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Huida al Infierno Silencioso

El documento es el primer capítulo de una obra de ficción que narra la historia de un hombre que corre a través de un bosque, huyendo de algo que lo persigue. Se encuentra con una misteriosa mujer que lo atrae hacia una casa abandonada y decadente. Al entrar, se encuentra con un demonio cubierto de excremento y tesoros, que lo amenaza antes de atacarlo. El hombre logra escapar a través de una cerradura.

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Huida al Infierno Silencioso

El documento es el primer capítulo de una obra de ficción que narra la historia de un hombre que corre a través de un bosque, huyendo de algo que lo persigue. Se encuentra con una misteriosa mujer que lo atrae hacia una casa abandonada y decadente. Al entrar, se encuentra con un demonio cubierto de excremento y tesoros, que lo amenaza antes de atacarlo. El hombre logra escapar a través de una cerradura.

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A Place Where the Sun Is Silent (Un Lugar Donde El Sol Es

Silencioso)

ACTO I: LA PUERTA

CAPTULO I: PUEDES ORLOS LLORAR?

rboles. Demasiados rboles. Debo encontrarme en un bosque. Cmo es que me adentr en el


bosque? Cunto tiempo he estado aqu? Horas? Das? Estoy tan cansado, necesito agua, pero no
me puedo detener. Por qu estoy tan cansado? Oh, estoy corriendo! Es por eso que me duelen los
pies, que mi cabeza me est latiendo con fuerza, que mis msculos estn palpitando. Bien, grandioso,
estoy corriendo, problema resuelto, crisis evitada. Pero esperen, Por qu estoy corriendo? Debera
mirar detrs de m. No, no debo! Debera simplemente seguir movindome, confiar en mis instintos, y
seguir avanzando. Puedes orlos llorar? Son esos los chillidos de los rboles? Nunca haba tenido
que escuchar tal dolor. Puedo escucharlo ah, y sea lo que sea, est llegando hasta m. Si tan slo
pudiera llegar hasta esa ciudad. La Ciudad Dorada. La respuesta a mis plegarias, la solucin a mis
problemas, la absolucin a mis malas acciones me pertenecer.

El Sol se est poniendo. Lo que una vez pareci una oscuridad tolerable se est convirtiendo poco a
poco en una negrura imposible. Si tan slo pudiera dejar de mover mis pies por slo un instante,
sentarme y organizar mis ideas. Tal vez esta cosa, lo que sea que me est persiguiendo, necesite
tambin un descanso. Quizs ambos nos beneficiaramos de una cortesa implcita. Slo cinco
minutos, bestia vil, Es eso mucho pedir? Mis pensamientos me estn ralentizando, puedo sentir la
presencia del mal acercndose cada vez ms con cada parpadeo, con cada paso, con cada bocanada
de aire.

Cada rama que se rompe debajo de mis pies, cada piedra con la que me tropiezo le est haciendo
ms fcil a la voz atraparme. Siento como si pudiera llegar, extender su mrbida garra y arrastrarme
debajo de la tierra. El Sol se est ocultando y estoy perdiendo las esperanzas. No me puedo quedar
solo con esta - esta cosa. Tal vez pueda esconderme entre los rboles, ya que correr se vuelve cada
vez menos y menos un privilegio, y ms un castigo. Los pasos se ensordecen. Mantener mis ojos
bloqueados en lnea recta ya no parece ser una opcin, o siquiera la eleccin correcta para esta
situacin. Lo tenebroso, desconocido, est ganando preciadas pulgadas con cada segundo que pasa y
el pnico est comenzando a incrementarse. Cunto tiempo ms podr mi cuerpo manejar el ritmo
de esta persecucin, la exigencia de este Baile Prohibido? Slo unos cuantos pasos ms y juro que ya
no invadir ms mis ojos. Un par de respiraciones profundas ms y mis piernas ya no se doblarn ms
ante el cansancio. Un salto final hacia adelante y la Ciudad Dorada es ma.

CAPTULO II: ESTE AMOR CIEGO ME HA ESTRANGULADO DE NUEVO

Deb haber estado contento con el lugar al que iba en vez de estar obsesionado con el lugar en el que
haba estado. Todo en mi mente me deca que me olvidara del sonido de las risas y la maldad detrs
de m pero, finalmente saliendo del bosque, no pude resistir la urgencia de ver qu era lo que me
estaba persiguiendo. Mientras comenzaba a estirar mi cuello para echar un vistazo a lo que estaba a
mis talones, mi cuerpo de repente fue invadido por una parlisis inconsciente. A lo lejos, a mi derecha,
estaba una mujer, una criatura magnfica, no pude distinguir su rostro, pero su sola presencia era
suficiente para hacer que el tiempo se detuviera. Mis piernas dejaron de moverse por primera vez en
slo Dios sabe cunto tiempo, pero mi mente estaba demasiado absorta para experimentar el alivio, o
para seguir temiendo la persecucin.

Su largo y suelto vestido se vea como si hubiera sido radiante en algn momento, pero, a los ltimos
rayos del ocaso, y sobre el lienzo de un bosque decadente, pareca extraamente macabro. Los lados
de su vestimenta estaban rasgados y revelaban unas caderas que detendran a cualquier hombre en
seco. No fui la excepcin. Sus zapatos en algn momento haban tenido tallos encantadores que estoy
seguro nicamente acentuaban sus interminables y tentadoras piernas, pero ahora slo parecan
alguna especie de mocasines, puestos en la tierra, con los lados deslucidos por un viaje cansado. Su
rostro estaba cubierto por un velo que de alguna manera an lograba mostrar su esplendor. No haba
nada que alguien pudiera hacer o decir en este momento, una sola cosa que pudiera pasar que me
impidiera acercarme a ella.

Una fina mano se asom de la manga de su vestido y me invit a seguirla.


Ni siquiera la promesa de la perfeccin irradiada por la Ciudad Dorada era suficiente para persuadir mi
paso hacia cualquier direccin que no fuera la de ella.

Fue slo entonces que me di cuenta de los cesantes sonidos de pasos aproximndose. En cuanto
recuper el control de mi cuerpo, me di la vuelta rpidamente, pero no encontr nada. Slo una suave
brisa y un adornado bosque saludaban a mi mirada. Mi respiracin se haba calmando y ya no estaba
sudando profusamente. Mis piernas ya no me dolan, mis msculos ya no estaban cansados, mi
corazn ya no lata con fuerza. Mi mente estaba tan despejada como nunca haba podido recordar que
lo estuviera y la paranoia que me haba apresado tan despiadadamente ahora pareca una tortura
lejana, olvidada rpidamente y con poco esfuerzo. Imperativamente, lanc mi mirada de nuevo a la
mujer de blanco. Saba que no haba resistencia a la enmaraada red de su fantasa secreta. El amor
ciego me estaba estrangulando con tal furia que no poda encontrar nada que me importara ms en
ese instante que la dulce Tentadora cubierta en esa andrajosa ropa. No le haba prestado atencin a la
dilapidada casa en frente de la que se encontraba. No vi los escalones rotos, los cimientos hundidos,
las grietas en las paredes, las telaraas en las ventanas. No la vi voltear y abrir la puerta a lo
desconocido, dejndome solo en las tinieblas. Solo vi su velo soplado por la brisa, revelando mi
debilidad, mientras ella cruzaba el umbral y entraba al edificio del que ahora yo estaba parado en
frente. La Ciudad Dorada era ahora un recuerdo distante. Ya no estaba siendo perseguido, ya que la
presa se convirti poticamente en el depredador. Baj mi hombro y me estrell contra la entrada
bloqueada de mi propia obsesin. Si tan slo hubiera sabido el Infierno que me esperaba, si nunca
hubiera presenciado a la vil Tentadora posarse en frente de mi propia prisin, hubiera podido pasar la
eternidad bebiendo de la sangre de la casta y comiendo del cuerpo del austero en una ciudad de la
que estn hechos los sueos. En vez de eso, al cerrar la puerta detrs de m, me encontraba
deseando haber escuchado la vociferante risa de la Curiosidad un momento antes, y haber notado lo
que se esconda debajo de ese espantoso velo.
CAPTULO III: SI CREES QUE ESTO ES DIVERTIDO, SLO ESPERA A QUE TERMINE!

