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Derechos del consumidor en turismo

El resumen trata sobre un caso judicial relacionado con un viaje turístico a Egipto que se vio afectado por disturbios políticos en el país. Las demandantes habían contratado un paquete turístico con dos agencias de viajes para visitar varios lugares en Egipto, pero cuando llegaron al país, se encontraba en medio de una revolución y había toque de queda, por lo que muchos de los servicios incluidos en el paquete fueron cancelados. Alegaron que las agencias no les informaron adecuadamente sobre la situación

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Derechos del consumidor en turismo

El resumen trata sobre un caso judicial relacionado con un viaje turístico a Egipto que se vio afectado por disturbios políticos en el país. Las demandantes habían contratado un paquete turístico con dos agencias de viajes para visitar varios lugares en Egipto, pero cuando llegaron al país, se encontraba en medio de una revolución y había toque de queda, por lo que muchos de los servicios incluidos en el paquete fueron cancelados. Alegaron que las agencias no les informaron adecuadamente sobre la situación

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Contrato de Turismo Derechos del consumidor P.

N., M. M. y otro c/J. Tours SA y otro s/daos y perjuicios


Sumarios:

CONTRATOS

Turismo. Derechos del consumidor

El rgimen aplicable al contrato de turismo tambin debe considerarse


integrado por las disposiciones de la ley de defensa del consumidor y sus
normas tuitivas, con especial acento en el deber de informacin que emana
tanto del artculo 42 de la Constitucin Nacional como del artculo 4 de la ley
24.240.

SERVICIOS TURSTICOS

Contrato. Causa fin. Frustracin. Guerra. Relacin de consumo. Deber de


informacin

Debe responsabilizarse a las organizadoras de un viaje turstico por la


frustracin del fin del contrato turstico, ante el incumplimiento de alguna de las
prestaciones programadas, debido al estado de virtual guerra civil que en ese
momento experimentaba el pas a visitar, al haber omitido informarles de
manera oportuna y eficaz dicha circunstancia para que optaran entre suspender
o reprogramar el viaje.

Cmara Nacional en lo Civil, Sala A, 24 de agosto de 2015

Fallo Texto Completo:

En la Ciudad de Buenos Aires, capital de la Repblica Argentina, a los 24 das


del mes de agosto del ao dos mil quince, reunidos en acuerdo los seores
jueces de la Sala A de la Excma. Cmara Nacional de Apelaciones en lo Civil,
para conocer en los recursos de apelacin interpuestos en los autos
caratulados: P. N., M. M. y otro c/ J. Tours S. A. y otro s/ Daos y perjuicios,
respecto de la sentencia de fs. 820/826 el tribunal estableci la siguiente
cuestin a resolver:

SE AJUSTA A DERECHO LA SENTENCIA APELADA?

Practicado el sorteo result que la votacin deba realizarse en el siguiente


orden: seores jueces de cmara doctores: SEBASTIN PICASSO RICARDO LI
ROSI HUGO MOLTENI.

A LA CUESTIN PROPUESTA, EL DR. SEBASTIN PICASSO DIJO:

I. La sentencia de fs. 820/826 rechaz la demanda interpuesta por M.M. P. N. y E.


M. R. contra Julia Tours S. A. y Lesami S. A., con las costas del juicio por su
orden.

El pronunciamiento fue apelado por las actoras, quienes expresaron agravios a


fs. 853/873. Las demandantes se quejan por el rechazo de la demanda y achacan
a la sentenciante arbitrariedad en la valoracin de las distintas pruebas que
obran en el expediente. Esta presentacin fue contestada por J. Tours S. A. a fs.
890/893.

Por su parte, la demandada J. Tours S. A. expres agravios a fs. 881/882, por la


imposicin de las costas por su orden, lo que fue respondido por las actoras a
fs. 885/888.

II. Memoro que los jueces no estn obligados a hacerse cargo de todos y cada
uno de los argumentos expuestos por las partes ni a analizar las pruebas
producidas en su totalidad, sino que pueden centrar su atencin nicamente en
aquellos que sean conducentes para la correcta decisin de la cuestin
planteada (art. 386, Cdigo Procesal).

Asimismo aclaro que, al cumplir los agravios de las recurrentes la crtica


concreta y razonada que prescribe el art. 265 del Cdigo Procesal, en aras de la
amplitud de la garanta de defensa en juicio, y conforme al criterio restrictivo
que rige en esta materia (Gozaini, Osvaldo A., Cdigo Procesal Civil y Comercial
de la Nacin. Comentado y Anotado, La Ley, Buenos Aires, 2006, t. II, p. 101/102;
Kielmanovich, Jorge L., Cdigo Procesal Civil y Comercial de la Nacin.
Comentado y Anotado, Lexis Nexis, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 2003, t. I, p.
426), no propiciar la sancin de desercin que postula Julia Tour S. A. a fs.
890/893.
Por ltimo creo menester poner de resalto que, si bien a partir del 1 de agosto
de 2015 ha entrado en vigor el nuevo Cdigo Civil y Comercial de la Nacin, los
hechos ventilados en el sub lite (y por ende, la constitucin de la obligacin de
reparar) han acaecido durante la vigencia del Cdigo Civil derogado. Por
consiguiente -y con excepcin de ciertas normas puntuales de la nueva
legislacin que resultan inmediatamente aplicables, segn se expondr en cada
caso-, la cuestin debe juzgarse a la luz de la legislacin derogada, que
mantiene ultractividad en este supuesto (art. 7, Cdigo Civil y Comercial de la
Nacin; vid. Roubier, Paul, Le droit transitoire. Conflit des lois dans le temps,
Dalloz, Paris, 2008, p. 188/190; Kemelmajer de Carlucci, Ada, La aplicacin del
Cdigo Civil y Comercial a las relaciones y situaciones jurdicas existentes,
Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2015, p. 158).

III. Antes de entrar en el tratamiento de las quejas, es pertinente realizar un


breve resumen de las constancias de la causa.

No esta discutido que las Sras. P. N. y R. contrataron con Lesami S. A., en el mes
de noviembre de 2010, un tour para dos personas (reconocido por esa
demandada a fs. 276, punto V) a Egipto (Valle de los Reyes y adicional a Abu
Simbel), a travs del operador J. Tours S. A., con salida desde el aeropuerto de
Ezeiza el da 29/1/2011, y llegada al aeropuerto de El Cairo el da 30/1/2011,
previa escala en Roma (fs. 30/32 y 36/37).

Tampoco caben dudas de que con fecha 25/1/2011 comenzaron los movimientos
revolucionarios en Egipto (fs. 601, ap. a). Esto surge de distintos medios de
prensa y, adems, fue de pblico conocimiento. Con fecha 26/1/2011 la revuelta
social en El Cairo era noticia mundial reflejada en los principales diarios de
nuestro pas (vid. fs. 430/496 y 558/576). Es por ese motivo que las actoras se
pusieron en contacto con Lesami S. A., y personal de esa sociedad confirm que
el operador Julia Tours S. A. les haba informado que el turismo poda
desarrollarse con normalidad (esto fue corroborado por los empleados de esta
ltima sociedad, el Sr. Bisogno, la Sra. Testa y el Sr. Testa -vid. fs. 394 vta., rta.
4 y 6, 398 vta., rtas. 4 y 6, y 400 vta. rta. 4, respectivamente-, y reconocido
por el Sr. M., empleado de Lesami S. A., a fs. 521 vta., rtas. 3 y repregunta 5, y
por esta ltima empresa de turismo a fs. 276, punto V).

