Independencia de Panamá 1821: Análisis Histórico
Independencia de Panamá 1821: Análisis Histórico
INDEPENDENCIA
DE PANAMA EN 1821 :
ANTECEDENTES,
BALANCE Y
LA
INDEPENDENCIA DE PANAMA
EN 1821 :
ANTECEDENTES, BALANCE Y
PROYECCIONES
PROLOGO DE
PANAMA
-1980-
PRIMER PREMIO DE LA ACADEMIA PANAMEA DE LA
Portada de :
SANTIAGO DAM LAU.
IV
DISCURSO PRONUNCIADO POR EL SR . EUSEBIO A . MORALES
JR . EN LA ACADEMIA PANAMEA DE LA HISTORIA CON
MOTIVO DEL CONCURSO HISTRICO "INDEPENDENCIA DE
PANAMA DE ESPAA"
V
el mayor entusiasmo este tipo de aportes que promueven la cultura, las artes,
y la elevacin de los valores morales del hombre .
En nombre de los ejecutivos de nuestra casa matriz que hoy nos acompa-
an, nuestro agradecimiento a los seores del Jurado, connotadas figuras de
nuestro mundo cultural, quienes tuvieron la difcil tarea de evaluar estos traba-
jos de investigacin histrica que nos darn nuevas luces en lo referente a
nuestro pasado colonial . Para ellos nuestra felicitacin por su capacidad para
discernir y valorar los ms meritorios, sin menoscabo de quienes con sinceri-
dad y empeo tambin requisaron los archivos histricos de nuestra naciona-
lidad para optar por el triunfo .
Estamos convencidos que al levantar el inters de las personas por los
aspectos culturales, estamos propiciando el engrandecimiento de la Patria .
MUCHAS GRACIAS
VI
DISCURSO DEL DR . MIGUEL ANGEL MARTIN,
PRESIDENTE DE LA
ACADEMIA PANAMEA DE LA HISTORIA
VII
lo excesivo, decidi reducirlo a 8/ .4,000 .00, algo que ha creado una situacin
crtica para la institucin, pues con esa suma se debe pagar, o mal pagar mejor
dicho, una secretaria que presta sus muy tiles servicios ms por el afn de
contribuir a la labor de la institucin que por el modesto sueldo que percibe .
Es por ello que cuando ejecutivos de la ESSO STANDARD OIL pro-
pusieron la organizacin de un concurso por parte de la Academia, que sera
auspiciado por esta firma comercial, la idea fue acogida favorablemente y
aprobada por unanimidad .
Hoy llega a feliz trmino tan positiva iniciativa, la calidad de los trabajos
ganadores demuestran lo acertado de la decisin . En efecto, el estudio del
Profesor Celestino Araz es quizs uno de los ms completos que se hayan
realizado sobre nuestra independencia de Espaa y est respaldado por un
impresionante aparato documental que, en gran parte, era desconocido por
nuestros historiadores . Con la aparicin de este erudito trabajo se puede lo-
grar, y as lo esperamos, disminuir las crticas de aquellos que opinan que los
historiadores panameos solo nos interesamos en la independencia de Colom-
bia del ao 1903 y relegamos al olvido la declaracin de 1821 .
La obra que hoy se pone a disposicin del pblico interesado en el pasado
de nuestra nacin se hizo merecedora del Primer Premio del concurso, pues el
jurado, compuesto por los distinguidos historiadores e intelectuales Rafael E .
Moscote, Ricardo J . Bermdez y Manuel Octavio Sisnett, consider que era la
que posea mayores mritos histricos .
Ojal que la ayuda prestada por la ESSO STANDARD OIL S .A . Limited
que hizo posible el concurso cuyo primer premio fue obtenido por la obra que
hoy viene a enriquecer la bibliografa histrica de nuestra patria, sea solo el
primer paso de una continuada y fructfera cooperacin con la Academia
Panamea de la Historia para continuar enriqueciendo el estudio de nuestro
pasado . Y ojal tambin que tan noble ejemplo sirva de gua a otras institucio-
nes comerciales e industriales del pas .
MIGUEL A . MARTIN
Presidente
ACADEMIA PANAMEA DE LA HISTORIA
VIII
DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PROFESOR CELESTINO
A . ARAUZ, PRIMER PREMIO DEL CONCURSO
Sres :
Representantes de la Esso Standard Oil
Company
Compaeros de la Editorial Universitar ia
Seoras y Seores :
Al reunirnos esta noche en la intimidad de la Academia Panamea de la
Historia, organizadora del concurso sobre el 28 de noviembre de 1821, patro-
cinado por la Compaa Esso Standar Oil, en mi nombre y en el de mi
compaero profesor Jorge Kam, ganadores del primer y segundo premios,
respectivamente, consideramos como primera obligacin y siguiendo las nor-
mas de Lope de Vega de honrar honra, agradecer la excelente oportunidad
brindada y el estmulo intelectual de este certamen que habla muy en alto de
la firma comercial que generosamente lo apoy .
Adquiere un significado especial el mecenazgo a que aludo, porque pode-
mos afirmar que por primera vez en nuestro medio se realiza un evento de
esta naturaleza . Es cierto que otras empresas prestan ayuda tendiente a fomen-
tar las artes plsticas en nuestra Repblica, y quizs producto de tales es-
tmulos es el florecimiento de muestras pictricas de importancia continental
que pueden exhibirse con legtimo orgullo, tanto por la calidad en la ejecucin
como por la originalidad en los colores y la composicin . Pero, por grandes
que sean sus mritos, es indudable que tales expresiones van acompaadas de
un decorativismo y status social que estn muy lejos de la labor silenciosa,
abnegada y hasta sufrida que reclama el trabajo del investigador histrico .
IX
Leyendo en das pasados un jugoso tratado de historia, cuyo autor es un
connotado americanista, al referirse a Panam hablaba de su "minscula" his-
toriografa y no podemos culparnos sino a nosotros mismos de tan grave
acusacin, porque el Estado como tal ha heco poco, la Universidad como
primer Centro de Estudios, menos y hasta hoy la empresa privada, nada . No
faltar quien excuse esta actitud aduciendo que somos pas y nacin de trnsi-
to, como antao nos calificara Octavio Mndez Pereira, o zona de bienes y
servicios, como hoy lo repiten todos . Pero ms all del bienestar que otorga el
trnsito, por encima de las ganancias que produce el servicio y frente a las
facilidades que otorga una vida superficial, existe la necesidad urgente de
plantearnos y replantearnos nuestra razn de ser ante la historia, lo que
equivale a realizar un ejercicio de geometra humana ante la aventura del
porvenir . Con nuestro esfuerzo creemos haber contribuido a desbrozar el ca-
mino de un pasado que tambin es presente y hasta destino, e indudablemente
si otras empresas continan con el laudable ejemplo de la Esso Standard Oil,
podemos en poco tiempo alcanzar una perspectiva adecuada para dar seriedad
acadmica a los profundos problemas que aquejan a nuestra vida republicana .
CELESTINO A . ARAUZ
X
PROLOGO
Dira que casi me resulta tarea incmoda escribir un prlogo sobre Celestino
Andrs Araz, joven y ya maduro historiador, al que desde hace un buen tiempo
me unen profundos vnculos acadmicos y recios lazos de una amistad personal,
surgida a lo largo de dilatados y constantes dilogos sobre nuestra ingrata Rep-
blica, su pasado como forma de existencia y su destino como problema del
acontecer histrico.
Efectivamente, lo conoc all por los aos de 1969, en el batallar de la c-
tedra de Fuentes Histricas de Panam cuando era un estudiante meditativo,
silencioso y que solo interrumpa la disertacin en el aula para reclamar res-
puestas a sus dudas, o lo que me resultaba en todo sentido edificante y no me-
nos grave, hacer pblicas sus objeciones sobre este o aquel problema de la me-
todologa histrica. En ese entonces, me parece que fue hace una vegenza
aos, observ el decoro de su curiosidad, lo atinado de su inquietud y lo
ponderado de su personalidad, notas anmicas estas, que aos ms tarde, ya
prximo a graduarse, supo plasmar en un jugoso ensayo sobre las Relaciones
de Panam con los Estados Unidos en el S . XIX, que en colaboracin con un
compaero de estudios, el hoy profesor Jorge E. Kam Ros present al Con-
curso estudiantil que patrocinaba el Departamento de Expresiones Artsticas
la Universidad de Panam (D. E.X.A .) y que mereci el premio de la sec-
cin ensayo.
Casi enseguida vino el trabajo de graduacin, y precisamente en ese en-
tonces la Editorial Universitaria (EUPAN) haca la revisin final del libro del
historiador norteamericano William D . McCain : The United States and the Re-
public of Panama . Ya para ese tiempo, era mi colaborador ms allegado, pues
trabajaba asiduamente en esta dependencia y como nuestra poltica era, y sigue
sindolo, incorporar al espaol_ la extensa bibliografa fornea sobre nuestros
problemas, precedidas siempre por un estudio preliminar encargado de presen-
tar el aspecto nuestro de las obras que damos a conocer al pblico hispano
hablante ; fue por lo mismo que le recomend que se enfrentara a esta tarea
con las nicas armas con que contaba, la valenta y el estudio y buscara el
ngulo panameo para anteceder la excelente monografa del autor estadouni-
dense sobre nuestras relaciones internacionales con el pas del Norte . La 'prueba
de fuego" fue saludable, pues con un tesn extrao en nuestra primera Casa de
Estudios, se zambull en los papeles de la Cancillera, registr peridicos, se hizo
volantes y en fin, estuvo a la caza de todas las fuentes primarias que tuvo a
su alcance para ofrecernos luego las notas crticas que complementaron su es-
tudio preliminar sobre el texto de McCain acerca de nuestras relaciones con
Norteamrica en la iniciacin de la Repblica (1903-1936) .
