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Biografia San Alfonso Reymermet

Biografía de San Alfonso Ma., de Liguori, por el P. Theodule Rey-Mermet, CSsR. B.A.C. 1985. Congregación del Santísimo Redentor.
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ag La BAC Maior A publicacion de esta serie Maior de 44 Ia BAC responde al requerimiento insistente de muchos lectores que solici- tan obras que, por diferentes razones, no pueden ser incluidas en la coleccién Nor mal de la BAC ni en la Minor Ciertamente, la coleccién Normal de la BAC contiene los autores cimeros del pensamiento cristiano, cuya vigencia se guira perenne, asi como valiosos estudio del pensamiento y la ciencia modernos Perseveramos en es? decisiva tarea. po- niendo especial émpefio en responder al apetito espiritual y a la curiosidad inte- lectual del cristiano de nuestro tiempo Mas, asi como la BAC Minor abrio cauce editorial a documentos y,estudios monograficos que exigian formato ma- nual, la nueva coleccion BAC Maior edi- tara aquellas obras que, por su caracter monografico, su difusion mas restringida, su presentacion tipografica especial, a ve- ces con laminas:*su precio inevitablemen te algo mas alto (dentro de las normas de ima baratura, tradicionales en la BAC), exigen formato mayor Los tres grandes criterios definidores de esta nueva serie de la BAC responden a otras tantas necesidades del publico de habla castellana: alto nivel cientifico en el tratamiento, actualidad en la eleecion de los temas y dosificacion sabia de tradi- cin y progreso wh sap main 4. x A ATi os seule Metairie’) ol sty Giant: BIBLIOTECA AUTORES CRISTIANOS Declarada de interés nacional | ail FSTA COLECCION SE PUBLICA BAJO LOS AUSPICIOS Y ALTA DIRECCION DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA LA COMISION DE DICHA PONTIFICIA UNIVER. SIDAD ENCARGADA DE LA INMEDIATA RELA. GION CON LA BAC ESTA INTEGRADA EN EL ARNO 1985 POR LOS SENORES SIGUIENTES. PRESIDENTE: Exemo. y Rydmo. Sr. Dr. ANGEL SUQUIA GoICOECHEA, Card Arzobispo de Madrid-Alealé y Gran Canciller de la Universidad Pomificia VICEPRESIDENTE: Ilmo. Sr. Dr. JUAN LUIS ACEBAL LUJAN, Rector Magnifico. VocALts: Dr. ALFONSO ORTEGA CARMONA, Vicerrector Académico; Dr. ABRIGE PEREZ RODRIGUEZ, Decano de la Facultad de Teologia: Dr TropoRO JINENEZ URRESTI, Decano de la Facultad de Derecho Candnico. Dr. MANUEL CAPELO MARTINEZ, Decano de la Facultad de Ciencias Poli ticas y Sociologia; Dr. ANTONIO PiNTOR RAMOS, Decano de la Facultad de Filosofia; Dr. CARLOS CARRETE PARRONDO, Decano de la Facultad de Filologia Biblica Trifingiie: Dr. JUAN ANTONIO CABEZAS SANDOVAL, Dé cane de la Facultad de Pedagogia; Dr. ANTONIO VAZQUEZ FERNANDEZ. Decano de la Facultad de Psicologia; Dr. José SANCHEZ VAQUERO, Secre tario General de la Universidad Pontificia. SECRETARIO: Director del Departamento de Publicaciones. LA EDITORIAL CATOLICA, S. A.--APARTADO 466 MADRID @ MCMLXXXV THEODULE REY-MERMET EL SANTO DEL ms SIGLO DE LAS LUCES Alfonso de Liguori (1696-1787) PREFACIO DE JEAN DELUMEAU Br. Dr nico, Poli ultad ad de . De- DEZ. jecre. BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS EDITORIAL EL PERPETUO SOCORRO MADRID @ MCMLXXXV Titulo de la edicin original francesa: Le Saint du Siecle des Lumizres Alfonso de Liguori (1696-1787) La traduccion del presente volumen ha sido realizada directamente del francés por ANTONIO ETCHEGARAY Con licencia de! Arzobispado de Madrid- Alcala (31-VI1-1985) © de la edicién francesa: Nouvelle Cité, Paris 1982 1@ de la presente edicion: Biblioteca de Autores Cristianos, de La Editorial Catélica, S.A. y Editorial El Perpetuo Socorro, Madrid 1985 Depésito legal M. 31153-1985 ISBN 84-220-1205-7; 84-28 165-1 Impreso en Espaiia. Printed in Spain | A mis hermanos redentoristas en el 250 Aniversario de nuestra fundacién. event INDICE GENER Pigs, PROLOGO EAs airs xt PREFACIO, por Jean Delumeau 32222 xill NOTA A LA EDICION ESPANOLA xvit BIBLIOGRAFIA . 3 ie wees XIX PRIMERA PARTE «NOBLE, JOVEN Y RICO» (1696-1723) 1. Elafio de 1696 en el reino de Napoles BPM RR ee Heh 3 2. «Duques, no; caballeros, si» Bie ME hoy CME 10 3. Cunas y vidas ns she awe 4. Qué sera, pues, este nifio?» (1696-1708) ee bie 5. «Con toda diligencia y con todas sus fuerzas» (1703-1708) 41 6. En las grandes horas de Napoles (1707-1711) ...........000.. 52 7. Via dei Tribunali (1708-1713) BME. 2. ew 58 8. «En dibujo, pintura, arquitectura, Alfonso realizo maravillas..» . 72 9. «La masica me encanta 2.2.2... 2 EOP RT 10. Un abogado de dieciséis afios (1713-1723) 2... Fee eT I. «Oh mundo, ofréceme todo; tu ofrecimiento sera en vano!» (1710-1723) eliket MCAE TS. 102 12. {Proceso perdido o causa ganada? (1723) 021.111... 19 SEGUNDA PARTE «VETE, VENDE TUS BIENES Y SIGUEME> (1723-1732) 13, Los aiios de seminario: formacién y... {deformacion? (1723-1726) 135 14. Los afios de seminario: encuentros para la vida (1723-1726) .... 148 15. Misiones y ministerios (1724-1726) Bee 160 16. «Soy sacerdoten.,. (1727-1728) .. pe iS lear 17. Las «capillas de la noche» (1728-1732)... 183, 18. En el Colegio de los Chinos (1729-1732) 197 19. En mision... mas alla de Eboli (1727-1730) 0.20002. 2.0000220. 212 20. En mision... en Scala (1730) ....... 225 21. Maria Celeste Crostarosa (1730-1731) Hadi ano. Ata 22. aHaciendo a Jesucristo el sacrificio de Napoles...» (1731-1732) .. 254 TERCERA PARTE «ID, MAS BIEN, HACIA LAS OVEJAS PERDIDAS» (Mt 10,6) (1732-1762) 23. El voto del Fundador (noviembre-diciembre 1732) . 27 24. «Aunque tuviera que quedarme solo» (enero-mayo 1733) a> eyez 25. «Esas piedras de Scala» (junio-diciembre 1733)... a ecu 2%. «Esta comarca se ha convertido en un paraiso» (1734 323 27. En Ciorani, la casa madre... (1736-1741) ......-...---.-.--.. 342 28. «Nuestros métodos son diferentes». - L364 29. En cexilio» a las puertas de Napoles (mayo 1741-agosto 1742)... 375 iii Indice general x 30. gLiguori 0 Falcoia? (1742-1743) 31. Cenaculo y Pentecostés (1743-1745) 32, «Nacido para el bien de todos con su vida. su accion y su plu- ma» (1744-1748) 33. «Mi purgatorio aqui, en Napoles» (1747-1748) 34. La Congregacion del Santisimo Redentor (1748-1750) 35. El servidor de Maria (1750-1756) 36. «Un gran debate en el que se pesa el pro y €l contra» (1752-1762) 37. No perder ni un minuto (1754-1762) CUARTA PARTE «YO SOY EL BUEN PASTOR)» (1162-1715) 38. «Dios me arroja de la Congregacién» (marzo-abril 1762) 39. «Tenemos como obispo a un santo» (abril-julio 1762) 40. «Monsefior se suicida» (1762-1763) 41. «Dios nos sitiara por hambre» (1763-1764) 42. Obispo para Sant'Agata dei Goti (1763-1767) 43. Obispo para la Iglesia universal (1762-1774) 44. «Temo menos las persecuciones que nuestras infidelidades» (1766-1775) 45. «Descargado del monte Taburno» (1768-1775) QUINTA PARTE «A DONDE TU NO QUIERAS...» (1775-1787) 46. BEstey en Nocera, y me encuentro ahora en el paraiso» (1775- 47. Hasta la ultima gota... de su tinta (1775-1785) |. 48. «jVoluntad del papa, voluntad de Dios!» (1777-1781) 49. «Heme aqui, Dios mio!» (1781-1787) Inpices I. Indice onomastico I. Indice toponimico HI. Indice de materias 681 695 706 n4 741 752 758 PROLOGO 522 . incipio de este siglo, a propésito del Saint Alphonse de Li- guori publicado por el P. Berthe, se podia leer en las paginas rescas del Dictionnaire de Théologie Catholique: « Pensamos es la vida definitiva del santo doctor». Cuarenta afios mas 549 », el P. Cacciatore, gran conocedor de San Alfonso de Liguor: rq n una conferencia acerca de su espiritualidad: «Alfonso esta 503 ‘espera de su bidgrafo». Ignoro si algun ingenuo benévolo, al 604 estas paginas, ira a decirse: «Ya esté aqui el bidgrafo de- 625 ivo de San Alfonso». Sin embargo, no dudo que antes de cua- 642 OS apareceran nuevos trabajos que saquen a la luz publica 662 descubrimientos, respondan a otros interrogantes y dejen sa- otras sensibilidades. Algunos, incluso, cerraran estas pagi- iciendo: «Todavia Alfonso de Liguori espera a su bidgrafo». dran razon. La historia jamas se ha escrito de una vez por “9S cuestionamientos cambian. También, y en contra de lo ontdaneamente se piensa, el alejamiento progresivo de una e! de un personaje lo hace emerger cada vez mas de la oscu- uM en el decurso de cincuenta afios, se han realizado numero- . figaciones acerca de Alfonso de Liguori, de su medio eco- religioso, de su vida familiar y profesional. Al decir de Ja educacion del nifio empieza veinte afos antes, por la de su madre. Ocurrencia profunda la de los psicolog que dicen que el nifio queda «impreso» a los cuatro ativ y corregido», a mas tardar, a los nueve afios. «El nifio del hombre», ha dicho el poeta inglés Alfred Tennyson. e una biografia que no se extienda acerca del medio y . Por lo que toca a Alfonso, esto quedaba por hacerse. ‘a parte, por el hecho de que Alfonso de Liguori funda- egacion de los Redentoristas hace doscientos cincuenta jos han tendido a dar comienzo a su vida en Sala, en a la inversa lo que permite comprender el porqué de do y qué clase de fundador fue? En él nos interesan 1 sacerdote diocesano tanto como el obispo. camente, Liguori fue el «santo del siglo de las lu- que identificar la Hustracién con el anticristianis- Shi Pritogo mo de Voltaire, Alfonso habria sido su exacta antitesis. Pero no , asi, La Ilustracion no es propiedad exclusiva de la reducida porciiin de los enemigos de Cristo. Ante todo, es promocion de la razén, « la experiencia, de la libertad, de la persona. Es ampliacién campo del conocimiento. Hay una Europa cristiana de las «luces» cuya aurora se sitta hacia 1660-1680. Alfonso se hace preseni como gran figura, porque esta profundamente enraizado en la tr. dicién y porque aporta claridad y calor no solo a una insignificant elite, sino a las masas populares de la Iglesia universal. «Doctor del justo medio, su ascendiente sobre los corazones ha sido siempre creciente... Este ascendiente sobre los corazones ha pasado de una nacién a otra, de una iglesia a otra, de una diécesi a otra, de un confesonario a otro; el espiritu de Alfonso y la benig nidad de su amor pastoral hacia las almas han penetrado por do quier, han triunfado en todos los paises catolicos, y hoy, en forma maestra, dominan en toda la extensién de la Iglesia de Dios» Exscribia lo anterior, en 1864, el que seria futuro cardenal Henry Manning. Hoy se ha olvidado esto, como se olvida el aire que respiramos. Lo nuevo que hoy vuelve a abrirse paso, cour. Gxt no abrazaba mas que el viejo continente. Pero ! eee 3 vi ecu él mismo en un plan restringido: el «equilibric ten as Balch. Lo intentaban entre tres a ~ cta, de Espatia y de Austria. Entre los sobe PRE atc ee Pues se vivia la era de los principes. Por u Pictarius de pane: Wino»: algunas familias reales se declarabun pr Pulses y hombres; se arrebataban o vendian reinos y prin! cada ¢ colore en los senvu E Etrusc toda e de Cai france da, su puerto ca, de vadide y dive sabria E dades Propia por ha das ris ala ay la sedi de Val leyes ¢ Pequer L glo xv Ttalia 1 la del A dos se ellos, sula, y no de tad, es precisamen le nuestra selvac y Leopold le Napoles». o de Napoles ya" in embargo, 00? I 1. El aito de 1696 en el reino de Népoles 5 pados, ducados y repiblicas, como simples campesinos que regatean 0 se disputan una franja de terreno y un ganado. Exactamente lo que pasa ahora a nuestros ojos en plan mundial. Ayer como hoy, se trataba ya de una competencia en la «olonizacion» de los pequefios por los grandes. Esta obra de colonizacin en Italia no era reciente: estaba identifi- cada con toda su historia. Tierra de sol y de dolce vita, de cambiantes colores hasta en la rica gama de sus piedras de construcci6n, perfilada en los mares mas azules del mundo, en una peninsula infinita que de- senyuelve sus 8,000 kilometros de costas paradisiacas. Esta joya de Europa ejercio siempre una irresistible fascinacién. Etruscos, griegos y celtas antes de Cristo; cartagineses y barbaros de toda especie (cimbrios, hunos, magiares, teutones), los lombardos antes de Carlomagno; y después, germanos, normandos, sarracenos, eslavos y franceses habian codiciado este edén. Los atraia su civilizacion espléndi- da, su técnica avanzada, el namero y la prosperidad comercial de sus puertos, que, como brazos abiertos, recibian todas las riquezas de Afri- ca, de Oriente y de Occidente. En sucesivas oleadas, todos la habian in- vadido, ocupado, saqueado, no sin dejar alli sedimentos de sus culturas y diversos jirones de sus respectivas leyes. Don Alfonso de Liguori ya sabria algo de todo esto... En el mismo ambito de la Peninsula, los apetitos reciprocos de ciu- dades y sefiores no habian tenido dientes menos agresivos. La ambicion propia de cada uno y la avidez comin a todos habian dividido al pais, por largo tiempo, en unos cincuenta Estados con incesantes y encendi- das rivalidades. Los conflictos entre los principes italianos y el recurso a la ayuda extranjera fueron, a partir del siglo xv, los que entregaron la seductora Italia a codiciosos enfrentamientos de las casas de Anjou, de Valois, de Aragon, de Habsburgo. Como siempre, segiin las mejores eyes de la selva, los fuertes se concertaban entre si para comerse it los pequeiios. Los Estados italianos no pasaban de unos veinte en la mitad del si- ulo xv y de unos diez al fin del xvii. Es claro, la historia interna de la Italia moderna es tan compleja como la de un continente, por no devir la del mundo, través de los largos remolinos de su unificacion. Asi, pues, «corriendo el ato de 1696 de nuestra salud», diez Esta dos se dividen la Peninsula: cinco «pequefios» y cuatro «grandes»; entre ellos, los Estados pontificios, enfilados en banda a lo largo de la Penin- sula, y, al sur, un «supergrande», al menos por sus dimensiones: el rei- no de Napoles, llamado también de las Dos Sicilias (Sicilia y Napoles) ‘ste cuenta por entonces con una cuarta parte de los habitantes de toda Mtalia: 3.300.000. De hecho, por la decadencia de Constantinopla en el siglo XV, posee la capital mas poblada del mundo después de Londres y Paris, con 214.000 habitantes (cusi dos veces mas que Romi), y est 6 Pt. Noble. joven y rico (1696-1723 poblacion se habra mas que doblado —-442,000— a la muerte de A fonso de Liguori’. Semejante a un zapato que sube y golpea un balon desinflado, 1s es la imagen deportiva que nos evoca el mapa de lo que era entonces el reino de Napoles. Con sus dos componentes, continental ¢ insular en atormentado relieve: sus dos metropolis, Napoles y Palermo: sus dc monstruos sagrados, el Vesubio y el Etna, las Dos Sicilias ejercieror siempre la fascinacion de los riesgos embriagadores. Quinientos aio antes de Cristo, los atenienses construyeron alli una Neapolis («ciudad nueva») en el asa que prolongaba, al este, la Palaiopolis («ciudad anti gua»), la antigua Parténope, fundada, sabe Dios cuando, por los gos de Cuma. Mimada amorosamente por los griegos, poblada por ellos con flo recientes colonias, protegida eficazmente de las incursiones de piratas, el pais partenopeo lleg6, hace mas de dos mil afios, a alcanzar una asom brosa densidad de felices habitantes: alrededor de quince millones para las Dos Sicilias reunidas. Pero mas que el norte de Italia, este fascinante Mezzogiorno tue saqueado por los romanos y los barbaros, los longobardos y los nor mandos, los emperadores de Oriente y los emperadores de Occidente los papas sedientos de poder y los piratas en mares y costas. En fin este reino fue arrasado sucesivamente por los Hohenstaufen, los ange\i nos, los aragoneses y después por los Habsburgo de Espaiia hasta 1700 Carlos V (1500-1558), Habsburgo de Austria por parte de su pa- dre, nacido de una reina de Castilla, después heredero de Aragon, reco gi0 todas las cartas del juego en el occidente de Europa y en América EI fue, a la vez, Carlos | de Espaiia, Carlos IV de Napoles, Carlos \ de Alemania y del Sacto Imperio romano-germanico, hasta el punto de NO saber ya €l mismo qué cifra le correspondia... Para nosotros es im portante este soberano: él esta en el origen del proceso «internacional que hari del abogado Alfonso de Liguori el hermano de los fazzuren! la gente mas pobre de los barrios bajos de Napoles. Cuando abdica en 1556, después de cuarenta afios de reinado, Car los V divide en dos partes sus Estados: lega Alemania y entrega ¢! in perio a su hermano Fernando 1 (1503-1564), y a su hijo Felipe |! (1527-1598) le da Espaiia, Miliin, las Dos Sicilias, los Paises Bajos y | Aniérica espafiola. El mismo afto en que éste sube al trono, 1556, un {ero golpe tramado por Enrique 11 de Francia y el papa Paulo IV tra! de arrojar al espaiol fuera de Italia; sin embargo, el desastre de Sa Quintin (1557) y el tratado de Chateau-Cambresis (1559) consagran | dominacion espafiola en el reino de Napoles y en el Milanesado durin clento cincuenta afios. Giento cincuenta aiios de tranquilidad relativa (los ejércitos mata * SH (Spicilegium historicum C. 5: 2 1 f ile oa De nang © SSR} 25 (1977) p76; 3. Dessnaeay, 1H te de Al. flado, taj entonces nsular en sus dos jercieron tos aiios («ciudad dad anti- los grie- con flo- hiratas, e} 2a asom- mes para orno fuc los nor- ccidente. En fin, s angevi- sta 1700. fe su pa- On, reco- América Carlos V punto de os es im- nacional lazcaroni ado, Car- ga cl im- Felipe | Bajos y hn 56, un itt y TV tratit e de San agran I: durante matan Littalie de 1. El atio de 1696 en el reino de Napoles 7 en otras partes), Pero humillante y onerosa. En adelante se ‘espafioles roen en Sicilia, comen en Napoles y devoran en @ dicho histérico subrayaba el contraste econdmico que desde el 'se fue acrecentando entre el norte y el sur de la Peninsula. El ‘un territorio rico, con un clima moderado. Tiene una flore- ia de tejidos (telas, sedas, fustanes); hay activos astilleros paiiias comerciales de poderosos brazos y manos larga: cuyo genio para los contratos tenia asegurada la dominacién | de Europa; formas de gobierno ya democraticas, donde el es sdlo rebaiio dispuesto para arar la tierra o portar armas. ambio, en el Sur, e} 87 por 100 del suelo es montafioso y . Lo que queda de tierras cultivables es alternativamente erosio- Mluvias 0 calcinado por sequias; los cultivos son frecuentemen- dos por el mal tiempo; las incesantes guerras, siglo tras siglo, olando las exiguas campifias; las costas han quedado deshabi- - estar sin defensa, a merced de los berberiscos que surgen del noches sin luna. Un régimen feudal omnipotente ha reducido ampesinos a una servidumbre quebrantadora de brazos. En vez r las urgentes y fundamentales mejoras del territorio, ha deja- tierras bajas se empantanen, en donde hacen su presa la ma- juerte. Para huir de la insalubridad, y también por temor de y latrocinios, los poblados se trepan a los riscos de las lade- a las cimas de las montaifias. Al final del siglo xvi, G. M. Galan- ‘atin escribir: «Las mejores tierras de la Campania estén arrui or las ciénagas; sus ciudades han quedado despobladas, excepto §, cuya funesta plétora es el absceso de fijacion donde se concen- iseria de todo un pueblo» ’. jiseria no es indolencia; es e} desempleo endémico del trabaja- Mpo. Se les llama braccianti porque el inico capital que tie- ‘brazos. Reunidos al amanecer en Ia plaza de! pueblo, como os del Evangelio, los braccianti esperan que un administra- 1 contratarlos para los trabajos de la temporada o, al meni |. Abandonados a su suerte dia tras dia, el hambre los empuja es con familia y todo; no hay limosnero que no esté seguro omer y beber alli, mientras que en sus aldeas no tienen li a. Asi, a partir del siglo xvii, la capital ha Ilegado a estar que la presion interior ha estrechado las calles hasta el ex- rimido parques y jardines pablicos, ha empujado k Ss y transformado los techos en terrazas a fin de dar paso al para luego volver a convertir esas mismas terrazas en mas ntarios. nente, el pueblo napolitano no tiene ninguna necesidad rafios para «roer» Sus aceitunas y «comer» su duro tri- sus naranjas. 