1925. 73 La Asamblea de constitucin for-
mal de la cual surgi el Partido Socialista Ecuatoriano se realiz, sin em-
bargo, entre el 16 y 23 de mayo de 1926, ao conocido como el de la
fundacin de dicho Partido. 74 Dentro del PSE existan entonces tres
72 Vase El Comercio. Quito 16 de abril de 1907. No. 361 - BNQ.
73 Vase Hurtado, op, cit ., 1977, pg. 214.
74 Vase Labores de la Asamblea Nacional Socialista y Manifiesto del Consejo Central del
Partido. (Guayaquil, Biblioteca Ecuatoriana, No. 11, 1978). Editado por Elas Muoz
Vicua. Luis Maldonado ha escrito lo siguiente sobre el Congreso Socialista en 1926:
"La composicin social del Congreso es heterognea: obreros, campesinos, elementos de
clase media en gran mayora, y su orientacin deja mucho que desear por la gama de to-
LA TRANSFORMACION BURGUESA 113
tendencias claramente identificables: una de corte liberal-burguesa pero
de carcter democrtico; otra de carcter reaccionario que podramos
identificar como socialista utpica, y una tercera tendencia obrera y
revolucionaria de inclinacin comunista. A pesar de esta heterogenei-
dad poltica 75, el PSE emerge como representante de los intereses
de los sectores radicalizados de la pequea-burguesa urbana y de la cla-
se obrera del pas. Es por esta razn que algunos han visualizado la fun-
dacin del PSE en 1926 como la primera fundacin del Partido Comu-
nista del Ecuador, que nace realmente cinco aos ms tarde con un pro-
grama obrero-campesino bien definido y que present por primera vez
un candidato a las elecciones presidenciales de 1933, cuando Ricar-
do Paredes terciara a nombre del Partido Comunista en competencia
electoral con el PSE, el PLR y el Partido Conservador. 76 Fuera esto
naldades doctrinarias que se manifiestan, desde la liberal exaltadora de la propiedad
privada h ast a la extrema del comunismo; tendencia sta que al fin consigue marcar su
tono mayor en las resoluciones, amparada por el prestigio y simpata de la Revolucin
Rusa", en Bases del PSE, (Ediciones 'Antorcha'), pg. 43.
75 Explicitemos, aunque brevemente, el asunto. La tendencia socialista reaccionaria de la
que hablamos arriba, estuvo liderada por el bacendado Juan Manuel Lasso , cuado del
General Leonidas Plaza Gutirrez, y a su tiempo iracundo opositor de Don Eloy Alfaro.
Los planteamientos de J.M. Lasso tenan similitudes con aquella posicin deol gico-pof-
tica caracterizada por Marx y Engels como "socialista feudal", pues l atacaba al capita-
lismo pero desde perspectivas utpicas. No sorprende por ello que este personaje revela-
ra toda su ambigedad "socialista" en los aos treinta al inclinarse por aquellos regme-
nes en que los terratenientes serranos encontraran nuevamente su ser. La tendencia que
idcntificamos como revolucionaria comunista estuvo dirigida por Ricardo Paredes y pro-
pugnaba un programa comunista real de alianzas entre el campesinado, la incipiente clase
obrera y sectores subalternos de nuestra sociedad. Paredes impulsaba tambin tesis favo-
rables a la abolicin de la propiedad privada, y atacaba al rgimen burgus-terratene nte
de la poca. La tercera tendencia que identificamos como liberal-burguesa tena en su se-
no a intelectuales Liberales de pensamiento democrtico, que ante los fracasos de los re-
gmenes oligrquicos plegaron hacia la fundacin de un partido en que se sustentaran
posiciones avanzadas en el terreno cultural y poltico. Frente a la tendencia comunista
las dos restantes hacan mayora, y oposicin sobre asuntos programticos claves.
76 Afinno lo anterior porque es evidente que un Partido Comunista solo puede existir con
principios comunistas. Y el Programa que se aprob en la Asamblea del PSE de 1926 dis-
taba mucho de ser un programa comunista. Pongamos nicamente un ejemplo, cuando
en dicha Asamblea se toc votar acerca de la resolucin que propona introducir en el
Programa la tesis de la abolicin de la propiedad privada, miembros de las tendencias li-
beral y soc altsta-u tpica VOTARON EN CONTRA E HICIERON MA YORIA, procla-
mndose as que el PSE fundado entonces se opona a dicha abolicin impulsada por la
tendencia comunista. Quienes insisten en identificar la fundacin del PSE con la funda-
cin del Partido Comunista insisten en que hubo entonces una afiliacin a la Internacio-
nal Socialista con sede en Mosc. Es decir, se toma como determinante dicha afiliacin
del P5E, y no las cuestiones programticas de fondo sealadas aqu. A este respecto de-
lwra recordarse cules son los razgos que demandamos de un partido revolucionario, entre
los cuales encon trarramos las reclamaciones de un programa revotucroriarro hom ogeneo ,
Por ello debemos considerar que nicamente cuando el Programa (plantco de alianzas po-
lticas) se modific radicalmente en el PSE, originando una crisis profunda entre sus tres
componentes o tendencias, pudo surgir entonces el Partido de ia clase obrera y dc los
campesinos pobres, dirigido por Ricardo Paredes. Y ello ocurri slo en 1931, ya que el
114 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
como fuese, en 1926 haba nacido ya el PSE como una organizacin de
carcter permanente, con un programa (que no contemplaba la aboli-
cin de la propiedad privada), aunque no homogneo s amplio y esta-
ble, y con un funcionamiento continuado desde entonces. Metamorfo-
seado por sus mltiples divisiones y esciciones, cuyos orgenes llevaba
en su seno desde el momento mismo de su fundacin, el PSE persiste
an en la escena poltica con caractersticas diversas y muy desdibuja-
das a las originales. 77
En las elecciones presidenciales de 1931, cuya votacin Conserva-
dora analizaremos, particip por vez primera el PSE. En sus llamados,
publicitados atentamente por la prensa nacional, las directivas socialis-
tas apelaban sobre todo al apoyo de artesanos, mecnicos, electricistas,
trabajadores industriales, vaporinos, campesinos, empleados, estudiantes
e intelectuales. Despus de haber fracasado las negociaciones con el Par-
tido Liberal y la que sera una 'fraccin socialista' -la Vanguardia So-
cialista Revolucionaria Ecuatoriana-e, para forjar una sola condidatura
(de una llamada "Concentracin de Izquierda") que se oponga a la can-
didatura Conservadora de Neptal Bonifaz, el PSE nomin al comandan-
te 'juliano' Idelfonso Mendoza a la presidencia de la Repblica. El 20
de septiembre de ese ao y ante una multitud de seis mil personas reuni-
da en el puerto principal, Mendoza acept dicha postulacin. Con l el
Partido Socialista, en cuyo seno no exista ya la tendencia comunista,
gan entonces las elecciones en la ciudad de Guayaquil y por lo dems
se "dej contar" bien en otras zonas urbanas del Litoral.
El Partido Liberal Radical Ecuatoriano (PLRE) se constituy asi-
mismo en 1925. La Asamblea Liberal fundadora del PLRE se reuni en
Guayaquil ellO de diciembre de ese ao y aprob un Programa burgus
homogneo que proclamaba la realizacin de una reforma agraria entre
otras medidas democrtico-burguesas que solo por ignorancia pueden
ser calificadas de "socialistas". Ya para entonces haban los elementos
ideolgicos necesarios para que el pensamiento poltico burgus ---en un
pas en el cual "la cuestin obrera haba hecho carne en la opinin p-
blica"-, 7 8 se revista de una forma de vida estatal permanente al plas-
marse en el Programa de un Partido Poltico. La "radicalidad" aparente
Pi C, del Ecuador -como el partido de la clase obrera- no puede confundirse con toda
esa "gama de tonalidades doctrinarias" que contena el PSE en 1926.
77 El PSE integr en 1978 la llamada Unidad Democrtica Nacional, coalicin de grupos y
partidos burgueses. que respalda la candidatura de Ral Clemente Huerta y Arsenio Vi-
vanco Neira a la Presidencia y Vicepresidencia de la Repblica.
78 Frase de Aldunaten referida al ambiente de 1923 en un pas que conoca ya la brutalidad
de la opresin oligrquica.
LA TRANSFRMAClN BURGUESA 115
del naciente PLR no debe entenderse como el reflejo de una reunin an-
terior -la llamada "1 Asamblea Liberal" de 1923 considerada incluso
como "la ms importante de las Asambleas Liberales de la poca" 79 __ ,
sino como un rasgo tpicamente burgus de la ideologia que ese Partido
exhibe: es decir, como un Programa que delata la funcin hegemnica
y de direccin poltica de un organismo carente de limitaciones burgue-
sas (v.g. de una "demagogia de izquierda").
Si el Estado capitalista atrasado del Ecuador de los aos veinte te-
na en sus fuerzas coercitivas an fresca la sangre de los miles de trabaja-
dores asesinados el 15 de noviembre de 1922, el Partido Liberal con su
programa radical representaba la necesidad estatal de lograr una adhe-
sin espontnea de una lite a las reglamentaciones jurdicas y a la mis-
ma fuerza coercitiva del Estado. El objetivo de tal adhesin no era otro
sino el de crear un nuevo tipo de convivencia coletiva en la cual toda esa
masa de reciente arribo a la escena poltica "nacional" deba ser educa-
da: esa masa debera demostrar en su conducta poltica el haber asimi-
lado aquellas reglas del juego poltico que la burguesa permite y que,
en el Estado, son obligaciones legales. De esta manera todas las necesi-
dades del Estado burgus en desarrollo se convertan en "libertades"
proclamadas en el Programa del PLR. Incluso de ah naca el valor de
los partidos polticos de los terratenientes .y burgueses ecuatorianos y
tu solo el valor del PLR para el Estado.
Pero el Partido Liberal, como realidad orgnica del Estado no po-
da escapar a las determinaciones que la va especfica de constitucin
de ese Estado le impona. Afn a los intereses de una burguesa comer-
cial y bancaria que no haba roto completamente sus vnculos con la
clase terrateniente, encontrara, en los intereses de esta ltima, los re-
sortes sociales de sus divisiones en dos sectores: uno que se redicalizaba
hacia posiciones democrticas y reclamaba la unidad con el PSE para
completar las tareas revolucionarias que se quedaron trunca'>, y otro
--tan ligado a los seores de la banca como a los del latifundio costeo
y serrano-e- que impona siempre la va del compromiso con los conser-
vadores del Orden y termin aceptando su papel de Felipillo ante el do-
minio extranjero. Al primer sector del Liberalismo pertenecan intelec-
tuales corno Jos Peralta que denunci con valenta la penetracin im-
perialista norteamericana en Amrica Latina. Pero estos constituan so-
lo una 'pequea asociacin liberal' y, como lo dice el mismo Peralta,
7B En la 1 Asamblea Liberal de 1923 "una buena proporcin de los asamblestas dironse el
nom bre de socialistas y animados con otros elementos revolucionarios fundaron por lti-
mo el llamado Partido Socialista Ecuatoriano". Aldunaten , op , ct ., pg. 60.
116 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
"Los Radicales ramos muy pocos" 8 o cuya fuerza inicial sucumbi en
aquel "penoso desarrollo del Partido Liberal" del que nos habla el autor
de Los Victimarios de Alfara. 81 Por su parte el sector de Liberales del
Orden derrotaron a los jacobinos en la guerra civil comnmente llamada
"Revolucin de Concha" y terminaron traicionando los principios de-
mocrticos de la insurgencia Liberal del siglo pasado. La agitada dispu-
ta ideolgica de los aos veinte entre sectores del "Liberalismo" y el
"Partido Liberal" (dos entes no totalmente asimilables) refleja que la
organizacin partidista que surgi entonces estaba bsicamente contro-
lada por la bancocracia pero que haba idelogos Liberales que la ataca-
ban por estar inscritos en una tendencia democrtica que no hegemoni-
z la va de constitucin del Estado burgus ecuatoriano.
Debilitada la burguesa comercial-bancaria con la crisis del cacao,
los avatares de la Revolucin Juliana del ao 1925 que desplaz a un
Gobierno Liberal, y con la depresin del capitalismo mundial a fines de
los aos veinte, el Partido Liberal que la representaba, nacido en medio
de una profunda disputa ideolgica Liberal, se presentar escindido y
maltrecho a las elecciones presidenciales de 1931. Dos aos ms tarde,
hegemonizado ya totalmente ese partido por los Liberales del Orden
-ligados a la clase terrateniente de costa y sierra-e, se ceder el paso
tranquilo al "hroe" de factura Conservadora. Con el triunfo del fla-
mante "doctorcito" -puesto 'al mando', ms ficticia que realmente, de
un movimiento creado al margen del Partido Conservador por la misma
clase terrateniente- el Partido Conservador da un salto cualitativo en su
desarrollo como tal, y aquella anterior "inadaptilidad del conservadoris-
mo a las formas modernas de planteamiento de los problemas bsicos"
del pas que le achacaba Julio Moreno en 1925 haba desaparecido. 82
Para comienzos de los aos 30, luego de los ajustes superestructurales
hechos durante el Gobierno de Ayora y la Constituyente de 1928-29, el
Partido de la Clase Terrateniente, de Sierra y Costa, se haba cohesiona-
do vigorosamente y ya no actuaba como la secta de antao sino como
un partido poltico moderno. Gonzalo Pozo V. tena razn cuando a fi-
nes de los aos veinte escriba:
"El conservadorismo ecuatoriano, a pesar de su estancamien-
80 Jos Peralta. 'El Liberalismo Ecuatoriano'. El Telgrafo. 14 de Agosto de 1930. pgs. 63-
66.
