APRB-Volumen-7 - 1959 - 1964 PDF
APRB-Volumen-7 - 1959 - 1964 PDF
2007
Seleccin y estudio preliminar
Caracas, Venezuela
Fundacin Volumen ROMULO
Rmulo Sptimo BETANCOURT
Betancourt 1959 Antologa
1964 Poltica
SELECCIN Y ESTUDIO PRELIMINAR: LUIS RICARDO DVILA
COORDINACIN EDITORIAL: VIRGINIA BETANCOURT VALVERDE Y NAUDY SUREZ FIGUEROA
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Pero el problema ms difcil, al tratar de llevar esos objetivos a la practica,
era el lograr el equilibrio entre dos exigencias polticas contradictorias: por un
lado, la de asegurar la confianza de la mayora de la poblacin en los mecanis-
mos de la democracia representativa, como el medio idneo para satisfacer sus
necesidades de libertad, justicia y bienestar; y, por otro lado, la de garantizar a
ciertos sectores minoritarios, pero poderosos, que sus intereses fundamentales
no se veran amenazados por la aplicacin de la regla de la mayora para la toma
de decisiones polticas.
A la anterior dificultad se una la que se trataba de una poca particular-
mente difcil, tanto desde el punto de econmico como del poltico y social,
que oblig al Gobierno a tomar medias drsticas que no contribuyeron a su
popularidad. La situacin de recesin econmica y de escasez fiscal, dejada por
la dictadura, llevaron al Gobierno a tomar medidas impopulares (como, por
ejemplo, la rebaja del 10 por ciento en los sueldos de los empleados pblicos
o la devaluacin del bolvar); y la agitacin social y los intentos de golpe de Es-
tado y de insurreccin por parte de la derecha y de la izquierda, obligaron a
la suspensin casi permanente de las garantas constitucionales, y a la consi-
guiente aplicacin por el Gobierno de medidas restrictivas de los derechos y
libertades, que si bien estaban dirigidas, en principio, contra quienes se alza-
ban contra el sistema democrtico, no dejaban de afectar a gran parte de res-
to de la poblacin.
Dadas las anteriores condiciones, el simple hecho de la supervivencia del
nuevo Gobierno democrtico, cuya legitimidad era puesta en duda por impor-
tantes sectores de la poblacin, y, adems, en un pas que careca de tal tipo de
tradiciones, era sumamente difcil. Que adems consiguiera realizar una obra
de Gobierno que contara con la aprobacin de la mayora de la poblacin, pa-
reca una hazaa casi imposible.
Tales fueron algunas de las dificultades que tuvo que enfrentar Betancourt,
y para ello, ya desde 1958, consigui un consenso bsico, primero en el inte-
rior de su propio partido AD, pero inmediatamente despus, por parte de
COPEI y URD, los otros dos partidos democrticos. De acuerdo a tal consenso,
el objetivo poltico fundamental del Gobierno democrtico, para los prximos
aos, se iba a concretar en conseguir la instauracin y consolidacin de una
democracia representativa, responsable y alternativa, asegurando el funciona-
miento efectivo de un sistema de elecciones libres con partidos responsables que
compitieran entre s por obtener el favor de los electores. Pero para poder lo-
grar este objetivo, era absolutamente prioritario asegurar dados los dos peli-
gros principales que en aquellos momentos amenazaban a la recin instaurada
democracia, que el Gobierno elegido por el voto popular no fuera derrocado
por un golpe militar de derecha o por una insurreccin de izquierda, de manera
que al terminar su periodo pudiera entregar el poder a otro gobierno igualmente
elegido. Al calificar este objetivo como absolutamente prioritario se quera decir
8
que en caso de entrar en conflicto con otros objetivos polticos, tambin con-
siderados como deseables, se estimaba necesario posponer estos otros objetivos,
siempre que ello fuera necesario para asegurar la realizacin de aqul: la perdu-
racin y consolidacin de la democracia representativa, considerado como el
objeto poltico fundamental.
Pero, una vez asegurado tal objeto prioritario, se planteaban otros impor-
tantes objetivos, como el de extender paulatinamente los valores de igualdad,
propios de la democracia, no slo a la esfera poltica, sino tambin a la econ-
mica y social, de modo que la democracia no fuera puramente formal. De tal
manera que en lo poltico se aspiraba a ampliar progresivamente la participa-
cin de los ciudadanos en la toma de decisiones pblicas. En lo econmico y
social se aspiraba a una incorporacin creciente del conjunto de la poblacin
a los beneficios del desarrollo y una continua disminucin de las profundas
desigualdades existentes en estas esferas, mediante un modelo de desarrollo que
hiciera posible simultneamente el crecimiento y la redistribucin y en el cual
el Estado asumiera un papel clave como impulsor del proceso y como redistri-
buidor de sus beneficios, de acuerdo a criterios de justicia y equidad.
En efecto, para Betancourt la democracia representativa no slo era el ins-
trumento ms adecuado para garantizar la libertad de los ciudadanos, gracias
a los controles y limitaciones que mediante sus instituciones se imponen al
poder gubernamental, sino que vea en ella la nica forma de gobierno que, a
la larga, poda ser verdaderamente eficaz para promover el bienestar de los ciu-
dadanos, pues crea que la libre competencia electoral entre partidos responsa-
bles era la forma ms confiable para que el Gobierno que resultase de las elec-
ciones se preocupase por el bienestar de la mayora de la poblacin y cumpliese
con sus promesas y ofertas electorales, no slo por un deber de tica poltica,
sino tambin por razones puramente utilitarias, pues de no hacerlo sera casti-
gado por los electores en la prxima eleccin.
As, pues, no slo eran razones de tica poltica las que llevaban a Betancourt
a propugnar la democracia representativa, como el sistema preferible, sino tam-
bin argumentos utilitarios. l estaba convencido de que la democracia repre-
sentativa era la forma de gobierno ms compatible con la libertad y la dignidad
humana. Pero al mismo tiempo, como poltico realista, crea que la democracia
representativa slo podra perdurar en la medida que las masas la gran mayo-
ra de la poblacin mantuviera su confianza en la capacidad de dicha forma de
gobierno, y en los partidos y lderes democrticos (que son indispensables para
que la misma funcione adecuadamente), para satisfacer sus aspiraciones de bien-
estar. De manera que frente a los desafos de la Revolucin Cubana y la amenaza
de la insurreccin de la izquierda, Betancourt y los lderes polticos que respal-
daron su Gobierno, eran totalmente conscientes de la necesidad, por una par-
te, de aplacar de inmediato las ms urgentes y apremiantes demandas popula-
res, y, por otra parte, del compromiso de ir extendiendo progresivamente la
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democracia, haciendo al rgimen ms participativo, disminuyendo las desigual-
dades y mejorando el bienestar de las mayoras de la poblacin.
Frente a los modelos desarrollistas de los gobiernos autoritarios o dictato-
riales que sacrificaban la redistribucin ante las necesidades del crecimiento
econmico, quedando relegada aqulla a un futuro incierto, nebuloso e inde-
terminado, el modelo de desarrollo democrtico del Gobierno de Venezuela era
capaz de proporcionar satisfacciones parciales pero progresivas, de las necesida-
des populares y generaba as, la confianza de que en el futuro, a medida que
avanzara el proceso de desarrollo, aumentara tambin, en forma paulatina la
participacin e incorporacin a sus beneficios de toda la poblacin e iran dis-
minuyendo, tambin progresivamente, las desigualdades en esa materia.
Pero, junto a la necesidad de satisfacer las necesidades de la mayora de la
poblacin, el otro problema central que se planteaba en Venezuela, hasta con-
vertirse en obsesivo, era cmo lograr la aceptacin del nuevo rgimen, que no
se consideraba slidamente asentado, por parte de grupos y sectores diversos,
minoritarios pero poderosos, de los que se sospechaba que su fe en las bonda-
des de la reglas de juego democrticas no era suficientemente sincera o que, en
todo caso, poda sufrir una rpida y seria erosin si los resultados de su funcio-
namiento les pudiera perjudicar seriamente. Se trata de sectores importantes de
los militares, de la Iglesia y de los empresarios, muchos de cuyos miembros
desconfiaban de AD y particularmente de Betancourt, teniendo muy presen-
te la experiencia del trienio 1945-48 de la Junta Revolucionaria de Gobierno
presidida por Betancourt.
Todo sistema democrtico requiere para poder funcionar normalmente, de
un mnimo de apoyo de sus habitantes, cuya importancia puede ser meramente
cuantitativa por su nmero, o cualitativa, por el poder de que disponen, sea ste
econmico o de cualquier otro tipo. De modo que un gobierno democrtico
puede ser derrocado, si no alcanza a contar con el apoyo de una cierta cantidad
de la poblacin, pero tambin puede serlo, aunque sea apoyado por la mayo-
ra, si enfrenta la agresiva oposicin de una minora de cualquier clase o de una
suma de minoras lo suficientemente poderosas (el caso del Gobierno de R-
mulo Gallegos, en 1948, es un ejemplo de este segundo tipo). Es difcil deter-
minar, para cada caso concreto, cunta es la cantidad y la calidad de los apo-
yos de que en un momento goza un gobierno y ms difcil todava calcular cul
es el monto mnimo de apoyos que necesita para poder funcionar normalmente,
sin el peligro de ser derrocado. En un pas con una larga tradicin democrti-
ca, cuyas instituciones gubernamentales estn solidamente arraigadas, puede su-
ponerse que, en tiempos normales, sus gobernantes gozan de los apoyos mni-
mos necesarios y no tienen que preocuparse mayormente por procurrselos.
Pero en la Venezuela de 1958 y de los aos subsiguientes, la incertidumbre
acerca del estado de esas dos variables (monto de los apoyos de los que dispo-
na el Gobierno en cada instante y cantidad mnima que necesitaba para poder
10
funcionar, sin peligro de ser derrocado) se convertan en una fuente permanente
de angustia y en una preocupacin obsesiva del Gobierno que deba tratar, da
a da, casi a cada instante, si no de aumentar por lo menos de no perder apo-
yos, frente al peligro siempre presente de poder ser, en cualquier momento,
derrocados. Quienes vivimos en Venezuela en aquel tiempo, podemos recordar
el jbilo con que el Gobierno celebr en 1960 su primer ao en el poder, pues
por primera vez en la historia de Venezuela un Gobierno elegido por sufragio
universal directo y secreto lograba mantenerse durante todo un ao en el po-
der sin ser derrocado. Gallegos no haba llegado a durar ni diez meses.
Es evidente que en condiciones de ese tipo la posibilidad de desarrollar
obras gubernamentales se restringen notablemente. El Gobierno tendr que
posponer algunos de los objetivos que no considere prioritario, de manera que
no tratar de maximizar algunos de los valores asociados a la democracia, tales
como la igualdad o la participacin ciudadana, pues los intentos de maximizar
este tipo de valores podran llevar a una disminucin radical de las probabili-
dades de que la democracia representativa se mantenga, como consecuencia de
eventuales acciones desestabilizadoras de los grupos minoritario poderosos, que
pueden ver amenazados, a travs del desarrollo de tales acciones, sus intereses
vitales fundamentales. Pero sera un mayor error que, preocupado slo o prin-
cipalmente por los posibles peligros que pueden resultar de la eventual oposi-
cin de estos grupos poderosos, el Gobierno atendiera de manera privilegiada
las demandas de stos, y pospusiera indefinidamente los objetivos de bienestar
de la mayora de la poblacin, porque en tal caso la quiebra de la democracia
representativa se puede producir por falta de apoyo popular, como resultado de
la prdida de su confianza en tal forma de gobierno, como el instrumento eficaz
para satisfacer las aspiraciones de la mayora al bienestar, que es esencial para
su mantenimiento.
El mantenimiento y consolidacin de una democracia representativa, en un
pas en condiciones como las que haba en Venezuela hacia 1958, fue una ver-
dadera hazaa para la que se necesitaban raras cualidades, no slo de lideraz-
go, valor y honradez sino de sabidura y prudencia poltica. Gracias a esa mezcla
de cualidades excepcionales, Betancourt pudo culminar con xito tal tarea. La
democracia representativa pudo mantenerse y consolidarse durante ese difcil
perodo, no solo por el valor y habilidad con que el Presidente supo hacer frente
a la subversin armada, sin que le temblara la mano (y utilizo aqu una de las
expresiones caractersticas de Betancourt), sino porque tambin fue capaz de
negociar, buscando y consiguiendo el consenso de quienes desconfiaban al
principio del nuevo gobierno, y que terminaron aceptndolo.
Pero, sobre todo, su xito se debi a que fue capaz de mantener y aun au-
mentar la confianza del pueblo en que tal forma de gobierno era el mecanis-
mo ms eficaz para realizar sus aspiraciones no slo de libertad y justicia sino
tambin para aumentar su bienestar material. Con visin retrospectiva de su
11
obra, el propio Betancourt resumi sobriamente sus logros durante ese quin-
quenio, con la siguiente expresin: El gobierno que presid no slo sobrevivi,
sino que tambin hizo1.
La confianza del pueblo en el modelo de desarrollo democrtico, su creencia
de que a travs del mismo sus posibilidades de progreso y de bienestar eran
prcticamente ilimitadas, fue una de las caracterstica ms resaltantes de la
Venezuela en las primeras dos dcadas que explican el fuerte arraigo que los
venezolanos llegaron a tener en la democracia representativa. Pero en una in-
tervencin pblica en febrero de 1981, apenas seis meses antes de su falleci-
miento, Betancourt, muy consciente ya de la grave crisis poltico-econmica,
que entonces apenas estaba empezando a manifestarse en Venezuela, la atribua
a la falta de fe que se ha extendido por todo el pas. Segn su certero diagns-
tico, tal crisis se deba fundamentalmente, a [] una falta de confianza en el r-
gimen democrtico []2. Durante las dos dcadas que siguieron a la muerte de
Betancourt la crisis de la democracia representativa venezolana no hizo sino
agravarse, hasta llegar a la situacin de quiebra actual
Una reconquista plena de la democracia representativa exige la recuperacin
de la confianza a la que se refera Rmulo Betancourt unos meses antes de su
muerte: confianza no slo para reconocer en ella un instrumento para la libertad,
sino sobre todo para la justicia y el bienestar; confianza no slo por parte de las
lites y de las clases acomodadas sino ante todo, por parte de las masas populares.
1
Rmulo Betancourt, 5 Aos de Gobierno Democrtico, en Seleccin de Escritos Polticos 1929-1981.
Compilador Naudy Surez Figueroa. Caracas: Fundacin Rmulo Betancourt, 2006. p. 386. Para una
sntesis factual de sus obras en el perodo, vase pp. 387 y ss.
2
Betancourt, Intervencin en la XXI Convencin Anual de Accin Democrtica, en Seleccin de Es-
critos Polticos 1929-1981, p. 443.
12
PROCESO DE LA REVOLUCIN DEMOCRTICA
FUNDAR LAS BASES DE UN NUEVO ORDEN POLTICO NACIONAL
1
Palabras liminares / 5 aos de gobierno democrtico (Berna, marzo de 1968), La revolucin demo-
crtica en Venezuela. Documentos del gobierno presidido por Rmulo Betancourt 1959-1964, 4 volmenes,
Caracas, 1968, pp. XIX-XX.
2
Betancourt, Rmulo, Reencuentro con el pueblo, discurso de RB, retornado al pas, tras una d-
cada de exilio poltico, 9 de febrero de 1958, Rmulo Betancourt seleccin de escritos polticos, 1929-1981
(compilacin y estudio preliminar Naudy Surez Figueroa), Fundacin Rmulo Betancourt, Caracas,
2006, p. 274.
13
la historia venezolana, episodio donde todo pareca deslumbrar. Se comienzan
a ventilar para la sociedad nuevas formas de existencia colectiva. Los procesos his-
tricos desarrollados a partir de estas coyunturas fundan una nueva forma de
hacer poltica y de construir las relaciones sociales. Si el verbo clave en el hori-
zonte intelectual de la nueva dirigencia poltica de 1936 era organizar, a este
verbo en 1958 se le aadira el de unir. Organizacin y unin seran los princi-
pios bsicos de la accin de los nuevos polticos y militantes. Sobre ambos prin-
cipios se lograra dar fundamento a una poltica democrtica. Soplaban en ambos
momentos deseos de renovar la existencia nacional segn postulados de demo-
cracia poltica y de libertad civil, algo que tambin se intent durante la frustrada
experiencia de la Gloriosa Revolucin de Octubre (1945-1948).
En estas preciosas y largas horas la presencia combativa y la accin organi-
zadora de Rmulo Betancourt haban sido decisivas para el desarrollo de los
acontecimientos. En 1936 llegaba al pas, luego del exilio gomecista no como
hombre del pasado sino del presente y del futuro3. En 1958 lo hara, despus
del largo exilio dictatorial, con el convencimiento de ayudar a establecer de-
finitivamente en Venezuela el rgimen democrtico y representativo4. Puesto
por delante este convencimiento, interesa a los fines generales de este estudio
preliminar de la obra poltica de Betancourt entre 1958 y 1964, analizar y re-
construir el proceso de la revolucin democrtica llevada a cabo en Venezuela
durante estos aos. Considerar aquellos fundamentos y condiciones que hicie-
ron posible la cita de la sociedad venezolana con su propio destino, aportar al
lector las lneas maestras (ideas, representaciones y prcticas) que dieron sen-
tido al nuevo orden poltico instaurado en el pas en las circunstancias del 23
de enero de 1958.
3
Regresa al pas Rmulo Betancourt, entrevista realizada por E.C.D. para La Esfera, Caracas, 11 de
febrero de 1936, Rmulo Betancourt. Antologa poltica, vol. 2 / 1936-1941 (seleccin, estudio preli-
minar y notas Patricio Soteldo, Vilma Petrash, Mara Teresa Romero), Fundacin Rmulo Betancourt,
Caracas, 1995, pp. 179-182.
4
Reencuentro con el pueblo, discurso de RB del 9 de febrero de 1958, op. cit., p. 271.
14
una poltica al menos no tan suicida como la
que seguimos en el pasado En lo que a A.D.
se refiere hemos analizado nuestros propios
errores, y los ajenos, y por lo que nos corres-
ponde estamos seguros, plenamente seguros,
de no reincidir en ellos5.
5
Betancourt, R., Venezuela poltica y petrleo, Fondo de Cultura Econmica, Mxico, 1956, p. 776.
15
de masas, los existentes y aquellos por venir, de manera de ocupar aquellos es-
pacios dbilmente representados por otras instituciones de corte castrense,
nefasta herencia del rgimen derrocado. Partidos y grupos sociales de vocacin
democrtica tendran que acostumbrarse a nuevas prcticas: [] atemperar
la discordia ideolgica, porque las zanjas que ella abre cuando se exacerba crean
el clima propicio a la recurrencia dictatorial6. Slo una dimensin instituyente
con estas cualidades incitara a un pensamiento, a una proyeccin ideolgico-
poltica sostenida, dirigida al largo plazo. Se trataba de elaborar algo ms fun-
damental. Lo proponen las palabras de Betancourt, sealando que el momento
requera de:
6
Informe poltico presentado por Betancourt en su condicin de presidente de A.D., el 12 de agos-
to de 1958, al partido en su IX Convencin Nacional, Rmulo Betancourt seleccin de escritos polticos,
1929-1981, op. cit., p. 279.
7
Reencuentro con el pueblo, discurso de RB del 9 de febrero de 1958, op. cit., p. 273.
8
Una nacin sealaba Picn-Salas no es slo una suma de territorios y recursos naturales, sino la
voluntad dirigida, aquella conciencia poblada de previsin y de pensamiento que desde los das de hoy
avizora los problemas de maana, en Rumbo y problemtica de nuestra historia (Discurso de in-
corporacin en la Academia de la Historia, 1947), Comprensin de Venezuela, Caracas, 1949.
16
Al plantear las cosas de esta manera, la perspectiva betancouriana escapa de
las fronteras demasiado estrechas en las que la alternativa marxista ha tendido
a encerrar la cuestin de la democracia moderna. Es que por democracia no se
puede entender slo un sistema de instituciones polticas y econmicas, que re-
flejan mecnicamente los intereses de una determinada clase social, a la cual se
le atribuye el poder de determinar todos los rasgos de la realidad social. Los ac-
tores de la democracia moderna no son actores sociales irreductibles a los com-
ponentes individuales de la sociedad, regidos por leyes inexorables. Es necesario
ir ms all, y preguntarse si los procesos a los que se refiere el discurso demo-
crtico ya se trate de los escritos de sus idelogos o tericos, de los intereses
de los actores sociales o de las expresiones menos elaboradas de la opinin
pblica dependen nicamente del orden institucional, del orden poltico o
econmico, de la dialctica de la historia; o acaso habr que prestar un poco ms
de atencin a la diversidad de intenciones e intereses que pasan a travs de ese
discurso. Para esta posibilidad de la democracia no da pie la alternativa marxista.
Se haba madurado bastante desde los das del confusionismo con el marxismo
de 1936. Betancourt as lo mostraba al insistir en esto ante la IX convencin
de A.D. El momento exiga un perfil diferenciado y propio para el partido.
Habra que hablarles a aquellos que seguramente por desconocimiento de
nuestra doctrina y de nuestra conducta poltica autnoma, ven a A.D. y al
P.C.V. como una especie de animal bifronte, cuando nos separan profundas
diferencias ideolgicas y tcticas9. Posicin que haba expuesto claramente en
1957 ante un auditorio internacional, al anticipar la conformacin de un frente
democrtico nacional:
9
Informe poltico del 12 de agosto de 1958, op. cit., p. 288.
10
Para una justa poltica interamericana (discurso pronunciado en el Carnegie International Cen-
ter, Nueva York, 12 de enero de 1957), Posicin y Doctrina, Editorial Cordillera, Caracas, 1959, p. 22.
17
laboracin del Partido Comunista. Las razones contenan el tono de amplitud
que demandaba el momento poltico. Los comunistas, como cualquier otro
grupo de venezolanos, tenan derecho a sustentar una ideologa poltica, a ex-
presarse y difundir sus creencias,
11
Discurso de Betancourt con motivo del cierre de la campaa electoral presidencial de 1958, Rmulo
Betancourt seleccin de escritos polticos, 1929-1981, op. cit., p. 315.
12
Informe poltico del 12 de agosto de 1958, op. cit., p. 287.
18
visible: la sociedad venezolana ha llegado a un momento de su evolucin en
el cual se hace necesario el ver su historia como una larga marcha hacia la de-
mocracia13. Intil insistir sobre esto. Pero tampoco se puede obviar que el
surgimiento de la democracia moderna requiere de un recuento objetivo de las
condiciones que la posibilitan; particularmente requiere, entre otras cosas, de
la unidad de propsitos por parte de las lites que la haga viable. Estas condi-
ciones que posibilitaran la puesta en forma, la puesta en escena y la puesta en
sentido de la democracia en Venezuela fueron ampliamente razonadas y deba-
tidas por Betancourt, con angustia patritica y preocupacin estudiosa, ante
los diferentes escenarios nacionales. Sobre la divulgacin del problema del pe-
trleo y de la economa, y de los problemas sociales insisti a lo largo y ancho
de la geografa nacional, ante los ms diversos interlocutores. Lo que le prepa-
raba el terreno en caso de tocarle dirigir los rumbos de la gestin gubernamen-
tal, porque dentro del rgimen democrtico no se ha conocido ni inventado
frmula distinta a la de que sean los partidos polticos los rganos del poder
pblico, despus de obtener a travs de los comicios, el aval y el respaldo del
electorado14.
Lo anterior vena al caso como un signo nuevo y auspicioso en la vida ve-
nezolana observado por Betancourt, el cual tena que ver con la construccin
de la preciada unidad nacional: el que hombres de empresa escuchen a hom-
bres pblicos exponer sus puntos de vista acerca de la problemtica nacional.
Esta suerte de transferencia en el concepto de responsabilidad no significaba
otra cosa que el inters de los hombres de empresa en conocer las ideas y el
pensamiento de quienes de una forma u otra influirn o dirigirn los destinos
nacionales. El 23 de enero habra trado consigo las condiciones que posibi-
litaran esta transferencia lo que abonara el logro de la unidad nacional. An-
tes el pas estuvo dividido en facciones agresivas y desconsideradas, nutridas
de divergencias personales y posiciones intolerantes de parte de los distintos
actores. Betancourt estuvo entre los primeros en reconocerlo, incluso antes de
su llegada a Caracas:
Si los partidos se hacen otra vez guerra a cuchillo, si se substituye el sereno deba-
te doctrinario de las grandes cuestiones nacionales y universales por la enconada
pelea subalterna, se creara clima propicio para la recada dictatorial.15
13
Carrera Damas, G., La larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia: doscientos aos de
esfuerzos y un balance alentador, Contralora General de la Repblica, Caracas, 1998, p. 3.
14
El petrleo en la economa nacional (Conferencia en la Cmara de Comercio de Maracaibo, 15 de sep-
tiembre de 1958), Rmulo Betancourt seleccin de escritos polticos, 1929-1981, op. cit., p. 289.
15
La O.E.A., frente a las dictaduras, (Discurso en homenaje rendido con motivo de su retorno a
Venezuela, 5 de febrero, 1958), Posicin y Doctrina, op. cit., p. 30.
19
2. Tregua interpartidista, bondades de la discusin de altura
En la nueva coyuntura histrica de 1958 haba que poner plomo a las alas
revolucionarias y a los excesos doctrinarios. Porque alguna leccin habra de
derivarse de la sangrienta dcada dictatorial. En cuanto a lo del sentido revo-
lucionario de la accin poltica, ya Betancourt pareca haber tomado conciencia
en el propio exilio de las necedades que podran derivarse de un lenguaje
agresivo cargado con smbolos revolucionarios, que ms que contribuir a for-
jar realidades lo que haca era espantar solidaridades. En el ya referido discur-
so pronunciado en el Carnegie International Center de Nueva York, el 12 de
enero de 1957, se expresan los deseos de rectificacin discursiva: Hemos di-
cho que no estamos fomentando revoluciones y que creemos adecuado para
Venezuela [] la transicin de un rgimen de fuerza a otro democrtico por
el camino normal de una consulta al electorado (ibid., p. 23). Anunciaban estas
palabras retoques en la concepcin democrtica articulada doce aos antes.
Sobre todo en lo relativo a las posiciones frente al resto de factores de poder, en
especial los partidos polticos, tal como se ha sealado anteriormente. Bajar el
tono de la intolerancia poltica (intolerancia agresiva hacia las minoras opo-
sitoras16) sera en adelante lnea de partido, as lo reconoci Betancourt.
El corolario de este reconocimiento era uno: propiciar la tregua poltica, en
que los partidos ni siquiera saquen sus multitudes a las calles, sino que realicen
dentro de sus locales cerrados sus tareas de organizacin17. Las condiciones que
posibilitaran la tregua vendran envueltas en un discurso que eliminaba defi-
nitivamente el odio, el insulto virulento, la procacidad en los torneos cvicos.
En adelante, se impona el lenguaje claro y franco, sin oficiar en el altar de la
demagogia, para permitir la realizacin en el pas de una cita con su propio
destino, ayudndole a salir de su convalecencia.
A tan positivos extremos expresados en este lenguaje conciliador lleg
esta tregua, que el 31 de octubre de 1958 se suscribi un pacto poltico, cono-
cido como el Pacto de Punto Fijo, en el cual los partidos Accin Democr-
tica, el Social Cristiano COPEI y Unin Republicana Democrtica adquirie-
ron, en vsperas de iniciarse la campaa electoral para los comicios de diciembre
de ese ao, compromisos concretos con la Nacin, entre los ms substanciales:
Defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resul-
tado electoral; Gobierno de unidad nacional; Programa mnimo comn18.
16
Informe poltico del 12 de agosto de 1958, op. cit., p. 279.
17
Reencuentro con el pueblo, discurso de RB del 9 de febrero de 1958, op. cit., p. 272.
18
Pacto llamado de Punto Fijo firmado por los partidos U.R.D., COPEI y A.D. el 31 de octubre
de 1958, Rmulo Betancourt seleccin de escritos polticos, 1929-1981, op. cit., p. 301-305. Un ex-
haustivo anlisis de este pacto as como del ao 1958 en general se encuentra en el opsculo de Su-
rez, Naudy, Punto Fijo y otros puntos. Los grandes acuerdos polticos de 1958, Fundacin Rmulo Betan-
court, Serie Cuadernos de Ideas Polticas, Caracas, 2006.
20
Cuestiones que ya haban sido objeto de discusin y anlisis, al igual que los ms
acuciantes problemas nacionales, durante 1957, en los dilogos diarios reali-
zados entre Rafael Caldera y Jvito Villalba, esas grandes figuras de la demo-
cracia nacional, y yo, exiliados los tres en la ciudad de Nueva York; y cuando
lleg a esa ciudad el ex Presidente Lpez Contreras, durante muchas horas
discutimos con l y tambin encontr en el ex Presidente un hombre fundamen-
talmente interesado en que en este pas se afirme la democracia definitivamen-
te19. Respaldar semejante acuerdo, sin abandonar las concepciones doctrina-
rias especficas, en favor de la realizacin de elecciones libres y de la instauracin
de un gobierno de unidad nacional seran segn sus mentores demostraciones
suficientes de la aptitud de Venezuela para la prctica ordenada y pacfica de
la democracia20. Acaso por los resultados posteriores de este acuerdo poltico,
el gran mrito del Pacto de Punto Fijo no fue ni llegar a l como expresin de
un espritu unitario per se, ni redactar sus trminos, ni siquiera acordar su fir-
ma, porque de muchos pactos estaba compuesta la historia poltica venezola-
na. Ninguno como ste, sin embargo. El verdadero mrito de Punto Fijo, se-
gn uno de sus firmantes, fue cumplirlo, y se ejecut con entera lealtad hasta
el ltimo da del gobierno del Presidente Rmulo Betancourt.21
19
Reencuentro con el pueblo, discurso de RB del 9 de febrero de 1958, op. cit., p. 271.
20
Pacto llamado de Punto Fijo, op. cit., p. 304.
21
Caldera, Rafael, La parbola vital de Rmulo Betancourt, Conferencia inaugural de la Ctedra R-
mulo Betancourt en la Universidad Rafael Urdaneta, Maracaibo, 19 de mayo de 1988, p. 19.
22
Accin Democrtica: 17 aos al servicio del pas, discurso pronunciado por Betancourt en Maracai-
bo el 13 de septiembre de 1958, Posicin y Doctrina, op. cit., p. 203.
21
intentona militar (la crisis con Castro Len del 22 de julio de 1958), quedaba
de manera ms o menos tcita quines seran los candidatos presidenciales. Las
posibilidades eran varias: un candidato de coalicin entre los partidos que sus-
cribieron el Pacto, una candidatura independiente aceptada por estos partidos,
la frmula de un poder ejecutivo colegiado, o que cada partido lanzara su propio
candidato. Tan variadas frmulas obedecan a la complejidad del momento. A
Betancourt, quien desde la Convencin de agosto sostuvo la tesis de que AD
no presentase un nombre de sus filas como candidato individual, no le sera tan
fcil. No slo porque cualquier candidatura presidencial segn el Pactose
verificara sin menoscabo de la unidad y sin ruptura de la tregua interpartidis-
ta, sino porque an haba recelo frente al lder por parte de algunos sectores
civiles, pero particularmente por el lado militar e incluso dentro de su mismo
partido. l mismo se saba polmico y desencadenador de pasiones. Comprende
entonces que debe mantenerse en actitud discreta pero alerta, muy alerta. Ya en
el Informe que presentara a la Convencin del partido el 12 de agosto, solici-
taba que se me eximiera de plantear esta cuestin eleccionaria []23.
Las razones eran obvias, su nombre apareca o deseaba el propio Betan-
court que aparecieseen el primer plano de las candidaturas de unas inminen-
tes elecciones. Haba que trabajar con tino. En este plano los elementos en juego
eran sumamente complejos. Por tanto, lo mejor para el momento era andar
ligero de equipaje en cuanto a aspiraciones se refiere y pasarle el fardo de la
decisin a terceros: Y como personalmente ni deseo ni busco postulaciones,
he preferido que sea un calificado equipo de compaeros el que recoja y resu-
ma ante la Convencin las distintas modalidades que ofrece el problema elec-
toral. En lo inmediato la Convencin acordaba, entonces, renunciar a presen-
tar a un hombre de sus filas como candidato presidencial. No todos pensaban
igual. Mientras Prieto Figueroa defenda el nombre de Betancourt como can-
didato; Gonzalo Barrios y Ral Leoni se mantenan discretos, al igual que el
maestro Gallegos. Uno que otro personero de la vieja guardia Carlos DAscoli,
por ejemplo expres oposicin a su nombre.
Por supuesto, que en la hora final del debate Betancourt s se mostrara
animado acaso siempre lo haba estado a exponer sus criterios sobre las di-
ferentes frmulas electorales. Primero haba que mantener el clima de enten-
dimiento, haba que ir ms all del partido escuchando a la gente en la ocasin
de llevar por todo el pas sus planteamientos de gobierno tanto a la militancia
como a distintos sectores organizados de la sociedad. A esta accin evangeliza-
dora sobre los grandes problemas nacionales y a la reconstruccin y unificacin
de las bases del partido se dedica la mayor parte de la segunda mitad del ao.
Ni siquiera abusar del mitin de plaza pblica; muy raramente escribe en la
23
Informe poltico del 12 de agosto de 1958, op. cit., p. 288.
22
prensa y poco polemiza. Ms bien polemizan otros dirigentes, como el caso de
Domingo Alberto Rangel quien sostuvo una discusin de martilleadas frases
con Larrazbal al calificar de peronismo su estilo poltico24. Los excesos dis-
cursivos del trienio o la tentacin de fciles acomodos no deberan sacrificar la
unidad nacional en torno a la democracia. Aparte de que esto era tambin, en
materia de proyeccin de imagen, electoralmente estratgico. Betancourt no le
hara el juego fcil a sus enemigos polticos, especialmente a aquellos que ha-
can vida en las Fuerzas Armadas o a aquellos representantes de viejos sectores
oligrquicos quienes an lo vean como un radical revolucionario.
El Pacto de Punto Fijo dejaba en libertad a cada una de las organizaciones
que le suscribieron de sustentar su propio candidato presidencial, quedaba
entonces el trabajo con las bases de AD, especialmente entre los nuevos lde-
res de la juventud quienes haban dirigido la organizacin en los ltimos tiem-
pos. Trabajo que ya se haba iniciado desde que sinti tierra caliente al regre-
sar del exilio y despus. Tres meses ms tarde, el 7 de mayo de 1958, Betancourt
convoca, en su carcter de presidente del Partido, a una reunin de dirigentes
nacionales. La situacin sera propicia para enfatizar el pensamiento colectivo
del partido porque hoy como nunca existe una frrea unidad interna en Ac-
cin Democrtica y una profunda compenetracin anmica e ideolgica entre
su direccin y su militancia25. Haba que preservar la unidad por sobre todas
las cosas. Y por si an los nuevos dirigentes no se comunicaban con la vieja
guardia, las palabras de elogio fueron hacia los primeros, representados en su
Secretario General del Partido en la Resistencia y la Clandestinidad, Simn Sez
Mrida, uno de los pinos nuevos, formados en la lucha de la resistencia. Haba
que obrar con talento, con calma. Cualquier precipitacin pondra en juego la
unidad. Betancourt lo saba y se les adelantaba as ante cualquier intento de
buscar candidaturas independientes como era una tendencia. Son estos mismos
lderes jvenes quienes, al oponerse a la tesis de un candidato nico e indepen-
diente propuesta por el PCV, entre otros, simpatizaron con el lanzamiento de
un candidato individual del propio partido, ste sera Betancourt26. El traba-
jo era la clave, y all esa juventud luch consecuentemente por el triunfo de
24
La Esfera, Caracas, 26 de noviembre, de 1958, p. 2.
