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Estados Unidos Entre Guerras

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ESTADOS UNIDOS ENTRE GUERRAS (1919 - 1941)

Auge, Caída y Recuperación económica

La depresión posbélica fue seguida de una fase de prosperidad en la década de 1920, con una
sociedad de consumo de masas en pleno crecimiento. Pero a partir de mediados de 1929, el país se
sumió en una crisis económica de una gravedad devastadora. La producción industrial descendió
constantemente a lo largo de cuatro años y las quiebras y el paro crecieron proporcionalmente
derrumbándose el sistema financiero. Millones de personas pasaron a depender de la caridad
mientras hombres y mujeres morían de hambre en las calles de Nueva York. El proceso de
recuperación iniciado en 1933 fue lento, alargándose hasta el estallido de la segunda guerra mundial,
cuando el país pasó a ser otra vez el arsenal de la democracia.
La consecuencia de esta amarga experiencia fue el cambio de mentalidad en las relaciones Estado-
Economía. En la década de 1920 parecía que el Estado y sus mecanismos de control eran
superfluos, confiando en el poder de autorregulación de la economía. Esta fe elemental no pudo
sobrevivir a la depresión, como tampoco sobrevivieron los valores individualistas, la idea de que los
hombres únicamente podían prosperar en virtud de su esfuerzo personal. Tras la depresión vino la
política del New Deal de Roosevelt, en la que no sólo el gobierno federal intervenía en casi todos los
aspectos de la vida americana sino que la mayor parte de la población esperaba que aquél
garantizase su nivel de vida.

Los problemas al final de la guerra


Al término de la primera guerra mundial, los Estados Unidos se habían convertido en la primera
potencia económica y, aunque el país siguió una política aislacionista no interviniendo activamente
en la política europea, era evidente su influencia en los asuntos económicos de ésta. La economía
americana se había desarrollado rápidamente bajo el estímulo de los altos precios creciendo la
producción en un 37%. Las deudas de guerra con los Estados Unidos se cifraban en 7000 millones
de dólares, a los que se añadieron otros 3000 millones destinados a la reconstrucción de Europa.
Esta enorme deuda y el hecho de que la balanza de pagos fuera favorable a los Estados Unidos,
dificultó enormemente el proceso de recuperación europea.
Por otra parte se inició una época de aislacionismo. Los americanos no deseaban tener
contacto con la política y los problemas europeos. De hecho reaccionaron violentamente contra
aquellos rasgos de la sociedad americana que se consideraban extranjeros. Esto afectó, entre otros,
a los nuevos inmigrantes procedentes de la Europa meridional y oriental que no daban el aspecto de
ser americanos al ciento por ciento con sus diferentes creencias religiosas, costumbres y fidelidad
hacia el país de origen. Ya estaba en vigor una legislación restrictiva en materia de inmigración, pero
las cuotas impuestas a los nuevos inmigrantes en 1921 se redujeron en 1924. Como resultado, la
inmigración entre 1920 y 1924 cayó por debajo de la mitad de la que se había producido entre 1910 y
1914.
Esta política nacionalista se dirigió también contra los políticos radicales y los militantes sindicalistas.
Estos grupos eran básicamente urbanos y formados en gran parte por inmigrantes que eran,
consecuentemente, poco americanos. Las principales huelgas tuvieron lugar en 1919 y principios de
1920 en las minas de carbón y en la industria siderúrgica debido a la subida de los precios. Pero la
más grave amenaza contra el orden fue la huelga de la policía de Boston en 1919 y, aunque no
hubieron pruebas de motivación política alguna, 19 agentes fueron cesados por pertenecer a un
sindicato. Se solicitó la mediación del gobernador de Massachusetts, Coolidge, cuya respuesta
telegráfica Nadie tiene derecho a ir a la huelga contra la seguridad pública le valió la fama de ser el
hombre que acabó con la huelga y le aseguró su designación como candidato a la vicepresidencia. A
partir de entonces todas las huelgas y todo aquello que no encajara con la idea estereotipada del
americano cien por cien fueron consideradas como una amenaza a la Constitución. En nombre de la
libertad les fue negada la protección de la ley a los radicales, desde los marxistas revolucionarios
hasta los reformistas más moderados.
El miedo a los rojos de 1919 fue manifiestamente exagerado. El número total de afiliados a los
partidos comunistas apenas llegaba a los 75.000 de los cuales había pocos activistas. No había
posibilidad alguna de una revuelta revolucionaria, pero un importante sector de la población
sucumbió al rumor y a la histeria. Cuando el pánico cedió a mediados de 1920, al hacerse evidente el
fracaso del bolchevismo internacional, las secuelas legales permanecieron y los juicios contra
revolucionarios siguieron sin ser imparciales.
La población americana estaba harta de luchas políticas y cuando Warren Harding, el candidato
republicano y un perfecto desconocido fuera de Ohio, propugnó en su campaña electoral una política
de normalidad, lo que América necesita no es heroísmo sino curar sus heridas, normalismo y no
panaceas se ganó al electorado siendo elegido presidente en las elecciones de 1920. Fiel a sus
propósitos fue el presidente más ineficaz de los tiempos modernos dejando que sus conciudadanos
se dedicaran a la tarea que él consideraba más adecuada: ganar dinero.

