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Las mujeres revolucionarias

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2013v10n1p6

LAS MUJERES EN LA POLTICA REVOLUCIONARIA. EL CASO DEL PRT-ERP


EN LA ARGENTINA DE LOS AOS 70

Alejandra Oberti1

Resumen:
La izquierda revolucionaria argentina de los aos 60 y 70 cont entre sus filas con
una gran cantidad de mujeres. Muchas de ellas eran jvenes que nacan a la vida
poltica al mismo tiempo que surgan las organizaciones en las que militaban. Este
texto explora la prensa y los documentos del PRT-ERP en un anlisis que conjuga
dos dimensiones. Por un lado, la participacin de las mujeres en la guerrilla, tanto
en relacin a su incorporacin real en nmero y calidad de la militancia, como en la
interpelacin de la organizacin hacia ellas a travs de la formacin de espacios y la
produccin de materiales destinados especficamente a las mujeres. La otra
dimensin refiere a la preocupacin del PRT-ERP por pensar la subjetividad
revolucionaria entrecruzando la vida cotidiana con la poltica, en un contexto de
construccin de un modelo de militancia en la cual todos los aspectos de la vida
quedaban implicados.
Palabras-clave: Gnero. Militancia. Izquierda. Vida cotidiana. Violencia poltica.

Introduccin

La izquierda revolucionaria argentina de los aos 60 y 70, como la de otros


pases y regiones, cont entre sus filas con una gran cantidad de mujeres. Muchas
de ellas eran jvenes que nacan a la vida poltica al mismo tiempo que surgan las
organizaciones que las invitaban a militar interpelndolas de manera oscilante entre
una universalidad que las reconoca en igualdad con los varones y una particularidad
que las condicionaba y las haca mirarse en imgenes predeterminadas. Se
sumaron a la construccin de movimientos, partidos y ejrcitos y la militancia las
transform tanto cuanto ellas perturbaron con su gnero las estructuras polticas y
militares donde se insertaron, aunque lo hicieron bajo vigilancia permanente. En
efecto, atendiendo al hecho de que el objetivo de las organizaciones poltico-

1
Sociloga e doutora em Cincias Sociais pela Universidade de Buenos Aires, Argentina. Professora
da Graduao em Sociologia e nas Ps-graduaes da Faculdade de Cincias Sociais da
Universidade de Buenos Aires e das Universidades Nacionais de General Sarmiento e de La Plata,
Argentina. Diretora desde 2005 do Arquivo Oral de Memria Aberta e do Programa Memria e
Territrio das mesmas universidades argentinas. E-mail: [email protected].

Esta obra foi licenciada com uma Licena Creative Commons - Atribuio 3.0 No
Adaptada.
7

militares era adems producir transformaciones en la subjetividad de los


revolucionarios, preparando el advenimiento del hombre nuevo y anudando lo
poltico con las esferas de la vida cotidiana y de la afectividad, stas ltimas tambin
fueron objeto de una particular atencin.
Tanto Montoneros como el Partido Revolucionario de los Trabajadores
Ejrcito Revolucionario del Pueblo (en adelante PRT-ERP)2 asumieron diversas
estrategias atentas a cimentar la subjetividad de sus militantes, en la medida en que
las exigencias del activismo militante los llevaban a integrar todos los aspectos de la
vida a la prctica poltica. Convencidos de que el camino que recorran llevara
inexorablemente a una sociedad liberada de la opresin y que los cambios eran
inevitables, se dispusieron a trabajar en ese sentido, ocupndose de la vida poltica
y social tanto como de modelarse a s mismos. El escenario en el cual se inscribi la
militancia en las organizaciones poltico-militares, -que tuvo tambin una escala
transnacional- propona modos disruptivos de vivir tanto las relaciones personales
como la poltica, con nuevas ideas acerca de la vida privada, la cultura y tambin las
relaciones entre los sexos.
La presencia extendida de mujeres en las organizaciones poltico-militares,
como en otros mbitos, aadi una preocupacin extra. Integrarlas, convocarlas y
establecer los trminos para su participacin, fueron cuestiones que estuvieron
presentes en los discursos de las organizaciones, si bien de manera colateral.
La lectura que me propuse realizar indaga justamente en esos aspectos
secundarios o que ocupan un lugar marginal en los discursos de las organizaciones.
La bsqueda en la prensa y en otros documentos de Montoneros y del PRT-ERP de
materiales especficos que permiten localizar un pensamiento, una doctrina o unas
indicaciones acerca de estos problemas arroja un resultado limitado, pero que, sin
embargo, alcanza para dimensionar la importancia que le otorgaron tanto como los
posicionamientos tensos y en ocasiones contradictorios.
En esta ocasin, voy a referirme al caso del PRT-ERP, tomando como punto
de partida la idea de que una revisin del modo en que operaron las
representaciones de gnero en el discurso de las organizaciones es til para
comprender la concepcin de la poltica que tuvieron y no slo el lugar que
destinaron a las mujeres en sus filas. Las referencias a esta cuestin, cuyo carcter

2
Se trata de las dos organizaciones poltico- militares de la Argentina de esos aos que tuvieron un
mayor desarrollo.

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reducido se ha insistido en sealar, se encuentran latentes en el conjunto de


definiciones acerca de cmo sera el proceso revolucionario y en las
determinaciones acerca de lo que se esperaba de los y las militantes, y se pueden
rastrear en el universo de representaciones presentes en la prensa y en los
documentos aunque hablen de otras cuestiones.
Por un lado analizar la participacin concreta de las mujeres en las filas del
PRT-ERP: su incorporacin real en nmero y calidad de la militancia; la interpelacin
de las organizaciones (oscilante entre particularizarlas o integrarlas en un universal);
la constitucin de frentes y agrupaciones y la publicacin de folletos y documentos
especficos. Por otro, la preocupacin de las organizaciones por determinar cmo
deba ser la subjetividad de los revolucionarios, que incluye dimensiones personales
y afectivas y se ve condicionada por las diferencias de gnero.
El corpus de anlisis consiste en materiales producidos por el PRT-ERP: El
Combatiente. rgano oficial del Partido Revolucionario de los Trabajadores por la
Revolucin Obrera, Latinoamericana y Socialista; Estrella Roja. rgano del Ejrcito
Revolucionario del Pueblo (ERP) y Nuevo Hombre [en adelante EC, ER y NH
respectivamente]. Adems, trabaj con boletines internos, documentos, actas de
congresos y folletos.

El folleto que no editaron

La resolucin prctica adoptada por el B.P. [Bur Poltico] para comenzar a


superar este dficit, es la siguiente: a) Editar un folleto el ERP a las mujeres
argentinas, b) Abrir en todas las regionales y zonas este nuevo frente
designando un responsable (mujer u hombre) adscripto al Sec. Reg.
organizando equipos partidarios para esta tarea, all donde se disponga de
recursos, c) Hacer todo lo posible para incorporar a esta tarea a las madres,
cras. y hermanas de los miembros de la organizacin, d) Recomendar a las
cras. militantes de ms experiencia preocuparse por aportar para el xito de
esta tarea, presentando iniciativas y sugerencias a la direccin que hagan
posibles slidos y rpidos avances en este nuevo Frente (ERP, 1973; apud,
ERP, 1974a, p. 4) (El destacado me pertenece).

El dficit al que hace referencia esta cita, extrada de un documento de


circulacin interna del PRT-ERP, consiste en una escasez de mujeres obreras en las
filas del partido. Con esta resolucin, entonces, buscaban tomar medidas para
revertir esa realidad adversa. La referencia corresponde al Boletn Interno nmero
41, de abril de 1973, y se encuentra reproducida en el nmero 64 de julio del ao

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siguiente. La constatacin, clara y definitoria de los pasos a seguir, indica que el


partido y el ejrcito deberan hacer lo necesario para convocar a las mujeres a sus
filas. Para ello era indispensable contar con un frente especfico, una poltica
concreta, destinar recursos humanos y materiales y adems editar el folleto el ERP
a las mujeres argentinas. La tarea no parece compleja ya que el texto sera
parecido en su diagramacin y redaccin a otros materiales como el PRT al pueblo
y el ERP al pueblo (ERP, 1974b, p. 11).3
Sin embargo, el folleto nunca se edit, a pesar de que entre 1973 y 1975 la
necesidad de tener un instrumento especfico de propaganda fue mencionada varias
veces en distintos boletines. Hecho llamativo en dos sentidos; por un lado, por la
insistencia explcita presente en las discusiones de rganos de mxima jerarqua
como el Comit Ejecutivo y el Bur Poltico 4 y publicada en varios documentos
partidarios, por otro por la dificultad para concretar una accin en apariencia sencilla
y que era parte de la prctica cotidiana del PRT-ERP, como es la escritura de un
folleto.
Cada uno de los sucesivos boletines subraya, adems, la necesidad de contar
con un nuevo frente de masas que le permitiera al partido tener una poltica
especfica destinada a un sector particular, las mujeres, cuya importancia no estaba
tanto en la necesidad de que se incorporen ellas mismas a la organizacin, sino por
la influencia que tiene la mujer sobre la familia (d. 4), en clara alusin al modelo
que propuso la guerra en Vietnam. 5 Las mujeres podran ser un elemento

