El rendimiento social
de las organizaciones sociales
El rendimiento social
de las organizaciones sociales
Sara Gordon y Ricardo Tirado
(coordinadores)
Mxico, 2014
HM786 El rendimiento social de las organizaciones sociales / coordi-
R46 nadores Sara Gordon Rapoport, Ricardo Tirado. -- M-
xico : UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales,
2014.
291 pginas : ilustraciones.
ISBN: 978-607-02-5716-2.
1. Sociologa organizacional 2. Organizaciones no guber-
namentales -- Mxico I. Gordon Rapoport, Sara, coordinador II.
Tirado, Ricardo, coordinador.
Este libro fue sometido a un proceso de dictaminacin por acadmicos externos
al Instituto y de acuerdo con las normas establecidas por el Consejo Editorial
de las Colecciones del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad
Nacional Autnoma de Mxico.
Los derechos exclusivos de la edicin quedan reservados para todos los pases
de habla hispana. Queda prohibida la reproduccin parcial o total, por cualquier
medio, sin el consentimiento por escrito de su legtimo titular de derechos.
Primera edicin: agosto de 2014.
D.R. 2014, Universidad Nacional Autnoma de Mxico
Instituto de Investigaciones Sociales
Ciudad Universitaria, 04510, Mxico, D.F.
Coordinacin editorial: Berenise Hernndez Alans
Cuidado de la edicin: Mauro Chvez Rodrguez
Formacin de textos: Anglica Nava Ferruzca
Diseo de portada: Cynthia Trigos Suzn
Impreso y hecho en Mxico
ISBN: 978-607-02-5716-2
ndice
Introduccin
Sara Gordon y Ricardo Tirado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Cooperacin, redes y rendimiento social
de las organizaciones de accin colectiva
Sara Gordon R. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
La sociedad organizada. Una teora prescriptiva
de la asociacin
Cristina Puga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
civiles en Mxico: incentivos y obstculos
para la concertacin en torno a proyectos sociales
Gloria Jovita Guadarrama Snchez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
Recursos relacionales y accin colectiva
en la ciudad de Chihuahua
Carlos A. Martnez y Alejandro Natal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
en sistemas asociativos complejos
Matilde Luna y Carlos Chvez Becker . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
Jos Luis Velasco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219
Rendimiento social del Consejo Coordinador
Empresarial de Mxico
Ricardo Tirado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 245
Reseas curriculares de los autores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 287
Introduccin
Sara Gordon y Ricardo Tirado
E ste libro se inscribe dentro de la preocupacin generalizada por
entender mejor a un sinnmero de nuevas organizaciones socia-
les distintas de las empresas y las agencias gubernamentales que
de manera creciente se han hecho visibles en el mbito pblico de
todas partes, incidiendo cada vez ms en la toma de decisiones im-
portantes e interviniendo as en el rumbo que toma el mundo.
La obra es producto del trabajo conjunto de un grupo de inves-
tigadores provenientes de diferentes entidades de la Universidad
Nacional Autnoma de Mxico (el Instituto de Investigaciones
Sociales, la Facultad de Ciencias Polticas y Sociales y el Centro de
Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades) y El
Colegio Mexiquense.
Continuando con una larga colaboracin,1 este equipo de acad-
micos se aboc a la realizacin del proyecto Factores relacionados
con el rendimiento social de las organizaciones de la sociedad civil,
que comenz en 2011 y del cual fuimos responsable y corresponsa-
ble Sara Gordon y Ricardo Tirado, respectivamente. El Programa
de Apoyo a Proyectos de Investigacin e Innovacin Tecnolgica
(papiit) de la Direccin General Asuntos del Personal Acadmico
(dgapa) de la unam patrocin al proyecto2 y por ello los coordi-
1
Vanse los libros coordinados por Puga y Luna (2008), Luna y Puga (2010) y Puga
y Luna (2012).
2
El proyecto es el IN306410.
9
Sara Gordon y R icardo T irado
nadores y los coautores del proyecto y el libro expresamos nuestro
ms amplio reconocimiento a la Universidad y a la dgapa por el
apoyo recibido.
El libro responde al inters por conocer mejor a muchas organi-
zaciones sociales que en los medios, la academia y los foros pblicos
se suelen llamar frecuentemente con poca precisin conceptual
organizaciones civiles, para referirse a muchas agrupaciones que no
procuran al menos directamente ni el poder ni el dinero.
Tratando de incluir las muy diversas maneras en que la gente se
organiza y las organizaciones hbridas que a veces simultneamente
se desempean en diferentes medios, realizan acciones de distintos
tipos y procuran bienes de variada ndole, se recurre aqu a una
nocin muy amplia de organizaciones sociales que es mejor descrita
por medio del concepto de sistemas organizacionales.
Grosso modo, estos sistemas organizacionales pueden entenderse
como agrupaciones integradas por afiliados que, en principio, parti-
cipan voluntariamente; que tienen un propsito relativamente bien
definido, que no procuran lograr al menos no directamente ni
ganancias econmicas ni poder poltico, que tienen cierto grado de
formalizacin, expresada en reglas formales pero tambin informa-
les, y cuentan con una instancia que coordina al colectivo.
Ms conceptualmente, los sistemas organizacionales pueden ser
considerados como sistemas de accin abiertos al entorno; es decir,
arreglos en donde se articulan de modo interdependiente diversos
factores que dan lugar a ciertas dinmicas cambiantes en el tiempo
que se manifiestan en acciones, procesos, reglas, uso de recursos y
cdigos que, interrelacionados con el medio en que estn insertos,
las habilitan o inhiben para ciertos horizontes de accin.3
Pese a compartir en mayor o menor grado estos rasgos comunes,
los sistemas organizacionales pueden ser de muy distintos tipos,
como lo muestra la heterogeneidad de los siguientes ejemplos: las
asociaciones voluntarias, las organizaciones no gubernamentales
en sus diferentes versiones, las asambleas o cuerpos colegiados, las
3
Esta definicin se basa en los debates sobre la sociedad civil, la esfera civil y las
organizaciones civiles y las teoras surgidas de los estudios sobre organizaciones (Cohen
y Arato, 2000; Alexander, 2006; Edwards, 2009; Olvera, 2001; Cadena, 2004; Scott,
2003; Pfeffer, 1992).
10
Introduccin
organizaciones gremiales, los colegios de profesionales, las agru-
paciones de colonos, las asociaciones de productores, los sistemas
asociativos complejos, las organizaciones de una sola persona, las
organizaciones de defensa sin socios, las fundaciones, las organi-
zaciones internacionales dedicadas al ambiente, la salud, el trabajo,
la alimentacin y la cultura, etctera.
Las contribuciones de estos sistemas organizacionales a la
sociedad han sido un motivo de reflexin que forma parte del pen-
samiento social desde que aparecieron las primeras organizaciones
no econmicas ni polticas modernas. Y aunque ciertamente no
existe un gran cuerpo terico y conceptual sobre estas agrupaciones,
destacados cientficos sociales como Tocqueville, Durkheim, Weber
y muchos otros se ocuparon de ellas, y en las ltimas dcadas su
proliferacin ha incrementado exponencialmente el inters que
suscitan, as como la publicacin de trabajos que las analizan en
todos sus aspectos.
En la actualidad, la creciente importancia de estas formas de or-
ganizarse en distintos mbitos fortalecimiento de la democracia,
defensa de derechos, diseo e instrumentacin de polticas, atencin
al bienestar, fomento del desarrollo social, entre otros ha trado
consigo una renovada atencin no slo sobre lo que estas organi-
zaciones son y pueden hacer, sino en lo que aportan o rinden a la
sociedad. En efecto, cada vez es ms fuerte una tendencia a evaluar
el desempeo, los logros y los aportes de estas organizaciones y a
exigirles que se conduzcan de manera transparente y que rindan
cuentas.
Nuestro inters por conocer los beneficios que brindan a la socie-
dad los sistemas organizacionales se inserta en un amplio campo de
evaluacin que puede estar referido a programas, polticas pblicas
y organizaciones, y que puede, adems, de acuerdo con el objeto
seleccionado, abordar proyectos, procesos o resultados (Rossi et al.,
2004). Los ejercicios de evaluacin que usualmente se aplican a las
organizaciones sociales se han orientado sobre todo a analizar la via-
bilidad de los proyectos que emprenden, los resultados que obtienen,
el impacto de programas especficos y el desarrollo de capacidades
en distintos planos: la gestin, la capacidad de obtencin y utilizacin
11
Sara Gordon y R icardo T irado
de los recursos, etc. Son evaluaciones que pueden ser realizadas por
terceros o por los propios integrantes de las organizaciones.4
Con el fin de situar la problemtica de la evaluacin del rendimien-
to social, que es el tema de este libro y el meollo de las preocupaciones
que nos guiaron, a continuacin hacemos una sucinta presentacin
de las perspectivas ms usuales. En trminos muy generales, se
pueden identificar tres amplios enfoques para la evaluacin: el de
resultados, el de impacto y el de capacidades. El primero, animado
sobre todo por organismos pblicos y privados e influido por la
literatura empresarial, se concentra en tasar los resultados obtenidos
por las organizaciones en trminos del cumplimiento de los obje-
tivos y las metas que ellas mismas se fijaron y el uso que hicieron
de los recursos que tenan a su disposicin. Este enfoque tambin
ha influido en muchas organizaciones civiles interesadas en contar
con procedimientos que les permitan conocer, registrar y valorar los
logros de su propia operacin para darlos a conocer a sus afiliados y
simpatizantes, a los donantes actuales o potenciales y a otros actores
interesados. El enfoque se plantea conocer el grado de eficacia en
el logro de los propsitos declarados y la eficiencia en la utilizacin
de los recursos usados, y se aplica sobre todo a las intervenciones
sociales de las que puede hacerse una valoracin de los resultados
obtenidos por todo el conjunto o en una etapa de los procesos o a
travs de ciertos mecanismos establecidos para incidir. Esto es til
para evaluar lo alcanzado y mejorar el diseo o la implementacin
de las intervenciones, con la finalidad de avanzar en la consecu-
cin de lo que se ha propuesto (Rossi et al., 2004: 7).
En la evaluacin del impacto se analizan los efectos positivos
o negativos, voluntarios o involuntarios, directos o indirectos de
las acciones y los proyectos que lleva a cabo la organizacin, lo que
incluye las consecuencias a mediano o largo plazo sobre la comuni-
dad en que se ejerce un programa o una poltica. Aunque en general
la evaluacin del impacto delimita el tipo de efectos a los que da
seguimiento, en principio se pueden analizar repercusiones de muy
distinta ndole en diversos planos y en diferentes momentos. Una
4
Peter Drucker propone una gua de autoevaluacin de las organizaciones con base
en preguntas como estas: Cul es nuestra misin? Cules son nuestros resultados? Cul
es nuestro plan? (citado por Puga, 2010: 102).
12
Introduccin
modalidad de evaluacin del impacto que es cada vez ms utilizada
por organizaciones sin fines de lucro propone cuantificar el valor
social, el econmico y el ambiental, que usualmente no se toman
en cuenta en la contabilidad financiera de los bienes y servicios
producidos por las organizaciones. En esta lnea, la aplicacin del
mtodo social return on investment por distintas organizaciones consti-
tuye un desarrollo importante que ha generado diversos indicadores
orientados a cuantificar el valor social de los efectos producidos por
esas organizaciones.
De cualquier manera, por su amplitud, generalidad y profundidad,
la evaluacin del impacto es muy difcil de llevar a cabo, pues implica
tomar en cuenta una gran cantidad de variables en las que las rela-
ciones de causalidad no son fcilmente discernibles; de ah que sea
arduo identificar, concatenar y estimar la multitud de efectos directos
e indirectos que el trabajo de la organizacin desencadena.
El tercer enfoque, el de las capacidades, se orienta a analizar el
funcionamiento de organizaciones de diversos tipos: empresas,
asociaciones, organizaciones sociales, etc., con la finalidad de medir
las capacidades de la organizacin. Para ello se analizan los puntos
fuertes y dbiles de una organizacin determinada, considerando
que un aspecto muy importante del desempeo organizacional se
explica por factores internos, como la motivacin de los miembros,
la cohesin entre ellos, la legitimidad de las decisiones que se toman
y el estilo del liderazgo; es decir, por un conjunto de capacidades
organizacionales que se manifiestan como aptitudes, habilidades y
destrezas que las organizaciones pueden o no desarrollar, hacindo-
las ms o menos idneas para cumplir con su cometido.
Finalmente, puede hablarse de un cuarto enfoque, aunque en
realidad no es tal, puesto que slo es la sntesis de las tres formas
de evaluacin consideradas, en lo que se puede llamar una evaluacin
integral del desempeo. ste se basa en una concepcin de equilibrio
entre las tres dimensiones atendidas: los resultados, los impactos y
las capacidades.
El equipo de investigacin del cual formamos parte los coordina-
dores de este libro ha realizado una evaluacin integral del desempeo
que se acerca a lo que hemos expuesto, lo que le permiti construir
una metodologa de anlisis aplicable a diversos tipos de asociacio-
13
Sara Gordon y R icardo T irado
nes voluntarias asistenciales, gremiales, de defensa de derechos,
de promocin del desarrollo, de productores, de profesionales,
etc..5 Esta metodologa descansa en un concepto amplio del
desempeo que comprende diversos niveles de relaciones y compor-
tamientos en las organizaciones y respecto de su entorno y se basa
en una distincin central entre asociaciones complejas y poco
complejas.6 De igual modo, considera la evaluacin de tres ejes del
desempeo organizacional: 1. El del desarrollo prctico o funcional,
que se evala por los resultados obtenidos utilizando los criterios de
efectividad, eficacia y eficiencia; 2. El del desempeo organizativo,
referido a las capacidades desarrolladas por la organizacin, que
se mide con los criterios de la legitimidad interna, expresada en las
reglas de decisin, los esquemas de participacin, los procedimientos
y mecanismos de decisin, la cohesin, la dirigencia y los medios
de observacin; y 3. El de la relacin con el entorno, que se estima
usando los criterios de relevancia y legitimidad externos y tiene
mucho de la evaluacin de los impactos, aunque no se corresponde
exactamente con ella.
En cuanto a los criterios usados en esta metodologa, puede
decirse que la efectividad o eficacia se refiere al cumplimiento de la
misin buscada, al grado en que una organizacin logra alcanzar sus
metas y objetivos; la eficiencia concierne al buen uso de los recursos,
plasmado en el precepto de hacer ms con menos. La legitimidad interna
atae a la habilidad de la asociacin para asegurar la cooperacin
de sus integrantes, en tanto que la legitimidad externa se refiere a
la importancia que la sociedad da a las acciones de la asociacin y
al apoyo que le proporciona. Por ltimo, la relevancia se refiere a
la pertinencia de los resultados y los impactos obtenidos por las
acciones de la asociacin. Estas dimensiones se analizan a la luz de
los diversos aspectos en que se expresa la marcha de la actividad
5
Vase Puga y Luna, 2012.
6
La distincin entre sistemas organizacionales complejos y poco complejos se hace
con base en las siguientes caractersticas: heterogeneidad (de ideas, intereses, proceden-
cia) vs. homogeneidad de los miembros; modo predominante de toma de decisiones:
horizontal vs. jerrquico; autonoma vs. heteronoma; interdependencia con relacin a las
instituciones y organizaciones del entorno (el gobierno o las autoridades instituidas,
los partidos, el mercado, la Iglesia, los expertos, etc.) vs. dependencia (Luna y Velasco,
2010).
14
Introduccin
asociativa, pero no solamente; tambin se consideran los procesos
de toma de decisiones y la relacin con el entorno. En sntesis, el
anlisis del desempeo permite evaluar el funcionamiento de las
organizaciones y asociaciones en sus propios trminos y utiliza la
idea de equilibrio entre las distintas dimensiones.
En este libro, la preocupacin por la relevancia de las acciones de
los sistemas organizacionales en favor de la sociedad se conceptualiza
como rendimiento social y se enfoca de manera predominante, pero no
exclusiva, a examinar las contribuciones y aportaciones que realizan
las asociaciones en un campo no siempre tangible, el de los valores
y la calidad de las relaciones sociales. La nocin de rendimiento
social apunta a un mbito poco explorado de manera sistemtica,
aunque importantes textos se preguntan sobre algunos aspectos del
problema, sobre todo el que se refiere a la generacin de actitudes
y prcticas democrticas, tal como lo plantea Warren (2001) en un
modelo analtico construido a partir de las teoras de la democracia.
Los rendimientos sociales apuntan a resultados que no siempre son
producto de los objetivos buscados aunque s pueden serlo,
sino que a menudo son subproductos no premeditados de la acti-
vidad de las asociaciones. Es decir, con frecuencia son resultados de
segundo orden. Como se ve, se trata de una nocin con alto grado
de indeterminacin que alude a un campo de exploracin de asuntos
que han estado dispersos en otros temas, entre ellos el de los funda-
mentos y las consecuencias positivas y negativas de las estrategias
desarrolladas.
El uso de esta nocin de rendimiento social permite hacer nfasis
en sus aportes a la sociedad. La connotacin econmica del sustan-
tivo lleva consigo la idea general de utilidad o ganancia, en tanto que
el adjetivo (social) neutraliza el tono crematstico del primer trmino
y remite al mbito de las relaciones sociales y los bienes pblicos y
a las diversas reas en que la cooperacin se desarrolla y puede ser
analizada. La nocin de rendimiento social plantea dificultades que
es necesario tener presentes: la ms importante es que tiene, desde
su formulacin, una connotacin positiva, lo cual puede llevar a con-
siderar que slo cabe esperar resultados positivos de la actividad de
las asociaciones y organizaciones civiles. Como veremos en algunos
captulos de este volumen, hay componentes internos y dinmicas
15
Sara Gordon y R icardo T irado
de funcionamiento de las organizaciones sociales as como de la
estructura de las relaciones que se establecen en el interior y con su
entorno que llevan a favorecer o a obstaculizar la generacin de
rendimientos, y a veces, no cabe duda, ese rendimiento es negativo, es
decir, perjudicial para la vida social, a tal grado que se puede hablar
en algunos casos de destructividad social. A pesar de las dificul-
tades que esto entraa optamos por mantener la nocin, porque
indica claramente el problema en que se ubica la reflexin y por-
que creemos que los problemas que suscita son superables.
En una perspectiva general, el rendimiento social puede ser
observado en dos amplias dimensiones: la del objeto o la materia
de los rendimientos y la que se refiere a los factores que favorecen
u obstaculizan tales aportaciones o las hacen negativas. En ambas
dimensiones es indispensable tomar en cuenta los tipos y las moda-
lidades de los beneficiarios de la accin de las organizaciones.
El objeto o materia del rendimiento
El objeto o la materia del rendimiento es una cuestin a la que se
responde con preguntas como cules son las aportaciones de los
sistemas organizacionales al bienestar de la sociedad?, en trminos de
los bienes tangibles o intangibles que generan o a los que contribuyen.
Esta dimensin est considerada en el ideal del bienestar y la cali-
dad de vida, que implica el mayor bien posible para la mayor cantidad
de individuos. Supone la existencia de una base material para que
las personas puedan desarrollar sus capacidades, en ausencia de la
cual este desarrollo no es posible, y comprende la aceptacin del
derecho de todos a la oportunidad de orientar libremente el cur-
so de la vida por medio de la accin responsable. En este sentido, la
perspectiva del bienestar y la calidad de vida implica tomar en cuenta
el conjunto de condiciones de la vida social y el funcionamiento
de las instituciones que facultan a los individuos para alcanzar ese
objetivo (Sen, 2000).
En trminos generales, la dimensin del objeto del rendimiento
social es medida tanto por sus aspectos materiales como por los
componentes que conciernen a la calidad de las relaciones en una
16
Introduccin
sociedad, ya que se ha extendido la idea de que el bienestar implica
diversas dimensiones materiales y no materiales que deben tomarse
en cuenta de manera simultnea y que ataen a estndares de vida
(ingreso, consumo y riqueza), capital humano (salud y educacin),
trabajo y actividades personales, as como a condiciones que
permiten a las personas desarrollar sus capacidades individuales y
disfrutar de condiciones polticas y sociales para poder elegir con
libertad la vida que valoran. De estas condiciones se destacan las
oportunidades para la expresin poltica, las relaciones y conexiones
sociales, el medio ambiente y la seguridad econmica y fsica. As,
se considera que el desempeo de una sociedad se manifiesta en la
calidad de vida de los habitantes de un pas, que depende de diversas
variables, entre ellas el trabajo digno, la vivienda decorosa, la salud,
la educacin, la participacin en el proceso poltico, un ambiente
social y natural adecuado y los factores que conforman su seguridad
personal y econmica (Stiglitz et al., 2009: 16). Tambin se incluye
la dimensin de la conectividad social, que, se considera, mejora la
calidad de vida de diversas formas.7 En sntesis, se estima el alcance y
la extensin del conjunto de oportunidades, de la civilidad y libertad
de la gente para escoger el tipo de vida que valora.
Si bien la contribucin al bienestar material y el desarrollo de las
capacidades de los grupos de poblacin constituyen un rea en que
determinados sistemas organizacionales se desempean, en trmi-
nos de rendimiento social el acento se pone en la contribucin a
extender las condiciones de conectividad social y el funcionamiento
de la esfera pblica, que comprende expresiones y acciones que
contribuyen a la consolidacin de la democracia (Warren, 2001) e
implican la construccin de una esfera civil, segn lo ha formulado
Alexander (2006). La participacin en el debate de asuntos pbli-
cos controvertidos o de inters colectivo por parte de los sistemas
organizacionales coadyuva al funcionamiento de una esfera civil
dinmica y vital, de ah que se les atribuya a estos ltimos un papel
7
Se considera que las personas con ms conexiones sociales reportan evaluaciones de
vida ms elevadas, ya que muchas de las actividades placenteras implican la participacin
en actividades sociales con otras personas, y disfrutar la compaa de otros mantiene
la salud y mejora las posibilidades de encontrar trabajo, as como las caractersticas del
vecindario en el que la gente vive (Stiglitz et al., 2009: 51).
17
Sara Gordon y R icardo T irado
central en la formacin de la esfera pblica. Varios autores han
especificado, con sus propios trminos, los mbitos en que los sis-
temas organizacionales pueden hacer aportes al fortalecimiento de
la democracia (Tocqueville, 1961; Cole, 1962; Dahl, 1971; Warren,
2001): contribuyen a formar a los participantes en la toma de decisio-
nes conjuntas, a construir espacios de dilogo, a confrontar posi-
ciones encontradas, a manejar el conflicto, a llevar a la prctica las
decisiones adoptadas y a establecer reglas que fijen lmites a los acto-
res. Tambin se les atribuye capacidad para extender la reciprocidad
generalizada ms all de los lmites de las asociaciones, lo cual, a su
vez, conduce a afianzar la cultura cvica y los valores de tolerancia
asociados a la institucionalizacin de la democracia. En el plano de
la operacin de las instituciones de gobierno, usualmente la accin
civil organizada presiona por la transparencia, hace contrapeso a
otros poderes, introduce temas en la agenda y contribuye a construir
y decantar las significaciones que van dando forma a la sociedad.
Adems de los objetivos buscados de manera directa, hay ciertos
efectos o resultados producidos por la accin de los sistemas orga-
nizacionales que pueden repercutir en distintos mbitos de manera
positiva o negativa. En este sentido, cabe destacar dos planos: por
una parte, el que se refiere a las lgicas que se desprenden de deter-
minadas estrategias de los actores, en trminos de si estas estrategias
coadyuvan a un desempeo eficaz de los organismos pblicos, y por
otra, el de las enseanzas que se desprenden de las actividades y los
procedimientos que los sistemas organizacionales ponen en prctica
en la esfera pblica.
Es imprescindible decir que las distinciones sealadas responden
a propsitos de especificacin con fines analticos pero no estn
separadas en la realidad social, sino que con frecuencia el desarrollo
de tareas a favor del bienestar supone intervenir en la esfera pblica,
ya sea porque se toma una posicin en los debates orientados a di-
sear o reformar alguna ley relacionada directamente con el campo
de inters de una asociacin determinada o porque esta asociacin
participa en discusiones de carcter pblico sobre temas controver-
siales de inters comn. Ambas reas se inscriben en la problemtica
de los dilemas de la accin colectiva y suponen participar en procesos
cooperativos sin ignorar el conflicto y la confrontacin, y estimular
18
Introduccin
distintas formas de colaboracin. De ah la importancia de abordar,
as sea de manera somera, la problemtica de las bases en que se
sustenta la cooperacin y considerar como rendimientos sociales
tanto el trabajo conjunto con otros actores del mismo mbito de
accin o de uno distinto como el fomento de la cooperacin de
otros actores.
El anlisis de las bases de la cooperacin supone dos amplias
dimensiones estrechamente imbricadas: una de carcter cognitivo
y otra de carcter estructural. La dimensin cognitiva atae a las
normas y los valores que sustentan la confianza y propician la co-
operacin; la estructural concierne a las relaciones que se establecen
entre los actores y en las que se afianzan las normas.
Los factores que modulan el rendimiento
La dimensin de los factores que influyen o se relacionan con el
rendimiento social de los sistemas organizacionales corresponde
tanto al desempeo prctico (o funcional) de stos como al entorno
en que se desenvuelven e interactan, que abarca la estructura de
relaciones internas, las modalidades para la toma de decisiones,
las instituciones y los actores. Entre los actores que intervienen se
contemplan organizaciones del mismo medio sistmico el de la
solidaridad y las normas o de otros distintos la poltica o el mer-
cado. Otras variables centrales para el desempeo de los sistemas
organizacionales y la obtencin de resultados son la forma en que
se disponen las relaciones con el entorno y el grado de visibilidad
social de los actores organizados, las modalidades para la toma de
decisiones y el liderazgo. Estos factores son tanto moduladores del
rendimiento social de los sistemas organizacionales como explica-
ciones de su buen desempeo.8
Aunque en numerosos casos el rendimiento social y el desempeo
de las organizaciones estn estrechamente vinculados, esta relacin
est influida a su vez por los objetivos que buscan las organizaciones,
as como por el marco legal que delimita el campo en que actan y
8
Vanse los trabajos incluidos en Luna y Puga (2010), sobre todo los de Luna y
Velasco, Martn, Gordon, Cadena, Natal y Martnez.
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Sara Gordon y R icardo T irado
por las reglas institucionales que encuadran las reas y temas en que
se desempean.
Con estos antecedentes, el propsito que anima al conjunto de
textos aqu reunidos es indagar sobre los beneficios y las ventajas,
esto es, los rendimientos sociales, que los sistemas organizacionales
aportan. Los diferentes captulos exploran las dos dimensiones se-
aladas: la materia u objeto del rendimiento social y los factores que
lo modulan. Se consideran los dos componentes de la problemtica
involucrada, aunque sin propsitos de exhaustividad. As, ms que
abarcar un extenso conjunto de organizaciones, el objetivo fue abor-
dar los distintos temas y problemas involucrados en el rendimiento
social de algunos sistemas organizacionales.
Un primer tema son los problemas relacionados con la coopera-
cin y las condiciones que la facilitan u obstaculizan. Esto implica
desarrollar una reflexin (con base en las aportaciones tericas de
diversos autores) sobre los dilemas de la accin colectiva y los fun-
damentos que sustentan la cooperacin en las relaciones sociales.
El segundo tema, dado el arraigo del asociacionismo en el pen-
samiento sobre los sistemas organizacionales, es cmo han sido
observadas las asociaciones a lo largo de la historia, cmo se ha
argumentado su contribucin al bienestar de la sociedad, por qu, en
general, se ha recomendado su existencia y cul es su lado oscuro,
que sin duda tambin existe.
En el mbito de los factores que influyen en el rendimiento, un
tercer tema concierne a la relacin de los sistemas organizacionales
con el entorno. Esto incluye, por una parte, los elementos institu-
cionales de orden legal y los intercambios entre las organizaciones
y el gobierno que han favorecido en Mxico la cooperacin y el
desarrollo de relaciones intersectoriales, y los efectos que han
tenido en las aportaciones sociales que hacen las organizaciones.
Por otra parte, se considera tambin el modo en que las relaciones
intrasectoriales e intersectoriales han influido en la construccin de
un ambiente de confianza y reciprocidad entre organizaciones con
carcter, objetivos y concepciones distintos.
El cuarto tema se refiere a los procesos internos de las agru-
paciones que dan cuenta de cmo ciertas caractersticas de su
dinmica interna se constituyen en factores que influyen de manera
20
Introduccin
muy importante en la generacin de rendimientos sociales. Uno
de ellos es la socializacin en sistemas asociativos complejos, que
comprenden mecanismos de aprendizaje de valores y de actitudes
polticas, as como de negociacin y argumentacin, y la participa-
cin en redes, que abren nuevas formas organizativas y desempean
el rol de puentes para favorecer el entendimiento, la concertacin
y la democracia. Otro es el liderazgo en esos sistemas asociativos
complejos que por su carcter requieren de una dirigencia que logre
establecer y mantener el equilibrio entre la dispersin de la autoridad
y la conduccin eficaz para alcanzar sus objetivos.
El ltimo tema, el quinto, atae a la materia u objeto del rendi-
miento social generado por asociaciones como las empresariales,
cuyo objetivo primordial no es contribuir a resolver los problemas
de la sociedad en general o defender los derechos de los grupos
vulnerables, sino la defensa de sus intereses gremiales. Su actividad
las lleva a participar en el espacio pblico y en ciertas coyunturas
a apelar a valores universales y a interrelacionarse con grupos
que contienden a favor o en contra de determinados objetivos de
importancia pblica, y aun a comprometer su apoyo, secundaria y
ocasionalmente, a grupos muy distintos a los de sus afiliados.
Estos son los temas que dieron origen a los captulos del libro.
En el primero de ellos, Cooperacin, redes y rendimiento social de
las organizaciones de accin colectiva, Sara Gordon presenta los
principales planteamientos tericos que abordan las bases en que
descansa la cooperacin, en el marco de los dilemas de la accin
colectiva, y expone la problemtica del rendimiento social de las
organizaciones civiles y las asociaciones en los dos planos ya mencio-
nados: la materia u objeto del rendimiento social y los factores que
lo modulan. Se analizan de los componentes de carcter cognitivo
y estructural que favorecen la cooperacin social: normas de reci-
procidad, confianza, participacin en relaciones sociales y capacidad
de construir reglas y hacerlas cumplir. A partir del planteamiento de
que la forma y disposicin de las relaciones que establecen las
asociaciones constituyen factores que influyen en la generacin de
rendimientos sociales, se analizan los efectos que tienen las caracte-
rsticas de diferentes redes en la produccin de esos rendimientos.
21
Sara Gordon y R icardo T irado
En La sociedad organizada. Una teora prescriptiva de la asocia-
cin, Cristina Puga se ocupa de diversas corrientes del pensamiento
terico poltico que en los ltimos dos siglos han postulado a las
asociaciones como una tendencia social que produce diversos
beneficios para la sociedad. En un recorrido rpido por la teora
social, este captulo se ocupa de las diversas perspectivas que han
considerado a las asociaciones voluntarias, desde el siglo xix y hasta
la actualidad, como factores de cooperacin y elementos centrales
del bienestar colectivo, incluyendo a algunas que previenen sobre
los riesgos que pueden traer consigo. Puga sistematiza esas teoras
en cuatro dimensiones que los autores estudiados destacan como
contribucin de las asociaciones a un mayor rendimiento social: el
logro de una sociedad ms justa, la defensa de los intereses de clase,
el mejor funcionamiento de la democracia y el fortalecimiento de la
cohesin social. En el recorrido aparecen los nombres de autores cl-
sicos como Proudhon, Saint Simon, Tocqueville, Durkheim, Weber,
Michels, Simmel, Cole y Dahl, as como de otros ms contempor-
neos, como Schmitter, Coleman, Putnam, Ostrom y Hirst, que han
abordado el tema de las asociaciones de manera prescriptiva, como
dice la autora, para postularlas como medio para el mejor ser de la
sociedad, si bien algunos previenen sobre sus limitaciones.
En un contexto caracterizado por la desconfianza entre de las
organizaciones civiles y el gobierno, Gloria Guadarrama presenta
en Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
civiles en Mxico: incentivos y obstculos para la concertacin
en torno a proyectos sociales un anlisis general de los factores
que incentivan o dificultan la participacin de las organizaciones
civiles, consideradas un actor colectivo, en el logro de los objetivos
de inters pblico y en proyectos gubernamentales de desarrollo
y atencin al bienestar. Para ello analiza el modo en que esta cola-
boracin se ha construido y argumenta que la mayor participacin
de las asociaciones en proyectos sociales depende de la constitu-
cin de espacios de cooperacin que preserven la autonoma y las
funciones de cada sector y construyan reas de convergencia en
proyectos y polticas pblicas. Su posicin frente a estas relaciones
advierte que la cooperacin surge de intercambios positivos que
optimizan los resultados de los proyectos sociales y no se plantea
22
Introduccin
que deba ser absoluta para que haya proyectos conjuntos. El examen
de los vnculos cooperativos se hace con el seguimiento de los
intercambios entre el gobierno federal y las organizaciones civiles
durante las ltimas dos dcadas y la identificacin de las estrategias
seguidas en los esfuerzos nacionales para incorporar la cooperacin
solidaria en la provisin del bienestar. Los resultados muestran que
entre los principales obstculos para los esfuerzos cooperativos se
encuentran visiones distintas y conflictivas sobre la autonoma de
las organizaciones.
En Recursos relacionales y accin colectiva en la ciudad de
Chihuahua, Carlos A. Martnez y Alejandro Natal sostienen que
algunos rendimientos sociales pueden fluir con mayor facilidad, be-
neficiando a la sociedad y al conjunto de las asociaciones, cuando un
entorno asociativo tiene un entramado social que conecta diferentes
sistemas y asociaciones entre s. Con base en la teora de dependencia
de recursos, Martnez y Natal argumentan que la proliferacin de
interacciones entre las asociaciones civiles y otros actores de otros
sistemas, lo que llaman recursos relacionales, redunda en mayores bene-
ficios para ellas mismas, ya que esta malla de relaciones constituye el
lugar receptor donde la confianza y la reciprocidad se materializan
y reproducen. Pero no slo eso; la alta conectividad intersistmica e
intrasistmica genera mecanismos de control social una especie
de panptico asociativo que inducen a la cooperacin y al compro-
miso social, pues hacen fluir la informacin, reducen los costos de
transaccin, disminuyen el acaparamiento de recursos, multiplican
las oportunidades de colaboracin y las alternativas de solucin a los
problemas sociales, aumentan la proteccin de los derechos, incre-
mentan la fiscalizacin de las acciones gubernamentales y propician
la horizontalidad de las relaciones, y, en trminos generales, el avance
de la democracia. Es decir, el rendimiento social de estas interaccio-
nes es tal que no slo beneficia a las asociaciones, sino que genera
sinergias y crculos virtuosos de cooperacin en toda la sociedad.
El planteamiento de los autores se ilustra con el anlisis del entorno
asociativo de la ciudad de Chihuahua durante las ltimas tres dcadas,
que muestra una apreciable influencia de las organizaciones civiles
en la vida pblica de la ciudad.
23
Sara Gordon y R icardo T irado
En Socializacin, gobernanza y rendimiento social en sistemas
asociativos complejos, Matilde Luna y Carlos Chvez Becker des-
tacan la importancia que ha cobrado en los ltimos aos el concepto
de gobernanza como forma de coordinacin social que se centra
en la cooperacin y participacin horizontales de muy diversos
actores insertos en variadas estructuras colegiadas que afrontan y
resuelven problemas, contribuyendo as al rendimiento social de una
manera plurilateral, en contraste con la tradicional unilateralidad jerr-
quica propia de la gestin gubernamental estatal. A partir de lo ante-
rior, los autores desplazan su atencin a una forma de las estructuras
de gobernanza: los sistemas asociativos complejos, en los que destaca
el concepto de socializacin, entendido como un proceso en el que los
individuos adquieren o adoptan e interiorizan las actitudes polticas
y los valores de una comunidad en construccin que resocializa
recprocamente a sus integrantes en un orden que se remodela a s
mismo. Vistos de esa manera, los sistemas asociativos complejos
constituyen agencias de socializacin directa, de las que se discuten
sus alcances y potencialidades. Un aspecto central del proceso de so-
cializacin es la des-categorizacin, o des-diferenciacin, de los
grupos participantes, que sin perder su autonoma revelan una
interdependencia significativa, y a travs de la induccin e inter-
nalizacin de normas, reglas y modelos de comportamiento de un
colectivo se da la posibilidad de arribar a consensos. Sin la pretensin
de hacer un estudio de casos especficos, el anlisis se apoya en la
observacin de dos experiencias que ilustran los planteamientos
expuestos: la Unin de Comunidades Indgenas de la Regin del
Istmo y el Claustro para la Reforma del Estatuto del Personal
Acadmico de la unam. De estas experiencias, sealan los aspectos
generales de cada sistema asociativo complejo, las diferencias y
similitudes de sus instancias centrales de coordinacin y decisin,
sus mecanismos de toma de decisiones, de socializacin, rendi-
cin de cuentas y representacin, y las caractersticas que asumi el
desempeo de los casos especficamente considerados en cuanto a
eficacia, legitimidad, aprendizaje y rendimiento social.
El siguiente texto, de Jos Luis Velasco, se titula Lderes y lide-
razgo en los sistemas asociativos complejos. La atencin se enfoca
al liderazgo asociativo, que, dice el autor, con Simmel, es un tipo de
24
Introduccin
liderazgo que asume las inevitables jerarquas pero las amortigua,
multiplicndolas, flexibilizndolas y hacindolas voluntarias y
cambiantes. Se centra en el anlisis del liderazgo propio de los sis-
temas asociativos complejos, estructuras de gobernanza que siendo
imprecisas y guiadas por creencias variadas y a veces contradictorias
tienen tambin una autoridad imprecisa y cambiante. Por lo mismo,
la legitimidad del lder de un sistema asociativo complejo no puede
basarse ni en la tradicin, la legalidad o las excepcionales cualida-
des que posea, sino en atributos ms sutiles, como el conocimiento de
las personas y de los asuntos de que se trate, la iniciativa en los
procesos de deliberacin y negociacin, las relaciones interper-
sonales e interinstitucionales, la capacidad de traduccin y la
habilidad para inspirar confianza. Velasco revisa dos casos de
liderazgo en sendos sistemas asociativos complejos: el Acuerdo
de Chapultepec y el Claustro para la Reforma del Estatuto del Perso-
nal Acadmico de la unam. Los resultados apuntan a que uno de los
liderazgos, pese a lo vistoso, fue poco duradero, y aunque logr un
primer resultado prctico muy visible, no construy instituciones ni
gener confianza. El otro fue ms modesto y lento, y aunque alcanz
un importante resultado prctico, ste es poco visible y su futuro
es incierto. La conclusin es que un sistema asociativo complejo
funciona mejor si establece y mantiene un delicado equilibrio entre
dispersin de la autoridad y liderazgo eficaz, y cuando lo logra tiene
un gran rendimiento social pues deviene en precedente pedaggico
que ensea a los ciudadanos a resolver los problemas pblicos por
s mismos, de manera igualitaria e incluyente.
El sptimo y ltimo texto, de Ricardo Tirado, lleva por ttulo Ren-
dimiento social del Consejo Coordinador Empresarial de Mxico.
En la primera parte, el autor presenta una batera de instrumentos
terico-conceptuales tiles para el anlisis de las organizaciones gre-
miales de empresarios: tipologas que comparan a unas organizaciones
con otras, teoras que analizan diversos problemas organizaciona-
les (el carcter de la membresa, la conduccin, la legitimidad del
orden interno y la interrelacin con el contexto) y una propuesta
analtica sobre el rendimiento social de estas organizaciones. En la
segunda parte utiliza estas herramientas para examinar al Consejo
Coordinador Empresarial, el ms reconocido representante del em-
25
Sara Gordon y R icardo T irado
presariado mexicano, centrando el anlisis en las contribuciones de
esta organizacin a la sociedad en general. Del examen de las acciones
del Consejo concluye que no procura la produccin de bienes pbli-
cos, sino bienes para sus afiliados, aunque eventualmente tambin
produce bienes para empresarios que no son miembros suyos y hasta
para la poblacin en general. No se trata de una organizacin civil,
sino de una organizacin econmica y poltica, aunque eventual y
circunstancialmente se desplaza al campo de lo civil y opera con
propsitos comparables a los de las organizaciones civiles. Es, sin
embargo, una organizacin que por su centralizado y desproporcio-
nado poder y la forma en que lo ejerce tiene rendimientos sociales
negativos.
26
Introduccin
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Sara Gordon y R icardo T irado
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28
Cooperacin, redes y rendimiento social
de las organizaciones de accin colectiva
Sara Gordon R.
Introduccin
L a aportacin de las asociaciones y organizaciones de accin
colectiva al bienestar colectivo ha sido una preocupacin cons-
tante para pensadores sociales, investigadores, organismos finan-
ciadores, funcionarios pblicos y activistas, sobre todo porque su
ubicacin en el mbito de la solidaridad, las normas y los valores
(Warren, 2001), y la actuacin de muchas de ellas en la esfera pblica,
a menudo en defensa de intereses colectivos, remite a objetivos del
bien pblico.
Dado que el campo de los rendimientos sociales pretende reco-
ger las aportaciones de los sistemas organizacionales en un campo
no necesariamente tangible, como los valores o la calidad de las
relaciones, cuyos desenlaces no siempre son producto de objetivos
deliberadamente buscados, sino, con frecuencia, resultados de se-
gundo orden, es pertinente explorar determinados procesos de las
relaciones sociales que puedan dar luz sobre los mecanismos que
favorecen dichos rendimientos. Adicionalmente, la actuacin de
algunas asociaciones y organizaciones de accin colectiva a favor
de objetivos de bienestar de grupos o de propsitos de inters
pblico justifica insertar la reflexin en el marco de la problemtica
29
Sara Gordon R.
de la capacidad para resolver los problemas de accin colectiva,
tal como lo sealan diversos autores (Olson, 1992; North, 1990;
Putnam, 1994). El supuesto es que aquella sociedad que tiene la
capacidad de superar los dilemas de accin colectiva de manera
efectiva se desempea mejor que una que carece de ella o tiene
grandes dificultades para solucionarlos y puede, por consiguiente,
obtener mejores resultados.
En este marco, en el presente captulo se pretende sistematizar
un enfoque para reflexionar sobre el rendimiento social de las
organizaciones civiles y las asociaciones, el desempeo de la socie-
dad en trminos de su estmulo a la cooperacin, el fomento de la
democracia y la solucin de dilemas colectivos. Ampliar la confianza
y extender las normas de reciprocidad generalizada, coadyuvar al
reforzamiento y la difusin de normas cvicas, extender valores
democrticos ms all de los confines de la asociacin, contribuir
al diseo de reglas que profundicen y ensanchen la democracia
y facilitar la circulacin de informacin, entre otros, constituyen
rendimientos sociales. El enfoque no pretende incorporar todos
los componentes y elementos comprendidos en los factores rela-
cionados con el rendimiento ni abordar todas las reas en que las
asociaciones y organizaciones sociales operan, sino slo un conjunto
de problemas.
Como ya se mencion en la introduccin del libro, el concepto de
rendimiento social plantea dificultades que es necesario tener presentes;
la ms importante es que la connotacin positiva que evoca puede
introducir un sesgo positivo respecto de los resultados que se pueden
esperar de la actividad de las asociaciones y organizaciones civiles
cuando hay evidencias de que esto no es as, ya que, por ejemplo,
contribuir a extender la confianza ms all de los lmites de la orga-
nizacin y, por ende, reducir la incertidumbre sobre la conducta de
los otros, o desarrollar pautas de reciprocidad, est modulado por
factores del entorno en el que actan las organizaciones, o, como
veremos ms adelante, por la estructura de las relaciones que stas
establecen, o por el tipo de liderazgo que las anima. Lo mismo puede
decirse de acciones como fomentar valores de tolerancia y respeto
hacia los otros, estimular reglas de equidad o difundir la toma de
decisiones de carcter horizontal que permitan un mejor funciona-
30
Cooperacin, redes y rendimiento social
miento de la sociedad en la economa, la justicia y la poltica y, por
consiguiente, favorecer el desempeo.
As, en el rendimiento social de los sistemas organizacionales
influyen diversos factores; entre los ms importantes, la estruc-
tura de relaciones internas, las formas de toma de decisiones, las
reglas formales e informales. Otras variables centrales para
el desempeo de los sistemas organizacionales y la obtencin
de resultados son el entorno en que se desenvuelven e interac-
tan, el marco de incentivos para la accin y la forma en que se
disponen las relaciones con ese entorno. Aunque en numerosos
casos el rendimiento social y el desempeo de las organizaciones
tienen vnculos estrechos, esta relacin est influida a su vez por
los objetivos que buscan las organizaciones, as como por el marco
legal que delimita el campo en que actan y por las reglas institucio-
nales que encuadran las reas y temas en que se desempean.
Por esta razn, reflexionar sobre el rendimiento social de las
organizaciones en trminos de su contribucin al estmulo de la coo-
peracin implica tener en cuenta factores y condiciones que influyen
en las posibilidades que tiene esta contribucin, para no dejar de la-
do posibles efectos contrarios al bien pblico. Por otro lado, si bien
una parte del trabajo est elaborada con base en reflexiones tericas,
tambin se apoya en algunos hallazgos de investigacin emprica,
entre los que se encuentran los trabajos que integran este libro. Lo
cual, adems de dar mayor consistencia a los planteamientos, con-
tribuir a matizar el efecto de excesivo optimismo que irradian los
conceptos en que descansa la cooperacin.
Dilemas de la accin colectiva
Nuestra reflexin se orientar a plantear un rea de exploracin,
en trminos conceptuales, en la que se insertan las organizaciones
civiles y las asociaciones. Ubicamos el rendimiento social de las
organizaciones en el marco de los dilemas de la accin colectiva pre-
cisamente por las dificultades para la cooperacin que estos dilemas
plantean y por el papel que las organizaciones civiles pueden de-
sempear potencialmente en el logro de objetivos colectivos. Como
31
Sara Gordon R.
precaucin metodolgica, es preciso tomar en cuenta que la accin
de las organizaciones civiles y las asociaciones se encuentra sujeta, a
su vez, a estos dilemas. Distintas tradiciones de anlisis consideran
a las organizaciones como coadyuvantes para el logro de objetivos
comunes (Weber, 1944 y 2002; Tocqueville, 1961).
Procederemos de la siguiente manera: primero expondremos a
grandes rasgos la problemtica de los dilemas de la accin colectiva
y las perspectivas de anlisis que consideramos centrales sobre la
cooperacin social y la superacin de estos dilemas, para delimitar
el rea de indagacin. Despus, expondremos algunas caractersticas
comunes a las organizaciones civiles y las asociaciones y el papel
que se les atribuye en la bibliografa y que pueden desempear, y en
este marco algunas de las condiciones que favorecen u obstaculizan
tal rendimiento. Respecto de estas ltimas, abordaremos funda-
mentalmente las que se refieren a las relaciones que establecen las
organizaciones, pero sin duda diversas variables del funcionamiento
interno de las organizaciones influyen de manera sustantiva en sus
resultados.
El inters que reviste el planteamiento de los dilemas de la accin
colectiva es que muestra de manera metafrica las dificultades que
enfrenta, y la tensin entre la racionalidad individual y la racionalidad
colectiva, donde la conducta racional individual lleva a una situacin
de irracionalidad colectiva cuyo desenlace es un escenario en el que
todos estn peor que al inicio.1 Esta tensin es ntida en el modelo
del dilema del prisionero, que constituye la base del razonamiento de
los dilemas de la accin colectiva.2 Los dos dilemas que expondre-
mos plantean las dificultades de la cooperacin: la provisin de los
bienes pblicos y la tragedia de los bienes comunes. A continuacin
1
Los dos dilemas fueron desarrollados por la teora de la eleccin racional, a partir de
la teora de juegos, de los conceptos de bienes pblicos y bienes comunes propuestos por
Samuelson, y con base en el dilema del prisionero. La lgica de la accin colectiva plan-
teada por Olson se basa en una ecuacin de costos, beneficios brutos para el individuo i, y
beneficios netos que el individuo i obtiene de su contribucin al bien colectivo del grupo.
Si todos los individuos obtienen beneficios menores a cero, el grupo fracasar, a menos
que haya otros incentivos (citado en Hardin, 1991: 87) destinados al bien colectivo.
2
El modelo supone, adems de la falta de informacin y la imposibilidad de comuni-
carse con el otro, el desarrollo en un solo juego, sin posibilidad de repetirlo.
32
Cooperacin, redes y rendimiento social
describimos brevemente el meollo de la problemtica involucrada
en estas disyuntivas.
Respecto del dilema de los bienes pblicos,3 recordemos que se
definen por dos propiedades: oferta conjunta e imposibilidad de
exclusin. Si existe la oferta conjunta de un bien, su consumo por
una persona no reduce la cantidad disponible para que otro lo utili-
ce o consuma, y por ello no implica rivalidad o competencia entre
quienes lo disfrutan. La imposibilidad de exclusin se refiere a que
no se puede evitar que un nmero sustantivo de personas utilice
o consuma un bien determinado. Por ejemplo, el alumbrado pblico
permite a todo aquel que pase por una zona iluminada transitar con
mayor seguridad y no se puede prohibir el paso a nadie. El hecho de
que haya oferta conjunta e imposibilidad de exclusin plantea el pro-
blema de la cooperacin, ya que no es racional para un individuo que
protege su inters contribuir a la produccin o mantenimiento de los
bienes pblicos, pudiendo disfrutar de ellos sin hacer aportaciones.
Otro ejemplo de oferta conjunta de un bien pblico no excluible
es gozar de los parques de una ciudad, aun cuando no se paguen
impuestos. Dada la imposibilidad de exclusin, existe la tentacin de
disfrutar del bien sin contribuir a su creacin o mantenimiento,
decisin que est basada en el deseo de obtener el mejor resultado
posible para uno mismo, haciendo caso omiso del bienestar colec-
tivo. Aunque individualmente puede ser racional no contribuir, si
todos dejan de hacerlo el bien pblico no ser provisto, privando a
todos de su disfrute. As, la generacin y el mantenimiento de los
bienes pblicos se plantea como un dilema del prisionero, en el que
lo racional es no contribuir, dadas las dificultades que se presentan
para producir y conservar esos bienes. Hay que tener presente que
los bienes pblicos no pueden ser ofrecidos por mecanismos de
mercado.
3
La pureza del carcter de los bienes pblicos ha sido cuestionada por varios autores,
entre ellos Hardin, quien plantea que slo en el caso de bienes no materiales es posible
hablar de bienes pblicos, como las ideas y los derechos. Cuando se trata de bienes
materiales, Hardin propone hablar de bienes comunes o colectivos, o de grupo. Concep-
tualmente, esta propuesta se debate, pues aunque los bienes pblicos no son totalmente
puros, se distinguen porque no se puede excluir a nadie.
33
Sara Gordon R.
En un dilema de bienes pblicos se plantea la relacin entre el
monto de recursos aportados para producir el bien y el nivel del bien
pblico que se provee, es decir, una funcin de produccin. Hay tres
bsicas: la decreciente, en la cual las contribuciones iniciales tienen
el mayor efecto y las contribuciones adicionales generan ganancias
decrecientes; la lineal, en la que cada unidad del recurso contribuido
produce la misma ganancia, y la de aceleracin, en la que las contri-
buciones iniciales producen pocas ganancias, pero incrementales a
medida que las contribuciones aumentan (Kollock, 1998).
El segundo dilema, el de los bienes comunes, se desarrolla en
virtud de que a diferencia de los bienes pblicos, estos bienes
plantean rivalidad, es decir, su consumo por una persona s dis-
minuye la disponibilidad del bien para otra. Esta caracterstica se
agrega a las de oferta conjunta, y de imposibilidad o inviabilidad
de exclusin. Ambas propiedades la oferta conjunta y la inviabi-
lidad de exclusin de hecho, por el alto costo que significa generan
una situacin en la que se eliminan los incentivos para que los con-
sumidores individuales paguen por el bien, y como resultado el bien
se deteriora. Un ejemplo muy mencionado en la bibliografa es el de
las tierras de pastoreo de propiedad comn, que se agotan porque
todos los propietarios de ganado de una zona llevan a sus animales
a pastar sin que ninguno interrumpa el pastoreo durante un periodo
para permitir que vuelva a crecer pasto en el rea que se consumi.
En el caso de los bienes colectivos, la dificultad que plantea la lgica
de la accin colectiva es la cooperacin para mantenerlos, ya que no
hay incentivos para contribuir a su mantenimiento (Hardin, 1991;
Kollock, 1998). El asunto en dilemas de bienes comunes es la capa-
cidad del cuidado, que es una funcin de la tasa de recuperacin y
renovacin de los bienes comunes.
Ambos dilemas el de los bienes pblicos y el de los bienes
comunes plantean consecuencias potencialmente nocivas que
en el lenguaje econmico se conocen como externalidades.4 La idea
4
Una externalidad ocurre Cada vez que la conducta de una persona afecta la situacin
de otras personas sin el acuerdo explcito de esa persona o personas (Buchanan, 1971:
7; citado en Kollock, 1998: 188. La traduccin es propia).
34
Cooperacin, redes y rendimiento social
de externalidad indica interdependencia entre los individuos y la no
compensacin de los efectos negativos.5
Las dificultades de cooperacin que se plantean en ambos dile-
mas han llevado a algunos autores a concluir que la cooperacin
no es posible y que se requiere de un actor externo con autoridad,
el Estado (Olson, 1992),6 para inducir a las personas a cooperar,
aplicando medidas de carcter coercitivo o proponiendo incentivos
adicionales, selectivos, a los bienes pblicos o colectivos creados o
mantenidos. Si bien el Estado constituye una solucin frecuente
para muchos postulados tericos el de Hobbes entre otros,
no es la nica; otra muy importante son las instituciones, que se
definen como un conjunto de normas formales y/o informales
dotadas de mecanismos de sancin que dan lugar a regularidades en
el comportamiento. Estas caractersticas permiten que las insti-
tuciones den previsibilidad al comportamiento, estabilicen las ex-
pectativas respecto de la accin de los otros, haciendo previsibles
los comportamientos, y favorezcan la resolucin de situaciones de
incertidumbre (Ostrom y Ahn, 2003; March y Olsen, 2006). De igual
modo, las normas y las reglas institucionales formales e informales
tienen el efecto colateral de definir y estructurar el campo de juego,
la arena en que se desarrollan los conflictos y las negociaciones, y
los intercambios asimtricos (Panebianco, 2009: 127).
Dada la importancia que tienen para la cooperacin, es conve-
niente desarrollar las principales lneas de anlisis sobre normas de
reciprocidad, confianza y asociatividad, que en la investigacin han
sido identificadas como componentes del capital social. La relevancia
de este ltimo radica en que se genera y desarrolla en la estructura de
relaciones como un subproducto derivado de otras actividades, y
en que es un recurso privado con estructura de bien pblico, que
5
Buchanan (1965) ha identificado la existencia de otro tipo de bienes que no implican
dilemas de accin colectiva, ya que no plantean rivalidad y s excluyen: los llamados
bienes de club, en los cuales un pequeo grupo de individuos crea una asociacin en la
que se proporcionan bienes y servicios en pequea escala, excluyendo a quienes no son
miembros de la participacin y el consumo de los beneficios.
6
Cuando el dilema se da en torno a bienes fsicos, otra conclusin a la que se ha
llegado para solucionar la falta de cooperacin es la privatizacin de los bienes colectivos,
para que sean los propietarios quienes se hagan cargo de los costos de mantenimiento y
conservacin, y evitar al mismo tiempo su uso sin retribucin (Kollock, 1998: 203).
35
Sara Gordon R.
se basa en el hecho de que las relaciones sociales que permiten la
existencia de normas no slo benefician a las personas que las crean y
sostienen, sino tambin a quienes no lo hacen. Es importante aclarar
que ms que pretender centrar el anlisis en el concepto de capital
social, el propsito es situar la discusin en los componentes que lo
integran, as como en sus relaciones.
Sin pretensiones de exhaustividad, destacaremos los planteamien-
tos centrales de Coleman, Putnam y Ostrom. Estas perspectivas
permiten insertar la accin de los actores en un contexto social ms
amplio, lo cual permite evitar enfoques que consideran la accin de
los actores como un mero reflejo de la estructura social o econmica
o suponen la accin como totalmente autnoma y aislada de los
constreimientos sociales (Coleman, 1990; Granovetter, 1973).
Confianza, normas de reciprocidad y cooperacin
En su anlisis de los componentes del capital social, Coleman (2000:
16)7 lo define por su funcin, y seala que es un conjunto de enti-
dades diferentes con dos elementos en comn: consisten de algn
aspecto de la estructura social y facilitan ciertas acciones de los ac-
tores, ya sean personas o grupos. Es un recurso que reside en las
relaciones y se crea por medio de intercambios entre las personas que
facilitan la accin. Las formas de capital social que identifica son
esenciales para la cooperacin: informacin, normas y sanciones
efectivas, obligaciones, expectativas y confiabilidad de las estructuras
y carcter apropiable de la organizacin social.
7
La importancia de Coleman es que desarrolla una orientacin terica a partir de las
dos grandes tradiciones de anlisis de la accin social: la que ve al actor como socializado,
y la accin como gobernada por normas sociales, reglas y obligaciones, y la que ve al actor
como independiente. La primera busca describir la accin en el contexto social y explicar
el modo en que la accin es delimitada y constreida por el contexto. La segunda ve al
actor como independiente en la formulacin de sus metas y como agente que acta de
manera autnoma, guiado totalmente por el autointers. La principal cualidad de esta
perspectiva radica en que atribuye a los individuos un principio de accin, el de maximizar
la utilidad. La formulacin de Coleman (2000: 13) acepta el principio de accin racional
de los individuos y analiza la accin en contexto.
36
Cooperacin, redes y rendimiento social
La informacin constituye la base para la accin, y dado que es
costosa y de difcil acceso, una manera de tenerla son las relacio-
nes construidas con base en la confianza. En las relaciones se desa-
rrollan normas de reciprocidad que garantizan el cumplimiento
de los compromisos y aseguran el respeto a las reglas; habilitan y
orientan la conducta, a la vez que la constrien. Las normas son, por
ello, la base de la confianza, que se construye mediante la reiteracin
de conductas que confirman las expectativas positivas del actor. En
el planteamiento de Coleman, la reciprocidad constituye un crdito
que posee uno de los actores y puede ser cobrado a futuro, as
como una obligacin para otro actor.8 Esta forma depende de dos
elementos: la confiabilidad del ambiente social y la cantidad de obli-
gaciones. La confiabilidad significa que las obligaciones sern retri-
buidas, y ser mayor en una estructura de relaciones caracterizada por
la clausura; en este tipo de estructuras todos los actores (individuos u
organizaciones) se conocen y comunican entre s, y pueden por ello
monitorear la accin, controlar la conducta de quienes participan en
la red e imponer sanciones de carcter moral, como la reprobacin
social.9 Sin embargo, algunos autores han hecho notar que la clausura
por s sola no es suficiente para hacer cumplir las normas; dicho
cumplimiento tiene mayores posibilidades en situaciones de inter-
dependencia real entre los actores, y dado que obtienen beneficios
de sus relaciones sociales, las preservan para seguir teniendo acceso
a las ventajas que se derivan de ellas (Panebianco, 2009).
Por su forma cerrada, la clausura facilita el monitoreo de todos
los actores que integran la red, pero otras modalidades de ordena-
cin lo dificultan; por ejemplo, una estructura en la que slo una
persona establece relaciones con el resto de los miembros favorece
relaciones asimtricas, en donde el centro proporciona recursos (cr-
8
En la formulacin de Coleman (2000: 20): Si A hace algo para B y confa en que
B va a ser recproco en el futuro, esto establece la expectativa en A y la obligacin en B.
Esta obligacin puede ser concebida como un crdito sostenido por A con respecto a
la performance de B.
9
La idea de red con clausura corresponde a los lazos fuertes en la formulacin de Grano-
vetter (1973). Los lazos fuertes implican un fuerte compromiso afectivo y control social
bajo la forma de constante vigilancia recproca entre los miembros de la red, en tanto
que los lazos dbiles implican menor control social, un carcter ms instrumental de las
relaciones y una mayor circulacin de la informacin.
37
Sara Gordon R.
ditos) a todos los integrantes y establece obligaciones de reciprocidad
con ellos. Una estructura lineal, en la que cada miembro slo conoce
a otro integrante, no favorece la transmisin de informacin ni el
seguimiento de las acciones ni, por ello, la sancin de las conductas
nocivas. Volveremos a este tema ms adelante.
En lnea con los postulados centrales de Coleman sobre el ca-
pital social,10 Putnam et al. lo definen como aquellos aspectos de
la organizacin social, tales como confianza, normas y redes, que
pueden mejorar la eficiencia de una sociedad al facilitar la accin
coordinada (1994). Esta definicin les permite destacar los com-
ponentes esenciales que estimulan la cooperacin voluntaria, que
ocupa un sitio central en la reflexin de Putnam sobre el vnculo
entre dilemas de accin colectiva y desempeo, sea econmico o
de orden democrtico. La confianza es el factor clave que favorece
la cooperacin, ya que conecta las expectativas con la capacidad de
decidir como sujeto independiente, permitiendo clculos sobre el
comportamiento de los otros. De igual modo, al favorecer las re-
laciones, la confianza ayuda a sustituir la vigilancia y la elaboracin
de contratos que con frecuencia son demasiado costosos o impo-
sibles de llevar a cabo, y prescindir de la intervencin de terceros
para hacerlos cumplir.
La norma de reciprocidad es la norma ms importante en trminos
de capital social, ya que las relaciones de confianza se basan en ella
(Putnam et al., 1994: 216). Se identifican dos tipos de reciprocidad: la
equilibrada, o especfica, y la generalizada, o difusa. La primera tiene
lugar cuando se da un intercambio de objetos o bienes cuyo valor es
o se considera equivalente, y se delimita como un evento especfico
en el tiempo, aunque pueda repetirse. La reciprocidad generalizada
establece una relacin permanente y continua de intercambio, y
aunque de manera inmediata pueda no ser equivalente, mantiene
la expectativa de que los beneficios sern mutuos y, a largo plazo,
equiparables. La reciprocidad generalizada aumenta las posibilida-
des de intercambio tanto en la cantidad de objetos como en la
diversidad de mbitos. De esa forma, todos pueden esperar com-
10
Fundamentalmente su ubicacin en las relaciones entre los individuos, el hecho de
que genera beneficios porque es un recurso que puede usarse para lograr determinados
propsitos y tiene una dimensin privada y una pblica.
38
Cooperacin, redes y rendimiento social
portamientos recprocos en distintos espacios sociales, con lo
cual se acrecienta la confianza social. Entre ambas impulsan una
conectividad social mayor y mayores posibilidades de cooperacin.
La reciprocidad generalizada es clave para la confianza social en
las modernas sociedades complejas, ya que tiende a limitar las
conductas oportunistas, lo que conduce a un incremento en el
nivel de confianza de quienes han sido testigos de una reciprocidad
repetida (Ostrom y Ahn, 2003).11
La participacin en redes constituye tambin una fuente de con-
fianza, y se da en estrecha relacin con la reciprocidad. Las redes
delimitan posibilidades de un contacto ms o menos frecuente, lo
que aumenta las posibilidades de informacin sobre la confiabilidad
de los otros; traen consigo compromisos y obligaciones mutuos
y en ellas se generan normas que favorecen la cooperacin (Put-
nam, 2002: 17). Entre mayor sea la densidad de los contactos, ms
fluida ser la informacin y la comunicacin, y se reducir ms la
incertidumbre acerca de qu esperar de los otros. De igual forma,
ciertos rasgos de las redes favorecen la capacidad de preservar y
fortalecer la confianza y la cooperacin; sobre todo el predominio
de las relaciones de carcter horizontal, por encima de las verticales,
aunque en toda asociacin se dan ambas relaciones, pero en distin-
tas proporciones.12 Esto se debe a que las relaciones horizontales
favorecen normas de reciprocidad de carcter equitativo tanto en
la disposicin a equilibrar el intercambio como en el trato y son
ms propensas a extender la reciprocidad ms all de las redes, y
por ello a generalizarlas. Si bien las relaciones en las que predomina
la jerarqua, como las clientelares, implican vnculos de reciprocidad,
el intercambio es vertical y las obligaciones asimtricas... los lazos
verticales parecen socavar la organizacin de grupos horizontales
(1994: 222). En la perspectiva de Putnam, en estos casos no hay
capital social.
11
En palabras de Putnam: Una sociedad caracterizada por la reciprocidad gene-
ralizada es ms eficiente que otra desconfiada, por la misma razn que la eficiencia del
dinero es mayor que la del trueque. Si no tenemos que compensar cada intercambio al
instante, podremos realizar muchas ms cosas (2002, 18).
12
Dice Putnam: Una red vertical, por muy densa e importante que sea para sus
participantes, no puede mantener la confianza y la cooperacin. Los flujos verticales de
informacin son a menudo menos confiables que los flujos horizontales (1994: 222).
39
Sara Gordon R.
Dado que las interacciones sostenidas entre las personas producen
informacin confiable sobre lo que se puede esperar de cada quien,
y que esas interacciones son ms intensas en las redes, las redes de
compromiso cvico (asociaciones de vecinos, clubes deportivos,
cooperativas) constituyen ms fcilmente el capital social porque
inducen a una reciprocidad generalizada, precisamente por su carc-
ter horizontal. Con ello se incrementa la confianza y el rendimiento
social e institucional. En trminos de la teora de juegos, la ventaja
de las asociaciones cvicas para favorecer este rendimiento obedece
al hecho de que elevan los costos de no cooperar (1994: 221), porque
incentivan la interconexin entre los juegos, de forma tal que un
acto de cooperacin se encadena a otro y en la cadena es difcil no
poner en riesgo los beneficios, los del momento y los del futuro, si
se deserta. La relacin con las virtudes cvicas se explica como un
mecanismo de reforzamiento mediante la asociatividad que el capital
social provee. ste atiende al hecho de que la virtud cvica posee su
mayor fuerza cuando est enmarcada en una red densa de relaciones
sociales recprocas. Una sociedad compuesta por muchos individuos
virtuosos pero aislados no es necesariamente rica en capital social
(2002: 14). La relacin entre capital social y compromiso cvico est
mediada por el carcter denso de las redes sociales o las asociativi-
dades. En la visin de Putnam, la verticalidad de las relaciones lleva
a largo plazo a erosionar la confianza. Las redes cvicas privilegian
las normas de reciprocidad asociadas a dichas redes ms que el
intercambio y sus objetos especficos y fortalecen la dimensin
pblica del capital social.
