2
3
Pedro Canales Tapia / Mariana Moreno Castilho
Editores
LOS CLAROSCURO DEL DEBATE
Pueblos Indgenas, Colonialismo y Subalternidad en Amrica del
Sur. Siglos XX y XXI
La Internacional del Conocimiento es una red acadmica de profesionales del
conocimiento comprometidos con la calidad del mismo y la honestidad
intelectual. Ajena a cualquier inters corporativo de ideologas, partidos
polticos, creencias religiosas, de entidades estatales y gubernamentales, su
objetivo es servir de espacio para el debate y los intercambios en saberes y
creaciones provenientes de todos los mbitos disciplinarios, cientficos y de la
creacin, sin restriccin de latitudes geogrficas.
La Coleccin e-200 es una iniciativa de comunicacin cientfica de la
Internacional del Conocimiento. Sus finalidades son:
-Favorecer la constante comunicacin e intercambios que anima la propia
existencia de la red;
-Dar continuidad a los intereses temticos de sus participantes en especial en
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Coleccin e-200
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LOS CLAROSCURO DEL DEBATE
Pueblos Indgenas, Colonialismo y Subalternidad en Amrica del Sur.
Siglos XX y XXI 4
Libros Coleccin e-200
Internacional del Conocimiento
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Gestin Editorial:
Ariadna Ediciones
Santiago / Chile
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ISBN 978-956-8416-46-1
Primera edicin, octubre 2016
Libro de libre acceso bajo licencia Creative Commons By
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Consejo Editor Cientfico Proyecto e-200
Elian Arajo, professora Faculdade Presbiteriana
Mackenzie de Ro de Janeiro, Coordinadora Rede
ILADISC - Iniciativa Latino Americana de Direito,
Sociedade e Cultura 5
Andr Porto Ancona, Professor da Faculdade de Cincia
da Informao da Universidade de Braslia
Silvia Fridman, Profesora jubilada Universidad de
Buenos Aires, ex Directora del proyecto UBA XII
Gilmar Bedin, Profesor y coordinados del Mestrado en
Direitos Humanos, UNIJUI, ex Reitor da UNIJUI
Tania Carranza, Profesora de Estudios
Latinoamericanos, Universidad Nacional Autnoma de
Mxico
Fernando Estenssoro, Profesor del Instituto de Estudios
Avanzados, Universidad de Santiago de Chile, co-
coordinador de los congresos Ciencias, Tecnologas y
Culturas, Director del Instituto de Estudios Avanzados
de la USACH
Csar Ross, Profesor del Instituto de Estudios
Avanzados, Universidad de Santiago de Chile, Director
del Doctorado en Estudios Americanos
Claudio Maiz, Profesor de la Universidad Nacional de
Cuyo, co-Organizador de los seminarios Argentina-
Chile
Ricardo Salas, Profesor de la Universidad de
Concepcin, Chile
Jos Santos, Profesor del Instituto de Estudios
Avanzados, Universidad de Santiago de Chile, ha sido
Director del Instituto de Estudios Avanzados de la
USACH
Ral Bernal, Profesor de la Universidad del Centro de la
Provincia de Buenos Aires y de la Universidad Arturo
Prat 6
Celia Cristina Basconzuelo, Profesora de la Facultad de
Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Ro
Cuarto
7
En memoria de Berta Cceres, Dirigenta Lenca,
Coordinadora del Consejo de Pueblos Indgenas
de Honduras (Copinh); asesinada en marzo de
2016, por luchar por los ros y la vida en y de sus
territorios
8
Indice
Prologo / Prefcio, 11
Presentacin / Apresentao, 15
Introduccin / Introduo, 21
9
1era Parte: Historia, Educacin e interculturalidad
Modos de atualizar a diferena: relaes entre o
movimento Indgena e a escola
Alexandre Herbetta, 33
Quechua, idioma que puede hacer retornar la vida
de comunidad
Antonieta Conde Marquina, 59
Experincias interculturais: A marca do tempo Chronos
vivenciada no Tempo Kairs
Cludia Battestin y Camila Guidini Camargo, 75
El reloj de los antiguos: un acercamiento a la temporalidad
mapuche
Fernando Pairican Padilla, 97
La enseanza de la arqueastronoma Mhuysqa
Jos D. Varela Cifuentes, 113
Estudo de histria e arqueologia: os ndios puris da bacia
inferior do vale do Paraba do Sul
Simonne Teixeira, 131
2da Parte: Colonialismo, epistemologa y subalternidad
Los estudios subalternos y la historia mapuche: buscando
acercamientos
Alejandro J. Crcamo Mansilla, 161
La Conaie y Rafael Correa en torno a la plurinacionalidad y
colonialidad
Carolina Quezada Flores, 175
Colonialismo y procesos sociolingsticos en Territorios del
Ngulumapu
Jaime Antimil Caniupan, 195
Toms Guevara y el (ir)respeto por el pueblo mapuche
Mariana Moreno Castilho, 219
Tejiendo saberes: desobediencias epistmicas a la
colonialidad. Experiencias desde territorio colombiano
Maritza Cartagena Muoz y Nataly Domic Murillo, 247 10
