Guerra Politica y Cultura en La Genesis PDF
Guerra Politica y Cultura en La Genesis PDF
Recibido: 23/05/2013
Aprobado: 12/06/2013
Resumen
Este artculo comenta algunos elementos de la vida de crisis durante la coyuntura de
1808-1815, entre la invasin francesa de Espaa y la abdicacin del rey y el fin de la
gran rebelin cuzquea que empez en 1814 y que hubo de tener efectos de alteracin
hasta entrado el ao 1818. Aunque no se consum el todava difuso objetivo final, fue la
gnesis de la independencia andina.
Abstract
This article discusses some elements of the situation during the economic crisis of 1808-
1815, from the French invasion of Spain and the abdication of the king to the great
rebellion in Cuzco which began in 1814 and had effective consequences even in the
year 1818. Although not yet reached the still blurred final objective, the rebellion was
the genesis of Andean independence.
1
Historiador. Licenciado en Historia por la Pontificia Universidad Catlica del Per. Ha sido miembro
del Centro Bartolom de las Casas del Cusco y luego investigador del Instituto de Estudios Peruanos. Ha
sido profesor de varias universidades del Per, Amrica Latina y Espaa. Entre sus principales
publicaciones se cuentan: Trajinantes: caminos indgenas en la sociedad colonial (Lima, 1989); Vida
smbolos y batallas. Creacin y recreacin de la comunidad indgena. Cuzco s. XVI-XX (Mxico,
1992); La repblica instalada. Formacin nacional y prensa en el Cuzco 1825-1839 (Lima, 2004).
Actualmente es investigador afiliado al Colegio de Amrica de la Universidad Pablo de Olavide de
Sevilla e investiga en el Archivo General de Indias de dicha ciudad.
190
1. El tema
Esta coyuntura de la que hablaremos mostr una continuidad con la era que abri la
gran rebelin de 1780. No es que aquella fuera un antecedente de un proceso imaginario
de toma de conciencia y voluntad de cambio, pero s fue la expresin de una
transformacin en las formas sociales y econmicas en que se reproduca la poblacin
mayoritaria y se obtena el excedente econmico2. Ese cambi arroj a las masas
campesinas a la rebelin y sta contribuy a acentuar aquel. Al introducirse nuevas
reformas sobre las que ya se haban dado, las relaciones de produccin aceleraron su
transformacin. Hubo efectivamente una crisis econmica, un declive generalizado de la
forma de produccin de riqueza que hasta entonces haba predominado, pero de toda
crisis sale una nueva forma de producir y otra relacin de fuerzas. As, apareci una
nueva economa rural, ms dinmica tal vez, menos vistosa desde luego, igualmente
abusiva. Esa nueva economa produjo nuevas contradicciones y luchas por controlar los
excedentes y manejar los recursos que los producan. La crisis poltica de la monarqua
se instal sobre ese escenario que tena su propio curso. La lectura cultural y poltica
que los pobladores populares hicieron de ello junt las experiencias de la violencia
desatada desde la revolucin de 1780, la militarizacin del poder posterior, la disputa
local por los recursos y la percepcin de cambios que se vivan y se intuan, deseaban o
teman. La moraleja es que no se puede descuidar la economa, que es el pilar de todo el
engranaje de la guerra.
2
Ver al respecto Luis Miguel Glave (1999). The Republic of Indians in Revolt (c.1680-1790). En Frank
Salomon and Stuart Schwartz (Eds.). The Cambridge History of the Native Peoples of the Americas. New
York: Cambridge University Press, Vol III, South America, Part 2, 502-557.
lucha por los recursos. La guerra fue una prolongacin de la lucha econmica. Esto fue
adems clave para movilizar los regionalismos, los particularismos y localismos, que 191
afloraron en medio de la confusin.
Lo tercero es la cultura poltica popular y las prcticas asociadas a ella. Aqu es que hay
que distinguir entre la conducta esperada de los actores y los resultados efectivos de sus
acciones. No siempre actuaban de acuerdo a un libreto preestablecido por su ubicacin
econmica y tampoco se producan los resultados esperables de esa accin. Se poda
cambiar de bando fcilmente, como haba ocurrido en toda la historia colonial. Eran
siempre realidades liminares. En el caso de Mxico, las alteraciones populares tuvieron
una dinmica que nos explica cmo no se trataba de que la independencia sucediera
porque la gente as lo quisiera, Erick Van Young se preguntaba por qu la gente hace
las cosas que hace y se responda que por razones muy distintas a las que
necesariamente se esperara por los resultados de sus acciones3.
Lo cuarto son las redes de comunicacin y los nuevos espacios pblicos. Ya hemos
dado mucha atencin a ello pero debemos darle todava ms. Una de las caractersticas
del proceso de rebelin de las ciudades y los pueblos de los Andes fue la activacin de
intensas redes de comunicacin y difusin de noticias y opiniones. Nos hemos detenido
en la esfera de la prensa y en el mundo de los indios y los pueblos rurales y no es
necesario extender ahora en ello4. Pero s conviene subrayar que la circulacin de
noticias era incontenible y entre otras razones fue la movilidad de los que se vieron
envueltos en las acciones ms importantes. Los propios actores de las rebeliones o su
represin, pasaban de un lado a otro y llevaban sus experiencias y recuerdos a otros con
los que se aliaban5. La guerra fue un catalizador de esos movimientos de opinin, que
ayudaron a expandir las conflagraciones, sea por que se tramaban acciones o porque
simplemente se tema que eso ocurriera.
De entre quienes pelearon con el ejrcito real en el Alto Per, tan cercanamente a los
rebeldes que llegaban del sur, se reclutaron los jefes militares del alzamiento cuzqueo
de 1814. Los seis jefes de las tres expediciones que salieron del Cuzco para expandir la
revolucin en 1814, salvo uno de los hermanos Angulo, Vicente, que sin embargo
tambin tena grado militar, eran todos militares que participaron en las campaas del
Alto Per. Hacia Ayacucho salieron el cuzqueo Jos Gabriel Bjar y el santafesino
3
Eric Van Young (1995). El Lzaro de Cuautla. Dobles subjetivos al leer textos sobre la accin popular
colectiva. Historia y Grafa, 5 (Mxico), 165-193. Publicado originalmente en Colonial Latin American
Review, vol 2, nms. 1-2 (1993) 2-26.
4
Ver Luis Miguel Glave (2003). Del pliego al peridico. Prensa, espacios pblicos y construccin
nacional en Iberoamrica. Debate y perspectivas. Cuadernos de Historia y Ciencias Sociales N 3,
(Madrid), 7-30 y Glave (2008). Cultura poltica, participacin indgena y redes de comunicacin en la
crisis colonial. El virreinato peruano, 1809-1814. Historia Mexicana, 229 (Mxico), 369-426.
5
El intendente Gonzlez de Prada, que vivi los incidentes de Cochabamba pas luego a Tarma y fue el
jefe que derrot la rebelin de Hunuco en 1812, sus escritos revelan a un conocedor de la realidad
andina. El mismo Jos Manuel de Goyeneche y todos sus soldados cuzqueos regresaron a su tierra al
cabo de sus batallas, y fermentaron las inquietudes que ellas mismas ya haban generado. Manuel
Quimper que era intendente en Puno durante las rebeliones de La Paz y Cuzco luego pas a Huamanga.
Manuel Hurtado de Mendoza, ambos haban sido capitanes del ejrcito real. Hacia La
Paz lo hicieron Jos Pinelo, arequipeo igualmente capitn, acompaado del nico que 192
no era militar de los jefes, un cura llamado Ildefonso de las Muecas, natural de
Tucumn y que destac tanto o ms que sus camaradas en la lucha irregular 6. El
hermano de Jos, comandante general de las armas de la revolucin, Vicente Angulo,
tambin era teniente de caballera y comand la expedicin de Arequipa acompaado de
Mateo Pumacahua. Este verdadero personaje de la historia andina del fin de la colonia
haba sido el represor de La Paz en 1811 como veremos en captulo aparte.
Las rutas de la guerra vinieron a sumarse a la vieja relacin entre comercio y rebelin
que se manifest ms intensa en las vas de trnsito de mercancas, que coincidan con
las de las ideas y las noticias polticas. Los subdelegados eran vendedores de efectos,
dueos de recua, hacan negocio yendo de un lado a otro y no importaba la guerra o la
sospecha de alteraciones, es ms, era en puntos clave del tramado econmico comercial
donde esas alteraciones tenan lugar7. Todos comentaban los sucesos, los debatan a la
vista de papeles pblicos como se deca a los impresos y peridicos y papeles
seductivos que eran manifiestos que corran manuscritos de mano en mano8. De
muchas de las afirmaciones de los procesos constaba el sistema de sacar pliegos
camuflados de embarcaciones, de leerlos en grupos y de copiarlos furiosamente en
equipos para difundirlos9. El subdelegado de Arica y Tacna, Antonio de Rivero y
Aranbar, to de Mariano, el diputado arequipeo en Cdiz que se expres abiertamente
contra el autoritarismo del virrey Abascal, escribi al intendente de Arequipa que si
quisiera corregir medianamente el mal de la circulacin de esos papeles, sera
preciso meter a la crcel a medio Tacna10.
Para entender este panorama de alteracin y difusin de estas ideas a travs de distintos
mecanismos que se articulaban en redes de comunicacin y espacios pblicos,
presentaremos dos casos de supuestas sublevaciones intentadas que han merecido
6
Luis Miguel Glave (2002). Un hroe fragmentado. El cura Muecas y la historiografa andina. Andes 13
(Salta), 51-74.
7
Por ejemplo Narciso Basagoitia fue nombrado subdelegado en la estratgica y rica provincia de
Quispicanchis en 1811 (Archivo General de Inidias (en adelante, AGI). Lima 649) y desde all se
encumbr como uno de los jefes ms belicosos del ejrcito real que sofoc las alteraciones altiplnicas, ya
en 1816 estaba de intendente interino en Huamanga (AGI. Lima 602). Por su parte, Jos de la Paliza
estaba como subdelegado de Condesuyos en Arequipa en 1810, pidi prorroga en su destino, en su
historia personal constaba ya un alboroto o motn perpetrado por los indios de Caina a los que apacigu el
ao de 1798, luego sera un importante actor de los sucesos de 1814. Pedro Jos Gil y Montes, que va a
conseguir la subdelegacin de Arica en 1810, ya haba estado all, haba sido comerciante y vendi mulas
en Parinacocha donde tuvo una desavenencia con el subdelegado al que descubri desfalcos con los
indios. Desde que lleg al Per haba participado en los sucesos de la rebelin de Tupac Amaru, pero
adems de hacer defensas contra los indios, persigui a Marco Urdanivia, principal cabeza de motn que
perturb esta provincia (Arica) con sus seducciones a los indios (AGI. Lima 1012).
8
Parafraseando el libro de Fernando Bouza. Corre manuscrito: una historia cultural del Siglo de Oro.
Madrid: Marcial Pons, 2001.
9
Ver al respecto Glave. Cultura poltica.
10
Rmulo Cneo Vidal (1978). Precursores y mrtires de la independencia del Per. Lima: Ignacio
Prado Pastor editor, p. 326.
2. El virrey
El virrey Jos de Abascal ha tenido una buena prensa entre los estudiosos de su papel en
el Per. A tal punto que l ha sido a veces el tema de estudio. Incluso aquellos que lo
describen como autoritario y apuntan los excesos que cometi, han saludado la
habilidad poltica que mostr y el xito que obtuvo al evitar que el Per cayera en la
senda del rompimiento con la metrpoli11. Pero si revisamos lo que han expurgado de la
documentacin sus estudiosos, veremos que todos, incluso sus ms decantados
admiradores, nos dejan la evidencia de que se enfrent con casi todos los sectores
sociales y polticos del reino. Tan pronto se acerc a algunos y los us para sus intereses
polticos, como a los criollos que nombr jefes del ejrcito real contra los porteos y
que tomaron el Alto Per, como se alej de ellos y rompi relaciones teniendo a algunos
como abiertos traidores12. En general se pleg al discurso dicotmico de criollo-
peninsular y no perdi oportunidad de cerrar el camino a los hijos de la tierra. Sin
embargo tuvo aliados criollos en Lima y aprovech de sus contradicciones con otros, de
distinto pelaje y poder, a quienes atac y persigui, levantando acusaciones a veces
fantasmales sobre crmenes de lesa majestad. Se enfrent con magistrados, fiscales,
abogados, militares, de la misma manera como se apoy en otros del mismo oficio. Us
las contradicciones de las Cortes y de los liberales, las de los criollos, las de los indios,
las de los administradores, las de los comerciantes. As aunque no tuviera fieles, se hizo
de compaeros de ruta. Quit de sus puestos a muchos subdelegados y puso a otros, ese
puede ser uno de los rastros a seguir, las redes que pudo tender para hacerse con aliados
en los pueblos, ayudado por su experiencia de Intendente de Guadalajara antes de ser
nombrado virrey.