Las redes de compromiso social incrementan los costos potencia-
les para quien no acta de una manera confiable en una transaccin
individual. Las organizaciones/redes favorecen normas slidas de
reciprocidad, facilitan la comunicacin y mejoran el flujo de infor-
macin sobre la confiabilidad de los individuos en transacciones
pasadas; de igual modo, incrementan la posibilidad de construir reglas
de acuerdo y de eventuales sanciones. Respecto de las organizaciones
y asociaciones (redes formales), las de carcter horizontal favorecen
la reciprocidad generalizada, la cual, a su vez, facilita el compromiso
cvico. As, aquellos ambientes en que los ciudadanos tienen expecta-
tivas fundadas de que todos cumplan con las regulaciones permiten
40
Cooperacin, redes y rendimiento social
prescindir de medidas dirigidas a conseguir el cumplimiento de las
normas y utilizar esos recursos en propsitos ms fructferos, lo
cual favorece un mejor desempeo (Boix y Posner, 1998). En otro
plano, una mayor cooperacin entre polticos y funcionarios pblicos
reduce la posibilidad de complicidades contrarias al inters pblico
en la toma de decisiones, de ah que favorezca una mayor calidad en
las medidas de gobierno (Boix y Posner, 1998; Knack 2002). En estas
tareas hay un efecto indirecto de la accin de las asociaciones. En
sntesis, estas redes favorecen conductas asociadas a los siguientes
rasgos: fomento de la cooperacin, estmulo a la atencin de asuntos
comunes y reforzamiento y extensin de relaciones de igualdad y
confianza, de solidaridad y tolerancia.
El enfoque desarrollado por Ostrom (2003: 164) se centra en
la dinmica de la interaccin orientada a la cooperacin, y lo ha
construido a partir de experimentos de laboratorio y del anlisis de
experiencias organizativas de propietarios de recursos de un acervo
comn que enfrentan dilemas de accin colectiva; dada su posibili-
dad de generalizacin, su concepcin es aplicable a situaciones en
otros mbitos. Ostrom entiende el capital social como confianza,
normas de reciprocidad, redes de participacin civil, reglas y leyes,
y subraya su propiedad de medio para enfrentar dificultades de
accin colectiva, sobre todo para promover maneras ms efectivas
de solucionar problemas de accin colectiva en todas las facetas
de la vida econmica y poltica (Ostrom y Ahn, 2003: 166). La
visin de Ostrom da especial importancia al tiempo y a la reitera-
cin de la interaccin, que permite dar continuidad a las expectativas
de confianza mutua, a la comunicacin y a la capacidad de crea-
cin de reglas propias, y establecer el medio de vigilancia de las reglas
fijadas, que constituyen factores clave que ayudan a los individuos a
resolver sus diferencias en el marco de la accin colectiva.
La tesis general del nuevo institucionalismo de que las reglas for-
males o informales constrien o estimulan la accin humana va a
ser especificada en el enfoque de Ostrom en el sentido de considerar
que las reglas estructuran situaciones en las cuales los individuos
seleccionan acciones de un elenco permitido segn los incentivos
existentes en el contexto (1986: 6). La situacin en que se toman las
decisiones juega un papel decisivo para cambiar la posicin en que
41
Sara Gordon R.
prevalece el propio inters en las acciones. Para que este cambio se
d, los participantes de una propiedad de uso comn deben encontrar
maneras de crear expectativas y confianza, que pueden basarse en
un aprendizaje mutuo sobre cmo trabajar mejor en conjunto o en la
construccin de un elenco de normas o reglas sobre cmo se llevar a
cabo determinada actividad de manera repetida en el tiempo y cmo
se van a vigilar los compromisos e imponer las sanciones cuando
no se cumplan. En este sentido, las reglas se refieren a disposiciones
que utilizan regularmente los participantes en relaciones interdepen-
dientes y repetitivas; estipulan qu acciones se requieren, permiten
o prohben y son el resultado implcito o explcito de esfuerzos
conjuntos por lograr un orden (Ostrom. 1986: 5).13
El enfoque de Ostrom hace nfasis en la capacidad que tienen los
participantes en una determinada propiedad de uso colectivo de or-
ganizarse y fijar sus propias reglas para evitar conductas inmediatistas
que lleven al deterioro o desgaste del bien colectivo, preservando
la propiedad comn. Este desenlace conlleva la construccin de la
confianza en el curso de relaciones que se extienden en el tiempo
y en las que se practican normas de reciprocidad, dando lugar a
regularidades del comportamiento fundadas en la observancia de
las normas. Este nfasis implica prescindir de la autoridad externa,
a la manera de la solucin hobbesiana, para zanjar dilemas de bien
colectivo. Tambin implica que aunque el incentivo para cooperar sea
de carcter material la preservacin de la capacidad productiva de
la propiedad comn, existen diferencias respecto de los incentivos
selectivos, los cuales se otorgan de manera vertical y no son producto
del acuerdo entre los participantes, sino de una decisin externa.
13
Sistematiza las siguientes reglas: 1. De posicin, que sealan el conjunto de posiciones;
2. De lmites, que especifican cmo son elegidos los participantes para mantener esas
posiciones y cmo salen de ellas; 3. De amplitud, que detallan el conjunto de resultados
y los incentivos externos o los costos asignados para cada uno de esos resultados; 4. De
autoridad, que precisan el conjunto de acciones asignadas a una posicin en un nodo par-
ticular; 5. De agregacin, que indican la funcin de decisin que va a ser usada en un nodo
particular del mapa de acciones en el resultado intermedio o final; 6. De informacin, que
autorizan los canales de comunicacin entre los participantes en posiciones y el lenguaje
especfico y la forma en que la comunicacin tendr lugar; 7. De pago, que prescriben
los beneficios y los costos que sern distribuidos a los participantes de las diferentes
posiciones (Ostrom, 1986: 19).
42
Cooperacin, redes y rendimiento social
Como se desprende de esta exposicin, un supuesto muy im-
portante en que se sustentan las perspectivas enunciadas es que la
capacidad para remontar dilemas de accin colectiva y favorecer
la cooperacin se basa en la interaccin cara a cara; en la interaccin
con el otro se desarrolla la reciprocidad y se construye la confianza.
La red de relaciones, independientemente de su grado de formaliza-
cin, es el escenario fundamental de la interaccin; comprende una
amplia variedad de vnculos que van desde contactos eventuales y
prcticas de sociabilidad cotidiana hasta organizaciones y asociacio-
nes con distintos propsitos y grados de complejidad.
Si bien en los sistemas organizacionales se desarrollan algunas
caractersticas iguales o similares a las que se dan en redes predomi-
nantemente informales, tienen rasgos exclusivos que las distinguen,
aunque en algunos casos coincidan con los de estas ltimas. En el
apartado siguiente nos referiremos a ellas de modo especfico.
Asociaciones y organizaciones en el marco
de la accin colectiva
Las asociaciones y organizaciones formales pueden ser definidas
como estructuras de autoridad (jerrquicas o de otro tipo) y
sistemas de roles y de carreras fundadas en la divisin del trabajo
que sostienen objetivos explcitos, poseen lmites organizativos
y disponen de sistemas de creencias que alimentan la lealtad y la
identificacin organizacional (Panebianco, 2009: 104). A la vez que
reflejan aspiraciones y racionalidad, eficacia y eficiencia en el control
de la vida social y de la naturaleza (Brunsson y Olsen, 1998: 14),
las organizaciones tambin son colectividades cuyos participantes
persiguen intereses comunes, a la vez que dispares o incluso diver-
gentes, pero reconocen el valor de perpetuar la organizacin como
un recurso valioso (Scott, 2003: 28).
En la medida que sustentan un conjunto de normas formales
e informales que dan regularidad al comportamiento e incorpo-
ran mecanismos de sancin, las organizaciones son instituciones,
reglas del juego a la vez que jugadores (Panebianco, 2009; Scott,
43
Sara Gordon R.
2003: 28),14 en donde se combinan flujos y actividades interdepen-
dientes. Asimismo, estn insertas en un ambiente del cual reciben
demandas, a las que deben dar respuesta, y se relacionan con otras
organizaciones para obtener los recursos que requieren y ofrecer, a
su vez, los que poseen, lo que las hace interdependientes y les plantea
constreimientos que modulan las decisiones y oportunidades de
la organizacin.
Las asociaciones constituyen un tipo especial de organizacin que
adems de los rasgos antes mencionados tienen un carcter volun-
tario en virtud del cual un grupo de personas autnomas coordinan
sus esfuerzos para alcanzar determinados objetivos en torno a los
cuales coinciden y actan, para lo cual se fijan reglas, se distribuyen
tareas y se diferencian interna y externamente (Cadena y Puga, 2005:
31; Tirado, 2010: 13); se caracterizan por el predominio de relaciones
horizontales que expresan la igualdad de sus miembros y se sitan
en el mbito de la solidaridad y las normas, que opera sobre todo
mediante la persuasin, sin que medie un pago monetario o una
amenaza de sancin (Warren, 2001: 54-57). Esto no quiere decir que
en las asociaciones no exista una lgica de incentivos selectivos o
que carezcan de intereses a defender, sino que indica que su medio
de intercambio no es el dinero, ya que no operan en el mercado, ni el
poder, dado que no se ubican en la poltica. As, la participacin en
las asociaciones involucra a la vez un componente de contribucin
solidaria al esfuerzo comn y un clculo racional para la obtencin de
beneficios; la expectativa de reciprocidad comprende tanto altruismo
como inters propio (Putnam, 2003: 175).
En estrecha relacin con este rasgo est la distincin sobre si la
asociacin se ubica o no en el mundo de los intereses creados (vested
interests) o si se plantea cambiar ese estado de cosas. Esta distincin
es afn a las que se basan en el tipo de propsitos colectivos o
privados que la asociacin se plantea lograr, o de bienes pblicos
que pretende producir, y es similar a la que diferencia a las asocia-
14
La distincin tajante entre instituciones y organizaciones, que seala que las pri-
meras son las reglas del juego y las segundas los jugadores, planteada por North (1971),
ha sido cuestionada por varios autores (Panebianco, 2012; Scott, 2003), que argumentan
que ciertas organizaciones son, a la vez, instituciones.
44
Cooperacin, redes y rendimiento social
ciones cuyo objetivo es beneficiar slo a sus miembros de las que
buscan mejorar la situacin de las personas ajenas a la asociacin
(Smith, 1997, citado en Tirado, 2010). Tambin es cercana a la que
distingue entre asociaciones que funcionan como arenas, escenarios
o espacios de expresin, cuya accin se vuelca en s mismas como
las de ayuda mutua o los clubes sociales, y asociaciones que son
actores/agentes que tratan de incidir en su entorno como las que
cabildean para influir en las polticas pblicas y la regulacin (Knoke,
1990: 5; Brunsson, 2000; Tirado, 2010: 29).
El conjunto de las organizaciones que son objeto de la reflexin
del presente trabajo es diverso y variado, y rene las caractersticas de
los sistemas organizacionales: carcter voluntario y privado, sin fi-
nes de lucro, ni orientadas hacia la obtencin de ganancias, aunque
pueden actuar a favor de tal propsito; dispuestas a lograr objeti-
vos de inters colectivo y actividad solidaria y sin pretender la bs-
queda del poder de manera directa o pertenecer al gobierno ni tener
filiacin partidista, pero s con propsitos de incidir en las polticas
pblicas (Salamon y Anheier, 1995: 14-15; Jeln, 1994: 103).15 En
trminos del objeto de inters de las agrupaciones, se incluyen tanto
organizaciones sociales con objetivos de atencin al bienestar en
distintas reas (salud, grupos vulnerables) como organizaciones que
se ocupan de un tema o problema especfico (derechos humanos,
educacin, medio ambiente, democracia). Respecto del tipo de or-
ganizacin, se abarcan modalidades clsicas, como asociaciones
agrupadas en torno a la defensa de un inters u objetivo comn y con
cierto grado de homogeneidad en las caractersticas sociodemogr-
ficas de sus participantes (edad, sexo, nivel educativo, ocupacin,
etc.), y formas de organizacin novedosas que comprenden una
membreca heterognea (agentes polticos, empresariales y de la
sociedad civil), como las redes de polticas pblicas, o bien organi-
zaciones integradas por organizaciones de la sociedad civil, como
15
Una parte de las organizaciones y asociaciones que se abordan integran la sociedad
civil, cuya definicin ms general la considera como el dominio de la vida social orga-
nizada que es abierta, voluntaria, autogenerada, que al menos en parte se sostiene a s
misma, autnoma del Estado y que est inserta en un orden legal o en reglas colectivas
compartidas (Diamond, 1999: 221, citado en Tusalem, 2007: 364).
45
Sara Gordon R.
las redes temticas de asociaciones (Messner, 1999).16 Este tipo de
sistemas organizacionales han sido caracterizados como complejos
(Luna y Velasco, 2010) en virtud de que presentan las siguientes
propiedades: autonoma, en un doble sentido, de la organizacin en
su conjunto ya que no dependen jerrquicamente de otra entidad y
generan sus propias reglas de funcionamiento y de cada uno de los
individuos u organizaciones que la integran; dado que stos partici-
pan de modo voluntario, tienen control sobre sus recursos y pueden
optar por salirse en cualquier momento. Asimismo, los integrantes
de esos sistemas asociativos se caracterizan por la heterogeneidad de
procedencia, ideas y concepciones, y son interdependientes entre
s, dado que ninguno de los participantes puede resolver solo el
problema que atiende el sistema.
La contribucin de las asociaciones al rendimiento social
Para reflexionar sobre los factores y las condiciones que se relacionan
con el rendimiento social de las organizaciones, vamos a conside-
rarlas como actores colectivos para hacer hincapi en su carcter de
actores unitarios, dotados de intencionalidad. Los actores colectivos
son actores unitarios si se consideran desde el punto de vista de sus
relaciones con el ambiente externo, pero son estructuras de auto-
ridad desde el punto de vista de sus relaciones internas (Coleman,
1990: 148).
Abordaremos primero las orientaciones sobre el rendimiento so-
cial, que se concentran en dos amplias tradiciones: la de Tocqueville
y la comunitaria. Ambas se refieren sobre todo a las formas organi-
zativas comprendidas bajo la denominacin de organizaciones de la
sociedad civil; sin embargo, sus reflexiones tambin son aplicables a
otras formas de organizacin, como las redes de polticas pblicas
o las redes temticas de asociaciones.
16
La clasificacin que presentamos vara con respecto a la que es ms frecuente
en la bibliografa sobre organizaciones civiles en Mxico, como la de Manuel Canto,
quien distingue tres tipos: las del tercer sector, las organizaciones no gubernamentales
y las que procuran el desarrollo. Establece estos tipos combinando varios criterios: la
colaboracin o denuncia del Estado, el poder de sus dirigentes y los objetivos que se
proponen (Canto, 2004:64).
46
Cooperacin, redes y rendimiento social
En un plano, la mera existencia de organizaciones voluntarias
expresa las virtudes que la escuela tocquevilliana y la perspectiva
comunitaria les atribuyen, y en ese sentido condensan el campo
de posibilidades de rendimiento social a favor de fines pblicos.
La tradicin del anlisis que se identifica con Tocqueville destaca
las virtudes de la vida asociativa y seala que el gobierno liberal-
democrtico depende de costumbres sociales, cultura poltica y
hbitos de accin colectiva cultivados por relaciones entre iguales.
De igual modo, se hace nfasis en la accin asociativa como decisin
voluntaria del individuo y se sugiere que la fortaleza y densidad de la
vida organizativa es esencial para el vigor de la sociedad (Wuthnow,
2003: 210; Putnam et al., 1994). En esta tradicin, la perspectiva
de la cultura cvica subraya la centralidad de la formacin de una
conciencia cvica y las asociaciones como productoras de confianza
y reciprocidad, con capacidad de reforzar y extender la reciprocidad
generalizada (Putnam et al., 1994). Las asociaciones voluntarias son
consideradas como escuelas de democracia dado que promueven la
tolerancia y la deliberacin democrtica (Almond y Verba, 1963; Skoc-
pol y Fiorina, 1999; Habermas, 1989), y contienen los componen-
tes que favorecen el compromiso cvico: participacin voluntaria,
sin que medie coaccin para incorporarse o salir de ellas, y predomi-
nio de relaciones de carcter igualitario y modalidades horizontales
en la toma de decisiones. Estos atributos se asocian con la posibilidad
de las organizaciones de generalizar la reciprocidad y modificar las
preferencias particularistas de las personas hacia preocupaciones
orientadas al inters comn y al logro de propsitos conjuntos con
otros ciudadanos.
Otras vertientes les atribuyen a estas ltimas un papel central en
la formacin de una esfera pblica, donde se construyen la opinin
y el juicio polticos (Habermas, 1989).
Los enfoques comunitarios, por su parte, argumentan que las
organizaciones de la sociedad civil constituyen un mbito donde se
pueden desarrollar las obligaciones morales y reforzar los valores
humanos bsicos que no pueden ser estimulados por las instituciones
polticas y econmicas (Wuthnow, 1995: 210). En ellas se pueden
desplegar virtudes como el altruismo, el aprecio de la relacin social
como fin en s mismo, la cooperacin, la justicia social, y valores
47
Sara Gordon R.
que favorecen la participacin individual en diversas formas de
servicio a la comunidad (Wuthnow, 1995: 211, 216). En estrecha
relacin con estos valores estn las exhortaciones a los ciudadanos
para que asuman un papel activo en los asuntos pblicos (Wuthnow,
1995: 212), as como las orientaciones para emprender iniciativas al
margen del gobierno. Algunas discusiones sobre las organizaciones
de voluntarios hacen nfasis en su potencial para agregar intereses
especficos de individuos y plantearlos ante las agencias guberna-
mentales (Wuthnow, 1995: 215).
De igual modo, se destaca la influencia que tienen ciertas organi-
zaciones al plantear reclamos de justicia y hacer llamados a la con-
ciencia de los ciudadanos a favor de los grupos desfavorecidos y la
que tienen en el cambio de categorizaciones sociales. En este marco,
tambin se ha sealado que esas organizaciones ponen en cuestin
las premisas que subyacen en los supuestos de la correccin de deter-
minadas acciones y prcticas rutinarias. Asimismo, vigilan de manera
directa determinados aspectos de la poltica pblica y de las entidades
que restringen o favorecen respuestas organizacionales (Zald et al.,
257). En Mxico, Manuel Canto ha identificado estos rasgos en
organizaciones orientadas a la defensa de los derechos humanos
(Canto, 2004: 64).
La tesis propuesta por Jeffrey Alexander (2006) sobre la nocin de
sociedad civil como una esfera civil integrada por instituciones co-
municativas, determinadas organizaciones sociales y una regulacin,
como idnea para la actual sociedad compleja, recoge el carc-
ter conflictivo y heterogneo de la sociedad civil, o de las sociedades
civiles, y hace nfasis en que su rasgo definitorio es que proyectan
juicios comunicativos en la esfera civil que constituyen el meollo del
debate en el que se expresan posiciones contrarias. As, la opinin
pblica es el espacio de la esfera civil y donde se expresan las distin-
tas posiciones bajo una lgica binaria. En este marco, las organi-
zaciones con capacidad de dar alcance universal a sus demandas
particulares17 desempean un papel comunicativo vital. Sin embargo,
en la medida que Alexander se centra slo en la participacin delibe-
17
Que pueden lograr, indica Alexander, si son capaces de transformar un discurso
particular en un discurso universal.
48
Cooperacin, redes y rendimiento social
rada de las organizaciones civiles en el debate pblico, incorporando
nicamente a las que se orientan a resolver determinados problemas,
para lo cual requieren expresar su voz en el mbito pblico, ya sean
representantes de grupos de cabildeo o se refieran a los bienes
pblicos (2006: 92-93), deja de lado la contribucin de las organiza-
ciones civiles en otros mbitos, como la resolucin de problemas o
el impulso a la cooperacin. A pesar de ello, la definicin de esfera
civil que elabora debe tomarse en cuenta, ya que pone el acento en
un proceso comunicativo inherente a la actual sociedad compleja y
a la manera en que ciertas organizaciones influyen en las decisiones
pblicas. A la luz del planteamiento de Alexander, la controvertida
actuacin del Consejo Coordinador Empresarial (cce) en Mxico
en defensa de objetivos gremiales permite analizar cmo ha sido
capaz esta asociacin de transformar y dar contenido universal a
intereses particulares y ha producido rendimientos sociales en el
debate pblico, contribuyendo a la construccin de una esfera civil
(vase a Tirado en este libro).
El amplio campo de posibles contribuciones al bien pblico y
el consiguiente rendimiento social por parte de las organizaciones
civiles se ve modulado por diversas condiciones y factores que emer-
gen en la interaccin de las organizaciones con otros actores. Una
primera observacin que debe tomarse en cuenta es que aun cuando
la accin de las organizaciones sociales est influenciada por los lazos
de cohesin que mantienen por los cuales fluye la informacin,
su accin responde tambin a relaciones de competencia y a procesos
de imitacin (March, 1997: 24). De igual modo, existe una tensin
permanente entre la cooperacin y el conflicto donde continuamente
se pone en cuestin la capacidad de coordinar intereses individuales
a menudo divergentes y colectivos (Messner, 1997).
La estructura de las relaciones
En la interaccin que se desarrolla en las redes de individuos, en aso-
ciaciones o en organizaciones sociales, dos caractersticas son clave
por sus efectos en las modalidades de la cooperacin: la estructura de
las relaciones y la forma en que estas relaciones se disponen. Sin ser
49
Sara Gordon R.
los nicos factores, ambos repercuten en la capacidad de extender la
confianza ms all de los lmites de la red y ampliar las relaciones de
reciprocidad. Esto es as porque si bien las intenciones e identidades
de los actores inciden en las decisiones que se toman, el hecho de
que la estructura de relaciones entre los individuos interacte con
su comportamiento produce propiedades sistmicas que no pueden
ser atribuidas tan slo al comportamiento individual, de ah que las
conexiones que se establecen constituyan tambin un elemento
central de las interacciones.
La frecuencia y la intensidad emocional de los lazos constitu-
yen la base de una primera distincin en las redes: son lazos fuertes
aquellos en donde los contactos se dan de manera frecuente, los
temas que se abordan son variados y permiten el seguimiento de la
actividad del otro y todos los participantes se conocen entre s. La
caracterstica de clausura o cierre que seala Coleman corresponde
a los lazos fuertes. En contraste, son lazos dbiles aquellos en don-
de los contactos se dan de modo espordico, los temas que se tratan
son limitados y no todos los participantes de la red se conocen entre
s (Granovetter, 1973).18 A diferencia de los lazos fuertes desarrollados
en crculos restringidos, que favorecen el cumplimiento de las nor-
mas y la imposicin de sanciones, los lazos dbiles propician contactos
en un campo ms amplio, entre personas u organizaciones con
caractersticas dismiles. Esta reconocida caracterstica de los lazos
dbiles ha llevado a algunos autores a recomendar su auspicio como
parte de la estrategia de superacin de la pobreza en localidades de
Amrica Latina (Espinoza, 2005: 29).
A partir de esta idea, una segunda distincin se refiere a los vncu-
los que se desarrollan entre actores con caractersticas semejantes o
diferentes entre s. Las conexiones entre los semejantes obedecen al
principio de homofilia, bonding (Lin, 2001: 58), y las que se establecen
entre actores distantes socialmente, o con caractersticas diferentes,
permiten tender puentes, bridging, entre mbitos sociales diversos y
responden al principio de heterofilia. As, aquellas organizaciones
cuyos miembros participan en otra u otras agrupaciones son ms
18
Los elementos que considera Granovetter para distinguir lazos fuertes de lazos
dbiles son tiempo, intensidad emocional, intimidad y servicios recprocos (Grano-
vetter, 1973: 1361).
50
Cooperacin, redes y rendimiento social
proclives a franquear distancias sociales y fomentar la tolerancia
hacia los otros. De igual manera, las organizaciones con capacidad
de establecer numerosos lazos con asociaciones cuyas caractersticas
son distintas a las propias (opiniones polticas, identidades, intereses)
favorecen el respeto y fomentan la reciprocidad generalizada y la
cooperacin. As lo muestra el captulo de Martnez y Natal sobre el
entorno asociativo de la ciudad de Chihuahua (en este libro), donde
la tradicin asociativa, estimulada por propsitos de resistencia a
decisiones del centro del pas en los mbitos poltico y econmi-
co, ha permitido a organizaciones civiles con objetivos dismiles,
concepciones ideolgicas diferentes cuando no opuestas y
metodologas de trabajo distintas, establecer numerosas relaciones
con otras organizaciones, coadyuvando a generalizar la reciprocidad
ms all de los lmites de las asociaciones y a configurar un ambiente
de confianza.
En cambio, las organizaciones cuyos miembros establecen pocos
vnculos o ninguno con otras agrupaciones tienden a promover la
desconfianza hacia quienes no comparten sus rasgos y exacerbar
las fracturas sociales; por ello, tienen una influencia negativa en la
democracia (Paxton, 2002: 259). As, a pesar de que dentro de una
organizacin haya slidos lazos de confianza, si sus miembros no
participan en otras organizaciones, o la organizacin no establece
conexiones con agrupaciones distintas, no se favorece la democracia.
En trminos de rendimiento social puede decirse que mientras ms
particularizada sea la confianza que promueve la asociacin, menor
rendimiento social, en trminos de favorecer la cooperacin, pro-
ducir, y viceversa: mientras ms lazos establezca una organizacin
con agrupaciones distintas a ella, mayor confianza generalizada
generar, y mayor disposicin a la cooperacin. Una sociedad
en la que predominan los lazos dbiles favorece la creacin de
consenso transversal a travs de las redes sobre la necesidad de la
cooperacin.
Por otra parte, en los casos en que la clausura de las relaciones no
se caracteriza por la confianza se produce el encapsulamiento de la
organizacin y sus efectos en el rendimiento social son negativos.
Si bien la clausura favorece la vigilancia de las acciones y el cumpli-
miento de las normas por parte de la membresa, tambin tiende a
51
Sara Gordon R.
encapsular las relaciones y aislar a las organizaciones de su entorno.
Matilde Luna y Carlos Chvez (en este libro) muestran el distancia-
miento que se da en el caso de las organizaciones de representacin
respecto de sus representados como producto del encapsulamiento
de las relaciones entre los representantes.
Las caractersticas mencionadas, fusionadas con las formas que
asumen las redes, constituyen factores que modulan el rendimiento
de las asociaciones. Sin propsitos de exhaustividad, dada la va-
riedad y diversidad de posibles combinaciones y efectos potenciales,
exponemos a continuacin las formas ms comunes que asumen
las redes y sus efectos posibles, combinados con las distinciones
sealadas.
Las redes asumen formas diversas, con consecuencias sociales
distintas. Si un actor tiene una posicin central que mantiene lazos
fuertes con los otros miembros pero stos no se relacionan entre s
y, por ende, no circula informacin entre ellos, en esa red prevalecen
lazos jerrquicos. Quien ocupa el lugar central extrae de la red un
capital social mayor que el de los otros miembros, lo que representa
un recurso de poder que puede hacer valer dentro de la red o fuera
de ella. Ese actor tambin puede utilizar los recursos provenientes de
su centralidad en la red tanto para reforzar su posicin social como
para asumir la representacin de los intereses de otros miembros y
convertirse en un lder informal. La posibilidad de extraer recursos
ser mayor entre ms elevada sea la cantidad de relaciones que
mantenga con otros miembros de la red, caracterstica que alude a la
centralidad de grado, de acuerdo con el anlisis de redes (Freeman,
Red jerrquica
A B C D
52
Cooperacin, redes y rendimiento social
1977). Sin embargo, en trminos de rendimiento social, en la medida
que concentra relaciones que constrien las posibilidades de recipro-
cidad favorece la segmentacin y su contribucin a las condiciones
que alientan la cooperacin social es limitada, a pesar de obtener
buenos resultados en los objetivos que se fija la organizacin. De
ah que los efectos derivados de la forma de la red modulen los
resultados favorables en trminos de los objetivos alcanzados. Esta
forma constituye la base de las relaciones corporativas y clientelares,
que tienen un carcter jerrquico.
Una segunda forma de la red es aquella en que el actor A disfruta
la posicin de tercero en una triada, por lo cual puede ser un mediador
o un intermediario, un representante o un coordinador (Panebianco,
2009: 141). A concentra la mediacin con B y con C, y stos a su vez
median entre D y E y F y G y A, respectivamente. En esta forma
destacan las relaciones de intermediacin que, en principio, ofrecen
ciertas posibilidades de flujo de informacin y de reciprocidad. Sus
consecuencias en trminos de rendimiento social son ambiguas, ya
que si bien favorecen en cierta medida el acceso a mbitos distintos,
la concentracin en los intermediarios segmenta las posibilidades
de reciprocidad generalizada. En los casos en que las relaciones de
intermediacin se condensan en pocos nodos (actores) se tiende a re-
forzar el carcter jerrquico de la red y a obstaculizar el desarrollo de
reciprocidad generalizada. De igual modo, se tiende a favorecer rela-
ciones asimtricas de cooptacin, como ha mostrado la investigacin
sobre las redes de los consejos de desarrollo rural sustentable mu-
Red de intermediacin
A
B C
D E F G
53
Sara Gordon R.
nicipal en Oaxaca.19 De acuerdo con Zaremberg (2012: 85), en esas
redes dos organizaciones concentran la intermediacin a tal punto
que si desaparecieran stas los otros nodos estaran desconectados;
adems, se dificultan las condiciones para la creacin y florecimiento
de organizaciones civiles fuertes y para la competencia partidaria.
La tercera forma de la red es efecto de zonas de vaco en las redes
sociales, que han sido llamadas hoyos estructurales (Burt, 1992: 2006).
Estos hoyos representan oportunidades para intercambiar flujos de
informacin entre individuos y organizaciones ubicados en lados
opuestos del hoyo estructural. Quien ocupa una de estas zonas de
vaco sean individuos u organizaciones est en posibilidad
de tender un puente entre ambos lados de las zonas de vaco y, por
consiguiente, convertirse en un mediador entre las redes implicadas, y
al tener la ventaja del acceso a la informacin dispone de una posicin
privilegiada. En trminos de rendimiento social, en la medida que
se establecen conexiones entre zonas dispersas se favorece la coo-
peracin, aunque impliquen ventajas para quien lleva a cabo las
tareas de intermediacin.
R ed que llena un vaco
B C D H I L
E F G M N O
En estas redes, el lugar ocupado por las organizaciones es un factor
que modula su rendimiento social. Tanto la posicin central en una
red como la que se deriva de ocupar un hoyo estructural o de ser
intermediario constituyen fuentes de poder en un sistema funcional
o en una arena de accin.20
Cabe recordar que los problemas de accin colectiva que se es-
tructuran como dilema del prisionero requieren medidas y/o actores
que los impulsen, ya sea por iniciativa de los involucrados quienes
19
Municipio de San Juan um, Oaxaca (Zaremberg, 2012: 84-85).
20
Hay que recordar que cuando una variable modula (modera) a otra slo es un
gradiente del alcance, de la medida en que lo hace, no de si lo hace o no.
54
Cooperacin, redes y rendimiento social
coordinan sus acciones con base en normas de reciprocidad o
por la intervencin de un tercero, lo cual genera una situacin que
favorece la accin de emprendedores en distintos mbitos (Pa-
nebianco, 2009: 110).
Por otra parte, la estructura de la situacin configura tambin
las condiciones que modulan el rendimiento social de las organiza-
ciones. En esta estructura, la interdependencia de los actores consti-
tuye un elemento clave. La comunicacin da a los miembros (actores)
la posibilidad de hacer compromisos explcitos y promesas sobre lo
que harn; ofrece una oportunidad para la persuasin moral y realiza
llamados a hacer lo que es correcto o apropiado, y puede crear o
reforzar un sentido de identidad de grupo (Kollock, 1998: 195). En
las organizaciones se dispone de informacin sobre cmo se han
comportado los actores en el pasado, lo cual permite tomar deci-
siones sobre los compromisos que se establecen y, a la vez, sobre el
cumplimiento de los acuerdos pactados.
Reflexiones finales
Con el propsito de plantear un enfoque para analizar la contri-
bucin de las organizaciones al desempeo social de la sociedad,
en trminos del estmulo a la cooperacin, ubicamos esta contri-
bucin en la problemtica de los dilemas de la accin colectiva y
en los dispositivos sociales para remontarlos. Planteamos que las
organizaciones civiles pueden desempear un papel en la solucin
de los dilemas de la accin colectiva justamente por la variedad de
funciones que pueden realizar de manera potencial: de empren-
dimiento poltico para orientar la accin de determinados grupos
a favor de intereses colectivos o acciones en defensa de derechos
u objetivos de sectores determinados; de difusin de prcticas
deliberativas y de mecanismos para tomar decisiones bajo reglas
de carcter igualitario.
Con este objetivo, abordamos tres perspectivas para analizar las
caractersticas de las relaciones sociales que favorecen la cooperacin:
normas de reciprocidad, confianza y asociatividad.
55
Sara Gordon R.
De las perspectivas utilizadas, retomamos el nfasis en el hecho
de que la reciprocidad generalizada aumenta las posibilidades de
intercambio tanto en la cantidad de objetos como en la diversidad
de mbitos. De esta forma, todos pueden esperar comportamientos
recprocos en distintos espacios sociales, con lo cual se acrecienta
la confianza social positiva del actor. En este marco, la importancia
de la accin de las asociaciones radica en que la virtud cvica posee
mayor fuerza cuando est enmarcada en una densa red de relaciones
sociales recprocas, dado que las relaciones horizontales favorecen
normas de reciprocidad de carcter equitativo tanto en la disposicin
a equilibrar el intercambio como en el trato y son ms propensas a
extender la reciprocidad ms all de las redes, y por ello a genera-
lizarla. Son sobre todo las organizaciones en las que predominan
relaciones de carcter horizontal que favorecen normas equitativas
tanto en la disposicin a equilibrar el intercambio como en el trato de
respeto mutuo las que tienen mayores posibilidades de extender
la reciprocidad generalizada.
Por otra parte, la capacidad de crear reglas propias y establecer el
medio de vigilancia de las reglas fijadas son factores clave para lograr
acuerdos colectivos. La situacin en que se toman las decisiones
juega un papel decisivo para cambiar la posicin en que prevalece
el propio inters en las acciones, y este cambio es posible a partir de
la confianza construida.
En el plano organizativo, destacamos la importancia que tiene
la estructura de las relaciones para modular las posibilidades de
contribucin de las asociaciones al bien pblico. Si bien los vnculos
caracterizados por la clausura tienen una gran capacidad de hacer
cumplir las normas, ya que el hecho de que todos se conozcan entre
s facilita la circulacin de informacin sobre la conducta de las
personas y la posibilidad de controlarla, su alcance es muy limitado.
Adems, si las relaciones no se caracterizan por la confianza, la
clausura conduce al aislamiento de los representantes respecto de los
representados. Por otro lado, las organizaciones con vnculos exter-
nos limitados tienden a promover la desconfianza hacia quienes no
comparten sus rasgos y a exacerbar las fracturas sociales. Las estruc-
turas de carcter vertical, por su parte, no favorecen la contribucin
en trminos de reciprocidad generalizada. En lo que concierne a las
56
Cooperacin, redes y rendimiento social
relaciones de intermediacin, sus efectos en el rendimiento social
son ambiguos, ya que si bien favorecen en cierta medida el acceso a
mbitos distintos, la concentracin en los intermediarios segmenta
las posibilidades de reciprocidad.
57
Sara Gordon R.
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(idrc).
62
La sociedad organizada.
Una teora prescriptiva de la asociacin
Cristina Puga
La asociacin libre, la libertad, que se limita a mantener la igualdad
en los medios de produccin y la equivalencia en los cambios, es la
nica forma posible de sociedad, la nica justa, la nica verdadera.
Pierre-Joseph Proudhon
Una nacin no puede mantenerse como no se intercale, entre el Estado
y los particulares, toda una serie de grupos secundarios que se encuentren
lo bastante prximos de los individuos para atraerlos fuertemente a su
esfera de accin y conducirlos as en el torrente de la vida social.
mile Durkheim
Entre las leyes que rigen las sociedades humanas, hay una que parece ms
precisa y clara que todas las dems: para que los hombres permanezcan
civilizados o lleguen a serlo, es necesario que el arte de asociarse se
desarrolle entre ellos y se perfeccione en la misma proporcin que la
igualdad de condiciones aumenta.
Alexis de Tocqueville
L os tres textos que sirven de epgrafe a este trabajo forman parte
de una tradicin sociolgica que ha resurgido en las dcadas
recientes, paralelamente con el renovado inters por el fenmeno
asociativo, propio de una sociedad que tiende mundialmente hacia
la democracia y el pluralismo, manifiesto en la presencia creciente
de una sociedad civil participativa y demandante.
63
Cristina Puga
Me refiero aqu a una serie de trabajos de carcter normativo que
a lo largo de casi dos siglos han propuesto a las asociaciones como
formas deseables de organizacin social, atribuyndoles una serie de
caractersticas que las vuelven fundamentales para la conservacin
de la vida colectiva y la calidad de la democracia. Se trata de una ten-
dencia terica que prefiero calificar de prescriptiva, ya que no intenta
establecer reglas para el buen funcionamiento de las asociaciones,
sino recomendar su existencia como garanta para acceder a una
mejor sociedad. Su expresin contempornea es el asociacionismo de
Paul Hirst, quien defini sintticamente su propuesta como aquella
basada en un argumento normativo central: la libertad individual
y el bienestar humano son mejor atendidos cuando la mayor parte
posible de los asuntos de la sociedad son conducidos por asociacio-
nes democrticas y autorreguladas (Hirst, 1994: 19). La autonoma
de cada una de estas asociaciones, afirma Hirst, impedir su control
autoritario por un poder burocrtico que hasta la fecha ha estado
concentrado en el Estado. El asociacionismo, contina, trata a estos
cuerpos voluntarios autorregulados no como asociaciones secun-
darias, sino como el medio principal de la gobernanza democrtica
y de la vida social organizada (Hirst, 1994: 26).
La propuesta de Hirst, junto con una vasta literatura producida
en aos recientes sobre las asociaciones voluntarias, tiene sus an-
tecedentes en una serie de trabajos que en diferentes momentos
y de una u otra manera apreciaron las bondades de la tendencia a
constituir formas asociativas. Entre ellas destacan los escritos de los
socialistas utpicos (pioneros de la ciencia social), el estudio de la
democracia de Tocqueville, el anlisis de Durkheim sobre la anomia
de la sociedad industrial, los desarrollos militantes y acadmicos de
G.D.H. Cole (George Douglas Howard) y, ms recientemente, la
teora democrtica de Robert Dahl. Con menos nfasis, otros desa-
rrollos tericos tambin se refieren al efecto benfico de las asocia-
ciones: las diversas aproximaciones al estudio de la sociedad civil; la
propuesta de Coleman y Putnam sobre el capital social y, de alguna
forma, el esquema de administracin de los bienes comunes de
Elinor Ostrom. Aunque con diferentes intenciones y matices, todos
estos trabajos se inscriben, al menos en parte, en esta teora que he
64
L a sociedad organizada
llamado prescriptiva de las asociaciones y que con frecuencia se sita
ms del lado de la filosofa que de la teora social o poltica.
Respecto al estudio de las asociaciones, existe desde luego otra
lnea de carcter analtico que se ha interesado por el tema, aunque
frecuentemente de manera lateral, sin hacer referencia expresa a su
especificidad como objeto sociolgico. Weber, Simmel y Tnnies
abordaron diversos ngulos del problema y Robert Michels profun-
diz en l al analizar la tendencia oligrquica de los partidos polticos.
En general, hasta muy recientemente, las preocupaciones se haban
referido a aspectos aislados o fragmentarios de las asociaciones a
partir de perspectivas analticas tan diversas como los grupos de refe-
rencia de Merton, la psicologa de los pequeos grupos, los estudios
de corte antropolgico de la llamada Escuela de Chicago sobre las
bandas juveniles y otros grupos barriales, la teora econmica de la
asociacin formulada por Mancur Olson, los estudios recientes so-
bre grupos delincuenciales con base en el interaccionismo simblico
que hace Randall Collins y la teora de las organizaciones, incluido
su reciente encuentro con la teora de los movimientos sociales.1
En el terreno de la ciencia poltica destaca la teora de los grupos de
inters, orientada a los mecanismos de lucha por demandas precisas
que llevan a cabo organizaciones de diversos tipos (Berry y Wilcox,
2009), as como la obra de Phillipe Schmitter sobre el corporativismo
y los trabajos de Mark Warren sobre la relacin entre asociaciones y
democracia que bordean las dos dimensiones, la prescriptiva y la
analtica, que se han mencionado.
Ms recientemente, desde el ngulo del tercer sector y las asocia-
ciones no lucrativas (non-profit), numerosos trabajos han abordado
diferentes aspectos de la accin asociada refirindose a su origen
histrico, sus caractersticas organizativas, su relacin con el entorno
social, los elementos que conforman sus identidades y los lmites
y las posibilidades de su accin.2 Un poco en disonancia, algunos
trabajos recientes tienden a mostrar cmo influyen algunos factores
contextuales, muchos de los cuales se resumen en la cultura poltica,
1
Cf., entre otros, Olmsted (1966), Whyte (1993[1943]), Merton (1980, captulo x),
Olson (1965), Davis, McAdam, Scott y Zald (2005).
2
Cf. Voluntas. International Journal of Voluntary and Nonprofit Associations, 1990-2014, para
una mayor variedad de trabajos sobre el tema.
65
Cristina Puga
en el funcionamiento, bueno o malo, de las asociaciones y producen
resultados completamente diferentes a lo que las teoras prescriptivas
esperan de ellas (Rosteutcher, 2005).
Si bien todos estos ngulos merecen tratarse detenidamente, en
las pginas que siguen me voy a ocupar principalmente del enfoque
prescriptivo con el nimo de encontrar en sus diferentes expresiones
el origen de muchas de las razones que polticos, analistas sociales y
activistas de diversas causas presentan hoy para promover y defender
la existencia y pertinencia de las asociaciones voluntarias, al igual
que los argumentos que han modificado o relativizado esas razones
en distintos momentos. De alguna manera, en los trminos de la
propuesta de Sara Gordon que da origen a este libro, las asociaciones
son vistas en estos autores y textos como factores de cooperacin
y elementos centrales del bienestar colectivo, lo cual derivara en un
mayor (o mejor) rendimiento social, e incluso, si se consideran los
beneficios derivados de la concertacin y la negociacin, en un
mayor rendimiento poltico.
Este recorrido por diversas teoras ha sido guiado de manera
general por una definicin de las asociaciones ya utilizada en trabajos
anteriores; como formas de accin colectiva organizada cuyos inte-
grantes comparten objetivos, identidad y reglas de funcionamiento
(Luna y Puga, 2010). Otras definiciones (Tirado, 2010; Meister,
1984) han puesto nfasis en el reclutamiento voluntario y en la
tendencia de estas organizaciones a actuar en un terreno intermedio
entre la economa y la poltica, identificado en ocasiones como de
solidaridad. En un sentido amplio, Max Weber ( 1972 [1911]) se
refiri a ellas como esas estructuras que existen en el espacio entre
los poderes reconocidos u organizados polticamente el Estado,
la municipalidad, la iglesia () y la comunidad natural de la familia
() desde el club de bolos () hasta el partido poltico y la secta
artstica y literaria.
La asociacin ha sido, sin duda, uno de los temas centrales del
pensamiento sociolgico. La vida social radica justamente en la
necesidad de los hombres de unir fuerzas para enfrentar a los ele-
mentos, para defenderse de otros grupos humanos o para mejorar
su relacin con el entorno. As lo entendieron Durkheim y Weber,
como antes los griegos y los fundadores del pensamiento poltico
66
L a sociedad organizada
moderno Hobbes, Locke y Rousseau, entre otros. Quienes han
profundizado en las formas en que los hombres se asocian coinciden
en que el grupo primario la familia, la tribu, el clan, la sodali-
dad constituye la primera y ms elemental forma de asociacin,
caracterizada por estructuras rgidas, fundadas en la tradicin y en
la autoridad de los ms viejos, y reforzada por rituales precisos de
iniciacin, trnsito nacimiento, matrimonio, muerte y regocijo.
Sin embargo, tambin se ha observado la forma en que la mayor
complejidad de la vida social conduce a lo largo del tiempo a otros
tipos de asociacin creados para proteger la religin, la habilidad de
los artesanos o el nuevo conocimiento, as como para defender o
exigir cambios en las condiciones de vida. Los gremios medievales,
las corporaciones religiosas y las sociedades secretas y semisecretas
surgieron para proteger intereses especficos, preservar habilidades
e identidades o presentar un frente unido a un enemigo potencial.
Intenciones semejantes dieron origen, ms recientemente, a las so-
ciedades mutualistas, las organizaciones de trabajadores, los clubes
cientficos, los colegios profesionales o la masonera (Anderson,
1971; Simmel, 2010 [1908]; Meister, 1984; Ross, 1976; Clark, 2000).
Se trata de diversas formas asumidas por la asociacin humana, lo
cual, de suyo, entraa dificultades analticas para establecer lneas
demarcatorias entre unas y otras vertientes de la asociacin; por
ejemplo, entre asociaciones, comunidades y corporaciones, o entre
asociaciones y movimientos sociales.3
Todas las mencionadas constituyen, de una manera u otra, for-
mas de asociacin con mayor o menor grado de compulsividad,
temporalidad y obligaciones implcitas. No obstante, a lo largo de
la historia la tendencia asociativa se ha modificado progresivamen-
te para privilegiar la afiliacin voluntaria en relacin con los objetivos
perseguidos. Las asociaciones creadas de esta forma (voluntaria-
mente y con objetivos precisos) constituyen la base de lo que hoy
se conoce como la sociedad civil; es decir, ese espacio amplio en
donde se construye la opinin pblica, la participacin desintere-
3
Problema que generalmente se resuelve a partir del grado de compromiso e iden-
tidad mayor en la comunidad que en la asociacin y pertenencia limitada en las
asociaciones, fluida en los movimientos sociales (Tirado, 2010; Cadena y Puga, 2005).
67
Cristina Puga
sada, y si atendemos a Alexander, en donde confluyen algunas de
las mejores tendencias humanas: el deseo de igualdad, de libertad,
de justicia, junto con la confianza basada en el honor y la verdad
(Alexander, 2001 y 2006).
De manera paralela al desarrollo de las asociaciones se fue
construyendo esta teora prescriptiva que recomienda o promueve
su formacin a partir de razones relacionadas con las cualidades
y funciones que los diferentes autores les atribuyen y asignan.4 Estas
funciones y atribuciones, en mi opinin, se resumen en cuatro: la
contribucin a una sociedad ms justa y feliz, la defensa de intereses
de clase o de grupo, el funcionamiento y aprendizaje de la democra-
cia y la cohesin social. Aunque en las siguientes lneas estas razones
son analizadas por separado, es preciso subrayar que ninguna existe
aislada de las otras, tanto por la interrelacin que sus defensores
establecen entre ellas como por las circunstancias histricas en que
se han producido y la influencia que sus autores han ejercido no
solamente en el mundo de las ideas, sino en la vida social y poltica.5
Por lo mismo, desde el momento en que se habla de una propuesta
terica de corte prescriptivo se ha considerado importante sealar,
cuando menos someramente, la forma en que sus recomendaciones
han sido llevadas a la prctica en diferentes momentos histricos,
as como la repercusin que dichas experiencias han tenido sobre
la propia teora.
Asociaciones y justicia social
La Organizacin de las Naciones Unidas (onu), el Banco Mundial
(bm) y la Organizacin de la Naciones Unidas para la Educacin, la
Ciencia y la Cultura (unesco), entre muchos otros organismos, han
4
Schmitter (1979a) hace una larga lista de autores que han defendido la formacin de
asociaciones que identifica con una u otra forma de corporativismo. Tan slo algunos
de los autores mencionados han sido recuperados en este trabajo.
5
Hago, asimismo, la aclaracin de que a pesar de su frecuente identificacin de
las asociaciones con el concepto de sociedad civil, en este trabajo el foco est en las
asociaciones. Se recurre a la nocin de sociedad civil slo cuando los autores que
la estudian mencionan explcitamente a las asociaciones y reflexionan sobre ellas.
68
L a sociedad organizada
volteado sus ojos a las asociaciones como formas sociales funda-
mentales para la promocin de pequeos negocios, la distribucin
de bienes y la socializacin de comunidades ms grandes en cues-
tiones de salud y bienestar. Autores como Hollingsworth (1997) y
Coleman y Jacek (1999) subrayan la capacidad intermediadora de la
asociacin, que ven como funcional al capitalismo. A su vez, Ostrom
(2005 y 2009) destaca esa capacidad intermediadora cuando, basada
en numerosos experimentos sociales, propone a la asociacin o la
pequea comunidad como las formas ms adecuadas para organi-
zar, proteger y monitorear recursos naturales compartidos y otros
bienes comunes.
La relacin de la asociacin con la promesa de justicia social y
buena existencia colectiva se inicia con los socialistas de la primera
mitad del siglo xix aquellos a quienes Engels resumi con el cali-
ficativo de utpicos que conformaron una importante tendencia
terica a la que de una u otra manera pertenecieron muchos dirigen-
tes sociales y polticos del siglo xix. De cara al empobrecimiento
campesino, al deterioro producido por la revolucin industrial,
a los excesos del trabajo fabril y a los escasos resultados derivados
de las revoluciones burguesas, Saint Simon, Owen y Fourier, los ms
destacados de un grupo que incluy a otros antes y despus, como
Goodwin, Cabet o Considrant, imaginaron nuevas maneras de
organizar la vida social en contra del afn de lucro, la desigualdad y el
gobierno de los privilegiados. Proponan, de entrada, nuevas formas
de organizacin social: de asociacin, para decirlo en sus propios
trminos. La palabra asociacin, relacionada con la intensa accin
poltica realizada por los grupos jacobinos en Francia durante los
aos de la revolucin,6 se emple despus para sealar las alternativas
6
Es sabido que despus de 1789 se activaron clubes de jacobinos en todo el territorio
francs (diversos estudios los hacen ascender a ms de 900) surgidos a partir de otras
formas de asociacin aparentemente inofensivas que prevalecieron desde mediados del
siglo xviii: a partir de 1760 y hasta la poca de la revolucin dice Crane Brinton,
quien document minuciosamente la actividad de los clubes jacobinos se fundaron
[en Francia] sociedades literarias en casi todas las ciudades con pretensiones sociales,
fuesen ya centros capitales de las histricas divisiones locales conocidas con el nombre
de pays como tambin puertos e inclusive ciudades mercados. Estas sociedades incluan
no solamente a hombres con pretensiones intelectuales sino a representantes de todas
las ramas de la clase media, comerciantes, abogados, mdicos o rentiers (Brinton,
69
Cristina Puga
de vida colectiva que los planteamientos de los socialistas ofrecan
a la sociedad de su tiempo.7
En el caso de Saint Simon, la propuesta se basaba en la sustitucin
de la aristocracia francesa por los industriales, concepto que abar-
caba a todos aquellos que tenan la capacidad de producir bienes. Su
palabra clave, ms que asociacin, fue organizacin, con la cual el autor
francs enfatizaba el contraste de una propuesta racional y basada en
el avance del conocimiento con el desorden que perciba en los aos
de la restauracin monrquica en su pas. Vea los establecimientos
industriales como nuevas unidades sociales que tendran la capacidad
de vincularse unas con otras para procurar una sociedad armoniosa
y a los industriales, en los que inclua a toda la clase trabajadora,
como el fermento de una nueva sociedad igualitaria encaminada al
progreso material y cientfico.
Los numerossimos seguidores de Saint Simon (encabezados por
Halevy, Enfantin, Bougl, entre otros) recuperaron en las dcadas
siguientes a su muerte, en 1825, el trmino asociacin para enfatizar
sus ideales de simpata y solidaridad con la sociedad. A pesar de sus
numerosos tropiezos y descalabros, los santsimonianos adquirieron
considerable prestigio e influencia y a travs de ellos la asociacin,
planteada como una alternativa de reforma social y econmica,
encontrara adeptos en los distintos niveles sociales y estimulara la
formacin de distintos tipos de grupos organizados. As, la asociacin
se convirti en una matriz simblica general que garantiza(ba) la
armona (Chanial y Laville, 2001).
Si la asociacin en los sansimonianos constitua slo una ten-
dencia o un sinnimo de reorganizacin social, en Owen y Fourier
se refera a formas muy concretas: ambos plantearon un cambio
con base en principios diferentes a los de la sociedad de su tiempo
y en diseos sociales planeados con detalle. A partir del respeto a
la diversidad de las pasiones humanas y la tendencia a realizar activi-
dades variadas, Fourier, en Francia, imagin un complejo sistema que
supona la construccin de unidades que reunieran bajo un mismo
1962: 22). Los clubes fueron prohibidos por la Convencin despus de la muerte de
Robespierre, en 1794.
7
El relato de los socialistas de diverso cuo puede encontrarse, entre otros textos, en
Durkheim (1982b), G.D.H. Cole (1974), James Joll (1968) y Picard (1987).
70
L a sociedad organizada
techo a mil seiscientas personas (nmero establecido arbitrariamente
por Fourier, de acuerdo con las que llamaba series pasionales,
representativas de la variedad de personalidades) y las proveyeran
de servicios colectivos, actividades rotatorias y oportunidades de
convivencia armoniosa, de la cual habran sido suprimidas las re-
laciones comerciales.
El falansterio, del que incluso se elaboraron planos arquitectnicos
algunos materializados, como el falansterio de Guisa, se basa-
ba en el ingreso voluntario de las familias a un entorno altamente
regulado (tareas compartidas, horas de reunin, preparacin de los
alimentos, educacin de los nios, incluso color del vestido) que
proporcionara a sus miembros, sostena Fourier, un bienestar frugal
y una existencia apacible y enriquecedora que a la larga repercutira
en una mayor prosperidad mundial (Fourier, 1984). A pesar de ex-
centricidades, apriorismos y propuestas descabelladas, las ideas de
Fourier, propias del romanticismo francs, despertaron considerable
inters porque proponan una organizacin alternativa a la cual los
individuos podran acceder por su libre albedro. Su influencia se
prolong en Europa y Amrica hasta las primeras dcadas del siglo
xx.
La propuesta de Owen, coincidente en el tiempo con la anterior,
no descansaba propiamente en la libre asociacin, sino que apelaba a
la voluntad de los empleadores y el gobierno para brindar instruccin
adecuada a los nios ingleses, en lugar de incorporarlos a las fbricas
desde los siete aos, as como para crear condiciones generales de
vivienda, salud y recreacin a los trabajadores industriales. El hecho
de haber puesto previamente en prctica sus ideas en la creacin de
una comunidad en su fbrica de New Lanark, en Escocia, le otor-
gaba autoridad y alimentaba la posibilidad de constituir colonias
semejantes, en donde la educacin sera un requisito imprescindible
para eliminar hbitos nocivos y formar a quienes daran continuidad
a la sociedad transformada (Owen, 1972 [1818]). El mismo Owen
continuara en el empeo de dar cuerpo al proyecto con la colonia de
New Harmony, en Indiana, Estados Unidos, y ms tarde con otras
iniciativas de organizacin social (Cole, 1957).
El entusiasmo de Owen, el detallado proyecto de Fourier y la
difusin del pensamiento sansimoniano por sus discpulos estimu-
71
Cristina Puga
laron la imaginacin de su poca. A pesar de que difera en muchos
planteamientos, Proudhon consideraba que la de Fourier era una
propuesta digna de tomarse en cuenta e imagin la posibilidad de
una confederacin de comunidades (otra vez como producto de la
asociacin voluntaria) que pudieran ejercer libremente tanto el in-
tercambio de productos como el gobierno conjunto de todas ellas
(Proudhon, 1970 [1840]; Hirst, 1995).
En las dcadas siguientes a la publicacin de las principales
obras de los utpicos, nuevos seguidores insistieron en la creacin
de asociaciones amplias de diversos tipos. Estados Unidos, con su
democracia joven y sus enormes extensiones territoriales, ofreca un
espacio atractivo para la puesta en prctica de los proyectos. Algu-
nos ejemplos conocidos, bajo la forma de comunidades, colonias,
ciudades o falansterios, fueron la Icaria de Cabet en Pennsilvania,8
la ya mencionada New Harmony en Indiana, fundada por el propio
Owen, que tuvo una existencia fugaz, y otras colectividades como
Brooks Farm y Fruitlands en Massachussets, o como la Oneida de
John H. Noyes en Nueva York.9 Sus promotores se referan a ellas
con frecuencia como asociaciones, haciendo nfasis en su carcter
solidario y en la decisin voluntaria de aquellos que se sumaban al
proyecto. Hacia finales del siglo xix y principios del xx haba en
Estados Unidos ms de un centenar de comunidades, muchas de
ellas de inspiracin religiosa, como los menonitas o los mormones,
y la propia Oneida, pero muchas otras como intentos de aplicacin
de las doctrinas socialistas (Cole, 1957; Richard, 1973).
En 1844, uno de estos promotores de la nueva sociedad, Albert
Brisbane, public en Nueva York su propia versin del falansterio,
adaptada a la idiosincrasia estadounidense. El libro, titulado Una conci-
sa exposicin de la doctrina de la asociacin, o plan para una reorganizacin de la
sociedad, contiene numerosos ejemplos de aquello que los fourieristas
denominaron la asociacin, y que ms tarde, retomadas las ideas en
8
Aunque dentro del mismo espritu de sociedad alternativa Cabet parta de su propia
doctrina, inspirada en la utopa de Moro, en ideas cristianas y en su militancia en la
sociedad de los carbonarios franceses.
9
Cole (1957) seala que previamente haban existido (y continuaron fundndose
despus) numerosas comunidades de origen religioso, sin ninguna intencin socialista
que las hermanara con los principios de Owen o Fourier.
72
L a sociedad organizada
parte por los anarquistas y los socialistas (este trmino se refera en
general a los movimientos inspirados por Saint Simon), dara lugar
a las sociedades mutualistas en distintas partes de Europa y algunos
tipos de sindicalismo.
El texto de Brisbane propone la construccin de sociedades con
un mnimo de 800 individuos (alrededor de 300 familias) bajo el sis-
tema del falansterio: un solo edificio dotado de servicios colectivos.
Caractersticas tales como la predominancia de labores agrcolas,
la rotacin de funciones, la incorporacin de nios y mujeres al
sostenimiento de la colonia, el respeto a la propiedad privada y las
creencias individuales, entre algunas de las muchas caractersticas
de la propuesta original de Fourier, se agrupan en lo que Brisbane
llama simplemente la asociacin. Dice Brisbane:
[La asociacin] es el destino social del hombre el sistema social
verdadero y natural que le ha sido predestinado por el Creador y
el cual, una vez establecido sobre la tierra, le asegurar la felicidad
que ha buscado largamente en vano cuyos elementos existen en l
y alrededor de l en las bellas creaciones de la naturaleza y en las
nobles facultades y sentimientos con los cuales Dios lo ha bendecido
(Brisbane, 1844: 3).
Caracterizada por un reparto igualitario de los bienes producidos por
la propia colectividad, por la participacin de todos sus integrantes
en los procesos de toma de decisiones a partir de un gobierno seme-
jante al gobierno democrtico que ya se haba instaurado en Estados
Unidos, pero tambin basada en consejos internos con procesos
deliberativos y una educacin universal que har desaparecer las
diferencias entre sus integrantes, la asociacin que propone Brisbane
aparece como producto de la incorporacin voluntaria de aquellos
que se sientan capaces de arriesgarse a intentar la experiencia, a
la que equipara con el lanzamiento del primer barco de vapor:
Ser necesario establecer solamente una asociacin y demostrar con
un experimento exitoso lo que este sistema tiene para ofrecer () y la
asociacin se extender con infinitamente mayor rapidez que el barco
de vapor porque afecta directamente los intereses y la felicidad de la
humanidad (Brisbane, 1844: 72).
73
Cristina Puga
En algn momento, Mxico se vio tambin como una slida
posibilidad para el desarrollo de las asociaciones socialistas. Victor
Considrant intent sin xito que el gobierno de Maximiliano adop-
tara el modelo de Fourier, pero, hacia finales del siglo xix, Albert
K. Owen (sin parentesco con el Owen de New Harmony) obtuvo
el permiso y avanz en la construccin de una colonia socialista en
Topolobampo, Sinaloa. Owen haba participado en diversas iniciati-
vas comunitarias y propona como alternativa de organizacin social
la cooperacin integral, rgimen asociativo fundado en la ciencia
() [en el que] la tierra y los recursos naturales seran de propiedad
comn concediendo a los particulares exclusivamente su usufructo
(Illades, 2008). Entre 1880 y 1890 pugn por el desarrollo de una
ciudad de la paz en las playas sinaloenses que se qued a medio
camino por falta de financiamiento y condiciones materiales.10
Como haba sucedido en otros pases, el pensamiento socialista se
arraig en polticos, pensadores y activistas mexicanos, y junto con
el anarquismo estableci los cimientos de las asociaciones obreras
de finales del xix en Latinoamrica (Illades, 2008).
La defensa de los intereses de clase
La revolucin industrial y las teoras socialistas en boga, como las
descritas en el segmento anterior, anticiparon la aparicin de los pri-
meros sindicatos. En Inglaterra, desde las primeras dcadas del siglo
xix, las tradeunions organizaron por primera vez a los trabajadores
con un principio diferente al que haba reunido en siglos anterio-
res a los gremios de artesanos. Los gremios haban sido constituidos
para la preservacin de las formas de trabajo y el conocimiento
especializado, as como para el establecimiento de reglas comercia-
les; en cambio, los nuevos sindicatos (trade unions) surgan para dar
unidad a quienes por su dominio de ciertas habilidades trabajaban
10
Aunque al parecer varios cientos de entusiastas viajaron desde Estados Unidos a la
nueva colonia, sta nunca tuvo arriba de 200 colonos permanentes, que se enfrentaron al
clima tropical, el paludismo, la precariedad de las construcciones y el desacuerdo entre
grupos religiosos y entre concepciones ideolgicas que finalmente condujeron al fracaso
del proyecto (Cf. Illades, 2008: 181-203 para un excelente recuento de la experiencia).
74
L a sociedad organizada
como asalariados en las diversas ramas productivas. Constructores
de carruajes, zapateros, carpinteros, albailes, sastres, impresores y
fabricantes de sombreros estuvieron entre los primeros organizados
y dieron lugar a una amplia literatura de combate en defensa de la
accin organizada. La asociacin adquiri un carcter de clase e
incluso las cmaras de comercio y las asociaciones de fabricantes
empezaron a multiplicarse y convertirse crecientemente en asocia-
ciones patronales (Webb, 1919).
El propio Robert Owen, de regreso en Inglaterra despus del
escaso xito de New Harmony, se convirti en propulsor del sin-
dicalismo y el cooperativismo como alternativas promisorias de
organizacin colectiva. La libertad de asociacin y la relativa permi-
sividad de la legislacin que prevalecieron en Inglaterra a partir de
1830 favorecieron el rpido crecimiento del tradeunionismo, que no
alcanz plena legalidad en Inglaterra sino hasta 1867. Antes de 1830,
sin embargo, tuvo lugar una larga lucha, encabezada, entre otros
reformadores, por Francis Place, J.P. McCullough y Joseph Hume,
para derogar las leyes en contra de lo que los patrones y legisladores
del Reino Unido llamaban las combinaciones, que se referan a
las diversas formas de asociacin de los trabajadores, por oficio, por
empresa o por regin, que haban empezado a multiplicarse en Gran
Bretaa (Webb, 1919). La asociacin haba adquirido un carcter
instrumental; ya no se fundaba en la colaboracin de sus integrantes
para mejorar la sociedad, sino en su capacidad para obtener mejores
condiciones de trabajo frente a la naciente clase patronal.
Paralelamente, en Francia, las ideas del socialismo de Saint Simon
y Babeuf, que condujeron a la redaccin del Manifiesto Comunista,
nutran tambin una corriente mutualista que prevaleci entre las
nacientes organizaciones de trabajadores, conformadas en buena
medida a partir de los gremios que haban sido abolidos en 1789
por la revolucin pero resurgan bajo la nueva bandera de las rei-
vindicaciones sociales. La formacin de asociaciones obreras en
Francia encontraba un obstculo importante en la ley Le Chapellier,
aprobada desde 1791 para prohibir los gremios y las asociaciones
profesionales, que los revolucionarios consideraban contrarias al
sano individualismo que deba ser la base de la nueva repblica.
De hecho, la ley francesa prohiba cualquier forma de asociacin
75
Cristina Puga
y fueron las teoras del socialismo utpico, con sus principios de
solidaridad, armona y cooperacin, las que favorecieron en las
dcadas siguientes la simpata oficial hacia asociaciones que ms que
oponerse radicalmente a las condiciones de trabajo de sus asociados
promovan la ayuda solidaria, principalmente en caso de enfermedad
o muerte. Con frecuencia debidas a la transformacin de antiguas
corporaciones religiosas, las asociaciones desempeaban al mismo
tiempo una funcin filantrpica apoyada por el gobierno y otra
de apoyo a las luchas sociales: transformadas en sociedades de
resistencia, apenas disfrazadas, prefiguran al igual que los gremios
en transformacin, la nueva forma sindical en la que se entrelazan
corporativismo, sindicalismo y republicanismo (Chanial y Laville,
2001: 16).