En cierto sentido, el nuevo aporte de Araz complementaba el juvenil
ensayo anterior que abarcaba precisamente el siglo XIX, solamente que aho-
ra, libre ya del trabajo en colaboracin, se senta ms a sus anchas para poder
ofrecer conclusiones concretas y observaciones agudas de su propia cosecha,
todas ellas basadas en un material abundante y de 'buena ley- Hoy puedo
afirmar, con legtimo orgullo, que la traduccin, el estudio preliminar
' y las
notas crticas resultaron un xito, a tal extremo, que en un pas tan aptico
1
como el nuestro para las tareas del simple leer, ya va por la segunda edicin
y no sera de extraar que estemos muy prximos a la tercera .
Pero aqu no terminaron nuestros vnculos intelectuales, pues juntos nos
toc hacer la seleccin de varios nmeros de los suplementos de la Revista
Lotera sobre Narciso Garay, Jeptha B. Duncan o la recopilacin de documen-
tos diplomticos sobre nuestras relaciones contractuales con los Estados Uni-
dos. Agrego a lo anterior, que desde 1978 fue mi asistente en la ctedra uni-
versitaria hasta el ao pasado en que viaj a Espaa en busca de mayores y
ms amplios horizontes historiogrficos . All est ahora, trabajando inten-
samente, como siempre, en la Universidad Vallisoletana bajo el sabido padri-
nazgo de Don Demetrio Ramos Prez, uno de los ms brillantes americanistas
con que cuenta la Pennsula en la actualidad.
As reza un viejo adagio espaol que aqu viene a cuento para sealar el
origen bocatoreo de Araz. La provincia es tan joven como la Repblica,
pues se cre precisamente al declararnos independientes en 1903, para que en
esta forma enviara sus cuatro representantes a la primera de nuestras Asambleas
Constituyentes No obstante, no es la juventud sino el abandono lo que es carac-
terstico de la regin. La tierra es frtil, rica y de zonas con diversas alturas y
climas, pero est separada fsica y anmicamente del resto del pas . Las nicas
formas de comunicacin son, un deplorable servicio areo y un msero modo de
transporte martimo, cual es el de los barcos de cabotaje que con fluctuante pe-
riodicidad zarpan desde el puerto de Coln . El territorio irridento es explota-
do desde finales de la centuria pasada por una multinacional que se dedica prin-
cipalmente al cultivo del banano, y por lo tanto, una inmensa mayora de sus
habitantes son empleados dependientes de la United Fruit Company. Un conglo-
merado de diversos grupos humanos componen el cuadro tnico de este terri-
torio en que predomina una fuerte influencia antillana, que an habla el in-
gls y que conviven con residuos de guaymes, doraces y otros grupos autc-
tonos que tienden a desaparecer marginados en la serrana . Resulta ms fcil,
hoy en da, llegar a Bocas del Toro desde la frontera costarricense que del
propio territorio de la Repblica, aunque se trate de su vecina y prspera Pro-
vincia de Chiriqu y lo que se puede escuchar por los distintos medios de comu-
nicacin de masas (radio y/o televisin) procede ms de la capital josefina que
de/ territorio panameo de la cual forma parte .
En un medio hostil, resulta inquietante comprobar que culturalmente
Bocas del Toro ha ofrecido un importante aporte a la vida espiritual panamea .
Casi sin darnos cuenta vienen a colacin los nombres de los Hermanos Snchez
que con lucidez poco comn en nuestras letras, dejaron pginas que enrique-
cen la literatura nacional. Jos Mara, fue cuentista consumado y en su
Shumio-Ara primero, y luego, en los Cuentos de Bocas del Toro, volc su pasin
por el terruo, exprimi la parte potica de la selva, la humedad y el mar, pa-
ra darnos cuadros vivos de un mundo extrao y prximo, donde el tiempo co-
bra dimensiones diferentes y los sucesos de todos los das se envuelven en el
secreto, casi onrico, en una narrativa impecable, vigorosa y en todo momento,
con una fuerte y muy sentida vocacin social . Su hermano Guillermo, ms co-
nocido en el mundo de las letras como Tristn Solarte, no le va a la zaga en
2
lirismo, misterio, interpretacin del paisaje y en el muestrario de personajes
que son variables a la vez que permanentes en aquel mundo, tan cercano, y a
la par tan distante de nosotros Solarte tambin ha logrado en su breve pero
importantsima obra potica coadyuvar los mismos elementos de su narrativa.
Pero no es el caso hacer el estudio que ambas figuras literarias ameritan, sino
simplemente sealar, como de soslayo, la contribucin al quehacer cultural
panameo de dos nombres bocatoreos al que hoy viene a sumarse el de Ce-
lestino Andrs Araz, con una obra histrica plena de promesas, de las que no
sera prematuro afirmar que ya se convirtieron en una feliz realidad 'contante y
sonante'
Alguien podr afirmar por all que tales figuras tanto en nuestro mundo
historiogrfico como en el de las letras, se asemejaran a aquellos inmensos
rboles que se ven sobresalir en un bosque de arbustos y sus ramas se extien-
den en todas las direcciones, como para monopolizar el aire y la luz solar. Y
sin embargo, debajo de ellas, la tierra que lo rodea est yerma y cubierta de
sombras. Pero a los que as piensan, podramos preguntarles si no es este aca-
so un smbolo de toda la actividad cultural panamea, que vive y se nutre de
individualidades ms que de esfuerzos colectivos?Pero an hay ms, dentro de
ese mundo desagradecido y egosta, conviven una fauna cazurra y una flora
parasitaria y precisamente en nuestro derrotero acadmico y artstico, obser-
vamos como son frecuentes los ejemplos del triunfo de los reptiles, los simios
o las enredaderas que ascienden, gracias a estos solitarios y aislados ejemplos
de saber y de humildad .
Hoy, a Celestino Andrs Araz le cabe otro mrito, cual es ell estar cons-
ciente que hay que trabajar en colaboracin en la faena intelectual, ante los
problemas del mundo contemporneo, asfixiado por los especialismos, acom-
paado de otras personas, con los que los une, no solo el mismo aislamiento,
sino el refugio en "la salvacin por el estudio', y en especial, el placer inque-
brantable de compartir experiencias y enriquecer con el trabajo en equipo el
conocimiento para abrir anchas perspectivas.
Sirve esta afirmacin para traer el recuerdo difano de hace unos cinco
aos cuando junto con Armando Muoz Pinzn, y con el que estas lneas es-
cribe, emprendimos la arriesgada empresa de confeccionar la Historia de Pana-
m en sus Textos. En un principio el esfuerzo nos pareci descomunal y ms
all de nuestras propias capacidades. Pero ms pudo el empeo que el temor,
fue mayor la tenacidad que la inercia y prim en todo tiempo, la discusin
amistosa, el comn regocijo ante la lectura y seleccin de los documentos y
las amables censuras que nos imponamos, que todas las dificultades que sur-
vieron en nuestra tarea. Esta obra que ya hace poco vio la luz, fue el fruto de
una colaboracin ntima, no solo en cuanto a la redaccin sino en lo que res-
pecta al andamiaje heurstico y crtico que requera nuestra investigacin. Si
hemos logrado nuestras metas, lo han de decidir los lectores y no nosotros, pero
lo que en todo momento ha de valer, es el esfuerzo comn, tan poco frecuente
en nuestro medio.
SENTIDO Y PERSPECTIVAS DE LA PRESENTE OBRA
Cuando en 1979 la Academia Panamea de la Historia abri el concurso,
patrocinado por la ESSO STANDARD OIL COMPANY sobre nuestra separa-
3
cin de Panam de Espaa, Araz se sinti tentado a usar sus propias armas
para adentrarse en el tema que a muchos les pareca ya agotado en la historio-
grafa nacional. En efecto, un nmero plural de monografas se ocupaban de
este asunto, y como es natural, surgi en l un temor gratuito de que nada se
pudiera encontrar en nuestros ripios archivos y bibliotecas sobre tan impor-
tante acontecimiento. No fue as, pues luego de analizar la bibliografa al res-
pecto, pudo percatarse de que an existan muchas aristas por aclarar de aquel
suceso novembrino. As mismo, con muy buen sentido pudo darse cuenta de
esa preferencia que por lo general siente el historiador por la fuente indita
sobre la dita, a la que descuida por la simple circunstancia de haber corrido
el camino de la impresin . Fue as como se aproxim con xito a los repos-
torios documentales venezolanos y colombianos donde felizmente encontr
un abundante material sobre el Istmo que, pese a haberse publicado muchos
aos atrs, se encontraba intocado en nuestro medio . Exigente con la obra
propuesta, encamin sus pasos a los archivos nacionales donde reposan las
copias que en un tiempo encargaron al Archivo General de Indias los histo-
riadores Juan Bautista Sosa y Enrique J. Arce y nuevas sorpresas se agrega-
ron a su infatigable pesquiza . Se podr decir con razn, que otros estudiosos
le antecedieron consultando tales papeles, pero mrito suyo fue el saber anotar
con la necesaria modestia y honradez que los documentos requeran de la im-
prescindible compulsa y que dada las circunstancias -lejana, falta de tiempo,
imposibilidad de consultar los originales- tena que valerse de la 'buena fe"
de los copistas.