11
Fernando Daz Venteo (1948). Las campaas militares del virrey Abascal. Sevilla: Escuela de Estudios
Hispano-Americanos, es el clsico sobre la poltica militar del virrey. Brian R. Hamnett (2000). La
poltica contrarevolucionaria del Virrey Abascal: Per, 1806-1816. Lima: Instituto de Estudios Peruanos,
es un buen resumen y panorama de la opinin de este autor sobre el virrey. Hay incluso un novedoso libro
de Vctor Peralta (2002). En defensa de la autoridad. Poltica y cultura bajo el gobierno del virrey
Abascal. Per 1806-1816. Madrid: CSIC.
12
Rompi con Jos Manuel de Goyeneche, el jefe ms importante que nombr. Pero ms sealado fue su
trato a Domingo Tristn. Luego de promocionarlo, al saber o sospechar de sus vnculos con los alzados de
Buenos Aires y fuera elegido como diputado a Cortes en 1813, dijo que era el ms inmoral, prostituido y
perverso de los hijos de la nacin (AGI. Lima 1017).
El memorial efectivamente dice todo esto. Por ejemplo, alaba a Goyeneche en todo y
dice que fue maltratado por Abascal, que puso en su reemplazo a su valido Pezuela.
Defiende al fiscal Eyzaguirre de quien dice, Abascal haba perseguido y calumniado por
no seguir sus miras. Lo mismo hace con el conde de la Vega del Ren que dice estaba ya
tres meses preso sin que se probara nada contra l. La misma partida del regimiento
fundado por Abascal, llamado de la Concordia, detuvo tambin a Jos Mara Ladrn de
Guevara, maestro sastre imputado en la misma supuesta conspiracin, quien se hallaba
en el hospital de San Andrs al borde de la muerte por los maltratos.
Cernadas, o quien escribiera el memorial, hizo un relato interesante de los sucesos que
vamos a analizar en esta contribucin. Para explicar los de Huamanga en 1814 parte del
Cuzco, que se habra levantado por la intencin de Abascal de poner a su cabeza a
Valdehoyos. Los cuzqueos mostraron su enfado porque les ponan a un hombre venal
y carnicero, por eso continua Cernadas dos hombres presos urdieron la revolucin y
toda la tropa los sigui. El virrey les haba pretendido devolver un mal por un bien ya
que esa ciudad mand la gente para la lucha contra las alteraciones del Alto Per. Los
indios de Pumacahua desertados del Alto Per salieron del Cuzco y entraron en la Paz
donde un descuido caus la ruina de muchos edificios, la muerte de varios vecinos,
con la del propio marqus de Valdehoyos. En Arequipa entraron tambin y al saber de
la proximidad del ejrcito de Ramrez, fugaron con los efectos del comercio. En
Huamanga el interino intendente Pruna pretendi mandar contra los alzados 200
milicianos de Huanta junto con otros tantos de la ciudad, con pocas armas, que hubiesen
sido fciles presas de soldados puestos en disciplina y bien armados. Las mujeres
quisieron ver a sus maridos que iban a salir al efecto y como no las dejaban y les
apuntaron con un can, lo tomaron y sacaron a los soldados negndose a ir a la
reconquista de Cuzco, como lo haba querido Pruna slo por hacer un mrito ante el
virrey. Posedos de aguardiente y chicha cometieron sin duda algunos desrdenes pero 195
luego nombraron intendente al haber huido Pruna y mandaron al guardin de san
Francisco a pedir indulto. Pero Pruna y el intendente Vives procesaban a todos los
vecinos de Huamanga irritando los nimos. As, a la primera noticia y llenos de temor,
recibieron sin contradiccin a los cuzqueos. La fuerza armada al mando del teniente
coronel de Talavera, desde Huancavelica enga a los criollos huantinos y les dijo que
los huamanguinos los acusaban de haber desencadenado la revolucin y que la manera
de vindicarse era luchando contra ellos. Seducidos por la especie, resentidos y llenos de
rabia derrotaron a los cuzqueos y entraron en Huamanga con los de Talavera.
Si miramos los acontecimientos desatados desde 1814 podemos certificar que todo lo
que relataba Cernadas era certero. Salvo el tono altanero y agresivo, el fiscal no poda
negar las acusaciones contra el proceder del virrey, salvo con la descalificacin recelosa
de defender a los criollos y atacar a los peninsulares. Es cierto que el subrayado de los
atenuantes en las acciones de los sublevados contrasta con el silencio respecto a los
procedimientos violentos propios de la guerra. Algo de ello veremos en estas pginas13.
Contempornea fue la instancia dirigida al rey por Antonio Arroniz y Lainfiesta desde
Lima a 28 de junio de 1815. Denostaba tambin los abusos del virrey Abascal a quien
llama vuestro Abascal, pidiendo lo deponga y lo residencie por los vicios que ha
instruido y fomentado en el pacfico suelo americano so color de extirparlos.
Terminaba pidiendo que con amnista perdone en unos el crimen, en otros disculpe el
error y a otros les vuelva la paz, la confianza y el amor para que tranquila la Amrica
pueda pasar desde VM hasta su ms remota posteridad. Cuando lleg el memorial
anotaron, como en el anterior, que ya estaba nombrado nuevo virrey y por lo mismo se
acord que no se diese cuenta de esta instancia. No supusieron que fuera otro annimo,
aunque, sin los datos ms precisos de Cernadas, usaba la misma altanera, agresividad e
inclinacin del memorial que ya comentamos. Dice que sera un crimen el silencio con
un rey como Fernando VII y un deber el hablarle con imparcialidad y verdad,
penetrado de esta sagrada obligacin designar a VM para su remedio, las aciagas
consecuencias de esa peligrosa magia con que se transforman en virtudes los execrables
vicios de vuestro virrey de estos reinos. Mencionaba tambin la salida de Miguel
Eyzaguirre para Espaa, a defenderse de las acusaciones que le haban formado, lo que
dejaba a la ciudad sin un defensor. Varios ms haba desterrado Abascal y seguiran
ms. No se hallar entre ellos a los venales y prostituidos ministros de la Audiencia:
Valle, Bazo, Arnaiz y Pino Manrique14. Lejos de pacificar las Amricas se preparaba su
disolucin15.
13
Sobre el Cuzco en 1814 ver Luis Miguel Glave (2003). Una perspectiva histrico cultural de la
revolucin del Cuzco en 1814. Revista de las Amricas. Historia y presente 1 (Valencia), 11-38.
14
Tenan abierta una investigacin y era moneda corriente que entre ellos dominaba la corrupcin. El
virrey hizo lo que pudo por protegerlos, como ellos apoyar sus medidas (AGI. Lima 602).
15
Sobre la coyuntura en Lima ver Glave. Cultura poltica.
La crisis abierta desde 1808 no se cerrara en realidad nunca, era un cambio que pasaba
y no llegaba. El papel contradictorio bien xito o slo postergacin de un fracaso 196
futuro del autoritarismo centralista del virrey Jos de Abascal se manifestaba en la
constante apertura de frentes, en una regin y en otra, con uno y otro estamento o grupo
social, con una u otra institucin o personaje. El virrey los reprima en el borde de la
legalidad, cuando la lucha entre liberalismo, constitucionalidad y conservadurismo
regalista, se cruzaba con las disputas por controlar espacios mercantiles, de poder y de
representacin. Las historias locales de posibles intentos de sedicin, alborotos de
protesta o que expresaban conflictos de poder atizados por la crisis de representacin y
cambio, los complots o juntas seductivas que se descubran aqu y all, tejidos por las
pginas de proliferantes publicaciones y peridicos que eran llamados papeles pblicos,
vinieron a confluir en un captulo final en la fallida revolucin estallada en Cuzco en
agosto de 1814, que se expandi hacia medio territorio del virreinato y no vino a
cerrarse ni con la rpida contrarrevolucin de abril de 1815 que coron una cruenta
reaccin militar. Las secuelas ms bien rurales que la acompaaron y le siguieron son
parte de un proceso de confrontacin y cambio poltico, que empez incluso antes de
que estallara la crisis metropolitana de 1808.
3. Arequipa
El intento que hicieron los cabecillas de la sublevacin de Tacna en 1811 abort
bruscamente al estar anclado en el posible xito de los porteos de Castelli en el campo
de batalla de Huaqui. Pero la alteracin de la zona sur no ces por ello. Abascal se
percat de eso. Ante todo, dice, hay que partir de que el partido de Arica o Tacna, del
distrito de la intendencia de Arequipa, por la distancia de su capital, por las relaciones
de comercio que mantena con los provincias del virreinato de Buenos Aires, o por la
genial disposicin de algunos de sus habitantes, ha sido desde los principios de estas
turbulencias uno de los menos seguros o quiz ms apto para conmoverse, y con efecto
los jefes de la insurreccin no han excusado dirigirse a ellos en los momentos crticos de
alguna accin, como sucedi en la de Huaqui, cuya favorable decisin dio lugar a
convertir oportunamente las miras hacia el sosiego y tranquilidad del pueblo de Tacna,
puesto en combustin al mismo tiempo que aquella se daba. Las causas seguidas contra
los delincuentes pasaron a la sala de lo criminal de esta audiencia para su examen y
resolucin en justicia, y desde aquella poca en que van corridos tres aos, se halla sin
fenecer, habiendo concedido libertad a muchos de los correos de todos los cuales solo
queda el principal autor en arresto, sin duda porque los edictos publicados a su nombre
y otros documentos que constan y no pueden desviarse de los autos, son tan terminantes
que no prestan arbitrio a los jueces para absolverlos, sin hacerse cmplices de atentado
tan enorme.
A fines de septiembre de 1813 la correspondencia del virrey nos habla de otra supuesta
sublevacin intentada en Arequipa. Su cabecilla pudo haber sido un conocido
patricio, Manuel Rivero, aunque este neg el cargo. El expediente del proceso abierto
muestra la tremenda cantidad de conversaciones, tertulias, juntas como las de la pampa
y callejn de Guaamarca y cabildeos, lo mismo que congresos y saraos en los que se
discuta la posibilidad de revolucionar la ciudad, tomar las armas y adherirse a las ideas
patriticas y libertarias de los porteos. El reo Rivero qued preso en Lima junto con 197
Antonio Ferrndiz, un oficial que en 1811 haba detenido a los implicados en el
alzamiento, pero en julio de 1814, el ministro de la sala del crimen limea, Domingo
Arnaiz de las Revillas, orden que los dejaran en libertad, ampliando su reclusin a toda
la capital en virtud de las fianzas que haban dado. El virrey le dio la orden que peda
para la soltura, pero luego de montar en clera por el escrito de Arnaiz en que haca uso
de artculos constitucionales para justificar su procedimiento. Abascal le haca ver que
si alguien tena que tener clara la constitucin era l y que tanto alarde de
constitucionalismo no explicaba la razn por la que la probada naturaleza subversiva de
Rivero, no mereciera de su parte lo estricto de la carcelera que haba considerado
necesaria16. Abascal le escribi a Arnaiz que no poda aceptar que los reos no fueran
penados teniendo en cuenta todo lo averiguado y que si no corresponda una pena
ordinaria, s una extraordinaria que los aleje de aquel suelo para que no reincidan en el
crimen que antes proyectaron, porque me ha enseado la experiencia que los que una
vez flaquearon en la fidelidad, vuelven a ejecutarlo siempre que tienen ocasin, y con
qu fianzas cautelar la sala que puestos en libertad no vuelvan a continuar su
malogrado propsito. Record que algo parecido ocurri en la audiencia con la soltura
que decret del insurgente Arenales, el cual al no haber podido llevar a cabo una
revolucin en Salta pas al valle grande de Cochabamba donde la realiz y aunque all
fue batido, tena en el da conmovida la provincia de Santa Cruz de la Sierra, Moxos y
Chiquitos y enervadas por esta causa las operaciones del ejrcito en el alto Per.