El auge económico (1920 - 1929)


Durante la década de 1920 la economía experimentó un desarrollo casi ininterrumpido, salvando una
breve recesión entre 1920 y 1921. Esto fue consecuencia de unas inversiones masivas basadas en
una fuerte demanda de artículos duraderos como los automóviles y los aparatos eléctricos y en una
expansión acelerada de los sectores de la construcción y servicios. De estas inversiones una gran
parte se dedicaban a la mejora de los procesos de producción con lo que se consiguió implantar la
fabricación en cadena y aumentar la producción por cápita. El más famoso exponente, aunque no su
creador, fue Ford, quien aplicó las ideas de Taylor en la fabricación de los Ford modelo T . Pero más
revolucionaria fue su decisión de implantar el salario de 5 dólares por día en una época en la que sus
competidores pagaban mucho menos.
La publicidad experimentó una gran difusión debido a la introducción de los periódicos y a la radio.
Los programas comerciales hicieron su aparición en 1919 con el fin de estimular las ventas.
El país gozaba de prosperidad y muchas personas que sólo disponían de medios de fortuna
moderados comenzaron a pensar que cualquiera que tuviera unas dotes y energía suficientes podía
enriquecerse rápidamente. Además se pensaba que la economía americana era lo suficientemente
fuerte como para auto regularse por lo que el gobierno federal tuvo escasa participación directa en la
prosperidad de aquellos años. Su volumen de gastos era muy bajo y no se hizo ningún intento en
fortalecer el empleo o la inversión. De hecho, la totalidad de los hombres de negocios pensaban que
ellos gastaban el dinero de forma más productiva que el gobierno. No resulta, pues, sorprendente
que los presupuestos federales se cerraran con superávit, que la presión fiscal fuera débil y que a los
hombres de negocios se les dejara tranquilos.
Los agricultores, en cambio, se enfrentaban al problema de su exceso de producción. Para ellos era
más fácil aumentar la producción que restringirla ya que los productos eran cultivados por un gran
número de agricultores de forma que ninguno de ellos podía influir en su precio de venta. Frente a la
caída de los precios reaccionaban a menudo produciendo más. Pero la caída de los precios no
llevaba aparejada un aumento de las ventas ya que el crecimiento de la población era lento
comparado con la época de preguerra.