El olor me golpe como si fuera un tren de carga, su poder implacable. Abrumado por el aturdimiento y
el asco, un hedor increblemente rancio me oblig a ponerme de rodillas, donde perd el contenido de
mi estmago con el primer aliento que prob. Era ms que slo asqueroso, era siniestro. Mi mente
daba vueltas, luch para sostenerme y recuperarme.

"Concntrate y averigua dnde ests, en primer lugar. Estoy en una casa, segu a la hermosa mujer de
blanco, la dulce Tentadora, adentro. Mi hombro me duele, por qu? La puerta. Me estrell contra la
puerta. Qu es ese horrible olor?"

El culpable se encontraba en la esquina de la viscosa habitacin sin ventanas. Esta pequea,


asquerosa guarida estaba cubierta de excremento al punto en que ni una sola parte de suelo desnudo
era visible. Lo que no pude entender era por qu, as de nauseabundo como este lugar pareca ser, la
habitacin estaba como -- brillando. Centelleaba en su vulgaridad con un disfraz casi real. Aturdido,
pronto me percat de que el pantano de inmundicia estaba lleno de oro y joyas. Era el rescate de un
rey, un botn de engao enterrado debajo de las aguas residuales. En medio de todo ello estaba l, el
rey de los condenados, el proveedor del mal, el mismsimo Demonio. La criatura me provoc un
escalofro que se apoder de mi ser. Una masa corpulenta, con piel plida, de cera, yaca en la
esquina de la habitacin. Vesta una corona con joyera, collares de oro y plata, anillos de rubes y
esmeraldas, y todo an manchado de mierda indescriptible. Su cara no era como nada de este mundo,
no por tener caractersticas distintas, sino por la falta de ellas. Su cara sudorosa no tena afeccin
alguna que por lo menos sugiriera que alguna vez fuera un hombre, salvo una excepcin mordaz: Sus
abiertas, carnvoras fauces. Oh, y esa boca tena un uso pleno, palear el tesoro, las heces, todo lo que
sus contaminadas manos pudiesen abarcar, en esa gran apertura. El horror puro de lo que estaba
presenciando me mantuvo cautivo. No me poda mover.

"Corre, idiota, Corre! Encuentra una salida. Encuentra una puerta, una ventana, lo que sea. No te
quedes ah parado admirando la abominacin, corre! Encuntrala, encuentra a la Tentadora! Ve,
ahora!"

Fue en ese instante que el Demonio fij sus ojos en los mos. Su placer se convirti en disgusto, su
sonrisa torcida en una mueca. Con una voz muy estrepitosa, penetrante y poderosa, la bestia vil
advirti: "Alma aprisionada, capturada en una cmara de feculento horror! Sufre todo lo que
deberas, pero sufre en silencio! Siendo tu lengua maldita, qudate en tu abandono arruinado! En tu
muerte eterna, tendrs hambre del fango podrido, porque en tu vida mortal fue esto lo que era tu
regalo para el hombre! Preprate para caminar de la mano de los condenados!"

Con eso, el Demonio se abalanz hacia delante, lanzando a un lado riquezas y basura. Finalmente
hall mis piernas y esquiv su golpe por una fraccin de segundo. Logr divisar una cerradura justo en
frente de donde entr. Sin ninguna otra va de escape, pas entre la inmundicia y me estrell contra
otro pasadizo de incertidumbre.

"Slo espero que ella est ah, esperndome del otro lado de esta puerta. No confo en m. Estoy
atrapado, ahogndome en la desesperacin. Soy venenoso. Pero oh, dulce Tentadora, antes de que
me apartes, djame intentar cambiar tu parecer."
CAPTULO IV: EL CAMINO EN EL QUE ANDO EST PAVIMENTADO POR MILES DE TUMBAS SIN
NOMBRE

Un grifo goteante era el nico sonido en la habitacin. Me arrastr hasta la pared con la poca
resolucin que me quedaba y puse mi boca alrededor del fro goteo. Beb por lo que parecieron horas
y finalmente colaps. Debieron haber pasado das antes de que despertara por fin, pero no hay
manera de saberlo realmente. Exista siquiera el tiempo dentro de todo este horror?
El cuarto pareca seguro, pero saba que no deba poner mis esperanzas en aquella ilusin.

Me sent, listo para comprender la pesadilla en la que mi vida se haba convertido y comenzar a
explorar mis alrededores en busca de un escape. A diferencia de la intensidad de la ltima habitacin,
este lugar tena una sensacin mucho ms estoica y catrtica. Los ladrillos eran completamente
blancos, o lo haban sido en algn momento, ya que mucha de la pintura se haba pelado debido al
calor sofocante. Varias sillas de plstico volcadas representaban el nico inmobiliario y, con excepcin
del lavabo que sobresala de la pared a mi izquierda, el cuarto era un cuadrado perfecto. Una sucia
bombilla oscilaba de un nico cable colgando del techo. La suciedad cubra el suelo y haba un olor
que slo podra ser descrito como... muerte. En realidad nunca he estado en la presencia de un
cadver, pero un instinto humano innato parece ser capaz de alertar a tus sentidos y decirte cosas que
de otra manera, nunca podras saber, o comprender.

Un reflejo rebotando en un charco de agua en el centro de la habitacin, creado por un techo con
goteras y la lluvia torrencial de afuera, me alert y dirigi mi atencin hacia una ventana que no haba
notado hasta ahora. Era extrao, porque a pesar de que el sol estaba reverberando en el suelo, afuera
pareca estar oscuro. En poco tiempo, dejara de intentar entender cualquier cosa en esta terrible
casa. Perder el tiempo descifrando el retorcido mundo dentro del que estaba atrapado nicamente
retrasara mi bsqueda de la Tentadora.

"T me has dejado en esta guarida de iniquidad y an as eres lo nico en lo que mi mente se puede
concentrar. Necesitas de mi ayuda? Me has trado hasta aqu con un retorcido grito en busca de
ayuda? No te dejar avanzar sin m. T me necesitas, puedo sentirlo. Tal vez incluso ms de lo que yo
puedo llegar a necesitarte."

