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F. Nietzsche, Textos Seleccionados Por G. Deleuze.

Este documento contiene 4 secciones que resumen las ideas de Nietzsche sobre el filósofo. La primera sección describe al filósofo como alguien que tuvo que disfrazarse históricamente como sacerdote u hombre religioso para poder existir. La segunda sección caracteriza al filósofo como crítico que derriba ideales falsos para revelar la verdad. La tercera sección presenta al filósofo como alguien intempestivo que critica la visión del estado como meta suprema. La cuarta sección sugiere que el filóso

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F. Nietzsche, Textos Seleccionados Por G. Deleuze.

Este documento contiene 4 secciones que resumen las ideas de Nietzsche sobre el filósofo. La primera sección describe al filósofo como alguien que tuvo que disfrazarse históricamente como sacerdote u hombre religioso para poder existir. La segunda sección caracteriza al filósofo como crítico que derriba ideales falsos para revelar la verdad. La tercera sección presenta al filósofo como alguien intempestivo que critica la visión del estado como meta suprema. La cuarta sección sugiere que el filóso

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ExTRAcTos

LI _ S 7 1

[Cada vez que cortamos un texto de Nietzsche, los


puntos suspensivos van entre corchetes.- Cada vez
que citamos un texto tomado de las notas, la refe-
rencia va precedida de un asterisco.]

A) QUE Es UN PILOSOPO?
actuar de manera intempestiva,
es decir, contra el tiempo y, as, sobre
el tiempo y, espero, a favor de un
tiempo por venir. (Consideraciones
intempestivas)

1. EL PILOSOPO ENMASCARADO
El espritu filosfico en un principio ha tenido siempre
que disfrazarse y permanecer larvado en los tipos anterior-
mente fijados del hombre contemplativo, a guisa de sacer-
dote, hechicero, adivino, en general de hombre religioso,
para en alguna medida siquiera ser posible: el ideal asctico
durante mucho tiempo le ha servido al lsofo de forma de
aparicin, de presupuesto de existencia - tuvo que repre-
sentarlo para poder ser filsofo, tuvo que creer en l para

65
I Nietzsche

poder representarlo. El ademn de apartamiento de los


lilsofos, peculiarmente negador del mundo, hostil a la
vida, incrdulo para con los sentidos, desensualizado, el
cual ha sido mantenido hasta poca muy reciente y que,
con ello, ha ganado vigencia casi como actitud defilsofo por
excelencia - esa actitud es ante todo una consecuencia de
la precariedad de las condiciones bajo las que la losofa en
general naci y subsisti: en la medida, a saber, en que por
mucho tiempo la losofa no hubiera sido en absoluto posible
en la tierra sin una cscara y una Vestidura ascticas, sin un
asctico equvoco acerca de s. Dicho de manera gr ca y
clara: el sacerdote asctico ha mostrado hasta poca muy
reciente la repulsiva y sombra forma de larva, nica bajo la
cual a la losofa le fue dable vivir y andar con sigilo... De
veras ha cambiado esto? El multicolor y peligroso bicho
alado, ese espritu que esta oruga encerraba dentro de s,
de veras ha acabado al fin, gracias a un mundo ms solea-
do, ms clido, ms despejado, por abandonar su hbito y
ha podido salir a la luz? Existe hoy ya bastante orgullo,
osada, arrojo, aplomo, voluntad del espritu, voluntad de
responsabilidad, libertad de la voluntad, como para que ver-
daderamente de ahora en adelante en la tierra el lsofo
- sea posible ?.. (La genealoga de la moral, III, 10.)

2. EL FILsOPO cRTIcO
Soy un discpulo del lsofo Dinisos, preferira ser un
stiro antes que un santo. [...] Lo ltimo que yo prometera
sera <<mejorar ala humanidad. No hay nuevos dolos eri-
gidos por m; que los antiguos aprendan el costo de tener-
' EDCITGICIZOS

se sobre pies de barro. Derribar dolos (mi palabra paraide-


ales) - eso s es ya cosa de mi oficio. A la realidad se la ha
despojado de su valor, de su sentido, de su veracidad en la
medida en que se invent mendosamente un mundo ideal...
El mundo verdadero y el mundo aparente - dicho sin
ambages: el mundo mentido y la realidad... La mentira del
ideal fue hasta ahora la maldicin que penda sobre la rea-
lidad, por ella la humanidad misma ha sido hecha mendaz
y se ha vuelto falsa hasta en sus instintos ms bajos - hasta
adorar los valores inversos de aquellos nicos que habran
sido para ella garanta de prosperidad, de futuro, del eleva-
do derecho al futuro.
- Quien sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es
un aire de alturas, un airefuerte. Uno tiene que estar hecho
a ese aire, de lo contrario se corre el peligro no pequeo de
resfriarse en l. El hielo est cerca, la soledad es inmensa
mas, qu tranquilas yacen las cosas todas en la luz! , cun
libremente respira uno!, cuntas cosas siente uno debajo de
s! - La losofa, tal como hasta ahora yo la he entendido
y vivido, es vivir de grado en el hielo y en la alta montaa
- es buscar todo lo extrao y lo problemtico en el existir,
todo lo que hasta ahora haba sido proscrito por la moral.
A partir de una larga experiencia, proporcionada por ese
andar en lo prohibido, aprend a ver de manera muy distin-
ta de lo que sera deseable las causas por las cuales hasta
ahora se ha moralizado e idealizado: la historia oculta de los
filsofos, la psicologa de sus grandes nombres es lo que se
me revel. - Cunta verdad soporta, cunta verdad osa un
espritu?, esto es lo que se fue convirtiendo para m, cada
vez ms, en autntico medidor del valor. El error ( -la cre-
encia en el ideal -) no es la ceguera, el error es la cobarda...
k Nietzsche

Cada conquista, cada paso adelante en el conocimiento se


sigue del coraje, de la dureza para consigo, de la limpieza
para consigo... Yo no refuto los ideales, solamente me
pongo guantes ante ellos... Nitimur in vetitum: bajo este
signo vencer un da mi losofa, pues hasta ahora se
prohibi por principio siempre slo la verdad. - (Ecce
Homo, Prlogo, 2-3.)

3. EL P1LsOPO INTEMPESTIVO
Aqu, empero, vivimos las consecuencias de esa doctrina
recientemente predicada desde todos los tejados de que el
Estado es la meta suprema de la humanidad, y que para un
hombre no hay deberes ms altos que servir al Estado: en
donde no reconozco yo una recada en el paganismo, sino
en la necedad. Puede ser que un hombre as, que ve en el
servicio al Estado su ms alto deber, no conozca realmente
deberes ms altos; pero por eso hay ms all, con todo,
otros hombres y otros deberes y uno de estos deberes,
que al menos para m cuenta ms que el servicio al Estado,
manda destruir la necedad en cualquiera de sus formas, por
ende tambin esa necedad. Por eso me ocupo aqu con una
especie de hombres cuya teleologa seala algo ms all del
bienestar de un Estado, con los filsofos, y con stos slo en
lo que toca a un mundo que, a su vez, es bastante indepen-
diente del bienestar del Estado: la Cultura. De los muchos
anillos que, en una mutua ligazn sin orden ni concierto,
constituyen la comunidad humana, algunos son de oro y
otros de tumbaga.
Ahora bien, cmo considera el lsofo la Cultura en
Extractos

nuestro tiempo? Desde luego que de modo muy distinto a


esos catedrticos de losofa contentos en su Estado. Casi
le pasa como si estuviera percibiendo los sntomas de un
completo exterminio y desarraigo de la Cultura, cuando
piensa en esa universal prisa y en esa creciente velocidad de
cada, en el cese de toda sosegada contemplacin y simpli-
cidad. Las aguas de la religin ya no uyen y dejan tras de
s pantanos O estanques; las naciones se dividen de nuevo
con inusitada hostilidad ansiando despedazarse. Las cien-
cias, cultivadas sin ninguna medida y en la ms ciega espe-
cie de laisser faire, destrozan y disuelven toda creencia
firme; los estamentos y los Estados cultivados son arrastra-
dos por una economa financiera grandiosamente displi-
cente. Nunca fue el mundo ms mundo, nunca fue tan
pobre en amor y bondad. Los estamentos cultos han deja-
do de ser faros o asilos en medio de toda esa mundanal
inquietud; ellos mismos devienen cada da ms inquietos,
ms carentes de ideas y de amor. Todo sirve a la barbarie
venidera, el arte y la cienciafactuales inclusive. El hombre
cultivado ha degenerado hasta convertirse en el mayor ene-
migo de la cultura, pues que pretende- escamotear mendo-
samente la universal enfermedad y es un obstculo para los
mdicos. Esos pobres bribones exhaustos se exasperan
cuando uno habla de su debilidad y combate su nocivo
espritu mendaz. Muy gustosamente quisieran hacernos
creer que son ellos quienes se habran llevado la palma
superando a todos los siglos, y se agitan con artificioso
regocijo. [...]
Pero, por si fuera parcial el hecho de destacar solamente la
debilidad de las lneas y el apagamiento de los colores en el
cuadro de la vida moderna, la segunda parte en cualquier
Nietzsche

caso no es en nada ms grata, sino tanto ms inquietante.


Hay ah de cierto fuerzas, fuerzas tremendas, pero salvajes,
primigenias y absolutamente despiadadas. Se las mira con
desasosegada espera, como si se mirara dentro del caldero
en la cocina de una hechicera: en cualquier instante pue-
den ah saltar chispas y centellas, anunciando terribles apa-
riciones. Desde hace un siglo no estamos preparados ms
que para conmociones fundamentales; y si recientemente
se intenta contraponer la fuerza constitutiva del llamado
listado nacional a esta profundsima tendencia moderna a
desmoronarse o a estallar, sin embargo, aqul no ser por
mucho tiempo otra cosa que el aumento de la inseguridad
y la intemperie universales. No nos engaa el hecho de que
los individuos particulares se comporten como si no supie-
ran nada de todos estos temores: su inquietud revela cun-
to saben acerca de ellos; piensan en s mismos con tamaas
precipitacin y exclusividad como nunca antes haban
pensado en s mismos los hombres, construyen y plantan
para su da de hoy, y la caza de la felicidad nunca ser
mayor que cuando hay que atraparla entre hoy y maana:
porque pasado maana acaso toque a su n cualquier tem-
porada de caza. Vivimos el perodo de los tomos, del caos
atmico. (Consideraciones intempestivas, Schopenhauer
como educador, 4.)

