3- ESPAA
Este fue el carcter general del absolutismo en Occidente. Sin
embargo, los Estados territoriales especficos que llegaron a
la existencia en los diferentes pases de la Europa renacentista
no pueden asimilarse simplemente a un tipo puro singular. De
hecho, manifestaron grandes variaciones que habran de tener
cruciales consecuencias para las historias posteriores de los
pases afectados, y que todava hoy pueden sentirse. Un anlisis
de estas variantes es, por tanto, un complemento necesario de
cualquier consideracin sobre la estructura general del absolutismo
en Occidente. Espaa, la primera gran potencia de la
Europa moderna, nos ofrece el punto lgico de partida.
El auge de la Espaa de los Habsburgo no fue un mero
episodio dentro de un conjunto de experiencias concurrentes
y equivalentes de construccin del Estado en Europa occidental:
fue tambin un determinante auxiliar de todo el conjunto
como tal. Ocupa, pues, una posicin cualitativamente distinta
en el proceso general de absolutizacin. El alcance y el impacto
del absolutismo espaol entre las otras monarquas occidentales
de esta poca fue, en sentido estricto, desmesurado. Su presin
internacional actu como especfica sobredeterminacin
de los modelos nacionales del resto del continente, a causa del
poder y la riqueza desproporcionados que tena a su disposicin:
la concentracin histrica de este poder y esta riqueza en
el Estado espaol no pudo dejar de afectar en su totalidad a la
forma y direccin del naciente sistema occidental de Estados.
La monarqua espaola debi su preeminencia a la combinacin
de dos conjuntos de recursos que eran, a su vez, proyecciones
inusuales de excepcional magnitud, de los componentes generales
del absolutismo ascendente. Por una parte, su casa real
se benefici ms que ninguna otra famila europea de los pactos
de poltica matrimonial dinstica. Las conexiones familiares de
los Habsburgo produjeron al Estado espaol un volumen de
territorio e influencia que ninguna monarqua rival pudo igualar:
supremo fruto de los mecanismos feudales de expansin
poltica. Por otra parte, la conquista colonial del Nuevo Mundo
le suministr una superabundancia de metales preciosos que
puso en sus manos un tesoro fuera del alcance de cualquiera
de sus contrarios. Dirigido y organizado dentro de unas estructuras
que eran todava notablemente seoriales, el pillaje de
las Amricas fue al mismo tiempo, y a pesar de eso, el acto
singular ms espectacular de la acumulacin originaria de capital
europeo durante el Renacimiento. El absolutismo espaol
deriv su fuerza, pues, tanto de la herencia del engrandecimiento
feudal en el interior como del botn de la extraccin de capital
en el exterior. Naturalmente, nunca se plante ningn problema
acerca de los intereses econmicos y sociales a los que responda
principal y permanentemente el aparato poltico de la
monarqua espaola. Ningn otro de los grandes estados absolutistas
de Europa occidental habra de tener un carcter tan
nobiliario o tan enemigo del desarrollo burgus. La misma
fortuna de su temprano control de las minas de Amrica con
su primitiva pero lucrativa economa de extraccin, le empuj
a no promover el desarrollo de manufacturas ni fomentar la
expansin de empresas mercantiles dentro de su imperio europeo.
En lugar de eso, dej caer su enorme peso sobre las
comunidades comerciales ms activas del continente, al mismo
tiempo que amenazaba a las otras aristocracias terratenientes
en un ciclo de guerras interaristocrticas que durara ciento
cincuenta aos. El podero espaol ahog la vitalidad urbana
de la Italia del norte y aplast las florecientes ciudades de la
mitad de los Pases Bajos, las dos zonas ms avanzadas de la
economa europea a comienzos del siglo xvi. Holanda escap
finalmente a su control en una larga lucha por la independencia
burguesa. En el mismo perodo, los estados monrquicos del
sur de Italia y de Portugal fueron absorbidos por Espaa Las
monarquas de Francia e Inglaterra sufrieron los ataques hispnicos.
Los principados de Alemania fueron invadidos repetidamente
por los tercios de Castilla. Mientras las flotas espaolas
cruzaban el Atlntico o patrullaban por el Mediterrneo
los ejercitos espaoles cubran la mayor parte de Europa occidental,
de Amberes a Palermo y de Ratisbona a Kinsale. Sin
embargo, la amenaza del dominio de los Habsburgo precipit
finalmente las reacciones y fortific las defensas de las dinastas
dispuestas en orden de batalla contra ella. La prioridad
espaola dio a la monarqua de los Habsburgo la funcin de
establecer un sistema para el conjunto del absolutismo occidental.
Pero al mismo tiempo, como veremos, limit bsicamente
la naturaleza del propio absolutismo espaol en el interior del
sistema que ayud a originar pi absolutismo espaol naci de la unin de Castilla y Aragn,
f f e c t u a d a por el matrimonio de Isabel I y Fernando II en
1469 Comenz con una base econmica aparentemente firme
Durante la escasez de trabajo producida por la crisis general
del feudalismo occidental, numerosas reas de Castilla se convirtieron
a una lucrativa economa lanera, que hizo de ella la
Australia de la Edad Media 1 y uno de los grandes socios del
comercio flamenco. Aragn, por su parte, haba sido durante
mucho tiempo una potencia territorial y comercial en el Mediterrneo,
donde controlaba Sicilia y Cerdea. El dinamismo
poltico y militar del nuevo Estado dual se revel muy pronto
de forma dramtica en una serie de majestuosas conquistas
exteriores. El ltimo reducto moro de Granada fue destruido
y la Reconquista qued completada; Npoles fue anexionado y
Navarra absorbida; y, sobre todo, fueron descubiertas y subyugadas
las Amricas. La vinculacin familiar con los Habsburgo
aadi muy pronto Miln, el Franco Condado y los Pases
Bajos. Esta repentina avalancha de xitos convirti a Espaa
en primera potencia de Europa durante todo el siglo XVI, y la
hizo gozar de una posicin internacional que ningn otro absolutismo
continental sera nunca capaz de emular. Sin embargo,
el Estado que presidi este vasto imperio era en s mismo un
montaje destartalado, unido tan slo, en ltimo trmino, por
la persona del monarca. El absolutismo espaol, tan imponente
para el protestantismo nrdico, fue de hecho notablemente modesto
y limitado en su desarrollo interior. Sus articulaciones
internas fueron, quiz, las ms dbiles y heterclitas. Sin duda,
hay que buscar las razones de esta paradoja fundamentalmente
en la curiosa relacin triangular entre el imperio americano,
el imperio europeo y la patria ibrica.
