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Lagrange
La elegancia matematica
Venancio Pardo Rego
se
matematica
personajesLa matemiatica en sus personajes
Coleccion dirigida por Antonio Pérez Sanz
Lagrange
La elegancia matematicaUNIVERSIDAD DE GUAD#. RA
UNIDAD DE BIBLIOTECAS
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CLASIFICACION Euan 2013
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1 edicion: abril de 2003
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Composicién de cubierta: ARR de ASenA
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Venancio Pardo Rego, 2003
NIVOLA libros y ediciones, S.L.
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Tel.: 91 804 58 17, Fax: 91 804 93 17
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~ 22.977-2003,
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La elegancia matematica
Venancio Pardo Rego
14
La matemaética en
sus personajes
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=Indice
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El
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C.U.C. EL.
legado de Newton
joven Lagrange
etapa berlinesa
medio de La tormenta revolucionaria
conde Lagrange
BibliografiaEE eS
1 El legado de Newton
Cuando nace Lagrange en 1736, el mundo de las matematicas
se encuentra todavia conmovido por los extraordinarios logros
cientificos del gran Isaac Newton (1642-1727). Su magna obra
Philosophiae naturalis principia mathematica (Principios mate-
maticos de filosoffa natural) -en adelante los Principia-, publica-
da en 1687, sera referente obligado, no s6lo para los discfpulos
directos de Newton, sino también para todos los demas matema-
ticos del siglo XVIII, y entre ellos Lagrange. Muchos afos mas
tarde y refiriéndose a la importancia de la obra de Newton,
Lagrange escribiria:
“Newton fue seguramente el hombre de genio por excelencia, pero
debemos reconocer que fue también el mds afortunado: solo una vez
puede quedar establecido el sistema del mundo’.
En el afio del nacimiento de Lagrange, todavia son percepti-
bles los ecos de una de las polémicas mas agrias y desdichadas
de la historia de la ciencia. Como es bien sabido, hacia 1695
comenzo una sorda rivalidad entre Newton y el filésofo y mate-
matico alem4n Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), basada en
los derechos de prioridad en el descubrimiento del calculo infini-
uOJMaN ap Opesel 14
=
aLa elegancia matematica
Lagrange.
re
tesimal. Esta rivalidad se transform, hacia 1699, en abierta hos-
tilidad entre los dos grandes pensadores.
Aunque no es propésito de estas Iineas analizar los porme-
nores de la mencionada controversia, es necesario senalar alguno
de sus aspectos por la importancia que tuvieron en el futuro desa-
rrollo de las matematicas durante el siglo XVIII.
En efecto, en los primeros afos de ese siglo y a raiz de la
publicacién de la obra de Newton Opticks (1704, Optica), aparece
una dura y anonima critica a su obra Methodus fluxionum et serie-
rum infinitorum (Método de fluxiones y de las series infinitas) en
la revista Acta Eruditorum, editada en Leipzig, y en la que publi-
caban habitualmente Leibniz y los hermanos Jakob Bernoulli
(1654-1705) y Johann Bernoulli (16671748). Detraés de tan dura
critica, muchos quisieron ver la mano de Johann Bernoulli, cuya
antipatia hacia Newton era tan conocida como injustificada; de
hecho estaba considerado como el mas obstinado de los defen-
sores de la causa de Leibniz.
Como consecuencia de
la citada critica, el debate
se abrié con inusitada agre-
sividad y los matematicos
de entonces se dividieron
en dos grupos bien diferen-
ciados: por un lado los ma-
tematicos britanicos, ami-
gos y discipulos de Newton
que apoyan a éste, y por
otro los matematicos del
continente europeo —con
los hermanos Bernoulli a la
cabeza— que defienden los
derechos de Leibniz. Se
generé asi entre los dos gru-
Tage Wewion (1642.17?
WHUPATE Bintade en 1609 po
Godfrey Knei ler
pos una fuerte animadver-
sién que duraria largos afios, en el transcurso de los cuales iba a
cesar por completo el intercambio de conocimientos entre los
matemiaticos de las islas y los del continente.
Si bien Newton salié personalmente triunfante de su enfren-
tamiento con Leibniz, no ocurrié lo mismo con la matematica bri-
tanica. Los discfpulos de Newton, influidos por la poderosa per-
sonalidad de éste, y prisioneros del célebre exclusivismo inglés,
siguieron utilizando en su trabajo matematico métodos exclusi-
vamente geométricos (es conocida la admiracion de Newton por
los geometras griegos, sobre todo por Arquimedes), sin querer
ver la superior eficacia de los nuevos métodos analiticos utiliza-
dos por Leibniz.
Por el contrario, los matematicos del continente europeo dan
muestras de una mayor flexibilidad mental y no dudan en desa-
rrollar y completar la obra de Newton, pero siguiendo el método
analitico de Leibniz, pues no hay que olvidar que éste fue uno de
los mayores inventores de lenguaje mateméatico de la historia;
solo Euler le super6
en ese terreno.
Las consecuen-
cias de estas postu-
ras tan distintas no
tardaron en llegar.
Poco a poco la mate-
matica britanica se
fue quedando reza-
gada con respecto a
la del continente.
No obstante, es
de justicia sefalar
que durante la prime-
ra mitad del siglo
XVIII, los britanicos
uoqMeN ap opesel 14
¥La elegancia matematica
Lagrange.
14
cuentan con hombres tan ilustres como Abraham de Moivre (1667-
1754) -nacido en Francia-, Roger Cotes (1682-1716) y James Stirling
(1692-1770), los tres amigos de Newton, a los que hay que afadir a
Colin Maclaurin (1698-1746), el mas brillante de sus discipulos.
La obra de Maclaurin Treatise of Fluxions (Tratado de
Fluxiones), publicada en 1742, marca la cima de la matematica
inglesa en el terreno de la utilizacién precisa y exclusiva del esti-
lo geométrico.
Maclaurin muere en 1746 y dos afios mas tarde, en 1748,
muere Johann Bernoulli, ambos eran los tiltimos discipulos direc-
tos de Newton y Leibniz, respectivamente.
A partir de estas fechas, la matematica de las Isl:
entra en
una etapa de decadencia que durard Casi un siglo, mientras que
la matematica de Europa continental recibe por esas mismas fe-
chas un impulso arrollador por obra y gracia de uno de los mas
grandes genios matematicos de todos los tiempos, nos referimos
a Leonhard Euler (1707-1783).
Ademas de Euler, es necesario mencionar los nombres de un
pufiado de grandes matematicos cuyas aportaciones cientificas
fueron de gran importancia, tanto para el siglo XVIII como para el
posterior desarrollo de las matematicas. Estos son sus nombres:
Daniel Bernoulli (1700-1782), Alexis-Claude Clairaut (1713-1765),
Jean Le Rond D’Alembert (1717-1783), Joseph-Louis Lagrange (1736-
1813), Gaspard Monge (1746-1818), Pierre-Simén de Laplace
(1749-1827), Adrien-Marie Legendre (1752-1833) y Lazare Carnot
(1753-1823), entre otros.
Si se compara el trabajo matematico realizado en el siglo XVIII
con el exiguo ntimero de hombres que lo realizaron puede afir-
marse, con absoluta rotundidad, que la productividad aleanzada
fue superior a la de cualquier otro siglo y por ello a esta época se
la considera la época heroica de las matematicas.
En efecto, el Algebra y la geometria analitica se ampliaron de
manera notable, se sentaron las bases de la geometria descripti-
Euler
Discfpulo de Johann Bernoulli nacido en Basilea
(Suiza), dotado de una intuicion y una capacidad de cdlculo
jamds superadas, Euler va a enriquecer casi todas las ramas
de las matematicas con una lista interminable de descubri-
mientos originales, Su obra, probablemente la mds prolifica
de todos los tiempos, estd repleta de ideas, formulas, ecua-
ciones, teoremas, niimeros, integrales,... tanto en las mate-
mdticas llamadas puras como en las aplicadas.
Euler, que ademas de
poseer ese raro don del genio
matematico, era duefto tam-
bién de ese otro escaso privi-
legio de reconocer el talento
de los demas, sera estimulo y
gula permanente para dos
generaciones de grandes ma-
temdticos que son los que van
a terminar el edificio ideado
por Newton, y ademds aporta-
ran a las matematicas ideas
¥ métodos que las acercarén
de manera extraordinaria a
como hoy las conocemos: “Leed a Euler, leed a Euler, él es
el maestro de todos nosotros”, solia decir Laplace a sus dis-
cipulos.
Dentro del siglo XVIII, s6lo la obra de Lagrange, aunque
menos extensa que la de Euler, se le puede comparar en varie-
dad y en importancia.
Mas informaci6n en el libro Euler. El maestro de todos los
matemédticos de William Dunham, en esta misma coleccién.
uojMaN ap opeSa, 139
=
<>tica
La elegancia matema
Lagrange.
vay de la geometria diferencial, se dio nuevo brillo a la teoria de
nmeros que permanecia un tanto relegada desde los tiempos
dorados de Pierre de Fermat (1601-1665) y comenz6 a desarro-
llarse el cAlculo de probabilidades que pronto se convertiria en
una nueva disciplina matematica.
Pero fue el andlisis la disciplina reina durante el siglo XVIII.
Aunque hoy en dia consta de ramas nuevas que eran desconoci-
das en el XVIII, las que se conocian 0 se construyeron en esa
época lograron un desarrollo extraordinario: el calculo diferen-
cial e integral, la teorfa de las series de potencias y de las series
trigonométricas, el cAlculo de variaciones, la teoria de ecuacio-
nes diferenciales, etc.
Ademas de los grandes logros obtenidos en las citadas disci-
plinas, encuadradas dentro de las denominadas matematicas
puras, fue tal la energia y el coraje desplegados por este pequeno
ntimero de matematicos que acometieron y lograron culminar con
éxito un enorme ntimero de trabajos de las disciplinas que se
consideraban dentro de las matemiticas aplicadas 0 titiles como
astronomia, mecanica (y dentro de ella la estatica, la dindmica, la
hidrostatica, la hidrodinamica,
Optica, geodesia, etc.
, mecanica celeste, nautica,
A todo esto, hay que afadir un sin fin de trabajos realizados
en campos claramente encuadrados dentro de las ingenierias
civil y militar como, por ejemplo, la mineria, excavaciones,
construcciones navales, artilleria, canales, puertos, fortificacio-
nes... Para aquellos lectores que se sorprendan viendo a gran-
des matematicos desempefiando tareas que pertenecen al
dmbito militar, les diremos que algunos de ellos fueron profe-
sores de escuelas militares como Monge o Lagrange y otros,
y Legendre, fueron examinadores de las citadas
e incluso Monge y Carnot tuvieron las mas altas res-
como Laplac
escuel
ponsabilidades en la organizacién de la marina y el ejército
france:
Un aspirante a teniente de artilleria, de nombre
Napoleone Buonaparte, fue examinado por Laplace sobre los
conocimientos adquiridos en manuales escritos por Euler y
Monge.
Ahora bien, un trabajo de las dimensiones y de la importan-
cia del que se ha resefiado, requiere unas condiciones sociales y
politicas adecuadas para poder desarrollarse.
Conviene sefalar primeramente, dos circunstancias que con-
tribuyeron de manera favorable al desarrollo de las matematicas
en el siglo XVIII:
¢ La herencia recibida de Newton por los matematicos del
XVIII no sélo constaba de sus trascendentales aportaciones cien-
tificas, sino también de unos dividendos sociales en forma de
fama y gloria, nada desdefables. De hecho, la fama de Newton
traspas6 los muros del reducido mundo cientifico llegando a ser
un hombre popular, admirado y respetado tanto por el poder po-
litico como por el pueblo. Su funeral habia sido mas propio de un
principe o de un hombre de estado que de un cientifico.
e La otra circunstancia es de caracter mas general: estamos
en el Siglo de las Luces. Es decir, el marco general en el que se
desarrolla el pensamiento cientifico del XVIII es el del movimien-
to cultural europeo conocido con el nombre de la Ilustraci6n .
Este movimiento, que aparece a principios del XVIII y que
desemboea en la Revolucién Francesa de 1789, tiene como ante-
cedente lejano al Renacimiento, y como antecedentes préximos las
corrientes racionalista y empirista del siglo XVII Galileo, Bacon,
Descartes, Hobbes, Locke, Leibniz, Newton, Spinoza, etc...)
Aunque algunos rasgos caracteristicos de este movimiento cul-
tural aparecen inicialmente en Inglaterra, es en Francia donde se
asienta, se fortalece y adquiere su cuerpo ideolégico, el enciclope-
dismo, de la mano de importantes personalidades como Voltaire,
Montesquieu, Rousseau, Buffon, Diderot, D'Alembert, etc...
Desde Francia, las nuevas ideas de la Ilustracion se difunden
por todas las naciones europeas € incluso por las colonias ame-
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— 33La elegancia matematica
Lagrange.
La Iustracion
En el aspecto filos6fico, la Ilustracién abandona el sistema
metafisico coma forma de conocimiento y adopta el método ana-
litico e inductivo con el fin de conjugar lo racional y lo positivo.
Se utiliza la razén como un instrumento seguro de busqueda,
cuya fuerza reside mas en la capacidad de adquirir conocimien-
tos que en poseerlos, de manera que la conclusi6n inmediata es
la relativa validez de tos principios, los cuales son utilizados mas
como fuerzas actuantes (imperativos) que como resultados,
Como consecuencia de lo anterior se rechaza la trascen-
dencia y las formas religiosas tradicionales, ast como cual-
quier elemento de superstici6n, misterio 0 milagro.
Mas alld del frio racionalismo, el hombre ilustrado admite
que la sensibilidad, sobre todo si estd guiada por la experien-
cia, es un complemento
potenciador de la razon, “a
ENCYCLOPEDIE, medida que el espiritu
DICTIONNAIRE RAISONNE
DES SCIENCES.
DES ARTS ET DES METINNS.
oe Enciclopedia. Asi pues, ra-
zon y sensibilidad son los
adquiere mds luces, el cora-
z6n adquiere mds sensibili-
dad” se puede leer en la
il ate oe EE
dos pilares que sustentan la
. creencia en la posibilidad de
perfeccién del hombre to
cual daré un sentido nuevo a
la educaci6n (Rousseau,
Pestaiozzi, Condorcet).
eageadal dei einen teae Finalmente, la moral de
de la Enciclopedia. (a ilustracién se basa en la
bondad natural del hombre, la obediencia a las leyes de la
naturaleza y en la creencia de que el instinto del hombre le
impulsa a la felicidad.
En definitiva, se trata de un sistema filos6fico optimista y
centrado en el hombre, convencido de que éste puede lograr ta
felicidad en la Tierra
En el aspecto social, la Ilustracién se inscribe fundamen-
talmente en ei dmbito de la ascendente burguesia, aunque no
de manera exclusiva. Sectores del bajo clero, de ta nobleza y
altos funcionarios del aparato del estado, apoyaror en mayor
o menor medida el movimiento ilustrado.