16
El virrey al secretario de estado y del despacho de gracia y justicia, Lima y agosto 2 de 1814. Toda la
informacin de este acpite en AGI. Lima 649.
Slo por eso, sentenciaba Abascal, pudo retener los autos para sentenciarlo con parecer
del auditor de guerra de esa capitana general -forma que por lo dems, pretendi
utilizar muchas veces lo que le supuso el enfrentamiento con el fiscal- pero por las
calumniosas expresiones que su hijo verti atrevidamente contra mi persona y mis
providencias en las cortes, fueron bastantes poderosas para desprenderme de su
conocimiento. Pas al juez de letras y sigui su curso, con apelaciones que no salieron
adelante y a pesar de ello la sala haba puesto en libertad al reo.
Con celeridad, una vez hubo noticia, el primero en ser llamado a testificar fue el
subteniente Antonio Ferrandiz que declar que hacia las diez de la maana era el 27 de
septiembre- lo hizo llamar Rivero con un nio caroso (pecoso) apellidado Escobedo y
Evia el mismo con quien fue y se le recibi con mucha cortesa y halagos. Que a poco le
dijo don Manuel que lo haban volteado y que era sarraceno18, que le pidi razn del
cuartel, caones y su manejo, que le ofreci hacerlo feliz y comandante, que aquello
iba a nacer, que todo estaba bueno y que le diese muestras de ser buen patricio. As,
se juramentaron a la propuesta de don Manuel diciendo Ferrandiz que lo haca con tal
que fuese cosa de honor, despus de lo cual le dijo Rivero que proyectaba tomar el
mando, asaltar el cuartel y tomar las armas, poner los caones en la plaza, que ya tena
17
AGI. Lima 649. Copia legal del extracto que form para mi gobierno y el ms exacto desempeo de
mi obligacin en el despacho de las causas criminales que remiti a mi juzgado de letras la sala tercera de
la Audiencia Nacional contra don Manuel Rivero y cuatro cmplices en la intentada sublevacin de la
ciudad de Arequipa. El documento fue publicado parcialmente por Luis Antonio Eguiguren (1961).
Hojas para la historia de la emancipacin del Per. Francisco Antonio de Zela, Enrique Payardelle
Sagarda, Jos Gmez, Manuel de Rivero y Aranbar. Segundo Tomo, Lima, 85-100.
18
Como ha sealado Carrin Ordez, sarraceno era la manera despectiva de hablar de los espaoles
peninsulares y se us ms extendidamente en la Amrica Meridional desde las luchas militares hacia
1810. Mientras patricio era otra acepcin de criollo. Enrique Carrin Ordez (1982-1983). De la
campaa verbal durante la independencia: Insurgente, patricio, sarraceno, tuitivo. Boletn del Instituto
Riva Agero, 12 (Lima), 41-59.
gente bastante y que l la vera y que le avisara si era maana o pasado maana, que
con la gente que sobrase hara sus rondas para que estuviese en orden la ciudad. Todo lo 199
oy el desaparecido Escobedo y tambin entr un gallerito Salazar que interrumpi la
conferencia y l se despidi. Se le dej con esta declaracin arrestado con centinela
sealado como cmplice por solicitado, se mand proceder a la prisin de Rivero
como autor y se dej de buscar al jovencsimo Escobedo que era el otro testigo del
crimen.
Capturado Rivero declar que sabe por noticias que se le han comunicado, atribursele
ser autor de conmocin siendo lo contrario, pues a Antonio Gonzlez que le refiri lo
que se deca, le contest das antes que por esos rumores se quera marchar de Arequipa.
Que en la propia tarde de aquella conversacin, al ir para su tertulia, le sali al
encuentro un mocito acholado con capotn, le dijo que era uno de los que acudan a la
pampa en junta para defender la patria y hacerla feliz como los porteos a que
contest repelindole con reflexiones y que le despachase a los de la junta para hacerles
ver que eso no era patriotismo. De la misma manera actu frente a tres que lo buscaron
a la maana siguiente. Neg haber tenido comunicacin con los porteos ni saber quin
la haya tenido, pero saba del estado de ellos porque lo oa a los que examinaba su
hermano cuando en junio o julio del ao corriente estuvo en Tacna.
Para detener a Rivero y Ferrandiz hicieron otras rpidas pesquisas con diferentes
testigos. Hicieron declarar a otro implicado, un agrimensor llamado Antonio Gonzlez.
Este dijo que un sambito barbero le pregunt si quera ir a una junta que se haca en la
pampa en esa misma tarde (era mircoles 15 de septiembre) para tratar asuntos
pertenecientes a la patria. Por supuesto que Gonzlez dijo que reprendi, repeli y
despreci al sambito y no considerando partido en la ciudad no dio parte, pero s se lo
dijo a Rivero, quien le contest que no tena ya cabeza para esas bajezas y que le
mandase alguno de estos para poner pronto remedio y confirma que Rivero se quera
marchar ante tantas insinuaciones. Supo al siguiente da que todo se haba disipado
porque los ret Rivero. El lunes 27 a las siete y media de la maana fue el sambo
Alejandro Adriazola a su casa y le dijo que le haban dicho que queran hacer una
sublevacin y otros rumores.
dijeron que haban odo que trajo pliegos de Belgrano y que se dijo que vena muy
armado. Declar entonces la sorprendente fuente de tan trascendental dato para la 200
calificacin del crimen, una seora Villena. Ella haba hecho llamar a Jos Torres del
Valle desde Ilo quien le dijo que en Tambo se encontr con Pallardelle que iba de ligero
a Arequipa, fue este el que le coment que vena bien armado y que le haba reparado
papeles en la alforja. Ya despus de la captura de los sospechosos Mariano Valdivia, el
mayordomo de la hacienda de Rivero en Tambo declar que Pallardelle lleg all ms o
menos el 21 de septiembre.
debajo irritaban los nimos bajo del ttulo de patriotismo y de querer dar libertad a la
patria, a cuyo efecto saba de las juntas de la pampa y callejn de Guaamarca. Otro: 201
el no poder dejar de ser autor o promovedor, cuando se juntaban en su casa, donde
tenan entradas y salidas con el mulato Alejandro Ardriazola, otro (mulato) Urbano
Gamio, otro (mulato) Pedro Delgado, Manuel Sotillo el largo, el maestro escuela
Manuel Rodrguez alias chillota y un tal Nicols Salazar el gallerito. Que no dio parte
sabiendo de las juntas, lo que explic porque en otras cosas se ha dicho falsamente de
lo mismo y no quiso poner en inquietud al gobierno. Rivero neg su comunicacin con
Belgrano o la solicitud de Pallardelle, dice que conoci dos Pallardelle en Tacna y no ha
vuelto a saber de ninguno, por tanto niega que Pallardelle lo buscara en Tambo y que
fuera el que fug de su casa en Arequipa cuando lo detuvieron. Sobre la noticia del
gobierno acerca de pliegos que se le han remitido, habindose contenido uno en otro
dirigido al alcalde constitucional de Tacna, tambin lo neg.
Tambin declar Sotillo que fug y se present, que nada sabe ni se ha mezclado en
cosa alguna, que huy porque le amedrentaron los sujetos que refiere, que hizo avisar a
su madre y escribi al intendente la carta que refiere, que por huir de todo lo que se
deca se separ del mulato Adriazola que no tena otra vida ni conversacin,
juntndose a todas horas de da o de noche a oscuras en el oficio con los sujetos que
nomina. Que un Nicols Salazar andaba repartiendo cartuchos de plvora y balas como
armando al pueblo.
Mariano Rodrguez fue ms cndido en su dicho y reconoci que desde las elecciones
pens con libertad pero que no supo nada de sedicin y que hablaba como todos
despus de las batallas perdidas. Reconoci las esquelas que se le encontraron que le
dirigieron algunos como Cipriano Mercado y reconvenido por las expresiones
sospechosas y palabras preadas pidi que se le perdonase por esas bufonadas. Como
otros de los implicados en la difusin de noticias, Rodrguez tampoco sufri prisin en
esta oportunidad.
Hay otras declaraciones que corroboraran el plan de Rivero como la del campanero
Pedro Gato que declar que hubo toque a rebato la noche del 28, que fueron a la iglesia
varios hombres armados y, aunque l estaba all y era el testigo, ha odo decir que fue
el sambo Delgado el que las toc. Tambin se tomaron unas declaraciones de temores 202
posteriores a la captura de los supuestos implicados en la sublevacin intentada.
Mariano Moscoso reconoci que el hijo de Manuel Rivero, Fernando Rivero, le solicit
que juntase a los de Paucarpata para sumarse a la dems gente e ir a pedir la libertad de
su padre.
Sigue sobre Tacna la declaracin de Jos Mara Barberi, aquel que acompa a
Pallardelle a su encuentro con Rivero. Estaba de comandante don Carlos Garca Rea,
all tambin de comandante el sambo Urbano Gamio al que vimos tambin en Potos,
all tambin el sambito Pedro Delgado, unidos a Pallardelle, Caldern, Gmez y Rea,
que Pallardelle al hablar de la prisin de Rivero deca que habra de ir a sacarlo y librar
a un hombre tan bueno y defensor de la patria.
Todo el proceso cuando se ventil en Lima fue objetado por el fiscal Eyzaguirre
aduciendo los obvios defectos de forma que exhiba y pidi que se volviera al juzgado
de primera instancia de Arequipa para que se procediera en forma. Todava estaba
20
La revolucin s lleg a producirse en Tacna de manera efmera, al mando de Caldern de la Barca,
Pallardelle y otros. Junto a la toma del cuartel y las armas, se produjo un motn popular. Asonadas
populares que muestran estos espacios de opinin se sucedieron en el mapa del virreinato. Algunas veces
desencadenaron asaltos y robos, pero tambin destruccin de smbolos atados al poder de los aristcratas
a quienes se deca espaoles o europeos. El motn lo encabez un sambo llamado Urbano Sanzio que
saque las tiendas de los chapetones. Ver Cneo, Precursores y mrtires op. cit. 333. Estos escenarios
son todava un tema por estudiar, por ejemplo ha merecido bella monografa un morocho de apellido Ros
al que se deca el quitacapas en Chuquisaca en 1809. Ver Causa criminal contra Francisco Ros el
Quitacapas. Aos 1809-1811. Documentos para la historia de la independencia de Bolivia. Transcripcin
y prlogo de Gunnar Mendoza. Sucre: Universidad Mayor de San Francisco Xavier de Chuquisaca, 1963.
21
Hay carta de Abascal de 30 de noviembre de 1813, documentada con los informes reservados del
intendente Moscoso que incluyeron la separacin de Antonio, hermano del acusado Manuel y to del
diputado, de la subdelegatura de Arica donde antes haba contribuido a sofocar el posible alzamiento de
1811 (AGI. Lima 1016).
vigente la constitucin. Los reos se retractan de sus declaraciones arequipeas por decir
que se produjeron con excesos del intendente. Luego vino el incidente ya analizado de 203
la competencia entre la Audiencia y el virrey. Repuesto Fernando VII el 7 de enero de
1815 dio la siguiente provisin real: Enterado el rey de la carta N 412 del virrey fecha
2 de agosto de 1814 en que da cuenta del procedimiento de la Sala del Crimen de esa
Audiencia con extracto de la causa formada a don Manuel Rivero y cmplices por la
intentada sublevacin de la ciudad de Arequipa y de las copias de las contestaciones que
ha habido entre VE y la misma Audiencia con motivo de haber mandado poner esta en
libertad bajo fianza a Rivero y dems, manifestando que por esta y otras
determinaciones de igual clase compromete la reputacin de VE, la administracin de
justicia y la seguridad y tranquilidad de esa ciudad y pueblos de su jurisdiccin, ha
resuelto SM que VE informe con justificacin sobre la conducta de cada uno de los
ministros de la propia Audiencia y que si hubiese alguno tan calificado de malo, que sea
en ella perjudicial, lo suspenda dando cuenta o enve a Espaa bajo partida de registro.
Ya las cosas haban cambiado de signo y todo lo que quera Abascal lo tena a su
disposicin.