Los reinos conjuntos de Castilla y Aragn, unidos por Fernando
e Isabel, presentaban una base extremadamente diversa
para la construccin de la nueva monarqua espaola a finales
del siglo xv. Castilla era tierra de una aristocracia con enormes
posesiones y de poderosas rdenes militares; tena tambin un
considerable nmero de ciudades, aunque significativamente careca
an de una capital fija. La nobleza castellana haba tomado
de la monarqua grandes extensiones de propiedad agraria durante
las guerras civiles de finales de la Edad Media. Entre
un 2 y un 3 por 100 de la poblacin controlaba ahora alrededor
del 97 por 100 del suelo. Ms de la mitad de ste era propiedad,
a su vez, de unas pocas familias de potentados que se elevaban
por encima de la numerosa pequea nobleza de hidalgos2. En
esas grandes propiedades, la agricultura cerealista ceda constantemente
terreno a la cra de ovejas. La rpida expansin de
la lana, que proporcion las bases para las fortunas de tantas
casas aristocrticas, estimul al mismo tiempo el crecimiento
urbano y el comercio exterior. Las ciudades castellanas y la
marina cntabra se beneficiaron de la prosperidad de la economa
pastoril de finales de la Espaa medieval, que estaba ligada
por un complejo sistema comercial a la industria textil de
riandes. El perfil econmico y demogrfico de Castilla dentro
de la Union era, pues, ventajoso desde el principio: con una
poblacion calculada entre cinco y siete millones y un boyante
comercio ultramarino con Europa del norte, era sin dificultad
el Estado dominante de la pennsula. Polticamente, su constitucin
era curiosamente inestable. Castilla-Len fue uno de los
primeros reinos medievales de Europa que desarroll un sistema
de Estados en el siglo xin; a mediados del siglo xv la
ascendencia fctica de la nobleza sobre la monarqua haba
llegado a ser, durante cierto tiempo, muy grande. Pero el codicioso
poder de la ltima aristocracia medieval no haba establecido
ningn molde jurdico. Las Cortes fueron siempre, de
hecho, una asamblea ocasional e indefinida; quiz a causa del
caracter migratorio del reino castellano, al desplazarse hacia
el sur y arrastrar en este movimiento su modelo social, nunca
haba desarrollado una institucionalizacin slida y fija del sistema
de Estados. As, tanto la convocatoria como la composicin
de las Cortes quedaban sujetas a la arbitraria decisin de
la monarqua, con el resultado de que las sesiones fueran
espasmdicas y no pudiera surgir de ellas ningn sistema regular
de tres curias. Por una parte, las Cortes carecan de poderes
para iniciar una legislatura; por otra, la nobleza v el clero gozaban
de inmunidad fiscal. El resultado era un sistema de Estados
en el que nicamente las ciudades tenan que pagar los impuestos
votados por las Cortes, impuestos que, por otra parte
recaan prcticamente de forma exclusiva sobre las masas La
aristocracia no tena, por tanto, ningn inters econmico directo
en su representacin en los Estados castellanos, que formaban
una institucin relativamente dbil y aislada. El corporatismo
aristocrtico encontr una expresin aparte en las
ricas y poderosas rdenes militares Calatrava, Alcntara y
santiago que haban sido creadas por las cruzadas; pero
tas rdenes carecan, por naturaleza, de la autoridad colect
a de un Estado nobilario propiamente dicho.
El carcter econmico y poltico del reino de Aragn3 ofreca
m fuerte contraste con el de Castilla. El alto Aragn del interior
abrigaba el sistema seorial ms represivo de la pennsula
Ibrica; la aristocracia local estaba investida con todo el repertorio
de poderes feudales sobre un campo estril en el que
an sobreviva la servidumbre y donde un campesinado morisco
esclavizado trabajaba penosamente para sus seores cristianos.
Catalua, por otra parte, haba sido tradicionalmente el centro
de un imperio mercantil en el Mediterrneo: Barcelona era la
mayor ciudad de la Espaa medieval, y su patriciado urbano la
clase comercial ms rica de la regin. La prosperidad catalana,
sin embargo, haba sufrido gravemente durante la larga depresin
feudal. Las epidemias del siglo xiv golpearon al principado
con especial violencia, volviendo una y otra vez, despus de la
misma peste negra, a causar estragos en la poblacin, que
perdi alrededor de un tercio entre 1365 y 1497 4. Las bancarrotas
comerciales se mezclaron con la agresiva competencia de
los genoveses en el Mediterrneo, mientras los pequeos comerciantes
y los gremios de artesanos se rebelaban contra los patricios
en las ciudades. En el campo, los campesinos se levantaron
para desterrar los malos usos y tomar las tierras desiertas,
en las rebeliones de los remensas del siglo xv. Finalmente, una
guerra civil entre la monarqua y la nobleza, que arrastr a los
dems grupos sociales, debilit todava ms la economa catalana.
Sus bases exteriores en Italia, sin embargo, permanecieron
intactas. La tercera provincia del reino, Valencia, se situaba
socialmente entre Aragn y Catalua. La nobleza explotaba el
trabajo morisco; durante el siglo xv se expandi una comunidad
mercantil, a medida que el dominio financiero bajaba de Barcelona
por la costa. El crecimiento de Valencia, sin embargo,
no compens adecuadamente el declinar de Catalua. La disparidad
econmica entre los dos reinos de la unin creada por
el matrimonio de Fernando e Isabel puede apreciarse en el
hecho de que la poblacin de las tres provincias de Aragn
sumaba en su totalidad alrededor de un milln de habitantes,
mientras Castilla tena entre cinco y siete millones. Por otra
parte, el contraste poltico entre ambos reinos no era menos
sorprendente. En Aragn poda encontrarse, quiz, la estructura
de Estados ms compleja y defensiva que exista en Europa
Las tres provincias de Catalua, Valencia y Aragn tenan sus
propias Cortes independientes. Cada una de ellas dispona, adems,
de instituciones especiales de control jurdico permanente
y de administracin econmica derivadas de las Cortes. La
Diputado catalana un comit permanente de las Cortes era
su ejemplo ms eficaz. Por otra parte, cada una de las Cortes
deba ser convocada estatutariamente a intervalos regulares y
su funcionamiento estaba sujeto a la regla de la unanimidad
dispositivo nico en toda la Europa occidental. Las Cortes
aragonesas tenan el refinamiento suplementario de un sistema
de cuatro curias que representaban a los potentados, la pequea
aristocracia, el clero y los burgueses 5. In toto, este complejo
de libertades medievales ofreca un panorama singularmente
difcil para la construccin de un absolutismo centralizado De
hecho, la asimetra de los rdenes institucionales de Castilla y
Aragn habra de determinar, a partir de entonces, todo el
futuro de la monarqua espaola.