Con tan rico acopio documental sent las bases de su trabajo partiendo de
un aspecto sencillo y de todos conocido, pero por lo mismo, frecuentemente ol-
vidado, cual fue el sincretismo cronolgico de la gesta emancipadora Hispanoa-
mericana y el acontecimiento como un hecho urbano, ms que un suceso proce-
dente del agro. Esta pista, lo llev a los archivos bogotanos de donde regres
con una verdadera cantera de documentos completamente desconocidos entre
nosotros. Fue as como pudo reconstruir con esmero, eficacia y una fuerte
dosis heurstica todas nuestras peripecias a finales del siglo XVIII y principios
del XIX.
Hoy, y gracias a Celestino Andrs Araz, el lector de su obra podr perca-
tarse de un Panam amodorrado a la par que inquieto, con una aparente deca-
dencia comercial frente a la fehaciente realidad de un contrabando, que fue
actividad dilecta de unos capitalinos que no haban perdido su vocacin comer-
cial, y aoraban en medio de la apata de la Metrpoli, los fastuosos das de las
"ferias" y la agitada vida de la contratacin . Pero an su importantsimo trabajo
nos depara nuevas sorpresas, una de ellas, y precisamente es en la que ms in-
siste, es la fuerte y enervante lucha del cabildo frente a la Audiencia que se
revivi en los das del Virrey Benito Prez, para suprimir la actividad ilegal
a la que eran tan dados los istmeos y en la que encontraban el refugio para
efectuar un dinamismo comercial, en aquel entonces monopolizado cuando
ms u obstaculizado cuando menos, por el Consulado de Cartagena .
Varios mritos ms puede exhibir la obra que prlogo y en la que algunos
asuntos merecen destacarse . Quizs el ms importante de ellos sea, el saber ubi-
car nuestro acontecer histrico dentro del suceder de las Amricas en particular
4
y del mundo en general. Su interpretacin no se limita por lo tanto a un Pana-
m que vale solo por la simple circunstancia de haber nacido en l, sino porque
es reflejo de lo que ocurra en otros estados y en otras latitudes, a la par que se
transformaba de acuerdo con nuestras propias soluciones y experiencias, cons-
cientes o inconscientes de su propia "vividura", si se nos permite utilizar el
feliz neologismo de Amrico Castro .
Lo dicho con anterioridad, nos lleva como de la mano, a comprender la
importancia de un primer captulo en el que como "punto de arranque" se
hace el cuadro general de la Europa dieciochesca y su importancia en el rea
circuncaribe ; las nuevas experiencias de una Espaa que se rasgaba a si misma
entre el tradicionalismo y la modernidad, todo lo cual nos permite estar prepa-
rados para entender el "caso" panameo, muy similar en cienos aspectos al de
otras ciudades realistas de la Amrica Espaola, como fue el ejemplo de Santa
Marta de Maracaibo, frente a la heroica Cartagena o la muy castigada Caracas .
Los captulos que le siguen, los dedica concretamente a nosotros, a las atolon-
dradas peripecias que antecedieron a la separacin y el ltimo lo consagra al he-
cho mismo de la Independencia, como el resultado de una cadena ininterrum-
pida de sucesos, sin los cuales, no se hubiera podido llegar a la solucin defini-
tiva, cual fue la ruptura con el Imperio Espaol y la unin a la entonces Colom-
bia de Bolvar.
Aparte de lo mucho que nos presenta la obra que comento, varias cosas
podran pasar desapercibidas para el lector comn o el nefito especialista .
Una sera la de interrogarnos, tal como se lo pregunta sin querer Araz : Qu
le pidi a su tarea? Simplemente algo ms que el placer interior del deber cum-
plido, porque trata en todo momento de conocer al hombre y por lo mismo,
prefiere la aventura humana a la escueta estadstica o a los principios tericos
de otras disciplinas, que en esta poca de cambios, se hermanan con la historia .
Esto no quiere decir, que abandone los mtodos tan en boga de las modernas
corrientes historiogrficas, pero precisamente, un justo medio, le permite el
equilibrio necesario para saber valorar los acontecimientos y obtener las lec-
ciones que nos brinda la experiencia colectiva de este 'mundillo" con un sin-
nmero de peculiaridades, y que a pesar de ellas, nos permiten entrever a un
panameo que resulta invariable y permanente en su actitud frente a la vida
pretrita o actual. En tal orden, su historia ofrece un sentido y una misin
presentiste y de all la razn de ser de su aleccionador eplogo, pues el 28 de
Noviembre de 1821, no solamente sucedi y vali para su tiempo sino que
estableci un hito a la par que hizo las veces de una pauta . Por lo tanto, el
hecho sirvi para explicar muchos de los acontecimientos posteriores, ya se
trate del caudillismo personalista de Espinar, Alzuru o Herrera, de la pecu-
liaridad histrica de Mariano Arosemena o de la vocacin autonomista de su
hijo, nuestro Justo Arosemena, cuyos juicios sabe interpretar como pasado
y presente y hasta como destino.
En la produccin histrica, a veces nos tropezamos con libros que ago-
tan el tema mientras que otros, creo que ms sinceros y aleccionadores, abren
caminos y despiertan nuevas preocupaciones Considero que esta obra perte-
nece al segundo grupo, pues Araz no siente rubor acadmico al poner de ma-
nifiesto que a falta de una slida base documental hay ciertos aspectos para los
que no ha podido encontrar una solucin definitiva . As lo advierte, por ejem-
5
plo, cuando le toca analizar y comparar el "Grito de la Villa" frente a lo suce-
dido en el Cabildo panameo dieciocho das ms tarde . Las interrogantes las
plantea y en su generosidad, abierta a todos los vientos y sin atenerse a un deter-
minismo o a su contrario el azar, seala una huella por descubrir, tanto para los
otros que le antecedieron en la difcil tarea de historiar este momento, como
para sus contemporneos y no es imposible, dentro de nuestra inercia tropical,
que para las generaciones futuras las que con el tiempo, quieran adentrarse
en el tema con el mismo fervor con que su "ntimo yo" lo ha realizado .
Pero otros merecimientos han de tenerse en cuenta, uno de ellos es la es-
trecha relacin con que sabe unir y darle trabazn interna a los documentos
por variadas que sean sus formas y sus propsitos y estilos, pues junto con
una tediosa literatura burocrtica, aparece el juicio del historiador Mariano
Arosemena, el parte oficial de algn funcionario extraviado en los altibajos
de los das preindependientistas o las extensas listas de vecinos partidarios 'de
la buena causa . No pocas veces deja que los testimonios hablen por si solos y
si ello es as, entonces, los comenta con equilibrio, los juzga con precisin
y los valora con mesura . Igualmente, es novedosa en nuestro medio la clasi-
ficacin final de la bibliografa consultada, pues sabe distinguir la fuente de
primera mano de la simple obra de referencia e indudablemente, otros sabrn
aprovecharse de tan til y necesaria ordenacin .
Por ltimo, y no es ste el ltimo mrito, reivindica nuestro 28 de Noviem-
bre de 1821 de los prejuicios con que lo ha estimado la historiografa fornea
y sin alardes ni chauvinismos pone el suceso en el justo marco de nuestro acon-
tecer y destino histrico .
8
INTRODUCCION
9
El proceso emancipador americano ofrece entre sus muchas ca-
ractersticas una sincronizacin en el tiempo y en el espacio, y por
lo mismo, los historiadores han sealado como fronteras de la gesta
los aos de 1810, en que se inician los primeros "gritos" a 1824
con el triunfo de las fuerzas patriotas en la batalla de Ayacucho .
Fueron 14 aos de contienda blica en la que el Istmo de Panam,
por haber arribado a la separacin de Espaa incruentamente, cons-
tituye un "caso" hasta ahora poco estudiado por nacionales y ex-
tranjeros . Visto con ojos superficiales, ser fcil explicar el limitado
atractivo que ofrece el tema, porque en nuestro acaecimiento inde-
pendentista estn ausentes las confrontaciones guerreras, las procla-
mas exaltadas, los partes militares patriotas y realistas y las apasio-
nadas controversias polticas de aquellos tiempos convulsionados .
No obstante, el tema reclama nuestra atencin porque, como pre-
tendemos sealar en las pginas que siguen, el 28 de noviembre
de 1821, marc un hito a la par que que abri un camino para una
experiencia zigzagueante, con altibajos sorprendentes, pero con una
constante que lo alimenta, cual fue la angustia por el autonomismo
panameo que logr plasmarse parcialmente en 1903 y confiamos
que en forma total en un futuro no lejano .
12
Cabildo y a la clase comercial de la zona de trnsito en las ltimas
dcadas del siglo XVIII y primeras del diecinueve, el peso gravita-
cional del contrabando o bien la mentalidad imperante en los
del Istmo en los aos que antecedieron a la independencia de
1821 .
Los investigadores, al dejarse llevar por una excesiva vanidad
intelectual, olvidan que la clasificacin de las fuentes entre ditas e
inditas, obedece a una divisin estrictamente circunstancial, y de-
cimos la anterior verdad de perogrullo por el imperdonable des-
cuido que se tiene hacia las colecciones documentales o monumen-
tas, las que nos brindan impresas fuentes primarias de inestimable
valor. Nuestra bsqueda en tales fondos colombianos y venezolanos
fue fructfera en grado sumo, pues stos exhibieron muestras que
nos conciernen directamente y que, por lo menos, limpiamos de
ese extrao olor que tienen las cosas viejas para ponerlas al da en
nuestra labor heurstica .
