50%(2)50% encontró este documento útil (2 votos) 463 vistas101 páginasLa Gracia
Tesis sobre la gracia de Dios
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Gracia y vida moral
a la luz de la enciclica Veritatis splendor
Ramén Salazar EstradaINDICE
Siglas y abreviaturas
Introduccion
Capitulo 1. Gracia y vida moral en torno al Concilio Vaticano IT
1.1, Enel preconcilio
1.1.1, Ensefianza magisterial
1.1.2. Exposicion teologica
1.2. Enel Concilio Ecuménico Vaticano Il
1.2.1, Esquema preparatorio De Ordine Morali
1.2.2. En los documentos del Concilio Vaticano II
Lois Constitucién Sacrosanctum Concilium
[Link]. Constitucién Lumen Gentium
[Link]. Constitucién Dei Verbum
[Link]. Constitucion Gaudium et Spes
[Link]. _ Decretos
1.3. Larenovacion postconciliar
1.3.1. Magisterio pontificio de Pablo VI y Juan Pablo II
bad. Papa Pablo V1
Lhd. Papa Juan Pablo II
1.3.2. La reflexién teolégico-moral de la gracia
— P21. Elcircunstancialismo ético
Pytieces Signos de renovacidn de la teologia moral
13.23. Lagracia en la moralidad del cristiano
14. Presentacién de fa enciclica Veritatis splendor
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Capitulo 2. La gracia, don de Dios
2.1. Dios Padre
2.2. Jesucristo, Ley vivificante
2.3. El Espiritu Santo, principio de vida nueva
2.4, La gracia en la comunidn eclesial
Capitulo 3. La gracia, don a la humanidad
3.1. Consideraciones antropoldgicas
3.2. La vida cristiana bajo el influjo de la gracia
3.2.1, Gracia y moralidad
3.2.2. Gracia y libertad
3.2.3. Gracia y ley
3.2.4. Gracia y virtudes
[Link]. Virtudes cristianas
[Link]. Virtudes humanas
3.2.5. Gracia y pecado
bi
Conclusién general
Bibligrafia
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131
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171
181Gracia y Vida Moral a la Luz de la Enciclica Veritatis Splendor
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Cfr.
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DAS
DetV
DH
DM
DonV
DS
DV
EN
ES
BY
SIGLAS Y ABREVIATURAS
articulo
Concilio Ecum. Vaticano II, decreto Apostolicam
actuositatem
Actae Apostolicae Sedis, Ciudad del Vaticano 1909ss.
Autores varios
Concilio Ecum. Vaticano II, decreto Ad gentes divinitus
Juan Pablo Il, carta enciclica Centesimus annus
Corpus Christianorum. Series Latina, Turnhout 1953ss
Corpus Christianorum, Continuatio Mediaevalis, Turnhout
1966ss.
Concilio Ecum. Vaticano II, decreto Christus Dominus
Juan Pablo II, exhortacién apostdlica Christifideles laici
Concilio Ecum. Tridentino, decreto Cum hoc tempore
Cédigo de Derecho Canonico, 1983.
Catecismo de la Iglesia Catélica
Revista La Civilta Cattolica, Roma 1850ss.
confer (véase)
Revista Concilium, Madrid 196Sss.
Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum, Viena
1866.
Juan Pablo I, exhortacién apostdlica Catechesi tradendae
Pio XI, carta enciclica Divino afflante Spiritu
Juan Pablo Il, carta enciclica Dominum et vivificantem
Concilio Ecum. Vaticano II, declaracién Dignitatis humanae
Juan Pablo Il, carta enciclica Dives in Misericordia
Congregacién para la Doctrina de la Fe, instruccién Donum
vitae
Denzinger y Hiinermann, E/ Magisterio de la Iglesia, Frib.
19678.
Concilio Ecum. Vaticano II, const. dogmatica Dei Verbum
Pablo VI, exhortacion apostdlica Evangelii nuntiandi
Pablo VI, carta enciclica Ecclesiam suam
Enchiridion Vaticanum, Bolonia 1965ss.
06
Gracia y Vida Moral a ta Luz de la
Encictin Verats Splendor
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SP.
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Juan Pablo Il, exhortacién apostélica Familiaris consortio
Pio XII, Alocucién Fédération Mondiale des Jeunesses
Féminines Catholiques
Concilio Ecum. Vaticano II, constitucién pastoral Gaudium
ef spes
Pablo VI, carta enciclica Humanae vitae
Idem (el mismo autor)
Ibidem (alli mismo)
Revista Lateranense
Pio XII, mensaje radiofénico La famiglia
Concilio Ecum. Vaticano II, const. dogmatica Lumen gentium
Pablo VI, carta enciclica Mysterium fidei
numero
numeros
Concilio Ecum. Vaticano II, declaracién Nostra aetate
Concilio Ecum, Vaticano II, decreto Optatam totius
Concilio Ecum. Vaticano II, decreto Perfectae caritatis
Juan Pablo II, exhortacién apostélica Pastores dabo vobis
Miane, Patrologiae cursus completus. Series graeca, Paris 1857
1866.
Micne, Patrologiae cursus completus. Series latina, Paris 1844
1864.
Concilio Ecum. Vaticano II, decreto Presbiterorum ordinis
Pablo VI, carta enciclica Populorum progressio
cuestién
Juan Pablo II, carta enciclica Redemptor hominis
Juan Pablo II, Exhortacién apostélica Reconciliatio et
paenitentia
Rivista di Teologia morale, Bolonia 1969ss.
Concilio Ecum. Vaticano II, constitucién Sacrosanctum
Concilium
Sources chrétiennes, Paris 1942ss.
Juan Pablo II, carta apostolica Spiritus Dominis
Seminarium, Ciudad del Vaticano 1960ss.
Pio XII, carta enciclica Summi Pontificatus
siguiente
siguientes
07Gracia y Vida Moral ata Luz de la Encictica Veritatis Splendor
StMor
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VS
Revista Studia Moralia, Roma 1963ss.
Pio XII, carta enciclica Sacra virginitas
Concilio Ecum. Vaticano II, decreto Unitatis redintegratio
Juan Pablo Il, carta enciclica Veritatis splendor
08
El concilio Vaticano II presenta una ed erseiaie y y
antropoldgica, Considera que el misterio del hombre sélo
enel misterio del Verbo encarnado. En El se descubre al hombre la gr
de su vocacién, en EI la naturaleza humana fue asumida y por lo mismo
elevada a una dignidad sublime; con su vida no s6lo sefialé el camino y dio
ejemplo, sino la gracia necesaria para seguirlo; con su resurrecei ion, destruys
la muerte, y se entreg6 para que el hombre fuera participe de la filiacion que
naturalmente s6lo a El pertenece. Se presenta una moral pneumatolégica y
de gracia, ya que el cristiano, creado segin la imagen de Jesucristo, recibe
las primicias del Espiritu Santo (cfr. Rom 8,23), que restaura internamente
al hombre y le capacita para cumplir la Ley Nueva de la caridad (cfr. Rom
8,1-11)!. Y se presenta también una moral eclesial y sacramental, donde «la
liturgia es la cumbre a la que tiende la accién de la Iglesia y, al mismo
tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostolicos
se ordenan a que todos, hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, se
retinan, alaben a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y
coman la cena del Sefior»’
Los criterios de renovacién para la Teologia moral que el Concilio
establecid, son una valiosa clave de interpretacion no s6lo de la reflexion
posterior, sino también de la situacién que se habia generado en los decenios
y siglos anteriores, Estos criterios pudieran fundamentalmente estructurarse
en cuatro:
o
El acercamiento a la Sagrada Escritura como fuente de la Teologia;
© la exposicion cientifica de la Teologia moral;
© laurgencia de evidenciar la excelente vocacién que los fieles han recibido
en Cristo; y
© lanecesidad de fructificar en la caridad para la vida del mundo’.
“fr. GS, 22 1-18 58 (1966) 1043.
ve 10: L-1S 56 (1964) 102.
‘Cr O'T, 16: AAS 58 (1966) 724. Cf. Garcis Fran isin, Cine, 1 dla mora!
) perfewtén eristiana, en DU. Pos ABLION, GURARDO, Comentarios a da ol erilates
splendor», 331.Gracia y Vida Moral ala Luz de la Enctclica Veritatis Splendor
En una realidad cada vez mas centrada en el hombre, que infravalora
su dimension sobrenatural, sus rafces religiosas y, particularmente, su
dependencia de la accion gratuita de Dios, cabe preguntarse: cual es la
moralidad que se vive. Conviene reflexionar, en el marco de un acelerado
proceso de secularizacién, sobre la vivencia de la caridad en el creyente de la
Iglesia del tercer milenio. La tesis a probar en la presente investigacién es:
Siendo la valoracién de /a gracia en la vida moral un factor indispensable
en la renovacidn de la Teologia moral, la doctrina de Veritatis splendor se
encuentra en la misma perspectiva. Se ofrece una exposicion de la Teologia
de la gracia que sustenta la moral postconciliar, particularmente, en la
Enciclica.
Los tres capitulos del presente trabajo han sido desarrollados
principalmente segin el método analitico-expositivo. Un analisis siempre en
la perspectiva de la relacién «gracia y vida moral» desde el ambito de la
Teologia moral, y no de la Teologia dogmitica, pues bien podria realizarse
desde un dngulo dogmatico con incidencia en la vida moral.
El primer capitulo es un acercamiento al contexto teologico y mag-
isterial en el que surgié la enciclica Veritaris splendor. Concretamente la
segunda mitad del siglo XX. La ensefianza del Magisterio y la reflexion
moral previa al concilio Vaticano II, caracterizada por la necesidad de
renovacidén, sefialan la centralidad del auxilio de la gracia en !a vida moral,
no solamente como gracia eficaz e indispensable en las acciones cotidianas,
sino principalmente como don inherente que transforma al fiel en «hijo de
Dios», por lo que su obrar, segtin el principio e/ obrar sigue al ser, es
consecuencia del ser cristiano, del ser en Cristo. El Concilio ensefia de diversas
maneras que la vida cristiana es la vida en Cristo (cfr. Rom 6,8; Col 2,13),
evidenciando su adhesién, configuracidn, imitacién y seguimiento del Sefior,
Asi, lo que se tiene en el plano ontoldgico, debe actuarse en el moral (cfr.
Rom 6,5-11)*. En el postconcilio, se desarrollan estos principios
fundamentales, recordando y retomando la ensefianza de la Sagrada Escritura
y de la Tradicién eclesial, y estudiando las diferentes areas de la Teologia
(dogma, moral, espiritual) en su debida unidad y particular autonomia.
“Cf Pinck. vers, S., Las fuentes de la moral cristiana, 357ss. Cfr. JiMeNvZ, EMILIANO,
Morat eclestal, 165; 193.
Sena:
Graciay Vida Moral ata Luz de ta Encictica Veritatis Splendor
Los capitulos segundo y tercero estan cen i
propiamente dicho, de la enciclica Veritatis oo -*
cristiana bajo el influjo de la gracia. Existe un particular interés de subrayar
la accion de Dios en la vida moral, sin menoseabar la autonomia humana,
antes bien, convencidos de que la gracia respeta, sostiene e impulsa la libertad
y responsabilidad del hombre, El horizontalismo que la sociedad esté probando
en la era postmoderna tiene innumerables raices, El comportamiento humano
es revisado hoy desde una amplia gama de ciencias humanas y positivas, Por
tanto, la fundamentacién de la Teologia moral requiere una claridad tal, que
marque la debida verticalidad de su ensefianza y entre en didlogo con las
ciencias auxiliares sin dejar en lo mas minimo su especificidad cristiana’ .
Cabe, pues, preguntarse sobre la relacién que existe entre la gracia y la vida
cristiana, segiin el Magisterio actual y particularmente la enciclica Veritatis
splendor.
* Cir. PINcK wns, S., Las fitentes de ta monal cristéana, 368,Gracia y Vida Moral a la Luz de ta Eneiclica Veritatis Splendor
Capitulo 1
Gracia y vida moral en torno al concilio Vaticano HI
P| presente capitulo es un estudio del contexto en el que surgié la
décima Carta enciclica del papa Juan Pablo en cuanto al don de la gracia en
la Teologia moral contemporanea: La reflexién que se habia venido desarro-
Hando antes del Concilio Ecuménico Vaticano Il (1.1.); la ensefianza del
Concilio (1.2.); y larenovacién surgida en la época posterior al mismo (1.3.).
El desarrollo de las ciencias teoldgicas, de los estudios biblicos, la
influencia de la Teologia protestante y de la Filosofia existencial, entre otros
factores, habian motivado para que, de parte de! Magisterio y de algunos
tedlogos catélicos, se manifestara la necesidad de una renovacién del estudio
de la Teologia moral, no sin antes haberse confrontado con tendencias
subjetivistas y relativistas cada vez mayores.
En orden a la realizacion del concilio ecuménico Vaticano II, el papa
Juan XXIII, cuya preocupacion por la cuestién moral fue siempre notoria,
encomendé6 a una comision los preparativos sobre la cuestién moral. Se llego
a un anteproyecto, llamado Constitutio de ordine morali, que solo fue
presentado en la mesa de trabajo de la Comisién Central. Sin embargo, pese
ano haberse Ilegado a una constitucién con tal encomienda, la doctrina moral
conciliar quedo, muchas veces explicita, en todas las constituciones, decretos
y declaraciones. Las pautas del Concilio favorecieron la renovacisn de la
Teologia moral, que puede ser comparable a los grandes cambios sucedidos
en diversas épocas de la historia de la Iglesia.
1.1. Enel preconcilio
Al reflexionar sobre la necesidad de la gracia en la vida moral no
seria dificil encontrar que se ha venido desatando una verdadera crisis, la
cual ha tenido repercusiones tanto en la reflexién como en la vida del creyente.
