SERMON XXVII
ANALISIS
I. La separacin de la religin interior de la exterior es un ardid de Satans.
El celo por la ley de las obras ha causado el olvido de la justicia que es por la fe.
Otros van al extremo contrario, y hablan mal de la ley, haciendo as que la fe y las
obras estn en oposicin mutua. Ambos extremos: el negar la necesidad de las
buenas obras, o la substitucin de las buenas obras por la ley de la fe, son
errneos. De la misma manera se ha hecho que los fines y los medios de la
religin no estn en armona. La religin no consiste en asistir a los cultos de la
iglesia, en recibir la Cena del Seor, en or sermones o leer libros buenos. El amor
de Dios y del prjimo es una parte esencial de la religin. Esto se refiere muy
especialmente al ayuno religioso, el cual exaltan demasiado muchas personas, y
otras lo menosprecian. La verdad se encuentra en el medio, entre los dos
extremos. El ayunar no es el todo de la religin, pero por otra parte, es algo.
II. Naturaleza del ayuno: el no comer, abstenerse de tomar alimento, por
cierto tiempo determinado. Circunstancias exteriores relacionadas con el ayuno en
tiempos antiguos. Estos puntos diferentes no se mencionan con aprobacin en el
Nuevo Testamento, ni en las pocas ms puras de la Iglesia. Semejantes mues-
tras de humillacin son ms propias en los adoradores de Baal y de los dioses de
los paganos. El tiempo del ayuno que se menciona en la Escritura es de la
maana a la tarde. Relacin que hay entre la abstinencia y el ayuno. La clase
inferior de ayuno. Das de ayuno entre los judos y tambin en la Iglesia Cristiana.
Ayunos de vez en cuando.
III. Las razones y el fin del ayuno. Bajo la influencia de emociones fuertes,
pasiones vehementes, dolor o miedo. Ejemplos. Esta es la razn natural del
ayuno. Se cita la homila sobre el ayuno. Otro motivo para el ayuno es el abuso de
las cosas legales. La razn ms poderosa es que ayuda a orar, especialmente
cuando con tal fin se separan ciertas horas. A pesar de todo esto, no existe
ninguna relacin natural entre el ayuno y las bendiciones que por medio de l Dios
concede. Con esta prctica se calma el enojo de Dios. Se citan varios casos. Los
apstoles ensearon el deber de ayunar, unindolo a la oracin.
IV. Se consideran algunas objeciones.
SERMON XXVII
SOBRE EL SERMON DE NUESTRO SEOR
EN LA MONTAA (VII)
Y cuando ayunis, no seis como los hipcritas, austeros; porque ellos demudan
sus rostros para parecer a los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya
tienen su pago. Mas t, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro; para no
parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que est en secreto: y tu
Padre que ve en secreto, te recompensar en pblico (Mateo 6:16-18).
1. Desde el principio del mundo, uno de los ardides de Satans ha sido
separar lo que Dios haba juntado-dividir la religin interior de la exterior; hacer
que la una estuviese en pugna con la otra-y en esto ha tenido buen xito entre
aquellos que ignoraban "sus maquinaciones."
En todas las pocas ha habido muchos que teniendo el celo de Dios, pero no
segn conocimiento, se han adherido estrictamente a "la justicia que es por la ley,"
el cumplimiento de los deberes exteriores, y al mismo tiempo se han descuidado
por completo de la justicia interior, "la justicia que es de Dios por la fe." Otros
muchos han cado en el extremo opuesto menospreciando los deberes exteriores,
y aun murmuran "de la ley, y juzgan a la ley," en cuanto a que sta ensea el
cumplimiento de dichos deberes.
2. Por este mismo ardid ha hecho Satans que la fe y las obras estn en
desacuerdo con tanta frecuencia, y muchos que verdaderamente tenan celo de
Dios, han cado, si bien por corto tiempo, en una u otra trampa. Algunos han
exaltado la fe a tal grado, que excluyen por completo las buenas obras, negando
no slo que sean la causa de nuestra justificacin (puesto que sabemos que el
hombre es justificado gratuitamente por medio de la redencin que es en Je-
sucristo), sino tambin que sean el fruto necesario de la fe; ms an, no dndoles
ningn lugar en la religin de Jesucristo. Otros, ansiosos por evitar este error
peligroso, se han alejado lo mismo en direccin opuesta y han sostenido que las
buenas obras son la causa-a lo menos la causa previa-de nuestra justificacin, o
han hablado de ellas como si fuesen el todo por el todo de la religin de
Jesucristo.
3. De la misma manera, los hombres han puesto en desacuerdo el fin y los
medios en la religin. Algunos individuos con toda buena intencin parece que
hacen consistir toda la religin en asistir a los cultos de la iglesia, en tomar la Cena
del Seor, en or sermones y leer libros piadosos, olvidndose al mismo tiempo del
fin de todo esto, el amor a Dios y al prjimo. Esto mismo ha confirmado a otros en
su olvido-si no en su desprecio-de las instituciones de Dios, de las que tanto se
han abusado, y en minar y destruir el propio fin para cuyo sostn fueron
establecidas.
4. De todos los medios de gracia, apenas habr otro respecto del cual hayan
cado los hombres en mayores errores, como el que nuestro Seor menciona en
las palabras del texto, a saber: el ayuno religioso. Cmo han exaltado esto
algunos, mucho ms all de la Escritura y la razn! Otros lo han menospreciado
por completo, vengndose, como quien dice, al despreciarlo tanto como los otros
lo han exaltado. Aqullos han hablado del ayuno como si fuera el todo por el todo;
si no el fin en s mismo, al menos infaliblemente unido con l. Estos, como si no
fuera nada absolutamente; como si fuese un trabajo estril que no tuviera relacin
alguna en lo absoluto. Mientras que, evidentemente, la verdad se encuentra entre
los dos extremos. No es el todo, pero tampoco deja de ser algo. No es el fin, pero
es un medio precioso que gua a ese fin; medio que Dios mismo ha establecido y
por el cual, en su consecuencia, cuando se usa bien, ciertamente nos dar su
bendicin.
A fin de explicar esto con la mayor claridad, procurar mostrar, en primer lugar,
cul es la naturaleza del ayuno con sus diversos grados y clases. Despus, sus
razones, bases y fines. Luego, cmo pueden contestarse las objeciones ms
plausibles que se arguyan. Y en cuarto lugar, la manera como debe usarse.
I. 1. Procurar, en primer lugar, mostrar cul es la naturaleza del ayuno, con
sus diversos grados y clases. Respecto de su naturaleza, todos los escritores
inspirados-tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo-dan un mismo sentido a
la palabra ayunar: no comer, abstenerse de tomar alimento. Tan claro es esto que
sera perder tiempo el citar las palabras de David, Nehemas, Isaas y los profetas
que siguieron, o las de nuestro Seor y sus apstoles, puesto que todos estn de
acuerdo en esto: que ayunar es abstenerse de tomar alimento por un tiempo fijo.
2. A esto aadan los antiguos, generalmente, otras circunstancias que no
tenan ninguna relacin con el ayuno tales como la falta de aseo en el traje; no
usar ciertos adornos; vestir de luto; echarse ceniza sobre la cabeza, o ponerse el
saco penitencial a raz. Pero en el Nuevo Testamento rara vez se mencionan
estas cosas secundarias. Tampoco parece que los cristianos de edades ms
puras les hayan dado valor alguno, si bien algunos penitentes podan usarlas de
su motu proprio como seas exteriores de su humillacin interior. Mucho menos lo
hicieron los apstoles y los cristianos contemporneos suyos. Semejantes
prcticas eran dignas de los sacerdotes y adoradores de Baal. Los dioses de los
paganos no eran sino diablos, e indudablemente que era cosa aceptable para el
dios-diablo, cuando sus sacerdotes "clamaban a grandes voces, y sajbanse con
cuchillo y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre
ellos" (I Reyes 18:28). Esto no puede ser agradable a Aquel que no vino a destruir
las vidas de los hombres, sino a salvarlas-ni es digno de sus discpulos.
3. Respecto de los grados o medios del ayuno, hay ejemplos de algunos que
han ayunado por varios das sin interrupcin. Est escrito que Moiss, Elas y
nuestro bendito Salvador, teniendo fuerzas sobrenaturales para llevar a cabo tal
privacin, ayunaron sin interrupcin "cuarenta das y cuarenta noches." Sin
embargo, el tiempo del ayuno que con ms frecuencia se menciona en la
Escritura, es de un da: desde por la maana hasta en la noche, siendo este el
ayuno que comnmente observaban los cristianos; Adems de ste, tenan otros
ayunos (semijejunia, como los llamaba Tertuliano), que consistan en no probar
alimento el cuarto y sexto da de la semana-todos los mircoles y viernes del ao-
hasta las tres de la tarde, hora en que volvan del culto pblico.
4. Muy relacionado a esto es lo que nuestra iglesia parece querer dar a
entender especialmente con el trmino abstinencia, que puede usarse cuando no
podemos ayunar por completo, con motivo de enfermedad o debilidad corporal:
comer poco, abstenerse en parte, tomar menos alimento del que acostumbramos.
No recuerdo que haya de esto ningn ejemplo en la Escritura, pero tampoco lo
condeno, puesto que la Biblia no lo condena. Puede ser til y atraer una bendicin
de Dios.
5. El grado nfimo del ayuno-si tal nombre se le puede dar-es de abstenerse
de cosas agradables al paladar, y de esto tenemos varios ejemplos en la Sagrada
Escritura adems del de Daniel y sus hermanos, quienes, por una razn especial-
a saber: que no queran "contaminarse en la racin de la comida del rey, ni en el
vino de su beber" (Daniel 1: 18), (una racin de la cual el rey haba mandado que
les diesen) -pidieron y consiguieron del jefe de los eunucos, legumbres qu comer
y agua para beber. Tal vez de una imitacin errnea de esto haya resultado la
costumbre antigua de abstenerse de comer carne y beber vino durante las pocas
del ao sealadas para el ayuno y la abstinencia-si es que no debi su origen a la
suposicin de que la carne y el vino son los alimentos ms agradables-y la
creencia de que en los das solemnes en que se acerca uno a Dios de una manera
especial, deben usarse alimentos menos agradables al paladar.
6. Haban en la iglesia judaica ciertos ayunos fijos, tales como el ayuno del
sptimo mes-que Dios mismo mand que todo el pueblo de Israel observase, bajo
pena de castigo muy severo en caso de desobediencia. "Y habl Jehov a Moiss,
diciendo: Empero a los diez das de este mes sptimo ser el da de las
expiaciones: tendris santa convocacin y afligiris vuestras almas...para
reconciliaros delante de Jehov vuestro Dios. Porque toda persona que no se
afligiere en este mismo da, ser cortada de sus pueblos" (Levtico 23: 26-29). En
pocas siguientes aadironse a estos varios otros ayunos fijos. As, el profeta
Zacaras menciona el ayuno no slo del sptimo, sino tambin del cuarto, del
quinto y del dcimo mes (8:19).
Haba igualmente en la antigua Iglesia Cristiana, ayunos fijos, tanto anuales como
semanales. A los primeros perteneca el anterior a la Pascua de resurreccin, que
algunos observaban durante cuarenta y ocho horas; otros por una semana;
muchos por dos semanas, sin probar alimento, sino hasta la noche de cada da. A
los ayunos semanales pertenecan los del cuarto y sexto da de la semana, que se
observaban (como escribe Epifanio, asegurando que era un hecho innegable), en
toda la tierra habitada, o al menos en todo lugar donde los cristianos tenan su
habitacin. Los ayunos anuales en nuestra iglesia[1] son: "los cuarenta das de
cuaresma, los das de tmporas en las cuatro estaciones, los das de rogaciones y
las vsperas de varias fiestas solemnes; las semanales, todos los viernes del ao,
excepto los das de navidad."
Empero, adems de los ayunos fijos en todas las naciones que temen a Dios,
siempre ha habido ocasiones especiales de ayuno sealadas de tiempo en
tiempo, segn lo han requerido las respectivas ocasiones y circunstancias
especiales. As pues, cuando "los hijos de Moab y de Ammn...vinieron contra
Josaphat a la guerra.puso Josaphat su rostro para consultar a Jehov, e hizo
pregonar ayuno a todo Jud" (II Crnicas 20:1-3). As tambin, "en el ao quinto
de Joacim, hijo de Josas en el mes noveno," cuando tenan miedo del rey de
Babilonia, los prncipes de Jud proclamaron "ayuno en la presencia de Jehov, a
todo el pueblo de Jerusalem" (Jeremas 36:9).
De la misma manera, algunas personas que desean enmendar sus caminos y
andar humildemente cerca de Dios, encontrarn a menudo la ocasin de afligir sus
almas en lo privado y ante su Padre que est en secreto. A esta clase de ayuno se
refieren especial y principalmente las direcciones que aqu se dan.
II. 1. Paso, en segundo lugar, a mostrar cules son las clases, razones y fines
del ayuno.
Primeramente, los hombres que se encuentran bajo fuertes emociones de la
mente-a quienes domina una pasin vehemente como el dolor o el miedo-con
frecuencia se dejan absorber por tales influencias y se olvidan de comer su pan.
En semejantes pocas se cuidan poco del alimento, aun del necesario para
sostener la vida-y mucho menos desean cosas delicadas o cambio agradable,
puesto que su mente est ocupada con pensamientos muy diferentes. As, por
ejemplo, cuando Sal dijo: "Estoy muy congojado; pues los Filisteos pelean contra
m, y Dios se ha apartado de m;" est escrito: "en todo aquel da y aquella noche
no haba comido pan" (I Samuel 28:15, 20). Los que estaban en el buque con
Pablo, "siendo atormentados de una vehemente tempestad," y ya perdida toda
esperanza de su salud, permanecieron ayunos, no comiendo nada, es decir: no
haciendo ninguna comida cabal por catorce das (Hechos 27:18-33). Cuando
David y todos los hombres que con l estaban supieron que el pueblo haba huido
del campo de batalla, y que Sal y Jonathan, su hijo, eran muertos tambin,
"lloraron, y lamentaron y ayunaron hasta la tarde, por Sal y por Jonathan...y por
la casa de Israel" (II Samuel 1: 12).
Con frecuencia los que estn profundamente interesados en su ocupacin se
impacientan cuando se les interrumpe, y aun les repugna el alimento necesario,
puesto que distrae sus pensamientos de aquello en lo que desean fijar toda su
atencin. Como Sal, en la ocasin ya mencionada, cay en tierra cuan grande
era, que no qued en l esfuerzo ninguno, y sin embargo, dijo: "No comer," hasta
que "sus criados juntamente con la mujer le constrieron."
2. He aqu, pues, la razn natural del ayuno. Quien est profundamente
afligido, abrumado por el dolor del pecado y con una viva persuasin de la ira de
Dios-sin tener ninguna regla para ello, sin saber ni ponerse a pensar si abstenerse
de tomar alimento es un mandamiento de Dios o no-se abstiene no slo de tomar
cosas agradables, sino hasta del alimento necesario. Como Pablo, por ejemplo,
quien despus de haber sido guiado a Damasco, "estuvo tres das sin ver, y no
comi, ni bebi" (Hechos 9: 9).
Adems, cuando la tempestad ruge con furor, cuando abruma un temor horrible al
que ha estado sin Dios en este mundo, su alma aborrece toda clase de alimento;
es para l desagradable y molesto. Le impacienta todo lo que viene a interrumpir
su incesante clamar: "Seor, slvame que perezco!"
Con cunta energa se expresa respecto de esto mismo nuestra iglesia en la
primera parte de la hornilla sobre el ayuno. "Cuando los hombres sienten el peso
terrible del pecado, ven que su justa recompensa es la condenacin y miran, con
la vista de su mente, los horrores del infierno; tiemblan, se estremecen y se
sienten interiormente tocados con' dolor de corazn y no pueden menos que
acusarse, presentar su angustia ante Dios omnipotente e implorar su misericordia.
Al hacer esto con toda seriedad, sus mentes se encuentran de tal manera
ocupadas, absortas-en parte con dolor y pesadumbre, en parte con el sincero
deseo de ser librados del peligro del infierno y de la condenacin-que hacen a un
lado todo deseo de comer y beber, y el aborrecimiento de todas las cosas y
placeres mundanales se deja sentir en su lugar. De modo que nada les cuadra
mejor que llorar y lamentarse, gemir y mostrar tanto con sus palabras como con su
conducta que estn cansados de la vida."
3. Otra de las razones del ayuno es esta: muchos de los que ahora temen a
Dios tienen una conciencia muy viva de lo mucho que han pecado en contra de El,
abusando de estas cosas lcitas. Saben cunto han pecado comiendo con exceso;
lo mucho que han quebrantado por largo tiempo la ley santa de Dios respecto de
la templanza-si no es que tambin de la sobriedad. Cmo han complacido sus
apetitos sensuales, tal vez hasta lastimar la salud de su cuerpo, perjudicando
evidentemente su alma y no poco. Porque de esta manera han estado
alimentando y aumentando continuamente esa viva ligereza, esa vacuidad de la
mente, esa frivolidad de genio, ese descuido gayo respecto de las cosas que
merecen nuestro ms profundo inters, ese aturdimiento e instabilidad de espritu
que no son otra cosa sino embriaguez del alma, que embrutecen sus facultades
ms nobles tanto como el exceso del vino y los licores. A fin, pues, de destruir el
efecto, deben quitar la causa. Se alejan de todo exceso y se abstienen, hasta
donde les es posible, de aquello que por poco les precipita a la perdicin eterna.
Muy a menudo se abstienen por completo, siempre procuran ser moderados y
templados en todo.
4. Recuerdan asimismo que la prosperidad aument no slo la frivolidad y
descuido del espritu, sino tambin torpes y malos deseos, y aun afecciones
impuras y viles. Nuestra experiencia nos dice que de esto no cabe la menor duda.
Aun esa sensibilidad fina y metdica hace que el alma se vuelva ms sensual y la
rebaja hasta el nivel de las bestias que perecen. No hay palabras con qu
expresar el efecto que platillos variados y delicados ejercen en la mente, lo mismo
que en el cuerpo-preparndolo para todos los placeres de los sentidos tan luego
como se presente la oportunidad. Por consiguiente, a fin de evitar esto, todo
hombre verdaderamente sabio debe dominar su alma y tenerla bajo sujecin.
Debe educarla ms y ms a no permitirse las complacencias de los apetitos
inferiores que naturalmente tienden a encadenarla en la tierra, a mancharla y
degradarla. Esta es otra razn perpetua en favor del ayuno-quitar el alimento de la
lujuria y la sensualidad, destruir los incentivos de los deseos torpes y dainos, de
vanos y bajos afectos.
5. Tal vez no debamos omitir el mencionar otra razn para el ayuno-si bien
no creo que haya necesidad de hacerla muy enftica-sobre la que algunos buenos
hombres han insistido mucho, a saber: el castigo de s mismos por haber abusado
de los dones buenos de Dios, abstenindose por completo y por algn tiempo de
usarlos; poniendo en prctica cierta clase de venganza santa en s mismos, como
quien dice, por su torpeza e ingratitud pasadas al convertir las cosas que deberan
ser para su salud en ocasin de su cada. Suponen que David obr de esta
manera cuando dijo: "Llor, afligiendo" o castigando, "con ayuno mi alma;" lo
mismo que Pablo cuando menciona la venganza, o santo dolor, que caus a los
corintios.
6. La quinta razn, y una ms poderosa, para el ayuno, es que ayuda a la
oracin-especialmente cuando sealamos perodos largos para la oracin privada.
Entonces es cuando Dios toma especial contentamiento en elevar las almas de
sus siervos sobre las cosas de la tierra, y algunas veces envolverlos, como quien
dice, en el tercer cielo. Muy especialmente ha sido empleado como una ayuda a la
oracin el medio de confirmar y aumentar no slo una virtud-no nicamente la
castidad como algunos se han imaginado vanamente, sin que para ello haya
ningn fundamento en la Escritura, la razn o la experiencia-sino tambin la
seriedad de espritu, celo, sensibilidad y delicadeza de conciencia; el morir para el
mundo, y en su consecuencia, el amor de Dios y toda santa y celestial afeccin.
7. Esto no quiere decir que exista una relacin natural o necesaria entre el
ayuno y las bendiciones que por ese medio concede Dios, sino que tendr
misericordia del que tendr misericordia, que conceder cualquiera cosa que crea
buena, por los medios que juzgue ms convenientes. En todas las edades ha
sealado el ayuno como el medio de calmar su ira y obtener las bendiciones que
de tiempo en tiempo necesitamos.
Que este es un medio muy poderoso de calmar la ira de Dios, aprendemos de ese
ejemplo tan notable de Acab. No haba ninguno que como l se hubiese vendido,
entregndose por completo como un esclavo comprado con dinero, a hacer la
iniquidad. Y sin embargo, cuando "rasg sus vestidos, y puso saco sobre su carne
y ayun...y anduvo humillado. Entonces fue palabra de Jehov a Elas Thisbita,
diciendo: No has visto cmo Acab se ha humillado delante de m? Pues por
cuanto se ha humillado delante de m, no traer el mal en sus das."
Con este fin-el de calmar la ira de Dios-Daniel le busc en oracin, y cilicio y en
ayuno; lo que se desprende de todo el tenor de su oracin, especialmente de su
solemne conclusin: "Oh, Seor, segn todas tus justicias," o misericordias,
"aprtese ahora tu ira y tu furor de sobre...tu santo monte. Oye la oracin de tu
siervo, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado. Oye, Seor;
oh, Seor, perdona; presta odo, Seor, y haz...por amor de ti mismo" (Daniel 9:
16, 19).
8. No slo el pueblo de Dios nos ensea a buscar al Seor por medio del
ayuno y la oracin cuando ha sido provocado a ira, sino tambin los paganos.
Cuando Jons empez a pregonar, diciendo: "De aqu a cuarenta das Nnive ser
destruida," los habitantes de Nnive pregonaron ayuno, y vistironse de sacos
desde el mayor hasta el menor de ellos. El rey de Nnive "levantse de su silla, y
ech de s su vestido, 'y cubrise de saco y se sent sobre ceniza. E hizo
pregonar y anunciar en Nnive...hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten
cosa alguna, no se les d alimento, ni beban agua" (lo que no quiere decir que las
bestias hubieran pecado ni que se pudiesen arrepentir, sino que con su ejemplo se
amonestase a los hombres, tomando en consideracin que por sus pecados la ira
de Dios penda sobre todas las criaturas). "Quin sabe si se volver y arrepentir
Dios, y se apartar del furor de su ira, y no pereceremos?" Sus esfuerzos no
fueron en vano: la ira terrible de Dios se volvi de ellos. "Y vio Dios lo que
hicieron" (los frutos del arrepentimiento y la fe, que por medio de su profeta, El
haba obrado en ellos); "y arrepintise del mal que haba dicho les haba de hacer,
y no lo hizo" (Jons 3:4, 6-7, 9-10).
9. El ayuno es no slo un medio de apartar la ira de Dios, sino tambin de
obtener las bendiciones que ms necesitamos. As, cuando las dems tribus
fueron derribadas delante de los hijos de Benjamn, "todos los hijos de Israel
vinieron a la casa de Dios, y lloraron...y ayunaron aquel da hasta la tarde;" y
entonces Jehov dijo: "Subid, que maana yo lo entregar en tu mano" (Jueces
20:26, 28). Durante la esclavitud bajo los filisteos, Samuel reuni a todo Israel, y
ayunaron aquel da delante de Jehov. Y cuando los filisteos llegaron para pelear
con los hijos de Israel, "Jehov tron aquel da con gran estruendo sobre los
Filisteos, y desbaratlos, y fueron vencidos delante de Israel" (I Samuel 7: 10).
Esdras dice: "Publiqu ayuno all junto al ro de Ahava, para afligirnos delante de
nuestro Dios, para solicitar de l camino derecho para nosotros, y para nuestros
nios...y l fue propicio" (8:21, 23). Nehemas escribe: "Ayun y or delante del
Dios de los cielos y dije.Concede hoy prspero suceso a tu siervo, y dale gracia
delante de aquel varn." Y Dios le concedi favor en presencia del rey" (Nehemas
1:4, 11).
10. Del mismo modo unan los apstoles el ayuno a la oracin, siempre que
deseaban la bendicin de Dios sobre alguna empresa importante. As es que
leemos: "Haba entonces en la iglesia que estaba en Antioqua, profetas y docto-
res...ministrando...y ayunando," indudablemente pidiendo la direccin divina en
este mismo asunto, "dijo el Espritu Santo: Apartadme a Bernab y a Saulo para la
obra para la cual los he llamado. Entonces habiendo" por segunda vez, "ayunado
y orado, y puesto las manos encima...despidironlos" (Hechos 13:1-3).
Los mismos Pablo y Bernab, segn leemos en el captulo siguiente, cuando
"volvieron a Listra, y a Iconio, y a Antioqua, confirmando los nimos de los
discpulos.y habindoles constituido ancianos en cada una de las iglesias, y
habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Seor" (Hechos 14: 21-23).
Que las bendiciones que en el uso de este medio han de obtenerse no se pueden
conseguir de otro modo, lo declara nuestro Seor claramente en contestacin a la
pregunta de sus discpulos: "Por qu nosotros no lo pudimos echar fuera?" Jess
les dijo: "Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe
como un grano de mostaza, diris a este monte: Psate de aqu all, y se pasar;
y nada os ser imposible. Mas este linaje"-de demonios-"no sale sino por oracin y
ayuno" (Mateo 17: 19-21). Estos son los medios sealados para obtener esa fe,
por medio de la cual aun los demonios quedan sujetos.
11. Estos, pues, eran los medios establecidos. Porque no slo debido a la luz
de la razn o de la conciencia natural, as llamada, se ha enseado al pueblo de
Dios en todas las edades a que use del ayuno como un medio de estos fines, sino
que de tiempo en tiempo, Dios mismo, con las revelaciones claras de su voluntad,
nos lo ha enseado. Tales son esas palabras tan notables del profeta Joel: "Por
eso pues dice Jehov, convertos a m con todo vuestro corazn, con ayuno y lloro
y llanto... Quin sabe si se volver y apiadar, y dejar bendicin tras de
l'.Tocad trompeta en Sin, pregonad ayuno, llamad a congregacin. Y Jehov
celar su tierra, y perdonar su pueblo. Y responder Jehov y dir a su pueblo:
He aqu yo os envo pan y mosto, y aceite.y nunca ms os pondr en oprobio
entre las gentes" (Joel 2:12, 14, 18-19).
Y no slo bendiciones temporales ensea Dios a su pueblo a buscar por este
medio, sino que al mismo tiempo promete a los que le busquen con ayuno, llanto y
lamentacin: "os restituir los aos que comi la oruga, la langosta, el pulgn, y el
revoltn; mi grande ejrcito," e inmediatamente aade: "y comeris hasta saciaros,
y alabaris el nombre de Jehov vuestro Dios...Y conoceris que en medio de
Israel estoy yo, y que yo soy Jehov vuestro Dios." Y luego sigue la promesa del
Evangelio: "Derramar mi Espritu sobre toda carne; y profetizarn vuestros hijos y
vuestras hijas; vuestros viejos soarn sueos y vuestros mancebos vern
visiones. Y aun tambin sobre los siervos y sobre las siervas derramar mi
Espritu en aquellos das."
12. Las mismas razones que existieron para impulsar a las almas de aquellos
tiempos al cumplimiento celoso y constante de este deber, existen hoy da con
igual fuerza para animarnos. Pero tenemos, sobre todo, otra razn especial para
ayunar con frecuencia, a saber: el mandamiento de Aquel cuyo nombre llevamos.
A la verdad, en este lugar no manda expresamente ayunar, hacer limosna u orar,
pero sus direcciones de cmo se ha de ayunar, dar limosna y orar, tienen tanta
fuerza como si fuesen mandatos, puesto que el mandar que hagamos una cosa de
tal o cual manera, equivale indubitablemente a mandarnos que la hagamos,
siendo que es imposible hacerla de cierto modo, sin hacerla. En su consecuencia,
el decir: dad limosna, orad, ayunad de tal manera, es claramente un mandamiento
de que debemos hacer la tal cosa-lo mismo que de la manera en que debemos
ejecutarla y que no perder en modo alguno su recompensa.
Este es, adems, un motivo ms para alentarse en el desempeo de dicho deber,
es decir, la promesa que nuestro Seor tan misericordiosamente hace a los que
cumplen fielmente: "Tu Padre que ve en secreto, te recompensar en pblico."
Tales son los fundamentos, razones y fines del ayuno; tales las circunstancias que
nos animan a continuar practicndolo, a pesar de las muchas objeciones que los
hombres ms sabios que su Seor siempre han presentado en contra.
III. 1. Paso a considerar la ms plausible de estas objeciones. En primer lugar,
se dice con frecuencia: -Que se abstenga el pecador de cometer el pecado y no
de tomar alimento: esto es lo que Dios requiere de l. -Es muy cierto, pero tambin
requiere el ayuno; por consiguiente, lo uno debe hacerse y lo otro no se debe dejar
de hacer.
Examinad vuestro argumento en toda su plenitud, y fcilmente apreciaris su
fuerza:
Si los cristianos se deben abstener del pecado, entonces no deben abstenerse de
tomar alimento;
Pero los cristianos deben abstenerse del pecado;
Luego no deben abstenerse de tomar alimento.
Que los cristianos deban abstenerse del pecado es cosa muy cierta, pero, cmo
se sigue de esto que no deban abstenerse de tomar alimento? Que se abstengan
de lo uno y de lo otro. Que se abstengan siempre, mediante la gracia de Dios, del
pecado. Que se abstengan con frecuencia de tomar alimento, por las razones y los
motivos que la Escritura y la experiencia claramente demuestran que se explican
de este modo.
2. "Pero no es mejor," como se ha objetado en segundo lugar, "abstenerse
del orgullo y la vanidad, de deseos torpes y dainos, del mal genio, la clera y el
descontento, que de tomar alimento?" Indudablemente que lo es, pero a este
punto habremos de recordaros otra vez las palabras de nuestro Seor: "Esto era
menester hacer, y no dejar lo otro." Y a la verdad, lo ltimo es slo para hacer lo
primero; es el medio de ese gran fin. Nos abstenemos de tomar alimento con este
fin: que por medio de la gracia de Dios que nuestras almas reciben al usar de ese
medio exterior, juntamente con todos los dems conductos de su gracia que El ha
establecido, podamos abstenemos de toda pasin y temperamento que no sea
agradable en su presencia. Nos abstenemos de lo primero para que, recibiendo
poder de lo alto, podamos abstenernos de lo otro. De manera que vuestro
argumento prueba todo lo contrario de lo que os proponis; prueba que debemos
ayunar, porque si no hemos de abstenemos de mal genio y malos deseos,
entonces debemos de abstenemos de tomar alimento, puesto que estas pequeas
muestras de autonegacin son las vas que Dios ha escogido para aplicar su gran
salvacin
3. "Empero, segn nuestra experiencia, esto no es un hecho." Esta es la
tercera objecin. "Hemos ayunado mucho y con gran frecuencia, pero de qu nos
ha servido? No hemos mejorado nada; ninguna bendicin hemos alcanzado por
ese medio; nos ha sido una rmora ms bien que una ayuda. Por ejemplo, en
lugar de evitar la ira, o el mal humor, ha sido el medio de aumentar estos males
hasta tal grado que no podamos aguantar a los dems ni a nosotros mismos. Muy
probablemente todo esto sea cierto. Es posible ayunar u orar de tal manera que os
volvis peores que antes, ms desgraciados y ms inicuos. Y sin embargo, la
culpa no est en el medio, sino en el modo con que lo usis. Seguid usndolo,
pero de diferente modo. Haced lo que Dios manda como El lo manda, y entonces
no cabe duda que se cumplir su promesa; no se tardar ms su bendicin, sino
que cuando ayunis en secreto. Aquel "que ve en secreto, te recompensar en
pblico."
4. "Pero no es una mera supersticin"-se objeta en cuarto lugar-"el
imaginarse que Dios se ocupa de estas pequeeces?" Si decs que lo es,
condenis a todas las generaciones de los hijos de Dios. Fueron todos ellos
hombres supersticiosos? Sois tan duros que podis afirmar esto de Moiss y
Josu, de Samuel y David, de Josafat, Esdras, Nehemas y todos los profetas;
ms an, de uno ms grande que todos stos: el mismo Hijo de Dios? Cosa muy
cierta es que tanto el Maestro como sus siervos creyeron que el ayuno no es
cualquier cosa, y que el Altsimo no lo desprecia. Indudablemente que los
apstoles fueron de la misma opinin despus que "fueron llenos del Espritu
Santo y de sabidura." Cuando "tuvieron la uncin del Santo, y conocieron todas
las cosas," aun probronse ser ministros de Dios con ayunos, lo mismo que "en
armas de justicia a diestra y a siniestra." Despus que el Esposo fue quitado de en
medio de ellos, ayunaron en aquellos das. No hacan cosa alguna (como ya
hemos visto), que tuviera que ver con la gloria de Dios-como por ejemplo, enviar
trabajadores a la mies-sin observar antes el ayuno solemne lo mismo que la
oracin.
5. "Pero si el ayuno tiene importancia tan grande y recibe semejantes
bendiciones, no sera mejor"-dicen algunos, en quinto lugar-"ayunar siempre; no
de cuando en cuando, sino constantemente; abstenemos en dados tiempos hasta
donde las fuerzas de nuestro cuerpo lo permitan?" Que ninguno deje de hacer la
prueba. De todos modos, tomad pocos alimentos y sencillos. Ejercitaos en
negaros a vosotros mismos todo lo que podis, en todos tiempos y hasta donde lo
permitan las fuerzas de vuestros cuerpos. Esto puede conducir, mediante la
bendicin de Dios, a varios de los grandes fines arriba mencionados. Pero esto no
es el ayuno, el ayuno bblico; nunca se le da este nombre en toda la Biblia. Hasta
cierto punto llena los fines del ayuno, pero es, sin embargo, una cosa muy
diferente. Practicadlo de todos modos, pero no al extremo de hacer a un lado un
mandamiento de Dios, un medio establecido de evitar sus juicios y de obtener las
bendiciones que pertenecen a sus hijos.
6. Usad, pues, continuamente, toda la abstinencia que podis, que, en este
sentido, no es otra cosa sino la templanza cristiana. Esto no debe estorbar en lo
absoluto vuestra observancia del ayuno y la oracin en tiempos solemnes. Por
ejemplo: vuestra templanza o abstinencia habitual no evitaran que ayunaseis en
secreto. Si repentinamente os vieseis abrumados de un gran pesar y
remordimiento, y de un temor y desmayo terribles, semejante estado de la mente
casi os obligara al ayuno. Aborrecerais vuestro alimento cotidiano; apenas
podrais tomar lo necesario para sustentar el cuerpo, hasta que Dios os sacase del
lago de miseria, pusiese vuestros pies sobre la pea y enderezase vuestros
pasos. Lo mismo sera si estuvieseis en agona de deseos, luchando enrgica-
mente con Dios para que os diese su bendicin. No habra necesidad de que
ninguno os ensease que no deberis comer pan, hasta que hayis obtenido la
peticin de vuestros labios.
7. Adems, si os hubieseis encontrado en la ciudad de Nnive, cuando por
toda la ciudad se proclam: "Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten
cosa alguna; no se les d alimento ni beban agua; y clamen a Dios fuertemente,"
habra vuestro ayuno continuo sido razn para que no tomaseis parte en la
humillacin general? Indudablemente que no-vuestra obligacin habra sido lo
mismo que la de cualquiera otro, el no probar alimento en ese da.
La abstinencia u observancia de un ayuno continuo, no exima a ninguno de los
hijos de Israel de ayunar el da diez del mes sptimo, el gran da anual de la
reconciliacin. Ninguna excepcin se haca para ellos en aquel solemne decreto:
"Toda persona que no se afligiere," que no ayunare, "en este mismo da, ser
cortada de sus pueblos."