8 Pl, Noble. joven y rico (1696-1723, Después de largas dominaciones, y durante doscientos aiios. 4 1504 a 1713, el yugo espafiol es el que pesa sobre el pueblo napolitan Esta meticulosamente gobernado desde Madrid, ocupado militarmen; por tropas ibéricas, y espiritualmente, sobre todo en Palermo, por jo. ejércitos de la omnipotente Inquisicion. Una colonizacion politica economica. Las cabezas que por una y otra parte pensaban lo advertian bien En el conclave de 1605, Espaiia frustré la eleccion papal del cardenal Cesare Baronio, no habiendo perdonado Felipe III al autor de los Anu les eclesiasticos el haber calificado de usurpador el gobierno de Felipe |! en Sicilia. Asi lo pensaba este santo historiador napolitano, a quien Be nedicto XIV declararia «venerable». Y si por aquel plumazo hizo tani mal a Madrid, fue sefial de que habia dado en el blanco. De hecho, para alimentar sus guerras y la fastuosidad de la corte de Madrid, la casa de Espana exprimia soldados y ducados en sus do- minios italianos, a tal punto que en 1647 se levantaron dos insurreccio- nes del bajo pueblo, oprimido por una fiscalizacién insoportable para los pobres: una en Palermo y la otra en Napoles, instigada por el jefe de los rebeldes, el joven pescador Masaniello* Ochenta anos después de la cruenta muerte de Masaniello, otra nueva fermentacion sacudira a la gente pobre del barrio Mercato y de Ta que Hegaria a ser, mas tarde, piazza... Masaniello. Alfonso de Liguo’ habria de ser su fuego central. Sin embargo, en el periodo candente de Masanicllo, otro Alfonso de Liguori, su bisabuelo (1615-1666), estaba ul frente de un regimiento de coraceros del ejército... espafiol y, quiza sin remordimientos, a las érdenes del virrey espaol, entro a la cares contra los amotinados’®*. {Seria entonces un traidor? No, tan sélo un ho: nesto caballero. Generalmente, para ta mayor parte de los napolitanos esta situacién de sumisién al poder extranjero tan vieja como la bis {oria, mas que juzgarla, la vivian como una fatalidad. Habia que aco. smodarse a ella para sacar el mejor partido posible. Asi, el padre de Al fonso en 1696 es fusilero marino en la Cupitana, el navio almirante d Ta escuadra militar, a las Grdenes del rey de Espaia. De 1713 a 1735 cambiados los yientos, lo veremos después, sera oficial superior et Ja armada del archiduque de Austria, Carlos VI de Habsburg (1685-1740), emperador del Sacro Imperio romano-germinico: capitane delle gulere austriache, como escribe, sin complejos, uno de los primero» bidgrafos itulianos de su hijo. Pero no nos unticipemos. En 1696, Carlos de Habsburgo apen:s liene once afios. Su padre, Leopoldo | (1640-1705), reina por entonce en Alemania y Austria, Bohemia y Hungria, y es titular de la corons imperial de Carlomagno. Titulo ficticio éste. Se pensaba que esa cerrad diudema, con prestigio de historia, pero vacia de poder, debia presidt DeLuabav, oc, p.181-182.195 SSH 7 (1959) p.239. * V. A. Giattini (D. A. Marsella), Vitw del Beato 40M. de Liguori pte! 0 ' Swunmarisen (Beatificutionis et Cununizationis summurium super virtutibus) p.54-58 1. El aio de 1696 en el reino de Népoles 9 por derecho divino, el destino y bienestar politico del Occidente cris- tiano en general y del reino de Napoles en particular... En realidad, bajo esta augusta cuanto inutil aura, evocada pom- posamente por Tannoia, reina en Napoles el enfermizo Carlos II (1661-1700), rey de Espafia. El es quien desde Madrid gobierna Napoles y Palermo en espafiol y a la espafila. Alli esta representado por vi- rreyes muy espaiioles. El de Napoles era entonces Luis de Lacerda, du- que de Medinaceli. Tal es el contexto politico-econdmico de 1a ciudad y del pais que en 1696 acoge en este mundo al que sera llamado «el mas santo de los napolitanos y el mas napolitano de los santos». 2. «Duques, no; caballeros, si» Las bombas que pulverizaron los altares y la boveda de la igiesi de Santa Maria dei Vergini respetaron, por suerte, la fuente bautisr y los archivos. En la sacristia, el guardian nos presenta como una reli quia el volumen XI del libro de bautismos. Con toda precaucion desen. vuelve su cubierta protectora. Se abre el registro en la pagina 127. Arn ba, a la izquierda, una cruz de Malta sefiala la ultima acta de bautism de septiembre de 1696. Peculiar, de veras, es esta acta. Tanto a derech. como a izquierda y abajo, los margenes y espacios libres estan sobrecar gados de anotaciones posteriores por plumas evidentemente diferent {Son, acaso, inseripciones de matrimonio o de ordenacion? No. Las ad ciones no evocan las etapas sacramentales subsiguientes en la vida di este bautizado, sino las de su gloria y autoridad postumas en la Iglesi Asi leemos: «Beatificado en septiembre de 1816», «Canonizado el 2¢ de mayo de 1839», «Declarado doctor de la Iglesia el 23 de marzo d 1871», Si hubiera quedado algun espacio libre, una cuarta mano habri afiadido con tinta mucho mas reciente, quiza con pluma de boligraf «Proclamado patrono de confesores y moralistas el 26 de abril de 1950». He aqui el acta de bautismo, a la que rodean esas prestigiosas mi- niaturas caligraficas: «El 29 de septiembre de 1696, sabado, Alfonso Maria Antonio Gio- vanni Francesco Cosmo Damiano Michel Angelo Gasparo de Liguori hijo de los esposos don Giuseppe de Liguori y dona Caterina Anna Cav lieri, fue bautizado por mi, Giuseppe del Mastro, parroco; sostenidk (sobre la fuente bautismal) por Gratia Porpora; nacio el 27 del mism: mes, a las 13 horas». Por entonces, en Napoles, como en toda la Peninsula, se determi naban los dias y se contaban las horas a partir del Angelus de la tarde tocado una media hora después de la puesta del sol. Durante It segun da quincena de septiembre, las 13 horas correspondian a nuestras 7 ho ras de la mafiana, hora en que la muy proxima iglesia de Marianclla todos los campanarios de Napoles lanzaban al mundo el toque matuti- no del Angelus __ Al poner a su hijo los nombres de Alfonso Antonio Giovann Francesco Gaspuro, sus padres querian hacer revivir en su primoxénit: la memoria de sus antecesores paternos, especialmente de su abuelo » de su tatarabuelo, Alfonso el uno y el otro. Segin las buenas tradicio nes del tiempo, afiadieron los nombres de los santos festejados el dia de su nacimiento al mundo y de su renacimiento a la gracia: Cosme y Du min y San Miguel Arcangel. Y. en fin, como era obligado, querian que a patrona de todos los sabados del afio, la Virgen Maria, estuviera par mar 4. 2 egerseegzee habvia graf bril de sas Mi: nio Gio- Liguori a Cave ostenide | mist? ate vcard seu" 2. «Dugues, no: caballeros, siv i" ticularmente presente en este sabado bautismal y en esta vida recién abierta, en la que ella realmente ocupara un lugar cada vez mas y mas grande: llegado a ser obispo, este nifio se firmara no ya Alfonso de Li- guori, sino Alfonso Maria, sin mas. Alfonso. Los esposos Liguori-Cavalieri ignoraban el sentido origi- nal de este bello vocablo. La ph en latin y en francés, con su sabor grie- go, es solo un error ortografico consagrado por el uso. En efecto, «Al- fons» viene de dos raices germanicas: adal, hombre de noble origen, y funs, pronto al combate!. Ningin otro nombre sera tan bien Ilevado. ‘Noble por nacimiento, si; pero mucho mejor, caballero de Cristo, siem- pre pronto y en la brecha para los combates de Dios Los Liguori no miraban tan lejos por entonces. {Cudles eran los suenos de la dichosa madre? Este era el secreto de sus oraciones. En cuanto al padre, se prometia explotar al maximo para este hijo el doble privilegio que encontraba en su cuna: pertenecer a la casta do- rada y ser el primogénito de sus hermanos y hermanas. Esta doble for- tuna de nacimiento Hlevaba consigo titulos, poderes, riquezas, ocio, cer- teza de un matrimonio brillante. Don Giuseppe velaria para que aquel que iba a llevar su nombre recogiera todo el patrimonio —-tierras y pa- lacio—, conservara su estirpe y, en fin, fuera el gentilhombre mas bri- lante del reino. Era don Giuseppe suficientemente culto para no ignorar que el apellido que legaba venia, tal vez, de Oriente: del griego liguros, ilus- tre... Si, ciertamente, de alli venia. Su hijo lo haria constatar... Por lo demas, era uno de los apellidos mas antiguos del sur de Italia. Antes de que tuviera reyes, Napoles habia tenido a los Liguori. Sin poseer ninguno de los mil titulos nobiliarios que en el reino ri- valizaban sobre cual sonaria mas alto —-119 principes, 156 duques, 173 marqueses, 42 condes y 445 barones; jtan solo esto nada mas!—, titulos que, por medio del juego de las alianzas, herencias, compraventas, frau- des, favores reales, se repartian 0 se acumulaban entre mas de 5.000 fa milias que se autodecian patricias, los Liguori eran auténticamente «ca- balleros napolitanos». Desde siglos, su linaje se habia distinguido al servicio de la ciudad partenopea en el ejercicio de las armas, en la ma- gistratura, en los altos grados de la administracion, en la Iglesia. Se enorgullecian de aquel Marco de Liguori que fue gobernador de Napo- les bajo el reinado de Tancredo de Lecce (1190-1194). Desde el siglo xv al menos, su estirpe pertenecia a la llamada nobilta di seggio (nobleza de sede), es decir, «sesionaba» en la piazza de Portanova, uno de los seis coneejos municipales que por derecho hereditario se repartian el gobier- no de la capital >, Esta institucion de las piazze, de las «plazas», trae su raiz de la antigua tradicién de las ciudades griegas. Mientras el pueblo iba al tra- + $81 10953) p.14ss: 5 (1997) p.122-123 B. Croce. Storia del regno di Napoli p.113; R. BOUVIER y A. LAFEARGLE, Lu vie rupolitaine au XVIIF siecle p38 Comtributi (S. Alfonso de Liguori. Contributt biobibliografici) p.19-22.36. 2 PI. Noble, joven y rico (1696-1723) bajo, los notables ocupaban su tiempo libre reuniéndose en el agor: para intercambiar noticias, tener consultas, decidir asuntos. Mucho an. tes del periodo feudal, Napoles veia reunirse asi en sus «plazas» a los que, por su riqueza 0 sus altos cargos. podian vivir sin trabajar con sus manos: los no-siervos, los «nobles», que «vivian con armas y caballos: Esta nobilta di piazza trataba los intereses comunitarios y los decidia de modo soberano. Ciertamente, desde tiempo inmemorial, estas asam- bleas habian emigrado de la «plaza» piiblica a un palacio proximo, en donde elas «sesionaban». Asi, piazza y seggio (plaza y sede) habian ve nido a ser sindnimos para designar esos altos concejos municipales, he reditarios por derecho. ‘ Demasiado grande para tener una medida humana, Napoles se d vidia por entonces en seis municipios: cinco en manos de la nobleza Capoana, Montagna, Nido, Porto y Portanova, y uno, Popolo, para los representantes del pueblo. El hermano de San Luis IX, Carlos de Anjou (1227-1285), quiso hacerse con esta nobilta di piazza un instrumento seguro y fuerte del poder real. Para eso elevd a esos nobles al rango de caballeros y le concedio diversas prerrogativas. La mas apreciada fue el privilegio de repartirse el 60 por 100 de los derechos de aduana, recaudados por ello sobre todas las mercancias que entraban, por tierra o por mar, en la metropoli. Desde entonces, las «sedes» de Napoles fueron muy codicia das en todo el reino. Las familias que las detentaban, para no diluir el io, el poder y los recursos de las mismas, se atribuyeron el dere- cho de admitir —es decir, mas bien, de rechazar— a los pretendientes En los aitos de 1500, las piazze convinieron en un reglamento piblice segin el cual no serian agregados a los concejos «mas que los nobles de cuatro distritos con nombre y armas y sin ninguna interrupcién». Esto significaba que las familias con mas titulos y los grandes oficiales de |: Corona buscaban con insistencia un sedile en una piazza. Felipe 1 (1527-1598) cerré atin mas la estrecha puerta: en adelante haria falta cl consenso undnime de los titulares y ademis el del rey en persona‘ Ahora bien, los Liguori no tuvieron que hacer fila ni buscar in Huencias para obtener sillones en el concejo de Portanova. Ciertamente ya tenian alli su sede, al menos, cien aiios antes de Felipe II; probable mente, antes de Carlos de Anjou, y verosimilmente, desde los tiempos del gobernador Marco de Liguori, finales del siglo xi1. No eran, pues de aquellos llegados a través de sus escudos de urmas, enriquecidos wi los negocios o en trubanerias, « quienes el rey vendia titulos nobiliarios para tinaneiar sus guerras; esos nobili di privilegio, a quienes los noble> de orlgen motejaban con el proverbio: «Duques, si; pero caballeroy no». De los Liguori se podia decir: «Duques, no; caballeros, siv. A fina Jes de septiembre de 1710, a los catorce afios, don Alfonso de Liguori uillero napolitano, tomara en la sede de Portanova el sitio ocupad”’ Por generaciones de antepasados, al lado de su padre, don Giusepr< * P.GIANNONE, Istoriia civile del Regno di Napoli 1.20 4 OF mar, en la n_muy codic ira no diluir e ryeron él dere pretendientes mento public > Jos nobles de rupcion». Es » haria fala ® ersom 2. «Dugues, no; caballeros, siv n quien por entonces es alli el capitano a guerra, el comandante de la guardia civica’. En la casa Liguori no se comparte la ociosidad pomposa y ruinosa de la mayor parte de los aristocratas napolitanos de entonces. Se es am- bicioso, quiza codicioso: Dat Justinianus honores, «el codigo da paso a los honores»... y la trampa, al dinero; tios y primos ocupan activamente el foro y la magistratura®. O bien se es aventurero y gente de guerra: en las armas, desde tres generaciones, es en donde los ascendientes pater- nos de don Giuseppe han hecho su carrera. Su bisabuelo, don Antonio, fue gobernador militar de Ja isla-fortaleza de Nisida, baluarte adelanta- do entre Jas dos bahias de Napoles. Su abuelo, don Alfonso, cambié el cédigo por la espada. Al mando de un regimiento de coraceros, su va- lor Hamé la atencién del belicoso Felipe IV (1605-1665). Finalmente, su padre, don Domenico, fue, también él, oficial. Estuvo a la cabeza de una unidad napolitana de infanteria de marina en la armada espaiiola que guerreaba en 1667 a lo largo de las costas portuguesas. Sus servi- cios fueron tan espléndidos que por eso Madrid le doté con una renta mensual de 50 escudos. Mas que lo suficiente para poder poner su casa. En efecto, en 1668 tomé por esposa a dofia Andreana Mastrillo, una viuda de Nola, cuya hija Eleonora adopto’. Asi, su hijo primogénito, Giuseppe, nace en Nola, en la familia de su madre, el 5 de febrero de 1670*. Tiene sangre de soldado en sus ve- has, y su imaginacién, lena de armadas. Huérfano de madre a los seis afios, crece en Napoles entre un padre vuelto a casar, una madrastr: una hermana mayor, que no es la suya, y dos hermanas menores, Gero- nima e Ippolita (lamada también Porzia), quienes prefieren sus muiie- cas a los suefios de campafia y cruceros. Quiza para liberarlo, don Do- menico, desde 1685 —aquél tiene quince ahos—., transfiere sobre él la nuda propiedad de todos sus bienes, reservandose para si el usutructo durante su vida, con excepcion de su residencia veraniega de Mariane- lla, cuyo disfrute inmediato le cede. El mismo reside, sin duda, en el pa- lacio que posee en la extremidad oeste de la Via Toledo” Marianella, nombre que canta evocando