12
Gracia y Vida Moral ata Laz de ta Eucictica Vi
Para algunos, ella existe germinalmente desde la man enfrenté
f a a manera como
en el siglo XVI la Reforma, en cambio, para otros, la crisis rea es muy
diversa de aquella del XVI, pero sin descartar sus diversas ¢ importantes
influencias®.
El siglo XIX, con todos sus aportes cientificos y tecnolégicos, fue
testigo de la evolucién que se estaba gestando en la moral cristiana, Las
aportaciones del Magisterio, de las diferentes escuelas teolégicas, y el trabajo
de tedlogos, exegetas y filésofos auxiliaron en su paulatina renovacion’,
1.1.1. Ensefianza Magisterial
El magisterio del papa Pio XII encontré una realidad secularizada,
una Iglesia atacada seriamente en sus fieles y en su doctrina por el secularismo.
Muchos creian, considera el Pontifice, que alejandose de Ja ensefianza
cristiana, encontrarian la verdad y la libertad, que renunciando al
cumplimiento de la sapiente ley de Dios, alcanzarian la verdadera realizacion
humana, sin embargo, al arbitrio de la pobre y mutable sabiduria humana,
han encontrado esclavitud, y en vez de progreso, retroceso; de elevacion,
degradacidn; de madurez, servidumbre. Se ha pensado que el esfuerzo humano
puede sustituir la Ley de Cristo*.
La doctrina moral, recordaba el Papa, ha de tener un centro de
ensefianza y promocidn fundamental en la vida familiar; ante la subjetivizacién
de la vida cristiana, es importante afirmar el valor objetivo de las normas
universales y otorgar a la conciencia del individuo el criterio determinante
que le corresponde en la moralidad del acto humano; ademas, la ensefianza
de Jesucristo, escrita en el corazén del hombre y claramente expresada en la
Revelacién, debera dirigir la educacion moral de los fieles’. Por eso, pidié
que la Sagrada Escritura fuera fuente fundamental en la reflexion tealogica,
° Cfr. FERNANDEZ, AURELIO, La reforma de la Teologia Moral, 9.
7 Cfe RERO, FABRICIANO, E/ siglo XIX: condicionamtentos y configuracan de la
moral cristiana, Moralia 8 (1986) 253.
* Cfr. SP: AAS 31 (1939) 424-425,
” Cf. LF: AAS 44 (1952) 272.Gracia y Vida Moral a la Luz de la Enciclica Veritatis Splendor
con particular incidencia en la moral, favoreciendo asi la predicacién y la
ensefianza de la fe'°. Dejar el criterio ético a la conciencia individual, cerrada
en si misma, segun ciertas teorias relativistas, seria apartarse del verdadero
camino moral cristiano!’ . En la formacidn de su conciencia, el cristiano se
habré de sentir introducido a las riquezas infinitas de la fe y de la graciae
inclinado a los preceptos morales como guias en la ensefianza del Maestro’ .
En la exhortacién apostolica Menti nostrae ensefia la necesidad de
que la vida cristiana sea una imitacién del ejemplo del Maestro divino, cuya
posibilidad se da solamente con la ayuda de la gracia. De ahi la importancia
de acercarse con frecuencia a los medios de santificacion que nos proporcionan
la gracia, los cuales son mds necesarios cuanto mayor es el grado de perfeccién
que se pide alcanzar, o cuanto mayores son las dificultades que derivan de la
naturaleza humana debilitada por el pecado"’ .
Es insistente el llamado del Papa a descubrir la necesidad de la gracia
en la vida cristiana. Dirigiéndose a los papas, educadores y sacerdotes, dice:
«...imprimid en las conciencias de los jévenes el genuino concepto de la
libertad, de la verdadera libertad, digna y propia de una criatura hecha a
imagen de Dios. Lo cual es diverso de la corrupcidn y del desenfreno... es la
dominacién sobre las propias facultades, sobre los instintos, sobre los sucesos
Educadlos a orar y buscar en las fuentes de la Penitencia y de la Santisima
Eucaristia eso que la naturaleza no puede dar: la fuerza de no caer, la fuerza
de resurgir. Experimenten desde jvenes que sin la ayuda de estas energias
sobrenaturales, no se lograria ni ser buenos cristianos, ni simplemente hombres
honestos, lo cual hereda un vivir sereno. Asi preparados, podran aspirar a lo
Optimo, podran darse, esto es, a aquel gran empleo de si, cuyo cumplimiento
sera la propia satisfaccién: que Cristo actie en su vida»'*
Por entonces se estaba proponiendo una “nueva moral”, cuya
fundamentacién no estaba en leyes morales universales, como los diez
mandamientos, sino sobre las condiciones o circunstancias de actuaci6n,
"” Cf, DAS: AAS 35 (1943) 311-312.
" Cfr. LF: AAS 44 (1952) 273. Cf. FerNANDEZ, AURELIO, La reforma de la
Teologia Moral, 74-75.
"Cf. LF. AAS 44 (1952) 274.
Cfr. Exhortacion apostélica Menti nostrae. AAS 42 (1950) 665.
“LF: AAS 44 (1952) 277-278. Cfr. SV: AAS 46 (1954) 175, 186 y 187.
14
Gracia y Vida Moral a ki Luz de ta Encictica Veritatis Splendor
segtin las cuales la conciencia individual, sin referencia objetiva, debia j
y elegir. El Papa respondié, afirmando que la ley natural y la nies
sobrenatural en que se encuentra la persona humana postulan unas normas
objetivas universales que estan de por sf en el interior del hombre! Esta
“nueva moral” ha sido Hamada de diversas formas: existencialismo ético
actualismo ético, individualismo ético, o mas cominmente conocida, Sea
de situacion,
El Papa consideré que los errores de la “nueva moral” tienen origen
en ideologias ligadas al existencialismo ético. En ellas se establece que.
filosdficamente, el “bien” y el “mal” morales proceden de las circunstancias
propias de cada persona y no de ley universal alguna ni de los imperativos de
la ley natural, mucho menos de las exigencias éticas del Nuevo Testamento'*:
«Expuesta asi la ética nueva, se encuentra fuera de la ley y de los principios
catolicos... no es dificil advertir cémo el nuevo sistema moral deriva del
existencialismo que, o hace abstraccién de Dios, o simplemente fo niega, y
en todo caso abandona al hombre a si mismo»'7.
‘Tres son las consideraciones que el Pontifice deja en claro con respecto
a la “nueva moral”; 1) Se concede que Dios quiere ante todo y siempre la
intencidn recta, pero ésta no basta, pues El quiere ademas, la obra buena; 2)
no esta permitido hacer el mal para que resulte un bien; esta técnica obra, tal
vez sin percatarse de ello, segtin el principio: «el fin justifica los medias»; y
3) puede haber situaciones en las que el hombre, y en especial el cristiano, no
pueda ignorar que debe sacrificarlo todo, aun la misma vida, para salvar su
alma; y esto, los martires nos lo han recordado'®.
'S Cfr, FMJ: AAS 44 (1952) 414 y 417. Mas tarde la SAGRADA CONGREGACION
DEL Santo Oricio, en la instruccién De Erhica Situationts, redundaria en esta
misma ensefianza: AAS 48 (1956) 144. Cfr. FernANpez, AURELIO, La reforma
de la Teologia Moral, 82 y 90. Cfr. Gorrt, TULLO, Per una fondazione storica dell etica,
en AA. VV., Corst di morale, 197.
' Cfr, FERNANDEZ, AURELIO, La reforma de la Teologia Moral, 80ss.
" EMJ: AAS 44 (1952) 416.
" Cfr. Ibid: AAS 44 (1952) 417-418.
15Gracia y Vida Moral ala Luz de la Enciclica Veritatis Splendor
Finalmente, el Papa reconoce «cuanto hay de justo y positivo en la
ética de situacién», por lo que de este modo quedo abierta una via para
sucesivas reflexiones e investigaciones. En consecuencia, la conexion entre
objetividad de la norma y circunstancia personal seran el camino que permita
establecer una correcta moralidad de la situacion. Con todo ello, no se quiso
concluir una exposicidn, sino promover que se profundizara la investigacion
moral, dado que las circunstancias humanas son tan variadas, que, en efecto,
el sujeto se ve obligado a decidirse en situaciones no comunes'”.
1.1.2, Exposicion teoldgica
El avance teoldgico fue estableciendo la prioridad de la sabiduria
eristiana, impulsado decididamente por el desarrollo de los estudios biblicos
y patristicos®. En la Teologia moral se penso que su fuente primera e
insustituible es la fe, la cual somete y dispone la inteligencia del cristiano a
la Palabra de Dios. El tedlogo no sera mas solo un razonador, un investigador
de los textos de la Revelacion y de la vida de la Iglesia, sino un creyente, que,
por obra del Espiritu Santo, espera de la reflexion de la fe la fuente de luz y
de vida superior a toda razon y a toda palabra humana. Asi, la reflexion
moral se unio a la rica Tradicion catdlica, con san Pablo, los santos Padres,
san Agustin y santo Tomas de Aquino. Entre las consecuencias mas
sobresalientes se encuentran «la primacia en moral a la ensefianza evangélica,
en concreto del Sermon de la Montafia, como expresion de la Ley Nueva, a
la accion del Espiritu Santo por la gracia, por las virtudes teologales y los
dones, a los temas de la imitacién de Cristo y de la vida en Cristo»”’.
Enel siglo XIX se inicié un movimiento en la Iglesia que consistio
en repensar las doctrinas desde la perspectiva cristocéntrica”.
” Cf, Ibid. Cf. FERNANDEZ, AURELIO, La reforma de la Teologia Moral, 99-100.
*” Cfr. Ferrero, Fapriciano, E/ siglo XIX: condicionamientos y configuraciin de la
moral cristiana, Moralia 8 (1986) 257.
*) PINCKAERS, SERVAIS, Las fuentes de la moral cristiana, 352. Cfr, DELMAYE, PHILIPPE,
La théologie morale d'hier et d’aujourd hui, Rev ScRel 27 (1953) 112-130; citado en:
FERNANDEZ, AuRpiIO, La reforma de la Teologta Moral, 61.
» Cfr. Gorri, Tuto, Per una fondazione storica dell’etica, en AA. VV., Corsi di
morale I, 196-197.
Gracia y Vida Moral a ta Luz de ta Enctelica
Las escuelas alemanas pusieron de relieve el caracter teolégico moral,
sus universidades favorecieron la formacién intelectual de ae 3los
seguidores de san Alfonso subrayaron la unidad de la Teologia moral : la
vida espiritual y el ejercicio pastoral™; y se le oftecié a la Teologta moral
fundamento filoséfico de forma que entré de leno en leediaciacaasaucinase
del hombre contemporaneo” .
J. Sailer (1751-1832) y J. Hirscher (1788-1865) se encuentran entre
los moralistas de la escuela de Tubinga; algunas de sus propuestas fueron:
Una nueva presentacién de la Teologia moral; el retorno al Evangelio como
su fuente primordial; la ensefianza de la moral cristiana como vida de la
gracia, cuyo principio fundamental es la constitucién del ser humano en hijo
de Dios, santificado por los sacramentos; y la superaci6n de las divisiones
entre el dogma, la moral, la ascética y la mistica®.
Entre los tedlogos promotores de la renovacidn*” del siglo XIX
se encuentra Magnus Jocham™ que propone una moral de la gracia
alimentada con la ensefianza de san Juan y de san Pablo; Bernhard
Fuchs (1814-1854)?°, seguidor de la orientacién de la escuela de
Tubinga, en cuya Teologia prevalece: la regeneracidn, el crecimiento por la
gracia y el despliegue de la libertad bajo el dominio de Dios”;
~ Cfr. PINCKAERS, SERVAIS, Las fuentes de da moral cristiana, 359.
*' Cfr, CAPONE, DOMENICO, Cristocentrismo in teologia morale, en AA. VV., Morale
2, 85 y BB.
” Cf. FERRERO, Fasriciano, E/ siglo XIX: condicionamientos y configuracion de la
moral cristiana, Moralia 8 (1986) 258.
*© Cfr. Harinc, BErnitarb, La dey de Cristo, I, 68-71. Cfr. PInckarrs, SERVAIS,
Las fuentes de la moral oristiana, 359-360. Cfr. Vipat, MaRCIANO, Nueva moral
fundamental, 489-490.
*’ Las obras citadas en este parrafo han sido consultadas en HAnnG, BERNHARD,
La key de Cristo I, 71-74.
** Moraltheologie oder die Lehre vom christlichen Leben publicada en el afio 1852.
” System der christlichen Sittenlebre publicada en 1851.
* La exposicién de sus bases neotestamentarias de la moral estan dominadas
por el idealismo aleman.
‘AIS,
e redenzi
7Gracia y Vida Moral ala Luz de la Enefelica Veritatis Splendor
——]$$_$——
Martin Deutinger®! quien propone una moral a partir principalmente del
evangelio de san Juan, donde la vida cristiana gire entorno a la gracia y al
amor de Dios; Franz Friedhoff(1821-1878)** afirma que la vida moral es el
despliegue de la vida sobrenatural que la gracia deposita en el hombre; entre
sus conceptos se encuentra la mas corta sintesis de la moral catélica: «Guarda
la gracia santificante y crece en ella hasta la muerte»”? .
