Editorial
En diciembre de 2003 sali de imprenta el primer nmero de Tabula Rasa como una
apuesta poltica, acadmica y editorial, que hoy se ha consolidado. Desde entonces
percibimos la importancia de una revista de acceso abierto, teniendo en cuenta lo
que ello significa en cuanto a las polticas de produccin del conocimiento que cada
vez son ms firmes en el mundo acadmico, no slo nacional sino internacional.
Este proyecto surge como una opcin alternativa a la preeminencia de la poltica del
copyright en la circulacin del conocimiento, y por tanto apunta claramente al copyleft,
a la libre reproduccin, al open acces. Hoy, 4 aos despus de la aparicin del primer
nmero, afirmamos la importancia de esta iniciativa y continuamos trabajando para
lograr la constitucin de un conocimiento menos restringido. En este sentido, se
plantea como una posicin poltica que reivindica la responsabilidad social y no
empresarial tanto de las universidades y de los investigadores e investigadoras,
como de las revistas acadmicas, en torno a la produccin del conocimiento: este
no debe ser una mercanca sino un derecho de todas las personas.
En un principio pudo parecernos una tarea quijotesca, y as lo pensamos durante
mucho tiempo quienes hemos estado cerca del proceso de Tabula Rasa; sin embargo,
ya no lo vemos de esta forma porque no somos los nicos. En los ltimos aos
nos hemos encontrado con apuestas similares, provenientes de diversas partes
del mundo: revistas que le apuestan al open acces como Tabula Rasa o Universitas
Humanstica, bases de datos como Redalyc (Red de revistas de Amrica Latina, el
Caribe, Espaa y Portugal), DOAJ (Directory Open Acces Journal) o proyectos
como PKP (Public Knowledge Project). No estamos solos en este camino; algunos
lo estn transitando desde antes y otros estn comenzando a hacerlo. Ello no
significa que sea una opcin editorial generalizada. No. Hay una gran cantidad
de personas que siguen y perpetan los principios de un sistema que convierte
todo en mercanca....hasta las ideas y las acciones. Y el mundo acadmico no es
ajeno a este movimiento, la universidad es una empresa, el profesorado mano de
obra y las revistas, con su conocimiento, mercanca. Por ello, Tabula Rasa reafirma
su compromiso con esta lucha poltica y se mantiene firme en el esfuerzo por
construir un espacio abierto para el debate acadmico.
9
En este nmero tenemos nuestras habituales secciones, comenzando por Desde el
tico, en la que se ponen de manifiesto las innovaciones tericas y metodolgicas
que actualmente tienen lugar en el campo de las ciencias sociales y humanas; la
seccin Claroscuros, que ha sido dedicada a las reflexiones y discusiones en torno
a resultados y prcticas concretas que genera la investigacin social; y por ltimo,
Palestra en donde se presentan artculos de investigacin o ensayos que quieran
debatir sobre las polticas de produccin de conocimiento y temas relacionados
con epistemologa poltica.
Leonardo Montenegro M.
Editor
10
Los estudios gramscianos hoy: Gramsci lingsta?1
Gramscian Studies Today: Was Gramsci a Linguist?
Os estudos gramscianos hoje: Gramsci lingista?
Manuel S. Almeida Rodrguez2
Universidad de Puerto Rico
manuelsixtoalmeida@[Link]
Recibido: 24 de junio de 2007 Aceptado: 19 de septiembre de 2007
Resumen
Se aprovecha el setenta aniversario de la muerte del marxista italiano Antonio Gramsci
(1891-1937) para hacer un balance general de la influencia de su obra, principalmente en
sus Cuadernos de la crcel. Se enfatiza en uno de los temas menos trabajados en los estudios
gramscianos, los escritos carcelarios de Gramsci sobre cuestiones de lingstica. Habien-
do manifestado un agudo inters por la lingstica y la filologa ya como estudiante en la
Universidad de Turn, la inclinacin por la lingstica contina en los cuadernos carcela-
rios. Este ensayo trata los contornos generales de la concepcin gramsciana del lenguaje.
Demuestra cmo fue influenciada por los debates en el campo de la lingstica italiana
entre los neogramticos y los neolingistas. Adems, vemos que el inters de Gramsci por los
temas lingsticos reflejan la preocupacin subyacente por la cuestin de la lengua en
Italia. Esto ltimo le da un tono poltico explcito a sus escritos al respecto. Asimismo,
hacemos un breve anlisis de algunos de los planteamientos principales presentes en el
cuaderno veintinueve, dedicado completamente al estudio de la gramtica.
Palabras Claves: estudios gramscianos, lenguaje, teora poltica
Abstract
We take advantage of the 70th death anniversary of the Italian Marxist Antonio Gramsci
(1891 1937) to make a general revision of his works influence, especially his Prison
Notebooks. We place our emphasis on one of the least studied topics in Gramscian
Studies, his prison writings about linguistic issues. He had manifested a keen interest for
1
Este artculo es producto de la investigacin del autor sobre la teora poltica de Gramsci en los Cuadernos
de la crcel y cuyos resultados ms generales se presentarn en el libro Para leer los Cuadernosde la crcel: El
pensamiento poltico de Antonio Gramsci, de futura publicacin.
2
Manuel S. Almeida Rodrguez ensea en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de
Puerto Rico, Recinto de Bayamn. Hizo su doctorado en ciencia poltica en la Universidad de Massachusetts-
Amherst con una concentracin en teora poltica. En el presente est trabajando en un libro sobre los
Cuadernos de la crcel de Antonio Gramsci.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 81-92, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
SIN TTULO
Fotografa de Johanna Orduz
TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
linguistics and philology while he was a student at the University of Turin, and his interest
for linguistics continued in his prison notebooks. This essay describes the general outlines
of Gramscian concepts of language. It shows how he was influenced by debates in the
field of Italian linguistics between Neogrammatics and Neolinguists. Furthermore,
we can see that Gramscis interest in linguistic topics reflects his underlying preoccupation
with the question of language in Italy. This latter fact gives an explicit political tone to
its writings about this subject. Finally, we conduct a brief analysis of some of the principal
proposals of notebook 29, dedicated completely to the study of grammar.
Key words: gramscian Studies, language, political theory
Resumo
Aproveita-se o aniversrio 70 da morte do marxista italiano Antonio Gramsci (1891-1937)
para fazer um balano geral da influncia de sua obra, principalmente de seus Cadernos
do Crcere, enfatizando-se um dos temas menos trabalhados nos estudos gramscianos: os
escritos carcerrios de Gramsci sobre questes de lingstica. Tendo manifestado um agudo
interesse por lingstica e filologia como estudante na Universidade de Turin, o interesse
pela lingstica continuou nos cadernos carcerrios. Este artigo apresenta os contornos
gerais da concepo gramsciana da linguagem, mostrando como foi influenciado pelos
debates no campo da lingstica italiana entre os neogramticos e neolingistas. Alm
disso, vemos que o interesse de Gramsci pelos temas lingsticos reflete a preocupao
subjacente pela questo da lngua na Itlia,o que traz um tom poltico explcito aos seus
escritos. De igual forma, fazemos uma breve anlise de algumas das principais colocaes
do caderno 29, dedicado inteiramente ao estudo da gramtica.
Palavras-chave: estudos gramscianos, linguagem, teoria poltica.
Introduccin
El presente artculo pretende aprovechar la coyuntura por la conmemoracin del
setenta aniversario de la muerte del poltico y marxista italiano Antonio Gramsci
(1891-1937) para hacer un balance general y tentativo de su obra. Queremos,
adems, ver el estado actual de los estudios gramscianos, echando un vistazo a una
tendencia reciente que se enfoca en la preocupacin gramsciana por el lenguaje y
la poltica, y que nosotros aprovechamos para tratar el trabajo de Gramsci sobre
cuestiones lingsticas.
Encarcelado a finales de 1926, como expresin individual de lo que fue la
eliminacin general por parte del rgimen de Mussolini de las libertades polticas
en Italia, Gramsci fue inicialmente sentenciado a una condena de veinte aos en
prisin. Nunca recuper su libertad, pues muri el veintisiete de abril de 1937
en la clnica Quisisana en Roma; oficialmente dejado en libertad seis das antes.
Su muerte se debi al empeoramiento en las duras condiciones carcelarias que
repercutieron en su dbil y enfermiza condicin fsica.
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Manuel S. Almeida Rodrguez
Los estudios gramscianos hoy: Gramsci lingsta?
El legado de Antonio Gramsci se recoge en los numerossimos artculos y
escritos pre-carcelarios, pero ms importante an en su trgica, incompleta, y
fragmentaria obra maestra que hoy conocemos como los Cuadernos de la crcel.
Esta obra se basa en las treinta y tres libretas o cuadernos en los cuales Gramsci
trabaj a partir del momento en que, finalmente, le dieron permiso para escribir
en crcel. Le otorgaron el permiso para trabajar en su celda a principios de 1929 y
lo aprovech al mximo hasta mediados de 1935, cuando el empeoramiento de su
salud fsica le imposibilita continuar. Fue su cuada Tatiana quien primeramente
pudo sacar a escondidas y luego proteger el
3
Al respecto del cuidado celoso de legado terico de Gramsci. Legado que luego
Togliatti sobre la herencia literaria
gr amsciana, ver el recientemente fue celossimamente supervisado y controlado
publicado Togliatti editore di Gramsci, por el dirigente principal del Partido Comunista
editado por Chiara Daniele (2005).
de Italia, Palmiro Togliatti.3
Desde la publicacin en su formato temtico original a partir del 1948, los Cuadernos
de la crcel han sido objeto reiterado de intensos debates polticos, interpretativos,
as como de influencia variada no slo en Italia. Por no hablar de la increble
influencia en las instituciones e instancias intelectuales y acadmicas; la influencia
gramsciana en el mbito de la poltica, lo ideolgico y lo cultural, con sus aciertos y
desaciertos, se refleja en el rol importante y determinante de su obra en numerosos
proyectos polticos y culturales a travs del mundo.
Parte de la riqueza de la obra de Gramsci se debe a que ya desde muy temprano
se presenta como un trabajo muy heterodoxo y crtico, an con los suyos mismos.
Baste recordar la famosa carta que envi al comit central del Partido Comunista
Sovitico a mediados del 1926, en la que critica los rasgos excesivos y polticamente
inadecuados de la mayora centrada alrededor de Stalin y Bujarin, en contra de la
minora dirigida por Trotski y Zinoviev. Posicin poltica heterodoxa que luego le
cost un aislamiento aadido ya en la crcel cuando, a finales de la dcada del 1920, a
partir del sexto congreso de la Internacional Comunista, el comunismo adopta la lnea
del social fascismo que rechazaba como cuestin de principio la bsqueda de alianzas
estratgicas con la social democracia u otros grupos que pudieran, potencialmente,
ayudar contra la avanzada de movimientos ultra-reaccionarios en Europa. Gramsci,
an en crcel, dej su parecer al respecto, criticando esta nueva poltica como una
inepta y suicida. Al contrario, en el contexto especfico de la Italia fascista, Gramsci
pensaba que un primer paso poltico deba ser la construccin de un frente anti-
fascista amplio que culminara con una asamblea constituyente. l vea esto, segn
el testimonio de su cuada y otros camaradas encarcelados que llegaron a compartir
con l, como la traduccin nacional de la estrategia leninista del frente nico.
La heterodoxia en Gramsci no se limit a sus posturas polticas en un sentido
restringido, sino que estaba acompaada por todo un cuerpo terico que
cuestionaba los dogmas comunistas dominantes de la poca. De esta forma, en
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los Cuadernos de la crcel muchas de sus reflexiones filosficas y terico-polticas
estn en interlocucin explcita con el materialismo vulgar y el economicismo craso,
contenido en el ensayo supuestamente popular de Bujarin sobre el materialismo
histrico.4 De igual forma, y tambin contra los diferentes economicismos que pasaban
por materialismo histrico para muchos en la poca, Gramsci comenz a trazar los
contornos generales para una teora poltica compleja del poder para el marxismo.
En gran medida, es Gramsci quien primero y ms se acerca a darle al marxismo una
teora propiamente poltica en sentido ms general. Con Gramsci, principalmente
en los Cuadernos, la poltica deja atrs su carcter de cuasi epifenmeno que asuma
en muchas versiones del marxismo dominante en su poca, para asumir una
posicin de contundencia.
Tambin debemos aadir que Gramsci ha representado un clsico del pensamiento
poltico que ha trascendido por mucho los lmites del marco terico-poltico en el
cual se situaba. Esto es as por la riqueza de su trabajo al respecto de la complejidad
del poder en las sociedades modernas, sobre la cultura y lo ideolgico como campos
de batalla y lucha poltica, etc. Adems, su obra principal, los Cuadernos de la crcel
se presta ya en su misma materialidad para seguir teniendo vigencia pues, como
comentara hace unos aos Giorgio Baratta (2000), es una obra tremendamente
dialgica y abierta, que requiere en cierto sentido ser asumida y completada
a travs de la actividad intensa de los lectores. Se presta para que sea una obra
con descomunal capacidad para renovarse cada vez. Podramos tal vez aplicar las
palabras de Bertolt Brecht en su poema Sobre
4
La crtica de Gramsci a Bujarin est
presente de forma ms contundente en el
la manera de construir obras duraderas: Cunto
cuaderno 11. tiempo/ sobreviven las obras? Mientras/ no
5
Traduccin libre hecha por nosotros de una sean culminadas./ Ya que mientras requieran
traduccin a su vez al ingls del alemn
esfuerzo/ no decaen5 (Brecht, 1976:193).
ltimos desarrollos en los estudios gramscianos: Gramsci lingista?
Echmosle una mirada al campo especfico de los estudios gramscianos. Las
contribuciones, textos, libros, ensayos, reseas, y otros, sobre la obra de Gramsci son
muchsimas. Ahora, como en todo gran pensador, unos temas son ms trabajados
que otros. En este sentido, y con completa justicia, el nfasis primario en los estudios
gramsciano se ha puesto en la contribucin de Gramsci al entendimiento del ejercicio
del poder por parte de las clases dominantes en las sociedades modernas.
Dicha contribucin se desarrolla alrededor del concepto gramsciano de hegemona,
que aunque era un concepto ya en circulacin desde los debates polticos en la
Segunda Internacional, Gramsci lo hace suyo y lo transforma cualitativamente.
En Gramsci, el concepto de hegemona apunta hacia el ejercicio del poder en
nuestras sociedades modernas que no descansa inmediatamente en su capacidad de
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Los estudios gramscianos hoy: Gramsci lingsta?
ejercer legtimamente el monopolio de la violencia, ni en una nocin de consenso
tcito o presupuesto al orden poltico-jurdico, sino en la capacidad de gestionar,
conseguir, obtener activa y continuamente el consentimiento de los gobernados.
Este despliegue de poder se da a travs de todo el entramado social y no slo en
el mbito del gobierno o la sociedad poltica. Es decir, opera inclusive a travs
de los diversos aparatos de hegemona situados en la llamada sociedad civil. Por
eso, en una de las conceptualizaciones ms provocadoras, Gramsci plantea que
el Estado es la suma de la sociedad poltica ms sociedad civil. El componente
ideolgico de la prctica de la hegemona es particularmente fuerte pues lo que
se quiere por parte de la clase dominante es, ms all de ejercer dominacin,
convertirse en una clase dirigente, es decir, busca hacerse moral e intelectualmente
dirigente, quiere hacer creer a los subalternos en su proyecto.
Tengamos cuidado, sin embargo, en no caer en la tentacin de leer en la hegemona
una simplona manipulacin ideolgica, pues la prctica de la hegemona implica
hacer concesiones reales con los subalternos; es un poder en donde los dirigidos
o gobernados participan aunque desde una posicin de subordinacin; dichas
concesiones que se hacen, claro est, siempre y cuando no pongan en entredicho
las relaciones de produccin de fundamentales. Y adems, la hegemona no
presupone en contraposicin a la nocin de ideologa como falsa conciencia (lo
que Gramsci denomina en los Cuadernos ideologa en el sentido peyorativo) una
nocin de verdad no-ideolgica sino que una hegemona efectiva construye la
misma objetividad, una objetividad socio-histrica y contingente, es decir, se hace
el sentido comn a-crtico de la gente. Para decirlo de otra forma, la hegemona
tambin supone que los frutos de una articulacin socio-poltica histrica
contingente se ponen retroactivamente como supuestos histricamente necesarios
y objetivos. En ese sentido, Gramsci plantea varias veces en sus Cuadernos que el
concepto de la hegemona tiene tambin implicaciones gnoseolgicas.
Dicho esto, en la ltima oleada de estudios gramscianos, las contribuciones ms
originales aunque unas mejores que otras se han hecho alrededor de unos de los
temas menos trabajados de la obra de Gramsci: los escritos sobre lingstica, lenguas,
lenguajes y traducibilidad en los Cuadernos de la crcel. Aunque el texto pionero y an
definitivo sobre este aspecto sigue siendo el de Franco Lo Piparo (1979) publicado
hace ya veintiocho aos, es slo recientemente que ha cobrado fuerza como tema de
investigacin. Mencionamos particularmente las contribuciones recientes de Peter
Ives (2004a, 2004b) y de Derek Boothman (2004).
El nfasis en los temas lingsticos en la obra gramsciana parte inicialmente del
dato biogrfico de que durante su asistencia a la Universidad de Turn, Gramsci fue
estudiante de filologa y lingstica. Adems, desarroll una relacin estrecha con
el profesor y reconocido lingista italiano Matteo Bartoli, fundador de la escuela
de neolingstica, luego llamada lingstica espacial.
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En aquel momento el campo de la lingstica en Italia estaba divido mayormente
entre dos escuelas de pensamientos, los neogramticos y los neolingistas. Los primeros
planteaban que los cambios sucedidos en el desarrollo de los lenguajes no deban
ser buscados en los complejos sucesos histricos en los que se encontraba la
gente, sino en el mecanismo fisiolgico del glotis humano (Lo Piparo, 1979:74).
En esta concepcin fisiolgica y naturalista, el surgimiento de nuevas palabras e
idiomas se deba a una evolucin interna y espontnea, debido a un proceso de
partenognesis palabras naciendo de palabras en la expresin de Bartoli
(Bartoli y Bertoni, 1928:120; Lo Piparo, 1979:67) y luego de Gramsci. De forma
contraria, para Bartoli y los neolingistas, el lenguaje era una cosa primariamente
histrica, e intentaban hacer una cronologa de los lenguajes segn el contacto
entre diferentes culturas y comunidades de habla. La geografa jugaba tambin un
rol importante para determinar la cronologa y los contactos. Para ellos, el lenguaje
cambiaba a travs de un proceso basado en confrontaciones. Como producto de
una confrontacin, una comunidad de habla terminaba ejerciendo prestigio sobre la
otra, hacindose dominante y la otra subordinada. Este prestigio, sin embargo, no
radicaba slo en cualidades puramente culturales o morales, sino que respondan
tambin a una dominacin poltica y social de parte de una comunidad sobre
otra. Por ejemplo, siguiendo esta concepcin los lenguajes ms conservadores
son esos que han sufrido menos la influencia de lenguajes extranjeros (Bartoli
y Bertoni, 1928:94).
Gramsci simpatiz completamente con su profesor y neolingista, Matteo
Bartoli. Para Gramsci, la escuela de la neolingstica representaba en el campo
de la lingstica una posicin historicista frente a la concepcin naturalista de los
neogramticos anloga a la posicin del materialismo histrico en el mbito de la
poltica y la filosofa, principalmente frente a aquellas interpretaciones dominantes
del marxismo durante su tiempo que tendan a cierto naturalismo o materialismo
a-histrico. En el cuaderno tres, Gramsci expresa lo que encuentra de particular
importancia en la concepcin de Bartoli:
La innovacin de Bartoli es precisamente esta: que de la lingstica concebida
estrechamente como una ciencia natural, ha hecho una ciencia histrica,
cuyas races hay que verse en el tiempo y espacio y no en el aparato vocal
fisiolgicamente entendido (1975:352).6
Para Gramsci, igual que para Bartoli, ms all del componente fisiolgico
que hace posible el habla, el desarrollo del lenguaje es histrico y cultural, es
decir, el lenguaje no puede aislarse de los otros aspectos de la vida social (Ives,
2004a:33). Esta historicidad del lenguaje
6
Esta y otras traducciones subsiguientes
provenientes del italiano han sido realizadas lo hace imposible de concebir como algo
por el autor. autnomo o puramente natural:
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Los estudios gramscianos hoy: Gramsci lingsta?
Parece que pueda decirse que lenguaje es esencialmente un nombre
colectivo que no presupone una cosa nica ni en el tiempo ni en el
espacio. Lenguaje tambin significa cultura y filosofa (aunque sea del tipo
del sentido comn) y por lo tanto el hecho lingstico es en realidad
una multiplicidad de hechos ms o menos orgnicamente coherentes y
coordenados (Gramsci, 1975:1330).
Esta historicidad del lenguaje es la razn por lo cual Gramsci pone en el centro
de su concepcin del lenguaje el elemento de la metfora. Gramsci propone
que el lenguaje:
Es siempre metafrico. Si tal vez no se pueda exactamente decir que todo
discurso sea metafrico por respeto a la cosa u objeto material y sensible
indicado (o el concepto abstracto) para no ampliar demasiado el concepto de
metfora, se puede decir que el lenguaje presente es metafrico en relacin
a los significados y el contenido ideolgico que las palabras han tenido en
periodos previos de la civilizacin (1975:1427).
Y en sintona con esta concepcin social e histrica del lenguaje, comenta:
El lenguaje es transformado con la transformacin de toda la civilizacin,
debido al surgimiento de nuevas clases a la cultura, debido a la hegemona
ejercida por un lenguaje nacional sobre otros, etc., y precisamente
asume metafricamente las palabras de civilizaciones y culturas previas
(1975:1428).
La influencia de Bartoli en este pasaje es notable, excepto que en vez de la
palabra prestigio de Bartoli, Gramsci usa hegemona. De hecho, Lo Piparo
(1979:104-105) y Peter Ives (2004a:27-28) han planteado convincentemente la
influencia de la nocin de prestigio en Bartoli sobre la nocin de hegemona en
Gramsci, provocando que en los Cuadernos se usen a veces ambas palabras de
forma intercambiable.
Adems de ser social e histricamente determinado, el lenguaje para Gramsci
(1975:1374) contiene rastros de la filosofa espontnea de la persona comn.
Para l, el lenguaje que usa una persona, su complejidad, podra revelar la mayor
o menor complejidad de su concepcin de mundo (Gramsci, 1975:1377). Es, en
parte, debido a esa concepcin de mundo catica, desorganizada, ineducada,
mecnica- implcita en el uso del lenguaje que hace que Gramsci (1975:1375)
pueda plantear que todos los hombres son filsofos.
La preocupacin renovada por las cuestiones lingsticas durante su presidio ya
Gramsci las mostraba muy temprano en una carta del diez y nueve de marzo de
1927 a su cuada Tatiana en la que propone un plan de trabajo en el que incluye un
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estudio de lingstica comparada desde el nuevo punto de vista de los neolinguistas
contra los neogramticos (1996:55-56). Para redondear su trabajo en crcel, el
ltimo cuaderno en el cual trabaja Gramsci, el cuaderno veintinueve, antes de
parar por problemas de salud, es dedicado al estudio de la gramtica. Aunque
escribe muy poco en este cuaderno, contiene material importante en relacin a la
concepcin del lenguaje y su relacin con la poltica.
Como con el lenguaje en general, Gramsci (1975:2341) piensa que la gramtica es
una cuestin primariamente histrica. La gramtica es para l, una fotografa
de una determinada etapa de un lenguaje nacional (colectivo). Para Gramsci las
gramticas sirven principalmente a dos propsitos: 1) trazar parte de la historia
de una civilizacin, o 2) sirven fines polticos y son actos de modificar la realidad
social. En la concepcin gramsciana hay dos tipos de gramticas, una gramtica
inmanente y una gramtica normativa (Gramsci, 1975:2342).
Por un lado, la gramtica inmanente est contenida en el uso espontneo
del lenguaje y expresa una serie de reglas y convenciones que son heredadas
e internalizadas a travs de la interaccin social con la gente. Por otro lado, la
gramtica normativa es la que se trata de imponer conscientemente en el uso del
lenguaje. A su vez, Gramsci identifica dos tipos de gramticas normativas, las
escritas y las no-escritas. Las no-escritas operan por ejemplo cuando una persona
modifica su habla debido a una necesidad dada por una situacin particular dentro
de una interaccin oral, social, concreta. Las gramticas normativas escritas son
para Gramsci particularmente polticas en tanto tienden a cubrir todo un territorio
nacional y todo el volumen lingstico para crear un conformismo lingstico
nacional unitario (1975:2343). Es decir, las gramticas normativas escritas
pretenden unificar lingsticamente un territorio. Es en este punto en el que la
creacin de una gramtica se convierte en un acto poltico-cultural: La gramtica
normativa escrita es por tanto siempre una decisin, una direccin cultural, es
decir, es siempre un acto de poltica cultural-nacional (1975:2344). Aqu, en el
cuaderno veintinueve, la discusin se torna explcitamente poltica porque Gramsci
relaciona la discusin sobre la gramtica y el lenguaje al problema muy vigente en
ese momento de la cuestin de la lengua en Italia. En relacin a esa cuestin,
el lenguaje en Gramsci refleja su preocupacin constante en los Cuadernos por las
relaciones entre dirigentes y dirigidos.
La cuestin de la lengua era un problema central en Italia luego de la unificacin
debido a la gran variedad y fortaleza de los diversos dialectos e idiomas regionales
a travs de la pennsula y las islas; algo que Gramsci conoca muy bien de primera
mano por crecer en la isla de Cerdea. Hubo numerosos intentos y reformas
educativas para tratar de unificar el territorio bajo el italiano estndar. Segn Tullio
De Mauro (1970:43), al momento de la unificacin italiana slo alrededor de un
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Manuel S. Almeida Rodrguez
Los estudios gramscianos hoy: Gramsci lingsta?
2.5% de la poblacin italiana hablaba algo cercano al italiano estndar. Luego de
varios intentos auspiciados por el gobierno, en 1911 an el nivel de analfabetas
era de alrededor de un 40%. Ms especificamente, en las regiones ms pobres
del sur ese nmero sobrepasaba el 50% mientras que en regiones norteas como
el Piemonte era de un 11%. Las asimetras socio-econmicas, por tanto, corran
paralelas a las asimetras lingsticas.
De hecho, Antonio Gramsci pensaba que siempre que surga la cuestin de la
lengua, esto expresaba un proceso poltico subyacente. Gramsci planteaba:
Siempre que de una u otra forma la cuestin de la lengua emerge significa
que una serie de otros problemas se est imponiendo: la formacin o
extensin de una clase dirigente, la necesidad de establecer relaciones ms
ntimas y seguras entre grupos dirigentes y masa popular-nacional, es decir,
de reorganizar la hegemona cultural (1975:2346).
Por lo tanto, la hegemona, la estabilidad de las relaciones entre dirigentes y dirigidos,
estn en el corazn de la preocupacin gramsciana por el lenguaje. Para Gramsci, el
hecho de que un lenguaje italiano unitario estndar se haya escasa y desigualmente
extendido por la pennsula, ms que expresar un asunto puramente lingstico, revela
un proceso fallido e inestable de integracin o unificacin poltica y social en general.
Por eso, para Gramsci atender la cuestin de la lengua desde una perspectiva
puramente lingstica era asumir una perspectiva equvoca y unilateral.
Por este aspecto poltico en la cuestin de la lengua, Gramsci trata el asunto de las
gramticas normativas, especialmente las escritas. Piensa que sin una integracin
y unificacin ms igualitaria y comprensiva, las gramticas normativas escritas
son problemticas porque terminan siendo unos medios externos, mecnicos y
superficiales, impuestos desde arriba sin una correspondencia con la realidad
social efectiva. Debe advertirse que esta perspectiva no era completamente nueva
en su tiempo. En parte, Gramsci est retomando los debates sobre la cuestin de la
lengua que se dieron en Italia en la segunda mitad del siglo XIX, que comenzaron
con las proposiciones de Alessandro Manzoni al respecto del la unificacin del
lenguaje. Para Manzoni, la formacin de un lenguaje unitario no era el efecto del
surgimiento de una nueva cultura nacional, sino que esa unificacin sera la causa
para una mejor comunicacin en una cultura ya existente (Lo Piparo, 1979:30).
Planteba que la forma de unificar el lenguaje italiano era a travs de la difusin
de un bello lenguaje ya formado (Lo Piparo, 1979:31). De nuevo, para Manzoni la
unificacin lingstica era una causa y no un producto de una unificacin real. El
resultado concreto de su concepcin fue el endoso al Novo Vocabolario della lingua
italiana secondo luso di Firenze.
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
La respuesta de Gramsci a Manzoni ya se ve por ejemplo en el cuaderno veintiuno
cuando plantea que la unidad del lenguaje [] en todo caso es un efecto y no una
causa. Gramsci pensaba que la posicin de Manzoni, a tono con la promocin
de gramticas normativas escritas, estaba equivocada. La unificacin del lenguaje,
para Gramsci, deba surgir de necesidades sociales reales, de una integracin social
y poltica real. Adems, la concepcin de Manzoni pona el lenguaje como algo
independiente del resto de la cultura, como si fuese algo que uno pudiese mecnica
y puramente cambiar por encima de los procesos sociales. En contraste, Gramsci
propona desarrollar la posicin que haba ya en 1873 adelantado el lingista Ascoli
(1967:3-73) en contra de Manzoni. Ascoli, como luego Gramsci, pensaba que la
determinacin especfica de un lenguaje era el resultado de cambios sociales e
histricos de un territorio. Para Ascoli, la falta de de unificacin lingstica en Italia
era en producto del triste divorcio entre los educados y el pblico (Lo Piparo,
1979:36). A tono con esta posicin de Ascoli, Gramsci plantea en el cuaderno
veintinueve: Un lenguaje unitario se obtendr si es una necesidad, y la intervencin
organizada acelerar el ritmo de este proceso ya existente (1975:2345).
El rechazo de una imposicin desde arriba hacia la unificacin lingstica en
su crtica a las gramticas normativas corre paralelo a la concepcin gramsciana
de la poltica y la filosofa. As, en trminos polticos, el nfasis en la prctica del
poder, para Gramsci, recae en las formas consensales de direccin y no en las
formas coercitivas de dominacin. Y en trminos filosficos, Gramsci propone
una filosofa de la praxis que no se proponga como verdad ilustrada por encima
del sentido comn sino que parta de una depuracin crtica del sentido comn de
la gente. Ahora, con respecto al lenguaje, vemos una posicin anloga. Gramsci
quiere plantear que sin una integracin social verdadera e igualitaria, la unificacin
lingstica sera una ardua labor.
Habiendo planteado todo esto, debemos dejar claro que Gramsci continu siendo
realista. No confundi la realidad con lo que quisiese que fuese, y por lo tanto no
rechaz del todo el uso activo de las gramticas normativas ni la enseanza del
italiano estndar en el currculo escolar. Aunque estaba claro en que las gramticas
normativas tradicionales eran insuficientes; rechazaba la propuesta educativa
de Giovanni Gentile7 a los efectos de eliminar la enseanza de la gramtica del
currculo escolar, con la excusa de que era algo que se aprenda en la vida diaria y
en el ambiente social en general. Gramsci (1975:2348-2349) lea en esa propuesta
de Gentile un liberalismo reaccionario que slo beneficiaba a las clases dirigentes,
dejando a las clases populares sin ninguna va
7
Temprano durante el rgimen fascista
en Italia, Gentile fue nombrado ministro organizada para el acceso al lenguaje culto. Y
de cultura y educacin. Luego continu decimos forma organizada porque Gramsci
siendo el filsofo e intelectual principal
del rgimen.
(1975:2345) estaba consciente de otras formas
de irradiacin lingstica, como los peridicos,
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 81-92, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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Manuel S. Almeida Rodrguez
Los estudios gramscianos hoy: Gramsci lingsta?
las revistas, el teatro y el cine, la radio, entre otros. Adems, como para Gramsci
el lenguaje reflejaba una concepcin de mundo, esto hara ms difcil para estos
grupos trascender sus concepciones culturales ms locales y regionales. Hara ms
difcil para los elementos populares trascender culturas provinciales y llegar a una
conciencia nacional. Esto no es poca cosa, pues l plantea que el desarrollo de
una conciencia internacional parta de una cultura propiamente nacional. Es decir,
para Gramsci (1975:1377) la unificacin lingstica nacional era un paso necesario
para la futura comunicabilidad con otros lenguajes y otras culturas modernas. Con
relacin a esto, el concepto de traducibilidad en la obra de Gramsci cobra importancia
y asume connotaciones poltico-culturales
En fin, vemos que en la obra carcelaria gramsciana, an los temas lingsticos
muestran la preocupacin poltica fundamental que recorren todos los temas
tratados en los Cuadernos. Esa preocupacin es la que gira en torno a las
manifestaciones y expresiones por las relaciones entre dirigentes y dirigidos,
gobernantes y gobernados, a travs de todo el entramado social.
Referencias
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Baratta, Giorgio. 2000. Le rose e i quaderni. Il pensiero dialogico di Antonio Gramsci.
Roma: Gamberetti Editrice.
Bartoli, M. G. and Bertoni, G. 1928. Breviario di Neolinguistica. Modena: Societa
Tipografica Modenese.
Boothman, Derek. 2004. Traducibilita e processi traduttivi. Un caso: A. Gramsci linguista.
Perugia: Guerra Edizioni.
Daniele, Chiara (ed.). 2005. Tolgiatti editore di Gramsci. Roma: Carocci Editore y
Fondazione Istituto Gramsci.
Gramsci, Antonio. 1975. Quaderni del carcere. Editado por Valentino Gerratana. Turn:
Einaudi.
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Sellerio.
Ives, Peter. 2004a. Gramscis Politics of Language. Engaging the Bakhtin Circle and the
Frankfurt School. Toronto: Toronto University Press.
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Lo Piparo, Franco. 1979. Lingua, intellettuali, egemonia in Gramsci. Bari: Laterza.
Spriano, Paolo. 1979. Gramsci and the Party: The Prison Years. Londrs: Lawrence and
Wishart.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 81-92, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
92
La lectura en los universitarios. Un caso
especfico: Universidad Colegio Mayor de
Cundinamarca1
Reading At University Level A Case Study:
Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
A leitura pelos estudantes universitrios.
Um caso especfico:
Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca.
Martha Cecilia Andrade Caldern2
Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Colombia
mandradec@[Link]
Recibido: 17 de marzo de 2007 Aceptado: 04 de septiembre de 2007
Resumen
El texto se refiere a los resultados de la investigacin descriptivo-cualitativo sobre la lectura,
la cual permiti determinar y esbozar la identificacin de las habilidades, actitudes, com-
petencias lectoras, y grado de comprensin de los estudiantes de la Universidad Colegio
Mayor de Cundinamarca y proyectar una propuesta acadmica para fortalecer la lectura
en la institucin. El trabajo se inscribe tericamente dentro de los marcos conceptuales
lingsticos, texto-lingsticos y discursivos. En ellos se plantea el ejercicio de una lectura
crtica dentro de la universidad, que permita una interpretacin y re-creacin de los textos
para producir nuevos conocimientos y, desarrollar una competencia lectora que implique
no slo la apropiacin de la lectura literal e inferencial sino que los universitarios puedan
fortalecer la competencia crtica. Los resultados ofrecen un perfil del estudiante universitario
y presentan una propuesta acadmica institucional que abarca polticas de la universidad,
compromisos del docente y voluntad del estudiante. Como aporte del estudio, se precisa
la pertinencia y apropiacin de un nuevo perfil del lector contemporneo formado en las
nuevas tecnologas audiovisuales frente al perfil de un lector tradicional.
Palabras clave: lectura, tipos de lectura, competencia lectora universitaria, perfil lector, lector
tradicional, lector siglo XXI
1
Este artculo es producto de la investigacin la lectura en la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca,
de corte descriptivo-cualitativo, financiada en su totalidad por la Universidad Colegio Mayor de
Cundinamarca y llevada a cabo durante los aos 2004-2006.
2
Profesora Asistente. Facultad de Administracin y Economa. Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca.
Licenciada en Lingstica y Literatura, Especialista en Docencia Universitaria y Maestra en Literatura.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 231-249, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
CHTEAU DE CHAMBORD
Fotografa de Johanna Orduz
TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
Abstract
This article is about the results reported on the descriptive and qualitative piece of re-
search on reading skills. The study identifies the skills, attitudes, and reading competence
of the students at Colegio Mayor de Cundinamarca University and suggests an academic
program to help the students develop and consolidate strong reading skills. The work is
based on the linguistic, textual, and discourse theories that underlie the reading process.
They provide the basis to consider developing critical reading skills in the college so that
the students can interpret texts, recreate them, and develop the reading competence that
will allow them to not only comprehend and infer the meanings from the contexts but also
exhibit an inquisitive, critical attitude. The results shows a profile of a university student
and recommends the implementation of an institutional academic project that encourages
a university policy, faculty engagement in the process and students will. This research
contributes to increase awareness of the need of a new contemporary reading profile,
formed through the new audiovisual technologies, as opposed to the traditional one.
Key words: reading, types of reading, critical reading competence, reading profile, traditional
reader, XXI century reader
Resumo
O texto faz referncia aos resultados de uma pesquisa descritivo-qualitativa sobre a leitura,
a qual permitiu determinar e esboar a identificao das habilidades, atitudes, competncia
de leitura e grau de compreenso dos estudantes da Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca,
e planejar uma proposta acadmica para fortalecer a leitura na instituio. Teoricamente,
o artigo se circunscreve aos conceituais lingsticos, textolingsticos e discursivos, e se
prope o exerccio de uma leitura crtica para a universidade que permita uma interpretao
e recriao dos textos para produzir novos conhecimentos. Igualmente prope-se estimular
o desenvolvimento de uma competncia de leitura que implique no s a apropriao da
leitura literal e inferencial, mas igualmente o fortalecimento da competncia crtica dos
estudantes universitrios. Os resultados oferecem um perfil do estudante universitrio e
apresentam uma proposta acadmica institucional que abrange as polticas da universidade,
o compromisso do professor e a vontade do estudante. Como contribuio do estudo,
aponta-se a pertinncia e a apropriao de um novo perfil do leitor contemporneo formado
nas novas tecnologias audiovisuais, em sobreposio ao perfil do leitor tradicional.
Palavras-chave: leitura, tipos de leitura, competncia de leitura universitria, perfil leitor,
leitor do sculo XXI.
El presente texto se refiere a los resultados obtenidos en la investigacin La
Lectura en la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, la cual permiti
esbozar un perfil de lector universitario que da cuenta de las hbitos y actitudes,
competencias lectoras y grados de comprensin que tiene la poblacin estudiada.
Dicha exploracin naci como nacen los temas de la ciencia, de un problema, una
inquietud, una preocupacin, una necesidad de aula y, por qu no, de una obsesin
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 231-249, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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Martha Cecilia Andrade Caldern
La lectura en los universitarios. Un caso especfico: Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
personal que se fue acrecentando con la pasin de descubrir en los estudiantes el
qu, cmo, cundo, por qu, en dnde leen, cules son sus competencias y qu
nivel de interpretacin y comprensin ellos tienen; es as, como aparecieron los
rasgos y matices de un perfil lector que como su vocablo lo expresa hace referencia
al entorno, silueta y delineamiento, en este caso, de los lectores universitarios.
El objetivo final de nuestro trabajo, a ms del reconocimiento sobre el
comportamiento de los universitarios fue intentar dar luces acadmicas que
coadyuven a mejorar los niveles de comprensin lectora en los estudiantes
universitarios que, para nadie es desconocido, dejan mucho que pensar de acuerdo
con las evaluaciones y estudios que se han realizado a nivel local, nacional y mundial.
Por ello se quiso contribuir con una propuesta pedaggica que convierta el acto
de leer acadmico, acto obligatorio y aburrido para los estudiantes en un
acto de vida comprometedor, ojal, en palabras de Roland Barthes (1985), en un
acto placentero, gozoso y ldico, a pesar de la complejidad que lo acompaa y al
esfuerzo personal que cumple cada lector en esta tarea, la cual debe ser un evento
de magia porque permite sorpresivamente descubrir, imaginar, encontrar mundos
posibles y nuevos conocimientos que incitan a la re-creacin de otros.
Es as, como desde un marco terico eclctico inspirado por referentes y presupuestos
epistemolgicos que van desde la lingstica, texto-lingustica hasta la teora del
discurso, con autores bsicos que se han aproximado al marco conceptual de la lectura,
como Umberto Eco (1992; 1990), Hjelmslev (1967), Tean Van Dijk (1984; 1983;
1980), W. Kintsch (1983), Norman Fairclough (1989), Daniel Cassany (2006; 2005;
1999; 1995; 1989; 1980) y Kenneth Goodman (1996; 1986), entre otros, se reconoce
que leer es un proceso lingstico, comunicativo y cognoscitivo, determinado por el
pensamiento y el lenguaje, que implica una interaccin entre el sujeto portador de
saberes culturales, intereses, deseos y gustos. Adems, se reconoce que el texto es
portador de un significado cifrado, ya sea en un libro o en otro sistema de codificacin,
lase audiovisual, pictrico, musical, artstico, tecnolgico, entre otros, pero que
siempre estar concebido desde una perspectiva cultural, poltica, ideolgica, social y
esttica, incluidos ambos sujeto y texto en un contexto comunicativo.
Frente a esta conceptualizacin, se considera personalmente, que la Competencia
Lectora de un universitario es la capacidad y
3
Se aclara que las competencias reseadas
y otras ms, como la competencia tmica habilidad que tiene el estudiante para entender,
o afectiva (Goleman, 1996) no se dan en la comprender, interpretar, reflexionar, analizar,
prctica en forma taxonmica ni aisladas,
criticar y re-crear textos; por tanto, dicho lector
pues se conjugan de manera integrada en
el momento o acto de leer. requiere de manera implcita, otra serie de
4
Se instaura la palabra sub-competencia competencias3 o sub-competencias4 enmarcadas
como un componente bsico de la
competencia que en unin a otros, terminan
en dos premisas fundamentales: la competencia
coadyuvando el desarrollo de una general. lingstica nivel intratextual, enfoque
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
lingstico que abarca a su vez los requerimientos de las destrezas gramaticales,
semnticas, sintcticas y lexicales y que corresponde a una lectura literal o en
trminos de Cassany al leer las lneas, y la competencia comunicativa, que recoge
tres ms: la competencia analtica nivel intertextual, enfoque sicolingstico,
con operaciones mentales como la interpretacin, deduccin, induccin, abduccin
y la cognitiva disciplinar y cientfica que proporciona una lectura inferencial;
la competencia textual, que indica cmo es el texto, su estructura, tipo de lenguaje y
enunciado estas dos las ubicamos en los que llama el autor espaol mencionado
leer entre las lneas; y una ltima competencia, la pragmtica, relacionada con la
praxis enfoque sociolingstico y sociocultural, que se relaciona el qu hacer con
lo ledo dando cuenta de la creatividad del lector, la intencin del autor, del lenguaje
y la visin de mundo. Esta ltima se ubica en el nivel extra-textual, fuera del texto,
se refiere a lo no dicho, a los silencios que ofrece el corpus y que permite entonces,
tener una lectura crtica del texto; para continuar con las analoga de Cassany, sera
un leer tras las lneas. Veamos dicha disposicin en el siguiente cuadro:
Cuadro 1. Competencia y sub-competencias lectoras.
DESARROLLO
COMPETENCIA TIPO DE
SUB-COMPETENCIAS NIVELES EDUCATIVO
LECTORA LECTURA
CONTEXTUAL
GRAMTICAL
SINTCTICA LITERAL PREESCOLAR Y
1. COMPETENCIA INTRATEXTUAL
(Leer las lneas) PRIMARIA
LINGSTICA LEXICAL
SEMNTICA
INFERENCIAL
ANALTICA INTERTEXTUAL SECUNDARIA
2. COMPETENCIA (Leer entre lneas)
COMUNICATIVA TEXTUAL CRTICA
EXTRATEXTUAL UNIVERSITARIA
PRAGMATICA (Leer tras las lneas)
Es as, como desde el marco de las competencias y desde los niveles de lectura con
que debe llegar el estudiante de secundaria a la universidad competente por lo
menos en la lectura literal e inferencial5, se plantea que el lector universitario debe
desarrollar una lectura crtica6, desde el ejercicio de un pensamiento crtico7 que brinda
5
Los Lineamientos curriculares colombianos de la lengua Castellana determinan que los estudiantes del
grado 10 y 11 deben desarrollar una lectura crtica para la produccin de ensayos.
6
Se concibe la lectura crtica, siguiendo a Harris y Hodges, como el proceso de hacer juicios en la lectura: evaluar
la relevancia y la idoneidad de lo que se lee mediante una actitud que indague y sea interrogadora, a partir del
anlisis lgico y la inferencia para juzgar el valor de lo que se lee. Entre las habilidades identificadas para hacer
juicios crticos se debe tener en cuenta la intencin o propsito del autor, la exactitud, lgica, confiabilidad y
autenticidad del escrito; las formas literarias, las partes constitutivas del texto y los recursos del discurso.
7
Este pensamiento se anida en una pedagoga crtica o que problematiza que se basa en la ciencia, socia
crtica y el enfoque histrico cultural, que resalta la importancia de potenciar las estructuras cognitivas-afectivas-
valorativas y plantea que la educacin debe orientarse tanto a la transformacin individual como social.