a Ia Virgen nifia; Maria- nella, pueblo-satélite de setecientos habitantes al norte de la capital: un paseo de ocho kilémetros a través de jardines y boscajes, mas alla de Capodimonte. Tras el abside de ia iglesia hay una amplia finca con jar- dines, huertos y bosquecillos, donde los Liguori se suceden desde hace doscientos afios. En los afios de 1660, mientras que el abuelo, don Al- fonso, peleaba con sus coraceros al servicio de Felipe 1V, su hermano ¥ copropietario, don Ercole, ha sustituido un modesto pabellon por la Contributi p.23.36.41 Ibid. p.22. SH 7 (1959) p.229ss. Contributi p23. Ibid. p.33; SH 13 (1965) p.102-104, 4 Pl. Noble, joven y rico (1696-1723) amplia villa que ocupara el joven Giuseppe. Son dos plantas —-una de ellas de veinte piezas— sobre un piso inferior de dependencias comunes y los bassi (piezas al nivel del suelo) para rentar. Don Giuseppe se go zara en embellecer esta «su primera casa», agrandandola con la compra de terrenos y construcciones. Por lo pronto, va a pasar alli sus solitarias «dicenciasy ' En efecto, ain adolescente, deja un hogar, que no es ya completa mente el suyo, para ir en busca de las armas y el mar. Su padre, que ha debido mantener contacto con la escuadra real, le ayuda, quiza, entrar alli, aunque no sea por la puerta grande. Giuseppe comienza la escala desde abajo, como simple aventurero en la galera la Capitana Nada de «aventurerismo»; mucho menos alin se trata de un mercenario Lejos de percibir el mas pequeiio sueldo, el llamado aventurero debe asegurar su propia subsistencia. La nave trirreme, en efecto, comprende 400 galeotes de remos y 105 oficiales y soldados; ni uno mas. El aventw rero entra al servicio con su persona y sus ducados por el solo privilegio de obtener un lugar en la fila de los que esperan la muerte o la dimision de uno de los 105 militares. Entonces avanzara un grado hacia el pues- to de titular, que le asegurara sueldo, rancho y bizcocho. Y una espe- ranza de galones... Nuestro joven caballero esta asi en servicio, uno o dos afios, en la infanteria de marina. Alternativamente, es fusilero y artillero, mozo de taller y aprendiz de timonero, sefialador y sondeador de fondos, nave- gante con ayuda de la brujula y las estrellas. Todo sale tan bien, que. en julio de 1692, su padre obtiene de Madrid un decreto real trans- iendo a Giuseppe su renta militar de 50 escudos al mes. El aventurero Liguori pasa asi al rango de entretenido (terminos espaiioles, sin olvidar que la armada lo es también), es decir, que pasa a cargo del Estado. Fn adelante es un soldado, y un soldado bien pagado; un comandante de galera percibia 5S escudos mensuales. Durante quince afios servira asi en la infunteria de marina, en la Capitana, escalando esforzadamente, no se sabe a qué ritmo preciso. los grados de la jerarquia militar". Quince afios en una situacion estable ¢omo el mar en los dias buenos, a pesar de los remolinos en esas tierras y en otras partes por la guerra de Sucesion de Espaiia. No lo imaginemos navegando a lo largo de las costas asidticas 0 marroquies. La flota de guerra napolitana solo contaba con siete naves tritremes ", ulgunos navios ligeros para maniobras ripidas y, ciertamen te, tartanas para transportar las «municiones» de boca. {Qué tarea te nia? La de infundir respeto a los piratas a quienes tentaban las marye- nes del Tirreno. proteger los puertos, escoltar los transportes maritimo {iropas o mereancias) alrededor del pie de la «bota», desde el Adriatic al golfo de Gaeta; garantizar la seguridad de los convoyes diplomativos A ASDN, Visite pastorali, A. Pignatelli, IU f0l.199; Contributi p.24-26.30-35. SIL 7 (i959) p.23Iss. 4 OR TELLERIA, San Alfonse Marit de Ligorio (1 p12 nas, ) dos atios en rtillero, mazo de de fondos, nav le tan bien, qu creto real sts es. El avenlure” soles, sin olndir 0 del stud ccomandant® 2. «Duques, no; cabaileros, si» 1s entre Barcelona y Napoles y, eventualmente, escoltar los desplazamien- tos reales. Es decir, que don Giuseppe, con frecuencia ausente, rara vez esti muy lejos de Napoles, y tampoco por mucho tiempo. Esos quince aii tranquilos, compartidos entre el mar y la ciudad, seran también aque- Ilos en los que funda su familia. El 15 de mayo de 1695, en la catedral de Napoles, el joven oficial toma por esposa a dofia Anna Caterina Ca- valieri, diez meses mas joven. E! tiene veinticinco aiios " Dofia Anna constituye un prestigioso partido. Nacida el 24 de no- viembre de 1670, es la quinta hija de uno de los primeros magistrados del reino, don Federico Cavalieri, y de dofia Elena de Avenia, de la fa- milia del marqués de Avenia, espafiola de origen. Los Avenia-Gizzio constituian una importante dinastia de hombres de leyes, si es que no era de eclesiasticos. Un tio abuelo de Elena, Fran- cesco Gizzio (t 1698), oratoriano, es famoso por su celo y su elocuen- cia'*, En el Oratorio de los hijos de San Felipe Neri pasa los iltimos aiios de toda una vida consagrada a la educacién cristiana de los nobles adolescentes napolitanos. Un joven primo hermano de Elena, Pietro Marco Gizzio, es ya canonigo de la catedral y oficial de la didcesis. Al- fonso Jo Iamara, afectuosamente, su «tio», segin costumbre del tiempo. En cuanto a los Cavalieri, son el tipo mismo de la familia patricia de entonces, cuyos dos polos vitales son el derecho de primogenitura y la religion. El padre de Anna, don Federico, lleva asi el patrimonio, 1a estirpe, el nombre de los Cavalieri. Eminente jurista, es presidente de la Real Camera della Sommaria (1688) —a la vez Tribunal de Cuentas y Ministerio de las Finanzas— y encargado de administrar los bienes de la Corona y del Estado: dominios, flota, arsenales, feudos, fisco, adua- nas...; de juzgar sus delitos y arbitrar en caso de conflictos. El aito s guiente, 1696 —cuando Ilegue a ser abuelo de Alfonso—, sera llamado a ocupar su sede en el Sacro Real Consiglio di Santa Chiara, la suprema corte de apelacion, que esta, como el rey en persona, por encima de la Sommaria y de la Vicaria (la alta corte criminal y civil). {Un primoge- nito muy importante es este Federico! Durante su ascenso, sus tres her- manos menores han desaparecido de la competencia y de la herencia: con © sin vocacion, uno es enclaustrado con los olivetanos; otro, con los carmelitas descalzos, y el tercero, con los celestinos. En el Napoles de entonces, ninguna de estas ordenes figura a la vanguardia del fervor y de la pobreza La alta posicion de don Federico Cavalieri se debe también, sin duda, a un valor estimulado y canalizado por la adversidad. Después de solo once afios de matrimonio, su mujer, Elena, muere a los veintiocho afios, dando a luz una vida de algunas horas, su sexto hijo, Francesco. "SH 7 (1959) p.231 n.9; Contributi p.24. “ R. DE MAIO, Societa ¢ vita religiosa a Napoli nell'etd moderna (1656-1799. .56,59.63.145. bid, p. 108-109, le PI. Noble, joven y rico (1696-1723, Nuestra Anna Maria Caterina queda asi. a los tres afios, como la benja mina de un hogar que ha perdido su alma y su corazon. El padre la ti ne cerea de si, junto con sus dos hijos, Emilio y Giuseppe. de once siete aos, y ha colocado a las dos hermanas «mayotes». Teresa y Cec lia, de nueve y seis afios, en el pensionado del monasterio de San Fran cesco delle Cappuceine Riformate, en el actual niimero 44 de la cuest Pontecorbo. Continita su vida solo, firme en su dolor, su trabajo, su te Monsefior Sanfelice, futuro obispo de Nardo, lo describe como un «mi nistro de perfecta integridad, apasionado por la justicia; un animo fuer te, incapaz de respetos humanos; un modelo en toda su vida, lleno del santo temor de Dios»'*. Con todo, los jefes de familia de este tiempo, cumpliendo hasta el borde sus «deberes religiosos», pensaban que Dios les aseguraba la re procidad. {Que de ningun modo se vaya a atrever el Seftor a hacer su voluntad sobre sus primogénitos! Asi, pues, a Emilio Giacomo, nacidc el 24 de julio de 1663, primer fruto de la union de Federico con Elena de Avenia, lo meten en su laminador, la universidad, con la perspectiva de recibir la herencia indivisible y la responsabilidad del nombre y de la fama, Ahora bien, Emilio es hijo de su padre y, como él, de buen tem ple. Por eso se ha permitido, lo mismo que Dios, tener su propio proyecto: terminados sus estudios de derecho a los veinte aos, ha di cho no a las imperiosas tradiciones, y, sin avisar ni volver a ver a su pa- dre, ingresa en el noviciado de los Pios Operarios, los misioneros de |: gente humilde. La tempestad ha sido terrible en el palacio Cavalieri Para arrancarlo de su «insensato» proyecto, el presidente Federico Il hasta intentar un proceso candnico respecto de su hijo ante el tribunal eolesidstico. Sesenta aitos mis tarde, Alfonso, quien habri conocido semejantes combates, contard el hecho en sus Avisos sobre ion, sin decir que se trataba de su propio tio. Fl presidente perdié el proceso. Emilio, por su parte, gano la aten ion y la estima del arzobispo, el cardenal Antonio Pignatelli. Este | promovio al presbiterado a los veinticuatro afios, con dispensa de edad ¥ poco después lo nombré examinador de padres jovenes y correspon sable del clero (diriamos hoy «vicario episcopal»). En 1691, Pignatelli Nega a ser el papa Inocencio XI. En Napole le sucede el cardenal Giacomo Cuntelmi Stuart, primo de Jaime II « Inglaterra. Sus misiones diplomaticas en Suiza, Polonia y Alemania. le jos de ablandar al diplomatico, afilaron el acero de su intolerancia. Lle gado a Napoles, inmediatamente reactive la Inquisicion episcopal Como promotor de la fe eseogid al padre Cavalieri. Jurista de for cion y de espiritu, hombre de ley y de rigor, Emilio se conquisto. ad més, la estima de sus compaferos y de la didcesis por su prudencis $ su habilidad in qualsivoglia maneggio (en cualquier clase de mancjos) Asi, pues, a los veintiocho sios es consultor; después, juez fiscal en cst Me Teturata, o.c., 1 p.6; SH 2 (1954) p.283 n, 12 Dr Mato, 0 p55-26 | Ver a su pa joneros de la io Cavalieri ‘ederico llegd te el tribunal yr conocid pisos sobre 2. Dugues, no; caballeros, si uv terrible tribunal. Ahora bien, tradicionalmente, la Inquisicién era la bestia negra de Napoles; afiadase a esto el arrojo de un celo demasiado joven y los métodos inquisitoriales, que tenian mas de serpiente que de paloma. No hubiera hecho falta tanto para levantar contra él y su jefe todas las piazze de la ciudad, incluida también la del pueblo. Los seis diputados, tras una reunion de la Cisfd en el tribunal de San Lorenzo, pensaron exigir la salida del cardenal y de su «esbirron. jSolamente eso! Finalmente, terminaron por contentarse con un decreto de expulsion contra el P. Cava |. El proscrito toma el camino de Roma, donde los Pios Operarios acaban de fundar (1689) un centro de misiones en la iglesia de Santa Balbina. En el Aventino vuelve a encontrar como supe- rior a un compajiero de su edad, el P. Tommaso Falcoia (1663-1743), un hombre que llegara a pesar mucho sobre nuestro Alfonso y su obra En Roma contaba con un protector personal en el trono de Pedro. Para defender a Emilio, Inocencio XII, quien lo quiere y estima, lo pro- movid, a los veintinueve afios y no obstante los santos canones, al obis- pado de Fondi. Una didcesis minascula y Ilena de fango, con 10.000 al- mas y 1.000 ducados de renta anual, pero era entonces la tinica vacante que no distaba mucho de Napoles. Humildemente, Cavalieri fue a pos- trarse a los pies del Santo Padre para rechazar la mitra. «Esta bien —le dijo el papa—, pero en adelante usted viene a hospedarse junto a mi, en el palacio pontificio». Después de un aiio de este exilio dorado, Ino- cencio XII nombro a su joven amigo para la codiciada sede de Troia 28.000 almas, 9.000 ducados—. La humildad de Emilio debio plegar- se ante la obediencia. Fue ordenado obispo el 2 de mayo de 1694, un ano antes del matrimonio de su hermana menor. Tenia treinta aiios Sus adversarios se exasperan; no faltan las malas lenguas, que dicen que @l no rehus6 el anillo de la Iglesia pobre de Fondi sino para reservar su mano a una esposa con mejor dote"’. Todo esto no impide que don Giuseppe de Liguori se sienta orgulloso de casarse con la hermana de un obispo importante y, sin duda, el mas joven de la cristiandad. En cuanto al presidente Cavalieri, ahora puede frotarse las manos por Jo que al principio encendid su furor. Tanto mas porque su segun- do hijo, Giuseppe también él, en cuyo favor el joven obispo renuncid a su derecho de primogenitura, le colma de esperanzas. Llegara a ser, de hecho, stro de Justicia; después, de Guerra, consejero en el Sacro Consiglio de Santa Chiara, gobernador de Capua... ¢Haria falta también que tendra un hijo dominico y dos hijas visitandinas?"” Sus dos hermunas han crecido con las Cappuccinelle. Teresa enfer- mo, y yolvio a Ja casa para curatse... y para morir alli, tuberculosa, en la flor de sus veinte aiios. Cecilia hizo profesion solemne «por las dos» tomando el nombre de sor Maria Francesca Teresa (jTeresa!) del Cora- '* Giuseppe Gatasso, Napoli nel Viceregno spagnolo 1696-1707, en «Storia di Napo- lin VIN p.68-85; Luciano OsBat, LInquisizione a Napoli. Il processo agli ateisti ( 1688 16977 p.149ss.192.200, ete.; D. Vizzarl, E. Cavalieri da inquisttore napoletano a vescove di Treigi Mapa 1976) 7 (1959) p.280-251 18 PI. Noble, joven y rico (1696-1723) 26n de Jesiis. Sera elegida y reelegida abadesa una y otra vez. Quedaby la pequefia Anna Caterina. Creciendo al lado de su padre hasta los ¢,_ torce afios, en diciembre de 1684 entro en el pensionado de las Cappy; nelle uniéndose a sus dos hermanas mayores, que la esperaban haciy diez afios. Sin duda, alli permanecio cerca de otros diez afios. hasta sy matrimonio ™. Las jovenes patricias se casaban, ordinariamente, al salir del con- vento. La secuencia de hoy: «Encontrarse», «Agradarse», «Frecuentar- se», «Amarse», «Informar al padre y a la madre», «Casarse», era enton- ces desconocida, imposible. Los padres eran quienes hacian la eleccion «de ellos», y con frecuencia con mucha anticipacion. Esto por razones de familia: los bienes, un feudo, un titulo, un nombre. A los dos «inte- resados» (2) s6lo quedaba pronunciar el «ti quieres-yo quiero» impues- to por el concilio de Trento. El amor no era, por tanto, una premisa del matrimonio; podia, por el contrario, ser su primer fruto, y no era rar Pero entonces se rodeaba de reserva y discrecion. Si sabemos que doi Anna aportaba a don Giuseppe 5.000 ducados como presente de casa da*!, ignoramos todo el capital de sentimientos que juntos aportaron en esa primavera de 1695 y que les unio durante cincuenta afios y seis me- Sess 2 SH 2 (1954) p.283-284: Analecta C. SS. R. 11 (1932) p.45-46. 2 SH 5 (1957) p.241 3. Cunas y vidas... En los afios de 1700, Napoles se apretujaba atin temerosamente en su recinto fortificado, al abrigo del castillo de SantElmo. Con sus 214.000 habitantes, se ahogaba en sus bastiones como una matrona en el corpiito de una modelo. Haria falta la legada de los austriacos y las violentas reclamaciones de una poblacién asfixiada para finalmente arrancarle al virrey, conde Von Daun, en 1717, la autorizacion de cons- truir fuera de sus muros. No se comenzaria a derribarlos antes de 1740. Por fortuna, y a despecho de las ordenanzas de Madrid, el virrey Pedro de Toledo, a mediados del siglo xvi, habia dejado que la ciudad se hinchara como con gruesas hernias al expandirse extra muros. Mas alla de la puerta San Gennaro, el barrio dei Vergini se habia extendido en esa forma hasta el fin de las verdegueantes pendientes que suben ha- cia Capodimonte’. En este barrio relativamente nuevo, aireado, lavado por el agua de Huvias que escurrian de lo alto, es donde Giuseppe y Anna de Liguori, 5-46, recién casados, pusieron su casa. Ella no estara lejos de su padre duran- te las largas ausencias del joven oficial; él no tendra mas que recorrer la Via Toledo para encontrar el puerto militar y su trirreme almiranta Ja Capitana. Bs, pues, alli y no en su casa natal de Marianella donde el joven Alfonso crecera hasta sus once afios. {Habran alquilado uno de los tres apartamentos del palacio Scor- dovillo, en la esquina de la Via dei Vergini y del Supportico Lopez? (el niamero 38 de hoy). El hecho de que ellos lo compraran en 1717 permi- te preguntarlo. Todavia es mas verosimil que se hayan instalado unos cientos de metros mas lejos, en casa de un primo segundo, el joven Do- menico de Liguori (1674-1752), cuya vasta mansion se eleva aun en el numero 2 de la Via Santa Maria Antesaccula. Esta es la tradicion oral que conservan hoy los Liguori de Presiccio®, De todos modos, desde su matrimonio hasta 1707 —éste constituira para ellos el decenio de las cunas— seran feligreses de la parroquia de Santa Maria dei Vergini Sobre esto tenemos como irrecusables testimonios los libros XI y XH de los bautismos de esta parroquia: después del acta de bautismo de Al- fonso Maria, el 29 de septiembre de 1696, se consignan alli las respecti- vas actas de sus hermanos y hermanas. Los esposos Liguori-Cavalieri, en efecto, dieron al mundo ocho hi- jos en diez afios: cuatro varones y cuatro mujeres. ' BOUVIER-LAFFARGUE, 0.