81 Ibid . pg. 63.
82 Julio Moreno, Informe Ministerial 1926-28, Quito, 1928, pg. 56.
LA TRANSFORMACION BURGUESA 117
to y desorganizacin, tiende a renovarse y a surgir como fuerza or-
ganizada, sin deslindarse aun de las hondas vinculaciones con la
Iglesia, por ms que procura adaptar sus tendencias a los complejos
problemas sociales de los estados modernos". 83
En realidad ambos partidos, Conservador y Liberal, --como tambin
aquel PSE que subray su naturaleza pequeo burguesa con la escisin-
formacin del PC en 1931- pasaron a jugar un rol importante de d irec-
cioti poltica que disciplinaba a la masa en la disciplina de conservacin
del Estado. Desde este punto de vista los partidos pueden ser visualiza-
dos con Gramsci como crisoles de la unificacion de la teora y Ir" prcti-
ca: "Los partidos polticos seleccionan individualmente a la masa tra-
bajadora y la seleccin ocurre sea en el campo prctico como en el te-
rico conjuntamente, con un vnculo tanto ms estrecho entre teora y
prctica cuanto ms vital y radicalmente innovadora y antagnica de los
viejos modos de pensar es la concepcin. Por esto se puede decir que
los partidos son los elaboradores de la nueva intelectualidad integral y
totalizadora, es decir el crisol de la unificacin de la teora y la prctica
entendida como proceso histrico real; se entiende como es necesaria la
formacin por adhesin individual (al partido) y no del tipo "Laborista"
(Gramsci se refiere a la membresa no individual sino de toda una orga-
nizacin sindical al Partido Laborista Ingls), porque si se trata de diri-
gir orgnicamente a "toda la masa econmicamente artilla" se trata de
dirigirla no segn viejos esquemas sino innovando .Y la innovacin no
puede crecer de la masa, en sus primeros estadios, sino por medio d{'
una llte en la cual la concepcin implcita do la cctirulad humana se
haya vuelto Ya, en cierta medida, conciencia actual, coh erentc v sistc-
m(itica .Y vo[;ntad precisa y decidida ", 8 4 Los prximos captulos reve-
lan cmo las condiciones histricas analizadas posibilitaron a la clase te-
rrateniente ecuatoriana ponerse efectivamente al frente de dichas inno-
vaciones, de manera consciente y con aquella voluntad 'precisa y deci-
dida'.
B:i Gonzalo Pozo. "Evoludn Histrica de los Partidos Polticos Ecuat.oziarros", en Reuist a
Estudios Jurdicos, 1927, (?) pg. 13-39.
84 Q.C., Tomo u, pg. 1387 (Traduccin nuestra).
118 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
ANEXO DEL CAPITULO 11I
CUADRO No.9
ELECCIONES PARA VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLlCA
1894
Provincia Lizarzaburu % Salazar % Castro % Otros % Totales
Imbabura 793 47 549 33 341 20 6 1.689
Pichincha 1.454 38 1.038 28 1.269 34 9 3.770
Len 263 11 406 18 1.638 71 2.307
Tungurahua 1.161 47 O 1.331 53 2 2.494
Chimborazo 2.108 80 234 9 307 11 2 2.651
Carchi 799 94 16 2 36 4 851
Azuay 2 2.649 87 348 11 30 3.029
Azogues 753 47 653 40 211 13 1 1.618
Laja 26 1 1.663 98 10 1 1.699
Bol var 2 1.076 95 55 5 1.133
TOTAL
SIERRA 7.361 35 8.284 39 5.545 26 51 21.241
Ros 4 1.270 91 107 8 12 1 1.393
Guayas 10 8.000 99 39 66 1 8.115
Manab 3.367 96 106 3 47 1 3.520
El Oro 989 98 11 1 5 1 1.006
Esmeralda 209 93 9 4 4 2 223
TOTAL
COSTA 16 13.835 97 272 2 134 14.257
TOTAL
GLOBAL 7.377 21 22.119 62 5.817 16 185 35.498
ELABORACION DEL AUTOR
FUENTE: A. F. L.
CAPITULO IV
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL:
SUS CLASES Y FRACCIONES DE CLASE,
ANTES Y DESPUES DE LA CRISIS
1. I ntrod uccin
La sociedad ecuatoriana del siglo pasado tuvo --hasta la Revolucin
Liberal de 1895- una clase dominante constituda por diversas fraccio-
nes terratenientes cuya configuracin contradictoria fue en parte res-
ponsable de neutralizar la implementacin de una poltica estatal cohe-
rente, unitaria y eficaz a nivel nacional. 1 En las primeras tres dcadas
de la centuria veinte, el Estado burgus que transit por una va junker
en su constitucin sera, en cambio, la expresin de una burguesa for-
mada por varias fracciones cuyos intereses econmicos diversos no lo-
graron diferenciarse completamente en "fracciones autnomas", capa-
ces de hegemonizar una poltica estable y coherente frente al poder d'
la clase terrateniente.
Al contrario, el amalgamiento o imbricacin de intereses de los di-
versos sectores burgueses y el entrelazamiento de alguno de ellos con la
clase terrateniente fue un hecho real, suficientemente observado hoy
por numerosos estudios que relatan el carcter 'oligrquico' de la clase
dominante ecuatoriana despus de la gesta alfarista. Una autora extran-
jera ha pensado revelar nuevamente esta realidad cuando escribe:
"Los terratenientes oligrquicos del Litoral formaron una so-
ciedad ntima y de lite a principios de siglo. Sus dirigentes eran
hombres involucrados en la banca, la exportacin de cacao, la ad-
ministracin de haciendas, y el comercio citadino. Todos ellos de-
pendan de los ingresos del cacao, estaban desposados entre sus pa-
En otro Jugar he demostrado ampliamente esta tesis. Mientras los terratenientes serranos
y los hacendados cacaoteros tenan intereses similares de clase (p or cuanto su reproduc-
cin como tales estaba basada en la apropiacin de una renta precapit alista, en ambos ca-
sos). el sector serraniego ---cuya produccin hacendataria no iba al mercado m undial cap-
talista-- resista los afanes de modernizacin infraestructural que solo beneficiaban, a su
entender, a los terratenientes costeos. cuyas haciendas producan un bien exportable al
mercado mundial. Por otra parte se cncontraron repetidamente estos dos sectores de la
clase terrateniente en su disputa por disponer de una mano de obra servil, pero mayorita-
riamente inserta en el rgimen hacendatario serrano. Entindase por fracciones aquellos
agrupamientos de individuos, ubicados en una clase rv.s. la burguesa), pero cuyos Intere-
ses re Ilejan diferencias econmicas y polticas mport.ante s derivadas de las diversas for-
mas de existencia del capital. Esas diferencias pueden producir coyunturalmente contra-
dicciones que llevan a una lucha abierta por la defensa de los diversos intereses que las
snsten tan , Vase Nicos Poulantzas, "Las Clases Sociales" en Las Clases Sociales en Am
rica Latina, de F, Fernndez , et. al.. (Mxico: Siglo XXI, 1973), pg. 110.
120 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
rientes, y en resumidas cuentas, tenan interes comunes". 2
Por su parte Rafael Guerrero en su aporte investigativo sobre "Los
ingenios en el desarrollo del capitalismo en el Ecuador" al analizar la na-
ciente industria azucarera de comienzos de siglo ha sealado el amalga-
miente de intereses entre los propietarios de haciendas cacaoteras y los
principales bancos de la poca, y revela igualmente que "la mayora de
los propietarios de ingenios tenan fuertes inversiones en la produccin
de cacao; sus intereses pues, coincidan en gran medida con el resto de
la burguesa cacaotera de entonces". 3 Alejandro Moreano, suponiendo
la existencia de una burguesa agraria, nos habla de una "integracin del
capital comercial con el agrario y el bancario", despus de haber afirma-
do que "a travs del sistema bancario, el capital comercial, agrcola y
bancario fueron consolidando su unidad". 4
Las citas en tal sentido podran abrir un verdadero abanico de in-
terpretaciones entretejidas que llevan siempre a ventilar, a veces con
acalorada vehemencia, la existencia de una "oligarqua costea" com-
pacta, unificada y con intereses comunes. Para algunos incluso, fueron
los ocultos designios de esa "oligarqua guayaquilea" los que habran
de inspirar las polticas de los gobiernos Liberales de la poca. Se habla
as de la pugna entre los "terratenientes Conservadores" de la Sierra y la
"burguesa Liberal" de la Costa.
Como podremos examinar tales visiones de la realidad, aunque a
veces sean parcialmente ciertas, crean sin embargo una opacidad en tor-
no a las condiciones contradictorias que existieron entre diversas frac-
ciones de esa "burguesa costea". La imbricacin de intereses en nin-
gn caso signific que no existieran intereses contradictorios y a veces
antagnicos en el seno del conglomerado elitista que dirigi la Revolu-
cin Liberal o apoy su realizacin. Al contrario la investigacin reali-
zada revela agudos momentos de crisis en que los intereses de una frac-
cin de esa burguesa se contraponen a los de otras que tratan de anu-
larlos.
Por aadidura, la situacin se complejiza por cuanto las relaciones
de los diversos sectores de la burguesa costea de comienzos de siglo
con la clase terrateniente costea, adquieren una diversidad propia que
incidi de manera significativa en una cierta matizacin agraria de la lu-
cha poltica urbana. Adase a esto la creciente ingerencia del capital
2 Lois Weinrnan, Ecuador and Cacao . . . pg. 78.
3 Mirneo, abril, 1978.
4 A. Moreano, OP. ct., pg. 149 y 148. respectivamente.
'EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 121
monoplico extranjero y la complejidad de reacciones locales al fen-
meno y tenemos un cuadro harto renuente a ser aprehendido por una
concepcin evolucionista de la historia que rehusa ver el carcter con-
tradictorio de lo real.
En captulos posteriores quedar ampliamente demostrado el apo-
yo que la clase terrateniente serrana di al Dr. Velaseo Ibarra en las elec-
ciones presidenciales de 1933. Pero, como veremos igualmente, el triun-
fo del candidato del Partido Conservador sell tambin una alianza en-
tre la clase terrateniente y ciertos sectores de la burguesa costea. Y
por cierto no basta con sealar que se trat de una alianza entre "terra-
tenientes serranos y una fraccin de la burguesa guayaquilea", sin de-
terminar el carcter especfico de dicha "fraccin", Como la realidad es
siempre ms compleja que los esquemas que interpretaron el fenmeno
'velasquista', y esa realidad demanda no argumentaciones sino explica-
ciones, se hace necesario demostrar cul fraccin de la burguesa coste-
a fragu dicha alianza con la clase terrateniente ecuatoriana. 5
Este captulo est dedicado a sentar las bases explicativas de esta
compleja realidad que, a nuestro entender, requiere de una perspectiva
histrica mayor que la generalmente otorgada al anlisis de los orgenes
del "velasquismo". Se trata, para nosotros, de analizar y describir las
diversas fracciones de la burguesa costea (guayaq uilea sobre todo) en
sus relaciones sociales, econmicas y polticas con otras clases. Dicho
anlisis lo haremos sobre dos momentos que deben ser delimitados his-
tricamente:
El primer momento fue aquel de constitucin y ascenso revolucio-
nario de esa burguesa en su conjunto. El enfrentamiento fundamental
en esta etapa fue articulado en contra de la clase terrateniente, princi-
palmente la fraccin serrana de ella. Fue la poca de oro de la burguesa
en que se cumplieron tareas de orden revolucionario, y se implementa-
ron reformas importantes que restaron poder a la anterior clase gober-
milite. Cronolgicamente este primer momento estara fijado por la Re-
volucin Liberal de 1895 y llegara aproximadamente hasta la Primera
Guerra Mundial. Es decir, este primer momento estara ubicado plena-
mente dentro del perodo de auge cacaotero.
El segundo momento se inaugur, a nuestro entender, con una cri-
sis de la burguesa. Y entendemos por "crisis de la burguesia" 111 situa-
/m en que la suerte definitiva de su Estado (como provecto histrico)
SI' vuelve dudosa (' inestable, o cuando un pequetio cambio en la correla-
" J':n 1933 surgi en la Costa el llamado "Comit Demcrata Liberal del Lit.oral Pro Velas-
co Ibarra ", como una escisin de11'.L.R.
122 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
cin de fuerzas amenaza con producir su derrumbamiento poltico. Fue
len este segundo momento cuando la burguesa ecuatoriana se volvi
"oligrquica". Y no antes. La burguesa ya no se encuentra unida en
pos de un proyecto democrtico. Lo abandona completamente, y sus
diversas fracciones luchan por mantener sus privilegios a toda costa.
Cronolgicamente este momento comenz con la derrota definitiva de
Eloy Alfaro en 1912, y se profundiz a partir de los efectos introduci-
dos por la Primera Guerra Mundial, pero se hizo ms evidente con la
matanza del 15 de noviembre de 1922. Llegara luego el desplazamien-
to gubernamental del Liberalismo provocado por el golpe de Estado de
1925 y se sellara precisamente en 1933 con la incapacidad de la bur-
guesa en su conjunto de contraponer una alternativa electoral frente a
Velasco Ibarra, candidatizado fundamentalmente por el P.C.E.
11. La Burguesla en sus Relaciones con Otras Clases, Antes de la Crisis
Durante el siglo pasado se fue desarrollando en el Litoral ecuato-
riano una clase social bien delimitada compuesta por comerciantes y
banqueros que no coincidan en sus intereses con los hacendados cacao-
teros de la regin y mantenan una contradiccin antagnica con la cla-
se terrateniente del Altiplano andino. Andrs Guerrero, en su excelente
ensayo sobre los orgenes del capitalismo en el Ecuador, ha distinguido
dos sectores de esta burguesa comercial-bancaria: los banqueros expor-
tadores de cacao y los comerciantes importadores que eran tambin ex-
portadores de otros productos menos importantes que el cacao. 6
Es necesario recordar que esta nueva clase social iba tambin cre-
ciendo numricamente en la medida en que un sector de la clase terrate-
niente cacaotera y azucarera se deslizaba hacia ella y se trasmutaba en
burguesa, al capitalizar la renta en la circulacin mercantil o en la in-
dustria (v.g. azucarera, industria de servicios pblicosy manufacturera).
En efecto una fraccin de la clase terrateniente cacaotera, de entre los
ms ricos hacendados se integraron a la burguesa comercial-bancaria de
tal forma que sus intereses como terratenientes se volvieron secundarios.