Fritz Tillmann ofrece algunas propuestas de renovacién para la Teo-
logia moral. Considera que en el camino del discipulado del Sefior, la primer
grada es totalmente obra de Dios, lo que no significa de por si ninguna acti-
tud moral de parte del hombre. La segunda grada, en cambio, es tanto obra
de Dios cuanto del hombre, quien en virtud de su libertad esta llamado a
decidirse y actuar en el campo religioso-moral, donde el cristiano vivira su
propia filiacién donada. Muestra la necesidad de renacer del Espiritu: «Lo
que nace de la came es carne y lo que nace del Espiritu es espiritu» (Jn 3,6).
El cual es un milagro de la gracia divina, misteriosa tanto en su origen como
en su desarrollo posterior. Con razon, considera Tillmann, que ello es mas
que una renovacion moral o que el perdén de los pecados, pues es la cleva-
cién a una vida mas excelente en virtud de la gracia, por la que el hombre no
solamente puede Ilamarse hijo de Dios, sino que lo es de hecho (cfr. /Jn
ie.
En la vida moral, la unidad del cristiano con Cristo es indispensable
para que se pueda actuar segtin la voluntad de Dios. Como dice Tillmann, la
relacién natural con /a vid es el presupuesto necesario para que e/ sarmiento
pueda vivir, crecer y dar fruto (cfr. Jn 15,4s).
*' El reino de Dios segdn el apostol san Juan, cuyo tercer volumen postumo se
tituld: Ezica eristiana seyin ef apéstol san Juan.
* Moraltheologie publicada en 1860.
* «Toda la Teologia moral gira alrededor de estas dos aspiraciones: alcanzar y
conservar la gracia santificante». HARING, Bernuarn, La ey de Cristo, 1, 73-74.
* Cfr. Ti mann, Frivz, I/ Maestro chiama, 26-27. “Sdlo por medio del Bautis-
mo se establece la base esencial sobre la que es posible construir la vida cris-
tiana, o sea poder seguir a Cristo, haciéndose cada vez mas “hijo” verdadero y
genuino del Padre celestial... El nuevo nacimiento operado en el Bautismo es
un milagro de la divina gracia, misteriosa en sus origenes como en su poste-
rior desarrollo». Ibid.
18
Ce ee
ea eee
fe
Graciay Vide Mort ata Lu del Entec Vertis Spender
Por eso, la gracia de Dios es indispensable j fuerzo
cada fiel debe realizar, pues la perfecci6n eae del bauti a
pueden dar por hecho* . Son caracteristicas de su propuesta de — “e “4
El retorno a las fuentes biblicas en la exposicion de ip Teele te 4
consideraciones de que la existencia cristiana €s una vocacién ee
parte de Dios y promovida por el hombre; y que la vida religioso-moral del
creyente consiste en el «seguimiento de Cristo», y éste como una «imitacién
del Maestro», siempre con el auxilio de la gracia de Dios.
__ Gustave Thils demanda una reforma de la Teologia moral debido a
las siguientes deficiencias: La persona de Jestis no ocupa el centro en el
estudio de la doctrina moral; el estudio de la existencia del hombre no
contempla la amplia gama de la vida humana; existe un marcado acento
juridicista; no se destaca suficientemente la importancia de los sacramentos;
se tratan con amplitud excesiva las virtudes humanas; se ha venido estudiando
casi exclusivamente el “objeto”, desentendiéndose en buena parte el “sujeto”;
se atiende mas lo negativo y prohibitivo que el bien y la propuesta del Bien,
se ha subrayado demasiado el esfuerzo en el ejercicio por alcanzar las Vitudes:
y la exposicién de la doctrina moral se ha caracterizado por tener un lenguaje
abstracto’’,
La propuesta de reforma de Gustave Thils consiste en «orientar la
vida de los creyentes hacia Cristo, para revivir la gracia transformadora de
los sacramentos, para tomar a diario y en serio la conciencia de la realidad
ontoldgica y el compromiso de los cristianos con el mundo»*.
ee ee
: Cfr. Ibid, 32-35 y 59. «Bs la fuerza de la gracia del Espiritu Santo que,
fundandose sobre la redencion producida por la muerte en cruz del Salvador,
origina la nueva entidad»: Idd, 28.
“ Cf. Gorri, Tuto, Per wna fondaxione storica dell’etica, ea AA. VV., Corsi di
morale I, 197.
” Cfr. Tits, Gusvave, Teadences actuelles en Théologie Morak, Gembloux 1940,
TX-XI; citado en: Fernandez, AureLio, La reforma de la Teologia Moral, 56-57.
fr, Gori, TuLLo, Per wna fondarione storica dell’etica, en AA. VV., Corsi di morale
phon
* Tims, Gustave, Tendences actuelles en Théologie Morale, Gembloux 1940, 141;
citado en; FERNANDEZ, AURELIO, La reforma de la Teologia Moral, 58.
19Gracia y Vida Moral ata Luz de ta Enciclica Veritatis Splendor
Por su parte, Jacques Leclercq hace las siguientes consideraciones
en su propuesta teoldgica: Dios ha creado al hombre para hacerlo participe
de su bienaventuranza, de su amor, del mismo amor que con El vive, es
decir, lo llama a participar de la propia vida divina, como autor en la misma
obra, como colaborador en la creacién. Todo ello mediante su gracia, como
accion divina que hace al hombre consorte de su naturaleza, sin que, por
ello, deje de ser él mismo, pero si lo transforma profundamente, de manera
que sus actos, y su vida en general, adquieren un valor divino, mediante la
accién de Dios en la creatura”’.
La gracia, sostiene Leclercq, se encuentra fuera del alcance humano,
es un don, y por lo mismo gratuito. Ninguna obra del hombre es capaz de
producirla o de hacerla crecer. Cristo asegura que Dios da y aumenta la
gracia mediante condiciones determinadas, sobre todo de disposicién a la
accion divina. Ser fiel a la gracia y colaborar con la obra de la gracia, en si
mismo y en todos, seré la parte que corresponda al hombre. Quien es docila
ella, goza de una paz que antes no conocia, constata en su vida un florecimiento
de fuerzas jamas experimentada, sin embargo estas no son la gracia, sino
signos exteriores que le revelan, signos de Dios. La gracia no suprime la
naturaleza, esto es, el hombre en estado de gracia, conserva su libertad
humana, las propias tendencias naturales, sus cualidades y sus defectos; la
triple concupiscencia continua atormentandolo y las mismas pasiones lo
asedian como sucede con el no bautizado; la vida exterior, sensible, sigue su
curso normal como si nada sucediera, se sufren las tentaciones; pero atin asi,
la gracia de forma discreta va actuando en el fortalecimiento de las v irtudes
y laeliminacién de los vicios®.
* Cfr, Lecierca, JACQUES, Ritorna a Gest, 50-58.
” Cf, Ibid, 59-63. «La perfeccién del cristiano es el desarrollo del amor divi-
no, hasta la posesion plena del alma. O también, es el pleno dominio de la
gtacia sobre la vida del hombre... La nocién de perfeccion es sencilla... la
persona de Jestis, porque es la vida de Cristo en nosotros, desarrollada hasta el
punto de tomarnos totalmente, lo que equivale a la vida de caridad... La
perfeccién consiste en la conforrnidad exacta, rigurosa con la voluntad de
Dios»: [bid., 67-68.
20
Gracia y Vida Moral ata Luz de ta Eneletica Veritas Splendor
La vida moral, segin Bernhard Haring, isti:
seguimiento de Cristo, lo cual sélo puede ealdeeeeneee tase
la respuesta libre y generosa de la persona. Cuanto mas efectiva sea la em:
con Cristo, mediante la oracién, los sacramentos, los actos de amor, tanto
mas clara sera la semejanza del creyente con el Verbo, Desde el priuctpio de
su obra La ley de Cristo, establece que la Teologia moral ha de tener en el
centro a Jesucristo: «Cristo en persona es Ja verdadera y auténtica ley del
cristiano, puesto que es Cristo su tnico sefior y salvador. Por El yen El
tenemos la vida: por El y en E] tenemos la ley de Ia vida. Para comprender
todas las exigencias de la vida cristiana, no basta considerar los términos del
decalogo; ni siquiera es suficiente mirar sdlo lo que la voluntad de Dios
impone y exige; lo primero que se ha de pesar es el amor que Dios nos
profesa, lo que nos exigen sus amorosos dones. Ahora bien, Dios nos lo dio
todo en Cristo; en El nos reveld las tltimas profundidades de su amor. En ese
amor de Cristo y por ese amor nos pide un amor reciproco, esto es, nos pide
una vida “cristiana” de veras, cristiforme. La vida cristiana se nos presenta
asi como una imitacion, como un seguimiento de Cristo; ...ante todo, una
vida en Cristo Jestis»*!.
Recuerda Haring que la incorporacién del discfpulo al Maestro, por
medio de la gracia, es el fundamento del seguimiento de Cristo. Jesucristo
une a su persona al discipulo por amor, y éste, recibiendo los dones de Dios,
cumple responsablemente en su vida cristiana. En esta perspectiva, la ley y
los mandamientos, no son fuerzas impersonales interpuestas entre Dios y el
hombre, sino palabras vivientes de Cristo, invitaciones de su gracia.
En la fundamentacion de la Teologia moral, antes que la antropologia, se
encuentra la cristologia. De Cristo viene la gracia y la Hamada: «No me
habéis elegido vosotrosa mi, sino que yo os he elegido a vosotros» (Jn 15,16).
El hombre ha sido creado en el Verbo del Padre y renovado en Cristo Jestis
por el Espiritu Santo*.
“| HARING, BERNHARD, La dy de Cristo 1, 29. Cf. PINCKAERS, SeRvals, Las fuentes
de la moral cristiana, 360. Cf. Gorri, TULLO, Per wna fondagtone storica dell'etioa, en
AA. VV., Corsi di morale 1, 197.
*” Cf, HARING, BERNHARD, La /ey de Cristo, I, 98-101, «La Teologia moral es
para ne, la doctrina del seguimiento de Cristo, de la vida en Cristo por
y con El.Graciay Vida Moral a ta Luz de la Encictica Veritatis Splendor
En la propuesta moral del padre Haring los sacramentos ocupan un
lugar primordial, pues ellos son signos eficaces de santificacién, Toda santidad
es resplandory participacién de Dios, que, al mismo tiempo, conduce El, La
respuesta que se pide al bautizado, al confirmado, al que se une a Cristo en
el banquete Eucaristico, viene exigida por la gracia, es el precepto del amor
de Dios que conduce al amor de Dios. Es Dios quien comienza a santificar al
hombre, s6lo después el hombre podra glorificar a Dios. Y es, precisamente,
de aqui de donde surgen los imperativos que regulan la vida cristiana y que
constituyen la ley de la gracia*’.
1,2, En el Concilio ecuménico Vaticano II
Los factores que se habian venido suscitando, principalmente en la
primera mitad del siglo XX, habian clarificado las bases de la moral casuista,
del subjetivismo y el situacionismo, y se habia entrado en un proceso de
renovacion de la Teologia moral, que se asumid y continué en el concilio
Vaticano IL y en el periodo postconciliar* .
1.2.1. “Constitucién De ordine morali”
* Con anticipacion fue establecida una comision para el estudio de la
moral, formada por el padre Hiirth, S.I., profesor de Teologia moral de la
Pontificia Universidad Gregoriana, el padre Le Guillou, O.P., profesor de
Teologia moral del Angelicum, y el padre Lio, O.F.M., profesor de Teologia
moral del Antonianum, entre otros. Después de haber consultado a los obis-
pos y a las facultades de teologia, la Comision, con las orientaciones del
Santo Oficio, presenté un proyecto al que se le llam6é Constitutio de ordine
morali, bajo el siguiente esquema:
De ahi que no proceda hacerla empezar por el hombre como seria acaso per-
tinente en una ética natural. El punto de arranque de la moral catélica es
Cristo, que permite al hombre participar de su vida y lo llama a seguirle.
Nuestra Teologia moral se propone, con toda conciencia, ser una moral de
dialogo. Pero, puesto que el didlogo sdlo puede ser iniciado por Dios, y Dios
lo ha iniciado en Cristo, el punto angular de la moral debe ser la persona de
Cristo, su palabra, su ejemplo y su gracia»: Ibid, 101.
* Cfr. Ibid, 708.
*Cfr. Vipat, Marciano, Nueva moral fundamental, 479. Cf. DeLHave, PHILirpe,
Liagpporto del Vaticano IT alla teologia morale, Concilium 5 (1972), 81ss.
22
Gracia y Vida Moral ata Luz de ta Enctetica Veritatis Splendor
I De fundamento ordinis moralis
0, De conscientia christiana
(Il. De subiectivismo et relativismo ethico
!V, De naturali et supernaturali dignitate personae humanae
Vv, De peccato
VI. De castitate et pudicitia christiana®
El proyecto de constitucidn se situé en el estilo de los manuales de
moral", reflej6 la tematica moral previa, en cuanto a las discusiones sobre
la “¢tica de situacién”, orientando sus ensefianzas a disipar las consideracio-
nes que habia establecido esta corriente*’ .
En febrero de 1962, en la tercera sesién de la Comision Central, el
Cardenal de Miinich, Dépfner, propuso para la renovacion de la Teologia
moral una presentacién mas biblica de la misma, que ha de iniciarse conside-
rando el recuerdo de «la accién salvifica de Dios en Cristo, por la cual su
voluntad salvadora ha sido revelada e inscrita en nuestros corazones»; y,
retomando el estudio de santo Tomas de Aquino en cuanto a la Ley Nueva,
agrego: «Lo principal en la Ley del Nuevo Testamento y en lo que reside
toda su virtud, es la gracia del Espiritu Santo dada por la fe en Cristo; la Ley
Nueva es, por tanto, principalmente la gracia del Espiritu Santo, que se daa
los fieles en Cristo» .