Levant mis exhaustas extremidades del suelo, me tambale hasta la ventana y me asom hacia la
penumbra. La confusin me haca difcil ver mientras luchaba por entender qu demonios haca aqu,
para empezar. La autocompasin ahora no servira de nada.

"Maldicin, concntrate."

Me asom a la ventana y la vi inmediatamente. Parada sobre el borde de un acantilado al fondo de


una impresionante montaa que se elevaba hacia los cielos, ella me hizo de nuevo un gesto para que
la siguiera. Lo que ms me sorprendi fue cun hermoso se haba vuelto su atuendo. El andrajoso
material a sus costados que alguna vez revelaron piel suave, haba sido reemplazado por las costuras
de una mano firme. Sus maltratadas garras expuestas por los agujeros de unos zapatos desgastados
se haban convertido en pies elegantes elevados en perchas divinas. Los tirantes que sostenan su
vestido a su piel haban cado suavemente a la punta de sus hombros, revelando una sensualidad que
aprision a mis ojos.
Sin embargo, su rostro segua cubierto por ese maldito velo blanco.

"Debera dar la vuelta e irme, regresar por donde vine. Puedo manejar ese olor a excremento una vez
ms, el ftido hedor de las almas torturadas. Ni siquiera estoy seguro de qu enigma estoy buscando
resolver. Lo que s s es que voy a ver sus ojos, voy a tocar su piel. Su beso pronto me castigar, me
arruinar: Un fantasma de tal elegancia.

CAPTULO V: LA TENTADORA DE LA NOCHE

Sin previo aviso y aparentemente sin motivo alguno, que no fuera el de mofarse an ms de m, la
Tentadora salt del acantilado y cay hacia la incertidumbre debajo, dejando detrs nicamente esos
magnficos zapatos. Deb haber digerido lo que acababa de ver antes de saltar a travs de la ventana.
Deb haber tomado de aquel grifo goteante una vez ms en caso de que fuera la nica agua que
podra encontrar en algn tiempo. Deb haberme quedado quieto y permitirle a mi mente idear un plan
apropiado para escapar de mi pesadilla, pero lo nico en lo que poda pensar era en salvarla. No me
tom ni siquiera un segundo para notar que el reflejo de la ventana no era mo. No era el de ninguna
persona que yo hubiera visto alguna vez. Demonios, ni siquiera estoy seguro de que fuera un reflejo
en lo absoluto.

De pie y al fin fuera de esa temible casa, pero En qu clase de srdida arena me haba adentrado
ahora? Para mi gran sorpresa, la Tentadora no se haba desplomado unos miles de pies hacia el turbio
lodo debajo, sino que estaba parada a cien yardas de mi alcance, posicionada distintiva y
deliberadamente al otro lado del barranco en el cual yo la haba visto desaparecer haca slo unos
segundos.
"Miro a travs del abismo que me separa de ella, mi recompensa, y bebo de su belleza."

Me par en el borde de un gran can, una falla abarcada solamente por un puente de cuerda que
cruja. Un clido viento me golpe, un agradable cambio al aire enrarecido que haba estado inhalando
en esa deprimente casa. Este aire era tan dulce, nauseabundo en realidad; estaba empapado de un
olor verdaderamente embriagador. Mi cabeza se hundi en su fragancia mientras yo vidamente
inhalaba cada vez ms profundo. Escuch los gritos de mi corazn reverberando en mis sienes,
mientras vociferaban ms all de los lamentos y los quejidos de esas sensuales rfagas; el aroma
literalmente me despert. Oh, cmo este mismo viento pareca danzar en su forma completamente
madura.
"Dejo que el embriagante aroma de su perfume que viaja en el aire me sature,
Entren mis odos al crujido del puente que abarca la distancia hasta ella."

Podra jurar que su indumentaria era mucho menos reveladora antes, o tal vez simplemente no haba
tenido la oportunidad de observar apropiadamente su atractivo. Su vestido era casi transparente,
dejando muy pocas de sus curvas a la imaginacin. Nunca antes haba anhelado con tanta furia
lujuriosa acostarme con una mujer. Ella estaba verdaderamente encantada y mi imaginacin se estaba
poniendo salvaje con las infinitas posibilidades de placer carnal.

"Lanzo la precaucin hacia ese viento de pasin y contino en el camino; el camino de lo


desconocido."
Comenc a abrirme paso a travs del puente, propulsando todas mis inhibiciones hacia ese pegajoso,
bochornoso viento. Corr con una desesperacin y una acritud que pueden nacer slo de un deseo
animal de carne. Mientras mis pies ansiosamente intercambiaban lugar el uno con el otro, uno por uno,
cada tabln comenzaba a desaparecer debajo de m. En un instante, volv a la realidad de lo que
estaba pasando. En mi prisa por reunirme con la Tentadora, seguramente haba examinado la
estabilidad del puente, verdad? Antes de que pudiera terminar ese pensamiento, ya estaba cayendo.
Mir abajo, hacia el abismo al que me estaba precipitando y escuch la violencia de las olas debajo.
Oh, delicioso destino. No morira en este preciso momento. Tom una asombrosa enorme ltima
bocanada de aire y me hund en el mar, dejando a mi adiccin parada sola, a millas, sobre la tierra.

CAPTULO VI: LA RAZN HUMANA HA DESAPARECIDO

Golpe el agua que haba debajo con tanta fuerza que por un instante pens que me haba roto las
piernas. Regresara a ese temible bosque y correra por una eternidad si eso significaba no tener que
experimentar esta agona. No poda ver nada a una pulgada de mi rostro, estaba mareado por los
rpidos giros de las olas, y estaba tragando lo que parecan ser galones de agua. Slo que no saba
como agua. Estaba salada y cida, un sabor como de cobre, y era pesada, como si se sentara en mi
lengua.
El ocano pareca estar araando mi piel, y quemaba con una feroz intencin. "Soy yo quien tiene
que tragar agua? Eso es lo que consigo por ir detrs de ti. Acaso soy el primero en ser engaado por
tu pequeo truco sucio?"

La clera del agua se calm lo suficiente para que me limpiara los ojos y aclarara mis pensamientos.
Me agach para sentir mis piernas, esperando encontrar piel desgarrada y hueso expuesto. Para mi
alivio, pareca estar fsicamente intacto. Ahora el agua estaba hirviendo, sala vapor, se formaban
burbujas. El dolor era insoportable. Abr la boca para gritar pero fui ahogado por otra ola de ira. No era
agua, despus de todo. Era sangre. Cmo es que me tom tanto darme cuenta de que me estaba
ahogando en una violenta mezcla de color carmes de rabia? Mi cuerpo choc con algo debajo del
agua, derribndome, y me aferr para salvar mi vida. Extraamente, lo que estaba sosteniendo
pareca estar sujetndome tambin. Mi atencin se dirigi a las paredes de la cueva y, para mi horror,
descubr que no eran paredes ordinarias, cubiertas de rocas, mugre y fauna. Se trataba de los cuerpos
y almas de los condenados, gritando con dolor, suplicando por consuelo, por alivio, por que la agona
acabara.
Sus miembros se agitaban tan salvajemente, que la sangre hirviente se agitaba con fuerza.
"Un alarido escalofriante estalla. He visto esos ojos, pero no esa sonrisa. He visto esos ojos, pero no
esa siniestra sonrisa. He visto esos ojos, pero no esa mirada en blanco. He visto esos ojos, pero no
esa mirada. Las mareas del pecado estn teidas con sangre."