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Martha Cecilia Andrade Caldern
La lectura en los universitarios. Un caso especfico: Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
a los discentes capacidades vitales de discernimiento, creacin y elaboracin de nuevos
conocimientos, generados desde las lecturas referenciales a lo largo de su estancia en
la educacin superior. Es por ello que la rejilla para la evaluacin de la compresin de
lectura en la Encuesta aplicada segunda parte, tiene su fundamento en la anterior
taxonoma, la cual pretende evaluar la capacidad y destreza que tienen los educandos
a la hora de leer y comprender, desde lo literal, lo inferencial y la crtica.
En consecuencia con los anteriores postulados, como marco referencial, se hizo el
estudio de campo mediante la aplicacin de las l.314 encuestas8 a los estudiantes
de pregrado de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, escogidos al azar
de una poblacin universal de 4.588.
La primera parte de la prueba encuesta diagnstico permiti detectar los hbitos,
actitudes e interacciones que tienen los estudiantes frente a la lectura, veamos los
resultados que se obtuvieron:
A 1a. pregunta: Qu actividad hace con ms frecuencia en su tiempo libre?, los
estudiantes respondieron: el 31% que escuchaba msica, el 23% leer, el 17% hacia
deporte, 16% ver T.V. y el 13% asiste a eventos culturales.
A la 2 pregunta: Para usted qu es la lectura?, contestaron en un 47% que es
una necesidad, el 35% un entretenimiento, el 11% un pasatiempo y 7% que
es una obligacin.
A la 3 pregunta: Cuando usted lee, lo hace por: el 38% manifest que por inters
propio, el 26% por acrecentar su cultura, el 21% para informarse, el 9% por
obligacin acadmica y 6% para recrearse.
A la 4 pregunta: Con qu frecuencia lee usted?, los estudiantes contestaron: el
44% lo hacen los fines de semana, 28% leen entre dos o tres horas al da, el 12%
cada mes, el 9% cada 15 das y el 7% entre 4 y 6 horas diarias.
A la 5 pregunta: Qu clase de lectura prefiere?, respondieron: el 37% lecturas de
superacin personal, 24% de carcter cientfico, el 17% prefieren leer novelas, el
15% lecturas acadmicas y 7% prefieren lecturas recreativas o de farndula.
A la 6 pregunta: En qu medio prefiere leer?, los discentes en un 69% prefieren
leer en libros, el 12% en revistas, el 8% en peridicos, el 6% en computador y el
5% en fotocopias.
8
La encuesta aplicada consisti en una prueba compuesta de dos partes. La primera, tipo encuesta-diagnstico
con 24 preguntas con las que se pretenda identificar las actitudes, hbitos e interaccin del estudiante
con la universidad, y la segunda, tipo encuesta-programtica, con 26 preguntas, fue diseada a partir de
un texto expositivo, titulado Clonacin: renace el debate de El Tiempo (marzo 2003), para identificar
las competencias y el nivel de comprensin de lectura de los estudiantes. Ambas fueron formuladas en
cuestionarios tipo test, con preguntas cerradas de seleccin mltiple.
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
A la 7 pregunta: En qu circunstancias prefiere leer?, los estudiantes prefieren,
en un 77%, leer cuando estn solos, el 15% lo hacen escuchando msica, el 5%
leen en grupo, el 2% viendo televisin y en un 1% lo hacen cuando comen.
A la 8 pregunta: En qu lugar prefiere leer?, el 77% de encuestados respondieron
que prefieren leer en su casa, el 12% en la universidad, el 7% en la biblioteca, el
3% en cafeteras y el 1% prefieren en el aula de clase.
A la 9 pregunta: En qu forma acostumbran adquirir un libro?, contestaron:
el 31% por prstamo en biblioteca, el 28% por compra, el 20% por amigos y el
21% en fotocopias.
A la dcima pregunta: Usted usualmente compra libros por, respondieron, 43%
por necesidad de estudio, 35% por gusto personal, 16% por obligacin de las
asignaturas y el 6% para recrearse.
A la undcima pregunta: Qu recurso analtico emplea ms al leer?, el 69% prefiere
utilizar el subrayado, el 17% prefiere resumir, el 8% elabora grficas o esquematiza
y el 3% hace fichas.
A la duodcima pregunta, Qu utiliza con ms frecuencia para comprender un
texto?, los estudiantes respondieron el 55% que el diccionario de significados, el
33% otros libros que complementan, el 7% usa enciclopedias y el 5% diccionario
de sinnimos.
A la decimotercera pregunta: El mayor problema que tiene al leer es: en un 46%
falta de tiempo, 15% pereza, el 15% por dificultad de comprensin, el 13% por
carencia de libros y el 11% falta de inters.
A la decimocuarta pregunta: Con qu frecuencia debe leer un texto para
comprenderlo bien?, los estudiantes respondieron: el 71% que hasta dos veces, el
19% una vez, el 8% tres veces y el 2% ms de cuatro veces.
A la decimoquinta pregunta: Cundo el nivel de dificultad de la lectura es muy
alto usted qu hace?, los discentes respondieron: el 56% relee insistentemente
para comprenderla, el 25% busca ayuda para interpretarla, el 11% acude a otros
textos para entenderla y el 8% abandona la lectura.
A la decimosexta pregunta: Despus de realizar una lectura, usted fcilmente puede:
el 58% puede explicarla con sus palabras, el 18% hace una crtica, el 15% la relaciona
con otros textos, el 5% deduce significados y el 4% plantea nuevos conceptos.
A la decimosptima pregunta: Califquese como lector, los estudiantes respondieron:
el 51% se autocalificaron como buenos, el 36% regulares, el 7% muy bueno, el
4% deficiente y el 2% excelente.
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Martha Cecilia Andrade Caldern
La lectura en los universitarios. Un caso especfico: Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
A la decimo octava pregunta: Cuntos libros lee por semestre?, los encuestados
contestaron: el 32% dos libros, el 26% tres textos, el 23% uno, el 12% cuatro o
ms y, el 7% ninguno.
A la decimonovena pregunta: De las siguientes habilidades comunicativas, Cul
desarrolla con ms frecuencia en clase?, respondieron: el 45% escuchar, el 25%
hablar, el 26% escribir y 4% leer.
A la vigsima pregunta, Cuando su profesor le asigna una lectura, le indica cmo
debe hacerla?, los estudiantes manifestaron: el 49% que algunas veces, el 36% que
nunca, el 11% casi siempre y el 4% siempre.
A la vigsimo primera pregunta: Las lecturas propuestas por los educadores llenan
sus expectativas acadmicas?, manifestaron: el 53% que algunas veces, el 35% casi
siempre, 7% siempre y 5% nunca.
A la vigsimo segunda pregunta: Cuando el profesor deja lecturas, cmo las
controla?: el 37% evala en forma oral y en grupo, el 36% con trabajos escritos,
el 12% con parciales, el 8% el docente las comenta y el 7% las evala en forma
oral e individual.
A la vigsimo tercera pregunta: Lo que usted ms lee para la Universidad son: 66%
manifestaron que leen fotocopias, el 13% apuntes, el 10% internet, 9% libros y el
2% peridicos.
A la vigsimo cuarta pregunta: Cmo le gustara que la UCMC incentivara la
lectura en los estudiantes?, los estudiantes expresaron: el 34% como una asignatura
electiva del plan de estudio, el 24% con un taller especfico y obligatorio en todas
las carreras, el 16% con cursos libres en el Medio Universitario, el 14% con un
curso interactivo en internet y el 12% con mdulos y guas escritas.
De la anterior seccin, se puede deducir el perfil de los hbitos y actitudes que
tienen los estudiantes universitarios de nuestro estudio: stos tienen cierto grado
de conciencia acerca de la lectura, prefieren escuchar msica a leer, aunque
consideran que leer es una necesidad, lo hacen en forma espordica los fines de
semana, afirman que leer es una necesidad que acrecienta la cultura; no lo hacen,
segn ellos, por carecer de tiempo.
La lectura que prefieren es la de superacin personal seguida por las de carcter
cientfico. Muy pocos leen literatura. Las lecturas acadmicas son ledas con poca
intensidad y menos las de recreacin y farndula. Les gusta leer solos, poco en
grupo. Prefieren leer en casa y no en la universidad, menos en el aula de clase.
Adquieren libros ms en biblioteca que por compra y cuando lo hacen, lo hacen
por necesidad de estudio.
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
Los libros siguen siendo el medio en el que prefieren leer, en menos escala en
el computador y las fotocopias ocupan el ltimo lugar de preferencia, aunque
contrariamente, es lo que ms leen para la universidad. Se releen los textos para
comprenderlos, logran hacer resmenes de lo ledo, no elaboran esquemas ni
mentefactos; despus de realizar una lectura, la pueden explicar con sus palabras,
en menor escala hacen crticas y correlacionan lo ledo con otros textos tan slo
un mnimo de estudiantes plantean nuevos conceptos.
En aula se determinaron algunos comportamientos: la habilidad que ms
desarrollan en sta es la de escuchar y la que menos practican es la de leer. Los
profesores algunas veces indican cmo hacerlo, la tcnica que ms utilizan como
recurso de lectura es el subrayado y los diccionarios para complementar la lectura.
Los maestros controlan las lecturas en grupo en forma oral y con trabajos escritos,
muy pocos en forma individual; las lecturas que les colocan medianamente llenan
sus expectativas. Lo que ms leen los discentes para la universidad son fotocopias
y lo que menos leen son peridicos.
En este mismo sentido, ms de la mitad de los estudiantes se autocalifican como
buenos y regulares lectores: en el ao leen entre dos y tres libros. Por ltimo
desean que la universidad incentive la lectura con una asignatura electiva o un
taller especfico y obligatorio para todas las carreras.
La segunda parte del instrumento aplicado encuesta programtica tuvo
como objetivo identificar el nivel de comprensin que tienen los estudiantes,
desde su conocimiento del lenguaje y su nivel de interpretacin y crtica, los cuales
precisamos primero en la evaluacin de la competencia lingstica las sub-
competencias: gramatical, sintctica, lexical y semntica y, segundo, en la evaluacin
de la competencia comunicativa, ubicando dentro de ella, las sub-competencias
analtica, textual y pragmtica (Cuadro No.1). Esta segunda seccin ofrece datos
contundentes que coadyuvan y asisten al perfil de nuestro lector, diseado en su
silueta inicial con la primera parte.
En consecuencia, la encuesta programtica permiti verificar y valorar
cualitativamente la competencia lectora, para nuestro caso evaluada desde la
competencia lingstica y comunicativa que tienen los estudiantes a la hora de leer
un texto expositivo, as como una aproximacin a su visin de mundo. Obsrvense
los resultados que logran ponderar la segunda parte del perfil del estudiante lector
en cuanto a sus competencias.
La competencia lingstica, alcanz un nivel de desarrollo del 62% de ponderacin
real sobre el 100% ideal. Dentro de sta, se incluyeron cuatro sub-competencias
ms, las cuales obtuvieron los siguientes porcentajes de desarrollo: lexical 48%,
semntica 80%, gramatical 70% y sintctica 71%.
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Martha Cecilia Andrade Caldern
La lectura en los universitarios. Un caso especfico: Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
De igual manera, la competencia analtica, alcanz un 51% de desarrollo, sta a su
vez contuvo las sub-competencias: disciplinar, 47%, contextual, 44%, abductiva,
62%, inductiva, 48%, deductiva 62% e interpretativa, 28%.
La competencia textual alcanz un 49% de desarrollo, a partir de las categoras
sobre tipo de discurso, 33%, lenguaje discursivo 48%, y estructura del texto 60%.
Mientras que la competencia pragmtica que refleja, para nosotros, la capacidad
crtica del estudiante obtuvo el 44%, en las variables sobre la deteccin de la
intencin del autor, la intencin del enunciado textual y la creatividad se obtuvo
un 76%, 15% y 40% respectivamente. En sntesis, la rejilla de evaluzacin de
competencias, diseada como el instrumento para valorar cuantitativamente los
resultados que recoge nuestra propuesta para valorar la competencia lectora de
un universitario, se ciment en la competencia lingstica y comunicativa, con
algunas sub-competencias que consideramos aprehensibles y relevantes y que
obviamente no agotan el tema, relacionadas como de coadyuvar la contruccin
de competencias. Incluso se propusieron unas categoras, concebidas para las
competencias analtica, textual y pragmtica, como cualidades y caractersticas
primordiales que sirvieron a manera de indicadores de evaluacin de cada sub-
competencia. Obsrvese el cuadro:
Cuadro 2. Condensado de resultados competencia lectora estudiantes UCMC
COMPETENCIA LECTORA 50% SUB-COMPETENCIAS CATEGORIAS
GRAMTICAL 48 %
1. COMPETENCIA LINGSTICA SINTCTICA 71 %
62% LEXICAL 48 %
SEMNTICA 80 %
Disciplinar 47 % Contextual 44 %
Abductiva 62 %
ANALTICA 51 % Inductiva 48 %
Deductiva 62 %
Interpretativa 28 %
2. COMPETENCIA
Tipo de discurso 33%
COMUNICATIVA 48%
TEXTUAL 49 % Len. discursivo 48 %
Estruc. texto 60 %
Intenc. autor 76 %
PRAGMATICA 44 % Int. Enun. textual 15%
Creatividad 40 %
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
Acumulado porcentajes alcanzados por competencias
70
60
50
40
30
20
10
0
C. Lingstica C. Analtica C. Gestual C. Pragmatica
Como lo demuestran las anteriores grficas, se pudo constatar, de acuerdo con los
resultados de la encuesta, que el perfil competitivo de este lector est en primer lugar
en la competencia lingstica, la cual present un mayor porcentaje de desarrollo
frente a la comunicativa. Es decir, la lingstica queda por encima de la analtica, la
textual y la pragmtica. Ello refleja que los discentes poseen no en el mayor de
los grados, conocimientos formales de la lengua aunque su gramtica y lxico
no alcanzan el 50% de los requerimientos ideales para un universitario.
En cuanto a los procesos mentales que se requieren para el anlisis, es interesante
ver cmo la deduccin y la abduccin son los que mejor desarrollan, pues
aunque alcanzaron el 62% con respecto a la ideal, la interpretacin es la de
menor ponderacin, se alcanz el 28%, resultado que corrobora los arrojados
por los exmenes de estado ECAES a nivel nacional. As mismo, existen grandes
debilidades a nivel textual, sobretodo al identificar el lenguaje y el tipo de discurso,
as como al reconocer la estructura del texto, pues tan solo acertaron el 60% de los
encuestados. La competencia pragmtica no sale muy bien librada en los resultados,
pues aunque se determina qu deseaba hacer el autor del artculo en un 76%, solo
en un 40% se da la manifestacin creativa; as mismo, la intencionalidad del texto
solo fue detectada en un 15%. Ello refleja, a nuestro entender, una capacidad
precaria para el anlisis crtico de la lectura.
Al ponderar las anteriores competencias se puede afirmar entonces que los
estudiantes de la UCMC, con el grado de confiabilidad que brindan la encuestas
95% alcanzaron el 62% en competencia lingstica y un 48% en competencia
analtica, para un total del 50% de competencia lectora alcanzada sobre la
ideal del 100%.
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Martha Cecilia Andrade Caldern
La lectura en los universitarios. Un caso especfico: Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
Porcentajes alcanzados por competencias
lingustica y comunicativa
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
C. Lingstica C. Comunicativa
Competencia lectora alcanzada
120%
100%
80%
60%
40%
20%
0%
Porcentajes reales competencias Porcentaje ideal
En este mismo sentido, y ya de manera cuantitativa, al calificar el cuestionario
aplicado de compresin de lectura, se obtuvieron los siguientes resultados, del total
de encuestados 1.314 estudiantes, el 42% alcanz un nivel aceptable, el 43% un nivel
deficiente, el 12% en un nivel bueno y el 3% en un nivel nulo de comprensin.
Grfica 1. Niveles de comprensin de lectura estudiantes UCMC
Niveles de comprensin de lectura UCMC
50%
45%
40%
35%
30%
25%
20%
15%
10%
5%
0%
Nulo Deficiente Aceptable Bueno
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
Se destaca que no hubo estudiantes en el nivel excelente. Tambin que al sumar
el los porcentajes del nivel aceptable y el nivel bueno nos da el 54% de nivel
alcanzado. Ello pone de manifiesto que la mitad de la poblacin est en un rango
de lector con comprensin mediana, resultado que no sera el ideal.
Es importante tambin hacer referencia a las preguntas de opinin personal,
referidas tangencialmente a la categora de visin de mundo y crtica. En ellas
se obtuvieron los siguientes resultados. A la pregunta vigsimo cuarta, de tipo
autoevaluativo y con el fin de valorar la creatividad, los estudiantes explicitaron,
en un 63%, que lo que les queda ms fcil despus de leer un texto es hacer una
crtica; el 25% prefieren hacer un resumen; el 9% hacen esquemas y el 3% elaboran
un mentefacto. Esto significa que hay dificultad de apropiarse del texto en forma
literal pues para ellos lo ms fcil es hacer una crtica antes que resumir lo ledo
asalta la duda de identificar qu concepto tienen los discentes sobre hacer una
crtica y porque no les gusta hacer resmenes. De igual forma, an mas distante
se ven las posibilidades de esquematizar y contextualizar lo ledo de forma creativa
en un mentefacto, diagrama que permite desarrollar un pensamiento lgico y
asociativo, y que relaciona directamente la capacidad crtica y creativa.
La pregunta vigsimo quinta, relacionada con una opinin personal sobre la
posicin de la iglesia catlica frente al problema de la clonacin, mostr que un
48% de los estudiantes respondi que la posicin de la iglesia es radical, un 22%
consider que era anticientfica; el 20% respondi que era apropiada y el 10% opt
por expresar que era buena; lo que significa que los jvenes cuestionan y refutan
posiciones tradicionalistas clericales, quizs nos atrevemos a pensar que no estn
por valores hegemnicos muy conservadores.
La pregunta vigsimo sexta, referida a si se est de acuerdo con la clonacin, mostr
que un 64% s estaba de acuerdo, pero con fines teraputicos, el 23% de los encuestados
dijo que no, el 9% respondi que s en forma absoluta, y el 4% no le interesa el tema.
Lo que nos podra indicar que predomina el valor a la vida individual y nica y que
ms bien la clonacin podra servir para curar y contrarrestar enfermedades.
De las tres anteriores preguntas se puede inferir que de acuerdo con lo
manifestado por los encuestados, a nivel creativo se presume desarrollar la crtica
texto argumentativo pero que en menor escala estn los resmenes texto
expositivo y tmidamente aparece el desarrollo de esquemas y mentefactos,
recursos claves para el desarrollo del pensamiento lgico que permite sintetizar,
coordinar, asociar y jerarquizar en grficos lo ledo; stos ltimos consideramos,
pueden ser algunos de los recursos ms importantes para un estudiante universitario,
quien debe propender por la depuracin de lo ledo en grficos, esquemas y tal vez
en asociaciones de redes significativas, como son los mentefactos. As mismo,
hay una tendencia hacia una visin de mundo liberal poco apegada a cnones
establecidos que abogan por la proteccin de la vida natural.
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Martha Cecilia Andrade Caldern
La lectura en los universitarios. Un caso especfico: Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
Ahora bien, en coherencia con el logro descriptivo de la primera parte y provecho
analtico de los resultados obtenidos y comentados de la segunda, en sus diferentes
apartes y sin querer llegar a crear un prototipo contextual, tenemos como gran
resultado final un perfil del lector universitario que en sntesis quedara as:
PERFIL LECTOR DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO
Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
2006
Los estudiantes prefieren escuchar msica a leer, aunque consideran
que leer es una necesidad que acrecienta la cultura; no lo hacen,
segn ellos, por carecer de tiempo.
Los libros que ms leen son los de superacin personal seguida
por las de carcter cientfico. Les gusta leer solos, poco en grupo.
El sitio que prefieren leer es en casa y no en la universidad, menos
en el aula de clase. Adquieren libros ms en la biblioteca que por
compra y cuando lo hacen, lo hacen por necesidad de estudio. Se
consideran medianamente buenos lectores y desean que la lectura en
la Universidad sea un componente bsico en sus carreras.
Los libros siguen siendo el medio en el que prefieren leer, en menos
escala en el computador y las fotocopias, aunque estas ltimas son las
que ms tienen que leer. Lo que menos leen son los peridicos.
[Link] Y
ACTITUDES Releen los textos para comprenderlos, explican con sus palabras lo
LECTORES ledo y hacen resmenes mas no elaboran esquemas ni mentefactos,
son pocos creativos; en menor escala hacen crticas, aunque afirman,
contradictoriamente, que se les facilita hacerlas. Tan slo un mnimo
de estudiantes plantean nuevos conceptos despus de leer.
En aula de clase la habilidad que ms desarrollan es la escucha y
la que menos desarrollan es la lectura. Los profesores algunas
veces indican cmo leer sus textos, pero la tcnica que ms utilizan
como recurso de lectura es el subrayado y los diccionarios para
complementarla. Los maestros controlan las lecturas en grupo
en forma oral y con trabajos escritos, muy pocos las controlan en
forma individual. Para los educandos las lecturas que les colocan sus
profesores medianamente llenan sus expectativas. Ms de la mitad
de los estudiantes se autocalifican como buenos y regulares lectores
en el ao leen entre dos y tres libros.
De acuerdo con los postulados previstos, la competencia lectora
obtuvo un nivel de desarrollo del 50%. Dentro de sta se obtuvo que:
[Link] la competencia lingstica, constituida para nuestro caso desde las
LECTORA sub-competencias, gramatical, lexical, sinttica y semntica, es la ms
desarrollada por los estudiantes (62%), frente a la comunicativa (48%),
instaurada por la competencia analtica, textual y la pragmtica.
En comprensin de lectura, el 54% de los encuestados alcanzaron
3. NIVEL DE
a ubicarse en un rango de lector medio, y el 46% en un nivel bajo,
COMPRENSIN
entre deficiente y nulo.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 231-2549, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
Los encuestados con un promedio de edad de 23 aos tienen una
tendencia hacia una visin de mundo liberal poco apegada a
[Link] DE
cnones catlicos establecidos pero se tiene conciencia para proteger
MUNDO
y defender la vida natural, por eso ms de la mitad estn de acuerdo
con la clonacin para fines teraputicos.
Debido al reconocimiento anterior del perfil del lector de la Universidad Colegio
Mayor de Cundinamarca y en aras de ofrecer salidas a los medianos resultados
obtenidos en competencia y niveles de comprensin, se plantea una propuesta
acadmica que coadyuve y facilite a los estudiantes, el desarrollo de las anteriores
competencias y los procesos de comprensin de textos. Para ello se considera
que la propuesta debe ser transversal, trans-disciplinar y convergente, a los
tres agentes dinmicos de la universidad: directivos, docentes y estudiantes. Para
ello proyectamos algunos lineamientos que concierte a cada agente del sistema
educativo en la universidad.
A nivel institucional se propone desarrollar actividades en donde la Universidad
pueda brindar, abonar y fortalecer los caminos hacia la lectura crtica, con
polticas que nazcan desde los currculos de manera efectiva y eficaz. Para ello
se podra aprovechar tener en cuenta los siguientes lineamientos: 1. visibilizar
en el currculo el fomento y la prctica de las habilidades comunicativas desde el
aula, con un Plan Lector Acadmico Universitario (PLAU) coordinado en forma
general pero ejecutado desde cada facultad de la institucin, el cual iniciara con
un diagnstico sobre nmero de libros-textos que estn leyendo los estudiantes,
una cualificacin disciplinar de ellos y un diseo del plan a nivel programtico
para cada carrera. 2. Implementar un programa especfico de seguimiento del
desarrollo de la competencia lectora desde la Biblioteca de la Universidad o
un centro o unidad acadmica para idiomas. 3. Habilitar espacios dentro de
sta, denominadas, salas de lecturas exclusivas para leer cmodamente en la
universidad en un ambiente adecuado. 4. Ampliar, y dotar a la biblioteca de textos
requeridos acadmicamente y coordinar en sta un club de lectores. 5. Crear
un programa de capacitacin para los docentes de la UCMC con un seminario-
taller de lectura textual, electrnica y semitica, y 6. Proveer de un consultorio
lectoral (querr decir eso exactamente, de pronto por el tipo de afirmaciones
que hay, no?: Prebendado de oficio. Es el telogo del cabildo, y deber ser
licenciado o doctor en teologa. RAE que funcione como asesor y consultor
para la comprensin de lecturas acadmicas. Por ltimo, es importante que la
Universidad tenga vnculos externos con redes nacionales e internacionales y con
instituciones que fomenten y propendan por mejorar procesos de lectoescritura
a nivel universitario.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 231-249, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
245
Martha Cecilia Andrade Caldern
La lectura en los universitarios. Un caso especfico: Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
A nivel profesoral, se ubica al docente como el agente dinamizador ms directo y
mediador de la lectura en la Universidad, por ello su protagonismo debe ser ingente.
En consecuencia, presentamos algunas consideraciones que podran mejorar su
desempeo en sta rea: el maestro debe potenciar la clase, motivar y promover las
competencias lectoras desde el aula, para ello y en funcin de los conocimientos,
deber tener en cuenta las habilidades, aptitudes, actitudes, valores y visin de
mundo de los estudiantes, por ello es importante su capacitacin al respecto. El
docente debe ser un co-lector, en trminos de Daniel Cassany, que coadyuve
a la comprensin de textos, no de manera impositiva sino integrndose sobre el
quehacer del lector con sus estudiantes; debe minimizar la lectura en fotocopias.
Atender a las actitudes y hbitos de lectura de los estudiantes en el momento de
colocar los textos para leer. Conviene planear guas de lectura disciplinares a cada
propuesta de lectura de un texto libro en papel u otro medio tecnolgico,
verificar en sus currculos el contexto de lectura en el que se mueve el estudiante,
es decir, qu lectura hace o est haciendo paralelamente. Debe proyectar una
interdisciplinaridad de lectura en los programas acadmicos, mediante un dilogo
y trabajo cooperado con los colegas. El aula de clase debe ser un nicho provocador
en donde el maestro incite, a partir de pistas, seales, preguntas, problemas, fechas,
datos, entre otros, la lectura placentera de los textos. En ltimas, el profesor
prever y tendr en cuenta las etapas de la lectura en el momento de colocarlas:
1. Pre-lectura (qu hacer): motivacin y seduccin hacia el texto con preguntas,
pistas, recorrido, mapa de comprensin, conjeturas, hiptesis, pre-conceptos,
vnculos. 2. Lectura (cmo hacerlo): con destrezas que permitan la produccin
de sentido, desarrollo de los procesos mentales de interpretacin e inferencia
no destrezas mecnicas. 3. Pos-lectura: (para qu hacerlo): produccin,
crtica y re-creacin de lo ledo.
Es urgente y necesario que los profesores se actualicen en las nuevas formas de
lectura y escritura electrnicas para estar en correspondencia con los avances
y nuevas tendencias tecnolgicas que median entre los estudiantes y la cultura
contempornea.
Por ltimo, el estudiante universitario, sujeto y objeto de nuestro estudio, tiene
un gran compromiso: ser su propio agente dinamizador, debe comenzar con
una toma de conciencia sobre lo que le proporciona la lectura y con voluntad,
disciplina, rigor y prctica desarrollar y perfeccionar su competencia lectora. Para
ello contar con el apoyo didctico para la lectura que ofrezca la institucin y los
docentes y participar de asesoras permanentes en sta rea, asistir a cursos
libres o electivos en los programas, as como podr desarrollar a mutuo propio un
curso interactivo de lectura textual y electrnica que la Universidad provea en su
pgina web. Su preocupacin no ser la velocidad para leer sino el ritmo que su
praxis le imponga.
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
Con todo lo anterior y suponiendo que la propuesta desarrollada entre en una
segunda etapa de investigacin, se quiere construir la conviccin institucional de
formar un nuevo lector universitario hbil en las nuevas tecnologas informticas
y virtuales, los mltiples cdigos culturales y los nuevos sistemas de informacin,
que fluctan en la inmediatez de los tiempos contemporneos y que ya hacen
parte intrnseca de su nuevo sentir, percibir y pensar. Por ello, teniendo
en cuenta que hoy en da los nuevos textos son de corte tecnolgico, y en
consecuencia las operaciones mentales de comprensin estn estimuladas
por otros efectos audiovisuales diferentes a las simples grafas de un libro
escrito, en donde se manejan lgicas lineales de pensamiento; consideramos
pertinente que se diferencie el perfil del lector tradicional del perfil de un
nuevo lector contemporneo o lector del siglo XXI, a quienes caracterizamos
de la siguiente manera:
Cuadro 3. Comparativo lector tradicional y lector siglo XXI
PERFIL DEL LECTOR
PERFIL DEL LECTOR SIGLO XXI
TRADICIONAL
ANALTICO, ARGUMENTATIVO,
Operativo, expositivo
CRTICO
Pasivo, distante ACTIVO, DILIGENTE
Lee en texto LEE EN CONTEXTO
Ensuea IDEALIZA
RECEMISOR
Receptor
Recibe y produce informacin
Refrendador de textos: aprueba CUESTIONADOR: INDAGA
Asiente las ideas DISCIENTE DE LAS IDEAS
TRABAJA CON LGICAS FRAGMENTADAS
Maneja lgicas lineales
Es capaz de atender varias lecturas al mismo tiempo
Desarrolla una lgica disyuntiva DESARROLLA LGICAS ASOCIATIVAS
Tiene un pensamiento simple, centrado e POSEE UN PENSAMIENTO COMPLEJO
inteligible PARA UN MUNDO DESCENTRADO
SUBSUME LA GLOBALIDAD E
Asume parcelas de conocimiento
INTEGRALIDAD DE LOS TEXTOS
RECONSTRUYE SENTIDOS Y
Construye significados
SIGNIFICANCIAS
Observa y verifica AUSCULTA Y PROPONE
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Martha Cecilia Andrade Caldern
La lectura en los universitarios. Un caso especfico: Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
Es unvoco ES PLURIVOCAL (RIZOMATICO)
Asocia LIGA (LINK)
ACTITUD DE DETECTIVE (PISTAS,
Actitud de guardin
SEALES)
Perfil de litgrafo y xergrafo PERFIL DE ALFARERO
En consecuencia, el nuevo perfil de lector debe ser tratado con nuevas estrategias
didcticas lectoras que faciliten la aprehensin de los textos escritos, en una cultura
absorbida por los medios audiovisuales que desafan, a travs de la superficialidad
de la imagen, a la profundidad de la grafa. Pero cmo lograr este gran reto?,
Cmo seducir a estos nuevos lectores para que se sumerjan y puedan bucear
en los contextos de los libros con una competencia crtica capaz de re-crear y
aportar nuevos conocimientos? Es all donde est el reto de los actuales maestros,
quienes deben cambiar sus paradigmas de lectura tradicional e incluir las nuevas
tendencias de aprendizaje que se cultivan hoy en da desde las nuevas tecnologas.
Imponer lecturas, hacer controles y evaluaciones repetitivas ya no aporta, sino que
al contrario los aleja cada vez ms de estas habilidades que son fundamentales para
el buen desempeo vital de los discentes.
No obstante, pese a las dificultades que se tienen para un cambio inmediato y el
logro de mejorar niveles de comprensin lectora en los universitarios, se insiste en
el empeo de fortalecer su competencia lectora, aunque como lo dice Guillermo
Bustamante Z y Fabio Jurado (1995), no se puede ensear a leer, pues la idea de
ensear a leer o a escribir es tan absurda como la de ensear a vivir, cada lector
slo mediante su experiencia y duelo con los textos, ser capaz de hacerse as
mismo lector o escritor!
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
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249
La educacin cientfico-tecnolgica de
educadores infantiles en la Universidad
Pedaggica Nacional de Colombia1
Scientific-Technological Education of
Childhood Educators at the Universidad
Pedaggica Nacional de Colombia
A educao cientficotecnolgica de
educadores infantis na Universidad Pedaggica
nacional de Colmbia
Yolanda Rodrguez Bernal2
Universidad Pedaggica Nacional, Colombia
yolandarodriguezb@[Link]
Lucy Patarroyo Caro3
Universidad Pedaggica Nacional, Colombia
lucypatarroyo@[Link]
Luz Myriam Sierra Bonilla4
Universidad Pedaggica Nacional, Colombia
lmsierra@[Link]
Martha H. Arana Ercilla5
Universidad Pedaggica Nacional,
Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Colombia
maranae@[Link]
Recibido: 22 de febrero de 2007 Aceptado: 04 de agosto de 2007
1
El artculo que se presenta es parte del resultado final del proyecto de investigacin Estrategias de educacin
cientficas y tecnolgicas para el proceso de formacin de educadores infantiles en las universidades Pedaggica
Nacional y Libre de Colombia, perteneciente al Programa de Educacin Infantil y al grupo de Educacin,
Ciencia, Tecnologa y Sociedad y financiado por la Universidad Pedaggica Nacional durante 2005 y 2006.
2
Licenciada en Ciencias de la Educacin con nfasis en Preescolar Universidad San Buenaventura. Magster
en Educacin de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia.
3
Licenciada en Educacin de Prvulos de la Universidad Catlica de Guayaquil. Magster en Educacin
de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia.
4
Licenciada en Preescolar y Especialista en Pedagoga de la Universidad Pedaggica Nacional. Candidata a
Magster en Desarrollo Educativo y Social de la Fundacin Centro Internacional de Educacin y Desarrollo
Humano (CINDE-UPN).
5
Economista y Doctora en Educacin, Universidad de La Habana. Posdoctorado de la Universidad
Pedaggica Nacional
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 251-273, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
AMSTERDAM 2007
Fotografa de Johanna Orduz
TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
Resumen
El artculo es resultado del trabajo de un grupo de investigacin integrado por profesores
de Educacin Infantil que proponen un modelo pedaggico de educacin cientfico-tecno-
lgica integrada a la formacin profesional del maestro infantil, con el fin de que stos sean
capaces de educar a las nuevas generaciones de colombianos con un pensamiento y actitud
cientfica y tecnolgica que permita el desarrollo humano del pas, acorde a las exigencias
del avance del conocimiento en la sociedad contempornea. La investigacin propone
estrategias de educacin cientfico-tecnolgicas que definen nuevos rasgos al diseo cu-
rricular, desde el perfil profesional hasta asignaturas de fundamentacin pedaggica, para
as eliminar la separacin entre la formacin pedaggica y la cientfico-tecnolgica. Dichas
estrategias pedaggicas se basan en los Estudios de Ciencia, Tecnologa y Sociedad.
Palabras claves: educacin cientfico-tecnolgica, Estudios de Ciencia, Tecnologa y Sociedad,
ciencia, tecnologa, Educacin Infantil.
Abstract
This article is the result of the work of a research group composed of teachers of early
childhood education, who propose a pedagogic model of scientific-technological edu-
cation integrated with the formation of the childrens teachers. They suggest that this
could assure that educators will be able to teach the new generations of Colombians
with scientific and technological thought and attitude, in order to foster the countrys
human development according to the demands of advanced knowledge in the contem-
porary society. The investigation proposes strategies for scientific-technological education
that define new features in curriculum design, from professional profile to subjects of
pedagogic fundamentals, thus to eliminate the separation between the pedagogical and
scientific-technological formation. Said pedagogical strategies are based on the study of
science, technology and society.
Key words: scientific-technological education, science, technology and society studies, science,
technology, childhood education
Resumo
O artigo o resultado do trabalho de um grupo de pesquisa, conformado por professores
de educao infantil, que prope um modelo pedaggico de educao cientfico-tecno-
lgica integrada formao profissional do pedagogo de crianas, e objetiva garantir que
ele seja capaz de educar as novas geraes de colombianos com um pensamento e atitude
cientifica e tecnolgica que, por sua vez, permitam o desenvolvimento humano do pas
de acordo com as exigncias do avano do conhecimento na sociedade contempornea. A
pesquisa prope estratgias de educao cientfico-tecnolgicas, que definem novos traos
para a estrutura curricular: desde o perfil profissional at os cursos de fundamentao
pedaggica. Deste modo, busca-se eliminar a separao entre a formao pedaggica e
a cientfico-tecnolgica. Estas estratgias pedaggicas baseiam-se no Estudios de Ciencia,
Tecnologa y Sociedad.
Palavras-chave: educao cientfico-tecnolgica; Estudios de Ciencia, Tecnologa y Sociedad. ;
cincia; tecnologia; educao infantil.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 251-273, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
253
Yolanda Rodrguez, Lucy Patarroyo, Luz Myriam Sierra y Martha Arana
La educacin cientfico-tecnolgica de educadores infantiles en la Universidad Pedaggica Nacional de Colombia
Sobre la investigacin
Este artculo presenta resultados de la investigacin Estrategias de Educacin
Cientfica y Tecnolgica para el proceso de formacin de educadores infantiles
en las universidades Pedaggica Nacional y Libre de Colombia, desarrollado
con un grupo de profesores-investigadores
6
Otros investigadores son Gloria Ins y monitores6 de la Universidad Pedaggica
Jaimes de Bermdez, Elcira Tovar
Giraldo, Csar Lpez Quintero. Los
Nacional y la colaboracin de dos profesores
monitores que participaron en el proceso y un monitor de la Universidad Libre, con el
de investigacin, son: Diana Mara Ruiz propsito de formular estrategias de educacin
Medina y Lizeth Malagn Ruiz y Jennifer
Buitrago Caicedo. cientfico- tecnolgicas para el proceso de
formacin integral de los futuros maestros.
Su fundamento terico y metodolgico se sustent en los Estudios de Ciencia,
Tecnologa y Sociedad (CTS), dado el enfoque integral, crtico y social que
proporcionan al conocimiento.
La investigacin se inici como un grupo de estudio cuyo objetivo fue debatir sobre
las deficiencias en la cultura cientfica y tecnolgica en los estudiantes de Educacin
Infantil, que se evidencia en la falta de inters por la adquisicin de conocimiento
cientfico y tecnolgico y la dbil actitud investigativa e innovadora. Esta indagacin
preliminar condujo a formular las siguientes interrogantes que constituyen en su
conjunto el problema de investigacin: a) qu imagen de ciencia y tecnologa subyace
en el proceso de formacin profesional de los educadores y pedagogos infantiles?; b)
qu caractersticas debe tener la educacin cientfica y tecnolgica para la formacin
integral del educador y pedagogo infantil?; c) qu estrategias de educacin cientfica
y tecnolgica deben disearse y ejecutarse en el proceso de enseanza-aprendizaje
para la formacin integral del educador y pedagogo infantil?
La premisa de trabajo consisti en que la formacin integral se logra al eliminar
la equvoca separacin y aislamiento entre la cultura socio-humanista y cientfico-
tecnolgica. Esto supone fomentar el pensamiento y la actividad cientfico-
tecnolgica desde una slida concepcin epistemolgica y axiolgica sobre la
ciencia y la tecnologa, en una estrecha relacin con la sociedad y la profesin.
Para lograr este fin, se propuso desarrollar estrategias de educacin cientfica y
tecnolgica basadas en los Estudios CTS a lo largo de la formacin profesional del
educador infantil, con el objetivo de comprender, interpretar y valorar las relaciones
entre el desarrollo cientfico-tecnolgico y la educacin en su contexto social.
Los Estudios de Ciencia, Tecnologa y Sociedad (CTS) surgen a finales de los aos
sesenta y principios de los setenta (Mitcham, 1990) como respuesta a las formas
en que se interpretaban las relaciones entre la sociedad, la ciencia y la tecnologa.
Para algunos autores su origen se asocia con la aparicin de trabajos de estudiosos
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como C. P. Snow, D. Meadows, L. Munford, E. F. Schumacher e I. Illich, quienes
expresaron inquietudes y dudas acerca de si la ciencia y la tecnologa producan
realmente los beneficios que la sociedad crea y esperaba de ellas (Membiela,
1997:51-57). Otros expertos afirman que es una reaccin acadmica, impregnada
de una aguda crtica a la nocin de los cientficos empiristas del neopositivismo
que ignoraban o subestimaban el papel de los factores sociales en el desarrollo
cientfico-tcnico (Nez, 1999:9). Esto va unido a una fuerte reaccin social que
se caracteriz por el cuestionamiento del supuesto carcter benefactor intrnseco
de la ciencia y la tecnologa (Gonzlez, 1996).
La crisis de los aos sesenta y setenta gener preocupaciones contradictorias en los
procesos educativos: por un lado, se enfatiz en un enfoque cientfico-tecnolgico, y
por el otro, en un enfoque social-humanstico en la formacin de los profesionales.
La educacin, urgida de una mayor integracin de estas dos vertientes, motiv la
puesta en marcha de programas CTS que impulsa una vinculacin entre los dos
enfoques (Ursa, 1997:20).
Los movimientos Educacin en Ciencia, Tecnologa y Sociedad (Science,
Technology and Society, STS) en Europa y los Estudios en Ciencia y Tecnologa
(Science and Technology Studies) en Estados Unidos, coinciden en resaltar la
dimensin social de la ciencia y la tecnologa. El primero insiste en la forma en que
los factores sociales son antecedentes que contribuyen a la gnesis del desarrollo
cientfico-tecnolgico, con un carcter ms terico y descriptivo, mientras que
el segundo enfatiza en las consecuencias sociales con un carcter prctico y
evaluativo. (Ursa, 1993:35). Los dos enfoques, el europeo y el norteamericano,
buscan eliminar la incorrecta divisin de las llamadas dos culturas, la cientfico-
tecnolgica y la social humanista, para de este modo contribuir a la comprensin
de la ciencia y la tecnologa como procesos, actividades y resultados de la sociedad
como expresin de la cultura (Snow, 1959).
Los Estudios CTS conforman un conjunto de teoras y prcticas asociadas a los
campos de investigacin, desarrollo tecnolgico, poltica pblica y educacin, dirigidas
a lograr una comprensin social de la ciencia y la tecnologa, y as cambiar la imagen
que sobre estas persiste. De ah que estos estudios son un objetivo principal para la
educacin, entendiendo por imagen los modos de percibir la naturaleza de la ciencia
y la tecnologa y sus interrelaciones con la sociedad. (Bosque, 2002).
Promover una nueva imagen CTS o real de la ciencia y la tecnologa significa
eliminar el divorcio del conocimiento y la prctica cientfico-tecnolgica con la
sociedad, superar la equivoca divisin entre las dos culturas, lo cual es un problema
de importancia reconocido por la comunidad cientfica y educativa, y renovar las
estructuras y contenidos educativos de acuerdo con la nueva comprensin de
la ciencia y la tecnologa en el mundo actual. Por lo tanto, los Estudios CTS se
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encaminan a reemplazar la imagen tradicional, intelectualista y neutral de la ciencia
y la tecnologa, por una imagen nueva, contextual y real. En los cuadros (Anexo
1 y 2) se comparan algunos elementos que diferencian la imagen tradicional de la
imagen CTS, real o integrada.
Las percepciones de la ciencia y la tecnologa se refieren a un saber informativo
y de significacin que llega al sujeto como reflejo de la realidad a travs de la
actividad social, es decir, los medios masivos de comunicacin, la educacin y la
vida cotidiana (Acevedo, 1998:410). Estas se agrupan de la siguiente manera:
Las que diferencian a la ciencia y la tecnologa a partir de la racionalidad terica
e instrumental, su dependencia de los propsitos sociales y la actividad concreta
del cientfico y el tecnlogo.
Las que integran a la ciencia y la tecnologa desde un enfoque lineal del desarrollo
del conocimiento que dice ir de la teora a la prctica o como un todo a partir
de su interdependencia en la sociedad (denominada tecnociencia).
Los Estudios CTS hacen que stos se difundan desde la dcada de los ochenta,
principalmente en la educacin bsica, primaria y secundaria, y en menor grado, en
la educacin superior. En la actualidad muchos pases tienen programas CTS que
buscan intensificar y renovar la educacin cientfica y tecnolgica, como se puso
de manifiesto en el reciente Congreso Internacional celebrado en la Universidad
Nacional Autnoma de Mxico en junio de 2006.
La investigacin caracteriz las percepciones (en una muestra) que sobre la ciencia
y la tecnologa tienen profesores y estudiantes del programa de Educacin Infantil
de la Universidad Pedaggica Nacional. Esta indagacin permiti sugerir rasgos
al perfil profesional a partir del cual se puedan formular estrategias de educacin
cientfico-tecnolgica que permitan modificar la imagen tradicional de la ciencia y la
tecnologa, como parte de la formacin integral del futuro educador. Su importancia
radica en que las concepciones sobre ciencia y tecnologa y sus relaciones con
la sociedad condicionan las finalidades y objetivos de la educacin cientfica y
tecnolgica, y por tanto, de la formacin de los
7
Ver informe de COLCIENCIAS (2004). educadores. Se destaca como antecedente de
Percepciones sobre la ciencia y la tecnologa en
Colombia. Bogot.
este trabajo en Colombia un estudio realizado
por Colciencias,7 en el que se evidencia que
existe un conjunto de imgenes y actitudes que no facilitan ni propician el avance
de la educacin cientfica y tecnolgica.
La investigacin se desarroll en tres etapas:
Primera. Diagnstico de las imgenes sobre la ciencia, la tecnologa, la
investigacin y la educacin cientfica y tecnolgica, en estudiantes y profesores
de Educacin Infantil.
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Segunda. Identificacin de las caractersticas que debe tener la educacin cientfica
y tecnolgica para la formacin integral del educador infantil con base en los
resultados del diagnstico. Se dise un modelo de educacin cientfico-tecnolgica
desde un enfoque CTS.