3
El Boletn Interno N 64 (1974) un extenso documento que trata y resuelve varias cuestiones,
adems de presentar un anlisis de la situacin nacional e internacional est dedicado a discutir la
necesidad de contar con un trabajo especfico en relacin a las mujeres que llevara a la
constitucin del Frente de Mujeres (8 pginas de un total de 14 y una propuesta de sumario para el
eventual folleto). El propio documento enlaza con textos anteriores transcribiendo la 1 resolucin del
B.P. [Bur Poltico] de abril de 1973 sobre el frente de mujeres y las preocupaciones de B.P. sobre el
mismo expresadas en el B.I. N 57 de abril de 1974, (ERP, 1974b, p.3), y tambin una minuta
discutida en la 2 reunin nacional de F. de M. en base a las experiencias recientes de 2 regionales.
(ERP, 1974b, 6). Pablo Pozzi interpreta que la creacin de un frente destinado al trabajo con las
mujeres se debi al incremento de militantes femeninas a partir de 1970 y que lleg a un 40% en
1975 (2001, 239).
4
El Partido Revolucionario de los Trabajadores tena una estructura piramidal encabezada por el
Comit Central, el Comit Ejecutivo y el Bur Poltico, que constitua la direccin mxima. Mario
Roberto Santucho era a la vez Secretario General y Comandante Mayor del ERP. Existan tambin
direcciones regionales que respondan a las rdenes del Comit Central y un Secretariado Regional
formado por responsables polticos y militares designados por el Comit Central. Para informacin
detallada sobre la estructura y el funcionamiento de los distintos rganos del PRT-ERP y de la
relacin entre la estructura militar y la poltica, cfr. Mattini (1996).
5
Las alusiones a la guerra de Vietnam y a la resistencia del pueblo vietnamita son constantes en la
prensa y en los documentos del PRT-ERP. Se extienden tanto a las formas especficas de lucha,
como al trabajo en los llamados frentes de masas que, a pesar de la distancia y las diferencias

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fundamental a la hora de impulsar a los hombres y a la juventud a la actividad


revolucionaria, para lo cual necesitaban una conciencia revolucionaria (que no
posean a pesar de, o tal vez debido a, la opresin de la cual son vctimas) que
alcanzara la misma intensidad aunque en este caso particularizada que
intentaban insuflar en el pueblo mediante una sostenida prdica.
Pero la intencin explcita, la prescripcin de ocuparse del tema y las
indicaciones parecen haber tenido un eco escaso como reconocen posteriormente
en un boletn interno de noviembre de 1975:

Por diversas razones la atencin de este importante frente haba sido


prcticamente dejada de lado. El B.P. [Bur Poltico] ha destinado
nuevamente un cuadro partidario para retomar con firmeza dicha actividad.
Se ha planificado una primera visita a las direcciones regionales y zonas
para tomar el problema. Solicitamos a los cros. faciliten el contacto del
responsable destinado a tal efecto con los frentes para poder realizar bien la
tarea (ERP, 1975b, p. 3).

Esta situacin, en apariencia paradojal, muestra que el desarrollo de una


poltica especfica para las mujeres no era algo que pudiera simplemente indicarse.
Razones de naturaleza diversa conspiraron para que el frente 6 tuviera una gran
dificultad para materializarse, a pesar de que, en 1973, el PRT-ERP (y todas las

sociales y culturales evidentes entre ambas experiencias, son tomados como un modelo a seguir
antes que otros, como la Revolucin Rusa. Probablemente, este referenciarse en la guerra de
Vietnam se relacione con la forma de imaginar la revolucin que desarrollan. Roberto Pittaluga (2001)
ha analizado las concepciones de la revolucin en el PRT-ERP subrayando el conjunto de nociones y
elementos polticos y simblicos con los cuales se configur una concepcin de la revolucin como
guerra revolucionaria. De este modo el modelo vietnamita se establece como una referencia vlida
justamente porque se trata de una guerra.
6
Ms all de estas menciones en los documentos partidarios y de algunas referencias siempre
indirectas, no he encontrado precisiones acerca de la existencia real de este frente. Paola Martnez
(2009) seala que hubo intentos frustrados de organizarlo en Buenos Aires y en Crdoba, donde
finalmente s se logr; que su responsable fue una militante que estaba casada con un integrante de
la direccin del partido y que tuvo una muy corta vida. Las conclusiones que saca Martnez se basan
en una entrevista a esa dirigente (a la que apoda Mariana) quien se refiere al modo en se organiz el
frente y lo efmero de su existencia, que, segn seala, no encontr continuidad con posterioridad a
su detencin en agosto de 1974, apenas unos meses despus de comenzada la tarea. En
consonancia con la hiptesis desarrollada por otros autores, como el caso de Pablo Pozzi y Alejandro
Schneider, Martnez sostiene que si hubiese habido ms tiempo, si el PRT-ERP no hubiese sido
derrotado, las potencialidades de este frente se habran desarrollado ampliamente, permitiendo que
las tensiones entre el discurso partidario y su poltica en relacin a las mujeres se pongan en
evidencia. La sobrestimacin de los aspectos innovadores del PRT-ERP, en este punto, corresponde
a una idea ms general que seala, en relacin a distintos aspectos, que esta organizacin tena
unas potencialidades que se vieron coartadas y que est presente en los trabajos de Pozzi y
Schneider. Para estos autores existe una clave explicativa para el modo en que el PRT-ERP
desarroll ciertos aspectos de su poltica en la falta de tiempo, en la inexperiencia de militantes
demasiado jvenes, en la incapacidad para generar ms cuadros, en la impaciencia revolucionaria.
Conjuntamente con Roberto Pittaluga, desarrollamos esta cuestin en el captulo El tiempo que falt
de Memorias en montaje (OBERTI, PITTALUGA, 2006, p. 150-164).

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organizaciones poltico-militares) contaban con una importante presencia de mujeres


militantes, producto seguramente de una participacin femenina en ascenso en
todas las esferas sociales y polticas.
Las discusiones que propona el incipiente feminismo que, aunque
livianamente, formaban parte del universo de sentidos y prcticas disponibles para
una generacin altamente movilizada y politizada y la incorporacin de mujeres a
la militancia armada si no alcanzaron a transformar, por lo menos, pusieron en
cuestin al sujeto neutro y masculino de los partidos de la izquierda revolucionaria. A
pesar de su tono dubitativo, la decisin del PRT-ERP de tener una poltica
especfica, aunque en los hechos lo fuera discursivamente, saca a la superficie la
evidencia de las diferencias de gnero en el espacio de la militancia.

Las mujeres tambin son parte del partido y del ejrcito

Unos aos antes de estas resoluciones, el PRT fund su ejrcito y lo present


a travs de un programa que, si bien era amplio y ambicioso, estaba planteado de
manera sinttica con el objetivo de despertar conciencias e invitar a la accin:

Porque esta es una guerra del pueblo, nuestras acciones tienen un objetivo
principal: despertar la conciencia popular y mostrar a todos los patriotas el
camino para acabar con la explotacin, el hambre, la miseria a que nuestro
pueblo se ve sometido. Ese camino es la Guerra Revolucionaria del Pueblo
(ERP, 1972, p. 1).7

Con palabras que dicen inspiradas en la gesta sanmartiniana y en la del


Comandante Che Guevara, el programa de lucha se extenda a los mbitos poltico,
econmico, social y militar. En relacin a cada uno enunciaban demandas concretas:
nacionalizacin de empresas, ruptura con los rganos financiadores internacionales,
eliminacin del ejrcito opresor, as como tambin distintos elementos de igualacin
social en la educacin, el trabajo, el acceso a la vivienda y, de modo destacado, la
participacin del pueblo, a travs de sus organizaciones, en el poder. La lista es
amplia, al punto de incluir la libertad de culto, sin embargo, no incluye en ninguno de
sus puntos la problemtica de las mujeres, ni siquiera hay menciones a problemas
tales como doble explotacin, ni tampoco una interpelacin especfica. Problemas y
7
El programa fue aprobado en el mismo momento de la creacin del ERP en el V Congreso del PRT
(1970) y se public por primera vez en La Tribuna de Rosario, el 20 de septiembre de 1970. Cfr.
(SANTIS, 1998, p. 183).

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reivindicaciones de las mujeres que formaban parte de un discurso que tena cada
vez ms presencia en muchos lugares del mundo a travs de un movimiento
feminista crecientemente activo en esos aos, pero con escaso eco local. 8 Sin
embargo, el partido y su ejrcito, en tanto enunciadores colectivos, no reconocen en
esos momentos a las mujeres como un destinatario concreto, aunque la presencia
de stas en la militancia ya se hace notar hacia el ao 1970. En efecto, varias
militantes participaran en las primeras acciones del ERP y algunas terminaran
detenidas en distintos lugares del pas.
A ellas hay una referencia en el nmero 1 de Estrella Roja de abril de 1971.9
Se trata de la Carta de nuestras compaeras desde las crceles de Crdoba
(Crcel del Buen Pastor) en la cual un conjunto de mujeres que estaban all presas
celebran la lucha del pueblo cordobs. Desde un enunciador plural y presuntamente
neutro (nosotros), estas militantes se incluyen en un colectivo ms amplio, el de
aquellos que estn presos y no han podido participar personalmente del Viborazo,
en marzo de 1971:

La crcel es para nosotros, un puesto ms de combate, desde ella


continuaremos librando la batalla contra el rgimen. Desde aqu enviamos
nuestro apoyo incondicional y combatiente a la lucha revolucionaria de la
clase obrera y el Pueblo (ERP, 1971b) (El destacado me pertenece).

