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Gil Braltar: La locura en Gibraltar

Este documento narra la invasión nocturna de Gibraltar por Gil Braltar, un hombre que busca recuperar la roca para España. El general inglés Mac Kackmale es despertado por un ayudante que le informa que la ciudad está siendo invadida. Luego, Gil Braltar irrumpe en la habitación del general gritando "Rendios".

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Gil Braltar: La locura en Gibraltar

Este documento narra la invasión nocturna de Gibraltar por Gil Braltar, un hombre que busca recuperar la roca para España. El general inglés Mac Kackmale es despertado por un ayudante que le informa que la ciudad está siendo invadida. Luego, Gil Braltar irrumpe en la habitación del general gritando "Rendios".

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G I L B R A L T A R

J U L I O V E R N E
GIL BRALTAR

Estaban all reunidos lo menos de setecientos a


ochocientos. De mediano estatura ; per robustos,
giles, cabellos, hechos para los saltos prodigiosos,
Iban de ac para all, a los ltimos resplandores del
sol, que se ocultaba al otro lado de las montaas
escalonadas hacia el Oeste de la rada.
El disco rojizo desapareci bien pronto, y la
obscuridad comenz a extenderse en medio de toda
aquella cuenca encajonada entre las lejanas sierras
de Sonorra, de Ronda y del pas desolado del
Cuervo.
De repente, la tropa se inmoviliz. Su jefe
acababa de aparecer, montado en la misma cresta de
la montaa, como sobre el torno de un asno flaco.
Desde el puesto de soldados, que estaba como
colgado en lo ms extremo de la cima de la enorme
roca, no se poda ver nada de lo que pasaba bajo los
rboles.

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JULIO VERNE

-Uiss, uiss! - silb el jefe, cuyos labios,


recogidos como un culo de pollo, dieron a este
silbido una intensidad extraordinaria.
-Uiss, uiss! - repiti aquella extraa tropa,
formando un conjunto completo.
Un ser singular era este jefe de alta estatura,
vestido con una piel de mono con el pelo al ex-
terior, la cabeza rodeada de una inculta y espesa
cabellera, la faz erizada de una barba corta, los pies
descalzos, duros en las plantas como cascos de
caballos.
Levant el brazo derecho, y le extendi hacia la
parte inferior de la montaa. En el mismo Instante,
todos repitieron aquella actitud con una precisin
militar, mejor dicho, mecnica, como verdaderos
muecos movidos por el m amo resorte. El jefe
baj su brazo, y todos bajaron el suyo. Se encorv
hacia el suelo, y todos se inclinaron en la misma
actitud. Empu un slido palo, que blandi en el
aire, y todos blandieron sus bastones, haciendo el
mismo molinete; el mismo molinete que los
jugadores del palo llaman la "rosa cubierta
Despus, el jefe se volvi y se escurri sobre la
hierba, subiendo por entre los rboles. La tropa la
sigui, haciendo los mismos movimientos.

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GIL BRALTAR

En menos de diez minutos los senderos del


monte, descarnados por la lluvia, fueron recorridos,
sin que el choque de una roca ni de un guijarro
hubiese detenido aquella masa en marcha.
Un cuarto de hora despus, el jefe se detuvo, y
todos se detuvieron, como al los hubieran clavado
en el sitio. . A doscientos metros por bajo, apareca
la ciudad, tendida a lo largo de la sombra rada. Nu-
merosas luces iluminaban el grupo confuso de
edificios, de. casas de quintas, de cuarteles. Al otro
lado, los fanales de los navos de guerra, los fuegos
de los buques de comercio y de los pontones
anclados en la rada, reverberaban sobre la superficie
de las tranquilas aguas. Ms lejos, a la extremidad de
la Punta de Europa, el faro proyectaba su hay de
rayos luminosos sobre el estrecho.
En aquel momento se oy un caonazo; el Birst
gun fire, disparado desde una de las bateras
rasantes. Entonces, los redobles del tambor,
acompaados del agudo chillido del pito, se dejaron
or.
Era la hora de la retreta, la hora da que cada cual
entrara en su casa. Ningn extranjero tenia ya
derecho para transitar por la ciudad, sin ir escoltado
por un oficial de la guarnicin. a los marineros se les