Antes de que pudiera reaccionar, el cuerpo inmvil al que me haba sujetado para salvar mi vida, me
dispar directo hacia el muro de almas. Las muchas manos a lo largo del impedimento amordazaron
cada pulgada de mi ser, forzando mi atencin hacia el frente, con la sangre todava chocando contra
mi cara en insoportables rfagas. Mis ojos fueron maldecidos al ver a la ms vil y espantosa bestia.
Sus pies estaban callosos y magullados. Sus brazos gruesos y cubiertos de pus. Se par por lo menos
veinte metros de alto y cada rugido que provena de su cara mojada de saliva era ensordecedor. He
visto esa boca antes, pero dnde? Ah, s! La habitacin de inmundicia ms all de las puertas de
este infierno en el que tan precipitada y fatuamente me haba adentrado. La diferencia ahora radicaba
en que este mismo rostro tena los ojos llenos del ms profundo odio que un hombre puede
comprender; y estaba vindome directo a los ojos. Su mirada me estaba destruyendo por dentro. Ya
no poda respirar y mi corazn se senta como si fuera a estallar dentro de mi pecho. De repente,
como en el momento justo, distrajo su atencin. Segu sus errantes ojos y ah estaba ella, nadando a
travs de la carnicera. Se deslizaba con tal elegancia, que incluso en la estela de esta abominable
masacre, brillaba con una gracia artstica, aparentemente escrita por las manos de Dios en persona.
"Ella me persigui hasta aqu. Saba que lo hara. Ella slo est jugando conmigo, la emocin de la
cacera, el poder de la coquetera. Por supuesto! Cmo no lo haba reconocido antes?!"
Finalmente me liber del agarre de tantas almas torturadas y comenc a nadar hacia ella. Espiando
mis deseos, el Demonio se movi con una velocidad sobrehumana y la arrebat de mi alcance. Su
poderosa garra no era rival para su gentil porte. La sostuvo sobre su cabeza, ignorndola por el
momento, y mirndome ferozmente mientras proclamaba: "Te arrepentirs cuando l derrame la
sangre de tu garganta!"

Despus la tumb sobre las rocas a sus pies. Las aguas dejaron de moverse, las afligidas almas
dejaron de murmurar sus lamentos. El silencio era aterrador. Sin previo aviso el suelo comenz a
sacudirse, las paredes comenzaron a desmoronarse, y el viento atac con una ira agraviada. A todo
pulmn, el Demonio bram: "Sers descuartizada miembro por miembro, maldita! Tendrs el Infierno
para pagar!"

Con todo el poder y furia de su inicuo control, mutil el cuerpo inerte de la Tentadora en pedazos,
dejando detrs solamente el maltratado y ensangrentado velo. El terror de lo que haba visto provoc
que perdiera la consciencia, y flot a travs de la ahora tranquila marea del agua ms azul que alguna
vez viste. No puedo detener el sangrado. Tus ojos agonizantes cuentan una historia de pasin
venenosa. Oh, la violencia.

CAPTULO VII: LAS PRECAUCIONES DEBEN SER OBEDECIDAS EN UNA ISLA DE LOS
DECADOS

Cerr mi mano formando un puo y sent la arena entre mis dedos. Cada pocos segundos era
saludado con una fresca, apacible ola de agua. Poda sentir algunas algas atoradas en mi cabello. Los
pjaros cantaban arriba en el cielo y los rboles parecan rer con regocijo en a la clida brisa. Trat de
abrir los ojos, pero el brillante sol me lo hizo imposible. Abrac la paz.

"Se ha ido. La Tentadora se ha ido y ahora estoy atrapado aqu en soledad. Pero, En dnde estoy?
Esto no se siente nada como los lugares en los que he estado desde que entr a la casa. Ponte de
pie, olvdate de ella. Se ha ido, vencida por las manos del Demonio. Olvida la venganza, slvate t.
Abre los ojos, maldita sea."

Di la vuelta sobre mis manos y mis rodillas y me arrastr lejos de la orilla del mar, porque no quera
darle oportunidad a lo que pudiera habitar an debajo. Me tropec sobre las dunas y contempl una
isla paradisaca. No se pareca a nada en lo que haya puesto mis ojos antes; una visin perfecta de
xtasis, un palacio de ensueo, hogar de los que no tienen alma. Ya casi me olvidaba del concepto de
serenidad, pero aqu estaba, un santuario a la locura, una isla de razn. Mir atrs, hacia el una vez
estridente mar y comenc a llorar. Era esta lastimosa playa el ltimo y nico vestigio de cordura en
este mundo vuelto loco? Nunca me haba sentido ms perdido. La mujer que me gui hasta aqu haba
sido destrozada frente a mis propios ojos y todo lo que dej para m era morir en esta playa o seguir
adelante en un reino hostil de tortura y calma.

"Debe haber un punto para todo esto! Es una prueba? Este sereno pedacito de tierra est
realmente destinado a sacarme de mi verdadero camino? Debo seguir adelante, sin importar lo mucho
que me duela en el alma quedarme."

Un desierto lleno de presagios estaba en la distancia. Estaba mofndose de m, retndome a seguir


adelante. Me arrodill y cerr mis ojos, encontr a la Tentadora en mis pensamientos. Si me quedaba
aqu, sin duda morira, pero al menos morira en paz. Si segua adelante, podra encontrar respuestas.
Ya no era mi decisin al notar que mi cuerpo ya haba comenzado a aproximarse a la jungla. Haba
algo terrible en ese bosque, poda sentirlo. Pero, Qu ms daba? El miedo ya no iba a retrasarme.
Era hora de recoger tempestades*, era hora de resolver el enigma.

"Cul es el punto de luchar cuando no hay nada que salvar? El tiempo se est desvaneciendo. No lo
puedo explicar, pero mis ojos suplican que me quede. Debo decir que un da soleado ayuda a alejar
los recuerdos. Como sea, las precauciones deben ser obedecidas en una isla de los decados."