Son mujeres militantes, y presas por su actividad poltica, que enuncian desde
un nosotros que no las distingue en su gnero, a pesar de que se trata de un
colectivo que podra enunciarse en femenino.
Unos meses despus, en julio de ese mismo ao, cinco militantes
protagonizaron una fuga de esa misma crcel y publicaron una carta cuyo contenido

8
Ese feminismo de los aos sesenta-setenta plante, entre otras cuestiones, que lo que suceda en
el mbito privado tambin era asunto pblico. Por su lado, las organizaciones poltico militares, como
desarrollar ms adelante, tambin se preocuparon por politizar el mbito privado, sin embargo, las
consideraciones acerca de estos temas no dialogan o prcticamente ignoran, cuando no antagonizan,
con el discurso feminista (retomar esta cuestin).
9
Estrella Roja. rgano del Ejrcito Revolucionario del Pueblo (ERP): publicacin quincenal del ERP,
sac 93 nmeros entre abril de 1971 y febrero de 1977. Cont con una tirada aproximada de 14.500
ejemplares (SANTIS, 2000, p. 22). La revista no tuvo secciones fijas a lo largo de todos los nmeros,
pero sus pginas estaban principalmente dedicadas a la difusin del programa del ERP donde se
explicitaba la lnea poltica y programtica de la organizacin, informes y descripciones sobre
acciones poltico militares (generalmente denominada Crnica de la guerra revolucionaria),
comunicados de prensa y necrolgicas de los/as militantes asesinados/as. Algunos nmeros
dedicaban una seccin a Historia Argentina o Historia de las Revoluciones. En menor medida se
reproducan textos terico-polticos y anlisis de la coyuntura nacional e internacional. Su distribucin
fue clandestina, exceptuando el perodo junio-septiembre de 1973.

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est en lnea con la anterior, aunque en esta ocasin enuncian desde una primera
persona plural y femenina.

Nosotras, desde nuestros puestos, una vez ms decimos: no habr


liberacin de nuestro pueblo mientras exista el imperialismo, no dejar de
haber miseria y hambre hasta no aplastar los monopolios extranjeros y
nacionales. Nuestra condicin de combatientes ya est abierta de nuevo y
para siempre (ERP, 1971a) (El destacado me pertenece).

En ninguno de los casos hay una sola mencin a las mujeres, ni las del
pueblo, ni las militantes, ni tampoco a problemas especficos. Ambas cartas
contienen una autodefinicin que, ya sea se conciban como nosotros o como
nosotras, las representa como combatientes y como parte del pueblo, en
contraposicin al enemigo, el imperialismo y los monopolios. stos son los nicos
colectivos de identificacin que invocan, por lo tanto, el uso del nosotros,
presuntamente neutro, de la primera de las cartas representa acabadamente el
modo en que ellas se ven a s mismas y su lugar en la organizacin.
En los aos que siguieron a estos momentos fundacionales, las mujeres se
incorporaron en nmeros significativos a todos los tipos de militancias, produciendo,
adems de cambios subjetivos en ellas, mutaciones en los modos en que estos
grupos se autorrepresentaban. A partir de ah surgiran inquietudes y oportunidades
que pasaron a integrar la lista de preocupaciones partidarias, como expresa
elocuentemente el documento Moral y proletarizacin. Este texto, que lleva la firma
de Julio Parra, seudnimo de Luis Ortolani, se public por primera vez en la revista
La gaviota blindada que realizaban los presos perretistas en la crcel de Rawson
durante 1972 y se convirti en una suerte de manual de iniciacin para la militancia
del PRT-ERP y en un cdigo normativo con el cual medir la performance de los
militantes en relacin al ideal de compromiso militante que propone. Su importancia
ha sido resaltada en muchos testimonios como una pieza distintiva de la
programtica poltica de las organizaciones armadas, en tanto se propone como
instrumento para la constitucin de los perfiles subjetivos del militante revolucionario.
En el marco de una crtica radical al individualismo burgus y de una propuesta de
proletarizacin10 necesaria para que los cuadros partidarios se acerquen al pueblo y

10
La proletarizacin era una prctica extendida en las organizaciones poltico militares. Consista en
que los militantes provenientes de sectores burgueses o pequeo burgueses trabajen,
generalmente en la industria, para que, de ese modo, entren en contacto con los trabajadores, incidan
en las luchas obreras y ganen adeptos. En el caso del PRT ERP fue parte inescindible de la lnea

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pasen a formar parte de la clase obrera, la moral burguesa es tambin objeto de


crtica y con ella entran en la escena discursiva, de lleno y extensamente, una serie
de problemas hasta entonces soslayados.
Como subraya Luis Ortolani, en un testimonio realizado en 2010, al referirse a
la escritura de este texto:

Luis Ortolani (en adelante LO): Yo tena una preocupacin, por haber
estado en la escuela de cuadros, de que la vida en las casas operativas era
muy complicada, porque no siempre los compaeros que estaban all eran
pareja. Entonces por ah, pero adems no slo el problema ese, sino toda
la cuestinYo no le nada que se ocupe de la subjetividad del
revolucionario. Yo lo intent [] Era un manual prctico para la vida en la
casa operativa. Eso era fundamentalmente. Tal es as que despus, en un
momento, en el 73, hasta el 76 ms o menos, era la biblia, era lo primero
que le daban a los compaeros. Despus se bande para el otro lado. Yo
no deca que no haba que tener relaciones, yo deca que las relaciones
deban ser medidas, digamos. No hay que mezclar las cosas [] una cosa
que me preocupaba es que cuando un tipo meta los cuernos no pasaba
nada, pero si era una mina la escrachaban en todos lados [] Cuando yo
escribo ese texto tena en la cabeza todas esas cosas que no quera que se
vuelvan a repetir. No quera que haya machismo, y no quera tampoco que
el partido sea un despelote, que todo el mundo se acueste con todo el
mundo [] Yo vindolo muchos aos despus podra hacerle una crtica,
11
pero para la poca andaba perfecto (MEMORIA ABIERTA, 2010).

Sujetos para la revolucin: vanguardia, proletarizacin y moral

El texto se ocupaba de la subjetividad de los revolucionarios y, en el marco


de esa preocupacin, del problema, entonces apenas vislumbrado, del gnero de
esos sujetos. Destinado a interpelar a la militancia para establecer normas de
convivencia y de comportamiento es, sin embargo, ms que eso, de ah,

partidaria y, como ha planteado Vera Carnovale (2011), funcion como un mecanismo destinado a
que los militantes adquirieran prcticas de obreros e incorporen la moral proletaria, antes que como
un dispositivo de insercin poltica. La experiencia de la proletarizacin es narrada en lneas
generales como un padecimiento por parte de los y las militantes, ya sea que se llevara adelante por
conviccin, por indicaciones o como castigo por alguna actitud liberal.
11
Cfr. Memoria Abierta. Testimonio de Luis Ortolani, Rosario, 2010. Luis Ortolani (Rosario, 1939) fue
un activo militante del PRT desde su fundacin e integr el ERP. Moral y proletarizacin se public
de manera completa en Polticas de la Memoria, n 5, en un dossier titulado Militancia y vida
cotidiana en los sesenta/setenta. Fue acompaado de dos intervenciones crticas: Militancia,
poltica y subjetividad. La moral del PRT- ERP de Alejandra Ciriza y Eva Rodrguez Agero (2005) y
mi artculo La moral segn los revolucionarios (2004/5) donde analizo los distintos tpicos del
documento (la destinacin, la concepcin del sujeto de la revolucin, el papel de la mujer en las
luchas revolucionarias, la moral, la familia). Los argumentos centrales que desarrollo en el apartado
que sigue, especialmente en relacin a los dos primeros tpicos, han sido ya expuestos en ese texto.
Con relacin al carcter conservador de la nueva moral y el modo en que Moral y proletarizacin
trata el problema de la familia, he revisado para Oberti (2013) las conclusiones del texto de 2004/5.
Aqu sigo esa lnea de interpretacin.

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15

probablemente su eficacia y la extensin de su uso.12


Para tratar el problema del sujeto, Moral y proletarizacin aborda dos
cuestiones que considera centrales. Por un lado, el modo en que esos sujetos deben
ser convocados y modelados en las pautas de una militancia que toma todos los
aspectos de la vida. Por otro, y derivado de esa visin totalizante de la actividad
poltica, los vnculos personales (la familia, la crianza de los hijos y las relaciones de
pareja) de los militantes tambin se tornaron objeto de una normativa que construye
sujetos para la revolucin.
Los medios de comunicacin, la crnica deportiva y el teleteatro no son ms
que modos en que la ideologa burguesa ha logrado imponer al conjunto de la
sociedad modelos a ser imitados. Por lo tanto, al combate que deben establecer los
revolucionarios contra el aparato represivo estatal, se le suma un frente de batalla
ineludible: la conducta moral burguesa que est enraizada en cada sujeto. Y sta es
una cuestin que est en el centro mismo de los problemas de la Guerra
Revolucionaria (PARRA [ORTOLANI], 1972, p. 15). El poder poltico que quiere
establecer el proletariado, conceptualizado en el documento en trminos de
dictadura de clase, no es viable sin previamente haber ganado a la mayora del
pueblo para sus ideas y programa poltico, pero tambin, y sobre todo, sin haber
impuesto una nueva moral: No podemos ni pensar en vencer en esta guerra si no
nos decidimos a comenzar ya, en la prctica misma de la guerra, la construccin del
hombre nuevo, del hombre capaz de luchar y vencer en esta guerra (PARRA
[ORTOLANI] 1972, p. 16). Los corazones y las mentes de las masas deben ser
conquistados, dicen ms adelante, y esta batalla, que es tica, est en el centro de
la lucha por la toma del poder.
En la guerra que deben llevar adelante las fuerzas revolucionarias, stas se
encuentran, entonces, con tres frentes de batalla. Deben luchar contra el aparato
represivo del Estado burgus, por ganar al pueblo para su programa e ideas y por la
difusin de la moral revolucionaria anti-individualista. Esta ltima es la tarea ms
ardua y a la vez la ms indispensable. Esa nueva moral propuesta es una moral de
combate, etapa de paso a una futura moral socialista (PARRA [ORTOLANI], 1972,
p. 17).

