TABULA RASA
REVISTA DE HUMANIDADES
No.10 enero - junio de 2009
NDICE
Editorial 9
Contra el olvido
El corazn de los estudios culturales:
Contextualidad, construccionismo y complejidad
The heart of cultural studies:
Contextuality, constructionism and complexity
O corao dos estudos culturais: contextualidade,
construccionismo e complexidade 13
Lawrence Grossberg
University of North Carolina, Chapel Hill, USA
Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina:
Propuestas pedaggicas y metodolgicas
Cultural studies in postgraduate programs in Latin America: A pegagogical and
methodological proposal
Os estudos culturais em programas de ps-graduao na Amrica Latina:
propostas pedaggicas e metodolgicas 49
Mnica Szurmuk
Instituto Mora, Mxico
Robert McKee Irwin
University of California, Davis, USA
Tabula Rasa Bogot
No.10 Pp.1-391 enero-junio 2009 ISSN 1794-2489
Colombia
Volver a lo extico de nuevo
Back to the exotic
Voltar ao extico de novo 77
Antn Fernndez de Rota
Universidade da Corunha, Espaa
Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
Social Movements and the Politics of the Virtual. Deleuzian Strategies
Movimentos sociais e a poltica do virtual. Estratgias deleuzianas 123
Arturo Escobar
Michal Osterweil
University of North Carolina, Chapel Hill, USA
O mapeas o te mapean: Mapeo indgena y negro en Amrica Latina
Map or be mapped. Indigenous and black mapping in Latin America
Ou mapeias ou te mapeiam: Mapeio indgena e negro na Amrica Latina 163
Karl Offen
University of Oklahoma, USA
Indigeneidad: problemticas, experiencias y agendas
en el nuevo milenio
Indigeneity: Problematics, experiences and agendas in the new millenium
Indigeneidad: problemticas, experincias e agendas no novo milnio 191
Marisol de la Cadena
University of California, Davis, USA
Orin Starn
Universidad de Duke, Durham, USA
La tica en Michel Foucault o de la posibilidad de la resistencia
Ethics in Michel Foucault or the Possibility of Resistance
A tica em Michel Foucault ou a possibilidade da resistncia 225
Reinaldo Giraldo
Universidad Central del Valle del Cauca, Colombia
Es factible el progreso social cuando diez menos uno es igual a cero?
Is social progression achievable when one from ten leaves naught?
factvel o progresso social quando dez menos um igual a zero? 243
Alexander Miller
University of South Carolina-Lancaster, USA
Paraso canbal. Cosmografa simblica del mundus novus
A Cannibal Paradise. A Symbolic Cosmography of Mundus Novus
Paraso canibal. Cosmograa simblica do mundus novus 265
Fernando Rivera
Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogot, Colombia
Claroscuros
Reflexiones sobre la investigacin social y el Trabajo Social
Reflections on Social Research and Social Work
Reflexes sobre a pesquisa social e o servio social 265
Uva Falla Ramrez
Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Colombia
Azcar amarga: el inevitable oxmoron de la historia cubana
Bitter sugar. The Inescapable Oximoron of Cuban History
Acar amarga: o inevitvel oximoro da histria cubana 309
Graciela Maglia Vercesi
Pontificia Universidad Javeriana, Colombia
Las Tecnologas de la Informacin y la Comunicacin (TIC) como
instrumento de ejercicio de derechos
Information and Communication Technologies (ICTs) as an Instrument for the
Exercise of Rights
As Tecnologias da Informao e da Comunicao como instrumento do
exerccio de direitos 327
Yolanda M de la Fuente Robles
Universidad de Jan, Espaa
Eva M Sotomayor Morales
Universidad de Jan, Espaa
Palestra
Rutas biogrficas e historias de los estudios culturales en Colombia.
Entrevista a Santiago Castro-Gmez
Biographical paths and histories of cultural studies in Colombia. Interview to
Santiago Castro-Gmez
Roteiros bibliogrficos e histrias dos estudos culturais na Colmbia. Entrevista
a Santiago Castro-Gmez 359
Zoad Humar
Todos los artculos de esta publicacin son producto de investigaciones originales
(tericas o empricas). / All articles in this publication are the result of original
(theoretical or empirical) research. / Todos os artigos de esta publicao so produto
de pesquisas originais(tericas o empricas).
Editorial
Hoy, ya con diez ediciones, nuestra revista se ha posicionado como un espacio de
gran inters para el debate e intercambio de ideas desde diferentes perspectivas en
las ciencias sociales. El nmero que en esta ocasin presentamos es el resultado
de un arduo trabajo y esfuerzo que desde hace seis aos venimos realizando
sin pausa alguna. As, en el ao 2003 se dio inicio a Tabula Rasa, un proyecto
poltico, acadmico y editorial basado en el open acces, es decir, la libre distribucin
y reproduccin del conocimiento, sin prescripciones econmicas y con flexibles,
pero establecidas, condiciones de copia. La constancia de esta premisa ha llevado
a nuestra publicacin a ser de consulta internacional y preciada por diferentes
investigadores para publicar en ella. Esto, sin duda, es resultado de rigurosos
criterios de seleccin, que apuntan a mejorar la calidad acadmica y editorial
siempre y cuando no contradigan al actuar poltico de Tabula Rasa.
Durante estos diez nmeros nuestra revista ha sido escenario de diferentes dis-
cusiones en estudios culturales y en las ciencias sociales en general, abordando
las propuestas del proyecto modernidad/colonialidad, as como las distintas mi-
radas sobre el trabajo social, la antropologa, la geografa y la sociologa, tanto en
Colombia como en otras latitudes, pues hemos contado con los valiosos aportes
de investigaciones realizadas en otros lugares, que nos invitan a pensar en condi-
ciones sociales fuera de nuestro pas. En este sentido, la consolidacin de una
comunidad acadmica fuerte, crtica y reflexiva y sin restricciones para acceder al
conocimiento, es otro de los propsitos y motivos de existencia de Tabula Rasa.
Sin embargo, un punto importante a tener en cuenta es que el conocimiento
cientfico es una mercanca ms del actual orden mundial y la informacin uno
de sus productos ms preciados. As, aunque difcil, seguimos intentando nuestro
propsito de revertir estas lgicas de produccin y generar espacios donde el
conocimiento sea abierto sin que exista la necesidad de comprar bases datos o
algn sistema privilegiado de informacin.
Siendo consecuentes con lo anterior presentamos las ya conocidas secciones de
Tabula Rasa. En Desde al tico contamos con una seleccin de diez artculos, que
inicia con un trabajo de Lawrence Grossberg que describe, analiza y explica la
existencia y pertinencia de los estudios culturales para el anlisis de coyunturas
sociales contemporneas, en esta misma seccin Mnica Szurmuk y Robert McKee
Irwin nos presentan crticamente un panorama de la formacin en postgrados
en estudios culturales en Amrica Latina, mientras Antn Fernndez de Rota en
su artculo Volver a lo extico de nuevo nos propone reconceptualizar lo extico en
antropologa desde los trabajos de Michel Foucault. Por su parte, Arturo Escobar
y Michal Osterweil nos traen una aproximacin a los movimientos sociales
contemporneos desde la obra de Deleuze y Guattari; luego Karl Offen nos
presenta su artculo O mapeas o te mapean: Mapeo indgena y negro en Amrica Latina
sobre las implicaciones del mapeo de territorios ancestrales de poblacin tnica en
esta zona del planeta. Marisol de la Cadena propone historizar la idea de indgena
y la nocin de indigeneidad para abordar las relaciones entre quienes se consideran
indgenas y no indgenas; Reinaldo Giraldo en su texto La tica en Michel Foucault o
de la posibilidad de la resistencia presenta un balance crtico de la categora de sujeto
en la obra de este autor francs. A continuacin, Alex Miller analiza las opiniones
de diferentes intelectuales caribeos sobre la idea de progreso social, y finalizando
la seccin Fernando Rivera explora las representaciones sociales sobre el Nuevo
mundo luego de un siglo y medio de su descubrimiento.
El artculo Reflexiones sobre la investigacin social y el trabajo social de Uva Falla abre la
seccin Claroscuros presentado la importancia de la investigacin en trabajo social.
Luego, en el texto Azcar amarga: el inevitable oxmoron de la historia cubana Graciela
Maglia expone la construccin de una identidad hibrida nacional en cuba en la
obra de Nicols Guillen. Cerrando la seccin tenemos el trabajo de Yolanda M
de la Fuente Robles sobre las tecnologas de la informacin y la comunicacin
en la poblacin en situacin de dependencia. Finalmente, nuestra Palestra cuenta
con una entrevista a Santiago Castro-Gmez titulada Rutas biogrficas e historias de
los estudios culturales en Colombia.
Por ltimo, nos proponemos, entonces, dar continuidad a este proyecto,
incorporando nuevas discusiones, siendo cada vez ms crticos y reflexivos, y
haciendo posible que cada nmero de Tabula Rasa no sea el ltimo.
Olmo Usctegui Ramrez
Asistente editorial
Tabula Rasa
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El corazn de los estudios culturales:
Contextualidad, construccionismo y complejidad1
The heart of cultural studies: Contextuality,
constructionism and complexity
O corao dos estudos culturais: contextualidade,
construccionismo e complexidade
Lawrence Grossberg2
University of North Carolina, Chapel Hill, USA.
[email protected]
Recibido: 24 de febrero de 2009 Aceptado: 07 de abril de 2009
Resumen
Este artculo explica mis compromisos y pasiones por los estudios culturales. Creo que las
ideas importan, que tenemos mejores formas de acercarse las vastas tareas de transformar el
mundo con el mejor conocimiento y entendimiento posibles. Y siempre he credo, durante
toda mi vida acadmica, que los estudios culturales importan no porque sean la nica
prctica intelectual que puede decirnos algo sobre que esta sucediendo en los mundos en
los que vivimos, sino porque constituyen una forma diferente de hacer el trabajo intelectual,
y como su resultado, uno puede decir y hacer ciertas cosas, puede producir cierto tipo de
conocimiento y entendimiento, el cual puede no ser posible a travs de otras prcticas. En este
artculo trato de definir el proyecto comn que rene muchas diferentes formas y formaciones
de los estudios culturales. Comienzo por contar dos historias. La primera, en su mayor parte
(auto)-biogrfica, hace una lectura retrospectiva de mi deseo por los estudios culturales a
partir de mi experiencia en el Centro de Estudios Culturales Contemporneos (CCCS) en la
Universidad de Birmingham del Reino Unido; la segunda describe el proyecto de los estudios
culturales como un esfuerzo por producir conocimiento basado en el compromiso por la
contextualidad radical y el construccionismo, y una poltica de asumir las posibilidades de la
trasformacin social. Explicando la coyuntura como la especificidad de la nocin de contexto
de los estudios culturales, mostrar cmo las diferentes formaciones de los estudios culturales
pueden ser vistas como respuestas a diferentes problemticas coyunturales.
Palabras clave: estudios culturales, contextualismo, construccionismo, Centro de Estudios
Culturales Contemporneos (Birmingham).
1
Artculo resultado de la investigacin: Modernidades en disputa: economas, culturas y polticas llevada
a cabo en el Departamento de Estudios de la Comunicacin de la Universidad del Carolina del Norte.
2
Profesor Morris Davis de Estudios de la Comunicacin en la Universidad de Carolina del Norte en
Chapel Hill, Estados Unidos. Lawrence Grossberg es una de las figuras ms visibles de los estudios culturales
no slo en la academia estadounidense, sino en el mundo en general. Dentro de sus publicaciones ms
conocidas se encuentra la edicin (en compaa con Cary Nelson y Paola Treichler) de la ahora clsica
compilacin Cultural Studies (Nueva York-Londres, Routledge, 1992) y su libro Bringing it all back home.
Essays on Cultural Studies (Durham: Duke University Press, 1997).
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.10: 13-48, enero-junio 2009 ISSN 1794-2489
Corredor
Fotografa de Martha Cabrera
TABULA RASA
No.10, enero-junio de 2009
Abstract
This essay explains my commitment to and passion for cultural studies. I believe ideas
matter, that we are better off approaching the daunting tasks of transforming the world
with the best knowledge and understanding possible. And I have believed, for my entire
academic career, that cultural studies matters not because it is the only intellectual
practice that can tell us something about whats going on in the worlds in which we live,
but because it is a different way of doing intellectual work, and as a result, it can say and
do certain things, it can produce certain kinds of knowledge and understanding, which
may not be so readily available through other practices. In this essay, I try to define the
common project that binds together the many different forms and formations of cultural
studies. I start by telling two stories: the first, largely auto-biographical, retrospectively
reads my desire for cultural studies out of my experience at the Centre for Contemporary
Cultural Studies (CCCS) at University in the U.K.; the second will describe the project
of cultural studies as the effort to produce knowledge based on a commitment to radical
contextuality and constructionism, and a political engagement with the possibilities of
social transformation. Explicating the conjuncture as the specifically cultural studies
notion of context, I briefly show how different formations of cultural studies can be seen
as responses to different conjunctural problematics.
Key words: cultural studies, radical contextualism, constructionism, Center for
Contemporary Cultural Studies (Birmingham).
Resumo
Este artigo explica meus compromissos e paixes pelos estudos culturais. Creio que as
idias so importantes, que teremos melhores formas de nos aproximarmos da vasta
tarefa de transformar o mundo. Sempre tenho acreditado, durante toda a minha vida
acadmica, que os estudos culturais so importantes, no porque seja a nica prtica
intelectual que pode dizer algo sobre o que est acontecendo nos mundos em que
vivemos, seno porque se constituem em uma forma diferente de fazer o trabalho
intelectual, e como resultado, podemos dizer e fazer certas coisas, produzir certo tipo de
conhecimento e entendimento, o que no possvel por meio de outras prticas. Neste
artigo, trato de definir o projeto comum que rene vrias formas diferentes e formaes
dos estudos culturais. Comeo por contar duas histrias. A primeira, em maior medida
auto-biogrfica, faz uma leitura retrospectiva do meu desejo pelos estudos culturais a
partir de minha experincia no Centro de Estudos Culturais Contemporneos (CCCS) na
Universidade de Birmingham no Reino Unido. A segunda descreve o projeto dos estudos
culturais como um esforo para produzir conhecimento baseado no compromisso pela
contextualidade radical e o construccionismo, e uma poltica de assumir as possibilidades
da transformao social. Explicando a conjuntura como a especificidade da noo de
contexto dos estudos culturais, demonstrarei como as diferentes formaes dos estudos
podem ser vistas como respostas a diferentes problemticas conjunturais.
Palavras chave: estudos culturais, contextualismo, construccionismo, Centro de Estudos
Culturais Contemporneos (Birmingham).
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Lawrence Grossberg
El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
Introduccin
En las ltimas dcadas, el tema de los estudios culturales ha ganado visibilidad
pblica como algo digno de ser adoptado o atacado (por cualquier nmero de
razones diferentes en ambos lados). Se ha desplazado rpidamente por el espacio
geogrfico, disciplinario y poltico. Por supuesto, fuera de eso y desde mucho antes
de dicha visibilidad pblica, se ha venido haciendo estudios culturales, algunos sin
nombrar nunca su proyecto bajo esta categora, o incluso sin desear tal identidad
compartida. Han aparecido, en su mayor parte despus de la Segunda Guerra
Mundial, en una variedad de lugares, desde una variedad de disciplinas y proyectos
intelectuales. Hay que admitirlo, definir los estudios culturales es una tarea riesgosa.
Muchas personas alegan estar hacindolos. Pero el hecho es que pocas personas
que trabajan en los estudios culturales o contra ellos se ponen de acuerdo en una
definicin. Cualquier definicin es susceptible de dejar por fuera al menos a algunas
personas que quieren situarse en los estudios culturales. Con frecuencia esto se toma
como evidencia de la necesidad de evitar proponer una definicin. En ocasiones se
asume que cualquier definicin inevitablemente establecera lmites cerrados, y esto
contradecira la poltica de los estudios culturales.
Pero creo que debemos asumir el riesgo. Sin cierto sentido de especificidad en los
estudios culturales, no hay nada que evite que se conviertan en la ltima apropiacin
administrativa y en la marginacin de la academia crtica o polticamente articulada.
Lo ms importante: sin tal sentido de especificidad, tambin se perdera con
demasiada facilidad precisamente lo que ellos contribuyen en trminos poltico-
intelectuales, a medida que se convierten cada vez ms en un significante casi vaco
del estudio de la cultura, o del estudio de la poltica de la cultura, que los hace pasar
de nuevo por estrategias de mercadeo. Por ello espero que mis esfuerzos en este
texto se lean no como una mirada hacia el pasado, como si la cuestin relevante
fuera juzgar diferentes candidatos, sino como una proyeccin prospectiva para
acoger un proyecto. Quiero sumarme a una conversacin sobre cmo debemos
usar nuestra energa y nuestro trabajo como acadmicos.3
Permtanme afirmarlo con la mayor claridad. No creo que los estudios culturales
traten sobre la cultura, si bien la cultura es crucial para su proyecto. Los estudios
culturales no son el estudio de los textos o la textualidad; no pretenden interpretar
o juzgar textos particulares o tipos de
3
Tpicamente, si nadie tiene la autoridad para textos. No tratan de la interpretacin
tratar de describir los estudios culturales, en cuyo
caso se nos deja al relativismo, o los nicos que de textos, o de la lectura del poder
tienen autoridad son aquellos con quienes se est social que se desprende de ellos, o de la
de acuerdo por anticipado. He pasado toda mi
carrera luchando para abrir puertas y espacios para
lectura de las realidades sociales como
los estudios culturales, en los mbitos institucional textos. No son la prctica de leer el
e intelectual, y aqu ofrezco nicamente mi mundo en un grano de arena. Ni son
percepcin de aquello por lo he luchado.
el estudio de las culturas nacionales
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TABULA RASA
No.10, enero-junio de 2009
ni un nuevo acercamiento al lenguaje o a los estudios de rea, aunque creo que
los estudios culturales tienen algo que decir de todos ellos. Tampoco pueden
definirse por un enfoque en la cultura de masas o la cultura popular o las culturas
subalternas. No tratan de la teora como metfora para la inscripcin del poder
en los textos o en la vida social, o como una garanta de ello.
Si se me presionara a hablar de maneras ms convencionales, podra comenzar
describiendo los estudios culturales de esta forma: se interesan por la descripcin
y la intervencin en las maneras como las prcticas culturales se producen, se
insertan y funcionan en la vida cotidiana de los seres humanos y las formaciones
sociales, con el fin de reproducir, enfrentar y posiblemente transformar las
estructuras de poder existentes. Es decir, si la gente hace historia, pero la hace en
condiciones que les son ajenas, los estudios culturales exploran las maneras como
este proceso se realiza con las prcticas culturales y a travs de ellas, y el lugar de
dichas prcticas dentro de formaciones histricas especficas. Pero esto tambin
es inadecuado, de modo que podra intentarlo de nuevo.
Los estudios culturales describen cmo las vidas cotidianas de las personas estn
articuladas por la cultura y con ella. Investiga cmo las estructuras y fuerzas
particulares que organizan sus vidas cotidianas de maneras contradictorias
empoderan o desempoderan a las personas, y cmo se articulan sus vidas
(cotidianas) a las trayectorias del poder poltico y econmico y a travs de ellas.
Los estudios culturales exploran las posibilidades histricas de transformacin
de las realidades vividas por las personas y las relaciones de poder en las que se
construyen dichas realidades, en cuanto reafirma la contribucin vital del trabajo
intelectual a la imaginacin y realizacin de tales posibilidades. Los estudios
culturales se ocupan del papel de las prcticas culturales en la construccin de
los contextos de la vida humana como configuraciones de poder, de cmo las
relaciones de poder son estructuradas por las prcticas discursivas que constituyen
el mundo vivido como humano. Tratan de usar los mejores recursos intelectuales
disponibles para lograr una mejor comprensin de las relaciones de poder (como
el estado de juego y equilibrio en un campo de fuerzas) en un contexto particular,
creyendo que tal conocimiento dar a las personas ms posibilidades de cambiar
el contexto y, por ende, las relaciones de poder. Es decir, buscan entender no slo
las organizaciones del poder, sino tambin las posibilidades de supervivencia,
lucha, resistencia y cambio. Dan por sentada la contestacin, no como realidad
en cada instancia, sino como presuposicin necesaria para la existencia del trabajo
crtico, la oposicin poltica e incluso el cambio histrico.
Sin embargo me parece que esto pasa por alto algo crucial sobre los estudios
culturales; de hecho, omite precisamente lo que se encuentra en el corazn de los
estudios culturales. Como lo plante alguna vez Hall, hablando sobre los estudios
culturales en los Estados Unidos:
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Lawrence Grossberg
El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
Se necesita toda una gama de trabajos para decir qu es en este contexto.
Qu es en relacin con esta cultura que lo separe genuinamente de
trabajos anteriores o producidos en otro lugar. No estoy seguro de que
los Estudios Culturales en los Estados Unidos hayan pasado realmente
por ese momento de auto-aclaracin [] Creo que importa lo que es en
situaciones particulares [] es la insercin precisa de cierto tipo de prctica
crtica en un momento institucional y ese momento es precisamente el de
la vida acadmica institucional en este pas (1992: 292).
Esa vida institucional es nicamente el contexto ms inmediato de nuestro trabajo
como intelectuales, y no puede separarse de sus relaciones con otros contextos
prximos y concntricos de la vida social, poltica, econmica y cultural, es decir,
de la totalidad de la formacin social.4
Creo que el proyecto de los estudios culturales, que vincula a diferentes personas
y trabajos, y al parecer amenaza muchos otros, implica un compromiso con una
prctica particular de trabajo intelectual-poltico, y con la reivindicacin de que tal
trabajo intelectual importa dentro y fuera de la academia. Los estudios culturales
son una manera de habitar la posicin del acadmico, el profesor, el artista y el
intelectual, una manera (entre muchas) de politizar la teora y teorizar la poltica.
El proyecto de los estudios culturales es un esfuerzo por hallar una prctica
intelectual que sea responsable con el
4
No veo mucha evidencia de que mucho de lo contexto cambiante (las condiciones
que pretende ser estudios culturales, no slo en
los Estados Unidos, sino tambin en muchas otras geogrficas, histricas, polticas,
partes del mundo noratlntico (euromoderno) intelectuales e institucionales en
haya pasado por este momento de autorreflexin. continuo cambio) en el que trabaja.
En lugar de ello, con demasiada frecuencia el
trabajo crtico ha fraguado otro tipo de insularidad Como tal, construyen para s mismos
al convertir la autorreflexin en una forma de una reclamacin ms limitada y
autoenfrascamiento, que lo hace demasiado
introvertido y personal. Como lo ha observado
modesta a la autoridad de lo que se
Doreen Massey (conversacin personal, 18 de abril, suele hacer desde la academia; rechazan
2005) se ha vuelto muy fcil para los intelectuales todos y cada uno de los sueos de
crticos centrarse en preguntas de identidad y
memoria personal interna, en Occidente y en verdad universal, absoluta, completa y
las ciudades en las que residen. perfecta, y al mismo tiempo, se niegan
a dejar el sueo de la verdad a los
fardos del relativismo. Su modestia se basa en sus rigurosos esfuerzos por contar
la mejor historia que pueda contarse, sobre cualquier contexto, dentro de ese
contexto. Aceptan que el conocimiento y la poltica, as como las herramientas
de su produccin, estn siempre, de manera inevitable, limitadas por el contexto.
Pero se rehsan a concluir que sea imposible el conocimiento o los juicios sobre
conocimientos contrapuestos; quieren aferrarse a una concepcin ms modesta
de la posibilidad y la autoridad del conocimiento. Al mismo tiempo, su modestia
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socava cualquier supuesto de que ser un acadmico en estudios culturales (o
tener conocimiento especializado en cultura y en prcticas de interpretacin) lo
convierta a uno en experto en absolutamente todo. En lugar de ello, los estudios
culturales toman trabajo!
Quiero en este artculo intentar definir ese proyecto comn, para explicar quiz algo
sobre el corazn de los estudios culturales como su centro y la fuente de al menos
una parte de la pasin que subyace al trabajo. Para hacerlo contar dos historias: la
primera, en su mayor parte (auto)-biogrfica, hace una lectura retrospectiva de mi
deseo por los estudios culturales a partir de mi experiencia en el Centro de Estudios
Culturales Contemporneos (CCCS); la segunda construir los estudios culturales
desde su compromiso central hacia una contextualidad radical.5
En bsqueda del Centro de Estudios Culturales Contemporneos
En 1968, como resultado de varios eventos fortuitos y fuerzas polticas
desafortunadas, fui a estudiar por una temporada demasiado breve al Centro
de Estudios Culturales Contemporneos.6 Para ser honestos, no tena idea de qu
era el Centro. Nunca haba odo hablar de Richard Hoggart o Stuart Hall (en ese
entonces director fundador y director asociado, respectivamente). Fui con un inters
en la vida social de las ideas (filosofas) y los smbolos populares, por un fuerte
inters en descubrir cmo funcionaba la
5
Aunque me baso principalmente en el trabajo y las
palabras de Stuart Hall, creo que este compromiso
msica popular en la unin de la poltica
es visible por lo general en el trabajo del Centro y lo popular de un lado, y de otro, las
de Estudios Culturales Contemporneos, as como diversas fracciones de lo que entonces se
en otras figuras de los estudios culturales, como
Raymond Williams. Permtanme aclarar algo. conoca como la contracultura. No tena
No estoy diciendo que Williams, o casi todas las idea de qu eran los estudios culturales
primeras personas asociadas con el Centro tuvieran mis profesores de la Universidad
conciencia de ser contextualistas radicales. Lo que
creo es que eso es a lo que apuntaba la prctica, si de Rochester me aseguraban que all
bien el vocabulario para describirlo puede no haber me sentira intelectualmente como en
estado all. Y por supuesto, el compromiso puede
haber sido ms o menos slido (y ms o menos
casa pero por fortuna, la mayor parte
consciente) en diferentes prcticas y practicantes. de las personas en el Centro sentan la
Pero como me seal recientemente Stuart Hall misma incertidumbre. Para reiterar una
(conversacin personal, 10 de abril, 2005), Nunca
confes en el narrador, confa en la historia. frase comn (usada primero creo que por
6
Richard tena una especie de presencia intelectual Angela McRobbie), todos entendimos
continua en la universidad donde curs mi que los estbamos construyendo a
pregrado, la Universidad de Rochester, y algunos
de mis profesores del departamento de historia medida que avanzbamos. Fue en ese
haban mantenido algn contacto con l. espacio del Centro, a menudo atestado,
7
Aunque con demasiada frecuencia, las diferencias
se han simplificado demasiado, como si pudieran
contradictorio y lleno de tensiones,7 pero
reducirse, por ejemplo, a las diferencias sin duda para m siempre emocionante, generoso
reales entre Richard Hoggart y Stuart Hall en y receptivo que se inici la trayectoria de
materia intelectual, estilstica y poltica.
mi vida intelectual y poltica.
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El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
El Centro fue creado por dos dimensiones al menos del contexto de la posguerra:
de un lado, los acelerados procesos de cambio social y el impacto cada vez ms
visible de los cambios culturales parecan poner la confusin mundial en la
agenda acadmica; y del otro lado, los cambios en la institucin de la academia y
los desafos a la misma, ms las formas de prctica acadmica parecan pedir que
se reconsiderara al menos una parte de la funcin del intelectual.
No permanec en el Centro tanto como hubiera querido; de nuevo las fuerzas
sociales e histricas incidieron en mis realidades y, no cabe duda de ello, la brevedad
de mi permanencia en el CCCS tuvo sus consecuencias, positivas y negativas. Lo
ms importante, lo que me llev del Centro no fue algn sentido o incluso algn
fragmento en particular de la trayectoria terica que defini la historia del Centro,
ni sal de all con algn sentido de la serie especfica de problemticas (sobre las que
hablar pronto) que llegaran a asociarse con diferentes pocas y diferentes grupos
en el Centro. En lugar de ello, lo que me llev fue una comprensin de los estudios
culturales como respuesta a una serie de frustraciones y crticas a las prcticas
acadmicas existentes y como un intento de hacer el trabajo de manera diferente.
Hoggart haba creado el Centro para hacer realidad su visin particular de que
la cultura (principalmente la literatura y el arte, pero tambin la cultura expresiva
en su significado ms amplio) pona a disposicin, de aquellos formados para
hallarlo, un tipo distintivo de conocimiento social. Este conocimiento no puede
adquirirse por ningn otro medio. Es un tipo de conocimiento que Hoggart
describe en varias ocasiones, como potico, metafrico, intuitivo y subjetivo. Es
un conocimiento o acceso privilegiado a lo que Williams llam la estructura del
sentimiento. Producir dicho conocimiento requiere un riguroso escrutinio de las
palabras en la pgina mediante un anlisis literario-crtico, que se mueve entre
lo que Hoggart llam leer en busca del tono (en toda su complejidad psicolgica,
cultural y esttica) y leer en busca de valor. Lo ltimo busca develar el complejo
campo de valores que se manifiesta, se refleja o resiste en el trabajo.8 De manera
crucial, Hoggart afirm que esos mtodos de crtica literaria podan aplicarse de
manera til a una gama ms amplia de actividades y productos humanos de lo
que pudieran haber imaginado los crticos literarios tradicionales. En particular,
Hoggart quera desplazar el anlisis del dominio de la alta cultura para llevarla
hacia la clase, las culturas populares
8
Es crucial recordar que Hoggart distingua entre
descripciones de valor hallando los valores y de clase media, que ocupaban cada
implcitos en ejemplos particulares de cultura vez ms el centro del escenario de las
expresiva y juicios de valor.
sociedades occidentales modernas.
Esta prctica de crtica literaria defini uno de los seminarios semanales que
constituyeron la actividad regular del Centro. Una vez a la semana, Hoggart (u
otro miembro del cuerpo de profesores o investigador visitante) presentaba a
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TABULA RASA
No.10, enero-junio de 2009
los estudiantes una copia mimeografiada (las nicas formas de reproduccin
del Centro eran el mimegrafo y el papel carbn) de pasajes de algn texto: al
comienzo de obras de la literatura culta, pero a medida que el ao avanzaba, se
utilizaron ms obras literarias populares e incluso fragmentos de los medios de
masas. Si bien al comienzo se identificaban las obras, a medida que pasaba el ao
era frecuente que recibiramos textos sin identificacin alguna y se nos pidiera
pensar cul sera su procedencia. En ocasiones se nos peda que comparramos
pasajes, determinando mediante un escrutinio muy riguroso cules se clasificaban
como literatura culta, cules como literatura popular, y cules pertenecan a
los medios de masas. Todo el ao en ese seminario lo pasamos afinando las
habilidades necesarias para leer buscando el tono y los valores.9
Los otros seminarios fueron: (1) un seminario de lectura, que ms tarde se llam
seminario de teora, bajo la gua de Stuart Hall, en el que lemos una variedad
amplsima de textos sobre teora sociolgica y antropolgica, pragmatismo,
existencialismo, semitica, etc. En ese seminario, los participantes exploraban
cmo teorizar el proyecto, de manera amplia si bien ingenua, en trminos de
las relaciones entre cultura y sociedad, como lo haban planteado Williams y
Hoggart; y (2) un seminario de investigacin en el que las personas presentaban
sus investigaciones y eventualmente, se formulaba un proyecto de investigacin
grupal colectivo y cooperativo alrededor de un texto particular. Era aqu,
en la prctica, en la investigacin, que los participantes trataban de pensar qu
eran los estudios culturales, y lo que significaba hacer estudios culturales: Qu
significaba entender la cultura en relacin con la sociedad, y la sociedad a travs
de la cultura? Y era aqu que los participantes trataban de encarar la demanda
de complejidad e interdisciplinariedad que estaba implcita en la definicin de
Williams sobre los estudios culturales como el estudio de las relaciones entre
todos los elementos en una forma de vida total.
No me sent atrado hacia la prctica crtica (extraer los valores de los textos),10
sino hacia las preguntas ms grandes que, para Hoggart, fundamentaban el
proyecto de los estudios culturales. La
9
Recuerdo el primer seminario, cuando Richard
reparti copias de las primeras estrofas de El tigre cuestin que Hoggart les planteaba a
de William Blake, y nos dej que lo interpretramos los textos no era, como pareci llegar
por nuestros propios medios. Despus de algunas
horas de conversacin y anlisis, estuvimos listos a ser en un momento posterior en el
para presentarle nuestra lectura colectiva a Richard. Centro, lo que la gente hace con un
A pesar de nuestra confianza en que habamos
hecho un trabajo razonable en una lectura
texto, sino qu relacin tiene este [...]
minuciosa de las palabras que haba all escritas, complejo texto para la vida imaginativa
Richard no tard en socavar nuestra confianza y
nos dio una clave de lo que una lectura detallada
de los individuos que constituyen su
podra tener que decir del texto. audiencia (1969). Para Hoggart, la
10
La verdad sea dicha, nunca me ha interesado mucho cultura nos da conocimiento de la vida
la lectura o la interpretacin de textos particulares.
hecha cuerpo, la vida vivida en toda su
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El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
complejidad, lo experiencial de la totalidad de la vida, o lo que Eliot llam (y que
a Hoggart le encantaba citar), el mundo real de la teologa y los caballos. La
cultura nos da acceso a la textura de la vida como es vivida, en tanto se desarrolla
en un contexto moral e histrico particular; nos dice qu se senta estar vivo en
cierta poca y lugar.11
Por supuesto, esta visin fue reconfigurada por sus condiciones materiales,
incluyendo: (1) la marginalidad fsica del CCCS en la Universidad de Birmingham,
pero tambin la marginalidad acadmica de los proyectos de estudios culturales
de Hoggart, Williams, Hall y otros ms en general. Despus de todo, Hoggart fue
contratado en Birmingham como un acadmico, no como el autor de The Uses
of Literacy; (2) las contradicciones polticas de la experiencia de los aos sesenta;
(3) la enorme diversidad, bordeando lo catico, en el Centro. Esta diversidad
fue una caracterstica constante y consistente del Centro, aunque a menudo se
eclipsa en historias que presentan nicamente la diversidad que gan (para usar
la frase de John Clarke); y (4) los estudiantes de postgrado ms bien atpicos que
poblaban el Centro. Muchos eran estudiantes de tiempo parcial, que viajaban
desde la periferia y tenan sus vidas y empleos en otros lugares. Casi todos
tenan lo que puede describirse slo como intereses y formaciones atpicas (al
menos para la educacin superior inglesa de la poca), pero lo ms importante,
la mayora estaban involucrados con sus objetos de estudio en formas ms que
simplemente acadmicas, sino que eran participantes (habiendo sido configurados
por las prcticas y relaciones que estbamos estudiando), lo que de alguna manera
los autorizaba polticamente en las cuestiones que trataban de plantear.
Los estudios culturales se propusieron como un tipo de imaginario discursivo
en el Centro, que asuma que la cultura (los smbolos, el lenguaje) importaba, al
igual que el trabajo intelectual.12 E importaban no slo dentro de la academia,
sino fundamentalmente fuera de sta. En ese sentido, el Centro pareca estar
tratando de hacer que la academia escuchara las demandas de la poltica, las
demandas del mundo exterior a (o en interseccin con) la academia, y que
produjera algo que valiera la pena decir tanto afuera como adentro de la
academia, de modo que quienes estuvieran involucrados en la poltica social
y cotidiana quisieran escuchar ese trabajo intelectual e incluso, quiz, hasta
participar en su produccin. Cuando
11
Podra ser posible en este punto tratar
de configurar a Hoggart como precursor de tena que proponerse alguna nocin
desarrollos actuales: por ejemplo, un nfasis en la de los estudios culturales, por lo
representacin y el afecto, en la vida cotidiana e
incluso tal vez en la sobredeterminacin.
general era el resultado de demandas
12
En trminos sencillos, el supuesto era que lo que pedaggicas, y las ms de las veces
pasa con el lenguaje dice algo sobre lo que pasa en se conceptualizaba en trminos que
la sociedad.
tuvieran sentido pedaggico.
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An ms, me pareca a m, un joven buscando un proyecto que pudiera mezclar
mis variadas pasiones, compromisos e intereses, que el Centro no estaba tratando
de crear una nueva norma o campo acadmico, sino articular un tipo diferente
de proyecto intelectual, una manera distinta de plantear y responder preguntas.
Es decir, lo impulsaba un sentido sobre la incapacidad de las normas acadmicas
dominantes de proporcionar respuestas adecuadas a las preguntas urgentes e
importantes de la poca, preguntas que demandaban un nuevo acercamiento al
proyecto de conocimiento de las realidades sociales y las posibilidades humanas.
Pero ms an, era el fracaso de las normas acadmicas dominantes incluso para
plantear las preguntas, preguntas que venan, al menos en parte, de fuera de la
academia, de fuera de los discursos de reproduccin acadmica.13
En esta primera poca del Centro, el proyecto se vivi ms como un sentido de
malestar e insatisfaccin, y estaba articulado como crtica y como bsqueda, ms
que como una visin completa y positiva de alternativas coherentes. Los objetos de
estas frustraciones y crticas eran una serie de supuestos interrelacionados sobre la
forma adecuada de realizar el trabajo intelectual: la organizacin del conocimiento
por disciplinas; la lgica dialctica (negativa, binaria) de los argumentos tericos; la
entrega al reduccionismo y la simplificacin; la demanda de universalismo y el
deseo de totalizacin; la demanda de una objetividad que no slo aislaba cualquier
pasin y compromiso, sino tambin cuestiones de cultura y cambio. Esto pareca
caracterizar las prcticas dominantes
13
De modo que cuando se le preguntaba a Williams
sobre los lmites de los cambios en la cultura universitaria de las ciencias humanas, aun dentro
en los aos sesenta, responda que los profesores de las humanidades, por lo que eran
nunca haban podido renunciar al poder para hacer fundamentalmente inadecuadas frente a
las preguntas. Quiz esa escucha est arraigada en los
escenarios pedaggicos poco tradicionales en los que las demandas y los cambios que estaban
comenzaron sus carreras muchas figuras importantes tomando lugar en el mundo en el que
de los estudios culturales.
vivan los integrantes del Centro.
Los compromisos epistemolgicos del Centro se ofrecan a menudo de manera
implcita y a veces, incluso, como rechazos incipientes de estas lgicas bsicas
dominantes en la empresa acadmica. En primer lugar, los estudios culturales
se basaron en un sentido de malestar (pero no en un completo rechazo) con
la organizacin del conocimiento por disciplinas, pues segua luchando con
la manera de unir los diversos cuerpos de especialidades. Pero el supuesto
fundamental del trabajo del Centro, de que la existencia humana slo poda
entenderse de manera relacional, encapsulado en las primeras concepciones del
campo como cultura y sociedad, significaba que los estudios culturales estaban
obligados a transgredir las fronteras entre las disciplinas. Tendran que hacerse
cargo de los objetos que constituan varias disciplinas, pero tambin tendran
que cambiar aquellos objetos, precisamente porque tales objetos disciplinarios
an no se entendan relacionalmente.
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El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
Con igual importancia, tendran el sentido de que ningn aspecto de la vida
humana (as como la vida humana en su totalidad vivida) poda separarse de
las cuestiones y efectos de la cultura, significaba tambin que los estudios
culturales transformaran an ms y ms los objetos disciplinarios, pues tenan
que entenderse en parte a travs del lente de la cultura, dado que siempre se
construan discursivamente, al menos en parte. Como resultado, los estudios
culturales tendran que ser interdisciplinarios y antidisciplinarios; deberan
transformar las disciplinas aun a medida que se servan de ellas, y tendran que
ser reflexivos sobre las maneras como hacan esto, hacindose concientes de sus
propias condiciones de produccin de conocimiento. As, pese a que los primeros
trabajos de los estudios culturales britnicos se describen a menudo como la
unin de los estudios literarios y sociolgicos, es mejor pensarlos, as lo creo,
como la reescritura de lo que significa hacer cualquiera de stos precisamente
porque deben hacerse juntos. De ese modo, los estudios culturales implicaban
cierto riesgo. Reclamaban el riesgo de hablar ms all de las propias competencias
disciplinares y en las que se tenan credenciales.
Segundo, los estudios culturales se basaban en un sentido de malestar con lo que
podra llamarse la lgica argumentativa de las humanidades, que tendan a pensar
en trminos de relaciones dialcticas de oposicin, contaminacin o mediacin.
Esto era cierto si se estaba pensando en paradigmas (humanismo/estructuralismo,
materialismo/idealismo), poltica (dominacin/subordinacin, poder/resistencia)
o en problemas (individuo/social, estructura/agencia, estabilidad/cambio). A mi
manera de ver, la lgica de los estudios culturales es, y ha sido siempre la de ocupar
el punto medio, no en el sentido de un compromiso (el punto medio aristotlico),
sino en el sentido de funcionar entre campos, de abrir nuevas posibilidades, de
percibir multiplicidades en lugar de simples diferencias.
Tercero, los estudios culturales se basaron en un sentido de malestar con la
que puede ser la lgica ms bsica de la empresa acadmica, que estipula que
la comprensin acadmica se basa en metas de simplificacin y reduccin. El
poder normalizador de la mayora de las formas modernas de produccin de
conocimiento depende de un movimiento de lo complejo a lo simple, de lo
concreto a lo ejemplarizante, de lo singular a lo tpico. Los estudios culturales
se construyen sobre el deseo de hallar un modo de conservar la complejidad
de la realidad humana, para rehusarse a reducir la vida humana o el poder a una
dimensin, a un eje, a un marco explicativo. Rechazan reducir la complejidad
de la realidad a un solo plano o dominio de la existencia sea ste la biologa,
la economa, la poltica de estado, las relaciones sociales y sexuales o incluso
la cultura. Cada uno de estos planos existe en relacin con los otros sin ser
reducible a cualquiera de ellos. As, al contrario de algunas otras teoras culturales
contemporneas, los estudios culturales creen que hay realidades materiales
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(no discursivas), cuyos efectos son reales y mensurables. No convierte todo
en cultura! Los estudios culturales no tratan el mundo como si fueran nica y
absolutamente cultura; y no niega la existencia material del mundo aparte de
las maneras como los seres humanos lo entienden y se comunican sobre l. Los
estudios culturales no son una forma de idealismo radical en el que el mundo
real se pierde en los significados que nosotros (como mentes o como hablantes)
construimos de l, sino una celebracin de la multiplicidad de las materialidades.
Los estudios culturales tratan, tan bien como pueden, de aceptar el hecho de
que las cosas son siempre ms complicadas de lo que cualquier perspectiva,
cualquier juicio pueda conceptualizar. Si el mundo es complejo y cambiante,
entonces parecera obvio aunque, a la vez, profundamente novedoso que la
prctica de la produccin de conocimiento exiga que se hiciera ms que descubrir
constantemente lo que ya se sabe. En otras palabras, el lugar donde se acaba (en
el anlisis de lo que sucede) rara vez ser el lugar donde se comenz, o incluso
donde se habra esperado llegar. En lugar de la retrica disyuntiva de la academia
moderna, los estudios culturales adoptan una retrica conjuntiva, s (eso es
cierto), pero tambin lo es (y tambin esto y aquello), una lgica del s
y y y, en la que cada clusula adicional transforma los significados y efectos
de todas las anteriores.
Los participantes de este proyecto tampoco estaban dispuestos a postergar las
dificultades, las contradicciones, los excesos, las resistencias, que siempre hacan
inadecuadas tales explicaciones singulares a un replanteamiento, un apndice, un
ltimo captulo. Los estudios culturales reconocan que las personas (los grupos,
las instituciones, los estados, etc.) intentan realizar toda clase de cosas, pero ese
intento no siempre equivale al xito, y que las acciones humanas muy a menudo se
ven abocadas a enfrentar el fracaso como a construir el xito. La realidad tiene que
ver tanto con las configuraciones de desarreglos, fracasos y remedios, presiones,
fuerzas y posibilidades como con visiones y el triunfo. Las complejidades son, de
hecho, precisamente de lo que se trata la realidad vivida y deben incluirse desde
el principio mismo. Este compromiso con la complejidad entonces manifiesta
tambin un compromiso poltico fundamental: a saber, que el cambio nunca es
bien servido reduciendo la complejidad a la simplicidad. Los estudios culturales
son, por consiguiente, decididamente antirreduccionistas!
Cuarto, los integrantes del Centro asuman una actitud de sospecha ante los
reclamos de universalismo adelantados por gran parte de la labor acadmica.
Las teoras se suponen, en cualquiera de las condiciones enunciadas que son
incluidas en la teora misma, para ser aplicables universalmente. Ahora mientras
muchos proyectos intelectuales contemporneos se oponen a tal universalidad,
por lo general en la forma de teoras particulares que a menudo parecen
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El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
implicar el relativismo (o parecen ofrecer poca resistencia a ser considerados
como relativistas), lo que presenci en el trabajo que se haca en el Centro, en
especial en los seminarios de teora e investigacin, era un intento de pensar el
conocimiento contextualmente, de plantear conocimiento que no pretendiera
abarcar necesariamente el mundo entero. Siempre he pensado que este esfuerzo
por hacer un trabajo radicalmente contextualista por llevar ese contextualismo
no slo al objeto, sino tambin a la teora y la poltica, por resistir el universalismo
epistemolgico de la ciencia es el corazn mismo de los estudios culturales.