Fernando e Isabel tomaron, comprensiblemente, el obvio
camino de concentrarse en el establecimiento de un poder real
inconmovible en Castilla, donde las condiciones para ello eran
mucho ms propicias. Aragn presentaba obstculos polticos
mucho ms graves para la construccin de un Estado centralizado,
y perspectivas mucho menos favorables de fiscalizacin
economica. Castilla tena una poblacin cinco o seis veces mayor,
y su superior riqueza no estaba protegida por barreras
constitucionales comparables. As pues, los dos monarcas pusieron
en prctica un programa metdico de reorganizacin
economica. Las rdenes militares fueron decapitadas, y sus vastas
posesiones de tierras y rentas anexionadas. Fueron demolidos
castillos de baronas, desterrados seores fronterizos y
prohibidas las guerras privadas. La autonoma municipal de las
ciudades qued suprimida por la implantacin de corregidores
oficiales para administrarlas; la justicia real fue reforzada y
extendida. Se conquist para el Estado el control de los beneficios
eclesisticos, poniendo el aparato local de la Iglesia fuera Ae 1 alcance del papado. Las Cortes fueron domesticadas
prolesivamente
por la omisin efectiva de la nobleza y el clero
\ sus asambleas desde 1480, y como el principal propsito de
L convocatoria era recaudar impuestos para los gastos militares
sobre todo para las guerras de Granada e Italia), de los que
estaban exentos el primer y segundo estados, poca razn tenan
stos para resistir esa restriccin. Las recaudaciones fiscales
lamentaron de forma impresionante: las rentas de Castilla
subieron de unos 900.000 reales en 1474 a 26.000.000 en 1504
P1 Consejo Real fue reformado, y la influencia de los grandes
excluida de l; el personal del nuevo organismo estaba compuesto
por burcratas-juristas o letrados que procedan de la
pequea aristocracia. Los secretarios profesionales trabajaban
bajo el control directo de los soberanos en el despacho de los
asuntos corrientes. La mquina de Estado castellana, en otras
palabras, fue racionalizada y modernizada. Pero la nueva monarqua
nunca contrapuso esta mquina al conjunto de la clase
aristocrtica. Las altas posiciones militares y diplomticas
siempre quedaron reservadas para los magnates, que conservaron
sus grandes virreinatos y gobernaduras mientras los nobles
menores llenaban los rangos de los corregidores. Los dominios
reales usurpados desde 1454 fueron recobrados por la monarqua,
pero los que se haban apropiado antes de esa fecha
la mayora se dejaron en manos de la nobleza, a cuyas posesiones
se aadieron nuevas tierras de Granada, mientras se
confirmaba la inamovilidad de la propiedad rural mediante el
mayorazgo. Adems, se concedieron deliberadamente amplios
privilegios a los intereses pastoriles de la Mesta en el campo,
dominado por los latifundistas del sur; mientras, las medidas
discriminatorias contra el cultivo de cereales terminaron por
fijar los precios de venta del grano. En las ciudades se impuso
a la fuerza un estrecho sistema de gremios sobre la naciente
industria urbana, y la persecucin religiosa contra los conversos
condujo al xodo del capital judo. Todas estas polticas
se llevaron a cabo en Castilla con gran energa y resolucin.
En Aragn, por otra parte, nunca se intent .un programa
poltico de alcance comparable. Por el contrario, lo nico que
Fernando pudo conseguir all fue la pacificacin social y la
restauracin de la ltima constitucin medieval. A los campesinos
remensas se les concedi finalmente la remisin de sus
obligaciones en 1486, por medio de la Sentencia de Guadalupe,
y el malestar rural disminuy. El acceso a la Diputaci se amplio
con la introduccin de un sistema de sorteo. Por lo dems
las decisiones de Fernando confirmaron sin ninguna ambigedad
la identidad especfica del reino oriental: las libertades catalanas
fueron expresamente reconocidas en su totalidad en la
Observanga de 1481, y nuevas barreras contra posibles infracciones
reales se aadieron al arsenal de armas legales va existente
contra cualquier forma de centralizacin monrquica
Fernando, que residi pocas veces en su pas natal, instal en
las tres provincias virreyes, que ejercan una autoridad delegada
por el, y cre un Consejo de Aragn, con base principalmente
en Castilla, para que sirviera de lazo con ellos. Aragn
quedo asi, de hecho, prcticamente abandonado a sus propios
rganos; incluso los grandes intereses laneros -todopoderosos
allende el Ebro fueron incapaces de obtener sancin legal
para el paso de sus ovejas por tierras destinadas a la agricultura.
Desde el momento en que Fernando se vio obligado solemnemente
a reconfirmar todos sus espinosos privilegios contractuales,
nunca se plante la cuestin de una posible fusin administrativa
a ningn nivel entre Aragn y Castilla. Lejos de crear
un remo unificado, sus Catlicas Majestades ni siquiera consiguieron
establecer una moneda nica', por no hablar de un
sistema fiscal o legal comn dentro de sus reinos. La Inquisicin
- c r e a c i n nica en la Europa de aquel t i e m p o - debe estudiarse
en este contexto: fue la nica institucin espaola unitaria
en la pennsula, y sirvi como tremendo aparato ideolgico
para compensar la divisin y dispersin administrativa reales
del Estado.
La subida de Carlos V al trono iba a complicar, pero no a
modificar sustancialmente, este modelo; en ltimo trmino si
algo hizo fue acentuarlo. El resultado ms inmediato de la llegada
de un soberano Habsburgo fue una corte nueva, llena de
extranjeros y dominada por flamencos, borgoones e italianos.
Las extorsiones financieras del nuevo rgimen provocaron
muy pronto en Castilla una ola de intensa xenofobia popular
La marcha del monarca hacia el norte de Europa fue la seal
para una amplia rebelin urbana contra lo que se senta como
expolio extranjero de los recursos y las posiciones castellanas
La rebelin comunera de 1520-1521 consigui el apoyo inicial de
muchos nobles de las ciudades, apelando a un conjunto tradi n a i de demandas constitucionales. Pero su fuerza
impulsora
fueron las masas artesanas populares de las ciudades, y su
irlerazeo dominante fue la burguesa urbana del norte y el
" ntro de Castilla, cuyos ncleos comerciales y manufactureros
haban experimentado una fuerte alza econmica en el periodo
" e d e n t e 8 . El movimiento encontr poco o ningn eco en el
rampo tanto entre el campesinado como entre la aristocracia
rural V no afect seriamente a aquellas regiones cuyas ciudades
eran pocas o dbiles, Galicia, Andaluca, Extremadura o Guadalaiara
El programa federal y protonacional de la junta
revolucionaria que crearon las comunas castellanas durante su
insurreccin defina con toda claridad a sta, bsicamente, como
una sublevacin del tercer estado. Su derrota ante los ejrcitos
reales, a los que se haba unido el grueso de la aristocracia
una vez que se hizo evidente el radicalismo potencial de la
sublevacin, represent pues un momento crtico en la consolidacin
del absolutismo espaol. El aplastamiento de la rebelin
comunera elimin realmente los ltimos vestigios de una constitucin
contractual en Castilla, y en adelante condeno a las
Cortes para las que haban pedido los comuneros sesiones
regulares trianuales a la nulidad. Con todo, fue ms significativo
el hecho de que la victoria fundamental de la monarqua
espaola sobre una resistencia corporativa contra el absolutismo
real en Castilla en realidad, su nica confrontacin armada
con una oposicin en el r e i n o fuese la derrota militar de las
ciudades y no una derrota de los nobles. En ninguna otra parte
de Europa occidental le ocurri lo mismo al naciente absolutismo:
el modelo principal fue la supresin de las rebeliones
aristocrticas, no de las burguesas, incluso cuando ambas estaban
mezcladas estrechamente. Su triunfo sobre las comunas
castellanas, al comienzo de su existencia, habra de apartar en
adelante el curso de la monarqua espaola del de sus equivalentes
europeos.
El desarrollo ms espectacular del reinado de Carlos quinto, fue,
evidentemente, su vasta ampliacin de la rbita internacional de
los Habsburgo. Al patrimonio personal de los soberanos de
Espaa se aadan ahora, en Europa, los Pases Bajos, el Franco
Condado y Miln, mientras se conquistaban Mxico y Per en
Las Americas. Durante la vida del emperador, toda Alemania fue un gran teatro
De operaciones sobre y en torno a estas posesiones hereditarias. Esta repentina expansin territorial
reforz inevitablemente la anterior tendencia del naciente Estado
absolutista hacia una delegacin de poderes por medio de
consejos y virreyes para las diversas posesiones dinsticas. El
canciller piamonts de Carlos V, Mercurino Gattinara, inspirado
por los ideales universalistas erasmianos, se esforz por conferir
a la pesada masa del imperio de los Habsburgo un ejecutivo
ms slido y eficaz, creando algunas instituciones unitarias
de tipo departamental especialmente un Consejo de Finanzas,
un Consejo de Guerra y un Consejo de Estado (este
ltimo, tericamente, sera la cima de todo el edificio imperial)
con responsabilidades plenas de carcter transregional.