4. EL PiLsoPo, PisiLOoo Y MEDICO


Es la fase de la modestia de la conciencia. Al n entendemos
al yo consciente mismo slo como un instrumento al ser-
vicio de ese superior intelecto comprensivo: y entonces
EDCLVGCLIIS

podemos preguntar si todo querer consciente, si todos los


nes conscientes, si todas las estimaciones de valor no son quiz
slo medios con los que debe alcanzarse algo esencialmente
distinto de lo que parece dentro dela conciencia. A nuestro
parecer se trata de nuestro placer y displacer - pero placer y
displacer podran ser medios en virtud de los cuales tendr-
amos que realizar algo que reside fuera de nuestra concien-
cia. - Hay que mostrar hasta qu punto todo lo conscien-
te permanece en la superficie: qu distintas son la accin y la
imagen de la accin, qu poco se sabe de lo que precede a
una accin: qu fantsticos son nuestros sentimientos de
libertad de la voluntad o de causa y efecto: cmo los
pensamientos slo son imgenes, cmo las palabras slo
son signos de pensamientos: el carcter inescrutable de
toda accin: la super cialidad de toda alabanza y censura:
de qu manera tan esencial es invencin e imaginacin aquello
en lo que vivimos conscientemente, cmo en todas nues-
tras palabras hablamos de invenciones (tambin afectos), y
cmo la trabazn de la humanidad estriba en un transmitir
y en un permanente fabular estas invenciones: mientras
que en el fondo la verdadera trabazn (por procreacin)
sigue su camino desconocido. [...]
En una palabra: de lo que quiz se trata en toda la evolu-
cin del espritu es del cuerpo: es la historia deviniendo sensi-
ble del hecho de la formacin de un cuerpo superior. Lo org-
nico escala an a grados superiores. Nuestra avidez de
conocer la Naturaleza es un medio por el que el cuerpo
quiere perfeccionarse. O ms an: se hacen cientos de
miles de experimentos para modi car la alimentacin, el
modo de habitacin y de vida del cuerpo: la conciencia y
las estimaciones de valor en l, todas las especies de placer
Nietzsche

y displacer son indicios de estas modificaciones y experimentos.


Al n no se trata en absoluto del hombre: l debe ser superado.
(*l883)

5. EL PILOSOEO,
INVENTOR DE PosiBiL1DADEs DE viDA
Ahora bien, hay vidas en las que las dificultades se acre-
cientan hasta lo tremendo, las vidas de los filsofos; y es
preciso escuchar atentamente cuando se cuenta algo de
esto, pues aqu uno se entera de algo que atae a posibilida-
des de la vida, cuya sola noticia trae dicha y fuerza, derra-
mando luz sobre la vida de los que vienen despus; aqu
todo es tan inventivo, tan meditado, tan temerario y deses-
perado, a par que pleno de esperanza, como por caso los
viajes de los ms grandes navegantes; y en verdad trtase
tambin de algo de la misma especie, de circunnavegar los
ms apartados y peligrosos mbitos de la vida. Lo sorpren-
dente de tales vidas reside en que dos impulsos hostiles,
que empujan en direcciones distintas, son aqu forzados a
marchar en cierto modo bajo un nico yugo; el impulso
que quiere el conocimiento tiene una y otra vez que aban-
donar el suelo sobre el que vive el hombre y aventurarse en
lo incierto, mientras que el otro, que quiere la vida, tiene
una y otra vez que moverse a tientas hasta un sitio ms O
menos seguro en el que quepa tenerse. [...]
Por este motivo, no me canso de proponer a mi alma una
serie de pensadores, de los cuales cada uno singularmente
porta en s aquella incomprensibilidad y tiene que desper-
tar aquel asombro en lo que toca a la manera precisa en que
EXTGCIOS

encontrara su posibilidad de vida: a saber, los pensadores


que vivieron en el tiempo ms vigoroso y ms fecundo de
Grecia, en el siglo anterior a las guerras mdicas y en el
transcurso de stas: pues que estos pensadores descubrie-
ron incluso bellas posibilidades de la vida; y a mi parecer olvi-
daron los griegos que vinieron despus lo mejor de ello: y
qu pueblo podra decir hasta ahora haberlas descubierto
de nuevo? [...]
La tarea que ha de cumplir el filsofo en el seno de una
Cultura verdadera cuya ndole es conforme a un estilo uni-
tario no puede, desde nuestras circunstancias y vivencias,
ser adivinada sin ms, porque nosotros no poseemos tal
Cultura. Al contrario, slo una Cultura como fue la griega
puede responder a la pregunta por esa tarea del filsofo;
slo una Cultura as puede, como he dicho, legitimar la
filosofa en general, porque slo ella sabe y puede demos-
trar por qu y cmo el lsofo no es un caminante cual-
quiera que, por casualidad, anda errando tan pronto por un
sitio como por otro. Hay una frrea necesidad que encade-
na al filsofo a una verdadera Cultura; pero qu ocurre
cuando esa Cultura no existe? Entonces el lsofo es un
cometa imprevisible, que por ello infunde temor, mientras
que en caso favorable luce como un astro principal en el sis-
tema solar de la Cultura. Los griegos legitiman al lsofo
porque slo entre ellos no es un cometa. (*l875 y La loso-
fa en la poca trgica de los griegos.)
Nietzsche

6. EL EILOSOPO LEGISLADOR
Insisto en que se deje por fin de confundir a los obreros
los cos y, en general, a los hombres cient cos con los
filsofos - en que justo aqu se d rigurosamente a cada
uno lo suyo, y no demasiado a unos, ni demasiado poco a
otros. Acaso sea menester para la educacin del verdadero
lsofo que l mismo tambin haya estado alguna vez en
todos esos grados donde sus servidores, los obreros cient-
ficos de la losofa, se quedan - donde tienen que quedar-
se; l mismo quiz tiene que haber sido crtico y escptico
y dogmtico e historiador y, adems, poeta y coleccionista
y viajero y adivinador de enigmas y moralista y vidente y
espritu libre y casi de todo, a fin de recorrer de parte a
parte el orbe de los valores y de los sentimientos de valor
humanos, y a fin depoder mirar con ojos y conciencias ml-
tiples desde la altura hacia toda lejana, desde la profundi-
dad hacia toda altura, desde el rincn hacia toda vastedad.
Pero todo esto slo son condiciones previas de su tarea: esta
tarea, por su parte, quiere algo distinto - exige que l cree
valores. Esos obreros los cos, siguiendo el noble modelo
de Kant y de Hegel, tienen que fijar y comprimir en fr-
mulas cualquier gran contingente de estimaciones de valor
- es decir, de antiguas posiciones de valor, de creaciones de
valor que llegaron a ser dominantes y que por un tiempo
son llamadas <<verdades - ya en el reino de lo lgico, ya en
el de lo poltico (de lo moral), ya en el de lo artstico. A estos
investigadores les incumbe tornar abarcable, pensable,
aprehensible, manejable todo lo hasta ahora ocurrido y
estimado, acortar todo lo largo, es ms, el tiempo mismo,
y sojuzgar el pasado entero: una inmensa y maravillosa
EDCILTICIOS

tarea en cuyo servicio seguramente todo orgullo sutil, toda


voluntad tenaz podrn satisfacerse. Los autnticos filsofos
empero son mandantes y legisladores: dicen as debe ser!,
ellos solos determinan el hacia dnde y el para qu del
ser humano y, al hacerlo, disponen del trabajo previo de
todos los obreros los cos, de todos los sojuzgadores del
pasado - extienden su mano creadora para coger el futu-
ro, y todo lo que es y lo que fue se convierte para ellos en
medio, en instrumento, en martillo. Su conocer es crear,
su crear es legislar, su voluntad de verdad es - voluntad de
poder. - Existen hoy tales filsofos? Hubo ya tales l-
sofos? NO tiene que haber tales fi1sofos?.. (Ms all del bien
y del mal, VI, 211).

B) DINIsOs FILOSOFO
El hroe esjovial, he aqu lo que ha
escapado hasta ahora a los autores
trgicos. (* l 882)

7. DiNisOs Y APOLO:
SU cONciLiAciN (LO TRAGIOO)
Habremos ganado mucho para la ciencia esttica cuando
hayamos llegado no slo a la inteligencia lgica, sino a la
seguridad inmediata de la intuicin de que el progresivo
desenvolvimiento del arte est ligado a la duplicidad delo
apolneo y lo dionisaco: de manera similar a como la gene-
Nietzsche

racin depende de la dualidad de los sexos, entre los cuales


hay una lucha continua y slo peridicamente se produce
la reconciliacin. Esos nombres los adoptamos de los grie-
gos, los cuales hacen perceptibles para el hombre perspicaz
las profundas doctrinas secretas de su visin del arte, no,
ciertamente, en conceptos, sino en las guras penetrante-
mente claras del mundo de sus dioses. Con sus dos divini-
dades del arte, Apolo y Dinisos, enlzase nuestro conoci-
miento de que en el mundo griego existe una tremenda
anttesis, en cuanto a origen y metas, entre el arte gurati-
vo, arte apolneo, y el arte no figurativo de la msica, en
cuanto arte de Dinisos: estos dos impulsos tan distintos
marchan el uno al lado del otro, la mayora de las veces en
abierta discordia entre s y excitndose mutuamente a
alumbrar obras cada vez nuevas y ms vigorosas, para en
ellas perpetuar la lucha de aquella anttesis que la palabra
arte, comn a ambos, salva slo aparentemente; hasta
que, al fin, por un portentoso acto metafsico de la volun-
tad helnica, se presentan apareados entre s y en ese apa-
reamiento acaban engendrando la obra de arte a un tiempo
dionisaca y apolnea de la tragedia tica.
Para hacer visibles esos dos impulsos, pensmoslos por de
pronto como los mundos artsticos separados del sueo y de
la embriaguez; entre los cuales fenmenos fisiolgicos se
observa una anttesis correspondiente a la que existe entre
lo apolneo y lo dionisaco. [...] 1

1 No podemos citar el desarrollo de este tema. Nietzsche caracteriza


a Apolo por el sueo; la profeca como verdad del sueo; la medida
como lmite del sueo; y el principio de individuacin como bella
apariencia. Caracteriza a Dinisos por la embriaguez; la desmesura
EZXIZTICILOS

Conforme a este conocimiento, hemos de comprender la


tragedia griega como el coro dionisaco que siempre de
nuevo torna a descargarse en un apolneo mundo de im-
genes. Esas partes corales entretejidas en la tragedia son,
pues, en cierto modo, el seno materno de todo el llamado
dilogo, esto es, del mundo escnico en su conjunto, del
drama propiamente dicho. En mltiples descargas sucesi-
vas este fondo originario de la tragedia irradia esa visin
del drama: la cual es en un todo aparicin onrica y, en esa
medida, de naturaleza pica, pero que, por otro lado, en
cuanto objetivacin de un estado dionisaco, no representa
la redencin apolnea en la apariencia, sino, por el contra-
rio, la ruina del individuo y su fundirse en uno con el ser
originario. El drama es, por tanto, la accin apolnea de
hacer sensibles conocimientos y efectos dionisacos. [...]
Los fenmenos apolneos, en los cuales Dinisos se objeti-
va, no son ya un eterno mar, un cambiante vaivn, un
ardiente vivir, como lo es la msica del coro, no son ya
aquellas fuerzas slo sentidas, pero no condensadas en ima-
gen, en las cuales el entusiasmado servidor de Dinisos
barrunta la cercana del dios: ahora son la claridad y la soli-
dez de la forma pica las que le hablan desde la escena,
ahora Dinisos no habla ya a travs de fuerzas, sino en cali-
dad de hroe pico, casi con el habla de Homero. (El naci-
miento de la tragedia, 1 y 8.)

como verdad de la embriaguez; la resolucin O la disolucin del indi-


viduo en un Fondo original. En la continuacin de su obra, Nietzsche
encontrar otros rasgos para definir a Dinisos (pero entonces lo de -
nir en funcin de otros personajes distintos de Apolo).
7g Nietzsche