En estrecha conexin con el deseo de universalismo, en especial en las
humanidades est el deseo de la completud (y un deseo de protegerse uno
mismo de la posibilidad de la crtica). Dicho sueo de un anlisis perfecto
no slo proporcionara la medida para nuestro estudio, sino que tambin
garantizara la poltica(la pureza poltica, la utilidad poltica) de nuestra labor,
garantizando que nuestro trabajo slo producira los efectos que queremos y
aislndonos de la posibilidad de ser cooptados. El reflejo de ese deseo es la
prctica cada vez ms comn de crtica en las humanidades, que determina
que estemos siempre e inevitablemente decepcionados con cualquier anlisis,
puesto que nunca puede estar completo. An ms, tales fallas marcan la
complicidad de cualquier anlisis incompleto con los mismos sistemas de
poder que se busca entender y desafiar, lo que es incluso ms pretencioso.
Aparentemente, lo que falla le sirve al enemigo. Lo ms comn es que esto
tome la forma de argumentos por ausencia: usted no habl sobre tal cosa. De
nuevo, el trabajo del Centro pareca oponerse a tales prcticas y supuestos. Los
estudios culturales simplemente rechazaban la idea de que fueran posibles tales
garantas; la complejidad del mundo simplemente significaba que se tendra que
estar siempre trabajando, seguir teorizando, aceptando el fracaso como parte
del camino para contar mejores historias.
Y finalmente, haba en el Centro una negativa fundamental a la demanda,
impuesta con tanta fuerza en la academia, por aislar las propias pasiones,
las simpatas biogrficas y los compromisos polticos, en nombre de una
objetividad (espuria) intelectual (lase cientfica). Los estudios culturales saban,
al igual que los pragmticos (cuya influencia era tan fuerte en el asesor de mi
tesis doctoral Jim Carey), que sin tales apuestas en el mundo no hay deseo o
necesidad o posibilidad de conocimiento, en nuestras vidas ni en las vidas de
los otros. El conocimiento siempre depende de lo que Restrepo (2008) llam la
relevancia visceral. Y mientras se siguiera buscando un mayor entendimiento
con el fin de hallar, en cierta medida, otras posibilidades polticas, nunca podra
haber garanta alguna de utilidad poltica o resultados o pureza. Los estudios
culturales buscaban combinar el rigor acadmico y la competencia con la pasin
social y el compromiso poltico.
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Al mismo tiempo, haba una modestia sobre el sentido de s del Centro y sobre su
prctica, la cual espero que siga dejando huella en los estudios culturales. Nadie
en el Centro pensaba que lo que hacan era necesaria o absolutamente mejor
o ms importante que otras formas de trabajo intelectual. No pensaban que
todas las personas deban hacer estudios culturales, o que estuvieran contando
las nicas historias dignas de ser contadas. Esa modestia es muy a menudo
negada por algunos, que sacan de contexto el trabajo del Centro, y por ende,
sus mismas preguntas. As, los estudios culturales tratan de evitar en forma
diligente lo que podra llamar la hiperinflacin de las (pequeas) disciplinas y, a
menudo, diferencias aun menores. Me refiero aqu no tanto a la universalizacin
de las teoras, sino a los dominios tericos, donde nociones como la cultura,
la comunicacin, el performance o la retrica reclaman cada vez ms no slo
la omnipresencia (que todo es x o que x est en todas partes, en lugar de
que todo puede existir en relaciones con x), sino que adems este concepto
tiene la respuesta a todas nuestras preguntas y problemas. Debo admitir que
siempre desconfo de cualquier formacin intelectual que piense que su centro,
su concepto terico fundador, es lo que en realidad siempre habamos estado
buscando. Rara vez se definen o localizan estos conceptos en algo que no sea de
una forma puramente terica o incluso ontolgica. Es decir, sin dejar en claro las
consecuencias empricas especficas del concepto, es imposible saber cules son
las apuestas del argumento o cul es la diferencia que establece dicho concepto.
Esa hiperinflacin se logra de varias formas: (1) leer cada trabajo intelectual del
agrado de uno como un ejemplo de x aun cuando el autor sea o no consciente
de ello; (2) si un autor usa x en un momento especfico de un argumento
de mayor envergadura, leer la totalidad como si ejemplificara la parte (y as se
convierte en un ejemplo de x); (3) apropiarse subrepticiamente de la polisemia
sin teorizarla, de modo que pueda jugarse en las ambigedades; y (4) aplicar
el concepto a un creciente universo de objetos. Y mientras exista un discurso
imperialista de este tipo ligado a los estudios culturales, creo que viola en esencia
el espritu y la prctica de los estudios culturales realizados en el Centro.
Me parece que el Centro estaba tratando de hacer algo que yo no haba encontrado
antes: integrar la conviccin en la importancia del mejor conocimiento el
producido con mayor rigor, un reconocimiento de lo catico del mundo por
fuera de las categoras acadmicas, y un compromiso con la responsabilidad poltica
de los intelectuales. Esta bsqueda de contra-lgicas epistemolgicas, de una manera
diferente de hacer el trabajo intelectual, fue lo que vi en el Centro, al menos lo que
recuerdo de mi experiencia. Y esa experiencia, as como las relaciones que entabl
con la gente que haba en el Centro, especialmente con Stuart Hall, ha configurado
mi carrera acadmica desde entonces. La mayor parte de lo que he descrito era en el
mejor de los casos implcito, incluso germinal, en los primeros das del Centro. Lo
que estaba claro era que haba una problemtica epistemolgica; lo que estaba claro
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El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
era que el desafo, el proyecto, era encontrar una prctica diferente de produccin
de conocimiento, que no slo rechazara las prcticas intelectuales dominantes
de las ciencias humanas, sino que tambin encontrara una expresin positiva, en
su epistemologa misma, de su compromiso profundo con (una ontologa de) la
relacionalidad, y la necesaria efectividad de la cultura. Estas lgicas eran tambin
lo que integraba, como prcticas y proyectos intelectuales, los estudios culturales
britnicos con el trabajo de Jim Carey, mi profesor en los Estados Unidos, a quien
Stuart Hall me envi diciendo que era la nica persona que conoca que estuviera
intentando hacer estudios culturales en los Estados Unidos en esa poca.
Los estudios culturales como contextualidad radical
Ya he sugerido de manera implcita que los estudios culturales se definen
por su prctica, entendida sta como un intento riguroso de contextualizar el
trabajo intelectual y poltico, que el contexto define su objeto y su prctica. De
hecho, Hall es, en una serie de entrevistas recientes, bastante explcito sobre la
perspectiva intelectual de los estudios culturales como una interrogacin de
contextos (Hall usa el trmino coyuntura): Tienen una vocacin intelectual
para producir una comprensin crtica de una coyuntura, una coyuntura
histrico-cultural. Y nuevamente, hablando del proyecto colectivo del Centro:
El compromiso de entender una coyuntura es lo que desde el comienzo
pensamos era la labor de los estudios culturales.14
Los estudios culturales parten del supuesto de la relacionalidad, que comparten
con otros proyectos y formaciones, pero toman la relacionalidad para implicar
o, de manera ms precisa, como equivalente de la pretensin ms radical de
contextualidad: que la identidad, importancia y efectos de cualquier prctica
o evento (incluyendo los culturales) se definen slo por la compleja serie de
relaciones que le rodean, interpenetran y configuran, hacindole ser lo que
es. Ningn elemento puede aislarse de sus relaciones, aunque esas relaciones
puedan cambiarse, y estn cambiando constantemente. Cualquier evento puede
entenderse exclusivamente de manera relacional, como una condensacin de
mltiples determinaciones y efectos. Los estudios culturales representan as el
compromiso con la apertura y la contingencia de la realidad social donde el
cambio es lo dado o la norma. Ese
14
Stuart Hall y Bill Schwarz, entrevistas inditas, contextualismo radical se encuentra en
2004.
el corazn de los estudios culturales.
Es por eso que, por ejemplo, al escribir sobre Policing the Crisis, Hall dice:
Si slo se hubiera tomado la raza como un asunto negro, se habra visto el
impacto de la ley y las polticas de orden en las comunidades locales, pero
nunca se habra visto el grado en que la raza y el delito eran un prisma para
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una crisis mucho mayor. No se habra mirado la imagen mayor. Se habra
escrito un texto negro, pero no se habra escrito un texto de estudios
culturales porque no se habra visto esta articulacin arriba en los polticos,
en la institucin judicial, hasta abajo en el talante popular de las personas,
en la poltica, as como en la comunidad, en la pobreza de los negros y en
la discriminacin (1998: 192).
De manera similar, Hall siempre ubica, contextualiza, su trabajo en la raza, como
cuando afirma: Nunca he trabajado sobre la raza y la etnicidad como un tipo de
subcategora. Siempre he trabajado sobre la formacin social en conjunto que es
racializada (1995:53-54). El resultado es, por supuesto, que cualquier discusin de
asuntos de raza y etnicidad no puede separarse de la formacin social particular en la
que se ubica y a la que se dirige la discusin de Hall. l es rigurosamente consistente
en esto: No pido para mi versin particular de una nocin no esencialista de
raza una integridad permanente. Puedo reclamar para ella slo una cierta verdad
coyuntural [lase contextual] (1997: 157). Es demasiado fcil olvidar y muy
a menudo se olvida, que el trabajo sobre el racismo y, partiendo de ah, sobre
la identidad en sus distintas formas, se aborda en el contexto y como respuesta a
cuestiones sobre los cambios en las formaciones sociales. Los estudios culturales
abordan de manera prctica su contextualismo.15
Este contextualismo radical est encarnado en el concepto de articulacin. La
articulacin nombra tanto los procesos bsicos de la produccin de la realidad,
de la produccin de contextos y del poder (i.e., determinacin o efectividad),
como la prctica analtica de los estudios cultures. Es la prctica transformativa
o el trabajo de hacer, deshacer y rehacer relaciones y contextos, de establecer
nuevas relaciones a partir de viejas relaciones o de no relaciones, de trazar
lneas y mapear conexiones. 16 Pero
15
Stuart Hall, conversacin personal, 10 de abril, 2005.
16
Est relacionado con el concepto de ensamblaje
la articulacin no es una prctica
deleuziano, pero no es lo mismo que aqul. nica o singular. Las distintas
17
Pueden entenderse stos como modos o conexiones tendrn fuerzas diferentes
perfomances de articulacin. Pueden definirse
por los trminos que entran en la relacin o por en contextos particulares y deben
la naturaleza de la relacin. En el primer caso, medirse; no todas las conexiones son
debemos distinguir, por ejemplo, las articulaciones iguales o igualmente importantes.
que relacionan signos particulares con significados
particulares, de los que asocian significados De hecho, hay tantas prcticas de
con los eventos reales que pueden pretender articulacin diferentes como formas
representar, de los que asocian los significados y
representaciones con afiliaciones e identidades
hay de relacionamiento. 17 No debe
polticas, o que asocien posiciones de sujeto con permitirse que el uso de la nocin de
identidades culturales especficas. En el segundo contexto allane todas las realidades,
caso, debemos distinguir, por ejemplo, entre
articulaciones dominantes y subordinadas, visibles singularice cada territorio, como si
e invisibles, silenciosas y silenciadas, ideolgicas y hablar sobre contextos necesariamente
afectivas, etc. hiciera equivalente cada sistema de
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relacionalidad, o pusiera cada territorio en el mismo plano o la misma escala.
Su sentido del contexto es siempre una unidad compleja, sobredeterminada y
contingente. Si puede entenderse un contexto como las relaciones que se han
establecido por la operacin del poder, en los intereses de ciertas posiciones de
poder, la lucha para cambiar el contexto involucra la lucha por entender esas
relaciones y, cuando sea posible, rearticularlas.
La articulacin exige deconstruccin y reconstruccin; primero debe verse que lo
que parecen ser totalidades o unidades armnicas sin costuras ni grietas ha sido
forjado de partes diversas y divergentes, como ha sido forjada la apariencia misma
de totalidad. Es decir, los mismos procesos de articulacin han sido borrados y
ahora deben redescubrirse en la posibilidad de desarticulacin. La articulacin
comienza descubriendo la heterogeneidad, las diferencias, las fracturas, en las
totalidades. Pero no puede terminar all, en la negatividad de la crtica, porque la
heterogeneidad nunca se mantiene pura y simplemente all como heterogeneidad.
Siempre se rearticula en otras totalidades; esa es la funcin misma del poder social.
Y si no entran en esta lucha, en el intento de pensar a travs de las posibilidades
de rearticulacin, los estudios culturales abandonan el sentido mismo de la
posibilidad poltica que los impulsa.
Esto no significa que la realidad est enteramente abierta. Los estudios culturales
funcionan en lo que Stuart Hall describe como la lgica de no garantas, que Paul
Gilroy ha llamado anti-antiesencialismo. El esencialismo representa una lgica de
garantas; asume que las relaciones que constituyen la existencia social e histrica
son necesariamente de la manera como son. El esencialismo es la aseveracin de
que todas las relaciones que constituyen la realidad vivida y cognoscible tuvieron y
tienen que ser de la manera como son, porque las relaciones son ahora y siempre
intrnsecas a los trminos de la relacin misma. En las posiciones esencialistas, las
respuestas estn garantizadas y todo se junta de antemano. Las identidades son fijas.
Los efectos estn determinados aun antes de producirse, porque todas las relaciones
importantes en la historia estn necesariamente contenidas en el hecho mismo de
que algo es lo que es, o en sus mismos orgenes. Si la historia no parece desplegarse
de acuerdo con esta trayectoria inevitable, es resultado de algn principio externo
de negacin, como la falsa conciencia.
Los estudios culturales, como todos los antiesencialismos, niegan que la forma y la
estructura de la realidad sean inevitables. Pero tambin rechazan la universalizacin
de la contingencia que caracteriza muchas versiones del antiesencialismo, las cuales
tambin niegan con demasiada facilidad cualquier realidad estable a las relaciones
que define la realidad vivida. Los estudios culturales estn comprometidos con
la realidad de las relaciones que tienen efectos determinantes, pero se rehsa a
asumir que tales relaciones y efectos tengan que ser, necesariamente, lo que son.
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No tenan que ser as, pero, dado que lo son, son reales al igual que sus efectos.
Los estudios culturales trabajan en el espacio entre, de un lado, el constreimiento
absoluto, el cerramiento, la comprensin final y completa, la dominacin total y,
del otro lado, la absoluta libertad y posibilidad y la apertura total. Los estudios
culturales tratan de construir teoras y descripciones polticas y contextuales
sobre cmo se hacen, deshacen y rehacen los contextos. Rechazan cualquier
pretensin de necesarias relaciones (garantizadas), as como de necesarias no
relaciones (tambin garantizadas) en favor de no necesarias relaciones (si bien
aceptan que las relaciones son reales).
Ahora podemos ver que la articulacin es la versin de los estudios culturales de
lo que se llama generalmente construccionismo, la pretensin de que la realidad
se construye en lugar de estar dada; la realidad es siempre una organizacin o
configuracin compleja que se est constituyendo constantemente. As planteados,
nos permiten ver una verdad muy simple: el hecho de que algo se construya no
lo hace menos real, independientemente de cules sean las piezas que integren
esa construccin. El hecho de que los estudios culturales afirmen que algunas de
esas piezas sean, necesariamente, discursivas e incluso significativas, no las hace
menos reales. Una mesa no es imaginaria por haber sido ensamblada con piezas
de madera separadas, y el hecho de que se usen otras clases de elementos clavos
o tornillos, por ejemplo no la hace menos real. Los estudios culturales no
niegan que haya una realidad material, pero sostienen, en oposicin a algunos, que
es imposible separar lo que algunos llamaran hechos brutos de hechos sociales.
El que se traten algunos hechos como brutos, como si no se hubieran construido,
dice ms sobre la organizacin particular de la realidad en la que es necesaria tal
diferenciacin que sobre los hechos mismos.
Diferentes autores han tratado de limitar las pretensiones del construccionismo,
predicando una especie de diferenciacin cualitativa entre dos tipos de modos
de ser: el real y el discursivo (el significado siendo la naturaleza del discurso ms
comnmente asumida). Asumen que estos dos dominios de la realidad (similares en
cierta forma al dualismo de Descartes entre la sustancia pensante y la materia) son
ontolgicamente distintos y, con excepcin de circunstancias especficas y limitadas,
existes en planos distintos que deben ser comunicados por actos de conciencia
distintivamente humanos. Pero me parece que el construccionismo rechaza esta
dicotoma radical al afirmar que, por el contrario, el mundo est constituido por
organizaciones complejas de diferentes tipos de eventos, algunos de los cuales
son siempre expresivos (en el sentido amplio del trmino), y que el discurso es
nicamente la forma de expresin en el nivel de la conciencia humana. Es decir, tal
como la mesa est hecha de madera y clavos (y quiz incluso de pegante y barniz), la
realidad, cualquier realidad, es siempre una articulacin compleja de muchos tipos
de eventos diferentes. La cultura o el discurso pueden no entenderse adecuadamente
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El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
como simples reflexiones externas sobre la realidad que, en ciertas circunstancias,
los afecta. Tal vez deba verse como un elemento integral de la realidad, o como lo
he sugerido, como un tipo de pegante, barniz, clavos, etc., que ayuda a unir y darle
un sentido de pertenencia conjunta (cf. Hacking 1999).
Los estudios culturales consideran que las prcticas culturales (o discursivas)
importan porque son cruciales para la construccin de los contextos especficos
y las formas de vida humana y de la realidad que habitamos. Los seres humanos
viven en un mundo que es, al menos en parte, creado por s mismos, y ese
mundo se ha construido mediante prcticas que construyen y transforman las
realidades discursivas y no discursivas (ambas materiales) en forma simultnea
e ntimamente interconectada. No slo estn articulados culturalmente cada
prctica o evento humanos, sino que las prcticas culturales se encuentran
constantemente involucradas en la produccin continua de la realidad, no
necesariamente como logro intencional de las acciones humanas. Para ponerlo
en trminos ms simples, la cultura en la que vivimos, las prcticas culturales que
usamos, las formas culturales que ponemos e insertamos en la realidad, tienen
consecuencias en la manera como se organiza y se vive la realidad. Las prcticas
culturales contribuyen a la produccin del contexto como una organizacin
del poder, y construyen el contexto como una experiencia del poder vivida
diariamente. Es por esto que la cultura importa, porque es una dimensin
clave de la transformacin o construccin permanente de la realidad. Lo que
no quiere decir, como afirmara mucha de la teora contempornea, que la
cultura por s misma (e.g., como la produccin de significacin o subjetividad)
construye la realidad.
Los estudios culturales tratan de entender algo sobre cmo se est construyendo
la organizacin del poder mediante la desarticulacin y la rearticulacin de
relaciones, tomando la cultura como punto de partida e ingreso al complejo
balance de fuerzas construidas por las relaciones de sta con la sociedad, la
poltica, la vida cotidiana, etc. Los estudios culturales se interesan, en primer
lugar, por las prcticas culturales como su ingreso al contexto material de las
desiguales relaciones de fuerza y poder. Pero el contexto mismo no puede
separar de esas prcticas culturales y de las relaciones de poder, porque ellas
articulan la unidad y la especificidad del contexto como un entorno vivido. Y
esto lleva a uno de los compromisos ms visibles de los estudios culturales:
su prctica es necesariamente interdisciplinaria. Esto suele malinterpretarse
como una especie de compromiso a priori (o ataque poltico a la organizacin
disciplinaria de la academia) antes que como una conclusin de la lgica
de la contextualidad radical. El trabajo de los estudios culturales debe ser
interdisciplinario porque la cultura no puede analizarse en trminos puramente
culturales; entender las formaciones culturales especficas requiere mirar a las
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relaciones de la cultura con todo lo que no es cultura. Pero, dnde, cmo y
cunto de interdisciplinariedad se necesita? Nuevamente, la respuesta debe
ser contextual, poltica y estratgica. Su interdisciplinariedad debe ser lo
suficientemente responsable para producir un conocimiento til aun cuando
est limitada por demandas estratgicas de la poltica del contexto.
As, puede considerarse los estudios culturales como un anlisis contextual de
cmo se hacen, desafan, deshacen, cambian, etc. los contextos (o aun mejor, un
contexto especfico), en cuanto estructuras de poder y dominacin. La definicin
de estudios culturales de Raymond Williams, la que ms ha influido en su
desarrollo en Gran Bretaa, como el estudio de todas las relaciones entre todos
los elementos en una forma total de vida, planteaba dos problemas: primero,
dnde se ubica el privilegio de la cultura? Y segundo, cmo se especifica el
concepto de una forma total de vida para hacer posible esa tarea? Williams
no logr entender que el espacio de una forma total de vida es un espacio
fracturado y contradictorio de mltiples contextos y formas de vida y de lucha
contrapuestas. Ese espacio un contexto o lo que Hall llama coyuntura es
una compleja articulacin de discursos, vida cotidiana y lo que Foucault llamara
tecnologas o regmenes de poder. En cualquier espacio dado, tales contextos
son siempre plurales. An ms, en cualquier contexto, como resultado de sus
complejas relaciones con otros contextos, el poder es siempre multidimensional,
contradictorio y nunca suturado totalmente.
Los estudios culturales intentan desplegar la teora (y la investigacin) de
manera estratgica para ganar el conocimiento necesario para describir el
contexto en formas que puedan permitir la articulacin de nuevas o mejores
estrategias polticas. Toman lo que Marx llamaba la desviacin por la teora
con el fin de ofrecer una descripcin nueva y mejor, movindose de lo
emprico a lo concreto, donde siempre se conceptualiza lo ltimo. Pero
tambin deben hacer una desviacin a travs de lo real, del contexto emprico,
para poder seguir teorizando. Intentan llegar a una comprensin del contexto
diferente y mejor de aquella con la que comenzaron (o la que podran haber
predicho exclusivamente con bases tericas) basada en las demandas y
cuestiones polticas que se les plantearon al principio. No se supone que
los estudios culturales redescubran lo que ya sabemos. Es por eso que slo
al final pueden plantearse las preguntas crticas de poltica, porqu slo
puede alcanzarse la poltica y la estrategia despus del trabajo de los estudios
culturales. Aunque ponen el conocimiento al servicio de la poltica, tambin
intentan hacer que sta escuche la autoridad del conocimiento (y por ende,
su rechazo al relativismo). As, quiero defender los estudios culturales como
una rigurosa actividad de produccin de conocimiento, sin desconectarla de
otros tipos de actividades y compromisos.
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El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
Esta contextualidad radical afecta cada elemento de la prctica misma de los
estudios culturales, comenzando con su objeto, el cual como he dicho, es siempre
un contexto. En consecuencia, el objeto de la atencin inicial de los estudios
culturales nunca es un texto aislado, sino un conjunto estructurado de prcticas
una formacin cultural, un rgimen discursivoque ya incluye las prcticas
discursivas y no discursivas. Pero incluso una formacin de stas debe ubicarse
en formaciones superpuestas de la vida cotidiana (como un plano organizado
del poder moderno). El discurso en los estudios culturales es un hecho integral
pblico. Por consiguiente, la cultura se considera siempre parcialmente
constituida por su insercin en el contexto poltica y econmicamente constituido
de la vida cotidiana. Como Hall et al. lo plantean en Policing the Crisis:
Hay fuerzas histricas claras en accin en este periodo, que modelan por
as decirlo, desde el exterior, las transacciones inmediatas en el terreno entre
asaltantes, potenciales asaltantes, sus vctimas y sus captores. En muchos
estudios comparables, estas fuerzas de mayor envergadura no son ms
que observadas y citadas; su relacin directa e indirecta con el fenmeno
analizado queda, sin embargo, como algo vago y abstracto como parte del
segundo plano. En nuestro caso, creemos que esos llamados problemas
de segundo plano son en realidad, exactamente, las fuerzas crticas que
producen el asalto en la forma especfica como aparece (1978: 185).
Ms an, incluso si la cultura define el comienzo de la trayectoria de alguien en
un contexto y a travs de l, no hay un modo operativo esencial de las prcticas
culturales ni garanta de cmo estn funcionando en un contexto particular. Los
estudios culturales no comienzan con una teora general de la cultura. Consideran
las prcticas culturales como el punto de interseccin de muchos efectos posibles.
No comienza definiendo la cultura o sus efectos, o asumiendo de antemano las
dimensiones relevantes en las cuales describir prcticas particulares. En lugar de
ello, las prcticas culturales son lugares donde pueden darse y se dan diferentes
cosas, donde hay interseccin de diferentes posibilidades.
La contextualidad radical de los estudios culturales tambin reconfigura su
relacin con la teora. Si bien los estudios culturales estn comprometidos con la
necesidad del trabajo terico, consideran la teora como un recurso que debe ser
usado de manera estratgica para responder a un proyecto particular, cuestiones
y contextos especficos. La medida de verdad de una teora es su capacidad
de permitir una mejor comprensin del contexto, donde lo mejor se define,
en primer lugar, en trminos de una relacin con las complejas realidades del
contexto, sin reducir la relacin a alguna nocin de correspondencia y, en segundo
lugar, en trminos de su capacidad de abrir nuevas posibilidades, quiz incluso
nuevas imaginaciones de posibilidades, para cambiar ese contexto. La eleccin de
paradigmas tericos es siempre una apuesta por lo que funcionar.
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En los estudios culturales, la teora y el contexto se constituyen y determinan
mutuamente. En ese sentido, los estudios culturales desacralizan la teora
para retomarla como un recurso estratgico contingente. As, los estudios
culturales no pueden identificarse con un paradigma o tradicin terica singular;
se han enfrentado, y siguen hacindolo, con diferentes filosofas modernas y
postmodernas, incluyendo el marxismo, la fenomenologa, la hermenutica, el
pragmatismo, el postestructuralismo, el postmodernismo, y con los intereses
tericos (y polticos) del feminismo, la teora crtica de la raza, la teora queer, la
teora postcolonial, la teora del discurso, etc.
Ah radica la importancia del elocuente rechazo de Hall al manto del terico:
Tengo una relacin estratgica con la teora. No me considero un
terico en el sentido de que ese sea mi trabajo. Siempre me interesa
seguir teorizando sobre el mundo, sobre lo concreto, pero no me
interesa la produccin de teoras como un objeto por s mismo. Y por
lo tanto uso la teora de maneras estratgicas [...] es porque pienso que
mi objeto es pensar lo concreto del objeto en sus muchas relaciones
distintas (1997: 152).
Para Hall, esto define una prctica distinta de la teora: Esto puede ser un
trabajo terico de un tipo en apariencia impreciso, poroso, pero no falto de
rigor. Siempre est conectado con lo especfico de un momento concreto.18
Y esta particular relacin con la teora est de algn modo en el centro de los
estudios culturales: los estudios culturales [] pueden en realidad funcionar
movindose de una coyuntura histrica
18
Stuart Hall y Bill Schwarz, entrevistas inditas,
2004. a otra usando un marco terico en
evolucin que no est purificado
conceptualmente. En consecuencia, los estudios culturales no estn motivados
por cuestiones tericas; no derivan sus preguntas de sus intereses tericos.
De lo contrario, la teora se convierte en una manera de evitar los riesgos de
la investigacin. Al definir por anticipado las preguntas y las respuestas, las
apuestas tericas a menudo reducen la posibilidad misma de contar una historia
distinta y mejor, una historia de sorpresa y descubrimiento.
Si los estudios culturales tienen una motivacin poltica, tambin creen que la
poltica es contextual. El asumir que uno sabe de antemano las apuestas polticas,
o la solucin polticamente correcta, garantiza que uno cuente la misma historia
reemplazando por los compromisos polticos el trabajo intelectual necesario para
llegar a un anlisis y a una estrategia poltica apropiada. Los lugares, las metas y
las formas de lucha pueden entenderse slo despus de que se ha hecho el trabajo
de reconstruir el contexto para entender mejor las relaciones de poder. No se
puede asumir, pese a las apariencias, que puedan darse por sentadas las apuestas
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o los constituyentes polticos de cualquier contexto particular. No se puede
simplemente asumir que porque cierto tipo de lucha poltica tuvo sentido en los
aos ochenta, tendr sentido en los noventa. No se puede asumir que porque
cierto tipo de lucha poltica tuvo sentido en Inglaterra, lo tendr en Estados
Unidos. Los estudios culturales buscan un equilibrio contingente y temporal en la
lucha entre las realidades polticas y los recursos tericos, reconociendo que dicho
equilibrio slo puede determinarse mediante el trabajo emprico.
Los estudios culturales consideran el poder como una organizacin compleja
y contradictoria, en mltiples ejes y dimensiones que no puede reducirse una
a otra. No puede explicarse las relaciones sexuales y de gnero nicamente
mediante las relaciones econmicas y de clase, ni puede explicarse las relaciones
econmicas y de clase por las relaciones sexuales y de gnero. Si se cambian las
relaciones sexuales y de gnero, no hay garanta de que cambien las relaciones de
clase (de manera semejante o comparable), y si cambian las relaciones de clase,
no hay garanta de que cambiarn las relaciones sexuales y de gnero (de manera
semejante o comparable). El poder es, infortunadamente, ms complejo que
eso. Pero en el lado optimista, el poder nunca es capaz de totalizarse. Siempre
existen fisuras y lneas de fuga que pueden convertirse en puntos activos de lucha
y transformacin. El poder nunca logra absolutamente todo lo que quisiera para
cualquier lugar, y siempre existe la posibilidad de cambiar las estructuras y la
organizacin del poder. Ms an, aunque el poder opera en las instituciones y
en el estado, tambin lo hace donde las personas viven su cotidianidad, y en los
espacios en los que se interceptan estos campos. Los estudios culturales tienen
un inters permanente en la manera como el poder infiltra, contamina, limita y
posiciona las posibilidades que tienen las personas de vivir sus vidas en formas
dignas y seguras. Pues si se quiere cambiar las relaciones de poder, si se quiere
mover a las personas, aun cuando sea un poco, debe comenzarse desde donde las
personas estn, desde dnde y cmo viven sus vidas en realidad.
Los espacios-problema de los estudios culturales
Al mismo tiempo, el punto de los estudios culturales no es simplemente el
descubrimiento o la afirmacin constantes de que todo es contextual, complejo,
etc., pues estos supuestos configuran el trabajo de los estudios culturales. Los
estudios culturales requieren una aplicacin rigurosa de [] la premisa de la
especificidad histrica (Hall 1980: 336). Por ende, la tarea de los estudios culturales
no puede asumirse a priori, independientemente del contexto. Para decirlo de
otra manera, las mismas cuestiones que plantean los estudios culturales sus
problemticas tienen que definirse en el trabajo del anlisis. En consecuencia,
el supuesto comn de que los estudios culturales son necesariamente una
teora de la ideologa y la representacin o de la identidad y la subjetividad o de
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la circulacin de la comunicacin (produccin-texto-consumo) o de la hegemona
est errado, aun cuando los estudios culturales aborden con frecuencia esos temas.
Su contextualizacin radical cuestiona cualquier supuesto que busque afirmar que
las preguntas que hacemos, los desafos que enfrentamos, son de alguna manera
universales; como si el mundo entero se viera siempre impulsado a responder
las mismas preguntas las nuestras. Con demasiada frecuencia, actuamos
como si no hubiera lmites para la pertinencia de los debates en los que estamos
involucrados, a las teoras que hallamos tiles y a las condiciones o circunstancias
que las han condicionado. Tales formas de parroquialismo, incluyendo sus
formas cosmopolitas modernas, pueden hacernos difcil, si no imposible, enfrentar
la complejidad de las luchas contemporneas como analistas crticos de la sociedad
y la cultura y, de ese modo, cuestionar nuestra capacidad de embarcarnos en
discusiones ms amplias y ayudar a imaginar alternativas futuras.
Los estudios culturales comienzan permitiendo que el mundo exterior a la
academia nos plantee preguntas a nosotros como intelectuales. Sus preguntas
entonces se derivan del sentido mismo del investigador (hay que admitirlo, que
son en parte de sentido comn) del contexto y las cuestiones y posibilidades
polticas que estn en juego. Hay, lo s, una aparente contradiccin aqu: el
contexto real se construye en el anlisis y sin embargo plantea las preguntas
antes del anlisis. No es cuestin de dejar que el contexto hable por s mismo,
pero los estudios culturales creen que el contexto material y discursivo puede
responder, por as decirlo (aun cuando slo medible en posibilidades polticas).
Los estudios culturales comienzan reconociendo que el contexto ya est siempre
estructurado, no slo por relaciones de fuerza y poder, sino tambin por voces
de rabia, desesperanza y esperanza polticas. Si los estudios culturales tratan de
comenzar donde estn las personas, entonces deben comenzar tambin con las
articulaciones ya constituidas de esperanzas y frustraciones populares en la vida
cotidiana. Eso no quiere decir, por supuesto, que el anlisis deba o vaya a terminar
en el mismo lugar, o incluso que est usando los mismos trminos. Pero los
estudios culturales tratan conscientemente de traer la catica y dolorosa realidad
del poder como funciona afuera (pero tambin dentro) de la academia a la
prctica acadmica, sin reducirla por ello a la lgica de la academia.
Para comprender los esfuerzos del Centro en la invencin de los estudios
culturales, debemos devolverlos a su contexto. Dicho contexto, creo, tiene que
ver en parte con el cambio social, como lo plantea Stuart Hall:
Para m, los estudios culturales en realidad comienzan con el debate sobre la
naturaleza del cambio social y cultural en la Gran Bretaa de la postguerra.
Un intento de abordar la ruptura de la cultura tradicional, en especial de
las culturas de clase tradicionales, comenz registrando el impacto de
nuevas formas del poder adquisitivo y la sociedad de consumo en la misma
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estructura jerrquica y piramidal de la sociedad britnica. Tratando de
confrontar la fluidez y el impacto desestabilizador de los medios de masas
y de una sociedad de masas emergente en esta vieja sociedad de clases
europea, registraron el impacto cultural del ingreso, por tanto tiempo
diferido, del Reino Unido al mundo moderno (Hall 1990: 12).
Pero existe, por as decirlo, otro lado del contexto, que concierne a la universidad y
sus prcticas de produccin de conocimiento. Como ha escrito Stuart Hall (1990),
al menos una parte del contexto que determina el surgimiento de los estudios
culturales en los aos setenta fue una crisis de la universidad. Esa crisis se defini
de manera ms patente con el creciente poder de un estrechamente definido
modelo cientfico de conocimiento, y el consecuente ascenso del cientificismo
como ideologa en todas las esferas culturales, polticas y econmicas. Pero
tambin involucraba una compleja serie de desarrollos que ponan en duda las
ciencias sociales (en una emergente crtica remanente a su seudo-objetividad y a la
facilidad con la que eran cooptadas para ponerse al servicio de las operaciones de
las relaciones de poder existentes) y las humanidades (en una crtica ms amplia
a su irrelevancia, elitismo y esoterismo cada vez mayores).
Esa fue una crisis no slo de la universidad, sino tambin del conocimiento mismo,
que se vivi y experiment no slo en la academia sino tambin en muchas de
las instituciones culturales dominantes de Occidente. Me parece que Hoggart,
Hall y el Centro, as como Williams y Carey en los Estados Unidos,19 estaban
respondiendo a un contexto que, para ellos, planteaba un desafo explcitamente
epistemolgico. Aqu podra traer a
19
De hecho, en 1963 Carey propuso el rtulo de
estudios culturales para describir no una teora
colacin una de las citas favoritas de
universal de la cultura, sino Una disciplina divisiva Hoggart, que le o citar con frecuencia
contra la ciencia positiva. durante mi estada en el Centro:
Dios nos guarde de la visin nica y del sueo de Newton (William Blake)
Este desafo fundamental fue planteado especialmente en el contexto de la
postguerra, principalmente por el estatus y el poder en continua expansin de la
ciencia, y ms especficamente, por la creciente percepcin (si no el reclamo por
parte de las ciencias constituidas como el cientificismo y el positivismo) de
que las ciencias duras o de laboratorio constituan la nica va de conocimiento
vlida. Por ende, la naturaleza radical del reclamo por una forma diferente
de conocimiento (ya sea la lectura de textos culturales que haca Hoggart, o el
esfuerzo de Williams de localizar cualquier prctica en la totalidad social, o la
nocin de Carey de la teora cultural de la comunicacin) como una manera
de cuestionar no slo la visin nica del cientificismo (ya sea en sus formas de
conductismo, funcionalismo, utilitarismo o economismo, o incluso en formas
ms recientes, como la teora cognitiva, la teora del caos o la teora de redes), sino
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tambin cualquier pretensin de una visin privilegiada nica (me atrevo a sugerir,
el formalismo esttico o el fundamentalismo religioso). Y no fue ms que un
pequeo paso para la crtica ms amplia de cualquier supuesto, cualquier reduccin,
que haga el trabajo del intelectual ms fcil de lo que debera ser, que reduzca la
propia capacidad de sorprenderse por los resultados de una investigacin.
En esta primera iniciativa de creacin de los estudios culturales, la respuesta a este
desafo epistemolgico, o lo que llamar una problemtica, se organiz alrededor
de la categora central de la experiencia, con la intencin de hallar lo que Hoggart
describi preguntando cmo se sentira vivir en un tiempo y lugar particulares,
o lo que Williams elabor como la comunidad de procesos y la estructura del
sentimiento, o lo que Carey defendi en las nociones de ritual y comunidad. Sin
embargo, el esfuerzo para responder a tal problemtica no debe centrarse en
cuestiones de experiencia. Por ejemplo, la obra de Foucault puede verse en gran
parte como una respuesta comparable a la misma problemtica:
Las genealogas son precisamente anti-ciencias [] una insurreccin []
contra los efectos del poder centralizadores dados a las instituciones y
al funcionamiento de un discurso cientfico organizado en una sociedad
como la nuestra [] La genealoga debe conducir la lucha justamente
contra los efectos del poder de un discurso considerado cientfico
(Foucault, 1991: 23).
Pero no quiero sugerir, o dejar que se asuma, que esta problemtica epistemolgica
ha perdido su relevancia para los estudios culturales, que estuvo de algn modo
asociada a elementos del contexto de la posguerra que han desaparecido. De
hecho, esta problemtica ha mantenido su relevancia desde los aos cincuenta,
y en todo caso, ha cobrado mayor urgencia en los ltimos aos, aunque de una
manera diferente y quiz ms complicada. Nosotros tambin hoy en da, al
menos en los Estados Unidos (pues es ese el contexto que he estado estudiando),
estamos en medio de una crisis epistemolgica, en parte creada por nosotros. Es,
creo, una crisis mucho ms generalizada y mucho ms profunda, que no se limita
a las instituciones de educacin superior, o a la corporatizacin, la capitalizacin y
desprofesionalizacin de la academia (aunque es ms como si estuvieran tratando
de convertirse en Ford Motor Company en lugar de llegar a ser las anteriores
corporaciones innovadoras y exitosas y a pesar de que esto a menudo se haga de
maneras completamente contradictorias). Nos inquieta o debera inquietarnos el
hecho de que las ideas exitosas de financiamiento y el proceso (la ilusin de la
democracia racional) supera la visin, pero hay ms. Las preguntas son mucho
ms amplias en realidad. Para muchas personas, de muchas facciones polticas
distintas, la educacin est en problemas. Por supuesto, el contenido del
diagnstico y sus supuestas consecuencias polticas varan ampliamente, pero en
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casi cualquier caso, la perspectiva poltica de alguien parece predefinir la manera
como ven la crisis. Podra decirse que la nocin misma, el significado y el valor de
la educacin parecen estar bajo ataque.
An ms, los conceptos y valores de conocimiento, evidencia y adjudicacin racional
parecen inciertos. De hecho, un lugar clave en la lucha actual por la configuracin
futura de la sociedad estadounidense20 implica el intento de redefinir el significado
mismo del conocimiento, y con ello, el valor del secularismo en la educacin, y al
mismo tiempo, de reconstruir los loci de la autoridad intelectual:
Es un caso de cunto valor asigna la cultura a la idea misma de la verdad
[] Vivimos en una cultura relativista en la que se ponen en escena o se
manipulan los reality shows de la televisin, en la que los sondeos de
opinin y los manipuladores de opinin son aceptados como parte de la
actividad poltica, donde los acadmicos defienden que la historia depende
de quin la escriba, donde un asistente del Presidente Bush, restando
importancia a las afirmaciones de los reporteros que viven en la comunidad
basada en la realidad, puede afirmar que somos un imperio ahora, y cuando
actuamos, creamos nuestra propia realidad (Kakutani 2006).
Aun as no deberamos asumir que la situacin que he descrito significa que el
cientificismo haya dejado de hacer parte del problema. Por el contrario, la situacin
es ms contradictoria de que solemos admitir, pues la ciencia an parece mantener
su influencia, no slo en la universidad, sino tambin en los diversos escenarios
pblicos. Y, cada vez ms, muchos intelectuales de la cultura que deberan
desconfiar de la continuidad del poder (y los reduccionismos) de la ciencia se han
adherido a lo que en la superficie parecen paradigmas ms comprensivos (como la
complejidad, o el caos, o los nuevos paradigmas de las ciencias biolgicas) porque
usan un lenguaje que suena parecido al nuestro (sin siquiera reconocer que las
ciencias humanas han estado diciendo estas mismas cosas durante mucho tiempo).
Olvidamos por nuestra propia cuenta y riesgo que el cientificismo no es un asunto
de paradigmas especficos, sino de autoridad y el poder de posiciones discursivas
particulares, de lo que cuenta como conocimiento y evidencia, etc. Slo porque
la ciencia habla sobre los conceptos que usamos (y hemos usado con frecuencia
desde mucho antes que las ciencias) como complejidad o autopoiesis, slo porque
la ciencia habla de multiplicidades (y realidades mltiples), hay poca evidencia de
que las ciencias estn dispuestas a compartir su autoridad. La crtica a la ciencia en
las ciencias humanas se basa a menudo en su supuesto fundacionalismo, que es
la creencia en la existencia de un comps o clculo singular para cualquier decisin
20
Lo que he llamado en otro lugar la lucha
tica o epistemolgica. Ello implica
sobre la prometida modernidad americana (cf. la posibilidad de un conocimiento
Grossberg 2005). universalmente verdadero, basado en
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una observacin emprica directa y en la manipulacin del mundo o la capacidad
de modelar el mundo mediante representaciones lgicas (o matemticas). Si bien
tradicionalmente, tales opiniones tambin asuman que la objetividad independiente
del observador no slo es posible, sino tambin la norma del conocimiento, esto
se ha visto cuestionado cada vez ms en diversas perspectivas cientficas. Por
consiguiente, la vieja hiptesis de que un slo modelo poda describir todas las
realidades, una hiptesis de la posibilidad monolgica del conocimiento, tambin
ha quedado hecha aicos con los recientes avances de la ciencia. Lo que parece
ser la renuncia a la monolgica del conocimiento sigue funcionando como una
pluralizacin nicamente en los regmenes ms amplios de la ciencia.
En lugar de ello, cada vez es ms comn encontrar afirmaciones de que la mente es
el cerebro, asumiendo que el lenguaje de la mentalidad puede reducirse al lenguaje
de la funcin cerebral. Considrese un argumento aparecido recientemente en las
columnas de opinin de The New York Times: podemos explicar falsas creencias
mediante la neuroqumica del recuerdo. Los autores no mencionan eso, aunque
dicha ciencia bien podra describir qu ha pasado cuando alguien recuerda una
mentira como si fuera verdad, no pueden explicar porqu sucede esto nicamente
para algunas creencias y para algunas personas. O para decirlo de otra manera,
no pueden explicar lo que siempre hemos sabido: se puede engaar a algunas
personas durante todo el tiempo, etc. Ms an, pese a la afirmacin de que tales
conocimientos cientficos nos ayudarn a comprender de manera ms completa
nuestras ideas polticas haciendo eco a lo que los positivistas han venido
afirmando durante siglos, no explican cmo funcionara exactamente esto, a
menos que vayamos a transformar los cerebros de las personas para alterar sus
pensamientos una visin particularmente antidemocrtica.21
Mi argumento es que la problemtica epistemolgica, que incluye las preguntas
del cientificismo y el reduccionismo, y
21
Vase, por ejemplo, Lakoff (2008). Tambin, Sam
Want y Sandra Aamodt (2008). Finalmente, debe que en parte fue la responsable de la
considerarse el hecho de que incluso la derecha se creacin de los estudios culturales en
pone nerviosa por el estatus de, por ejemplo, la
genmica: Las afirmaciones de causalidad que se
el Centro, ha seguido configurando
desprenden de tales estudios deben tratarse con el el espacio poltico y discursivo en el
escepticismo adecuadamente intenso que aplicamos
a los estudios sociolgicos o economtricos (Manzi
que han evolucionado los estudios
2008: 30). El autor sigue citando el argumento culturales, y al que deben responder.
de Hayek de que la planeacin econmica no es Por ende, debemos mantener tal
imposible en la teora, sino que es el resultado de
una cuestin de la falta de informacin suficiente y problemtica como un lugar continuo
de poder de procesamiento porque el mundo de la de lucha epistemolgica, como lo hace
interaccin econmica es tan complejo. Describe
esto como los mismos problemas analticos que Stuart Hall, en uno de sus fragmentos
enfrentamos al tratar de predecir un estado mental ms recientes: Discuto el trabajo
que depende de un gran nmero de genes [] y sus
interacciones con el medio ambiente. como parte de una formacin cultural/
poltica, un elemento constitutivo en
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Lawrence Grossberg
El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
un campo de ideas, prcticas, movimientos sociales y acontecimientos polticos
aunque tambin quiero recalcar que ste ofrece un punto de ventaja privilegiado
en ese mundo (Hall 2006: 3).