E13 de abril de 1963, el padre Le Guillou, OP, pidié para el Concilio
una moral «dirigida por la Ley Nueva: ley interior que tiene su consistencia
propia y suscita en el hombre una ordenacion especifica». Esta moral debia
ser cristoldgica y teologal, en cuyo centro se encontrara la gracia del Espiri-
tu Santo‘.
* Cfr. FERNANDEZ, AURELIO, La reforma de la Teologia Moral, 105; cita: Comissio
THEOLOGICA; constitucién De ordine morali. «Acta et Documenta concilio Vati-
cano II apparando», series IT, vol. III, pars. I, 24-53.
* Cfr, PINCKAERS, SERVAIS, Para deer la «Verttatis Splendor, 55.
" Cfr. FERNANDEZ, AURELIO, La reforma de la Teologia Moral, 105.
* Sanro TomAs DE AQUINO, Summa Theologica I-IT, q. 106, a. 1.
” Cf. Ibid, 57-60.
23
: egal eanGracia y Vida Moral a (a Luz de la Enctclica Veritatis Splendor
1.2.2. En los documentos del concilio ecuménico Vaticano II
Si bien no se tuvo una exposicidn sistematica de la Teologia moral
en el Concilio y, mucho menos, el particular tema que compete a la presente
investigacin, es de notar que en toda su ensefanza se ofrecieron lineas
desarrolladas y otras sdlo trazadas para futuras presentaciones”. En este
apartado, el estudio de los documentos del Concilio se limita a las cuatro
constituciones, viendo en ellas la incidencia que la gracia, don de Dios al
hombre, tiene en la vida moral. El resto, decretos y declaraciones, se toman
en cuenta brevemente, o en relaci6n a las constituciones”' .
[Link]. Constitucién Sacrosancium Concilium
Sacrosanctum Concilium considera a los sacramentos como la fuerza
y norma de la vida plenamente cristiana, pues la vida de! creyente ha de ser,
por la gracia, una clara expresidn del misterio de Cristo. El cristiano no ha
de vivir bajo actitud minimalista alguna, sino en la gracia de Dios, segiin la
condicién que por la Redencion ha recibido: “Ser en Cristo”, como auténtica
vida y norma suprema del cristiano*.
El Concilio en la presente Constitucién enseiié la intima unidad en-
tre la vida sacramental y la vida cristiana. Los fieles, habiendo recibido los
sacramentos pascuales, son impulsados por la gracia para que conserven en
su vida lo que recibieron por la fe. En la Eucaristia, donde se renueva la
alianza del Sefior con los hombres, se enciende y arrastra a los fieles al
urgente amor de Cristo. Por eso, de la liturgia, y particularmente de la
Eucaristia, brota hacia los fieles, como de una fuente, la gracia y con la
maxima eficacia se obtiene la santificacién en Cristo y la glorificacién de
Dios, a la que tiende toda obra de la Iglesia como a su fin” .
5° Cf. HARING, BERNHARD, La morale aprés le Concile, Paris 1967. Cf. Fucus,
Jose, Le renouvean de la théalogie morale selon Vatican I, Yournai 1968. Cfr. Da itave,
Pruuiprr, L'Esprit Saint et la vie morale du chrétien d'aprés Lumen gentium, Hommage
a Mgr. G. Philips, 423-443.
51 BE] orden de las constituciones, decretos y declaraciones aqui presentados
corresponde a su publicacién en Actae Apostolicae Sedis.
* Cfr. JIMENEZ, Emintano, Moral eclesial, 149.
» Cr. SC, 10: AAS 56 (1964) 102.
24
Gracia y Vida Moral ala Luz de la Encietica Veritas Splendor
La Constitucién destaca, ademas, la importancia que tiene la dispo-
sicion y cooperacién a los signos sacramentales, diciendo: «...es necesario
que los fieles accedan a la sagrada liturgia con recta disposicién de animo,
pongan su alma de acuerdo con su voz y cooperen con la gracia divina para
no recibirla en vano (cfr. 2Cor 6, 1). Por ello, los pastores sagrados deben
procurar que én la acci6n litirgica no sélo se observen las leyes para una
celebracidn valida y licita, sino también que los fieles participen en ella cons-
ciente, activa y fructiferamente»™ .
En la perspectiva cristiana, la vida del creyente no puede sino brotar
de los mismos dones de Dios, Los sacramentos estan ordenados a Ia santifi-
cacién de los hombres, a la edificacién del Cuerpo de Cristo y a dar culto a
Dios; no sdlo suponen la fe, también la fortalecen, la alimentan y la expresan
con palabras y acciones; de ahi que sean llamados sacramentos de fe. Con-
fieren la gracia, pero también su celebracién dispone a los fieles a recibir la
misma gracia con fruto y a practicar la caridad. En consecuencia para la
vida moral, es importante que los fieles comprendan los signos sacramentales,
los reciban con frecuencia y alimenten su vida cristiana*®* .
[Link]. Constitucién dogmatica Lumen Gentium
E! centro de la doctrina de la presente Constitucién es Jesucristo,
quien inauguré en la tierra el Reino de los cielos, revelé su misterio y redimio
al género humano con su obediencia. Todo hombre esta llamado a la unidad
con Cristo, luz del mundo, pues de El se viene, por El se vive y hacia El se
camina®*. Al termino de la obra que el Padre le encomendé realizar (cfr. Jn
17,4), envié a su Espiritu, por quien Dios da la vida a los hombres; habita en
la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo (cfr. /Cor 3,16;
6,19); ora en ellos y da testimonio de su filiacion adoptiva (cfr. Gal 4,6; Rom
8,15-16.26); conduce la Iglesia a la verdad total (cfr. Jn 16,13); la unifica en
la comunién y el servicio; la construye y dirige con diversos dones; y la
adorna con sus frutos (cfr. £f4,11-12; !Cor 12,4; Gal 5,22)°.
S Ibid, 11: ALAS 56 (1964) 102-103.
8 Cr, Ibid, 59: AAS 56 (1964) 116. Cf. Ibid,61: AAS 56 (1964) 116-117
. LA, 6; AAS $8 (1966) 842.
LG, 3: AAS 57 (1965) 6.
” Cf Ibid, 4: AAS 57 (1965) 6-7.
25Gracia y Vida Moral ala Luz de la Enctelica Veritatis Splendor
Lumen gentium define una impostacién ontoldgica del bautizado
que tendra consecuencias importantes en el perfil de una persona y en la
configuracion de un pueblo. Todo bautizado, por el nuevo nacimiento y por
la uncién del Espiritu Santo, queda consagrado como casa espiritual y
sacerdocio santo de forma que pueda ofrecer sacrificios espirituales y anun-
ciar las maravillas del que lo llamo de las tinieblas a su luz admirable (cfr.
1Pe 2,4-10). Los discipulos de Cristo, en oracién continua, se ofrecen a si
mismos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (cfr. Rom 12,1); y
dan testimonio de Cristo en todas partes y razon de su esperanza de la vida
eterna®’.
Quien recibe el sacramento de la Confirmacién se une mas estrecha-
mente a la Iglesia, Pueblo de Dios; se fortalece por el Espiritu de Cristo,
descubriendo en si mismo un impulso de gracia que le permite difundir y
defender la fe como testigo de Cristo; y, teniendo como modelo al Padre, con
el auxilio de los sacramentos, escucha el llamado en Cristo a la perfeccidn de
la santidad® .
Jesucristo ha querido a su Iglesia, dice la Constitucién, como una
comunidad de fe, esperanza y amor, El la sostiene, y comunica por su medio
la verdad y la gracia. La Iglesia peregrina y el Cuerpo mistico de Cristo, la
comunidad visible y la espiritual, constituyen una sola realidad donde el
elemento divino y el humano permanecen intimamente unidos. «Asi como la
naturaleza humana asumida esta al servicio del Verbo divino como érgano
vivo de salvacin que le esta indisolublemente unido, de la misma manera el
organismo social de la Iglesia esta al servicio del Espiritu de Cristo, que le
da vida para que el cuerpo crezca (cfr. Ef 4,16)»®.
% Cfr. Ibid, 10: AAS 57 (1965) 14. Cf. AA, 3: AAS 58 (1966) 839-840. Chr.
JIMENEZ, EMILIANO, Moral eclestal, 198. Cft. DELHAYE, PHILIPPE, L‘apporto del
Vaticano II alla teologia morale, Concilium 5 (1972) 81-91.
” Cfr. LG, 11: AAS 57 (1965) 16. Cfr. Jiménez, Emiiiano, Moral eclesial, 198.
Para el Concilio la gracia acttia en la humanidad entera: «Cristo murié por
todos y la vocacion ultima del hombre es realmente una sola, es decir, la
vocacion divina. En consecuencia, debemos mantener que el Espiritu Santo
ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido sélo por Dios, se
asocien a este misterio pascuaby; GS, 22: AAS 58 (1966) 1043.
© LG, 8: AAS 57 (1965) 11, cita: Leon XIII, carta enciclica Satis cognitum:
ASS 28 (1895-96) 713.
26
Gracia y Vida Moral a la Luz dela Encictica Veritatis Splendor
Jesucristo convocd a judios y gentiles, instituyé una nueva alianza,
los unié en el Espiritu y establecié el nuevo Pueblo de Dios. Este pueblo
mesianico tiene por Cabeza a Cristo, su identidad es Ja dignidad y la libertad
de los hijos de Dios, en sus miembros habita el Espiritu Santo, su ley es el
mandamiento nuevo y su destino es el Reino de Dios; aunque no abarque a
todos los hombres, es germen seguro de unidad y salvacién universal; recibe
también el nombre de Iglesia de Cristo (cfr. Mt 16.1 8). Ella ha sido adquiri-
da por la sangre del Cordero, vivificada por Ja fuerza del Espiritu, constitui-
da sacramento visible de salvacién, confortada por la fuerza de la gracia y
sostenida en la fidelidad perfecta a pesar de la debilidad de la carne hasta
que por la cruz Ilegue al gozo eterno del Padre®! .
El don de la salvacién, y toda gracia, son universales, pues «la Ila-
mada a la gracia no pertenece sdlo a Ia visién del hombre cristiano, sino ala
nocion cristiana del hombre»**. El capitulo V de Lumen gentium, sobre la
vocacion universal a la santidad en la Iglesia, es central en la Constitucion.
La santidad es presentada como un don de Dios y solo después, como conse-
cuencia, una exigencia para el creyente en su vida ordinaria, eclesial y so-
cial. El Sefior Jess, Maestro divino y modelo de toda perfeccién, envié a
todos el Espiritu Santo para que los mueva interiormente y asi amen a Dios
y se amen unos a otros como Cristo nos amé (cfr. Jn 13,34; 15,12). Los
discipulos de Cristo han sido Ilamados por Dios y justificados en el Sefior
Jesus, no por sus propios méritos, sino por gracia. El bautismo y la fe los ha
hecho hijos de Dios y participes de la naturaleza divina. Por eso, deben, con
la gracia de Dios, conservar y llevar a plenitud en su vida la santidad que
recibieron® .
“Cf. LG, 9: AAS 57 (1965) 13-14.
® Laparta, Luts E, Introduccion a la Antropologia teolégica, 132, Cfr. LG, 13 y 16:
AAS 57 (1965) 18 y 20.
Cfr. Ibid, 40: AAS 57 (1965) 44-45. Cfr. AGD, 13: AAS 58 (1966) 962
Cfr. Jininnz, EMiano, Moral eclesta/, 200-201.
27Gracia y Vida Morat ata Luz de la Enctclica Veritatis Splendor
La concepcién de santidad en Lumen gentium acentia la filiacion en
Jesucristo que se ha recibido y, en un segundo momento, su aspecto moral, —
La base de la moralidad cristiana es la obra de Dios en Cristo, que justifica —
y santifica, de forma que todos !leguemos a ser adoradores en espiritu y en —
verdad, santos en nuestra vida para alabanza de la gloria de su gracia (Ef
1,6). :
El llamado a la santidad es un don y una tarea, que, de manera ;
peculiar afirma el Concilio, compete a los obispos, constituidos a imagen
del sumo y eterno Sacerdote, quienes «elegidos para la plenitud del sacerdocio,
reciben la gracia propia del sacramento para que, con la oraci6n, el sacrifi-
cio y la predicacién, por medio de todas las formas de preocupacion y servi-
cio episcopal, realicen su perfecta mision de amor pastoral. Con esa gracia,
no temeran dar su vida por sus ovejas y, como modelos del rebafio (cfr. /Pe
5,3), elevaran a la Iglesia, incluso con su ejemplo, a una santidad cada vez
mayor»®. Compete a los religiosos que han sido llamados a la profesion de
los consejos evangélicos, de modo que procuren con empefio, en la gracia de
Dios, perseverar en la vocaci6n recibida, para que la Iglesia crezca en santi-
dad®*. Compete a los laicos, quienes «reunidos en el Pueblo de Dios y for-
mando el tinico Cuerpo de Cristo bajo la tinica Cabeza, estan Ilamados to-
dos, como miembros vivos, a contribuir al crecimiento y santificacién ince-
sante de la Iglesia con todas sus fuerzas, recibidas por favor del Creador y
gracia del Redentom’. Compete a los esposos y padres cristianos, quienes,
«siguiendo su propio camino, deben apoyarse mutuamente en la gracia, con
un amor fiel a lo largo de toda su vida, y educar en la ensefianza cristiana y
en los valores evangélicos a sus hijos recibidos amorosamente de Dios».
Cr. Maver — Batpanza, I/ rinnovamento degli studi ecclesiastict, en AA, VV., I
decreto sulla formaxione sacerdotale, 464. Cft. Gorri, TULLO, Per una fondazjone storica
dell’etica, en AA. VV., Corsi di morale 1, 198.