4. Huamanga
Los sucesos de Huamanga en 1812 son otra muestra de la movilizacin de opinin y
estado de alteracin y guerra que se viva en el virreinato. En abril de 1812, durante la
ausencia del intendente Demetrio OHiggins, las autoridades que se encontraban al
frente de la ciudad temieron un alzamiento. La denuncia que recibi el interino en la
intendencia, el teniente asesor Francisco de Paula Pruna, provino del subdelegado de
Vilcashuamn, Cosme Echeverra, quien le escribi sobresaltado por una delacin
incgnita que hablaba de una disposicin de armas y gente para tomar la ciudad en la
octava de corpus. Los denunciantes decan que los sediciosos tenan resuelto levantarse
y asesinar a todos los que no sean del sistema que ellos llevan, pero principalmente a
los individuos de la nacin europea. Aunque se previno la ciudad y las autoridades,
que informaron de la proliferacin de varios pasquines, la cosa no pas a mayores.
Quien hizo un relato del proceso de la inquietud fue Pruna, abogado de los reales
consejos y de la real audiencia de Lima, asesor teniente de la intendencia y gobernador
poltico interino por la ausencia de OHiggins. Pruna era muy afn de Abascal y aunque
pretendi la titularidad luego de la muerte de OHiggins, slo qued como interino por
nueva ausencia del titular en otro momento de agitacin, como ocurri durante la
posterior revolucin cuzquea de 1814. En la correspondencia de 1812 entre ambos, el
virrey le indujo a proceder con la mayor severidad para cortar el incendio
oportunamente. Pero cul incendio? El interino funcionario ofici de cronista corifeo
de la histeria virreinal y escribi a Abascal reservadamente un buen resumen del
proceso poltico y militar del reino desde el punto de vista de su partido:
El panorama de la crisis que tena Pruna era una visin forjada desde su ubicacin en
Huamanga, en el centro de la sierra sur central peruana. All procesaba las noticias y los
rumores, a la vez que generaba otros. Hay que ver cmo se tena el registro de los pasos
militares de la campaa del Alto Per y los efectos que estos causaban en el nimo de
los habitantes de las ciudades. Lo mismo que Pruna relata que pudo ocurrir en
Huamanga, ocurri en Tacna, con fatal resultado para los conspiradores que fueron
detenidos al saberse la derrota de los porteos en Huaqui en el altiplano. Aqu no hubo
represalia alguna, pero lo cierto es que, como bien deca Pruna, las amenazas que no
eran mas que hablillas, no se contenan y fermentaban los espacios pblicos: ya no se
guardaba secreto, ni modo con ellas, se publicaban sin embozo por las personas ms
despreciables: eran el pbulo ordinario de las conversaciones hasta en las tiendas y
pulperas. Desde luego adems, la conmocin huanuquea de haca poco tiempo estaba
en la memoria del temor.
22
Toda la informacin del caso proviene de los expedientes referidos a Huamanga que se encuentran en
AGI. Lima 649. Hay una presentacin pionera del mismo por Luis Antonio Eguiguren, La sedicin de
Huamanga en 1812. Revista Universitaria, VII/II (Lima: Universidad Mayor de San Marcos), 1912, 255-
285.
pasquines, apareci uno que deca que todas las medidas eran para mejor resultado de su
causa: junta la plvora la tomaran, acuartelada la gente estaba ms cerca para lograr su 205
aplauso, la fabricacin de armas las pona corrientes.
La ansiedad de Pruna por enfrentar sus fantasmas no dej de recibir crticas en la ciudad
y en Huanta a donde mand tomar prevenciones por haberse recibido un pasqun
colocado tambin all. El sndico procurador de la ciudad, Jos Matas de Cabrera, se
quej de Pruna ante el virrey por haber calumniado al vecindario e insultado su
fidelidad. Cuando lleg OHiggins y public una proclama paternal prometiendo no
abandonar ms a sus gobernados, dijo que hallndose presente vuestro gobernador las
cosas no habran llegado al incremento que tomaron. No pas esto inadvertido para
Pruna que escribi en su informe a Espaa que cuando el gobernador titular lleg
recibi el aplauso debido a otros sudores. Pero salvo su sustanciado informe a la
regencia del reino y sus cartas a Abascal, quien aprob su proceder y le mand que
actuara con rigor, nada ms pudo hacer entonces el interino. Frente a sus prevenciones,
el intendente propietario manifest ms bien condescendencia. Public una proclama
alabando la fidelidad del vecindario y slo recriminando el que hubiera habido
pasquines que seguro fueron obra de un zngano y que se hubiera desfigurado las
tarjas de la alameda, obra que hizo su teniente asesor y que l haba aplaudido.
OHiggins pues fue ms prudente que Pruna e inform que en realidad todo estaba
tranquilo, aunque reconociera que era necesario poner a consideracin del virrey lo que
se haba averiguado en Cangallo sobre el cura Garca. Segn escribi OHiggins a
Abascal, el subdelegado Echeverra haba descubierto las operaciones de Mariano
Garca y Espinosa y sus dichos coincidan con las especies de los pasquines que fueron
el verdadero revuelo de la ciudad. Sin embargo, deca que por su parte no quera formar
juicio alguno y dejaba en sus manos la determinacin de si era este prroco el origen de
todas las novedades. El cura Mariano era hermano de Manuel Garca y Espinosa,
administrador de correos, regidor perpetuo del cabildo y contador de la mesa decimal,
fue varias veces alcalde ordinario de Huamanga y el intendente disimul sus
actividades pues, segn ordenanza de correos, sus administradores no podan emplearse
en otras incumbencias, pero en atencin a l y a sus adherentes que son muchos y a la
paz decidi no atender estas menudencias siendo su norte gobernar sin estrpito.
El tercer fundamento fue luego, cuando lleg la noticia del acuartelamiento de cien 207
hombres con sus oficiales que mand Pruna en Huamanga, lo que ellos saban era
producto de su denuncia. Entre los oficiales estaba Pedro Landeo. En la noche, el cura
Garca y Gutirrez dijeron: eso es lo que nosotros desebamos y esperbamos, que
entregaran las armas a los nuestros. El cura dijo que entonces juntara su gente a costa
de cien pesos de aguardiente. Todo esto al parecer frente a Echeverra quien le repuso
que los feligreses no son para esas empresas, a lo que contest diciendo tambin los
curas sabemos defendernos en queriendo, tengo una buena escopeta, mandar amolar un
pual y conseguir otros en Huamanga. Mandaron la denuncia al prelado y a Pruna. A
los tres das aparecieron en un pasqun los puntos denunciados, por lo que no caba duda
que los dos de Cangallo estaban ntimamente unidos y confabulados con los de
Huamanga.
Por un lado, es claro que la urdimbre de la conjura estaba llena de supuestos, sospechas
indemostrables y recelos que ocultaban rivalidades polticas y econmicas en la regin.
Pero tambin es una evidencia el fermento de ideas, noticias y rumores que la poblacin
reciba vida, en la mira de responder ante eventuales situaciones lmite que se
avecinaban. El ayuntamiento constitucional, el representante a cortes, eran factores
nuevos que se enfrentaban al poder del teniente asesor Pruna, que se revelaba como un
agente eficiente y activo del virrey, mientras el titular, el paternal OHiggins brillaba
por su ausencia en momentos poco oportunos. Mientras Pruna actuaba en el escenario
urbano, el subdelegado Cosme Echeverra lo haca en uno de los pueblos del distrito
donde se palpitaba la vida rural. Eran correas de transmisin de la poltica del virrey,
que aplauda e incentivaba sus acciones represivas suponiendo una envergadura y
concrecin a los a los concilibulos sediciosos mayor a la que tenan. La historia
vendra luego a ajustar cuentas con los autores de la denuncia de sedicin. Fue cuando
Huamanga cay en una asonada popular y se aliaron algunos de estos personajes a los
revolucionarios que llegaron desde el Cuzco en 1814. Pruna salv la vida entonces
refugiado en Huancavelica donde estaba la divisin Talavera que derrotara a los
cuzqueos, mientras su mujer, refugiada en un convento, tuvo que pagar dinero al
guarda para que no la llevaran con los revolucionarios que fugaban. En su retirada de
Huamanga, los revolucionarios fueron tambin violentos, el subdelegado Cosme
Echeverra fue blanco de su ira y termin despedazado. Los Landeo, Pedro el militar
implicado en el suceso de 1812 y un hermano suyo, estuvieron en el ayuntamiento 208
constitucional y luego salieron con los rebeldes hacia Andahuaylas para acogerse
finalmente al indulto, aunque las sospechas los persiguieron23.
23
Archivo Regional de Ayacucho (en adelante, ARAy), Cabildo, Libros, Leg. 17. Libro de
determinaciones de conciliacin de la Alcalda de 1 nominacin, 1813-1829, f. 167. En 1813 figuraba el
Capitn Juan Jos Gonzlez Landeo, como hombre bueno nombrado por alguna de las partes
conciliantes. Esta funcin de hombre bueno era la de defensor o consultor legal en los casos que se
ventilaban en el cabildo constitucional. Gonzlez era frecuente defensor de causas y funcionario asiduo en
ese escenario municipal constitucional. En el libro de la alcalda de 2 nominacin, aparece como
representante el capitn de milicias Pedro Jos Gonzlez Landeo y sigue actuando su hermano Juan Jos
que fue adems quien a nombre del cabildo constitucional recibi la invitacin de Hurtado de Mendoza,
al frente de la tropa revolucionaria cuzquea, para que se una a la rebelin. Hay ms referencias a la
rebelin de 1814 en Manuel J. Pozo, Lo que hizo Huamanga por la Independencia. Historia Local.
Ayacucho: Tipografa de la Repblica, 1924. El coronel de Huanta Pedro Jos Lazn denunci que al
regreso de Abancay, a donde fue capitaneando su tropa en compaa del coronel Vicente Gonzlez que
derrot a los insurgentes, se form un complot de indios y espaoles a impedirles el paso en una de las
quebradas estrechas del pueblo de Ongoy siendo segn Lazn el capitn de ese complot o junta de
indios el citado Pedro Landeo, por lo que le asegur tener orden de Gonzlez para pasar a todos los
Landeos por las armas donde los pillase. Acogido a indulto, Landeo pidi pasaporte para salir de
Huamanga pero se sospech de l y se le abri nuevo proceso, ARAy Intendencia, Causas Criminales,
Legajo 22, 1809-1824, causa contra Pedro Jos Landeo, 1816.
24
Las circunstancias del movimiento cuzqueo las hemos estudiado en Glave. Una perspectiva histrico
cultural.
Puno era el punto a donde se remita el tributo por la mayora de subdelegados que no se
plegaron a la revolucin en 1809. Los revolucionarios paceos s dieron bando
ordenando suspender los pagos indgenas. No est claro sin embargo qu actitud
tomaron los pobladores en el campo, varios informes de subdelegados los mostraban
seguros de movilizarlos contra los rebeldes en La Paz y la misma multitud en la ciudad
no tena claro que se actuase contra el rey.
En Puno, las actitudes eran diversas. Quimper por ejemplo esperaba que pasaran por
Puno los emisarios paceos que se saba saldran a Cuzco y Arequipa, para enterarse de
las intenciones de la jefatura rebelde, sin detenerlos sino ms bien acompandolos.
Mientras, el subdelegado Tadeo Grate, el fiel aliado de Abascal, realista a ultranza que
luego sera diputado a Cortes, responda que no los dejara pisar la raya de este
virreinato. Y es que tenan muy cerca algunos indicios de inquietud. El recaudador de
Copacabana, Mariano Titoatauchi estaba a punto de movilizar sus indios para tomar el
estrecho de Tiquina. Era necesario tenerlo a buen recaudo, con sagacidad ms que con
violencia, resguardando el paso con tropa. Vena la fiesta de la Asuncin el 15 de
agosto, lo que implicaba desplazamientos de poblacin que era peligrosa para la
propagacin de las noticias del alzamiento. Prepararon milicias en los pueblos con la
gente ms cercana y conocedora de la guerra.
Las cartas de los leales circulaban rpido, mientras las de los rebeldes paceos tenan
dificultades, como pas con la que mandaba Basilio Catacora para Evaristo Gimnez,
por la que Quimper se enter de que los rebeldes ya estaban al tanto de sus preparativos.
La difusin de las intenciones paceas avanzaba a pesar de las dificultades. Muchos
pueblos estaban ya al tanto de que podan no pagar sus tributos y se rebelaron contra sus
hilacatas, pero no era cierto que esto pusiera a los aliados de los rebeldes en posibilidad
de mover a su favor miles de indios, como lo afirmaba el comisionado Condorena ante
la Junta pacea. Pero Gabino Estrada, enviado por la Junta al Desaguadero como
delegado, lograba movilizar el entusiasmo de los pueblos, anunciando que se liberaba a
los trajinantes de los pechos de alcabalas. Otros emisarios pasaron a Cuzco y Arequipa.