Con este bagaje de material documental nos sentimos expeditos
para realizar el presente trabajo, que hemos dividido en tres captu-
los y un eplogo, en los cuales pretendemos enmarcar el suceso
noviembrino desde sus antecedentes inmediatos hasta sus proyec-
ciones ulteriores . En el captulo primero, trazamos un panorama de
las rivalidades imperiales a lo largo del siglo XVIII y cmo stas
repercutieron en el Istmo de Panam . Veremos cmo, al mismo
tiempo que el pas se suma en una declinante asfixia econmica,
la clase comercial aglutinada en el Cabildo luchaba a brazo partido
para sacarlo del marasmo, y aunque sus peticiones a la Metrpoli
casi en todo momento cayeron en saco roto, esta contingencia
oblig a los criollos de las ciudades terminales a desarrollar un
espritu de cohesin social, poltico-econmico y cultural, que a la
vez le sirvi para sobrevivir en la penuria, merced a su habilidad
para infiltrarse en la maquinaria administrativa civil y militar que
apuntalaron hbilmente con las actividades del contrabando . En el
segundo, junto al colapso del antiguo rgimen, presentamos los
conflictos de adhesin versus patriotismo suscitados en las ciudades
;A1Pmr9ag6n,eliTopsuEtdiPrelmna copilnque
hiciera de los escritos de Mariano Arosemena ; que agrup bajo el ttulo de : Maria-
no Arosemena . Historia y Nacionalidad . Editorial Universitaria de la Universidad de
Panam, Panam, 1971 . Desde el ngulo sociolgico hizo un exhaustivo anlisis de
los protocolos notariales Alfredo Figueroa Navarro, lo que le permiti componer
su : Dominio y Sociedad en el Panam Colombiano (1821-1903) (Escrutinio Socio-
lgico) . Impresora Panam, S .A . Panam, 1978 . Tambin, complement su do-
cumentacin demogrfica Omar Jan Surez para la obra : La poblacin del Istmo
de Panam del siglo XVI al siglo XX. Estudio sobre la poblacin y los modos de
organizacin de las economas, las sociedades y los espacios geogrficos . Impresora
de la Nacin, Panam, 1978 .
13
del Nuevo Mundo, a fin de encuadrar la sumisin del Istmo a la
Corona y resaltar el papel de los criollos citadinos, que exigieron
recompensas por su fidelidad a travs de franquicias comerciales,
amn de privilegios personales. Como observamos, tal oportunismo
cobr auge con el establecimiento del Virreinato en el Istmo y
llev al Cabildo a un choque inevitable con la Real Audiencia,
sobre todo porque para ese entonces el pas haba resucitado en su
economa y la clase mercantil adquiri un vigor inusitado . As lo
demostraron sus intentos para establecer un Tribunal de Consulado
en 1812 y 1817 . Sin embargo, mientras el grupo dominante istme-
o se preocupaba por llenar intereses econmicos propios, los pa-
triotas buscaban sustraer al Istmo del podero espaol, tal como lo
presentamos en el captulo tercero .
Lo anterior nos permite insistir nuevamente en el "caso" pana-
meo . A lo largo de nuestro trabajo y como un "descargo de
conciencia", advertimos problemas an no dilucidados por nuestra
historiografa y que nosotros, tampoco logramos resolver. Uno de
ellos, quizs el ms sugestivo, es el "Grito de la Villa de los San-
tos", estallido que se adelant al movimiento del 28 de Noviembre .
Si como realmente ocurri, el peso poltico del pas lo llevaron los
criollos capitalinos y no los seores del interior, es posible que un
estudio meticuloso del rgimen de tierras, la existencia hasta ahora
no testimonialmente comprobada de latifundios y minifundios o
una probable rivalidad entre la ciudad y el campo, expliquen el
desarrollo de un nimo levantisco ms profundo en el pas agro
que en el pas de trnsito, pero desafortunadamente no alcanzamos
a despejar tal incgnita con las fuentes que estuvieron a nuestro
alcance (3) .
14
Carreo y luego se desmoron para trocarse en sentimientos de
franca autodeterminacin e independencia .
En el Eplogo procuramos establecer paralelamente la desazn
panamea y el recuerdo del 28 de Noviembre, ste como fecha
clave de nuestra vocacin independentista, y por lo mismo, nos
vimos obligados a realizar un recorrido de la trascendencia que
tuvo el acaecimiento para nuestros hombres de ese entonces y la
significacin que posee para el panameo de hoy, ante la indiferen-
cia -que nos atreveramos a considerar como tendenciosa- de la
historiografa extranjera . Hasta aqu nuestras metas y propsitos .
Contribuir aunque sea en mnima parte al esclarecimiento de estos
sucesos, ser para nosotros suficiente recompensa .
15
CAPITULO 1
PROLEGOMENOS A LA INDEPENDENCIA DEL 28
DE NOVIEMBRE DE 1821
17
El prcer Mariano Arosemena, con su vocacin de historiador,
intuy claramente la necesidad de trazar un paralelo de lo que
ocurra en el Istmo con el suceder en el continente y en mundo,
dndonos as la primera leccin de historia comparada, que hemos
querido aprovechar al no limitamos en nuestro campo de trabajo a
lo que aconteci estrictamente en las fronteras istmeas, sino tam-
bin establecer las grandes corrientes del suceder universal . De aqu
surge la necesidad de presentar un panorama que nos ha de servir
de lmite inicial y
PUNTO DE ARRANQUE
Para un cabal entendimiento de la significacin histrica del 28
de Noviembre de 1821 -un tiempo fuerte, utilizando la terminolo-
ga de Pierre Chaunu- resulta obligante remontarnos a determina-
dos antecedentes que son fciles de observar en la centuria diecio-
chesca . Ello es as, porque en los albores de esta poca el antago-
nismo poltico-econmico entre los imperios coloniales europeos
adquiri un cariz diferente . Sealemos, entre los principales aconte-
cimientos, el ascenso vertiginoso de un mercantilismo a escala uni-
versal, el cual desencaden un forcejeo expansionista para la adqui-
sicin de materias primas, que convertidas luego en productos ma-
nufacturados, retornaban para abastecer a los vidos mercados ame-
ricanos. En esta carrera desenfrenada por el predominio mercantil y
geopoltico, Espaa estuvo a la zaga de sus competidores, en par-
ticular de Francia e Inglaterra. Desde la Guerra de Sucesin espa-
ola (1700-1713), los conflictos blicos que se libraron en el
Viejo Mundo tendran igualmente por escenario a las Amricas, y
es s como las posesiones de ultramar se convirtieron en objeto de
constantes vejmenes, saqueos y acciones de represalias por parte
de los imperios en pugna . La estrecha alianza establecida entre
Espaa y Francia durante la contienda para designar al sucesor de
Carlos II "el hechizado", el advenimiento de los Borbones al tronc
hispnico y los subsiguientes Pactos de Familia de 1733, 1743 y
1761, la llevaron a un choque frontal con la Gran Bretaa . Come
era de esperar, los resultados fueron desastrosos para aquella poten
cia ya en declive . A lo largo del siglo, las colonias ibricas en e .
Nuevo Mundo resintieron la ausencia de una administracin ade
cuada a sus intereses, la postracin econmica y la marginalizacin
socio-poltica, a la par que vivieron en constante estado de tensin
merced a las rencillas imperiales . A la postre, por stas y otras
causas que oportunamente trataremos, decidieron por distintos ca
minos y con diferentes medios, cortar de una vez por todas, lo :
lazos que las vinculaban a sus respectivos centros de poder .
19
Al tomar en consideracin el anterior contexto, se hace necesa-
rio advertir el papel que le toc desempear al Istmo de Panam .
Partamos de 1739, cuando los candentes problemas limtrofes entre
las colonias francesas e inglesas en Norteamrica, la creciente rivali-
dad anglohispana por hacer del Caribe un coto vedado de relacio-
nes mercantiles y los desacuerdos financieros de la Compaa del
Mar del Sur con el gobierno espaol, desataron la Guerra de la
"Oreja de Jenkins", porque fue precisamente en este ao que el
Istmo de Panam recibi un golpe mortal a su tradicional funcin
como zona de trnsito de bienes y servicios . (4) En efecto, el 2 de
diciembre de aquel ao, el Almirante Edward Vernon saque y
destruy las defensas de Portobelo y Chagres, y no conforme con,
ello retorn y las atac nuevamente en 1740 y 1742 ; en tanto que
George Anson, sin xito apreciable, asol las costas de Chile y del
Per . Si bien tales amenazas no produjeron los resultados apeteci-
dos por Inglaterra, esto es, socavar el riguroso monopolio comercial
del imperio espaol con sus colonias, para el Istmo de Panam sus
consecuencias fueron- desastrosas y entre las ms sobresalientes po-
demos sealar: la incorporacin del territorio a la jurisdiccin del
Virreinato de Santa F de Bogot en 1739 ; el abandono de la ruta
y la adopcin de los barcos de "registros sueltos" por el Cabo de
Hornos rumbo a Buenos Aires y Lima, a partir del ao siguiente ; la
extincin del sistema de Ferias y Galeones en 1748, y la supresin
del tribunal de la Audiencia por Real Cdula de 20 de junio de
1751 .
Por otra parte, es preciso recordar que al momento de desenca-
denarse la Guerra de la "Oreja de Jenkins", se desarrollaba en el
20
Istmo una intensa actividad de contrabandeo que el "navo de
permiso" foment durante las ferias de 1701, 1724, 1730 y 1736 .