Segn inform la embajada argentina en El Cairo: A partir del 28 de enero la


circulacin por las calles de El Cairo result sumamente difcil cuando no
imposible por los numerosos cortes, controles, manifestaciones, desvos, etc.
Asimismo, el 28 de enero se interrumpi el servicio de telefona mvil y el
acceso a Internet. Desde el viernes 29 a la noche el Gobierno egipcio dej de
prestar el servicio de polica retirando las fuerzas de seguridad de la va
pblica. La Embajada dej de recibir seguridad policial. Esta situacin se agrav
notablemente a partir del sbado 29 con la masiva fuga de delincuentes
comunes de varios establecimientos carcelarios quienes asolaron los barrios de
El Cairo, incluso de clase media alta, y de las localidades aledaas muidos con
armas de fuego aparentemente sustradas de comisaras incendiadas. Por otra
parte, dejaron de funcionar los bancos y los cajeros automticos, la mayor parte
de los comercios cerr y se comenz a verificar desabastecimiento de algunos
productos. El muy escaso transporte pblico observ significativas
restricciones. Los colegios pblicos y privados tambin cerraron (sic, fs. 602,
rta. d, lo que por otra parte se refleja en las notas de los diarios ya
referenciados, fs. 430/496 y 558/576).

Las demandantes partieron desde Ezeiza el da programado, arribaron el


30/1/2011 al aeropuerto de Fiumicino, y se embarcaron en otro vuelo hacia El
Cairo. Ese da, en atencin al toque de queda que se haba establecido en Egipto
a partir del 28/1/2011 (fs. 602, rta. b), la cancillera argentina emiti un
comunicado en el que recomendaba evitar viajes no indispensables a ese pas
hasta tanto la situacin retorne a la normalidad (fs. 608).

Las actoras alegaron que cuando arribaron a El Cairo haba toque de queda en
la ciudad, y que la mayora de los servicios ofrecidos en el tour estaban
cancelados. Segn relataron, llegar al hotel fue una odisea a causa de las
barricadas en las calles, de la presencia de civiles armados, militares, tanques
de guerra y, sobre todo, del camino escogido por el gua encargado de
transportarlos desde el aeropuerto hasta el hotel, pues aquel los llev por la
plaza en donde se concentraba la muchedumbre. Una vez en el hotel, les
avisaron que nadie poda salir de aquel lugar. Esto es coherente con el
comunicado de la cancillera argentina antes mencionado, que en su parte
pertinente deca: La Embajada recomienda tambin a los argentinos que se
encuentren en Egipto evitar desplazamientos al interior del pas que no sean
estrictamente necesarios (sic, fs. 608, comunicado del 30/1/2011). Adems,
coincide con el relato que brind la testigo L. (fs. 389 vta./390, rtas. 2, 3 y 4).
Advirtase que el toque de queda rega desde las 16 hs. hasta las 8 hs. (fs. 602,
rta. b).

Las actoras aadieron que al da siguiente, el 31/1/2011, se dirigieron al


aeropuerto domstico, en donde -con demora- partieron hacia Luxor a fin de
realizar un crucero que estaba programado. Sin embargo, no podan salir del
crucero sin la compaa del gua, y navegaron hasta Asun sin detenerse en
Esna y Edfu, que estaban previstos en el voucher original. Una vez en Asun,
les comunicaron que la excursin a Abu Simbel haba sido cancelada. Adems,
les informaron que en El Cairo haba una guerra civil y que el da 4/2/2011, fecha
en que tenan que regresar a esa ciudad, iba a haber una marcha de la oposicin
para pedir la renuncia del presidente. Segn alegaron las demandantes, no fue
aceptado su pedido de que las sacasen de Egipto desde Asun, sin ir a El Cairo,
por lo que volvieron a dicha ciudad, en donde quedaron alojadas una noche.
Finalmente, el 5/2/2011 salieron hacia Roma, donde permanecieron hasta la
fecha de regreso a la Argentina, el 7/2/2011. Ese relato fue confirmado por los
testigos Lahitou (fs. 390/391, rtas. 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 18 y 19),
Bisogno (fs. 395, rtas. 3 y 4), la Sra. Testa (fs. 398 vta./399, rta. 9), el Sr. Testa
(fs. 400 vta., rta. 9, y el Sr. Macas, rta. 521 vta./522, rtas. 5, 9 y 10).

Frente a este panorama, las recurrentes sostuvieron que no se cumpli con los
servicios prometidos al momento de contratar el tour, que vivieron momentos de
tensin, y que sintieron que sus vidas peligraban. Reclamaron ser indemnizados
por dao moral y psicolgico, y la devolucin del dinero abonado por el viaje.

Por su parte, Lesami S. A. aleg que brind informacin a las actoras y que ella
es titular de una agencia intermediaria; aadi que la organizadora del viaje y
de las excursiones fue Julia Tours S. A., razn por la cual ella no puede ser
responsabilizada por el incumplimiento alegado por las actoras (fs. 276/277,
punto V). Asimismo, invoc la existencia de un caso de fuerza mayor.

A su turno, la codemandada Julia Tours S. A. (fs. 291 vta./294) dijo que no tena
el deber de conocer con exactitud y precisin hechos vinculados a una
revolucin que excede hasta la propia fila oficial de seguridad interior de aqul
pas. Adems, expres que sus operadores locales en El Cairo le informaron
que el turismo poda desarrollarse con normalidad. Tambin agreg que se
deriv a las actoras a Roma, y que a su regreso a la Argentina sus inquietudes
fueron atendidas.

La Sra. juez de grado consider que los episodios que sucedieron en Egipto
constituyeron una causa ajena respecto de las emplazadas, ya que no tenan
posibilidad de conocer aquellos hechos, por lo que se configur un caso de
fuerza mayor que quebr el nexo causal. Por lo tanto -como ya lo anticip-
rechaz la demanda.

Esta decisin fue apelada por las demandantes, quienes pretenden que se
revoque la sentencia, con fundamento en la prueba obrante en la causa y en que
las demandadas pudieron haber evitado enviarlos a un pas con las condiciones
sociales en las que se encontraba Egipto das antes de su partida desde
Argentina.
As reseados los hechos y las pretensiones de las partes, corresponde ahora
subsumirlos en el derecho aplicable al caso.