Por ltimo: si hubieseis estado con los hermanos en Antioqua, al tiempo de que
se encontraban orando y ayunando, antes de enviar a Bernab y a Saulo, habra
sido vuestra templanza o abstinencia suficiente causa para no ayunar lo mismo
que los dems? No cabe duda de que si os hubieseis rehusado, os habran
separado de la comunin cristiana. Habrais sido expulsados y con razn, como
introductores del desorden en la iglesia de Dios.
IV. 1. Paso, en conclusin, a mencionar de qu modo debemos ayunar, a fin
de que nuestro ayuno sea un servicio aceptable al Seor. Desde luego, debe
hacerse para el Seor, fijando en El nuestra mirada con toda sinceridad. Que
nuestra intencin sea esta, y esta nicamente: glorificar a nuestro Padre que est
en los cielos; expresar nuestra vergenza y dolor por las muchas transgresiones
en contra de su santa ley; esperar un aumento de la gracia que purifica, fijando
nuestros afectos en las cosas de arriba; aadir a nuestras oraciones sinceridad y
seriedad; apartar la ira de Dios y obtener todas las grandes y preciosas promesas
que nos ha hecho por medio de Jesucristo.
Cuidemos de no burlarnos de Dios, convirtiendo nuestro ayuno lo mismo que
nuestras oraciones, en abominacin ante el Seor, al mezclar cualquier deseo
temporal, sobre todo el de buscar las alabanzas de los hombres. Muy especial-
mente nos amonesta nuestro Seor en las palabras de nuestro texto: "Y cuando
ayunis, no seis como los hipcritas;" como eran muchos de los llamados del
pueblo de Dios: austeros, agrios, tristes por afectacin, asumiendo cierto aire pe-
culiar en sus semblantes. "Porque ellos demudan sus rostros," no slo con gestos
que no son naturales, sino tambin echndose polvo y ceniza, "para parecer a los
hombres que ayunan," siendo ste, si no el nico, su principal objeto. "De cierto os
digo que ya tienen su pago:" la admiracin y la alabanza de los hombres. "Mas t,
cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro,"-has lo que acostumbras hacer en
todos tiempos-"para no parecer a los hombres que ayunas." Que no sea esta tu
intencin en parte. Si lo llegan a saber sin que t lo desees, no le hace, no eres
mejor ni peor. Recuerda que ayunas, no mirando a los hombres, "sino a tu Padre
que est en secreto; y tu Padre, que ve en secreto, te recompensar en pblico."
2. Mas si deseamos obtener esta recompensa, cuidmonos, en segundo
lugar, de no imaginarnos que por razn de nuestro ayuno, merecemos alguna
cosa de Dios. No se nos puede amonestar demasiado respecto de esto, pues que
el deseo de establecer nuestra propia justicia, el procurar la salvacin pagando la
deuda y no por gracia, est tan profundamente arraigado en nuestros corazones.
El ayuno slo es un medio que Dios ha establecido en el cual aguardamos su no
merecida misericordia, y en el que, sin mrito alguno por parte nuestra, ha
prometido misericordiosamente darnos su bendicin.
3. No debemos imaginarnos que el cumplimiento del mero acto exterior
atraer la bendicin de Dios. "Es tal el ayuno que yo escog, que de da aflija el
hombre su alma, que encorve su cabeza como junco, y haga cama de saco y
ceniza?". Son estos actos externos por muy fielmente que se hagan, todo lo que
quiere significar con las palabras "aflija el hombre su alma"? "Llamaris esto
ayuno y da agradable a Jehov?" Indudablemente que no. Si no es ms que
servicio exterior, no es sino trabajo perdido-semejante obra tal vez aflija al cuerpo,
pero al alma de nada vale.
4. Algunas veces puede afligirse el cuerpo demasiado, hasta el grado de
imposibilitarlo para el cumplimiento de nuestros deberes. Esto tambin debemos
procurar evitar diligentemente, porque es nuestra obligacin conservar nuestra
salud como un don de Dios. Por consiguiente, debemos tener cuidado,
siempre que ayunemos, de hacerlo conforme a nuestras fuerzas, puesto que no
hemos de ofrecer a Dios el homicidio en sacrificio, ni destruir nuestros cuerpos
para ayudar a nuestras almas.
Pero en estas ocasiones solemnes debemos procurar, aun cuando estemos
sufriendo gran debilidad de cuerpo, evitar el otro extremo, por el cual Dios
condena a los antiguos que protestaban porque no aceptaba sus ayunos. "Por
qu, dicen, ayunamos, y no hiciste caso?...He aqu que en el da de vuestro ayuno
hallis lo que queris, dice Jehov." Si no podemos abstenernos por completo de
tomar alimento, al menos podemos abstenemos de probar platillos agradables, y
entonces no en vano buscaremos su rostro.
5. Procuremos, pues, afligir nuestras almas, lo mismo que nuestros cuerpos.
Que todas las pocas de ayuno, ya pblico, ya privado, sean otras tantas
oportunidades de ejercitar todos esos santos afectos que ataen a un corazn
arrepentido y contrito; que sean pocas de lamentacin sincera, de dolor santo por
el pecado, tal dolor como el de los corintios, respecto del cual el Apstol dijo: "Me
gozo, no porque hayis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para
arrepentimiento; porque habis sido contristados segn Dios, para que ninguna
prdida padecieseis por nuestra parte. Porque el dolor que es segn Dios" (he
[gr] kat then lpe: el dolor que es segn Dios, el cual es un don precioso de su
Espritu, elevando el alma al Dios de quien mana), "obra arrepentimiento saludable
de que no hay de qu arrepentirse." Que nuestro dolor de una manera santa obre
en nosotros el mismo arrepentimiento interior y exterior, el mismo cambio
completo de corazn, renovado segn la imagen de Dios, en justicia y verdadera
santidad e idntico cambio de vida, hasta que seamos santos como El es santo,
en toda nuestra manera de ser. Que obre en nosotros la misma vigilancia que en
El existe, sin mancha y limpio de toda culpa; el mismo limpiamiento de nosotros
mismos, en nuestras vidas ms bien que con nuestras palabras, evitando toda
apariencia de mal; la misma indignacin, odio vehemente de todo pecado; el
mismo temor de nuestros corazones engaosos; el mismo deseo de ser en todas
cosas segn el deseo santo y aceptable de Dios; el mismo celo en todo lo que
pueda redundar en su gloria,.y en el desarrollo del conocimiento de nuestro Seor
Jesucristo, e idntica venganza en contra de Satans y todas sus obras en contra
de toda impureza de cuerpo y alma (II Corintios 7: 9-10).
6. Al ayuno debemos siempre aadir la oracin ferviente, derramando ante
Dios toda nuestra alma, confesando nuestros pecados con todas las
circunstancias agravantes, humillndonos ante su poderosa mano, mostrndole
todas nuestras necesidades, nuestra culpabilidad y desamparo. Esta es una poca
a propsito para aumentar nuestras oraciones, tanto por nuestros hermanos como
por nosotros mismos. Lamentemos ahora las transgresiones de nuestro pueblo y
clamemos en alta voz por la ciudad de nuestro Dios, para que Jehov edifique a
Sin y alumbre su faz sobre sus desolaciones. Haremos observar que los siervos
de Dios, en tiempos antiguos acostumbraban siempre aunar la oracin al ayuno.
As lo hicieron los apstoles en todos los ejemplos arriba mencionados y as el
Seor junta estos dos medios en el discurso que hemos estado considerando.
7. A fin de observar el ayuno aceptable a nuestro Seor, slo falta que
aadamos nuestras limosnas, obras de misericordia, segn nuestras fuerzas,
tanto a los cuerpos como a las almas de los hombres. En tales sacrificios tambin,
Dios toma contentamiento. As el ngel anuncia a Cornelio, que estaba orando y
ayunando en su casa: "Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria a la
presencia de Dios" (Hechos 10:4). Y as lo declara expresa y plenamente Dios
mismo: "No es antes el ayuno que yo escog, desatar las ligaduras de impiedad,
deshacer los haces de opresin, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompis
todo yugo? No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes
metas en casa; que cuando vieres al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu
carne? Entonces nacer tu luz como el alba, y tu salud se dejar ver presto; e ir
tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehov ser tu retaguardia. Entonces
invocars y orte ha Jehov; clamars, y dir l: Heme aqu...Si," cuando ayunas,
"derramares tu alma al hambriento, y saciares el alma afligida, en las tinieblas
nacer tu luz, y tu oscuridad ser como el medio da. Y Jehov te pastorear
siempre, y en las sequas hartar tu alma, y engordar tus huesos; y sers como
huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan" (Isaas
58: 7-8, 10-11).
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXVII
1. ( 1). Qu cosa ha procurado hacer Satans? 2. ( 2). Como resultado de
esto, qu cosas han estado en desacuerdo? 3. ( 3). Qu cosa se dice del fin y
de los medios de la religin? 4. ( 4). Qu extremos han prevalecido respecto del
ayuno? 5. (I. 1). Cul es la proposicin en la primera divisin? 6. (I. 2). Qu
circunstancias acompaaban por lo general al ayuno en tiempos antiguos? 7. (I.
3). Qu ejemplos se mencionan de los grados o medidas del ayuno? 8. (I. 4).
Qu se dice de la abstinencia? 9. (I. 5). Cul es el grado nfimo del ayuno? 10.
(I. 6). Qu se dice de ayunos fijos? 11. (II. 1). Qu cosa se propone en segundo
lugar? 12. (II. 2). Cul es la razn natural del ayuno? 13. (II. 3). Qu otra razn
se menciona aqu? 14. (II. 4). Qu se dice de la abundancia de pan? 15. (II. 5).
Qu otra razn para el ayuno se menciona aqu? Se debe hacer esto enftico?
16. (II. 6). Cul es la quinta razn? 17. (II. 7). Existe una relacin necesaria o
natural entre el ayuno y las bendiciones que por este medio se obtienen? 18. (II.
8). Han usado otros de este medio adems del pueblo de Dios? Qu ejemplo se
menciona? 19. (II. 9). Qu se dice aqu del ayuno como un medio? 20. (II. 10).
Qu cosa unen siempre los apstoles al ayuno? 21. (II. 11). Qu se dice aqu
de esos medios establecidos? 22. (II. 12). Son estas condiciones aplicables a
nosotros mismos? 23. (III. 1). Cul es la primera objecin que se considera? 24.
(III. 2). La segunda? 25. (III. 3). Srvase usted mencionar la tercera. 26. (III. 4).
Y la cuarta? 27. (III. 5). Qu se dice del ayuno continuo? 28. (III. 6). Qu
nombre se da a esta clase de abstinencia? 29. (III. 7). Qu ejemplo se menciona
en prueba de que la templanza cristiana no es disculpa para dejar de ayunar? 30.
(IV. 1). Qu se propone aqu? 21. (IV. 2). Qu se dice del mrito de ayunar? 32.
(IV. 3). Merece el simple cumplimiento de un acto exterior una bendicin de
Dios? 33. (IV. 4). De qu manera debemos evitar el afligir nuestro cuerpo
demasiado? 34. (IV. 5). Qu se dice respecto de afligir el alma? 35. (IV. 6).
Qu se debe aunar siempre al ayuno? 36. (IV. 7). Qu se debe aadir?
[1] La Iglesia Anglicana
SERMON XXVIII
NOTAS INTRODUCTORIAS
En este sermn discurre el seor Wesley sobre una de las cuestiones ms difciles
que ataen al cristianismo prctico. La exhortacin de nuestro Seor en contra de
la acumulacin de dinero y de propiedades, presenta a cada individuo una manera
de probar el carcter cristiano y su objeto. Est por dems decir que este
mandamiento se encuentra en oposicin directa a todas las teoras de economa
poltica, segn las explican las escuelas de filosofa. Seguir el mandato de Cristo,
dicen, resultara en la ociosidad universal, la extravagancia y la pobreza.
Frente a frente de esta asercin, podemos poner lo que los mismos filsofos
admiten, que si todos los hombres siguiesen las direcciones de nuestro Seor, no
habra pobreza ni necesidad en el mundo. Dando un incentivo digno a la diligencia
y actividad de los hombres en las cosas temporales, slo tenemos que aplicar el
principio de la ley cristiana del amor a nuestro prjimo en el mismo grado y
manera con que nos amamos a nosotros mismos, y el problema se resuelve en
ese estado de la sociedad que es el fin y afn de la enseanza cristiana. En esa
sociedad ideal, cada hombre tiene una cosa til que hacer y al cumplir con sus
deberes para consigo mismo y para con la sociedad, todas sus necesidades
quedan satisfechas. Este plan ha sido llamado utpico, pero la prevalencia
universal del Evangelio demostrar que puede ser un hecho.
En su sermn sobre "El Uso del Dinero" (Sermn L), el seor Wesley ha dado tres
reglas cortas, pero comprensivas, para el gobierno de la vida cristiana en las
cosas temporales. La primera regla es: "Gana todo lo que puedas;" lo que significa
que debe haber industria y energa, y hacerse buen uso de todos los medios que
la Providencia nos haya dado. La ociosidad no tiene disculpa ni merece excusa
alguna. La segunda regla es: "Ahorra todo lo que puedas." Deben condenarse la
extravagancia, el despilfarro de toda clase. La tercera regla es: "Da todo lo que
puedas." Esto completa el crculo del deber, y responde a todas las objeciones a
su filosofa de la vida. Pero, quin ha observado, de igual manera, exceptuando
slo al seor Wesley, todas estas reglas?
ANLISIS DEL SERMON XXVIII
I. De los actos religiosos pasa nuestro Seor a los hechos de la vida comn.
Se requiere la misma pureza de intencin. Se explica y fortifica el ejemplo de
nuestro Seor. El ojo es la Intencin. Esta es para el alma lo que el ojo es para el
cuerpo. Se dice que es sencillo cuando se fija slo en una cosa para conocer,
agradar, servir y gozar a Dios. Todo esto est incluido en el ojo sencillo. Cuando
tal es el caso, toda el alma est llena de luz.
II. La luz tambin significa santidad. Al buscar a Dios en todas las cosas, le
encontramos en todo. As es que diariamente somos salvos por gracia y por medio
de la fe. Luz quiere decir tambin felicidad. El consuelo y la paz se siguen.
III. Muy diferente es todo si el ojo es malo. Todo el cuerpo est lleno de
oscuridad. El velo est en el corazn. El dios de este mundo ha cegado el
entendimiento. Abundan las incertidumbres, dudas y dificultades; la impiedad e
iniquidad con todos los malos deseos, genios, afectos y todas las cosas, estando
fuera de su elemento, se vuelven obscuras, viles y vanas.
Por todas partes reinan la destruccin y la desdicha. No hay paz, paz firme y
verdadera. Todo es vanidad y vejacin de espritu. Es un estado esencialmente de
la noche y de la sombra de muerte.
IV. Exhortacin especial en contra de atesorar riquezas en la tierra. Se hace la
comparacin del estado moral de las naciones cristianas con los paganos del
frica. Circunstancias en que la comparacin entre los cristianos de Europa y
Amrica y los paganos, resulta en favor de estos ltimos. El pecado de atesorar
riquezas en la tierra es comn a todos los cristianos. Constantemente estn
quebrantando este mandamiento de Cristo por todos los medios que estn a su
alcance, exceptuando los que no son lcitos. Este es el ejemplo ms desagradable
de la fatuidad espiritual que hay en el mundo.
V. Definicin del pecado. Proveerse de las cosas de una manera honrada,
segn la opinin de los hombres, no est prohibido. Dios nos manda que no
debamos a nadie nada. Las cosas necesarias para el cuerpo tampoco estn
prohibidas. Definicin de estas cosas. No se prohbe proveer para los nios y la
familia. Se deben atesorar las cosas necesarias para seguir los negocios
mundanos, pero slo en grado y medida suficiente para satisfacer los fines ya
mencionados. Lo que se condena es atesorar ms bienes materiales de los
necesarios para llenar dichos fines. Alocucin dirigida a los que violan este
mandato del Seor, y se contrasta la conducta del mayordomo fiel y sabio.
SERMON XXVIII
SOBRE EL SERMON DE NUESTRO SEOR
EN LA MONTAA (VIII)
No os hagis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orn corrompe, y donde
ladrones minan y hurtan; mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orn
corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan; porque donde estuviere vuestro
tesoro, all estar vuestro corazn. La lmpara del cuerpo es el ojo; as que, si tu
ojo fuere sincero, todo tu cuerpo ser luminoso; mas si tu ojo fuere malo, todo tu
cuerpo ser tenebroso. As que si la lumbre que en ti hay son tinieblas, cuntas
sern las mismas tinieblas? (Mateo 6:19-23).
1. Pasa nuestro Seor de las acciones que por lo general se llaman
religiosas-que son verdaderas ramas de la religin cuando nacen de una intencin
pura y santa, y son hechas de una manera consecuente-a los hechos comunes de
la vida, y demuestra que en nuestras vocaciones ordinarias es tan necesaria la
pureza de intencin como en el dar limosna, ayunar, u orar.
Indudablemente que la misma pureza de intencin, que hace nuestras limosnas y
devociones aceptables a Dios, debe tambin convertir nuestro trabajo o empleo en
una ofrenda pura a Dios. El hombre que sigue sus negocios con el fin de elevarse
y tener riquezas en el mundo, no sirve a Dios en su empleo ni tiene ms derecho a
esperar una recompensa del Seor, que quien da limosna para ser visto, u ora
para ser escuchado de los hombres. Porque as como estos designios vanos no
deben afectar nuestras limosnas y devociones, tampoco deben entrar en nuestras
ocupaciones. No slo son malos cuando leudan nuestras buenas obras, nuestros
actos religiosos, sino que tienen el mismo mal efecto cuando se mezclan en los
negocios diarios de nuestras vocaciones. Si fuese lcito tenerlos en nuestras
ocupaciones mundanas, lo sera tambin retenerlos en nuestras devociones. Pero
as como nuestras limosnas y devociones no son aceptables sino cuando resultan
de una intencin pura, de la misma manera nuestro empleo diario no puede
considerarse como un servicio al Seor, sino cuando se hace con la misma piedad
del corazn.
2. Esto lo declara nuestro bendito Seor de la manera ms decidida, con
esas palabras tan comprensivas como enrgicas, que El mismo aplica y desarrolla
en el curso de este captulo. "La lmpara del cuerpo es el ojo, as que, si tu ojo
fuere sincero, todo tu cuerpo ser luminoso; mas si tu ojo fuere malo, todo tu
cuerpo ser tenebroso." El ojo es la intencin. Lo que el ojo es al cuerpo, la
intencin es al alma. As como el uno gua todos los movimientos del cuerpo, la
otra dirige los del alma. Se dice que el ojo del alma es sincero cuando se fija slo
en una cosa, cuando no tenemos otro designio sino conocer a Dios y a Jesucristo
a quien El mand; conocerle con afectos dignos, amndole como El nos am pri-
mero; agradar a Dios en todas las cosas; servirle, puesto que le amamos de todo
nuestro corazn, mente, alma y fuerzas, y gozar a Dios en todo y sobre todas las
cosas, en esta vida y por la eternidad.
3. "Si tu ojo fuere sincero," de este modo, fijndose as en Dios, "todo tu
cuerpo ser luminoso." "Todo tu cuerpo"- todo lo que gua la intencin, como el ojo
gua el cuerpo; todo lo que eres, todo lo que haces, tu genio, deseos, afectos; tus
pensamientos, palabras y acciones-todo esto "ser luminoso," lleno de
conocimiento verdadero y divino. Este es el primer significado que aqu tiene la
palabra luz. En su luz vers la luz. "Aquel que mand que de las tinieblas resplan-
deciese la luz...resplandecer en tu corazn;" iluminar la vista de tu inteligencia
con el conocimiento de la gloria de Dios. Su Espritu te revelar las cosas
profundas de Dios. La inspiracin del Santo abrir tu inteligencia y te har tener
sabidura en secreto. Ms an, el ungimiento que has recibido de El, permanecer
en ti y te ensear todas las cosas.
Qu bien confirma todo esto la experiencia! Aun despus de que Dios ha abierto
los ojos de nuestra inteligencia, si buscamos o deseamos cualquiera cosa fuera de
Dios, qu pronto se obscurece nuestro torpe corazn! Las nubes se agrupan otra
vez en torno de nuestras almas; dudas y temores nos abruman de nuevo; somos
arrojados de aqu para all, no sabemos qu hacer ni cul sea el camino que
debamos seguir. Pero cuando slo deseamos y buscamos a Dios, las nubes y los
temores se desvanecen, nosotros, que en un tiempo fuimos oscuridad, somos
ahora luz en el Seor. La noche resplandece ahora como el da, y sabemos que
"la senda de los justos es como la luz." El Seor nos muestra el camino que
debemos tomar y claramente nos ensea la va ante nuestro rostro.
4. El segundo significado que tiene la luz en este asunto, es el de la
santidad. Al buscar a Dios en todo, le encontrars en todas las cosas: la fuente de
toda santidad, llenndote constantemente de su semejanza, justicia, misericordia y
verdad. Al mirar a Jess, y a El slo, sers lleno del sentir que estaba en El; se
renovar tu alma de da en da, segn la imagen del que la cre. Si no quitas de tu
mente la mirada en El; si permaneces "viendo al Invisible," sin buscar nada ms
en el cielo y en la tierra, entonces, al contemplar la gloria de Dios, sers
transformado "de gloria en gloria en la misma semejanza como por el Espritu del
Seor."
Otra cosa que tambin experimentamos diariamente es que por gracia somos
salvos por la fe. Por medio de la fe se abre la vista de la mente para ver la luz del
amor glorioso de Dios, y mientras la mirada permanece fija en Dios, en Cristo,
quien est reconciliando el mundo a s mismo, nos llenamos ms y ms del amor
de Dios y de los hombres; de mansedumbre, afabilidad, clemencia; de todos los
frutos de santidad que vienen del Seor Jess y que redundan en gloria de Dios
Padre.
5. Esta luz de que est lleno aquel cuyo ojo es sincero, significa, en tercer
lugar, felicidad, lo mismo que santidad. "Suave ciertamente es la luz, y agradable a
los ojos ver el sol," pero cunto ms placentero es ver al Sol de justicia
resplandeciendo constantemente en el alma! Si existe algn consuelo en Cristo,
algn blsamo en el amor, alguna paz que sobrepuje a todo entendimiento, algn
regocijo en la esperanza de la gloria de Dios, todo esto pertenece a Aquel cuyo ojo
es sincero, cuyo cuerpo, por lo tanto, es luminoso. Anda en la luz, como que Dios
est en la luz, regocijndose siempre y en todo dando gracias; conformndose
gozoso con la voluntad de Dios respecto de l en Jesucristo.
6. "Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo ser tenebroso." "Si tu ojo fuere
malo." Como se ve, no existe trmino medio entre el ojo sincero y el tenebroso; si
no es lo uno, tiene que ser lo otro. Si la intencin que tenemos al hacer cualquiera
cosa, no es puramente la de servir a Dios; si nos proponemos cualquier otro fin,
entonces quedan manchadas nuestra mente y nuestra conciencia.
Por consiguiente, nuestro ojo es tenebroso si al hacer cualquier cosa tenemos otro
fin fuera de Dios; si nos proponemos algo adems de conocer y amar a Dios,
agradarle y servirle en todas las cosas; si nuestro designio no es slo gozar de
Dios, encontrar en El nuestra felicidad en esta vida y en la eternidad.
7. Si tu ojo no se fija sinceramente en Dios, "todo tu cuerpo ser tenebroso;"
el velo permanecer en tu corazn; "el dios de este mundo" cegar tu mente ms
an, no sea que la luz del Evangelio glorioso de Cristo te alumbre. Lleno de
ignorancia y errores respecto de las cosas de Dios, no podrs recibirlas ni
discernirlas, y cuando tengas algn deseo de servir a Dios, te abrumar la
incertidumbre respecto del modo como deberas servirle, encontrando dudas y
dificultades por todos lados y no sabiendo cmo escapar.
Ms an, si tu ojo no fuere sincero, si buscares las cosas terrenales, te llenars de
iniquidad e injusticia. Tu genio, deseos y afectos, estando siempre en desorden,
sern malos, viles y vanos. Tu conversacin siendo mala como tu corazn y no
estando "sazonada con sal," no ser digna de dar gracia a los oyentes, sino intil,
ociosa, corrompida, que contristar al Espritu Santo de Dios.
8. En tu camino se encuentran la destruccin y la desdicha, porque el
camino de paz no has conocido. No hay paz duradera para los que no conocen a
Dios. No hay verdadero contentamiento que dure para los que no le buscan con
todo su corazn. Mientras que busques las cosas que perecen, todo lo que habr
pasado ser vanidad, y no slo vanidad, sino "vejacin de espritu"-y eso tanto al
buscar como al gozar de dichas cosas. En verdad que andas en una sombra vana
y en balde te inquietas. Andas en la oscuridad que puede sentirse. Sigue
durmiendo, de nada te sirve, porque no te sentirs descansado. Bien sabes que
los sueos de la vida slo causan pena y nunca dan descanso. No hay descanso
en este mundo ni en el venidero, sino slo en Dios, que es el centro de los
espritus.
"Si la lumbre que en ti hay son tinieblas, cuntas sern las mismas tinieblas?" Si
la intencin que debe iluminar toda alma-llenarla de conocimiento, amor y paz, y la
que en efecto hace todo esto mientras permanece pura, mientras no procura otra
cosa sino a Dios-si sta es tinieblas, si busca otra cosa fuera de Dios y por
consiguiente llena el alma de oscuridad en lugar de luz, de ignorancia y error, de
pecado y miseria, cun grandes sern esas tinieblas! Es el humo mismo que
sube desde los profundos! Es la noche negra que reina en lo ms profundo, en la
tierra de las sombras de muerte!
9. Por consiguiente, "no os hagis tesoros en la tierra, donde la polilla y el
orn corrompe, y donde ladrones minan y hurtan." Si lo hacis, claro est que
vuestro ojo es malo, que no se fija nicamente en Dios.
Respecto de los mandamientos de Dios, ya se refieran al corazn ya a la vida, los
paganos en frica o en Amrica cumplen tanto como los que se llaman cristianos,
pues con pocas excepciones, stos los observan tanto como los paganos. Por
ejemplo, la mayora de los sbditos ingleses, llamados comnmente cristianos,
son tan sobrios y templados como la generalidad de los paganos cerca del Cabo
de Buena Esperanza. As tambin los cristianos en Alemania o Inglaterra son tan
humildes y castos como los indios choctow o cheroques. Al comparar la mayor
parte de las naciones europeas con las americanas, no es nada fcil decir de qu
parte est la superioridad-al menos las de Amrica no llevan gran ventaja.
Esta asercin, sin embargo, no es cierta respecto del mandamiento que estamos
considerando. En esto los paganos cumplen mucho mejor. No desean ni procuran
otra cosa sino alimentos sencillos, ropa modesta con que vestirse, y esto lo
buscan slo para el da. Con excepcin del maz de que han menester hasta la
cosecha del ao siguiente, no guardan ni atesoran nada. Sin saberlo, pues, los
paganos obedecen este mandamiento constantemente y con eficacia. No se
hacen tesoros en la tierra, tesoros de prpura y lino fino, de oro y plata, que la
polilla y el orn corrompan, o los ladrones minen y hurten. Mas, de qu manera
observan los cristianos lo que profesan haber recibido como un mandamiento del
Dios altsimo? No lo observan en ningn grado. Obran como si jams se hubiese
dado semejante mandamiento a los hombres. Aun aquellos que, en su opinin y la
de otras personas, son buenos cristianos, no cumplen con esto en manera alguna.
Bien pudiera estar an perdido en el original griego, puesto que no hacen de l
ningn caso.
En qu ciudad cristiana podris encontrar un hombre de cada quinientos, que
tenga el menor escrpulo de atesorar todo lo que pueda, de aumentar sus
posesiones hasta donde le sea posible? Es bien cierto que muchos no lo hacen
ilcitamente; muchos no estafan ni roban; algunos no engaan al prjimo, no se
valen de su ignorancia o de su necesidad-pero este es otro asunto. Aun stos slo
tienen escrpulos respecto del mtodo, pero no de hacerse tesoros. No vacilan en
hacerse tesoros sobre la tierra, sino en reunirlos por medios ilcitos. No les asusta
desobedecer a Cristo, sino quebrantar la moralidad pagana. De manera que aun
los hombres honrados no obedecen este mandamiento ms que los ladrones de
camino o los que derriban las puertas de las casas para robarlas. Ms an, jams
intentan obedecerle. Desde su juventud hasta lo presente nunca han pensado en
tal cosa. Sus padres, maestros y amigos cristianos nunca les ensearon este
mandamiento, a no ser para quebrantarlo luego y tanto como pudieran, y continuar
quebrantndolo hasta el fin de sus vidas.
10. En todo el mundo no existe otro ejemplo de fatuidad espiritual ms
sorprendente que ste. La mayor parte de estos mismos hombres leen o escuchan
la lectura de la Biblia-muchos en el da del Seor. Han ledo o escuchado estas
palabras infinidad de veces, y sin embargo, jams sospechan que dichas palabras
los condenan ms que las que prohben a los padres ofrecer sus hijos a Moloc.
Pluguiese a Dios hablar a estos miserables pecadores con su voz, su voz
poderosa, para que se salvasen al fin de esta trampa de Satans, y cayesen las
escamas de sus ojos.
11. Preguntis, qu cosa es hacerse tesoros en la tierra? Bueno ser
examinar esto detenidamente. En primer lugar, a fin de poder discernirlo
claramente, hagamos observar qu cosas no se prohben en este mandamiento.
Primeramente, en este mandamiento no se prohbe "procurar lo bueno delante de
todos los hombres;" procurar con qu darles aquello a que tienen derecho, todo lo
que justamente pueden esperar de nosotros. Tan lejos est Dios de prohibir esto,
que nos manda que no debamos a nadie nada. Debemos, por consiguiente, ser
muy diligentes en nuestro trabajo a fin de no deber a nadie nada; siendo esta una
ley comn de justicia que nuestro Seor no vino a destruir, sino a cumplir.
Ni prohbe, en segundo lugar, que nos proveamos de las cosas necesarias para el
cuerpo: alimentos suficientes, sencillos y sanos qu comer y vestidos aseados qu
ponernos. Es adems, nuestro deber, proveernos de estas cosas, siendo que Dios
nos da la facultad de hacerlo, a fin de que comamos nuestro propio pan y no
seamos gravosos a nadie.
Ni se prohbe, en tercer lugar, que proveamos para nuestros hijos y los de nuestra
casa. Tambin esto es nuestro deber, aun segn los principios de la moral
pagana. Todo hombre debe de proveer las cosas necesarias de la vida para su
esposa y sus hijos, y hacer que stos aprendan a ganar estas cosas para que
puedan mantenerse cuando l les falte y ya no exista. Digo que deben aprender a
proveer estas cosas- las cosas sencillas y necesarias de la vida, no cosas
delicadas y superfluas-con su trabajo constante, porque ningn hombre est
obligado a proveer para s mismo ni para los suyos los medios de ser
extravagantes y estar ociosos. Si alguno deja de proveer para sus hijos (lo mismo
que para las viudas que haya en su casa, de quienes Pablo habla especialmente
en las palabras tan conocidas que dirige a Timoteo), prcticamente ha "negado la
fe, y es peor que un infiel," o que un pagano.
Por ltimo, no se nos prohbe en estas palabras que de tiempo en tiempo vayamos
guardando lo que fuere necesario para la consecucin de nuestros negocios,
hasta tal grado o punto que podamos llenar los objetos siguientes: en primer lugar,
no deber a nadie nada; en segundo, procurarnos las cosas necesarias para la
vida; y en tercero, proveer lo necesario para la familia mientras vivimos, y
ensearles a ganar el pan para que sepan sostenerse cuando Dios nos llame a su
presencia.
12. Podemos ahora discernir claramente (a no ser que no queramos hacerlo),
qu cosa es la que se nos prohbe aqu. Es el procurar proveerse de ms de lo
necesario para satisfacer los fines ya mencionados. El trabajar por obtener ms
riquezas, ms plata y oro. El guardar ms de lo que se requiere para satisfacer las
necesidades-esto es lo que aqu se prohbe clara y terminantemente. Si las
palabras tienen algn significado, indudablemente que esto es lo que quieren
decir, pues ninguna otra cosa pueden expresar. Por consiguiente, cualquiera que
no debe nada a nadie, que tiene el alimento y el vestido necesarios para s mismo
y su familia, y que adems de esto posee lo suficiente para continuar sus negocios
y satisfacer todas estas justas necesidades: quienquiera, digo, que se halle en
tales circunstancias y, sin embargo, est procurando hacerse de mayores
posesiones, vive abierta y habitualmente negando al Seor que lo rescat. Prcti-
camente ha negado la fe, "y es peor que un infiel" ya sea africano o de Amrica.
13. Vosotros que vivs en el mundo y que sois del mundo en que vivs,
escuchadme. Tal vez seis estimados en mucho de los hombres, pero delante de
Dios sois abominacin. Hasta cundo se humillarn vuestras almas hasta el
polvo de la tierra? Hasta cundo seguiris llenndoos de lodo? Hasta cundo
despertaris y veris que los paganos que piensan seriamente estn ms
cercanos al reino de los cielos que vosotros? Cundo os convenceris de que es
vuestra obligacin escoger la mejor parte, aquella que nadie puede quitarnos?
Cundo procuraris haceros tesoros solamente en el cielo, renunciando,
evitando y aborreciendo todos los dems? Si estis procurando haceros tesoros
en la tierra, no estis perdiendo el tiempo y gastando vuestras fuerzas en ganar
algo que no es el pan? Porque, cules sern los frutos si tenis buen xito?
Habris asesinado vuestra propia alma! Habris apagado la ltima chispa de
vuestra vida espiritual! Ahora mismo, en medio de la vida, estis en la muerte!
Hombres vivos, pero cristianos muertos! porque "donde estuviere vuestro tesoro,
all estar vuestro corazn." Sumergidos en el polvo estn vuestros corazones.
Vuestras almas se allegan al suelo; vuestros afectos no estn en las cosas del
cielo, sino en las de la tierra, en algarrobas que envenenarn, mas nunca podrn
satisfacer un espritu inmortal creado para Dios. Vuestro amor, gozo y deseo
consisten en las cosas que perecen al usarlas. Habis perdido el tesoro del cielo.
Dios y Jess se os han perdido. Habis ganado riquezas y el fuego del infierno!
14. "Cun difcilmente entrarn en el reino de Dios los que tienen riquezas!"
Cuando los discpulos se sorprendieron al or a nuestro Seor hablar as, lejos de
retractarse El, repiti la misma verdad importante en palabras ms enrgicas:
"Ms fcil cosa es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en
el reino de Dios." Cun difcil es para aquellos cuyas palabras todas reciben
aplausos, no considerarse como sabios! Cun difcil les es dejar de creer que son
mejores que esa muchedumbre de hombres pobres, bajos, sin educacin! Qu
difcil no buscar la felicidad en las riquezas, o en las cosas que proporciona el
dinero; no gratificar los deseos de la carne, los del ojo, o las vanidades de la vida!
Oh, ricos, cmo escaparis de la condenacin del infierno? Slo para con Dios
todas las cosas son posibles!