Es importante sealar que la formacin de las asociaciones obre-
ras no estuvo plenamente contemplada por la doctrina comunista
de Marx y Engels, basada ms bien en la organizacin internacio-
nal de los trabajadores. Si bien respetaba y reconoca las luchas que
daban los obreros europeos para que se reconociera su derecho a la
organizacin, y con ello a la mejora de sus condiciones de trabajo,
Marx vea al proletariado como una clase en proceso de reconocerse
a s misma que debera integrarse tarde o temprano sin fisuras en
todos los pases capitalistas. Sus escritos se refieren escasamente a las
asociaciones gremiales, concentrando su atencin en los argumentos
de la accin de la clase obrera como un solo bloque frente a la clase
histricamente adversaria: la burguesa.11 Su entusiasmo por la Aso-
ciacin Internacional de Trabajadores, que funda con la colaboracin
de los tradeunionistas ingleses, parece haber despertado un inters
transitorio en los sindicatos, que pronto descarta por lo que vea
como una tendencia de aqullos hacia la accin poltica restringida.
Las diferencias con sus colegas ingleses a raz de la Comuna de Pars
11
Lenin, por su parte, criticaba acremente en 1902 el economicismo del tradeunio-
nismo europeo, aunque consideraba que la posible legalizacin de las asociaciones
obreras en Rusia, hasta ese momento orientadas exclusivamente a la solucin de sus
problemas inmediatos, abrira las puertas a la penetracin de la ideologa revolucionaria
en las filas de la clase obrera (Qu hacer?, Lenin, 1961: 161 y ss). A partir del triunfo de
la revolucin rusa, la disputa entre quienes abogaban por la dictadura del proletariado
y quienes pensaban que el sindicalismo conducira a un gobierno de los trabajadores
estableci una clara separacin entre las corrientes socialistas.
76
L a sociedad organizada
acabaron con la relacin, con la Internacional y con su confianza en
los sindicatos (Cornblit, 93).
Sin embargo, en aos posteriores, la posibilidad de un cambio
social basado no en el levantamiento generalizado de una clase, sino
en la accin paulatina de las asociaciones de trabajadores, prosperara
principalmente en la Gran Bretaa a partir del tradeunionismo y del
llamado socialismo gremial (guildsocialism) que proclamaban los fa-
bianos, el cual dio ms tarde origen al Partido Laborista ingls. Cole,
al estudiarlo retrospectivamente, lo sita a medio camino entre las
otras dos posiciones: comunismo y socialdemocracia (Cole, 1957).
De hecho, Cole fue un promotor activo del socialismo gremial
y del control de las industrias por los cuerpos organizados de
productores (Cole, 1920), que desde su punto de vista deban
comprender gremios tanto a nivel de las fbricas como a nivel
nacional. Estos cuerpos deban incluir trabajadores de todos los
niveles, contando a los jefes de produccin (managers), que aprende-
ran, conjuntamente, las ventajas de las decisiones colectivas (Cole,
1920: 52 y ss). Asociada al desarrollo de la democracia como sistema
poltico, la propuesta de Cole se extenda a la necesidad de contar
con gremios en los servicios (educacin, salud), para cuyo funcio-
namiento sera preciso disear cuerpos adicionales (consejos) en los
cuales participaran los ciudadanos. Su proyecto comprenda, as, una
serie de cuerpos sucesivos y remataba en una nueva idea del Estado
que funcionara ms como un organismo de coordinacin que de
autoridad o dominacin (Cole, 1920: 150 y ss). Con esta idea general
en mente, Cole propona una reorganizacin total de la sociedad y
detallaba cuestiones de administracin, financiamiento, distribu-
cin de la produccin y coordinacin regional.12
En textos posteriores, en los que realiza una crtica de su propia
elaboracin juvenil, Cole sostiene que el fundamento principal del
socialismo gremial es la libertad individual, que lo converta en una
actividad voluntaria basada en conductas democrticas. En sus
12
Por su complejidad y minuciosidad, la propuesta de Cole, contenida principal-
mente en Guild Socialism Re-Stated (1921), excede las posibilidades de ser resumida en
este trabajo.
77
Cristina Puga
palabras, la corriente socialista de finales del xix y principios del xx
en Inglaterra se basaba:
en la necesidad de aplicar mtodos democrticos de autonoma a
todos los aspectos de la organizacin social y en todos los niveles, con
los grupos coordinados como su fundamento esencial, vitalmente
importante para la reconciliacin de la planificacin socialista con la
libertad personal y para hacer real la democracia frente a la necesidad
de organizacin y control en gran escala. () El socialismo gremial y
las doctrinas emparentadas con l que se desarrollaron en otros pases,
eran importantes porque reafirmaban, de forma adecuada al siglo xx,
el aspecto libertario en una poca en que haba que destacarlo ms
que nunca, ante el enorme desarrollo de la economa moderna y la
formidable concentracin del poder, primero en la Rusia revolucionaria
y despus donde quiera que cualquier forma de doctrina totalitaria poda
imponerse a los hombres (Cole, 1957: 33-34).
En efecto, para Cole, la libre afiliacin como un ejercicio de voluntad
y no de coercin es lo que le otorga a la asociacin en este caso
el gremio su cualidad simultnea de representacin de intereses
y garante de una mayor democracia. Otros autores, como veremos,
coinciden en esa relacin virtuosa.
Democracia y asociaciones
Como es sabido, Robert Dahl sostiene que la democracia moderna,
aquella que responde a las necesidades de las sociedades extensas,
est basada en siete premisas, la ltima de las cuales es la existencia de
asociaciones.13 Ms all de las cualidades que le asigna Tocqueville,
de las que se hablar posteriormente, Dahl considera la existencia de
la asociacin o, para usar su propio trmino, de la organizacin
13
Las siete condiciones son: 1. El control sobre decisiones est en manos de funciona-
rios electos, 2. Los funcionarios electos resultan de elecciones frecuentes y sin coercin,
3. Todos los adultos tienen derecho al voto, 4. Todos los adultos tienen derecho a ser
electos, 5. Hay libertad de expresin para los ciudadanos, 6. Hay fuentes alternativas
de informacin protegidas por la ley, para consulta de los ciudadanos, y 7. Hay libertad de
formar asociaciones independientes, incluidos sindicatos y partidos polticos (Dahl,
1982: 11).
78
L a sociedad organizada
como una condicin de la democracia, al mismo tiempo que un
producto de la misma. Sostiene que la contribucin ms importante
de las organizaciones a la democracia es generar un sistema de pesos
y contrapesos que establecen el control recproco entre el gobierno y
los ciudadanos. Este control se produce de forma casi natural,
porque donde hay libertad y competencia poltica la poblacin se
organiza para expresar necesidades o intereses diversos, lo cual
garantiza al gobierno un desahogo de tensiones sociales, al mismo
tiempo que una posibilidad de negociacin con las diferentes tenden-
cias al interior de la sociedad. Esto hace deseables a las asociaciones
y garantiza su permanencia.
El argumento de Dahl se refiere, en primer lugar, a los sindicatos
como la ms significativa forma de asociacin. Se trata, dice, de
grupos organizados de inters que tratarn de buscar su beneficio e
impedirn un control oligrquico de los recursos. Si bien no lograrn
con ello eliminar las desigualdades sociales, s las reducirn en su
propio beneficio al ejercer una presin basada en el nmero, en su po-
tencial conflictivo y en su control relativo sobre determinados
aspectos de la vida colectiva. Es decir, pueden elevar los costos de
la dominacin de tal manera que no resulten costeables para los
gobernantes (Dahl, 1982: 33).
La importancia que Dahl concede a las asociaciones, elemento
fundamental de lo que se ha denominado el pluralismo poltico,
complement su propia argumentacin en contra de los temores
expuestos por Madison en El Federalista acerca de la posibilidad de
que una faccin fuera capaz de imponer sus puntos de vista sobre
los intereses colectivos de la naciente democracia estadounidense.14
Para muchos autores, esta argumentacin de Dahl sent las bases del
sistema pluralista como espacio de los llamados grupos de inters
(Berry y Wilcox, 2009).
En sus trabajos posteriores, Dahl reconoce la preocupacin
madisoniana y a pesar de su recomendacin en favor del pluralismo
poltico fundado en la diversidad de grupos organizados seala
al menos cuatro riesgos para la democracia provenientes de las
14
En A Preface to Democratic Theory (Chicago, 1956), donde dedica un captulo al ensayo
X de Madison en El Federalista.
79
Cristina Puga
mismas asociaciones: 1. Que las desigualdades lejos de desaparecer
se perpeten en favor de los grupos organizados frente a los que
no lo estn (lo cual convierte al pluralismo organizado en una ten-
dencia conservadora en contra de tendencias de cambio); 2. Que
la cohesin interna de algunas asociaciones descanse en el conflic-
to con otras; 3. Que los grupos organizados ms poderosos presio-
nen sobre la agenda pblica y la distorsionen en su favor; y 4. Que el
pluralismo se corporativice y las asociaciones ejerzan control sobre
las polticas pblicas en competencia con el gobierno y la sociedad
(Dahl, 1982).
No hay una gran diferencia entre las recomendaciones y los temo-
res de Dahl y los que Tocqueville expres, ms de un siglo antes, en
su estudio sobre la democracia estadounidense, basados en buena
parte en su propia percepcin contradictoria sobre la democracia:
de un lado, la vea como el nuevo camino que habran de tomar las
naciones, garantizando la libertad, la expresin de las potencialidades
humanas y el paso a la verdadera igualdad; del otro, la vea como el
fin de una era de excelencia intelectual, en donde la separacin de la
aristocracia con respecto al pueblo permitira que surgieran ideas y
refinamientos y donde el gobierno de la lite asegurara estabilidad
y atencin a las necesidades del pueblo.
La democracia en Tocqueville es una forma nueva que iguala a los
hombres y encierra, por desconocida, an muchos peligros (Whit-
tington, 2001). Como se ha dicho muchas veces, el ms fuerte era
la tirana de la mayora que impone el riesgo de pasar por encima
de muchos ciudadanos para dejar el camino libre a quien ha logrado
la representacin por la mayora de los votos. Frente a esto, dice
Tocqueville, la asociacin, lo mismo la propiamente poltica que la
asociacin simple de los ciudadanos, protege la voz de las minoras
y permite expresar necesidades especficas:
Las asociaciones ocupan el lugar de los particulares poderosos que la
igualdad de condiciones ha hecho desaparecer. Tan pronto como varios
habitantes de los Estados Unidos conciben un sentimiento o una idea
que quieren propagar en el mundo, se buscan con insistencia y as se
encuentran y se unen. Desde entonces ya no son hombres aislados, sino
un poder que se ve de lejos, cuyas acciones sirven de ejemplo, un poder
que habla y es escuchado (Tocqueville, 1973: 207 [1837]).
80
L a sociedad organizada
Sin embargo, y por lo mismo, Tocqueville considera que la asocia-
cin poltica encierra el peligro de demandar significativamente ms
atencin que la mayora silenciosa. Si bien es una tendencia natural de
los hombres, que en las democracias (al menos en la estadounidense,
que es su ejemplo) sirve para la consecucin de fines concretos y
la discusin de ideas, siempre existe la posibilidad de que su poder
desafe al Estado y permita que el inters de un pequeo grupo
poderoso se site por encima de la voluntad popular. Por ello, ms
de una vez expresa la necesidad de acotar la libertad de asociacin,
principalmente cuando se refiere a la que tiene un carcter poltico.
Whittington (2001) destaca acertadamente que la recomendacin
de Tocqueville lleva tambin una voz de alarma hacia el peligro
que supone un Estado dbil frente a una sociedad agrupada para
defender diversos intereses.
En cambio, cuando la asociacin es solamente una expresin de
las necesidades sociales, o la construccin de ideas y valores, no debe
haber lmites. En este caso, la importancia que le otorga Tocqueville
apunta ms a la cohesin social que propiamente a la democracia,
por lo cual ser tratada en el siguiente apartado.
La cohesin social
Las modernas teoras sobre el capital social hacen descansar mu-
chas de sus manifestaciones en la accin de las asociaciones. No
son stas las nicas portadoras, pero ciertamente han sido vistas
como una fbrica de capital social al aumentar las interacciones
y favorecer la multiplicacin de las redes, que a su vez dan lugar a
la reciprocidad y la confianza (Gordon y Milln, 2004; Coleman,
1988; Putnam, 2000). En Bowling Alone, Putnam lamenta la cre-
ciente desaparicin de asociaciones en Estados Unidos como un
fenmeno que puede afectar la solidaridad necesaria para lograr
una mejor calidad de la vida social.
La reflexin sobre el capital social tanto en Coleman como en
Putnam, tiene una de sus principales races justamente en el texto
clsico de Tocqueville, el cual, adems de influir en la teora demo-
crtica, subraya la idea de la cohesin social en su elogio de la
81
Cristina Puga
comunidad de Nueva Inglaterra (la comunne en francs, el township
en la traduccin inglesa) como pequeo ncleo de procesamiento
democrtico y de la existencia, en general, de las asociaciones como
explicacin de la identidad de la nueva repblica y de la conviccin
democrtica de sus habitantes.
En su visin dual de la sociedad estadounidense, Tocqueville
reconoce la fuerza de las asociaciones polticas que rene(n) en un
haz los esfuerzos de los espritus divergentes y los empuja(n) con
vigor hacia un solo fin (1973: 207), aunque en ocasiones desconfa
de su capacidad de presin sobre las instituciones. Al mismo tiempo,
considera que el resto de las asociaciones garantizan la igualdad social
(cuyo advenimiento ve como la inevitable derrota de la sociedad
aristocrtica) y la preservacin de la cultura y la civilizacin. Sin aso-
ciaciones que proporcionen a los individuos la posibilidad de hacer
cosas en comn, el pueblo volvera pronto a la barbarie: muchas
veces he admirado el arte prodigioso con que los habitantes de los
Estados Unidos determinan un fin comn para los esfuerzos de un
gran nmero de hombres, hacindolos marchar hacia l libremente
(Tocqueville, 1973 [1837]: 473).
Y ms adelante dice:
() qu poder poltico es suficiente a la gran cantidad de empresas
pequeas que los ciudadanos norteamericanos realizan todos los das
con ayuda de la asociacin?
() las asociaciones son las que, en los pueblos democrticos, deben
ocupar el lugar de los particulares poderosos que la igualdad de condi-
ciones ha hecho desaparecer (Tocqueville, 1973: 474).
Ms que una garanta de democracia, la asociacin constituye aqu
un elemento de civilizacin y construccin de la nueva sociedad que
Tocqueville admira en los nacientes Estados Unidos. Su importancia
radica en su carcter alternativo a las acciones del gobierno e incluso
a las nuevas instituciones democrticas, como el Congreso.15
15
Paradjicamente, la apreciacin de Tocqueville sobre una sociedad que ha eliminado
a la aristocracia y se ha convertido en una sociedad de individuos iguales, unida a su elogio
de la comuna de Nueva Inglaterra (township), a la que vio como el ncleo ms importan-
te de la vida social y poltica del nuevo pas, nutre hoy a un amplio movimiento de corte
comunitario y conservador que tiene seguidores en todo el territorio de Estados Unidos
82
L a sociedad organizada
Entre la idea de la sociedad cohesionada en torno a valores
compartidos y una nueva forma de orden poltico est la reflexin
de Durkheim sobre el regreso de las corporaciones. En La divisin
del trabajo social, de 1893, Durkheim advierte que el aumento de la
complejidad en la divisin del trabajo a partir del desarrollo de la in-
dustria genera un elemento anmico al no proporcionar un referente
organizativo similar al de los gremios, que haban brindado cobijo
a la divisin del trabajo en pocas anteriores y haban hecho ms
sencillo, en su esquema explicativo, el paso de la solidaridad mecnica
a la orgnica. Esta pequea idea, dispersa en unos cuantos prrafos,
fue retomada por el propio Durkheim en la introduccin a la segunda
edicin del libro para abogar por una reorganizacin social fundada
precisamente en corporaciones de nuevo tipo.
Como ya se dijo, las corporaciones haban sido eliminadas de
Francia desde 1791 por la ley Le Chapellier, que garantizaba la
libertad de contratacin, hasta entonces controlada por los gremios.
Las corporaciones y, en general, todas las asociaciones fueron
vistas en los primeros aos de la revolucin como una forma
intolerable de restringir la libertad individual, lo cual justific una
ley que un poco ms adelante sirvi para limitar la creacin de or-
ganizaciones obreras. Al final de un siglo que se caracteriz por las
insurrecciones populares y los conflictos derivados del avance del ca-
pitalismo, la ausencia de gremios fue interpretada por Durkheim
como caracterstica de un trnsito incompleto a la nueva divisin del
trabajo, a la que le faltaba alguna forma de agrupacin colectiva que
desempeara el papel articulador que en diferentes etapas tuvieron
(una importante asociacin filantrpica con filiales en todo el territorio ha tomado el
nombre del pensador francs) y encuentra su expresin poltica ms radical en el llamado
Tea Party. Este ltimo grupo poltico, que est en contra de cualquier tipo de regulacin
estatal, ha recurrido a la visin tocquevilliana de la pequea comunidad solidaria y de la
accin voluntaria organizada, que no impone restricciones a la libertad de cada individuo,
para oponerla a las polticas sociales del gobierno demcrata de Barak Obama. En este
grupo, como en otras manifestaciones ms tericas, la asociacin y la comunidad cons-
tituyen los aspectos centrales de una suerte de sociedad idlica en peligro de desaparecer
frente a los cambios en la tecnologa, la moral y la poltica. Solamente como ejemplos
vanse: <[Link] <[Link]
com/> y <[Link]
meaning-of-the-election/> [Consulta: enero de 2013].
83
Cristina Puga
la familia, la comunidad o los propios gremios. Encontraba una
situacin anmica en las relaciones entre obreros y patrones, clientes
y comerciantes, en donde faltaban reglas precisas que normaran las
conductas de cada uno.
Ante esa situacin desordenada, Durkheim propuso la corporacin
como principio organizativo de la sociedad. Su nfasis estaba tanto en
la solidaridad y la confianza como en el orden y, principalmente, la
moral compartida, capaz de contener los egosmos individuales, de
mantener en el corazn de los trabajadores un sentimiento ms vivo
de su solidaridad comn, de impedir que se aplique tan brutalmente
la ley del ms fuerte a las relaciones industriales y comerciales
(Durkheim, 1982a: 12). En este sentido, Durkheim es tambin un
antecedente cercano de los nuevos comunitarios, encabezados
por Amitai Etzioni (1995), que abogan por la construccin de una
nueva tica social fundada en valores compartidos. No espera de la
asociacin, como lo hacan los utpicos, que haba estudiado bien,
una vida ms rica o una mayor felicidad: la importancia de las cor-
poraciones profesionales u ocupacionales radicaba, para Durkheim,
en su capacidad de establecer reglas internas que obligaran, sin
coercin, a todos sus integrantes, y de esta manera fortalecer la vida
moral de la sociedad.
Desde el momento en que en el seno de una sociedad poltica un cierto
nmero de individuos encuentran que tienen ideas comunes, intereses,
sentimientos, ocupaciones que el resto de la poblacin no comparte
con ellos, es inevitable que, bajo el influjo de esas semejanzas, se sientan
atrados los unos por los otros, se busquen, entren en relacin, se aso-
cien y que as se forme poco a poco un grupo limitado, con su fisonoma
especial, dentro de la sociedad general. Pero, una vez que el grupo se
forma, desprndese de l una vida moral que lleva, como es natural,
el sello de las condiciones particulares en que se ha elaborado, pues es
imposible que los hombres vivan reunidos, sostengan un comercio
regular, sin que adquieran el sentimiento del todo, que forman con su
unin, sin que se liguen a este todo se preocupen de sus intereses y los
tengan en cuenta en su conducta (Durkheim, 1982a: 17).
En nombre del fortalecimiento de la moral social, Durkheim,
como se ve, comienza por recomendar todo tipo de asociacin
84
L a sociedad organizada
que agrupe a los individuos por sus intereses, pero que los rena
fundamentalmente por sus funciones ocupacionales. Si bien aspira a
la formacin de lazos solidarios entre individuos que comparten un
mismo inters relacionado con la funcin social que desempean, el
texto de Durkheim propone al final un corporativismo que resuelva
el enfrentamiento entre capital y trabajo. La industria y los negocios
operan hoy, afirma el socilogo francs, en un nivel nacional, por
lo que se requiere un nuevo tipo de corporaciones profesionales
que igualmente se basen en la agrupacin funcional, pero esta vez
a nivel nacional y ya no municipal, lo cual favorecer que a la larga
sustituyan a la representacin basada en el territorio: La sociedad,
en lugar de seguir siendo lo que hoy todava es, un agregado de
distritos territoriales yuxtapuestos, se convertir en un vasto siste-
ma de corporaciones nacionales (Durkheim, 1982a: 33).
La propuesta de Durkheim cristaliza histricamente en el cor-
porativismo que acompaa al crecimiento del Estado de bienestar
en el capitalismo del siglo xx. En un anlisis que resume varios de
los aspectos ya anotados, Phillipe Schmitter recupera el concepto
de corporativismo para documentar ampliamente la capacidad de
intermediacin (trmino que prefiere al de representacin) de intereses
que ejercen las asociaciones. Su anlisis, que por su fro realismo no
puede calificarse de prescriptivo en el mismo sentido que otros
mencionados en este trabajo, critica la visin ingenua del pluralismo
que caracteriza a la ciencia poltica estadounidense y establece el
papel contradictorio de las asociaciones en la vida poltica de las
sociedades. Schmitter destaca la heterogeneidad no slo de las aso-
ciaciones, sino de los arreglos institucionales que pueden esta-
blecerse entre stas y el poder poltico, as como las posibilidades
analticas que estos arreglos ofrecen para explicar las sociedades con-
temporneas. Encuentra un punto de partida justamente en la
propuesta corporativa del rumano Manolescu, quien propona una
reorganizacin de los actores sociales en grandes corporaciones, que
daran al Estado nacional la posibilidad de sobrevivir en el complejo
mundo del siglo xx:
tales corporaciones integraran una jerarqua continua de autoridad,
aportando as al individuo aislado e impotente un conjunto de lealtades
85
Cristina Puga
intermedias bien definidas que lo arrastraran dentro de la sociedad
a la manera de Durkheim y que ofreceran al sistema poltico los me-
dios de resolver desde un punto de vista unitario y lgico todos los
problemas presentados por las complejas relaciones entre el individuo
y el Estado (Schmitter, 1979a: 53).
De acuerdo con esa visin jerrquica y vertical, sostiene Schmitter,
a lo largo del siglo xx, los arreglos corporativos, que descansan en
formas asociativas diversas, generalmente de carcter funcional
(relacionadas directamente con la funcin social de sus integrantes),
resultaron tiles no a la democracia, sino al desarrollo del capitalis-
mo, y fueron alentados desde el Estado para lograr un mayor control
basado en la negociacin y el consenso. Si este arreglo funcion
durante dcadas, a la larga la proliferacin de asociaciones y la
creciente diversidad de intereses, auspiciada por el regreso de un
esquema liberal, augura Schmitter, generarn nuevas contradicciones
y requerirn de nuevos arreglos.
Hirst y la utopa asociativa
Si la asociacin fue la propuesta que nutri las utopas de la primera
mitad del siglo xix, lo es tambin en la ltima dcada del xx de una
fantasa poltica que al igual que sus antecesoras presenta numerosos
rasgos susceptibles de ser incorporados a la organizacin de las
sociedades, al tiempo que establece caminos para una transfor-
macin democrtica en un sentido distinto a las teoras que desde
la perspectiva de la representacin plural y la alternancia electoral
orientan hoy la vida poltica de muchos pases.
Me refiero al asociacionismo democrtico de Paul Hirst, quien
ide, desde el punto de vista del liberalismo, una organizacin social
fundada en las asociaciones voluntarias reunidas en una suerte de
confederacin que funcionara a semejanza de la imaginada por
Proudhon: en donde las comunas y condados conservaran sus
poderes polticos bsicos y cederan menos poder a cuerpos de ms
alto rango (Hirst, 1995: 30).
86
L a sociedad organizada
Las asociaciones, de acuerdo con Hirst, tienen la energa colectiva
y la capacidad tcnica para hacerse cargo de numerosas funciones
sociales y econmicas, de tal manera que la organizacin de las so-
ciedades se vera beneficiada al cederles responsabilidades. Por
lo anterior, la propuesta de Hirst no pretende eliminar al Estado,
sino a la burocracia. Su idea es bsicamente la de una sociedad con
relaciones directas que eliminan intermediarios administrativos
para privilegiar la comunicacin y las relaciones cara a cara. Por esto
mismo, tampoco compromete a la nueva organizacin a eliminar la
desigualdad social, sino, tal vez, a modificar las relaciones de mercado
si las propias asociaciones emergen como generadoras de una polti-
ca econmica fundada en necesidades verdaderas y, eventualmente,
en productoras de bienes no atendidos por el propio mercado.
Su aspiracin est fundada, por lo mismo, en una transformacin
gradual que vaya estableciendo espacios de colaboracin y parti-
cipacin sin desplazar las estructuras polticas y econmicas, sino,
tal vez, volviendo ms elsticas y permeables las fronteras sociales
incluidas las fronteras polticas entre pases para permitir el
intercambio de iniciativas y acciones en beneficio de una sociedad
que por definicin es mltiple e inalcanzable desde una instancia
nica en la toma de decisiones.
Hirst aclara que su intento dista de la propuesta neorepublica-
na de renovar la democracia a partir de la pequea comunidad (la
fundada en Tocqueville, a la que se hizo referencia en un apartado
anterior), sino aprovechar la capacidad organizativa de las asocia-
ciones sin reclamar el poder sobre un territorio determinado (Hirst,
1995: 71). Por lo anterior, seala, el asociacionismo no es una
doctrina colectivista sino individualista, ya que su punto de partida
es la libertad del individuo para asociarse con quien quiera y para
los fines que quiera, lo que le permite la libertad negativa: es decir,
no asociarse. Las asociaciones, insiste, deben ser comunidades de
eleccin y no de destino. El derecho ms importante en una
sociedad asociativa es el de salida (exit) afirma.
Su propuesta, as, descansa en un nuevo esquema de gobernanza
que delega en asociaciones de diversos tipos la conduccin de la po-
ltica social y econmica. No atenta contra el Estado o la propiedad
privada, pero recomienda la entrega progresiva de responsabilidades
87
Cristina Puga
estatales a asociaciones dispuestas a administrar el bienestar social
y la formacin de estructuras econmicas alternativas (bancos de
inversin regionales, uniones de crdito, cooperativas, etc.) crecien-
temente administradas por sus promotores y protegidas por la ley.
El asociacionismo aparece, pues, como un proyecto de renova-
cin y democratizacin de las sociedades modernas al transformar
la divisin entre las esferas pblica y privada. El gobierno de las
actividades es devuelto a las asociaciones, lo cual hace de lo pri-
vado una esfera de cooperacin social y gobernanza colectiva por
medio de cuerpos voluntarios. Al mismo tiempo, la esfera pblica
se convierte en la asociacin de asociaciones; es decir, el mecanismo
que provee tanto las reglas como el financiamiento que permiten
trabajar a las numerosas instituciones privadas y autorreguladas; de
esta forma,vuelve pblica a la sociedad civil y pluraliza al Estado
(Hirst, 1995: 368).
Las ventajas de esta organizacin, dice Hirst, son cuando menos
tres: personal ms comprometido con tareas elegidas voluntaria-
mente, rendicin interna de cuentas por parte de los miembros
de la asociacin y separacin entre proveedores de servicios y un
Estado que puede desempear tareas de regulacin y supervisin. La
evidente dificultad de establecer un sistema semejante no lo arredra:
propone que el cambio se empiece a realizar paulatinamente a partir
de la progresiva cesin de responsabilidades sociales por parte de
los gobiernos y crear reglas para proteger las nuevas iniciativas
econmicas. Hirst se distancia de Cole, de quien incorpora sin duda
numerosas ideas, justamente en el gradualismo. El fracaso del socia-
lismo gremial, afirma, fue pretender un cambio radical impulsado
por los sindicatos; en contraste, su propuesta descansa en cambios
sucesivos en los espacios sociales donde sea posible hacerlos.
El proyecto asociativo de Hirst se funda no en la conviccin de
que las asociaciones tienen una tendencia a hacer el bien, ni en su
compromiso con la sociedad, sino en la potencialidad que tiene
la accin asociada cuando se coordina con otras organizaciones
similares y abre el abanico de eleccin e incluso de libertad para
sus diversas clientelas: la participacin en la direccin de un grupo
aumenta la libertad de los individuos, mientras que la relacin entre
grupos mejora el funcionamiento de la sociedad, su gobernanza:
88
L a sociedad organizada
la asociacin crea una red de relaciones formales e informales
que otorga a la sociedad tanto diversidad como gobernanza social,
junto con una proporcin sustancial de accin coordinada (Hirst,
1995: 69).
En este sentido coincide con las nuevas teoras de la gobernanza,
que la visualizan como un sistema de redes que articula necesidades
diferentes de actores organizados diversos (Messner, 1999) o como
un sistema horizontal de coordinacin en donde el gobierno deja
de ser dominante para incluir la deliberacin, la corresponsabilidad
y la interaccin de las organizaciones privadas y sociales (Aguilar,
2012).
Las asociaciones son portadoras, en esta apreciacin, no de un
modelo de sociedad, ni de una visin civilizadora o portadora de
valores, sino de su capacidad de representar intereses diversos que
atienden necesidades sociales igualmente diversas y requieren del
dilogo y la deliberacin para avanzar en la conduccin de la vida
social e incluso de la vida econmica.
Algunas conclusiones
De las teoras mencionadas se desprenden algunos elementos comu-
nes que han sido recuperados por desarrollos tericos recientes.
El tamao
El traslado de los asuntos pblicos a una escala manejable constituye
uno de los rasgos que vuelven atractiva a la asociacin. Desde una
perspectiva racional e institucional, basada en numerosos casos
analizados, la propuesta policntrica de Elinor Ostrom encuentra en
diversos tipos de asociaciones pequeas la capacidad para organizar
el uso colectivo de los bienes comunes, as como su conservacin
y monitoreo (Ostrom, 2009). Si bien esta alusin al tamao no es
de ninguna manera el ncleo de la teora de Ostrom, s existe un
reconocimiento al potencial organizativo y creador de reglas del
pequeo grupo o la comunidad social.
89
Cristina Puga
La importancia del tamao para garantizar la gobernabilidad
interna, la armona o la buena administracin forma parte de varias
de las teoras aqu presentadas. Lo mismo el falansterio de Fourier
que el socialismo gremial de Cole, o la pequea comunidad de
Tocqueville, destacan la capacidad de la asociacin pequea pa-
ra discutir ideas, llegar a acuerdos y gobernarse a s misma con
mtodos democrticos.
De hecho, los ltimos escritos de Cole proponen a la asociacin
pequea como el germen de la verdadera democracia; esta ltima,
deca, difcilmente podr afirmarse en las grandes colectividades del
siglo xx y con los instrumentos del parlamentarismo y el gobierno
representativo. Cole hace eco del pensamiento de Rousseau y sos-
tiene que la verdadera democracia est reservada a los pequeos
grupos humanos basados en la confianza y el afecto. Su formacin
y proteccin, su incorporacin a organizaciones ms grandes y
la libertad que se les otorgue para reunirse, discutir y resolver los
problemas que les conciernen directamente actan a favor de la
mayor democracia de los estados, del ejercicio de la ciudadana, y
de la participacin de las mujeres en la poltica. En Gran Bretaa,
sostiene, la democracia real se encuentra:
no en el Parlamento o en las instituciones gubernamentales, sino en
los pequeos grupos, formales o informales en los cuales hombres y
mujeres se renen a partir de una camaradera decente para perseguir
un objetivo social en comn sociedades, clubes, iglesias y, no menos
importante, grupos vecinales. Es en estas asociaciones y en la capaci-
dad social de constituirlas rpidamente bajo la presin de las necesidades
inmediatas en donde reside el verdadero espritu de la democracia (Cole,
1962: 102).
Hay en esta afirmacin una idea de la asociacin ms como escuela
de la democracia y elemento de cohesin social que como vehculo
para la expresin de intereses grupales (lo cual, como ya vimos,
haba constituido la preocupacin inicial de Cole, promotor del
sindicalismo ingls).
90
L a sociedad organizada
La escuela de la democracia
Es justamente su impacto en la construccin y difusin de valores
democrticos el rasgo que Mark Warren (2001) destaca como la
aportacin de las asociaciones a las democracias contemporneas.
Su apreciacin, basada en muchos de los autores aqu reseados,
y muy particularmente en Habermas,16 resume en tres puntos esa
contribucin: la formacin, ampliacin y capacitacin de ciudadanos
a partir de la vida asociada, que facilita a los individuos el desarrollo
de opiniones propias y la construccin de decisiones colectivas;
la influencia sobre la esfera pblica en la provisin de agendas y
material para la deliberacin colectiva, y la colaboracin para crear
el entramado institucional que favorece la participacin colectiva y
la existencia de espacios alternativos para la toma de decisiones.
El detallado y completo anlisis de Warren incluye diversos efectos
de las asociaciones como formas de representacin y coordina-
cin de intereses de cara a otras formas institucionales, con nfasis
en dos aspectos importantes: desarrollar capacidades democrticas
por la necesidad misma de llegar a acuerdos y llevar adelante los
objetivos propuestos y la vigilancia del funcionamiento de las ins-
tituciones en donde las asociaciones tienen la capacidad de dar la
voz de alarma ante los desvos contrarios a la democracia. Su aporte,
que presenta fundamentalmente como un modelo terico para ser
comprobado por la investigacin, descansa en la premisa de que la
asociacin contiene un cmulo de posibilidades para reorientar
la vida social frente a las limitaciones del mercado y el Estado.
No las considera necesariamente como el eptome de la vida demo-
crtica, pero piensa que, de alguna manera, constituyen un paso un
prefacio, afirma hacia la democracia (Warren, 2001: 60 y ss).
La organizacin de la economa
Lester Salamon (2003) ha encontrado en la asociacin una vocacin
productora de bienes de todo tipo. Adems de hacer la apologa de
16
Reconozco en este texto la omisin, junto a otras tal vez menos importantes, del
trabajo de Habermas, cuya teora de la esfera pblica incluye sin duda a las asociaciones
pero obliga a un anlisis ms detallado que haga justicia a su riqueza y complejidad.
91
Cristina Puga
esta actividad productiva, bautiz como tercer sector al amplsimo
grupo de asociaciones no lucrativas que desempean gratuitamente
en Estados Unidos toda clase de tareas: dan empleo a miles de per-
sonas y procuran bienes culturales, educativos y emocionales a la
sociedad. Otra vez, los fourieristas, proudhonianos, cooperativistas
y comunitaristas del siglo xix haban planteado, como vimos, que las
nuevas asociaciones tendran la capacidad de procurarse sus propios
bienes al producir en forma armnica y concertada, en lugar de estar
sometidos al capital. La aparicin peridica de nuevas formas de vida
comunal sugiere que existe en estado latente aquella utopa asociativa
basada justamente en la reorganizacin de la produccin y la distri-
bucin de los bienes sin intermediaciones y sin propsitos de lucro
que es hoy tan funcional a las economas capitalistas modernas y
anima por lo menos a una parte de las llamadas organizaciones de la
sociedad civil. Hirst no va tan lejos, pero encuentra que las coopera-
tivas, uniones de crdito y otras formas de organizacin econmica,
al lado de la coordinacin entre asociaciones, pueden conducir a un
creativo replanteamiento de la economa de mercado.
Solidaridad, cohesin y gobernabilidad
En los autores mencionados predomina la idea de que la sociedad
estar mejor cohesionada y organizada si el punto de partida son
unidades relativamente pequeas y solidarias. Para Durkheim, la
asociatividad genera reglas de observancia general, mientras que
para las teoras del capital social produce capacidad de respuesta,
redes de solidaridad y estructuras que facilitan la comunicacin y la
distribucin de bienes. A su vez, la teora institucional tambin ha
subrayado como una caracterstica positiva de las asociaciones su
proclividad a la generacin de reglas y la procuracin de la observan-
cia de las mismas (Coleman, 1988; Hollingsworth et al., 1997). Ms
optimista an, Alexander (2006) encuentra que la sociedad civil (que
con frecuencia coincide con el universo de las asociaciones) compar-
te una serie de valores positivos que a la larga han transformado a
las sociedades: las tendencias a la igualdad, la paz, la compasin y la
tolerancia son ms fuertes y poderosas que las tendencias violentas
y excluyentes. De aqu podra desprenderse esa confianza, con fre-
92
L a sociedad organizada
cuencia acrtica, en las asociaciones como portadoras de los mejores
valores y propuestas de la sociedad; esta confianza no la comparte
Hirst, a pesar de su enrgico llamado a entregarles la conduccin
de la sociedad.
Representacin de intereses
Durkheim subraya la que considera la principal ventaja de la aso-
ciacin: la de un inters comn que genera solidaridad y cohesin,
por encima de diferencias de otro tipo. Coinciden en esto las teoras
sobre la accin positiva de los grupos de inters en el funcionamiento
de las sociedades modernas, base del esquema pluralista, pese a los
riesgos sobre los que Dahl previene. ste fue el fundamento del
sindicalismo y el corporativismo, pero tambin, en cierta forma,
del surgimiento de los partidos polticos, que tal vez rebasan la defi-
nicin simple de asociacin que hemos mantenido en este recuento,
para constituir estructuras ms institucionalizadas, jerrquicas e in-
teresadas polticamente que las asociaciones a las que hasta ahora se
ha hecho referencia. De hecho, la teora de los partidos polticos en
autores como Duverger se resiste a identificarlos como asociaciones,
para verlos ms bien como estructuras organizativas surgidas como
producto de la prctica parlamentaria. Con respecto a la diversidad de
objetivos y preocupaciones asociativas en las sociedades contempo-
rneas, Schmitter y otros autores han abundado ms recientemente
en la posibilidad de disear nuevas formas de representacin formal
de intereses fundadas no en la representacin de una base geogrfica
(distrital) o funcional, sino en el reconocimiento de asociaciones que
agrupan a sus integrantes a partir de intereses particulares de muy
diversos tipos (Arditi, 2005).
En efecto, no obstante su escepticismo, Schmitter identifica en
un texto de 1996 a la sociedad civil como un conjunto o sistema de
grupos organizados voluntariamente17 que contribuyen, as sea de ma-
nera parcial, con la democracia, en tanto esa sociedad civil:
17
Seala que estas asociaciones se caracterizan por los siguientes rasgos: 1. Son rela-
tivamente independientes, tanto de las autoridades pblicas como de unidades privadas
de produccin o reproduccin, como empresas o familias; 2. Son capaces de deliberar
y emprender acciones colectivas en defensa de sus intereses o pasiones; 3. No buscan
93
Cristina Puga
1. Estabiliza expectativas dentro de los grupos sociales y ofrece a la
autoridad informacin agregada y confiable con la cual gobernar;
2. Inculca concepciones de inters y normas de conducta cvicas, es
decir, respetuosas de la existencia de la comunidad como un todo, as
como de los procesos democrticos; 3. Provee de canales de autoexpre-
sin e identificacin ms cercanos a los individuos y a las empresas (sic)
y, por tanto, menos alienantes cuando se utilizan para hacer demandas,
en particular a autoridades de gobierno centrales o nacionales que
parecen lejanas; 4. Colabora al autogobierno de sus integrantes con
relacin a compromisos colectivos, lo cual reduce la carga tanto de
autoridades como de productores privados; 5. Provee de importantes,
si bien no nicas, reservas de resistencia potencial a la accin arbitraria
o tirnica de los gobernantes, lo mismo usurpadores ilegtimos que
mayoras intolerantes (Schmitter, 1996: 10).
Esas posibilidades democrticas se equilibran con una serie de des-
ventajas, entre las cuales Schmitter seala la dificultad para formar
mayoras; la distribucin desigual de influencia; la imposicin de
compromisos polticos poco transparentes; la presin por solucio-
nes que no toman en cuenta a la comunidad, sino solamente a los
intereses del pequeo grupo, y, desde luego, la diversidad misma de
la sociedad civil, que lleva a que haya grupos con intereses distintos,
contradictorios y exclusivos.18
reemplazar ni a las agencias estatales ni a los productores privados ni aceptar responsa-
bilidades de gobierno; 4. Estn de acuerdo en actuar dentro de ciertas reglas establecidas
de naturaleza civil, es decir, recprocamente respetuosa.
18
Han sido los tericos de la sociedad civil quienes ms han subrayado la ambivalencia
de sta, ya sea que se hable de manifestaciones o movimientos de individuos unidos
por un inters pasajero o de asociaciones de ms largo alcance; en cualquier caso, la
sociedad civil puede manifestar intereses opuestos a la tolerancia, la vida compartida,
la igualdad democrtica o la manifestacin pacfica de la divergencia. Algunos autores,
como John Keane (1998), han sealado el carcter incivil de estos grupos, ya se trate
de delincuentes, mafias de crimen organizado o ku-kux-klanes; otros han subrayado la
incierta eficiencia de la participacin directa e incluso su veleidosidad frente a la relativa
seguridad de la democracia representativa (Fiorina, 1999); otros, finalmente, han cues-
tionado el carcter excluyente del concepto sociedad civil, que con frecuencia slo acepta a
algunos actores como verdaderos miembros de la misma y excluye a otros (empresarios,
partidos polticos, sindicatos) como fuerzas ms vinculadas al Estado y por tanto que
no son susceptibles de ser considerados civiles (Foley y Edwards, 1996). Al ser las
asociaciones nuestra principal preocupacin en este trabajo, he preferido no abordar
estos anlisis que si bien son de gran importancia para ubicar la actual importancia
94
L a sociedad organizada
Habra que recordar, finalmente, que con excepcin de la teora de
Schmitter, todas las reseadas dan mayor importancia a las bondades
de la asociacin que a sus caractersticas, problemas organizativos
o dificultades para la accin social o poltica. Si bien casi todos los
autores hacen observaciones sobre las tensiones de la asociatividad y
sus efectos sobre la vida social, slo unos cuantos reflexionan sobre
la dinmica interna de las asociaciones, sus formas de relacin con
otros actores o la forma en que son modificadas por el contexto
histrico o poltico en el cual se desempean. Hay, en muchas de las
propuestas, una intencin de reorganizacin social que sita a la aso-
ciacin como elemento central y le construye en torno la propuesta
de una sociedad mejor, ya sea porque es ms democrtica, porque
es ms solidaria o porque responde a una organizacin racional
que se superpone a la arbitrariedad del poder poltico o la domina-
cin de un grupo poderoso.
No obstante, el concepto de cooperacin, presente en los textos
de Owen y Fourier, y componente fundamental de ese espritu
comunitario que hoy resurge en los movimientos conservadores, va
cediendo lugar gradualmente a los de democracia y transaccin poltica,
ms propios de un esquema moderno de gobernanza. Autores de
la segunda mitad del siglo xx han apreciado en la asociacin su
capacidad de representar intereses y mediar entre grupos. Ms que
la tendencia a la cooperacin, es esa caracterstica racional, al igual
que la capacidad para generar reglas de observancia general que le
atribuye Durkheim, lo que enfatiza Hirst cuando hace su propia
propuesta de reorganizacin social.
Por otra parte, tambin es cierto que muchos de los autores aqu
reseados sealan, a veces expresamente y otras de soslayo, las limita-
ciones de un sistema basado en asociaciones y las de las asociaciones
mismas. Entre otros problemas incluyen la tendencia de las propias
asociaciones a la burocratizacin y el control oligrquico, la identidad
construida sobre el conflicto con otros grupos, la representacin
privilegiada sobre individuos no organizados, el abandono paulatino
del inters incluida la aportacin econmica por parte de los
social y poltica de aqullas en tanto miembros de la sociedad civil, tienden a derivar en
polmicas complejas que exceden el tema de este captulo.
95
Cristina Puga
asociados, la lentitud en la toma de decisiones y la dificultad para
establecer una relacin eficaz con las agencias gubernamentales. Se
trata de cuestiones que requieren, junto con muchas otras, de un
anlisis fundamentado que parta de juicios ms crticos que los aqu
expuestos para contar con nuevos argumentos vlidos respecto a las
bondades de un sistema asociativo para asegurar el bienestar social
y fortalecer la gobernanza democrtica.
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100
Relaciones cooperativas entre el Estado
y las organizaciones civiles en Mxico:
incentivos y obstculos para la concertacin
en torno a proyectos sociales
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
Introduccin
L a conceptualizacin de los rendimientos sociales, como la ge-
neracin de los beneficios colectivos que puedan ser producto
de la participacin de las asociaciones civiles en la vida pblica, abre
algunas interrogantes sobre los mecanismos a travs de los cuales
sera posible fortalecer su intervencin. Para intentar responderlas,
en este texto se identifican, mediante el examen de las relaciones
cooperativas recientes entre el gobierno y el sector de las organiza-
ciones civiles en Mxico, los factores que incentivan u obstaculizan la
participacin de las asociaciones en proyectos sociales; se argumenta
que el impulso a la participacin de las organizaciones en proyectos
sociales ha dependido de la constitucin de espacios de colaboracin
que al mismo tiempo que preservan la autonoma y las funciones
de cada sector permiten construir espacios de convergencia en
proyectos y polticas pblicas.
El examen de los vnculos cooperativos entre los sectores se
realiza utilizando la nocin de intercambio positivo para identificar
101
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
los rendimientos, que pueden ser estimados como el resultado de los
esfuerzos cooperativos. En ese sentido, el intercambio positivo se
asocia a la idea de rentabilidad social, ya que involucra tanto el bien
comn como el capital social y los beneficios tangibles e intangibles
de la cooperacin. Para estos propsitos, la cooperacin debe ser
entendida como el compromiso de la accin colectiva. Se considera
que la conducta cooperativa se arraiga en incentivos, metas comunes,
satisfacciones relacionales, normas y valores compartidos (Lopes,
Santos y Teles, 2009; Alexander, 2006: 31).1 Estos componentes
articulan arreglos que fomentan o restringen la cooperacin, lo que
presupone que surge de intercambios positivos que optimizan los
resultados de los proyectos sociales. Los procesos de interaccin
colectiva implican que las decisiones de cada sector no dependen
slo de las relaciones internas, sino de decisiones y procesos en los
otros sectores. Se asume tambin que las decisiones generan bene-
ficios para todos y hay un conocimiento comn y compartido acerca
de cules son esos beneficios. Cabe advertir que la caracteriza-
cin de los intercambios como positivos no necesariamente significa
que sean exitosos o buenos per se para la procuracin del bienestar;
la interpretacin atiende nicamente la convergencia de intereses
de los sectores participantes. El perfil de las relaciones traza indi-
cadores sobre los problemas y desafos que afectan al pas en trmi-
nos de incentivos y obstculos a los esfuerzos de convergencia.
As, se resalta que la cooperacin va ms all de la simple coordi-
nacin de esfuerzos porque se arraiga en el inters y el compromiso
de alcanzar objetivos comunes. La meta comn es percibida como
un objetivo colectivo, un beneficio compartido o un propsito
concitado, nocin que lleva implcita la consecucin de los propios
intereses por los miembros del grupo o sector que participa en la
1
De acuerdo con el estudio realizado por Lopes, Santos y Teles (2009), la conducta
cooperativa en las organizaciones de carcter colectivo est asociada a motivaciones y
reglas que le dan sentido, la sostienen y le ayudan a superar los dilemas, a la expectativa
de que cada uno estar mejor si coopera, pero encontramos poco inters en asumir los
costos del esfuerzo. Esto implica superar los dilemas de la accin colectiva, marcados
por la tendencia a suponer que los miembros de un grupo no actuarn para favorecer
sus objetivos comunes a menos que haya coaccin para obligarlos, o se les ofrezca algn
incentivo individual, distinto a la satisfaccin del inters comn, para que ayuden a
soportar los costos que implica alcanzar los objetivos comunes (Olson, 1992: 12).
102
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
accin. En palabras de Olson, el logro de cualquier meta comn o
la satisfaccin de cualquier inters comn significa que se ha propor-
cionado un bien pblico o colectivo a ese grupo (Olson, 1992: 25).
La convergencia en metas se sustenta en la identificacin de incenti-
vos y la emergencia de nuevos bienes comunes que reflejan cambios
en la concepcin y el uso de los recursos tanto pblicos como
privados (Hess, 2008: 5);2 estos cambios han tenido repercusin en
la construccin de los mbitos del inters y el dominio pblico y
de las relaciones entre los actores que participan en ellos.3
Las transformaciones en las concepciones sobre lo pblico y lo
privado han repercutido en la reconfiguracin de ambas esferas y han
impulsado las interacciones cooperativas. El mbito de lo pblico,
donde se presuma la necesaria intervencin del Estado, se ampla
para incluir la intervencin de los agentes privados, integrndose
cada vez ms como un espacio en donde el Estado y los ciudadanos
participan y son capaces de procesar y administrar los asuntos rela-
cionados con el inters pblico. As, han surgido nociones como lo
privado social para referirse a la intervencin de actores privados que
participan en el espacio pblico; el concepto identifica espacios en
los que se combinan formas privadas de gestin que actan de ma-
nera pblica en funcin de fines sociales solidarios. Los rendimientos
sociales de la cooperacin pueden ser directos e indirectos, segn
sean estimados como resultado directo e inmediato de los objetivos
de las organizaciones de la sociedad civil (osc) o como rendimientos
cualitativos de mayor alcance o con efectos en el largo plazo. Estos
2
Entre los nuevos bienes comunes es posible ubicar recursos de uso pblico como
los rboles de las calles, los campos deportivos, los jardines urbanos, los hospitales, las
reas tursticas, los espacios vecinales, que tambin pueden ser recursos con nuevos usos
o nuevas instituciones, como los paisajes, las reas protegidas, las playas utilizadas como
lneas de surfing, los bienes culturales, los bienes de conocimiento y otros (Hess, 2008).
3
Entre las investigaciones que destacan estos movimientos se encuentran las de
Elinor Ostrom. Sus estudios sobre los bienes comunes sealan que la visin del mercado
como la institucin ptima para el intercambio de bienes privados y la del gobier-
no como la entidad coercitiva de los intereses individuales hacia los intereses pbli-
cos no permiten explicar la diversidad de arreglos institucionales de la vida con-
tempornea; existen nuevos tipos de bienes comunes, que comparten el atributo de
la sustractibilidad de uso de los bienes privados con la dificultad de exclusin de los
bienes pblicos, como los centros de cuidado diario, las guarderas, los teatros (Ostrom,
2009).
103
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
movimientos han dado paso a nuevas formas de mirar hacia lo que
es o debera ser compartido,4 as como a nuevas formas de pensar
la procuracin del bienestar; cmo puede o debe ser atendido y a
quin o quines debe encomendarse su provisin. Esto ha desta-
cado la cooperacin como la va para avanzar en la solucin de los
problemas sociales.
La satisfaccin relacional se enfoca en los intercambios que ge-
neran resultados positivos, capital social o bienes relacionales, que
cumplen la funcin de constituirse en incentivos para la cooperacin.
El reconocimiento del papel del capital social en la resolucin de
problemas de accin colectiva examinado por Ostrom y Ahn (2003)
y Robert Putnam (1993), entre otros autores, ha hecho patente que
las normas compartidas y los patrones de comportamiento son
formas de capital social que pueden ser utilizadas para construir
arreglos que resuelvan problemas relacionados con la gobernabilidad
democrtica y sean facilitadores de la accin coordinada.5
Las normas y los valores constituyen la visin normativa y
compartida en la que pueden confluir los intereses sectoriales; pro-
mueven, asimismo, la cooperacin al indicar acciones que benefician
a otros sectores, grupos o individuos. Los valores promovidos por
las organizaciones de la sociedad civil tambin son considerados
rendimientos sociales de las organizaciones porque contribuyen a
fortalecer los vnculos entre distintos mbitos de la vida social. En
relacin con este punto, resulta de inters examinar la propuesta
de Rothstein (1998), quien argumenta que el contexto institucional
normativo es determinante como soporte de ciertos tipos de po-
4
De acuerdo con Charlotte Hess, desde principios de los aos noventa ha sido
posible identificar nuevos sectores de recursos comunes (new commons) formados por
grupos y relaciones que salen de los sectores tradicionales y trazan nuevos mapas de los
que se consideran recursos o bienes comunes. Estas reflexiones son aprovechadas aqu
para examinar las relaciones cooperativas entre el gobierno y las organizaciones civiles
enfocadas a la convergencia en torno a nuevos bienes colectivos cuya consecucin puede
ser perfilada como metas comunes.
5
Los autores definen el capital social como aspectos de la organizacin social, tales
como confianza, normas y redes que pueden mejorar la eficiencia de una sociedad al
facilitar la accin coordinada (Putnam et al., 1993: 181); Olson, por su parte, indica la
forma en que los incentivos sociales pueden ser utilizados, a efecto de que individuos
racionales contribuyan a los intereses de grupo, aunque no existan ganancias econmicas
individuales en juego (Olson, 1992: 70).
104
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
lticas sociales. Esta posicin coincide con la de Elinor Ostrom en
el sentido de que la situacin en que se toman las decisiones juega
un papel decisivo para cambiar la posicin en la que prevalece el
propio inters en las acciones, e igualmente en el papel central de
la confianza frente a los dilemas sociales (Ostrom, 1992). Desde
esta perspectiva, los individuos actan no slo racionalmente y en
funcin del inters propio, sino razonablemente y en funcin del
inters comn o pblico (Rawls, 1995).
Para Rothstein, la accin colectiva se traduce en la interpretacin
de que las acciones dependen de las normas sociales y no slo del
inters propio; argumenta que la racionalidad poltica no tiene
que enfrentarse a la racionalidad econmica. Su propuesta es una
racionalidad poltica constructiva que haga posible que individuos
con intereses distintos alcancen soluciones comunes a problemas
colectivos, aunque existan diferencias entre ellos. En funcin de
esto, considera que los ciudadanos respondern al inters pblico
si se cumplen tres condiciones: a) que los ciudadanos estimen los
programas como justos, justicia sustantiva; b) que crean que los otros
ciudadanos participarn sobre la misma base solidaria, justa distri-
bucin de cargas; c) que consideren que los procedimientos son los
adecuados, justicia procedimental. Los valores, entonces, no son indis-
cutibles y estticos, sino producto de un entorno social y poltico;
por ello, aqu no los manejamos en abstracto, sino como expre-
siones de consenso entre actores sociales en torno a premisas e
interpretaciones que apoyan la conducta cooperativa en asuntos de
inters pblico. La cooperacin es posible cuando existe consenso
en torno a valores o premisas sustantivas; por lo tanto, las relaciones
cooperativas tambin pueden ser vistas como mecanismos para crear
y mejorar las capacidades de gobernanza.
La cooperacin como mecanismo para mejorar la gobernanza
est planteada como parte de la gobernanza para el bienestar (wel-
fare governance), una corriente de cambio en el papel del gobierno
que se ha extendido por varios pases, notable por la emergencia
de formas de asociacin pblico-privadas que se insertan como
provisoras de servicios sociales o participantes en los programas
sociales que desarrollan los gobiernos, incorporando las aso-
ciaciones civiles a la provisin del bienestar. El nuevo papel de
105
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
las asociaciones en la gobernanza ha sido ligado tambin a los
procesos de privatizacin, descentralizacin y devolucin que
han instrumentado los gobiernos en el escenario internacional
para obtener legitimidad, mejorar la calidad de la gestin pblica,
transferir servicios y reducir costos de los programas sociales
(Bar-Nir y Gal, 2011).
Para los estudiosos de esos procesos resulta evidente que el
Estado y las organizaciones civiles no pueden ser aprehendidos
como entidades unificadas y homogneas, dada la imposibilidad de
capturar bajo un rubro genrico a la multitud de actores que pueden
intervenir, con diversos motivos, en las relaciones cooperativas. Sin
embargo, para intentar entender cmo se teje esa trama es necesario
efectuar algn tipo de abstraccin en la que el Estado, percibido aqu
como rgimen de gobierno, y las organizaciones, particularizadas
en el subconjunto de organizaciones civiles (osc), puedan ser re-
conocidos y examinados. En otras palabras, privilegiamos la visin
sectorial sin dejar de ver que el sector est compuesto de entidades
mltiples y diversas.6 Desde este ngulo, se busca la identificacin y la
discusin de actores, fuerzas y componentes que han actuado como
incentivos u obstculos en los esfuerzos de convergencia a partir de
los cambios en la percepcin de lo que se ha estimado como bienes
compartidos y metas comunes.7
Con estos elementos, la revisin de las relaciones cooperativas
construye una argumentacin que vincula la convergencia de inte-
reses con los presupuestos de la cooperacin, sustentada en fuentes
documentales y en el seguimiento de los intercambios entre los
6
Si bien se reconoce la imposibilidad de identificar y concebir a la sociedad civil como un
sujeto unitario, se considera que hay un conjunto de caractersticas comunes y una trama
de actores y proyectos que la distinguen de manera fundamentada como componente
del orden social. Como lo precisa Juan Martn: la sociedad civil no es una organizacin
jerarquizada que tenga la capacidad para hacer cumplir sus ordenaciones dentro de un
territorio, una temtica o un subsistema social, porque cambiara su naturaleza, pero
s necesita que existan esos ordenamientos y estructuras que proporciona el Estado
(Martn, 2010: 50).
7
Adoptamos la idea de que cuando se habla de bienes compartidos es posible apartarse
de los presupuestos de la teora del juego no cooperativo y de la tragedia de los recursos
comunes. Se privilegia el pensamiento de la cooperacin desde una visin que la consi-
dera posible, en tanto que considera posible actuar en funcin de la razn pblica y de
intereses comunes.
106
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
gobiernos nacionales y las organizaciones dedicadas a la procura-
cin del bienestar de la poblacin durante los ltimos veinte aos.
Sin pretender estimar las dimensiones de la cooperacin, busca, en
cambio, capturar la complejidad de los procesos que inciden en las
dinmicas de participacin de las organizaciones civiles. El perfil de
los arreglos de convergencia sirve para fijar algunos indicadores
de los problemas y desafos que afectan al pas en trminos de
incentivos y obstculos para la participacin de las organizaciones
en la procuracin del bienestar.
Las relaciones interdependientes entre la sociedad civil, el Estado y el mercado
El Estado, el mercado y la sociedad son los mbitos en que se
articula la vida social; tambin donde se genera el bienestar (Esping-
Andersen, 1990 y 1999). Vista como un sector constitutivo del
sistema social, la sociedad civil est constituida por una multitud
de organizaciones que tienen su razn de ser en la posibilidad de
ejercer intereses que aglutinen el esfuerzo para producir, mantener y
modificar la vida social. En este sentido, la sociedad civil es un m-
bito con capacidades para articular la accin colectiva. El conjunto
de asociaciones y grupos sociales constituidos concreta las for-
mas de actuacin de esta esfera;8 como lo ha expresado Alberto
Olvera, uno de los rasgos sustanciales que distingue al conjunto es
su autonoma, referida a su independencia y diferenciacin con el
Estado y el mercado (Olvera, 2004). Otra referencia til para marcar
el carcter de la intervencin de la sociedad civil es la de Jeffrey
Alexander, en el sentido de que la accin colectiva de los actores ci-
viles puede ser percibida como el conjunto de movimientos sociales
que aglutinan los valores y las demandas sociales de cada momento
8
La percepcin de la sociedad civil como una esfera pblica plural en la que sus
componentes reivindican los derechos humanos, capaz de obrar y comunicarse au-
tnomamente, forma parte de un concepto de democracia que la propone como un
dispositivo simblico mediante el cual una colectividad toma conciencia de s misma.
Segn este argumento, el autogobierno democrtico se instituye con la ocupacin del
espacio pblico y del poder poltico por la sociedad civil (Rdel, Frakenberg y Dubiel,
1997: 511). Esta posicin coincide con la visin de Jeffrey Alexander de la sociedad civil
como una esfera solidaria sustentada en valores universales y prcticas asociadas a la
civilidad (Alexander, 2006).
107
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
histrico (Alexander, 2006).9 En las sociedades, las relaciones entre
sus sectores constitutivos bsicos (Estado, mercado y sociedad)
son distintas en cada pas, dependiendo de su historia, su cultura,
su sistema poltico y sus condiciones de desarrollo; tambin son
dinmicas y cambiantes, porque se ven influidas por condicionantes
econmicos y polticos; nacionales, regionales e internacionales.
La sociedad civil toma forma en el conjunto de las formas aso-
ciativas (Olvera, 2004: 30). Alexander (2006) circunscribe el amplio
universo asociativo a una esfera civil solidaria que privilegia, en
alguna medida, el inters colectivo, sin dejar de notar la existencia
de otras facetas e intereses en la heterogeneidad asociativa. As, no
todas las formas asociativas pueden ser inscritas bajo el rubro de las
asociaciones civiles; esta esfera se identifica no slo por su carcter
voluntario, sino por su compromiso cvico y su orientacin al inters
pblico. En este sentido, se mira a las organizaciones civiles como
asociaciones voluntarias y autnomas, integradas por ciudadanos al
margen del poder coercitivo del Estado y el mercado, y por lo tanto
capaces de construir sujetos sociales y contribuir al desarrollo social
(Canto, 2004; Olvera, 2004).10 Con la denominacin de organizaciones
civiles que participan en la procuracin del bienestar nos referiremos aqu
a las que intervienen en el espacio pblico para resolver problemas
y atender necesidades sociales. En palabras de Alexander, se podra
decir que son organizaciones que para alcanzar algn inters par-
9
Desde esa visin, subrayada por Alexander como la existencia de una comunidad
solidaria, es posible trazar una aproximacin a la nocin de metas comunes que utili-
zamos en este anlisis, ya que las metas comunes seran la expresin de los movimientos
sociales sustentados en los valores y principios propios de cada ciclo cooperativo
(Alexander, 2006: 31).
10
Esta concepcin es cuestionada por Alexander desde una ptica que considera nece-
sario establecer distinciones entre las asociaciones civiles y el conjunto de asociaciones
voluntarias como aqullas que no estn directamente controladas por el Estado ni por
otras jerarquas sociales. Desde la perspectiva de Alexander, el conjunto de asociaciones
civiles se restringe slo a las que estn fuertemente arraigadas en la solidaridad civil
y tienen influencia en esa esfera (Alexander, 2006). Sin dejar de lado la pertinencia de
estas distinciones, se mantuvo en este estudio la visin general de las organizaciones
civiles como grupos voluntarios organizados en torno a propsitos comunes, ante la
imposibilidad de diferenciarlas en el periodo que se pretende examinar.
108
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
ticular han encontrado necesario atender asuntos de inters para la
comunidad civil (Alexander, 2006: 93).11
La cooperacin
La cooperacin como alternativa para generar bienestar e impulsar
el desarrollo toma como referentes los estudios que nos advierten
que las relaciones entre las esferas del Estado, el mercado y la socie-
dad civil son interdependientes.12 Como lo hace notar Rafael Grasa
(2007), la constitucin del mbito reconocido como sociedad civil
y su participacin como actor poltico no es un fenmeno aislado
ni geogrfica ni funcionalmente, sino que suele estar asociado a
fenmenos cclicos internos y externos.13 Asimismo, los ciclos de
expansin o restriccin en la intervencin de la sociedad civil en
el espacio pblico estn relacionados con otras fuerzas y actores
econmicos, polticos y sociales que promueven u obstaculizan
su participacin (Guadarrama, 2007). Las crisis de los Estados de
bienestar, la globalizacin y las crisis financieras son factores que
condicionan el potencial de la sociedad civil de manera importan-
11
El criterio se orienta tambin por las distinciones que hace Carroll entre las
organizaciones cuyas actividades benefician a terceros o generan un beneficio pblico
(grassroots support organizations, gso por sus siglas en ingls) y las que solamente benefician
a sus miembros (membership support organizations, mso). Destaca que las gso estn organi-
zadas y son operadas principalmente para beneficio pblico (Carroll, 1992, citado por
Somuano, 2011: 26).
12
La interdependencia entre los sectores ha sido examinada por Esping-Andersen
(1999) y Pierson (2001). Aun cuando sus posicionamientos no se refieren expresamente
a la sociedad civil como sector econmico constitutivo, s examinan el impacto en el
bienestar social de los movimientos que se registran en las esferas del Estado, el mercado
y el sector no lucrativo, y consideran su interdependencia. Desde otros ngulos, vincu-
lados con la concepcin de un ordenamiento social, autores como Streeck y Schmitter
consideran que aun cuando alguno de los sectores pueda ser dominante, las sociedades
modernas solamente pueden explicarse en funcin de las combinaciones e interaccio-
nes multifacticas entre la comunidad, el Estado, el mercado y el sector de las asociaciones
como fuentes del orden social (Streeck y Schmitter, 1982: 49). El concepto de interde-
pendencia es asumido en este anlisis en el sentido de que una participacin mayor de
actores no econmicos incide en las esferas mencionadas.
13
Rafael Grasa, adems de examinar las relaciones de interdependencia entre estos
mbitos, considera imprescindible para el desarrollo en Latinoamrica avanzar hacia
nuevos modelos de gobernanza que amplen el rol de participacin de la sociedad civil
(Grasa, 2007).
109
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
te. A su vez, la estructura institucional, que define los derechos,
los servicios, los incentivos fiscales y las formas de organizacin
comunitaria, incide en la expansin y las dimensiones del sector.
En buena medida, la interdependencia entre los sectores impulsa
y, muchas veces, determina la necesidad de cooperar para alcanzar
metas comunes.
Desde este ngulo podemos considerar la cooperacin como re-
sultado de la interdependencia, ms que de la solidaridad, el altruismo
o el inters filantrpico. La cooperacin se establece y se fortalece
con los intercambios positivos. La cooperacin intersectorial se con-
cibe como la constitucin de mbitos solidarios de participacin
entre dos o ms sectores en los que es posible desarrollar proyectos
compartidos, alcanzar fines comunes o resolver problemas.