La revolucin iba tomando un cariz ms radical, con proclamas independentistas y
dejando el aparente realismo de los inicios. Grate estaba siguiendo sus movimientos y
notaba con temor un nimo hostil y disposicin a ofender por parte de los indios, los
sucesos lo llevaron a sentir que se sembraba el odio hacia los espaoles, instigando a
los criollos contra ellos y que los espaoles estaban suspicaces y temerosos por la 210
poca religin, el ningn principio de sociedad y otras taras inciviles que atribua a los
indios25.
El cura de Chucuito, Jos Miguel de Salinas fue hecho prisionero en La Paz a fines de
1813 por el intendente Valdehoyos, acusado de tener correspondencia con el insurgente
Baltazar Crdenas en Potos, segn declar su criado Manuel Flores pasado por las
armas en Caracollo, por conducto de otro implicado llamado Mariano Villca. Las
confesiones arrancadas en el patbulo podan servir para detener a sospechosos como
fue el caso del cura de la antigua provincia de la etnia lupaqa26.
Salinas fue apresado sin comunicarle la causa. Encerrado en las mazmorras del cuartel,
le pusieron la cabeza putrefacta de un reo ajusticiado, colgada en la celda vecina. No lo
dejaban escribir ni tratar de comunicarse con nadie y slo se enter de la naturaleza de
las acusaciones que le hacan al mes de su detencin por las preguntas que le hicieron
para encabezar el proceso. Es posible que el cura tuviese contactos con los rebeldes,
pero ello no justificaba, ni en esa sociedad violenta y colonial, el trato que recibi. Claro
que Salinas declar que era fiel servidor del rey, de su patria y del estado, haba fundado
un hospicio de pobres mendigos en La Paz, al que se dedicaba desde que se puso en
entredicho su curato. Eran las pocas de la legalidad constitucional, que el cura sealaba
violada por su caso de detencin.
25
Florencia de Romero (1978). Repercusiones de la revolucin de La Paz en Puno. Historia y Cultura 3
(La Paz), 189-208. Basada en documentacin original hallada (no dice dnde) en un conjunto originado
en Puno por el gobernador Quimper, referida al movimiento y las acciones que toma para enfrentarlo.
26
AGI. Cuzco 72. Chucuito 1813
Las relaciones locales son muy fuertes. Salinas pidi a Tadeo Grate que lo represente
cuando este estaba en Cdiz. A pesar de la clara filiacin autoritaria del diputado 211
peruano, al perecer tena un vnculo cercano con el cura acusado de sedicioso. Como los
presos en Cuzco y como los constitucionalistas en el cabildo y el discurso del propio
oidor Vidaurre, Salinas sealaba que los abusos de los gobernantes y la opresin
consumen a los buenos y verdaderos vasallos del Rey. Tena recursos este sacerdote que
le permitan apelar y llegar hasta los tribunales en la metrpoli, otros no podran lograr
tal privilegio. No le sirvi de nada sin embargo su apelacin o Grate no fue en esto
muy eficiente o interesado dada la filiacin poltica de su representado. Salinas
permaneci en prisin durante la invasin de Pinelo a La Paz y despus de la fuga de los
rebeldes por la llegada de Ramrez. Eso lo beneficiaba en cuanto a su alegacin de no
ser sedicioso, pero tampoco logr su liberacin sino mucho despus. Tampoco le sirvi
de mucho a Valdehoyos su mtodo de tortura y represin, fue una de las vctimas de la
ira popular que acompa el paso de los revolucionarios cuzqueos.
Por eso no nos extraa que muchos testimonios remarquen la presencia de masas
delirantes de indios que se sumaron a los revolucionarios, quienes aprovecharon para
cometer excesos salvajes27. Las memorias de Jos Rufino Echenique, quien narra el
suceso infantil en el que salv la vida en un lugar cercano a Phara al ser ocultado por un
pastor a quien lo confi su padre Jos Martn Echenique, que era subdelegado de
Azngaro, son un clsico testimonio al respecto28. El to, Ramn Echenique, en cambio,
como veremos, pele en Umachiri y fue hecho prisionero hasta 1821 en Lima, cuando
fue liberado y llev al joven Jos Rufino ante el general San Martn29.
Con esa historia previa, no eran extraas las tribulaciones del intendente interino de la
ciudad, que muestran las alteraciones altiplnicas en agosto de 1814. Mariano Agustn
del Carpio, arequipeo que serva en Puno diversos empleos, incluso el de gobernador
intendente, haba sido apoderado fiscal para matrculas de indios. Fue comisionado
como subdelegado a Chucuito donde los indios se resistieron a pagar el tributo durante
la rebelin de La Paz en 1809, por lo que debi colaborar en la pacificacin de la
provincia que, por confinante con los sublevados se hallaba vacilante30. En la
revolucin del 25 de agosto de 1814 debi tener presente esa experiencia al punto que
tuvo que dejar la capital del altiplano y fugar a Arequipa. Pas los sucesos de la toma de
la ciudad del Misti por Pumacahua y Vicente Angulo que arribaron del Cuzco y cuando
llegaron las tropas de Ramrez y los revolucionarios se replegaron, le mandaron regresar
a Puno. Hubo de cruzar la provincia inundada de rebeldes que la dominaban, incluso
luego de la fuga de las tropas adictas al Cuzco. Al reponerse en su puesto, los alzados
retomaron la ciudad violentamente, arruinaron la tesorera o caja realsmbolo de la
27
Emilio Romero (1928). Monografa del departamento de Puno. Lima: Imprenta Torres Aguirre, pp. 37-
43.
28
Jos Rufino Echenique (1952). Memorias para la historia del Per (1808-1878). Prlogo de Jorge
Basadre y Notas de Felix Denegri Luna. Lima: Editorial Huascarn, Biblioteca de la Repblica.
29
El futuro presidente luego se cas con la hija de Po de Tristn. Emilio Romero. Monografa, pp. -43,
sobre Muecas y Pinelo.
30
AGI. Cuzco 28. Era abogado en Charcas y presenta su relacin de mritos y servicios.
opresin- y muchas casas de realistas, entre ellas la de Carpio que lo perdi todo y se
vio precisado a desplazarse nuevamente a las orillas del Chili. All permaneci dos 212
meses hasta que fue nombrado auditor de guerra por el intendente arequipeo que lo
mand con la expedicin formada para pacificar Puno31.
Ni fug ni salv milagrosamente como tantos testimonios nos pretenden hacer creer,
Quimper estuvo en casa esa noche cuando el alcalde de segunda eleccin Don Ramn
Echenique y el regidor Manuel Bermejo fueron a sacarlo para avisarle de la ausencia de
Garca. Pretendan llevarlo al cuartel y tomarlo preso para alzar la ciudad u obligarlo a
asumir un mando controlado por los rebeldes, pero el aviso lo previno. Quimper afirm
desde luego que pretendan liquidarlo, pero nunca fue esa la intencin de los alzados, la
captura sin embargo era imprescindible. Ya en pleno alzamiento el 25, fue paseado ante
el pueblo, dndole vivas para que se plegara al movimiento, pero l no dej que
33
AGI. Cuzco 2.
34
La movilizacin de guerra en la zona norte, desde Andahuaylas hasta Huanta, pasando por Huamanga,
tuvo un cariz peculiar. Los campesinos actuaron bajo el comando de montoneras mestizas que se alzaron
al paso de Mendoza y los hombres que salieron del Cuzco. Los saqueos de los tambos, de las haciendas y
de los pueblos fueron la nota saltante de las acciones del ejrcito rebelde, de la misma manera que lo
fueron de parte de los talaverinos que salieron de Lima por Huancavelica para entrar a recuperar las
zonas inundadas de rebeldes de las serranas de Huamanga. La violencia aqu tambin fue una actividad
econmica.
mancharan su lealtad y pidi irse a Arequipa, a donde otros como Carpio haban
fugado. Una noche la pas bajo custodia, pero con la ayuda de su cuado de los Ros 214
logr escabullirse. Como podemos sospechar, la versin del intendente es poco fiable,
lo ms probable es que unos y otros estuvieran indecisos y no tuvieran claro el destino
que todo el alboroto poda llegar a adquirir. El 31 de agosto lleg a Arequipa, aunque
curiosamente pint un panorama ms bien fcil de conjurar, pues dijo que los rebeldes
tenan poca firmeza y formalidad y tampoco manifestaban espritu sanguinario,
contando con una treintena de fusiles35.
Ya posesionados de la ciudad, los puneos dieron al jefe llegado de Cuzco, Pinelo, todo
su apoyo para aduearse de la situacin y proporcionaron tropas para la toma del
Desaguadero y el asedio de La Paz. A Pumacahua y Vicente Angulo les dieron
oficialidad, soldados e indiada para la toma de Arequipa. El 10 de noviembre
Quimper lo pudo constatar pues estaba en Arequipa donde lo tomaron prisionero y, esta
vez s, al uso de cuntos otros que pasaron por este transe, salv de milagro.
Echenique y de los Ros estuvieron entre los criollos del cabildo que se sumaron a la
revolucin. Por lo menos en el momento que los cuzqueos se acercaban a la ciudad.
No tendran mayores desavenencias con Quimper con quien compartan parentesco y
ubicacin social. Pero ellos terminaron en el bando rebelde y fueron a La Paz con
Pinelo. Ros termin en el bando real y falleci en combate en Capachica, mientras
Echenique fue hecho prisionero y acusado de sedicioso.
35
Jorge Cornejo Bouroncle (1957). Pumacahua en Arequipa. Revista del Archivo Histrico del Cuzco, 8
(Cuzco), 10-49. Carta de Saturnino Garca al obispo, 1 de setiembre de 1814.
36
Biblioteca Nacional (en adelante, BN). Ms. D6147, publicado en Coleccin Documental de la
Independencia del Per III/7 710-726. Mayo 25 de 1816.
Mencin aparte merece Miguel Pascual San Romn. Los San Romn se afincaron en
Puno desde que un minero de Asturias, que fue el que comenz la edificacin de la 215
catedral de Puno a su costa, fij su residencia en el altiplano andino. El hijo de Miguel
Jacinto, que as se llamaba el asturiano, Miguel Antonio, nacido en Puno, fue corregidor
de la ciudad y entre sus hijos estaba Miguel Pascual San Romn, Maestre de Campo del
ejrcito del rey. Como otros que hemos visto, su actitud parece contradictoria cuando
muy rpidamente cambi de bando, particip del ejrcito patriota de Pumacahua en
Arequipa y despus de Umachiri fue ejecutado por Gonzlez segn Mendiburu. El hijo,
nacido en 17 de mayo de 1802, tambin llegara a la presidente de la repblica37.
Mientras ese era el escenario en la ciudad, en los pueblos y el mundo rural la cosa era
todava ms agitada y compleja. La causa contra Jos Flores por los sucesos de
Capachica nos muestra lo complejo que fue el momento de la muerte de Ros. Flores era
un arriero de la carrera de Oruro y en 1815 alcalde recaudador y cacique de Capachica.
Pasado el momento lgido de la revolucin, pidi que se hiciera averiguacin sobre su
comportamiento ante Gonzlez en julio de 1815, a pesar de no haber sido convocado
para confesin39. Deca adems que se acoga al indulto, aunque no tena que hacerlo
pues haba sido fiel. Cuando se hizo la presentacin de testigos y documentos de abril
de 1815, aparecieron oficios de los caudillos a Flores en Capachica. Una nota de
37
En adelante, cuando mencionemos a Mendiburu, nos referiremos a su famosa obra: Diccionario
histrico biogrfico del Per. Lima: Imprenta Bolognesi, 1885. Se pueden consultar ediciones digitales.
Con lo que de este escenario de confrontacin del final colonial, salieron dos de los caudillos militares y
polticos de la nueva repblica, Echenique y San Romn. Manuel de Mendiburu (1959 y 1960-1961).