8. DINIsOs Y SOORATES:
sU OPOs1ciON (LA DIALECTIOA)
Una clave del ser de Scrates nos es ofrecida por aquel
prodigioso fenmeno designado como daimnion de
Scrates. En situaciones especiales, cuando su tremendo
intelecto vacilaba, encontraba un firme sostn gracias a una
voz divina que en tales momentos se expresaba. Esta voz,
cuando viene, siempre disuade. La sabidura instintiva se
muestra en esta naturaleza enteramente anormal nica-
mente para enfrentarse ac y all al conocer consciente
ponindole trabas. Mientras que, por el contrario, en todos
los hombres productivos el instinto es precisamente la
fuerza creadora y afirmativa, conducindose la conciencia
de manera crtica y disuasiva, en Scrates se convierte el
instinto en crtico, la conciencia, en creador - una verda-
dera monstruosidad per defectum! [...]
Scrates, el hroe dialctico del drama platnico, nos
recuerda a la naturaleza! afn del hroe euripdeo, el cual
tiene que defender sus acciones con argumentos y contra-
argumentos, corriendo as tantas veces el peligro de perder
nuestra compasin trgica: pues quin iba a desconocer el
elemento optimista en la esencia de la dialctica, el cual en
cada razonamiento se celebra a s mismo con jbilo y no
puede respirar ms que en unas fras claridad y conscien-
cia: elemento optimista que, una vez penetrado en la trage-
dia, tiene que asfixiar poco a poco las regiones dionisacas
de sta y empujarla necesariamente a la autoaniquilacin
- hasta el salto mortal que acaba en el espectculo bur-
EDCILWICIOS

gus. Basta con tener presentes las consecuencias de las fra-


ses socrticas: La virtud es el saber; se peca slo por igno-
rancia; el virtuoso es el feliz, en estas tres formas funda-
mentales del optimismo reside la muerte de la tragedia.
Pues que ahora el hroe virtuoso tiene que ser un dialcti-
co, ahora tiene que existir un lazo necesario y visible entre
la virtud y el saber, entre la fe y la moral, ahora la solucin
trascendental de la justicia dada por Esquilo est rebajada
al trivial e insolente principio de la justicia potica, con
su habitual deus ex machina. [...]
La dialctica optimista expulsa de la tragedia con el ltigo
de sus silogismos a la msica: esto es, destruye la esencia de
la tragedia, esencia que nicamente se puede interpretar
como una manifestacin y una conversin en imagen de
estados dionisacos, como simbolizacin visible de la msi-
ca, como el mundo onrico de una embriaguez dionisaca.
(El nacimiento de la tragedia, 13 y 14.)

9. D1N1sOs Y CRISTO:
SU OONTRADIOOION (LA RELIGION)
Los dos tipos: Dinisos y el Cruciicado. Hay que estable-
cer si el tpico hombre religioso es una forma de dcadence.
Los grandes innovadores son todos sin excepcin enfermi-
zos y epilpticos: pero no omitimos entonces un tipo del
hombre religioso, el pagano? No es el culto pagano una
forma de accin de gracias y de a rmacin de la vida? No
tendra que ser su ms alto representante una apologa y
una divinizacin de la vida? El tipo de un espritu entera-
mente logrado y en xtasis desbordante... Un tipo que reco-
Nietzsche

ge en s las contradicciones y lo problemtico de la exis-


tencia y lo redime.
- En este lugar coloco al Dinisos de los griegos: la a r-
macin religiosa de la vida, de la vida entera, no de la que
se reniega y queda mutilada (es tpico que el acto sexual
despierte profundidad, misterio, veneracin).
Dinisos contra el Crucificado: ah tenis la contraposi-
cin. No es una diferencia del martirio - es slo que ste
tiene otro sentido. La vida misma, sus eternos fecundidad
y retorno condicionan el suplicio, la destruccin, la volun-
tad de aniquilamiento... En el otro caso, el padecimiento, el
Cruci cado como inocente, valen como objecin contra
esta vida, como frmula de su condena.
Se adivina que el problema es el del sentido del sufri-
miento: o un sentido cristiano O un sentido trgico... En el
primer caso debe ser el camino a un ser bienaventurado, en
el segundo vale el ser como algo lo suficientemente bienaventu-
rado para justificar aun una inmensidad de sufrimiento.
El hombre trgico a rma incluso el ms amargo sufri-
miento: l es fuerte, pleno, lo bastante divinizador para
hacerlo. El cristiano niega incluso la suerte ms afortunada
sobre la tierra: l es dbil, pobre, lo bastante desheredado
para sufrir aun en cualquier forma por vivir... El Dios en
la cruz es una maldicin contra la vida, una indicacin
para redimirse de ella; el Dinisos dilacerado es una pro-
mesa a favor de la vida: la vida eternamente volver a nacer
y retornar de la destruccin. (*1888.)
Extractos

10. DiN1sOs Y ARIADNA:


su COMPLEMENTARIEDAD (EL DITIRAMBO)
[. . . . . . . . . . . . . _ _]
Ah, ah!
Y me martirizas, necio,
mortificas mi orgullo?
Dame amor - quin me calienta todava?
quin me ama todava?
Dame clidas manos,
dame un brasero para el corazn,
dame, a m, la ms solitaria,
a quien el hielo, ay!, sptuplo hielo
por enemigos incluso,
por enemigos a suspirar ensea,
dame, s, date,
muy cruel enemigo,
a m- ati !..
Parti!
Helo huido,
mi nico compaero,
mi grande enemigo,
mi desconocido,
mi dios-verdugo! ..
No!
vuelve!
Con todos tus martirios!
Todas mis lgrimas corren
hacia ti su curso
O0 l\J Nietzsche

y la ltima llama de mi corazn


para ti se enciende.
Oh, vuelve,
mi dios desconocido, mi dolor,
mi ltima felicidadl..

(Un rayo. Dinisos se hace visible en una belleza esme-


ralda.)

DINisOs

S cuerda, Ariadnal..
Tienes orejas pequeas, tienes mis orejas:
mete una palabra cuerda en ellas! -
No es necesario odiarse primero cuando hay que
amarse?
lb soy tu laberinto...
(*l888, Ditirambos de Dinisos. Retomado,
con correcciones y aadidos, de un texto de
Zaratustra: libro IV, El magO.)

11. DINIsOs Y ZARATUSTRA:


sU PARENTESOO (LA PRUEBA)
Entonces un habla me habl sin voz: c'Lo sabes,
Zaratustra?
Y yo grit de terror ante ese susurro, y la sangre abando-
n mi rostro: pero call.
Entonces volvi a hablarme sin voz: Lo sabes,
Zaratustra, pero no lo pronunciasl -
EOCILVICIOS

Y yo respond por fin, igual que un testarudo: S, lo s,


pero no quiero pronunciarlo!
Entonces me habl de nuevo sin voz: No quieres,
Zaratustra? Es eso verdad? No te escondas en tu testaru-
dez! -
Y yo llor y tembl como un nio, y dije: Ay, ya lo que-
rra, mas cmo poderlo! Dispnsame de eso! Est por
encima de mis fuerzas!
Entonces me habl de nuevo sin voz: Qu importas t,
Zaratustra! Di tu palabra y hazte pedazos!
Y yo respond: Ay, es mi palabra? Quin soy yo? Yo
espero a uno ms digno; no soy siquiera digno de hacerme
pedazos contra l.
Entonces me habl de nuevo sin voz: Qu importas t?
Para m no eres an bastante humilde. La humildad tiene
la piel ms dura de todas. -
Y yo respond: Qu cosas no ha portado ya la piel de mi
humildad! Yo habito al pie de mi altura: cul es la altura
de mis cimas? Nadie me lo ha dicho todava. Pero conozco
bien mis valles.
Entonces me habl de nuevo sin voz: Oh Zaratustra,
quien ha de trasladar montaas traslada tambin valles y
hondonadas.
Y yo respond: Mi palabra no ha trasladado an monta-
as, y lo que he pronunciado no ha alcanzado a los hom-
bres. Yo ciertamente he ido a los hombres, pero todava no
he llegado hasta ellos.
Entonces me habl de nuevo sin voz: Qu sabes t de
eso! El roco cae sobre la hierba cuando la noche est ms
callada que nunca. -
Y yo respond: Ellos se burlaron de m cuando encontr
Nietzsche

mi propio camino y march por l; y, en verdad, mis pies


temblaban entonces.
Y as me dijeron: olvidaste el camino, ahora olvidas tam-
bin el andar!
Entonces me habl de nuevo sin voz: Qu importa su
burla! T eres uno que ha olvidado el obedecer: ahora
debes mandar!
No sabes quin es el ms necesario para todos? El que
manda algo grande.
Llevar a cabo algo grande es difcil: pero ms difcil es
mandarlo.
Esto es lo ms imperdonable en ti: tienes el poder, y no
quieres dominar. -
Y yo respond: Me falta la voz del len para mandar.
Entonces me habl de nuevo como un susurro: Las pala-
bras ms silenciosas son las que traen la tempestad.
Pensamientos que vienen con pies de paloma dirigen el
mundo.
Oh Zaratustra, debes caminar como una sombra de lo que
tiene que venir: as mandars y, mandando, irs por delan-
te. --
Y yo respond: Me avergenzo.
Entonces me habl de nuevo sin voz: Tienes que devenir
todava nio y no tener vergenza.
El orgullo de la juventud est todava sobre ti, tarde te has
hecho joven: pero quien quiera devenir nio tiene que
superar todava su juventud. -
Y yo medit durante largo tiempo, y temblaba. Pero acab
por decir lo que dije primero: No quiero.
Entonces sucedi un rer alrededor de m. Ay, cmo ese
rer me desgarr las entraas y me raj el corazn!
Erxtrractos

Y por ltima vez me habl: <<Oh Zaratustra, tus frutos


estn maduros, pero t no ests maduro para tus frutos!
Por ello tienes que volver de nuevo a la soledad: pues
debes ponerte tierno an. - (As habl Zaratustra, II, La
ms silenciosa de todas las horas.)