® LG, 41: AAS 57 (1965) 45-46, cita: Santo TomAs DE AQuINO, Summa
Theologica 11-Il, q. 184, a. 5 y 6; De perf. Vitae spir., c. 18; ORIGENES, In Is., Hom.
6, 1: PG 13,239. Cfr. LG, 26: AAS 57 (1965) 32. Cfr. CAD, 15: AAS 58 (1966)
680,
“ Cf. LG, 47: AAS 57 (1965) 53, Cfr. PC, 12-14: AAS 58 (1966) 707-709.
" LG, 33: AAS 57 (1965) 39; cfr. Ibid, 36: AAS 57 (1965) 41-42.
“ Ibid. 41: AAS 57 (1965) 47. Cf. 4A, 11: AAS 58 (1966) 847.
28
See
Gracia y Vida Moral a \a Luz de la Enciclica Veritatis Splendor
La Constitucién subraya la colaboracin que la Santisima Virgen
Maria observa al don divino, pues dando su consentimiento a la palabra de
Dios, se convirtié en Madre de Jess. Aceptando la voluntad de Dios, se
entrego totalmente a si misma, como esclava del Sefior, a la persona y a la
obra de su Hijo, Con El y en dependencia de EI, estuvo, por la gracia de Dios
todopoderoso, al servicio del misterio de la redencién, Con razon consideran
los Santos Padres que Dios no utiliz6 a Maria como un instrumento pura-
mente pasivo, sino que ella colabor6 por su fe y obediencia libres en la obra
de la salvacién® .
[Link]. Constitucién dogmatica Dei Verbum
El Concilio, habiendo sido precedido por una fuerte corriente de
renovacion biblica, permitié a la comunidad Eclesial un mayor acercamien-
to a la Sagrada Escritura, que favorecié a la Teologia moral en orden a
explicitar el fundamental origen divino de la vida cristiana”.
Estrechando una antigua Tradicion de los padres Griegos con la
reflexién actual, en cuanto a la Teologia de la gracia, el Concilio ensefio
cémo Dios quiso, con su bondad y sabiduria, revelarse a Si mismo y mani-
festar su voluntad (cfr. Ef 1,9): por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el
Espiritu Santo pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la
naturaleza divina (cfr. Ef 2,18, 2Pe 1,4)"'. Jesucristo, con su presencia y
manifestacién, con sus palabras y obras, con su muerte y gloriosa resurrec-
cidn, con el envio del Espiritu de la verdad, lleva a plenitud la revelacion de
la asistencia de Dios al hombre para librarlo de! pecado y de la muerte y
conducirlo a la vida eterna”.
Al revelarse Dios, ensefia Dei Verbum, el hombre debe someterse
con fe (cfr. Rom 16,26). Pues por la fe el hombre se entrega entera y libre-
mente a Dios, le ofrece ef homenaje total de su entendimiento y voluntad,
asintiendo a lo que Dios revela. Pero, para dar esta respuesta de la fe,
es necesario el auxilio interior del Espiritu Santo que se adelanta y ayuda,
” Cf, LG, 56: AAS 57 (1965) 60.
” Cr, PINcKAERS, SERVAIS, Las fuentes de Ja moral cristiana, 350.
” Cfr. DV, 2: AAS 58 (1966) 818.
” Cfr. Ibid., 4: AAS 58 (1966) 819.
29Gracia y Vida Moral a ta Luz de la Enciclica Veritatis Splendor
SSS re
dirige el corazon a Dios, abre los ojos del espiritu y concede a todos gusto en
aceptar y creer la verdad. Para que el hombre pueda comprender cada vez _
mas profundamente la Revelacién, el Espiritu Santo perfecciona constante- _
mente la fe con sus dones”*. E
[Link]. Constitucién pastoral Gaudium et Spes
La fuente de la antropologia que la presente Constitucién ensefia es
la fe; por eso, el estudio de la moral es especificamente: a) teoldgico, en
cuanto que parte de la cristologia para iluminar la antropologia™; b)
pneumatoldgico; y c) en estrecha relacién con la ascética, pues llama a la
disponibilidad y responsabilidad humanas”. La Iglesia cree que Cristo,
muerto y resucitado por todos, ilumina y fortalece al hombre por su Espiritu
para que respondaa su propia vocacidn, pues no ha sido dado a los hombres
ningiin otro nombre en el que haya que salvarse (cfr. Hech 4,12). Igualmen-
te, cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se encuentra
en su Sefior y Maestro; y afirma que en todos los cambios subsisten muchas
Cosas que no se modifican y tienen su fundamento ultimo en Cristo, El mis-
mo ayer, hoy y por los siglos (cfr. Hech 13,8). Por eso, el Concilio, a la luz
de Cristo, quiere iluminar el misterio del hombre y cooperar en la solucién
de sus principales problemas”® .
El estudio antropolégico que Gaudium et spes realiza, encuentra al
hombre contemporaneo debilitado por el pecado, dividido interiormente, pero
con firme esperanza en Jesucristo Redentor”’.
™ Cir. Ihed,, 5: AAS 58 (1966) 819; cita: Conciiso Araus II, can. 7: DS, 377;
y Concttio Vaticano I, Constitucién Dogmiatica de fe catolica Det Filius, c. 3:
DS, 3008-3010.
™ Cfr. GS, 10: AAS 58 (1966) 1032. Cfr. Ruiz pe La Pena, Juan L., E/ don de
Dios, 320.
”> Cf. DeLuaye, PHILIPPE, Lapporto del Vaticano Il alla teologia morale, Concilium
5 (1972) 81-91.
™ Cf. GS, 10: AAS 58 (1966) 1033. Cfr, Laparia, Luts F, Introduccion a la
Antropologia teolégica, 11-12.
" Cfr. GS, 13: AAS 58 (1966) 1035; cfr. n, 25: A4S 58 (1966) 1046; cfr. n.
37: AAS 58 (1966) 1055. Cfr. Savtis, Jost A., La gracia de Cristo, 37.
30
Gracia y Vida Moral aa Luc de ta Encttica Veritats Splendor
La libertad humana, signo de la imagen divina de Dios, podra realizarse sélo
en orden a su verdadero bien y bajo la accién de la gracia™ , aunque el ateis-
mo moderno, por otra parte, Ilame al hombre a considerarse fin en si mismo
y artifice de su propia historia”. Ademés, ensefia el Concilio, que todo fiel,
conformado con la imagen del Hijo, recibe al Espiritu Santo, quien le capa-
cita para cumplir la nueva Ley del amor (eff, Rom 8,1-11), Es por medio de!
Espiritu que el hombre se restaura interna y totalmente hasta la «redencién
del cuerpo» (Rom 8,23), segun ensefia el texto de san Pablo: «Si el Espiritu
de Aquel que resucité a Jestis de entre los muertos habita en vosotros, el que
resucit6 a Cristo Jestis de entre los muertos dara también vida a nuestros
cuerpos mortales por virtud de su Espiritu que habita en vosotros» (Rom
811)
La reflexion moral, que deriva del texto conciliar, recuerda la nece-
sidad que tiene el creyente de dar testimonio de su fe en la sociedad donde
vive, en los ambitos personales, familiares* , culturales®, politicos e inter-
nacionales*; «Sea para todos algo inviolable considerar y observar las rela-
ciones sociales como uno de los deberes principales del hombre de hoy. Pues
cuanto mas se unifica el mundo, tanto mas abiertamente los deberes del
hombre rebasan los grupos particulares y, poco a poco, se extienden a] mun-
do entero. Esto no puede realizarse si cada hombre y cada grupo no cultivan
en si mismos y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de
modo que surjan hombres realmente nuevos y artifices de la nueva humani-
dad, con el auxilio necesario de la gracia divinay™ .
" Cfr. GS, 17: AAS 58 (1966) 1037-1038.
” Cf, Ibid., 20: AAS 58 (1966) 1040.
” Cf, Ibid. 22; AAS 58 (1966) 1043.
" Cf. Ibid, 49: AAS 58 (1966) 1069-1070.
© Cft. Ibid, 57: AAS 58 (1966) 1077-1078.
” Cf, Pinckarrs, Smrvats, Las fuentes de da moral cristiana, 361-362.
" GS, 30: AAS 58 (1966) 1050. Cfr. AA, 13: AAS 58 (1966) 850.
31Gracia y Vida Moral a la Luz de la Enctclica Veritatis Splendor
[Link]. Decretos
El decreto Unitatis redintegratio®’, en el campo de la Teologia mo-
Br .
ral, favorecié la superacion del reflejo antiprotestante, que se habia creado
desde la crisis del siglo XVI, mediante e| retorno a la antigua Tradicién
cristiana en lo que se refiere al primer orden que tiene la fe en la moral®; las _
acciones sagradas 0 litirgicas como medios indispensables en la vida cristia-
na*’; la valoracién de elementos o bienes que edifican a la Iglesia interna-
mente, pero que se encuentran también fuera del recinto visible de la misma,
como la vida de gracia, la fe, la esperanza, la caridad y otros dones del
Espiritu Santo™.
Después del proyecto de la Constitutio De Ordine Morali, \a pro-
puesta de renovacién de la Teologia moral del concilio Vaticano II se puede
encontrar diseminado en los textos conciliares, aunque de forma particular y
germinal en el decreto sobre la formacién sacerdotal Opratam totius* , don-
de se consideran las lineas fundamentales para su renovacion, a saber:
* El Decreto recuerda la actitud de la Iglesia Catélica ante el Movimiento
¢cuménico y manifiesta algunos principios que derivan de su concepcion dog-
miatica desde la perspectiva de la unidad de la nica Iplesia de Cristo.
* Cfr. UR, 1: AAS'57 (1965) 90. Cfr. Pinckarrs, Servais, Las fuentes de la moral
aristiana, 350.
" Cfr. UR, 3: AAS 57 (1965) 93.
® Cf Ibid, 3: AAS 57 (1965) 93. Cf. AGD, 5: AAS 58 (1966) 952. Afirma
también el Concilio que: «Dios en su Providencia tampoco niega la ayuda
necesaria a los que, sin Culpa, todavia no han llegado a conocer claramente a
Dios pero se esfuerzan con su gracia en vivir con honradez, La Iglesia aprecia
todo lo bueno y verdadero que hay en ellos, como una preparacion al Evange-
lio y como un don de Aquel que ilumina a todos los hombres para que puedan
tener finalmente vida»; LG, 16: AAS 57 (1965) 20.
® El Decreto introduce el argumento con el siguiente texto: «La deseada reno-
vacion de toda la Iplesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdo-
tes, animado por el Espiritu de Cristo; conociéndolo muy bien, el santo Si-
nodo proclama la grandisima importancia de la formacién sacerdotal y decla-
ra algunos de sus principios fundamentales, con los que se confirmen las leyes
32
Gracia y Vida Mora a la Luz de fa Enctlica Vertis Splendor
1) debera cuidar su exposicién cientifica, como todo «conjunto orgdnico,
con sus principios, su légica, su coherencia sus conclusiones sobre e]
comportamiento humano visto desde la fe cristianay”; impulsando con
ello el método del tratado y buscando superar la presentacion casuistica;
SS
serd alimentada mayormente por la doctrina de la Sagrada Escritura,
ofreciendo un estudio mAs profundo a partir del dato revelado y unién-
dose, con ello, a la Tradicién catélica y a la ensefianza de la constitucion
dogmatica sobre la Divina Revelacién: «La Sagrada Teologia se apoya,
como fundamento perenne, en la Palabra escrita de Dios al mismo tiem-
po que en la sagrada Tradicién, y con ella se fortalece firmemente y se
rejuvenece de continuo, investigando a la luz de la fe toda la verdad
contenida en el misterio de Cristo. La Sagrada Escritura ha de ser como
el alma de la sagrada Teologia» * .
presentara la vida moral del cristiano como la “vocacién en Cristo”,
pues dice la constitucién Gaudium et spes que Jesucristo glorificado ha
entregado su Espiritu al hombre para que, habitando en él como en un
templo, le renueve y pueda responder a su vocacién de hijo en el Hijo”.
4) Enconsonancia con el capitulo V de la Constitucién dogmatica sobre la
Iglesia, en cuanto a la yocacién universal a la santidad, la moral debera
presentarse como la obra de Dios en Cristo a la que corresponde el hom-
bre en la caridad que fructifica para la vida del mundo, pues lo que Dios
quiere es la santificacion del hombre. Santidad que se manifiesta en los
frutos de la gracia que el Espiritu produce en los fieles® .
ya garantizadas por la practica durante siglos y, a la vez, puedan introducirse
en las mismas los cambios que respondan a las Constituciones y Decretos de
este santo Concilio y a la nueva situacién de los tiempos»: OT, proemio: A4S
58 (1966) 713.
” FLECHA, JOsE-ROMAN, La vida en Cristo, 73.
°! DV, 24: AAS 58 (1966) 828-829; cfr. Ibid, 2: AAS 58 (1966) 818. «El
primado de la Sagrada Escritura, establecido por el decreto Optatam tofius como
norma para la ensefianza de toda la teologia, y en particular de la Teologia
moral, esta en plena conformidad con lo expuesto por el Concilio en la Dez
Verbumon: JIMENEZ, EMUIANO, Moral eclestal, 141.
” Cfr. GS, 10: AAS 58 (1966) 1033.
” Cf. LG, 39: AAS 57 (1965) 44. Cf. OT, 16: AAS 58 (1966) 724. Cfr.