Pero pienso que en ciertos momentos, en diferentes tiempos y espacios, esa
problemtica epistemolgica se ha articulado a otras preguntas y ha sido modificada
por otras preguntas, otras problemticas. De modo que, en cierta medida,
en diferentes contextos, los estudios culturales han tenido que ser recreados
de nuevo (o se han recreado por s mismos) en respuesta a problemticas
diferentes y cambiantes. Estoy argumentando que los estudios culturales toman
su forma como respuesta a su contexto, que los estudios culturales es una
respuesta en parte a cambios experimentados, a desafos y demandas polticos
cambiantes, as como a recursos y debates tericos emergentes. Sin dicho sentido
de la complejidad del proyecto y de la historia de los estudios culturales, puede
caerse en la trampa de Francis Mulhern (2000) de identificar la totalidad de los
estudios culturales con una sola visin: la crtica cultural del cambio social, y con
las preguntas que Williams identific como constituyentes de lo que llam la
tradicin de cultura y sociedad.
Permtanme tratar de explicar esta nocin de problemticas, tomando por un
instante el argumento de David Scott (1996) que afirma que demasiada crtica
cultural se contenta con desafiar las respuestas que se dan por sentadasen
nombre de la deconstruccin, la historizacin o el antiesencialismo, por
ejemplo, pero rara vez cuestionan las preguntas mismas. Scott plantea que
pensamos los contextos como espacios problema: pensamos en diferentes
coyunturas histricas como constitutivas de diferentes espacios problema
ideolgico-conceptuales; y [] pensamos en estos espacios problema menos
como generadores de nuevas proposiciones que como generadores de nuevas
preguntas y demandas. En otras palabras, si los estudios culturales responden a
los contextos, los cuales plantean sus propias preguntas y demandas especficas.
Y obteniendo las respuestas incorrectas, no escuchando a los contextos por as
decirlo, garantizar con mucha certeza que uno cuente malas historias.
Quiero usar este concepto para insinuar que durante las pasadas cuatro dcadas,
los estudios culturales han asumido diferentes configuraciones (lo que Williams
llam formaciones) respondiendo al menos a cuatro problemticas distintas (y,
en ocasiones, a las interacciones entre ellas), constituyendo los espacios-problema
en los que se situaban a s mismos, aunque siempre sobre las bases de una
problemtica epistemolgica:
Primero, un espacio problema (o problemtica) de agencia y resistencia, que
construye una narrativa cuyo objeto debe desplazar una historia de sumisin
con una historia de resistencia (Scott, 2004: 114). Esa problemtica rechaza de
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TABULA RASA
No.10, enero-junio de 2009
manera explcita las teoras que asumen una oposicin simple entre la dominacin
y la subordinacin, donde la primera tiene el potencial (si no realmente el xito)
de colonizar por completo y hacer pasiva a la segunda. Hacen nfasis en la
capacidad de las personas de orientar los recursos de que disponen a sus propias
necesidades y deseos, incluso hasta el punto de diversos modos de resistencia.
Esto es, de manera muy evidente creo, la fuerza que impulsa los paradigmas ms
estrechamente asociados a los estudios culturales britnicos: en primer lugar, las
teoras subculturales de la resistencia simblica, y en segundo lugar, una teora
de la cultura asumida como comunicacin, entendida con base en un modelo
de produccin y consumo o de codificacin y decodificacin.22 Ambas ponan
de relieve las nociones de la audiencia activa. Esta problemtica ha reaparecido
a lo largo de todo el siglo XX como la cuestin del tema revolucionario en la
izquierda y la cuestin del tema liberal en los debates de la llamada cultura de
masas en los Estados Unidos. En
22
Esto a pesar de los esfuerzos de Hall por definir la
relacin como un circuito modelado en el circuito
el Centro, as como en otros lugares,
de produccin marxista. Carey siempre se neg al se plante esta problemtica en parte
paradigma codificador-decodificador de los estudios para hacer frente a los argumentos
culturales en base a que reinscriba un modelo de
comunicacin como transmisin de informacin. sobre el aburguesamiento de la clase
obrera (o de los colonizados) despus
de la Segunda Guerra Mundial, y por otro lado, como un argumento contra esas
formas de anlisis poltico y cultural que presuponan la pasividad de las masas
polticas y las audiencias culturales. Este enfoque se hizo evidente en el trabajo
del Centro sobre las subculturas, as como en su modelo de la codificacin/
decodificacin de la comunicacin meditica. En el trabajo britnico, fue aqu
que lleg a pensarse en los estudios culturales principalmente en trminos de
teoras y prcticas de la etnografa socio-fenomenolgica, si bien continu
basndose tambin en diversas formas de anlisis ideolgico.
Segundo, se ofreci un espacio problema (o problemtica) de subjetividad en parte
como crtica del realismo sociolgico ocasionalmente nave presente en algunas
nociones de identidad, aun en los estudios culturales, y que aborda la autoridad
de la experiencia. Su trabajo dominante sostiene que debe entenderse la cultura
como la produccin simultnea e interconectada de subjetividad, experiencia y
diferencia. Este fue, obviamente, el desafo planteado por las crticas feminista y
post-estructuralista (as como por las relecturas estructuralistas de Marx y Freud)
de las teoras esencialistas sobre la identidad y las teoras fenomenolgicas de la
experiencia. La cultura aqu se entiende como la produccin de experiencia y de
conciencia, inevitablemente ligada a las nociones de identidad y de posiciones de
sujeto, que se producen mediante la construccin semitica de la diferencia. Este
trabajo se bas principalmente en teoras semiticas y post-estructuralistas de la
textualidad (comenzando con las obras de Althusser, Lacan y Derrida), y fue ms
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visible en estudios literarios y de cine, en las teoras feminista y crtica de la raza,
en especial en los Estados Unidos. Dicho trabajo con frecuencia llega a definir los
estudios culturales en los Estados Unidos, y ello ha llevado a muchos a identificar
los estudios culturales con una poltica multicultural.
Tercero, un espacio-problema (o problemtica) de la poltica del estado
hegemnico, o mejor, de la lucha hegemnica como contexto de la lucha nacional
contempornea poltico-econmica, relacionada con el intento, de parte de un
bloque o alianza histrica, de ganar el favor popular hacia formas particulares de
poder econmico y poltico-estatal, operando en el terreno y en los espacios de
lo popular y el sentido comn. Tena sus races en las reteorizaciones marxistas
sobre la naturaleza y la relacin entre el estado y el poder ideolgico, incluyendo
los trabajos de Lukacs, Adorno y Gramsci, y en las reflexiones del periodo
posterior a la Segunda Guerra Mundial sobre la aparicin de las democracias de
la cultura de masas en Europa y los Estados Unidos, y en ocasiones, su posible
relacin con el fascismo (en la obra de Arendt, Mills y Marcuse, as como en una
tradicin completa de comentadores liberales y conservadores en la sociedad de
la posguerra en los Estados Unidos). Sin embargo, a finales de los aos setenta
apareci una rearticulacin exclusivamente de los estudios culturales sobre la
problemtica, como respuesta a tres desarrollos: una crisis global del capitalismo
y sus complejas articulaciones con una serie de desafos emergentes para la
legitimacin del liberalismo capitalista; el enfrentamiento entre el liberalismo
del siglo XX y los movimientos de liberacin (de los mundos colonizados y los
movimientos sociales y contraculturales de los aos sesenta en las democracias
industrializadas avanzadas); la aparicin y el xito de una formacin de nueva
derecha, que a menudo empleaba nuevas formas de poltica racial, de clase y de
gnero. No fue slo la prctica particular de la derecha de una poltica de alianzas
que pareca demandar una nueva respuesta, sino tambin su prctica poltica,
como lo que Gramsci llam una guerra de posiciones, que buscaba ganar el
favor de la gente para su posicin de liderazgo en un amplio rango de lugares
sociales, antes que lograr consenso ideolgico en una gran batalla entre dos
bandos homogneos. An ms, la derecha pareca reconocer la necesidad poltica
de trabajar en el campo del sentido comn y con los lenguajes y la lgica de lo
popular. Este trabajo de los estudios culturales, que en mi opinin marc un
viraje significativo para los estudios culturales en lengua inglesa, fue inaugurado
en el Centro por Policing the Crisis si bien se asocia con mayor frecuencia con el
trabajo de Stuart Hall sobre el thatcherismo, de John Clarke y Angela McRobbie
sobre el neoliberalismo, y de Paul Gilroy sobre la raciologa contempornea. En
gran medida, con la sola excepcin del mo, ese trabajo hizo falta en los Estados
Unidos, aunque han aparecido ms obras sobre el surgimiento de la nueva
derecha, en conjunto con la cuarta problemtica, en aos recientes.
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TABULA RASA
No.10, enero-junio de 2009
Cuarto, un espacio problema (o problemtica) de periodizacin histrica,
relacionado con cambios ms coyunturales e incluso trascendentales, incluyendo
los debates contemporneos que van de la postmodernidad a la globalizacin, etc.
En los estudios culturales britnicos, tales intereses dieron lugar al conjunto de
obras menos conocidas sobre los nuevos tiempos.
Conclusiones
Se deduce que cualquier formacin de los estudios culturales debe reflexionar
continuamente en su propia contextualidad, en las preguntas que se plantea a
s misma y en las herramientas que emplea como respuesta a esos desafos. Tal
contextualizacin y, por lo tanto, autorreflexin concreta es necesaria si los
estudios culturales van a responder a las demandas (las preguntas planteadas), las
limitaciones y las posibilidades del contexto, incluyendo las posibilidades dispersas
para prcticas y recursos intelectuales que puedan constituir un trabajo intelectual
comprometido polticamente en ese contexto. Los estudios culturales siempre deben
reflexionar sobre sus supuestos del contexto que analizan, y su lugar en l o en su
relacin con l. Debe hacer sus propias preguntas y las categoras y conceptos
en los que son concebibles tales preguntas y es por eso que la parte ms difcil
de cualquier proyecto en los estudios culturales con frecuencia es descubrir cul
es la pregunta. El contexto es el comienzo y el final de nuestras investigaciones.
La trayectoria desde el comienzo hasta el final da la medida de nuestro xito en el
mapeo y el logro de una mejor descripcin/comprensin del contexto.
Esa contextualizacin radical interrumpe cualquier deseo de hablar antes de
haber completado el trabajo, pues entonces somos propensos a abandonar el
compromiso con la complejidad, la contingencia, la contestacin y la multiplicidad,
que es un sello distintivo de los estudios culturales. Con demasiada frecuencia,
ante necesidades polticas aparentemente urgentes, aun los acadmicos dedicados
a los estudios culturales podran verse abocados a acoger con demasiada facilidad
las mismas simplificaciones, reduccionismos y esencialismos a los que se supone
que deberan oponerse los estudios culturales. Con demasiada frecuencia, como
intelectuales, nos mostramos renuentes a comenzar por asumir que no entendemos
lo que sucede, que quiz lo que funcion ayer en ese lugar no funcionar hoy en el
mismo sitio. En lugar de ello, mantenemos tanta carga terica y poltica que rara vez
nos sorprendemos, porque casi siempre encontramos lo que bamos a buscar, y que
lo que ya conocamos como explicacin ha demostrado, una vez ms, ser cierto. Los
estudios culturales estn, creo, comprometidos con decirnos cosas que no sabemos;
buscan sorprender a sus productores, a sus interlocutores, a sus audiencias y a
sus potenciales constituyentes, y de esa forma, ofreciendo mejores descripciones
y explicaciones de nuevo, explicaciones que no rehyen la complejidad, la
contingencia y la contestacin, busca abrir nuevas posibilidades.
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El corazn de los estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y complejidad
Por consiguiente, los estudios culturales deben evitar dos discursos cada vez ms
seductores que dejan al analista libre de responsabilidades. El primero toma sus
propias suposiciones polticas (sin importar el sentido comn de que puedan
estar revestidas) como si fueran la conclusin de algn anlisis, que siempre se
asume ha sido completado en algn lugar (pero siempre queda ausente). El deseo
poltico sobrepasa el trabajo de anlisis terico y emprico real. En el extremo,
el periodismo partidista (que algunas veces degenera en diatribas) reemplaza
el trabajo intelectual. Los estudios culturales deben combatir la conviccin
de la certeza poltica, reconociendo que cualesquiera sean las motivaciones,
esperanzas y supuestos que lo llevaron a uno a un estudio particular, la poltica
llega a la conclusin del anlisis. El segundo, para parafrasear a Derek Gregory
(2004), asume que el mundo existe para proporcionar ilustraciones para nuestros
conceptos. En lugar de un rodeo por la teora, sustituye con la teora el anlisis
social como si las categoras tericas fueran por s mismas suficientes
como descripciones de una coyuntura. Con frecuencia confunde la filosofa y
la ontologa por el anlisis contextual de lo concreto. Los estudios culturales
requieren que se traiga lo conceptual y lo emprico (aunque obviamente la
separacin nunca est tan bien delineada y ambos trminos deben repensarse
juntos a la luz de un materialismo radicalmente contextual), con la posibilidad de
que el ltimo pudiera alterar en realidad al primero aun cuando el primero lleve a
una nueva descripcin del ltimo. Es esta posibilidad la que parece retroceder a
menudo en algunas versiones del trabajo crtico contemporneo.
Finalmente, los estudios culturales se niegan a secundar el esfuerzo cada vez ms
comn de reducir todo trabajo intelectual a una simple lgica de productividad y
eficiencia (generalmente funcionalista), como si toda la academia funcionara dentro
de la misma temporalidad. Por el contrario, los estudios culturales, reflexionando
sobre su existencia como prctica cultural, deben aceptar y aun defender el casi
(pero no mucho) inevitable desplazamiento de sus propios efectos y efectividad.
Despus de todo, una de las cosas que han hecho visibles los estudios culturales
es que los efectos de las prcticas culturales estn rara vez dnde y cundo se
espera que estn. Estn casi en cualquier otro lugar, en algn otro tiempo. Aunque
sera agradable si los efectos del trabajo intelectual (y sus intervenciones) fueran
tan inmediatos y obvios como nos imaginamos que son algunas otras formas de
intervenciones polticas, ese infortunadamente no suele ser el caso.
Como han subrayado muchos intelectuales polticos, el trabajo crtico siempre
tiene dos polos polticos: una crtica negativa de lo dominante del presente y
una esperanza positiva de un futuro imaginado o posible. Gramsci distingua
entre el pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad; Ricoeur entre la
hermenutica de la sospecha y la fe, y Sedgwick entre una poltica paranoide y una
reparadora. Obviamente podra enumerar otros que funcionan en ese espacio,
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No.10, enero-junio de 2009
incluyendo a Marx, Jameson, Hall, Fanon, Gilroy, Cesaire, Chatterjee, C.L.R. James,
etc. El trabajo crtico en el mejor de los casos trabaja en la brecha entre el presente
fallido y el futuro utpico, pero no hay garanta, no hay lgica dialctica, que conecte
las dos dimensiones. Con demasiada frecuencia el trabajo crtico hace demasiado
nfasis en la negatividad del presente, reinscribiendo su pesimismo, y dejando lo
positivo como la imaginacin de un futuro distinto a la deriva, disociada del
anlisis negativo del presente. Quiero establecer una diferencia entre la imaginacin
utpica de las posibilidades (lo que podramos pensar como pre-emergente), de las
maneras como ello puede realizarse como lo emergente.23 Si lo primero se mantiene
de algn modo independiente de cualquier sentido del presente, lo ltimo est
siempre fundado en la cuestin poltica prctica de cmo iremos de aqu a all. Es
decir, el trabajo crtico debe articular el negativismo del presente con el positivismo
del futuro. La imaginacin de un posible futuro debe construirse y hacerse posible
por el anlisis del presente. Slo porque el presente no tena que ser como es, el
futuro puede ser de algn modo diferente de como parece que ser.
Aunque los estudios culturales buscan cambiar el contexto de su propio trabajo,
rara vez es capaz de sealar, con alguna confianza, los beneficios inmediatos
de su propio trabajo. Sin embargo, los estudios culturales siguen creyendo que
su trabajo intelectual es importante, aun cuando no sea nuestra salvacin. Los
estudios culturales no van a salvar el mundo ni siquiera a la universidad; en lugar
de ello, esta es una modesta propuesta de prctica poltico-intelectual flexible y
radicalmente contextual. Intenta producir la mejor posibilidad de conocimiento
al servicio de la construccin de un mundo mejor. Y como tal, puede ayudarse
a ir un poco ms all hacia nuestra
23
En cierto sentido, esta es una diferenciacin
deleuziana entre lo virtual y lo posible, pero meta de hacer del mundo un lugar
tambin quiero sugerir que los deleuzianos no ms justo y equitativo para todas las
logran hacer una diferenciacin adecuada entre personas. Por supuesto, el que las
lo pre-emergente y lo emergente. Hay siempre una
multiplicidad de emergentes posibles en lo virtual, malas historias den lugar a una mala
que debe distinguirse no slo de la actualizacin de poltica no garantiza que mejores
lo emergente y de su posible rearticulacin. Vase
tambin Benjamin sobre el tiempo mesinico y
historias hagan una mejor poltica.
Bloch sobre la esperanza, as como los argumentos No existe una relacin necesaria entre
de Marx para un socialismo cientfico. el conocimiento y la poltica, slo las
24
Agradezco a Eduardo Restrepo por sealarme esto.
posibilidades de que se articulen.24
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Los estudios culturales en programas de post-
grado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas
y metodolgicas1
Cultural studies in postgraduate programs in
Latin America: A pegagogical and methodologi-
cal proposal
Os estudos culturais em programas de ps-gradu-
ao na Amrica Latina: propostas pedaggicas e
metodolgicas
Mnica Szurmuk2
Instituto Mora3, Mxico
[email protected]
Robert McKee Irwin4
University of California, Davis, USA
[email protected] Recibido: 10 de febrero de 2009 Aceptado: 18 de marzo de 2009
Resumen
En este artculo ofrecemos una genealoga de la presencia de los estudios culturales en
programas de posgrado en Amrica Latina y un anlisis de las diferentes formas que toma
el entrenamiento de posgrado de estudiantes en estudios culturales a lo largo de toda la
regin. A pesar de la supuesta marginalidad de los estudios culturales, hay programas de
especializacin y posgrado en casi todos los pases de la regin. Evaluamos la relacin
de estos programas con programas disciplinarios (en sociologa, comunicacin, letras,
historia, educacin, etc.), la vinculacin entre diferentes programas en la regin y con
programas en los Estados Unidos y Europa. Indagamos tambin en el tipo de formacin
que tienen los profesor@s que trabajan en estos programas, las bibliografas utilizadas y
el perfil de los egresad@s. Concluimos con una serie de propuestas y con un apndice
donde damos una lista de los programas analizados y l@s especialistas entrevistad@s.
Palabras clave: estudios culturales, posgrados, intelectuales, cultura
1
Este artculo es resultado de la investigacin realizada por los autores sobre el desarrollo de los Estudios
Culturales en Amrica Latina y de los procesos de institucionalizacin que se han llevado a cabo.
2
Ph.D., Literature, University of California, San Diego.
3
Departamento de Historia Social y Cultural
4
Professor and Chancellors Fellow, Department of Spanish and Portuguese. Ph.D., Comparative
Literature in New York University.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.10: 49-75, enero-junio 2009 ISSN 1794-2489
genova
Fotografa de Johanna Orduz
TABULA RASA
No.10, enero-junio 2009
Abstract:
In this paper, we deliver a genealogy of cultural studies presence in postgraduate programs
in Latin America, along with an analysis of the different forms students postgraduate
training assume throughout the region. Notwithstanding the supposed marginality of
cultural studies, nearly every country in the region offer specialized and postgraduate
studies. We assessed the relation between those curricula and disciplinary programs (in
sociology, communication, humanities, history, education, etc.), the link between various
curricula throughout the region and programs in the U.S. and Europe. We inquired on
faculty background, bibliography used and graduates profile. We concluded with a set of
proposals and an appendix listing programs studied and experts interviewed.
Key words: cultural studies, postgraduate programs, scholars, culture
Resumo
Neste artigo oferecemos uma genealogia da presena dos estudos culturais em programas
de ps-graduao na Amrica Latina e uma anlise das diferentes formas que toma o
treinamento de ps-graduao em estudos culturais ao longo de toda a regio. Embora
a suposta marginalidade dos estudos culturais, existem programas de especializao e
ps-graduao em quase todos os pases da regio. Avaliamos a relao desses programas
com outros cursos (de sociologia, comunicao, letras, histria, educao, etc.), e a
vinculao entre diferentes programas da regio com outros nos Estados Unidos e na
Europa. Indagamos tambm o tipo de formao dos professores que trabalham nesses
programas, as bibliografias usadas e o perfil dos formad@s. Conclumos com uma srie
de propostas e com um anexo, no qual damos uma lista dos programas analisados e dos
especialistas entrevistad@s.
Palavras chave: estudos culturais, ps-graduao, intelectuais, cultura.
Hacia fines de la dcada de 1990, la irrupcin de los estudios culturales como
modo de produccin acadmica interdisciplinaria sobre Amrica Latina,
produjo un debate encendido entre acadmicos que trabajan desde la regin
y los latinoamericanistas que desarrollan su tarea de investigacin y docencia
5
Algunos de estos textos son: Mabel Moraa, ed .
en los Estados Unidos. Nmeros
Nuevas perspectivas desde/sobre Amrica Latina: El desafo monogrficos en revistas especializadas,
de los estudios culturales. Pittsburgh/Santiago de Chile: congresos y varios libros dan cuenta
IILI/Editorial Cuarto Propio, 2000; Santiago Lpez
Maguia, ed. Estudios culturales: discursos, poderes,
de ese momento y de las discusiones
pulsiones. Lima: Instituto de estudios peruanos, que se orginaron alrededor del tema
2001; Carlos Reynoso. Apogeo y decadencia de los del latinoamericanismo y del rol de
estudios culturales. Madrid: Gedisa, 2000; Jos Manuel
Valenzuela Arce, ed. Los estudios culturales en Mxico. los Estados Unidos como rbrito y
Mxico: Conaculta, 2003; Catherine Walsh, Estudios productor de conocimiento sobre
culturales latinoamericanos: retos desde y sobre la regin
andina, Universidad Andina Simn Bolvar, 2003; los
la regin.5 Los congresos del Latin
nmeros monogrficos de Revista Iberoamericana 193 American Studies Association de
(octubre-diciembre 2000) y 203 (abril-junio 2003). la dcada del 90 vieron cmo estos
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Mnica Szurmuk y Robert McKee Irwin
Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
temas cobraban mpetu y se realizaban una variedad de plenarios sobre estudios
culturales desviando algo del inters que en los ochentas se haba concentrado
en temas de redemocratizacin y derechos humanos. El debate qued plasmado
en una serie de dicotomas identitarias y espaciales sur/norte, Amrica Latina/
Estados Unidos, centro/periferia, ingls/espaol, latinoamericanos de Amrica
Latina/latinoamericanos de Estados Unidos. Un elemento fundamental que
se puso sobre el tapete fue el espacio de los estudios culturales dentro de los
esquemas institucionales y disciplinarios. Hacia el cambio de siglo qued claro
que el espacio de los estudios culturales en la academia norteamericana era el de
los departamentos de literatura latinoamericana, mientras que en Amrica Latina
las reas ms resistentes a los estudios culturales eran los programas de letras que
sostuvieron el valor de lo esttico y de las tradiciones literarias nacionales como
bandera. Los estudios culturales se abrieron un espacio dentro de departamentos
de sociologa, antropologa y comunicacin.
El trmino estudios culturales se usa para referirse a un abanico de metodologas
interdisciplinarias de investigacin y docencia. No es una disciplina sino un
emprendimiento interdisciplinario que tiene una genealoga propia en Amrica
Latina que surge del ensayo del siglo XIX, se informa de los desarrollos tericos
y metodolgicos de la Escuela de Frankfurt y los estudios culturales britnicos y
se cristaliza en las disporas latinoamericanas, principalmente en Estados Unidos,
pero tambin en Mxico, Venezuela y Colombia durante las dcadas de los ochenta
y noventa del siglo pasado. Los estudios culturales tienen un fuerte arraigo en
prcticas intelectuales en Amrica Latina dentro y fuera de la Universidad. El
dominio de la cultura en Amrica Latina siempre estuvo ntimamente ligado al de
la poltica ya sea desde proyectos polticos hegemnicos o de resistencia. Los lazos
entre cultura y poder se pueden trazar desde el principio de la colonizacin como lo
muestra Angel Rama en su influyente estudio La ciudad letrada. Clave en el desarrollo
de una propuesta intelectual en la regin es la figura del intelectual-soldado-poltico
que durante el siglo XIX y hasta bien entrado el XX participa en las guerras de
independencia, escribe novelas fundacionales y ocupa cargos polticos. No es sino
hasta principios del siglo XX que se constituye la idea de la cultura como un campo
independiente de de la poltica pero siempre con conexiones fuertes con ella. La
influencia del pensamiento gramsciano marc la definicin de lo cultural como
provincia de lo poltico. Los estudios culturales son herederos de esta tradicin.
Los precursores directos de los estudios culturales en Amrica Latina afirman que sus
investigaciones se ubicaban en una trayectoria latinoamericana que luego fue llamada
estudios culturales. Como seala Jess Martn Barbero nosotros habamos hecho
estudios culturales mucho antes de que esta etiqueta apareciera6. En una encuesta
realizada por el Journal of Latin American
6
http://www.javeriana.edu.co/pensar/Rev33.html
Cultural Studies Nstor Garca Canclini
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afirm: me involucr en los estudios culturales antes de saber cmo se llamaban
(86) y Beatriz Sarlo, por su parte dijo que cuando escribi los textos que son ledos
como de estudios culturales, estaba haciendo historia de las ideas. (85)
La principal crtica al proyecto de los estudios culturales latinoamericanos es su
relacin con los cultural studies realizados en la academia norteamericana. Nosotros
usamos el trmino estudios culturales a sabiendas de la incomodidad que produce
porque asumimos la compleja historia de los estudios culturales. A pesar de que
exista la posibilidad de usar otras denominaciones, elegimos ubicar nuestro
trabajo dentro de los estudios culturales no como modo de privilegiar el mundo
de la academia norteamericana sino porque este trmino emerge como ningn
otro del debate en la una zona de contacto entre intelectuales latinoamericanos en
todo el continente americano (incluyendo Estados Unidos y Canad) y permite
una conversacin sur-sur con los estudios culturales en otras reas perifricas
como Asia y frica. Muchos de los crticos del trmino, prefieren otros que estn
tan imbricados en historias coloniales y tradiciones culturales europeas como
ste, por ejemplo sociologa de la cultura (con su marca netamente britnica) o
crtica cultural (que emerge de la escuela de Frankfurt).
La emergencia de programas de estudios culturales en Amrica Latina es una
consecuencia directa o indirecta de varias causales histricas como la globalizacin,
la proliferacin de nuevas tecnologas y el exilio de intelectuales durante el perodo
de terrorismo de estado en los 80 y la consecuente constitucin de comunidades
de intelectuales exiliados en Mxico y los Estados Unidos y en menor medida en
Colombia y en Venezuela.
La proliferacin de nuevas tecnologas que acompaa la globalizacin oblig a
repensar la cultura desde perspectivas completamente nuevas que radicalmente
modificaron el modo de concebir la cultura desde los lmites de la nacin.
Tambin hubo un cambio en la concepcin misma de la cultura y su funcin
social. Como seala Santiago Castro-Gmez en tiempos de globalizacin la
cultura es bien de consumo. (737) Segn Catherine Walsh
Mientras que mucha de la produccin del pensamiento cultural
latinoamericano s ha partido de las complejidades sociales y polticas de
la regin, la actual insercin de Amrica Latina en la sociedad global y las
nuevas configuraciones de relaciones entre economa y cultura, que son
parte de ella, presentan retos distintos. (12)
Walsh reconoce la larga trayectoria latinoamericana de estudios disciplinarios
sobre la cultura pero insiste en la necesidad de abrir las disciplinas en efecto
indisciplinarlas y, a la vez, poner atencin a las maneras en que el conocimiento
est entretejido con las articulaciones del poder, ya no del estado-nacin o del
imperialismo en s, sino del nuevo imperio del sistema mundo. (13).
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Mnica Szurmuk y Robert McKee Irwin
Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
Los estudios culturales son la primera corriente dentro de los estudios
humansticos en la regin en la que los Estados Unidos figuran prominentemente
como interlocutor y referente desplazando a Europa.7 La entrada de los debates
de los estudios culturales en Amrica Latina se da a travs de intelectuales
latinoamericanos que desarrollan su actividad en la academia norteamericana
y por consiguiente los estudios culturales como campo pedaggico son un
producto hbrido porque implica la reescritura de los cultural studies ingleses por
intelectuales latinoamericanos desterrados. La importante presencia en las dcadas
de los setenta y ochenta de crticos de la cultura latinoamericanos en los Estados
Unidos y Mxico cre una masa crtica similar a la de la dispora de la Guerra
Civil espaola de la dcada de la dcada de 1940 y 1950. Estos intelectuales se
encontraron inmersos en debates que tenan elementos similares a polmicas que
ya haban tenido en sus pases sobre la relacin entre cultura y sociedad y que
han dominado la ensaystica y la historia intelectual latinoamericana desde sus
inicios. Esta relacin, central en los debates de los estudios culturales en Estados
Unidos, ha sido una preocupacin contaste en Amrica Latina desde el inicio de
la vida independiente. Mientras que se
7
Jess Martn-Barbero observa que mientras que
intelectuales claves para los estudios culturales
puede pensar en las dcadas del 60 y
latinoamericanos como Garca Canclini, Renato el 70 del siglo XX como momentos
Ortiz y l mismo fueron formados por acadmicos de actividad revolucionaria muy fuerte
franceses como Paul Ricoeur y se formaron leyendo
a filsofos italianos y franceses ahora no dialogan
y compromiso con la intervencin
con ellos. Segn Martn-Barbero esto se debe a que poltica como praxis, los 80 fueron
no hay inters por Amrica Latina ni en Francia momentos de reflexin y de ajustes de
ni en Italia pero s en Inglaterra y en los Estados
Unidos. Dijo Martn Barbero en 1997, ahora, en
cuentas. Algunos proyectos dentro del
este momento, hay una interrelacin muy linda del rea de los estudios culturales como los
mundo acadmico anglo-sajn con Amrica Latina, estudios del subalterno respondieron
que no hay con el mundo francs o italiano. Esto es
muy extrao porque fuimos mucho ms formados a la necesidad de rever las utopas de
por los franceses e italianos pero ni nos traducen ni los discursos revolucionarios. Como
tenemos relacin alguna con ellos, mientras que en seala Ileana Rodrguez, una de las
Inglaterra y en los Estados Unidos hay mucho inters
por lo que se produce en Amrica Latina (Dissens). fundadoras del grupo de estudios del
subalterno en Amrica Latina:
Aunque el nombre estudios culturales fue acuado en Norteamrica,
el trabajo mismo tuvo como punto de partida de su reflexin no solo los
estudios culturales inaugurados en Inglaterra, sino tambin las propuestas
de estudios subalternos de los acadmicos indios y caribeos residentes en
Londres, y, muy principalmente, los estudios sobre la cultura latinoamericana
realizados en la poca post insurgente en la Amrica Latina misma--aun
si los mismos autores/actores rechazaban el apelativo por considerarlo
otra etiqueta procedente del norte de la misma manera que rechazaron los
trminos de postmodernismo y postcolonialismo por las mismas razones
(comunicacin personal con Mnica Szurmuk 4 noviembre 2008).
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El debate alrededor de los estudios culturales en Amrica Latina es diferente al que
sucede en Estados Unidos con los llamados estudios culturales latinoamericanos
pero tiene races comunes. Mientras que el debate estadounidense privilegia
el rol de lo que se llama poltica universitaria creacin de programas de
grado y postgrado, seleccin de bibliografas obligatorias, relacin con otros
departamentos acadmicos-- en el corazn del debate latinoamericano est la
categora de intelectual (como contrapartida a otras categoras como scholar
o experto). Como afirman Mariano Plotkin y Federico Neiburg (s)i la figura
del intelectual remite a una forma de pensamiento crtico, independiente de
los poderes, la del experto evoca especializacin y entrenamiento acadmico.
En su accin pblica el primero dice anteponer un conjunto de valores y un
tipo de sensibilidad; el segundo acta en nombre de la tcnica y de la ciencia,
haciendo de la neutralidad axiolgica la base para la bsqueda del bien comn
(5). En Amrica Latina, en general, los autores ms identificados con los estudios
culturales son intelectuales (participan en debates en la esfera pblica, son
eruditos, producen teora) mientras que cuando se piensa en programas de
formacin de postgrado en estudios culturales en general se concibe de stos
como formadores de expertos. En aos recientes algunas de las figuras ms
importantes de los estudios culturales han hecho un llamado a producir trabajos
ms basados en datos duros que requieren familiaridad con metodologas de
investigacin interdisciplinaria. Dice Nstor Garca Canclini, por ejemplo,
Creo que los estudios culturales pueden librarse del riesgo de convertirse
en una nueva ortodoxia fascinada con su poder innovador y sus avances
en muchas instituciones acadmicas, en la medida en que encaremos los
puntos tericos ciegos, trabajemos las inconsistencias epistemolgicas
a las que nos llev movernos en las fronteras entre disciplinas y entre
culturas, y evitemos resolver estas incertidumbres con los eclecticismos
apurados o el ensayismo de ocasin a que nos impulsan las condiciones
actuales de la produccin empresarial de conocimiento y su difusin
mercadotcnica. (1997)
Una tercera categora que oscila entre la de categora de experto e intelectual es la
de scholar. Segn Daniel Mato esta categora presupone una serie de caractersticas
de profesionalizacin del trabajo intelectual (ingresos, apoyos financieros a la
investigacin, planes de seguros mdicos y de retiro) que gozan los que trabajan
desde Estados Unidos o Europa pero que no son la norma en Amrica Latina.
La mayora de los intelectuales en Amrica Latina tienen una labor que se realiza
ms all de las fronteras del campus universitario y que segn Mato los define
como intelectuales. Si el espacio del scholar es el campus, el intelectual trabaja
en proyectos en y con la comunidad. En este espritu, Mato tambin cuestiona
el uso del trmino estudios en estudios culturales porque excluye los
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Mnica Szurmuk y Robert McKee Irwin
Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
emprendimientos cuyo objetivo final no es la produccin de un paper o un libro.
Implcito en esta crtica hay un desafo a la divisin de trabajo entre prcticas
acadmicas y no acadmicas. Dice
Mato, the
seemingly radical rhetoric of many
cultural studies and other transdisciplinary perspectives not only reinforces such a
division, but also contributes to both intellectually de-legitimizing non-academic
practices and socially de-legitimizing academic practices (747).
Sin duda una versin del debate norteamericano sobre los cultural studies que ocup
a los latinoamericanistas en Estados Unidos y Canad durante las dcadas del
ochenta y noventa lleg a Amrica Latina con ciertas marcas difciles de traducir.
En Estados Unidos, gran parte del debate se insert en la poltica acadmica y se
vio como deseable modificar la formacin de los estudiantes de espaol como
lengua extranjera y los estudiantes de maestra y doctorado en departamentos de
espaol o lenguas modernas de acuerdo a las nuevas premisas.8 Esta polmica
llega a Amrica Latina en un momento en que la profesionalizacin de los
postgrados, la corporatizacin de la universidad y el abandono del estado como
primer financiador de la educacin
8
Para un anlisis de cmo funcionan lose studios
culturales en programas de postgrado en literatura exigan un modo de repensar las
latinoamericana en los Estados Unidos ver Irwin polticas universitarias especialmente a
y Szurmuk. nivel de postgrado.
Muchos de los intentos pedaggicos realizados en la regin para incluir los
estudios culturales imitan de algn modo los producidos en los Estados Unidos
donde el impulso por traducir pedaggicamente productos recientes de la
investigacin est ms establecido. Tambin ha sido importante la participacin
de profesores de universidades norteamericanas en el diseo de algunos de esos
programas (tal es el caso de Walter Mignolo en la zona andina y Grinor Rojo
en Chile). Casi todos los profesores que participan en programas de estudios
culturales en la regin pasaron temporadas en Estados Unidos o Inglaterra ya
sea haciendo estudios de postgrado o como profesores visitantes. Sin embargo
todos los programas latinoamericanos debieron adaptarse a formas de trabajo
completamente diferentes: planes de estudio muy estructurados, profesores y
estudiantes de tiempo parcial y acceso limitado a las bibliografas. En general en
la regin los programas de estudio estn muy estructurados alrededor de materias
obligatorias y la transformacin de los crditos necesarios para obtener un ttulo
universitario es una tarea difcil y muy burocrtica. Los estudios culturales han
conseguido algn lugar muy pequeo en las materias especializadas en carreras
como comunicacin, ciencias polticas y sociologa en general entrando a travs
del proyecto de las culturas populares y de resistencia. La entrada de los estudios
culturales a las carreras humansticas es mucho ms dificultosa y en los programas
de letras e historia del arte, por ejemplo, siguen prevaleciendo criterios estticos y
formales y se siguen privilegiando la alta cultura y las vanguardias.
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Por otro lado, muchos de los autores relacionados con los estudios culturales
no vieron con simpata su incorporacin a la currcula. Nelly Richard, por
ejemplo, considera que el incorporar los estudios culturales a los programas
universitarios despolitiza el campo y adems coopta todo el carcter
desestabilizador y subversivo que han tenido los estudios culturales. A Richard
le preocupa una versin demasiado burocratizada de los estudios culturales
que persigue una ecuacin satisfecha entre la gobernabilidad de la poltica, la
administratividad de lo social, la maniobrabilidad de lo cultural, la aplicabilidad
de los saberes: todo esto cruzado por un deseo de traducibilidad de las
diferencias a un liso sistema de intercambios donde el registro prctico de la
transaccin y de la negociacin prevalecen sobre el registro terico-crtico del
conflicto y del antagonismo (445). Es un problema al que se ha enfrentado
Richard al introducir el Magster en Estudios Culturales en la Universidad
de Artes y Ciencias Sociales en Chile: su institucionalizacin puede perjudicar
lo que ha sido el poder subversivo de los estudios culturales por lanzar sus
interrogaciones siempre desde los mrgenes de la academia.
Programas de estudios culturales en la regin
Lo cierto es que a principios del siglo XXI, an cuando los estudios culturales
son percibidos como marginales, hay programas en casi todos los pases
de Amrica Latina que se definen como formaciones de postgrado o de
especializacin en estudios culturales. En algunos pases como Colombia y
Ecuador existen programas de doctorado en estudios culturales y en casi todos
los pases hay especializaciones en estudios culturales a nivel de licenciatura,
maestra y doctorado. La mayora de los programas tienen un par internacional
a menudo fuera de la regin y con profesores internacionales invitados.
Hay muy poco contacto entre diferentes programas de la regin y an entre
programas en el mismo pas o la misma ciudad. No hay organizaciones
latinoamericanas de estudios culturales. Como los estudios culturales son un
emprendimiento poltico, muchos culturalistas que trabajan en la misma rea
regional tienen animosidades histricas (que tienen que ver con la participacin
en la poltica a nivel nacional o a nivel universitario) y no colaboran. A pesar de
que los programas en estudios culturales son pocos, gran parte del trabajo ms
original sobre la cultura est sucediendo all.
Consideramos para este anlisis programas que se definen como de estudios
culturales o que dentro de un postgrado incluyan una especializacin estructurada
en estudios culturales. Tambin incluimos algunos que se definen como de teora
crtica o de sociologa de la cultura. Ricardo Kaliman de la Universidad Nacional
de Tucumn, por ejemplo, justifica as el uso del trmino sociologa de la cultura
en lugar de estudios culturales:
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Mnica Szurmuk y Robert McKee Irwin
Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
El trmino estudios culturales se generaliz hasta cubrir concepciones
muy diferentes entre s, entre las cuales predomina una variedad con
una fuerte impronta postestructuralista, que muchas veces disfraza una
mirada ilustrada y elitista sobre las expresiones populares. Prefiero ahora el
trmino sociologa de la cultura, porque creo que captura los aportes ms
importantes de la propuesta original de los 60 que, desde una formulacin
ms profunda del materialismo, generaron perspectivas esclarecedoras
de los procesos en que se desarrollan las manifestaciones culturales de
diversos grupos sociales, en un contexto de desigualdades estructurales
(entrevista con Mnica Szurmuk, Buenos Aires, 9 junio 2008).
La maestra y el doctorado en estudios latinoamericanos de la Universidad de
Chile tienen una marca muy fuerte en estudios culturales. Consultada en por qu
se usa el trmino latinoamericanos y no culturales Alicia Salomone afirma,
en realidad convivimos en una suerte de ambigedad pues el mbito
institucional donde arraigamos se llama Centro de Estudios Culturales
Latinoamericanos. De todas maneras, nuestro eje es trabajar desde una
concepcin de regin latinoamericana, con toda su carga histrica y
poltica, enfatizando los estudios sobre la historia cultural de la regin.
En este marco, el paradigma de los estudios culturales es uno de los
enfoques pero no el nico. (Comunicacin personal entre Alicia Salomone
y Mnica Szurmuk, 5 noviembre 2008).
En la frontera norte entre Mxico y Estados Unidos, se eligi el nombre
maestra en estudios socioculturales para el programa que ofrecen
conjuntamente el Colegio de la Frontera Norte de Tijuana y el Centro de
Investigaciones Culturales-Museo de la Universidad Autnoma de Baja
California, Sede Mexicali. Segn Luis Escala, la denominacin socioculturales
fue un acuerdo salomnico entre quienes queran utilizar el nombre estudios
culturales y los que preferan antropologa cultural o sociologa de la cultura.
Esta tensin se refleja tanto en el mapa curricular de la maestra como en las
bibliografas y los profesores participantes. De hecho este programa tuvo sus
orgenes en un intento fallido de creacin de una maestra en estudios culturales
entre los aos 2001-2003.
Escala, Kaliman, Salomone y Alejandro Grimson (co-director de la Maestra
en sociologa de la cultura y anlisis cultural de la Universidad Nacional de San
Martn en la Argentina) no tuvieron ningn inconveniente con que sus programas
fueran considerados bajo la rbrica de postgrados en estudios culturales y
consideraron que los estudios culturales (que todos identifican muy fuertemente
con la produccin de la escuela britnica) forman una parte importante de la
currcula de los programas en los que participan.
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La investigacin para este artculo est basada en las pginas web de los
programas de estudios culturales pero realizamos adems entrevistas a directores
y profesores de programas en estudios culturales en Argentina, Bolivia, Chile,
Colombia, Per y Mxico (lista de entrevistas en el apndice 1). Consideramos
que la muestra es representativa aunque no exhaustiva (para una lista completa
de programas ver el apndice 2). La mayora de los programas analizados fue
creada en los ltimos diez aos as que seguramente hay programas que se estn
estableciendo o planeando en este momento. Como la existencia de una pgina
web no es un requisito para estos programas sospechamos que existen muchos
ms programas que los que ubicamos a travs de pginas web o de referencias de
colegas. Claramente los programas ms conocidos son los que estn coordinados
por o en los que participan figuras fundantes del campo.
En casi todos los pases latinoamericanos, los programas de estudios culturales
surgen en las dcadas de 1990 y 2000, que son momentos de mayor auge de los
postgrados, de la corporatizacin de la universidad y del retiro del estado como
principal financiador de la cultura. Acompaan el requisito de profesionalizacin
y de la formacin de postgrado de la universidad y de los organismos culturales
nacionales e internacionales. En los pases que emergieron de dictaduras
durante la dcada del ochenta se busc un modo de integrar nuevos desarrollos
epistemolgicos con la demanda por ttulos de postgrado para concursar en
las universidades normalizadas. Muchas veces quienes entraron a programas
de postgrado en estudios culturales haban tenido durante las dictaduras una
formacin equivalente a la de una maestra o a un doctorado en grupos de
estudio y de lectura privados, cursos en el exterior y participacin de grupos de
investigacin. Algo interesante que se percibe en la Argentina, por ejemplo, es
que el desarrollo de los programas de postgrado se narra en primera persona
a travs de un discurso que integra lo personal a lo colectivo, lo personal y lo
poltico. Tal fue el caso de algunos de los entrevistados argentinos Pablo
Alabarces, Alejandro Grimson, Ana Wortman que relataron sus experiencias
de investigacin y docencia en un ir y venir con los vaivenes de la poltica
argentina desde el regreso a la democracia en 1984 y la expansin del Consejo
Nacional de Ciencia yTecnologa (CONICET) en la dcada del 2000 pasando
por el vaciamiento de los fondos que tuvo lugar en los noventa durante la
administracin de Carlos Menem. Sin duda, quienes emprenden la creacin de
un programa de estudios culturales tienen un objetivo poltico, que es explicitado
muchas veces en los objetivos mismos de los programas o los objetos de estudio.