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JULIO VERNE

dio orden de volver a bordo entes de que las puertas


de la ciudad estuviesen cerradas. De cuarto en
cuarto de hora, circulaban patrullas, que conducan
al puesto de vigilancia a los retrasados y a los
borrachos. Despus, todo qued en silencio.
El general Mac Kackmale poda dormir a pierna
suelta.
No parcela que Inglaterra tuviese nada que te-
mer aquella noche por la seguridad de su roca de
Gibraltar.

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GIL BRALTAR

II

Ya se sabe lo que es esta roca formidable, de


ochenta y cinco metros de altura, que descansa
sobre una base de mil doscientos cuarenta y cinco
de ancha, y de cuatro mil trescientos de larga. Tiene
alguna semejanza con un inmenso len acotado,
con la cabeza del lado de Espaa Y la cola
hundindose en el mar. Su faz descarnada deja ver
los dientes - setecientos caones que ensean sus
bocas a travs de las troneras; la dentadura de la
vieja, como la llaman vulgarmente. Pero es una
vieja, que mordera con fuerza si se la molestara.
Inglaterra est situada slidamente en aquel
punto, como lo est en Perin, en Aden, en Malta, en
Poulo-Pinang y en Hongkong, en otras tantas rocas,
con las cuales algn da, con los progresos de la
mecnica, formar fortalezas giratorias.

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JULIO VERNE

Entretanto, Gibraltar asegura al Reino Unido


una dominacin Indiscutible sobre los diez y ocho
kilmetros de aquel estrecho, que la maza de
Hrcules ha abierto entra vila y Calpe, en lo ms
profundo de las aguas mediterrneas.
Han renunciado los espaoles a reconquistar
este trozo de su Pennsula? Si! sin duda; pues parece
ser inatacable por tierra y por mar.
Sin embargo, haba uno que abrigaba el pen-
samiento constante de reconquistar aquella roca
ofensiva y defensiva. ste era el late de la banda, un
ser raro, y hasta ea puede decir, loco. ste hidalgo
se llamaba precisamente Gil Braltar, hombre que, en
su pensamiento sin duda, la predestinaba a una
conquista tan patritica. Su cerebro no habla
resistido a la idea, y su plaza hubiera debido estar en
un asilo de dementes. Se la conoca perfectamente;
sin embargo, desde haca diez aos no se saba a
ciencia cierta lo que haba sido de l. Vagara
errante por el mundo? En realidad, l no habla
abandonado su territorio patrimonial .... Llevaba
una existencia de troglodita, bajo los bosques, en las
cavernas, y ms particularmente en el fondo de los
inaccesibles reductos de las grutas de San Miguel,
que, segn se dice, comunican con el mar. Se la

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GIL BRALTAR

crea muerta. Viva, sin embargo ; pero a la manera


de los hombres salvajes desprovistos de la razn
humana, que no obedecen ms que a los instintos
de la animalidad.

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JULIO VERNE

III

El general Mac Kackmale dorma perfectamente


a pierna suelta, sobre sus dos orejas, algo ms largas
que lo que manda la ordenanza. Con sus brazos
desmesurados, sus ojos redondos hundidos bajo sus
espesas cejas, su faz rodeada de una barba griscea,
fisonoma gesticuladora,
sus gestos de anthrooppitheco y el prognatismo
extraordinario de su mandbula, era de una fealdad
notable, aun para un general ingls.
Un verdadero mono ; excelente militar por otra
parte, a pesar de su figura simiesca.
S; dorma en su confortable habitacin de
Main-Stret, aquella sinuosa calle que atraviesa la
ciudad, desde la puerta del Mar hasta la puerta de la
Alameda. Acaso estara soando que Inglaterra se
apoderaba de Egipto, de Turqu, de Holanda, del