¢., p-18-20; Dr Mato, o.c., p.191; F. M. D'Anta, Un res ‘taurutore sociale p47. © SH 13 (1965) p.98-132 20 (1972) p.325ss. -— PLL Noble, joven y rico (1696-1723) Hemos visto que el primogénito, Alfonso Maria, nace en Marian. Na con el alba del 27 de septiembre de 1696. Antonio viene a alegrar el hogar el 5 de noviembre de 1698. Am bos, sin duda, creceran juntos. El 21 de marzo de 1716, con el nomby de Benedetto Maria, Antonio hara profesion solemne con los benedici: nos de la Congregacion de Monte Cassino, en su espléndido monasteri napolitano de los santos Severino y Sossio. Maestro de novicios a lo treinta afios, muere alli a los cuarenta afios, «martir de penitencia y ab negacién», afirma Tannoia. Pero la historia dice que este convent anegaba entonces en la ociosidad y la relajacion’ Del 25 de febrero de 1700 son las gemelas Barbara y Maddalena El libro de bautismos anota que Maddalena, nacida la segunda ——por tanto, concebida la primera segun la antigua creencia—, fue bautizada la primera. {Quiza también temiéndose por su vida? El hecho es que ella desaparece en seguida de la historia familiar de los Liguon, aparte de que su nombre sera afadido al de la primera hermana que naceri después de ella en 1702, !levando como primero el de Anna Maria. (Re cuerdo y presencia de un Angel que emprendié el vuelo? En cuanto a Barbara, sera puesta como pensionada, y, por tanto, en el claustro. los nueve afios, con las franciscanas de San Girolamo (0 Geronimo) alli tomard el habito religioso a los quince afios con el nombre de sor Maria Luisa. Gaetano, del 4 de septiembre de 1701, crecera en la casa como sus dos hermanos mayores. {Dichosos jovenes! El sera sacerdote diocesan por insinuacion paterna. Ya desde los catorce aiios, don Giuseppe |e habria de conseguir de su amigo el dugue de Gravina-Orsino un beneti- cio eclesidstico, cuyo patronato retiene este principe. Sin embargo. adolescente no se decidira por el sacerdocio sino unos doce afios ma tarde. Seri ordenado en 1730. Hasta su muerte en 1784 «llevar en la casa paterna una vida cuasi eremitica» (Tannoia), teniendo como cary pastoral custodiar la capilla del tesoro de San Gennaro, en la catedra Pero el busto de plata que desde 1840 alli preside, junto con otros sar tos patronos de Napoles, es el de su hermano Alfonso. Fl 28 de noviembre de 1702 llega al mundo Anna Maria Maddale na, Hamada Annella. Antes que a su hermana Barbara. la pondran el claustro en el monasterio de San Girolamo. Como no tiene atin 10 cinco aiios, un breve pontificio de Clemente XI al cardenal Pignatelli dignara conceder la dispensa de edad, pues no se podia enclaustrar a | ninas antes de Ja edad del uso de la razon. Después de diez aiios de ir ternado seré admitida, también a los quince aiios, al noviciado, y Hes Ta a ser sor Marianna, a lado de sor Maria Luisa. Su vida no sera sin Sau paleeesad del cuerpo y del espiritu Torturada por los ¢ on eae Cisne’ Tecursos de sus confesores jesuitas y de su ms ia le diria Alfonso: «Vas a morir loca». Y si * DE Maio, v.c., p.108-109. 3. Cunas y vidas. a acontecié a aquella pobre. Hizo falta tener que cuidarla de dia y de noche’. Los hijos se suceden y no se parecen entre si. Teresa Maria, del 12 de diciembre de 1704, crecera junto a su madre hasta su matrimonio en 1720, a los dieciséis afios, con el duque Domenico del Balzo, baron de Presenzano. Tener un hijo que perpetiie el nombre, la estirpe y el patri- monio, y una hija para ofrecer en matrimonio a algin noble heredero, constituia el éxito familiar y el equilibrio social de la nobleza. El naci- miento del ultimo hijo, Ercole, el 30 de noviembre de 1706, debid de in- quietar quiz a sus padres. ;Viviria de las armas, de la truhaneria, del negocio, de un beneficio eclesidstico o de la mesa comin de un monas- terio? Alfonso zanjara el problema cediéndole su propio lugar‘. Hoy se queda uno perplejo ante esta distribucién de listas de ofi- cios para la vida hecho por el pater familias. {El mismo Dios, Padre omnipotente, no se atribuye esos derechos exorbitantes!... Eran las cos- tumbres de la época y los imperativos socioeconémicos del Antiguo Ré- gimen. Lo hemos visto con Emilio Cavalieri. La «sucesién» estaba regida por este doble principio conservador: perpetuar la casa y no disminuir el patrimonio, feudos, tierras, edificios. Implicaba la ley del mayorazgo, © derecho de primogenitura en favor del primer hijo. Los hijos intenta- ban, «por afiadidura», la aventura de la espada, de la toga, de los nego- cios, de la tonsura o del sayal del monje. Las hijas tenian derecho a su «legitima», es decir, a su manutencién mientras quedaran en la casa, y a una dote o a una renta, si ponian su casa o entraban en religion. Al declarar el concilio de Trento que era necesario admitir, bajo pena de anatema, que «a virginidad es mas perfecta y feliz que el matrimonio», la solucién del monasterio era, ciertamente, «la mejor» jpara la gloria de Dios y la felicidad de las mujeres! Asi, ciertas grandes familias tenian «su» monasterio propio para resguardar alli a sus hijas. ;Si, con seguri- dad, muy al abrigo de los galanes! Una pena de excomunion caia sobre el arriesgado que, sin permiso del obispo, fuera a conversar, a través de la reja, no solamente con una religiosa profesa, sino jcon una simple educanda! Realmente, gqué podia significar para la pequeha Annella ain no de cinco afios— esta solicitud al papa Clemente X1, en que se dice que ella «le expresa su ardiente deseo de ser admitida en el monasterio de las franciscanas de San Girolamo a fin de poner mejor alli al seguro su honor y de imbuirse mas en las buenas costumbres»? ,O esa peticion, despues de siete o diez afios de clausura, firmada por Barbara en 1715, a la edad de quince afos, y por Anna Maria en 1718, a los dievis aftos, de hacer alli profesion para toda la vida, atestiguando «no haber 1203. Contributi p.36-40; SU 4 (1986) p.7-24:; 6 (1958) p.276. A. TANNOIA, Della vita ed istitute del V. Serva di Dio Alfonso Maria Liguori 2 2 PL. Noble, joven y rico (1696-1723 do forzada, amenazada ni violentada por nadie»? Es verdad gue ery | formula oficial, «exigida libremente» a todas, para que nadie ca, bajo la cuchilla de la excomunion del concilio de Trento. Por lo demas, esta plaga de «vocaciones» orientadas no era napo), tana; era occidental; pertenecia al Antiguo Régimen. EI concih Trento no atacaba molinos de viento al excomulgar a cualquiera, | rey o cardenal. que forzara a jovenes 0 viudas a entrar en un mon terio o a hacer alli profesién. Esta presion sociolégica autoritaria + pecto a los destinos proporcioné a Ia literatura de observacion un 1: filén de oro, abundantemente explotado fuera de Italia. Es francesa 7 religieuse, de Diderot, esa maligna caricatura. En la Histoire du cc cisme en France, y a proposito del siglo xvi, André Latreille, con io y poner la indispensable sordina, reconoce que no faltan pruebas a novelas que «describen los claustros Ilenos de vocaciones forzadas, hij menores sacrificados a los primogénitos, hijas que, a su pesar, profe un celibato contra naturaleza». En cuanto al clero, se contaban Francia, en los afios de 1700, 250.000 miembros para veinte millones di: habitantes, es decir, diez veces mas de lo necesario.. Y no es en una yela napolitana, sino en un famoso sermon Sur /a vocation, en donde dulce Massillon explota: «—Pero no es posible, se dir: familia numerosa, Y iqué, hermanos mios! Por no compartir yuestros bienes, sacr Giiis Yuestros hijos.,. Se inmolan los infortunados hijos menores a la gran- deza de un primogénito... Padres barbaros ¢ inhumanos, para clevar uno solo de sus hijos mas alto que sus antepasados, no se miran en sac ficar todos los demas. Le arrebatan al mundo hijos para quienes la autoridad constituye la vocacion; conducen al altar a victimas intortus das que van a inmolarse alli a li codicia de su padre, mas bien que « grandeza del Dios que se adora... Asi es como la imprudencia, el ore de nacimiento, Ja ambicion, las miras humanas, son las que decides destino de casi todos los hombres. De ahi tantos descontentos en todo: los estados, tantas pesadumbres en los matrimonios, tanto disgusto ev servicio divino, tanta rebelion, enojo y amargura en ios claustros» No hay duda; toda la Europa catolica merecia esos reproches La irreflexion de los padres, la obediencia sacralizada de los hi) el peso de Ja costumbre, la presién sociologica, los imperativos econ micos ——donde reside el unico verdadero poder de todos los reg nes — y «algun diablo igualmente instigador» hacian tolerables a | conciencias esta manera de actuar. iLos imperativos econdmicos!... Algunos historiadores se laments de la expansion topografica del Napoles sagrado de entonces: un esp! cio demasiado estrecho, invadido en gran parte por conventos, mon: terios, iglesias, «conservatorios» de nifias o de jovencitos y casas de asilo o de retiro, que con sus vastos recintos condenaban a la pobre po Dlacion 4 hacinarse en tugurios y apilarlos uno sobre otro hasta el ciclo (Quiza se ocurra ver en esas acaudaladas fundaciones religiosas 11 1™ ploracion inconsciente de una triste sociedad, que de ese modo se abso! , arreglarlo todo en el mundo con u mundo con un s bienes, sacri nores quene lor 5 bien quea mas jencia que 6 nto’ 0 is ale gece en wl ust 3. Cunas y vidas. a via a si misma y buscaba que le perdonaran el internado de aquellos «enclaustrados» a la fuerza, convirtitndolos en suntuosos edificios? jSanto Dios! jDe 37 monasterios de mujeres y 140 conventos de hom- bres, las tres cuartas partes escandalizaban por su ociosidad, su lujo y su amor al dinero! * i Para volver a la familia Liguori, no se la encuentra aqui ni peor ni mejor que las otras. Es forzoso constatar que, en sus vocaciones «pater- nas», la economia juega un importuno papel. En 1715, Antonio entra con los benedictinos, ocupando de por vida un lugar en la mesa comin de aquéllos. Tambien en 1715, Gaeta- no profesa la vida clerical a los catorce afios, sostenido con un beneficio eclesidstico; asi, resulta que, mediante una tonsura tras su cabeza, ya tiene ante su boca un plato pagado con la renta de una sinecura. Acon- tece, finalmente, que don Giuseppe, en 1715, no puede suministrar a Barbara los 1.500 ducados que le son necesarios para emitir el voto de pobreza con las franciscanas de San Girolamo. De esta dote, 1.000 du- cados seran adelantados por una bienhechora, sor Benedetta Maria de Angelis, y 500 por los «gobernadores del Monte de los Pobres Vergon- zantes»’. Fundado en 1614, «gobernado» por una confraternit de ca- balleros, este Monte de los Pobres Vergonzantes tenia como fin, entre otros, el de dotar a las doncellas nobles a quienes su pobreza impedia entrar en religion para «desposarse con Jesucristo» . {Hasta tal punto estarian los Liguori sin dinero? {O se hundirian, hacia 1715, en el hoyanco de una oleada financiera? Intentemos indagar algin punto de referencia. Abundantes documentos notariales nos los muestran, por el con- trario, en los afios de 1715, en confortable crecimiento econdmico. Los 7.000 ducados de la dote materna deben redituar mas de 400 al aiio. (jUna familia pobre con cuatro hijos debia vivir con diez veces menos, con cuatro ducados al mes!) A don Giuseppe le sobreviene una opulen- ta herencia, legada por cl abad Rvdo. P. Francesco Mastrillo, primo de su madre. Como teniente coronel al frente de la Capitana percibe sus 50 ducados mensuales. Por este titulo es miembro del Consejo Superior de Ja marina, creado precisamente en 1715 para llevar a cabo la cons- truccién de cuatro galeras que reforzaran la escuadra real, y eso se paga bien. jPor otra parte, este marino tiene los pies en la tierra! Se le ve prestar importantes sumas, invertir capitales en empresas de sal, tabaco, seda, aceite, hielo (frigorifico), hierro, harina. El mismo en 1714 crea y preside una explotacion de madera en las islas pontinas (en el golfo de Gaeta) para suministrar a la marina real maderas de construccin y carbon pulverizado para fabricar pélvora. También tiene inversiones en canteras, A partir de febrero de 1715 —este mismo mes en que casual- Mente no tiene un carlin para la dote de Barbara, el comandante De Dr MAlO, 0.c., p. 105-124 SH 4 (1956) p.19-20. GALANT, 0. L404, § 13, 4 Pl. Noble, joven y rico (1696-1723) Liguori, por medio de sucesivas ¢ importantes entregas de fondos a Giuseppe Scordovillo, se asegura los derechos hipotecarios sobre s. lacio del Supportico Lopez. De hecho, lo comprari por acta del 3\ noviembre de 1717. Tambien en este aio comprara, en Martane|| casa Cardovino y el terreno adjunto de cinco hectareas* iNo se puede proveer en todas partes a la vez! Y también, hay que confesarlo, don Giuseppe se apega al dir A la muerte de su padre. don Domenico, en 1728, habra que recur Jos abogados para hacer que entregue el saldo de las dotes que debe a sus dos medias hermanas, Geronima de Migliore (difunta que deja dos hijos) e Ippolita del Balzo". Sus dos hijas franciscar sor Marianna y sor Maria Luisa, deberan Hamarlo a juicio para guir arrancarle sus «legitimas» " {Sera esto una reaccion contra aquella pobreza de aventurero? .0 endurecimiento del huérfano de madre, crecido en un medio exclu: mente masculino? Este capitan de acero esta avido de ganancia c de oficio. Y después viene la ambicién. Al fin, jnobleza obliga! En realidad, costaba caro en Napoles pertenecer a la arist palacios, boato, fiestas, teatro, servidumbre, parasitos...; los dinero. esfumaban entre los dedos de quienes querian mantener su rango. 7 to mas que el primer Iujo de estos hijos del sol y de la fortuna era, pa la mayoria, el dolce farniente. La nobleza vivia como una gran dame. decir, no trabajaba y despreciaba el comercio No fultabun las circunstancias. Se dice que de seis napolitay solo uno trabajaba ”; los otros cinco se agitaban, corrian, hablaban gesticulaban, sin hacer nada. Su excusa ha pasado a proverbio: Nipo! € un trozo de cielo caido en la tierra —un pezz0 di cielo cadute rra—, y todos saben que el cielo es el reposo eterno. Fascinado, Goet! eseribira: «Napoles es un paraiso: cada uno vive en una especie de ebried olvido de si mismo. Es tambien lo que yo experimento. Apenas me nozco 4 mi mismo y parece que soy otra persona. Ayer yo me deci bien ti has sido un loco hasta hoy, o ya lo eres ahora’ (...) Si en Roma se estudia con gusto, aqui no se puede mas que vi olvida uno del mundo y de si mismo, y para mi constituye uns sin sensacion ¢l no vivir sino con gentes ocupadas en gozar» El poeta no ha visto mas que la luz. En un libro ree historiador, bras: inte (1970) buen especialista del tiempo», G. Spini, acentiia kas 41a nobleza italiana se modelo sin cesar, cada vez mas, con el) ejer plo espaol. La ociosidad pomposa de la aristocrcia espafiola, su de J) SHS (1957) p.239-241; 6 (1958) p.22505; 7 (1959) p.253; 13 (1965) pio7-110! nh fitleta 3 (190) 7 290-291; SH. (1961) pX3ss, orien. ti iguori tp 113 3. Cunas y vidas. , i as as "I 7 ‘Obre do, joda actividad prod ia de 2 te por toda actividad productora, su mania de aparentar, su insensata pa- a dg Ua Sion por la etiqueta, las precedencias, los pumtilios de honra y los duclos, la caracterizaban también a ella de manera poco simpatics... En tanto que privilegios y titulos altisonantes mantenian contentos y sometidos a la Ja nobleza y al clero, el pueblo languicedia en 1a miseria, arrasado perio- dicamente por las carestias y las epidemias» " Ya lo hemos dicho: los Liguori y los Cavalieri forman parte de la elite que rehitsa la ociosidad fastuosa. Pero su ambicion apunta mas alto que su tango. Don Giuseppe no olvida que su suegro es uno de los supremos magistrados del Sacro Real Consiglio, que su cufiado es con- sejero de Estado y ministro de Guerra, que su antepasado Marco fue gobernador de Napoles, que su hijo Alfonso sera... ;Ah, su hijo, su pri- mogénito..., su amor!... (pues este hombre duro es tierno y apasionado de la misica), {Su orgullo!... Insondable orgullo... «Jamas lo digas. Piénsalo siempre». De todos modos, los cavalieri ya no andan mas a caballo. Las per- sonas de calidad no salen mas que en carroza, precedidos y seguidos de criados que corren con librea y que por la noche llevan antorchas en Ja mano, Du Paty escribira en sus Lettres sur I'Italie: «La profesion de aristocracia 15,000 personas en Napoles es la de ir delante de una carroza: la de 8 di otras 15.000, la de ir detras». Pero no se corria gratuitamente, y las li- rango. Tan breas costaban mas caro que el habito monastic. ina era, para iY si solo hubiera que mantener a estos portadores de antorchas! ran dama, es «Las familias nobles —observara Galanti— tienen una muchedum- bre de empleados domésticos: secretarios, mayordomos, capellanes, pajes. napolitanos. camareros, lacayos, volanti (recaderos), cocheros, caballerangos, mozos de Lane cuadra, En la capital, el uso de tn lacayo es general: eso da distincién. Su , hablaba Salario es infimo: le queda, para vivir, el recurso del fraude a su sefior por bio: Napoles todos los medios» “. enn’ Su posicion de oficial superior en la marina de guerra facitita a don yado, Goel Giuseppe el reclutamiento de un personal de servicio original, abundan- te, barato y ficil de concertar: esclavos turcos o berberiscos capturados en las operaciones de interceptar piratas. Sus hijos tendran un camarero y no saldran a la ciudad sin un lacayo pegado a sus talones *. Pero no nos anticipemos. Alfonso y Antonio apenas saben andar cuando franquean el umbral del siglo xviii. Como por un aconteci- miento expreso, una sacudida historica marca el paso y despierta dura- mente a esta nobleza durmiente del bosque, El sibado 20 de noviembre de 1700. una estafeta extraordinaria de la embajada de Roma comunica al virrey que Carlos II ha muerto en Madrid, El desdichado soberano no tiene hijos: es la extincién de la di- nastia de los Habsburgo en Espafia. Pero sus dos hermanas, Maria Te- esa y Margarita Teresa, se han casado, respectivamente, con Luis XIV © Gitado por DeLumeac. 