Ana Wortman narra cmo los proyectos que ha coordinado han sido marcados
por desarrollos contemporneos de la cutlura argentina, como es el pensar el
consumo cultural de las clases medias (televisin, internet, radios populares
barriales). El recin creado diplomado en estudios (inter)culturales, teoras
postcoloniales y polticas de decolonizacin de la Universidad Andina Simn
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Mnica Szurmuk y Robert McKee Irwin
Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
Bolvar, sede La Paz, en Bolivia incluye en el perfil del egresado la capacidad de
proyectar su reflexin a la construccin de una praxis ciudadana emancipadora.
En respuesta a la pregunta de por qu el programa planteado en principio como
de estudios culturales, cambi de nombre a estudios (inter)culturales, explica
su director Jos Luis Saavedra:
Sobre todo este ao y estos ltimos aos, aqu en Bolivia, hemos
tenido y an tenemos conflictos sociales y regionales muy intensos,
muy dramticos y tambin eso nos ha desafiado a ver no slo estudios
culturales como tales sino interculturales, sobre todo en la perspectiva
de ir viendo posibilidades de dilogo intercultural, de entendimiento
intercultural y de construccin social de carcter intercultural y eso
adems en relacin con toda una dinmica que est habiendo en Bolivia
para la construccin de una nueva constitucin poltica, que tambin se
quiere o se prevee que pueda ser intecultural. Y por eso el cambio a un
mayor nfasis en lo latinoamericano a travs del pensamiento decolonial
y a nivel interno lo intercultural que es una esperanza y un horizonte para
nosotros tanto a nivel intelectual como poltico.
El magister en estudios culturales de la Universidad Nacional de Morn en el
conurbano bonaerense en la Argentina define su objetivo como el de
capacitar al maestrando en la problemtica general de un continente
que presenta, en las puertas del Tercer Milenio, una serie de dificultades
funcionales para integrarse de lleno a un proceso cultural y econmico
que, al menos hasta ahora, posee caractersticas de irrefrenable y que se ha
dado en denominar globalizador
Se dictan all materias como Historia socio-cultural y poltica latinoamericana,
geopoltica latinoamericana y etnografa y folklore latinoamericanos. Un tono
parecido inscripto tambin en el discurso tercermundista es el de la maestra en
estudios sociales y culturales de los Andes de la Universidad de los Andes en
Venezuela. Entre los objetivos de este programa creado en 2007 est el de
lograr, a travs de la construccin de metodologas, la integracin de las
comunidades locales y regionales andinas al proceso de aprendizaje e
investigacin de la Maestra, mediante la apropiacin social compartida
del objeto en estudio. Lo cual permite, construir nuevos espacios de
participacin democrtica en la vida ciudadana y mejorar la calidad de vida
personal y ambiental para el desarrollo humano sustentable en la regin.
El pas que sin duda tiene los programas ms desarrollados de estudios culturales
como tal es Colombia que cuenta con tres programas importantes en el rea:
en la Universidad Nacional, la Universidad de los Andes y la Javeriana, adems
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de dos programas similares pero que no usan el trmino estudios culturales
en la Universidad Central y la Universidad Pedaggica. El programa de la
Javeriana es transdisciplinario. Establece como su objetivo el trabajar en contra
de la divisin de trabajo intelectual y para deconstruir la forma de produccin
de conocimiento moderna para entrar en dilogo con otros saberes. Segn
Marta Cabrera, su directora, tiene vocacin poltica que busca hacer formas de
intervencin. Este programa comenz con una serie de eventos/discusiones
(seminarios, simposios) a finales de los 90, seguido por una especializacin
(programa de tres semestres: ttulo de especialista en estudios culturales) en
2002. En 2007 se inaugur la maestra en estudios culturales (programa de
cuatro semestres, con un trabajo de grado sustancial); ya no se admiten nuevos
estudiantes a la especializacin ahora slo hay maestra y habr doctorado
quizs en 2009 en ciencias sociales y humanas con participacin de los
profesores de planta de estudios culturales. Segn Jess Martn Barbero, los
estudios culturales han sido fundamentales para conectar a Colombia con
Amrica Latina. El xito de la instalacin de programas de postgrado en
estudios culturales est relacionado segn Martn Barbero con la particular
situacin poltica del pas:
esto ha ido muy detrs de dos fenmenos: uno el fenmeno de gnero
y es que en Colombia ms all de los estudios de gnero, es uno de los
pases, y esto yo lo dije cuando estaba en Mxico con gran escndalo, yo
vi menos avance en los temas de mujeres en Mxico que en Colombia.
Colombia ha sido, yo no s con qu, si tiene que ver con la guerra y la
cantidad de mujeres que les ha tocado asumir tareas muy difciles, pero
vieras el movimiento de mujeres frente a la guerra, frente a todo este
desprecio por las vctimas. Hay unos estudios de gnero maravillosos, por
ejemplo de cmo las mujeres, y esto no es slo en programas de estudios
culturales, sino tambin en ciencias sociales, como entre los tres millones
de desplazados que hay en Colombia las mujeres no quieren regresar al
campoYo dira que por aqu hay una pista. La otra pista tiene que ver
con el fenmeno cultural de los jvenes se ha hecho muy importante con
los adolescentes que trabajaban para Pablo Escobar y se volvieron sicarios.
El tema juventud tambin ha sido una dimensin de diferenciacin cultural
muy fuerte. Yo dira que los ejes han ido por ah y porque poco a poco
se ha ido creando una comunidad de gente que ha formado afuera, sobre
todo en Estados Unidos, socilogos, antroplogos, que cuando han vuelto
han comenzado a trabajar dimensiones culturales y se ha ido creando una
cosa mixta de antropologa urbana y de sociologa de la cultura. Y de ah
es de dnde resulta un poco el inters por los estudios culturales (Martn
Barbero, entrevista).
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Mnica Szurmuk y Robert McKee Irwin
Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
A menudo los programas son creaciones de intelectuales con compromisos
personales con los estudios culturales. Nelly Richard dirige la maestra en
estudios culturales en la Universidad Arcis en Chile, Beatriz Sarlo form con
Carlos Altamirano la maestra en sociologa de la cultura en 1995 primero en la
Fundacin Banco Patricios aunque como Sarlo misma afirma no pens en darle
el nombre estudios culturales sino sociologa de la cultura (1997:90). Al quebrar
el Banco Patricios del que dependa la Fundacin del mismo nombre en 1998, la
maestra se traslad a instancia de algunos de sus profesores como Jos Nun al
recin creado Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de
San Martn en la Argentina donde comenz a funcionar en 1999. (Grimson) Por
su parte Jess Martn Barbero particip en la creacin de los tres programas de
postgrado en estudios culturales existentes en Bogot, Colombia y en la maestra
en estudios socioculturales del ITESO (Instituto Tecnolgico y de Estudios
Superiores de Occidente) en Guadalajara.
Sin lugar a dudas Mxico es junto con Colombia el pas de Amrica Latina donde los
estudios culturales latinoamericanos han encontrado el espacio ms propicio para
desarrollarse y donde residen, trabajan y forman recursos humanos varias figuras
fundamentales del campo como son Nstor Garca Canclini, Carlos Monsivis y
Jos Manuel Valenzuela Arce y donde residi Jess Martn Barbero durante cinco
aos. Salvo Monsivis que trabaja en un departamento de historia mexicana y cuyo
rol es ms el de intelectual pblico que de pedagogo, los otros tres han desarrollado
programas de estudio e investigacin interdisciplinaria aunque ninguno de ellos
se define como de estudios culturales: el programa de estudios sobre cultura
urbana de la Universidad Autnoma Metropolitana, campus Iztapalapa fundado
por Garca Cancilini en 1990, el Departamento de estudios socioculturales del
Instituto Tecnolgico y de Estudios Superiores de Occidente en Guadalajara
donde trabaj Jess Martn Barbero entre 1995 y 2002 y el doctorado en ciencias
sociales en el Colegio de la Frontera Norte donde trabaja Jos Manuel Valenzuela.
Estos programas han dado mucho impulso a proyectos de investigacin colectivos,
publicaciones, revistas pero no, y esto es importante enfatizarlo, a programas de
postgrado especficamente en estudios culturales. Los programas de la Universidad
Autnoma Metropolitana y del Colegio de la Frontera norte cuentan con el apoyo
econmico del sistema pblico educativo mexicano a travs del cual han conseguido
financiamientos para estos proyectos de manera directa y tambin indirecta a travs
del otorgamiento de becas de grado y postgrado para estudiantes participantes. Sin
embargo, vale la pena aclarar que estos programas prestigiosos y privilegiados no
logran trascender a menudo las fronteras disciplinarias en las propias instituciones
en que se encuentran. Por ejemplo, el programa de estudios de la cultura urbana
en la Universidad Autnoma Metropolitana, Campus Iztapalapa no informa la
formacin de postgrado de los estudiantes en los campos de la literatura y de la
historia donde los programas siguen siendo netamente disciplinarios.
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Adems de los ya mencionados, la mayora de los programas en con cierto nfasis
en estudios culturales en Mxico se ubican en instituciones privadas, por ejemplo
la Maestra en Teora Crtica del 17, Instituto de Estudios crticos dirigido por
el psicoanalista Benjamn Mayer (donde existe tanto maestra como doctorado)
y la maestra estudios humansticos del Tecnolgico de Monterrey (Instituto
Tecnolgico y de Estudios Superiores de Monterrey). En la Universidad de
Guadalajara existe el rea de estudios culturales en la maestra en comunicacin
social y en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autnoma
de Baja California se puede cursar estudios culturales como rea terminal en la
maestra en ciencias sociales.
En toda la regin el trmino estudios culturales se utiliza de manera amplia,
inclusive en algunos casos como trmino vaco. Por ejemplo, una de las reas del
Instituto de Investigaciones Sociales Gino Germani de la Universidad de Buenos
Aires se denomina estudios culturales pero no funciona orgnicamente como
rea y los profesores que participan formando a la vez recursos humanos a nivel
de grado y postgrado, tienen una relacin ambigua con los estudios culturales y
en general privilegian dentro del universo de los estudios culturales un enfoque
determinado como crtica cultural, estudios del consumo, etc. (Wortman). Los
doctorandos en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires
interesados en temas culturales que obtienen beca doctoral del Consejo Nacional
de Ciencia y Tecnologa en general son encaminados a cursar primero la maestra
en sociologa de la cultura y anlisis cultural del Instituto de Altos Estudios Sociales
de la Universidad de San Martn o la maestra en comunicacin y cultura que ofrece
la Universidad de Buenos Aires. Luego se articulan los programas de maestra con
el doctorado. Esto de alguna manera suple la falta de un programa estructurado en
temas de sociologa de la cultura y estudios culturales (Alabarces).
Prcticamente todos los programas de estudios culturales enfatizan el estudio
o el encuentro con un otro. La otredad se define a veces como racial (los
mestizos, los indgenas), de clase (los nuevos pobres) o en menos casos de gnero
(las mujeres). Las sexualidades aparecen rara vez en los programas de estudios
culturales y si aparece es parte de la preocupacin personal de un/a investigador/
a ms que una propuesta institucional. Lo que esto significa, por supuesto, es que
si ese/a investigador/a dejara de participar en el programa no necesariamente
se buscara a alguien que lo/a reemplazara en esa rea de especializacin. Son
notables las ausencias de algunos otros. Por ejemplo, mientras los programas
en Per, Ecuador y Mxico privilegian el estudio del lo tnico, ste prcticamente
no aparece de los programas de Argentina (con la excepcin de algunos
programas en el norte del pas como el de Tucumn y una presencia inicipiente
en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San
Martn en Buenos Aires). Algunos programas incluyen gnero como rea de
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Mnica Szurmuk y Robert McKee Irwin
Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
especializacin, y el nfasis en gnero es fundamental en algunos programas
como el de la Universidad Arcis en Chile. Otras formas de subalternidad como
la transexualidad, las identidades queer, y las discapacidades estn ausentes en
muchos porgramas. En algunos casos son los estudiantes mismos los que traen
cierta preocupacin al programa: por ejemplo en la primera generacin de la
maestra en estudios culturales de la Universidad de los Andes en Bogot hay
estudiantes que llegan al programa buscando hacer proyectos sobre la comunidad
gay (Rutter Jensen) y el lesbianismo aparece como un tema importante trado por
estudiantes militantes a la maestra de la Javeriana en Bogot (Martn Barbero,
entrevista). Los programas ms nuevos como el de la Pontfica Universidad
Catlica de Lima, el de la Universidad Andina Simn Bolvar en La Paz y el de
la Universidad de los Andes hacen un esfuerzo por cubrir reas ms amplias de
la otredad con seminarios sobre gnero y estudios del subalterno. Una de las
propuestas del proyecto de la Universidad Catlica de Lima es discutir las otras
modernidas y provincializar Europa (Vich). La conexin entre lo acadmico y
lo pblico es fundamental en este programa que recin se inicia:
Nuestro programa promueve el dilogo entre las ciencias sociales y las
humanidades. Nos interesa entender la funcin de las prcticas culturales
en la construccin de la realidad social para desde ah establecer una crtica
y activar modelos de desarrollo. Los estudios culturales suponen construir
puentes entre las ciencias sociales y las humanidades. Apuntan a identificar
las tensiones no resueltas de una colectividad, as como hacer visibles sus
posibilidades para inspirar propuestas de accin destinadas a afirmar la
vida de individuos y comunidades (Vich).
Los estudios sobre los latin@s en Estados Unidos slo se realizan en los
programas en el norte de Mxico como el del Colegio de la Frontera norte y la
Universidad Autnoma de Baja California. A pesar de que uno de los libros ms
ledos en el campo en todo el continente sea Culturas hbridas, el modo de entender
las identidades culturales sigue anclado especialmente al discurso de la nacin y
hay muy poco espacio para identidades hbridas.
Los programas a menudo se enfocan en un solo medio cine, literatura o en
una sola problemtica el consumo, la globalizacin. La propuesta de realizar
intercambios entre varias instituciones es muy valiosa porque permitira la
inclusin de elementos ms diversos. Usando la terminologa de muchos de
estos programas, se podra hablar de los otros de otras reas geogrficas. Gran
parte del trabajo que se produce en estos centros es original pero se mantiene
aislado o solamente llega a otros pases mediado por los centros metropolitanos,
algunas revistas internacionales de alcance regional y revistas de los centros
metropoitanos (a menudo en ingls). Sirva para ejemplificacin esta ancdota
que relata Jos Rabasa,
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(l)a circulacin de los textos no carece de irona ya que en ocasiones nos
encontramos con intelectuales argentinos, de Tucumn en particular, que
se vienen a enterar en un congreso en la Universidad de Pittsburgh de
conversaciones con y traducciones de intelectuales hindes en La Paz,
Bolivia (vase Rivera Cusicanqui y Barragn, Kliman en Rodrguez).
Observen que esta conversacin se ha dado directamente entre la India
y Bolivia sin la mediacin de la academia norteamericana. Se concluye
esta entrada con esta indicacin geo-poltica no por negar el poder que se
pueda ejercer desde los Estados Unidos cuando sus acadmicos exportan
paradigmas intelectuales a Amrica Latina, sino por insistir en que la
direccin de los discursos se ha dado tanto de norte a sur como de sur
a norte y de sur a sur. El trabajo de los intelectuales de otras latitudes ha
tenido un impacto importante en la definicin de los estudios culturales
latinoamericanos de los ltimos veinticinco aos, pero el valor de las
conversaciones ha residido sobretodo en el debate y en la articulacin de
las diferencias (Postcolonialismo).
Lamentablemente sigue predominando adems una concepcin bastante
regionalista que hace que un uruguayo pueda hablar de la cultura uruguaya
y el ecuatoriano de la ecuatoriana y que se pueda intercambiar informacin
pero siempre respetando los cotos cerrados geogrficos. Paradgicamente, lo
que sucede a menudo, es que intelectuales del centro toman estos diferentes
estudios de caso y articulan los fenmenos novedosos como ejemplos de un
mismo modo de pensar la realidad y producir estudios ms generales que dada
las condiciones de trabajo en Amrica Latina (falta de bibliotecas bien munidas,
de fondos para viajes para visitar archivos o realizar trabajo de campo) no se
pueden realizar. Los estudios culturales en la zona andina han sido pioneros
en pensar lo regional y en organizar redes de intercambio acadmico. Ricardo
Kaliman afirma las Jornadas Andinas de literatura latinoamericana (JALLA)
se crearon por el inters de acadmicos de la regin andina de crear espacios
alternativos de discusin sobre la cultura fuera de los centros hegemnicos y
de las jerarquas que se imponen en congresos como el de la Latin American
Studies Association (Kaliman). El Primer Encuentro Internacional Sobre
Estudios Culturales Latinoamericanos: Retos Desde y Sobre la Regin Andina
que se reuni en Quito en 2001, tuvo como objetivo abrir un espacio de
dilogo desde Latinoamrica y especficamente desde la regin andina sobre
la posibilidad de (re)pensar y (re)construir los estudios culturales como
espacio de encuentro poltico, crtico y de conocimientos diversos (Walsh,
12). Recientemente existe una cierta apertura a lo regional como los estudios
del Mercosur y los programas mexicanos siempre han explorado la compleja
relacin con los Estados Unidos y los migrantes mexicanos en ese pas. Sin lugar
a dudas, lo fundamental para la regin es intentar programas comparativos que
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Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
no necesariamente pasen por las metrpolis. La ventaja enorme de Amrica
Latina en comparacin a otras regiones como Asia es que ya existe el espaol
como lingua franca, que es comprendida por gran parte de los intelectuales
brasilos y que existe una cierta comprensin del portugus por parte de los
intelectuales hispanoparlantes, especialmente aqullos del Cono Sur.
El aislamiento es intensificado por la poca atencin a la diversidad lingstica.
Si se proponen los estudios culturales como un modo de leer las culturas de la
globalizacin, es asombroso cun poca antencin se da a la necesidad de que los
estudiantes de estudios culturales hablen y lean otro idioma. Pocos programas
requieren el conocimiento de un idioma extranjero en general, si exigen algo
es el ingls. De los programas estudiados slo los de las diferentes sedes de la
Universidad de los Andes impulsan a sus estudiantes a aprender lenguas indgenas.
En la sede de La Paz, por ejemplo, se dan clases de aymara y quechua para los
estudiantes castellanohablantes y tambin se dicta un mdulo de pensamiento
aymara (Saavedra). Otra propuesta interesante es la del programa de maestria en
humanidades con nfasis en estudios culturales de la Universidad de La Habana
que explicita entre sus objetivos propiciar la prctica y el perfeccionamiento
integral de las lenguas (ingls, espaol, francs y portugus, holands y creoles) en
contextos autnticos. En los pases hispanoamericanos del Mercosur no existe el
requisito de aprender portugus. En casi todos los pases, a excepcin de Mxico,
los programas se son semi-escolarizados y part-time y a menudo los estudiantes
cursan a partir de las 6 de la tarde despus de haber trabajado todo el da. Esto
sin duda es un impedimento para la formalizacin de estudios de lengua o de
familiarizacin con nuevas tecnologas.
Pocos de estos proyectos estn pensados como a largo plazo. El Instituto Pensar
de Colombia, es uno de los pocos, que plantea un efecto domin que permita
la creacin de otros centros de estudio y de discusin de los estudios culturales.
El programa de doctorado en estudios culturales de la Universidad Andina Simn
Bolvar en Ecuador es un modelo a imitar. Cuenta con una plataforma ideolgica
y pedaggica que combina exitosamente lo terico con la praxis y que se propone
crear nuevos modelos epistemolgicos para la regin. Coordinado por Catherine
Walsh, participan tericos reconocidos en el rea como Eduardo Restrepo,
Rossana Barragn, Santiago Castro Gmez, Walter Mignolo y Arturo Escobar.
Segn la pgina web, el programa
propone una exploracin crtica y transdisciplinaria, desde la regin, con el
fin de ampliar los lmites tradicionalmente asociados con los estudios sobre la
cultura y las estructuras del conocimiento en Amrica Latina. La concepcin
del programa parte de la nocin de que en el espacio cultural confluyen
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muchos elementos como lo tnico, lo popular, lo poltica y la subalternidad,
representacin y poder, y los significados y relaciones sociales que se producen
y reproducen a nivel local, nacional, transnacional y global.9
Los profesores de este programa participan en otros en la regin. Por ejemplo,
Arturo Escobar introdujo los estudios del subalterno en el programa de
sociologa de la cultura en la Universidad Nacional de San Martn en la Argentina
(Entrevista con Grimson). Catherine Walsh da clases en la maestra de estudios
culturales en la Pontificia Universidad Catlica del Per y tanto ella como
Mignolo participaron del programa
9
http://www.uasb.edu.ec/contenido_oferta_ conjunto entre la Fundacin Pensar de
academica.php?cd_oferta=29&swpath=oadoc
Colombia y CLACSO en el ao 2001.
Hay otros programas que han tomado como responsabilidad formar a nivel
de postgrado a profesores e investigadores en actividad que necesitan un ttulo
avanzado para mantener sus puestos en nuevos esquemas de jerarquizacin
acadmica que requieren ttulos de maestra y postgrado. En este tipo de programas
la denominacin estudios culturales es un trmino abarcador que permite la
participacin de profesionales en las humanidades y las ciencias sociales. Esto sucede
en muchos pases, especialmente los del Cono Sur donde la profesionalizacin
de la carrera docente universitaria despus de la redemocratizacin ha obligado
a muchos docentes e investigadores a enrolarse en programas de postgrado
semiescolarizados. La ventaja de proponer programas de maestra y doctorado
en trminos abarcadores como los de los estudios culturales es que permiten la
participacin de personas formadas en una variedad de disciplinas diferentes. En la
Universidad Nacional de La Pampa, por ejemplo, existen una especializacin y una
maestra en estudios sociales y culturales. Una de las reas temticas del postgrado
de La Pampa es en estudios culturales focalizados en gnero, identidades sexuales,
etnias y grupos sociales y culturales particularizados. En Venezuela el doctorado
en ciencias sociales de la Universidad de Carabobo incluye una mencin es estudios
culturales dentro de su formacin. En este programa la orientacin est dada por
la escuela de Frankfurt y se privilegian como reas de investigacin por un lado
la industria cultural, la modernizacin y por otro dos elementos de fuerte arraigo
regional como son el folklore y las culturas tradicionales.
La Universidad Nacional de Catamarca ofrece un doctorado en ciencias humanas
con mencin en estudios sociales y culturales. En Costa Rica, el doctorado en
estudios de la sociedad y la cultura de la Universidad de Costa Rica
responde a la necesidad de abordar sistemticamente, y desde una perspectiva
interdisciplinaria, la complejidad del mundo social en un momento en el
cual se vuelven especialmente radicales los problemas estructurales y las
consecuencias polticas de una modernidad inacabada, como lo expresa
Jrgen Habermas, y las contradicciones de la globalizacin.
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Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
El gesto paradjico de acudir a la obra de un terico europeo para legitimar
proyectos de estudios culturales antihegemnicos localizados en Amrica Latina
se repite en las descripciones de muchos programas.
Los estudios culturales existen como materia obligatoria en la maestra y en la
especializacin en estudios culturales en la Universidad Nacional de La Plata y en
la formacin de profesionales terciarios y universitarios en lenguas extranjeras en
algunos profesorados en la Argentina y Uruguay. En el doctorado en humanidades
de la Universidad Nacional de Tucumn se ofrece un curso de estudios culturales
coordinado por Ricardo Kaliman que propone un enfoque crtico, histrico y
terico a los estudios culturales muy cercano a las propuestas de Birmingham. La
Universidad de La Habana en Cuba propone dentro de la maestra en Humanidades
un enfoque en estudios culturales del Caribe que permite contribuir a conformar
una visin humanista integral y multidisciplinaria del mbito caribeo, desde el
estudio profundo de la diversidad sociocultural de la regin, as como tambin de
los aspectos culturales nacionales y transnacionales que la caracterizan.
Una de las iniciativas ms interesantes es la de la creacin de programas
interinstitucionales o incluso internacionales. Por ejemplo la especializacin en
estudios culturales de la Escuela para la Innovacin Educativa de la Universidad
Nacional de Santiago del Estero en la Argentina. Este programa es sumamente
de vanguardia: ana los esfuerzos de doce universidades del Norte Grande
argentino y se propone formar expertos en estudios culturales que puedan
fungir como expertos de la funcin pblica, universitaria, educativa y la gestin
cultural. Algunas de las innovaciones interesantes de este programa que todava
no est en funcionamiento son la participacin de docentes de once universidades
nacionales de una regin geogrfica (definida como Norte Grande). Esto
permite especializaciones regionales y trabajo de campo en zonas diferentes.
Los estudios culturales, se afirma en la pgina web del programa, resitan los
abordajes tradicionales de la cultura en los procesos masivos de multiculturalismo
caractersticos de la globalizacin.
El programa del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)
tiene la funcin de articular programas compartidos. La maestra en teora y
metodologa en las ciencias sociales se cursa ntegramente de modo virtual y
participan como alumnos y profesores miembros de ms de cien instituciones
asociadas de toda Amrica Latina. CLACSO organiza un concurso anual para
dictar materias optativas para los estudiantes de las maestras y tambin para
investigadores y estudiantes de instituciones asociados. Estos cursos virtuales
son impartidos por un grupo de profesores situados en diferentes pases. Dos
propuestas del rea de estudios culturales (una coordinada por Catherine Walsh
y otra por Marta Cabrera y Eduardo Restrepo) han sido financiadas. Adems de
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la participacin de profesionales de todo el continente, CLACSO tanto en su
tarea docente como en la de auspiciante de grupos de investigacin, se encarga
de distribuir bibliografa y cuelga en su pgina web los textos que surgen de las
investigaciones colectivas que auspicia. Esto permite una circulacin mucho ms
intensa de la informacin y puede ser un modo de resolver uno de los problemas
ms urgentes de los programas de estudios culturales la falta de acceso a
bibliografas ms diversas y la poca circulacin del trabajo producido en Amrica
Latina fuera de los pases de produccin. La impronta de CLACSO tambin
impulsa la relacin entre produccin cultural, anlisis cultural y sociedad civil.
El postdoctorado en estudios culturales de la Universidade Federal de Ro
de Janeiro tiene una propuesta de colaboracin explcita: pretende agilizar a
colaborao transnacional, reunindo especialistas de diferentes reas das Cincias
Humanas e Sociais, Comunicao, Letras e Artes interessados em realizar estgios
ps-doutorais no campo dos Estudos Culturais. Este programa se erige como un
sitio de colaboracin entre acadmicos locales, acadmicos de otras instituciones,
creadores y tambin, miembros de organizaciones de la sociedad civil.
Existen programas a nivel de diplomado o especializacin que han asumido una
postura ms prctica que poltica y se encargan de formar profesionales que se
desempeen en agencias o fundaciones culturales y en las industrias culturales.
En este contexto, los estudios culturales se entienden no slo como una
metodologa crtica sino tambin como una gua a la infraestructura de los medios
diversos (tanto pblicos como privados) de creacin, diseminacin, consumo y
preservacin cultural. Aunque la mayora de los estudiantes se insertan en una
infraestructura nacional o regional de agencias culturales, son informados de los
mecanismos globalizados que inevitablemente afectan los mbitos regionales.
El concepto que da forma a estos programas es el de gestin cultural, materia
de capacitacin promovida por la UNESCO desde los aos setenta y actualmente
fomentada en Amrica Latina por la Organizacin de Estados Iberoamericanos
(Stenou 9). Cuenta este campo desde 1997 con su propia organizacin profesional,
la Red Iberomericana de Centros y Unidades de Formacin en Gestin Cultural
(IBERFORMAT), la que provee un punto de encuentro para anunciar congresos,
publicaciones y programas de estudio, y que organiza seminarios de formacin
de formadores en gestin cultural para sus miembros.10 Esta visin utilitaria no
refleja la aproximacin cuestionadora y muchas veces polticamente radical que
se asocia histricamente con los estudios culturales y para muchos es un proyecto
totalmente ajeno al de estudios culturales latinoamericanos. De hecho muchos
programas de gestin cultural y de estudios culturales funcionan en la misma
10
http://www.iberformat.org/home.php
institucin pero tienen pocos vnculos.
La afirmacin de Marta Cabrera la
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Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
sombra de la gestin cultural ha perseguido nuestro programa (Trayectorias)
resume la opinin de muchos entrevistados que quieren diferenciar el trabajo
analtico que se realiza en los programas de estudios culturales del ms pragmtico
y utilitario del de los programas de gestin.
Sin embargo, si bien los programas de gestin cultural se beneficiaran de
una aproximacin ms crtica al estudio de la cultura, los programas ms
ortodoxamente crticos de estudios culturales, los cuales a veces se enfocan
casi exclusivamente en la teora crtica, seran ms comprensivos y ms
intelectualmente robustos si tomaran en cuenta los aspectos ms funcionales
de la cultura enfatizados por los programas de gestin. No obstante estas
diferencias fundamentales en conceptualizacin los programas de gestin
finalmente son instrumentos de la cultura hegemnica estatal muchos de los
trminos y conceptos que se manejan en los diplomados de gestin coinciden
con los de los estudios culturales: los programas en gestin cultural en efecto
casi siempre incorporan mdulos de estudio sobre la misma teora crtica que
fundamenta los programas ms tradicionales de estudios culturales. En los
programas de gestin, la cultura se entiende como recurso, nocin elaborada
por George Ydice como mucho ms que una mercanca: constituye el eje de
un nuevo marco epistmico donde la ideologa y buena parte de lo que Foucault
denomin sociedad disciplinaria son absorbidas dentro de una racionalidad
econmica o ecolgica, de modo que en la cultura tienen prioridad la
gestin, la conservacin, el acceso, la distribucin y la inversin (El recurso
13). Los programas en gestin cultural entonces tratan cuestiones de poltica
cultural, globalizacin, identidad, industria cultural y crtica cultural; pero
tambin ensean sobre administracin, mercadotecnia, turismo, procuracin
de fondos, conservacin, cooperacin internacional y patrimonio.
Propuestas y conclusiones
Hermann Herlinghaus propone que la actual coyuntura es propicia para que las
reas de produccin limitada de saberes normativos como Amrica Latina,
realicen aportes originales al debate sobre la cultura. Sugiere que desde el vaco
de significado que tienen muchas propuestas eurocntricas en las situaciones de
la periferia, sera un momento propicio para que desde estas periferias surgieran
propuestas originales de modos de entender los procesos polticos, sociales y
culturales. Tiene el pensamiento perifrico como nico camino de inclusin
viable una reterritorializacin alternativa en las academias fuertes de los centros,
plantea el crtico, o pueden desarrollarse polticas de teorizacin cultural que
confieren a los escenarios que hasta ahora han sido escenarios de recepcin
o campos tcticos de un pensar nmada, un papel mayor con respecto a la
produccin y difusin de conceptos crticos? (773).
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Nos queremos hacer eco de la propuesta de Herlinghaus e invitar a un debate que
cambie el eje de la polmica a la relacin sur-norte y establezca nuevos modos
de produccin sobre la cultura latinoamericana en clave sur-sur, o sea en dilogo
entre los diferentes centros regionales de produccin de conocimiento y con cada
vez ms dilogo con otros centros perifricos. Los programas de postgrado en
estudios culturales son claves como centros de produccin y anlisis de nuevos
modos de hacer cultura. Proponemos:
1. Establecer redes de difusin de produccin cultural regional (tanto de bienes
culturales como de estudios).
2. Ampliar el dilogo interregional para incluir a latinos/as de Estados Unidos.
3. Utilizar las nuevas tecnologas especialmente la Internet para difundir la
produccin que se realiza en los diferentes centros de investigacin y docencia
y crear polmicas, organizar encuentros que no pasen por el centro y que
democraticen el dilogo. Hay ejemplos notables de esto ya como los programas
de CLACSO y el programa Cultura, Comunicacin y Transformaciones Sociales
coordinado por Daniel Mato en la Universidad Central de Venezuela.11
4. Estudiar conjuntamente diferentes producciones culturales rompiendo la
dicotoma entre cultura alta y cultura baja.
5. Requerir el aprendizaje de lenguas extranjeras y minoritarias.
6. Fomentar el establecimiento de una cartografa del conocimiento cultural que ponga
en dilogo las diferentes relaciones jerrquicas de gnero, sexualidad, etnicidad.
7. Incluir en los debates sobre la cultura el discurso de la ciencia y de la tecnologa.
Los programas en estudios culturales en Amrica Latina han surgido ms de
una variedad de diferencias urgencias (de formacin profesional, de capacitacin
de recursos humanos, de entrenamiento de profesionales de la cultura ya en
funciones). En los ltimos aos, sin embargo, han aparecido programas que se
han originado en conceptualizaciones ms intelectuales y tericas del campo y
que en general buscan conjugar una interrogacin de la cultura como recurso
con una indagacin amplia en el rol local de las culturas latinoamericanas en la
globalizacin. Los ejemplos ms exitosos de estos programas han conjugado
la urgencia con una propuesta terica y metodolgica innovadora y con la
colaboracin entre diferentes instituciones. La existencia de una variedad enorme
de programas que impulsan el estudio de la cultura desde todos los pases de
la regin es un dato auspicioso que
11
http://www.globalcult.org.ve permite augurar una proliferacin de
intervenciones culturales.
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Apndice 1: entrevistas
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Aires, entrevista con Mnica Szurmuk, Buenos Aires, 26 mayo 2008
Cabrera, Marta, Pontificia Universidad Javeriana de Bogot, entrevista con Robert Irwin,
West Sacramento 4 junio 2008
Escala Rabadn, Luis, El Colegio de la Frontera Norte, entrevista telefnica con Mnica
Szurmuk, 18 noviembre 2008
Grimson, Alejandro, maestra en sociologa de la cultura y anlisis cultural, Instituto de
Altos Estudios Sociales, Universidad Nacional de General San Martn, Argentina, entrevista
con Mnica Szurmuk, Buenos Aires, 4 junio 2008
Kaliman, Ricardo, Universidad Nacional de Tucumn, Argentina, entrevista con Mnica
Szurmuk, Buenos Aires, 4 junio 2008
Lister, Elissa, Universidad Nacional, Sede Medelln, Colombia, comunicacin por email
con Mnica Szurmuk, 4-6 noviembre 2008
Martn Barbero, Jess, Pontificia Universidad Javeriana de Bogot, entrevista telefnica
con Mnica Szurmuk, 18 noviembre 2008
Mato, Daniel, Universidad Central de Venezuela, entrevista con Mnica Szurmuk, Buenos
Aires, 8 agosto 2008
Rodrguez, Ileana, Ohio State University, comunicacin por email con Mnica Szurmuk,
1 noviembre 2008.
Rutter Jensen, Chloe, Universidad de los Andes, Colombia, entrevista con Robert Irwin,
Santiago de Chile, 14 agosto 2008
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.10: 49-75, enero-junio 2009 ISSN 1794-2489
73
Mnica Szurmuk y Robert McKee Irwin
Los estudios culturales en programas de postgrado en Amrica Latina: Propuestas pedaggicas y metodolgicas
Saavedra, Jos Luis, Universidad Andina sede La Paz, Bolivia, entrevista telefnica con
Mnica Szurmuk, 18 noviembre 2008
Salomone, Alicia, Universidad de Chile, Entrevista con Robert Irwin y Mnica Szurmuk,
Santiago de Chile, 12 agosto 2008.
Vich, Vctor, Pontificia Universidad Catlica de Lima, comunicacin personal con Mnica
Szurmuk, 25 agosto 2008
Walsh, Catherine, comunicacin por email con Mnica Szurmuk, 4 noviembre 2008
Wortman, Ana, rea de estudios culturales, Instituto Gino Germani, Universidad de
Buenos Aires, entrevista con Mnica Szurmuk, Buenos Aires 20 mayo 2008
Apndice 2:
Programas incluidos en el anlisis:
Argentina:
rea de Estudios Culturales, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos
Aires
Posgrado en Estudios Culturales, Universidad Nacional de la Plata, Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educacin
Magister en estudios culturales, Universidad de Morn
Maestra en estudios sociales y culturales, Universidad Nacional de La Pampa
Programa en sociologa de la cultura, Doctorado en humanidades, Universidad Nacional
de Tucumn
Doctorado en ciencias humanas con mencin en estudios sociales y culturales, Universidad
Nacional de Catamarca
Especializacin en estudios culturales, Escuela para la innovacin educativa, Universidad
nacional de Santiago del Estero
Maestra en sociologa de la cultura y anlisis cultural, Instituto de Altos Estudios,
Universidad Nacional de San Martn
Bolivia
Diplomado en Estudios (inter) culturales, teoras postcoloniales y pensamiento decolonial,
Universidad Andina Simn Bolivar, sede La Paz http://www.redesma.org/boletin/bol_
2008/uasb_2/boletin.php
Brasil
Postdoctorado en estudios culturales, Universidad Federal de Rio de Janeiro.
Chile
Magster en estudios culturales, Universidad de Artes y Ciencias Sociales (UARCIS).
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TABULA RASA
No.10, enero-junio 2009
Maestra y doctorado en Estudios Latinoamericanos, Centro de Estudios Culturales
Latinoamericanos, Universidad de Chile.
Colombia
Universidad Nacional, Sede Bogot. Maestra en estudios culturales.
Pontificia Universidad Javeriana, Bogot, Maestra en estudios culturales.
Universidad de los Andes, Maestra en Estudios Culturales
Hay adems programas similares que no usan el nombre en la Universidad Central y la
Pedaggica y proyectos de programas en la Universidad Nacional, Sede Medelln y en la
Universidad de la Cauca.
Costa Rica
Doctorado en estudios de la sociedad y la cultura, Universidad de Costa Rica.
Cuba
Maestra en humanidades con nfasis en estudios culturales, Universidad de La Habana.
Ecuador
Doctorado en estudios culturales, Universidad Andina Simn Bolvar, Quito.
Mxico
Maestra en estudios socioculturales, Instituto Tecnolgico de estudios superiores de
oriente, Guadalajara.
Maestria en estudios socioculturales, Universidad Autnoma de Baja California y el Colegio
de la Frontera Norte.
Maestria y doctorado en Teora Crtica, Instituto 17, Mxico, DF.
Per
Maestra en estudios culturales, Pontificia Universidad Catlica de Lima.
Venezuela
Maestra en estudios sociales y culturales, Universidad de los Andes.
Doctorado en ciencias sociales con mencin en estudios culturales, Universidad de
Carabobo.
Internacional
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Maestra en teora y metodologa en las
ciencias sociales, virtual.
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Volver a lo extico de nuevo1
Back to the exotic
Voltar ao extico de novo
Antn Fernndez de Rota2
Universidade da Corunha, Espaa
[email protected]
Recibido: 06 de abril de 2009 Aceptado: 11 de mayo de 2009
Resumen
En este artculo se intenta reconceptualizar lo extico y la alteridad siguiendo las
aproximaciones foucaultianas, arqueolgicas y genealgicas, al concepto de lhomme. Mi
intencin es discutir las posibilidades de una antropologa de lo contemporneo a la hora
de crear un proyecto crtico que tome la figura del anthropos de un modo nominalista,
intentando rearticular esta cuestin en el trasfondo del ejercicio de la resistencia y los
retos planteados por los movimientos sociales emergentes.
Palabras clave: extico, anthropos, antropologa, movimientos sociales.
Abstract
In this paper I intend to re-conceptualize alterity and the exotic following the
Foucaultian archeological and genealogical approaches to lhomme notion. I aim to discuss
the possibilities of an anthropology of the contemporary in order to create a critical
project, taking anthropos in a nominalistic way, and trying to articulate this theoretical
issue within the frame of the resistance activity and challenges raised today by emergent
social movements.
Key words: exotic, anthropos, anthropology, social movements.
Resumo
Neste artigo, atenta-se para repensar o extico e a alteridade seguindo as aproximaes
foucaultinas, arqueolgicas e genealgicas, ao conceito de lhomme. A minha inteno
discutir as possibilidades de uma antropologia do contemporneo ao criar um projeto
crtico que tome a forma do anthropos de um modo nominalista, tentando rearticular essa
questo no pano de fundo do exerccio de resistncia e dos desafios colocados pelos
movimentos sociais emergentes.
Palavras chave: extico, anthropos, antropologia, movimentos sociais.
1
Este artculoes resultado de la investigacin del autor sobre la antropologa crtica y su relacin con los
movimientos sociales.
2
PhD. Antropologa Universidade da Corunha.
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asomada
Fotografa de Martha Cabrera
TABULA RASA
No.10, enero-junio de 2009
Volver a comenzar no es nunca volver a comenzar algo. Ni retomar
un asunto justo donde lo habamos dejado. Lo que vuelve a
comenzar es siempre otra cosa. Es siempre inaudito. Porque no es
el pasado lo que nos empuja, sino precisamente lo que en l no
ha advenido. Y porque somos tambin nosotros mismos, entonces,
quienes volvemos a comenzar. Volver a comenzar quiere decir: salir
de la suspensin. Restablecer el contacto entre nuestros devenires.
Partir, de nuevo, desde donde estamos, ahora.
Tiqqun, 2009.
Movimiento-y-antropologa
1. A menudo, la labor del antroplogo evoca algo de aquel lejano pensamiento
de Demcrito, si acaso con rasgos (post)leibnizianos: la antropologa ha de
estudiar la infinita complejidad de un grano de arena, las sutiles composiciones
con las que est hecho. Pero tal afirmacin hay que tomarla cun grano salis. No
hay una duplicacin del cosmos en lo que somos, conteniendo en nosotros el
conjunto de las influencias del mundo, como argumentaba el Paracelso, sino
que por el grano de arena, lo ms pequeo, la mayor intimidad de la playa,
ha de ser entendido como aquello que es anterior y causa del sujeto, y como
tal, tan pequeo e inmenso cmo el mundo que practicamos y conocemos.
Por esta razn, la antropologa, al menos aquella que suscribo, siempre habla
de los grandes cuerpos: enormes conglomerados, capas densas y complejas,
sedimentaciones y transformaciones, lmites y excedencias, culturales, polticas,
sociales. Se trata de un difcil ejercicio, como el ejercicio de un equilibrista, que
gobierna bajo sus pies la tensin de una cuerda donde se articulan las grandes
narraciones y los grandes temas con los requisitos del fieldwork, disminuciones
del scope para inmiscuirse en cuerpos concretos, con intimidad e indiscrecin,
como en la labor del cirujano, que conoce por penetracin y mientras remodela,
substraccin e imposicin de tal o cual capa de tejidos, siempre en el estrecho
contacto con lo conocido.
2. Quisiera visualizar ciertos vectores de la antropologa norteamericana
contempornea. Dialogar muy especialmente con alguno de ellos, la propuesta
del Anthropology of the Contemporary Research Collaboratory. Tambin me interesa
indagar a propsito de ciertos movimientos sociales hoy emergentes. De ellos tomo
elementos discursivos, programatizaciones polticas y anlisis, e interpreto las
prcticas que se desterritorializan desde el sustrato de las formaciones residuales
y dominantes (Williams, 2000:143-149). Se trata de un viaje de ida y vuelta por
las problematizaciones en los movimientos y las problematizaciones en la
antropologa. Y hallo discursos cientficos (sus trazos, fragmentos, matices, e
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Antn Fernndez de Rota
Volver a lo extico de nuevo
incluso lneas desenvueltas) en los movimientos3, y movimientos sociales en
el interior de los departamentos acadmicos4; tambin aqu un combate entre
distintas fuerzas, blandiendo discursos morales, evocando legendarias batallas
que a veces se revisten con promesas idealistas. ste es el objetivo que decido,
pero que por alguna razn siento que me viene impuesto: estudiar la ciencia
en el Movimiento y el movimiento de la Ciencia, rastreando los flujos que se
interconectan y combaten, y las marcas que dejan en lugares dispersos. En esta
ocasin quisiera hacer oscilar la mirada, y eventualmente posar el ojo lector sobre
la zona geogrfica que en los mapas delimita el estado espaol, para luego volver
a desplazar el scope para articular ciencia y movimiento, teora y poltica.