C) FUERZAS Y VOLUNTAD DE PODER


Se ha de defender siempre a los
fuertes contra los dbiles. (*1888)

12. POR UN PLURALISMO


Los lsofos suelen hablar de la voluntad como si ella
fuera la cosa ms conocida del mundo; es ms,
Schopenhauer dio a entender que slo la voluntad nos sera
propiamente conocida, conocida de veras y por entero,
conocida sin sustraccin ni aadidura. Pero abrigo el pare-
cer de que Schopenhauer, tambin en este caso, no hizo
ms que lo que los lsofos precisamente suelen hacer:
adopt y exager un prejuicio popular. Querer me parece a
m ante todo algo complicado, algo que slo como palabra es
una unidad, - y justo en la palabra una se esconde el pre-
juicio popular, el cual se ha adueado de la siempre slo
escasa cautela de los filsofos. Seamos, pues, por una vez,
ms cautos, seamos <<antifilos cos - , digamos: en todo
querer hay primero una pluralidad de sentimientos, a
saber, el sentimiento del estado de donde nos alejamos, el
L Nietzsche

sentimiento del estado a donde tendemos, el sentimiento de


este alejarse y de este tender mismos, luego, adems, un
sentimiento muscular acompaante, el cual, aunque no
pongamos en movimiento brazos y piernas, inicia su
juego, en cuanto queremOs, mediante una especie de
hbito. As pues, al igual que hay que reconocer el sentir, y
un sentir mltiple, como ingrediente de la voluntad, as
tambin, en segundo lugar, el pensar: en todo acto de la
voluntad hay un pensamiento que manda - y no se crea
que se puede separar este pensamiento del querer, como
si entonces todava restase la voluntad! En tercer lugar, la
voluntad no es slo un complejo de sentir y pensar, sino
ante todo, adems, un afecto: a saber, ese afecto del mando.
Lo que se llama libertad de la voluntad es esencialmente
el afecto de supremaca con respecto a quien tiene que obe-
decer: yo soy libre, l tiene que obedecer - esta con-
ciencia se esconde en toda voluntad, y asimismo aquella
tensin de la atencin, aquella mirada derecha fijada exclu-
sivamente en una sola cosa, aquella incondicional valora-
cin ahora se necesita esto y no otra cosa, aquella interna
certidumbre de que se obedecer, y todo lo que adems per-
tenece al estado del que manda. Un hombre que quiere -
manda a algo en l, algo que obedece O de lo cual l cree que
obedece. Ahora, empero, ntese qu es lo ms portentoso
en la voluntad - en esa cosa tan mltiple, para designar la
cual el pueblo slo tiene una nica palabra: en la medida en
que, en el caso dado, somos a un tiempo los que mandan y
los que obedecen, y que, en calidad de Obedientes, conoce-
mos los sentimientos de coaccionar, urgir, presionar, resis-
tir, mover, los cuales suelen comenzar inmediatamente des-
pus del acto de la voluntad; en la medida en que, por otro
Extractos

lado, tenemos el hbito de no tomar en cuenta esa duali-


dad, de engaarnos superndola gracias al concepto sint-
tico yo, se ha adherido adems al querer toda una cadena
de conclusiones errneas y, en consecuencia, de valoracio-
nes falsas de la voluntad misma - de manera que el volen-
te cree de buena fe que el querer basta para la accin. Y por-
que en la inmensa mayora de los casos slo se ha querido
cuando era dable esperar tambin el efecto del mandato,
esto es, la obediencia, esto es, la accin, por eso sucede que
la apariencia se ha traducido en el sentimiento de que
habra ah una necesidad del efecto; en suma, el volente cree,
con un considerable grado de seguridad, que voluntad y
accin son de algn modo una sola cosa -, atribuye el
xito, la ejecucin del querer, todava a la voluntad misma
y disfruta con ello de un aumento de ese sentimiento de
poder que todo xito comporta. Libertad de la voluntad
- tal es la expresin para designar ese mltiple estado pla-
centero del volente, el cual manda y a un tiempo se identi-
ca con el ejecutor - quien, en cuanto tal, disfruta tam-
bin el triunfo sobre las resistencias, pero juzgando en su
interior que es su voluntad misma la que en realidad vence
las resistencias. A su sentimiento placentero de ser el que
manda aade as el volente los sentimientos placenteros de
los instrumentos que ejecutan, que tienen xito, de las ser-
viciales subvoluntades o sub-almas - y es que nuestro
cuerpo no es ms que una construccin social de muchas
almas -. L 'ejjet c 'est moi: ocurre aqu lo que ocurre en
toda comunidad bien construida y feliz, que la clase gober-
nante se identifica con los xitos de la comunidad. Todo
querer consiste sencillamente en mandar y obedecer, sobre
la base, como queda dicho, de una construccin social de
gg Nietzsche

muchas a1mas: por ello un lsofo debera arrogarse el


derecho de comprender ya el querer en s dentro del hori-
zonte de la moral: a saber, de la moral entendida como doc-
trina de las relaciones de dominio bajo las cuales surge el
fenmeno Vida. - (Ms all del bien y del mal, I, 19.)

13. DOS TIPOS DE FUERZAS: ACTIVO Y REACTIVO


La evolucin de una cosa, de un uso, de un rgano no
es, segn esto, ni remotamente su progressus hacia una meta,
menos an un progressus lgico y sumario, alcanzado con la
mnima profusin de fuerza y de gastos - sino la Sucesin
de procesos de sometimiento ms o menos profundos, ms
o menos independientes entre s, que juegan en ello, a ms
de las resistencias gastadas en cada caso contra stos, de las
metamorfosis ensayadas con el fin de la defensa y de la
reaccin, as como de los resultados de contraacciones afor-
tunadas. La forma es uida, pero el sentido an lo es
ms... Incluso en el interior de cada organismo singular las
cosas no ocurren de manera distinta: con cada esencial cre-
cimiento del todo se desva tambin el sentido de cada
uno de los rganos - eventualmente la parcial ruina de los
mismos, su reduccin numrica (por ejemplo, mediante el
aniquilamiento de los miembros intermedios), pueden ser
un signo de crecientes fuerza y perfeccin. He querido
decir que tambin la parcial inutilizacin, la atrofia y la
degeneracin, la prdida de Sentido y conveniencia, en una
palabra, la muerte, pertenecen a las condiciones del Verda-
dero progressus: el cual aparece siempre en forma de una
Voluntad y de un camino hacia un poder ms grande, y se
Extractos

impone siempre a costa de innumerables poderes ms


pequenos. [...]
Destaco tanto ms este punto de Vista capital de la met-
dica histrica cuanto que, en el fondo, va en contra del ins-
tinto y del gusto de poca hoy dominantes, los cuales pre-
feriran avenirse incluso con la casualidad absoluta, ms
an, con el absurdo mecanicista de todo acontecer, antes
que con la teora de una voluntad de poder que Se juega en
todo acontecer. La idiosincrasia democrtica opuesta a
todo lo que domina y quiere dominar, el moderno misar-
quismo (por formar una mala palabra para una mala cosa)
[...] hoy ya penetra, le es lcito penetrar paso a paso en las
ciencias ms rigurosas, aparentemente ms objetivas; es
ms, a m me parece que se ha enseoreado ya incluso de
toda la fisiologa y de toda la doctrina de la Vida, para dao
de la misma, como cae por su propio peso, al escamotearle
un concepto fundamental, el de la autntica actividad. Por
el contrario, bajo la presin de aquella idiosincrasia se pone
en el primer plano la adaptacin, es decir, una actividad
de segundo rango, una mera reactividad, ms an, se ha
definido la vida misma como una adaptacin interna, cada
vez ms conveniente, a circunstancias externas (Herbert
Spencer). Pero con ello se desconoce la esencia de la Vida,
su voluntad de poder; con ello se pasa por alto la primaca de
principio que poseen las fuerzas espontneas, agresivas,
invasoras, creadoras de nuevas interpretaciones, de nuevas
direcciones y formas, a cuyo efecto sigue luego la adapta-
cin, con ello se niega en el organismo mismo el papel
dominador de los Supremos funcionarios, en los que la
Voluntad de vida aparece activa y conformadora. (La ge-
nealoga de la moral, II, 12.)
Nietzsche

14. DOS OUALIDADES DE LA VOLUNTAD DE PODER:


APIRMACION Y NEGACION
YO fui el primero en Ver la autntica anttesis - el instin-
to degenerativo, que se Vuelve contra la Vida con subterrnea
avidez de Venganza ( - el cristianismo, la losofa de
Schopenhauer, en cierto sentido ya la losofa de Platn, el
idealismo entero, como formas tpicas), y una frmula de la
ag/irmacin suprema, nacida de la abundancia, de la sobrea-
bundancia, un decir s sin reservas aun al sufrimiento, aun
a la culpa misma, aun a todo lo problemtico y extrao de
la existencia... Este s ltimo, sumamente gozoso, suma-
mente arrogante en su exuberancia dicho a la Vida no es
slo la inteleccin suprema, sino tambin la ms honda, la
ms rigurosamente con rmada y sostenida por la Verdad y
la ciencia. No hay que sustraer nada de lo que es, nada es
prescindible -los aspectos dela existencia rechazados por
los cristianos y por otros nihilistas pertenecen incluso a un
orden infinitamente superior, en la jerarqua de los Valores,
que aquello que el instinto de dcadence pudo lcitamente
dar por bueno, llamar bueno. Para captar esto se necesita
arrojo y, como condicin de l, un exceso de fuerza: pues
uno se acerca a la Verdad exactamente en la medida en que
al arrojo le es lcito osar ir hacia delante, exactamente en la
inedida de la fuerza. El conocimiento, el decir s a la reali-
dad, es una necesidad para el fuerte, as como son una nece-
sidad para el dbil, bajo la inspiracin de la debilidad, la
cobarda y la huida de la realidad - el ideal... Los segun-
dos no son dueos de conocer: los dcadents tienen necesidad
E3ClLl'lC;0S

de la mentira - ella es una de sus condiciones de conser-


vacin. (Ecce Homo, El nacimiento de la tragedia, 2.)

15. COMO LAS FUERZAS REACTIVAS TRIUNFAN:


EL RESENTIMIENTO
La rebelin de los esclavos en la moral se inicia cuando el
resentimiento mismo se vuelve creador y alumbra valores: el
resentimiento de aquellos seres a quienes les est Vedada la
autntica reaccin, la del acto, y que slo se resarcen
mediante una venganza imaginaria. Mientras que toda
moral distinguida nace de un triunfante s dicho a uno
mismo, la moral de los esclavos de antemano dice no a un
<<afuera, a un <<otro, a un no-uno-mismo, y este no es su
acto creador. Esta inversin de la mirada que establece
valores - este necesario dirigirse hacia fuera en lugar de
volverse hacia s - pertenece precisamente al resenti-
miento: para surgir, la moral de los esclavos necesita siem-
pre primero de un mundo contrapuesto y externo, necesi-
ta, hablando fisiolgicamente, de estmulos externos para
poder siquiera actuar - su accin es, de raz, reaccin. (La
genealoga de la moral, I, 10.)

16. CONTINUACION:
LA MALA CONCIENCIA O EL VOLVERSE CONTRA Si
El sacerdote es el que modifica la direccin del resenti-
miento. Y es que todo el que sufre busca instintivamente
una causa de su sufrimiento; O, dicho con ms precisin,
Nietzsche

un autor, o, con mayor exactitud an, un autor culpable


receptivo al sufrimiento _ en una palabra, cualquier cosa
viva sobre la que poder descargar con cualquier pretexto,
de obra o in e gie, sus afectos: pues la descarga de los afec-
tos es el mximo intento de alivio, es decir, de anestesia por
parte del que sufre, su involuntariamente anhelado narc-
tico contra cualquier especie de pena. La verdadera causa-
lidad fisiolgica del resentimiento, de la venganza y de sus
afines se ha de encontrar, segn yo me malicio, nicamen-
te en esto, a saber, en una apetencia de anestesiar el dolor por
el a ecto. [...] Los que sufren tienen, todos ellos, unas espan-
tosas disposicin e inventiva en hallar pretextos para afec-
tos dolorososg disfrutan ya de su suspicacia, de su cavilar
sobre ruindades y aparentes perjuicios, revuelven las entra-
as de su pasado y de su presente en busca de oscuras y
equivocas historias donde son libres de entregarse al goce
de una sospecha torturadora y de embriagarse con el pro-
pio veneno de la maldad _ abren las ms viejas heridas, se
desangran por cicatrices curadas mucho tiempo atrs, con-
vierten en malhechores al amigo, a la mujer, al hijo y a todo
lo que les es ms cercano. Yo sufro: hay alguien que tiene
que ser culpable de ello _ as piensa toda oveja mrbida.
Pero su pastor, el sacerdote asctico, le dice: Bien est,
oveja mal, hay alguien que tiene que ser culpable de esto:
pero t misma eres ese alguien, t misma eres la nica cul-
pable de esto _ t misma eres la nica culpable de ti.f'... Esto
es bastante audaz, bastante falso: pero con ello se ha conse-
guido al menos una cosa, con ello, como queda dicho, la
direccin del resentimiento ha sido _ modificada. (La gene-
aloga dela moral, III, 15.)
EDCLVGICIOS