Estos consejos se apoyaban en un creciente secretariado permanente
de funcionarios civiles a disposicin del monarca. Pero,
al mismo tiempo, se fue formando progresivamente una nueva
serie de consejos territoriales, el primero de ellos establecido
por el propio Gattinara para el gobierno de las Indias. A finales
de siglo haba no menos de seis consejos territoriales para
Aragn, Castilla, las Indias, Italia, Portugal y Flandes. Si se
excepta a Castilla, ninguno de ellos tuvo sobre el terreno un
cuerpo adecuado de funcionarios locales, y la administracin
se confi a virreyes, que quedaron sujetos al control, tantas
veces torpe, y a la lejana direccin de los Consejos 10. A su vez,
los poderes de los virreyes eran normalmente muy limitados.
Slo en Amrica dirigieron los servicios de su propia burocracia,
pero incluso all estaban flanqueados por las audiencias,
que les arrebataron la autoridad judicial de la que gozaban en
otras partes. "En Europa tuvieron que llegar a un acuerdo con
las aristocracias locales siciliana, valenciana o napolitana,
que normalmente reclamaban por derecho propio un monopolio
virtual de los cargos pblicos. El resultado de todo esto fue
el bloqueo de una verdadera unificacin del conjunto del imperio
internacional y de la misma patria ibrica. Las Amricas
quedaron jurdicamente ligadas al reino de Castilla, y el sur de
Italia a la corona de Aragn. Las economas atlntica y mediterrnea,
representadas por cada uno de ellos, nunca se fundieron
en un nico sistema comercial. La divisin entre los dos
primeros reinos de la unin, dentro de Espaa, fue reforzada
en la prctica por las posesiones ultramarinas, que ahora se
unan a ellos. A fines jurdicos, el estatuto de Catalua podra
asimilarse simplemente al de Sicilia o al de los Pases Bajos.
El imperio de los Habsburgo paralizo el proceso de centralizacin administrativa
En Espaa.
As mismo el reinado de Carlos quinto inauguro la sucesin guerras europeas que
Habra de ser el precio del podero espaol en el continente Italia y Francia se movan
bajo la hegemona espaola el Papado estaba intimado y el poder turco suprimido.
Durante el reinado de Carlos quinto aumento el gasto de los ejrcitos de los Habsburgo
La reforma quedo invicta en Alemania a pesar de los intentos por combatirla o llegar a un acuerdo.
El emperador llego a tener entre 60 mil y 150 mil soldados en su ejrcito, el endeudamiento se triplico y tambin los
impuestos.
para la fecha de su abdicacin
en 1556 aunque las deudas reales eran tan grandes que su
heredero tuvo que declarar formalmente, un ao despus, la
bancarrota del Estado. El imperio espaol del Viejo Mundo
heredado por Felipe II, siempre administrativamente dividido
se estaba haciendo econmicamente insostenible a mediados de
siglo; el Nuevo Mundo habra de restaurar su tesoro y prolongara
asi su desunin.
A partir de la dcada de 1560, los mltiples efectos del imperio
americano sobre el absolutismo espaol determinaron de
forma creciente su futuro, aunque es preciso no confundir los
diferentes planos de su actuacin. El descubrimiento de las
minas del Potos increment enormemente el flujo de metales
preciosos coloniales a Sevilla. El suministro de grandes cantidades
de plata desde las Amricas se convirti a partir de
entonces en una ayuda decisiva para el Estado espaol, porque
proporciono al absolutismo hispnico una renta extraordinaria
copiosa y permanente que estaba fuera por completo del mbito
convencional de las rentas estatales de Europa. De esta
forma, e absolutismo espaol pudo continuar prescindiendo
durante largo tiempo de la lenta unificacin fiscal y administrativa
que fue la condicin previa del absolutismo en otros
pases La tenaz obstinacin de Aragn se compens con la
ilimitada condescendencia de Per. Dicho con otras palabras
as colonias pudieron actuar como un sustituto estructural de
las provincias en un sistema poltico global en el que las verdaderas
provincias fueron sustituidas por patrimonios anrquicos.
En este sentido, nada es ms sorprendente que la falta
absoluta de una contribucin aragonesa, o incluso italiana al
esfuerzo de guerra espaol en Europa a finales del siglo xvi
y durante todo el siglo xvn. Castilla tuvo que soportar prcticamente
sola la carga fiscal de las interminables campaas en el
extranjero: tras de ella estaban, precisamente, las minas de las
Indias. Pero la incidencia total del tributo americano en los
presupuestos imperiales espaoles era, desde luego, mucho menor
de lo que se supona popularmente en aquel tiempo En el
punto culminante de las flotas portadoras de tesoros, los metales
preciosos de las colonias representaron nicamente el 20
o 25 por 100 de sus rentas totales El grueso de los restantes
i n e r e s o s de Felipe II lo proporcionaban las cargas domsticas
castellanas: el tradicional impuesto sobre las ventas o alcabala,
i o s servicios especiales impuestos a los pobres, la cruzada recaudada
al clero y a los laicos con la sancin de la Iglesia y
ios bonos pblicos o juros vendidos a las clases propietarias.
Los metales americanos, sin embargo, desempearon tambin
su papel al sostener la base impositiva metropolitana del Estado
de los Habsburgo: los niveles fiscales extremadamente altos
de los sucesivos reinados fueron sostenidos indirectamente
por las transferencias privadas de metales preciosos a Castilla,
cuyo volumen superaba en ms del doble al de la afluencia publica15;
el notable xito de los juros como dispositivo para la
obtencin de fondos fue el primer uso que se hizo de estos
bonos por una monarqua absoluta en Europa se explica parcialmente,
sin duda, por su capacidad para explotar esta nueva
riqueza monetaria. Por otra parte, el incremento colonial de las
rentas reales fue absolutamente decisivo, por s mismo, para
la direccin de la poltica exterior espaola y para la naturaleza
del Estado espaol, porque llegaba en forma metlica, susceptible
de utilizarse directamente para financiar los movimientos
de tropas o las maniobras diplomticas en toda Europa, y porque
proporcionaba excepcionales oportunidades de crdito a
los monarcas Habsburgo, que podan obtener en el mercado
monetario internacional unas sumas a las que ningn otro principe
poda aspirar. Las grandes operaciones militares y navales
de Felipe II, desde el canal de la Mancha al mar Egeo, y
desde Tnez a Amberes, fueron posibles nicamente a causa
de la extraordinaria flexibilidad financiera debida al excedente
americano.