25
Hacia una poltica de unidad, discurso pronunciado por Betancourt en el acto de clausura de la
reunin de dirigentes nacionales de Accin Democrtica, Caracas 7 de mayo de 1958, Posicin y
Doctrina, op. cit., p. 212.
26
Domingo Alberto Rangel concluira que ya no es posible llegar a un pacto entre AD y URD, El
Nacional, Caracas, 9 de noviembre de 1958, p. 1; mientras que Luis A. Dubuc seala que con el can-
didato unitario se trata de rodear de una amenaza sumamente peligrosa la candidatura de Betancourt,
El Nacional, Caracas, 9 de noviembre de 1958. En general sobre estas elecciones, puede consultarse
Rosas Marcano, Jess, La prensa nacional y las elecciones generales de 1958, Universidad Central de
Venezuela, Instituto Venezolano de Investigaciones de Prensa, Caracas, 1961.
23
Rmulo Betancourt. Domingo Alberto Rangel, entre ellos, en la euforia de la
campaa, llamara su candidatura con encendida prosa: Lmpara que atrae los
moscardones en la oscuridad. Para luego aadir:
El tono sereno con que se ha realizado este debate electoral, que acaso merezca ser
calificado de caballeresco torneo electoral, ha permitido que no se abran zanjas de
odio entre las distintas parcialidades y entre los distintos candidatos. Y esto posi-
bilitar la realizacin de lo que es algo ms que un anhelo, una necesidad nacional30.
27
La Esfera, Caracas, 24 de noviembre de 1958, p. 4.
28
Campaa alarmista denuncia Defensa, El Mundo, Caracas, 17 de noviembre de 1958, p. 1.
29
La unidad no existe ni ha existido antes en el sentido del asentimiento de los partidos y de todos
sus militantes con respecto a un candidato nico, Pereira Alvarez, Ismael, Desde mi rascacielo, El
Universal, Caracas, 7 de noviembre de 1958, p. 4.
30
Discurso de Betancourt con motivo del cierre de la campaa electoral presidencial de 1958, Rmulo
Betancourt seleccin de escritos polticos, 1929-1981, op. cit., p. 314.
24
Accin Democrtica. Con ms de trescientos mil votos de ventaja31 sobre Larra-
zbal, Betancourt retornara al poder para tratar de demostrar que la solucin para
los problemas del pas pasaba por la solucin electoral. Frente a gobiernos pro-
videncialistas o autoelectos, se impona la va civilizada de los comicios para que
las mayoras nacionales pudiesen darse sus propios gobiernos. Y este sera un
principio inalterable del nuevo orden poltico democrtico y representativo.
31
Las cifras definitivas del Consejo Supremo Electoral eran: Rmulo Betancourt: 1.284.092 votos;
Wolfgang Larrazbal: 903.479 votos; Rafael Caldera: 423.262 votos. En la composicin del Congreso
Nacional tambin Accin Democrtica obtuvo mayora con 32 senadores y 73 diputados (Betancourt
obtuvo escasos 20 mil votos menos que AD); seguido de URD con 11 senadores y 4 diputados; COPEI
con 6 senadores y 19 diputados; y, finalmente, el PCV con 2 senadores y 7 diputados. Ver Chang Mota,
R., Sistemas y cifras de las elecciones venezolanas desde 1958, Consejo Supremo Electoral, Caracas, 1983;
para un enfoque histrico del tema Sanoja Hernndez, J., Historia electoral de Venezuela (1810-1998),
Los Libros de El Nacional, Caracas, 1998, pp. 50-52.
32
Palabras de Betancourt al clausurar la Convencin Anual de Fedecmaras en San Cristbal el 21 de
marzo de 1959, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 34.
25
del poder no se contaba con una defensa popular de la democracia en sus ho-
ras iniciales? El sndrome del 24 de noviembre de 1948, pareca estar ahora ms
presente que nunca. El mes de enero de 1959 lo dedicara el Presidente electo
a sostener conversaciones con los ms heterogneos factores de poder de la
capital y de las provincias. Mencin aparte merecen las visitas a los comandos
y cuarteles de las Fuerzas Armadas para exigir respeto al orden constitucional
de la Repblica y a la voluntad del pueblo. A cambio se ofreca que la insti-
tucin armada no ser objeto de ninguna maniobra partidista y que se respe-
tar en todo momento el espritu y la fisonoma que a la misma conforma, de
Institucin al servicio de la Repblica y no del personalismo33.
Los das siguientes fueron agitados, no slo por la intranquilidad en las
calles, las olas de rumores y los tumultos de diverso origen, sino tambin por
las laboriosas e interminables negociaciones para constituir el Gabinete Minis-
terial de acuerdo al espritu unitario presente y al mandato del Pacto de Pun-
to Fijo. Las capacidades negociadoras de Betancourt se movan entre las exigen-
cias de su partido y aquellas de sus aliados, amn de las suspicacias que cada
grupo despertaba. Fracasados los augurios pesimistas y reducida al mnimo la
discordia interpartidista, se logra finalmente conformar proporcionalmente el
Poder Ejecutivo con representantes de AD, URD y COPEI, adems del llama-
do grupo de Ministros Tcnicos. La calidad del gabinete pasara la prueba de
gobernar. Todos los Ministros en especial los tcnicos exhibieron empeo de
servir y voluntad de acertar (Betancourt). De igual manera se distribuyeron
las gobernaciones de acuerdo a los resultados electorales. Habiendo quedado
instaladas las Cmaras Legislativas el 19 de enero, slo restaba esperar la llegada
del 13 de febrero, fecha pautada para la iniciacin del rgimen constitucional.
Comparecer ante el rgano legislativo depositario de la voluntad popular,
por haber sido electo mediante el sistema democrtico del voto directo, univer-
sal y secreto era para Betancourt ms que un ritual del poder, era la oportuni-
dad para echar a andar lo soado para Venezuela desde sus das mozos. Por sobre
todo sera una responsabilidad planteada a los venezolanos de hoy en forma de
reto [] un eslabn ms de singular proyeccin dentro del proceso revalora-
tivo de la nacionalidad, iniciado en Venezuela el primero de enero de 195834;
memorable fecha en que estall la insurreccin contra el rgimen dictatorial.
Llegaba el momento de regularizar la controversia pblica, de asentar y respe-
tar las reglas del juego democrtico, garantes del nuevo orden poltico. Lo pri-
33
Citado en Velsquez, Ramn J., Aspectos de la evolucin poltica de Venezuela en el ltimo me-
dio siglo / El gobierno de Rmulo Betancourt, 1959-1964, en Ramn J. Velsquez, A. Calvani et al.
Venezuela moderna. Medio siglo de historia, 1926-1976, Editorial Ariel / Fundacin Eugenio Mendoza,
Caracas, segunda edicin 1979 (1976), p. 228.
34
Discurso de toma de posesin presidencial, Caracas, 13 de febrero de 1959, Rmulo Betancourt se-
leccin de escritos polticos, 1929-1981, op. cit., p. 330.
26
mero y principal sera perpetuar la unidad nacional, para lo cual ya se haban
dado los primeros pasos en el momento de conformar el aparato del Estado con
un Gobierno de coalicin segn criterios incluyentes:
Luego del balance negativo que dejaban los diez aos de la dictadura, no
estara dems exaltar la pasin de libertad de que haba hecho gala el pueblo
venezolano. Slo esto posibilitara continuar hacia delante en la construccin
del orden democrtico, del que continuara excluido el Partido Comunista
porque su filosofa no se compagina con la estructura democrtica del Estado
venezolano; tampoco su poltica internacional concuerda con los mejores in-
tereses del pas. Expuesto el fundamento unitario, libertario y democrtico del
orden poltico, el ahora Presidente Betancourt pasaba a definir las lneas maes-
tras de accin de lo que sera su Gobierno Constitucional.
35
Frase de Jos Mart puesta de relieve por Betancourt al hablar de la moralidad administrativa que
implantara su gobierno. La expresin completa es: Hay que poner de moda la honradez.
27
Se volva de esta manera a los das del trienio con aquella conducta de la
moralizacin administrativa, de aquella inexorable labor profilctica. Slo que
ahora se obviaba cualquier tinte de carcter radical. Ya no habra un Jurado de
Responsabilidad Civil y Administrativa, encargado de ejecutar una suerte de
terreur revolucionario contra los funcionarios del antiguo rgimen; tampoco se
levantaran juicios de peculado con sentencias ms cercanas a la infamia que
a la justicia. Si el peculado continuaba siendo prctica comn en la adminis-
tracin pblica nacional, las maneras de combatirle habran de adaptarse a la
nuevas condiciones polticas y sociales. De inmediato se pondra en plena vi-
gencia una Ley contra el Enriquecimiento Ilcito de Funcionarios Pblicos, se
integrara el Tribunal especial all contemplado pero no con el otrora signo
monopartidista, sino con novedosa amplitud: [] con representacin del
Congreso Nacional, de la Corte Federal y de Casacin, de la Presidencia de la
Repblica y de los partidos polticos con representacin parlamentaria.
28
educativa a travs de planes permanentes en materia de educacin, planes para
domiciliar en casa habitable a los sectores medios, obreros y campesinos, pro-
teccin de la salud pblica y, especialmente, realizacin de una reforma agra-
ria que permitiera una ms justa distribucin de la tierra entre los sectores cam-
pesinos. Con estos planes se buscaba no slo echar a andar un proyecto de pas,
sino lo que era ms importante, aplacar los nimos exaltados de las manifesta-
ciones de desempleados que urgan al gobierno a la creacin de puestos de tra-
bajo; al igual que aquellas demandas de las delegaciones de ciudades y pueblos
solicitando escuelas, carreteras, hospitales, caminos vecinales, acueductos, elec-
trificacin. Por cierto que en relacin al sector rural, expresaba Betancourt su
atencin al mismo de esta manera: la presin de los campesinos pidiendo tierra
y crditos se ejerci con acusada intensidad.
La situacin era apremiante y el estado de zozobra social poda agravarse.
Quedaba por verse las capacidades del aparato estatal para enfrentar el crtico
cuadro social y administrativo. Las acciones de este ltimo tipo no podran ser
exclusividad del Estado, si actuar con buen tino se quera; stas rebasaran su
capacidad, de forma que la propuesta responsablemente expuesta era:
36
En la ocasin del Mensaje enviado al Seor Presidente de la Conferencia de Consulta de Cancille-
res Americanos, Santiago de Chile, 12 de agosto de 1959, La revolucin democrtica en Venezuela.
Documentos, op. cit., vol. 1, p. 108.
29
tivo de esta postura sea la amplitud y sinceridad que buscaban sus palabras. La
poltica nacional e internacional se realizaran a la luz del da:
30
En un contexto de compresin y claridad sobre su situacin socio-econ-
mica, se le daban as a este sector de la sociedad los lineamientos sobre los que
se desarrollara su accin dentro del nuevo orden poltico: profesionalizacin
y apoliticismo. Lo que significaba sostener, a costa de lo que fuese, el Gobier-
no legtimamente constituido. Al garantizar los militares el orden pblico y la
seguridad nacional, al cumplir con su obligacin legal y su definicin institu-
cional, de lo dems se encargara el poder civil: El Gobierno Constitucional
les prestar la debida atencin, por considerar que son imprescindibles para la
Repblica. Atencin que se traducira en una poltica de mejoramiento de sus
niveles de vida, modernizacin y equipamiento de sus diferentes unidades,
amplios beneficios socioeconmicos.
37
Palabras en la instalacin de la II Convencin de Gobernadores, Caracas, 13 de agosto de 1959, La
revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 115.
31
a Miraflores en mquina de hacer apresurados decretos, sino partir del inven-
tario sereno de las necesidades ms apremiantes del pas, as como de una eva-
luacin de las posibilidades para afrontarlas. Esta sera la tnica de la gestin
poltica y administrativa:
Puestas por delante estas cuestiones de vital importancia, habra que pasar
a esbozar aquellos principios de gobierno. Esto lo fue haciendo Betancourt en
la medida en que se iba reuniendo con los distintos sectores organizados del
trabajo y la produccin, as como con los dems factores de poder.
Gobernar es dialogar
En este segundo mandato, Betancourt tiene ms claro aquellos principios
que subyacen al lenguaje (siempre sencillo y llano) en funcin de un Gobierno
democrtico. Uno de ellos es el dilogo permanente, el intercambio de ideas
compartidas con empresarios, militares, estudiantes, el clero, los sindicatos, los
grupos profesionales. Estar a la cabeza de un gobierno de este tipo no es ms
que hacer de intrprete de la voluntad de la mayora nacional. Ms an en cir-
cunstancias en que el pas reclama enrumbarse definitivamente por caminos es-
tables y democrticos. Adems, en un Gobierno pluripartidista, se trata de re-
bajar el tono personalista e individualista. Cuando se habla, se acta en nombre
del Gobierno y de las fuerzas en l representadas; cuando se habla se busca el
consenso, el entendimiento entre sectores. Esta es, grosso modo, la dinmica del
discurso del poder. Evitando las fricciones a que conllevan frmulas extremas,
Betancourt se dirige en este estilo y de manera permanente a los diferentes
sectores que integran la nacin. El trato y la atencin a la diversidad de plan-
teamientos sera paritario:
As como hemos venido a dialogar con los hombres de empresa de Venezuela, nos
reuniremos maana, dentro de algunos meses, con los trabajadores de la Repblica
cuando se den cita en algn sitio de nuestra geografa y estructuren su Confede-
racin de Trabajadores de Venezuela (ibid, p. 25).
38
Palabras de Betancourt al inaugurar la Primera Convencin de Gobernadores, Miraflores, 13 de
marzo de 1959, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 24.
32
influir esta opinin, pero tambin era oportunidad magnfica para informar de
planes y realizaciones del Gobierno. Dilogo y no ensimismamiento era una frase
comnmente repetida por Betancourt. Dialogando se le sala al paso a las cons-
tantes especulaciones periodsticas o a aquellos rumores interesados polticamente
sobre la desestabilizacin del Gobierno; saliendo del estado de s mismo la respues-
ta del Jefe de Miraflores ser invariable, convertida en suerte de ritornello que
buscaba garantizar a sus distintos interlocutores cun apuntalado estaba el poder:
Puedo garantizarle al pas que dentro del Gobierno hay unidad, entendimiento y
deseo de todos de servir a Venezuela. Dir con seguridad absoluta, que son incon-
movibles las bases de este Gobierno. Tiene un vasto aval de opinin pblica y tiene
respaldo pleno de las Fuerzas Armadas venezolanas39.
39
Exposicin ante la Asociacin Venezolana de Ejecutivos, Caracas, 15 de abril de 1959, La revolu-
cin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 42.
40
Mensaje a los trabajadores en su da, Caracas, 30 de abril de 1959, La revolucin democrtica en
Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 57.
33
[] est en marcha todo un plan articulado, realista, para ser ejecutado enrgica-
mente, a fin de incorporar a la produccin y al disfrute de los goces fundamentales
de la vida, a ese inmenso sector marginal de nuestra poblacin, constituido por el
campesinado (ibid, p. 59).
Desde luego que la planificacin es una tarea ardua y nueva en el de por s difcil
arte de gobernar. Pero es tarea esencial, y lo es por lo complejo de las distintas y
variadas funciones de gobierno, tanto en el campo econmico como en social41.
Que Venezuela era nacin inepta para el ejercicio pacfico del sufragio ha sido
mineralizado argumento de los socilogos de encargo que rentaron sus talentos
y sus plumas a los dictadores llegados por asalto al poder. Los hechos, reiterados,
han demostrado la falsedad de esas teoras elaboradas en las retortas del oportu-
nismo y de la adulacin, para justificar a posteriori el hecho de fuerza pretoria-
no (ibid., p. 183).
41
Palabras de Betancourt en la instalacin de la II Convencin de Gobernadores, Miraflores, 13 de
agosto de 1959, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 115.
34
Quedara por ver lo del pueblo y su destino, la relacin del poder con el des-
tino de Venezuela, fuese este de luminoso futuro o de oscuras promesas incum-
plidas: cmo se fijara ste en el horizonte colectivo? qu garantizaba que de
verdad este destino fuese el democrtico? Es slo en democracia que un pue-
blo se decide a asumir la autonoma de su destino histrico? Las respuestas
requeran argumentos de sensato optimismo, pero adems requeran de una
gran pasin, de una sensata preocupacin y especialmente del deseo de acertar.
Las palabras para sealar el umbral de un nuevo ao de gobierno contenan
estas cualidades y adems eran promisorias. Betancourt, en la oportunidad de
despedir al ao 1959 (ao difcil para el Gobierno ha sido ste42), proyecta-
ba as lo que vendra:
42
Aseveracin hecha n la oportunidad de presentar su mensaje anual al Poder Legislativo, el 29 de abril
de 1960, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 263.
35
Gobierno nacido no bajo el signo del exclusivismo sectario sino de la unidad nacional
representada por los tres grandes partidos de la coalicin [] y por la vasta masa de
venezolanos que no estn agrupados bajo tiendas partidistas [] (ibid, pp. 223-224).
Se le haca claro a Betancourt que las relaciones con el capital extranjero eran
fundamentales para llevar adelante su proyecto de desarrollo. Con slo el aho-
rro interno, sin avances tecnolgicos, no podra sacrsele el provecho requerido
a la industria petrolera. De all la necesidad de una inversin extranjera regula-
da por criterios nacionalistas como los definidos. La ocasin y el tema eran pro-
picios para anunciar los planes de creacin de una empresa nacional del petr-
leo que actuara como explotadora, productora y refinadora del aceite negro,
porque treinta aos despus de establecida la industria petrolera en el pas, es una
vergenza para los venezolanos el que nosotros no manipulemos directamente
una parte de la produccin. Anuncio que se hara realidad el 19 de abril del
mismo ao 1960 fecha escogida como para darle ms realce simblico a la
decisin, al festejarse ese da los 150 aos del emancipador 19 de abril de 1810
cuando por Decreto Ejecutivo se cre la Corporacin Venezolana del Petrleo.
Acaso sean estos anuncios los que alentaron a Betancourt para hablar en
aquella ocasin del reencuentro de la nacin con su destino. El primer ao de
Gobierno haba transcurrido bajo la tenacidad de preservar su existencia, y ase-
36
gurar las condiciones para construir un orden constitucional y democrtico.
Esto a pesar de que en su seno persistan hondos problemas socioeconmicos,
tales como la desocupacin, falta de viviendas, altos precios de los alimentos,
medicinas y alquileres. El llamado final iba en la direccin productiva:
Se han presentado en esta parte del estudio preliminar los principales enun-
ciados que van creando un orden constitucional democrtico en el pas. La
transicin desde un rgimen dictatorial no podra aspirar algo distinto que
auspiciar nuevos aires de constitucionalidad y democracia, legitimados por unas
elecciones libres. En el nivel del discurso pareca superada la provisionalidad del
orden democrtico, si a un nuevo tipo de relaciones entre el poder pblico y la
soberana mediadas por las instituciones, y a la claridad y solidez de los concep-
tos y principios esgrimidos nos atenemos. De manera apremiante habra que
conjugar lo poltico con lo social. De un extremo a otro del pas se hacan sentir
los reclamos y aspiraciones colectivas para resolver los problemas acumulados
y los de nuevo cuo, de la sociedad venezolana. Ms all de procedimientos
mgicos, de lo que se trataba era de articular el orden del discurso con el orden
de la accin poltica, y en esta ltima sera donde el conflicto social mostrara
el verdadero rostro de las fuerzas e intereses en juego.
43
Llamado a la conciliacin hecho por Betancourt ante el Poder Legislativo, al presentar su I Mensaje anual,
el 29 de abril de 1960, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 351.
37
El final de la dictadura militar y la construccin de otro orden poltico-
social traen consigo nuevas redistribuciones del poder que se harn evidentes
en el campo de la accin poltica. En primer lugar, la presencia dominante de
los partidos polticos modernos, es decir, de aquellas agrupaciones democrticas
de masas, como agentes de cambio social. En segundo lugar, las grietas que se
producen bajo la forma de divisiones en el seno de estos mismos partidos por
donde aflorarn otras redistribuciones del poder que harn ms complejo el
escenario de la accin. Finalmente, aparecern las influencias forneas sobre la
poltica criolla que tambin modificarn el tablero poltico. Durante todo el ao
1959, los firmantes de Punto Fijo se haban mantenido leales al compromiso
adquirido. Los avances realizados y la necesidad de estabilizacin presuman la
conveniencia de mantener el rgimen de coalicin en el Poder Ejecutivo (Ga-
binete, Gobernaciones y otras dependencias del Estado) de los tres grandes
partidos nacionales y de sectores polticos independientes. Todo dependera del
sentido y el ritmo que el Gobierno le imprimiera a los acontecimientos y a su
propio proyecto poltico. En esta materia, las cosas se comportan como un
magma de acciones y reacciones, de posturas e intereses. En tres materias b-
sicas para la construccin del nuevo orden poltico-social, el Gobierno dejar
su impronta en materia de pensamiento y de accin para el futuro del pas: la
cuestin agraria, la poltica del petrleo y la reforma constitucional.
44
Conferencia sobre la reforma agraria dictada en la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 21 de
noviembre de 1958, Rmulo Betancourt seleccin de escritos polticos, 1929-1981, op. cit., p. 309-310.
38
cin de independencia econmica. En el cierre de su campaa electoral de 1958,
Betancourt insistir que bajo su Gobierno se llevara a cabo una reforma agraria
pacfica (no con mtodos violentos, no lanzando al campesinado sin tierras en
tropel desorbitado sobre las haciendas particulares) mediante la promulgacin
y aplicacin de una Ley Agraria emitida por el Poder Legislativo, en la mejor
tradicin democrtica e institucional. Estos seran los trminos de la cuestin:
45
Sobre su discusin en el Congreso Nacional, ver La Ley de Reforma Agraria en las Cmaras Legis-
lativas, 2 tomos, Publicaciones de la Secciones de Informacin y Prensa del Congreso Nacional, Ca-
racas, s/f.
46
Sobre el problema agrario, ver Instituto Agrario Nacional, La Reforma Agraria venezolana, 1959-1963,
Caracas, 1964; tambin Araujo, O., Venezuela violenta. Ensayo, Ediciones Esprides, Caracas, 1968.
39
les smbolos las representaciones se convertan en realidades: es la historia de la
produccin simblica que contribuy a fijar el orden democrtico en la cultura
poltica venezolana. Daba la impresin de que as como la batalla librada en
aquel escenario haba cerrado la independencia poltica venezolana de Espaa,
el nuevo instrumento jurdico cerrara 150 de aos de calamidades sobre el
pueblo rural. Al fin de cuentas Betancourt convocaba para anunciar la otra
independencia de Venezuela: la tan anhelada independencia econmica. Como
siempre ha ocurrido en el pas, a nivel del orden de la representacin, cualquier
empresa de superacin econmica o social se vincula inmediatamente a la gesta
emancipadora de 1810 y, en consecuencia, al inefable legado del Libertador
Simn Bolvar, quien habra sido el inspirador de tal reforma. Contrario a la
violenta epopeya de Carabobo, sta sera por sobre todas las cosas pacfica. As
lo asegura el orador al sealar:
Por eso me siento autorizado para decirle a la Nacin que as como no hubo mo-
tines y desrdenes en el campo antes de entrar en vigencia la ley que hoy se san-
ciona, mucho menos se presentarn en el futuro47.
47
Discurso en el acto de promulgacin de la Ley de Reforma Agraria, La revolucin democrtica en
Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 247.
48
Tercer Mensaje Constitucional presentado ante el Congreso Nacional, 11 de marzo de 1961, La
revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 500.
40
La persistencia nacionalista: Hacia una poltica nacional de petrleos
Betancourt descubri la cuestin del petrleo y su significacin para Vene-
zuela desde los das de las luchas antigomecistas, por all por 1929. Y desde
entonces no ces de estudiar el tema, a travs de lecturas sistemticas, observa-
cin de la realidad y recoleccin de informacin. Casi tres dcadas pasaron antes
de ver la luz su obra magna, de investigacin y escritura bastante accidentada:
Venezuela: poltica y petrleo (1956).
En esta importante materia las cosas no se alteraran radicalmente. Es que
acaso estas nunca fueron radicales. En una suerte de examen de conciencia
propuesto por Betancourt desde su arribo al pas, para considerar lo que en
definitiva somos, analizando rumbos y potencialidades, el tema del petrleo
no poda escaparse a este ejercicio de connotacin religiosa.
En las relaciones del Estado con los agentes internos, quizs la actitud que
marca una diferencia en el tratamiento de la cuestin petrolera, en relacin al
pasado, y que se inscribe dentro de la onda de la concertacin y la tregua
poltica, es considerar que sta es una cuestin nacional y que no puede ser
manejada exclusivamente como antes por un partido o sector de la sociedad.
Por el contrario, en tono de amplitud se anunciar la voluntad de crear una
estructura institucional que represente a todos los sectores polticos, econmicos
y tcnicos: una Comisin Nacional de Petrleo. Las palabras no hacen sino
reflejar las intenciones:
Por considerar este problema del petrleo de tanta magnitud, creo que desborda
los lmites del planteamiento unilateralmente partidista49.
Una vez definido el modo de articulacin de las relaciones del Estado con
sus agentes internos, stos se encontraran en condiciones para negociar con los
agentes externos, esto es, las compaas petroleras. La lgica seguira siendo la
misma: reclamar la mayor participacin posible en una riqueza que es de la
nacin. En cuanto a la estructura rentista de la economa y de la mentalidad
venezolana no habra marcha atrs. Ni siquiera se consideraba, por improba-
ble, aquel fantasma que siempre rondaba al Estado rentista: la restriccin de la
compra de petrleo por parte de nuestro principal consumidor, los Estados
Unidos. Betancourt conoca muy bien, siempre haba conocido, la dinmica del
mercado petrolero internacional. Y, por sobre todas las cosas, tambin conoca
la dinmica del binomio poltica y petrleo. De all que tanto en materia de
produccin como de precios se saba que entre el Estado propietario y las
Compaas Petroleras usufructuarias haba coincidencia de intereses. No ms
49
Visin general de los problemas econmicos y sociales de Venezuela (conferencia de Betancourt
en Valencia, 5 de junio de 1958), Posicin y, op. cit., p. 59.
41
gritos anti-imperialistas, ni en la calle ni en funciones de gobierno, ahora se
impona la negociacin en trminos mucho ms reposados: A Venezuela lo que
le interesa, y de paso a Estados Unidos como Nacin, es que logremos estabi-
lizar la produccin a un nivel determinado [] entonces podramos lograr
producir menos petrleo, agotar menos rpidamente una riqueza tpica no re-
novable, y al propio tiempo obtener ingresos iguales o mayores, de los que es-
tamos obteniendo actualmente (ibid, p. 59).
Con esto se espantaba el fantasma de la nacionalizacin, al igual que aquel
desideratum de reclamar, ms all de sus lmites reales, la participacin del Es-
tado venezolano en el negocio petrolero (resultara una aventura irresponsable
la idea de la nacionalizacin de la industria petrolera). Alguna leccin habra
de quedar luego de dcadas de explotacin del negro y codiciado mineral: De
mi experiencia de gobernante saqu la conclusin de que con las Compaas pe-
troleras se puede tratar en un plano de negocios sobre una industria que ya para
nosotros no tiene secretos cabalsticos (ibid, p. 61). Lo que emanaba de estas
posiciones era responsabilidad. Con un Gobierno enrgico, responsable y, por
si algo faltare, con amplio apoyo popular, el tema de la estabilizacin de la pro-
duccin, de los precios y de la participacin de la Nacin en el negocio petro-
lero se colocaban a la orden del da para aliviar tensiones y generar apoyos in-
ternacionales a un orden democrtico que renaca de sus propias cenizas.
En vsperas de ganar unas elecciones, presagiando lo que sera su poltica
petrolera en un futuro Gobierno, nada extraordinario habra que aadir a lo
anterior. Slo habra que presuponer que la ejecucin de la poltica de petr-
leos sera un asunto de Gobierno:
[] para eso no ser necesario que a ustedes se les llame a concentraciones popu-
lares: ese ser un problema de Gobierno que se resolver serenamente; pero como
problema de gobierno, ser resuelto con mtodo de gobierno50.
Una vez al frente del Estado, Betancourt acelerar la creacin de los instru-
mentos institucionales para fundamentar su poltica de petrleos: el primero sera
de carcter nacional. El 19 de abril de 1960, como siempre sacando ventajas de
las representaciones simblicas de la nacin venezolana, dentro del conjunto de
celebraciones de tan patria fiesta, se crea por Decreto presidencial (nmero 260),
satisfaciendo una promesa electoral, la Corporacin Venezolana del Petrleo. Era
sta una empresa nacional que de inmediato despierta el entusiasmo de los sec-
tores nacionalistas y, como era de esperar, la reaccin de las compaas petroleras.
Ms de cuatro dcadas despus del inicio de la explotacin petrolera, Venezuela
50
Discurso de Betancourt con motivo del cierre de campaa de 1958, Rmulo Betancourt seleccin
de escritos polticos, 1929-1981, op. cit., p. 320.
42
se daba su empresa nacional petrolera, con un aporte inicial del Gobierno de 2,5
millones de bolvares, con miras a su autofinanciamiento en el corto plazo.
Expectativas y resultados eran puestos al servicio de la Nacin:
51
Plan Cuatrienal de Gobierno presentado ante el Congreso nacional, 29 de abril de 1960, La revo-
lucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 316.
52
Mensaje a la nacin en el comienzo del nuevo ao 1961, La revolucin democrtica en Venezuela. Do-
cumentos, op. cit., vol. 1, p. 477.
53
Palabras de clausura en la XVI Asamblea Anual de Fedecmaras, Cuman, 28 de mayo, 1960, La
revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 362.
54
Discurso de inauguracin de la II Reunin de la Conferencia de la OPEP, Caracas, 16 de enero, de
1961, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 476.
43
Ojal que nuestro petrleo, materia internacional por excelencia, y poderoso factor
de desarrollo, al continuar fluyendo hacia los diversos centros de consumo contri-
buya a consolidar la paz universal basada en el progreso y la justicia. Este es nuestro
voto y nuestra conviccin (ibid., p. 479).
55
El petrleo en la economa venezolana, Conferencia en la Cmara de Comercio de Maracaibo,
15 de septiembre, de 1958, Rmulo Betancourt seleccin de escritos polticos, 1929-1981, op. cit.,
p. 302-304.
56
Mensaje a la nacin en el comienzo del nuevo ao 1961, La revolucin democrtica en Venezuela. Do-
cumentos, op. cit., vol. 1, pp. 469-470.
44
La seguridad que da la conviccin de que en materia petrolera el Estado
venezolano, bajo la conduccin de Betancourt, no acta como quien vende una
riqueza a precio de liquidacin sino que le da un tratamiento responsable, con
absoluta comprensin de la dinmica de los mercados, y de los intereses en
juego es expresada por l mismo en afirmacin con motivo de despedirse del
poder. Vayan sus palabras por delante que son las que mejor resumen su pen-
samiento y accin en esta controversial e importante materia:
Y respecto a la relacin del Gobierno con los Estados Unidos, sin darle
mucha trascendencia a los intereses en juego, Betancourt la calificara con verbo
parco como relaciones normales. El buen entendimiento interamericano sera
favorable para todos y esto ira por delante en materia de poltica exterior, se-
ra esta una conducta del ms intransigente venezolanismo:
57
Palabras pronunciadas en la comida-homenaje ofrecida por Accin Democrtica, Caracas, 13 de
marzo, 1964, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 4, p. 369.
58
Palabras al pas, por la red nacional de radio y televisin, con motivo de actos terroristas y desrdenes
callejeros, Caracas, 21 de enero de 1960, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op.
cit., vol. 1, p. 207.
45
Nosotros, los venezolanos, debemos actuar y proceder como venezolanos, y no
importar, sin beneficio de inventario, lo que alguien ha llamado los odios estra-
tgicos. Estamos empeados en servirle a nuestro pas, en ponerlo a marchar y
nada ganaremos con hacerlo escenario, a control remoto, de episodios de la gue-
rra fra [] no seamos satlites y segundones embobalicados de conductas ajenas.
Tengamos la nuestra propia (ibid., p. 208).
59
Palabras al inaugurar la IV Convencin de Gobernadores, Caracas, 15 de febrero de 1961, La re-
volucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 489.
60
Tercer mensaje constitucional presentado al Poder Legislativo, Caracas, 11 de marzo de 1961, La
revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 507.
46
jurdicamente las relaciones democrticas entre Estado y nacin, no slo por el
perodo de Gobierno que terminar en 1964 sino por muchos otros ms. Ra-
zones slidas abonan esta creencia61.
Pero, adems de exitoso por duradero, fue el de 1961 un texto constitucio-
nal realista y sensato, acaso por haber sido redactado por polticos con hondo
sentido de la realidad y preclaros en relacin al orden poltico a fundar62.
Dos aos emplearon estos polticos en el examen, discusin y redaccin de
sus textos. En los debates prevaleci el consensualismo de Punto Fijo, mante-
nindose el espritu unitario del 23 de enero, y donde participaron los ms
representativos sectores de la vida nacional. La letra de la Constitucin de 1961
se nutri no slo de la claridad, experiencia y astucia de los polticos, sino tam-
bin del conocimiento de connotadas figuras jurdicas y econmicas. Luego de
una suerte de audiencia nacional para escuchar la opinin de sectores calificados
del pas, fue aprobada por 19 Asambleas Legislativas, con excepcin de la de
Monagas que no se pudo reunir63. Una vez juntos los representantes de los
poderes del Estado, y luego de la firma de Senadores y Diputados, le correspon-
di al Presidente Betancourt poner el ejectese, acompaado de las siguientes
palabras elocuentes en s mismas de la utilidad de aquella normativa:
61
Discurso pronunciado en el Capitolio Nacional al poner el ejectese a la Constitucin, 23 de ene-
ro, de 1961, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 481.
62
Existe otra versin acerca de la insatisfaccin que expresara Betancourt en relacin a esta Constitucin
por ser demasiado perfecta, demasiado alejada de la dura realidad venezolana. Lo cual no fue bi-
ce para someterse a ella, an en el estado de emergencia permanente en que transcurri su mandato,
ver Caballero, M., Rmulo Betancourt, poltico de nacin, Alfadil-Fondo de Cultura Econmica, Ca-
racas, 2004, pp. 334-336.
63
Velsquez, Ramn J., Aspectos de la evolucin poltica de Venezuela en el ltimo medio siglo,
en Ramn J. Velsquez et al. Venezuela moderna, op. cit., p. 258.
47
texto constitucional abarca todo lo relativo a la construccin del orden polti-
co, s seala los caminos por donde otras leyes pueden regular y organizar sus
diversos aspectos. En el caso del recin promulgado texto, la centralidad del
sujeto poltico y de los mtodos democrticos descansa en los partidos pol-
ticos. Estos seran los vehculos mediante los cuales se expresaran y funcionaran
aquellos ciudadanos polticamente organizados.