IV. La actividad de las agencias de viajes est sujeta a las disposiciones de la


ley n 18.829 (Ley Nacional de Agentes de Viajes), cuyo decreto reglamentario
(n 2.182/1972) establece: las agencias de viajes sern responsables por
cualquier servicio que hayan comprometido ellas, sus sucursales o sus
corresponsales, siempre que no estn comprendidas en el prrafo siguiente.
Quedan eximidas las agencias de toda responsabilidad frente al usuario, no
mediando culpa, dolo o negligencia de su parte, cuando sean intermediarias
entre las empresas de servicios y los mencionados usuarios, siempre y cuando
tales empresas desarrollen sus actividades sujetas a un reglamento o
legislacin aprobado por autoridad competente que establezca las modalidades
de la contratacin entre esas empresas y los usuarios (art. 14).

Asimismo, el contrato internacional de viaje est regulado por la Convencin


Internacional relativa al Contrato de Viaje celebrada en Bruselas en 1970 (en
adelante, Convencin de Bruselas), adoptada por nuestro pas a travs de la
ley 19.918.

Segn esa convencin, organizador de viaje es toda persona que habitualmente


se compromete en su nombre a procurar a otra, mediante un precio global, un
conjunto de prestaciones combinadas de transporte, de estada distintas del
transporte o de otros servicios que se relacionan con l (sic), sea a ttulo
principal o accesorio, profesional o no (art. 1, incs. 2 y 5). Ese mismo
instrumento define como intermediario de viaje a toda persona que
habitualmente se obliga a procurar a otra, mediante un precio, o bien un
contrato de organizacin de viaje, o una de las prestaciones aisladas que
permitan realizar un viaje o una estada cualquiera, sea a ttulo principal o
accesorio, profesional o no (art. 1, incs. 3 y 6). Asimismo, el art. 17 de la
convencin estipula: Todo contrato celebrado por el intermediario de viajes con
un organizador de viajes o con personas que suministran servicios aislados, es
considerado como que ha sido celebrado por el viajero (sic).

Sin embargo, el art. 18 de aquella convencin establece en su inc. 1: Cuando el


contrato de intermediario de viaje se refiere a un contrato de organizacin de
viaje, se someter a las disposiciones de los arts. 5 y 6, debiendo completarse
la mencin del nombre y del domicilio del organizador de viajes, con la
indicacin del nombre y direccin del intermediario de viajes y con la mencin
que ste acta en calidad de intermediario del primero. La sancin a la
inobservancia de tal requisito est prevista en el art. 19, inc. 2: En caso de
violacin de las obligaciones mencionadas en el prrafo primero del art. 18, el
intermediario de viajes ser considerado como organizador de viajes.

Con relacin a la responsabilidad del organizador de viajes, el art. 13 de la


Convencin de Bruselas establece que: ser responsable de todo perjuicio
causado al viajero en razn del incumplimiento, total o parcial, de sus
obligaciones de organizacin tales como resultan del contrato de la presente
Convencin, salvo que pruebe que l ha obrado como un diligente organizador
de viajes. Y el 15 de ese cuerpo normativo dice: El organizador de viajes que
hace efectuar por terceros prestaciones de transporte, alojamiento o cualquier
otro servicio relativo a la ejecucin del viaje o la estada, ser responsable de
todo perjuicio causado al viajero en razn del incumplimiento total o parcial de
esas prestaciones, conforme a las disposiciones que las rigen. Idntico criterio
se seguir ante cualquier perjuicio causado al viajero en ocasin de la
ejecucin de estas prestaciones, salvo si el organizador de viajes prueba que l
se ha comportado como un diligente organizador de viajes en la eleccin de la
persona que realiza el servicio.

Por otra parte, respecto del intermediario de viajes la convencin estipula que
l: ser responsable de los actos y omisiones de sus empleados y agentes
cuando estos acten en el ejercicio de sus funciones, como si fueran propios
(art. 21). Y, adems, en el art. 22 inc. 1 establece: El intermediario de viajes
ser responsable por toda falta que cometa en la ejecucin de sus obligaciones,
debiendo apreciarse dicha culpa en relacin con los deberes que incumben a un
diligente intermediario de viajes.

Es prstino que las normas recin mencionadas (ley 18.829, decreto 2.182/1972,
y Convencin de Bruselas) estructuran -en principio- un sistema de
responsabilidad subjetiva, basado en la diligencia que deben poner las agencias
intermediarias y los organizadores de viajes en la prestacin del servicio
prometido por ellas y en la seleccin de las personas (fsicas o jurdicas) que
eligen para ejecutarlas. Sin embargo, el art. 2 inc. 2 de aquella convencin
dispone que sus reglas se aplicarn: sin perjuicio de las legislaciones
especiales que establezcan disposiciones ms favorables para algunas
categoras de viajeros.

En consecuencia, aquel rgimen especial debe integrarse con los principios


generales de la responsabilidad civil establecidos en el Cdigo Civil. Por otra
parte, no caben dudas de que, en tanto las actoras contrataron con las
demandadas la provisin de un servicio de turismo (que inclua transportes
areos, terrestres y navales, hospedajes, alimentacin, y excursiones) para su
consumo final, se configuran los extremos previstos por los arts. 1 y 2 de la ley
24.240, razn por la cual resulta indudable que exista entre las partes una
relacin de consumo. Por tal razn, el rgimen aplicable al contrato de turismo
tambin debe considerarse integrado por las disposiciones de la recin citada
Ley de Defensa del Consumidor (vid. Lorenzetti, Ricardo L., Consumidores,
Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2009, p. 380 y ss.; Vzquez Ferreyra, Roberto A.,
Derecho del consumidor y usuario de servicios tursticos, RCyS, 2001-242;
Borda, Alejandro, El contrato celebrado con organizadores de viajes tursticos
es un contrato de consumo, LL 2003-B-213; Barreiro, Karina M., La
responsabilidad de las agencias organizadoras de viajes frente al viajero por el
incumplimiento en el deber de informar, LL, 2008-F, 382; Rinessi, Antonio J.,
Proteccin del consumidor de servicios tursticos, en Picasso, Sebastin
Vzquez Ferreyra, Roberto A. (dirs.), Ley de defensa del consumidor comentada
y anotada, La Ley, Buenos Aires, 2009, t. II, p. 199 y ss.; Kemelmajer de Carlucci,
Ada, El contrato de servicios tursticos. Su realidad en la jurisprudencia
argentina reciente, Revista de Derecho Privado y Comunitario, 2005-2, 21; Tale,
Camilo, Contrato de viaje. Responsabilidad de las empresas de turismo por
incumplimiento y por dao al viajero, Hammurabi, Buenos Aires, 2005, t. 1, p.
269, 281 y ss.).