Al mismo tiempo, sin embargo, el impacto de los metales
americanos sobre la economa espaola, entendida como algo
diferente al Estado castellano, no fue menos importante, aunque
en otro sentido. En la primera mitad del siglo xvi, el moderado
nivel de envos martimos (con un componente ms alto de oro)
estimul las exportaciones castellanas, que respondieron rpidamente
a la inflacin de precios que sigui a la llegada del
tesoro colonial. Debido a que el 60-70 por 100 de estos metales,
que no iban directamente a las arcas reales, tenan que comprarse
como otra mercanca cualquiera a los empresarios locales
de Amrica, se desarroll un floreciente comercio con las
colonias, principalmente en textiles, aceite y vino. El control
monopolista de este mercado cerrado benefici inicialmente a
los productores castellanos, que pudieron vender en l a precios
inflacionarios, aunque muy pronto los consumidores del
interior habran de quejarse con amargura del coste de la vida
en Castilla 17. Hubo en este proceso, sin embargo, dos movimientos
fatales para el conjunto de la economa castellana. En primer
lugar, el incremento de la demanda colonial provoc una
mayor conversin hacia el vino y el olivo de tierras destinadas
antes a la produccin de cereal. Esto reforz la ya desastrosa
tendencia, alentada por la monarqua, hacia una contraccin
de la produccin del trigo en benefico de la lana, porque la
industria lanera espaola, contrariamente a la inglesa, no era
sedentaria, sino trashumante, y, por tanto, extremadamente
destructora de las tierras cultivables. El resultado conjunto de
estas fuerzas hara de Espaa uno de los primeros pases importadores
de grano, por vez primera en la dcada de 1570. La
estructura de la sociedad rural castellana era ya ahora completamente
distinta de cualquier otra de Europa occidental.
Los arrendatarios y pequeos propietarios campesinos constituan
una minora. En el siglo xvi, ms de la mitad de la poblacin
rural de Castilla la Nueva (quiz incluso hasta un 60 70
por 100) eran trabajadores agrcolas o jornaleros18, cuya proporcin
en Andaluca era probablemente ms alta. Haba un
desempleo muy grande en los pueblos, y unas pesadas rentas
feudales sobre las tierras seoriales. Pero lo ms sorprendente
de todo es que los censos espaoles de 1571 y 1586 revelan la
existencia de una sociedad en la que slo un tercio de la poblacin
masculina estaba dedicada a la agricultura, mientras que
no menos de sus dos quintas partes se situaban fuera de toda
produccin econmica directa, sector terciario prematuro e
hinchado de la Espaa absolutista que prefiguraba el futuro
estancamiento secular. Con todo, el dao final causado por el
nexo colonial no se limit a la agricultura, rama dominante
e la produccin interior en aquel tiempo. El influjo de los
metales preciosos procedentes del Nuevo Mundo provoc tambin
un parasitismo que min y paraliz progresivamente las
manufacturas de Castilla. La inflacin acelerada elev los costos
de produccin de la industria textil que operaba dentro de
unos lmites tcnicos muy rgidos, hasta tal punto que las
prendas castellanas no pudieron competir finalmente ni en el
mercado colonial ni en el metropolitano. Los comerciantes
intrusos holandeses e ingleses comenzaron a llevarse el pastel
de la demanda americana, mientras que los artculos extranjeros
ms baratos invadan la misma Castilla. Hacia finales de siglo,
los textiles castellanos eran vctimas de la plata boliviana. El
grito sali ya a la superficie: Espaa son las Indias del extranjero;
Espaa se ha convertido en la Amrica de Europa, en un
terreno para la competencia de bienes extranjeros. De esta
forma, tanto la economa agraria como la urbana quedaron
heridas, en ltimo trmino, por el resplandor del tesoro americano,
como muchos contemporneos lamentaban20. El mismo
imperio que inyectaba recursos en el aparato militar del Estado
para sus inslitas aventuras exteriores estaba arruinando el
potencial productivo de Castilla.
Pero ambos efectos estaban ntimamente ligados. Si el imperio
americano era la perdicin de la economa espaola, el imperio
europeo era la ruina del Estado de los Habsburgo; el
primero haca financieramente posible la prolongada lucha por
el segundo. Sin los embarques de metales preciosos a Sevilla,
el colosal esfuerzo blico de Felipe II hubiera sido impensable.
Y fue precisamente este esfuerzo lo que habra de derrumbar
la original estructura del absolutismo espaol. El largo reinado
del Rey Prudente, que cubri casi toda la segunda mitad del
siglo xvi, no fue exactamente una serie uniforme de fracasos
exteriores, a pesar del inmenso gasto y de los severos contratiempos
que sufri en la arena internacional. De hecho, su pauta
bsica no fue diferente a la de Carlos V: xito en el sur, derrota
en el norte. En el Mediterrneo, la expansin naval turca fue
bloqueada definitivamente en Lepanto en 1571, con una victoria
que confin para siempre y de forma eficaz a las flotas otomanas
dentro de sus propias aguas. Portugal fue incorporado suavemente
al bloque Habsburgo, por medio de una diplomacia
dinstica y una invasin oportuna. Su absorcin aadi a las
colonias hispnicas de las Indias las numerosas posesiones lusitanas
en Asia, Africa y Amrica. El mismo imperio ultramarino
espaol aument con la conquista de las Filipinas en el Pacfico,
que, desde el punto de vista logstico y cultural, fue la
ms asombrosa colonizacin del siglo. El aparato militar del
Estado espaol se elev a un grado mayor y ms firme de pericia
y eficacia, y su organizacin y sistema logsticos se convirtieron
en los ms avanzados de Europa. El tradicional deseo
de los hidalgos castellanos de servir en los tercios fortaleci
a sus regimientos de infantera21, mientras que las provincias
italiana y walona se mostraron, para la poltica internacional
de los Habsburgo, como una fiable cantera de soldados, ya que
no de impuestos. De modo significativo, los contingentes multinacionales
de los ejrcitos de los Habsburgo luchaban mejor
en terreno extranjero que en el nativo, y su misma diversidad
permita un grado relativamente menor de dependencia de mercenarios
extranjeros. Por primera vez en la Europa moderna,
un amplio ejrcito regular se mantuvo con xito a gran distancia
de la patria imperial durante una infinidad de dcadas. A
partir de la llegada de Alba, el ejrcito de Flandes cont alrededor
de 65.000 hombres durante el resto de la guerra de los
Ochenta Aos con los holandeses, lo que fue un hecho sin precedentes
22. Por otra parte, la disposicin permanente de estos
ejrcitos en los Pases Bajos habla por s sola. Los holandeses,
que mostraron ya un sordo descontento por las exacciones fiscales
y las persecuciones religiosas de Carlos V, explotaron en
lo que habra de convertirse en la primera revolucin burguesa
de la historia, bajo la presin del centralismo tridentino de
Felipe II. La rebelin de Holanda supona una amenaza directa
para los vitales intereses espaoles, porque ambas economas
estrechamente ligadas desde la Edad Media eran en gran
parte complementarias: Espaa exportaba lana y metales preciosos
a los Pases Bajos e importaba textiles, material de gue rra grano y pertrechos navales. Adems, Flandes aseguraba el
L r c o estratgico de Francia y era, pues, un punto neurlgico
en la hegemona internacional de los Habsburgo. Pues bien, a
pesar de sus inmensos esfuerzos, el poder militar espaol fue incapaz
de romper la resistencia de las Provincias Unidas. Por otra
parte, la intervencin armada de Felipe II en las guerras de
religin francesas y su ataque naval a Inglaterra dos ampliaciones
fatales del teatro blico original en Flandes fueron
rechazadas: la dispersin de la Armada Invencible y el acceso
al trono de Enrique IV marcan la derrota de su atrevida poltica
en el norte. Con todo, el balance internacional al final de su
reinado era todava aparentemente formidable, lo que result
peligroso para sus sucesores, a los que leg un sentido intacto
de su estatura continental. El sur de los Pases Bajos haba
sido reconquistado y fortificado. Las flotas lusohispnicas se
reconstituyeron rpidamente despus de 1588 y rechazaron con
xito los asaltos ingleses contra las rutas atlnticas de metales
preciosos. Y la monarqua francesa fue salvada, en limo trmino,
del protestantismo.