0.c., p.t1 y 182; ef. CROCE, 06 109-111 Gatanti, o.c., 1 6.8 § 6. Tannota, o.c.. t 1 p.13. 26 PL. Noble, joven y rico (1696-1723) y con el emperador Leopoldo I. ,Qué sucedera? Por el mismo co, Napoles queda informado que el difunto en su testamento ha design, a su sucesor a la cabeza de yeintitrés reinos 0 principados sobera;, unidos a la Corona de Espaiia: no es un sobrino suyo de la C Austria, sino su sobrino segundo, Felipe de Borbén, duque de Asc, nieto de Luis XIV. Felipe V (1683-1746) es, pues, proclamado Rey (', télico el 6 de enero de 1701; el 19 de febrero hace su entrada solemn, en Madrid. Asi, pues, él viene a ser rey de Napoles, Palermo y otras vein; «capitales». El virrey en funciones en Napoles, el fastuoso Luis de cerda, duque de Medinaceli, no tiene ninguna dificultad en reconocer y proclamarlo. Es un buen espafiol; pues bien, Napoles queda para fs pafia. Su puesto es bueno; asi que él queda en su lugar. Entonces, que el amo sea un Habsburgo o un Borbén, jqué importa! Para el pueblo —«el rey ha muerto, viva el rey»—, la fiesta de tronizacion es algo que no hay que perderse, y cosa buena es desvalijar la cucafia y recoger las pequefias monedas arrojadas a pufiados por | oficiales de la cabalgata sobre los negros empedrados. Pero detras de las obsequiosas reverencias de fachada y del silencio de los nobles bulle el fermento de la conspiracion. Toda la amargura dejada por los Angio, los angevinos, se les sube a la garganta al so nombre de este duque de «Anjou». Y, por otra parte, Napoles habia e perado volver a encontrarse ella misma, como capital y no como ¢ cera de provincia, con un rey en su casa y una corte donde pavone y divertirse «realmente». Al mismo tiempo, Napoles sabe que el emperador Leopoldo I rei- vindica para los Habsburgo las coronas de su difunto cufiado. Recibe los manifiestos donde le exhorta a mantenerse fiel a la Casa de Austria A Felipe de Borbon opone su segundo hijo, el archiduque Carlos. Asi estalla, entre los dos cufiados, el de Versalles y el de Viena, la guerra Sucesion de Espafia: trece afios de sangre, a la vez, en Espaiia, Alem nia ¢ Malia del Norte (1701-1714). Al Sur, algunos nobles conspiran cor el emperador: que les dé a Carlos por rey en Napoles y ellos le avud ran a echar al mar a los espafioles y a su virrey. Un puitado de conju: dos pasan a la accion el 19 de septiembre de 1701, dia de San Jenaro iPero el Santo se escuda en la neutralidad! Y también el pueblo. Los in Surrectos no tienen mas que parapetarse en los monasterios de Sant ‘Chiara, de San Sebastiano y en las calles vecinas. El 23 de septiembre el duque de Popoli, hermano del arzobispo, a la cabeza de un grupo de nobles y de la guarnicion espafiola, los toma por asalto. Asi, despues d+ tres dias de lucha vana y de desorden, el petardo se extingue en Ja se? gre de algunas cabezas, consignadas a la cuchilla por Luis de Lacerda Pos Liguori han conservado la cabeza sobre sus hombros. Por 10! ® i Y a8 any2rdang tt Mistoire de suint Francois de Geronimo p.224.227; GaLasso. 16. 2? ada yy del gatganta Napoles habia y no como a donde pav 3. Cunas y vidas. u tuna, don Giuseppe estaba en el mar; exactamente, el 19 de septiembre. en el puerto de Niza. Detras de la Capitana, «toda cubierta de dorados adornos y banderas», habia partido a mediados de agosto la escuadra real para efectuar el triangulo Niza-Barcelona-Napoles, Iba a Niza a buscar a la joven reina, Maria Luisa de Saboya, prometida a Espafia y a Felipe V. Después de haberla conducido a Barcelona, transportaria un regimiento de infanteria para reforzar la guarnicion espanola de Castelnuovo. Las galeras no regresaron hasta el 28 de diciembre” Con una fuerte tropa de ocupacion, hay un nuevo virrey de mano pesada, el duque de Escalona. Era menester otra cosa para conquistar el corazon de los napolitanos. Felipe V decide ir él mismo a ganarlo. El § de abril de 1702 deja Espafia en manos de la reina —una regente de trece afios— y parte para Napoles, escoltado por ocho navios france- ses. El dia de Pascua, 16 de abril, la escuadra real aparece delante de Baia. Todo Napoles se vuelca hacia la costa. El joven rey, de diecinueve afios, desembarca frente al palacio. Re- suenan las campanas de cientos de iglesias y las salvas de cafién de cas- tillos y navios. Don Giuseppe estaria en sus piezas de la Capitana. La feliz entrada solemne fue diferida para el 20 de mayo. Acompa- fiado por tres cardenales, los grandes del reino y su séquito, el sobera- no, coronado, recorre una ciudad ansiosa: desde Carlos V no ha visto a su rey. Los caballeros napolitanos lo esperan en sus respectivas sedes. En la sede de Portanova, don Giuseppe esta ahi, con su padre, don Do- menico, y su primo don Francesco de Liguori, principe de Presiccio. Banderolas, flores, salvas, musica, discursos. El cortejo parte. Los titu- lares de Portanova forman al rey una guardia de honor: don Francesco y don Carlos Capuano sujetan las bridas del caballo real. Con otros cuatro caballeros, don Giuseppe Hleva el dosel *. Felipe V no se entretiene en el paraiso partenopeo. Mas que del Vesubio, tiene temor de esta ciudad con corazon austriaco. Va hacia Milan, hacia su guerra...” Don Giuseppe de Liguori ha nacido para la politica. Presiente que el cielo de Napoles va a cambiar. {Cual sera el porvenir para su peque- fio mundo que reencuentra en el suburbio dei Vergini? ” TELLERIA, 0.¢.. 1 p-U1-12 y n.44; Ph. ERLANGER, Philippe V d'Espugne (Paris 1978) 1p.62. No resistiendo el marco, los insectos y el «perfume» de la chusma, la princesa se hizo desembarcar en Provenza y prosiguio por tierra el viaje 's SH 7 (1959) p.232 n.10; TELLERIA, 0.c.. I p.12. 'Y ERLANGER, 0.C., p.76-82. 4. «Qué sera, pues, este nifio?» (1696-1708) De contrastados colores, pletorica de ruidos y miltiples olores, |, calle napolitana del Settecento (de 1700 a 1800) hierve con regocijada agitacién. Alli, codo con codo, se encuentran, sin confundirse —asi lo dicen los historiadores—, cinco categorias muy distintas: una nobleza fastuosa y desocupada, un clero con pingiies rentas, una clase media de burgueses parasitos, un reducido pueblo de comerciantes que ocupan las tiendas y los bassi de las residencias particulares y la ingente plebe de unos 30.000 vagabundos —los /azzaroni—, llamados también ban chieri porque duermen en los bancos publicos, a menos que el invierno no los amontone en los rellanos de las escaleras interiores'. Se olvida un sexto «mundo»: el de los esclavos —negros, orientales © moriscos—, que constituyen, con los caballos, los bienes urbanos de arriendo en los grandes puertos. Con todo, la realidad esta ahi a dos pasos. Este texto oficial, con no casi mas de doscientos afios, es de un procurador del rey de Francia de 1768: «La mayor parte de los esclavos que se encuentran en Nantes son iniitiles e incluso peligrosos. No se ven en las plazas piiblicas y en las puiertas mds que negros en tropel, que llevan su insolencia hasta ’insultar a los ciudadanos no solamente durante el dia, sino también en la m chen?, El hecho es que el siglo xvii es el mas esclavista de la ¢poca mo- derna. Espaiia con Portugal son, geograficamente, los lugares mas es iratégicos para la trata de negros. Es también alli donde existe la mayor demanda. Asi es como, en 1701 —Alfonso tiene cinco afios—, el Rey Catolico Felipe V concede, por diez afios, el monopolio de este comer cio para América espafiola a la Compafiia Francesa de Guinea, sus- trayendo de este modo «considerables ganancias a la democratica Ho landa y a la puritana Inglaterra» *. El «bosque de ébano» era particularmente necesario en la econo mia colonial. Pero Espaiia también sacaba provecho para sus poses! nes italianas; para sus galeras ante todo, de las que cada una «const! Mia» cuatrocientos vigorosos remeros. Los negros se encontraban as! entre los grilletes, con los condenados a trabajos forzados y, sobre todo. von los prisioneros de la guerra secular y jamas extinguida entre cr tianos y mahometanos. Por decenas de millares, cristianos cautivos “° BOUVIER-LAPPARGUE, ow., p.33-48, a Maurice LENGELUP, Lesclavage. voll. «Que sais-je» n.667 (PUF. Paris 1967) P+ * ERLANGER, 0.c., p. Encyelopaedia universalis 6 p.449. Este texto oficial dor del rey de Frans cuentran en Nantes 0 4. «2 Qué sera, pues, este nitio?» (1696-1708) 29 toda nacionalidad, apresados en el mar o en las costas por piratas ber- beriscos, gemian en los reductos de Marruecos, Argelia, Tianez, Egipto y Turguia. Reciprocamente, entre la chusma 0 al servicio de los ricos particulares eran numerosos los «turcos», 0 sea, musulmanes captura- dos en el Mediterrdneo con las intercepciones de piratas legados de Turquia o de Africa del Norte. Asi es como en su gaceta cotidiana, el nuncio apostélico en Napoles referiré, el 7 de agosto de 1725, «el retor- no de cuatro galeras napolitanas con un cargamento de esclavos captu- rados en cuatro navios corsarios» *. En una ciudad como Napoles, que ya contaba con unos 10,000 de ellos, don Giuseppe de Liguori no era un fendmeno por el hecho de «te- ner varios esclavos a su servicio». Tannoia, que lo sabe por los herma- nos de Alfonso, subraya que, «como capitan de las galeras, le era mas facil procurarselos», es decir, muchos y a buen precio’. Desde el siglo xvI, los arzobispos de Napoles se habian preocupa- do de la proteccion y de la evangelizacion de los esclavos. En la ciudad habian fundado una Congrega dei Catecumeni, encargada de instruirlos y prepararlos, en lo posible, al bautismo. Nombraban catequistas para el populacho y durante los tiempos de descanso en el puerto tenian a su disposicion la iglesia de Santa Maria del Rimedio, cerca del muelle. Pero {qué podrian comprender aquéllos? Les hacian falta meses para aprender de sus guardas y de sus compafieros de cadenas, los galeotes, tres 0 cuatro palabras de napolitano que al fin terminaban por mascu- llar, y jqué palabras, mamma mia! Sin embargo, alli habia jesuitas. Eficientes y de vanguardia, hermanos de Francisco Javier, los jesui- tas fundan, a principios del siglo Xvil, una Confraternidad de los Escla- vos para trabajar en su evangelizacion y, al mismo tiempo, un: mia de lenguas donde estudian el arabe, el turco y los diversos dialectos de aquellos cautivos. Por otra parte, su influencia en la alta sociedad les permite «conscientizarm a los grandes en sus deberes de fe y de caridad en favor de sus esclavos. Y aqui se ve la alegria de las cosechas: en su Casa dei Catecumeni, donde son recibidos por algunos dias, se preparan al bautismo unos veinte cada aiio®. Ahora bien, en 1676, un joven jesuita, Francesco de Geronimo (1642-1716), es asignado a la «mision de Napoles». Es un santo impreg- nado de los suefos de fuego de Francisco Javier: las Indias, Japon, el martirio... Cuatro veces ha hecho solicitud por escrito al P. General. «Su Japon sera Napoles», ha zanjado el P. Oliva. Piensa en el Napoles de las plazas y encrucijadas, adonde «la mision» le envia a predicar to- dos los domingos al aire libre. Y Francesco descubre alli a los /azsaront. las prostitutas y, un dia de 1677, a los galeotes. De golpe, tlega a ser un asiduo frecuentador del muelle y, poco a poco, el amigo de los forzados {SH 7 (1959) p.241 0.45. Tannoia, o.¢., 1 p.13. Asprenas 13 (1966) p.170-205; 14 (1967) p.295-313. 30 P.J. Noble, joven y rico (1696-1723) a las galeras y de los esclavos. Su unico amigo. Estos hombres, encade. nados a su banco y quienes para los soldados no son sino la «analla y para sus capataces, simples dorsos desnudos —acetrinados, morenos, negros— brillosos de sudor, a merced de sus garrotes y fustas, estos «condenados» se toman para él en rostros, miradas. nombres, herma nos, hijos. La chusma lo acoge con gritos de jubilo: «EI P. Francesco. aqui esta nuestro padre!» Incluso con los «turcos», si no es todavia | Evangelio para ellos, es ya casi el Coran: «El P. Francesco lo ha dicho)» Por eso, a fuerza de insistir, el capitan general de las galeras acaba por arrancarle al rector del Gest) Nuovo el nombramiento oficial del Padre como capellan de los remeros de toda la escuadra. Su «envio a las galeras» en 1685 ha colmado de gozo a Francesco. En adelante. cada vez que los navios militares atraquen en el puerto, el buque almi- rante, la Capitana, sera su cuartel general y la gentuza sera su parro quia. Hasta su muerte, en 1716, durante treinta afios Con una «misién», en el sentido fuerte del término, es como ina gura su ministerio de almas en la Cuaresma de 1685. Son unas sema: intensas de predicaciones, de oracién, de encuentros, mientras la arma da esta en el muelle. Haciéndose cargo personalmente de la Capitana. envia compafieros de ministerio a cada uno de los otros navios. Al ter- minar, todo se corona, finalmente, entre flores, musica, cantos y... sal vas de cafion, con una procesion a Santa Maria del Rimedio, donde tic ne lugar la misa y la comunién pascual de unos trescientos cristianos forzados a galeras. En adelante, cada afio, el Padre organizari asi lv Cuaresma de los galeotes. «Trescientos forzados»; es decir, que los otros 2.500 remeros nece sarios de la escuadra eran esclavos musulmanes. Alli estara el Japon de jonero; alli estara el corazén de su corazén. Cuatro de estos «tur- cos» fueron bautizados al fin de esta misin de 1685, primicias de un ‘cosecha, en adelante anual, arrancada a un alto precio al «desierto» ’ Ahora bien —jnotable conjuncién de fechas y de hombres! ~~. est toma del cargo oficial de los galeotes que hace el santo jesuita data de los primeros meses de 1685; es el mismo afio, como recordamos, en qui el caballero Giuseppe de Liguori, en el arrebato de sus quince afos pone el pie como aventurero sobre el puente de la Capitana. Durant veintitrés afios, el navio almirante sera su casa en el mar, y cuando ep 1708 Austria lo promueva al mando de la Padrona, no abandonaré | «parroquia» del hombre de Dios ni la irresistible irradiacion de su ter nura. Al contrario, las comunes responsabilidades de ambos no harin sino aproximarlos, porque el Padre muy pronto tomé a su cargo nos lamente al pueblo encadenado de los puentes flotantes, sino tambien Jos obreros del arsenal y del puerto y todo el cuartel de la marina” Summarium introduction BACH, 0... p.55-58.109-117; D'ARIA. 0.¢., p.619. augue (Servi Dei Fr. de Geronimo) p 33.51.91. 98.99. Ib. Summariwm p.53; BACH, 0.¢., p.117-118; SH 7 (1959) p.238. isica, cantosy., } Rimedio, donde it tresciemts ein dre organiza 250 reer estar Ia 4, «ZQué seri, pues, este niio?» (1696-1708) aI Detalle curioso: en los afios 1685-1695, mientras el joven aspirante no pensaba mas que en bombardas y en navegacion, el misionero cono- cio a dos valiosas hijas del presidente Cavalieri: a la joven profesa Ma- ria Francesca Teresa del Cuore di Gesit (Cecilia) y, entre las educandas, a su hermana menor, Anna Caterina. La comunidad de las Cappuccine- Ile era, en efecto, de las que motivaban también su celo apostdlico para jornadas de reflexion en provecho de las alumnas”, Es, pues, un amigo, un asiduo de casa; es «el Padre», quien entra al palacio de los Liguori en aquel dia de otofio de 1696. Los esclayos fueron los primeros que al yerlo debieron lanzar gozosamente el anun- cio: «jAqui esta el P. Francesco! {Nuestro Padre!» Pero hoy viene por una circunstancia especial: el primer «dichoso acontecimiento» en la casa del caballero De Liguori Al comienzo de la Edad Media, el caballero moraba en la misma estancia que su caballo, En los siglos XviI-xVill, la gente humilde de los bassi rebullia (personas y animales domésticos) en la nica recamara-co- cina, en tanto que la elite se perdia en las vastas y numerosas piezas de los pisos. Sin embargo, la recdmara del lecho, una vez separada, conser- vaba su caracter piblico. El lecho era el mueble de gala del rico. En el lecho se recibia a las visitas, en el lecho se escuchaba la musica, desde alli se daban las érdenes al personal". ;Acaso no se sabia que la reca- mara de la reina era la estancia mas hermosa del palacio de Versalles y que los reyes y reinas de Francia y de Espafia recibian en el lecho a los embajadores y a los ministros? Pues bien, he aqui lo que escribe el meticuloso historiador de Fran- cesco de Geronimo, el jesuita Julien Bach: 4E] afio 1696 nacid un nifio que debia mas tarde ser lumbrera de la Iglesia y cuya cuna debe figurar con honor en la historia de San Frances- co de Geronimo. Desde tiempo inmemorial estaba en uso una ceremonia muy emotiva en las familias nobles del reino de Napoles. Tres dias des- pues del nacimiento de un nifio habia alli una gran recepcion. La madre estaba colocada en un lecho de gala, teniendo a su alrededor damas de honor y toda su gente con librea. Los hombres eran admitidos sucesiva- mente para dirigirle las felicitaciones y después de los cumplidos pasaban a la vecina galeria o a un salon para unirse a los otros amigos de la cas que habian cumplido ya el mismo deber. Pero, igualmente, deseo de las familias cristianas, ricas 0 pobres, era recibir la visita de un hombre san- to, pensando que atraeria las bendiciones sobre el hijo». Asi, pues, entra el Santo. Hace sus cumplidos. Se recoge junto al bebé. Lo bendice. Después, tomando en sus brazos al pequefio Alfonso, dice w la madre: «Este nifio legara a viejo, muy viejo; no morira antes de los noventa afios; sera obispo y hard grandes cosas por Dios». Pasado el primer estupor, un silencio de Anunciacion debid vibrar Por un tiempo en la casa, en los labios, en los ojos. Un silencio como jv SH_6 (1958) p.477-478. ss fom, pos van Use Histoire de la répression sexuelle, traducido del