15. Y an cuando no tengis buen xito, qu fruto sacis de procurar
haceros tesoros en la tierra? "Porque los que quieren enriquecerse"-los que lo
desean o procuran ya sea que tengan buen xito o no-"caen en tentacin y lazo,"-
una treta, una trampa que el diablo pone-"y en muchas codicias locas y daosas"
deseos con los que la razn nada tiene que ver; deseos que en realidad de verdad
no son propios de seres racionales e inmortales, sino de las bestias brutas que
carecen de inteligencia; deseos que "hunden a los hombres en perdicin y
muerte," en la miseria, ahora y para siempre. No necesitamos sino abrir los ojos
para ver diariamente las tristes pruebas de todo esto. Hombres que, anhelando y
procurando hacerse ricos, codiciando el dinero, que es la raz de todo mal, han
traspasado sus corazones con infinidad de dolores y anticipado el infierno a donde
se encaminan.
Es de observarse la circunspeccin con que el Apstol se expresa en este pasaje.
No afirma terminantemente lo que dice, puesto que un hombre puede ser rico sin
haberlo procurado debido a la Providencia que todo lo rige y que no le ha dejado
escoger, pero s lo afirma de aquellos que desean o procuran hacerse ricos. A
pesar de que las riquezas son peligrosas, no siempre "hunden a los hombres en
perdicin y muerte." Pero el deseo de las riquezas s los hunde. Los que con toda
conciencia las desean y deliberadamente procuran obtenerlas, ya sea que ganen
el mundo o no, infaliblemente pierden sus almas. Esos son los que venden en
unas cuantas piezas de plata u oro al que los rescat con su sangre; sos los que
hacen un pacto con la muerte y el infierno, el cual pacto permanecer, porque
diariamente se estn haciendo dignos partcipes de la herencia del diablo y sus
ngeles.
16. Quin amonestar a esta generacin a huir de la ira que vendr?
Ciertamente que no sern los que esperan en sus puertas, o los que adulan con
bajeza deseando alimentarse de las migajas que caen de sus mesas, ni los que
buscan su aprobacin o temen sus enojos; ninguno de aquellos que se ocupan de
cosas terrenales. Empero si hay en la tierra algn cristiano, si hay algn hombre
que haya vencido al mundo, que slo desee a Dios y no tema sino a Aquel que
puede matar el cuerpo y echar el alma en el infierno, que hable y no calle.
Levanta la voz como trompeta! Grita en alta voz y muestra a estos honorables
pecadores la condicin tan desesperada en que se encuentran. Tal vez haya un
alma entre mil que quiera escuchar, que se levante y sacuda el polvo; que rompa
esas cadenas que ahora la sujetan a la tierra y al fin se haga tesoros en el cielo.
17. Oh Dios, si acaso sucede que una de estas almas, debido a tu
omnipotente poder se levante y pregunte: "Qu debo hacer para ser salvo?" la
respuesta segn los orculos de Dios, es clara, plena y cabal. Dios no te dice:
"Vende todo lo que posees." A la verdad que quien mira en el corazn de los
hombres, vio que era necesario mandar esto en un caso especial-el del joven rico-
pero ese mandato nunca lo dio como una regla general para todos los hombres
ricos, de todas las generaciones venideras. La direccin general que da es: "No
seis altivos." Dios no ve como los hombres ven. El no te aprecia por razn de tus
riquezas, por tu grandeza o aparato, por cualquiera cualidad o conocimiento que
directa o indirectamente se deban a la riqueza, que se puedan comprar u obtener
con dinero. Todo esto es ante su presencia como la basura y la escoria-que tu
opinin sea la misma. Ten cuidado de no creerte un pice mejor con motivo de
estas cosas. Psate en otra balanza. Mdete slo con la medida de la fe y el amor
que Dios te ha dado. Si tienes ms conocimiento y amor de Dios que el pastor que
acompaado de sus perros cuida de sus ovejas, por solo este hecho y por ninguna
otra razn, eres ms sabio y mejor, de mayor valor y honra. Pero si no posees
este tesoro, entonces eres ms torpe, ms vil, ms despreciable, ya no digo que el
ltimo de tus siervos bajo de tu techo, sino que el mendigo lleno de llagas que est
tirado a las puertas de tu casa.
18. En segundo lugar, no confes en las riquezas inciertas; no busques en
ellas ayuda ni felicidad.
No busques en ellas ninguna ayuda, porque te equivocas lamentablemente si es
que ests buscando ayuda en el oro o en la plata que no pueden hacer que
domines al mundo ni tampoco al diablo. Sabe, pues, que tanto el mundo como el
demonio se ren de semejantes preparativos. Estos valdrn de muy poco cuando
vengan los trabajos, si es que permanecen en la hora del sufrimiento; pero no es
seguro que permanecern, porque cun a menudo se hacen alas y vuelan! Y aun
cuando no fuere as, de qu valdrn en las aflicciones de la vida? Lo que ms
amas-la esposa de tu juventud, el nico hijo que tienes, el amigo ntimo de tu
alma-caen de un solo golpe. Podrn tus riquezas reanimar el cuerpo sin aliento,
o llamar al espritu que antes habitaba en l? Te podrn defender de las
enfermedades, dolencias y penas? Acaso afligen estas cosas slo a los pobres?
Muy al contrario: tu siervo que pastorea tus ganados o que labra la tierra, sufre
menos enfermedades y dolores que t. Estos mal deseados huspedes le visitan
menos, y si acaso vienen, es ms fcil expulsarlos de la humilde cabaa que de
los grandes palacios. Durante las horas en que tu cuerpo sufre el castigo de los
dolores, o que le consume la enfermedad, de qu te sirven los tesoros? Deja que
responda a esto el pobre pagano:
"Ut lippum. picto tabulo, fomenta podagram,
Auriculas citharo collecta sorde dolentes."[1]
19. Pero te espera una afliccin mayor que todo esto. Tienes que morir! Te
has de sumergir en el polvo de la tierra. Volvers al polvo de donde fuiste hecho-a
mezclarte con la tierra comn. Tu cuerpo volver a la tierra tal cual fue en su
origen, y tu espritu volver a Dios que lo cre. Y el tiempo vuela. Pasan los aos
en silencio, mas con rpido vuelo. Tal vez tus das toquen a su fin. Tal vez el
medio da de tu vida ya haya pasado y empiecen a ponerse sobre tu cabeza las
sombras de la noche. En ti mismo sientes que se acerca la inevitable
descomposicin, las fuentes de la vida se secan al mismo tiempo. Ahora bien, de
qu te sirven las riquezas? Endulzan acaso el trance de la muerte? Hacen que
esa hora solemne sea deseable? Todo lo contrario. Cun amarga eres, oh
muerte, al hombre que vive tranquilo en sus posesiones! Qu poco aceptable le
es aquella sentencia: "Esta noche vuelven a pedir tu alma"! Evitarn acaso el
malhadado golpe, o tardarn la terrible hora? Pueden librar tu alma de probar la
muerte? Pueden devolverte los aos que ya pasaron? Les ser posible aadir
un mes, un da, una hora, un momento, a la vida que se te ha fijado? O te
seguirn acaso ms all de la tumba, las cosas buenas que aqu has escogido?
Nada de eso: desnudo viniste al mundo, y desnudo saldrs de l.
"Liquenda tellus, et domus, et placens
Uxor: nec harum, quas seris, arborum,
Te, proter invisam cupressum,
Ulla brevem dominum sequetur!"[2]
A la verdad que si estas verdades no fuesen demasiado claras para entenderse-
como lo son para negarse-ningn hombre mortal pondra su esperanza en la
ayuda de las riquezas inciertas.
20. No busques en ellas la felicidad porque en esto tambin descubrirs que
son como pesas engaosas-lo que ciertamente toda persona pensadora debe
inferir de lo que llevamos expuesto. Porque si la mucha plata y oro, y las ventajas
y placeres que proporcionan, no nos pueden librar de la conciencia de miseria, es
claro que tampoco podrn hacernos felices. Qu felicidad pueden proporcionar al
que en medio de todos sus placeres, se siente constreido a exclamar:
"Aun en mis nuevos palacios, tristes pensamientos me persiguen; Y bajo mis
dorados techos suspensos los cuidados me atormentan."?
A la verdad que la experiencia respecto de esto es tan abundante, manifiesta e
innegable, que vuelve enteramente superfluos todos los dems argumentos.
Apelamos, por consiguiente, a los hechos. Son los ricos y los grandes los nicos
hombres felices? Es cada uno de ellos ms o menos feliz, segn sean mayores o
menores sus riquezas? Son felices en realidad de verdad? Casi estuve a punto
de decir que son los hombres ms desgraciados. Oh t, hombre rico que me
escuchas, al menos esta vez habla la verdad segn te la dicte el corazn. Habla
en tu nombre y en el de tus hermanos.
"Aun en medio de la abundancia
Sentimos que algo nos falta,
Y la ausencia de ese algo
Disipa toda complacencia."
Y as ser hasta que la noche de la muerte absorba los das de la vanidad.
Por consiguiente, la mayor torpeza que puede cometerse en la vida es buscar la
felicidad en las riquezas. No ests persuadido de esto? Ser posible que an
esperes encontrar la felicidad en el dinero, o en las cosas que proporciona?
Podrn acaso la plata, el oro, las comidas y bebidas, los caballos, los sirvientes,
el aparato deslumbrador, las diversiones y los placeres (as llamados) hacerte
feliz? No pueden darte la felicidad como no pueden hacerte inmortal!
21. No son ms que vana pompa. No te preocupes por ellas. Pon tu confianza
en el Dios viviente y estars seguro bajo la sombra del Todopoderoso. Su fidelidad
y verdad sern tu escudo y adarga. El es gran proteccin en medio de los trabajos,
ayuda que nunca puede faltar. Aunque todos los amigos desaparezcan, podrs
decir: Viva Jehov, y ensalzado sea el Dios de mi salud! El se acordar de ti
cuando ests enfermo y en cama, en la hora cuando es vana la ayuda del hombre,
cuando todas las cosas del mundo de nada te sirven. El mullir tu cama en toda tu
enfermedad. El endulzar tu pena. La contemplacin del Seor har que aplaudas
en medio de las llamas. Y en la hora en que esta habitacin de tierra est pronta a
desplomarse, a caer reducida en polvo, El te ensear a decir: "Dnde est, oh
muerte, tu aguijn? dnde, oh sepulcro, tu victoria?...A Dios gracias, que nos da
la victoria por el Seor nuestro Jesucristo."
Buscad en El la felicidad lo mismo que la ayuda de que habis menester! Confiad
en Aquel que nos da todas las cosas en abundancia para que las gocemos, quien,
movido de su abundante y amorosa misericordia, nos da estas cosas con su
propia mano a fin de que al recibirlas como dones suyos y arras de su amor,
gocemos de todo aquello que nos pertenece. Su amor santifica cuanto probamos,
infunde vida y dulzura en todo. Cada una de sus criaturas nos gua al gran
Creador y la tierra es la escala del cielo. El transmite los goces que estn en su
poder a todo lo que da a sus hijos agradecidos, quienes, teniendo comunin con el
Padre y su Hijo Jesucristo, le gozan en todo y sobre todas las cosas.
22. En tercer lugar, no procures aumentar tus riquezas. "No os hagis tesoros
en la tierra," es un mandamiento tan claro y positivo como el que dice: "No
cometers adulterio." Cmo podr un hombre rico hacerse ms rico, sin negar al
Seor que le rescat? Ms claro, cmo podr un hombre que ya tiene las cosas
necesarias para la vida, ganar o procurar ms y no hacerse culpable? "No os
hagis"-dice el Seor- "tesoros en la tierra." Si a pesar de esto atesoras dinero y
posesiones que la polilla y el orn corrompen, y que ladrones minan y hurtan, si
has de comprar ms y ms fincas y terrenos, por qu te llamas cristiano? T no
obedeces al Seor Jess, ni tienes la intencin de seguir su precepto, con qu
derecho te apropias su nombre? "Por qu me llamis, Seor, Seor, y no hacis
lo que digo?"
23. Si preguntis: "Pero, qu debemos hacer con nuestros bienes, si es que
no los hemos de atesorar, viendo que tenemos ms de los que necesitamos?"
"Los hemos de tirar?" A lo que respondo que si los echaseis en el mar o en el
fuego para ser consumidos, estaran mucho mejor empleados de lo que ahora
estn. No podis imaginar un modo ms eficaz de despreciarlos que el atesorarlos
para vuestra posteridad, o guardarlos para vosotros en torpe superfluidad. De
entre todas las maneras posibles de despreciarnos, estas dos son las peores, las
ms opuestas al Evangelio de Cristo y las ms perniciosas a vuestras almas.
Un escritor ya fallecido ha demostrado muy eficazmente cun pernicioso es a
vuestras almas este ltimo medio: "Si desperdiciamos nuestro dinero, no slo
incurrimos en la culpa de desperdiciar uno de los talentos que Dios nos ha dado,
sino que nos hacemos este otro mal: convertimos este talento til en un medio
poderoso de corrompernos, porque mientras que lo gastamos mal, mientras que
satisfacemos con l alguna mala pasin en complacer deseos injustos y vanos-
que como cristianos debemos renunciar-el dinero es en nuestras manos un
instrumento de nuestra propia corrupcin.
"As como se puede abusar del chiste y los gracejos, y los que abusan de ellos se
exponen a mayores torpezas, as se puede abusar del dinero, porque si no se
emplea conforme a la razn y a la religin, har que las gentes lleven una vida
ms torpe y extravagante de la que habran llevado si hubiesen sido pobres. Por
consiguiente, el que no gasta su dinero para hacer bien a los dems, lo emplea en
perjudicarse a s mismo. Obra como el que rehsa dar un veneno a su amigo,
cuando l mismo no puede beberlo sin correr el peligro de que se le inflame la
sangre. En tal caso se encuentra el que tiene ms dinero del necesario: si lo da a
los necesitados, es como un veneno; si lo gasta en s mismo en algo que no
necesita, da por nico resultado el que inflame y desarregle su mente.
"Al usar de las riquezas cuando no hay verdadera necesidad, slo las usamos en
perjuicio nuestro alimentando deseos irracionales, malos genios, satisfaciendo
pasiones torpes y sustentando la vanidad de la mente. Porque el mucho comer y
beber, la ropa fina y las cosas magnficas, el aparato y la pompa, los placeres y
diversiones amenos, son cosas malas y nocivas para el corazn; son el alimento
de toda la torpeza y debilidad de nuestra naturaleza; el sostn de algo que no
debera existir. Son contrarias a esa sobriedad y piedad del corazn que se
alimenta de cosas divinas. Son como otros tantos pesos en la mente, que debilitan
nuestra inclinacin a elevar los pensamientos y afectos de las cosas de arriba.
"De manera que el dinero que de este modo se gasta no slo se pierde y
desperdicia, sino que se emplea en malos fines y con psimos resultados. Nos
hace incapaces de seguir las doctrinas sublimes del Evangelio. Es como quien se
guarda de dar dinero a los pobres a fin de comprar veneno para s."
24. Igualmente culpables son los que guardan lo que no necesitan para
ningn buen fin.
"Supongamos que cierto hombre tiene muchas manos, ojos y pies, que podra dar
a los mancos y ciegos y cojos, y que dicho hombre guarda esos miembros en un
cofre en lugar de drselos a esos pobres hermanos. No tendramos razn al
considerarle como un ser miserable y cruel? Si en lugar de dar esas manos, ojos y
pies a los que los necesitan, y asegurar as un premio eterno, ese hombre
prefiriese enterrar esos miembros, no haramos bien en tenerlo por loco?
"Ahora bien, el dinero es como los ojos o como los pies. En consecuencia, si
guardamos el dinero al mismo tiempo que algunos hermanos pobres y afligidos lo
necesitan tanto, nuestra crueldad es muy semejante a la del hombre que pudiendo
dar ojos, manos y pies a los ciegos, mancos y cojos, prefiere guardar esos
miembros. Si preferimos enterrar ese dinero en lugar de usarlo bien y asegurar un
premio eterno, somos tan locos como el hombre que teniendo pies, manos y ojos
que dar a los cojos, mancos y ciegos, en lugar de obtener una bendicin eterna,
prefiere enterrar esos miembros."
25. No ser esta otra razn por la que apenas podrn entrar los ricos en el
reino de los cielos? La gran mayora de ellos estn bajo de la maldicin, la
maldicin especial de Dios, puesto que segn el tenor general de sus vidas no
slo estn robando a Dios, malgastando y desperdiciando los bienes del Seor, y
con esos mismos medios corrompiendo sus almas, sino tambin robando a los
pobres, los hambrientos, los desnudos. Haciendo injusticias con las viudas y los
hurfanos. Hacindose responsables de todas las necesidades, aflicciones y
sufrimientos que no remedian porque no quieren. No subir al cielo pidiendo
venganza la sangre de los que perecen por la avaricia de aquellos que entierran el
dinero o lo desperdician? Qu cuenta darn al que ha de juzgar a los vivos y a
los muertos?
26. Podis aprender, en cuarto lugar, de las palabras de nuestro Seor que
son el complemento de las que dijo antes, el mejor modo de emplear el dinero que
no habis menester: "Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orn
corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan." Emplead todos vuestros ahorros
en algo que preste mayor seguridad que este mundo. Poned vuestros tesoros en
el banco del cielo, y Dios os los devolver en el gran da. "A Jehov presta el que
da al pobre, y l le dar su paga." "Ponlo a mi cuenta," dice el Apstol, "yo lo
pagar...por no decirte que aun a ti mismo te me debes dems."
Dad a los pobres con intencin pura, con rectitud de corazn, y escribid: "Dadlo a
Dios," porque "en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeitos, a
m lo hicisteis."
Esta es la parte de un "buen siervo y fiel:" no vender su casa, sus terrenos ni su
capital comercial a no ser que est obligado por razones muy poderosas. No
desear ni procurar aumentarlos, ms que desperdiciarlos en vanidades, sino em-
plearlos enteramente con fines sabios y racionales con que Dios los ha puesto en
sus manos. El mayordomo prudente, despus de haber provisto todo lo necesario
para la vida y las rectas costumbres, se hace amigo con lo que queda de las
riquezas de maldad, para que cuando falte le reciban en las moradas eternas;
para que cuando se disuelva este su tabernculo terreno, los que hayan sido
llevados y estn reclinados en el seno de Abraham, los que hayan comido su pan
y vestido con las ropas que l les haya dado, y alabado a Dios con motivo de esas
caridades, le den la bienvenida al paraso y a la casa de Dios, "eterna en los
cielos."
27. A vosotros, pues, "los ricos de este siglo," os mandamos, puesto que
tenemos autoridad de nuestro Seor y Maestro, que perseveris en hacer el bien;
que constantemente hagis buenas obras. "Misericordiosos, como tambin
Vuestro Padre es misericordioso," quien hace el bien y no se cansa. Hasta dnde
debis ser misericordiosos? Hasta donde alcancen vuestras fuerzas-con todo el
poder que Dios os haya dado. Sea esta vuestra nica norma para hacer el bien y
no las vanas mximas y costumbres del mundo. Os mandamos que seis "ricos en
buenas obras." Si tuviereis mucho, dad con abundancia: "de gracia recibisteis, dad
de gracia," atesorando slo en el cielo. Sed prontos para repartir, a cada cual
segn sus necesidades. Distribuid por todas partes, proteged a los pobres, dad
pan al hambriento, vestid al desnudo, hospedad al extranjero, llevad o mandad
auxilios al que est en la crcel, curad al enfermo no tratando de hacer milagros,
sino mediante la bendicin de Dios que caer sobre vuestra oportuna ayuda.
Defended al oprimido, abogad por la causa de los hurfanos y haced que el
corazn de la viuda se alegre.
28. Os exhortamos en el nombre de nuestro Seor Jesucristo a que con
facilidad comuniquis; que tengis el mismo espritu (si bien no la misma condicin
exterior) de aquellos creyentes de los tiempos antiguos, quienes perseveraban
firmes en esa bendita y santa comunin, en la que "ninguno deca ser suyo nada
de lo que posea, mas todas las cosas les eran comunes." Sed mayordomos
buenos y fieles de Dios y de los pobres, diferencindoos de stos slo en que
tenis todas vuestras necesidades satisfechas con la parte que os ha tocado de
los bienes del Seor, y que adems tenis el privilegio de dar. Atesorad, pues,
buen fundamento para lo por venir, echad mano a la vida eterna. A la verdad, el
gran fundamento de todas las bendiciones de Dios-bien temporales ya eternas-es
el Seor Jesucristo, su justicia, su sangre, lo que ha hecho y sufrido por nosotros,
y "nadie puede poner otro fundamento que el que est puesto," en este sentido, ni
un apstol, ni un ngel del cielo. Pero debido a sus mritos, cualquiera cosa que
hagamos en su nombre es un fundamento que merecer buena recompensa en
aquel da en que "cada uno recibir su recompensa conforme a su labor." Por
consiguiente, "trabajad, no por la comida que perece, mas por la comida que a
vida eterna permanece." Por tanto, todo lo que os viniere a la mano por hacer,
hacedlo segn vuestras fuerzas, perseverando en el bien hacer, buscad "gloria,
honra e inmortalidad."
"No dejes pasar la oportunidad;
Aprovecha los preciosos instantes,
Y en los aos que pasan veloces
Asegura la eternidad."
Haciendo constantemente y con celo toda clase de buenas obras, espera esa hora
feliz cuando el Rey habr de decirte: "Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve
sed, y me disteis de beber; fui husped y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis
enfermo, y me visitasteis; estuve en la crcel, y vinisteis a m.Venid, benditos de
mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundacin del
mundo."
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXVIII
1. ( 1). De los actos religiosos a qu cosa pasa nuestro Seor a discurrir? 2. (
2). Qu cosa es la luz del cuerpo? Qu se dice de la intencin? Cundo se
dice que el ojo del alma es sincero? 3. ( 3). Qu se sigue cuando el ojo es
sincero? 4. ( 4). Cul es el segundo significado de la primera luz? 5. ( 5). En
tercer lugar, qu cosa significa la luz? 6. ( 6). Qu se sigue cuando el ojo es
malo? 7. ( 7). Qu se dice del mal en el corazn? 8. ( 8). Qu se dice de la
destruccin e infelicidad? 9. ( 9). Qu se dice de aquellos que hacen tesoros en
la tierra? De qu modo se les compara con los paganos? 10. ( 10). Qu se
dice de esta fatuidad espiritual? 11. ( 11). Cmo se define este pecado? 12. (
12). Qu cosa podemos discernir claramente ahora? Qu cosa es el pecado de
hacerse tesoros en la tierra? 13. ( 13). En qu palabras se les habla a estos
pecadores? 14. ( 14). Qu dice nuestro Seor respecto de los ricos? 15. ( 15).
Qu se dice de los que desean hacerse ricos? 16. ( 16). Quines son las
personas a propsito para amonestar a estos hombres? 17. ( 17). Qu se dice
de aquellos que pueden despertar y tener conciencia del peligro en que estn?
Les pide Dios que vendan todo lo que tienen? Es aplicable el caso del joven
rico del Evangelio a todos los hombres de posibles? 18. ( 18). Qu se dice en
este punto respecto de confiar en las riquezas? 19. ( 19). Qu otra gran calami-
dad se menciona aqu? 20. ( 20). Pueden las riquezas proporcionar la felicidad?
Por qu no? 21. ( 21). En quin debemos esperar? 22. ( 22). Cul es el
tercer mandato? 23. ( 23). Qu pregunta y qu respuesta se unen aqu? 24. (
24). De qu clase se dice que no tienen disculpa? 25. ( 25). Bajo qu
maldicin especial se dice aqu que estn los ricos? Qu pregunta se hace? 26.
( 26). Cul es el mejor modo de emplear lo que no necesitamos para nosotros
mismos? 27. ( 27). Qu amonestacin se hace a los ricos? 28. ( 28). Con qu
exhortacin concluye el sermn?
[1] Como a la vista enferma la pintura,
Como a la gota el ser muy fomentada,
O como al odo la ctara destemplada.
[2] El morir es natural, todo lo has de dejar.
Terrenos, mansiones, tu amada esposa.
De todos los rboles que has sabido cultivar,
Solo te ha de esperar el ciprs, junto a la losa.
SERMON XXIX
ANLISIS
I. Culto mezclado de los samaritanos, que teman al Seor y servan a sus
dioses. Cargo que puede hacerse en contra de algunos cristianos modernos. Ni
los paganos de otros tiempos temieron verdaderamente al Seor ni los cristianos
de nuestra poca le temen, puesto que ni aqullos ni stos han guardado sus
mandamientos. Ninguno puede servir a dos seores.
II. Definicin del dios de las riquezas. Se explica lo que es servir a Dios y a
Mammn. Slo creyendo en Dios podemos servirle. Lo que significa esta fe. El
segundo requisito es el amor de Dios. El tercero, asemejarse a El o imitarle. El
ltimo es obedecerle. Estas son las propiedades esenciales en el servicio de Dios.
III. Se define el servicio de Mammn. Confiar en las riquezas: esperar
encontrar la felicidad en el mundo, lo que hace de ste el fin principal de las
acciones y designios. En segundo lugar, el servicio de Mammn incluye el amor
del mundo, conformidad con sus costumbres, opiniones y prcticas. Finalmente,
es obediencia al mundo y conformidad exterior con todo lo que requiere.
IV. Los dos cultos no pueden reconciliarse. No puede rendirse-en conformidad
con la naturaleza del hombre- culto a Dios y a Mammn. No es posible obedecer y
servir a los dos a un mismo tiempo.
V. No se prohbe la providencia ni la economa. El no acongojarse por lo que
ser maana, no justifica la ociosidad ni la falta de providencia. Se recomienda ser
industrioso. Lejos de prohibir, se aconseja el arreglo maduro y ordenado de los
negocios. El pensar no condena, sino el afligirse. El cuidado lleno de ansiedad y
zozobra que acorta la vida y acongoja el nimo, que nos hace anticipar toda la
miseria que tememos y nos atormenta de antemano, es el cuidado que se
condena. Las necesidades del cuerpo, la comida, la bebida y el vestido, sern
satisfechos si primero buscamos el reino de Dios y su justicia. Se explica lo que es
la justicia.
VI. Queda prohibida esa ansiedad respecto del futuro que nos incapacita para
el cumplimiento de nuestros deberes. Tanto en las cosas temporales como en las
espirituales puede manifestarse esta congoja que, en cualquier caso, est en
desacuerdo con los deberes y la felicidad de lo presente. Las tentaciones que ven-
drn maana no deben inquietarnos. Cuando venga el da de maana, bastar al
da todo lo bueno y lo malo que consigo traiga. Cada da trae sus aflicciones y su
gracia, basta al da su afn.
SERMON XXIX
SOBRE EL SERMON DE NUESTRO SEOR
EN LA MONTAA (IX)
Ninguno puede servir a dos seores; porque o aborrecer al uno y amar al otro, o
se llegar al uno y menospreciar al otro: no podis servir a Dios y a Mammn.
Por tanto os digo: No os congojis por vuestra vida, qu habis de comer, o qu
habis de beber; ni por vuestro cuerpo, qu habis de vestir: no es la vida ms
que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad las aves del cielo que no
siembran, ni siegan, ni allegan en alfoles; y vuestro Padre celestial las alimenta.
No sois vosotros mucho mejores que ellas? Mas quin de vosotros podr
congojndose aadir a su estatura un codo? Y por el vestido, por qu os
congojis? Reparad los lirios del campo, cmo crecen; no trabajan ni hilan; mas os
digo, que ni aun Salomn con toda su gloria fue vestido as como uno de ellos. Y
si la hierba del campo que hoy es, y maana es echada en el horno, Dios la viste
as, no har mucho ms a vosotros, hombres de poca fe? No os congojis, pues,
diciendo: Qu comeremos, o qu beberemos, o con qu nos cubriremos? Porque
los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de
todas estas cosas habis menester. Mas buscad primeramente el reino de Dios y
su justicia, y todas estas cosas os sern aadidas. As que, no os congojis por el
da de maana; que el da de maana traer su fatiga: basta al da su afn (Mateo
6: 24-34).
1. Escrito est de los pueblos con que el rey de Asiria- despus de haber
llevado a Israel en cautiverio-coloniz a las ciudades de Samaria, que "teman a
Jehov y honraban a sus dioses." Estas naciones, dice el escritor inspirado, "te-
man a Jehov." Le rindieron un culto exterior (prueba clara de que tenan el temor
de Dios, si bien no conforme a conocimiento), "y sirvieron a sus dolos: y tambin
sus hijos y sus nietos, segn que hicieron sus padres, as hacen hasta hoy" (II
Reyes 17:33, 41).
Cmo se asemeja la prctica de muchos de los cristianos modernos a esta de los
antiguos paganos! "Temen a Jehov"-le rinden un culto exterior y en esto
demuestran que tienen algn temor de Dios-pero al mismo tiempo sirven "a sus
dolos." Hay quienes les ensee, como los que enseaban a los asirios "la
costumbre del Dios del pas;" el Dios cuyo nombre el pas tiene hasta hoy da y a
quien en un tiempo se le rindi un culto santo. Sin embargo, no le sirven a El slo;
no le temen lo suficiente para esto, mas cada nacin se hace sus dioses: cada
nacin en su ciudad donde habita. Estas naciones temen a Jehov; no han omitido
la forma exterior del culto que le rinden, pero honran tambin a sus dolos: plata y
oro, la obra de las manos de los hombres; el dinero, los placeres, las alabanzas,
los dolos de este mundo reciben ms de la mitad del culto que slo a Dios se
debe. "Y tambin sus hijos y nietos segn que hicieron sus padres, as hacen
hasta hoy."
2. Pero si bien se puede decir, hablando sin precisin y segn la costumbre
de los hombres, que esos pobres paganos temen a Jehov, sin embargo, haremos
observar que el Espritu Santo, hablando de toda conformidad con la verdad y
naturaleza real de las cosas, inmediatamente aade: "Ni temen a Jehov...ni
hacen segn la ley y los mandamientos que prescribi Jehov a los hijos de
Jacob, con los cuales haba Jehov hecho pacto, y les mand diciendo: No
temeris a otros dioses, ni les serviris...Mas temed a Jehov vuestro Dios y l os
libertar de mano de todos vuestros enemigos."
El mismo Espritu infalible de Dios, y a la verdad, todos aquellos a quienes ha
abierto los ojos del entendimiento para poder discernir las cosas de Dios, pasan
idntico juicio respecto de esos pobres cristianos, as llamados. Hablando en
conformidad con la verdad y la naturaleza real de los hechos, podemos decir que
"ni temen a Jehov, ni le sirven," puesto que no hacen segn el pacto que Jehov
haba hecho con ellos, ni segn la ley y los mandamientos que les prescribi,
diciendo: "Al Seor tu Dios adorars, y a l solo servirs." Hasta el da de hoy
sirven a otros dioses, pero "ninguno puede servir a dos seores."
3. Qu cosa tan torpe es en cualquier hombre el tratar de servir a dos
seores! porque muy fcil es prever la consecuencia inevitable de semejante
propsito. "O aborrecer al uno y amar al otro; o se llegar al uno, y menos-
preciar al otro." Si bien se proponen por separado las dos clusulas de esta
sentencia, deben entenderse la una en relacin con la otra porque la segunda es
consecuencia de la primera. Naturalmente se allegar al que ama. Se allegar a El
de tal manera que de toda voluntad, fe y diligencia le rendir cualquier servicio y al
mismo tiempo despreciar al Seor que aborrece, cuando menos al grado de no
obedecer sus mandatos o de cumplir con ellos de una manera indiferente y con
poco inters. Por consiguiente, cualquiera que sea la opinin de los hombres
sabios del mundo, "no podis servir a Dios y a Mammn."
4. Mammn es el nombre de un dios pagano que se supone presida sobre
las riquezas. Se entiende aqu de las riquezas mismas, plata u oro, dinero en
general, y en sentido figurado, todo lo que se puede obtener con el dinero como
una vida fcil, honra y los placeres de los sentidos. Empero, qu debemos
entender con estas palabras servir a Dios, y servir a Mammn?
A no ser que creamos en Dios, no podremos servirle. Este es el nico fundamento
verdadero para servirle. Por consiguiente, creer en Dios, como "el cual nos
reconcili a s por Cristo;" creer en El como en un Dios amante y que perdona, es
la primera gran parte de su culto. As es que creer en Dios significa confiar en El
como nuestra ayuda, sin la cual nada podemos hacer; como Aquel que a cada mo-
mento nos infunde poder de lo alto sin el cual no es posible agradarle; como
nuestro socorro y nico amparo en tiempo de trabajos, quien nos hace escuchar a
nuestro derredor cantos de liberacin; como nuestro escudo y defensa, y Aquel
que nos ayuda a levantar nuestra cabeza sobre los enemigos que nos circundan.
Significa confiar en Dios como nuestra felicidad; como el centro de nuestros
espritus; el nico descanso de nuestras almas; el nico bien adecuado a todas
nuestras facultades y capaz de satisfacer todos los deseos que nos ha dado.
Significa (lo que se relaciona muy de cerca con lo anterior) confiar en Dios como
nuestro fin. Tener la vista fija en El en todas las cosas. Usar de todo como medios
de gozarle. Ver, dondequiera que nos encontremos y en cualquier ocupacin, al
Invisible; ver que nos mira complaciente y dejar que El decida todas las cosas por
medio de Jesucristo.
5. As que servir a Dios significa, en primer lugar, creer en El. En segundo,
amarle. Ahora bien, amar a Dios segn ensea la Sagrada Escritura, conforme al
modo que Dios mismo manda y que al mandar promete obrar en nosotros, es
amarle como al Dios nico, es decir: de todo nuestro corazn, y de toda nuestra
alma, y de toda nuestra mente, y de todas nuestras fuerzas. Es desear a Dios por
Dios mismo, y nada ms que no se refiera a El; regocijarse en Dios, deleitarse en
El. No slo buscar la felicidad en El, sino encontrarla. Gozar a Dios como el mejor
entre miles; descansar en El como nuestro Dios y nuestro todo. En una palabra,
poseer a Dios de tal manera que nos sintamos siempre felices.
6. Servir a Dios consiste, en tercer lugar, en asemejarnos a El o imitarle. As
dice uno de los padres antiguos: Optimus Dei cultus, imitari quem colis: "El mejor
culto que se le puede rendir a Dios es imitarle."
Hablamos aqu de imitar a Dios o de asemejamos a El en el espritu de nuestras
mentes-porque la verdadera imitacin de Dios empieza por esto. "Dios es
Espritu," y los que quieran imitarle o asemejarse a El, deben hacerlo "en espritu y
en verdad."
Ahora bien, Dios es amor. Por consiguiente, los que se asemejan a El en el
espritu de sus mentes se transforman en la misma imagen: son misericordiosos
como El es misericordioso. Su alma es todo amor. Son afables, benevolentes,
compasivos, de corazn tierno, y eso no slo para con los buenos y amables, sino
tambin para con los dscolos. Ms an, son, como El, amantes de todos los
hombres y su misericordia se extiende sobre todas sus obras.
7. Servir a Dios significa otra cosa ms: obedecerle, glorificarle en nuestros
cuerpos lo mismo que en nuestros espritus; guardar sus mandamientos
exteriores; hacer fielmente todo lo que ha ordenado; evitar cuidadosamente hacer
lo que ha prohibido; poner por obra todos los actos ordinarios de la vida con un ojo
sincero y un corazn puro, ofrecindolos todos en amor santo y ferviente como
sacrificios a Dios por medio de Jesucristo.
8. Pasemos ahora a considerar lo que por otra parte, significa servir a
Mammn. En primer lugar, significa confiar en las riquezas, en el dinero o las
cosas que se pueden comprar, como nuestra ayuda, como los medios de llevar a
cabo cualquier obra que hayamos emprendido. Confiar en ellas como nuestro
amparo, en el que esperamos hallar consuelo o proteccin en tiempo de afliccin.