Entre otras cosas, la aplicacin al sub lite de las normas tuitivas de los
consumidores y usuarios lleva a poner el acento en el deber de informacin que
dimana tanto del art. 42 de la Constitucin Nacional como del art. 4 de la ley
24.240. Es sabido que en las relaciones de consumo ese deber se ve
particularmente acentuado, y abarca tanto la etapa precontractual como la
contractual propiamente dicha. En la primera de ellas, la informacin tiene por
finalidad que el consumidor tome una decisin razonada, en conocimiento de
todas las caractersticas de las cosas o servicios que adquiere, las condiciones
de comercializacin, etc. En cambio, en la etapa contractual (en la que cabe
enmarcar la cuestin debatida en el sub lite) su finalidad es la de garantizar una
ejecucin satisfactoria del contrato, lo que constituye un factor ntimamente
vinculado al principio cardinal de la buena fe (Stiglitz, Rubn S., Deber de
informacin precontractual y contractual. Deber de Consejo. La cuestin en los
contratos paritarios y de consumo, LL 2009-B, 1085; Rinessi, Antonio J.,
Relacin de consumo y derechos del consumidor, Astrea, Buenos Aires, 2006,
p. 144; Junyent Bas, Francisco A. Garzino, Mara C., El deber de informacin al
consumidor, LL 2012-B, 1159; Mosset Iturraspe, Jorge Wajntraub, Javier H.,
Ley de Defensa del Consumidor, Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 2010, p. 68).

En cambio (y en esto discrepo con el encuadre normativo efectuado por la


anterior sentenciante), ningn rol cumple en esta causa el art. 40 de la Ley de
Defensa del Consumidor. Como ya ha tenido oportunidad de sealarlo este
tribunal, esa norma -al igual que el art. 5 de la ley 24.240- se dirige a tutelar lo
que la doctrina contempornea denomina el inters de proteccin del
consumidor, es decir, su inters en no sufrir daos, en el mbito de la relacin
de consumo, como consecuencia de la lesin de bienes distintos de los que
constituyen el objeto del contrato (vid. esta sala, 20/2/2014, N. C. L. B. y otro c/
Edificio Segu 4653 S. A. y otros s/ vicios redhibitorios, L. n 595.667). En el sub
lite, en cambio, las actoras reclaman por la frustracin de su inters de
prestacin, pues se quejan por los perjuicios derivados del incumplimiento de
las obligaciones principales asumidas por las demandadas (frustracin de los
servicios tursticos, que constituan, precisamente, el objeto contractual). En
consecuencia, la eventual responsabilidad de las emplazadas nada tiene que
ver con la infraccin de deberes de proteccin (como sera el caso, v.g., del
dao sufrido por un viajero a causa de las lesiones fsicas ocasionadas durante
un accidente mientras era transportado en cumplimiento del contrato), lo que
excluye la aplicacin de los arts. 5 y 40 de la ley 24.240, ya mencionados.

V. Previamente a analizar -sobre la base de los parmetros que quedan as


sentados- la responsabilidad de las demandadas, es preciso establecer en qu
calidad actuaron ellas en este caso, pues ya se ha visto que el rgimen de
responsabilidad aplicables a los organizadores y los intermediarios de viajes
difiere en aspectos importantes.

Ninguna duda cabe de que J. Tours S. A. actu en la especie como organizadora.


En cambio, Lesami S. A. pretende alegar su supuesto carcter de intermediaria,
a fin de desligarse de la responsabilidad que se le endilga.

Sin embargo, ya he sealado que la normativa aplicable requiere, como


condicin para hacer valer ese carcter, que el contrato mencione el nombre y
el domicilio del organizador de viajes, con la indicacin del nombre y direccin
del intermediario de viajes y la mencin que ste acta en calidad de
intermediario del primero (arts. 18 inc. 1, y 19 inc. 2, Convencin de Bruselas).

No otra cosa resulta, asimismo, de la aplicacin de los arts. 42 de la


Constitucin Nacional y 4 y concs. de la ley 24.240, que ponen en cabeza del
proveedor la obligacin de suministrar al consumidor una informacin completa
y detallada sobre todas las circunstancias relevantes del contrato de consumo.
A ese respecto debe sealarse que el consumidor que concurre a una agencia
de viajes -confiando en el prestigio que tiene la marca o el nombre comercial de
esa empresa- puede legtimamente suponer que aquella se obliga
personalmente a la realizacin de las prestaciones que le ofrece. Esta confianza
legtima, que en el derecho del consumo cuenta con expresa proteccin legal
(arts. 4, 7 y 8, ley 24.240), lleva a considerar personalmente obligada a la
agencia siempre que no haya informado clara y detalladamente al viajero la
calidad en la que intervena, y el hecho de que su intervencin -y su
consiguiente responsabilidad- se limitaba a oficiar de intermediaria entre el
consumidor y el organizador de viajes.

Ahora bien, de la documentacin aportada a la causa no surge que Lesami S. A.


haya informado su calidad de intermediaria. En efecto, esa circunstancia no
surge del billete electrnico que se otorg a las actoras (fs. 34/37) ni del
itinerario (fs. 30/32), pues si bien all figura el nombre de Julia Tours S. A., de
ningn lado surge que Lesami S. A. era una sociedad intermediaria. Mucho
menos se hizo tal distincin al momento de cobrarse el viaje (fs. 267).

Alguna duda podran generar las condiciones generales impresas en la factura


de Lesami S. A. (fs. 267 vta.), pero si bien all se dice que La empresa declara
expresamente que acta en el carcter de intermediaria en la reserva o
contratacin de los distintos servicios vinculados e incluidod en el respectivo
tour o reservacin de servicios (texto que coincide con el punto i de las
condiciones generales del contrato de servicios tursticos aprobadas por la
resolucin 256/2000 de la Secretara de Turismo de la Nacin), lo cierto es que
no se identifica en ese instrumento con precisin quin era el organizador del
viaje.

Por ese motivo debe considerarse -contrariamente a lo sostenido en la


sentencia recurrida- que Lesami S. A. actu en el caso como organizador del
viaje, al igual que J. Tours S. A., pues ambas aparecieron ante los ojos de las
viajeras como comprometiendo el paquete contratado, la primera como
organizadora y la segunda como operadora.

VI. Establecida cul es la normativa aplicable, y la calidad en la que


intervinieron las emplazadas, es hora de analizar concretamente la imputacin
de responsabilidad que les formulan las recurrentes.

Como ya lo he sealado, no est discutido en autos que, si bien las actoras


fueron efectivamente trasladadas a Egipto, y se cumplieron algunas de las
prestaciones programadas (alojamiento en hoteles, realizacin de un crucero),
otras no pudieron concretarse debido al estado de virtual guerra civil que en
ese momento viva el mencionado pas. Entiendo que esa situacin puede
analizarse como una frustracin del fin contrato turstico que, en el caso, se
combina con el incumplimiento de obligaciones asumidas por las demandadas
(incumplimiento de parte de los servicios tursticos comprometidos e infraccin
del deber de informacin, lo que caus una inejecucin total). Tambin juzgo
que las emplazadas no han acreditado una imposibilidad absoluta y objetiva
para cumplir sus obligaciones, lo que las hace responsables por la inejecucin.
Vamos por partes. Como todo contrato, el de prestacin de servicios tursticos
tiene una causa-fin objetiva (la efectiva prestacin del servicio contra el pago
del precio pactado) pero tambin puede comprender una causa-fin subjetiva, en
la medida en que exista un mvil causalizado, lo que requiere que este haya
sido debidamente aceptado por ambas partes, y determinante de la celebracin
del contrato (Bueres, Alberto J., Objeto del negocio jurdico, Hammurabi, Buenos
Aires, 1986, p. 139; De Lorenzo, Miguel F., La causa del negocio jurdico.
Relevancia gentica y funcional. La frustracin de la causa fin, en Tobas, Jos
W. (dir.), Coleccin de anlisis jurisprudencial. Derecho Civil Parte General, La
Ley, Buenos Aires, 2003, p. 479 y ss.). Poca duda cabe de que eso es lo que
sucedi en el sub lite, pues la adquisicin de un paquete turstico para visitar
Egipto no puede haber tenido otra finalidad que la de disfrutar de los atractivos
tursticos ofrecidos por ese destino.