33Gracia y Vida Moral a la Luz de la Encetclica Veritatis Splendor
El decreto Presbyterorum Ordinis™ afirma que los presbiteros, de-
bido principalmente a los sacramentos de Ia iniciacién cristiana, han sido
llamados a Ja santidad de vida. En la consagracién bautismal se recibe el
signo y el don de tan gran vocacién y gracia para que, incluso, contando con 3
la debilidad humana (cfr. 2Cor 12,9), puedan tender a la perfeccidn, segtin
la palabra del Sefior: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfec-
to» (Mt 5,48). Ademas, debido al sacramento del Orden, los presbiteros se
identifican con Cristo Sacerdote, como ministros de la Cabeza, para la cons-
truccién y edificacién de la Iglesia, como colaboradores del orden episcopal”, —
Es mision de los presbiteros, ensefia el Decreto, en cuanto educado-
res en la fe, guiar a los fieles, en el Espiritu Santo, al cultivo de la vocacion
cristiana en el ejercicio de la caridad sincera y activa. De forma que, median-
te los auxilios divinos, puedan descubrir la voluntad de Dios en sus vidas y
formar la comunidad humana segiin las exigencias de la Ley Nueva del
amor” ,
En conclusion, la reflexion moral se independiz6 definitivamente
del conjunto de la sintesis teolégica, sin renunciar a sus necesarias y propias
bases en ella”, y se constituyé en un tratado auténomo. Muchas aspiracio-
nes de renovaci6n, contandose tedlogos y movimientos teoldgicos, encontra-
ton en el Concilio su realizacion; pero, eclesialmente, no fue solo una meta,
sino, sobre todo, el punto de partida de la revision de la Teologia moral.”
FrRNANpez, Aureii0, La reforma de la Teologia Moral, 65. Cf. Mayer — BALDANZA,
Il rinnovamento degli studs ecclesiastict, en AA. VV., I/ decreto sulla i formazione sacerdotale,
464, PINCKAERS, SERVAIS, Las fuentes de la moral cristiana, 361-362.
* Este Decteto tiene el objetivo de ilustrar 2 los presbiteros sobre su ministe-
tio y su vida, de manera que, en virtud del sacramento del Orden, son partici-
pes del sacerdocio de Cristo y, viviendo de manera particular el ministerio
profético, sacerdotal y regio del Sefior Jesiis, cooperan con su obispo en la
construccién del Reino de Dios.
® Cf. PO, 12: AAS 58 (1966) 1009.
” Cf. Ibid., 6: AAS 58 (1966) 999.
"Sern irrenunciables sus bases cristoldgicas, pneumatoldpicas, eclesioldgicas
y sacramentales, entre otras. Cfr. Fernanpez, Aurelio, La reforma de la Teologta
Moral, 98-99.
™ Cfr. Vipat, Marciano, Nueva moral fundamental, 447-479,
34
Gracia y Vida Moral ala Luz deta
_a promovida renoyacion, iempre profunda, no implic6 rupt 1
sobre contenidos esenciales, sino un perfeccionamiento en la exposi sicion de
la doctrina, dejando atras la insuficiencia metodolégica que por mucho tiem-
po la habia acompafiado” .
Particularmente, en la linea de la presente investigacién, el Concilio
ha continuado en la perspectiva de la Tradicién teolégica al distinguir la
naturaleza humana y la gracia santificante. Dios hizo al hombre su hijo adop-
tivo en Jesucristo y lo Hlamé a una intima comunién con El. La gracia no
lleva al aniquilamiento de la naturaleza, 0 a la infravaloracién de la misma,
sino, al contrario, lo natural es elevado a lo sobrenatural. Creacion y Reden-
cién son dos perspectivas de una misma historia de la salvacién, las cuales
se han de considerar en su debida distincién y coordinacion'™ .
En cuanto a la doctrina moral, se ha superado el sistema casuistico
asumiendo una nueva postura cimentada profundamente en la Escritura, de
manera particular en san Pablo, y, siguiendo una tradicion recorrida por san
\gustin y mas tarde por santo Tomas de Aquino, que coloca a la vida cristia-
na en el plan de la santidad, ofrecida y sostenida por Dios mismo! , El
Concilio describié la gracia, siguiendo también la doctrina trazada por la
patristica griega que considera la «divinizacién humana», es decir, la parti-
cipacion del hombre en la vida divina, la filiacién adoptiva en Cristo, la
inhabitacion del Espiritu Santo, etc.. En adelante el trabajo de la Teologia
moral no sera solamente proponer el camino de los preceptos, sino
ofrecer, en las condiciones del hombre contemporaneo, el don de la
gracia de Cristo en la Iglesia, en orden a asumir la Ley Nueva como
camino de madurez humana y cristiana'?.
” Cfr. MELINA, Livio., Moral: entre la crisis y la renovacién, 34,
Cf. Detuave, Panippr, Nature and Grace in the Theology of Vatican IT, en
Matonr — Connery (eds.), Contemporary Perspectives on Christian Marriage, 291.
'" Cfr. Jimenrz, Emttano, Moral eclesial, 196.
Cf. Metina, Livio, Moral: entre la orisis_y la renovacion, 35.
38Gracia y Vida Moral ala Luz de ta Encictica Veritatis Splendor
1.3. La renovacién postconciliar
La renovacién de la Teologia moral propiciada por el Concilio es un
hecho evidente. Muchas de las perspectivas propuestas fueron en orden aun
desarrollo posterior, tanto en la ensefianza del Magisterio como en la inves-_
tigacion teoldgica. El presente subcapitulo ofrece las lineas del Magisterio
pontificio de Pablo VI y Juan Pablo II, asi como una reflexién teolégico
moral de la gracia después del Concilio.
1.3.1. Magisterio pontificio de Pablo VI y Juan Pablo II
El Magisterio después del Concilio ha tenido que iluminar
doctrinalmente muchas y variadas situaciones de la sociedad humana; ha
debido confrontar y calificar posturas que desde diferentes épocas se habian
venido estructurando; ha tenido necesidad de enfrentar las crisis del hombre
contemporaneo, quien vive rodeado de una gran variedad de sistemas de
pensamiento, en un acelerado avance cientifico y en la biisqueda constante
de la verdad. El actual y creciente volumen del Magisterio pontificio de-
muestra la necesidad de clarificar y asegurar a los fieles en el camino cierto
de la moral cristiana,
[Link], Papa Pablo VI
En la enciclica Ecclesiam suam, el papa Pablo V1 recuerda la im-
portancia del bautismo, por el que los fieles han sido injertados en el Cuerpo
Mistico de Cristo que es la Iglesia. Por eso, el cristiano esta llamado a valo-
rar su regeneraci6n a la dignidad de hijo adoptivo de Dios, a la dignidad de
hermano de Cristo, a la gracia de la inhabitacién del Espiritu Santo, a la
Yvocacion a una vida nueva, que nada ha perdido de humano, salvo la desgra-
cia del pecado original, y que es capaz de manifestar los mejores frutos de
todo lo que es humano'’. Considera también que la santidad esperada en
cada miembro de Ia Iglesia, es la que Cristo ensefié con su ejemplo, con su
palabra, y ofrecié con su gracia. Los santos han ilustrado con su testimonio,
alo largo de Ia historia, este auxilio divino en la busqueda de perfeccién en
el Sefior'™.
"8 Cfr. ES: AAS 56 (1964) 625-626.
" Cfr. Ibid, 627.
36
=
.
&
;
Gractay Vida Moral ata Luc de ta Encictica Vertats Splendor
Sien la vida cristiana la sagrada liturgia, dice ef Papa en laenciclica
Mysterium fidei, ocupa el primer puesto en la Iglesia, la Eucaristia es su
corazon y su centro, pues es la fuente de vida que purifica y asegura en la fe
cristiana, de forma que la vida del hombre sea una vida para Dios en intima
unidad de caridad con todo hombre!®, En este documento se acentia el
cristocentrismo de la fe; ensefia que Jesucristo es verdaderamente el
Emmanuel, es decir, el «Dios con nosotros», pues EI habita dia ynoche entre
los fieles, restaura las costumbres, alimenta las virtudes, consuela a los afli-
gidos, fortalece a los débiles, invita a imitarlo a quienes se le acercan, apren-
diendo a ser como El, sencillos y humildes de corazon. Quien se alimenta,
concluye la Enciclica, en la Santisima Eucaristia y se esfuerza en amar a
Jesucristo, experimenta y comprende a fondo la vida escondida en el Sefior
(cfr. Col 3,3) y el camino de la santidad'™.
En la enciclica Humanae Vitae, el Papa observa el amor humano,
no como efecto o producto de la casualidad o evolucién de las fuerzas natu-
rales inconscientes, sino como una sabia institucién del Creador para reali-
zar en la humanidad su designio amoroso. En particular, los esposos estan
'lamados, mediante una donacién reciproca personal, propia y exclusiva de
ellos, a la comunién de sus vidas, para colaborar con Dios en 1a generacién
y educacidn de nuevas vidas. Esta unién entre bautizados, mediante el sacra-
mento del matrimonio, ofrece una gracia particular, porque envuelve un sig-
no sacramental que representa la union de Cristo y de la Iglesia’.
La doctrina ensefiada, mas alla de conocerla, requiere del auxilio
divino para vivirla. Detras de la buena voluntad, dando por hecho la dispo-
sicion, la vida moral supone el don de Dios. Se dice textualmente: «La doc-
trina de la Iglesia en materia de regulacién de la natalidad, promulgadora de
la ley divina, aparecera facilmente a los ojos de muchos dificil, ¢ incluso
imposible en la practica.
"5 Cf, MF: AAS 57 (1965) 753-754.
"6 Cfn Ibid, 7147 72,
"” Cf n. 8: AAS 60 (1968) 485-496. La traduccion de la presente carta
enciclica ha sido tomada del libro: Paso VI, Hamanae Witae, Ed. Paulinas,
Buenos Aires 1999.
37
aS aGracia y Vida Moral ala Luz de la Enciclica Veritatis Splendor
Y en verdad que, como todas las grandes y beneficiosas realidades, exige u
serio empefio y muchos esfuerzos de orden familiar, individual y social, Mas
atin, no seria posible actuarla sin la ayuda de Dios, que sostiene y fortalee
la buena voluntad de los hombres. Pero a todo aquel que reflexione seria
mente, no puede menos de aparecer que tales esfuerzos ennoblecen al hom-
bre y benefician la comunidad humana»'’’. &'
Noes sélo la ayuda divina la que viene al encuentro del ser humano
cada vez que se presenta la necesidad, sino el auxilio que de ra{z lo transfor- _
ma. Humanae vitae puntualiza que la Iglesia, al tiempo que ensejia las exi-
gencias de la ley divina, anuncia la salvacion y abre con los sacramentos los
caminos de la gracia, la cual transforma al hombre en una nueva creatura,
capaz de corresponder en el amor y en la verdadera libertad al designio de su
Creador y Salvador!”
En la alocucién a la XX/J Semana biblica italiana, cuyo objetivo
fue destacar los fundamentos biblicos de la Teologia moral, e| Papa hizo un
Hamado para que en el estudio de la moral cristiana se tuviera docilidad
completa a Cristo y a la Iglesia (cfr. / Zim 3,15); fidelidad a la Palabra de
Dios revelada; consideracién de las situaciones existenciales del cristiano; y
formacion del Pueblo de Dios en la santidad de vida y caridad (cfr. / Tes
4a,
"8 HI, 20; AAS 60 (1968) 495.
"™ Cfr. Ibid, 25: AAS 60 (1968) 498-499,
™ Cf. Ip., alocucion ala XXII Semana biblica italiana, AAS 64 (1972) 637.
38
Gracia y Vida Moral ata Luz de fa Enetetica ear
Durante su pontificado'" , la Sagrada Congregacion para la Educa-
cidn Catélica emitié el documento sobre la formacién teologica de los futu-
ros sacerdotes, en el que pide se clarifique el status epistemologico de la
Teologia moral, distanciado de las fuentes de la Revelacion ¢ influenciado
por un cierto juridicismo e individualismo'?. Siguiendo el hilo conductor
del presente estudio, se recalca la necesidad de «reintegrar en la teoria moral
el aspecto dindmico que ayuda a resaltar la respuesta que el hombre debe dar
a la llamada divina en el proceso de su crecimiento en el amor, en el seno de
una comunidad salvifica, De esta forma, la Teologia moral aleanzaré una
dimensi6n espiritual interna, respondiendo a las exigencias de desarrollo pleno
de la imago Dei, que esta en el hombre, y a las leyes del proceso espiritual
descrito en la ascética y la mistica cristianay!'!?.
La Comtston Teoldgica Internacional aprobé «en forma genética» algunos
textos de Hans Urs von Balthasar de los cuales citamos los siguientes extrac-
tos: «Una ética eristiana debe ser elaborada a partir de Jesucristo. El, como
'ijo del Padre, realizé en el mundo toda la voluntad de Dios y lo hizo «por
nosotros», Asi nosotros recibimos de él, que es la norma concreta y plena de
toda acuvidad moral, la libertad de cumplir la voluntad de Dios y de vivir
nuestro destino de hijos libres del Padre»: El’ 5/1012. «En cuanto creaturas,
nosotros somos diferentes del Hijo, pero llegamos también a ser capaces de
desplegar nuestra actividad personal libre en virtud de la fuerza divina. Esta
nos llega por la Eucaristia del Hijo, por el nacimiento de gracia con él del seno
del Padre y de la comunicacién de su Espiritu. En su obra de gracia, Dios obra
gratuitamente («sin precio»); y también a nosotros se nos pide actuar gratuita-
mente por amor (y no a cambio de «algo»: M/10,8; Le 14,12-14)»: EV 5/1014.
«En virtud de la realidad de nuestra filiacion divina, toda actividad cristiana es
cl ejercicio de una libertad y no de una opresién. Para Cristo, todo el peso del
deber, que le incumbre en la historia de la salvaci6n y que lo conduce hasta la
cruz, esta suspendido del poder, del cual usa con toda libertad, de revelar la
voluntad salvifica del Padre»; EV’ 5/1015.