12
Numerosos testimonios de militantes del PRT-ERP confirman lo que seala Luis Ortolani acerca de
que entre 1973 y 1976 el texto se transform en una lectura obligada. En muchos casos era el primer
documento al que tenan acceso quienes se incorporaban, y tambin ha sido objeto de estudio para
militantes de todos los niveles.

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16

El individualismo es transmitido por los adultos consciente o


inconscientemente a sus hijos, que empiezan as a mamar individualismo con el
primer trago de leche materna (PARRA [ORTOLANI], 1972, p. 18). De este modo,
se arma una serie que va desde la competencia por los juguetes entre hermanos
hasta la bsqueda de trabajo en la vida adulta y que constituye un camino
ascendente de consolidacin del individualismo propio de la sociedad capitalista,
hecho carne en todos y cada uno de los individuos que la componen. Por lo tanto,
con el de construir la moral de transicin hacia la moral revolucionaria, se suman
elementos de carcter abiertamente prescriptivo y programtico: es necesario
desintegrar nuestra personalidad individualista y volverla a integrar, hacerla de
nuevo sobre ejes proletarios revolucionarios (PARRA [ORTOLANI], 1972, p. 18).
La prescripcin est claramente sealada: es necesario combatir con todas
las armas contra el individualismo burgus a travs de prcticas sociales, ya que son
stas las que determinan al sujeto, el que tiene prctica social de obrero tender a
tener conciencia de obrero (PARRA [ORTOLANI], 1972, p. 19), por tanto es
necesario proletarizarse. Esto es, el partido (la organizacin poltica de vanguardia
de los trabajadores) que, siguiendo la lgica argumentativa del texto, ya existe y est
conformado como una instancia separada de la clase revolucionaria por excelencia,
debe buscar llenar sus filas de obreros mientras que para los que no lo son la
proletarizacin pasa ante todo por compartir la prctica social de la clase obrera, su
modo de vida y su trabajo (PARRA [ORTOLANI], 1972, p. 21).
Es en este marco, y teniendo como teln de fondo la preocupacin central por
incidir en las caractersticas personales de los militantes, que la conducta moral
burguesa que est enraizada en cada sujeto debe y puede ser combatida. De este
modo, moral y proletarizacin, los dos sintagmas que componen el ttulo del
documento, que por momentos parecen estar simplemente sumados, se religan. El
papel que le otorga este documento a la moral, as como el lugar de las mujeres y la
familia en la construccin de la subjetividad revolucionaria, constituyen, junto con la
proletarizacin, el modo de fabricar al hombre nuevo. Ambas cuidan de la
subjetividad de los revolucionarios, al tiempo que garantizan que cada sujeto, las
mujeres incluidas, cumplan un papel activo en la revolucin. Esta es la segunda
cuestin a la que me refer ms arriba al comenzar a presentar el documento Moral y
proletarizacin.
La creciente presencia de indicaciones acerca de cmo deban estructurarse

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las relaciones personales se suma a la adopcin de la forma tribunal 13 y a la


extensin de cdigos y normativas cada vez ms volcadas hacia el interior de las
organizaciones. Estas cuestiones confluyen de manera ejemplar en la existencia de
una cantidad de normas, juicios e indicaciones que intervienen en las relaciones
afectivas. Citar a continuacin extensamente unas resoluciones que iluminan esta
cuestin:

Con la presencia de un cro. del Bur Poltico realiz su reunin constitutiva


el Tribunal Partidario cuyos miembros fueran designados por el Comit
Central Ampliado Vietnam Liberado. Luego de que el cro. destacara en
representacin del B.P. la significacin del acto de constitucin del Tribunal,
el papel que le cabe en la administracin de la justicia revolucionaria, en el
control de la lnea poltica y en la construccin del Partido, as como su
independencia respecto de los organismos de Direccin en lo que hace a
sus fallos, seguidamente se dio comienzo a la primera reunin de trabajo.
El primer caso trado por el Tribunal fue el del Cro. Lucio, integrante del
Cuerpo, quien cometi una grave falta de moral consistente en la
consumacin de una doble relacin de pareja, luego de ser designado por el
C.C. para su nueva responsabilidad.
El Tribunal, en consideracin de este hecho, que entraa defraudar la
confianza depositada en el cro. por el C.C., adems de representar una
debilidad ideolgica, resolvi:
1) Separar de su seno al cro. Lucio y
2) Suspenderlo por el trmino de un ao en sus derechos de militante.
En una nueva y posterior reunin se trat el caso del cro. Matas, miembro
del Tribunal Partidario, quien hasta principios de este ao haba mantenido
una doble relacin de pareja, rompindola en ese entonces, al comprender
su debilidad, pero ocultndolo al Partido, por espacio de casi ocho meses,
para recin entonces producida ya su identificacin como miembro del
Tribunal, darla a conocer en forma de autocrtica. El Tribunal consider muy
positiva la autocrtica del compaero, solicitndole la vuelta en una minuta.
Finalmente con respecto a este caso, se adopt la siguiente resolucin:
1) Separar al cro. Matas del Tribunal Partidario.
2) Recomendar a los cros. del organismo a que pertenece el cro. Matas
prestar al mismo su ms amplio apoyo en la tarea de reeducacin en los
principios proletarios y revolucionarios que el cro, ha emprendido.
Tratse finalmente el caso del cro. Leopoldo, a quien se lo encontr
responsable de una doble relacin de pareja, agravada por ocultamiento y
ms an por su condicin de miembro de organismo de direccin
prolongando su actitud y su indefinicin pese a que en reiteradas
oportunidades se le inst a regularizar su situacin; por todo ello, el Tribual
Partidario resolvi:
1) Suspender al cro. Leopoldo en sus derechos de militante por el trmino
de 18 meses.
2) Separarlo del C.E.
3) Su condicin de miembro de C.C. queda suspendida por el trmino de 18
meses (ERP, 1975b, p. 3-4) (Los destacados me pertenecen).

13
En 1972, Michel Foucault sostuvo un debate acerca de los lmites y alcances del concepto de
justicia popular. All Foucault argumentaba en contra de la forma tribunal popular para dar cuenta de
la justicia popular o revolucionaria (FOUCAULT, 1992). En este sentido, la escena producida por el
tribunal popular no es ms que una parodia de algo que para los sectores populares es conocido de
larga data, una forma de arbitraje que no es tal, una forma que poco tiene que ver con la justicia.

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Las funciones de la familia en la sociedad capitalista, en tanto sta es la


unidad primaria de socializacin, el lugar donde se reproducen las relaciones de
autoridad entre padres hijos, locus privilegiado de la represin sexual y del
aislamiento de las mujeres, la definen como un lugar relevante en la reproduccin
del orden social. Los discursos del PRT-ERP proponen, a su vez, una definicin de
familia entendida tambin como aparato de reproduccin de un orden otro que tiene
ahora como base una familia definida como clula poltico familiar:

La pareja revolucionaria no debe constituir una unidad cerrada que empieza


y termina en la misma, sino como decimos ms arriba, integrarse en sus
relaciones al conjunto de la organizacin, con la clase obrera y el pueblo y
el conjunto del proceso revolucionario. [] El grupo familiar constituye la
clula bsica no slo de la actividad poltico militar de la organizacin sino
de un estilo de vida que constituye una adecuada transicin hacia el futuro
estilo de vida socialista (PARRA [ORTOLANI], 1972, p. 29-30).

Las regulaciones de las conductas se dirigan a distintos aspectos de la vida


militante y abarcaban tambin las relaciones personales y la afectividad. Del mismo
modo, las transgresiones se extendan. Como ejemplo del encuentro conflictivo entre
los sujetos y las normas y disciplinas partidarias espacio contingente que permite
que se vislumbren las fisuras en los relatos institucionales se pueden mencionar
distintos juicios y la existencia de tribunales partidarios que, a travs de sanciones y
condenas, buscaban reencauzar o castigar los incumplimientos disciplinarios. Efecto
potenciado por su publicacin en la prensa y en documentos internos de ambas
organizaciones.

El sector ms atrasado

Como se ha visto a travs de la inclusin de las resoluciones referidas a la


moral sexual, el cuidado, denotado en Moral y proletarizacin y recordado en el
testimonio de L. Ortolani, por el modo en que se entrelazan vida cotidiana y actividad
poltica se extendi en los aos siguientes y se hizo ms notable en la medida en
que creca la militancia femenina y el PRT-ERP se iba transformando en una
organizacin que exiga de sus miembros un compromiso total. De esa preocupacin
se desprende la insistencia del partido en la necesidad de publicar un folleto dirigido
a las mujeres que pueda tanto llamarlas a participar, como sealar las condiciones
para la militancia.

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Pero lejos del tono didctico y reflexivo de Moral y proletarizacin, los


boletines mencionados ms arriba (41, 57, 64) expresan, en relacin a este tema,
una inquietud sostenida en motivos ms instrumentales:

El ejemplo de la mujer vietnamita debe estar siempre presente, de los lemas


que el partido lanz para la mujer en la guerra (1 hacer que los hombres
vayan al frente; 2 ciudar (sic) de los nios, los ancianos y los heridos; 3
garantizar la economa, como asimismo el papel destacado en las
organizaciones de masas y en el combate de vanguardia). Ello fue lo que
posibilit las grandes victorias del pueblo vietnamita.
En el caso nuestro, en la medida que logramos efectivizar una poltica que
gane a las mujeres a nuestra justa lucha, daremos un salto muy importante
en nuestra influencia en el pueblo y fortaleceremos nuestro P. y el ejrcito
para afrontar la nueva etapa de generalizacin de la guerra revolucionaria
(ERP, 1974, apud, 64, 1974a, p. 6) (Los destacados me pertenecen).