Este mvil es compartido y determinante, pues si no fuera por l los operadores


tursticos no ofreceran esa clase de paquetes, que implica el pago de tarifas
acordes con el destino en cuestin y la naturaleza hedonstica del viaje.

Ahora bien, es sabido que la frustracin del fin del contrato (entendido como el
o los mviles que guiaron a las partes a contratar, debidamente causalizados
por la concurrencia de los requisitos antes mencionados) generada por
circunstancias extraordinarias ajenas al riesgo asumido por la parte afectada
permite a esta ltima solicitar la resolucin del acuerdo. Este principio era ya
aceptado por la doctrina y la jurisprudencia sobre la base de diversos institutos
previstos por el Cdigo Civil de Vlez Sarsfield (la buena fe, la teora de la
causa, y el art. 1522; vid. Borda, Alejandro, La frustracin del fin del contrato,
LL 1991-E, 1450; Alterini, Atilio A., Contratos civiles comerciales de consumo.
Teora general, Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1999, p. 456 y ss.; Lorenzetti,
Ricardo L., Tratado de los contratos, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2006, t. III, p.
203 y ss.), y est expresamente consagrado ahora por el art. 1090 del Cdigo
Civil y Comercial de la Nacin (que si bien no es aplicable al sub lite debe ser
tenido en cuenta en tanto expresa la intencin actual del legislador, pauta
esencialsima de interpretacin de la ley).

En el caso, poca duda cabe de que la conmocin interior vivida en Egipto en la


poca del viaje realizado por las actoras constituy un acontecimiento
extraordinario, ajeno al riesgo que comnmente asumen los turistas (que llueva
o haga buen tiempo, que el destino turstico cumpla ms o menos las
expectativas que se haban generado, etc.), que quit a su viaje toda posibilidad
de disfrute y lo convirti, ms bien, en una angustiosa exposicin a peligros y
sinsabores. En esas circunstancias, cabe considerar que medi una frustracin
del fin del contrato que autorizaba a las demandantes a pedir su resolucin -o,
al menos, la reprogramacin del viaje-, en tanto, pese a que las prestaciones
comprometidas pudieran de todos modos haberse ejecutado (algunas fueron
efectivamente ejecutadas y otras no), ellas eran inhbiles para lograr la
finalidad turstica y placentera perseguida.

Naturalmente, una cosa es que la frustracin del fin del contrato pueda
conllevar su ineficacia funcional, y otra distinta que ese hecho desencadene la
responsabilidad civil de los operadores tursticos. Es evidente que en el caso
esa responsabilidad no deriva de la simple frustracin de la finalidad (que no
implica en s misma ningn incumplimiento de las demandadas), sino de la
omisin de haber informado oportuna y eficazmente esa circunstancia a las
actoras y haber optado, en cambio -en una actitud claramente reida con la
buena fe-, por ejecutar mecnicamente un plan prestacional que ya no tena
ninguna utilidad para las viajeras, e incluso las expona a riesgos evidentes.

Corresponde en este punto traer nuevamente a colacin el deber de informacin


que pesa sobre los proveedores, que en el caso exiga, segn lo acabo de
sealar, imponer a las actoras del real estado de cosas en el destino y
ofrecerles suspender o reprogramar el viaje. No cabe soslayar que, como lo
seala con razn Vzquez Ferreyra, la obligacin de informar al turista de todo
cambio que se opere en los servicios contratados es de resultado y eso implica
que su incumplimiento acarrea la consiguiente responsabilidad civil, salvo que
la agencia de turismo acredite una causa ajena (caso fortuito stricto sensu,
culpa de la propia vctima o de un tercero por quien no debe responder)
(Vzquez Ferreyra, Roberto A., Turismo y defensa del consumidor, LL 1996-C,
206).

En lo atinente a los efectos que pueden seguirse de la violacin del deber de


informacin en el contrato de turismo, se ha sostenido: a) Puede ocurrir que
por la falta de informacin no pueda iniciar el viaje, o que luego de iniciado no
pueda aprovecharlo en absoluto (incumplimiento total del contrato). b) Que le
haga perder parte del viaje, o el disfrute de alguno de sus elementos
(incumplimiento parcial). c) Que aproveche todos los elementos, pero
deficientemente (cumplimiento defectuoso) (Tale, op. cit., t. 2, p. 809). Es
evidente que en el caso nos encontramos ante el primer supuesto, pues mal
puede pensarse que las actoras hayan podido obtener algn provecho o
satisfaccin de un viaje realizado en medio de una virtual guerra civil y de un
estado de caos generalizado. Se configur as la situacin descripta por
Lorenzetti: el incumplimiento total es aquel que conduce a la frustracin de la
obtencin de las ventajas perseguidas en el contrato, de modo que
necesariamente significa que debe afectar el viaje contratado, impidindolo o
dificultndolo ostensiblemente (Lorenzetti, op. cit., p. 390).
Se suma a lo dicho que -como ya lo puntualic- una parte de las prestaciones
comprometidas ni siquiera pudo ser ejecutada (alteracin de las paradas
previstas durante el crucero, cancelacin de la excursin a Abu Simbel, partida
adelantada de El Cairo), lo cual indudablemente constituye tambin una
infraccin del plan prestacional comprometido por las demandadas. Como lo
acabo de exponer, esa ejecucin mecnica y parcial de algunas prestaciones,
que -sumada al incumplimiento de la obligacin de informacin- tuvo nula
utilidad para las demandantes, debe asimilarse a un incumplimiento definitivo,
lo que implica que las viajeras tienen derecho a obtener una indemnizacin de
la misma manera que si se hubiese cancelado el viaje antes de su inicio (Tale,
op. cit., t. 2, p. 877).

Ahora bien, es sabido que, establecido el incumplimiento de una obligacin (en


el caso, tanto la de informar a los consumidores como la de prestar
correctamente los servicios tursticos ofrecidos), la nica forma que tiene el
deudor para exonerarse consiste en probar la imposibilidad sobreviniente, total,
objetiva y absoluta de la prestacin, causada por caso fortuito (Bueres, Alberto
J., El incumplimiento de la obligacin y la responsabilidad del deudor, Revista
de Derecho Privado y Comunitario, n 17 (Responsabilidad contractual),
Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 1998, p. 113; Pizarro, Ramn D. Vallespinos, Carlos
G., Obligaciones, Hammurabi, Buenos Aires, 1999, t. 3, p. 312). Precisamente,
ambas demandadas han echado mano de esa eximente, al alegar que los
acontecimientos desencadenados en Egipto en la poca del viaje habran
constituido un caso de fuerza mayor. Explicar seguidamente los motivos que
me llevan a no compartir este encuadre.