3ra. Parte: Pueblos, poltica y Estados nacionales
La Demanda por la Libre Determinacin de los Pueblos. El
caso del Pueblo Mapuche en Chile, 1980-2010
Jos Luis Cabrera Llancaqueo, 265
Notas sobre as potencialidades e os limites da participao:
Uma defesa da autodeterminao com base no processo de
resistncia munduruku construo de hidreltricas na regio
do Tapajs
Lea Tosold, 289
El movimiento mapuche en el gobierno de Patricio Aylwin. Su
conformacin como actor sociopoltico
en Chile
Mathias rdenes Delgado, 303
Identidad tnica y Estados nacionales en Amrica Latina,
1930-1990
Pedro Canales Tapia, 345
Perseguio poltica de indgenas na ditadura
militar brasileira
Rochelle Foltram, 373
Conclusiones, 385
Autoras/es, 391
Prlogo / Prefcio
Investigando nuestro ser, para saber estar
11
La investigacin de los saberes indgenas ofrece una
gama de posibilidades tan diversas que da cuenta de una
realidad compleja sobre la que se hace referencia de una u
otra manera, y siempre -se puede sospechar- algo de verdad
se est diciendo y avanzando. Los saberes ancestrales de los
pueblos indgenas, ms los saberes tocados por saberes
coloniales, y aquellos que han sido tan mixturados que ya no
es posible diferenciar los unos de los otros, posibilitan
investigaciones igualmente desde uno y otro horizonte de
comprensin de los investigadores, multiplicando tambin las
posibilidades de resultados a los que se pueda llegar, incluso
teniendo parmetros rigurosos y muy serios para adelantar
trabajo de campo. Algo de esta complejidad ser lo que
evidenciemos en los textos que ac se nos presentan,
naturalmente desde ese fondo claro-oscuro desde el que se
piensa, de antemano, cada una de las investigaciones
avanzadas en las que nunca tendremos un punto final y
taxativo.
Por esta razn, vale la pena detenerse a pensar que
antes de toda investigacin ya se encuentran, ah,
precisamente esos saberes: tanto los saberes no-puros, nunca-
puros, de los indgenas, como los saberes siempre-mestizos,
sesgadamente-interculturales de los investigadores, y ambos
dependientes de su propia geocultura ocultamente nutrida
por tambin una diversidad de saberes antiguos y actuales de
los que normalmente no se es consciente. Vale la pena,
entonces, mirarnos a nosotros mismos (como sujetos de
nuestra propia historia) indagando ese suelo desde el que
estamos parados para ex-poner alguna evidencia de esa
oscuridad que no podemos ver deslumbrados por la luz de lo
que creemos tener tan claro y que no nos permitimos
cuestionar. Tal vez nunca dejen de heder esta clase de
actitudes en nuestros escritos que siempre queremos
presentar lmpidos y transparentes, totalmente justificados.
Pero es que no nos hemos dado cuenta que precisamente ese
afn de justificacin, tan bien justificado por Occidente, est
atravesando hoy da tambin la investigacin sobre saberes
ancestrales. Observacin nada nueva sta, pero a la que
siempre hay que estar atentos cuando damos un paso en cada
una de nuestras investigaciones. Que la bata blanca del
investigador no vaya a ser por la pureza de este color, sino
por la constitucin polcroma de este no-color, es decir por su
no-pureza, por su hedor, para usar este concepto que tanto
fascin a un serio y verdadeante investigador de la Amrica 12
profunda como lo fuera Rodolfo Kusch.
Resulta mejor hundirse en el fango, untarse de pueblo
(o en este caso, de indgena). La interculturalidad siempre que
se hace terica pierde mucho de su esencia intercultural: se
tie de pulcritud, empieza a justificarse a s misma, y as ya no
es tan intercultural. Cuando el investigador comienza a
comprender la sabidura indgena en sus races ancestrales
tambin comienza a perder el inters de las justificaciones,
sobre todo de esas argumentaciones de tinte silogstico en el
que la racionalidad se impone como nica manera de
comprender el mundo, como nica forma de poder expresar
conocimiento cientfico. Mejor se es, y se guarda silencio ante
posturas que exijan dejar de lado la presentacin de saberes
cualitativa y cuantitativamente expuestos. Aunque puedan ser
vlidos tambin, hay tradiciones epistemolgicas que se
explican desde la magia, el mito, la fe, o lo sagrado, y stas
tienen su metodologa apropiada de comprenderse y de
mostrarse (no demostrarse). La conversacin, como aquella
que se va dando espontneamente en el mambeo, es una
forma de saber, y de aprender; y no necesita papers. Y
tambin deberamos aprenderla en medio de la academia
universitaria, si quisiramos dar cuenta de procesos de
investigacin de-coloniales y que dan cuenta de otras formas
de comprensin del conocimiento, de la verdad, de lo que es
(el ser).