El texto reclama de las mujeres que pongan al servicio de la causa atributos


que el mismo pasaje define como propios de stas y que podran significar un aporte
especfico a la guerra revolucionaria. Ellas pueden influenciar, cuidar y sostener,
mientras los hombres van al frente, y esas son las razones por las cuales hay que
ganar(las). Sin embargo, la indicacin prescripta por el Bur Poltico del PRT-ERP,
no encontr, por lo menos en lo inmediato, suficiente eco en las distintas regionales,
trayendo dificultades en el trabajo de masas debido a esa falta de una poltica
concreta y sectorial hacia las mujeres que, al estar excluidas, obstaculizan la
militancia de los compaeros.

Nos encontramos, por ejemplo, con cros. que tienen capacidad y


responsabilidad de convertirse en cuadros profesionales (frase tachada)
esto se ve dificultado por los problemas que surgen con sus compaeras.
Por la misma situacin de sometimiento en que se halla la mujer en la
sociedad es a quien la propaganda burguesa y sus costumbres ms
influencia, el individualismo se ve ms marcado y esto hace que entre en
contradiccin con la actividad revolucionaria que mina el futuro y el porvenir
de todo lo que emprenden sus cros. Indudablemente no podemos adoptar
como lnea de masas la separacin y por consiguiente la destruccin de la
familia (frase tachada) sino por el contrario debemos darnos una poltica que
gane a la familia, en especial a las cras. y se unan a la revolucin.
Solamente en casos excepcionales cuando la cra. sea incorregible, cuando
su estructura pequeo burguesa sea inmodificable y ella conspire contra el
desarrollo de su cro., es recomendable una separacin (ERP, 1974, apud,
ERP, 1974a, p. 5) (Los destacados me pertenecen).

La preocupacin que se explicita en este prrafo es doble. Por un lado, seala


que la familia debe ser preservada, ya que se trata de una instancia positiva y
necesaria advirtiendo que el partido no debe interferir a no ser que sea

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estrictamente necesario en su conformacin. Por otro, y en el marco de una


advertencia acerca de que en algunos casos la mujer puede ser incorregible, el
documento prescribe el derecho de la organizacin a decidir sobre la continuidad de
la pareja. El fin garantizar la incorporacin de varones, especialmente aquellos
que provienen de la clase obrera, a la militancia justifica el uso de una medida que
ellos mismos juzgan severamente y de dudosa legitimidad, como es la separacin
de una pareja.
El documento contina con una caracterizacin de la mujer que ayuda a
comprender por qu stas podran boicotear la militancia de sus parejas, mientras
que en ningn momento aparece hipotetizada la situacin inversa:

[] por la influencia de la educacin y propaganda burguesa las mujeres


constituyen un sector polticamente atrasado hasta el momento, tanto se
nota esto en la mujer que trabaja, como en la (sic) ama de casa, salvo una
pequea vanguardia, producto por otra parte de la falta de trabajo
revolucionario sobre ellas.
En este sentido se nota que a nivel partidario frenan la actividad de sus
propios cros. e incesantemente favorecen al enemigo, y en el campo
popular los objetivos no van ms all de sus preocupaciones inmediatas
(alza del costo de la vida, salarios bajos, sanidad, englobado todo esto en la
situacin particular de sus barrios con sus correspondientes carencias)
(ERP, 1974b, p. 7) (Los destacados me pertenecen).

De esta caracterizacin, interesa destacar tres cuestiones. En primer trmino,


la correlacin directa entre esta manera de definir a las mujeres y la propuesta,
mencionada ms arriba en referencia al ejemplo de la revolucin vietnamita, de
hacer un uso estrictamente instrumental de atributos que les seran esenciales.
Podran atrasar la militancia del compaero, tanto como favorecerla. Esto ltimo
porque son capaces de atender la retaguardia, de sostener la familia y de cuidar a
los heridos, caracteres a ser aprovechados y que justifican que la organizacin
dedique recursos al indispensable trabajo hacia ese sector.
En segundo lugar, una definicin unvoca de lo que sera atrasado y
evolucionado. Las reivindicaciones de las mujeres de los sectores populares no van
ms all de sus preocupaciones inmediatas, insisten. Como prueba de ello,
presentan una enumeracin que apunta a problemas econmicos o, ms
precisamente, que alude a necesidades bsicas y que fundamenta la consideracin
de las mujeres como un elemento casi corporativo, que solamente puede movilizarse
por un reclamo particular, unos intereses inmediatos y, a la vez, pasivo. Por lo tanto,
para ganarlas para la revolucin el partido debera tener una poltica puntual en la
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cual prime el trabajo legal, sin desviaciones de izquierda, cautelosa ((ERP,


1974b, p. 9) y focalizada en las caractersticas reales de este sector popular, que se
caracteriza por su apoliticismo y anticomunismo y que necesitar, para integrarse a
la militancia propiamente revolucionaria, aos de trabajo paciente y cotidiano (ERP,
1974b, p. 11).
La tercera cuestin a subrayar, es el tono entre paternalista y admonitorio con
el que se posicionan al definir a las mujeres y calificar sus preocupaciones y que se
percibe de modo ejemplar en la ausencia de una voz que hable desde ese sector.
En efecto, el conjunto de afirmaciones acerca del atraso ideolgico y la falta de
conciencia de clase de las mujeres provoca un discurso persuasivo e iluminador
destinado a despertar conciencias e indica acciones que presten suma atencin a lo
que dicen (ERP, 1974b, p.9), sin embargo, lo que las mujeres tendran
efectivamente para decir no aparece mencionado en ningn caso. En este conjunto
relevante de textos que son los boletines internos de la organizacin, el discurso
partidario se hace cargo de enunciar las preocupaciones inmediatas de las mujeres,
en una clara delimitacin de cules seran los intereses y necesidades propias de
cada gnero. Se trata de una voz que, a la vez que interpreta, intermedia y define un
universo de problemas a los que las mujeres estaran limitadas.
Las representaciones de gnero que hizo el PRT-ERP influyeron en el modo
en que se incorporaron las mujeres a la militancia tanto como en las maneras en que
los programas incluyeron, o no, los problemas especficos. Porque las mujeres,
adems de ser consideradas un elemento particular, que en ocasiones iba en
detrimento de la poltica de la clase al impedir que los maridos se entreguen de lleno
a la militancia, fueron definidas por la misma organizacin en esa particularidad. Y
todos los elementos que eligieron para demarcar el campo acotado de lo que seran
las preocupaciones femeninas se relacionan con problemas directamente vinculados
a carencias de origen econmico o a cuestiones familiares. Ms o menos elaborada,
esta estrategia discursiva situaba a las mujeres principalmente como reproductoras,
atadas a la familia, como una pieza clave de la reproduccin ideolgica y se basaba
en el modelo de domesticidad femenina tradicional. Patrones que resultaban
hegemnicos en dcadas anteriores pero que hacia 1960 haban entrado en
contradiccin con nuevos comportamientos que produjeron transformaciones en la
moral sexual, en las relaciones familiares y en las relaciones entre varones y
mujeres.

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El recorrido por los documentos del PRT-ERP muestra una valorizacin de la


familia como espacio de reproduccin de la ideologa y de la mujer como un
elemento clave en ese proceso, mientras deja ausente todo un universo de
cuestiones que grupos de mujeres venan discutiendo entonces 14 y que se acercara
con ms precisin a la autodefinicin de un particular. El problema del trabajo
domstico no compartido, la sexualidad, la reproduccin, la anticoncepcin y la
violencia, entre otros temas, no figuran entre las preocupaciones que podran
movilizar a las mujeres para el PRT-ERP.
La dicotoma que organiza el discurso acerca de las mujeres de esta nueva
izquierda atraso/adelanto, falta de conciencia/conciencia de clase,
apoltica/poltica es deudora en gran medida de las concepciones de la izquierda
tradicional, tanto en el valor positivo otorgado al progreso, como en las seales de
alarma que se encienden ante los reclamos de las mujeres. En este sentido, muchas
de las menciones de estos documentos se nutren de planteos que traen ecos de las
posiciones jacobinas en la Revolucin Francesa 15, incluso ms que de la tradicin
revolucionaria socialista de principios del siglo XX que, con sus idas y venidas,
instal el problema femenino de manera contundente.
Si la tradicin jacobina sospech de los planteos de las mujeres en pos de
constituirse como sujetos y la bolchevique se hizo eco de stos, para luego
reinstalarlas en el espacio domstico en provecho de una nueva familia que se ha
creado sobre el terreno de la igualdad real del hombre y de la mujer (d., p. 131),
ambos planteos se pueden leer en el modo en que esta nueva izquierda convoc a
las mujeres a integrarse a sus filas. De ah, probablemente, la prestancia a asumir
un uso instrumental y proveniente de una tradicin ms lejana culturalmente, como
es la vietnamita nombrada en repetidas ocasiones en la prensa del PRT-ERP.
Adems de las numerosas referencias a la experiencia vietnamita en general,
con relacin a la cuestin de las mujeres hay artculos y menciones especficas. Un
ejemplo de eso es la publicacin en los nmeros 243 y 245, de noviembre y

14
En la Argentina de los aos setenta el feminismo tena una cierta presencia en el espacio pblico,
pero una escasa, y en ocasiones conflictiva, relacin con las izquierdas tanto peronista como
marxista.
15
La participacin extendida de las mujeres en la revolucin francesa, as como las posiciones
antifeminsitas de una parte considerable del movimiento revolucionario, ha sido destacada ya por
Simone de Beauvoir en su pionero El segundo sexo, en el captulo que inicia con la conocida frase:
Pudo esperarse que la Revolucin cambie el destino de las mujeres. Nada de eso, (BEAUVOIR,
1995, p.147). Para un anlisis del papel de las posiciones de las mujeres en dicha revolucin se
puede consultar el ensayo de Jos Sazbn (2005).