Es evidente que una revuelta popular es un hecho irresistible. Sin embargo, ya


he sealado que frente a la existencia de tales acontecimientos -que causaron
una frustracin del fin del contrato- la buena fe y las normas tuitivas del
consumidor imponan a las demandadas informar inmediatamente a las actoras
y suspender la ejecucin del viaje, cosa que no hicieron. En otras palabras, la
frustracin del viaje se debi a un caso fortuito (los acontecimientos vividos en
Egipto), pero no es esa frustracin la que compromete la responsabilidad de las
demandadas, sino que ella se debe a que incumplieron su obligacin de
informacin (que era distinta e independiente de la de prestar los servicios
tursticos) y vulneraron la buena fe al pretender continuar adelante con un
contrato cuya finalidad manifiestamente se haba frustrado.

Lo que cabe analizar entonces es si era imposible para las demandadas conocer
la situacin que se viva en Egipto en ese momento, pues en tal caso podra
pensarse que habran quedado liberadas de su obligacin de informar, y que la
ejecucin de (al menos) los primeros tramos del viaje, pese a la existencia de
una revuelta popular en pleno desarrollo, no habra contrariado la buena fe. Sin
embargo, el hecho de que el toque de queda en Egipto haya sido dispuesto dos
das antes de la llegada de los turistas a aquel pas (es decir, el 28/1/2011)
impide sostener esta ltima tesitura, pues se trataba de hechos notorios que
incluso -como ya lo seal- eran informados desde das atrs por la prensa de
nuestro pas. Tan es as que las propias actoras se pusieron en contacto con
Lesami S. A. para preguntar si el viaje poda ser efectuado, pero -como tambin
lo puntualic ms arriba- lejos de imponerlas de la realidad de la situacin
aquella agencia afirm que Julia Tours S. A. haba informado que el viaje poda
desarrollarse con normalidad.

Apunto, al pasar, que en nada excusa la responsabilidad de las demandadas el


hecho -no probado debidamente- de que la informacin errnea hubiera partido
de los operadores de J. Tours S. A. en El Cairo, pues esa sola circunstancia -aun
de haber sido cierta- no configur un caso fortuito que les hubiera impedido
cumplir con su obligacin (de resultado) de informar a las demandantes. La sola
circunstancia de que alguien les hubiese transmitido una informacin errnea
no les impeda informarse debidamente por otras vas (mxime ante la
trascendencia pblica de la situacin en Egipto), lo que descarta la existencia
de una imposibilidad absoluta y objetiva de cumplimiento, no imputable y
causada por caso fortuito. A lo que cabe aadir que el hecho del tercero (en el
caso, los operadores locales) que el deudor contractual pone a cumplir la
prestacin en su lugar compromete la responsabilidad del obligado de la misma
manera que si se tratase de su propio hecho (esta sala, 8/3/2012, L., H. d. V. c/
D. L. F., M. y otros s/ Daos y perjuicios, L. n 581.002, entre muchos otros; vid.
mi obra La singularidad de la responsabilidad contractual, Abeledo-Perrot,
Buenos Aires, 2011, p. 136 y ss., p. 29 y ss.; y Responsabilidad civil en un caso
de transfusin de sangre contaminada, RCyS, agosto de 2006, p. 42;
Kemelmajer de Carlucci, Aida, Daos causados por los dependientes,
Hammurabi, Buenos Aires, 1992, p. 41; Banchio, Enrique C., Responsabilidad
obligacional indirecta, Astrea, Buenos Aires, 1973, p. 66).

Por consiguiente, hallndose acreditado el incumplimiento de las demandadas,


y no habindose demostrado la extincin de la obligacin por imposibilidad de
cumplimiento, corresponde revocar la sentencia y hacer lugar a la demanda, lo
que as propongo a mis distinguidos colegas.

VII. Antes de abocarme al anlisis de los rubros reclamados en la demanda


aclaro que las actoras cifraron su pretensin en dlares (fs. 259 y vta., punto
VII).
Ahora bien, como es sabido la moneda de curso legal y forzoso en nuestro pas
es el peso (ley 23.928), y en el sub lite no se trata del incumplimiento de una
obligacin de dar una suma de moneda extranjera (art. 617, Cdigo Civil), sino de
obligaciones de hacer. Por consiguiente, fijar la indemnizacin en moneda
nacional.

VIII. Hecha esa aclaracin, corresponde analizar las partidas indemnizatorias


solicitadas por las actoras.

a) Devolucin del dinero abonado

Las demandantes reclaman que les sean devueltas las sumas que pagaron por
el tour teniendo en cuenta que no se cumpli con lo convenido.

La primera observacin que cabe realizar al respecto es que las actoras no


resolvieron el contrato celebrado con la demandada (art. 1204, Cdigo Civil),
razn por la cual -pese al nomen iuris empleado en la demanda- no procede la
restitucin de las prestaciones cumplidas total o parcialmente. El reclamo debe
entonces calificarse como la pretensin de obtener el cumplimiento por
equivalente dinerario de obligaciones de hacer que fueron definitivamente
incumplidas (tanto porque no se cumpli parte del plan prestacional como
porque la que se ejecut efectivamente no satisfizo el inters de los viajeros,
que se haba visto frustrado a causa de acontecimientos no debidamente
informados por las emplazadas). No estamos entonces en el terreno de la
indemnizacin de daos y perjuicios, sino en el de la ejecucin forzada de la
obligacin, que da derecho a las pretensoras a obtener el valor de la prestacin
incumplida (art. 505 inc. 3, Cdigo Civil; vid. mi obra La singularidad de la
responsabilidad contractual, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 2011, p. 136 y ss.).

Dado que -como queda dicho- el incumplimiento debe calificarse como


definitivo, corresponde otorgar a las actoras el valor de la totalidad de las
prestaciones que conformaban el paquete turstico que pagaron. Segn las
constancias acompaadas en autos, las demandantes habran abonado el monto
de $ (fs. 49/50 y 51, coincidente con la copia de la factura adjuntada por
Lesami S. A. a fs. 267).

Teniendo en cuenta esto ltimo, as como la naturaleza y la extensin del viaje


contratado por las actoras, estimo equitativo fijar su valor en la suma de $
(art. 165 del Cdigo Procesal). Aclaro que si bien las demandantes solicitaron un
importe menor sujetaron su reclamo a lo que en ms o en menos resultare de
las probanzas de autos (fs. 224), lo que habilita al tribunal a establecer un
monto mayor. Mxime considerando que, como ya lo puntualic, se trata de una
deuda de valor (el equivalente dinerario de la prestacin, y no la simple
restitucin de una suma de dinero) que debe ser cifrada en el momento ms
cercano a la sentencia.