Cooperacin y solidaridad se ven asociadas con metas compartidas
comunitariamente.14 La idea es que la cooperacin resulta positiva
para lograr objetivos, aun cuando resulta evidente que los objetivos
no siempre se alcanzarn o que no se encontrarn claramente del lado
del inters pblico; por ello, muchas veces los fines y los medios son
cuestionados. Desde esta ptica, consideramos que el Estado y las
organizaciones de la sociedad civil establecen relaciones para lograr
fines de inters pblico, y en este sentido se interpreta como positiva
la cooperacin, aun cuando no se toman en cuenta las dimensiones
del xito ni los efectos negativos o no intencionales de las accio-
nes emprendidas.
El espectro de las relaciones cooperativas es complejo, extenso
y variable, dependiendo del tipo de organizaciones, la naturaleza de
sus actividades, los recursos y beneficios que se pongan en juego y
el nivel de la intervencin de los actores, por lo que sin pretender
abarcar ese universo, nuestra argumentacin se construye con una
visin sectorial de las relaciones cooperativas.15 De este presupuesto
14
El concepto de solidaridad tiene significados mltiples, referidos a los diferentes
campos en que es utilizado. Aqu se emplea en el sentido de la relacin que se establece
entre las personas para incorporarse a causas o proyectos que se consideran socialmente
valiosos; se le percibe ligado al inters comn, en el que el bienestar individual tiene lazos
de interdependencia con el bienestar del grupo (Zamorano, 1998).
15
Con el fin de circunscribir la exploracin a las organizaciones de la sociedad civil
asociadas a las polticas de bienestar, distinguimos las relaciones entre el gobierno y las
organizaciones de la sociedad civil de las relaciones establecidas con las organizaciones
110
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
se desprende que la cooperacin existe cuando, habiendo fines libre-
mente articulados y compartidos, los sectores participan activamente
en el espacio pblico para su consecucin, siendo deseable que se
establezcan las condiciones para proyectos de largo plazo vinculados
a los proyectos nacionales de desarrollo.
En la generacin del bienestar, la participacin de las organiza-
ciones civiles se ha posicionado como un componente importante
en los procesos econmicos y en las polticas pblicas. En una
perspectiva ms amplia, la intervencin de las organizaciones de la
sociedad civil se vuelve importante en las responsabilidades para
asegurar bienestar, y es posible considerar as que la cooperacin
puede ser elegida como la opcin preferida por la mayora de los
individuos que integran los grupos organizados y ser percibida como
accin colectiva.
La cooperacin, como la base de la constitucin de esos espacios
interactivos, se concreta en el establecimiento de acuerdos benefi-
ciosos para los que cooperan y como parte de lo que pueden ser los
proyectos, nacionales o regionales, para enfrentar riesgos sociales.
Desde estos ngulos, la cooperacin se articula como un nodo de
convergencia de intereses, relaciones y circunstancias que propician
el flujo de recursos que sustentan los proyectos colectivos promo-
tores de mayor bienestar, y en este sentido se justifica el anlisis de
las alianzas y los consensos que la han hecho posible.
El contexto de la cooperacin
Si bien es posible identificar relaciones cooperativas entre gobernan-
tes y ciudadanos en todas las etapas de la historia de nuestro pas, las
relaciones entre los mbitos formalmente constituidos del Estado y
la sociedad civil comenzaron a plantearse en Mxico a partir de las
distinciones entre las esferas civil y religiosa que estableci el Estado
denominadas cooperativas, constituidas por grupos obreros y campesinos que reciben
apoyos del gobierno; las que implican la propiedad colectiva de los recursos naturales,
de las ganancias que se generan por su trabajo o de los medios de produccin con los
que laboran. Esta distincin resulta importante en Mxico, donde la figura jurdica so-
ciedades cooperativas identifica a organizaciones colectivas constituidas para formar
empresas productivas y promover a sus trabajadores (Inostroza, 1989: 115).
111
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
liberal mexicano.16 Particularmente, las relaciones entre el Estado y la
esfera civil se enmarcan en la aceptacin de los principios de igualdad
de los ciudadanos y la preservacin de las libertades individuales,
que alentaron la existencia de una esfera distinta, independiente o
contrapuesta, al poder del Estado.
A partir de numerosos testimonios recogidos en actas constitutivas
y reglamentos asociativos, destacan como principios fundacionales
de las relaciones cooperativas la aceptacin gradual de la igualdad
legal y poltica de los ciudadanos que se extendi en el pas durante
la segunda mitad del siglo xix y el respeto que enarbolaron los
liberales de ese periodo hacia las libertades individuales. La gene-
ralizacin de los principios de igualdad contribuy a sembrar las
ideas de que el bienestar de los mexicanos no poda quedar librado a
los esfuerzos de la caridad, por lo que deba constituirse en una res-
ponsabilidad del Estado y la sociedad. A su vez, la conviccin sobre
las libertades individuales ayud a establecer lmites que separaban el
ejercicio de los derechos privados de las responsabilidades pblicas.
En las relaciones con su entorno, las asociaciones pusieron de relieve
la importancia de que la sociedad asumiera valores ms igualitarios
y generaron una combinacin de ideas y modelos de atencin que
destacaron la importancia de la autogestin y la organizacin colec-
tiva (Bastian, 1988; Guadarrama, 2007).
La participacin civil en el espacio pblico qued formalmente
constituida mediante el establecimiento de la figura jurdica de
asociacin civil en 1928, que formaliz el derecho de los ciudadanos
a organizarse fuera de la vigilancia del Estado. En esta distincin
de la esfera mercantil se reconoci la constitucin legtima de orga-
nizaciones para fines no lucrativos. Como seala Fernando Pliego
(2003), la introduccin de esta figura al Cdigo Civil para el Distrito
y Territorios Federales en Materia Comn y para toda la Repblica
16
Diversos estudios colocan a las asociaciones libremente constituidas como parte
de la configuracin social ms amplia de personas autnomas asociadas al liberalismo
y a la emergencia de los Estados modernos. Se considera, por ejemplo, que no es vlido
hablar de asociaciones cuando nos referimos a agrupamientos de sujetos sin derechos
sobre su adscripcin (Martn, 2010). En este anlisis, la periodizacin del ciclo cooperati-
vo se apoya en la percepcin de la borrosa distincin entre los mbitos pblico y privado
prevaleciente en el periodo colonial, cuando el poder religioso se extenda a espacios e
interacciones que actualmente se consideran privados, libres y parte de la esfera civil.
112
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
en Materia Federal, multiplicada despus en los cdigos civiles de
todas las entidades federativas, constituy una innovacin cuya
explicacin se encuentra en el impulso ideolgico y poltico creado
por el movimiento revolucionario (Pliego, 2003: 213). El carcter
singular e innovador del cdigo de 1928 estuvo en que reconoca
como personas morales a formas asociativas que no haban sido
contempladas con anterioridad, como las sociedades cooperativas
y mutualistas, las organizaciones sindicales y de profesionales y las
que se propusieran fines polticos, cientficos, artsticos, de recreo
o cualquiera otro, siempre que no estuvieran prohibidas por la ley.
Pero la diferencia estribaba fundamentalmente en que defina una
identidad jurdica para las asociaciones civiles al otorgarles derechos
y obligaciones especficas.
En el citado estudio se destaca la trascendencia de esta figura, que
refiere a formas asociativas para la realizacin de un bien comn
que no tenga un carcter preponderantemente econmico.17 Es
claro, entonces, que la nueva concepcin abri un espacio distin-
to de relacin, articulado en torno a la libre participacin de los
individuos en acciones para el bien comn, sin otra limitante que
las establecidas por la ley, lo que dej fuera toda intervencin del
Estado. La importancia de esta visin sobre las asociaciones radica
en que logra articular el principio de preeminencia de los derechos
sociales, aportado por el pensamiento de la Revolucin mexicana,
con la idea liberal de la libertad de asociacin de los individuos (por
mediacin del contrato), en la que la voluntad de los participantes
es la instancia superior para la decisin (Pliego, 2003: 225-226).18
17
El cdigo civil de 1870 reconoca principalmente las relaciones sociales entre par-
ticulares basadas en el parentesco; la nica relacin diferente que menciona ste es la de
asociaciones de inters particular, que incluyen a las sociedades fundadas en un contrato con
fines econmicos preponderantes (Pliego, 2003: 217). El cdigo civil de 1884 considera a
las asociaciones o las corporaciones que integran motivos pblicos, o pblicos y privados,
pero no especfica qu entiende por asociaciones o corporaciones. Asimismo, precisa
slo los derechos y las obligaciones de las sociedades civiles o mercantiles, que tienen
objetivos preponderantemente econmicos (Pliego, 2003: 219).
18
Entre las caractersticas identificadas por Pliego que definen la figura jurdica est
la radicalizacin del principio constitucional del derecho de libre asociacin, expresada
en la forma: Cuando varios individuos convinieren en reunirse, de manera que no sea
enteramente transitoria, para realizar un fin comn que no est prohibido por la ley y
que no tenga carcter preponderantemente econmico, constituyen una asociacin,
113
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
Es posible que esa afortunada sntesis haya sido determinante en
la vigencia de esta concepcin jurdica para las formas asociativas,
ya que no slo es la ms utilizada actualmente por los ciudadanos
que desean organizarse en torno a propsitos comunes sino que
prcticamente no ha tenido modificaciones desde 1928.
Para las relaciones cooperativas, la constitucin jurdica de las
asociaciones civiles signific el reconocimiento a grupos organizados
que no estaban sujetos al control estatal que potencialmente podan
cooperar con el gobierno. No obstante, podemos decir que durante
la primera mitad del siglo xx las organizaciones civiles estuvieron
insertas en un modelo de desarrollo estado-cntrico que no propici
su organizacin autnoma e independiente. El sector comenz a
fortalecerse hacia finales del siglo xx, cuando comienza a ser iden-
tificado como un componente relevante de la transformacin social y
poltica del pas. Aqu argumentamos que las relaciones cooperativas
se sustentaron en metas comunes e intercambios positivos genera-
dores de capital social. Una forma de capturar esas interacciones es
concebirlas como arreglos institucionales que posibilitaron la mayor
o menor influencia de las organizaciones de la sociedad civil en el
entorno social.
Las relaciones cooperativas entre el sector de organizaciones civiles
y el gobierno
Como aconteci con otros pases latinoamericanos, en Mxico se
acentuaron durante las ltimas dcadas del siglo xx los cambios
que restringieron el papel del Estado como actor dominante en
la procuracin del bienestar. Se manifest, entonces, el inters del
gobierno en incentivar el concurso de otros actores individuales
y colectivos en las responsabilidades del sector pblico, que se
acompa de restricciones al gasto social y la privatizacin de
servicios, lo cual provoc la mercantilizacin de los bienes sociales,
con repercusiones en el activismo social y poltico de los grupos
interesados en la democratizacin del pas, que gradualmente fueron
haciendo evidente la vinculacin establecida mediante la libre voluntad de los individuos
(Pliego, 2003: 225).
114
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
ocupando la esfera pblica. Al mismo tiempo, el gobierno puso en
marcha estrategias de descentralizacin de los programas sociales
hacia los estados y municipios, lo que signific la participacin de
nuevos actores sociales. Esto contribuy, adems de privilegiar la
libertad de los mercados, a que las organizaciones civiles fueran
posicionndose como un sector que poda incidir en la integracin
de las demandas sociales.
Rafael Reygadas seala que las modernas organizaciones civiles
mexicanas nacieron en los aos sesenta asociadas a movimientos so-
ciales y populares que impulsaron la formacin de redes ciudadanas
que si bien no eran fuertes, les dieron visibilidad pblica (Reygadas,
2004: 189). Sara Gordon relaciona su emergencia con los cambios
polticos debidos a la mayor diferenciacin del sistema poltico y
marca la importancia que tuvieron en esto el debilitamiento de las
relaciones corporativas y la incapacidad del gobierno para atender
las demandas sociales (Gordon, 1997). Estos movimientos empuja-
ron un reacomodo en sus relaciones con el Estado que se manifest
en el incremento del nmero de organizaciones, en la aparicin de
nuevas formas asociativas y en la conformacin de dependencias y
entidades pblicas que tenan como propsito incorporar la parti-
cipacin ciudadana a los programas pblicos.19 Entre los procesos
que favorecieron estos reacomodos se pueden mencionar el retiro
del Estado de algunas funciones, la pluralidad electoral, la aceptacin
de que otros actores se ocuparan de funciones antes confinadas al
Estado o al mercado. Debe advertirse en los procesos un flujo de
arriba abajo en donde la participacin de las organizaciones es ms
receptora que gestora.
Las metas comunes y la posicin del Estado
para la procuracin del bienestar
Como ya se mencion, desde las dcadas de los sesenta y setenta
ya haba presencia de organizaciones civiles y colaboracin con el
19
Datos del Sistema de Informacin sobre Organizaciones de la Sociedad Civil (sios),
del Instituto Nacional de Desarrollo Social (Indesol) y de la Universidad Autnoma
Metropolitana consignan que 51% de las organizaciones civiles presentes en el pas en el
ao 2000 habran sido constituidas en la dcada final del siglo xx (Indesol, 2002).
115
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
gobierno en programas sociales, pero no fue sino hasta la dcada
de los ochenta cuando se registr un incremento significativo del
nmero de organizaciones y comenzaron a situarse con una visin
sectorial, ya que en algunos casos fueron conformando redes para
atender, por ejemplo, la salud, los derechos humanos o el desarrollo
local. Precisa Fernanda Somuano que al final de los aos ochenta
y principios de los noventa surgieron las primeras redes naciona-
les de las organizaciones de la sociedad civil, impulsadas en buena
medida por la decisin del gobierno de modificar el rgimen fiscal
que las beneficiaba. Las disposiciones legales consideraron tratar a
las organizaciones no lucrativas como empresas, lo que fue percibido
como una amenaza para los proyectos filantrpicos y de desarrollo.20
Podemos decir que hasta entonces las relaciones de colaboracin
entre el gobierno y las asociaciones estaban insertas en un esquema
de beneficios fiscales como una prctica solidaria con los ms ne-
cesitados, y en compensacin deba ser reconocida por el gobierno.
Los equilibrios de esa relacin se mantuvieron hasta 1989, cuando
el gobierno puso en operacin reformas al marco tributario y todas
las organizaciones civiles pasaron a ser contribuyentes del impuesto
sobre la renta (isr). Esas reformas (derogadas en 1993) fueron la
base para que las organizaciones emprendieran la tarea de impulsar
nuevos marcos normativos en su relacin con el gobierno que les
permitieran alcanzar una mayor autonoma y disminuir la interven-
cin gubernamental, abriendo la puerta a relaciones cooperativas
ms horizontales y respetuosas. Consecuentemente, en esos aos se
acentu el debate de la participacin de las asociaciones civiles en los
asuntos referentes al bienestar en torno a dos temas principales:
la incapacidad del gobierno para atender las demandas sociales y la
autonoma de las asociaciones.
20
La referencia es a los cambios realizados por la Cmara de Diputados en di-
ciembre de 1989 a la miscelnea fiscal, que consideraba a las organizaciones civiles
como causantes para el impuesto sobre la renta. Hasta ese momento, las asociaciones
civiles en materia fiscal estaban regidas por la fraccin VI del artculo 70 de la Ley del
Impuesto sobre la Renta, que las exentaba del pago de gravmenes por este concepto y
el impuesto al activo, dndoles el carcter de personas morales no contribuyentes (Rey-
gadas, 1998: 158). Rafael Reygadas y Fernanda Somuano coinciden en que esta medida
fue el detonador de los procesos de articulacin de las redes de organizaciones civiles
(Reygadas, 1998; Somuano, 2011).
116
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
A pesar de estos desencuentros, hacia finales de los aos ochenta
se destacan algunos puntos de convergencia que impulsaron la
multiplicacin de las organizaciones y pueden ser ledos como
metas comunes: la reorientacin de la poltica social, la bsqueda
de legitimidad del gobierno, la necesidad de aliviar la extensin de
la vulnerabilidad y la pobreza, las demandas de democratizacin y
mayor participacin en la vida pblica y los cambios en los canales
de distribucin de recursos para la procuracin del bienestar (Mn-
dez, 1998; Lizrraga, 2004). En esa corriente se puede notar que las
metas comunes no reflejan los propsitos de un grupo particular,
el Estado o las organizaciones, sino que son percibidas como con-
sensos que hacen posible el establecimiento de compromisos entre
actores que pueden coordinarse para propsitos especficos, incluso
si difieren en los modos de accin o si no comparten integralmente
los propsitos.
Otras facetas de la convergencia de intereses en este periodo
pueden explicarse por factores exgenos, entre ellos la creciente
importancia que adquirieron las organizaciones civiles en el mbito
mundial y las recomendaciones de organismos internacionales para
incluir su participacin en las estrategias de desarrollo y poltica
pblica. El movimiento se justifica por la transformacin que en
algunos pases tuvieron las relaciones de poder entre los gobiernos
y los ciudadanos, que permitieron la entrada a distintos actores
(Mahoney y Thelen, 2007).
Algunos estudios refieren que al inicio de los aos noventa se
haba registrado un cambio significativo en las relaciones y que las
organizaciones civiles no buscaban slo atender a los grupos vulne-
rables o en condiciones de pobreza ni ser nicamente intermediarias
ante el Estado, sino trabajar con el gobierno en la cogestin de
proyectos sociales (Somuano, 2011). Este cambio se manifest en
1995, durante el Encuentro Nacional de Organizaciones Ciudadanas,
cuando con el concurso de ms de seiscientas organizaciones se
elabor una propuesta de carta de derechos ciudadanos, que inclua
entre sus apartados la demanda de que las organizaciones cuyo ob-
jetivo fuera el trabajo en pro del desarrollo social contaran con
un marco normativo que permitiera su reconocimiento como
organizacin de inters pblico; tambin demandaban participar
117
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
en el diseo, la ejecucin y la evaluacin de las polticas pblicas y
exigan respeto a sus formas de organizacin y representacin.21 Una
forma de expresar esas transformaciones sera que las organizaciones
civiles mexicanas pasaran a ser ms autogestivas y desempear un
papel importante en el impulso a las polticas pblicas. Pasaron de
ser un sector dependiente, restringido e influenciado por el Estado
a ser independiente, plural, autogobernado y capaz de promover
sus propios proyectos.
Diferentes testimonios (Reygadas, 2004) estiman que en las ltimas
dcadas del siglo xx las relaciones entre el gobierno y las organi-
zaciones civiles fueron ambiguas: por una parte, durante la admi-
nistracin de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se impuls la
creacin de organizaciones civiles que podan recibir apoyo oficial
como parte del Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol),
pero, por otra, se consideraba que estas medidas desalentaban
la colaboracin de las organizaciones autnomas. En el mismo
sentido, se indica que durante la administracin de Ernesto Zedillo
(1994-2000) hubo posiciones restrictivas para la intervencin de las
organizaciones civiles que tenan posturas de oposicin a las polti-
cas gubernamentales, acompaadas de cuestionamientos sobre su
representatividad, cuando simultneamente se convocaba su mayor
participacin en los programas sociales (Reygadas, 2004). No obs-
tante estas ambigedades, el comienzo de los aos noventa fue una
etapa de impulso a su participacin que si bien no estuvo claramente
marcada por la cooperacin, propici el desplazamiento en las posi-
ciones hasta entonces distantes asumidas por los sectores.
Con respecto a la posicin del gobierno, se realizaron esfuerzos
por abrir espacios para la participacin de las organizaciones en los
que se conformaron dependencias (direcciones, consejos consultivos,
juntas) destinadas a fomentar los vnculos con las organizaciones de
la sociedad civil y promover su intervencin en proyectos sociales.
Entre las estrategias desarrolladas estuvo la creacin del Fondo de
Coinversin Social, constituido en 1993, con el propsito expreso
de promover el desarrollo de las organizaciones de la sociedad ci-
21
Carta de los Derechos Ciudadanos (1995). Propuesta que las organizaciones ciuda-
danas participantes en el encuentro nacional hacen a la sociedad mexicana.
118
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
vil de beneficio a terceros. Asimismo, desde 1995 en el Plan Nacional
de Desarrollo se reconoci la importancia de la participacin de los
grupos civiles en las polticas pblicas, puntualizando que podan
ser consultores calificados tanto en su elaboracin como en su ins-
trumentacin y evaluacin (Canto, 2004: 5).
Una de las acciones ms relevantes fue la creacin del Instituto
Nacional de Desarrollo Social (Indesol), en 1995, con la encomienda
de fomentar las actividades de desarrollo social con la participa-
cin de las organizaciones de la sociedad civil. Ese mismo ao, el
Fondo de Coinversin Social pas a ser administrado por el Indesol
y en 2006 se transform en el Programa de Coinversin Social (pcs),
mediante el cual se canalizaron recursos pblicos a las organizaciones
que desarrollaban y/o asesoraban proyectos de bienestar comunitario
destinados a fortalecer la cohesin y el capital social.22 El registro de
los recursos destinados por este programa a los proyectos desarrolla-
dos por las organizaciones sociales muestra incrementos sustanciales;
asimismo, se reitera en el discurso gubernamental la importancia de
contar con la cooperacin de las organizaciones civiles para el desa-
rrollo nacional.23 Las relaciones cooperativas se destacan porque el
gobierno entrega financiamiento a las organizaciones para proyectos
sociales, pero las organizaciones tambin deben invertir recursos
econmicos y trabajo, y otro tipo de recursos; se espera, adems,
que ambas partes inviten a otros actores a participar. El programa es
actualmente la estrategia de poltica pblica que distribuye fondos a
ms organizaciones de la sociedad civil.
Cabe anotar que si bien una parte de los vnculos cooperativos pue-
de ser establecida como una relacin directa de demanda-respuesta
22
De acuerdo con las reglas de operacin, los objetivos especficos del Programa de
Coinversin Social son fortalecer a los actores sociales, promover y ampliar la generacin
de capitales sociales y promover y defender los derechos para el desarrollo de la pobla-
cin objetivo, as como fortalecer las polticas pblicas de desarrollo social y humano
mediante la generacin de conocimientos.
23
El registro de los recursos destinados por este programa a los proyectos desarro-
llados por las organizaciones sociales muestra incrementos sustanciales; solamente del
2000 al 2006 el presupuesto pas de 127.70 millones de pesos a 337.30 millones de pesos,
mientras que el nmero de proyectos que recibieron apoyos financieros pas de 877 a
1167; Indesol, Informacin de resultados del pcs, correspondientes a 2001, y uam-
Indesol, evaluacin de resultados de coinversin social 2008 (Indesol, 2010).
119
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
a necesidades urgentes (Lizrraga, 2004), otra parte corresponde al
desplazamiento de las responsabilidades del Estado ante el bienestar,
y a los objetivos de la descentralizacin y devolucin de polticas
pblicas, asociadas a las expectativas gubernamentales de disminu-
cin del gasto social. Tampoco debe pasar inadvertida esta coinci-
dencia con el inters manifestado por los organismos financieros
internacionales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional, de impulsar la participacin de las organizaciones
civiles en el desarrollo y la ejecucin de polticas pblicas con el
propsito de cambiar los equilibrios que le haban dado al Estado
el papel preponderante en las responsabilidades sociales.
Este cambio es posible cuando los agentes innovadores concilian
con otros actores institucionales defensores de las reglas y las
instituciones existentes con nuevas reglas y nuevos patrones que
tengan aceptacin, pero depende fundamentalmente de las coali-
ciones que los actores sean capaces de establecer. El poder relativo
de los distintos actores es de suma importancia por su capacidad
de establecer una coalicin para cambiar o defender los arreglos
institucionales vigentes. Asimismo, se aclara que las coaliciones
deben formarse entre quienes se benefician o no de las reglas
prevalecientes (Mahoney y Thelen, 2007: 29). De esta forma, las
relaciones cooperativas se afianzan con el incremento de las orga-
nizaciones civiles cuando stas se identifican como un interlocutor
del gobierno y pueden coaligarse para alcanzar determinadas metas
sociales. En los sealamientos anteriores se advierte el fuerte con-
flicto que representa el hecho de que las organizaciones enarbolen
valores o principios a los que otros grupos ciudadanos se resisten
u oponen y se aprecia la forma en que operan las organizaciones
civiles, como acertadamente lo hace notar Alberto Olvera, en un
campo de conflicto cultural, donde los valores y las instituciones
del orden establecido se oponen a valores nuevos y se instituyen
prcticas sociales alternativas (Olvera, 2004: 40).24
24
De acuerdo con la observacin de Olvera, los organismos civiles se expresan en una
gran multitud de conflictos ubicados, la mayora de las veces, en espacios microsociales;
lo relevante, en su opinin, es la batalla poltico-cultural que libran para darle unidad al
conjunto para reformar aspectos diversos de la vida social (Olvera, 2004: 40).
120
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
Esta discusin es til para distinguir entre la participacin de las
organizaciones de la sociedad civil en proyectos sociales de las etapas
previas y las relaciones cooperativas entre sectores, pues a pesar de
que existen diversos conceptos y tipologas sobre la participacin
ciudadana, todos parten del balance que pueden ejercer los actores
en la toma de decisiones en el poder, as como en la planeacin y
el control de los recursos. Por ello, la cooperacin intersectorial
fue posible cuando fue factible hablar de autonoma, as como de
relaciones horizontales y ms igualitarias. Entre los indicadores
de los cambios en las posiciones para cooperar puede anotarse que
actualmente la mayora de los recursos para el financiamiento de las
organizaciones de la sociedad civil proviene de donaciones indivi-
duales, y en segundo lugar de fondos pblicos, lo que tambin hace
visible la importancia de las relaciones cooperativas.25 En el mismo
sentido puede anotarse el incremento de los consejos consultivos
como rganos de codecisin en las polticas pblicas; estos conse-
jos constituyen una vertiente relevante para la participacin de las
organizaciones civiles en la gestin gubernamental.
Un avance significativo para la colaboracin con las organiza-
ciones fue la formulacin, en febrero de 2004, de la Ley Federal
de Fomento a las Actividades Realizadas por Organizaciones de
la Sociedad Civil, que fija los trminos de la cooperacin entre el
sector pblico y las organizaciones de la sociedad civil y establece su
reconocimiento como organismos de inters pblico con derecho a
recibir donativos, prerrogativas fiscales y acceso a recursos y fondos
pblicos. Esta legislacin tambin integr mecanismos para registrar
a las organizaciones, lo que ha permitido conocer mejor cuntas
son, dnde estn y cules son sus actividades mediante una clave de
25
Datos del Informe Analtico del ndice Civicus de la Sociedad Civil de Mxico 2010
indican que 23.38% del financiamiento de las organizaciones de la sociedad civil proviene
de donantes individuales, 22% del gobierno, 21.77% de fuentes y empresas nacionales,
8.22% de la venta de servicios, 5.58% de donantes extranjeros, 4% corresponde a cuotas
de afiliacin y 8% a recursos no especificados; asimismo, la valoracin general que hace
el ndice Civicus de la subdimensin de recursos financieros y tecnolgicos para las
organizaciones de la sociedad civil mexicanas es relativamente alta, 65.9%, lo que puede
significar una mayor autonoma de estas organizaciones (Cemefi, 2011: 35).
121
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
registro identificada como Cluni (Clave nica de Registro Federal
de Organizaciones de la Sociedad Civil).26
El cambio en las relaciones cooperativas se ha visto fortalecido con
la modificacin de distintos ordenamientos para reconocer y autori-
zar las acciones judiciales colectivas presentadas ante los tribunales
que tengan como objetivo la defensa y proteccin de los derechos e
intereses colectivos; las prescripciones establecen como procedente
la accin colectiva para tutelar tanto el rubro de intereses colectivos
como los de incidencia colectiva, reconociendo a las asociaciones
civiles la capacidad legal para efectuar dichas acciones.27 La trascen-
dencia de este precepto radica no slo en el reconocimiento de los
actores colectivos, sino en la apertura para que puedan plantear sus
demandas. A esto se suma la Ley de Asociaciones Pblico-Privadas
(2012), que aunque no est orientada a la cooperacin con las
asociaciones civiles, sino con el sector mercantil privado, establece
y regula nuevos esquemas contractuales entre instancias del sector
pblico y el sector privado, ampla las facultades del gobierno para
establecer convenios y contratos de servicios con el sector privado y
desarrollar proyectos de inversin productiva, investigacin aplicada
e innovacin tecnolgica.28 Se puede decir que esta legislacin crea
26
Las reas de accin contempladas en dicha ley para las organizaciones civiles son de
asistencia social, apoyo a la alimentacin popular, cvicas, de asistencia jurdica, ayuda a
grupos indgenas, promocin de la equidad de gnero, apoyo a personas con capacidades
diferentes, cooperacin para el desarrollo comunitario, defensa y promocin de los
derechos humanos, promocin del deporte, servicios de salud y sanitarios, cuestiones
ambientales, fomento educativo, cultural, artstico, cientfico y tecnolgico, economa
popular y proteccin civil (artculo 5).
27
Esto alude al decreto de reformas expedido por el Poder Ejecutivo el 30 de agosto
de 2011 mediante el cual se reforman y adicionan el Cdigo Federal de Procedimientos
Civiles, el Cdigo Civil federal, la Ley Federal de Competencia Econmica, la Ley Federal
de Proteccin al Consumidor, la Ley Orgnica del Poder Judicial de la Federacin, la Ley
General del Equilibrio Ecolgico y la Proteccin al Ambiente y la Ley de Proteccin y
Defensa al Usuario de Servicios Financieros (Diario Oficial de la Federacin, 2011).
28
La creacin de este marco jurdico permitir formalizar los vnculos de la admi-
nistracin pblica federal con particulares para la prestacin de servicios, incluidos los
que requieran construir infraestructura. Asimismo, la ley considera que los esquemas
de asociacin pblico-privada pretenden satisfacer necesidades colectivas con la parti-
cipacin conjunta del sector pblico y el sector privado, procurando una transferencia
equitativa de riesgos entre uno y otro a travs de mecanismos flexibles que se traduzcan
en una gran variedad de modalidades, segn las necesidades de cada proyecto. Puede
122
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
Cuadro 1
Interacciones que marcan las relaciones cooperativas
entre el Estado y las organizaciones civiles.
segunda mitad del siglo xx
Restriccin del papel del Estado como actor dominante en la procuracin del bienestar.
Inters del gobierno y de las organizaciones civiles en incentivar el concurso de otros
actores en responsabilidades pblicas.
Restricciones al gasto social y privatizacin de los servicios.
Activismo social y poltico de grupos interesados en la democratizacin del pas.
Fortalecimiento de las organizaciones civiles como actores y gestores pblicos.
Fomento a las actividades de desarrollo social con participacin ciudadana.
Acceso de las organizaciones de la sociedad civil a recursos y fondos pblicos.
Establecimiento de un marco normativo para la participacin social de los grupos
organizados.
Recursos pblicos para el bienestar procuradosa travs de organizaciones civiles.
Colaboracin entre los empresarios y el Estado.
Surgimiento de las empresas de responsabilidad social.
Investigacin acadmica sobre las organizaciones y la sociedad civil.
Crecimiento y diversificacin de organizaciones no lucrativas.
Inters por legalizar la operacin de las organizaciones.
Crtica al paternalismo y asistencialismo.
una nueva figura cooperativa concebida como asociaciones pblico-
privadas para proyectos de prestacin de servicios orientados a
satisfacer necesidades colectivas. Una novedad de estos esquemas
cooperativos estriba en su carcter opcional y temporal; tambin
considera, entre las condicionantes para su establecimiento, el estudio
de la rentabilidad social de los proyectos.
La dinmica de los vnculos cooperativos deja ver el importante
papel del Estado para asegurar los derechos de participacin de los
ciudadanos en la esfera pblica y la generacin de bienestar, lo que
significa de algn modo que los ciclos cooperativos se constrien o
amplan en funcin de la estructura de derechos y modalidades de
provisin del bienestar del Estado mexicano.
apreciarse, entonces, en el marco normativo, el cambio en las posiciones de los sectores
potencialmente cooperativos.
123
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
Adicionalmente, y tal vez en forma ms relevante, se propici la
colaboracin entre los empresarios y el Estado. Por una parte, las
estrategias se dirigan a realizar cambios para que el Estado pudiera
abrir a la clase empresarial una amplia intervencin en las responsabi-
lidades pblicas; por la otra, con una mirada antes inexistente desde
el mbito de los negocios, que ya no consideraba al Estado como
un poder restrictivo a la iniciativa empresarial, esta colaboracin se
perciba como un medio para fortalecer sus actividades a travs de
mejores marcos regulatorios e incentivos, que se estimaba comple-
mentaria a la gestin pblica para la procuracin del bienestar. Como
lo ha sealado Matilde Luna, durante la dcada de 2000 a 2010 el
sector empresarial mexicano encontr un nuevo campo de accin en
el espacio social mediante diferentes figuras asociativas, como fun-
daciones, asociaciones civiles, organismos de informacin y anlisis,
observatorios ciudadanos, acuerdos, etc., figuras que han creado una
gran multiplicidad de organizaciones con participacin empresarial,
algunas de ellas con significativos vnculos internacionales.
No resulta tan clara la distincin entre la colaboracin poltica y
econmica de los empresarios con el Estado y su intervencin como
sociedad civil, puesto que en este sector se conforman organizaciones
que convocan a participar no solamente a los miembros del sector
empresarial, sino a diversos actores civiles para lograr sus propsitos.
En sus respectivos campos de accin, muchas organizaciones de este
tipo han tenido un papel importante en el diseo, la implementacin
y el seguimiento de polticas pblicas; en la elaboracin de leyes, la
emisin de normas y la provisin de informacin, la promocin de
actitudes y valores en los ciudadanos y la creacin de redes de accin
pblica tanto de carcter internacional como local (Luna, 2012).
Otro campo de relaciones cooperativas entre el sector empresarial
y el gobierno son los Consejos de Desarrollo Econmico. En este
rubro, la interaccin puede traducirse en consensos sobre la poltica
econmica y en acuerdos que favorecen el desarrollo. Las organiza-
ciones de la sociedad civil asociadas a este sector muchas veces son
parte de las actividades de responsabilidad social de las empresas,
por lo que no resulta sencillo establecer separaciones entre ellas. Las
dimensiones de un anlisis de esta naturaleza exceden ampliamente
los propsitos de este estudio.
124
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
En el mbito de la investigacin acadmica tambin comenz a
manifestarse el inters por el desarrollo y las caractersticas de las
organizaciones no gubernamentales y del sector no lucrativo. Una
muestra de esto es la emergencia de programas e instituciones enfo-
cadas a esos campos de estudio y el levantamiento de encuestas para
registrar y caracterizar a las organizaciones civiles mexicanas. A estos
anlisis se agregan los estudios sobre la naturaleza de la sociedad civil
y su participacin en la esfera pblica, y la democracia en Amrica
Latina y Mxico, as como las aportaciones sobre el desenvolvimien-
to de distintos movimientos sociales y de redes de organizaciones
civiles que han incidido en la democratizacin del pas. Los pasos
dados en esta direccin permitieron sumar al conocimiento de las
particularidades del sector solidario sus diferencias con respecto a
otros pases, as como identificar e interpretar algunos determinantes
de la cooperacin entre este sector y el sector pblico.
Los intercambios positivos que articulan la cooperacin
Las relaciones cooperativas se enmarcan, entonces, en acuerdos de
operacin coordinada y en esquemas normativos que propician la
gestin de recursos pblicos, pero tambin se advierten avances en
el compromiso de las organizaciones, expresados en la aceptacin de
esos mecanismos de coordinacin, que podran ser vistos como inva-
sores de su autonoma. De esta forma, es posible entender la nocin
de intercambios positivos, que sustentan las relaciones cooperativas
en las que existen intercambios de bienes materiales, pero no nica-
mente, sino tambin de bienes intangibles relacionales, generadores
de capital social para el sector no lucrativo, como la aprobacin y el
prestigio social. La rentabilidad social de los proyectos comprende
beneficios comunes y compartidos, y en esta interaccin los sectores
involucrados estn bajo presin para corresponder a lo que se da y
obtiene de la relacin.
Las relaciones cooperativas no slo son bilaterales, sino multilate-
rales. El Estado incide en las relaciones cooperativas principalmente
de dos formas: provee seguridad e incentivos para la interaccin y el
intercambio entre distintos actores, creando las condiciones en las
125
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
que la cooperacin es posible, y establece vnculos relacionales con
las organizaciones a las que otorga incentivos y beneficios, de las que
tambin extrae pagos y contribuciones en dinero o en prestacin de
servicios. En la medida que dichos actores operen dentro de reglas
que garanticen transparencia, integridad y respeto, las posibilidades
de cooperacin se amplan (Cook, Hardin y Levi, 2005). Desde la es-
fera civil, la disposicin de los agentes de las organizaciones sociales
a participar dentro del marco normativo es fundamental.
En la reconfiguracin contempornea de las relaciones coopera-
tivas es posible notar que en un sector de las organizaciones civiles
hubo inters en especializarse en la atencin a problemas espec-
ficos, desarrollar proyectos, capacitarse en el manejo de recursos
pblicos, participar en procesos de rendicin de cuentas y obtener
reconocimiento a su labor. El reposicionamiento marc el paso de la
prevalencia de las organizaciones contestatarias y hasta opositoras al
gobierno a la de organizaciones autnomas que buscaban ocupar un
lugar en el espacio pblico a partir del establecimiento de vnculos
cooperativos con el Estado.
Las transformaciones mencionadas tambin pueden observarse
en el crecimiento y la diversificacin de las organizaciones. Hasta
hace pocos aos no se dispona de informacin precisa acerca del
sector no lucrativo del pas. Sobre el particular, algunas fuentes regis-
tran que las organizaciones de la sociedad civil se cuadruplicaron en
Mxico en poco ms de una dcada, ya que habran pasado de dos
mil en 1995 a poco ms de diez mil en 2008, y a 11226 en 2010.29
Otras fuentes (Castro, 2003; Garca et al., 2009) amplan incluso ese
crecimiento, indicando que en 2008 existan 35 mil organizaciones
no lucrativas en Mxico, de las cuales 7080 eran donatarias autori-
zadas, lo que significa que estaban facultadas para recibir donativos
deducibles de impuestos.30 A su vez, el informe del ndice Civicus
29
Informacin del directorio de organizaciones no lucrativas del Centro Mexicano
para la Filantropa (Cemefi, 2010).
30
De conformidad con la legislacin fiscal mexicana, las instituciones registradas
como donatarias autorizadas por la Secretara de Hacienda y Crdito Pblico pueden re-
cibir donativos deducibles de impuestos y estn en posibilidad de extender a los donantes
los recibos correspondientes. Corroborando la interpretacin que acredita el crecimiento
de las organizaciones civiles en Mxico a partir de los aos noventa, datos de Consuelo
Castro (2003) indican que el nmero de donatarias autorizadas en el pas se habra multi-
126
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
de la Sociedad Civil en Mxico (2010) estima la existencia de 20 mil
a 35 mil organizaciones. Asimismo, existen datos que acreditan que
23% de las organizaciones (8063) estaba en 2008 en condiciones de
recibir recursos pblicos al haber obtenido su registro oficial (Cluni)
ante el Indesol.31 Por su parte, los censos econmicos de 2009 ubican
40089 establecimientos no lucrativos en Mxico, que comprenden
asociaciones y organizaciones civiles, instituciones de asistencia
privada, fundaciones, sindicatos, clubes, colegios y universidades,
entre otros (Inegi, 2011: 59). Las diferencias en la informacin se
explican no slo por la falta de un registro nico de las asociaciones
civiles, sino por la diversidad de criterios para clasificar las hetero-
gneas entidades que integran el sector. Se puede ver, entonces, que
los datos registrados sobre el sector no lucrativo son insuficientes
para ubicar el crecimiento de las asociaciones civiles dedicadas a la
procuracin del bienestar que pudieran ser actores potenciales en
las relaciones cooperativas, pero permiten advertir el crecimiento de
la participacin de la sociedad civil en el espacio pblico.
Aunque los intercambios positivos no estn marcados nicamente
por la asignacin de recursos pblicos, las dimensiones de esta
aportacin s son muy importantes para considerar la efectividad y
el impacto de las organizaciones de la sociedad civil en el espacio
pblico. En ese rubro, no es sino hasta 2011 que se cuenta con
informacin sobre las dimensiones y el peso de las instituciones no
lucrativas en el Sistema de Cuentas Nacionales. Los datos indican
que, en relacin con la economa nacional, las organizaciones no
lucrativas privadas tienen una participacin en la generacin del
producto interno bruto (pib) nacional de 0.74%; adicionalmente, si
se incluye el valor estimado del trabajo voluntario no remunerado,
la contribucin al pib alcanzara 0.98%; es decir, que uno de cada
cien pesos de la riqueza producida en un ao correspondera a las
plicado en esos aos, cuando pasa de 1426 en 1995 a 5932 en 2002. Asimismo, se precisa
que 67% de las que operaban con ese carcter en 2002 correspondan al rubro asistencial.
Al examinar la tendencia incremental, Sergio Garca et al. (2009: 34) identifican que las
donatarias autorizadas habran pasado de 1991 organizaciones facultadas para recibir
donativos deducibles de impuestos en el ao de 1991 a 7080 en 2008.
31
Registro Estadstico del Centro Mexicano para la Filantropa, Cemefi (Garca
et al., 2009: 30).
127
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
organizaciones de la sociedad civil (Inegi, 2011: 55).32 Cabe precisar
que no todas estas entidades son asociaciones civiles, ni todas estn
dedicadas a la procuracin del bienestar, pero son parte del tercer
sector y tienen presencia en el espacio pblico, por lo que estos datos
son importantes en la visin de las potencialidades y la importancia
de la cooperacin, ya que est implcito que las organizaciones
civiles, como parte de ese universo, obtuvieron beneficios econ-
micos que les dieron sustentabilidad, generaron bienes, servicios y
oportunidades de trabajo; adems, tuvieron un impacto positivo en
la sociedad y en su operacin aplicaron recursos pblicos y fueron
copartcipes en la ejecucin de la estrategias destinadas a procurar
el bienestar de la poblacin.
Un indicador ms adecuado para marcar el intercambio positivo
en las relaciones entre el Estado y la sociedad es el Programa de
Coinversin Social, que, como ya se mencion, canaliza los mayores
recursos pblicos a las organizaciones civiles.33 Como lo sealan sus
objetivos, el programa se propone contribuir a la igualdad de opor-
tunidades mediante el fortalecimiento de las organizaciones de la
sociedad civil que ejecutan proyectos para atender necesidades de
grupos sociales en situacin de pobreza, exclusin, marginacin,
desigualdad por gnero o vulnerabilidad social. El programa financia
actualmente alrededor de 1605 proyectos por ao en las 32 enti-
dades federativas, con recursos que han registrado un incremento
gradual desde 1993, cuando se estableci el programa.34 Otros
beneficios del intercambio cooperativo son estimados como capital
social tanto para las organizaciones de la sociedad civil como para
los beneficiarios de sus acciones. En este punto, las evaluaciones
32
El Sistema de Cuentas Nacionales define a las organizaciones sin fines de lucro
como las entidades legales o sociales creadas con el propsito de producir bienes o
servicios pero cuyo estatus no les permite ser una fuente de ingresos, beneficios u otras
ganancias financieras para las unidades que las establecen, controlan o financian (Inegi,
2011).
33
Se trata de un fondo social, un programa por demanda que atiende necesidades
detectadas por las organizaciones de la sociedad civil. El procedimiento de asignacin es
otorgarles recursos para que cumplan con proyectos que ellas mismas disean y ejecutan
(Leal, Tapia y Verduzco, 2010).
34
Solamente entre 2003 y 2010 el programa pas de tener un presupuesto de 223.2
millones de pesos a 409.4 millones de pesos (Indesol, 2010, Programa de Coinversin
Social).
128
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
recientes del programa precisan que es una estrategia que fortalece
institucionalmente a las organizaciones y genera beneficios para
su poblacin objetivo, al tiempo que genera capital social entre sus
miembros y sus beneficiarios mediante la creacin de redes con
otros actores sociales, donde se intercambia informacin y apoyo y
se fomenta cohesin social (Soloaga, 2010).35
Es importante destacar que tanto el gobierno como las organi-
zaciones de la sociedad civil tienen beneficios: el gobierno obtiene
informacin, autoridad y capacidad de encauzar los esfuerzos de
los actores civiles en acciones que generan gobernanza; las organi-
zaciones adquieren presencia, recursos y prestigio social, y generan
bienes y servicios para su poblacin objetivo.
Otro cambio fue la diversificacin de las formas asociativas, ya
que a las tradicionales instituciones de asistencia privada y las orga-
nizaciones de carcter sindical y corporativo comenzaron a sumarse
otras formas de participacin, como las organizaciones civiles, los
movimientos sociales, las cooperativas, las empresas socialmente
responsables, los programas de redondeo y las fundaciones comu-
nitarias.36 A pesar de esta expansin, todava se observa la debilidad
del sector, sobre todo con respecto a su conformacin en otros
35
La definicin de capital social en esa evaluacin se refiere a los recursos sociales
de una organizacin o institucin que aumentan el bienestar de sus integrantes y bene-
ficiarios. Como recursos sociales considera aspectos como la confianza, las normas, la
reciprocidad, la solidaridad y las redes; estos elementos radican en la estructura social
donde se producen los beneficios (Soloaga, 2010).
36
Las cooperativas son formas asociativas solidarias que, en trminos de la economa
social, no tienen fines de lucro; aunque tengan actividad econmica, prestan servicios a
sus asociados y, por excepcin, a terceros. Las cooperativas tienen escasa presencia en
Mxico, donde el cooperativismo estuvo ligado a formas corporativas vinculadas a gru-
pos polticos mediante la figura de asociaciones cooperativas. Las empresas socialmente
responsables asumen modelos de negocios que buscan integrar el crecimiento econmico
con el desarrollo social mediante polticas pblicas orientadas a la competitividad res-
ponsable, el desarrollo sustentable y el mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad
(Stolar, 2009). En Mxico, organismos como el Centro Mexicano para la Filantropa
(Cemefi), la Confederacin Patronal de la Repblica Mexicana (Coparmex), el Consejo
Coordinador Empresarial (cce) y la Alianza para la Responsabilidad Social Empresarial
(Aliarse) promueven que las empresas asuman esos principios y otorgan distinciones a
esas iniciativas. En 2005, Mxico suscribi el Pacto Mundial de la Organizacin de las
Naciones Unidas para fomentar una nueva cultura empresarial sustentada en principios
ticos de responsabilidad social.
129
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
pases. En relacin con este punto, Michael Layton (2006: 170) se-
ala que si se comparan los datos que arroj la Encuesta Nacional
de Filantropa y Sociedad Civil (Enafi) levantada en 2005, con los
datos chilenos, se observa que en Chile hay 50 organizaciones por
cada 10 mil habitantes, en tanto que en Mxico slo se cuenta con
una organizacin para el mismo nmero de habitantes y que con la
excepcin del Distrito Federal, ningn estado de la repblica llega a
contar con una asociacin por cada 10000 habitantes.
Las reas de la vida social donde las organizaciones tienen mayor
presencia, de las cuales derivan su relevancia, son, entre otras:
Opinin sobre los asuntos pblicos y el desempeo del go-
bierno.
Promocin de temas, necesidades y preferencias sociales para
convertirlas en prioridades de la agenda del gobierno.
Definicin de problemas polticos y/o sociales.
Evaluacin de las polticas y escrutinio del uso de los recursos
pblicos.
Creacin de relaciones cercanas con las comunidades y aten-
cin a problemas especficos.
El recuento de los beneficios del intercambio entre el Estado y las
organizaciones de la sociedad civil no significa que las relaciones
cooperativas entre los sectores sean ptimas o al menos buenas,
ya que no se ha tenido la intencin de evaluar la cooperacin, sino
advertir los puntos de convergencia que la hacen posible.
Al examinar los ciclos expansivos y restrictivos de la partici-
pacin de las organizaciones en la vida social y poltica del pas
es posible identificar las dificultades que implican los regmenes
legal y fiscal para las relaciones cooperativas entre el gobierno y las
organizaciones de la sociedad civil debido a que las prescripciones
tributarias establecen un entorno poco favorable para la promocin
de una cultura de la solidaridad. Desde el gobierno, no siempre se
considera que las organizaciones de la sociedad civil contribuyan
a la gobernabilidad del pas a travs del fortalecimiento del tejido
130
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
Cuadro 2
Intercambios positivos que sustentan los compromisos
de accin colectiva. La contribucin de las osc
a las relaciones cooperativas
Participacin de las organizaciones civiles en la planeacin y el desarrollo de las polticas
pblicas. Permite ejercer las estrategias de poltica pblica con beneficios focalizados
en grupos seleccionados, redistribuir recursos e incidir en la toma de decisiones.
Promocin de temas, necesidades y preferencias sociales para convertirlas en prioridades
de la agenda del gobierno.
Generacin de oportunidades de empleo remunerado y aprovechamiento de trabajo
voluntario no remunerado para fines de inters pblico.
Transparencia y rendicin de cuentas en el sector pblico.
Escrutinio de los asuntos pblicos.
Fortalecimiento del tejido social y promocin de la participacin ciudadana en la
procuracin de servicios.
Gobernabilidad y gobernanza.
social, la promocin de la participacin ciudadana y el otorgamiento
de servicios a la poblacin desprotegida. Adems, se ha presentado
un clima de desconfianza en torno a la funcin que cumplen estas
formas asociativas (Layton, 2006). Esto significa que una de las
claves para el establecimiento y la consolidacin de las relaciones
cooperativas estriba en un entorno favorable que propicie el flujo
de recursos, no necesariamente materiales, que sustenten la accin
coordinada.
En el balance final de los intercambios se advierte que hay
rendimientos sociales directos e indirectos sobre el bienestar de la
poblacin y sobre las aspiraciones de gobernanza; las relaciones
cooperativas benefician directamente a los agentes involucrados y
repercuten en el espacio y el inters pblico. Este breve recorrido
sobre el desarrollo de las relaciones cooperativas entre el Estado y las
organizaciones civiles en Mxico sirve para fijar algunos indicadores
de los problemas y desafos que afectan a nuestro pas en trminos
de incentivos y obstculos para la cooperacin intersectorial. El
punto de partida es la existencia de una sociedad desigual en donde
los recursos para la procuracin del bienestar son escasos.
131
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
Cuadro 3
Intercambios positivos que sustentan los compromisos de accin
colectiva. Beneficios para las osc
Gobernabilidad y gobernanza.
Registro de las asociaciones no lucrativas que funcionan en el pas.
Diversificacin de las formas asociativas.
Beneficios en subsidios, donativos y exenciones fiscales.
Coparticipacin en la ejecucin de polticas pblicas.
Financiamiento en proyectos de inters para las organizaciones.
Las organizaciones filantrpicas pasan de ser donatarias a invertir en empresas.
Oportunidades de empleo y autoempleo para sus integrantes.
Influencia en su entorno social.
Recursos y bienes para sus objetivos sociales
Capital social para la gestin de las organizaciones.
Apoyo al mantenimiento y continuidad de las organizaciones.
Reconocimiento y prestigio social.
Obstculos e incentivos para la cooperacin entre el Estado
y las organizaciones civiles
Si miramos de cerca los obstculos que encuentran los esfuerzos co-
operativos, se aprecia, en primer lugar, una percepcin distinta entre
los sectores sobre lo que significa la cooperacin, y, en segundo lugar,
el escaso reconocimiento que el Estado le ha dado al sector solidario
como actor social y poltico. Esto motiva que desde el gobierno se
promueva que el sector asociativo se ocupe de las reas menores
que no puede atender el sector pblico, sin reconocerle capacidades
para actuar en proyectos de desarrollo de mayor envergadura.37 Una
posible explicacin a esto puede encontrarse en la permanencia de
relaciones clientelares y corporativas entre el Estado y los sectores
civiles que no han propiciado el establecimiento de vnculos con
las organizaciones que tienen mayores capacidades de autonoma, lo
que impide que se emprendan proyectos mayores. As, el Estado
canaliza recursos a organizaciones que aprueban sus estrategias.
En este punto debe tenerse en cuenta la tensin entre cooperacin
y corporativismo, ya que los lmites y las distinciones entre ambos
La percepcin negativa que asume el Estado sobre la cooperacin se refleja en los
37
documentos que integran el marco normativo para el funcionamiento de las asociaciones
y en los mecanismos de control.
132
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
son difusos. En este sentido, las capacidades de autogobierno de las
organizaciones resultan fundamentales.38
Otra dificultad radica en la falta de acuerdos compartidos sobre lo
que debera hacerse para atender los problemas sociales o impulsar
el desarrollo. La expresin desarrollo adquiere connotaciones distin-
tas entre los mltiples actores vinculados a las polticas pblicas,
pues mientras para algunos significa crecimiento econmico, otros
advierten la necesidad de ampliar las capacidades productivas y
algunos ms de elevar los ndices de desarrollo humano y ampliar
las libertades y capacidades. Por una parte, estas concepciones
distintas, segn sean enarboladas por grupos o sectores, pueden
traducirse en esfuerzos divergentes; por otra, se aprecia la ausencia
de un marco normativo que permita integrar la intervencin de la
sociedad civil.
En el mismo sentido, la imagen extendida en la opinin pblica
que presenta a las organizaciones civiles como un campo de conflic-
to de intereses donde es imposible que existan consensos, valores
comunes y confianza, rasgo que dificulta la accin colectiva y afecta
la capacidad de convocatoria en torno a proyectos promovidos por
los grupos civiles, se considera una barrera para establecer lazos
cooperativos.39 La percepcin negativa se extiende a la dimensin
del impacto de las organizaciones sobre los problemas sociales
y las polticas pblicas. En este punto, el Informe Analtico del
ndice Civicus de la Sociedad Civil para Mxico en 2010 muestra
que actores externos e internos consideran que la sociedad civil no
incide sustantivamente en el contexto social mexicano (Cemefi,
2011: 48). Cabe hacer notar que esta percepcin tiene sustento en
38
Entre estas capacidades se encuentra el contar con rganos de gobierno inde-
pendientes de las instancias que les dan financiamiento y tener la posibilidad de tomar
decisiones que vayan ms all de los intereses de cualquier actor ajeno a la organizacin.
El ejercicio de la autonoma implica, asimismo, la posibilidad de contar con recursos
para enfrentar las presiones de la comercializacin de los servicios que prestan y el uso
clientelar y poltico de sus actividades por los actores polticos.
39
Entre los aspectos que inciden en la desconfianza resalta la diversidad cultural
del pas, as como las diferentes interpretaciones que surgen de los valores promovidos
por las organizaciones de la sociedad civil. Tambin son relevantes las insuficiencias
en la rendicin de cuentas y la percepcin, aun dentro de las propias organizaciones de
la sociedad civil, sobre la frecuente existencia de casos de corrupcin en ellas (Cemefi,
2011: 41).
133
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
los problemas reales que han afectado el desempeo del sector, que
tendran que resolverse con procesos claros de rendicin de cuentas.
Otra explicacin sera la falta de visibilidad de las acciones de las
organizaciones de la sociedad civil.
En las reflexiones para perfilar el origen y la magnitud de estos
obstculos identificamos que el principal problema en las relaciones
de cooperacin es la autonoma de los sectores. Una reiterada de-
manda de los grupos civiles ha sido mantenerse ajenos a presiones
coercitivas que impongan directrices a su actuar o que incidan en
el control de sus intervenciones. De esta manera, una buena parte
del debate sobre las posibilidades de cooperacin se centra en si los
mbitos de actuacin de los sectores deben mantenerse separados,
ya que la penetracin de uno en otro se percibe ms como una in-
vasin o un ejercicio de dominio que como una colaboracin. Este
escenario deja ver que la cooperacin slo podra darse si las esferas
de competencia y regulacin se mantienen separadas y si los pro-
yectos cooperativos son temporales y responden a metas concretas.
Finalmente, destaca en nuestro anlisis que el gran obstculo para
la cooperacin ha sido y seguir siendo la desconfianza, que
se alimenta de la ausencia de marcos institucionales generadores de
certidumbre.
Del lado de los incentivos, uno de los mayores retos est en
crear dispositivos de poltica pblica que impulsen la vinculacin
intersectorial, como la constitucin, en primer lugar, de un marco
normativo, hasta hoy inexistente, que la haga posible. Al respecto,
algunos resultados de investigacin demuestran que la existencia de
normas claras es fundamental para lograr una mayor cooperacin y
tambin para resolver muchos de los problemas que plantea la accin
colectiva (Ostrom y Ahn, 2003). Las normas como facilitadoras de
la confianza tambin son fundamentales en las relaciones de coope-
racin que suponen las acciones altruistas y no lucrativas.
Entre los incentivos ms importantes para establecer lazos de
cooperacin estn los beneficios econmicos y sociales que pueden
obtenerse, en particular los ahorros al proporcionar servicios y
prestaciones sociales. Tambin se considera que existen costos y
riesgos potenciales en la cooperacin, por lo que el incentivo radica
en que los costos sean menores a los beneficios de los proyectos.
134
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
En la estimacin de estos beneficios resulta indispensable que el
gobierno y la sociedad reconozcan, apoyen y hagan explcita la
contribucin del sector social; asimismo, que evalen y contabilicen
los bienes relacionales y sociales que genera su intervencin. Esto
significa tambin que los beneficios sean percibidos como incentivos
de gobernanza y legitimacin de las intervenciones gubernamen-
tales. Otro incentivo radica en la adquisicin de conocimientos y
experiencias para el diseo y la ejecucin de proyectos de desarrollo
por los participantes como activos que condensan un capital social
y como inversin redituable para su desempeo profesional y para
la obtencin de legitimidad, liderazgo, prestigio y reconocimiento
social. La pertenencia a redes cooperativas y organizaciones con
mayor influencia social y los vnculos con organismos que apoyan
la cooperacin son otro incentivo para ampliar la capacitacin y la
transferencia de experiencias exitosas.
As, es posible concluir que las fuerzas que mueven la expansin
o la constriccin del sector no lucrativo y, en consecuencia, la
mayor cooperacin, no provienen solamente de este sector, sino
de las estrategias del Estado para alcanzar su propia legitimidad,
cumplir con sus funciones y resolver los problemas. De esta for-
ma, al proveer o no un marco de derecho y certidumbre el Estado
facilita u obstaculiza la cooperacin, al tiempo que abre o cierra las
posibilidades para que el mercado responda mejor a las necesidades
sociales. En consecuencia, si bien es cierto que el mejor desempeo
de las organizaciones tiene que ver con el fortalecimiento de sus
estructuras, algunos de sus sustentos clave dependen de los incenti-
vos que aporten la sociedad y el gobierno tanto para los operadores
gubernamentales como para las organizaciones.
La discusin sobre las barreras y los incentivos para la coopera-
cin es muy importante para analizar de los problemas que afectan
el desarrollo en Latinoamrica, donde la sociedad civil ha dado una
lucha permanente por preservar su autonoma, buscado mantener
formas organizacionales que le permitan decidir sobre sus propios
asuntos, pero tambin se ve restringida por sus limitadas capacidades
financieras, adems de la gran heterogeneidad en sus capacida-
des de organizacin y movilizacin.
135
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
Reflexiones finales
Como resultado del perfil trazado para las relaciones cooperativas
entre el Estado y las organizaciones civiles en Mxico, se observa
que en las ltimas dcadas ha cambiado la forma en que se insertan
los grupos civiles en la sociedad, y en consecuencia la forma de
participar en los procesos polticos; esto ha condicionado la ampli-
tud y la forma de establecer sus relaciones de cooperacin con el
Estado. Asimismo, las relaciones cooperativas pueden considerarse
un componente y un resultado de los esquemas de gobernanza. No
obstante, despus de analizar los laberintos de la cooperacin, no se
puede pensar que los graves problemas que enfrentan los pases
como resultado de las crisis econmicas puedan ser atendidos con
soluciones sencillas y fraternas que inviten a la cooperacin.
La discusin sobre las relaciones cooperativas, referidas en este
estudio al mbito nacional, no permite apreciar lo que sucede en los
espacios locales, donde las interacciones pueden construirse, positiva
o negativamente, con intensidades distintas, sobre presupuestos muy
diferentes que requieren ser examinados desde otros ngulos. Asi-
mismo, la generalizacin en el desarrollo de las formas cooperativas
no permite ver la influencia que pudieran tener las lneas establecidas
desde el gobierno nacional en los mbitos locales para incentivar o
restringir la cooperacin entre los gobiernos y las organizaciones
de la sociedad civil.
Entre las interrogantes que se derivan del anlisis destaca, en
el caso mexicano, si las relaciones cooperativas presentan una
distorsin que inclina a las organizaciones de la sociedad civil a
cumplir un rol de funcionalidad poltica ms cercano a patrones
corporativos y clientelares que a la autonoma de las organizaciones
y su intervencin corresponsable en los asuntos del inters pblico.
Otra lnea de reflexin es sobre la no-cooperacin, que se ve como
un campo ms amplio que el aqu analizado. Destaca, asimismo, la
necesidad de desarrollar estudios sobre los desencuentros marcados
por situaciones en las que tanto el Estado como las organizaciones
de la sociedad civil han decidido no cooperar.
136
Relaciones cooperativas entre el Estado y las organizaciones
En la coyuntura crtica que enfrenta nuestro pas, a cada uno de
los sectores le corresponde reorganizarse para que los problemas que
se avizoran puedan ser resueltos. Simultneamente, la nacin debe
formular proyectos de poltica pblica que consideren el fortaleci-
miento y el reposicionamiento del sector solidario, en consonancia
con las nuevas tendencias de gobernanza y coordinacin social. En
ese sentido, es posible concluir que los gobiernos no pueden por s
solos generar todo el capital social que los esfuerzos de desarrollo
demandan y que las asociaciones civiles tienen el potencial para
promover una ciudadana ms activa, por lo que la cooperacin
intersectorial puede ser una estrategia deseable.
En este camino se puede ver que sin el acceso a formas asocia-
tivas autnomas, capaces de expresar nuestras opiniones y valores,
tendremos una capacidad muy limitada para cooperar o para influir
en los procesos polticos. En el proceso para fortalecer estas capaci-
dades se debe tener en cuenta que una condicin indispensable para
ampliar la cooperacin es la comprensin de la heterogeneidad del
sector asociativo. Las organizaciones civiles requieren de esquemas
normativos, de vinculacin y promocin diferenciados; es decir,
propuestas de cooperacin que establezcan marcos distintos de
responsabilidades y obligaciones, las ms convenientes para ellas
mismas y para el inters pblico. Con estas referencias, la expectativa
para la cooperacin presenta en nuestros das un panorama difcil,
por lo que se debe tener en cuenta que adems de la voluntad par-
ticipativa de las asociaciones deben existir fuertes incentivos para
hacerla atractiva y abatir las barreras que se oponen a los esfuerzos
cooperativos.
137
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
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143
Recursos relacionales y accin colectiva
en la ciudad de Chihuahua
Carlos A. Martnez y Alejandro Natal
Introduccin
E n este documento planteamos que cuando un entorno asocia-
tivo tiene un entramado social que conecta diferentes sistemas
y asociaciones entre s, algunos rendimientos sociales pueden fluir
con mayor facilidad para beneficio del conjunto de las asociaciones.
Para argumentar sobre esto, nos enfocaremos, sin pretender ser
exhaustivos, al estudio de dos relaciones intersistmicas e intrasis-
tmicas en el entorno asociativo de la ciudad de Chihuahua de los
aos sesenta a la fecha.
Partimos de la siguiente premisa: en la medida que las asociaciones
generen un conjunto importante de interacciones entre s, y ms all
de su propio sistema, sus efectos en la produccin de bienes para las
mismas asociaciones sern mayores.1 En otras palabras, la conectivi-
dad intersistmica y/o intrasistmica genera mayores oportunidades
para proteger y ampliar derechos y desarrollar instrumentos que
1
En este texto se plantea que los bienes colectivos que las asociaciones producen por
su interaccin no se agotan por su uso, sino que, al contrario, son tiles para producir
otros bienes, posiblemente de carcter pblico. Para una discusin ms amplia acerca de
los bienes colectivos y pblicos que implican a las asociaciones, vase el primer captulo
de este libro.
145
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
coadyuven a la consolidacin de la democracia, as como para
proponer alternativas viables a distintos problemas del desarrollo.
Consideramos que algunos recursos presentes en determinados
tejidos sociales, como mostraremos a lo largo del texto, reducen
las posibilidades de capturar o centralizar los recursos, facilitan
que las interacciones sean menos jerarquizadas o relativamente
horizontales, generan flujos de informacin y oportunidades
de cooperacin y, por tanto, facilitan la accin colectiva. As, la
existencia de estos recursos no slo hace posible la obtencin de
rendimientos socialmente esperados para las asociaciones, sino que
genera sinergias importantes para construir crculos virtuosos de
cooperacin.
Para nuestro anlisis utilizamos la teora de dependencia de
recursos (tdr), una teora organizacional particularmente til para
el estudio de un subconjunto de organizaciones, las de la sociedad
civil (osc), como hemos mostrado en otros espacios (Natal, 2010).
En este documento analizaremos un subconjunto de organizaciones
ms amplio que el de las organizaciones de la sociedad civil, las
asociaciones de la sociedad, a las cuales, por economa, llamare-
mos asociaciones.2 Sintticamente, la teora de dependencia de recursos
plantea que todos los insumos, ya sean humanos o materiales, tangi-
bles e intangibles, pueden ser vistos y analizados como recursos (ver
Pfeffer y Salancik, 1978); que en un entorno dado ninguna asociacin
es capaz de generar internamente todos los recursos que le permitan
realizar todas sus funciones o garantizar el logro de sus objetivos
2
Entendemos asociaciones como organizaciones sociales que se distinguen de las
organizaciones pblicas y privadas; estas ltimas tienen estructuras preferentemente
jerarquizadas, sin el carcter de membresa libre o voluntaria que corresponde a las
asociaciones (Cadena Roa y Puga, 2005). Las asociaciones, entonces, son agrupaciones
de individuos que actan de manera libre, voluntaria, colectiva y coordinada con un
propsito comn (Cadena Roa y Puga, 2005; Tirado, 2010; Snchez, 2010). Este prop-
sito puede ser un objetivo, una meta, una visin, un anhelo que incumba directamente
a sus miembros o a una colectividad especfica, pero que refiere siempre a necesidades
surgidas ante las exigencias del entorno que slo de manera coaligada se pueden enfrentar
(Cadena, 2010). Por lo tanto, cuando hablemos de asociaciones nos referiremos a una
amplia gama de agrupaciones, como clubes deportivos, organizaciones de ayuda mutua,
colegios o barras profesionales, agrupaciones religiosas, de asistencia privada, defensoras
de derechos humanos, protectoras del ambiente, asociaciones de vecinos, sindicales,
empresariales, entre muchas otras.