El ser de las cosas, la verdad de nuestra historia, la
esencia de la realidad plena, es el propsito por alcanzar en
toda investigacin. Pero ello es inalcanzable solamente
investigado con mtodos cuantificables, debidamente
argumentados (dentro de una racionalidad epistemolgica
que subvalora determinados saberes no avalados
cientficamente), ratiocntricos. As que antes a iniciar
cualquier investigacin sobre saberes indgenas, sobre
sabiduras ancestrales, es necesario perder el miedo a indagar
la verdad por medio de metodologas disidentes de la que se
considera verdad cientfica, porque esta verdad no es toda
la verdad ni es la nica verdad: ella slo hace parte de la
verdad ntegra, es un pequeo tratado de la verdad ontolgica
y existencialmente vivenciada, pero que deja por fuera gran
parte del ser de las cosas, de la historia, de la realidad. Al
aprecio por la verdad ntegra resulta una actitud claroscura en
la que no solamente se cie el investigador, el estudiante, o el
aprendiente, a un tipo de conocimientos predeterminados por
prejuicios de una racionalidad impuesta de antemano y de la
que, vale insistir, normalmente uno no se da cuenta, y por eso 13
ella misma no da cuentas, ni siquiera ofrece sus
justificaciones. De la mano del pensamiento indgena va uno
dndose cuenta de estas aporas y se comienza la liberacin de
procedimientos y metodologas que alguna cultura quiera
imponer eglatramente con nfulas de validez universal.
La identidad de los pueblos indgenas no puede
perderse, entonces, ni en la universalidad predicada por los
defensores de la globalizacin, ni en las distintas
nacionalidades en que ha venido configurndose el mapa
geogrfico con que la racionalidad poltica ha impuesto sus
condicionamientos econmicos, sociales y culturales. Y con
esto no se quiere defender una tal pureza identitaria indgena
ni mucho menos se quiere expresar una tal monoculturalidad
de tipo ancestral, como si entre los pueblos indgenas jams se
hubieran dado a su vez tambin procesos de integracin social
y gentica en los que la interculturalidad se evidencia
existencialmente. Pero es innegable que, ms all de una
racionalidad que coloniza desde unos presupuestos
biopolticos claramente engaosos, se da en las comunidades
indgenas o en los pueblos mestizos la identidad propia de
todo ser (individual o social) constitutiva de su estar en el
mundo y de las posibilidades que le son ms propias. Por
esto, vale la pena siempre reiniciar el camino de
investigaciones que nos aproximen ms a dicha identidad,
que nos lleven a asumir nuestra realidad en su diversidad
enriquecedora, que nos posibiliten comprender nuestro ser
existencialmente para dar cuenta de lo que somos desde la
verdad en que hemos estado siendo.
Indudablemente, a causa de los procesos de
colonizacin es que nuestra expresin no deja de tener los
vacos que naturalmente se evidencian, pero esto no debe
amilanarnos; al contrario, poniendo los pies sobre esta tierra
ya de antemano colonizada, volvemos la mirada a las
divinidades ancestrales que nos sealan otros saberes que
inicialmente nos parecen oscuros, y hundindonos en su
comprensin, empezamos a hallar una cierta claridad que nos
abre nuevos horizontes y, como ya se dijo, nos posibilita
asumir la oscuridad con que tambin cierta racionalidad nos
ha enseado a menospreciar, pero que ontolgicamente ofrece
el sentido de fondo, profundo, desde el cual se nutre esta
forma de ser con la que nos identifican a los latinoamericanos
y de la que ya estamos apropindonos en este nuevo
amanecer de la historia. Continuaremos, pues, paso a paso,
avanzando en el estudio de nuestros aconteceres, aplicando
diversidad de miradas y escuchas, sentipensando nuestras 14
experiencias de vida, y proyectando las posibilidades en que
humana y espiritualmente nos realizamos: como somos y
como estamos, nuestro estar-siendo en Amrica Latina.
Les invitamos a leer este trabajo colectivo, que ahonda en las
reflexiones vertidas en estas lneas, y ampla la discusin a
otros campos, sitios y paradigmas.
Juan Cepeda H., Grupo de Investigacin Tlamatinime
sobre Ontologa Latinoamericana, Universidad Santo
Toms, Colombia, Abril de 2016
Presentacin / Apresentao
Originarios, contexto actual y descolonizacin
15
La llamada conquista de Amrica signific un
cambio brusco en los conceptos y en las bases materiales de la
Europa de entonces. Del siglo XVI al presente ello iba a
expresarse en el fortalecimiento de la sociedad occidental, y
en desmedro de los pueblos originarios del continente.
En toda Amrica, la situacin de los pueblos
indgenas fue abyecta, por causa de ese colonialismo. La
relacin entre Europa y Amrica prefigur lo que despus
sera la relacin colonizadora de ese continente con el resto
del mundo. Se reprodujeron la explotacin econmica, la
exaccin de sus riquezas, la esclavitud de sus moradores
originarios y la destruccin de sus culturas. Lo que en
Amrica la pennsula Ibrica anticip, fue despus regla
general en frica, Asa y Oceana.
Sin embargo, a mediados del siglo XX el mundo
contempl el fenmeno de la descolonizacin. Uno a uno, esos
pueblos subyugados se fueron liberando, creando sus
repblicas. Y viene la pregunta, por qu no hubo
descolonizacin de los primeros colonizados, los pueblos
originarios de las Amricas?
En las Amricas, pdicamente se evita hablar de
descolonizacin, pues ello refiere inexorablemente a la
situacin de los pueblos originarios. En general, cuando
alguien describe o analiza la creacin de las nuevas
repblicas, generalmente utiliza el concepto de guerra de la
independencia. Sin embargo, esas independencias fueron
efectivamente un proceso descolonizador, pues quitaron el
poder a las potencias coloniales en el continente. Sin embargo,
no implicaron que ese poder regrese a los originalmente
colonizados.