Una vez redactado y promulgado el instrumento institucional quedaba la
interiorizacin de su letra y de su espritu en la cultura poltica del venezolano.
De eso se encargaran los partidos en tanto sujetos privilegiados del orden pol-
tico y social. Leer, discutir, estudiar y meditar el instrumento garantizara que no
fuese un librito ms, u otra Constitucin de papel a las que se haban acostum-
brado los venezolanos. Haba que entender para hacer entender que era sta fuente
de deberes y bastin de derechos democrticos. En esta suerte de actitud peda-
ggica no cejara Betancourt, quien nunca se content con hablar de su perodo
de gobierno a secas, sino del eslabn que ste significaba en una cadena indefi-
nida de gobiernos democrticos y constitucionales, electos mediante el sufragio
universal. Actitud pedaggica que deja clara en las siguientes palabras:
64
Discurso pronunciado en el Capitolio Nacional al poner el ejectese a la Constitucin, 23 de ene-
ro, de 1961, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 482.
65
Tercer mensaje constitucional presentado ante el Poder Legislativo, Caracas, 11 de marzo de 1961,
La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 501.
48
court66. Sin embargo, tal como se acaba de ver la trascendencia de su Gobier-
no no consisti en inventar la democracia. l mismo estara de acuerdo en afir-
mar que slo signific un momento de un proceso que buscara hacerse recu-
rrente en la historia del pas: ese doble esfuerzo de los venezolanos de
conformarse como una sociedad democrtica y dotarse de un rgimen y una
cultura poltica de legalidad y libertad. De ese doble movimiento tambin for-
maron parte momentos como el del ao 1936, dotados de un gran sentido de
unidad, de construccin, de empeo por conquistar la libertad y el renacimien-
to intelectual. O como lo fue el propio proceso desencadenado el 18 de octu-
bre de 1945, das animados por poner a los venezolanos dentro de la tnica de
los grandes cambios mundiales.
Todo comienzo experimenta una doble dificultad: la del comienzo mismo
dispuesto a afrontar un nuevo diseo de las cosas y sus procesos, y la del afian-
zamiento del orden fundador en medio de un clima de situaciones complejas.
Entre las ms complejas aparecen en primera instancia la dinmica e intereses
de la fuerzas polticas presentes en el escenario. A escasos seis meses de haber
asumido el poder, el 4 de agosto de 1959, el gobierno hubo de enfrentar los
primeros sobresaltos. Una manifestacin de desempleados, segn la versin
oficial, sin responsabilidad poltica ni sindical, desencaden enfrentamientos y
desrdenes. De manera que la violencia y su corolario, por una parte; los estados
de excepcin, por la otra, caracterizaron el mandato betancourista. El propio
Jefe del Estado trata de limar con su palabra las afiladas aristas de la violencia
poltica que vendra al garantizar que: [] estos sucesos de Caracas no tienen
proyeccin ni significacin polticas. Se trata, simplemente, de motines promo-
vidos por quienes engaaron a trabajadores y algunas personas de los barrios67.
No obstante, se vivieron entre 1960 y 1963, segn acertada metfora, los das
y las horas de una democracia sobresaltada68; pero democracia en fin, poco im-
portan los calificativos. Lo importante fueron los resultados para la fundacin
de un nuevo orden poltico nacional.
66
No faltaran, por supuesto, los actores polticos ubicados en el bando de la oposicin al Gobierno
Constitucional que consideraran como falsamente democrtico el rgimen. Es este el caso, entre otros,
de Ramn Escovar Salom: [] un rgimen policial sin respeto por la legalidad, sin modales demo-
crticos, con pretensiones hegemnicas y continuistas [] es el balance de la poltica actual, La
ventana de papel / Una falsa democracia, El Nacional, Caracas, 2 de mayo de 1963, p. A-5.
67
Exposicin al pas con motivo de los desrdenes callejeros en Caracas el 4 de agosto de 1959, La
revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 102.
68
Sanoja Hernndez, J., La democracia sobresaltada, Golpes de Estado en Venezuela, 1945-1992.
Crnicas, testimonios, reportajes y fotografas de la poca publicados en el diario El Nacional, (introduc-
cin Jess Sanoja Hernndez; compilacin, notas y cronologa Albor Rodrguez), Los Libros de El Na-
cional, Caracas, 2001, pp. 103-104.
49
Dignidad del peligro
Quien en la vida poltica asume los riesgos con la conviccin de que acta
a favor de los intereses colectivos, quien adems en su accin exhibe actitudes que
lindan con la fe religiosa, es apto para afrontar heroicamente los riesgos. Sea o no
la violencia poltica y social una desdicha superable, lo cierto es que en su com-
bate deben asumirse la exaltacin del coraje de la sociedad y la lealtad con los
enemigos. As, tambin en poltica es posible saber vivir la dignidad del peligro.
Se me hace que Betancourt supo vivir esta dignidad. De la mano o no del ma-
quiavelismo, como afirman algunos, lo cierto es que el despliegue de habilidad
poltica exhibido en estos cinco peligrosos aos, mostr en Betancourt una f-
rrea voluntad de poder. Enfrent desde el primer momento no slo el acoso de
la extrema derecha militarista y conservadora (criolla y fornea), sino tambin el
de la extrema izquierda no menos militarista y radicalmente violenta, con razn
supo ser el piloto de la ms rabiosa tormenta69. Hasta qu punto sus manos
quemadas y vendadas, exhibidas a los venezolanos desde mi cama de enfermo70
a travs de las pantallas de la televisin, 24 horas despus del mortal atentado
presidencial del 24 de junio de 1960, as como tantos otros episodios y conductas
sostenidas durante el quinquenio constitucional, son viva fe del herosmo con que
se afrontaron los riesgos, asumiendo slida responsabilidad poltica e histrica
frente al avance democrtico y al desarrollo econmico de la Nacin.
Como para abonar lo sealado en el prrafo anterior, aado que adems le
toc al gobierno enfrentar: 1- Dos divisiones en el seno de los propios cuadros
y bases de su partido; 2- El retiro de la coalicin gubernamental, el 16 de no-
viembre de 1960, de Unin Republicana Democrtica (URD), uno de los fir-
mantes y, en consecuencia, garante del Pacto de Punto Fijo. Esta correlacin de
fuerzas haca que su piso poltico fuese ms bien movedizo, bifurcando las lu-
chas entre democracia-dictadura y democracia-comunismo. Para lo que se
contaba, adems de las fuerzas de la coalicin, con el apoyo de un pueblo hecho
de buen material humano, el cual siempre ha sabido responder a los mensajes
de contenido revolucionario y porvenirista, a los mensajes de equipos conduc-
tores animados de mstica nacional71.
El triunfo de la Revolucin Cubana el primer da de enero de 1959 y la
distancia que Betancourt observ frente a ella, vino a aadir una variable inter-
nacional a la poltica criolla (como lo pone Ramn J. Velsquez: Cuba fide-
69
Expresin de Mariano Picn-Salas, Betancourt, Revista Poltica, vol. III, No 32, Caracas, marzo
de 1964., p. 36.
70
Mensaje al pas, un da despus del atentado de los Prceres, Caracas, 24 de junio, de 1960, La
revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 400.
71
Exposicin al pas, por la red nacional de radio y televisin, con motivo de actos terroristas y des-
rdenes callejeros, Caracas, 21 de enero de 1960, La revolucin democrtica en Venezuela. Documen-
tos, op. cit., vol. 1, p. 209.
50
lista, tema venezolano). El pas qued dividido entre quienes simpatizaban con
el nuevo rgimen caribeo y quienes lo adversaban. Ante una ofensiva de ta-
maa naturaleza el Gobierno Constitucional deba ser implacable. Y lo fue.
Desde el alto gobierno se advierte que se actuar sin lenidad. Le tocaba el
turno al Ministro de Relaciones Interiores, Carlos Andrs Prez, el mot dordre
sera en lo sucesivo: cualquier accin insurreccional, disturbio callejero, paro
ilegal ser reprimido con severidad.
Si este era el discurso disciplinario como le corresponda al encargado de velar
por el orden poltico interno, el Jefe del Estado abogara en trminos ms repo-
sados por la verdadera fortaleza de la Nacin, la cual coloca en estos trminos:
Esta es ya una Nacin adulta, con siete millones de habitantes, que se dieron en
libres comicios su gobierno legtimo, en donde hay clases sociales, partidos pol-
ticos, sectores econmicos y laborales perfectamente estructurados. Y donde existen
unas Fuerzas Armadas profesionalizadas, a las cuales no las mueve la voz de un
presunto salvador del pas72.
72
Exposicin hecha al pas por la red nacional de radio y televisin con motivo de la intentona fac-
ciosa de San Cristbal del 20 de abril, Caracas 26 de abril de 1960, La revolucin democrtica en Ve-
nezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 255.
73
Mensaje anual presentado al Poder Legislativo el 29 de abril de 1960, tambin conocido como El Plan
Cuatrienal de Gobierno, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 351.
51
plazamiento que dentro del partido AD haba sufrido el grupo juvenil en la
Convencin Nacional de Accin Democrtica de octubre de 1959, dara muy
pronto novedosos frutos. Los das 10, 22 y 31 de marzo de 1960 fueron publi-
cados en La Esfera de Caracas tres artculos de uno de estos jvenes, acaso el ms
radical y polticamente intemperante de ellos, Domingo Alberto Rangel, de-
nunciando la ausencia de clusulas que garantizaran la estabilidad laboral de los
trabajadores petroleros: para reducir los costos las compaas han escogido el
camino de los despidos74. Esto ocurra sin que el Gobierno enfrentase el des-
plante y la traicin sistemtica de los trusts petroleros internacionales. A pesar
de que el lenguaje de Rangel contena ms bien una crtica solapada a la pol-
tica oficial respecto a los obreros petroleros, se dejaba entrever la necesidad de
que en este sector se moviera el brazo de la protesta activa como nica forma
de contener los anhelos del imperialismo del oro negro.
En otro de los escritos, Rangel fue ms severo en el juicio. Respaldado por
nociones elementales de economa y teora poltica ofreca a los trabajadores del
petrleo una solidaridad ms efectiva en la conquista de nuevos y ms justos
contratos laborales. Llegando a esgrimir que actitudes como sta eran una
contribucin a la paz y a la consolidacin democrtica de Venezuela75. A pe-
sar de ser una crtica ligera, comparada con la ferocidad de la pluma de Ran-
gel, tal afirmacin no dejara de molestar al Gobierno y al partido, pues hasta
qu punto se negaba que su accin estuviese encaminada en esta direccin tan
reiterada por Betancourt. As fuese desde el seno del partido de Gobierno, ha-
bra de levantarse la voz de resistencia a los despidos petroleros como una
manera de servir a las fuerzas democrticas del pas. Las palabras iban ms di-
rectas al asunto que se quera resaltar: Ms previsivos somos los que entrega-
mos puntualmente nuestra protesta al servicio de los trabajadores que aquellos
que creen en la tctica del silencio (idem).
La otra voz crtica surgi de la pluma de Amrico Martn, cuando el 14 de
marzo de 1960 lanzaba serias advertencias sobre la forma de conducir a Accin
Democrtica a propsito de la divisin del peruano partido poltico APRA, de
doctrina nacional-revolucionaria al igual que su homlogo venezolano. Tam-
bin en lenguaje solapado, Martn al narrar la historia de la divisin del partido
aprista peruano deja relucir algunos paralelismos en la conduccin de AD. Las
consecuencias eran inevitables: Los partidos nacional-revolucionarios deben
mirarse en tan impresionante espejo, porque la claudicacin avanza a veces sin
que la percibamos, hasta que llega el momento en que no podemos desandar
74
Rangel, D.A., La significacin poltica de los despidos petroleros, La Esfera, Caracas, 10 de marzo
de 1960, p. 1-4.
75
Rangel, D.A., Otra vez sobre los despidos petroleros, La Esfera, Caracas, 31 de marzo de 1960,
p. 1-4.
52
el camino. Poco a poco se van precisando las tendencias y se hace ms difcil la
existencia de los intermedios76. Poco habra que aadir para que el mismo 17
de marzo el CEN de AD se reuniese de manera de considerar el pase al Tribunal
Disciplinario de ambos dirigentes, solicitado por el Bur Sindical Nacional por
intermedio de Salom Mesa77.
La crisis interna que se desat en el partido de gobierno fue inmediata. Se
suspendi al Bur Juvenil de AD, integrado por 11 dirigentes. Se pensaba que
con este paso tctico se aislara de sus tropas a Rangel y Martn, para guilloti-
narlos en la prxima jugada. Pero tambin con esto se hara creer que el pro-
blema suscitado era exclusivamente de la juventud del partido, explosiones
caractersticas de la edad78. As resultaba fcil ocultar las razones de divergencia
ideolgica, lo que no convena a aquellas alturas de la revolucin democrtica
en marcha. En la solucin del impasse intervinieron altos personeros del partido,
Rmulo Gallegos entre ellos, quien el 6 de abril, en Mensaje a la juventud de
Accin Democrtica, invitaba a serenidad y reflexin. Ante la intransigen-
cia en las posiciones alertaba el maestro y ex-Presidente de la Repblica a lo
deplorable que resultaba toda divisin que se produjese en Accin Democr-
tica, ya sea detrs de banderas y otras ideologas o de banderines de enganche
que dentro de ella se alzasen79.
Para el momento en que se publicaba el mensaje de Gallegos, estaba con-
sumada la divisin en AD. Los jvenes disidentes, autocalificndose como
hombres de izquierda, exponen su pensamiento poltico, inculpan a la Direc-
cin del Partido y critican la gestin del Presidente de la Repblica, a quien
llaman compaero Betancourt. En extenso documento firmado por ms de
doscientos militantes exponen no slo sus razones (no es un problema dis-
ciplinario, es un problema ideolgico) sino que incluyen tambin sus lneas
programticas en relacin a los sectores populares, a la poltica exterior, el
problema del monoclasismo y sus lineamientos de poltica econmica. Con
estas posturas, pareciera estar servida en bandeja de plata el contenido ideol-
gico de una nueva agrupacin: Con una poltica de ms audaz contenido
podremos edificar definitivamente una democracia sin zozobras80. Episodio
que continu con una insurgencia agresiva por parte de la juventud disidente.
76
Martn, A., La divisin del APRA una advertencia, La Esfera, Caracas, 14 de marzo de 1960, p. 1-4.
77
Mesa, S., Por un caballo y una mujer (memorias), Vadell Hermanos Editores, Valencia, 1978, p. 297.
78
El Mundo, Caracas, 30 de marzo de 1960. Ver tambin, Las 3 divisiones de Accin Democrtica. Papeles
de archivo, cuadernos de divulgacin histrica. Documentos que hacen historia, Ediciones Centauro,
Caracas, 1987, pp. 33-35; y Rivas Rivas, J., Las tres divisiones de Accin Democrtica, Pensamiento Vivo
Editores, Caracas, 1968, pp. 13-25.
79
La Esfera, Caracas, 8 de abril de 1960.
80
Documentos de los jvenes de AD. A la direccin nacional y militancia del partido, El Mundo,
Caracas, 8 de abril de 1960.
53
Luego de la constitucin el 13 de abril de un Comit Nacional de Accin
Democrtica de Izquierda, se pas en julio a la creacin de un Movimiento de
Izquierda Revolucionaria (MIR) que ratific el contenido del Documento de
los jvenes de AD, como base programtica de la nueva organizacin81.
81
Los pormenores del nuevo movimiento de avanzada, como se le llamaba algunas veces, pueden
verse en Moleiro, M., El MIR de Venezuela, Guairas, Instituto del Libro, La Habana, 1967.
82
Expresin de Mariano Picn Salas en Betancourt, Revista Poltica, vol. 3, No 32, Caracas, mar-
zo de 1964, p. 33.
83
Citado en Velsquez, Ramn J., Aspectos de la evolucin poltica de Venezuela en el ltimo me-
dio siglo, op. cit., p. 256.
54
lario de ambas tesis sera una frase que adornaba las paredes de las principales
ciudades del pas: Nuevo gobierno, ya.
Las cosas no ocurrieron as. Vaya la estabilidad del Gobierno por delante.
El objetivo concreto de estas luchas no se cumplira. Otras intenciones, otros
intereses y otras acciones se dibujaran en el horizonte poltico de aquel momen-
to, siempre enfrentando distintas maneras de concebir el mundo poltico y
social. Con razn al referirse a 1961, Betancourt seala en su cuarto mensaje
presidencial ante el Congreso que el normal ejercicio de su gestin poltica y
administrativa democrticas fue entorpecido por el acoso y la intencin de
derrocarlo de dos corrientes minoritarias, de signos ideolgicos tericamente
contrapuestos, pero coincidentes en su apego a filosofas totalitarias84. Una de
esas fuerzas tan dbil como contumazpropiciara el golpe de Estado y la
toma del poder por la va cuartelaria, a la usanza del pasado. Por esta va tran-
sitaran los ms notables intentos85 de San Cristbal (20 de abril de 1960), de
Barcelona (26 de junio de 1961), de Carpano (4 de mayo de 1962) y Puer-
to Cabello (2 de junio de 1962). Todos aplastados por la accin oportuna del
Gobierno con el apoyo de las mayoras nacionales.
La otra fuerza de carcter civil, pero no sin tentculos militares, recurra al
llamado a la insurreccin popular, en un empeo por destruir el orden demo-
crtico en ciernes para que se instale por la fuerza en Venezuela un rgimen que
sea calco y copia del que rige en Cuba (ibid, p. 351). No obstante estar am-
bos acosos condenados al fracaso dejaban una estela de sobresalto en la vida del
pas. Siguiendo su estilo de matizar con datos sus intervenciones, Betancourt
presentaba ante el Poder Legislativo un extenso balance de las cifras de destruc-
cin y violencia resultantes de ambos intentos por perturbar el orden constitu-
cional. No quedaba otro recurso que asumir su decidida defensa:
84
Mensaje ante el Congreso Nacional, Caracas 12 de marzo de 1962, La revolucin democrtica en
Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 2, p. 350.
85
Se han llegado a registrar unos 22 intentos de golpe durante el perodo de Betancourt, algunos
notables desde el punto de vista militar, mientras que otros lo fueron por el carcter de sedicin civil
y urbana, contestataria ante un estado de cosas por veces precario, particularmente en materia de
economa y empleo. Ver Brett Martnez, A., El porteazo. Historia de una rebelin (con un nuevo ca-
ptulo Los golpes contra Betancourt, Ediciones Adaro, Caracas, 1973; tambin Blanco Muoz A., El
porteazo, reportaje, (a propsito de su XX aniversario), El Nacional, Caracas, 9 de mayo de 1982.
55
racin de guerra86 cuando las fuerzas de izquierda entran en matrimonio en los
cuarteles con militares que se autoproclaman nacionalistas, como una manera
de acceder al poder. Acaso la insurreccin de Barcelona o el llamado carupa-
nazo fueron las primeras expresiones de la nueva tctica87, ante las cuales la
conducta del Gobierno sera invariable: [] firmeza para defender las insti-
tuciones democrticas de Venezuela y el porvenir de la nacionalidad de los to-
talitarismos seudorevolucionarios88.
Ante tal situacin de aspereza poltica y de militancia terrorista, la voz crtica
de importantes sectores de la intelectualidad criolla no se hara esperar. Juan
Liscano, hombre de letras, preocupado por la cultura nacional, demcrata y
poeta (miembro de la casta intelectual oficialista, lo llamaran desde el PCV89),
afilara su pluma para responder viles insultos de aquellos desesperados de la
accin y cultores de la violencia del PCV, del MIR y de otras agrupaciones del
mismo perfil, que pretendan insurgir contra aquel largo milln de venezola-
nos que votaron por Betancourt, o por aquel otro medio milln que lo hizo por
Caldera, para no referirme sino a los dos partidos que permanecan en la coa-
licin. La metfora escogida por Liscano para responder la agresin fue la de
bestializacin ideolgica. De un largo conjunto de rasgos se trataba: El baj-
simo nivel humano de los sectarios de la presunta revolucin, su desmoraliza-
cin profunda en todo lo que se refiere al respeto por los valores del espritu y
por la persona humana, la vocacin de odio que los alienta, el fanatismo que
los ciega, el rencor que los consume y que el fracaso aviva, su simplismo br-
baro, consiste en dividir a los venezolanos a sus compaeros de generacin, o
sus hermanos si es necesario en hroes y villanos, segn acepten o no sus pun-
tos de vista terroristas e insurreccionales90. Traslucan estas palabras una agu-
86
En documento interno del MIR, fechado en Caracas la primera quincena de febrero de 1962, se lee:
dentro de esta tctica cobra hoy importancia de primer orden el problema militar, pues es la lucha
armada la que habr en definitiva de resolver la contradiccin planteada, cit. por Betancourt en dis-
curso celebrado en la Plaza OLeary para celebrar el tercer ao de Gobierno, Caracas, 13 de febrero
de 1962, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 2, p. 235.
87
Uno de los jefes de la lucha armada del PCV, Guillermo Garca Ponce, relatar a posteriori: Nosotros
ramos una fuerza en el Ejrcito. Yo me reuna en esa poca con 300 oficiales [], en Blanco Mu-
oz, A., La lucha armada. Hablan cinco jefes, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1980. Tam-
bin en Sanoja Hernndez, J., Golpes, op, cit, p. 103.
88
Exposicin hecha ante el pas, en cadena de radio y televisin, al anunciar la suspensin de garan-
tas con motivo de la insurreccin de Carpano, 4 de mayo de 1962, La revolucin democrtica en Ve-
nezuela. Documentos, op. cit., vol. 3, p. 90.
89
Sanoja Hernndez, J., Liscano: Zona franca para la maniobra, Letra Roja, No 4, Caracas, agosto de 1964.
90
Liscano, J., Carta pblica al semanario COMBATE, Behobie, 10 de julio de 1962, en Tiempo
desandado, Ediciones del Ministerio de Educacin, Biblioteca Venezolana de Cultura, Caracas, 1964,
p. 321. Este semanario era el rgano poltico de un sector de AD, dirigido por los diputados Rigoberto
Henrquez Vera y Luis E. Vera.
56
da crtica a aquella incurable seduccin criolla por las formas violentas de la re-
volucin armada, a aquella incapacidad para la obra paciente y silenciosa. Tan
cruda realidad no poda sino espantar a espritus ms reposados. Las posturas
exhibidas eran expresin de
Este era, pues, parte del clima poltico e intelectual que se viva en Venezuela
para mediados de 196291. El cual vino a agravarse con los fusilamientos en masa
ocurridos en Cuba como consecuencia del desembarco de Playa Girn. Estos
aunados al apoyo y la inspiracin de la revolucin cubana a la violencia vene-
zolana y a la agresin permanente del gobierno caribeo contra el rgimen de-
mocrtico, llevaron a que el 11 de noviembre de 1962 el Presidente Betancourt
91
Sobre una caracterizacin antigubernamental de la violencia en Venezuela previa a 1962, ver Sanoja
Hernndez J., Para una cronologa de la violencia, El Siglo, Caracas, 8 de marzo de 1965. Para el
debate desde la izquierda, tambin puede verse Chacn, A., La izquierda cultural venezolana, 1958-
1968. Ensayo y antologa, Editorial Domingo Fuentes, Caracas, 1970.
57
anunciara la decisin de romper relaciones diplomticas y consulares con Cuba.
Decisin que determin el recrudecimiento de la violencia interna en las prin-
cipales ciudades. El pas estaba francamente dividido entre quienes se solidari-
zaban y quienes condenaban el rgimen de Castro. Para Betancourt estaba claro
que el fenmeno de subversin, sabotaje y terrorismo era manipulado por Cuba,
dentro del cuadro de la Guerra Fra. Su proyeccin era continental. Claridad que
le permiti denunciar sin esguinces verbales la situacin:
92
Alocucin con motivo del IV aniversario del Gobierno Constitucional, Caracas, 13 de febrero de
1963, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 3, p. 303.
93
Lo que se llam el Grupo ARS dentro de Accin Democrtica fue un nombre inventado por Val-
more Rodrguez en 1946 para distinguir al grupo liderado por Ral Ramos Gimnez quien en pol-
tica pretendera pensar por los dems, como lo ofreca a los anunciantes el lema de la empresa Publi-
cidad ARS, ver Mesa, S., Por un caballo, op. cit., p. 296; tambin en Ral Ramos Gimnez. Testimonio
de una vida. Homenaje en el primer aniversario de su muerte, Imprenta del Congreso de la Repblica,
Caracas, 1974, p. 23.
58
esto lo que se quera hacer creer. Haciendo caso omiso de las bondades que para
la estabilidad constitucional arrojaba el Pacto de Punto Fijo, Ramos Gimnez
condena la alianza con el partido COPEI (el problema de la coalicin se le
llamara en la prensa del momento), al mismo tiempo que critica la falta de
arrojo del Gobierno para acometer grandes reformas sociales al ritmo de un
nacionalismo ms agresivo, como estara obligado un partido popular en el
poder al estilo de Accin Democrtica. El divisionismo y fraccionalismo estu-
vieron a la orden del da. Enseguida se montaron dos estructuras partidistas
paralelas: un CEN arsista y otro CEN vieja guardia. Vinieron sanciones que
fueron llevadas a la XII Convencin Nacional en enero de 1962, como mxi-
mo organismo partidista. Una vez fracasadas las gestiones de conciliacin,
quedaba AD dividida por segunda vez en menos de un ao.
Mientras que Ramos Gimnez se diriga en circuito radial a los militan-
tes y simpatizantes del partido en todo el pas, sealando que el problema cen-
tral era, por una parte, la existencia de dos modos de ver los fenmenos po-
lticos y, por otra parte, el alzamiento de un CEN minoritario: un caso
concreto de indisciplina, de rebelda, de amotinamiento sin precedentes ni
justificacin, a no ser la inaceptable de pretender fueros y privilegios especiales
[] lo cual rechazamos y rechazaremos siempre en Accin Democrtica94;
Gonzalo Barrios expona a travs de Radio Rumbos no slo la situacin del
partido sino la actualidad poltica del pas, para insertar en sta la contro-
versia interna de esta organizacin. Resumida as: La crisis de AD constitu-
ye todo un proceso con viejas causas y accidentales manifestaciones en el curso
de los ltimos aos, entre las que se mencionan: el fraccionalismo y un des-
deo por las preocupaciones de carcter ideolgico. Eran estas, pues, las ra-
zones de fondo dadas a conocer por Barrios, apoyadas por el Presidente Be-
tancourt, por el ex-Presidente Gallegos y por el Bur Sindical95. Ramos
Gimnez y la mayora arsista quedaron fuera de la organizacin apoyados b-
sicamente por sectores agrarios. En las elecciones de diciembre de 1963 se
presentaran dos candidatos bajo el signo de AD: Ral Leoni y Ramos Gim-
nez . El Presidente Betancourt reaccion comedidamente ante la situacin
interna de su partido. No hubo ningn comentario pblico al respecto como
para no confundir su papel de Jefe del Estado y lder fundamental de Accin
Democrtica. Por el contrario hizo nfasis en lo primero al realizar una intensa
gira poltico-administrativa por diversas regiones del pas, inaugurando obras
para la comunidad y entregando ttulos de propiedad a los campesinos bene-
ficiados por la Reforma Agraria.
94
El Nacional, Caracas, 4 de enero de 1962, p. 2.
95
El Nacional, Caracas, 5 de enero de 1962, p. 3.
59
Los errores y los aciertos de mi gestin de Presidente, son mos propios96
Betancourt no se inmiscuy directamente, al menos pblicamente, en es-
coger a su sucesor. Sobre actitudes frtiles haba que dejar sembradas la confian-
za y la fe que el pueblo y dems factores de poder parecan depositar en el
Gobierno Constitucional. Adems, como a l mismo le gustaba insistir, la so-
ciedad deba encontrar por s misma su centro de equilibrio, acudir a la cita
con su propio destino. Encuentro que pasaba por dejar que fuesen los gober-
nados quienes resolviesen cosas como las candidaturas y la sucesin presiden-
cial, entre las ms apremiantes. Los cauces y las frmulas de la democracia re-
presentativa encontraran su propio ritmo, por veces en trminos de desafo.
Ante la pregunta de un periodista norteamericano sobre la continuidad de las
reformas y la sucesin presidencial, Betancourt aprovecha para dejar clara su
posicin:
96
Alocucin dirigida al pas anunciando la solicitud de ilegalizar al PCV y el MIR, Caracas, 15 de
octubre de 1962, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 3, p. 250.
97
Conferencia de prensa con periodistas norteamericanos, Caracas, 25 de enero de 1963, La revolu-
cin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 3, p. 288.
60
Un mes ms tarde insiste en eso de las lecciones de pedagoga cvica. Al
ser entrevistado por el escritor y compaero de luchas juveniles, Miguel Ote-
ro Silva, e intentar sondearle sobre la escogencia del candidato de su partido
para sucederle en el siguiente perodo constitucional, Betancourt se mostr en
la respuesta renuente a tratar el tema y, ms bien, volvi a referirse a que su
negativa obedeca a una pequea leccin de pedagoga cvica. Y repeta:
Quiero que sean los partidos quienes discutan los candidatos y no inmiscuirme
para nada en el problema electoral. Vaya el ejemplo por delante. Por el mo-
mento se trataba de disear y ejecutar un programa de gobierno, lo dems
vendra por s mismo: una sucesin indefinida de gobiernos aupando la moder-
nizacin y democratizacin del pas, mediante el mecanismo de la eleccin
popular. Aada, para finalizar, que en Venezuela tenemos una experiencia
negativa en el sentido de hacer propaganda poltica desde el Poder Ejecutivo98.
En las vsperas de terminar su mandato constitucional, Betancourt co-
menz a recordarle a los venezolanos lo que haba sido gesto y verbo desde
1959: el 13 de febrero de 1964, una vez elegido su sucesor, culminara su pe-
rodo de Gobierno. Recordemos que en fecha tan temprana como el 21 de
marzo de 1959, espet ante los empresarios venezolanos, reunidos en su
Asamblea Anual de San Cristbal, en un omniabarcante plural, el siguiente
acto de voluntad que no dejara de causar asombro: Gobernaremos hasta el
19 de abril de 1964, sin engreimientos de autosuficiencia, reconociendo con
humildad que los gobernantes no son sino personeros de la colectividad
[]99. Podra uno decir lo mnimo. Sonaba fcil or o leer esta expresin a
posteriori. Pero cun difcil habra sido cumplirla, en especial cuando se pre-
sagiaba con cinco aos de anticipacin. Todava ms, si se toma en serio la
tormentosa historia de aquel quinquenio. Proviniendo de la experiencia his-
trica venezolana, construir un orden poltico democrtico y representativo,
bajo la gida del sufragio universal, no sera poca cosa. Logro que se agigan-
tara si se llegaban a pacificar los cauces de las luchas polticas y de mantenerse
el espritu unitario. Esta no sera tarea de Betancourt. Con haber definido los
fundamentos y creado las instituciones le bastaba (no aspiro ni deseo [] a
nada ms y a nada menos que a ayudar a nuestro pas a seguir caminando por
la buena va por la que ya trajina100). Seran estos, desafos para los gobier-
nos siguientes, de manera de darle continuidad y estabilidad al recin fundado
orden poltico nacional.
98
Miguel Otero Silva escritos periodsticos (seleccin y prlogo Jess Sanoja Hernndez), Los Libros de
El Nacional, Caracas, 1998, p. 109.
99
Palabras de Betancourt al clausurar la Convencin Anual de Fedecmaras en San Cristbal el 21 de
marzo de 1959, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 34.
100
VI mensaje presidencial presentado ante el Congreso Nacional el 7 de marzo de 1964, La revolu-
cin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 4, p. 367.
61
Acaso la ms preciada de aquellas instituciones fuese el sufragio universal
(Ya en nuestro pas los gobernantes no se autoeligen, sino que el pueblo les
otorga un mandato con la cdula del voto, sealara Betancourt101), el mismo
que por tercera vez en la historia poltica del pas se puso a prueba el 1 de di-
ciembre de 1963, cuando se celebraron en todo el territorio nacional eleccio-
nes para escoger al Presidente de la Repblica y a los cuerpos deliberantes para
un nuevo perodo constitucional 1964-1969. La masiva afluencia de los vene-
zolanos en todas las ciudades, pueblos y aldeas de la Repblica, ms el ambiente
de normalidad que rein ese da, dieron al traste con la campaa abstencionista
(se registr una abstencin del 13% del total de inscritos) y con el terror que
se trat de sembrar entre la poblacin por parte de los representantes de la vio-
lencia. Los votos democrticos de los ciudadanos vencieron las balas de aque-
llos barbudos del caos descritos ms arriba. El triunfo correspondi al can-
didato de AD, Ral Leoni. Su victoria encarn la victoria democrtica de
Venezuela y el repudio a la violencia castro-comunista. Pareca como si la cita
con su propio destino adquiriese ms forma y sentido102. Semejantes circuns-
tancias fueron entendidas por el Presidente electo quien de inmediato se mo-
vi por todo el territorio nacional ofreciendo: entendimiento, concordia, equi-
librio, mantenimiento de las conquistas sociales de su predecesor, as como
ampliacin y profundizacin de otras.
Quedara lo del carcter revolucionario del gobierno saliente, del cual Be-
tancourt nunca escatim verbo en ilustrarle a la gente sus indicadores. Es que
la palabra haba sido tan trajinada en la historia de Venezuela por tiranos y ti-
ranuelos que era necesario revalorizarla con contenidos ciertos y palpables.
Incluso, asombra su dominio de las convicciones, cuando apenas un ao des-
pus de asumido el poder contrapone su revolucin a aquella propuesta por
sectores anrquicos e izquierdistas, ms del mbito de las creencias catequsti-
cas inspiradas por el comunismo internacional, en especial por el eje cubano-
chino-sovitico, que la de los hechos cumplidos. Porque en Venezuela estamos
haciendo una revolucin, seala Betancourt con voz altiva. Lanzndose ense-
guida con los indicadores:
101
VI mensaje presidencial presentado ante el Congreso Nacional el 7 de marzo de 1964, La revolu-
cin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 4, p. 366.
102
Estas elecciones tuvieron una amplia repercusin internacional, parte de la cual ha sido recogida
en el libro Victoria democrtica de Venezuela. Editoriales de la prensa mundial, Publicaciones de la Se-
cretaria General de la Presidencia de la Repblica, Caracas, 1964.
62
estn prestando ms dinero en un solo ao del que se prest en el ltimo quinque-
nio. Es una revolucin que se haya establecido la tica administrativa y que los
gobernantes podamos presentarnos ante nuestros gobernados orgullosos de man-
tener nuestras manos limpias. Es una revolucin que todos los sectores sociales pue-
dan agruparse en sus organismos polticos, econmicos, de defensa gremial, sin
obstculos de ninguna clase103.
Pero lo que ms orgullo resonara en las palabras del Jefe del Estado era el
carcter autctono de esa revolucin: [] es una revolucin dentro del molde
venezolano, de acuerdo con un estilo de vida que tres millones de venezolanos
decidieron como suyo cuando votaron en las elecciones del pasado 7 de diciem-
bre (idem). Con esto el mensaje era claro: no se pretende interferir en la for-
ma como otros pases conducen su revolucin, pero se pide dejar en paz la
forma como se conduce la revolucin venezolana, de acuerdo con normas
pautadas por las leyes, por la sicologa colectiva de Venezuela, por el modo de
ser intransferiblemente venezolano (idem).