17. CMo EL N1H1LIsMo


TRIUNFA EN LA voLUNTAD DE PoDER
La falta de sentido del sufrimiento, no el sufrimiento, era
la maldicin que hasta ahora estaba extendida sobre la
humanidad _ /ly el ideal asctico le brind a sta un sentido!
Fue hasta ahora el nico sentido; cualquier sentido es
mejor que ningn sentido; el ideal asctico era, en todos los
aspectos, el aute de nueux par excellence habido hasta
ahora. [...] Esta interpretacin _qu duda cabe trajo
consigo nuevo sufrimiento, ms profundo, ms ntimo,
ms venenoso, ms corrosivo de la vida: situaba todo sufri-
miento bajo la perspectiva de la culpa... Mas, a pesar de todo
ello _ el hombre quedaba as salvado, tena un sentido, en
adelante no era ya como una hoja al viento, como una pelo-
ta con la que juega el absurdo, el sin-sentido, el hombre
poda ahora querer algo _ por el momento era indiferente
hacia dnde, para qu o con qu quisiera: la voluntad misma
estaba salvada. Uno no puede ocultarse sin ms qu es lo que
propiamente expresa todo aquel querer que ha recibido su
direccin del ideal asctico: ese odio contra lo humano,
ms an, contra lo animal, ms an, contra lo material, esa
repugnancia hacia los sentidos, hacia la razn misma, el
miedo a la felicidad y a la belleza, esa apetencia de apartar-
se de toda apariencia, cambio, devenir, muerte, deseo, ape-
tencia misma _ todo eso signi ca, atrevmonos a com-
prenderlo, una voluntad de la nada, una aversin contra la
vida, un revolverse contra los presupuestos ms funda-
mentales de la vida, pero es, y sigue siendo, una voluntad!..
Y para decir de nuevo al nal lo que dijera al principio: el
Nietzscbe

hombre prefiere querer la nada a no querer... (La genealoga


de la moral, III, 28.)

D) DEL N1H1L1sMo A LA TRANSMUTACIN


El nihilismo vencido por s
mismo (*l887).

18. Dios Y EL N1H1L1sMo


Se llama al cristianismo la religin de la compasin. _ La
compasin es antittica de los afectos toni cantes, que ele-
van la energa del sentimiento vital: produce un efecto
depresivo. [...] Ella conserva lo que est maduro para pere-
cer, ella opone resistencia en pro de los desheredados y con-
denados de la vida, ella le da a la vida misma, por la abun-
dancia de cosas malogradas de toda especie que retiene en la
vida, un sombro y dudoso aspecto. Se ha osado llamar vir-
tud a la compasin (_ en toda moral distinguida se la con-
sidera una debilidad _), se ha ido ms all, se ha hecho de
ella la virtud, el suelo y origen de todas las virtudes _ slo,
claro est, y esto hay que tenerlo siempre presente, desde el
punto de vista de una losofa que era nihilista, que inscri-
bi en su escudo la negacin de la vida. Schopenhauer esta-
ba en su derecho al decir: mediante la compasin la vida es
negada, es hecha ms digna de ser negada _ la compasin es
la praxis del nihilismo. Dicho una vez ms: este instinto
depresivo y contagioso obstaculiza aquellos instintos que
EDClLVlClL[)S

tienden a la conservacin y a la elevacin de valor de la


vida: tanto como multiplicador de la miseria cuanto como
conservador de todo lo miserable es un instrumento capital
para intensi car la dcadence _ la compasin persuade de
la nadal.. No se dice nada: se dice, en su lugar, ms all;
o Dios; o la vida verdadera ; o nirvana, redencin, bie-
naventuranza... Esta inocente retrica, nacida del reino de
la idiosincrasia religioso-moral, aparece mucho menos ino-
cente tan pronto como se comprende cul es la tendencia
que aqu se envuelve en el manto de palabras sublimes: la
tendencia hostil a la vida. [...]
El concepto cristiano de Dios _ Dios como Dios de los
enfermos, Dios como araa, Dios como espritu _ es uno
de los conceptos de Dios ms corruptos a que se ha llegado
en la tierra; tal vez represente incluso el nivel ms bajo en
la evolucin descendente del tipo de los dioses. Dios dege-
nerado en contradiccin de la vida, en lugar de ser su transfi-
guracin y su eterno s! En Dios, anunciada la hostilidad
a la vida, a la Naturaleza, a la voluntad de vida! Dios, la
frmula de toda calumnia del ms ac, de toda mentira
del ms all! En Dios, divinizada la nada, canonizada la
voluntad de nadal.. (El Anticristo, 7 y 18.)

19. UNA PRIMERA VERSIN DE Dios HA MUERTo


Los presos. _ Una maana salieron los presos al patio de
trabajo: el guardin no estaba. Los unos, como era su cos-
tumbre, se pusieron a trabajar enseguida, los otros perma-
necan de pie ociosos y miraban en torno altaneramente.
Entonces se adelant uno y dijo en voz alta: Trabajad
1 Nietzscbe

tanto como queris o no hagis nada: da igual todo.


Vuestras secretas conspiraciones han sido descubiertas, el
carcelero os ha estado espiando ltimamente y quiere
someteros a un juicio terrible en los prximos das. Le
conocis, es duro y de nimo rencoroso. Pero ahora prestad
atencin: hasta ahora me habis desconocido; no soy lo
que parezco, sino mucho ms: yo soy el hijo del carcelero y
puedo conseguirlo todo de l. Puedo salvaros, quiero salva-
ros; pero, claro, slo a aquellos de vosotros que me crean
que soy el hijo del carcelero; los dems que cosechen los
frutos de su incredulidad. _ Pues qu, dijo tras un
silencio un preso de ms edad, qu puede importarte que
te creamos o no te creamos? Si realmente eres el hijo y eres
capaz de lo que dices, intercede por todos nosotros: sera
realmente muy bondadoso de tu parte. Pero deja esa pala-
brera acerca de creer y no creerl .__ Y yo, interrumpi
un joven, ni siquiera le creo: no es sino algo que se le ha
metido en la cabeza. Apuesto a que dentro de una semana
todava nos encontramos aqu justo igual que hoy y que el
carcelero no sabe nada. _ Y si algo supo, ya no lo sabe,
dijo el ltimo de los presos que justo en ese momento baja-
ba al patio, el carcelero acaba de morir repentinamente.
_ Hola!, exclamaron varios en barullo, holal Seor
hijo, seor hijol, qu pasa con la herencia? Somos ahora
acaso tus presos? _ Os lo he dicho, replic suavemente
el interpelado, dejar en libertad a todo aquel que crea en
m, tan cierto como que mi padre vive an. _ Los presos
no se rieron, pero se encogieron de hombros y lo dejaron
ah plantado. (El caminante y su sombra, 84.)
EX`ll"(lClL().S

20. Dios HA MUERTO


Zaratustra! Zaratustra! Acierta mi acertijo! Di, di!
Qu es la venganza contra el Testigo?
Yo te atraigo para que vuelvas atrs, aqu hay hielo resba-
ladizo! Cuida, cuida de que tu orgullo no se rompa aqu las
piernas!
T te crees sabio, orgulloso Zaratustra! Acierta, pues, el
acertijo, t, duro cascanueces, _ el acertijo que yo soy!
Di, pues: quin soyyol
_ Mas cuando Zaratustra hubo odo estas palabras _
qu creis que entonces ocurri con su alma? La compa-
sin le acometi; y se desplom de golpe, como un roble que
ha resistido durante largo tiempo a muchos leadores _
de manera pesada, sbita, para espanto incluso de quienes
queran abatirlo. Pero enseguida volvi a levantarse del
suelo, y su rostro se endureci.
Te reconozco bien, dijo con broncnea voz: /'t eres el
asesino de Dios! Djame marchar.
No soportabas a aquel que te vea _ que te vea siempre y
por entero, t, el ms feo de los hombres! Tomaste ven-
ganza de ese testigo!
As habl Zaratustra y quiso marcharse; mas el inexpre-
sable agarr una punta de su vestido y comenz de nuevo
a gorgotear y a buscar palabras. Qudate!, dijo por fin _
_ qudate! No pases de largo! He adivinado qu hacha
fue la que te derrib: Salve, Zaratustra, por estar de nuevo
en pie!
Has adivinado, lo s bien, cmo se siente el que le mat _
el asesino de Dios. Qudate! Ven a sentarte conmigo, que
no es cosa balda.
Nietzscbe

Junto a quin querra yo ir sino junto a ti? Qudate,


sintate! Pero no me mires! Honra as _ mi fealdad!
Ellos me persiguen: ahora eres t mi ltimo refugio. No
con su odio, no con sus esbirros _ oh, de tal persecucin
yo me burlara y estara orgulloso y contento! l
No estuvo hasta ahora siempre el xito de parte de los
bien perseguidos? Y quien persigue bien, aprende con faci-
lidad a seguir _ pues que marcha _ detrs! Pero es de su
compasin _
es de su compasin de lo que huyo, buscando refugio en
ti. Oh Zaratustra, protgeme, t mi ltimo refugio, t el
nico que me ha adivinado...
i......... ..]
T mismo empero _ ponte en guardia tambin a ti
mismo contra tu compasin! Pues muchos estn en cami-
no hacia ti, muchos que sufren, que dudan, que desesperan,
que se ahogan, que se hielan. _
Tambin contra m te pongo en guardia. Acertaste mi
mejor, mi peor acertijo, a m mismo y lo que haca. Yo
conozco el hacha que te derriba.
Pero El _ tena que morir: miraba con unos ojos que lo
vean todo _ vea las profundidades y las honduras del
hombre, toda la disimulada ignominia y fealdad de ste.
Su compasin no conoca el pudor: penetraba arrastrn-
dose hasta mis rincones ms sucios. Ese curioso superlati-
vo, super-entrometido, super-compasivo, tena que morir.
Me vea siempre: de tal testigo quise vengarme _ o no
vivir.
El Dios que vea todo, tambin al hombre: ese Dios tena
que morir! El hombre no soporta que tal testigo viva.
EL)ClLTlClLOS

As habl el ms feo de los hombres. (As habl Zaratustra,


IV, El ms feo de los hombres.)