Ms an, el comercio ilcito a partir de 1716, se efectu tanto en
la zona de trnsito como en la regin centro occidental de Cocl,
con la confabulacin y venalidad de los comerciantes y autoridades
locales . En tal estado de cosas, la Corona opt por nombrar en
Tierra Firme a un gobernador enrgico y capaz de contrarrestar la
proliferacin del contrabando y fortalecer las defensas de Portobe-
lo, Chagres y el Darin . Por su brillante hoja de mritos y servicios
en Quito y Lima, el cargo recay en Dionisio de Alcedo y Herrera,
desde 1743 a 1749, quien logr frustrar un ataque a Portobelo
perpetrado por William Kinghills en 1744 y desmantelar con efica-
cia el trato ilcito en las zonas terminales ; pero su ms sobresalien-
te campaa fue el exterminio de una amplia y bien organizada red
de contrabandistas, que bajo los nombres de "Real Compaa de la
Jurisdiccin de Nat", "Sacra Familia" y "Apostolado de Penono-
m", operaron virtualmente sin oposicin oficial por espacio de
tres dcadas.
21
logr configurarse a plenitud una autntica "expresin criolla", en
ese entonces. (7)
No obstante, a grosso modo podemos resear algunas caracte-
rsticas saltantes en la segunda mitad de la centuria, cuales fueron :
Ante la decadencia de la zona de trnsito se suscit la emigra-
cin de la poblacin flotante, tanto a Sudamrica como hacia las
campias interioranas . De este modo, se profundiz la explotacin
del agro, o lo que acertadamente tambin se ha denominado "rura-
lizacin de la economa" . (8) Pero tal actividad se concentr en
una economa cerrada o de subsistencia que no logr salvar al
Istmo de su abatimiento . Lo anterior explica por qu el peso de las
decisiones del pas continu gravitando en las ciudades terminales .
22
CUADRO 1
LAS MISIONES QUE EN EL AO DE 1785 ESTABAN A CARGO DEL COLEGIO DE SAN FRANCISCO DE LA CIUDAD DE PANAM,
E
E
i
reducidas conlindantes Leguas Sinodo Situacin geogrfica Auxilios que da el colegio
3 e
Pueblos Pesas
e Naciones
Naciones
O
TOTAL
Pudsbs 6
Mi nist ros 12
Nefitos 1834
,1 es 189
N ;Roe y nia lasca de nueve ao 731
MaVimaniossegun la lelena 345
Snodos 39 B6
24
niales, cuando stos trataron de establecer un equilibrio de poder
en las Amricas . La rivalidad entre las potencias del Viejo Mundo
emergi con denodado vigor durante la guerra de los Siete Aos
(1756-1763), ya que en tal contienda el objetivo primordial de los
ingleses fue el de salvaguardar sus dominios en Norteamrica y
apoderarse del Canad, satlite de Francia, mientras que las Antillas
se convirtieron en el blanco directo de un saqueo sistemtico . (14)
Por la Paz de Pars, que puso fin a las hostilidades, Espaa perdi
la Florida y recuper a Cuba, acept a regaadientes la presencia
de los cortadores de palo de, tinte en Belice (Bay Island) y obtuvo
la Louisiana de Francia . Empero, la Gran Bretaa emergi como la
potencia ultramarina por exclencia, posicin que la llev a un en-
frentamiento insoslayable con Espaa y Francia por las posesiones
continentales en Norteamrica .
Aunque desde la tercera dcada del siglo, Espaa tuvo que
sofocar movimientos subversivos aislados, como fue el de los comu-
neros del Paraguay encabezado por los panameos Jos de Ante-
quera y Castro y Fernando Mompox y Suys (15), con los nuevos
compromisos que adquiri, paulatinamente se fue debilitando su
hegemona en el continente americano y adems hubo de sostener
un equilibrio bamboleante del poder encarando nuevos brotes de
disconformidad, entre los que cabe destacar el de jacinto Canex en
Yucatn (1763), Jos Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru) en el
Per (1780) y los Comuneros del Socorro en la Nueva Granada
(1781) . Si bien tales movimientos levantiscos no cristalizaron, sen-
taron un precedente y personificaron ejemplos que los criollos del
resto del Nuevo Mundo no olvidaran y ms an, imitaran dcadas
ms tarde .
Sin embargo, lo anterior no invalida la afirmacin de que a
estas alturas el imperio espaol segua enclaustado con relacin al
resto de Europa, porque como se recordar, con los Borbones se
iniciaron transcendentales cambios econmicos y polticos, a la vez
que aflor un despertar de la conciencia nacional aletargada duran-
te siglos por la preponderancia de la Iglesia, la inquisicin, los
ultraconservadores y los ortodoxos . Las reformas liberales ms sig-
nificativas se llevaron a efecto durante el reinado de Carlos III y
14 . La obra que narra con singular maestra tales actos punitivos en el Caribe y brinda
un cuadro minucioso de las islas de las Antillas, desde su descubrimiento y coloni-
zacin, piratera, cultivos de azcar, trata de esdavos y asientos, relaciones comer-
ciales, guerras coloniales y de independencia hasta el siglo actual, se debe a J .H .
Parry y Philip Sherlock, bajo el ttulo de : Historia de les Antillas . Editorial
Kapeluz, Buenos Aires, 1976 .
15. Ernesto Castillero Reyes : "Los panameos precursores de Bolvar" . B .A .P .H .Nos
16-19, Panam, Enero-Abril-Junio-Octubre de 1938, pp . 57-76
25
sus Ministros Aranda (1766), Floridablanca (1777) y Campomanes
(1788), quienes asimilaron y adaptaron en gran parte las ideas eco-
nmicas de la ilustracin francesa, pero, a su vez, pasaron por un
cuidadoso filtro de consura el andamiaje poltico galo. (16) Con
todo, Espaa increment su superestructura, comercio y poblacin
e introdujo significativas modalidades a su rgimen colonial . Entre
stas ltimas, se destacaron la supresin del sistema de puerto ni-
co, papel que ejerca en ese entonces Cdiz ; orden en 1765 la
apertura de nueve puertos peninsulares para el comercio con sus
dominios ; concedi permiso para las transacciones mercantiles in-
tercoloniales (1768) y promulg la pragmtica de libre comercio en
1778, que pese a no suprimir del todo el anterior monopolio, le
dio un giro importante a las relaciones mercantiles entre la Metr-
poli y sus dominios . En el ramo militar se crearon las milicias
coloniales y fortalecieron las defensas, mientras que en el rengln
administrativo se establecieron Capitanas Generales, el Virreinato
de Buenos Aires y las Audiencias subordinadas de Guadalajara,
Cuzco y Charcas y se llev a la prctica una innovacin fundamen-
tal, cual fue el rgimen de intendencias . (17) .
Ante la proliferacin de estas directrices modernas y diversas,
cabra preguntarnos si las mismas alcanzaron al Istmo y de ser as
cmo se aplicaron . En realidad, si exceptuamos la expulsin de los
jesuitas y la instauracin de milicias coloniales, las nuevas disposi-
ciones del "Despotismo Ilustrado" de Carlos III, no lograron echar
races en este territorio, o bien se hicieron sentir leve, parcial y
tardamente. Para el primer caso, un ejemplo lcido lo constituye
el sistema de Intendencias ; pero la ausencia de tal institucin oper
en sentido contrario para la Metrpoli, porque al carecer Panam
de un funcionario con tal investidura que vigilase ms estrechamen-
te lo relativo a los renglones econmicos fiscales y de administra-
cin y justicia, stas prerrogativas se delegaron con el Cabildo, lo
que ocasion, que desde muy temprano dicho cuerpo desempeara
un decisivo papel que no declin en el decurso del siglo e irrumpi
con nuevos bros hasta el momento de la Independencia, como
tendremos oportuidad de comprobar .
26
En lo concerniente a la ordenanza de libre comercio de 1778,
no pudo entrar en vigor por los avatares de la Guerra de Emancipa-
cin de las trece colonias norteamericanas (1776-1783), en la que
Francia y Espaa participaron activamente . Esto explica por qu en
noviembre de 1785, el Cabildo capitalino solicit al Virrey de San-
ta F, que se le permitiera franquear la internacin de negros so-
brantes, bajo condiciones especiales, de acuerdo a la real disposi-
cin de 6 de Marzo del mismo ao . Indicaban los capitulares que
tal medida servira "para aliviar esta escaseada Provincia y animar a
sus vecinos al cultivo de sus tierras incultas por carencia de trabaja-
dores". (18) Desde otro ngulo, sealaban la necesidad de comprar
vveres para la manutencin de los negros en el viaje: " .... tanto
para continuarles el diario sucesivo alimento durante su expendio
cuanto porque en algn modo resultante a beneficio de sus habi-
tantes a causa de que con el motivo de la saca de gentes para los
establecimientos de las nuevas fortalezas de la costa del Norte de la
Provincia del Darin, principalmente los que se emplean en la la-
branza de esta Provincia, se carecen de los auxilios necesarios por
haber marchado a las expediciones, la mayor parte de los que se
dedicaban al cultivo de la tierra motivndose suma escasez y cares-
ta de lo que produce este pas . Por cuyos fundamentos espera este
Cabildo se digne la benignidad de Vuestra Excelencia ilustrsima
franquearle esta solicitud con lo que conseguir conocido alivio al
vecindario en su abasto respecto a la general falta que se experi-
menta de todo por no venir embarcaciones del Per que abastezcan
este Puerto". (19)
Aunque tal peticin se hizo efectiva, los criollos citadinos no se
conformaron con ella, porque evidentemente la mera introduccin
de mano de obra esclava no era ni poda ser la solucin para sacar
18 . A .H .N ., Bogot. Negros y Esclavos, Panam T . II, Fol . 237 . Este documento tam-
bin lo reproduce Arturo Guzmn en su Trabajo de Graduacin : La trata esclavis-
ta en el Istmo de Panam durante el siglo XVIII . pp . LXVIII-LXX, Universidad de
Panam, 1978 .