Significa buscar en el mundo la felicidad, suponer que la vida del hombre, el
consuelo de su vida, "consiste en la abundancia de las cosas que posee." En
tratar de encontrar descanso en las cosas que se ven; el contentamiento en la
abundancia; esperar esa satisfaccin de las cosas del mundo que slo puede
encontrarse en Dios. Si de esta manera estamos obrando, no podemos menos
que hacer del mundo el objeto de nuestra existencia, el ltimo fin, si no de todas,
al menos de muchas de nuestras empresas, de muchas de nuestras acciones y
designios en los que slo procuramos el aumento de nuestra riqueza, recibir
alabanzas o gozar de los placeres, ganar una porcin mayor de las cosas de este
mundo sin ocuparnos de las cosas eternas.
9. Servir a Mammn significa, en segundo lugar, amar al mundo-desearlo por
lo que es; derivar nuestros goces de sus cosas y fijar en ellas nuestros corazones;
buscar (lo que a la verdad es imposible encontrar) nuestra felicidad en ese mundo;
apoyarnos con todo el peso que agobia nuestras almas, en ese bordn de caa
frgil a pesar de que segn nuestra experiencia diaria, no puede sostenernos, sino
que al contrario, entrarsenos por la mano y nos la atravesar.
10. El tercer significado de servir a Mammn es asemejarse al mundo y
conformarse con l-tener no slo designios, sino deseos, genios, afectos
adecuados al mundo. Tener una mente terrena, sensual, encadenada con las
cosas de la tierra. Ser voluntariosos, amantes de nosotros mismos en extremo;
pensar muy alto de nuestras habilidades; desear las alabanzas de los hombres y
deleitarse con ellas; temer, evitar y aborrecer el reproche; ser impacientes bajo la
reprensin, enojarnos fcilmente y estar prestos a devolver mal por mal.
11. Finalmente, servir al dios de las riquezas es rendir obediencia al mundo,
estando exteriormente de conformidad con sus mximas y costumbres; caminando
como los dems hombres en la va comn, ancha, pareja y conocida; estar de
moda; seguir a la multitud; hacer lo mismo que nuestros prjimos, es decir, seguir
la voluntad de la carne y de la mente, satisfacer nuestros apetitos e inclinaciones;
sacrificar todo en todo el curso tanto de nuestras palabras como de nuestras
acciones. Ahora bien, qu cosa puede haber ms clara que la imposibilidad de
servir a Dios y a Mammn?
12. Todo individuo debe comprender que no puede servir a ambos sin
incomodarse. Que titubear entre Dios y el mundo es el modo ms seguro de
quedar mal con los dos y no encontrar descanso en el uno ni en el otro. Qu triste
debe ser la condicin de aquel que, teniendo el temor mas no el amor de Dios,
quien, sirvindole, mas no con todo su corazn, slo tiene los trabajos de la
religin y no goza de sus placeres! La religin que posee le basta para hacerlo
miserable, y no le da felicidad. No le permite gozar del mundo, ni el mundo le deja
gozar a Dios. De manera que, al vacilar entre ambos pierde a los dos y no tiene
paz con Dios ni con el mundo.
13. Todo individuo debe comprender que su naturaleza misma evita que l
pueda servir a ambos. Qu inconsecuencia mayor puede darse, que la que
aparece constantemente en la conducta del que trata de obedecer a dos seores,
a Dios y a Mammn? En verdad que es un pecador que camina en dos vas,
dando un paso hacia adelante y otro hacia atrs. Est continuamente edificando
con una mano y destruyendo con la otra; ama el pecado y lo aborrece; siempre
est buscando a Dios y huyendo de El al mismo tiempo; quiere decidirse y no
quiere resolverse. No es el mismo hombre durante todo un da, ni siquiera por una
hora entera. Es una mezcla extraa de toda clase de contrariedades; un grupo de
contradicciones confusamente revueltas. Ah, obrad de acuerdo con vuestra
propia naturaleza de un modo o de otro! Torced a la mano derecha o a la
izquierda! Si el dios de las riquezas es Dios, servidle, pero si lo es el Seor,
entonces servid a Este. No queris servir a cualquiera de los dos si no lo hacis de
todo corazn.
14. Toda persona racional, todo hombre que piensa, debe ver que no es
posible servir a Dios y a Mammn, puesto que entre los dos existe la oposicin
ms absoluta, la enemistad ms irreconciliable-oposicin en comparacin de la
cual no es nada la que existe en las cosas ms opuestas de la tierra, entre el
fuego y el agua, la luz y las tinieblas, de manera que al servir de cualquier manera
al uno, es inevitable renunciar al otro.
Creis en Dios por medio de Cristo? Confiis en El como vuestra fortaleza,
vuestra ayuda, vuestro escudo, vuestra gran recompensa, vuestra felicidad,
vuestro fin en todas y sobre todas las cosas? Entonces no podis confiar en las ri-
quezas. Os es absolutamente imposible hacerlo mientras tengis esta fe en Dios.
Ponis vuestra confianza en las riquezas? Entonces habis negado la fe, no
esperis en el Dios viviente. Amis a Dios y buscis en El vuestra felicidad? En-
tonces no podis amar al mundo, ni las cosas del mundo; estis crucificados al
mundo y el mundo os ha sido crucificado. Amis al mundo? Habis puesto
vuestros afectos en las cosas de abajo? Buscis vuestra felicidad en las cosas
de la tierra? Entonces es imposible que amis a Dios, el amor del Padre no est
en vosotros. Os asemejis a Dios? Sois misericordiosos como vuestro Padre
tambin es misericordioso? Habis sido transformados por la renovacin de
vuestra mente a la imagen de Aquel que os cre? Entonces no podis estar de
conformidad con el mundo; habis renunciado a todos sus afectos y
concupiscencias. Estis de conformidad con el mundo? An lleva vuestra alma
la imagen de lo terreno? Entonces no estis renovados en el espritu de vuestra
mente; no llevis la imagen de lo celestial. Obedecis a Dios? Tenis celo en
hacer su voluntad en la tierra, como los ngeles la hacen en el cielo? Entonces es
imposible que obedezcis al dios de las riquezas pues desafiis al mundo
abiertamente; hollis sus mximas y costumbres bajo vuestras plantas, y no las
segus ni os dejis guiar por ellas. Segus al mundo? Vivs como viven los
dems hombres? Tratis de estar bien con los dems? Procuris agradaros a
vosotros mismos? Entonces no podis ser siervos de Dios; sois hijos de vuestro
padre y maestro, el diablo.
15. Por consiguiente, al Seor tu Dios adorars, y a El slo servirs. Haced a
un lado toda idea de obedecer a dos seores, de servir a Dios y a Mammn. No os
propongis ningn fin, ayuda ni felicidad, sino a Dios. Nada busquis en el cielo o
en la tierra fuera de El. Nada procuris, sino conocerle, amarle y gozarle. Y puesto
que a esto se reduce el gran negocio de vuestra existencia en la tierra, el nico
propsito justo que podis tener, el nico fin que en todas las cosas debis seguir,
os digo, como nuestro Seor dijo al continuar su discurso: "No os congojis por
vuestra vida, qu habis de comer, o qu habis de beber; ni por vuestro cuerpo,
que habis de vestir." Esta es una seria y profunda afirmacin que merece
considerarse y entenderse plenamente.
16. Nuestro Seor no nos pide en este punto que dejemos de pensar
completamente respecto de las cosas necesarias para la vida. Un carcter voluble
y descuidado es enteramente contrario a la religin de Jesucristo. No nos pide
tampoco que seamos perezosos en los negocios, descuidados o tardos, lo que se
opone igualmente al espritu y genio de su religin. Los cristianos aborrecen la
pereza tanto como la embriaguez, y huyen de la ociosidad tanto como del adul-
terio. Saben perfectamente que ciertos pensamientos y cuidados que son
absolutamente necesarios en el desempeo del trabajo que la Providencia divina
les ha sealado, agradan a Dios.
La voluntad de Dios es que todo hombre trabaje para ganar el pan y proveer para
los suyos, aquellos que de l dependen. Igualmente desea que no debamos a
nadie nada, sino que procuremos lo bueno delante de los hombres. Esto, sin
embargo, no puede llevarse a cabo sin pensar antes, sin tener algn cuidado en
nuestras mentes, y muchas veces sin largas y maduras meditaciones y profundos
cuidados. Por consiguiente, nuestro bendito Seor no condena estos esfuerzos
por obtener todo lo necesario para nosotros y nuestras familias. Ms an, esos
esfuerzos son buenos y agradables en la presencia de Dios nuestro Salvador.
Es una cosa buena y agradable en la presencia de Dios que pensemos respecto
de lo que tenemos entre manos, a fin de tener una idea clara de lo que vamos a
hacer y hagamos planes relativos a nuestros negocios antes de emprenderlos. Es
muy justo que de tiempo en tiempo consideremos con todo detenimiento los pasos
que hemos de dar en nuestros negocios, que preparemos todas las cosas de
antemano a fin de conducirlos de la manera ms efectiva. De ninguna manera
intent nuestro Seor condenar esta clase de cuidado.
17. Lo que condena en este lugar es el cuidado del corazn, ese cuidado lleno
de inquietud y ansiedad que atormenta. La ansiedad hace mal al alma o al cuerpo.
Lo que prohbe es ese cuidado que, segn lo demuestra la triste experiencia,
debilita la sangre y aniquila el nimo; anticipa toda la miseria que teme, y viene a
atormentarnos antes de tiempo. El prohbe slo ese cuidado que envenena las
bendiciones de hoy da, sugiriendo temores respecto de lo que ser maana; que
no deja gozar tranquilamente de lo presente, por miedo a las necesidades que
afligirn en lo futuro.
Este cuidado no slo es una enfermedad aguda, una epidemia peligrosa del alma,
sino una grave ofensa a Dios; un pecado muy negro; un gran insulto al
misericordioso y sabio Gobernador de todas las cosas, ya que sugiere que el gran
Juez no hace lo bueno; que no ordena bien todo. Quiere decir que le falta
sabidura; que no sabe de qu cosas tenemos necesidad; que no es
suficientemente bueno para proveer todas las cosas para aquellos que han puesto
en El su esperanza.
Cuidad, por lo tanto, de no congojaros en este sentido. No tengis ansiedad
respecto de nada, ni pensamientos llenos de afliccin. Esta es una regla clara y
segura. El cuidado lleno de ansiedad es lcito. Mirando con sinceridad a Dios,
haced cuanto est a vuestro alcance por obtener todo lo necesario de una manera
honrada en presencia de los hombres, y despus entregad todo en mejores
manos: dejadlo a Dios.
18. "No os congojis" de esta manera, ni aun "por vuestra vida, qu habis de
comer o qu habis de beber; ni por vuestro cuerpo, qu habis de vestir." Si Dios
os ha dado la vida, el mayor don, no os dar alimentos con qu sostenerla? Si os
ha dado el cuerpo, cmo podis dudar de que os dar vestido para cubrirlo,
mxime si os entregis a El y le servs de todo corazn? "Mirad las aves del cielo
que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfoles"-y sin embargo, no les falta
nada-"vuestro Padre celestial las alimenta: no sois vosotros mucho mejores que
ellas?" Vosotros que sois criaturas capaces de obedecer a Dios, no sois de
mayor importancia en los ojos de Dios, dignos de ocupar un lugar ms importante
entre los seres vivientes? "Mas, quin de vosotros podr congojndose aadir a
su estatura un codo?" De qu os aprovecha el tener estos pensamientos llenos
de ansiedad? Es absolutamente estril e intil.
"Y por el vestido, por qu os congojis?" No os reprueban todas las cosas que
encontris por dondequiera que volvis la vista? "Reparad los lirios del campo,
cmo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo que ni aun Salomn con toda su
gloria fue vestido as como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y
maana es echada en el horno" (cortada, quemada, y que desaparece) "Dios la
viste as, no har mucho ms a vosotros, hombres de poca fe?" Vosotros, a
quienes cre para vivir por siempre jams, para ser los reflejos de su eternidad. En
verdad que somos hombres de poca fe, de otra manera no dudaramos por un
solo momento de su amor y cuidado.
19. "No os congojis, pues, diciendo: Qu comeremos?" si no nos hacemos
tesoros en la tierra; "qu beberemos?" si servimos a Dios con todas nuestras
fuerzas, si fijamos sinceramente nuestra mirada en El; "o con qu nos cubrire-
mos?" si no estamos en conformidad con el mundo, si no tenemos contentos a los
que pueden sernos tiles. "Porque los Gentiles buscan todas estas cosas"-los
paganos que no conocen a Dios. Pero vosotros sois sensatos y "vuestro Padre
celestial sabe que de todas estas cosas habis menester." El nos ha enseado el
modo infalible de proveemos constantemente de esas cosas: "Buscad
primeramente el reino de Dios y su justicia; y todas estas cosas os sern
aadidas."
20. "Buscad primeramente el reino de Dios," antes de tener cualquier otro
deseo o cuidado. Procurad que Dios, el Padre de nuestro Seor Jesucristo, que
dio a su Hijo unignito para que todo aquel que en El crea no se pierda, mas tenga
vida eterna, reine en vuestro corazn, se manifieste en vuestra alma, more y
gobierne en ella, para que destruya consejos y toda altura que se levanta contra la
ciencia de Dios, y "cautive todo intento a la obediencia de Cristo." Que slo Dios
domine en vosotros; que El solo reine sin rival alguno. Dejad que se posesione de
vuestro corazn y le gobierne solo. Sea El vuestro nico deseo, vuestro gozo,
vuestro amor, para que todo vuestro ser exclame constantemente: El Seor Dios
Todopoderoso reine.
"Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia," la justicia que es el fruto del
reino de Dios en el corazn. Y qu cosa es justicia sino amor, el amor a Dios y a
todo el gnero humano? Esa justicia que emana de la fe en el Seor Jesucristo, y
produce la humildad de la mente, mansedumbre, afabilidad, paciencia, indiferencia
como si estuvisemos muertos para el mundo. Todas las disposiciones rectas del
corazn, respecto de Dios y de los hombres, por medio de las cuales se producen
todas las acciones santas, todo lo que inspira amor y es bueno, todas las obras de
fe y amor que son aceptables a Dios y provechosas a los hombres.
"Su justicia." Esta es toda su justicia; es su don libre que por medio de Jesucristo
el Justo nos concede, por quien fue asegurado para nosotros. Es su obra; El es
quien obra en nosotros por la inspiracin del Espritu Santo.
21. Tal vez la madura consideracin de esto aclare el sentido de otros pasajes
de la Sagrada Escritura, que no siempre hemos entendido fcilmente. Hablando el
apstol Pablo, en su epstola a los Romanos, de los judos incrdulos, dice:
"Ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han
sujetado a la justicia de Dios."
Creo que uno de los significados de esas palabras es este: "Ignoraban la justicia
de Dios." No slo la justicia de Cristo que se atribuye a todo aquel que cree y en
virtud de la cual todos sus pecados son borrados, y se reconcilia otra vez con
Dios, sino (lo que aqu parece entenderse ms directamente) que ignoraban esa
justicia interior, esa santidad del corazn que con la mayor propiedad se llama "la
justicia de Dios." Esta es su don gratuito por medio de Cristo, y, a la vez, la obra
de su Espritu omnipotente.
Como quiera que ignoraban esta justicia, procuraban establecer la suya propia. Se
esforzaban por establecer esa justicia exterior que con razn pudiera decirse que
era la suya propia, puesto que no era la obra del Espritu de Dios, ni fue
reconocida o aceptada por El. Muy bien podan con sus propias fuerzas obrar esta
justicia que vena a ser como hedor que ofenda. Y sin embargo, confiando en tal
justicia, no se sujetaron a la justicia de Dios, sino que se endurecieron ms en
contra de la fe, que es el nico medio de obtenerla. "Porque el fin de la ley es
Cristo, para justicia a todo aquel que cree." Al decir Cristo: "Consumado es,"
cancel la ley-la ley exterior de ritos y ceremonias-a fin de proporcionar una
justicia mejor por medio de su sangre, por esa oblacin suya una vez ofrecida, aun
la imagen de Dios, a lo ms ntimo del alma del creyente.
22. Muy semejantes a estas son las palabras que dirige a los filipenses:
"Tngolo todo por estircol para ganar a Cristo;" la entrada en su reino eterno, "y
ser hallado en l," creyendo en El, "no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino
la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe."-"No teniendo mi
justicia, que es por la ley." Una justicia puramente exterior, la religin externa que
yo tena antes cuando esperaba ser aceptado por Dios porque era "cuanto a la
justicia que es en la ley, irreprensible"-"sino la que es por la fe de Cristo, la justicia
que es de Dios por la fe," esa santidad de corazn, esa renovacin del alma en
todos sus deseos, disposiciones y afectos que son de Dios, la obra de Dios y no
del hombre. "Por la fe," la fe en Cristo, por medio de la revelacin de Jesucristo en
nosotros y por fe en su sangre. La nica manera por la que obtenemos remisin
de nuestros pecados y herencia entre los santificados.
23. "Buscad primeramente" este "reino de Dios" en vuestros corazones-esta
justicia que es el don de Dios, la imagen de Dios renovada en vuestras almas-"y
todas estas cosas os sern aadidas." Todas las cosas necesarias para el cuerpo;
todo lo que Dios sabe es en adelanto de su reino. Sern como ganancias y an
ms. Al buscar la paz y el amor de Dios encontraris no slo aquello que con ms
precisin habis menester, el reino que no puede mudarse, sino tambin lo que no
buscis, y esto no por su valor intrnseco, sino con referencia a lo anterior. En el
camino del reino encontraris todas las cosas que os convenga poseer. Dios
tendr cuidado de esto. El sabe de qu cosas tenis necesidad y no dejar de
procurar todo lo que os haga falta.
24. "As que, no os congojis por el da de maana." No os apuris por hacer
tesoros en la tierra, por haceros ms ricos; por obtener ms alimentos de los que
podis comer, ms vestidos de los que podis usar o ms dinero del que de da en
da se necesita para los objetos racionales y sencillos de la vida. No os apuris ni
siquiera respecto de aquello que es absolutamente necesario para el cuerpo. No
os congojis pensando qu haris cuando llegue cierto momento an lejano. Tal
vez ese momento no llegue nunca, o si llega en nada os afecte, mas os encuentre
en la eternidad. La visin de lo futuro no os pertenece, puesto que no sois sino
criaturas de un da. Y a la verdad, hablando estrictamente, qu tenis que ver
con el da de maana? Por qu estis perplejos sin necesidad? Dios provee hoy
da lo necesario para sustentar la vida que os ha dado. Eso basta, poneos en sus
manos-si vivs otro da ms, El proveer.
25. Sobre todo, no dejis de cumplir con vuestros deberes en lo presente, con
el pretexto de que os congojis respecto de lo futuro. Este es peor medio de
"congojarse por el da de maana." Y qu cosa tan comn entre los hombres es
sta! Si los exhortamos a que tengan una conciencia limpia de toda ofensa, a que
se abstengan de todo aquello que estn convencidos es malo, no vacilan en
contestar: "Cmo debemos vivir entonces? No debemos cuidar de nuestras fa-
milias y de nosotros mismos?" Se figuran que esta es una razn suficiente para
continuar en pecado voluntariamente y a sabiendas. Dicen, y tal vez lo crean, que
desean servir a Dios, pero que temen perder su pan antes de mucho. Quieren pre-
pararse para la eternidad, pero temen carecer de las cosas necesarias para la vida
de manera que por un pedazo de pan sirven al diablo. Corren hacia el infierno por
miedo a la necesidad. Tiran sus pobres almas por temor a que tarde o temprano
les falte lo necesario para el cuerpo.
Nada extrao es que los que de tal manera desconfan de Dios, no consigan las
cosas que tanto desean; que al despreciar el cielo por obtener las cosas
terrenales, pierdan el primero sin obtener las segundas. Dios sufre esto frecuente-
mente en el curso sabio de su providencia, de modo que aquellos que no ponen
su confianza en Dios, quienes congojndose por las cosas temporales se cuidan
poco de las eternas, pierden aquello mismo que haban escogido. Todo lo que se
proponen hacer se arruina. Nada de lo que tienen entre manos prospera. Por
tanto, despus de abandonar a Dios por amor del mundo, pierden lo que buscaron
lo mismo que lo que no buscaron. No consiguen el reino de Dios y su justicia, ni
les son aadidas las dems cosas.
26. Hay otro modo de "congojarse por el da de maana," que se prohbe
igualmente en estas palabras. Se puede uno preocupar aun respecto de las cosas
espirituales; tener tanto cuidado de lo que habr de acontecer en lo futuro que se
llegue a olvidar lo presente. Y cun insensiblemente caemos en esto cuando
dejamos de velar y orar! Con cunta facilidad nos dejamos deslizar en una
especie de sueo despierto, haciendo castillos en el aire y dibujando magnficos
paisajes en nuestra imaginacin! Pensemos en el bien que haremos cuando
estemos en tal lugar, o cuando llegue cierto tiempo; lo tiles que seremos, ricos en
buenas obras cuando lleguemos a estar en mejores circunstancias; con qu
sinceridad serviremos a Dios cuando ya no existan los impedimentos que tenemos
en nuestro camino.
O tal vez vuestra alma se encuentre angustiada. Dios parece haber escondido su
rostro de entre vosotros-veis apenas la luz de su faz; no podis probar su amor
que redime- y en tal estado de la mente, cun natural es exclamar: "Cmo
alabar al Seor, cuando la luz de su rostro ilumine otra vez mi alma! Cmo
exhortar a otros a que le alaben cuando se derrame otra vez su amor en mi
corazn! Entonces har esto y lo de ms all. Hablar de Dios en todos los
lugares. No me avergonzar del Evangelio de Cristo. Entonces redimir el tiempo;
usar hasta donde mejor pueda de todo el talento que Dios me ha dado." No os
engais: no haris eso que decs, a no ser que ahora mismo lo hagis. "El que es
fiel en lo muy poco"- en cualquier cosa que fuere, ya sea en las cosas materiales,
o bien en el temor y amor de Dios-"tambin en lo ms es fiel." Mas si ahora
escondis un talento en la tierra, entonces esconderis cinco-esto es, si es que
alguna vez lo recibs. Pero hay pocos motivos para esperar que los recibis jams,
a la verdad, "a cualquiera que tiene"-es decir, al que usa lo que tiene-"se le dar y
tendr ms; pero al que no tiene"-es decir, al que no hace uso de la gracia que ha
recibido, bien en mayor o menor grado-"aun lo que tiene le ser quitado."
27. No os congojis por las tentaciones que vendrn maana. Este es
tambin un engao peligroso. No pensis ni digis, "Cuando me venga la
tentacin, qu har? cmo resistir? Siento que no tengo fuerzas para resistir,
no puedo vencer a ese enemigo." Es cierto: no tenis las fuerzas que no
necesitis ahora; al presente no podis vencer a ese enemigo, pero por ahora no
os ataca. Con la gracia que ahora tenis no podrais resistir las tentaciones que
an no os vienen, pero cuando la hora llegue, vendr la gracia. En pruebas ms
grandes tendris mayores fuerzas. Cuando abunden los sufrimientos, las
consolaciones de Dios abundarn tambin en la misma proporcin, de manera
que en todo caso, la gracia de Dios os bastar. "No os dejar ser tentados"-hoy
da-"ms de lo que podis llevar;" y "juntamente con la tentacin dar tambin la
salida." "Como tus das, as tambin ser tu fortaleza."
28. Dejad, pues, que el da de maana traiga su fatiga. Es decir, cuando
llegue el da de maana, entonces pensad en l. Vivid en el da de hoy. Procurad
con toda sinceridad aprovechar lo presente que es vuestro y todo lo que del
tiempo poseis. El pasado es nada, como si nunca hubiera sido. El futuro no es
nada para vosotros; no es vuestro, tal vez nunca lo ser. No hay que depender de
lo que an no ha venido, puesto que no sabis lo que traer el da de maana. Por
consiguiente, vivid en el da de hoy. No perdis una sola hora, usad todos los
instantes, porque eso es todo lo que poseis. Quin sabe las cosas que han
existido antes de l o que existirn despus de l, debajo del sol? Dnde estn
ahora las primeras generaciones del gnero humano? Pasaron, estn olvidadas;
existieron, vivieron en sus das; desaparecieron de sobre la faz de la tierra como
caen las hojas secas de los rboles; se desvanecieron en el polvo comn. Una
raza sucede a otra raza, y despus seguirn las generaciones de sus padres y no
volvern a ver la luz. Ahora te toca estar en la tierra. "Algrate, mancebo, en tu
mocedad y tome placer tu corazn en los das de tu juventud." Goza de lo
presente, disfruta de Aquel cuyos aos no acabarn. Fija tu mirada con toda
sinceridad en Aquel "en el cual no hay mudanza ni sombra de variacin." Ahora
mismo dale tu corazn; repsate en El; s santo como El tambin es santo.
Aprovecha la oportunidad bendita de hacer su voluntad santa y aceptable. Re-
gocjate en reputar "todas las cosas prdida," para que puedas ganar a Cristo.
29. Sufre con gusto y por amor suyo, cualquiera afliccin que te mande hoy
da, pero no te congojes por las aflicciones de maana. "Basta al da su afn."
Afn, hablando en el lenguaje de los hombres, es reproche o necesidad, dolor o
enfermedad, pero en el lenguaje de Dios, es bendicin. Es un blsamo precioso,
preparado por la sabidura de Dios y distribuido entre sus hijos, segn las
diferentes enfermedades de sus almas. En un da da lo suficiente para ese da, en
proporcin a la necesidad y las fuerzas del paciente. Por lo tanto, si arrebatas hoy
da lo que pertenece al de maana, si aades esto a lo que ya se te ha dado, ser
ms de lo que puedas aguantar. Esto no es curar, sino destruir tu alma. Toma
pues lo que te da hoy da. Haz hoy su voluntad sometindote a ella. Ahora mismo
entrgate en cuerpo, alma y espritu a Dios por medio de Jesucristo, no deseando
sino glorificar a Dios en cuanto eres, haces y sufres, sin procurar otra cosa, sino
conocer a Dios y a su Hijo Jesucristo por medio del Espritu eterno, no procurando
sino amarle, servirle y gozarle en esta hora y en la eternidad.
Y ahora, a Dios el Padre, que me hizo a m y a todo el mundo; al Hijo de Dios, que
me redimi a m y a todo el mundos; a Dios el Espritu Santo que me santifica a m
y al pueblo escogido de Dios, sean dadas toda honra, y alabanza, majestad y
dominio, por los siglos de los siglos. Amn.
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXIX
1. ( 1). Qu se dice de los samaritanos en este prrafo? 2. ( 2). Teman a
Dios en realidad de verdad? Qu se dice de muchos cristianos de
nuestros das? 3. ( 3). Qu se dice de tratar de servir a dos Seores? 4.
( 4) Qu significa el nombre de Mammn? 5. ( 5). Qu es lo primero
que debe entenderse como el significado de la frase, servir a Dios"? Cul
es el segundo significado? 6. ( 6). El tercero? Cmo podemos
asemejamos a Dios o imitarle? 7. ( 7). Qu otra cosa significa servir a
Dios? 8. ( 8). Qu cosa es servir a Mammn? 9. ( 9). Qu cosa se
infiere en segundo lugar? 10. ( 10). Qu significa la conformidad con el
mundo? 11. ( 11). Qu cosa se incluye en el servicio de Mammn? 12. (
12). Qu cosa se dice de vacilar entre los dos? 13. ( 13). Qu
inconsecuencia tan palpable se menciona en este prrafo? 14. ( 14).
Ser posible servir a Dios y a Mammn? 15. ( 15). Qu conclusin se
menciona en este prrafo? 16. ( 16). Nos pide el Seor que dejemos de
pensar en el da de maana? Son lcitas la industria y la providencia en las
cosas materiales? 17. ( 17). Qu cosa, pues, se condena aqu? 18. (
18). Qu clase de congojas se prohben? 19. ( 19). Qu aplicacin se
hace de las palabras de nuestro Seor? 20. ( 20). Qu cosa es la primera
que se debe buscar? Qu significa la expresin "su justicia"? 21. ( 21).
De qu manera da luz esta interpretacin en el estudio de otros pasajes
de la Sagrada Escritura? 22. ( 22). Qu palabras se relacionan con esto
muy de cerca? 23. ( 23). Por qu debemos buscar primeramente el reino
de Dios? 24. ( 24). Qu significan las palabras, "no os congojis por el
da de maana"? 25 ( 25). Qu se dice ser lo ms importante sobre todas
las cosas? 26. ( 26). Qu otra cosa se prohbe? 27. ( 27). Qu se dice
respecto de las tentaciones del da de maana? 28. ( 28). Qu significa
dejar que el da de maana cuide de su propio afn? 29. ( 29). Cul es el
deber del da presente? 30. Cmo concluye el sermn?
SERMON XXX
ANALISIS
I. Pasa nuestro Seor a sealar las dificultades con que tropieza la religin.
En el captulo quinto se describe la religin interior en sus diversas
manifestaciones; en el sexto, la manera de santificar nuestras acciones.
Mencinanse en la primera parte de este captulo las dificultades ms comunes y
fatales que la santidad encuentra en su camino, y en la segunda se nos exhorta a
sobreponernos a todos esos obstculos y a asegurarnos el premio.
II. La primera advertencia es que no se debe juzgar mal. La regla que se
establece es equitativa y de aplicacin universal. Todas las criaturas de Dios han
menester de la advertencia de que no se debe juzgar mal. Si bien se puede aplicar
igualmente a todos, es muy probable que al principio esta advertencia fuera para
los hijos del mundo. Explicacin de las figuras de lenguaje: la mota y la viga.
Significado de la expresin "No juzguis:" pensar de otra persona de una manera
contraria al amor; condenar al culpable ms de lo que merece; condenar a
cualquiera sin tener suficientes pruebas. Se ilustra el asunto con el dicho de
Sneca.
III. A pesar de que las ocasiones son muchas, podemos evitar la comisin de
este pecado, tratando de reconciliarnos con nuestros deudores y usando de los
medios que menciona la Escritura. Despus de haber echado la viga de nuestro
ojo, debemos cuidar de no lastimarnos al tratar de ayudar a otros. Si bien no
debemos ser ligeros en considerar a nadie como un "perro," tenemos obligacin
de no degradar las cosas sagradas, presentndolas fuera de tiempo, o de manera
impropia o indiscreta. El celo que no es conforme al saber puede conducirnos a
este error; cuando es inmoderado nos hace mal y de nada sirve respecto de las
cosas santas. Cuando es claro que algunas personas son inicuas y contumaces, y
que probablemente despreciarn las cosas santas, debemos procurar no echar
perlas delante de los puercos. Esto se refiere especialmente a los cristianos como
particulares y no a los ministros que se ocupan en proclamar el Evangelio ante
congregaciones en las que los buenos estn mezclados con los malos. Ya sea
que stos escuchen la verdad o se burlen, el predicador debe predicarla. Sin
embargo, la prudencia y el amor deben caracterizar los mtodos de todos los que
procuran guiar a los hombres al conocimiento del Evangelio.
IV. Por muy desanimados que estemos en lo presente, si perseveramos
orando humilde y fielmente, al fin triunfaremos. Slo tenemos que pedir y se nos
dar. De muchas maneras y en muchas formas se asienta la certeza de que
hemos de recibir una contestacin favorable. A fin de que estemos aun ms
seguros de esto, se nos da el ejemplo del padre y del hijo. El hijo que pide pan no
recibir una piedra. En cualquier caso, sin embargo, debemos obrar movidos de la
caridad para con todos los hombres, porque as cumplimos con la ley del Rey, la
ley eterna de la misericordia. "Esta es la ley y los profetas."
SERMON XXX
SOBRE EL SERMON DE NUESTRO SEOR
EN LA MONTAA (X)
No juzguis para que no seis juzgados Porque con el juicio con que juzgis,
seris juzgados, y con la medida con que meds, os volvern a medir. Y por qu
miras la mota que esta en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que est
en tu ojo? O cmo dirs a tu hermano: Espera, echar de tu ojo la mota, y he
aqu la viga en tu ojo? Hipcrita! Echa primero la viga de tu ojo, y entonces
miraras en echar la mota del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni
echis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus
pies, y vuelvan y os despedacen. Pedid, y se os dar; buscad, y hallaris; llamad,
y se os abrir. Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que
llama, se abrir. Qu hombre hay de vosotros, a quien si su hijo pidiere pan le
dar una piedra? Y si le pidiere un pez, le dar una serpiente? Pues si vosotros
siendo malos, sabis dar buenas ddivas a vuestros hijos, cunto ms vuestro
Padre que est en los cielos, dar buenas cosas a los que le piden? As que,
todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, as tambin
haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas. (Mateo 7: 1-12).
1. Habiendo nuestro Seor llevado a cabo el fin que se propuso en su
sermn, y expuesto, primeramente, lo que es la esencia de la verdadera religin
protegindola esmeradamente en contra de esas interpretaciones con que los
hombres pretenden apagar la Palabra de Dios; habiendo fijado, en segundo lugar
las reglas respecto de la buena intencin que debe prevalecer siempre en todos
nuestros hechos, pasa a sealar las principales dificultades con que tropieza esta
religin y concluye con una aplicacin adecuada.
2. Nuestro gran Maestro describi plenamente en el captulo quinto la
religin en todas sus manifestaciones. Nos describe las disposiciones del alma
que constituyen el verdadero cristianismo; el genio que viene con esa "santidad,
sin la cual nadie ver al Seor;" los afectos que son intrnseca y esencialmente
buenos y aceptables para con Dios cuando brotan de la verdadera fuente, de una
fe viva en Dios por medio de Jesucristo. Demostr igualmente en el captulo sexto
que todas nuestras acciones, aun aquellas que por su naturaleza son indiferentes,
pueden convertirse en santas, buenas y aceptables para con Dios, siempre que la
intencin que las dicte sea pura y santa. Declara que todas las acciones dictadas
por otro motivo de nada valen para con Dios, y al mismo tiempo, que todas las que
se consagran a Dios son de gran valor en su presencia.
3. En la primera parte de este captulo seala los obstculos ms comunes y
fatales con que tropieza esta santidad. En la segunda nos exhorta de varias
maneras a que sobreponindonos a todas esas dificultades, aseguremos el
premio de nuestra soberana vocacin.
4. Nos advierte, en primer lugar, que no se debe juzgar. "No juzguis, para
que no seis juzgados." No juzguis a otros, para que el Seor no os juzgue; para
que no atraigis la venganza sobre vuestras cabezas, "porque con el juicio con
que juzgis seris juzgados; y con la medida con que meds, os volvern a medir,"
ley clara y justa con la que Dios os permite que determinis vosotros mismos de
qu manera os haya de tratar en el juicio en el gran da.
5. En ninguna posicin social ni perodo de tiempo alguno-desde la hora en
que por primera vez nos arrepentimos y creemos en el Evangelio hasta que somos
hechos perfectos en el amor-dejamos todos los hijos de Dios de necesitar de esta
advertencia, puesto que nunca faltan las oportunidades, y las tentaciones de
juzgar son innumerables-muchas de las cuales se presentan tan bien disfrazadas,
que caemos en ellas aun antes de apercibirnos del peligro. Cuntos males se
acarrea quien juzga mal a otro, hiriendo su propia alma y exponindose a traer
sobre s el justo juicio de Dios; perjudicando con frecuencia a los que juzga, cuyas
manos desfallecen, quienes se debilitan y vacilan en su camino, si es que no se
separan de la va por completo y vuelven hacia atrs a encontrar su perdicin!
Ms an, con qu frecuencia muchos se contaminan cuando brota esta "raz de
amargura," se habla mal del camino de la verdad mismo, y hasta se blasfema ese
nombre digno en el cual somos llamados!