3. Se insina en el presente la preparacin de lo que denominar el intermezzo,
tanto para lo que concierne al movimiento como para lo relativo a la
antropologa. Valga de contexto una breve enumeracin. Durante los ltimos
aos hemos podido constatar la agitacin del plano movimentista con una larga
proliferacin de acontecimientos: el auge del movimiento alterglobalizacin; las
multitudinarias movilizaciones contra las reformas neoliberales de la universidad
europea (la LOU en el 2001, la lucha contra el CPE francs en el 2006, Grecia
e Italia 2008); una nueva revuelta
3
Sobre los movimientos sociales como productores
de conocimientos y reelaboradores de discursos incendiaria de las banlieus francesas;
cientficos vase Arturo Escobar. 2008. Territories of la preparacin de un movimiento
difference. Place, movements, life, redes. Durham, NC: global contra una blica intervencin
Duke University Press. Pero este libro es tambin una
expresin explcita de los movimientos sociales dentro imperial en Iraq (2003-2004). Por
de la Academia. A propsito de varios grupos en los definicin, un acontecimiento (event)
que participa Escobar, como la Red de Antropologas
del Mundo (http://www.ram-wan.net/) o el Social
elabora nuevos posibles, preguntas
Movements Working Group (http://www.unc. anterior mente inexistentes, crea
edu/smwg) de Chapel Hill, el autor dir: una de las as nuevos problemas 5 . Con ellos
cosas que estos proyectos tienen en comn es que
toman la produccin de conocimientos como algo aparecen y van ganando terreno
de por s problemtico; en cierto sentido, todos ellos ciertos conceptos, a la par que nos
representan movimientos sociales a favor de un tipo adentramos en nuevas perplejidades.
diferente de produccin de conocimientos dentro de
la Academia, (Escobar. 2008:XII). En el acontecimiento, la colisin de los
4
Acerca de esta cuestin, para lo que concierne a cuerpos produce y extrae un tartamudeo.
la historia de los departamentos de antropologa
en los Estados Unidos, vase Fernndez de Rota,
Y as, se hablar ahora de lo que puede
J. 2009. Una etnografa de los etngrafos americanos, significar una globalizacin desde abajo
en prensa. De este libro extraigo un buen nmero y a la izquierda, y ante la proliferacin
de datos con los que elaboro aqu mi esquema
histrico relativo a la antropologa de los USA. de movimientos-red y for ma de
5
Tomo esta definicin del event de Deleuze, G. gobernacin reticulares, se intuye
1987. Diferencia y repeticin. Gijn: Jcar. Puede que estamos ante un nuevo escenario
leerse una interpretacin del concepto deleuziano
en Lazzarato, M. 2006. Por una poltica menor. global para el cual necesitamos nuevos
Acontecimiento y poltica en las sociedades de control. conceptos, pues parece escaprsenos.
Madrid: Traficantes de Sueos.
Se dir que entramos de nuevo en una
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crisis de la representacin, que la sociedad civil ya no es lo que era, que est
emergiendo una sociedad civil global, y que la ciudadana est siendo transformada
en su propio concepto, tambin la soberana; y se dir que la globalizacin
requiere repensar la universalidad, cmo escribirla de nuevo y en trminos no
esencialistas. Cmo responder e interpretar los acontecimientos? Alguien
tartamudear el nombre de un sujeto poltico, la multitud, pues ya no es tiempo
de masas, y otros intentarn explicar qu pasa en las banlieus, que no puede ser
explicado en los tradicionales esquemas de la lucha de clases, pero que se trata de
una extraa huelga metropolitana hecha a golpe de blog, gasolina y hip hop una
vez las huelgas obreras han perdido buena parte de su eficacia. Son stas algunas
de las perplejidades, tartamudeos y problematizaciones que emergen, objetos
analticos posibles para una antropologa de lo contemporneo que desee estudiar, como
es mi caso, los movimientos sociales y la tradicin de la izquierda. Ahora bien, a
propsito de las recientes emergencias movimentistas, sera demasiado ingenuo
pensar que este tipo de proliferacin antagonista del socius6 no va a impactar,
lo est haciendo ya, en la trayectoria de la disciplina antropolgica. Una rpida
mirada hacia el pasado nos puede poner en alerta.
Reinventado la antropologa, rescribiendo sus prcticas e historia.
4. El vector crtico de la antropologa norteamericana con el que dialogar en
esta intervencin es inexplicable sin otra serie de movimientos. Los proyectos
crticos de la antropologa contempornea son herederos directos de aquella
antropologa crtica y experimental que apareci a finales de los aos sesenta
(Reinventing Anthropology), que se diversific a lo largo de los setenta con el
postcolonialismo y el feminismo, y que dio un giro experimental y reflexivo a
lo largo de los aos ochenta (Writing
6
Por el trmino socius nos referimos aqu a la expresin
genrica que asumen las distintas formas de lo social Culture) . Las movilizaciones contra
7
en paralelo con las transformaciones del anthropos. la guerra en Vietnam, la redefinicin
Como en lo referido al anthropos, existen distintas
modalidades, arqueolgica y genealgicamente
contracultural de la izquierda, los
definidas, del socius. As, por ejemplo, para la movimientos anticoloniales del tercer
emergencia del socius biopoltico en el siglo XIX vase mundo, el feminismo, el Movimiento
Donzelot, J. 1990 La polica de las familias.
Valencia:
Pre-Textos; tambin Rabinow, P. 1995. French Modern. por los Derechos Civiles y de negritud,
Chicago: Chicago University Press. el ecologismo, los movimientos gay y
7
Utilizo estos dos libros como smbolos de dos queer, todos ellos transformaron tanto
momentos distintos de crtica antropolgica. Del
primero no existe traduccin al castellano, ver la poltica de movimiento como el
Hymes, D. (ed.) 1999. Reinventing Anthropology. saber antropolgico (Marcus y Fisher,
Ann Harbor: University of Michigan Press. El
segundo libro, Writing Culture. The Poetics and
2000:16, 182; Eriksen y Nielsen, 2001;
Politics of Ethnography, fue traducido como Retricas Stocking, 2002:25-31; Lassiter, 2005:48-
de la antropologa (Clifford, J., y Marcus, G., 1991. 76; Rabinow et. al. 2008:21-30). Nuestra
Gijn: Jcar).
ciencia es, simplemente, inseparable de
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Antn Fernndez de Rota
Volver a lo extico de nuevo
estos meteoritos. Ellos desplazaron la rbita antropolgica impactando justo en su
eje. Y as, en Estados Unidos, a lo largo de los aos noventa se dieron otra serie de
debates acerca de la legitimidad de una antropologa militante. Los positivistas
se oponan frreamente, curioso ejercicio de denegacin o mala conciencia, pues
estos positivistas, ms bien, y para vergenza de Compte, era realistas naf, que
ya estaban siendo militantes8. Militaban en el proyecto poltico de una ciencia
metafsica, pura y casta, obviando que sin el poder constituyente9(resistente y creativo,
antagonista y emergente), ni siquiera seran ellos mismos quienes ahora eran: Mi
herida exista antes que yo; he nacido para encarnarla, que deca Joe Bousquet
(Citado en Deleuze, 1989:157).
5. La mencionada lluvia de meteoritos arruin el viejo cuerpo antropolgico, sus
metodologas normativas, conceptos y posicionamiento tico. El prlogo de Los
Argonautas (Malinowski, 1975) ya no
8
Me refiero a las posiciones adoptadas por
antroplogos como Marvin y Roy DAndrade en la
poda servir ni como manual ni como
revista Current Anthropology, 2005, 36(3). libro de cabecera. Surgieron entonces
9
Segn Negri, el poder constituyente es una potencia otras posibilidades y proyectos. Al
a la vez creativa y antagonisma, innovadora y crtica,
es la fuerza resistente que constituye lo poltico igual que puede estar ocurriendo ahora,
precipitando los tiempos. A lo largo de la historia los acontecimientos que forjaron la
va asumiendo distintas formas, racionalidades revolucin crtica de la antropologa
y principios organizativos, y se enfrenta a las
cambiantes formas del poder constituido (Ley, crearon una suspensin de lo dado
Soberano, Constitucin), y al Terminador, esto es, la y una preparacin del por-venir de
medida que pretende capturar bajo la representacin
de la nueva constitucin a la potencia expresiva del
ms amplio alcance. En el terreno
poder constituyente. El poder constituyente es una poltico se hablaba de una Nueva
potencia creativa de ser, es decir, de figuras concretas Izquierda, y de hecho la izquierda
de lo real, valores, instituciones y lgicas de
ordenamiento de lo real. () Pero, se dice, desde la ya no volvera a ser la que era. Tras
revolucin humanstica hasta la revolucin inglesa; las revoluciones de los aos sesenta
desde la revolucin americana a las revoluciones y setenta la izquierda entr en crisis.
francesa y rusa y todas las dems del siglo XX,
concluido el momento excepcional e incontenible Todo el mundo hablaba de la crisis
de la innovacin, el poder constituyente parecer de la Izquierda. Se le diagnosticaba
agotar sus efectos (). Esta apariencia de
agotamiento es efecto de la mistificacin que las
una g rave enfer medad, algunos
prcticas del constitucionalismo ponen en actividad diran que degenerativa y terminal.
para bloquear la acometida que lo social y lo poltico Los acontecimientos creados por las
llevan a cabo sobre el ser (Negri, 1994:398).
10
La tesis que lee la causa de la crisis y reestructuracin prcticas antagonistas transformaron el
del capitalismo fordista hacia el postfordista en signo y la distribucin de las semnticas
la potencia antagonistas del poder constituyente culturales y los deseos. En respuesta, el
ha sido largamente sostenida por los tericos
de la escuela postoperaista. Vase, Cocco, 2003; capitalismo tuvo que reestructurarse,
Negri y Hardt, 2005; Virno, 2006; Negri, 2006; y el bloque comunista ya no pudo
Berardi, 2007. Sobre los efectos de las revueltas,
insurrecciones y revoluciones de los aos sesenta y
seguir mantenindose10. En los noventa
setenta sobre la ulterior cada del bloque comunista algn neoliberal decret el fin de la
vase Arrighi, Hopkins y Wallerstein, 1999. historia, pero el fin pronto lleg a su
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trmino. Las crisis de la neoliberalismo se sucedieron una tras otra: crisis de
los Tigres Asiticos (1997), Crisis de la New Economy (2000), Argentina 2001,
crisis del neoliberalismo latinoamericano (desde el 2001 en adelante), Crisis del
Orden Mundial bushista (con la oposicin a la guerra y la resistencia iraqu), y hoy
Crisis Financiera Global. Ms all de estas crisis parece surgir una hiptesis, la
que diagnostica una apertura que siendo creada por los acontecimientos recientes
elabora una nueva posibilidad, aunque slo sea eso, la de dar paso a otro estrato
en la genealoga del movimiento (hiptesis del nuevo intermezzo).
Intermezzo
6. Si tras las emergencias de los aos sesenta y setenta la izquierda ya no volvera a
ser la misma que era, tampoco lo sera la antropologa tras sus propias revoluciones
crticas. Tartamudeamos diciendo que la antropologa en el estado espaol puede
estar preparando ahora las condiciones para entrar en un intermezzo, tan slo una
posibilidad, un tmido posible, insinuado con movimientos casi imperceptibles y
eventos y pequeas publicaciones inconexas. Unos se juntan aqu y all, circulan
los e-mails, uno aconseja este o aquel libro a un compaero, se crean nuevas redes,
alguien escribe lneas desconcertantes en un artculo, y quien segua fielmente
cierta teora y metodologa se encuentra ahora mezclndola con otro tipo de
planteamientos. Deliciosas palabras de un jesuita rebelde: la historia comienza
a ras de suelo, con los pasos. Son el nmero, pero un nmero que no forma
una serie. No se puede contar porque cada una de sus unidades pertenece a
lo cualitativo: un estilo de aprehensin tctil y cintica. Su hormigueo es un
innumerable conjunto de singularidades (De Certau, 1996).
7. A poco que se conozca el arte teatral, se sabr que el intermezzo no se inscribe en
teleologa alguna. El intermezzo es una suspensin de la historia (story/history/his-
story). Un intermezzo es una interferencia. No se define por un futuro apriorstico.
No tiene necesidad de l. Su temporalidad es distinta. Por supuesto, en este
ensayo el intermezzo es una metfora, pero aquello a lo que se refiere no es del
mundo de las representaciones, sino de lo molecular11. Con el intermezzo hablamos
de un momento y efecto que suspende la linealidad de la historia, y que tiene
lugar siempre bajo la lluvia de meteoritos (acontecimientos). Anterior al propio
sujeto, la suya es una temporalidad acontecimental que antes de efectuarse en
el sujeto esquiva todo presente, libre de las limitaciones de un estado de cosas
dado. Un intermezzo no es ms que
11
El orden molar corresponde a las estratificaciones una suspensin del acto previo; la
que delimitan los objetos, sujetos, las representaciones
y sus sistemas de referencia. El orden molecular, por suspensin del estado de cosas previo.
el contrario, es el de los flujos, los devenires, las Cuando llega el entreacto caben dos
transiciones de fase, las intensidades en Guattari,
opciones: dejarlo pasar, y as reanudar
2004.
la trama restndole importancia a los
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Volver a lo extico de nuevo
bailes que se dan el intermezzo, o coger las palabras y las cosas y moldearlas, y
llevarlas y organizarlas y practicarlas de otra manera. Esta segunda opcin es la
que define el propio pensamiento y prctica de intermezzo. Ahora bien, si el intermezzo
es el momento de perplejidad que causa el acontecimiento, en la misma prctica
y pensamiento de intermezzo se prepara el fin de esa perplejidad, buscando con
ello comenzar de nuevo. El por-venir, lo que est por venir, virtual en el pasado que
coexiste con lo actual, tan slo puede preparar sus formas de efectuacin en el
intermezzo, cuando en sus bailes uno se olvida por un momento del guin, se
olvida incluso del Uno y se deja que la multiplicidad articule el cuerpo de otra
manera, reescriendo la historia con nuevos trminos.
8. Para la antropologa en el estado espaol afirmamos la lenta preparacin de un
intermezzo; impredecible en su desarrollo, indeterminado en cualquier caso. Est
ocurriendo en estos precisos momentos. Podemos atender a los sntomas. Sntomas
tomados en negativo: los signos del desconcierto estn por todas partes. No importa
con quin hables, cul sea su lnea de investigacin, o cmo prescriba el deber-ser de
la antropologa: el interlocutor coincidir en que la disciplina ha de remodelarse;
ha de hacerlo por completo. Existe la sensacin generalizada de encontrarse en un
impasse donde lo que ha quedado obsoleto vuelve sin fin sobre lo obsoleto. Casi
todos coinciden en que es necesario, urgente incluso, este cambio. Qu hacer?,
o mejor, cmo hacerlo? Seguramente hay mltiples vas y maneras. Lo que se
defender aqu es una de las propuestas, una entre varias posibles, aquella que ms
me convence y que responde al siguiente enunciado: volver a lo extico de nuevo.
9. Por otra parte, hay datos triviales que ayudan a apuntalar la hiptesis del
intermezzo. Estos datos triviales son, si se quiere, sntomas externos al intermezzo, no
necesariamente acontecimentales, poco ms que su decorado, pero no por ello
menos importantes. Parecen suspender el orden de las cosas ante su inmediata
reordenacin. La remodelacin de los planes de estudio y de los grados; las nuevas
prcticas neoliberales de gobierno de la produccin universitaria (en lnea con
Bolonia: culturas de auditora y precariedad de los investigadores y el profesorado
docente); la pronta jubilacin de un amplio nmero de catedrticos; la cada vez ms
veloz desintegracin de las redes que diferenciaban las corrientes y las camarillas
antropolgicas a lo largo de los aos ochenta y noventa... Todos estos datos nos
adentran en un terreno incierto, emergente e inminente. Pero estos datos no dicen
nada de por s, tan slo refuerzan la hiptesis del intermezzo. Hay ms.
La muerte de lo primitivo y sus alternativas dbiles
10. Por largo tiempo la antropologa fue vista como una ciencia que estudiaba
a los primitivos. Pero, llegadas las revoluciones crticas, estos grupos pasaron a
ser redefinidos como subalternos coloniales contemporneos, y la singularidad
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No.10, enero-junio de 2009
antropolgica entr en crisis. A este desconcierto se aadi la crtica de los modos
tradicionales con los cuales se recababa la autoridad etnogrfica (Clifford, 2001),
acompaada por la crtica que el feminismo, el movimiento negro y postcolonial,
realizaban en contra de los sesgos androcntricos, blancos y eurocntricos
que caracterizaba la disciplina. Ya que el modelo malinowskiano no poda ser
legtimo por ms tiempo, haba que buscar otras formas. La propia publicacin
de los Diarios (Malinowski, 1989) ntimos de Malinowski en el 1966, contribuy
a este descreimiento. Tambin el escndalo en torno al Proyecto Camelot12.
Colonialismo y autoridad. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que tras
la muerte de lo primitivo se encontraba la potencia de los movimientos anti-
imperialistas y anti-coloniales, y que tras la crtica del modelo de autoridad del
realismo etnogrfico13 se hallaba una densidad histrica y cultural sedimentaba con
las luchas anti-autoritarias de los aos sesenta y setenta. Crtica de la autoridad
etnogrfica, reconocimiento del carcter colaborativo de la produccin de
saberes y del texto, conversin del objeto en sujeto, dar la voz al nativo, dialoga
y diversidad polifnica todas estas propuestas, antecedidas por el movimiento
feminista (dentro y fuera de la antropologa)14, estn presentes en las propuestas
12
El Proyecto Camelot se trataba de un amplio proyecto de asesoramiento e investigacin coordinado con
la CIA para realizar labores de contrainsurgencia en Amrica Latina. Es conocida su actuacin antes y
durante el gobierno socialista de Salvador Allende. Ciertos antroplogos ejercieron de espas para la CIA,
y con el golpe de estado de Pinochet, ayudaron al dictador ejerciendo de soplones (ver Price, 2008.
No fue el nico programa que utiliz a los antroplogos como espas. Existieron proyectos similares en
Vietnam, Tailandia, Colombia o Argentina. En la actualidad se ha producido una nueva polmica al haber
colaborado ciertos antroplogos con el ejrcito estadounidense en Afganistn e Iraq (Programa Human
Terrain Systems, HTS). En el 2007, en su Annual Meeting, la American Anthropological Association
decidi prohibir a sus socios colaborar con proyectos como los del HTS.
13
Para un anlisis y crtica de las convenciones de este gnero etnogrfico ver, Marcus, y Cushman, 1998.
Para una discusin sobre el realismo etnogrfico trascendental y el realismo etnogrfico inmanente y
reflexivo vase Fernndez de Rota, 2008 y 2009.
14
A mediados de los aos noventa, en la obra colectiva Women writing culture (Behar, R., y Gordon. 1995.
Berkeley: University of California Press), distintas antroplogas reflexivas llamaron la atencin sobre el
silenciamiento de ciertas obras pioneras del llamado giro reflexivo y de la figura del antroplogo nativo.
En este sentido, Women writing culture puede leerse como una crtica y una continuacin feminista del proyecto
trazado con el Writing Culture. Criticaba a los editores de tal volumen el no haber reconocido tales contribuciones
pioneras. Este silenciamiento se apuntaba hacia problematizacin de las dicotomas conocimientos autorizados
y desautorizados, saber etnogrfico y saberes ordinarios. Se llamaba la atencin sobre autoras como Ella
Deloria y Mourning Dove (indgenas norteamericanas) o Zora Hurston, todas ellas mujeres que no haban sido
reconocidas como antroplogas dentro de un contexto fuertemente androcntrico y academicista. La obra de
Hurston fue tachada de literatura folclorista, Deloria y Dove no fueron reconocidas como acadmicas sino que
fueron tratadas como informantes (ver en Woman Writing Culture los artculos de Finn, J. Ella Cara Deloria
and Mourning Dove: Writing for Cultures, Writing Against the Grain, pp. 131-147, y Hernndez, G. Multiple
Subjectivities and Strategic Positionaliy: Zora Neale Hurstons Experimental Ethnographies; tambin Casas-
Corts, M. 2008. Etnografas made in USA: rastreando metodologas disidentes en Leizaola, A., y Hernndez,
J., Miradas, encuentros y crticas antropolgicas. San Sebastin: Ankulegui, pp. 165-171). En esta genealoga que
entrecruza el feminismo con la reflexividad, habra que mencionar tambin el libro de Peggy Golde Women in
the Field: Anthropological Experiences (publicado en el 1970) y Return to Laughter de Laura Bohannan, publicado
en el 1954 bajo un pseudnimo, ya que en la fecha no se consideraba apropiado hablar pblicamente sobre
los aspectos personales del trabajo de campo, las dudas y los errores, las circunstancias fortuitas y el carcter
deslabazado que se ocultaba tras el abstracto concepto malinowskiano de observacin participante (Eriksen
y Nielsen 2001:123).
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micropolticas de otros autores del momento (Deleuze y Guattari, Foucault, De
Certau tantos otros), y resonaban por doquier en los expectativas del movimiento
estudiantil y los jvenes de la Nueva Izquierda, la contracultura, la Autonoma
Operaia, ciertos movimientos campesinos anti-imperialistas.
11. Una vez fue declarado muerto lo primitivo, la antropologa crey perder su
singularidad. A propsito del conocido fraude de los Tasaday, a finales de los
aos setenta hablaba Baudrillard sobre los indios-simulacro: indios reconvertidos
en lo que eran, es decir en lo que la etnologa los ha convertido, indios-simulacro
que proclaman en definitiva la verdad universal de la etnologa (Baudrillard,
2005). Baudrillard era tajante: Para que la etnologa viva es necesario que
muera su objeto. ste, por decirlo de algn modo, se venga muriendo de haber
sido descubierto y su muerte es un desafo para la ciencia que pretende
aprehenderlo (Baudrillard, 2005:20). El intermezzo es inseparable de la
problematizacin. En la problematizacin se escuchan los tartamudeos, y ante toda
problematizacin se proponen siempre varias opciones, diversas, respuestas que
responden todas ellas al nuevo problema15. Ante la muerte de lo primitivo haba
varias alternativas; todas ellas pasaban por aceptar esta venganza de los muertos
y comenzar la antropologa de nuevo. Haba que darle la vuelta a las cosas, ponerlas
al revs. Si la antropologa haba estudiado a los de abajo, ahora deba estudiar a
los de arriba. Si hasta ahora, dira Nicholas Dirks, lo que la antropologa haca
era una historia de los colonizadores y una etnografa de los colonizados, el reto
era el de etnografiar ahora a los colonizadores y contribuir a escribir la historia
de los colonizados etnografa de la colonizacin, historizacin de los pueblos
sin historia (Dirks, 1996). Y tambin, si el antroplogo deba emprender
un largo y lejano viaje, ahora se apostaba por traer la antropologa a casa,
traerla como crtica cultural, de la misma manera en la que los Weathermen
gritaban a principios de los aos setenta, en relacin a la guerra en Vietnam,
Bring the war home!. Claro que esto
15
Tomo el concepto problematizacin de Michel
Foucault. La problematizacin se refiere al conjunto
no marcar ms que unos de los
de prcticas discursivas y no discursivas que hacen puntos que conformaban la inversin
que algo entre en el juego de lo verdadero y lo (arriba/abajo, dentro/fuera, historia/
falso y se constituya como problema y objeto para
el pensamiento. Para que algo se problematice, etnografa). Otro concerna al giro de
dir Foucault, es necesario que ese dominio la mirada. Hasta ahora la antropologa
y comportamiento concreto haya perdido su
familiaridad o certidumbre. Una vez el objeto entra
haba mirado el mundo, ahora el
en la nueva constelacin de dificultades a la cual mundo mirara a la antropologa,
responde la problematizacin, a menudo surgen como cuando los nativos americanos
varias respuestas posibles, multiformes, incluso
contradictorias. El estudio de las problematizaciones denuncian que los antroplogos violan
ha de comprender lo que las hace simultneamente sus cementerios y exponen en museos
posibles. Ver, Foucault, 1999:353-361.
los restos de sus parientes expoliados.
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12. Dentro de la antropologa este giro de la mirada fue llamado reflexividad. Sus
autores se centraron durante algn tiempo en la experimentacin metodolgica,
reflexiva, discursiva, narrativa. Fue completamente necesario, slo as la
antropologa poda comenzar de nuevo, pero la reflexividad no era una alternativa
lo suficientemente fuerte16. Por qu? Atendiendo al fieldwork y criticando
radicalmente el exoticismo, a menudo descuidaron lo extico, que, como veremos, es
algo distinto. En el Writing Culture, en algunos artculos, no en todos, se echaba en
falta esta cuestin. Y por supuesto, surgieron tambin otro tipo de alternativas,
pero stas eran mucho ms dbiles. Alternativas dbiles, y peor an, aletargantes
e innecesarias, independientemente de que se escribiesen con tintes positivistas
o interpretativos, que en este caso es lo de menos. Lejos de intentar comenzar
de nuevo, desde estas alternativas dbiles se rescriba el acontecimiento con los
viejos conceptos, las viejas formas, con el gesto muerto; y que el gesto fuese de
izquierdas o de derechas vuelve a ser lo de menos.
13. Hasta entonces la habitual en la antropologa era esquema analtico mi isla,
mi tribu, mi gente = una comunidad discreta (Stocking, 2002), una localizacin
aislada de las mallas de saber/poder globales en un extrao presente etnogrfico que
paralizaba el tiempo y la diferencia, sincrona y holismo, haciendo del realismo
etnogrfico una mala versin de aquel otro desde el cual escriban los literatos
del XIX (Dostoievski et al). Pronto, afectada por la crtica marxista que en los
Estados Unidos comenzaba a retomarse, dado el contexto de los convulsos
16
Frente a lo reflexivo Donna Haraway propondr la estrategia de la difraccin. La difraccin se aleja de la
reflexividad antropolgica y la reflexividad del tipo propuesto por Bruno Latour. La reflexividad ha sido
muy recomendada como prctica crtica, pero sospecho que la reflexividad, como la reflexin, solamente
desplaza lo mismo a otro lugar, estableciendo las preocupaciones sobre la copia y el original y la bsqueda
por lo autntico y lo verdaderamente real. La reflexividad es un mal tropo para escapar de la falsa opcin
entre realismo y relativismo que surge al pensar en la objetividad fuerte y los conocimientos situados dentro
del conocimiento tecnocientfico. Es necesario establecer distinciones en los aparatos semitico-materiales,
difractar los rayos de la tecnociencia para obtener modelos de interferencia ms prometedores en las placas de
grabacin de nuestras vida y nuestros cuerpos (Haraway, 2004). Difcilmente puede extrapolarse esta crtica
a la totalidad de las propuestas reflexivas antropolgicas. Y an as, parece justo el sostener que en esencia
stas se limitaban a desplazar lo mismo a otro lugar. La problematizacin no llegaba lo suficientemente lejos,
pero si no lo haca no era tanto por el problema de la copia y el original como por su desatencin a lo que
aqu se definir como lo extico. Entiendo la difraccin como una forma de aproximarse y narrar lo extico
en tanto que la difraccin vislumbra las transformaciones en el anthropos (y los elementos tecnolgicos,
orgnicos, polticos, etc., que lo ensamblan), en el medio de las implosiones de las formas y las certezas
(problematizacin), creando con ello nuevas narrativa que permiten ser habitadas por estos objetos/sujetos
cambiantes. Criticada la reflexividad en virtud de la afirmacin de lo extico, pudieran ser pertinentes las
siguientes palabras de Foucault: Extrema dificultad la de proveer a este pensamiento de un lenguaje que le
sea fiel. Todo discurso puramente reflexivo corre el riesgo, en efecto, de devolver la experiencia del afuera
a la dimensin de la interioridad; irresistiblemente la reflexin tiende a reconciliarla con la conciencia y a
desarrollarla en una descripcin de lo vivido en que el afuera se esbozara como experiencia del cuerpo, del
espacio, de los lmites de la voluntad, de la presencia indeleble del otro (Foucault, 1997). Para una crtica de
los lmites de las etnografas reflexivas, vase Marcus, 1999.
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aos sesenta (Ortner, 1984:126-166), empez a generalizarse la antropologa de
los grupos oprimidos, los subalternos o los sin voz, incluso se empez a hablar
de la necesidad de estudiar a los poderosos17. La atencin al antagonismo iba
desmembrando el holismo y cualquier funcionalismo. Se hacan trizas bajo las
cuchillas de un poder constituyente cada vez ms declinado bajo la forma de las
polticas de la diferencia18.
14. El esquema mi isla, mi tribu sola contraponer lo lento a lo veloz, culturas
fras y culturas calientes, lo moderno frente a lo subdesarrollado. Siguiendo este
mismo esquema, en el Estado Espaol fueron muchos los que respondieron a
la muerte de lo primitivo optando por estudiar a los campesinos, las tradiciones
populares y el folclore, pero lo hacan como si nada hubiese cambiado, aplicando
los mismos mtodos y los mismos conceptos (por ejemplo, el concepto de
cultura) anteriormente reservados para el estudio de los primitivos. De hecho,
as era cmo naca la antropologa en el estado espaol. Naca dejando pasar los
acontecimientos, prolongado los viejos conceptos y formas, con el gesto muerto.
Pero las cosas pronto comenzaron a cambiar. Pasados los aos se empez a
indagar a propsito de cmo estas culturas se entrecruzaban con los procesos
globales y la alta velocidad. En el cuadro aparecan esquemas irreductibles a
lo primitivo y a lo ancestralmente campesino, irreducibles en definitiva a una
parte del esquema mi isla, mi tribu, la sincrona y neutralizacin del poder.
Malinowski haba borrado de su retrato etnogrfico la existencia de los elementos
disonantes con el esquema (por ejemplo, borrando las prisiones modernas, todos
esos trobiand encarcelados, y que bajo el ojo del poder colonial el antroplogo
los obligaba a convertirse en sus informantes). Desde dentro de un proyecto
gubernamental estadounidense de colaboracin con Indonesia tambin Geertz
haba olvidado incluir un pequeo
17
Una de las llamadas ms tempranas e influyentes a
este estudio de las clases dominantes fue el artculo de
detalle: el exterminio a manos de
Laura Nader Up the Anthropologist Perspectivas Suharto de alrededor de un milln
Gained en Reinventing Anthrology (1999). A lo largo de rebeldes y comunistas (Ali, 2005).
de las ltimas dos dcadas se han realizado una
multitud de etnografas del poder, de las elites, de Salvando honrosas excepciones, sta
las instituciones de encierro, los grandes centros del era la antropologa que dominaba los
poder econmico, etc. Uno de los autores que ms
han enfatizado la necesidad de realizar este tipo de
establishment centrales (en Francia, Reino
estudios ha sido George Marcus. Su investigacin Unido y Estados Unidos) durante la
acerca de las familias dinsticas tejanas es ya un Edad de Oro de la etnografa. Desde
clsico. Ver, Marcus y Hall, 1994.
18
Podramos sealar la fecha simblica del
finales de los sesenta, las revoluciones
1968 como el inicio de la declinacin del poder de la antropologa en Norteamrica
constituyente en los trminos de las polticas de la criticaron cidamente este tipo de
diferencia (vase, Negri, 2008). Para una crtica del
concepto de cultura a partir de las redefiniciones descuidos. An con retraso, en el
del espacio y el ejercicio de las polticas de la estado espaol estos otros estudios
diferencia ver Gupta y Ferguson, 1992.
de lo rural comenzaron a insertar los
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procesos de industrializacin y capitalizacin en las comunidades estudiadas.
Empezaban a esbozar sobre el lienzo los flujos globales que los penetraban, no
slo polticos y econmicos, tambin culturales. Pero an as, no parecan superar
la localizacin monosituada del tipo mi isla, mi tribu. Tampoco superaban su
holismo, hablaban en los trminos de un nacionalismo como tal o miniaturizado
en la aldea, en la ciudad, en la nueva etnia o tribu, una definicin de la cultura
que estaba siendo cuestionada, por mltiples razones, entre otras por la presencia
de lo translocal, la hibridacin y el antagonismo19. Lo mismo ocurri en lo relativo
al patrimonio. Los estudios de patrimonio crearon un abanico de salidas laborales
en el mbito de las polticas de desarrollo local (turismo, pero no slo turismo).
Puede observarse aqu la misma particin: por un lado hubo un regodeo en lo
folclrico y sus esencias que borraba lo disonante; por otro lado, se comenz a
problematizar la relacin entre tradicin e innovacin, a menudo de una manera
similar a la que durante los aos ochenta
19
Sobre la crtica y redefinicin del concepto
de cultura vase, Abu-Lughod, 1991; Hannerz, se estaban desarrollando las revisiones
1996; Gupta y Ferguson, 1992; Trouillot, 2002; crticas del nacionalismo 20 . Las
Fernndez de Rota, 2005. primeras perspectivas (prolongaciones
20
Por ejemplo: Hobsbawm, 1991. Anderson, 1993;
Gellner, 2008. del esquema mi isla) simplemente
dejaban pasar los acontecimientos.
Por supuesto, con el paso del tiempo, los acontecimientos no los dejan pasar
a ellos. Las segundas perspectivas (diacrona, poder) pienso que no llegaron
a estar a la altura de los acontecimientos. Pero la proliferacin de los efectos
acontecimentales tiene siempre mltiples vas y distintas velocidades. Con estas
perspectivas se extendi el malestar hacia el estado de la disciplina. Fue uno
de los factores. Tambin se abrieron a partir de aqu ciertos posibles para que
la antropologa en el estado espaol trabaje hoy en el intermezzo, renovando la
definicin del campo de estudio, las temticas de estudio, posibilidades incluso
para renovar las metodologas.
15. En la reconversin de lo primitivo hemos sealado dos vectores: por un lado
los campesinos y el folclore (lo ancestral domstico); por otro lado, la temtica
de los dominados, los desposedos, los marginalizados, excluidos, rebeldes y
subalternos. En el Estado Espaol, muchos han encontrado en esto ltimo la forma
de continuar con la investigacin en el tercer mundo ms all de la muerte de lo
primitivo. Se estudiarn ahora a los colonizados, o aquellos grupos inmersos en los
planes de desarrollo y de cooperacin transnacional. Los antroplogos hallarn
otra salida en el estudio de los nacientes movimientos indigenistas, fenmeno
que desde finales de los aos ochenta
21
Acerca de las propuestas de repatriacin de la y comienzos de los noventa adquirir
antropologa tras la muerte de lo primitivo, Marcus
y Fischer, 2000. una enorme magnitud y relevancia
poltica. La antropologa encontr as
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una manera de reactualizarse dentro de su propia geografa tradicional (el tercer
mundo), pero la temtica de los dominados, al igual que ocurra con la temtica de
los campesinos (y el patrimonio), permitir tambin traer la antropologa a casa.21
Evidentemente, hay rebeldes y oprimidos domsticos: los asalariados, tambin
los flujos migrantes y diaspricos cada vez ms intensos, o los movimientos
sociales. Ya fuese en el tercer o el primero, todos estos colectivos sociales
se ensamblaban dentro de relaciones de poder y saber ms amplias, en relacin
a largas prcticas institucionales imposibles de reducir a los esquemas mi isla,
mi tribu. La antropologa pareca temblar, agitarse y eventualmente renovarse,
pero difcilmente consigui trazar una alternativa fuerte. Por ejemplo, a lo largo
de los ltimos aos, en el estado espaol, ha habido una notoria proliferacin
de estudios sobre las culturas laborales y sobre las prcticas interculturales y
transnacionales de los migrantes. En torno a estas prcticas estn surgiendo
propuestas ciertamente interesantes, pero es posible que estas sean las menos. La
mayora se contenta con actualizar el campo de estudio dentro de las movedizas
situaciones contemporneas, y aunque aqu se incluya decididamente la historia,
en casos contados puede verse como el anthropos es discutido dentro de ella. El
anthropos debe ser llevado hasta el centro de las indagaciones.
16. Uno de los campos donde el anthropos es decididamente problematizado es
en las etnografas feministas y queer, ampliamente influenciadas por las teoras
postestructuralistas y el constructivismo social. Al fin y al cabo, las corrientes post
que han querido radicalizar a Mead y a Beauvoir (extendiendo el cuestionamiento
del gnero a la deconstruccin del sexo), no hacen otra cosa que una historizacin del
presente, del presente cambiante del anthropos, que termina por evocar, cuando no por
indagar directamente, acerca de las reconfiguraciones contemporneas. Aunque los
estudios sobre sexualidades tienen una importante presencia en el medio anglosajn22;
en el estado espaol son escasos. No
22
Para un resumen de los estudios LGTB en Estados ocurre lo mismo con los estudios de
Unidos hasta el 1993 vase Weston, 2003. Una
resea actualizada puede leerse en Boellstorff, 2007. gnero, o con aquellos que introducen
al menos la variable gnero en sus
investigaciones. Sin embargo, y en consonancia con la poltica feminista oficial (la de
los partidos y ONGs), la tendencia dominante es la de quedarse en una relativizacin
de los valores social y culturalmente asignados al gnero, sin prestar atencin a la
variabilidad de lo que ciertas autoras han denominado el sistema sexo/gnero (Rubin,
1986), o la produccin performativa (Butler, 2007) o tecno-poltica del sexo (Haraway,
1995), es decir, sin indagar ms que sobre la dimensin representativa, obviando la
reconfiguracin semitico-material de la carne del anthropos.
17. Llegados aqu se vuelve necesaria una aclaracin. Con lo dicho en los puntos
anteriores no se pretende practicar una mera analtica de la miseria ni diagnosticar
una simple miseria de las analticas. Para lo que se refiere a la antropologa en el
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estado espaol podemos decir que las posiciones crticas reseadas en el punto 14
y 15, completadas con este vector feminista (punto 16), marcan tres lneas entre
otras a partir de las cuales es posible llegar a situar la antropologa ibrica en el
pensamiento de intermezzo. Habra que aadir ms. Los estudios de las culturas
hbridas, los anlisis de los procesos en curso de cambio social y cultural, la
atencin a las articulaciones transnacionales, las etnografas en/del ciberespacio.
Pienso que todo esto constituye un sedimento actual en la antropologa sita en
el estado espaol a partir del cual es posible llevar a la antropologa al intermezzo,
por ms que se trate de un sedimento ciertamente minoritario.
Fieldwork y singularidad del saber antropolgico
18. Defino la debilidad o la fuerza de las distintas propuestas en funcin de la
propia definicin de la singularidad del saber antropolgico. En mi opinin, la
singularidad antropolgica se compone al menos de dos elementos: el fieldwork y lo
extico. La debilidad ser por tanto el desatender a alguno de los dos componentes.
Para lo que concierne al estado espaol, aunque durante los aos setenta, ochenta
y noventa el tipo de alternativas mencionadas consiguieron prolongar la disciplina
ms all de la muerte de lo primitivo, a menudo fallaron a la hora de renovar los dos
componentes que definen el saber etnogrfico. Y de los dos elementos, lo extico
fue lo ms desatendido. Digmoslo claro: en los comienzos de esta antropologa,
inspirados en las claves de la Edad de Oro de la disciplina, algunos consiguieron
crear un efecto extico, pero durante estas dcadas la mayora se content
con realizar un trabajo sin exoticidad posible, poco menos que un recuento
y descripcin de lo que observaban, una depauperizacin de la antropologa
convertida aqu en un conocimiento de carcter tcnico, y un hablar sobre lo ya
hablado, una utilizacin del trabajo de campo sin ms teora que la de la lengua
franca (el lenguaje ordinario) y sin ms profundidad que la de las lenguas hegemnicas
(los conceptos dominantes y residuales, sedimentados en lo social y lo acadmico
como las metforas muertas de las que hablaba Ricoeur, 1980). Era aqu donde la
antropologa languideca, y an languidece, y esto es sin duda una parte de lo que
tiene que agitar el pensamiento de intermezzo. Por lo dems, habra que decir que
los pocos que conseguan realizar una aproximacin con posibilidades exticas,
lo hacan reproduciendo las metodologas de un proyecto que ahora desapareca.
Hay que pensar de nuevo el fieldwork, los conceptos y toda la metodologa. Pero
es poco lo que hasta ahora se ha hecho en el estado espaol.
19. Zoom otra vez hasta el mundo anglosajn. Dados los cambios propiciados por
las revoluciones antropolgicas y el transcurrir de los acontecimientos, decimos que
el trabajo de campo tena que ser redefinido. Ya que lo primitivo se mora, y en el
reconocimiento de la heterogeneidad y los flujos globales la definicin de cultura ya
no poda poseer por ms tiempo una definicin holstica y sincrnica y referida a un
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grupo discreto, la metodologa de la antropologa cultural comenz a experimentar
con distintas formas. La polifona fue una de ellas. De ella se derivaron otra serie de
propuestas. Esta subjetividad crtica desemboc, por ejemplo, en un nfasis sobre el
estudio de los ensamblajes (los distintos tipos de actores, procesos y tecnologas que se
dan cita alrededor y a travs de un objeto), y en una atencin a la multiplicidad de los
sistemas morales y las distintas racionalidades, presentes no slo entre los distintos
actores que confluyen alrededor de un objeto, sino tambin yuxtapuestas en cada
uno de los sujetos23. Asimismo, frente al modelo de localizacin mi isla, mi tribu,
cobraron importancia los enfoques
23
Ms adelante expondremos algunos ejemplos al multisituados. Precisemos ms: por
acercarnos al Anthropology of the Contemporary
Research Collaboratory. multisituado hacemos alusin al concepto
24
Este carcter multisituado nada tiene que ver con de George Marcus (1998), esto es, el
aquellas otras metodologas comparativas (al estilo de
George Murdock), que no era sino una mera suma y seguir la trayectoria de objetos y cuerpos,
contraste de las viejas culturas discretas y holsticas. con sus relaciones y recomposiciones
25
En 1950 escriba Leiris: El frica que yo recorr
en el periodo de entreguerras no era ya el frica cambiantes dependiendo del lugar y
heroica de los primeros exploradores, ni tampoco el flujo que interconectan, un carcter
el frica a partir de la que Joseph Conrad concibi
su magnfica obra El corazn de las tinieblas, y difera multisituado que no es simplemente una
igualmente del continente que hoy vemos salir de pluralidad de localizaciones geogrficos
un largo sueo y trabajar, a travs de movimientos
populares como la Agrupacin Democrtica
sino tambin de posiciones de sujeto
Africana, a favor de su emancipacin. Por ese (pluralidad de localizaciones subjetivas).24
lado as, me veo tentado a creerlo- ha de buscarse
la razn por la que no encontr en ella sino un
Por otra parte, en honor al hasta entonces
fantasma (Leiris, 2007). desconocido legado de autores como
26
En Antropologa e historia, una conferencia Michel Leiris25, o a los ltimos escritos
pronunciada en la Universidad de Manchester
en el 1961, Evans-Pritchard se mostraba rotundo del bien conocido Evans-Pritchard , se
26
al afirmar que la antropologa sin historia no era hizo hincapi en incorporar la historia en
nada, pero que tampoco lo era la historia sin la
antropologa (Evans-Pritchard, 1974). el campo de estudio, pero tambin en la
propuesta experimental y reflexiva que
argumentaba la necesidad de incluir la propia temporalidad del investigador (y no slo
del investigado) en la investigacin y el texto etnogrfico (Fabian, 1983).
20. En la conjuncin de estas renovaciones metodolgicas y conceptuales, en
la definicin del campo y de la relacin objeto/sujeto, se alcanz otro tipo de
objetividad que ya no tena ya nada que ver con la del positivismo, menos an
27
En su conocido texto sobre los conocimientos situados, Donna Hawaray recurre a una metfora visual. La
visin es siempre una cuestin de poder ver. No hay visin pasiva sino traducciones y maneras especficas
de ver, activas, parciales, situadas, que implican algn tipo de violencia. Los conocimientos as situados, dir
Haraway, han de preguntarse con la sangre de quin y qu se han construido mis ojos en su determinacin
especfica. Con ello se aleja del relativismo arte de estar en ningn sitio y todos a la vez- y redefine un
universalismo que tan slo puede proceder mediante traducciones y conexiones parciales que han de ser
crticamente reconocidas y una objetividad que ha de entender que los objetos siempre son objetos activos.
De acuerdo con Sandra Harding en su crtica de la deconstruccin y del relativismo, Haraway apuesta por
una forma afirmativa de objetividad, que a partir de estos criterios enunciados, la refuerzan reconociendo a
su vez sus propias contradicciones y lmites. Ver Haraway, 1995; Harding, 1996.
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con los criterios del realismo naf, sino que se fundamentaba en unos conocimientos
situados y poda enunciarse como una
28
Ver, Clifford, 1999. Prcticas espaciales: el trabajo objetividad fuerte27, enfatizando tambin el
de campo, el viaje y la disciplina antropolgica. En
el ingls el ttulo del artculo vara sustancialmente:
anlisis de la propia produccin del campo
en lugar de trabajo de campo, viaje y disciplina de estudio . Ms tarde, en paralelo a la
28
antropolgica, el subttulo habla de trabajo de atencin por lo que Marcus llamar lo
campo, viaje y localizacin antropolgica. El
ttulo
original del libro es Routes. Travel and Translation para-etnogrfico (lo que de opinin de
in the Late Twentieth Century. Juega con la similitud nativo hay en los discursos autorizados
entre routes y roots proponiendo un cambio
metodolgico y epistemolgico desde las races de los cientficos, de los polticos) , la
29
(lo fijo, la esencia) hacia las rutas o itinerarios legitimidad de lo que poda ser definido
(localizadas en su movilidad).
29
Sobre
lo para-etnogrfico vase Marcus y Holmes,
como campo de estudio etnogrfico
2006. sera de nuevo problematizado. A la
30
Este es el objetivo de los cursos que organiza el desestabilizacin del campo responde
Center for Ethnography que dirige George Marcus en
la Universidad de California, Irvine. Vase su website la propuesta de los para-sitios, esto es,
en http://www.socsci.uci.edu/~ethnog/theme3.htm. momentos (conferencias, seminarios,
Para ms referencias puede leerse su comunicado
Center as Para-Site in Ethnographic Research Projects etc.) que hibridan en un mismo tiempo
en http://www.socsci.uci.edu/~ethnog/theme3.htm. y espacio el acto de la investigacin de
Consulta: 11 de marzo de 2009. campo, la exposicin de lo investigado
y la reflexin sobre las investigaciones30.