La capitalizacin de la renta en la circulacin mercantil volvi efectiva
su potencialidad de trasmutarse en burguesa. 7
6 Agradezco al autor por facilitarme su texto indito sobre la acumulacin originaria en el
Ecuador "Hacendados cacaoteros, banqueros, exportadores y comerciantes en Guayaquil
(1890-1910)", Nov. 1977, presentado como ponencia al Congreso de la Comisin de His-
toria de la CLACSO en Lima, abril 1978.
7 Vase Andrs Guerrero, op, cit.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 123
Hubo as una fraccin de los hacendados que se desplaz hacia la
burguesa y que era susceptible de aliarse a la clase terrateniente en una
coyuntura (la Revolucin Liberal, por ejemplo), y jo de vincularse ms
estrechamente con la burguesa comercial-bancaria, claramente delimi-
tada, en otras coyunturas polticas. 8
La produccin de la renta cacaotera, que haba generado la consti-
tucin de un importante sector de la clase terrateniente ecuatoriana en
el siglo XIX (los hacendados cacaoteros), haba dado lugar a que la cir-
culacin de dicha renta d origen a un conjunto de clases y capas socia-
les para fines del siglo pasado y comienzos del actuaL Se haba consti-
tudo lo que Andrs Guerrero denomina correctamente "agentes de cir-
culacin", agentes "portadores de una forma de capital, el capital finan-
ciero y comercial: los banqueros exportadores y los comerciantes (ex-
portadores e importadores)". 9
Ahora bien, dado que las relaciones de produccin en las haciendas
cacaoteras estuvieron caracterizadas por una forma no asalariada (no ca-
pitalista) de trabajo campesino, sino por una combinacin de la renta en
8 En efecto una de las clases que apoy la Revolucin Liberal'fue la clase terratenient.e ca-
caotera en alianza con la burguesa comercial bancaria que tuvo el papel protag ne o.
Las montoneras alfaristas pudieron contar as con los contingentes de campesinos que
eran trabajadores de las haciendas cacaoteras. Los Weinman nos relata que dichos traba-
jadores eran reclutados y equipados por los hacendados cacao teros. Ver 01'. c t ,; pg. 37.
Es tambin probable que los gastos de la campaa militar de El ov Alfaro hayan p rove n-
do. aunque naturalmente solo en parte, de las ganancias provenientes de la pepa de oro
que reciban los hacendados cacaoteros, En 1893 la Junta de Notables organizada en
Guayaquil estaba compuesta por burgueses y terratenientes coste os, Fue esta .Iunta la
que le envi 30.000 dlares a Don Eloy para que realice SIl viaje de Nicaragua a Guaya-
quil y se ponga al frente de la Revolucin contra el Gobierno Conservador de Lucio Sala-
zar. Tomada la ciudad de Guayaquil y proclamada la Revolucin en esa ciudad Alfaro,
antes de seguir hacia la toma de Quito, hizo significativos nombramientos de nuevas au-
toridades p orte as que reemplazaran a las derrotadas del gobierno anterior. "Sin sorpre-
sa encontramos ---escribe L. Weinman- que los m isrnos apellidos predominaban en los r(~~
gistros de propiedad de Machala, Vnces, Babahov o y Guayaquil, ya que estos eran al
mismo tiempo propietarios de las ms grandes plantaciones d e cacao en el litoral" (op ,
cit., pg. 142). La lista de autoridades nombradas por Alfaro inclua los siguientes apelli-
dos: Carbo , Vernaza, Garc a, Noboa, Soto may or y Luna, Rendn, Gonzlez Rubio. Ca-
rrera, Hurtado, Agurre , Morales, Wither, Garue, Roca Snchez Bruno. Gallardo, Land i-
var, Martnez Mera. Grnez , Maldonado Baquerizo , Castro y Febres Cordero". (Ver Wein-
man, pg. 175, nota 16). De stos algunos eran grandes propietarios de haciendas cacao-
te ras, teniendo a dichas propiedades como su actividad e inters econmico principal.
9 ()p. ct., Para recordar la importancia del cacao para la economa ecuatoriana baste sena-
lar que las exportaciones de la pepa de oro durante los anos de 1 870 promediaban
:48.020 Quintales al ao en comparacin con promedios de 163.350 en la dcada de
1860, y de 126.820 en la de 1850. Entre 1894 y 1905 el Ecuador iba a la cabeza de la
exportacin de este producto a nivel mundial. Exp ortatm 211.211j toneladas de cacao en
1.904. mientras el Brasil --segundo gran exportador al mercado mundial-- solo prcul u c ia
2:~.160 toneladas. (Vase L. Weinman, pgs. 14 y 36). Para 1904 entonces la propor-
cin del pas como primer exportador le significaba cubrir entre la mitad o un tercio de
la produccin mundial y representaba cerea del 60 o {o del total de sus ingresos de e xp or-
taciones, (Ver L. Weinman, 01'. crt.; pg. 14).
124 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
trabajo y de la renta en especie 10 , la existencia misma de esas clases so-
ciales no significaba, como Andrs Guerrero lo ha sealado, la existen-
cia de relaciones de produccin capitalista. Ello signific que el predo-
minio de relaciones de produccin NO CAPIT ALISTAS en las hacien-
das cacaoteras (basadas en realidad en una renta de carcter esencialmen-
te feudal) no diera lugar a la constitucin de una burguesa agraria sino
a la extensin -en el Litoral ecuatoriano- de una clase terrateniente
que sin embargo no produca para el autoconsumo interno sino para el
mercado mundial capitalista. 11
Es decir que la reproduccin social de esa clase terrateniente reque-
ra de la esfera de la circulacin tanto para la realizacin de la renta en
dinero como para la utilizacin de su fondo de consumo en la compra
de artculos importados: "En esta esfera, seala Andrs Guerrero, la
clase terrateniente costea aparece como portadora de una produccin
mercantil que vuelca en la circulacin y se inserta, de esta manera, en el
'terreno del capitalismo mundial' ". 1 2
Se trata, claro est, de que no se sobredimensione el papel del ca-
pital comercial, sino que, el marco terico a travs del cual debe pensar-
se la realidad del pas para el perodo analizado est correctamente
orientado por las premisas que sienta Marx en El Capital acerca del ca-
rcter del capital comercial. 1 3 Y ello porque el desarrollo inicial del
capitalismo en el Ecuador cuyo proceso de acumulacin no signific la
disolucin directa de las relaciones precapitalistas en el agro ni la crea-
cin de una infraestructura industrial, sino el predominio del capital co-
mercial, otorg un carcter muy especfico a los diversos sectores emer-
gentes de la burguesa local, abri un proceso de diferenciacin de la
10 Vase el captulo JI de este libro.
11 Por ello es equivocado hablar de una 'burguesa agraria' como uno de los componentes
sociales importantes detrs de la Revolucin Liberal. En ensayo de A. Guerrero acerca
de la acumulacin originaria de capital en el pas para el perodo de 1890-1910 es por
ello de enorme importancia pues viene a romper con la historiografa especulativa que si-
guiendo mecnicamente las tesis de A.G. Frank sostiene que el Ecuador para 1895 era
una formacin social capitalista (en desarrollo evolutivo desde la poca colonial!!) y que
en las 'plantaciones de cacao' se daban relaciones capitalistas de produccin. Vase por
ejemplo Ecuador: pasado y presente (Unv, Central, 1977) que representa esta tendencia
interpretativa en sus ensayos sobre la poca.
12 Op. cit., pg. 21.
13 Dichas premisas seran: 1) el capital comercial es ms antiguo que el Modo de Produc-
cin Capitalista (MPC); 2) el capital comercial aparece como una forma histrica del ca-
pital mucho antes de que el capital haya sometido a su dominio a la propia produccin;
3) la existencia y desarrollo del capital comercial constituye en cierta medida el supues-
to del MPC pero su desarrollo considerado por si solo . . . es insuficiente para explicar y
mediar la transicin de un modo de produccin a otro. Marx, en El Capital, Tomo 111,
captulo XX, pg. 413, Ed., Siglo XXI.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 125
clase terrateniente a nivel nacional y fij los lmites de la constitucin
del proletariado y otros sectores subalternos en la estructura social del
pa is, Identificar correctamente a las diversas fracciones de la burguesa
existentes antes y despus de la crisis es de vital importancia para enten-
der sus posibilidades de alianzas en el terreno de la lucha poltica en un
pas en el cual dichas luchas exhiban una fuerte matizacin social agra--
ria, entre otras razones porque durante el perodo en cuestin, los terra-
tenientes seguan siendo una de las clases sociales en presencia. Esa cla-
se social se constituy en el teln de fondo de toda la lucha poltica de
la nueva clase gobernante, y S/1 control sobre la mayora de la poblacin
limit el mismo carcter de las transformaciones burguesas.
Haciendo un corte en la estructura social de la Costa, y en particu-
lar de la zona donde se inici el desarrollo capitalista, es posible distin-
guir a varias fracciones de la burguesa y sealar el carcter de su rela-
cin con la clase terrateniente y la especializacin relativa que adoptan
en las relaciones mercantiles existentes. Podramos as identificar las
clases sociales existentes y hacer una caracterizacin de sus relaciones y
contradicciones orgnicas.
1. La fraccin comercial-bancaria de la burguesla
Hemos afirmado ya que la burguesa comercial-bancaria provino,
por un lado, de una fraccin de la clase terrateniente cacaotera que avan-
z su riqueza monetaria acumulada, en el establecimiento de institucio--
nes financieras; y por otro, de comerciantes del puerto de Guayaquil,
y todo ello mucho antes de la Revolucin de 1895. Dicho movimiento
econmico se registr ya con la fundacin del BANCO DEL ECUADOR
en 18G8. Creado con el impulso activo del influyente hacendado cacao-
tero Antonio Flores Jijn , el Banco del Ecuador estuvo identificado ini-
cialmente en el siglo pasado como el 'banco de los hacendados cacaote-
ros'. ] 4 En efecto al momento de su establecimiento como institucin
financiera dicho banco poda realizar todo tipo de operaciones banca-
rias, pero segn sus propios estatutos le estaba vedado dar prstamos a
otros sectores de la clase terrateniente que no sean los hacendados ca-
ca oteros o los 'productores' de caf. 15
14 Vase Banco del Ecuador, El BOTICa del Ecuador: Historia de Medio Siglo, 1868-1918
(Guayaquil, 1918) y el libro de Julio Estrada Icaza: Los Boticas del siglo XIX (Guaya-
quil: A.H. del G., 1976),
15 "El banco -dice Estrada-s- estaba facultado para realizar toda clase de operaciones banca ..
ras, con excepcin de prstamos sobre fincas o cualquier otra clase de bienes races. Ha-
b a una salvedad en la excepcin, pues se le permita operar hasta el 50 o /0 del valor de
126 El MITO DEL POPUlISMO EN El ECUADOR
Tres aos despus de la fundacin del susodicho banco, algunos
"conocidos comerciantes e inversionistas" constituyeron el BANCO DE
CREDITO HIPOTECARIO. 16 Al poco tiempo de fundado este ltimo
banco anunciaba su carcter de 'exportador' adelantando "hasta el 50
% del valor de las consignaciones", y de importador encargado de "pe-
dir al exterior tiles agrcolas, mediante una comisin del 4 O/O". 1 7 Al
no ser un banco de emisin y descuento, el Banco de Crdito Hipoteca-
rio no surje como un competidor del Banco del Ecuador, y operaba en
'un campo muy distinto'. 1 8 En realidad operaba en un campo distinto
pero complementario para los intereses de los hacendados cacaoteros
pues el Banco de Crdito Hipotecario no conceda prstamos en la Sie-
rra: cuando en 1873 el Banco de Quito le pidi la apertura de un mo-
desto crdito, el Directorio lo neg sin pena ni gloria, al tiempo que
aceptaba conceder varios crditos hipotecarios a hacendados del Lito-
ral. 19
El movimiento econmico de establecimiento de instituciones fi-
nancieras sera nuevamente registrado en 1885 con la fundacin del
BANCO INTERNACIONAL promovida por antiguos socios y clientes
del BANCO DEL ECUADOR. Un ao ms tarde surga tambin en
Guayaquil el BANCO TERRITORIAL fundado con apoyo del BANCO
DEL ECUADOR. Posteriormente, y vinculado a la Revolucin Liberal,
surgi en 1895 el BANCO COMERCIAL Y AGRICOLA DE GUAYA-
QUIL. Se haban tambin fundado antes, algunas Cajas de Ahorro y
compaas de seguro, entre otras instituciones financieras.
Poner todas estas instituciones financieras en el mismo cajn de
sastre y considerar a sus accionistas como miembros de una BURGUESIA
COMERCIAL-BANCARIA sera equivocado. Primero, porque al hacer-
lo se estara ignorando el origen social diverso de los grupos de accionis-
tas insertos en dichas instituciones financieras, y suponiendo que sus in-
las haciendas de cacao y caf, siempre que fuesen con primera hipoteca". Ver op, ct.,
pg. 57.
16 Estrada: pg. 153. Vase Cuadro No. 23 en el Anexo a este captulo.
17 Ibid.
18 OP. cit., pg. 195.
19 Le prest 30.000 a Juan llliworth con hipoteca de las haciendas CHONONA y SAN
JUAN; a William Higgns Y Sra. Leonor Carbo de Higgins con hipoteca de la Hda. JUANA
DE ORO; Y a Gregoro Pareja le prestaba 200.000 con hipotecas de sus propiedades. Ver
Estrada: pgs. 157/58. W. Hggins era Miembro Suplente del Directorio del Banco. En el
Directorio de dicho banco aparecan otros hacendados tales como Manuel Orrantia entre
comerciantes del puerto. Ver lista del Directorio presidido por Francisco F. Icaza, en el
libro de Estada, op , ct., pg. 153.
EL DESAHROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 127
tereses econmicos principales (de clase) los determinaba su actividad
bancaria; y segundo, porque sera negar el carcter [u ucional distinto ~\.
a veces contradictorio que dichas instituciones financieras tenan, en
virtud del cual servan a clases sociales diversas, o a fracciones diversas
de la misma clase.