La difusién de las ideas de este movimiento se llevd a
cabo por los mas diversos medios, desde las academias y las
sociedades de pensamiento —como la Sociedad de Amigos del
Pats, en Espafia-, hasta los salones literarios, pasando por las
sociedades secretas como la masoneria.
Ademds, la progresiva independencia econdémica de los
profesionales de las ciencia y las letras dio mayor autonomta
@ su pensamiento, antes limitado por la situacién de mece-
nazgo. Sus obras tuvieron amplia difusin, tanto en la prensa
de la época como en ediciones de alcance internacional.
Algunas cuestiones econémicas y sociales dieron lugar a
la aparicion de distintas tendencias, que generaron largas y
agrias polémicas entre los ilustrados. Cuestiones como las
fuentes de riqueza y el derecho de propiedad -sobre todo esté
tiltima— llegaron a generar una permanente enemistad entre
Diderot y Rousseau.
A pesar de ello, se mantuvieron unidos en su lucha en
torno a una linea maestra comtin: rechazo frontal a las estruc-
turas politicas y sociales tradicionales, al uso irracional del
uoyMaN ap opess] 13La elegancia matematica
Lagrange.
20
principio de autoridad y ta defensa entusiasta de ta confianza
en el progreso del hombre a través de la raz6n. Otros rasgos
distintivos de esa linea maestra comtin son: la defensa del indi-
viduo, la tolerancia, la libertad y un ci
rto igualitarismo formal.
Por iiltimo, el pensamiento politico ilustrado pretende
implantar un régimen politico constitucional y democrdtico
basado en las ideas de Montesquieu (constituci6n y division de
poderes como sistema de equilibrio dindmico del estado) y
de Rousseau (igualdad civil y social). Se parte del derecho
natural que considera las leyes como “relaciones necesarias
que derivan de la naturaleza de las cosas” (Montesquieu).
Como consecuencia nace la teoria del soberano subordi-
nado a la nacién, de manera que los sibditos se convierten en
ciudadanos.
Et poderoso influjo ejercido por estas doctrinas en las dis-
tintas cortes europeas dio lugar a un nuevo sistema politico,
tipico del siglo XVIII, denominado despotismo ilustrado.
Con arreglo a este nuevo sistema, los monarcas conti-
nuaron siendo reyes absolutos, pero impulsaron reformas con
el fin de procurar el beneficio del pueblo, elevando su
condicion social, cultural y econémica mediante el fomen-
to del trabajo y el desarrollo de todas las posibles fuentes
de riqueza.
Estas reformas positivas se realizaron desde arriba, sin la
participacién del pueblo; politica ésta que se ha sintetizado
con la formula; “todo para el pueblo, pero sin el pueblo’.
Los cambios en las ideas habidos en el XVIII afectaron
también al campo econémico. Los ilustrados sometieron a
una severa critica el modelo proteccionista imperante a fina-
les del siglo anterior y desarrollado en Francia por Colbert
(ministro de Luis XIV), proponiendo ta libertad de prodac-
cidn industrial y del comercio, que se vio beneficiado por
grandes viajes de cardcter cientifico efectuados por Cook, La
Perouse, ete, viajes que fueron posibles por los extraordina-
rios avances en la construcci6én naval y en los instrumentos
de navegaci6n,
En Francia, aparecieron dos escuelas econémicas bien
diferenciadas; la fisidcrata, que consideraba la tierra como
principal fuente de riqueza y la plutécrata que defendia
como fuentes principales de riqueza la industria y el comercio.
ambas escuelas propugnaban
A pesar de su diferen:
un régimen de libre circulaci6n, sin trabas arancelarias ni
aduaneras.
En todo caso, fue el escocés Adam Smith quién expuso de
manera mds completa y sistemdtica las nuevas doctrinas eco-
nomicas del XVUf, considerando el trabajo humano, en cual-
quiera de sus manifestaciones, como la verdadera fuente de
toda riqueza.
Nadie como D’Alembert, uno de sus principales represen-
tantes, para resumir la originalidad y la extensi6n del movi-
miento ilustrado:
“ lo discutié, analiz6 y agit6 todo, desde las cienctas pro-
fanas a los fundamentos de la revelaci6n, desde la metafisica
alas materias del gusto, desde la misica hasta la moral, desde
las disputas escoldsticas de los tedlogos hasta los objetos del
comercio, desde los derechos de los principes a los de los pue-
blos, desde la ley natural hasta las leyes arbitrarias de las
naciones, en una palabra, desde las cuestiones que més nos
atafien a las que nos interesan mds débilmente...”
uoyMAaN ap opesa1 13
21La elegancia matematica
Lagrange.
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UOJMEN ap Opesa, 14
Tabla con distribucion genealogica ce las principales artes y
ciencias realizada en base al sistema de conocimientos huma-
nos del Discurso preliminar de la Enciclopedia.
Fue realizada en esta forma por C.F.W. Roth en Weimar
(Alemania) en 1769 y mide completa 98,5 x 63,5 cm. En la
imagen aparece el apartado dedicado a las matemdticas.La elegancia matematica
Lagrange.
24
ricanas, logrando mayor o menor arraigo segtin el desarrollo cul-
tural y socio-polftico en que se halle el pais en cuestién.
En Espafia, por ejemplo, el enorme peso del pensamiento teo-
légico tradicional junto a la profunda decadencia en que se
encuentra nuestro pais, son obstaculos iniciales a la penetracion
de las nuevas ideas, aunque no pueden impedir la aparicién de un
selecto grupo de ilustrados como Azara, Cadalso, Feijoo,
Jovellanos, Jorge Juan, Meléndez Valdés, Olavide, etc, apoya-
dos por algunas individualidades de la nobleza cortesana y algu-
nos ministros del gobierno de Carlos Ill, como Aranda,
Campomanes, Esquilache y Floridablanca.
A la cabeza de los estados mas poderosos de Europa, se
encuentran monarcas ilustrados que-rivalizan entre si con el fin
de poder contar, en sus cortes respectivas, con las mejores cabe-
zas de su tiempo.
Federico Il el Grande de Prusia, Catalina la Grande de Rusia,
los Borbones de Francia y Espaiia, y José II de Austria considera-
ban como una sefal inequivoca de su prestigio y de su poder, el
disponer en su corte de los mas grandes artistas, fildsofos y cien-
tificos de la época, entre los que casi siempre solia haber un
matematico de renombre.
Como consecuencia de estas circunstancias, los sucesores de
Newton vieron su propio genio reconocido, en la mayoria de los
casos en plena juventud, de manera que sus servicios fueron
requeridos por los monarcas ilustrados que les solian consultar
sobre la resoluci6n de diversos problemas relacionados con inte-
reses concretos del estado,
Los grandes matematicos de] siglo XVIII contaron con la con-
fianza y la protecci6n de los reyes mds poderosos de su epoca,
si bien ninguno de éstos Ileg6 al grado de devocién que
Napole6n | dispensé a los matematicos: cinco de los grandes
matematicos franceses formaron parte de la nobleza del imperio
napolesénico,
La labor investigadora de los matematicos de siglo XVIII, se
desarrolla fundamentalmente en el ambito de academias de cien-
cias como la Royal Society y las Academias de Paris, Berlin y San
Petersburgo.
Las academias ayudan econémicamente a los matematicos y
éstos publican sus trabajos cientificos en revistas especializadas
que se sostienen con fondos provenientes del estado, en la mayo-
ria de los casos.
Con el fin de enriquecer la vida cientifica y de potenciar la for-
macion de los jovenes matematicos, las Academias convocan con
cierta frecuencia concursos para la resolucién de importantes
problemas fisicos y matematicos. Daniel Bernoulli lleg6 a obtener
hasta diez premios de la Academia de Ciencias de Paris y
Lagrange lo logré en cinco ocasiones.
La practica totalidad de los matemiaticos de relieve pudieron
dedicarse a la investigacién matematica de manera profesional,
sin apenas obligaciones docentes, con la tnica salvedad de los
matematicos franceses, quienes impartieron clase de manera
habitual tras la creacién de las grandes escuelas de ingenieros
durante la tiltima etapa de la Revolucion Francesa.
La extension de la ensefianza de las matematicas en el XVIII,
trajo consigo el aumento de la demanda de obras didacticas diri-
gidas a lectores poco versados en dicha disciplina y, consecuen-
temente, la publicacién de un buen nimero de manuales. Algunos
de ellos fueron escritos por sabios de la talla de Clairaut,
mo Euler.
Maclaurin o el mismi
Como consecuencia de ello, las matematicas se difundieron en
capas sociales cada vez mas amplias, de manera que los grandes
matematicos aumentaron su popularidad tanto dentro de la noble-
za como de la floreciente, y cada vez mas poderosa, burgues
Al final de su vida, Daniel Bernoulli solia contar una anécdota,
de la que aseguraba que era cierta, que ilustra sobre la relativa
uojMaN ep opesal 13
25La elegancia matematica
Lagrange.
popularidad alcanzada por los sucesores de Newton: en uno de
sus Ultimos viajes tuvo como compafero a un simpatico mucha-
cho; cuando Bernoulli se present a su joven compaiiero con un
“Yo soy Daniel Bernoulli”, éste le contest6 con una sonrisa bur-
lona “Y yo Isaac Newton”, Bernoulli, galardonado en tantas oca-
siones, afirmaba que estas palabras de su joven acompajiante
le parecian el mayor premio recibido por sus grandes logros
cientificos.
Dentro de las condiciones sociales y politicas en que se desa-
rrolla el trabajo cientifico durante el siglo XVIII, hay un aspecto que
merece ser sefalado: se trata de la relaci6n entre ciencia y religion.
Los matemiaticos del siglo XVII, con Newton a la cabeza, y los
de los siglos anteriores, tenian a sus profundas convicciones
religiosas como principal fuente motivadora de su trabajo cienti-
fico, El propio Newton reconocié que lo mas importante de sus
esfuerzos cientificos, consistia en estudiar la obra de dios y apo-
yar asf la religion revelada. De hecho, muchos pasajes de los
Principia estan dedicados a exaltar la obra creadora de dios.
Ahora bien, era tal el fervor religioso en su época, que cuando
26 el simil de un relojero vigilando un reloj en repa-
raci6n, para explicar el papel
que dios jugaba en el mundo
por 61 descubierto, Leibniz
aprovech6 este motivo para
asegurar que Newton conce-
bia un mundo funcionando de
acuerdo a un plan que no
requeria la existencia de
dios, y por ello’ taché a
los Principia de libro
anticristiano.
Daniel Bernoulli
A medida que fue avanzando el siglo XVIII y fueron penetrando
las ideas de la Ilustraci6n, la motivacién religiosa como inspiradora
del trabajo cientifico fue perdiendo fuerza; a este hecho contribuyo
en gran medida la coincidencia entre las predicciones de las leyes
matematicas recientemente descubiertas, y las observaciones de
los fenédmenos naturales. A mediados del siglo XVIII, el geometra y
fisico francés Pierre de Maupertuis (1698-1759), fervoroso creyente,
traté de encontrar un principio universal al que se pudieran subor-
dinar todas las leyes de la fisica y basar en tal principio una demos-
traci6n de la existencia de dios. Maupertuis crey6 haber encontra-
do ese principio universal en el llamado principio de minima acci6n,
segtin el cual todos los fenémenos que ocurren en el Universo,
acontecen de tal modo que la cantidad de accién necesaria para
ello sea la minima posible. Detrés de esta economia de medios que
gobernarfa el acontecer de los fenédmenos fisicos estaria, segtin
Maupertuis, la mano del ser supremo.
La inmensa mayoria de los cientificos de la época, Lagrange
entre ellos, negé de manera radical cualquier implicacién metafi-
sica en el principio de minima acci6n. Hubo una gloriosa excep-
cién, Euler. Debido a sus profundas creencias religiosas, éste
tomo parte en la controversia que se habia suscitado del lado de
Maupertuis, anteponiendo la necesidad de la existencia de dios a
cualquier otra consideracién, por mas racional que fuera.
Su postura, que legé a irritar a sus amigos Lagrange y
D’Alembert, produce ternura, maxime si se tiene en cuenta que el
propio Euler habia estudiado de manera matematica fendmenos
de naturaleza fisica o geométrica relacionados con el principio de
minima accién en su importante trabajo Methodus inveniandi lineas
curvas maximi minimive propietates gaudentes (1744, Método
para encontrar lineas curvas que gozan de propiedades de maxi-
mo y minimo) -primer estudio general con contenido especifico
de calculo de variaciones— en el que no menciona para nada la
necesidad de ninguna intervencién metafisica.
uojmMaN ep opese, 13
PaapLa elegancia matematica
Lagrange.
28
Voltaire escribid un poema satirico sobre la cuestién en el
que ridiculizaba al Dr, Akakia (Maupertuis) por su errénea postu-
ra filos6fica, poema en el cual Euler tampoco se libré del sarcas-
mo. Euler y Voltaire jamas se tuvieron simpatia.
En la segunda mitad del siglo XVIII, la preocupacién por
obtener resultados fisicos correctos a partir de las leyes mate-
miaticas del Universo asi como la confianza en dichas leyes, pro-
picia el que poco a poco vaya decayendo el interés por el papel
que le corresponde a la providencia en el mundo revelado por
Newton.
Hacia finales de siglo, existe un generalizado desdén frente a
cualquier tipo de implicacién metafisica en los fendmenos natu-
rales, hasta el punto de que la [Link] metafisica se suele
utilizar de forma despectiva para calificar aquellos trabajos 0 teo-
rias elaboradas por un matematico que resultaban dificiles de
entender a alguno de sus colegas.
Hay una historia bien conocida que nos ilustra acerca de la
esencial contribucién de los matematicos del XVII, a una vision
ilustrada del mundo desde la 6ptica del determinismo mecanicis-
ta: cuando a principios del siglo XIX, Laplace entrega un ejemplar
del primer tomo de su Mecdnica celeste a Napoleén, éste le pre-
gunto: “M. Laplace, me dicen que habéis escrito este extenso volu-
men sobre el sistema del Universo sin haber mencionado a su
Alo que Laplace contesté: “No he tenido necesidad de
esa hipotesis, Sire”.
Creador
No obstante, cuando el escéptico Lagrange conocié esta con-
versaciOn dicen que comenté:
ade ser unna bella hipst
“En todo caso, no de}
Las matematicas del XVIII
Un primer aspecto que se debe consignar es el hecho de que
en el siglo XVIII, mas que en ningdn otro, el trabajo matematico
estuvo directamente inspirado por la resolucién de los problemas
planteados por Ja fisica. En lineas generales, se puede afirmar que
el principal objetivo de las matematicas no son las matematicas en
si mismas, sino el de servir de herramienta de la fisica, sobre todo
en las ramas mas importantes de ésta como la mecanica y la mecé-
nica celeste.
La mayor parte de los matematicos del XVIII, con Clairaut,
D'Alembert y Laplace a la cabeza, compartian esta opinién.