21. TRAS LA MUERTE DE Dios, ToDAvA EL NiHiLisMo


Una vez que uno ha penetrado estas dos cosas, que con el
devenir no debe lograrse nada y que bajo todo devenir no
impera ninguna gran unidad en donde le es lcito al indi-
viduo sumergirse por entero, como en un elemento de
sumo valor, queda entonces como escapatoria el condenar a
todo este mundo del devenir como engao y el inventar un
mundo, situado ms all de aqul, en calidad de mundo
verdadero. Pero en cuanto el hombre cae en la cuenta de la
manera en que, nicamente por necesidades psicolgicas,
este otro mundo ha sido apaado, y de cmo no tiene en
absoluto ningn derecho a l, surge entonces la ltima
forma del nihilismo, la cual entraa la incredulidad en lo que
toca a un mundo meta isico, _ la cual se prohbe a s misma
la creencia en un mundo verdadero. En esta posicin uno
admite la realidad del devenir como nica realidad y se pro-
hbe cualquier especie de va clandestina que conduzca a
trasmundos o a falsas divinidades _ pero uno no soporta
este mundo que ya no se quiere negar
_ Qu ha ocurrido en realidad? Se logr el sentimiento
de la falta de valor cuando se comprendi que el carcter
global de la existencia no debe ser interpretado ni con el
concepto de fin, ni con el concepto de unidad, ni tam-
poco con el concepto de verdad. Con ello no se logra ni
alcanza nada; falta la unidad abarcadora en la pluralidad
del acontecer: el carcter de la existencia no es verdadero,
Nietzsche

cs/also..., uno no tiene ya en absoluto fundamento ningu-


no para persuadirse de un mundo verdadero...
in una palabra: las categoras de n, <<unidad, ser,
con las que hemos ingresado un valor aadido al mundo,
son de nuevo retiradas por nosotros _ y ahora el mundo se
presenta falto de valor... 1 (*l887)

22. NEcEsiDAD DE ESPERAR


El frentico. _ No habis odo hablar de aquel hombre
frentico que en la clara maana que precede al medioda
encendi una linterna, corri al mercado y gritaba ince-
santemente: <<Busco a Dios! Busco a Dios! _ Como all
justo estaban juntos muchos de aquellos que no creen en
l)ios, provoc una gran risa. Es que se ha perdido?, deca
uno. Se ha extraviado como un nio?, deca otro. O es
que se esconde? Tiene miedo de nosotros? Se ha hecho a
la mar? Ha emigrado? _ as gritaban y rean en barullo.
El frentico salt en medio de ellos y los atraves con sus
miradas. A dnde ha ido a parar Dios?, grit, ios lo
dir! Nosotros lo hemos matado _ vosotros y yo! Todos
nosotros somos sus asesinos! Pero cmo hemos hecho
csto? Cmo fuimos capaces de bebernos el mar? Quin
nos dio la esponja para borrar el horizonte entero? Qu

2 Este texto resume toda la historia del nihilismo segn Nietzsche y


describe la ltima forma de ste: lo que Zaratustra llama el ltimo
hombre (Prlogo, 5; y cf. Libro II, El adivino). No habr que con-
fundirlo con la forma siguiente, el hombre que quiere perecer, des-
crito en el texto n 23, que marca ya un ms all del nihilismo.
Extractos

hicimos que desencadenamos esta tierra de su sol? Hacia


dnde se mueve ahora? Hacia dnde nos movemos?
Lejos de todos los soles? No nos precipitamos sin cesar?
Y hacia atrs, de lado, hacia delante, hacia todos los lados?
Hay todava un arriba y un abajo? No erramos como a
travs de una nada infinita? No nos sopla de frente el
espacio vaco? No hace ms fro? No viene siempre la
noche y siempre ms noche? No tienen que ser encendi-
das linternas en plena maana? Todava no omos nada
del tumulto de los enterradores que entierran a Dios?
Todava no olemos nada de la divina corrupcin? _
Tambin los dioses se pudren! Dios ha muerto! Dios
permanece muerto! Y nosotros lo hemos matado! Cmo
nos consolaremos, los asesinos de todos los asesinos? Lo
ms sagrado y ms poderoso que el mundo hasta ahora
posey se ha desangrado bajo nuestros cuchillos _ quin
borrar de nosotros esta sangre? Con qu agua podramos
puri carnos? Qu ceremonias de expiacin, qu juegos
sacros habremos de inventar? No es la grandeza de este
acto demasiado grande para nosotros? No tenemos que
devenir dioses nosotros mismos para al menos parecer dig-
nos de l? ]ams hubo acto ms grande _ y quienquiera
que sea que nazca despus de nosotros, pertenece, en virtud
de este acto, a una historia ms alta de lo que toda historia
lo fue hasta ahora! _ Aqu guard silencio el frentico y
mir de nuevo a sus oyentes: tambin ellos guardaron
silencio y dirigieron a l sus miradas, extraados.
Finalmente, l arroj su linterna al suelo, de modo que la
linterna salt en pedazos y se apag. Vengo demasiado
pronto, dijo entonces, an no es mi tiempo. Este tre-
mendo acontecimiento est todava en camino y viaja _
Nietzsche

an no se ha abierto paso hasta los odos de los hombres. El


relmpago y el trueno necesitan tiempo, la luz de las estre-
las necesita tiempo, los actos necesitan tiempo, aun des-
pus de haber sido realizados, para ser vistos y odos. Este
neto sigue siendo ms lejano a ellos que las estrellas ms
lejanas _ y, sin embargo, ellos lo han hecho! _ Se cuenta
que, el mismo da, el frentico entr en varias iglesias y
enton all su Requiem aeternam deo. Y que, llevado afuera e
interrogado, respondi en todo momento slo esto: Qu
son, pues, todava estas iglesias, si no son los sepulcros y los
monumentos funerarios de Dios?. (La gaya ciencia, III,
IZS.) V

23. PRoxiMiDAD DE LA TRANsMUTAciN


I.o que hay de grande en el hombre est en ser un puente
y no un fin: lo que en el hombre se puede amar es que es
tin trnsito y un ocaso.
Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hun-
dindose en su ocaso, pues ellos son los que pasan al otro
lado.
Yo amo a los grandes despreciadores, pues ellos son los
grandes veneradores, y echas del anhelo hacia la otra orilla.
Yo amo a quienes para hundirse en su ocaso y sacri carse,
no buscan primero una razn detrs de las estrellas: sino
que se sacrifican a la Tierra, para que sta llegue algn da
a ser del superhombre.
Yo amo a quien vive para conocer, y quiere conocer para
que algn da el superhombre viva. Y quiere as su propio
ocaso.
Extractos

Yo amo a quien trabaja e inventa para construirle la casa


al superhombre y prepara para l la tierra, el animal y la
planta: pues quiere as su propio ocaso.
Yo amo a quien ama su virtud: pues la virtud es voluntad
de ocaso y una echa del anhelo.
Yo amo a quien no reserva para s ni una gota de espritu,
sino que quiere ser ntegramente el espritu de su virtud:
marcha as como espritu por el puente.
Yo amo a quien de su virtud hace su inclinacin y su fata-
lidad: quiere as, por mor de su virtud, seguir viviendo y no
seguir viviendo.
Yo amo a quien no quiere tener demasiadas virtudes. Una
virtud es ms virtud que dos, porque es ms nudo del que
se cuelga la fatalidad.
Yo amo a aquel cuya alma se prodiga, y no quiere recibir
agradecimiento ni devuelve nada: pues l regala siempre y
no quiere guardarse a s mismo.
Yo amo a quien se avergenza cuando el dado, al caer, le
da suerte, y entonces pregunta: acaso soy un jugador que
hace trampas? _ pues quiere perecer.
Yo amo a quien delante de sus acciones arroja palabras de
oro, y siempre cumple ms de lo que promete: pues quiere
su propio ocaso.
Yo amo a quien justifica a los hombres venideros y redi-
me a los pasados: pues quiere perecer por los hombres del
presente.
Yo amo a quien castiga a su dios porque ama a su dios:
pues tiene que perecer por la clera de su dios.
Yo amo a aquel cuya alma es profunda incluso cuando se
le hiere, y que puede perecer por una pequea vivencia:
pasa as de buen grado por el puente.
Nietzsche

Yo amo a aquel cuya alma est tan llena que se olvida de


s mismo, y todas las cosas estn en l: todas las cosas devie-
nen as su ocaso.
Yo amo a quien es de espritu libre y de corazn libre: su
cabeza no es as ms que las entraas de su corazn, pero su
corazn lo empuja al ocaso.
Yo amo a todos aquellos que son como gotas pesadas que
caen una a una de la oscura nube suspendida sobre el hom-
bre: ellos anuncian que el rayo viene, y perecen como
anunciadores.
Mirad, yo soy un anunciador del rayo y una pesada gota
que cae de la nube: mas ese rayo se llama superhombre _
(As habl Zaratustra, Prlogo, 4.)

24. LA TRANsMUTAciN: Lo NEGATIVO


AL sERvicio DE UNA AEiRMAciN sUPERioR
El problema psicolgico en el tipo de Zaratustra consiste
en cmo aquel que, en un grado inaudito, dice no, hace no
a todo lo a rmado hasta ahora, puede ser, a pesar de ello, la
anttesis de un espritu negador; en cmo el espritu que
porta el destino ms pesado, una tarea fatal, puede ser, a
pesar de ello, el ms ligero y el ms ultraterreno _
Zaratustra es un danzarn : en cmo aquel que posee la
penetracin ms dura, ms terrible de la realidad, aquel
que ha pensado el pensamiento ms abismal, no encuen-
tra en esto, a pesar de ello, ninguna objecin contra la exis-
tencia, ni siquiera contra el eterno retorno de sta _ antes
bien, una razn ms para ser l mismo el eterno s a todas las
cosas, el tremendo e ilimitado decir s y amn... A todos
Extractos r:

los abismos porto yo aun, como bendicin, mi decir s...


Pero esto es, una vez ms, el concepto de Dinisos. (Ecce Homo,
As habl Zaratustra, 6.)

25. ESENCIA AFIRMATIVA DE LA VOLUNTAD DE PODER

Ansia de dominio: ltigo incandescente de los ms duros


entre los duros de corazn; cruel martirio reservado al ms
cruel; sombra llama de piras vivientes.
Ansia de dominio: maligna traba impuesta a los pueblos
ms vanidosos; la que se burla de toda virtud incierta; la
que cabalga todos los corceles y todos los orgullos.
Ansia de dominio: terremoto que quiebra y revienta todo
lo caduco y corrodo; la que se abalanza rugiente y castiga-
dora, rompiendo en pedazos los sepulcros blanqueados;
signo de interrogacin fulminante junto a respuestas pre-
maturas.
Ansia de dominio: ante cuya mirada el hombre se arras-
tra y se encoge y se humilla, rebajndose por debajo de la
serpiente y del cerdo _ hasta que al fin desde l se eleva el
gran desprecio gritando. _
Ansia de dominio: terrible maestra del gran desprecio,
que predica a la cara de ciudades y de imperios T, largo
de aqu! _ hasta que de ellos mismos se eleva este grito
ilargo conmigo!
Ansia de dominio: la que sin embargo, seductora, tam-
bin asciende hasta los puros y solitarios y escala a alturas
que se bastan a s mismas, ardiente como un amor que
pinta seductoramente purpreas bienaventuranzas en los
cielos terrenos.
Nietzsche

Ansia de dominio: mas quin llamara ansia a que lo alto


descienda a apetecer el poder! En verdad, nada malsano ni
ansioso hay en tal apetecer y descender!
El que la solitaria altura no se asle eternamente en sole-
dad y autosuficiencia; el que la montaa descienda al valle
y los vientos de la altura a las hondonadas: _
Oh, quin pudiera encontrar el nombre de pila y de vir-
tud apropiados para este anhelo! Virtud que hace regalos
_ este nombre dio Zaratustra en otro tiempo a lo innom-
hrable. (As habl Zaratustra, III, De los tres males.)