'T Cf. SAGRADA CONGREGACION PARA LA Epucactén Caréuica, La formacion
teolosica de los futuros sacerdotes, 96-97: EV 5/1871-1872. Cf. Pryck ars, SERVAIS,
Las fuentes de sa moral cristiana, 362.
'Y S\GRADA CONGREGACION PARA LA EDucactOn Carouica, La formactin teoldetca
de los futuros sacerdates, 100; EW 5/1875.
39.3
__ tilde y sincero como Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo. Cada uno, recuer-
da Redemptor hominis, segiin el llamado especifico que ha recibido, servira
Gracia y Vida Moral ata Luz de ta Enctclica Veritatis Splendor
[Link]. Papa Juan Pablo I
Al inicio de su pontificado, en a enciclica Redemptor Hominis, el
Papa afirma cémo la obra actual de la Iglesia ha de unirse a la accién del —
Divino Redentor, tnico camino seguro que todo creyente y el hombre con- —
temporaneo puede recorrer. Y en esa labor de la Iglesia se ha de encontrar
inmerso cada cristiano, con actitud misionera en Cristo Jestis, quien dijo;
«El que no esta conmigo esté contra mi» (Mf 12,30). La humanidad porta un
tesoro que ha sido enriquecido por el inefable misterio de la filiacién divina
(cfr. Ja 1,12), de la gracia de «adopciém» (Gal 4,5) en el Unigénito Hijo de
Dios, mediante el cual podemos decir a Dios «jAbba!, jPadre!» (Gal 4,6;
Rom 8,15). A la Iglesia la asiste el Espiritu de Cristo, que el Redentor le
habia prometido y cuya venida, revelada el dia de Pentecostés, perdura siem-
pre. De este modo en los hombres se revelan las fuerzas (cfr. Rom 15,13;/ Cor
1,24), los dones (cfr. Js 11,21; Heb 2,38) y los frutos del Espiritu Santo (cfr.
Gal 5,22s)'""*.
La Iglesia, dice el Papa, ha sido llamada a servir al hombre, y a éste
en su dignidad de “hijo de Dios” en el Divino Redentor por la gracia del
Espiritu Santo (cfr. Rom 8,15), cuyo destino es la misma gracia y gloria (cfr.
Rom 8,30). De aqui que su servicio, como lo fue el de Cristo, el Sefior,
cuando dijo: «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir»
(Mr 20,28), sea en una esfera de fe y firme caridad''*. La Iglesia tiene la
“misi6n de construir una comunidad de hombres transformados desde su inte-
tior, es decir, ontolégicamente. Por ello, la gracia, que en cada bautizado ha
sido derramada, ha de manifestarse en la vida ordinaria con un servicio hu-
con testimonio solicito en su propia vocacién, en cualquier servicio, con la
gracia de Dios!'®.
“Cf. RH, 18; 4.4571 (1979) 303, La traduccién de la presente tenciclica ha
sido tomada del libro: Juan Pato II, Redemptor Hominis, Ed. San Pablo, Ma- ¥
drid 1979°.
"3 Cf Ibid., 18: AAS 71 (1979) 304-305.
"6 Cf Ibid. 21: AAS 71 (1979) 317-319.
40
Gracia y Vida Moral a ta Luz deta
La segunda Enciclica del Papa Juan Pablo Il, Dives in misericor-
dia, refiere uno de los principios teolégicos mas sobresalientes de la ense-
fianza conciliar y postconciliar, a saber: la intima cercania que se da entre
Dios y los hombres en Jesucristo; por eso el cristocentrismo de la doctrina
catélica no limita las relaciones entre ef teocentrismo y el antropocentrismo,
sino, por el contrario, permite su mas personal encuentro'!”. Jesucristo, que
hace presente el amor del Padre, renueva la alianza con el hombre de todos
los tiempos, recupera la gracia perdida por el pecado y formaliza su acceso
a la plenitud de vida y santidad, que sélo pueden ser un don de Io alto'"*.
La Exhortacién apostélica Familiaris consortio, después de haber
estudiado las luces y sombras de la familia contempordnea, asi como el de-
signio que Dios ha querido para el matrimonio y la familia, considera la
mision actual de la familia humana. Ella, como experiencia original en la
vida de los seres humanos, ha de ser, con la indispensable ayuda de la gracia,
|a escuela donde todo individuo aprenda la riqueza de su propia humanidad;
una escuela donde se viva, ante todo, el amor, la paz. la comprension, la
tolerancia y, toda vez que sea indispensable, el perd6n y la reconciliacién.
\ctitudes que s6lo se pueden alcanzar mediante la participacion frecuente de
los sacramentos, especialmente el banquete Eucaristico yel sacramento de
la Reconciliacién'”’. Asi, la formacién que de la familia se espera debe abar-
car los Ambitos natural y sobrenatural, de manera que disponga a todos sus
miembros a la vivencia de la caridad!?9,
La Iglesia esta convencida, ensefia el papa Juan Pablo II, que todas
las circunstancias matrimoniales se viviran de forma cristiana, si son asumi-
das, en intima unidad familiar y, primordialmente, con Dios. Los esposos,
segtin el plan de Dios, estan Hamados a la santidad en el matrimonio, yesta
excelsa vocacion se realiza en la medida en que las personas se encuentran
en condiciones de responder al mandamiento divino con animo sereno, con-
fiando en Ia gracia divina y en la propia fuerza de voluntad'?!
a ee
'" Cf. DM, 1: AAS 72 (1980) 1179.
'" Cf. Ibid, 53s: AAS 72 (1980) 1194ss.
'" Cfe. FC, 21: AAS 74 (1982) 105-106. La traduccion ha sido tomada de
JUAN Paso TI, Hamiharis consortio, Bd. San Pablo, Madrid 1981*
'" Cf. Ibid, 80: AAS 74 (1982) 181.
"Cr. Tb., homilia para /a clausura del VI Sinodo de los Obispos 8: AAS 72 (1980)
1083; citado en: PC, 34: AAS 74 (1982) 124-125. Cf GS, 49: AAS 58 (1966)
1069-1070,
41Gracia y Vida Moral ala Luz de la Enctelica Veriratis Splendor
Ello implica que se favorezcan siempre las necesarias condiciones humanas,
psicolégicas, morales, espirituales y religiosas, entre las que destacan, la
constancia, la paciencia, la humildad, |a fortaleza de animo, la confianza
filial en Dios y en su gracia, el recurso frecuente a la oracion y a los sacra:
mentos, alimentando asi, dia con dia, el sacramento matrimonial recibido!
La Exhortacién Reconciliatio et paenitentia hace una revaloracion
de] sacramento de la Reconciliacién, y, unido a la Tradicién de los concilios
de Trento y Vaticano II, ofrece una via de renovacién pastoral. En consonan-
cia con la constitucién Lumen gentium, ensefia que «quienes se acercan al
sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdén de
la ofensa hecha a El y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que
hirieron pecando, y que colabora a su conversidn con la caridad, con el
ejemplo y las oraciones... Y como dato esencial de fe sobre el valor y la
finalidad de la penitencia se debe reafirmar que Nuestro Salvador Jesucristo
instituyé en su Iglesia el sacramento de la penitencia, para que los fieles
caidos en pecado después del bautismo recibieran la gracia y se reconcilia-
ran con Dios»'.
Uno de los aspectos que el Papa reflexiona en esta Exhortacién es la
gran riqueza que fieles, pastores y laicos, reciben para si y para la comuni-
dad eclesial misma por la Reconciliacién; y pide la promocién del Sacra-
mento 4 los obispos y sacerdotes, con el fin de que se facilite la frecuencia de
los fieles a este sacramento, y pongan en accidn todos los medios posibles y
conyenientes, busquen todos los caminos para hacer llegar al mayor nimero
de hermanos la «gracia que ha sido dada» mediante la penitencia para la
reconciliacion de los fieles y de todo el mundo con Dios en Cristo!**.
Muchos son los beneficios que el recurso frecuente al sacramento
de la Reconciliacién ofrece al penitente. Ensefia la Exhortacién que se
refuerza la conciencia de que atin los pecados veniales y las imperfec-
ciones ofenden a Dios y dafian a la Iglesia, Cuerpo mistico de Cristo;
RP, 30: AAS 77 (1985) 256-257 (la traduccién ha sido tomada de JUAN i
Pawo Tl, Reconcilatio et paenitentia, Ed, Paulinas, Madrid 1984); cita: ConciLio
Ecvst pe Trento, Sesién XIV, De Sacramento Paenitentiae, cap. Ty can. 1, LG,
11: LAS 57 (1965) 15.
Cfr. RP, 31: LAS 77 (1985) 266.
42
rea nee
$
Graciay Vida Moral ala Luc de ta Enctliea Vertatis Splendor
cibe la gracia del perdon y de la perseverancia en el seguimiento del
Seflor; su celebracién es una oportunidad y un estimulo para conformarse
mas nitidamente al Hijo de Dios y hacerse mas déciles a las mociones del
Espiritu Santo; ademés, ofrece una gran virtud terapéutica que la gracia
sacramental ejerce en quien lo recibe, pues contribuye con eficacia a quitar
las raices mismas del pecado!” ,
Reconciliatio et paenitentia recuerda la clasificacion de los pecados
en mortal y venial, Citando a santo Tomas de Aquino, dice: «por medio del
pecado, el alma comete una accién desordenada que llega hasta la separa-
cion del fin Ultimo —Dios~al que esté unida por la caridad, entonces se da el
pecado mortal; por el contrario, cada vez que la accion desordenada perma-
nece en los limites de la separacion de Dios, entonces el pecadoes venial'™.
Por esta razon, el pecado venial no priva de la gracia santificante, de la
amistad con Dios, de la caridad, ni, por lo tanto, de la bienaventuranza eter-
na, mientras que tal privacién es precisamente consecuencia del pecado
mortal»!??
La quinta enciclica del Papa Juan Pablo Il, Dominum et Vivificantem,
ensefia el exquisito don de Dios uno y trino al hombre. El Espiritu Santo es
la expresidn personal de la donacién del Padre y del Hijo al mundo, dado a
conocer mediante la revelacién al hombre en la historia. El, siendo consubs-
tancial al Padre y al Hijo, es la fuente de donde proceden todo amor y toda
gracia'™ . La filiacién divina nace en los hombres en razon del misterio de la
encarnacion, es decir, gracias a Cristo, el eterno Hijo. Aunque el nacimiento,
o el nacer de nuevo, tiene lugar cuando Dios Padre envid a nuestros corazo-
hes el Espiritu de su Hijo (efr. Gal 4,6; Rom 5,5; 2Cor 1,22). Por tanto, la
filiacién divina, insertada en el alma humana con la gracia santificante, es
obra de! Espiritu Santo. La gracia santificante es en el hombre el principio y
la fuente de la nueva vida: vida divina y sobrenatural!*.
'" Cr. Ibid. 32: AAS 77 (1985) 268-269.
“ Hasta aqui la citacion: s\nto Toatis pi AQuino, Sima Theologiae, 1-11,
9:72, 9) Si
'" RP. 17: AAS 77 (1985) 220-221.
' Cf, Detl , 10: +145 78 (1986) 819. La traduccién ha sido tomada de Juan
P\nio 11, Doménum et Vivificantem, Ed. San Pablo, Madrid 1986°.
'" Deth 52: 145 78 (1986) 872-873; cfr. Ibid, 59: 1-4 78 (1986) 886.
43Gracia y Vida Moral ala Luz de la Encictica Veritatis Splendor
EI Espiritu Santo, enseifa el texto pontificio, es el origen de la adop-
cién sobrenatural que recibe el hombre. Es el Espiritu la sobreabundancia
del don increado, por el cual se llega a participar de la naturaleza divina (cfr. i
2Pe 1,4). La vida humana aleanza una dimension, jamas pensada y jamas <
alcanzada por si mismo, en el orden sobrenatural. Es la nueva vida, en par- —
ticipacién del misterio de la encarnacién, por el Espiritu que le permite al _
hombre Ilegar al Padre (cfr. Zf2,18)'°,
Al interior del hombre se encuentran dramaticamente el don salvifico
y las tensiones humanas, Dice textualmente el Papa que «en los textos de san _
Pablo se superponen —y se compenetran reciprocamente— /a dimension
ontologica (la carne y el espiritu), fa ética (el bien y el mal) y la pneumatologia
(la accién del Espiritu Santo en ef orden de la gracia). Sus palabras, espe-
cialmente en las cartas alos Romanos y a los Gdlatas, nos permiten conocer
y sentir vivamente la fuerza de aquella tensién y lucha que tiene lugar en el
hombre entre la apertura a la accién del Espiritu Santo y la resistencia y
oposicion a él, a su don salvifico. Los términos 0 polos contrapuestos son,
por parte de] hombre, su limitacion y pecaminosidad, puntos neurdlgicos de
su realidad psicoldgica y ética; y, por parte de Dios, e/ misterio de! don,
aquella incesante donacién de la vida divina por el Espiritu Santo»'*
Sin embargo, el influjo del Espiritu Santo, que es favor a la propia
naturaleza humana, sera decisivo en cuanto el hombre lo permita; su accion
Supone siempre la libertad humana. Ademas, la obra del Espiritu es integral,
pues ilumina, sana, convierte, dispone, actita, santifica, y conduce a la creatura
a una nueva vida, que al mismo tiempo es realidad sobrenatural y «santuario
del Espiritu Santo». En esta comunion de gracia con el Dios uno y trino se
dilata el area vital del hombre y es elevada mas alla de su nivel natural por
el don de Dios. Asi, vive en Dios y de Dios, vive segin el Espiritu le ensefia,
y desea lo que el Espiritu le muestra'® .