La Caída: la quiebra de la bolsa y la crisis económica (1929 - 1933)


El auge económico culminó en una orgía especulativa. A partir de marzo de 1928, las acciones de
las principales compañías como la General Motors, Radio Corporation de América y United States
Steel, subieron rápidamente de valor. Al cabo de veinte meses el índice de cotizaciones casi se había
duplicado. De hecho en la década de 1920 las emisiones de valores habían constituido una
importante fuente de capital inversor y consecuentemente de crecimiento económico pero jamás
habían subido tanto las cotizaciones en un periodo tan breve ni se habían lanzado al mercado tantas
nuevas acciones. Parecía imposible que pudiera perderse dinero en la Bolsa, lo que acabó por
convertir a cada pequeño inversor en un especulador.
La quiebra de la Bolsa tuvo lugar en octubre de 1929, de forma sorprendentemente repentina.
Durante la primera semana de septiembre se había producido ya una caída de las cotizaciones, pero
los especuladores la aprovecharon para hacer algunas ventas escogidas y el mercado se recuperó.
El 23 de octubre fue vendida la cifra récord de seis millones y medio de títulos. Al día siguiente el
caos y el pánico se apoderaron de la Bolsa neoyorquina. Veamos cuales fueron los factores que
favorecieron este fenómeno:
- La inseguridad: cuando el inversor acudía a su agente para que le informara de la situación de
sus acciones, el teletipo mostraba la pérdida en una semana de las ganancias de meses. Pero la
realidad era que el teletipo llevaba un retraso de dos horas sobre el desarrollo de las operaciones.
Cada diez minutos se procedía a anunciar desde el parquet unas pocas cotizaciones sensiblemente
más bajas que las registradas por el teletipo. El accionista daba orden de venta con la esperanza de
que al final de la operación sus pérdidas fueran soportables.
- Las transacciones a crédito: muchos de los títulos habían sido comprados a crédito a los
agentes. Dichos créditos habían de financiarse con las ganancias en las cotizaciones. Cuando las
cotizaciones cayeron, desapareció esta posibilidad y el comprador hubo de pagar con efectivo
procurado mediante la venta de una parte de sus acciones.
- Los rumores: Circulaban toda clase de rumores, entre ellos que la Bolsa de Chicago había
cerrado y que varios destacados financieros se habían suicidado arrojándose de las ventanas de los
rascacielos. Ambos eran falsos.

A primera hora de la tarde, el vicepresidente de la Bolsa de Nueva York, se presentó en el parquet y


adquirió títulos por valor de 240 millones de dólares. Los principales bancos y entidades financieras
actuaron de acuerdo para intentar cortar el pánico, lo que consiguieron temporalmente. n el momento
de cerrar las operaciones el número de ventas era ya mucho menor y el día siguiente transcurrió con
relativa tranquilidad. Parecía que la debilidad había sido superada pero en la tarde del lunes 28
comenzó una nueva oleada de pánico. Nueve millones de título fueron vendidos. Al día siguiente se
alcanzaría la asombrosa cifra de dieciséis millones y medio. Por entonces las cotizaciones habían
sufrido una bajada del 40 por 100, si bien todavía se mantenían por encima del nivel de marzo de
1928, momento en que se inició la subida. Cuando la caída de la Bolsa se detuvo definitivamente en
el verano de 1933, su nivel había bajado un 80 por 100 respecto a 1929.
El derrumbamiento de la Bolsa se produjo porque las cotizaciones habían dejado de reflejar la
marcha de la economía. La mayor parte de los recursos financieros utilizados con fines especulativos
procedía de los elevados beneficios de las grandes compañías. La fuerte subida de la Bolsa hacía
que a los empresarios les resultara más ventajoso prestar el dinero en efectivo a los especuladores
que emplearlo con fines productivos. Esto significaba que financiaban la especulación de sus propios
valores sin que hubieran tenido incrementos de producción que justificaran el alza de las
cotizaciones.
Otro factor importante era la compra de valores a plazos: el comprador solo tenía que pagar al
contado una parte del precio de las acciones; el resto podía pagarlo más tarde con la garantía de los
beneficios del valor en cuestión
A partir del momento en que el alza de las cotizaciones dejó de tener relación con la marcha de la
industria, era solo cuestión de tiempo que el mercado se viniera abajo. El motivo podía ser cualquier
suceso sin importancia.
La depresión subsiguiente fue la peor de la historia americana. La economía se hundió hasta el punto
de que en la década de 1930 los Estados Unidos experimentaron una depresión más profunda que
cualquier otro país industrial. El número de parados se cifraba en 8 millones en 1931. En 1932 el
producto nacional bruto había descendido en un 27 por ciento respecto a 1929, la producción
industrial sufrió una contracción del 50 por cien, la inversión ni siquiera alcanzaba para el
mantenimiento de las instalaciones existentes. Bajo estas presiones el sistema bancario se
derrumbó. Los bancos no tenían prácticamente sucursales, cada pequeña ciudad tenía el suyo y se
apoyaban en unas pocas industrias locales lo que les hacía muy vulnerables. Las quiebras de bancos
fueron uno de los rasgos característicos de la vida americana. La primera oleada de bancarrotas del
invierno de 1930-1931 afectó únicamente a bancos pequeños. Una excepción fue el Bank of the
United States de Nueva York, la mayor quiebra de todos los tiempos. La segunda oleada en 1931
afectó cada vez más a las grandes instituciones. En el invierno de 1932-1933 algunas regiones
llegaron a utilizar moneda canadiense o mexicana, e incluso moneda de fabricación local. El día de
toma de posesión de Roosevelt, el 4 de marzo de 1933, cerca de la mitad de los estados habían
cerrado sus bancos por disposición legal, y de los que permanecían abiertos muchos no disponían de
dinero.