En Espaa, por otra parte, el legado de Felipe II al comenzar
el siglo xvn era ms visiblemente sombro. Castilla tena
ahora por vez primera una capital fija en Madrid, lo que facilitaba
el gobierno central. El Consejo de Estado, dominado
por los grandes y que deliberaba sobre los asuntos importantes
de gobierno, estaba ms que contrabalanceado por la acrecentada
importancia del secretariado del rey, cuyos diligentes funcionarios
juristas provean a aquel monarca, atado a su mesa
de despacho, de los instrumentos burocrticos de gobierno ms
adaptados a su genio. La unificacin administrativa de los patrimonios
dinsticos no se prosigui, sin embargo, con coherencia
alguna. Las reformas absolutistas se forzaron en los Pases
Bajos, donde condujeron al desastre, y en Italia, donde tuvieron
un xito de modestas dimensiones. En la propia pennsula Ibrica,
por el contrario, nunca se intent seriamente ningn progreso
en esta misma direccin. La autonoma constitucional y
legal portuguesa se respet escrupulosamente; ninguna interferencia
castellana perturb el orden tradicional de esta nueva
regin occidental. En las provincias orientales, el particularismo
aragons provoc frontalmente al rey, protegiendo a su
fugitivo secretario Antonio Prez de la justicia real por medio
de motines armados; una fuerza invasora aplast en 1591 esta
descarada sedicin, pero Felipe se abstuvo de cualquier ocupacin
permanente de Aragn o de modificar sustancialmente su constitucin23. La oportunidad para una solucin centralista
se dej escapar deliberadamente. Mientras tanto, la situacin
econmica de la monarqua y del pas se fue deteriorando ominosamente
a finales de siglo. Los envos de plata llegaron a
sus niveles ms altos entre 1590 y 1600, pero los costos de
guerra haban crecido tanto que se impuso en Castilla un nuevo
tributo sobre el consumo que afectaba esencialmente a los alimentos
los millones y que se convirti en adelante en una
carga todava ms pesada sobre los pobres de los campos y las
ciudades Las rentas totales de Felipe II se haban ms que
cuadruplicado a finales de su reinado24: a pesar de todo le
sorprendi una bancarrota oficial en 1596. Tres aos ms tarde
a peor peste de la poca se abati sobre Espaa, diezmando
la poblacion de la pennsula.
La subida al trono de Felipe III fue seguida de la paz con
Inglaterra (1604), una nueva bancarrota (1607) y la reticente
firma de una tregua con Holanda (1609). El nuevo rgimen
estaba dominado por el aristcrata valenciano Lerma un privado
frivolo y venal que haba impuesto su ascendiente personal
sobre el rey. La paz trajo consigo una prdiga ostentacin
cortesana y la multiplicacin de los honores; el viejo secretanado
perdi su influencia poltica, mientras la nobleza castellana
se congregaba de nuevo en torno al suavizado centro
del Estado. Las dos nicas y notables medidas gubernativas de
Lerma fueron el sistemtico uso de devaluaciones para salvar
las finanzas reales, inundando al pas con el devaluado velln
de cobre, y la expulsin en masa de Espaa de los moriscos
que nicamente sirvi para debilitar la economa rural arago
nesa y valenciana: los resultados inevitables fueron la inflacin
de precios y la escasez de fuerza de trabajo. Mucho ms grave
a largo plazo, sin embargo, fue la silenciosa transformacin que
estaba teniendo lugar en el conjunto de la relacin comercial
entre Espaa y Amrica. Aproximadamente desde 1600 en adelante,
las colonias americanas estaban alcanzando cada vez ms
la autosuficiencia en los artculos bsicos que haban importado
tradicionalmente de Espaa: grano, aceite y vino; se comenzaba
tambin a producir ahora localmente pao basto- la
construccin de barcos se desarrollaba con rapidez y el comercio
entre las colonias experiment un alza repentina. Estos
cambios coincidan con el crecimiento de una aristocracia rriolla en las colonias, cuya riqueza provena ms de la
agricultura
que de la minera25. Las propias minas entraron en una
orofunda crisis desde la segunda dcada del siglo Xvn. En parte
a causa del colapso demogrfico de la fuerza de trabajo india
producido por las epidemias devastadoras y por la sobreexplotacin
en las cuadrillas subterrneas y en parte por
agotamiento del filn, la produccin de plata comenz a bajar.
El descenso desde el punto ms alto del siglo anterior fue
inicialmente gradual. Pero la composicin y direccin del comercio
entre el Viejo y el Nuevo Mundo estaban transformndose
irreversiblemente en detrimento de Castilla. El modelo de
importacin colonial cambiaba hacia bienes manufacturados
ms sofisticados, que Espaa no poda proveer, y que llevaban
de contrabando los comerciantes ingleses u holandeses; el capital
local prefera la inversin sobre el terreno antes que la
transferencia a Sevilla, y los embarques nativos americanos
incrementaron su participacin en los fletes atlnticos. El resultado
neto fue un descenso calamitoso del comercio espaol con
sus posesiones americanas, cuyo tonelaje total cay en un 60
por 100 desde 1606-10 a 1646-50.
En tiempos de Lerma, las consecuencias definitivas de este
proceso permanecan an ocultas para el futuro, pero el relativo
declinar de Espaa en los mares y el auge a sus expensas
de las potencias protestantes de Inglaterra y Holanda ya eran
visibles. Tanto la reconquista de la repblica holandesa como
la invasin de Inglaterra haban fracasado en el siglo XVI. Pero
desde esa fecha, los dos enemigos martimos de Espaa se haban
hecho ms prsperos y poderosos, mientras la Reforma
continuaba su avance en la Europa central. El cese de hostilidades
durante una dcada b a j o el mandato de Lerma convenci
nicamente a la nueva generacin de generales y diplomticos
imperialistas Ziga, Gondomar, Osuna, Bedmar, F u e n t e s -
de que Espaa no poda permitirse el lujo de la paz, por ms
que la guerra fuese cara. El acceso de Felipe IV al trono, y la
subida del autoritario conde-duque de Olivares al ms alto poder
en Madrid, coincidieron con una sublevacin en las tierras
de Bohemia de la rama austraca de los Habsburgo. Apareca
as ahora la ocasin para aplastar al protestantismo en Alemania
y ajustar las cuentas con Holanda, un objetivo interrelacionado
con la necesidad estratgica de dominar el corredor
de Renania para los movimientos de tropas entre Italia y Flandes.
La guerra europea fue, pues, desencadenada una vez ms, por intermedio de Viena pero por iniciativa de Madrid, en la
dcada de 1620. El transcurso de la guerra de los Treinta Aos
invirti curiosamente el modelo de las dos grandes confrontaciones
de los ejrcitos de los Habsburgo en el siglo anterior.
Mientras Carlos V y Felipe II haban conseguido victorias iniciales
en el sur de Europa y sufrido derrotas finales en el
norte, las tropas de Felipe IV alcanzaron xitos tempranos en
el norte slo para experimentar desastres definitivos en el sur.
El volumen de la movilizacin espaola para esta tercera y ltima
confrontacin general fue formidable: en 1625, Felipe IV
reuna a 300.000 hombres bajo sus rdenes26. Los Estados de
Bohemia fueron aplastados en la batalla de la Montaa Blanca
con ayuda de subsidios y veteranos hispnicos, y la causa de
protestantismo fue derrotada permanentemente en tierras checas.