Era tal la obsesi6n en la resolucién de los problemas plantea-
dos por la mecanica, que tanto D’Alembert, en la Enciclopedia,
como Diderot, en su obra Pensées sur l'interprétation de la nature
(Reflexiones sobre la interpretaci6n de la naturaleza), sostienen
que, con el cambio de siglo, se ha producido una verdadera revo-
lucion en lo que a la matematica se refiere: se ha sustituido la mate-
miatica del siglo XVII por la mec4nica del XVIII; de hecho pensaban
que la obra de Descartes, Fermat, Pascal e incluso la de Newton,
era cosa del pasado, salvo en lo que a mecnica se refiere.
Sin embargo, la opinién de Euler y Lagrange era completa-
mente distinta. Estos matematicos, los mas grandes de todos los
del XVIII, pensaban que el programa inicial de Newton, consis-
tente en expresar los principios fisicos por medio de ecuaciones
matemiaticas, se habia desarrollado de tal modo que se habian
podido deducir nuevas propiedades fisicas a partir de razona-
mientos matematicos, de tal suerte que era la fisica la que se estaba
haciendo cada vez mds matematica, sobre todo en aquellas
icos fundamentales se com-
ramas en las cuales los principios fi:
prendian perfectamente.
En particular, Lagrange dej6 escrito que
“aquellos que aman el Andlisis tienen que sentirse satisfechos por
el hecho de que la Mecdnica se haya convertido en una rama de aque!”
La paulatina inclusién de nuevas ramas de la fisica dentro del
marco general de las matematicas, condujo a la aparicion de una
UOIMAN 2p Opesel 13
28)La elegancia matematica
Lagrange.
30
nueva disciplina, la fisica matematica, corroborando lo acertado
de la posicion de Euler y Lagrange.
El segundo aspecto a tener en cuenta es el aspecto técnico-
formal de las matematicas del XVII.
Como se ha dicho, la tarea primordial de los matematicos de
ese siglo fue la de extender y aplicar los descubrimientos de Newton;
el instrumento utilizado para ello fue el calculo diferencial e inte-
gral que se convierte, de hecho, en la principal herramienta para
el desarrollo de las matematicas del XVII
En efecto, una vez definidas las reglas operativas del calculo,
desarrollan de manera extraordinaria sus técnicas, valiéndose del
abundante simbolismo formal introducido por Leibniz y Euler,
fundamentalmente. La cantidad de formulas, ecuaciones, ecua-
ciones diferenciales, integrales, series, etc, que se descubrieron y
luego aplicaron en la resolu fisi-
cos, no conoce parangon en toda la historia de las matematicas.
n de muy diversos problema
El virtuosismo técnico-formal aleanzado, en el caso de Euler
rozo la exageracion, les llev6 a una excesiva confianza en el len-
guaje formal y a efectuar un buen ntiimero de cAlculos sin un obje-
tivo concreto; esto al menos, era lo que opinaban los matemati-
cos del siglo siguiente.
tos reproches, dirigidos de manera prioritaria a Euler, se
pueden hacer extensivos al resto de sus colegas. Conviene pun-
tualizar, sin embargo, que si bien el genio suizo disfrutaba calcu-
lando, encontrando nuevas formulas y nuevas ecuaciones mate-
miaticas, no era este su verdadero objetivo tal y como él mismo se
encarg6 de aclarar:
“Las Matemdticas no son ningtin devaneo intelectual, sino que
consideran al mundo fisico real desde el punto de vista abstracto”.
En todo caso, una cantidad tan grande de trabajos realizados
en las mAs variadas ramas de las matematicas, amén de un exce-
sivo optimismo en la técnica formal, era logico que condujera a
un cierto déficit en el rigor,
Este aspecto, el del rigor, seria el talon de Aquiles de las mate-
miaticas del XVIII y sobre él gravitarian la mayor parte de las cri-
ticas efectuadas por las siguientes generaciones de matematicos.
Mas preocupado por las aplicaciones practicas a la fisica y a
la ingenieria que por conseguir cimentar el analisis sobre bases
sOlidas, el matematico del XVIII descuida, cuando no menospre-
cia, cuestiones tan sensibles del analisis como la convergencia de
las series, la existencia de soluciones en las ecuaciones diferen-
ciales, el abuso en la utilizacién de diferenciales de orden supe-
rior, ete.
Se recurre a menudo al uso de argumentos fisicos para justifi-
car determinados pasos en las demostraciones, asi como para
verificar la correcci6n de las mismas. Cuando la soluci6n a los pro-
blemas fisicos y técnicos era satisfactoria, se adopté la postura de
que, puesto que las cosas funcionaban bien, las matematicas debian.
ser correctas, y se sacrificé el rigor en pro de la eficacia.
La asombrosa precisi6n con que las leyes matematicas se
ajustaban a los fenémenos naturales, presagiaba que dichas leyes
matematicas estaban desvelando el orden del Universo, y si eso
era asi, ,por qué dudar de la bondad de las pruebas, puramente
matemiaticas, de dichas leyes?
En la primera mitad del siglo XVIII, la indiferencia hacia el
rigor era casi generalizada, como ponen de manifiesto las siguien-
tes citas de dos eminentes matematicos de esa época.
En su obra Eléments de géometrie (1741, Elementos de geo-
metria) y refiriéndose a la geometria euclidea, Clairaut afirmaba
lo siguiente:
“No es sorprendente que Euclides tuviera dificultades para
demostrar que dos circulos que se cortan no tienen el mismo centro
uOJMaN ap opesal 1]
31La elegancia matematica
Lagrange.
o que la suma de los ladoes de un tridngulo comprendido dentro de
otro sea mds pequena que la suma de los lados del tridngulo mayor.
Este ge6metra tuvo que convencer a sotistas obstinados que se glo-
rificaban en rechazar las verdades mds evidentes; de tal forma que
la geometria, como la logica, debe basarse en un razonamiento for-
mal para refutar las sutilezas(...). Pero las cosas han cambiado.
Todo razonamiento concerniente a lo que el sentido comin sabe de
antemano, sirve tinicamente para esconder la verdad y agotar al
lector, y es rechazado hoy en dia”.
En 1743 D’Alembert comentaba:
“Hasta el presente (...) mds importancia se ha dado a engran-
decer el edificio que a iluminar la entrada, a elevarlo aiin mds que
a asentar sus cimientos”.
Sin embargo y en honor a la verdad, hay que establecer algu-
nas matizaciones respecto a la referida indiferencia hacia el rigor
mateméatico. En primer lugar es necesario recordar que el concep-
to de rigor se ha ido modificando a lo largo del tiempo y asi en la
segunda mitad del siglo XVIII los grandes matematicos fueron cada
vez mas exigentes respecto de la necesidad matematica de prueba.
Ademas la preocupaci6n por el rigor no fue la misma en todos
los matematicos del XVIII; Euler, por ejemplo, intent6 justificar de
manera légica el uso de las series infinitas aunque sus intentos no.
legaron a fructificar y Lagrange, el més profundo y elegante de
todos ellos, intent6 ofrecer una fundamentacién légica del cdlculo
infinitesimal, sin que sus esfuerzos se vieran coronados por el éxito.
Con todo, los esfuerzos de estos dos genios universales ser-
virfan para que los matemAticos del XIX, inspiréndose en sus
ideas, cosechasen éxitos rotundos en las cuestiones relativas al
rigor que hemos referido.
Después de clarificar y extender la monumental obra de
Newton, después de haber creado un buen nimero de ramas
de las matematicas y haber desarrollado otras ya conocidas de
manera extraordinaria, los matematicos del siglo XVIII se sentian
un tanto bloqueados intelectualmente y una cierta sensacién de
pesimismo comenzé a apoderarse de ellos.
Esto empezé a manifestarse en la década de los ochenta del
siglo XVIII.
En 1781, Lagrange escribia a D’Alembert:
las matenuttic muy profunda,
“Me parece que la mina ¢
rd necesario en algtint
Va menos que alguno descubya nuevas veta:
momento, abandonarla. La Fisica y la Quimica ofrecen ahora una
meas vat i)
plotacién mids rica y mas fiicil; también el gusto de nuestro siglo
imposible que las cdtedras de
parece ir en esa direccion y no par
: i i Tees :
Geometria de la Acadertia, se conviertan algtin dia en lo que las ciite-
4
drabe son actualmente en las Untversidades’.
Fas ¢
Euler y D’Alembert compartian plenamente el pesimismo de
Lagrange, ya que ninguno de ellos veia en el horizonte grandes
mentes capaces de aportar nuevas ideas para impulsar las mate-
maticas.
Sin embargo, en ese mismo afio de 1781 el filésofo, politico y
matematico Antoine-Nicolas Caritat de Condorcet (1743-1794),
sostenfa justamente la opinién contraria, opinién que el tiempo
se encargaria de corroborar.
He aqui, un extracto de su sabia prediccién:
“C...) A pesar de tantos trabajos frecuentemente coronados por
el éxito, estamos lejos de haber agotado todas las aplicaciones del
Andlisis a ta Geometria, y en lugar de creer que nos hemos acerca-
do al final donde estas ciencias deben pararse, porque ya han lle-
ado al limite de las fuerzas del esptritu humano, nosotros debemos
confesar que por el contrarto estamos en los primeros pasos de una
carrera inmensa, Estas nuevas aplicaciones prdcticas, indepen-
dientemente de la utilidad que tengan en si mismas, son necesarias
uoyMaN ap opesa1 13
33La elegancia matematica
Lagrange.
34
para el progreso del Andlisis en general; piden crear nuevos méto-
dos. Los procesos técnicos son hijos de la necesidad; podriamos
decir lo mismo de los métodos de las ciencias mds abstractas. Pero
nosotros debemos los tiltimos a necesidades mds nobles, la necesi-
dad de descubrir las verdades nuevas o de conocer mejor las leyes
de la naturaleza.
Asi, se ven en las ciencias muchas teortas brillantes que han
permanecido sin aplicarse por mucho tiempo, convirtiéndose de
repente en el fundamento de las mds importantes aplicaciones;
y del mismo modo, aplicaciones que son muy simples en apa-
D’Alembert
Jean-Baptiste Le Rond, conocido como D’Alembert, nacié en
Parts el 16 de noviembre de 1717 hijo natural de Madame de
Tencin, aristécrata y hermana de un cardenal, y del caballero
Destouches, un general. Fue abandonado a las puertas de ta igle-
sia de SaintJean Le Rond de Paris, de ta que adoptara su nom-
bre, y recogido por unos vidrieros a los que siempre consider
como sus verdaderos padres. Gracias a una herencia de su padre
natural, recibi6 una educacién esmerada en medicina, filoso-
fia natural y matemdticas. A los 23 afios ingresé en la Academia
de Ciencias de Paris. En 1754 fue elegido miembro de la Acade-
mia Francesa, de la que seria secretario perpetuo desde 1772.
Su Tratado de dinamica (1743) fue el primer trabajo
donde se formularon las ecuaciones diferenciales del movi-
muento de un sistema material arbitrario. En 1744 se publicé
su Tratado sobre el equilibrio y el movimiento de los liqui-
dos, que fue una de las primeras obras sobre hidramecdnica.
Las principales investigaciones matemdticas las realizé
en la teorfa de ecuaciones diferenciales, Sus trabajos fueron
riencia, dando nacimiento a las ideas de las teorias mas abs-
tractas, para las cuales nadie ha sentido necesidad alguna y
dirigiendo el trabajo de los geometras (matematicos) en estas di-
recciones (...)”.
Al afio siguiente de producirse estas declaraciones, Daniel
Bernoulli dejaba de existir y un afio mas tarde, en 1783, morian
D'Alembert y Euler. Gauss tenia seis afios.
Si bien a matematicos como D’Alembert, Laplace, Monge,
Legendre Carnot se les puede considerar a todos los efectos, como
matematicos franceses, a hombres como Euler (Suiza), Lagrange
pioneros en la fundacién de la fisica matemdtica, Se preocu-
po por fundamentar el cdlculo infinitesimal con la idea de
limite. También se interes6 por el dlgebra y la teoria de series
infinitas.
A pesar de ta valia de sus trabajos cientificos, D Alembert
es recordado hoy en dia como el responsable de la parte cien-
tifica de la Enciclopedia. Su colaboracién con Diderot para la
redacci6n de los 28 voliimenes de esta gran obra, empieza en
1751, Pero su aportacién no es tinicamente cientifica. Es el
autor del Discurso preliminar de la Enciclopedia, considera-
do como un verdadero
manifiesto de la filosofia
del Siglo de las Luces.
Habiendo sido uno
de los artifices de tos
cambios que llegarian
con la Revolucién Fran-
cesa, moriria seis afios
antes, en octubre de
1783.
D’Alembert
uO1MaN ap opesel 13La elegancia matematica
Lagrange.
Gauss
Carl Friedrich Gauss (1777-1855), considerado el mas
grande matematico de la historia, seria el hombre puente
entre los siglos XVIII y XIX.
Gauss fue el primero de una nueva generaci6n de gran-
des matematicos que haria realidad las precisas prediccio-
nes de Condorcet, Con la maxima gaussiana “Pauca sed
matura” (Pocos pero maduros), se inaugura una nueva
etapa de las matemdticas caracterizada por el predominio
del rigor. n
Gauss, Cauchy, Abel y Jacobi, entre otros, seran los
hombres que recojan la antorcha de manos de los mate-
miaticos del XVIII para crear nuevas ramas de las matemda-
ticas, desarrollar de manera extraordinaria las ya conoci-
das y ademds lograr de forma definitiva la fundamentacién
légica del andlisis; todo ello siguiendo la divisa gaussiana
de la maxima madurez y del m&ximo rigor.
Digamos ademds,
que con Gauss se inicia
una etapa de gran
esplendor para la mate-
madtica alemana, que
durard todo el siglo XIX,
en contraposicion de lo
que habia ocurrido en el
XVIM, siglo en que la
hegemonia dentro del
mundo de las matemdti-
cas habia correspondido
a Francia y a Suiza.
Carl Friedrich Gauss
(Italia) y en menor medida Daniel Bernoulli (Suiza) se les puede y se
les debe considerar como matematicos europeos ya que permane-
cieron durante varios afios de sus vidas en distintos paises europeos
y pertencecieron a varias academias de ciencias del continente.
A Euler y Lagrange, los dos grandes matematicos del XVIII,
se les puede aplicar el calificativo de matemdticos totales,
siguiendo la terminologia, que con toda justicia Gauss se apli-
cé a si mismo, por los grandes logros que cosecharon en las
mas diversas ramas de las matemdaticas; que comprendian
tanto el campo habitual de trabajo de los matematicos puros,
como el campo de los fisicos matematicos, y en definitiva, por
su absoluta dedicaci6n a las matematicas.
Para concluir este breve repaso por la matematica del siglo
XVIII, diremos que con la publicacién de la obra maestra de
Lagrange, Mécanique analytique (1788, Mecanica analitica) y la
aparicién, en los primeros afios del siglo XIX, de los cinco tomos
de la obra cumbre de Laplace la Mécanique céleste, la formidable
aventura cientifica iniciada por Newton estaba terminada.
Antes de centrarnos en la figura cientifica de Lagrange, deje-
mos que sea el famoso fisico, astronomo y geodesta francés
Dominique Francois Arago (1786-1853) el que diga la tiltima pala-
bra sobre el papel y la dimensién de los matematicos del siglo
XVIlL en la historia de las matematicas.