1 Cf. Ibid, 52: AAS 78 (1986) 873-874. i
"" Tbid., 55: AAS 78 (1986) 878-879; cfr. Ibid, 44. AAS 78 (1986) 861-862. —
8? Cfr. Ibid. 58: AAS 78 (1986) 883-884; cita: San Ikenno, Adversus haereses Vy
6,1; SC 153, 72-80; sAn Hin arto, De Trinitate VIM, 19.21: PL 16,752s: CCL
26/2, 507-508; san Acusvin, Enarr. In Ps. XLIX, 2: CCL 38, 575s; santo |
Tomas pi AQuino, Summa Theologica, I, q. 43, aa. 1, 3-6.
44
Gracia y Vida Moral a ta Luz dela Enotelica Veritatls Splendor
1 Ha querido el Salvador, se recuerda nuevamente en Dominum et
vivificantem, dejar medios sacramentales a través del servicio de la Tolesia
para el sustento necesario del hombre mientras no se Negue ala plenitud de
la vida en la resurreccién, Por eso, mediante los diversos sacramentos, la
Iglesia realiza su ministerio salvifico para el hombre, Cada vez que se reali-
za elm inisterio sacramental, lleva consigo el misterio de la partida de Cristo
mediante la cruz y la resurreccién, por medio de Ja cual envia su Espiritu
Santo. Viene y actita: «da la vida». Pues, los sacramentos significan la gra-
cia y confieren la gracia: significan la vida y dan la vida. La Iglesia es la
dispensadora visible de los signos sagrados, mientras el Espiritu Santo ac-
tua en ellos como dispensador invisible de la vida que significan'® .
Todos en Ia Iglesia participan del Cuerpo mistico de Cristo y, por
tanto, de su misién, Ensefia el Papa en la exhortacin apost6lica Christifideles
‘aici que «ya en el plano del ser, antes todavia que en el del obrar, los cris-
‘anos son sarmientos de la nica vid fecunda que es Cristo; son miembros
vivos del tinico cuerpo del Seftor edificado en la fuerza del Espiritu. En el
plano del ser. No significa solo mediante la vida de gracia y santidad, que es
la primera y mas lozana fuente de fecundidad apostdlica y misionera de la
santa madre Iglesia; sino que significa también el estado de vida que carac-
teriza a los sacerdotes y los diaconos, los religiosos y religiosas, los miem-
bros de institutos seculares, los fieles laicos»'™*,
j Los fieles laicos participan, segin el modo que les es propio, del
triple oficio sacerdotal, profético y real de Jesucristo. Por ello, su vida y
actividad, sostenida por la gracia de Dios, es un testimonio fecundo, median-
te el cual buscan ordenar todas las cosas al verdadero bien de la humani-
dad's, La Exhortacidn acentiia la importaneia de que todos los cristianos
tomen conciencia de la extraordinaria dignidad otorgada en el bautismo.
Es, por auxilio de la gracia divina, que a los hombres se les llama a ser hijos
amados del Padre, miembros vivos de Jesucristo y de la Iglesia, templos
Vivos del Espiritu Santo.
' Cfr, Detl’, 63: AAS 78 (1986) 892; cf, Ibid, 54: 14S 78 (1986) 876
' CAL, 55: AAS 81 (1989) 502-503. La traduccién ha sido tomado de Juan
PAsio IL, Chnistifideles /aici, Ed. San Pablo, Madrid 1989’,
'’ Cf. Ibid, 14: AAS 81 (1989) 412.
45Gracia y Vida Moral a la Luz de ta Enciclica Veritatis Splendor
Como dice san Juan, en su primera carta: «Mirad qué amor nos ha tenido el
Padre para Ilamarnos hijos de Dios, pues jlo somos!» (3,1a)'"*. 3
%
En cuanto al ministerio apostélico, la exhortacién Pastores dabo —
vobis afirma, citando el Evangelio segiin san Juan: «Jestis dice a los apésto- <
les:
eee
'S Cp, Ibid, 384.
™ Cf Jimenez, EMILIANO, Moral eclesial, 93.
'S Cf Ibid, 151.
BiGracia y Vida Moral a ta Luz de la Encictica Veritatis Splendor y Gracia y Vida Moral a ta Luz de la Enciclica Veritatls Splendor
La gracia de Cristo que permite unirnos intimamente a Dios, al tiempo
que impulsa a superar la esclavitud del pecado, sana la naturaleza humana
caida y la eleva, haciendo que el hombre pueda cumplir su propia vocacion
filial. Por eso, la Teologia moral seré la ensefianza del ofrecimiento que Dios
hace al hombre en Jesucristo, en orden a vivir Segtin el camino que el Espiri-
tu seflale. Con la liberacion, sanacién y elevacién operada por el Espiritu, ef
hombre sobrepasa las propias metas de realizacion personal, no le abandona
anclado en proyectos y trabajos efimeros, sino que le presenta y lodisponea
horizontes trascendentales'® ,
[Link]. La gracia en la moralidad del cristiano
La gracia revelada en el Evangelio refiere la iniciativa de Dios que
se dirige al hombre, suscitando un amor auténtico y buscando una relacién
personal, Las categorias biblicas de la gracia, como eleccion, amor, fideli-
dad, misericordia, perdén, fe, confianza, etc., son personalistas, porque ex-
presan la intima relacion de Dios con el hombre y viceversa'**. El principio
de la vida moral no esta, propiamente dicho, en el esfuerzo humano perso-
nal, sino en el don de la gracia de Dios y en la disposicién del hombre a tal
gracia, por lo que la conducta cristiana sdlo sera posible para quien esta en
la gracia de Cristo. La redencién donada al hombre por medio de la pasién,
muerte y resurreccion de Jesucristo, permite una relacién personal con Dios
y la transformacién de la vida humana segtin el designio eterno del Padre.
La gracia asume de tal modo la naturaleza i
violentarla, la renueva interiormente; asi, la pobreza ia
a riqueza divina y es Ilevada a una real riqueza humana, la contingencia
humana es colmada de la plenitud divina y es llevadaa una plenitud humana.
Y en esta esfera de lo humano, Ilevado a la plenitud en la gracia de Cristo, la
vida moral de los fieles se vuelve un testimonio de la accién del Espiritu en la
historia'*'. La gracia, siendo efecto de la presencia infinita de Dios en el
hombre, permite al ser humano un nuevo modo de ser, capacitandolo en
actos y actitudes que antes le eran imposibles. Por tanto, para que tales actos
) actitudes sean operaciones realmente humanas, y no de Dios obrando en el
hombre sin el hombre, debe producirse en el interior, un nuevo modo de ser,
inherente, estable y ontolégico'. Dice Congar: «El cristianismo no es una
ley, aunque conlleva una; no es una moral, a pesar de que conileva una. Es,
por don del Espiritu de Cristo, una ontologia de gracia que entrafia, como su
producto o fruto, determinados comportamientos, e incluso los exige por lo
que somos... El Espiritu es una ley no por presi6n, sino por llamada»'®.
Jesucristo ha instaurado un nuevo orden en la historia de la salva-
cin en el que la ley cede su puesto al Espiritu. Es el Espiritu la Nueva Ley.
San Pablo a los Romanos afirma que no se ha de vivir mas bajo la ley, sino
bajo la gracia (cfr. 6,4), siendo la gracia misma presencia del Espiritu en el
hombre (cfr. Gal 5,18)'*”. La Ley antigua tiene solo una funcidn pedagdgi-
ca. La ley ensefia el camino a seguir, pero no da la fuerza para seguirlo. La
libertad humana por si misma no puede cumplir la ley y servira la verdad en
todas sus exigencias. La libertad humana sin la gracia se vuelve esclava de si
misma. La ley por si misma no protege ni resiste los ataques del pecado'*,
Con la renovacién conciliar, se vuelve a la ensefianza que santo To-
mas habia ofrecido a la teologia. La Ley natural es una obra preciosa de
Dios en el hombre; representa una participacién directa y unica de la sabidu-
ria, la bondad y la libertad divinas; es una singular emanacion de la Ley
eterna. Es una base indispensable en el hombre para la recepcién de la gra-
cia, de las virtudes sobrenaturales, de los dones del Espiritu Santo y de la
Ley revelada!®? .
La Teologia retoma de la antigua patristica griega, citada por el
Concilio Vaticano I, la concepcién de gracia como divinizacién en el hom-
bre, es decir, la gracia hace participe al hombre de la naturaleza divina, le
permite aleanzar lo que por naturaleza es de Dios.
Cér, Ibid, 354-355,
"Cf, Ruiz DE LA PENA, Juan L., B/ don de Dios, 337.
Contra la proposicién de Bayo condenada en 1567 por el Papa Pio V: DS,
1901s, Cfr, Ruiz DE LA Pena, Juan L., B/ don de Dios, 349-350. Cfr. Aver,
JouANN, E/ evangelio de la gracia, 2735s.
'® Concar, Yves, E/ Espiritu Santo, 354; citado en: FERNANDEZ, AURELIO, La
reforma de la Teologia Moral, 215.
ee 2 ee ee
6 Cf. Ibid, 190.
'? Cfr. Ibid, 191.
* Cf. Savtis, Jost A., La gracia de Cristo, 111.
™ Cf. PINCKAERS, Servats, Las fuentes de la moral cristiana, 474,
52
§3Gracia y Vida Moral ata Luz de la Encictica Veritatis Splendor
Y si «Dios es amor» (/Jn 4,8.16), luego, participar de Dios es amar lo mas_
radicalmente posible. Tal como refiere san Juan: «Nosotros amamos, porque
él nos amé primero. Si alguno dice: ¢Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es.
un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a
Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandamiento: quien
ama a Dios, ame también a su hermano» (/Jn 4, 19-21). Ha sido, igual-
mente, determinante en la reflexion moral que la fraternidad ensefiada en el
texto anterior, como en toda la Revelacion, exige la previa existencia de la
relacion de filiacion, de forma que la unica manera de vivir la condicion filial
es viviendo la condicién fraternal'™ .
Los actos de amor genuino al otro son signos inequivocos de la ac-
cidn de la gracia divina, descubren la comunidn de Dios y el hombre y po-
seen una valencia salvifica, que por si mismo el hombre no podria alcanzar.
El ser humano, debido a su debilitamiento por el pecado, tiene necesidad de
la gracia para que, connaturalmente, pueda conducirse con abnegacion, des-
interés, solidaridad fraterna, generosidad, capacidad de entrega y, en sinte-
sis, fe, esperanza y caridad, en la vida nueva de Cristo resucitado'”
Una moral situada en el nivel de la gracia, de la respuesta a una
llaniada, donde, tanto una como otra, son producto de la bondad divina,
supera de raiz el naturalismo. El trabajo por la propia perfeccidn y la biisque-
da de renovacion quedan en eso, trabajo. Los “frutos”, lejos de proporcionar
un verdadero bien al sujeto, le llenan de preocupacion, cansancio y desalien-
to. Las relaciones con Dios se vuelven, no las de Padre-hijo, sino las de
patron—asalariado. La bondad y misericordia dejan de ser tales, para conver-
tirse en una justicia distributiva; y el reconocimiento y alabanza en el hom-
bre ceden el paso a la hostilidad del recaudador.
La vida cristiana nace del don de la fe en el amor de Dios, descartan-
do la posibilidad de alcanzar la santidad por virtud propia, pero sin negar el
valor salvifico de la respuesta humana. Dice san Pablo: «Pues habéis sido
salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es
un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se glorie» (Ef
2,8-9).
‘4 Cfr, Ruiz DE LA PENA, JUAN L., E/ don de Dios, 385.
118,
34
“8 Cfr. Ibid. 386-387. Cfr. Laparta, Luis F., Introduccion a la Antropologta teoligtva,
Gracia y Vida Moral ata Luz de ta Encictica Veritatis Splendor
Superado de esta forma el fariseismo, se sitta primeramente la caridad en
Dios, mientras que el hombre participa en la misma s6lo por la gracia'® .
La moral de gracia se acerca al ser humano desde {a dptica de su
conformacion en Cristo. La gracia de Cristo transforma al hombre en la
profundidad de su espiritu, es decir, en la actitud fundamental de su libertad
ante el Dios de la caridad. La gracia no llega exelusivamente a la interiori-
dad del hombre, sino que lo orienta en su totalidad hacia su transformacién
completa en una existencia nueva en Cristo. Por tanto, muchas de las propo-
siciones del casuismo quedan aqui superadas'® .
Todo fiel cristiano, con el corazon formado en Ia vida liturgica. lleva
la estructura de la liturgia a su respuesta moral, a su existencia. No vive
preocupado por realizar sus propdsitos humanos, sino atento a escuchar la
voz de Dios, es decir, atento al Kairés (oportunidad), al plan de Dios en la
situacion concreta de su vida. Esto evita, por un lado, el esquematismo for-
mialista y la ciega aplicacion de principios abstractos que no tienen en cuenta
las necesidades de la hora presente y de la gracia actual y, ademas, le evita
caer en una ética existencialista de corte superficial, puesto que considera
toda situacion particular, a la luz de la vision fundamental inscrita en su
corazon por la gracia sacramental'**
En conclusién, luego de haber estudiado las aportaciones que el
Concilio Vaticano II ofrecié a la Teologia moral, la reflexi6n que con ello se
desarrollé en los afios posteriores, la ensefianza del Magisterio Pontificio de
Pablo VI y Juan Pablo II, hay algunas lineas que conviene subrayar:
' Cfr. Jiminez, Exaiano, Moral eclestal, 200.
" Cf, Ibid, 199.
“Cf, Ibid, 202
55
ee
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