Por otra parte, es importante sealar que algunos de los integrantes del Ayuntamiento
de ese entonces, los encontraremos desempeando funciones destacadas en las prime-
ras dcadas del siglo XIX . Entre ellos, cabe mencionar a Juan Ducer, Miguel
Bermdez y Pablo Josef de Arosemena . El primero redactara un Proyecto de
Consulado o de Tribunal de Comercio para el Istmo, en 1812 ; el segundo sera
miembro da Cabildos posteriores (1809, 1816) y el ltimo fue padre de los futuros
prceres Mariano, Gaspar y Blas Arosemena . Esto confirma ms an, una lnea de
fuerza de los criollos citadinos, que arranc desde les postrimeras del siglo XVIII
y se mantuvo mutatis mutandis hasta el movimiento separatista y las primeras
dcadas de unin a Colombia, como pretendemos demostrarlo en el presente estu-
dio.
19. A .H .N . Bogot . Negros y Esclavos. Panam, T . II Fol . 235. Reproducido por Artu-
ro Guzmn, op . cit., pp LXXI-LXXII .
27
al Istmo del estancamiento econmico . As, en agosto de 1787, el
Ayuntamiento de Panam elev al Rey un pliego de peticiones
donde detallaba el precario estado del pas, atribuyndolo a la
caresta de comercio y agricultura por no poseer operarios, a los
incendios de la capital y a la falta de comercio directo con la Metr-
poli, ya que se dependa de Cartagena y Lima . A todo esto, se
aunaba una agricultura incipiente, la desidia en la pesca de perlas y
carey y la paralizacin en el laboreo de las minas . En consecuencia,
el Cabildo propona como remedio las siguientes disposiciones : li-
bertad absoluta para introducir negros de cualquier colonia ex-
tranjera por espacio de diez aos, y ,que tales esclavos se importa-
ran de la Isla de Santo Domingo en nmero de 1,500 a 2,000 a
precios cmodos por dos aos o por crditos ; auxilios de fondos
para la construccin de caminos a fin de adquirir los productos de
las Provincias del Norte y otro "firme y slido de competente
anchura" desde Panam saliendo al Chagres por Gorgona ; estableci-
miento en este punto de una aduana en Cruces, destinndose para
ello el producto de Alcabalas por diez aos ; fundacin de dos, tres
o ms poblaciones en las "mrgenes o parages ms saludables" del
Chagres, para el consumo interno y exportacin al Per ; renovacin
de la merced de los cuatro ttulos de Castilla, que se le concedi
por Real Cdula de 23 de mayo de 1739, declarndolos libres de
los derechos de lanzas y media annata, para con el producto de su
venta, reclamar un fondo que se empleara en la reedificacin de
las casas destruidas por los incendios ; franqueo de mercancas pro-
venientes de Cartagena, como si se importaran directamente de la
Metrpoli : " .. .de modo que los gneros extranjeros a su salida de
Cartagena para Panam paguen solo dos por ciento, y los naciona-
les sean enteramente libres y se entregue tambin el derecho de
diez por ciento de avera, nuevamente impuesto a la salida del
dinero y frutos de la provincia, por ser impedicivo(sic) al crecimien-
to del comercio y tener entendido que no se exige en ninguna otra
plaza de Amrica" . Como complemento de lo anterior, los capitula-
res solicitaban una autntica autonoma econmica en estos trmi-
nos : " ... .que se remita por la Real Hacienda a la referida Provincia,
de cincuenta a cien mil pesos en moneda de plata de cordoncillo
acuada al intento con algn sello particular dndole ms valor
extrnseco que el que en s tuviere, para que sea privativa o provin-
cial en ella, y se reparta entre los vecinos aplicados al cultivo de los
frutos, y dems importantes industrias para fomentar el comercio y
facilitar la agricultura" . (20).
28
Como acertadamente observ Argelia Tello Burgos :"....la impor-
tancia de esta solicitud estriba en que a travs de ella ya se perfila
una independencia de criterios y de inters frente a la unidad
neogranadina, adems la consigna el hecho de que el Cabildo se
dirige directamente a S .M., prescindiendo de la autoridad virreinal
en busca de urgentes medidas como medio de mejorar la economa
del territorio istmeo. Se buscan reivindicaciones propias para ha-
cer llegar hasta l los beneficios comerciales que hasta entonces los
retena Cartagena y otros puertos neogranadinos . Se hace hincapi
en el hecho de que tampoco se haban tomado providencias con
respecto al desarrollo de los recursos propios, pues se deseaba po-
seer frutos para poder ofrecer en el caso de un trato directo con los
puertos peninsulares . Resulta muy significativo el deseo de que en
el Istmo girase una moneda propia que sirviera para las transacciones
internas, desligadas de las que corran en el Per y Nueva Granada .
Es un Panam rezagado, en cierto moda, del ajetreo comercial
americano, pero que consciente de lo que esta situacin conlleva,
pretende hacerla transitoria y superarla cuanto antes, por conside-
rarse como unidad econmica y social a la que se le escapaban las
utilidades de la "feria del libre comercio" . (21) En efecto, el do-
cumento revela con claridad meridiana, que la clase comercial de
las zonas terminales saba a qu atenerse ante el comps abierto
por la poltica borbnica en pro del librecambismo ; no obstante, la
amarga y an fresca experiencia que le leg la funcin transitista,
la haca orientar sus miras hacia otros renglones econmicos y bajo
otras condiciones . Es por lo que se piensa en fomentar la agricultu-
ra con suficiente mano de obra e instrumentos ms adecuados, a
travs de una poltica de poblamiento y la apertura de caminos,
planes tpicos de la Ilustracin, todo lo cual no implicaba el aban-
dono de la explotacin de la pesca de perlas y carey . A ello contri-
buira el establecimiento de una autonoma monetaria que la salva-
guardara de las fluctuaciones originadas por las conmociones bli-
cas . Sin embargo, hubiera sido un caso verdaderamente excepcional
que la Corona consintiera en las solicitudes que los "Veinticuatro" de
Panam proclamaban a viva voce. El Consejo de Indias retard su
respuesta hasta 1794, otorgando el permiso para el trfico negrero
por una dcada y con tal finalidad se habra de habilitar a Portobe-
lo como punto de concentracin, exonerando a los capitulares de
los derechos de introduccin, venta y reventas . A su vez, tal liber-
tad de trata, se hizo extensiva a las maquinarias, herramientas y
dems utensilios destinados a las labores agrcolas, minera y pesca
29
de perlas. (22) Acept la idea de construir un camino de Panam
hasta Gorgona, pero con la salvedad que no existan los fondos
para tal proyecto . Deneg el establecimiento de poblados en las
riberas del Chagres, aunque le dio carta blanca al Virrey de Santa
F para que tratara de lograrlo por iniciativa particular . Se limit a
solicitar la opinin del funcionario respecto a la siembra y cultivo
de tabaco y, como era de esperar neg enfticamente la acuacin
de una moneda distintiva para el Istmo . (23)
CUADRO 2
LOS MIEMBROS DE LOS CABILDOS CITADINOS
(1784-1785)
1784(1) 1785(2)
FUENTES : (1) A.H .N . Bogot. Negros y esclavos. Panam. Tomo II . Fol. 221 .
(2) A .H .N . Bogot. Negros y esclavos. Panam . Tomo II . Fol . 237 .
22., "Real Orden del Ministerio de Hacienda de 21 de junio de 1794, por la que se
conceden varias gracias a la ciudad de Panam" . A .H .N ., Bogot . Negros y Esclavos.
Panam . T . II Fol . 912-914 R . y V.
23. Argelia Tallo : Panam en la Segunda mitad . . . .pp 315-316.
24 . Cf . Arturo Guzmn : La trata op . cit. y Jaime Jaramillo Uribe : Ensayos sobre
Historia Social Colombiana . Universidad Nacional de Colombia. Direccin de Di-
vulgacin Cultural (Biblioteca Universitaria de Cultura Colombiana), Bogot, 1968 .
pp 71 y ss .