En 1842 Arago escribia:
“Cinco matematicos, Alexis-Claude Clairaut, Leonhard Euler,
Jean le Rond D’Alembert, Joseph-Louis Lagrange y Pierre-Simon
Laplace se distribuyeron entre si el mundo cuya existencia habia
descubierto Newton. Elios lo interpretaron en todas direcciones, se
internaron en terrenos que habian sido considerados impenetra-
bles, llamaron la atencién sobre innumerables aspectos de estos
dominios que hasta entonces todavia no habian sido revelados por
la observacién y pusieron de modo definitivo —y en esto reside su
uojMaN op Opese] 14La elegancia matematica
Lagrange.
38
inmortal gloria- bajo el dominio de un Gnico principio, de una ley
unificada, todo lo que de confuso y misterioso hay en los movi-
mientos de los cuerpos celestes”.
es
? El joven Lagrange
Joseph-Louis Lagrange (1736-1813), nacié el 25 de enero de
1736 en Turin, capital del ducado de Saboya perteneciente al
entonces reino de Cerdefia. En su partida de bautismo, escrita en
italiano, figura con el nombre de Giuseppe Ludovico Lagrangia.
Fl bisabuelo de Lagrange, parisino de origen, estaba emparen-
tado con la familia de Descartes, era capitan de caballeria en
Francia y entré al servicio del rey Carlos Manuel Il de Cerdena.
Establecido en Turin, emparenté con la ilustre y rica familia pia-
montesa Conti. El padre de Lagrange, de nombre Giuseppe
Francesco Ludovico, era heredero de una magnifica posicién social
y ocupaba el cargo de tesorero de la Oficina de Trabajos Pablicos y
Fortificaciones del ejército sardo en Turin y se cas6 con Teresa
Grosso, tinica hija del médico de Cambiano, localidad proxima a
Turin, quién también era heredera de una considerable fortuna.
El matrimonio Lagrange tuvo once hijos, de los que s6lo dos
sobrevivieron a la infancia; Joseph-Louis era el benjamin de la
familia.
Su padre era un especulador incorregible y, como conse-
cuencia de unas desafortunadas operaciones financieras, perdi6
aguesgey uaaol 13La elegancia matemdtica
Lagrange.
40
casi todo lo que habia heredado. Muchos afios mAs tarde, al
recordar esta circunstancia, y sin lamentarlo demasiado,
Lagrange solia decir:
i hubiera heredado una fortuna, probablemente no me habria
dedicado a las matematic
ci
El mismo afo del nacimiento de Lagrange, y como si de una
premonici6n se tratara, Euler publicé Mechanica sive motus scien-
tia analytice exposita (La mecdnica o ciencia del movimiento
expuesta de modo analitico). Esta obra fue de gran importancia
para la fisica, ya que en ella se estudia, por primera vez, la dina-
mica newtoniana de la masa puntual mediante los nuevos méto-
El reino de Cerdena
El reino de Cerdefta nacié como consecuencia del tratado
de Londres de 1717, segtin el cual el duque de Saboya, Victor
Amadeo II, tuvo que renunciar a sus pretensiones sobre el
reino de las Dos Sicilias en beneficio del emperador germéni-
co Carlos VI. En compensaci6én recibié la ista de Cerdefia y el
titulo de rey, con los mismo derechos que los otros grandes
principes de Europa.
El reino de Cerdefia, del que Victor Amadeo I fue pri-
mer soberano, tenia un territorto formado por dos regiones
geogrdficas bien diferenciadas. las posesiones tradiciona-
les de la casa de Saboya en la regién del Piamonte, pros-
pera e industriosa, con capital en Turin, y la isla de
Cerdefia, bastante pobre y atrasada, aunque de gran valor
estratégico.
En 1730, Victor Amadeo II abdic6 en favor de su hijo
Carlos Manuel Hl, quién rein6 en Cerdefia desde 1730 hasta
dos analiticos del calculo diferencial e integral. Euler rompe asi
con la larga tradicién del empleo sistematico del estilo geométrico
heredado de los antiguos griegos.
Con el fin de resaltar la importancia de esta original obra de
Euler, se ha llegado a decir, que si bien Arquimedes podria haber
escrito los Principia de Newton, en modo alguno podria ser el
autor de la Mechanica de Euler, debido a que esta obra esta escri-
ta en el rupturista estilo analitico-diferencial, ajeno por completo
al gran sabio de Siracusa.
Si hemos sefialado como aparentemente premonitorio el
hecho de la coincidencia en el tiempo entre el nacimiento de
1773, de manera que fue el tinico soberano que conocié
Lagrange durante su infancia y juventud.
Coincidiendo con los primero aiios de la vida de Lagrange,
el rey emprendi6 una serie de reformas, siguiendo la moda ilus-
trada, tendentes a apoyar a la burguesia mds dindmica, en
detrimento de los privilegios de la nobleza. Estas reformas, que
mejoraron notablemente las condiciones econémicas del reino
-sobre todo en Cerdefia- se vieron bruscamente interrumpidas
por un conflicto de alcance europeo, la Guerra de Sucesién de
Austria (1741-1748). Con ocasién de esta guerra, los monarcas
borbones Luis XV de Francia, Felipe V de Espafia y Carlos de
Ndpoles firmaron el llamado Segundo Pacto de Familia con el
fin de apoyarse mutuamente en sus respectivas pretensiones en
el citado conflicto,
Las tropas espafiolas ocuparon y saquearon la regin de
Saboya, aliada de Austria, pero al finalizar la guerra el reino
sardo sali6 reforzado de modo que hasta finales del siglo XVII,
pudo mantener una rentable neutralidad en los siguientes con-
flictos europeos.
ie
agueize7 uaaolLa elegancia matematica
Lagrange.
42
Lagrange y la publicacion de la citada obra de Euler, ha sido por
dos motivos: el primero, porque el autor de la obra llegaria a ser
su mentor y amigo, y en segundo lugar porque, desde el punto de
vista puramente matematico, Lagrange llegaria a ser inigualable
en la aplicacién del andlisis ala mecanica, superando incluso al
propio Euler.
Mole Antonelliana
de Turin proyectada
en 1862
adas en una
calle de Turin.
Cuando Lagrange inicié sus estudios escolares, Turin contaba
con diversos centros docentes de nivel elemental y medio, y con
una universidad fundada en 1404.
En sus primeros afios escolares estudi6 lenguas clasicas, latin
y griego, y se interes6 por la literatura. Entr6 en contacto con la
una de las principales
plazas de Turin
agueaSe7 uaaol 14|
cra
La elegancia matematica
Lagrange.
fisica de la mano del padre Beccaria y tuvo como profesor de geo-
metria a Filippo A. Revelli. En ambas disciplinas, Lagrange mostr6
inmediatamente sus grandes dotes y se sinti6 particularmente in-
clinado por la geometria de Euclides y la obra cientifica de
Arquimedes.
La familia de Lagrange pensaba dedicar al aventajado mucha-
cho a la abogacia 0 a algtin puesto docente con la anuencia del
décil y disciplinado joven. Sin embargo, cuando Lagrange contaba
diecisiete afios, cayé casualmente en sus manos una memoria del
célebre astrénomo inglés Edmond Halley (1656-1742), sobre la
aplicacién de los métodos algebraicos al estudio de la Optica.
Esta memoria, lo dejé verdaderamente fascinado y desde enton-
ces se dedicé sobre todo, al estudio de las matematicas. En muy
poco tiempo, y sin contar con la ayuda de ningin maestro, logré
dominar lo que entonces constituia el analisis moderno.
Gracias a la obra Instituzioni analitiche (1748), de la compe-
tente matematica italiana Maria Gaetana Agnesi (1718-1799),
pudo conocer y dominar los trabajos cientificos de sus ilustres
antecesores, Newton, Leibniz, Bernoulli, Euler y Clairaut.
En un espacio de tiempo verdaderamente corto, se siente con
las fuerzas suficientes como para iniciar sus propias investiga-
ciones, a finales de 1753, en el campo del andlisis matemético,
dando asi comienzo a una de las carreras mas brillantes de la his-
toria de las matematicas.
En 1754, estudia el Methodus de Euler y se familiariza, median-
te esa obra, con el conocido problema de los isoperimetros.
Lagrange tiene 18 afos, cuando comienza su correspondencia
cientifica con el matematico italiano conde Giulio Carlo de Toschi
Fagnano (1682-1766). La primera carta, fechada el 23 de julio de
1754, va firmada de una forma un tanto sorprendente bajo nom-
bre de Luigi De La Grange Tournier; aunque la carta esta escrita
en italiano, parece ser que el joven matematico quiere dejar claro
su origen francés por parte de padre.
Retra
ueaol 1¥
asuesseqLa elegancia matematica
Lagrange.
46
En esta primera memoria, Lagrange desarrolla un célculo
meramente formal basado en la analogia existente entre el bino-
mio de Newton y las diferenciales sucesivas de un producto de
dos funciones. Desde luego su memoria no es ninguna obra maes-
tra y en ella aparecen las carencias de un joven que trabaja solo
y que no dispone de la ayuda de un profesor que supervise su tra-
bajo. Antes de publicarla y mediante una carta escrita en latin,
hizo llegar sus resultados a Euler quien por entonces se encon-
traba en la Academia de Ciencias de Berlin.
Al mes siguiente de publicarse su trabajo, Lagrange se enter6
de que sus resultados ya habian aparecido en la correspondencia
entre Leibniz y Johann Bernoulli, que con toda seguridad Euler
conocia,
Es facil imaginar el disgusto de Lagrange al conocer este
hecho, no tanto por no ser el primero en obtener los resultados
resefiados, como por la posibilidad de que los demas, sobre todo
su admirado Euler, pudieran pensar que él habia copiado los tra-
bajos de otros.
Sin embargo, este comienzo poco afortunado no arredré a
Lagrange, jtodo lo contrario!. Redobl6 sus esfuerzos con el fin de
lograr importantes resultados dentro de las matemiaticas, dignos
de ser presentados a Euler.
Ante todo, urge eliminar toda sombra de duda sobre su honra-
dez intelectual y para ello, Lagrange procede de manera admirable
para un joven de 18 anos, Se da cuenta que la forma mas directa de
conseguir su propésito es conseguir el reconocimiento del mas
grande matematico vivo, Euler. Conoce su obra ~ya mencionada—
Methodus inveniandi... que contiene las ideas basicas de ‘una nueva
rama de las matematicas, que esta empezando a configurarse y que
s6lo el gran analista de Basilea conoce: se trata del calculo de varia-
ciones, como el propio Euler la denominaria afios mas tarde (1766).
Bien, ahi es donde hay que atacar. Estas reflexiones, tuvo que
hacerlas Lagrange entre septiembre y octubre de 1754, porque el
30 de octubre de ese aio le escribié una carta a Fagnano en la que
le da cuenta de que ha resuelto el problema de la curva taut6-
crona (0 is6crona), por métodos puramente analiticos.
Este viejo problema data de 1673 y consiste en construir un
péndulo cuyo periodo sea independiente de la amplitud de osci-
lacion.
Christiaan Huygens (1629-1695), en su obra Horologium
Oscillatorium (1673, Péndulo oscilatorio), resolvid este problema
ideando un péndulo en el que la longitud efectiva del hilo dismi-
nuya al aumentar el Angulo de oscilaci6n, con el fin de que pueda
compensarse la tendencia que tiene el perfodo a aumentar ou la
amplitud. Mediante argumentos geométricos, Huygens probé que
si se suspende una masa puntual de un hilo que pende del punto de
retroceso de una cicloide (curva engendrada por un punto de una
circunferencia que gira sobre una recta, sin deslizarse) de for-
ma que, en su oscilacion, el hilo se ajuste al perfil de dicha cicloi-
de entonces la masa puntual recorre otra cicloide similar y su
periodo de oscilacién es independiente de la amplitud, por gran-
de que ésta sea.
Miscellanea Taurinensia
Este trabajo puntual, la resolucién de un problema concreto
mediante un método que s6lo Euler domina, no es mas que el ini-
cio de un amplio programa original de Lagrange, consistente en
la resolucion de un buen namero de problemas de naturaleza
diversa mediante un método universal mas general y elegante
que el ideado por Euler en su Methodus inveniandi
El 12 de agosto de 1755 Lagrange remite una carta a Euler en
la que le da cuenta de su solucién analitica al problema de Ja tau-
tocrona y le expone, de manera sucinta, su nuevo método ue
variaciones, puramente analitico, para la resolucién de los mas
diversos problemas encuadrados dentro de lo que hoy llamamos
calculo de variaciones.
agueszey] uaaol 13La elegancia matematica
Lagrange.
Este primer gran trabajo general y sistematico de Lagrange, al
que se refiere en la carta, fue publicado afios mas tarde bajo el
titulo Essai d'une nowwelle méthode pour déterminer les médxima et
minima des formules intégrales indéfinies (1762, Ensayo sobre un
nuevo método para determinar los maximos y minimos de las fun-
ctones integrales indefinidas).
Lagrange siempre se mostré orgulloso de su primer gran
logro cientifico, cosa que no puede extrafar si se repara en el
hecho de que tenia 19 afios cuando se convirtié en cofundador de
una nueva rama de las mateméaticas: el céleulo de variaciones.
Mientras esperamos la contestacion de Euler, y por la tras-
cendencia que ésta tuvo para la vida del joven Lagrange, convie-
ne exponer algunos problemas, que en adelante llamaremos pro-
blemas variacionales, que fueron resueltos de manera global por
Euler en su Methodus inveniandi... y por Lagrange en su Essai
dune nouvelle méthode..., mediante sendos métodos generales,
Estos ejemplos y otros muchos que se presentan en las mate-
mati
S, en la fisica 0 en la economia pertenecientes al calculo de
variaciones, tienen una estructura comiin: en todos ellos aparece
el concepto de funcional como una generalizaciOn directa del
concepto de funcion que contiene a ésta como un caso particular.
Si C es un conjunto de elementos cualesquiera, ntimeros, pun-
tos del espacio, curvas, funciones, superficies 0 incluso estados o
movimientos de un sistema mecanico, a los cuales los denotare-
Mos por x, y sia cada elemento x le asociamos un namero y, decimos
que sobre el conjunto C hemos definido un funcional y=FQ@).En
el caso particular en que C sea un conjunto numérico entonces
y = F (&) sera una funcién de una variable; si C esta constituido
por los pares ordenados (x, y), © puntos del plano, el funcional
z =F (x, y) es una funcién de dos variables, etc,
En los problemas variacionales sefalados, y en muchos
otros, siempre se trata de encontrar entre todos los elementos de
Problemas variacionales
La reina Dido
Parece ser que fue la reina Dido, fundadora de Cartago, el
primer ser humano que resolvié un problema de naturaleza
variacional. Dido, fue una princesa fenicia hija del rey de Tiro.
Cuando murié su padre ella hered6 el trono, pero mds tarde lo
perdié a manos de su hermano pequerto, quién asesiné al
esposo de Dido. Esta tuvo que huir de Tiro con alguno de sus
fieles amigos y tras una serie de peripecias todos recalaron en
las costas africanas, Dido, pidid a los habitantes de esas tie-
rras “tanta tierra cOmo pudiera contener la piel de un toro”.