CAPTULO VIII: CANTA UNA CONMOVEDORA CANCIN DE CUNA Y VEREMOS A LOS NGELES
LLORAR

El arrepentimiento le dio paso a la desesperacin despus de caminar varias millas en el infernal


bosque. La sensacin de soledad de alguna manera se junt con la de ser observado con un miedo
silencioso y calculado. Visualmente, todo lo que ya haba experimentado hasta ahora era, por mucho,
ms intimidante, pero este bosque tena una presencia que era muy real y estaba muy molesta. No me
gustaba el hecho de estar ah. Aunque nada verdaderamente inesperado haba pasado an. Tal vez,
de nuevo, simplemente estaba esperando algo mucho peor. Lo que percibes es lo real. Camin y
camin y camin y, a excepcin de la agona mental causada por lo desconocido, estaba
esencialmente solo. Los rboles estaban condecorados con rasgos humanos, rostros, me atrevera a
decir, si no fuera por las hojas y las ramas distrayendo esas caractersticas. De hecho, eran similares a
aquellos que haba encontrado en las paredes de ese pavoroso mar de sangre. Slo que ahora,
parecan ms perdidos, ms desconcertados. Se senta como si hubieran abandonado la pequea
esperanza que pudiera todava existir ah. A menos que estuviera perdiendo la cabeza, lo cual era muy
posible, habra jurado que los rboles estaban lamentndose.
"Mi propia miseria se burla de m. El aire lastima mis pulmones. Apenas puedo ver.
Ojos malvados me rodean, los rboles miran en silencio. Podra intentar correr, pero no veo el punto."
Se estaba volviendo cada vez ms fcil caer vctima del entorno, sucumbir a la tortura. Haban sido
estos rboles alguna vez un simple hombre, como yo, luchando por entender en dnde se encontraba
o en lo que s e haba convertido? Tendra que seguir adelante hasta que mi cuerpo se rindiera?
Morira aqu, con mi cuerpo decayendo en la tierra y convirtindome simplemente en una parte ms
de este deprimente bosque de suicidio? Disminu el paso, gir en crculo tratando de espiar cualquier
semblanza de escape, sin encontrar ninguna. Exhausto, ca de rodillas. El bosque se estaba poniendo
exactamente como esperaba mientras me vea caer lentamente en la desesperacin. Encontr una
rama bastante grande y comenc a afilarla para formar una hoja con una de las tantas piedras que
haba a mi lado. Morira aqu. Eso ya lo saba, pero sera por mi propia mano, no las de ese enfermo,
retorcido diablo que haba creado este Infierno.
"Estoy cansado de intentar, estoy harto de esperar, si no hay nada que pueda hacer. Una triste cancin
de cuna que cantar a los torturados para dormir. Por favor, oh, por favor, querida Tentadora, regresa a
m. Mustrate. Responde a mis lamentos. Ensame el camino. Djame hacerte ma. Podemos sentar
cabeza y cambiar el final, sin nada, slo el tiempo, comenzar de nuevo."
Huellas. Una lnea recta, un flujo constante, creado por un par de magnficos zapatos. Estaban justo
enfrente de m. Haban estado all todo el tiempo? Estaba tan ocupado revolcndome en
autocompasin para notar que ya no estaba solo? Segu las pisadas con los ojos, levantando poco a
poco la cabeza, y all estaba parada, tan hermosa como siempre. No era posible. Yo la vi destruida
bajo el color carmes con mis propios ojos. A caso yo la haba hecho volver? Yo hice que esto
pasara? Haba logrado descubrir esta casa de la risa de la locura? Decid probar mi teora y vocifer:
"Oh, maestra de este laberinto de maravillas, creadora de esta guarida de tormentos, mustrame una
manera de seguir adelante y continuar en el camino de lo desconocido!"
Con esto, la Tentadora me impuls hacia adelante con su fina, delicada mano. Mientras avanzaba,
confiando en su gesto, la pared de la montaa en frente de m comenz a estremecerse y sacudirse.
La entrada a una oscura cueva se revel ante m. Sin vacilar, segu a la Tentadora a las sombras y la
neblina de esa hmeda, fra caverna.
"He vuelto a nacer! Me he liberado! Soy libre! Soy libre de las cadenas de tu control! He
descubierto este lugar! Arrjame todo lo que tengas ahora, te reto! No me puedes negar! No me
desafes! Estoy embriagado de lujuria y soberana! He vuelto a nacer!"

Acto II: EL Umbral Inmortal

(no hay cap 9 solo canciones Before Him All Shall Scatter y Labyrinth)

CAPTULO X: ELLOS NUNCA SERN CAPACES DE VER QUE ELLOS IMPLORAN ESTE
CAUTIVERIO

Abr los ojos pero no poda ver. Tena los ojos vendados. Trat de levantar los brazos para remover la
venda, pero mis brazos estaban atados. Estaba recostado y la superficie era lisa y caliente,
probablemente de alguna clase de acero. Los llantos y gritos en la habitacin eran ensordecedores.
Mucho dolor, demasiada agona. Poda escuchar huesos rompindose y cuerpos cayendo. Poda oler
piel ardiendo, entraas vaciadas, y miedo. Lo que sea que estuviera pasando en este cuarto era una
masacre total.

Fui capaz de levantar la punta de mi hombro a un lado de mi cara y frotar lo suficientemente fuerte
para aflojar el nudo de la venda. Mis ojos por fin eran libres para asimilar el horror a mi alrededor.
Mquinas alineadas en las paredes de un almacn industrial que semejaba un hospital improvisado.
Haba equipos quirrgicos por todos lados, bisturs, pinzas, tijeras. Haba doctores, o al menos lo que
parecan ser doctores, a lo largo de la habitacin, con las caras cubiertas por mascarillas quirrgicas.
Estaban escoltando mares de nios, atados y amordazados, hacia un aparato gigante que pareca un
incinerador. Algo no estaba bien con esta mquina. Los usuales engranajes, tuercas, tornillos y vigas,
en su lugar eran reemplazados por huesos, crneos, msculos y piel. Los motores estaban
literalmente funcionando con la sangre de los olvidados, las almas de los condenados. Uno por uno,
aqullos que no tenan esperanza eran dirigidos hacia un horno construido por la sangre derramada
de los que pasaron antes que ellos.

"Es as? Esto no puede estar pasando. Por qu no lo pueden ver? Ciegos estn guiando ciegos
hacia un desastre y soy el nico al que parece importarle!"

En las grietas expuestas entre los cientos de cuerpos dispersos alrededor del almacn, la vi. La
Tentadora estaba atada a una mesa quirrgica, usando nada ms que un cors y una ropa interior
rasgada. No tena sus zapatos, ni su velo, pero ahora su largo y oscuro cabello cubra su rostro. Movi
su cabeza hacia m y, aunque no poda ver su cara, sent que estaba suplicando por ayuda. Por
primera vez desde que entr a esa terrible casa pareca que yo tena ventaja sobre la Tentadora. Su
miedo era palpable. Tal vez era intencional, slo una pieza ms de este enfermo, retorcido
rompecabezas.

Me concentr lo ms que pude y rogu por algo que me permitiera liberarme de estas cadenas. Tan
rpido como el pensamiento haba llegado, estaba de pie junto a la mesa en la que la Tentadora yaca,
libre de grilletes. Me tom dos pasos llegar hasta la puerta en la lejana pared, completamente listo y
dispuesto a dejarla atrs, a que se pudriera. Inesperadamente y aparentemente de la nada, uno de los
doctores arranc la mascarilla de su cara, revelando un rostro grotesco cubierto de quemaduras de
tercer grado. Debajo de las quemaduras, haba dos caractersticas distintivas que perseguiran mis
sueos por siempre; las fauces abiertas de las aguas negras y los ojos que podran destruir la tierra. El
Demonio dio un paso gigante hacia m y exclam: "Todos deben arrodillarse ante el altar! La velada
ser glorificada! Somos el rebao! En el puerto de Dios todos debern descansar y formar parte del
amo!"
Sin siquiera pensarlo, me agach y desanud las abrazaderas que ataban a la Tentadora a su destino,
levant su cuerpo y me precipit hacia la puerta. Abrindola de un golpe, volte para encontrar al
Demonio corriendo directo hacia m gritando: "Humo bendito brama de la bestia! Inclnate ante los
engranes y adora a la mquina!"