30
depender directamente el Istmo de Panam y al que pagara creci-
dos impuestos, fue el acicate para que prosiguiera con nuevos bros
en aras del libre cambio, mxime cuando en ese entonces la deca-
dencia econmica era paralizante y se haba acentuado terriblemen-
te el desbalance entre las exportaciones e importaciones, si hemos
de dar fe al testimonio de un observador tan perspicaz e ilustrado
como lo fue Juan Franco, quien en 1792, al arribar a estas costas
en la expedicin Malaspina, pint el siguiente cuadro grfico y
pattico : ".. .el atraso de los vecinos de todo el Istmo por la falta de
comercio, y los tres incendios que ha sufrido su capital ha causado
en sus nimos tal grado de inaccin y abatimiento, que han llegado
a formar ciertos hbitos de quietud y reposo en el estado de su
miseria, que nos les estimula a salir de ella la buena disposicin que
le presenta el terreno que poseen para la industria y el cultivo
principalmente de las vegas del ro Chagres, tan proporcionadas
para el fcil transporte, al norte, de sus frutos . El azcar, la sal,
miniestras (sic) y otras producciones propias del pas, no se en-
cuentran sino vienen del Per, llevndose, en retorno mucha parte
del dinero efectivo de los situados que llegan de Lima, pues aunque
hay alguna exportacin de pita torcida, alguna madera y escobas
(de que llegan a cargarse fragatas) es sin comparacin mucha mayor
la balanza de las harinas, aguardientes y otros frutos que en reali-
dad son necesarios". (25) Sin duda alguna, las observaciones de
25. Juan Franco : Breve noticia o Apuntes de los usos y costumbres de los habitantes
del Istmo de Panam y sus producciones, 1792. Introduccin de Omar Jan
Surez, INAC, Panam, 1978 . Este interesante trabajo presenta un cuadro mi-
nucioso, ameno y no exento del rigor cientfico, sobre las caractersticas y activida-
des de la sociedad panamea, no solo de la zona de trnsito, sino tambin del
interior (Alanje, Veraguas, Not) y de los grupos indgenas marginados de Chiriqu
y del Darin . En otro documento de la poca, nos referimos a : "Noticias relativas
a la Provincia y ciudad de Panam" en Coleccin de Documentos inditos para la
Historia de Colombia, compilados por Antonio J . Cuervo, Bogot, 1892, se hacen
observaciones como las que citamos en extenso : . . . . No hay duda que podra sacarse
de esta Provincia buena porcin de algodn, porque se sabe y experimenta que lo
produce superior, pero para hacer un comercio de este rengln sera necesario
(como se ha representado varias veces) abrir primero un camino llano y franco
desde este ciudad huta el pueblo de la Gorgona, situado sobra la margen del ro
Chagres y como dos leguas ms abajo de cruces: de este modo y fabricado dicho
camino en trminos (como pueda practicarse) de que por l pudiesen traginar ca
rros, se facilitaran y abarataran los transportes y con esta seguridad y otros
auxilios podra esperarse se propagase en la Provincia el cultivo del algodn, ail,
cacao y otros frutos de que podra hacerse un recproco comercio entra Espaa y
dems puertos al norte de estas Amricas, lo que jams se verificara interin estos
varios efectos no pueden embarcarse en Portobelo sin salir ya tan recargados de
costos, de modo que a cualesquiera partes a que se enviasen no ofrezcan prdida y
pueden venderse en igualdad de precio a los que lleguen de otros puertos .
"Seria tal vez lo mas conveniente en el da, establecer el cultivo tanto del algodn
como del caceo, tabaco y otros frutos en los mrgenes del citado ro Chagres,
cuyes frtiles y espaciosas vegas perecen estan brindando para todo gnero de
31
Juan Franco, fueron atinadas y reflejaban una realidad tan dura
como palpable, pero lo que el viajero calific como desidia de los
istmeos era justamente lo que stos, a travs de los capitulares,
propusieron como tabla salvadora en 1787, tal como ya lo indica-
mos .
En las postrimeras de la centuria, la libertad de comercio se
convirti en una obsesin para los istmeos y no habran de aban-
donar este ideal nunca ms ; se constituy en una lnea de fuerza
que aument paulatinamente en el criollo citadino y desemboc
con todo su vigor en el segundo decenio del siglo XIX y, como
veremos, fue el postulado bsico de la independencia y el anhelo
permanente de una clase que sujeta a continuas frustracciones no
se dio por vencida, an cuando los principios que pregonaba caan
en el vaco, y lo que era peor, pecaban de obsoletos . Por lo pron-
to, en 1794, Jos Escolstico Lpez elev al Virrey de Santa F,
Jos de Espeleta, una peticin en la que reiteraba, palabras ms,
palabras menos, lo que el Ayuntamiento haba solicitado siete aos
atrs, (26) y Vicente Robles en 1796, llamaba la atencin del suso-
dicho funcionario para que se le otorgara a Portobelo y Chagres la
condicin de puertos menores y de comercio libre . (27) Evidente-
S2
mente, tales instancias encontraron una respuesta parcial cuando
Espaa, que segua unida al carro francs, entr en guerra con
Inglaterra en 1796, y al no poder suplir a sus siempre insaciables
mercados hispanoamericanos, decidi por Real Orden de 18 de
Noviembre de 1797, abrir sus colonias al comercio neutral . Esta
medida, como atinadamente indica J .H . Parry "fue el primer paso
claro hacia la independencia", desde el ngulo econmico, (28) por-
que desarroll un amplio comercio del que los Estados Unidos
fueron el principal beneficiario (29) y propici la extraccin de
metlico de las posesiones espaolas, amn del contrabando . De all
que la Corona por Real Cdula de 20 de abril de 1799, opt por
revocar la anterior ; pero fue una reaccin tarda, pues ya estaba
abierta una brecha que Espaa jams pudo detener, y por el con-
trario, los sucesos posteriores contribuyeron a hacer ms profunda
la grieta .
Para el Istmo, la Real Orden de 1797 fue solamente un respiro
fugaz, si acaso se experiment con ella un mnimo de bienestar .
Pero de todas formas, el 9 de julio de 1799, el Virrey Pedro
Mendinueta le comunicaba tajantemente al Gobernador de Pana-
m: "....le aviso a vuestra seora para que proceda .... sobre el par-
ticular, suspendiendo desde luego e inmediatamente cualesquiera
permisos que se hayan dado, o negociaciones que se hayan empren-
dido a pretexto de dicha Real Orden (la de 1797) ... .en la inteligen-
cia de que deber hacerse saber al pblico, y que en la de que no
se permitir la introduccin de cosa alguna, que venga o pueda
venir de dichas colonias (aliadas o neutrales) a pretexto de la gracia
concedida por la citada Real Orden, que se proceda al decomiso en
conformidad a las disposiciones generales que gobiernan en el asun-
to, a cuyo fin comunicar Vuestra seora esta orden incertndola
a los ministros de Aduana" . (30)
Ante esta serie de reveses cabe nuevamente preguntamos cmo
el criollo -en particular el de las ciudades terminales- logr man-
33
tenerse a flote o al menos subsistir precariamente? Podemos respon-
der que pudo lograrlo a travs de tres canales que explotara hasta
el momento mismo de la separacin, a saber: participacin crecien-
te en la maquinaria burocrtica, ingreso en el ramo militar (31) y el
desarrollo de un activo contrabando . (32) Con los dos primeros,
escal en su status social, adems gan experiencia y don de man-
do, lo que le permiti asumir el control ante el resto de la socie-
dad, una vez consolidada la independencia. Mediante el ltimo,
descubri una puerta de salida para su espritu mercantil y una
puerta de entrada para las ideas forneas, que engrosaron su acervo
ideolgico y exacerbaron su nimo . No obstante, por condicio-
nes diversas y hasta contradictorias, el criollo citadino arrib ms
tardamente a la independencia que su homlogo del interior, lo
cual no impidi que el primero tomara las riendas del poder y se
impusiera en la toma de decisiones .
31 . Sin pretender mencionarlos a todos, son ejemplos ilustrativos Pablo Josef de Arme .
mano, Jos Antonio Goita, Jos Antonio Ramn, Nicols Ramn, Jos Baltasar
Ayala, Juan de Dios Ayala, Francisco Jimnez, Antonio Garca, Saturnino Andes,
Ramn Dez del Campo, Francisco Javier Arosemena, Jos Mara Chiari, Gabriel
Guerrero, Pedro Chiari, Flix Paredes, Jos Mara Velarde, Juan Paredes, Manuel
Rodrguez, Carlos del Castillo, Mateo Matos, Jos Vallarino, Mariano Arosemena,
Felipe de Fbrega y Jos de Fbrega, etc . Algunos como Ramn Daz del Campo,
Gabriel Guerrero, Jos Antonio Ramn, Nicols Ramn y Mariano Arosemena
tambin se dedicaron al comercio . Una fuente rica en esta clase de informacin son
los magnficos ndices de Milicias y Marina (5 vols .), que reposan en el A .H .N . de
Bogot . Sin duda, una historia militar del perodo colonial, en particular de la
segunda mitad del siglo XVIII y las tres primeras dcadas del XIX, despejara
muchas Incgnitas, como por ejemplo el ingreso gradual de los criollos y pardos al
ejrcito, la pugna entre ambos grupos, su papel en las guerras de independencia,
tanto en el bando realista como en el patriota, las actuaciones del militar-comer-
ciante, etc .