Ahora bien, si los acontecimientos imponan la necesidad de redefinir el fieldwork
y su mtodo, y el pensamiento de intermezzo respondi a este reto con nuevas
propuestas, no menos urgente era la tarea de redefinicin de lo extico.
Anthropos y alteridad
21. La raz griega exo hace referencia a lo que est fuera o a lo forneo. En el Real
Diccionario de la Lengua Espaola pueden leerse varias acepciones del trmino.
Una acepcin nos habla de lo extranjero. Otra se refiere a lo chocante y lo
extravagante. La tercera se desplaza hasta Mxico: 3. Mex. Bailarina de cabar.
En ingls el trmino fue introducido en los diccionarios en el 1599. Aqu nos
encontramos con las acepciones que evocan lo forneo, lo extravagante, tambin
las danzas, en un primer momento las danzas flamencas (1599), ahora tambin
el streaptease. Pienso que la acepcin que nos interesa puede guardar alguna
relacin con esto ltimo, con las danzas y el desnudarse, tambin con cierta
acepcin de la alteridad y el anthropos.
22. Ya desde los inicios de la antropologa en el siglo XIX, la alteridad ha sido
uno de sus temas principales. Por supuesto, ha sido siempre definida en funcin
de la figura del central que estudia la antropologa: el anthropos. Decimos anthropos
y no el Hombre, anthropos y no la Humanidad. La antropologa no ha de ser la
ciencia de el Hombre; esto sera limitarla y petrificarla en el tiempo. Sera mejor
retratarla al modo de Rabinow, como ciencia del anthropos, asumiendo para ello
una actitud metodolgica nominalista (partir en nuestra investigacin de que los
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Antn Fernndez de Rota
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universales no existen). El Hombre, deca Nietzsche, est llamado a morir de
risa junto con los antiguos dioses y la gramtica divina31, y aunque sigue siendo
hoy completamente actual, parcialmente est siendo reconfigurado, maquinado,
ensamblado para renacer de distintas maneras. Con el trmino anthropos nos
referimos a una superficie de inscripcin y efectuacin concreta. No hay esencia
aqu que desvelar. Hay que indagar sobre sus reconfiguraciones y caducidades. Su
nica continuidad est tejida de una maraa de muy distintos hilos zigzagueante,
todos ellos descosidos: reinterpretaciones y rearticulaciones de elementos
heterogneos, conceptos y racionalidades cambiantes, prcticas e instituciones,
representaciones y devenires, que se conectan modificando sus trminos,
transformando su consistencia, y
31
La muerte de Dios en Nietzsche es inseparable con ello su sentido y significado.
de la muerte de la gramtica: Temo que no vamos
a desembarazarnos de Dios porque continuamos
Concretamente, partiendo de Rabinow,
creyendo en la gramtica (Nietzsche, 2004:55). con el trmino anthropos me refiero a las
Lo que hay en cuestin es, en fin, el problema distintas producciones, figuraciones y
de la enunciacin y el sujeto. La gramtica nos
anima a pensar que existe un sujeto separado del encarnaciones de lo humano habidas
predicado, anterior al predicado, una enunciacin desde la aparicin de las ciencias
que es efectuada por un sujeto soberano: Historia del hombre, de las ciencias sociales
psicolgica del concepto sujeto. El cuerpo,
la cosa, el todo construido por el ojo, inspira modernas, de las prcticas del biopoder
la distincin entre un hacer y un hacedor; el y gubernamentalidad moderna que
hacedor, la causa del hacer, concebido cada vez
ms sutilmente, finalmente ha dejado un rastro: el
hicieron posible la aparicin de
sujeto en Nietzsche, 2006:46. lhomme, como primera composicin
del anthropos, a finales del XVIII y
comienzos del XIX. Un siglo despus, en el alba del siglo XX, Heidegger
deca que en ninguna poca como en la cual viva se haban atesorado tantos
conocimientos sobre lo humano, y que sin embargo, nunca como entonces se
saba menos qu era eso que se llamaba el Hombre. Tal reflexin la tomaba de
Nietzsche, que a su vez redefina el dios ha muerto de Stirner (1974). Dicha
afirmacin parece tener hoy tanto o ms sentido. Sea como sea, el anthropos y no
el Hombre es lo que ha de estudiar la antropologa.
23. Ser necesario precisar con ms finura qu es eso a lo cual le otorgamos
que bautizamos como anthropos: anthropos sugiere la especfica formacin
de las ciencias humanas: antropologas, logoi, de los humanos en tanto que
seres biolgicos y sociales. Sugiere tambin una orientacin analtica hacia la
maleabilidad, la especificidad, y la historicidad de las formas de vida constituidas
a travs de estas finitudes (Collier y Ong, 2005). Si bien la historia del anthropos
comienza con la Modernidad, desde los finales del XVIII han sido varias sus
mutaciones. Rabinow habla de tres tipos distintos: el anthropos en tanto que
lHomme, el anthropos como la Humanidad de los derechos humanos, y una
tercera figura emergente: el anthropos como sistemas vitales? (Rabinow, 2006).
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A grandes rasgos, sin duda demasiado toscos, podramos hablar de otras tres
grandes formas de aproximarse a la alteridad. No hay aqu una simetra perfecta
ni tampoco una correspondencia estructural limpia, ntida y coherente con la
tipologa de Rabinow. Se trata de otro aspecto que no obstante dialoga y atraviesa
las figuras cambiantes del anthropos. Podramos resumirlas de la siguiente manera:
primero, la alteridad como desenvoltura; segundo, la alteridad como intercambio;
tercero, la alteridad como advenimiento del afuera. O dicho de otra manera,
y pensando en la arqueologa de los discursos etnogrficos: la alteridad como
mismidad cronolgicamente diferenciada; la alteridad como intercambio (a partir
de la mismidad); y la alteridad como lo extico.
24. Rabinow toma la expresin lHomme de Michel Foucault. En cierto sentido,
y con sus matices pertinentes, esta sera la figura del anthropos de la que hablaban
Stirner, Nietzsche y Heidegger. En Las palabras y las cosas Foucault (2006)
distingua tres epistemes que se volvan dominantes en tres momentos histricos.
De hecho, Foucault hablaba entonces de pocas: la renacentista, la poca Clsica
y la Modernidad 32. En la filosofa
31
La muerte de Dios en Nietzsche es inseparable Descartes sera la figura emblemtica
de la muerte de la gramtica: Temo que no vamos
a desembarazarnos de Dios porque continuamos
de lo Clsico y Kant la bisagra hacia el
creyendo en la gramtica (Nietzsche, 2004:55). anthropos Moderno. En el Renacimiento
Lo que hay en cuestin es, en fin, el problema y la poca Clsica la humana conditio
de la enunciacin y el sujeto. La gramtica nos
anima a pensar que existe un sujeto separado del esta compuesta y era pensada a travs
predicado, anterior al predicado, una enunciacin de la forma-dios. El hombre deba
que es efectuada por un sujeto soberano: Historia interpretar los signos del orden del
psicolgica del concepto sujeto. El cuerpo,
la cosa, el todo construido por el ojo, inspira mundo o medir las representaciones
la distincin entre un hacer y un hacedor; el de su orden, un orden que no creaba.
hacedor, la causa del hacer, concebido cada vez
ms sutilmente, finalmente ha dejado un rastro: el
Descartes tena que recurrir a Dios
sujeto en Nietzsche, 2006:46. para desbaratar la hiptesis maligna.
33
Las Meninas son utilizas por Foucault, Crary, El anthropos no era objeto de reflexin
Mitchell Alpers y Elias (apoyado ahora por los anlisis
radiogrficos de Nash y Brown) para pensar acerca en cuanto tal, lo era la forma-dios. La
del interface de transicin entre dos epistemes, las geometra Spinoziana y la monadologa
cuales coexisten dificultosamente dentro del cuadro. Leibniziana todava dibujaban una
() Para Svetlena Alpers, el cuadro dialoga entre dos
estilos regionales de ver/pintar, el descubrimiento figura-dios de lo humano ajena a la
italiano del esbozo de la perspectiva, de ver el mundo forma-hombre que define el anthropos
como si fuese mirado a travs de una ventana; y
aqul del mapeo holands que ve el mundo como
(Deleuze, 2003). Entre ambas formas,
una superficie llena (). Para Elias, la pintura dialoga se sitan Las Meninas de Velsquez
entre el ego aislado cartesiano y una subjetividad ms como una expresin de intermezzo. Esto
moderna constituida por una serie de tcnicas de
distanciamiento y mediacin, aprendiendo a mirarse es lo que interpreta Foucault. No es el
a s mismo como los otros lo ven a uno, en el proceso nico. Norbert Elias y Svetlana Alpers,
civilizatorio de separacin y auto-concienciacin de entre otros, se han servido del cuadro
ser un self social (Fischer, 2003:314).
para interrogar al intermezzo33. En Las
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Meninas hay un pintor, el propio Velzquez, que est mirando al lienzo donde el
cuadro es representado, y que da la espalda al espectador. El espectador ocupa la
misma posicin que el modelo del cuadro, un modelo que no hubiese aparecido
retratado en ninguna parte si no fuese por una grcil luz que desciende desde
una ventana hasta el espejo, aquel que el modelo y el espectador tienen enfrente,
en el fondo de la habitacin. Se ve reflejado ah el modelo del cuadro, ocupa la
misma posicin que el espectador, el modelo es el rey, el soberano, iluminado
junto a la reina por una luz que atraviesa el cristal e ilumina el espejo para
producir la representacin; un rayo que no se ve de dnde viene. Las meninas
habitan un intermezzo, un lugar que suspende lo clsico e insina los elementos
del por-venir moderno, es decir, la era del Hombre (lHomme), aquella en la
cual la representacin se vuelve opaca. Esta forma de conocimiento tiene sus
lmites. Cuando el hombre es tomado como ser finito, fuente y productor de sus
propios saberes, hay algo que permanece impensado, que no se logra representar.
Las meninas articulan un complejo juego de representaciones, pero el pintor que
tenemos en frente est inmvil, no puede pintar. Se dira que nos muestra con
su pasividad el lmite de la que ser la episteme moderna: no se puede representar
la representacin, no se puede representar el acto de la representacin. Lo
impensado en la modernidad ser el lHomme. El trabajo, la vida y el lenguaje, en
el discurso de la economa poltica, la biologa, la lingstica, son tomados como
positividades, son historizados como elementos explicativos de lHomme, una
figura que, en el paso de la metafsica de la infinitud a la analtica de la finitud,
queda deshistorizado, localizado en el espacio vaco de la representacin.
LHomme es en esta episteme la finitud que queda sin historia, a pesar ser el objeto
y sujeto de la misma, protagonista irrepresentable de una historia, su historia
(his-story), justificante y justificador de la misma, objeto y sujeto al mismo
tiempo, pero sin historizar, sumergido en una profunda opacidad.
25. Con tales argumentos Rabinow se vuelve hacia la antropologa. Encuentra
la figura del lHomme en Franz Boas y en los estudios de cultura y personalidad
(Ruth Benedict, Margaret Mead). Tambin en el estructuralismo de Lvi-Strauss,
en los marxistas y su teora del trabajo, los simbolistas y sus formas simblicas
neo-kantianas, y en los neo-hegelianos con su idea del Volk y el Geist (Rabinow,
2006). Foucault analiza la figura moderna de lHomme. Con su aparicin lHomme
se convierte paradjicamente en el objeto y sujeto de su propio conocimiento
y organizador del espectculo en el cul l mismo aparece. Con la emergencia
de lHomme se da entonces una inversin sorprendente: a partir de su limitacin
y finitud reclama el conocimiento total precisamente en virtud de sus propias
limitaciones (Rabinow y Dreyfus, 2001). Foucault realiza una arqueologa
del lenguaje, de la vida y del trabajo para ver cmo tales conceptos hicieron
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emerger de un lienzo en blanco la figura finalmente irrepresentable hundida en
las profundidades del sujeto. As, por ejemplo, si en la poca Clsica la riqueza
estaba unida a la representacin de las grandes positividades (la moneda-y-Estado
para los mercantilistas; la tierra-y-Estado para los fisicratas), la Economa
Poltica moderna realiz una inversin radical: la riqueza quedaba unida al
sujeto a travs de un nuevo concepto, el de la produccin que converta al
trabajo cualidad genrica de la especie, un semi-trascendental del sujeto que lo
acota en su finitud y colocaba al anthropos en el vaco de representacin que deja.
Dir Deleuze que se trata de una especie de conversin kantiana a nivel de la
economa poltica (Deleuze, 2005). Se dira que las palabras y las cosas bailan
en metamorfosis alrededor del intermezzo y el acontecimiento; lo que baila, en
fin, es el propio anthropos. Y ms all de aquel intermezzo en la antropologa Lvi-
Strauss nos acerc a otro nuevo. Por supuesto, su racionalidad universal ya no
es como aquella de la cual hablaba Spinoza, es decir uno de los infinitos modos
de conocimiento pertenecientes a Dios (el Ser) y con el cual el hombre se
reconoca en su eternidad. Con Lvi-Strauss la propia ley universal que define
a lHomme como tal es definida a su vez por la propia ley de su pensamiento. El
crculo se cierra con y en lHomme. Ahora lo que habla ya no es tanto el sujeto
sino algo ms ntimo, pero no lo hace tampoco como en Kant. Parece hallarse
suspendido entre dos mundos. Sobre ello volveremos.
26. La figura de lHomme est presente en los escritores evolucionistas del siglo
XIX: Bachofen, Morgan, Tylor. Parten del legado de la primera antropologa de
las razas. Como en aquella, la alteridad es entendida como una mismidad diferida.
Se trata de modelo pensado por desenvoltura, como una semilla que germina y
evoluciona por distintos pasos cronolgicos, las etapas de su ciclo vital, un
Hombre que evoluciona ahora desplegando primero un tallo, luego una flor
o el nacimiento del mercado, de la Ley, las clases, el Estado-, pero siempre
sobre una materia igual a s misma desde el origen (la semilla de lHomme).
La alteridad, el otro, es marcado en el proceso de desenvoltura, en este caso
una desenvoltura progresiva y teleolgica. Para el civilizado el otro puede ser
el salvaje o el brbaro, pero siempre es un pasaje en una misma esencia, la
especie, una unidad psquica que en la simultaneidad del tiempo distribuye
distintas posiciones en el cronograma de la desenvoltura teleolgica, un acto
que ha de pasar a otro acto sin suspensin del orden de las palabras y las cosas
en el anthropos; un nico guin evolucionista que evita (deja pasar) las danzas
del anthropos en el intermezzo. As es pensada la alteridad como marca de una
posicin en el cronograma, como punto dentro de la lnea hacia la cual circula
a distintas velocidades lo mismo. Los neo-evolucionistas del XX no hicieron ms
que ramificar los guiones con los que se escriba his-story.
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27. En Lvi-Strauss, en cambio, sobre la base de una semilla comn de la
cual sale un tronco que se ramifica (las estructuras mentales universales)34, la
alteridad pasa de la evolucin a la circulacin. La produccin del anthropos se
desplazaba hasta el intercambio. La alteridad se produce siempre a partir de
una relacin de mismidad que puede
34
Un primer tipo de libro es el libro-raz. El ser rearticulada, como en Baudrillard,
rbol ya es la imagen del mundo, o bien la raz
un comn compartido y ya presente
es la imagen del rbol-mundo. Es el libro clsico
como bella interioridad orgnica, significante y (por un lado el intercambio de
subjetiva (los estratos del libro). El libro imita al mujeres, por el otro la reversibilidad
mundo, como el arte a la naturaleza [] La ley del
libro es la reflexin, lo Uno que deviene Dos []
del comn en la seduccin y mediante
La lgica binaria es la realidad espiritual del rbol- la implosin, respectivamente en
raz. Incluso una disciplina tan avanzada como la Lvi-Strauss y Baudrillard). Este tipo
lingstica conserva la imagen de base ese rbol-raz
que la vincula a la reflexin clsica, (Chomsky y
de alteridad puede ser expresada a
el rbol sintagmtico que comienza en un punto travs de enunciados muy diferentes.
S y procede luego por dicotomas). Ni que decir Desde una perspectiva distinta, el
tiene que este pensamiento jams ha entendido la
multiplicidad: para llegar a dos, segn un mtodo
interaccionismo simblico de Erving
espiritual, necesita presuponer una fuerte unidad Goffman suscribe su propia versin
principal (Deleuze y Guattari, 2004). de la alteridad como intercambio (a partir
de la mismidad). Inspirado en Goffman,
Fredrik Barth escribi en el 1969 un influyente ensayo sobre la etnicidad, sus
lmites y sus fronteras (Barth, 1976). Para Barth la etnicidad se produce en la
interaccin. La diferencia es construida en relacin con el otro, con lo que el
otro no es, y lo que el nosotros es, resaltando elementos diacrticos, pero siempre
sobre un comn compartido (lo que se comparte en una interaccin que no
es sino un intercambio, aquel comn a partir del cual es posible distribuir los
diacrticos). Si el otro ya no es nosotros lo es slo porque el Uno implica al otro. El
otro est dentro del Uno haciendo posible pensarlo como otro: si los pathanes
no son punjab es porque seleccionamos unos rasgos que nos diferencian, que
construyen lmites, pero los lmites se construyen declinando lo comn en clave
de diferencia; un diacrtico en lo compartido, pues los punjab no son tales sin
los pathanes. Un punjab ha devenir pathan, ha de captar los cdigos y afectos
del pathan para diferenciarse de ellos, y viceversa. La alteridad se produce en
un bloque de devenir compartido, pero no parece haber sitio para lo extico, lo
innombrable, lo impensable y el advenimiento del por-venir; no hay sitio para
el afuera. Muy al contrario de lo que Deleuze y Guattari intentan expresar con
el concepto del devenir, este bloque se convierte en una dialctica. No parece
haber nada que llegue desde fuera de los trminos de la relacin. Aunque carente
de teleologa, observamos aqu otra versin de la dialctica de la mismidad y
la diferencia. Y la dialctica es un falso movimiento. Lo que caracteriza a la
dialctica es que en la antitesis ya est implcita la sntesis (los muchos estn
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implcitos en el Uno)35. Por lo dems, aqu la alteridad remite al revestimiento
del anthopos, nunca a la propia produccin del anthropos, ste simplemente queda
impensado: no se puede representar el acto de la representacin. Desde estas
posiciones la alteridad se mide en el reflejo, con la mirada del espejo, se mira de
un lado u otro del espejo, desde los diacrticos que diferencian en la interaccin
compartida o con las estructuras secretas que nos diferencian sobre la base de lo
mismo, pero siempre es una cuestin de mirarse al espejo. Con ello se pierden de
vista los lmites absolutos: aquello que termina por golpear en el filo del espejo
sacudiendo la representacin y su reflejo. Por esta razn estas alteridades no
pueden ser ms que relativas (al espejo) y nunca absolutas (afuera del espejo).
28. En los aos setenta Marshall Shalins abandon el neo-evolucionismo. En
1985 escribi Islas de Historia (Sahlins, 1998). Estaba muy influenciado por el
estructuralismo, y a su pesar, tambin por el postestructuralismo. En Islas de
Historia se plantea la relacin entre acontecimiento y estructura a propsito del
primer encuentro entre los hawaianos y los ingleses en el siglo XVIII. Hablaba
en el lenguaje del estructuralismo: como el man para Lvi-Strauss, en el sexo
de los hawaianos se hallara el significado flotante que engarza todas las series
culturales. Pero a partir del propio Lvi-Strauss la estructura mental que ste
defenda pareca comenzar temblar. Tras la publicacin de Islas de Historia Sahlins
protagoniz una conocida polmica con un antroplogo cognitivista. Obeyesekere
defenda la universalidad de lHomme, una nica racionalidad universal, etc. Sahlins
ejemplificaba en las islas hawaianas del XVIII la existencia de racionalidades
distintas. El acontecimiento planeaba sobre Hawaii, y Sahlins a momentos parece
tentado de subirse encima, pero el peso de la estructura le impide volar, tampoco
logra ver a los hawaianos ms all del esquema mi isla, mi tribu. Fuese como
fuese, el vuelo del acontecimiento llegaba de tierras lejanas, enfrentado fuerzas,
poder y resistencia, visibilidades y decibilidades dispares. Desde tierras lejanas
35
Como sostiene Deleuze, podramos decir que la anttesis est implcita en la sntesis, y los muchos en
lo uno, en tanto que el S mismo es uno (tesis) y es mltiple (anttesis), y la sntesis viene como unidad
de lo mltiple. Deleuze considera que ste se trata de un falso movimiento. Desde un punto de vista neo-
escolstico (principio de que un efecto no puede tener ms realidad que su causa), aproximndonos a la
crtica de la dialctica platnica y hegeliana que realiza Bergson y Deleuze reinterpreta, podramos decir
lo siguiente: Para que el ser sea necesario, la causa ontolgica fundamental debe ser interna a su efecto.
[] Si bien el mecanismo y el platonismo lograron concebir la diferencia, slo llegaron a las diferencias
contingentes (per accidens); la concepcin de Bergson de la diferencia interna nos lleva a reconocer las
diferencias sustanciales (per se) en Hardt, 2004:43-45. Segn Deleuze y Hardt, en Bergson la cosa difiere
de s misma primero, de modo inmediato, mientras que en Hegel la cosa difiere de s misma porque
primero difiere de todo lo que no es (el esquema tesis-anttesis-sntesis, o la produccin del devenir en el
paso del ser por el no-ser). Hardt concluir que este movimiento dialctico no puede ser sino falso. Con
Bergson sostiene que el ser en general, el no ser en general, lo Uno en general y lo Mltiple en
general son todos ellos ropajes demasiado amplios. El movimiento dialctico es falso ya que no puede
ms que implicar una caus per accidens, y ya que lo singular nunca podr alcanzarse corrigiendo una
generalidad por otra (Deleuze, 2004:52).
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Volver a lo extico de nuevo
nos aproximbamos entonces a lo extico, pero hay que advertirlo: lo extico no
ha de recorrer grandes travesas para llegar hasta el filo del espejo y atravesar los
primeros planos que se reflejan. Lo extico est mucho ms cerca. Se dira que
demasiado cerca, que realmente el problema es ese, que uno ha de ser indiscreto,
ya que es algo demasiado ntimo. Ms ntimo que yo mismo. Paradjicamente,
para poder ver lo que est tan cerca hace falta mirar lejos. Nietzsche lo ha dicho
a su manera: Se desaprende a conocer a los hombres cuando se vive entre ellos:
demasiado primer plano hay en todos los hombres, -qu tienen que hacer all los
ojos que ven lejos, que buscan lejanas! (Nietzsche, 1999).
As habl Zaratustra
29. Lvi-Strauss crey encontrar aquel tomo elemental, respuesta al dilema
central de la antropologa. El estructuralista llegaba de tierras lejanas con el
mtodo adecuado para el objetivo de su alquimia. Al fin haba hallado las leyes
de lHomme. El estructuralismo pareca ser la respuesta. LHomme, ahora ms
all del yo, se reconciliaba con su unidad de especie ms ac del yo: la estructura
y no el cogito es el sujeto de enunciacin; el yo es su enunciado. Llegamos aqu
a la preparacin de otro intermezzo. En sus bailes ahora se pinta sin invocar al
pintor; el problema de Las meninas resuelto. Pero su proyecto finalmente se
hundi en el ocano de los tristes trpicos. Aunque, bien pensado, esta aguas
tal vez no fuesen tan tristesEl dios finito de Lvi-Strauss vs. la humanidad
divina de Spinoza; Lvi-Strauss contra el mayor de los ateos, Nietzsche; y la
venganza de los muertos de nuevo: Los viejos dioses hace mucho tiempo, en
efecto, que se acabaron: - y en verdad, tuvieron un buen y alegre final de
dioses! / No encontraron la muerte en el crepsculo, -sa mentira que
se dice! Antes bien, encontraron su propia muerte - rindose! / Esto ocurri
cuando la palabra ms atea de todas
36
Foucault explica del siguiente modo este pasaje fue pronunciada por un dios mismo,
nietzschiano: lo que se afirma no es tanto la
ausencia o la muerte de Dios, sino el fin del hombre
-la palabra: Existe un nico dios!
(este desplazamiento mnimo, imperceptible, este No tendrs otros dioses junto a
retroceso hacia la forma de la identidad que hacen mi - / un viejo dios urao, un dios
que la finitud del hombre se haya convertido en su
fin); se descubre entonces que la Muerte de Dios y celoso se sobrepas de este modo: - /
del ltimo hombre han partido unidos: acaso no Y todos los dioses rieron entonces,
es el ltimo hombre el que anuncia que ha matado
a Dios, colocando as su lenguaje, su pensamiento, se bambolearon en sus asientos y
su risa en el espacio del dios muerto, pero dndose gritaron: No consiste la divinidad
tambin como aquel que ha matado a Dios y cuya
existencia implica la libertad y la decisin del precisamente en que existan dioses,
asesinato? As, el ltimo hombre es a la vez ms viejo pero no dios? El que tenga odos,
y ms joven que la muerte de Dios; dado que ha
matado a Dios, es l mismo el que debe responder
oiga (Nietzsche, 1999:260). En efecto,
de su propia finitud; pero dado que habla, piensa y as habl Zaratustra a propsito de
existe en la muerte de Dios, su asesino est avocado los intermezzos. Lo intempestivo o el
l mismo a morir (Foucault, 2006:373).
pensamiento de intermezzo36.
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Lo extico y el exoticismo
30. Llegados aqu es necesario terminar por definir el concepto de lo extico, y
para eso volver a Las palabras y las cosas. Pero, antes que nada, el diccionario
tiene que rendir cuentas. Lo extico no tiene nada que ver con lo chocante ni
lo extravagante, por mucho que lo extico puede producir estos efectos en
quien no tenga odos, o no quiera or. Lo extico tampoco tiene nada que ver
con el exoticismo. Bien conoce la antropologa este recurso. El exoticismo fue
inteligentemente criticado por Edward Said (2002). En cierto sentido, lo que
expone el argumento central de Orientalismo puede ser ledo como una crtica
de cierta estrategia en torno a la alteridad leda como intercambio (a partir de la
mismidad). El exoticismo crea encontrar lo extico en sus otros, los primitivos, los
salvajes, los marginales. Pero hay que cambiar el signo para entender a qu nos
referimos aqu con lo extico. La tarea tiene unas magnitudes considerables. Se
trata de un reto de tipo nietzschiano. Debe transmutarse el valor, una completa
inversin: lo extico no son los objetos de la antropologa, lo extico es la antropologa.
31. Creo hallar esta idea, aunque no sea con las mismas palabras, en la obra de
Foucault. En el captulo final de Las palabras y las cosas habla de la antropologa y
el psicoanlisis. Dice que estas ciencias ocupan un lugar privilegiado en nuestro
saber, y esto es as porque en los confines de todos los conocimientos sobre el
hombre [lHomme], forman con certeza un tesoro inextinguible de experiencias
y de conceptos, pero sobre todo un perpetuo principio de inquietud, de poner
en duda, de crtica y de discusin de aquello que por otra parte pudo parecer ya
adquirido (Foucault, 2006). Hgase notar que hablamos de los lmites del espejo.
Lo que caracteriza a tales ciencias es la funcin crtica que ejercen en el espacio
general de la episteme, dice Foucault, y las llama contra-ciencias. Apuntando
hacia el inconsciente, el psicoanlisis desbordaba lo irrepresentable esbozando los
contornos de sus fronteras37. Por su parte, de la antropologa dir Foucault que
franquea el espacio de lHomme y dibuja los contornos de lo impensado al colocarse
en lo que nombra como historidad. Este argumento resulta extrao. Tngase en
cuenta que est escribiendo en el ao 1966, justo cuando van a despegar en la
antropologa aquellas revoluciones crticas de las que he estado hablado. Hasta
aquel entonces la antropologa era bsicamente la ciencia sincrnica de los
pueblos sin historia. Por lo dems, Foucault realiza otra inversin: a pesar de
lo que pudiera parecer, dir Foucault que la antropologa no interroga al hombre
(lHomme) como tal, sino otra cosa distinta. Si no era el estudio de lHomme lo que
haca de la antropologa una contra-
37
Para una crtica del psicoanlisis, de su idea del ciencia, qu era esa otra cosa que
inconsciente como teatro de representaciones y
una apuesta por el inconsciente productivo, sin estudiaba y cmo es que se situaba
duda ms en lnea con la nocin de lo extico que en la historicidad? Dice Foucault: la
aqu se propone, vase Deleuze y Guattari, 2004. antropologa, como el psicoanlisis,
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Antn Fernndez de Rota
Volver a lo extico de nuevo
interroga no al hombre mismo, tal como puede aparecer en las ciencias humanas,
sino a la regin que hace posible en general un saber sobre el hombre, lo mismo que
el psicoanlisis atraviesa todo el campo de ese saber en un movimiento que tiende
a alcanzar sus lmites (Foucault, 2006). La etnografa, al menos cierta etnografa,
lo haca acercndose a las singularidades sociales y culturales, mantenindolas
como singularidades, y oponindolas a las grandes positividades de lHomme (la
vida, la necesidad y el trabajo, el lenguaje). As sale a luz el fundamento de esta
deriva histrica en el interior de la cual toman su validez las diferencias ciencias
humanas y pueden ser aplicadas a una cultura dada y sobre una playa sincrnica
dada (Foucault, 2006:366-367). An en una playa sincrnica, la antropolgica
interrogaba la historicidad del propio Homme. Lo extico est aqu, al fin. Al
final de lHomme. Lo extico no est bajo las palmeras ni en las dazas flamencas,
sino en lo impensado de las epistemes, produciendo un efecto de streaptease de las
certezas, desnudndolas. He aqu el exoticismo que quisiera reivindicar y al cual
deseo volver de nuevo. Tal funcin del pensamiento antropolgico puede servir para
explicar la amplia repercusin que tuvo la antropologa en el resto de las Ciencias
Sociales durante su Edad de Oro. No era slo que el lector se acercase a ella atrado
por el exoticismo de lo chocante, lo lejano, etc. Las ciencias sociales crticas
encontraban en la antropologa una fuente inagotable de recursos que cuestionaban
las propias epistemes de las que hablaba las Ciencias, para comprender as cmo haba
sido elaborado el espejo. En tanto que contraciencia, cuando funcionaba como
contraciencia, lo extico era la antropologa.
32. Claro que empezar de nuevo no es retomar un asunto justo donde lo habamos
dejado. Por eso lo pertinente de la cita de Tiqqun que encabeza este ensayo:
porque no es el pasado lo que nos empuja, sino precisamente lo que en l no ha
advenido. Y por supuesto, no podemos quedarnos en el entre de las palabras y
las cosas. Rabinow y Dreyfus (Rabinow y Dreyfus, 2001) sostienen que hay un
salto cualitativo en la obra de Foucault y que va desde la arqueologa a la genealoga.
La arqueologa de las palabras y las cosas camina entre los acontecimientos
centrndose en el estudio de los discursos. En la genealoga los discursos se
piensan a la luz de las prcticas. De hecho, dir Deleuze, en este ltimo Foucault
existe una primaca del poder sobre el saber (Deleuze, 2003:111). El pequeo
ensayo Nietzsche, la genealoga, la historia (Foucault, 2004) seala el paso de una
metodologa a otra. Y an con este salto, habra que concluir con el propio
Foucault que existe un cierto hilo que recorre toda su obra. Al final de su vida
Foucault advierte que sus escritos han perseguido un mismo inters: no es el
poder, sino el sujeto, el tema general de mi investigacin (Rabinow y Dreyfus,
2001:242). Lo que le interesa a Foucault es cmo se produce el sujeto; cmo en
un momento dado aparece una y no otra figura del anthropos. Con la arqueologa
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rastrea los discursos y los enunciados. La genealoga entrecruza el poder y el saber
en el anthropos. Pone en relacin, e incluso subordina, las formas y los contenidos
cambiantes de lo visible y decible (saber) a las modulaciones y las potencias
informadas de las prcticas. En sintona con el poder constituyente de Antonio
Negri38, o con la relacin de los planos molares y moleculares propuesta por Deleuze
y Guattari39, podra decirse que Foucault tambin subordina las prcticas del
poder (integracin en diagramas) a la inestabilidad del afuera, y ms concretamente,
a lo que adviene como nuevas resistencias. Dir Deleuze que en Foucault lo que
va primero es realmente la resistencia, esto es, la resistencia en tanto que fuga,
desestabilizacin y potencia creativa que remueve las prcticas de integracin del
poder. Es conocida aquella mxima foucaultiana que afirma que el poder, tanto
o ms que reprimir, lo que hace es producir. No reprime ninguna esencia sino
que produce las propias esencias.
Sin embargo, el poder es productivo
38
Hemos invertido el cuadro dentro del cual
juristas y constitucionalistas, no slo socilogos y tan slo a posteriori. Viene despus. El
polticos perversos, nos dan la definicin del poder poder se ejerce, dice Foucault, pero su
constituyente. Esto no viene despus de lo poltico,
como en una atormentada pausa sociolgica, en
ejercicio es una praxis de integracin
una suspensin de lo real institucional, ni puede en los diagramas del poder, en lo que
ser reducido a un extemporneo Blitz de la voluntad Deleuze llama instituciones, con las
colectiva () No, el poder constituyente viene antes,
es la definicin misma de lo poltico, y all donde categoras molares que las definen.
es retomado y excluido, lo poltico se reduce a pura Por eso la resistencia viene primero.
naturaleza mecnica, a enemigo y a poder desptico.
Un poder poltico sin poder constituyente es como
Lo que ella desestabilizada debe ser
una empresa sin beneficios, sin el trabajo vivo de la integrado. Lo que adviene en nosotros
innovacin y el enriquecimiento de la productividad es un inestable, agitado y cambiante
(Negri, 1994: 408-407).
39
Lo molar es definido por estos autores como el reino afuera, tejido por relaciones de fuerzas
de las representaciones, individuales o colectivas, informadas, potencias e intensidades
cortadas por mquinas molares que dividen las
categoras en pares binarios a partir del tronco de una que se combaten continuamente.
Unidad primera que es tambin una representacin De ah que la cuestin sea al fin el
(hombre/mujer a partir del sexo, por ejemplo). Lo preguntarse tanto por el saber que
molecular est compuesto por deseo, afectos, flujos e
intensidades, como los devenir-mujer del hombre compone el anthropos en un momento
que ya no son representaciones sino capturas de dado, como por el poder y la resistencia.
afectos que fluyen y exceden los moldes binarios. Ha
de comprenderse que el deseo no es para estos autores La genealoga foucaultiana concluye
algo que surja a posteriori o que apunte hacia algo de lo que no basta con estudiar los discursos.
que se carece. El deseo es siempre productivo: desear
algo es articularlo de alguna manera, producirlo,
Para aprehender las transformaciones
mientras que la representacin es lo que viene despus d e l a n t h r o p o s ( h i s t r i c a s y
para cortar el deseo y contenerlo en sus moldes co n t e m p o r n e a s ) , e s n e c e s a r i o
representativos. Para un anlisis de las semejanzas
entre esta teora, la de Negri y la de Foucault, vase atender a las transformaciones de las
Fernndez de Rota, 2008. racionalidades del poder y la resistencia,
sus diagramas e instituciones.
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Antn Fernndez de Rota
Volver a lo extico de nuevo
Redefinicin de lo extico
33. Resumo a continuacin la definicin que estoy proponiendo:
Lo extico no tiene nada que ver con aquel exoticismo que acert a criticar
la antropologa reflexiva y los estudios postcoloniales. No tiene nada
que ver ni con la romantizacin ni con la colonizacin del otro. Hay que
invertir los trminos del exoticismo, modificar el concepto de alteridad
e ir ms all de los modelos del despliegue y el intercambio: lo extico
es la antropologa cuando la antropologa funciona como contra-ciencia.
Lo extico es lo otro que adviene y adentra al s mismo en un intermezzo. La
alteridad que propone no puede pensarse ni como la cronicidad de una
esencia compartida ni en el intercambio sobre lo compartido. Situado al fin
en el intermezzo y lo emergente, la alteridad de lo extico no es una alteridad
relativa (al juego de los espejos), sino absoluta, una reconfiguacin del
anthropos que adviene desde el afuera. Lo extico tampoco puede definirse
en funcin de lo chocante o lo extravagante, en todo caso stos pueden
ser sus efectos, pero lo extico no tiene necesidad de ellos; todo depende
del odo: quien tenga odos, oiga. En cierto sentido este extico guarda
relacin con lo ajeno y lo forneo. Pero no porque venga de lejos sino
porque est demasiado cerca: ms ntimo que yo mismo. La alteridad de
lo extico es la transformacin del anthropos que puede ser aprehendida
en el intermezzo. Cuando sto es entendido no puede dejarse pasar el
acontecimiento: el intermezzo se vuelve productivo. Siempre es una cuestin
de produccin, y por tanto requiere de la elaboracin de nuevos conceptos
y nuevas metodologas. Por fin, en cuanto que inseparable del afuera, del
saber y la resistencia que adviene, es tambin inseparable de la cuestin del
poder constituyente. En definitiva, no existe lo extico sin el antagonismo, y si
adviene, adviene por gracia de la resistencia.
Un ejemplo de aplicacin: el A.R.C.
34. No invento absolutamente nada con estas reflexiones. Dentro de lo que
aqu se expone entrara un largo nmero de obras ms o menos recientes. No
slo en la antropologa, por supuesto, sino en mltiples campos distintos. Para
ejemplificar la propuesta expondr unos ejemplos que indagan a propsito de
las transformaciones habidas en uno de los ejes de las epistemes modernas con
la que Focault defina a l`Homme, esto es, la vida, y ms concretamente, la vida
especficamente biolgica. Tambin sobre las transformaciones en una de las
prcticas que segn Foucault efectuaban esta figura del anthropos: el biopoder.
Podramos citar aqu un largo nmero de trabajos antropolgicos, por ejemplo:
las propuestas de Donna Haraway a propsito de la reconfiguracin cyborg del
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anthropos o de las recombinaciones co-evolutivas de las especies (Haraway, 2004);
aquella revisin del primer volumen de la Historia de la sexualidad de Foucault
que realiz Ann Stoler en Race and the education of the desire (Stoler, 1995); el
Dolly Mixtures de Sarah Franklin (Franklin, 2007); Emergent Forms of Life and the
Anthropological Voice de Michael Fischer (Fischer, 2003); o Biocapital: The constitution
of postgenomic forms of live de Kaushik Sunder Rajan (Rajan, 2006). Tambin el
proyecto del Anthropology of the contemporary Research Colaboratory (ARC)40.
Tal y como han sido definidos los trminos, considero que estos libros citados,
as como la propuesta del ARC, pueden entenderse como una vuelta a lo extico
de nuevo y como una alternativa fuerte de renovacin disciplinar. Unas notas sobre
el ARC me permitirn ejemplificar la praxis de una antropologa de lo extico.
De igual modo, el enfoque sobre la labor del ARC me permitir volver sobre la
recombinacin de lo movimentstico con la produccin de conocimientos.
35. El ARC es un colaboratorio multiemplazado: Berkeley, New York, San Diego
y Rice. Sus directores son Paul Rabinow, Stephen Collier, Andrew Lakoff, James
Faubion, Christopher Kelty y Gaymon Bennett41. Trabajan en estrecha relacin
con otros proyectos experimentales, como el Center for Ethnography que dirige
George Marcus en la University of California, Irvine42, o el centro de investigacin
BIOS de la London School of Economics (en el cual participan Sarah Franklin
y Nikolas Rose43). Con el fin de superar las metodologas monosituadas y el
modelo de investigacin individualista que por largo tiempo ha predominado
en la antropologa, en paralelo a un amplio conjunto de proyectos en curso que
proponen modelos de produccin de conocimientos colaborativos (Lassiter,
2005), los miembros del ARC enfatizan la necesidad de estudiar colectivamente
los objetos contemporneos (grandes, multi-dimensionales y altamente fluidos), a
travs de modos que sean apropiados para su complejidad y volatilidad (Rabinow,
2006:18), esto es, creando y diseando colaborativamente los conceptos y
las investigaciones, produciendo en comn para poder aprehenderlos en sus
mltiples dimensiones, temporalidades y espacios.
36. Lo contemporneo es uno de los conceptos que han elaborado. Este trmino
puede servir tanto para identificarse
40
http://anthropos-lab.net/ con como para diferenciarse de lo
Puede leerse una lista completa de los diecinueve
moderno. Se podra diferenciar de
41
miembros del ARC, as como de las instituciones y
grupos con los que estn coordinados, en http:// lo moderno del mismo modo que la
anthropos-lab.net/network/individuals. Consulta: msica contempornea se diferencia
21 de febrero de 2009.
42
http://www.socsci.uci.edu/~ethnog/
de la clsica. Pero la relacin es ms
43
http://www.lse.ac.uk/collections/BIOS/ compleja. Definen lo contemporneo
como una proporcin en movimiento,
que se mueve entre el pasado reciente y el futuro cercano en un espacio (no-
lineal) que calibra la modernidad, entendiendo por modernidad un ethos que se
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est convirtiendo en algo ahora histrico (Rabinow, 2008:2). En definitiva, lo
que estudian son las transformaciones del anthropos, la pervivencia de lHomme y
la Humanidad, pero sobretodo la emergencia de una nueva figura del anthropos, a
la cual, de igual modo que los autores citados en el punto 35, intentan ponerle un
nombre, aunque sea un nombre parcial. Para aproximarse a esta reconfiguracin
parcial del anthropos contemporneo el ARC estudia los grandes objetos, y testea
un concepto que intenta aprehender esta emergencia: la redefinicin del anthropos
y el socius44 en los trminos de los sistemas vitales.
37. James Faubion seala que a lo largo de las ltimas dos dcadas se ha producido
un giro disciplinar hacia la antropologa
44
Ver nota 4. de los objetos (como en el trabajo de
Arjun Appadurai (Appadurai, 1988)
sobre la vida social de las cosas, o de Daniel Miller (1987) con su antropologa
de los objetos de consumo). Un evento significativo que propici la creacin
del ARC fue la celebracin del workshop Oikos and Anthropos: Rationality,
Technology and Infraestructura (Praga, 2002), a partir del cual se publicara
la obra colectiva Global Assemblages (Ong y Collier, 2005:12). Los ensamblajes
son los grandes objetos a los que se aproxima ARC. En la introduccin del
libro, Aihwa Ong y Stephen Collier definen el ensamblaje como un producto
de mltiples determinaciones que no son reducibles a una nica lgica. Los
ensamblajes son compuestos heterogneos, contingentes, inestables, parciales y
situados. Analticamente poseen una temporalidad emergente, ya que, aun cuando
no siempre implican la elaboracin de formas nuevas, s que sugieren formas que
estn cambiando o que se rearticulan ahora de distintas maneras (Ong y Collier
2005:12). Global Assemblages toma a su cargo mltiples temticas esparcidas sobre
el campo global y diferencialmente reterritorializadas. Examina por ejemplo cmo
los individuos reflexionan sobre s mismos a propsito del fin de la ciudadana
social y del welfare, sobre las transformaciones de la soberana, etctera. En este
libro Rose y Novas debaten el auge de lo que llaman la ciudadana biolgica. En su
ensamblaje confluye el cuerpo de los migrantes y el de los refugiados, los grupos
de ciudadanos que padecen catstrofes como la de Bophal, el activismo de las
comunidades biosociales (los afectados por el desastre y muy distintos grupos de
pacientes mdicos), los discursos cientficos de la medicina o la biologa, tambin
la ley y la biotica, las empresas farmacuticas y los laboratorios de investigacin,
y los planes de salud pblica nacionales y transnacionales. En su articulacin
se produce un ensamblaje que redefine la participacin poltica a partir de un
cuerpo biologizado. De igual modo, se da ah una redefinicin de los trminos
de la participacin de los pacientes en la investigacin cientfica, modificando
asimismo la propia nocin de ciudadana, no necesariamente limitada al marco de
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la soberana, sino en el cruce del discurso cientfico y el reclamo tico (ciudadana
biolgica). Aunque es cierto que la ciudadana ha posedo una dimensin
biolgica desde al menos el siglo XIX, en este ensamblaje se ve latir un nuevo
anthropos, ahora dibujado con los pinceles del cdigo gentico, la biosociabilidad
y la individualidad somtica, esto es, pensado como carne biotecnolgicamente
problematizada y fabricada, sujetos biotecnolgicamente polticos. En torno
a esta problematizacin y remodelacin del anthropos surgen nuevas formas de
poder y regulacin, tambin nuevas subjetividades, y nuevas formas de poltica
y de (bio)tica. Aqu, el afuera y el advenimiento de lo extico es inseparable del
antagonismo: al experimentar con, y contestar las nuevas relaciones de verdad,
poder y comercio que atraviesan sus vidas, sufriendo, los cuerpos mortales estn
desafiando sus lmites vitales, estn redefiniendo qu significa hoy ser humano
(Rose y Novas, 2005:458). Concretar algo ms acercndome de nuevo a la
investigacin colectiva y colaborativa del ARC.