La lenta recuperación: El New Deal de Roosevelt


Era obvio que algo extraordinario flotaba en el ambiente a partir del momento en que Roosevelt
pronunció el discurso de toma de posesión de lo único que hemos de tener miedo es del miedo
mismo, el sábado 4 de marzo de 1933. Inmediatamente decretó unas vacaciones de cuatro días para
la banca y convocó para el lunes siguiente una sesión extraordinaria del Congreso. A lo largo de los
siguientes 100 días, como se conoce a este período, el Congreso aprobó una avalancha de leyes
sobre fondos asistenciales para los parados, precios de apoyo para los agricultores, servicio de
trabajo voluntario, proyectos de obras públicas en gran escala, reorganización de la industria privada,
creación de un organismo federal para salvar el valle del Tenessee financiación de hipotecas para los
compradores de viviendas y para los agricultores, seguros para los depósitos bancarios y
reglamentación para las transacciones de valores.
El compromiso financiero del gobierno federal no tenía precedentes en tiempos de paz. El problema
más acuciante era la quiebra total del sistema bancario de tal forma que, el día de la toma de
posesión, era prácticamente imposible cobrar un cheque. Después de las vacaciones bancarias, en
la primera de sus charlas junto al fuego en que se dirigía a la nación en un tono hogareño, informó a
radioyentes que los bancos abrirían al día siguiente porque no corrían riesgo alguno si depositaban
en ellos su dinero; y así lo hicieron. La crisis bancaria que era esencialmente una crisis de confianza
se solucionó fácilmente.
Otro de los problemas acuciantes de 1933 era la ayuda a los parados. La primera medida en ese
terreno fue: en los parques nacionales y en otros sitios semejantes, se crearon campamentos de
trabajo donde los parados de 18 a 25 años efectuaban tareas de conservación de la naturaleza. Pero
el principal intento de ayudar a los parados fue la Federal Emergency Relief Act de mayo de 1933.
Esta institución se encargaba de pagar a los organismos locales de ayuda a los parados para que
pudiesen incrementar sus prestaciones. A comienzos de 1934, el número de familias que estaban
recibiendo ayuda ascendía y el número de personas asistidas. El desempleo había bajado.
Pero no todo había de ser un camino de rosas. Hacia 1935 el ritmo de recuperación se había
detenido. Parecía que las medidas de los primeros cien días sólo podían llevar al país hasta un punto
sin ser capaz de ir más allá y los empresarios empezaron a desertar de la coalición. Hasta los
sindicatos sentían suspicacia por algunas de las legislaciones ya que consideraban que eran
utilizadas contra ellos.
De todas formas Roosevelt no tenía rival y ganó las elecciones de 1936. En su segundo discurso de
toma de posesión habló de A...la tercera parte de la nación mal alojada, mal vestida y mal
alimentada. El mensaje estaba claro: había tomado partido. Los empresarios habían de ser
considerados como enemigos porque podrían frustrar el cambio social. Fue también por esta época
cuando muchos negros empezaron a apoyar a Roosevelt. El gobierno anunció la próxima
promulgación de una ley sobre la vivienda, la puesta en marcha de la seguridad social y el propósito
de crear organismos de planificación regional al estilo de la Valley Authority. Y lo que fue más