Los procesos de independencia en el continente
significaron la ruptura de los hijos de los colonizadores hacia
el orden impuesto por sus padres. En ese proceso, el
originario continu supeditado a un poder extrao. Es comn
afirmar que la situacin del poblador originario durante la
Repblica, fue frecuentemente peor que cuando la Colonia
Ibrica. El criollo proyect su nueva organizacin sobre las
mismas bases expoliadoras e ilegtimas que sus ancestros.
A lo largo del desarrollo de la forma republicana, el
criollo enmascar la mala conciencia de saberse ilegtimo
respecto al originario, asumiendo dos formas: Frecuentemente
fue la negacin dela condicin humana del colonizado, para
as obviar la consideracin de los derechos de esa poblacin.
Y, espordicamente, la sobrevaloracin de la identidad del
oprimido, otorgndole una naturaleza romntica, 16
supuestamente superior a la barbarie del criollo, pero que en
definitiva era tambin otras formas de negar su condicin
humana y escatimar tambin los derechos del originario.
En ese trance surgieron los denominativos para
identificar al colonizado. El colonizador bautiz al humano
para deshumanizarlo: indio e indgena. En general prefiri
llamarlo frecuentemente de manera despectiva y, por lo
comn, como le vena la gana, y no como esos pueblos se
denominaban ellos mismos. Araucano en vez de mapuche,
por ejemplo.
Pero, por qu la deshumanizacin colonial se
prolongas de manera tan inicua en el continente, mientras que
en los otros se produjo la descolonizacin estatal?
Frecuentemente la descolonizacin histrica surgi de
la contradiccin entre un pueblo colonizado y un colonizador
identificado con la Metrpoli. En la medida que el
colonizador era el extranjero, vinculado a otro continente no
solo por su origen, sino por el flujo evidente de sus relaciones
econmicas y sociales, el antagonismo descolonizador era
claro y evidente. Era una lucha entre lo local y lo exgeno.
Uno de los procesos descolonizadores ms preclaros,
el de Argelia, ilustra mejor esa realidad. En ese pas la
revuelta rabe se la hizo justo cuando la contradiccin
histrica entre el colonizador extranjero y el nativo
colonizado estaba en trance de modificarse por la irrupcin de
un tercero en conflicto: el hijo del colonizador que se senta
cada vez con mayor identidad local y con menos dependencia
de la patria de sus padres. Ese tercer elemento fueron los
llamados pies negros.
La revuelta rabe lleg justo en el momento en que los
pies negros comenzaban a rechazar el orden colonial de sus
padres en provecho propio suyo. La lucha de independencia
argelina fue contra dos frentes: el colonial de la metrpoli y el
local de los hijos de los colonizadores, que buscaban su propia
independencia. Finalmente, irnicamente, el poder contestado
de la metrpoli cedi en favor de los originarios, en desmedro
de sus propios engendros.
Los intentos ms ntidos de descolonizacin de los
pueblos originarios en las Amricas en el siglo XVIII cuando
se vieron las ms grandes gestas en ese sentido, las de Tupac
Amaru y de Tupak Katari, por ejemplo, vivieron un tiempo
adverso para sus objetivos. Las ideas de la ilustracin eran
ms proclives de favorecer al criollo que al originario. Slo
posteriormente se dieron nuevas formas de pensamiento que 17
sostendrn las luchas anticoloniales. El liberalismo y
particularmente el marxismo fueron de gran apoyo para los
movimientos de liberacin. En el caso de este ltimo menos
por la posicin favorable a la descolonizacin de los marxistas
de las metrpolis, que sabemos no fue as, que por el peso
internacional de los pases del llamado campo socialista, que
por razones de estrategia anti imperialista fueron aliados
objetivos de los movimientos de descolonizacin.
De igual manera, el elemento humano de los pueblos
colonizados que poda tener acceso al conocimiento general
de la poca, era desmesuradamente menor en el siglo XVIII
que en el XX. Y cuando indicamos conocimiento, sealamos
poder.
A pesar de esas condiciones adversas, los pueblos
originarios de las Amricas no fueron ni absorbidos ni, en
general, aniquilados. Se dieron casos histricos en que
pueblos locales sufrieron ese costo, en provecho de los Estado
naciones que se consolidaban. Fue el caso de los pueblos en la
misma Europa. Actualmente los occitanos y bretones, por solo
dar unos ejemplos, son nicamente particularidades al
interior de Francia y no proyectos polticos alternos de
organizacin estatal y poltica. Slo all donde hubo fracaso en
la estructuracin del estado nacin esas naciones primigenias
son fuente de permanente desequilibrio, como el caso cataln
en Espaa.
Evidentemente, la debilidad institucional de los
actuales Estados de procedencia Ibrica en la Amrica
favoreci la permanencia de los pueblos originarios. Pero
seguramente hay algo ms. Esos pueblos parecen dotados de
una vitalidad civilizacional que hace posible que resistan a los
repetidos intentos de destruccin, en espera del momento de
desplegar sus potencialidades.
El esquema nacional en que se han estructurados las
repblicas est marcado en todos los casos por la exclusin
que alterna intentos de asimilacin de los pueblos originarios,
ambos procesos como facetas de un mismo impulso para
hacerlos desaparecer.