Una vez que le fue concedida la modesta peticion, ella
corl6 la piel en delgadas tiras y aprovechando la costa, dispuso
las tiras de forma que rodearan una superficie semicircular,
sobre la cual se fund6 Cartago.
La inteligente reina resolvié de esa manera un problema
variacional de los ilamados isoperimétricos. Este problema se
podria enunciar ast:
De todas las superficies limitadas por curvas cerradas,
sin puntos dobles y de la misma longitud, la de mayor area
es el circulo.
Este problema de isoperimetros se encuadra dentro de los
lamados problemas de méximos.
Principio del minimo
Muchos fenémenos naturales se rigen por lo que suele lla-
marse principio del minimo.
Herén de Alejandria (s. I d.C.), estudié uno de estos fend-
menos: el de la reflexién de la luz. Herén descubrid que la
>>
aSuesgeq uaaol 14La elegancia matematica
Lagrange.
50
igualdad de los dngulos de incidencia y de reflexién formados
por un rayo de luz al chocar con un espejo plano, hace que la
trayectoria del rayo al moverse desde su fuente hasta el punto
reflejado, sea minima. Este es uno de los principios basicos de
la Optica geamétrica,
Pierre de Fermat (1601-1665), demostré que la refraccién
de la luz, esta regida por el principio del minimo. Fermat
probé que cuando un rayo de luz pasa de un punto P a otro P’
de un medio distinto, el rayo sigue la trayectoria que requiere
un menor tiempo.
En el libro segundo de los Principia, y al estudiar el movi-
miento de los cuerpos en el agita, Newton plantea un proble-
ma variacional de minimos:
Newton se pregunta qué contorno debe tener una super-
ficie de revolucién que se mueve con velocidad constante
para presentar una resistencia minima al movimiento, si la
resistencia del agua, en cualquier punto de la superficie del
cuerpo, es proporcional a la componente de la velocidad que
es normal a la superficie.
La solucién completa a este problema, s6lo esbozado en
los Principia, ta dio Newton en 1694, en una carta dirigida a
James Gregory (1638-1675).
Aunque en su trabajo, Newton utiliza técnicas distintas a
las usuales del cdlculo de variaciones, en la terminologta
variacional el problema podria planiearse asi:
Encontrar una funcién desconocida y(x), tal que haga
minima la integral
ix
* yOow'Goy?
“J 1+ VO
La braquistécrona
En el Acta Eruditorum de junio de 1696 Johann Bernoulli,
fiel a su costumbre de retar a sus colegas con problemas mate-
mdticos, propuso a éstos el famoso problema de ta braquist6-
crona. El problema estaba planteado en estos términos: Entre
todas las curvas que unen los puntos M, y M,, se desea encon-
trar aquella a lo largo de la cual una particula sometida a
ta accion de la gravedad, sin velocidad inicial, descartando la
friccion y la resistencia del aire, se mueve desde M, a M, en el
menor tiempo posible.
Este problema, puede anunciarse en lenguaje variacional
como un problema de minimos condicionados:
Entre todas las funciones y = f (x) que verifican las con-
diciones £ (0) = 0, £ (%) =y» (M, (0,0); My (%, ¥2)), hallar la que
minimice la integral
2 ippaye:
Ts eee asl aes
Wag J, vy
El problema en cuesti6n fue resuelto de manera indepen-
diente por Newton, Leibniz, Johann y Jakob Bernoulli y
LH6pital utilizando distintos métodos no analiticos. Todas las
soluciones se publicaron en el némero de mayo de 1697 del
Acta Eruditorum.
M,
M,
>>
aZueiZe7] uaacl 19La elegancia matemdtica
Lagrange.
52
La superficie de revolucién de drea minima
Entre todas las curvas que unen dos puntos del plano
M, CtpXz) ¥ My (XY), se desea hallar aquella cuyo arco
engendra ta superficie de menor area, al girar alrededor del
eje OX.
Este problema se puede considerar como un problema
tipico de minimos condicionados del cdlculo de variaciones
que podriamos enunciar ast:
Hallar la curva de ecuaci6n y = f) con la condicién de
que f (X,) =, y F(X) = y, y tal que haga minima la integral
2
s-2ef yVl+y'? dx
4
Euler probo que la curva f(x) es la catenaria.
El problema isoperimétrico
Desde el punto de vista analitico, el problema isoperimé-
trico basico puede formularse de la manera siguiente:
De todas curvas de ecuaciones paramétricas x = x (t),
y=y () (t St st), con la condicion de que sean cerradas, es
decir, x (t) = x(t) ey (t) = y (t), sin puntos dobles y con la
condictén de que la longitud L = J'? 4°? + y® at, sea cons-
tante, hallar la que haga maxima Id integral
cs
J -| (xy'— xy) at
i
C que verifican unas condiciones de contorno dadas, aquél que
(x) tome un valor extremo, maximo 0
hace que el funcional y =
minimo.
En el calculo de variaciones, se consideran funcionales defi-
nidos sobre un conjunto C de funciones. Como veremos enseguida,
fue Euler el primero en darse cuenta de la intima relacién entre
los problemas sefialados, y el primero en ofrecer una solucién
general para todos ellos.
Euler encontré que para que una funcién de C proporcione un
valor extremo al funcional correspondiente, tiene que verificar
una cierta ecuaci6n diferencial y como sabemos muchas de las
relaciones cuantitativas de la mecanica y de la fisica en general,
se expresan mediante ecuaciones diferenciales. Todo ello llev6é a
Euler a considerar muchas ecuaciones de la mecanica y de la fisi-
ca en general como condiciones extremas de determinados fun-
cionales, de manera que las leyes de la fisica podian anunciarse
en la forma de exigir un valor extremo, en general un minimo,
para determinadas cantidades. En definitiva, ciertas leyes fisicas
se podrian enunciar en términos de principios de minimo, lo cual
hizo posible un nuevo métoco de resolucién de muchos proble-
mas fisicos consistente en buscar los minimos de los correspon-
dientes funcionales.
Hay, sin embargo, algunas leyes fisicas como el segundo
principio de la Termodinamica, que se enuncian en términos del
“principio de maximo”.
Sin embargo, desde el punto de vista historico no fue un pro-
blema fisico, sino geométrico, el que llev6 a Euler al calculo de
variaciones.
En 1728, Johann Bernoulli propuso a Euler encontrar las cur-
vas geodésicas de una superficie. Una geodésica es una curva de
una superficie, tal que en cada uno de sus puntos la normal prin-
cipal es normal a la superficie. Euler tuvo en cuenta la propiedad
a8uesZeqy usaol 13La elegancia matematica
Lagrange.
w
S
de las geodésicas, de ser las trayectorias sobre una superficie
que tienen longitud minima, entre todas las curvas que unen dos
puntos dados de esa superficie.
Enel caso de una superficie plana, el funcional que hay que hacer
“VT +GO) dx yla
geodésica es el segmento rectilineo de extremos GLY) ¥ G2).
minimo viene representado por la integral J aie
Fue por tanto Euler, el primero que se propuso resolver el
problema de las geodésicas, y los que hemos citado anteriormente
mediante el empleo de un método general. Se propuso calcular
los extremos del funcional
el
J=)F& wy) dx
ei
El sabio suizo pudo demostrar que la funcion que hace maxi-
ma o minima a la integral J ha de ser una funcion y=y (x), que
verifique la ecuacion diferencial ordinaria
Si transcribimos la notaci6n utilizada por Euler a notacion
moderna, la ecuaci6n diferencial anterior se puede expresar asi:
ee
Esta ecuacién publicada en 1736, es la ecuacién basica del
calculo de variaciones y se llama ecuaci6n de Euler, Es una ecua-
cin diferencial ordinaria de segundo orden en y @).
Ahora bien, la solucién de esta ecuacién diferencial
y =y(x, C; C,), contiene dos constantes arbitrarias, que pueden
determinarse teniendo en cuenta las condiciones de contorno
¥ GC; C,) = vs y (Ky, C C,) = y,. La bisqueda de soluciones
que sean curvas extremales para la funcién integral J (funcional),
equivale a la resoluci6n del siguiente problema de contorno de
ecuaciones diferenciales: en el intervalo [x,,X,], encontrar aque-
llas soluciones de la ecuacién de Euler, que tomen los valores y,
ey, en los extremos de dicho intervalo.
Conviene recordar, que la soluci6n del citado problema de con-
torno s6lo proporciona un posible extremo para la integral J(y).
En definitiva, el método de Euler puede resumirse como
sigue:
Para que una funcion y = y (x) haga m4xima o minima la integral
29h
JD=) FG yy )dx
a
ha de verifiear la ecuacién basica de Euler.
Entre 1736 y 1744, Euler aplicé su método para resolver pro-
blemas cada vez mas dificiles, como el de los isoperimetros.
Para funciones integrando mas complicadas que F (x, y, y’), la
ecuacién diferencial basica result manifiestamente insuficiente,
y el genio suizo tuvo que recurrir a su inmenso ingenio, para
encontrar ecuaciones diferenciales andlogas a la ecuaci6n basica,
y poder resolver asi, un buen nimero de problemas variacionales.
Todos los resultados anteriormente resefados, los publicé
Euler en su famoso, y ya citado libro, Methodus inveniandi..., que
Lagrange habia estudiado a fondo.
Si bien puede afirmarse que con la publicacién de esta obra,
el cdlculo de variaciones alcanza verdadera categoria de nueva
rama de las matematicas, no es menos cierto, que los trabajos
contenidos en ella presentan algunas importantes limitaciones de
las que el propio Euler era consciente: en primer lugar el método
no era suficientemente sistematico ni general, como para no pre-
cisar gran ingenio y capacidad de cAlculo, en la resolucién de un
gran ntimero de problemas variacionales, y en segundo lugar, la
metodologia utilizada por Euler tenia la complicaci6n adicional de
presentar una mezcla de estilos, geométrico y analitico-diferencial,
que la hacfa bastante farragosa.
La soluci6n a estas limitaciones constituye el nticleo central
de la carta remitida por Lagrange a Euler el 12 de agosto de 1755.
asueiZe] usaol 13La elegancia matematica
Lagrange.
56
EL método de Lagrange
Veamas como procede Lagrange al atacar el problema bdsi-
co del cdlculo de variaciones, es decir, entre todas tas curvas de
extremos P (X,Y), ¥ Q(XpJo), encontrar la curva y (x) que haga
maxima o minima la integral
x
d=] Fs wy) de
En lugar de variar las ordenadas de ta curva y(x), tal
y como hizo Euler, Lagrange introduce nuevas curvas entre
los puntos extremos P y Q, a las que representa de la forma
YOO) + dyO) donde 6 es el simbolo que Lagrange introduce
para seftalar la variacton de la curva entera y() La aparicion
de una nueva curva en el integrando de J, produce un incre-
mento en la integral que Lagrange expresa por medio de Al,
es decir,
ava]? [Fos y +899 +89) ~ Fes yy ]ae
Ahora bien, aunque F es una funcién de tres variables x, ye
y’, en el integrando de AJ x permanece constante, y por ello
Lagrange aplica al integrando, el teorema de Taylor para fun-
ciones de dos variables y e y'. Esto le permite escribir AJ, de la
manera siguiente:
1 1
AJ = 8F + — 527 + 8 +...
2 3!
Lagrange llama ahora a &J, la primera variacién; 8J es la
integral de los términos de primer grado en dy y en Sy’. Llama
segunda variaci6n a 5*J, que es la integral de los términos de se-
gundo grado en dy y dy’, y asi sucesivamente. Es decir,
ae .
i= J [6 +H,"
6 =] CON 128, Biv) +h (Grae
Lagrange afirma ahora, que los vatores de 5°J, 6°J,..., son
muy pequerios frenie a los valores de 6J y por tanto el signo de
AJ viene determinado por el signo de 6.
Ahora bien, como Al debe conservar el signo en un cierto entor-
no de un maximo o de un minimo, entonces &I debe ser nula para
aquella fancion y(x) que garantice un extremo para la integral J.
SY
yo),
Yo)
s
; aia Syne GOD
Lagrange escribe a continuacion, 8y’ = de Y asegura que
el orden en las operaciones d y 5 puede cambiarse, ¢osa que, sien-
do correcta, s6lo pudo probarse mucho mds tarde.
Teniendo en cuenta la igualdad anterior, Lagrange escribe
la primera variacién de la forma siguiente:
{ E Bs f Cpe
eae
A continuaci6n, integra por partes el segundo miembro de
la igualdad anterior, y afirma que la parte integrada se anula
debido a que Sy(x) es nula en los extremos de integracién,
Sy (x) = 0, &y Cry) = 0.
Se obtiene asi,
*2
oJ =
a
Ahora bien, como & = 0 para cualquier variacién dy de la
funci6n y (x), Lagrange deduce que el coeficiente de dy debe ser
os
nulo, es decir, Fi
F,-2&) =o.
Llega asi, a la ecuacién diferencial bdsica del cdlculo de
variaciones 0 ecuaci6n de Euler.
agueiZe] uaaol 13La elegancia matematica
Lagrange.
Ya en esta carta, que contiene su primer trabajo importante,
queda patente el estilo Lagrange: primero, resumen histérico de
los resultados de sus antecesores en la resolucién de problemas
variacionales, en particular de los del propio Euler, para a conti-
nuaci6n atacar directamente el problema de generalizar el método
de Euler mediante un procedimiento puramente analitico, desa-
rrollado por medio de una elegancia formal hasta entonces des-
conocida, y nunca superada.
Debemos sefialar que la demostracion rigurosa de que el coefi-
ciente de dy tiene que ser nulo, es decir, que = te @y)=0 no
la logré P. F. Sarrus hasta un siglo mas tarde, en 1848. Este resul-
tado, que hoy se conoce con el nombre de lema fundamental del
calculo de variaciones y que fue_establecido inicialmente por
Euler y corroborado después por Lagrange, nos da una condicién
necesaria que y(x) debe cumplir para que la integral J tenga un
extremo, pero no es una condici6n suficiente.
Euler y Lagrange sabian esto, y ellos aseguraban el maximo o
el minimo de J utilizando las consideraciones fisicas 0 geométri-
cas especificas de cada problema.
Las condiciones de suficiencia para garantizar la existencia
de un maximo 0 un minimo para la integral J, fueron estudiadas
en el siglo XVIII por Laplace y Legendre, basandose en el estudio
de la segunda variacién 8°J, sin resultados satisfactorios. Las con-
diciones de suficiencia fueron establecidas de manera definitiva
en el siglo XIX, gracias a los trabajos de los ilustres discipulos de
Euler y Lagrange: Poisson, Hamilton, Jacobi, Hesse y Weierstrass,
entre otros.
Ademas de su método general de calculo de variaciones,
Lagrange remitié a Euler, en la citada carta de 1755, una utiliza-
cion de su método en la resolucién de problemas de maximos y
minimos condicionados. De manera genérica, estos problemas
responden a un planteamiento tfpicamente variacional: se trata de
La braquistocrona
Conviene ilustrar ef método Euler-Lagrange, mediante una
aplicacién practica a un problema concreto como, por ejemplo,
el de la curva de descenso mds rapido, la braquistécrona.