Tercera. Diseo de estrategias de educacin cientfica y tecnolgica para el proceso
de enseanzaaprendizaje a partir de los Estudios CTS, concretadas en espacios
pedaggicos especficos que contribuyan a la formacin integral.
Los resultados obtenidos fueron los siguientes:
Caracterizacin de las imgenes de ciencia y tecnologa que tiene la muestra
representativa de profesores y estudiantes.
Diseo de un modelo de educacin cientfica y tecnolgica para la formacin integral.
Definicin y propuesta de inclusin de rasgos al perfil profesional del educador
infantil para su formacin integral, desde la educacin CTS.
Diseo Curricular de estrategias pedaggicas de educacin cientfico-tecnolgica
en asignaturas seleccionadas.
Sobre el estudio de imgenes de ciencia y tecnologa
La identificacin de las imgenes de ciencia y tecnologa hace parte de un tipo de
investigaciones que ha ganado inters en los ltimos aos. Estudios de este tipo
han sido realizados en varios pases con una metodologa basada en el trabajo
de la Red de Indicadores para el Estudio de la Ciencia y Tecnologa RICYT/
CYTED de la Organizacin de Estados Iberoamericanos OEI, tambin
aplicado por Colciencias en el ao 2004 en la investigacin La percepcin que
tienen los colombianos sobre la ciencia y la tecnologa. Los estudios muestran,
casi invariablemente, que predomina la imagen tradicional, intelectualista y neutral
de la ciencia y la tecnologa, aunque existe una tendencia a cambiar dicho enfoque
reduccionista y fragmentado por otro integrador e interdisciplinario.
La fase diagnstica de la investigacin se ocup de dos aspectos: por un lado, del
anlisis de documentos rectores del programa y de las polticas educativas, y por
el otro, de la aplicacin de instrumentos para recoger informacin sobre el tema
en una muestra representativa de profesores y estudiantes.
Los indicadores del diagnstico se definieron a partir de la lgica de los Estudios
CTS y del documento Resultados de la Encuesta de Percepcin Pblica de la
Ciencia realizada en Argentina, Brasil, Espaa
REDES (Centro de estudios sobre ciencia,
y Uruguay,8 en el que se identifican tres ejes
8
Desarrollo y Educacin Superior). Documento
de trabajo No. 9, Proyecto Iberoamericano que corresponden a tipos de relaciones que la
de Indicadores de percepcin Pblica, sociedad establece con la ciencia y la tecnologa,
Cultura cientfica Y participacin Ciudadana
RICYT/CYTED-OEI, Marzo 2003. as como a categoras sobre el sistema de
ciencia y tecnologa propiamente dicho:
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La educacin cientfico-tecnolgica de educadores infantiles en la Universidad Pedaggica Nacional de Colombia
Eje de inters, en el que se indaga por la importancia relativa que la sociedad
otorga a la investigacin cientfica y al desarrollo tecnolgico.
Eje de conocimiento, que interroga acerca del nivel de comprensin de conceptos
cientficos considerados bsicos, as como del conocimiento de la naturaleza de
la investigacin cientfica.
Eje de actitudes, que comprende dos aspectos: las actitudes de la sociedad hacia
el financiamiento pblico de la investigacin y la confianza en la comunidad
cientfica; y la percepcin que existe sobre los beneficios y los riesgos de la
ciencia y la tecnologa.
Los instrumentos metodolgicos que se utilizaron para el diagnstico fueron:
La entrevista no estructurada. Un modelo de entrevista flexible, dinmico
y no directivo. Se aplic a 6 profesores expertos en ciencia y tecnologa en
la formacin de educadores infantiles, que representan el 12% del total de
maestros. La entrevista se aplic con el fin de encontrar informacin en los
entrevistados sobre sus experiencias en la educacin cientfica y tecnolgica,
y a la vez valorar las imgenes que sobre la ciencia y la tecnologa existe en los
profesores entrevistados.
La observacin y revisin documental se realiz sobre planes de estudio,
programas de asignaturas, actas de reuniones de profesores y documentos
rectores del Ministerio de Educacin Nacional; material que sirvi al propsito
de identificar las imgenes de ciencia y tecnologa plasmadas en ellos.
La encuesta social de tipo descriptivo y por cuestionario, destinada a recoger,
procesar y analizar informacin e identificar actitudes en una muestra de
profesores (20%) y de estudiantes (52%). Para su aplicacin se crearon grupos
de trabajo que elaboraron informes, los cuales fueron posteriormente analizados
para caracterizar las imgenes.
Los principales resultados obtenidos en el diagnstico fueron:
Imagen de la ciencia como pensamiento y teora. El mtodo cientfico es visto
como un a priori deductivo o emprico analtico. Un rasgo principal es que
se percibe a la ciencia descontextualizada, neutral y alejada de la sociedad. La
ciencia expresa su comprensin a travs de la racionalidad terica.
Imagen de la tecnologa asociada a aplicaciones del conocimiento cientfico,
fundamentalmente materializadas en aparatos, equipos e instrumentos. Se vincula
la tecnologa con los procesos productivos y con la innovacin. La tecnologa
slo se hace cercana a la sociedad a travs de sus aplicaciones.
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Aparece un alto porcentaje de optimismo acrtico hacia la ciencia y la tecnologa.
Existe una confianza ciega en ellas como factores de desarrollo per se, aunque los
encuestados parecen desconocer los principales cambios cientficos y tecnolgicos
y no tienen elementos para evaluar sus impactos y consecuencias.
La relacin de la ciencia y la tecnologa con la sociedad se ve fundamentalmente
relacionada con la economa, en el incremento de la eficiencia, el aumento de la
competitividad y la produccin de bienes materiales. Es muy bajo el porcentaje de
encuestados que establece una relacin con la tica, la moral, el medio ambiente
y la responsabilidad social. En ltimas, las imgenes de ciencia y tecnologa son
vistas desde su relacin con la productividad.
La investigacin se percibe alejada de la realidad, ms asociada al pensamiento
y a la teora. Tiene una imagen descontextualizada y neutral.
Desconocimiento acerca de los adelantos cientficos y tecnolgicos, an los
asociados a su profesin.
Escaso conocimiento de la historia de la ciencia y de la historia de las ciencias
sociales que hacen parte su profesin.
Desconocimiento generalizado de la gestin de la ciencia y la tecnologa, en
conceptos como innovacin, invencin, transferencia de tecnologa, entre otros.
Una comprensin inmediatista y utilitaria de la educacin cientfica y tecnolgica,
dada la asociacin establecida con la didctica.
La educacin cientfica y tecnolgica slo se relaciona con las ciencias naturales
y exactas, no se evidencian vnculos con las sociales ni con las tecnolgicas.
Desconocimiento casi absoluto de los Estudios CTS. No existe relacin alguna
con la formacin integral, la cultura general, ni la participacin ciudadana.
La Educacin tecnolgica se identifica con la informtica y las computadoras.
El estudio diagnstico de imgenes de ciencia y tecnologa realizado fue
el primer resultado de la investigacin. Caracteriz las imgenes y a su vez
permiti ratificar que permanece la imagen tradicional, intelectualista y neutral
de la ciencia y la tecnologa.
Acerca del modelo de educacin cientfico-tecnolgico
Luego de realizar el estudio e identificar las imgenes existentes sobre ciencia
y tecnologa en la muestra, se pas a caracterizar la educacin cientfica y
tecnolgica que se requiere desarrollar en la formacin del educador infantil.
As la investigacin determin la tendencia educativa de las CTS y los principios
de fundamentacin del modelo a seguir.
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En la experiencia internacional existen diferentes concepciones y formas de
desarrollar la educacin CTS, entre ellas estn las siguientes: a) inclusin de mdulos
de contenidos CTS en materias disciplinarias; b) creacin de una asignatura
CTS; c) integracin de sus concepciones a lo largo del currculo en materias ya
existentes; d) determinacin e inclusin de rasgos CTS al perfil profesional como
principios bsicos de la formacin integral; e) desarrollo de estrategias didcticas
en la enseanza de la ciencia y la tecnologa.
La investigacin asumi la educacin cientfico-tecnolgica a partir del perfil
profesional que gua transversalmente los diseos de las estructuras curriculares
de los programas acadmicos. De ah que los enfoques CTS deban estar presentes
desde la definicin del objeto de estudio de la profesin y el perfil profesional
(funciones o modos de actuacin de ste). Por tanto, estos no se circunscriben
a un tipo de contenido, ni a su organizacin, sino a penetrar en el objeto de la
profesin con un sentido de integracin de la cultura humanista y cientfico-
tecnolgica, dirigida a la formacin de la personalidad profesional. La educacin
CTS debe estar presente a lo largo de todo el currculo, pues se trata del desarrollo
del pensamiento y la actitud cientfica y tecnolgica, y de la comprensin social
de estos conocimientos, para lo cual debe trabajarse en todos los contenidos en
su relacin con la formacin profesional.
A partir de lo anterior, se determin la necesidad de definir un modelo de
educacin cientfica y tecnolgica desde las CTS que orientar y guiar los rasgos y
caractersticas de la cultura cientfica y tecnolgica para la formacin del educador
y pedagogo infantil. Por tal razn, uno de los resultados de la investigacin es la
definicin de las caractersticas de la educacin cientfica y tecnolgica que requiere
dicha formacin integral.
Existen dos grandes tendencias de la educacin CTS: la que se encamina a hacer
nfasis en la llamada didctica de las ciencias que busca formar buenos tcnicos,
profesionales y especialistas, orientados hacia la investigacin, el desarrollo
de la creatividad y los anlisis cientficos para el adecuado manejo conceptual
y metodolgico, y la dirigida a la formacin integral, que implica ampliar el
conocimiento sobre la ciencia y la tecnologa como cultura, en su relacin con
otros tipos de conocimientos como la moral, la poltica, el arte, entre otros; dicha
modalidad no slo se encamina a la formacin de profesionales con responsabilidad
social, sino tambin a la formacin ciudadana.
En ambas tendencias se manifiestan imgenes diferentes de la ciencia y la tecnologa.
En la primera, la educacin cientfica y tecnolgica se identifica con las ciencias
naturales, exactas y tcnicas, y se busca cambiar su enseanza, relacionndolas
con la realidad y la actividad investigativa del estudiante. La segunda se refiere
a las ciencias sociales y humanas, donde la educacin cientfica y tecnolgica
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es complemento de la formacin cultural y ciudadana. En la mayora de estas
experiencias la intencionalidad se centra en incluir ncleos curriculares de CTS o
en ampliar contenidos asociados a las ciencias sociales y humanas, como la filosofa,
la sociologa, la economa de la ciencia y la tecnologa.
En general, en las ciencias sociales existe una tradicin de rechazo a concepciones
positivistas y pragmticas y de aceptacin de corrientes posmodernistas, que conduce
a cierto desinters hacia la ciencia y la tecnologa. Muchos ejemplos se pueden dar
sobre la necesidad de la educacin cientfica y tecnolgica en las profesiones sociales.
As, para el caso del comunicador social, el desarrollo del pensamiento crtico,
interdisciplinario y la alfabetizacin cientfica y tecnolgica, permite la objetividad
de los anlisis de las polticas pblicas para la educacin social. Para los economistas,
una visin amplia e integrada del conocimiento les permite establecer conexiones
adecuadas entre el mercado y el desarrollo humano.
La investigacin apropia la educacin CTS desde la articulacin de las
dos tendencias. Por una parte, al ubicarse en las ciencias sociales (rea de
Fundamentacin Pedaggica del Programa de Educacin Infantil), sus estrategias
se enfocan a desarrollar el carcter cientfico de las mismas. Por otra parte, a
la interdisciplinariedad del conocimiento cientfico social con el arte, la tica,
la epistemologa, las ciencias naturales, exactas y tecnolgicas. Por lo tanto, es
necesario destacar que lo novedoso en la investigacin est en la relacin que se
establece de las dos tendencias de la educacin CTS para la formacin integral,
dirigida a la formacin profesional en ciencias sociales.
Por lo anterior, la investigacin orienta la educacin cientfica y tecnolgica desde
tres procesos (Arana, 1999):
Proceso de aprendizaje, asociado al conocimiento, su concepcin epistemolgica,
historia y actualizacin; a la capacidad de realizar juicios valorativos; al estilo de
pensamiento creativo, autnomo, divergente; al desarrollo del mtodo cientfico;
y la comunicacin y lenguaje, encaminados a desarrollar el pensamiento para
comprender e intervenir en la realidad.
Proceso de formacin profesional, integrado al proceso anterior, que
se asocia al uso y desarrollo de la ciencia y la tecnologa en el ejercicio
profesional, al saber hacer, al descubrimiento, la invencin, la innovacin y
la responsabilidad social.
Proceso de asimilacin de la ciencia y la tecnologa, relacionado con el
desarrollo del modo y la calidad de vida, el consumo y uso adecuados de los
avances tecnolgicos que influyen en la vida cotidiana. Se asocia a las actitudes,
comportamientos y la participacin ciudadana en polticas sociales.
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La educacin cientfico-tecnolgica de educadores infantiles en la Universidad Pedaggica Nacional de Colombia
Estos tres procesos constituyen un todo en la cultura cientfica y tecnolgica y
deben ser considerados en la formacin de profesionales de las reas sociales.
La cultura cientfico-tecnolgica es la forma en que se organiza y desarrolla la teora
y la prctica de la ciencia y la tecnologa en su relacin con otras formas culturales.
Es el proceso que parte de la asimilacin de los resultados de prcticas precedentes
para la creacin de nuevos conocimientos, mtodos, metodologas, tcnicas, sistemas
organizativos y valores. Es el modo de despliegue histrico de dichas experiencias,
avances y desarrollos, que permite la eleccin de alternativas para dar respuesta a las
necesidades de cada sociedad en un contexto especfico (Arana, 1998:158).
La educacin cientfico-tecnolgica debe ser entendida como el proceso continuo
de aprender conocimientos tericos, prcticos y de valores, que propicien un
pensamiento cientfico-tecnolgico y una actitud crtica y transformadora de los
aspectos contradictorios, presentes en las relaciones entre actividad cientfico-
tecnolgica y las otras formas de actividad social (Bosque, 2000).
Principios del modelo de educacin cientfica y tecnolgica definido
Definir un modelo de educacin cientfica y tecnolgica para la formacin de
educadores infantiles, significa representar o tomar un punto de referencia terico
de las caractersticas de la educacin cientfica y tecnolgica que se requiere en
la formacin, y as orientar el diseo de estrategias pedaggicas coherentes. El
modelo responde a los siguientes principios determinados en el transcurso y la
lgica de la investigacin:
La crtica a la concepcin estandarizada y reduccionista del positivismo lgico,
tambin llamada visin tradicional de la ciencia y la tecnologa, referida en los
Estudios CTS.
La aceptacin de la concepcin de la integracin del conocimiento cientfico-
tecnolgico y social humanstico, que implica la eliminacin de las llamadas dos
culturas.
La determinacin de las necesidades de la educacin cientfico-tecnolgica a
partir de la prctica profesional. El referente est en la teora de la prctica
cientfica y tecnolgica de A. Pacey, (1983:21 y 35) expuesta en su libro La cultura
de la tecnologa: un modelo conceptual, donde propone a la prctica tecnolgica
como la categora a entender para poder desarrollar una cultura integral o un
sentido amplio de la actividad cientfica y tecnolgica, relacionada con tres
dimensiones: tcnica, organizativa e ideolgico-cultural. Este fundamento
tambin es asumido por J. A. Acevedo en los estudios de imgenes y de estrategias
de educacin cientfica que desarrolla.
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La aceptacin de que la educacin cientfica y tecnolgica es parte integrante
de la formacin de la cultura y la formacin integral de los seres humanos, P. S.
Snow (1964:92) y C. Mitchan, (1990).
La necesidad de la integracin de los conocimientos a travs de la inter-multi y
transdisciplinariedad, para la comprensin y valoracin de la ciencia y la tecnologa,
dado su carcter multicausal y multifactorial de su desarrollo, expresado en la
tecnociencia. En la actualidad es casi imposible decidir si la tecnologa es ciencia
aplicada o la ciencia es tecnologa terica. La ciencia demanda innovacin
tecnolgica para conseguir resultados, () mientras que la sociedad cada vez
demanda una investigacin cientfica que sea aplicada en su concepcin, y no slo
por los resultados a largo plazo, como ocurra con la ciencia bsica. El trmino
tecnociencia no slo es una realidad de la prctica cientfico-tecnolgica actual,
sino que es una expresin que identifica y conforma una nueva imagen de la
ciencia y la tecnologa como procesos sociales, busca deshacer las fronteras de
la ciencia bsica y aplicada y de la tecnologa como aplicacin de conocimientos
ajena a la teora. J. Nez, P. Glez Casanova (2004), A. Alonso, C. Galn (2004),
S. Aronowitz, B. Martinsosns y M. Menser (1998), J. Nez (1999).
La consolidacin de slidos fundamentos epistemolgicos como garanta
para la educacin cientfica y tecnolgica, sus finalidades, objetivos y
estrategias pedaggicas.
La definicin de que la educacin cientfico-tecnolgica es la unidad dialctica de
conocimientos, habilidades y valores para la prctica tecnocientfica profesional.
J. A. Acevedo, J. Bosque (2002).
La determinacin de asumir que la formacin integral de educadores es el desarrollo
de aptitudes y actitudes cientficas, investigativas e innovadoras en la educacin
a partir de slidos conocimientos integrados. El educador debe ser instruido,
tcnico y reflexivo para el desarrollo de la autonoma. El modelo que se propone
de educador reflexivo, es el que integra todo lo anterior desde la capacidad de
la autorreflexin, las relaciones, la comprensin de entornos y realidades, capaz
de investigar, proponer soluciones desde una actitud crtica fundamentada
cientficamente, y supone por tanto un alto grado de autonoma y respeto hacia
los dems. Tener una prctica reflexiva implica mantener una relacin crtica y
autnoma con el saber cientfico pasado y futuro; tener una mirada reflexiva sobre
su propia prctica y organizar su formacin continua S. Parrat-Dayan (2006).
La certeza de que es necesario formar sujetos activos, participativos, propositivos,
propietarios de un pensamiento cientfico y tecnolgico contemporneo y una
actitud orientada a la investigacin y la innovacin. Todo esto slo es posible a partir
del inters por el conocimiento actual desde el contexto, as como la confluencia
de motivaciones e intereses personales y profesionales (Llins, 2000).
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La educacin cientfico-tecnolgica de educadores infantiles en la Universidad Pedaggica Nacional de Colombia
Descripcin del modelo
El modelo est determinado por tres dimensiones relacionadas con la ciencia, la
tecnologa y la sociedad, y cada una identifica un tipo de actividad terica y prctica.
El concepto de dimensin es entendido como la proyeccin de un objeto o
atributo en una cierta direccin (lvarez, 1999:9). La actividad es la funcin del
sujeto en el proceso de interaccin con el objeto u otro sujeto. Esta actividad
es estimulada por la necesidad a la satisfaccin y se lleva a cabo a travs de un
sistema de acciones conscientes, de proyeccin y transformacin en relacin con
el medio o realidad histrico-social mediante las acciones intelectuales y tcnicas
que generan representaciones, imgenes, teoras, dando lugar a la ciencia y otros
conocimientos. Los diferentes tipos de actividad cognoscitiva, metodolgica y
valorativa, son resultado de un proceso integrado de la relacin del pensamiento
y la prctica con la realidad.
Cada dimensin y tipo de actividad se integran en un sistema de praxis profesional.
Se entiende por sistema el conjunto de elementos, de componentes que se
interrelacionan y se articulan a travs de principios, conformando un todo orgnico,
una totalidad integrada dirigida hacia una finalidad. Es un proceso con inicio,
fin y en desarrollo. El todo y sus partes persiguen el mismo objetivo, aunque las
partes tienen por s mismas objetivos especficos que se integran en el todo. Es
una interdependencia de conexiones.
El modelo propuesto basado en la concepcin CTS y estructurado en las tres
dimensiones -intelectual, tcnica y tica- se deriva de las exigencias de la prctica
cientfico-tecnolgica profesional. Dichas dimensiones constituyen los ejes
orientadores de la educacin cientfico-tecnolgica en la formacin y se nutren
de las caractersticas de la prctica de cada profesin.
Intelectual: se caracteriza por la actividad cognoscitiva y enfatiza en el saber conocer.
Es necesario que el estudiante genere inters, apropiacin y significacin con relacin
al conocimiento, de tal manera que esto le propicie una actitud crtica, valorativa y
transformadora. Se representa a travs de la actividad cognoscitiva, la que se relaciona
con: a) conciencia del proceso del conocimiento y de la naturaleza del ser humano;
b) control del proceso del conocimiento mediante la planificacin y evaluacin; c)
contextualizacin del conocimiento; d) complejidad dialctica e interdisciplinariedad
del conocimiento; e) desarrollo de las capacidades de pensar: investigar, seleccionar,
procesar, analizar, sintetizar, generalizar, particularizar, proponer y valorar.
Tcnica: se caracteriza por la actividad tcnica, el saber hacer y la accin prctica y
se relaciona con el desarrollo de procedimientos y metodologas hacia la solucin
de problemas, asumidos con responsabilidad social. Se representa a travs de la
actividad metodolgica y operacional que se relaciona con: a) conciencia de la
prctica del hacer como conocimiento que lleva a la accin y a la transformacin;
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b) control del proceso de la accin prctica del hacer mediante la planificacin
y evaluacin; c) contextualizacin de la accin prctica del hacer a travs de
determinar y solucionar problemas a partir de los conocimientos adquiridos; d)
desarrollo de capacidades para la accin prctica del hacer e intervenir en la realidad:
procesar informacin, investigar, disear, organizar, administrar, dirigir, ejecutar,
proyectar, comunicar, innovar, gestionar y aplicar conocimientos.
tica: se caracteriza por la actividad valorativa, subraya la capacidad de (emitir)
juicios de valor y la responsabilidad individual y social que adquiere el estudiante
en el entorno, hace nfasis en la identidad personal y el comportamiento social
a travs de lo afectivo y motivacional en el pensar, la accin prctica del hacer
y el ser social. Se representa a travs de la actividad valorativa que se relaciona
con: a) conciencia de la relacin entre el individuo y la sociedad, la importancia
de las relaciones afectivas y la motivacin en el desarrollo de las actitudes y
comportamientos humanos y el sentido de la vida como condicin humana; b)
control del proceso afectivo y motivacional mediante la planificacin y evaluacin;
c) desarrollo de las capacidades crtico-valorativas, comunicativa y propositivas
en el pesar, hacer y ser profesional y ciudadano; d) desarrollo de actitudes ticas
para el comportamiento social y la comprensin justa de los deberes y derechos
profesionales, con coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace a travs de
la responsabilidad, colaboracin y participacin.
Aportes desde las CTS al perfil profesional del educador
y pedagogo infantil
Un aporte concreto de la investigacin en el diseo curricular es la revisin que desde
el modelo de educacin CTS se realiz al perfil profesional. Esta revisin permiti
definir un conjunto de rasgos de formacin que desde el punto de vista metodolgico
son fundamentos orientadores para el diseo de las estrategias, en el entendido de
que la claridad del perfil profesional permite determinar los objetivos, estrategias y
caminos (medios y mtodos) en los procesos de enseanza y aprendizaje.
Los rasgos que se proponen al perfil profesional fortalecen la formacin integral
del profesional de educacin infantil desde la educacin cientfica y tecnolgica.
En trminos generales los rasgos son los siguientes:
Manifiesta responsable y conscientemente una disposicin favorable
hacia la innovacin, el descubrimiento, la curiosidad, la creatividad y el
aprendizaje permanente.
Dinamiza y genera propuestas pedaggicas con la comunidad educativa que
contribuyan a la asimilacin de la ciencia y la tecnologa con el desarrollo de la
cultura, del modo y la calidad de vida, con el uso adecuado de los avances que
influyen en la vida cotidiana.
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La educacin cientfico-tecnolgica de educadores infantiles en la Universidad Pedaggica Nacional de Colombia
Desarrolla actitudes participativas y de trabajo en grupo que aportan al cambio
educativo y social.
Conoce y asume una actitud crtica y responsable frente a las polticas, planes y
recursos nacionales e internacionales de carcter educativo y cientfico.
Demuestra capacidades de liderazgo organizacional que favorecen la transformacin
de los contextos sociales y educativos donde est inmersa la infancia.
Desarrolla estrategias de enseanza y aprendizaje con espritu crtico, autonoma
y dominio de la Pedagoga y otras ciencias de la Educacin.
Fundamenta su ejercicio profesional en la investigacin teniendo en cuenta el
contexto poltico, social, econmico, ambiental y tico desde una imagen CTS.
Comprende la investigacin como proceso terico y prctico asociado a la
solucin de problemas y al cambio educativo.
Participa eficientemente en comunidades acadmicas asumiendo el conocimiento
como una unidad, con enfoque interdisciplinar y como el mximo valor social
y cultural en beneficio de la infancia y de la educacin en general.
Posee una slida comprensin epistemolgica integral, holstica e interdisciplinar
en donde convergen los estudios sociales, la ciencia y la tecnologa, sin
desconocer la autonoma de cada disciplina: sus objetos, problemas y mtodos
de investigacin particular.
Desarrolla un pensamiento creativo, autnomo y divergente que le permite
comprender la naturaleza del conocimiento cientfico, familiarizarse y apropiarse
de los aspectos de la actividad cientfica.
Valora crtica y permanentemente su quehacer pedaggico para asumir los
cambios del mundo globalizado, basndose en los principios y valores ticos.
Demuestra una actitud democrtica, responsable y participativa en la toma de
decisiones para la solucin de problemas del contexto en el que est inmerso,
como parte de su ejercicio profesional.
Manifiesta una actitud crtica, abierta, flexible y responsable hacia la ciencia y la
tecnologa teniendo en cuenta el sentido histrico y social de estas.
Utiliza adecuadamente los medios tecnolgicos e informticos.
Contribuye desde la educacin a crear concepciones acerca del ser humano, su
pertenencia al universo, al planeta, a la vida desde posiciones cientficas.
Estrategias de educacin cientfica y tecnolgica para la formacin de educadores
infantiles desde las CTS
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Se entiende por estrategia el conjunto de acciones pedaggicas y didcticas
concatenadas sobre la base de una orientacin y direccin consistente en desarrollar
una comprensin de la ciencia y la tecnologa como fenmenos sociales, en
funcin de la formacin integral del profesional. Dichas estrategias se orienta
hacia un enfoque histrico-social, axiolgico, crtico, relacional, participativo e
interdisciplinario.
El sentido de las estrategias que se proponen se enmarca en el logro de la
formacin profesional integral del educador y pedagogo infantil, a partir de la
integracin del conocimiento cientfico-tecnolgico y social-humanstico desde
un enfoque y modelo basado en los Estudios de Ciencia, Tecnologa y Sociedad.
Dichas estrategias son una contribucin a la integracin, la insercin y ampliacin
de los conocimientos cientficos y tecnolgicos a esta profesin de carcter
fundamentalmente social y humano.
La formacin profesional integral se concreta a travs de una nueva imagen de la
relacin del conocimiento cientfico, tecnolgico y socio-humanista, que descarta
la discordancia entre stos y permite una cultura basada en slidos conocimientos
cientficos y tecnolgicos, acompaados y fundamentados en valores, as como
en la comprensin de los derechos y deberes humanos para el bien comn y el
servicio a la sociedad. Por tanto, la formacin integral en que se hace nfasis es
aquella que logra vincular la formacin profesional y el desarrollo humano a travs
de la cultura sociohumanista y la cientfico-tecnolgica desde todos los espacios
universitarios posibles.
Las estrategias estn diseadas en el ciclo de Fundamentacin Bsica de la
formacin dentro de un grupo de asignaturas donde son titulares los investigadores,
y que se dedican al desarrollo de competencias propias de las ciencias sociales y
humanidades, tales como: Comunicacin y Lenguaje; Investigacin I; Economa
y Gestin de Instituciones Educativas; Psicologa I; Relacin Cultura, Educacin
y Sociedad; entre otras; para desarrollar un pensamiento y metodologa cientfica,
una actitud investigativa e innovadora, una comprensin y capacidad crtica
de los avances de la ciencia y la tecnologa en la actualidad, aspectos que son
imprescindibles para el desarrollo de las ciencias sociales en las que se apoya la
educacin y requiere el avance de la sociedad colombiana.
La metodologa de diseo curricular seguida tiene su origen en la elaborada y
aplicada por Villarreal (1980) en la Facultad de Qumica de la Universidad Nacional
Autnoma de Mxico, denominada Planeacin acadmica integral, la que
posteriormente fue desarrollada en la elaboracin de los planes de estudio C de la
educacin superior en Cuba por E. Castaeda, denominada Enfoque Sistmico
del perfil profesional y que consta de ocho etapas relacionadas a la elaboracin
del proyecto, a los mecanismos de direccin, y al control del proceso de aplicacin
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La educacin cientfico-tecnolgica de educadores infantiles en la Universidad Pedaggica Nacional de Colombia
prctica: va desde la elaboracin del perfil profesional hasta los programas y
asignaturas. De ah que en la investigacin para el diseo de las asignaturas se
requiri incorporar rasgos CTS al perfil profesional como fundamento y orientacin
del proceso de formacin, y a partir de ah, de acuerdo a los contenidos, perodos
acadmicos y concepcin del profesor, disear las estrategias pedaggicas a seguir
en cada asignatura. En este sentido, se trata de estrategias de diseo y planificacin
curricular de asignaturas, que deben relacionarse a contenidos, mtodos, formas,
evaluacin y relacin alumno profesor.
Las estrategias pedaggicas elaboradas se fundamentan en las Pedagogas y
Didcticas Contemporneas o Activas que se contraponen a la Pedagoga
Tradicionalista, siendo sus principios y enfoques compatibles con los Estudios de
Ciencia, Tecnologa y Sociedad. Sus enfoques no tradicionalistas de la educacin
se fundamentan en una epistemologa educativa, que precisa y puntualiza la
concepcin pedaggica, y por tanto curricular, basada en el paradigma de
integracin del conocimiento, el cual significa comprender al conocimiento en sus
relaciones epistemolgicas, axiolgicas, histrico-sociales y la realidad, dejando a
un lado el carcter funcional y el aislamiento de las disciplinas. Es un paradigma
que busca el conocimiento no como proceso lineal, sino complejo y dialctico,
acompaado por el pensamiento cientfico y la investigacin en relacin con la
realidad natural y social. Dicha posicin epistemolgica exige en la formacin
profesional la comprensin entre la ciencia, la tecnologa y la sociedad y un enfoque
de desarrollo humano.
Este paradigma no tradicional es asumido por las llamadas Pedagogas y Didcticas
Contemporneas, que tambin se contraponen a la Pedagoga Tradicional, entre
las que se hallan: la pedagoga conceptual, la pedagoga afectiva, la enseanza para
la comprensin, el cambio conceptual, metodolgico, actitudinal y axiolgico,
la didctica problmica, el aprendizaje significativo, la estructuracin cognitiva,
el aprendizaje basado en problemas, las didcticas activas, la teora crtica de la
enseanza, y la educacin compleja, entre otras.
En las Pedagogas Contemporneas (De Zubira, 2005:37) lo comn es el
desarrollo de un sujeto autnomo dentro de un contexto social y cultural
determinado. La intencionalidad educativa se encamina hacia el saber, saber
hacer y ser. Si la pedagoga tradicional es heteroestructural y heternoma por
su nfasis en la enseanza y en el conocimiento disciplinar; las pedagogas
contemporneas lo hacen en el proceso de ensear-aprender, en la relacin del
ambiente, el contexto y el conocimiento del estudiante y el profesor y de los
estudiantes en su grupo a travs del desarrollo de emociones, motivaciones y
actitudes, como parte del contenido curricular, educativo, formacional; por tanto,
son autoestructurales e interestructurantes.
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(Es necesario) recordar que los Estudios de CTS se orientan a responder desde
un enfoque integral, multidimensional, formacional, actitudinal, interdisciplinario,
contextual, participativo y crtico a los enfoques de carcter tradicional y al
positivismo lgico en la comprensin y la accin de la ciencia y la tecnologa en
la actualidad, lo cual constituye el objetivo principal de la educacin cientfico y
tecnolgica que se desea desarrollar para la formacin profesional integral.
A partir de ah, el modelo de educacin CTS elaborado orienta desde sus tres
dimensiones las caractersticas pedaggicas para lograr la comprensin social y la
accin participativa de los futuros profesionales desde el proceso de formacin;
dimensiones que se precisan en el perfil profesional del educador y pedagogo
infantil, para su posterior desarrollo y concrecin en las estrategias de educacin
CTS para el proceso de enseanza-aprendizaje. As, la dimensin intelectual
se encamina hacia el desarrollo de la actividad cognoscitiva y enfatiza en el
saber conocer y por tanto en el pensamiento, el inters por el conocimiento, la
apropiacin y significacin de este desde una actitud crtica, valorativa, contextual y
transformadora. La dimensin tcnica (se orienta) hacia la actividad metodolgica,
procedimental y operacional del saber hacer y la accin prctica que acompaa
inseparablemente al saber, y que deben ser asumidas con criterio propio y
responsabilidad social. La dimensin tica caracteriza la actividad valorativa, subraya
la capacidad de (emitir) juicios de valor desde la responsabilidad individual y social
que adquiere el estudiante, y posteriormente el profesional en el entorno.
Si se analizan las caractersticas ms generales de las pedagogas didcticas
contemporneas antes mencionadas, se pueden observar aspectos comunes
con el modelo antes referido que permiten, a partir de la concepcin educativa
del profesor y los contenidos de aprendizaje, seleccionar aquellas estrategias de
enseanza y aprendizaje que respondan a los fines propuestos. Se observa en ellas
tres niveles coincidentes con las dimensiones del modelo -funcional, estructural
y existencial- (Zubira, 2005:37), donde lo comn es el desarrollo de un sujeto
autnomo dentro de un contexto social y cultural determinado, lo que requiere de
una personalidad desarrollada, y por tanto, de una intencionalidad educativa hacia
el saber, saber hacer y ser, y de una integralidad de las relaciones grupales en el
aula, con el profesor, el ambiente escolar y el contenido que se ensea.
Entre las caractersticas ms generales de las estrategias que se concretan en los
diferentes programas de las asignaturas seleccionadas de los programas por la
investigacin, se hallan:
El desarrollo personal con nfasis en el aprendizaje responsable, cooperativo y
autnomo, es decir, el carcter activo del pensamiento y la prctica del estudiante
en la adquisicin del conocimiento.
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La educacin cientfico-tecnolgica de educadores infantiles en la Universidad Pedaggica Nacional de Colombia
El aprendizaje no slo es informativo sino que significa aprehender, comprender,
valorar crticamente. Debe ser vivencial, por experiencia, donde la prctica y la
investigacin de la realidad sean fundamentales.
La enseanza con nfasis en el aprendizaje y el estudio independiente individual
y colectivo, asociada a los contextos y su cultura, que transgreda los lmites
estrechos del saln de clases y lleve la escuela a la vida.
El profesor, tutor, orientador y gua, con autoridad en el proceso por su conocimiento
y valores. Tanto profesor y estudiante desempean roles protagnicos.
Desarrollo de los afectos, motivaciones, valores y actitudes en los educandos.
Fortalecimiento de los recursos metodolgicos que desarrollen la problematizacin,
la bsqueda de soluciones, la investigacin, la polmica, la alternatividad,
flexibilidad y la cooperacin grupal.
El desarrollo de la concepcin dialctica, relacional, contradictoria y crtico-
transformadora de la realidad en el pensamiento del estudiante, que presupone un
estudiante activo que transita por el proceso del conocimiento de la experiencia no
conocida, fragmentada a una visin conocida, sinttica, articulada en su unidad.
Los contenidos deben ser universales culturalmente y actualizados en funcin
de la realidad social y el desarrollo cientfico y tecnolgico. Y en funcin de ello,
deben tener carcter interdisciplinario.
La actualizacin cientfica y tecnolgica de los conocimientos de las ciencias
sociales en su relacin con el desarrollo de las ciencias naturales, as como de
las polticas de ciencia y tecnologa del pas.
La comprensin de la Pedagoga como conocimiento en relacin con otras
ciencias sociales, naturales, exactas y tecnolgicas.
Conclusiones
Los alcances e importancia de los resultados de la investigacin se pueden resumir en:
1. El impacto social relacionado con la divulgacin del tema de educacin cientfica y
tecnolgica y de los Estudios de Ciencia, Tecnologa y Sociedad; la creacin de un
grupo de profesores y estudiantes con preocupaciones y conocimientos en CTS,
con nuevas imgenes sobre la ciencia, la tecnologa y la investigacin, cuestin que
responde a los estudios realizados por Colciencias y a las polticas educacionales.
2. El impacto para la formacin profesional integral de los educadores infantiles,
en cuanto a la caracterizacin realizada en la muestra seleccionada sobre las
imgenes de ciencia, tecnologa e investigacin, que permiten una reflexin sobre
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el proceso de formacin y la necesidad de cambios para lograr los maestros que
necesita el pas. El rediseo curricular para el programa acadmico en cuanto a
la propuesta de inclusin de rasgos al perfil profesional vigente. Las estrategias
pedaggicas derivadas del modelo de educacin CTS para dicha formacin
integral concretadas en los programas de las asignaturas. La asesora y tutora
de monitores y de proyectos pedaggicos en este campo.
3. El impacto en el desarrollo de los conocimientos pedaggicos desde los Estudios
de Ciencia, Tecnologa y Sociedad en cuanto a la concepcin de educacin
cientfica y tecnolgica, por un lado, y, por el otro, de los Estudios de Ciencia,
Tecnologa y Sociedad dirigidos hacia las ciencias sociales, en particular las
Ciencias de la Educacin y la Pedagoga.
Anexo 1.
Rasgos de la Imagen Rasgos de la Imagen
Tradicional de la Ciencia CTS de la Ciencia
Verdad absoluta y verificable. Aproximaciones sucesivas a la verdad.
Explicativa. Explicativas e interpretativas.
Representacin objetiva de la realidad. Representacin objetiva y subjetiva de
la realidad.
Neutral y acrtica.
Naturaleza social.
Expresin de la racionalidad terica.
Expresin de la racionalidad terica y
Conocimientos disciplinarios.
prctica.
Empleo del mtodo experimental y
Conocimientos interdisciplinarios y
cuantitativo.
transdisciplinarios.
Conocimientos acumulativos y lineales.
Utiliza diversos mtodos de investigacin
No hay relacin entre hecho y valor. segn el objeto de estudio.
El sujeto separado del objeto de estudio. Hecho y valor son inseparables.
Se excluyen las emociones Los fenmenos son conocidos en su
contexto.
Se incluyen las emociones.
El conocimiento es el resultado de
actividades y procesos sociales.
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Yolanda Rodrguez, Lucy Patarroyo, Luz Myriam Sierra y Martha Arana
La educacin cientfico-tecnolgica de educadores infantiles en la Universidad Pedaggica Nacional de Colombia
Anexo 2
Rasgos de la Imagen Rasgos de la Imagen
Tradicional de la Tecnologa CTS de la Tecnologa
Es un conocimiento prctico que se Es conocimiento y por tanto actividad
deriva de la ciencia como teora. Es y resultado de un proceso social.
ciencia aplicada.
Mantiene nexos con la ciencia, con la
Se asocia a artefacto e instrumento, moral, la poltica, la economa, etc.
es un conjunto de herramientas y
aparatos eficaces. Coadyuva a la capacidad valorativa y a
la actuacin con responsabilidad social
Es expresin de una racionalidad en el ejercicio de una profesin.
prctica. Su uso es objeto de debate
social.
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TABULA RASA
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Tres espacios narrativos ms all de Macondo
(ngel, Fayad, Espinosa)1
Three Narrative Spaces Beyond Macondo
(ngel, Fayad, Espinosa)
Trs espaos narrativos alm de Macondo
(Angel, Fayad, Espinosa)
Cristo Rafael Figueroa2
Pontificia Universidad Javeriana
Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Colombia
figueroa@[Link]
Recibido: 30 de abril de 2007 Aceptado: 08 de septiembre de 2007
Resumen
Este artculo pretende visualizar tres de los trayectos narrativos que adopta la novelstica
colombiana posterior a El otoo del patriarca de Garca Mrquez: exploracin de nuevas
formas literarias para evidenciar las secuelas de la violencia colombiana en la infancia
femenina y el papel de la mujer dentro de la misma (Estaba la pjara pinta sentada en el verde
limn de Albaluca ngel); bsqueda de estticas neorrealistas para focalizar los complejos
procesos y consecuencias de la modernizacin de Bogot (Los parientes de Ester de Luis
Fayad); y opcin por una escritura neobarroca capaz de relativizar y cuestionar concepciones
hegemnicas sobre la historia colonial (La tejedora de coronas de Germn Espinosa).
Palabras clave: focalizacin, violencia, neorrealismo, neobarroco, espacios urbanos.
Abstract
This article tries to visualize three of the narrative trayectories that Colombian novelistics
adopted after The Autumn of the Patriarch by Gabriel Garca Mrquez: exploration of
new literary forms to show the consequences of Colombian violence in female infancy
and the role of women in this issue (Estaba la pjara pinta sentada en el verde by Albaluca
ngel); search for neorealist aesthetics to focus the complex processes and consequences
of Bogots modernization (Los parientes de Ester by Luis Fayad); and the option of neo-
1
Este artculo es resultado conjunto de los proyectos concluidos Espacios urbanos en conflicto: Bogot en
la narrativa de Luis Fayad y Cartagena en la narrativa de Roberto Burgos Cantor perteneciente al grupo:
Problemticas de historia literaria colombiana: canon y corpus; y El neobarroco literario hispanoamericano.
Una aproximacin a travs de la narrativa perteneciente al grupo: Relectura de la historia literaria
hispanoamericana: formacin, transmisin y diversificacin del canon. Ambos grupos reconocidos en
categora A por Colciencias.
2
Doctor en Literatura.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 179-195, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
cupica, CHOCO - ATLNTICO
Fotografa de Santiago Pradilla Hosie
TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
baroque writing capable of putting into perspective and questioning hegemonic concep-
tions about colonial history (La tejedora de coronas by Germn Espinosa).
Key words: focalization, violence, neo-realism, neo-baroque, urban spaces.
Resumo
Este artigo pretende visualizar trs dos percursos narrativos que adota a novelstica colom-
biana posterior a El otoo del patriarca de Garca Mrquez: a explorao de novas formas
literrias para evidenciar as marcas da violncia colombiana na infncia feminina e o papel
da mulher dentro da mesma (Estaba la pjara pinta sentada en el verde limn de Albaluca ngel);
a busca de estticas neorrealistas para focalizar os complexos processos e conseqncias
da modernizao de Bogot (Los parientes de Ester de Luis Fayad); e a escolha por uma
escrita neobarroca capaz de relativizar e questionar concepes hegemnicas sobre a
historia colonial (La tejedora de coronas de Germn Espinosa).
Palavras-chave: focalizao, violncia, neorrealismo, neobarroco, espaos urbanos.
Dentro de la marcada heterogeneidad de escrituras y de formas literarias que
caracteriza la narrativa colombiana a partir de la dcada del setenta, destacamos
tres trayectos esttico-culturales que no slo representan intentos de autores por
situarse ms all de Macondo, sino que se constituyen en cantera privilegiada para
establecer posibles genealogas de la novelstica colombiana de los ltimos treinta
aos.3 En efecto, Albaluca ngel (1939), se vale de una deliberada heterodoxia
expresiva proveniente de distintas voces y discursos superpuestos, para evidenciar
los efectos de largo alcance de la Violencia colombiana en la infancia y los roles
de la mujer dentro de las derivaciones de la misma; Luis Fayad (1945), inspirado
en los principios de una esttica neo-realista, focaliza los complejos procesos
y consecuencias de la modernizacin de Bogot; y Germn Espinosa (1938),
armado de una escritura neobarroca, relativiza y cuestiona concepciones histrico-
hegemnicas sobre la Colonia.
Estaba la pjara pinta sentada en el verde limn (1975)
de Albaluca ngel
La visin de mundo de Albaluca ngel se construye a partir de experiencias vividas
y de conocimientos adquiridos en el pas; las ausencias prolongadas se transforman
3
Luz Mary Giraldo (1994,9-26 y 1995,7-23) al estudiar un amplio corpus de novelas colombianas publicadas
entre 1975 y 1995 seala la conciencia de lenguaje, la revisin de la historia y la recreacin de mbitos
citadinos, como categoras fundamentales para comprender y valorar las nuevas tendencias de la narrativa
colombiana; luego intenta establecer (2000) un nuevo canon que abarca la narrativa colombiana de los
ltimos veinticinco aos; en este caso no slo se gua por las tres categoras anteriormente sealadas, sino
que evidencia vectores heterogneos donde se cruzan cuestiones tnicas, de gnero, de nuevos sujetos
sociales o de emergencia de formas heterodoxas. Son igualmente ilustrativos de una nueva cartografa de la
narrativa colombiana contempornea los estudios de Jaime Alejandro Rodrguez (1995), Teobaldo Noriega
(2001) y lvaro Pineda Botero (2005).