Ligeras noticias biogrficas de los generales que ha tenido la Repblica Peruana desde 1821, ao en que
se proclam la independencia. Revista Histrica XXIV (Lima), 47-267 y XXV (Lima), 7-294. Con notas
de Flix Denegri Luna. Miguel San Romn viene en (XXV), 7-66. Tena 12 aos cuando estall la
revolucin del 14. Fue ejecutado en Puno por orden del intendente Gonzales. Francisco de Paula
Gonzlez fue natural de Tinta y sus crueldades entonces no conocieron lmite. Haba sido oficial del
escuadrn de milicias de Dragones de Tinta y como tal particip en Huaqui. Interinamente tom el mando
de Puno como intendente en 1815 para seguir la represin. El ejecutor de Miguel Pascual, que era militar
en grado de coronel, fue nada menos que Agustn Gamarra.
38
BN. Ms. D6074, publicado en CDIP III/8 137-157. Expediente con las declaraciones de Martn
Castillo, Miguel San Romn, Santiago Prado, Leandro y Manuel Bustos y otros caudillos en Puno.
39
BN. Ms. D6137, CDIP III/7 612-643. Los documentos que Aparicio revis en la Biblioteca Nacional
ofrecen especial inters, completan la informacin sevillana que es menos abundante para Puno.
Manuel Monroy ofrece una pintura vvida del carcter de un jefe de pueblo en medio de
la segunda etapa de la revolucin, dispersa y rural. Esta fechada en 3 de abril de 1815 y 216
firmada en Paucarcolla donde tenan su cuartel general. Las expresiones de Monroy, sin
perder la forma de una circular u oficio de autoridad, son amenazantes y ms bien
coloquiales, no exentas de un cierto sarcasmo romntico dadas las circunstancias. Por
ejemplo, en el tema de la circulacin de pliegos con noticias y rdenes, los
revolucionarios y los jefes del ejrcito regular, se encontraban con el problema de las
interceptaciones en los pueblos. Como los portadores eran indios que cumplan con
rdenes y costumbres tradicionales, muchas veces aceptaban que las autoridades les
tomen los pliegos y los daban a otros, no sin antes revisarlos, detenerlos y cambiar su
destino o dejarlos seguir sabiendo su contenido. Monroy saba esto algunas me las
intercepta pues sta que ha llegado es bien atrasada por lo que le conminaba a que en
adelante me ha de poner usted la hora en que lo recibe y me la manda. Pero luego
amenazaba a Flores: yo contendr alevosas y har vomitar los pliegos que me ha
ocultado quiz con tres, o cuatro balas que le espero dar de pldoras, pues soy fsico y
no curandero. En otro punto, le dice que si no cumplen, deber ir a Capachica y he de
colgar a ms de cuatro. De por medio estaban por cierto los fondos de los tributos
llamados contribucin y la leva de gente que poda engrosar las filas de los rebeldes,
incluso aquellos hombres cuya fidelidad o partido no estaban definidos.
Flores presentaba estas notas de reclamo como otras de Ignacio Cansino, que no reciba
ni gente ni dinero, para abrir el expediente que confirmara su lealtad. Desde luego, los
jefes rebeldes le escriban tenindolo por autoridad aceptada por ellos, pidiendo que
juntara gente que esperaban les fuera afecta como lo haban tenido en prctica haca
poco cuando tomaron el pueblo, sin embargo, como no eran felicitaciones lo que
reciba, el recaudador pens en probar con ello su lealtad, que los rumores y denuncias
locales ponan en cuestin y podan causarle serios percances.
Los testigos declararon en setiembre de 1815. El jefe del ejrcito realista Francisco
Gonzlez era natural de Tinta e incluso hablaba quechua por lo que no requiri de
intrprete, lo mismo que el escribano Juan de Valenzuela. Empez el alcalde ordinario
de Capachica Jos Cutimbo, lo siguieron el regidor Isidro Quispe, los alguaciles
Lorenzo Yerba y Mateo Suasaca y el principal Buenaventura Coila. Todos desde luego
no encontraban sospecha de sedicin en el recaudador o cacique, ellos tambin podan
entrar en tal sospecha al verse envueltos en los sucesos. Tambin declar un vecino no
indio, teniente del segundo batalln de patricios de Azngaro, Francisco de Paula
Torres, que fue con los realistas y salv la vida al esconderse con la madre del
recaudador, que tambin haba salvado a su hijo de esa manera.
El viernes 10 de marzo, enviado por Quimper el doctor Jos Antonio de los Ros que
estaba al mando de las tropas del Rey, haba llegado a ordenar las cosas en Capachica y 217
pasar a Huancan. Al parecer, los indios, jefes y mandones, fueron ordenados para
colectar mulas que sirvieran a las tropas en ese paso con la instancia favorable de
Flores. Sin embargo, en algn momento del amanecer del da siguiente, Ignacio
Cancino, Jos Mara Avila, Francisco Pancho Prez y Martincho Castillo, al mando
de sus soldados, tomaron a los realistas y ejecutaron a Ros. Flores declar que se
refugi en su casa y no particip de los furores del pueblo. Los indios se dieron a la
algaraba y siguieron a la bien cohesionada banda de caudillos y soldados a caballo.
El da sbado once entre las ocho y las doce de la maana empezaron la mortandad de
gente que visualizaban como del otro bando y dejaron en ascuas a otros prisioneros
hasta el da siguiente40. El alcalde Cutimbo deca que siempre Flores les recomendaba
que cualquiera sea el partido que pasara, lo sirvieran para salvar la vida y los bienes.
Quispe por su parte declaraba que saban que los insurgentes haban de durar un tercio
lo ms, que el brazo del rey era ms poderoso y que haba de prevalecer su monarqua.
Con tal pragmatismo, pasado el tumulto, Flores obedeci las rdenes de los caudillos.
En julio de 1816 llevaba un ao preso, de los cuales tres meses en Puno presentndose a
diario en el juzgado y reclamaba los oprobios que le hacan y lo cumplido que era en
presentarse. Gregorio Gallegos, administrador de correos de Puno que tena sus
documentos para instrumentar su defensa, los ocult al reo y los rumores le hablaban de
malquerencias por algunos de los que podan ser sus defensores. Su mujer le haba
quitado el apoyo y se haba quedado con los bienes en el pueblo. No le fue muy bien a
pesar de su prisa para presentarse ante la justicia.
Cerca del escenario anterior aunque un poco antes, en febrero de 1815, el teniente
coronel Mariano Enrquez le escriba al cura Aperregui a Huancan desde Mocomoco.
Le transmiti los rumores que corran sobre el fracaso de los apoyos realistas en la zona
del ro Ramis, la muerte del subdelegado Jos Rufo, la fuga del intendente y otros
desastres. Una semana despus, el 23 de febrero, Enrquez reciba alentadoras
instrucciones de Quimper para conseguir apoyo de los cabecillas ofreciendo indulto a
40
Sobre el cruel suceso de la prisin de 18 vecinos puneos, internados en Capachica donde la indiada
de los alrededores, unida a la de las huestes cuzqueas, enfurecida por la emocin del tumulto, cerc la
iglesia, la incendi y en medio de los ms crueles excesos dieron muerte a los prisioneros, ver Emilio
Romero. Monografa del departamento de Puno.
los que den balsas para el ejrcito de Ramrez que se aproximaba y tuviesen la
movilidad necesaria que los rebeldes, acantonados en Lampa, no tendran. Si los 218
cabecillas no diesen ese apoyo, Quimper amenazaba con destruir la ms recndita
estancia. De la misma manera le escribi al cura Aperregui41.
El cura Aperregui, una vez que el ejrcito real tom el altiplano, fue acusado de alzado.
Entonces explica los sucesos de febrero. En su curato, a donde fue para contener a los
alzados y cuidar la fidelidad de la feligresa, puso en prctica su estrategia de controlar
las balsas, como lo apoy Quimper y lo secund Enrquez. Pero Rufo se equivoc y
coloc a sus hombres en los altos de Moho dando cara a los alzados quienes en
henjambre lo derrotaron y pasaron de Lampa a Huancan y de all a Larecaja, ya
entonces estaban al mando del cura Muecas y a las espaldas del ejrcito Real que haba
pasado a Arequipa y sala para retomar Cuzco. Los de Muecas mataron a Rufo, a
Enrquez y a Jos Santos Morales. Desde los valles y en Moho donde estableci una
cabecera, Muecas tena contacto con el altiplano, mandaba emisarios, reclutaba
servidores como herreros y arrieros y vigilaba a los desertores a quienes obligaba a
reincorporarse a su tropa. Aperregui declar que huy, pero nada menos que a los valles
donde estaban los rebeldes donde, segn se defendi, sedujo a Muecas, quien lo haba
acogido como sacerdote, para rendirse en junio de 1815. No se concret su pedido pues
el indulto no lleg a tiempo y sus soldados no lo dejaron tomar ese camino y lo instaron
a seguir en las guerrillas.
Muy poco claro resulta el caso pues Aperregui estuvo demasiado visto en los escenarios
revolucionarios y su perfil de conflictivo y acusado desde mucho antes de 1814, lo
colocaban en mala situacin. Es posible desde luego que hiciera un doble juego 42. Por
eso es que le llovieron acusaciones y dur varios meses su caso, del que sin embargo
sali bien librado.
Puno fue escenario de inclementes acciones del ejrcito rebelde que sali casi de
inmediato de la revolucin del Cuzco para extenderse hacia La Paz. Segn Vargas
Ugarte, se produjeron cruentas ejecuciones en el paso de Pinelo y Muecas, pero por
accin de la propia poblacin local. Combatientes de todo el altiplano se plegaron a las
fuerzas alzadas. El ecnomo de la localidad tambin huy a Arequipa, como otras
autoridades43.
Las redes de poder en los pueblos fueron objeto de sordas disputas polticas tambin.
Los alzados lograron imponer un orden en el altiplano, nombrando autoridades al
amparo de la constitucin y usando de una autoridad militar y poltica de la que se
41
Jorge Cornejo Bouroncle (1952). Abogados suspendidos del ejercicio de su profesin por hallarse
complicados en la revolucin de 1814. Revista del Archivo Histrico del Cuzco 3 (Cuzco), 195- 217.
42
Carlos Ponce Sangines (recop.) (1954). Documentos para la historia de la revolucin de 1809. Vol. IV,
La Paz: Biblioteca Pacea. Alcalda Municipal, pp. 220-247, refiere la intervencin cuzquea en La Paz
en 1814 sobre la base de un expediente de AGI. Charcas 585.
43
Rubn Vargas Ugarte (1958). Historia General del Per, Emancipacin 1809-1825. Buenos Aires:
Imprenta Lpez, T. V, pp. 250 y ss.
invistieron por su alzamiento. Haba que mantener activas las rutas de comercio y de
gente, procurando tener abastecidas sus tropas y los puntos por donde ellos actuaban, 219
como reserva y territorio controlado. Como las contradicciones de intereses en los
pueblos eran constantes, muchos oponentes se encargaron de acusar e indisponer a sus
rivales, comerciantes, ganaderos, pequeos productores y autoridades de pueblos, con
una u otra de las autoridades enfrentadas en ese momento, la de los patriotas y caudillos
y la del ejrcito pacificador.
Mariano de los Reyes, un comerciante del altiplano con los yungas fue acusado de
infidente por haber estado en el ataque a Arequipa. Declar que lo hizo por la fuerza, a
pesar de sus intentos y reclamos por liberarse. A pesar de haber estado entre los alzados
en 1814, en enero de 1815 ya estaba nuevamente comerciando cuando fue detenido y se
le incautaron los bienes. Sin embargo, Jos Rufo, autoridad en la provincia, orden le
devolviesen sus bienes y lo soltasen. Todava despus, en abril, desde Moho, tratndolo
de Alcalde Constitucional, Muecas le escribi pidiendo le mande herreros y fragua, as
mismo, que ubique a los desertores de su tropa para que se restituyan a su puesto44.
Reyes, que efectivamente era un comerciante y como tal fue llevado por Pumacahua a
Arequipa, fue indispuesto con el comandante Llanos por un rival suyo en los yungas, en
Mocomoco, Larecaja, Jos Santos Morales. Por esa acusacin lo detuvieron. En 1816,
con la mano tullida por un balazo, que hizo certificar por mdico, Reyes hubo de probar
su fidelidad y buscar apoyo para no ser condenado. Sealaba que en la campaa de
Arequipa procedi en concierto con Manuel Ramn Inga, desde Huancan (l era de
Vilque Chico) para ir presionados sin consentir en las ideas de la patria
comprometidos a repartir vveres a los indios de la tropa de los alzados. Por eso estaba
ya en enero del ao 1815 comerciando. Lo que no resaltaba Reyes en su defensa fue que
haba sido nombrado alcalde en Vilque por el caudillo alzado Francisco Monroy que
haca de subdelegado. Luego de que se libr de las acusaciones, todava reciba
encargos conminatorios de Muecas en abril de 1815 para que mande herreros y
desertores y de otro caudillo, Mariano Gallegos, que escriba con errores que denotan su
raigambre india. Gallegos no slo le mand esquelas sino que de un ataque suyo Reyes
perdi la motricidad de la mano45.