alemin (1970; Lat font, Paris 1972) p.83-84. joven y rico (1696-1723) para hacerles contener de pronto la respiracion y detenerlos sobreco.; dos en la escalinata B Dojia Anna recogio estas palabras; las pens6 y repensé en su co, zon durante toda su larga vida. Igualmente los demas. Sin duda, medio de ella 0, en todo caso, por una tradicion viva y multiple, fay, liar y pablica, es como ha llegado hasta nosotros este testimonio {Se encontrarian con frecuencia el viejo y el nifio durante los vein, aiios que ambos estarian aun en contacto con don Giuseppe? La hj toria, que no camina sino con documentos, no puede mis que dejar gi. Ja imaginacién corra y que la poesia vuele... Y subrayar con una son: sa maravillosa que un siglo mas tarde, el 26 de mayo de 1839, el pap Gregorio XVI los elevara a entrambos a la gloria de los santos coro. nados. De la profecia de San Francesco de Geronimo, Anna Cava toms, sin duda, una conciencia mas viva, un poco ansiosa tal vez. de s bella responsabilidad de educadora, Pero su sola fe y su educacion hu bieran bastado. Si se recuerda que ella estuyo diez aiios en conyivenci con las feryorosas Cappuccinelle Riformate de la Salita Pontecorvo, debe dar fe a lo que afirma Tannoia: «Son demasiado bien conocidas en Napoles las raras cualidades esta gran dama, Mujer de oracion, amable con los pobres, austera con ella misma. Se afligia de continuo con frecuentes ayunos, cilicios, faye ciones y con otros medios de heroica penitencia. Nunca iba a los teatro ni fue amante de tertulias, sino que se quedaba en casa atenta a D: 4 si misma, Se la vela, sobre todo, solicita del cuidado de sus hijos 3 « sus deberes de esposay". Fiel aun al empefio monastico donde ella crecid, «recitaba a diari el oficio divino, como una religiosa claustral» "’ ¢Podria ser, quizd, su modo de vida una fuga al pasado ante s0 tareas maternales? De ninguna manera. Por el contrario, eran éstas | fuente viva con las que ella alimentaba su pequefio mundo: “La educacion de Alfonso no fue confiada a otros, como er us’ entre los nobles. Fue su propia madre quien exclusivamente se hizo de todo ese cuidado. Muy al tanto de sus obligaciones, dota Anna | con foda solicitud su tarea; no dejé que ningun extraio fuers quic Ciara a este su hijo en sus deberes cristianos, y lo mismo hizo con | mis frutos de las propias entrafias, Se sabe, por cl testimonio mano don Gaetano, que cada mafana la santa dama con toda sol bendecis a sus hijos y hacia que ofrecieran a Dios los debidos obs: Cadi tarde los juntaba en torno suyo para ensenarles los rudimento tianos; recitaba con ellos el santo rosario y otras preces en honor simtos, Velaba para que no frecuentaran a los demas de su misms y para que la gracia los previniera contra la malicia y sus hijos »¢ tumbraran 4 odiar el pecado, cada ocho dias los llevaba a la iglesia | Fog RANSOIA. T pi Bacit, o.c., p.194-195; Summarium (8. D. Alphons! de Ls" shel P.194-195; Si ‘s P 1 TANNOIA, I p3 "Ib., Summarium p.176. aS Cualid res cllicios, Nagel iba a los teat atenta a Dios e sus hijos y taba a dian sado ante st _ eran éslas 4. «Qué sera, pues, este nitio?» (1696-1708) 33 PP. Girolamini a confesarse con el P. Tommaso P: i . azano, a etalon gano, confesor y pa Este primo lejano era un afio mayor que los esposos Liguori. Ape- nas habia pasado los treinta. Tenia ya fama como profesor de teologia mas atin, como hombre de Dios. Santo y sabio: las dos cualidades que Teresa de Avila exige del director espiritual «@Director?» Entiéndase «consejeron; consejero escogido por aque- lla aquel a quien él dirige, el cual no toma su autoridad sino de la li- bre eleccion de quien quiere ser dirigido. Como se elige libremente la Guia Michelin 0 a tal guia alpinista porque se tiene confianza en él; pero se hace para seguirlo y obedecerlo, porque se quiere llevar una ruta segura. Tommaso Pagano (1669-1755) pertenecia a la Congregacion del Oratorio. Siglo y medio antes se habia formado en torno de San Felipe Neri (1515-1595), cerca de la iglesia de San Girolamo della Carita, en Roma. En 1586, el Oratorio de San Girolamo habia emigrado a Napo- les, frente al Duomo, o sea, la catedral metropolitana, en la esquina de la Via Tribunali y de la Via Duomo. Los Filippini eran alli conocidos de toda la ciudad con el nombre de Girolamini'® En el opulento adormecimiento de la mayor parte de los conventos y monasterios napolitanos formaban ellos parte de unas doce ordenes, nuevas o reformadas, donde se vivia fervorosamente la oracion, la po- breza, la austeridad, el celo. No se orientaban alli sino vocaciones gene- Tosas, en cuyos noviciados hacian una severa seleccion, {Seria una ca- sualidad? Eran todas ellas ordenes activas. Hombres a quienes atenaza- a la solicitud de los demas y que encontraban en este celo horizontal el sentido y el vigor de su ascenso vertical hacia Dios. O bien, si se pre- fiere, hombres a quienes la contemplacion de la zarza ardiente los de- volvia, lenos de fuego, hacia sus hermanos. A la cabeza, con nuestros Oratorianos 0 Girolamini, estaban los Pios Operarios, los Lazaristas, los Capuchinos, los Franciscanos Alcantarinos (cuyo ministro provin- Gial en Napoles era entonces Giovanni Giuseppe della Croce [1654- 1734], «a quien yo conoci bien», escribiria més tarde Alfonso, y quien se le uniria en la gloria de Bernini, junto con Francesco de Geronimo, en aquel mismo 26 de mayo de 1839)". La iglesia y el convento de los Girolamini constituian uno de los seis grandes focos de animacion espiritual, de cualidad muy diversa, que Se compartian la metropoli. Cada uno tenia sus confraternidades de ar- tesanos, comerciantes, jovenes nobles, doctores, etc. Como la de los Je- suitas en el Gesii Nuovo, lu de los Pios Operarios en San Giorgio Mag- giore o Ia de los Teatinos en los Santos Apostoles"", la comunidad Tannora, 1 p+ L. PONNELLE y Borper, Saint Philippe Néri (Bloud et Gay, Paris 1928) p.39 La vera Sposa di Gesit Christe 0.8. § 2.6; Opere ascetiche 14 p.285. Dr Maio, o.c., p.108.114 bid. put Sian Alfonso M* de Ligerie —_—_ om M PI. Noble, joven y rico (1696-1723) sacerdotal de los Oratorianos irradiaba un espiritu totalmente prop con métodos tipicos, en Ja tradicin todavia primaveral y dinamica qe) fundador. [ ‘Aunque pertenecieran al barrio de los Santos Apéstoles, a dos p,. sos de los Teatinos, los Cavalieri formaban parte de la familia espiritna) y carnal de los Girolamini. El P. Francesco Gizzio. tio abuelo de doi, Anna, acababa de morir alli (1698). Su poderosa predicacion habi. atraido muchedumbres. Habia dirigido durante veintiocho afios el Or, torio di San Giuseppe, de los Jovenes Nobles. Gracias a su capacidad una activa animacién por medio del teatro, muy al modo oratorian ha dejado dramas y otras piezas escénicas religiosas que la historia lite raria no ha olvidado®. ' Hacia los afios de 1700 queda bien reemplazado por Tommaso P, gano, también él pariente de Anna Cavalieri. Es uno de los jovenes pi lares de la obra. Durante cuarenta afios asumira los diversos cargos Sus sefias particulares: un coraz6n filial hacia la Virgen y hacia Felipe Neri. Es el guia escogido por dofia Anna, para ella y para sus hijos «Esta eleccion del P. Pagano —escribe el cardenal Capecelatro, tar bién él oratoriano—- es una primera gracia del misterio de la Providenci: que prepara a Alfonso. Era tenido en gran estima en toda la ciudad ce ‘Napoles. El P. Pagano, de hecho, era un hombre insigne por su delicada piedad y leno del espiritu de San Felipe Neri y, a la vez, muy docto. fn as memorias del tiempo se dice que no se permitia ningun descans» que pasaba en el estudio todo el tiempo que le quedaba libre de las ob! gaciones de la Congregacion. Habiendo sido, por casi treinta afios. © Confesor de Alfonso, es justo pensar que, ademas de aquella piedad. | inspiré también uquel vivo sentido del estudio que el mismo Alfon mostré siempre y que dio tantos frutos de sabiduria y caridad a la sity", El 25 de diciembre de 1703, el nuncio apostolico en Napoles escr be al secretario de Estado de la Santa Sede: «Nuestra ciudad acaba ser afligida por una gran prueba: la muerte del consejero Federico ( valieri, Era tenido por un ministro de gran integridad y competencis» Alfonso tiene siete afios. Es la primera vez que se encuentra con | muerte, Un dia de Navidad. Su madre se concentré ain mas en sus hijos «Segin avanzaba Alfonso en afios, asi crecia la solicitud en kt m No contenta con lo que él aprendia bajo la guia de estos excelentes see dotes oratorianos, y particularmente de su contesor, el P. Tommaso P ino, ella misma Jo instruia pricticamente en el modo de saber ofr los deberes propios de un caballero cristiano: le inspiraba el horrot in mal que en si es el pecado, al infierno que se merece y la pene 4) ls menor ofensa caus al corazon de Jesueristo. Todo hacia impresion Alfonso». “Ibid. p.56.59.63.145 n.106; Croce, / teatri di N. li 2. 3 SHA C986) p 4.a73 epee . CAPECELATRO, La vitu di Sant'Aljonso Mf ari tL AA ¢.1 p.24-25. © Thaterta, 1 p.13. El TANNOIA. I p.5-6, 4. a¢Qué sera, pues, este nitio?» (1696-1708) 35 GEs licito preguntarse si esta impresion no hizo mella demasiado profunda en la psique de este nifio particularmente sensible? ;Y si cl acento puesto sobre el pecado mortal y sobre el infierno no dejo una herida que, a Io largo de toda su vida, le haria pagar un pesado y secre- to tributo de intimo sufrimiento? Pero he aqui la maravillosa contrapar- lida: «Sobre todo, se veia empefiada dofia Anna en imbuir en el alma de sus hijos un ardiente amor a Jesucristo y una confianza filial en la Santisima Virgen Maria». Dos rasgos que marcarian de por vida — jy mucho mas profundamente que el fuego del infierno!— la espirituali- dad y el ministerio de Alfonso. El hijo, legado a viejo, lo confesaria con gusto: «Todo el bien que reconozco haber hecho en mi infancia, y, si no he cometido el mal, se lo debo a mi madre» *. El amor es ciego y el tiempo se encarga de embellecer los recuer- dos, pero sabemos que las vocaciones profundas afloran con frecuencia en la infancia. Con Tannoia, podemos creer a la anciana madre evocan- do el recuerdo de este nifio, abierto espontaneamente a Dios, serio y piadoso, afecto a «levantar altarcitos y festejar alegremente los diversos santos de su capilla». toda bi cdl «Coraz6n décil —afiadia ella también, espiritu eal, yerdadera- are mente un buen terreno donde sembrar a Dios. Por encima’ de todo, el i ‘rile nifio amaba la oracion y todos podian admirar su constancia en las pric- ee. ticas de piedad. Cuando legaba la hora de cumplir alguna devocion c: ningio su madre, no hacia falta lamarlo; y no descuidaba ningiin otro ejerc ba libre de las ol que éI mismo personalmente se habia seitalado» ™. asi treinta a » aquell piel Tal era el sistema educativo del tiempo. Los padres reunian a sus el mismo All hijos en sus practicas de piedad, tratandolos, en suma, como pequeiios y caridad al adultos; se les levaba a misa, al oficio, a la predicacin; se les hacia compartir su devocién a los santos. Esto podia conducir a la apetencia personal, pero también al formalismo, o incluso al disgusto, a la rebe en Naot dia, al rechazo. Una cierta autenticidad de vida por parte de los educa- , cindad a dores ha decidido, sin duda, mas que la libertad del muchacho. ro Feder En cuanto a Alfonso, hay que subrayar un rasgo extraordinario y ye ete que dice mucho acerca de la influencia de la madre y de la fidelidad del y oor ra hijo. A lo largo de toda su vida de estudiante, de abogado, de misione- e ence ro, de obispo y hasta en la decrepitud de sus noventa afios, Alfonso conseryara y utilizara diariamente la pequefia libreta donde su madre habia transcrito, desde que él supo balbucear las primeras palabras, las oraciones que ella le ensefié de nifo para la mafana y para la noche Y cuando haya perdido la vista y la memoria, el anciano Hamara a su fiel lector y secretario, el hermano Francesco Romito: «Toma el cuader- nito -~le dira— y Iéeme las oraciones acostumbradas». Las oraciones de su infancia, las oraciones aprendidas de su madre-”. Ibid.. ps. Ibid. p? % Ibid. p56, © §. Alfonso 33 (1962) p35: PLLERIA, I p.14 1.53. 36 P.L Noble, joven y rico (1696-1723) No quiere decir todo esto que su padre no fuera, tambien el, 5 camente cristiano, incluso piadoso. Los Liguori eran de aquella elir. la que no deterioraba ni la decadencia del tiempo ni el naciente excep: cismo. Eran leales caballeros de Dios. Don Giuseppe tenia un «tio» primo hermano de su padre—, Domenico (tambien él) de Liguori, qu Megara a ser obispo de Lucera, sede vecina de Troia. Personalment. gido entre dos fuegos, no escapaba de la irradiacién de su mujer en |, casa sino para entrar en la del P. Francesco de Geronimo en la Marin, En tierra, don Giuseppe, «hombre ejemplar, cristiano integro de |, cabeza a los pies, frecuenta las iglesias y los sacramentos». Cada aj, hace su retiro 0 con los Jesuitas —gy quien lo Ievaria alli sino Frances co de Geronimo?— o bien con sus vecinos, los Lazaristas. En el mar también se encuentra en cristiandad: después de los »; vios almirante y vicealmirante (la Capitana y la Padrona), las otras » eras estaban bautizadas como las iglesias: Santa Barbara (la patrona de la polvora y del fuego), San Gennaro, San Giuseppe, San Carlo, San \ chele, y, evidentemente, cuando pase a Austria y el emperador refuerce su escuadra napolitana, San Leopoldo”. Comandante de a bordo, a partir de 1708, su cabina se parece la celda de un monje, con paredes tapizadas de sagradas imagene para que lo acompafiaran tendra cuatro estatuitas de Cristo en su pa sion, de unos cincuenta centimetros, en madera pintada: Jesiis zante, Jess flagelado, el Ecce Homo coronado de espinas, Jests llevan. do la cruz. Hoy éstas estan conservadas celosamente por los Redento tistas de Ciorani. En sus dias de ancianidad lo revelaria: «Esta devociv a Cristo paciente me ha valido muchas y grandes gracias. Ella me lib: de las manos de los turcos»”. Sin embargo, militar y marino de carrera, embarcado a menude expediciones de varios meses, don Giuseppe se dedica mas a sus hom bres que a sus hijos. «Nuestro padre casi siempre se encontraba en rl con sus galetas —dira mas tarde Alfonso—; no podia atender a nic tra educacion como él lo hubiera querido. Todo el cuidado correspo' dia a mi madre». Quiza no «todo». De hecho, en invierno, la escuadra tiene su ¢ dia en Ja cuenca de Baia. Los meses de verano y algunos del of traen unas relativas vacaciones para todos los funcionarios, desde ¢! trey hasta los remeros de las galeras, a menos que el Turco no se |" 4 merodear por ess aguas?!. Los esposos Liguori, junto con su pew fio mundo en regocijo, pueden entonces regresar, por algunas sem 4 su paraiso de Marianella °, y volver a ver al «tio» y vecino Ni Liguori (hermano del futuro obispo de Lucera), y quiz tambien « SH 7 (1959) p.234. * Summirium p.54. % Tannora, I p.7. © SH 7 (1959) p 238. © Contrituti p.3435 Ta pintada: | de spins, amente por revelari: «Es des gracias lam embarcado2 g dedca mt pre se jen no pi joa it? pone 4. «Qué seré, pues, este nitio?» (1696-1708) 0 hermana, la joven «tia» dofia Antonia (Antonia Salerno), una artista pintora a quien todos admiran. El altivo capitan va, pues, a poder olvidar sus galones, moderar su voz y jugar con sus hijos. Pero ¢sabra jugar 0, por lo menos, reir?... El lobo de mar va a ocultar sus garras y a deponer su rudeza: va en busca de su clavicordio, de sus pinceles —adora la mitsica y la pintura pero {sabra exteriorizar su ternura?... Huérfano de madre, crecié como un extraiio junto a su madrastra; muy pronto abandoné la casa para llegar a ser soldado entre soldados, y pronto también, oficial con subal- ternos, capitan con galeotes, marino enfrentandose dia y noche a las olas y los vientos; a veces, a los corsarios; quiza, a unidades de combate enemigas. En ese mundo de Ja guerra y de la marina se manifiesta como hombre de autoridad y de responsabilidad, trabajador y ambicioso, duro consigo mismo y de hierro con los demas, imperioso e impaciente, un volean de bruscas y violentas céleras. Este napolitano tiene lava del Vesubio en las venas. También, a nivel profesional, es altamente eficien- te; a la vez, temido y apreciado hasta en torno del virrey, como se vera pronto”. Este singular hombre, este gran sefior, no puede menos de dejar una profunda huella en sus hijos, por mas que el tiempo que pasa en su galera es diez veces mas que el que transcurre en su casa. Aun esta: do ausente, alli esta él e infunde respeto. Sobre todo, con ese primogi nito, en el cual quiere hacer cristalizar tantos suefos ambiciosos. Alfonso vivira treinta y tres aiios entre este hombre de acero y esta mujer de terciopelo. Un rasgo que escapé largo tiempo después a la discrecion de Al- fonso dice mucho: desde su primera infancia, su padre lo hacia dormir en el suelo una vez por semana; queria habituarlo a la dureza en caso de que optara por la carrera militar“. Sin embargo, era demasiado pronto para dejarle entrever el infier- no de las galeras: las cabezas hirsutas y huraitas de los hombres de remo, los pies encadenados entre sus inmundicias, las fustas surciindoles sus dorsos, los gritos, las blasfemias; ese hedor de cloaca que delataba una chusma a dos millas a Ja redonda, y del que los oficiales sélo se de- fendian retacando sus narices con fuerte tabaco. Pero, sin duda, don Giuseppe lo Mevaria alguna vez con sus hermanos en un velero de re- creo, {Recorrerian las costas o Ilegarian hasta las islas proximas, Capri, Ischia? ,O entrenaria sus brazos con los remos de una lancha entre los reflejos de una tarde de estio? Los documentos, y mucho menos el mar, No conservan ninguna huella de esto. éPor qué va a ser necesario imaginarnos en tortura a este hijo, acostado por la noche en el frio enlosado, arrodillado durante el dia en oraciones sin fin? Toda su vida, Alfonso mostrara una sobrada vitali- dad gozosa, como para no figurarnoslo, de nifio, a la cabeza bullangue- 8 SH_7 (1959) p.239.242. “Ibid. p.240. 