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181
Cristo Rafael Figueroa
Tres espacios narrativos ms all de Macondo (ngel, Fayad, Espinosa)
siempre en presencia viva que nutre su creacin literaria. Viajes, desplazamientos y
regresos generan ciclos temticos y trayectorias estticas: mientras las dos primeras
novelas Los girasoles de invierno (1970) y Dos veces Alicia (1972), de corte autorreflexivo
y referentes europeos, construyen y ficcionalizan la autenticidad e individualidad
del ser, Estaba la pjara, y Misi Seora (1982) se nutren sistemticamente de la
historia y el imaginario nacionales, para desembocar con Las andariegas (1984),
en una bsqueda cuasi csmica y deliberadamente desterritorializada de una
conciencia femenina de la historia. Es claro el papel de bisagra que cumple La
pjara dentro de la parbola literaria de ngel: situada entre las que buscan una
autenticidad individual y las que afirman un compromiso feminista, se destaca
como momento de culmen temtico y estilstico; al cerrar un ciclo y abrir otro se
constituye en mirador privilegiado para recuperar la gnesis creativa de la autora
y seguirle la pista a las bsquedas existenciales y a las conquistas estticas que han
guiado su vida y su propuesta literaria.
En Estaba la pjara, la Violencia histrica de Colombia entre 1948 y 1967 se
ficcionaliza en sus mltiples dimensiones lucha de partidos, mentiras polticas,
manipulaciones oficiales, enfrentamientos de clases, violaciones, resentimientos
regionales, perversidades infantiles, etc., y se constituye en un enunciado
narrativo que proliferado, sirve de comn denominador a diferentes planos
superpuestos. El complejo engranaje de episodios se noveliza a travs de multitud
de voces narrativas y, sobre todo, a travs de Ana, quien en un constante ir y venir
de la infancia a la edad adulta y viceversa, se busca a s misma en medio de su
familia, su educacin, su sociedad y desde luego, en el mbito de violencia que
siempre la ha rodeado.
Sin embargo, no estamos ante una simple novela de Violencia, pues no se trata
tanto de que el lector comprenda un mensaje, sino de que aprehenda por medio
de intrincadas redes analgicas una unidad superior de sentido, que con su
propia lgica, diferente de la usual, relaciona infinidad de tomos de una realidad
mltiple y contradictoria. Estaba la pjara4 es una gran cmara fotogrfica que
va captando una serie de acontecimientos y de tiempos simultneos que se viven o
perciben desde las familias, los testigos, la radio, la prensa o las mismas personas:
4
La novela cuenta con cinco ediciones: 1975 (Instituto Colombiano de Cultura), 1981 (Plaza & Jans), 1984
(Argos Vergara), 1985 (Oveja Negra) y 2003 (Editorial Universidad de Antioquia); esta ltima, concebida
como edicin crtica realizada por Martha Luz Gmez; adems de ofrecer informacin valiosa sobre la vida y
obra de la autora y sobre el contexto histrico de produccin de la novela, incluye anlisis didctico, con el
objeto de situar lectores y fijar mecanismos de textualizacin; as mismo, precisan las redes intertextuales, los
rasgos de oralidad y los gestos de humor que se tejen en la escritura. Para futuras lecturas e investigaciones
son importantes, tanto el rastreo bibliogrfico, como los hallazgos de gentica textual cotejo de ediciones
con el texto original, explicacin de cambios y aparato exhaustivo de notas sobre cuestiones lingsticas,
lexicogrficas, semnticas y dialectales, todo lo cual denota la riqueza literaria y el valor de los depsitos
de memoria regional y nacional que contiene la novela.
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el asesinato de Gaitn y la violencia inmediata surgida como enfrentamiento
partidista o como lucha de clases; las secuelas conocidas y desconocidas del
fenmeno; el desplazamiento hacia la ideologa revolucionaria de unos sectores de
la pequea burguesa especialmente dentro del estudiantado; el surgimiento
de la vanguardia revolucionaria la guerrilla y su interrelacin con el sector
social; los acontecimientos de la dcada de los cincuenta durante el gobierno de
Gustavo Rojas Pinilla teniente general Gabriel Muoz Sastoque, en la ficcin.
Incluso, en un largo flash-back, la novela se remonta hasta finales del siglo XIX
para rastrear el enfrentamiento partidista y para mostrar que la familia en tanto
institucin bsica de nuestra sociedad, se erige como la ms conservadora y
tradicionalista dentro de la nacin.
En el caos formal y social que instaura el discurso narrativo y donde se pierde el
sentido de la vida, Ana eje estructural de la visin va intuyendo un orden
diferente en cuanto comprende la historia colectiva y su inclusin en la misma; es
decir, Ana en cuanto nia y adulta, busca entender, asumir y dilucidar su raz, las
races, el pasado, sus conflictos, sus miedos y contradicciones De esta forma,
no slo la infancia se incorpora al mundo de la violencia, sino que se vislumbran
las posibilidades de compromiso de la mujer en las vicisitudes de la historia. Y
as como la impresin subjetiva est unida al impacto objetivo de los sucesos,
la bsqueda individual de Ana adquiere sentido en relacin con una serie de
acontecimientos y personajes histricos, que al tiempo de influirla como individuo,
afectan profundamente la realidad colombiana.
La estructuracin narrativa5 se basa en un complejo juego de voces y visiones
que superponen o yuxtaponen episodios, espacios y tiempos diversos sin
evidente causalidad, pero conectados por la memoria reconstructiva de Ana, cuyo
proceso de auto-cuestionamiento y aprendizaje, vincula la novela a la tradicin
del Bildungsroman (Mora, 71); en el caso de ngel la narracin dolorosa de
recuerdos infantiles y de experiencias juveniles conduce a una conciencia tica
personal-social, que incluye el desenmascaramiento de la sociedad; adems, la sola
voz protagnica caracterstica del gnero, es reemplazada por un coro de voces
y la autora dedica espacio suficiente para insertar sucesos histricos que afectan
toda la sociedad; as mismo, la creacin de un alter ego ideal (Valeria) estimula un
cambio de rumbo en las opciones existenciales de Ana.
5
Desde 1975 la crtica se ocup de la compleja estructura de la novela, suspendida entre lo personal y lo colectivo,
lo subjetivo y lo histrico (Lpez Pulecio, 1975; Mora, 1984; Figueroa, 1986; Williams 1991; Betty Osorio,
1995); recientemente Oscar Osorio (2003) devela plenamente dicha estructura al precisar los tres cronotopos
desde los cuales se enuncia la novela, capaces de modelar el enunciado, caotizndolo o proliferndolo: Ana,
entre sueo y vigilia alega con Sabina, mientras enfrenta su pasado; adolorida por la muerte de Valeria y por
el inminente viaje de Lorenzo, es invadida por una cascada de recuerdos; y durante el reconocimiento que
hace del cuerpo de Valeria en la oficinas del DAS, revisa su itinerario vital (111-114).
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Tres espacios narrativos ms all de Macondo (ngel, Fayad, Espinosa)
Son muchas las voces que alternan el dilogo Ana-Sabina, entre las ms significativas
tenemos los parlamentos de Lorenzo que escribe desde la crcel, las conversaciones
imbricadas de varios soldados durante las contiendas estudiantiles o fragmentos
de campesinos, seoras, estudiantes, periodistas y vecinos que cuentan o refieren
acontecimientos de los cuales fueron testigos. Este tejido de voces se interrumpe
una y otra vez obligando al lector a confrontar o asociar perspectivas; adems, las
voces evidencian distintos grupos sociales, ocupaciones, credos ideolgicos, etc.
Por otra parte, se insertan con frecuencia citas textuales de documentos que relatan
el asesinato de Jorge Elicer Gaitn, lo cual se transforma en motivo narrativo
al identificar el comienzo de la vida consciente de Ana con el hecho que inicia
la Violencia en Colombia. Asimismo, en varias oportunidades los sucesos de la
novela desmienten o desenmascaran las declaraciones oficiales; en otras, el texto
confronta, sin comentario alguno, documentos que se contradicen. Esta polifona
de voces va perfilando una serie de motivos, que, encadenados, conforman una
visin de mundo: la experiencia infantil, el impacto de la muerte y de la violencia,
la dimensin sexual femenina y la bsqueda de afirmacin de Ana y de la mujer
en medio de un cuestionamiento de todos los rdenes e instituciones heredados
de la historia familiar y social.
En efecto, los recuerdos de la infancia divididos por el nueve de abril, presentan
dos caras distintas: una, ubica la infancia feliz muy cerca del patrn idealizado de la
tradicin; la otra, se aparta de tal visin idlica para mostrar el terror hacia la muerte,
la curiosidad por el sexo (Mora, 74)6. En este sentido, el tratamiento del tpico de
la infancia provinciana est pensado con el propsito de incorporarlo al mundo
de la Violencia; la novela no establece diferencias entre las maldades escolares, los
traumas de la iniciacin sexual, la muerte de Gaitn, los asesinatos partidistas o las
masacres estudiantiles, pues todo esto est fuertemente apretado por el cordn
umbilical de una violencia sin principio ni finEn verdad, debajo del candoroso
nombre de la novela Ana y Julieta con frecuencia se identifican con aves y
debajo de la ronda infantil que se repite en momentos claves de la evocacin, se
esconde un caos personal y social donde parece haberse perdido la inocencia y el
6
La primera visin de la infancia se compone de juegos, fiestas navideas, idas al circo, cuentos y cantos
escolares, la primera comunin, los carios de la abuela y paseos a la finca en una especie de edad de oro
irrecuperable. Sin embargo, en esta visin ya se encuentran fuertes impresiones ante la muerte: la visita
al cementerio con la abuela o el velorio de Tano en la finca, y una indefinible curiosidad por el sexo, que
parece amenazar el encanto de la infancia.
El 9 de abril y los sucesos siguientes determinan la segunda visin de la infancia de Ana: ahora le inquietan
cuestiones como el presidente, los godos, los liberales, la chusma, etc. En este caso, la experiencia infantil
se enmarca por medio de intensas imgenes visuales o sensoriales en general, casi siempre destacadas a
travs de un juego sutil entre la visin de Ana y la supraconciencia narrativa que insiste en los ojos, los
odos o las diferentes sensaciones de la nia; el incendio del 9 de abril lo mira a escondidas asomndose
a la ventana, oye ruidos extraos e inquietantes, es testigo mudo de un asesinato cometido por un polica
(78-79) o siente un entumecimiento en todo el cuerpo ante aquello que percibe sin comprender: la
violacin de Saturia.
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sentido de la vida. A su vez, la preocupacin por la muerte, otro eje estructural,
est enmarcado en la vida de Ana por dos fuerzas: una social, la violencia que
prevalece en el pas, y una personal, la muerte de dos amigas: Julieta y Valeria.
El recuerdo recurrente de estas dos muertes superpone discursos, emociones o
sentimientos entre Ana nia y Ana adulta, as como proyecta alegricamente el
binomio muerte/violencia que parece caracterizar trayectos personales y sociales
en la historia colombiana de la segunda mitad del siglo XX.
De igual manera, la experiencia de bsqueda y el proceso de autoafirmacin de Ana
constituyen un tortuoso camino que supone el cuestionamiento de las imgenes
estereotipadas de la mujer en relacin con una sociedad que constantemente la
viola en su humanidad esencial y la abandona a un destino impuesto, reprimindole
los deseos de ser y de actuar. La imposicin de un tipo de vida sobre la mujer se
modaliza desde la familia, la escuela, la sociedad y la moral social; el sexismo de
la cultura en la que Ana est inmersa es el principal obstculo en su bsqueda
de vocacin; la clase a la que pertenece no
7
Una gama de imgenes superpuestas
connota a cada momento la sensacin ve con buenos ojos que desarrolle aptitudes
continua que Ana tiene de prisin, intelectuales, artsticas o de cualquier ndole
cerco o encerramiento (58, 92-93). En los que no sean las reservadas para la mujer segn
momentos en que aparece imposible la
autoafirmacin, la sensacin angustiosa los cnones establecidos; a su vez, la familia no
de soledad se identifica con la imagen de le permite el ingreso a la universidad y llega a
la vida como purgatorio (39). Sin embargo, destruir su vocacin musical; todo lo anterior
la ansiedad de ser ms o de ser otra la lleva
a querer escapar de la situacin. provoca en Ana deseos de romper los lmites
de la casa, de la familia y de la sociedad7.
La actitud de Ana y la consiguiente visin de la mujer estn en estrecha relacin con
la experiencia sexual, motivo tambin insistente en el discurso narrativo. La novela
abunda en episodios donde se mezclan el terror por los crmenes de la violencia
y la curiosidad por aquello relativo al sexo8: distintos fragmentos discursivos
van constatando un proceso gradual en la experiencia sexual de Ana, el cual se
desarrolla en evidente paralelismo con la bsqueda de vocacin humana y con su
ansia de afirmacin como mujer o como sujeto
8
Gabriela Mora dedica especial atencin
al aspecto sexual y analiza diferentes activo del mundo que la rodea. De la iniciacin
episodios: los juegos erticos de Saturia, sexual de la nia, enmarcada entre la curiosidad
con Ana nia, la desfloracin de Ana y y el desconcierto, se pasa a la violacin de la
luego su primera relacin con Lorenzo. La
autora insiste en la habilidad narrativa con adolescente a manos de Alirio, pen de la
que estn conectados todos estos episodios finca, que la afecta profundamente, pero, al
a travs de superposiciones de tiempos, mismo tiempo, es el punto de referencia para
actitudes y emociones diversas (76-78).
contrastar luego su experiencia de sexualidad y
de amor con Lorenzo. Poco a poco, el placer corporal que Ana experimenta con l,
se transforma en afirmacin vital, especie de eros liberador que le hacen descubrir
el cuerpo, el goce de los sentidos y todas las sensaciones olvidadas a causa del
instalamiento propio de la sociedad burguesa y consumista que ha vivido.
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Tres espacios narrativos ms all de Macondo (ngel, Fayad, Espinosa)
En definitiva, la alternancia de planos del discurso narrativo permite captar la
tensin irresuelta de Ana, quien por una parte pretende cuestionar la vida y
reconquistarse como mujer y como persona, pero por otra, la secuela de violencia
que siempre la ha rodeado y la formacin simplista o frvola que ha recibido,
parecen condenarla a una inactividad consciente, la cual por una parte evidencia
la dificultad de construir un discurso femenino en la historia del pas (Betty
Osorio, 380-384), y por otra, vincula la novela con series narrativas tambin
enunciadas desde la lgica de la inaccin, el desencanto y la renuncia (Oscar
Osorio, 114): Que viva la msica (1975) de Andrs Caicedo; Sin remedio (1984) de
Antonio Caballero y Jaulas (1984) de Mara Elvira Bonilla. En todos los casos, la
metfora de la cama, en tanto modorra y pereza, impide el enfrentamiento del
mundo: la imposibilidad para levantarse mediatiza la dificultad de la juventud
colombiana de los setentas para enfrentar los paradigmas impuestos, para
asumir el vaco dejado por la Violencia, y para superar la ausencia de ideales y
los obstculos de un sistema clasista y excluyente.
Finalmente, desde una mirada cartogrfica a las novelas de la Violencia,
Estaba la pjara no slo supera la mera representacin socio-histrica del
fenmeno, sino que tematiza tempranamente la metamorfosis del mismo en
todo tipo de perversiones personales y sociales. Desde esta perspectiva, la
novela se constituye en pionera de series narrativas que recientemente entraman
intereses y poderes desestabilizadores entre narcotrfico, sicariato, guerrilla,
fuerzas militares y estamentos polticos e intelectuales contaminados, todo lo
cual es novelado posteriormente, entre otros, por Fernando Vallejo (La virgen de
los sicarios, 1994), Daro Jaramillo (Cartas cruzadas, 1995), Jorge Franco (Rosario
Tijeras, 1995), Gustavo Alvarez Gardeazbal (Comandante paraso, 2002) y Laura
Restrepo (Delirio, 2004).
Los Parientes de Ester (1978) de Luis Fayad
La denominada fase de crisis (1950-1980) dentro del desarrollo de Bogot durante
el siglo XX (Saldarriaga, 17), se constituye en referente indiscutible de los libros
de cuentos de Luis Fayad, Olor a lluvia y Una leccin de la vida y de las novelas Los
Parientes de Ester y Compaeros de viaje9. Por tanto, las contradicciones generadas por
9
En efecto, entre 1950 y 1980 se generan en Bogot bruscos cambios demogrficos con la llegada masiva
de inmigrantes rurales, quienes al establecerse en la ciudad estimulan nuevas formas de vida; a la vez,
diversos desequilibrios polticos y econmicos afectan las dinmicas culturales: la cobertura cada vez
mayor del transistor y la televisin, la expansin de los sistemas educativos y el crecimiento relativamente
pobre de la actividad cultural especializada en comparacin con el crecimiento social de la poblacin
urbana y la aparicin de formas marginales de cultura. As mismo, se instalan la agresividad y los vicios
en el comportamiento ciudadano diluyndose el tradicional sentido bogotano, el cual es casi siempre
reemplazado por expresiones de significado negativo.
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el limitado alcance de la modernizacin en Bogot son el motivo desencadenante2: el
paisaje mismo de la ciudad rodeado de rancheros que ascienden a las montaas se
constituye en expresin de las distancias y en escenario propicio para la intolerancia, el
irrespeto o la indiferencia; aquello no es, entonces, espacio de convivencia, expresin
de vnculos colectivos ni lugar para el disfrute, sino campo de batalla donde la
agresin, la desconfianza y la violencia son los protagonistas. Luis Fayad vive de nio
el desajuste de Bogot, como estudiante de la Universidad Nacional participa de sus
movimientos ideolgicos, la mira luego desde Europa, la lee, la escucha, la describe,
la narra y la construye de nuevo; precisamente, los bordes, los desplazamientos y
los espacios marginales que Fayad percibe en su ciudad, as como las bsquedas y
fracasos de sus personajes, los lenguajes que reproduce o descubre y las estructuras
sociales que representa, se constituyen en elaboraciones textuales que unas veces son
mediaciones reflejas de Bogot y otras, prefiguracin de sus imaginarios.
Los Parientes de Ester11, es sin duda la obra suya ms atendida por la crtica y objeto
frecuente de preocupaciones y estudios acadmicos. Por una parte el elogio se
concentra en el exigente trabajo de escritura, el efecto expresivo del lenguaje,
los vnculos entre los personajes cotidianos y el entorno urbano y la eficacia de
los desplazamientos narrativos12; por otra, se valora la solidez de la estructura, la
vibracin espacial de Bogot y el poder de la novela para revelar su descomposicin
social y la del pas durante el Frente Nacional13. En efecto, la focalizacin despojada
de residuos mticos o mgicos, y cercana a derroteros neo-realistas, se desplaza
al interior del tejido social de Bogot con nfasis en la decadencia de una familia
que intilmente se aferra a sus tradiciones, mientras es ganada por las dinmicas
10
La cronologa de la produccin narrativa de Fayad es: Los Sonidos del Fuego (cuentos: 1968), Olor a Lluvia
(cuentos: 1974), Los Parientes de Ester (novela: 1978), Una leccin de la Vida (cuentos: 1984), Compaeros de Viaje
(novela: 1991), La carta del Futuro. El Regreso de los Ecos (nouvelles: 1993), Un espejo despus y otros relatos (1995),
La cada de los puntos cardinales (novela: 2000) y Testamento de un hombre de negocios (2004). Para un estudio de
los cuentos de Fayad y de su relacin con las novelas, vase nuestro trabajo La obra narrativa de Luis Fayad:
Espacios Urbanos en conflicto (2000: 238-272).
11
La novela cuenta con tres ediciones: la primera corresponde a la editorial espaola Alfaguara en 1978; las
dos ediciones colombianas son la de Oveja Negra en 1984 y la realizada por la Universidad de Antioquia
en 1993, la cual seguimos en nuestro trabajo.
12
Entre otros crticos, Eduardo Jaramillo (53-54) hace notar la conciencia de escritura que anima la novela
integrada a su concepcin realista; Ricardo Cano Gaviria la considera la mejor novela de la dcada del
setenta al lado de Misia Seora de Albaluca ngel; destaca la destreza narrativa para abordar registros
histricos, sociales y culturales de Bogot y del pas (1988:387-391). El trabajo de Yuri Ferrer y Julio Hernn
Contreras (1994) se centra en la elaboracin literaria de la novela desde una exgesis temtica y estilstica;
en un excelente trabajo Margot Yalile Sosa (1995), situada desde una perspectiva narratolgica, descubre
importantes relaciones entre autor-narrador, narrador-personaje, narrador-focalizador, etc.
13
Fernando Ayala Poveda (1982: 159-180) resalta la impecable estructura de la novela y su poder de
significacin de realidades que identifican la sociedad y la cultura colombiana. Insisten en lo mismo
Helena Arajo, (1994:32) y Fausto Cabrera, (1979:11); Policarpo Barn seala la captacin que la novela
hace del imaginario bogotano. (1984) y Luz Mery Giraldo, la de la vida cotidiana de Bogot, (1982:47-58).
Guillermo Alberto Arvalo ha integrado lcidamente todos estos valores esttico-sociales de la novela
relacionndola con la tradicin narrativa sobre Bogot, sus personajes tpicos, las conexiones con el cine,
etc. (1994:243-257).
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capitalistas del orden mercantil instaurado como signo incuestionable de progreso y
desarrollo. De manera equivalente, el entramado de diez y seis captulos conforma
seis secuencias alternadas dentro del tejido narrativo, en cuyo centro el autor
implcito acta a travs de la voz del narrador, quien muchas veces se comporta
como testigo de lo que hacen, ven y oyen los personajes, y otras, como mediador
que mantiene la coherencia del relato.
La primera de las seis secuencias se desencadena a partir de la lucha de Gregorio
Camero por sobrevivir a la pobreza y a la invasin de los parientes de su esposa recin
muerta en su vida personal y en su entorno social. La segunda enfoca a Mercedes
Callejas, quien ejerce un inflexible control en la vida de Gregorio y en la de los dems
hermanos ngel, Amador, Honorio, Victoria, Julio, y cuya figura se yergue como
smbolo de la decadente moral de la familia. A medida que se avanza en el trayecto
narrativo, la tercera se centra en ngel Callejas que deseoso de superar sus limitaciones
econmicas, suea con montar un restaurante, empresa en la que arrastra a Gregorio
despus de convencerlo de las bondades que ella representa. En contraste, la cuarta
percibe a los personajes que ostentan el poder monetario, Honorio Callejas, Nomar
Mahib y Solimn, para quienes la posesin del dinero es signo de prestigio y de
movilidad social. A su vez, la quinta se detiene en Amador Callejas, oveja negra de
la familia, oportunista y vividor que slo ve en los dems la posibilidad de obtener
algn beneficio. Finalmente, la sexta secuencia focaliza la relacin de Hortensia,
hija de Gregorio, y de Alicia, la primera rica, para representar las frustraciones de la
juventud en medio de la crisis de valores generada en la sociedad.
La disposicin cinematogrfica de secuencias alternadas genera una visin, la cual
ms all de ilustrar posiciones ideolgicas de uno o varios grupos sociales, brota
de problematizar las relaciones de individuos alienados que viven el desajuste
y la rutina de una ciudad enfrentada a las consecuencias de la masificacin, la
burocracia y el mercantilismo. En dicha sociedad cualquier bsqueda de valores
genuinos se halla mediada por el dinero: las
14
De todas maneras, la novela evidencia la
toma de conciencia de la realidad por parte estafas de Amador, el sueo del restaurante
de algunos personajes; ngel al no conseguir como antdoto de la pobreza, el ocultamiento
el prstamo para el restaurante, decide
acabar con la falsedad de su apellido, saca
de la ruina econmica de la familia que desata
de la clandestinidad su relacin con Rosa en Honorio el deseo de crear una industria
y enfrenta a Mercedes en el momento en textil en los Estados Unidos o los esfuerzos
que la presenta con el hijo de los dos ante
la familia; tambin Gregorio Camero decide
de Hortensia por ahorrar en su trabajo para
asumir la situacin, empea sus objetos y acercase ms al status de Alicia. En este sentido,
vende el radio para pagar la educacin del los deseos frustrados y la disolucin de la
hijo, y luego, en el clebre episodio final,
enfrenta a Amador que se haba aprovechado familia Callejas se constituyen en paradigma
de su buena fe, cuando bajo el pretexto de ir de una clase social decadente de la Bogot de
al bao lo deja solo en la cafetera sin haberle
prestado el dinero prometido.
los sesenta cimentada en una doble moral y en
un falso cdigo de valores14.
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La imagen de Bogot que brota de las redes narrativas no se perfila desde una
intencin topogrfica, sino a travs de los desplazamientos de los personajes, cuyas
vidas simples y a la vez complejas constituyen rituales rutinarios de una cotidianidad
habitada por la mediocridad; inseguros y recelosos recorren diariamente la ciudad;
en los trayectos entre espacios privados y pblicos o viceversa aparecen casas, calles,
barrios, oficinas y restaurantes, con los cuales se definen modos de ser o de estar.
Por otra parte, el desarrollo capitalista genera en los habitantes una mentalidad
de consumo y necesidades de confort, quienes, de acuerdo con sus condiciones
socioeconmicas, disfrutan o no de los beneficios del sistema; es ilustrativo a este
respecto el contraste entre el alto nivel de vida de Alicia y el precario de Hortensia;
mientras la primera viaja al extranjero, estudia ingls en el Centro Colombo-
americano, tiene auto, televisin, telfono, equipo de msica y frecuenta sitios de
moda, la segunda nunca ha salido de Bogot, slo conoce a medias frases de ingls
que le ensean en el colegio, oye msica en un radio viejo y tiene que pagar al vecino
por ver televisin. De la misma manera, mientras ngel vive cmodamente en la casa
familiar de dos plantas en el barrio Teusaquillo, con pisos brillantes y amplias cortinas,
Rosa vive en arriendo en un humilde apartamento del Barrio Santaf, no posee nevera
ni calentador y reemplaza con cartones los vidrios faltantes de las ventanas. En fin,
al interior del tejido social, el inconformismo y las contradicciones se mezclan con
el escepticismo; la ansiedad generada por la rutina se solaza en el vaco afectivo;
la soledad y la incomunicacin dan lugar al aislamiento, a la negacin de s mismo
o al anonimato; la superficialidad y el mercantilismo que rigen la ciudad marchan
paralelos con la crisis de valores; el surgimiento
15
Para un anlisis ms detallado de la novela,
sus secuencias y espacios, etc., vase nuestro de nuevas clases desplaza a las decadentes, como
trabajo Relectura de Los parientes de Ester en la representada por la familia Callejas e instaura
la geografa narrativa de Luis Fayad: Historia nuevos modelos de comportamiento y proclama
de una crisis urbana (2001: 26-35).
el desarrollo material por encima de todo15.
A partir de Fayad, la dinmica narrativa que capta flujos y variaciones de la historia
bogotana y de otras ciudades colombianas, adquiere matices y visiones diferentes
en renovadas escrituras, deseosas de devolverle al lenguaje literario su potencia
creadora, sus efectos sensoriales o anmicos, y las mltiples posibilidades que
tiene de insertar, representar o deconstruir discursividades. No por causalidad
la novelstica colombiana articula perspectivas de Bogot con bajos fondos,
desencantos intelectuales, desajustes psquicos o distorsin de mentalidades
Moreno Durn, Caballero, Gamboa y Mendoza; as mismo, surgen novedosas
facturas textuales donde se recuperan memorias urbanas, se denuncian poderes
oscuros o los personajes transitan desconcertados en espacios que exhiben su
anomia desestabilizadora, debilitan al sujeto o instauran ritmos frenticos donde
se pierde el sentido de pertenencia. Basta recordar entre otros, la Cartagena de
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Tres espacios narrativos ms all de Macondo (ngel, Fayad, Espinosa)
Burgos Cantor; el Medelln de Meja Vallejo, Ruz Gmez, Fernando Vallejo o
Jorge Franco; la Barranquilla de Marvel Moreno, Olaciregui o Illn Bacca; el Cali
de Caicedo, Valverde o Parra Sandoval16.
La Tejedora de coronas (1982) de Germn Espinosa
Las ms de tres dcadas de trayectoria novelstica de Germn Espinosa17
16
Luz Mary Giraldo (2001) estudia la
caracterizada por el trabajo miniaturista
significacin de varios de estos autores y de del lenguaje, se sustenta en una abarcadora
otros en un trabajo que establece relaciones memoria histrica que absorbe multitud
entre diversas tipologas de ciudades
colombianas y los sujetos que las habitan. de referentes culturales, ampla el espacio-
17
En medio de la produccin lrica, tiempo y desborda la significacin histrica. El
cuentstica, ensaystica y de cronista, la
trayectoria novelstica de Espinosa se inicia autor suele valerse de complejos entramados
formalmente con Los cortejos del diablo simblicos, que permiten la coincidencia de
(1970); sin embargo, sabemos que La lluvia
en el rastrojo, publicada en 1994, es la obra opuestos, desnudan contradicciones y traen al
germinal que se cre desde 1966, como presente significados reprimidos o expulsados
texto dramtico y despus se transform en
novela. Luego se publicaron El magnicidio de la conciencia colectiva; a su vez, las
(1979), La tejedora de coronas (1982), El signo estructuras narrativas se apoyan en el poder de
del pez (1987), Sinfona desde el Nuevo Mundo
(1990), La tragedia de Belinda Elsner (1991), la ficcin para sealar aspectos problemticos
Los ojos del basilico (1992), La lluvia en el de la historia y para lograr sorprendentes
rastrojo (1994), La balada del pajarillo (2000),
Rubn Daro y la sacerdotisa de Amn (2003) invenciones del pasado en conexin con las
y El beso de las sombras (2004). incertidumbres del presente.
La tejedora de coronas, al reelaborar la historia colonial desde fines del siglo XVII
hasta la plenitud del siglo XVIII, se constituye una especie de profeca desde
el pasado en razn a que el tejido narrativo evidencia la ambigedad de todo
acontecimiento asumido como real, y a la vez, la posibilidad que tiene el discurso
histrico de desmentirse a s mismo; en este sentido, la recreacin del pasado en
sus posibles interacciones con el presente conforma una propuesta, en la cual no
slo somos lo que somos y seremos, sino lo que somos y hemos sido, pues lo
azaroso del futuro hace que la ruptura con la Historia sea una actitud irresponsable
desde cualquier punto de vista.
El universo significante de la novela, sostenido y suscitado por Genoveva Alcocer,
parte de dos ncleos narrativos proliferantes que suceden en la Cartagena de finales
del siglo XVII: el asalto a la ciudad por el Barn de Pointis y el descubrimiento que
de un planeta hace su joven amante, Federico Goltar. Genoveva narra su vida desde
la perspectiva de sus casi cien aos cuando est siendo juzgada por el tribunal de la
Inquisicin en su tierra natal; salta de una imagen o situacin a otra en un elaborado
y libre sistema de asociaciones; el tiempo avanza y retrocede, el presente del discurso
se confunde con el pasado narrativo, mientras barreras intangibles separan muchos
aos; el espacio se contrae y se dilata: Pars y Cartagena, Cartagena y Pars, Estados
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Unidos y las Antillas Holandesas, nuevamente Cartagena. El discurso narrativo
se constituye entonces en la evocacin y reconstruccin de una anciana y en una
especie de testamento de tradicin oral; es tambin un dilogo de la protagonista
consigo misma, con Bernab, con los representantes del tribunal inquisitorio y con
el lector, quien debe tejer los hilos de la filigrana narrativa; durante sus casi cien
aos de vida, la protagonista presencia acontecimientos importantes, discute con
los hombres ms ilustres de la poca, confronta corrientes filosficas, polticas,
artsticas y cientficas, compendiando casi el saber de la Ilustracin.
La composicin de la novela se mueve en un movimiento pendular que oscila entre
Europa y Cartagena, razn e instinto, logia y brujera, Federico y Voltaire, oscuridad
de las colonias espaolas y claridad racional de la Europa ilustrada; en su ir y venir
entre Europa y Amrica, la voz-memoria de Genoveva suele percibir a Pars desde
las categoras del Siglo de las luces, poniendo entre parntesis su punto de vista de
mestiza, o sentir a Cartagena desde las honduras de su identidad criolla, olvidando
el saber racional que aprendi en el Viejo Mundo. Sin embargo, las situaciones
narrativas dentro de esta oscilacin no son siempre focalizadas con los mismos
parmetros: cuando el objeto narrativo es Cartagena, el espacio colonial o la Espaa
de la Inquisicin, su visin se despliega desde categoras eruditas, filosficas o
racionalistas; en cambio, cuando el objeto narrativo se centra en Pars o en la
Europa ilustrada del siglo XVIII, su visin se abre paso entre actitudes instintivas,
emotivas o afectivas18. La bsqueda de plenitud de Genoveva se debate entonces
entre un apego a la racionalidad y una entrega sin reservas a los designios de la
vida; al potenciar el pensamiento spinoziano, conocer es hacer y hacer es conocer
se ponen en juego las pasiones, haciendo que la memoria histrica encarnada en
la protagonista, desafe el fro racionalismo del siglo XVIII, lleno de verdades
irrefutables y consolide un nuevo mundo,
18
Para percibir en detalle la filigrana
narrativa que constituye la composicin de conquistado con su desbordante energa, cuya
la novela y la polisemia que genera, vase fuerza dinmica slo se comprende en su
nuestro estudio de 2005.
transcurrir (Cabrales Vega, 149).
La cosmovisin de Genoveva se apoya en parejas de motivos recurrentes el
planeta verde y la invasin francesa; la luna de abril y el horscopo; la imagen de
19
Beatriz Espinosa seala que en la vida de
la bruja y la contemplacin en el espejo, las
Genoveva se integran atributos femeninos cuales asocian su memoria enciclopdica con
y masculinos, con un padre que la educa el cuerpo, el conocimiento, la inteleccin y
sin ayuda de mujeres, as como de dioses
masculinos nacen Afrodita y Atenea,
la meditacin. La primera pareja de motivos
como sern dos rostros los del espritu emblematiza la polaridad eros y logos, bsqueda
de Federico: masculino y femenino, l del placer y del saber que caracteriza la existencia
mismo y Marie. Y dos rostros sern los de
la mscara ritual de Apolo Bolongongo de Genoveva, guerrera del conocimiento como
cuando hace el amor con ella: uno de Atenea y guerrera del amor como Afrodita19;
hombre y uno de mujer (96-97).
por su parte, la presencia lrica de la luna de
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Tres espacios narrativos ms all de Macondo (ngel, Fayad, Espinosa)
abril activa el deseo de conocimiento de Federico y la tentativa fallida de Genoveva
por continuar su bsqueda, y frente a lo cual la referencia al horscopo encarna
su destino de criolla ilustrada perseguida por el poder inquisitorial; en efecto, la
reiterada identificacin Genoveva-bruja connota la eficacia de las fuerzas instintivas
y telricas del mundo criollo para confrontar el Siglo de las Luces. Finalmente, la
contemplacin en el espejo resulta una verdadera imagen envolvente que enmarca
la totalidad de la novela y la propia identidad de Genoveva; la resonancia esttica
de esta imagen hace confluir en una nueva temporalidad, la historia americana y la
historia europea del siglo XVIII a travs del pensamiento liberal de la Ilustracin
(Giraldo, 1992: 85-86). Como imagen de estirpe barroca, el espejo permite el juego
de apariencias y la coexistencia de contrarios, pues Genoveva al mirarse en l ver
lo otro de s misma, lo otro que la constituye desde la cultura europea. Pero tambin
al mirarse ver la construccin de su historia (Espinosa Prez, 56).
Ahora bien, la insercin de un gran nmero de intertextos en La tejedora de coronas,
muchos de ellos citados en bastardilla nombres, ttulos de libros, enunciados,
poemas, pensamientos, fragmentos, y otros absorbidos a travs de una cierta
entonacin o saber erudito y libresco que adopta la voz de Genoveva, constituyen
su acceso al conocimiento y son el orificio por donde se filtra la historia general
del siglo XVIII. Particularmente, los intersticios narrativos permiten percibir la
evolucin de Cartagena, que de ciudad hidalga se transforma en criolla, con la
respectiva movilidad histrica de las mentalidades que la conforman (Romero,
129-198). El carcter ontolgico y epistemolgico del viaje de Genoveva a Europa
marca un antes y un despus de la ciudad, metaforizados en las mutaciones del
cuerpo y del intelecto de la protagonista, cuya violacin se identifica con el asalto
de los franceses a Cartagena en 1697.
El recorrido ficcional del monlogo de Genoveva parece postular un nuevo sentido
de historicidad al debatirse entre dos estructuras igualmente intransigentes: el
dogmatismo espaol, que se resiste a la ciencia y al nuevo conocimiento, y el mundo
europeo de la Ilustracin, que ve en Hispanoamrica un espacio de inferioridad
y exotismo. Por eso, su memoria se encuentra suspendida entre la dependencia
a la veracidad y la autonoma de su proceso enunciativo. No obstante, a medida
que omos a Genoveva, su discurso se desaliena, pues una vez se ha liberado de
la necesidad de ponerse en contacto con el exterior, no requiere ya la prueba de
la verdad, hacindose autnomo, y, por tanto, fenmeno puramente retrico de
la memoria, no puede modificar los hechos, pero s erigirse en autntico acto de
libertad. Ante la imposibilidad de transformar la realidad, Genoveva se libera de
un tener-que-hacer, pero al mismo tiempo se prende del poder de su palabra, no
para liberarse de la muerte, sino de la necesidad de aplazarla, trastocando de esta
forma la significacin del texto de Scherezada, el cual a manera de mediacin
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emerge en el discurso: mientras aqulla se salva de la muerte al contar relatos
capaces de recrear la muerte del Sultn, Genoveva sabe que la cercana de la suya
aumenta con el hecho mismo de contar, pero a la vez se va sintiendo ms libre al
poder afirmarse en su propia enunciacin.
Esta lnea narrativa de historia/ficcin despliega y transforma distintos referentes;
de manera anloga al modelo espinosiano, se visibilizan procesos, conflictos y
personajes del pasado colonial en Los pecados de Ins de Hinojosa (1986) de Prspero
Morales Pradilla; se fabula crticamente la travesa y la aculturacin de los esclavos
negros en Chang el Gran Putas (1983) de Manuel Zapata Olivella; o se viaja en el
tiempo hasta arribar en cosmogonas mticas de la historia precolombina en El
gran jaguar (1991) de Bernardo Valderrama Andrade. A su vez, el mismo Germn
Espinosa confronta el discurso de la independencia hispanoamericana en Sinfona
desde el nuevo mundo (1990); otros narradores tambin incursionan en la historia
secreta, oficial o posible de nuestro siglo XIX y de sus personajes emblemticos:
Fernando Cruz Kronfly en Las cenizas del libertador (1987), Garca Mrquez en El
general en su laberinto (1989) y lvaro Miranda en La risa del cuervo (1992).
Como ha podido percibirse, los tres trayectos narrativos revisados ejemplarizan,
pero no agotan, la existencia de espacios literarios situados al lado o ms all de
Macondo. La eclosin de actitudes, temas y formas en la narrativa colombiana
contempornea corre paralela con descentramientos estticos, emergencia
de sujetos perifricos, cuestionamiento de gneros cannicos y reescritura de
estilos, con el objeto de percibir nuevas identidades, de descubrir ritmos sociales
e histricos alternativos y de alegorizar heterogeneidades sociales, polticas y
culturales. La cartografa de otros trayectos de la narrativa colombiana reciente
ser objeto de trabajos posteriores.
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El consumismo rebelde. Notas sobre el
anarquismo aristocrtico
Rebel Consumerism Notes About Aristocratic
Anarchism
O consumismo rebelde. Notas sobre o
anarquismo aristocrtico
Franz Flrez
Universidad Jorge Tadeo Lozano, Colombia
[Link]@[Link]
Que en este mundo traidor
nada es verdad ni es mentira:
el camalen es del color
del cristal con que se mira
Eduardo Torres Campoamor
En septiembre de 2004 la artista colombiana Mara Isabel Rueda present en
el Museo de Arte Moderno de Bogot su obra Lo uno y lo otro, como parte del
Saln Nacional de Artistas. Se trataba de fotografas de gente luciendo camisetas
con la figura del Che1. Durante cuatro aos recogi los retratos al tiempo que
se preguntaba si el Che Guevara se haba convertido en un logotipo de nuestra
supuesta identidad latinoamericana, o si su imagen era una marca.
Para la artista, la imagen del Che ha perdurado porque es la versin latinoamericana
de Jim Morrison o James Dean. Es decir, hombres jvenes, apuestos, rebeldes que
luchan contra el sistema y mueren prematuramente. La imagen del Che es una de
las ms verstiles. Smbolo clich del anti-imperialismo yanqui, pero igualmente
mercadeado al mejor estilo norteamericano del star system, afirmaba la artista.
A primera vista, parece contradictorio que un smbolo de rebelda o desobediencia
sea simultneamente parte del sistema al que desobedece. Si un smbolo anti-
imperialista yanqui puede ser mercadeado al mejor estilo norteamericano del star
system, Cul es el sentido de la rebelda cuando ese smbolo de desobediencia es
usado por una artista, un publicista o un estudiante inconforme?
1
Ernesto Guevara de la Serna (1928-1967), fue reconocido como El Che luego de su aventura con los cubanos
que embarcaron en Mxico y se convirtieron en guerrilla en Cuba para derrocar al dictador Batista en 1959.
Termin sus das promoviendo el foquismo guerrillero en Bolivia, tratando de motivar el levantamiento
popular. No despert mayor inters o entusiasmo entre la poblacin y luego de una penosa persecucin,
fue capturado por el ejrcito boliviano y ejecutado por orden de la CIA.
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Ernesto Che Guevara 1957
Tomadas del libro -Che desde la memoria- Ocean sur.
Centro de estudios Che Guevara, 2006
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Lo que la artista considera versatilidad, puede entenderse en trminos lgicos
como una contradiccin. Y de una contradiccin se puede inferir cualquier cosa.
En otras palabras, parecera irracional creer que se pueda hacer propaganda
anticapitalista con el icono del Che, difundido gracias al sistema de mercado
capitalista contra el que el argentino rebelde enfoc toda su rebelda. Resultara no
solo paradjico sino triste y lamentable que la rebelda que apela a los smbolos que
pueden ser mercadeados, no reconozca que esa manera de protestar es producto
de esa forma de relacin social monetarizada que es el mercado.
Pero aqu es preciso hacer algunas distinciones para no menospreciar el grado de
racionalidad que puede tener una movilizacin social que apela a ese tipo de smbolos
de inconformismo. En primer lugar, es preciso diferenciar las diversas relaciones que
se dan entre la fotografa del Che, el individuo y los distintos sentidos que se le pueden
atribuir. Si esa relacin es motivada, tenemos un icono, puesto que la foto del Che es
similar a un individuo en concreto. Si la relacin es de contigidad, la expresin en la
foto es un ndice del objeto estado interior de Ernesto Guevara al momento de ser
fotografiado. Un ndice anlogo a la huella de un pie en la arena donde el objeto pie
motiva el signo o huella del mismo. Finalmente, cuando establecemos que ese rostro
se puede asociar con la identidad latinoamericana, la rebelda u otro bien que
satisface mercantilmente la irreverencia adolescente o juvenil, estaramos hablando
de un smbolo, como lo son tambin los lacitos verdes smbolos de paz o una
bandera blanca smbolo de paz. A diferencia de las anteriores relaciones, en
esta ltima no hay una relacin motivada o causal entre el objeto y la manera de
representarlo, por lo que resulta posible representar de muchas otras maneras al mismo
objeto rebelda, paz, todo depende de que se establezca una convencin. Pero,
adems, si asumimos convencionalmente que la expresin del rostro es una manera
de representar la rebelda, la relacin de indicio cambia de objeto, y por ende, ya no
se trata de un ndice sino de un smbolo. As, el problema no es ontolgico que
algo sea o no smbolo sino epistemolgico y semitico: mediante qu reglas es
posible asociar ciertos contenidos con ciertas representaciones, y en funcin de qu
objeto surge tal proceso interpretativo o semiosis (Eco, 2002).
Por lo anterior, es diferente plantear que la imagen del Che es verstil o
contradictoria, a decir que puede ser usada de mltiples maneras y estar
representando diferentes objetos y, por eso mismo, funcionar como icono, smbolo
o ndice. No es la foto en s misma lo que interesa sino la manera cmo se cree que
puede representar eso que coloquialmente se entiende como la imagen diversos
objetos un individuo, una posicin ideolgica, unas reglas de consumo, unas formas
de expresar la desorientacin e inconstancia adolescente o juvenil.
A diferencia de lo que ocurre con una radiografa que permite examinar un objeto
tejido seo, tejido blando que existe independientemente de las creencias o valores
de mdico y paciente, la foto puede representar o ser signo de creencias o valores
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Franz Flrez
El consumismo rebelde. Notas sobre el anarquismo aristocrtico
contradictorios, para el caso en el que sea usado como smbolo ideolgico. Pero tambin
puede representar estados de nimo del militante o manifestante y as se vuelve un
ndice que nos informa de estados psicolgicos, tal como ocurre con las consignas en
voz alta que pueden ser otro tipo de ndice usado para expresar el mismo objeto.
La imagen rostro del Che puede usarse, desde luego, para adquirir un mejor
conocimiento de cada uno de esos objetos, pero en tal caso se deja de lado que con el
uso de ese signo se est tratando de influir en la manera de creer o comportarse de un
grupo social: o bien para poner en cuestin un sistema de valores las diferencias de
intereses estn reguladas por el sistema democrtico frente al sistema democrtico que
puede ser insuficiente para zanjar las diferencias de intereses, o para confirmarlo
y reiterar su inevitabilidad el modelo ms productivo de inconformidad es el del
adolescente o joven que se margina y cuestiona sin integrarse al sistema hasta que
tenga que depender econmicamente del mismo.