Por otro lado, es cierto que todas estas instituciones financieras es-
tuvieron vinculadas, de una u otra forma y en mayor o menor grado, al
movimiento renovador de los Liberales en la Costa y apoyaron el ascen-
so de Alfara al poder en 1895. Con toda seguridad, la gran mayora de
esos accionistas de bancos, comisionistas, banqueros exportadores e im-
portadores, agentes corredores de valores y de compaas de seguro, los
banqueros llamados 'individuales', y los miembros de los consejos direc-
tivos y administrativos de ese conjunto de instituciones financieras se
identificaban con un Liberalismo que propona el arreglo de la deuda
externa, ajustes locales a las condiciones monetarias mundiales y la ex-
tensin de los privilegios bancarios. Y seguramente todos ellos se consi-
deraron partcipes de los logros modernizantes alcanzados por la Revo-
lucin Alfarista de 1895. Pero considerarlos a todos ellos como miem-
bros de la burguesa comercial-bancaria por ser "LIBERALES" sus diri-
gentes, es olvidarse que dicha Revolucin tuvo corno uno de sus compo-
nentes sociales de apo,YO a la misma clase terrateniente costea que pro-
duca para el mercado mundial y que tambin estaba interesada en que
el Ecuador tenga una posicin crediticia mejorada en ese mercado inter-
nacional. 2 o
Por lo anotado arriba se hace indispensable examinar las posibles
diferencias y el contenido de esas conocidas 'rivalidades' que tuvieron
lugar entre las principales instituciones bancarias de la poca. Esto im-
porta puntualizarse para entender correctamente los desplazamientos de
intereses y de diversos sectores de clase que yacen en el teln de fondo
del fenmeno central que analiza este libro: el surgimiento de un nuevo
pacto poltico entre la clase terrateniente (de Sierra y Costa) y un deter-
minado sector de la burguesa guayaquilea, en 1933. Ao en el cual
los lat,i.fJndstas ecuatorianos coalieado movilizaron sus clientelas elec-
torales rurales, tanto en el Litoral como en el Altiplano andino, y en
alianza con un sector burgus fuertemente imbricado con intereses agra-
rios, colocaron en el Palacio de Carondelet a un personaje oscuro para
20 Antes de la Revolucin Liberal los hacendados c acaoteros haban cristalizado una alianza
con los terratenientes serranos en los Gobiernos dellJarnado Progresismo. En 1895 los
terratenientes costeos abandonan. en su mayora. dicha alianza y sellan una nueva con
la burguesa comercial-bancaria. sector protagruco de los acontecimientos polticos de
entonces. Este cambio en la correlacin de fuerzas. que permiti el ascenso de Alf'aro ,
est tratado en el Capitulo VIII de la tesis ya citada del autor.
128 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
que juegue el papel de hroe de una "democracia" forcejeada desde arri-
ba y que llevar desde entonces el signo inconfundible de un pacto esen-
cialmente antidemocrtco ,
Hemos afirmado ms arriba que un sector de la clase terrateniente
cacaotera avanz ciertos intereses monetarios en la fundacin del BAN-
CO DEL ECUADOR, que por lo dems -a pesar de servir esencialmente
a los hacendados cacaoteros y estar controlado por ellos-, se estableci
tambin con el aporte financiero de inversionistas y comerciantes no
propietarios de haciendas. Sin embargo, a los pocos aos de fundado
podemos constatar una escisin en su seno: algunos de los hacendados
(menores), socios del Banco del Ecuador, en combinacin con algunos
comerciantes del puerto de Guayaquil se fueron separando del mismo
para fundar otra institucin llamada EL BA1VCO INTERNACIONAL,
diez aos antes de la Revolucin Liberal. Esta institucin no sera una
prolongacin financiera de los intereses del BANCO DEL ECUADOR a
otras esferas econmicas, sino un fuerte rival reconocido por ambas par-
tes.
El Banco Internacional promovido por antiguos accionistas del
Banco del Ecuador, se convirti desde un comienzo en el "competidor
peligroso" de este ltimo. 21 Ambos eran entidades de emisin y el
ms antiguo se neg rotundamente a recibir los billetes del flamante
banco. 22 Hecho no soslayable pues el Internacional fue el antecesor
directo del BANCO COMERCIAL Y AGRICOLA DE GUAYAQUIL y
con el cual el BANCO DEL ECUADOR mantendra serias diferencias
posteriormente .
Qu diferencias estuvieron entonces en juego en aquella "rivali-
dad bancaria"?
La "rivalidad bancaria" entre el Banco del Ecuador y el Banco In-
ternacional estuvo antecedida por lo que Estrada Icaza ha denominado
"la primera guerra bancaria" que constituy un episodio revelador de la
debilidad de los comerciantes-banqueros no ligados orgnicamente a la
clase terrateniente cacaotera frente al poder de los hacendados costeos
exportadores de cacao. Esta "primera guerra bancaria" di muerte a
dos bancos guayaquileos y tuvo como ganador al Banco del Ecuador
que termin absorbiendo a sus fenecidos rivales. En esa lucha, el banco
de los hacendados exportadores de cacao tuvo su ms firme aliado en el
poder estatal constitudo que se inclin siempre en contra de esa bur-
guesa comercial en constitucin que buscaba establecer independiente-
21 Vase al respecto lo que dice Estrada, op, ct., pg. 87.
22 Ihid.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 129
mente sus propios bancos. Examinemos brevemente este antecedente
por el inters histrico que reviste.
En 1861 "cincuenta comerciantes del puerto" establecieron el
BANCO PARTICULAR, cuyos billetes 'de circulacin forzosa en toda
la repblica' (de acuerdo al contrato original con el Gobierno) no po-
dran sin embargo ser aceptados por su valor nominal en las provincias
serranas por disposicin gubernamental de 1865. 2:1
El Banco Particular responda a las necesidades del comercio pero
otorgaba prstamos exclusivamente a los miembros de esa burguesa co-
mercial portea no ligada a la clase terrateniente cacaotera. Poco des-
pus de fundado, su principal portavoz se lamentaba que el Banco no
pudiera "sin comprometer su existencia, dar la mano a la clase agricul-
tora" (lase hacendados cacaoteros) "cuyo penoso e importante trabajo
sirve de alimento a la industria fabril y comercial". 24 Y es que, hosti-
gado permanentemente por el Gobierno, el Banco Particular se vi obli-
gado a reducir el monto de su emisin en circulacin y forzado a aten-
der los requerimientos de los comerciantes costeos vidos de circulan-
te. 25 Ese hostigamiento contra el Banco Particular no revela sino que
el Estado de los terratenientes no estaba dispuesto a extender "privile-
gios bancarios" a una institucin financiera que no tuviera ligamenes
con ellos. Pero ese mismo Estado hara su 'favorito' y apoyara resuel-
tamente a un banco auspiciado por los hacendados cacaoteros. As
cuando a fines de 1865 el Gobierno de Garca Moreno expide un decre-
to autorizando la creacin de un banco de emisin con el cual pudiese
negociar un fuerte emprstito amortizable con la participacin del Esta-
do en los diezmos de la Dicesis de Guayaquil (que no eran sino los diez-
mos provenientes del cacao) 26, se alent definitivamente el avance de
23 lbid., pgs. 31 - :l3.
24 Segn el Tesorero del Banco, y uno de sus accionistas, el Sr. l'eodoro Maldonado. Cita-
do por Estrada lcaza, op. ct., pg. 37.
25 Vase Estrada Icaza, op, cr., pgs. 37 - 39.
26 Para 1857 los ingresos por concepto de diezmos del cacao provenientes de la Tsiocesis de
Guayaquil alcanzaban ya la cifra de 127.589 pesos de una cifra total de 250.384 recauda-
dos por el mismo concepto en todo el pas, es decir que correspondan al 51 0/0,10 cual
revela su importancia. En 1872 el diezmo de Guayaquil por s solo constituye el 58 %
del total y en 1879 lleg al 7 3 o /0 del total de las recaudaciones por concepto de diez-
mos que haca el Estado. En el Cuadro pertinente del apndice a este captulo se revela
la mp ortanca que adquiri el diezmo de cacao desde mediados del siglo pasado. Se ini-
ciaba entonces un desplazamiento de las fuentes econmicas de subsistencia del Estado
ecuatoriano de la Sierra hacia la Costa. Para mediados del siglo XIX el Estado comienza
a funcionar de los ingresos de la aduana y del diezmo de cacao. Esto le otorg a la clase
terrateniente cacaotera un poder de negociacin importante frente a la clase terratenien-
te serrana. Este poder de negociacin, que lo vemos revelado en el asunto que aqu trata-
130 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
los hacendados cacaoteros en la actividad financiera y se sellaba la suer-
te del Banco Particular. El Banco auspiciado por Garca Moreno no era
otro que el Banco del Ecuador.
Inmediatamente despus de constitudo, el Gobierno dispuso que
"tan solo se admitiesen en las oficinas pblicas los billetes del Banco del
Ecuador". 2 7 Esta fue como la llama Estrada Icaza la 'sentencia de
muerte' del Banco Particular. Poco despus el Banco Particular, ya de-
clarado en quiebra en 1867, comienza el remate de sus haberes, suspen-
den el pago de dividendos a sus accionistas en 1869 y vende el activo y
pasivo al nico comprador posible: al flamante BANCO DEL ECUA-
DOR.28
Pero este ltimo habra de absorber an a otro banco guayaquileo
ligado a la burguesa comercial en constitucin. Examinemos este se-
gundo episodio de la 'primera guerra bancaria'.
"Ni bien vendido" el Banco Particular "con hatos y garabatos" al
Banco del Ecuador -nos dice Estrada Icaza-, se plante la convenien-
cia de establecer otra institucin para reemplazarlo. Posiblemente eran
accionistas del fenecido; ciertamente constituan un grupo de comer-
ciantes con buen respaldo; y obviamente no les simpatizaba el Banco
del Ecuador. . . Don Crisando Medina y otros promotores solicitaron al
Gobierno la aprobacin de los Estatutos. El Gobierno, con toda frial-
dad, les contest que no era necesaria su intervencin. Por supuesto, al-
gunos de los socios, que ya haban recibido la negativa del Banco del
Ecuador cuando propusieron ciertas operaciones, se amilanaron y se re-
tiraron. Qued, pese a todo, un grupo respetable que se lanz a la aven-
tura y constituy definitivamente el BANCO NACIONAL, el 27 de ene-
ro de 1871". 2 9
El Banco Nacional contaba entre sus principales accionistas a
miembros de una burguesa comercial en constitucin no ligada a los in-
tereses de los hacendados cacaoteros del Litoral. 3 o Poco despus de
mos, qued muy claro en el asunto de la abolicin del diezmo. El decreto de abolicin
del diezmo que interesaba sobremanera a la clase terrateniente cacaotera (que era la que
ms pagaba) se hizo a travs de su mediacin en el Estado Y el Gobierno de Antonio
Flores Jin -un hacendado cacaotero l mismo- expidi el decreto de sustitucin de
ese impuesto por una contribucin del tres por mil y un impuesto sobre el capital.
excluyendo explcitamente a "las huertas de cacao". (Vase Diario Oficial. No. 370,
AO IV, Quito, Octubre 22 de 1891. Archivo de la Biblioteca Nacional. Quito).
27 Estrada. op , cit., pg. 48.
28 Ibid., pgs. 48 - 49.
29 Ibid . pg. 49. Subrayado es nuestro.
30 Eran socios de este Banco los seores: Clmaco Gomez Valdez (comerciante importador.
JOL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 131
fundado, el Gobierno de Garca Moreno expeda la Ley de Bancos con
disposiciones sumamente rigurosas pero qlLe exceptuaban al Banco del
Ecuador, lo cual significaba asestar un duro golpe a la flamante institu-
cin bancaria. "Conocida la Ley, el director-gerente Agustn Coronel
Mateus convoc a los accionistas del Banco (Nacional) para el 2 de di-
ciembre (del ao en que se fund). Era obvio ---escribe Estrada- que
no se poda luchar contra un poderoso rival". 31 Siete das despus el
Banco del Ecuador compraba el activo y pasivo del infante banco!!
Hasta aqu los antecedentes de la confrontacin entre el Banco del
Ecuador y el Banco Internacional. La necesidad de habemos detenido
en ellos se justificar de inmediato.
Ligado estrechamente a la clase terrateniente cacaotera y a un Es-
tado que la representaba 32 el Banco del Ecuador, en esta primera eta-
pa, no satisfizo en su calidad de institucin financiera los intereses de
crdito de los comerciantes dedicados a la importacin de bienes del
mercado mundial y lo al comercio de exportacin de otros productos
aparte del cacao. Los comerciantes se quejaban y protestaban, teniendo
en miras al Banco del Ecuador, por "la crisis de escasez de dinero", los
altos intereses y el alza de los cambios. 33 En 1874 las protestas se hi-
cieron pblicas.
"Efectivamente ---escribe Estrada-, el BANCO DEL ECUA-
DOR haba restringido fuertemente sus operaciones y el comercio
que ante la elevacin del cambio se haba abarrotado de mercade-
ras (importadas), se encontraba asfixiado por falta de dinero, in-
capacitado para vender rpidamente sus existencias que excedan
las verdaderas necesidades del pas. La demanda de crdito por
parte del Gobierno tena prioridad en un banco (el del Ecuador)
deseoso de influenciar la poltica gubernamental; ello reduca an
ms el crdito legtimo para el comercio. Desde abril hasta fines del
Eduardo M. Arosemena, a la sazn comerciante banquero, M.N. Mrmol, comerciante;
Agustn Coronel, comerciante; entre otros. Debe notarse tambin que tanto Aroserne-
na, el flamante Director del Banco y el Sr. Clmaco Valdez, uno de los principales acco-
nstas, eran de ciudadana colombiana.
31 lbid., pg. 51. Los parntesis son nuestros.