38 Pl. Noble, joven y rico (1696-1723) ra de una banda de hermanos y hermanas, de los cuales era el prim nito. Los serios archivos hagiograficos no se inflan con los infantilism, de los muchachos y la turbulencia de santos en ciernes. Pero si los im, tos, las escaleras y los jardines pudieran hablar, los del Borgo dei Versi. ni y de Marianelia resonarian con los gritos, las risas y las locas carre ras de Alfonso y de su tropa, con sus cantos y danzas en torno de un endiablado clavicordio. Ciertamente que los niiios Liguori estan much. menos «en una galera» que su padre, quien tan frecuentemente esta en la suya. Después, para Alfonso, y pronto para sus hermanos, vendrian los bellos domingos del Oratorio di San Giuseppe, con los Girolamini Con fa primera comunién, el 26 de septiembre de 1705°, su entra da en la Confraternidad de los Jovenes Nobles marcé el recodo de su nueve afios. Este Oratorio di San Giuseppe sera, durante un decenio crisol de su adolescencia. Hasta el 15 de agosto de 1715. Sin duda, a causa del tio abuelo, el P. Francesco Gizzio, quien ha sido por largo tiempo el eximio director, los jovenes de su familia ma terna --los Cavalieri, los Gizzio, los Avenia— se relevan alli desde hace treinta afios. Alfonso es admitido como «novicio» el 7 de marzo de 1706, Antes de la edad comim, dada su sorprendente madurez. Menos precoces. sus hermanos, Antonio y Gaetano, entraran alli a los catorce y doce afos en septiembre de 1712, encontrando, como «maestro de novicios» don Alfonso de Liguori, quien entonces tendra diecistis aiios «Todos los domingos por la mafana se le veia llegar a la Contr ternidad», dice Tannoia, Escuchaba «chambriento» las instrucciones: s confesaba bia acabado por alquilar una huerta a la altura de San Onofrio. de © Tenuraia, 1 p.14 0.55. § Anatecta 31 (1959) p.307-312 Y TANNoWA, I p.5-6. Menos precoos catoree y stro de novices ciseis afios ia llegar a la Coal »» Las instrucciont¢ yarticipabe su accion ye «dada jad se reum miorio, SEY a en de tern jan dt in 4. «Qué sera, pues. este nitio?» (1696-1708) 9 donde se descubria el mas bello panorama de Roma. El grupo, muy nu- meroso, pasaba alli su velada haciendo los ejercicios habituales del Ora- torio: charla del santo, lecturas piadosas, sermones familiares, tenidos por cuatro «predicadores» diferentes; momentos de oracion, cantos, re- presentaciones escénicas, alabanzas, historias vividas (es alli donde Ce- sare Baronio [1538-1607], su discipulo preferido, comenz6 a narrar sus Annales ecclesiastici), y también, a su hora, los recreos*. Este ingenioso encadenamiento de recitados y de arias musicales daria origen a una es- pecie de cantata sagrada a la que se le llamaria oratorio El Oratorio de Napoles habia sido fundado en vida de Filippo y constituia entonces la iinica filial del de Roma. Todo alli tenia el puro sabor de Neri. Los Oratorianos napolitanos habian, pues, alquilado, a mitad de la pendiente de Capodimonte, la villa de Miradois: «Una casa grande, con estanque, jardin, pérgolas y una galeria de estatuas de mar- mol». Nueve hectareas de boscaje y huertos de naranjos y limoneros. Mas tarde seria comprada por el principe de la Riccia y levara su nom- bre. Pero mientras tanto es la Villa Filippina. De Pascua a Pentecostés, os jovenes nobles de la Confraternidad de San José viven alli en la va- riada sucesion de sus momentos, que hace pensar en una suite musical, la fiesta espiritual que es el oratorio filipense. En verano y otofio se van mas arriba en busca de una bien sombreada glorieta 0 de un prado”. Asi, pues, una vez cantadas las Visperas en la inmensa y espléndida iglesia de los Girolamini, la bulliciosa tropa toma la Via Duomo, pasa por la parte alta del Borgo dei Vergini, a dos pasos del palacio de los Liguori; trepa por la gran escalinata de la cuesta Miradois o por la otra, paralela, de 1a actual cuesta de la Riccia, para legar en un cuarto de hora al pértico de la Villa Filippina. Durante diez primaveras, do- mingo tras domingo, con sus compaieros de fervor y de juego, Alfonso frecuentara este parque de Miradois, en la espiritual irradiacion, intensa y gozosa, de los Oratorianos, frente a este panorama, uno de los mas bellos de la costa partenopea. A sus pies esta la ciudad como un tapiz multicolor; mas lejos, las dos ensenadas del golfo, incendiado de sol. En su brillo se ven balancearse centenares de veleros anclados en el puerto © deslizandose mar adentro. A veces, una trirreme ripida, que bate las aguas con sus aletas de gigantesco ciempiés marino, enfila hacia la cres- ta del horizonte («Quiza sea la galera de pap», piensa Alfonso); por la tarde, un vivo color rojizo centellea en las aguas como si los bosques de coral que recubren el fondo de la bahia afloraran desde los abismos, ti- jiendo el mar y el cielo con iguales reflejos de sangre y de oro. Al fon- do, a la izquierda, se ve Capri, como un colmillo de verde marmol, y las escolleras de Sorrento cayendo abruptas entre el oleaje. Completa- mente a la izquierda, y muy proximo, queda el terrible Vesubio, ilumi- nado de Ileno con la luz radiante de la tarde, y tifiéndose, poco a poco, ® Poxnette y BORDET, 0.¢., p.123ss; A. CareceLatro, La vitu di San Filippe Neri (ed. Roma-Tournai 1889) 1.2 c.12 p.462-466. ™ Teiueria, I p.15; Analecta 31 (1959) p.311-312; SH 23 (1975) p.473-474. 40 PJ. Noble, joven y rico (1696-1723) de un rosa discreto que Hega del mar y del crepitsculo. «Ver Napoley y morir!»; sobre todo, desde el balcon de Capodimonte. Pero otro resplandor —interior— se reviste con una profunda be. Meza bajo el sol del Espiritu y el carisma educador de Filippo Neri. Ali en Miradois, habra de tener lugar la sorprendente revelacion. Una tarde de primavera de 1707 6 1708 —«Alfonso tenia cerca ck doce aiios», escribe Tannoia—— Iego la hora del recreo después de un larga participacion de la Palabra y de oracion. Un grupo decide jug.; a los bolos con las naranjas caidas entre los senderos. : —Alfonso, jta juegas con nosotros! —No conozco ese juego. —Claro que si, ti lo conoces. O lo aprenderas. Vamos, jtoma estas naranjas! Continiia la insistencia y ponen las naranjas en sus manos. Por lin Alfonso entra en el partido... Suerte o habilidad, es él quien gana; tiro tras tiro, jtreinta vuelta seguidas! Estupor entre los jugadores. Envidia de uno o de otro por unos pocos dinerillos que pasan de la bolsa de aquéllos a la de él. Unc de los mayores, el que més habia insistido en hacerlo jugar, explota en colera: iY eras ti quien decia que no conocia el juego! Y, sin ningin control, deja escapar una palabra obscena. Alfons enrojece, le hace frente: — (Es necesario ofender a Dios por unas cuantas monedas? jTom. tu dinero! Alfonso arroja las pequenias monedas al suelo, se da la vuelta y de saparece en la espesura del boscaje. Pasa el tiempo. Cae Ja tarde. Ha legado la hora de volver... No se le ve a Alfonso... El P. Prefecto se inquieta. Lo llaman. No se oye nin gin eco... Van en su busca; recorren todo el parque... Al fin, un grup termina por descubrirlo, de rodillas, ante una imagen de nuestra Sebor que siempre llevaba consigo. La habia colocado cuidadosamente en u! urbusto de laurel o de boj. Esta de tal manera absorto en su oracion de tal forma sordo al mundo sensible, que tienen que pasar unos mo. inentos para que el alboroto en torno de él lo saque de su extasis. Se adivina la impresion de los jovenes caballeros. El majadero 4 Jo insult6 bajamente no se perdona: «Qué es lo que hice? — murm' él. He maltratado a un santo». Alfonso se guardo bien de relatar el hecho a su madre y a sus b manos, que atin no formaban parte del Oratorio. Tannoia no lo rev! ai trayes de ellos, sino de un testigo, el caballero Antonio Villani, 4" lo referira un dia a los padres de Ciorani. Y concluira: “Lo que ustedes no sabiun es que desde sw infancia era y+ santo ®, * TaNnota, IL p.6-7, sy 5. «Con toda diligencia y con todas dente sus fuerzas» Nie (1703-1708) 08 toma «Yo doy fe, el suscrito don Domenico Buonaccia, profesor titulado Wet de gramatica, disciplinas de humanidades y de poesia, en esta ciudad de * Napoles, e igualmente, bajo juramento, 1acto pectore, que don Alfonso ANOS, Poy de Liguori, bajo mi guia, se ha dedicado a las letras humanisticas con toda diligencia y con todas sus fuerzas» | Aqui tenemos como el «diploma escolar» de un bachiller prodigio que no tiene ain doce afios. Pues si los Girolamini, desde el amanecer hasta la caida de la tar- de, conducian allegramente la Confraternidad de Jévenes Nobles segiin los movimientos concertados de un domingo-sinfonia para el Seftor, ve- nia después la semana, y ésta era ya otra misica diferente: los seis dias retail, plenos de la creacin doscientos aitos antes de la semana inglesa. Al mismo tiempo en que se le cayeron los primeros dientes, Alfon- one so ya ha dejado los juguetes de esa infancia; sin duda, como para tantos otros nifios, el caballo de madera, el molinito de viento, un tambor, los pequefios mutiecos de madera pintada. Libros y plumas han tomado su ja Ja vuelta y lugar. Tiene siete aiios. Una edad en que, entre los nobles, el chiquillo era susiraido del cuidado de las doncellas para ser «recluido, como no sin injusticia decia Montaigne, en aquellas verdaderas prisiones de juventud cautiva» que eran los colegios. En efecto, mientras que las hijas, precoz- mente enclaustradas, aprendian, detras de los enrejados, lectura y esc! tura, una pizca de gramatica, dos dedos de cocina, de bordado y de be- llas artes, los nobles y los burgueses napolitanos confiaban sus hijos a aquellos maestros educadores que eran los jesuitas. Sus colegios, literal- mente, cubrian de puntos el mapa de los Estados pontificios y el reino de Napoles. Se contaban cinco en la capital, de los cuales uno estaba reservado a los nobles, y habia veintinueve para solo Sicilia. Sin embargo, los jovenes caballeros de familias acomodadas 0 es- nobistas eran con frecuencia «escolarizados» a domicilio por maestros venidos de fuera y por preceptores residentes, generalmente eclesids- licos. Por lo demas, esto significaba, muchas veces, entregar a maestros y alumnos a la pereza y a la incultura, a juegos y frivolidades*, Después de una larga observacién de como efectivamente andaban las cosas, a é Sobre don Buonaccia, ef. SH_ 12 (1964) p.205-208. a vie quotidienne en Hallie au xvur siécle pA21-127; Dé Mato, 06. Contributi p31 M. VaCssaRo, P1O$-108, 1-112 2 PIL. Noble, joven y rico (1696-1723) Alfonso, sesenta afios mas tarde, no le parecer exagerar cuando dice de estos lectores «particulares»: «Deben impedir (los padres) que las hijas hablen a solas con hom bres, sean javenes 0 viejos» —Pero si ensefia a leer a mi hija; es un santo, {Qué leer ni qué santo! Los santos estan en el cielo. Nuestros santos de la tierra son de carne, y, con la ocasién, mas proxima, resul- tan demonios*. Sin embargo, el viejo obispo no podra lanzar ese dardo sin de tener una estima tanto mas alta para las excepciones que confirman |; regla, como lo fue su propio maestro, don Domenico, En efecto, estuvieron de acuerdo en que se instruyera a Alfonso en la casa. No correria el riesgo, pensaban, de malearse con el contacto de compafieros corrompidos. Y se le tendria a la mano para aguijoneark al trabajo, diria, sin duda, su padre. En realidad, la prodigiosa presior a la que el joven alumno estara sometido lleva incluso a pensar que se aprovechd de su precocidad al meterlo en los libros mucho antes de lo que era normal, y, ademas, para hacerle quemar etapas. Se le escoge, pues, entre cien, a un preceptor «sabio y de conducta sumamente morigerada y temeroso de Dios», don Domenico Buonac- cia, sacerdote calabrés, «profesor titulado de gramatica, de humanida des y de poesia, reconocido en la ciudad de Napoles»*. Fl preceptor se alojaba en el palacio de la familia, celebraba entre semana en la capilla doméstica, comia en la mesa de la casa y recibia algunos ducados a cambio de una cultura que con frecuencia no los valia®. Don Buonsc cia, en cambio, habria de merecer mucho mas que ducados: Ia estima la amistad de los Liguori. En 1715, él sera todavia de casa®, Antoni Gaetano y Ereole pasaran también por sus manos, En cuanto a Alfon 50, universitario y después joven abogado, tendra siempre en casa vn valioso sacerdote y un hombre de Dios con quien conversar. Com unt maestro espiritual al lado del P. Pagano’. B) programa de esta formacion humanista, que hace bachilleres 3 los conduce hasta la puerta de la universidad, nos es conocido por ! Ratio Studiorum de los Jesuitas, la misma de Paris, Messina, Rom Goa © Napoles. El P. Tannoia lo detalla con una minuciosidad que m fece atencion, afadiendo algunos extra que avivan la curiosidad: 26 matics, bellas letras, poesia latina e italiana, francés, matematicas, 'i! Sofi. geografia, cosmografia, pintura, arquitectura, miisica. Pasa p alto el espaiiol, «indispensable a todo napolitano de alguna importa ciay® es la lengua del virrey o del Estado, doblemente necesaria & U0 Sermoni compendiati XXXNJ 10: cd. Marietti, 1.3 p.510. Tanxwota, I p.7; Tet enia, | p.13 0.49. VAUSSARD, 0.¢., p.121-123, Coniributi p.AZ1. sie. p.5-6, ‘ontributi p.116. En los Tribunali (Palacio de Justicia) de Napoles s¢ llegar * AF en espaiiol en el siglo Xvti; ct. P. GiaNnone, Istoria civile del Regno di Napoli 138°" etapas, T «Sabio y de a On Domenico Burg: amatica, de humanity poles’. El precp re semana en le cpl bia algunos duc 9s valia ’. Don Buen ye ducados sts! avia de cas i 10s. En cuanto ye dra siempre © “6 vyien come 5. «Con toda diligencia y con todas sus fuerzas» (1703-1708) 43 magistrado para comprender, discutir y aplicar los decretos oficiales. Omite, igualmente, la esgrima®, tan importante como la espada para un gentilhombre de aquel tiempo, pero de débil prestigio, en verdad, para un obispo. {Hara falta decirlo? No esta el digno Buonaccia para intervenir en todas estas disciplinas: jdel griego al clavicordio, de los pinceles al flore- te! «Optimos maestros, escogidos entre los mejores», venian de fuera a dar a Alfonso las lecciones particulares de su especialidad. Todos en- contraban en su alumno «una inteligencia aguda y penetrante, una memoria tan facil para retener como persistente, un natural del todo dispuesto al afan de saber». En particular, todas estas cosas, unidas conjuntamente, hacian que Alfonso aprovechara de dia en dia en las le- tras, con no poca complacencia tanto del maestro como de sus pa- res”, Toda la ensefianza se fundaba entonces en el humanismo del Rena- cimiento. Dirigiéndose, desgraciadamente, a las solas elites sociales, era en ese tiempo practica. No se trataba de formar ingenieros, y menos atin técnicos. {EI noble no tenia manos para el trabajo «servil»! Se pre- paraba a magistrados, administradores, abogados, médicos, sacerdotes. profesores y a muchos, muchos consumados disertantes. Por tanto, el estudio debia darles, esencialmente, la perfecta maestria y la rica varie- dad del lenguaje, porque la lengua es el instrumento y la medida de las operaciones del pensamiento. Esta maestria no se buscaba en las len- guas vivas; la mayor parte de éstas fluctuaban todavia en la adolescen- cia y no se habrian de fijar sino en el curso del Sertecento. Asi, pues, se recurria al griego y al latin, lenguas madres de la civilizacion europea y ambas émulas en perfeccion, «clasica» precisamente. El griego del si- glo de Pericles, el latin del de Augusto, constituian la edad de oro ini- gualada de la perfeccion formal del lenguaje. El prestigio de estas len- guas muertas y de sus inmortales escritores se aureolaba mas atin preci- samente por el hecho de que ya habian entrado en Ia eternidad: nada mas estable que los muertos; es mas facil reproducit modelos que no se mueyen, Aiiadamos también que esas dos lenguas antiguas son, profun- damente, lenguas «maternas» para el napolitano, quien fue griego antes de ser latino, y latino antes de ser italiano. Las Bellas Letras —gramatica y después humanidades— incluyen, pues, para Alfonso y para las pléyades de alumnos antes de él'', una perfecta asimilacion no del italiano, menos ain del napolitano, sino det etiego y, sobre todo, del latin. El latin permanece como la lengua mo- delo en cuanto a pensamiento y forma: el ideal seria vaciar el toscano de Dante en el periodo ciceroniano con la imaginacion y la musica de Giartint, 0.