6. Sin embargo, parece que esta advertencia de nuestro Seor no se dirige
exclusiva y especialmente a los hijos de Dios, sino ms bien a los hijos del mundo,
a los hombres que no conocen a Dios. Estos ltimos irremisiblemente tienen que
saber de los que no son del mundo; que siguen la religin que se ha descrito; que
procuran ser humildes, serios, amables, misericordiosos y limpios de corazn;
quienes fervientemente desean mucha ms abundante santidad de genio de la
que ya han recibido, y esperan recibirla haciendo bien a todos los hombres y
sufriendo el mal con paciencia. Quien adelante hasta este grado no podr
esconderse: es como la "ciudad asentada sobre un monte." Por qu razn
aquellos que ven sus buenas obras, no glorifican a su Padre que est en los
cielos? Qu disculpa tienen para no seguir sus pasos, su ejemplo, e imitar a los
cristianos como stos imitan a Cristo? Porque-a fin de tener una disculpa para
consigo mismos-condenan a los que deberan imitar. Pasan su tiempo
investigando los defectos del prjimo, en lugar de enmendarse de los suyos; se
ocupan tanto de aquellos que se han separado del camino, que nunca entran en
l-al menos, nunca avanzan-jams pasan de una forma muerta de piedad sin
poder alguno.
7. A stos muy especialmente dice nuestro Seor: "Por qu miras la mota
que est en el ojo de tu hermano"-es decir, las debilidades, las equivocaciones, la
imprudencia, las flaquezas de los hijos de Dios-"y no echas de ver la viga que est
en tu ojo?" No consideras la impenitencia que merece la condenacin, la soberbia
satnica, la maldecida obstinacin, el amor idoltrico del mundo, todo esto que
hay en ti y que hace de tu vida toda una abominacin ante el Seor. Sobre todo,
con qu supremo descuido e indiferencia ests bailando a la orilla misma de la
boca del infierno! Y cmo, con qu valor, con qu decencia o modestia, "dirs a
tu hermano: Espera, echar de tu ojo la mota"-el exceso en el celo de Dios, la
demasa en negarse a s mismo; el desprendimiento completo de las cosas y de
los cuidados humanos, el deseo de orar de da y de noche, de escuchar las pala-
bras de vida eterna-"Y he aqu la viga en tu ojo"?
Hipcrita, que pretendes tener cuidado de otros y no cuidas de tu propia alma; que
haces alarde de tener celo por la causa de Dios, cuando en realidad de verdad no
le amas ni le temes. "Echa primero la viga de tu ojo;" echa la viga de la
impenitencia; concete a ti mismo; mira y siente que eres pecador; palpa que tus
entraas son iniquidad, que eres todo corrupcin y abominacin, y que la ira de
Dios permanece sobre ti. Echa primero la viga de la soberbia; aborrcete a ti
mismo; humllate hasta el polvo y la ceniza; disminuye ms y ms y considrate
ms despreciable, bajo y vil a tus propios ojos. Echa primero la viga de la
obstinacin; aprende lo que quieren decir esas palabras: "Si alguno quisiere venir
en pos de m, niguese a s mismo." Nigate a ti mismo y toma tu cruz todos los
das. Que toda tu alma exclame: Baj del cielo--porque efectivamente, oh espritu
inmortal, ya sea que lo sepas o no, del cielo bajaste-no a hacer mi voluntad, sino
la voluntad del que me envi. Echa fuera la viga del amor del mundo. No ames al
mundo ni las cosas del mundo; crucifica al mundo en ti, y a ti mismo en el mundo;
usa del mundo y goza de Dios; busca en El toda tu felicidad.
Sobre todo, echa fuera esa gran viga, ese supremo descuido e indiferencia.
Considera profundamente la cosa que es necesaria; eso en lo que apenas has
pensado. Sabe y siente que eres un pobre gusano vil y culpable, que ests
temblando sobre el gran golfo. Qu cosa eres? Un pecador que ha nacido para
morir; una hoja que arrebata el viento; vapor que se desvanece, que apenas
aparece, lo disemina el aire y ya no se ve ms. Ve todo esto primero, "y entonces
mirars en echar la mota del ojo de tu hermano." Cuando tengas tiempo de sobra-
despus de atender a lo que concierne a tu alma-sabrs tambin cmo corregir a
tu hermano.
8. Cul es, pues, el verdadero sentido de estas palabras: "No juzguis"?
Qu clase de juicio se prohbe aqu? No es el hablar mal, si bien las dos cosas
se anan con frecuencia. Hablar mal es relatar algo malo de una persona que est
ausente, mientras que el juicio puede referirse bien a los presentes, ya a los
ausentes. Tampoco significa que uno se exprese con palabras, pues basta pensar
mal del prjimo. Por otra parte, pensar mal no es lo que nuestro Maestro condena,
porque si veo a un hombre en el acto de cometer un latrocinio u homicidio, o le
oigo blasfemar el nombre de Dios, no puedo menos que pensar mal del ladrn,
asesino o blasfemo. Sin embargo, esto no es juzgar mal, no hay en ello ningn
pecado ni nada que sea contrario a los afectos tiernos.
9. Lo que aqu se condena es pensar del prjimo de un modo contrario al
que dicta el amor. Este juicio puede ser de varias clases. En primer lugar,
podemos creer culpable a una persona cuando no lo es; podemos hacerla
responsable, al menos en nuestra mente, de ciertas cosas, cuando no lo es- de
algunas palabras que nunca ha dicho o de algunas acciones que jams ha hecho,
O tal vez creamos que su manera de obrar sea mala, cuando en realidad de
verdad no lo es. Y aun cuando no haya nada que pueda reprobarse en justicia,
bien en la cosa misma o ya en el modo de hacerla, tal vez supongamos que la
intencin no fue buena, y por lo tanto, condenemos a nuestro hermano al mismo
tiempo que Aquel que escudria los corazones ve su simplicidad y piadosa
sinceridad.
10. No slo podemos caer en la tentacin de juzgar mal al condenar al
inocente, sino tambin, y en segundo lugar, condenando al culpable ms
severamente de lo que merece. Esta clase de juicio es tan ofensivo a la justicia
como a la misericordia. Slo un afecto firme y tierno puede librarnos de l. Sin
tener ese afecto, nada es ms natural que suponer al que haya cometido alguna
falta ms culpable de lo que en realidad de verdad es. Menospreciamos cualquiera
cosa buena que haya en l, y aun se nos dificulta creer que exista algo bueno en
aquel en quien hemos encontrado algn mal.
11. Todo lo anterior claramente prueba la falta de ese amor que no piensa
mal; que nunca deduce conclusiones injustas o crueles de ninguna premisa. Del
hecho de que una persona haya cado abiertamente en un pecado, no saca el
amor la conclusin de que tiene la costumbre de caer; que es habitualmente
culpable de esa trasgresin. Y aun cuando alguna vez haya sido culpable por
hbito, no deduce el amor que contine sindolo, y todava menos que si es
culpable de este pecado, tambin lo deba ser de otros. Todos estos malos ra-
zonamientos son manifestaciones de ese mal juicio en contra del cual nos advierte
nuestro Seor, juicio que en grado sumo nos atae evitar si es que amamos a
Dios y a nuestras almas.
12. Aun suponiendo que no condenemos al inocente ni al culpable ms de lo
que merece, todava no estamos seguros de no caer en el lazo, puesto que se
puede juzgar mal de un tercer modo, a saber: condenando a una persona sin que
haya suficientes evidencias. El que los hechos que suponemos hayan tenido lugar
sean muy ciertos, no nos absuelve, porque no debimos suponer sino probar, y
hasta no haber pruebas, no debemos formar nuestro juicio. Digo "hasta no haber
pruebas," porque no tenemos disculpa-aunque los hechos queden bien probados-
si pasamos sentencia de antemano y no tomamos en consideracin la evidencia
de la parte contraria. Tampoco tenemos disculpa si pasamos una sentencia
definitiva antes de que el acusado pueda hablar en favor de s mismo. Aun los
judos podran ensearnos esto como una simple leccin de justicia, haciendo
abstraccin de la misericordia y el amor fraternal. "Juzga nuestra ley a cualquier
hombre si primero no oyere de l?" dice Nicodemo (Juan 7: 51). Un pagano pudo
contestar al jefe de la nacin judaica que peda se pronunciara la sentencia del
preso: No es "costumbre de los Romanos dar alguno a la muerte antes que el que
es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya lugar de defenderse de la
acusacin."
13. A la verdad que si slo observramos la regla que otro de esos paganos
romanos[1] dice que fue la norma de su prctica, no caeramos tan fcilmente en
el pecado de juzgar mal. "Tan lejos estoy," dice, "de aceptar fcilmente la evi-
dencia de un hombre en contra de otro, que no acepto inmediatamente o con
premura la evidencia de un hombre en contra de s mismo; siempre le doy la
oportunidad de volver a pensar lo que dice y muchas veces le aconsejo." Ve, pues,
t que te llamas cristiano, y haz otro tanto, no sea que en aquel da se levante el
pagano y te condene.
14. Qu rara vez nos condenaramos o juzgaramos los unos a los otros, o al
menos cun pronto se remediara ese mal, si guisemos nuestros pasos por esa
regla tan clara y expresa que nuestro Seor mismo nos ha enseado! "Si tu
hermano pecare contra ti"-o si te dicen o sabes que ha pecado contra ti-"ve, y
redargyele entre ti y l solo." Este es el primer paso que debes dar. "Mas si no te
oyere, toma an contigo uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste
toda palabra." Este es el segundo paso. "Y si no oyere a ellos, dilo a la iglesia"-
bien a los que tengan autoridad, o a toda la congregacin-habrs hecho lo que
estaba de tu parte, y no pienses ms en el asunto, sino encomindalo todo a Dios.
15. Empero suponiendo que por la gracia de Dios hayas echado la viga de tu
ojo y veas ahora con claridad la mota o la viga que est en el ojo de tu hermano,
cuida de no lastimarte al tratar de ayudarle: "no deis lo santo a los perros." No
contis fcilmente a nadie en este nmero, pero si evidentemente se ve que
merecen el ttulo, entonces "no echis vuestras perlas delante de los puercos."
Procurad evitar ese celo que no esta en conformidad con el conocimiento. Porque
este es otro gran obstculo que encuentran en su camino los que desean ser
perfectos, como su Padre "que est en los cielos es perfecto." Quienes desean
esto no pueden menos que anhelar que todo el mundo participe de esta comn
bendicin, y cuando por primera vez participamos de este don celestial-de la
divina "evidencia de las cosas que no se ven,"-nos asombramos de que todo el
gnero humano deje de ver las cosas que nosotros vemos tan claramente, y no
dudamos de que podremos abrir los ojos de todos aquellos que nos tratan.
De aqu resulta que atacamos sin demora a todas las personas con quienes
hablamos, tratando de hacerles ver, bien quieran o no. Y muchas veces al tener
mal xito en este celo desmedido, nuestras propias almas sufren. A fin de evitar
este desperdicio de fuerza, nuestro Seor aade tan necesaria advertencia,-
necesaria para todos pero muy especialmente para los que estn en la
efervescencia de su primer amor: "No deis lo santo a los perros, ni echis vuestras
perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os
despedacen."
16. "No deis lo santo a los perros." Procurad no dar a ninguna persona
semejante nombre hasta no tener pruebas plenas e irrefutables que no podis
rechazar. Cuando se haya probado clara y evidentemente que tales hombres son
impuros y malos, no solamente extraos, sino enemigos de Dios, de toda justicia y
verdadera santidad, no les deis lo santo, t gion lo santo, llamado as
enfticamente. Las doctrinas santas y peculiares del Evangelio, que estuvieron es-
condidas en las edades y generaciones de la antigedad y que ahora se nos dan a
conocer slo por la revelacin de Jesucristo y la inspiracin de su Santo Espritu,
no deben desperdiciarse dndolas a estos hombres que ni siquiera saben si existe
o no el Espritu Santo.
Por supuesto que los embajadores de Cristo no pueden dejar de declarar dichas
verdades en la gran congregacin, en la cual probablemente haya hombres de
esta clase. Debemos hablar ya sea que los hombres escuchen o no. Pero este no
es el caso de los cristianos como individuos. No tienen ese ministerio tan
tremendo ni la menor obligacin de presentar tan grandes y gloriosas verdades
ante aquellos que contradicen y blasfeman; que tienen arraigada en s mismos la
antipata hacia dichas verdades. Lejos de hacer esto, deben procurar guiarlos y
sufrirlos lo mejor que puedan. Con esta clase de hombres no abris discusin
sobre la remisin de pecados o el don del Espritu Santo, sino hablad con ellos
segn sus costumbres y sobre sus opiniones. Raciocinad con el epicreo
racionalista esclarecido e injusto, sobre "la justicia, la continencia y el juicio
venidero." Esta es probablemente la mejor manera de hacer temblar a Flix.
Guardad los asuntos ms elevados para hombres de mayores alcances.
17. "Ni echis vuestras perlas delante de los puercos." Sed muy tardos en
considerar a ninguno como tal, pero si los hechos son evidentes e innegables y
tan claros como la luz del da; si los puercos no procuran esconder su vergenza,
sino que al contrario, se gloran en ella; si no tienen ni la apariencia de pureza de
corazn o de vida, sino que estn vidos de cometer toda clase de porqueras, no
les echis vuestras perlas ni les hablis de los misterios del reino, de las cosas
que ojos no han visto, ni odos han escuchado, las cuales no pueden tocar sus
corazones para convencerlos, puesto que no estn dispuestos a recibir la verdad
ni tienen sentidos espirituales. No les hablis de las promesas infinitas y preciosas
que Dios nos ha dado en el Hijo de su amor. Qu idea pueden tener de ser
partcipes de la naturaleza divina los que ni siquiera desean escapar la corrupcin
que existe en el mundo por medio de la lujuria?
Los que se encuentran sumergidos en el lodo de este mundo, en los placeres,
deseos y cuidados terrenales, tienen tanto deseo de las cosas profundas de Dios,
tanto conocimiento de los misterios del Evangelio, como el conocimiento y el
deseo que los puercos tienen de las perlas. No les echis vuestras perlas, no sea
que "las rehuellen con sus pies," no sea que desprecien por completo lo que no
pueden comprender y hablen mal de lo que no saben. Y esto no es todo. Muy
probablemente este no sera el nico inconveniente que resultara. No sera
extrao si, a impulsos de su naturaleza, se volviesen y os despedazasen; os
devolviesen mal por bien, maldiciones por bendiciones, y odio por vuestros buenos
deseos. Tal es la enemistad de la carne en contra de Dios y todas las cosas de
Dios; tal es el trato que debis esperar de stos por la imperdonable afrenta de
procurar salvar sus almas de la muerte, de arrancarlos como ascuas del fuego.
18. Sin embargo, no debis perder las esperanzas por completo, ni aun
respecto de estos que en lo presente se vuelven y os despedazan, porque aun
cuando todos nuestros argumentos y esfuerzos fracasen, todava queda otro
remedio efectivo, a saber: la oracin. Por consiguiente, sea cual fuere lo que
deseis o necesitis para los dems o para vuestra propia alma, "pedid, y se os
dar; buscad, y hallaris; llamad, y se os abrir." En el olvido de sto consiste el
gran obstculo con que tropieza la santidad. A pesar de esto, no tenemos lo que
deseamos porque no pedimos. Qu mansos y dciles, qu humildes de corazn,
qu llenos del amor de Dios y del hombre serais hoy da si slo hubieseis pedido;
si hubieseis perseverado en la oracin constante!
Ahora, pues, al menos en lo presente, "pedid, y se os dar." "Pedid" que podis
experimentar plenamente y practicar con perfeccin toda la religin que con tanta
belleza describe aqu nuestro Seor, y se os dar ser santos como El es santo,
tanto de corazn como en todas vuestras costumbres. "Buscad" segn el mtodo
que El ha ordenado, escudriando la Escritura, escuchando la predicacin y
meditando sobre ella, ayunando y participando de la Cena del Seor, y en verdad
que "hallaris." Hallaris la perla de gran precio, esa fe que vence al mundo; esa
paz que el mundo no puede daros; ese amor que es la prenda de vuestra
herencia. "Llamad," continuad en la oracin y en la prctica de todo lo que Dios
manda; no dejis que vuestra mente se canse o debilite; proseguid al blanco; no
dejis que se os diga que no; no le soltis hasta que no os bendiga, y la puerta de
la misericordia y la santidad del cielo se os abrir.
19. Compadecido nuestro Seor de la dureza de nuestro corazn tan opuesto
a creer en la bondad de Dios, se extendi sobre este punto; repiti y confirm la
que ya haba dicho. "Porque cualquiera que pide," dice, "recibe," de manera que
nadie dejar de alcanzar esta bendicin; "y el que busca, halla"-el amor y la
semblanza de Dios, la puerta de la justicia se le abrir. No hay, pues, necesidad
de que nadie se desanime temiendo pedir, buscar o llamar en vano. Acordaos
siempre de orar, de buscar, de llamar, y no os cansis. La promesa es segura.
Est firme, y an ms firme que las columnas del cielo, porque el cielo y la tierra
pasarn, mas su Palabra no pasar.
20. A fin de anular todo pretexto de incredulidad, nuestro Seor elucida en los
versculos que siguen lo que ya haba dicho apelando al testimonio de lo que pasa
en nuestro corazn. "Qu hombre hay de vosotros," dice, "a quien si su hijo
pidiere pan, le dar una piedra?" Os permitir el cario natural rehusar una
peticin tan justa a uno que tanto amis? "Y si le pidiere un pez, le dar una
serpiente?" Le dar cosas que le hagan dao en lugar de provecho? De manera
que-juzgando por vuestros propios sentimientos- podis estar plenamente seguros
de que por una parte, vuestra peticin no puede traeros ningn mal resultado, y
por la otra, que la acompaar la completa satisfaccin de todas vuestras
necesidades. Porque "si vosotros, siendo malos, sabis dar buenas ddivas a
vuestros hijos, cunto ms vuestro Padre que est en los cielos"-que es la
bondad pura, sin mezcla y en esencia-"dar buenas cosas a los que le piden?"-o
como dice en otro evangelio: "dar el Espritu Santo a los que le piden." En ste se
incluyen todas las cosas buenas; toda sabidura, paz, gozo, amor, los tesoros
todos de la santidad y la felicidad. Todo lo que Dios tiene preparado para los que
le aman.
21. Empero a fin de que vuestra oracin tenga todo su peso para con Dios,
procurad estar en caridad con todos los hombres, porque de otra manera traer
sobre vuestra cabeza maldicin en lugar de bendicin. No podis esperar que
Dios os bendiga mientras no tengis amor para vuestros prjimos. Por
consiguiente, quitad este obstculo sin demora alguna; confirmad vuestro amor al
prjimo y a todos los hombres; amadlos no slo de labios, sino de hecho y en ver-
dad. "As que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con
vosotros, as tambin haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los
profetas."
22. Esta es la ley real, la ley urea de misericordia que el emperador pagano
mand inscribir sobre la puerta de su palacio. Ley que, segn la creencia de
muchos, est naturalmente grabada en la mente de todo hombre que viene al
mundo. Cuando menos esto es cierto: se recomienda a s misma tan luego como
la escuchamos, a la conciencia y al entendimiento del hombre, de tal modo que
nadie puede quebrantarla sin sentir en su propio pecho justa condenacin.
23. "Esta es la ley y los profetas." Todo lo que est escrito en la ley, que
desde tiempos remotos Dios revel al gnero humano, y todos los preceptos que
Dios ha dado por medio de sus santos profetas que han existido desde el principio
del mundo, se resumen en estas cuantas palabras, estn contenidos en esta
sencilla asercin, la que bien entendida, incluye toda la religin que nuestro Seor
vino a establecer en la tierra.
24. Esta regla de oro se puede entender de una manera positiva o negativa.
Si se toma en el sentido negativo, el significado es este: "No quieras para otro lo
que no quieras para ti." Regla sumamente fcil que siempre tenemos a la mano y
que a toda hora podemos poner en prctica. En todos los casos que se refieran a
vuestro prjimo, poneos en su lugar. Figuraos que han cambiado las
circunstancias y que estis en el lugar de vuestro prjimo. Cuidad, pues, de no
permitiros arranques de genio ni malos pensamientos; que vuestros labios no
dejen escapar ninguna palabra ni deis ningn paso que condenarais en l, si
efectivamente hubiesen cambiado las circunstancias. Si esta regla se toma en un
sentido positivo y directo, significa muy a las claras esto: As que, todas las cosas
que queris racionalmente que vuestro prjimo haga, suponiendo que estuvieseis
en su lugar, haced tambin hasta donde os alcancen vuestras fuerzas, con todos y
cada uno de los hijos de los hombres.
25. Apliquemos esto a uno o dos casos obvios. Es cosa muy clara en la
conciencia de todo hombre, que no deseamos que se nos juzgue, que los dems
piensen mal de nosotros ligeramente o sin causa; mucho menos que hablen mal
de nosotros, que publiquen nuestros verdaderos afectos o debilidades. Aplicaos
esto a vosotros mismos. No queris para otro lo que no queris para vosotros y no
volveris a juzgar mal a vuestro prjimo, jams pensaris mal de nadie
ligeramente o sin causa; mucho menos hablaris mal. Nunca haris mencin de
las verdaderas faltas del ausente, a no ser que estis convencidos de la absoluta
necesidad de hacerlo en bien de otras almas.
26. Adems, deseamos ser queridos y estimados de todos los hombres y que
se nos trate con justicia, misericordia y verdad-que nuestros prjimos nos hagan
todo el bien que puedan, sin perjudicarse por ello. Ms an, que en las cosas
exteriores, en conformidad con la consabida ley, rindan lo que les sea superfluo en
nuestro provecho, sus comodidades para nuestras necesidades y sus
necesidades en alivio de nuestras escaseces. Ahora bien, obremos segn esta
misma ley-hagamos con los dems como quisiramos que los dems hiciesen con
nosotros. Amemos y honremos a todos los hombres. Que la justicia, la
misericordia y la verdad gobiernen nuestras mentes y nuestras acciones.
Rindamos lo superfluo en provecho de nuestro prjimo, y entonces quin tendr
cosas superfluas? Rindamos nuestras comodidades para satisfacer sus
necesidades, y lo que nos es necesario para sacarlos de sus apuros.
27. Esta es la moralidad pura y genuina. Haz esto y vivirs. "Todos los que
andan conforme a esta regla, paz sobre ellos y misericordia," porque son "el Israel
de Dios." Empero debemos hacer observar que desde el principio del mundo
ninguno ha podido caminar en esta ley, ni amar al prjimo como a s mismo a no
ser que primero ame a Dios. Y nadie puede amar a Dios sin creer en Cristo, sin
que participe de la redencin por medio de su sangre y que el Espritu de Dios d
testimonio a su espritu de que es hijo de Dios. La fe, por consiguiente, es la raz
de toda salvacin, presente y futura. Sin embargo debemos decir a todos los
pecadores: "Cree en el Seor Jesucristo, y sers salvo." Sers salvo ahora, para
que seas salvo por siempre jams. Salvo en la tierra para que seas salvo en el
cielo. Cree en El, y tu fe obrar por el amor; amars al Seor tu Dios, porque El te
am primero; amars a tu prjimo como a ti mismo y tendrs la gloria y el gozo de
aumentar este amor, no slo abstenindote de hacer todo lo que sea contrario al
amor, de todo pensamiento, palabra y accin poco generosa, sino mostrando a
todos los hombres toda esa afabilidad con que desearais que ellos te tratasen.
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXX
1. ( 1). A qu cosa pasa nuestro Seor? 2. ( 2). Qu cosa se describi en el
captulo quinto? y en el sexto? 3. ( 3). Qu cosa se seala en la primera parte
de este captulo sptimo? 4. ( 4). Cul es el primer obstculo? 5. ( 5). Es esta
advertencia necesaria a los hijos de Dios? Lo es siempre? 6. ( 6). Se design
especialmente para ellos? 7. ( 7). A quin se dirige la expresin concerniente a
"la mota que est en el ojo de tu hermano"? 8. ( 8). Cul es el verdadero sentido
de las palabras: "No juzguis"? 9. ( 9). Qu clase de juicio se condena aqu? 10.
( 10). Qu hacemos al condenar al inocente? 11. ( 11). Qu cosa demuestra
todo esto? 12. ( 12). Mencione usted la tercera manera de juzgar mal. 13. ( 13).
Srvase usted repetir la regla de Sneca. 14. ( 14). Cul es el mejor modo de
evitar este pecado? Qu regla clara y terminante nos da nuestro Seor? 15. (
15). Aun cuando no erremos al juzgar, de qu manera podemos perjudicarnos?
16. ( 16). Debemos llamar "perro" a cualquiera? Y si merece el epteto, qu
haremos? 17. ( 17). Qu quiere decir: "echar perlas delante de los puercos"?
13. ( 18). Por qu debemos perseverar an despus de fracasar? Qu
remedio queda cuando los argumentos y las persuasiones han fallado? 19. ( 19).
Por qu se extiende nuestro Seor sobre este asunto? 20. ( 20). De qu
manera destruye todos nuestros pretextos de incredulidad? 21. ( 21). Qu se
necesita para dar todo su peso a nuestras oraciones? 22. ( 22). Qu norma o
ley creen algunos que est naturalmente grabada en la mente del hombre? 23. (
23). Qu significan las palabras: "Esta es la ley, y los profetas"? 24. ( 24). C-
mo debe entenderse la regla de oro? Cul es el sentido negativo? Cul es su
significado positivo? 25. ( 25). Srvase usted repetir la aplicacin de este
raciocinio. 26. ( 26). De qu manera se elucida en este prrafo el sentido
afirmativo? 27. ( 27). Qu nombre se da a esta enseanza? Qu resulta de
obedecerla? 28. ( 27). Puede el corazn no regenerado obedecer esta ley?
[1] Sneca
SERMON XXXI
ANALISIS
I. Pasa ahora nuestro Seor a discurrir sobre los obstculos exteriores. Estos
son la causa de que multitudes se vuelvan atrs. Nos advierte de muchas
maneras en contra del mal ejemplo y de los malos consejos. Entrar por la puerta
angosta. La puerta es ancha y el camino espacioso que lleva a la perdicin.
Estrecha es la puerta y angosto el camino del cielo.
II. El mandamiento se refiere a todas nuestras acciones, palabras y
pensamientos. Igualmente extenso es el pecado, puesto que cualquiera infraccin
del mandamiento es pecado. Slo de un modo se guarda el mandamiento, pero
muchas son las maneras de quebrantarlo. El pecado se difunde por todas partes.
La mente carnal, que es enemistad con Dios, la soberbia, la voluntariedad, el amor
del mundo-estos pecados leudan nuestros pensamientos y nuestro carcter.
Constantemente brotan como races de amargura y sus frutos son innumerables.
III. Multitudes entran por la puerta ancha y van en el camino de la muerte. La
mayora de los hombres y de las mujeres, aun en los pases ms favorecidos, se
encuentran en la va espaciosa; no slo la muchedumbre vulgar, sino los hombres
grandes y eminentes de este mundo. Entran porque el camino es ancho y al
parecer seguro. La va del cielo es angosta y tan estrecha, que excluye cuanto es
impuro y malo. Para poder entrar por la puerta estrecha, debe el pecador dejar
fuera su pecado-todo pecado exterior e interior.
IV. Pocos son los que encuentran la va estrecha. La honradez, aun segn las
ideas paganas, la limpieza de las transgresiones exteriores, son virtudes raras. La
santidad interior es todava ms rara. Los innumerables ejemplos hacen peligrar
aun a estos cuantos. Mal ejemplo de los que ocupan puestos importantes. Muy a
menudo se hallan en el camino ancho los ricos y grandes. La estrechez y las
dificultades, y muy especialmente los refrenamientos, repulsan a la mayora de los
hombres. De aqu la exhortacin de nuestro Seor. Esforzaos como si estuvieseis
en agona. Muchos no podrn entrar por haberse demorado en demasa. Antes de
que se alarmen ya habr pasado el da; la noche habr llegado y se cerrar la
puerta. Por consiguiente, esforzaos ahora mismo, en este da, y entrad. Se seala
el mtodo para entrar.
SERMON XXXI
SOBRE EL SERMON DE NUESTRO SEOR
EN LA MONTAA (XI)
Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino
que lleva a perdicin, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la
puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan
(Mateo 7:13, 14).
1. Despus de amonestarnos respecto de los peligros que nos circundan al
aceptar por primera vez la verdadera religin, de los obstculos que naturalmente
se levantan interiormente debido a la maldad de nuestros corazones, pasa nuestro
Seor a sealarnos los tropiezos exteriores que hay en nuestro camino-
especialmente el mal ejemplo y los malos consejos. Debido a uno de estos dos
males, miles de personas que en un tiempo corrieron bien han vuelto atrs a la
perdicin, as como muchos de aquellos que no eran novicios en la religin,
quienes haban adelantado algo en la justicia. Por consiguiente, insiste con todo
fervor en esta advertencia en contra de esos dos males, y la repite varias veces en
diferentes expresiones, no sea que de un modo o de otro la olvidemos. As es que
para salvarnos ms eficazmente del primer peligro, dice: "Entrad por la puerta
estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdicin,
y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el
camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan." Y para salvarnos del
segundo, dice: "Guardaos de los falsos profetas." Pasemos a considerar por ahora
el primer peligro.
2. "Entrad"-dice nuestro Seor-"por la puerta estrecha: porque ancha es la
puerta, y espacioso el camino que lleva a perdicin, y muchos son los que entran
por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y
pocos son los que la hallan."
3. Podemos observar en estas palabras, en primer lugar, las cualidades
inseparables del camino al infierno: "ancha es la puerta, y espacioso el camino
que lleva a perdicin, y muchos son los que entran por ella." En segundo, las
igualmente inseparables cualidades de la va del cielo: "estrecha es la puerta, y
angosto el camino...y pocos son los que la hallan." Y en tercer lugar, la
exhortacin solemne, basada sobre lo anterior: "Entrad por la puerta estrecha."
I. 1. Consideremos, primeramente, las cualidades inseparables del camino al
infierno: "ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdicin, y
muchos son los que entran por ella."
2. En verdad que la puerta es ancha, y el camino espacioso que lleva a la
destruccin! Porque el pecado es la puerta del infierno, y la maldad el camino de
la destruccin. Y cun ancha es la puerta del pecado! Qu espacioso el camino a
la destruccin! Ancho sobremanera es el mandamiento de Dios, puesto que se
refiere no slo a todas nuestras acciones, sino a cada palabra que sale de
nuestros labios, y aun a los pensamientos mismos que surgen en nuestra mente.
Igualmente ancho es el pecado, puesto que cualquiera infraccin del mandamiento
es pecado. Porque a no ser que la cosa misma, la manera de hacerla y todas las
circunstancias, sean buenas, no lo guardamos-y como hay miles de modos de
quebrantar el mandamiento, la puerta es ancha en verdad.
3. Consideremos esto ms detenidamente: Hasta dnde llegan esos
pecados que engendran otros, esa mente carnal que es enemistad con Dios, la
soberbia del corazn, la voluntariedad, el amor del mundo-de los cuales brotan los
dems como de un manantial! Podremos sealar sus lmites? No leudan todos
nuestros pensamientos y nuestras disposiciones? No son la levadura que leuda,
ms o menos, todos nuestros afectos? Si nos examinsemos ms rigurosa y
fielmente, no descubriramos las races de la amargura naciendo
constantemente, influyendo en todas nuestras palabras, y manchando todas
nuestras acciones? Cun innumerables son los frutos que producen en toda
poca y en todo el mundo! Son suficientes para llenar la tierra toda de tinieblas y
de habitaciones de crueldad.
4. Quin podr calcular sus maldecidos frutos, contar todos los pecados,
bien en contra de Dios ya en contra del prjimo, no los imaginarios, sino los que
son hechos segn nuestra triste y diaria experiencia? No necesitamos ir por toda
la tierra en busca de ellos. Visitad cualquiera nacin, reino, ciudad o pueblo, y
cun grande multitud de pecados encontraris! Y esto aunque el pas que visitis
no sea uno de los que todava estn bajo la dominacin mahometana o en la
oscuridad de los paganos, sino de los que llevan el nombre de Cristo y profesan
ver la luz de su glorioso Evangelio. No necesitis salir del reino en que vivimos ni
de la ciudad en que al presente estamos. Nos llamamos cristianos, y cristianos
que tienen la verdad en toda su pureza protestantes! cristianos reformados!
Pero, quin podr hacer que la reforma de nuestras opiniones llegue a nuestros
corazones y vidas? No hay necesidad de ello? Cun imposibles son nuestros
pecados, los cuales son de la peor naturaleza! No abundan entre nosotros
diariamente las abominaciones ms vergonzosas de todas clases? No est la
nacin entera llena de toda clase de pecados, como la mar de agua? Quin
podr contarlos? Ms fcil sera contar las gotas de la lluvia o la arena del mar.
Tan "ancha" as "es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdicin"!
5. "Y muchos son los que entran por ella." Muchos los que andan en ese
camino, casi tantos como los que pasan la puerta de la muerte, o descienden a las
mansiones de la tumba. Porque no puede negarse-si bien lo confesamos con ver-
genza y dolor de nuestro corazn-que aun en esta nacin que se llama cristiana,
la generalidad de sus habitantes-de todas edades y de uno u otro sexo, en todas
las profesiones y empleos, de todos grados y condiciones, los que ocupan una
posicin prominente y los que no la tienen, los ricos y los pobres-todos andan en
el camino de la destruccin. La mayora de los que habitan esta ciudad viven
hasta lo presente en pecado; en alguna trasgresin palpable y habitual de la ley
que profesan obedecer; en alguna trasgresin exterior; en alguna forma visible y
vergonzosa de injusticia o impiedad; en alguna violacin patente de su deber para
con Dios o para con los hombres. Nadie puede negar, por consiguiente, que esta
gran mayora vaya en el camino que lleva a perdicin.
Adase a este nmero el de aquellos que de nombre viven, pero quienes en
realidad, nunca han vivido en Dios; el de aquellos que en apariencia son hombres
rectos, pero que de dentro estn llenos de toda, clase de impureza-llenos de
soberbia o vanidad, de odio y deseos de venganza, de ambicin y codicia; ms
amantes de s mismos, del mundo y de los placeres que de Dios; quienes, a la
verdad, pueden ser estimados de los hombres, pero son abominacin en la pre-
sencia de Jehov.
Cmo aumentarn estos santos del mundo las filas de los hijos del infierno! Ms
an, adase a stos el nmero de todos aquellos quienes sean lo que fueren en
otros respectos, y tengan ms o menos la apariencia de piedad, ignoran la justicia
de Dios y procuran establecer la suya propia como la base de su reconciliacin y
aceptacin con Dios, y por consiguiente, no se han sujetado a la justicia de Dios
por la fe. Tomando todo esto en consideracin, cun terrible y cierta aparece la
asercin de nuestro Seor: "Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a
perdicin, y muchos son los que entran por ella"!
6. No se refiere esto solamente al vulgo-a los pobres, los de posicin
obscura, los que son torpes-sino tambin a los hombres eminentes en el mundo, a
los que tienen muchos terrenos y gran nmero de yuntas de bueyes. El mundo, la
carne y el diablo invitan a la multitud de hombres sabios segn la carne, conforme
a los mtodos humanos de juzgar- a muchos que son grandes en poder, en valor,
en riquezas; a muchos nobles-a que entren por esta va ancha, y ellos no
desprecian la invitacin. Al contrario, mientras mayor es su fortuna y tienen ms
poder, ms profundamente se sumergen en la iniquidad; mientras ms
bendiciones reciben de Dios, ms son las iniquidades que cometen, usando el
honor, las riquezas, el saber o la sabidura, no para ocuparse de su salvacin, sino
para sobresalir en el vicio y asegurar as su propia destruccin.
II. 1. La razn por la que ellos caminan tan seguros en esa va, es su
anchura-sin considerar que esta es la cualidad inseparable del camino a la
destruccin. "Muchos son los que entran por ella," dice nuestro Seor. Por la
misma razn deberan huir de ella; "porque estrecha es la puerta, y angosto el
camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan."