32 (Esa institucin bancaria fue) fundada por hacendados cacaoteros, (vase Cuadro No. 22
Anexo de este captulo), de los 26 fundadores originales los seores Nicols Moda, Ma-
nuel Samanego , Jos Rosales, las Firmas Planas Prez y Obarrio, eran todos hacendados
de Mlagro-Yaguach ; otros fundadores fueron: Jos Mara Caam an o , dueo de Tenguel
y una de las ms grandes haciendas de cacao del mundo, y que fuera presidente del pas
entre 1884-88; don Pedro Pablo Garca Moreno, hermano de Gabriel Garc a Moreno, y
uno de los ms grandes exportadores de cacao en sus das. Vase Uggen , pg. 77.
l..;i3 Estrada, pg. 71 - 72.
132 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
73 el crdito al pblico se reduca de 1 '334.000 pesos a 1 '065.000
mientras el Gobierno incrementaba su deuda de 400.000 pesos,
hasta llegar a 1 '254.000". 3 4
Esa poltica de estrechez del crdito del Banco del Ecuador que es-
taba diferida para canalizar sus emprstitos hacia los hacendados cacao-
teros y exportadores de cacao, y las restricciones existentes para expor-
tar moneda (es decir importar bienes del mercado mundial), llev a los
comerciantes importadores de Guayaquil a denunciar y acusar "directa
y abiertamente" al referido Banco de la crisis monetaria de 1874 ante el
Gobierno Central. 35 Pero los comerciantes del puerto le estaban solici-
tando sus "buenos oficios" a un gobierno cuyas vinculaciones con el
acusado le inclinaron a exculparlo. Efectivamente el veredicto final del
Gobierno se inclin a favor del Banco del Ecuador y no a satisfaccin
de los comerciantes residentes en Guayaquil. 36
Cuando en 1885 surge el BANCO INTERNACIONAL este se iden-
tific con la burguesa comercial portea, y en particular con los impor-
tadores y empresas de comercio intermediario. En efecto esta institu-
cin bancaria estuvo controlada por la firma comercial importadora
'NORVERTO OSA i CA' que ms tarde se convertira en la 'Casa Max
Muller i Co.' 37 Las relaciones de este banco con el gobierno Liberal
inaugurado en 1895 seran muy "estrechas". 3 8 En julio de ese ao el
Banco Internacional le facilit al Gobierno de Eloy Alfaro un prstamo
por 25.000 sucres y dos meses despus le ofreca otro giro por 300.000
sucres ms. Debido a la fusin del Banco Internacional con el BANCO
COMERCIAL Y AGRICOLA DE GUAYAQUIL, sera este ltimo el
que efectivizara dicho emprstito. 39
Valga recordar tambin que el Banco Internacional establecido en
1885 surgi con el apoyo del BANCO DE CREDITO HIPOTECARIO
que haba sido fundado en 1871-72 por comerciantes guayaquileos y
por firmas mercantiles entre las que figuraban precisamente "Norverto
34 Ibid., pg. 72. (parntesis nuestras).
35 Vase Estrada, pg. 73.
36 El enviado del Gobierno Central a Guayaquil para que interceda ante el conflicto entre el
Banco y los comerciantes, agrupados en la Bolsa Mercantil (presidida por el ciudadano
colombiano Clmaco Gomez Valdez, importador) no era otro sino Don Vicente Lucio
Salazar, un ex-interventor de la sucursal quitea del poderoso banco porteo y a la sazn
subsecretario de Hacienda del rgimen.
37 Estrada, pg. 196.
38 Ibid . pg. 205.
39 Ibid.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 133
Osa i Ca.", "La Econmica" y Damin J. Medina entre otras. Este ban-
co haba sido fundado como hipotecario bajo el amparo de la ley de
1869 que permita el establecimiento de instituciones con dichos fines,
y bajo anuencia del Banco del Ecuador que no vio surgir en l a un rival
banco de emisiones. Pero cuando en 1885 se fund con el auspicio de
los comerciantes importadores un Banco de emisin como era el INTER-
NACIONAL, aparece al ao una nueva institucin bancaria estrecha-
mente ligada a los hacendados cacaoteros. Se trataba de "un banco agr-
cola" --como lo denomin significativamente Estrada Icaza- cuyos so-
cios se reunen en los locales del BANCO DEL ECUADOR y en cuya lis-
ta de accionistas se encontraban "connotados comerciantes y banque-
ros, principalmente vinculados al Banco del Ecuador". 40 Este banco
daba prstamos a largo plazo, con hipotecas de las haciendas, y mante-
na una "estrecha relacin" con el del Ecuador. 41 Se trataba del fla-
mante BANCO TERRITORIAL en el cual el grueso de las acciones esta-
ba controlado por banqueros que eran a su vez hacendados cacaoteros,
hacendados-exportadores de cacao. En efecto, de las 615 acciones de
la'> que tenemos conocimiento exacto, 472 estaban controladas por ban-
queros que eran a su vez hacendados cacaoteros, lo cual revela clara-
mente la hegemona de ese sector sobre los intereses del mencionado
Banco. (Vase Cuadro No. 23 en el Anexo de este captulo).
Esta primera "guerra bancaria" cuyos elementos pertinentes he-
mos analizado aqu, si bien demuestra la fortaleza del Banco del Ecua-
dor frente a sus competidores y rivales, no lo dejara atrincherado en la
misma posicin inicial al Banco del "gran cacao". Muy al contrario. La
crisis comercial de 1874 afect tambin la naturaleza del Banco del
Ecuador en la medida en que se oper un cambio en la correlacin de
fuerzas internas de dicha institucin, al parecer favorable a un sector de
accionistas ligados al comercio importador citadino. Esta metamorfosis
se registr alrededor de 1875 cuando un contingente importante de co-
merciantes, accionistas del Banco, lograron imponer en la Gerencia a
Don Eduardo Arosemena, personaje de nacionalidad colombiana ligado
al comercio importador con algunos pases europeos, en particular con
Inglaterra. El Sr. Arosemena sera Gerente por un largo perodo de 42
aos.
Con este cambio en el Directorio lo que se registraba era un nuevo
entrelazamiento de intereses en el seno de la institucin, y no un cam-
bio radical en su naturaleza. Haban entrado a ser importantes accionis-
40 Estrada Icaza, pg. 213.
l.1.1 Ibid . pg. 214.
134 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
tas comerciantes-importadores tales como Antonio Mandny, que tam-
bin era exportador, y otros importadores haban aumentado el monto
de sus acciones (caso de "Norero i ca."). Sin embargo estos importado-
res, a diferencia del grueso de los comerciantes importadores ligados al
Banco Internacional, eran a su vez hacendados cacaoteros y a veces tam-
bin eran exportadores de la pepa de oro. Es decir: que mientras el
Banco Internacional (directo antecesor del Agrcola como bien lo deno-
mina Estrada Icaza) congregaba a los comerciantes importadores y ex-
portadores que solo tenan intereses secundarios como hacendados (lo
que equivale a decir que su reproduccin como clase se basaba en su ac-
tividad en cuanto comerciantes importadores y/o exportadores funda-
mentalmente), el Banco del Ecuador, a partir de 1875, congregaba a dos
sectores bien identificables: a los hacendados cacaoteros que desde en-
tonces ya no son directamente representados en la Gerencia del Banco,
y a una fraccin en constitucin de la burguesa comercial importadora
ligada a los pases europeos y que tena tambin ligmenes con la clase
terrateniente cacaotera en la medida en que estaba compuesta por indi-
viduos que eran tambin hacendados.
Hemos querido puntualizar este panorama de la realidad bancaria
del pas antes de la Revolucin de 1895 para no perder de vista la exis-
tencia de ciertas contradicciones y alianzas entre quienes -vistos global-
mente- aparecan como BANQUEROS EXPORTADORES Y/O IM-
PORTADORES, cuando es evidente que exista una fraccin de los ban-
queros exportadores de cacao, y de importadores cuyos intereses apare-
cen mucho ms imbricados con los de la clase terrateniente cacaotera
del Litoral (este sera el caso del eje financiero compuesto por el BAN-
CO DEL ECUADOR - BANCO TERRITORIAL), que otra fraccin de
BANQUEROS IMPORTADORES Y EXPORTADORES cuyos intereses
aparecen ms desprendidos con respecto a dicha clase, y que a su vez se
encuentran mucho ms entrelazados con los de una burguesa comercial
urbana (este sera el caso del eje financiero compuesto por el Banco de
Crdito Hipotecario - Banco Internacional). Sobre esta imbricacin de
intereses econmicos se sobrepuso tambin un origen social diferido en-
tre ambos grupos de banqueros. Asunto que debemos tener presente y
sobre el cual volveremos ms adelante.
Enfaticemos ahora algunos puntos, a manera de sntesis. En el
Ecuador de fines del siglo pasado y comienzos del presente se constitu-
y un grupo de individuos social y econmicamente diferenciados que
por su papel especfico en el proceso de circulacin de la renta cacaote-
ra y su relacin con el proceso productivo constituyeron una BURGUE-
SIA COMERCIAL - BANCARIA, en un pas en el cual an no primaban
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 135
las relaciones de produccin capitalista. Sin embargo, por cuanto la
produccin costea basada en relaciones no capitalistas era "una pro-
duccin fuertemente especializada de carcter mercantil" 42, las nue-
vas relaciones sociales establecidas por la circulacin de la renta cacao-
tera dieron nacimiento a una burguesa compuesta de comerciantes ex-
portadores de cacao que eran a su vez banqueros. Estos banqueros ex-
portadores eran en efecto los banqueros prestamistas para los hacenda-
dos cacaoteros y servan a su vez como apoderados y administradores
de los hacendados ausentistas. 43 Esa burguesa que no era una 'bur-
guesa agraria' y a su vez exportadora, se dedicaba al comercio de ex-
portacin de la pepa de oro y a las finanzas bancarias como tambin
a la exportacin de otros productos del Litoral (caf, sombreros de pa-
ja, etc.), y a la importacin, aunque en menor escala.
Segn Andrs Guerrero, para el ao 1911 el capital "dedicado a
las finanzas y al comercio de exportacin (sobre todo de cacao) y de
importacin, rene casi la mitad del capital en giro total" en el puerto
de Guayaquil. 44 Es decir que, sta era la fraccin econmicamente
ms poderosa de la burguesa ecuatoriana a principios de siglo. Cuando
Luis A. Carbo catalogaba a los "primeros millonarios del Ecuador"
incluy los apellidos: Aspiazu, Durn, Galecio, Garbe, Garca, Gonza-
lez, Guzmn, Sanchez, Bruno, Sotomayor y Luna, Valdez y Vignolo.
Segn Lois Weinman, diez de estos estaban involucrados en el comercio
de exportacin. 45 Los grandes exportadores tales como Lismaco
Gzman e Hijos, Guillermo Hggins, Reyre Hnos. y Co., Seminario y
Candel, Julian Aspiazu y Juan Marcos tambin actuaban como banque-
ros. Los terratenientes Puga, por ejemplo tenan para 1904 sus hacien-
das endeudadas tanto a los Hnos. Aspiazu como a los Hnos. Reyre. 46
Los exportadores-banqueros estaban reinvirtiendo sus ganancias acu-
muladas en la MONOEXPORTACION de la economa regional, mien-
tras que la renta en trabajo y en especie apropiadas por la clase terrate-
niente costea NO ERA INVERTIDA EN LA PRODUCCION sino en
la banca, en el comercio de exportacin y alimentaba el consumo sun-
42 A. Guerrero, op , ct., pago
43 Ver Wetnman , op , cr., pago 113.
44 A. Guerrero, op , c t .. pago 33.
45 Ver Weinrnan, op. cit.
46 Los Puga deban 109.934 sueres a los Aspiazu y Reyre, pero su deuda con el BANCO
COMERCIAL Y AGRICOLA era aun mayor: de 356.833 sucres. Ver Weinman, pago 69.
136 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
tuario de dicha clase, de la cual fue desprendindose una burguesa
comercial-bancaria particular desde mediados del siglo pasado, y que
aparece ya desprendida (escindida) de la clase terrateniente alrededor de
1875 en adelante. 47
Haban sido esos hacendados costeos que avanzaron intereses en
el comercio de exportacin y en la banca los que daran lugar a la cons-
titucin de una burguesa comercial-bancaria. Algunos de ellos esta-
blecan sus propias firmas comerciales, como fue el caso de los Aspia-
zu que abrieron un negocio invirtiendo dos millones de sucres en 1890,
o el de los Hnos. Seminario y Candel que establecieron una oficina co-
mercial tal como lo hara tambin la Caarnao Tenguel Estates Limi-
ted. 48 Se fue creando as en la ciudad de Guayaquil una serie de Casas
Comerciales exportadoras que estaban bajo el control de estos acauda-
lados guayaquileos. En efecto ms de las tres cuartas partes de la ex-
portacin de cacao la controlaban ellos, mientras las firmas estadouni-
denses controlaban menos del 18 % de las exportaciones para princi-
pios de la dcada de los aos 20. 49 Antes de la creacin de la Asocia-
cin de Agricultores, casi todo el cacao del Ecuador era vendido por
esas casas comerciales de exportacin en base a ventas previamente con-
certadas con los importadores en el exterior. Pero a partir de 1910 se
organiz en Guayaquil una cooperativa o sindicato de exportadores de
cacao que lleg a controlar en 1917 el 71 % de las exportaciones de la
pepa de oro. Este sindicato de empresarios compraba el cacao a sus
dueos, pagndoles el 50 % en vales y el 50 % en efectivo. La Aso-
ciacin especulaba con el precio en el mercado extranjero y haca gran-
des ganancias. 50 Durante el primer decenio del siglo y hasta 1914,
la estabilidad monetaria, las condiciones favorables del mercado para el
cacao, el incremento de los precios de venta del producto, permitieron
que los exportadores obtuviesen ingentes ganancias. En combinacin
con los hacendados cacaoteros haban fundado una organizacin de
defensa bajo la proteccin del Estado: la Asociacin de Agricultores ya
mentada. Y la misma burguesa comercial bancaria haba establecido
47 El ao indicado es naturalmente una aproximacin, pero que sin embargo est basado en
hechos reales. Incluso el Banco del Ecuador a partir de ese ao empieza a ser dirigido
por el sector comercial-bancario de los socios y no por los terratenientes, que han cedi-