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diciembre de 1976, de El Combatiente16 (diciembre de 1976) de una conferencia del


Camarada Le Duan, Secretario de los Trabajadores de Vietnam, donde se refiere
al Movimiento de Mujeres. En la presentacin de ese texto, los editores sealan que
Le Duan:

[] marca claramente el contenido de clase del problema femenino, tanto


antes como despus de la revolucin socialista, y de la necesidad de
abordar el problema de la ideologa y de los mtodos de trabajo de las
mujeres para fortalecer cada vez ms su espritu revolucionario y
perfeccionar los organismos dirigentes de las mujeres en todos los planos
(PRT, 1976a, p. 15).

La conferencia plantea que el problema de la mujer en Vietnam, marcado de


manera muy fuerte por las caractersticas de una sociedad que tiene resabios
feudales, est constituido por una suerte de sobredeterminacin entre un fuerte
atraso social, al cual este sector es especialmente vulnerable, y un problema de
clase. Oprimidas desde el punto de vista de la clase, de las costumbres y la moral,
las mujeres tienen una tarea ardua por delante. La revolucin exige grandes
sacrificios, privaciones y abnegacin. El altruismo propio de las mujeres, que se
expresa especialmente en las relaciones familiares, en las cuales:

[] las mujeres dan muestra de un gran espritu de sacrificio. Generalmente


piensan ms en los otros que en s mismas y consagran a sus maridos y
sus hijos un amor sin lmites. Hasta hoy este altruismo se ha ceido al
marco familiar, conviene ahora extenderlo a la sociedad, lo cual quiere decir
que las mujeres han de consagrarse a la obra revolucionaria tal cual lo han
venido haciendo por sus propias familias, y deben ocuparse de las masas
como se han ocupado de sus hijos. nicamente a este precio llegaran
nuestros cuadros femeninos a obtener el ascenso del movimiento de
mujeres (PRT, 1976a, p. 17).

Si este prrafo es elocuente, el cierre de la conferencia, publicado dos


nmeros despus, lo es todava ms:

La tarea de las mujeres no consiste solo en otorgar vuelo al movimiento

16
El Combatiente. rgano oficial del Partido Revolucionario de los Trabajadores por la Revolucin
Obrera, Latinoamericana y Socialista fue una revista semanal del PRT que public, entre marzo de
1968 y mayo de 1980, un total de 275 nmeros. As como Estrella Roja su distribucin fue
clandestina, con excepcin del perodo que va de junio a septiembre de 1973. Circul en Crdoba,
Rosario, Tucumn, Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires, con una tirada de entre 10.000 y
20.000 ejemplares. (SANTIS, 1998, p. 6), (SANTIS, 2000, p. 22). Algunas de las secciones de la
publicacin eran: Lucha Ideolgica, Economa, Lnea del Partido, Vida y Organizacin Partidaria,
Sindical, Internacional y Corresponsalas.

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revolucionario, sino tambin en formar generaciones futuras. Fortalecidas en


sus tradiciones de grandeza y herosmo, las mujeres vietnamitas habrn de
llegar, sin duda alguna, a un grande y poderoso movimiento de mujeres en
el seno del movimiento revolucionario general de la nacin (PRT, 1976b, p.
18).

Sntoma del modo en que conciben el sujeto de la revolucin con todo y la


insistencia en la necesidad de una vanguardia la caracterizacin de este sujeto
particular que son las mujeres entrar en crisis cuando confronte con las mujeres
reales y concretas, con la militancia cotidiana en todos los frentes. Sin embargo, y a
pesar de las evidencias de esa crisis, la lectura de la prensa y los documentos
partidarios indica una dificultad para hacerse cargo de la distancia entre esa mujer
que imaginan y las mujeres con las que se encuentran, como se ver ms adelante.

Las compaeras en la guerrilla

A pesar de la preocupacin por formar el frente especfico y de las


dificultades para organizarlo las mujeres continuaron incorporndose al PRT-ERP
y desarrollaron tareas diversas, tanto polticas como militares, en todos los frentes,
incluso los ms arriesgados y exigentes en trminos fsicos, como es el caso de la
guerrilla rural. La Compaa de Monte Ramn Rosa Jimnez17 no fue la excepcin,
de ella particip un nmero indeterminado de mujeres en distintos momentos.
Durante el tiempo que oper la Compaa, Estrella Roja present, en cada
entrega, distintos tipos de intervenciones dedicadas a informar sobre su accionar. En
esos textos, en ocasiones titulados Parte de guerra, se exponen tcticas y
estrategias, con un tono entre esforzado y triunfalista, mientras muestran la

17
Dentro del proceso de constitucin de un ejrcito guerrillero regular el PRT- ERP form, entre otras,
la Compaa de Monte Ramn Rosa Jimnez que funcion en la nica zona operativa rural del ERP,
en el sur de la provincia de Tucumn. La mayora de sus integrantes provenan de la ciudad (Crdoba
especialmente), muy pocos eran tucumanos y prcticamente ninguno conoca el monte. Su primera
accin armada fue en la localidad de Acheral, al mando de Mario Roberto Santucho, el 30 de mayo
de 1974 y consisti en la ocupacin de la Comisara, la Oficina Telefnica, la Estacin Ferroviaria y
las rutas de acceso. Esta operacin constitua una represalia por los operativos que las Fuerzas
Armadas estaban desplegando en la regin y fue caracterizada por la organizacin como exitosa.
Otras acciones fueron el copamiento al destacamento policial de la localidad de Siambn, en el
departamento de Taf, en junio de 1974; la toma del pueblo Santa Luca en Tucumn, en el mes de
julio; el ataque al Regimiento 17 de Infantera en la provincia de Catamarca, en agosto y lo que se ha
llamado el Combate de Manchal, el 28 de mayo de 1975, cerca de la localidad de Famaill. Esta
ltima accin constituy un punto de inflexin para la Compaa de Monte, que fue desarticulada en
pocos meses en el denominado Operativo Independencia. Adems de ser poco claros los criterios
con los que el PRT-ERP midi el resultado de estas acciones, una dispar evaluacin puede
observarse tambin en quienes han escrito sobre la historia de esa organizacin. Cfr. Mattini (1996),
Pozzi (2001) y tambin Plis-Sterenberg (2003).

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efectividad del ejrcito del pueblo, la decisin con la que actuaban, la capacidad
para realizar expropiaciones, el modo de repartir lo obtenido:

En el da de la fecha, la Compaa de Monte RAMN ROSA JIMENEZ del


EJRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO, procedi al copamiento de
las instalaciones de la fbrica NORWINCO (Bella Vista). Despus de reducir
el puesto de guardia y desarmarlo, nuestra Unidad tom el resto de la
fbrica, reuniendo al conjunto de los compaeros obreros frente a quienes
se realiz una arenga, se reparti nuestro peridico Estrella Roja y se
pintaron consignas del ERP. Se recuperaron para la causa del pueblo, 2
revlveres 38, 3 mquinas de escribir y otros elementos tiles a la prensa
revolucionaria. [] En las tres operaciones detalladas nuestros
combatientes cumpliendo con planes prefijados, no tuvieron inconvenientes
y se retiraron en perfecto orden. [] Sabemos que estas acciones no son
ninguna solucin definitiva para los problemas de los trabajadores. A travs
de las mismas solo devolvemos al pueblo parte de lo que los patrones les
arrancan a diario. Adems en contacto directo con los compaeros
trabajadores podemos explicarles por qu combate nuestro ERP, por qu ha
empezado a combatir en Tucumn la Unidad de Monte Ramon Rosa
Jimnez. La guerrilla rural es un gran paso adelante en la construccin de
un poderoso EJRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO que destruya
para siempre el regimen explotador en nuestra patria (ERP,1974d, p. 19)
(Maysculas en el original)

Este modelo se repite y se completa con textos dedicados a hablar


extensamente sobre la vida de los compaeros muertos en combate y con
numerosos relatos de militantes que describen la vida cotidiana en el Monte. En
forma de cartas dirigidas a la familia, a los amigos o a los compaeros que quedaron
en las ciudades, estas narraciones suelen tener objetivos mltiples: contar cun
importantes son los vnculos con el pueblo de la zona, mostrar los logros de la
compaa en trminos militares, pero tambin, levantar la moral combatiente y
sealar que cualquiera puede participar de la guerrilla rural aun a pesar de la
intensidad fsica que implica. Las buenas condiciones de los campamentos, tpico
central de muchos de estos artculos, busca reforzar esto ltimo, como explica este
artculo titulado La vida en el Monte:

Desde las condiciones iniciales de supervivencia con que se inici el trabajo


previo de reconocimiento, la vida de los combatientes del monte se ha
modificado considerablemente, gracias a la experiencia y
fundamentalmente, al constante y creciente apoyo de la poblacin. Hoy la
vida est bien organizada, los campamentos bien instalados y sus quinchos
y lugares de trabajo, el abastecimiento satisfactorio, y a veces abundante,
las actividades diarias debidamente planificadas (ERP, 1974e, p. 2).