Consideramos como punto de partida el origen de coorde-
nadas P (0, 0) y como punto de llegada el punto Q CVs). Sea
y= (x), xe [0,x,], la ecuacion de una funci6n arbitraria conti-
nua y derivable en el intervalo, [0, X»].
Como la curva que representa a la funci6n y = f(x) pasa por
los puntos P y Q, debe verificar la condici6n f (0) = 0, f (2) = ¥»
En un punto cualquiera M (x, y) de la curva situado entre fet
y Q, la velocidad de la masa puntual se puede expresar en t fun-
ci6n de la ordenada del punto, mediante la ecuacion v = \ 2gy.
El tiempo que se necesita para que el punto material reco-
rra un elemento de arco de curva ds, viene dado por
v
y por tanto el tiempo total de descenso de la masa puntual desde
P hasta Q, vendra dado por
2 Aloe
T 1 \ Ni+y de
V2g y
0
Aplicando ahora el método Euler-Lagrange, la cuestién se
reduce a encontrar, entre todas la curvas y = f (x) que verifican
o|P x
eSueuge7 uaaol 13La elegancia matematica
Lagrange.
60
determinar la curva que une dos puntos A y B, de abscisas res-
pectivas x = a y x= b, que haga que la integral
b
Ja] FG yy de
tenga una valor extremo, con la condicién de que una segunda
integral
6
Ka] Gey yax
a
tomada a lo largo de la misma curva, tome un valor dado.
Establecido el problema en esto términos, las dos condicio-
nes siguientes deben verificarse simultaneamente,
bs =0, 6K=0,
las condiciones de contorno f (0) = 0, f (Xp) = ¥, aquella que
haga minima ta integral
yee ease
/ 72
x, NI +
JQ) = f Pein a ‘ees
e a vy
y
En nuestro caso, la ecuacion de Euler es:
1 Vi+y? d y’ Ned
2 yy dk Vy Vie y? |
Después de operar y simplificar, la ecuaci6n se puede redu-
cir a la forma:
Muttiplicando los dos miembros de la ecuacién anterior por
Y' e integrando luego, se obtiene
in(l+y*)=-Iny+ink
que puede reducirse a
Para lo cual es necesario que se verifique que también
8) + 25K =0
Siendo 4. una constante arbitraria (multiplicador). La igual-
dad anterior nos dice que, para la curva soluci6n del problema,
es nula la variacién de la integral
b
J+AK = ie [FG yy") +AGGx y, y'J]dx
Seguin esto, el problema inicial es equivalente al de hallar la
curva para la cual es maximo o minimo el valor de esta Ultima
integral; obtendremos asi la correspondiente ecuaci6n diferen-
cial cuya integral general tendra tres constantes arbitrarias, las
dos constantes de integraci6n y la constante A que hemos intro-
o bien
y dy =4dx
key:
La ecuacién diferencial anterior, de variables separadas, se
puede integrar facilmente mediante el cambio de variable
k k
5 C1608 0, de donde dy = sent at
Sustituyendo en la ecuacién diferencial anterior y simplifi-
cando, nos queda,
k
ae cos t)dt =4+ dx
que integrada, nos da: x =+ 4a t—sen t) + C. De la condicién
de contorno, f (0) = 0, se obtiene que C = 0, y por tanto deduci-
mos que la braquistécrona (o curva de descenso mds rapido) es
la cicloide de ecuaciones paramétricas: x = 4a = sen 0);
y=£(1 ~ cos 1). El valor de ta constanie k, puede obtenerse de
ta condicién de contorno, f (x3) = ¥>.
asuessey] uaaol 14La elegancia matemdtica
Lagrange.
ducido. Las dos constantes de integraci6n se calculan utilizando
la condicion de que la curva pase por los puntos A yB,yaAse
puede calcular usando la condicién de que la integral K tenga el
valor pedido.
Empecemos ilustrando este método de Lagrange, para el
caso elemental de una funcion de dos variables, u = (x, y), donde
las variables x e y estan ligadas por una condicion (una ligadura),
Se trata de calcular los extremos de la funcién u = f (x, y),
sabiendo que x € y estan ligadas entre si por medio de una ecua-
cién g (x, y) =0. qa)
Aunque (1) defina a y como funcion implicita de x, no suele
ser facil despejar a y en funcién de x; en los casos en que esto
pudiera hacerse, entonces u = f (x, y) se podria considerar como
una funci6n explicita de una tinica variable independiente x,
cuyos extremos se calcularian con facilidad.
Si y no puede expresarse de forma explicita en funcion de x,
entonces podemos resolver el problema, planteéndolo de la
siguiente manera: en todo caso, la derivada de u respecto a x debe
ser nula, para aquellos valores en los que u tenga un extremo.
Hallemos Sten la ecuaci6n u = f (x, y), teniendo en cuenta
que y es funcién de x:
Lae Nea
oy ox
En los puntos en los que u = f (x, y) tenga extremos, se
verificara:
a
i @)
ox
Derivando en la ecuacion (1), se obtiene:
ace eo @)
Esta igualdad es valida para todos los valores de x e y que
satisfacen la ecuacion g (x, y) = 0. Si se multiplica la igualdad (3)
por un coeficiente indeterminado t, y sumamos dicho producto a
los términos de la igualdad (2), obtenemos:
ao ty\,,(% , & ty )_y
4 +H) ta hy &
o bien
| bY 9 (4)
Esta igualdad es cierta en todos aquellos puntos en que la
funci6n u =f (x, y) tiene extremo.
Elijamos t, de manera que para los valores de x e y corres-
pondientes a un extremo de la funcion u = f (x, y) la expresion
f A}
am ars noe de la igualdad (4) se anule, entonces para dichos
y
|
\ oy)
valores de x e y se deduce de la igualdad (4) que:
&
Ee iy
ox
Asi pues, en los puntos extremos de la funcion u = f (, y) se
satisfacen las tres ecuaciones;
6)
g Gy) =0
Con estas tres ecuaciones se pueden determinar las tres
incégnitas x, y, t. Las ecuaciones (5) son condiciones necesarias
para la existencia de un extremo de la funcién u =f (x, y) con la
ligadura g (x, y) = 0; es decir, en los extremos de la funcién se
cumplen las ecuaciones (5). Sin embargo, la proposicién recipro-
1}
agues3e7 uaaolLa elegancia matematica
Lagrange.
64
ca no es cierta, ya que la funcion puede no tener extremo para los
valores de x, y, t que satisfagan las ecuaciones (5).
Hoy en dia, se puede realizar un estudio analitico adicional
sobre las condiciones de suficiencia para la existencia de extre-
mo, pero en tiempos de Lagrange el estudio de la naturaleza del
punto 1
cas propias de cada problema concreto.
ico se realizaba mediante el andlisis de las caracteristi-
Lagrange observ6 que los primeros miembros de las ecua-
ciones (5), son las derivadas parciales de la funcién
Fay D=fG y) +tg& y) (6)
respecto a las variables x, y, t, respectivamente
Es decir, para hallar los valores de x e y que satisfacen la
condicién g (x, y) = 0 (una ligadura), para los cuales la funcion
(x, y) pueda tener un mximo o un mfnimo ligado, se forma la
funcion auxiliar (6) y se calculan los posibles m&ximos 0 minimos
libres de dicha funcién (6), igualando a cero las tres derivadas par-
ciales de la funcidn auxiliar (6), respecto a las variables x, y, t.
EI método anterior se puede extender al estudio de los extre-
mos ligados de una funci6n u = f (%,,x,,...,x,) de n variables, con
la condici6n de que las variables XXq,-.X, estén ligadas median-
te m ecuaciones (m< n):
8, Oy, Xp)--.X,) = 0
x) =0 (7)
n
Bo (KX,
Ben (Xqr Kaye os Bp,
Se construye la funcién auxiliar,
Fp gree Xyotystonscsitig) = Fp Ayreon My) + ty (pay
+ typ OKsXo.- sR) + a + bn Oy sKyre-s%)>
Como se ve, se introduce un parametro t, por cada una de las
condiciones g, que liga a las variables x,.
Para calcular los puntos criticos de la funcién auxiliar F, se
igualan a cero, las derivadas parciales de F respecto a las varia-
bles x,,
8)
arate te on 9
a
Las ecuaciones (7) y (8) forman un sistema de m +n ecuacio-
nes que nos permiten determinar las incdgnitas X),X2,....X), asi
como los parametros auxiliares (multiplicadores) t,,ty..-..t),- Como
en el caso de una funcién de dos variables, subsiste el problema
del estudio posterior de las condiciones de suficiencia que garan-
ticen la existencia de un extremo de la funci6n u = f (%),%),..45%,)+
para los valores de las incégnitas encontrados mediante la reso-
lucion del sistema anterior.
Este método elegante y eficaz que proporciona una condicién
necesaria para la existencia de un extremo de la funci6n, se deno-
mina desde entonces método de los multiplicadores de Lagrange.
Como ya se ha dicho, en estos trabajos remitidos a Euler por
carta y mas tarde publicados en la memoria titulada Ensayo sobre
un nuevo método para determinar los maximos y minimos de las
funciones integrales indefinidas (1762), habia depositado
Lagrange sus esperanzas de disipar la minima sombra de duda
que pudiera haber sobre su honradez como matemiatico.
Y no se vieron defraudadas esas esperanzas, pues la rapida
contestacién de Euler, el 6 de septiembre de 1755, dejaba meri-
dianamente establecido que Fuler reconocia la superioridad del
asueuse] uaaol 13
aLa elegancia matematica
Lagrange.
66
método variacional de Lagrange sobre el suyo propio, y animaba
al joven turinés a redoblar sus esfuerzos en pos de la consecu-
ci6n de nuevos logros.
Los multiplicadores
Un ejemplo elemental de la utilizacién del método de los
multiplicadores de Lagrange puede ilustrarse con el siguiente
problema de extremos ligados:
Con un trozo de chapa de rea 2a se desea construir una caja
cerrada con forma de paralelepipedo, rectangular, que tenga
volumen maximo, :
Si designamos por x, y, z la longitud, la anchura y la altura,
respectivamente de dicha caja, el problema se reduce a la
obtenci6n de un maximo de la fancion v = f (x, y, z) con la con-
dicién de que 2xy + 2xz-+ 2yz = 2a
La ligadura entre las tres variables x, ¥, Z puede expresarse
de la forma xy +. xz+yz-a=0 (20, y>0, 2>0) y como
v= f(%¥,z) = xyz, podemos formar la funcién auxiliar
FO%Y,2,0 = xyz + Uxy + xz +yz-a).
Hallamos las derivadas parciales de F(x, 2,0 respecto a las
cada una de las tres variables, e igualdndolas a cero, se cons-
fruye un sistema de cuatro ecuaciones y cuatro incégnitas x, y,
2, |, al afiadir la condici6n de ligadura, a saber:
yert(y+z)=0
xZti(x+z2)=0
w+i(x+y)=0
xy+xz+yz-a=0
El reconocimiento de Euler garantizaba el reconocimiento de
todo el mundo matemiatico de esa época, y en Turin tuvo efectos
inmediatos.
Despejando el valor de t en este sistema, se obtiene:
t=” introduciendo este valor en las tres primeras ecua-
ciones del sistema, obtenemos:
3x. tie
te w+ | ea)
\
2 1-ore |a0
meee ox
SU) =0
Ahora bien, debido a la naturaleza del problema, los valo-
res de x, y, z son distintos de cero y por tanto los primeros fac-
tores de las ecuaciones anteriores, son no nulos. De todo ello se
puede deducir que:
= Yt+ga=
De las dos primeras ecuaciones se deduce que x=y, y de las
dos tiltimas que y = z. Si ahora se tiene en cuenta la condicién
de ligadura entre las tres variables, podemos concluir que:
» 2h@+D=1, Sf ety) =1,
2a 2a
Hoy en dia, se puede demostrar analiticamente que para estos
valores de las variables independientes, la funci6n f(x, ¥,2)=Xy2
tiene un méximo. En ta época de Lagrange, la existencia del
méximo se deducia de las condiciones geométricas del problema:
el volumen no puede ser infinitamente grande, debido a las limi-
taciones que vienen impuestas por la superficie de la chapa.
En definitiva, el volumen de la chapg_es mdéximo cuando
ésta tiene la forma de un cubo de arista Ce
asueige] uaaol 13La elegancia matematica
Lagrange.
68
El trabajo sobre los anexos de Euler
Primer anexo, La forma de una varilla sometida a presion
en sus extremos
El primer trabajo se referia a un problema propuesto por
Daniel Bernoulli, que consistia en encontrar ta forma que adop-
ta una varilla elastica sometida a presién en sus extremos, para
tue el cuadrado de la curvatura a lo largo de la varilla, sea
minimo.
Es decir, la integral J = ia Saat tenga un minimo, siendo s
el arco de longitud L y siendo R LY radio de curvatura,
Esto es, cuando la varilla adopte la forma buscada, la ener-
gia potencial almacenada seré minima.
Segundo anexo. Le bean théoréme
El segundo anexo es el antecedente directo dei trabajo de
Lagrange. Ya hemos hablado, en el capituto anterior, de la agria
controversia de caracter teolégico que Euler y Maupertuis sostu-
vieron con otros cientificos y filésofos, acerca de lo apropiado
de la postura de basar la existencia de dios en el principio de
minima accion.
Desde el punto de vista puramente fisico, Maupertuis expre-
saba la acci6n en la dindmica como la integral del producto de
Asi, el 28 de septiembre de 1755, un real decreto nombra a
Lagrange profesor titular de la Real Escuela de Artilleria de Turin,
con una asignaci6n anual respetable, aunque no fue mejorada en
todo el tiempo que duré su estancia en su ciudad natal.
) Con 19 afios, habia logrado un puesto de trabajo fijo y, lo que
a él mas le importaba, después de la garantia de Euler ya nadie
podia dudar de su talento matematico.
la masa por la velocidad y la distancia recorrida, y afirmaba que
cada cambio que ocurre en la naturaleza es tal, que hace mini-
ma ta acci6n, Maupertuis escribia mus = min. sin hacer referen-
cia al intervalo de tiempo en el que consideraba el producto mvs.
Euler fue mucho mds preciso. Estudia el movimiento de una
particula individual a lo largo de una curva arbitraria, y
demuestra que Ia trayectoria descrita por la particula bajo la
accién de fuerzas centrales, es ta misma que la que se obtiene
suponiendo que ta integral del producto de la velocidad por un
elemento de curva es maxima 6 minima.
Es deci if aplica el cdlculo de variaciones a la integral de
accion Js iP vds. Para que esta integral sea maxima o minima
a! uds = 0,'y como ds = v dt, Euler escribe finalmente:
ale vids =0
De esta manera, logra probar que la accién de Maupertuis
es minima para el movimiento de una particula a lo largo de
curvas planas.