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GIL BRALTAR

Afganistn, del, Sudn, del pas de los Boers, en una


palabra, de todos los puntos del globo que le
conviniera, y esto en el momento en que corra
peligro de perder Gibraltar.
La puerta de la habitacin se abri bruscamente.
- Qu hay? - pregunt el general Mac
Kackmale, levantndose de un salto.
-Mi general (respondi un ayudante de campo,
que acababa de entrar en la habitacin como una
bomba): la ciudad est Invadida.
-Por los espaoles, quiz?
-Preciso es creerlo.
-Se habran atrevido? ....
El General no acab de hablar. Se levant,
arroj el casquete que cubra su cabeza, se meti el
pantaln, se envolvi en su levita, se meti en sus
bolas, se cal el claque y se prepar con su espada,
diciendo:
-Qu ruido es ese que oigo?
-El ruido que forman los habitantes de las rocas,
que corren como una avalancha por la ciudad.
- Son muy numerosos esos pillos?
- Deben serlo.
- Sin duda se han reunido todos los bandidos
de la costa para dar este golpe de mano, los con-

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JULIO VERNE

trabandistas de Ronda, los pescadores de San


Roque, los refugiados que pululan en todas las
poblaciones?
- Es de temer, mi General.
- Y el Gobernador est prevenido?
- No! Y es imposible ir a darle aviso a su quinta
de la Punta de Europa. Las puertas estn ocupadas;
las calles llenas de visitantes.
- Y en el cuartel de la puerta del Mar?
- No hay medio alguno de llegar hasta all! Los
artilleros deben hallarse sitiados en su cuartel.
- De cuantos hombres podis disponer?
- De una veintena, mi General: soldados de lnea
del tercer regimiento, que han podido escapar.
- Por San Dunstn! (exclam Mac Kackmale.)
Gibraltar arrancado a la Inglaterra por esos
vendedores de naranjas! Eso no puede ser, no; no
ser! En aquel momento la puerta de la habitacin
dio paso a un ser extrao, que salt sobre los
hombros del General.

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GIL BRALTAR

IV

-Rendios! - exclam con voz ronca, que tena


ms de rugido que de voz humana.
Algunos hombres que hablan acudido detrs del
ayudante de campo se disponan a lanzarse sobre
aquel hombre, cuando, a la claridad de la habitacin,
le reconocieron.
- Gil Braltar! - exclamaron.
Era di, en efecto; el hidalgo, en el cual no se
pensaba ya desde haca largo tiempo; el salvaje de
las grutas de San Miguel.
-Rendios! -continuaba gritando.
- Jams! - respondi el general Mac Kackmale.
De repente, en el momento en que los soldados
le rodeaban, Gil Braltar hizo resonar un uiss ....
agudo y prolongado.

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JULIO VERNE

En seguida, el patio del edificio, el edificio todo,


la habitacin misma en que se hallaban, todo se
llen de una masa Invasora.
Lo creern Vds.? Eran monos; monos, por
centenares. Iban a tomar a los ingleses aquella roca
de que son verdaderos propietarios, aquella
montaa que ocupaban antes los espaoles, mucho
antes de que Cromwell hubiese soado su conquista
para la Gran Bretaa. S, en verdad! Y eran temibles
por su nmero aquellos monos sin cola, con los
cuales no se viva en buena paz sino a condicin de
tolerar sus merodeos; aquellos seres inteligentes y
audaces, que se cuidaban mucho de no molestar,
pues saban vengarse, y esto haba sucedido muchos
veces, haciendo rodar enormes rocas sobre la
ciudad.
Y en aquel momento, aquellos monos se haban
convertido en soldados de un loco, tan salvaje como
ellos; de aquel Gil Braltar que todos conocan, que
llevaba una vida Independiente; de aquel Guillermo
Tell cuadrumanizado, cuya existencia entera se
concentraba en esto pensamiento: Arrojar a los
extranjeros del territorio espaol! Qu vergenza
para el Reino Unido, si la tentativa llegaba a tener
xito! Los Ingleses, vencedores de los indios, de los