2. Esta es una cualidad intrnseca del camino al cielo. Tan angosta es la va
que lleva a la vida, a la vida eterna, tan estrecha la puerta, que ninguna cosa
manchada o impura puede entrar. Ningn pecador puede pasar adentro mientras
no est salvo de sus pecados, no slo de sus pecados exteriores, de su vana
conversacin, la cual recibi de sus padres. No bastar que haya dejado de hacer
lo malo, y aprendido a hacer lo bueno. No slo debe estar salvo de toda clase de
acciones pecaminosas, y de toda conversacin mala e intil, sino que debe estar
cambiado interiormente-enteramente renovado en la naturaleza de su mente. De
otra manera no podr entrar por la puerta de la vida, no podr entrar a la gloria.
3. Porque "estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida," la
va de la santidad universal Estrecho, en verdad, es el camino de la pobreza de
espritu, del llanto santo, de la mansedumbre, del hambre y sed de justicia.
Angosta es la va de la misericordia, del amor no fingido, de la pureza de corazn,
donde se hace bien a todos los hombres y se sufre con gusto el mal, toda clase de
mal, por la justicia.
4. "Y pocos son los que la hallan." Cun pocos son los que encuentran aun
el camino de la justicia pagana! Qu raros son los que no hacen a los dems lo
que no quisieran para s mismos! Cun pocos son los que tienen una conciencia
clara ante Dios, de hechos de injusticia, de dureza! Qu raros los que no ofenden
con la lengua, que no dicen nada descorts, nada falso! Qu corto es el nmero
de los seres humanos que son inocentes aun de ofensas exteriores! Y cun ms
corto es el de aquellos cuyos corazones estn limpios y puros ante la presencia de
Dios!
Dnde estn aquellos verdaderamente humildes en su presencia, que se
humillan en el polvo y las cenizas ante Dios su Salvador; que estn profunda y
continuamente serios, quienes sienten sus necesidades y pasan el tiempo de su
peregrinacin en temor; que son en verdad mansos y dciles; que no se dejan
vencer del mal, sino que vencen con el bien el mal; que estn siempre sedientos
de Dios y clamando por ser renovados a su imagen? Cun esparcidos estn por
toda la tierra aquellos cuyas almas sienten amor por todo el gnero humano; que
aman a Dios con todas sus fuerzas, que le han entregado su corazn y ninguna
otra cosa desean en la tierra ni en el cielo! Cun raros son los que aman a Dios y
al hombre, que hacen bien hasta donde pueden a todos sus semejantes; que
estn listos a sufrirlo todo, aun la muerte misma, con tal de salvar un alma de la
perdicin eterna!
5. Empero, adems de que son tan pocos los que caminan por el camino de
la vida, y muchos los que van por el Camino de la destruccin, existe el gran
peligro de que el torrente de su ejemplo nos arrastre. Si para dejar en nosotros
una fuerte impresin basta un solo ejemplo cuando est siempre ante nuestra
vista-especialmente cuando nuestra naturaleza est de su parte, cuando se ana
a nuestras inclinaciones- cun tremenda no ser la influencia de ejemplos tan
numerosos como los que constantemente se presentan ante nuestros ojos, y que
conspiran de acuerdo con nuestros corazones por arrastrarnos en el torrente de la
naturaleza! Qu difcil deber ser navegar contra la corriente, y "guardarse sin
mancha de este mundo"!
6. Lo que hace an ms grave la dificultad, es que quienes nos dan mal
ejemplo, y forman la muchedumbre que se agolpa en el camino a la destruccin,
no son los hombres torpes e ignorantes-al menos no slo stos-sino los educados,
los bien criados, los finos, los sabios, los hombres conocedores del mundo y de
saber, de conocimientos profundos y variados; los inteligentes y elocuentes. Todos
estos, o casi todos, estn en contra de nosotros. Cmo podremos resistirlos?
Hablan con gran maestra y han aprendido el arte de la persuasin y el del
raciocinio, puesto que estn versados en toda clase de controversia y combates
verbales. Muy fcil cosa les es, por consiguiente, probar que el camino es recto,
porque es ancho; que quien sigue a la multitud no puede hacer mal, sino aquel
que se rehsa a seguirla; que vuestro camino debe ser malo, puesto que es
angosto, y porque son muy pocos los que lo encuentran. Estos demostrarn clara-
mente que lo malo es bueno, y que lo bueno es malo; que la va de la santidad es
el camino de la destruccin, y que el camino del mundo es la nica va del cielo.
7. Cmo podrn los ignorantes defender su causa en contra de semejantes
contrarios? Y sin embargo, estos no son los nicos con quienes han de luchar-por
ms que basten para hacer la lucha tan desigual-puesto que por la va de la
destruccin van muchos hombres fuertes, nobles y poderosos, lo mismo que
sabios. Estos tienen un modo de convencer ms breve que la razn y el
argumento. Apelan, por lo general, no al entendimiento, sino al miedo de aquellos
que los contradicen, el cual mtodo rara vez falla aun cuando los argumentos de
nada sirvan, y se ajusta a las capacidades, de todos los hombres puesto que todo
el mundo puede temer, ya sea que pueda razonar o no. Todos los que no tienen
una firme esperanza en Dios, que no descansan con seguridad en su poder y
amor, temen siempre disgustar a los que tienen en sus manos el poder del mundo.
Es extrao que su ejemplo sea una ley para todos los que no conocen a Dios?
8. Igualmente van por el camino ancho muchos ricos. Estos apelan a la
esperanza de los hombres y a todos sus deseos vanos tan firme y eficazmente
como los grandes y poderosos apelan a sus temores. De manera que no es
posible seguir por el camino del reino a no ser que estis muertos para todo lo
mundanal, que os crucifiquis al mundo y el mundo a vosotros, a no ser que
vuestro nico deseo sea Dios.
9. Porque, qu oscuro, qu incmodo, qu rido es el aspecto del otro
camino! Una puerta estrecha, un camino angosto! Pocos encuentran esa puerta!
Pocos van por ese camino! Adems, esos pocos no son sabios, instruidos ni elo-
cuentes. No pueden argir clara y efectivamente. No pueden presentar con
ventaja ningn argumento. No saben probar lo que profesan creer, ni explicar lo
que dicen que han experimentado. Ciertamente, tales abogados, lejos de
recomendar, desacreditan la causa que han abrazado.
10. Adase a esto que no son hombres grandes ni prominentes-si lo fueran
tendran que disimular su torpeza. Son hombres sin influencia, posicin o
autoridad en el mundo; bajos y obscuros, de la clase nfima en la sociedad, quie-
nes no pueden hacer ningn mal, aunque quisieran. Por consiguiente, nada debis
temer de ellos y nada debis esperar, puesto que la mayor parte de dichos
individuos os dirn: "No tengo plata ni oro." Cuando ms, tienen muy poco, y
algunos de ellos apenas tienen qu comer o qu vestir. Con tal motivo y no siendo
sus caminos como las vas de los dems hombres, en todas partes se habla mal
de ellos. Se les desprecia, sus nombres se consideran como malos, se les trata
como la escoria y la basura del mundo. As es que vuestros temores, vuestras
esperanzas, todos vuestros deseos-a excepcin de los que os vienen
directamente de Dios-y aun vuestras pasiones naturales, os impulsan
constantemente hacia el camino espacioso.
III. 1. Es por esto que el Seor nos exhorta tan fervientemente a que entremos
por la puerta estrecha, o como dice la Sagrada Escritura en otra parte: "Porfiad a
entrar por la puerta angosta." Como si estuvieseis agonizando; "porque," dice
nuestro Seor, "muchos procurarn entrar"-lo procurarn con insolencia-"y no
podrn."
2. Es muy cierto que en las palabras que siguen inmediatamente, sugiere lo
que puede considerarse como otra razn por la que no pueden entrar, puesto que
despus de decir: "Porque os digo que muchos procurarn entrar, y no podrn,"
aade luego: "Despus que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y
comenzareis a estar fuera,"-ms bien, "estaris fuera, porque rxeesthe slo
parece ser una palabra expletiva y elegante-"y llamar a la puerta diciendo: Seor,
Seor, brenos; y respondiendo os dir: No os conozco de dnde seis...apartaos
de m todos los obreros de iniquidad" (Lucas 13:24-25, 27).
3. A primera vista, parece que estas palabras significan que la demora de
aquellos hombres en buscar, ms bien que la manera de buscar, fue la causa de
que no pudiesen entrar, pero en realidad de verdad, da lo mismo. Se les manda
apartarse porque fueron obradores de iniquidad; por haber andado por el camino
espacioso. En otras palabras, porque no procuraron porfiadamente entrar por la
puerta estrecha. Probablemente hayan procurado hacerlo antes de que se cerrase
la puerta, pero eso no fue suficiente. Quiz hayan porfiado despus que se cerr
la puerta, pero entonces ya era tarde.
4. Por consiguiente, procurad entrar por la puerta estrecha ahora que tenis
la oportunidad. A este fin, decidid en vuestro corazn y tened siempre fijo en
vuestra mente que si caminis por la va espaciosa, estis en el camino que lleva
a la destruccin. Si son muchos los que van con vosotros, tan cierto como es que
Dios es la verdad, es que vosotros y ellos caeris en el infierno. Si caminis como
camina la mayora de los hombres, os acercaris a los profundos abismos. Hay
muchos nobles, ricos, poderosos y sabios en vuestro camino? Por esta seal, y
sin pedir ninguna otra, sabis que no lleva a la vida. He aqu una regla fcil,
sencilla e infalible antes de que entris en pormenores. Cualquiera que sea
vuestra profesin, debis singularizaros si no queris condenaros. El camino del
infierno nada tiene de singular, pero la va del cielo es la singularidad misma. Si os
acercis un solo paso hacia Dios, ya no sois como los dems hombres, mas no
hagis caso de eso-es mejor estar solo, aislado, que caer en lo profundo. Corred,
pues, con paciencia, la carrera que se os propone, aun cuando sean pocos
vuestros compaeros. No siempre han de ser pocos. Dentro de un poquito os
encontraris en la compaa de muchos millares de ngeles y de la congregacin
de los primognitos, y de los espritus de los justos ya perfectos.
5. Ahora bien, "porfiad a entrar por la puerta angosta," estando
profundamente persuadidos del indecible peligro que amenaza vuestra alma
mientras sigis por el camino espacioso, mientras no tengis esa pobreza de
espritu, esa religin interior, que en la opinin de los muchos-los ricos y los sa-
bios-es locura. "Porfiad a entrar," traspasados de dolor y vergenza por haber
caminado por tanto tiempo en la multitud descuidada, olvidando por completo-si no
es que despreciando-esa "santidad, sin la cual nadie ver al Seor." Porfiad, como
si estuvieseis en agona del temor santo, no sea que fracasis en obtener la
promesa de entrar en su reposo, ese reposo que queda para el pueblo de Dios.
Porfiad con todo el fervor de vuestra alma, con "gemidos indecibles;" porfiad en
oracin sin cesar, a todas horas y en todos los lugares, levantando vuestro
corazn a Dios y no dejndolo descansar, hasta que despertis segn su
semejanza y quedis saciados con ella.
6. En conclusin: "Porfiad a entrar por la puerta angosta," no solo por medio
de esta agona del alma la conviccin, el dolor, la vergenza, el deseo, el temor y
la oracin constante, sino arreglando vuestras costumbres, procurando con todas
vuestras fuerzas andar por el camino de Dios, de la inocencia, la piedad y la
misericordia. Evitad toda apariencia de mal. Haced todo el bien posible a todos los
hombres. Negaos a vosotros mismos vuestra voluntad en todas las cosas, y tomad
diariamente vuestra cruz. Estad listos a cortaros la mano derecha, y a echarla de
vosotros; a perder todos vuestros bienes, vuestros amigos, vuestra salud y todas
las cosas en la tierra, con tal de poder entrar en el reino del cielo.
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXXI
1. ( 1). En contra de qu obstculos se nos advierte aqu? 2. ( 2). Qu cosa
dice nuestro Seor en este lugar? 3. ( 3). Qu debemos observar primeramente
en estas palabras? Qu en segundo lugar? Y qu en tercero? 4. (I. 1). Cul es
la primera advertencia? 5. (I. 2). Qu cosa es pecado? Y maldad? 6. (I. 3).
Qu se dice de esos pecados que engendran otros? 7. (I. 4). Qu se dice de
sus maldecidos frutos? 8. (I. 5). Son muchos los que entran por esta puerta? 9.
(I. 6). Se refiere esto slo al vulgo? 10. (II. 1). Qu razn se da aqu? 11. (II. 2).
Cul es la cualidad intrnseca del camino del cielo? 12. (II. 3). Qu se dice de la
honradez pagana? 13. (II. 4). Qu peligro se seala aqu? 14. (II. 5). Es difcil
resistir? 15. (II. 6). Qu cosa aumenta esta dificultad? 16. (II. 7). Qu
desventajas tienen los ignorantes? Hay hombres nobles, poderosos y sabios en
el camino de la destruccin? Al usar de estos trminos, hablamos "segn la
costumbre de los hombres." 17. (II. 8). De qu modo afecta el asunto el hecho de
que muchos hombres ricos vayan por el camino espacioso? 18. (II. 9). Por qu
razn la puerta estrecha o el camin angosto, hacen tan desagradable la
perspectiva? Desacredita la verdad el testimonio de los ignorantes? 19. (II. 10).
Qu se dice de los hombres grandes y prominentes? 20. (III. 1). En vista de estas
razones, a qu nos exhorta el Seor fervientemente? 21. (III. 2). Qu otra razn
da? 22. (III. 3). A primera vista, qu parecen significar estas palabras? 23. (III. 4).
Qu deber se nos impone hoy da? 24. (III. 5). Cmo deberamos comprender
el peligro en que se encuentra el alma? 25. (III. 6). De qu manera concluye el
sermn?
SERMON XXXII
ANALISIS
I. Los hombres corren a su destruccin simplemente porque la va es espaciosa y, por consiguiente, Dios
manda a los veladores que les adviertan. Con este fin ha mandado a sus siervos de generacin en generacin.
Empero el velador puede caer en la red, y de esto hay muchos ejemplos. Nos advierte el Seor en contra de
tales veladores, y su advertencia es de la mayor importancia.
II. Preguntamos, por consiguiente, quines son esos falsos profetas? Son hombres que hablan como
en nombre de Dios; maestros que pretenden haber sido enviados de El, pero quienes ensean un camino falso
diciendo que es un camino al cielo. Toda va espaciosa es un camino falso. La verdadera va es angosta. Slo
aquellos que ensean el camino mencionado en el sermn anterior, son maestros verdaderos. Cualquiera que
sea el nombre que se les d, por muchas que sean las buenas obras que se hagan, si no es el camino de la
santidad, de los que lloran, de la mansedumbre, de los deseos santos, del amor a Dios y a nuestros semejantes,
donde se hace el bien y se sufre por amor de Cristo, no es el verdadero camino.
III. Los que hablan mal del verdadero camino estn bajo una condenacin mayor, especialmente aquellos
que ensean el camino contrario, la va del orgullo, de la liviandad, de las pasiones, de los deseos mundanales,
del amor de los placeres ms que de Dios, de la dureza de corazn para con el prjimo, de la indiferencia
respecto de las buenas obras-donde no se sufre ninguna clase de persecucin por causa de la justicia. Hay
muchos que ensean este camino contrario.
IV. Estos no vienen en su propio vestido, porque si vinieran, los hombres se alarmaran y huiran de
ellos. Por consiguiente, se ponen el vestido de los verdaderos profetas y de ovejas. Se presentan con la
apariencia de la utilidad y de la religin, y sobre todo, con el aspecto del amor.
V. Cmo los conoceremos a pesar de su disfraz? Esta es la tercera pregunta. Nuestro Seor nos da
una regla clara y breve: "Por sus frutos los conoceris." Pero, cules son los frutos? Qu efecto tiene su
doctrina en sus vidas? Son sin reproche? Tienen efecto en sus corazones? Son sus disposiciones santas,
celestiales, divinas? Tienen el sentir de Cristo? Son humildes, mansos, amantes, pacficos con Dios y con el
hombre, celosos en buenas obras? Siguen en los pasos de Cristo?
VI. Declara nuestro Seor que "no se cogen uvas de los espinos, ni higos de los abrojos." A no ser que
la parte moral del hombre se regenere y se conforme a la voluntad de Dios, su vida jams estar en armona
con las enseanzas del Evangelio. Debemos cuidarnos de esos falsos profetas. Se sealan los males que
resultan de escucharlos y se considera el caso de aquellos que estn bajo su ministerio. Se dan las reglas para
determinar lo que se debe hacer en ciertas circunstancias. Discurso dirigido a los mismos falsos profetas.
SERMON XXXII
SOBRE EL SERMON DE NUESTRO SEOR
EN LA MONTAA (XII)
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas,
mas de dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceris. Cgense uvas
de los espinos, o higos de los abrojos? As, todo buen rbol lleva buenos frutos;
mas el rbol maleado lleva malos frutos. No puede el buen rbol llevar malos
frutos, ni el rbol maleado llevar frutos buenos. Todo rbol que no lleva buen fruto,
crtase y chase en el fuego. As que, por sus frutos los conoceris (Mateo 7: 15-
20).
1. Apenas se puede concebir o expresar con palabras cun grandes son
las multitudes que corren hacia la destruccin, y que no quieren persuadirse de
que deben andar en el camino estrecho, a pesar de saber que es la va de la
salvacin eterna. De esto somos testigos diariamente. Tales son la torpeza y la
locura del gnero humano, que miles de hombres aun se apresuran en el camino
al infierno, solo porque es el camino espacioso. Caminan en l porque as lo ha-
cen otros; porque siendo que muchos perecen, desean ser del nmero. Tal es la
influencia tremenda que tiene el ejemplo en los mseros y dbiles hijos de los
hombres! Continuamente estn poblando las regiones de la muerte, y ahogan in-
finidad de almas en la perdicin eterna.
2. A fin de advertir al gnero humano que evite este peligro; a fin de salvar a
cuantos fuere posible de esta epidemia que se desarrolla, Dios ha enviado a sus
atalayas que a voz en cuello muestren a la gente el peligro en que est. Con este
fin mand a sus siervos los profetas de generacin en generacin, a que
enseasen el camino estrecho y amonestasen a todos los hombres a no
conformarse al mundo. Pero, qu suceder si los atalayas mismos caen en la red
en contra de la cual amonestan a otros; si "los profetas profetizan mentira," y
hacen que el pueblo yerre el camino? Qu suceder si sealan como la va de la
vida eterna la que en realidad gua a la muerte perdurable; si exhortan a los
dems a que anden-como ellos mismos andan-en el camino espacioso y no en el
angosto?
3. Es esta una cosa extraa, rara? Dios sabe que no lo es. Los ejemplos de
esto son innumerables. Se hallan en todas las pocas y en todo el mundo. Qu
cosa tan horrenda es esta, que los embajadores de Dios se conviertan en agentes
del diablo! Que los que han sido enviados a ensear el camino del cielo, en
realidad de verdad enseen la va del infierno! Son como las langostas de Egipto,
que se comieron lo que haba quedado salvo, lo que qued despus del granizo.
Devoran a los hombres que quedan, que han escapado, a quienes no ha destruido
el mal ejemplo. No sin buena razn para ello nos amonesta tan solemnemente en
contra de ellos nuestro sabio y bendito Salvador, cuando dice: "Guardaos de los
falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son
lobos rapaces."
4. Advertencia de la mayor importancia. A fin de que se grabe ms
firmemente en nuestros corazones, investiguemos, en primer lugar, quines son
estos falsos profetas; en segundo, qu disfraz se ponen; y finalmente, la manera
por la que podremos saber lo que realmente son, a pesar de sus buenas
apariencias.
I. 1. Investiguemos, primeramente, quines son estos falsos profetas. Esto
es ms necesario cuanto que estos mismos hombres han procurado torcer esta
escritura para su propia condenacin, y no slo la suya, sino la de otros muchos.
Por consiguiente, para evitar toda clase de disputa, no meter bulla-como
acostumbran algunos-ni har uso de exclamaciones vanas y retricas a fin de
engaar a los sencillos, sino que dir verdades tan claras y patentes que ninguno
que no haya perdido la inteligencia o la modestia, podr negar-verdades que se
relacionen ntimamente con todo el tenor del discurso anterior, puesto que muchos
han interpretado estas palabras sin hacer caso alguno de lo que se dijo antes, y
como si no se relacionase con el sermn en el que se encuentran dichas palabras.
2. En este lugar, lo mismo que en muchos otros pasajes de la Escritura, y
especialmente del Nuevo Testamento, la palabra profeta significa no la persona
que adivina lo futuro, sino la que habla en el nombre de Dios-un hombre que dice
ser enviado de Dios a ensear a los dems el camino del cielo.
Un profeta falso es aquel que ensea un camino falso, una va que no lleva al
cielo, o lo que viene a ser lo mismo, que no ensea el verdadero camino.
3. Todo camino espacioso es infaliblemente falso. Por consiguiente, esta
regla es clara y segura: Todo aquel que ensea a los hombres a andar por el
camino espacioso-una va por la que van muchos-es un profeta falso.
Por otra parte, el camino del cielo es angosto. Luego esta otra regla es tambin
clara y segura: Todo aquel que no ensea a los hombres a andar por el camino
angosto-a ser diferentes de los dems hombres-es un profeta falso.
4. Extendmonos ms todava. El nico camino al cielo es el que se
ensea en el sermn anterior; luego, todo aquel que no ensea a los hombres ese
camino, es un profeta falso.
5. Ahora bien, el camino al cielo que se ensea en el sermn anterior, es el
camino de la humildad, de los que lloran, de la mansedumbre, de los deseos
santos, del amor a Dios y al prjimo, donde se hace el bien y se sufre el mal por
amor de Cristo. Luego, todo aquel que ensea un camino diferente de este como
si fuera la va del cielo, es un profeta falso.
Nada importa el nombre que se le d a ese otro camino; que se le llame fe, o
buenas obras, o fe y buenas obras, o arrepentimiento, fe y la nueva obediencia.
Todos estos nombres son buenos, pero si bajo de estos trminos o cualesquiera
otros, alguno ensea a los hombres otro camino, es en verdad un profeta falso.
6. Cun tremenda debe ser la condenacin de aquellos que hablan mal de
este buen camino, y sobre todo la de los que ensean una va enteramente
opuesta-el camino del orgullo, de la liviandad, de las pasiones, de los deseos mun-
danos en el que se buscan los placeres ms que a Dios; de la dureza para con
nuestro prjimo, del desdn de las buenas obras-donde no se sufre ningn mal ni
persecucin por causa de la justicia!
7. Si alguien me pregunta: Cundo ha enseado alguno esto, o quin lo
ensea como el camino del cielo? le contestar: Miles de varones justos y sabios;
todos aquellos que en diferentes denominaciones animan a los soberbios, los
frvolos, los de pasiones fuertes, los amantes del mundo y de los placeres, los
injustos, los duros de corazn, los perezosos, los descuidados, los buenos para
nada, los intiles, los que nada sufren por la justicia, y les permiten imaginarse que
van por el camino del cielo. Estos son los falsos profetas en todo el sentido de la
palabra; los que hacen traicin a Dios y al hombre; los primognitos de Satans,
los hijos mayores de Apolin el destructor. Estos son peores que asesinos, puesto
que destruyen las almas de los hombres; continuamente estn poblando las
regiones de la oscuridad, y cuando sigan en pos de las almas que han arruinado,
el infierno se espantar y saldr a recibirlos.
II. 1. Pero, se presentan ahora tales cuales son? Nada de eso. Si as lo
hicieran, no podran destruir a tantos. Os alarmarais y huirais para escapar con
vida. Por consiguiente, asumen una apariencia enteramente distinta, que es el
segundo punto que vamos a considerar, "vienen a vosotros con vestidos de
ovejas, mas de dentro son lobos rapaces."
2. "Vienen a vosotros con vestidos de ovejas." Es decir, su apariencia es la
de hombres que no pueden hacer dao. Se presentan del modo ms amable e
inofensivo, sin la menor seal de enemistad. Quin se ha de figurar que estos
individuos tan pacficos podrn hacer mal a nadie? Tal vez no sean tan celosos y
activos en hacer bien como uno deseara, pero, no obstante, no hay razn para
sospechar que tengan ni siquiera el deseo de hacer dao. Mas eso no es todo.
3. En segundo lugar, aparentan ser tiles como si estuviesen llamados a
esto cabalmente, a hacer el bien. Estn encargados especialmente de velar por
vuestras almas, de educaros en el camino de la vida eterna. Su deber es ir por
todas partes "haciendo bien, y sanando a todos los oprimidos del diablo." Siempre
habis estado acostumbrados a considerarlos como mensajeros de Dios, enviados
a traeros bendiciones.
4. En tercer lugar, vienen con la apariencia de la religin. Todo lo que hacen
es en conciencia! Os aseguran que slo el celo que tienen por Dios los impulsa a
hacer a Dios mentiroso. El inters puro que tienen por la religin es lo nico que
los induce a querer destruirla hasta sus races. Todo lo que hablan es por
impulsos de su amor a la verdad y por el temor de que sta se menoscabe, o por
amor a la Iglesia y el deseo de defenderla de sus enemigos.
5. Sobre todo vienen aparentando amor. Se toman todas estas molestias
solamente por vuestro bien. No deberan molestarse, pero se interesan por
vosotros. Protestarn sus buenos deseos, la ansiedad que sienten al ver el peligro
en que estis, sus deseos fervientes de protegeros en contra de toda clase de
errores, de que no caigis en doctrinas nuevas y falsas. Sentirn mucho ver que
cualquiera persona de tan buenas intenciones, aceptara opiniones exageradas, o
que estuviera perpleja con nociones extraas e incomprensibles, o alucinada por
el entusiasmo. Por lo tanto, os aconsejan que os estis quietos en el camino claro
de en medio; que no seis demasiado justos, no sea que os destruyis a vosotros
mismos.
III. 1. Pero, cmo sabremos lo que realmente son, a pesar de su apariencia
engaadora? Este es el tercer punto que nos propusimos investigar. Nuestro
bendito Seor vio la necesidad que hay de que todos los hombres conozcan a
estos falsos profetas por ms que se disfracen, y comprendi lo imposible que es
a la mayora de los hombres deducir una verdad de una larga cadena de
consecuencias. Por consiguiente, nos dio una regla clara y sencilla, que aun las
inteligencias de ms cortos alcances pueden comprender fcilmente, y que puede
aplicarse en todas las ocasiones: "Por sus frutos los conoceris."
2. Fcilmente podis aplicar esta regla a todas horas. A fin de saber si
ciertas personas que hablan en nombre de Dios son profetas verdaderos o falsos,
es fcil observar: primero, qu frutos producen sus doctrinas? qu influencia
tienen en sus vidas? son puros y limpios en todas las cosas? qu efecto tienen
en sus corazones? dejan ver en todo el tenor de sus vidas que sus disposiciones
y costumbres son santas, celestiales, divinas; que est en ellos la mente que
estuvo en Jesucristo; que son mansos, humildes, pacficos, amantes de Dios y del
hombre, y celosos en hacer buenas obras?
3. Fcilmente podis investigar, en segundo lugar, qu frutos produce su
enseanza en aquellos que los escuchan- si no en todos, al menos en muchos de
ellos, porque ni los apstoles convirtieron a todos aquellos a quienes predicaron.
Tienen stos la mente de Cristo? andan como El anduvo? es su andar el
resultado de haber escuchado a dichos profetas? eran inicuos interior y
exteriormente hasta que los escucharon? Si as fuere, claro est que estos
hombres son verdaderos profetas, maestros enviados de Dios. Pero si no es as,
si no ensean a s mismos o a otros eficazmente el amor y el servicio de Dios,
claro est que son profetas falsos, que no han sido enviados de Dios.
4. Palabra dura es esta, y quin la podr soportar? Nuestro Seor lo
saba, y en consecuencia, condescendi a probarlo muy extensamente por medio
de varios argumentos claros y convincentes. "Cgense uvas de los espinos,"
dice, "o higos de los abrojos?" (v. 16). Esperis buenos frutos de estos hombres
perversos? Ms bien podis esperar coger uvas de los espinos o higos de los
abrojos! "Todo buen rbol lleva buenos frutos; mas el rbol maleado lleva malos
frutos" (v. 17). Todo verdadero profeta, todo verdadero maestro enviado por m,
lleva el buen fruto de la santidad, pero el profeta falso, el maestro falso, a quien yo
no he enviado, slo lleva el pecado y la iniquidad. "No puede el buen rbol llevar
malos frutos, ni el rbol maleado llevar frutos buenos."
El verdadero profeta, el maestro enviado de Dios, no slo lleva buenos frutos
algunas veces, sino siempre; no por casualidad, sino por una especie de
necesidad. De la misma manera, el falso profeta, el que no ha sido enviado de
Dios, no lleva malos frutos una que otra vez, sino continua y necesariamente.
"Todo rbol que no lleva buen fruto, crtase y chase en el fuego" (v. 19). Tal ser
infaliblemente la suerte de los profetas que no lleven buen fruto, que no salven a
las almas del pecado; que no hagan que los pecadores se arrepientan. "As que,"
tened como regla eterna, "por sus frutos los conoceris" (v. 20). Todo aquel que
de hecho hace que los orgullosos, colricos, falsos de compasin, amantes del
mundo, se vuelvan humildes, amables, amantes de Dios y de los hombres, es un
verdadero profeta, es enviado de Dios, quien naturalmente confirma sus palabras.
Por otra parte, aquel cuyos oyentes permanecen tan injustos como antes, o
quienes no tienen la justicia que excede a la de los escribas y de los fariseos, es
un profeta falso, no es enviado de Dios; su trabajo se desploma, y a no ser por un
milagro de la gracia divina, tanto l como los que le escuchan caern en los pro-
fundos.
5. "Guardaos de los falsos profetas," porque aun cuando vengan "con
vestidos de ovejas...de dentro son lobos rapaces." Slo vienen a destruir y devorar
el rebao, y si no hay quien lo defienda lo hacen pedazos. Aunque quieran, no
pueden guiaros en el camino del cielo. No es posible que lo hagan, puesto que no
saben la va. Guardaos de ellos, no sea que os descaminen y hagan que perdis
las cosas que habis obrado!
6. Tal vez digis: Si hay tanto peligro en escucharlos, nuestro deber es no
orlos nunca. Cuestin es esta tan seria que merece la ms profunda
consideracin, y que no debe resolverse sino despus de meditar sobre ella con la
mayor calma y la ms completa reflexin. Durante muchos aos casi he temido
mencionarla, puesto que no puedo decidir de un modo o de otro, ni dar una
opinin decisiva. Por muchas razones me inclino a decir: No los escuchis. Pero,
por otra parte, lo que nuestro Seor dice de los falsos profetas de su tiempo
parece sugerir lo contrario. "Entonces habl Jess a las gentes y a sus discpulos
diciendo: Sobre la ctedra de Moiss se sentaron los escribas y los Fariseos," los
maestros autorizados de la Iglesia, "as que, todo lo que os dijeren que guardis,
guardadlo y hacedlo; mas no hagis conforme a sus obras: porque dicen, y no
hacen."
Nuestro Seor demostr durante todo su ministerio que estos eran falsos profetas
en el sentido ms claro de la palabra, como tambin lo hace en estas palabras:
"dicen, y no hacen." Por consiguiente, por sus frutos podan conocerlos sus
discpulos, puesto que sus vidas eran pblicas. Repetidas veces los amonesta
nuestro Seor que se guarden de semejantes falsos profetas, y sin embargo, no
les prohbe escucharlos, sino al contrario les manda que lo hagan: "as que, todo
lo que os dijeren que guardis, guardadlo y hacedlo." Porque a no ser que los
escucharan, no podran saber, ni mucho menos guardar, los que aquellos
enseaban. En este pasaje, pues, da nuestro Seor a sus apstoles-y a toda la
multitud-el mandato de que, en ciertas circunstancias, escuchen a esos profetas
que se sabe son falsos.
7. Quiz digan algunos: Les mand que los escuchasen slo cuando lean
la Escritura en la congregacin. A lo que contesto: despus de leer la Escritura
generalmente la aplican, y no hay en este pasaje la menor indicacin de que ha-
ban de escuchar la lectura y no la exposicin. Al contrario, las palabras: "Todo lo
que os dijeren que guardis," excluyen la idea de esa limitacin.
8. Adems, muy en contra de lo que debera ser, y de lo cual nos duele
hablar; con mucha frecuencia se encarga tambin la administracin de los
sacramentos a estos falsos profetas. Aconsejar a los hombres que no los
escuchen, sera tanto como privarlos de la ordenanza de Dios. Y no nos
atrevemos a hacer tal cosa, puesto que la validez de dicha ordenanza no consiste
en la virtud del que la administra, sino en la fidelidad de Aquel que la instituy,
quien se comunica y se comunicar con nosotros en las vas que ha establecido.
Por lo tanto, vacilo en decir: No escuchis a los falsos profetas. Dios puede
concedernos y nos da sus bendiciones, aun por medio de aquellos que estn bajo
la maldicin divina, porque sabemos por nuestra propia experiencia que el pan
que ellos parten, es "la comunin del cuerpo de Cristo;" y la copa que Dios
bendijo, aun por medio de los impuros labios de esos falsos profetas, es la
comunin de la sangre de Cristo.
9. Lo ms que puedo decir es esto: En cualquier caso especial, acercaos a
Dios en la oracin humilde y ferviente, y despus obrad segn la luz que tengis.
Obrad de acuerdo con lo que creis ha de redundar en vuestro provecho espiri-
tual. Cuidad de no formar un juicio ligero; de no creer fcilmente que tal o cual
individuo es un falso profeta, y cuando tengis pruebas irrecusables de que lo es,
no deis lugar en vuestro corazn a la ira o al desprecio. Despus de esto, de-
terminad en la presencia y el temor de Dios, lo que debis hacer. Slo puedo decir
que si, segn vuestra experiencia, el escucharlos daa vuestras almas, debis
dejarlos pacficamente e ir a escuchar a los que os hacen bien.
Guardaos cmo escuchis; guardaos de ellos y de sus doctrinas. Od con temor y
temblor, no sea que os engais y os entreguis, como ellos, a cualquier
tremendo error. Como constantemente mezclan la verdad con la mentira, es muy
fcil que aceptis ambas. Escuchad en oracin continua y ferviente a Aquel que
solo puede ensear al hombre sabidura, y cuidad de probar todo lo que escuchis
segn "la ley y el testimonio." No recibis nada sin probarlo antes, sin pesarlo en
la balanza del santuario. Nada creis de lo que digan, a no ser que se pueda
confirmar claramente con pasajes de la Sagrada Escritura, y rechazad
decididamente todo lo que se diga o no se pueda probar con ella. Muy
especialmente, rechazad con el mayor horror cualquier camino que se describa
como el de la salvacin, y que sea diferente o no llene todos los requisitos del
camino que nuestro Seor ha descrito en el discurso anterior.
10. No puedo concluir sin dirigir antes unas cuantas palabras a aquellos de
quienes hemos estado hablando. Vosotros, profetas falsos, huesos secos,
escuchad, a lo menos hoy, la Palabra de Dios! Hasta cundo dejaris de mentir
en el nombre de Dios, diciendo: "Dios me ha hablado," cuando Dios no os ha
hablado? Hasta cundo seguiris torciendo los caminos del Seor, cambiando la
luz por tinieblas, y las tinieblas por luz? Hasta cundo dejaris de mostrar el
camino de la muerte y de llamarlo camino de vida? Hasta cundo cesaris de
entregar a Satans las almas que pretendis llevar a Dios?