Azot la puerta, con la Tentadora en mis brazos, y corr directo hacia la penumbra que me esperaba.

"No escuchan ni una palabra de lo que digo. No puedo salvarlos a todos. Necesito que confes en m
ahora, dulce Tentadora. No te muevas. Resolver esto. Olvida lo que cualquiera haya dicho, slo toma
mi mano o ambos estamos muertos."

CAPTULO XI: UNO POR UNO LOS REFLEJOS CAERN

Jadeante, paus para recuperar el aliento, murmurando consuelos a la mujer que finalmente haba
tomado. Su mano tomaba la ma, todo este desorden ordenado empezaba a tener sentido. O por lo
menos, si todava era confuso, comenzaba a sentirse que vala la pena el esfuerzo. La Tentadora tena
la piel ms suave que jams haba tocado. Sus dedos danzaban con los mos mientras seguamos
adelante, sin un destino real en mente que no fuera para escapar de aquel lugar. Tal vez pudiramos
salir de aqu, encontrar un pacfico campo de hierba, recostarnos juntos, brazo con brazo, mirando al
cielo, soar juntos, sin recordar nunca jams este repulsivo infierno.
Volte para mirar a la Tentadora y se haba ido, su mano ya no estaba en la ma, en su lugar, era
reemplazada por un pedazo de carne en descomposicin; un brazo cercenado del codo hacia abajo.
Arroj el hueso con msculo cubierto de gusanos al suelo e inmediatamente empec a vomitar.

"Maldita sea! No otra vez! Por qu me torturas de esta manera, cruel Tentadora? Te he salvado la
vida y es as como me lo pagas!? La demencia est susurrndome. Tu vanidad muy pacientemente
robar tu alma. El ojo del que mira conoce la verdad."

Escupiendo lo ltimo que quedaba de bilis al suelo, farfull una maldicin en voz baja, frustrado. Qu
estaba pasando, en dnde me encontraba ahora? Me tom un momento organizar todo, pero cuando
lo hice, jurara que ella tena que saberlo, porque emiti una risita aguda para enfatizar mi molesta
situacin. Una casa de los espejos, un laberinto infinito de reflejos de la persona a quien segua.
Ponindome de pie, ahora poda verla por todos lados. A donde quiera que volteara, ah estaba ella
trotando, rindose, molestndome, mofndose de m. La vea una, y otra, y otra vez, todas al mismo
tiempo. Su risa era penetrante. Se estaba divirtiendo a costa ma y estaba disfrutando cada segundo
de ello. Continu acerndome a ella, pero encontraba slo cristal en cada ocasin. No slo era su
imagen la que se repeta miles de veces, tambin su parloteo. Con cada visin de ella que apareca, la
burlona carcajada estallaba ms y ms fuerte. Ca de rodillas y presion mis manos contra mis odos.
La presin era intolerable, se senta como si mi cabeza fuese a romperse. No poda soportarlo ms y
supliqu: "Por favor, por favor, vil Tentadora, Detn tus gritos! Para de rerte, te lo ruego!"

Con eso, ella solt una risotada que me forz totalmente al suelo, con la cara presionada contra el fro
concreto, con las rodillas encogidas contra mi pecho. En un principio no me di cuenta, pero estaba
gritando, la carne dentro de mi garganta desgarrndose, las venas de mis sienes inflndose, mis
nudillos ponindose blancos por la presin. Justo cuando estaba a punto de perder toda mi cordura, la
habitacin se volvi completamente silenciosa. Respirando con dificultad, abr un poco los ojos y
vislumbr su perfecta figura parada a menos de dos pies de mi rostro. Se arrodill, presion
gentilmente su mano sobre la parte posterior de mi cabeza, y susurr: "Oh, cansado Viajero, deja a un
lado tus miedos, calma tu pulso, disfruta el viaje; pirdete en la feria de la vanidad."

Se puso de pie, dio la vuelta y de nuevo desapareci en un instante. Algo se movi dentro de m. La
haba perseguido a travs de una habitacin de mierda, luchando con una criatura de inmundicia
indescriptible, me aventur hasta la cima de una montaa miles de pies por encima de la tierra, nad
por un ro de sangre hirviendo, rodeado por las atormentadas almas de los condenados, explor la
oscuridad de una cueva diseada para volver loca a una persona, y la rescat de las garras de un loco
dirigiendo a las masas hacia un horno de infinito dolor y pena; y an as ella tena el valor de mofarse
de m. Finalmente no aguant ms, mi ira se desbord, y arremet contra su belleza que ridiculizaba.
Con la sonrisa de un hombre vuelto loco, dej escapar una carcajada mientras me arrojaba hacia el
agraciado espejo. Pareca como si el tiempo se hubiera ralentizado mientras vea pequeos e
incontables prismas de cristal estallar hacia la nada. Era un prisionero liberndose.

"Encontrar cada imagen de ti en esta maldita casa de la risa y destruir hasta la ltima pieza de ti!
Ataca los espejos! Destroza los prismas! Uno por uno los reflejos caern hasta que los destruya
todos!"
Ms nubes de polvo centelleante florecan en el aire y me perd en el momento, con la boca hecha
agua ante el pensamiento de que ella no tuviera dnde ms esconderse. Pareca que apenas haba
comenzado cuando la labor ya estaba hecha y sostuve la ltima pieza de cristal roto en mi mano.
Honestamente esperaba que ella siguiera ah parada, pero no lo estaba. Aturdido, busqu en un vaco
sin esperanzas, una negrura que se extenda hasta los confines de la tierra.

Un solo punto de luz atravesaba el abismo y brillaba sobre m. Me sent verdaderamente solo por vez
primera desde que cruc la puerta. Lo haba perdido todo, completamente, todo lo que tena para
guiarme o para por lo menos engaarme a pensar que tena un plan. Con esa epifana, el ltimo
fragmento de esperanza huy de m, el ltimo rayo de luz se apag, y ah estaba varado, de rodillas,
posado sobre el umbral inmortal.

CAPTULO XII: EL CAMINO DE UNA TENTADORA MENTIRA

"Est muy oscuro aqu dentro. No puedo ver ni siquiera mi mano justo en frente de mi cara; y est muy
tranquilo, muy, muy tranquilo."

Mi mente incontrolablemente regres al camino, a la Ciudad Dorada. Estuve tan cerca de la redencin,
y luego ella apareci. Dios mo, es tan hermosa. Habra dado cualquier cosa para tocarla, para
besarla, para tenerla cerca de m. Supongo que probablemente ya lo haba dado todo. Le di mi alma,
mi vida, mi bsqueda de descanso eterno en el momento en que la segu hacia ese Infierno. Acaso
existen las segundas oportunidades? Si rezo, si suplico, Hay alguna oportunidad de que pudiese
regresar a mi camino una vez ms?

"Estoy tan confundido. Estoy tan cansado. Lo siento tanto."