44
Jorge Cornejo Bouroncle. Abogados suspendidos del ejercicio, pp. 195- 217, 199-200
45
Revista del Archivo Histrico del Cuzco 6 (1955), 383 y ss.
46
Pumacahua en Arequipa. Revista del Archivo Histrico del Cuzco 8 (Cuzco, 1957), 38-40.
Tambin hubo que formar redes de apoyo al ejrcito que form Gonzlez. Como ocurra
con la poblacin de sectores medios urbanos, el abogado arequipeo Lorenzo Caldern 220
y Menndez, ejerciendo en Cuzco, tuvo rango militar y fue destinado a La Paz en 1809.
Luego, ya en su tierra, el Intendente Moscoso lo nombr subdelegado en Cailloma,
donde sirvi a favor del Rey, dando dinero sin extorcionar a los indios como se
encarg de sealarlo en su relacin de mritos y servicios. Fue perseguido por los
rebeldes del Cuzco y se refugi en Arequipa, donde se mantuvo en la clandestinidad
cuando los rebeldes tomaron la ciudad. Ya derrotados los de Pumacahua, sirvi de
voluntario en la expedicin a Tinta de Francisco de Paula Gonzlez, abasteciendo la
tropa con dinero que equivalente a los tributos, deban los indios de su distrito.
Premiado por sus actuaciones fue comandante militar en Chuquibamba, nombrado por
el intendente Tristn en abril de 1815. El virrey le pidi organizase una expedicin
contra varios pueblos del partido de Tinta en mayo. Con orgullo, declaraba haber
convertido a los chuquibambinos en exterminadores de los cuzqueos, con doble mrito
dado que pocos meses antes, aquellos habanse plegado a la causa cuzquea. Ya por este
nuevo mrito nombrado subdelegado, form un destacamento o compaa de 100
hombres que remiti a Puno, la que, unida a 300 hombres de Arequipa, sujetaron los
restantes pueblos rebeldes por aquella parte47.
El escenario rural no estuvo exento de contradicciones tnicas. El paso de las tropas 221
alzadas puso en tensin a los pueblos. No fue que la tensin local la desataran los
alzados que salan de la ciudad. Ni las alteraciones terminaron cuando en la ciudad la
revolucin fue derrotada. Sin embargo, el paso militar de tanta gente con un jefe de
ascendencia inca como Pumacahua a la cabeza, puso a la gente a tiro de actuar ms
directamente de una u otra forma. En algunos pueblos, la adhesin se manifest abierta,
pero en otros no ocurri lo mismo. Fue el caso de Coporaque.
Es posible que el testimonio contenga cierta veracidad. Los indios, dicen los testigos, se
habran retirado a los cerros, a distancias inmensas, con sus ganados. Esa era la
manera de poblamiento de esos pueblos, que habitaban caseros distantes y slo tenan
al pueblo como centro administrativo y simblico. El recuerdo punitivo de la era
tupamarista puede haber jugado a favor de la prdica del cura. Cuando entr Ramrez,
los indios y el pueblo celebraron misa de accin de gracias, se ilumin la plaza y
danzaron por tres das. Junto a Salazar estuvieron el cura de San Cristbal, Pablo
Mogrovejo y otro sacerdote de apellido Asn. Salazar exhibi varias proclamas
exhortando a otros pueblos a no dejarse seducir por los rebeldes.
La poblacin de las zonas de los antiguos canchis, que estuvieron plegados a Tpac
Amaru, no se inclinaron a seguir a Pumacahua, mientras otros pueblos, como los canas
vecinos, que antes fueron reticentes a la jerarqua de los amarus, fueron parte activa de
la revolucin de 1814 y pagaron con miles de muertos la pacificacin que llevaron
Ramrez y Gonzlez, los jefes realistas51. Coporaque estaba en el grupo cana, pero este
testimonio pudiera dar cuenta de facciones internas en las provincias. Como
efectivamente lo declara Salazar, Yauri y Pichigua, otras cabeceras de los canas, se
unieron a la insurreccin y la cercana de stos puso mucha tensin a las relaciones
entre los vecindarios. Incluso luego de declarada la victoria realista, y celebradas la
misa y fiestas, hubo amenaza de venganzas por las que tuvo que abandonar el pueblo.
Vamos a ver de inmediato, que luego de que se produjera la contrarrevolucin en
Cuzco, fue justamente en Coporaque donde se mantuvo uno de los focos que intentaron
prolongar la resistencia.
50
AGI. Cuzco 72.
51
Luis Miguel Glave (1992). Vida smbolos y batallas.Creacin y recreacin de la comunidad indgena.
Cuzco s. XVI-XX. Lima: Fondo de Cultura Econmica.
Lo que ocurri en el altiplano fue una suerte de repeticin de los fenmenos poltico 222
sociales de 1780, es decir, hubo una segunda fase de la revolucin, con un marcado tinte
radical y tnico despus de la derrota de Umachiri, un reflejo de lo que luego sera la
republiqueta yunga de Muecas. El jefe ms notable fue Toms Carreri que fue
nombrado subdelegado de Huancan y Lampa por las partidas de los cuzqueos y junto
a Ignacio Cansino, caudillo en Pusi y Coata, tena tambin a Alejo Condori como
comandante, Jos Mariano Gallegos alias Fasle como justicia mayor en Huancan y a
Andrs Monroy. Su triunfo gener una reaccin popular en Puno que repleg al
regresado intendente Quimper.
Ms cerca del Cuzco, en la emblemtica Tinta, cuna del movimiento de 1780, la gente
de Anselmo Anda luego de la derrota sigui activando con pobladores de la zona de
Yauri, Pichigua y Coporaque, hasta Checa. La resistencia de Andia dur poco pues en
una semana fue perseguido por el coronel Francisco de Paula Gonzlez, aquel jefe del
ejrcito real que ya vimos hablaba perfectamente el idioma quechua, con sus partidas y
lo derrot en Tocto el da 13 y en Livitaca y Calani el 19 dejando ms de setecientos
cadveres en castigo de su obstinacin. A fines de abril se estableci en Yauri. Luego
sigui a derrotar los focos del altiplano. En Paucarcolla el 26 de mayo de 1815, bati al
caudillo Francisco Monroy que se suicid. Los otros jefes, Vicente Carreri, Jorge
Carrin y cinco ms fueron apresados, fusilados y sus cadveres colgados, les cortaron
la cabeza y los miembros y los exhibieron en varios pueblos. Sigui con Yaraca en
Azngaro, donde 3,000 indios sublevados fueron vencidos y fusil al caudillo Cipriano
Oblitas. Luego vino Asillo, en la fortaleza (que era un cerro) en junio de181552. Luego
pas a Carabaya donde el indgena Andrs Carita permaneca sublevado. En Chiapata se
produce otra cruenta derrota india el 15 de agosto. Luego Collmani de Huancan se
enfrent con indios rebeldes y muchos puneos a los que venci, ahorcando a 11 en la
plaza de Moho el 9 de setiembre. En Poto quedaba un foco rebelde, all fue el teniente
Flix Tagle que apres al caudillo Pedro Casillas de Cojata que tambin fue ejecutado
por decapitacin. Otro ejecutado fue el capitn Pedro Gari. En este momento debe haber
cado prisionero Santiago Prado, que antes de enrolarse en la sublevacin fue teniente
del ejrcito real, por eso luego de degradarlo, lo fusilaron el 27 de abril de 1816.
52
El 8 de junio batieron a los insurgentes de Azngaro. El 10 partieron a Asillo donde varios caudillos
reunieron de 7 8,000 hombres. El 11 el mismo 12 se produjo el enfrentamiento donde se not la
tctica india de disparar con hondas nubes espesas de piedra y a desgajar peascos contra los que
queran acceder a las cumbres que controlaban. Destaca la opinin de Gonzlez sobre los rebeldes: La
obstinacin, vigorosa resistencia, y serenidad con que sostuvieron la fortaleza, hasta el extremo de asirse
a nuestras armas, es admirable, y no cabe en el orden regular. Ninguno abandon su puesto, y todos lo
defendieron cuerpo a cuerpo, sin echar pie atrs. Luego de tres horas, 1,500 muertos en el campo de
batalla y una cantidad prodigiosa de heridos por parte de los derrotados mientras los realistas tuvieron
seis muertos, 18 heridos y contusos entre los cuales el propio Gonzlez. Lo que revela el tipo de
enfrentamiento que se dio entre las gruesas tropas indias provistas de hondas y las disciplinadas fuerzas
realistas apoyadas con fuego de artillera, fusiles y guerrilleros ordenados tcticamente El informe de
Gonzlez de 20 de mayo de 1816 fue publicado en la Gaceta de Lima.
Los ejemplos que estamos desarrollando nos muestran los mltiples problemas sociales
y polticos que se suscitaron en los pueblos rurales despus de la derrota militar de los
defensores del sistema de la patria en Umachiri. stos se sucedieron y se mantuvieron
espordicos en todo el surandino. Mientras Muecas estuvo al frente de sus incursiones
guerrilleras desde el oriente del Titicaca, la comunicacin parece que fue constante, de
manera que los jefes locales actuaban sino coordinados por lo menos informados de los
movimientos de los caudillos que seguan a Muecas. Eso fue un proceso poltico rural,
indio, paralelo al desenvolvimiento de la lucha militar y poltica por la ciudad y el poder
de la Audiencia. En Ocongate por ejemplo, los criollos locales, los recaudadores indios,
jefes y autoridades del lugar, se plegaron a la revolucin en 1814. Entre ellos estuvo un
danzante y comerciante indio llamado Jacinto Layme que a la postre encabez a los
grupos ms radicales de los naturales alzados, incluso luego de la derrota del comando
revolucionario en 1815.
La actividad mercantil entre los pueblos rurales, el arrieraje mestizo del mercadeo de
coca y productos de la tierra, permiti una comunicacin y difusin de las alteraciones
campesinas en toda la provincia de Quispicanchis, tanto en la parte quechua del valle
como en la parte alta que articulaba Ocongate. El mismo efecto tuvo el culto al seor de
Qoyllur Riti, santuario indio que articulaba a los ayllus dispersos en toda la regin.
Otro pueblo cercano, Marcapata, tena agudas contradicciones internas, que llevaron a
una explosin popular contra el cura y los criollos, que se desarroll paralela a la
53
David Cahill (1988). Una visin andina: el levantamiento de Ocongate en 1815. Histrica XII, 2
(Lima), 133-159. Otro artculo de Cahill, escrito al alimn con S. OPhelan, subraya la proyeccin rural
del movimiento, David Cahill y Scarlett OPhelan (1992). Forging their owm History: Indian Insurgensy
in the Southern Peruvian Sierra, 1815. Bulletin of Latin American Research. Vol. II, 2, 140-161.
En sus estudios sobre los movimientos sociales en la India, Ranahit Guha seala cmo
en distintos alzamientos campesinos, ninguno careci de direccin central por as
llamarla, y alguna cohesin, aunque en ninguno existiese un control total de las
muchas iniciativas locales nacidas de dirigentes surgidos de abajo cuya autoridad era
limitada y de corta duracin. No se trata de movimientos encabezados por partidos
modernos sino de movimientos que podran describirse como lo hara Gramsci.
Compuestos por mltiples elementos de direccin consciente pero ninguno de
ellos...predominante. Lo que no lleva a denigrarlos como movimientos subpolticos sin
direccin ni forma. Eso es lo que ocurri en las irrupciones masivas de poblaciones
rurales en el Per de fines del XVIII y en el gran concierto revolucionario de 1814. Con
otra perspectiva que la de los historiadores culturales franceses, este acercamiento a los
movimientos sociales, insurreccionales, en la India, desde lo que se conoce como
estudios subalternos, nos seala la importancia de mirar las provincias, los fenmenos
complejos que algunas veces parecen no dar coincidencia entre el ser social y la
conciencia, tratando de dar la voz o las voces de la historia a los protagonistas, sin
subordinarlos a un pensamiento previo, nico, que l llama de ideologa estatista, que
pretende encasillarlos, juzgarlos o usarlos55. As hemos querido retratar los sucesos de
violencia rural que marcaron la coyuntura revolucionaria en el altiplano como parte del
alzamiento cuzqueo de 1814, sobre todo a partir de la derrota militar de aquel intento
popular de ejrcito patriota56.