importante: los sindicatos recibieron un amplio respaldo federal de forma que fueron reconocidos en
1937.
La forma en que eran llevados los asuntos exteriores era una fuente adicional de descontento ya que
la opinión pública seguía considerando que la entrada de América en la primera guerra mundial había
sido innecesaria salvo para llenar los bolsillos de banqueros e industriales. Hasta 1939, los
dictadores europeos no eran vistos por la opinión pública como una amenaza. Es más, para los
liberales y aislacionistas sus reivindicaciones territoriales constituían una expresión legítima del
principio de autodeterminación nacional. Aunque existían pequeños grupos fascistas americanos,
éstos eran insignificantes y el comité de actividades antiamericanas de 1938 centró su atención en
los comunistas.
Cuando estalló el conflicto en 1939 surgieron dificultades con la ley de neutralidad, que tenía que ser
derogada para que Gran Bretaña y Francia pudieran adquirir armamento en los Estados Unidos. Lo
fue, pero en términos muy desfavorables ya que ingleses y franceses estaban obligados a pagar al
contado aquéllos suministros que no pudieran ser transportados en barcos americanos..
La derrota de Francia a manos de Alemania transformó radicalmente la situación. La guerra
relámpago y el aparentemente inminente derrumbamiento de Gran Bretaña pusieron de manifiesto la
debilidad militar de América, pues a nadie se le ocultaba que si los alemanes ponían pie en México,
grandes zonas del Medio Oeste quedarían a merced de los bombarderos. La aprobación de una
asignación de 12.000 millones de dólares para la defensa supuso la creación de dos millones de
puestos de trabajo tan sólo en 1940. En septiembre del mismo año fue establecido el servicio militar
obligatorio.
La derrota francesa permitió a Roosevelt ocupar por tercera vez la presidencia, fenómeno sin
precedentes. En la crisis los votantes se agruparon en torno al presidente. Al amparo de la ley de
préstamo y arriendo de marzo de 1941 le fue concedido a Gran Bretaña un crédito ilimitado y la
marina americana empezó a escoltar los convoyes. En Otoño de 1941 existía ya una guerra naval no
declarada entre Estados Unidos y Alemania
Por último, en diciembre de 1841, los gobierno japonés y alemán evitaron la decisión a los
americanos de declarar la guerra. A primera hora del domingo 7 de diciembre de 1941, los
aparatos de los portaviones japoneses atacaron y destruyeron gran parte de la flota americana
estacionada en Pearl Harbour, en las islas Hawai. Este ataque ha suscitado una considerable
polémica ya que el servicio secreto americano había descifrado el código japonés y la actividad
diplomática era intensa. )Acaso expuso Roosevelt a la flota americana a un ataque por
sorpresa, convencido de que América debía entrar en la guerra?. No existen pruebas que
abonen esta suposición y lo ocurrido puede atribuirse a simple incompetencia militar. El 8 de
diciembre de 1941 el Congreso aprobó la declaración de guerra a Japón con un solo voto en
contra. Alemania e Italia declararon la guerra a los Estados Unidos, como habían estipulado y
los Estados Unidos volcaron la totalidad de los recursos de su economía y de su sociedad
contra las potencias del Eje.

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