Con la captura de Breda, Spnola forz la retirada de los
holandeses. El contraataque sueco en Alemania, tras derrotar
a los ejrcitos de Austria y de la Liga, fue deshecho en Nordlingen
por los tercios espaoles al mando del Cardenal-Infante.
Pero fueron precisamente estas victorias las que forzaron finalmente
la entrada de Francia en las hostilidades, inclinando decisivamente
la balanza militar contra Espaa. La reaccin de Pars
ante Nordlingen, en 1634, fue la declaracin de guerra de
Richelieu en 1635. Los resultados se hicieron muy pronto evidentes.
Breda fue reconquistada por los holandeses en 1637.
Breisach, nudo de los caminos a Flandes, cay un ao despus.
Al ao siguiente, el grueso de la flota espaola fue enviada al
fondo del mar en las Dunas, un golpe mucho peor para la
marina de los Habsburgo que el destino de la Armada Invencible.
Por ltimo, en 1643, el ejrcito francs acab con la
supremaca de los tercios en Rocroi. La intervencin militar
de la Francia borbnica se haba revelado como algo muy diferente
a las confrontaciones con los Valois en el siglo anterior.
La nueva naturaleza y el peso del absolutismo francs fueron
los que habran de provocar la cada del podero imperial espaol
en Europa. Porque mientras en el siglo xvi Carlos V y
Felipe II se haban aprovechado de la debilidad interna del Estado
francs, utilizando la desafeccin provincial para invadir
Francia, ahora los papeles se haban trastocado: un absolutismo
francs ms maduro era capaz de explotar la sedicin aristocrtica
y el separatismo regional de.la pennsula Ibrica para
invadir la propia Espaa. En la dcada de 1520 los ejrcitos
espaoles marcharon sobre Provenza, en la de 1590 sobre el Languedoc, Bretaa y la Isla de Francia, con la alianza o la
complacencia de los disidentes locales. En la dcada de 1640,
l o S soldados y barcos franceses luchaban junto a los rebeldes
contra los Habsburgo en Catalua, Portugal y Npoles: el absolutismo
espaol estaba acorralado en su propio terreno.
Al fin, la prolongada tensin del conflicto internacional en el
norte se dej sentir en la propia pennsula Ibrica. Tuvo que
declararse una nueva bancarrota de Estado en 1627; el velln
fue devaluado en un 50 por 100 en 1628, a lo que sigui en
1629-31 un fuerte bajn en el comercio transatlntico; la flota
de la plata no pudo llegar en 164027. Los costes totales de la
guerra provocaron nuevos tributos sobre el consumo, imposicin
de contribuciones al clero, confiscacin de los intereses
de los bonos pblicos, embargo de los transportes de metales
preciosos privados, ventas ilimitadas de honores y especialmente
de jurisdicciones seoriales a la nobleza. Todas estas
medidas no fueron suficientes, sin embargo, para recaudar las
sumas necesarias para la prosecucin de la lucha, porque sus
costos eran soportados prcticamente por Castilla sola. Portugal
no produca absolutamente ninguna renta a Madrid, porque
los subsidios locales se destinaban a fines defensivos en las
colonias portuguesas. Flandes era crnicamente deficitario.
Npoles y Sicilia haban contribuido en el siglo anterior con
una suma modesta pero respetable al tesoro central. Ahora,
sin embargo, los costos de la defensa de Miln y del mantenimiento
de los presidios en Toscana absorban todas sus rentas,
a pesar del incremento en los impuestos, la venta de cargos y
las enajenaciones de tierras. Italia provea todava una valiossima
contribucin humana a la guerra, pero ningn dinero .
Navarra, Aragn y Valencia contribuan a lo sumo con escasas
y pequeas ayudas a la dinasta en sus momentos de peligro.
Catalua, la regin ms rica del reino oriental y la provincia
ms parsimoniosa de todas, no permita que los impuestos se
gastaran ni que las tropas se enviaran fuera de sus fronteras.
El costo histrico del fracaso del Estado de los Habsburgo para
armonizar sus reinos ya era evidente al comienzo de la guerra
de los Treinta Aos. Olivares, que se percat de los graves
peligros que entraaba para el sistema del Estado la falta de
una integracin central y de la aislada y peligrosa hegemona
de Castilla dentro de ese sistema, propuso a Felipe IV una profunda
reforma de toda la estructura, en un memorndum secreto
de 1624. Defenda Olivares la equiparacin simultnea
de las cargas fiscales y las responsabilidades polticas entre los
diferentes patrimonios dinsticos, lo que habra permitido el
acceso regular de los nobles aragoneses, catalanes e italianos
a los ms altos puestos del servicio real, a cambio de una distribucin
ms equitativa de la carga impositiva y la aceptacin
de leyes uniformes modeladas sobre las de Castilla29. Este anteproyecto
era demasiado atrevido para ser dado a la publicidad,
por miedo a la reaccin castellana y no castellana. Pero Olivares
elabor tambin un segundo proyecto ms limitado, la
Unin de Armas, para la creacin de un ejrcito comn de
reserva de 140.000 hombres que se reclutara y estara mantenido
por todas las posesiones espaolas para su comn defensa.
Este proyecto, publicado oficialmente en 1626, fue atacado en
todas partes debido al particularismo tradicional. Catalua, especialmente,
se neg a tener nada que ver con l, y en la prctica
el proyecto se qued en letra muerta.
Pero a medida que transcurra el conflicto y empeoraba la
posicin espaola, la presin para recabar alguna asistencia catalana
se hizo en Madrid cada vez ms desesperada. Olivares
decidi forzar la entrada de Catalua en la guerra atacando a
Francia a travs de su frontera sudoriental en 1639, con lo que
pona de facto a la reticente provincia en la primera lnea de
las operaciones espaolas. Este juego temerario se volvi contra
sus autores de forma desastrosa La nobleza catalana, morosa
y de miras estrechas, privada de oficios remuneradores y
aficionada al bandidaje de monte, se enfureci a causa de los
mandos castellanos y de las prdidas sufridas contra los franceses.
El bajo clero azuz el fervor regionalista. El campesinado,
asolado por los alojamientos y las requisas, se levant
contra las tropas en una insurreccin generalizada. Los jornal
e r 0 s del campo y los parados que pululaban en las ciudades
provocaron violentos disturbios en Barcelona y en otras poblaciones
31. La revolucin catalana de 1640 fundi los agravios de
todas las clases sociales, excepto un puado de magnates, en
una explosin imparable. El poder de los Habsburgo en Catalua
se desintegr. La nobleza y el patriciado provocaron la
ocupacin francesa con objeto de atajar los peligros del radicalismo
popular y bloquear una reconquista castellana. Catalua
se convirti, durante una dcada, en protectorado francs.