11. Ay de vosotros, ciegos, guas de ciegos, porque cerris el reino de los
cielos delante de los hombres: "que ni vosotros entris, ni a los que estn entrando
dejis entrar"! A los que porfan a entrar por la puerta angosta, llamis al camino
espacioso. A los que apenas han dado unos cuantos pasos en las vas del Seor,
amonestis diablicamente que no vayan ms lejos. A los que empiezan a tener
"hambre y sed de justicia," amonestis que no sean justos en demasa, y de este
modo los hacis tropezar en el portal-s, los hacis caer para no levantarse ms.
Por qu hacis esto? De qu os aprovecha su sangre cuando caen en el hoyo?
Qu ganancia tan miserable! Perecern por su maldad, pero su sangre
demandar Dios de vuestras manos.
12. Dnde tenis los ojos? dnde la inteligencia? tanto habis
engaado a otros, que acabis por engaaros a vosotros mismos? quin os ha
dicho que enseis este camino el cual no conocis? os habis entregado a
semejante error, de tal manera que no slo enseis sino que aun creis una
mentira? es posible que os creis ser enviados de Dios, que sois sus
mensajeros? Si el Seor os hubiera enviado, su obra prosperara en vuestras
manos. Vive el Seor que si fueseis los mensajeros de Dios, El confirmara las
palabras de sus mensajeros, pero la obra del Seor no prospera en vuestras
manos; no trais pecadores al arrepentimiento; no confirma el Seor vuestras
palabras, puesto que no salvis almas de la muerte.
13. Cmo podis evadir las palabras del Seor, tan terminantes, tan
fuertes, tan decididas? Cmo podis dejar de conoceros por vuestros frutos,
frutos malos de rboles maleados? "Cgense uvas de los espinos, o higos de los
abrojos?" Aplicaos estas palabras que a vosotros pertenecen. Oh, rboles secos!
por qu ocupis el terreno? "Todo buen rbol lleva buenos frutos." No veis que
no hay excepcin? Sabed, pues, que no sois buenos rboles, puesto que no
llevis buenos frutos. "Mas el rbol maleado lleva malos frutos," y vosotros desde
el principio habis llevado malos frutos. Lo que habis hablado, como si fuera de
Dios, slo ha confirmado a los que os han escuchado en el genio, si no es que
tambin en las obras del diablo. Recibid la amonestacin de aquel en cuyo
nombre os hablo, antes que pase la sentencia que os amenaza: "Todo rbol que
no lleva buen fruto, crtase y chase en el fuego."
14. Amados hermanos, no endurezcis vuestros corazones! Por mucho
tiempo habis cerrado vuestros ojos para no ver la luz. Abridlos, pues, antes que
sea demasiado tarde; antes que os echen a las tinieblas de afuera. No dejis que
ninguna consideracin temporal pese en vuestra mente, porque arriesgis toda la
eternidad. Antes de ser enviados habis corrido. No vayis ms lejos; no queris
condenar vuestras almas y las de los que os escuchan! No tenis ningunos frutos
de vuestros trabajos. Y por qu? Simplemente porque no est el Seor con
vosotros. Pero podis emprender esta carrera por vosotros mismos? No es
posible que lo hagis.
Humillaos, pues, ante El. Clamad a El desde el polvo, para que vivifique vuestras
almas, os d la fe que obra por el amor, ese amor que es humilde y manso, puro y
misericordioso, celoso en buenas obras, que se regocija en la tribulacin, en los
reproches, en los sufrimientos en la persecucin por la justicia. Entonces
descansar sobre vosotros el Espritu de gloria y de Cristo, y se ver que sois
enviados de Dios. Entonces haris la obra de evangelistas y cumpliris vuestro
ministerio. La Palabra de Dios ser en vuestros labios como martillo que
quebranta la piedad. Por vuestros frutos se sabr que sois profetas del Seor, aun
por medio de los hijos espirituales que Dios os ha dado. Y despus de ensear
justicia a la multitud, resplandeceris como las estrellas a perpetua eternidad.
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXXII
1. ( 1). Qu asercin se hace aqu primeramente? 2. ( 2). Cmo se evita este
peligro? 3. ( 3). De qu cosa hay ejemplos innumerables? 4. ( 4). Mencionad
las tres cosas que se propone investigar un predicador. 5. (I. 1). Cul es la
primera investigacin? 6. (I. 2). Qu significa la palabra profeta? 7. (I. 3). Qu
se dice de todo camino espacioso al cielo? 8. (I. 4). Cul es el nico camino
verdadero? 9. (I. 5). Importa algo qu nombre se d al camino espacioso? 10. (I.
6). Quines se dice que estn bajo mayor condenacin? 11. (I. 7). Existen
algunos en nuestros das que enseen este falso camino? 12. (II. 1). Vienen los
falsos profetas en sus propios vestidos? 13. (II. 2). Qu significa "vestidos de
ovejas"? 14. (II. 3). Cul es la segunda caracterstica? 15. (II. 4). Cul es la
tercera? 16. (II. 5). Qu se menciona como lo principal? 17. (III. 1). De qu
modo se puede descubrirlos? 18. (III. 2). Cundo se puede aplicar esta regla?
19. (III. 3). Qu cosa es de observarse en segundo lugar? 20. (III. 4). Cmo
llaman a este dicho? 21. (III. 5). Qu cosa hacen los falsos profetas? 22. (III. 6).
Qu asunto se propone aqu? 23. (III. 7-8). Qu efecto tiene el rehusarse a
escucharlos, segn lo que aqu se dice? Qu quiere decir? Respuesta. El seor
Wesley se refiere aqu a los hombres inicuos y abiertamente pecadores, no
convertidos, que ocupaban puestos eclesisticos en la iglesia anglicana. Como se
les daba posesin de los plpitos sin consultar la opinin de las congregaciones,
no era posible despedirlos despus de que se encargaban de sus "curatos en
propiedad." Como quiera que por aquel entonces haba muy pocos ministros
metodistas ordenados, se hallaba el pueblo en el dilema de recibir los
sacramentos de manos de hombres no convertidos, o de no recibirlos. Por
supuesto que este estado de cosas ya no existe en Inglaterra. 24. (III. 9). Qu
caso menciona en este prrafo? 25. (III. 10). Cmo se dirige a los falsos
profetas? 26. (III. 11-14). No deberamos examinarnos a nosotros mismos y ver
si somos sinceros en nuestra profesin, y consecuentes en nuestra vida y
costumbres?
SERMON XXXIII
ANALISIS
I. Habiendo declarado cul sea toda la advertencia de Dios respecto del
camino de nuestra salvacin, pasa nuestro Seor a clasificar a los oyentes de la
Palabra. A los que la escuchan pero no la obedecen, y a los que s la obedecen,
describe bajo el smil del hombre que edifica. Los unos edifican sobre la arena; los
otros sobre la pea.
II. Del hombre que edifica sobre la arena, dice nuestro Seor: "No todo el que
me dice: Seor, Seor, entrar en el reino de los cielos." Precisa entender estas
palabras. El ir al cielo por un camino diferente del que El ha sealado. Por ms
que se repitan los credos, se hagan profesiones y se ofrezcan oraciones, si no hay
algo ms-si no hay resultados en el corazn-la religin slo es de labios. Aun el
estado pasivo en que no se hace mal,- estar libre de pecados exteriores y
arrogantes- ms an, el hacer obras buenas, as llamadas-obedecer las reglas
que la Iglesia tiene en su organizacin y para la vida de sus miembros, tales como
la asistencia a los cultos y lo que Dios ha ordenado, en su casa-aun cuando se
hagan todas estas cosas con el deseo de agradar a Dios, y en la creencia de que
toma contentamiento en ellas, todo esto est muy lejos de ser la justicia que se
requiere en el discurso anterior.
III. A no ser que el reino de Dios est en lo interior, la casa est edificada
sobre la arena. El edificador sabio, empero, es pobre en espritu; ve y siente su
culpabilidad. Teniendo conciencia de su estado de perdicin, no confa en nada de
lo que ha hecho o de lo que puede hacer para obtener otra vez el favor de Dios.
Es manso, paciente, amable para con todo el mundo. Su alma est sedienta de
Dios. Ama a todo el gnero humano y est listo a poner su vida aun por sus
enemigos. Ama a Dios de todo su corazn, entendimiento, alma y fuerzas. Hace
todo el bien que puede a todos los hombres, siempre que se le presenta la
oportunidad. Es verdaderamente sabio, porque se conoce a s mismo, al mundo, y
a Dios su Padre y su Amigo.
IV. A la par que est en paz con Dios, est en guerra con todo lo que es
impuro. Tiene que pasar por el fuego de la tentacin, la afliccin y la persecucin.
Descender la lluvia en torrentes, pero su casa permanecer, porque est
edificada sobre la pea.
V. Atae a todos los hombres examinar estas cosas. La base de la
esperanza. Las falsas esperanzas de los hombres que sern probadas y pesadas
en la balanza. Amonestacin a todos a que edifiquen sobre la pea.
SERMON XXXIII
SOBRE EL SERMON DE NUESTRO SEOR
EN LA MONTAA (XIII)
No todo el que me dice: Seor, Seor, entrar en el reino de los cielos: mas el que
hiciere la voluntad de mi Padre que est en los cielos. Muchos me dirn en aquel
da: Seor, Seor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos
demonios, y en tu nombre hicimos milagros? Y entonces les protestar: Nunca os
conoc; apartaos de m, obradores de maldad. Cualquiera, pues, que me oye estas
palabras, y las hace, le comparar a un hombre prudente, que edific su casa
sobre la pea; y descendi lluvia, y vinieron ros, y soplaron vientos, y combatieron
aquella casa; y no cay: porque estaba fundada sobre la pea. Y cualquiera que
me oye estas palabras, y no las hace, le comparar a un hombre insensato, que
edific su casa sobre la arena; y descendi lluvia, y vinieron ros, y soplaron
vientos, e hicieron mpetu en aquella casa; y cay, y fue grande su ruina (Mateo 7:
21-27).
1. Habiendo nuestro Divino Maestro declarado toda la enseanza de Dios
respecto del camino de la salvacin, y advertido los obstculos principales que se
presentan en el camino a los que desean andar por l, cierra su discurso con
estas solemnes palabras, sellando, como quien dice, su profeca, y dando todo el
peso de su autoridad a lo que haba dicho, a fin de que permanezca firme de
generacin en generacin.
2. Porque a fin de que ninguno se figure que hay otro camino adems de
ste, dice el Seor: "No todo el que me dice: Seor, Seor, entrar en el reino de
los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que est en los cielos.
Muchos me dirn en aquel da: Seor, Seor, no profetizamos en tu nombre, y en
tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y
entonces les protestar: Nunca os conoc; apartaos de m, obradores de mal-
dad...Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y no las hace, le comparar a
un hombre insensato, que edific su casa sobre la arena; y descendi lluvia, y
vinieron ros, y soplaron vientos, e hicieron mpetu en aquella casa; y cay, y fue
grande su ruina."
3. Paso, primeramente, a considerar el caso del que edifica sobre la arena.
En segundo lugar, a demostrar la sabidura del que edifica sobre la pea. Y por
ltimo, har una aplicacin prctica.
I. 1. En primer lugar, consideremos el caso del que edifica sobre la arena.
Hablando de ste, dijo nuestro Seor: "No todo el que me dice: Seor, Seor,
entrar en el reino de los cielos." Este es un decreto que tiene que cumplirse; que
permanecer para siempre. Debemos, por consiguiente, procurar entender
perfectamente el sentido de estas palabras. Qu quiere decir, pues, esa
expresin: "Me dir en aquel da: Seor, Seor"? Indudablemente significa esto:
que creen poder ir al cielo por otro camino diferente del que acaba de sealar.
Empezando por el punto de menor importancia, significa, por consiguiente, toda
buena palabra, toda religin verbal. Incluye todos los credos que repetimos, las
profesiones de fe que hacemos, las oraciones que decimos, las acciones de gra-
cias que hacemos o leemos a Dios.
Podemos hablar bien de su nombre y declarar su misericordia a los hijos de los
hombres. Podemos estar de da en da hablando de sus obras maravillosas y de la
salvacin que hay en El. Al comparar las cosas espirituales, podemos sealar el
sentido de los Orculos de Dios, podemos explicar los misterios de su reino, que
han estado escondidos desde el principio del mundo. Podemos hablar en lenguas
anglicas-ms bien que de hombres-respecto de las cosas profundas de Dios.
Podemos clamar ante los hombres: "He aqu el Cordero de Dios que quita el
pecado del mundo." S, podemos hacer esto con tal poder de Dios, y tal
demostracin de su Espritu, que salvemos muchas almas de la muerte, y que
escondamos multitud de pecados. Sin embargo, todo esto no puede ser ms que
decir: "Seor, Seor." Puedo ser desechado despus de haber predicado a otros
con buen xito. Puedo ser un instrumento en la mano de Dios para arrebatar a
muchas almas del borde del infierno, y, sin embargo, ir yo mismo all cuando
muera. Puedo guiar muchas almas al cielo, y, sin embargo, nunca entrar en l. Si
alguna vez, lector, Dios ha bendecido la palabra que dirijo a tu alma, pdele que
tenga misericordia de m, pobre pecador.
2. Las palabras: "Seor, Seor," pueden significar, en segundo lugar, que no
se hace ningn mal. Podemos abstenernos de toda clase de pecado, del orgullo,
de toda clase de maldad exterior. Podemos evitar todos esos modos de hablar y
de obrar que prohbe la Sagrada Escritura. Podemos decir a aquellos entre
quienes vivimos: "Quin de vosotros me redarguye de pecado?" Podemos tener
una conciencia limpia de toda ofensa exterior para con Dios y para con el hombre.
Tal vez estemos limpios de toda escoria, maldad e in justicia en lo que se
refiere al hecho exterior-o como el Apstol testifica de s mismo: "cuanto a la
justicia que es en la ley (es decir, la justicia externa), irreprensible;"-y sin embargo,
no estar justificados con todo esto, lo cual no es ms que decir: "Seor, Seor." Si
no vamos ms all, jams podremos entrar "en el reino de los cielos."
3. La exclamacin: "Seor, Seor," puede significar, en tercer lugar, muchas
de las llamadas buenas obras. Puede uno frecuentar la Cena del Seor, ir a
escuchar con frecuencia buenos sermones, y no omitir ninguna oportunidad de
participar de todas las cosas que Dios ha ordenado-hacer bien al prjimo, dar pan
al hambriento, vestir al desnudo, ser celoso en hacer buenas obras, dar todo lo
que se posee para dar de comer a los pobres, hacer todo esto con el deseo de
agradar a Dios, creyendo sinceramente agradarle-que indudablemente es el caso
en que estn aquellos a quienes el Seor menciona que le dirn: "Seor, Seor,"-
y, sin embargo, no tener parte en la gloria que ser revelada.
4. Si alguno se maravilla de esto, confiese que es enteramente extrao a
toda la religin de Jesucristo, muy especialmente, segn esa descripcin perfecta
que hace de ella en este discurso. Porque cunto dista todo esto de la justicia y
verdadera santidad que aqu se nos describe! Cun lejos est del reino interior
del cielo que ahora se abre en el alma del creyente! Primero se siembra en el
corazn como un grano de mostaza, pero despus echa grandes ramas, de las
cuales crecen los frutos de justicia, de buen genio, de toda buena palabra y obra.
5. A pesar de haber declarado muy expresamente y repetido con frecuencia
que sin tener en su alma este reino de Dios, nadie podr entrar en l, nuestro
Seor saba perfectamente que muchos no recibiran su dicho, y lo confirma en
seguida: "Muchos,"-no slo uno, ni unos cuantos, sino muchos-"me dirn en aquel
da,"-no slo dirn: hemos dicho nuestras oraciones, te hemos alabado, hemos
procurado evitar el mal, nos hemos ejercitado en hacer el bien pero, sobre todo-
"profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre
hicimos milagros." Profetizamos, declarando a los hombres tu voluntad;
enseamos a los pecadores el camino de la paz y la gloria; hicimos todo esto "en
tu nombre," segn la verdad en tu Evangelio. Lo hicimos con la autoridad que t
nos diste, t que confirmaste la palabra con el Espritu Santo que enviaste de los
cielos. Porque en tu nombre, con el poder de tu palabra y de tu Espritu, "lanzamos
demonios" fuera de las almas que por tanto tiempo consideraron como suyas, y de
las cuales estaban en completa y tranquila posesin. "En tu nombre"-con tu poder,
no con el nuestro-"hicimos muchos milagros;" tanto que aun los muertos que
oyeron la voz del Hijo de Dios, hablando nosotros, vivieron.
"Y entonces les protestar"-a ellos en persona-"Nunca os conoc," ni aun cuando
estabais lanzando demonios en mi nombre. Ni aun entonces os reputaba como
mos, porque vuestro corazn no era recto en la presencia de Dios. No erais
mansos ni humildes; no erais amantes de Dios y del gnero humano; no estabais
renovados a la imagen de Dios; no erais santos como yo soy santo. "Apartaos de
m"-vosotros quienes, a pesar de todo esto que decs, sois-"obradores de maldad."
Sois transgresores de la ley, de mi ley del amor santo y perfecto.
6. Para que no quedase ni la posibilidad de contradiccin, confirma nuestro
Seor esta verdad con una comparacin oportuna: "Cualquiera, pues, que me oye
estas palabras, y no las hace, le comparar a un hombre insensato, que edific su
casa sobre la arena; y descendi lluvia, y vinieron ros, y soplaron vientos, e
hicieron mpetu en aquella casa." Tarde o temprano lo harn tambin en el alma
de todo hombre las lluvias de las aflicciones exteriores, de la tentacin interior; las
tempestades del orgullo, de la clera, del miedo y de los deseos. "Y cay, y fue
grande su ruina." Pereci para siempre. Tal ser la suerte de todos los que confan
en cualquiera cosa que no sea la religin que ya queda descrita. Su cada ser
tanto ms grande, cuanto que oyeron estas palabras, pero no las hicieron.
II. 1. Paso, en segundo lugar, a discurrir sobre la sabidura del que edifica su
casa sobre la pea. "El que hiciere la voluntad de mi Padre que est en los cielos,"
es verdaderamente sabio; es pobre de espritu y se conoce a s mismo tal como es
conocido en el cielo. Ve y siente todos sus pecados, toda su culpabilidad, hasta
que la sangre redentora le lava. Tiene la conciencia de su estado de perdicin, de
que la ira de Dios permanece en l, de su completa incapacidad para ayudarse a
s mismo, hasta que sienta su corazn lleno de la paz y el gozo en el Espritu
Santo. Es manso y amable, paciente para con los hombres, no volviendo mal por
mal ni maldicin por maldicin, sino antes por el contrario, bendiciendo hasta que
vence con el bien el mal. De nada en el mundo tiene su alma sed, sino de Dios,
del Dios viviente. Siente amor por todo el mundo y est listo a poner su vida por
sus enemigos. Ama al Seor su Dios de todo su corazn, de toda su mente, alma
y fuerzas.
Slo aquel que de esta manera hace bien a todos sus semejantes, y que por lo
tanto es despreciado y rechazado de los hombres, que es odiado, reprochado y
perseguido, que se regocija y est sumamente contento, conociendo a Aquel en
quien ha credo, y que est seguro de que estas aflicciones ligeras y
momentneas obran en l un "sobremanera alto y eterno peso de gloria," entrar
en el reino de los cielos.
2. Cun verdaderamente sabio es este hombre! Se conoce a s mismo-un
espritu eterno, que vino de Dios, enviado a vivir en esta casa de barro, no a hacer
su voluntad, sino la voluntad de Aquel que le envi. Conoce el mundo: el lugar
donde ha de pasar unos cuantos das o unos cuantos aos, no como uno de sus
habitantes, sino corno un extrao y peregrino en camino para las mansiones
eternas. En consecuencia, usa del mundo, mas no abusa de l. Conoce a Dios, su
Padre y su Amigo, la fuente de todo bien, el centro de los espritus de toda carne,
la nica felicidad de todo ser inteligente. Ve ms claramente que la luz del medio
da, que el fin para el cual fue creado el hombre, es el de glorificar a Dios y gozarle
por los siglos de los siglos. Con igual claridad ve los medios de ese fin, el goce de
Dios en la gloria, y el conocimiento de Dios ahora mismo, amndole e imitndole,
creyendo en Jesucristo a quien envi.
3. Aun en la opinin de Dios es un hombre sabio, porque edifica su casa
"sobre la pea"-la Pea de los Siglos, la Roca eterna, el Seor Jesucristo. Con
razn se llama as, puesto que nunca cambia. Es "el mismo ayer, y hoy, y por los
siglos." A El dan testimonio tanto el hombre de Dios de la antigedad como el
Apstol, al citar sus palabras: "T, oh Seor, en el principio fundaste la tierra; y los
cielos son obra de tus manos: ellos perecern, mas t eres permanente; y todos
ellos se envejecern como una vestidura; y como un vestido los envolvers, y
sern mudados; empero t eres el mismo, y tus aos no acabarn" (Hechos 1: 10-
12).
Por consiguiente, el hombre que edifica en El es sabio porque lo acepta como el
nico fundamento. Slo edifica en su sangre y en su justicia, en lo que hizo y
sufri por nosotros. En esta piedra angular fija su fe y en ella descansa todo el
peso de su alma. Dios le ha enseado a decir: Seor, he pecado. Merezco el
castigo del infierno, pero estoy abundantemente justificado por tu gracia, en la
redencin que es en Cristo Jess, y la vida que ahora llevo, la vivo por fe en Aquel
que me am y se dio a s mismo por m. La vida que ahora llevo es una vida
divina, celestial, una vida escondida con Cristo en Dios. Aun en la carne vivo una
vida de amor, de un amor puro hacia Dios y hacia los hombres; una vida de san-
tidad y dicha, alabando a Dios y haciendo todo para su gloria.
4. Empero no crea ese hermano que ya no habr de luchar; que ya est
fuera de la tentacin. Dios ha de probar la gracia que le ha dado. Lo probar como
el oro en el fuego. Tendr tantas tentaciones como los que no conocen a Dios. Tal
vez sean ms abundantes, puesto que Satans no dejar de molestar hasta ms
no poder a aquellos a quienes no puede destruir. Por consiguiente, descender la
lluvia no cuando quiera el prncipe del poder del aire, sino slo cuando lo crea
conveniente Aquel cuyo "reino domina sobre todos." Vendrn "los ros," o el
torrente, se levantarn sus olas y soplarn con furia, pero el Seor que se asienta
sobre las abundantes lluvias, que permanece Rey para siempre, dir: "Hasta aqu
vendrs, y no pasars adelante, y ah parar la hinchazn de tus ondas." Soplarn
los vientos y combatirn aquella casa, como para echar abajo los mismos
cimientos, pero no lo conseguirn; no caer porque est edificada sobre la pea.
Por medio de la fe y del amor ha edificado en Cristo, por consiguiente, no ser
abatido. No temer "aunque la tierra sea removida; aunque se traspasen los
montes al corazn de la mar." Aunque bramen sus aguas y se turben, aunque
tiemblen los montes a causa de su braveza. "Habita al abrigo del Altsimo," mora
"bajo la sombra del Omnipotente."
III. 1. Cunto atae, pues, a todo hombre el aplicar a s mismo estas cosas,
examinar con cuidado el cimiento sobre el que ha edificado, a ver si est sobre la
pea o en la arena! Cun profundamente os concierne preguntar: En qu fundo
mi esperanza de entrar en el reino de los cielos? No he edificado sobre la arena,
sobre mi ortodoxia, o mis rectas opiniones, que por un abuso de palabras he
llamado fe, sobre una serie de ideas que me figuro son ms racionales y
escriturarias que las que otros tienen? Qu locura! Ciertamente esto se llama
edificar sobre la arena, o ms bien dicho, sobre la espuma del mar. Decid: Estoy
convencido de esto: No estoy basando mi esperanza, en cosa tan efmera corno
la anterior? Tal vez base mi fe en el hecho de que pertenezco a una iglesia
excelente, reformada segn el verdadero modelo de la Escritura, bendecida con
tener la doctrina pura, la liturgia ms primitiva, la forma de gobierno ms apost-
lica. Indudablemente que estas son buenas razones para alabar a Dios, puesto
que pueden ser otras tantas ayudas a la santidad. Pero no es la santidad misma, y
si estn separadas de sta, de nada valen. Al contrario, nos dejarn sin disculpa
alguna y expuestos a una condenacin mayor. Por consiguiente, si fundo mi
esperanza en el cimiento, aun estoy edificando sobre la arena.
2. No podis ni debis descansar en esto. Sobre qu cimiento edificaris,
pues, la esperanza de vuestra salvacin? Sobre vuestra inocencia? sobre el
hecho de que no hacis mal a nadie? Supongamos que esto sea cierto-que sois
hombres honrados; que pagis todo lo que debis; que ni defraudis ni hacis
extorsin alguna; que sois justos en todos vuestros tratos; que tenis una buena
conciencia en la presencia de Dios; que no vivs en ningn pecado conocido. Pues
bien, todo esto no basta. Podis tener la conciencia de todo esto, y, sin embargo,
no entrar al cielo. Aun en el caso de que un individuo no haga ningn mal, y que
su conducta sea el resultado de abrigar en su corazn buenos principios, esta
conducta no es sino la parte ms insignificante de la religin de Cristo. Pero en
vosotros no es el resultado de principios rectos, y, por consiguiente, no forma
parte alguna de la religin. De manera que aun estis edificando sobre la arena.
3. Podis alegar algo ms? Diris que no slo no hacis mal, sino que
observis todas las ordenanzas de Dios? Participis de la Cena del Seor,
siempre que se presenta la oportunidad? frecuentis la oracin pblica y
privada? ayunis con frecuencia? escuchis y escudriis la Sagrada Escritura,
y meditis en ella? Todas estas cosas deberais haber hecho desde que
resolvisteis caminar hacia el cielo. Sin embargo, estas cosas por s solas nada
son, de nada valen sin "lo ms grave de la ley." Habis olvidado-o al menos no
experimentis-la fe, la misericordia, el amor de Dios, la santidad de corazn, el
cielo abierto en el alma. Por consiguiente, an segus edificando sobre la arena.
4. Sobre todo y adems de cuanto se ha dicho, sois celosos en hacer
buenas obras? Hacis bien a todos los hombres, segn se presenta la
oportunidad, dando de comer al hambriento, vistiendo al desnudo, visitando a las
viudas y a los hurfanos en sus aflicciones, a los que estn enfermos, aliviando las
necesidades de los que estn en la crcel? Hospedis a los extraos? "Amigo,
sintate ms arriba." Profetizis en nombre de Cristo? Predicis la verdad, tal
cual est en Jess? Va vuestro trabajo acompaado de la influencia del Espritu,
dndoos el poder de Dios para la salvacin de las almas? Trais con su ayuda a
los pecadores de las tinieblas a la luz, del poder de Satans a Dios? Entonces, id
y aprended lo que con tanta frecuencia habis enseado: "Por gracia sois salvos
por la fe...no por obras de justicia que nosotros habamos hecho, sino por su
misericordia nos salv." Aprended a refugiaros en la cruz de Cristo tal como sois,
considerando cuanto hayis hecho como basura y escoria! Clamad a El como lo
hicieron el ladrn moribundo y la ramera poseda de siete espritus malos! De otra
manera, an segus edificando sobre la arena, y despus de salvar a otros,
perderis vuestra propia alma.
5. Seor, aumenta mi fe, si es que ahora creo, y si no, dmela, aunque sea
como un grano de mostaza! Pero "qu aprovechar si alguno dice que tiene fe, y
no tiene obras?" Podr la fe salvarle? Ciertamente que no. La fe que no tiene
obras, que no produce la santidad interior y exterior, que no estampa en el
corazn toda la imagen de Dios, y que no nos hace puros como El es puro; la fe
que no produce toda la religin que se describe en los captulos anteriores, no es
la fe del Evangelio, no es la fe cristiana, no es la fe que conduce a la gloria.
Tened cuidado! No sea que caigis en esta red del diablo-que descansis en una
fe que no es santa ni sabia. Si ponis gran confianza en esto, estis perdidos para
siempre Estis edificando vuestra casa sobre la arena. Cuando descienda la lluvia
y vengan los ros, caer seguramente, y grande ser su cada.
6. Edifica sobre la pea. Mediante la gracia de Dios, concete a ti mismo.
Sabe y siente que ests hecho en iniquidad, que en pecado te concibi tu madre,
y que t mismo has estado acumulando pecado sobre pecado, desde que em-
pezaste a discernir entre lo bueno y lo malo. Reconoce que mereces el castigo de
la muerte eterna, y renuncia para siempre a toda esperanza de poder salvarte.
Cifra toda la esperanza en lavarte en su sangre, y purificarte con el Espritu de
Aquel que llev todos tus pecados en su cuerpo sobre el madero. Y si sabes que
ha quitado todos tus pecados, humllate todava ms en su presencia, teniendo
constantemente la conciencia de que dependes de El por completo para toda pa-
labra, pensamiento y obra buena, y de tu completa incapacidad de hacer el bien, a
no ser que te bendiga a cada momento.
7. Llorad por vuestros pecados y humillaos ante Dios, hasta que convierta
vuestra afliccin en gozo. Y an entonces, llorad por los que lloran y por aquellos
que no lloran. Lamentad las miserias y los pecados del gnero humano. Ved ante
vuestros ojos el ocano inmenso de la eternidad-sin fondo ni lmite-que ya se ha
tragado a millones de hombres, y est listo a devorar a los que quedan. Ved en los
cielos la mansin eterna de Dios, y por otra parte, el infierno y la destruccin sin
cubrirse, y en consecuencia, apreciad lo solemne de cada instante que apenas
viene y desaparece para siempre.
8. Aadid a vuestra sobriedad la mansedumbre de la sabidura. Procurad
dominar todas vuestras pasiones, pero especialmente la ira, la tristeza y el miedo.
Conformaos tranquilamente con la voluntad de Dios. Aprended a estar contentos
en cualquier estado en que os encontris. Sed tiernos con los buenos, amables
con todos los hombres, pero en particular con los malos y los ingratos. Evitad no
slo las expresiones de ira exterior, -tales como la de llamar a vuestro prjimo,
raca o loco-sino tambin todos los movimientos interiores antagnicos al amor,
aunque no pasen del corazn. Mostrad enojo en presencia del pecado que es una
afrenta a la majestad del cielo, pero seguid amando al pecador, semejantes a
nuestro Seor, quien mirando a los fariseos al derredor con enojo, "se condoleci
de la ceguedad de su corazn." Se condoleci de los pecadores, aunque se
enojaba del pecado. As, pues, "airaos y no pequis."
9. Tened, pues, hambre y sed, no de "la comida que perece, mas de la
comida que a vida eterna permanece." Hollad bajo vuestras plantas el mundo y las
cosas del mundo, todas las riquezas, honores y placeres. Qu os importa el
mundo? Dejad que los muertos entierren a sus muertos, pero seguid viviendo,
seguid la imagen de Dios. Cuidad de no apagar esa bendita sed, si es que ya la
sents en vuestras almas, con lo que comnmente se llama religin-esa triste y
estpida farsa, esa religin de formas, esas exterioridades que dejan el alma
pegada al polvo de la tierra, tan mundana y sensual como siempre. No os
contentis con nada, sino con el poder de la piedad, con una religin de espritu y
de vida, viviendo en Dios, y Dios en vosotros, hacindoos habitantes de la
eternidad, entrando del otro lado del velo por el rociamiento de sangre-hasta que
os sentis en el cielo con nuestro Seor Jesucristo.
10. Ahora pues, viendo que fortalecidos por Cristo podis hacerlo todo, sed
misericordiosos como vuestro Padre que est en los cielos es misericordioso.
Amad a vuestros prjimos como a vosotros mismos. Amad a vuestros enemigos
como a vuestra propia alma, y sea vuestro amor lleno de paciencia para con todos
los hombres. Que sea generoso, benigno. Que os inspire la ms amable dulzura, y
los ms tiernos y fervientes afectos. Que se regocije ese amor en la verdad, donde
quiera que sta se encuentre-la verdad que es segn la piedad. Gozad de todo
aquello que redunde para la gloria de Dios, y que promueva la paz y la buena
voluntad entre los hombres. Cubrid todas las cosas con el amor. No digis nada
de los muertos ni de los ausentes, sino bien. Aceptad cuanto tienda a defender la
buena reputacin de vuestro prjimo. Desead que todo resultado sea en su favor.
Sufrid todo para que triunfis de la oposicin, porque el verdadero amor nunca
falla en este siglo ni en la eternidad.
11. Ahora pues, sed limpios de corazn, habindoos purificado por medio de
la fe de todo afecto pecaminoso. Limpindoos de toda inmundicia de carne y
espritu, "perfeccionando la santificacin en temor de Dios." Y estando santificados
del orgullo por el poder de su gracia y la pobreza de espritu, de la ira y de toda
clase de pasin indigna y turbulenta por la mansedumbre y la misericordia, de toda
clase de deseos-excepto el de agradar a Dios-por el hambre y la sed de justicia,
amad ahora al Seor vuestro Dios de todo vuestro corazn y de todas vuestras
fuerzas.
12. En una palabra: que vuestra religin sea la religin del corazn, que se
arraigue en lo ms profundo de vuestras almas. Haceos ms pequeos, bajos y
viles a vuestros propios ojos, de lo que se pueda expresar con palabras. Admirad
y humillaos en el polvo de la tierra ante el amor de Dios que est en Cristo Jess.
Tened seriedad. Que todos vuestros pensamientos, todas vuestras palabras y
acciones manen de la profunda persuasin de que os encontris al borde del gran
vaco-vosotros y todos los hijos de los hombres-expuestos a pasar de un momento
a otro, bien a la gloria eterna, ya al fuego eterno. Que vuestras almas se llenen de
amabilidad, cortesa, paciencia y mansedumbre para con todos los hombres. Al
mismo tiempo, que todo vuestro ser tenga sed de Dios, del Dios viviente,
anhelando despertar a su imagen y quedar satisfechos con ella. Sed amantes de
Dios y de todos los hombres. Haced y sufrid todas las cosas en este espritu.
Mostrad vuestra fe con vuestras obras. "Haced la voluntad de vuestro Padre que
est en los cielos." Y as como ahora andis con Dios en la tierra, infaliblemente
reinaris con El en gloria.
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXXIII
1. ( 1). Cmo concluye este discurso de nuestro Seor? 2. ( 2). A quines se
dirige aqu? Cules son las dos clases de oyentes en que se divide el mundo? 3.
( 3). Cul es el tenor del siguiente discurso? 4. (I. 1). Qu se considera
primeramente? 5. (I. 2). Qu significa ese dicho, en segundo lugar? 6. (I. 3). Y
en tercer lugar? 7. (I. 4). Qu se sigue de que alguien se maraville de esto? 8. (I.
5). Qu cosa previ nuestro Seor respecto del modo con que se recibiran estas
palabras? 9. (I. 6). Por qu las confirma nuestro Seor con un ejemplo de lo
contrario? 10. (II. 1). Qu se propone en segundo lugar? 11. (II. 2). Qu se dice
de este hombre? 12. (II. 3). Por qu es sabio en la opinin de Dios? 13. (II. 4).
Podr escapar de la lucha con la tentacin? 14. (III. 1). A quin ataen todas
estas cosas? 15. (III. 2). Podr alguien descansar en este punto? Son las ideas
rectas, o la ortodoxia, un cimiento seguro? 16. (III. 3). Qu se dice respecto de
edificar sobre la inocencia? 17. (III. 4). Qu de ser celosos en hacer buenas
obras? 18. (III. 5). Qu se dice de la fe sin las buenas obras? 19. (III. 6). Qu
debemos hacer? 20. (III. 7). Que otro deber se ensea? 21. (III. 8). Qu se
recomienda aqu? 22. (III. 9). Qu se dice de tener hambre y sed? 23. (III. 10).
Qu se dice respecto de ser misericordioso? De amar a nuestro prjimo? 24.