En la medida que se incorporaron mujeres a la compaa, los relatos


presentados en la revista buscaron dar cuenta de esa especificidad. Las

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compaeras en la guerrilla, por ejemplo, se esfuerza por aadir a la descripcin de


lo cotidiano elementos que refieren a la presencia femenina. Las expectativas de los
militantes acerca de lo que sucedera ante la llegada de mujeres, las dudas sobre si
seran capaces de soportar las condiciones, las preguntas sobre su capacidad de
combate, entre otras cuestiones, se dirimen con rapidez en un movimiento que
resalta los atributos domsticos por sobre los militares:

Importantes han sido las mejoras que se han producido en la vida diaria de
los combatientes de la Compaa desde el momento en que se incorporaron
compaeras a sus filas. Ellas han contribuido a mejorar el orden, la calidad
de las comidas, la limpieza y la higiene general. El trato con los compaeros
es de total camaradera y respeto, son las compaeras quienes cuando
notan a un compaero preocupado o decado inmediatamente se acercan a
preguntarle que le sucede, si pueden ayudarlo. Desde la llegada de las
compaeras han desaparecido las rudezas del lenguaje, los compaeros
son cuidadosos en las palabras que emplean (ERP, 1975e, p. 18-19) (Los
destacados me pertenecen).

Las virtudes femeninas, una vez ms al servicio (domstico) de la militancia:


cocinar, limpiar, cuidar, consolar. En la misma lnea, en dos intervenciones del
nmero siguiente muestran la preocupacin por contar cmo es la cotidianeidad en
la guerrilla rural, destacando positivamente esa experiencia. La vida en el Monte.
Los campamentos, (ERP, 1975d, p. 3) es una descripcin que a la vez que se
refiere a la disciplina y la organizacin de la compaa, insiste en que los
guerrilleros tenan una vida confortable. La segunda, La vida en el Monte. Carta de
una compaera a sus padres, (ERP, 1975d, p. 9), repite los mismos tpicos, la
calidad de la comida, las excelentes relaciones con los compaeros y los pobladores
locales; la diferencia es que en este caso el argumento est focalizado justamente
en la experiencia personal de una mujer que est all para certificar ante sus padres
(presuntos destinatarios del texto) que la vida en el monte es una vida buena,
reforzando el sealamiento general por la va de la individualizacin. Buenos lugares
donde dormir, comer, higiene personal: el bao es obligatorio en la semana y los
compaeros estn afeitados, (ERP, 1975d, p. 9), las cuatro comidas diarias, la
alegra en el trabajo compartido, las largas marchas.

Cuando yo llegu ya haba compaeras en el monte, y en nuestro grupo


subimos varias. Todas cumplimos las tareas por igual. No se vayan a creer
que las mujeres cocinan y los compaeros trabajan o combaten. [] los
compaeros cocinan [] nosotras cargamos las mochilas, construimos el
campamento y salimos en misiones sin diferencias. Si es una compaera la

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que tiene ms experiencia en un grupo de combate, es designada


responsable, y todos los compaeros confan, la respetan sin hacer
diferencias (ERP, 1975d, p. 9) (Los destacados me pertenecen).

El texto hace hablar en primera persona a unas heronas que poseen sus
propias maneras de vivir y morir (aunque la muerte prcticamente no se nombre en
estos dos textos), a la vez que traza un diseo corporal determinado, una nueva
forma de imaginar el cuerpo de las mujeres (cargando mochilas, saliendo en
misiones) en una situacin radicalmente extradomstica. El sujeto del enunciado,
que aparece alternativamente en primera persona del singular (cuando yo llegu) y
del plural (nosotras cargamos las mochilas), muestra a unas mujeres que se sitan
en un espacio novedoso para ellas, pero que las recibe de manera franca y abierta
reconocindolas en una posicin de paridad (si alguna mujer tiene ms experiencia,
los compaeros la respetan, sin hacer diferencias). El relato induce a pensar en un
escenario que, tal vez por excepcional, es radicalmente igualitario. Un espacio que,
independientemente de si la carta es apcrifa o no, seala, en todo caso, una
intencin editorial de construir esa igualdad, de exceder la nueva domesticidad
presente en el comentario previo (las mujeres han contribuido a mejorar el orden, la
calidad de las comidas, la limpieza y la higiene general). Un punto de fuga en
relacin a lo anterior.
Estos elementos se conjugan con un relato acerca del modo en que los recibe
la gente del lugar, la represin sobre el pueblo tucumano, las primeras referencias a
Famaill18 y las caractersticas de los enfrentamientos que parecen casi un juego.
Cuando los milicos descubrieron nuestro campamento y se arm flor de balacera,
aprend a estar alerta, a escuchar y diferenciar los ruidos. No hace falta ninguna
pasta especial para estar en el monte (ERP, 1975d, p. 10), concluye, dando sentido
al texto como una pieza discursiva que destinada a elevar la moral y atraer a ms

18
El texto dice Porque el engao no va ms y el miedo es lo nico que les queda. Intentaron el
operativo de accin cvica. Como no obtenan informacin ahora se llevan a la gente vieja y joven,
mujer u hombre, los torturan, los llevan a Famaill, y a veces aparece, a veces no (ER 66, 1975b, p.
11). En la provincia de Tucumn, tuvo lugar el primer ensayo de la represin estatal que se desatara
ms tarde en todo el pas luego del golpe de Estado. El decreto presidencial N 261 del 5 de febrero
de 1975 (aprobado y refrendado por el gabinete de gobierno y por el Congreso respectivamente),
daba lugar al "Operativo Independencia" mediante el cual el Ejrcito pasaba a ocupar buena parte de
esa provincia con el objetivo de "aniquilar" al foco guerrillero instalado all desde finales de 1974 por el
ERP. Cinco mil hombres (conscriptos, oficiales y suboficiales del Ejrcito y, ms tarde, tambin de la
Marina, la Fuerza Area y la Polica) participaron en la primera "batalla" de la "guerra antisubversiva"
contra un contingente de poco ms de un centenar de guerrilleros. En la "Escuelita de Famaill" y en
la Jefatura de Polica de Tucumn funcionaban ya desde finales de 1974 sendos centros clandestinos
de detencin y para el verano de 1976 la cifra ascendi a 14 en diferentes lugares de la provincia.

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militantes a la guerrilla rural, constituye una destinacin amplia.


Ambas intervenciones, el artculo del nmero 65 y la carta del 66, se
completan con la visin que los pobladores tenan de las militantes, una vez que
lograban sobreponerse a la sorpresa de ver mujeres entre los guerrilleros. En el
primer caso, se sigue la misma lnea editorial que busca imponer una visin que
confronte con cualquier prejuicio y que resalte las virtudes femeninas para la
guerrilla rural:

Cuando las primeras compaeras llegaron a los cerros tucumanos, sentan


cierto temor de que los pobladores no vieran con buenos ojos la presencia
de mujeres en la guerrilla. Pero cuan distinta fue la realidad! Solo
sentimientos de alegra, cario y respeto ha despertado la presencia de las
compaeras en cada rancho tucumano. Tal es la admiracin del pueblo por
las guerrilleras que su frtil imaginacin llega a idealizarlas y as los
pobladores comentan que las compaeras estn llenas de virtudes, que son
hermosas, giles, de paso seguro y firme, dotadas de fuerza y prestancia y
capaces de grandes actos de herosmo y arrojo. Por ejemplo, hace pocos
das, una compaera uniformada y con la mochila y el fusil al hombro se
encontraba perdida y buscando el camino de regreso atraves a la luz del
da una zona poblada. Los vecinos preocupados ante la posibilidad de que
el enemigo pudiera detectarla le prestaron ayuda y ms tarde todo el pueblo
contaba que la compaera era hermosa, serena y valiente, que no le tena
nada de miedo a los milicos asesinos. As, llena de hermosas ancdotas
est la vida de las compaeras en el monte que con el apoyo y el amor de
todo el pueblo, estn dispuestas a realizar cualquier esfuerzo y sacrificio en
aras de lograr su liberacin y conquistar su felicidad (ERP, 1975e, p. 19)
(Los destacados me pertenecen).

Si en el pasaje de la nueva domesticidad (que propone que las mujeres llevan


consigo orden y limpieza) a la posicin igualitaria (capaces de cargar mochilas y
armar campamentos y por lo tanto tambin de ser responsables de un grupo de
combate) se perciben los efectos de una fisura en los modos de concebir la posicin
de las mujeres, estos otros fragmentos las cubren nuevamente de atributos
femeninos tradicionales. El relato pasa del temor acerca de cmo veran los
pobladores del monte a las guerrilleras y las dudas acerca de cmo sera su
desempeo, a una visin estetizada de la joven guerrillera que serena y valiente
sobrevuela de modo casi fantasmal las poblaciones tucumanas. A esos tpicos se
suma todava una afirmacin acerca de los atributos fsicos y la buena presencia de
estas jvenes.
En este sentido, el elogio de la joven cargada de mochila y fusil que pierde el
rumbo y necesita asistencia para no encontrarse con una patrulla del ejrcito,
sumado a la insistencia en la belleza, resita esos cuerpos dscolos en un espacio