32 . En los tres ltimos decenios del siglo XVIII, el comercio Ilcito cobr un auge
inusitado . Varios factores se mancomunaron para ello, a saber : un desmoronamien-
to en la rigidez administrativa del Istmo, el cargo de Gobernador perdi inters por
los excesivos impuestos (media annate y tercio de aprovechamiento) que este fun-
cionario haba de pegar a le Real Hacienda y la supresin de sus Ingresos por
firmas y licencias martimas y terrestres . Esto se patentiz desde la administracin
de Pedro Carbonell (1774- 1776) y Ramn Carvajal (1775-1793) y tom aspen
tos dramticos con Antonio Narvrez y la Torre . (Cf . Argelia Tallo : Panam .. . .
ppp. 58-75) situacin que evidentemente foment la venalidad y fue campo propi-
cio pera el sobomo . A ello, se sumaron les condiciones internacionales creadas por
las conmociones blicas (escasez y alza de productos metropolitanos, devaluacin
monetaria, etc .) y la creacin del sistema de puertos libres en el Caribe por parte
de Inglaterra, entre ellos Kingston (Jamaica) y Puerto Espada (Trinidad), que se
constituyeron en caldo de cultivo para un intenso contrabando . Y no hay que
olvidar el deseo vehemente de los criollos por romper el cerco creado por el rgido
monopolio metropolitano . Como muestras de que en el ltimo tercio del siglo
XVIII se desarroll en el Istmo un activo comercio ilcito, en este sentido remitimos a
los siguientes documentos : "Juicio seguido por la Junta de Real Hacienda de
Portobelo contra Jos Antonio Fuentes y Pedro Hernndez por contrabando de
34
CAPITULO II
EN LOS ALBORES DE LAS GRANDES TRANSFORMACIONES
35
EL OCASO DEL ANTIGUO REGIMEN
Es bien conocido que al irrumpir el siglo XIX, el que antes
fuera poderoso imperio espaol, se tambaleaba bajo los efectos de
una aguda crisis econmica-fiscal y una maquinaria administrativa
tan pesada como ineficaz . Contribuan a oscurecer ms an este
panorama sombro, las disensiones internas y las tensiones interna-
cionales, productos de enconadas rivalidades con otras monarquas
en plena pujanza . En verdad, pese a los denodados esfuerzos de
Carlos III, Espaa no logr alcanzar el nivel econmico industrial
de la Gran Bretaa y no hubo una segunda oportunidad para in-
tentarlo, puesto que su sucesor Carlos IV (1788-1808) demostr
una marcada ineptitud en el manejo de los asuntos del Estado, y
en consecuencia, descarg tal responsabilidad en los hombros del
"favorito" Manuel Godoy, quien no siempre procedi con la des-
treza y eficacia que requeran los tiempos nuevos y complejos . La
sempiterna alianza con Francia, a fin de hacerle contrapeso a la
poderosa Albin, solamente contribuy a mermar su prestigio con
la humillante derrota de Trafalgar en 1804; aunque en realidad,
para ese entonces, las opiniones y actos del agotado imperio hisp-
nico poco o nada pesaban en la balanza del poder del Viejo Mundo .
Con todo, los dominios de ultramar a estas alturas an se man-
tenan leales a las disposiciones de su distante y aptico Rey, y
contrario a lo que podra esperarse, no constituan el prototipo de
la miseria, el desorden o inestabilidad, al menos para sus clases
dominantes . Por supuesto, a lo anterior se puede agregar que en las
colonias existan profundos y quiz insalvables motivos de descon-
tento hacia la Metrpoli . Uno de los ms relevantes y tal vez ma-
yormente significativo, fue el creciente repudio de los criollos hacia
los peninsulares ("chapetones", "gachupines" o "opos"), los
cuales monopolizaban los altos cargos burocrticos, los desplazaban
del comercio y otras actividades lucrativas, y tambin los denigra-
ban racial y socialmente, y lo que era peor, se enriquecan a su
costa. A estos malestares se sumaban el pago de numerosos impues-
tos y contribuciones, el alza continua de los productos importados,
37
35. Para conocer la reaccin espaola ante la invasin francesa en la Pennsula, son de
consulta bsica las obras de Gabriel Lovett : La Guerra de la Independencia y el
Nacimiento de la Espaa Contempornea . 2 vols . Ediciones Pennsula, Barcelona,
1975; Raymond Carr . Espaa 1808-1939 . Ediciones Aria, Barcelona, 1970 y
Miguel Artola : La Burquesa Revolucionaria (1808-1869) . Alianza Editorial (His-
toria de Espaa Alfaguara V .), Madrid, 1973 .
38
usurpador francs. (36) Por consiguiente, no fue extrao que de
1810 a 1824 -del Grito de Dolores a la Batalla de Ayacucho- el
movimiento emancipador se desliz gradualmente desde una extra-
a mezcla de lealtad y tradicin a una abierta lucha separatista .
Con este cambiante teln de fondo, cuajado de acontecimientos y
vicisitudes, el Istmo de Panam proclam su independencia incruen-
tamente en una fecha tan avanzada como 1821, cuando ya lo
haban hecho tras largo batallar la Nueva Granada, y Venezuela y
estaban en ebullicin las otras colonias . Indudablemente, esto ha
suscitado numerosas interrogantes, que an en pleno siglo XX slo
han recibido respuestas parciales. Cabra nuevamente pregunamos :
Cules fueron las razones para retardar tal movimiento en nuestro
territorio? Por qu los istmeos, cuando toda Hispanoamrica
bulla en proclamas y actos liberacionistas, por espacio de una
dcada, continuaron fieles a la Metrpoli? Al arribar al aconteci-
miento ya estaba estructurada una autntica conciencia nacional?
Por qu no decidimos llevar vida propia y nos unimos voluntaria-
mente a la Gran Colombia? . En este estudio intentamos despejar
tales incgnitas, aunque bien comprendemos que Clo no ofrece
verdades irrefutables .
36. Una prueba de que algunos criollos se adhirieron a Jos Bonaparte, lo constituye el
mensaje que el 8 de julio de 1808, Francisco Antonio Zea, posteriormente prcer
colombiano, dirigi al nuevo Monarca en estos trminos" : Los representantes de
vuestros vastos dominios de Amrica no contentos con haber tributado a V .M ., en
unin con le Metrlpoli, el homenaje debido a su soberana, se apresuran a ofrecer-
la el de su reconocimiento por el aprecio que V .M . ha manifestado hacer de
aquellos buenos vasallos en cuya suerte se interesa tan vivamente, de cuyas necesi-
dades se ha informado y cuyas largas desgracias han conmovido su corazn pater-
nal . Olvidados de su gobierno, excluidos de los altos empleos de la Monarqua,
privados Injustamente de la ciencia y de la ilustracin y, por decirlo todo de una
vez, compelidos a rehusar los dones que les ofrece la naturaleza con mano liberal,
podran los americanos dejar de proclamar con entusiasmo una Monarqua que los
saca del abatimiento y de la desgracia, los adopta por hijos y les promete la
felicidad? No seor . No se puede dudar de los sentimientos de nuestros compatrio-
tes por ms que los enemigos de V .M ., se lisonjean de reducirlos ; nosotros nos
haramos reos a su vista ; todos unnimes nos desconoceran por hermanos, y nos
declararan indignos del nombre americano, si no protestramos solemnemente a
VM ., su fidelidad, su amor y su eterno reconocimiento" . Citado por Indalecio
Lievano Aguirre en su magistral obra : Los grandes conflictos sociales y econmicos
de nuestra historia. Ediciones Tercer Mundo . VII edicin. Bogot, 1978. Vol 2 . p .
534 .
39
37 . Sobre este tema, vase a S . Stein y J . Stein : La Herencia Colonial. Siglo XXI,
Editores, Mxico, 1974 .
38. J.H . Parry : El Imperio Espaol p.325.
39. Para ahondar en la materia puede consultarse el estudio de Ernesto Restrepo Tira,
do : Historia de la Provincia de Santa Marta . Instituto Colombiano de Cultura,
Colombia, 1975.
40
conducta de algunos criollos para los que por largo tiempo la inde-
pendencia no represent la solucin de sus problemas e inquietu-
des. Pero volvamos la vista al Istmo de Panam.
Todo indica que en el primer lustro del siglo XIX, la Comandan-
cia General del Istmo de Panam, con sus provincias de Portobelo,
Veraguas y el Darin, y los partidos de Nat y Alanje, (vase el
Cuadro 3) continuaba sumida en el letargo econmico de siete
dcadas, del que gradualmente despert merced a la apertura de las
transacciones mercantiles con naciones neutrales . (40)Inicialmente,
esta circunstancia trataran de aprovecharla, sin xito apreciable, los
comerciantes citadinos . As, en 1800, Juan Domingo de Iturralde
solicit licencia al Virrey de Santa F para importar productos por
la cantidad de 200 mil pesos, desde los puertos de Estados Unidos
u otros pases no beligerantes, porque " ...varias circunstancias han
ocurrido a que el Reino del Per se halle en estado de faltarle los
efectos de primera necesidad para que los habitantes puedan cubrir
su desnudez, i que para evitarla hayan de pagarlos a precios mui
subidos, en cuia situacin se harn trascendentales a este Istmo las
mismas calamidades que ocurrieron all como ya han ocurrido en
solicitud de gneros que exportados aunque sea en corta calidad a
de alterar mucho los valores de los poco que puede ; y darn moti-
vo a que aumentndose el comercio clandestino se hagan compras
en perjuicio del Real Erario y tambin de los habitantes . . .." . (41)
En realidad, Iturralde buscaba solucionar por cauces legales, una
situacin de hecho, que el contrabando no logr superar, pese a su
alarmante desarrollo, lo cual oblig al Virrey de Santa F a tomar
medidas de precaucin para identificar la legitimidad de las mercan-
cas introducidas al Istmo, sobre todo las que procedan de Ja-
maica. (42) Con razn sostena Mariano Arosemena que "....en
1802 hallbase el pas empobrecido, arruinado. Le faltaban los ele-
41
CUADRO 3
GOBIERNOS QUE COMPRENDAN LA COMANDANCIA GENERAL DE PANAMA
CON SUS RESPECTIVAS POBLACIONES EN 1808
GOBIERNO POBLACIN
Capitana de Guerra de
San Francisco de Cruces, San Cayetano de Gorgona .
Cruces
42
43