El primer reflejo de los pueblos originarios ser, en
consecuencia, la resistencia y la persistencia. Sin embargo, ese
reflejo no podr manifestarse sino encuadrado en los criterios
-incluso modas- de la sociedad criolla dominante. Como
decamos anteriormente, el subconsciente criollo parece
marcado por la impronta colonial que hace que la
aproximacin al originario sea al mismo tiempo de curiosidad 18
y de miedo. Y esa particularidad ser, tambin, repercutida
por el originario, en especial en los instantes en que la lucha
por sus derechos es ms lgida.
Cantonar al originario en espacios en los cuales sea
posible controlarlo, ha sido una poltica empleada por el
hispano primero y por el criollo despus no solamente en el
mbito territorial -las reducciones-, sino tambin en el mental.
Controlando la idea que el mismo originario tenga de l
mismo, se impide que sea l mismo.
Es por ello que lo que es el originario es tarea
encomendada al criollo. Se lo definir segn las conveniencias
y criterios del momento. En los inicios era el criterio religioso
civilizador: ser un buen cristiano implicaba no ser salvaje.
Vendrn luego criterios vinculados a la ilustracin, al
liberalismo, al socialismo, al humanismo, al posmodernismo.
Todos ellos funcionales a los intereses de la colonizacin
interna. El colonizado no puede definirse l mismo, porque
cuando lo hace es el inicio de la liberacin.
Definirse a s mismo implica no solamente poseer una
cultura propia, una identidad independiente. Ello es la
materia prima de la identidad. Lo ms precioso es la manera
como esa identidad se estructura en su identificacin, porque
ello le permitir o no poder administrarla, siendo este hecho el
caracterstico de la autonoma.
Segn las pocas, el indgena se defina segn los
imperativos de la sociedad dominante. Pero, siguiendo ese
juego, el originario era cada vez ms dependiente y ajeno a s
mismo. La forma contempornea cmo la sociedad criolla
identifica al originario es segn las pautas del
posmodernismo: exacerbacin identitaria y culto por lo
diferente. De la misma manera cmo sucedi anteriormente,
esa identidad falsa slo sirve para afinar el impedimento al
indgena de ser l mismo.
Esta forma actual de definir al originario lo aleja de la
posesin de los instrumentos de poder. Sin embargo, es
actualmente cuando la descolonizacin puede ser
incuestionable. Ahora, la posibilidad del indgena de conocer
y apropiarse de ideas e instrumentos contemporneos es
evidente. Ello, empero, no pude ser realizado si esas ideas e
instrumentos son interpretados como ajenos a la
cosmovisin originaria y por ello impertinentes para sus
propsitos liberadores. La primera tarea del originario,
entonces, es arrojar al vertedero esa concepcin posmoderna y
culturalista y entender que su liberacin es el dominio de lo
actual como forma exigente de cualquier posible autonoma 19
propia.
Esa liberacin, posible en estos tiempos, sugiere
conocimiento real, no ilusorio. Exige, al mismo tiempo,
conceptualizar la descolonizacin en moldes propios y
originales, sin necesidad de considerar el proceso
descolonizador de la primera mitad del siglo XX, tomndolo
como modelo repetible. Con ello indicamos que la
descolonizacin es tarea tambin de los miembros de las
repblicas criollas. En el caso de los pases donde la mayora
es originaria, corresponde a estos retomar el impulso de
consolidar el Estado nacin integrado e integrado, en el
convencimiento de que sus aportes civilizatorios se
desplegarn nicamente en un contexto globalizante. Ello no
implica el exterminio del criollo, como tampoco la integracin
a su identidad, sino el esfuerzo como por finalmente hacer
Nacin rompiendo la parlisis institucional y de pensamiento
intangible desde los tiempos de la colonizacin ibrica, sino
reclamar el poder poltico como nica manera de lograr
objetivos comunes.
En el caso de los pases donde el originario es minora
demogrfica, llevar adelante procesos de descentralizacin
con verdaderas autonomas, concebidas stas no como
bantustns progresista, sino como formas polticas integradas
en el mundo y saberes contemporneos. En ese contexto, los
originarios impregnarn su particularidad cultural, poniendo
de pies lo que algunos criollos de buena voluntad tratan
empecinadamente de ponerlo de cabeza.
En este empeo ya hay indicios alentadores. Los
avances y retrocesos de las ltimas experiencias en Bolivia y
en Ecuador son altamente ilustrativos. Tambin, la cada vez
mayor importancia del indgena urbano en todos los pases
del continente es un aspecto de primordial importancia.
* * *
Ahora, Sigamos profundizando y debatiendo en este libro,
que invita a dialogar.
Pedro Portugal Mollinedo, Peridico Pukara, La Paz,
Bolivia, Abril de 2016
20
Introduccin / Introduo
Creo que tenemos un problema A riqueza dos povos indgenas
en la actualidad que es est na territorialidade: cultura,
21
necesario revisar: es la manera tradies, espiritualidade, artes,
como se escribe la historia de lnguas... uma rica cosmoviso2
nuestros pueblos, porque por
ejemplo, en el caso de los Eliane Potiguara
Andes, los cronistas que Poeta indgena
escriben sobre lo que vieron Brasil
ac, escriben desde los
conceptos y los esquemas en los
cuales ellos se han formado en
esa poca, y para ellos,
digamos, su referente son los
reyes, los sbditos1
Ariruma Kowi
Poeta Kichua-Otavalo
Ecuador
Los pueblos en Amrica Latina, congregan hoy en da,
un cumulo significativo y proyectual de experiencias de
movilizacin, configuracin de propuestas de vida, rescate de
memoria y elaboracin de planes de desarrollo alternativos a
los generados por el capitalismo en el seno de los Estados
nacionales latinoamericanos.