38. Los ensamblajes contemporneos que el ARC ha tomado a su cargo son
principalmente, aunque no exclusivamente45, los aparatos concernientes a la
bioseguridad. Sus investigaciones son multisituadas y tambin multidimensionales,
una investigacin que realizan en calidad de observadores de segundo orden, es
decir, observadores que observan a quienes observan (por ejemplo, los cientficos
y polticos) (Rabinow, 2008:54-72). Collier estudia los esfuerzos del gobierno
estadounidense para controlar las armas biolgicas y los cientficos que se han
desperdigado tras el hundimiento
45
Se ha discutido, por ejemplo, la posibilidad de
ampliar las indagaciones de la antropologa de lo de la Unin Sovitica. Lakoff se
contemporneo al estudio del free software y de los centra en la transformacin de las
trabajadores migrantes. En relacin a lo primero
expondremos al final de este artculo la contribucin polticas sanitarias ante las amenazas
de Christopher Kelty en su libro Two Bits. Para lo biolgicas a la seguridad nacional.
segundo, en lo tocante al estudio de los trabajadores
migrantes, habra que intentar adentrarse en lo Rabinow indaga a propsito de las
emergente, en los movimientos conceptuales y las reconfiguraciones del anthropos y de
remodelaciones en cursa que afectan a las formas,
las normas y las prcticas: Pienso que todo lo que los discursos cientficos en empresas
hara falta sera salir de esa comprensin de los biotecnolgicas y en los grandes
trabajadores migrantes como un grupo definido por
y expresado en una identidad social y cultural dada
laboratorios que intentan completar
de antemano, y expandir la atencin que prestamos a l a s e c u e n c i a c i n d e l G e n o m a
los trabajadores migrantes en relacin a los atributos Humano (Collier, Lakoff, y Rabinow,
definitorios, es decir trabajo y migracin. Y el
trabajo y la migracin estn relacionados con la 2004:3-7). En sus investigaciones
economa y las polticas y la tecnologa, tambin se entreteje el afn arqueolgico
con la nacin estado y potencialmente con la
ciencia (Rabinow, 2008:78-79). En Berkeley se est con el genealgico. Por ejemplo,
discutiendo tambin como podra ser este enfoque en dilogo con su fieldwork en la
de la antropologa de lo contemporneo aplicado
al estudio de los movimientos sociales (entrevista compaa Celera Genomics, Rabinow
personal con Paul Rabinow (22 de noviembre de se aproxima arqueolgicamente a una
2008). Esto mismo es lo que estoy intentando hacer
en mi investigacin actual. de las dimensiones en las cuales el
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anthropos est siendo problematizado en el campo de la biologa molecular y la
biotica. Lakoff y Collier debaten genealgicamente las transformaciones en el
socius y uno de los polos que definen el funcionamiento del biopoder.46
39. Durante las ltimas dcadas hemos sido testigos del cambio ms significativo,
desde aquella revolucin que se inici
46
Tanto el estudio arqueolgico y como el a mediados del XIX con Charles
genealgico estn presentes en cada uno de estos
autores. De hecho, enfatizan la necesidad de Darwin, en las Ciencias de la Vida.
incorporar ambas metodologas. Sin embargo, Rabinow rastrea la semitica y la
en lo que sigue, ejemplificar por separado cada
una de las aproximaciones con el fin de clarificar
ciberntica, el auge de la biotecnologa
ambos modelos. (molecular y sinttica), el mapeo del
genoma humana y la generalizacin de
la biotica. Aunque todos estos campos intentan articular un lenguaje comn, en
el landscape contemporneo no existe un nico logos y un nico discurso unificador,
sino mltiples capas arqueolgicas simultneas. Rabinow se aproxima a la
redefinicin biolgica del anthropos a partir de los ensamblajes globales. Distingue
ente lhomme, la Humanidad y las figuras emergentes. LHomme ya ha sido
presentado en los epgrafes previos. Aproximndose al activismo humanitario
y las reformas legales, Rabinow ve emerger la figura de la Humanidad tras la
Segunda Guerra Mundial, tras el holocausto judo y en paralelo a distintos
movimientos sociales (en Estados Unidos el Movimiento por los Derechos
Civiles, por ejemplo). Es ah cuando se crean los marcos legales internacionales
que definen los derechos humanos, y se deconstruye y combate el concepto de
raza (Rabinow, 2003:13-30). Rabinow investiga las nuevas reconfiguraciones
contemporneas de la biotica y cmo la raza vuelve a introducirse ahora en
trminos de variaciones estadsticas diferencialmente distribuidas a lo largo de
los cdigos de la vida. Estudia los discursos de verdad, pero tambin los discursos
morales de los bilogos moleculares. En Vehement Contemporaries se
aproxima a los discursos morales y los valores que animaron las polmicas entre
Celera Genomics y el consorcio pblico (Nacional Institutes of Health et. al.), a
comienzos del siglo XXI, en su competicin por lograr terminar los primeros
la secuenciacin del genoma humano. Identifica tres capas arqueolgicas en el
paisaje moral contemporneo que investiga: valores cristianos que obligan a
justificar la ambicin personal so pretexto de un bien comn general (dios, la
humanidad, el bien); otros valores modernos, como el concepto de la autenticidad
(ser veraz con uno mismo; la veracidad como un medio) que invierte los trminos
de la sinceridad pre-moderna (no ser falaz con los otros para ser veraz con uno
mismo: la veracidad como un fin); y otros valores contemporneos que redefinen
novedosamente el thumus griego, la idea que vincula la justicia a la clera (frente a lo
injusto), ahora en relacin a la autenticidad, el reconocimiento personal y el bien
comn (Rabinow, 2008:78-100).
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40. Por otra parte, podemos observar una aproximacin genealgica de las
racionalidades y los diagramas del biopoder en los escritos de Lakoff y Collier
acerca de la bioseguridad (Collier y Lakoff, 2006). En el primer volumen de
la Historia de la sexualidad (2005) Foucault diferenciaba el biopoder del poder
soberano. Si el poder soberano se cimentaba en la lgica del hacer morir, dejar
vivir, el biopoder invertir los trminos (dejar morir, hacer morir). El biopoder
toma la vida a su cargo con el fin de vigorizarla, potenciarla y regularla. Al hacerlo
redefine el concepto de vida y con ello el anthropos y el socius. El diagrama del
biopoder articulaba dos polos: la anatomopoltica del cuerpo y la biopoltica de la
poblacin47. Ms all de las polticas de la carne cristianas, la anatomopoltica defina
los afectos del cuerpo en trminos de normalidad o desviacin. La biopoltica de
la poblacin tomaba a su cargo el cuerpo-especie para regular una vida poblacional,
de especie, leda ahora en clave estadstica: nacimientos, mortalidad, longevidad,
etc. La sexualidad era para Foucault un objeto analtico esclarecedor48. La
sexualidad era producida en el ensamblaje de los nuevos discursos cientficos
(mdicos, pedaggicos, biolgicos, psicolgicos) con los dispositivos de poder
que hacan entonces su aparicin (los hospitales y psiquitricos modernos, las
nuevas polticas demogrficas e higienistas, etc.). El sexo serva para articular la
doble faz del biopoder, la anatmica y la
47
La nueva tecnologa de poder [el biopoder] no poblacional. Sin embargo, la sexualidad
tiene que vrselas exactamente con la sociedad
(o, en fin, el cuerpo social tal y como lo definen no era ms que uno de los elementos.
los juristas); tampoco con el individuo/cuerpo. Collier y Lakoff estudian las polticas
Se trata de un nuevo cuerpo: cuerpo mltiple, sanitarias pblicas y la bioseguridad
cuerpo de muchas cabezas, si no infinito, al
menos necesariamente innumerable. Es la idea para intentar aprehender las ltimas
de poblacin. La biopoltica tiene que ver con transformaciones del biopoder. As,
la poblacin, y sta como problema poltico,
por ejemplo, Lakoff concluye lo que
como problema a la vez cientfico y poltico, como
problema biolgico y problema de poder, creo que estamos presenciando es la emergencia
aparece en ese momento (Foucault, 2003:210). de un nuevo diagrama que se centra
48
Sobre el fondo puede comprenderse la importancia
adquirida por el sexo como reto del juego poltico.
en los sistemas vitales ms que en la
Se sita en el cruce de dos ejes, a lo largo de los poblacin (Lakoff, 2008:399-428). Con
cuales se desarroll toda la tecnologa poltica de ello no se quiere decir que los viejos
la vida. Por un lado, depende de las disciplinas del
cuerpo: adiestramiento, intensificacin y distribucin
dispositivos desaparezcan, sino que
de las fuerzas, ajuste y economa de energas. Por el emergen nuevas configuraciones. De
otro, participa de la regulacin de las poblaciones, igual modo que en el paisaje moral
en razn de todos los efectos globales que induce.
Se inserta simultneamente en ambos registros; da c o n t e m p o r n e o s e y u x t a p o n e n
lugar a vigilancias infinitesimales, a controles de distintas capas arqueolgicas (ethos
todos los instantes, a reorganizaciones espaciales de modernos, ethos contemporneos,
una meticulosidad extrema, a exmenes mdicos o
psicolgicos indefinidos, a todo un micropoder sobre etc.), se entrecruzan tambin distintos
el cuerpo; pero tambin da lugar a medidas masivas, a dispositivos y diagramas de poder y
estimaciones estadsticas, a intervenciones que apuntan resistencia (simultaneidad arqueolgica,
al cuerpo social por entero, o a agrupamientos tomados
en su conjunto (Foucault, 2005:154). heterogeneidad genealgica). Lakoff
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Antn Fernndez de Rota
Volver a lo extico de nuevo
centra su atencin en fenmenos recientes tales como la gripe aviar, la amenaza
del ntrax con el 11-S o la catstrofe en New Orleans con la llegada del Huracn
Katrina. En el modelo securitario poblacional la racionalidad normativa era la de
la prevencin; el tipo peligro al que atenda era los acontecimientos recurrentes; la
forma ejemplar de conocimiento era estadstica; y la operabilidad del dispositivo
buscaba distribuir el riesgo. En el modelo securitario de los sistemas vitales aparece
una nueva racionalidad, el estar preparado (preparedness) frente unos peligros que
son vistos como impredecibles y potencialmente catastrficos, amenazas que ya
no son ni recurrentes ni especficas sino eventos singulares y peligros genricos
(en tanto que pueden tomar cualquier forma), buscando as anticipar el peligro
y diagnosticar las vulnerabilidades de los sistemas vitales nacionales, ya no tanto
mediante modelos estadsticos que cuantifican las recurrencias, sino mediante
modelos de simulacin singulares (scenario-based simulations), y que no puede sino
incorporar elementos necesariamente globales (terrorismo global, flujos vricos
globales, etc). En esta transicin el socius se ve transformado, pero tambin el
anthropos y sus formas de conocimiento: as como se transforma la racionalidad
normativa, las simulaciones de escenarios posibles se convierten en formas de
conocimiento autorizadas, y en la articulacin de los mecanismos de preparacin
de los sistemas vitales nacionales, la seguridad nacional y la sanidad pblica entran
en una nueva relacin, integrando las instituciones, las formas de conocimiento
y las tcnicas de intervencin de maneras novedosas. En este encuentro, el de los
sistemas vitales, se produce, en fin, un nuevo tipo de sujeto.
Antropologa-y-movimiento
41. Los valores morales, los discursos de verdad, las formas de poder y resistencia,
sus dispositivos y diagramas, todo ello se da cita en la indagacin a propsito del
anthropos y lo extico, en el medio de las prcticas y los significados, requiriendo a su
vez nuevos conceptos y nuevas metodologas, tambin nuevas formas de articular
la produccin y la diseminacin de conocimientos. Llego con ello al ltimo
punto del cual quera hablar. Comenc mencionando una serie de movimientos
sociales contemporneos y una serie de problematizaciones que stos instauran.
Precisamente, uno de los retos que plantean guarda relacin con la produccin y
la diseminacin de conocimientos, tambin con la propiedad intelectual. Como
con toda problematizacin, surge aqu una serie de respuestas distintas: desde
los grupos indgenas que combaten las grandes compaas biotecnolgicas y
sus patentes reclamando la propiedad colectiva (indgena) de sus conocimientos
y recursos materiales, hasta el movimiento open source que combate el copyright y
el cdigo cerrado (patentado y encriptado), apostando por tecnologas abiertas,
ensambladas cooperativamente (como el software libre), y formas legales que
reconozcan este tipo de tecnologa, produccin y diseminacin de los saberes
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(licencias creative commons, copyleft, et al). La emergencia y proliferacin de estos
movimientos exigen a la antropologa el redefinir sus postulados crticos. Con lo
extico nos aproximamos a lo crtico, pero tenemos que preguntarnos tambin, en
un nivel institucional, qu es la antropologa crtica hoy?
42. En un artculo elaborado para la Red de Antropologas del Mundo (RAM)
Arturo Escobar y Eduardo Restrepo diferencian tres momentos de crtica en
el interior de la antropologa norteamericana (Escobar y Restrepo, 2005:109-
134). Expondr el esquema simplificndolo tal vez en extremo. El primero
momento estara representada por publicaciones como Reinventing Anthropology o
el libro Anthropology and the Colonial Encounter, editado por Talal Asad (1973), que
aparecieron a finales de los aos sesenta y comienzos de los setenta. En ellos se
criticaba el imperialismo y las colaboraciones de la antropologa con los proyectos
coloniales abogando por una antropologa polticamente comprometida,
fuertemente influenciados por las nociones marxistas del momento. En estos
libros aparecan los primeros bocetos de lo que se llamara la antropologa
reflexiva. sta eclosionara a mediados de los aos ochenta. La reflexividad
ahondaba en las crticas textuales, en las formas de representacin y en las
modalidades de autoridad y autora etnogrfica. El tercer momento nos adentraba
en la dcada de los noventa, con la crtica de las micro-relaciones institucionales
y las prcticas en el interior de la Academia. Se cuestiona entonces la produccin
de conocimientos en lo relativo a las jerarquas internas, los mecanismos de
formacin, contratacin y promocin acadmica. La RAM pretende ir un paso
ms all, aunando estas crticas y extendindolas al plano global en el que se
inscriben las antropologas hegemnicas. Tomando los anlisis de Immanuel
Wallerstein, muchos de sus autores proponen una lectura crtica de la divisin
del trabajo intelectual en el sistema mundo. Cuestionan las maneras con las que son
sistemticamente ignoradas las antropologas perifricas y apuestan por tres tipos
distintos de descolonizacin: una descolonizacin epistmica que nos lleve ms
all de los paradigmas de la modernidad; una desconolizacin social y poltica,
localizando (y criticando) la antropologa en el interior de la configuracin de la
globalidad imperial actual; una deslocalizacin institucional que vaya ms all de los
lmites de lo disciplinario/no-disciplinario, buscando formas transdisciplinarias, y
ms all de la divisin acadmico/no-acadmico, creando relaciones colaborativas
entre los distintos tipos de saberes
49
Para ms informacin sobre este proyecto vase dentro y fuera de la Academia49. Quisiera
Escobar, A y Ribeiro, L. y. (eds). 2006. Antropologas
del Mundo. Transformaciones disciplinares dentro de
relacionar la propuesta de la RAM con
sistemas de poder. Popayn (Colombia): Envin las transformaciones contemporneas
Editores; Restrepo, E. 2006. Diferencia, en la produccin y diseminacin de
hegemona y disciplinacin en antropologa, en
Universitas Humanstica, 62: 43-70. conocimientos. Vuelvo ahora al ARC
para terminar el argumento.
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43. La web del ARC est construida a partir de un soporte wordpress (software
libre). En su web se discuten on-line los conceptos, los anlisis y las metodologas.
Cualquiera puede ver en tiempo real cmo se producen colaborativamente, y
lo que es ms importante, cualquiera puede participar en los debates. El ARC
publica una serie de working papers y conceptual works. A menudo estos trabajos
son formalmente inconclusos. En las notas a pie de pgina puede leerse seales
inacabadas del tipo citar tal libro, desarrollar tal idea, o citas donde la referencia
bibliogrfica est incompleta. Otras veces los artculos van encabezados por una
fecha, y posteriores revisiones del artculo recogen la nueva datacin, como se ha
puesto de moda entre los escritores del software libre, que realizan varias versiones
de un mismo trabajo presentado como versin 0.1, versin 0.2, etc. Entre una
y otra versin se recogen las aportaciones que han ido surgiendo. En este tipo
de propuestas el proceso productivo tiende a convertirse en una opera aperta, ms
transparente, tambin ms participativa, an cuando cierto es que la incompletud
formal se remedia en las publicaciones finales, en libros que casi siempre estn
regulados por los rgidas leyes del copyright estadounidense, y en revistas que,
an cuando ahora puedan colgar sus artculos on-line para los socios adscritos
a ciertas bases de datos (por ejemplo AnthroSource), suelen estar cortadas
por los mismos patrones legales privativos. Frente a esta situacin, uno de los
investigadores del ARC, Christopher Kelty, apuesta por crear una disciplina y
una institucionalidad antropolgica del tipo open access y open source inspirada por
la cultura del software libre50.
44. El proceso productivo del ARC no se trata de nada excepcional. Por citar un
ejemplo distinto, McKenzie Wark, autor de Un Manifiesto Hacker, escribi su Gamer
Theory51 de un modo similar, incluso ms participativo: el libro se divida en fichas
colgadas en su pgina web que eran comentadas por los internautas, ya fuesen
acadmicos o personas ajenas al mundo universitario. La prctica del ARC se
enmarca dentro de una reconfiguracin ms general de las formas de produccin
y diseminacin de conocimientos. El ltimo libro de Christopher Kelty, Two Bits,
50
Para un debate sobre los cambios ms recientes en la poltica editorial en la antropologa estadounidense,
y las perspectivas de una antropologa open access y open source, vase Kelty, C., Fischer, M., Golub, A.,
Jackson, J., Christen, K., Brown, M. y Boellstorff, T. 2008. Anthropology
of/in Circulation: The Future
of Open Access and Scholarly Societies en Cultural Anthropology, 23(3): 559-588.
51
Ver http://www.futureofthebook.org/mckenziewark/
52 Esta otra web lleva por ttulo Recursive Public (recursivepublic.net) y cuenta con la colaboracin de la
Duke University Press y el HASTAC (Humanities, Arts, Science, and Technology Advanced Collaboratory,
www.hastac.org). El concepto de la recursividad es tomado de las matemticas. Se refiere a un proceso por
etapas en el cual en cada etapa est implcito los resultados de la primera, y en la final se evalan todas ellas.
En este sentido se diferencia de la simple repeticin o iteracin. Kelty define el pblico recursivo como
aquel que slo puede existir a travs de un procedimiento de continuas referencias tcnicas y discursivas
acerca de los propios sentidos con los que se crean a s mismos en tanto que pblico. La Wikipedia, con
sus aspectos tecnolgicos y legales, y sus procedimientos de escritura, evaluacin y debate de los textos,
sirve para ejemplificar este pblico recursivo.
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es un ejercicio de la antropologa de lo contemporneo que busca indagar a propsito
del significado cultural del sofware libre (Kelty, 2008). Est publicado con una
licencia libre (creative commons) y colgado en la web en formato PDF. Desde la
pgina de Two Bits se puede acceder a otra desde la cual se hace una llamada
a modular colectivamente los resultados del libro52. Se invita a los internautas a
reconfigurar los argumentos, desarrollarlos de manera novedosa, con el fin de
adentrar esta produccin antropolgica en los recursive publics. Con este concepto
Kelty se refiere a un pblico emergente, un pblico preocupado e implicado en
el mantenimiento y la modificacin de las cuestiones tcnicas, legales, prcticas
y conceptuales de su propia existencia en tanto que pblico. Y en tanto que
pblico recursivo, dir Kelty, se diferencia de otras formas de organizacin como
los sindicatos, los grupos de inters, las iglesias o las corporaciones. El pblico
recursivo pone en cuestin cmo las cosas son dichas, quin controla los medias,
quin y cmo se recaba la autoridad, y al hacerlo lo que en definitiva pone en
cuestin es la forma de agregacin y la infraestructura que permite su propia
existencia (Kelty, 2008). Kelty habla del significado cultural del software libre, pero
el trmino cultura parece dar un salto y las cuestiones relativas al software, las
ideas del software libre, se expanden ante nuestros ojos a muy diversos dominios.
Kelty est interesado en las reorientaciones del poder y el conocimiento. Bajo la
expresin significado cultural se refiere a un sistema experimental en marcha.
Este sistema permea muy distintos campos, desde el software a la msica, la
ciencia, la empresa, creando nuevos posibilidades, prcticas y debates: Lo abierto
y la escalabilidad, la modulacin y la confianza, la transparencia y la seguridad;
estas son algunas de las palabras clave de los debates contemporneos acerca de la
estructura y el futuro de Internet que se dan entre los ingenieros, los empresarios
y otros individuos ntimamente implicados en la programacin y diseo de las
infraestructuras tecnolgicas (Kelty, 2005:185). Como sugiere George Marcus,
la forma dominante que asume hoy la colaboracin en la antropologa es la
colaboracin a travs de las nuevas tecnologas, especialmente en el ciberespacio
(Marcus, 2007:34). Y esto nos obliga a replantear la pregunta qu es la antropologa
crtica hoy sobre un suelo inestable y emergente.
45. Uno de esos trabajos inconclusos del ARC es la Concept Note N1. Se titula
Steps Toward an Anthropological Laboratory. Est escrita por Paul Rabinow.
Al modo de un recursive public, se reflexiona aqu sobre la poltica del dispositivo
de produccin de conocimientos que estaban diseando en el ARC. Rabinow lo
confronta con otras formas emergentes: los grandes think tanks de derechas que
proliferaron sin igual a lo largo de los aos noventa. Piensa que en este punto la
izquierda se haba quedado atrs pero no quiere imitar el modelo de la derecha. En
oposicin a estos think tanks define los contornos de su proyecto: El think tank es
convencional por definicin en tanto que su papel no es otro que responder a las
agendas establecidas por otros. Busca respuestas en vez de preguntas. Su funcin
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es la de producir tems especficos o deliberados en lugar de problematizar las
agendas dadas o existentes (Rabinow, 2006:2). El colaboratorio ha de crear esas
preguntas, posibilitar as el reconstruir los discursos reflexionando sobre lo dado.
Pero tambin hay que pensar la articulacin dentro de la cual se producen los
dispositivos. Los think tanks son instituciones independientes pero estrechamente
ligados poltica y financieramente a los partidos y las grandes empresas. El
colaboratorio debe buscar alianzas, pero de un modo distinto. Rabinow debate
sobre de la relacin entre el colaboratorio y la universidad53. Habla de disear el
ARC como una organizacin adyacente a la universidad, si acaso parasitaria, y lo
que es ms interesante, como una organizacin hbrida, o ms bien, recombinante.
46. Entre las prcticas y reflexiones del ARC y la RAM se dibuja una nueva
forma de institucionalidad crtica, una especie de pblico recursivo, que apunta
hacia una produccin de conocimientos colaborativa, hacia diseminaciones
abiertas, dinmicas de opera aperta y formaciones adyacentes (que reclaman su
autonoma), recombinaciones de los cdigos que cuestionan los confines y los
lmites: la distincin entre saber autorizado y desautorizado, por ejemplo. Lo ms
interesante es que no tiene nada de excepcional. Muy por el contrario, se engloban
dentro de las reorientaciones actuales del poder/saber. En Europa, en el mbito
de los movimientos sociales, a la par que se generalizaba la cultura del free software,
durante los ltimos aos hemos sido testigo de otro tipo de xodo acadmico,
minoritario: las distintas universidades libres, piratas, invisibles, nmadas, etc.54.
Estas universidades dicen estar en el intersticio de lo acadmico, la produccin
cultural y el activismo. En nombre del comn, el general intellect o lo intertextual,
reinventan el comunismo colocando en el centro de su poltica lo relativo a la crtica
de propiedad intelectual y las barreras con las que se cortocircuita la produccin
53
Ya que las Humanidades y las Ciencias Sociales en el sistema universitario de los Estados Unidos
son esencialmente aquellas del siglo XIX, y hay poca voluntad dentro de las disciplinas de abolirse a s
mismas, no somos optimistas respecto a la idea de que el nuevo trabajo pueda basarse exclusivamente
en la universidad. La universidad (o partes restringidas de ella) siguen siendo una fuente de empleo,
y de recursos como las bibliotecas y la pedagoga. Con esta cuestin en mente, imaginamos nuevas
organizaciones hbridas, adyacentes a y en muchos casos parsitas de la universidad. No parece haber lugar
para la esperanza sobre una reforma global desde dentro de la propia universidad, y probablemente sta
fuese peligrosa dada sus corrientes polticamente dominantes y la siempre creciente demanda de hacer del
conocimiento algo teraputico e instrumental (Rabinow, 2006:3).
54
Estas universidades se constituyen en la recombinacin de los cdigos, las normas y las formas de los
movimientos sociales, la Academia y la produccin cultural. No se trata simplemente de un think tank
del movimiento ni de un lobby poltico en la Academia, aunque puntualmente puedan atravesar estos
devenires. Se trata ms bien de un ejercicio de yuxtaposicin y recombinacin de las distintas figuras de la
produccin intelectual, cultural y el activismo con el fin de construir un nuevo tipo de institucionalidad
que cruza en transversal cada uno de estos campos. En calidad de activista e investigador acadmico
participo en una de ellas, la Universidade Invisbel (www.invisibel.net), que a su vez se coordina dentro la
red Universidad Nmada Expanded (www.universidadnomada.net). Esta red vincula distintas experiencias
de Madrid, Barcelona, Tarrasa, Zaragoza, Irua, Mlaga y A Corua, y se inscribe dentro de una red ms
amplia, de carcter europeo, donde se hayan otras experiencias similares como por ejemplo la Rete Per
Lautoformazione italiana (www.uniriot.org).
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y diseminacin de conocimientos. La historia de la antropologa es, entre otras
cosas, la historia de una disciplina que reflexiona sobre s misma en lo tocante a
sus formas de produccin y diseminacin de conocimientos. Se ha reflexionado
sobre los recursos textuales y metodolgicos que construyen cierta autoridad
etnogrfica, acerca de las microprcticas institucionales que modulan el trabajo
etnogrfico, y de las relaciones geopolticas dentro de las cuales un conocimiento
etnogrfico es valorizado sobre otro. A la pregunta qu es la antropologa crtica
hoy? se debera responder atendiendo a todas estas cuestiones, sin aislarlas de los
contextos ms amplios en los que la disciplina se ubica, colocndola dentro de
los procesos en marcha de un nuevo capitalismo (cognitivo, semitico, nervioso)
y los emergentes antagonismos. Ahora bien, por las razones expuestas en este
texto, habr que advertir que nada de esto es suficiente por s mismo. No se trata
simplemente de crear una antropologa open source o una institucionalidad en clave
de recursive publics. La antropologa crtica, en tanto que crtica y en tanto que
antropologa, ha de volver a lo extico, ya que lo crtico se manifiesta en lo extico.
Deber interpretar el advenimiento del afuera que reconfigura las posibilidades
de la produccin de conocimientos, trazando formas nuevas y creando nuevos
posibles y sujetos. De ah, otra vez, la urgente necesidad, preparada en el deseo
que anima las distintas propuestas, de volver a lo extico de nuevo.
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Movimientos sociales y la poltica de lo virtual.
Estrategias deleuzianas1
Social Movements and the Politics of the Vir-
tual. Deleuzian Strategies
Movimentos sociais e a poltica do virtual. Estra-
tgias deleuzianas
Arturo Escobar2
[email protected]
Michal Osterweil3
[email protected]
University of North Carolina, Chapel Hill, USA
Recibido: 28 de enero de 2009 Aceptado: 30 de marzo 2009
Resumen
El presente artculo ofrece una primera aproximacin a una lectura de los movimientos sociales
contemporneos desde la perspectiva de la obra de Deleuze y Guattari. Este acercamiento se
sita dentro de ciertas tendencias en las ciencias sociales post-constructivistas hacia lo que el
investigador mexicano Manel de Landa ha denominado como ontologas planas (teoras
de redes, ensamblajes, emergencia y auto-organizacin, y otras). Se argumenta que una de las
funciones ms importantes de los movimientos sociales es articular una poltica de lo virtual,
la cual podra dar pautas para construir mundos y conocimientos ms all del euro/logo-
centrismo de las formas dominantes de modernidad.
Palabras claves: deleuze y Guattari; de Landa; ontologas planas; movimientos sociales;
des/territorializacin.
Abstract
This paper offers a first approach to read contemporary social movements from Deleuze
and Guattaris perspective. This approach can be situated in several trends in post-
constructivist social sciences towards what Mexican researcher Manuel de Landa has called
flat ontologies (theories of network, assemblages, emergence and self-organization,
and others). It states that one of the more important functions of social movements is to
articulate a politics of the virtual, which could to provide guidelines to build worlds and
knowledge beyond Euro/logo centrism of dominant institutions of modernity.
Key words: deleuze and Guattari; De Landa; flat ontologies; social movements;
deterritorialization/territorialization.
1
Este artculo es resultado de la investigacin realizada por los autores sobre Polticas de la Teora y
los Movimientos Sociales Contemporneos, del Gropo de Trabajo sobre Movimientos Sociales de la
University of North Carolina, Chapel Hill.
2
Kenan Distinguished Professor, Department of Anthropology, Ph.D., University of Calfornia, Berkeley.
3
Department of Anthropology, MA Anthropology, UNC-Chapel Hill; BA Cultural Studies, UNC-Chapel Hill.
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Ecce homo
Fotografa de Martha Cabrera
TABULA RASA
No.10, enero-junio 2009
Resumo
O presente artigo oferece uma primeira aproximao a uma leitura dos movimentos
sociais contemporneos a partir da perspectiva da obra de Deleuze e Guattari. Esta
aproximao localiza-se dentro de certas tendncias ps-construtivistas nas Cincias
Sociais nomeadas pelo pesquisador mexicano Manual de Landa de ontologias rasas
(teorias de redes, engrenagens, surgimento e auto-organizao, e outras). Argumenta-se
que umas das funes mais importantes dos movimentos sociais a articulao de uma
poltica do virtual, a qual poderia dar pautas para construir mundos e conhecimentos alm
do euro/logo-centrismo das formas dominantes da modernidade.
Palavras chave: Deleuze e Guattari, de Landa, ontologias rasas, movimentos sociais, ds/
territorializao.
Introduccin: Deleuze y la poltica de la teora
Gilles Deleuze se ha convertido sin duda en uno de los pensadores crticos ms
influyentes de nuestro tiempo. Como sucedi con Foucault entre los setenta y los
noventa, muchas corrientes crticas hoy en da mantienen un dilogo con Deleuze
y con Deleuze y Guattari. Cules son las caractersticas de la teora de Deleuze que
tanto atrae a muchos intelectuales, activistas y acadmicos? Una lectura deleuziana
de esta pregunta sugiere que la obra de Deleuze abri nuevamente el campo de
lo virtual a otros pensamientos y a otros proyectos tericos y polticos, y que
este redespertar de lo virtual ha hallado una resonancia tremenda en los sueos
y deseos de muchos actores sociales; para parafrasear una frmula en boga, el
atractivo de la obra de Deleuze radicara en hacer posibles otras teoras y la teora
de otra forma. Que esas otras teoras pudieran estar ligadas a la construccin
de otros mundos posibles es de particular inters para los activistas de los
movimientos sociales y sus tericos. La idea tambin se encuentra en Deleuze y
Guattari (D/G), enunciada con mayor claridad en Qu es filosofa? Carecemos de
resistencia al presente, escriben (D/G 1993:110; itlicas en el original), al discutir la
conexin entre la filosofa y el capitalismo especfica de la era del mercado total.
Lo que intuyen es una desterritorializacin absoluta de la filosofa, que traera
consigo una nueva conjuncin de la filosofa con el presente una renovacin
de la filosofa poltica. Esta filosofa poltica tiene lugar alrededor del concepto
de utopa: es con la utopa que la filosofa se vuelve poltica y lleva a su mximo
extremo la crtica de su poca (1993:101). La meta?: apelar a una nueva tierra, a
un pueblo nuevo (109; vase tambin 110). Esto constituira una reterritorializacin
de la filosofa en el futuro. Es el zapatismo, por ejemplo con su sueo de un
mundo donde quepan muchos mundos un intento de reterritorializacin
de este tipo? Otros movimientos sociales? Pueden verse como movimientos
deleuzianos? O, para decirlo mejor, qu tipos de conversaciones pueden
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Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
establecerse entre las prcticas de los movimientos sociales contemporneos y la
obra de Deleuze que pueda iluminar un poco ms a unas y otra? stas son algunas
de las preguntas que se discutirn en este captulo.
Como podra argumentarse, hay un giro deleuziano en los estudios contemporneos
de la tecnociencia, la cultura y la poltica en disciplinas como la geografa y la
antropologa y en campos como los Estudios Culturales, y es hora de explorar
de manera ms sistemtica las consecuencias epistemolgicas, ontolgicas y
metodolgicas de dicho giro, as como sus implicaciones polticas y prcticas.
Este es un asunto complejo, dado que hay siempre una estrecha conexin entre
la realidad social, los marcos tericos que usamos para interpretarla y el sentido
de la poltica y la esperanza que surge de tal comprensin. En otras palabras,
nuestras esperanzas y prctica poltica son en gran medida el resultado del marco
particular mediante el cual analizamos lo real. El marxismo era paradigmtico
en este sentido, en la medida en que los anlisis marxistas del capitalismo
hicieron inevitables una prctica poltica y esperanzas revolucionarias; para el
post-estructuralismo, la poltica y la esperanza radican en la transformacin del
discurso y de los regmenes de enunciacin de la verdad, dado que esto es lo que la
teora resalta como clave para la produccin de lo real. Estos marcos han sido en
extremo productivos, y siguen siendo importantes, pero estn emergiendo otras
articulaciones de la conexin entre la teora, la poltica y la esperanza.
Esta conexin es resaltada de manera ms pronunciada en pocas de agudizacin
del enfrentamiento y la crisis, como lo sugieren de manera implcita Deleuze y
Guattari en su discusin sobre la des/re-territorializacin de la filosofa que se
mencion anteriormente. Es posible que en la actualidad estemos atravesando por
uno de esos periodos, en el que vemos tanto procesos sociales devastadoressin
precedentes en su capacidad de destruccin y en su alcance ideolgico y
una avidez de perspectivas novedosas ms radicalmente contextualizantes y
relacionales (Grossberg, 2006). Como suele ser el caso, las teoras ms conocidas
son incapaces de decir algo realmente nuevo sobre la situacin actual, porque
los lenguajes de que disponen no lo permiten (Santos, 2002). La mayora de
las discusiones del capitalismo y la modernidad, por ejemplo, revelan que
los lenguajes de la teora contempornea son capitalocntricos (e.g., Gibson-
Graham, 1996; 2006), eurocntricos (e.g., Mignolo, 2000), o globalocntricos
(e.g., Harcourt y Escobar, eds. 2005), haciendo as a otros lugares, conocimientos,
y modelos de econmicos alternativos invisibles o secundarios.
De este modo, parecera entonces como si el mundo hoy demandara una teora
social totalmente nueva como si de las profundidades de lo social estuviera
emanando un impulso de renovar la teora social con ms intensidad de lo que
suele verse. Hay una diferencia crucial en comparacin con momentos tericos
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similares del pasado reciente: la cohorte de los interesados en la produccin de
nuevas teoras se ha ampliado mucho ms all de los productores de conocimiento
habituales en las academias (en su mayor parte del hemisferio norte). Hoy un
nmero creciente de investigadores, activistas e intelectuales, dentro y fuera de la
academia, estn prestando atencin a este impulso. En este sentido, las complejas
conversaciones que estn empezando a darse entre muchos tipos de productores
de conocimiento en todo el mundo son en y por s mismas una condicin
esperanzadora de la teora en el estadio actual. Una segunda caracterstica es
que este impulso involucra no slo la necesidad de transformar los contenidos
de la teora, sino incluso su forma misma; como le gusta plantearlo a Walter
Mignolo (2001), el fin es transformar el contenido y la forma de la conversacin
a lo que debemos aadir el cambio del lugar de la conversacin (Osterweil,
2005a). En ltimainstancia, lo que est en juego es la transformacin de nuestra
comprensin del mundo en formas que nos permitan contribuir a la creacin de
mundos distintos. De manera ms filosfica, esto significa que una caracterstica
central de la ola actual de la teora crtica es que se ocupa no slo de cuestiones
epistemolgicas (las condiciones del conocimiento, como segua siendo el caso
con el post-estructuralismo) sino ontolgicas, es decir, con preguntas bsicas
sobre la naturaleza del mundo. En otras palabras, las teoras crticas actuales
son alimentadas por un escrutinio fundamental de los tipos de entidades que
las teoras asumen que existen y, de manera concomitante, a la construccin de
teoras basadas en diferentes compromisos ontolgicos.
Nuestro nfasis en las orientaciones tericas que toman en serio las cuestiones
ontolgicas significa tambin que este es en gran medida un texto terico.
Decimos en gran medida porque el argumento que construimos resuena con
nuestra experiencia de la observacin de algunos movimientos sociales y el trabajo
con ellos, pero el captulo no se basa en la investigacin etnogrfica. Considrenlo
una va media entre la teora y la etnografa. Si lo que estamos argumentando
tiene sentido, esperamos que promueva en los estudios etnogrficos el inters por
examinar con ms detenimiento algunas de las afirmaciones que hacemos.
La parte I del captulo ahonda en el giro ontolgico desde una perspectiva
deleuziana; y lo hace discutiendo el concepto de ontologas planas que en la
actualidad es desarrollado en diferentes campos, en particular por uno de los
comentadores ms agudos de Deleuze, Manuel de Landa. La parte II comienza
la discusin sobre los movimientos sociales propiamente dichos; revisa teoras de
redes y autoorganizacin y sus aplicaciones a los movimientos sociales. La parte
III, finalmente, presenta algunas ideas preliminares para discutir los movimientos
sociales, que surgen ms directamente de la obra de Deleuze y Deleuze y Guattari,
en especial su conceptualizacin de la dinmica entre lo liso y lo estriado, la
territorializacin y la deterritorializacin, y la poltica de lo virtual.
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Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
I. El giro ontolgico en la teora social. Ensamblajes y alternativas
planas4
Las diferentes olas del construccionismo social, la deconstruccin y los
enfoques discursivos de las ltimas dcadas incluan una crtica del realismo
como postura epistemolgica. Algunas de las tendencias ms interesantes en
la teora social en la actualidad comportan, de manera implcita o explcita,
un retorno al realismo. Dado que no se trata de un retorno a los realismos
ingenuos del pasado (en particular las versiones cartesianas, o el realismo de
esencias o entidades trascendentes que Deleuze critic con especial ahnco),
podra llamarse a estas tendencias neo-realistas. Otras metforas viables
para las teoras sociales emergentes son sociologas biolgicas, trmino
aplicado a la biologa fenomenolgica de Maturana y Varela en particular
(1980), o nuevas sociologas materialistas (e.g., teoras actor-red). Deleuze
ha inspirado algunos de estos desarrollos; en esta parte, nos centraremos en
la reconstruccin de la ontologa de Deleuze por parte del terico mexicano
Manuel de Landa (2002) y la forma de neo-realismo de este autor (2006).
Deleuze, desde el punto de vista de de Landa y al contrario de muchos
constructivistas, est comprometido con una visin del carcter autnomo
de la realidad (independiente de la mente humana); su punto de partida es
que la realidad es el resultado de procesos dinmicos en la organizacin
de la materia y la energa que conlleva la produccin de formas de vida
(morfognesis); las cosas surgen mediante procesos dinmicos de materia y
energa impulsados por diferencias intensivas; estos procesos son en su mayor
parte auto-organizados. La explicacin morfogentica de Deleuze, en otras
4
La categora plana, como se usa aqu, es totalmente diferente del concepto de los archivos planos en
las matemticas, o del uso que le da Thomas Friedman en su libro de 2005, El mundo es plano. Cabe sealar
que las alternativas y las teoras planas de la complejidad y la autoorganizacin no han surgido en el vaco;
la historia de algunos de sus predecesores y antecedentes ms importantes rara vez se ha contado, dado que
pertenecen a tradiciones de pensamiento a menudo externas al alcance de las ciencias sociales. stas incluyen
las teoras de la informacin en los cuarenta y cincuenta, contando la ciberntica; las teoras de sistemas
desde los cincuenta; teoras tempranas de autoorganizacin, y la biologa fenomenolgica de Maturana
y Varela. Vase el captulo sobre Redes en Escobar (2008) para mayores detalles. Ms recientemente, las
fuentes de la alternativa plana incluyen algunos hilos de pensamiento en la geografa, la ciencia cognitiva
y la informacin y los computadores; las teoras de la complejidad en biologa; las teoras de redes en las
ciencias fsicas, naturales y sociales; y el neo-realismo de Deleuze y Guattari. Tambin vemos el trabajo
de Foucault parcialmente en este marco e.g., la teora de Foucault de la arqueologa del conocimiento
puede considerarse una teora de la autopoiesis y de la autoorganizacin del conocimiento; su concepto de
eventualizacin se asemeja a propuestas recientes en la teora de los ensamblajes, y su concepcin del poder
anticipa desarrollos en la teora del actor-red. tiles presentaciones de la complejidad y la autoorganizacin
en las ciencias biolgicas incluyen a Prigogine y Stengers (1984), Prigogine y Nicolis (1989), Sol y Goodwin
(2000), Camazine et al. (2001). Vase el til Manual sobre la Complejidad al final del volumen de Haila y
Dyke, eds. (2006).
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TABULA RASA
No.10, enero-junio 2009
palabras, hace visibles los procesos generadores de formas inmanentes al
mundo material; equivale a una ontologa de procesos y a una epistemologa
de problemas (2002:6).5
Un aspecto central en la ontologa social de de Landa surge del concepto de lo
virtual en Deleuze. Hay tres dimensiones ontolgicas en el mundo deleuziano: lo
virtual, lo intensivo y lo actual (2002:61-88). El campo ms grande de la virtualidad
no se opone a lo real sino a lo actual. Es una forma muy diferente de pensar la
relacin entre lo posible y lo real aqu, no se piensa lo posible en trminos de
una serie de formas predefinidas que deben mantener su identidad a lo largo de
cualquier proceso de cambio, prefigurando ya as el resultado final (este es uno
de los supuestos modernistas ms fatales, pues elimina las diferencias reales). Lo
posible no necesariamente se parece a lo real, como en la nocin de realizacin.
En la actualizacin de lo virtual, ya no rige la lgica de la semejanza, sino ms bien
la de una creacin genuina mediante la diferenciacin. La actualizacin de lo virtual
en el espacio y el tiempo implica la transformacin de las diferencias extensivas
en formas intensivas (fcilmente visibles) a travs de procesos histricos que
involucran partes en interaccin y todos emergentes (emergent wholes); esto lleva
a lo que de Landa llama una ontologa plana, hecha exclusivamente de individuos
5
Deleuze usa un lenguaje matemtico difcil que de Landa explica (no por completo, claro est, para
los no iniciados); en especial los conceptos de multiplicidad como forma de organizacin que no
tiene necesidad alguna de unidad para formar un sistema (2002:13; Deleuze y Guattari explican este
concepto en detalle, en especial en Mil mesetas); variedades (manifolds), como el espacio de los posibles
estados de un sistema, regulado por los grados de libertad del sistema; procesos dinmicos, en trminos
de trayectorias en un espacio, conductas recurrentes, y procesos de diferenciacin; singularidades que
actan como elementos de atraccin alrededor de los cuales convergen muchas trayectorias en la misma
esfera de influencia (cuenca de atraccin), que posiblemente conduce a un estado constante (estabilidad
estructural); etctera. De Landa apela tambin a los conceptos de la complejidad para explicar el mundo
deleuziano. Las multiplicidades son universales concretos, son divergentes y no pueden pensarse en
trminos de espacio mtrico euclidiano tridimensional sino de espacios topolgicos dimensionados a la n
potencia (no mtricos), si bien los primeros se producen mediante diferenciaciones en los segundos. Esto
sucede mediante procesos fsicos concretos de diferencias de un espacio intensivo continuo indiferenciado
en estructuras extensivas (i.e., estructuras discontinuas, divisibles con propiedades mtricas) a travs de
procesos que incluyen transiciones de fase, rompimiento de simetras, etc. Las multiplicidades son as
inmanentes a los procesos materiales. Cmo sucede la actualizacin de lo virtual? Deleuze hace una
distincin ontolgica entre las trayectorias actuales y los campos vectoriales (tendencias inherentes a
comportarse en ciertas formas). Las trayectorias actuales convergen alrededor de una cuenca de atraccin
con cierta estabilidad estructural. Esto quiere decir, las realizaciones concretas de una multiplicidad son
ms exactamente actualizaciones de un campo vectorial actualizaciones de un campo de virtualidad
ms amplio. Esto no se opone a lo real sino a lo actual es decir, lo virtual es otra parte estructural de la
realidad. Las multiplicidades implican virtualidad. Este planteamiento requiere entender la individuacin
de las historias posibles. Eso es complicado, porque la actualizacin de los campos vectoriales rara vez
es un proceso lineal; al contrario, est configurado por dinmicas no lineales; las trayectorias pueden
surgir de un atractor incluso por accidente o choques externos; son siempre el resultado de una historia
contingente. Las alternativas que se persiguen en un punto dado (especialmente una bifurcacin) pueden
depender de fluctuaciones inesperadas en el medio ambiente (un punto subrayado por los tericos de
la complejidad, e.g., Prigogine y Nicolis, 1989; Sol y Goodwin, 2000), en una conjuncin de azar y
necesidad. Lo que cuenta en la investigacin es mantenerse cerca de la individuacin especfica en marcha
es decir de la formacin de estructuras y fronteras espacio-temporales, etc.