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femenino acotado al valor de la apariencia fsica. Tanto como las cualidades


domsticas que las mujeres llevaron al monte y la capacidad de levantar la moral de
los combatientes cuando alguno est decado, esta imagen de la guerrillera hermosa
y serena sutura la fisura provocada por la afirmacin de que cuando una mujer tiene
ms experiencia en un grupo de combate, es designada responsable, y todos los
compaeros confan, la respetan sin hacer diferencias. La lnea de fuga se corta y,
de este modo, los cuerpos femeninos vuelven a encarnar las virtudes propias de su
gnero, esta vez al servicio de la revolucin.
Por otro lado, la necesidad de resaltar cun vivibles eran los das en el monte
contrasta con numerosos testimonios que se refieren a las dificultades que
presentaba la guerrilla rural, no slo para las mujeres, sino tambin para varones
que, sin entrenamiento y provenientes de experiencias de militancia urbana, se
trasladaron casi sin preparacin. La recurrencia de las descripciones que se
observan en los editoriales, artculos, partes de guerra y cartas que se publicaban en
la prensa partidaria y que muestran la vida en el monte ms limpia, descansada y
fcil de lo que era, sorprende si no se pone en contexto con la determinacin de
elevar la moral de combate. Como seala Estrella Roja, en uno de sus primeros
nmeros, el objetivo del PRT-ERP en esta etapa es hacer de cada ciudadano un
combatiente!, mientras se forman Comandos de Apoyo al ERP (ERP, 1971, p. 6),
ensean a hacer bombas Molotov con explicaciones detalladas, dibujos y planos
(ERP, 1971, p. 10). Porque la guerra revolucionaria, que auguraban sera popular y
prolongada, incluira a todo el pueblo, la prdica tena a su vez destinatarios en
todos los sectores, hasta los ms atrasados. Por eso la vida del guerrillero, sea rural
o urbana, debe ser vivible por cualquiera.
A partir de una mirada abarcativa de la prensa se puede observar el
predominio de un llamamiento a que vastos sectores se incorporasen al ejrcito del
pueblo. El sujeto de la revolucin, la clase obrera y su vanguardia, deban
fortalecerse y trabajar para generar un marco de alianzas amplio que incorpore a
todos los sectores del pueblo a la lucha revolucionaria. Esos sectores son el
almacenero, el comerciante, el profesional y estn mencionados con frecuencia en la
prensa, el llamamiento a las mujeres se produce en ese marco.

La guerrillera hermosa, serena y valiente

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El llamado a que las mujeres participen tiene, entonces, varios fundamentos.


Por nmero, en el marco de hacer de cada ciudadano un combatiente, las mujeres
son convocadas en tanto parte del pueblo. En su particularidad pueden cumplir
tareas especficas que se relacionan con su feminidad, como dar consejo
sentimental, cuidar y mantener el hogar, centrales para sostener la retaguardia.
Adems, un trabajo que las ayude a elevar su conciencia y a abandonar el
individualismo impedira que se transformen en un obstculo cuando sus
compaeros se incorporan a la militancia.
Pero hay todava ms. El mandato de la proletarizacin, relacionado
directamente como est con las definiciones acerca de la moral revolucionaria, la
familia y la crianza de los hijos para la revolucin, las tiene como un objeto
privilegiado. Justamente porque las mujeres estn ancladas a la familia y el destino
de sta se encuentra indisolublemente atado al femenino. La importancia dada a la
construccin de la familia revolucionaria que en su definicin a la vez que retiene
algunos de los atributos de la familia tal como se la conoca entonces, muta en un
espacio que sirve de base para la nueva sociedad pone a las mujeres en una
suerte de situacin paradojal. A la vez que las llama a participar de la revolucin, las
reenva a hacerlo desde una posicin asociada a los atributos femeninos. Cuidar,
alentar y no obstaculizar y, a la hora de cargar el fusil y la mochila al hombro e
internarse en el monte, consolar a los compaeros, llevar orden e higiene. Pero
tambin, con la gracia propia de su gnero y su juventud, perderse en el monte, cual
ninfas19 indefensas, y atravesar serenamente poblaciones que, no es necesario
recordar, en los ltimos meses de 1975, estaban ya sitiadas por las fuerzas de
seguridad.
Qu sentido hace, en el marco de la prensa partidaria, esta figura de
guerrillera serena y hermosa?, una imagen que se repite en distintos textos.
Cuando Luis Ortolani insiste en su preocupacin por la subjetividad del
revolucionario, est sealando la importancia de definir el sujeto del proceso de
cambio. Al incluir a las mujeres como sujetos de la revolucin, el PRT-ERP busc
19
La figura de la ninfa refiere a una de las frmulas o Pathosformel del historiador del arte Aby
Warburg. Jos Emilio Buruca (2003) seala que para Warburg se trata de la frmula emotiva. Una
representacin que provoca una respuesta emocional compartida por los integrantes de un mismo
grupo. No se trata de una simple imagen sino que en ella prevalecen correlaciones que permiten ver
al personaje histrico encarnando un pathos atemporal. Con relacin a la iconografa poltica
argentina, Buruca encuentra a la ninfa en la imagen de Eva Pern con el pelo suelto que utiliz la
izquierda peronista. Sobre el tratamiento de la frmula de la ninfa por parte de Warburg, cfr.
(AGAMBEN, 2010).

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definirlas y, al hacerlo, acentu atributos esencialmente femeninos, que se recortan


sobre el sujeto universal (neutro y masculino) representado por la vanguardia que es
el partido. Gayatri Spivak (2003) seala que el procedimiento de destacar
determinadas caractersticas para definir a un sujeto, otro con respecto a quien lo
define y particularizado (para el caso, a las mujeres) ms all de que los atributos
seleccionados sean adecuados o no y ms all de que sean positivos o negativos
seala un modo etnocntrico de pensar la poltica y los sujetos de la poltica,
independientemente de que se lo haga de modo benevolente.
En oposicin, Spivak rescata la utilidad de las conceptualizaciones de
Jacques Derrida para pensar al Otro o ms bien para constituir al Otro de un modo
no etnocntrico a travs de una bsqueda que consiste en analizar los mecanismos
por los cuales ese otro se constituy en un particular, antes que en buscar
comprender su esencia (SPIVAK, 2003, p. 338). La propuesta de esta autora es
dejar que ese otro hable dentro del texto propio, como un espacio en blanco que
vuelva delirante (SPIVAK, 2003, p. 340) el discurso propio.
Ya sea que se las considerara atrasadas ideolgicamente, anticomunistas e
individualistas; cuidadoras y reproductoras o ninfas, siempre se encontraban
unificadas a partir de determinados rasgos fsicos o morales. En ese sentido, las
mujeres constituyeron un particular que da lugar a que el partido (en tanto
encarnacin del sujeto neutro y masculino, no dotado de atributos concretos sino
generales) se afirme a s mismo como vanguardia salvadora.
Sin embargo, contina Spivak siguiendo a Derrida, la cuestin del sujeto no
es un problema general sino asunto de quienes se colocan en el lugar del universal
(el sujeto europeo etnocntrico, dice Spivak). En el caso de la izquierda argentina,
se puede leer desde esta perspectiva la insistencia de las organizaciones armadas
en delimitar las posibilidades y atributos de las mujeres. La lectura de la prensa y los
documentos muestra los modos discursivos de traducir el imaginario de una
diferencia de gnero que inquieta y lleva a que las mujeres se encuentren cargadas
de definiciones y de caractersticas. Como si sealaran con esto que en cualquier
posicin en la que se las encuentre se las podr definir a partir de algunos atributos
del gnero. Sin embargo, las mujeres militantes excedieron tambin esa posicin,
aunque los discursos del PRT-ERP no registren ese plus de significacin. Los
constantes corrimientos en el modo en que las definen que parecen ir mutando de
acuerdo al lugar donde ellas estn, como si las persiguieran dejan entrever

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pequeas fisuras a travs de las cuales se vislumbran las nuevas posiciones de


gnero. Esos desplazamientos se pueden leer ms claramente en lo que ellas tienen
para decir en relacin a su experiencia, pero eso ser en otros espacios, en otros
tiempos y mediante un uso ms libre de la primera persona, como es el caso de los
relatos personales producidos en las dcadas posteriores.

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AS MULHERES NA POLTICA REVOLUCIONRIA. O CASO DO PRT-ERP NA


ARGENTINA DOS ANOS 70

Resumo:
Na esquerda revolucionria argentina dos anos 60 e 70 participou nmero
significativo de mulheres. Muitas delas eram jovens que nasceram para a vida
poltica ao mesmo tempo em que surgiram as organizaes nas quais militavam.
Este artigo explora a imprensa e documentos PRT-ERP em uma anlise que
combina duas dimenses. Por um lado, a participao das mulheres na guerrilha,
tanto em relao sua incorporao efetiva em nmero e qualidade de militncia,
como a interpelao da organizao que se produz atravs da formao de espaos
e produo de materiais destinados especificamente s mulheres. A outra dimenso
refere-se preocupao do PRT-ERP por pensar a subjetividade revolucionria
cruzando a vida cotidiana com a poltica, num contexto de construo de um modelo
de ativismo em que todos os aspectos da vida estavam envolvidos.
Palavras-Chave: Gnero. Militncia. Esquerda. Vida cotidiana. Violncia poltica.

WOMEN IN REVOLUTIONARY POLITICS. THE PRT-ERP CASE IN 1970s


ARGENTINA.

Abstract:
The left revolutionary movement during the 60s and 70s in Argentina had a large
number of women participants. Many of them were young women who emerged in
politics at the same time as the organizations in which they participated. This article
explores the press and the documents from the PRT-ERP through an analysis that
takes into account two aspects. On the one hand, the participation of women in the
guerrilla, both regarding their actual incorporation in number and quality of the
members, and the questions that the organizations put to them, through the creation
of spaces and the production of material specifically meant for women. On the other
hand, the second aspect deals with how concerned the organization was in thinking
of the revolutionary subjectivity intertwining daily life with politics, in a context where
the creation of an activism model implied considering all the aspects of the daily life.
Keywords: Gender. Militancy. Left. Daily life. Political violence.

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