E) EL ETERNO RETORNO
Voy a contar ahora la historia de
Zaratustra. La concepcin funda-
mental de la obra, el pensamiento del
eterno retorno, esa suprema frmula de
la a rmacin... (Ecce Homo)

26. VOLUNTAD DE PODER Y ETERNO RETORNO


Voluntad _ as se llama la que libera y trae alegra: as os
ense, amigos mos! Mas ahora aprended esto otro: la
voluntad misma todava es un prisionero.
El querer libera: pero cmo se llama aquello que todava
encadena tambin al libertador?
EZ)ClLllClLOS

Fue: as se llama el rechinar de dientes y la ms solita-


ria a iccin de la voluntad. Impotente contra lo hecho _
es la voluntad un malvado espectador de todo lo pasado.
La voluntad no puede querer hacia atrs; el que no pueda
quebrantar el tiempo ni la voracidad del tiempo _ sa es
la ms solitaria a iccin de la voluntad.
El querer libera: qu inventa el querer mismo para
librarse de su a iccin y burlarse de su calabozo?
Ay, un necio deviene todo prisionero! Neciamente se
redime tambin a s misma la voluntad prisionera.
Que el tiempo no corra hacia atrs, se es su rencor; lo
que fue _ as se llama la piedra que ella no puede remo-
ver.
Y as ella remueve piedras por rencor y por rabia, y toma
venganza en aquello que no siente, igual que ella, rencor y
rabia.
As la voluntad, el libertador, devino un autor de dolores:
y en todo lo que puede sufrir toma venganza de no poder
ella volver atrs. 9
Esto, s, esto solo es la venganza misma: la repugnancia de
la voluntad frente al tiempo y su fue.
En verdad, una gran necedad habita en nuestra voluntad;
y el que esa necedad aprendiese el espritu devino maldi-
cin para todo lo humano!
El espritu de la venganza: amigos mos, esto fue hasta
ahora el mejor re exionar de los hombres; y donde haba
sufrimiento, all deba haber siempre castigo.
Y es que castigo se llama a s misma la venganza: con
una palabra embustera finge hipcritamente ante s una
buena conciencia.
Y como en el que quiere hay el sufrimiento de no poder
jg Nietzsche

querer hacia atrs _ entonces el querer mismo y toda vida


deban _ ser castigo!
Y ahora se ha acumulado nube tras nube sobre el espri-
tu: hasta que al fin la demencia predic: Todo perece, por
ello todo es digno de perecer!.
Y esto es la justicia misma, aquella ley del tiempo segn
la cual tiene ste que devorar a sus propios hijos: as pre-
dic la demencia.
Las cosas estn ordenadas moralmente conforme a dere-
cho y castigo. Oh, dnde est la redencin del ro de las
cosas y del castigo existencia? As predic la demencia.
Puede haber redencin si existe un derecho eterno? Ay,
irremovible es la piedra fue: eternos tienen que ser tam-
bin todos los castigos! As predic la demencia.
Ningn acto puede ser aniquilado: cmo podra ser des-
hecho por el castigo! Esto, esto es lo eterno en el castigo
existencia, que tambin la existencia tiene que volver a
ser eternamente acto y culpa!
A no ser que la voluntad se redima al n a s misma y el
querer se convierta en no-querer _: pero vosotros cono-
cis, hermanos mos, esta cantilena de fbula de la demen-
cia!
Yo os apart de todas esas cantilenas de fbula cuando os
ense: La voluntad es un creador.
Todo fue es un fragmento, un enigma, un espantoso azar
_ hasta que la voluntad creadora diga a esto: Pero as lo
quiero yo! As lo querr yo!
Pero habl ya ella as? Y cundo ocurrir esto? Se ha
desuncido ya la voluntad del yugo de su propia estupidez?
Se ha convertido ya la voluntad para s misma en la que
libera y trae alegra? Ha desaprendido el espritu de ven-
Extractos L

ganza y todo rechinar de dientes?


Y quin le ha enseado a ella la reconciliacin con el
tiempo, y cosas ms altas que toda reconciliacin?
Cosas ms altas que toda reconciliacin tiene que querer
la voluntad que es voluntad de poder _ : sin embargo,
cmo le ocurre esto? Quin le ense aun el querer hacia
atrs? (As habl Zaratustra, II, De la redencin.)

27. POR QUE DA MIEDO EL ETERNO RETORNO


No era ste el madero de martirio a que yo estaba sujeto,
no el que yo supiese: el hombre es malvado _ sino que yo
grit como nadie ha gritado an:
Ay, qu tremendamente pequeas son sus peores cosas!
Ay, qu tremendamente pequeas son sus mejores cosas!
El gran hasto que sent del hombre _ se era el que me
estrangulaba y el que se me haba deslizado en la garganta:
y lo que el adivino haba profetizado: Todo es igual, nada
merece la pena, el saber estrangula.
Un largo crepsculo iba cojeando delante de m, una tris-
teza cansada hasta la muerte, ebria de muerte, que hablaba
con boca bostezante.
Eternamente retorna, el hombre del que ests cansado, el
hombre pequeo _ as bostezaba mi tristeza y arrastraba
el pie y no poda conciliar el sueo.
En una caverna se transform para m la tierra de los
hombres, su pecho se hundi, todo lo vivo convirtise para
m en podredumbre humana y en huesos y en caduco pasa-
do.
Mi suspirar estaba sentado sobre todos los sepulcros de los
Nietzsche

hombres y no poda ya ponerse en pie; mi suspirar y mi


preguntar presagiaban augurios y estrangulaban y roan y
se lamentaban da y noche:
Ay, el hombre retorna eternamente! El hombre peque-
o retorna eternamente! L
Desnudos haba visto yo en otro tiempo a ambos, al hom-
bre ms grande y al hombre ms pequeo: demasiado
semejantes entre s _ demasiado humano incluso el ms
grande!
Demasiado pequeo el ms grande! ste era mi has-
to del hombre! Y eterno retorno tambin del ms peque-
o! _ ste era mi hasto de toda existencia!
Ay, nusea! nusea! nusea! _ _ As habl Zaratustra,
y suspir y tembl; pues se acordaba de su enfermedad.
(As habl Zaratustra, III, El conValeciente.)

28. EL MIEDO SUPERADO: A


EL ETERNO RETORNO COMO PENSAMIENTO SELECTIVO
Pero si todo es necesario, cmo puedo disponer de mis
acciones? El pensamiento y la creencia son un peso gra-
Voso que pesa sobre ti junto a todos los dems pesos, y ms
que ellos. Dices que la alimentacin, el lugar, el clima y la
sociedad te transforman y determinan? Pues bien, tus opi-
niones lo hacen an ms, pues son ellas las que te determi-
nan a esa alimentacin, a ese lugar, clima y sociedad. _ Si
te incorporas el pensamiento de los pensamientos, ste te
transformar. La pregunta, por lo que toca a todo lo que
quieras hacer: es as que quiera hacerlo incontables
Veces? es el mximo peso.
EQCZTICLOS

[...] Mi doctrina dice: vivir de tal manera que tengas que


desear que vivir de nuevo sea la tarea _ lo hars de todos
modos! A quien el esfuerzo le proporcione el sentimiento
ms elevado, que se esfuerce; a quien el reposo le propor-
cione el Sentimiento ms elevado, que repose; a quien Se lo
proporcionen la conformidad, la sumisin y la obediencia,
que obedezca. Slo que tenga a bien llegar a ser consciente de
lo que le proporciona el sentimiento ms elevado y no
rehuir medio ninguno! Est en juego la eternidad!
Esta doctrina es suave para con los que no creen en ella,
no tiene ni in ernos ni amenazas. El que no cree no es
consciente ms que de una vida pasajera. (*l88l)

29. EL MIEDO SUPERADO:


EL ETERNO RETORNO COMO SER SELECTIVO
l.
Si soy un adivino y estoy lleno de aquel espritu vaticina-
dor que camina sobre una elevada cresta entre dos
mares,-
que camina como una pesada nube entre lo pasado y lo
por venir, _ hostil a las hondonadas sofocantes y a todo lo
que est cansado y no es capaz ni de vivir ni de morir:
dispuesta al rayo en su oscuro seno y al redentor resplan-
dor, grvida de rayos que dicen s!, ren s!, dispuesta a
vaticinadores relampagueos: _
_ bienaventurado el que as est grvido! Y, en verdad,
mucho tiempo tiene que estar suspendido de la montaa,
cual pesado temporal, quien alguna vez debe encender la
Nietzsche

luz del porvenir! _


Oh, cmo no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial ani-
llo de los anillos, _ el anillo del retorno!
Nunca encontr todava la mujer de quien quisiera tener
hijos, a no ser esta mujer a quien yo amo: pues yo te amo,
oh Eternidad!
Pues ya te amo, oh Eternidad!

2.
Si alguna vez mi clera quebrant sepulcros, desplaz
mojones fronterizos e hizo rodar viejas tablas, rotas, a pro-
fundidades escarpadas:
Si alguna vez mi escarnio avent palabras corruptas y yo
Viiie como una escoba para araas cruceras y como Viento
que barre viejas y as xiantes criptas ftinerarias:
Si alguna Vez me sent jubiloso all donde yacen enterra-
dos Viejos dioses, bendiciendo al mundo, amando al
ni undo, junto a los monumentos de los Viejos calumniado-
res del mundo: _
_ pues yo amo incluso las iglesias y los sepulcros de dio-
ses, cuando el cielo ya mira con su Ojo puro a travs de sus
derruidos techos; me gusta sentarme, como hierba y roja
amapola, sobre derruidas iglesias. _
Oh, cmo no iba yo a anhelar la Eternidad y el nupcial
anillo de los anillos, _ el anillo del retorno?
Nunca encontr todava la mujer de quien quisiera tener
hijos, a no ser esta mujer a quien yo amo: pues yo te amo,
oh Eternidad!
Pues yo te amo, oh Eternidad!
Extractos 1 13

3.
Si alguna Vez lleg hasta m un soplo del soplo creador y
de aquella celeste necesidad que incluso a los azares fuerza
a bailar ronda de estrellas:
Si alguna vez re con la risa del rayo creador, al que gru-
endo, pero obediente, sigue el prolongado trueno del
acto:
Si alguna vez jugu a los dados con los dioses sobre la divi-
na mesa de la tierra, de tal manera que la tierra se estreme-
ci y se resquebraj y arroj resoplando ros de fuego: _
pues una mesa de dioses es la tierra, que tiembla con nue-
Vas palabras creadoras y con divinas tiradas de dados: _
Oh, cmo no iba yo a anhelar la Eternidad y el nupcial
anillo de los anillos, _ el anillo del retorno?
Nunca encontr todava la mujer de quien quisiera tener
hijos, a no ser esta mujer a quien yo amo: pues yo te amo,
oh Eternidad!
Pues yo te amo, oh Eternidad! (As habl Zaratustra, III,
Los siete sellos.)