Al entender la produccin del sentido como un problema de diccionario imagen:
significa x o y, y no como un camino que cumple un propsito tanto cognitivo
una emocin pasajera como cognoscitivo concepto general con el que se
intenta comprender el mundo, se llega a fusionar la imagen con los diversos objetos
que representa el individuo, estados de nimo, valores y lo que pueden llegar a
significar ambos segn su uso, su contexto y sus expectativas ideolgicas. Eso dificulta
profundizar en las reglas de juego que permiten atribuirle el significado rebelda a
signos producidos por el mercado capitalista en funcin de su puesta en escena.
El performance o ritual en el que se usa el signo imagen del rostro del Che, hace parte de
la manera en que se cuestionan los resultados o las justificaciones no ideolgicas el
modelo neoliberal se presenta como el resultado natural de la evolucin humana de
unas expectativas de realizacin personal al interior del mercado y la produccin. As
como las imgenes de santos tienen efectividad o responden a expectativas msticas
dentro del mundo catlico, las imgenes producidas dentro del mercado suponen el
uso de su lgica, no la puesta en escena de sus lmites. Si un mdico o un piloto de
avin usa imgenes de santos, son incoherentes en trminos formales pero sensatos
en tanto que se preocupan por tratar de manejar la incertidumbre de los lmites de lo
predictible probabilidades de accidente con determinados tipos de aditamentos.
Cuando un rebelde asume los productos de mercado para cuestionar el mercado, sin
tomar en cuenta su ciclo de produccin y desecho, no llega a los lmites de esa lgica
social, sino que la confirma como destino.
Para ir al momento pre-mercantil del reconocido afiche del Che, es preciso
recordar su origen como foto tomada por Alberto Korda el 5 de marzo de 1960,
en la interseccin de las calles 23 y 2, en La Habana (Cuba), durante un funeral
pblico por las vctimas de un sabotaje estadounidense a un barco carguero. Iba
entre un grupo de gente, dentro del que se destacaba por la expresin contenida
y amenazante de su rostro.
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El publicista colombiano Carlos Duque cuenta que esa mirada fue su inspiracin
para la tambin famosa imagen del poltico Lus Carlos Galn, que Duque cre
en 1989, para el entonces candidato presidencial. Es limpia, ntida la imagen de
hroe bueno, mientras que la de Fidel Castro es la del jodido, malo. La del Che
tiene la misma connotacin romntica de Jess o del Divino Nio, aseguraba
Duque (2004, Septiembre 11). Nuevamente la expresin imagen es asumida
como lo que se presenta a los sentidos y los significados emocionales que genera
a nivel cognitivo, ms que cognoscitivo. Por tal va se asume que el sentido es
objetivo cognitivo, que es un ndice y no un producto de convenciones y
contextos sociales.
Galn, luego de su muerte en 1989, o para ser ms precisos, luego de su conversin
en recuerdo, es evidente que sus seguidores, varios de ellos periodistas bogotanos
de clase alta Juan Lozano, Enrique Santos, Daniel Samper, todos del diario
El Tiempo, seleccionaron aspectos de su trayectoria para poder convertirlo
en smbolo de reforma democrtica al corrupto sistema del que esos mismos
periodistas se han beneficiado y eventualmente han cuestionado. Para los
inconformes pequeoburgueses era el joven poltico rebelde, honesto y bien
formado que iba a renovar el partido liberal. Mito que eleva a martirio cristiano
su muerte violenta en medio de promesas electorales, por encima del hecho de
que para el momento de su muerte l mismo se haba vendido por las monedas de
plata de la candidatura presidencial del partido liberal, haba abandonado el Nuevo
Liberalismo por intermediacin de Julio Csar Turbay Ayala, representante por
antonomasia del tipo de poltica que le haba llevado a crear el Nuevo Liberalismo.
Las banderas de Galn no eran otra cosa que el viejo trapo rojo liberal lavado
con el verbo de un joven inconforme.
Parecera que lo importante de cuestionar una serie de normas es generar la
expectativa de cambio, es decir, es un problema de despertar emocin ms que de
establecer una conexin de causalidad entre el discurso y las condiciones de cambio
social. El problema es no dejarse asociar, durante la campaa de transformacin, con
esas mismas normas que se intentan cambiar, aunque el santo o hroe resulte ser una
variante ms de esas normas. Como le ocurri a aquel Jess que cuestion el judasmo
de su tiempo y luego de su muerte result siendo el fundador del judeocristianismo
a manos de Pablo de Tarso. Carlos Marx (1818-1883) critic mucho despus al
cristianismo el opio del pueblo por no ayudar a la gente a ser consciente
de la explotacin inherente a las reglas de juego del capitalismo, y con la ayuda de
Federico Engels y Jos Stalin termin siendo el fundador de un cristianismo de
Estado totalitario conocido como comunismo. Tal vez el desconocimiento de qu
es una norma, cmo surge y puede encauzar acciones, creencias y comportamientos,
as como lo que implica tratar de replantearla, lleva a tomar atajos que aparentan ser
progresistas y crticos, y finalmente nos devuelven al punto de partida.
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Franz Flrez
El consumismo rebelde. Notas sobre el anarquismo aristocrtico
Es el caso de un anlisis socialdemcrata de lo que en el primer mundo se
tiene por contracultura: desde los jipis hasta Kurt Cobain, pasando por el Che
Guevara, la comida orgnica, los ecologistas de Greenpeace y los manifestantes
antiglobalizacin del primer mundo de la dcada de 1990 y comienzos del siglo
XXI con su consigna de otro mundo es posible. Consigna progresista para
esos solidarios manifestantes que marchan en orden y sin otra amenaza para
su integridad fsica que aquellos compaeros de ruta que destrozan vitrinas y
supermercados de multinacionales mientras calzan tenis Nike y visten sudaderas
adidas. Lo que no han asumido es que el mundo del que se quejan es un anhelo
en el Tercer Mundo, al que apenas conocen como turistas ecolgicos o de ONGs
que se solidarizan con los buenos salvajes o pobres buenos, y pierden de vista
las relaciones de complicidad o mutua dependencia entre amos y siervos.
La crtica socialdemcrata plantea que la rebelda cultural, tal y como la plantea
la [contracultura] no supone una amenaza para el sistema, sino que es el sistema
(Heath y Potter, 2005:11). De ser as, la solidaridad entre los rebeldes del primer
mundo, y sus contrapartes del Tercer Mundo, pecara por desconocimiento mutuo,
al olvidar que lo que en un lado del espectro del mercado son necesidades, en el
otro siguen siendo lujos. Tal es la tesis que trato de desarrollar a continuacin.
Consumo contracultural: economa como cultura
La nocin de contracultura surge, se reproduce y transforma en los pases con
un elevado nivel de consumo. La palabra misma naci en 1969, cuado Theodore
Roszak public El nacimiento de la contracultura, en donde caracterizaba a la sociedad
como un sistema de manipulacin de individuos (Heath y Potter, 2005:42).
Haca coro con otro texto de la misma poca, La sociedad del espectculo (1967) de
Guy Debord (Heath y Potter, 2005:42). Un heredero del consumo entendido
principalmente en trminos culturales, y cultor al mismo tiempo del individualismo
moderno, fue Jean Baudrillard.
En el mundo acadmico, a finales de la dcada de 1960 haba una polmica entre
antroplogos, historiadores y economistas acerca de si la economa clsica era
un estado natural del ser humano, o si era un sesgo ideolgico e histrico desde
el que la sociedad moderna europea del siglo XVIII y XIX desde Adam Smith
hasta Carlos Marx trat de comprender todos los acontecimientos y sociedades
del resto del mundo, que no basaban sus valores e instituciones en lo monetario
(Contreras 1981). En el primer caso, s era correcto pensar todo tipo de sociedad,
pasada o presente, dependiendo de la organizacin de la produccin, circulacin
y consumo de bienes, pues era natural que hubiera antecedentes primitivos del
capitalismo o el comunismo, o que ese fuera el destino de todo grupo humano.
Pero si la produccin y, por tanto, la circulacin y consumo de bienes no era
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TABULA RASA
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el valor desde el cual se organizaba toda sociedad, entonces se podan entender
las economas irracionales no eficientes, que no incrementan continuamente
la produccin, con normas morales que regulan la produccin y circulacin de
bienes como alternativas al capitalismo y al comunismo, o bien el futuro no
estaba ya predestinado: la globalizacin capitalista o comunista no sera un destino
global. Baudrillard contribuy a esa polmica con Crtica de la economa poltica del signo
(1972) y El espejo de la produccin o la ilusin crtica del materialismo histrico (1973).
En pocas palabras, Baudrillard plante que el consumo no se poda reducir a una
lgica utilitaria valor de uso o de satisfaccin de necesidades universales, sino
que deba enmarcarse en una lgica de la presentacin social y la significacin.
Es decir, el consumo deba ser analizado en trminos de las connotaciones o
significados indirectos que tena la adquisicin de un bien, tal como lo haba hecho
ya Barthes (1999), desde la semiologa, dos dcadas antes.
Y tal como Barthes, Baudrillard hizo su anlisis con base en la nocin de signo de
Saussure que diferenciaba entre palabras significantes e ideas significados,
y plante que al valor de uso como un significante que remita al significado o valor
de cambio, para dar lugar al valor de cambio de signo. Por fuera de tal produccin
de valor quedaban los comportamientos analizados por los antroplogos como
el Kula o el Potlach en donde el problema era regular relaciones sociales ms
que obtener valor por la produccin, o satisfaccin por el consumo de un bien.
Sin embargo, tal anlisis deja por fuera la produccin de los objetos al concentrarse
en la atribucin de sentido al acto del consumo, dado que tal restriccin est
inserta en el modelo mismo de signo de Saussure, pensado para el intercambio
de un tipo especial de smbolos como lo son las palabras. Y al hacer equivalente
el intercambio de bienes con el de palabras se pierde de vista que los bienes son
finitos y las palabras no (Eco, 1985). Sin embargo, el problema de fondo es que
no es posible usar un objeto sin atribuirle una funcin o significado que puede
ser un uso o un precio, es decir, culturizarlo o darle sentido desde unas reglas
preestablecidas. La diferencia entre los chimpancs que usan piedras o ramas para
obtener su alimento y los primeros homo sapiens que usaron utensilios de piedra
o madera, es que tal tipo de descubrimiento pudo ser formalizado y modificado
por los ltimos con base en su representacin, o la manera de comprenderlo. El
lenguaje hizo posible no slo comunicarse sino establecer normas definiciones
y un deber ser verbalizado que ya no dependan del lugar en el que haban
sido producidas para poder ser comprendidas (Searle, 1997; Mithen, 1998). La
produccin e intercambio de bienes no existe entre animales, porque el problema
no es intercambiar objetos tiles sino formalizar las cualidades que pueden ser tiles
y hallarlas combinadas de otras maneras en objetos muy diferentes al original.
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El consumismo rebelde. Notas sobre el anarquismo aristocrtico
Para el caso del consumo, en el primer libro de El Capital, Marx problematiza un
sistema de intercambio generalizado donde cualquier bien, valor o costumbre puede
tener un precio, y convertirse en una mercanca que representa a otra mercanca.
En tal contexto, resulta comprensible que, en 1985, en Sothebys (Londres) se
subastaran los diarios del Che Guevara en Bolivia por U$ 1000.000. En 1967,
cuando el Che estaba vivo y escribi esos diarios, el general Ren Barrientos haba
ofrecido por l 50.000 pesos bolivianos (U$ 4.200 dlares de la poca), lo que
muestra la valorizacin de una forma burguesa de recordarlo ms que de la vigencia
de sus objetivos revolucionarios o los procedimientos para conseguirlos.
Por otro lado, en 1987, tambin en Sothebys, pero la sede de Nueva York, un
cuadro de lirios azules pintados por Van Gogh valieron 53 millones de dlares. Es
decir, el cuadro se poda cambiar por 53 diarios del Che. Entonces, el problema no
es la utilidad valor de uso de un cuadro o del diario de un guerrillero el que
se da el lujo de pagar U$ 1000.000 no es precisamente otro guerrillero sino la
posibilidad de intercambiarlo por otros bienes prestigio personal, reconocimiento
social, en tanto que sea deseado por lugares comunes de cualidad el cuadro es
original o cantidad son pocas las biblias que imprimi Guttemberg. Algo
no tiene precio cuando no puede ser intercambiado por otra cosa o no puede ser
producido en serie: las relaciones afectivas con individuos particulares, o bienes
muebles considerados patrimonio cultural que tienen precio pero en trminos
del seguro que indica lo que cuesta cuidarlos.
La posibilidad de cambiar un bien por otro depende de su simbolizacin valor
de cambio, que se formaliza con su representacin en trminos de dinero, que
precisamente est en lugar de otra cosa. Tanto una moneda como una palabra
requieren de instituciones Estados, bolsas de valores, lenguas para poder
existir. Pero cada tipo de signo representa de manera diferente a su objeto, aunque
ambos sean smbolos. Para el caso del dinero, lo que le da sentido es la posibilidad
de cambiarlo por bienes. Se pierde su sentido guardado debajo del colchn,
pues no genera intereses. Las palabras, en cambio, no dependen de su cambio
por bienes no lingsticos para adquirir sentido, ya que es al interior de reglas de
sintaxis, semntica y pragmtica que lo obtienen. Puede adquirir mltiples sentidos
sin depender de salarios o un valor de cambio por otros bienes.
De modo que lo econmico supone lo cultural, en tanto que instituciones que
dan funciones tiles o de intercambio de bienes, no por su naturaleza fsica, sino
porque algunas de sus cualidades resulten simblicamente relevantes dentro de
un sistema social. El diario del Che no vale por el papel ni por el tipo de letra con
que fue escrito y mucho menos por las ideas del autor o los hechos que relata, sino
por la manera en que se valoriza el poseer objetos que nadie ms puede tener, ya
sean diarios o cuadros de pintores.
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La cultura viene a ser, en trminos de la semitica, los hbitos que permiten usar
de una manera, y no de otra, una imagen del Che o su diario. Pero esos hbitos
no existen en forma autnoma, sino que pueden existir en funcin de hbitos
naturalizados u objetivos que son el fundamento del sentido comn en cierto
momento y cierto grupo social. Dicho de otra manera, la cultura es una pluralidad
de relaciones de significacin organizadas, pero stas pueden ser el referente o el
significado. En el primer caso, puede ocurrir que resulte de sentido comn atribuir
sentidos trascendentales a la imagen del Che, Galn, Jess, Marx o Kurt Cobain, y
en tal caso el referente es el hbito institucionalizado de pensar la estructura social
en forma individualista. En el segundo caso, puede ser que uno sea ajeno a tal
costumbre y tenga que aprender a pensar la sociedad como una suma de individuos
que cambian la historia make the difference en la versin hollywoodense, caso
en el cual el referente es otra cultura y lo que para los dems es sentido comn
obsesin por los hroes o santos para uno se torna un sentido posible, no
una obligacin, no una demanda cultural propia.
Al entender en el campo de las ciencias sociales la nocin de referente en forma
ontolgica o fetichista, como una cosa ajena a su percepcin, se puede llegar a negar
que existe un orden cultural objetivo y concentrarse en la representacin del mismo.
Le pas a Baudrillard que se desentendi de la realidad cultural para concentrarse
en su puesta en escena meditica, como en su texto Simulacro y simulacin (1981), que
enfatizaba el consumo y no dejaba de lado el proceso de produccin. Tal reduccin
fue acogida por la cultura pop de masas, como certifica su aparicin en una escena
de la pelcula Matrix (1999). Esto fue tomado en serio por algunos espectadores
que creyeron que la pelcula era algo ms que puro entretenimiento y planteaba
problemas filosficos de fondo sobre la percepcin y la cognicin para los que el
mundo acadmico tiene sus propios problemas tpicos (Dancy, 1993). En el caso
de la pelcula el referente no era un problema epistemolgico sino tico: cmo y
qu elegir (Holgun, 2002). La libertad, claro, entendida en trminos de individuos
agrupados por el ideal de hacer cada cual su vida independiente.
Un intento ms claramente contracultural fue la taquillera cinta El club de la pelea (1999).
Su tesis era que la catarsis personal se obtena en golpizas que permitan distraerse de
la alienacin consumista; hasta que cambiaban el ritual de golpes por un anarquismo
que pretenda devolver a los consumistas a la Edad de Piedra. La identificacin con
la perorata, aquella que dice no eres tu trabajo ni lo que tienes en el Banco ni el
carro que conduces, permiti exteriorizar la inconformidad personal y fortalecer la
certidumbre de salidas individuales para los consumidores de cine en el sistema de
mercado. Parecera increble que entre ms se est frente a la puesta en escena de las
reglas de mercado menos clara es su existencia o funcionamiento. Y esto puede ser
as porque al asumir que el mercado sea discutible en sus propios trminos se asume
que la economa liberal parte del supuesto de que su individualismo es compatible
con la reciprocidad o la redistribucin, anatemas dentro del mercado libre.
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El consumismo rebelde. Notas sobre el anarquismo aristocrtico
Ms all de la cultura pop de masas, los autores contraculturales que suponen
que lo que est en juego en el mercado es la autenticidad personal, pierden la
interlocucin con los economistas al dejar de lado la manera como se organiza
en forma masiva general o parcial la produccin, consumo y premeditado
desecho de las expresiones estticas contemporneas. Los economistas, a su turno,
reducen la produccin de expresiones de las bellas artes, cine, televisin, radio,
diseo industrial, diseo grfico o publicidad, a su reconocimiento como valor de
cambio, es decir, como xito del momento o temporada (VV. AA., 2001).
Eso lleva a que se empantane la discusin en torno a si es bueno o malo que el
arte comercial trascienda o no, es decir, que el cantante o escritor que ms atencin
meditica tiene en el momento se convierta en smbolo de un colectivo humano,
no importa que deje de cantar o escribir. O puede que el fenmeno de consumo
meditico artista, poltico sea trivial y prescindible pero entretenido y, por ende,
de fcil y expedito consumo, y que se entienda por oposicin como arte arte slo al
primero, que perdura como monumento que debe ser imitado por las generaciones
venideras, al decir de los anlisis de Nietzsche sobre la historia monumento.
El asumir que mercado, cultura y formacin de la libre personalidad son
incompatibles, se convierte en el caldo de cultivo para la invencin de identidades
culturales premercantiles enfrentadas a las producidas dentro de las reglas de
juego del mercado. Se crea una aparente discusin entre acoger ciertos bienes
de exportacin como smbolos de identidad grupal regional, nacional, la
aristocratizacin del consumo que demanda ligas de consumidores ilustrados con
gusto puro o refinado, como signo de un elevado capital cultural (Abad, 2002), y
un populismo de derecha que mide en cantidad la importancia del consumo de
un bien cultural: por cada pelcula subsidiada se dejan de alentar miles de lectores
en bibliotecas pblicas (Gaviria, 2006).
Unos y otros le hacen el juego al hecho de que no es en el consumo que el sentido de
un bien, costumbre o valor se establece, sino en el proceso que va de su produccin
a su desecho o reinvencin, pasando por su circulacin y consumo. Al enfocarse
en la recepcin del consumo, se destaca el problema de la eleccin del consumidor,
y se deja de lado que primero deben existir las condiciones para que ese consumo
sea un hbito para que luego sea posible estar inconforme con ciertos hbitos de
consumo, ms que con las condiciones que los hacen posibles.
Contracultura como problema de abundancia
Se puede decir que lo que se denomina contracultura en el anteriormente llamado
primer mundo, es una forma de rebelda juvenil, una manera emotiva de pensar el
consumo y, a la vez, de confundir a ste ltimo con el consumismo (Garca, 1999).
Este tipo de rebelda polticamente correcta es un juicio que combina demandas
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tpicamente burguesas: autonoma de criterio con respecto a la produccin en
serie propias de una perspectiva individualista como la de sociedades con un
alto grado de modernizacin y ascticas propias de sociedades basadas en
valores gregarios campesinos. Por esa va, el consumo es visto como un acto
casi pecaminoso puesto que:
sera aprovechado por quienes controlan el poder poltico y econmico para
manipular a las masas y alinearlas en la persecucin de satisfacciones ftiles
que las distraeran de sus necesidades bsicas (Garca, 1999:29).
Y la insatisfaccin de necesidades bsicas es algo que sigue definiendo el
subdesarrollo y los movimientos sociales del Tercer Mundo (Archila, 2006), por
lo que las masas ms que preocuparse por los ideales modernos de Libertad,
Igualdad, Fraternidad de la Revolucin Francesa de 1789, aceptan como norma,
por ejemplo, la venta del voto a cambio de llegar a fin de mes, un mercado o
un acueducto. En el Tercer Mundo, la constitucin de los Estados-Nacin no
dependi de la independencia de los imperios europeos del siglo XIX. En nombre
de la igualdad surgieron levantamientos populares que se tomaron el poder del
Estado en Mxico en la dcada de 1910, en Cuba a finales de la dcada de 1950, y
en Centroamrica en la dcada de 1980. Estas ltimas, estigmatizadas y glorificadas
en el contexto de la Guerra Fra (1945-1991). Los que las estigmatizaron desde
el conservadurismo neoliberal de la era Reagan-Tatcher idealizaron la libertad
la libertad para contratar, la libertad para venderse como mano de obra, la
libertad de consumir como el valor mximo, y los que las glorificaron desde
el romanticismo cristiano-socialista idealizaron la igualdad que supuestamente se
alcanz luego del conflicto armado.
En Colombia, en el nuevo contexto de guerra al terrorismo, que sucedi a la
Guerra Fra y se formaliz el 9 de septiembre del 2001 con la cada de las torres
gemelas en Nueva York, la libertad y la igualdad le han cedido su lugar a la
seguridad democrtica (De la Torre, 2005). Viajar por carretera pas a ser una
necesidad bsica y, la confianza en tal evento, en un smbolo de funcionamiento de
las instituciones del Estado. La posibilidad misma del consumo haba sido puesta en
duda por el improvisado proceso de paz de la administracin de Andrs Pastrana
(1998-2002), construido sobre una idea romntica y seorial de negociacin del
poder; y que deriv en la consecuente frustracin y escepticismo con respecto a
que hubiera algo que discutir en el modelo de desarrollo o del Estado.
Tal tipo de expectativas y frustraciones no son de uso corriente en el primer
mundo, donde se da por sentado que los debates no son en torno a la constitucin
de las instituciones democrticas o la solucin no el simple tratamiento de
necesidades bsicas vivienda, alimentacin, servicios, vestido, educacin,
transporte masivo de las masas o el pueblo. Al otro lado del embudo de la
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El consumismo rebelde. Notas sobre el anarquismo aristocrtico
deuda externa, hay expectativa en torno al perfeccionamiento o cualificacin de
las demandas de los individuos. Por eso, cuando se equipara la figura histrica del
Che con Jim Morrison o James Dean, la perspectiva esteticista pierde de vista que
no es lo mismo luchar contra el sistema, componiendo canciones o haciendo
pelculas, que tomarse el poder del Estado y administrarlo como hizo el Che en
Cuba o incentivar el uso violento de las armas como medio de generar cambios
en las instituciones del Estado o las reglas de juego del mercado como han
tratado de hacerlo quienes siguen el ejemplo mesinico del Che.
As como en el subdesarrollo se da por sentado que hay un pueblo con unas
necesidades bsicas homogneas que deben ser satisfechas en forma igualitaria, en el
desarrollo se da por descontado que hay un individuo que desea ser liberado de esa
forma homognea de inventarse y satisfacer sus necesidades. En tal contexto es que
la contracultura se convierte en un mito. Es decir, en una creencia impermeable a los
hechos que da sentido a medida que ocurren para reiterar unas ideas ya establecidas:
la libertad individual es un valor irrenunciable. Por lo anterior es que:
segn la teora contracultural, el sistema se organiza sobre la base de la
represin del individuo. El placer humano es inherentemente anrquico,
indisciplinado, salvaje. Para tener controlados a los trabajadores, el sistema
debe infundir necesidades manufacturadas y deseos prefabricados, que
a su vez pueden satisfacerse dentro de la estructura de la tecnocracia. El
orden existe, pero a expensas de la infelicidad, la alienacin y la neurosis
generalizada. Por tanto, la solucin est en recuperar nuestra capacidad de
sentir placer espontneo mediante, por ejemplo, la perversidad mltiple, o el
teatro alternativo, o el primitivismo moderno, o las drogas experimentales,
o cualquier otra cosa que nos ponga las pilas. La contracultura considera
la diversin como el acto trasgresor por excelencia. El hedonismo se
transforma en una doctrina revolucionaria (Heath y Potter, 2005:19).
De ah que la publicidad incentive la idea de que la sensacin de libertad puede
relacionarse con un producto de consumo: Quieres demostrar a los dems que
no formas parte del sistema? Compra nuestro coche! (Heath y Potter, 2005:13).
El capitalismo se reduce, entonces, a pautas de consumo, si se alteran las pautas
de consumo convencionales, tiembla el capitalismo. Surge entonces un consumo
elitista, sumamente sofisticado, que asocia a un producto un placer no masivo, no
planificado Coca-cola es sentir de verdad, sino espontneo o no producido
en serie o en forma industrial comida orgnica. As, las identidades juveniles
que tratan de diferenciarse de la masa, ser alternativas o ver de otra manera la
sociedad burguesa ya planificada, encuentran en la moda, la msica electrnica o
las drogas sintticas o no (Montenegro, 2003), una forma de distanciarse en
forma ldica del sistema.
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El culto a la libertad individualista entiende que el espectculo y el consumo asociado
al mismo, no permiten ser espontneos, libres, atrevidos, autnticos. En la frase:
La imagen es nada, tu sed es todo. Obedece a tu sed. Toma Sprite, se apelaba a la
naturaleza qu ms natural que sentir sed? para asociar el producto con lo ms
personal y menos masificado el estereotipo de belleza personal.
Lo anterior supone que el problema no es ser un consumidor potencial, sino
un consumidor polticamente incorrecto. Debemos tomar caf en la tienda Juan
Valdez o productos de Postobn para sentirnos autnticamente colombianos:
el presidente lvaro Uribe hizo las veces de mesero en la inauguracin de una
de las primeras tiendas de ese tipo. Cantantes hiper-colombianos nos piden que
tomemos productos Postobn, o dado el caso de que triunfen en el mundo
entero entonces nos muestran lo realizados que se sienten tomando Pepsi. El
mundo es Estados Unidos, Canad y Europa, puesto que hasta hace poco ms de
una dcada se consideraba que Asia, frica, Oceana, y el resto de Latinoamrica
no eran consumidores potenciales, o sea, parte del mundo y, en consecuencia,
no aparecan en la publicidad sino como extras. Esta disputa por el consumo
polticamente correcto se present en la poca de la invasin a Afganistn y a Irak.
La oposicin del gobierno francs a la invasin llev a muchos estadounidenses
a hacerle oposicin simblica a Francia. La papa a la francesa french fried
pas a ser llamadas papa a la libertad free fried. A su turno, no faltaron los
franceses que dejaron de tomar Coca-Cola en los McDonalds de Pars.
El rebelde cultural identifica la tirana de las mquinas de la pelcula Matrix (1999)
con el centro comercial que ofrece un entretenimiento y un consumo relajados, libre
de preocupaciones mundanas: pagar servicios, buscar trabajo, retenes militares de
guerrilla, paramilitares o fuerzas armadas legales. La autenticidad ha de ser buscada
en San Victorino: el grupo Aterciopelados y la cantante solista Andrea Echeverri
nos recuerdan lo lindo que puede ser manejar o transportarse en una buseta en
Bogot, o comprar en la calle, por lo menos, en el video de la cancin, pues la
Echeverri no habra podido estudiar en la privada Universidad de los Andes si su
subsistencia dependiera de vender baratijas en una chaza en San Victorino.
Los resultados de la contracultura, de acuerdo con Heath y Potter (2005:42),
no pueden ser ms desalentadores. Cuatro dcadas de generacin de productos
alternativos, rebeldes, convertidos en una ms de las mercancas v.g. Adbusters y
todo su merchandising rebelde por catlogo que se disputa una clientela que se ve
a s misma con alternativa, opuesta al sistema, rebelde, en tanto consumidora de tal
tipo de productos. Plantean que la rebelda fundamentada en propuestas estticas
y ldicas no daa ni modifica en lo absoluto al capitalismo. Antes bien, podra uno
decir que ese tipo de rebelda equipara justicia social con sacrificios similares a los
que deben pasar quienes quieren bajar unos cuantos kilos. El proceso para adelgazar
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El consumismo rebelde. Notas sobre el anarquismo aristocrtico
no es divertido, la recompensa no se ve de inmediato y los legtimos placeres o
deseos que deberan ser satisfechos son aplazados en nombre de una abstracta
mejor figura o, en el caso del rebelde contracultural, una sociedad ms justa.
La izquierda es decir, los socialdemcratas del primer mundo se deberan
preocupar ms por problemas sociales salud, educacin, vivienda que por
apoyar la idea de que ser rebelde es entender el consumo desde una perspectiva
aristocrtica y asctica.
A nivel latinoamericano se puede decir que los rebeldes culturales llevan dcadas
produciendo msica protesta, expresiones artsticas socialmente comprometidas
esas que nos recuerdan que afuera de sus exposiciones, conciertos, obras o
cuadros hay muertos de hambre, de fro o de plomona, y ropa alternativa
tnica o usada y hasta t subversivo t de coca. Por no hablar de
las universidades pblicas y privadas llenas de profesores que propagan ideas
subversivas a sus alumnos. Por qu los principales contradictores del sistema
son los primeros beneficiarios del mismo? Porque el sistema no se basa por
lo menos en Latinoamrica en la opresin de nuestra autenticidad sino en la
posibilidad de auto-producirse como un individuo autnomo en un sistema que
idolatra el aumento constante de la productividad.
Esto ltimo parecen no tenerlo muy claro tanto los contraculturales como sus
crticos en Rebelarse vende, puesto que suponen algo muy parecido a lo que dijo
alguna vez una abanderada de la rebelin conservadora de la dcada de 1980,
Margaret Thatcher: la sociedad no existe, slo hay individuos. Para este par de
autnticos rebeldes-no-culturales no hay ninguna estructura social o sistema detrs
de todas las actividades cotidianas de los individuos:
el mundo es prosaico. Consiste en millones de seres humanos cada uno
con un concepto del bien intentando cooperar con mayor o menor xito.
No hay ningn sistema nico, integral, que lo abarque todo. No se puede
bloquear la cultura porque la cultura y el sistema no existen como hechos
aislados. Lo que hay es un popurr de instituciones sociales, la mayora
agrupadas provisionalmente, que distribuyen las ventajas y desventajas de
la cooperacin social de un modo a veces justo, pero normalmente muy
injusto. En un mundo as, la rebelda contracultural no slo es poco til, sino
claramente contraproducente. Adems de malgastar energa en iniciativas
que no mejoran la vida de las personas, slo fomenta el desprecio popular
hacia los falsos cambios cualitativos (Heath y Potter, 2005:19).
Pero si no hubiera un sistema nico una forma organizada de producir, hacer
circular, consumir y desechar productos, entonces: Cmo es que un texto
publicado en el 2004 por dos investigadores canadienses, llega a ser traducido
en Espaa, impreso y consumido en Colombia en el 2005? En la Edad Media,
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cuando tal sistema no exista, hubiera tomado no menos de una generacin
dos dcadas hacer todo ese trnsito. O tal vez dos o tres siglos, puesto que
no habra circulacin de productos y personas por el Atlntico hasta bien avanzado
el siglo XIX, cuando los rebeldes y massmediticos Piratas del Caribe eran apenas
un recuerdo. Tal vez la incapacidad de reconocer el sistema sea efecto de pasar
del extremo paranoico y paralizante de la contracultura al extremo pragmatista y
utilitario de la socialdemocracia.
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Dilogos descoloniales con Ramn Grosfoguel:
Trasmodernizar los feminismos
Decolonial Dialogues With Ramn Grosfoguel:
Transmodernizing Feminisms
Dilogos descoloniais com Ramn Grosfoguel:
Transmodernizar os feminismos
Entrevista a Ramn Grosfoguel1 realizada por Doris Lamus Canavate2
Esta entrevista se realiz a partir del artculo de Ramn Grosfoguel La descolonizacin de
la economa poltica y los estudios postcoloniales: transmodernidad, pensamiento fronterizo y
colonialidad global, publicado en Revista Tabula Rasa No. 4, 2006, el cual dio lugar a un
dilogo alrededor de la crtica de(s)colonial al feminismo eurocntrico. La entrevista recoge la
propuesta del autor para transmodernizar los feminismos de occidente.
Doris Lamus: El debate que planteas en el artculo publicado en Tabula Rasa3,
me sugiere algunas preguntas e inquietudes sobre las que me interesara tanto tu
punto de vista, como un poco ms de desarrollo acerca de su formulacin. Sobre
la discusin acerca de lo situado, de la localizacin del conocimiento, pregunto
si reconoces una especie de ubicacin inherentemente descolonial. Me explico:
yo puedo estar en Colombia y pensar como el colonizador... o en el imperio y
vivir su violencia...
Ramn Grosfoguel: No hay ubicacin inherentemente o naturalmente descolonial.
Se trata de una posicionalidad epistmica relativa a unas relaciones de poder
colonizado/colonizador particulares. Walter Mignolo, cuando habla de la
geopoltica del conocimiento, a veces le suena a alguna gente como esencialista (a
pesar de no ser su intencin) al no distinguir localizacin social y localizacin epistmica;
es decir, se podra malinterpretar a Mignolo con un reduccionismo al colapsar
1
University of California, Berkeley, Associate Professor, Ph.D., Temple University, 1992, Sociology.
grosfogu@[Link]
2
Doris Lamus-Canavate, Candidata a Doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos, Universidad
Andina Simn Bolvar, Ecuador. Es profesora de la Universidad Autnoma de Bucaramanga, lder del
grupo Transdisciplinariedad, Cultura y Poltica (Conciencias) y cofundadora y miembro activa de la ONG
Fundacin Mujer y Futuro, Bucaramanga. curramba25@[Link].
3
Ramn Grosfoguel, La descolonizacin de la economa poltica y los estudios postcoloniales:
transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global, en Revista Tabula Rasa No.4, 2006, pp.
17 46, [Link]
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 323-340, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
AMSTERDAM 2007
Fotografa de Johanna Orduz
TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
una en la otra. Cuando en el trabajo de Tabula Rasa yo discuto la diferencia entre
localizacin social y localizacin epistmica es a esto a lo que me refiero. Tu puedes
estar socialmente localizado/a en el lado dominante de una relacin de opresin
y asumir una perspectiva epistmica desde el lado dominado de dicha relacin
de poder. De la misma forma, t puedes estar socialmente ubicado en el lado
dominado de una relacin de poder y asumir una localizacin epistmica del lado
dominante de dicha relacin. Precisamente, el xito del sistema ha sido hacer que
los que estn socialmente abajo piensen epistmicamente como los que estn arriba.
De manera que en mi posicin no hay correspondencia ni reduccionismo entre
posicin social y posicin epistmica. Como latino en los Estados Unidos, para
m es muy obvio que las elites blancas latinoamericanas viven en Amrica Latina y
piensan como colonizadores y que muchsimas poblaciones no-blancas que viven
dentro del imperio son sujetos colonizados y piensan epistmicamente desde la
descolonialidad del poder. De la misma forma que puedes encontrar personas de
estos grupos pensando epistmicamente como los grupos opuestos.
DL:Aunque entiendo que no se trata de un lugar geofsico, creo que este tambin
cuenta. Por ello insisto con tu ejemplo del locus de enunciacin desplazado de un hombre
europeo a una mujer indgena de Amrica Latina (p. 24), cmo se ve el sistema
mundo si movemos el locus de enunciacin del hombre europeo a una mujer indgena
en Amrica...? No hay all un hablar por...y, quiz, una suerte de atribucin acrnica
si se trata de mujeres indgenas de siglos atrs? El uso de categoras modernas, como
feminismo en este caso, no nos deja atrapados en el sistema-mundo Europeo/
Euro-norteamericano capitalista/patriarcal moderno/colonial ?
RG: En primer lugar, yo digo bien claro en el texto que no pretendo hablar por, ni
representar la perspectiva de las mujeres indgenas. Solamente hablo de cambiar la
geografa de la razn o la geopoltica del conocimiento como ejercicio epistmico
para ver cmo se vera el mismo sistema-mundo si, en lugar de asumir la posicin
estructural de un hombre europeo, asumimos la posicin estructural de una mujer
indgena en las Amricas. Con esto no pretendo representar sus perspectivas, sino
acentuar cmo desde esa localizacin epistmica Otra (cualquiera sea la cosmologa
no-occidental de la que estemos hablando) el paquete de relaciones de poder es
mucho ms amplio que simplemente un sistema econmico, poltico y militar.
Hubo muchas otras relaciones de poder que vinieron articuladas o enredadas en
el paquete del sistema-mundo (que identifico como espirituales, epistmicas,
sexuales, de gnero, raciales, lingsticas, etc.) y que desde una perspectiva patriarcal
eurocntrica quedan borradas.
En segundo lugar, cuando hablo en el trabajo de Tabula Rasa sobre pensamiento
fronterizo y sobre transmodernidad (hay una seccin dedicada a cada tema), no
asumo un afuera epistmico absoluto al sistema, sino una exterioridad relativa
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 323-340, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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Ramn Grosfoguel
Dilogos descoloniales con Ramn Grosfoguel: Trasmodernizar los feminismos
(unos ms que otros, dependiendo de las historias coloniales, locales). Hoy da,
todos estamos imbricados de categoras que identificamos como occidentales. No
estamos absolutamente fuera del eurocentrismo aunque haya unos ms afuera que
otros. Sin embargo, es importante acentuar en el punto que hago cuando discuto
los fundamentalismos tercermundistas, es decir, que la modernidad eurocentrada
nos ha hecho creer que democracia, ciudadana, libertad, derechos civiles,
feminismo, etc. son inherente y naturalmente occidentales y que el autoritarismo,
la tirana, la falta de libertades, patriarcado, son inherente y naturalmente no-
occidentales. Esto no es cierto ni biolgicamente, ni histricamente, ni socialmente.
Por consiguiente, como sealo en el texto, los fundamentalismos tercermundistas
son tan eurocntricos como el fundamentalismo eurocentrista. Por qu? Porque
aceptan la premisa de la modernidad eurocentrada de que la democracia, los
derechos civiles, la libertad, los derechos de la mujer, son naturalmente
occidentales y que, por tanto, como seres no-occidentales tenemos que afirmar
el autoritarismo, el patriarcado, etc. (ejemplos, los fundamentalismos islamistas,
afrocentristas o indigenistas). De manera que cuando hoy da decimos ideas
occidentales, mucho cuidado con esto, porque muchas de estas ideas occidente se
las apropi del mundo no-occidental y otras fueron creadas al calor de la relacin
colonial con ese mundo no-occidental. No hay identidades sui generis ni en Amrica
Latina, ni en frica ni en Europa. Lo que no niega la diversidad epistemolgica
todava existente en el mundo a pesar de siglos de colonizacin occidental.
[Link] me re-planteas la discusin y se me hace ms interesante. Comparto la
idea de la no inherencia/naturalidad de las categoras aludidas. Pero s hay una larga
construccin histrico-discursivas (en las disciplinas como la sociologa y la filosofa
o la ciencia poltica), que se puede rastrear y en la que se construyen y reconstruyen
esas nociones (como construccin social). El segundo paso la naturalizacin es
el ingrediente que incorporas a la discusin, pero para ir ms all, a la afirmacin
de que esas categoras se convierten en objeto de disputa por el control de sus
significados. Por supuesto, el llamado de atencin, ojo!, cuando etiquetamos como
occidentales muchas de estas ideas, categoras y conceptos, no es slo pertinente, sino
muy sugerente y nos ayudara, creo, a salir de la divisin binaria del anlisis. Pregunto,
un ejercicio de este tipo nos ayudara tambin en los esfuerzos de descolonizacin?
Cmo diferenciar entonces esos legados eurocntricos?
RG. El constructivismo en las ciencias sociales ha sido importante para desencializar
muchas identidades y procesos sociales. Pero el constructivismo adolece de un
problema y es que muchas veces est fundamentado filosficamente desde una
metafsica anti-realista, especialmente el constructivismo posestructuralista. El
problema es que aunque algo social no sea natural ni biolgico, el hecho es que si
en el mundo de las relaciones sociales se define y se vive como si fuera natural o
inherente al sujeto, entonces es real (o se vive como real) en el mundo social, tan
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
real como el realismo del mundo de la naturaleza. De ah que en lugar de decir o
repetir el Mantra, como repite todo el mundo hoy da en las ciencias sociales,
que las identidades o las posiciones epistmicas son construcciones sociales
prefiero proveer un argumento distinto. Por eso acud a explicar la diferencia entre
localizacin social y localizacin epistmica que expuse antes. As evitamos el
esencialismo sin tener que repetir el mantra anti-realista y aceptando perfectamente
un realismo de lo social.
Por otro lado, para salir del binarismo, adems de lo dicho, tienes que tener en
cuenta que el argumento que hacemos es que occidente y no-occidente son cada
uno diversos en s mismos. Walter Mignolo argumenta que occidente no es una
entidad homognea sino que se constituye a partir de los legados de los imperios
europeos occidentales que fundan las seis lenguas de la modernidad (espaol,
ingls, francs, alemn, italiano y portugus) y sus dos legados fundacionales (el
imperio romano con el latn y la poca clsica griega con el griego). De manera
que si tu genealoga de pensamiento es sta, no importa si eres indgena, negro
o blanco, tienes una epistemologa y un imaginario occidental. Al identificar esta
genealoga epistmica como occidental nos ayuda a identificar qu es lo que estamos
descolonizando. La realidad es que este imaginario occidental (que privilegia las
genealogas de pensamiento de las seis lenguas y los dos legados clsicos de la
modernidad eurocentrada) ha servido en Amrica latina a los criollos blancos en
sus procesos de control de los estados-naciones en detrimento de poblaciones
negras, mestizas, indgenas, y de ah la reproduccin de la colonialidad del poder a
nivel nacional-estatal. Adems, a nivel global el imaginario y la epistemologa
occidental fueron privilegiados y construidos como superiores a los imaginarios y
epistemologas no-occidentales que se caracterizaron como inferiores. De ah que
el presente sistema-mundo privilegie, a nivel epistmico y a nivel de la economa-
poltica, un mundo uni-versal en detrimento de un mundo pluri-versal.
DL. Es interesante el ejercicio de desagregacin de los componentes de la
matriz moderno/colonial/patriarcal y su explicacin por separado. No slo
vas mucho ms all de la elaboracin de Quijano; sospecho que tu condicin
personal masculina debe ir tambin mucho ms adelante (y esta es otra
alusin moderna, progresiva) que la suya. Sin embargo, hay en el desarrollo
de estas ideas (pg. 26), una que no me queda muy clara: a qu te refieres con
patriarcados pre-europeos, los de cundo y dnde? Sin tener mucha certeza
acerca de a qu te refieres, creo que histricamente ha habido patriarcados en
que algunas mujeres tienen un status ms elevado que algunos hombres, por
ejemplo, en los contextos de esclavitud arcaicos o ms recientes. No habra,
en tal caso un nuevo patrn de poder colonial de origen europeo, poseedor
exclusivo de tal caracterstica?
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Ramn Grosfoguel
Dilogos descoloniales con Ramn Grosfoguel: Trasmodernizar los feminismos
RG. La modernidad/colonialidad plantea el asunto de la liberacin de la mujer
porque hubo un patriarcado que se globaliz como parte de la expansin colonial
Europea, y fue el patriarcado europeo. Hubo regiones en el mundo donde no exista
patriarcado4 y fue impuesto por los europeos (regiones de frica Occidental);
hubo regiones del mundo donde existan
4
Ver los trabajos de la feminista chicana/
latina Mara Lugones.
formas de patriarcado no-occidentales en
que el patriarcado occidental se hibridiz con
las formas locales de patriarcado (regiones del Islam); hubo regiones donde las
formas locales de patriarcado no-occidental fueron destruidas y se impusieron
las formas de patriarcado europeo; hubo tambin regiones del mundo donde
hubo matriarcados destruidos por el patriarcado europeo durante los procesos
de colonizacin, etc.
Hay que ver concretamente en las diversas regiones del mundo cmo se articul
social e histricamente el diseo global/imperial patriarcal europeo con las
historias locales de patriarcados no-occidentales, de matriarcados o de igualdad
de gnero existente antes de la llegada de los europeos. Los patriarcados no
europeos fueron eliminados, subalternizados o hibridizados por los patriarcados
europeos. Los patriarcados no-europeos o no-occidentales (en esta respuesta
no estoy distinguiendo entre europeo y occidental), operan con reglas de juego
diferentes del patriarcado europeo. Un solo ejemplo, por ahora: el patriarcado
islmico acepta la poligamia para los hombres, y por tanto, el concepto de familia
no existe sino que lo que existen son clanes. El patriarcado europeo es cristiano
y por tanto monogmico. Entonces el patriarcado europeo se organiza alrededor
del concepto de familia monogmica heterosexual.