En este sentido, en la ltima dcada, la idea de Zuma
kauza o Buen vivir, difundida desde el corazn del antiguo
Tawantisuyu, hoy principalmente Bolivia plurinacional, ha
sido una senda por la cual se ha caminado, discutido y/o
enfrentado posiciones que divergen, y sobre la cual se ha
vuelto la mirada a la historia para definir los pilares de un
nuevo paradigma de vida, en este caso, ms vinculante y
armnico con la naturaleza y sus elementos, y menos
explotador, extraccionista y lucrativo. Desde el mundo
andino, este Buen vivir se proyecta a la comunidad desde
1 Canales, Pedro y Macaya, Patricio. El colonialismo nos enseana a
auto-despreciarrnos. Revista Norte Histrico. N 4. CEYHCSO. 2015.
p. 108.
2 Ver: http://www.elianepotiguara.org.br/
varios principios, entre los que destacan: bien hablar, bien
pensar, bien aconsejar, bien comer, bien beber y buen caminar
entre otros. En este sentido, el espacio clave en el cual estos
principios han de desplegarse es el ayll, estructura de
organizacin de los pueblos andinos, de carcter
prehispnico, marcado por los principios de reciprocidad y
redistribucin. Este espacio hoy se resignifica y puede ser 22
rural y tambin urbano, toda vez que los procesos de
modernizacin de los estados nacionales ha pauperizado las
economas locales, obligando la emigracin de sus habitantes.
Asi como el mundo aymara ha puesto en la mesa este
constructo andino, desde el mundo mapuche, en Wallmapu,
al sur de Chile, el Kme mongen ha venido a ampliar las
fronteras de esta discusin. Las autoridades tradicionales
mapuche son los depositarios de esta base de vida. La o el
machi es un dador de salud comunitario y a la vez un gua
espiritual de la poblacin; l o ella es un nexo entre la esfera
divina y la humanidad. El o la machi es sinnimo de
conocimiento y saber, kimn segn los mapuche. El lonko o
jefe/a comunitario es el depositario del Admapu o leyes
propias de los mapuche; estas directrices marcan la rectitud y
el buen proceder de hombres y mujeres en contexto social y
natural ms amplio. Otra autoridad relevante es el Wewpife o
narrador de las historias de comunidad. En este caso, esta
autoridad, por medio del ntram o relatos histricos recuerda
y proyecta la memoria histrica de la comunidad y de los
miembros que han salido a trabajar a las ciudades. En los
Elwn o funerales, se despide a los difuntos y se reproducen
relatos del pasado que cohesionan a la poblacin y rescatan el
mapudungn como lengua propia. Respecto de esta
propuesta mapuche, la profesora Karen Tranamil Quintrel, de
la zona de Rulomapu, al suroeste de Nueva Imperial, en la
regin de la Araucana, sostiene que la pedagoga mapuche
busca transformar a nios y nias en kimche (persona sabia),
kumeche (buena persona), newenche (persona con fuerza) y
por sobre todo norche (persona correcta).
En Brasil la situacin no dista mucho de lo sucedido
en los Andes y Wallmapu. El Bom vivir es una directriz que
marca la ruta de vida de comunidades y tribus de la
Amazona. La discusin es amplia y compleja como en toda la
regin, no obstante, destacan con luces propias la poesa
indgena. Un caso cercano es el de la antes citada Eliane
Potiguara, o la pluma de Daniel Maduruk. En ambos casos, se
relata la vida de sus pueblos, de sus ancestralidades y el peso
especfico del vnculo con la naturaleza, la flora y la fauna, en
contextos de crisis, marcada por el avance de la modernidad
hacia tierras indgenas. Se suma a esto, la visibilizacin y
espacios que los pueblos indgenas y sus representantes han
ido ganando en la espera pblica nacional. Un ejemplo
reciente es el de la investigadora indgena Mrcia Mur, quien
defendi su tesis doctoral en la Universidad de Sao Paulo, y
en cuya comisin evaluadora estuvo otro representante 23
indgena, el doctor Caz Angatu Xukuru Tupinamb, ambos
parapetados con ropas formales propias de sus pueblos. Ese
cuadro fue considerado histrico en dicha universidad, pues
no haba sucedido algo similar antes en una casa de estudios
con una larga historia formando profesionales en dicho pas 3.
Histricamente, los pueblos indgenas, desde el arribo
europeo a estos territorios, han sido parte de una realidad
claramente colonial, sellada por la violencia fsica, psicolgica,
sexual, econmica, entre otras. Para efectos de presentar una
mirada temporal de estos posesos, podemos dividir esta
proposicin en tiempos coloniales imperiales, tiempos
coloniales republicanos y tiempos coloniales globalizados. En
los tres casos, la construccin histrica indgena fue
invisibilizada, manipulada y asimilada. Al reverso de este
envoltorio, las sociedades hegemnicas no-indgenas, en
discursividad y conductas frente a los colonizados, elaboraron
por todos los medios disponibles, la Historia occidental oficial
en territorio americano; todo esto a partir de las luces de las
ciencias, la tecnologa, la promesa de la modernidad en toda
su expresin, el ciberespacio y un ritmo de vida vertiginoso,
bajo la marca del tiempo real, como unidad de diacrona
infinita, robtica y mercantil a la vez.