146
R ecursos relacionales y accin colectiva
y su permanencia en el tiempo; y que por ello, inevitablemente, las
asociaciones tienen que establecer relaciones de intercambio con su
entorno y relacionarse con otros actores para tener acceso a recursos.
En este orden de ideas, es evidente que cualquier asociacin enfrenta
una permanente necesidad de recursos de algn tipo. Esta necesidad
crece o decrece segn la importancia de tal o cual recurso para el
trabajo de la asociacin. Sin embargo, debido a que las oportunidades
y limitaciones del entorno no son constantes, no todos los recursos
se pueden satisfacer permanentemente por igual y al mismo tiempo,
lo que genera incertidumbre en las asociaciones. Esta incertidumbre
produce tensiones en el desempeo y dificultades para predecir sus
rendimientos sociales, pero sobre todo obliga a las asociaciones a
garantizar el flujo de aquellos recursos que consideran estratgicos
para lograr sus propsitos.
Una de las formas que tiene una asociacin de reducir la incer-
tidumbre sobre los recursos que precisa y la forma de obtenerlos
son sus relaciones con otros actores sociales, ya sean asociaciones o
individuos. En este orden de ideas, es de esperarse que busquen que
sus redes de relaciones se fortalezcan y sus contactos o transacciones
con otros actores sociales y de otros medios sistmicos se vuelvan
ms permanentes y confiables. En otras palabras, a las asociaciones
les interesa construir o participar en un entramado social que les
permita acceder a los recursos estratgicos que precisa para su des-
empeo. Este entramado social es el conjunto de mecanismos de
vinculacin, redes de solucin de problemas, frmulas y repertorios
de accin colectiva, coaliciones y cadenas de interdependencia que
van desarrollando en un entorno a lo largo del tiempo. En con-
gruencia con el lenguaje de la teora de dependencia de recursos, a
los diferentes elementos de este entramado social les llamaremos
recursos relacionales.
En este documento nos proponemos analizar en particular dos
recursos relacionales y sus efectos en los rendimientos sociales para
las asociaciones hacia un entorno favorable: a) los vnculos o la co-
nectividad entre las asociaciones y los actores clave de otros medios
sistmicos bajo la lgica de autonoma relativa de los actores, y b) las
redes de interdependencia entre las asociaciones en su propio medio
sistmico. Al elegir estos dos elementos no intentamos ser exhaus-
147
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
tivos ni proponer que sean los nicos que componen los recursos
relacionales; sern investigaciones futuras las que permitan profun-
dizar en el entendimiento de qu otros recursos relacionales existen
y cmo contribuyen al entorno.
Para esta discusin, consideramos que la ciudad de Chihuahua
tiene un entorno asociativo en donde los recursos relacionales
fluyen con relativa facilidad. A nivel nacional, la distribucin de las
asociaciones en el estado de Chihuahua se encuentra por encima
de la media;3 asimismo, la ciudad de Chihuahua es relevante por
varias razones. Primero, la ciudad cuenta con un nmero importante
de asociaciones, cerca de 450 de las 666 de la entidad.4 El estado de
Chihuahua tiene 280 asociaciones con Cluni (Clave nica de Inscrip-
cin al Registro Federal de las Organizaciones de la Sociedad Civil)
y 292 son donatarias autorizadas (Cemefi, 2009); casi la totalidad
estn concentradas en las principales ciudades, Chihuahua y Ciudad
Jurez. Segundo, la ciudad de Chihuahua tiene una diversidad aso-
ciativa muy vasta y superior a la de muchas ciudades no slo de su
tamao sino incluso mayores. Entre los actores que difcilmente se
encuentran en otras regiones destacan el Centro de Fortalecimiento
para las Organizaciones de la Sociedad Civil; Ezzer, para encauzar el
trabajo del voluntariado, y Confo, institucin creada para promover
la transparencia en el mbito local y nacional, adems de la Funda-
cin del Empresariado Chihuahuense. Tercero, la ciudadana local
ha tenido logros recientes con ciertos efectos nacionales, como la
accin de las asociaciones que promovieron mayor transparencia en
los cobros que haca la compaa de telfonos (Telmex).
3
En Chihuahua hay 12 372 habitantes por cada asociacin, por lo que se ubica
por arriba de la media nacional, que se aproxima a una asociacin por cada 14 371
habitantes, en Indesol, Registro Federal de Organizaciones de la Sociedad Civil, en
<[Link] (consulta: enero de 2010). Es importante se-
alar que el registro considera a las asociaciones que solicitan recursos federales, cuentan
con cierta institucionalizacin y cumplen con requisitos especficos, por lo que no todas
las asociaciones del pas estn en este registro. Sin embargo, ste es uno de los pocos
registros que permiten visualizar el espectro de las asociaciones a nivel nacional.
4
Vase Junta de Asistencia Privada, Chihuahua, Directorio de Organizaciones de
la Sociedad Civil del Estado de Chihuahua, en <[Link]
[Link]?cve_Noticia=1666&Portal=jap> (consulta: enero de 2010).
148
R ecursos relacionales y accin colectiva
Para elaborar nuestro argumento, dividimos este documento en
dos partes. En la primera, hacemos un breve recuento de cmo, des-
de nuestra perspectiva, se fueron construyendo estos dos recursos
organizacionales en la ciudad de Chihuahua; presentamos algunos
aspectos generales de las asociaciones voluntarias chihuahuenses a
partir de los aos sesenta y luego por el conflicto electoral de los
ochenta; analizamos algunos eventos que revelan cmo la accin
gubernamental y la empresarial ha sido particularmente significativa
para construir recursos relacionales tiles para las asociaciones. En
esta parte mostramos tambin cmo las redes de interdependencia
entre asociaciones construyen, para la ciudad de Chihuahua, un
entramado que favorece la accin colectiva. En la segunda parte
de este documento discutimos cmo cada uno de estos elementos
se convierte en un recurso organizativo y cmo contribuye a la
construccin de un entorno asociativo favorable.
aproximacin al entorno asociativo
en la ciudad de chihuahua
Chihuahua es heredera de una gran tradicin asociativa que data de
su propia fundacin. Los primeros pobladores tuvieron que hacer
frente a una serie de problemas comunes, como las guerras con los
pobladores indgenas, la desolacin del desierto y la falta de agua,
las enormes distancias y lo inhspito del territorio, entre otros. Por
esto, la inmigracin a la Chihuahua novohispana que provena de
todos los estratos sociales tuvo que olvidarse de diferencias de clase
y asumirse como un colectivo solidario en el que unos y otros se
necesitaban para hacer frente a los problemas comunes. Ms an,
la lejana fsica, poltica y econmica del centro del pas oblig a los
chihuahuenses a pensarse y gobernarse como una comunidad que
tena que buscar sus propias soluciones. Estos factores, que hemos
discutido con mayor profundidad (Martnez, 2011; Natal y Martnez,
por aparecer), han ido construyendo una identidad particular en los
chihuahuenses y han marcado su manera de pensar los problemas
pblicos y de implementar soluciones colectivas desde lo local.
149
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
As, las asociaciones mutualistas, los clubes, los sindicatos y las
confederaciones de finales del siglo xix y principios del xx se en-
contraban bien organizadas y se vincularon a grupos de estudiantes
y partidos polticos locales, a diarios independientes, entre otros
(Martnez, 2011). Entre otras razones, esto hizo que las organizacio-
nes del corporativismo que siguieron a la Revolucin mexicana no
tuvieran una membresa o un peso poltico para imprimir su huella
en este entorno asociativo (Martnez, 2011), por lo que el corporati-
vismo no tena el efecto asfixiante que ejerca en la sociedad civil del
resto del pas (Natal, 2010a). De este modo, un grupo importante
de sindicatos y mutualidades y un sector bien organizado y con
mucha experiencia de trabajo colectivo continuaron con sus tradi-
ciones cooperativas y generaron coaliciones que no se incorporaron
a las grandes confederaciones sindicales de carcter nacional, que
mostraban rasgos de control y autoritarismo.
Por otro lado, los empresarios de la vieja y la nueva lite revolu-
cionaria comenzaron a conformar un grupo regional empresarial
fuerte e independiente, que rpidamente logr asociarse para defen-
der sus intereses vis a vis con respecto a los del centro del pas. Con
esta lgica, crearon asociaciones para consolidar al sector empresa-
rial, articularon grupos de presin y buscaron construir legitimidad
social a nivel regional.5 De esta forma, para los aos sesenta y setenta,
en buena medida como resultado de la paulatina desatencin del
gobierno federal a diversos mbitos de la vida pblica local y a la
inoperancia del sistema de relaciones corporativistas en la regin,
en Chihuahua se registra un notable crecimiento de asociaciones.
As, surgen asociaciones con intereses y propsitos diversos, desde
organizaciones filantrpicas y asistenciales hasta clubes, entre mu-
chas otras. La mayora de los miembros y/o fundadores de estas
asociaciones provena de diferentes figuras asociativas ciudadanas,
como las movilizaciones poltico-electorales, de sindicatos indepen-
dientes, asociaciones campesinas o grupos eclesiales de base, entre
otras. Independientemente del sector del que provinieran y/o de las
5
Debe destacarse que los empresarios padecieron desde pocas anteriores el ais-
lamiento y el relegamiento de los gobiernos federales, y en ciertos momentos hasta el
intento de intromisin por parte de los gobiernos en su propia organizacin. Esto lo hizo
un sector independiente en cierta medida, polticamente hablando.
150
R ecursos relacionales y accin colectiva
misiones de cada una de estas asociaciones, algo que ya se destacaba
en la poca era que en su mayora estaban fuertemente ligadas entre
s, aprovechando los importantes recursos relacionales que el entor-
no asociativo haba construido por dcadas (Martnez, 2011).
Esto sera evidente en 1986, cuando, luego de las elecciones para
gobernador que dieron como ganador a un candidato del Partido
Revolucionario Institucional (pri) impuesto por el gobierno federal,
un amplio nmero de asociaciones decidi organizarse a pesar de sus
diferencias ideolgicas frente a lo que consideraron unas elecciones
fraudulentas. As, se aliaron actores tan diversos como las repre-
sentaciones estatales del Partido Accin Nacional, el Movimiento
Democrtico Electoral, el Partido Socialista Unificado de Mxico,
el Partido Mexicano de los Trabajadores, el Partido Revolucionario
de los Trabajadores, el Jurado Popular,6 las cmaras empresariales,
los obispos del norte, las comunidades eclesiales de base, el Frente
Democrtico Campesino7 y un sinnmero de asociaciones civiles,
como el Comit de Promocin y Defensa del Voto, el Comit de
Lucha Democrtica, el Frente Cvico de Participacin Ciudadana y
organizaciones de estudiantes y vecinos, entre otras. De esta for-
ma, Chihuahua viva para 1987 situaciones inditas de convergencia
social [un] momento de gran convergencia regional y local ()
con ecos nacionales y una bandera trasclasista (Aziz, 1987: 109).8
Esta movilizacin social no fue, desde nuestro punto de vista, un
despertar cvico sbito, sino la convergencia de experiencias or-
ganizativas previas y de frmulas asociativas y de movilizacin que
los chihuahuenses haban ido construyendo para resolver problemas
colectivos desde pocas muy tempranas en su vida. Desde nuestra
perspectiva, la efervescencia ante el fraude electoral de la segunda
mitad de los aos ochenta surge de una gama amplia de frmulas
6
Constituido para formar juicio poltico a los culpables de la crisis econmica y a
los promotores de las polticas liberales causantes de la reduccin salarial y el aumento
de la pobreza.
7
Una de las asociaciones campesinas ms destacadas en Mxico debido a su influencia
y alcance de objetivos durante la crisis econmica de los ochenta y noventa. La continui-
dad que ha tenido hasta la fecha se debe a las importantes redes que ha construido, a la
incubacin de otras asociaciones y a su reconocimiento para la gestin de la promocin
del bienestar en las comunidades campesinas chihuahuenses.
8
El subrayado es nuestro.
151
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
asociativas y esquemas organizativos que se han ido construyendo
a lo largo de la historia de la regin y que facilitan hasta la fecha
la accin colectiva. Hoy en da, en Chihuahua existe un gran boom
asociativo en un entorno caracterizado por un entramado social
que hace ms fcil que la confianza se fortalezca y la reciprocidad
se replique.9 Como ya sealamos, algunos elementos fundamentales
para explicar este entorno son la conectividad con actores de otros
medios sistmicos, fundamentalmente gobierno y empresarios, y
las redes de interdependencia. Esto es lo que analizaremos en los
siguientes dos apartados.
Conectividad intersistmica
El papel gubernamental en el entorno
de las asociaciones de Chihuahua
A la llegada del primer gobierno de alternancia a la ciudad de Chi-
huahua, en 1983, se comenzaron a conformar importantes espacios
para la participacin de las asociaciones. Esto tuvo dos causas.
La primera, el nuevo gobierno panista careca de una estructura de
apoyo, por lo que un acercamiento a la sociedad civil le serva para
crear vnculos no partidistas con los lderes locales y los represen-
tantes de colonias y barrios. Fue as que en un esfuerzo por sustituir
una cultura poltica ligada al pri se comenzaron a desarrollar como
nunca antes reuniones de puertas abiertas a la ciudadana (Rodrguez
9
En Chihuahua se ve a las asociaciones ciudadanas como un instrumento para atender
problemas colectivos y un mecanismo de reciprocidad social. Por ejemplo, en un estudio
financiado por el Centro para el Fortalecimiento de las Organizaciones de la Sociedad Civil
(cfosc) se reconoci que en 71% de las asociaciones establecidas en la ciudad el fundador
estaba vinculado con la problemtica por la que se haba creado la asociacin (Bizmark,
2009). Aunque esto no es exclusivo de Chihuahua, s es indicativo de que en la regin se
piensa en formas colectivas para la resolucin de problemas. As lo refiere el coordinador
de trabajo social de la asociacin Critas de Chihuahua: hay gente que tuvo una necesidad
y de alguna manera alguien les ayudo a salir de ese problema y en agradecimiento continan
haciendo esta labor conformando una asociacin, o es gente que nace con esta iniciativa.
En muchos casos los fundadores de asociaciones son gente pensionada que piensa en cmo
va a retribuir a la sociedad. Esto nos fue referido un sinnmero de veces y parece ser un
elemento que forma parte de la cultura asociativa del entorno chihuahuense.
152
R ecursos relacionales y accin colectiva
y Ward, 1992). La segunda fue la propia presin social. La eferves-
cencia de la participacin ciudadana que haba vivido el estado de
Chihuahua y en particular su capital desde los aos sesenta tuvo
un momento climtico en los ochenta. En esa poca la sociedad se
moviliz activamente y se organiz en varias asociaciones cvicas.
Sus demandas eran por una mayor participacin y por la creacin de
espacios para la incorporacin de las asociaciones a la vida pblica.
Durante ese periodo la sociedad civil chihuahuense mostr no slo
un gran poder de convocatoria y capacidad de accin colectiva, sino
tambin expertise y capacidad para disear e implementar polticas
pblicas. Desde entonces la presencia y capacidad de influir de las
asociaciones les ha permitido ser consideradas por los gobiernos
estatal y local como intermediarias en los problemas sociales y como
representantes de diferentes sectores sociales, como lo seala la
activista Ana Mara de la Rosa:
En Chihuahua los polticos ya no pueden no darte la cara; desde
hace algunos aos los candidatos deben tener un desayuno con las
organizaciones de la sociedad civil. Tienen que formar comits con
las organizaciones de la sociedad civil [Como funcionario] ya no
puedes hacer lo que se te pegue la gana porque el costo poltico puede
ser muy alto. () Trabajamos juntos [con el gobierno] porque para ti
[funcionario pblico] mi recurso es polticamente correcto, porque te
puede entrar mucho dolor de cabeza, y porque en el mejor de los ca-
sos podemos trabajar juntos a favor la sociedad.10
Estas palabras ilustran la importancia que las asociaciones han ad-
quirido en Chihuahua y el papel que han conquistado vis a vis frente
al gobierno. Actualmente las asociaciones chihuahuenses forman
parte de una serie de comits, consejos ciudadanos o redes para el
diseo, puesta en marcha y evaluacin de polticas pblicas. Para
muestra, algunos ejemplos.
En 1999, la Secretara de Fomento Social convoc a las asociacio-
nes para crear el Instituto Chihuahuense de la Mujer (Ichmujer). Ante
la demora del ejecutivo estatal para hacer una propuesta al Congreso
para designar a la titular, las asociaciones de mujeres organizaron
10
Entrevista con Ana Mara de la Rosa, activista social, el 3 de septiembre de 2010.
153
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
una serie de manifestaciones y campaas de informacin en los
medios de comunicacin electrnicos locales. Esto culmin en 2004,
cuando se nombr a la candidata de las propias asociaciones, Luisa
Camberos, de la organizacin Ftima (prevencin y tratamiento de
enfermos con vih-Sida), como responsable del Instituto (Ramos,
2006).
Otro ejemplo es el Consejo Ciudadano de Desarrollo Social
y Participacin Ciudadana, conformado en 2005 y reeditado en
2010. Este Consejo funge como rgano de anlisis y deliberacin
del ejecutivo en materia de desarrollo social y participacin de las
organizaciones civiles en polticas de desarrollo. El Consejo est
integrado por lderes de cerca de cien asociaciones, empresariales y
de derechos humanos, y se organiza en quince comisiones de trabajo,
donde participan asociaciones, agencias de gobierno, acadmicos y
ciudadanos destacados. Por ejemplo, en las distintas comisiones se
encuentran asociaciones como el Instituto Jos David (Comisin
de Personas con Discapacidad), Mujeres por Mxico (Comisin de
Mujeres), Casas de Cuidado Diario (Comisin de Nios y Nias),
Critas Chihuahua (Comisin de Salud), Samuel Kalisch (Comisin
de Valores y Familia), Frente Democrtico Campesino (Comisin
Campesina), entre muchas otras.
A nivel municipal tambin se han creado instancias similares; por
ejemplo, en la ciudad de Chihuahua, el Comit Ciudadano Municipal
de Seguridad Pblica. Este comit tiene como objetivo evaluar y
dar seguimiento a las acciones de la Direccin de Seguridad Pblica
Municipal. El organismo est conformado por cincuenta asocia-
ciones, tanto de cmaras empresariales locales como de derechos
humanos y universidades. El comit es presidido por la Coparmex,
delegacin Chihuahua, y est organizado en siete comisiones
(Loera, 2008). En cada una hay asociaciones que realizan labores
de monitoreo y rendicin de cuentas. Por ejemplo, en la Comisin de
Atencin a la Violencia Intrafamiliar, encabezada por Mujeres por
Mxico (mxm), participan las directoras de la Escuela de Trabajo
Social del Estado Profesora I.T.S. Guadalupe Snchez de Araiza, de
la Escuela Libre de Psicologa y de la Escuela Sigmund Freud; ade-
ms, la Asociacin Mexicana de Adictos en Rehabilitacin, Ftima,
154
R ecursos relacionales y accin colectiva
la Granja Hogar, el Ichmujer y el Centro de Apoyo y Prevencin
Sicolgica (Ramos, 2006).
Por otra parte, la agencia y la labor de las asociaciones tambin
han sido reconocidas por el gobierno mediante el establecimiento de
programas de apoyo econmico a las asociaciones, particularmente a
aquellas que trabajan con grupos vulnerables. Como en ninguna otra
parte del pas, tanto el gobierno estatal como el local han promovido
apoyos para el gasto operativo de las asociaciones con trmites giles
y accesibilidad econmica.11 El programa de apoyo en el municipio
de Chihuahua durante el periodo de gobierno del panista Carlos
Borruel (2007-2010) estaba a cargo de la oficina de Atencin Ciuda-
dana y Desarrollo Social, que contaba con un presupuesto anual de
cerca de un milln de pesos. Los apoyos del gobierno estatal, a cargo
de la Secretara de Fomento Social, ascendieron aproximadamente
a nueve millones de pesos anuales durante el gobierno de Reyes
Baeza (2004-2010) para subsidiar a alrededor de 180 asociaciones
civiles dedicadas a atender grupos vulnerables. Un aspecto notable
es que no obstante que el programa no contaba con mecanismos
de fiscalizacin, muchas asociaciones signaron de manera voluntaria
la Ley de Transparencia, algo indito en el mbito de las asociaciones
en Mxico. Esto se traduce en una mayor confianza en las asocia-
ciones dentro y fuera del sector.
De lo anterior se desprende que las asociaciones encuentran ms
espacios para la participacin en la ciudad de Chihuahua que en
muchas otras ciudades del pas en lo que se refiere a su relacin con
el gobierno. Si bien es cierto que estos espacios tienen un carcter
poltico y que son inestables porque dependen del gobierno en turno
y de los temas que en cada coyuntura se privilegien, es innegable
que las asociaciones tanto en la capital como en el estado tienen
oportunidades reales de incidir en las polticas pblicas, especial-
mente en aquellas que las afectan. En palabras de un miembro de
la Comisin de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos,
A.C. (Cosyddhac): es fcil acceder a las polticas pblicas, aunque
11
Entrevista con Martha Graciela Ramos Carrasco, directora de Mujeres por Mxico,
Chihuahua, el 3 de noviembre de 2009.
155
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
los resultados son otra cosa, pero nos consideran ().12 Esta par-
ticipacin permite que las asociaciones tengan acceso a informacin
sobre asuntos pblicos a la que de otra manera sera difcil llegar,
como lo seala la directora del Instituto Jos David: se ha mejora-
do mucho [la participacin en polticas pblicas] porque al menos
ya nos llaman, nos convocan (). Nos invitan a los consejos ya
estando en los consejos pues ya es un poco ms fcil enterarnos de
los temas que se discuten.13
Esta participacin en las decisiones sobre asuntos pblicos ha
creado un efecto interesante al interior de las propias asociaciones,
que buscan desarrollar cada vez ms un mayor expertise en sus reas
de inters, en la planeacin y el gobierno. Esto, a su vez, permite una
mayor incidencia en la toma de decisiones, genera crculos virtuosos
de participacin y hace que las asociaciones ganen influencia en la
vida pblica. Pero las interfaces en las que florecen las asociaciones
en Chihuahua no slo se dan con el gobierno, sino tambin con
otros actores, como los empresarios, tema que discutiremos a
continuacin.
El papel de los empresarios en el entorno
asociativo de Chihuahua
Los empresarios son ampliamente reconocidos en Chihuahua por
su colaboracin con otros actores sociales para resolver problemas
colectivos. Esta participacin va desde las aportaciones voluntarias
y la conformacin de fondos sociales o asociaciones filantrpicas
hasta la participacin personal en deliberaciones pblicas. Esto ha
sucedido as, entre otras cosas, por el aislamiento que ha tenido el
sector empresarial y por la persistente necesidad de involucrarse en
los temas que afectan a su comunidad desde el siglo xix (Martnez,
2011). As, entre algunos de los muchos ejemplos que se pueden
encontrar en la historia del estado podemos recordar que en 1945
12
Entrevista con Felipe de Jess Ruiz Becerra, miembro de la Comisin de Solidaridad
y Defensa de los Derechos Humanos, el 6 de noviembre de 2009.
13
Entrevista con Cecilia Gonzlez Russek, directora del Instituto Jos David, el 5 de
noviembre de 2009.
156
R ecursos relacionales y accin colectiva
los miembros del Club Rotario de la ciudad de Chihuahua, con la
intencin de recaudar fondos para causas sociales, montaron una
obra de teatro en la que los actores eran los mismos empresarios
(Martnez, 2005); en 1964, un empresario de la ciudad don impor-
tantes recursos para la construccin del planetario de la Universidad
de Chihuahua y en 1968 para la Escuela Normal esto ocurra en
los aos de mayor autoritarismo, en los que el entonces gobernador,
el general Giner, haba decidido clausurar varias escuelas normales
por motivaciones polticas (Trujillo, 2005); en 1979, despus de
enfrentar las limitaciones en la entidad para tratar el padecimiento
de sordera su hijo, el empresario Gonzlez Mzquiz fund el Ins-
tituto Jos David, que trataba pacientes y formaba profesionales
especializados. De manera similar, otros empresarios locales, junto
con la poblacin interesada, han sido piezas clave para la fundacin
de asociaciones como el Instituto Down de Chihuahua (1984), el
Centro de Estudios para Invidentes (1995), Brenda Asociacin de
Esclerosis Mltiple Chihuahua (1989) y muchas otras.
De esta manera, despus de una tromba que golpe a la ciudad
de Chihuahua en septiembre 1990 surgi la Fundacin del Empre-
sariado Chihuahuense (fechac) a iniciativa de un grupo de veinte
empresarios, que decidieron fijarse desde sus asociaciones gremiales
un impuesto extraordinario y permanente del dos por ciento sobre
el gravamen de nminas. Se negoci que el gobierno estatal fuera
quien lo recaudara pero sin administrarlo, sino transfiriendo los
recursos a la Fundacin del Empresariado. Luego de apoyar a los
afectados por la tromba, los empresarios decidieron seguir con este
esquema de recaudacin y se logr que el impuesto se aplicara a
todos los empresarios de la entidad, lo que ha dado a la Fundacin
del Empresariado recursos financieros significativos.14 Esta frmula
de recaudacin refleja la importancia del sector empresarial a nivel
estatal, su capacidad de accin colectiva y sus habilidades de cabildeo
y negociacin con el gobierno (Martnez, 2009).
14
El sistema de recaudacin de fondos que tiene la fechac le permite manejar ms
del sesenta por ciento de la suma de los activo que todas las fundaciones comunitarias
mexicanas tuvieron entre 2005 y 2007 (Berger et al., 2009).
157
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
Hoy en da, la Fundacin es una asociacin de segundo piso que
auspicia procesos asociativos a los que apoya con financiamiento,
expertise y recursos simblicos. En la labor de la Fundacin destacan
dos prcticas (que sin ser las ms importantes al interior s lo son para
el entorno): que las asociaciones a las que apoya se conviertan en
autnomas y sustentables15 y la constitucin de redes intersectoriales
para la solucin de problemas colectivos.16
Otro aspecto que est generando subproductos importantes para
el entorno es el involucramiento de los miembros de las cmaras
empresariales. Esto se da de dos maneras: mediante el mencionado
fondo al que aportan todos los empresarios a travs de su partici-
pacin activa como consejeros en distintas asociaciones ciudadanas,
as como en los nueve consejos locales de la Fundacin. En estos
consejos, los empresarios deciden directamente sobre la distribucin
de los fondos para proyectos y las lneas de accin que la Fundacin
debe plantearse en cada regin. El carcter rotativo de los consejos
hace que la participacin de los empresarios sea amplia. Un aspecto
notable es que este ejercicio y la enorme conectividad que se genera
entre los empresarios y las asociaciones locales han motivado que
muchos sean invitados, al concluir su participacin en la Fundacin,
a formar parte de los consejos directivos de otras asociaciones y/o se
vinculen personalmente con ellas, o se interesen en la atencin de un
problema social en particular. La coordinadora de Onami Escuela
15
A partir de su creacin, esto ha sido una preocupacin al interior de la asociacin.
El ingeniero Samuel Kalisch, fundador y uno de los ex directores de la Fundacin,
mencionaba al respecto que uno de los principales retos que afront la fechac en sus
inicios fue el consolidar un nivel de institucionalidad que permitiera una consolidacin
paulatina. Junto con la necesidad de no generar prcticas paternalistas que fueran mar-
cando la trayectoria de la Fundacin (citado en Loera, 2008: 87).
16
Desde su constitucin legal, en 1996, la fechac determin trabajar en cinco
programas sociales: el Programa Interinstitucional de Atencin al Indgena, el Cen-
tro de Desarrollo Alternativo Indgena, el Programa de Escuela para Padres, el Programa
de Fortalecimiento de las Organizaciones de la Sociedad Civil, el Programa Estatal de
Educacin para la Prevencin del Sida y el Programa de Valores. Cada uno de estos
programas fue desincorporado de la fechac porque su Consejo reconoci la falta de
conocimiento en los temas y porque su operacin representaba un gasto considerable,
pero principalmente porque haba capacidad desde otros actores para producir rendi-
mientos sociales. Para 2010, cada uno de estos programas ya tena autonoma financiera
y poltica; actualmente, el acercamiento de estas asociaciones desincorporadas se da de
la misma manera en que otra agrupacin lo hace a la Fundacin.
158
R ecursos relacionales y accin colectiva
para Padres, institucin incubada en la fechac, lo mencion de la
siguiente manera: los consejeros de la fechac se involucran en las
asociaciones, algunos ellos dejaron de ser consejeros en la Fundacin
y dejaron la organizacin, pero se mantuvieron en las asociaciones.17
De esta forma, la fechac es una escuela de prcticas que vincula
a los empresarios con la vida asociativa chihuahuense. A decir de
una activista chihuahuense, la fechac ha relacionado muy bien a
los empresarios con el sector. Es una muy buena escuela. Lo que
veo es que son gente que no sabe del problema y empieza a conocer
los temas.18
De esta forma, mediante la intervencin de la fechac y el sistema
de prcticas que se ha ido construyendo desde el empresariado se
han generado modelos culturalmente aceptados sobre el papel social
del empresario, como nos lo muestra el siguiente comentario de un
empresario chihuahuense:
Todos mis amigos empresarios estn metidos en algo, y si no con dinero,
se voluntaran [sic] para obras. De un modo u otro, casi todos apoyan
o estn comprometidos con fundaciones u obras especficas Yo
estuve 15 aos viviendo fuera, y al llegar aqu me empiezan a invitar a
obras, o a formar parte de consejos. Existe una presin social para estar
involucrado y si no estoy en eso tengo que involucrarme en algo, en la
asociacin de esto o lo otro (citado en Greaves, 2006: 24).
Como lo seala Greaves, es innegable que los empresarios de Chihua-
hua, a diferencia de los de otros estados, buscan el reconocimiento
social y se ven obligados a colaborar con el desarrollo de sus comu-
nidades, y no necesariamente como actores antagnicos de otros
grupos sociales (Greaves, 2006). Esta percepcin del empresario
como alguien que debe buscar el bien social no es nueva y se observa
a lo largo de la historia asociativa de la regin (vase Martnez, 2011).
Por ejemplo, ya en 1975 el empresario Gonzlez Mzquiz promova
desde la Unin Social de Empresarios Mexicanos (usem) que las
actividades de las cmaras y las asociaciones empresariales no se
17
Entrevista con Leticia Reyes, coordinadora de Onami Escuela para Padres, el 25
de agosto de 2008.
18
Entrevista con Ana Mara de la Rosa, activista social y acadmica del Tecnolgico
de Monterrey campus Chihuahua, el 3 de septiembre de 2010.
159
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
interesaran exclusivamente en la consecucin de sus objetivos, sino
que deban velar tambin por el bienestar colectivo, que al final
era conveniente para el propio sector (Salas-Porras, 1992).19
Sin embargo, hay que reconocer que los empresarios, al llevar su
cultura de negocios al sector social, han contribuido a desarrollar en
las asociaciones ciertas habilidades y capacidades a costa de otras.
Este traslado de valores de la cultura empresarial le ha permitido a
una buena parte del sector asociativo tener las puertas relativamente
abiertas a recursos provenientes de este medio sistmico, pero tam-
bin le ha dado caractersticas particulares a las organizaciones de
la sociedad civil en Chihuahua.
Es cierto que si revisramos la actitud de los empresarios a favor
de temas sociales encontraramos que, adems de un compromiso
social genuino en muchos de ellos, su involucramiento es resultado
de la presin de sus pares. De tal suerte que probablemente la
solidaridad de los empresarios no sea de absoluta bonhoma, sino
resultado del control social de un entorno donde la cooperacin es
un valor. En otras palabras, en buena medida la respuesta de otros
medios sistmicos como el Estado y el mercado a los intereses
de la sociedad puede responder directamente a la propia fuerza y
unin del sector social, tema al que nos orientaremos en la siguiente
parte de este documento.
Redes de interdependencia
Es probable que la reaccin relativamente ms favorable del gobierno
y los empresarios para vincularse con el sector social de Chihuahua
19
En el caso de Chihuahua, los empresarios han promovido histricamente relaciones
laborales ms justas, lo que ha limitado la retrica corporativista. Por ejemplo, entre 1976
y 1982 la Coparmex Chihuahua desarroll un programa denominado Solidaridad entre
Empresa y Trabajadores, con el propsito de dar buen trato a los trabajadores, repartir
utilidades y crear instituciones de beneficencia (Mizrahi, 1992: 766). En palabras de
Rivire, esto ha llevado a que la relacin obrero-patronal en la regin se trate menos de
un compromiso de los asalariados frente a las empresas que de una relacin personal entre
el patrn y el empleado, que stos desarrollan y reproducen con el objetivo de asegurar
la paz social (Rivire, 2000: 88). Sin embargo, es necesario mencionar que el sector
empresarial y el sector obrero no coinciden en todo momento ni en todos los temas ni
en todas las demandas sociales y estrategias de bsqueda de objetivos.
160
R ecursos relacionales y accin colectiva
sea el resultado de un entorno asociativo en el que se tiene una
altsima interrelacin o conectividad entre las propias asociaciones.
En nuestro trabajo de campo observamos recurrentemente la vincu-
lacin entre diversas asociaciones civiles, incluso en algunas que
son divergentes en temas e intereses. Esta alta vinculacin se da
especialmente a travs de la participacin de directivos, empleados
y miembros de las asociaciones en los consejos directivos de otras
asociaciones y en la organizacin de trabajo en red, como veremos
a continuacin.
El hecho de que los miembros de una asociacin participen en el
consejo directivo de otra o sean voluntarios en una tercera asocia-
cin es una prctica comn en el entorno asociativo chihuahuense.
As, algunos miembros de la asociacin A forman parte del consejo
directivo o son voluntarios en la asociacin B, cuyos miembros
participan en actividades de C y son miembros del consejo directivo
o colaboran con A. Con el transcurso del tiempo, esta participacin
cruzada se ha vuelto una forma de retribuir el trabajo voluntario
que se ha recibido, una forma de reciprocidad que genera una alta
conectividad en el tejido asociativo. Por ejemplo, el empresario Enri-
que Hernndez, quien no haba tenido vnculo alguno con el mundo
de las asociaciones, fue invitado a formar parte del consejo directivo
de la fechac, y al concluir su periodo y participar en el Centro de
Fortalecimiento a Organizaciones de la Sociedad Civil (cfosc), se
convirti en miembro y director de la misma asociacin; asimismo,
ha participado como miembro de Ezzer y colabora en varios pro-
yectos. En las entrevistas que realizamos a diferentes asociaciones
constatamos que es una persona reconocida por su prestigio social y
su participacin. Otro ejemplo es el de Lucha Castro, activista social
que en la dcada de los ochenta particip en el verano caliente, que
en los noventa fue integrante del Frente Democrtico Campesino
y despus asesora y activista en Mujeres por Mxico, y actualmente
coordina el Centro de Derechos Humanos de las Mujeres. De esta
forma, podemos encontrar diferentes casos de miembros, activistas y
empresarios sociales que forman parte de un sector que se reconoce
con una identidad propia.
En el entorno chihuahuense esta prctica constituye tambin
una forma de vigilancia interna del sector, una especie de panoptico
161
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
asociativo que permite que todos los actores se conozcan y sean
visibles, lo que produce una mayor confianza entre las organizacio-
nes y facilita la vinculacin y el acceso a recursos. En este sentido,
las personas entrevistadas de Cosyddhac y mxm (asociaciones que
tratan temas de derechos humanos), a pesar de que presentan algunas
diferencias con las estrategias, metodologas e ideologas promovidas
por la fechac, confan en la calidad social de los miembros de la
asociacin. Cecilia Gonzlez, directora del Instituto Jos David, lo
ilustra perfectamente:
No hay una cultura de descalificacin entre asociaciones, como ocurre
en otras ciudades del pas. Yo creo que aqu todava existe una cultura
del aprecio y el respeto entre asociaciones. Esto ocurre porque estando
en un lugar ms chico es ms fcil que la gente se conozca entre ella,
que se conozca el trabajo, el impacto social (). Generalmente nos
conocemos; si me preguntas quin est en tal o cual organizacin, s
quien est, lo conozco por su trayectoria, porque es un empresario,
porque sabes que es una persona que se preocupa por tal o cual tema;
conoces quines son los lderes de las instituciones. Porque s tiene ese
reconocimiento social y no tiene que ver con ningn nivel social alto,
sino por su trabajo en las asociaciones.20
La conectividad entre los lderes y miembros de las asociaciones se
ha visto reforzada en aos recientes, entre otras cosas por varios
proyectos que ha realizado la fechac, como los Encuentros de las
organizaciones de la sociedad civil que se llevan a cabo cada ao
para reforzar vnculos, compartir experiencias y establecer un mayor
aprendizaje en el sector.21
En el quehacer cotidiano, el contacto constante entre los miem-
bros de las asociaciones reduce la incertidumbre al generar mayores
20
Entrevista con Cecilia Gonzlez Russek, directora del Instituto Jos David, el 5
de noviembre de 2009.
21
En los encuentros de las organizaciones de la sociedad civil a las que tuvimos opor-
tunidad de asistir (al menos en 2008 y 2009) se presentaron conferencistas nacionales e
internacionales. En ambos hubo ceremonias en las que el gobernador del estado inaugur
el evento junto con el alcalde de la ciudad, funcionarios de desarrollo social estatal y
federal, reconociendo la importancia de las asociaciones; en 2009 se cont con la presen-
cia de Margarita Zavala. La asistencia a estos eventos es nutrida, y es evidente el contacto
amistoso y los intereses comunes entre los miembros de diferentes asociaciones.
162
R ecursos relacionales y accin colectiva
certezas sobre la cooperacin de los otros, permite que el repertorio
de experiencias asociativas se socialice, facilitando la adopcin de
frmulas colectivamente aceptadas y/o exitosas, y crea redes de in-
terdependencia en las que se intercambian recursos simblicos,
como la legitimidad o la reputacin (ver Velzquez, 2007), sin duda
uno de los aspectos ms importantes de esta prctica. Todo esto
contribuye a crear un entorno asociativo que tiende a la cooperacin.
Estas redes de interdependencia son an ms evidentes en el caso de
las redes formales de las asociaciones que han sido promovidas por
el cfosc y la fechac.22 En 2009, el cfosc impuls Integracin, Dis-
capacidad y Desarrollo, Red Unidos, Construyendo Oportunidades,
Red por la Infancia Chihuahuense, Red Casas Hogar por el Adulto
Mayor del Estado de Chihuahua y Red de Discapacidad. Estas redes
se pensaron como figuras asociativas de alianzas estratgicas.
Para la Fundacin, las redes estn basadas en lo que denomina
programas triple i (integrales, interinstitucionales e intersecto-
riales), que se impulsan ante la incapacidad de los gobiernos, el
desinters del mercado y la imposibilidad de la sociedad civil para dar
solucin a las problemticas. Para la instrumentacin de estas redes
se parti de la premisa de que al sumar los esfuerzos de diferentes
actores sociales se generaran complementariedades, se recuperaran
experiencias, se optimizara el uso de recursos y se generara mayor
eficiencia, cobertura y mejores servicios (fechac, 2001). As lo dijo
su director: Las redes es [sic] lo ms importante para la fechac;
antes de los recursos estn las alianzas, porque sin las alianzas no
tienes recursos.23
Estas redes estn constituidas por asociaciones muy diversas, des-
de las que tratan temas de derechos humanos (como Alianza Sierra
Madre), las provenientes del sector empresarial (como la fechac
y la Fundacin Llaguno), las especializadas en temas de desarrollo
22
El cfosc, desincorporado de la fechac, se encarga de capacitar en diferentes reas
a las asociaciones que son parte de la institucin mediante programas escolarizados en
formacin, fortalecimiento y medicin de impacto. El cfosc es un importante espacio
para generar vnculos, conformar redes, impulsar la coordinacin entre asociacio-
nes para tratar temas de inters comn, entre otras (cfosc , 2009).
23
Entrevista con el ingeniero Adrin Aguirre, director de la fechac , el 25 de agosto
de 2008.
163
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
(como Alternativas de Capacitacin para el Desarrollo Comunita-
rio), las ambientalistas (como Profauna y World Wild Fundation),
hasta instituciones educativas (como la Universidad Autnoma de
Chihuahua y el Tecnolgico de Monterrey de Chihuahua).
Un ejemplo de esto es una red que en el 2008 integraba a asocia-
ciones como Mi Casa Centro de Rehabilitacin, el Museo Interactivo
Jugar, Discapacidad y Excelencia, Mujeres por Mxico y Escuela
para Padres, todas trabajando en un polgono de pobreza en la zona
norte de la ciudad de Chihuahua para generar programas de mayor
alcance en la reduccin de la marginacin.24 Cabe destacar que esta
red se caracteriza por la diversidad en el tipo de las asociaciones que
la conforman y que esto no es una limitante; ms an, ha sido con-
siderada una fortaleza para alcanzar rendimientos sociales definidos
y acordados de manera comn.
stos son slo algunos ejemplos que dan cuenta de la diversidad
asociativa al interior de las redes, lo que hace que cada una de ellas
tenga una forma diferente, distintos intereses y metodologas de
trabajo e intervencin distintas. Pero lo ms importante es que
estas redes han permitido que asociaciones con orgenes diversos,
y en algunos casos con ideologas y/o metodologas antagnicas,
dialoguen y encuentren coincidencias. Ms an, en la medida que
estas redes participan con otras agencias gubernamentales en la
toma de decisiones impulsan una forma de coordinacin social que
se diferencia de los esquemas verticales y autoritarios en la toma
de decisiones. En este sentido, constituyen figuras de gobernanza
que ponen a todos los participantes en el mismo nivel, lo que ha
permitido realizar una labor ms coordinada, menos costosa y ms
efectiva (Mendiola y Martnez, 2009). La coordinadora del Programa
Interinstitucional de Atencin al Indgena (piai) lo mencion de la
siguiente manera:
En el piai todos opinan en el mismo nivel; todos los comentarios son
vlidos; se votan los proyectos por mayora. Tambin es una mesa de
dilogo que les permite compartir experiencias, lo que les ha gustado.
Comentan: t, gobierno, yo, sociedad civil, tenemos proyectos similares,
24
Entrevista con Leticia Reyes, coordinadora de Onami Escuela para Padres, el 25
de agosto de 2008.
164
R ecursos relacionales y accin colectiva
pues vamos a coordinarnos; yo con mano de obra, t con los recursos,
y as compartir experiencias.25
Pero en el entorno asociativo chihuahuense las redes van ms all
de las organizadas por la fechac o el cfosc y son una prctica que
se da tanto en la procuracin de recursos como en el cabildeo. Para
muestra algunos eventos, que veremos a continuacin. En el 2002, el
Instituto Jos David que atiende discapacidades auditivas, Casas
de Cuidado Diario encargada de atender a los hijos de madres
trabajadoras y el Centro para Estudios de Invidentes, a pesar de
ser asociaciones con intereses y causas totalmente diferentes, rea-
lizaron una alianza para recaudar fondos de manera conjunta para
el gasto operativo de cada una de sus organizaciones. Al proyecto
lo denominaron el Trbol.26 Cecilia Gonzlez Russek, directora de
una de las asociaciones del Trbol, mencionaba al respecto: ()
por eso hicimos la alianza nosotros tres, porque nos encontramos en
todos lados pidiendo lo mismo. Adems, convivimos y nos vemos
mucho.27
De la misma manera, en el 2001 un conjunto de asociaciones se
organizaron con la intencin de generar una mayor transparencia en
las actividades del Congreso del estado.28 Los participantes fueron
el Frente Democrtico Campesino (fdc), el Frente de Consumi-
dores (Fedeco), la Cosyddhac, la Coordinadora Ciudadana y mxm.
De estas experiencias se logr concretar la creacin de la Red por
la Participacin Ciudadana. Su objetivo fue dar seguimiento a las
decisiones tomadas tanto en el Congreso federal como en el local.
sta fue una de las primeras asociaciones pro-rendicin de cuentas
del Poder Legislativo en Mxico. La Red tuvo una importante parti-
cipacin en la elaboracin de la Ley de Transparencia de Chihuahua
(Ramos, 2006).
25
Entrevista con la coordinadora del piai, el 24 de agosto de 2008.
26
En 2003, mediante el proyecto del Trbol se reunieron 631472.85 pesos en una
campaa de cerca de tres semanas (Loera, 2008).
27
Entrevista con Cecilia Gonzlez Russek, directora del Instituto Jos David, el 5
de noviembre de 2009.
28
Esto fue resultado de la afectacin que haban sufrido pequeos y medianos em-
presarios ante la poltica fiscal federal. La red organiz foros y conferencias.
165
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
Un evento que muestra la actuacin en red de las asociaciones en
Chihuahua ocurri cuando el gobierno del estado intent intervenir
los recursos del Fondo Social del Empresariado Chihuahuense,
con lo que pona en tela de juicio la autonoma de la fechac. Esto
ocurri en 2003, cuando el entonces gobernador Patricio Martnez
quiso aprovechar la renovacin del impuesto sobre nminas para
aumentar el nmero de representantes del gobierno estatal en el
comit tcnico del Fondo y tener un mayor control de los recursos
(Loera, 2008; Mendiola y Martnez, 2009). Ante esto, las cmaras
empresariales exigieron al Congreso que desistiera y casi inmediata-
mente un sinnmero de asociaciones ciudadanas se organizaron en
red para oponerse a las intenciones del gobierno. Entre las asocia-
ciones que se involucraron se encontraban las asistencialistas y otras
organizaciones, como Mujeres por Mxico y el Frente Democrtico,
que nunca han recibido apoyos de fechac y que no necesariamente
comulgan con sus principios pero que consideraron que esta intro-
misin era injusta y significaba una injerencia del gobierno en la
independencia del sector (Loera, 2008).
Un ejemplo ms es la red que se teji en torno a la campaa para
exigir pago justo a Telmex en 1994, que entre otras cosas peda
que los recibos de la compaa fueran claros y sealaran los costos
de las llamadas de manera desagregada. sta fue una iniciativa de
Mujeres por Mxico y Graciela Ramos (mxm) que inicialmente
vinculaba a unos pocos activistas: los lderes de El Barzn en Chi-
huahua, Lucha Castro (Centro de Derechos para la Mujer), Gabino
Gmez (lder campesino), la entonces diputada local Alma Gmez
y el padre Camilo Daniel (ex presidente de la Cosyddhac), entre
otros (Ramos, 2006: 29). El movimiento inici con la construccin
de una red amplia que reuni a clubes sociales, partidos polticos,
cmaras empresariales y otras asociaciones para defender a sus
propios miembros (Ramos, 2006). Cada participante se encarg de
algo en las campaas, ya fueran movilizaciones, tomas de avenidas o
generacin de publicaciones, entre otras. Un aspecto notable fue la
participacin de un sinnmero de voluntarias que asesoraban a los
ciudadanos en el trmite de las demandas ante los tribunales. Como
en otras ocasiones en la historia de Chihuahua, el gobernador, en
ese entonces Francisco Barrio, de extraccin panista, reconoci el
166
R ecursos relacionales y accin colectiva
carcter combativo de las mujeres y les otorg su respaldo, frente a lo
que en el sector pblico se perciba como la desatencin del gobierno
federal a demandas locales (Ramos, 2006). Al final, la participacin
conjunta de la red de asociaciones y su perseverancia, as como la
solidaridad de la sociedad chihuahuense en general, pudo generar
un resultado favorable a la demanda. Ramos lo resalta:
La solidaridad de la que fue objeto nuestro movimiento, tanto la que se
hizo pblica durante la represin como la de aquellas personas que
acudan a los plantones para llevarnos comida, caf y hasta tiendas de
campaa. Slo reconociendo la ayuda desinteresada y la buena volun-
tad de tanta gente, que hasta el presente nos siguen manifestando su
simpata, se explica que esta campaa tan dura haya podido sostenerse
durante varios aos (Ramos, 2006: 32).
Luego del xito de esta demanda en Chihuahua, el ejemplo se multi-
plic en quince estados29 y la compaa de telfonos tuvo que ceder
a las demandas sociales.
La capacidad de accin colectiva de las asociaciones chihuahuen-
ses se puede apreciar tambin en el cabildeo que han ejercido ante
medidas que perciben como desfavorables para su entorno. Por
ejemplo, a diferencia de lo que sucede en otros estados, hasta la
fecha no se ha aprobado la Ley de Fomento a las Organizaciones
de la Sociedad Civil estatal; esto puede parecer contradictorio con
lo que hasta aqu se ha mencionado, pero despus de una serie de
reuniones entre diferentes asociaciones y expertos en el tema se lleg
a la conclusin de que su aprobacin en los trminos que se pro-
ponan y en los que estaba planteada la ley federal generara un
mecanismo que aumentara el control sobre las asociaciones y
una normatividad innecesaria.30 Esto mismo sucedi con la Ley de
Asistencia, que fue detenida porque las asociaciones argumentaron
que podra implicar un mayor control por parte de la Junta de Asis-
tencia Privada. El cabildeo que realizaron varias asociaciones fue
29
Entrevista con Martha Graciela Ramos Carrasco, directora de Mujeres por Mxico,
Chihuahua, el 3 de noviembre de 2009.
30
En la mayora de las entrevistas realizadas para este trabajo se expuso que las
asociaciones se rehusaron a participar en la formulacin de la ley debido a las crticas a
la ley federal y los mltiples reglamentos que las controlan.
167
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
intenso y entre otros instrumentos incluy la organizacin de foros
y dilogos entre expertos y la comisin del Congreso encargada de
la revisin de la ley. El resultado fue una ley con menos control y,
por tanto, con mayor aceptacin de las asociaciones.31
Como se muestra en los prrafos anteriores, tanto las redes for-
males como las informales pronto se transforman en lo que hemos
llamado redes de interdependencia (ver Natal, 2010), que se
caracterizan, como lo muestra el caso chihuahuense, por una fuerte
conectividad entre los actores, incluso de distintos medios sistmi-
cos, y que en sus interacciones alojan y reproducen la confianza y la
reciprocidad. Estas dos condiciones, la intensidad de las relaciones
y la calidad de las mismas, permiten el surgimiento de oportunida-
des y formas particulares de accin colectiva.
Asimismo, la interdependencia entre las asociaciones se acenta
con la participacin cruzada de miembros de una asociacin a
otra, con colaboracin formal e informal y con solidaridad al interior
del sector asociativo, lo que genera una sensacin de que en Chihua-
hua el sector siente y acta como uno solo. En otras palabras, en
Chihuahua se ha desarrollado una identidad en el conjunto de las
asociaciones civiles, que se perciben como un solo sector.
La interdependencia crea tambin un clima de tolerancia a
ideologas o metodologas diferentes porque los directivos de una
asociacin participan en consejos directivos o conocen a alguien al
interior de esos consejos, lo que les permite entender con mayor
claridad cmo y por qu una asociacin toma un curso determinado
de accin. En el largo plazo, esto produce un clima de confianza,
entendimiento y armona que reduce costos de transaccin y facilita
la cooperacin.
Con lo referido hasta aqu sobre las redes de interdependencia,
es importante destacar que en Chihuahua existen bsicamente dos
grandes grupos de asociaciones o redes que se coordinan entre s,
que cooperan e intercambian recursos de manera ms o menos
consistente; stas son las asociaciones que desarrollan tareas de
asistencia y las defensoras de derechos humanos. Las primeras se
31
Entrevista con Miguel Gmez, coordinador de eventos especiales en Chihuahua,
fechac , el 6 de noviembre de 2009.
168
R ecursos relacionales y accin colectiva
han vinculado de manera importante al sector empresarial, ms
que las segundas. Muchas de ellas han surgido con apoyos de uno o
algunos empresarios, lo que es una buena fuente de financiamiento
y visibilidad institucional, pero conservan su autonoma en la toma
de decisiones. Las asociaciones asistenciales han actuado de manera
coordinada, respondiendo de manera solidaria cuando as ha sido
requerido. El otro gran conjunto son las asociaciones defensoras
de derechos humanos y las promotoras de la democracia, que han
encontrado en las relaciones de interdependencia una buena fuente
de recursos y la coordinacin para obtener rendimientos colectivos.
En general, estas asociaciones, que provienen de un pensamiento
de izquierda y progresista que ha avanzado desde los aos sesenta,
establecen vnculos fuertes con ciertos lderes reconocidos e iden-
tificados que han participado en la conformacin de diferentes
asociaciones. Estos actores, a diferencia de lo que ocurre en otras
latitudes, han preferido adherirse a las asociaciones y la accin directa
que a los partidos polticos. Entre ambos grupos se encuentran las
asociaciones que tuvieron un fuerte impulso de la Iglesia catlica
desde los aos setenta y ochenta pero lograron rpidamente au-
tonoma de la jerarqua eclesisticas diseando formas propias de
accin y participacin.
El hecho de que las organizaciones tengan distintos orgenes y
visiones en la ciudad de Chihuahua no es un obstculo para que haya
cooperacin entre ellas, o para que trasciendan sus temas y cooperen
en proyectos ms amplios. Como hemos tratado de ilustrar, cuando
las circunstancias son apremiantes la problemtica involucra a una
buena parte del sector; y cuando existen coincidencias en el tema
a tratar, que formen parte de las redes amplias de asociaciones no
implica su desistimiento a participar o colaborar. Es decir, sucede que
ciertas normas sociales pueden ser ms eficaces en ciertos momentos
para el conjunto del sector, as como otras lo pueden ser para las
redes ms prximas y cotidianas.
En esta primera parte nos hemos dedicado a dar mayor visibilidad
a las prcticas de accin colectiva exitosas, sin obviar la existencia
de prcticas que fracasan como efecto de la inestabilidad relativa de
las relaciones con el gobierno, la falta de acuerdos entre los actores y
169
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
las tensiones entre diferentes asociaciones.32 A pesar de los fracasos
en los intentos por generar redes u otras formas de conectividad para
fines ms o menos comunes, lo que muestran los prrafos anterio-
res es la propensin a utilizar los recursos relacionales existentes,
reduciendo as los motivos para el desistimiento de la cooperacin.
Como lo menciona una mujer que participa activamente en varias
asociaciones, y con una importante trayectoria en el sector, hay
pequeas coyunturas, se ponen las cosas enfrente y te metes en ese
reto. Hay chihuahuenses que consideran que las cosas se pueden
hacer; hay un nivel de bateo alto.33 En la segunda parte trataremos
de explicar por qu llamamos recursos relacionales a las estructuras
sociales o tipos de tejido social en los que estas prcticas anidan.
Los recursos relacionales en el entorno asociativo
de Chihuahua
Diversos autores han sealado que para lograr la cooperacin
es necesario que haya confianza y reciprocidad, particularmente
importantes en la medida que quienes participan de ellas tienen
mayores oportunidades de acceder a beneficios de manera constante
(ver Coleman, 1988; Durston, 2003). La confianza se da a partir de
un conjunto de expectativas positivas depositadas en los dems, o
ms especficamente, de las acciones o respuestas de los dems en
contextos de interdependencia e incertidumbre (Luna y Velasco,
2005: 129). Confiar implica tener disposicin a entregar o compartir
el control de ciertos recursos propios a otros (una institucin, un
32
Cuando se les pregunt a los entrevistados si conocan alguna asociacin que
hubiera desaparecido recientemente y sus causas la mayora apunt el caso de la Red
Valores 2020, coincidiendo en las siguientes afirmaciones: al momento de constituirla,
la diversidad de los participantes (cerca de cincuenta organizaciones sociales y guber-
namentales) y los diferentes enfoques en el tema de valores impidieron alcanzar un
acuerdo, adems de la falta de visin por parte de los donantes, entre los que se incluan
diferentes agencias de gobierno y empresarios, por tratarse de un tema con resultados
intangibles y difcilmente evaluables a corto plazo. Todo esto, segn los entrevistados,
impidi que se concretara el proyecto, a pesar de respaldar por ms de un ao los intentos
de hacer eficaz la red.
33
Entrevista con Ana Mara de la Rosa, del cfosc , el 3 de septiembre de 2010.
170
R ecursos relacionales y accin colectiva
espacio de coordinacin, una asociacin o un conjunto de ellas) para
alcanzar un objetivo, meta o propsito comn. No obstante, confiar
tiene riesgos, ya que en la medida que crece el valor de los recursos
cuyo control se cede o comparte, mayor ser el costo de oportunidad
tanto para el que confa ya que puede perder sus recursos como
para aqul en que se confa pues aumenta el costo de seguir siendo
confiable. En este contexto, la produccin de confianza puede ser
vista como un rendimiento social que se agrega al entorno, al que
aade un nivel especfico de probabilidad subjetiva, con lo que un
agente evala que otro agente o grupo de agentes realice una accin
especfica (Gambetta citado por Ostrom y Ahn, 2003).
Al vivir en un entorno con alta incertidumbre, las asociaciones
necesitan establecer mecanismos que reduzcan el riesgo de saber
en quin confiar. Para ello tienen que generar mecanismos para
reducir no slo las actuaciones y comportamientos individualistas,
como seala la literatura en general (Ostrom, 2003; Grootaert, 1998,
citado en Fernndez, 2005), sino disear y organizar estructuras que
permitan reducir las variables externas que pueden interferir con la
cooperacin. En otras palabras, construir mecanismos que les faci-
liten la colaboracin con otros actores en su entorno inmediato.
Por otra parte, la reciprocidad es una frmula de intercambio
social, o un conjunto de ellas, que rige una buena parte de las re-
laciones humanas. En el entorno asociativo, la reciprocidad se da
cuando una asociacin es beneficiada por los recursos (humanos,
materiales o intangibles) que aportan otros sabiendo que esperan
ser retribuidos de manera similar en una contingencia. En otras
palabras, la reciprocidad entre las asociaciones implica un contrato
no formal de retribucin de recursos cuya obligatoriedad est deter-
minada generalmente por el control social, que genera expectativas
socialmente aceptadas de que los otros cumplirn normas tcitas y
no formales de intercambio (Ostrom, 2003). La reciprocidad, por
lo tanto, limita el comportamiento y el destino que las asociaciones
dan a sus recursos en un sentido normativo.
As las cosas, cuando la confianza y la reciprocidad forman parte
de un emprendimiento colectivo, los actores tienen una certidumbre
alta sobre lo que pueden esperar de los otros y es muy probable
171
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
que se d una cooperacin exitosa.34 Por el contrario, cuando no
hay un compromiso confiable y los actores tienen motivos para no
ser recprocos (free-rider), tienden racionalmente a renunciar a opor-
tunidades de cooperacin y beneficio mutuo (Putnam, 1993). En
general, la literatura sobre el papel de la confianza y la reciprocidad
en la cooperacin de un entorno dado gira alrededor de estas tesis.
No obstante, mucha menos reflexin se ha construido sobre los
elementos del entramado social a travs de los cuales se reproducen
y articulan tanto la confianza como la reciprocidad.
Desde nuestro punto de vista, y como intentamos mostrar en
el caso de las asociaciones chihuahuenses, aunque la confianza y la
reciprocidad como lgicas relacionales tienen una simbiosis con las
estructuras en que se manifiestan, requieren que estas estructuras
relacionales las alojen, posibiliten y reproduzcan; es decir, no pue-
den existir en abstracto. En este sentido, coincidimos con Coleman
(2011: 386), quien ha sealado que la confianza y la reciprocidad
estn constituidas por estructuras sociales definidas y favorecen a
quienes se encuentran en ellas. A travs de distintas estructuras del
entramado social, que posibilitan relaciones horizontales, se da la
accin comunicativa, surgen redes y se construyen expectativas de
conductas cooperativas. A estas estructuras, a travs de las cuales
operan la confianza y la reciprocidad, las llamamos aqu recursos
relacionales.
Como se muestra en la seccin anterior, dos estructuras relacio-
nales son centrales en Chihuahua para que fluyan la confianza y la
reciprocidad: las relaciones que se establecen con actores de otros
medios sistmicos que facilitan el acceso a recursos materiales y no
tangibles, que las asociaciones no podran conseguir de otra manera,
y las redes de interdependencia intrasistmica, a partir de las cuales
las asociaciones han incrementado significativamente su elasticidad
frente a determinados recursos, as como su capacidad de accin
colectiva. Como resultado de estas dos estructuras relacionales, las
asociaciones han potenciado su capacidad para establecer cursos de
34
Coleman (1988) ha ilustrado que se requiere de honradez en el entorno, es decir,
que las obligaciones relacionadas con la confianza y la reciprocidad contradas con los
dems sean pagadas de vuelta y sostenidas.
172
R ecursos relacionales y accin colectiva
accin, mejorar sus sistemas de aprendizaje, generar relaciones ms
horizontales con actores en otros medios sistmicos y permanecer en
el tiempo (Natal, 2010). Estas dos estructuras, conectividad intersis-
tmica y redes de interdependencia, han permitido a las asociaciones
chihuahuenses tener, presumiblemente, rendimientos sociales ms
altos que sus similares en otras partes del pas.
Los recursos relacionales
Como ya sealamos para la teora de dependencia de recursos, nin-
guna asociacin tiene todos los recursos que necesita, sean tangibles
o intangibles,35 por lo que debe obtenerlos de otras asociaciones y
actores del entorno, lo cual inevitablemente genera incertidumbre.
Una de las formas de reducir esta incertidumbre es construir
relaciones de confianza y reciprocidad con otros actores del entorno.
En este sentido, se espera que las asociaciones busquen fortalecer
sus redes de relaciones y volver ms permanentes y confiables sus
interconexiones; en la medida que esto sucede se van generando
subsistemas de interdependencia entre las asociaciones conectadas.
Entonces podemos hablar de un entramado social que le permite a
una asociacin acceder a los recursos estratgicos que precisa para
su desempeo. El entramado social es el conjunto de mecanismos
de vinculacin, las redes de solucin a los problemas, las coaliciones
y las redes de interdependencia que van desarrollando las asociacio-
nes a lo largo del tiempo. Cuando ciertos elementos del entramado
social dejan de ser propiedad de una asociacin o un subconjunto
de ellas y se encuentran a disposicin de un nmero amplio y diverso
de asociaciones, pueden considerarse bienes colectivos. A este tipo de
recursos los llamamos recursos relacionales en este documento.
Como ya vimos en los prrafos anteriores para el entorno asociati-
vo chihuahuense, dos tipos de recursos relacionales son destacables:
la conectividad intersistmica y las redes de interdependencia. No
35
Los recursos tangibles refieren a recursos financieros y materiales como inmue-
bles, documentos, equipo, entre otros, mientras los intangibles tratan de informacin,
conocimiento, valores, legitimidad, reconocimiento social, confianza, cooperacin, entre
otros. Se reconoce que la naturaleza y el grado de dependencia estarn determinados por
la importancia de los recursos, su abundancia relativa y la posesin de los mismos.
173
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
pretendemos decir que son los nicos recursos relacionales, ya que
sin duda se podrn explorar otros muchos, pero en este caso son
centrales para explicar por qu el entorno asociativo funciona como
lo hace en Chihuahua.
Un aspecto de particular importancia para entender estos recursos
relacionales se conforma a lo largo del tiempo. A travs de interac-
ciones continuas se van construyendo patrones de comportamiento
que se refuerzan a s mismos con las interacciones entre las asocia-
ciones. Estos patrones se transforman en una lgica asociativa que
se instala en la cultura local y define la estructura y las actividades
de las asociaciones.36
De la misma manera, como mostramos en la seccin anterior, tan-
to la conectividad intersistmica como las redes de interdependencia
promueven estructuras de mayor horizontalidad entre los miembros
y aliados en el caso de Chihuahua, al mismo tiempo que las redes de
interdependencia propician condiciones para la mutua innovacin
y el traslado de informacin y conocimiento, entre otros recursos
importantes. En este sentido, las redes de interdependencia pueden
observarse como estructuras articuladas mediante nodos (asocia-
ciones y/o sus miembros) conectados por interacciones basadas en
la confianza y reciprocidad (de los miembros de las asociaciones)
para lograr obtener y concretar el abastecimiento de los recursos de
que depende cada asociacin. La relevancia de un nodo depender,
en este caso, de la posicin que ocupe en la red y de la centralidad
de los recursos que pueda conseguir para su organizacin o para
otras asociaciones. Para el caso de Chihuahua, consideramos que la
constitucin de las cadenas de interdependencia suele estructurarse
de manera horizontal al considerar el flujo de recursos, como la
confianza y la reciprocidad, de manera ms o menos homognea,
lo que permite el acceso a otros recursos necesarios.
As, tanto las cadenas de interdependencia como las relaciones
interorganizacionales van generando dinmicas de retroalimentacin
positiva, reduciendo los costos de transaccin, especialmente los de
36
Desde una perspectiva organizacional, se entiende que un requerimiento para
el buen funcionamiento de las asociaciones se encuentra en la percepcin que stas
tengan sobre el conjunto de factores exgenos, los cuales, se reconoce, determinan sus
comportamientos y estructuras (Aldrich y Pfeffer, 1976; Terreberry, 1968).
174
R ecursos relacionales y accin colectiva
coordinacin y adaptacin,37 facilitando por tanto la cooperacin. Es
entonces, como se observa en Chihuahua, que se generan crculos
virtuosos de relaciones que reproducen el capital social integrador
(bonding) y fortalecen y mantienen a lo largo del tiempo las expe-
riencias asociativas. Esto refuerza la creencia de que los problemas
tienen soluciones colectivas y producen una cultura cooperativa,
entre otros valores sociales. Estos crculos virtuosos generan
tambin ms confianza y reciprocidad, que se traducen en mayor
cooperacin; como lo menciona Putnam: la confianza lubrica
la cooperacin, a mayor nivel de confianza en la comunidad, mayor
posibilidad de cooperacin, y la cooperacin en s genera confianza
(Putnam, 1993: 217).