Intent arrastrarme a algn lugar, donde fuera. Haba vidrios rotos por doquier, evidencia de un
hombre vuelto loco. Haba perdido todo el autocontrol y, Para qu? Por ella? Por esa despreciable
Tentadora? Qu desperdicio. Lo haba dejado todo por ella y ella me haba abandonado aqu. Lo peor
es que ella pareca disfrutarlo. Me haba mentido a m mismo y por eso he sido castigado. Tendr que
sentarme aqu por siempre, atrapado en una penumbra tan malvada que el hombre no puede ni
siquiera empezar a entender su poder. Cada movimiento que he hecho ha sido incorrecto. El Demonio,
la Tentadora, la oscuridad se ha mantenido un paso por delante de m todo el tiempo.

"Unos cuantos prismas de cristal ofrecen poco consuelo en la penumbra. El desolado vaco est
bebiendo hasta la ltima gota de vida que me queda."

Dej de buscar una salida. ste era el fin. Fui vencido. Todo lo que hube sufrido fue por nada. Ergu mi
espalda, me sent orgulloso y fuerte sobre mis rodillas, junt las manos y las dirig hacia mi pecho. Era
mi ltimo recurso. No tena ms opcin.

"Amado Dios, no soy ms que un cansado Viajero. Es gracioso cmo nos creemos las cosas que nos
decimos a nosotros mismos, y que nuestros corazones simplemente siguen. Ruego por absolucin.
Djame regresar al camino de una tentadora mentira. Guame hacia la luz."

La Ciudad Dorada, fui llevado.

CAPTULO XIII: TU CUERPO ES UNA ENFERMEDAD


Tena miedo de abrir los ojos hasta que sent una fresca brisa recorrer mi piel. Mov las manos de mi
rostro mientras me pona de pie. En frente de m haba una enorme, angelical fuente. Era divina. El
agua saltaba hacia el cielo y regresaba al suelo con un toque meldico. Los pjaros daban vueltas
arriba, cantando una clida y atrayente cancin al sol naciente. Me inclin y dej al agua rociar su
refrescante elixir sobre mi cuerpo. Me zambull de cabeza a la brillante agua azul y anduve a travs de
las ondas, riendo y llorando al mismo tiempo al darse mi mente cuenta de dnde me encontraba; Yo, el
Viajero, haba sobrevivido los ms infernales viajes y ahora me encontraba directamente en el centro
de la Ciudad Dorada. Era ms magnfica de lo que mis sueos ms salvajes jams hubiesen
imaginado. Mir por encima de m a las nubes ms blancas y el cielo ms azul que jams haba
observado. Los edificios eran majestuosos y regios, los suelos, cuidados y ambrosacos. El aire era
ligero, los rboles verdes, y la atmsfera maravillosa.

"Justo ante mis ojos, una trgica sorpresa; el agua se detiene"

Estoy seguro de que tom varios minutos en pasar, pero se sinti instantneo. Las nubes se pusieron
grises, el cielo se puso morado. Los rboles estaban desnudos, y las hojas, muertas en el suelo. Los
edificios haban comenzado a derrumbarse en el suelo, los pjaros se haban ido. A pesar de todo eso,
lo ms terrible estaba parado ms all de la fuente. Cuando la ltima gota cay del cielo, la una vez
impresionante fuente revel una pesadilla que podra sacudir el alma del hombre ms noble. Ah
estaba; la Tentadora. Slo que ahora, estaba vestida de negro, con la piel agrietada y sangrando, sus
ojos, proyectando un horror indescriptible. El velo an cubra gran parte de su rostro, pero poda sentir
la rencorosa sonrisa malvola que haba debajo. Sin siquiera pensarlo, gate por el agua y sal
corriendo.

Comenz la persecucin. La Tentadora estaba pisndome los talones en un instante. Dios, era rpida.
Estir el cuello y vi que sus pies apenas estaban tocando el suelo, pareca estar flotando. No hay
manera de que sea capaz de rebasar ese tipo de velocidad, sobrevivir a ese ataque agresivo. Estaba
rindose, pero no era la risa de una mujer delicada, ni siquiera coincida con el timbre de sus gritos en
el laberinto de espejos. sta era gutural, estaba enfadada, y estaba hambrienta. Ya he escuchado esta
risa antes, al parecer hace no mucho tiempo.

"Se siente como si hubiera estado corriendo por das. La maldad llover y nos ahogar en su dolor, y
su sed. Si espero sobrevivir, debo pensar ms rpido. Estoy perdiendo terreno. Estos pasos se sienten
familiares. Debera detenerme y enfrentarla? Debera retirar el velo?"

La ciudad a mi alrededor estall en un disturbio. Templos derrumbndose; todo a mi alrededor, pnico.


Los edificios ardan en llamas, colapsando contra el suelo. Los habitantes de la Ciudad Dorada corran
hacia m, hacia los dems. Era un caos. La sangre era derramada hacia todas direcciones, los cuerpos
de inocentes eran mutilados, la sed de los condenados envenenando esta utopa. No poda escapar a
la nocin de que todas estas personas parecan idnticas, con capuchas sobre sus cabezas,
disfrazando sus identidades. Si tan slo pudiera ver sus rostros. El tiempo se me acababa, la puerta
estaba justo adelante.

Los pasos estaban alcanzndome, acercndose.


"Me tenas convencido de que juntos podamos volar, hasta que comenc a rayar la superficie y vi ms
all de tu mascarada. Tu cuerpo es una enfermedad."

La curiosidad llovi sobre m con una furia indescriptible. Tena que saber. Tena que saber quin
estaba causando esta violencia, destruyendo la Ciudad Dorada pulgada por preciosa pulgada. Corr
directamente hacia uno de los alborotadores, llegando a una parada inmediata, y cayendo al suelo. La
Tentadora, slo unos pasos detrs, cay sobre m, chocando directamente con el desprevenido
hombre enmascarado. Me sub a l, sin preocuparme ms por la Tentadora, quien yaca
inquietantemente quieta en la distancia. Golpe sus brazos contra el suelo mientras l forcejeaba por
ponerse de pie. Presion mi frente contra la de l y grit: "Qudate quieto, maldito bastardo! La estn
destruyendo! Por qu?! Respndeme, gusano! Por qu arruinaran algo tan hermoso?! He
recorrido todo este camino y es por ustedes que no encontrar la salvacin! Dime por qu! Por qu
me haran esto a m?! Cmo podran hacerme esto a m?!

Le arranqu la capucha y encontr mi respuesta. Me qued observando por lo que parecieron horas.
Trat de parpadear, trat de sacudir mi cabeza. Se senta como si la Tierra se hubiera detenido.

No puede ser. Esto no es posible. Se me hiela la sangre, me temo que ahora s la verdad. Arranco
hacia atrs la capucha y miro hacia mis propios ojos. La pobre alma torturada debajo de la capucha
soy yo. La Tentadora estaba sobre m antes de que pudiera siquiera reaccionar, con un golpe en la
cabeza. Me perd en la oscuridad, inconsciente. Todo se aclarar.

CAPTULO XIV: NO HAY ESCAPE DE ESTE HORRIBLE LUGAR

Cuando volv en m, estaba corriendo. Cmo demonios estaba corriendo? Mi cabeza me estaba
matando, la sangre se verta sobre mis mejillas. Pasos detrs de m. Todo esto se senta muy familiar.
Los rboles, la respiracin pesada, el sudor.