Asimismo, propondr a mis colegas que, al no haber elementos que acrediten


qu parte del precio total fue abonada por cada una, ese importe sea dividido en
partes iguales entre las demandantes. En consecuencia, si mi voto fuere
compartido, el rubro prosperara por la suma de $ para cada demandante.

b) Dao moral

Puede definirse al dao moral como: una minoracin en la subjetividad de la


persona, derivada de la lesin a un inters no patrimonial. O, con mayor
precisin, una modificacin disvaliosa del espritu, en el desenvolvimiento de su
capacidad de entender, querer o sentir, consecuencia de una lesin a un inters
no patrimonial, que habr de traducirse en un modo de estar diferente de aquel
al que se hallaba antes del hecho, como consecuencia de ste y anmicamente
perjudicial (Pizarro, Ramn D., Dao moral. Prevencin. Reparacin. Punicin. El
dao moral en la diversas ramas del derecho, Hammurabi, Buenos Aires, 2004, p.
31).

En lo que atae a su prueba, cabe sealar que, a tenor del principio que sienta
el art. 377 del Cdigo Procesal, se encuentra en cabeza de las actoras la
acreditacin de su existencia y magnitud, aunque, en atencin a las
caractersticas de esta especial clase de perjuicios, sea muy difcil producir
prueba directa en ese sentido, lo que otorga gran valor a las presunciones
(Bustamante Alsina, Jorge, Equitativa valuacin del dao no mensurable, LL,
1990-A-655).

En el caso, ante la frustracin de un viaje de vacaciones a un destino turstico


importante, lo que troc el descanso y el disfrute que sin duda perseguan las
actoras en una situacin de angustia e incertidumbre, la existencia de un dao
moral es fcilmente presumible (art. 163 inc. 5, Cdigo Procesal).

En cuanto a su valuacin, cabe recordar lo recientemente sealado por la Corte


Suprema de Justicia de la Nacin en el sentido de que: Aun cuando el dinero
sea un factor muy inadecuado de reparacin, puede procurar algunas
satisfacciones de orden moral, susceptibles, en cierto grado, de reemplazar en
el patrimonio moral el valor que del mismo ha desaparecido. Se trata de
compensar, en la medida posible, un dao consumado (). El dinero es un medio
de obtener satisfaccin, goces y distracciones para reestablecer el equilibrio en
los bienes extrapatrimoniales. El dinero no cumple una funcin valorativa
exacta, el dolor no puede medirse o tasarse, sino que se trata solamente de dar
algunos medios de satisfaccin, lo cual no es igual a la equivalencia. Empero, la
dificultad en calcular los dolores no impide apreciarlos en su intensidad y grado,
por lo que cabe sostener que es posible justipreciar la satisfaccin que procede
para resarcir dentro de lo humanamente posible, las angustias, inquietudes,
miedos, padecimientos y tristeza propios de la situacin vivida (CSJN,
12/4/2011, Baeza, Silvia Ofelia c/ Provincia de Buenos Aires y otros, RCyS,
noviembre de 2011, p. 261, con nota de Jorge Mario Galds).

En otras palabras, el dao moral puede medirse en la suma de dinero


equivalente para utilizarla y afectarla a actividades, quehaceres o tareas que
proporcionen gozo, satisfacciones, distracciones y esparcimiento que mitiguen
el padecimiento extrapatrimonial sufrido por la vctima (Galds, Jorge M., Breve
apostilla sobre el dao moral (como precio del consuelo) y la Corte Nacional,
RCyS, noviembre de 2011, p. 259).

La misma idea resulta del art. 1741 in fine del Cdigo Civil y Comercial de la
Nacin, a cuyo tenor: El monto de la indemnizacin debe fijarse ponderando las
satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurar las sumas
reconocidas. Si bien -segn ya lo expliqu- ese cuerpo normativo no es -en
principio- aplicable al sub lite es indudable que los preceptos que lo integran
deben inspirar la interpretacin de las normas del Cdigo Civil derogado en
aquellos casos en que mantienen ultractividad, en la medida en que reflejan la
decisin del legislador actual acerca de cmo deben regularse los distintos
aspectos de la vida civil de nuestro pas.

Por consiguiente, tendr particularmente en cuenta ese criterio para evaluar la


suma que corresponde fijar en el sub lite en concepto de dao moral, a la luz de
las caractersticas del hecho generador, su repercusin espiritual en las
vctimas, y las dems circunstancias del caso.

La perito psicloga designada de oficio inform que no hubo dao psicolgico


(fs. 554). Destaco que la actora pidi que se ampliara la experticia (fs. 588), lo
que fue rechazado por el juzgado de grado por no contener pedido de
explicaciones en forma correcta (fs. 600).

Por lo tanto, otorgo pleno valor probatorio a la experticia psicolgica presentada


en auto (art. 477, Cdigo Procesal).

Sentado lo expuesto, y teniendo en los malestares y las angustias que un evento


como el de autos pudo haber generado en las actoras, juzgo que debera fijarse
por el presente concepto la suma de $ para cada una de las demandantes (art.
165, Cdigo Procesal).

IX.Las sumas reconocidas en el presente voto llevarn intereses, que deben ser
calculados desde la fecha del hecho hasta su efectivo pago a la tasa activa
cartera general (prstamos) nominal anual vencida a treinta das del Banco de
la Nacin Argentina, tal como lo establece la jurisprudencia plenaria de esta
cmara in re Samudio de Martnez, Ladislaa c/ Transportes Doscientos Setenta
S.A. s/ daos y perjuicios, del 20 de abril de 2009.

No desconozco que el art. 303 del Cdigo Procesal fue derogado por el art. 12
de la ley 26.853. Sin embargo, en virtud del art. 15 de aquella norma, tal
disposicin recin entrar en vigor a partir de la efectiva integracin y puesta
en funcionamiento de los tribunales que all se crean, razn por la cual hasta
ese momento contina vigente la doctrina plenaria. Ello se ve reforzado,
asimismo, por lo dispuesto en la acordada n 23/2013 de la Corte Suprema de
Justicia de la Nacin, que estableci que la operatividad de los recursos
procesales creados por aquella ley se halla supeditada a la instalacin y
funcionamiento de las cmaras federales y nacionales que crea, e hizo saber
que oportunamente el tribunal dictar las medidas conducentes para llevar a
cabo la puesta en funcionamiento, instalacin y habilitacin de esos nuevos
tribunales.

X. En cuanto al pedido de actualizacin monetaria, dicha pretensin se


encuentra prohibida legalmente. En efecto, el art. 10 de la ley 23.928 -aun con la
modificacin introducida por la ley 25.561- prohibi a partir del 1/4/1991 toda
indexacin por precios, actualizacin monetaria, variacin de costos o
cualquier otra forma de repotenciacin de las deudas.

Ms all de esa circunstancia, lo cierto es que -como acabo de sealarlo- el


equivalente dinerario de la prestacin ha sido fijado a valores actuales.

Por ese motivo, mociono rechazar la pretensin en estudio.