Por ltimo, en todos los patriarcados las mujeres son inferiorizadas o subordinadas
a los hombres. Es en el patriarcado europeo globalizado como constitutivo de
las relaciones de poder del sistema-mundo europeo/euro-americano capitalista/
patriarcal moderno/colonial que por primera vez en la historia de la humanidad tenemos
unas mujeres que se consideran racialmente superiores a otros hombres. Esto tiene
que ver con la idea de raza/racismo que no existe en otros sistemas-histricos anteriores
al presente sistema-mundo. Esto es lo nuevo del patriarcado que se globaliz en este
sistema-mundo: algunas mujeres son consideradas como superiores cultural y
genticamente a algunos hombres, obteniendo as mayor acceso a riquezas y
recursos materiales que estos ltimos.
DL. Planteas una lnea de investigacin, a mi juicio muy atractiva, sobre los
patriarcados en las distintas regiones/tiempos. Un salto adelante en el texto (p.39),
pero en el mismo eje de la discusin previa, sobre la redefinicin retrica de la
modernidad, desde las cosmologas y epistemologas de lo subalterno, localizado
en el lado oprimido (...) hacia una lucha por la liberacin descolonial, produce
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 323,340, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
una redefinicin/subsuncin de la ciudadana, la democracia los derechos.... La
preocupacin que aqu tiene que ver con la pretensin, tuya y de algunos otros
analistas, de redefinir, resignificar, llenar de nuevo contenido, conceptos y categoras
modernos, plenos de una carga valorativa de larga duracin, que dudo mucho
que nos siten en el otro lado, el lado oscuro de la modernidad, nos conducen, a los
excluidos, oprimidos, hombres y mujeres, por el mismo camino ilustrado, moderno,
desarrollado, globalizado, propuesto desde el proyecto euronorteamericano.
Entonces, cmo descolonizar? Cmo inventamos un lenguaje nuevo que no
lleve en s mismo la colonialidad del saber/poder? Es descolonizar una suerte de
vuelta atrs, a un momento antes de...? Querran las mujeres de la India volver
a la tradicin de la satidaha (inmolacin) (Catterjee, 1999), eliminada por el
colonizador? Cmo asegurar hoy que las condiciones de las mujeres antes de la
colonizacin europea eran de mayor igualdad o status?
RG. La descolonialidad no es un proyecto de vuelta al pasado sino un proyecto
presente mirando hacia el futuro. De manera que cuando se intenta pensar desde
tradiciones, lo que est ocurriendo es que se est utilizando una epistemologa o
cosmologa Otra para resignificar el presente en una direccin Otra. Ya no hay vuelta a
un pasado puro. Estamos todos ya contaminados por la colonialidad, pero eso no quiere
decir que Europa fuera exitosa en haber erradicado toda cosmologa/epistemologa
Otra. Estas ltimas siguieron ah, y lo que estamos viendo hoy, es el retorno de estas
perspectivas Otras que nunca desaparecieron sino que quedaron subalternizadas y
que ahora, con la crisis del eurocentrismo, son la fuente desde la cual los sujetos que
han vivido la herida colonial se movilizan epistmicamente contra el sistema.
Resignificar desde Foucault o Derrida (sin negar sus aportaciones) no te lleva muy
lejos, pues ests resignificando desde la epistemologa/cosmologa eurocentrada
que te lleva a ms de lo mismo. Pero resignificar el Estado boliviano desde el ayll
(aymara), resignificar la democracia mexicana desde el mandar obedeciendo
zapatista (tojolabal), resignificar la economa desde la reciprocidad, nos lleva
por un camino transmoderno, descolonial, muy distinto al camino del marxismo o
el posestructuralismo, que por estar anclado en el episteme occidental, queda
atrapado dentro del sistema y no puede ofrecer ni imaginar nada alterno o mas
all a occidente y su modernidad/colonialidad capitalista/patriarcal.
DL. Con respecto a las polticas identitarias (y desde la accin colectiva de los movimientos
sociales, aadira)... dices (p. 42), Dado que todas las identidades modernas son una
construccin de la colonialidad del poder en el mundo moderno/colonial, su defensa
no es tan subversiva como podra parecer a primera vista (...). La defensa de esas
identidades podra servir a algunos propsitos progresivos (...). La poltica de identidad
slo (...) atiende demandas dentro del sistema... (...). El nuevo universo de significados o el
nuevo imaginario de la liberacin necesitan un lenguaje comn a pesar de la diversidad de culturas
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 323-340, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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Ramn Grosfoguel
Dilogos descoloniales con Ramn Grosfoguel: Trasmodernizar los feminismos
y de formas de opresin. Este lenguaje comn puede ofrecerse radicalizando las nociones liberatorias
que surgen del patrn de poder moderno/colonial, como la libertad (de prensa, credo o expresin)...
Cmo se radicalizan nociones de igualdad social y de libertad?
RG. Una cosa son las polticas identitarias y otra las identidades en la poltica. Esta
distincin la ha hecho Walter Mignolo. La primera se queda atrapada en el sistema.
La segunda nos lleva hacia la descolonialidad, entendida de la forma expuesta en la
respuesta anterior. Cuando hablo de radicalizar la nocin de igualdad y de utilizar
la nocin de Quijano de la socializacin del poder digo -en el mismo artculo de
Tabula Rasa- que hay que transmodernizarlas, es decir, resignificarlas desde epistemes
otras de manera pluri-versal en lugar de uni-versal. De ah que las identidades en la
poltica nos permiten radicalizar dichas nociones al resignificarlas desde epistemes
otras. Por ejemplo, no es lo mismo la nocin occidental moderna de igualdad
que viene de la revolucin francesa y que constituye un universal abstracto (un
particular que se erige a s mismo en universal y luego lo impone como diseo
global/imperial al resto del mundo) que la nocin de igualdad zapatista de somos
iguales porque somos diferentes, en la cual la igualdad no borra los rostros sino
que los mantiene resignificando la nocin de igualdad en direccin transmoderna,
es decir, como universal concreto inclusivo de todos los particulares.
La transmodernidad plantea entonces un tipo de universalismo Otro. En lugar
del universalismo occidental que desde un particular se impone imperialmente
al resto del mundo, es decir, que sirve de punto de partida, se trata de construir
un pluri-verso como resultado del dialogo crtico entre todas las epistemologas,
para llegar a un universal concreto en lugar de abstracto. Por ejemplo, el concepto
actual de derechos humanos est concebido desde occidente y se impone como
diseo global/imperial al resto del mundo. Qu pasara si en lugar de partir de
un concepto de derechos humanos particular (el occidental hegemnico) como
punto de partida, construimos un concepto de derechos humanos que sea el
resultado del dilogo crtico entre pensadores/pensadoras islmicas, tojolabales,
aymaras, budistas, taostas, etc.? El segundo concepto de derechos humanos sera
transmoderno, pluri-versal, es decir, ms inclusivo de todas las epistemologas que
el concepto moderno occidental de derechos humanos. Es a esto a lo que llamo
el proyecto de transmodernidad como proyecto para culminar el incompleto e
inconcluso proyecto de la descolonizacin del mundo. El nico universal abstracto
que acepto y que discuto en el artculo de Tabula Rasa es un universalimo negativo
como punto de partida para construir el universalismo concreto: hay que partir
de una comunidad anti-capitalista, anti-patriarcal y anti-imperial. Nos unimos con
base en una lucha contra la cartografa del poder del sistema-mundo, pero a nivel
de las soluciones no puede haber un universalismo abstracto (el Socialismo, la
Democracia, etc.). Las soluciones tienen que basarse en un universalismo concreto,
transmoderno, abierto a la diversidad de respuestas de acuerdo a la diversalidad
epistmica del mundo. Las formas institucionales y conceptuales de socializacin del
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 323,340, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
poder anti-capitalistas y las formas de liberacin de la mujer anti-patriarcales, tendrn
distintas expresiones prcticas y tericas en el mundo islmico, tojolabal, aymara,
budista, yoruba, etc. Esto nos permite romper con un relativismo posmoderno
de todo vale (pues el criterio para evaluar qu sera vlido es si adelanta la lucha
contra el capitalismo, el patriarcado, la destruccin ecolgica del medio ambiente,
el imperialismo, etc.), sin caer en el universalismo abstracto donde un particular
define para todo el planeta cmo sera la solucin global. Parte del problema del
socialismo del siglo XX fue haber construido otro diseo global/imperial pero desde
la izquierda. Desde un particular, el marxismo eurocntrico, se hizo un diseo global
como solucin para todo el mundo. De ah su fracaso global.
[Link] pudieras ampliar la nocin de identidades en la poltica en este contexto...
RG. Las polticas identitarias no aceptan la participacin de nadie que no sea del grupo
identitario en juego. Las identidades en la poltica privilegian no la identidad sino el
proyecto tico-epistmico que viene desde dicha identidad. Este ltimo est abierto a la
participacin de cualquiera no importa si su identidad no es parte del grupo desde
el cual nace el proyecto tico-epistmico. Por ejemplo, el proyecto tico-epistmico
desde el cual Evo Morales est descolonizando el Estado en Bolivia es aymara.
Pero en el mismo participan blancos criollos (incluido el Vice-Presidente lvaro
Garca) y mestizos. La Universidad Indgena que funda Luis Macas, junto a otros
indgenas y no indgenas en Ecuador, privilegia la cosmologa indgena y la lengua
quechua pero est abierta a que cualquiera (sea indgena o no) se matricule y
participe como estudiante. El movimiento zapatista est redefiniendo democracia
e igualdad desde epistemologas indgenas pero est abierto a un blanco como
Marcos quien, vale enfatizar, es sub-comandante y no es comandante. Esto no es
un simple formalismo. Cuando los zapatistas hablaron en el Congreso Nacional
de Mxico, quien habl fue la jefa del movimiento, la comandante Esther. Esto
no quita que el movimiento est cerrado a otros grupos etno-raciales siempre que
stos apoyen el proyecto tico-epistmico en juego.
DL. En este caso, como en el de los movimientos sociales como categora
analtica, estamos frente a construcciones tpicamente modernas, con arraigo en
el pensamiento y en las prcticas polticas y cotidianas, inscritos en el pensamiento
ilustrado, en el horizonte de la democracia, liberal o radical, como dices, pero la
democracia como horizonte de sentido. Por ms esfuerzos hechos, parece que se
cae infinitamente en la misma trampa. Son construcciones coloniales que podran
servir a propsitos progresivos, la igualdad (abstracta, formal), tan cara a la
revolucin francesa, ahora concreta, con rostro, ampliada, pero dentro del mismo
esquema histrico-cognoscitivo. Democracia y opresin son dos categoras de la
modernidad eurocntrica, y ampliarla o radicalizarla es parte del mismo proyecto,
creo. Ser que por esa va se subvierte el sistema? Cul es el nuevo horizonte de
sentido, ese nuevo hacia dnde?
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Ramn Grosfoguel
Dilogos descoloniales con Ramn Grosfoguel: Trasmodernizar los feminismos
RG. No es meramente ampliarla sino imprimirlas de epistemes otros, es decir,
transmodernizarlas. Sin la diversalidad epistmica quedas atrapada dentro del mismo
esquema histrico-cognitivo, como bien sealas. De ah que termino mi ensayo
haciendo un llamado a transmodernizar la socializacin del poder de Quijano
que, sin ampliarla desde una diversalidad epistmica, reproduce nuevamente
otro universal abstracto como diseo global/imperial desde la izquierda ahora
resignificada como perspectiva de la colonialidad del poder. No, No, no, no!!!!!
Este no es el proyecto descolonial tal como lo veo. La idea de socializacin del poder,
con todas sus aportaciones y toda la deuda que le tenemos, quedara atrapada
en el eurocentrismo al no visualizar la diversalidad epistmica como punto de
partida para transmodernizar la nocin de socializacin del poder ms all del
universalismo abstracto moderno/colonial. Me da la impresin, cuando insistes
en que la democracia es un proyecto moderno eurocntrico, que aceptas el mito
eurocntrico de que la democracia solamente puede ser natural e inherentemente
occidental. El asunto es que la democracia fue apropiada por los europeos como
si fuera exclusivamente europea. Pero como ha demostrado Martin Bernal en su
clsico libro Black Athena, Grecia en el siglo V antes de Cristo no era europea,
era un cruce de culturas: egipcia, fenicia, juda, bant, etc. Fue la modernidad
eurocentrada, a partir del renacimiento y la expansin colonial Europea en el siglo
XVI y la ilustracin en el siglo XVIII, la que se inventa el mito de que la democracia
ateniense del siglo V antes de Cristo es europea. Mientras sigas repitiendo esta
ecuacin (democracia=modernidad eurocentrada) sigues participando de este mito.
Realmente hay muchos tipos de formas democrticas y de sistemas democrticos
de acuerdo a la diversidad epistmica del planeta. Pretender que una sola forma
de democracia (la democracia liberal occidental) es la nica posible, es la peor
forma de eurocentrismo.
[Link] creo que cambiar este imaginario no es tarea menor... Pero, hay una
variante de este debate que me interesa y tiene que ver con el carcter de las
identidades para llevarlo al lenguaje que vienes criticando, su progresividad
o conservadurismo, su bondad, perversin, naturaleza tico-poltica, su
compromiso con la transformacin o con el statu quo Las hegemonas y el
poder tambin construyen identidades... Cmo se podra pensar en la diversidad
de identidades posibles, en la construccin de cadenas de equivalencias entre
todos los oprimidos, sin ms?
RG. Esas cadenas de equivalencias tendran que descolonizarse. Esta nocin viene
de Laclau y Mouffe, para quienes un particular se erigira como significante vaco y
articulara el proyecto poltico de la nueva hegemona. Con cadenas de equivalencia
as no sales jams del dilema eurocentrista de particularismo aislado versus un
particular que se erige en Universal. Para pensar en cadenas de equivalencias de
proyectos Otros habra que transmodernizar la nocin de universalismo abstracto
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 323,340, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
eurocntrico que arrastran Laclau y Mouffe, y pensar en proyectos ms all de la
hegemona, tal y como se conoce en occidente, donde un particular siempre termina
por convertirse en significante vaco y articula toda la cadena de equivalencias
imponindose sobre los dems, borrando o subsumiendo sus demandas.
Habra que pensar en proyectos donde como dicen los zapatistas todos seamos
iguales porque somos diferentes, es decir, donde la igualdad no borre el rostro
de cada particular. Esto est claramente articulado en la otra campaa zapatista,
donde el nuevo universal es el resultado de un largo y tedioso dilogo crtico entre
todos los oprimidos, en lugar de que uno de los oprimidos se erija en diseo global/
universal imponiendo su programa a los dems.
[Link] de las caractersticas de los movimientos sociales en Colombia, en el
contexto de una guerra infame que parece no tener fin, es su fractura producto
de los alinderamentos de stos frente al Estado y los actores armados y otros
mecanismos de poder. En el caso de los movimientos de mujeres, cmo hacer
una lectura crtica transmoderna, que hace evidente su insercin y captura en el
sistema que pretendemos combatir? Sin que sea la idea zapatista, hace rato que
hablamos de, e intentamos reconocernos como iguales en la diferencia, pero eso
no lleva muy lejos...
RG. No conozco el caso colombiano, de manera que me es muy difcil opinar al
respecto. Si s que la situacin en Colombia es bien jodida por la presencia de
grupos armados de todo tipo, que imposibilitan cualquier cosa que se intenta
organizar porque enseguida los paras lo ven como guerrilla o la guerrilla como
paras o el Ejrcito lo ve como guerrilla, o viceversa. Pero desde mi ignorancia
te lanzo algunos comentarios: el asunto de iguales en la diferencia sera no
solamente con respecto al mundo masculino patriarcal -ese es el feminismo
de la diferencia francs-, sino en el sentido epistemolgico en el interior del
movimiento de mujeres mismo. Me refiero a lo siguiente: quin define lo que
significa liberacin de la mujer?, las blancas criollas colombianas con Kristeva,
Butler e Irigaray?, las indgenas con la Comandante Ramona y la Comandante
Esther (feministas zapatistas indgenas)?, las mujeres negras con Angela Davis,
Bell Hook, o la afro-jamaiquina Silvia Wynter? Es decir, tendra que, en el interior
del propio movimiento, fomentarse un dilogo transmoderno acerca de qu significa la
liberacin de la mujer en diversos contextos y localizaciones epistemolgicas, e intentar desde
ah construir un programa de liberacin de la mujer en que la divisa donde otros mundos sean
posibles, se haga realidad.
El feminismo de la diferencia tiene un gran lmite y es que acepta toda diferencia
excepto la diferencia epistmica. Por ejemplo, en Francia las primeras que aceptaron
la ley de prohibicin del velo en las escuelas, dirigida contra las mujeres musulmanas,
fueron feministas de la diferencia como Julia Kristeva. Hay que descolonizar los
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 323-340, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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Ramn Grosfoguel
Dilogos descoloniales con Ramn Grosfoguel: Trasmodernizar los feminismos
feminismos. Parte de descolonizarlos implicara un dilogo transmoderno en el
interior del movimiento para que en lugar de que un grupo particular de mujeres
defina el proyecto de liberacin de la mujer desde una sola epistemologa (en
este caso casi siempre es la epistemologa blanca occidental), el proyecto se abra
a la diversalidad epistmica y se construya un pluri-verso epistmico como proyecto universal
de liberacin de la mujer. Este ya no sera un universal abstracto donde un grupo
particular define por las dems, sino un universal concreto, es decir, el resultado de
un dilogo crtico entre diversos epistemes que articulen un proyecto pluri-versal
de liberacin de la mujer.
Aqu hay dos niveles: uno, sera el universal concreto de demandas y planteamientos
comunes, el resultado del dialogo critico entre diversos epistemes. El otro nivel es
el de la inconmensurabilidad de algunas demandas que no son necesariamente las
mismas para todas las mujeres de Colombia. Habrn demandas particulares propias
de mujeres indgenas y otras propias de mujeres blancas en ciudades, entre otras, pero
lo importante son dos cosas: 1) la solidaridad entre las mujeres en la diversalidad de
sus demandas; y 2) el programa universal concreto de demandas que logren articular
en conjunto que ya sera comn a todas las mujeres (como universal concreto, jams
como universal abstracto). En fin, qu las une inicialmente?, como digo en Tabula
Rasa, las une un universal abstracto negativo, que sera el anti-patriarcado (occidental
y no-occidental), pero las formas de liberacin no seran iguales para todas las mujeres. Si lo
fueran, entonces estaras reproduciendo otro diseo global/imperial, desde el feminismo. Esto es lo
que le pasa al feminismo blanco (liberal o radical) que termina reproduciendo los diseos globales/
imperiales occidentales. El feminismo blanco intenta medir los feminismos otros a partir de
las posturas, estrategias de lucha y concepciones del feminismo occidental. De ah que descarten o
sospechen de cualquier feminismo que no venga de epistemologas occidentales.
[Link], al mismo tiempo, si hay una dimensin interesante de la poltica cultural
y econmica hoy, es el ambiente de crtica y rechazo a las formas de imposicin de
un sistema que afecta a la mayora de los habitantes del planeta; todas las identidades
colectivas en el planeta se movilizan alrededor de temas globales, nacionales y locales.
Es estratgico desestimar (sealar de eurocntricos) su potencial crtico y movilizador
de conciencias porque estn inscritos en el proyecto ilustrado colonizador?
RG. No vamos a desestimar aportaciones crticas que vengan de pensadores
europeos o de pensadores todava atrapados en el proyecto de la ilustracin. Marx,
Wallerstein, Judith Butler..., han hecho aportaciones importantes para entender el
capitalismo, el sistema-mundo o la heteronormatividad. No somos fundamentalistas
anti-europeos. El fundamentalismo eurocntrico de izquierda o derecha, rechaza
e interioriza los epistemes otros. Si rechazaramos las aportaciones de europeos o
euro-americanos estaramos invirtiendo el fundamentalismo eurocntrico con un
fundamentalismo tercermundista anti-europeo. Pero hay que hacer la distincin
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 323,340, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
entre crtica eurocntica del eurocentrismo y crtica descolonial del eurocentrismo. La primera
est todava atrapada, no sale del episteme hegemnico, mientras que lo segundo
es una fuga o una salida concreta al mismo.
DL.[La preocupacin precedente giraba, ms bien, alrededor de los movimientos
antiglobalizacin y otros que albergan una pluralidad de demandas y acciones
supuestamente antisistmicas] Esa alusin a autoras como Kristeva, Butler,
Irigaray; o a las negras norteamericanas o a las comandantes zapatistas indgenas me
ha hecho pensar en esas u otras fuentes (diversas y conflictivas) para identificar los
referentes tericos y empricos del proyecto de liberacin, suponiendo que esto sea lo que
propone el utpico proyecto. Cmo conciliaramos en este caso una cierta poltica del
lugar (Escobar) que considere prcticas locales (Mignolo), que contribuyan a construir
teora de otra manera? En otros trminos, me preocupa la falta de produccin
terica propia y el uso privilegiado de la produccin del norte, generalmente. Por
otro lado, los movimientos de mujeres en Colombia tienen una enorme fortaleza en
las activistas, quienes privilegian la accin frente a la escritura y la reflexin terica
(campo preferencial de las acadmicas). En ocasiones, en las regiones, son ajenas
a muchos debates que tienen lugar en la academia, feminista o no. De hecho, creo
que hay una distancia enorme entre sus prcticas (las de los movimientos) y los
paradigmas que pretendemos usar para comprender su dinmica.
RG. La invitacin del proyecto de transmodernidad es a delink, o sea,
desconectarse de las pensadoras feministas eurocentricas del norte (Kristeva,
Irigaray, Butler... sin eliminar sus aportaciones), para buscar fuentes de pensamientos
otras, ms acordes con la realidad de los pases y las poblaciones que han vivido
por siglos la dominacin colonial (colonial entendido en el sentido amplio
de la colonialidad del poder y no en el sentido restringido de la presencia de
administraciones coloniales que en el caso de Amrica Latina desaparecieron en
su inmensa mayora desde el siglo XIX, con excepcin de algunas islas del Caribe,
entre ellas, Puerto Rico). La colonialidad apuntara a todas las dimensiones de la
existencia social que mantienen relaciones de poder todava coloniales aun cuando
las administraciones coloniales hayan sido casi erradicadas.
Pero, en tu pregunta, cuando dices norte me parece curioso que ests incluyendo
a las afro-americanas. Esto es un grave error pues las afro-americanas, as como
las chicanas, son el sur dentro del norte. Ellas mismas se autodefinen como USA
Third World Feminism (que se traducira como feminismo del tercer mundo
en los Estados Unidos). Pero adems hay pensadoras indgenas, afros, etc. en
Amrica Latina y el Caribe con una rica produccin terica. El problema es que
las casas editoras reproducen la colonialidad del saber y traducen a las pensadoras
feministas blancas del norte, pero las del sur o las del sur dentro del norte apenas
son publicadas, o si son publicadas, es usualmente en editoriales que no tienen
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Ramn Grosfoguel
Dilogos descoloniales con Ramn Grosfoguel: Trasmodernizar los feminismos
distribucin global dentro y fuera de Amrica Latina. El feminismo de las chicanas
(mejicanas americanas en los Estados Unidos, tales como Emma Prez, Gloria
Anzalda, Cherrie Moraga, Chela Sandoval, Norma Alarcn, Saldivar-Hull, etc.), el
feminismo de las afro-americanas (Angela Davis, Bell Hooks, Patricia Hills Collins,
etc.), est casi todo en ingls y apenas las traducen al espaol. El feminismo islmico
(Fatema Mernissi, Amina Wadud, Nadia Yasin, etc.), tampoco es muy accesible.
Todas ellas tienen aportaciones buensimas al feminismo decolonial, pero no son fciles
de conseguir sus textos y mucho menos traducciones al espaol.
Pero en Amrica Latina y el Caribe tambin hay un feminismo decolonial importante (Silvia
Rivera Cusicanqui, Sylvia Wynter, Libia Grueso, etc.). Lo que te quiero cuestionar es la
oposicin binaria que haces entre las feministas que piensan y escriben teora en el norte y
las activistas colombianas o latinoamericanas que actan desde el sur, pero no escriben
ni producen teora: hasta qu punto no ests reproducciendo con este binarismo la
colonialidad del saber donde la teora y el pensamiento est en el norte y la actividad
sin pensamiento ni produccin terica en el sur? Estoy seguro de que hay feministas
colombianas decoloniales importantes desde hace mucho tiempo. Esta distancia
enorme que mencionas entre paradigmas acadmicos y prcticas del movimiento
feminista colombiano es lo que habra que teorizar. Qu es lo que hacen las feministas
colombianas en su prctica que es innombrable en el lenguaje eurocentrado de la
academia? Qu pensamiento crtico estn produciendo las activistas negras (como
Libia Grueso, y otras) las activistas indgenas, etc. en Colombia? Cmo nutrirse desde
Colombia de lo que pensadoras feministas decoloniales del sur estn produciendo
a nivel terico en otras partes del mundo? Este es el reto de la descolonizacin del
conocimiento, a lo cual el movimiento feminista no escapa pues, como sabes, el
feminismo eurocntrico es el que se privilegia y el que tiene el poder de definir lo
que significa la liberacin de la mujer Contrario a lo que dices, mi tesis es que
hay produccin terica en el feminismo descolonial colombiano, pero no es accesible
porque est subalternizado, silenciado, ocultado por la colonialidad del saber.
DL. Evidentemente yo no puede generalizar acerca de los movimientos de mujeres
en Colombia. Lo que conozco no me autoriza para hacerlo y tampoco, efectivamente,
conozco a las que mencionas ms que por algunos textos e intervenciones en algn
evento. Pero de lo poco que conozco puedo hacer algunas aseveraciones, y con
ello, un juicio valorativo crtico de nuestro activismo que contribuye a la reflexin
interna del movimiento. Por otro lado, no creo que logre modificar la relacin en la
geopoltica del conocimiento si sealo todas las versiones de feminismos que me he
encontrado en mi investigacin doctoral sobre los movimientos de mujeres en slo
dos regiones del pas, y ello habr de tener su lugar en otro espacio/tiempo.
Me queda sin embargo una preocupacin (no por lo del binarismo, norte teora, sur
consumo de aqulla teora, aunque esto tiene mucho peso en nuestra academia del
sur), y es cmo la teora que consumimos, como bien sealas, es mayoritariamente
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
producida en, y distribuida desde el norte, y -lo que aqu quiero adicionar- en ingls,
una, si no la ms importante, lengua imperial (Mignolo). Si no lees y escribes en
ingls quedas fuera de los circuitos intelectuales hegemnicos, y estar en el norte,
para alguien del sur, es ya una ventaja frente a
5
Brah, Avtar, Anzalda Gloria, Bell Hooks,
Sandoval Chela, Khum-Khum Bhavani,
los del sur en el sur. Pero s tienes mucha razn
Koulson Margaret, Mohanty, Chandra en las dificultades de obtener esta literatura de
Talpade, Otras inapropiables (Feminismos feministas descoloniales. Espaa ha hecho
desde las fronteras), Madrid, Traficantes de
sueos, 2004. [Link]
buenos aportes en este sentido. Un ejemplo
es el texto que anexo.5
RG. Por qu somos super tolerantes con los defectos que puedan tener las feministas
eurocentricas, leyndolas y citndolas sin ninguna referencia a sus defectos personales,
y cuando tratamos a las feministas del sur no les toleramos el mnimo defecto y las
descartamos rpidamente, manteniendo de referencia a las feministas del norte? No es
esto parte de los mecanismos que hemos internalizado de la colonialidad del saber y
del poder? Lo mismo le pasa a nuestros filsofos: Enrique Dussel que ha escrito ms
de 60 libros y que es uno de los fundadores de la filosofa de liberacin latinoamericana
en dilogo crtico con la filosofa eurocntrica, es descartado por el ms mnimo
error o desvo en su obra. Sin embargo, le toleramos a Kant que diga que la razn
transcendental se encuentra al norte de los pirineos (ni siquiera el sur de Europa entra
en su nocin de lo humano porque estn demasiado contaminados con sangre rabe y
negra africana). Y le toleramos a Hegel que diga que el Espritu de la Historia Universal
va de Oriente hacia Occidente sin pasar por frica, ya que estos son pueblos sin historia,
subhumanos, sin razn, que no pertenecen a la Historia Universal del Espritu. El
asunto aqu es el siguiente: podemos encontrarle defectos a todas las feministas del
sur, lo importante es leerlas y tomarlas tan en serio, epistmicamente hablando, como
a tomas las feministas eurocntricas del norte a las cuales casi nunca les encontramos
defectos, y cuando se los encontramos, las perdonamos en un pestaear de ojo.
Por otro lado, el eurocentrismo, como digo en mi artculo de Tabula Rasa, es un
fundamentalismo que no tolera o acepta la posibilidad de que existan otros epistemes
o de que no-europeos puedan pensar. Como piensan tan distinto a la cosmologa
occidental, son descartados como fuentes de pensamiento crtico. Pregunto: Desde
cundo las feministas indgenas o negras dependen del feminismo eurocentrado para
construir su feminismo descolonial? La Comandante Esther aprendi su feminismo
indgena con otras mujeres feministas indgenas. Ah est la Comandante zapatista
Ramona que ha hecho crticas radicales al propio movimiento zapatista...
DL. Permteme retomar el nivel de la inconmensurabilidad que anotabas
reconociendo la nada homognea lucha de estos pueblos indgenas colombianos,
sus mujeres tienen una cosmovisin que no transara nunca con algunas demandas
muy contemporneas de las mujeres occidentalizadas, como en el caso del aborto
y otros afines con los derechos sexuales y reproductivos.
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Ramn Grosfoguel
Dilogos descoloniales con Ramn Grosfoguel: Trasmodernizar los feminismos
RG. Esto es un asunto delicado. Ah es posible que se d una inconmensurabilidad
entre demandas de lucha. Pero esto no necesariamente tiene que pasar por un
conflicto que imposibilite la comunicacin y las alianzas. Para los pueblos indgenas
existen otros asuntos, como la sobrevivencia como pueblos, donde el asunto del
aborto y el control de natalidad han sido usados como parte de la lucha colonial
de occidente para exterminarlos. Adems, las feministas indgenas muchas veces
luchan contra formas de patriarcado no-occidentales que no requieren de las
mismas formas de lucha que las feministas occidentales luchando contra el
patriarcado occidental. De manera que para ellas las prioridades y los mtodos de
lucha anti-patriarcales son muy distintos a los feminismos ms occidentalizados.
No entender esto es caer en un feminismo imperial/colonial donde, desde un
particular (en este caso occidente), se define qu son las luchas y los mtodos
apropiados para todas las mujeres en el mundo (como si todas fueran iguales y
estuvieran en las mismas condiciones) que luchan contra el patriarcado (como
si hubiera un solo patriarcado en el mundo).
Por otro lado, el asunto del aborto y los mtodos anticonceptivos es bien delicado,
porque una cosa es el aborto y la esterilizacin forzada y otra es el aborto y la
esterilizacin voluntaria. Pero al mismo tiempo, desde el punto de vista de sus
comunidades y cosmologas, el aborto aun voluntario podra ser parte de la colonizacin
epistmica. Esto es algo que las propias mujeres indgenas tienen que decidir por
s mismas al respecto. No puede haber ningn feminismo (ni occidentalizado, ni
no-occidental) que pueda resolver este asunto por ellas o que les imponga una
solucin (diseo global/imperial) al asunto.
Esto sera caer en la retrica de la modernidad de la salvacin del otro
que siempre esconde la lgica de la colonialidad a nombre de un feminismo
colonialista. De la misma forma que no puede imponerse la democracia por
la fuerza (Bush en Iraq?), tampoco puede imponerse el aborto por la fuerza
o desde un discurso intolerante y eurocntrico colonial feminista. Pregunta:
Significa esto que por haber inconmensurabilidad cosmolgica/epistmica no
sea posible una lucha comn contra los patriarcados (occidental y no-occidental)?
Es ah donde un dilogo transmoderno es fundamental. La transmodernidad parte de la
diversalidad epistmica para llegar a acuerdos en unas cosas y aceptar la diferencia en otras.
Es decir, las mujeres feministas indgenas no pueden imponer su concepcin
del aborto (suponiendo que se oponen al mismo, cosa que estara por verse)
a las mujeres feministas ms occidentalizadas, ni las mujeres feministas ms
occidentalizadas pueden imponer la suya a las mujeres indgenas. Pero el
asunto del aborto es el derecho al aborto, lo cual deja espacio a luchar por su
legalizacin dejando a las mujeres indgenas [y a todas las mujeres] en libertad
de decidir al respecto sobre sus propios cuerpos.
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TABULA RASA
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De manera que en un dilogo crtico transmoderno es posible persuadir a las feministas
indgenas de aceptar la ley, entendiendo que la misma deja el espacio abierto a que
mujeres que no crean en el aborto no tienen porque hacrselo ni aceptarlo6. Este
ejemplo muestra nuevamente el reto e importancia de lo que te deca acerca de la
importancia de un dilogo transmoderno en el interior del feminismo colombiano.
Dejar las gafas del eurocentrismo no es fcil pues implica pensar epistmicamente
con los ojos de otro. No te hablo desde un pedestal. Como te dijera anteriormente,
todos estamos afectados por el eurocentrismo. El eurocentrismo no es un problema
europeo sino mundial que nos concierne a todos.
Si el objetivo es la liberacin de todas las mujeres contra los patriarcados (en
plural) no pueden quedar unas mujeres adentro y otras
Es fundamental aclarar que no se
afuera de dicha lucha, de la misma forma que no
6
trata de aceptar una ley que impone el
aborto, se trata, en el caso de la reciente puede imponerse la lucha contra una forma de
legislacin conquistada en Colombia, patriarcado como si fuera el mismo mecanismo
de disponer de una norma que autoriza
(despenaliza) realizar abortos slo en tres
y mtodo universal de lucha contra todos los
casos excepcionales (violacin, grave riesgo patriarcados. Hay patriarcados que requieren de
de la vida de la mujer y malformacin del determinadas formas de lucha un tanto distintas
feto). En cualquiera otra circunstancia es
un delito. El que exista la ley no obliga, a otros. Un ejemplo bien lejano: Cuando
pero, por supuesto, quien tenga una Amina, la mujer de Nigeria, iba a ser lapidada
visin contraria, religiosa, tica, poltica o
por un tribunal islmico, todas las feministas
demogrfica, y sin excepciones, se opondr
tanto a la ley como a la prctica. occidentales se movilizaron y comenzaron a usar
sus mtodos de lucha tradicionales para lograr
la liberacin de Amina. La respuesta de las feministas islmicas en frica fue: No
gracias! Por favor, detengan lo que estn haciendo por que van a llevar a Amina a la lapidacin
ms rpido que si no hicieran nada. Las feministas islmicas tienen dentro de sus propias
cosmologas y prcticas sus propias formas de lucha contra el patriarcado islamista,
en el cual (o para el cual) las formas de lucha contra el patriarcado occidental no
funcionan en absoluto. Estas feministas islmicas lograron liberar a Amina.
Lo que digo antes en ningn momento pone en cuestin la necesidad de la lucha
contra la lapidacin y el patriarcado islamista. Hay una lucha muy fuerte en los
pocos lugares del mundo islmico donde todava la lapidacin se ejerce contra
hombres y mujeres. Contrario a las construcciones eurocntricas e islamofbicas
de la prensa occidental, en la mayora de los pases musulmanes esta prctica est
erradicada. El caso de Amina fue en Nigeria, no en Argelia. Es decir, a lo que me
refiero, y cuestiono con el caso de Amina, son los mtodos y prioridades de lucha
[que no son slo de las feministas, sino de organizaciones de derechos humanos].
Universalizar los mtodos y prioridades de lucha del movimiento feminista ms
occidentalizado que se enfrenta al patriarcado occidental, como si fuera la accin
adecuada y correcta para luchar contra todo patriarcado, reproduce lo peor de
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Ramn Grosfoguel
Dilogos descoloniales con Ramn Grosfoguel: Trasmodernizar los feminismos
los designios globales imperiales. Adems de que unos mtodos efectivos contra
un tipo de patriarcado no necesariamente lo son para otro tipo de patriarcado.
Ese es el punto principal que quise hacer con el ejemplo de Amina en Nigeria y la
reaccin de las feministas islmicas contra las feministas occidentales.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 323,340, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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El regreso de Tpac Katari1. Bolivia y los procesos
de transformacin global del capitalismo2
The Return of Tpac Katari Bolivia and
Global Transformation Processes of Capitalism
O retorno de Tpac Katari. Bolvia e os processos
de transformao global do capitalismo
Iigo Errejn Galvn
University of California, Los Angeles, USA
ierrejon@[Link]
Jess Espasandn Lpez
Universidad Complutense, Espaa
chusespasandin@[Link]
Pablo Iglesias Turrin3
University of Cambridge, UK
pi211@[Link]
Recibido: 24 de agosto de 2007 Aceptado: 26 de septiembre de 2007
Crean que nos matabany nos estaban sembrando
Pintada encontrada en los muros de la UMSA
el 24 de diciembre de 2006
1
E A Tpac Katari, lder indgena que encabez una rebelin anticolonial en el siglo XVIII, se le atribuye
haber dicho poco antes de ser ejecutado: a mi solo me mataris, pero maana volver y ser millones. La
profeca del lder rebelde indgena tiene en la actualidad una gran importancia simblica e identitaria
para los movimientos indianistas y para la izquierda en Bolivia.
2
El presente artculo es producto de las investigaciones de Iigo Errejn Galvn, Jess Espasandn Lpez y
Pablo Iglesias Turrin en el marco de los proyectos de cooperacin desarrollados por la Fundacin Centro
de Estudios Polticos y Sociales (CEPS) en Bolivia. Una primera versin de este texto fue presentada
como ponencia en el VIII Congreso de la Asociacin Espaola de Ciencia Poltica y de la Administracin,
celebrado en Valencia en Septiembre de 2007.
3
Iigo Errejn Galvn es investigador visitante en la Universidad de California-Los ngeles. Fue asesor de la Asamblea
Constituyente de Bolivia entre Noviembre de 2006 y Enero de 2007. Jess Espasandn Lpez es investigador en la
Universidad Complutense y miembro del rea de movimientos sociales de la Fundacin CEPS. Ha coordinado, junto a Pablo
Iglesias, el libro Bolivia en movimiento. Accin colectiva y poder poltico (El viejo topo, Barcelona 2007 [Link].
net). Pablo Iglesias Turrin es investigador visitante en el Centre of Latin American Studies de la Universidad de Cambridge.
Fue observador internacional en las elecciones bolivianas de diciembre de 2005 y fue asesor poltico en este pas durante
algn tiempo. Los tres autores son miembros de la Fundacin Centro de Estudios Polticos y Sociales ([Link]).
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 111-148, julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
PLAYONA, CHOCO - ATLNTICO
Fotografa de Santiago Pradilla Hosie
TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
Resumen
La victoria electoral en diciembre de 2005 del Movimiento al Socialismo encabezado
por Evo Morales tuvo una significacin mundial. En este artculo defenderemos que los
acontecimientos polticos bolivianos de los ltimos tiempos deben ser interpretados como
algo ms que un mero recambio en las elites polticas del pas. Lo que est ocurriendo en
Bolivia es, a nuestro juicio, la cristalizacin institucional de un conjunto de procesos que
convergieron en la apertura de un ciclo de luchas anti-neoliberales iniciado en el ao 2000.
Los orgenes y efectos de este ciclo rebelde trascienden la escala estatal an cuando sta
represente su espacio de materializacin ms visible. En primer lugar, usando la perspectiva
del Sistema-mundo de Wallerstein, llevaremos a cabo una explicacin de las tendencias
histricas de transformacin en la distribucin geopoltica del poder y en las dinmicas de
integracin del Capitalismo. Prestaremos particular atencin a los efectos de reordenacin
sistmica de la Globalizacin neoliberal desde los aos 70. En segundo lugar, examinare-
mos los efectos del Neoliberalismo en la situacin geopoltica de Bolivia y su influencia
determinante en la emergencia de las identidades polticas indgenas, as como en la crisis
de protagonismo poltico del proletariado minero boliviano, en el marco de procesos de
impugnacin de la colonialidad. En tercer lugar, analizaremos algunos aspectos de la
influencia de los elementos anteriores dinmicas sistmicas globales y transformacin
de la estructura de clases en el proceso constituyente actualmente abierto en Bolivia.
Intentaremos describir las interacciones entre los actores polticos que intervienen en el
proceso constituyente prestando especial atencin al papel de los movimientos sociales.
Palabras clave: anlisis de sistemas-mundo, estructuras de oportunidad sistmica, indianismo,
movimientos sociales, Poder constituyente.
Abstract
The electoral victory in 2005 of the Socialist Movement headed by Eva Morales had a
worldwide significance. In this article, we will hold that the political events in Bolivia over
recent years have to be interpreted as more than a mere change in the countrys political
elite. What is happening in Bolivia is, in our judgment, the institutional crystallization of a set
of processes that converged with the start of a cycle of anti-neo-liberal fights that initiated
in the year 2000. The origins and effects of that rebel cycle transcend the country scale,
even though it represents its most visible space of materialization. In first place, using the
perspective of Wallersteins world-system, we present an explanation of the historical ten-
dencies of transformation of geopolitical power distribution and the integration dynamics
of capitalism. We pay special attention to the effects of systemic reordering of neo-liberal
globalization since the 1970s. In second place, we examine the effects of neo-liberalism on
the geopolitical situation of Bolivia and its determining influence on the emergence of indi-
genous political identities, as well as the crisis of political protagonism of the Bolivian miner
proletarians, within the framework of impugnation processes of coloniality. In third place,
we analyze some aspects of the influence of these elements (global systemic dynamics and
transformation of class structures) on the constitutional process currently open in Bolivia.
We describe the interactions between the political actors that intervene in the constitutional
process, paying special attention to the role of social movements.
Key words: Analysis of world-systems, systemic opportuntity structures, indianism, social
movements, constitutional power.
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Iigo Errejn Galvn, Jess Espasandn Lpez y Pablo Iglesias Turrin
El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
Resumo
A vitria eleitoral em dezembro de 2005 do Movimiento al Socialismo encabeado por Evo
Morales teve uma significao mundial. Neste artigo defenderemos que os acontecimentos
polticos bolivianos dos ltimos tempos devem ser interpretados como algo mais do que
uma troca nas elites polticas do pas. O que est acontecendo em Bolvia , a nosso ver, a
cristalizao institucional de um conjunto de processos que convergiram na abertura de um
ciclo de lutas anti-neoliberais iniciado no ano 2000. As origens e efeitos deste ciclo rebel-
de ultrapassam a escala estatal ainda quando esta represente seu espao de materializao
mais visvel. Em primeiro lugar, usando a perspectiva do sistema-mundo de Wallerstein,
apresentaremos uma explicao das tendncias histricas de transformao na distribuio
geopoltica do poder e nas dinmicas de integrao do capitalismo. Daremos uma ateno
particular aos efeitos de reordenao sistmica da globalizao neoliberal desde os anos
1970. Em segundo lugar, examinaremos os efeitos do neoliberalismo na situao geopoltica
de Bolvia e sua influncia determinante no surgimento das identidades polticas indgenas
assim como tambm na crise de protagonismo poltico do proletariado mineiro boliviano,
no contexto dos processos de impugnao do colonialismo. Em terceiro lugar, analisare-
mos alguns aspectos da influncia dos elementos anteriores (dinmicas sistmicas globais
e transformao da estrutura de classes) no processo constituinte que ocorre atualmente
na Bolvia. Buscaremos descrever as interaes entre os atores polticos que intervm no
processo constituinte, com ateno especial ao papel dos movimentos sociais.
Palavras-chave: anlise de sistemas-mundo, estruturas de oportunidade sistmica, indianismo,
movimentos sociais, poder constituinte.
1. El capitalismo como marco de cualquier proceso poltico
A lo largo de los aos 70 Immanuel Wallerstein public una serie de trabajos donde
estableci las bases del que sera conocido como world-system analysis o anlisis de
sistemas-mundo. Se trata de una perspectiva terica socio-histrica, heredera de
diferentes marxismos desde El Capital, pasando por las teoras del imperialismo
de Rosa Luxemburgo y Lenin, hasta Polanyi y de la escuela histrica de Fernand
Braudel, que desarroll la teora latinoamericana de la dependencia.
Cardoso y Faletto (1969), junto a otros investigadores latinoamericanos, pusieron en
cuestin el estructural-funcionalismo4 para entender el problema del subdesarrollo
en Amrica Latina, incidiendo en la dimensin histrica y sistmica de las
4
El Estructural-funcionalismo de Parsons, hegemnico durante aos en las ciencias sociales anglosajonas, fue
la base terica de la llamada teora de la modernizacin que explicaba el subdesarrollo de los pases del Tercer
Mundo por una suerte de retraso que podra ser corregido completando las etapas hacia la industrializacin
recorridas por los pases desarrollados y adoptando modelos econmicos liberales. Una de las obras ms
destacables de esta teora es el clsico trabajo de Rostow (1993) Las etapas del crecimiento econmico. Un manifiesto
no comunista. A pesar de que el modelo de Rostow quedara seriamente perjudicado por el influjo de la teora
de la dependencia y el propio devenir de Amrica Latina, Wallerstein (2004:115) alert sobre su supervivencia
entre crculos de poder muy influyentes. Treinta aos despus de la afirmacin de Wallerstein, la tesis del
retraso de los pases pobres, sigue muy presente como trasfondo de las fraseologas poltico-periodsticas de
los mass media privados ms importantes que actan en la regin latinoamericana.