Respectos de la historia colonial imperial, la vertiente
colonial hispnica y portuguesa fueron disimiles, no obstante
su mirada y prefiguracin del otro, es decir, del indgena fue
prcticamente la misma. Los dispositivos de control y
explotacin hacia los pueblos fue un arma que intent
preservar la mano de obra luego de una merma demogrfica
de las sociedades indgenas, dramtica y dolorosa a la vez.
Las tasas laborales y otros mecanismos como los pueblos de
indios, acrecentaron las horas de trabajo de las poblaciones
locales, la desarticulacin de las familias y la crisis de las
identidades tnicas, toda vez que la imposicin del
cristianismo, el uso forzado de las lenguas coloniales y el
despojo de los territorios en los cuales estas sociedades
3Fecha de defensa doctoral: 05 mayo 2016. Univerasidad Sao Paulo.
Brasil.
configuraron sus marcos de existencia y vnculo con el medio,
ya no eran tales.
En Paraguay, cuenta Bartolom Meli, la figura de
Pay o lder espiritual entre los Guaran fue vital en el proceso
de resistencia llevado a cabo por el pueblo Guaran durante el
siglo XVI. Por medio del canto, permanente, sostenido e
inofensivo para los colonizadores, este lder comand 24
mltiples rebeliones guaranes contra el yugo peninsular. En
otras zonas, la fuga a espacios libres fue una alternativa a la
opresin europea, y en otros casos, la guerra frontal fue la
expresin de liberacin tnica y territorial. En el caso
mexicano, los Chichimecas, destacaron ostensiblemente, y al
sur de ro Bo Bo en Chile, el pueblo Mapuche. Slo consignar
que la resistencia Mapuche permiti que en 1641 el
representante de rey de Espaa en territorio mapuche,
Francisco Lpez de Ziga y Meneses, el Marquez de Baide,
firmara el reconocimiento y autonoma de este pueblo al sur
del ro enunciado anteriormente. Es lo que la historiografa en
Chile, encabezada por Jos Bengoa, denomina las Paces de
Quillin. Un emblema de la lucha contracolonial llevada a cabo
al sur del mundo, interpelando vejatoriamente al imperio ms
poderoso de dicha poca.
En cuanto a la historia en tiempos republicanos, luego
de doscientos aos de vida poltica independiente, los estados
nacionales en Amrica Latina no han dejado sus
demarcaciones de corte colonial, lo que en otras palabras
podramos denominar el peso colonial. Desde 1810 y hasta
1890, lo que Tulio Halperin denomin la larga espera, estos
estados se dieron a la tarea de civilizar y disciplinar a la
masa de poblacin diferente a los cnones establecidos y
aceptados como correctos por ellos. En este mismo sentido,
Marcello Carmargnani propone que fue un proyecto
oligrquico de dominacin exclusiva y excluyente, la que
llev a los territorios emancipados a involucrarse
decididamente con las redes capitalistas mundiales, en
expansin constante e crecientemente industrializadas. Con
esto, los territorios y pueblos indgenas fueron los principales
afectados de tal panorama. Sus territorios arrebatados, y sus
gentes confinadas al olvido, la negacin y pauperizacin ms
brutal que se pueda recordar. Mucha de esta poblacin, fue
engrosando en las ciudades, la tasa de marginalidad y
pobreza proletaria, sobre la cual las leyes e institucionales
estatales fueron apuntando en los programas y polticas
publicas diversas. No es casualidad, que la poca dorada
del proyecto oligrquico, se haya desarrollado precisamente
en los tiempos en que los estados desplegaron todas sus
energas y recursos en anexar territorios a sus sistemas
productivos nacionales, nos referimos al lapso entre 1880 y
1910, aos en que se llevaron a cabo en Argentina la
denominada Campaa del Desierto, en Chile la
Pacificacin de la Araucana, y en Colombia, por nombrar
tres casos, la rebelin contra el despojo tnico, liderada por 25
Manuel Quintin Lame en la regin del Cauca.
Acerca de la historia colonial en tiempos de la
globalizacin, antes de pasar a otro punto, consignemos que
los analistas del hoy nos indican que la informacionalizacin y
neoliberalizacin de la vida, la cultura, la poltica y la
economa, estn generando cuadros sociales que expresan una
crisis preocupante, que golpea fuertemente los procesos de
construccin identitaria y participacin, pues muchos de los
pueblos indgenas de la regin vivieron y lo siguen haciendo,
desplazamiento de poblacin, especialmente hacia ciudades
y/o pases que denoten un grado de bienestar y desarrollo
econmico, que les permita dejar atrs una historia estructural
de pauperizacin, explotacin y abusos en su contra.