Ms an, los recursos relacionales son importantes porque pre-
paran a las asociaciones para enfrentar un entorno adverso. En este
sentido, Skocpol (1999), en su anlisis de las asociaciones civiles
estadounidenses, descubre que a pesar de los cambios masivos so-
ciales, econmicos y polticos ocurridos en el entorno, las dinmicas
de retroalimentacin positiva que se dan a travs de estos recursos
relacionales (como alianzas y cooperacin) les permiten a las aso-
ciaciones sobrevivir, ya que crean atajos que les facilitan el acceso
a otros recursos alternativos (elasticidad de recursos) con los que
pueden resolver situaciones coyunturales (ver Durston, 2002; Lin,
2002). Esto les permite lograr rendimientos sociales cercanos a los
que buscaban y, de manera agregada, contribuye a la construccin
de un entorno ms flexible o amigable. Por el contrario, la ausencia,
o limitada presencia de recursos relacionales en un entorno asocia-
tivo, puede limitar la elasticidad de una asociacin ante situaciones
coyunturales o un entorno adverso.
37
En muchos casos los recursos que requieren las asociaciones son de carcter pblico
o pueden estar controlados por algn actor en particular; en ambos casos los mecanismos
para la toma de decisiones de las asociaciones se basan en las expectativas adaptativas, es
decir, lo que se espera que el otro haga o como regularmente se comporta implica la forma
de actuar y el rumbo que se determine. De igual manera, las asociaciones, al momento de
establecer negociaciones, intercambios e interacciones con una asociacin que controla
recursos ya sea porque los produce o porque los ha adquirido del entorno, basan
sus decisiones en la experiencia adquirida, la informacin, las relaciones previas o las
expectativas que les sugerirn cmo y hasta dnde relacionarse.
175
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
Otro factor es que los recursos relacionales pueden ayudar a las
asociaciones a reducir su dependencia de un solo actor o conjunto de
ellos. Esto es particularmente relevante en entornos donde un actor
o un grupo de ellos concentra recursos crticos para las asociaciones.
As, cuando los recursos relacionales presentan opciones alternativas
para el acceso y el uso de recursos pueden contribuir a fortalecer la
autonoma relativa de las asociaciones.38
De lo anterior se desprende, como se muestra en el caso chihua-
huense, que en un entorno asociativo en donde existen suficientes
recursos relacionales que les permiten a las asociaciones el acceso a re-
cursos, que les facilitan la consecucin de sus funciones y misiones
y que les dan flexibilidad y les reducen la dependencia es altamente
probable que una asociacin o actor social, al evaluar sus costos, opte
por actuar de manera cooperativa. ste sera es un entorno favorable39
para las asociaciones.
Sin duda que en un entorno de este tipo, como se puede deducir
del caso reportado, pueden existir an relaciones de dependencia
cuando una asociacin tiene necesidad de recursos que otras
controlan. Sin embargo, como muestra el caso de Chihuahua, en
un entorno favorable algunas organizaciones pueden mantener
el control de ciertos recursos estratgicos (como los financieros o
la legalidad) sin que existan relaciones de dominacin. Esto evita,
cuando existen recursos relacionales intersistmicos e intrasist-
micos, la captura y el control de dichos recursos y permite que el
entorno se desarrolle ms bien en funcin de una lgica de confianza
y reciprocidad (Casciaro y Piskorski, 2005).
38
La autonoma tiene un carcter relativo, ya que depende de las interacciones
organizacionales, pero es preferentemente tcnica, es decir, ocurre para la libre toma de
decisiones sin la intervencin de agentes externos.
39
Entendemos el entorno asociativo como la arena en donde las organizaciones
buscan reducir la incertidumbre en el flujo de recursos. La incertidumbre en un entorno
depender de la abundancia de los recursos, de la capacidad de la asociacin para ad-
quirirlos o controlarlos, ya sea mediante la competencia o la cooperacin o vinculacin
con los actores que los poseen y/o tienen (Natal, 2010; Pfeffer y Salancik, 1976), y de la
regulacin y estabilidad, o no, de la que goce el entorno.
176
R ecursos relacionales y accin colectiva
Comentarios finales
En este documento intentamos explorar los elementos del entrama-
do social que permiten que algunos rendimientos sociales puedan
fluir ms facilmente. En particular, nos enfocamos a analizar las
relaciones de las asociaciones con otros actores y con ellas mismas
a partir de lo que sucede en la ciudad de Chihuahua.
En nuestro sucinto recorrido por los eventos sociales recientes ms
importantes en la regin, encontramos evidencia de que la solidaridad
social que se ha ido construyendo trasciende las esferas sistmicas;
que existe una cultura de vinculacin con causas sociales tanto en
empresarios como en funcionarios pblicos y que los actores rele-
vantes en estos medios sistmicos son sensibles o estn permeados
por la importancia de la accin ciudadana. Presentamos cmo se
ha hecho evidente histricamente, en el caso particular del sector
empresarial, un mayor compromiso frente a los problemas pblicos
y una manifiesta confianza en las soluciones que surgen desde la
sociedad civil. En este documento mostramos tambin cmo la par-
ticipacin de las asociaciones en espacios de gobernanza les ha dado
acceso a informacin de manera oportuna, as como influencia en
el diseo de polticas pblicas y/o capacidad para incidir en los pro-
yectos y programas. A los fuertes vnculos que encontramos entre
las asociaciones, el gobierno y el sector empresarial le llamamos
relaciones intersistmicas.
Otro elemento que analizamos fue la alta conectividad y la interde-
pendencia en el propio sector de las asociaciones. Revisamos cmo
participan los miembros de una asociacin en otras asociaciones,
lo que ha generado un clima de dilogo, entendimiento y cohesin
significativo. A las redes de interdependencia que encontramos entre
las propias asociaciones les llamamos relaciones intrasistmicas.
A estos dos elementos, las relaciones intersistmicas e intrasist-
micas, los llamamos recursos relacionales, siguiendo la terminologa de
la teora de dependencia de recursos. Como argumentamos, estos
recursos son centrales para la conformacin del entorno asociativo,
ya que en ellos se hospedan, reproducen y materializan la confianza y
la reciprocidad. Ciertamente es difcil separar a unos de otros porque
177
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
estn profundamente relacionados. Sin embargo, distinguirlos no es
infructuoso, como esperamos haber probado en este texto.
Nuestros hallazgos apuntan a que la conectividad intersistmica
y las redes de interdependencia, son recursos relacionales que
permiten a las asociaciones tener acceso a otros insumos, bienes
y/o recursos estratgicos para realizar sus funciones, perseguir
sus misiones e influir en su propio entorno. Esto es importante
para el trabajo cotidiano de las asociaciones, pero es un elemento
central cuando los recursos son escasos o crticos por situaciones
coyunturales o por otros cambios hacia un entorno ms adverso.
Estos recursos relacionales son un factor explicativo sobre por
qu el entorno asociativo de Chihuahua es tan prometedor para las
asociaciones.
Entre los rendimientos sociales que este documento ha tratado
de hacer visibles para el caso de Chihuahua destaca la reduccin de
los costos de transaccin, ya que la conectividad intrasistmica e
intersistmica facilita el acceso a informacin relevante, simplifica
la coordinacin y favorece la conducta cooperativa de otros acto-
res. En este sentido, los recursos relacionales permiten reducir la
incertidumbre, facilitar los intercambios y potenciar la confianza
en los otros. Asimismo, otros bienes colectivos que surgen de los
recursos relacionales en Chihuahua tienen mayor horizontalidad,
mayor autonoma del sector asociativo, mutua innovacin, mayor
transferencia del conocimiento y experiencias organizativas,
mayor elasticidad y, sobre todo, una cultura en donde se valoran las
soluciones colectivas. Muchos de estos rendimientos sociales no
fueron fruto de una asociacin en particular, sino resultado de lo
que se ha ido construyendo en el sector. En conjunto, los recursos
relacionales y la produccin subsecuente de bienes, insumos o recur-
sos han contribuido a generar un entorno altamente favorable para
el asociativismo. As, los recursos relacionales pueden tambin darle
una cohesin y una consistencia significativa al sector para desa-
rrollar con mayor facilidad acciones colectivas, con lo que se estimula
y promueve la produccin de otros rendimientos sociales, no slo
en el marco individual del sector en su conjunto sino de la sociedad
misma.
178
R ecursos relacionales y accin colectiva
En este sentido, en el marco temporal de nuestro estudio po-
demos afirmar que la presencia de los recursos relacionales ha
contribuido a la produccin de bienes de carcter pblico, como la
democratizacin mediante la alternancia partidista en la entidad,
la defensa y proteccin de los derechos sociales de diferentes
sectores, la apertura del espacio pblico mediante la generacin de
polticas pblicas y la creacin de formas diversas de coordinacin
social, as como la promocin de la fiscalizacin de las acciones del
gobierno. Aunque estos temas slo han podido observarse a lo largo
de este documento como casos que ejemplifican los resultados de
las interacciones que tienen las asociaciones con los otros sistemas,
son relevantes porque promueven nuevas formas de convivencia
civil y poltica.
Finalmente, hay que decir que no pretendimos ser exhaustivos
en el estudio de los recursos relacionales y estamos seguros de que
puede haber una multiplicidad de ellos y que su anlisis merece
un abordaje ms amplio. Lo que intentamos fue mostrar que, en
el caso de la ciudad de Chihuahua, estos recursos estn contribu-
yendo decididamente a consolidar un entorno favorable para las
asociaciones y que por ello es imprescindible prestar atencin a
su desenvolvimiento para entender cmo funciona un entorno
asociativo cooperativo.
El valor de estudiar los recursos relacionales como estructuras a
travs de las cuales pueden materializarse la confianza y la recipro-
cidad para el trabajo cotidiano de las asociaciones es fundamental,
sobre todo cuando se trata de impulsar el desarrollo de entornos
asociativos favorables. Si bien la confianza y la reciprocidad son
constructos sociales difciles de aprehender y, por tanto, de repro-
ducir, los recursos relacionales son frmulas asociativas concretas
fcilmente organizables. Mientras resulta ambiguo hablar de promo-
ver la confianza o la reciprocidad, es mucho ms necesario pensar
en el diseo y la promocin de estructuras como las aqu llamadas
recursos relacionales que promuevan el dilogo y la cooperacin
entre actores de distintos sistemas y en mecanismos como la redes
de interdependencia que vinculen a las asociaciones sociales, co-
hesionndolas. En este sentido, el estudio del entorno asociativo
chihuahuense tiene enseanzas importantes que aportan mucho a
179
Carlos A. M artnez y A lejandro Natal
la teora, a la implementacin de polticas pblicas de fomento y al
sector asociativo en general. Esperamos que este texto haya des-
pertado el inters sobre los recursos relacionales y que presente a
los lectores algunas oportunidades para lneas futuras de investi-
gacin.
180
R ecursos relacionales y accin colectiva
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Socializacin, gobernanza y rendimiento
social en sistemas asociativos complejos1
Matilde Luna
Carlos Chvez Becker
Introduccin
E n el debate sobre las nuevas formas de coordinacin social,
la moderna nocin de gobernanza ha ganado terreno como
una alternativa de gobierno ms cooperativa y participativa que se
distancia del modelo jerrquico otrora hegemonizado por el Es-
tado. En efecto, la amplia y entusiasta recepcin del enfoque de la
gobernanza se ha manifestado en una multiplicidad de estructuras
de participacin de actores muy diversos que pueden operar tanto
en lo local (como en el modelo de los presupuestos participativos)
como en lo supranacional (como en la Comisin Europea).
En el debate sobre la gobernanza se le ha dado, no obstante,
relativamente poca atencin al tema de la socializacin, entendida
como un doble proceso de induccin e internalizacin de normas,
reglas y modelos de comportamiento de una comunidad.
En el presente texto nos proponemos explorar el alcance y po-
tencial de la socializacin en el fortalecimiento de las estructuras
1
Agradecemos los comentarios de Jorge Cadena Roa, Sara Gordon, Gloria Guada-
rrama, Alejandro Natal Martnez, Cristina Puga, Ricardo Tirado y Jos Luis Velasco a
las versiones previas de este trabajo.
187
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
de gobernanza. Proponemos que los mecanismos de socializacin,
como la negociacin, la argumentacin y la propia deliberacin, en
condiciones de reciprocidad, creciente igualdad discursiva y otros
elementos constitutivos de la interpretacin democrtica de la
gobernanza, pueden ser importantes para atenuar los riesgos que
en materia de legitimidad y representatividad tienen las estructuras
de gobernanza, y en general los sistemas asociativos complejos,
mejorando su rendimiento social.
En suma, abordamos el tema de la socializacin en el contexto
de los sistemas asociativos complejos y exploramos sus efectos po-
tenciales en su rendimiento social. Partimos de la concepcin de
las estructuras o redes de gobernanza como sistemas asociativos
complejos (sac), es decir, como sistemas asociativos abiertos,
relativamente autnomos y al mismo tiempo interdependientes en
relacin con las instituciones y organizaciones del entorno (el gobier-
no o las autoridades instituidas, los partidos, el mercado, la Iglesia,
los expertos, etc.).2 Estos sistemas se caracterizan por estar integra-
dos por una membresa heterognea de individuos, organizaciones
y grupos con identidad propia, as como por la interdependencia
de sus miembros para lograr una solucin a los problemas que los
convocan y afectan.
Consideramos que la socializacin permite aumentar el rendi-
miento social de los sistemas asociativos complejos por su eficacia
en la solucin de los problemas prcticos, que son de inters para una
diversidad de actores, y por su legitimidad, principalmente porque
la difusin de los valores democrticos entre los participantes en
las redes de gobernanza puede contribuir a la transmisin de estos
valores en las comunidades asociadas y, ms ampliamente, en el
resto de la sociedad.
Como se sabe, en el terreno prctico la amplia y entusiasta recep-
cin del enfoque de la gobernanza se ha materializado en una gran
diversidad de espacios de participacin de actores muy heterogneos
que pueden operar desde el nivel local hasta el supranacional, que
pueden ser de carcter sectorial o multisectorial. Esto ha dado lugar
2
Para un tratamiento ms amplio de las propiedades y caractersticas de los sistemas
asociativos complejos, vase Luna y Velasco (2010).
188
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
en el mbito acadmico a una enorme produccin de textos sobre
gobernanza.
Sin embargo, el tema de la socializacin ha sido escasamente
abordado, a pesar de que desde nuestra perspectiva puede jugar un
papel central en el funcionamiento y las posibilidades de xito o
fracaso de los sistemas asociativos complejos para resolver los pro-
blemas de orden pblico o los que son comunes a los muy diversos
participantes, as como en la construccin de su legitimidad, en algn
sentido democrtica.3
Este dficit puede explicarse porque la socializacin ha sido pensa-
da como un proceso que florece en sistemas cerrados y homogneos
(por ejemplo, Hooghe, 2005: 888), como la familia, la escuela, los
partidos polticos o las comunidades basadas en identidades fuertes
de carcter tnico, de gnero o de edad, todo lo contrario a lo que
es un sistema asociativo complejo. Esto nos conduce a plantear las
siguientes preguntas, que abordamos en el texto: En qu sentido
las estructuras o redes de gobernanza pueden ser consideradas
sistemas asociativos complejos? Cul es la naturaleza y el sentido
de la socializacin en su mbito? Cules son los mecanismos que
le son propios en este contexto? Qu condiciones especficas son
necesarias para un efectivo proceso de socializacin en el marco de
las estructuras o redes de gobernanza y de los sistemas asociativos
complejos en general? Cules son sus potencialidades y cules sus
limitaciones y de qu manera la socializacin puede contribuir a me-
jorar el rendimiento social de los sistemas asociativos complejos?
Para ilustrar nuestros planteamientos recurrimos a dos casos
distintos que ya hemos estudiado: el Claustro para la Reforma del
Estatuto del Personal Acadmico de la Universidad Nacional Aut-
noma de Mxico, unam (Luna, 2008),4 y la Unin de Comunidades
Indgenas de la Regin del Istmo, uciri (Chvez y Natal, 2012).
Como se ver ms adelante, tanto el Claustro una organizacin
institucionalmente localizada como la Unin de Comunidades
Indgenas de la Regin del Istmo un organismo de carcter
3
Nos referimos a la democracia deliberativa y participativa.
4
Esto se aborda tambin por Jos Luis Velasco en este mismo libro desde la perspec-
tiva de las formas de liderazgo en el contexto de los sistemas asociativos complejos.
189
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
regional subnacional pueden ser considerados sistemas asociativos
complejos, y en este sentido son comparables. Lo son no slo por el
alto nivel de heterogeneidad de sus miembros sino particularmente
por su alto grado de autonoma con respecto a las autoridades
instituidas y por la gran interdependencia entre sus miembros, para
resolver los problemas que los afectan. En ambos casos se trata de
organizaciones orientadas por un fin especfico: la resolucin de un
problema y/o un conflicto. Las organizaciones estn conformadas
por representantes de los grupos o categoras de sujetos afectados
directamente. Cada caso, sin embargo, ilustra distintos alcances en
sus procesos de socializacin: mientras que el Claustro tuvo un
alcance limitado, en la uciri el proceso de socializacin poltica ha
redundado en buena medida en una mayor eficacia y legitimidad.5
Sobre las estructuras de gobernanza
como sistemas asociativos complejos
En las ltimas dcadas, el concepto de gobernanza ha ganado
una presencia fundamental en distintos mbitos (Pierre y Peters,
2005: 1). En el nivel terico, es usado en las relaciones interna-
cionales, en las discusiones sobre gestin pblica, en la economa
poltica, en la gestin empresarial, en el anlisis de las polticas p-
blicas, en cuestiones urbanas, entre otros (Natera, 2005: 757 y 758).
Desde el campo de la ciencia poltica, Pierre y Peters (2005: 5)
argumentan que la gobernanza es el producto de la combinacin
de cuatro actividades clsicas en la tarea de gobernar: 1. La articu-
lacin de un conjunto de prioridades comunes de la sociedad, 2. La
coherencia y coordinacin entre dichas prioridades, 3. La capacidad
de conduccin y coordinacin para alcanzar esos objetivos, y 4. La
rendicin de cuentas sobre los resultados obtenidos. Sin embargo,
para estos autores la gobernanza es un nuevo entendimiento entre
la sociedad y el Estado en la bsqueda de intereses colectivos. Esto
5
Una descripcin general de cada una de estas organizaciones se encuentra en los
cuadros 1 (p. 195) y 2 (p. 202).
190
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
implica la resolucin de conflictos y la generacin de consensos
entre diversos actores.
Desde esta perspectiva, pero ampliando su alcance, la gobernanza
se puede ver como un mtodo ms inclusivo y cooperativo para la
solucin de problemas comunes por diversos actores, no necesa-
riamente estatales. Empricamente, en todas partes se encuentran
ejemplos de espacios, redes o estructuras de gobernanza. En todos
los niveles del plano institucional, local, nacional o supranacional se
reproducen esfuerzos de coordinacin plural o multisectorial en los
que participan actores diversos, muchas veces con posiciones contra-
dictorias, para solucionar problemas especficos. Consejos, comits,
redes, comisiones, sistemas, federaciones, coaliciones, pactos, alianzas,
ejes, conferencias, entre muchos otros, son figuras que ejemplifican
la participacin de actores estatales y no estatales en las redes, los
espacios o las estructuras de gobernanza.
De manera general, podemos decir que las estructuras de gober-
nanza estn orientadas a la resolucin de conflictos o problemas que
no han podido ser resueltos por los cauces polticos instituidos (es
decir, la autoridad legal o los representantes autorizados) mediante
decisiones colegiadas, y por lo tanto su propsito fundamental es
contribuir a generar un orden social a partir de acuerdos colectivos.
Son generalmente estructuras de carcter temporal, pero tambin
pueden estar diseadas para abordar problemas o asuntos que
requieren el concurso de una diversidad de actores, como las pol-
ticas de innovacin o seguridad, que pueden tener un carcter ms
duradero. Incluso pueden surgir de estructuras organizacionales
existentes que mutan a formas menos formales o menos rgidas
para atender de mejor manera los problemas para los que fueron
creadas. Pueden nacer en el mbito pblico, social o mercantil, y se
caracterizan por contar con actores de dichas esferas interesados
en las cuestiones de que se ocupan. Tambin pueden tener su ori-
gen en la necesidad de agrupar de manera ms o menos formal a
organizaciones dispersas que enfrentan una problemtica comn o
muy similar. No obstante, ya sean estructuras de carcter sectorial
o multisectorial, transitorias o ms o menos estables en el tiempo,
lo que las caracteriza no es la homogeneidad de sus miembros, sino
191
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
su heterogeneidad y la diversidad de posiciones que ponen en juego
en relacin con el asunto que abordan.
Son sistemas asociativos permeables en principio a la diversidad,
ms que cerrados o monolticos, que se mueven a travs de fronteras
territoriales, institucionales o identitarias y que no necesariamente
tienen un objetivo o una meta predeterminada (Luna y Velasco,
2010). Dicho de otra manera, en la bsqueda de soluciones a proble-
mas comunes, las redes de gobernanza involucran la comunicacin y
la interaccin entre individuos y colectividades con diferentes ideas
y posiciones, o incluso diferentes lgicas o lenguajes.
Algunos ejemplos de las estructuras de gobernanza de carcter
multisectorial son las redes de polticas de innovacin o de gnero
y ciertos organismos de planeacin del desarrollo. Pero tambin
las hay de carcter sectorial, como las redes de organizaciones de
derechos humanos, que tienen diferentes posiciones con respecto
a las polticas que deben prevalecer en la materia.
A continuacin describimos brevemente cada uno de los casos:
el Claustro para la Reforma del Estatuto del Personal Acadmico y
la uciri, para observar cmo surgieron, cul ha sido su trayectoria
organizacional y en qu sentido pueden ser concebidos como estruc-
turas de gobernanza y como sistemas asociativos complejos.
El Claustro para la Reforma del Estatuto del Personal Acadmico
El Claustro fue creado a finales de 2004 en la unam por mandato de
la mxima autoridad colegiada universitaria, el Consejo Universitario.
Era una estructura temporal con el mandato especfico de elaborar
una propuesta de reforma al Estatuto del Personal Acadmico que
diera salida a un clima poltico de alta conflictividad, que ya haba
paralizado a la universidad en diversas ocasiones, de desconfianza
entre los acadmicos, y entre stos y las autoridades universitarias,
y de falta de legitimidad y representatividad de los rganos de de-
cisin establecidos. Con este propsito se organizaron elecciones
para que las diferentes figuras del personal acadmico eligieran a
sus representantes para integrar el Claustro mediante el voto libre,
directo y secreto; se dise un esquema de composicin que fuera
representativo de las diferentes figuras acadmicas, incluyendo las
192
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
que no tenan representacin en los rganos colegiados estableci-
dos (como los tcnicos acadmicos y los profesores de asignatu-
ra), los diversos campos del conocimiento y los distintos niveles
educativos. Tambin se determin que las principales decisiones
fueran tomadas por el pleno (la asamblea), por consenso o por una
mayora calificada de dos tercios de sus integrantes, lo que gener
condiciones para la deliberacin.
Aunque el Claustro fue creado por mandato de las autoridades
instituidas, que proveyeron la infraestructura necesaria para su
funcionamiento (como el espacio para las reuniones, el apoyo secre-
tarial para convocar a los integrantes y un sistema de comunicacin
interna), se le dio una considerable autonoma interna para definir
sus propias reglas de operacin y sus formas de trabajo, el tiempo de
duracin para cumplir con su objetivo y para elegir a quienes coor-
dinaran sus actividades (la Junta de Coordinacin), cuya integracin
poda ser rotativa. La relativa autonoma del Claustro con respecto
a las autoridades universitarias, particularmente a las unipersonales
(el rector, los funcionarios y los directores de escuelas, facultades e
institutos), se expres en una mnima representacin estas ltimas,
apenas cercana a 5% del total de los integrantes con derecho a voz y
voto, que en combinacin con la regla de mayora calificada limitara
el control del Claustro.
Si bien la temporalidad del Claustro no se estableci de antema-
no, el clculo mximo inicial tanto de las autoridades universitarias
que participaron en su diseo como de los propios integrantes no
pasaba de doce meses, por lo que se estableci que los miembros
de la Junta de Coordinacin fueran cambiados o ratificados en su
cargo por los integrantes de la asamblea cada tres meses y que no
hubiera nuevas elecciones generales para la integracin del Claus-
tro. Sin embargo, los trabajos se prolongaron por cinco aos, du-
rante los cuales varios de sus integrantes lo abandonaron, lo que
fue haciendo cada vez ms difcil alcanzar los dos tercios de votos
del nmero original de integrantes requeridos, lo que favoreci la
negociacin y el veto, as como el encapsulamiento del Claustro
con respecto a sus representados.
El Claustro Acadmico se convierte, entonces, en una estructura
de carcter sectorial localizada institucionalmente en tanto se integra
193
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
por un conjunto de representantes del personal acadmico de
una institucin de educacin superior, la unam. Puede ser consi-
derado una estructura de gobernanza debido a que est orientado
a la resolucin de un conflicto (la postergada reforma del Estatuto
del Personal Acadmico) que no pudo ser resuelto por los cauces
institucionales. Puede ser considerado tambin como un sistema
asociativo complejo por su nivel de heterogeneidad y la diferencia-
cin funcional de sus miembros (profesores, investigadores, tcnicos
acadmicos, autoridades universitarias), con diferentes concepcio-
nes, motivaciones, intereses y problemas relativos a la regulacin
de la actividad acadmica en la institucin, y en este caso particular
tambin conflictivas. Tiene un significativo nivel de autonoma e
interdependencia con respecto a las autoridades universitarias y
otros rganos colegiados de autoridad, as como un considerable
grado de interdependencia entre sus miembros para cumplir con el
mandato que le dio origen.
La Unin de Comunidades Indgenas de la Regin del Istmo
La uciri surge de una necesidad urgente: atender la precaria situacin
en la que vivan miles de productores de caf y sus familias, que, por
un lado, resintieron las graves cadas de los precios del caf a finales de
los ochenta en Mxico y, por otro, eran vctimas de la expoliacin por
parte de acaparadores, usureros y coyotes de la regin. El objetivo
primordial de la organizacin, creada en 1983, fue disear e imple-
mentar estrategias para mejorar las condiciones de comercializacin
del caf por parte de los productores indgenas de la Sierra Jurez en el
estado de Oaxaca. Inicialmente, la uciri se conform por un puado
de productores de no ms de diez comunidades de algunos munici-
pios de la zona. A casi treinta aos de su creacin, la organizacin
ha vivido un proceso de crecimiento importante, ya que hoy en da
congrega a unos 2200 productores de cerca de sesenta comunidades
ubicadas en veinte municipios de Oaxaca. La estrategia ms impor-
tante que puso en marcha la uciri para cumplir con su objetivo fue
la bsqueda de oportunidades comerciales en el extranjero. Este
proceso rindi frutos paulatinamente, ya que pudo vender mayo-
res volmenes de caf de sus socios en mercados principalmente
194
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
europeos, en Japn y Estados Unidos. Los clientes de la uciri no son
comunes, debido a que pertenecen al mercado-movimiento global de
Comercio Justo.
Tambin conocido como el mercado alternativo, Comercio Justo
se caracteriza por apoyar a los productores de los pases en desarro-
llo a travs de la adquisicin de sus productos de una manera ms
directa, es decir, de la eliminacin de la mayor cantidad posible de
intermediarios.6 La uciri es parte de dicho movimiento, cuya or-
ganizacin ms importante es FairTrade International (flo). Esta
organizacin agrupa a una amplia gama de participantes involucrados
(stakehokders) en Comercio Justo y una de sus funciones bsicas es
vigilar el cumplimiento de los acuerdos comerciales y los estndares a
los que se compromete cada grupo. En el caso de las organizaciones
de productores, como la uciri, sus compromisos estn relacionados
fundamentalmente con aspectos productivos, medioambientales,
organizativos y laborales.
Hay una serie de estndares que las organizaciones deben cumplir
para poder recibir, o seguir recibiendo, el precio de garanta que
ofrece Comercio Justo. En este caso, las clusulas que resultan de
inters son las relacionadas con la democracia, la participacin y la
transparencia, ya que todas las organizaciones de productores de
Comercio Justo estn obligadas a tener estructuras democrticas
y una administracin que permita a los miembros y al consejo te-
ner un control efectivo sobre el manejo de la organizacin (flo,
2012: 34). Para corroborar esto, las organizaciones estn abiertas a
inspecciones peridicas por parte de los oficiales de FairTrade Inter-
national. En las visitas de los inspectores se constata que al menos
una vez al ao haya una asamblea de los socios o los representantes,
que la mxima autoridad ejecutiva sea electa democrticamente y
que existan mecanismos de transparencia y rendicin de cuentas.
De aqu se desprende un tema que ha generado polmica en la
literatura sobre Comercio Justo (Fridell, 2007; Renard, 2005; Jaffee,
2007): la autonoma de las organizaciones. Por un lado se sostiene
que este mecanismo reproduce las relaciones coloniales entre ac-
6
Arditi y Chvez (2006) hacen una explicacin amplia del funcionamiento y los
componentes de Comercio Justo.
195
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
tores de pases desarrollados y pases en desarrollo; por el otro se
afirma que no hay otra alternativa, ya que Comercio Justo no est
dispuesto a apoyar a organizaciones antidemocrticas, corporativas
o clientelares controladas por liderazgos que sacan provecho de los
productores. Sin embargo, la uciri queda aislada de esta polmica
hasta cierto punto, ya que en muchas ocasiones sigui el modelo
organizacional de productores para definir los estndares del mer-
cado alternativo (Chvez, 2011). Con todo, la uciri es bastante
autnoma en relacin con una buena parte de las organizaciones
que componen el movimiento campesino en Mxico, ya que surgi
al margen de las redes corporativas del Partido Revolucionario
Institucional (pri); en un momento en que los tentculos de este
partido eran todava muy poderosos, pudo romper las redes de
control econmico que tendan los caciques y acaparadores locales y
evit la dependencia de los subsidios gubernamentales (muy escasos
de cualquier forma) en gran medida gracias al flujo de divisas que
signific su trato con Comercio Justo y la venta de su produccin
en mercados internacionales alternativos.
Por todo esto, concluimos que la uciri tambin puede ser vista
como una estructura de gobernanza porque fue creada para en-
frentar una problemtica comn: la baja de los precios del caf y,
por consiguiente, la imposibilidad de numerosos productores ind-
genas de sostenerse a s mismos y sus familias con dicha actividad,
problema al que se suma la falta de apoyo gubernamental. De igual
manera que el Claustro, la uciri puede ser considerada un sistema
asociativo complejo por su relativamente alto nivel de autonoma
con respecto a las instituciones del Estado y porque aglutin actores
sumamente heterogneos y diversos, como indgenas de diferentes
etnias (zapotecos, chontales, mixes, chatinos y mixtecos, que incluso
presentan diferencias lingsticas que pareceran infranqueables),
productores de caf con muy variables capacidades productivas
y extensiones territoriales o con lugares de residencia dispersos y
muy alejados.
En el cuadro 1 presentamos de manera sinttica los aspectos orga-
nizacionales ms relevantes de los casos estudiados.
196
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
Cuadro 1
Aspectos generales de los casos considerados
Claustro acadmico
uciri unam
Tipo Asociacin autnoma de Organizacin del personal
productores indgenas acadmico relativamente
de caf. autnoma.
Origen Enfrentar los bajos precios Impulsar una reforma
del caf y la falta de apoyo universitaria en un clima
gubernamental a la de profunda desconfianza
produccin agrcola. entre las autoridades
universitarias y los
acadmicos, y entre los
mismos acadmicos, para
impulsar una reforma
universitaria.
Tarea Mejorar los precios del caf. Elaboracin de un nuevo
Estatuto del Personal
Acadmico.
Principales propsitos Mejorar las condiciones Regulacin
funcionales de comercializacin del caf.
mbito Regional (Sierra Jurez, Institucional-sectorial
Oaxaca, Mxico) (unam).
Duracin De 1983 a la fecha. 5 aos (2005-2009)
Universo total 2200 productores de caf. 31464 acadmicos.
(representado)
Fuente: Elaboracin propia.
Por ltimo, y para cerrar esta seccin, conviene aclarar que de
cualquier forma no todas las estructuras de gobernanza alcanzan
el estatus de sistemas asociativos complejos, es decir, no siempre
presentan niveles significativos de autonoma e interdependencia
entre sus miembros y entre stos y las instituciones y organizaciones
del entorno, aunque comparten varias de sus caractersticas. ste es
un problema que solamente puede desentraarse empricamente,
pero como punto de partida contribuye a entender mejor el funcio-
namiento de las estructuras de gobernanza.
197
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
Sobre la naturaleza de la socializacin (poltica)
en los sistemas asociativos complejos
El concepto de socializacin, construido y empleado fundamental-
mente en la psicologa social, ha sido adoptado de manera paulatina
en otras disciplinas, entre las que destacan la ciencia poltica y las
relaciones internacionales. Desde este mbito, la categora ha sido
particularmente til para definir procesos de distribucin y reparto
social en varios sentidos, niveles y esferas. En la ciencia poltica, el
concepto fue rescatado inicialmente en uno de los trabajos paradig-
mticos en la discusin sobre el cambio de rgimen y la construccin
de sistemas democrticos, el clebre Transiciones desde un gobierno
autoritario, editado por ODonnell y Schmitter (1986). En el cuarto
volumen de la obra, en el que se plantean conclusiones tentativas
sobre la mecnica del cambio de rgimen, los autores exponen que
de manera general, y con las peculiaridades propias de cada contexto
histrico, en los distintos regmenes polticos las transiciones desde
un gobierno autoritario pueden llevarse a cabo a travs de diferentes
etapas sucesivas. El proceso arranca con el periodo de liberalizacin
y posteriormente se da la lucha por la democratizacin. Una vez
alcanzada la democracia se busca la consolidacin del nuevo rgi-
men y finalmente se vive un proceso de socializacin que reparte y
disemina entre la poblacin los beneficios y valores de la vida y la
cotidianidad democrtica.
La idea de socializacin ha sido utilizada tambin por algunos
autores como Risse, Ropp y Sikkink (1999: 5) para explicar cmo
son internalizadas e implementadas en cada pas las normas inter-
nacionales sobre los derechos humanos. Se trata de un anlisis que
considera tres procesos de socializacin: adaptacin instrumental y
negociacin estratgica; concientizacin y convencimiento moral a
travs de la argumentacin, el dilogo y la persuasin, e instituciona-
lizacin y habituacin. Por su parte, Tina Freyburg (2009) sostiene
que la socializacin es un proceso fundamental en la difusin y am-
pliacin de la gobernanza democrtica en regmenes autoritarios. En
su trabajo, Freyburg defiende la posibilidad de una versin poltica
pero ms concretamente democrtica de la socializacin, y la
198
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
define como el proceso de cambio de actitud de una comunidad
o un individuo hacia la gobernanza democrtica como una conse-
cuencia de la exposicin sostenida a reglas y prcticas decisorias
democrticas (2009: 5).7
Con estas preocupaciones y para los propsitos de este trabajo,
al hablar de socializacin en el contexto de los sistemas asociativos
complejos nos referimos a la socializacin poltica, es decir, al proce-
so mediante el cual los individuos adquieren o adoptan (interiorizan)
actitudes polticas y valores propios de una determinada comuni-
dad. Los sistemas asociativos complejos, en este sentido, constituyen
agencias o espacios de socializacin directa.
La socializacin, en el contexto de los sistemas asociativos com-
plejos, no ocurre de la misma manera que en los sistemas cerrados
y con una membresa relativamente homognea. En estos sistemas
cerrados, la socializacin supone un proceso unidimensional de
induccin de normas y reglas de una comunidad plenamente esta-
blecida cuya principal funcin es la homogeneizacin de patrones
de comportamiento de sus miembros, que en este caso fortalece
la identidad de la organizacin y contribuye sustantivamente a la
cohesin de los participantes.
Para entender la socializacin en el marco de los sistemas asocia-
tivos complejos, dos conceptos son centrales: la resocializacin y la
socializacin recproca. As, en los sistemas asociativos complejos, en
donde la comunidad se forma a partir de la interaccin de miembros
con diferentes identidades, intereses y culturas polticas arraigadas,
ocurre lo que Maximilian Terhalle (2011) llama al estudiar la
gobernanza global la socializacin recproca, en la que los
poderes emergentes son socializados dentro de un cierto orden al
mismo tiempo que lo remodelan. En estos casos la funcin principal,
puede deducirse, no es la homogeneizacin, sino la bsqueda de
consensos que preserven las diferencias de los miembros. No se trata
de sumar las voluntades individuales sino de agregar las diferencias
significativas. Consecuentemente, el aprendizaje, un elemento bsico
de la socializacin, adquiere un carcter interactivo y dialctico.
7
Traduccin propia.
199
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
La descategorizacin de los subgrupos, como la llama Terhalle
para referirse al proceso de socializacin que elimina la distincin
nosotros-ellos, o la desdiferenciacin, como la llama Loet Ley-
desdorff (1997), tienen como resultado un sistema de segundo
orden que no corresponde ya a los cdigos y valores de los grupos
y esferas que conectan, y que si bien deben preservar la autonoma
de los miembros suelen revelar una significativa interdependencia
entre ellos para llegar a acuerdos y, eventualmente, a la solucin del
problema que los convoca y afecta. En cierta forma tambin hay
un proceso de resocializacin, en el sentido de que los participantes
abandonan o suspenden temporalmente patrones previos de com-
portamiento (propios de los grupos o comunidades primarias, es
decir, de las que proceden) y aceptan nuevos.
En tanto que los sistemas asociativos complejos atraviesan fron-
teras identitarias, institucionales y/o territoriales, no es la identidad,
como en los sistemas cerrados y homogneos, lo que constituye la
base de la cohesin entre los participantes, o en todo caso suele ser
relativamente dbil y cambiante. En los sistemas asociativos comple-
jos es la confianza mutua tanto como la prctica deliberativa lo que
solidifica la estructura y soporta el compromiso con los propsitos
de la organizacin.
Sobre los mecanismos de socializacin poltica
Hablamos de mecanismos de socializacin poltica para referirnos
a los dispositivos que facilitan la adaptacin y el aprendizaje de los
valores y las actitudes polticas de una determinada comunidad. En
los sistemas asociativos complejos, sostenidos por estructuras ms
o menos temporales orientadas a la solucin de problemas o con-
flictos, dos mecanismos de socializacin poltica privilegiados son
la deliberacin y la negociacin.8 Esto se explica por su importancia
8
Vase Zrn y Checkel (2005), que junto con el juego de roles aluden especficamente
a la negociacin y la argumentacin como mecanismos de socializacin; Terhalle (2011),
que se centra en el problema de la renegociacin, y Luna y Velasco (2010), que junto con
la confianza y la traduccin aluden a la deliberacin y la negociacin como mecanismos
caractersticos de integracin de los sistemas asociativos complejos.
200
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
como espacios de creacin de consensos y acuerdos entre actores
relativamente autnomos, y porque el consenso, a diferencia de
la unanimidad o las decisiones de mayora, permite preservar la
identidad y la autonoma de cada uno de los diversos participantes,
quienes en cierta medida actan como representantes o sujetos
representativos de diferentes posiciones o posturas en juego.
El consenso, expresado en acuerdos sobre los cuales no hay
oposicin expresa de ningn participante, marca un momento (o
el momento) de estabilizacin del sistema, que entendida desde la
perspectiva de la teora del actor-red (vase Stadler, 1997) implica
un movimiento de convergencia que supone la creacin de un
lenguaje comn, o ms propiamente, de un sistema de traduccin
(vase tambin, en este sentido, a Leydesdorff, 1997). De aqu
la importancia de la resocializacin, o el abandono al menos
temporal de patrones de comportamiento, normas y valores pro-
pios de las comunidades de referencia o grupos representados por
los participantes, ya sean burocrticos, corporativos, clientelares,
carismticos o tradicionales.
Como se ha destacado en la literatura, la deliberacin, basada en
el uso intensivo de recursos como el tiempo, la energa, la atencin,
la informacin y el conocimiento, suele tener un dficit de eficiencia,
y puede llegar incluso a la imposibilidad de tomar decisiones,9 pero
precisamente por la inversin de este tipo de recursos personales
que requiere se ha considerado como una actividad que refuerza el
funcionamiento del sistema y el compromiso de los participantes
en la bsqueda de un objetivo comn.10 Ms an, se piensa que el
tiempo y los otros recursos que se invierten en los procesos delibe-
rativos pueden generar formas y mecanismos de comunicacin que
signifiquen, a ms largo plazo, procesos de simplificacin y, por lo
tanto, de ahorro de dichos recursos.
Al ser la deliberacin el mecanismo privilegiado de socializacin,
son las normas asociadas a dicho mecanismo los referentes de la
9
En los casos estudiados, la mayor parte del tiempo invertido en las discusiones se
dedica al debate de las reglas de decisin, es decir, a cmo hay que decidir, mucho ms
que al contenido mismo de las decisiones.
10
Jachtenfuchs (2006) se refiere, por ejemplo, a la deliberacin como a self-enforced
activity.
201
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
socializacin. Entre ellas son importantes la tolerancia, la igualdad,
la reciprocidad, el respeto a los intereses legtimos de los otros
y la apertura. La generacin de una confianza capaz de trascender
diferentes culturas, as como la prctica reflexiva libre y prudencial,
constituyen tambin elementos indispensables para solidificar re-
laciones que no estn basadas en una identidad fuerte.
En los dos casos que presentamos aqu, en los que las princi-
pales decisiones son tomadas mediante el consenso activo de los
participantes, encontramos un proceso de resocializacin derivado
fundamentalmente de la puesta en prctica de mecanismos delibe-
rativos.
El proceso de socializacin desarrollado en la uciri consisti en
la incorporacin de numerosos socios a la estructura organizativa
y al rgano superior en la toma de decisiones, la asamblea central,
en donde confluyen las representaciones de cada comunidad. Esta
incorporacin permiti un proceso de internalizacin de valores
y prcticas organizativas a los que muchos socios no estaban
acostumbrados. Si bien en las comunidades indgenas en donde la
organizacin tiene membresa los llamados usos y costumbres
prevn espacios y mecanismos polticos de decisin y deliberacin
amplios que fueron re-utilizados en la uciri,11 en la asamblea
central se pusieron en marcha tambin mecanismos y formas orga-
nizativas poco comunes en la regin. Nos referimos a los operativos,
como la introduccin de tcnicas parlamentarias para la conduccin
de los debates, la estabilizacin y periodizacin de mecanismos de
transparencia y rendicin de cuentas, la invitacin a expertos12 en
11
Fundamentalmente la construccin del consenso como forma prioritaria y prc-
ticamente exclusiva de tomar decisiones y a la deliberacin como el mecanismo que se
utiliza para lograrlo.
12
Cabe mencionar que los expertos juegan un papel importante en la uciri, ya que
colaboran de manera directa con la organizacin y con el consejo central de adminis-
tracin, principal rgano ejecutivo. Participan en las asambleas generales con voz pero
sin voto, aunque esto no es una gran diferencia porque prcticamente todas las decisiones
en la uciri se toman por consenso. La particularidad del grupo de expertos tcnicos de la
organizacin es que casi todos ellos son tambin socios y productores de caf. Esto es as
porque los mbitos en que radica la especializacin de la organizacin se desarrollaron y
probaron mientras se fue consolidando la uciri: produccin orgnica, mercados interna-
cionales alternativos, relaciones comerciales de mayor calado, organizacin democrtica
interna, etc. Es decir, la uciri es pionera no slo en Mxico sino prcticamente en todo
202
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
diversas materias para enriquecer los debates, entre otros. Con esto
se cre un espacio de deliberacin y decisin complejo en donde
los socios de la organizacin (representantes de las comunidades en
donde son elegidos y que cambian cada ao) aprenden una nueva
forma, distinta a la que estaban habituados, de accin colectiva. Por
lo tanto, se puede decir que dicho espacio, la asamblea central de la
uciri, configura, desde cierto ngulo, un hbrido en el que se fun-
den mecanismos y prcticas organizacionales propias de los usos y
costumbres indgenas de la regin y mecanismos y prcticas de corte
parlamentario. Lo interesante es que los socios de la organizacin
que fungen como representantes de sus comunidades han tenido
que habituarse paulatinamente a este nuevo y particular modo de
hacer las cosas. Sin embargo, este proceso no se ha traducido, como
ocurre a menudo en casos similares, en una separacin profunda
entre representantes y representados.
En el caso del Claustro, integrado por representantes electos en
votacin universal, libre, directa y secreta de las diferentes figuras
acadmicas, se estableci que las decisiones fueran tomadas por
consenso o por una mayora calificada de dos tercios de los integran-
tes. Ambos procedimientos propiciaron en la prctica un entorno
altamente deliberativo. Aunque con una estructura de representacin
de corte corporativo, basada en la divisin funcional de las distintas
figuras acadmicas y proclive a la mera negociacin poltica, esa nor-
ma se tradujo en un esfuerzo considerable y continuo de deliberacin
para alcanzar acuerdos no solamente sobre los temas sustantivos
de la reforma sino tambin debido a la autonoma del Claustro
para disear su propio reglamento de funcionamiento sobre sus
normas operativas. Como en el caso de la uciri, se establecieron
reglas de corte parlamentario para ordenar la discusin, pero, a di-
ferencia de lo sucedido en esa organizacin, se produjo una ruptura
el mundo en estos temas. Los propios socios de la organizacin disearon y modelaron,
en cierta forma, los mecanismos y protocolos para hacer operativos estos aspectos a nivel
internacional. Incluso, muchos de los expertos y asesores, socios de la uciri, apoyan
a otras organizaciones mexicanas, como la Unin Majomut, la Tosepan Titataniske,
Redcafs y otras en pases como Guatemala, Nicaragua, Per. Son consultados con
frecuencia por las organizaciones globales que nutren el tejido asociativo de Comercio
Justo en todo el mundo.
203
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
entre los representantes y los representados, a la que contribuy una
estructura de representacin rgida y, en la prctica, excesivamente
autnoma con respecto a los representados.
Cuadro 2
Principales mecanismos de coordinacin,
decisin y representacin
Claustro Acadmico
uciri de la unam
Instancia central Coordinacin: Consejo Coordinacin: Junta
de coordinacin Central de Administracin de Coordinacin.
y decisin Decisin: Asamblea Decisin: Asamblea.
Central.
Instancia de coordinacin: Consejo Central de Admi- Junta de Coordinacin:
membresa nistracin: 3 socios de la 10 representantes
y composicin organizacin. de los representantes.
Asamblea Central: 60 indi- Asamblea (105 indivi-
viduos: 53 provenientes de duos): 100 representantes
cada una de las comunida- elegidos entre las diferen-
des en las que uciri tiene tes figuras acadmicas
membresa, 3 miembros y 5 representantes de las
del Consejo Central de Ad- autoridades centrales
ministracin y 4 miembros de la unam.
del consejo de asesores
(quienes tienen derecho a
voz pero no a voto).
Decisin Colectiva (consenso Colectiva (consenso activo
activo). o mayora calificada de dos
terceras partes del total
de los miembros).
Principales mecanismos Deliberacin Deliberacin
de socializacin y negociacin.
Mecanismos de rendicin S. No.
de cuentas
Mecanismos 1 comunidad = 1 represen- 1 individuo = 1 voto
de representacin tante = 1 voto. No-rotativo, permanente.
El rol de representante (Los representantes se
dura un ao y es rotativo. eligieron una vez y no
cambiaron.)
Fuente: Elaboracin propia
204
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
Sobre las condiciones necesarias
para un efectivo proceso de socializacin
Los procesos de socializacin entendidos as requieren de una serie
de condiciones para cristalizarse, las cuales se enuncian a conti-
nuacin. En primer lugar, es indispensable que los participantes
mantengan un cierto nivel de autonoma, tanto con respecto a
los dems miembros de la organizacin como con sus grupos de
referencia. Esta autonoma es indispensable para que expresen
libremente sus opiniones y redefinan, en su caso, sus posiciones por
el convencimiento, la persuasin o la negociacin. Es importante
insistir en que se trata de una autonoma relativa en la que los par-
ticipantes no actan como simples delegados o mensajeros de las
decisiones adoptadas en sus comunidades de origen, pero tampoco
como individuos independientes desligados de las aspiraciones e
intereses de los grupos que representan o por los que abogan. En
este sentido, es indispensable que existan mecanismos constantes
y recurrentes de rendicin de cuentas y de responsabilidad ante los
grupos de origen.
La ausencia de estos mecanismos, como en el caso del Claustro,
propici una excesiva autonoma de sus miembros en relacin con
sus grupos de referencia y afect tanto los alcances de la sociali-
zacin poltica como la eficacia de la organizacin. En cambio, su
presencia en la uciri tuvo un efecto contrario en los alcances de la
socializacin poltica.
Tambin se requieren condiciones institucionales que propicien
la interaccin regular y peridica entre un conjunto relativamente
estable de participantes (Schmitter, 2001) y permitan las relaciones
cara a cara, que adems de favorecer el reconocimiento de las
percepciones, preocupaciones y preferencias de sus interlocutores,
genere confianza entre los miembros, favorezca el aprendizaje de
habilidades polticas y propicie un compromiso con el mismo pro-
ceso deliberativo. Estas condiciones se cumplen en ambos casos, en
los que adems se introdujeron normas de corte parlamentario que
favorecieron la igualdad discursiva.
Tambin es importante instrumentar normas para la rotacin
de funciones y de direccin entre los miembros para favorecer la
205
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
igualdad y horizontalidad en la toma de decisiones. Esto se cumpli
en ambos casos. La comparacin tambin mostr la conveniencia
de rotar las posiciones de representacin entre los integrantes de
las comunidades de referencia. Mientras que en el Claustro los re-
presentantes de las diferentes figuras acadmicas fueron siempre los
mismos, en la uciri se instrument la rotacin de la representacin
entre los miembros de las comunidades primarias. Lo sucedido en el
primer caso increment la cohesin entre los miembros del Claustro
y favoreci una cierta identidad de grupo, a pesar de las significativas
diferencias de sus miembros, pero tambin propici el cierre del sis-
tema y el consecuente distanciamiento de los integrantes del Claustro
con respecto a sus comunidades de referencia, y a la comunidad
acadmica de manera ms general. Este problema se agrav ante la
falta de mecanismos efectivos de rendicin de cuentas. En el caso
de la uciri, el mecanismo tuvo un efecto difusor de la socializacin
y favoreci la eficacia de la organizacin, as como su legitimidad
externa, ante las comunidades de referencia. Sin embargo, esto ha
generado algunos costos en los procesos de aprendizaje propios de
la socializacin que ocurre en el rgano deliberativo y decisorio.
Finalmente, deben asegurarse tambin la comunicacin y el flujo
de informacin entre los participantes para crear las condiciones
necesarias y generar los recursos de conocimiento e informacin
para el ejercicio de una racionalidad argumentativa (Luna y Velasco,
2010). Esta condicin tambin se satisfizo en los casos analizados.
Cabe resaltar, en este aspecto, la creciente importancia que adqui-
rieron los expertos en muchas estructuras de gobernanza. Como
se ha mencionado para la propia uciri, la consulta a expertos en
diversas materias con el propsito de enriquecer los debates ha
sido una prctica comn. En el Claustro, en cambio, si bien se
procur la comunicacin y el flujo de informacin, la acentuada
desconfianza llev a la proscripcin de los expertos en los debates.
Aunque la reserva que suscita la participacin de los expertos puede
verse reflejada en la mxima de Schmitter (2001) respecto a la go-
bernanza europea, en el sentido de que debe ser clara la distincin
entre quienes tienen derecho a tomar decisiones y quienes slo
son consultados (es decir, los expertos), la decisin del Claustro de
proscribir la participacin de los expertos es reflejo de la manera en
206
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
que este sistema fue paulatinamente cerrndose y desconectndose
de su entorno.
Sobre las potencialidades y los riesgos de la socializacin
poltica en los sistemas asociativos complejos
Contra lo que sucede en los sistemas con una membresa poco dife-
renciada, en los sistemas asociativos complejos la socializacin no se
finca en la bsqueda de una identidad fuerte, sino en el aprendizaje
de normas de comportamiento asociadas a la deliberacin, como la
tolerancia, el respeto mutuo, la igualdad, la reciprocidad y la actividad
reflexiva. Se trata de normas que propician la preservacin de la
diversidad de los miembros y favorecen su autonoma relativa.
Resulta obvio que una cierta medida de socializacin es indis-
pensable para el buen funcionamiento de los sistemas asociativos
complejos y para aumentar su rendimiento social debido a que facilita
la comunicacin entre los participantes e incrementa la posibilidad de
establecer acuerdos entre actores con intereses, ideas, motivaciones y
valores distintos u opuestos. En el marco de los sistemas asociativos
complejos, la socializacin puede ser considerada, por el carcter de
las normas y los patrones de comportamiento que promueve, un
componente constitutivo de lo que Bevir (2010) y Dingwerth (2004)
denominan la versin democrtica de la gobernanza.
Como seala tambin Warren (2001), en general la actividad
asociativa tiene efectos potenciales de diversos tipos: efectos de
desarrollo, relacionados con beneficios individuales, como sentido
de la eficacia, acceso a la informacin y desarrollo de habilidades
polticas y deliberativas; efectos relacionados con la esfera pblica,
como la deliberacin pblica y la representacin de comunidades
y diferencias, y efectos institucionales, como la cooperacin y la
legitimidad democrtica. Todo esto es particularmente cierto en el
caso de los sistemas asociativos complejos.
Sin embargo, la socializacin, entendida como un proceso de re-
socializacin, descategorizacin o desdiferenciacin, implica riesgos,
como la cooptacin, el clientelismo o la elitizacin del sistema, y en
particular el distanciamiento de los participantes con respecto a sus
207
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
organizaciones y grupos de referencia. Esto explica en parte, quizs,
la renuencia y desconfianza a la participacin de algunas organizacio-
nes sociales, especficamente las de los movimientos sociales, en las
estructuras de gobernanza. Dicha renuencia suele incrementarse por
el uso frecuente de estas estructuras como canales de reclutamiento
de las lites polticas o como espacios de legitimacin de decisiones
ya tomadas por las autoridades instituidas.
Diversas condiciones implicadas en los procesos de socializacin
en los sistemas asociativos complejos contribuyen al distancia-
miento de los participantes con respecto a sus grupos primarios
o colectividades de referencia. Como se ha visto, en los sistemas
asociativos complejos la resocializacin, la renegociacin y la deli-
beracin implican la generacin y adopcin de un lenguaje comn
que suele ser difcil de traducir a los grupos de origen; el constante
reposicionamiento y la misma renegociacin para alcanzar acuerdos
enfatizan el carcter ambiguo de la representacin, propio de los
sistemas asociativos complejos; las difciles y extensas discusiones
e intercambios tanto en espacios formales como informales y
el uso intensivo de recursos deliberativos escasos (Warren, 2001),
como el tiempo, la atencin, la energa y el conocimiento, pueden
limitar materialmente la rendicin de cuentas. El problema aumenta
porque los participantes, al no estar sujetos normalmente a las reglas
de la poltica convencional, como el voto, el electorado o el princi-
pio de mayora, suelen tener una autoridad y legitimidad fcilmente
cuestionables para actuar como representantes de sus grupos y
organizaciones de referencia.13
Dicho de otra manera, paradjicamente el entendimiento y la con-
fianza entre una pluralidad de actores que puede darse en el marco
de los sistemas asociativos complejos, como efecto de los procesos de
socializacin de sus miembros, puede producir desconfianza y desen-
tendimiento entre los participantes y sus representados, vulnerando
su autoridad y la eficacia de los acuerdos alcanzados en el marco de
las estructuras de gobernanza.
13
Sobre los problemas propios de la representacin en los sac , vase Luna y Velasco
(2012).
208
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
Cuadro 3
Desempeo y rendimiento social en los casos considerados
Claustro Acadmico
uciri de la unam
Eficacia Alta Media
Consigui la mejora Alcanz el objetivo
de los precios del caf, para el que fue creado:
principal sustento de generar un Estatuto,
una buena parte de las pero el documento
familias que viven en fue archivado por las
la regin, no slo para autoridades universi-
los miembros de la tarias.
organizacin sino para
todos los productores
locales.
Legitimidad Interna. Alta. Alta.
Legitimidad Externa Alta. Nula.
(diseminacin
social de valores
democrticos en
las colectividades
de referencia).
Aprendizaje Social. Individual.
Rendimiento social Alto. Limitado.
Fuente: Elaboracin propia.
Desde esta perspectiva puede decirse que mientras en la uciri el
proceso de socializacin alcanza niveles satisfactorios de eficacia y
legitimidad, en el Claustro sus efectos son ms limitados en estos
aspectos. El cuadro 3 resume el desempeo de estas organizaciones,
en funcin del sentido que se ha dado en este trabajo al rendimiento
social.
En cuanto a los logros alcanzados en ambos casos, el Claustro no
solamente pudo reunir actores (y sectores) histricamente distanciados
en la Universidad entre quienes prevaleca una enorme descon-
fianza, y por lo tanto una prcticamente nula interaccin, sino que
tambin cumpli con el propsito para el que fue creado: generar un
nuevo estatuto del personal acadmico. Antes del Claustro esta tarea
pareca imposible por el nivel de divisin y polarizacin entre los
distintos sectores de la planta acadmica y entre los acadmicos y las
209
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
autoridades. La uciri, por su parte, logr la articulacin de actores
entre quienes ms que desconfianza haba un desconocimiento mu-
tuo muy profundo, motivado principalmente por las condiciones de
aislamiento que predominan en su rea de influencia (la Sierra Jurez
del estado de Oaxaca, en Mxico), determinadas por las precarias vas
de comunicacin en la regin.
Sin embargo, mientras el nuevo estatuto del personal acadmico
simplemente fue archivado por las autoridades universitarias, sin
que fuera posible instrumentar alguna resistencia por parte de los
acadmicos afectados, la uciri consigui mejorar los precios del
caf, principal sustento de una buena parte de las familias que viven
en la regin, y no slo para los miembros de la organizacin, sino
para todos los productores locales, a pesar de su aislamiento y atomi-
zacin. Esta diferencia en los resultados de estas organizaciones fue
posible porque el proceso de socializacin no trascendi el propio
espacio del Claustro; se puede decir, desde esta ptica, que vivi un
proceso de encapsulamiento.
En el caso de la uciri, la difusin del proceso de socializacin
ha contribuido incluso a convertirla en un importante referente
organizacional en la regin donde opera. Dicho proceso ha ayudado
a generar una organizacin ms cohesionada y capaz en trminos
productivos y de comercializacin, y desde el anlisis del rol que
juega en la poltica local. Ms especficamente, ha permitido que la
Unin y su rgano de dirigencia tengan un mejor desempeo y, de
manera ulterior, un mayor rendimiento social.
La uciri es una alternativa interesante debido a que, por su es-
tructura organizacional y la constante rotacin de los representantes,
el proceso de socializacin se ampla, en vez de reducirse exclusiva-
mente a la lite decisoria. A grandes rasgos, este proceso funciona
de la siguiente manera. La organizacin est compuesta por clulas
organizadas de productores en ms de cincuenta comunidades en
la Sierra Jurez de Oaxaca, cada una con su propia asamblea que
se rene cada mes durante todo un da. Cada comunidad elige y
enva a un representante a la llamada uciri central, la asamblea
de la uciri,14 el espacio ms importante para tomar decisiones. Los
14
En donde prevalece la siguiente frmula: una comunidad-un voto-un representante.
210
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
representantes duran en su cargo un ao y gozan de una buena
dosis de autonoma con respecto a sus representados debido a que
no son sus portavoces, sino que tienen la posibilidad de establecer
acuerdos y tomar decisiones aun si contravienen lo acordado en la
asamblea local, siempre y cuando los puedan explicar y justificar.
A lo largo de sus casi treinta aos de existencia, en muchos casos
todos los miembros de la asamblea local han sido representantes
ante la instancia central porque las asambleas locales no son muy
numerosas en una buena parte de las comunidades con membresa
en la uciri. En dicho espacio de carcter deliberativo (las asambleas
se realizan puntualmente los das 29 y 30 de cada mes), en donde el
consenso es el mecanismo decisorio por excelencia, se han cons-
truido valores y prcticas propios que permiten que la organizacin
avance y tome decisiones integrando a los variados y diferentes
representantes de las comunidades. La subrepresentacin de las
comunidades ms numerosas es un riesgo latente, pero hasta ahora
no ha sido un proceso conflictivo porque en la asamblea central se
privilegia la expresin de planteamientos e ideas diferentes y no las
ideas sostenidas por un mayor nmero de socios.
El hecho de que en la organizacin una buena parte de los socios
hayan sido representantes de su comunidad ante la instancia central
ha propiciado que el distanciamiento que puede llegar a generar el
proceso de socializacin entre representantes y representados sea
menor, debido a que muchos de los socios han sido representantes.
Pero aun con esta previsin, el mecanismo ms efectivo para evitar
esta separacin ha sido el profundo carcter deliberativo en la orga-
nizacin, que tambin se reproduce en las asambleas locales y que se
lleva a cabo en plazos y tiempos muy bien definidos que usualmente
se respetan de manera estricta.
A manera de conclusin. La gobernanza, la socializacin y
el rendimiento social de los sistemas asociativos complejos
Con lo dicho hasta aqu podemos arribar a algunas conclusiones
sobre los temas y conceptos centrales de este trabajo. En primer
lugar se puede concluir que la socializacin no ocurre de la misma
211
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
manera ni bajo los mismos presupuestos en los sistemas cerrados y
homogneos que en los sistemas abiertos y heterogneos, en los sis-
temas asociativos complejos.
En segundo lugar, los casos analizados sugieren que la socializacin
contribuye a mejorar el rendimiento social de los sistemas asociativos
complejos y tiene un potencial efecto positivo en su legitimidad.
Por un lado, puede aumentar su legitimidad externa, en la medida
que contribuye a mejorar su rendimiento social directo porque
disminuye los costos de transaccin entre los miembros de las redes
al establecer mecanismos comunes de intercambio (lenguajes,
normas, valores, etc.). Por medio de la socializacin se mejora el
funcionamiento y desempeo de las redes de gobernanza, y esto
redunda en mejores resultados, es decir, en alcanzar los objetivos
para los que fueron creados dichos espacios. As, las redes mejoran
su posicin en el entorno. En este mismo sentido, la socializacin
tambin puede contribuir a mejorar el rendimiento social indirec-
to, entendido como los efectos positivos adicionales que detona
la accin de las redes de gobernanza. Esto puede reflejarse en la
internalizacin de valores como la proclividad a la cooperacin,
la reciprocidad, las actitudes democrticas y la tolerancia entre los
miembros de las redes, entre otros.
Por el otro lado, contribuye a mejorar su legitimidad interna
debido a que integra y cohesiona, sin homogeneizar, a los miembros de
la organizacin. Lo anterior redunda en una creciente aceptacin
de los acuerdos y los mecanismos para alcanzarlos por parte de un
cada vez mayor nmero de participantes en las redes. La idea aqu
es que las prcticas de inclusin y la participacin voluntaria y cre-
ciente, el control democrtico (rendicin de cuentas, transparencia
y sensibilidad, responsiveness) y la igualdad discursiva (deliberacin,
reciprocidad, racionalidad y universalidad), elementos importantes
identificados en la literatura sobre la gobernanza democrtica, dan
mayor legitimidad interna a los espacios o las estructuras de la gober-
nanza. Lo interesante es que el uso de procedimientos democrticos
para la coordinacin de las redes de gobernanza no slo contribuye
a la legitimidad interna, sino que mejora la legitimidad externa,
en tanto que los actores del entorno demandan crecientemente
mecanismos democrticos de conduccin en las redes. La legitimi-
212
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
dad interna tambin fortalece el rendimiento social indirecto en la
medida que internaliza valores como la tolerancia, la reciprocidad,
etc., entre los actores de la red. Estos valores son un activo social de
largo plazo: son rendimientos sociales indirectos de los espacios
de gobernanza.
Ms all del alcance de los procesos de socializacin en los sis-
temas asociativos complejos, es muy probable que otros factores
contribuyan a explicar los resultados obtenidos por cada organi-
zacin. En el caso de la uciri, por ejemplo, la urgente necesidad de
mejorar las pauprrimas condiciones en que vivan los productores
y sus familias podra explicar su exitoso desempeo organizacional
y, en general, su rendimiento social. Otra explicacin podra ser la
cultura poltica, ya que histricamente una buena cantidad de las
etnias oaxaqueas ha implementado sistemas de usos y costum-
bres en sus deliberaciones. Una tercera explicacin es la relacin
con el entorno. Se podra pensar que un entorno extremadamente
adverso como el que enfrentaba la organizacin en sus inicios, en
donde el propio hecho de agruparse gener violentas agresiones de
los caciques y coyotes locales, es un factor de cohesin y unidad que
redund en una organizacin ms eficiente y efectiva. En el caso del
Claustro es difcil saber qu tanto afect su carcter subsidiario o el
clima poltico deteriorado por la desconfianza, o la proclividad a la
negociacin antes que a la deliberacin, que hicieron socialmente
irrelevantes los esfuerzos de organizacin.
No sabemos a ciencia cierta si uno o varios de estos factores, y
en qu medida, contribuyeron al desempeo de la uciri y al ren-
dimiento social. Sin embargo, y a la luz de la comparacin con el
Claustro Acadmico, es posible suponer que hay una cierta relacin
entre el diseo poltico de la organizacin, los alcances del proceso
de socializacin y el rendimiento social.