do lugar a aquellos,
48 L. Welnman , pago 109.
49 Ibid., pago 109.
50 Ibd., pago 203.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 137
ya en 1895 el BANCO COMERCIAL Y AGRICOLA DE GUAYAQUIL
que fue usado por los Gobiernos Liberales de la poca como el princi-
pal depositario de los fondos de importacin, y convertido en el prin-
cipal acreedor del Fisco. Esa conversin en principal agente fiscal de
los gobiernos Liberales (llevada a cabo en detrimento del Banco del E-
cuador) se completara a partir de la segunda dcada del siglo XX, tiem-
po en que se habra convertido en el principal prestamista del Gobier-
no. En 1913 los prstamos del BANCO COMERCIAL Y AGRICOLA
al Estado llegaban a 2.439.000 sucres. Un ao ms tarde dichos
emprstitos alcanzaban los 6.247.000 sucres. 51 Evidentemente el
banco de los exportadores de cacao se haba convertido en el favorito
y protegido del Gobierno Central. Esa cuenta de prstamos al Gobier-
no que mantena el Banco Comercial y Agrcola refleja, como bien lo
ha sealado uno de sus defensores contemporneos, "hasta que punto el
Agrcola se haba convertido en Banquero del Estado: el gobierno le
deba una suma mayor a la de su circulante". 5 2 El ncleo ms podero-
so de la burguesa comercial-e-bancaria del pas estaba ligado al-Banco
Comercial y Agrcola de Guayaquil, y esa burguesa ira cada vez ms,
aunque imperceptiblemente, esciendiendo intereses con relacin a los
hacendados cacaoteros no banqueros y desprendindose de sus races
agrarias para convertirse en una clase social eminentemente urbana, li-
gada al comercio de exportacin de cacao y a las actividades financie-
ras. "La mayora de estos capitalistas -dice Andrs Guerrero- no te-
nan al parecer una relacin directa con un pasado terrateniente y ms
an, tampoco reinviertan fuertemente sus ganancias en la tierra... " 5 3
2. La fraccin comercial-importadora de la burguesa
Esta fraccin comprenda a todos aquellos comerciantes dedica-
dos a la importacin de bienes del mercado mundial, a los comerciantes
dedicados a la distribucin local de dichos bienes importados, a los
comisionistas y dueos de casas comerciales importadoras, y a los co-
merciantes dueos de almacenes de venta al por menor. Comprenda
tambin a los comerciantes involucrados en el intercambio de mercade-
ras de primera necesidad que se producan en las haciendas de la regin
y no slo a la venta de las importaciones recibidas en Guayaquil.
51 Ver Estrada Icaza , op , crt., y Lois Weinman, op, cit.
52 Estrada Icaza: pago 278.
53 OP. ct., pago 37.
138 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
Considerado en su conjunto este sector de la burguesa fue crecien-
do en el perodo de auge de la pepa de oro. Las importaciones reali-
zadas por Guayaquil aumentaron de un total de US$ 4.981.600 en
1880 a US$ 8.272.000 en 1914 5 4 , Y el valor declarado de las importa-
ciones realizadas entre 1900 y 1913 ascendi a 240.300.000 55, cifra
que naturalmente no representa el monto real de todas las importacio-
nes pues el contrabando era un negocio (de importacin) convertido en
prctica corriente en los puertos ecuatorianos. 56
La importancia del comercio importador se refleja tambin en
su papel dentro de la estructura fiscal del Estado. Entre 1904 y 1914
el Gobierno Central ecuatoriano perciba sus mayores rentas por con-
cepto de impuestos de importacin ya que stos superaron a las rentas
provenientes de las exportaciones y a las rentas internas. ( Un vistazo
el Cuadro No. 24 en el Anexo podra revelarlo claramente).
Ese comercio de importacin fue ampliado con la construccin del
ferrocarril, y el nuevo rgimen poltico de la burguesa, que haba na-
cido tambin apoyado por este sector de la burguesa, haba propues-
to un sistema de rutas favorables al comercio interno que se desprendie-
sen de la ruta troncal del ferrocarril Quito-Guayaquil. En efecto, las
importaciones se quintuplicaron entre 1908 y 1918 5 7 , Y algunas Ca-
sas comerciales del puerto principal abrieron sucursales en la capital,
en Ambato, Riobamba y otras ciudades interandinas. La apertura del
Canal de Panam -realizada cinco aos despus de inaugurado el fe-
rrocarril- redujo considerablemente el tiempo de transporte entre Gua-
yaquil y los grandes centros mundiales capitalistas, lo cual contribuy
a la intensificacin de las importaciones al pas, aunque principalmen-
te a la Costa. 58 Al altiplano andino llegaba una parte de las importa-
54 L. Weinman, pago 120. Indudablemente el comercio de importacin ms importante se
realizaba por Guayaquil. Pero en la Costa haba tambin Casas importadoras en otros
puertos desde fines del siglo pasado. Baha de Carquez, Manta, Esmeraldas, tenan a-
gentes comerciales de diversos pases europeos y de EE.UU. En esas poblaciones del cen-
tro y norte costeo del pas haba misiones consulares de Francia, Inglaterra, Italia,
EE.UU. Colombia a principios de siglo. Los ''vapores'' llegaban directamente a esos
puertos con mercadera extranjera y cargaban tagua, caf y tambin cacao, aunque en
menor escala. (Datos proporcionados en entrevistas realizadas).
55 !bid . pago 78. Esto se confirma con el dato dado por Aceituno, op, cit. pago 78. Segn
l, las importaciones crecieron desde 5.08 millones de dlares corrientes en 1895 a 8.27
millones en 1914.
56 Sobre la relativa importancia del contrabando. Vase L. Weinman, OP. cit. pago
57 En realidad aumentaron 5 1/4 veces segn L. Weinman, pago 128.
58 El terr-po de transporte se acort de Guayaquil a Lverpool, de 30 a 18 das; y de Gua-
yaquil a New York, de 15 a 9 das.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 139
ciones introducidas por el puerto de Guayaquil, aunque el comercio in-
ternacional con la Sierra a travs del puerto de Guayaquil, no tuvo ma-
yor significacin. Y ello no se debi a que las tarifas de transporte fe-
rrocarrilero eran demasiado altas para que las casas comerciales del
puerto no se extendieran significativamente en las ciudades serraniegas,
como lo afirma L. Weinman 59, sino que fundamentalmente se debi
a la no ampliacin del mercado interno en el altiplano andino. Sabemos
que el mercado interno crece, por una parte, a consecuencia de la trans-
formacin en mercanca del producto de la agricultura comercial, ca-
pitalista; por otra parte a raz de la transformacin en mercanca de
la fuerza de trabajo vendida por los campesinos. 6 o Pero la Revolucin
Liberal no haba expropiado a la clase terrateniente serrana ni entrega-
do la tierra a los campesinos y generado as una gran ampliacin del
mercado interno. El cacao como sabemos se realizaba en el mercado
mundial capitalista y no en el estrecho mercado nacional, Esta reali-
dad explica la limitacin del comercio interior entre la costa y la se-
rra en esos aos,
Ahora bien, las casas comerciales de Guayaquil (como tambin las
de Baha de Carquez, Manta y Esmeraldas, siempre en menor escala)
eran en realidad tanto importadoras como exportadoras de otros pro-
ductos aparte del cacao, tales como el caucho y la tagua. Hemos visto
ya que los exportadores constituan un sector bastante diferenciado de
banqueros locales ligados a los bancos, y a la Asociacin de Agriculto-
res. La funcin del sector que analizamos ahora era sin embargo la
importacin y por ello es dable diferenciarlo.
Esa burguesa comercial-importadora traa del extranjero una va-
riedad de artculos y bienes: textiles diversos, artculos de ferretera,
vestidos confeccionados, artculos alimenticios, metales y herramientas,
alguna maquinaria para los ingenios azucareros, artculos suntuarios e
inclusive arroz de la India y manteca de la Armour and Co., como tam-
bin un promedio de 10.000 libras de harina anualmente, en los prime-
ros aos del presente siglo. 61 Las cifras de aduana para los aos 1900
y 1911 muestran, sin embargo, aquellos artculos textiles, los artfcu-
los de ferretera, la ropa confeccionada y los alimentos eran entonces
los cuatro principales artculos de importacin. Entre 1905 y 1915
slo los artculos alimenticios comprendieron entre el 16 y el 18 por
59 Op , cit . pago 129.
60 Ver Lenin, El desarrollo del Capitalismo en Rusia. pago 68.
61 1". Weinman, pago 184 y Rafael Guerrero. op, cit.
140 EL MITODEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
ciento de las importaciones. 62 Esa constacin es importante, pues
quienes sobredimensionan el desarrollo de las relaciones tpicamente ca-
pitalista del Ecuador para la poca, e ignoran la existencia de fuentes
primarias que revelan cual fue la verdadera "estructura de la canasta de
importaciones" han llegado a afirmar cosas como estas: "Lamentable-
mente --escribe Gerardo Aceituno- no se dispone de informacin esta-
dstica que nos seale la estructura de la canasta de importaciones; sin
embargo, es posible asumir, dada la expansin de las exportaciones, que
un porcentaje cada vez mayor de las importaciones estaban constitudas
por medios de produccin, en general y maquinaria agrcola, en particu-
lar". 6 3
En verdad, si no haba evidencia, para el autor citado, no haba
tampoco razn alguna para especular y llegar a una conclusin tan apre-
surada. Pero la evidencia existe, y la hay para demostrar lo contrario.
Inclusive para el ao 1917, tal cual lo revela el cuadro No. 10, la impor-
tacin general considerada por orden de valores segua mostrando que
solo cuatro rubros (tejidos diversos, artculos alimenticios, ropa confec-
cionada y perfumera y artculos de tocador) comprendieron ese ao el
51 % del total del valor pagado por importaciones. Para evidenciar
an ms la equivocada premisa de quienes han afirmado que las impor-
taciones de medios de produccin constitua una evidencia ms del
exagerado desarrollo capitalista en el agro que suponen, hemos desglo-
zado (en la medida de lo posible) esos 33 rubros de importacin dados
por las estadsticas para el ao 1917.
El cuadro No. 11 muestra las importaciones de medios de produc-
cin en los que integramos a los medios de trabajo (instrumentos, ma-
quinarias, materiales para edificios, iluminacin y vas), y los objetos de
produccin (materia bruta y materia prima). Se comprueba as que so-
lo una cuarta parte de las importaciones de 1917 estaban constitudas
posiblemente por medios de produccin. El resto lo comprendan los
medios de consumo, ya sea los medios de consumo necesarios y los de
lujo, mientras una nfima porcin estaba integrada por medios de circu-
lacin (oro y plata sellados). Vase Cuadro No. 11.
Por otra parte los principales proveedores de estos bienes eran las
grandes potencias industrializadas, que a su vez eran las naciones impor-
tadoras del cacao ecuatoriano. Estados Unidos, sin embargo, habra de
convertirse rpidamente en el Estado industrial por excelencia dentro
del mercado internacional capitalista, pues si para 1880 EE.UU. solo ex-
62 L. Weinman, op. ct., pg. 125.
63 OP. ct., pg. 79.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 141
CUADRO NO.l0
COMERCIO DE IMPORTAC\ON, CONSIDERADO POR ORDEN
DE VALORES EN EL AJ"JO 1917
MERCADERIA VALORES ENSUCRES %
1 Tejidos diversos 5'936.400 28
2 Artculos alimenticios 3'054.898 15
3 Ferretera, metales y herramientas 1'500.244 7
4 Ropa confeccionada 1'099.777 5
5 Maquinarias y tiles 970.439 5
6 Drogas y productos qumicos 849.604 4
7 Papelera y cartonera 761.307 4
B Hilo y cordelera 663.371 3
9 Artculos diversos 595.513 3
10 Perfumera y artculos de tocador 586.859 3
11 Minerales y combustibles 545.546 3
12 Carruajes, automviles, etc. 489.515 2
13 VegetaleS' y semillas 451.768 2
14 Vinos y licores 442.045 2
15 Calzado y zapatera 434.328 2
16 Velas, estearinas y parafinas 379.190 2
17 Loza, cristalera y alfarera 345.575 1
18 Pintura, esmaltes y barnices 251.290 1
19 Armas, municiones, explosivos 217.035 1
20 Sombreros, gorras y capotas 201.249 1
21 Sedera y tejidos 180.535 1
22 Aceites en general 177.403 1
23 Instrumentos de msica 153.147 1
24 Maderas en bruto y manufacturadas 152.156 1
25 Cemento, arcilla y mrmol 112.783 0.5
26 Libros en blanco e impresos 90.457 0.5
27 Cueros manufacturados 78.149 0.3
28 Caucho manufacturado 71.30'1 0.3
29 Animales vivos 65.910 0.2
30 Oro y plata sellados 32.536 0.2
31 Joyera y relojera 29.821 0.1
32 Embarcaciones y aeronaves 14.712 0.1
33 Fsforos y cerillas 5.234 0.0
---_.----_._.__._-----_._-
Si. 20'940.097 100
Fuente: 8..,mriCill.bm - 1920, Gua editada por la Empresa Periodstica
PRENSA ECUATORIANA, pg. 277.
142 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
CUADRO NO.11
IMPORTACION DE MEDIOS DE PRODUCCION
1917
CLASIF ICACION MERCADERIA VALORES EN SUCRES 010 DEL TOTAL
3 Ferretera, metales y
herramientas 1'500.244 7
5 Maquinarias y ti les 970.439 5
6 Drogas y productos qumicos 849.604 4 (A-B)
11 Minerales y combustibles 545.546 3
12 Carruajes y automviles, etc. 489.515 2 (B)
18 Pintura, esmaltes y
barnices 251.290 (8)
22 Aceites en general 177.403 (B)
24 Maderas en bruto y
manufacturadas 152.156 1 (B)
25 Cemento, arcilla y mrmol 112.783 0.3
27 Cueros manufacturados 78.149 0.3
28 Caucho manufacturado 71.301 0.3
32 Embarcaciones y aeronaves 14.712 0.1
TOTALES 5'213.142 25.2
ELABORACION DEL AUTOR
FUENTE: Cuadro No. 10
(A) Evidentemente este rubro incluye drogas que son medios de consumo, pero lo incluimos
en el cuadro por lo de "productos qumicos" que indudablemente inclua materia prima
para las curtiembres de cuero y la industria textil. Vase (B).