En este libro, bilinge por lo dems, identificamos
varias relevancias en este debate. En esta lnea argumental,
este trabajo abre la discusin y considera al menos tres
aspectos ms notables a desarrollar: la relevancia poltica,
social y educativa. En cuanto a lo poltico, este trabajo
colectivo se sita desde un prisma que reconoce los derechos
indgenas como derechos humanos que se enhebran en el
espacio de las ideas como un ancla que detiene el transitar en
dos conceptos elementales: por un lado, el derecho a la
autonoma y en segundo lugar el derecho a la
autodeterminacin de los pueblos indgenas de la regin. En
cuanto a la relevancia social en este trabajo, son tres los pilares
que explican este punto. En primer trmino, el valor de la
historia estructural de los pueblos indgenas, desde una
situacin preestatal de larga data, hasta un perodo -que no
cesa- marcado por la lgica colonizador-colonizado. En
segundo trmino, un profundo respeto por los saberes y
lenguas de estos pueblos, toda vez que son estos los que
auguran un futuro a los proyectos de diversidad y
plunietnicidad continental. Y en tercer trmino, los hombres y
mujeres de los diferentes pueblos indgenas en Amrica
Latina o Abya Yala, son expresin de un proceso de resistencia
tnica-cultural y poltica que abordaremos en el siguiente
apartado. Por ltimo, la relevancia educativa en este libro, es
una herramienta que permite mirar al futuro y proponer la
construccin de sociedades histricas descolonizadas desde la
conciencia de s mismas y desde la especificidad respecto
de la otredad que se va superando a partir de procesos
educativos, amplios y emancipatorios.
Ahora bien, respecto de la gnesis de este texto,
podemos consignar que es un esfuerzo colectivo que ha
comprometido el trabajo, creatividad y generosidad de 26
investigadores(as) y cientistas sociales de Amrica del Sur.
Adicional a lo antes indicado, es justo apuntar que este trabajo
es continuacin del libro Claro de luz. Intelectualidades
indgenas y descolonizacin en Abya Yala, editado por Pedro
Canales Tapia y Carmen Rea Campos, a partir del trabajo
desarrollado por un grupo de investigadores(as) en el
simposio Intelectualidades indgena en Amrica Latina:
desafos y retos, llevado a cabo en enero de 2013, en el marco
del III Congreso internacional Ciencias, Tecnologas y
Culturas que cada dos aos desarrolla la Universidad de
Santiago de Chile. En dicho libro se discute acerca del sitio, rol
y definicin de quienes piensan, escriben y debaten
tnicamente hablando, en los espacios definidos por las
sociedades dominantes.
En la segunda versin del simposio, se pretendi
seguir abriendo la discusin y conociendo nuevas
interpretaciones y estudios, desde una ptica
interdisciplinaria, en torno a los pueblos indgenas y el
colonialismo vigente, motivo por el cual el ttulo del simposio
fue modificado en la forma pero dejando en claro los
elementos de continuidad en el ejercicio dialgico. As
aseguramos el buen caminar de un proceso y permitimos la
emergencia de nuevas impresiones y puntos de vista.
Ahora bien, los objetivos de este simposio, llevado a
efecto en octubre de 2015 en la Universidad de Santiago de
Chile, se relacionan ntimamente con el quehacer de
investigadores y cientistas sociales, que estn discutiendo
respecto de la situacin de estos pueblos, pero tambin del
pensamiento indgena reciente tanto poltica como
acadmicamente. En este mismo sentido, nos interesa seguir
discutiendo en torno a la nocin de intelectual indgena, sus
alcances, tensiones y controversias, pues el colonialismo
instala estas impresiones, y es prudente entrar en la discusin
y comenzar a sacar conclusiones de entre rivalidades y
disputas.
De esta forma, podemos aseverar que la historia
indgena y sus representantes, ha marcado una amplia y
creciente presencia desde fines de la dcada de los 90 en el
espacio acadmico latinoamericano. Este simposio tuvo como
meta establecer un debate ms minucioso acerca del tema
indgena, posibilitando una mayor visibilidad a estos agentes
histricos, desde una recontextualizacin de la Historia de
Amrica, incluyendo a Brasil, lugar en el que la historia
indgena se encuentra an muchas veces olvidada.
Con el establecimiento de un dialogo entre diversos 27
investigadores, en distintas etapas de sus carreras acadmicas,
intententamos movilizar un intercambio de experiencias e
informaciones sobre el tema indgena. Para escoger las
ponencias de ese simposio, fueron evaluadas las propuestas y
fundamentaciones terica-metodolgicas, as como la
originalidad de las investigaciones.
Los Claroscuro del debate, se internan -de este modo-
desde la diversidad y libertad propia de sus autores y autores
que escriben, en numerosos dilemas y estudios referidos a los
pueblos indgenas de Amrica del sur, en este caso, ms
puntualmente de Colombia, Ecuador, Per, Brasil y Chile,
ms el prlogo de pluma colombiana y la presentacin
boliviana. Sin duda que el debate se ha ido complejizando y
amasando nuevos interlocutores/as propositivos/as.
Nombrar a todos y todas los/as debatientes, sera imposible
en esas pginas, no obstante, mencionaremos algunos casos
emblemticos como los de Ariruma Kowii, Rolando Pilco
Mallea, Roberto Choque, Pablo Mamani, Fabiola Nahuelquir,
Sergio Caniuqueo y uno de los participantes de este libro, Jos
Luis Cabrera Llancaqueo. En esa misma lnea argumental,
destacar en Brasil, el trabajo de la editora de este texto:
Mariana Moreno Castilho, adems de los aportes de tantos
otros destacados investigadores como Alcione Correa y
Sebastio Vargas.
Ahora bien, la estructura de este texto se organiza a
partir de tres secciones; dentro de cada una de ella se agrupan
trabajos que se vinculan en la lnea investigativa, perspectiva
y/o discusin terica. Veamos el desglose de esta
contribucin.
La primera parte se