Poco quedara por aadir y, sin embargo, a lo ya expresado en la larga cita
anterior se aadira algo ms. No podra dejar de insistirse en el componente
cultural del proceso en marcha. Para ello nada mejor que hablarle a sectores
agrarios y campesinos. Eran stos uno de los sujetos privilegiados del estado de
cosas. El argumento compartira tres momentos lgicos. Primero ira la certe-
za general despus de ms de tres aos de gestin: [] est realizando el
Gobierno Constitucional una obra de extraordinario sentido revolucionario.
Luego vendra la particularizacin del sentido de la certeza: Revolucionario en
el mejor concepto, revolucionario en el concepto de dotar a un pueblo de in-
teligencia natural y plstica de las posibilidades del acceso a la cultura. Para fi-
nalmente rematar con la afirmacin absoluta que despejara cualquier duda por
perspicaz que fuese: [] en ningn pas de la Amrica Latina, en cualquier
momento de la historia, se ha hecho ms en tan poco tiempo por poner la
educacin y la cultura al alcance de las mayoras como en Venezuela104.
As las cosas, no quedaba sino la tranquilidad de conciencia. Estado anmico
reflejado por el Presidente Betancourt cuando dirige su ltimo mensaje ante el
Congreso Nacional. Se haba cumplido con un deber de varios rostros: poltico,
legal, constitucional, social. Lo que no poda ms que encender un gran orgullo
que quedara inscrito con palabras emanadas en estilo limpio y emotivo:
103
Exposicin al pas por la red nacional de radio y televisin el 26 de abril de 1960, con motivo de
la intentona facciosa de San Cristbal el 20 del mismo mes, La revolucin democrtica en Venezuela.
Documentos, op. cit., vol. 1, p. 257.
104
Exposicin hecha desde Guanare en gira poltico-administrativa por tierras de Portuguesa, 13 de
mayo de 1962, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 3, p. 119.
63
Haber contribuido, con modesto aporte, a este cambio histrico en Venezuela no
es para mi motivo de envanecimiento sino de humilde, ntima, profunda satisfac-
cin. Otros tesoros, si los tuviera, pudiera perderlos, por los azares de la tornadi-
za fortuna. Este tesoro muy mo y no cotizable en bolsas de valores, de salir del
ejercicio de la Presidencia de la Repblica despus de haber aportado un tenaz
esfuerzo de alfarero para contribuir a la modelacin de una Venezuela democrtica,
es algo que nadie podr arrebatarme105.
105
VI Mensaje Presidencial, La revolucin democrtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 4,
p. 367.
106
Discurso de toma de posesin presidencial, Caracas, 13 de febrero de 1959, La revolucin demo-
crtica en Venezuela. Documentos, op. cit., vol. 1, p. 20.
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Dominguito, 1963
La Esfera, 1958-1960
El Mundo, 1958-1960
El Nacional, 1958-1962
Panorama, 1958
La Razn, 1959
Sardio, 1960
El Siglo, 1963
69
Tabla Redonda, 1960-1963
El Universal, 1958
URD, 1962
Archivos
70
CRITERIO DE SELECCIN DOCUMENTAL
71
1959
74
1. LAS NECESIDADES DE TODO EL PAS
Al inaugurar la Primera Convencin de Gobernadores, el Presidente Betancourt
define como finalidad de la misma la coordinacin nacional de la gestin poltica
y administrativa del Gobierno Nacional y fija su periodicidad semestral. As mismo,
advierte que su Gobierno ejercer una poltica celosa de honradez administrativa.
Miraflores, 13 de marzo de 1959./
75
militantes de partidos polticos estn trabajando con dedicacin y con fervor,
ciudadanos polticamente independientes y grupos de tcnicos, todos orienta-
dos por un objetivo comn: el de servir a Venezuela con nimo de acertar.
Se adopt la actitud responsable de no iniciar el gobierno con la promul-
gacin de una serie de decretos apresurados. Se prefiri hacer previamente un
inventario de las necesidades ms apremiantes del pas y, al propio tiempo, una
evaluacin de las posibilidades en que se estaba de comenzar a afrontar esos
problemas; eso se hizo en escala nacional y en escala regional.
Al entrevistarme con los seores gobernadores, antes de su designacin, les
plante la necesidad de que al llegar a las capitales de los Estados y Territorios,
no siguieran la conocida prctica de me encargo y decreto, sino que previamente
hicieran un estudio de las necesidades ms premiosas para jerarquizar las deci-
siones de acuerdo con la urgencia de esas necesidades, y para que pudieran
coordinar la accin regional con la que iba a desplegar el Ejecutivo Federal. Ya
hoy estamos en condiciones de iniciar un debate serio y a fondo sobre aquellos
problemas que merecen una atencin ms inmediata.
Son bien conocidos, por otra parte, esos problemas. Uno de ellos es el de
la vialidad, porque en Venezuela contamos apenas con unas dos o tres carreteras
troncales, dos o tres autopistas, y la carretera Panamericana. Las dems no son
realmente carreteras sino caminos anchos, porque carreteras de tierra intrafica-
bles en invierno y llenas de polvo en verano no son realmente carreteras. Tene-
mos el problema de pavimentar, de asfaltar, las vas carreteras existentes en toda
la Repblica y de no construir nuevas vas de esa ndole en las condiciones ya
consideradas como inadecuadas. No hay caminos vecinales; estn en vas de
desaparecer, y no tienen manera de conectarse rpidamente los productores de
la tierra con los centros de consumo.
El problema de la vivienda es dramtico en todo el pas; de igual manera
el problema de la alimentacin. Si algn programa tenemos que realizar en
escala nacional y en forma vigorosa, es un programa de comedores populares
y de comedores escolares, porque el problema nmero uno que confronta el
pueblo de Venezuela es el que tcnicamente llaman policarencias, pero que en
cristiano se llama hambre. Y una poltica de reforma agraria y de crditos fci-
les, de prstamos, sin hojarasca excesiva de papeleo, reclamada por agriculto-
res, criadores y pequeos industriales de limitados recursos. Es inaplazable tam-
bin toda Venezuela lo sabe, porque en torno a esta cuestin existe un estado
de conciencia nacional darle una batalla a fondo a la ignorancia, incrementar
la enseanza en todos sus rdenes, desde el kindergarten hasta la universidad.
Junto con todo esto, una poltica celosa de honradez administrativa. Va en
serio esto de que en Venezuela termin el peculado; va en serio esto de que los
partidarios de traficar con influencias estn amenazados de la sancin penal; va
en serio esto de que en Venezuela ya no podr ningn funcionario pblico
enriquecerse a la sombra protectora del poder. Comenzar a funcionar pron-
76
to, en escala nacional, el Tribunal contra el Enriquecimiento Ilcito de Funcio-
narios Pblicos; y quiero ratificar lo que dije en el mensaje al Congreso: que as
como este Gobierno ser inexorable con los funcionarios pblicos malversadores
de los dineros de la nacin o que de ellos se aprovechen ilcitamente, tambin
ser implacable, tambin ser inexorable, utilizando las armas poderosas de la
ley, contra cualquier ciudadano particular, venezolano o extranjero, que preten-
da cohechar a funcionarios pblicos.
Debo reiterar mi absoluta confianza en el pleno y total respaldo de las
Fuerzas Armadas al gobierno legtimamente constituido. He continuado, des-
pus de la juramentacin ante el Congreso, el contacto directo que inici cuan-
do era slo Presidente electo, con las guarniciones y establecimientos milita-
res de la Repblica, y puedo testimoniar ante ustedes y ante el pas que en
todas partes he encontrado oficiales, suboficiales, clases y soldados de las dis-
tintas armas entregados calladamente, abnegadamente, a sus labores profesio-
nales, marginados en absoluto de toda preocupacin de carcter poltico.
Podemos todos los venezolanos tener confianza, y de esa confianza yo soy
garante ante el pas, que de las Fuerzas Armadas no vendr ningn estorbo
contra la marcha segura y firme emprendida por la Nacin hacia un rgimen
democrtico estable.
Vamos a discutir aqu y concluyo ya en un ambiente de franqueza y de
cordialidad en torno a los problemas del pas y a la forma ms idnea de abordar
su solucin, porque un denominador comn nos une, al margen de cualquier
posible divergencia de carcter ideolgico o doctrinario: la preocupacin por
servirle con lealtad a Venezuela.
77
2. GOBERNAR ES DIALOGAR
Palabras de Betancourt en el acto de clausura de la XV Convencin Anual de
Federacin de Cmaras y Asociaciones de Comercio y Produccin (Fedecmaras), que
expresan el carcter democrtico de su Gobierno y su filosofa de dilogo con todos
los sectores del pas. San Cristbal, 21 de marzo de 1959./
78
fines de carcter poltico. Respetamos celosamente la autonoma de las entida-
des privadas del pas y ellas tendrn siempre garantizado el derecho, nunca para
el futuro discutido ni regateado, de criticar con franqueza y directamente los
yerros en que incurra nuestra administracin.
Estimulante es el prrafo del discurso dicho por el presidente de esta entidad
en que se refiere a la conveniencia, y ms que conveniencia, a la necesidad
patritica de proyectar hacia el tiempo, en plazo indefinido, el avenimiento
obrero-patronal que ha existido a partir del 23 de enero de 1958.
Se ha demostrado en Venezuela cmo es posible el entendimiento entre sec-
tores que por la propia dinmica social tienen elementos de friccin, y que no
es necesario llegar a las frmulas extremas. Mediante una responsable discusin
entre las partes pueden lograrse acuerdos entre patronos y trabajadores. Exce-
lente es la idea de que se firmen contratos colectivos por ramas enteras de pro-
duccin. Esos contratos colectivos impedirn que se llegue a extremos de huelga.
Debo decir aqu en una forma enftica y categrica que as como el Gobierno
rechazara la actitud de intransigencia de algn grupo patronal frente a razona-
bles aspiraciones reivindicativas de los trabajadores, de igual modo el Gobier-
no impedira los paros ilegales, las huelgas que no se ajusten a los procedimientos
pautados en la legislacin laboral. Tengo la esperanza de que podrn continuar
realizndose, como hasta ahora, entendimientos obrero-patronales en la forma
normal de la suscripcin de contratos colectivos de trabajo entre las partes.
Plantea la Federacin de Cmaras y Asociaciones de Comercio y Produc-
cin, coincidiendo con un reclamo nacional y con un propsito del Gobierno,
la urgencia de la realizacin de una reforma agropecuaria en el pas. Estamos
adquiriendo ya conciencia firme de que Venezuela no puede continuar giran-
do en torno al eje nico de una riqueza que inexorablemente se nos va a aca-
bar. Ya no podemos seguir viviendo indefinidamente de la riqueza petrolera,
porque nos quedan apenas tres dcadas de petrleo en Venezuela. Es necesario
forjar una economa propia, slida y, sobre todo, venezolana. Y esa economa
carecer de bases estables mientras no se realice un reajuste en el sistema de
explotacin y tenencia de la tierra. En otras palabras, mientras no se realice una
reforma agraria nacional.
Aqu vamos a ratificar lo que insistentemente ha dicho el Gobierno que pre-
sido a travs de sus voceros calificados: la reforma agraria se realizar por las vas
pacficas y normales de una legislacin que promulgar el soberano Congreso
de la Repblica. Ningn temor pueden abrigar quienes tengan en cultivo o en
explotacin de ganado tierras suyas, de que esas tierras sean expropiadas. Ni te-
mor alguno puede abrigarse de que se propicie el asalto de tierras en cultivo.
Sern otros sistemas, pautados legalmente, los que regirn la reforma agraria, in-
terpretada integralmente. Reforma agraria con crdito oportuno, barato y a largo
plazo; con asistencia tcnica; con apertura de carreteras de penetracin y de ca-
minos vecinales. Aspiramos a que con el concurso de todos los venezolanos de
79
buena voluntad, y con asistencia tcnica, nuestra reforma agraria pueda ser re-
conocida como una experiencia ejemplar para los otros pueblos de la Amrica
Latina, donde tambin est planteado agudamente el problema de la tierra.
Reforma agraria que permita incorporar a la produccin y al consumo a una
inmensa masa de nuestra poblacin que est marginada, que apenas crea un
poco de riqueza para su subsistencia precaria; para esas 700.000 familias para
recordar las palabras del presidente de esta entidad, las cuales aspiramos que
vivan como nos gustara que vivieran nuestros hermanos. Familias campesinas
numerosas que tienen un promedio de ingresos de 800 bolvares al ao, haci-
nadas en ranchos sin ninguna clase de condiciones higinicas.
Mientras en Venezuela no incorporemos a la vida civilizada esa vasta por-
cin de compatriotas nuestros que llevan una vida infrahumana, mientras no
logremos eso, no podremos llamarnos un pas civilizado y cristiano ni podre-
mos tener una economa prspera.
La revisin del tratado comercial con Estados Unidos se est realizando. Ya
una comisin interministerial est estudiando determinados aspectos de esa
revisin. En audiencias pblicas sern llamados a exponer sus puntos de vista
ante esa comisin, los distintos sectores de la colectividad venezolana, y no nos
cabe la menor duda de que el Gobierno amigo de Estados Unidos reconocer
la justeza de nuestros pedimentos cuando sean formulados, sin desplantes, pero
con seriedad y con firme dignidad.
Junto con la reforma agraria es necesaria la industrializacin del pas. El
gobierno estimular y apoyar esa industrializacin.
Delimitados quedarn los campos entre las zonas escasas que se reserve el
Estado y las muy amplias posibilidades que quedarn para la actividad priva-
da. No es propsito del Gobierno, ni sera conveniente para la economa del
pas, que el Estado venda a particulares las instituciones bancarias que estn bajo
su dominio. Tampoco las empresas elctricas. Tampoco los servicios telefni-
cos ni de radiocomunicaciones. Tampoco las empresas matrices de la Petroqu-
mica y de la Siderrgica. Pero ser objeto de estudio posterior la delimitacin
de aquellas industria subsidiarias de la Siderrgica y de la Petroqumica que
puedan ser marginadas del control del Estado. El Estado venezolano tiene tantas
necesidades por atender y tantos requerimientos por satisfacer en beneficio de
la colectividad, que no se concepta conveniente que se lance por la va del
Estado industrial. Acabamos de dar una demostracin de nuestro criterio equi-
librado, sensato y razonable en esta materia. Es bien sabido que existe un recla-
mo de opinin pblica, justificado, frente al alto precio de las medicinas, en un
pas que tiene un tan crecido ndice de morbilidad. La actitud simplista por
parte del Estado hubiera sido la de regular por decreto el precio de las medici-
nas. Se procedi en otra forma. Conceptuamos que estn invertidos en labo-
ratorios nacionales alrededor de 150 millones de bolvares; que los laboratorios
han admitido la realizacin de una auditora en sus empresas, porque afirman
80
que sus ganancias son muy limitadas. La actitud del Gobierno ha sido la de de-
signar una comisin de alto nivel, integrada por ministros, la cual con aseso-
ra tcnica, escuchando a las partes, realice una investigacin a fondo sobre las
causas de los altos precios de las medicinas en Venezuela, no slo las produci-
das dentro del pas, sino tambin las de los patentados extranjeros que se expen-
den. Y luego de realizarse ese estudio, ser cuando el Gobierno adopte su de-
cisin. No procedi, pues, apresuradamente, ni a dictar por decreto una
regulacin de precios de las medicinas, ni a embarcarse en la iniciativa de or-
ganizar un laboratorio del Estado.
La investigacin tecnolgica solicitada por la Federacin de Cmaras y
Asociaciones de Comercio y Produccin es una necesidad en nuestro pas.
Estamos en retraso con respecto a los otros de la Amrica Latina.
Durante diez aos se estuvo diciendo, irresponsablemente, por gentes que
gobernaban a contrapelo de la voluntad de la Nacin y comprometiendo su
destino histrico, que ste era un pas absolutamente capacitado para todos los
tipos de la actividad humana. Que no necesitbamos cooperacin ni asisten-
cia tcnica extranjera. Y mientras grandes naciones como la India de Nehru,
para citar una de ellas, importaban centenares de tcnicos y enviaban a univer-
sidades de Europa y Estados Unidos a millares de estudiantes a adquirir cono-
cimientos tecnolgicos, Venezuela continuaba estancada en el empirismo. Y lo
que se ha hecho para superar esa situacin de inferioridad ha sido exclusivamen-
te obra del esfuerzo privado.
Esa poltica va a ser resueltamente rectificada. Ya est siendo rectificada.
Estamos en comunicacin con los organismos de asistencia tcnica de las Na-
ciones Unidas. Traeremos tcnicos del exterior. Hemos solicitado del Banco
Internacional de Reconstruccin y Fomento que nos enve una misin altamen-
te calificada para que, en asocio con tcnicos venezolanos, elabore y presente un
informe sobre el planeamiento de nuestro desarrollo econmico y, sobre todo,
acerca de la mejor manera de orientar, en forma reproductiva, las inversiones
pblicas. Porque tenemos conciencia de que en Venezuela no estamos gastan-
do la renta nacional, sino el capital nacional; porque estamos girando contra una
riqueza insisto y seguir insistiendo en esto con terquedad machacona, es-
tamos girando contra una riqueza que se nos va a agotar a treinta aos de pla-
zo: la riqueza petrolera.
Para articular mejor esos esfuerzos administrativos ha comenzado a funcio-
nar, no un aparato burocrtico ms, hipertrofiado, sino algo que necesita con
urgencia el pas, un Departamento de Coordinacin y Planificacin, que ser
el encargado de articular mejor la administracin pblica y de orientar todos
los esfuerzos que se hagan hacia la tecnificacin del pas.
Ha sonado la hora de la provincia, dijo el presidente de esta entidad. Ha
sonado la hora de la provincia, no en el sentido de que se abandone a Cara-
cas, la ciudad metropolitana, donde tambin hay profundos abismos entre la
81
riqueza de unos pocos y la extrema pobreza en que viven 300.000 personas en
el cinturn de miseria que rodea a la ciudad. Pero lo cierto es que en la lti-
ma dcada se centraliz en la capital de la Repblica ms del 70% de los gastos
pblicos en obras las ms de ellas suntuarias, y que la provincia fue abando-
nada al extremo de que excelentes caminos carreteros, como el de Tucacas a
Coro hoy son inservibles, como est inservible la carretera de Caracas a Bar-
celona. Faltan en toda la Repblica acueductos, cloacas, escuelas, caminos
vecinales. La accin del Gobierno, sin olvidar y ni mucho menos descuidar los
problemas de Caracas, ser una accin proyectada en un sentido venezolano,
porque ste no es un pas-ciudad, como Atenas, sino una nacin con 1 milln
de kilmetros cuadrados.
El reciente decreto promulgado por el Gobierno Nacional y publicado en
la Gaceta Oficial de anoche, ya es un buen ndice de esta venezolanizacin de
nuestra poltica. Se ha acordado un crdito adicional por cerca de 200 millo-
nes de bolvares para obras pblicas, pero dispersas en todo el vasto mbito de
la nacin. Se han decretado las obras que pueden comenzarse de inmediato y
que van a ser iniciadas de inmediato, porque se contaba ya con estudios reali-
zados. Otras sern incorporadas al presupuesto 1959-1960, que ser promul-
gado por el soberano Congreso previa presentacin por el Ejecutivo Federal,
para comenzar a regir a partir del prximo mes de julio. Y precisamente, obras
como las que pide la Federacin de Cmaras y Asociaciones de Comercio y Pro-
duccin: carreteras, y no carreteras de tierra sino carreteras pavimentadas, as-
faltadas, caminos vecinales, escuelas, y no slo las escuelas primarias y secun-
darias, sino tambin las escuelas artesanales y de especializacin tcnica.
En este sentido, la poltica del gobierno va a ser muy definida. Vamos a
empearnos en que en Venezuela se realice, en una forma muy agresiva, una
poltica de educacin politcnica. Que el hijo del trabajador y del hombre de
clase media le conozca los secretos a la mquina y no tenga que ser desplazado
por el inmigrante que en escuelas europeas adquiri las destrezas de que care-
ce el trabajador nativo.
En las escasas escuelas tcnicas y artesanales del pas, apenas un 50% del
profesorado est constituido por expertos. Ya salieron dos comisiones, una para
el Norte para Puerto Rico y Mjico y otra para el Sur a Chile, Argentina
y Uruguay, a contratar decenas de profesores para las escuelas tcnicas y po-
litcnicas. No se ajusta a la verdad la informacin publicada por algn peri-
dico y comentada crticamente por otro, de que se vaya a importar de la her-
mana Repblica de Panam a 2.000 maestros de primaria. Lo que s es cierto
es que importaremos por centenares los profesores que se requieran para que
los hijos de los trabajadores y de las gentes de clase media no sean esos anal-
fabetos tcnicos a que se ha referido el presidente de la Federacin de Cma-
ras y Asociaciones de Comercio y Produccin, sino obreros clasificados, aptos
para manejar la mquina, aptos para trabajar y obtener un buen rendimien-
82
to y un buen salario; aptos tambin para contribuir con eficacia a la industria-
lizacin del pas.
Es necesaria una poltica de crditos. De crditos a largo plazo concedidos
por la Corporacin Venezolana de Fomento, que tambin estimular industrias
para luego ser vendidas a particulares, de crditos a mediano plazo del Banco
Industrial, incluyendo en estos crditos los de la pequea industria, casera,
artesanal.
Mucho se puede hacer en Venezuela para liberar del desempleo y de la angus-
tia econmica a un sector de la poblacin si, junto con la gran industria, se esti-
mula tambin la pequea industria. He tenido oportunidad de ver en la vecina
poblacin de Capacho, cmo debido a la iniciativa y al esfuerzo de un sacerdo-
te, el presbtero Parada, se ha podido organizar all una escuela de talladores de
madera y de fabricantes de cobijas, y eso se ha hecho por el solo esfuerzo misio-
nero del presbtero Parada, a quien quiero rendirle aqu testimonio de admiracin.
El problema de la vivienda, el dramtico problema de la vivienda, que
adquiere magnitud de calamidad nacional, tiene que ser afrontado, para usar
un trmino blico de nuestros das, como quien realiza una guerra total. No
bastar con los solos recursos y el solo esfuerzo del Estado. Va a ser creado el
Instituto Nacional de la Vivienda y al efecto se presentar un proyecto del eje-
cutivo a la consideracin del soberano Congreso. Sern dotados de recursos, los
ms cuantiosos posibles, el Banco Obrero ahora y el Instituto de la Vivienda
despus. Pero no de todos los que se requeriran, porque otras necesidades
nacionales estn tambin reclamando aportes fiscales. Por eso la iniciativa pri-
vada tiene mucho que hacer en la solucin del problema de la vivienda. Quiero
ratificar aqu pblicamente el apoyo que he venido ofreciendo a la Fundacin
de la Vivienda Popular, y ojal que industriales, agricultores, comerciantes,
contribuyan a la solucin de este problema, cooperando en alguna forma con
los empleados y obreros a su servicio para que stos puedan edificar o adqui-
rir casas propias.
Preferir lo nacional a lo importado ser una poltica a seguir consecuente-
mente por el Gobierno que presido. El decreto de Compra venezolano ser
aplicado. Al propio tiempo, pidindoles colaboracin a los sectores de la pro-
duccin, el Gobierno llevar hasta el fin la investigacin que est realizando el
Ministerio de Fomento para apreciar la parte de verdad o de exageracin que
exista en la acusacin que se formula de que artculos industriales, producidos
en el pas, al ser protegidos aumentan su precio injustificadamente. No pasa-
rn muchos das sin que el Gobierno pueda decir cul es el criterio que se ha
formado acerca de esta investigacin. Y no hay razones de ninguna clase para
dudar de que esa investigacin estar apoyada y respaldada por los sectores de
la produccin nacional.
El contrabando encontrar un valladar en un Gobierno no cohechable, en
un Gobierno que siempre actuar dentro de normas de honradez administra-
83
tiva. Quiero aqu ratificar lo que he venido diciendo insistentemente: Mien-
tras yo est en Miraflores, en Venezuela no habr robo de los dineros pblicos.
Pronto entrar a funcionar el Tribunal contra el Enriquecimiento Ilcito de
funcionarios pblicos. Ante ese tribunal cualquier ciudadano podr denunciar
al funcionario pblico que est traficando con la confianza en l depositada y
obteniendo beneficios ilcitos a la sombra del poder. Pero tambin podr cual-
quier funcionario pblico denunciar y hacer enjuiciar a cualquier particular que
pretenda cohecharlo, porque tan responsable es quien comete el execrable delito
de peculado como quien incita a cometerlo.
Por ltimo, plante el seor presidente de la Federacin de Cmaras y
Asociaciones de Comercio y Produccin, que en el financiamiento del desarro-
llo econmico concepta esta entidad como buena poltica la de apelar al cr-
dito pblico. Debo informarles a ustedes y al pas que el Gobierno no est an
decidido a utilizar el crdito en cuenta corriente abierto en bancos del exterior,
y que cubrir el presupuesto actual con los ingresos normales del erario. Se va
a presentar al Congreso un proyecto de ley que permitir utilizar el ahorro
nacional, mediante emisin de letras del tesoro y de otros arbitrios, para pla-
nes de desarrollo econmico; sin embargo, el Gobierno no vacilar, cuando se
presente la ocasin, en emprender grandes obras para ser pagadas por varias
generaciones, en financiar esas obras mediante la apelacin al crdito.
Hay tres obras que nos tientan y que vamos a realizar. Una de ellas, la de
una gran poltica de represas, de utilizacin de las pocas aguas que nos quedan
para almacenarlas y para distribuirlas en una forma racionalizada, como lo ha
hecho Mjico.
El otro proyecto es el del desarrollo integral de la zona de Guayana. A los
venezolanos les pido que dejen de ir tanto a Jamaica o Nueva York y hagan un
poco de turismo interno. Que se vayan a Guayana a sentir esa emocin profun-
da que yo he sentido al ver all las extraordinarias posibilidades de un desarrollo
econmico que har de esa zona el Pittsburg, el Ruhr o el Detroit de Venezuela.
Cuando puedan encontrarse la energa elctrica del Caron, la produccin
de acero de la siderrgica, las enormes extensiones de tierra colonizable de nues-
tra fabulosa Guayana y el hierro en cantidades inmesurables que est a flor de
tierra, un desarrollo integral de la Guayana nos permitir, junto con el desarrollo
integral de la agricultura y de la cra, ver sin tristeza, y acaso con ntima alegra,
que deje de estar saliendo el oro negro de los taladros de Oriente y Occidente.
Y, por ltimo, un plan de comunicaciones radiotelefnicas que le permi-
ta vertebrarse a este pas, en el que resulta tarea de romanos obtener una comu-
nicacin entre la provincia y Caracas o de los estados entre s. Un sistema te-
lefnico que funcione como funciona no slo en Estados Unidos, sino en pases
muy poco ricos, como Chile o Uruguay.
En todo caso, el Gobierno siempre informara a la opinin pblica sobre
los grandes proyectos que vaya a ejecutar. Escuchara la opinin del Consejo
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Nacional de Economa; presentara esos proyectos al Congreso, porque as como
hemos comenzado a gobernar, gobernaremos hasta el 19 de abril de 1964.
Gobernaremos hasta el 19 de abril de 1964 sin engreimientos de autosu-
ficiencia, reconociendo con humildad que los gobernantes no somos sino per-
soneros de la colectividad y que en las disposiciones que, en cierto modo, com-
prometan al pas, la colectividad tiene palabra decisiva para decir.
Y, para concluir, coincido con el presidente de la Federacin de Cmaras
y Asociaciones de Comercio y Produccin en las palabras finales de su discurso.
Interpreto tambin el pensamiento de los ministros del Despacho y de los ofi-
ciales de las Fuerzas Armadas que me acompaan, al testimoniar aqu gratitud
profunda por esta forma tan estimulante, tan acogedora, como nos ha recibi-
do el pueblo tachirense.
Aqu hemos venido, no en menesteres frvolos, sino a laborar; y puede es-
tar seguro el pueblo del Tchira de que la comisin interministerial que aqu
se reuni, va a presentar pronto al Gobierno sus conclusiones y que el pueblo
del Tchira va a saber pronto que ste es un Gobierno de pocas palabras y de
hechos cumplidos.
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3. AMRICA TODA EXISTE EN NACIN!
Al comienzo del ao lectivo de 1959, las palabras inaugurales de Betancourt, en el
Centro Internacional de Educacin Rural en Rubio, destacan el inicio de una
reforma agraria cuya concepcin permitir convertirla en programa piloto para
Amrica Latina y revertir as la realidad de los hombres sin tierra y la tierra sin
hombres. Rubio, Estado Tchira, 21 de marzo de 1959./
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tizacin de adultos. El 6% de los conscriptos recin incorporados al Servicio Mi-
litar Obligatorio, es analfabeto. Dentro de un ao sern venezolanos que sabrn
leer y escribir gracias a la labor callada, abnegada y silenciosa de los oficiales y
suboficiales de Venezuela.
Van a encontrar ustedes tambin, compatriotas latinoamericanos, a un go-
bierno y a un pueblo conscientes de su deber americanista, porque aqu naci
Bolvar, tal vez el ms continental de los libertadores de Amrica; porque en
nuestro himno nacional hay la estrofa que dice: Amrica toda existe en na-
cin; porque somos un pueblo que realiz su ms hermosa aventura nacio-
nal cuando estuvo guerreando por ms de diez aos, no en son de conquistas,
sino cooperando con sus hermanos de la Amrica del Sur para el logro de su
independencia poltica.
Encontrarn un gobierno y un pueblo que quieren definitivamente termi-
nar con el aislamiento aldeano, con esa actitud lugarea, pueblerina, tan tpi-
ca de las dictaduras. En Venezuela ahora gobierna un rgimen democrtico, que
no le teme al contacto con los otros pueblos, sino que lo busca y lo desea.
Estamos convencidos de que no podemos seguir jugando al aislacionismo
y haciendo en nuestra Amrica, la que habla espaol, portugus y francs, la
Amrica cristiana, que tiene sus races histricas en Espaa, Portugal y en Fran-
cia, una poltica de archipilago. La historia se est escribiendo con grandes fe-
deraciones de pueblos: es la federacin euroasitica de la Unin Sovitica y sus
satlites y sus aliados, que llega hasta la inmensa China; es Europa Occiden-
tal, unida en un pacto confederativo, donde a pesar de los seculares cantona-
lismos estn buscando el camino del entendimiento; son los pueblos arbigos,
procurando lo que los una y no lo que los divida; los Estados Unidos, que son
en s mismos un pas-continente. Slo quedamos los pueblos de la Amrica
Latina, desunidos, recelosos los unos de los otros, olvidando aquel mandato
de Simn Bolvar que tiene plena vigencia en 1959 y en el futuro: Slo la
unin de los pueblos latinos de Amrica los har fuertes y respetables ante las de-
ms naciones.
Son perfectamente compatibles y conciliables el entendimiento interame-
ricano, el entendimiento entre la Amrica Sajona y la Amrica Latina, con el
esfuerzo continuado y serio, no retrico y grandilocuente, que realicemos los
pueblos de la Amrica Latina para buscar puntos de coincidencia, puntos de
confluencia, a fin de que nuestra voz resuene en el concierto internacional, y
se nos escuche, y pesemos en la poltica mundial.
En esta labor, pioneros, desbrozadotes de rumbos, sern los maestros. Por
eso nos complace mucho que conviviendo con los estudiantes y alumnos de
la Escuela Normal Experimental Gervasio Rubio y contactndose con el
buen pueblo venezolano, estn maestros y alumnos de todas las otras patrias
de Amrica.
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Con estas palabras concluyo esta salutacin, que formulo no slo en mi
propio nombre sino tambin en nombre del Gobierno de la Repblica, y hago
votos muy cordiales porque sea exitosa la labor de alumnos y profesores en este
ao lectivo que hoy se inicia.
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4. EN EL DA DEL TRABAJADOR
Mensaje del Presidente en vspera del 1 de Mayo, dirigido a las clases trabajadoras,
destacando la importancia del papel que jugaron en la restitucin de un Gobierno
democrtico y en las penurias que sufrieron durante la dictadura. As mismo expone
las medidas en marcha y las que se proyectan, para dignificar sus condiciones
laborales y elevar su nivel de vida. Caracas, 30 de abril de 1959./
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propicias vecindades de la camarilla dictatorial. Se aceler as un proceso de
depauperacin campesina y la gente abandon en masa las empobrecidas zonas
rurales para engaar sus hambres deambulando por pueblos y ciudades. En
Caracas, por ejemplo, ha constatado una encuesta hecha en 1953 que de cada
cinco familias ubicadas en el cinturn de los cerros que rodea la ciudad, tres
son procedentes de los empobrecidos estados andinos donde el ingreso de la
familia campesina es de apenas 53 bolvares por mes. Los crditos agrcolas
otorgables por institutos del Estado prcticamente desaparecieron, y la mayora
de los que se otorgaban eran repartidos entre la gente vinculada a la dictadu-
ra. Las carreteras de penetracin se abandonaron, as como los caminos veci-
nales. El problema de la vivienda no fue afrontado ni apreciado en su magnitud
real y fuera de unos cuantos multifamiliares costossimos y antihumanos en
Caracas, y en otras poblaciones, nada se hizo para modificar y mejorar las casas
donde malviven los venezolanos.
Advenido un nuevo rgimen despus del 23 de enero se inici un cambio
de apreciables rasgos positivos en esa situacin de pesadilla confrontada por el
pueblo. Los empleados y trabajadores urbanos y del campo comenzaron a re-
estructurar sus organismos de defensa econmica y se inici un proceso de
reajuste en salarios, sueldos y prestaciones sociales. Ya he dicho y quiero rati-
ficarlo aqu, que tanto empresarios como trabajadores han dado una demostra-
cin de sensatez y de espritu patritico al acordarse a los trminos del aveni-
miento obrero-patronal, y al buscar la va normal de la discusin y el regateo
entre las partes para dirimir sus dificultades. Se ha logrado as la suscripcin de
contratos colectivos en ramas enteras de la produccin y en muy escasas oca-
siones se ha apelado al recurso extremo de la huelga, siempre perturbador de la
produccin y particularmente peligroso en un pas como el nuestro, que tiene
tantos dficit en numerosos renglones de esa produccin. Debo ratificar aqu
que el Gobierno garantiza y garantizar el derecho de sindicalizacin, conquista
social incorporada definitivamente a la legislacin universal.
Parte integrante, elemento concurrente y complementario del derecho, de
sindicalizacin, es el derecho de huelga, tambin consagrado en nuestra Ley del
Trabajo. Procurar el Gobierno, y as lo ha hecho en ms de una ocasin, ejer-
citar una intervencin amistosa y conciliatoria entre las partes para evitar las
huelgas, pero si en algn caso ha de producirse alguna deber ajustarse en su
tramitacin a las normas legales. El paro intempestivo, sin agotarse esos trmi-
tes, es ilegal, y el Gobierno los ha declarado as cuando se han producido y as
los declarar si se produjeren en algn momento. Se tiene la impresin, por
categricas declaraciones del Comit Sindical Unificado, de que este importante
organismo sindical ser el primero en respaldar al Gobierno en esa poltica que
tiende a enmarcar los diferendos laborales dentro de regulaciones legales, garan-
tizadoras de tres intereses igualmente respetables: los de los empresarios, los de
los trabajadores y los de la colectividad en general.