(B) Naturalmente estas mercancas bien podan ser tambin medios de consumo, dependien-
do del uso y destino que se les haya dado. Los inclumos aqu, a pesar de lo anotado, pa-
ra revelar que incluso una evidencia que resultara artificialmente abultada demuestra cla-
ramente el punto que estamos presentando.
portaba un 15 % de productos manufacturados (con relacin al total
de sus exportaciones), en 1908 los artculos fabricados exportados por
ese pas alcanzaban el 42 % de sus exportaciones frente al 28 % de
artculos alimenticios y un 30 % en materias primas exportadas. 64
64 El siguiente cuadro es revelador de lo afirmado y de la rapidez con que EE.UU. se convir-
ti en una nacin exportadora de productos fabricados.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 143
Su participacin en las importaciones ecuatorianas ser cada vez mayor
hasta convertirlo en el pas del cual ms se importaba, como veremos.
Pero nos interesa saber sobre todo el tipo de relaciones orgnicas
que tena este sector de la burguesa con el resto de las clases dominan-
tes en la Costa, y en particular con los hacendados cacaoteros, ncleo
ms importante de la clase terrateniente costea. Asimismo nos concier-
ne saber su relacin con otros sectores de la misma burguesa.
Es relevante conocer que los comerciantes importadores constitu-
yeron en su inicio un grupo integrado fundamentalmente de extranjeros
residentes en Guayaquil. 65 La relacin de estos comerciantes con la
estructura de propiedad territorial fue muy dbil y solo excepcional-
mente hubo propietarios extranjeros de haciendas cacaoteras. La auto-
ra del estudio ms autorizado sobre la poca de la pepa de oro ha cons-
tatado que los "extranjeros o importadores rara vez aparecan en los in-
formes de transferencia de tierras". 66 Para 1914 haban en la ciudad
de Guayaquil unos 200 comerciantes aproximadamente segn se des-
prende de un Informe del Cnsul estadounidense en el puerto. 6 7 De
estos quiz la gran mayora eran extranjeros y de estos ltimos nica-
mente dos se haban convertido en hacendados cacaoteros: un alemn,
Juan Kruger y los italianos Paro di. 68 El Cnsul General de los EE.UU.
en Guayaquil, Sr. Golding, escriba en 1917 que los comerciantes im-
Valor de las exportaciones de EE.UU. con relacin a ex portacn total
Ao Artculos alimenticios Materias primas Prod , manufacturados
- - - - - - - - - .. _.,'----,---------
,
1880 56 % 29 % 15 %
1890 42 % 36 % 21 %
1900 40 % 24 % 350/0
1907 28 % 32 % 40 %
1908 28 %
---_..__30
._-----_..__._
%
....
42 %
_---_._-_._-,---
Fuente: K. Kautskv , El Camino del Poder, Cuadernos Pasado y Presente. No. 68, pg. 25.
65 Los Weinrnan. op , cit . pg. 14. Sabemos por otro lado que entre las tibias refonnas
electorales de los Gobiernos Liberales de la poca. hubo una que les confiri en voto a
los comerciantes extranjeros. A.F.L.
66 Lo Wenman , pg. 60,
67 A propsito del encarcelamiento del ciudadano estadounidense Robert B. Jones en Gua-
yaquil en 1914 (un ex-cnsul de EE.UU. y comerciante a la sazn) ".1 encargado de nego-
cios del Gobierno norteamericano infonn6 al Departamento de Estado que 200 comer..
ciantes (merchants) firmaron entonces una protesta por el encarcelamento de J ones, El
Cnsul da a entender que la protesta fue generalizada entre los miembros de la comuni-
dad del comercio. Vase U.S. Papers 011 Foreigns Affairs: 1914 (Washington Governmcnt
Prntmg Oftice, 1922). pg. 283, Biblioteca Colegio de Mxico.
68 L. Wetnman , pg. 60.
144 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
portadores del puerto eran en su mayora alemanes, italianos, espaoles
e ingleses, aunque los haba tambin estadounidenses, colombianos, si-
rios y claro est ecuatorianos. 69 Por cierto haba tambin un contin-
gente de comerciantes chinos en Guayaquil y otras ciudades del Litoral,
como Chane. 7 o
Ahora bien, entre 1909 y 1917 se podra identificar en el puer-
to de Guayaquil un cierto nmero de firmas dedicadas al comercio de
importacin (y exportacin). En el Cuadro No. 12 mostramos la nacio-
nalidad de los propietarios de dichas firmas y su relacin con la clase
terrateniente, a la vez que sealamos otras actividades de los mismos.
Ahora bien, los importadores del puerto de Guayaquil deban pa-
gar por adelantado y al contado las mercaderas importadas de los pa-
ses capitalistas tales como EE.UU., pues los fabricantes de esos pases
exigan el dinero sobre el arribo de facturas cuando iban a exportar sus
productos al Ecuador. Esto significaba que los comerciantes importa-
dores pagaban intereses a sus proveedores extranjeros "por el tiempo en
que la mercadera viajaba y l enviaba una letra de cambio". Los de-
sembolsos por concepto de este involuntario crdito, se aproximaron a
10'000.000 de sucres entre 1900 y 1920. 71 Los.importadores reque-
ran entonces de emprstitos, especialmente a corto plazo, y estos los
obtenan de los bancos locales. Sin embargo no todos los bancos guaya-
quileos se inclinaban por igual ante las peticiones de crdito de los im-
portadores. Ya hemos visto, en el acpite anterior, que los comercian-
tes (importadores) de Guayaquil acusaban al BANCO DEL ECUADOR
por su poltica de estrechez del crdito. Por las razones anotadas ante-
riormente nos parece muy relativo el calificar al mencionado banco co-
mo "el banco de los importadores". 72 Si hubo una institucin banca-
69 Citado por L. Weinman, op, cit.. pg. 130.
70 Esto 10 podemos inferir del siguiente hecho, aunque posterior: Cuando en 1926 el Ma-
yor Larrea Alba, Jefe de Polica en Guayaquil, orden el encarcelamiento de comercian-
tes orientales para que sean deportados del pas, hubo 136 ciudadanos chinos que fueron
conducidos a prisi6n. Todos ellos eran "comerciantes". Tratbase posiblemente de una
pequea burguesa comerciante. Ver U.S. Papera . . . 1917. (W.P.O.,1931), pg. 54-55.
Colegio de Mxico. Archivo. Por otra parte sabemos por los informes consulares que en
el pueblo de Chone haban 11 almacenes de ciudadanos chinos y que tambin los haba
en El Oro, y Los Ros, adems claro est, que en Guayaquil. U.S. Papera . . 1912. (Go-
vemment Prntng Office, 1919), pg. 437.
71 Lois Weinman, pg. 112.
72 Afirmacin de Alejandro Moreano en su artculo ya citado. Tambin la escritora L. Wein-
man da a entender esto cuando afirma que el B. del E. se especializ en dar prstamos a
corto plazo a los importadores. OP. ct., pg. 46. Tanto A. Moreano como L. Weinman
se basan en la obra de Luis Alberto Carbo para afirmar esto. Sin embargo en su Historia
Monetaria y Cambiarla del Ecuador, Carbo no demuestra su insinuaci6n de que el Banco
del Ecuador era el de los importadores a secas.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 145
CUADRO No. 12
RELACION ENTRE LOS IMPORTADORES DE GUAYAQUIL (1909 -1917) V
OTRAS ACTIVIDADES ECONOMICAS
NOMBRE DE LA FIRMA NACIONALIDAD RELACION CON PROPIEDAD DE
HDAS / U OTRAS ACTIVIDADES
Parodi V Ca Italiana S hacendado
Bruzzone V Ca No
Cassinelli Hnos. V Ca No
Castagneto V Ca No
Frugone y Ca. No
Antonio Baudino No
Damin Miranda No
Juan Kruger Alemana S Banquero
Hermann Moeller No
Miguel Enrich No
Julius Grossman No
Max Muller No Banquero
Rovera Espaola No
Jos SoJ No
Lorenzo Tous V Ca No Banquero
Fariols No
Farqas Prat No
Mendez Nuez. No
Rickert V Ca. (1) Inglesa S
Ecuadorean Overseas Corp. Estadounidense No Exportadora cacao
Andean Trading Ca. No
Lorenzo Allertan Na
Manuel Barrionueva No
Pareja V Vernaza Ecuatoriana Luis Vernaza Hacendado Exportador
Philip Levy Estadounidense No hacendado
ELABORACION DEL AUTOR.
Fuentes: La informacin que contiene este cuadro fue buscada en varias fuentes bibliogrficas:
Estrada lcaza, LoS Bancos del Siglo XIX, la tesis de L. Weinrnan, el artculo de A.
Guerrero, entre otras.
(1) Era representante de la Plantagengesellschaf't Clementina, segn A. Guerrero, op. cit.,
pg. 23. Es decir no estaba sino secundariamente vinculado a la Hacienda Clementina.
ria ms ligada que otras a los comerciantes importadores en su conjun-
to, esa no fue el BANCO DEL ECUADOR que solo tena vnculos con
un sector de los importadores ya identificados por nosotros, sino EL
146 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
BANCO INTERNACIONAL. 73
En efecto cuando en 1885 surgi el BANCO INTERNACIONAL,
escindiendo intereses con el BANCO DEL ECUADOR, este se identific
con el sector de los comerciantes-importadores que estaban constituyen-
do esa burguesa portea. Inclusive se puede afirmar que dicho banco
estuvo controlado por la FIRMA COMERCIAL "NORVERTO OSA i
Ca.", que ms tarde se convertira en la Casa "Max Muller i Ca." 74
Cuando el Gobierno otorg la autorizacin para fusionar el naciente
BANCO COMERCIAL Y AGRICOLA con el BANCO INTERNACIO-
NAL en enero de 1895, el capital suscrito del nuevo banco fue de
3'588.000 sucres, de los cuales 800.000 correspondan a los accionistas
del antiguo Banco Internacional. 75
Es cierto que el Banco Comercial y Agrcola fue una institucin li-
gada sobre todo al comercio exportador. Pero lo fue tambin al comer-
cio importador de Guayaquil. En 1900 el socio principal de la firma
importadora "Martn Reinberg y Ca", el Sr. Martin Reinberg -ex-cnsul
de EE.UU. en Guayaquil y que haba sido Presidente de la Cmara de
Comercio del puerto en 1898-, fue elegido uno de los Gerentes del
Banco Comercial y Agrcola. Por su parte Max Muller era presidente
del Banco ese ao. La presencia de estos comerciantes-importadores re-
vela un cierto grado de representatividad del sector comercial-importa-
dor de la burguesa en dicha institucin financiera. Parecera incluso
que hay un cierto, aunque lento, desplazamiento del Banco Comercial y
Agrcola con respecto a la misma clase terrateniente cacaotera con la
cual surge tambin ligado necesariamente, hacia las actividades pura-
mente comerciales (exportacin e importacin) por una parte, y agroin-
dustriales por otra. En efecto, aos ms tarde "el Comercial" se volva
el propietario del Ingenio azucarero ms grande del pas: el Ingenio San
73 L. Weinman confunde esta Institucin con el Banco Anglo-Ecuatorano que fue otro.
Ver Estrada.
74 Esta afirmacin se respalda en las siguientes constataciones: El Sr. Norverto Osa, de ciu-
dadana colombiana, era el mayor accionista del flamante Banco Internacional, con
68.000 pesos en acciones. Otro comerciante colombiano, el Sr. Felipe Daz Erazo era el
segundo gran accionista del mismo Banco con 48.000 pesos en acciones. Este ltimo
tambin perteneca a la firma importadora "Norverto Osa i Ca." Por su parte el Gerente
del Banco Internacional no era otro que el Sr. Clmaco Gomez Valdez, que no era sino el
mismsimo apoderado de la firma importadora mencionada. Este ltimo, en conjuncin
con SU sobrino, el Sr. Domingo Barrera Gomez "votaban 132 de las 190 acciones mayo-
res del Banco ", al decir de Estrada Icaza, OP. cit., pg. 196. Con ello se revela el control
de la finna importadora "Norverto Osa i Ca." sobre el flamante Banco Internacional. Ver
Estrada Icaza, op , cit., pg. 196.
75 Estrada Icaza, op. cit.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 147
Carlos 76, Ysi an para el ao 1913, la Junta Directiva del Banco estaba
compuesta en su totalidad por miembros de la llamada "vieja oligarqua
terrateniente" costea 77, once aos ms tarde los dirigentes del Banco
incluan a NUEVOS RICOS Y LA JUNTA INCLUIA A CIERTOS APE-
LLIDOS TOTALMENTE DESCONOCIDOS ANOS ATRAS EN EL LI-
TORAL: Ah tena un sitio el Sr. Lorenzo Tous, un espaol comercian-
te-importador, el Sr. Carlos Marcos, un comisionista, y Enrique Maulme,
un empresario cervecero e importador que tambin se haba convertido
en miembro del Directorio. Y esta era, no olvidemos, la poca de oro
del Banco Comercial y Agrcola de Guayaquil: era la poca del "Urbi-
najado".
Es decir que en conclusin, existi una fraccin comercial-impor-
tadora de la burguesa que aparece en nuestro anlisis como autnoma
vis a vis la clase terrateniente cacaotera, pero imbricada y entrelazada
con el sector comercial-bancario de la burguesa portea. Esto al menos
para el puerto de Guayaquil. La posibilidad de alianzas entre estos dos
sectores estaba entonces dada histricamente por este evidente predo-
minio del capital comercial en la economa costea.