XI. Finalmente, con relacin a las costas de primera instancia, en virtud de lo


dispuesto por los arts. 68 y 279 del Cdigo Procesal, al tratarse de un juicio
donde se discuti la responsabilidad civil de las emplazadas, resulta de
aplicacin la jurisprudencia reiterada que hace soportar la totalidad de las
costas al responsable, aun cuando algunos de los rubros reclamados no
hubieran sido acogidos, o lo hubieran sido por un monto inferior al reclamado,
pues las costas forman parte de la indemnizacin, y su cuanta es acorde al
monto de la condena (esta sala, 30/11/2011, N., Cristina Beatrz c/ Lnea 22 S. A.
y otros s/ Ds. y Ps. y S. R., Jorge Enrique c/ Lnea 22 S. A. y otros s/ Ds. y Ps., L.
n 580.397 y n 580.398, entre muchos otros). Propongo por lo tanto que las
costas correspondientes a la primera instancia se impongan a las vencidas.

Igual suerte deben seguir las costas de alzada, pues las demandadas
resultaran sustancialmente vencidas en esta instancia.

XII. En sntesis, para el caso de que mi voto fuere compartido, propongo al


acuerdo hacer lugar al recurso de apelacin de las actoras, y en consecuencia:
1) Revocar la sentencia apelada; 2) Hacer lugar a la demanda entablada por M.
M. P. N. y E. M. R. contra Lesami S. A. y Julia Tours S. A., y condenar a estas
ltimas a abonar a cada una de las actoras la suma de $ , dentro de los diez
das de quedar firme y aprobada la liquidacin que habr de practicarse en
autos; 3) Disponer que los montos de condena llevarn intereses calculados en
la forma descripta en el considerando IX del presente voto, y 4) Imponer las
costas de ambas instancias a las vencidas.

A la misma cuestin, el Dr. Li Rosi dijo:

Por anlogas razones, acompao el voto propuesto por el vocal preopinante con
la salvedad respecto del rgimen de intereses.

En efecto, y de acuerdo a lo establecido por la doctrina plenaria sentada por


esta Cmara Civil en los autos Samudio de Martnez, Ladislaa c/ Transportes
Doscientos Setenta S.A. s/ daos y perjuicios del 20/04/09, sobre el capital
reconocido corresponde aplicar la tasa activa cartera general (prstamos)
nominal anual vencida a treinta das del Banco de la Nacin Argentina.

Empero, toda vez que en la especie se fijaron los valores indemnizatorios al


momento del presente decisorio, la indicada tasa debe regir recin a partir de
este pronunciamiento, ya que de imponerse esos intereses desde el origen de la
mora, se consagrara una alteracin del capital establecido en la sentencia,
configurado un enriquecimiento indebido, tal como puntualmente prev la parte
final de la referida doctrina plenaria, al contemplar una excepcin a la vigencia
de la tasa moratoria legal. Ello as, en la medida de que uno de los factores que
consagran la entidad de la referida tasa, lo constituye la paulatina prdida de
valor de la moneda, extremo que en la especie ya fuera ponderado al definir el
capital a valores actuales.

Por ello, corresponde que desde el momento de la mora y hasta el presente


pronunciamiento, se calculen los intereses a la tasa de inters del 8% anual,
que representan los rditos puros y, desde entonces y hasta el efectivo pago, a
la tasa activa cartera general (prstamos) nominal anual vencida a treinta das
del Banco de la Nacin Argentina.

En consecuencia, con la disidencia sostenida, adhiero al voto del Sr. Juez


preopinante.

A la misma cuestin el Dr. Molteni dijo:

Con la salvedad formulada por el Dr. Li Rosi, en punto a la tasa de los intereses,
sumo mi adhesin al fundado voto del Dr. Picasso.

Con lo que termin el acto.

Es copia fiel de su original que obra a fs. del Libro de Acuerdos de la Sala A de
la Excma. Cmara Nacional de Apelaciones en lo Civil.

Buenos Aires, 24 de agosto de 2015.

Y VISTOS:

Por lo que resulta del acuerdo que informa el acta que antecede, Se Resuelve: 1)
Revocar la sentencia apelada; 2) Hacer lugar a la demanda entablada por M. M.
P. N. y E.M. R. contra Lesami S. A. y J. Tours S. A., y condenar a estas ltimas a
abonar a cada una de las actoras la suma de Pesos ($ -), dentro de los diez
das de quedar firme y aprobada la liquidacin que habr de practicarse en
autos; 3) Calcular los intereses desde el momento de la mora y hasta el
presente pronunciamiento, a la tasa de inters del 8% anual, y, desde entonces
y hasta el efectivo pago, a la tasa activa cartera general (prstamos) nominal
anual vencida a treinta das del Banco de la Nacin Argentina y 4) Imponer las
costas de ambas instancias a las vencidas.

Atento lo decidido precedentemente corresponde adecuar los honorarios fijados


en la anterior instancia, de conformidad con lo establecido por el artculo 279
del ordenamiento adjetivo y dentro de los lmites del artculo 730 del Cdigo
Civil y Comercial de la Nacin.

Ello as, valorando la calidad y extensin de la labor desplegada por los


profesionales intervinientes dentro de las tres etapas en que se dividen los
juicios ordinarios, monto de la condena con sus intereses, la existencia de un
litisconsorcio pasivo perdedor, lo establecido por los artculos l, 6, 7, 11, 19, 37 y
38 de la ley 21.839 y concordantes de la 24.432 como as tambin lo decidido
por la sala en cuanto a la forma de retribuir los emolumentos de los peritos
psiclogos, que carecen de un arancel propio (conf. H 560.590 del 9/5/2012 entre
otros), corresponde fijar los honorarios de la letrada apoderada de la parte
actora, Dra. C. M. S., por su intervencin tanto en el principal como en la
incidencia de fs.723, en PESOS ($ -) y los de la letrada patrocinante de la
misma parte, Dra. M.DA., en PESOS ($ -); los de la letrada apoderada de la
codemandada J. Tours, Dra. C. S. E., en PESOS ($ -); los de la letrada
patrocinante de la codemandada Lesami SA., Dra. V. B., en PESOS ($ -) y los
del apoderado de la misma parte, Dr. R.S. I., en PESOS ($ -). Asimismo, se
fijan los honorarios de la perito psicloga, Lic. A. S. T., en PESOS ($ -) y los
de la mediadora, teniendo en cuenta la normativa vigente a la fecha de la
mediacin, segn el criterio de esta sala, en PESOS ($ -).-

Por su labor en la alzada que diera lugar al presente fallo, se fijan los honorarios
de la Dra. S., en PESOS ($ -) y los de la Dra. E., en PESOS ($ -) (arts. l, 6,
7, 14 de la 21.839 y conc. de la 24.432), sumas que debern ser abonadas en el
plazo de diez das.

Notifquese en los trminos de las Acordadas 31/11, 38/13 y concordantes,


comunquese a la Direccin de Comunicacin Pblica de la C.S.J.N. en la forma
de prctica y devulvase.
SEBASTIN PICASSO (EN DISIDENCIA PARCIAL) RICARDO LI ROSI HUGO
MOLTENI

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