Se puede concluir, as, que las estructuras de gobernanza vistas
en este trabajo como sistemas asociativos complejos se benefician
por los procesos de socializacin. Los casos considerados tuvieron
un rendimiento social, ya que lograron contribuir al menos en parte,
o en relacin con las responsabilidades que directamente les ataan,
a la solucin de los problemas por los que fueron creadas. La uciri
logr mejorar paulatinamente los precios del caf en la regin donde
213
M atilde Luna y Carlos Chvez Becker
opera. El Claustro consigui producir un documento para regular
la actividad acadmica basado en el consenso activo de todos sus
integrantes, aunque tuvo una eficacia limitada porque hasta hoy no
ha sido implementado en la Universidad ni ha sido aprobado por
las instancias correspondientes.
Al Claustro le falt profundidad en un proceso de socializacin
que trascendiera el permetro sealado por la propia organizacin
y eso impidi despus alcanzar acuerdos para mejorar las normas
que regulan las relaciones entre los acadmicos y las autoridades
universitarias, as como la carrera acadmica. Empero, cumpli con
su meta formal.
En este sentido, puede decirse que ambos espacios funcionaron
con una buena dosis de legitimidad interna. Pero la legitimidad
externa de la uciri es muy alta, a diferencia de la del Claustro, y
probablemente ah radique la diferencia entre un caso y el otro, y en
los resultados obtenidos. Creemos que para que los sistemas asocia-
tivos complejos obtengan mejores resultados deben lograr un mejor
equilibrio entre la autonoma y la interdependencia, no solamente
entre sus miembros sino tambin con sus comunidades de origen.
Tres de los mecanismos que resultaron de particular importancia
fueron la rendicin de cuentas, la rotacin de los representantes y la
continuidad de los espacios destinados a la deliberacin, que pueden
contribuir a aumentar su legitimidad externa, activo importante en
el rendimiento social.
214
Socializacin, gobernanza y rendimiento social
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217
Lderes y liderazgo en los sistemas
asociativos complejos1
Jos Luis Velasco
Introduccin
E l liderazgo es un fenmeno central en la sociedad, pero, para-
djicamente, el anlisis acadmico sobre el tema es insuficiente.
Lo que escribi Burns hace ya varios aos sigue teniendo validez: el
liderazgo es uno de los fenmenos ms observados y menos com-
prendidos de la tierra (1978: 2). En el caso particular del liderazgo
asociativo, esta carencia es todava ms aguda, pues ha sido mucho
menos analizado que sus vertientes partidista, burocrtica, militar
o empresarial. Una de las causas es que el liderazgo parece tener
poca importancia en una forma de organizacin caracterizada por la
cooperacin voluntaria, con interacciones relativamente igualitarias
y con escasa jerarqua. La solidaridad, la confianza y la reciprocidad,
antes que el liderazgo, parecen ser conceptos ms relevantes para el
estudio de la vida asociativa.
Sin embargo, cuando la cooperacin es voluntaria, cuando no
est respaldada por instituciones o subsistemas sociales tan pode-
rosos como la economa, la administracin pblica o la guerra, es
1
El anlisis presentado aqu es parte de una investigacin ms amplia sobre los
sistemas asociativos complejos realizada conjuntamente con Matilde Luna.
219
Jos Luis Velasco
cuando ms se hace necesario alguien que aliente a los participantes
potenciales, que los ayude a conocerse y comunicarse, que les per-
mita pasar, en otras palabras, de un grupo latente a otro manifiesto,
mantenerse como tal y alcanzar sus objetivos.
Con este artculo se busca hacer una contribucin al estudio de
los lderes y el liderazgo asociativo, para lo cual se plantean dos
objeti-vos: mostrar cmo son los lderes y el liderazgo asociativo
y analizar qu efectos tienen sobre el desempeo del sistema
asociativo, y
sobre la capacidad del sistema para hacer contribu-
ciones a la vida asociativa del pas, que es uno de los principales
rendimientos sociales de estos sistemas. Para alcanzar estos objeti-
vos recurriremos a la consagrada tcnica del tipo ideal. Como dijo
Weber con su contundencia acostumbrada: para comprender
cmo se dirige una guerra, es necesario imaginar un comandante
en jefe ideal para cada uno de los contendientes (Weber, 1949: 42).
Buscando sacar el mximo provecho de esto, el artculo se organiza
de la siguiente manera: en primer lugar, mediante un anlisis terico,
no exento de consideraciones normativas, se contrastar el lideraz-
go asociativo con otros tipos de liderazgo, buscando identificar lo
que es peculiar al primero, y en particular el reto principal que
debe enfrentar un lder asociativo. Despus se analizarn dos casos
contrastantes de liderazgo asociativo. Finalmente se observar cmo
la calidad del liderazgo, al combinarse con otras caractersticas
de los sistemas asociativos, afecta el desempeo del sistema y
fortalece o debilita por esa va la contribucin que el sistema hace
a la sociedad.
Debemos puntualizar que el anlisis no se referir al liderazgo que
existe en cualquier tipo de asociacin, sino en los sistemas asociativos
complejos (sac), cuyas caractersticas son descritas brevemente en
el siguiente apartado. Tambin es necesario sealar que este texto
se refiere tanto al liderazgo (el sistema de conduccin) como a los
lderes (los individuos), con la intencin de que las caractersticas
de uno ayuden a esclarecer las del otro. Para evitar confusiones,
siempre se intenta dejar claro cundo se habla de cada uno de ellos,
o de los dos. Tambin hay que anotar que el anlisis de los dos casos
seleccionados se basa en informacin de documentos pblicos y en
220
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
una serie de entrevistas a quienes participaron en uno de los casos
estudiados.
Sistemas asociativos complejos
En trabajos previos hemos definido los sistemas asociativos com-
plejos como entidades ms o menos formales que buscan resolver
problemas pblicos mediante la cooperacin de actores hetero-
gneos que cruzan varias fronteras territoriales, institucionales e
identitarias (Luna y Velasco, 2009 y 2010a). En las ltimas dcadas,
los sistemas asociativos de este tipo se han multiplicado. Entre los
casos ms conocidos se encuentran las redes de polticas (sobre
problemas ambientales, derechos humanos, etc.) y los consejos
consultivos en los que participan actores polticos, empresarios y
organizaciones de la sociedad civil.
Para referirnos a este fenmeno es preferible usar el trmino
sistemas asociativos que el de asociacin, porque este ltimo
normalmente se refiere a una sola organizacin voluntaria (por
ejemplo, una asociacin profesional), mientras que en los sistemas
participan normalmente dos o ms asociaciones de ese tipo, pero
tambin dependencias gubernamentales, empresas, organismos
internacionales e incluso individuos. Para decirlo formalmente, los
sistemas asociativos y las asociaciones son especies de un mismo
gnero: la vida asociativa.
Tambin es preferible al de redes de gobernanza, porque este
ltimo, aunque est en boga, pone el acento en la funcin de go-
bierno, no en el hecho asociativo, que es el que nos interesa resaltar
aqu. Adems, los sistemas asociativos son explcitos o manifiestos,
pues tanto los participantes como los observadores interesados son
conscientes de su existencia, y lo comn es que el sistema tenga un
nombre propio. Por el contrario, las redes sociales incluyendo, por
supuesto, las redes de gobernanza pueden ser estructuras subya-
centes, conformadas por vnculos de los que los propios actores no
son conscientes y que a veces tienen que ser revelados mediante un
arduo trabajo de investigacin.
221
Jos Luis Velasco
La idea de complejidad, como se usa en este concepto, se refiere
bsicamente a cinco caractersticas de los sistemas asociativos. En
primer lugar, dichos sistemas son autnomos, es decir, son capaces
de generar sus propias reglas, fijar sus propios objetivos y tomar sus
propias decisiones. En otras palabras, no estn sujetos jerrquica-
mente a alguna dependencia gubernamental, empresa, universidad,
asociacin, etc., aunque s, por supuesto, al marco legal del pas o
de los pases donde operan. En segundo lugar, quienes participan
en el sistema asociativo son autnomos; estn ah voluntariamente,
controlan sus propios recursos y pueden retirarse cuando lo decidan.
En tercer lugar, los participantes son diversos, pues normalmente
proceden de distintos mbitos sociales, tienen diferentes trayectorias
profesionales, controlan recursos mutuamente inconmensurables
(dinero, autoridad poltica, prestigio, habilidades tcnicas, etc.). En
cuarto lugar, adems de ser autnomos y diversos, los participantes
son interdependientes; ninguno de ellos puede resolver por s solo el
problema del que se ocupa el sistema. Los recursos que controla cada
uno de ellos son necesarios o incluso indispensables. Finalmente, en
quinto lugar, la complejidad implica que el sistema es dinmico: las
fronteras del sistema se contraen o expanden segn la integracin
o exclusin de los participantes; las metas de la accin asociada son
cambiantes, la estructura organizativa es flexible y los sistemas se ra-
mifican frecuentemente, dando lugar a otras experiencias asociativas.
En otras palabras, los sistemas asociativos complejos no se constru-
yen de una vez, sino que se reconstruyen permanentemente.
Por estas caractersticas, los sistemas asociativos complejos
necesitan traductores, es decir, personas que puedan crear algo
semejante a un lenguaje comn, comprensible para las personas y
organizaciones que participan; un lenguaje que pueda expresar, de
manera comprensible para todos, los diferentes intereses, creencias,
especialidades y recursos de los participantes. Adems, los sistemas
necesitan una fuerte dosis de confianza interpersonal que sea a la vez
normativa (basada en la idea de que todos los participantes se guan
por normas sociales similares), estratgica (fundada en la creencia de
que la interaccin dentro del sistema es mutuamente redituable para
todos) y tcnica (con la expectativa de que todos los participantes
son competentes y pueden realizar sus tareas de manera eficiente).
222
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
Tambin, como consecuencia de sus propiedades bsicas, los
sistemas asociativos complejos muestran una preferencia por las deci-
siones colectivas (en oposicin a las unilaterales). Para llegar a estas deci-
siones a menudo es necesario pasar por largos procesos de negociacin
interna que consideren los intereses legtimos de todos los participan-
tes, ninguno de los cuales est dispuesto a sacrificarse por los otros.
Adems, el sistema tiene que encontrar intereses comunes, ms all
de los particulares de sus miembros. Esto se logra por medio de la de-
liberacin, de la discusin razonada, orientada precisamente a la
identificacin de un bien comn.
Para ser eficaces, estos sistemas asociativos deben enfrentar un reto
peculiar: cmo coordinar las acciones de sus miembros, procesar las
diferencias y los conflictos entre ellos, tomar decisiones colectivas
y resolver problemas comunes cuando esos miembros son, a la vez,
autnomos e interdependientes? El mayor o menor xito que tenga
el sistema al enfrentar este reto determina, en mucho, su capacidad
para sobrevivir, multiplicarse y generar resultados importantes para
sus miembros y para la sociedad en la que se desenvuelven.
Es fcil suponer que para enfrentar este reto los sistemas asocia-
tivos complejos necesitan un liderazgo apropiado. En los siguientes
apartados buscaremos explicar cmo debe ser y cmo es, en efecto,
dicho liderazgo. Por lo tanto, la pregunta especfica que se buscar
responder en este artculo es qu caractersticas asume el liderazgo
cuando los miembros del sistema asociativo son autnomos, diver-
sos e interdependientes; cuando el sistema no tiene una estructura
de autoridad bien definida y cuando las normas que regulan la inte-
raccin son generadas en el transcurso de la propia interaccin?
El gnero y la especie
Para identificar mejor lo que es especfico del liderazgo asociativo
conviene comenzar sealando algunas caractersticas genricas. El
liderazgo es, como dice John Searle, un caso especial de poder: la
capacidad de lograr que [los dems] hagan algo que de otra forma
no querran hacer (2010, loc. 3147). Por lo tanto, para apreciarlo
correctamente hay que distinguirlo de otras formas de ejercer el
223
Jos Luis Velasco
poder: el arbitrario de un tirano, el unilateral de un esclavista, el
inexorable de un guardia de prisin, el bruto de un atacante armado
sobre sus vctimas indefensas, el absoluto de un jefe religioso que
exige la fe implcita de sus seguidores, el incuestionable de un experto
sobre los sujetos confinados en un hospital psiquitrico o alguna otra
institucin total, etc. Frente a estos personajes, el lder se distingue
porque conduce, dirige o gua a personas que podran detenerse,
irse por otra direccin o seguir a otro lder. En otras palabras, tiene
seguidores voluntarios, no sbditos, vctimas o pupilos incapaces
de tomar sus propias decisiones. As, segn Bertrand Russell, en
toda forma de cooperacin, psicolgicamente el seguidor no es ms
esclavo que el lder (1943: 16). Por lo tanto, el lder conduce ms por
persuasin y ejemplo que por la fuerza o la necesidad (Gardner,
1990: 1).
Y aunque no tiene poder absoluto, el lder tiene autoridad. Es
ms que un coordinador, un moderador, una persona influyente,
un agente, un delegado, un vocero o una persona prestigiosa; es
alguien que efectivamente conduce a las personas con las que interac-
ta, que estructura sus acciones, que modifica las preferencias de sus
seguidores, que personifica en cierta medida al conjunto de personas
que lo siguen. Con respecto a esto ltimo, todo lder es de alguna
forma un representante.2 Tener autoridad tambin implica gozar de
legitimidad, es decir, ser reconocido por los seguidores como alguien
con derecho a dirigirlos (aunque, por supuesto, ese derecho no tiene
que estar codificado).
As, el liderazgo puede ser visto como un punto intermedio entre
el poder absoluto y la simple influencia. Pero, por supuesto, hay todo
tipo de transiciones, y en casos particulares puede ser difcil encontrar
la frontera entre estas tres formas. Aun el poder aparentemente ms
unilateral es una forma de interaccin social. Como lo seala Simmel:
incluso el deseo de dominacin tiene algo de inters en la otra
persona Slo cuando el egosmo no equivale siquiera a un deseo
de dominacin; slo cuando el otro es absolutamente indiferente y
2
Jones (1989: 7) incluye a los delegados y lacayos entre las categoras de lderes.
Pero, obviamente, decir que un lder es un lacayo es una contradiccin de los trmi-
nos.
224
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
un mero medio para fines que se encuentran ms all de l, se borra la
ltima marca de la interaccin social (Simmel, 1950: 181).3 Adems,
incluso la ms pura relacin de camaradera implica siempre cierta
preeminencia de una de las partes.
Hay que tener en cuenta tambin que el liderazgo significa
siempre discrecionalidad. El lder no es un simple burcrata, alguien
que desempea una funcin de alta responsabilidad, pero lo hace
apegndose estrictamente a la norma. Como lo anota Zaleznik
(1977: 65-66): los administradores tienden a adoptar actitudes
impersonales, cuando no pasivas, hacia las metas. Las metas
administrativas surgen de las necesidades, ms que de los deseos, y
por lo tanto estn arraigadas profundamente en la historia y cultura
de sus organizaciones. En contraste, los lderes son activos, en
vez de reactivos, conciben ideas en vez de responder a ellas
adoptan una actitud personal y activa hacia las metas. La influen-
cia de un lder cambia la forma en que la gente piensa acerca de lo
deseable, posible y necesario. Como lo mostr Weber, un burcrata
necesita un conductor poltico, alguien que lo dirija y tome decisiones
de las que sea personalmente responsable, decisiones que no sean
simples aplicaciones de las leyes y estatutos. Por eso, el lder siempre
ejerce un poder que excede las atribuciones que le dan las leyes. De
hecho, la capacidad para hacer esto es parte de lo que constituye el
liderazgo poltico (Searle, 2010: loc. 3147).4
Adems, aunque el lder recurre con frecuencia al conocimiento
experto, no debe ser confundido con un tcnico o un experto. Como
dice Platn: el verdadero piloto debe poner atencin al ao y las
estaciones y al cielo, las estrellas, los vientos y cualquier otra cosa que
pertenezca a su arte. Pero eso no basta para hacerlo capitn. Por
supuesto, el lder debe conocer el asunto del que se ocupa el grupo
que dirige, pero no tiene que ser un especialista. Lo decisivo del lder
3
De acuerdo con la teora del liderazgo adaptativo, el liderazgo es un proceso
de interaccin social en el que los individuos entablan interacciones de conduccin y
seguimiento, y a travs de esas interacciones construyen conjuntamente identidades
y relaciones como lderes y seguidores (DeRue, 2011: 126).
4
Tiene razn Zaleznik cuando afirma: La habilidad de confrontar es tambin la
habilidad de tolerar un intercambio agresivo. Y esa habilidad no slo elimina los velos de
ambigedad e insinuacin caractersticos de las culturas gerenciales, sino que tambin ali-
menta las relaciones emocionales que los lderes necesitan para sobrevivir (1977: 81).
225
Jos Luis Velasco
es su capacidad para construir su propia autoridad, para lo cual se
necesita algo ms que conocimiento tcnico: intuicin, capacidad
comunicativa, empata, etctera.
Finalmente, tampoco se debe confundir al lder con el interme-
diario. Segn un socilogo que se ha dedicado a analizar el tema,
este ltimo es un individuo cuyas relaciones atraviesan un hoyo
estructural, el espacio vaco entre dos o ms grupos, cada uno de
los cuales est formado por individuos densamente conectados
entre s (Burt, 2000, 353). La principal ventaja del intermediario es
que tiene acceso a la informacin original, es decir, informacin;
diferente de la que tienen los miembros ordinarios de cada uno de
los grupos. Salta a la vista que todo lder es un intermediario, alguien
capaz de comunicar a las diferentes personas, facciones y segmentos
del grupo que dirige, entre s y con otros grupos. Pero el lder es
ms que un contacto central, un punto estratgico en el flujo de
informacin; es quien la genera y la difunde, alguien que define cul
es relevante, que le da significado, que la organiza. Se puede decir,
en consecuencia, que todo lder es un intermediario, pero no todo
intermediario es un lder. La diferencia entre uno y otro es, por
supuesto, la autoridad.
Ahora tratemos de inferir las caractersticas especficas del
liderazgo asociativo, las que lo distinguen del resto. La base para
estas inferencias son las caractersticas del liderazgo en general, el
conjunto de caractersticas de los sistemas asociativos complejos
descritas en el primer apartado y las carctersticas de otros tipos
especficos de liderazgo.
Para empezar esta tarea podemos recordar la famosa tipologa de
Max Weber en la que a cada tipo de dominacin legtima correspon-
de una forma distintiva de liderazgo: el dirigente de una organizacin
racional-legal, el jefe tradicional y el lder carismtico. A pesar de sus
mltiples diferencias, estas tres formas de liderazgo comparten una
caracterstica: se ejercen sobre un ncleo bien definido de seguidores,
que pueden ser una organizacin burocrtica, una comunidad o un
grupo de fieles o devotos. En todas, la fuente de la autoridad la
creencia sobre la que se fundan el mandato y la obediencia es
clara, ya que se basa en reglas formales, en normas tradicionales o
en la personalidad del lder. Por lo mismo, la estructura de autoridad
226
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
tambin tiende a ser coherente y se organiza en tres niveles: el lder
mismo, los miembros de su squito y la masa de seguidores.
De acuerdo con las caractersticas revisadas en la primera seccin,
nada de esto puede ocurrir en un sistema asociativo complejo, donde
la organizacin es imprecisa, las creencias que guan la cooperacin
son variadas, y a veces contradictorias, y la estructura de autoridad
es difusa y cambiante. Por lo mismo, la legitimidad del lder asociati-
vo no puede basarse principalmente ni en las leyes ni en la tradicin
ni en las supuestas cualidades personales extraordinarias del lder,
sino en atributos menos tangibles pero igualmente importantes: el
conocimiento de las personas y de los asuntos de que se trate, la ini-
ciativa en los procesos de deliberacin y negociacin, las relaciones
interpersonales e interinstitucionales, la capacidad de traduccin
y la habilidad para inspirar confianza.
De los tres tipos ideales que analiza Weber, el liderazgo caris-
mtico es el que ms se asemeja al liderazgo asociativo, pero lo que
resalta del liderazgo asociativo no es la superioridad personal. El
lder debe poseer, en cierta medida, las caractersticas que segn
Bertrand Russell confieren autoridad: confianza en s mismo,
decisiones rpidas y habilidad para elegir las medidas correctas
(1943: 23). Pero esta superioridad debe estar atemperada por otras
caractersticas menos autoritarias: la capacidad para comunicar y
coordinar, la paciencia para conciliar y consensuar. El liderazgo
asociativo no puede estar tan personalizado como el carismtico:
aunque es promovido y sostenido por relaciones interpersonales, el
sistema asociativo no gira alrededor de una persona; los participantes
no son seguidores personales del lder, no son sus guerreros o
apstoles, por lo que el lder eficaz debe promover la creacin de
reglas impersonales que lo trasciendan y permitan la supervivencia
de la organizacin.
Tambin se ha clasificado el liderazgo por su ubicacin, por la
esfera social en que ocurre. Se habla as, por ejemplo, de liderazgo
burocrtico, partidista, militar o empresarial. En contraste, el lide-
razgo asociativo existe fuera de los principales subsistemas sociales;
no tiene, por lo tanto, el soporte institucional y estructural del que
gozan esos liderazgos, cuya existencia es vital para la conservacin de
la sociedad. Por lo mismo, el liderazgo asociativo es ms cambiante y
227
Jos Luis Velasco
ambiguo, coexisten en l varias jerarquas, con diferentes funciones
y recursos.
A partir de estas inferencias iniciales, es posible plantear algunas
hiptesis ms precisas sobre los rasgos especficos de los lderes y
del liderazgo asociativo. En primer lugar, cabe esperar que en cuanto
a su estructura el liderazgo asociativo sea ms interpersonal que ins-
titucional, es decir, que se base ms en las interacciones entre el lder
y sus seguidores que en las reglas y los procedimientos establecidos
en la sociedad. Adems, esta estructura tender a ser ms horizontal
que la de otros liderazgos. El lder asociativo ser un primus inter
pares, no un magister. No se parecer tanto a Alejandro Magno, que
era el jefe de su propio ejrcito, sino a Agamenn, un rey, es cierto,
pero rey de reyes, cuyos seguidores no eran sus sbditos sino sus
iguales, libres de obedecerlo o desafiarlo (como lo hizo Aquiles en
momentos decisivos de la guerra contra Troya).
Debido a esto, el lder ser siempre un lder emergente, cuya
autoridad e influencia siempre estarn en proceso de construccin.
En estas circunstancias, el liderazgo ofrecer una oportunidad de
ascenso social y los aspirantes a ser lderes siempre tendrn muchos
competidores y rivales. Por lo mismo, el lder ser visto, tanto por
sus seguidores como por sus rivales, como alguien cooptable, que
puede ser comprado o asimilado por los poderes establecidos (las
empresas, el gobierno, las organizaciones formales). En consecuen-
cia, el lder asociativo ser particularmente vulnerable a los ataques
que busquen mostrarlo como indigno de confianza.
Finalmente, la estructura del liderazgo ser dinmica. Lo normal
ser que las jerarquas cambien frecuentemente, de acuerdo con los
retos y las tareas del momento, el tipo de actividad que se realice y
la parte de la organizacin de que se trate. No ser extrao, por lo
tanto, que los lderes cambien frecuentemente y que coexistan varios
lderes en la misma jerarqua.
En cuanto a sus actividades, habra que esperar que el lder aso-
ciativo dedique gran parte de su tiempo a generar confianza entre
sus seguidores. Por supuesto, no puede ser la confianza implcita que
requiere la Iglesia y que inspiran los lderes carismticos, sino una
confianza ms recproca y condicional, basada en las normas comunes,
en las expectativas de ganancia y en la percepcin de la competencia
228
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
tcnica. Haga lo que haga, el lder asociativo no puede darse el lujo
de ser, en palabras de Maquiavelo, un gran mentiroso e hipcrita.
Al contrario, debe esforzarse siempre por parecer una persona sensa-
ta, con ambiciones moderadas.
Adems de realizar sus actividades para generar confianza, el lder
asociativo debe dedicar buena parte de su tiempo a traducir, es de-
cir, a facilitar la comunicacin y el entendimiento entre sus diversos
e independientes seguidores. Por esto mismo, tambin debe invertir
mucho tiempo en organizar y conducir la negociacin, mostrando
que es capaz de manejar los conflictos de inters entre los miembros
y facilitar la bsqueda de acuerdos mutuamente provechosos. Y, por
supuesto, debe propiciar la deliberacin, facilitando la participacin
razonada y equitativa de todos los miembros del sistema, evitando
que algunos de ellos sean excluidos sistemticamente o que los
intereses individuales de los participantes se pongan por encima de
los intereses generales del sistema asociativo.
En otras palabras, como actividad, el liderazgo asociativo con-
siste en generar confianza, traducir las diferentes lgicas de los
participantes en un lenguaje comprensible para todos, conducir la
negociacin y propiciar la deliberacin. Por lo tanto, el liderazgo
asociativo consiste menos en dar rdenes que en manejar la comu-
nicacin; menos en la distribucin de obligaciones y premios que en
la coordinacin; menos en la influencia directa que en la conduccin
de la negociacin y la deliberacin.
Qu caractersticas personales debe tener un lder capaz de rea-
lizar bien estas actividades? No debe esperarse que la persona que
conduzca un sistema asociativo sea un lder intelectual, alguien
que proponga grandes ideas innovadoras: un estadista, un profeta, un
guerrero excepcional o un gran demagogo. El lder asociativo es una
persona prctica; su reino s es de este mundo. Debe estar dispuesto
a servir de vnculo entre personas que comparten un inters abierto
o latente; a invertir tiempo en promover la creacin de una asocia-
cin. Puede ser un gran pensador, pero esto no es necesario para
dirigir el establecimiento y funcionamiento de un sistema asociativo
complejo.
A diferencia del lder poltico, el lder asociativo no es un tribuno o
un polemista. No es un lder de masas sino de individuos, y a lo sumo
229
Jos Luis Velasco
de grupos pequeos. No busca convencer con grandes discursos
y una retrica exaltada, sino con razones sosegadas. El liderazgo
asociativo siempre es interpersonal, busca el contacto directo entre
personas concretas, no el masivo o impersonal. El sistema asociati-
vo puede ser muy extenso, pero en ese caso ms que un liderazgo
central impersonal tendr una red de liderazgos interpersonales.
El lder asociativo deber, asimismo, contentarse con ejercer slo
una influencia moderada sobre sus seguidores. Desde el punto de
vista organizativo, su alcance puede ser profundo: si tiene xito, de-
finir reglas y establecer un sistema que lo trascender. Pero desde
el punto de vista personal, este liderazgo siempre ser externo.
No buscar formar o modificar la personalidad de los seguidores, ni
cambiar a las personas de una manera profunda; no tendr que adoc-
trinarlas o reducarlas. Al contrario, tomando a las personas como
son buscar incentivarlas para cooperar. No exigir la entrega total
de sus seguidores ni buscar controlar toda la informacin sobre los
participantes, como lo hace, por ejemplo, el lder de una secta o un
grupo secreto (Simmel, 1950). Le bastar con conocer la informa-
cin necesaria para los aspectos relevantes para la asociacin.
En muchas de las caractersticas sealadas hasta aqu, la diferencia
entre el liderazgo asociativo y los otros liderazgos es un asunto de
grado, no de tipo. Otros liderazgos tambin son flexibles, inten-
samente interpersonales, notablemente horizontales. Lo que es
peculiar del liderazgo asociativo es la combinacin de todas estas
caractersticas. Esto representa para el lder asociativo tambin un
reto peculiar. En realidad el desafo es triple. La primera tarea bsica
del lder, puesto que el sistema asociativo normalmente no existe por
mandato legal ni satisface una necesidad social obvia y poderosa, es
crear el sistema. Ms an, debe convocar a los interesados de manera
interpersonal, no a travs de vnculos institucionales preexistentes
ni por llamados abstractos en medios masivos de comunicacin. En
otras palabras, lo primero que debe lograr el lder es que los posibles
participantes reconozcan que tienen preocupaciones potencialmente
convergentes, que esas preocupaciones podran ser definidas como
un problema comn para el que sera posible encontrar soluciones
recprocamente convenientes. Se trata de ayudarlos a descubrir que
las acciones de uno afectan a los dems, que en cierto sentido ellos
230
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
constituyen un sistema asociativo latente, aun si no se conocen muy
bien entre s, y que todos saldran ganando si se asocian explcita-
mente.
Una vez que el sistema ya ha sido establecido, el lder debe pro-
piciar la creacin de instituciones: un conjunto bsico de reglas que
definan los criterios de membresa y, sobre todo, los procedimientos
para tomar decisiones y resolver las disputas. Como ya se seal, los
sistemas asociativos complejos estn menos institucionalizados que
la mayora de las organizaciones formales (las empresas econmi-
cas, las organizaciones polticas, etc.). Aun as, no pueden sobrevivir
y funcionar adecuadamente sin un mnimo de reglas que establezcan
quines pueden participar, cmo deben tomarse las decisiones,
cmo debe dividirse el trabajo, entre otras cosas. En este sentido,
el lder debe ser no slo un animador, sino tambin un institucio-
nalizador.
Pero despus de haber dirigido el establecimiento y la reglamen-
tacin del sistema asociativo, el lder tiene que realizar una tarea
decisiva. El lder asociativo no puede actuar como el legislador que
imaginaba Jean-Jacques Rousseau. En lugar de exiliarse voluntaria-
mente del sistema que cre, debe quedarse a animarlo, facilitando la
comunicacin entre los participantes, incentivndolos a persistir en
la bsqueda de soluciones a los problemas comunes. De otra manera,
sin el respaldo de las leyes y los poderes establecidos, el sistema no
tardar en declinar.
En otras palabras, el reto distintivo del liderazgo asociativo es ani-
mar (es decir, dar vida) el sistema asociativo, instituirlo y mantenerlo.
Si los lderes asociativos logran enfrentar con xito este triple reto,
no slo habrn contribuido a resolver los problemas que aquejan
a los potenciales asociados, sino tambin habrn ayudado a forta-
lecer la vida asociativa, a multiplicar los espacios alternativos para
la accin pblica y a educar a los ciudadanos en la ardua tarea de la
cooperacin. Parafraseando a Georg Simmel, se puede decir que
la promesa del liderazgo asociativo es ayudar a realizar el ideal iguali-
tario, sin ignorar la inevitabilidad de la jerarqua: ya que es imposible
eliminar las jerarquas, pues son inherentes a toda organizacin, lo
que se puede hacer es multiplicarlas, multiplicando las asociaciones
y hacindolas ms flexibles, voluntarias y fluidas (1950: 283-291).
231
Jos Luis Velasco
Dos casos de liderazgo asociativo
Qu tan acertadas son estas inferencias sobre las caractersticas del
liderazgo asociativo? Qu tan capaz es este liderazgo de enfrentar
su reto distintivo? Cmo se aproximan los sistemas asociativos
realmente existentes al modelo descrito en el apartado anterior? Para
responder estas preguntas, a continuacin analizaremos brevemente
dos casos concretos de liderazgo asociativo.
Hay que reconocer desde el principio, sin embargo, que este reto
distintivo no es fcil de enfrentar en la prctica. Para realizar bien
esta tarea sera necesario que concurrieran rasgos de personalidad
y circunstancias objetivas, que pueden resultar inconsistentes o ser
incompatibles entre s. Por ejemplo, para convocar a los participantes
y dar vida al sistema se requiere mucha energa y determinacin, lo
que no siempre es compatible con la circunspeccin y flexibilidad
necesarias para crear las instituciones del sistema, ni con la perse-
verancia indispensable para mantenerlo vivo una vez que ha sido
instituido. Debido a estas y otras inconsistencias prcticas, el liderazgo
asociativo complejo no puede reducirse a una simple tcnica; siempre
es un arte, una parte esencial del arte de la asociacin.
Los casos que analizaremos a continuacin son el Acuerdo
Nacional para la Unidad, el Estado de Derecho, el Desarrollo, la
Inversin y el Empleo (mejor conocido como el Acuerdo de Cha-
pultepec) y el Claustro Acadmico para la Reforma del Estatuto
del Personal Acadmico de la Universidad Nacional Autnoma de
Mxico (el Claustro). Con las dificultades que inevitablemente sur-
gen al relacionar conceptos con hechos, los dos casos pueden ser
clasificados de manera razonable como sistemas asociativos comple-
jos. Pero hay que enfatizar que el anlisis no busca determinar
cul de los dos casos tuvo el mejor liderazgo asociativo, es decir, cul
resolvi mejor el reto caracterstico de esta forma de liderazgo; ms
bien, el objetivo es identificar y caracterizar dos formas distintas de
acercarse a ese ideal. En consonancia con esto, se presta ms atencin
a las diferencias entre los dos casos que a sus rasgos comunes.
El Acuerdo de Chapultepec (conocido as porque fue firmado
pblicamente en el castillo de Chapultepec el 29 de septiembre
232
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
de 2005) ocup por un tiempo un lugar prominente en la vida
pblica nacional. Presentado como iniciativa de la sociedad civil y
promovido por el hombre ms rico de Mxico, y uno de los ms
ricos del mundo, Carlos Slim, el acuerdo contaba con el apoyo de
varios miembros de la lite econmica y de importantes figuras
intelectuales, artsticas y cientficas. Su objetivo era muy ambicio-
so: servir de programa bsico para la transformacin econmica,
poltica y social del pas. Despus de que el acuerdo fue firmado y
anunciado pblicamente, Slim y los otros miembros de la Comisin
de Informacin y Seguimiento emprendieron una activa campa-
a de promocin. Entre octubre de 2005 y mayo de 2006, la Comi-
sin organiz o particip en 18 reuniones importantes en diversas
partes del pas, ocho de las cuales fueron encuentros regionales
que formaban parte de un plan de extensin nacional e inclusin
ciudadana, anunciado en febrero. Pero a medida que se acercaban las
elecciones federales (programadas para julio) este activismo se fue
reduciendo hasta que prcticamente desapareci a finales de 2006.
En contraste, el Claustro (establecido en 2004) se llev a cabo
en un espacio pblico mucho ms restringido y tuvo una misin
ms modesta: elaborar una propuesta de reforma a la legislacin
universitaria sobre el personal acadmico. Entre los principales temas
incluidos en esta misin estaban: redefinir los diferentes puestos,
categoras y niveles, as como los requisitos para ocuparlos; reformar
los mecanismos de ingreso, permanencia, promocin, capacitacin y
evaluacin; actualizar los derechos, las obligaciones, los incentivos
y las sanciones. Se previ que el Claustro dejara de funcionar cuando
su propuesta fuera votada por el Consejo Universitario, que es la
mxima autoridad colegiada de la Universidad.5
A pesar de sus mltiples diferencias, los dos casos son compara-
bles en un aspecto esencial para el presente anlisis: ambos muestran
las propiedades, las caractersticas y los problemas distintivos de los
sistemas asociativos complejos. El cuadro 1 sintetiza algunas de esas
caractersticas.
5
Para un anlisis general de los dos casos, vase Luna y Velasco (2010b).
233
Jos Luis Velasco
Cuadro 1
Caractersticas selectas de los casos
como sistemas asociativos complejos
Acuerdo Claustro
de Chapultepec de la unam
Membresa heterognea Medio Medio
Orientados a la solucin de problemas Alto Alto
Entrada por invitacin o autoseleccin Alto Bajo
Metas cambiantes y contradictorias Bajo Medio
Decisiones tomadas colectivamente Bajo Alto
Nivel de institucionalizacin Bajo Medio
El Acuerdo de Chapultepec no estuvo subordinado a ninguna au-
toridad u organizacin superior. La conformacin de su rgano de
direccin, la Comisin de Informacin y Seguimiento, fue decidida
por los propios impulsores del acuerdo. Esta comisin nunca se
sujet a reglas explcitas y detalladas; su organizacin, estrategias
y acciones fueron decididas de manera interna. Tampoco hay evi-
dencias de que algunos de sus integrantes estuvieran sujetos a otros,
aunque esto no significa que todos fueran igualmente poderosos e
influyentes. Cada uno tena su propia base de poder (la mayora de
ellos en alguna organizacin sindical o empresarial) u ocupaba, por
s mismo, un lugar visible en la vida pblica mexicana. Los aspectos
en los que el Acuerdo parece alejarse sustancialmente del modelo de
los sistemas asociativos complejos fueron dos: sus principales deci-
siones fueron tomadas casi exclusivamente mediante la negociacin,
haciendo muy poco uso de la deliberacin, y la meta se mantuvo sin
grandes cambios desde que surgi hasta que se extingui.
La iniciativa de establecer el Claustro provino del Consejo
Universitario de la unam, que tambin defini su composicin, su
estructura principal, sus reglas de funcionamiento y su objetivo. Pero
sobre esa base el Claustro elabor su propio reglamento, en el que se
especific su funcionamiento. Adems, precis en dos documentos
bsicos la naturaleza y los alcances de su tarea. Fue tambin el propio
234
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
Claustro el que design a los integrantes de su rgano directivo, la
Junta de Coordinacin, por lo que se puede decir que el Claustro fue
una estructura con un considerable nivel de autonoma. Sus reglas
de discusin y decisin buscaban estimular la participacin autno-
ma de cada uno de sus miembros. Fue diseado para incluir a repre-
sentantes de todas las figuras acadmicas (profesores, investigadores,
tcnicos acadmicos) y de todas las entidades acadmicas (escuelas,
facultades, centros, institutos, etc.) que conforman la Universidad.
La integracin de su Junta de Coordinacin sigui un principio
semejante y las decisiones eran tomadas predominantemente por
consenso. El nico aspecto en que el Claustro se aleja del modelo
de los sistemas asociativos complejos es que su legitimidad estu-
vo aparentemente asegurada desde el principio (gracias a que fue
creado por iniciativa de un rgano representativo, el Consejo Uni-
versitario, y a su diseo incluyente y visiblemente horizontal).
El Claustro: el lder como animador
Dado que el Claustro fue establecido en un espacio pblico res-
tringido y altamente institucionalizado, el reto fundamental que su
liderazgo enfrentaba no era convocar a los participantes (de eso
se encargaron las autoridades universitarias), sino darle vida real al
sistema asociativo: contrarrestar la desconfianza arraigada en los
diferentes sectores que integran la planta acadmica, superar su indi-
ferencia hacia las iniciativas de este tipo y tratar con las autoridades
(el rector, los directores, la dirigencia del sindicato) en un plan de
respeto, pero tambin de independencia.
Esto tena varios riesgos. Uno de ellos era el formalismo, que el
Claustro fuera simplemente una organizacin de membrete, para-
lizada por la indiferencia, la desconfianza y la irrelevancia. El otro
riesgo era lo opuesto, que el claustro se transformara en un campo
de batalla, que fuera inutilizado por los choques entre los intereses de
los diversos sectores acadmicos. La relacin con las autoridades
universitarias era igualmente riesgosa. Era difcil encontrar el equili-
brio apropiado entre independencia y autonoma, y era fcil que ese
equilibrio degenerara en algn enfrentamiento con las autoridades
235
Jos Luis Velasco
o que el Claustro se subordinara a ellas, ambas posibilidades igual-
mente indeseables para su correcto funcionamiento.
Para enfrentar este reto y manejar estos riesgos era necesario tener
un liderazgo con varias caractersticas distintivas. La persona que
fungiera como lder deba gozar de un amplio reconocimiento en la
universidad, con un prestigio que atravesara los diferentes sectores
acadmicos; deba ser percibida, adems, como alguien capaz de
tratar sensatamente con las autoridades universitarias pero cuya in-
dependencia personal estuviera fuera de duda, es decir, que no fuera
visto como agente de la rectora, de alguna direccin o del sindicato.
Deba estar dotada de cierto carisma, que, segn lo muestra el clsico
anlisis de Max Weber, es el mejor antdoto contra la rigidez de las
tradiciones y las instituciones. Puesto que estaba llamada a dirigir
representantes de la comunidad acadmica, deba ser un miembro
de pleno derecho de esta comunidad; es decir, deba contar con
una trayectoria acadmica slida. Deba, adems, tener una notable
capacidad comunicativa, de persuadir y refutar sin violentar; deba
ser un traductor capaz de expresar las preocupaciones, los inte-
reses y las tradiciones de los diversos sectores acadmicos de una
manera comprensible para todos. Finalmente, deba tener capacidad
ejecutiva para pasar de las deliberaciones a las negociaciones y los
acuerdos prcticos. En pocas palabras, se requera una persona
independiente, ampliamente reconocida y dispuesta a negociar y
deliberar sosegadamente con las autoridades.
Este lder, desde luego, deba ser parte de un sistema de liderazgo,
en el que coexistira con un grupo de lderes intermedios que repre-
sentaban a los diversos sectores acadmicos o que estuvieran a cargo
de las diferentes funciones del Claustro. No obstante, quien fungiera
como lder principal deba ser capaz de trascender esas adscripciones
y colocarse por encima de ese cuerpo de lderes. Haciendo una ana-
loga literaria, podra decirse que ese lder deba ser como el Aquiles
de La Ilada: no un rey de reyes, pero s un lder de lderes.
En la prctica, sin embargo, el liderazgo del Claustro fue mucho
ms moderado. Los participantes entrevistados generalmente se
resistan a identificar un lder principal. Varios se refirieron a una
persona que haba conducido la elaboracin de la normatividad
interna del Claustro y definido sus mtodos de trabajo, pero esa
236
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
persona slo estuvo presente por un corto tiempo, aunque s logr
dejar una huella duradera. Varios se negaban a calificar al presidente
de la Junta de Coordinacin como un lder, a quien describan ms
bien como un facilitador o coordinador. La percepcin dominante
al parecer era que en lugar de un lder principal haba varios lderes y
que, en todo caso, el liderazgo era moderado, no expansivo. Se trataba,
en palabras de un entrevistado, de un liderazgo de la sencillez, de
la sensatez y de la vocacin democrtica de respeto. Nadie dudaba
de la independencia de esos lderes, pero tampoco haba alguien que
admirara su fortaleza.
En cualquier circunstancia es difcil conseguir un lder con las
caractersticas que requera el Claustro, pero la estructura pareca
diseada precisamente para evitar que surgiera un liderazgo de
ese tipo, tal vez por el temor a generar un conflicto mayor en la
universidad.6 Tres reglas fueron particularmente importantes en
este sentido: la eleccin de todos los participantes por cada sector,
lo que incentivaba a elegir personas fuertemente identificadas con
sus representados, en vez de personas capaces de representar a toda
la comunidad universitaria; el establecimiento de una presidencia
rotativa en la Junta de Coordinacin, una regla explcitamente dise-
ada para desincentivar el surgimiento de un liderazgo fuerte; y lo
modesto de la misin del Claustro, que se agotaba en elaborar una
propuesta de reforma que deba ser aprobada por otro organismo
(el Consejo Universitario), por lo que difcilmente iba a despertar la
energa directiva necesaria para animar y dinamizar al Claustro.
El Claustro logr elaborar su propuesta de reforma al Estatuto
del Personal Acadmico, pero lo hizo a un paso tan lento que re-
sult desesperante incluso para muchos de sus participantes ms
entusiastas y dedicados. Casi ocho aos despus de que el Claustro
fue instalado, la propuesta an no haba sido votada en el Consejo
Universitario, por lo que la misin del Claustro todava no haba sido
6
En esto se puede atisbar un problema ms general, sealado claramente por March
(2005: 30): cuando los lderes son seleccionados por las instituciones establecidas, son
generalmente conservadores, dotados de los talentos necesarios para explotar las opor-
tunidades ya conocidas pero no para explorar nuevas oportunidades.
237
Jos Luis Velasco
cumplida a cabalidad.7 Por supuesto, muchos factores contribuyeron
a ese desempeo tan modesto del sistema asociativo, pero entre ellos
est, sin duda, que el Claustro no tuviera el tipo de liderazgo que las
circunstancias requeran.
El Acuerdo de Chapultepec: el lder como unificador y moderador
Si en el Claustro de la unam el lder deba ser un animador, el Acuer-
do de Chapultepec necesitaba un lder que sirviera de unificador y
moderador. Para empezar, el lder deba unir a los interesados en
la tarea, que, dados los objetivos del proyecto, estaban dispersos
por varias partes del pas y varios sectores sociales. Puesto que la
participacin directa de todos los interesados era imposible, los parti-
cipantes activos tendran que ser representantes o lderes de grupos y
corrientes de opinin. En otras palabras, el lder del proyecto tendra
que ser capaz de convocar a muchos otros lderes para que se inte-
graran a un sistema de liderazgo a la vez dinmico y eficaz. Una vez
conseguido esto, el reto obvio era ponerlos a trabajar en un sistema
asociativo con reglas claras, incluyentes, equitativas y eficaces.
En estas circunstancias, el riesgo de una rutinizacin excesiva,
de que el sistema asociativo se transformara en una organizacin
burocrtica, era pequeo. En cambio, era grande el riesgo de que el
sistema se transformara en una simple caja de resonancia, en la que se
hicieran declaraciones exaltadas con pocas consecuencias prcticas.
Otro riesgo era que el sistema no lograra incluir equitativamente a
todos los grupos y corrientes de opinin ms importantes del pas, ya
sea que se excluyera totalmente a alguno de ellos o que se le incluyera
slo nominalmente, sin concederle ninguna influencia real.
Para lograr esto, el lder deba asumir dos actitudes, en gran
medida contrapuestas. En una primera etapa tena que actuar con
gran audacia e iniciativa, movilizando al mximo su prestigio y su
influencia personal para convocar y entusiasmar a todos los partici-
pantes relevantes. Para lograrlo, deba ser una persona muy conocida
7
De acuerdo con la convocatoria que dio origen al Claustro, deba disolverse cuando
el Consejo Universitario resuelva sobre el proyecto del Estatuto del Personal Acadmico
(Claustro, 2005).
238
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
en el pas, alguien que pudiera situarse por encima de las querellas
que dividen a los diferentes sectores sociales, a las organizaciones
y corrientes de opinin. Deba ser, en otras palabras, una persona a
la vez clebre y confiable. En una segunda etapa, el lder deba ser
capaz de autolimitarse, fomentar la dispersin de la autoridad para
dar oportunidad a que cada uno de los sectores representados hiciera
or su propia voz. Esto implicaba abstenerse de tomar las decisiones
ms importantes, dejando esta tarea en manos de los lderes de
segundo nivel, y contentarse con ejercer un liderazgo moral; es decir,
convertirse en algo as como un rey modesto que reina pero no
gobierna ni opaca a quienes lo hacen.
Una tarea crucial para este liderazgo es dirigir el establecimiento
de las reglas del sistema asociativo, para que deje de centrarse ex-
clusivamente en su fundador. Otra tarea igualmente importante es
fomentar la confianza entre los participantes y facilitar la comuni-
cacin. Y tal vez, aun ms importante, ayudar a aceptar, fortalecer y
preservar los valores de la asociacin, entre los que deben destacar
la equidad y la tolerancia.
El lder indiscutible del Acuerdo fue Carlos Slim, como lo des-
cribi l mismo con una frase corta y reveladora: Yo coordin el
proceso, y lentamente llegamos a un consenso (Smith y Arai, 2006).
Slim se desempe razonablemente bien en la primera etapa. Un
indicador muy elocuente en este sentido es que logr que tres de
los cuatro candidatos a la Presidencia de la Repblica respaldaran el
acuerdo. El candidato de la izquierda, aunque decidi no respaldarlo
y critic implcitamente a su promotor, se abstuvo de rechazarlo
abiertamente.8 La mayor deficiencia de Slim en esta etapa fue que no
quiso, o no pudo, atraer a ms lderes que contrarrestaran el poder
de la lite empresarial, que estaba excesivamente representada en el
acuerdo, acaparando ocho de las 19 posiciones de la Comisin de
Informacin y Seguimiento.9
8
El candidato Andrs Manuel Lpez Obrador afirm que comparta los objetivos
del Acuerdo, pero argument que se excluan o subestimaban tres temas importantes:
el combate a la pobreza, el combate a la corrupcin y el compromiso de no privatizar la
industria elctrica y petrolera.
9
Ms an, dos de esas ocho posiciones correspondan a grupos empresariales con-
trolados por el propio Slim (Carso y Telmex).
239
Jos Luis Velasco
Sin embargo, Slim fue incapaz de enfrentar el reto de la segunda
etapa. En lugar de convertirse en un lder indirecto sigui siendo el
protagonista de todo el proyecto. Esto impidi que el sistema aso-
ciativo desarrollara las instituciones que necesitaba para convertirse
verdaderamente en un foro nacional. Al contrario, todo el sistema
sigui girando alrededor de una sola persona. Otra consecuencia
fue que el sistema no logr romper su elitismo y su tendencia pro-
empresarial.
Debido a esto, el Acuerdo de Chapultepec desapareci un ao
despus de su fulgurante aparicin. Ningn grupo lo reivindica
o toma como ejemplo para resolver algn problema nacional,
ninguno de los polticos que en su momento lo elogiaron presenta
alguna propuesta inspirada en ese documento. En este aspecto, el
Acuerdo contrasta claramente con otros intentos parecidos, como
los 20 Compromisos por la Democracia, el Grupo San ngel, el
Seminario del Castillo de Chapultepec o el ciclo de conferencias
Los Compromisos con la Nacin, que dejaron una huella indeleble
en las instituciones y el discurso pblico del pas.
Aunque muchos factores contribuyeron al fracaso del Acuerdo
de Chapultepec, uno de ellos fue su desmesura. Al proponerse
nada menos que la transformacin global de la sociedad mexicana,
el Acuerdo requera de un lder muy difcil de conseguir: un titn
confiable que estuviera dispuesto, adems, a retrotraerse para dejar
que su obra caminara por s misma. Se necesitaba, en otras palabras,
alguien que como organizador lograra ser lo que Lev Tolstoi fue
como artista: un elefante que puede arrancar un rbol de cuajo, pero
tambin puede coger una mariposa con tanta delicadeza que no se
pierda ni una brizna de polvo de sus alas (Turgunev, 1960).
Esos lderes, como esos artistas, son productos demasiado raros
y es insensato dejar la transformacin de un pas a su aparicin.
Es ms prudente plantearse cambios ms modestos que puedan
ser promovidos por asociaciones ms pequeas y requieran lderes
menos extraordinarios.
240
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
Conclusin
El siguiente cuadro sintetiza la manera en que los lderes de ambos
casos enfrentaron el reto peculiar del liderazgo asociativo.
Cuadro 2
Retos y resultados del liderazgo
Chapultepec Claustro
Crear el grupo S No fue logro suyo
Crear sus instituciones No S
Mantenerlo No quiso No pudo
El liderazgo del Acuerdo de Chapultepec fue muy vistoso pero poco
duradero. Logr producir rpidamente un resultado prctico muy
visible, pero no pudo construir instituciones ni gener confianza.
El liderazgo del Claustro fue ms modesto y lento; le llev aos a la
asociacin producir su principal resultado prctico y ese producto
es poco visible y no est claro cul va a ser su impacto (si va a ser
aprobado).
El liderazgo asociativo ideal debe tener una combinacin de
ambos: ni tan fulgurante como el del Acuerdo de Chapultepec ni tan
recatado como el del Claustro. En otras palabras, un sistema asocia-
tivo complejo funciona mejor cuando logra establecer y mantener el
delicado equilibrio entre la dispersin de la autoridad y el liderazgo
eficaz. El xito del sistema asociativo depende en buena medida de
qu tan bien logre este equilibrio.
Un sistema asociativo que pueda tener los lderes y el sistema de
liderazgo idneos ser capaz de generar beneficios para cada uno
de los participantes y resolver el problema pblico que les interesa.
Su principal contribucin a la sociedad, es decir, su principal rendi-
miento social, ser fomentar el desarrollo de la vida asociativa. Esto
ser har de dos formas principales: una directa y otra indirecta. De
manera directa, al contribuir a que cierto nmero de ciudadanos
se reconozca como una asociacin latente y se constituya en una
asociacin activa, facilitar la participacin poltica de esos ciuda-
241
Jos Luis Velasco
danos, enriquecer la agenda pblica, diversificar la representacin
poltica e incrementar la densidad asociativa del pas. De manera
indirecta, ese esfuerzo tendr un efecto pedaggico: sentar un
precedente, un ejemplo acerca de cmo se pueden resolver los pro-
blemas pblicos. Si el sistema asociativo lo logra, el liderazgo
asociativo habr rendido el mayor beneficio social que es capaz de
generar: ensear a los ciudadanos a resolver por s mismos, de ma-
nera igualitaria e incluyente, los problemas pblicos, que no deben
dejarse exclusivamente en manos del gobierno.
De este anlisis se puede concluir que los casos analizados con-
tribuyeron de alguna manera al desarrollo de la vida asociativa del
pas, aunque no tanto como pudiera esperarse, dados los importantes
objetivos que los sistemas asociativos se proponan realizar. En el
caso del Acuerdo de Chapultepec, tal vez el mayor logro social de
su liderazgo fue reunir, sistematizar y expresar en la esfera pblica
de manera abierta las opiniones de un segmento de la lite nacional
que normalmente se expresan en mbitos selectos, inaccesibles para
los ciudadanos comunes. No logr, en cambio, incluir las opiniones
de los ciudadanos comunes y formar, como se lo propona, un gran
plan nacional no slo en su contenido (el alcance de sus propuestas),
sino tambin en su origen (la voluntad, diversa y contradictoria, de
la ciudadana mexicana). Como ya se anot, su efecto pedaggico,
si tuvo alguno, tal vez fue negativo. Antes que un modelo acerca de
cmo asociarse para resolver un asunto pblico de gran trascen-
dencia fue un ejemplo de cmo no hay que hacerlo. En eso radica,
paradjicamente, su segunda mayor contribucin a la vida asociativa
del pas.
Con respecto al Claustro, la contribucin social como cabra
esperar, dadas las caractersticas del sistema asociativo respectivo
fue modesta. Sin duda, sus lderes lograron expresar, o incentivar
que otros participantes expresaran, las aspiraciones, temores, co-
nocimientos y resentimientos de los diversos sectores del personal
acadmico de la unam. Al hacerlo crearon, en efecto, una va para
canalizar esa expresin, no para neutralizarla sino para transformarla
en propuestas concretas. sta fue, sin duda, su mayor contribucin
directa a la vida asociativa de la Universidad, pero la lentitud del
sistema asociativo, su escasa visibilidad y el hecho de que sus pro-
242
Lderes y liderazgo en los sistemas asociativos complejos
puestas no se se hayan transformado an en medidas prcticas limit
seriamente sus efectos pedaggicos. Adems, aparte de haber sido
modestos esos potenciales efectos indirectos, distan mucho de ser
evidentes: tienen que ser rastreados y, una vez identificados, puestos
en relieve por medio del anlisis y la abstraccin, para que puedan
ser utilizados como ejemplo en otros esfuerzos asociativos dentro
y fuera de la Universidad.
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244
Rendimiento social del Consejo
Coordinador Empresarial de Mxico
Ricardo Tirado1
E n este captulo se analiza el rendimiento social de la ms im-
portante organizacin gremial de empresarios de Mxico: el
Consejo Coordinador Empresarial. Como prembulo, se examinan
conceptualmente qu son las organizaciones gremiales de empre-
sarios y cmo puede pensarse su rendimiento social.
Las organizaciones gremiales de empresarios son agrupaciones
constituidas para la representacin, defensa y promocin de los inte-
reses y las preferencias de empresarios y empresas que producen y
venden bienes y/o servicios de manera permanente para obtener
ganancias. Esto es, los empresarios realizan actividades econmicas
con nimo de lucro.
Y aunque sus socios buscan el lucro, las organizaciones gremiales
no son lucrativas, pues aunque cobran cuotas a sus afiliados no
obtienen ganancias, ya que esas aportaciones y los ingresos que les
reporta la eventual venta de algunos bienes y servicios slo se utilizan
para recuperar los gastos realizados por el mantenimiento de las
organizaciones y los servicios que proporcionan a los afiliados.
Desde el punto de vista jurdico-social, lo comn es que estas
organizaciones se constituyan en asociaciones, que pueden definirse
1
Agradezco a Sara Gordon, Mario Orospe y Gloria Guadarrama los comentarios a
una versin anterior, pero la responsabilidad de este trabajo es exclusivamente ma.
245
R icardo T irado
como un arreglo social basado en la voluntad ms o menos libre
de las organizaciones de agruparse, afiliarse, postular un objetivo
comn, con un mnimo de reglas y el funcionamiento de una coor-
dinacin (Cadena y Puga, 2005; Snchez, 2010; Tirado, 2010).
Las asociaciones representan y coordinan a sus miembros para lo-
grar condiciones que les permitan operar de la mejor manera posible,
es decir, para posicionarlos adecuadamente y que sus ganancias se
incrementen. Recogen sus intereses y preferencias, que procesan y
transforman en propuestas ms o menos viables de ordenamientos
pblicos que luego promueven para que se adopten e implementen.
Otra de sus tareas es la construccin simblica de imgenes favo-
rables para sus asociados, para sus demandas y para ellas mismas.2
Funcionan como espacios en donde se ventilan problemas muy
diversos y se toman acuerdos que luego se promueven. A veces llegan
a acuerdos nocivos para la poblacin, como elevar los precios de los
productos o dividirse el mercado; se habla, as, de un comportamiento
de cartel.3 Son, adems, agrupaciones que al constituirse para actuar
concertadamente potencian las capacidades (el poder) de grupos
sociales que ocupan, de por s, posiciones econmicas, sociales y po-
lticas prominentes.
Estas organizaciones gremiales de empresarios pueden ser
analizadas con las herramientas conceptuales que proporcionan
las tipologas que distinguen a las organizaciones y las teoras or-
ganizacionales. Pueden distinguirse con diferentes criterios; uno
muy elemental es el tamao de las empresas afiliadas, que se basa
justamente en su dimensin. As, las hay de socios micros, pequeos
y medianos, y de grandes y megaempresarios. Los grandes y muy
grandes se organizan fcilmente y, a veces, constituyen una pequea
asociacin muy exclusiva que aglutina a la verdadera lite empresa-
rial (Scott, 2008). Entre las organizaciones de empresarios grandes
y pequeos se dan tensiones; no obstante (o tal vez por ello), los
grandes tienden a construir organizaciones amplias e incluyentes en
las que quepan todos, haciendo prevalecer sus preferencias a cambio
2
Sobre estas organizaciones, vanse Coleman (1988) y Schmitter y Streeck (1981).
3
Adam Smith (1976, I: 142 [1776]) desconfiaba de las asociaciones de quienes prac-
tican las mismas actividades econmicas porque su intervencin impide el libre juego
de las fuerzas del mercado.
246
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
de representar a los pequeos en la defensa de intereses comunes
y de proporcionarles, desde las organizaciones, ciertos servicios
(Traxler, 2007).
Otro criterio clasificatorio es el tamao de la organizacin, que
se refiere al nmero de afiliados, con organizaciones que tienen
muchos miembros y otras que tienen pocos. El nmero de afiliados
se relaciona con el tamao de las empresas asociadas, pues las agru-
paciones de las empresas muy grandes son organizaciones chicas, ya
que existen pocas empresas de gran tamao. Y viceversa, las grandes
organizaciones tienen muchos socios chicos. Ser una organizacin
pequea de grandes empresas o una grande de muchas pequeas
afecta de diversas maneras su desempeo. Las primeras suelen
tener muchos recursos, se concertan fcilmente y son efectivas; las
segundas, en cambio, tienen problemas para constituirse, conseguir
recursos, llegar a acuerdos y acotar a sus dirigentes.
Las asociaciones de organizaciones de empresarios, es decir,
aquellas cuyos socios son a su vez organizaciones, son agrupaciones
ms complejas que tienen una dinmica muy distinta, como se ver
ms adelante. Una diferencia importante es que los dirigentes de la
asociacin de organizaciones y los representantes de cada una de las
organizaciones afiliadas son actores fundamentales de la federacin.
La presidencia, el comit directivo y la asamblea general de socios
(integrada por los representantes de las organizaciones afiliadas) son
sus autoridades. En todos estos espacios las relaciones son muy di-
rectas, cara a cara, y ah se toman las decisiones ms importantes.
Un tercer criterio de clasificacin es la amplitud geogrfica de la
organizacin, que atiende a la extensin de su dominio espacial y
determina, por el lugar en que estn asentadas, qu empresas pueden
ser parte de la organizacin. De este modo, se tienen organizaciones
nacionales, regionales y locales. Este agrupamiento propicia que las
organizaciones ms amplias y altas tiendan a tener una interlocu-
cin con actores ms abarcantes y de mayor jerarqua, de modo que
los asuntos que se ventilan en las organizaciones nacionales sern
ms amplios y sustanciales que en las estatales, y ms en stas que
en las municipales. En conclusin, las organizaciones ms amplias
tienen tambin una representacin, un rango y un peso poltico
mayores.
247
R icardo T irado
Otro criterio de clasificacin es el dominio profesional de la orga-
nizacin, es decir, el tipo de empresarios afiliables por su actividad.
As, hay organizaciones generales y especializadas; las primeras
agrupan a empresas de todas las actividades (aunque al interior
puedan concurrir agrupaciones organizadas por sectores, ramas y
especialidades); las segundas afilian slo a las empresas de una mis-
ma rama o especialidad y muchas veces son independientes. Aqu
tambin las organizaciones ms amplias, altas e incluyentes, tienen
ms proyeccin que las especializadas y, por tanto, tienden a perfilarse
como representantes y voceras de todos los empresarios, lo cual, en
la medida que esto es reconocido por los propios empresarios y por
otros actores, tiene un significado poltico de inters para todos los
actores polticos y sociales.
Finalmente, el criterio del rol en la representacin y la interme-
diacin de intereses es especialmente relevante; tanto que de ah
nace una importante clasificacin de los gremios en asociaciones,
corporaciones y neocorporaciones (Schmitter, 1992a y 1992b).
Las asociaciones se caracterizan por la libre afiliacin de sus
miembros, por la forma independiente en que se acercan a las agen-
cias del gobierno para presionar o influir en pro de las polticas
que les convienen y por la gran libertad y flexibilidad con que (si
lo hacen) se agrupan unas con otras (Richardson, 1993).
Las corporaciones son, casi, las antpodas de las asociaciones.
Son organizaciones promovidas por el Estado, que les asegura el
reconocimiento del monopolio de la representacin de grandes
categoras sociales empresarios, trabajadores, maestros, etc. y
la interlocucin y negociacin privilegiadas de sus demandas con el
gobierno a cambio de una afiliacin no necesariamente voluntaria,
la intervencin en la formulacin de sus demandas y la designacin
de sus dirigentes.
Las neocorporaciones son, por su parte, corporaciones volunta-
rias, es decir, agrupaciones que tienen bases societales, o de fuerte
sustento voluntario, aunque el Estado modula en parte la designa-
cin de sus dirigentes y la formulacin de sus demandas.
Como ya se dijo, el anlisis de las organizaciones gremiales puede
intentarse tambin a partir de las teoras organizacionales sobre los
siguientes problemas tpicos de toda organizacin: a) la condicin de
248
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
los asociados; b) la conduccin de la agrupacin; c) la legitimidad del
orden organizacional; y d) la interrelacin de la organizacin con el
contexto social en que opera.
El primer problema se refiere a quines son los integrantes de
la organizacin, pues sin duda este factor incide de manera muy
importante en los recursos, las dinmicas, los alcances y las posibi-
lidades de cualquier organizacin. Esta cuestin sobre quines son
los miembros puede abordarse examinando los grados de autonoma
individuales; es decir, su capacidad para entrar o salir voluntaria-
mente de la agrupacin, intervenir libremente en la organizacin
y participar de manera activa en la construccin de las decisiones.
Las organizaciones de miembros ms autnomos son, a su vez,
ms autnomas y ms dinmicas, y tambin, por lo mismo, las ms
complejas (Luna y Velasco, 2010; Reda, 2012). Otra forma de mirar la
autonoma de los afiliados y las organizaciones se basa en el control
de los recursos y las relaciones que dan capacidades.4 Distintos ti-
pos de empresas tienen recursos, capacidades, intereses y preferencias
diferentes; as, se introduce en la organizacional gremial la cuestin
de los diferentes tamaos de las empresas. Las organizaciones de los
grandes empresarios son ms autnomas y complejas que las de
los pequeos porque tienen ms recursos y relaciones. La disposicin
de recursos es central para cualquier organizacin.
La perspectiva terica racionalista de la organizacin es til para
afrontar el problema de su efectividad, pues hace nfasis en que la
organizacin es un instrumento que se utiliza racionalmente para
alcanzar los objetivos decididos (Scott, 2003; Pfeffer, 1992). Esto
significa que la organizacin necesita claridad sobre los objetivos que
persigue, reglas para gobernarse, concertar y dirigir a la membresa, y
planes y estrategias para obtener los recursos necesarios y desplegar
las acciones que le permitan alcanzar sus fines. El problema de la
eficacia se relaciona de manera muy directa con los miembros de
la organizacin, porque su existencia por quienes la constituyen le
fija un horizonte de posibilidades y limitaciones. El tipo de socios
4
Este punto de vista se acerca a la teora de la dependencia de recursos. Vase Natal
(2010).
249
R icardo T irado
que integran la organizacin tiene para sta un carcter inhibitorio
o habilitante.
La perspectiva naturalista de las teoras organizacionales es adecua-
da para tratar la legitimidad del orden organizacional, que involucra,
a su vez, varios problemas: la cooperacin y el conflicto, la toma de
decisiones y el liderazgo. Esta perspectiva seala que las organiza-
ciones son espacios de consensos y disensos, de conflictos y luchas,
pues cada uno de sus miembros tiene intereses y objetivos propios.
No slo los que son compatibles con los que la organizacin asume
como propios y todos han aceptado al ingresar, sino tambin otros
que pueden ser personales o de grupo, o de la sociedad en general,
que portan e introducen a la organizacin. Estas diferencias generan
tensiones al interior, lo cual puede ser un obstculo mayor o menor
para que pueda realizar sus fines (Scott, 2003; Pfeffer, 1992). En
materia de gremios empresariales, deben destacarse las tensiones
surgidas de las desigualdades en la autonoma recursos y relacio-
nes entre los empresarios grandes y los pequeos que las integran
y las diferentes posturas y polticas que propugnan. Aunque los
grandes empresarios no necesitan normalmente a las organizaciones
pues su peso econmico y poltico les permite un acceso expedito
a las ms altas agencias estatales, hay evidencia de que las controlan
o tienen una destacada presencia en ellas.5 Los pequeos, por su
parte, tratan de superar su debilidad afilindose a las organizaciones
aunque sean patrocinadas, sostenidas y usadas sobre todo por
las empresas grandes6 porque los representan ante problemas
comunes que los afectan (el respeto a la propiedad, los impuestos
bajos, el control del factor trabajo, etc.) y les proporcionan servicios
contables, jurdicos, informativos, etc. (Traxler et al., 2007).