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Es muy posible que algunos brotes aislados de indisciplina social tengan su
raz en problemas cuya solucin se aplaz por tanto tiempo y que ahora han
aflorado atropelladamente. Al respecto, debo comenzar por decir que sera
injusticia pretender decirle a un Gobierno con apenas dos meses y das de exis-
tencia, que resuelva con recursos de magia situaciones negativas para los traba-
jadores que tienen duracin de dcadas. No se trata de situarse en un cmodo
burladero al decir que ste es un rgimen con apenas mil y tantas horas de
existencia, sino de una realidad, acerca de la cual invito a meditar a nuestros
compatriotas, con la seguridad previa de que esa meditacin les apaciguar
impaciencias y les har comprender que un equipo de Gobierno, por anima-
do de pasin creadora que se encuentre, no dispone de las varitas mgicas de
los cuentos orientales para cambiar, de la noche a la maana, lo desapacible en
grato; la escasez en abundancia; y lo que mal hecho estaba, en obra acabada,
cabal y perfecta.
Pero no basta con estas consideraciones genricas. Deber del gobernante es
el de explicar serenamente, reiteradamente, sin sentirse ofendido por las crti-
cas que puedan formulrsele, cules medidas estn en marcha, cules se estn
realizando, cules se proyectan para elevar y mejorar el nivel de vida colectivo.
Eso es lo que procurar hacer esta noche. En el lenguaje que ya me es habitual,
sin grandilocuencias retricas ni palabrera rebuscada.
Encontramos al llegar al Gobierno el azote del desempleo gravitando sobre
el pueblo venezolano. Clculos conservadores estimaban que cerca de doscientas
mil personas, cifra que se aproxima al 10% de la poblacin econmicamente
activa, no tena ocupacin. El llamado Plan de Emergencia pudo ser un arbi-
trio transitorio frente a esta calamidad pblica, pero si se prolongaba en el tiem-
po iba a convertirse en una remuneracin al ocio, o en una prima al mangua-
reo, para decirlo con palabra de intransferible sabor criollo.
El Gobierno procedi, despus de realizar una Convencin de Gobernado-
res de Estados, en el primer cumplems de su gestin, a dotar de recursos ex-
traordinarios suficientes al Ministerio de Obras Pblicas, y a los gobiernos re-
gionales y del Distrito Federal, as como a los institutos estatales de prstamos,
para iniciar obras de inmediato. Para ello se decretaron crditos adicionales por
un monto que se acerca a los cuatrocientos millones de bolvares. Los resulta-
dos han comenzado a hacerse sentir. Desaparecieron las ruidosas manifestacio-
nes callejeras de hace algunas semanas en varias capitales de Estados, porque en
todas ellas ya un nmero apreciable de desocupados tiene ahora trabajo. Las
obras nacionales no han podido emprenderse con la deseada celeridad porque
el trmite de otorgamiento de contratos y traslacin de equipos a los lugares
donde habrn de realizarse impiden la iniciacin de ellas con fulminante rapi-
dez. Pero en la prxima semana se estar en condiciones de informrsele am-
pliamente al pas, a travs de la prensa y de otros vehculos de divulgacin,
cules son las obras ya en ejecucin, repartidas en el vasto mbito de la Rep-
91
blica. En el Distrito Federal un nmero apreciable de los antiguos obreros
enganchados en el Plan de Emergencia est trabajando ya en la remodelacin
de los barrios o en obras permanentes, y al iniciarse en fecha prxima la aper-
tura de la avenida Universidad, y otras obras pblicas, se tendr asegurado un
alto nivel de ocupacin en el Distrito Federal.
Pero el Gobierno est consciente, como lo est el pas, de que las obras
pblicas urbanas, si necesarias y aun indispensables cuando se orientan hacia
lo til y se desecha lo suntuario, no constituyen fuentes de trabajo permanente,
ni estimulan realmente la produccin. Hay que volver los ojos al campo y verter
hacia el campo dinero y asistencia estatal para que crezca la produccin til y
para que se frene el xodo campesino hacia pueblos y ciudades. Consciente de
ello el Gobierno ha adoptado una serie de medidas. Ha pedido autorizacin a
la Procuradura General de la Nacin para que los bienes rurales pertenecien-
tes a las personas cuyas propiedades han sido intervenidas por la Comisin
Contra el Enriquecimiento Ilcito sean entregados en custodia al Instituto
Agrario Nacional, para que ste pueda asentar en ellos a campesinos. Se han
paralizado los otorgamientos de tierras baldas y la nacin no ha vendido ni
vender ninguna de las propiedades rurales que estn en su patrimonio a fin de
que sean destinadas a los fines de la reforma agraria.
En estrecho enlace trabajarn el Instituto Agrario y el Banco Agrcola y
Pecuario para otorgarles tierras y crditos a los agricultores y campesinos; y el
BAP ha sido instruido por el Gobierno para que en su poltica de prstamos
proceda con un criterio gil, sin excesivo papeleo burocrtico, con la seguridad
de que el Gobierno le har la transferencia de fondos necesarios para que nin-
guna persona en capacidad y condiciones de trabajar la tierra deje de recibir un
rpido respaldo prestatario. Si sta es la disposicin del Gobierno, si as se les
ha testimoniado a las honorables Cmaras Legislativas, en exposiciones ante sus
Comisiones de Agricultura y Cra; del titular de este despacho y del presiden-
te del Instituto Agrario Nacional; si no hay razn ni motivo para dudar de que
las Cmaras Legislativas acelerarn los trmites de discusin del Proyecto de Ley
Agraria, que en fecha muy prxima les ser presentado, nada justifica la violenta
ocupacin de tierras ajenas, y la toma de posesin de fundos por grupos de
trabajadores del agro. Es legtimo el secular y siempre burlado anhelo campe-
sino de trabajar un pedazo de tierra; pero en un pas que est en un proceso
pacfico de vida democrtica slo enemigos de esa democracia pueden pretender
que por mtodos de violencia y en forma desarticulada y precipitada se intente
arrebatar lo que se va a obtener por vas normales y legales. Quiero hacer des-
de aqu una promesa categrica y dos exhortaciones, tambin categricas, a los
campesinos y agricultores del pas. La promesa de que con la mayor celeridad
se realizarn asentamientos de familias campesinas en tierras de la nacin, de
los reos de peculado o que se adquieran. Y que junto con la tierra recibirn
crdito y facilidades de trabajo. La exhortacin de que se respete la propiedad
92
ajena; de que no se irrumpa en tierras particulares; de que no se obligue a un
Gobierno nacido de los votos del pueblo y el cual no quiere utilizar sino los m-
todos de persuasin, a tomar medidas que le resultaran ingratas, profundamen-
te ingratas, pero ajustadas a las leyes que jur cumplir, cuando el 13 de febre-
ro de 1959 asum la Presidencia de la Repblica.
Otra exhortacin la formulo a los dueos de tierra. Clama a los ojos de Dios
y de los hombres, que propietarios de extensas zonas sin cultivo regateen al pi-
satario o arrendatario el derecho de cultivar un pedazo de ellas. Y as como el
Gobierno har respetar las propiedades legtimamente adquiridas, tambin
ejercitar todos los medios lcitos de persuasin y de presin para que no se
realicen desalojos de campesinos y condicionar el otorgamiento de crditos a
dueos de hatos y de haciendas, a que stos adopten con quienes trabajan tie-
rra suya, la misma actitud de humana comprensin que felizmente se aprecia
en un sector importante de empresarios del agro.
El problema de la tierra est muy ligado al de una poltica de precios m-
nimos para las cosechas, a la de facilidades de almacenaje de stas y a la de
mercadeo de las mismas. El BAP continuar con su poltica de fijacin de pre-
cios mnimos y habr de construir una vasta red de silos y de frigorficos, que
no existe actualmente en la magnitud que requiere el pas. Y en enlace con
Mersifrica, que se aspira a transformar en organismo regulador del precio de las
subsistencias, va a poner en contacto ms directo a productores y consumidores
en forma tal que, sin perjuicio del comercio minorista, se evite la cadena de
intermediarios que encarecen los productos y perjudican por igual a produc-
tor y consumidor.
Esta poltica est muy vinculada a la del alto costo de la vida. Hay un cla-
mor nacional legtimo por el precio escandaloso de los artculos de primera
necesidad.
Con relacin a los precios de artculos de primera necesidad, el Gobierno
ha demostrado su inters frente a este problema al decidir la importacin de
carnes extranjeras por un lapso delimitado, y al prepararse para evitar desde
ahora, mediante la acumulacin de ganado en pie y congelado, que se repita en
1960 el mismo fenmeno de escasez y alto precio de este artculo de primera
necesidad, que se presenta cclicamente en todos los veranos. Al propio tiem-
po dar todo su apoyo crediticio a la produccin de carne de vacuno, de por-
cinos y de aves, porque es vergenza para los venezolanos que disponiendo de
tanta tierra plana y de recursos econmicos suficientes, no pueda el pas au-
toabastecerse de carnes de los diversos tipos. La carne importada ser vendida
a precios accesibles al consumidor, y se evitar que las personas de mayores
recursos acaparen cantidades de ella. La tan criolla caraota negra, plato indis-
pensable en la mesa del venezolano, andaba tambin por la estratosfera y de all
la hizo bajar Mersifrica, expendindola a precio razonable en sus propios detales.
As se proceder, en forma paulatina, con los dems artculos de primera nece-
93
sidad. Hasta ahora estas medidas slo se estn aplicando en la capital de la
Repblica y en sus alrededores, porque apenas estn en marcha los planes para
extender en escala nacional esta accin abaratadora del costo de la vida.
En relacin con los alquileres ya se ha tenido oportunidad de informar al
pas que se desempolv un decreto-ley de 1946 y en virtud de su aplicacin en
slo el rea metropolitana, un nmero apreciable de inquilinos ha sido alivia-
do en el pago de alquileres, en un promedio de un milln de bolvares por ao.
Cualquier inquilino puede pedir que se le reajuste el canon de arrendamien-
to de acuerdo con ese decreto de 1946, que por otra parte no entraba el desa-
rrollo de la construccin porque sigue en vigencia el decreto-ley promulgado
por el Gobierno provisional en julio de 1958 otorgndoles facilidades de no
regulacin a las casas y apartamientos construidos a partir de esa fecha. Reba-
jar los precios de los alquileres ms all del lmite establecido en el decreto-ley
del 46 no lo podra hacer el Gobierno por carecer de atribuciones legales para
ello. Debe recordarse que ste es un Gobierno Constitucional, y no un Gobier-
no de facto que se haya atribuido la totalidad del ejercicio de la soberana na-
cional. No puede dictar leyes, porque esa es funcin privativa del Congreso Na-
cional. Y es al Congreso a quien le correspondera dictar esas leyes, que por otra
parte, no pueden ser promulgadas de manera fulminante sino mediante los tr-
mites de cierta lentitud pero de segura eficacia que tienen los instrumentos ju-
rdicos elaborados por parlamentos democrticos. Y al hablar de los alquileres
no puede dejarse sin decir que parte importante del margen de especulacin en
materia de alquileres se debe a la escasez de viviendas. De all que ser polti-
ca firmemente seguida por el Gobierno la de construccin acelerada de vivien-
das en escala nacional; la de ayuda con materiales y crditos a obreros, campe-
sinos y gente de clase media para que construyan o mejoren ellos mismos sus
propias viviendas, o puedan contratar su construccin o refaccin. Esta pol-
tica ser constante y firmemente seguida, ya que el pas necesita por lo menos
cuarenta mil nuevas casas por ao; y desde aqu exhorto a mis compatriotas a
tener fe en esta promesa concreta que formulo de una vigorosa poltica de la
vivienda, la cual, lejos de ser facilitada sera entorpecida con la proliferacin des-
articulada de ranchos y con secuelas enojosas, para particulares y para el Go-
bierno, si se pretende edificarlos a juro en tierras ajenas.
El Gobierno considera con serenidad el apremio de la opinin pblica para
que resuelva de una vez todos los problemas.
Ve en ese acoso algo as como una espita abierta en un tonel de frustracio-
nes que estuvo blindado durante los largos aos de dictadura. Y esa serenidad
del Gobierno nace de una apreciacin objetiva de las causas de las impacien-
cias ciudadanas y de la propia confianza en la obra que habr de realizar. De
esa obra los primeros resultados realmente tangibles se apreciarn cuando entre
en cabal ejecucin el prximo Presupuesto, que como ya se ha dicho, exceder
de los seis mil millones de bolvares, invertidos todos en obras tiles y con
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celosa honradez administrativa. No se aprecia riesgo de que ese Presupuesto ter-
mine con dficit porque se presentar en forma ajustada a los ingresos razona-
blemente previsibles.
Otras obras se realizarn con la colaboracin de esfuerzos procedentes de
empresas privadas. As se cuenta desde ya con al cooperacin ofrecida por las
compaas petroleras para la gran obra remodeladora de ciudades y campos
petroleros que habr de realizarse, a fin de que Cabimas y Lagunillas, Punta
Cardn y Punto Fijo, y El Tigre y Anaco y Caripito dejen de ser poblaciones
de pesadilla, avergonzadoras del gentilicio, para convertirse en alegres, limpias,
saneadas ciudades modernas con todos sus servicios pblicos funcionando a
cabalidad, con sus calles pavimentadas, con sus escuelas y hospitales suficien-
tes para atender a las necesidades de cultura y salud de sus habitantes. Y ya que
hablo de compaas petroleras aprovecho para informarle al pas que en el da
de hoy he recibido una carta personal del seor Eisenhower, Presidente de los
Estados Unidos, en la cual le da garantas al Gobierno de Venezuela de que una
medida administrativa de su Gobierno que ha sido promulgada en esta misma
fecha, en relacin con los petrleos de Canad, tiene entre otros objetivos el de
asegurar el mercado de la parte Este de los Estados Unidos para los petrleos
de Venezuela; que no afectar la exportacin de nuestros crudos al mercado con-
sumidor estadounidense y de que su Gobierno tiene el propsito de seguir
discutiendo con el nuestro una frmula de carcter continental que asegure para
el porvenir la eliminacin de restricciones y garantice el ingreso regular del
petrleo venezolano a los centros consumidores de aquella Nacin.
Tambin debo informarle al pas que nuestra delegacin al Congreso Ar-
bigo del Petrleo, realizado en El Cairo, ha tenido pleno xito al echar las bases
de un entendimiento entre los pases del Medio Oriente y el nuestro, que evi-
te una guerra de precios del crudo, perjudicial para los pases que lo producen.
Debo decir, ya para finalizar, que el Gobierno ha visto con el mayor inte-
rs, y espera ansioso su sancin por el Congreso, dos proyectos de leyes que en
l se debaten. El primero se refiere al subsidio por nmero de hijos, y el segundo
crea el Instituto Nacional de Educacin Cooperativa. Ambos proyectos tienen
honda trascendencia social y ser un momento de particular satisfaccin para
m y para el Gabinete Ejecutivo aqul en que les pongamos el ejectese de ley
para que entren en plena vigencia.
El primero asigna un subsidio por cada hijo a las familias numerosas, que
ya no vern en una prole extensa motivo de justificada preocupacin; y el se-
gundo prev la creacin de un instituto de culturizacin de los trabajadores,
de manera especial en el aspecto de formacin tcnica, de formacin de mano
de obra calificada, para que desaparezca de nuestro panorama venezolano ese
hombre sin profesin definida que, por culpa ajena y no suya, se autoclasi-
fica como toero, es decir, como persona que hace de todo y nada lo hace del
todo bien.
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Conciudadanos:
Reitero mi confianza, ya expresada, en la estabilidad del Gobierno, apoyado
en un respaldo mayoritario de opinin pblica y en la lealtad de las Fuerzas
Armadas. Con una gran seguridad en el porvenir, con una fe cierta en el hoy
y maana de Venezuela, concluyo este mensaje que he dirigido, en nombre del
Poder Ejecutivo, a los hombres y mujeres que forman la mayoritaria legin de
empleados, obreros y campesinos del pas.
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5. ESTMULO A QUIENES TRABAJAN EL CAMPO
Betancourt inaugura la V Feria Exposicin Agropecuaria de Oriente e insiste en la
corta duracin de los recursos petrolferos y en el apoyo resuelto de su Gobierno a las
actividades agrcolas, pecuarias e industriales. Maturn, 21 de mayo de 1959./
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te cuando el soberano Congreso de la Repblica discuta y sancione el proyec-
to que prximamente ser presentado a su consideracin.
Maana a primera hora ir a presidir un reparto de tierras y de crditos,
anticipo del que se realizar en este Estado y en los otros de la Repblica; con-
tinuacin del que ya se viene haciendo en toda Venezuela. Debo decir aqu que
esas tierras pertenecen a la Nacin, que no son tierras de particulares. Que las
tierras de particulares que estn siendo cultivadas o dedicadas a la cra no sern
objeto de expropiacin. Que sern objeto de expropiacin tierras no usadas,
tierras que pertenecen a esos que ni lavan ni prestan la batea. Y esas tierras se-
rn adquiridas y pagadas a su justo precio, porque ste es un Gobierno respon-
sable y serio, porque ste es un Gobierno que est procediendo de acuerdo con
las pautas legales. Por esto hemos dicho, y aqu quiero ratificarlo, que vamos a
hacer la Reforma Agraria. Pero no vamos a tolerar que grupos de personas por
su propia cuenta pretendan ocupar o asaltar tierras ajenas. El proceso de Refor-
ma Agraria se realizar dentro de cauces legales, con frmulas normales, como
lo hace un gobierno que no es resultado de un asalto a las instituciones, sino de
consulta legal de comicios realizada el pasado 7 de diciembre.
A m me ha conmovido mucho aqu en Maturn, como me ha conmovi-
do en el resto de la Repblica, ver la forma confiada y esperanzada con que el
pueblo est rodeando a sus gobernantes. Eso significa que ponen odo sordo a
quienes ya estn diciendo desde altavoces de prensa y radio que ste es un
Gobierno fracasado, porque en tres meses, en noventa das, no ha enderezado
lo mucho que vena sin rumbo desde hace tantos aos.
El pueblo es el ms necesitado; el que carece de trabajo suficiente; el que
contina viviendo en casas las ms de ellas inhabitables, si no es el inmundo
rancho que ya no solamente es de los campos, sino que ha invadido las ciuda-
des. Pero el pueblo es el menos impaciente, porque el pueblo sabe que los hom-
bres que estn en el Gobierno trabajan da y noche para solucionar los proble-
mas del pas. Que no encontramos planes, que no encontramos sino un gran
desbarajuste administrativo, mala herencia de nueve aos de desgobierno. Que
no podamos iniciar de inmediato una accin disparatada. Pero ya se cuenta con
los planes previos y puede tenerse la seguridad de que muy pronto comenzar
a realizarse una gran obra. Aqu en Maturn no slo habr el liceo; no slo habr
la escuela normal; no slo habr la escuela tcnica industrial, sino que se rea-
lizar, con una inversin de tres millones de bolvares, una obra de asistencia
social muy justamente reclamada no slo por los maturinenses sino por toda
la gente de Monagas: un gran centro hospitalario, un gran hospital.
Est articulndose un plan serio y bien financiado para cambiarles la fiso-
noma afrentosa para la dignidad de los venezolanos que tienen los pueblos
petroleros. Mediante la realizacin de ese plan, que comprende la ejecucin de
obras de acueductos, de cloacas, de escuelas, de centros asistenciales, de calles,
ya no sern Quiriquire y Caripito, y Anaco y Puerto La Cruz, y Punto Fijo, y
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las ciudades Cabimas y Lagunillas, y las otras del Distrito Bolvar del Zulia una
afrenta y una vergenza para la patria, porque siendo poblaciones ubicadas en
las zonas de donde sale el fabuloso oro negro, all toda la incomodidad ha te-
nido siempre su asiento. Ese plan lo va a realizar este Gobierno. Y lo va a rea-
lizar, no difiriendo su ejecucin a las calendas griegas, sino en el curso de este
quinquenio de Gobierno Constitucional.
Quiero ratificar aqu, ya para terminar, que criadores, agricultores, obreros,
industriales, comerciantes, estudiantes y profesores pueden y deben dedicarse
a sus tareas normales de trabajo, de mejoramiento profesional y colectivo, sin
zozobra de ninguna naturaleza, con una absoluta, con una total, con una en-
tera confianza en la estabilidad del rgimen constitucional.
No escuchen las palabras agoreras y ya rezumantes de tontera de quienes
siguen hablando de presuntos golpes. Aqu no va a haber ningn golpe. Aqu no
va a escucharse sino el golpe de las piquetas incansables demoliendo lo viejo para
construir lo nuevo y creador. No habr golpe porque no lo quiere la Nacin,
porque la inmensa mayora de los venezolanos es hostil a la idea de las aventuras
conspirativas, y porque no lo quieren las Fuerzas Armadas. Dentro del Ejrci-
to, dentro de la Aviacin, dentro de la Marina, dentro de las Fuerzas Armadas
de Cooperacin no hay sino empeo laborioso de superarse y de trabajar por
su institucin y por Venezuela. Y eso se lo garantizo yo al pas.
Concluyo dicindoles, conciudadanos, que regresar a Caracas con nuevo
mpetu y con nuevo nimo para seguir trabajando silenciosamente, cotidiana-
mente, por ser consecuente, siquiera en parte, con ese gran caudal de esperanzas
depositado por el pueblo de Venezuela en el Gobierno que l mismo model
con sus propias y limpias manos, el pasado siete de diciembre.
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6. CONTACTO CON LOS CAMPESINOS
Para clausurar el Primer Congreso Campesino de Venezuela, Betancourt pronuncia
un discurso en el cual traza las lneas estratgicas que facilitarn la incorporacin
del campesinado a la produccin del pas. Caracas, 2 de julio de 1959./
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criollos y espaoles realistas. Y en 1825, en Chuquisaca, Bolivia, promulg un
nuevo decreto otorgndole dos fanegadas de tierra de secano y una de regado
a cada familia campesina; y pugn siempre porque la Ley de Repartos se cum-
pliera en las tierras mismas, como dijo en una comunicacin al Congreso de
la Gran Colombia. Ese codicilo del estamento poltico del Libertador, como
tantos otros, fue olvidado a travs de la Repblica, gobernada las ms de las
veces por rgulos, por caudillos, interesados exclusivamente en su beneficio
propio y en el beneficio de sus camarillas polticas. Hoy est en marcha la Re-
forma Agraria, y nada ni nadie podr detenerla.
No pasarn muchos das sin que el Ejecutivo presente el anteproyecto de ley
a la consideracin del Congreso. Anteproyecto que ha sido elaborado por repre-
sentativos de todos los sectores sociales del pas, lo cual revela que ya en Vene-
zuela existe un estado de conciencia nacional, en el sentido de que es inaplaza-
ble una modificacin a fondo en el sistema de tenencia y explotacin de la tierra.
Esta Reforma Agraria ser aplicada por un Gobierno de coalicin, donde
estn representados los tres grandes partidos nacionales: Accin Democrtica,
el partido socialcristiano Copei y el partido Unin Republicana Democrtica.
Integran tambin el gobierno relevantes y distinguidas personalidades no afi-
liadas a ningn partido poltico.
La Reforma Agraria no tendr, as, un signo de bandera poltica exclusi-
vista. Ser una Reforma Agraria realizada por todos los partidos nacionales y por
los sectores independientes que forman parte del Gobierno.
Esta coalicin gubernamental no es un transitorio ensayo. Esta coalicin
gubernamental se mantendr, no slo porque es una resultante de un compro-
miso solemne, suscrito por los partidos polticos el 31 de octubre de 1958, sino
porque es una necesidad nacional. He usado alguna vez el smil, al cual voy a
acudir de nuevo hoy, de que as como los familiares (el esposo, los hijos, los
hermanos) de la madre de familia que ha pasado por el trance de una grave
enfermedad, rodean solcitos el lecho de la enferma, y se empean todos en que
su convalecencia y su recuperacin se realicen sin riesgo de recada, as todos los
venezolanos de mentalidad y de sensibilidad democrticas debemos mantener-
nos unidos, para que la madre Venezuela, la cual acaba de salir de un trance que
estuvo a punto de conducirla al colapso definitivo, del trance de una dictadu-
ra destructora de todos los valores nacionales, se recupere, y marche y camine
con paso seguro. Por eso es por lo que el Gobierno de coalicin no es un tran-
sitorio ensayo. El Gobierno de coalicin debe ser mantenido, y ser mantenido!
La Reforma Agraria necesita para realizarse, no slo de regulaciones lega-
les, no slo de una asignacin de fondos suficientes al Instituto Agrario Nacio-
nal y al Banco Agrcola. Necesita del esfuerzo unido de los beneficiarios de la
Reforma Agraria. Necesita del esfuerzo unido del campesinado nacional. Por
eso, yo formulo aqu no slo el voto, sino el cordial reclamo, en nombre de los
intereses supremos de Venezuela, de que por encima de transitorias y solven-
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tables diferencias de banderas ideolgicas, la Federacin Campesina nazca res-
paldada y asistida por la fe y la confianza de todo el campesinado nacional.
La Reforma Agraria ser realizada en una forma integral. Alguna vez se ha
dicho, y aqu quiero repetirlo, que sera una actitud demaggica e irresponsa-
ble la de considerar esta Reforma como una especie de piata, a la cual se da un
palo para que a cada campesino le corresponda su terrn, y slo eso. No se trata
de eternizar el conuco, no se trata de sustituir el latifundio improductivo por
el minifundio igualmente improductivo. De lo que se trata es de dotar al cam-
pesino no slo de tierras, sino tambin de modernos implementos de trabajo;
de seguridades de crdito; de seguridades de que los precios mnimos fijados por
el Banco Agrcola no van a beneficiar al camionero transente, sino al propio
campesino. Se trata, adems, de que vaya al campo la escuela rural, de que vaya
la sanidad rural, de que vaya al acueducto rural, de que se provea al campesi-
no de materiales de construccin para que pueda fabricar su propia casa de
bloques, a fin de que desaparezca del pas, del panorama de Venezuela, esa
vergenza y esa lacra de los setecientos mil ranchos.
Venezuela es vasta. Tiene un milln de kilmetros cuadrados y muchas
regiones con caractersticas distintas; y la Reforma Agraria tendr que realizar-
se, y deber realizarse, de acuerdo con esas peculiaridades. Habr sitios don-
de sea necesario y conveniente establecer una comunidad agraria, por un sis-
tema cooperativo. Habr sitios donde lo conveniente es la pequea propiedad,
para formar una especie de clase media de granjeros, como existe en otros
pases. Habr sitios donde ser necesario organizar un tipo de empresas indus-
trializadas con participacin adecuada de los trabajadores agrcolas, tal como
existen en algunos pueblos de Amrica (las llamadas fincas de repartos pro-
porcionales). Todo eso tendr que hacerse por el Instituto Agrario Nacional,
orientado por tcnicos; porque los tcnicos, los agrnomos, los veterinarios,
los peritos agrcolas, son necesarios. Hay pocos actualmente en el pas. Habr
que utilizarlos a todos. Seguramente habr que importar tcnicos del exterior.
Pero tenemos que empearnos, y el Gobierno se empear en que los hijos de
ustedes puedan recibir becas para que estudien y puedan convertirse maana
en tcnicos agrcolas, en mdicos y veterinarios, en peritos agropecuarios, en
ingenieros agrnomos.
Junto con esta Reforma Agraria, como parte fundamental y complemen-
taria de ella, est planteada la reforma educacional. Estamos empeados defi-
nitivamente en que, antes de finalizar este mandato constitucional de cinco
aos, no haya un solo muchacho venezolano sin un plantel donde concurrir.
Si algo recuerdo y si algo me impresion durante la campaa electoral, fue ver
a centenares, a millares de madres que alzaban a sus hijos y reclamaban escue-
la para ellos. Junto con la escuela, ir el ropero escolar: no debe ir un solo nio
descalzo y en andrajos a la escuela. Trajes baratos, vendidos a precio barato,
como ser vendido a precio barato el almuerzo escolar. Porque no queremos
102
convertir al Estado en una especie de dispensador de bienes, y queremos im-
pedirle al pueblo de Venezuela la humillacin de sentirse recibiendo limosnas
de su Gobierno.
Y junto con esas reformas econmicas, habr que realizar una labor de tipo
social. Ustedes son lderes, cada uno en su comunidad. Ustedes tienen, cada
uno, en su casero, un su aldea, en su campo, un margen de influencia sobre los
dems compaeros de trabajo; y tienen que ser ustedes heraldos de la idea de
que degrada al hombre, de que lo acerca a la bestia, gastar en aguardiente lo que
necesita su familia para subsistir. Hemos tomado recientemente en el Gobierno
la medida de prohibir terminantemente la importacin de armas blancas porque
las estadsticas son pavorosas: a cuchilladas se est matando la gente en Vene-
zuela, casi en la misma proporcin en que antes arrasaba el paludismo con las
personas. Y se ha comprobado que es precisamente en las vecindades de los
botiquines donde los crmenes son ms frecuentes. Ustedes tienen que ser no
solamente lderes sindicales, sino tambin lderes de esa reforma social que
debemos realizar en Venezuela, para que en nuestra patria se consuma menos
aguardiente y ms pan.
La Reforma Agraria no afectar a quienes han llevado dinero, mquinas y
esfuerzos al campo para constituir empresas de produccin. La Reforma Agraria
respetar esas inversiones que contribuyen al desarrollo de la economa del pas.
Habr que revisar el estatuto que regula las relaciones laborales en el campo, y
establecer qu tipo de empresas ya tienen un carcter industrial, y por lo tan-
to, quienes en ella trabajan tienen derecho a ser equiparados al obrero urbano.
Se ha logrado, mediante la intervencin conciliatoria del Gobierno, la firma de
algunos contratos colectivos, tal como el suscrito por los trabajadores de los
centrales azucareros con los caicultores, en los cuales se les reconocen esas
garantas a los trabajadores del campo. Pero debo dejar bien sentado aqu que
la Reforma Agraria no podr afectar, ni deber afectar, a los empresarios que
estn en fincas agrcolas o pecuarias desarrollando una labor til para la econo-
ma del pas; a gentes que no siguieron la va fcil de invertir su dinero en in-
muebles urbanos o en prestarlo al inters del 15% en hipotecas, sino que fue-
ron al campo a fundar hatos o fincas industrializadas.
Tambin quiero decirles que esta Reforma Agraria habr de realizarse y
deber realizarse dentro de normas y de cauces pacficos. Pongan odos sordos
a quienes vayan a susurrarles que deben ocupar tierras ajenas, o picar alambra-
das, o machetear ganado. Esos mtodos slo pueden predicarlos quienes ten-
gan inters, no slo en desacreditar a este Gobierno, sino a la democracia como
sistema de gobierno.
Por las vas normales, por las vas legales, se va a realizar pacfica y ordena-
damente la Reforma Agraria, porque en eso estn comprometidos el honor del
Gobierno, el honor de los partidos que forman la coalicin gubernamental y
el honor de todos los venezolanos de buena voluntad.
103
Y antes de concluir, una ltima advertencia; una advertencia que puedo
hacer con la autoridad de quien durante su campaa electoral jams us de
expediente demaggicos, sino que le habl con claridad y sinceridad a su pue-
blo. Es la peticin de que ustedes, quienes son lderes en sus respectivas loca-
lidades, frenen impaciencias. Digan a sus compaeros, que si no ha llegado de
inmediato el crdito, que si no ha llegado de inmediato el mdico rural, que si
no ha llegado de inmediato la escuela rural, es porque los problemas de Vene-
zuela son muchos; porque en cada uno de los Municipios de Venezuela faltan
el acueducto, las cloacas, la escuela y el crdito para los campesinos. Y habr que
tener paciencia; pero no la paciencia derrotista de los vencidos, sino la paciencia
esperanzada de quienes saben que est al frente de los destinos de la Repbli-
ca un Gobierno preocupado fundamentalmente por la solucin de los proble-
mas populares.
Muchas medidas podrn ser implantadas por el Gobierno. Otras necesita-
rn la espera de leyes o de reformas de leyes, sancionadas por el Congreso Na-
cional; porque es importante insistir en que ste no es un gobierno de facto, un
gobierno de hecho, que tenga facultades legislativas, sino que esas facultades
corresponden exclusivamente al soberano Congreso Nacional.
Entre esas reformas, quiero anunciarles una que he venido discutiendo con
el Alto Mando Militar: la reforma del servicio militar obligatorio. El Ejrcito
de Venezuela no es un parsito de la Repblica. El Ejrcito de Venezuela es
necesario no slo para garantizar el orden pblico, sino para proteger las fron-
teras de la patria. Vivimos en un mundo de violencias desatadas, y los inermes
son presa fcil de los aventureros. Servir a la patria dentro de los cuarteles es un
deber; pero un deber que han venido cumpliendo casi exclusivamente los cam-
pesinos venezolanos. Es necesario reformar la Ley de Servicio Militar Obliga-
torio, para que el bachiller de Caracas y el oficinista de Barquisimeto o de
Maracaibo, sirvan tambin dentro de las Fuerzas Armadas, como sirven los
campesinos de todo el pas.
Voy a concluir dicindoles que recibir de manos de la directiva de este
Congreso las conclusiones y acuerdos a que ustedes han llegado, y que esas
conclusiones y acuerdos no sern archivados en una gaveta de un escritorio cual-
quier en Miraflores, sino que sern objeto de la ms sostenida y preocupada
atencin por el Gabinete Ejecutivo y por los Institutos Autnomos.
104
7. EN EL DA DE LA INDEPENDENCIA
Singular significado le da Betancourt en sus palabras a la celebracin al Da
Aniversario de la Independencia porque, luego de un largo y accidentado proceso
histrico, la Repblica est enrumbada en la misma senda que le trazaron los
legisladores de 1811. Caracas, 5 de julio de 1959./
105
cipios de austero manejo de los dineros pblicos por parte de reducidos ncleos
de la colectividad, los cuales no parecen resignarse a la prdida de sus privile-
gios y acaso pretenden recuperarlos propiciando desrdenes. Condenado est
ese grupo de aoradores de los regmenes de arbitrariedad poltica y de inmo-
ralidad administrativa al rotundo fracaso de sus tortuosas ambiciones, porque
el pas y sus Fuerzas Armadas haran pagar un alto precio a quienes intentaran
aventuras descabelladas contra el Gobierno legtimamente constituido.