30. LA DOBLE AEiRMAciN

[............ ..]
Supremo astro del ser!
Tapiz de guras eternas!
T vienes a m? _
Tu muda belleza,
que nadie ha contemplado _
cmo? no huye ante mis miradas? _
| | Nietzsche

iBlasn de la necesidad!
Tapiz de guras eternas!
_ pero t bien sabes:
lo que todos odian,
lo que slo yo amo:
que tu eres eterno,
que eres necesario! _
Mi amor se in ama
eternamente slo al amor de la necesidad.
Blasn de la necesidad!
Supremo astro del ser!
_que ningn deseo alcanza,
_que ningn no mancilla,
eterno s del ser,
eternamente soy tu s:
pues yo te amo, oh Eternidad! _ _
(* l 888, Ditirambos de Dinisos)

31. EL SUPERHOMBRE
Yo Os enseo el superhombre. El hombre es algo que debe
ser superado. Qu habis hecho para superarlo?
Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de
ellos mismos: y queris ser vosotros el re ujo de esa gran
marea, y retroceder al animal ms bien que superar al hom-
bre?
Qu es el mono para el hombre? Una irrisin O una Ver-
genza dolorosa. Y justo eso es lo que el hombre debe ser
para el superhombre: una irrisin O una Vergenza doloro-
sa.
Extractos

Habis recorrido el camino que lleva desde el gusano


hasta el hombre, y muchas cosas en Vosotros continan
siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y aun ahora
es el hombre ms mono que cualquier mono.
Y el ms sabio de vosotros es tan slo un ser escindido,
hbrido de planta y fantasma. Pero os mando yo que os
convirtis en fantasmas O en plantas?
Mirad, yo os enseo el superhombre!
El superhombre es el sentido de la Tierra. Diga vuestra
voluntad: sea el superhombre el sentido de la Tierra!
Yo os conjuro, hermanos mos, permaneced fieles a la
Tierra y no creis a quienes os hablan de esperanzas sobre-
terrenales! Son envenenadores, lo sepan O no.
Son despreciadores de la vida, son moribundos y estn,
ellos tambin, envenenados, la Tierra est cansada de ellos:
ojal desaparezcan!
En otro tiempo el delito contra Dios era el mximo deli-
to, pero Dios ha muerto y con El han muerto tambin esos
delincuentes. Ahora lo ms horrible es delinquir contra la
Tierra y apreciar las entraas de lo inescrutable ms que el
sentido de ella! [...] (As habl Zaratustra, Prlogo, 3.)

32. SIGNIFICADO DEL SUPERHOMBRE

La palabra superhombre, que designa un tipo de pti-


ma constitucin, en contraste con los hombres moder-
nos, con los hombres buenos, con los cristianos y dems
nihilistas _una palabra que, en boca de Zaratustra, el ani-
quilador de la moral, se convierte en una palabra muy
digna de re exin, ha sido entendida casi en todas partes
Nietzsche

con total inocencia, en el sentido de aquellos Valores cuya


anttesis se ha manifestado en la figura de Zaratustra, es
decir, ha sido entendida como tipo idealista de una espe-
cie superior de hombre, mitad santO, mitad genio... _
Ulros doctos animales con cuernos me han achacado, por
su parte, darwinismo; incluso se ha redescubierto aqu el
culto de los hroes, tan duramente rechazado por m, de
aquel gran falsario involuntario e inconsciente que fue
( larlyle. Y una persona a quien le susurr al odo que debe-
ria buscar un Csar Borgia ms bien que un Parsifal, no dio
credito a sus odos.
| ......... ..]
Y como desciende Zaratustra y dice a cada uno lo ms
benigno! Cmo l mismo coge con manos delicadas a sus
contradictores, los sacerdotes, y sufre con ellos a causa de
ellos! _ Aqu el hombre est superado en todo momento,
el concepto de superhombre se Volvi aqu realidad
suprema, _ en una in nita lejana, por debajo de l, yace
todo aquello que hasta ahora se llam grande en el hombre.
l.o alcinico, los pies ligeros, la omnipresencia de maldad
V arrogancia, y todo lo dems que es tpico del tipo
Zaratustra, jams se so que eso ftiera esencial a la gran-
dcza. justo en esa amplitud de espacio, en esa capacidad de
acceder a lo contrapuesto, siente Zaratustra que l es la
especie ms alta de todo lo existente. [...] (Ecce Homo, Por
que escribo tan buenos libros, l, y 6 en la exposicin de
Zaratustra.)
Extractos

CONCLUSION: SOBRE LA LOCURA


Y a veces la locura misma es la ms-
cara que oculta un saber fatal y dema-
siado seguro. (Ms all del bien y del
mal)
Al fin, preferira con mucho ser
profesor en Basilea que ser Dios; pero
no he osado llevar mi egosmo priva-
do hasta el extremo de descuidar por
causa de l la creacin del mundo. Ya
ve usted, uno tiene que hacer sacrili-
cios, da igual cmo y dnde se Viva.
[...] Lo que resulta desagradable y
molesto para mi modestia es que, en
el fondo, cada uno de los nombres de
la Historia soy yo; tambin con los
nios que he puesto en el mundo la
situacin es tal que sopeso con alguna
descon anza si no ser que todos los
que entran en el reino de Dios pro-
vienen tambin de Dios. Este otoo, y
lo ms ligero de ropa que poda, he
asistido dos veces a mi entierro, pri-
mero en calidad de conte Robilant
(no, se es mi hijo, en la medida en
que soy Carlo Alberto, mi naturaleza
de abajo), pero Antonelli era yo
mismo. (Carta a Burckhardt, 6 de
enero de 1889.)
Nietzsche

33. LA LOCURA Y Los DIOSES


[Link] griegos se sirvieron largamente de sus dioses justo
para mantener apartada de s la mala conciencia, para
tener derecho a permanecer contentos de su libertad de
alma: as pues, en un sentido contrario al uso que el cris-
tianismo ha hecho de su Dios. En ello llegaron muy lejos,
estos inagnficos nios de leonino coraje; y nada menos
que una autoridad tan grande como la del mismo Zeus
homrieo les da a entender de cuando en cuando que se
toman las cosas como un juego de nios. Ay!, dice en
una ocasin _se trata del caso de Egisto, un caso muy
i.iraVe_
Ay, es de ver cmo sin tregua acusan los mortales a los dioses!
Slo de nosotros viene lo malo, as creen; pero ellos mismos
con su insensatez se causan sus inforttinios, incluso contra el
[destino.
Sin embargo, aqu omos y vemos a un tiempo que tam-
hien este espectador y juez olmpico est lejos de enojarse
por esto con ellos y de tomarles a mal: Qu necios sonl,
piensa al contemplar las fechoras de los mortales, _ y
neeedad, insensatez, un poco de perturbacin en la
cabeza, todo eso lo consintieron en s mismos incluso los
griegos de la poca ms vigorosa, ms Valerosa, como fun-
damento de muchas cosas malas y funestas: _ necedad,
no pecado! Lo comprendis?... Pero incluso esa perturba-
cin de la cabeza era un problema _ pues, cmo es ella
posible siquiera?, de dnde, verdaderamente, puede haber
venido a cabezas como las de nosotros, nosotros, hombres
del noble linaje, de la fortuna, de la buena hechura, de la
Extractos r

mejor sociedad, del seoro, de la Virtud? _ as se pre-


gunt durante siglos el griego distinguido a la vista de cual-
quier atrocidad O crimen incomprensibles para l, con los
que se hubiera manchado alguno de sus iguales. Un dios,
sin duda, tiene que haberlo trastornado, se deca al nal,
meneando la cabeza... Esta salida es tpica de los griegos... Y
de esa manera servan entonces los dioses para justificar
hasta cierto punto al hombre incluso en lo malo, servan
como causas del mal _ entonces los dioses no tomaban a
su cargo la pena, sino, lo que es ms distinguido, la culpa...
(La genealoga de la moral, II, 23.)

34. FUNCION DE LA LOCURA


Casi en todas partes es la locura la que abre el camino al
pensamiento nuevo, la que quebranta el interdicto de un
uso y una supersticin venerados. Comprendis por qu
era menester que fuera la locura? Algo tan horripilante e
impredecible en la voz y el gesto como los caprichos dem-
nicos de la intemperie y de la mar, y digno por ello de un
temor y de una reverencia similares? Algo que portaba de
manera tan visible el signo de una completa involuntarie-
dad como las convulsiones y los espumarajos del epilpti-
co, algo que pareca marcar de tal manera al loco como
mscara y tambor de resonancia de una divinidad? Algo
que al propio portador de un pensamiento nuevo le inspi-
raba veneracin y estremecimiento ante s y no le causaba
ya remordimientos de conciencia, y que lo empujaba a con-
vertirse en profeta y mrtir de ese pensamiento? _
Mientras que an hoy se nos sugiere una y otra vez que al
| ,U Nietzsche

genio le ha tocado, en lugar de un grano de cordura, un


grano de la especia de la locura, a todos los hombres de
otros tiempos les resultaba mucho ms natural el pensa-
miento de que all donde hay locura habra tambin una
pizca de genio y de sabidura, _ algo divino, como se
deca en un susurro. O ms an: uno se expresaba con bas-
tante contundencia. Los mayores bienes se los ha depara-
do a Grecia la locura, deca Platn junto con toda la huma-
nidad antigua. Avancemos un paso ms: a todos aquellos
hombres superiores a los que les atraa irresistiblemente
quebrantar el yugo de cualquier moralidad y dar nuevas
leyes, no les quedaba ms remedio, si no estaban verdadera-
mente locos, que volverse O ngirse locos. [...]
CmO se vuelve uno loco cuando no se es tal y no se
atreve uno a parecerlo?: tal es el razonamiento atroz al que
se entregaron casi todos los hombres eminentes de la civi-
lizacin antigua; una secreta doctrina hecha de artificios y
de indicaciones dietticas se propag sobre ello, junto al
sentimiento de inocencia, de santidad incluso, que inspira-
ban dichas meditaciones y propsitos. Las recetas para
convertirse en curandero entre los indios, en santo entre
los cristianos de la Edad Media, en angekok entre los gro-
enlandeses, o en paj entre los brasileos, son en esencia las
mismas: el ayuno insensato, la abstinencia sexual perma-
nente, el retirarse al desierto o el ascender a una montaa,
O encaramarse a una columna, O sentarse sobre un viejo
sauce con vistas a un lago y no pensar en absoluto en nada
ms que en aquello que pueda traer consigo un arroba-
miento y un desorden espiritual. Quin osar mirar en la
selva de los ms amargos y ms super uos padecimientos
en los que probablemente se habrn consumido justo los
Extractos

hombres ms fecundos de todas las pocas! Y or esos


lamentos de los solitarios y trastornados: Ay, dadme locu-
ra, oh Celestes! Locura, para que por fin crea en m
mismo! Dadme delirios y convulsiones, luces y tinieblas
repentinas, espantadme con pasmos y ardores como nin-
gn mortal jams sinti, con batahola y rondar de guras,
hacedme gemir y lloriquear y arrastrarme como un animal:
todo con tal de encontrar la fe en m mismo! La duda me
devora, he matado la ley, la ley me angustia como un cad-
ver a un vivo: si no soy ms que la ley, soy el ms infame de
los infames. El nuevo espritu que hay en m, de dnde
viene si no es de vosotros? Demostradme, pues, que soy
vuestro; slo la locura me lo demuestra. Y con liarta lrt-
cuencia ese fervor alcanzaba con creces su objetivo: en
aquel tiempo en que el cristianismo demostr con mas pro-
fusin su fecundidad en santos y anacoretas, creyendo de
ese modo demostrarse a s mismo, hubo en Jerusaln gran-
des manicomios para santos infortunados, para aquellos
que haban inmolado su ltima pizca de cordura. (Aurora,
I, 14.)

[NOTA DE LOS EDITORES: Los textos de Nietzsche han sido traduci-


dos directamente del original alemn, segun la edicin ya cannica de
Colli y Montinari, de la que an no se dispona en 1965, cuando
Deleuze realiz esta seleccin.]

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