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GIL BRALTAR

abisinios, de los tasmanios, de los australianos, de


los hotentotes y de tantos otros, vencidos por los
monos!
Si semejante catstrofe suceda, el general Mac
Kackmale no tendra otro remedio que saltarse la
tapa de los sesos. No se sobrevive a semejante
deshonor! Sin embargo, antes que, los monos,
llamados por el silbido de su jefe, hubiesen
Invadido la habitacin, algunos soldados haban
conseguido apoderarse de Gil Braltar. El loco,
dotado de un vigor extraordinario, resisti, y no
cost poco trabajo el reducirlo. Su piel prestada le
haba sido arrancada en la lucha, y permaneci casi
desnudo, en un rincn, amordazado, atado, bien
seguro, para que no pudiera ni moverse, ni hacerse
or. Poco tiempo despus, Mac Kackmale se lanzaba
fuera de su habitacin, resuelto a vencer o morir,
segn la frmula militar.
Pero el peligro no era menos grande en o
exterior. Sin duda, algunos soldados haban podido
reunirse en la puerta del Mar, y marcha. Lan hacia la
vivienda del General. Varios tiros se oan en
Main-Strett y en la plaza del Comercio. Sin
embargo, el nmero de monos era tal, que la
guarnicin de Gibraltar corra peligro de verse muy

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JULIO VERNE

pronto obligada a ceder el puesto, y entonces, si los


espaoles hacan causa comn con los monos, los
fuertes seran abandonado; las bateras quedaran
desiertas, las fortificaciones no contaran ms que
con un solo defensor, y los ingleses, que haban
hecho inaccesible aquella roca, no volveran a
poseerla jams.
De repente se produjo un gran movimiento.
En efecto: a la luz de las Antorcha que
iluminaba el patio, se pudo ver a los monos batirse
en retirada. A la cabeza de la bando marchaba su
jefe, blandiendo su palo. Todos le seguan, imitando
sus movimientos de brazos y piernas, y el mismo
paso.
Era que Gil Braltar habla podido desemba-
razarse de sus ligaduras, y escapar de la habitacin
donde se le guardaba? No haba duda posible. Pero
adnde se dirigan entonces ? Iban hacia la Punta
de Europa, a la quinto del Gobernador, para
tomarla por asalto, y a intimarle la rendicin,
conforme haban hecho con el General?
. No El loco y su banda descendan por Main.
Street. Despus de haber franqueado la puerta de la
Alameda, tomaron oblicuamente a travs del

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GIL BRALTAR

parque, y subieron por las pendientes de la


montaa.
Una hora despus no quedaba en la ciudad al
uno slo de los invasores de Gibraltar.
Qu haba pasado?
Bien pronto se supo, cuando el general Mac
Kackmale apareci en el lmite del parque.
Haba sido l, que, desempeando el papel del
loco, se haba envuelto en la piel de mono del
prisionero. Pareca de tal modo un cuadrmano
aquel bravo guerrero, que los monos mismos se
haban engaado. As fue que no tuvo que hacer
otra cosa que presentarse, y todos le siguieron.
Una idea del genio seguramente, que fue muy
pronto recompensada con la concesin de la cruz
de San Jorge.
En cuanto a Gil Braltar, el Reino Unido la cedi,
por dinero, a un Barnum o empresario de
espectculos, que hace su fortuna pasendolo por
las principales ciudades del Antiguo y del Nuevo
Mundo. Varias veces el empresario llega hasta decir
que no es el salvaje de San Miguel el que exhibe,
sino el general Mac Kackmale en persona. Sin
embargo, esta aventura ha sido una leccin para el
gobierno de su Graciosa Majestad. Ha comprendido

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JULIO VERNE

que si Gibraltar no poda ser tomada por los


hombres, estaba, en cambio, a merced de los
monos. Por consiguiente, Inglaterra, que es muy
prctica, ha decidido no enviar all en adelanto sino
los ms feos de sus generales, a fin de que los
monos puedan engaarse con facilidad.
Esta medida los asegura verdaderamente pan
siempre la posesin de Gibraltar.

FIN

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