54
Archivo Departamental del Cuzco, Intendencia, Criminales, Leg. 116. Cahill, Una visin andina...,
hace una lectura diferente del suceso, que subraya lo local como diferente y enfrentado a lo general. Es
probable pero no necesario.
55
Ranahit Guha (2002). Las voces de la historia y otros estudios subalternos. Barcelona: Crtica, p. 105.
56
Todava continuaron los conciertos locales a favor de la patria y los temores a la subversin, ver por
ejemplo Luis Miguel Glave (2005). La ilustracin y el pueblo: el loco Bernardino Tapia. Cambio y
225
6. La contradictoria figura de Mateo Pumacahua
Si alguien destaca en el movimiento que empez en 1814 es sin duda el cacique
Pumacahua. Ya vimos lo trascendente de su presencia al mando de su ejrcito a fines de
1814, camino de Arequipa, como lo fatal que result para todos los alzados su fracaso
militar a inicios de 1815, en los campos altiplnicos de Umachiri. Su figura ha sido
motivo de agrias polmicas y siempre resultar contradictoria. Veamos si es posible
explicarla dentro del contexto de este estudio.
Don Mateo Garca Pumacahua, cacique del pueblo de Chincheros en Cuzco, fue un
paradigmtico representante del curaca de sangre y cacique gobernador propietario,
figura que se fue concretando durante la larga historia colonial andina. Los curacas eran
los jefes de grupos tnicos o partes de ellos, jefes intermedios. Cuando se derrumb el
Tahuantinsuyo, como se llam el estado y el sistema poltico y social formado por los
Incas, luego de la invasin espaola, los jefes de los grupos tnicos locales, los curacas,
cobraron una mayor importancia dentro de la sociedad nativa al no existir una clase
dominante del estado, que se deshizo rpidamente y fue reemplazado por el nuevo
colonial. Adems, eran un eslabn imprescindible para manejar los recursos naturales y
la mano de obra para poner en marcha la economa colonial. Ellos eran los
intermediarios entre el estado y las bases familiares y sociales de los pobladores
andinos. Por su importancia, fueron objeto de la suspicacia estatal y se les quiso limitar
en su poder. Pero a la vez, como sin ellos no se poda ejercer la presin necesaria para
organizar y movilizar los recursos sociales para producir la riqueza, especialmente en
metales preciosos, se les concedieron muchos privilegios. Obtuvieron el cargo de
caciques gobernadores, que se sucedan por linajes y detentaban el mando en propiedad.
Adems, los descendientes de las familias de los gobernantes Incas, que reclamaron y
obtuvieron el reconocimiento a su nobleza y a su perdido seoro, vinieron a mezclarse
con los curacas y se form una nueva casta de gobernadores conocidos como caciques
por las autoridades coloniales.
Tuvieron poder y fueron temidos pero a la vez eran objeto de abusos de autoridad, de
exacciones extraeconmicas ilegales, de marginacin y de sospecha respecto a posibles
reclamaciones de un seoro que nunca qued claro que se haba perdido o que se
hubiera ganado legtimamente. Pero sus prcticas en muestra de sumisin y vasallaje
eran constantes y verdaderamente llamativas. En retribucin, el rey y su Consejo de las
Indias, a instancias de las reclamaciones que ellos presentaron sin desmayo, no se
cansaron en dar normas de proteccin a los indios y reconocimiento a la autoridad, viejo
seoro y nobleza de sus jefes naturales. Pero no eran los reyes los que cumplan las
normas, eran otros sbditos, con ansias de poder en un reino lejano, los que las deban
implementar; y era contra sus intereses. Por eso los caciques reclamaron usando la ley y
buscaron aliados y compaeros de ruta o defensores entre ellos mismos. Luego
estallaron rebeliones. Primero a manera de protestas o asonadas, motines, agresiones
hegemona cultural en los Andes al fin de la colonia. Azngaro 1818. En Bernard Lavall (Ed.).
Mscaras, tretas y rodeos del discurso colonial en los Andes, Lima: Instituto Francs de Estudios
Andinos, pp. 219-246.
desesperadas. Luego como estallidos generalizados. Pero la sociedad colonial era muy
compleja y los grupos nativos tenan muchos conflictos irresueltos entre ellos mismos. 226
En Tinta, una provincia cuzquea, en 1780 un cacique que se deca descendiente de los
Incas, Jos Gabriel Tpac Amaru, se rebel contra el mal gobierno e hizo suya una
corriente de resurreccin del mando natural, una utopa andina, para conmocionar el
reino. Jos Gabriel tambin haba llevado adelante un pleito judicial y poltico muy
sonado con otros pretendientes a la sucesin de un marquesado que el rey otorg a un
inca que se rindi en el siglo XVI y cuyos descendientes se extinguieron. Tpac Amaru
era tan representativo de esos caciques y nobles indios como lo fueron aquellos que,
negndole su derecho a ser el legtimo conductor de la nacin y alzando la vieja alianza
de la corona de Espaa con los descendientes de los seores naturales, se le enfrentaron
y lo derrotaron. Fue Mateo Pumacahua uno de los ms destacados entre ellos. Adems,
mostr su arte militar y su feroz ejercicio del poder entre los suyos, para doblegar a
masas desesperadas que haban estallado en una vieja ira.
Nacido en 1740, Pumacahua encontr la muerte por ejecucin luego de ser derrotado
por las tropas realistas en los campos de Umachiri en el altiplano andino en 1815. Si el
personaje es paradigmtico como dijimos al principio, su ltima actuacin y trgico
final lo hacen tambin contradictorio. Leal al rey como todos estos jefes tnicos
coloniales que deban a su lucha judicial y poltica una serie de beneficios, se hizo
famoso en la guerra contra Tpac Amaru y por esa fama, fue convocado in extremis en
1811, cuando el ejrcito real estaba a punto de colapsar por una accin violenta de los
57
David Garrett (2009). Sombras del imperio. La nobleza indgena del Cuzco, 1750-1825. Lima: Instituto
de Estudios Peruanos, pp. 378-383.
58
Sobre la revolucin en el territorio boliviano actual consultar, Ren Arze Aguirre (1979). Participacin
popular en la independencia de Bolivia. La Paz: OEA.
59
Mara Rostworowski (1993). Ensayos de historia andina. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, pp. 89-
104.
Este ha sido otro de los temas que ms ha llamado la atencin de quienes se han 228
acercado a su figura60. Luego, ya a fines del siglo XVIII, cuando varios de los linajes
nobles trataban de recuperarse de los embates que contra ellos las autoridades
virreinales haban ejecutado, como represalia al movimiento rebelde de Tupac Amaru,
Pumacahua volvi a pedir mercedes, esta vez la de ser coronel del ejrcito y no solo de
los naturales de la provincia. Pero esta vez, lo hizo alterando unos viejos documentos
que los descendientes de las casas incas conservaban. Se deca descendiente de Huayna
Capac, el inca padre de los ltimos mandatarios andinos antes de la invasin y los
primeros que se enfrentaron a la nueva situacin colonial. No es que no tuviera sangre
Inca en su genealoga, pero el relato que present difera del que anteriormente l
mismo haba sustentado. No era Pumacahua el nico que apelaba a estas artimaas,
hubo muchos, siguiendo una prctica muy comn en la corte entre los espaoles
aspirantes de la poca. Las cosas cambiaban mucho y el poder que adquiri por su
trabajo y su prestigio era el mayor de todos, aspir, como antes lo hizo el propio Tpac
Amaru a ser primus inter pares de los nobles indios61, como en realidad lo era por sus
cargos, reconocimientos y poder econmico.
En esos aos el cacique de Chincheros compr varias haciendas y casas, arrend otras
propiedades y continu sus gastos en el servicio colectivo de la ciudad y de sus pueblos.
Y todava quera ms. Cuando fue convocado nuevamente al servicio militar a favor del
rey, no dud en subir a su cabalgadura para regresar al Collasuyo al frente de miles de
60
Es muy sinttica la nota introductoria de Coleccin Documental de la Independencia del Per, Tomo
III, Conspiraciones y Rebeliones en el siglo XIX. Vol. 6, La Revolucin del Cuzco de 1814. Edicin
y Prlogo de Horacio Villanueva Urteaga. Lima: Comisin Nacional del Sesquicentenario de la
Independencia del Per, 1971. La pionera y ms importante compilacin documental acerca del personaje
es la de Jorge Cornejo Bouroncle (1955-1956). Pumacahua, La revolucin del Cuzco de 1814. Revista del
Archivo Histrico del Cuzco. Ns. 6 y 7 (Cuzco). Incorpora la documentacin sobre la polmica acerca de
la ascendencia del cacique.
61
David Cahill (2003). Primus inter pares. La bsqueda del marquesado de Oropesa camino a la gran
rebelin (1731-1780). Revista Andina 37 (Cuzco), 9-51
62
Luis Antonio Eguiguren (1959). Apellidos y fisonoma moral de Pumacahua. Lima: Talleres grficos
P.L. Villanueva.
63
A lo recopilado por Cornejo. Pumacahua se suma la ms completa edicin de documentos debida a
Coleccin Documental de la Independencia del Per, Tomo III, Conspiraciones y Rebeliones en el siglo
XIX. Vols. 7 y 8, La Revolucin del Cuzco de 1814. Investigacin, recopilacin y Prlogo de
230
Algunos comentarios finales
La crisis desatada en 1808 no fue slo la expresin de los problemas que se suscitaron
por la invasin francesa y la transicin a la monarqua constitucional, eran tambin
muestra de cambios que se gestaban en el virreinato desde varias dcadas atrs. La
sociedad local se haba militarizado, los recursos se disputaban dentro de nuevos marcos
y a otras escalas, la llegada de funcionarios espaoles a ocupar altos cargos en ese
contexto de lucha por recursos generaba nuevas disputas y rencillas. Las sociedades
regionales eran copadas por oligarquas que conformaban estos recin arribados en
redes con determinados grupos. Los que eran desplazados o envidiaban el poder que
aquellos tenan, encontraron la coyuntura constitucional como una oportunidad para
hacer valer sus reclamos. Los estallidos fueron dispersos y continuos. La idea de
independencia se asociaba a esos reclamos y les ofreca cobijo. En el universo rural y en
los circuitos mercantiles en los que participaban los indios, la posibilidad de dejar de
pagar el tributo, romper con los monopolios asociados a la milicia o el poder local y
disponer de una parte mayor de la distribucin de las rentas, tambin se manifest como
un potente movilizador y generador de otros conflictos.
Los acontecimientos pueden ser ledos de dos maneras opuestas que tienen ambas parte
de razn. El virrey Abascal y sus seguidores e intrpretes apostaron por no ceder ningn
espacio a las reformas y protestas y reprimir en funcin de una pia de intereses
apoyados en el regalismo. Pensaban que era la manera de ganar. Los historiadores
posteriores se han decantado por esta interpretacin y han interpretado como un triunfo
del virrey el haber mantenido como un fuerte del rey el virreinato peruano sometido a
tantos embates. Pero hubo quienes entendieron que esa manera totalitaria de enfrentar
los problemas, cerrando la posibilidad del dilogo e incluso de los espacios de civilidad
que abra el debate previo y la constitucin luego, entendiendo que esto tambin era
parte de la corriente rupturista, lo nico que hacan era preparar las condiciones para
que no fuera posible la continuidad del dominio real sobre Amrica. Eso es lo que
ocurri efectivamente, aunque no podemos saber si es que tambin seguir esa va de
negociacin y reforma no hubiera conducido al final igualmente a la ruptura y esta fuera
Manuel Jess Aparicio Vega. Lima: Comisin Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del
Per, 1974. Antes hemos citado algunos documentos como CDIP. Hubo una primera edicin de papeles
importantes en Papeles referentes a la revolucin de 1814. En Revista Universitaria. 105 (Cuzco) 1953.
En estos avatares, las redes de comunicacin, los espacios de opinin, una nueva
sociabilidad, cumplieron una funcin revolucionadora. Las noticias llegaban a todos los
rincones y se consolid una nueva cultura poltica, que recoga elementos que se haban
creado antes de la irrupcin definitiva de la modernidad.