Finalmente, afirma que los principios fisicos basicos que rigen
los fenédmenos naturales, pueden ser expresados de manera que
algtin funcional alcance valores extremos, en particular, afirmaba
Euler, esto debe ser cierto para los movimientos de los cuerpos
sometidos a la accion de fuerzas, que es el objeto de la dindmica.
No es exagerado decir, que en sus primeros afios como mate-
méatico, Lagrange tuvo en Euler a un verdadero padrino. La gran-
deza de espiritu de Euler -en la cima de las matematicas en esa
época-, siempre dispuesto a reconocer en su justo valor el tra-
bajo de los demas, fue una verdadera bendici6n para Lagrange.
En este punto, no nos resistimos a la tentacién de mencionar
cuAan diferente fue el trato dispensado, muchos afios mas tarde, a
aSuesZe7 uaaol 13La elegancia matematica
Lagrange.
70
dos jévenes matematicos que iniciaban sus carreras, por parte de
los ya consagrados. Nos referimos a Niels Henrik Abel (1802-
1829) y Evariste Galois (1811- 1832), ignorados, cuando no boico-
teados, por sus ya famosos colegas.
Animado por su éxito, Lagrange se propuso atacar un proble-
ma que Euler no habia podido resolver de manera satisfactoria:
aplicar el método de variaciones a la dindmica, partiendo del
principio de minima accién. En estos momentos, el joven genio
comienza a concebir su obra maestra, Mecdnica analitica, en la
que incluirfa estos primeros grandes logros cientificos.
Lagrange, parte ahora de dos trabajos de Euler publicados
como anexos de su célebre obra Methodus inveniandi...
En su trascendental trabajo, Lagrange parte del resultado
mas importante que contiene el segundo anexo de Euler: la tra-
yectoria descrita por una particula bajo la accién de una fuerza
central es la misma que la obtenida haciendo que la integral del
producto de la velocidad por un elemento de curva, sea maxima
o minima.
Este resultado de Euler fue calificado por Lagrange de beau
théoréme (bello teorema).
Para aplicar el principio de minima accion, Lagrange plantea, de
forma mas correcta que Fuler, la integral de acci6n, J = fF mv-dt.
Como se sabe, el producto Smv? es la energia cinética y, aunque
Lagrange le siguié llamando fuerza viva, su valor es la mitad de
mv? que era a lo que Euler y los demas matematicos, llamaban
fuerza viva o vis viva.
En primer lugar Lagrange estudia el movimiento de una par-
ticula de masa m, sometida a la accién de fuerzas derivadas de
una funcién potencial V(x,y,z), (fuerzas conservativas):
La energia cinética T viene dada por:
r=tmv?=4m (i! +y2+2%) siendo x, , 2 las derivadas de
BS ) :
x, y, Z, con respecto al tiempo t.
Actuando sobre la coordenada x (t), Lagrange efect@a una
pequefia variacién dx(t), con las condiciones de contorno
Ox(t,) = &x(t,) =0
Aplicando el célculo de variaciones, Lagrange trata de encon-
trar la coordenada x =x (t), que haga minima la integral de acci6n.
ue i. Tat
Al integrar por partes la integral J, el término integrado se
anula en los extremos de integracion debido a las condiciones
de contorno. Teniendo en cuenta ademas que 6J, debe anularse
para que J tenga un minimo, Lagrange obtiene de todo ello una
ecuaci6n diferencial andloga a la ecuacién basica de Euler-Lagrange
del calculo de variaciones, a saber:
4 (a)|, ¥ 4
dt \ ox ox
Procediendo de manera andloga en las coordenadas y y z, se
pueden encontrar las ecuaciones:
d (aT), Wy
me Scum =
dt \ dy, oy
3 a)
d (aT), W_4
meen Oza maz)
Estas tres ecuaciones diferenciales, llamadas ecuaciones del
movimiento de Lagrange, equivalen a la segunda ley de Newton
Beak
A partir de aqui, Lagrange introduce lo que ahora se llama
coordenadas generalizadas, fijando la posicién de la particula
agueiZe] uaaol 13
NI
anyLa elegancia matematica
Lagrange.
72
mediante coordenadas arbitrarias Gy do, G3, eventualmente pola-
res, cilindricas 0 esféricas, de manera que
X= X (qy,y,43)
Y= Y (GyGy43)
2= 2 (4y,49,43)-
donde las q, son funciones de t, q, = q; (0.
Mientras que la energia potencial es funcién tinicamente de
las coordenadas q,, la energia cinética lo es de las q,ydes
vadas respecto al tiempo
us deri-
Las ecuaciones de Lagrange (1), en rectangulares, se pueden
facilmente transformar en un conjunto de tres ecuaciones de la
forma
END, he, (2)
Estas tres ecuaciones son ecuaciones diferenciales ordinarias
de segundo orden en las Gy: .
Lagrange demostr6é que sus ecuaciones del movimiento @),
obtenidas a partir del principio de minima accién son invarian-
tes, formalmente, con respecto a cualquier transformacién de
coordenadas.
SI utilizamos la funcidn lagrangiana, L ='T — V, las ecuaciones
(2) se pueden escribir,
Lagrange afirma que se puede aplicar el principio general que
ha conducido a las ecuaciones del movimiento (2), a un sistema
den particulas, con tal que el ntimero de variables en T yenVsea
el requerido para determinar la posicién de cada particula en el
sistema.
Si para cada una de las n particulas, se necesitan tres coor-
denadas rectangulares (x, y,, Z;) para describir su trayectoria en
cl espacio, entonces bastaran 3n coordenadas q, y 3n ecuaciones
que expresen las coordenadas (x,, y,, 7,) en funcién de las coor-
denadas q;.
Por lo tanto habra 3n ecuaciones del movimiento de Lagrange
del tipo (2).
En fisica, a las coordenadas generalizadas independientes
necesarias para determinar la posicién de una particula dentro
del sistema, se les llama grados de libertad.
Las ecuaciones de Lagrange que, como se ha sefialado equi-
valen a la segunda ley de Newton, son ecuaciones obtenidas a
partir de un principio general y presentan la ventaja, sobre todo
cuando se estudian sistemas de un gran nimero de particulas de
no precisar conocer las fuerzas que actéan, si bien se necesitan
Ja energia cinética y la energia potencial.
Ni que decir tiene que Lagrange envi6 este nuevo trabajo a
Euler, quién impresionado por la potencia de los resultados de su
joven colega, no se conformé esta vez con felicitarle por sus
logros, sino que utiliz6 su enorme prestigio para convencer a
Maupertuis, a la saz6n presidente de la Academia de Ciencias de
Berlin, para que se ofreciera a Lagrange un puesto de matemati-
co en la Academia de Berlin.
Aunque las condiciones de trabajo en Berlin eran netamente
superiores a las que Lagrange tenia en Turin, éste rechaz6 cor-
tésmente el ofrecimiento que se le hizo, a través del propio Euler.
Se sentia agradecido, y asi se lo hizo saber a Euler, pero segu-
ramente su natural prudencia y sentido comtn le aconsejaron
que era preferible madurar como matematico en Turin, que a la
sombra de su padrino en Berlin.
Aan asi, Euler y Maupertuis —€ste encantado de observar
unos logros tan rotundos de su principio de minima accién—
asueige7] udsaol 13La elegancia matematica
Lagrange.
74
consiguieron que Lagrange fuera elegido miembro asociado
extranjero de la Academia de Ciencias de Berlin, con fecha del 2
de septiembre de 1756. Lagrange tenfa veinte afios. Habian trans-
currido tan s6lo dos afios desde la publicacién de su primer tra-
bajo, y ya era miembro asociado de la Academia de Ciencias de
Berlin; podia por tanto sentirse satisfecho. Mas que la elecci6n en
si, lo que verdaderamente halagaba a Lagrange era el hecho de
que el promotor de dicha elecci6n fuera Euler.
Animado por estos éxitos iniciales, funda una sociedad cienti-
fica en Turin con un grupo de amigos, la cual se transformar4 con
el paso de los afios en la Academia de Ciencias de Turin (1783).
Esta sociedad edita una revista, en francés y en latin, con el
nombre Miscellanea taurinensia o Mélanges de Turin, y en la que
Lagrange publicara los trabajos realizados en su etapa turinesa.
Los tres primeros voltimenes de la Miscellanea se publicaron en
los aftos 1759, 1762 y 1766.
Ni que decir tiene
que los trabajos mas
importantes publica-
dos en esa revista son
de Lagrange, pero ade-
mas, existen fundadas
sospechas de algunos
de los trabajos relevan-
tes de otros autores,
son también del propio
Lagrange. Se cita, por
ejemplo, un famoso tra-
bajo de hidrodinaémica
firmado por Daviet de
Foncenex (1734-1799),
que suscité vivo inte-
rés por parte de Daniel
Bernoulli. Cuando esté
pidi6 aclaracion a su autor sobre algin punto concreto del trabajo,
no obtuvo respuesta alguna.
Otro trabajo firmado por Foncenex y publicado en el primer
tomo de Mélanges de Turin, trataba de las raices imaginarias de las
ecuaciones y por trabajos realizados por Lagrange posteriormente
sobre el mismo tema, parece bastante probable que fuera
Lagrange el que, cuando menos, inspirara el trabajo de Foncenex.
En todo caso, esto no fue ningtin obstaculo para que el rey de
Cerdefia nombrara a Foncenex ministro de Marina.
Desde los veinte hasta los veintitrés afos Lagrange se dedica
fundamentalmente al estudio de problemas fisicos relacionados
con la propagacién del sonido en el aire y en particular al estudio
del famoso problema de la cuerda vibrante. Ademas, estudia la
integracion de las ecuaciones diferenciales en derivadas parcia-
les, que surgen de la resolucién de los problemas fisicos citados,
La cuerda vibrante
Resulta admirable constatar la confianza en si mismo de que
hace gala el joven matemiatico al enfrentase a problemas que ocu-
pan en ese momento a los mas grandes matematicos de Europa:
D’Alembert, Euler y Bernoulli.
Desde diez afios atras, hacia 1746, D’Alembert y Euler venian
estudiando los desplazamientos de una cuerda que vibra en fun-
cién de dos variables: el tiempo y la distancia de un punto de la
cuerda a uno de sus extremos. Los dos matematicos, estudiando
por separado y utilizando procedimientos distintos, investigaron
los desplazamientos de la cuerda en funci6n de las dos variables
al mismo tiempo e intentaron determinar todos los movimientos
posibles de la cuerda. Sus investigaciones les llevaron ala misma
ecuacion diferencial en derivadas parciales.
En una serie de articulos, que titulé “Investigaciones sobre la
curva que forma una cuerda tensa que se hace vibrar”, D’Alembert
asuessey uadol 13La elegancia matematica
Lagrange.
considera la cuerda compuesta por una cantidad discreta de n par-
ticulas iguales, situadas a la misma distancia unas de otras y uni-
das por un hilo sin peso, elastico y flexible (“collar de cuentas”).
Para pasar a la cuerda continua, se hacia tender n a infinito yse
hacia tender a cero tanto la masa como el tamafio de cada parti-
cula, de tal suerte que la masa total de todas las particulas tendie-
ra ala masa de la cuerda.
Nos apresuramos a decir que las dificultades de paso al limi-
te que la concepcién resefada comportaba, no fueron bien
resueltas por ninguno de los matematicos de esa época.
En cualquier caso, fue D’Alembert el primero en encontrar
la ecuaci6n correcta de Ja cuerda vibrante, hoy también llamada
ecuacion de ondas unidimensional?
oy t) ay (x, D
ee
ax?
re)
donde a? = sién de la cuerda, que se supone constan-
te cuando la cuerda vibra y 6 es la masa por unidad de longitud).
Six=0y x= son los valores de x en los extremos de la cuer-
da, entonces la solucion de la ecuacion diferencial (1), tiene que
verificar la condicion de contorno
yD =0, ycf,t) =0.
Ademas, la solucién de la ecuacién debe cumplir con las con-
diciones iniciales:
( dys, t) a
{dt feo
yG, 0) = 169),
ya que en el instante t = 0, al tensar la cuerda, ésta adopta un per-
fil inicial dado por la curva y = f(x), y al soltarla cada particula
comienza a vibrar con una velocidad inicial nula,
Después de diversos calculos, efectuados cada uno por su
lado, y con distintos métodos, D’Alembert y Euler concluyeron
que la solucién general de la ecuacién de la cuerda vibrante,
viene dada por la expresion:
y@, = sHat +X) - sree —x)
en la que F tiene que ser una funcién impar y periédica, de perio-
do 22 Por otra parte, y debido a la condicién inicial y (x, 0) =f (),
tiene que verificarse que F(x) = f(x), para los valores de x del
intervalo cerrado [0,f] y por tanto habra una solucién particular
de la ecuaci6n (1), para cada curva inicial y = f(x).
Hasta aqui, procedimientos aparte, las conclusiones de Euler
y D’Alembert son idénticas.
Las divergencias surgieron a la hora de considerar qué fun-
iones pueden resultar admisibles como curvas iniciales, y por
tanto como soluciones particulares de la ecuacién diferencial (1).
Para D’Alembert una funci6n era tal, si era analitica, lo que
significaba, en su época, que la variable independiente y la variable
dependiente estuvieran relacionadas mediante un Gnica ecua-
cién, construida a partir de operaciones algebraicas y las reglas
del cAlculo infinitesimal. La forma de la ecuacién podfa ser, desde
luego, explicita o implicita.
Ademias, crefa que en el caso que nos ocupa, F (x) y f (@&)
por coincidir en los valores de x que pertenecen al intervalo
[0,0], tienen que ser iguales para cualquier valor de x, fuera del
intervalo. Por lo tanto, si F(x) es impar y periédica, f(x) tam-
bién tiene que serlo.
D’Alembert afirma finalmente, que dado que y (x, t) es
solucion general de la ecuaci6én de la cuerda vibrante, tiene
que tener derivadas segundas y como y (x, 0) =f (x), también
la funcién de la curva inicial f(x) tiene que ser derivable hasta
cl segundo orden.
ague4Ze] usaol 13La elegancia matematica
Lagrange.
78
En resumen, para D’Alembert las funciones admisibles como
curvas iniciales debian ser muy limitadas: expresables mediante
una Gnica ecuacién, continuas y derivables hasta el segundo
orden,
Euler por su parte, tenia una idea mas general del concepto
de funcion, Ademas de las funciones consideradas como tales
por D’Alembert, admitia también como funciones a las definidas
a trozos y por tanto no expresables mediante una Gnica expresion
analitica. Por ejemplo, Euler consideré como funcion la formada
Por un polinomio de segundo grado en el intervalo (a, b) y otro
de tercer grado en el intervalo (b, c). A ésta y a otras muchas fun-
ciones similares, les llamaba Euler discontinuas, aunque a la luz
de los conceptos actuales, algunas eran continuas y no deriva-
bles, otras continuas y de derivada discontinua y por tltimo,
otras propiamente discontinuas.