Los externos derivan de la persistencia en el Caribe de un foco perturbador
de la paz de Amrica, constituido por un rgimen que desde hace varias dcadas
conspira, con desprecio de convenios y tratados internacionales, contra todo
gobierno democrtico que surja en esta rea. Precisamente en el da de maana
se pondr a prueba la existencia misma del sistema jurdico interamericano, por-
que en la sede de la O.E.A. en Washington, ser debatida la cuestin de si pue-
de convertirse en acusador falaz de un rgimen como el venezolano, nacido del
sufragio y respetuoso en lo nacional y en lo internacional de las normas de con-
vivencia civilizada, un despotismo que debe avergonzarnos a todos cuantos ha-
bitamos en el mbito de Amrica. Sin desplantes, con serena firmeza, la posicin
de Venezuela ha sido definida: no se tolerar que a nuestro pas se le site en pie
de igualdad con ese rgimen, y si se pretende que sus actuaciones indocumentadas
y falsas sean investigadas por una comisin de la Organizacin de los Estados
Americanos, esa comisin no podr pisar tierra venezolana. Si otros gobiernos
creen compatible con la decencia internacional continuar dndole beligerancia a
un despotismo que Amrica entera repudia, Venezuela y su rgimen democrti-
co no los acompaarn en ese proceder suyo. Y estamos seguros con ello de con-
tribuir a fortalecer la democracia continental y a defenderla de la penetracin
comunista, porque slo estaremos moralmente fuertes para enfrentarnos al tota-
litarismo de ultramar cuando hayamos limpiado nuestra propia casa americana
de los totalitarismos criollos, por la va de una accin colectiva, jurdica y pacfica.
Concluyo, conciudadanos, con la reiteracin de mi fe y mi confianza, tan-
tas veces voceadas, en el hoy y el maana de la Nacin. Nos espera un porvenir
propicio, en la medida en que seamos capaces de conquistarlo con un sostenido
esfuerzo laborioso. Realizarlo es deber que cumpliremos, y si nos fallare la volun-
tad y el nimo sufriera quebranto de desfallecimiento, ejemplo y acicate recibi-
remos de los forjadores de la Nacin, quienes la independizaron a costa de quince
aos de guerrear incesante y de la prdida fsica de la mitad de su poblacin.
Que esa indomeable conducta de los padres de la patria sea para nosotros
paradigma y estmulo.
106
8. DESPERTAR DE LA CONCIENCIA NACIONAL
En sus palabra con motivo de la graduacin de 800 maestros alfabetizadores,
Betancourt se muestra confiado en el extraordinario despertar de la conciencia
nacional bajo el rgimen de libertad y democracia imperante. Cuman, 5 de octubre
de 1959./
107
sibilidades de servir al pas, porque va en serio la realizacin de la reforma agraria
y la dotacin a los campesinos sin tierra, de tierra suya para que la cultiven. Y
el esfuerzo no se limita exclusivamente a ese tipo de escuela; la Universidad de
Oriente no es una promesa, es una realidad. Servir tambin esta universidad
para la formacin de mano de obra calificada, de obreros venezolanos, hijos de
venezolanos, que no le teman a la competencia que pueda hacerles el trabaja-
dor inmigrante; porque, como acabo de decir en otra oportunidad, y en otro
sitio, sern trabajadores que le conozcan a la mquina sus secretos y con des-
trezas y posibilidades para contribuir a otro de los empeos decididos de este
Gobierno: el de industrializar a nuestra patria.
Concluyo dicindoles, compatriotas, que con este hermoso acto termina
para m un da de profundas emociones. He podido recorrer esta ciudad de
Cuman, junto con los ministros que me acompaan y con los seores miem-
bros de las Fuerzas Armadas tambin incluidos en la comitiva, rodeado de la
cordial y cariosa efusin conciudadana. Y no soy de los que se hacen ilusio-
nes. S que entre quienes me saludan con entusiasmo hay muchos desocupa-
dos; s que entre la gente que nos vitorea hay muchos a los cuales no se les han
cambiado substancialmente sus condiciones de vida despus de establecido el
Gobierno Constitucional. No nos ponemos antiparras de suela para ignorar los
problemas del pas. Pero esa conviccin admitida de que los problemas existen
y el nimo resuelto de solucionarlos, no nos abandonarn en ningn momento.
Y quiero dejarles aqu, a quienes todava no han visto horizontes ms propicios,
sembrada la confianza en que este Gobierno no descansar un momento has-
ta lograr su aspiracin definitiva: que exista empleo pleno en Venezuela, que no
haya un solo hogar venezolano donde no se tenga la seguridad del pan cotidiano
ganado honradamente con el sudor de la frente.
108
9. LOS PROBLEMAS DE LA PROVINCIA
El Jefe del Estado expone los problemas ms apremiantes de la provincia Venezolana:
carreteras, viviendas, acueductos, cloacas, medicaturas rurales, para satisfacer las ms
elementales necesidades sociales. Casanay, Estado Sucre, 6 de octubre de 1959./
109
pas en el cual la mayora de su poblacin no puede satisfacer racionalmente sus
ms elementales necesidades, en un pas donde por todas partes lo que se nos
pide, sin gritera, sin impaciencia, con fe en este Gobierno, es que dotemos a
las poblaciones de acueductos, de cloacas, de medicaturas rurales y de escuelas,
no parece recomendable abrir tneles costossimos cuando se puede bordear el
cerro por donde ese tnel se abrira.
Con respecto al problema de las medicaturas rurales, estamos confrontando
la situacin de que numerosos puestos de salud en el campo no tienen mdi-
co. Se tiene la impresin de que no hay mdicos suficientes en Venezuela. Si
dentro de un plazo prudencial, el aviso que estamos publicando para que ven-
gan mdicos venezolanos a estos pueblos no tiene resultado satisfactorio, habr
que contemplar la trada del exterior, mediante contratos con plazos de dura-
cin limitada, de profesionales extranjeros. Ese mismo problema lo estamos
confrontando con respecto a los ingenieros. El Gobierno ha solicitado alrede-
dor de ochenta ingenieros del colegio profesional. Parece tambin que no hay
ingenieros suficientes. Si dentro de un tiempo prudencial los ingenieros vene-
zolanos no aparecen, habr que pensar en conseguir ingenieros donde los haya
porque las obras no van a detenerse por falta de personal tcnico que las dirija.
Ya el Banco Obrero estuvo aqu, como estuvo en Cariaco, como est ha-
cindose sentir en toda la provincia. Vamos a continuar la obra de construir
barriadas populares en Caracas, de dar prstamos a la clase media en Caracas,
pero Caracas no ser el solo objetivo de este Gobierno. El Banco Obrero no va
a seguir construyendo exclusivamente edificios multifamiliares en la capital de
la Repblica sino que su accin para hacer decentes y habitables las casas de los
venezolanos la vamos a extender a todo el territorio de la Repblica.
Me informa el Gobernador del Estado que ya est resuelta por la adminis-
tracin regional la construccin de dos de las obras que ustedes solicitan: un
mercado pblico y un edificio para la medicatura. Se est construyendo una
concentracin escolar y un comedor escolar. Ustedes sealan aqu que el nme-
ro de alumnos previsto para la concentracin escolar es inferior a la cantidad
de nios de edad escolar de Casanay. Voy a discutir este problema con el Go-
bernador del Estado y con el Ministro de Obras Pblicas, tratando de buscarle
una solucin adecuada. Y se discutir tambin en Caracas con el Instituto
Nacional de Obras Sanitarias la posibilidad de la pronta construccin del acue-
ducto. Ya la construccin del acueducto de Cariaco es una realidad, obra que
se piensa extender tambin a San Antonio del Golfo. No les digo que maana
mismo se va a empezar construir un acueducto. No creo que un Gobierno res-
ponsable pueda estar haciendo ofrecimientos que no vaya a cumplir de inme-
diato. Ustedes saben que es necesario primero hacer el estudio de toda obra
nueva por emprender. Lo que les prometo es que se har ese estudio, as como
tambin el de un necesario plan de electrificacin para todos estos pueblos. No
pueden seguir servidos por unas plantas que slo trabajan unas pocas horas,
110
expuestas a desperfectos frecuentes y prestando un servicio deficiente. Es ne-
cesario un plan de electrificacin en todo el Estado Sucre.
Estas obras se irn haciendo con decisin y con firmeza. Para ustedes ya es
una realidad la existencia en las cercanas de esta poblacin de la Colonia de San
Bonifacio. Ustedes saben que en la Colonia de San Bonifacio no ha adoptado
el Gobierno democrtico la actitud demaggica, irresponsable, de darle slo un
pedazo de tierra al campesino sino tambin le ha otorgado al propio tiempo
crditos, medios de trabajo. Se prev (y me lo deca aqu una persona informada
de la localidad), que en San Bonifacio se producir este ao un milln de ki-
los de maz. Eso significa que ya en Venezuela, aun antes de que haya sido
promulgada la Ley de Reforma Agraria, est en marcha una reforma agraria.
Quiero tambin referirme a un hecho de carcter administrativo que ten-
dr indudable importancia para esta poblacin. Ser asfaltada en este ao la
carretera de Carpano a Caripito, ubicada a las puertas de esta poblacin.
Voy a concluir dicindoles lo que ya he dicho en todos los sitios por don-
de he pasado. Deliberadamente no he querido ir a la plaza pblica, sino hablar
desde los locales de los concejos municipales o de las prefecturas; hablar en tono
reposado y expositivo y no en tono mitinesco, porque yo no vengo como lder
de una parcialidad poltica sino como Presidente de todos los venezolanos. No
vengo a discutir problemas menudos de la coalicin gubernamental, sino los
grandes problemas econmicos y sociales que afectan a nuestras colectividades.
Es muy interesante la observacin de que en ningn sitio, ninguno de los lde-
res de los distintos partidos de la coalicin se haya acercado a m para plantearme
los problemas menudos de las polmicas interpartidistas; sino que todos, cual-
quiera que sea su color poltico, as como quienes no militan en partidos pol-
ticos, lo que me ha planteado son los problemas vitales de sus colectividades. Eso
quiere decir que el pueblo de Venezuela, despus de realizada la lucha electoral
del ao pasado, desea ahora que se haga administracin, que se trabaje en una
empresa creadora de la nacionalidad, que se terminen los rencores transitorios
de las disputas de plaza pblica, para que nos empeemos todos los venezolanos
en reconstruir a nuestra patria y no seguir en un muro de lamentaciones, dolin-
donos de cuanto no se hizo durante la poca de la tirana. Ya llegar la hora en
que los partidos vayan otra vez a la plaza pblica; pero esa hora ser cuando se
acerquen las elecciones de 1964. Ahora de lo que se trata en estos aos es de que
los hombres y las mujeres de todos los partidos polticos, y quienes no militan
en partidos polticos, trabajemos unidos por un denominador comn: la solu-
cin de los problemas elementales en los cuales todos estn de acuerdo. Porque
todos estn de acuerdo en Casanay en que son imprescindibles un acueducto,
una medicatura, una concentracin escolar para un nmero mayor de alumnos;
en que los crditos agrcolas lleguen rpidamente a manos del agricultor, del
campesino; en que los caminos vecinales sean abiertos. Eso es lo que est pidien-
do esta colectividad, y lo que estn pidiendo las otras colectividades. Si todos
111
estamos de acuerdo con eso, olvidmonos por unos aos de la discordia de plaza
pblica, para trabajar todos unidos por nuestra patria. Deseo ardientemente que
los partidos polticos asuman a cabalidad su responsabilidad, porque la suerte
misma de esos partidos se est jugando en esta experiencia. Pero aqu quiero
repetir lo ya dicho en Cariaco: esa preocupacin, que es muy sincera, no me har
torcer el rumbo. Recib un mandato de los venezolanos para cumplir un progra-
ma de grandes reformas econmicas, sociales y administrativas y ese programa
ser cumplido. Ser cumplido con errores imputables a incapacidad del Presi-
dente de la Repblica y de sus colaboradores, y porque es humano errar. Pero ser
cumplido con buena fe y ser cumplido con decisin.
Quiero decirles, para finalizar, que si algo me impresiona mucho es ver cmo
aqu y en todos los sitios por donde he pasado, no se me ha hecho los plantea-
mientos reivindicativos en tono irritado. Se ve cmo ustedes, quienes estn su-
friendo en carne viva los problemas, tienen ms sensatez que cuatro o cinco es-
cribidores de artculos en algunos peridicos de Caracas. Esos pretenden que este
Gobierno, que apenas tiene tres meses ejecutando su Presupuesto 1959-60 (por-
que fue aprobado por el congreso el 31 de julio pasado), transforme a Venezue-
la de la noche a la maana y en slo medio ao haga de un pas con innumera-
bles calamidades, una tacita de plata. Ustedes saben que este Gobierno est
trabajando. Ustedes saben que este Gobierno se est haciendo sentir porque como
ven no hay una sola poblacin del pas donde no se est haciendo algo; pero que
todo no puede hacerse de una vez, porque los problemas acumulados aqu son
similares a los problemas acumulados a lo largo y lo ancho de toda Venezuela.
He dicho, porque as lo creo, que en el Estado Sucre, y especficamente en
esta zona del golfo, los problemas son ms agudos que en otras zonas de Vene-
zuela; pero en todo caso, en las otras zonas de Venezuela hay problemas simi-
lares a stos que ustedes estn confrontando y sufriendo.
Qudense esperanzados y confiados; no con una esperanza y una confianza
de brazos cruzados. Si pasa mucho tiempo sin recibir ustedes noticias de que
estos pliegos han merecido debida atencin, reclamen. As iremos formando en
Venezuela un estado de conciencia nacional que permitir al sistema democr-
tico y representativo de Gobierno (que es el querido por la totalidad de los ve-
nezolanos, con raras excepciones) estabilizarse definitivamente en nuestra tie-
rra. Esto es todo, compatriotas de Casanay.
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10. ANTE UNA CRIMINAL AVENTURA TERRORISTA
Los conatos de subversin armada de los primeros das de octubre, llevan al Jefe del
Estado a expresarle al pas su resolucin de hacer que todos los venezolanos puedan
vivir, organizarse y progresar en un clima democrtico, con organismos deliberantes
electos por el pueblo. Miraflores, 14 de octubre de 1959./
113
crona calculada, entre los petardos de Caracas y la fuga del reo de Maracaibo.
Se trata de una cuestin a dilucidarse y la cual se dilucidar en el curso de las
investigaciones que en forma acelerada se estn realizando por las autoridades,
mediante interrogatorios a los detenidos en Caracas y en Maracaibo. Y ante el
pas comprometo la palabra del Gobierno, y la ma propia, de que ninguna
consideracin de ninguna clase detendr el curso de estas investigaciones; y que
quienes resulten comprometidos por complicidad con los hechos delictuosos
cometidos, sern sancionados conforme a las leyes. As lo pide la Nacin, en
todos sus estamentos y sectores; y as lo reclama la necesidad para el Gobierno
de ser firme en el cumplimiento del mandato que del pueblo recibi, de regir
los destinos de Venezuela dentro de un sistema donde se conjuguen las liber-
tades pblicas con la defensa resuelta del orden democrtico.
Si no se est an repito en capacidad de correlacionar lo que pas en la
capital de la Repblica con lo sucedido en la capital del Zulia, s se puede ser
enftico y afirmativo en la respuesta a una pregunta pblicamente formulada
por algunas entidades y que en lo ntimo de su conciencia se habrn formula-
do a s mismos millones de venezolanos. Es sta: estaremos en presencia de un
intento peligroso, por sus nexos en el mundo civil y por sus conexiones de
carcter militar, para subvertir el orden pblico, derrocar el rgimen constitu-
cional y reimplantar en Venezuela un gobierno desptico, similar al derrocado
el 23 de enero? La respuesta es: NO.
Los aspirantes a subvertir el orden pblico constituyen un grupo de gen-
te descalificada, todos ex funcionarios y usufructuarios de la dictadura, sin
arraigo en ninguno de los sectores vitales del pas; y sus colaboradores inmedia-
tos son miembros de la disuelta Seguridad Nacional, prfugos de la justicia
ordinaria, personas de los bajos fondos reclutadas en los sumideros del hampa.
Y las Fuerzas Armadas del pas, las fuerzas de tierra, mar y aire, estn slidamen-
te alineadas en respaldo y sostn del rgimen constitucional, como es su deber
legal y su deber profesional. El pas apreciar, porque me complazco en decir
que me sabe incapaz de escamotearle la verdad, que si viera en trance de ries-
go la estabilidad del rgimen constitucional, hubiera apelado directamente a las
poderosas fuerzas polticas de los partidos de la coalicin, y a los sectores pa-
tronales y obreros, estudiantiles y profesionales, a Venezuela entera, en snte-
sis, para recabar que tradujeran en indetenible accin colectiva su decisin tan
conocida como probada de cerrarles para siempre el paso a los empresarios de
la dictadura. Porque lo siento as y porque estoy seguro de ello, le garantizo al
pas que los promotores de los recientes atentados criminales contra la paz
pblica son tan resueltamente repudiados dentro de los cuarteles, en las bases
de la aviacin militar, en los buques de la armada, como en las universidades
y en los sindicatos, en los partidos polticos y en los centros profesionales, en
los crculos financieros y en los medios eclesisticos. Y de ello no debemos
extraarnos, sino en ello complacernos. Significa que la inmensa mayora de los
114
venezolanos, vistan traje civil o militar, seglar o sacerdotal, la blusa campesina
o el palt de banquero, coincide en la conviccin inmodificable de que Vene-
zuela debe vivir y organizarse y progresar en todos los rdenes bajo la rectora
de gobiernos responsables, por ella misma elegidos, sometidos a control de la
opinin pblica y de organismos deliberantes tambin electos por el pueblo.
Despus de hecha la anterior afirmacin tan enftica, complementaria de
la otra de que los instigadores y coautores de los repudiables sucesos sern san-
cionados legalmente, dondequiera que estn y sea cual fuere su profesin o
rango, debo formular otras apreciaciones.
La primera se refiere al hecho de que entre las personas detenidas se encuen-
tran un articulista ocasional y el principal accionista de un diario caraqueo. No
se trata de retaliaciones ante crticas al Gobierno. En Venezuela hay cabal, ab-
soluta libertad de prensa y de informacin. Para lo que no hay, ni habr liber-
tad, mientras yo gobierne, ser para incitar a las Fuerzas Armadas a descono-
cer al Gobierno legtimo, ni para realizar campaas difamatorias y calumniosas
contra las instituciones democrticas. En Venezuela hay y habr libertades,
durante el quinquenio del Gobierno que concluye el 19 de abril de 1964. Pero
quienes pretendan utilizarlas, despus de haber sido cmplices y asociados en
transacciones ilcitas con la dictadura, para socavar el rgimen democrtico,
sern paralizados en su empeo, con el arma defensiva de las leyes. Democra-
cia no es blandura muelle y despreocupada; democracia no es irresponsable
cruzarse de brazos para que impunemente puedan socavar sus bases los servi-
dores y asociados de un rgimen cuyo solo recuerdo indigna y espanta a Vene-
zuela. En Venezuela gobierna un rgimen que est dispuesto a gobernar, sin
ejercitar venganzas, sin practicar retaliaciones, pero hacindoles sentir firme-
mente a quienes contribuyeron a que el pas cayera por tantos aos en un vr-
tice de ignominia, que ellos no pueden erigirse impunemente en censores avie-
sos de un rgimen de libertades, desde las pginas de peridicos pagados con
dineros obtenidos en la almoneda de los porcentajes.
No se ha atentado contra la libertad de prensa, repito con el mayor nfa-
sis, y as lo han podido apreciar dueos de peridicos y periodistas. Lo que se
ha hecho es defender a Venezuela de las prdicas de prensa dirigidas a control
remoto por los prfugos que la clera nacional avent lejos del pas en la ma-
drugada histrica del 23 de enero.
Debo tambin informar al pas que es propsito del gobierno llevar a la
mayor parte de los detenidos ante los tribunales de justicia, cuando se tengan
testimonios que ofrecer a los jueces. Otros no han dejado huella tangible de sus
actuaciones delictivas, acerca de las cuales no le cabe al Gobierno duda alguna.
En esos casos, se les aplicar a los detenidos medidas de alta polica, de deten-
cin o expulsin del pas. Yo slo s cunto me desagrada, en lo ntimo de m
mismo, tener que proceder as, porque entre crceles y exilio han transcurrido
muchos de los treinta aos que ya cuento de vida pblica. Pero los sentimientos
115
personales los hago a un lado, y los har siempre, cuando estn en juego la salud
y la felicidad de la Repblica.
Concluyo expresando, a nombre del Gobierno Nacional, la emocionada
satisfaccin con que hemos recibido los pronunciamientos espontneos de res-
paldo y apoyo producidos en todos los sectores polticos y sociales. Los tres
partidos de la coalicin, la Federacin de Cmaras de Comercio y Produccin,
los comandos de las Fuerzas Armadas, el Comit Sindical Unificado, las uni-
versidades y los gremios profesionales, todos los sectores bsicos del pas, han
hecho llegar a Miraflores su palabra de apoyo decidido. Y aun cuando en nin-
gn momento ha corrido peligro la estabilidad del Gobierno, esa forma rpi-
da y concertada de manifestarse la opinin pblica organizada en apoyo del
sistema constitucional de gobierno, es sntoma alentador y reconfortante. Revela
que el pas est consciente de cmo es deber de todos, y no slo de quienes
ejercen el Gobierno, la defensa del sistema de vida democrtico. El precio de
la libertad, se ha dicho, es una eterna vigilancia.
116
11. ESTMULO A LA CULTURA UNIVERSITARIA
Con motivo de la inauguracin de la Escuela de Periodismo en la Universidad del
Zulia, Betancourt plantea no slo los problemas de esa Universidad sino los
problemas de la educacin media y superior de la Repblica. Maracaibo, 24 de
octubre de 1959./
No puede realizarse esta gira oficial por el Estado Zulia sin un alto, obli-
gado y muy grato para nosotros, en las aulas de esta ilustre casa de cultura.
Ha recordado el Rector de esta Universidad que, por un azar fortunoso, me
correspondi firmar como Presidente de un gobierno colegiado el decreto por
el cual se reabri la Universidad del Zulia. Un autcrata engredo afirm que
iba a convertir esta tierra en playa de pescadores; otros autcratas tambin la
hostilizaron, porque en el Zulia ha tenido y tendr Venezuela uno de sus ms
ricos viveros de civismo. Por lo contrario, los gobernantes democrticos nos
interesamos por el Zulia, por su vitalidad, por su potencialidad democrtica y
por su esclarecida tradicin de cultura.
Ha recordado el Rector de esta Universidad cules son las dificultades que
se confrontan en este Instituto de cultura superior. Algunas de esas dificul-
tades son solucionables cuando estn en manos de los despachos ejecutivos.
No hay ninguna duda de que el Ministerio de Hacienda no presionar al pro-
fesorado y alumnado de esta Universidad para que desocupen el local antes
de que tengan sitio donde instalarse, y el Ministerio de Obras Pblicas ace-
lerar los trabajos, que slo han sido detenidos por el necesario proceso de ex-
propiaciones, para la construccin de un gran aeropuerto internacional en
Maracaibo que sustituya al de Grano de Oro. Posteriormente habr de afron-
tarse, en futuros ejercicios fiscales, la construccin de la ciudad universitaria
del Zulia. Una ciudad universitaria, como las otras universidades y centros
docentes e institutos asistenciales que se construyan en el pas, edificados ajus-
tndonos a la realidad de cmo es de falso que ste sea un pas multimillo-
nario. Tenemos que construir edificaciones funcionales, pero decentes, que
no sean apoteosis del gigantismo arquitectnico y del despilfarro de los di-
neros fiscales.
El reto que se nos plantea, y al cual se ha referido el Rector de la Univer-
sidad, del crecimiento vertiginoso de la inscripcin de estudiantes en liceos, es
un reto que aceptamos. Necesitamos legiones de tcnicos para darle la batalla
a fondo al atraso nacional; pero esos tcnicos sern formados en universidades
bien dotadas de material didctico, pero sin despliegues de mrmoles.
Hemos tenido oportunidad, unos por visitas relacionadas con fines educa-
cionales, otros en el turismo forzado del exilio, de recorrer los centros de cul-
tura, los centro de enseanza de pases ricos como Estados Unidos. En Estados
Unidos no se encuentran hospitales policlnicos universitarios como el de
117
Caracas, que resulta inmanejable para nuestras capacidades y posibilidades, y
las residencias estudiantiles y de profesionales que hacen cursos de postgradua-
dos en la Universidad de Chicago, una de las ms ricas de Estados Unidos y del
mundo, son casas modestas, casas de apenas dos habitaciones. Las conoc muy
de cerca, porque en ellas estuve, ya que mi hija y mi yerno eran estudiantes de
esa universidad.
Sern multiplicadas las pequeas universidades. Dentro de poco tiempo
estar en funcionamiento la Universidad de Oriente. Les daremos ms apoyo
a la Universidad del Estado Carabobo y a la Universidad del Zulia, lo mismo
que a la Universidad de los Andes. Se proyecta establecer una universidad en
Barquisimeto. Esas y otras universidades ser posible realizarlas, insisto, si para
ello construimos edificaciones modestas y no rplicas de la Ciudad Universi-
taria de Caracas.
Para el Gobierno est planteado un reto que estamos dispuestos a aceptar.
Para las universidades est planteado tambin un reto que deben aceptar. Dis-
ponen de la autonoma administrativa y docente. No es propsito del Gobierno
Nacional interferir en ninguna forma esa autonoma; pero esa autonoma obliga
a las universidades a administrar los recursos que les aporta el Estado, tambin
imbuidas de la idea de que Venezuela es un pas con una riqueza transitoria, que
es el petrleo, y con un pueblo dolorosamente empobrecido. Que deben estar
vigilantes profesores y estudiantes para que no se formen camarillas profesorales,
las cuales son en el mbito docente tan dainas como las camarillas polticas en
el mbito de la conduccin del Estado. Ser vigilantes para que la autonoma no
devengue en control, por determinadas facultades, de corrientes polticas. La
Universidad no puede ser neutral en el debate histrico entre democracia y
dictadura; pero la Universidad ni ninguna de sus facultades, debe convertirse
en instrumento de determinada corriente poltica, ni mucho menos si se tra-
ta de una corriente poltica que pretende condicionar los rumbos venezolanos
a los vaivenes de la estrategia internacional de una potencia extranjera.
Concluyo dicindoles, estimados compatriotas, ratificando lo dicho en pri-
vado al ciudadano Rector de la Universidad, que me ha causado satisfaccin la
forma franca y directa con que l ha planteado, no slo los problemas de esta
universidad, sino los problemas en general de la educacin media y superior en
la Repblica.
En 1947, hace doce aos, tuve el alto honor de inaugurar en la Universi-
dad Central la primera escuela de periodistas de Venezuela. Es sintomtico que
doce aos despus me corresponda participar en la inauguracin de la segun-
da escuela de periodismo en el pas, ahora abierta en las aulas de la Universi-
dad del Zulia. Estas escuelas de periodismo no pueden fomentarse y existir sino
bajo el clima propicio y estimulante de la democracia. Dictadura significa (si
lo sabremos bien los venezolanos) el ahogamiento implacable de todas las libres
manifestaciones del pensamiento hablado y escrito. Es significativo que sea bajo
118
el clima genuinamente democrtico cuando se inaugure la segunda escuela de
periodismo en Venezuela. Formulo los ms sinceros votos por el xito de esta
nueva facultad que le nace a la Universidad del Zulia.
119
12. CLAUSURA DEL III CONGRESO DE TRABAJADORES
La clausura del III Congreso de Trabajadores le servir de escenario a Betancourt
para expresar su jbilo por la reestructuracin de la poderosa Confederacin de
Trabajadores de Venezuela, dentro de un clima de respeto a las libertades polticas
y sindicales del pueblo venezolano. Los Caracas, 20 de noviembre de 1959./
120
librrimos e inobjetables comicios del pasado 7 de diciembre. El autor de la
misiva ser sometido a un tribunal militar que lo juzgar por el delito de inci-
tacin a la rebelin contra el Gobierno legtimamente constituido.
Es sabido del pas que voces muy respetables y solventes se manifestaron
pblicamente pidindome que utilizara la facultad constitucional que tengo,
como Presidente de la Repblica, de sobreseer juicios militares en cualquiera de
sus etapas, dictando un decreto de indulto a favor de los militares incursos en
el delito de rebelin por los sucesos de 7 de septiembre de 1958. Mi actitud fue
categrica y no pudo ser modificada ni por la muy respetable peticin de los
familiares de esos ciudadanos; ni siquiera tampoco por el expediente de la
huelga de hambre, al cual acudieron los enjuiciados, y dije que los juicios con-
tinuaran hasta el fin y que las sentencias dictadas por los tribunales militares
seran cumplidas.
He dicho, y el pas sabe que no miento, cunto ha significado para m de
ntima preocupacin tener que utilizar un instrumento heredado de la dicta-
dura para aplicar medidas de alta polica a civiles empeados en labores de
carcter conspirativo, quienes tienen un lote de responsabilidad apreciable en
los intentos regresionistas para subvertir el orden pblico. Espero que el Con-
greso Nacional dote al Poder Ejecutivo de los instrumentos legales necesarios
para poder sancionar en lo futuro a esa fauna de aoradores del paraso perdido
el 23 de enero. Respeto, por saber que son sinceras, las crticas formuladas por
demcratas de bien conocida trayectoria, a la utilizacin de medidas de alta po-
lica; pero, mientras el Congreso Nacional no aporte al Ejecutivo instrumen-
tos legales distintos, cada vez que sea necesario, no parece posible otro camino
que el de aplicar esas medidas de alta polica.
Tengo la conviccin y quiero ratificrsela a ustedes, de que en estos momen-
tos y para un futuro que avizoro largo no hay riesgos para este Gobierno Cons-
titucional de ser derrocado. Y es muy importante que las fuerzas polticas, los
sectores obreros, los sectores estudiantiles, adopten una actitud serena. Cuan-
do se difunden rumores y esos rumores llegan a ser tan insistentes que se pone
en tela de juicio la palabra oficial, cualquier actitud desorbitada como reaccin
ante un rumor injustificado constituye un peligro para la todava inestable si-
tuacin econmica de Venezuela. Y quiero pedirles a ustedes, para que sean
ustedes vehculos de esta peticin sincera ante sus compaeros en las faenas del
campo, del taller o de la oficina, que se tenga confianza en la palabra del Go-
bierno. Que la tcnica psicolgica del rumor no llegue a alterar los nimos ni
a precipitar el pulso de la gente venezolana. Que se espere la palabra oficial, y
esa palabra oficial siempre ser clara, siempre ser difana, siempre ser una
palabra veraz y sincera.
Est planteado el otro problema a que se refiri en su magnfico discurso Juan
Jos Delpino: el problema de las dificultades econmicas por las cuales atravie-
sa un vasto sector del pueblo de Venezuela. Nosotros, quienes estamos en el
121
Gobierno, no hemos hecho de Miraflores y de los despachos ministeriales unas
amuralladas ciudades que nos aslen de los problemas colectivos, y cuando sali-
mos a las calles, y cuando recorremos el pas, no llevamos antiparras o anteojos
de suela, sino los ojos bien abiertos. Pero los problemas de Venezuela acumula-
dos a lo largo de la dictadura son problemas muy serios, son problemas profun-
dos, que no pueden ser resueltos con mtodos mgicos ni con procedimientos
arbitristas de un da para otro. Llegamos al Gobierno en febrero de 1959, cuando
estaba ya en vsperas de expirar el ao fiscal 1958-1959. No fue sino a partir del
30 de junio cuando este Gobierno tuvo nuevo presupuesto. En realidad es un
presupuesto que lleva apenas cinco meses en ejecucin. Pero hay ms, encontra-
mos poqusimos planes en los despachos ejecutivos, porque la dictadura no ela-
bora planes, y porque el Gobierno provisional actu dentro de una situacin de
transitoriedad en un ao eminentemente politizado y signado por una serie de
presiones de toda ndole. Sin embargo, hago justicia al reconocer que en algunas
dependencias se encontraron esbozos de esos planes, adelantados por el Gobierno
que precedi al actual, pero en general no encontramos planes. Haba que comen-
zar a elaborarlos y tropezarnos con todos los problemas y con todas las dificultades
de un pas como el nuestro tan extenso, con un mbito territorial de un milln
de kilmetros cuadrados, con una poblacin dispersa y diseminada en millares de
pueblos y caseros. La obra se ha iniciado. Hemos vuelto los ojos, sin olvidar a
Caracas, hacia Venezuela adentro. Y orientando nuestras inversiones no hacia lo
suntuario sino hacia lo reproductivo y creador. Puedo decir aqu que en estos ocho
meses de Gobierno se ha prestado por el Banco Agrcola y Pecuario a ganaderos,
agricultores, aparceros, medianeros y conuqueros, ms dinero que en cualquier
otro ao de la historia de Venezuela. El promedio de obras que realizaba la dic-
tadura, a travs del Ministerio de Obras Pblicas, era de sesenta a setenta obras
anuales. Ahora estamos construyendo cuatrocientas, pero dispersas en todo el
mbito nacional, de Oriente a Occidente y de Norte a Sur. El Banco Obrero est
haciendo casas en toda Venezuela, y no solo casas en Caracas, no slo multifami-
liares en la capital de la Repblica. Los problemas de Caracas son agudos, como
lo dije muchas veces en mi recorrido por la provincia cuando era candidato pre-
sidencial. En el cinturn de pobreza de los cerros viven alrededor de trescientas
mil personas. Pero los problemas econmicos y sociales no pueden comenzar a
resolverse exclusivamente en la capital de la Repblica, porque ste no es un pas-
ciudad, sino una Nacin, con vastsima rea provinciana.
Este ao se invertirn mucho ms de doscientos millones de bolvares en la
poltica de la vivienda, tanto en construcciones del Banco Obrero como en prs-
tamos. Buena parte de esos prstamos se han dado ya y se seguirn dando. Pero
en este ao, ni en los prximos cinco aos, ni en los prximos veinte aos va a
ser solucionado totalmente el problema de la vivienda en el pas. Este es uno de
los problemas ms agudos de todas las naciones, cualesquiera que sean el carcter
y la filosofa poltica de sus gobiernos. Es un problema que no slo se presenta
122
en los pases subdesarrollados como el nuestro, sino an en los pases industria-
lizados. En el Sur de los Estados Unidos viven los campesinos tan mal como los
compatriotas de Barlovento; y en las zonas perifricas de la inmensa Rusia vive
el campesino en las mismas isbas del zarismo. El ao que viene presentar al
Congreso, porque ya se est elaborando, un plan econmico-administrativo para
los cuatro aos de Gobierno que terminarn el 19 de abril de 1964, cuando en-
tregar el poder al venezolano a quien el voto del pueblo haya llevado a Mira-
flores. En ese plan se especificar en cules aos van a ser construidas casas para
la clase media, para los obreros, para los campesinos en las distintas zonas del
pas. Y entonces podr suceder en Venezuela, y va a suceder en Venezuela, lo que
he podido apreciar en otros pases donde rige la planificacin: que la gente fre-
na sus impaciencias porque sabe que en un ao determinado ya va a tener so-
lucionado, siquiera parcialmente, su problema de vivienda.
El otro problema es el de los costos de los artculos de primera necesidad.
Nuestras estadsticas son insuficientes. Sin embargo, hay una estadstica veraz
y a la mano: la del ama de casa. En Venezuela el costo de la vida es alto, aun-
que si se le compara con otros pases de Amrica, algunos tan importantes y
poderosos econmicamente como el Brasil y la Argentina, se aprecia que el
costo de la vida, por lo menos en los artculos de primera necesidad de consumo
bsico, es mucho ms bajo en nuestro pas. Pero ese no es un argumento que
puede satisfacernos; hay que abaratar el costo de la vida. Y esto hemos comen-
zado a realizarlo mediante los detales populares de Mersifrica, donde a precios
regulados se estn vendiendo de diez a doce artculos fundamentales de primera
necesidad. La red de detales populares se va a extender a todo el pas. En esos
detales populares se ha vendido carne despus de muchos aos a Bs. 3,50 el kilo.