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Arturo Escobar
Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
singulares, nicos, diferentes en una escala espaciotemporal, pero no en su
categora ontolgica (2002:47). La existencia de lo virtual se manifiesta en los
casos en los que una ensamblaje combina las diferencias como tales, sin cancelarlas
por la homogeneizacin. Al contrario, permitir que se cancelen las diferencias
en intensidad o que se eliminen las diferencias mediante la uniformizacin oculta
efectivamente lo virtual y hace menos problemtica la desaparicin del proceso
bajo el producto (65). Este ocultamiento es el resultado de la accin humana
de all la necesidad de investigar las tendencias no realizadas de lo virtual donde
quiera que se expresen.6
En otras palabras, las diferencias tienen efectos morfogenticos; despliegan
el pleno potencial de la materia y la
6
El encubrimiento de lo virtual asume formas energa para la autoorganizacin y dan
particulares en la modernidad. Escobar (2008)
ha ligado esta idea a la existencia de alternativas lugar a ensamblajes heterogneos. Los
a la modernidad, y nosotros lo enlazaremos con procesos de individuacin intensiva
los movimientos sociales en la parte III. La tarea ocurren mediante la autoorganizacin;
que de Landa vislumbra podra tambin realizarse
trabajando hacia atrs desde las actualizaciones las diferencias en intensidad ponen
concretas hacia lo virtual y considerando la en movimiento flujos de materia
poblacin de multiplicidades que existen en
el plano de la consistencia. Debe mostrarse
y energa; pueden amplificarse
las posibilidades alternativas como resultados mediante una retroalimentacin
histricos de causas actuales sin poder causal positiva, estimulando mutuamente
propio (75). La informacin puede jugar un papel
clave en estos procesos, por ejemplo, en sistemas o el acoplamiento y la autocatlisis; los
redes suspendidos en el borde de un umbral (vase individuos poseen una apertura y una
tambin, e.g., Kauffman, 1995). capacidad de afectar y ser afectados
y de formar ensamblajes con otros
individuos (orgnicos o no), diferenciando an ms las diferencias en esa
ensamblaje (2002:161). Una consecuencia es que en una ontologa plana no
hay lugar para totalidades, como sociedad o ciencia en general (178).
Basado en una cuidados reconstruccin de los conceptos de Deleuze, de Landa
pasa a proponer su propio acercamiento a la ontologa social como una manera
de repensar las principales preguntas de la sociologa contempornea (incluyendo
las nociones de estructura y proceso, individuos y organizaciones, esencias y
totalidades, el estado-nacin, la escala, los mercados y las redes). Su meta es
ofrecer unos fundamentos alternativos para la teora social (una clasificacin
ontolgica alternativa para los cientficos sociales). Su punto de partida es la
posicin realista de hacer valer la autonoma de los entes sociales frente a las
concepciones que tenemos de ellos. Esto no significa que los modelos de la
ciencia social no afecten las entidades que se estn estudiando; ste fue uno de
los argumentos ms slidos del postestructuralismo. Significa que el enfoque de
la ontologa social realista es diferente; el enfoque es en los procesos objetivos,
aunque histricos, de ensamblaje mediante los cuales surgen un amplio rango de
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entes sociales, desde personas hasta estados-nacin. Los principales objetos de
estudio son ensamblajes, definidas como todos cuyas propiedades surgen de las
interacciones entre las partes; pueden ser cualquier ente: redes interpersonales,
ciudades, mercados, estados-nacin, etc. La meta de esta nocin es transmitir una
idea de la complejidad social irreducible del mundo.
La teora del ensamblaje se diferencia de las teoras fundadas en conceptos de
totalidad y esencias y que asumen la existencia de urdimbres sin fisuras o todos.
Es una alternativa a las totalidades orgnicas postuladas por las ciencias sociales
clsicas. Los ensamblajes son todos caracterizados por relaciones de exterioridad;
el todo no puede explicarse por las propiedades de los componentes sino por el
ejercicio real de las capacidades de los componentes. En lugar de hacer nfasis
en la creacin de todos a partir de sntesis de partes de relaciones necesariamente
lgicas la metfora organsmica teora de los ensamblajes afirma que las
relaciones entre partes tienen una contingencia obligatoria como, por ejemplo, en
la coevolucin de las especies. De esta forma, los ecosistemas pueden verse como
ensamblajes de miles de especies diferentes de plantas y animales; la coevolucin
se origina de la simbiosis de las especies y de las relaciones de exterioridad
obtenidas entre componentes autosuficientes. As, la teora del ensamblaje no
presupone identidades esenciales y permanentes, o tipos naturales a los que
perteneceran individuos predeterminados. Esta idea resuena con tendencias en
la teora evolucionista basadas en una visin de la evolucin de las especies en
trminos de individuacin histrica de las especies y los individuos, evitando as el
esencialismo taxonmico; en algunas de estas concepciones, la evolucin se debe
tanto a la seleccin natural como a la autoorganizacin (e.g., Kaufman, 1995).7
Un problema de especial importancia para la teora social son los mecanismos
causales responsables de la aparicin de todos a partir de la interaccin entre
las partes; esto afecta, por ejemplo, la cuestin de lo micro y lo macro. Los
7
Aunque Deleuze/Guattari no desarrollaron una teora sistemtica de los ensamblajes, hay muchas
discusiones a lo largo de su obrea que ofrecen elementos para una teora e.g., de su discusin de los
ensamblajes en Mil mesetas, a su nocin de la multiplicidad y el recuento que hace de la formacin de
los conceptos en Qu es la filosofa. Un concepto mismo podra verse como un ensamblaje que alcance
un grado de endoconsistencia (Deleuze y Guattari, 1994:25). Lo que De Landa aade al marco de
Deleuze/Guattari es una serie de elementos que trae de los campos que, aunque no completamente
ausentes en Deleuze/Guattari, no son tan importantes como en de Landa; stos incluyen la teora de la
evolucin, las teoras de la complejidad (en particular la emergencia y la autoorganizacin), y las teoras
de sistemas. El hecho de que en su obra ms reciente de Landa se centre en la teora sociolgica moderna
tambin le permite seguir desarrollando ciertos elementos de la teora de los ensamblajes. Falta ver cul
es el alcance del logro de de Landa en la preparacin del terreno para una nueva sociologa. Brown (este
volumen) est en lo cierto al afirmar que al rehusarse a participar en las principales obras de la teora social
contempornea, de Landa renuncia tambin a la posibilidad de construir un plano de consistencia p ara lo
social, el cual considera esencial para una ciencia social sistemtica y deleuziana. En nuestra opinin, sin
embargo, dicha ciencia social debe ir ms all del plano identificado por Donzelot y Rose (el surgimiento
de lo social, que fue central a la experiencia moderna) para abarcar realmente las multiplicidades que
existen, y que podran surgir, de los casos no modernos y no occidentales.
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Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
enfoques convencionales asumen dos niveles (micro, macro) o una serie
anidada de niveles (la famosa mueca rusa). La propuesta alternativa es mostrar,
mediante un anlisis fundamental de abajo hacia arriba, en cada escala, cmo
las propiedades del todo surgen de las interacciones entre las partes, teniendo
presente que los entes ms simples son por s mismos ensamblajes de algn
tipo. Mediante su participacin en redes, los elementos (como los individuos)
pueden llegar a formar parte de componentes de diferentes ensamblajes que
funcionan a diferentes niveles. Esto significa que la mayora de los entes
sociales existen en una amplia gama de escalas, haciendo mucho ms compleja
la situacin que con las nociones convencionales de escalas:
Complejidades similares surgen a escalas mayores. Las redes interpersonales
pueden dar lugar a ensamblajes ms amplias como las coaliciones de las
comunidades que forman la estructura de muchos movimientos de justicia
social. Las organizaciones institucionales, a su vez, tienden a formar
ensamblajes de mayor tamao, como las jerarquas de las organizaciones
gubernamentales que funcionan en los niveles nacional, provincial y local
Un movimiento social, cuando ha crecido y permanecido durante algn
tiempo, tiende a dar lugar a una o ms organizaciones para estabilizarse
y realizar funciones especializadas Es decir, los movimientos sociales
son un hbrido de las redes interpersonales y de las organizaciones
institucionales. Y de manera similar para las jerarquas de gobierno que,
en cada escala jurisdiccional, deben formar redes con organizaciones
no gubernamentales a fin de poder implementar polticas acordadas en
el centro. Todas estas ensamblajes ms grandes existen como parte de
las poblaciones: poblaciones de redes interpersonales, organizaciones,
coaliciones y jerarquas gubernamentales (De Landa, 2006:33).
Los procesos de ensamblaje mediante los cuales surgen los entes fsicos,
biolgicos o sociales son recurrentes. Eso significa que los ensamblajes existen
en poblaciones que son generadas por la ocurrencia repetida de los mismos
procesos. Hay recurrencia del mismo proceso de ensamblaje a una escala espacial
dada, y recurrencia en escalas sucesivas, que llevan a una conceptualizacin
diferente del vnculo entre los niveles micro y macro de la realidad social. Para de
Landa, la cuestin deviene: cmo podemos comunicar el nivel de las personas
individuales y el de los entes sociales ms grandes (como los estados territoriales)
mediante una insercin de ensamblajes en una sucesin de escalas micro y
macro? (2006:34-38). Para el caso de los mercados, por ejemplo, el problema es
mostrar cmo funcionan ensamblajes en diferentes escalas, donde algunas son
partes componentes de otras que, a su vez, se convierten en partes de unas an
mayores. En su obra histrica sobre la evolucin de los mercados, de Landa
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(1997) muestra cmo surgieron los entes de mayor tamao del ensamblaje de
otros ms pequeos, incluyendo los mercados de pueblo, regionales, provinciales,
nacionales y mundiales, siguiendo la explicacin braudeliana.
Los todos ejercen una capacidad causal cuando interactan entre s. Los
grupos estructurados por redes pueden interactuar para formar coaliciones
(o jerarquas). Estas ensamblajes mayores tambin son todos emergentes el
efecto de sus interacciones va ms all de la interaccin de los individuos, con
una especie de causalidad redundante. En suma, los ensamblajes sociales
mayores que las personas individuales tienen una existencia objetiva porque
pueden afectar causalmente a las personas que estn en las partes que las
componen, limitndolas y habilitndolas, y dado que ellas tambin pueden
afectar causalmente otras ensamblajes en su propia escala. El hecho de que con
el fin de ejercer sus capacidades causales, tanto interna como externamente,
estas ensamblajes deban usar a las personas como medio de interaccin no
compromete su autonoma ontolgica ms que el hecho de que las personas
deban usar algunas de sus partes corporales (la mano o los pies, por ejemplo)
para interactuar con el mundo material compromete su autonoma relativa en
relacin con sus componentes anatmicos (38).
Para recapitular:
El estatus ontolgico de cualquier ensamblaje inorgnica, orgnica o social
es la misma de un individuo nico, singular e histricamente contingente.
Si bien el trmino individuo ha llegado a denominar personas
individuales, en su sentido ontolgico no puede limitrselo a la escala de la
realidad. Debe conferirse a los ensamblajes sociales de mayor tamao la
categora ontolgica de entes individuales: redes y coaliciones individuales;
organizaciones y gobiernos individuales; ciudades y estados nacin
individuales. Tal maniobra ontolgica nos permite afirmar que todos estos
entes individuales tienen una existencia objetiva independientemente
de nuestras mentes (y de las concepciones que tengamos de ellos) sin
compromiso alguno con esencias o generalidades reificadas. De otro
lado, para que la maniobra funcione debe elucidarse cuidadosamente la
relacin parte a todo que reemplaza las esencias. La autonoma de los
todos relativos a sus partes es garantizada por el hecho de que ellos pueden
afectar causalmente esas partes en una forma limitante y a la vez habilitante, y
por el hecho de que pueden interactuar entre s en una forma no reducible
a sus partes, es decir, en tal forma que sera redundante una explicacin
de la interaccin que incluya los detalles de las partes componentes.
Finalmente, la categora ontolgica de los ensamblajes tiene dos caras:
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Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
como entes reales todas los ensamblajes sociales en diferentes escalas
constituyen singularidades individuales, pero las posibilidades abiertas a
ellas en cualquier momento dado estn restringidas por una distribucin
de las singularidades universales, el diagrama de la ensamblaje, que no es real
sino virtual (40; nfasis aadido).8
La ontologa plana y la teora de los ensamblajes estn implicadas en una importante
reformulacin del concepto de escala en la geografa. Las ltimas dos dcadas en
este campo han visto muchas reflexiones interesantes sobre este concepto, que
buscaba alejarse de las jerarquas verticales asociadas con las teoras establecidas
y encaminarse hacia concepciones que conectaran los modelos verticales con
modelos interconectados de manera horizontal (e.g., la estructuracin escalar, la
8
La explicacin anterior es necesariamente esquemtica, y slo busca destacar unas pocas caractersticas de
la teora. Mencionemos algunos otros aspectos de la teora de los ensamblajes de de Landa. En primer lugar,
la teora de los ensamblajes hace nfasis en la exterioridad de las relaciones; en segundo lugar, postula dos
dimensiones de anlisis: a) el rol que juegan los componentes, desde los puramente materiales hasta los
puramente expresivos; b) procesos de territorializacin y desterritorializacin que estabilizan o desestabilizan
la identidad de una ensamblaje (la consistencia interna y la claridad de las fronteras). En tercer lugar, presta
atencin a otros mecanismos diferentes, en particular los de codificacin y decodificacin (e.g., por los
genes y el lenguaje). La teora de los ensamblajes busca tambin explicar el carcter multiescalonado de la
realidad social, y proporciona ajustes para tal fin. Primero, reconoce la necesidad de explicar la produccin
histrica de los ensamblajes, pero sin hacer nfasis slo en el momento del nacimiento (e.g., como en el
origen de una colectividad o movimiento social dados) o en la emergencia original de su identidad a costa
de los procesos que mantienen dicha identidad en el tiempo. Segundo, los ensamblajes son producidas
por procesos recurrentes; dada una poblacin de ensamblajes a una escala, estos procesos pueden generar
ensamblajes a mayor escala usando a miembros de poblaciones existentes como componentes. Tercero, los
ensamblajes son entidades complejas que no pueden tratarse como simples individuos. Aqu, Del Landa
introduce otros conceptos (no-mtricos, topolgicos) de Deleuze, en especial los del espacio de posibilidades
o espacio de fases (de la qumica fsica), y atractores que podran ser compartidos por muchos sistemas; y el
concepto de diagrama como el que estructura el espacio de posibilidades de un ensamblaje particular.
Finalmente, est la pregunta de cmo funcionan los ensamblajes en escalas de tiempo ms amplias a
menudo duran ms que sus componentes y cambian a menor velocidad. Toma ms tiempo efectuar un
cambio en las organizaciones que en las personas, por ejemplo? En este nivel, es importan identificar: a)
consecuencias colectivas inadvertidas procesos acumulativos lentos que resultan de interacciones
repetidas; b) productos de planeacin deliberada. El primer punto es ms comn en el cambio histrico a
largo plazo. En el segundo caso, sobrellevar el cambio sucede como resultado de la movilizacin de recursos
internos (desde los recursos materiales hasta, digamos, la solidaridad). En general, entre mayor es la entidad
social a la que apunta el cambio mayor es la cantidad de recursos que debe movilizarse. Esto implica que
la escala espacial tiene consecuencias temporales, pues los medios necesarios para el cambio pueden tener
que acumularse con el tiempo. Dicho de otro modo, entre mayor es la escala espacial del cambio deseado
ms extensivas deben ser las alianzas entre los involucrados, y ms resistente su compromiso al cambio. No
hay una correlacin simple, sin embargo, entre una mayor extensin espacial y una larga duracin temporal.
En el caso de los ensamblajes que no tienen una identidad bien definida, como las redes dispersas, de baja
densidad, esta dinmica es una fortaleza y una debilidad al mismo tiempo: de un lado, las redes de baja
densidad, con mayor nmero de eslabones dbiles, son por tal razn capaces de ofrecer novedosa informacin
sobre oportunidades pasajeras a sus miembros componentes. Del otro lado, las redes dispersas son menos
capaces de ofrecer otros recursos, como confianza en caso de crisis, los recursos que definen la fortaleza de
los eslabones fuertes. Ellos tambin son menos capaces de proporcionar restricciones, como la imposicin
de normas locales. El bajo grado de solidaridad resultante, sin no se compensa de otras formas, implica
que como un todo, las comunidades dispersas presentan ms dificultades para la movilizacin poltica y es
menos probable que acten como agentes causales en su interaccin con otras comunidades (2006:35).
De Landa aplica esta teora en forma sistemtica a los mundos de personas, organizaciones y gobiernos. Su
aplicabilidad a los movimientos sociales debe ser evidente.
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glocalizacin). Basndose en las revelaciones de la ontologa plana, estas ltimas
concepciones han sido criticadas recientemente por permanecer atrapadas en
la verticalidad y una jerarqua fundacional, con los consiguientes problemas de
prolongacin de las diferenciaciones entre micro y macro y binarios globales-
locales. Segn estos crticos, tales problemas no pueden resolverse simplemente
apelando a un modelo de interconexin; en su opinin, el desafo no es reemplazar
un nexo ontolgico-epistemolgico (verticalidad) con otro (horizontalidad),
sino ms bien eludir por completo la dependencia de cualquier predeterminacin
trascendente (Marston, Jones y Woodward, 2005:422). Esto se logra gracias a una
ontologa plana (en oposicin a una horizontal) que abandone el esencialismo
centrante que impregna no slo el imaginario vertical de arriba abajo, sino adems
la espacialidad irradiante (hacia afuera desde aqu) de la horizontalidad (422). Para
estos autores, la ontologa plana se refiere a las complejas relaciones espaciales
emergentes, la autoorganizacin y la ontognesis.
La conceptualizacin resultante busca tambin alejarse de las trayectorias
liberalistas que hacen un fetiche de los flujos, la libertad de movimiento y
la desterritorializacin absoluta presentes en algunas teoras inspiradas por
Deleuze y las teoras del actor-red. En contraposicin, esta aplicacin geogrfica
de la ontologa plana hace nfasis en los ensamblajes estructuradas a partir de
relaciones diferenciales y eventos emergentes, y la manera como ellos generan
ordenamientos sistmicos (incluyendo jerarquas) y eventos abiertos. Una conclusin
es que superar los lmites de las ontologas globalizantes requiere mantener la
atencin puesta en las relaciones ntimas y divergentes entre los cuerpos, los
objetos, los rdenes y los espacios; para lograrlo, proponen inventar nuevos
conceptos espaciales que perduren en las singularidades y materialidades del
espacio, evitando la predeterminacin de jerarquas o ausencia de fronteras
(424). En esta alternativa plana, los sitios se reconceptualizan como contextos
para relaciones-acontecimiento en trminos de las actividades de las personas. Se
convierten en una propiedad emergente de sus habitantes humanos y no humanos
en interaccin; son colectores que no preceden a los procesos interactivos que los
agrupan, requiriendo un pensamiento procesal dirigido a los efectos relacionados
y a las consecuencias de sus n-conexiones. Es decir, podemos hablar sobre la
existencia de un sitio dado slo en la medida en que podamos seguir las prcticas
interactivas mediante sus conexiones localizadas (425).
Se deduce que los procesos de localizacin no deben verse como la impronta de
lo global en lo local, sino como la actualizacin de un proceso conector particular, a partir
de un campo de virtualidad. De hecho, lo que existe siempre es una variedad de sitios
en interaccin que surgen dentro de acontecimientos-relaciones en despliegue
que incluyen, por supuesto, relaciones de fuerza desde dentro y fuera del sitio.
Este replanteamiento del sitio (site) tiene tanta relevancia para la etnografa y la
antropologa como para la geografa. Es importante recalcar que estos recientes
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Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
marcos planos y planteamientos sobre el sitio ofrecen una alternativa a gran
parte del pensamiento escalar, estadocntrico, capitalocntrico y globalocntrico
establecido, con su nfasis en fuerzas mayores, jerarquas, determinacin y
estructuras invariables. Estas visiones ms recientes consideran las entidades como
constituidas por sitios entremezclados en continuo despliegue. Parafraseando una
obra bien conocida (Gibson-Graham, 1996), los planteamientos planos anuncian
el fin de la globalizacin (como la conocamos). Al desempoderamiento del lugar y
la agencia social imbuidos en el pensamiento globalocntrico, estos planteamientos
responden con una nueva pltora de posibilidades polticas. Algunas de estas
posibilidades las estn aprovechando los movimientos sociales, e incluso individuos
que buscan convertirse en nuevos tipos de sujetos de lugar y de espacio.
II. Movimientos sociales, redes y autoorganizacin
a) Movimientos sociales y teoras de redes
Es posible establecer una diferencia entre dos tipos de teoras de redes (Escobar,
2000). En el primero, el concepto de red se encaja en una teora social existente.
En el segundo, la teora social se re/construye sobre la base del concepto de red.
La aplicacin que hace Castells de las redes a la sociedad contempornea es el caso
mejor conocido entre el primer grupo. Central a su teora de la sociedad de redes est
la diferenciacin entre el espacio de flujo (las estructuras espaciales relacionadas con
los flujos de informacin, smbolos, capital, etc.) y el espacio de los lugares (1996:415-
429). El primero est compuesto de nodos y ejes organizados jerrquicamente segn
la importancia de las funciones que desempean. Para Castells, los lugares deben
establecer conexiones o desaparecer. Esta esquizofrenia estructural puede evitarse
slo construyendo puentes entre las dos lgicas espaciales, la de los flujos y la de los
lugares (428). Desde su perspectiva globalocntrica, el poder reside en flujos y nodos
estratgicos, mientras que el significado estructural de las personas y los lugares
desaparece. Sin embargo, como sabemos, muchos movimientos sociales afirman la
centralidad del lugar en la constitucin de las sociedades actuales.9
9
La caracterizacin de redes de Castells es sugerente. Una red es una serie de nodos interconectados.
... Las redes son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin lmites, integrando nuevos nodos
siempre y cuando puedan comunicarse dentro de la red... Las redes son instrumentos apropiados para
una economa capitalista basada en la innovacin, la globalizacin y la concentracin descentralizada;
para el trabajo, obreros y firmas basados en la flexibilidad y la adaptabilidad; para una cultura de
interminable deconstruccin y reconstruccin. ... Conmutadores que conectan la red... son los
instrumentos privilegiados del poder.... Dado que las redes son mltiples, los cdigos y conmutadores
de interoperacin entre redes devienen las fuentes fundamentales en la configuracin, orientacin y
desorientacin de las sociedades (1996: 469-471). Las consecuencias de esta conceptualizacin asumen
una dimensin distpica: Las funciones dominantes se organizan en redes ligadas al espacio de los
flujos que las conectan por todo el mundo, mientras fragmentan funciones subordinadas y personas en
el espacio mltiple de los lugares, hechos de locales cada vez ms segregados y desconectados unos de
otros. ... No es que desaparezcan las personas, los locales o las actividades. Sino que su significado estructural se
desvanece, subsumido en la lgica invisible de la meta-red donde se produce el valor, se crean cdigos culturales y se
decide el poder (476-477, nfasis aadido).
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La mayora de las teoras de las redes de movimientos sociales se inscriben en la
primera clase es decir, asumen una teora social particular en la que caben las redes.
Ejemplos de ello son las teoras de redes sociales del activismo, como las de Smith,
Chatfield y Pagnucco (eds.), (1997), y Keck y Sikkink (1998); intentos ms amplios
de teorizacin sobre las redes de los movimientos sociales (e.g., Diani y McAdam
(eds.), 2003; Alvarez, 1998); y estudios etnogrficos de redes de movimientos
sociales especficos, como los asociados con las redes zapatistas (e.g., Leyva Solano,
2002, 2003; Olesen, 2005), o los movimientos antiglobalizacin (e.g., Juris, 2005,
2008; King, 2006; Osterweil, 2005a, 2005b). Un modelo general de investigacin
sobre movimientos sociales centrada en redes es el propuesto por Diani, McAdam
y colaboradores (Diani y McAdam, eds. 2003), centrado en la configuracin de
redes y los requerimientos de investigacin para el mapeo de redes.
Las teoras del actor-red (actor-network theory, ANT) son el ejemplo mejor conocido
del segundo tipo. La ANT busca explicar la esencia misma de las sociedades y las
naturalezas. No desea aadir redes sociales a la teora social, sino reconstruir la teora
social a partir de redes (Latour, 1997:1). La teora del actor-redes afirma que lo real es
un efecto de las redes. La realidad se origina en el ensamblaje de materiales heterogneos
de naturaleza social, tcnica y textual en redes estandarizadas. No importa qu tan
integrada pueda parecer en ocasiones, la realidad es el producto final del actor-redes
que lo ha puesto junto despus de mucho trabajo. Como lo explica Latour, la realidad
surge despus de mucha diseminacin, heterogeneidad y cuidadoso trenzado de
dbiles enlaces.... recogiendo, entrelazando, trenzando, dando vueltas a lazos que
son dbiles por s solos; paralelamente, el anlisis debe comenzar desde localidades
irreductibles, inconmensurables, no conectadas, que luego, con un gran esfuerzo,
en ocasiones terminan formando conexiones provisionalmente conmensurables
(Latour, 1997:2; vase tambin Law, 2000[1992]).10 Las explicaciones de redes
10
Un aspecto bien conocido de la ANT es que este proceso depende en gran parte de materiales que no son slo
humanos. Las tecnologas de todos los tipos son importantes en la generacin de redes potentes. Para Latour
(1993), los modernos han sido capaces de construir redes ms potentes precisamente en la medida en que han
sido capaces de utilizar elementos no humanos tecnologas, conocimiento cientfico, etc. en la creacin de
redes ms grandes y conectadas. Una pregunta de inters para los movimientos sociales viene al caso: cmo se
comparan las redes? La conclusin de la ANT a este respecto, nos parece, epistemolgicamente dbil: que slo
puede hablarse sobre las redes ms grandes y potentes (invariablemente, las de los modernos) en trminos de
los mtodos y los materiales que utilizan para generarse a s mismas. Strathern (1996) presenta una correccin
a esta opinin en el sentido de que los premodernos (el trmino es de Latour) tienen mayor capacidad de
lo que podra sospecharse para construir hbridos y redes, incorporndoles entidades o materiales igualmente
insospechados desde clanes y animales hasta los ancestros; los premodernos podran tambin ser ms adeptos
a cortar la red que los modernos, cuya ambicin y sentido de propiedad (e.g., propiedad intelectual) podra
forzarlos a llegar a un cierre prematuro en algunos casos (e.g., una patente, que descarta la inventiva de la red
preexistente que la produjo como posibilidad). Las de Castells y Latour tienen una tendencia a la expansin
ilimitada; esta lgica omnmoda est de acuerdo con un estilo de teorizacin particular. Los movimientos
sociales se ven como movilizaciones reactivas, que conducen a la produccin de identidades aisladas; emergen
de formas sociales histricamente agotadas y aunque afectan a la sociedad de redes, no pueden guiar la
reconstruccin de este orden social (e.g., Castells 1997:104- 109). Contrario a esta opinin, es importante ver
las redes como fuente para la produccin de cultura, poder, informacin y similares. Esto requiere una teora
de lo virtual, de la que carecen Castells y la ANT, y a la que volveremos en la ltima parte.
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Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
derivadas de una teora de la complejidad hacen parte tambin del segundo tipo. Sin
embargo, hay muy pocos estudios hasta la fecha que apliquen de manera sistemtica
las nociones de complejidad a los movimientos sociales, si bien hay un creciente
inters relacionado con las movilizaciones antiglobalizacin, como se discuto en la
parte que sigue (e.g., Chesters, 2003; Chesters y Welsh, 2006; Peltonen, 2006; Notes
from Nowhere, eds. 2003; Summer y Halpin, 2005; Escobar, 2000, 2004).
Algunas conceptualizaciones recientes sugieren puentes entre los movimientos
sociales y las ontologas planas. Al revisitar las nociones imperantes de los
movimientos sociales y la protesta poltica, Sonia lvarez se mueve en
la direccin de una ontologa plana. Su invitacin es a reconceptualizar los
movimientos sociales como campos de accin discursiva expansivos, heterogneos
y policntricos que se extienden mucho ms all de una serie diferenciada de
organizaciones de la sociedad civil. Estos campos son construidos, reinventados
continuamente y configurados por singulares culturas polticas y distribuciones
del poder. Los campos de movimiento configuran pblicos alternativos en los
que se transforman y contestan los significados dominantes culturales-polticos;
los pblicos pueden verse como arenas discursivas paralelas donde grupos
subalternos reinventan sus propios discursos, identidades e intereses. Los campos
son potencialmente polmicos en dos formas: crean y sostienen discursos,
identidades y desafos alternativos en conflicto con significados y prcticas
dominantes; y mantienen una disputa interna con sus intereses en formas que
los capacitan para responder de manera adecuada a sus propios principios tico-
polticos. Es fcil ver cmo el concepto de un campo de movimiento social
y la doble contestacin que lo estructura puede aplicarse a los movimientos
antiglobalizacin, por ejemplo, hasta el punto que sus redes pueden ser vistas
como aparatos para la produccin de discursos y prcticas alternativas, de un lado,
y como formas que representan polticas culturales que encuentran articulacin
en redes dispersas (lvarez, Dagnino y Escobar, eds. 1998; Osterweil, 2004). La
obra de lvarez llama tambin la atencin sobre el impacto del acceso diferencial
a los recursos culturales, polticos y materiales en los nodos de redes locales.
Un ejemplo final de investigacin sobre redes de movimientos sociales tiene que
ver con el grupo de redes que han surgido a lo largo de los aos alrededor de
los movimientos zapatistas en Chiapas. Lo interesante en el anlisis de este caso
ofrecido por la antroploga mexicana Xchitl Leyva (2002, 2003) es que ella
trata el neozapatismo precisamente de esa manera: un grupo de redes articuladas
que surgen de contextos polticos amplios, muchos de ellos con hondas races
histricas en la regin y en el pas. En su etnografa de redes, Leyva establece
una diferencia entre seis redes neozapatistas interrelacionadas pero distintas: las
basadas en las demandas histricas agrarias y campesinas; las redes democrtico-
electorales y basadas en los ciudadanos; las redes Indianistas-autonomistas,
centradas en las poblaciones indgenas; las redes de derechos de la mujer; redes
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revolucionarias alternativas que promueven una ideologa antiestatal y un cambio
radical, y las redes de solidaridad internacional. Todas estas redes son sociopolticas
y cibernticas al mismo tiempo; despus de 1994, se articularon alrededor del
movimiento armado zapatista (EZLN) pero por un gran margen no se restringen
a l: todos surgieron de condiciones regionales e histricas locales (y globales en el
caso de la sexta red); comparten gramticas morales (e.g., en lo concerniente a los
derechos, la ciudadana, la tierra, la autonoma, etc.) y construyen marcos cognitivos
mediante los cuales ejercen impacto en las relaciones de poder, las polticas
institucionales y la vida diaria; y por supuesto se caracterizan por tensiones y
conflictos entre ellos mismos y con otras redes. La imagen de zapatismo que surge
de esta conceptualizacin es compleja una variedad de actualizaciones a partir de
un campo de virtualidad, por apelar a los conceptos de Deleuze y de Landa. Cada
red puede considerarse como una ensamblaje en s misma y en relacin con otras
ensamblajes; cada una representa un entreveramiento en s misma y en relacin
con otras; cada una representa un enredo en mltiples capas con un montn de
actores, organizaciones, el entorno natural, los terrenos polticos e institucionales,
y los campos culturales-discursivos que pueden considerarse adecuadamente como
resultado de procesos de ensamblaje.
b) Redes y complejidad
La autoorganizacin, la teora de los ensamblajes y la autopoiesis constituyen
formas de pensamiento relativamente nuevas sobre la organizacin de lo viviente.
La aplicacin de estos conceptos a las cuestiones sociales recin comienza; de
Landa ha aplicado la teora de la complejidad a los procesos sociales, poniendo
de manifiesto la medida en la cual, en el curso de los ltimos siglos, se ha
organizado la vida social y econmica bajo una lgica de orden, centralizacin
y construccin de jerarquas. Las aplicaciones de la complejidad y las ontologas
planas apuntan a hacer visible una lgica diferente de organizacin; dicho intento
resuena en dos dominios que son especialmente pertinentes a este captulo: las
tecnologas digitales (el ciberespacio, como el universo de las redes, interacciones
e interfases digitales), y las redes de los movimientos sociales. Para comenzar con
el ciberespacio, el argumento es que mientras los medios modernos funcionan
con base en un modelo de informacin de arriba abajo, de accin-reaccin, el
modelo habilitado por las nuevas tecnologas de la informacin y la comunicacin
(TIC) se basa en un original marco de interaccin un modelo relacional donde
todos los receptores son tambin potenciales emisores, un espacio de verdadera
interaccin dialgica (expresado mejor en algunos ejemplos de net.art). Como
espacio para el intercambio intercultural y para la construccin de estrategias
artsticas y polticas compartidas proporciona oportunidades sin precedentes
para crear visiones compartidas. (Sin embargo, tambin pueden considerarse en
parte como resultado de esta dinmica varios eventos y actividades no limitados al
ciberespacio, como el proceso del Foro Social Mundial, y otros encuentros.) La
fluida arquitectura del ciberespacio habilita as una micropoltica de produccin
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Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
de conocimiento local que a su vez acenta la naturaleza molecular del
ciberespacio. Esta micropoltica en oposicin a la macropoltica estadocntrica
orientada por metas consiste en gran parte de prcticas de mezcla, reutilizacin
y recombinacin del conocimiento y la informacin.11
Esta visin resuena a su vez con los principios de complejidad y autoorganizacin,
que hacen nfasis en los procesos de abajo hacia arriba en los que agentes que
trabajan en una escala (local) dan origen a la sofisticacin y la complejidad en
otro nivel. La emergencia se da cuando las acciones de mltiples agentes en
interaccin dinmica y siguiente reglas locales en lugar de rdenes de arriba-abajo
generan algn tipo de macrocomportamiento o estructura visible. Estos sistemas
pueden ser adaptativos en cuanto aprenden con el tiempo, respondiendo de
manera ms efectiva al cambiante entorno. El concepto de red es central en estos
planteamientos. Los cientficos fsicos y naturales estn ocupados actualmente
en el mapeo de redes de todos los tipos, y en el intento de verificar estructuras,
topologas y mecanismos de operacin de redes. Los cientficos sociales se han
unido tambin al tren con la investigacin de redes complejas.12
11
El ciberespacio es considerado por algunos como la manifestacin de un nuevo modelo de vida y de
construccin del mundo. Llamada por los entusiastas de modos diversos, como espacio de conocimiento,
espacio de inteligencia colectiva y noosfera (una esfera de pensamiento colectivo, despus de Teilhard de
Chardin), el ciberespacio, en estas orientaciones, constituye un espacio significativo de interaccin sujeto-sujeto
para la negociacin de visiones y significados. Los sistemas resultantes de inteligencia en red podra constituir
una sociedad interconectada en red de comunidades inteligentes, centrada en la produccin democrtica de cultura
y subjetividad. Pierre Lvy (e.g., 1997) es quien con mayor fuerza ha articulado esta tesis en aos recientes.
La reciente obra del telogo de la liberacin Leonardo Boff sobre la religacin (2000) una reconexin de
los humanos con la naturaleza, con los otros, con la tierra, con el cosmos, con Dios podra interpretarse
tambin bajo esta luz (l apela de manera explcita a la complejidad). Abundan tambin las discusiones sobre
el impacto de las TIC en la vida diaria, incluyendo a quienes analizan las ciberculturas (e.g., Harcourt, ed.
1999; Bell y Kennedy, eds. 2000; Burbano y Barragn, eds. 2002). Como advierte Terranova (2004:75-97), el
modo de produccin distribuida no escapa a la explotacin capitalista; hay evidentes interfases entre el capital
y la economa digital. Las polticas ciberculturales pueden ser ms efectivas si ello satisface dos condiciones:
conciencia de los mundos dominantes que estn siendo creados por las mismas tecnologas en las que se
fundan las redes progresivas; y un constante ir y venir entre la ciberpoltica y la poltica basada en el lugar, o
el activismo poltico en los lugares fsicos donde viven los obreros o tejedores de redes. Eso es precisamente
la poltica que intentan desarrollar algunos de los movimientos actuales a travs de estrategias que combinan
creativamente la accin en diversas escalas. Vase King (2006); Escobar (2004); Harcourt, ed. (1999).
12
Como lo dijo un defensor de esta investigacin en una amplia introduccin al tema, las redes dominarn el
nuevo siglo en un grado mucho mayor de lo que la mayora de las personas est lista para reconocer ahora.
El pensamiento en red est listo para invadir todos los dominios de la actividad humana en la mayora de los
campos de la investigacin humana (Barabsi, 2002:7, 222). El reclamo ms impactante de los cientficos es
que hay algunas leyes bsicas que gobiernan todas las redes. Su alta interconexin hace que las grandes redes
conformen pequeos mundos en el sentido de que todos los elementos en la red no son ms que unos pocos
eslabones lejos de todos los dems, debido a la presencia de conglomerados, nodos y conectores. No todo
entra en las redes, puesto que algunos puntos y nodos estn mucho ms conectados que otros, de modo que
hay jerarquas de interconexin. A menudo, la topologa de la red est determinada por unos cuantos grandes
nodos, como en el caso de la red mundial, donde eslabones como Google, Yahoo o amazon.com tienen mucho
ms peso en la definicin de la arquitectura de la red que millones de nodos mucho ms pequeos. Estos
nodos determinan conexiones preferentes; algo similar pasa en las redes de movimientos globales, en las que los
zapatistas y unos pocos nodos claves distintos (incluyendo el Foro Social Mundial) son cruciales para estructurar
el total de la red. En suma, aun si las redes autoorganizadas de este tipo siguen ciertas reglas, a las que los
cientficos se refieren como leyes del poder (e.g., Barabsi, 2002; King, 2006; Duncan, 2003).
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TABULA RASA
No.10, enero-junio 2009
De Landa (1997, n.d., 2003) ha introducido una til distincin entre dos tipos
generales de redes: jerarquas y mallas autoorganizadas. Esta diferenciacin
fundamenta dos filosofas de vida alternativas. Las jerarquas suponen un alto
grado de control centralizado, categoras, planeacin abierta, homogenizacin y
metas particulares y reglas de comportamiento; funcionan segn un tiempo lineal
y se ajustan a estructuras arborescentes. Los militares, las empresas capitalistas y
la mayora de organizaciones burocrticas han funcionado durante mucho tiempo
sobre esta base. Las mallas, por el contrario, se basan en la toma de decisiones
descentralizada, la autoorganizacin, as como la heterogeneidad y la diversidad. Se
desarrollan a travs de su encuentro con sus entornos, a la vez que conservan su
organizacin bsica (su autopoiesis). Otras metforas usadas para describir estos
fenmenos son estructuras ramificadas o estratos (por jerarquas) y rizomas
o agregados autoconsistentes por mallas (de D/G 1987). En la misma medida
que Deleuze y Guattari, de Landa hace claridad en que estos dos principios de
organizacin se encuentran mezclados en la mayora de ejemplos de la vida real.
Ellos pueden dar origen tambin el uno al otro, por ejemplo, cuando las mallas
de movimientos sociales desarrollan jerarquas; o la internet, de la que puede
decirse que es un hbrido de malla y componentes jerrquicos, con una tendencia
al incremento de los elementos de comando y control. Lo contrario podra decirse
sobre la economa global, pues que las corporaciones de la actualidad buscan
evolucionar hacia una forma interconectada con estructuras de mando flexibles.
La mayora de los movimientos sociales son una mezcla de jerarquas y
autoorganizacin. Infortunadamente, la mayora de las perspectivas de mallas
y ontologas planas no abordan la dimensin del poder en forma explcita. Sin
embargo, sera posible establecer una diferencia entre dos tipos de redes: actor-
redes subalternos (SAN) y actor-redes dominantes (DAN; vase Escobar, 2000;
2008). La mayora de las teoras analizadas hasta ahora no hacen esta distincin,
por buenas razonas, pues los SAN y los DAN se superponen y con frecuencia
se coproducen, si bien pueden diferenciarse para propsitos del anlisis en
fundamentos polticos y en trminos de metas, prcticas, modos de agencia,
mecanismos de emergencia y jerarqua en oposicin, y en escalas. Es innegable
que las redes de movimientos sociales constituyen una ola de obligaciones
confrontacionales en muchos niveles, de modo que es difcil negar su carcter
oposicional; es importante, sin embargo, evitar caer de nuevo en las nociones
modernistas de la oposicin es decir, en representaciones de entidades
discretas independientes de su propia representacin y autoproduccin
(King, 2005). En otras palabras, en caracterizar las redes como dominantes
u oposicionales, es importante mantenerse en un terreno plano. Un
criterio simple es decir que los DAN son redes, cuyos elementos de jerarqua
predominan sobre los de la autoorganizacin, mientras que los SAN son
aquellos donde se aplica lo contrario.
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Arturo Escobar
Movimientos sociales y la poltica de lo virtual. Estrategias deleuzianas
Construyendo en el campo de la computacin biolgica, Terranova
aade elementos tiles a la conceptualizacin de las redes como sistemas
autoorganizativos que engendran un comportamiento emergente. Para ella,
puede pensarse las redes en trminos de mquinas abstractas de control suave
un diagrama de poder que toma como campo operacional las capacidades
productivas de los muchos hiperconectados (2004:100, nfasis aadido). Los
fenmenos sociales se ven como el resultado de una multitud de interacciones
moleculares, semiorganizadas entre grandes poblaciones de elementos. Los
usuarios individuales se convierten en parte de una amplia cultura de redes
de el espacio-tiempo de la desviacin (swerve), que puede conducir al
surgimiento (emergence) (117). Estos sistemas slo permiten un control suave
(como en los modelos de autmata celular); es desde esta perspectiva que cobra
sentido la definicin de red de Terranova (la organizacin menos estructurada
de la que puede decirse que tiene alguna estructura, 118). La red abierta, como
la internet, es una realizacin global y en gran tamao del estado lquido que
lleva a sus lmites la capacidad de control de los mecanismos para modelar las
reglas y seleccionar los objetivos de manera efectiva (118). Esta cultura de red
hace nfasis en formas de organizacin distribuidas/autnomas en lugar de
acudir al control directo. En resumen:
El giro biolgico es, como lo hemos visto, no slo un nuevo
acercamiento a la computacin, sino que adems aspira a ofrecer
una tecnologa social de control capaz de explicar y replicar no slo
el comportamiento colectivo de redes distribuidas como la internet,
sino tambin los complejos e impredecibles patrones del capitalismo
informacional contemporneo. El giro biolgico parece as
extenderse desde la computacin misma hacia un acercamiento
conceptual ms general para entender el comportamiento dinmico de
la internet, la cultura de redes, los medios de innovacin y los mercados
desregulados modernos es decir, de todas las estructuras sociales,
tcnicas y econmicas caracterizadas por una interaccin distribuida y
dinmica de grandes cantidades de entidades sin un controlador central
a cargo (Terranova, 2004:121).
Esto se aplica a muchos fenmenos sociales, desde los mercados hasta los
movimientos sociales que pueden estudiarse bajo la rbrica de la emergencia
social. Marca un pronunciado contraste con conceptos de control basados en
el taylorismo, la ciberntica clsica y la gobernabilidad aun si stos no son en
modo alguno irrelevantes. Similar al pensamiento de de Landa, Terranova ve
pros y contras en esta situacin; en el lado negativo la multitud/masa no puede
ser obligada a unirse bajo ninguna causa comn, pues el espacio de una cultura
de red es de disonancia permanente; sin embargo, los beneficios en trminos
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de oportunidades para la autoorganizacin y la experimentacin con base en
la comunicacin horizontal y difusa (de nuevo, como en el caso de muchos
movimientos sociales) son reales. En el mejor de los casos, las tendencias
simultneas a la divergencia y la separacin, de un lado, y a la convergencia y la
unin, del otro, que los movimientos en red exhiben podra conducir a una pasin
comn que d origen a un movimiento distribuido capaz de desplazar los lmites y los
trminos dentro de los cuales se materializa la constitucin poltica del futuro
(156). La lgica de las redes distribuidas equivale as a una lgica diferente de lo