Este sector del capital comercial representaba para el ao 1909 un
30 010 del total del capital en giro. 78 Ello significaba que la conjun-
cin del sector comercial-bancario (fundamentalmente dedicado a la ex-
portacin) con el sector comercial-importador de la burguesa CONCEN-
TRABAN las dos terceras partes del capital acumulado en Guayaquil en
1909! Los representantes de estas fracciones de la burguesa guayaqu-
lea resistiran todo esfuerzo estatal por circunscribir sus privilegios co-
mo especuladores e incluso se alejaran de la tradicin "alfarista" (con
la cual todos se identificaban en un comienzo) para alinearse ms bien
con el ala conservadora del Liberalismo. Y as cuando el "Viejo Lucha-
dor" quiso en 1907 supeditar una parte de ese capital comercial al con-
trol del Estado, e!1 una tarea que no significaba sino profundizar las ra-
ces del Estado burgus fortaleciendo su independencia fiscal, se produjo
el levantamiento y el enfrentamiento inmediato contra el Presidente Al-
faro. Se empezaban a sealar ya desde entonces los puntos de llegada,
muy acortados por cierto, de la misma Revolucin Liberal.
76 L. Wenrnan, op, ct. pg. 171.
77 Segn Lois Weinman, pg. 172. Cuando ella habla de ''vieja oligarqua terrateniente cos-
tea " se refiere a esa lite de principios de siglo compuesta por individuos cuvos intereses
estaban fuertemente imbricados en varias actividades dependientes de la produccin ca-
caotera. Vase la cita de su texto al comienzo del captulo. Nota 2.
78 Andrs Guerrero. op, cit. pg. 33.
148 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
Se puede entonces afirmar en base a la evidencia hasta aqu revela-
da que el carcter especfico de nuestro desarrollo capitalista en el siglo
XIX y comienzos del presente haba dado origen, en la estructura social
de la regin, a dos fracciones de la burguesa comercial-importadora: 1)
a una fraccin ligada a la clase terrateniente cacaotera y representada a
partir de 1875 en el Banco del Ecuador, y 2) a una fraccin, ms pode-
rosa y ms diferenciada, que no tena ligmenes orgnicos significativos
con los terratenientes cacaoteros, sino que sobre todo se encontraba
vinculada estrechamente con la fraccin comercial financiera de la bur-
guesa. Sin constituir aun una fuerte institucin financiera que pudiera
llamarse el "Banco de los importadores", en este primer momento, es-
ta fraccin de la burguesa comercial importadora desarroll estrechos
vnculos con el Banco Comercial y Agrcola.
3. La fraccin industrial de la burguesa
A fines del siglo anterior y comienzos del actual la burguesa co-
mercial-bancaria, as como tambin un sector de los hacendados cacao-
teros empezaron a invertir en una nueva esfera de la economa regional:
la industria.
Por una parte haba empresas manufactureras pequeas como los
aserraderos; pequeas factoras donde se haca una elaboracin prima-
ria de alimentos (panificadoras, confiteras, bebidas efervescentes, "ga-
seosas", fideos, cerveza, hielo, etc.); pequeas fbricas de bales, mar-
cos, tejidos de punto, cigarrillos; dos fbricas de calzado y una de fs-
foros. Todas ellas ubicadas en la ciudad de Guayaquil. Buena parte de
ellas aunque portasen el nombre de "fbricas" no eran sino "simples ta-
lleres neo-artesanales" de acuerdo a una fuente autorizada. 79
Sucede adems que se haban constitudo algunas empresas indus-
triales de seroicios pblicos urbanos. Me refiero a la "Compaa de
Alumbrado" (1887), a la "Empresa de Carros Urbanos" (1895), a la
"Empresa de Luz y Fuerza" (1906), a la Compaa de Telfonos (1903)
y a las empresas editoras de medios de comunicacin colectiva (diarios
y revistas) entre las que debe destacarse la "Ca "El Telgrafo" (1884).
Por ltimo haba para 1909 nueve ingenios azucareros y varias pi-
ladoras de arroz ubicados todos en parroquias rurales.
A pesar de que no se esboz un proceso de industrializacin com-
parable al que se perfilaba, para la misma poca, en otros pases latinoa-
mericanos (tales como Argentina, Chile), y no obstante que muchas de
estas 'fbricas' no pasaban de ser meros talleres artesanales y otras eran
79 A. Guerrero. o ~. pg. 51.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 149
relativamente pequeas, en todo caso comenz a instalarse en el Litoral
(y ms concretamente en Guayaquil) un tipo de relaciones de produc-
cin ms tpicamente capitalista. Y, a constituirse naturalmente una
fraccin industrial de la burguesa.
De inmediato surge una pregunta: Qu fuerza tuvo esta "frac-
cin" de la burguesa del Litoral, que se perfilaba como ms tpicamente
capitalista (aparentemente) en el Ecuador del perodo que estudiamos?
A este respecto conviene recordar que "la medida en la cual provo-
ca (el capital comercial) la disolucin del antiguo modo de produccin
depende en primera instancia de la firmeza y estructura interna de este,
y dnde desemboca este proceso, vale decir, qu nuevo modo de pro-
duccin ocupar el lugar del antiguo NO DEPENDE DEL COMERCIO
SINO DEL CARACTER DEL MODO DE PRODUCCION ANTE-
RIOR". B o Ya este respecto valga recordar que el incipiente desarrollo
capitalista ecuatoriano se inici bajo condiciones poco favorables dado
el predominio de relaciones de produccin precapitalistas (de tipo feu-
dal) en la Sierra y en la Costa: realidad que le confera a la clase terra-
teniente la posibilidad de proyectar su poder poltico en un Estado bur-
gus-terrateniente constitudo por el camino [u nker como hemos antes
revelado. Todo esto va a determinar que en el perodo 1895-1934 (que
especficamente abarca este libro) siga existiendo UNA FUERTE ES-
TRUCTURA INTERNA EN LAS RELACIONES PRECAPITALISTAS
que no van a ser disueltas por la "accin disolvente del capital comer-
cial" .
De ah que sea correcta la apreciacin de Andrs Guerrero cuando
afirma que el desarrollo del capitalismo en nuestro pas nace a partir de
una "matriz local de acumulacin" capitalista determinada por una pro-
duccin basada en relaciones precapitalistas, y por la divisin del traba-
jo establecido a nivel mundial que "conduce a un desarrollo bloqueado
y ... carente de autonoma en la formacin social". B 1
Teniendo presente esta realidad se comprender cul fue la situa-
cin de la fraccin industrial de la burguesa si se logra establecer sus re-
laciones orgnicas con los otros intereses de la clase dominante costea.
Asunto al que nos referiremos de inmediato.
1. Sabemos que para el ao 1909 las 37 'industrias' manufactu-
80 K. Marx. El Capital (Mxico, Editorial Siglo XXI, 1977), Tomo III.
81 Op. cit., pg. 51. El fenmeno estudiado por Guerrero para el Ecuador tiene, al parecer.
similitudes interesantes en los procesos de acumulacin capitalista de otras regiones de
los pases andinos. Vase por ejemplo algunos de los estudios que trae la Revista jlvan
ces. Nmero Dos (La Paz, Nov. 1978).
150 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
reras y las 5 empresas de servicio urbano (exceptuando la Compaa "El
Telgrafo") tenan aproximadamente un capital en giro de S/. 4'7 00 .000,
correspondientes al 11 % del capital total. 82 En estos sectores se da-
ba sin embargo una centralizacin de capitales: de las 37 industrias ma-
nufactureras,6 controlaban casi el 60 % del capital y tenan un capital
promedio de SI. 185.000. 8 3 Este subsector industrial de la burguesa
exhibe un carcter muy especfico pues constituan los industriales en
el ubicados, una fraccin autnoma e "independiente del sector finan-
ciero-comercial y comercial" 84 de la burguesa. Como seala Andrs
Guerrero, solamente haba 1 industrial de los 37 que l catalog para
1909 que ocupaba a su vez un cargo en el Directorio de alguna institu-
cin financiera; y a otro lo encuentra en la Empresa Nacional de Tel-
fonos y a 2 en la Ca Nacional de Fsforos. Esta constatacin es de
enorme importancia como veremos.
Este criterio se corrobora con el hecho de que en verdad, las insti-
tuciones bancarias no daban, por lo general, facilidades de crdito a los
industriales tal como lo hacan ya sea con los hacendados cacaoteros,
los comerciantes exportadores y, aunque en menor grado, con los mis-
mos importadores y comerciantes locales. Es as cerno por ejemplo los
prstamos industriales (que necesariamente eran requeridos a ms largos
plazos, por razones obvias) tenan un inters ms alto que otros -del 9
y 10 por ciento, adems del "molesto" 2 % anual- 85, lo cual por lo
dems desalentaba la sustitucin de importaciones a la par que forzaba
a buscar capitales en el exterior para la pequea industria. 86 Pero el
capital extranjero no invirti en la industria manufacturera local y los
buscados prstamos no se hallaban fcilmente. Los importadores del
puerto seguan trayendo del exterior no solo los artculos suntuarios pa-
ra consumo de los pudientes, ni nicamente bienes durables sino tam-
bin ropa confeccionada, textiles varios, y alimentos llegndose inclusi-
ve a importar artculos que bien podran haber sido elaborados por los
artesanos de la ciudad, tales como las escobas europeas que tras larga
travesa llegaban a los hogares de la lite guayaqulea. 87
82 A. Guerrero, op, cit.
83 !bid.
84 Ibid,
85 L. Weinman, op, ct., pg. 127.
86 Segn L. Weinrnan, on. ct., pg. 127.
87 De la importacin de escobas nos da cuenta L. Weinman, op, ct., pg. 127.
EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN EL LITORAL 151
Su propia debilidad econmica y su no importante vinculacin or-
gnica con el sector ms fuerte de la burguesa (el sector de los banque-
ros exportadores) no le confiri a la fraccin industrial autnoma de la
burguesa un poder de negociacin suficiente para que se gestase una
poltica estatal de proteccin a la industria manufacturera. Y cuando se
gest, esa poltica fue frenada. Ya en 1896, al leer su Mensaje Oficial
en el seno de la Asamblea Constituyente, Eloy Alfara haba aconsejado
la PROTE'CCION DE LA NACIENTE INDUSTRIA MA NUFA CTURl'-
HA ECUATORIANA, pero nada se hizo en dicha asambleaparaprote-
ger la industria nacional. Sera solo en 1906, despus de haber derroca-
do el Gobierno de Lizardo Garca, que Eloy Alfara podra emitir un de-
creto ejecutivo (del 3 de julio) destinado a la proteccin de la indus-
tria. 88 Ese decreto deba entrar en vigencia ello. de enero del siguien-
te ao. Don Eloy Alfara tom posesin de su cargo como Presidente
Constitucional precisamente ello. de enero de 1907 y dur en su man-
dato el perodo de 4 aos, es decir hasta 1911. Pero como sabemos, el
derecho "nada es sin un aparato capaz de presionar para la observacin
de sus normas" 89, yen verdad nada se hara, pues una poltica de pro-
teccin de la industria manufacturera habra reducido las ganancias de
los ms poderosos sectores de la burguesa-importadora, ella s estrecha-
mente ligada con el resto del capital comercial. Incluso la misma pro-
duccin azucarera no se vi protegida, y el Azcar del Per y Cuba co-
menz a ser importado -libre de impuestos-e- en 1907. Esto ocasion
que los "ingenios ms pequeos ... vieran restringirse sus posibilidades
de vender su produccin en los mercados ms importantes como Guaya-
quil".90
En consecuencia, una buena parte de este subsector industrial de la
burguesa (la fraccin autnoma de los pequeos industriales manufac-
tureros), no constitua sino una mediana burguesa, vinculada a su vez a
una pequea burguesa de comerciantes minoristas (urbanos y rurales)
que hacan de intermediarios de los pocos productos manufacturados.
88 El decreto provea en su artculo 14 que "los productos manufacturados en el Ecuador
no pueden ser gravados ms all de un 50010 del total de los impuestos de importacin
gravad os sobre artculos extranjeros similares, y que las mercanc as fabricadas con m ate-
nas primas producidas en el Ecuador no sern sujetas a ningn tipo de Impuesto o tasa
por un perodo de 10 anos, a partir del lo. de enero de 1907, con excepcin de los casos
de la caa de azcar y los productos del tabaco". (traduccin nuestra de texto en Ingls
que el representante diplomtico estadounidense enviaba en 1906 a su gobierno. Vase
United States, Foreig n Reatio ns o] t h c Un ite d State s, 1906, (Washington: Governmcnt
Prirrtng Offiee , 1909). pg. 629. Archivo Colegio de Mxico.
89 Lenin , The State and Revolution (Moscow: Progress Pub lishers, 1969), t.n.
90 Rafael Guerrero, op , cit., pg. 37.
152 EL MITO DEL POPULlSMO EN EL ECUADOR
2. Por su parte las cinco empresas de servicio urbano ya seala-
das reunan un capital una vez y media ms cuantioso que el total del
capital reunido de las 37 industrias manufactureras. 91 Y en esas em-
presas encontramos s una vinculacin estrecha con la fraccin comer-
cial de la burguesa. En efecto esas empresas de servicio urbano no te-
nan una existencia autnoma y ms bien constituyeron "una prolonga-
cin del capital financiero-comercial y comercial a otros sectores econ-
micos. .. Los rganos directivos de las cinco compaas estn ocupa-
dos por los banqueros exportadores y comerciantes, -nos dice A. Gue-
rrero-, predominando sobre todo el primer grupo". 9 2
Para nosotros sin embargo ese grupo de banqueros guayaquileos
no es homogneo. Y es importante por lo tanto identificar a un subsec-
tor de estos comerciantes-exportadores como el que estuvo ms vincula-
do a esas cinco empresas industriales, y sealar el especial carcter de su
relacin con el capital comercial, pues no todas las instituciones finan-
cieras del puerto exhiban una relacin con dichas empresas. Fue el
BANCO DEL ECUADOR la institucin financiera ms ligada a esas cin-
co empresas industriales no manufactureras sino de servicio pblico. Es
decir el Banco que ms ligado se hallaba, en trminos relativos, con la
clase terrateniente cacaotera, y con los importadores de bienes manu-
facturados del mercado mundial.
Es as como los Directivos de las mencionadas Empresas de Servi-
cio Pblico se hallaban estrechamente ligados al Banco del Ecuador, y
en varios casos eran hacendados cacaoteros. Estos hacendados-industria-
les de la costa ecuatoriana no dejan de recordarnos que tambin en el al-
tiplano andino los "seores de la industria" tales como Lo