"No hay escape de este horrible lugar".

Las ramas, las piedras, el sol poniente. Yo he estado aqu antes. Me di cuenta de que estaba mirando
directo al suelo y finalmente decid mirar hacia el frente.

"La Ciudad Dorara. No puede ser. Recin escap de tu embrague. Ests detrs de m."

Aterrado, reun el coraje para echar un vistazo hacia mi derecha, rogando que ella no estuviese all,
que esa casa no estuviese all. Pero ah estaba ella, con el vestido rasgado a los lados, los magnficos
zapatos desgastados a mocasines, el velo maldito, el largo y esbelto dedo incitndome a seguirla.

"La verdad finalmente ha mostrado su rostro. Cunto tiempo he estado en este lugar? Debo siquiera
atreverme a cuestionar los planes del destino, o someterme a esta desolada suerte? No ms
tropiezos, No ms de esta mierda! Estoy harto. Mustrame tu rostro, atroz monstruo!"

Me detuve y di la vuelta, horrorizado de encontrar a la Tentadora ah parada. Haba estado corriendo


de lo que persegua todo este tiempo. Segu y escap, ms y ms profundo a los crculos del Infierno.
Esa maliciosa y mayormente malfica casa haba, de hecho, sido mi propio purgatorio. Estaba siendo
destruido, castigado por mis pecados, por las cosas que haba hecho en vida. Slo Dios sabe por
cunto tiempo he estado corriendo en este mismo crculo vicioso. Perseguido por la Tentadora,
persiguiendo a la Tentadora, esquivando al Demonio. Dnde comenz ella, y dnde termin yo?
Cundo fue que me convert en el Demonio? Era yo tratando de advertirme a m mismo todo el
tiempo? Estaba atrapado en una pesadilla, producto de mi propia locura, llevado ms y ms hondo
debajo de la tierra hacia las profundidades de tal despreciable tortura. Mis pensamientos fueron
interrumpidos por los gritos de la Tentadora: "Nosotros somos los crucificados, somos los virtuosos,
somos los condenados! Recemos por nunca quedarnos dormidos!".

"No ms. Prate y pelea. Rompe el ciclo, acaba con la Tentadora de una vez por todas. Ya no se
burlar de mi ms!".

La mir directo a los ojos y proclam: "Oye, extraa, Cmo te llamas? Nos hemos visto antes? Mira
a tu alrededor, las escenas son todas las mismas. Puedo ver que el velo est justo detrs de m, y sin
embargo, aqu ests. Ya he dicho esto antes, o es la primera vez que te atrapo en tu pequeo juego?
Si slo sigo movindome, estar bien, o una vez ms habr pnico en medio del caos? Ya no
escapar de ti!"

Corr directo hacia ella, tirndola al suelo. Con una violencia e ira que nunca cre que existiera en mi
interior, destroc su cuerpo. Le saqu los ojos, arranqu sus dedos, le cort los nervios, destroc sus
tendones. Ella gritaba y suplicaba, pero ignor cada ruego. Ya no caera en sus mentiras. No quera
mutilarla, no quera asesinarla, quera acabar con ella. Quera hacerla desaparecer de la existencia.
Estaba enfurecido. Haba perdido la cabeza. Su corazn ya haba dejado de latir hace mucho tiempo y
yo todava grit: "Ahora que ya me tienes, Qu sigue?! Te destruir, demonio! Despojado de tu
cuerpo, carmes! La furia de la justicia ahora te consumir en la muerte!

Sent un golpe en mi hombro, mir atrs y observ una hermosa y delicada mano. Me inclin hacia
atrs y la vi. Estaba de pie sobre m, tan hermosa como nunca antes la haba visto. Ella se inclin y
presion sus labios contra los mos. Recorri sus dedos a travs de mi cabello y sonri, con esa
preciosa sonrisa que siempre derreta mi corazn. Poda saborear su aliento y eso me volva loco. Se
puso de rodillas, me acerc a ella, y susurr: "Despierta, corazn. Despierta. Regresa conmigo.
Despierta."

Por supuesto, yo obedec. Yo siempre haca lo que ella me pidiera. Jams ignorara las dulces
palabras de mi Annabel.

CAPTULO XV: Y AHORA PARA LA ILUSIN FINAL

"Mis ojos se abren de par en par al despertar, jadeando. Algunos dicen que los sueos tienen un
significado ms profundo, que son gritos de nuestro subconsciente. Nunca le di mucha importancia a
esas ideas. Pero me siento extraamente obligado a relatarle ste a mi amada, mi Annabel.
Sacudindola dulcemente, me pregunto por qu su piel se siente tan fra como la nieve virgen. Mis
pensamientos son interrumpidos cuando la realidad me golpea como un relmpago y yo grito".

Ella me haba rescatado de mi pesadilla, pero lo hizo muy tarde. Haba sangre por todos lados, los
gritos de dolor an resonaban en la habitacin, nuestra habitacin. Comenc a sollozar sin control.
Qu haba hecho? Mi nico amor, mi Annabel, haba sido asesinada por mi propia mano.
"Esto tiene que ser un sueo. Una pesadilla dentro de una pesadilla. Voy a despertar y ella va a estar
bien. Voy a contarle acerca de mi viaje a travs del Infierno, mi victoria sobre la Tentadora, y el
Demonio. Vamos a rernos juntos de cun reales los sueos se pueden sentir, de cmo pueden
atormentar nuestras mentes tan lcidamente que comenzamos a creer que realmente los estamos
exteriorizando, representndolos en un teatro de nuestros mayores miedos".

La pesadilla haba ganado. Sabra la Tentadora todo el tiempo lo que yo iba a hacer? Es por ello
que se mofaba de m? Es por ello que no importaba cuntos errores cometiera a lo largo del camino
en esa casa olvidada por Dios, siempre se me daba otra oportunidad? Nunca estuve en control. Todo
fue una mentira. El castigo por mis pecados nunca haba de ser pasar una eternidad en el Infierno. Era
vivir sin amor en mi vida aqu en la tierra. Lo nico que verdaderamente haba amado se haba ido. Mi
Annabel se haba ido. Casi poda escuchar a la Tentadora y al Demonio riendo. Nunca tuve una
oportunidad.

Me puse de pie, camin hacia el espejo, mir mi ropa cubierta de sangre, mis manos cubiertas de
sangre. Llor, supliqu, rogu. Pero ella no regresaba. Haba fallado.

Cerr los ojos y respir profundo. Nunca vi la cuchilla venir. No estoy muy seguro de siquiera haberla
sentido entrar en m. Habra abierto los ojos para espiar quin me haba hecho esto, pero realmente,
cul es el punto? No es como si no lo supiera. Esta no es la primera vez que me he tenido que ver
morir.

Qu es eso que Annabel haba dicho antes de irse aquella noche? Estamos dando vueltas, y
vueltas, y vueltas? Ser mejor que empiece a prestar ms atencin antes de que alguien salga herido.

"Aprisionado debajo del mundo donde los desalmados habitan, yace un lugar que los condenados
llaman hogar. Un lugar donde los virtuosos se esconden temerosos, un lugar que slo vemos en
nuestras pesadillas."

Un lugar donde el sol es silencioso.

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