La toma de decisiones y el liderazgo son asuntos centrales en
cualquier organizacin, porque de ah dependen en buena medida
la satisfaccin de sus integrantes y la consecucin de sus propsi-
tos. Los procesos para la toma de decisiones estn enraizados en
5
Vanse Traxler y Huemer (2007), para Europa, y Tirado (2006 y 2008), para
Mxico.
6
Es usual que los montos de las cuotas se fijen en relacin al tamao de las empresas,
y adems las grandes suelen hacer donaciones extraordinarias que los dirigentes aprecian
mucho.
250
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
la institucionalidad de la organizacin y muchas veces producen
tensiones, porque las diferencias, el conflicto y la confusin recorren
a las organizaciones, adems de que siempre opera una racionalidad
limitada (March, 1997). Debido a esto, muchas veces el poder y la
inercia son la principal fuente de las decisiones, ms que los clculos
basados en parmetros racionales (Shapira, 1997).
Los procesos tpicos para la toma de decisiones en las organiza-
ciones son los siguientes (Tirado, 2010; Luna y Velasco, 2010; Reda,
2012): i) El activo, en el que se busca el convencimiento o la persuasin
a travs de la informacin y los argumentos en el curso de delibe-
raciones y negociaciones que se resuelven mediante el consenso o
por votaciones democrticas; ii) El pasivo, en el cual los socios dejan
voluntariamente que un grupo o una persona influyentes decidan
(por su prestigio, talento o posicin), y iii) El autoritario, en el que
los dirigentes controlan la organizacin mediante la presin (dando
premios y castigos), ante la impotencia de los afiliados (Michels,
1996 [1911]).
Estos modos de decidir as como toda la vida de la organiza-
cin se despliegan en los marcos de referencia como resultado
ms o menos deliberado del poder de construccin simblica de
quienes son hegemnicos en la organizacin e implantan una visin
o campo epistmico vlido para la toma de decisiones. En ciertos
casos, dada la gran prevalencia de uno de estos marcos, la incidencia
de los opositores es prcticamente nula porque no se les considera
realmente en la toma de las decisiones.
En los procesos de decisin de las organizaciones empresariales
existe la tendencia a la prevalencia de los empresarios ligados a las
empresas ms grandes, pues poseen los recursos, las relaciones
y la autonoma que les permiten desplegar acciones frecuentes e
intensas sobre las acciones de los otros. Muchas investigaciones
empricas han concluido que, efectivamente, los grandes empresarios
tienen hegemona sobre las organizaciones aunque no las dirijan
personalmente (Traxler y Huemer, 2007; Tirado, 2006 y 2008). El
liderazgo es una funcin fundamental para resolver el problema de
la cooperacin entre los afiliados. Un elemento crucial del liderazgo
es que quien lo ejerce goce de la confianza de la membresa, porque
se le reconoce autoridad (en el sentido de prestigio y crdito) para
251
R icardo T irado
convocar a la accin e inspirarla por su legitimidad, conocimiento,
calidad, habilidad o competencia.7 Sin embargo, tambin hay lide-
razgos delegados y autoritarios que se basan en los modos pasivo
y autoritario de decidir.
Otro gran aporte conceptual para entender a las organizaciones,
en general, y a las organizaciones gremiales, en particular, es la
teora ecolgica, que postula que la organizacin es un sistema abierto
que est inmerso en su entorno, y no separado. Es decir, que las
organizaciones estn insertas en campos institucionales mayores
que las constrien pero tambin las habilitan para actuar (Scott,
2003; Pfeffer, 1992), de manera que el ambiente es muy importante.
En este caso es vital la accin de los actores empresariales sobre los
dems actores externos tanto para apalancarse, con el fin de hacer
prevalecer sus preferencias y mejorar su imagen y la de sus miem-
bros, como para aprovechar las oportunidades que se les presentan
y evitar las amenazas que pueden desviarlos de sus objetivos o daar
su imagen.8
El rendimiento social de las organizaciones empresariales
Un problema ms con respecto al anlisis de la accin de las organi-
zaciones empresariales es su rendimiento social, que, dicho de manera
llana, se refiere a las contribuciones que hacen esas organizaciones
a la sociedad en general, sean directas o indirectas, voluntarias o
involuntarias, tangibles o intangibles y positivas o negativas.
Este problema puede verse de manera general examinando la
naturaleza misma de la organizacin en cuestin, para saber qu
puede esperarse de ella, valindose de varios criterios: el espacio
sistmico en que normalmente est inserta, el tipo de acciones que
comnmente realiza y los bienes que ordinariamente produce.9
7
Sobre el liderazgo en las asociaciones, vanse Gordon (2010) y el trabajo de Velasco
en este libro.
8
Acerca de las asociaciones y el entorno, vanse Cadena Roa (2010) y Natal (2010).
9
Vanse al respecto los trabajos de Reygadas, Olvera, Canto y Cadena, en Cadena
(2004) y Olvera (2001).
252
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
El espacio sistmico
Este criterio se refiere a los cdigos, las lgicas y las reglas del medio
en donde naturalmente se desempea cada organizacin.10 Puede tra-
tarse, as, de una organizacin que acta en la economa, el mercado
y el dinero, pues su leit motiv es el lucro y el posicionamiento para
lucrar ms. Es el mundo de las empresas y los negocios, la inversin
y la produccin de bienes y servicios, la industria y el comercio, las
compras y las ventas, las finanzas y el crdito, la oferta y la demanda
y los rditos, las utilidades y las ganancias, etc. Pero tambin puede
tratarse de un segundo tipo de organizacin, que se mueve en la
dominacin, la poltica, el Estado, cuyo eje es el logro o incremento
del poder y su ejercicio. Es el medio de los partidos, los candidatos,
las campaas, los militantes, las encuestas y las elecciones; el am-
biente de diputados, senadores y todos aquellos que desempean
puestos de eleccin popular; el de las luchas por hacerse de mayores
cuotas de poder, el de ganar los gobiernos y ejercer el poder; el de las
agencias estatales, los altos funcionarios del Estado, la recaudacin
de ingresos pblicos y la ejecucin del gasto; el de la legislacin, la
aplicacin de las leyes, las polticas y los programas pblicos, etc.
Finalmente, puede tratarse de una organizacin que acta en lo que
suele llamarse la sociedad civil, o la esfera civil, cuyo leit motiv es, al
menos declaradamente, el bien pblico, la solidaridad entre las per-
sonas, la civilidad y la vida buena. Es el mundo de las asociaciones
voluntarias y no lucrativas; el de las organizaciones no guberna-
mentales, las empresas sociales, los voluntarios, las fundaciones de
asistencia a grupos vulnerables y las agrupaciones para el avance
de causas humanitarias, la defensa de derechos y la mejor calidad de
vida. Se trata del espacio pblico, la esfera civil, la opinin pblica,
los valores, las normas, los bienes pblicos, las actividades sin fines
de lucro y la solidaridad social.
El tipo de acciones
El segundo criterio que permite dilucidar la ndole de la contribu-
cin de cualquier organizacin al rendimiento social es el tipo de
10
Vanse el ya clsico Cohen y Arato (2000) y Edwards (2009).
253
R icardo T irado
acciones que ordinariamente son desplegadas, segn sus contenidos
o materialidad. Siguiendo este criterio, pueden distinguirse las acciones
econmicas, cuya materialidad consiste en realizar operaciones que
incrementan los lucros y mejoran las posiciones en el mercado; las
acciones polticas, para hacerse de mayores cuotas de poder directo,
y tambin las que consisten en desempear o ejercer ese poder
esto incluye acciones de persuasin, influencia y presin para
que se produzcan determinados resultados polticos directos, como
ganar un cargo pblico, ser el candidato de un partido, lanzar un
programa poltico, etc. las acciones sociales (o civiles acotadas), que
sin procurar el poder y el lucro, ni tampoco incidir mayormente
en el ordenamiento de la sociedad y el inters pblico, incluyen
acciones que aportan beneficios gratuitos de manera directa a los
integrantes de un conjunto determinando, pero solamente a ese
conjunto por ejemplo, la prestacin de auxilios a los damnificados
por un huracn o la introduccin de agua a una colonia popular,
y finalmente las acciones que se ocupan de lo poltico (acciones neta-
mente civiles), que dan forma a la sociedad en mbitos distintos a
la economa o la poltica. Aunque a veces estas acciones inciden en la
realidad social sin que nadie las promueva de manera consciente,
ni nadie oponga resistencia, generalmente toman la forma de in-
tervenciones deliberadas de colectivos humanos adversarios, cuyas
diferencias no se plantean o codifican en los trminos, espacios e
instituciones en donde formalmente se libra la lucha por el poder
poltico. Estas intervenciones y las contiendas que suscitan dan
forma a la sociedad, construyendo la significacin, lo cual implica el
ejercicio de un poder, y en este sentido tienen carcter poltico (en
la acepcin amplia del trmino), de ah que se les clasifique como
acciones en lo poltico (Arditi, 2005: 220). De este tipo son las ac-
ciones que discursivamente construyen sentido y contribuyen al
reconocimiento de derechos y la formulacin e implementacin de
polticas pblicas, y desde luego las acciones de persuasin sobre
los hacedores de polticas (que no ataen directamente al lucro y las
cuotas de poder), como las cuestiones de biotica, el derecho a la
informacin y el cambio climtico, por ejemplo. De modo que estas
acciones adscribibles a lo poltico, que no son polticas ni econ-
micas en sentido estricto, aunque frecuentemente tienen ribetes o
254
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
alcances polticos y econmicos, se refieren sobre todo a cuestiones
sociales o civiles en su sentido ms genuino.11
Los bienes que producen
Finalmente, un tercer criterio para ver la cuestin del rendimiento
social de las organizaciones se basa en el tipo de bienes que produ-
cen, pudiendo ser stos de carcter pblico, semipblico, colectivo o
privado (consumible o duradero), segn las siguientes definiciones.12
Son bienes pblicos aquellos que por su naturaleza misma una vez
que existen son inagotables, pues no los merma el consumo que
se hace de ellos; es decir, no hay rivalidad en el consumo. En este
tipo de bienes no se puede excluir a nadie de su goce, pues si estn
disponibles para una persona lo estarn tambin para todos, aunque
no hayan contribuido a producirlo. Ejemplos de esto son el aire, la
seguridad pblica y un faro.
Los bienes semipblicos son muy similares a los pblicos, pero
sus beneficios slo son tiles para los integrantes de un conjunto
determinado de individuos. Una vez que existen, ningn miembro
de ese conjunto puede ser excluido del disfrute de ese bien, haya
contribuido o no a su produccin. Un ejemplo de esto son las leyes
que protegen los intereses de los invidentes, o de los fabricantes
de ropa. En efecto, si se promulgan este tipo de leyes, todos y cada
uno de los ciegos, o todos los que fabrican ropa, podrn exigir las
ventajas que les brindan.
Los bienes colectivos son aquellos que, por su naturaleza, sus pro-
ductores o poseedores pueden reservar solamente para algunos y
adems no se destruyen en el acto de ese uso, como los edificios,
las albercas de los clubes sociales y las carreteras, pues sus titulares
pueden cercarlos e impedir el paso a quien no tenga su permiso.
Los bienes privados consumibles son aquellos cuyas condiciones de
existencia hacen que se extingan en el momento en que se usan,
11
Sigo en esto a Alexander (2006: 99-104) cuando distingue entre asociaciones volun-
tarias orientadas a los asuntos de inters pblico, que despliegan acciones comunicativas
para influenciar la opinin pblica apelando a vnculos de solidaridad, y asociaciones
autorreferenciales, que se limitan a procurar el inters o beneficio de un grupo.
12
Estas definiciones se basan en parte en Hechter (1987).
255
R icardo T irado
pero quienes los producen o poseen pueden excluir de su consumo
a otros, reservndolos para s mismos o para quienes ellos decidan,
como los alimentos y los servicios mdicos, porque cada bocado slo
puede ser comido por una persona y cada curacin es til solamente
a un enfermo.
Los bienes privados duraderos son aquellos que no se destruyen al
usarlos pero slo pueden servir a una persona, como un pasaporte,
una licencia para conducir o una concesin minera intransferible.
El criterio del tipo de bienes que produce la organizacin debe
acompaarse de otra consideracin: si la produccin de los bienes
le genera o no ganancias (lucro) a la organizacin.
Tomando simultneamente estos criterios utilizados para distin-
guir los tipos de organizaciones, puede decirse lo siguiente:
1. Por su naturaleza misma, las organizaciones gremiales empre-
sariales se adscriben al espacio sistmico de la economa, el mercado
y el dinero, pues aunque no lucran de manera directa, su atencin y
sus reflejos estn marcados intrnsecamente por la lgica, los cdi-
gos y las reglas del lucro y de los posicionamientos para tener ms
ganancias. Tambin estn insertas en la poltica, el Estado y el poder,
sobre todo las organizaciones ms grandes y amplias, las ms altas
y cupulares, porque esas grandes agrupaciones paraguas, aunque no
luchan por tener el poder poltico de manera directa, hacen clculos
polticos, viven atentas a las consecuencias de la poltica, a la situa-
cin poltica y al modo en que ese espacio cambia para beneficiar o
daar a sus afiliados y dirigentes, y eventualmente intervienen en ella,
aunque sea de manera indirecta, para que se proteja o promueva lo
suyo. Es claro que en el campo civil las organizaciones empresariales
incursionan slo ocasional y marginalmente.
2. Las acciones que despliegan las organizaciones empresariales
general y rutinariamente son de carcter econmico y poltico,
pues aunque no lucran de manera directa, s actan en el medio
econmico tratando de hacer prevalecer los intereses y las prefe-
rencias de sus socios mediante actos y propuestas que los coloquen
favorablemente en el mercado para lucrar mejor. Asimismo, realizan
acciones polticas no directas, pues inciden en su propio beneficio
256
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
en el aumento de las cuotas de poder y en el ejercicio del poder de
actores afines.
Deben incluirse tambin entre las acciones que eventualmente
realizan las organizaciones empresariales las de naturaleza civil
(acotada), que aportan beneficios directos a quienes componen
conjuntos claramente determinados, distintos de sus afiliados y sin
inters econmico o poltico. No es ste un espacio donde operen
ordinariamente las organizaciones gremiales, aunque de manera
eventual y extraordinaria lo hacen, apoyando, por ejemplo, a un
grupo vulnerable especfico en el caso de un siniestro.
En ocasiones, estas organizaciones tambin despliegan acciones
en lo poltico, que se materializan fundamentalmente como
intervenciones en los debates sobre la situacin y el futuro de los
asuntos pblicos y la sociedad. Sus acciones no son estrictamente
polticas ni econmicas, pero tienen consecuencias en la poltica y/o
la economa, como la defensa de una causa abstracta, como la no
discriminacin a los discapacitados. stas son acciones de naturaleza
civil en su sentido ms genuino.
3. En cuanto a los bienes que producen, estas organizaciones gene-
ran normal y cotidianamente bienes que satisfacen los intereses
y las preferencias de sus miembros, es decir, bienes semipblicos
de carcter no lucrativos que benefician a todos los empresarios
(sean o no miembros de la organizacin, pero desde luego con la
intencin de servir a sus afiliados), en tanto que son tiles a todos
los empresarios de las ramas y los sectores que reciben el beneficio,
pero generan tambin ciertos bienes colectivos destinados a todos
sus miembros (nicamente a ellos) y algunos bienes privados que
benefician slo a algunos de sus socios (pagando a veces una cuota
de recuperacin).
Es claro, entonces, que el inters prioritario de estas organizacio-
nes no es la creacin de beneficios para la sociedad o la produccin
de rendimientos sociales. Estas reflexiones permiten tipificarlas
como fundamentalmente econmicas, pero tambin polticas. Y
tambin afirmar que no son organizaciones civiles o de la sociedad civil. Sin
embargo, paradjica e interesantemente para este trabajo y la cues-
tin del rendimiento social de las organizaciones empresariales, estas
agrupaciones suelen deslizarse, aunque de manera extraordinaria o
257
R icardo T irado
accesoria, de su mbito natural de accin e incursionar en el campo
de la sociedad o esfera civil; desplegar acciones que, ubicndose
en el campo de lo poltico, se relacionan con lo social o civil, y
producir, sin afanes de lucro, algunos bienes pblicos, semipblicos,
colectivos y privados que llegan a beneficiar a individuos y grupos
no afiliados.
El caso del Consejo Coordinador Empresarial
De aqu en adelante se analiza el rendimiento social de la organizacin
gremial empresarial mexicana denominada Consejo Coordinador
Empresarial (en adelante cce, o el Consejo). Esto se hace aplicando
sucintamente los enfoques y conceptos expuestos y ahondando en
el examen de su contribucin a la produccin de bienes tiles a la
sociedad, o el rendimiento social de la organizacin.
El cce es una organizacin que se fund en 1975, durante un
fuerte conflicto entre el empresariado y el gobierno. Naci, as, como
una organizacin representativa para la defensa poltica del sector
empresarial, conjuntando en una sola, nueva y compleja agrupacin
a los ms importantes organismos empresariales existentes, e indi-
rectamente a cientos de miles de empresarios de todos tamaos,
sectores y ramas, desde los gigantes hasta los micros. Despus del
gran protagonismo poltico que tuvo en ese entonces, en la crisis
econmica y durante la expropiacin bancaria en los primeros aos
ochenta, el Consejo disminuy su perfil poltico y se convirti, en
la segunda mitad de los ochenta y en los noventa, en un decidido
promotor de la modernizacin econmica neoliberal.13
En la actualidad, el cce est integrado por siete organizaciones:
la Confederacin de Cmaras Industriales (Concamin), la Confede-
racin de Cmaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo
(Concanaco), la Confederacin Patronal de la Repblica Mexicana
(Coparmex), el Consejo Nacional Agropecuario (cna), el Consejo
Mexicano de Hombres de Negocios (cmhn), la Asociacin Mexi-
cana de Instituciones de Seguros (amis) y la Asociacin de Bancos
13
Vanse Luna y Tirado (1992), Tirado y Luna (1995), Tirado (1998), Caldern (2001)
y Tirado (2004).
258
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
de Mxico (abm), que dicen agrupar y representar a varios cien-
tos de miles de empresarios/empresas. Algunas de estas organizacio-
nes son muy autnomas (el cmhn, la amis y la abm), pues cuentan
con miembros que, a su vez, tambin son muy autnomos, ya que
disponen de muy amplios recursos y relaciones.
De acuerdo con las consideraciones tericas expuestas, el cce es
una organizacin de alta complejidad tanto por su gran diversidad
y dimensiones como por la gran autonoma de algunos de sus
afiliados. Es una organizacin mixta, pues alberga a empresarios
de todos los tamaos, que son sus asociados indirectos,14 y puede
afirmarse con seguridad que se han afiliado a ella todas las empresas
gigantes y grandes, la inmensa mayora de las medianas, muchas
pequeas y algunas microempresas.15 Es, adems, una agrupacin
nacional y general, o plurisectorial, puesto que conjunta a empre-
sarios y empresas de todo el pas y de todos los sectores, ramas y
especialidades productivas. Es tambin una organizacin cupular,
porque se encuentra en la cspide de la estructura jerrquica de
un gran conjunto de organizaciones. Es, entonces, como suele lla-
mrsele, una cpula de cpulas. Adems, el cce no tiene ningn
rival o competidor que pretenda ostentarse como el representante
de todos los empresarios mexicanos; es, pues, en este sentido, una
organizacin nica (hegemnica) con la que las ms altas autoridades
gubernamentales y otros actores polticos y sociales tienen interlo-
cucin, a la que le dan el trato y el reconocimiento de representante
de todo el empresariado nacional, mostrndose muy receptivos a
sus opiniones y propuestas.
Aunque el Consejo tiene rasgos asociativos, como un alto grado
de autonoma frente al gobierno y una libre pertenencia de sus afi-
liadas al propio cce,16 tambin tiene otros de carcter corporativo:
es una organizacin nica, si no de derecho s de hecho, pues nadie
compite con ella por la representacin que ostenta; las cmaras
14
Indirectos porque los afiliados al cce son organizaciones que a su vez afilian a
empresas/empresarios.
15
No existen cifras pblicas confiables de afiliados a las ms grandes organizaciones.
16
Aunque la adhesin originaria de las organizaciones constitutivas del cce se hizo
por arreglos cupulares, en la historia del Consejo algunas organizaciones se escindieron,
aunque luego regresaron.
259
R icardo T irado
industriales y de comercio que integran a dos de sus principales
afiliadas, la Concamin y la Concanaco, reciben ingresos del registro
forzado y el pago de cuotas de todos los empresarios al Sistema de
Informacin Empresarial Mexicano (siem);17 y todas las cmaras
de industria y comercio estn obligadas legalmente a afiliarse y
permanecer como miembros de las confederaciones de cmaras
respectivas, aunque no lo quieran.
El objetivo fundamental del cce es hacer avanzar los intereses y las
preferencias de los empresarios del pas, que la propia organizacin
expresa de esta manera: coordinar las polticas y acciones de los
organismos empresariales, e identificar posiciones estratgicas con
soluciones especficas, que contribuyan a disear polticas pblicas
para elevar el crecimiento econmico y el nivel de competitividad,
tanto de las empresas como del pas.18 La accin del cce en favor
de los intereses y las preferencias de los empresarios en particu-
lar de los ms grandes ha sido analizada por diferentes autores,19
por lo que slo se explicitar aqu que el sesgo a favor de la gran
empresa es estructural dentro del Consejo, pues cada una de las
siete organizaciones que la integran cuenta con un voto al momento
de tomar las decisiones de la organizacin, pese a que tres de ellas
(cmhn, abm y amis) agrupan slo a unas pocas decenas de miembros,
mientras que otras, cuyo voto tiene igual peso, renen a decenas de
miles (Coparmex y Concamin) y hasta centenas de miles de socios
(Concanaco y cna). Esto ha provocado cuestionamientos a su legi-
timidad a lo largo de su trayectoria, pero la organizacin goza de un
generalizado reconocimiento como representante del empresariado
del pas.
En este siglo sus intervenciones ms destacadas se han dado en
las elecciones presidenciales de 2006 y 2012 y en su firme promocin
de las llamadas reformas estructurales. En resumen, el Consejo
17
Los registrados en las cmaras industriales de la Concamin son 54789; en las de
comercio de la Concanaco son 721138, segn la pgina electrnica del siem consultada
el 30 de noviembre de 2012.
18
Todas las citas, salvo otra indicacin, se refieren a documentos del cce publicados
en su pgina web ([Link] y consultados en varias ocasiones durante el ao
2012.
19
Thacker (2000), Teichman (2001), Shadlen (2004), Tirado (2004) y Aguilar
(2008).
260
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
logra intervenir en poltica, incidiendo de manera significativa en los
procesos poltico-electorales, y tiene un gran capacidad de influencia
en las polticas pblicas que pueden afectar los intereses de sus ms
conspicuos afiliados; asimismo, ejerce un poder de veto que casi
ningn otro actor sociopoltico posee. Es, sin duda, una de esas or-
ganizaciones que por el gran poder que concentra puede distorsionar
y aun daar el juego democrtico (Dahl, 1991) en Mxico.
Despus de esta presentacin, la atencin de este texto se centrar
en las diversas modalidades y grados en que la gran organizacin
cpula de los empresarios contribuye al rendimiento social en favor
de la poblacin mexicana, o de algunos sectores de ella (distintos
de sus afiliados), que es tambin uno de sus objetivos, como lo
expresan sus documentos: Como representante e interlocutor del
empresariado mexicano, el cce trabaja para impulsar el libre mer-
cado, la democracia plena, la responsabilidad social y la equidad de
oportunidades para la poblacin.20
Las acciones directas del Consejo Coordinador Empresarial
A lo largo de su historia, el cce ha desplegado muchas acciones
de carcter poltico, econmico y social. Por su relevancia, puede
mencionarse, en los aos ochenta y noventa, su participacin en el
Pacto de Solidaridad Econmica, el impulso a la modernizacin
econmica neoliberal y el respaldo al Tratado de Libre Comercio
de Amrica del Norte. En lo que va del siglo, destaca su insistencia
en las reformas estructurales, que bsicamente incluyen la laboral
cuyo objetivo principal es cambiar las regulaciones en la contrata-
cin de trabajadores, permitiendo la adaptacin flexible a las nuevas
20
El presidente del cce explic al respecto: Nuestra responsabilidad con la sociedad
debe enfocarse en la generacin de ms y mejores empleos; fomentar una distribucin
de la riqueza; en promover los valores que engrandezcan a la sociedad y en exigir que
las autoridades cumplan su mandato constitucional. Los empresarios tenemos el com-
promiso de interactuar con todos los actores para lograr que Mxico sea una economa
competitiva, que Mxico goce de una sociedad plena de libertades, que Mxico tenga una
visin clara del futuro. Tenemos la obligacin de facilitar la construccin de acuerdos
y consensos, empezando por nosotros mismos, y que stos permitan darle rumbo y
certidumbre al pas.
261
R icardo T irado
tecnologas y formas de organizacin del trabajo, la descentralizacin
y la subcontratacin, los horarios cambiantes, la polivalencia, etc.,
la energtica que aboga por una gran apertura a la inversin priva-
da en las industrias del petrleo, el gas y la electricidad, removiendo
las barreras jurdico-polticas que existen y la fiscal que se basa
en impuestos al consumo, indirectos y regresivos; buscando la
aplicacin del Impuesto al Valor Agregado (iva) a medicinas y
alimentos, que ahora estn exentos, y su eventual incremento.
Otra accin notable del cce en los primeros aos del siglo fue
su intervencin en la campaa presidencial de 2006, coordinando
el Acuerdo de Chapultepec, promovido por el multimillonario
Carlos Slim, que se firm en nombre de la sociedad civil el 29 de
septiembre de 2005, obteniendo la adhesin, entre otras muchas,
de tres de los cuatro candidatos presidenciales, pues slo Andrs
Manuel Lpez Obrador se rehus a firmarlo. 21
La intervencin electoral del cce se intensific luego con la
contratacin de spots televisivos en contra de Lpez Obrador (sin
mencionarlo expresamente), que luego el Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federacin declar ilegales al hacer la calificacin
de la eleccin (tepjf, 2006: 91-105).
Otra intervencin del Consejo en el campo poltico electoral fue
la solicitud de amparo que present en contra de la reforma consti-
tucional de 2007, que prohiba a los particulares la contratacin de
anuncios de contenido electoral en radio y televisin.
El Consejo Coordinador Empresarial
en los aos recientes
Para conocer la productividad social del cce en los ltimos tiempos,
se hizo una revisin de los comunicados emitidos entre abril de 2010
y octubre de 2012 (vase el anexo 1). De ellos se desprende que,
por sus contenidos, las acciones del Consejo en ese periodo se han
referido fundamentalmente a los siguientes asuntos:
21
Vanse Aguilar (2008: 57-60), la prensa de los das previos y posteriores a la firma
del Acuerdo y el captulo de Velasco en este volumen.
262
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
Acciones de carcter poltico. La ms destacada accin poltica (en el
sentido estricto del trmino) del cce en el periodo considerado fue
la concertacin de sendos pactos polticos, con base en su propia
Agenda nica de Propuestas para un Programa de Gobierno,
con tres de los cuatro candidatos a la Presidencia de la Repblica:
Josefina Vzquez Mota (pan), Enrique Pea Nieto (pri-pvem) y
Gabriel Quadri (Panal).22 Con Andrs Manuel Lpez Obrador, de la
coalicin de izquierda (pt-mc-prd), el cce dialog pero no lleg a
un acuerdo. Estas acciones fueron de claro corte corporativo, debido
a que el Consejo asumi posiciones poltico-partidarias en nombre
de sus afiliados directos e indirectos sin tener facultades para ello y
sin consultarlos.
El cce tambin demand que se les diera amplia difusin a los
debates entre los candidatos presidenciales y promovi que se fir-
mara un pacto de civilidad para comprometerlos al debido respeto
al proceso electoral y las decisiones de sus autoridades. El pacto se
firm y el presidente del cce fue testigo y uno de los dos oradores
en la ceremonia.
Apenas pasadas las elecciones, el cce celebr el orden y la civi-
lidad que prevalecieron en el proceso y manifest que el candidato
Enrique Pea Nieto haba ganado la eleccin. Declar luego que
las impugnaciones y las inconformidades se apegaban al derecho y
formaban parte normal del proceso electoral, respald la autonoma
del Poder Judicial de la Federacin y del Tribunal Electoral del Poder
Judicial de la Federacin con vistas a la deliberacin que deba darse
respecto del resultado de las elecciones y apoy plenamente el fallo
del Tribunal de validar la eleccin y declarar ganador a Pea Nieto.
Acciones en lo poltico orientadas a la poltica. El Consejo emiti una
Agenda nica del Sector Privado, de la cual se desprendieron luego
una Agenda por Mxico Legislativo y la ya mencionada Agenda
nica de Propuestas para un Programa de Gobierno (cce-ceesp,
2012).
22
Quadri, por cierto, fue director del Centro de Estudios del Sector Privado para el
Desarrollo Sustentable del mismo Consejo Coordinador Empresarial. Vase <http://
[Link]/>.
263
R icardo T irado
Otras intervenciones fueron las solicitudes de que las cmaras
del Congreso realizaran periodos legislativos extraordinarios para
atender asuntos de su inters an pendientes.
Acciones relativas a lo poltico orientadas a lo econmico. Las acciones
ms destacadas en este rubro son la emisin de cinco comunicados
a lo largo del periodo con los cuales promovi una Ley de Asocia-
ciones Pblico-Privadas cuyo objetivo central era la creacin de un
marco jurdico para formalizar la asociacin entre la administracin
pblica federal y los particulares, para permitir nuevos esquemas de
financiamiento que dieran certidumbre jurdica a los inversionistas y
hacer ms atractivos y viables los grandes proyectos de construccin
de infraestructura, como aeropuertos, carreteras, presas, hospitales,
plantas de tratamiento de aguas, electrificacin, transporte pblico,
etc. Un sexto comunicado celebr la promulgacin de la ley.
El cce tambin intervino para reprobar las tendencias protec-
cionistas que adverta en algunos pases a partir de la crisis desatada
en 2008 y exigir a los negociadores del gobierno mexicano que no
cedieran a esas presiones. En particular denunci el caso de Ar-
gentina, que suspendi unilateralmente la vigencia del Acuerdo de
Complementacin Econmica 55, que regula el comercio automotriz
entre los pases del Mercosur y Mxico, limitando as la exportacin
de productos mexicanos a esa nacin.
En este campo de accin se inscriben tambin el apoyo y la promo-
cin de la actividad del Centro de Estudios Econmicos del Sector
Privado (ceesp),23 rgano asesor en materia econmica del Consejo
y de empresas de primer nivel en Mxico que se ocupa de hacer
anlisis e investigacin econmica y poltica para el sector empresarial
y contribuye a la definicin de polticas pblicas que permitan un
desarrollo econmico y social sostenido.
Acciones en lo poltico orientadas hacia lo social o civil. En este campo
sobresalen las acciones para condenar varios actos criminales de gran
resonancia, como los repetidos asesinatos de periodistas mexicanos,
el homicidio del candidato del pri a la gubernatura de Tamaulipas, el
atentado contra un casino en Monterrey que les cost la vida a
decenas de personas, los bloqueos de calles por la delincuencia
23
Vase <[Link]
264
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
organizada en Guadalajara y el oscuro ataque armado a un coche
con placas diplomticas en una carretera de Morelos. Tambin se
expres a favor de la evaluacin de la calidad de la educacin en el
pas, de acuerdo con una visin muy suya acerca de lo que conviene
en este campo, y reprob los actos de intimidacin en contra de me-
dios de comunicacin y organismos empresariales por parte de los
maestros opuestos a la evaluacin. Asimismo, defendi el derecho a
la libre expresin mediante la compra por particulares de anuncios
en materia electoral en radio y televisin, promoviendo amparos
(que a la postre perdi) en contra de la reforma constitucional de
2007, que los prohibi.
Adems de estas acciones de carcter civil, el cce colabora con
varias organizaciones que en algunos casos son sus auxiliares o
subsidiarias y las promueve, y en otras figura slo como un miembro
activo, de modo que la responsabilidad de esas acciones es compar-
tida y no exclusiva. stas son la Comisin de Estudios del Sector
Privado para el Desarrollo Sustentable (Cespedes), Aliarse (sic),
Impulsa, la Fundacin del Empresariado en Mxico (Fundemex) y
el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (Icesi).
Cespedes24
La Comisin de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sus-
tentable (Cespedes) es una organizacin que forma parte del propio
Consejo, creada en 1994 con el patrocinio de grandes empresas que
operan en ramas productivas cuyos procesos industriales han sido
tradicionalmente muy contaminantes: petrleo, cemento, minera,
acerera, papel, etc. Su objetivo es dar al sector empresarial una voz
en materia de medio ambiente y desarrollo y sobre la emisin de
gases de efecto invernadero que le permita concertar una poltica
de estado en materia de cambio climtico que sea parte de una
poltica nacional de desarrollo empresarial.25 La organizacin est
vinculada al World Business Council for Sustainable Development
(wbcsd), que lideran los directores generales de empresas de pen-
samiento avanzado que conjuntan a la comunidad empresarial global
24
Vase <[Link]
25
Tomado de la pgina web de la Cespedes.
265
R icardo T irado
para crear un futuro sustentable para las empresas, la sociedad y el
ambiente.26 Dado este vnculo, no es extrao que la Cespedes haga
suyo el concepto de desarrollo sustentable27 y se proponga pro-
mover la integracin de estrategias corporativas de sustentabilidad
en donde no slo se mejore el desempeo ambiental y econmico
corporativo sino que tambin se logre una incorporacin del factor
social como parte de la responsabilidad corporativa y lograr el de-
sarrollo de comunidades sustentables.
Para cumplir con sus propsitos, la Cespedes representa al sector
empresarial mexicano en reuniones y foros internacionales en la
materia y participa activamente en diversos consejos, comisiones
y otras instancias privadas y pblicas abocadas a los problemas del
cambio climtico, la ecologa y el desarrollo sustentable, entre ellas
la Comisin Intersecretarial para el Cambio Climtico y diversos or-
ganismos de la Secretara de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Tambin elabora documentos terico y prcticos, disea estrategias y
lneas de accin, realiza eventos, emite boletines e informes, imprime
textos28 y traduce y difunde documentos relevantes sobre los temas
de su rea de inters.
Aliarse29
Aliarse (sic) est integrada por la Coparmex, el cce, la Concamin,
la Confederacin Unin Social de Empresarios Mexicanos, el
Centro Mexicano para la Filantropa (Cemefi), Caux Round Table
Mxico e Impulsa, y tiene como principal objetivo promover la
cultura de Responsabilidad Social Empresarial [sic] para el bien
ser y el bienestar de todos los mexicanos. Adems, participa con
otras organizaciones mexicanas en un comit nacional a cargo de la
promocin y el seguimiento del Pacto Mundial, un llamado de las
Naciones Unidas lanzado en 1999 a las empresas del mundo entero
26
Vase su pgina web: <[Link]
27
La Cespedes usa en sus documentos tanto la frmula desarrollo sostenible como
desarrollo sustentable.
28
Uno de ellos es Cambio climtico: oportunidad para el sector empresarial. Visin del sector
empresarial mexicano sobre el cambio climtico, Mxico, cce-Cespedes, octubre de 2009.
29
Vase <[Link]
266
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
para que participen en la construccin de una sociedad global ms
justa (Cajiga, s/f: 21).
La responsabilidad social Empresarial (rse) es una filosofa, un
ideario o una ideologa que proclama que las empresas del mundo ac-
tual tienen un compromiso social que deben asumir voluntariamente.
AliaRSE lo define como el compromiso consciente y congruente
que asumen el empresario y la empresa de cumplir integralmente
con la finalidad de la empresa tanto en lo interno, como en lo exter-
no, considerando las expectativas de todos sus participantes en lo
econmico, social o humano y ambiental, demostrando el respeto
por los valores ticos, las personas, las comunidades y la construc-
cin del bien comn con justicia social. Un punto fundamental es
que la rse y las actividades que se le asocian son concebidas como
eminentemente voluntarias, pues no son jurdicamente exigibles,
aunque se postula que quienes atienden a la rse tienen que ir ms
all de las obligaciones legales (Cajiga, s/f: 8).30
En las actividades de Aliarse destaca la participacin de la Ce-
mefi, fundada en 1988, que a partir de 1997 cre el Programa de
Responsabilidad Social Empresarial y en 2001 comenz a entregar
anualmente el Distintivo Empresa Socialmente Responsable a las
empresas que cumplieron con los estndares de la responsabilidad
social empresarial.31 En septiembre de 2012, un total de 507 em-
presas contaban con ese distintivo.32
Para que la prctica de la responsabilidad social empresarial sea
efectiva, se ha propuesto que cada empresa debe: a) establecer un
proceso externo de evaluacin cuantitativa y cualitativa en los cuatro
mbitos de la responsabilidad social empresarial y su impacto, tanto
en el negocio como en la comunidad, b) dar difusin pblica del
compromiso, los retos y los logros de sus prcticas de responsabi-
lidad social empresarial, y c) ser transparente y poner al alcance de
terceros los medios que permitan la verificacin independiente
30
La responsabilidad social empresarial es afn a propuestas como la reduccin del
Estado, el gasto pblico y el estado de bienestar, y la postulacin del mercado, la empresa
y la oferta y la demanda, as como la filantropa, el voluntariado y el tercer sector, o sector
no lucrativo, como solucin a los graves problemas de pobreza, desigualdad y falta de
oportunidades en el mundo.
31
Vase ms sobre el Cemefi en Gordon (2008).
32
Cemefi, Informe Anual 2011, Cemefi, 2011: 8.
267
R icardo T irado
de los informes que describen los programas de responsabilidad
social empresarial y sus resultados (Cajiga, s/f: 25-26; Chvez y
Patraca, 2011).
Impulsa33
sta es la denominacin de la rama mexicana de la Junior Achie-
vement Worldwide, que es la mayor organizacin educativa
internacional sin nimo de lucro que a travs de 500 oficinas en
118 pases de los cinco continentes llega a ms de seis millones de
jvenes de todo el mundo. En Mxico, la organizacin naci en
1974 como Desarrollo Empresarial Mexicano (Desem), promovida
por empresarios de firmas estadounidenses afiliadas a la Cmara
Americana de Comercio con el propsito de educar a los jvenes
en los valores y las realidades de la economa de mercado y la libre
empresa e inculcarles la disposicin a hacerse empresarios.
Su misin es: Llevar al mayor nmero de personas la oportunidad
de conocer y entender de manera prctica el sistema de economa de
mercado con contenido social, desarrollando en ellas su espritu
emprendedor. Para lograr estos objetivos, el organismo disea
programas educativos adaptados a todos los niveles escolares, desde
la primaria hasta la universidad, que son impartidos por profesio-
nales voluntarios que laboran en las empresas en instituciones
educativas pblicas y privadas para estudiantes de entre cinco y 21
aos de edad. Los programas de Impulsa tienen presencia en 25
ciudades de 19 estados de la Repblica y en el ciclo escolar 2008-2009
llegaron a 215653 estudiantes.
Fundemex34
La Fundacin del Empresariado en Mxico (Fundemex) fue creada
en 2004 por un grupo de lderes empresariales del cce que decidie-
ron involucrarse de manera activa en la resolucin de los problemas
sociales del pas. Se define a s misma como una organizacin sin
fines de lucro creada para contribuir al desarrollo social y econmico
33
Vase <[Link]
34
En: : <[Link]
268
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
de las comunidades pobres de Mxico, a travs del trabajo con-
junto de las empresas y de las organizaciones de la sociedad civil.
Se propone ser una nueva forma de hacer responsabilidad social
empresarial y declara que su propsito es impulsar procesos de
transformacin social sostenible recurriendo a estrategias colabo-
rativas entre las empresas, las organizaciones de la sociedad civil y los
grupos de base, para generar valor econmico, social y ambiental
y lograr que las empresas tradicionales y las empresas sociales de
base comunitaria se unan en esquemas que generen valor para toda
la sociedad. Menciona adems que sus estrategias estn orientadas
al fortalecimiento de empresas de base comunitaria y al desarrollo
de capacidades (humanas, tcnicas, empresariales) con el objetivo de
acercar y canalizar opciones de desarrollo empresarial, fortalecer
a las organizaciones de la sociedad civil, facilitar la participacin
empresarial (con donativos, comparticin de experiencias e inclu-
sin de empresas sociales y personas en situacin de pobreza a sus
cadenas de valor) y propiciar un ecosistema favorable para la
innovacin social.
Por otra parte, la Fundacin present un reporte de sus logros
concretos en el periodo 2006-2012: tuvo ms de 86mil empresas
donantes; apoy a ms de 85 proyectos productivos en 23 estados
del pas; tuvo la participacin de ms de 76mil personas (15mil
participantes directos y 61054 beneficiarios indirectos) y realiz una
inversin social total de ms de 76 millones de pesos.
Icesi35
El Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (Icesi)
naci hace unos 12 aos como una asociacin civil no lucrativa
para contribuir a dar respuesta al grave problema de la inseguridad
pblica en Mxico. Es una organizacin especializada en la genera-
cin de diagnsticos sobre el creciente problema de la inseguridad
pblica en el pas, que preocupa a toda la sociedad, pero tal vez de
manera particular a los empresarios, pues se sienten especialmente
vulnerables a algunos delitos, como el secuestro. En cumplimento de
su misin, el Icesi genera informacin estadstica sobre actividades
35
Vase <[Link]
269
R icardo T irado
delictivas a travs de encuestas nacionales sobre inseguridad que
proveen informacin sobre la victimizacin y la percepcin social de
la inseguridad para elaborar propuestas de poltica criminolgica y
de seguridad pblica.36 Cuenta con la colaboracin de universidades
pblicas y privadas, del propio cce y de otras entidades. Entre 2002 y
2009, el Icesi diseo, coordin, analiz e hizo pblicas seis encuestas
nacionales sobre la inseguridad.
Sin embargo, la sptima encuesta sobre inseguridad (ensi-7),
realizada en 2010, cre fricciones entre el Icesi y el Instituto Nacio-
nal de Estadstica y Geografa (Inegi), pues esta ltima institucin,
segn expres el propio Icesi, desconociendo la autora y la expe-
riencia del Icesi, lo excluy de las decisiones sobre la metodologa
de la ensi-7, lo que provoc el deslinde del Icesi de los resultados
obtenidos en la encuesta.37 Aparentemente, el Icesi est ahora en
proceso de disolucin.
Conclusiones
El cce es una organizacin gremial empresarial inserta en los me-
dios sistmicos de la economa y la poltica que despliega normal
y rutinariamente acciones que se inscriben clara y directamente
en el campo de la poltica; tambin realiza acciones referidas a lo
poltico que tienen claros ribetes o consecuencias econmicas y
polticas. General y cotidianamente se ocupa de promover una buena
imagen para los empresarios, el avance de los intereses y las prefe-
rencias de sus afiliados, logrando beneficios econmicos y polticos
para ellos y posicionndolos para incrementarlos. Produce, ante
todo, bienes semipblicos tiles para todos los empresarios (sean
o no sus afiliados), ciertos bienes colectivos destinados a todos sus
miembros (slo para ellos) y algunos bienes privados que los afiliados
obtienen gratuitamente, y a veces pagan cuotas de recuperacin por
sus costos.
36
Un hallazgo del Icesi es la gigantesca cifra negra de delitos que ni siquiera se
denuncian.
37
Estos comentarios estaban el 2 de septiembre de 2012 en la pgina del Icesi. La
sptima encuesta ensi-7 est en: <[Link]
metodologias/encuestas/hogares/sm_ensi-[Link]>.
270
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
Puede concluirse que el cce (como las otras organizaciones
gremiales) no es una organizacin civil, sino una organizacin eco-
nmica y poltica, aunque eventual y circunstancialmente se desplaza
hacia otros espacios y realiza y produce otros tipos de acciones y
bienes. As, incursiona a veces en la esfera civil, realizando algunas
acciones solidarias en lo poltico, y a veces produce circunstan-
cialmente, sin fines de lucro, bienes que llegan a beneficiar a algunas
personas que no son sus afiliados ni son empresarios.
Detallando an ms las acciones que despliega el Consejo, puede
decirse en trminos generales que realiza importantes actividades
polticas, sobre todo en coyunturas electorales, apoyando a deter-
minados partidos y candidatos.
De hecho, su rol ms relevante es la representacin de los empre-
sarios en lo poltico, aun cuando muchas veces no se incline por un
partido o un candidato. Se trata de intervenciones en actividades que
sin ser propiamente polticas o econmicas, en el sentido ms estricto,
s tienen que ver con las contiendas que se producen para asumir
ciertas medidas de carcter poltico, econmico y social, o civil.
En los aos recientes, las actividades ms destacadas del cce
fueron de naturaleza poltica, en el sentido estricto, tomando par-
tido en la lucha poltico-electoral, pero la mayora de sus acciones
se enmarcan en lo poltico; por ejemplo, el lanzamiento de un
conjunto de propuestas de polticas para incidir en los programas de
los candidatos presidenciales y la bsqueda de cercana con el equipo
de transicin del presidente electo que trabaja en la formulacin del
plan del nuevo gobierno.
Tambin son acciones en lo poltico las que se relacionan con
asuntos econmicos, como la promocin de las reformas estruc-
turales, respecto a las cuales el cce ha ido avanzando poco a poco
en la difusin y aceptacin de esas propuestas, tanto en la opinin
pblica como entre actores decisivos, entre ellos los polticos, y no
parece lejano que se den grandes pasos en esa direccin.
Por otra parte, destaca en la exitosa promocin de la ley de
asociaciones pblico-privadas, la defensa de algunas ramas eco-
nmicas (la alimentaria, la automotriz y el comercio de tiendas
de autoservicio, de conveniencia y minisper) y el apoyo o solici-
tud de algunas medidas econmicas especficas.
271
R icardo T irado
Comparadas con estas intervenciones, las acciones civiles, o
vinculadas a lo social que realiza el Consejo, son de mucha menor
envergadura y consecuencias. Entre sus actividades en lo poltico
de carcter civil o social destacan sus aportaciones a la civilidad
poltica, aunque estn lastradas por el recuerdo de su actuacin en
la eleccin de 2006, su oposicin a las reformas electorales de 2007
y, sobre todo, los pactos polticos con algunos candidatos en 2012.
Asimismo, figuran la reprobacin de la delincuencia y la violencia
criminal, la promocin de la evaluacin de la educacin y la defensa
de la libertad de expresin, recortada cuando se prohibieron los
anuncios poltico-electorales de particulares en radio y televisin.
Pero tambin buscan influir a travs de otras organizaciones subor-
dinadas y, slo en parte, de las que slo es un socio ms.
Es difcil evaluar los logros que el cce ha tenido en cuanto a ren-
dimiento social, pero en general parecen modestos. Su reprobacin
de las actividades criminales no ha tenido resultados visibles, aunque
tal vez ha contribuido a aumentar la presin ciudadana sobre las
autoridades responsables. Al parecer, la evaluacin de la educacin
pblica es un asunto que ha calado en la sociedad, aunque no es
posible atribuirlo a las acciones del cce, pues muchos otros actores
han coincidido en esta demanda.
La defensa de la libertad de expresin del cce se ha concentrado
sobre todo en la de emitir mensajes de contenido electoral en los
medios electrnicos. Dados los antecedentes del propio Consejo,
esta accin es vista por muchos como una defensa de su propia
actuacin y de quienes pueden pagar anuncios de este tipo.
De las organizaciones del cce, la Cespedes beneficia sobre todo
a las grandes empresas, moderando las exigencias de las agencias
gubernamentales encargadas de las regulaciones sobre medio am-
biente y cambio climtico; es decir, defiende al gremio empresarial,
evitando que la carga que implica la proteccin del ambiente sea
excesiva, pero es cierto que las medidas ambientales y climticas
que se adoptan, en tanto bienes pblicos, benefician a la poblacin
en general.
Aliarse promueve la responsabilidad social empresarial, pero en
2011 slo haba 572 empresas con el distintivo de empresa social-
mente responsable (esr). No se conocen los alcances reales de las
272
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
acciones socialmente responsables de esas empresas ni mucho
menos qu efectos puede tener la difusin de la responsabilidad
social empresarial en la asuncin de compromisos efectivos de las
empresas.
En cuanto a Impulsa, aunque los beneficios de los programas
promovidos sin costo alguno por esta organizacin llegan a una
poblacin de ms de un cuarto de milln de no afiliados en un
ao, no se sabe qu tanto contribuyen realmente a la formacin de
talento empresarial y menos an qu tan socialmente responsable
es ste.
Fundemex, por su parte, produce bienes privados que asigna
gratuitamente a individuos no afiliados a la organizacin, pero
desafortunadamente en seis aos slo pudo beneficiar a alrededor
de 76mil personas con fondos que sumaron unos 76 millones de
pesos. Dada la magnitud de los problemas, parece que se trata de un
logro muy modesto.
Icesi logr producir bienes pblicos para la poblacin en general
como fuente de conocimiento sobre los problemas de la seguridad
pblica nacional y la formulacin de polticas para resolverlos. Por
la calidad y la importancia de sus hallazgos, el Icesi se convirti
en una referencia obligada en materia de datos sobre la insegu-
ridad pblica en Mxico. Sin embargo, al parecer est a punto de
desaparecer.
Una conclusin general es que el Consejo se aboca de manera
central a beneficiar a sus afiliados y las cpulas gubernamentales son,
en general, receptivas a lo que propone. Es claro que lo que ms le
interesa es la poltica y la economa. En contraste, las otras activida-
des de carcter social o cvico son accesorias. Algunas de ellas, que
buscan la promocin de la responsabilidad social empresarial y los
programas educativos para jvenes, han tenido pobres resultados y la
evaluacin de los objetivos especficos alcanzados por las empresas
que se han comprometido en este aspecto no es pblica, por lo que
parece ms una estrategia de las grandes empresas para hacerse de
una buena reputacin y remitir la solucin de los problemas sociales
a la filantropa y la buena voluntad.
No se puede dejar de sealar que, desde el punto de vista del ren-
dimiento social, el cce tiene varias caractersticas negativas: en tanto
273
R icardo T irado
que cpula de cpulas, nica, nacional y corporativa, es una organi-
zacin desorbitada que desequilibra al conjunto de la participacin
social organizada. Por sus alcances, la amplitud, la concentracin, la
jerarqua y el poder de esta organizacin, su actuacin distorsiona
el juego democrtico.38
Su conducta, en ocasiones desafiante para las instituciones, es
un mal ejemplo para la poblacin, pues la gran organizacin que
representa a un sector social el que tiene los mayores recursos
econmicos interfiere indebidamente en los procesos electorales
para inclinar los resultados e influye en las polticas pblicas de ma-
nera excesiva buscando defender sus propios intereses y los de sus
afiliados. Puede decirse que el Consejo cuenta con caractersticas
que lo asemejan a algunos grandes sindicatos, como los de los
maestros, los petroleros y los electricistas; asimismo, junto con la
Iglesia catlica, los grandes monopolios y oligopolios econmicos
y algunas otras pocas organizaciones, forma parte de los llamados
poderes fcticos.
38
Vase el tratamiento de estos problemas en el texto de Puga en este libro, quien
hace interesantes referencias a autores como Tocqueville, Madison y Dahl.
274
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
Anexo 1. Acciones del Consejo Coordinador Empresarial
(2010-2012)
Este listado se basa en la importancia de las actividades y no es
cronolgico.
Acciones polticas
Firma con los candidatos del pan, pri-pvem y Panal sendos
pactos polticos para promover la Agenda nica de Propuestas
para un Programa de Gobierno. Con el candidato de la coali-
cin Movimiento Progresista no hubo acuerdo.
Pide a los candidatos presidenciales firmar un compromi-
so de respeto a la legalidad, especialmente a las decisiones
del Instituto Federal Electoral (ife) y el Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federacin (tepjf).
Respalda el Compromiso de Civilidad y Respeto a la Legalidad
firmado por los candidatos presidenciales.
Celebra el orden y la civilidad que prevalecieron en las eleccio-
nes del 1 de julio.
Expresa que Enrique Pea Nieto gan la eleccin presidencial
y manifiesta su reconocimiento a los ciudadanos de Mxico y
al ife.
Respalda la autonoma del Poder Judicial de la Federacin y
del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federacin en la
vspera del fallo en materia electoral.
Apoya plenamente la decisin del Tribunal Electoral del Poder
Judicial de la Federacin de validar la eleccin presidencial y
entregar la constancia de mayora a Pea Nieto.
Constituye grupos de trabajo para colaborar con el equipo de
transicin del nuevo gobierno, promoviendo la propuesta
de programa de gobierno emanada del propio cce.
275
R icardo T irado
Acciones en lo poltico relacionadas con la poltica
Pide garantizar los comicios que se realizarn en 2012.
Se manifiesta a favor de un compromiso de civilidad en el
proceso electoral de 2012.
Emite la Agenda nica del Sector Privado.
Lanza la Agenda por Mxico Legislativo.
En varios comunicados anuncia que a partir de la Agenda por
Mxico se ha concretado una Agenda nica de Propuestas para
un Programa de Gobierno.
Est a favor de una amplia difusin de los debate entre los
candidatos presidenciales.
Declara que las impugnaciones y las inconformidades ajustadas
a derecho forman parte del proceso.
Reconoce a los diputados por la aprobacin de la Ley de
Ingresos.
Exhorta a realizar un periodo extraordinario en el Congreso.
Respalda la recuperacin por el gobierno de las instalaciones
de la empresa Mexicana de Cananea, que estaban en manos de
trabajadores huelguistas.
Solicita un periodo extraordinario de sesiones.
Reprueba los actos de agresin que han sufrido diversas
empresas. Dice que Mxico y los mexicanos deseamos vivir y
trabajar en paz.
Expresa preocupacin por los recientes actos de violencia
ocurridos en Guadalajara y el asalto en Morelos a un vehculo
con placas diplomticas.
Tiene una reunin con Felipe Caldern.
Acciones en lo poltico relacionadas con la economa
Reprueba las polticas proteccionistas de otros pases.
Rechaza la suspensin del ace 55 por Argentina.
276
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
Apoya el Expediente nico para la Banca de Desarrollo.
Celebra los resultados de la campaa de ventas El Buen Fin.
Emite seis comunicados, en el curso de varios meses, a favor de
la promulgacin de la Ley de Asociaciones Pblico-Privadas.
Manifiesta que la industria alimenticia se cie a los lineamientos
oficiales para la produccin de alimentos escolares.
Apoya la deduccin fiscal de las colegiaturas.
Respalda la Ley de Cambio Climtico.
Respalda la participacin de Mxico en el Trans-Pacific Part-
nership (tpp).
Apoya la decisin del gobierno federal de convertir en itine-
rante el Tianguis Turstico.
Expresa su rechazo al proyecto de las autoridades del Distrito
Federal de restringir a zonas habitacionales mixtas la instalacin
de minisper, tiendas de autoservicio y supermercados.
Hace pblico que la Corte dio trmite a una accin de incons-
titucionalidad contra las restricciones a la instalacin de tiendas
de autoservicio y de conveniencia en el Distrito Federal.
Acciones en lo poltico relacionadas con lo civil o social
Condena el asesinato del candidato del pri al gobierno de
Tamaulipas en 2010.
Elige nuevo presidente de Aliarse.
Hace alianza de Fundemex y otras organizaciones.
Condena el atentado criminal en el Casino Royal en Monterrey;
pide que Mxico permanezca unido contra los criminales y
que se establezcan diversas medidas en pro de la seguridad
pblica.
Hace alianza con la embajada alemana para combatir la con-
taminacin.
Expresa indignacin por los asesinatos de periodistas.
277
R icardo T irado
Condena actos de los maestros del Coordinadora Nacional
de Trabajadores de la Educacin contra medios de comuni-
cacin (especialmente contra Televisa) en su oposicin a la
evaluacin.
Pide que cese la impunidad en el asesinato de periodistas.
Reprueba la intimidacin a Coparmex por parte de maestros
de la cnte que se oponen para la evaluacin.
Respalda a un centro empresarial de Coparmex que defiende
libertad de expresin ante la Comisin Interamericana de
Derechos Humanos (cidh).
Exhorta a elevar la calidad de la educacin en el pas.
Apoya la autonoma del Instituto Nacional para la Evaluacin
de la Educacin (inee).
Exalta junto con el gobierno y el sector privado las medidas
tomadas en Mxico en contra del cambio climtico, haciendo
votos por el xito de dos reuniones internacionales sobre el
tema que se realizarn en Mxico.
Pide al Congreso de la Unin la aprobacin de una ley de
seguridad nacional que precise los mbitos del poder pblico
y la esfera de libertades y derechos de los particulares.
Otras acciones
Emite un cdigo de prcticas corporativas.
Reelige al presidente del cce.
El presidente del cce es candidato a diputado por el pan.
Designa nuevo presidente del cce.
Emite La Voz del cce.
Firma convenio con la Asociacin Nacional de Facultades y
Escuelas de Comercio y Administracin para difundir el cdigo
de prcticas corporativas del cce.
Fuente: Comunicados y desplegados de prensa emitidos entre abril de 2010 y octubre de 2012,
pgina web del cce, consultada en diversas ocasiones durante 2012.
278
Rendimiento social del Consejo Coordinador Empresarial
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Reseas curriculares de los autores
Carlos Chvez Becker
Profesor-investigador de la Universidad Autnoma Metropolitana-
Lerma. Estudiante del doctorado en ciencia poltica en la Universidad
Nacional Autnoma de Mxico (unam), donde obtuvo tambin la
licenciatura y la maestra. Ha trabajado diversas lneas sobre accin
colectiva, movimientos sociales y sociedad civil. Entre sus publica-
ciones recientes se encuentran los siguientes artculos y captulos
de libro: Desarrollo regional y accin de base: el caso de la uciri,
con Alejandro Natal, en Economa, Sociedad y Territorio, y Sociedad
civil: Travesa de una idea poltica, con dgar Esquivel, en Apuntes
Electorales. Actualmente tiene en proceso de publicacin el libro Accin
colectiva y organizaciones rurales en Mxico, coordinado con Bruno Lutz.
Sara Gordon
Investigadora en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Uni-
versidad Nacional Autnoma de Mxico y miembro del Sistema
Nacional de Investigadores. Obtuvo el doctorado en estudios lati-
noamericanos, con especialidad en ciencia poltica, en la Sorbona y
la licenciatura en sociologa en la unam. Ha trabajado sobre polticas
de bienestar y de atencin a la pobreza, sobre derechos econmicos,
sociales y culturales como criterio distributivo y sobre factores y
287
El rendimiento social de las organizaciones sociales
mecanismos que contribuyen a favorecer la cooperacin y la coor-
dinacin social en dos mbitos: los vnculos entre los ciudadanos
y su relacin con el desempeo institucional y las organizaciones.
Entre sus publicaciones recientes se encuentran Confianza, redes y
cooperacin entre los pobres, con S. Murillo, en La pobreza urbana en
Mxico. Nuevos enfoques y retos emergentes para la accin pblica, coordinado
por Gerardo Ordez Barbaen, y Transparencia y rendicin de
cuentas de organizaciones civiles en Mxico, en Revista Mexicana de
Sociologa. Actualmente es secretaria acadmica del iisunam.
Gloria Jovita Guadarrama Snchez
Doctora en ciencias polticas y sociales por la Universidad Nacional
Autnoma de Mxico y miembro del Sistema Nacional de Investiga-
dores, nivel I. Actualmente es profesora investigadora en El Colegio
Mexiquense, donde tambin se ha desempeado como docente y
coordinadora de investigacin acadmica. Sus lneas actuales de
investigacin son: instituciones, polticas pblicas, asistencia social,
sociedad civil y tercer sector. Por el conjunto de su obra publicada,
as como por su experiencia en la investigacin social, en 2012
recibi el Premio Estatal al Altruismo, que otorga el gobierno del
estado de Mxico, en la modalidad de investigacin social asisten-
cial. Entre sus publicaciones recientes se cuentan La agenda de gnero
en municipios mexiquenses. La reconfiguracin local de la agenda nacional y
Polticas educativas y agenda de gobierno. Equidad y calidad pendientes, libros
publicados con el sello de El Colegio Mexiquense.
Matilde Luna
Investigadora en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Uni-
versidad Nacional Autnoma de Mxico y miembro del Sistema
Nacional de Investigadores. Obtuvo el doctorado en ciencia poltica
y la licenciatura en sociologa en la misma universidad. Ha trabajado
sobre relaciones corporativas y redes de relaciones sociales, y con
los temas: empresarios y poltica, redes de conocimiento y redes de
288
Reseas curriculares de los autores
accin pblica. Entre sus publicaciones recientes se encuentran los
libros: Nuevas perspectivas para el estudio de las asociaciones, coordinado
con Cristina Puga, y Quin gobierna Amrica del Norte? lites, redes y
organizaciones, coordinado con Alejandra Salas Porras. Actualmente
es directora de la Revista Mexicana de Sociologa.
Carlos Martnez Carmona
Ha sido profesor en la Facultad de Estudios Superiores Acatln,
de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Actualmente es
estudiante de doctorado en la Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales, sede Mxico. Sus lneas de investigacin son asociaciones
civiles, derechos humanos y movimientos sociales en Amrica La-
tina. Entre sus publicaciones recientes se encuentran Entendiendo el
entorno asociativo en la ciudad de Chihuahua, El entorno favorable para las
organizaciones sociales y La trayectoria del asociacionismo chihuahuense.
Alejandro Natal
Dirige el Departamento de Procesos Sociales de la Universidad
Autnoma Metropolitana-Lerma. Es doctor en estudios del desa-
rrollo por la London School of Economics, maestro en economa
por el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de
Londres y maestro en ciencia poltica por la Universidad Autnoma
del Estado de Mxico. Ha sido Fullbright scholar en la Universidad de
Texas, en Austin, McNamara fellow en el Banco Mundial y miembro
del Sistema Nacional de Investigadores desde 1999. Se ha especiali-
zado en temas relacionados con la sociedad civil, las organizaciones
ciudadanas, el desarrollo local y el manejo colectivo de recursos
y participacin ciudadana. Entre sus publicaciones ms recientes
destacan El entorno econmico de las organizaciones de la sociedad civil,
Ciudadana digital y Social Inputs in Policy Implementation.
289
El rendimiento social de las organizaciones sociales
Cristina Puga
Es doctora en ciencia poltica por la Universidad Nacional Aut-
noma de Mxico y profesora de tiempo completo en la Facultad de
Ciencias Polticas y Sociales de la misma universidad. Pertenece al
Sistema Nacional de Investigadores y a la Academia Mexicana de
Ciencias, y hasta hace poco fungi como secretaria ejecutiva del
Consejo Mexicano de Ciencias Sociales. Es responsable de un pro-
yecto interinstitucional de investigacin sobre las ciencias sociales
en Mxico. Coordin, asimismo, un proyecto sobre desempeo
asociativo, a partir del cual ha publicado tres libros en coordinacin
con Matilde Luna: Accin colectiva y organizacin, Nuevas perspectivas para
el estudio de las asociaciones y Protocolo para la evaluacin de asociaciones. Ha
escrito tambin libros y artculos sobre poltica empresarial. Desde
2012 coordina el programa de posgrado en ciencias polticas y
sociales de la unam.
Ricardo Tirado
Doctor en ciencias polticas y sociales por la Universidad Nacional
Autnoma de Mxico, investigador del Instituto de Investigaciones
Sociales y profesor del posgrado en ciencias polticas y sociales en la
misma universidad. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.
Sus principales lneas de investigacin actuales son empresarios,
poltica y sociedad; actores sociales y accin colectiva a travs de
organizaciones, y efectos sociales de los juegos de azar con apuestas.
Entre sus publicaciones recientes figuran captulos sobre empresa-
rios y poltica en los libros Quin gobierna Amrica del Norte? lites,
redes y organizaciones, coordinado por Alejandra Salas Porras y Matilde
Luna, y Gobernabilidad y gobernanza en los albores del siglo xxi y reflexiones
sobre el Mxico contemporneo, coordinado por Bertha Lerner, Ricardo
Uvalle y Roberto Moreno.
290
Reseas curriculares de los autores
Jos Luis Velasco
Investigador titular del Instituto de Investigaciones Sociales de la
Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Es doctor en ciencia
poltica por la Universidad de Boston, maestro en sociologa pol-
tica por el Instituto de Investigaciones Dr. Jos Mara Luis Mora y
licenciado en sociologa por la Universidad Autnoma de Chiapas
(Unach). Ha dado clases en el Instituto Mora, la unam, la Univer-
sidad de Boston, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales,
sede Mxico, y la Universidad Iberoamericana. Es autor de El debate
actual sobre el federalismo en Mxico, de Insurgency, Authoritarianism and
Drug Trafficking in Mexicos Democratization y de varios artculos y
captulos de libros. Uno de sus principales temas de investigacin
son los sistemas asociativos complejos.
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El rendimiento social de las organizaciones sociales,
editado por el Instituto de Investigaciones Sociales de la
Universidad Nacional Autnoma de Mxico,
se termin de imprimir en agosto de 2014,
en los talleres de Editores e Impresores FOC, S. A. de C. V.,
Reyes 26, Col. Jardines de Churubusco, Deleg. Iztapalapa,
09410, Mxico, D.F.
La composicin tipogrfica se hizo en Garamond 12/14.2,
11/13, 9/11. La edicin en offset consta de quinientos ejemplares
en papel cultural de 90 gramos.