Si bien estas funciones no s pueden expresar mediante una
ecuaci6n tnica, Euler apoy6 con razones matematicas su inclu-
sion dentro del conjunto de curvas iniciales, Consider6 como
admisibles curvas mucho mas amplias, como las trazadas a
mano, de las que s6lo interesa su comportamiento en el interva-
lo [0,€], sin importar la parte cle curva restante. Ademas, aunque
y (x, t) debe ser peridédica respecto a x, Euler admitia como curva
inicial a una funcién definida de manera arbitraria en [0,0], ya que
puede resultar periddica si se repite en cada intervalo [né,(n+1)¢],
con n entero,
Ni que decir tiene, que D’Alembert rechaz6 de plano la posi-
bilidad de que las funciones discontinuas de Euler pudieran con-
siderarse admisibles como curvas iniciales.
En la abundante correspondencia entre ambos matem4ticos
mantenida entre los afios 1747 y 1749, no se observa ni una minima
aproximaci6n entre las posturas que cada uno mantenfa.
Cuando Daniel Bernoulli tuvo noticias de la controversia
entre sus dos famosos colegas, entré inmediatamente en liza con
la publicacién de una serie de articulos sobre la cuerda vibrante,
en los que exponia sus ideas que, segtin él, databan de la década
de los afios treinta de ese siglo.
En los citados articulos, publicados entre 1750 y 1755,
Hernoulli ironizaba acerca de los trabajos de sus colegas, que
calificaba de abstractos, para dar a continuacion sus ideas fisicas
sobre el problema en cuestién. Resumimos alguna de ellas:
“| una cuerda musical tensa puede producir sus vibraciones
is6cronas de muchas maneras, incluso de acuerdo con ta teoria ca
infinitas maneras..., y en cada momento emite una nota superior
o inferior. El primero y més natural modo tiene lugar cuando la
cuerda produce en sus oscilaciones un sélo arco; se produce enton-
ces la oscilacién mas lenta y se emite el tono mds bajo de todos
los posibles, fundamental respecto al resto. El siguiente modo
ige que la cuerda produzca dos arcos opuestos, uno a cada la-
do de la posicion de equilibrio de la cuerda, siendo entonces la os-
cilaci6n el doble de rapida y emitiéndose ahora ta octava del soni-
do fundamental...”
Bernoulli afirma de manera rotunda que ambos sonidos, el
fundamental y un arménico superior, pueden existir simultanea-
mente,
D’Alembert y Euler comparten todas estas consideraciones
fisicas de Bernoulli pero discrepan con sus ideas acerca de las
posibles curvas iniciales. En efecto, Bernoulli considera que cual-
que sea, se puede expresar
quier curva inicial, por arbitrari:
mediante la serie trigonométrica,
nx
f@= Yia,sen oo
fel
ya que se dispone de suficiente nimero de constantes a, como
para asegurar que la serie se pueda ajustar a cualquier curva
inicial, incluso curvas tan arbitrarias como las trazadas a
mano.
aguesgeq] uaaol 14
79La elegancia matematica
Lagrange.
80
Ademas, concluye Bernoulli, todos los posibles movimientos
de la cuerda vienen dados por:
, nax. nrct
yx, t) a,sen ——cos ——
Llegados a este punto, hay que decir que, si bien Bernoulli
tenia raz6n en sus afirmaciones, no aport6 ningan argumento
matematico que apoyara sus consideraciones de caracter fisico.
Euler sostenia que Bernoulli tendria raz6n en estos tltimos
argumentos, si cualquier funcién por arbitraria que fuese, pudie-
Ya representarse mediante una serie trigonométrica, lo cual era
imposible en su opinion.
Euler aducfa que la solucién de la ecuacién de la cuerda,
vibrante, que D’Alembert y él habfan encontrado, es de la forma,
y@, = sex + ct) + she -ct)
donde F puede ser una funci6n discontinua, como él habia demos-
trado, pero de la misma forma que ese tipo de funciones no
puede ser expresada mediante una serie de Maclaurin, tampoco
una serie trigonométrica podia ajustarse a ellas. Como maximo,
concedia, las series trigonométricas de Bernoulli representaban
soluciones particulares de la ecuaci6n diferencial de la cuerda
vibrante, aquellas que corresponden a curvas iniciales que sean
analiticas.
En cuanto a D’Alembert, la posicién de Bernoulli de que prac-
ticamente cualquier funci6n arbitraria puede ser admisible como
curva inicial, le resultaba sencillamente absurda,
Durante mas de diez afios, estos tres matematicos mantuvie-
ron sus posiciones iniciales sobre el problema de la cuerda
vibrante, sin que faltaran los comentarios ir6nicos, cuando no
sarcasticos, sobre las opiniones ajenas. Esta contumacia en no dar
el brazo a torcer, podria estar motivada por la necesidad de no
comprometer el extraordinario prestigio personal que cada
uno tenia en el mundo cientifico de entonces, amén de la con-
fortable posicion social que disfrutaban en las cortes ilustradas
de la época.
Asi estaban las cosas cuando, en 1759, aparece el importante
trabajo de Lagrange titulado Recherches sur la nature et la propa-
gation du son Unvestigaciones sobre la naturaleza y la propagacién
del sonido).
En el prdlogo de este trabajo, Lagrange expresa claramente
cual es el propdsito que le anima:
“Luchar contra el prejuicio de aquellos que opinan que las
‘as nunca podrian contribuir al verdadero conocimiento de
Matemiti
la Fisica’.
Aunque Lagrange conoce los trabajos realizados por Euler
sobre la propagacion del sonido en el aire, su enfoque en este
tema se desmarca del punto de vista de Euler. Para éste, la teoria
de la propagacion del sonido en el aire se puede elaborar a partir de
la mecanica de fluidos mediante las oportunas adecuaciones
de las ecuaciones generales de la hidrodinamica, aprovechando
la propiedad fisica del aire de ser un fluido compresible.
El trabajo de Lagrange se asienta sobre otra propiedad fisi-
ca del aire, como es la de ser un medio elastico, de ahi que estu-
die la propagacién del sonido
en el aire a partir de la meca-
nica de los sistemas de parti-
culas elasticas, sometidas a
la accién de un choque elasti-
co transmitido de particula a
particula, en linea recta
Ademas del planteamiento.
inicial, el trabajo de Lagrange
difiere del de Euler en muchos
detalles, si bien los dos Iegan
a idénticas conclusiones.
Joseph-Lauis Lagrange
asuesZe7 uaaol 13
81La elegancia matematica
Lagrange.
82
El enfoque de Lagrange
Lagrange considera una cuerda de longitud fy masa m
por unidad de longitud, estirada con una tensién [Link] los
extremos fijos,
Considera pequefias oscilaciones transversales de la
cuerda y denota por y (x, t) la funcién que representa el des-
Pplazamiento de la cuerda desde su posicion de equilibrio,
La ena cinética de un elemento de longitud viene
dada por (dx)y*, dondey = 5¢: Por lo tanto la energia
cinética ira es,
ee
io hy’dx
Cuando se produce un desplazamiento en la cuerda, su
longitud pasa de fa f+ Aly se puede expresar de la mane-
ra siguiente
£
e+ Af= if (4+ y2)Wdx
, haa ,
siendo y'= ae) trabajo realizado contra la tensién T al
aumentar la longitud en Af es T A€
Ahora bien, para oscilaciones pequeiias, la expresion
(1 + y'2)2 se puede sustituir por + y'2,de manera que la
energia potencial vendra dada por,
£
va] ply? dx
Ademés como los extremos de la cuerda estan fijos, las
fuerzas actuantes sobre ellos no realizan trabajo, de modo
que la energia mecdnica suma de la energia cinética y la
potencial debe ser constanie.
Lagrange considera la funcion L = E - V, denominada mas
tarde lagrangiana por Siméon: pes Poisson (1781-1840).
L= foo. vax il so Ay) a @
Con el fin de obtener las ecuaciones del movimiento corres-
pondientes a la funci6n lagrangiana (1), Lagrange aplica el calcu.
lo de variaciones a la integral de accién,
= fi Joo, 3, y dxdt
070
Para ello, considera la pequefia variacién 6y(x,0, que es
nula ent = Oy t= ty que se anula también enx = Oy x=tya
que los extremos de ia cuerda estan fijos.
La variacién de la integral de accién sera entonces:
Te Te (eters oes (6) |
Si se integra por partes, respecto a t en el segundo suman-
do y respecto a x en el tercero, los términos integrados se anu-
lan debido a que dy es nula en los limites de integraci6n.
Teniendo esto en cuenta, se obtiene,
tao a {aw\ a (aw
w= ff ae -2 2 [| sc on
El principio de minima accién requiere que la expresién
anterior se anule para que las variaciones arbitrarias dy(x,t)
se anulen en los limites de integraci6n. Esto es sdlo posible, si
el integrando es cero. Obtenemos asi las ecuaciones del movi-
miento de Lagrange,
am 9 | ao} _d_ | oP |_9
‘ay ot lop ax | dy’
m
es
°
<
o
3
=
»
oa
2
o
=I
va
°La elegancia matematica
Lagrange.
84
Aunque conocia los trabajos de D’Alembert y Euler sobre la
cuerda vibrante, Lagrange plantea el problema de la transmision
del sonido en una dimensi6n espacial, como si se tratara de un
problema completamente nuevo.
El método utilizado por Lagrange, aunque equivalente, es
muy distinto al empleado por D’Alembert y Euler. Estos aplicaron
la segunda ley de Newton, en forma diferencial, a un elemento de
cuerda de longitud dx, igualando la resultante de las fuerzas que
acttan sobre el elemento de cuerda con la variacién de la canti-
dad de movimiento de dicho elemento. Ademas de esta ley de la
mecanica, los dos matemiaticos utilizaron propiedades conocidas
de las funciones de dos variables para llegar a la ecuacién de la
cuerda vibrante.
Lagrange afirma que la solucién general de la ecuacion de
onda unidimensional (ecuacién de la cuerda vibrante), incluye
dos funciones arbitrarias f y g determinables por los valores
Ahora bien, para la lagrangiana
L= Lay" dx
0 ee
se verifica
ie a :
ss = Uy, ia ayes
De modo que la ecuacién de Lagrange queda reducida a:
Ay a enc ary
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stendo c? = T/ (c representa la velocidad de propagacién de
una onda a lo largo de ta cuerda).
La ecuaci6n (2) es la ecuacién de onda de una dimensién.
iniciales de y ey. Se puede comprobar, por sustitucién directa
en la ecuacién diferencial, que para cualquier funcién f,
y={(xtct) es una solucién. Esta solucién representa una onda
«jue se mueve sobre la cuerda y hacia la derecha con velocidad
«; ahora bien, el perfil del desplazamiento y es el mismo en t=0
(que en t = t, simplemente la onda esta desplazada hacia la
derecha una distancia ct.
Analogamente, y = g (x — ct) es también solucién de la ecua-
cion (2), y representa una onda que se desplaza sobre la cuerda,
hacia la izquierda. La soluci6n general de la ecuacion de la cuer-
da vibrante es, pues,
y ={(x+ ct) + g(x —ct)
Para una cuerda de longitud finita, una onda que se mueve
sobre ella, tiene que reflejarse cuando llegue al extremo, por lo
«ue en la solucién general son necesarios los dos términos.
La condicién y (0,t) = 0, requiere que,
f(ct) + g Cet) =0
por lo que las funciones f y g sdlo se diferencian en su signo y en
cl signo del argumento, y como consecuencia la soluci6n general
de la ecuaci6n de la cuerda vibrante se puede escribir en la
forma:
y(x,t) =f (ct + x) -f (et - x).
La otra condicion de contorno, y (!,t) = 0, requiere que
fct+H=fCt-H,
lo que equivale a que
f(x+2D=f09,
es decir, la funcién { debe ser periddica, con periodo 2t.
asueuse7] uaaol 19La elegancia matematica
Lagrange.
86
En resumen, aunque el procedimiento empleado por Lagrange
para encontrar la ecuaci6n de la cuerda vibrante es completamen-
te distinto al utilizado por Euler y D'Alembert, las conclusiones
particulares a las que llega, sobre las condiciones que ha de cum-
plir la funci6n arbitraria f de la solucion general, son exactamente
las mismas que las sefialadas por los dos matematicos citados.
A continuaci6n, Lagrange entra en las consideraciones gene-
rales sobre la curva inicial, motivo de la controversia entre Euler,
D’Alembert y Bernoulli.
Para ello, el joven turinés, parte de una cuerda cargada con
un ntimero finito de masas iguales (cuerpos en la terminologia de
la época), situadas a igual distancia unas de otras, pasando al
Itmite cuando el ntimero de masas n, tiende a infinito.
Tras largos y dificiles célculos, algunos mas que dudosos.
Lagrange obtiene como solucion general de la ecuacién de la
cuerda vibrante,
yt) = [2 Ir Yo) dscns ee Pen He cose oaee
} ?
“(2 { V(x) dyson — dx sen Sad sen a
El escaso conocimiento que habia en aquella época sobre las
series infinitas, llev6é a Lagrange a considerar las sumas;
DY@)sen EEE y Dvedsen 7 SEAT
en las que Y(x) y V(x) representan respectivamente el desplaza-
miento inicial y la velocidad inicial de una masa genérica de la
cuerda, como si fueran integrales y por tanto a intercambiar el
sumatorio con la operacién de integracién en algunos de los
Pasos de sus calculos.
: Este error le planted problemas de series divergentes, no
bien resueltos y ademas en contra de la opinion manifestada
por Poisson muchos afios mas tarde, no logré identificar la
integral
e
I; Y(x)sen aad
con los coeficientes a, de Bernoulli, ahora llamados coeficientes
de Fourier.
Después de largos calculos, dudosos en algunos aspectos,
|agrange prueba que su solucién es coincidente con la dada por
uler y D'Alembert:
y =f(ct +x) + g(ct- x),
Finalmente argumenta, que para llegar a su soluci6n no nece-
ito hacer ninguna hipotesis sobre la derivabilidad de la curva
inicial YQ), ni sobre la derivabilidad de V(x), ya que no realiza la
operacion de derivacion sobre ninguna de estas funciones.
Lagrange concluye su trabajo con éstas palabras:
“ta anterior deduccién coloca Ia teoria de este gran gedmetra
{Euler}, mndsalld de toda dda, establecida sobre principios directos y cla-
ros que no requicren, en absoluto, la ley de continuidad fhoy en dfa, ana-
liticidad] que D'Alembert pretende; ‘ademas, ocurre que la misma for-
spaldar y probar la teoria de Bernoulli Ili sobre
mula que sirve para r
Ia meccla de vibvaciones isdcronas cuando el ntimero de masas es finito,
nos Die sit insuficiencia cuando el mimero de ellas se hace infint-
Verdaderamente, es una contrariedad que una teoria tan ngenio-
sa fla e Bernoulli) resulte falsa en el caso general, con al que estiin rela-
cfonados todos los movimentos reciprocos pequieltes que se presenta on la
Naturaleza’:
En definitiva, en la controversia entre Euler, Bernoulli y
D’Alembert sobre la cuerda vibrante, Lagrange toma partido, de
manera clara, por Euler
Euler, Bernoulli y D’Alembert criticaron aspectos concretos
de los calculos efectuados por Lagrange, si bien elogiaron la ori-
aSues8e] uanol 13
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