¢., pA ¢2 p14; TeLteRia, [ p.13 TaNnois, [ p.7-8. : : Cf. Frangois de DAINVILLE, L'éducation des Jésuites (xvf-xvr siéeles) (Editions de Minuit, Paris 1978). Mas ampliamente: Georges Gusporr, Les sciences humaines et la pensée uccidentale, 7 vols. (Payot, Paris 1966-1976). i» ery P.l. Noble, joven y rico (1696-1723) Virgilio y de Horacio. Ademas, el latin es la lengua de la enseftanza: Joy maestros Je ensefiaran, en el habla de Ciceron, las matematicas, |, geografia, la cosmografia y, mas tarde, el derecho. Cuando Antonio Genovesi (1713-1769) estrene en Napoles, en 1754, la primera catedrs europea de economia politica ensefiara en italiano, y esto crear escandalo. Alfonso, por su parte, ademas de sus obras ascéticas y do maticas, redactadas en la fengua creadora, como diremos més tarde publicaré unas 9.000 paginas de teologia moral escritas en un latin vivo agil y no desprovisto de elegancia. La importancia del libro desde el siglo Xvi habia revolucionado |a pedagogia. Las ediciones de los grandes autores griegos y latinos, selec cionadas y expurgadas por los jesuitas, estaban al alcance de la mano El maestro dejaba al alumno el honor y el estupor de leer por si mismo el texto latino o griego (ayudando con frecuencia la lectura del con la traduccién yuxtapuesta del latin). Pero el propio maestro h: la «preleccién» gramatical, prosddica, literaria 0 filosdfica, segin el caso. Introducia al alumno hasta el umbral del dios de la belleza o del pensamiento y después lo dejaba penetrar alli a él solo. Nos queda un pequefio ejemplar de 216 paginas de las Quinti Horatii Flacci opera nuo emendata, impreso en Venecia por Nicola Pezzana, sin duda 1702 (Ja fecha es poco legible), y lleva Ia firme y juvenil firma del pro- pietario: Alfonso Liguoro (sic). La forma arcaica de la ortogratia es caracteristica de la infancia del Santo". Como el Arte poética y las Odas de Horacio se «leian» en el curso de humanidades, él debia tener diez u once afios. Primeramente tenia que haber Hlenado el programa, que equivalia « los cuatro afios de gramatica, con Ciceron y Virgilio, Ovidio y Césir por no mencionar mas que los latinos. ,Pondria don Buonaccia cn sis manos los Nouvelles méthodes pour apprendre la langue latine (1664) la grecque (1655), de Claude Lancelot? (1615-1695) Fue la famos Grammaire de Port Royal (1660), de Armauld-Lancelot, la base d ensenanza? Por entonces estaban muy de moda en el reino de Nip les *. Pero los jesuitas les habian precedido cien afios antes con metod: y manuales menos secos y mas calidos'*. Sus ediciones debian de abun dar en las tiendas de la Via San Biagio ai Librai. Las puertas del latin se franqueaban, evidentemente, con Fedro sus Fabulae. Se las encontraba, dos aiios después, con Esopo, pero <' tego: el Isoperto, Todas estas fabulas debieron de hacer tas delicias « Alfonso, como las de nosotros hoy, pero una de ellas vendria con [" cuencia 4 sus labios y a su pluma en sus avisos a los padres «Los hijos son como los monos: hacen lo que ven hacer a sus pad! Se dice que la madre de los cangrejos, viendo un dia que su hij minaba de lado, le reproch: ~ ¢Por qué caminas a n LB DELUMEAU, v.c., p.335. ‘5. Afonso 13 (1942) p.17-20. REGORIO, S. Alfonso grammatico (Materdomini 1938) p.¥: ezzana, Sin dua « uvenil firma a de la orto 5. «Con toda diligencia y con todas sus fuerzas> (1703-1708) 4s —ZY cémo lo haces tii? —respondié la hija; {Puedo andar de forma distinta de mi familia? {Caminar derecho, si nuestro padre anda peor?» '* Se dejaba luego a Fedro por Virgilio, Ovidio y los grandes modelos de la poesia antigua. No olvidemos que el objetivo de los estudios lite- rarios era alcanzar la perfecta elocuencia. De ahi la gran importancia dada a los ritmos y a los numeros oratorios. Una moda, cierto, no mas inteligente que las otras y que tuvo larga vida. Quien se aventuraba a juzgar a un orador por la calidad de su pensamiento y la fuerza pe- netrante de su persuasion; quien, ante todo, no gustaba la musicalidad de un discurso, los ritmos de los periodos, la cadencia de las clausulas, jera un «barbaro»! El buen orador del mafiana no podia contentarse con leer y declamar pomposamente a Ciceron y a Demostenes. Debia tomar de los poetas la riqueza del vocabulario, el relumbron y la varie- dad de las imagenes, la acentuacién y la armonia de los términos, el reencuentro halagador de las palabras «que se aman» y se buscan. Por eso aprendian de memoria los poemas célebres; los recitaban para «pro- nuneiarse con fina gracia», es decir, buscando la perfeccién del tono, de la voz, de la diccién y del gesto; los fijaban en la memoria y los imita- ban: la versificacion es indispensable para aprender el namero y la mu- sica de la frase; no se conoce verdaderamente sino aquello que se rein- venta. La poesia, en suma, se pone al servicio de la elocuencia. Las huma- nidades desembocan en la retérica. Ahora bien, no parece que Alfonso haya hecho el curso de retorica. Pier Luigi Rispoli (1834), quien esta ya lejos de las fuentes y quien abunda ampliamente sobre lo que se hac en su tiempo, no menciona la retérica'*. Giattini-Marsella (1819) menciona la elocuencia!, pero es cosa bien sabida que todos los es tudios literarios tenian como meta la elocuencia. Es necesario, pues, dar fe 4 Tannoia, el testigo mas cercano y meticuloso, quien pasa en silen- cio la retorica. Por lo demas, Alfonso no podra entrar en la universidad de derecho a los doce aiios —si, léase bien, a los doce afios — sino por- que se le habra hecho quemar etapas. Pero gpor qué saltar precisamente la retérica para un futuro abo- gado? Desde 1660, las ideas de Descartes, Antoine Arnauld, Locke, y lue- go el abad Fleury acerca de la inutilidad de la retorica clasica se abrie- ron camino. Las ideas claras y distintas deben marcar el paso por enci- ma de los desarrollos enfaticos y floridos; a la amplitud majestuosa del periodo ciceroniano, se comienza a preferir, entre los «modernos», el tono vivo y breve; en lugar de la sujecion a la memoria y a lo enfadoso de la recitacion de un texto «perfecto», se quiere la daga incisiva de una 'S DAINVILLE, o.¢., p.228. ' Sermoni compendiati XXXVI 8; ef. Istruzione al popolo, p.1.* ¢.4 p.19: ed. Manet MHL p.509 y 1X p.933. DAINVILLE, o.c., p.I73ss. © POL. Ruspout, Vita del B. Alfonso M. de Liguori p.t* 62 p.12-13. 46 PL. Noble, joven y rico (1696-1723) improvisacion bien afilada. Para el encadenamiento de las ideas firmes se pide la cohesion de un desarrollo que hacia poco se buscaba en ¢| complicado engranaje de particulas de coordinacion y de subordina cién. Se prefiere ser escuchado y persuasivo mas que ser admirado po: los esnobistas y enojoso para todos, aunque fuera en latin pomposo Diderot se reiria irénicamente de ese «arte de hablar antes del arte de pensar, y del bien decir antes de tener ideas» ”. Antes que todos los otros italianos, Alfonso debera a su amor por el pueblo el lanzarse por esta nueva via, como Fénelon en Francia. § dejar a otros, no aptos para los virajes rapidos, las frases largas ser- penteando en proposiciones ondulantes y se expresara en un estilo su- cinto de trazo claro y vivo. Sus inmediatos predecesores, los Segneri, los Scupoli, su compafiero y amigo Sarnelli, y, después de él, aun el gran Genovesi, hinchan interminables y pesados periodos, colocados unos junto a otros como bloques de cemento. Al término de tres paginas no se puede ya con su peso. Por el contrario, las frases de Liguori, breves y vivas, corren bajo los ojos y parecen perseguirse. Contra la corriente de su tiempo, en el que los escritores no podian ser leidos mas que po eseritores, Alfonso creara una lengua italiana popular, asimilable por cualquiera que sepa leer, con la que se iluminaran Jas veladas de las pa jizas chozas. Las Bellas Letras eran el terreno de don Domenico Buonaccia Otros maestros, y sin duda, a veces, las conversaciones con su «mun do», iniciaron a Alfonso en el manejo de las lenguas vivas. El castellano naturalmente: él era sbdito espafiol. Pero gpor qué el francés? Desde 1635, la creacion de la Academia Francesa habia sido | consagracion de una lengua moderna, llegada a la madurez y decidid a liberarse de todo sentimiento de inferioridad frente al griego y al tin. Las obras maestras de la literatura del gran siglo garantizaban po derosamente esta pretension de los «inmortales». Asi, el francés fue en tonces adoptido por todas las sociedades civiles. Hacia el oficio de iversal. En el curso del siglo xvii sustituyé al latin como lengu! diplomitica hasta los confines de Asia, Era la lengua usual en lus cor de Europa, comprendida Rusia, y, evidentemente, no podia serlo men en toda la alta sociedad”. Como su espaftol para leer a Juan de | Cruz, Teresa de Avila, Alvarez de Paz, Alfonso Rodriguez, el rn permitira a Alfonso leer también, en su texto propio, a los macstr transalpinos --Frangois de Sales, Jean Crasset, J. B. Saint Jure, Fran. gois Nepveu—, a quienes citard con gusto en sus ediciones original Sobre todo, le permitir inspirarse para lo que sera lo mejor de su pr duccion dogmatica contra Voltaire, Rousseau, Diderot, Bayle. «Voy « dar a It imprenta un opisculo contra los deistas —-escribe a su cu! & GiattIN, oc. ptt c2 p.l4, * DAINVILEE, oF. p 194s. Liguo ntra la coy Hos mas que p , asimilable por eladas de las pe enico Buon es con Su «it yas. El caste francés? 5. «Con toda diligencia y con todas sus fuerzas» (1703-1708) 47 tor—. Me ha costado seis meses de fatiga y he escudrifiado muchos li- bros franceses ¢ italianos para componerlo»”, Ademis de las Bellas Artes y del francés, el chombre honorable» de los afios 1700 debe conocer las matematicas y la filosofia, la geogra- fia y la cosmografia. Por mas que pueda parecernos hoy extraiio, estas disciplinas son, en ese tiempo, aspectos de una misma ciencia: la ciencia del mundo, la fisica. Pensemos en Copérnico, Descartes, Pascal, New- ton: {son ellos filosofos, o matematicos, 0 astronomos, 0 fisicos? Evidentemente, casi no se sumerge a los alumnos en las matemati- cas puras: aritmética, geometria, algebra, anilisis. Se les interesa mas en las matematicas «mixtas»: astronomia, Optica, perspectiva, milsica, me- cAnica, hidrostatica, geometria aplicada (agrimensura y topografia)”. El maestro es un «sabio» en el sentido completo que entonces se pudo dar a esta palabra, y pone la mira en formar hombres sagaces y avidos de conocer, «cabezas bien formadas», «filosofos». La filosofia es el intento de la razon humana de Iegar, con sus so- las fuerzas, a una explicacion del conjunto de su experiencia total, fisica y psicolégica. La teologia, que es la exposicion coherente de la revela- cion segiin una cultura dada, es de otro orden, el divino. Como el dia- rio intimo de amor de una pareja es diferente de una tesis sobre el amor cortés. No hay que olvidar esto. Se ha hablado de Philosophia perennis. Esta expresion quiere decir que, desde siempre y hasta el fin, el hombre se ha planteado, se plantea y se planteara las mismas cuestiones. Pero nadie tiene ef derecho de de- cir: «Aristoteles y Santo Tomas de Aquino han pensado por ti; noso- tros te vamos a dar sus soluciones». Cada siglo, cada cultura, con mas © menos éxito, trata de dar sus propias respuestas. Cada sistema de pensamiento, siempre que no sea la negacion de Dios (ateismo), del es- piritu (materialismo) o del mundo material (idealismo), puede ser el ins- trumento con el cual trabaje la teologia. La revelacién divina no se fun- da jamas sobre la renuncia del pensamiento. Por tanto, quiz no es capital saber si Alfonso de Liguori tue to- mista o cartesiano. Nadie fue ni lo uno ni lo otro antes del siglo xt. Sabemos que Alfonso termin6 sus estudios de «filosofia» a los doce aiios, que a continuacién hizo cuatro afios de derecho, y tinicamente de derecho, en Ia universidad, de los doce a los dieciséis afios, y después hizo tres afios de teologia en e} seminario mayor de Napoles, bajo la égida de Tomas de Aquino. {Qué «filosofia» puso su maestro en la cabeza de este muchacho? Ese «docto sacerdote don Carminiello Roccon™ era cartesiano como «todo el Napoles» iluminado de entonces; universidad, foro, aca demias privadas, salones literarios y circulos de librerias R. Mousnier y E. Laprousst, Le wuir sigele p.158-159; SH 24 (1976) p.11 n44 Lettere MI p.439. 2 Cf, DaInviLLe, o.c.. p.325s5. © SH 7 (1959) p.241 44 P.l. Noble, joven y rico (1696-1723. En la embriaguez de la revolucion de las ciencias, el Sertecenso que se inicia esta en total ruptura con la tradicion de una filosofia estatica abstracta y «metafisican. Busca la verdad segiin el orden cientifico y «| rigor matematico. Por qué encontrarlo malo? Tanto mas que la escolastica habia perdido su prestigio: sus mala- barismos verbales, escarnecidos, no sin justicia, por Moliére; sus gran- des términos abstractos. que con frecuencia solo servian para alargar ideas cortas, la habian desacreditado en un mundo en el que Galileo Pascal, Gassendi, Huygens, Malebranche, Leibniz, Newton, creaban las matematicas, la fisica, la dinamica y la astronomia modernas. jSe aca- baron los juglares del silogismo! Se da el paso a los observadores Jos pensadores de lo real. Su filosofia es una reflexion sobre la experien cia, una «filosofia natural». Bajo este punto de vista, no era también la heredera de Aristoteles? Entre ellos se contaba un Pascal, en nada inferior a la profundidad de Platon. También alli se encontraba un matematico, fisico por aiadi dura, René Descartes (1596-1650), que reinventaba la mayéutica de S: crates. Es él quien dio a este prodigioso desarrollo de las ciencias la nueva filosofia, llamada a levar a cabo Ja unidad de las mismas. Pues bien, con todo su medio, con su tiempo (excepto el de los minarios), Alfonso sera cartesiano*. Y atrevamonos a decirlo: sin duda, no habria sido él mismo —este audaz innovador— si no hubier aprendido de Descartes, ese Socrates de la mayéutica moderna, con dar & luz su propio pensamiento y «conducir bien la razon en la bus queda de la verdad»: No tener por verdadero nada que no sea evidente, y no solo cv: pruebas de autoridad. No admitir mas que ideas claras y distintas ~~ Partir siempre de lo que es mas simple e ir progresivamente d lo simple a 10 complejo. = Detenerse en las verdades, antes de pasar adelante, tanto temp: cuanto sea necesario para obtener su intuicion, es decir, una vist: « | vez global ¢ instantanea Simplificar los problemas y dividirlos en partes lo mas pequen que sea posible. He aqui el «metodo» de Descartes, expresado en sus Reglas part conduccién del entendimiento ( Regulae ad directionem ingenii), De shi de donde el P. De Liguori sacara esa claridad, esa simplicidad, ¢ der de conviccion, que hard de él, con mucho. el escritor mas leido d su tiempo. y esa su libertad de pensamiento ante Jas opiniones recib! das, que hard también de él el maestro revolucionario de la moral. «I! sido dicho por los antiguos, pero yo os digo...» sada an, uanto a la doctrina eartesiana (la naturaleza toda entera ree matematicamente segin un modelo mecanicista, distincion etd wn, Lomo, Storia del regno di Napoli p.145-149.15 R Ba PMMA te Cigorin psiess 8 Es Comeriturs p.H1t-116; D (excepto a de MONOS a dei ador— si no tutin eutica modem, cin: en la razon en lh: evidente, y 100" 5. «Con toda diligencia y con todas sus fuerzas» (1703-1708) 49 sustancias: la materia-espaciada y el espiritu-pensante), se encontraran huellas de la misma a través de sus obras apologéticas®. Asi, él escribi- ra en 1767: «Nosotros no decimos que los animales no puedan ser pu- ras maquinas, ni que no puedan tener algo espiritual, pero decimos no saberlo, como tampoco ellos (Voltaire) lo saben» ”’. No todos los males vienen a perjudicar; su cartesianismo permitira a Alfonso comprender a Jos intelectuales de su tiempo, dialogar en su cultura y cruzar los aceros con ellos en su mismo terreno. Cosa que falta a la mayor parte de los sacerdotes. No sera, por otra parte, un incondicional del gran René; lo veremos también ser garante del «fildsofo Newton», este anti-Descartes, y de su «filosofia experimental»; {posiblemente bajo la influencia de J. B. Vico? (1668-1744) * «Filosofia experimental»: he ahi, quiza, el gran paraguas bajo el que se pueden reunir las ciencias hoy divoreiadas, pero que entonces compartian un hogar comin en la vasta casa «filosofia». En 1698 aparecia en cuatro tomos, en Paris, con Jean-Baptiste Coignard, la Institutio philosophica ad faciliorem veterum et recentiorum philosophorum lectionem comparata. Su autor era Edmond Pourchot (1651-1734), «de Sens, profesor emérito de filosofia, licenciado en dere- cho civil y canénico y antiguo rector de la Universidad de Paris». Tene- mos a la mano la segunda edicién «aumentada», de 1700, y la tercera, de 1711, revisada y «aumentada» también ella. Son de un cartesiano de buena tinta, aunque grandemente abierto, como el titulo lo enuncia cla- ramente. : Ahora bien, este curso (redactado evidentemente en latin e ilustra- do con tablas explicativas) ser tenido en tal estima por el P. De Liguo- ri y sus compaiieros, que en 1749, el primer capitulo general de los Re- dentoristas, en su decreto 46, impondra Pourchot como manual de filo- sofia para los estudiantes de la Congregacion®. Determinacion oficial y significativa que no hara sino sancionar lo que ya se hacia. En 1746, dando en Deliceto, entre mision y misién, cursos de «filosofia» a sus se- minaristas, Alfonso, como un disefiador profesional, reproducira ampli- ficada la tabla 16, la esfera armillar del sistema de Tolomeo. (Hoy se conserva celosamente en Roma.) jNo por esto vayamos a creerlo retro- grado! Pourchot comienza por explicar esta vision «relativa» que Eins- tein no rechazaria. Partiendo en seguida de las apariencias, expone el sistema de Tolomeo para concluir que es indefendible: contrario a la fi- sica y a la astronomia. Al Hegar después al de Copérnico, tiene esta gustosa posicion: 4E I sistema de Copémnico o de Descartes puede sostenerse a titulo de hipotesis; esta plenamente de acuerdo con la fisica y la astronomia. La demostracién ha sido hecha y las objeciones no se sostienen. (Lo probari después en detalle.) % Opere dommatiche, ed. Marieti, VIII p.458.550.559.565,566.773, ete 2 hid, p.662.18, 2 hid | p.557.13: cf. BAYON, 0.¢.. pS3-54. % deta Capitutorum generalium p.7A6.

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