Tabula Rasa. Bogot - Colombia, No.7: 111-148 julio-diciembre 2007 ISSN 1794-2489
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
deformidades econmicas de la regin que la subordinaban a los deseos de los
pases ricos. Wallerstein continu desarrollando este planteamiento para elaborar una
perspectiva general que permitiese comprender el funcionamiento del Capitalismo
como sistema totalizador tendente a integrar en l a todos los dems subsistemas
(sociedades y estados). Otros tericos como
5
Esto queda claro si atendemos al influyente
manual de John Baylis y Steve Smith The Giovanni Arrighi, Terence Hopkins, Andre
Globalization of World politics (2001) que Gunder Frank, Christopher Chase-Dunn o
menciona el anlisis de sistemas-mundo Beverly Silver siguieron desarrollando con sus
junto a la escuela de Frankfurt y a la
perspectiva gramsciana de Robert Cox como trabajos el anlisis de sistemas-mundo que
los tres grandes modelos de investigacin representa, hoy en da, una de las perspectivas
marxistas en los estudios sobre relaciones
internacionales (2001:200-223).
de investigacin de inspiracin marxista ms
extendidas en las ciencias sociales5.
El surgimiento al menos meditico de los movimientos sociales globales tras
las protestas de Seattle contra la Organizacin Mundial del Comerci en 1999 y la
organizacin de foros sociales en todo el mundo, dio un nuevo protagonismo al
anlisis de sistemas-mundo en la investigacin sobre los movimientos sociales,
como reconocan recientemente Donatella Della Porta y Mario Diani (2006:10),
dos de los ms importantes especialistas acadmicos en la movilizacin social y la
accin colectiva. Precisamente por su potencia terica para vincular los fenmenos
de protesta con las dinmicas sistmicas globales, nos parece un marco terico
idneo para tratar de comprender la dimensin global de las luchas anti-neoliberales
en Bolivia y su culminacin en la eleccin de Evo Morales. Como decamos, el
anlisis de sistemas-mundo describe el funcionamiento del capitalismo como
realidad econmica total, tendente histricamente a la integracin. Vamos a
indicar brevemente las continuidades estructurales, las tendencias y los ciclos del
sistema-mundo capitalista o moderno desde el siglo XVI. Seguiremos para ello
el modelo de Boswell y Chase-Dunn (2000).
Se aprecian, en primer lugar, tres continuidades estructurales desde el siglo XVI
cuando el Sistema-capitalista comprenda Europa y Amrica hasta hoy: un
sistema de organizacin econmica de tendencia expansiva hacia un mercado
mundial orientado a la generacin de excedente capitalismo, un sistema de
organizacin poltica interestatal y un orden econmico jerrquico organizado
geogrficamente mediante reas centrales pases ricos o desarrollados,
perifricas pases dependientes y semiperifricas pases con funciones
econmicas y polticas intermedias.
Respecto a la primera continuidad, cabe decir que el capitalismo, como sistema
expansivo de organizacin econmica, funciona desde los ltimos cinco siglos,
an cuando sus modos de produccin hayan evolucionado del capitalismo
agrario al industrial primero y, con el desarrollo de los transportes y las
comunicaciones, de los modelos industriales fordistas a la produccin flexible
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
y a la deslocalizacin. Respecto a la segunda continuidad, podra decirse que los
estados estn experimentando una progresiva decadencia en tanto que agencias
polticas depositarias del poder soberano, toda vez que las decisiones econmicas
fundamentales se valen cada vez ms de instituciones globales de gestin
Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organizacin Mundial del
Comercio, etc. cuyo funcionamiento es casi autnomo respecto a las estructuras
administrativas de origen estatal. Sin embargo, siguen existiendo dispositivos
mundiales de ordenacin poltica y militar6, an cuando stos se alejen cada vez
ms del modelo de institucionalidad nacido de Westfalia. La tercera continuidad,
una estructura geogrfica jerrquica de organizacin econmica, es apreciable
casi a simple vista basta tomar un vuelo desde Europa hasta Amrica Latina
para comprobarlo a pesar de su creciente complejidad debida a los procesos de
deslocalizacin, a las soluciones espaciales7 o a las continuas e intensas migraciones
de sectores amplsimos de la fuerza de trabajo colectiva.
Junto a estas tres continuidades, Boswell y Chase-Dunn refieren cinco tendencias
globales de larga duracin, a saber, mercantilizacin, organizacin de la fuerza de
trabajo mediante el salario proletarizacin, aumento del nmero de estados
y crecimiento del tamao de las empresas y de la produccin (2000:31 y ss.).
El cuadro global de funcionamiento histrico del capitalismo se completa con dos
modalidades de ciclos o procesos globales que se repiten en el capitalismo.
Se trata de los ciclos econmicos de Kondratieff y de las secuencias de hegemona
de ciertos estados. Los ciclos econmicos de Kondratieff8, son periodos de 40 a 60
aos que se componen de una fase de crecimiento global de la actividad econmica
o expansin y otra de estancamiento.
Las secuencias hegemnicas en el sistema-mundo son los intervalos en los que
un Estado cuenta con ventaja econmica respecto al resto, tanto en la produccin
agro-industrial como en las finanzas y en el comercio (Wallerstein, 1983:243),
de manera que puede permitirse condicionar, sin demasiadas resistencias, el
6
Tales dispositivos eran lo que Negri y Hardt (2000) llamaban imperio para tomar distancia del estado-
centrismo de la nocin clsica imperialismo.
7
Las soluciones espaciales o spatial fix (Harvey, 2003) refieren los procesos de generacin de nuevos espacios
para los excedentes del capital productos sin mercado, recursos productivos sobrantes, etc.. Para optimizar
al mximo la produccin de beneficios y evitar la inmovilidad de stocks y capacidades productivas, las
empresas ocupan nuevos territorios donde instalan sus viejas infraestructuras y crean nuevos mercados
para dar salida a sus productos. Estas dinmicas de movilidad orientadas a la maximizacin del beneficio
no son una novedad histrica, pero su ritmo vertiginoso actual reconfigura a velocidades rcord ciertos
aspectos de la geografa econmica Centro/Periferia/Semi-periferia, comprimiendo tiempo y espacio
hasta niveles de una agresividad inaudita. Ejemplo de ello son los centros en la periferia que vemos en
ciudades como Nueva Delhi o Ciudad de Mxico, rodeados de inmensas aglomeraciones de poblacin en
la miseria o las periferias en el centro que representan los cinturones pobres en torno a ciudades como
Pars o Los ngeles, cuyos efectos sociales hemos conocido hace poco en forma de revueltas.
8
A propsito de las virtudes explicativas del modelo de Kondratieff, vase Wallerstein (1984).
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
comportamiento del resto de estados y condicionar as unas reglas econmicas y
polticas mundiales favorables a sus intereses. Para los autores de la perspectiva del
sistema-mundo, se han dado histricamente tres secuencias hegemnicas que han
sucedido siempre a una guerra mundial. Boswell y Chase-Dunn han delimitado en
aos estos periodos. En primer lugar, tenemos la hegemona holandesa entre 1648
tras la Guerra de los 30 aos y 1667; en segundo lugar la inglesa, entre 1815
fin de las Guerras napolenicas y 1873; por ltimo la estadounidense, entre 1945
fin de la Segunda Guerra mundial y 1974 (Boswell y Chase-Dunn, 2000:37).
El fin de la hegemona se produce con el debilitamiento de la ventaja simultnea
en las tres reas econmicas mencionadas y tiende a coincidir con la emergencia de
competidores, primero econmicos y luego tambin polticos y militares.
La hegemona estadounidense, tras la derrota del competidor econmico
alemn en 1945, empez a debilitarse entre finales de los 60 y principios de los
70. La emergencia econmica de Europa occidental y Japn, por una parte, la
crisis ideolgica general tras las protestas mundiales de 1968, por otra, y ciertos
reveses en el plano militar desde la consolidacin de la Revolucin cubana
hasta la victoria comunista en Vietnam obligaron a los Estados Unidos a
reaccionar. El proyecto neoliberal global y el
9
Para un desarrollo de este argumento
vase Harvey (2003), Arrighi (2005), rquiem por las vas econmicas keynesianas,
Arrighi y Silver (2001) o Boswell y Chase- fue el efecto poltico ms duradero de esa
Dunn (2000).
reaccin estadounidense9.
Tras el fin de la Unin Sovitica, la retrica anticomunista que haba dado
origen a un cierto multilateralismo procapitalista, perdi sentido en la poltica
exterior estadounidense. La crisis econmica de los Estados Unidos no se detuvo
alcanzando en la actualidad niveles histricos de endeudamiento con Europa, Japn
y ltimamente con China. Ni siquiera el uso del ejrcito para frenar la crisis en
especial tras el asalto a la casa blanca de los neo-cons ha producido los efectos de
recuperacin econmica y poltica previstos la guerra en Irak es probablemente
el mejor ejemplo. Hoy, Europa a pesar de su crisis institucional, el Noreste
asitico, as como India y sus reas de influencia, son competidores econmicos de
los Estados Unidos y amenazan con serlo tambin en el plano poltico e incluso
en el militar. Sintticamente, este es el contexto global en el que se inscriben los
acontecimientos polticos del presente. Desde aqu, vamos a tratar de entender lo
est pasando en Amrica Latina y en Bolivia.
2. Cooperacin transzonal antisistmica y agencia
Hasta aqu hemos tratado de sintetizar telegrficamente los planteamientos de la
perspectiva del sistema-mundo. Utilizar ciertos elementos de este modelo de
anlisis creemos que nos permitir cuidarnos de ciertos peligros propios tanto de
las generalizaciones que se desentienden de la Historia como de las descripciones
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
particularistas que impiden la reflexin terica. Consideramos que tales peligros
estn lejos de haberse conjurado en buena parte de las ciencias sociales hegemnicas
en la Academia; por ello preferimos asumir otro tipo de riesgos, como los derivados
de tomar posiciones heterodoxas.
Vamos a relacionar ahora las caractersticas histricas del capitalismo con los procesos
de lucha poltica. Trataremos as de encuadrar los desafos al funcionamiento del
sistema planteados desde Amrica latina y la ubicacin del proceso constituyente
boliviano en el conjunto anti-hegemnico latinoamericano. En 1989 se cerraba
simblicamente el siglo XX e Immanuel Wallerstein defendi la cooperacin poltica
transzonal entre los movimientos antisistmicos del centro y la periferia como
condicin necesaria para una transformacin deseable del capitalismo (1989:358).
Casi veinte aos despus, pueden destacarse al menos tres procesos anti-neoliberales
paralelos que vinculan a los movimientos del centro en especial los europeos con
los de la periferia especialmente con Amrica Latina.
En primer lugar, al menos desde el impacto poltico-meditico global del
levantamiento del EZLN en 1994, se puede constatar la emergencia de los
movimientos indianistas como sujetos polticos protagnicos en muchas de
las protestas sociales anti-neoliberales y como referente para buena parte de
los novsimos movimientos sociales de la izquierda radical europea. Al mismo
tiempo, en otras geografas latinoamericanas se han producido protestas contra
el Neoliberalismo en las que han jugado un papel crucial subjetividades polticas
subalternas, cuya estructura y mecanismos de agenciamiento presentan notables
novedades respecto al proletariado tradicional y sus formas clsicas de organizacin
a travs del partido y el sindicato. Los piqueteros argentinos son un buen ejemplo
con respecto a la estructura de clases en los centros urbanos postindustriales, en
lo que se refiere a las identidades tradicionales del campesinado, pues podemos
apreciar, cada vez ms, mayores niveles de etnificacin en diferentes lugares de
Amrica Latina, desde Centroamrica hasta el rea andina.
En segundo lugar, tenemos las protestas globales anti-capitalistas, vinculadas
adems, en sus inicios, a las redes de solidaridad con el neozapatismo10. La Internet
y las televisiones hicieron visibles esta movilizacin global que ha continuado
de manera casi ininterrumpida desde las
10
Vase, al respecto, Iglesias Turrin
(2005:77-79).
movilizaciones anti-guerra hasta las recientes
protestas en Alemania contra el G8.
En tercer lugar, el cuestionamiento de la gestin poltica neoliberal de la regin
latinoamericana desde proyectos anti-neoliberales de reforma poltica llevados a
cabo por gobiernos progresistas desde procesos de transformacin ms intensos
como el de Venezuela, Bolivia o Ecuador, hasta otros menos intensos como el
brasileo o el argentino cuya proliferacin no se ha detenido en Amrica Latina
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el ltimo caso es el acceso al poder ejecutivo de Ortega en Guatemala. Estos
tres procesos pueden abrir la puerta a formas de cooperacin poltica transzonal
antisistmica que influyan de manera sensible en el proceso de reconfiguracin
de equilibrios geopolticos a nivel global abierto, tras la crisis poltica y econmica
de los aos 60 y 7011.
A propsito de este proceso de reconfiguracin sistmica, Christopher Chase-
Dunn y Terry Boswell sealan el crecimiento econmico y las potencialidades
polticas de la Unin Europea como el desafo ms importante a la organizacin
del sistema de poder mundial que podra crear un nuevo escenario de bipolaridad
econmica global (Boswell y Chase-Dunn, 2000:41). Otros autores que tambin
adoptan la perspectiva de anlisis de los sistemas-mundo, como Giovanni Arrighi
(2005)12 o Ravi Palat (2007) sitan a China o
11
Como hemos sealado esta crisis
econmica de los Estados Unidos no a India como fuerzas polticas y econmicas
termin de superarse a pesar del xito globales ms importantes a la hora de desafiar
del Neoliberalismo en los ochenta y la a los Estados Unidos. Sea como fuere, para
desaparicin del bloque del Este.
12
En este ar tculo de Arrighi, es estos tericos la crisis de la preponderancia
especialmente interesante el epgrafe C. econmica estadounidense es un hecho y est
condicionando seriamente su supremaca.
Visto el estancamiento militar de Estados Unidos en Irak y sus cada vez mayores
dificultades para condicionar la economa y la poltica en Amrica Latina, se abre,
sin duda, un marco interesante para que se planteen proyectos de emancipacin en
la regin. Vamos a explicar ahora algunas tendencias histricas de transformacin
y cambio en la distribucin geopoltica del poder econmico y poltico global para
comprender el contexto en el que han surgido los proyectos contra-hegemnicos en
Amrica Latina en especial en Bolivia. Sealaremos sus posibilidades de alianza
con otros movimientos anti-neoliberales en especial los europeos y el papel
especfico que las fuerzas sociales bolivianas de transformacin podran jugar.
Siguiendo el modelo terico elaborado por Boswell y Chase-Dunn vamos a explicar
la vinculacin histrica de los movimientos sociales con las dinmicas de transicin
y transformacin sistmica. Asimismo, exploraremos las posibilidades de alianza
entre los movimientos y las agencias institucionales de gestin poltica. Hardt y Negri
(2000:223) han reivindicado modelos de anlisis capaces de relacionar los dispositivos
para el combate poltico la agencia con las dinmicas de funcionamiento del
sistema. Ello lleva implcita una crtica a los tericos del sistema-mundo y sus teoras
de los ciclos econmicos del capitalismo que, aparentemente, habran otorgado poco
peso a la decisin poltica en los procesos de transformacin.
Sin embargo, Chase-Dunn y Boswell (2000:48), asumiendo lo que reconocen
como ausencia de una teora revolucionaria vinculada a los ciclos, han elaborado
un modelo que relaciona las fases de transicin del capitalismo con los periodos de
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
auge y desarrollo de protestas sociales y revoluciones. El modelo de estos autores
permite pensar en unas estructuras de oportunidad sistmica13 para evaluar las
posibilidades de xito de los procesos de movilizacin y transformacin, en funcin
de las dinmicas geo-econmicas y geopolticas globales. De esta manera se rechaza
cualquier determinismo y se asume que la fuerza y la inteligencia de los movimientos
y sus organizaciones, a la hora de actuar, son elementos determinantes para el
xito poltico. Con todo, disociar las posibilidades de xito de los condicionantes
sistmicos o limitarse a analizar los condicionantes de la escala estatal como
13
La categora estructuras de oportunidad
ocurre, por desgracia, con buena parte las
sistmica se explica con detalle en la tesis ciencias sociales e histricas resulta intil si
doctoral de Pablo Iglesias Turrin que
estar disponible a partir de 2008.
queremos medir las perspectivas de impacto de
la accin poltica de los movimientos.
El modelo de Boswell y Chase-Dunn (2000:49), como decimos, relaciona los ciclos
econmicos de Kondratieff y las secuencias hegemnicas en especial sus crisis
con la lucha poltica. Segn su anlisis, puede observarse que las fases de transicin,
o crisis entre las secuencias hegemnicas, son periodos en los que las posibilidades
de xito de los procesos de cuestionamiento del orden econmico-poltico son
mayores. Aplicando el modelo a distintos procesos las revoluciones francesa y
bolchevique, las luchas de liberacin nacional en Argelia o las recientes revoluciones
anti-burocrticas en los pases del llamado Socialismo real, entre otros estos autores
han logrado situar la agencia humana en la construccin y reconstruccin del Sistema.
En la siguiente tabla seguimos el esquema de Boswell y Chase-Dunn (2000:68)
aadiendo los ltimos fenmenos de movilizaciones globales anti-neoliberales;
desde las revueltas indgenas hast a las protestas en las metrpolis mundiales por
parte de los movimientos globales.
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Relacin entre procesos antisistmicos, ciclos de Kondratieff (C.K), guerras y otras reconfiguraciones
sistemticas y las crisis de hegemona hegemonas (1648-200...)
Guerra Global y reconfiguracin Conflicto (movimientos sociales, accin
Fase de los C.K Potencia hegemnica
sistmica colectiva y revoluciones)
1650 - ESTANCAMIENTO GUERRA DE LOS 30 AOS (1618-1848) SOBERANA, ILUSTRACIN,
1989 - EXPANSIN ORDEN DE WESTFALIA REPIBLICANISMO
1720 - ESTANCIAMIENTO
1747 - EXPANSIN 1648-1667 HEGEMONA REVOLUCIN FRANCESA (1789) /
1762 - ESTANCAMIENTO HOLANDESA GUERRAS NAPOLENICAS (1792-1815) DERECHOS LIBERALES / MOVIMIENTO
1790 - EXPANSIN Crisis y transicin CONGRESO DE VIENA ABOLICIONISTA / EXTENSIN DEL
1814 - ESTANCAMIENTO sistmica SUFRAGIO MASCULINO / SOCIALISMO
1848 - EXPANSIN UTPICO
1872 - ESRANCAMIENTO 1815-1873 HEGEMONA 1848 MOVIMIENTO OBRERO / SUFRAGIO
1893 - EXPANSIN INGLESA FEMENINO / SOCIALDEMOCRACIA
PRIMERA GUERRA MUNDIAL (1914-
1917 - ESTANCAMIENTO Crisis y transicin 1918) LIGA DE LAS NACIONES REVOLUCIN BOLCHEVIQUE (1917) /
1940 - EXPANSIN sistmica SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1939- AUTODETERMINACIN / FACISMOS /
1969 - ESTANCAMIENTO 1945) ORDEN DE YALTA / ONU/ GUERRA ESPAOLA (1936-39)
1945-1974 HEGEMONA BRETON WOODS
ESTADOUNIDENSE MOVIMIENTOS DE LIBERACIN
1991 - EXPANSIN CADA DEL MURO DE BERLN / 1a NACIONAL / REVOLUCIN CHINA
Crisis y transicin GUERRA DE IRAK / CRISIS ASITICA
sistmica / GUERRA DE KOSOVO... LARGO 86 (NUEVOS MOVIMIENTOS
SOCIALES Y NUEVA IZQUIERDA)
1989 - REVOLUCIONES DE TERCIOPELO
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1-1-94 Entrada de vigor del TLC para Alzamiento zapatista -1-1-1994
Amrica del Norte
1995 ORGANIZACIN MUNDIAL DEL (1995-2007) MOVIMIENTO GLOBAL
COMERCIO (SEATLLE ETC)- MOVIMEINTOS
INDGENAS (A. LATINA) - ISLMICOS Y
REUNIONES OMC, BM, FMI, FEM, MOVILIZACIONES ANTIGUERRA
Boswell y Chase-Dunn encuentran al menos cuatro conexiones (2000:70-71).
OCDE... /GUERRAS CONTRA
AFGANISTN E IRAQ
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TABULA RASA
Iigo Errejn Galvn, Jess Espasandn Lpez y Pablo Iglesias Turrin
El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
En primer lugar, las revoluciones tienden a suceder las grandes guerras. La
debilidad de los derrotados y el eventual apoyo exterior que pueden recibir los
revolucionarios, junto a las crisis y a los descontentos derivados de la conflagracin,
pueden dar alas a las vas polticas insurreccionales. Los casos ruso o chino son
un buen ejemplo.
En segundo lugar, puede apreciarse que durante los momentos de transicin en los
ciclos de Kondratieff, cuando la expansin comienza a decaer o cuando la economa
comienza a recuperarse tras un periodo de estancamiento, suelen producirse
convulsiones polticas y sociales. Para estos autores, los efectos en los procesos de
transformacin son mayores en los periodos de recuperacin econmica general,
pues los revolucionarios tienden a romper inercias estructurales vuelven a servir
de ejemplo los procesos de industrializacin en Rusia y China pero tambin la
accin de gobiernos revolucionarios nacionalistas en reas perifricas.
Por ltimo, tenemos la conexin entre la transformacin poltica y las crisis de
hegemona. Hay ms posibilidades de cambio cuando la hegemona de la potencia
preeminente entra en crisis, en especial cuando se est pasando de un periodo de
estancamiento a uno de expansin. Son estos los periodos en los que la accin
poltica tiene ms posibilidades de afectar las estructuras sistmicas.
La teora de Chase-Dunn y Boswell es muy compleja14 pero traza bien el mapa
geopoltico en el que los proyectos de la nueva izquierda latinoamericana se
estn planteando al dar las claves de lo que
14
Una explicacin en detalle exigira hemos llamado estructura sistmica de
dedicarle muchas pginas, cosa que no
podemos permitirnos en esta ocasin. oportunidades para los proyectos polticos
antagonistas. Con esta categora creemos poder
ir ms all de modelos tericos sobre la movilizacin social y el cambio poltico
centrados en las razones que llevan a los individuos a actuar, que por lo general
son incapaces de relacionar los caracteres particulares de la realidad estudiada con
dinmicas ms amplias.
Comprender las posibilidades de xito de las nuevas izquierdas indianistas,
etno-populistas, etc. en Amrica Latina supone, al fin y al cabo, examinar un
complejo escenario en el que participan infinidad de actores inmersos en procesos
locales, estatales y, por supuesto post-nacionales. En este sentido, la cooperacin
poltica transzonal defendida por Wallerstein en 1989, como condicin
para la transformacin sistmica y que habra de concretarse en 10 o 20 aos
(1989:360), esta frente a nosotros. La emergencia paralela de los movimientos
globales anticapitalistas, y los proyectos polticos anti-neoliberales en Amrica
Latina, se ha producido en un momento de transicin sistmica que ha abierto
interesantsimas posibilidades de impacto poltico para la accin, institucional
o contenciosa, de carcter antagonista.
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En el escenario geopoltico actual estn emergiendo al menos tres grandes bloques
econmicos regionales con capacidad nuclear y dispositivos polticos propios que
aspiran a ponrselo cada vez ms difcil a los Estados Unidos. Se trata de la Unin
Europea, del rea de libre comercio asitica liderada por China e incluso de India.
En este contexto de reconfiguracin, las posibilidades de xito de los proyectos
anti-neoliberales son grandes, en especial si siguen una dinmica cooperativa. Pero
hay que preguntarse quin podr liderar esos procesos de cambio y qu mecanismos
de colaboracin pueden establecerse. Samir Amin plante hace aos (1990) que las
mejores posibilidades revolucionarias se daban en los pases perifricos; aquellos
que sufren de manera ms agresiva la dominacin y la explotacin.
Chase-Dunn y Boswell consideran, sin embargo, que el eslabn ms dbil, el espacio
generador de innovaciones a travs de mecanismos estatales, est en las zonas
semiperifricas. Es en la semiperiferia donde se produjeron las experiencias
ms sobresalientes de gestin proto-socialista (Boswell y Chase-Dunn, 2000:224)
y donde pueden plantearse formas de desarrollo alternativas y modelos regionales
contra-hegemnicos. Si Irn es el ejemplo lder anti-sistema, en un sentido
reaccionario a pesar de los abrazos de Hugo Chvez a su presidente, que lucha
contra los EEUU e Israel para dominar Oriente Prximo, Venezuela y el proyecto
de integracin regional que lidera en Amrica Latina, son un modelo de resistencia
anti-hegemnica de izquierda.
Para aumentar la fuerza de ese bloque latinoamericano, la alianza con los
movimientos sociales de otras reas, en especial en Europa y EEUU, es esencial y
es ah donde Bolivia, por los caracteres de la evolucin de su estructura de clases
y por sus formas de agregacin poltica, puede jugar un papel fundamental. Como
sabemos, en Europa es tremendamente difcil que se produzcan transformaciones
sociales o polticas profundas. El bienestar de ciertos sectores estratgicos de
la clase trabajadora junto a un modelo de relacin pactista y subvencionado entre
las principales organizaciones sindicales y el empresariado, representa un lmite
estructural determinante. Las experiencias de los partidos comunistas tanto de
Italia o Espaa, como de Grecia o Portugal, ejemplifican que el sur de Europa
no fue una excepcin al sistema poltico mundial heredado de Yalta. Si al fracaso
comunista aadimos el desastre histrico de buena parte de las experiencias de
extrema-izquierda armadas o no que en Europa Occidental se plantearon el
asalto al poder del Estado, vemos que no se trata solo de un problema de falta de
voluntad. Como sealan Chase-Dunn y Boswell (2000:222) [...] la existencia de
una aristocracia obrera dividi a la clase obrera en el centro y redujo los desafos
polticos radicales contra el capitalismo [...]. Por eso, nos parece que la dificultad
de una transformacin en Europa responde ms a una dinmica sistmica que a
un problema psicolgico o volitivo, por parte de los revolucionarios europeos de
la segunda mitad del siglo XX.
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
An cuando ltimamente han aparecido nuevos sujetos que responden a la
transformacin de la estructura de clases en Europa los migrantes, los precarios,
etc. que han demostrado que pueden movilizarse como, de hecho, ha ocurrido
en Italia, en Francia o en el Espaa est claro que estos nuevos brbaros estn
todava muy lejos de poder asumir desafos polticos como los que estn planteando
los movimientos sociales en Amrica Latina. Hoy quien sabe lo que pueda pasar
en las prximas dcadas, tienen sistmicamente la puerta cerrada. Sin embargo,
si continan abrindose vas a la colaboracin transzonal con Amrica Latina,
su papel puede ser crucial. Lo que ms se acerca a esa alianza transzonal, hasta
hoy, son los movimientos globales, cuyos discursos y prcticas, desde la influencia
del neo-zapatismo pasando por los foros sociales hasta las movilizaciones contra
la guerra, sealan formas de combate poltico anti-sistmico en la escala global.
Creemos que ciertos caracteres de la experiencia boliviana la sitan en una posicin
muy interesante para ser el interfaz de comunicacin entre los proyectos contra-
hegemnicos latinoamericanos y los movimientos europeos.
3. Ajuste estructural neo-liberal y nuevas sinergias de los movimientos
sociales en Bolivia
Para un acercamiento riguroso al proceso actualmente en curso en Bolivia
debemos enfrentar una de las grandes dificultades que distorsiona la comprensin
del Gobierno del MAS y del proceso constituyente: la caracterizacin del sujeto
de cambio y de la agencia de las transformaciones actuales. La complejidad que
entraa su naturaleza, heterognemente compuesta, por la confluencia de actores
orgnicamente atomizados con diferentes ubicaciones en las estructuras histricas
de exclusin y desigualdad se superpone a otras dos premisas que toda investigacin
rigurosa sobre movimientos sociales en Bolivia debera abordar:
1. La indisoluble afectacin del proceso histrico local15 a la trayectoria evolutiva
de los movimientos sociales bolivianos y su inmersin actual en la dinmica
de la globalizacin.
2. La transformacin de las zonas de contacto y espacios dialgicos intersubjetivos
como condicin para la dinamizacin de la cooperacin anti-sistmica.
Resulta imposible reproducir aqu una cartografa historiogrfica de los
movimientos sociales bolivianos que abarque desde el Taky Onkoy andino hasta
los actores del ltimo ciclo rebelde (2000-2005). Tampoco podremos analizar con
15
La importancia del anlisis histrico del Estado-Nacin llega incluso a influir en la cristalizacin diferencial
de los movimientos aimaras en diferentes estados del rea andina. De esta forma, las diferencias en la
penetracin capitalista del mercado de la lana o las posteriores reformas agrarias de 1953 y 1970 en Bolivia
y Per, son solo algunos de los factores que imprimen dinmicas polticas diferentes en el interior de las
mismas etnias Vase Alb y Carter (1990:460) y Alb (2002:107-160) para un anlisis exhaustivo de las
comunidades aimaras en Bolivia, Chile y Per.
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detenimiento los nexos de conexin entre ciclos histricos de accin colectiva que
han pervivido en la construccin actual de la
16
Estos nexos de memoria histrica como
razones de anamnesis, mtodos de lucha,
memoria histrica subalterna y en la prctica
dinmicas y acumulaciones polticas e poltica . Al haber desistido de esta tentacin
16
irradiaciones de culturas polticas, son por razones de espacio y evitando la reiteracin
analizados de manera brillante por Forrest
Hylton (2005). Si el lector no le ha disgustado de contenidos que ya hemos publicado en
esta ponencia, tambin puede encontrar otros espacios (Espasandn e Iglesias, 2007),
una incorporacin de estos conceptos en nos limitaremos a sacar a colacin aquellos
los anlisis de Espasandn (2007).
aspectos fundamentales del pasado remoto que
guarden especial relacin con la configuracin actual de los movimientos sociales
en su genealoga temporal.
3.1 Paisajes actuales de la globalizacin en Bolivia
En este epgrafe trataremos de caracterizar algunos de los efectos ms relevantes
de la globalizacin que han transformado las relaciones sociales e inter-tnicas en
Bolivia durante las ltimas dcadas. Recientemente, Sousa Santos enunciaba una
de las consecuencias ms importantes del impacto social de la economa poltica
de la globalizacin: la metamorfosis del sistema de desigualdad en un sistema
de exclusin (Sousa Santos, 2005: 211). Desde esta perspectiva, las disparidades
entre incrementos de productividad e incrementos de empleo, con el subsiguiente
crecimiento econmico sin empleo, se traduce en un desdoblamiento del trabajo,
que pasa a constituirse tambin en un dispositivo de exclusin a travs de la
precariedad y de la informalidad laboral. Para este autor, este sistema de exclusin
retroalimenta a su vez la desigualdad contempornea a travs de las nuevas formas
de etnificacin de la fuerza de trabajo como formas de desvalorizacin (Sousa
Santos, 2005: 214). Creemos que estas aportaciones del socilogo portugus son
tiles para indagar las transformaciones socioeconmicas, polticas y culturales
que, entre otros contextos locales, han tenido lugar durante la hegemona de
la poltica neoliberal en Bolivia (1984-2000). En este sentido, antes de pasar a
rastrear las transformaciones en la constitucin y en el modo de articulacin de
los movimientos sociales, tendremos que preguntarnos en qu se ha concretado
la metamorfosis aludida en Bolivia y en qu manera ha afectado a la configuracin
de la relacin Estado-movimientos sociales vigente desde 1952.
Buscando una explicacin de conjunto satisfactoria ante tales interrogantes, recientes
estudios han situado algunas de las transformaciones en torno a los siguientes ejes:
1. Reconfiguracin de la estructura social. Las polticas del ajuste neoliberal que
en Bolivia se anticipa al Consenso de Washington de 1990 se saldaron con una
contraccin de la minera estatal, una drstica privatizacin del sector pblico
que contina hasta el S. XXI con el eufemismo de las capitalizaciones de
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
los ltimos gobiernos finiseculares del MNR y con una explosin de los
sectores informales urbanos y rurales17 como resultado de la desintegracin
legislativa de las relaciones laborales.
En el caso concreto de la minera, factores como la traduccin de las medidas
aludidas en la morfologa del trabajo, la composicin de clase, la desestructuracin
de los campamentos como espacio de socializacin, la alteracin cognitiva de
las identidades de clase y la disolucin del basamento productivo de la forma
sindicato (Garca Linera, 2000) han sido ampliamente estudiados por lvaro
Garca Linera18. En estos estudios, el socilogo boliviano ha documentado
sobradamente la evolucin histrica de los ciclos de la condicin obrera en
Bolivia, as como la relacin entre la Nueva Poltica Econmica diseada por
Jeffrey Sachs en 1984 y el ltimo cambio de ciclo. De esta forma, y teniendo en
cuenta el papel desempeado por la COB como centro unificador de lo nacional-
popular de raigambre obrera-urbana entre 1964 Golpe de Barrientos y firma del
Pacto Militar Campesino y 1982 (Garca Linera et. al., 2004:12),19 encontramos
correlaciones entre la condicin del obrero de oficio de gran empresa20 y el modelo
de inclusin sobornada de la plebe organizada que caracteriz al Estado de 1952
(Stefanoni y Do Alto, 2006: 27-28). As mismo, tambin las encontramos entre
el trnsito hacia la condicin de especializacin flexible21, y la fase de hegemona
neoliberal que se inaugura tras la gran derrota del movimiento obrero en Calamarca
durante la Marcha por la vida y por la Paz (1986). En este nuevo periodo, en el que
se pierde la capacidad negociadora del movimiento obrero y se finiquita el Estado
de 1952, las polticas pblicas se encaminarn hacia la pulverizacin de cualquier
atisbo de organizacin social autnoma (Do Alto y Stefanoni, 2006:28).
17
La informalidad alcanzar en 1994 el 65% de la PEA (Lessmann, 2005:270).
18
Las conclusiones principales de sus investigaciones pueden encontrarse en Garca Linera (2001). Otros
artculos relacionados: Garca Linera (2000) y Garca Linera (2003).
19
Con la gran excepcin del movimiento katarista indianista, que construy un sindicalismo autnomo
campesino desde su infiltracin en el sindicalismo agrario paraestatal implantado desde 1952 para socavar
el rol intersticial de las comunidades.
20
Desde los aos 20, la minera a gran escala crea elementos de socializacin favorable a la sedimentacin
de la experiencia colectiva y a la perdurabilidad de las identidades polticas. Entre los ms relevantes estn:
la generalizacin del trabajo asalariado, los campamentos mineros como espacios de socializacin estable, la
relacin entre el contractualismo indefinido y la percepcin del tiempo lineal y del futuro como horizonte
previsible, y la promocin interna basada en la experiencia adquirida. Estos factores transculturaron la
subjetividad minera generando una autopercepcin de la centralidad de la clase como transposicin al
mbito poltico del posicionamiento productivo en la mina. (Garca Linera, 2000:69), y nuevos sincretismos
entre las cosmovisiones agrarias y la racionalidad industrial.
21
Algunos rasgos de la proletarizacin de la mediana minera que sobrevive al neoliberalismo son: la
contingencia de la experiencia frente a la capacitacin por licencias, el aislamiento y la polivalencia de la
mano de obra y la alta precariedad que implica el pago por mineral procesado. Esto erosiona el entramado
simblico-cognitivo de las anteriores identidades de clase, originando una prdida de la capacidad de
integracin de las demandas obreras con las de otros sectores subalternos y una desvinculacin entre las
reivindicaciones sectoriales y la generalidad poltica.
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TABULA RASA
No.7, julio-diciembre de 2007
Hasta aqu hemos expuesto un bosquejo de las caractersticas principales del
comportamiento de la globalizacin en Bolivia, cuyas consecuencias principales
no difieren en exceso de los procesos de desestructuracin general de los
protagonistas e intereses del pacto socialdemcrata (Sousa Santos, 2005: 202)
en el centro del sistema-mundo y de las formas de regulacin social asociadas
al corporativismo autoritario y a las polticas de bienestar articuladas en la
semiperiferia (Sousa Santos, 2005: 202-203).
2. Ampliacin de las reas geogrficas en disputa por la apropiacin intensiva de
recursos. (Orozco et al., 2006: 19).
3. Reconversin de la lgica del acceso a los recursos, que deja de regirse como
derecho para guiarse por los parmetros de la rentabilidad y del mercado.
(Garca Linera et al., 2006). Este proceso implic una mercantilizacin de las
condiciones de la reproduccin social bsica que ha cobrado una especial
visibilidad a partir del ao 2000, con la generalizacin de la guerra del agua,
un conflicto cuyas bases ya se establecieron desde principios de los 90 con las
juchuy guerras del agua en los valles cochabambinos, especialmente a partir
de la guerra de los pozos (1994-1998), desatada con los intentos estatales de
sustraer, regular y expropiar el control del agua a las costumbres y estructuras
comunitarias y sindicales que venan hacindose cargo de su gestin desde los
aos 50 (Garca Linera et al., 2004: 648).
4. Incremento de la valorizacin de recursos poco valorizados anteriormente
(Garca Linera et al., 2006:20).
Paralelamente emergen nuevas territorialidades, desde las que surgen nuevos
sujetos y espacios que pasarn a experimentar nuevas formas de exclusin y
a integrar nuevas subjetividades subalternas que tendrn una gran relevancia
durante el ciclo rebelde de 2000-2005, donde se inicia el crepsculo de la
hegemona neoliberal con la formacin del bloque contra-hegemnico
inorgnico que se constituir en la base social del electorado del MAS. Cabe
sintetizar estas territorialidades en dos macro-procesos:
- Nueva resistencia y supervivencia rural (Garca Linera et al. 2006:21) en
espacios de tierras bajas, donde cabra resituar los flujos migratorios hacia tierras
bajas y la emergencia de nuevas formas de agregacin territorial que sustituyen
las lgicas de organizacin por centros de trabajo del antiguo sindicalismo
obrero: nuevo protagonismo del sindicalismo cocalero, de las comunidades
de regantes organizados por cuencas fluviales en el agro cochabambino y re-
fortalecimiento de aillus en el altiplano andino.
- Nuevas cualidades urbanas, mediante la extensin urbana de la lgica
tradicional agraria en el trabajo informal en expansin (Garca Linera et al.
2006:21). Este fenmeno tiene que ver con los flujos migratorios hacia zonas
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
peri-urbanas de las grandes metrpolis, donde tiene lugar otra gran relocalizacin
de los nuevos excluidos de la industria cierre de minera y clausura de
campamentos mineros y del campo apertura de mercados. El papel
del aillu en la organizacin de la migracin, en el desarrollo de estrategias de
supervivencia urbana y en la generacin de comunidades urbanas encargadas
de afrontar los nuevos retos derivados de la gestin territorial y urbanstica,
la dotacin de servicios bsicos, educativos (Universidad Pblica de El Alto),
y de la administracin de derecho consuetudinario, facilitar la perpetuacin
urbana de la cultura aimara, a pesar de los procesos de transculturacin, y de
la reformulacin de nuevas comunidades en forma de micro-gobiernos barriales
(Vase Mamani 2004a). En cualquier caso, la territorialidad del Chukiyawu la
cara aimara de La Paz, no solo estuvo presente en los aos 70 como cuna
del katarismo. Hoy, los aimaras del Chukiyawu vuelven a poner de relieve la
dimensin des-colonial del proyecto de emancipacin ligado a la defensa de
los recursos naturales, resituando nuevamente un interrogante en la agenda
poltica: Khitipxtansa? Quines somos?; induciendo nuevos cambios en la
auto-imagen del pas y de la izquierda y volviendo a interconectar la pluralidad
de agenciamientos subalternos en la profundizacin de la autonoma tnica
y de clase (Vase Tapia, 2004:145).
3.2 Lo viejo y lo nuevo: el largo camino hacia la multitud
y comunidad contemporneas.
En adelante intentaremos cartografiar las sinergias actuales de los movimientos
sociales desde las siguientes preocupaciones:
- Cul ha sido la trayectoria que ha desembocado en el paradigma actual de
articulacin de los movimientos sociales y cmo se interrelacionan los elementos
nuevos del mismo con la continua remisin al pasado histrico?
- Cmo ha sido posible la convergencia en un polo contra-hegemnico inorgnico
de mltiples actores carentes de una macro-estructura organizativa, teniendo en
cuenta su capacidad para forzar la dimisin de dos jefes de Estado y para imponer
una agenda poltica y una nueva hegemona indita en lo institucional?
Contestando a lo primero, y atendiendo al protagonismo indiscutible de los
movimientos etno-polticos en la regin, no nos queda ms remedio que desmarcarnos
de aquellos cientficos sociales que caracterizan a los movimientos indgenas como un
fenmeno nuevo, tanto si explica desde la teora de los Nuevos Movimientos Sociales
como desde la Estructura de Oportunidades Polticas. En este sentido, tendramos
que llamar la atencin sobre la larga trayectoria espacio-temporal de los mismos, que
precede en Amrica Latina a la formacin histrica del movimiento obrero y cuyas
primeras manifestaciones se encuentran ya presentes en el Siglo XVI.
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Lo que cabra hacer desde una ciencia social rigurosa que no sea cmplice del ms
burdo recorte de realidad de la modernidad capitalista traslada virtualmente
al pasado a las sociedades, aquellas que han sido invisibiles para la historiografa
tradicional republicana, es replantear algunas de las preguntas que desde 1994
vienen formulando de forma autocomplaciente algunos modelos de anlisis.
La inercia histrica boliviana, especialmente desde los siglos XVIII y XIX, no
constituye ninguna excepcin en este sentido frente a la de otros virreinatos y
emergentes repblicas decimonnicas. Gustavo Favern ha analizado las rebeliones
indgenas que se suceden durante todo el S. XVIII y que implican a mapuches y
pehuenches en Chile, yaquis y pimas en Mxico y Centroamrica, guaranes en
el Chaco paraguayo, etnias amaznicas bajo el liderazgo de Juan Santos Atahuallpa
(1742-1761), y quechuas y aimaras durante la rebelin pan-andina de los Amarus-
Kataris (1780-1782) en el altiplano. En ellas encuentra elementos comunes22
que terminarn por prefigurar otros proyectos truncados de nacin previos y
distintos a los criollos del s. XIX (Favern, 2006:17). Si bien tales formulaciones
no llegaron nunca a experimentar cristalizaciones estatales, muchos autores han
dejado claro que no ocurri lo mismo con los contornos que generaron, cuya
influencia sobre los proyectos de autonoma indgena del s. XIX y del primer tercio
del siglo XX puede rastrearse sin mayores complicaciones (Favern, 2006:231)
en las concepciones de Atusparia, Laimes o Zrate Willka, que en sus respectivas
repblicas andinas decimonnicas se redefinieron como sujetos con derecho a la
justicia, al respeto y a la proteccin de sus propias sociedades (Larson 2002:179).
De esta forma, la anamnesis recurrente de los ciclos anteriores de rebelda a travs
de la transmisin etno-histrica oral en momentos de crisis, nos induce a compartir
los criterios de quienes piensan que no hay razones para separar las narrativas
histricas campesinas e indgenas del inicio de la contemporaneidad de las del
final del siglo XVIII (Larson, 2002:14).
En Bolivia, el oxmoron de la conexin discontinua se hace evidente en una
especie de hilo multicolor que comunica las secuencias de la multiplicidad de
proyectos locales anti-coloniales que eclosionan en el marco de la recepcin del
reformismo borbnico (1730-1771)23 con la de la aludida rebelin pan-andina
de Amarus-Kataris (1780-1782) y las rebeliones posteriores de los aillus que en
la repblica tarda se lanzaron a resguardar lo que Brooke Larson ha llamado
22
Entre ellos, la bsqueda de la desarticulacin del monopolio de la administracin de la fe como forma
de atacar la piedra basal de su sojuzgamiento (Favern, 2006:225-227), que ha sido deformada por la
historiografa republicana que la interpreta como milenarismo y mesianismo irracional. Tambin sita
como caracterstica frecuente, la apertura de coyunturas para la negociacin intertnica que acepta la
presencia hispana. En esto, el carcter rearticulatorio de las rebeliones del S. XVIII se desmarcara
del afn de recuperacin del estatus pre-colonial, evidenciando huellas de transculturacin (Favern,
2006:227-228).
23
Vase el estudio sobre esta acumulacin poltica y su enlace con 1780-1782 en Serulnikov (2006).
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
pactos tributarios y Tristan Platt ha precisado como pactos de reciprocidad
aillu-Estado24 exaccin tributaria a cambio de derechos territoriales colectivos
del aillu (Platt, 1988:369). El desenlace de la Guerra Federal (1899) en la que la
conflagracin entre conservadores y liberales quedara sumergida en una rebelin
indgena, marcar el inicio de la estigmatizacin de la memoria de Zrate Willka por
parte de sus ex-aliados del Partido Liberal, a pesar de que su agenda comprenda una
simbiosis entre el proyecto federal y las especficas demandas indgenas de respeto,
igualdad y autonoma (Larson, 2002:170). La derrota de la respuesta sistmica
indgena, allanara tambin el camino para que la penetracin del mercado soslayase
las agendas de los intelectuales liberales que trataron de preparar un sistema de
apartheid informal racial y terminase por imponer una solucin seorial, en la que
el latifundio acab fagocitando las tierras comunales y convirtiendo a los indgenas
comunitarios en peones de hacienda, mientras que al mismo tiempo mantena
inclumes los sistemas de control de la subjetividad exclusin electoral y del
sistema educativo como garanta de perpetuacin de la exclusin diferencial
naturalizada (Larson, 2002:175). La variedad de respuestas indgenas que se
suceden durante este periodo de hegemona oligrquica que empieza a quebrarse
en la Guerra del Chaco (1932-1935), est ampliamente documentada por autores
como Silvia Rivera (2003) y Xavier Alb (2007) entre muchos otros.