Mersifrica habr que extenderla a todo el pas, pero aqu nos encontramos con
un problema que no puede resolverse mgicamente: no hay sistema de cavas y
de refrigeracin en Venezuela.
Para llevar la carne a Valencia, a Maracay, a otros sitios, es necesario cons-
truir previamente las cavas o frigorficos donde puedan conservarse esos pro-
ductos. Y luego un mejor sistema de distribucin, eso que los economistas lla-
man el mercadeo. Adquirir a precios estables (y han sido fijados ya por el Banco
Agrcola y Pecuario los precios mnimos para el maz, caraotas y otros produc-
tos) las cosechas a los campesinos para ser distribuidas en una forma racional,
porque todos sabemos aqu que cuando llega la cosecha de maz o de otros
productos, su precio se abarata, y cuando no hay cosechas, se encarece. Esto
significa, compatriotas, que el abaratamiento del costo de la vida no podr
lograrse sino paulatinamente y no por mtodos mgicos. Sera una mentira,
sera una farsa, que nosotros ahora decretramos precios regulados para los
artculos de primera necesidad y creramos una vasta burocracia de fiscales para
pretender el cumplimiento de esas regulaciones por decreto.
Burocracia de fiscales que no podran controlar un comercio de vveres tan
123
atomizado como el que existe en el pas. No queda otro camino razonable sino
el control indirecto a travs de los detales populares; detales populares que
vendan a precios razonables porque no nos interesa, ni podra interesarnos, ni
le interesa a Venezuela, arruinar al pequeo comerciante. El pequeo comer-
ciante, el comerciante en general, constituye un eslabn necesario en el meca-
nismo de la distribucin de mercancas. Lo que no queremos, lo que no debe
tolerarse, es la especulacin. Pero no basta con establecer este sistema de distri-
bucin de artculos de consumo bsico a precios ms accesibles al consumidor
de pequeos recursos. La nica forma realmente eficaz para abaratar el costo de
la vida es sustituir la economa de escasez que tenemos en Venezuela por una
economa de abundancia, es decir, producir ms. Nuestra produccin es raqu-
tica. En el caso, por ejemplo, de las caraotas negras, plato indispensable en la
mesa del venezolano, hasta se haba olvidado su cultivo. Y en este sentido la
Reforma Agraria va a ser una va para una ocupacin permanente del campe-
sinado y para la creacin de una riqueza abundante. Pero producir tambin
reclama la concurrencia de un factor, y ese factor es: trabajar. Quiero pedirles
a ustedes tambin que sean heraldos ante sus compaeros, especialmente aque-
llos que trabajan en obras pblicas, de la tesis de que la democracia no debe
desacreditarse por falta de entusiasmo en el esfuerzo del trabajador; que demo-
cracia no es manguareo, que democracia no es irresponsabilidad. Que no se diga
que el trabajador venezolano necesita el rebenque del dictador para rendir jor-
nadas completas de labor.
Estamos haciendo lo que creemos que es justo hacer, ajustados el progra-
ma que suscribimos el 6 de diciembre de 1958, entonces como candidatos a la
Presidencia de la Repblica, el Contralmirante Wolfgang Larrazbal, el doctor
Rafael Caldera y yo. Ese programa se est cumpliendo. Ese programa lo segui-
remos cumpliendo. Pero para darle un ritmo todava ms acelerado a ese pro-
grama nos encontramos con una valla, y esa valla es la de que los recursos fis-
cales de Venezuela no son inagotables. Hemos tenido, despus de largas
discusiones esclarecedoras dentro del Gabinete, las que han sido transmitidas
a los partidos de la coalicin, que tomar una serie de decisiones para elaborar
un Presupuesto sin dficit apreciable. Eso va a determinar que algunas obras
previstas en el presupuesto extraordinario no puedan ser iniciadas en este ao
fiscal sino en el prximo. Eso ha determinado pausas en algunos programas,
pero entre esos programas los vitales no han sido afectados. Est prevista una
partida cuantiosa para el Instituto de Reforma Agraria, una vez que el Congreso
Nacional elabore la ley. Ya di la cifra de lo que est gastando el Banco Obrero.
Y mienten a conciencia o por frivolidad quienes dicen que van a perderse las
cosechas porque el Banco Agrcola y Pecuario no va a dar prstamos para su
recoleccin. Hasta el ltimo grano de maz, de arroz, de frijol que se produz-
ca en Venezuela ser recogido en su oportunidad con el apoyo crediticio del
Banco Agrcola y Pecuario.
124
Est en vsperas de resolucin lo relacionado con la rebaja del precio de las
medicinas. Y el Congreso se abocar al estudio de una Ley sobre revisin de los
alquileres. Prevalece el criterio atinado y justo de que esa revisin no puede ni
debe conducir a la negacin de estmulos a la industria de la construccin. Es
la segunda industria del pas despus del petrleo, y en ella trabajan millares de
venezolanos. Y hemos adoptado una serie de medidas de carcter fiscal. Ya es
sabido cmo a partir del primero de enero sern disminuidos los sueldos ms
altos en la administracin pblica. Esta noche ser publicada en la Gaceta una
resolucin conjunta de los Ministerios de Hacienda y de Fomento que some-
te a licencia previa un nmero extraordinariamente largo de artculos suntua-
rios, de artculos de lujo, anticipo de una medida de mayor envergadura. Esta-
mos evitando que con la importacin de costosas frusileras tengamos una
sangra para nuestras divisas. Que las divisas salgan para la compra de mercancas
esenciales que no produzcamos en el pas, para la compra de maquinaria nece-
saria a la industrializacin, para la compra de materias primas, pero no para
artculos lujosos y de limitado uso o consumo. Se han tomado medidas en el
sentido de celebrar una reunin con las Cmaras de Comercio para que no se
aumenten los precios de algunos productos incluidos en esa disposicin, que no
siendo de primera necesidad tampoco se podran calificar de suntuarios. En todo
caso esta medida es un paso ms en la definida poltica proteccionista de nuestra
economa y de su smbolo monetario, el bolvar, que iniciamos cuando sacamos
una serie de productos de la Lista Nmero Uno del Tratado Comercial con Es-
tados Unidos. Estamos empeados en que Venezuela no siga gastando una
buena parte de lo que le produce esa perecedera riqueza del petrleo, en artculos
suntuarios importados, o que sin ser suntuarios podemos producir aqu. Esta-
mos empeados en la industrializacin de Venezuela. Y a este respecto quiero
decirles que ms de 400 millones de bolvares suscritos o invertidos en indus-
trias en los primeros siete meses de este Gobierno, es la cifra ms alta que se haya
invertido jams en Venezuela en un perodo similar en industrias de transfor-
macin. Eso quiere decir que estamos caminando hacia la creacin de fuentes
de trabajo permanentes para los obreros y hacia una mayor capitalizacin na-
cional; y al propio tiempo, hacia la independencia econmica de Venezuela.
Cuando se habla de desocupacin, de desempleo, debemos tomar en cuenta
en Venezuela un fenmeno nuevo. Ese fenmeno ha quedado esclarecido con
motivo de la investigacin realizada para la liquidacin del llamado Plan de
Obras Especiales o de Emergencia, y es el de que un nmero apreciable de tra-
bajadores, especialmente jvenes, no sabe hacer nada. No son realmente des-
empleados, sino personas que nunca estuvieron empleadas, porque no saben
hacer absolutamente nada. Esta es la generacin formada bajo la dictadura, la
que no tuvo escuelas, ni siquiera la primaria, menos las de especializacin ar-
tesanal o tcnica. Y este problema no podemos resolverlo sino adiestrando mano
de obra. En eso ha comenzado a trabajar el Ministerio del ramo. Pero se pre-
125
senta una gran posibilidad; mejor: una realidad, que no posibilidad. Es la del
Instituto Nacional de Cooperacin Educativa. La ley emitida por el Congre-
so le permitir al Estado un ingreso destinado exclusivamente a escuelas tcni-
cas, a escuelas artesanales, de varios millones de bolvares anuales. He captado,
tanto en los medios industriales como en los medios obreros, una preocupacin:
la de que esos ingresos de contribuciones de patronos y de trabajadores puedan
servir de alimento a una nueva, vasta burocracia. El Ministerio de Educacin
y yo compartimos esa preocupacin, y es el propsito nuestro que en el regla-
mento de esa ley se establezca que la direccin del instituto por crearse sea tri-
partita: industriales, trabajadores y la participacin tcnica de los educadores
del Estado. As los propios interesados vigilarn para que esos dineros se invier-
tan en su casi totalidad en el adiestramiento de mano de obra nacional y no en
menesteres y sueldos de carcter burocrtico.
Voy a concluir dicindoles lo siguiente: Juan Jos Delpino hizo referencia
a que la unidad de los trabajadores debe ser aleccionadora para los lderes po-
lticos. Quiero decir aqu que el Gobierno de coalicin estructurado alrededor
de los tres grandes partidos nacionales, no tiene grietas ni fisuras profundas.
Que el Gobierno de coalicin marcha y marchar. Hay discusiones, hay dife-
rendos, pero sos se solucionan. Y debo decir ante ustedes, y tambin ante el
pas, que en ningn momento ha pretendido ninguno de los partidos de la
coalicin menoscabar o disminuir las atribuciones que me da la Constitucin
de Venezuela, atribuciones que ni comparto ni delego.
Concluyo compatriotas, dicindoles que esta gran jornada de afirmacin
sindical tiene un profundo contenido venezolano. Significa que ya nuestro
pueblo no expresa su pasin de libertad y su espritu de justicia en esa forma
anrquica como lo hizo en das pretritos, cuando se iba para recordar a An-
drs Eloy Blanco a guerrear por los caminos de Venezuela detrs del primer
hombre a caballo que agitara en las manos una proclama demaggica. Ahora
el pueblo de Venezuela y sus estamentos calificados: obreros, campesinos,
empleados, tienen fe en su organizacin. La estructuran y constituyen as un
inerme pero poderossimo ejrcito civil que, unido a otros sectores sociales tam-
bin organizados, entre ellos las Fuerzas Armadas, va a darle a Venezuela la
posibilidad de un gobierno estable, de un gobierno constructivo, de un gobier-
no creador.
126
13. EN EL UMBRAL DE 1960
Para finalizar el ao 1959 el Presidente se dirige a las Nacin y en sereno examen
de conciencia, habla sobre la trascendencia del primer ao del rgimen
constitucional, luego de una dcada de gobiernos dictatoriales. Motivo propicio para
el balance sumario de lo realizado y de lo que reclama imperiosamente el porvenir.
Miraflores, 3 de diciembre de 1959./
127
Dentro del mbito latinoamericano se aprecia al acorralamiento y la impo-
tencia, anticipos del inevitable colapso final, de las escasas dictaduras que an
maculan el mapa poltico continental. La desaparicin de esos ya muy pocos
gobiernos de usurpacin, permitir que Amrica sea fiel a su tradicin y a su
sistema jurdico regional, como continente de la libertad, y dar mayor confianza
y seguridad a los pueblos ya liberados de dictaduras, porque las an sobrevivien-
tes constituyen un permanente foco de perturbacin para los regmenes demo-
crticos y un estmulo directo a los minoritarios ncleos que persisten en recu-
perar en los pases que ya despotizaron el control autoritario de la cosa pblica.
Nuestra posicin de Gobierno ante esas dictaduras que perviven frente a la
marea ascendente de los pueblos hacia el autogobierno y la propia determina-
cin, ha sido definida y clara. Consecuentes con una vocacin de solidaridad
americana que heredamos de la generacin libertadora; empeados, adems, en
que haya consecuencia entre los textos jurdicos de la comunidad continental
y la conducta de la Organizacin de Estados Americanos, hemos propugnado,
con el aval de slidas razones, ticas y extradas de los compromisos expresos de
los Estados signatarios de la Carta de Bogot, que debe ejercitarse una accin
colectiva sobre los regmenes despticos para que realicen elecciones libres y res-
peten los derechos humanos, y en caso de no hacerlo que se les erradique de la
comunidad de naciones democrticas y en torno a ellos, como lcita sancin, se
establezca un riguroso cordn profilctico, diplomtico y econmico. Esas te-
sis tan justas han venido ganando proslitos y todo induce a creer que tendr
respaldo apreciable en la proyectada Conferencia de Quito, si es que para esa
fecha an han logrado sobrevivir tales regmenes al virtual estado de coma en
que ahora se encuentran. Y fue en conexin con las actividades antivenezolanas
de una de esas dictaduras del Caribe como surgi el diferendo entre nuestro Go-
bierno y el de Holanda, que ahora se halla en una etapa de favorable desarro-
llo. Las autoridades neerlandesas en la metrpoli y en sus posesiones vecinas de
nuestras costas occidentales han admitido la realidad obvia de que Venezuela no
puede tolerar focos de subversin a su sistema democrtico instalados a escasas
millas de navegacin martima o area de la Repblica.
En lo relativo a la situacin poltica interna, algo que a la vista de todos est
es que durante el ao de 1959 hubo paz en la Repblica, y no la impuesta a
rebencazos por mtodos de coercin autoritaria sino la derivada del libre jue-
go de las fuerzas sociales. Las huelgas de trabajadores fueron muy pocas y los
diferendos obrero-patronales, normales en la moderna sociedad, se solucionaron
en su determinante mayora por mtodos rutinarios de conciliacin y discusin
entre las partes. Puede presumirse que tambin ser ese el mismo camino que
transiten los empresarios y trabajadores del petrleo, quienes en la actualidad
discuten serenamente, con nimo comprensivo por ambas partes, un contra-
to colectivo del cual est pendiente la Nacin y que se espera sea suscrito en el
curso de las primeras semanas del prximo enero. Slo en una oportunidad
128
suspendi el Gobierno el ejercicio parcial de las garantas constitucionales, en
el rea metropolitana y por un lapso de treinta das; y fuera de los sucesos que
impusieron esa medida, porque el Gobierno est definitivamente resuelto a
mantener inclume el orden pblico, ningn otro de matiz alarmante se ha
presentado en el pas. Las tierras de particulares indebidamente ocupadas en las
reas rurales han sido desalojadas por mtodos persuasivos y los campesinos
impacientes de laborar tierra suya han admitido como buena la tesis de que no
se debe tomar por la violencia lo que ya se ha comenzado a recibir a travs de
los asentamientos hechos y que en proporcin realmente satisfactoria recibirn
cuando en el primer trimestre de 1960 entre en vigencia y ejecucin resuelta la
Ley de Reforma Agraria, prxima a ser emitida por el congreso. Esa poltica de
reforma agraria, que permitir el retorno de campesinos desbordados hacia las
ciudades a sus labores habituales, as como el desarrollo en marcha de la cons-
truccin de viviendas y de unidades vecinales por el Banco Obrero, va a termi-
nar con la presin que se ha sentido, en los ltimos dos aos, de las gentes sin
casas donde guarecerse con sus familias para construir ranchos en zonas urba-
nas, pblicas y privadas. Las libertades pblicas se han respetado y slo en unos
muy contados casos se han tomado medidas de excepcin contra quienes las
utilizaban para preparar clima propicio al retorno dictatorial, o para ejecutar o
promover actos contrarios a la estabilidad del rgimen que el pueblo se dio en
ejercicio de soberana. La prensa ha venido disfrutando de un margen no coar-
tado para la libre expresin de sus crticas a la gestin oficial, o de su apoyo a
ella cuando lo conceptu conveniente. Las relaciones con la Iglesia Catlica,
religin que profesa la determinante mayora de los venezolanos, se han con-
ducido dentro de un ambiente de comprensin y mutuo respeto; y el Gobierno
interpret cabalmente el dolor de la grey venezolana cuando decret duelo
nacional, y se asoci a l, por la irreparable desaparicin de dos prelados que
honraron a la Repblica y a su apostolado: los Obispos Arias Blanco y Paparoni.
Las Fuerzas Armadas han contribuido en forma muy apreciable a este clima de
paz pblica con su actitud institucionalista; y sin nimo de halago, honrando
a la verdad, afirmo ante el pas que en ste, mi primer ao de Gobierno, no he
tenido problema alguno con la institucin castrense, que ha permanecido al
margen de todo ajetreo poltico, entregada a sus labores normales y patriticas
de perfeccionamiento profesional y tcnico. Y todo ello se ha logrado en un pas
donde se ha ensayado ahora una frmula de gobierno, el de coalicin, que es
difcil y compleja aun en naciones de alta educacin poltica y donde los par-
tidos han sido durante ininterrumpidas dcadas, los rganos normales de la ges-
tin administrativa. Justicia hago al decir que mi buena voluntad y firme de-
cisin de presidir un Gobierno de conciliacin democrtica hubiera resultado
tarea casi imposible de no contar, como he contado, con la actitud compren-
siva y francamente cooperadora de los comandos de los tres grandes partidos
nacionales y con el aporte de las valiosas personalidades, polticamente indepen-
129
dientes, que forman en los cuadros del Gobierno. Ante el pas digo, con toda
la sinceridad de que soy capaz, con una franqueza que creo no puede negrse-
me, que este esfuerzo hasta hora exitoso de Gobierno coaligado se ha cumpli-
do sin mengua de mis atribuciones de Jefe del Estado, y que yerran de buena
fe quienes presumen que en desmedro de aqullas soy en este Miraflores, des-
de donde estoy hablndoles a los venezolanos y en cuyas oficinas diariamente
trabajo, una especie de prisionero sometido al acoso de las presiones de los
partidos y obligado a tolerar fallas administrativas bajo el apremio de las ape-
tencias burocrticas coaligadas. Eso no hubiera podido admitirlo, por impera-
tivo de mi dignidad de magistrado electo libremente por el pueblo y hasta por
caractersticas de mi propia personalidad, modesta pero con aristas muy defi-
nidas. Y por ello, como balance y sntesis de este aspecto de la situacin pol-
tica nacional, he credo conveniente ventear algunas dudas ante la Nacin con
ingenua franqueza y ratificar aqu mi creencia en que el sistema de gobierno de
unificacin democrtica y de coalicin tripartidista es el ms conveniente para
el pas en su actual coyuntura histrica; que ese sistema no debe tener una vi-
gencia prefijada en el tiempo, sino prolongarse en el discurrir de los prximos
aos; y que no hay problema, o diferendo, que con mtodos honorables y sin
concesiones contrarias a los mejores intereses del pas, no pueda ser solventa-
do dentro de la coalicin. Y no resulta ocioso, sino muy oportuno, aadir que
esa frmula de gobierno no fue arbitrio posterior al 7 de diciembre de 1958,
sino compromiso adquirido ante el electorado por los candidatos y partidos que
en forma democrtica competimos en aquella histrica jornada de comicios.
De lo poltico pasar a incidir en lo econmico y administrativo. Tiendo
a usar mucho las cifras, y tal vez a abusar de ellas en mis exposiciones. En esta
oportunidad ser menos prolijo en nmeros, porque con guarismos no quie-
ro aadir ms condimento a la sabrosa, criollsima y multispida hallaca de la
hogarea cena de Ao Nuevo. Esas cifras debern orlas los congresantes y el
pas y por anticipado pido excusas por lo extensas y numerosas que sern, cuan-
do presente a las Cmaras Legislativas, el prximo 19 de abril, un anlisis al
detalle de los problemas econmicos, sociales y administrativos de la Nacin,
y el ya anunciado Plan Orgnico de cuatro aos.
Ha sido muy debatida en las ltimas semanas la situacin fiscal y econ-
mica de la nacin. Mentira si dijera que todo es color de rosa en Venezuela.
Pero a conciencia afirmo que no hay motivo alguno para dudar de la solidez de
nuestras finanzas pblicas y del prodigioso porvenir de desarrollo econmico,
del mejoramiento de las condiciones sociales de pueblo y del acelerado avan-
ce cultural de la nacin, que se otea con seguridad en el porvenir.
Nuestros ingresos fiscales pasan de los cinco mil millones de bolvares, uno
de los ms altos de cualquier Estado de la Amrica Latina; y en los prximos
aos est prevista no la declinacin sino el aumento sin saltos, pero continuo
de la produccin petrolera, principal fuente de ingresos de divisas. La solidez
130
del bolvar, como moneda fuerte y de firme respaldo, est garantizada por re-
servas internacionales que son las mayores que ostente moneda alguna en la
Amrica Latina. La creciente produccin de hierro es otra fuente adicional de
divisas que se avizora como una realidad tangible. Sin embargo, de todo eso,
se han apreciado sntomas que han sido anuncios de cmo el pas pudiera en-
trar en una zona de riesgos si no se ajustan los gastos normales de la adminis-
tracin pblica a los ingresos fiscales reales, y si no se poda resueltamente al
Estado de toda una fronda dispendiosa de erogaciones no reproductivas. De
no procederse as, vendra un dficit fiscal crnico con su secuela de endeuda-
mientos a corto plazo. Consciente de ello est el Gobierno. Por eso ha iniciado
una decidida poltica de disminucin de los gastos de administracin, buro-
crticos y otros, que se estima puede llegar a doscientos cincuenta millones de
bolvares en el actual ejercicio fiscal. El presupuesto extraordinario en vspe-
ras de ser presentado al Congreso no contempla sino la continuacin de obras
ya en ejecucin, y se tiene el firme propsito de que ser por una sola vez, en
esa oportunidad, cuando se apele al crdito pblico a corto plazo para com-
pletar el pago de esas obras, cuya paralizacin sera un factor de perturbacin
en las actividades econmicas y fuente de desempleo. El presupuesto de 1960-
1961 ser estrictamente ajustado a los ingresos fiscales y cabalmente balancea-
do. Esta poltica fiscal sana, que disipe para siempre el temor de que pueda
llegarse en algn momento a la necesidad de devaluar el bolvar, va a ser con-
jugada con otra: la de atender mediante financiamiento especial, a largo pla-
zo, con recursos obtenidos en el exterior y previa aprobacin del Congreso, la
realizacin de ambiciosas obras de transformacin de las bases socio-econmi-
cas del pas, como son los proyectos para hacer de Guayana, teniendo como
su eje y motor a la industria siderrgica, una gran zona industrializada; el
desarrollo de la Petroqumica; la electrificacin acelerada, llevando energa y
luz elctrica hasta las ms remotas zonas rurales; un vasto y completo sistema
de telecomunicaciones y de comunicaciones telefnicas; y un ambicioso pro-
grama de almacenamiento y distribucin de aguas, transformando el suelo y
hacindolo realmente apto para las industrias agropecuarias mediante su irri-
gacin permanente. Los ingresos normales del fisco, cuando se implante ca-
balmente la austeridad en los gastos pblicos y esa va ya la estamos trajinan-
do son suficientes en Venezuela para que reciban apoyo crediticio adecuado
la industria, la agricultura y la cra; para que se realice una reforma agraria; para
que a los venezolanos se les eduque, se les dote progresivamente de casa suya
y se les proteja la salud; para que se realicen obras ininterrumpidas de vialidad;
para que se financie un normal proceso de desarrollo y tecnificacin de las
Fuerzas Armadas Nacionales. Eso se lograr sin presupuestos deficitarios,
peligrosos y ya definitivamente considerados por el gobierno como inacepta-
bles. Y junto con esos planes, normales, desarrollados con recursos normales,
se pondrn en marcha los otros, de mayor envergadura y audacia, financiados
131
para su pago a largo plazo y destinados a poner en actividad el gran potencial
de riqueza con que nos dot, generosamente, la naturaleza.
Al pasar de las finanzas pblicas a la actividad privada se aprecia que en el
ao 1959 continu el proceso, iniciado en 1958 y detenido durante los nue-
ve aos de la dictadura, de una mejor distribucin de la renta nacional, por ma-
yores ingresos para los sectores no poseyentes. Ello explica el aumento sensible
del consumo. Cuando ste se tabule definitivamente indicar que en este ao
la gente venezolana ha comprado ms alimentos, ms telas para vestirse, ms
zapatos, ms libros, ms materiales de construccin, que en cualquier otra
poca. La industria ha experimentado un acelerado crecimiento y lo mismo la
agricultura y la cra. Se aprecia un cambio estructural en marcha en la econo-
ma nacional y comenzaremos a romper las ligaduras de la dependencia a la
produccin extranjera. Ello ha sido posible por la conjugacin de esfuerzos entre
el Estado y la actividad privada. El Estado orientando el crdito hacia la indus-
tria y actividades agrcolas y ganaderas, y pechando la importacin suntuaria,
o reglamentndola, para que no dilapidemos por la arteria rota de la alocada
compra en el extranjero de los artculos de lujo, o de los que pueden producirse
en el pas, las divisas necesarias para traer del exterior las maquinarias y las
materias primas, transformables stas ltimas con mano de obra nacional en
productos de manufactura domstica. Y los particulares, orientando sus inver-
siones ms con rumbo a la industria, la agricultura, la cra de ganados, que hacia
las actividades meramente distribuidoras de mercancas extranjeras, o hacia las
especulaciones con bienes races. Este cambio de orientacin en las directrices
econmicas de la Nacin, cambio que es el nico capaz de asegurarle asideros
slidos a la soberana poltica de la patria, comporta dificultades y desajustes
transitorios. As ha sucedido en todo pas que ha iniciado una etapa de propio
aprovechamiento de sus fuentes naturales de riqueza, las de la tierra y las hu-
manas. Pero en Venezuela esas dificultades sern menores que en otros pases.
La industrializacin no se realizar a costa del consumidor y del trabajador, sino
que la decidida gestin del Estado y el buen nimo receptivo del sector ms
dinmico y moderno de las clases capitalistas permitirn que los beneficios
obtenidos por la industria protegida los comparta equitativamente con el con-
sumidor y con los empleados, obreros y campesinos que para ella trabajan. Y
tampoco significar riesgo de serio descalabro para el comercio, factor indispen-
sable en el proceso de distribucin de mercancas, porque quienes vendan pro-
ductos no suntuarios podrn orientar sus capitales hacia la formacin de indus-
trias para producirlos dentro del pas, en asocio con sus suministradores del
exterior; con sus propios recursos capitalizados, o con el apoyo crediticio del
Estado. Sumariamente dicho: en Venezuela se aprecia un desajuste que era es-
perable, inevitable, en determinados sectores de su economa, y no se perfila una
crisis en el pas, sino todo lo contrario, porque la nacin est dejando de ser, y
definitivamente dejar de serlo, tributaria de la produccin extranjera de cuanto
132
pueda producirse con capital, tcnica y mano de obra nacionales; y porque ya
pas a la historia la poca en que ramos mercado seguro para toda costosa
baratija, mecanizada o no, venida del extranjero. Somos un pas de limitados
recursos, no obstante el prodigioso regalo que nos hizo la naturaleza de petrleo
y hierro. Y esos recursos debemos dedicarlos a forjar una economa permanente,
y a atender a las muchas necesidades insatisfechas de una nacin donde millones
de familias viven al margen de las ventajas de la vida civilizada.
La conjugacin de los esfuerzos oficiales y de la actividad privada para ajus-
tar los gastos a las posibilidades de los ingresos reales del pas, y la orientacin
de esos gastos hacia obras realmente reproductivas terminarn por darle a la
Nacin cimientos slidos, perdurables, indestructibles, no sometido nuestro
acontecer econmico a las alzas o bajas de centavos en el precio del petrleo en
los mercados internacionales. Y todo ello realizado bajo el signo de la honra-
dez administrativa, porque aqu ratifico lo que ya qued dicho: mientras yo est
en Miraflores no habr en Venezuela trfico ilcito con los dineros de la Nacin,
y gobernantes o particulares no se enriquecern por medios ilegales a costa del
peculio de los venezolanos.
Conciudadanos:
El de 1960 ser un ao de singular significacin para Venezuela. Supera-
da la inevitable etapa de reajuste, planificacin y escogencia de caminos en la
accin administrativa, la del ao que se inicia estar signada de mayores resul-
tados positivos. El desprestigio cada da mayor de los minoritarios grupos de
inadaptados al nuevo modo de vida de la Nacin, liquidar los restos de des-
confianza que an puedan quedar en algunos sobre la slida estabilidad del r-
gimen constitucional. Y ser en una patria segura de la normalidad de sus ins-
tituciones y en pleno esfuerzo creador en la que habr de conmemorarse los 150
aos de la fecha gensica de la nacionalidad. El 19 de abril naci Colombia,
dijo acertadamente el Libertador; y por Colombia entenda el vasto Nuevo
Mundo insurgido hacia su independencia tras el grito de emancipacin lanzado
en Caracas por los idelogos y conductores de 1810. El Gobierno de la Rep-
blica se apresta a convocar al pas para que rememore adecuadamente esa fecha
clsica, ahora que se acerca su Sesquicentenario. Discursos patriticos; desfiles
juveniles; conferencias en universidades, liceos, sindicatos y cuarteles, sobre esa
fecha fausta, deben ser apenas una parte de esa conmemoracin nacional. La
mejor ser una gran jornada venezolanista, a la cual debe dar su concurso re-
suelto la mujer venezolana, tan apta siempre a responder al llamado de la pa-
tria, para reclamarles a los hijos de esta tierra que sean dignos mulos de los
abuelos prceres. Ellos nos dieron patria, a costa del sacrificio de la tranquili-
dad hogarea, del disfrute de los goces de la vida misma. Honrar a esa patria
con el trabajo creador; con el espritu de servicio a la colectividad; con la au-
todisciplina conscientemente admitida; con la renuncia en aras del bienestar
133
general y para el logro de una patria econmicamente redimida del gusto por
la vida dispendiosa y frvola que se ha generalizado tanto en el pas; echar las
bases estructurales, a prueba de sismos econmicos, de una nacin que se au-
toabastezca en sus consumos fundamentales y que no siga importndolos en
esos barcos que ahora mismo estn abarrotando los muelles de La Guaira y
Puerto Cabello; lograr que se sienta ms orgullo en ser un buen profesional, un
buen obrero, un buen artesano o un buen estudiante, que en cambiar de au-
tomvil todos los aos; considerar que servirle al Estado venezolano, en labo-
res orientadas hacia el bienestar colectivo, no es fcil granjera, sino una hon-
rosa oportunidad de cumplir con un deber ciudadano; erradicar de nuestra vida
pblica el odio, la retaliacin, la desconfianza, y tener los hombres y militares,
patronos y trabajadores, un alto objetivo de patria que nos redima a todos de
nuestras pequeas miserias y de nuestras limitaciones personales. Este es todo
un tentador programa por acometer, conciudadanos. Cumplido en parte du-
rante el ao prximo honraremos cabalmente, la memoria de los hombres y
mujeres de la generacin sacrificada, la de 1810; y estaremos dejndoles a nues-
tros hijos y a los hijos de nuestros hijos legado y mandato, oportunidad y com-
promiso.
Deseo a todos los venezolanos, no slo a los amigos sino aun a los adver-
sarios del orden de cosas poltico que la Nacin se dio, lo mejor para ellos y para
sus familiares en 1960. A todos, democrtica y sinceramente, les digo: FELIZ
AO NUEVO.
134
1960
135
136
14. EL TERRORISMO POLTICO
Exposicin al pas por la red de radio y televisin, con motivo de los recientes actos
terroristas. En tono de tranquila confianza Betancourt expresa nuevamente su total
seguridad en la estabilidad del rgimen, garantizada por un despliegue de fuerzas
populares con motivo del segundo aniversario del 23 de enero. Miraflores, 21 de
enero de 1960./
137
leaduras ni los paseos a El Junquito con los detenidos polticos, ya que vol-
ver a ello sera reescribir pginas espeluznantes para la sensibilidad de las per-
sonas civilizadas y humillantes para la dignidad humana, que estn muy fres-
cas en la memoria de la Nacin.
Pero de los panfletos explosivos se pas a las bombas explosivas por los irre-
ductibles enemigos de la paz y de la felicidad de los venezolanos. Sabido es que
Caracas ha vivido das de zozobra cuando en diversos sitios de la ciudad y en los
hogares de personas respetables se lanzaron bombas y cargas de dinamita. Feliz-
mente no hubo vctimas humanas que lamentar y todo se redujo a daos fsicos,
y a ese estado de preocupacin generalizada, no evaluable en trminos de dinero,
en que ha estado inmersa la ciudadana en el rea metropolitana. Contra el
bandidaje armado de explosivos ya no caban frmulas civilizadas. Y por eso se
impartieron instrucciones a las Fuerzas Policiales y a las Fuerzas Armadas de
Cooperacin para que dispararan, y no al aire, contra cualquier persona o gru-
po de personas que se localizase in fraganti en el momento de lanzar o de depo-
sitar cargas de dinamita en algn sitio de la ciudad. No fue encontrado ningn
protagonista de actos terroristas con las manos en la masa, pero para hoy y para
siempre debe quedar claro ante el pas que la orden impartida a los organismos
armados encargados de la custodia de la tranquilidad pblica es permanente, y
que no la desestimen quienes pretendan, hoy o maana, reeditar el episodio de
las bombas. La orden es sta: sobre quien sea ubicado por un cuerpo armado co-
locando una bomba o lanzndola, se aplicar la ultima ratio de una descarga. No
fue otro el mtodo que utiliz un pas como Estados Unidos para ponerle cese
al gansterismo de los aos veinte. No es otro el mtodo que recomienda hoy a
sus compatriotas el Canciller Adenauer, de la Alemania Occidental, cuando pide
que se golpee duro y en la nuca a quien sea ubicado en las calles pintando la
svstica hitleriana. No es otro el mtodo que han aplicado todos los gobiernos
y pases democrticos para aplastar el terrorismo fascistoide.
El pasado lunes 11 de enero, hubo los conocidos y abochornadores sucesos
callejeros de Caracas. La irresponsabilidad de algunos agitadores de profesin y
vocacin provoc una manifestacin ilegal e injustificada de desempleados. En
ella se mezclaron agentes del complot que adelantaban los personeros de los pr-
fugos. Y el vandalismo pretendi posesionarse de la ciudad capital. La reaccin
del Gobierno es bien conocida. Hubo saldo de heridos y de un nmero aprecia-
ble de personas detenidas cuando en las calles destruan vitrinas de negocios co-
merciales, incendiaban vehculos o trataban de tomar por asalto edificios pbli-
cos. En ejercicio de atribuciones constitucionales adopt decisiones definidas,
que se mantienen y se mantendrn. Los menores de edad apresados fueron in-
ternados en institutos reformatorios de adolescentes, y si alguno no fue all sino
a otros sitios, se entregar a la tutela del Consejo Venezolano del Nio. Los
adultos fueron enviados a Guayana, no a trabajos forzados y en condiciones
antihumanas, sino recibiendo paga y protegidos en su salud, pero sometidos a
138
riguroso control del cuerpo armado y aprendiendo all, y aprendindolo por
deduccin quienes pretendan seguir en alguna oportunidad el ejemplo de aqu-
llos en su conducta del 11 de enero, que este Gobierno no est dispuesto a to-
lerar la violencia anrquica y desorbitada. Que este Gobierno es respetuoso de
la dignidad y libertades humanas, pero que la calle no le pertenece al primer
grupo de baladrones agavillados, armados de cabillas y de las llamadas bombas
Molotov, que pretenda hacerla teatro de sus desmanes. Ya un partido poltico,
el Partido Comunista, ha dicho que militantes suyos estn entre los confinados
en Guayana. Debern explicar por qu se encontraban en la calle mezclados a
los grupos antisociales. Como tambin ante los jueces debern explicar dos
miembros de este partido por qu fueron apresados en una reciente madruga-
da caraquea con armas y granadas en un automvil, siendo uno de ellos rein-
cidente, ya que en el pasado 4 de agosto fue apresado en el rea donde est
ubicado el Parlamento Nacional lanzando una bomba contra el local donde se-
siona el soberano Congreso de la Repblica. Falso es que esos apresados, o cual-
quiera otro, hayan sido torturados, porque quien lleva en los tobillos la huella
de los grillos de Gmez y hoy preside los destinos de Venezuela no tolerara que
se torturase a nadie en este pas. Pero cierto tambin es que los confinados en
Guayana, con excepcin de aquellas escasas personas a quienes se les compruebe
cabal inculpabilidad, seguirn trabajando en la carretera fronteriza con Brasil.
