Segn la antigua leyenda, el rey Midas persigui durante largo tiempo en el bosque, sin poder
alcanzarle, al viejo Sileno, compaero de Dionisio. Cuando al fin logr apoderarse de l, el rey
le pregunt qu cosa deba el hombre preferir a toda otra y estimar por encima de todas:
Inmvil y obstinado, el demonio permaneca mudo, hasta que por fin, obligado por su
vencedor, se ech a rer y pronunci estas palabras: " Raza efmera y miserable, hija del azar y
del dolor, por qu me fuerzas a revelarte lo que ms te valdra no conocer? Lo que debes
preferir a todo es, para ti, lo imposible: es no haber nacido, no ser, ser la nada. Pero despus
de esto, lo que mejor puedes desear es... morir pronto"
Fiedrich Nietzsche: El origen de la tragedia
Danza de la rueda
Arturo
y Federico
y Martn
y giran, giran, giran alrededor de una botella.
Yo ya he bebido.
Yo quiero ms.
Yo no s dnde est.
Los tres,
los dos,
solo l
y nadie despus.
! Agchate y vulvete a agachar
que si es un deseo no podrs parar
Y Martn
y Federico
y Arturo
y giran, giran, giran alrededor de una mujer.
El primero venda sus ojos para ver.
El segundo la besa y la besa otra vez.
El tercero juega con ella al escondite ingls.
El tercero,
el segundo,
el primero
y nadie despus.
Pero cuando llueve se mojan como los dems.
Y estn calados hasta los huesos.
Estn callados, fros y muertos.
Estn cansados de jugar y girar
y giran
y giran
y giran
sin que nada detenga sus brevsimos pies.
El tercero,
el segundo,
el primero
y nadie despus.
Yo los vi,
los vi,
los vi bailando sobre los libros de filosofa,
los vi siempre andando sobre un fondo blanco,
los vi sonriendo a menudo sobre un fondo blanco,
los vi vomitando sus ltimos das sobre un fondo blanco,
sobre un fondo blanco y algunas fotografas.
Arturo
y Federico
y Martn.
Los vi vaciando de vsceras el cuerpo de Cristo,
los vi escribiendo esquelas en las salas de parto,
los vi suicidndose todos, todos los das,
los vi al fin quietos en sus atades blancos.
El tercero,
el segundo,
el primero
y nadie despus.
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La muerte es salada, dijo una voz.
Es salada como el sexo de los ngeles, dijo esa voz.
De pronto estaba yo solo con mi nombre en los labios
y de Granada o Nueva York me lleg esta cancin.
De pronto estaba yo solo con la muerte en los labios
y por ms que tragaba saliva no se iba el sabor.
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