Probablemente la implantacin del sindicalismo agrario paraestatal de 195225
sobre los sistemas de autoridad comunal, gener una des-indianizacin
poltica que coincide sincrnicamente con procesos anlogos en otros estados
latinoamericanos. Esto se concreta en la subsuncin de la diferencia dentro de
las categoras inclusivas de la nueva ciudadana, que mantuvo lo indgena, hasta
la irrupcin del katarismo-indianismo de la dcada de 1970, en lo que Luis
24
El desmoronamiento de estos pactos no tendr lugar en Bolivia hasta las dcadas de 1860-1870. Desde la
emancipacin hasta entonces, el incipiente Estado republicano continu respetando de facto los derechos
corporativos (Larson, 2002:146). La racionalidad del consenso civilizador criollo que subyace a la
bsqueda de la extincin jurdica de la comunidad indgena, est intrnsecamente ligada a la equiparacin
entre aumento de racionalidad como fenmeno que debe acompaarse de un aumento en la actividad
mercantil (Platt, 1988:368) y a las justificaciones biolgicas y positivistas del carcter inherentemente reacio
al mercado de los indgenas. Desde el silogismo de la pre-racionalidad relegaba a los aillus al pasado (Platt,
1988:368), iniciando la produccin de la no contemporaneidad de lo contemporneo, como forma de recorte
de realidad (siguiendo a Sousa Santos, 2005:161). Esta racionalidad se desarroll junto a las presiones
emanadas del capitalismo mundial despus de mediados del s. XIX, coincidiendo con la implantacin del
ferrocarril y el despunte de la economa de la plata. Hasta entonces, la poblacin criolla no experiment la
necesidad de establecer una apertura a la inversin extranjera, lo cual se suma a la voluntad de conservar
las costumbres coloniales por parte de numerosas elites provinciales (ver Larson, 2002:147-149).
25
Silvia Rivera distingue entre una incorporacin plena que genera una erosin ms profunda de las autoridades
comunales (Cochabamba) y una incorporacin imperfecta altiplano (Rivera 1983:180), donde la persistencia
del aillu tiene lugar en forma integrada de cohabitacin sincrtica, esto es: en aquellas comunidades en las que
la implantacin sindical slo tuvo un carcter nominal que se redujo a un reemplazo del nombre de la antigua
comunidad y a mnimas modificaciones en la vinculacin inter-comunitaria y de stas con el exterior. En muchas
de ellas, simplemente pasaron a llamar secretario general al jilaqata (ver Alb, 1988:486).
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Tapia ha llamado baja visibilidad o subsuelo poltico Luis Tapia citado por
Hylton, 2005:16. Es entonces, desde los altibajos de esta lnea discontinua de
des-indianizaciones y re-indianizaciones de la poltica, donde los elementos
de continuidad se mantienen en torno a los fenmenos estudiados por Forrest
Hylton y enunciados al principio, donde podemos percibir lo viejo y lo nuevo en
los movimientos indgenas de Bolivia. De esta forma, ya no nos preguntaremos
por el surgimiento de movimientos indgenas como si de una generacin ex novo
se tratase, sino por su re-posicionamiento protagnico actual, su nueva visibilidad
poltica, su nueva ubicacin en el proceso de globalizacin en marcha y por las
formas de recreacin cultural y de relacin con otros sectores subalternos en su re-
etnificacin de identidad ms inmediata. No obstante, la larga temporalidad que
proponemos no tiene por qu petrificar el anlisis de estos movimientos. Cualquier
estudio mnimamente concienzudo de la transmisin oral y de la generacin de
la memoria histrica de los movimientos indgenas, de sus repertorios de accin
colectiva y de sus relaciones con otros actores, evitar presentarlos como simples
trasplantes de un pasado cultural regurgitado. Como ha sealado Brooke Larson,
los usos nativos del pasado no constrieron [ni entonces ni en la actualidad] su
capacidad para adaptar sus estrategias a medida que los equilibrios del poder y las
circunstancias fueron cambiando (Larson, 2002:149).
En contestacin al segundo interrogante esbozado al comienzo del epgrafe y
retomando el anlisis de la actualidad, las claves que han aportado una visin de
conjunto necesaria para facilitar una respuesta, pueden encontrarse en la obra de
lvaro Garca Linera del ltimo lustro. Remontndonos a la reconfiguracin de
la estructura social que diagnosticbamos en el sub-epgrafe anterior, el socilogo
boliviano relacionaba el trnsito entre los ciclos de las condiciones obreras de
la proletarizacin de oficio de gran empresa (1910-1986) y de especializacin
industrial flexible (1986 en adelante) con el final de la forma sindicato que
habra catalizado progresivamente al grueso de la articulacin subalterna desde
la Guerra del Chaco hasta la consolidacin neoliberal. Durante el siguiente
quinquenio, tras la desintegracin del sindicalismo obrero y el colapso de las
opciones polticas del katarismo, la articulacin de los movimientos sociales
habra estado caracterizada por un repliegue corporativo que el propio Garca
Linera ha definido como prdida de iniciativa poltica de las clases subalternas, una
corporativizacin localista de las resistencias y el despliegue de mltiples micro
estrategias defensivas (Garca Linera, 2005:65) personificadas en las esquirlas
del movimiento obrero, movimientos gremiales y vecinales de base territorial. A
excepcin de los anteriores se encuentra el movimiento cocalero del Chapare y
del despertar de las organizaciones indgenas de tierra amaznica.
El primer paradigma con el que analizamos las sinergias actuales de los movimientos
sociales es la forma multitud, que hara referencia a las nuevas formas de
unificacin social que resultan operativas durante el ciclo rebelde de 2000-2005.
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
Esta forma de agregacin de sujetos colectivos en forma de red de redes de
carcter abierto, laxo y flexible estara relacionada con las transformaciones
descritas en los nuevos paisajes de la globalizacin de la Bolivia actual, donde
la superposicin de identidades locales, gremiales, tnicas y vecinales se apoderan
del principal espacio de socializacin y confrontacin, que en anteriores contextos
corresponda al centro de trabajo. En estas formas de aglutinamiento, se ha
integrado la individualidad carente de filiacin orgnica cohabitando con formas
de representacin de entes locales en instancias deliberativas ampliadas, donde las
decisiones vinculantes de los entes inferiores acotaban el margen de maniobra
de la representacin (Garca Linera, 2005:16). Mientras tanto, la accin colectiva
se articul en torno a demandas reactivas de acceso a los recursos naturales, por
ejemplo y proactivas reconocimiento de la democracia asamblearia directa,
profundizacin en los mecanismos de participacin democrtica y de control del
poder poltico o la convocatoria de la Asamblea Constituyente procesadas desde
el pensamiento de emancipacin. En este modelo de articulacin polidrica, se
irradian las formas democrticas de gestin cotidiana desde los mbitos de lo local
hacia la construccin de movilizaciones generales en escalas macro regionales
y nacionales. Hasta la fecha, el desarrollo de los acontecimientos en el ciclo
rebelde boliviano denota una capacidad de intervencin poltica y de interpelacin
eficaz, aun en ausencia de estructuras macrocfalas y rutinarias de convocatoria
para la accin colectiva mancomunada (Garca Linera, 2001b:185-187).
De manera imbricada en las formas de unificacin anteriores, se superpone la
forma comunidad, propuesta igualmente por Garca Linera para referirse al
influjo de las dinmicas comunitarias en la poltica. La relevancia de las mismas
ha sido expresada, durante las rebeliones aimaras que se suceden desde el ao
2000, en las sustituciones de poder poltico estatal por sistemas de poder comunal
supra-regional descentralizado que coordinan redes complejas de autoridades bajo
lgicas rotativas. Los mecanismos comunitarios de participacin, deliberacin y
toma de decisiones han sido empleados en los enfrentamientos con el ejrcito, en
la forma de bsqueda de consensos inter-comunitarios y en el carcter vinculante
de la voluntad de las bases en la toma de decisiones supra-comunitarias (Garca
Linera, 2001b:187-188). De esta forma, las dinmicas comunitarias de gestin de la
vida social presentes en la organizacin del aillu se readecuan en la confrontacin
poltica26 organizacin de bloqueos, milicias
26
Estas re-adecuaciones no son privativas
d e l m o m e n t o a c t u a l . D e h e ch o ,
y sustitucin de instituciones estatales y locales
la revitalizacin de los aillus ante el de poder poltico por niveles de gestin comunal
asedio liberal de la 2 mitad del S. XIX de carcter supra-regional y descentralizado.
a travs de los movimientos de caciques
apoderados ha sido calificada tambin Este re-dimensionamiento de las formas de
como comunidades en confrontacin organizacin tradicional ha desplegado formas
(Larson, 2002).
de rotacin, turnos, trabajos, comunicacin
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inter-comunitaria y de comida en comunidad a travs de la presencia de los
sistemas tradicionales del ayni, la minka, los chaskis mensajeros indgenas
y el apthapi comida en comunidad en las movilizaciones27 (vase Mamani,
2004b:32-33). Estos mismos tambin han puesto de relieve que el influjo de
las dinmicas comunitarias ha trascendido el mbito de lo rural, para alcanzar
a las grandes ciudades, tal y como exponamos en el epgrafe anterior. Por esta
razn hablamos de forma comunidad (Garca Linera, 2001b) o de sistemas
comunales (Flix Patzi, 2006), para referirnos a influjos que trascienden el
marco del aillu contemporneo28, con independencia de que tengan o no una
raigambre en los mismos.
Entendemos que el ao 2000 constituye un punto de inflexin entre el repliegue
corporativo como culminacin de la disolucin de la forma sindicato y
el despliegue de las formas multitud y comunidad como alternativas que
han permitido nuevamente una articulacin horizontal en torno a una nueva
poltica de necesidades vitales que al imbricarse en una tectnica compleja con
reafirmacin de las polticas de la etnicidad29, han reconvertido una multiplicidad
de crisis coyunturales en una crisis estructural que atae a la propia impugnacin
des-colonial de las estructuras de exclusin de ms larga duracin en repblica
boliviana. Este salto de escalas se generaliza en torno a la guerra del gas de 2003,
facilitando un proceso de smosis inter-subalterno en torno a la convergencia
de una pluralidad de demandas locales en una unidad de objetivos polticos
27
El ayni se define como cooperacin recproca entre familias o aynuqas dentro de cada aillu (Pacheco,
1992:351), mientras la minka tendr que ver con la reciprocidad entre aillus (Pacheco, 1992:361).
28
William Carter y Xavier Alb precisaron que el aillu contemporneo ha experimentado notables
cambios con respecto al precolombino archipilago des-territorializado sin continuidad espacial, cuya
base de pertenencia estriba en el parentesco real o ficticio con antepasados comunes para instituir acceso a
recursos y climas distantes y coordinar formas de trabajo colectivo (Alb, 1988:452-453). En su acepcin
actual, denota un crisol de situaciones distintas con rasgos comunes compartidos. Alb distingue entre
grandes aillu, en vastas zonas del sur, donde la hacienda nunca lleg a penetrar masivamente al permitir
la pervivencia de niveles articulados de formaciones extensas de unidades territoriales e incluso niveles
de organizacin superior y; comunidades residuales a nivel mnimo en zonas de avance masivo de
haciendas y comunidades de ex haciendas, fruto de la reconversin de haciendas en comunidades mnimas
durante la Reforma Agraria (1953), en algunas haciendas en las que la falta de capital habra provocado
la necesidad de los dueos de no deshacer totalmente la estructura comunal, para aprovecharla teniendo
en cuenta sus propios fines (Alb, 1988:456-462).
29
En este contexto, la mercantilizacin de las condiciones de la reproduccin social bsica tiene una doble
lectura en trminos de bases materiales para la reproduccin cultural, cognitiva y simblica. La sustraccin
del agua al control consuetudinario comunal valles cochabambinos y a los micro-gobiernos barriales
periurbanos Cochabamba, El Alto, a parte del agravio econmico de las subidas tarifarias entraan
un ataque y un desprecio absoluto hacia formas de existencia social. As fue entendido por los actores de
la guerra del agua: Cuando se quiere privatizar las aguas, quieren privatizar de las comunidades, quieren
privatizar de los barriosla defensa de nuestras costumbres es que nos une, tanto al campo como a la
ciudad (Omar Fernndez citado por Garca Linera, 2004:651). Este proceso es anlogo al experimentado
por las comunidades aimaras del altiplano y guaranes del Chaco en torno a sus demandas relacionadas
con los hidrocarburos, los territorios indgenas y la des-colonizacin del poder.
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
Asamblea Constituyente, a travs de la articulacin de diversos planos:
demandas corporativas micro; inters general: nacionalizaciones, asamblea
constituyente, integracin regional horizontal meso y horizontes anti-
neoliberal des-colonial (ver Cabezas, 2007).
4. El viejo fantasma vuelve con una sbana hecha de retales
(Neoliberalismo y fuerza de trabajo)
Ahora trataremos de poner en relacin los procesos histricos descritos con las
formas de reconstruccin poltica, con respecto a lo subalterno, que han producido
un nuevo equilibrio poltico favorable a la fuerza de trabajo colectiva en Bolivia,
cuya rearticulacin ha resultado ser un hbrido de subjetividades tnicas y nacionales
difusas, de la cual se desprende una compleja y heterognea alianza de clases que
toda mirada certera sobre la situacin boliviana est forzada a entender.
El modelo neoliberal, que en Bolivia lleg en 1985 de la mano de Vctor Paz
Estensoro anteriormente figura de la revolucin nacionalista tena una ingente
tarea poltica de destruccin como condicin necesaria para su despliegue histrico.
Las privatizaciones de sectores econmicos fundamentales, la desregulacin
de mercados centrales, y la progresiva desnacionalizacin de una economa ya
plenamente inserta en procesos de periferia30, necesitaban previamente de la
destruccin de una sociedad civil que, a falta de un trabajo poltico nacionalista
y de produccin de ciudadana por parte de las clases dominantes, se articulara
fundamentalmente en torno a los ncleos proletarios y las organizaciones obreras
(Tapia, 2006:247). La Central Obrera Boliviana era el polo de construccin de
narrativa e integracin nacional ms importante del pas.
Para la entrada del nuevo milenio, los ataques a la minera, verdadero ncleo del
movimiento obrero boliviano y vanguardia y paradigma de la COB, haban hecho
pedazos una sociedad civil compuesta en torno a la centralidad obrera.
En Abril del ao 2000 se produce en Cochabamba31 la primera victoria popular del
siglo XXI contra lo que David Harvey llama acumulacin por desposesin: La
30
Los procesos de periferia son aquellos que operan en las zonas que participan de forma subordinada de la
divisin del trabajo caracterstica de la economa-mundo capitalista. Para una reflexin sobre las periferias
desde el anlisis de los sistemas-mundo, Vase Wallerstein (1974). Colin Flint y Peter Taylor (2000:21-
22) caracterizan a grandes rasgos los procesos que imperan en estas zonas nuevas no se incorporaron a
la economa-mundo en calidad de socios de pleno derecho, sino que se incorporaron en condiciones
desfavorables respecto a los antiguos miembros [...] como una combinacin de salarios bajos, tecnologa
ms rudimentaria y un tipo de produccin simple.
31
En 1999, el gobierno de Hugo Bnzer Surez dictador militar y luego presidente electo promovi la entrada
de la compaa transnacional Bechtel al hasta entonces inexistente mercado del agua en Cochabamba. Cuando
la Ley de Aguas 2029 decret la privatizacin de los recursos hdricos y su servicio, el denso tejido social de
Cochabamba comenz a parir una organizacin que sera luego el paradigma de las nuevas narrativas de
resistencia en Bolivia. La Coordinadora en Defensa del Agua y de la Vida reuni a Regantes, campesinos cocaleros
y sus sindicatos, estudiantes y un sector fabril que consegua aglutinar a trabajadores flexibles, domsticos.
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solucin a las crisis de sobre-acumulacin capitalista a travs de la expropiacin
de los bienes pblicos, recursos naturales, servicios o saberes colectivos, y su
sometimiento a regmenes de mercantilizacin. (Harvey, 2003:88-92) Se trata
indudablemente de un hito de las resistencias anti-neoliberales, de una demostracin
de su plausibilidad tras casi dos dcadas de derrota presididas a escala global por
el TINA32 de Margaret Thatcher. Pero se trata de mucho ms: en Cochabamba
quiebra el modelo privatizador impuesto en Bolivia desde 1985, y an ms, se
abre un ciclo rebelde que impugnar incluso la misma composicin poltica del
estado criollo boliviano. La victoria de los sublevados cochabambinos devolvi
el agua y su gestin a los habitantes de Cochabamba, al tiempo que devolva la
esperanza a las multitudes bolivianas y sobresaltaba a las clases dominantes: un
sujeto descompuesto, con una narrativa hecha
32
TINA: There Is No Alternative, o la ideologa
neoliberal convertida durante dos dcadas de retazos y francamente imprevisto derrotaba
en representacin poltica hegemnica del a la multinacional canadiense que en Bolivia
desencanto, el cinismo y la renuncia de lo
sujetos subalternos a articular proyectos se llamaba Aguas del Tunari y revelaba la
polticos autnomos y rupturistas. ceguera de la lite boliviana.
Una recomposicin poltica radicalmente nueva de la fuerza de trabajo
colectiva boliviana se constitua en la memoria corta de resistencia contra el
neoliberalismo y se reclamaba, desde la memoria larga, heredera de 500 aos
de resistencia al sistema colonial. Las lneas de reconstruccin de un proyecto
autnomo de impugnacin del estado neoliberal y colonial partieron de diferentes
agenciamientos de lo subalterno:
En primer lugar, el fortalecimiento como actor poltico de masas a escala nacional,
los sindicatos agrarios, que extraen su fuerza y composicin interna de su ntima
imbricacin en densas redes comunitarias, hasta el punto que:
La estructura sindical comunal est basada en ncleos familiares y
ncleos comunales que de forma escalonada estn, finalmente, afiliadas al
ente nacional, la CSUTCB [] En realidad, a pesar del denominativo de
sindicato, que es una herencia de la revolucin de 1952, en el fondo, se trata
de una organizacin econmica y territorial de comunidades y aillus, que,
desgarradas por siglos de arremetidas en contra de la propiedad comunal
ya sea en el perodo colonial o en el republicano, perviven no slo en sus
formas de uso y propiedad de la tierra sino, sobre todo, en su organizacin
poltica particular. (Chvez, 2006:30)
Todo esto les permite una enorme capacidad, como mquinas de guerra, en
tanto que sociedades en movimiento (Zibechi, 2006:49) que ponen a trabajar,
en un combate bio-poltico todas sus formas de organizacin y relacin no
capitalista (Garca Linera et al., 2006:130). El fin de la separacin es en este caso la
extrema politizacin de lo cotidiano, la potencia de las estructuras organizativas y
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subjetividades comunitarias dedicadas a hacerle la guerra al Estado capitalista, como
cuando en los bloqueos del altiplano los turnos de rotacin en las barricadas se
alternan y reproducen los de la rotacin para el cultivo de los campos o vigilancia
de los barrios. (Zibechi, 2006:349).
En segundo lugar, el indigenismo katarista33 se ha reforzado en el altiplano
por la agudizacin de la confrontacin anti-estatal en las provincias del norte del
departamento de La Paz y por la emergencia poltica de los pueblos indgenas del
oriente boliviano. Unido al indianismo y con la politizacin de la identidad tnica
como vehculo,
La cuestin indgena ha permitido redimensionar las demandas de
legitimidad, soberana y dignidad como ejes nacionales [] Es lo indgena
como lo ms profundo para proponer lo ms novedoso de hacer y decir las
cosas comunes de nuestra sociedad (Vega Camacho, 2006:191)
Componen todo un discurso de soberana y dignidad nacional que aunaba la
defensa de los recursos naturales con la denuncia de los mecanismos coloniales
de segregacin y dominacin (Patzi, 2006:54). La centralidad obrera haba sido
derrotada por los procesos de fragmentacin de la produccin, privatizacin
de los sectores fundamentales de la poltica econmica y desregulacin de las
relaciones laborales. Neutralizados los polos obreros de articulacin de la sociedad
civil, sustituida la mediacin ascendente de las organizaciones sindicales por la
mediacin descendente de los partidos como redes clientelares y prebendales
(Tapia, 2006:248-252), un paulatino proceso de desnacionalizacin y desintegracin
de la comunidad poltica boliviana fue la concrecin y necesaria condicin poltica
para el plan de empoderamiento de las clases dominantes bolivianas a travs de
su papel intermediario en la progresiva venta de los recursos naturales y sectores
clave de la economa del pas.
Fue un sujeto mltiple el que vino a quebrar este diseo poltico. Diferentes
dolores y exclusiones compusieron un movimiento trenzado por la defensa de
la soberana nacional y la reinvencin misma de lo nacional desde abajo, desde
los sujetos oscurecidos por la nacin criolla34.
33
El Katarismo es la politizacin del mito de Tupac Katari, caudillo indgena que capitane una amplia revuelta
contra los colonizadores espaoles, que pag con su vida. El Katarismo es una de las articulaciones radicales
indias que propugnan la abolicin de las construcciones polticas, y en primer lugar, de los estados criollos
impuestos a los indios por la modernidad eurocentrada. Lucha de clases y conflicto tnico-civilizatorio se
entrecruzan as en un potente relato de combate: Esta casta [la criolla mestiza blanca], que naci contra la
indiada, sistemticamente ha dependido en su vida, xito y fracaso y se ha servido y se sirve de ella.
(Patzi, 2006:53).
34
Una nacin impregnada de los cdigos de lo que John Agnew llama la imaginacin geopoltica moderna,
que, entre otras cosas, instituy la idea de que exista una jerarqua en las sociedades humanas, de lo
primitivo a lo moderno (Agnew, 2005:49) en la que obviamente lo indgena slo puede estar presente
como pasado o como folclore.
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Si bien los grandes sindicatos de obreros de oficio haban sido
desmantelados desde la aplicacin de la ley 21060 y la relocalizacin, a la
par se haban ido gestando otros actores sociales: sindicatos cocaleros y las
organizaciones indgenas del oriente. El abril cochabambino represent el
inicio de un renovado ciclo de movilizaciones y articulaciones populares, que
continuaran en septiembre y octubre del 2000, marcando un resurgimiento
contundente del movimiento indgena (Chvez, 2006:15)
Tras la victoria de Cochabamba, el ao 200135 supondr un espectacular incremento
de las movilizaciones que van ganando en proyeccin nacional y en capacidad
de integracin poltica. La Guerra del Gas, librada en septiembre y octubre
del 2003 contra la intencin del Gobierno de Gonzalo Snchez de Lozada de
exportarlo en condiciones altamente beneficiosas para las multinacionales pero
prcticamente nula rentabilidad social y beneficio popular, supone un punto de
inflexin: pese a la brutal represin, el presidente tiene que dimitir, y las capacidades
de los movimientos se hacen patentes y adquieren repercusiones internacionales.
Ya no se trata de resistencias dispersas y reactivas, sino de un bloque social que
comienza a ser hegemnico, y que es capaz de salir victorioso de un desafo
poltico y militar al Estado capitalista. El Altiplano y, de manera especial, El Alto,
35
Ver el cuadro cronolgico de las
sern laboratorios de formas avanzadsimas
movilizaciones en el que Jorge Viaa de contrapoder constituyente: Durante diez o
defiende el ao 2001 como la cspide del doce das de octubre de 2003, los pobladores
ciclo, marcada por la masiva capacidad
de convocatoria de los movimientos de El Alto a travs de las juntas vecinales o
sociales y su intacta capacidad de de otras instancias actuaron como gobiernos
iniciativa poltica, que obligaba al estado
a reacciones exclusivamente defensivas barriales suplantando a un estado deslegitimado
(Viaa, 2006:210). y ausente (Zibechi, 2006: 42)
Los relevos institucionales posteriores y la relativa atencin de los movimientos
sociales a la iniciativa estatal han sido visto por algunos autores como una prdida
de autonoma y de capacidad poltica de los rebeldes Jorge Viaa (2006) o Ral
Zibechi (2006), pero quiz sea ms plausible entenderlo como una crisis de
relevo entre las lites polticas tradicionales bolivianas, en un contexto de aguda
crisis estatal o, en palabras de Luis Tapia, Crisis del Estado aparente que
fue siempre la ficcin jurdica que planeaba sobre la precaria sociedad nacional
boliviana (Tapia, 2006:249) y de una correlacin de fuerzas marcada por la
imposibilidad tanto de las clases populares, como de la oligarqua, de cerrar la
crisis plenamente a su favor.
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El regreso de Tpac Katari . Bolivia y los procesos de transformacin global del capitalismo
5. Un aimara bloqueador36 en el Palacio Quemado
En esa clave deben ser entendidos los histricos resultados electorales que
el Movimiento Al Socialismo obtuvo la jornada del 18 de Diciembre de
2005, y que llevaron a Evo Morales Ayma, un dirigente aimara y cocalero del
Chapare, al Palacio Quemado. En un contexto de evidente ingobernabilidad,
la clase dominante boliviana, agregada de
36
Bloqueador es el insulto que la clase
media-alta criolla le dirige al presidente los capitales extranjeros que operan en el
Evo Morales, para deslegitimar su faceta pas, renuncia a una tarea imposible, y cede
de estadista recordando su naturaleza de la iniciativa poltica. El arrollador triunfo del
alborotador. Por el contrario, el bloqueo
es la expresin orgullosa de una dignidad Movimiento Al Socialismo encabezado por
renacida de ser bolivianos en los explotados, Evo Morales ratifica el agotamiento de los
que taparon los caminos para que los
recursos del pas no fuesen malvendidos.
partidos polticos tradicionales y un relevo en
El bloqueo es, adems, un repertorio de la iniciativa nacional: accede al poder poltico
actuacin que integra la memoria corta el nuevo bloque social hegemnico, que el
de resistencias al neoliberalismo con la
memoria larga de 500 aos indmitos actual vicepresidente de Bolivia caracteriza de
frente a la colonizacin. indgena-popular (Garca Linera, 2004).
Pese a no haber protagonizado las guerras del agua ni del gas, el MAS, que se
autodefine como Instrumento Poltico para la Soberana de los Pueblos, reordena
el panorama poltico. Evo Morales es a la vez la nica solucin de gobernabilidad
para el pas, y el ariete institucional de los movimientos sociales, ampliamente
hegemnicos en el pas. El MAS aparece entonces como lmite del proceso
insurreccional, pero al mismo tiempo como salida plausible de una potencia social
que demuestra agotamiento y poca capacidad de despliegue a escala nacional de un
proyecto de sustitucin de las estructuras coloniales por formas de poder alternativo,
democrtico y revolucionario. Est en lo cierto Jorge Viaa cuando afirma que [La
victoria electoral del MAS] no es el resultado de la combinacin de una estrategia
de movilizacin con una estrategia electoral. Es, fundamentalmente, el reflejo en
el escenario liberal electoral de la fuerza de la autoorganizacin de las mltiples
colectividades movilizadas en los ltimos aos (Viaa, 2006:234). Sin embargo,
decir que El MAS solamente capitaliz esta realidad en el mbito electoral (Viaa,
2006:236) es decir mucho menos de lo necesario. Porque la victoria de Evo Morales
en las elecciones no es mero reflejo institucional de la accin, que sucede siempre pura
y potente en la calle: es en s misma una accin. Una participacin de ms del 80 %
y un voto por encima del 54% que dan una certera ilustracin sobre la magnitud del
fenmeno: El Movimiento Al Socialismo acert al ofrecerse como salida intermedia
entre una insurreccin que no llegaba y una restauracin que pareca impotente.
Al estar todos comprometidos con las polticas de regulacin, y ajuste estructural,
imperantes mediante el odiado sistema de la democracia pactada que garantizaba
el reparto permanente del poder con base en arreglos internos de una lite criolla,
endogmica y carente de un proyecto nacional diferente a la dominacin de la fuerza
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de trabajo y los pueblos originarios que le permitiesen hacer suculentos negocios
como agregados comerciales de las empresas transnacionales, y especialmente de
la potencia hegemnica en el continente; el MAS gana las elecciones empujado
por la percepcin generalizada de que ninguno de los partidos tradicionales podra
encabezar proyecto alguno de renovacin nacional. La dinmica institucional de
la democracia liberal se renueva y se oxigena, la clase dominante toma aliento,
pero el precio a pagar es dejarle la iniciativa poltica a un MAS que goza de ancha
legitimidad para emprender las transformaciones sociales de una agenda que han
impuesto los movimientos sociales: nacionalizacin de los hidrocarburos, reforma
agraria que redistribuya la tierra asaltando el latifundio, descolonizacin de las
estructuras polticas y de las formas de produccin de conocimiento, convocatoria
de una asamblea constituyente, en fin, que se encargue de refundar Bolivia, de
deconstruir el estado liberal y colonial, dirn los movimientos ms radicales.
Un significativo acierto histrico, seguramente no desprovisto del componente
aleatorio inevitable en los grandes procesos histricos, postul al Movimiento
Al Socialismo como el catalizador de una enorme acumulacin de fuerzas de las
multitudes bolivianas, y posteriormente como el ariete institucional que propiciase
la posibilidad de un rediseo del marco jurdico a favor de las clases subalternas.
Nacido en principio como el Instrumento Poltico de las Seis Federaciones
Sindicales cocaleras del trpico cochabambino:
Presentado como una federacin de movimientos sociales, el instrumento poltico
tendra que posibilitar y garantizar un control permanente de su funcionamiento
por las organizaciones sindicales (Do Alto y Stefanoni, 2006:59).
Su planteamiento de la defensa del cultivo de hoja de coca como una defensa de
la dignidad nacional frente a las injerencias del mando neoliberal transnacional e
imperialista estadounidense, y como una reivindicacin de la soberana popular del
derecho al control pblico de la produccin y los recursos naturales de Bolivia, le
hizo superar rpidamente los intereses corporativos y regionales y convertirse en un
polo de acumulacin de fuerzas populares a escala nacional (Tapia, 2006:254).
El MAS es la articulacin, no exenta de contradicciones y carencias, de todos
los sectores subalternizados por el estado colonial capitalista, comandada por
una emergencia del indgena como sujeto poltico, que cuestiona la modernidad
y sus formas polticas: alrededor de la politizacin profunda de la identidad
tnica, se articulaban las luchas antineoliberales y de descolonizacin del pas
(Viaa, 2006:203).
Esta emergencia indgena tiene difcil despliegue poltico en el marco del Estado
boliviano, que es sin duda una construccin criolla. Pero he aqu el mayor logro
del partido actualmente de gobierno, que se concibe Instrumento Poltico para
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la Soberana de los Pueblos: el MAS es capaz de articular la identidad de clase, la
identidad popular y la identidad indgena, y armar desde estos tres lugares una
narrativa de soberana plurinacional y de justicia social, de un sujeto mltiple que se
postula como el nico capaz de y legitimado para reconstruir la nacin frente a
los explotadores identidad clasista, a los procesos imperiales de subordinacin
de Bolivia identidad nacional-popular y a la exclusin y el universalismo de
una matriz cultural y de civilizacin importada identidad tnica. No se trata
de una impugnacin de la Nacin boliviana, sino de una interpelacin a las lites,
denunciadas como anti-nacionales en un relato cercano al populismo37 que postula
al pueblo como el sujeto poltico del cambio, enlazado con el lder esta vez a
travs de la mediacin de los movimientos sociales, que est fuertemente presente
comenzando por el propio partido de gobierno. La observacin de Stefanoni
y Do Alto nos es aqu altamente ilustrativa: en cada ampliado del MAS puede
observarse la escenificacin fsica de la supremaca sindical: normalmente, en la
testera se ubican los dirigentes de las organizaciones que componen el instrumento
poltico como la CSUTCB, la Confederacin
No se usa aqu el trmino populismo
de Colonizadores o la Federacin de Mujeres
37
como descalificacin sino como una
descripcin, desde la perspectiva de Ernesto Campesinas Bartolina Sisa, mientras que
Laclau, de una determinada articulacin los parlamentarios se ubican en el saln y ,
poltica propiciada por un relato nacional- corrientemente, deben rendir cuenta de su
popular encarnado en un estado de relacin
privilegiada con las masas. actividad ante las organizaciones sindicales
(Do Alto y Stefanoni, 2006:64).
La hegemona indgena-popular funciona entonces como un impulso plebeyo
de refundacin del Estado boliviano desde abajo, desde premisas comunitarias,
originarias, de justicia social y de inclusin democrtica. El programa, ser el
dictado por los movimientos en las luchas de los aos pasados: descolonizacin
social, jurdica y poltica, recuperacin de los recursos naturales, reforma agraria
y profundizacin democrtica.
6. Poder constituido y el poder constituyente
Es precisamente la Asamblea Constituyente la figura institucional privilegiada
del tiempo poltico que habita el MAS, y del que se sabe ciertamente deudor. Su
reivindicacin fue la consigna ms avanzada ms poltica valga decir de
los movimientos sociales en las luchas contra el modelo neoliberal y el estado
colonial, y estaba llamada a ser el espacio de cristalizacin de los consensos
sociales anti-estatales y autnomos producidos en los aos de las movilizaciones
(Garca Yapar, 2006:35). La Asamblea Constituyente actualmente en marcha en
Bolivia no ser eso: la polmica Ley de Convocatoria descart la posibilidad de una
cmara, expresin del poder constituyente de las multitudes, con representantes
de las comunidades indgenas y los movimientos sociales. Se estableci, por el
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contrario, la representacin partidista y liberal. Fuese por el miedo a la reaccin
internacional y el boicot de todas las fuerzas conservadoras, fuese por la voluntad
del MAS de postularse como el nico interlocutor posible de ese pacto entre el
Estado y los movimientos que opera de manera ms o menos explcita y ms o
menos tensionada en Bolivia con el paso de los meses; el poder Constituyente, que
se llama as mismo originario y plenipotenciario, sigue una conformacin liberal y
habita los consensos de la gobernabilidad y la estatalidad, pero es al mismo tiempo
el campo de enfrentamiento privilegiado entre el bloque indgena-popular, por
un lado, y el feroz inmovilismo de la derecha, reagrupada en torno a la oligarqua
regionalizada y regionalista del oriente del pas y con la obstaculizacin y
atrincherada en la defensa al milmetro del Estado de derecho, esto es, de la ley
muerta dejada en herencia por las lites tradicionales.
La emergencia poltica de las multitudes bolivianas y la reaccin de las lites
tradicionales habran quebrado el anterior consenso de la gobernabilidad pactada
produciendo una triple fractura en el Estado-Nacin boliviano: una crisis de la
poltica neoliberal para la satisfaccin de demandas sociales clase, una fisura
en la colonialidad del poder falla tnica y una fractura espacial que vendra
a manifestarse a raz del desplazamiento del liderazgo econmico hacia el oriente
Santa Cruz, Tarija y Beni (Garca Linera, 2005:28). Las demandas autonomistas
de la lite han gozado de una buena recepcin en los sectores populares de la
regin, lo cual convierte su liderazgo en hegemnico dentro de la esfera regional.
La rplica a la demanda del polo contra-hegemnico de nacionalizacin se
formula bajo un discurso dicotmico regional que responsabiliza al centralismo los
problemas subalternos regionales. Al no poder extender su horizonte discursivo a
escala nacional, al haber quebrado los presupuestos neoliberales en el occidente, se
han visto obligados a convertir su lucha por la disputa de los recursos naturales en
un dique de contencin regionalizado (Garca Linera, 2005:41). El discurso de la
lite crucea concibe la regin como carente de conflictos internos y se presenta
como homogneo y genuino regional, estigmatizando a aquellas organizaciones
que cuestionan la gestin de los centros de poder Comits Cvicos, como
son los casos del MST, CPESC, Bloque Oriente, COD y la FSUCCT. En este
sentido, los comits cvicos, estructuras de aglutinamiento oligrquico formadas
desde 1950 con el Comit Pro Santa Cruz, han desplegado una poltica de
identidad en torno al concepto de nacin camba para presentarse ante la opinin
pblica bajo la mscara de una Bolivia productiva que omite completamente las
guerras de exterminio y las adjudicaciones fraudulentas de tierras sobre las que
se basa la acumulacin primitiva de estas elites agropecuarias. El surgimiento de
estos regionalismos intra-departamentales ha construido su identidad sobre
la apropiacin de los estigmas que estas mismas elites crearon para subyugar
a las poblaciones indgenas de la zona. Willem Assies relata entonces cmo en
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1953 los patrones de la zona llamaban despticamente cambas flojos38 a los
38
Este mismo autor ha recogido un posible
peones, mientras en la actualidad son ellos
origen guaran del trmino para referirse mismos quienes se hacen llamar cambas y
a las clases bajas de aquel grupo tnico quienes, desde el 2001 redefinen el trmino
(Assies, 2006:98).
en una coctelera que reconvierte y coopta
el viejo estigma para reconvertirlo en estandarte de una supuesta entidad social
etno-histrica basada en el cruce mestizo (Assies, 2006:97). Pensamos que
esta nueva demarcacin de identidad no tiene nada de caprichosa y constituye,
por el contrario, una forma eficaz sobre la que se ha justificado la negacin de
identidades tnicas homogneas para representar a un Oriente exento de fracturas
etno-clasistas y reconducir la defensa de un proyecto oligrquico en trminos de
fractura espacial horizontal, que en su delirium tremens no duda en recurrir a las
categoras de Stavenhagen y Pablo Gonzlez Casanova para presentar su agenda
como propia de una nacionalidad explotada desde el colonialismo interno del
execrable centralismo colonial de Estado, que se apropia del excedente oriental e
impone una cultura de subdesarrollo (Assies, 2006:98). Si antes de la victoria del
MAS en diciembre de 2005, ya era previsible un recrudecimiento de esta fisura
especializada, hoy parece empezar a diseminarse hacia el espacio andino, cuyas
elites parecen re-articularse extrapolando estrategias espaciales orientales algo
evidenciado en las crisis desencadenadas por Reyes Villa de enero de 2007 y por
el Comit Cvico de Chuquisaca en torno a la capitalidad de Sucre.
En tal contexto, y en medio de una aguda confrontacin de clases, el Gobierno
del Movimiento Al Socialismo trata de ser lo ms fiel posible a su legitimidad
original y al mandato de los movimientos sociales. No obstante, la posibilidad
de que el actual gobierno sea un testaferro en el Estado de los movimientos
se hace altamente complicada debido a las inercias propias de las dinmicas de
funcionamiento estatal, pero tambin porque la legitimidad y el mandato expiran,
y slo pueden ser mantenidos y renovados con vigor por movimientos sociales
autnomos que puedan pensar polticamente por fuera de la territorialidad y el
tiempo estatal, desde la responsabilidad del poder constituyente desplegado en
las jornadas que hicieron caer a los gobiernos neoliberales, y desde el desafo de
articularlo como alternativa poltica a mediano plazo.
Sin la mayora de dos tercios que le permita ser pura y simplemente la expresin
institucional delegada de los movimientos sociales, el MAS se ve obligado a un
complicado ejercicio de bsqueda de alianzas con gran parte de los sujetos polticos
y corporativos del orden derribado por el ciclo rebelde (2000-2005). Pareciera que,
sin embargo, no valen aqu los vanos ejercicios de literatura de los ms diversos
tericos de la derrota y/o la repeticin, que temen toda innovacin que deshaga los
viejos esquemas, pulidos para la ocasin. Quienes vean en la experiencia boliviana
una reedicin de la conquista del poder estatal deben explicarnos cul fue el
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partido que la llev a cabo, y qu sujeto central jug el papel de agencia. Quienes
quieran ver, por el contrario, en la presidencia de Evo Morales una traicin o
desvirtuacin del proceso revolucionario abierto en Bolivia, deben dar cuenta
de la alta legitimidad histrica de las experiencias electorales radicales en Bolivia,
y presentar una hiptesis plausible alternativa al papel que la victoria electoral del
MAS jug como viabilizador de una apertura histrica lastrada, sin embargo,
por ciertos lmites que le dejaron finalmente al Estado la iniciativa poltica tras
haberlo derrotado en sucesivas ocasiones desde el ao 2000.
La realidad en Bolivia parece ser ms compleja: una abigarrada mezcla de prcticas
electorales y potencias auto-organizativas, de tensiones anti-estatales y pactos
polticos, de impugnacin katarista de la colonia y de alianza interclasista y
pluritnica. El proyecto que parece presidir tal abanico es el de la reclamacin
de la soberana popular y la denuncia de los mecanismos neoliberales y coloniales
de desposesin y subalternizacin. Contra ese avance histrico ya militan
con conviccin las oligarquas bolivianas y las transnacionales de las que son
intermediarias. Los movimientos, autntico y nico motor explicativo del tiempo
histrico y las posibilidades de autodeterminacin en Bolivia, deben ser capaces
de resistir la ilusin estatista mxime en un pas que, en su condicin perifrica,
redujo al Estado a su mnima expresin gestora y gendarme construyendo desde
la base, desde ya, formas alternativas de produccin, distribucin y vida. Pero al
mismo tiempo deben asumir su responsabilidad histrica apuntalando al gobierno
boliviano que consigui transformar un ciclo de protesta en declive en una posibilidad
de refundacin democrtica, integracin geopoltica contra-hegemnica en el
continente, y apertura de una secuencia anti-sistmica a escala global.
Conclusiones
Hemos pretendido, a lo largo de este artculo, dar cuenta del tiempo histrico
que discurre en Bolivia por considerarlo privilegiado para la accin poltica
anti-sistmica. Hemos tomado distancia del tradicional tercermundismo de
la izquierda: los excluidos y explotados bolivianos no tienen ante s enormes
posibilidades histricas por sus carencias sino por su potencia. No nos interesamos
por el proceso en marcha en el pas andino por una filantropa bienpensante
que se apiada de sujetos sin importancia geopoltica global, postulamos, por el
contrario, la centralidad poltica de los mismos.
Hemos dibujado a grandes rasgos un mapa que nos permita ubicar la experiencia
boliviana y sus posibles conexiones con los movimientos sociales del centro del
sistema-mundo capitalista. Boswell y Chase-Dunn (2000:244) sostienen que la
Unin Europea es el mejor candidato para liderar econmica y polticamente la
transicin en la configuracin del poder global que se vive desde las ltimas dcadas
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y que precisamente por ello presenta la ocasin para que el [eventual] xito de los
movimientos sociales en la Unin Europea afecte a la economa mundial. Para estos
autores, la consecucin de tal objetivo requiere de una alianza de los movimientos
globales y los Estados revolucionarios en la semiperiferia activamente vinculados al
desafo del internacionalismo (Chase-Dunn y Boswell, 2000:245). Tal vez Bolivia,
en la que los movimientos sociales estn asumiendo las ms altas cotas de gestin
poltica, sea el espacio ms favorable para pensar una posible gramtica de encuentro
entre los movimientos sociales del centro y los gobiernos contra-hegemnicos de
la periferia o semiperiferia, fundamentalmente en Amrica Latina.
Para explorar en dicha hiptesis, adems de situar a Bolivia en el mapa global de
la dominacin y las luchas, hemos necesitado bucear en la memoria larga de
las impugnaciones de masas de la colonialidad, y en la memoria corta de las
resistencias al neoliberalismo. Entre los bloqueos, los ampliados y los cabildos
hemos intentado explicar quines son los protagonistas del giro a la izquierda
en Bolivia, desde qu identidades se oponen a los planes imperiales para su pas,
para sus muchos pases.
Slo una vez que hemos delimitado los contornos de la subjetividad mltiple y
rebelde que quebr el orden neoliberal y colonial en Bolivia, nos hemos credo
en condiciones de analizar con cierto rigor los acontecimientos recientes en
el proceso constituyente boliviano, en una perspectiva sistmica e histrica, y
de establecer ciertas claves para orientarse en los meses siguientes. El intento
ha sido el de realizar una breve genealoga del poder constituyente desplegado
por las multitudes bolivianas desde las primeras resistencias exitosas contra la
ofensiva neoliberal, describir las articulaciones polticas que produjo y su compleja
relacin con el Estado una historia diversa de confrontaciones, negociaciones y
contaminacin mutua, hasta llegar al Gobierno del Movimiento Al Socialismo
y a una lectura subjetiva de la situacin actual y de los conflictos que se dan cita
en la Asamblea Constituyente que el 14 de Diciembre tendr que presentar un
texto a los bolivianos y a las bolivianas, que sea la expresin jurdica de una nueva
hegemona que reconstruye el pas desde abajo y a la izquierda, hablando, por vez
primera en su historia, desde tod@s y para tod@s los que lo pueblan y trabajan.
Ell@s y su avance dan sentido a este esfuerzo.
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NDICE
Editorial 9
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Contra el olvido
Desde el tico
Watchdogs. Ciudadana y Discursos del Desarrollo
Watchdogs Citizenship and Discourses of Development
Watchdogs: cidadania e discursos do desenvolvimento
Jorge Legoas P
Centro Interuniversitario de Investigaciones Indgenas (Cira)Universit
Laval, Qubec, Canad
Hilos descoloniales. Trans-localizando los espacios de la dispora africana
Decolonial Moves: Trans-locating African Diaspora Spaces
Avanos descoloniais.
Translocalizando os espaos da dispora africana
Agustn Lao-Montes
University of Massachusetts Amherst, USA
Los estudios gramscianos hoy: Gramsci lingsta?
Gramscian Studies Today: Was Gramsci a Linguist?
Os estudos gramscianos hoje: Gramsci lingista?
Manuel S. Almeida Rodrguez
Universidad de Puerto Rico
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