Quedaba, sin embargo, elusivo y sin ubicar por las policas, las que traba-
jan da y noche para lograrlo, y con incansable y meritorio celo, el foco dirigente
de los brotes terroristas y de los desrdenes callejeros. Sabido es que fue por fin
precisada la ubicacin de ese comando dinamitero y que en la captura del prin-
cipal agente de los prfugos perdi la vida un meritorio servidor de la Direc-
cin General de Polica.
La captura del individuo en cuestin fue conjunta con la de una copiosa
informacin escrita. Ello ha permitido establecer los nexos de los terroristas con
algunos elementos de las Fuerzas Armadas, con civiles ex funcionarios de la
tirana o usufructuarios durante ella de negocios ilcitos, y con la bien conocida
dictadura del Caribe, cuyo jefe tiene un casi manitico empeo en entorpecer
el desarrollo democrtico de Venezuela.
La actuacin del Gobierno fue rpida y decidida. Sin dormir, o durmien-
do muy poco, hemos estado muchos hombres en los ltimos tres das. Los re-
sultados de esa labor enrgica y coordinada me permiten hablarle al pas en un
tono de tranquila confianza, de total seguridad, en la estabilidad del rgimen.
El primer balance positivo es el de que son muy escasos los oficiales de las
Fuerzas Armadas vinculados, directa o indirectamente, a los planes descubiertos,
que comportaban no slo la eliminacin, segn expresin textual de los docu-
mentos incautados, de los lderes polticos y sindicales, sino tambin de los jefes
militares, en sus diversos escalones. Resulta hasta ahora evidente la vinculacin
directa con esos planes de unos pocos oficiales en servicio activo, ninguno de
139
ellos con cargos de comando y responsabilidad. Les espera la previsible sancin
del prolongado castigo carcelario establecido en el Cdigo Penal contra los
autores o encubridores de actos terroristas y de subversin del orden constitu-
cional que los venezolanos se dieron en librrimos o inobjetables comicios. Otro
nmero de oficiales ha sido arrestado, mientras se les somete a consejos de
investigacin. En todo caso, y ante el pas lo digo a plena voz, no se ha descu-
bierto una red conspirativa en las Fuerzas Armadas, y la mayora determinan-
te de los jefes, oficiales y personal tcnico de las F. A. N. respalda al Gobierno
que se dio la Repblica. Con apoyo en el mandato de que me invistieron los
venezolanos; con respaldo en esa mayora determinante de la oficialidad y sub-
oficiales de las cuatro Fuerzas y en ejercicio de la funcin constitucional que
tengo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, proceder con energa
para que por las vas legales, se castigue a los pocos oficiales en servicio activo
implicados en los sucesos a que se ha venido haciendo referencia. Pero tambin
en ejercicio de esa funcin constitucional que tengo de Comandante en Jefe de
las Fuerzas Armadas solicitar del Ministerio Pblico el enjuiciamiento ante los
tribunales de justicia de cualquiera persona, sea cual fuere su rango, sea perio-
dista o no periodista, que se dedique al sistemtico y antipatritico empeo de
denunciar pblicamente como supuestos conspiradores a miembros de las
Fuerzas Armadas, escogidos segn su exclusivo capricho, o que mediante una
prdica escrita incesante pretenda abrir un abismo de recelos entre el pas y su
institucin castrense. Acaso el comentario pblico que se haga de esta exposi-
cin a los venezolanos por parte de un sector bien ubicado, servir para demos-
trar que no estoy lanzando frases para que se las lleve el viento, sino tratando
de llamar a la reflexin serena a quienes caminan ruta desacertada. Si el llama-
miento no surte efecto, la palabra la tendrn entonces los jueces de Venezuela.
Se est instruyendo el respectivo sumario a los civiles apresados. Algunos
de entre ellos han admitido su plena culpabilidad. Otros son solicitados acti-
vamente por la polica. El padrinazgo amistoso no proteger ni encubrir a
nadie. Y los jueces dirn la ltima palabra. As como ser a la Organizacin de
Estados Americanos a la que, por expreso pedido del Gobierno venezolano,
corresponder actuar para que cese la activa interferencia de la dictadura domi-
nicana en la vida interna de nuestro pas, como una vez ms ha quedado com-
probado con las investigaciones que se adelantan en relacin con los actos te-
rroristas. En caso de admitirse por la O.E.A. su incapacidad para una accin
conjunta interamericana, le quedar a Venezuela el derecho soberano a hacer
respetar, por los medios enrgicos que concepte su Gobierno necesarios, el
legtimo derecho que tenemos a vivir con nuestro propio estilo democrtico de
vida, a cubierto de que desde el extranjero, en connivencia con venezolanos
renegados de la nacionalidad, armen dictadores la mano de quienes lanzan
bombas, intentan asesinar a los personeros del Poder Pblico y pretenden de-
rrocar al Gobierno Constitucional.
140
Conciudadanos:
Termino ya. Faltan apenas cuarenta y ocho horas para que se realice en Ca-
racas y en todo el pas un gigantesco despliegue de fuerzas populares con motivo
del segundo aniversario del histrico 23 de enero. Estn organizando esos actos
los partidos polticos, los sectores econmicos, los sindicatos y organizaciones
profesionales, los estudiantes, maestros y profesores, las batalladoras mujeres de
la Nacin, y afirman que ese caudaloso y tranquilo desbordamiento de multi-
tudes en la calle ser un respaldo del rgimen constitucional. Sabemos bien los
hombres que estamos asumiendo las speras tareas de la funcin pblica cun-
to acento de sinceridad hay en ese ofrecimiento. Venezuela, en todos sus esta-
mentos sociales, apoya a este rgimen que ella se dio, y contra la democracia en
funcin de Gobierno slo conspira un reducido, un minsculo grupo dictato-
rialista. Pero es mi deber, y voy a cumplirlo, el de prevenir a los organizadores
de esos actos de dos riesgos, procedentes en algn sector bien ubicado de la po-
ltica nacional, que se corre con esas manifestaciones. Riesgos que de no evitarse
le restaran eficacia real a la finalidad que con esos actos masivos se persigue.
El primero de ellos, que se pretenda utilizar esas manifestaciones para des-
atar hostilidad contra el capital inversionista extranjero y contra Estados Uni-
dos. El capital extranjero lo necesita Venezuela para contribuir al avance de
aquel sector de nuestra economa que no pueda crecer y desarrollarse con los
solos recursos de la capitalizacin nacional; y con Estados Unidos y su Gobierno
mantienen nuestro pas y su Gobierno relaciones normales. Si otros pases no
estn en situacin similar, hacemos votos porque se restablezca el buen enten-
dimiento interamericano, as como nos han parecido favorables ya no en el
mbito continental sino en el mundial los viajes amistosos de los dirigentes
polticos soviticos a Estados Unidos y los de este pas a Rusia. Pero no pode-
mos ni debemos ir ms all de esos buenos votos, y de realizar como Gobier-
no gestiones indirectas para lograr que se limen recelos y cesen las pugnacida-
des entre gobiernos del continente. Nosotros, los venezolanos, debemos actuar
y proceder como venezolanos, y no importar, sin beneficio de inventario, lo que
alguien ha llamado los odios estratgicos. Estamos empeados en servirle a
nuestro pas, en ponerlo a marchar y nada ganaremos con hacerlo escenario, a
control remoto, de episodios de la guerra fra. En el intransigente venezola-
nismo de Simn Bolvar, debemos abrevar leccin y rumbo para nuestra con-
ducta en materia de poltica internacional. No seamos satlites y segundones
embobalicados de conductas ajenas. Tengamos la nuestra propia.
El otro riesgo de las manifestaciones de pasado maana es el de que trate de
utilizarlas el sector poltico sin sitio en la coalicin, y algunos cabezas-calientes
de militantes en los partidos coaligados y con responsabilidades de gobierno, para
acusar al rgimen democrtico de inmovilista, de despreocupado ante los acucian-
tes problemas colectivos, de entregado a un dulce nirvana inoperante ante los
problemas del pas, entre ellos el de la desocupacin y el costo de la vida. Mani-
141
festaciones bajo el signo del oposicionismo regimentado sostendran al Gobierno
como sostiene la cuerda al ahorcado. Lo responsable es admitir que este Go-
bierno, dentro de las dificultades inherentes a una gestin legataria de muchos
aos de irresponsabilidad, con errores pero tambin con aciertos, s est afron-
tando los problemas colectivos, s est combatiendo el atraso, la pobreza, la in-
cultura. En todos los pueblos o caseros venezolanos se est haciendo sentir la
obra constructiva del rgimen democrtico. El estmulo a la produccin, nica
forma real de abaratar el costo de la vida, se expresa en cifras y en hechos que estn
a la vista de quienes quieran ver. No slo con obras pblicas y creacin de fuentes
permanentes de trabajo se est combatiendo el desempleo, sino apelndose tam-
bin a la colaboracin del sector privado. Esta misma noche, dentro de pocos mo-
mentos, me reunir en Miraflores con varios centenares de industriales y de hom-
bres de empresa venidos de los cuatro costados de la Repblica, quienes traen
proposiciones concretas para cooperar con el Gobierno en el empeo que se ha
trazado, para alcanzar una meta enrgicamente perseguida, pero no alcanzable
fcilmente: que no haya desocupados en el pas; que se logre el empleo pleno; que
todo venezolano pueda ganarse su vida honorablemente, no en nuevos planes de
emergencia, los cuales no volvern, sino en trabajo reproductivo y til.
Conciudadanos:
Concluyo dicindoles a los venezolanos que pueden dormir tranquilos,
trabajar tranquilos; soar, amar, vivir tranquilos. Sobre los destinos del Gobier-
no surgido de sus votos ningn riesgo grave se cierne. Los enemigos de la paz
pblica y de la felicidad nacionales sern reducidos progresivamente a la ms
cabal impotencia. Las dificultades econmicas que vive el pas en esta etapa de
transicin hacia una moderna sociedad industrializada sern vencidas. Tenemos
potenciales de riqueza, unos en explotacin y otros explotables, de extraordi-
naria magnitud, y bajo un rgimen responsable y preocupado estn siendo
puestos al servicio de la colectividad. Y tenemos, sobre todo y antes que todo,
un pueblo hecho de buen material humano, el cual siempre ha sabido responder
a los mensajes de contenido revolucionario y porvenirista, a los mensajes de
equipos conductores animados de mstica nacional. Esa mstica la tenemos los
hombres hoy al frente de las distintas instituciones de la Repblica y por eso no
es frase de compromiso, sino profeca que se convertir en realidad, la de que
Venezuela est caminando por la recta senda y que el porvenir nos deparar
maana el generoso fruto logrado de los esfuerzos de hoy.
142
15. EL PRIMER AO DE GOBIERNO
En discurso pronunciado en la Plaza OLeary, para conmemorar el primer ao del
Gobierno Constitucional, Betancourt exalta la decisin de los venezolanos de
erradicar los sistemas de fuerza y arbitrariedad. Momento oportuno para esbozar
-entre otros temas- las tesis nacionalistas y la poltica internacional del gobierno.
El Silencio, Caracas, 13 de febrero de l960./
143
Excluido de esta coalicin ha estado, y estar durante los cuatro aos res-
tantes de mi Gobierno, el Partido Comunista, y nadie puede extraarse de ello,
porque implcitamente fue excluido ese partido de una posible cooperacin
gubernamental cuando se firm el 31 de octubre de 1958 el Pacto de las Or-
ganizaciones Nacionales. Y aqu mismo, desde esta misma tribuna, el 5 de di-
ciembre de 1958, dije que si sala electo por el voto de los venezolanos, mi
Gobierno respetara el derecho de los comunistas a actuar como partido en la
vida nacional; pero que no se les llamara a colaborar en el Gobierno, ni influi-
ran en las decisiones del Gobierno, porque su filosofa es incompatible con la
filosofa democrtica del Estado venezolano, y porque su posicin en poltica
internacional no solamente no coincide, sino que colide, choca y pugna con los
mejores intereses nacionales de Venezuela.
Al Abate Sieyes, uno de los elaboradores de la Declaracin de los Derechos
del Hombre en la Revolucin Francesa, se le pregunt, despus de los das del
terror jacobino, cuando sorpresivamente apareci en las calles de Pars, qu
haba hecho durante esos largos meses en los cuales funcionaba tan eficazmente
la guillotina; y contest con irona: He sobrevivido. Este Gobierno no sola-
mente ha sobrevivido, sino que ha hecho obra. Este Gobierno no solamente ha
garantizado el ejercicio de las libertades fundamentales, no solamente ha res-
petado los derechos de organizacin poltica y sindical: setecientos sindicatos
ms se han legalizado, y durante el lapso de su gestin se han creado la Con-
federacin de Trabajadores de Venezuela y la Federacin Campesina de Vene-
zuela; no solamente ha garantizado la libertad de prensa y de informacin ra-
dial o escrita; no solamente ha hecho desaparecer de Venezuela la pesadilla de
los asaltos a medianoche de la Seguridad Nacional; no solamente ha erradica-
do del pas el miedo al Gobierno, pues se le puede criticar y se le critica todos
los das, abierta y libremente, desde las pginas de la prensa. Este Gobierno ha
hecho ms que todo eso, ya de por s importante. Tambin ha emprendido una
obra fiscal y administrativa, enderezada no slo a ponerle cese al desbarajuste
que dejaron diez aos de desgobierno, sino a echar las bases de una Venezuela
nueva, en posesin de su propio destino.
No voy en esta oportunidad, porque sera de mi parte un abuso, a atosigar-
los con un cmulo de cifras. Ya los pacientes parlamentarios, los Honorables
Senadores y Diputados de la Repblica, tendrn la oportunidad de escuchar el
prximo abril esa sucesin de cifras reveladoras de cmo en este ao de Gobier-
no se les ha dado un impulso fundamental a la economa, a la produccin, a la
educacin, a la vivienda, en este pas. En esa misma oportunidad ser presen-
tado a la consideracin del Congreso un Plan de cuatro aos, un Plan articu-
lado de realizaciones hasta 1964. Este Plan est en gran parte ya elaborado. Ser
discutido previamente por los gobernadores de Estado en la convencin que
realizaremos el prximo 22 de febrero. Ser discutido en los partidos polticos,
con los sectores obreros, con la Federacin de Cmaras y Asociaciones de Co-
144
mercio y Produccin, con la Asociacin Bancaria, con todos aquellos que ten-
gan una palabra para decirla y una opinin para aportarla. Porque ste no es un
Gobierno de ensimismados eglatras, sino de gente que solicita y escucha las
reacciones de la opinin pblica. Este Gobierno no tiene nombre ni apellido.
Este Gobierno es un gobierno de coalicin, y sus aciertos y errores no son acier-
tos y errores del Presidente de la Repblica, sino aciertos y errores del equipo
ministerial donde estn hombres de Accin Democrtica, de Copei y de U. R.
D., donde estn ciudadanos polticamente independientes. Son aciertos y erro-
res de una coalicin que no es un arbitrio transitorio, sino que debemos con-
servar y mantener. Si algo le ha hecho dao a este pas, gobernado tantas veces
a travs de su dolorosa historia republicana por dspotas imperiosos y arbitra-
rios, es que en los contados parntesis de regmenes de derecho las fuerzas
polticas se han convertido en facciones empeadas en una agria controversia,
canibalesca y agresiva. Es necesario que establezcamos una pausa en la discor-
dia interpartidaria; que hombres de todas las tiendas polticas y ciudadanos
polticamente independientes, nos empeemos todos en meterle el hombro a
Venezuela y en no seguir recostados en el muro de lamentaciones por cuanto
no hemos hecho por Venezuela.
Aqu tengo en las manos la demostracin de cmo es posible, por las vas
de la discusin y del avenimiento, y siempre que se mantengan la entente y el
acuerdo entre los tres grandes partidos nacionales, llegar a soluciones favorables
para la Repblica. Aqu se me informa que esta noche ser discutido el contrato
entre las compaas petroleras y la Fedepetrol. Ese contrato significa un aumen-
to en sueldos, salarios y prestaciones sociales para los trabajadores del oro ne-
gro, estimable en 330 millones de bolvares. Y a ello se ha llegado mediante el
sistema normal de regateo entre las partes y sin que se hayan conmovido las
bases de la economa nacional con una huelga como esa que durante tantos
meses hubo entre los industriales y los trabajadores del acero en Estados Uni-
dos. Ese acuerdo indica que es cierta la tesis del Gobierno por m presidido de
que hay dos formas de hacer nacionalismo: el nacionalismo demaggico, pa-
labrero y gritn; o el nacionalismo que defendiendo los intereses de Venezue-
la y de sus trabajadores, no est importando del exterior lo que se ha bien de-
finido como odios estratgicos.
Esto me lleva de la mano a plantear nuestra posicin frente al capital extran-
jero. Nuestra poltica es definida. Nosotros conceptuamos que con los solos
ahorros venezolanos no podemos desarrollar cabalmente nuestras fuentes de
riqueza, y que esto es particularmente peligroso, porque con los avances de la
tcnica moderna, riqueza que no se desarrolla hoy podr ser dentro de algunos
aos obsoleta (para usar una palabra que cordialmente se me ha ironizado). Pero
la posicin nuestra est definida; el capital extranjero vendr a Venezuela, no
a aspirar a privilegios especiales, ni a pretender que nosotros procedamos como
los ingenuos aborgenes del siglo XV, quienes cambiaban su oro por collares de
145
vidrio. Tenemos conciencia del valor de nuestras riquezas y no estamos dispues-
tos a entregrselas a cualquier precio al primer postor.
La segunda tesis es que nosotros, a todo aquel que quiere invertir dinero en
Venezuela, lo orientamos hacia aquellas ramas de la produccin en las cuales no
haya un desarrollo autctono, propio, venezolano; y en todo caso, planteamos
como una de las condiciones que conceptuamos necesarias, que procure aso-
ciarse con capital venezolano. Pero al propio tiempo nosotros no adoptamos una
actitud de irreflexivo y agresivo celo xenfobo, porque quedaramos aislados en
un mundo donde los pases subdesarrollados, o insuficientemente desarrolla-
dos, estn buscando la cooperacin del capital extranjero para desarrollar sus
fuentes propias de riqueza. Nosotros, frente a las compaas petroleras, tene-
mos una posicin muy definida y muy clara: estn aqu; tienen invertidos ms
de dos mil millones de dlares en la industria fundamental del pas; estn pa-
gando razonables impuestos, los impuestos establecidos por un decreto que es
honra de la Junta de Gobierno Provisional; estn pagando salarios altos a sus
trabajadores; no tendrn ms concesiones en Venezuela, porque mientras yo
gobierne, ni un centmetro de territorio venezolano*. Vamos a establecer la
empresa nacional del petrleo, que ya est siendo estudiada por la Comisin de
Energa creada por el Gobierno para coordinar cuanto se refiera a produccin
energtica en el pas. Esta compaa nacional del petrleo va a actuar como
explotadora, productora y refinadora del aceite negro, porque treinta aos
despus de establecida la industria del petrleo en el pas, es una vergenza para
los venezolanos el que nosotros no manipulemos directamente una parte de la
produccin. Cada vez que se ve amenazada la estabilidad de los precios del
petrleo, y al propio tiempo los ingresos de la nacin venezolana, actuamos con
decisin. As presentamos un razonado memorndum crtico al Gobierno de
la Gran Bretaa, cuando una compaa vinculada a la Corona rebaj los pre-
cios; y as fuimos, sin consultar a ninguna Cancillera ni a ninguna compaa
petrolera, hasta el Congreso Panarbigo del Medio Oriente, reunido en Egip-
to, para tratar de articular un frente de los pases productores a fin de que se
mantenga un precio estable y alto en el crudo que ellos y nosotros producimos.
Ese es nuestro nacionalismo, un nacionalismo que sirve a los intereses de
Venezuela y no a los intereses de una potencia que no es Venezuela. No es nin-
guna desviacin en esa lnea nacionalista la decisin adoptada por el Gobier-
no de Venezuela, con el apoyo de los partidos de la coalicin, de contratar un
emprstito en Estados Unidos por unos doscientos millones de dlares. El ori-
gen de este emprstito es muy claro, compatriotas. Nosotros heredamos de la
dictadura unos presupuestos altsimos, que no correspondan a los ingresos
reales del pas. Los dficits de esos presupuestos, en aquella parte que no deri-
146
vaba a los bolsillos y a las cuentas particulares de los beneficiarios del rgimen,
se cubran mediante el sistema de deudas, de deudas invisibles, que fueron del
monto de casi 5.000 millones de bolvares y que hemos ido pagando, el Gobier-
no Provisional y nosotros. Se le dijo al pas que una parte del presupuesto 1959-
60 iba a ser cubierto mediante un emprstito interno; pero vino la contraccin
bancaria, no resultado de conspiracin bancaria, sino que los Bancos prestaron,
en 1959, mil millones de bolvares ms que en 1958. No era ya posible el
emprstito interno. Y hay una serie de obras fundamentales que estn en marcha
y no pueden ni deben ser paralizadas. Hay que darle dinero a la Corporacin
de Fomento para que contribuya a impulsar el acelerado desarrollo industrial
del pas, al extremo de que el ao pasado se invirtieron 500 millones de bol-
vares ms que en 1958 en industria, y se aument en 126.000 las ocupaciones
de trabajadores en las industrias. Hay que darle dinero al Banco Obrero, para
que pueda seguir ejecutando su plan en toda la Repblica, un plan de inversio-
nes en marcha, de 260 millones, mediante prstamos, mediante construccio-
nes, no slo en Caracas y en multifamiliares, sino en ochenta poblaciones dis-
tribuidas en todo el mbito de la Repblica. Hay que darle dinero al Instituto
Agrario Nacional, porque pasado maana va a ser sancionada por el Congre-
so la Ley de Reforma Agraria, y en la misma noche en que sea sancionada, en
acto solemne que se realizar en Miraflores, va a recibir el ejectese presiden-
cial, y vamos a cumplir as uno de los codicilos olvidados del estamento agra-
rista de Simn Bolvar. Y se necesita ese dinero para continuar obras tiles,
porque aqu ya no se estn construyendo ms telefricos ni ms edificios osten-
tosos, sino que se estn construyendo escuelas, se estn construyendo hospitales,
se estn construyendo acueductos y represas, carreteras y caminos vecinales.
Por esas circunstancias, va a ser necesaria la contratacin de ese emprsti-
to, el primero y ltimo a corto plazo que se contrata bajo el Gobierno que
presido, y que ser pagado totalmente el 1 de abril de 1964. No estamos ena-
jenando nuestra soberana, como no la est enajenando la India de Nehru que,
segn ha informado ya el cable, acaba de contratar un emprstito de 1.360
millones de rublos con Rusia. Nosotros no contratamos emprstitos en rublos,
porque el rublo no tiene poder adquisitivo en el rea del dlar, que es el rea
dentro de la cual nos movemos. Pero ni la India de Nehru ni la Venezuela
nuestra est hipotecando su soberana porque utilizan el crdito. Es ms, com-
patriotas. En el Plan de cuatro aos que va a ser presentado al Congreso Na-
cional el prximo abril, est previsto un programa mnimo, realizable con re-
cursos nacionales, en tres aspectos: electrificacin, riego y telecomunicaciones.
Pero hemos iniciado conversaciones con entidades internacionales (no con
Bancos privados) para ver si es posible que nosotros realicemos ms acelerada-
mente la electrificacin nacional, que realicemos ms aceleradamente una po-
ltica de represamiento de agua, porque en este pas no podr haber realmen-
te una agricultura y una ganadera desarrolladas mientras tengamos apenas
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250.000 hectreas con riego permanente y estemos sometidos a las alternativas
de la sequa y de las lluvias. Y por ltimo, un plan de telecomunicaciones que
nos permita comunicarnos en esta inmensa rea geogrfica de un milln de
kilmetros cuadrados. Si es posible financiar en el Banco Mundial la realizacin
de planes ms agresivos de electrificacin, de riego y de telecomunicaciones en
los prximos cuatro aos, no tendr ningn inconveniente en decirle al pas que
contratemos un gran emprstito para ser pagado en veinte aos; pero que las
generaciones actuales ya comiencen a beneficiarse de un avance poderoso del
desarrollo econmico y del bienestar popular.
Eso permitira que gastos ordinarios destinados a electrificacin, a represas
y a telecomunicaciones, se inviertan en la reforma agraria; se inviertan en la
poltica de la vivienda; se inviertan en aumentar las camas de los hospitales,
porque tenemos un dficit extraordinario de ellas; se inviertan en darles agua
potable a los centenares de poblaciones y a los millares de caseros de Venezuela,
que estn murindose de sed. Y todo esto puede plantearse ante ustedes, a la faz
de la Nacin venezolana, y es que si puede haber dudas con respecto a las fina-
lidades a las que vayan a aplicarse los dineros de un emprstito, no las hay en
los venezolanos acerca de la honradez con la cual se estn manejando ahora los
dineros de los contribuyentes. El 18 de octubre de 1946, entonces como Pre-
sidente de un gobierno de facto, ante una multitudinaria concentracin tam-
bin reunida en El Silencio, dije lo que aqu quiero repetir: que yo, y los Mi-
nistros, y mis inmediatos colaboradores, podemos ensear nuestras manos para
que en ellas se rastree siquiera la huella de un bolvar mal habido.
Se rumora por ah, en los mentideros de la calle, que continan los porcen-
tajes, que hay funcionarios del Gobierno beneficiarios del trfico de influencias;
pero quiero decirles aqu pblicamente a siete millones de venezolanos, que si
hay inmoralidad administrativa perviviente (en mucho menor grado de la an-
terior) se debe a falta de decisin de los propios venezolanos. Est funcionando
un Tribunal contra el Enriquecimiento Ilcito, donde cualquiera puede ir a de-
nunciar a cualquier funcionario, cualesquiera que sean su rango y su posicin,
cualquiera que sea el partido poltico donde milite, que le haya propuesto un
negocio turbio. No se tiene desde Miraflores un sistema de radar extendido a
toda la Repblica, para poder ubicar cul funcionario es deshonesto o concusio-
nario; pero los mil ojos de Argos del pueblo de Venezuela deben sealar y ais-
lar a cualquiera que est incumpliendo con las inflexibles normas de moralidad
administrativa que estamos obligados a cumplir, porque esa fue promesa de todos
los partidos, porque es deseo vehemente de todos los venezolanos, porque es una
indispensable necesidad de moral pblica, de sanidad administrativa.
Conciudadanos:
Llevo ya mucho tiempo hablando. Quiero referirme a cul ha sido nuestra
poltica exterior. Esa poltica exterior ha estado signada del sentido de respon-
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sabilidad nacional y de consecuencia a los ms profundos y vehementes impul-
sos de solidaridad americanista de nuestro pueblo. En poltica exterior, en las
Naciones Unidas, hemos respaldado decididamente las ansias de autogobierno
y de liberacin de los pueblos asiticos y africanos que an estn bajo el dominio
de naciones europeas, y as somos leales y consecuentes con la tradicin que nos
viene de la generacin anticolonial de 1810. En las Naciones Unidas vamos a
presentar dentro de un tiempo prudencial, porque el instrumento necesita ser
elaborado, un proyecto de Convencin segn el cual los dineros desfalcados
a los pueblos por gobernantes suyos inescrupulosos, puedan ser perseguidos
cualquier que sea el sitio donde los tengan depositados. Mantenemos relacio-
nes de amistad cordial con los gobiernos democrticos de Amrica, una posi-
cin de discreta tibieza diplomtica con determinadas dictaduras, y una acti-
tud decididamente beligerante frente a la que es vergenza de Amrica y
escarnio del sistema jurdico regional. Le hemos prestado un gran servicio a
Amrica presentando ante el consejo Directivo de la Organizacin de Estados
Americanos una acusacin contra las violaciones a los derechos humanos en la
Repblica Dominicana, y no cejaremos hasta que sea erradicado ese gobierno
de una organizacin que, segn su carta constitutiva, est integrada slo (o debe
estar integrada slo) por gobiernos nacidos de votacin directa, universal y
secreta; y por gobiernos que sean respetuosos de los derechos humanos.
Nuestras relaciones internacionales estn orientadas tambin en el sentido
de buscar acuerdos y entendimientos en el orden econmico con los pases de
nuestra misma raza y de nuestra misma lengua. Recordamos el apotegma siempre
vigente de Simn Bolvar: Slo la unin de los pueblos latinos de Amrica los
har grandes y respetables ante las dems naciones. Fieles a ese pensamiento,
hemos establecido con los gobiernos de Colombia, de Ecuador y de Panam
comisiones mixtas que estn estudiando acuerdos de carcter comercial y de
carcter cultural. En mis conversaciones con el Presidente de Mjico estuvo
ausente lo frvolo y lo trivial, y llegamos a ciertos acuerdos bsicos que van a
permitir una mayor corriente de relaciones econmicas entre Mjico y Venezuela.
Conciudadanos:
No quiero afirmar (porque no acostumbro a utilizar la tribuna para decir
falsedades) que en este ao de gobierno se han solucionado los problemas de
Venezuela. Hoy declaraba a un periodista, quien me preguntaba cul era el
momento ms emocionante para m durante este ao de gobierno, y le contes-
taba dicindole que, adems de aquel estelar, inolvidable, en que recib la Banda
tricolor de manos de mi fraternal amigo el doctor Ral Leoni, los momentos
de emocin eran reiterados cada vez que en mi frecuente contacto con el pueblo
de Caracas y del interior de la Repblica me rodeaba la fervorosa cordialidad
conciudadana, y eso a sabiendas de que sus problemas no haban sido resuel-
tos. No hemos podido terminar con la desocupacin, porque en doce meses no
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se puede resolver un problema de tantos aos; pero mienten quienes dicen que
hay ms desocupacin ahora que el 13 de febrero de 1959. La desocupacin an
no ha sido absorbida, pero estamos procurando afanosamente absorberla. La
desocupacin mayor en Caracas es de obreros de la construccin, y estamos
dando avales, y prstamos directos, a una serie de empresas para que utilicen
trabajadores. Estamos discutiendo con la Cmara de la Construccin la posi-
bilidad de que se inicien algunas grandes obras con pago diferido, para absor-
ber desocupacin. Y el gobierno ha tenido una actitud de largas discusiones en
torno a la Ley de Alquileres, antes de ser presentada al Congreso, porque esta-
mos buscando la frmula que garantice al propio tiempo una rebaja lgica y
justa en los alquileres, y un estmulo a la iniciativa privada en la industria de la
construccin. Se ha rebajado ya el precio de las medicinas, y en las ltimas
semanas se ha realizado una batida a fondo contra la especulacin y el agio, a
fin de impedir que se especule con los artculos de primera necesidad. Aun
cuando estamos convencidos de que slo con un desarrollo vigoroso de la pro-
duccin agrcola y pecuaria terminaremos definitivamente con esa calamidad
crnica del alto costo de la vida en Venezuela, hay paliativos por aplicar, y esos
paliativos se estn aplicando. Pero el xito logrado en la campaa contra el agio
y la especulacin pone de relieve que no basta con los instrumentos y recursos
del Gobierno. Es necesario que toda la colectividad coopere y colabore con el
Gobierno. Esas mil mujeres que se reunieron en una radiodifusora de Caracas,
para ofrecerse como fiscales espontneos y no remunerados en la lucha contra
el agio y la especulacin con los artculos de primera necesidad; esos esfuerzos
que ya se perciben para organizar cooperativas de consumo, todo ello est re-
velando cmo la ciudadana venezolana se convence de que el Gobierno solo,
con sus solos recursos, no puede solucionar todos los problemas. Y debo decir
aqu que esta lucha contra la especulacin y el agio no llevar en ningn mo-
mento al Gobierno a la venta de artculos por debajo de su costo racional,
porque no queremos arruinar al pequeo comercio, al comercio distribuidor,
en el que se encuentran algunos especuladores y agiotistas, pero cuya inmen-
sa mayora es de individuos que estn ganndose su vida honorablemente de-
trs del mostrador de una pulpera.
Conciudadanos:
Unas palabras sobre el problema que est planteado y que no puede eludir-
se. He visto con alarma despuntar cierta agresividad o xenofobia contra el in-
migrante. El Gobierno est haciendo cumplir y seguir haciendo cumplir, en
una forma rgida, lo relacionado con el porcentaje de venezolanos que debe
trabajar en todo establecimiento, sea de la construccin, sea comercial o sea
industrial, en el pas. Pero esto no significa que en Venezuela, un pas abierto
y hospitalario, se siembre zozobra en torno a personas que aqu viven, que tie-
nen aqu sus familias, que tienen hijos ya nacidos en Venezuela y que por eso
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mismo son venezolanos. Por eso quiero hacer un llamamiento al pueblo de
Venezuela para que adopte una actitud de comprensin y de acogida hacia el
inmigrante laborioso; porque de los tahres se est encargando la Direccin de
Extranjera. Silenciosamente los hemos ido sacando por docenas del pas, por-
que aqu no los necesitamos.
Y al hablar de inmigracin quiero aqu rendir pblicamente homenaje a un
yugoeslavo de apellido complicado, a quien en los Llanos de Portuguesa llaman
sencillamente Mitar. Ha ganado el premio de conservacin de recursos na-
turales renovables. Este yugoeslavo ha dirigido la reforestacin de 500 hect-
reas en las mrgenes y cabeceras del ro Araure, y ya tenemos asegurada agua
abundante para los acueductos de Araure y Acarigua. Ha sido baqueano en una
obra que estamos nosotros realizando en todo el pas, una obra silenciosa, una
obra que no es espectacular como los telefricos*. Cinco millones fueron asig-
nados en el presupuesto extraordinario para esa obra, y tal vez quince en el
prximo. Se trata, compatriotas, de reforestar las cabeceras de los ros, reforestar
la cabecera del ro Tuy, del ro Tocuyo, de los ros andinos. La tala inexorable,
inmisericorde, criminal de los bosques, es una de las causas, unida a la irrespon-
sabilidad administrativa de la dictadura, por las cuales se est sufriendo en
Caracas de la sequa actual. De paso quiero decirles que el ao que viene tam-
bin habr restricciones de agua; pero que en 1962, cuando ya tendremos cons-
truida una gran represa, terminar el padecimiento de la poblacin caraquea
con respecto del agua.
Antes de terminar, quiero referirme a una institucin y a tres hombres. Esa
institucin a que voy a referirme es la institucin armada. Aqu mismo dije, el
5 de diciembre de 1958, que si era electo por el pueblo de Venezuela tendr