Mientras tanto, en el otro lado de la pennsula, Portugal haba
organizado su propia sublevacin pocos meses despus de la
rebelin catalana. La aristocracia local, resentida por la prdida
de Brasil ante los holandeses, y segura de los sentimientos
anticastellanos de las masas, no tuvo ninguna dificultad en reafirmar
su independencia, una vez que Olivares cometi el error
garrafal de concentrar los ejrcitos reales en el este, muy bien
defendido y donde las fuerzas franco-catalanas eran victoriosas,
y no en el oeste, relativamente desmilitarizado32. Olivares cay
en 1643; cuatro aos despus, Npoles y Sicilia se sacudieron
a su vez la dominacin espaola. El conflicto europeo haba
agotado la hacienda y la economa del imperio de los Habsburgo
en el sur, dislocando su sistema poltico. En el cataclismo de la
dcada de 1640, a medida que Espaa sucumba en la guerra
de los Treinta Aos y la bancarrota, la peste, el despoblamiento
y la invasin se hacan presentes, fue inevitable que la confusa
unin de los patrimonios dinsticos se dividiera: las revueltas
secesionistas de Portugal, Catalua y Npoles constituyeron un
juicio sobre la debilidad del absolutismo espaol, que se haba
expandido demasiado pronto y con excesiva rapidez, a causa
de su fortuna ultramarina, sin haber terminado sus cimientos
metropolitanos.
Al final, el estallido de la Fronda salv para Espaa a Catalua
e Italia. Mazarino, preocupado por la tempestad interior,
abandon Catalua, y despus de que los seores napolitanos
volvieron a descubrir la lealtad hacia su soberano en Italia,
donde haba estallado una amenazadora revuelta social de po bres rurales y urbanos, la intervencin francesa termin
Sin
embargo, incluso tras la recuperacin de la ltima provincia
mediterrnea, la guerra se arrastr durante otros quince aos
contra los holandeses, los franceses, los ingleses y los portugueses.
En la dcada de 1650 hubo ms prdidas en Flandes
pero lo que ms se prolong fue la lenta tentativa de reconquistar
Portugal. Por entonces, la clase de los hidalgos castellanos
haba perdido todo apetito por el campo de batalla- la
desilusin militar era absoluta entre todos los espaoles En
las ultimas campaas fronterizas lucharon principalmente reclutas
italianos, cuyas deficiencias eran suplidas con mercenarios
irlandeses o alemanes 33. Su nico resultado fue la ruina
de la mayor parte de Extremadura y la reduccin de las finanzas
gubernamentales a su punto ms bajo de manipulacin y
dficit, ftiles. Hasta 1668 no se acept la paz ni la independencia
portuguesa Seis aos ms tarde tuvo que cederse a Francia el
Franco-Condado. El reinado paraltico de Carlos II presenci
la reconquista del poder poltico central por los grandes que
se aseguraron la dominacin directa del Estado con el golpe
aristocrtico de 1677, cuando don Juan Jos de Austria su
candidato para la regencia condujo a Madrid con todo xito
un ejercito aragons. Ese mismo reinado experiment la ms
negra depresin econmica del siglo, con cierre de industrias
colapso de la moneda, reversin a un intercambio de trueque'
escasez de alimentos y disturbios por el pan. Entre 1600 y 1700
la poblacion total de Espaa descendi de 8.500.000 a 7 000 000
la peor regresin demogrfica de Occidente. El Estado de los
Habsburgo estaba moribundo a finales de siglo: su muerte en
la persona de su espectral soberano, Carlos II el Hechizado, era
esperada en todas las cancilleras europeas como la seal que
convertira a Espaa en el botn de Europa.
De hecho, el resultado de la guerra de sucesin espaola
renov el absolutismo en Madrid, al liquidar sus ingobernables
responsabilidades exteriores. Los Pases Bajos e Italia quedaron
definitivamente perdidos. Aragn y Catalua, que haban
apoyado al candidato austraco, fueron derrotados y sometidos
en la guerra civil que tuvo lugar dentro de la guerra internacional.
Una nueva dinasta francesa se instal en Espaa. La monarqua
borbnica consigui lo que los Habsburgo haban sido
incapaces de hacer. Los grandes - m u c h o s de los cuales se haban
pasado al campo angloaustriaco en la guerra de sucesi fueron sometidos y excluidos del poder central. Por medio de
, importacin de la experiencia y de las tcnicas mucho ms
J n z a d a s del absolutismo francs, los funcionarios civiles exu
d a d o s crearon en el siglo x vm un Estado unitario y centralizado34
Los sistemas de Estados de Aragn, Valencia y Catalua
fueron eliminados y su particularismo qued suprimido, mientras
se introduca el instrumento francs de los intendants reales
para el gobierno uniforme de las provincias. El ejrcito fue
drsticamente refundido y profesionalizado con una base semirreclutad'a
y un mando rgidamente aristocrtico. La administracin
colonial fue reforzada y reformada: libres de sus posesio
nes europeas, los Borbones mostraron que Espaa poda gobernar
su imperio americano de forma competente y rentable. De
hecho este fue el siglo en el que, al fin, emergi gradualmente
una Espaa unida, como algo opuesto a la semiumversal monarqua
espaola de los Habsburgo35.
Con todo la obra de la burocracia Carolina que racionaliz
el Estado espaol no pudo revitalizar a la sociedad espaola.
Era ya demasiado tarde para iniciar un desarrollo comparable
al de Francia o Inglaterra. La otrora dinmica economa castellana
haba recibido su golpe de gracia bajo Felipe IV Y aunque
se produjo una verdadera recuperacin demogrfica (la
poblacin se elev de siete a once millones) y el cultivo del
cereal se extendi considerablemente en Espaa, solo el 6U
por 100 de la poblacin tena algn trabajo en la agricultura,
mientras que las manufacturas urbanas haban desaparecido
prcticamente de la formacin social metropolitana. Tras el
colapso de las minas americanas en el siglo xvn, se produjo un
nuevo auge de la plata mexicana en el siglo XVIII, que, a falta
de una importante industria nacional, probablemente contribuy
ms a la expansin francesa que a la espaola36. El capital
local se desvi, como antes, hacia las rentas pblicas o la tierra.
La administracin del Estado no era numricamente muy am plia, pero estaba plagada de empleomana, la bsqueda
afanosa
del cargo por una nobleza empobrecida. Los enormes latifundios
del sur, cultivados por cuadrillas de jornaleros, provean
las fortunas de una estancada nobleza de grandes, asentada en
las capitales de provincia Desde mediados del siglo en adelante
hubo un reflujo de la ms alta nobleza hacia los puestos
ministeriales, mientras las facciones civil y militar luchaban
por el poder en Madrid: el gobierno del aristcrata aragons
Aranda correspondi al punto ms alto de la influencia
directa de la gran nobleza en la capital38. Sin embargo el
mpetu poltico del nuevo orden estaba llegando a su fin 'En
los ltimos aos del siglo, la corte borbnica estaba sumida en
una completa decadencia que recordaba a la de su predecesor
bajo el control negligente y corrupto de Godoy el
ultimo .privado. Los lmites del renacimiento del siglo XVIII
cuyo epilogo habra de ser el ignominioso colapso de la dinasta
en 1808, siempre fueron evidentes en la estructura administrativa
de la Espaa borbnica, porque, incluso tras las reformas
Carolinas, la autoridad del Estado absolutista sobre vastas
zonas del pas cesaba en el plano municipal. Hasta la invasin
napolenica, ms de la mitad de las ciudades espaolas no estaban
bajo jurisdiccin monrquica, sino bajo jurisdiccin seorial
o clerical. El rgimen de los seoros, una reliquia medieval
que se remontaba a los siglos XII y xm, tena ms importancia
econmica que poltica para los nobles que controlaban aquellas
jurisdicciones, pero no slo les aseguraba beneficios, sino
tambin un poder local jurdico y administrativo3. Estas combinaciones
de soberana y propiedad fueron una reveladora supervivencia
de los principios de seoro territorial en la poca
del absolutismo. El ancien rgime conserv sus races feudales.