(III. 11). Qu se dice de la pureza de corazn? 25. (III. 12). Que se dice de la
religin del corazn? 26. (III. 12). Qu cosa se asegura respecto de aquellos que
siguen estas amonestaciones?
SERMON XXXIV
NOTAS INTRODUCTORIAS
"Si la religin es la verdadera relacin del hombre para con Dios, y si la moralidad es la
verdadera relacin del hombre para con la justicia,"- dice el profesor Burwash, "entonces
en este discurso se nos presenta la identificacin completa de la religin y la moralidad,
puesto que presenta a Dios y a la justicia como a un solo e idntico Ser. No creemos que se
pueda encontrar en ningn otro escritor, un concepto ms sencillo y mejor del origen de lo
justo, que el que aqu se da. Indudablemente que es ms elevado que el de su
contemporneo Butler quien consideraba la constitucin de la naturaleza humana como la
base probable de la obligacin. El seor Wesley est acorde con Cudworth y con el doctor
Samuel Clarke al hacer eterna la distincin entre el bien y el mal, y aun concede el uso de
su expresin: 'la idoneidad eterna de las cosas.' Pero su profundo instinto religioso no con-
cibe ninguna realidad eterna fuera de Dios y considera todas las cosas y su idoneidad como
procedentes slo de Dios. Esta es la filosofa del hombre para quien Dios no es una idea
abstracta de la inteligencia, sino el Dios viviente.
"Igualmente, vemos en este discurso que la ley moral absoluta forma parte de la vida
cristiana y se convierte en la ley cristiana del deber. Segn la opinin que aqu se emite, la
tica cristiana no significa ninguna disminucin de la ley absoluta que disimule en parte las
necesidades de la debilidad humana. La ley perfecta de Dios en sus principios inmutables
es la que leuda nuestra vida espiritual y nos lleva a Cristo. Y los grandes principios del
deber cristiano, que esa ley perfecta desarrolla de la conciencia cristiana que tenemos de
nuestras relaciones filiales para con Dios, son tan perfectos como la ley absoluta de donde
manan.
"En conexin con la doctrina de la perfeccin cristiana segn el seor Wesley, se
considerar muy ampliamente la relacin que existe entre estos principios perfectos y la
imperfeccin del instrumento humano por el cual obran. Baste, por ahora, observar que no
se disminuye la ley moral absoluta ni la ley del deber cristiano, a fin de satisfacer las
consecuencias de una doctrina de la perfeccin."
ANALISIS DEL SERMON XXXIV
La ley no significa en este lugar la romana ni la mosaica, sino la ley moral, como se
desprende de las citas hechas.
I. Origen de esta ley: es coetnea con la creacin de los seres morales, y est escrita
por el dedo de Dios en lo ms recndito de sus espritus.
II. La naturaleza de esta ley: es una manifestacin de la naturaleza divina, y, por
consiguiente, la razn suprema, inmutable; la rectitud invariable; la eterna idoneidad de las
cosas.
III. Atributos de esta ley.
1. Santa y opuesta a todo pecado.
2. Justa, que paga a cada uno conforme a sus obras. Adaptada a la naturaleza de las
cosas, del universo entero y de cada individuo. Pero la naturaleza de las cosas depende de la
voluntad de Dios, cuya voluntad es al fin Dios mismo.
3. Es buena, llena de benignidad, y produce toda clase de resultados benditos.
IV. Los fines de esta ley.
1. Persuadir del pecado.
2. Guiar hacia Cristo.
3. Prepararnos para recibir ms abundantemente la gracia de Dios. De aqu es que, si
bien ya no tenemos nada que hacer con la ley como un medio de justificacin para con
Dios, sin embargo, la ley nos es de inestimable uso y absoluta necesidad. La verdadera
libertad de los hijos de Dios no consiste en estar libres de la ley, sino del pecado.
SERMON XXXIV
ORIGEN, NATURALEZA, ATRIBUTOS Y FINES
DE LA LEY
De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y
bueno (Romanos 7: 12).
1. Tal vez haya muy pocos asuntos entre los muchos que conciernen a la
religin, tan mal entendidos como ste. Generalmente se le dice al lector de esta
epstola, que al hablar el apstol Pablo de "la ley," se refiere a la ley judaica; y
creyendo, por lo tanto, que no le atae a l, pasa adelante sin pensar ms en ella.
A otros no satisface esta opinin, sino que tomando en consideracin el hecho de
que la epstola fue dirigida a los romanos, deducen que Pablo se refiere a la ley
romana. Pero como esta ley no les interesa, as como la ley judaica tampoco les
atae, no se detienen a considerar estas palabras que suponen el Apstol us
accidentalmente para esclarecer otro asunto.
2. Empero quien lea cuidadosamente este discurso del Apstol, no se
contentar con explicaciones tan balades, sino que mientras ms medite sobre
esas palabras, ms se convencer de que al hablar Pablo de "la ley" en este
captulo, no se refiere a la ley antigua de Roma, ni a la ley ceremonial de Moiss.
Cualquiera que siga con atencin el tenor de este discurso, ver esto claramente.
Empieza el captulo con estas palabras: "Ignoris, hermanos (porque hablo con
los que saben la ley) "-los que desde su niez han sido instruidos en ella, -"que la
ley se enseorea del hombre entretanto que vive?" (Qu? la ley de Roma
solamente, o la ley ceremonial? Ciertamente que ni la una ni la otra, sino la ley
moral). "Porque"-por ejemplo-"la mujer que est sujeta a marido, mientras el
marido vive est obligada a la ley" moral; "mas muerto el marido, libre es de la ley
del marido. As que, viviendo el marido, se llamar adltera si fuere de otro varn;
mas si su marido muriere, es libre de la ley; de tal manera que no ser adltera si
fuere de otro marido." De este ejemplo especial pasa a una conclusin general:
"As tambin vosotros, hermanos mos"-de la misma manera-"estis muertos a la
ley"-la ley mosaica-"por el cuerpo de Cristo" que se ha ofrecido por vosotros, y os
ha trado a una nueva dispensacin, "para que"-sin tener ninguna culpabilidad-
"seis de otro, a saber, del que resucit de los muertos;" quien con tal hecho os ha
dado una prueba de la autoridad que tiene de hacer ese cambio, "a fin de que
fructifiquemos a Dios."
Y esto que antes no podamos hacer, ahora lo llevamos a cabo, "porque mientras
estbamos en la carne"-bajo el dominio de la carne, es decir, de la naturaleza
corrompida, en el cual caso naturalmente estbamos hasta que experimentamos
el poder de la resurreccin de Cristo-"los afectos de los pecados que eran por la
ley"-que se mostraban y hacan patentes debido a la ley mosaica, y que no
habamos subyugado-"obraban en nuestros miembros"-se manifestaban de varias
maneras-"fructificando para muerte. Mas ahora estamos libres de la ley," estando
todas esas instituciones como muertas, y no teniendo ms autoridad sobre
nosotros que la que tiene el marido sobre su mujer despus de muerto; a fin de
"que sirvamos en novedad de espritu" a Aquel que muri y resucit por nosotros-
"y no en vejez de letra"-con meras ceremonias exteriores, segn la letra de las
instituciones mosaicas (vrs. 1-6).
3. Despus de probar que la dispensacin cristiana haba hecho a un lado la
judaica, y que aun la misma ley moral-que nunca puede dejar de existir-tiene
diferentes bases que antes, pasa el Apstol a mencionar una objecin que luego
contesta: "Qu pues diremos? La ley es pecado?" Puede ser que algunos
deduzcan esto de las palabras: "los afectos de los pecados que eran por la ley."
"En ninguna manera," dice el Apstol. Al contrario, la ley es el enemigo irre-
conciliable del pecado y lo descubre dondequiera que se encuentre. "Yo no conoc
el pecado, sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia"-los malos
deseos-"si la ley no dijera: No codiciars" (v. 7). Despus de desarrollar esto en
los cuatro versculos que siguen, aade esta conclusin general, con referencia
ms especialmente a la ley moral, de la cual se tom el ejemplo anterior: "De
manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno."
4. A fin de explicar y hacer enfticas estas profundas palabras, que se
consideran tan poco porque no se entienden bien, procurar mostrar:
primeramente, el origen de esta ley; en segundo lugar, su naturaleza; en tercero,
sus atributos: su santidad, justicia y bondad; y por ltimo, sus usos.
I. 1. Paso, en primer lugar, a mostrar el origen de la ley moral, comnmente
llamada "la ley." Ahora bien, esta ley no es, como muchos tal vez se figuren,
contempornea de Moiss. No la declar mucho antes a los hombres, y antes de
ste, Enoc. Pero podemos hacerla remontar a una poca todava ms remota-aun
antes de la fundacin del mundo, en ese perodo desconocido de los hombres,
pero escrito indudablemente en los anales de la eternidad, cuando por primera vez
alabaron las estrellas del alba, acabando de ser creadas. Placi al gran Hacedor
crear a sus primeros hijos, a seres inteligentes que conociesen al que los cre, y
con tal fin diles inteligencia para discernir entre la verdad y la mentira, el bien y el
mal, y naturalmente diles libertad, la capacidad de aceptar lo uno y de rechazar lo
otro. Diles, igualmente, la habilidad de ofrecerle un sacrificio libre y voluntario, sa-
crificio que por s mismo merece recompensa y que es muy aceptable en
presencia de su amante Seor.
2. Diles una ley, un modelo completo de toda verdad, hasta donde la pueda
entender un ser finito y de todo bien, hasta donde las mentes anglicas puedan
comprenderlo, para que usen de todas las facultades que les diera, especialmente
su inteligencia y libre albedro. Se propuso igualmente el benvolo Gobernador de
todas las cosas, mostrarles la manera de desarrollar continuamente su felicidad,
puesto que cada vez que obedecen esa ley se perfecciona ms esa naturaleza, y
se hacen acreedores a un premio ms alto que el justo Juez les dar a su debido
tiempo.
3. Igualmente, cuando plugo a Dios crear otro nuevo orden de seres
inteligentes; cuando del polvo de la tierra form al hombre y sopl en l aliento de
vida hacindolo un alma viviente, dotada del poder de hacer el bien o el mal, dio
tambin a esta criatura libre e inteligente la misma ley que haba dado a los
primeros seres que cre-ley que no est escrita en tablas de piedra, ni en cosa
alguna corruptible, sino grabada en el corazn por el dedo de Dios; escrita en lo
ms recndito de los espritus de hombres y ngeles, a fin de que nunca est
lejana, que nunca sea de difcil inteligencia, sino que siempre se halle a la mano,
siempre brille con una luz clara, como el sol en medio del cielo.
4. Tal fue el origen de la ley de Dios. Respecto del hombre, es
contempornea con su naturaleza, pero en cuanto se refiere a los hijos de Dios
creados antes que el gnero humano, brill en todo su esplendor desde antes que
naciesen los montes, y la tierra y el mundo fuesen formados. Mas el hombre no
tard en rebelarse en contra de Dios, y al quebrantar esta divina ley casi la borr
de su corazn. Y habindose obscurecido su inteligencia tanto como su alma, se
hizo "ajeno de la vida de Dios." Sin embargo, no despreci Dios la obra de sus
manos, sino que habindose reconciliado con el hombre por medio del Hijo de su
amor, volvi a escribir hasta cierto grado la ley en el corazn de esta
entenebrecida y pecadora criatura. "Oh hombre, l te ha declarado"-otra vez-"qu
sea lo bueno"-si bien no como al principio-"hacer juicio, y amar misericordia, y
humillarte para andar con tu Dios."
5. Y mostr esto no slo a nuestros primeros padres, sino tambin a toda su
posteridad, con esa "luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo." Sin
embargo, a pesar de esta luz, en el curso del tiempo corrompironse delante de
Dios, hasta que El escogi de entre todo el gnero humano un pueblo singular, al
cual dio un conocimiento ms perfecto de su ley. Mas como eran muy lentos en
comprenderla, escribi en dos tablas de piedra los ttulos de esa ley, los que
mand a los padres que enseasen a sus hijos de generacin en generacin.
6. As es que en nuestros das se ensea la ley de Dios a aquellos que no le
conocen. Oyen con los odos las cosas que para nuestra instruccin fueron
escritas, pero no basta esto, no es suficiente este medio para que comprendan la
altura y la profundidad, la largura y la anchura de esa ley. Slo Dios puede revelar
esto por medio de su Espritu, y lo revela a todos los que creen verdaderamente,
de acuerdo con la promesa hecha a todo el Israel de Dios. "He aqu que vienen
das, dice Jehov, en los cuales har nuevo pacto con la casa de Jacob...este ser
el pacto que har con la casa de Israel...Dar mi ley en sus entraas, y escribirla
en sus corazones; y ser yo a ellos por Dios, y ellos me sern a m por pueblo"
(Jeremas 31: 31, 33).
II. 1. Propuse, en segundo lugar, tratar sobre la naturaleza de esa ley que en
un principio se dio a los ngeles en el cielo y al hombre en el paraso, y la cual
Dios ha prometido misericordiosamente escribir de nuevo en los corazones de
todos los verdaderos creyentes. Para esto, observar, primeramente, que si bien
"la ley" y "el mandamiento" tienen algunas veces diferentes significados-puesto
que el mandamiento no es sino una parte de la ley-sin embargo, en nuestro texto
son trminos sinnimos que tienen idntico sentido. Pero ninguno de estos dos
trminos significa aqu la ley ceremonial. El Apstol no se refiere a la ley
ceremonial en las palabras ya citadas: "Yo no conoc el pecado sino por la ley."
Tan claro es esto que no necesita de prueba alguna. Ni tampoco se citan de esta
ley las palabras que siguen inmediatamente: "No codiciars." Por consiguiente,
nada tiene que ver en este asunto la ley ceremonial.
2. Ni podernos decir que "la ley" de que habla el texto se refiera a la
dispensacin mosaica. Es bien cierto que algunas veces tiene este significado,
como cuando el Apstol, hablando a los glatas, dice: "El contrato
confirmado.antes," es decir, con Abraham, al padre de los fieles, "la ley," es decir,
la dispensacin mosaica, "que fue hecha cuatrocientos y treinta aos despus, no
lo abroga." Pero no podemos dar este sentido a las palabras del texto, puesto que
el Apstol nunca recomienda tan altamente esa imperfecta y obscura
dispensacin; en ninguna parte afirma que la ley mosaica sea espiritual, santa,
justa o buena. Ni es cierto que Dios ha de grabar esa ley en los corazones de
aquellos de cuyas iniquidades ya no se acuerda. Claro es, pues, que "la ley,"
llamada as eminentemente, es la ley moral.
3. Ahora bien, esta ley es la imagen incorruptible del Alto y Santo que mora
en la eternidad. Es Aquel al cual en su esencia ningn hombre ha visto nunca, ni
puede ver, hecho visible a los hombres y a los ngeles. Es la faz de Dios sin el
velo. Dios que se manifiesta a sus criaturas hasta donde stas pueden soportar su
presencia sin morirse. Que se manifiesta para dar vida y no para destruirla; para
que vean a Dios y vivan. Es el corazn de Dios que se abre a los hombres. S, en
cierto sentido, podemos decir de esta ley lo que el Apstol dice del Hijo: es "el
resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia."
4. "Si la virtud," dice un antiguo pagano, "pudiera personificarse de manera
que pudisemos verla con nuestros propios ojos, qu amor tan profundo
despertara en nosotros!" Si la virtud pudiera tomar forma humana! Ya lo ha
hecho. La ley de Dios es el resumen de todas las virtudes en una, y tal que la
pueden ver cara a cara todos aquellos cuyos ojos Dios ha abierto. Porque qu
otra cosa es la ley, si no la virtud y sabidura divinas en forma visible? Qu cosa
es, si no las ideas originales de la verdad y lo bueno, que existan desde la
eternidad en la mente del Creador y que ahora se manifiestan y aparecen an a la
inteligencia humana?
5. Si contemplamos la ley de Dios desde otro punto de vista, diremos que es
la razn suprema e inmutable; la rectitud inalterable. Es la eterna idoneidad de
todas las cosas que han sido o sern creadas. Perfectamente s lo imperfecto e
inadecuado de estas y otras expresiones humanas con que pretendemos dar una
ligera idea de las cosas profundas de Dios, pero no tenemos otras, ni otro modo
de expresarnos, durante este perodo de nuestra existencia. As como slo sa-
bemos "en parte," solamente en parte podemos "profetizar," es decir, hablar de las
cosas de Dios. Mientras que ocupemos esta habitacin de barro, no podremos
componer las ideas a causa de las tinieblas. Mientras que soy "nio," tengo que
"hablar como nio." Pero bien pronto "dejar las cosas de nio," porque "cuando
venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte ser quitado."
6. Empero volviendo a nuestro asunto y hablando en lenguaje humano, la ley
de Dios es la manifestacin de la mente eterna, la copia de la naturaleza divina.
Es la criatura ms hermosa del Padre eterno, la emanacin ms brillante de su
eterna sabidura, la belleza visible del Altsimo. Es el deleite y admiracin de los
querubines y serafines y de toda la compaa del cielo, la gloria y el gozo de todo
verdadero creyente, de todo hijo de Dios en la tierra que est bien instruido.
III. 1. Tal es la naturaleza de la bendita ley de Dios. Paso, en tercer lugar, a
discurrir sobre sus atributos. No sobre todos sus atributos, para lo cual no bastara
la inteligencia de un ngel, sino slo sobre los que menciona el texto. Estos son
tres: su santidad, justicia y bondad. Primeramente, la ley es santa.
2. En esta expresin no parece hablar el Apstol de los efectos de la ley,
sino de su naturaleza. Lo mismo que Santiago, hablando de lo mismo bajo otro
nombre, dice: "La sabidura que es de lo alto"-la cual no es otra cosa sino esta ley
escrita en nuestro corazn-"primeramente es pura" (3: 17). Es casta, sin mancilla;
esencial y eternamente santa. Por consiguiente, cuando se trasplanta a la vida lo
mismo que el alma, es, como dice el Apstol (1: 27), religin pura y sin mcula, o
sea el culto de Dios, puro, limpio y sin mancilla.
3. La ley es, en el ms alto grado de la palabra, pura, casta, limpia y santa.
De otra manera no sera criatura de Dios, ni mucho menos su perfecta semejanza,
porque El es la santidad en esencia. Es pura de todo pecado, limpia y sin la menor
mancha. Es cual una virgen casta, incapaz de la menor mancilla, de la menor
mezcla de lo que no est limpio y puro. No tiene nada que ver con el pecado de
ninguna clase, porque, "qu comunin tiene la luz con las tinieblas?" As como
por naturaleza el pecado es enemistad para con Dios, de la misma manera la ley
es enemistad con el pecado.
4. Es por esto que el Apstol rechaza tan enrgicamente la suposicin
blasfema de que la ley de Dios es ya el pecado en s mismo, o ya la causa del
pecado, simplemente porque lo descubre, porque hace patentes las cosas que se
esconden en la oscuridad, arrastrndolas a la luz del medio da. Es bien cierto que
por este medio de la ley, como dice el Apstol en Romanos 7: 13, el pecado se
muestra pecado-se le arranca todo su disfraz, y aparece en toda su deformidad.
Es igualmente cierto que el pecado se hace "sobremanera pecante por el
mandamiento," siendo que la ley lo saca a la luz y le da a conocer, habindole
arrancado aun el pobre pretexto de la ignorancia, no dejndole ninguna disculpa ni
disfraz y hacindole ms odioso a los ojos de Dios y de los hombres.
Todava ms: es cierto que el pecado, "por lo bueno," por lo que en s mismo es
puro y santo, "obra la muerte." Cuando se le saca a la luz, se enfurece ms.
Cuando se le domina, estalla con mayor violencia. As, el Apstol, hablando como
quien est persuadido, pero todava no libre del pecado, dice: "El pecado," al
descubrirlo y procurar dominarle, despreci la sujecin, y "tomando ocasin obr
en m por el mandamiento toda concupiscencia" (v. 8); toda clase de deseos
torpes y dainos que ese mandamiento procur dominar. As que, "venido el
mandamiento, el pecado revivi" (v. 9); se encoleriz y enfureci mucho ms. Pero
esto no es culpa del mandamiento, el cual si bien puede abusarse de l, no se
puede manchar. Esto slo prueba que "engaoso es el corazn ms que todas las
cosas, y perverso," pero "la ley" de Dios es siempre "pura."
5. En segundo lugar, la ley es justa. Da a cada quien segn sus obras.
Ensea lo recto con toda exactitud; precisamente lo que se debe pensar, decir o
hacer respecto al Autor de nuestro ser, respecto de nosotros mismos y de todas
las dems criaturas que El ha hecho. Adaptase, bajo todos los aspectos, a la
naturaleza de las cosas, a todo el universo y a cada individuo en particular.
Adaptase a las circunstancias de cada uno, a sus relaciones mutuas, bien las que
han existido desde el principio o ya las que comenzaron en un perodo posterior.
Est absolutamente acorde con la idoneidad de las cosas, bien esencial, ya
accidental. No choca con stas en el menor grado, ni se separa nunca de ellas. Si
se da ese sentido a la palabra, no hay nada de arbitrario en la ley de Dios. Todas y
cada una de las partes de la ley dependen por completo de su voluntad, de
manera que su voluntad que debe hacerse, es la ley suprema y universal en el
cielo y en la tierra.
6. Empero, es la voluntad de Dios la causa de la ley? Es su voluntad el
origen de lo bueno y de lo malo? Es una cosa buena, simplemente porque Dios
la quiere as, o la quiere as porque es buena?
Mucho me temo que estas preguntas sean ms curiosas que tiles, y tal vez la
manera de ventilarlas no demuestre el respeto que una criatura debe tener al
Creador y Gobernador de todas las cosas. Apenas puede concebirse cmo se
atreve el hombre a pedir a su Creador le d cuenta de lo que hace. Sin embargo,
con temor y respeto podemos decir algo. El Seor nos perdone si no hablamos
rectamente.
7. Parece que toda la dificultad depende de que la voluntad de Dios se
considera como algo diferente de Dios mismo. De otra manera se desvanece por
completo, puesto que Dios es la causa de la ley divina. Pero la voluntad de Dios
es Dios mismo. Es Dios ejerciendo su voluntad de un modo o de otro. Por
consiguiente, decir que la voluntad de Dios es la causa de la ley, o afirmar que
Dios mismo es esa causa, es igual e idntica asercin.
8. Adems, si la ley-la regla inmutable respecto de lo bueno y de lo malo-
depende de la naturaleza e idoneidad de las cosas y de sus relaciones mutuas y
esenciales (no digo su relacin eterna, porque la relacin eterna de las cosas que
existen por un tiempo es una contradiccin); si depende, digo, de la naturaleza y
relacin de las cosas, entonces debe depender de Dios, o de la voluntad de Dios,
puesto que esas mismas cosas, con todas sus relaciones, son obra de sus manos.
Por su voluntad y slo para su deleite todas son y fueron creadas.
9. Sin embargo, se puede muy bien conceder lo que sostienen algunas
personas moderadas, a saber: que en casos particulares Dios desea esto o
aquello-por ejemplo, que los hombres honren a sus padres-porque esto es recto y
est acorde con la idoneidad de las cosas, con la relacin que existe entre los
unos y los otros.
10. La ley, pues, es recta y justa respecto de todas las cosas. Es tan buena
como justa, lo cual naturalmente se deduce al considerar la fuente de donde
mana, es decir, de la bondad de Dios. Qu otra cosa sino su bondad pudo haber-
le inducido a dar a los ngeles esa manifestacin divina de s mismo? A qu otra
cosa podemos atribuir que haya dado al hombre la imagen de su misma
naturaleza? .Y qu otra cosa sino su amor pudo haberle inducido a manifestar su
voluntad al hombre cado, ya sea a Adn o a cualquiera de sus descendientes
que, semejantes al primer hombre, "estn destituidos de la gloria de Dios"? No
fue mero amor lo que le movi a publicar su ley despus que se obscureci la
inteligencia de los hombres, a enviar a sus profetas a declararla a los hijos de los
hombres que estaban ciegos moralmente y de mentes negligentes?
No cabe duda que su bondad le impuls a enviar a Enoc y a No a predicar la
justicia; a Abraham, su amigo, a Isaac y a Jacob, a dar testimonio de su verdad.
Su bondad fue lo que le movi a dar a Moiss una ley escrita-y por medio de
Moiss a todo el pueblo escogido-cuando tinieblas cubrieron toda la tierra y
oscuridad los pueblos. Fue su amor lo que le impuls a explicar estos orculos
vivos por medio de David y de todos los profetas que siguieron. Hasta que,
habiendo llegado "el cumplimiento del tiempo," mand a su Hijo unignito, "no a
destruir la ley, sino a cumplirla," a confirmar hasta la ltima jota y la ltima tilde.
Hasta que habiendo escrito esa ley en los corazones de todos sus hijos, y puesto
a todos sus enemigos debajo de sus plantas, entregue su reino mediatorio a su
Padre, "para que Dios sea todo en todos."
11. Esta ley que en su bondad Dios dio en el principio, y que se ha
conservado durante todas las edades, es como la fuente de donde mana: llena de
bondad y benignidad. Es suave y benigna. Es, como la llama el salmista, "ms
dulce que la miel, y que la que destila del panal." Es halagea y amable. Abraza
"todo lo puro, todo lo que es de buen nombre." "Si hay virtud alguna, si alguna
alabanza" ante Dios y sus santos ngeles, todo se incluye en esta ley, en la cual
se esconden los tesoros de la sabidura, del conocimiento y el amor.
12. Sus efectos son tan buenos como su naturaleza. Como es el rbol, as
son los frutos. Los frutos de la ley de Dios escrita en el corazn, son justicia, paz y
seguridad por siempre jams. O mejor dicho, la ley misma es la justicia que llena
el alma de una paz que sobrepuja a todo entendimiento, y que hace que nos
regocijemos siempre, teniendo el testimonio de una buena conciencia para con
Dios. Ms bien que una promesa, es las "arras de nuestra herencia," la parte de
nuestra posesin que ha sido comprada. Es Dios que se manifiesta en nuestra
carne y que trae consigo la vida eterna, asegurndonos con ese amor puro y
perfecto, que "estamos sellados para el da de la redencin;" que el da en que
recoja sus joyas, nos perdonar como el hombre perdona a su hijo que le sirve, y
que nos aguarda una corona incorruptible de gloria.
IV. 1. Rstanos nicamente mostrar, en cuarto lugar y por ltimo, los fines de
la ley. El primer fin es, indudablemente, persuadir al mundo de pecado. A la
verdad, esta es la obra especial del Espritu Santo, quien puede llevarla a cabo
sin necesidad de medios de ninguna clase, o haciendo uso de los que mejor le
parezcan, por muy insuficientes que sean, o poco adecuados para producir el
efecto deseado. As hay personas cuyos corazones se han derretido en un
momento, ya en la enfermedad, bien en la salud, sin que hubiese una cosa visible,
ni medios exteriores algunos. Hay otras-una que otra de cuando en cuando-
quienes han despertado de su letargo y han tenido la conciencia de que la ira de
Dios permaneca en ellas, al escuchar que Dios estaba en Cristo, reconciliando el
mundo a s mismo.
Empero el mtodo usual del Espritu de Dios es persuadir a los pecadores por
medio de la ley, esa ley que encontrando su lugar en la conciencia, la rompe cual
se despedaza una roca. Esta parte de la Palabra de Dios es ms especialmente
"viva y eficaz," llena de vida y energa, "y ms penetrante que toda espada de dos
filos." Esta espada en las manos de Dios y de aquellos a quienes ha enviado,
penetra hasta lo ms profundo del corazn engaoso y "alcanza a partir el alma y
aun el espritu," y, como quien dice, "las coyunturas y los tutanos." De este modo
se conoce el pecador a s mismo. Se le han cado todos sus adornos, y ahora ve
que es "un cuitado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo." Como con
relmpagos le alumbra la ley por todos lados y le persuade. Siente que es un gran
pecador, que no tiene con qu pagar. Su boca se tapa y se sujeta a Dios.
2. Por consiguiente, el primer fin de la ley es matar al pecador. Es destruir la
vida y la fuerza en que confa y persuadirle de que aunque vive, est muerto. Est
no slo bajo la sentencia de muerte, sino muerto en realidad para con Dios, sin
vida espiritual, muerto en transgresiones y pecados. El segundo fin es traerlo a la
vida, a Cristo, para que viva. Es bien cierto que al ejercer estos dos oficios hace la
parte de un maestro severo. Nos compele por fuerza ms bien que nos atrae por
amor. Y, sin embargo, el amor es la fuente de todo. Por este doloroso medio el
Espritu de amor arranca nuestra confianza en la carne, sin dejarnos ni siquiera
una caa quebrada de donde asirnos, y constriendo al pecador, desnudo por
completo, a clamar en toda la amargura de su alma, a gemir en lo profundo de su
corazn: A nada me atengo, estoy condenado, pero t, Seor, has muerto por m.
3. El tercer fin de la ley es el preservarnos la vida. Es el gran medio del
Espritu bendito para preparar al creyente a recibir la vida de Dios en mayor
abundancia.
Temo que esta verdad tan grande e importante sea poco entendida no slo por el
mundo, sino aun por aquellos a quienes Dios ha separado del mundo, quienes son
verdaderos hijos de Dios por la fe. Muchos de ellos asientan como una verdad
indubitable, que al venir a Cristo concluimos con la ley, y que en este sentido,
"Cristo es el fin de la ley, para justicia a todo aquel que cree." "El fin de la ley," lo
cual El es, "para justicia," o justificacin, "a todo aquel que cree." Este es el fin de
la ley. No justifica a ninguno, tan slo gua hacia Cristo, quien es, a la vez, en otro
sentido, el fin u objeto de la ley, el punto hacia el cual constantemente se dirige.
Empero despus de guiamos hacia El, tiene la ley otro oficio, a saber: el de
tenernos permanentemente con El. Porque constantemente exhorta a los
creyentes-mientras ms consideran su altura y profundidad, su largura y anchura-
a que se amonesten mutuamente, a que anden ms cerca de El, y a que reciban
su gracia con mayor abundancia.
4. Aun concediendo que todos los creyentes ya nada tengan que ver con la
ley-en cuanto esta se refiera a la ley ceremonial o a toda la dispensacin mosaica
(puesto que Cristo ya ha hecho stas a un lado) -todava ms: aun concediendo
que la ley moral como medio de nuestra justificacin ya haya completado su obra
en nosotros, puesto que somos "justificados gratuitamente por su gracia, por la
redencin que es en Cristo Jess," sin embargo, an no hemos concluido con la
ley, en otro sentido, puesto que es an de un uso inapreciable, primeramente,
para persuadirnos del pecado que an permanece en nuestros corazones y vidas,
tenindonos de tal modo cerca de Cristo, para que en cada momento nos limpie
su sangre. En segundo lugar, es de un uso inapreciable para comunicar fortaleza
de la Cabeza a todos sus miembros vivientes, con la cual les da el poder de
obedecer sus mandamientos. Y en tercer lugar, lo es tambin para confirmar
nuestra esperanza de todo lo que promete y que an no hemos recibido, de
obtener gracia sobre gracia, hasta que estemos en completa posesin de todas
sus promesas en plenitud.
5. Qu bien comprueba esto la experiencia de todo verdadero cristiano! Al
mismo tiempo que exclama: "Cunto amo tu ley; todo el da es mi delicia!" ve
diariamente ms y ms clara su naturaleza pecaminosa en ese espejo divino. Ve
con mayor claridad que an es pecador en todas las cosas, que ni su corazn ni
sus caminos son rectos ante Dios. Y esto a cada momento le impulsa hacia Cristo.
Esto le ensea el sentido de aquello que est escrito: "Hars adems una plancha
de oro fino y grabars en ella...SANTIDAD A JEHOVA...Y estar sobre la frente de
Aarn" (el tipo de nuestro gran y sumo Sacerdote), "y llevar Aarn el pecado de
las cosas santas que los hijos de Israel hubieran consagrado en todas sus santas
ofrendas" (tan lejos estn nuestras oraciones o cosas santas de satisfacer por el
resto de nuestro pecado); "y sobre su frente estar continuamente para que hayan
gracia delante de Jehov" (xodo 28:36, 38).
6. Expliquemos esto con un ejemplo. La ley dice: "No matars." Prohbe con
esto, como nos ensea nuestro Seor, no slo matar materialmente, sino toda
clase de pensamiento o palabra injusta. Ahora bien, mientras ms examino esta
ley perfecta, ms siento lo distante que estoy de cumplirla. Mientras ms percibo
esto, ms siento la necesidad de que su sangre me limpie de todo pecado; de que
su Espritu purifique mi corazn y me haga "perfecto y cabal, sin faltar en alguna
cosa."
7. Por consiguiente, no puedo desconocer la ley ni por un momento, como
no puedo ignorar a Cristo, puesto que ahora la necesito para estar cerca de Cristo,
como la necesit antes para que me atrajera cerca de El. De otra manera, este
"corazn malo de incredulidad" se apartara inmediatamente del Dios vivo. En
verdad que continuamente Cristo me enva a la ley y la ley a Cristo. Por una parte,
la altura y la profundidad de la ley me obligan a refugiarme en Dios por el amor de
Cristo. Por otra, el amor de Dios en Cristo me encarece la ley "ms que oro y
piedras preciosas," viendo que todas y cada una de sus partes son una promesa
que el Seor cumplir a su debido tiempo.
8. Quin eres t, oh hombre, que "juzgas la ley y hablas mal de la ley," que
la igualas con el pecado, con Satans, con la muerte y la mandas con ellos al
infierno? En la opinin de Santiago, toda "murmuracin de la ley," es una iniquidad
tan grande que no expresa la enormidad de juzgar a nuestros hermanos mejor que
con estas palabras: "Pero si t juzgas a la ley, no eres guardador de la ley sino
juez." Juez de aquello que Dios ha decretado para juzgarte a ti! De manera que te
has sentado en el tribunal de Cristo, y has descartado la ley con que debe juzgar
al mundo. Reflexiona y mira qu ventaja tiene Satans sobre ti, y en lo futuro no
pienses ni hables ligeramente de la ley ni mucho menos desfigures este
instrumento bendito de la gracia de Dios. Al contrario, aprciala y mala por causa
de Aquel de quien vino, y de Aquel a quien gua. Sea tu gloria y tu gozo acerca de
la cruz de Cristo. Rndele tus alabanzas y hnrala ante todos los hombres.
9. Y si estis plenamente persuadidos de que es la obra de Dios, que es la
copia de todas sus inimitables perfecciones, y que es "santa, y pura, y buena," y
especialmente a aquellos que creen, entonces, en lugar de arrojarla como una
cosa manchada, allegaos a ella ms y ms. No dejis que jams se separe de
vosotros la ley de la misericordia y la verdad, del amor de Dios y de los hombres,
de la humildad, la mansedumbre y la pureza: "tala a tu cuello, escrbela en la
tabla de tu corazn." Vivid cerca de la ley si es que queris vivir cerca de Cristo;
asos a ella, no la dejis ir. Que constantemente os gue a la sangre redentora
hasta que se cumpla en vosotros toda la justicia de la ley, y seis llenos "de toda
la plenitud de Dios."
10. Si el Seor ha cumplido ya su palabra, si ya ha "escrito su ley en vuestros
corazones," entonces "estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo
libres." Estad libres no slo de las ceremonias judaicas, de la culpa del pecado y
del temor del infierno-la cual libertad est tan lejos de constituir el todo de la
libertad cristiana, que apenas es su parte ms inferior y secundaria-sino de lo que
es indudablemente ms importante: del poder del pecado, de la esclavitud del
diablo, de ofender a Dios. Oh! estad firmes en la libertad, en comparacin a la
cual todo lo dems no merece ni la pena de mencionarse. Estad firmes y amad a
Dios de todo corazn, y servidle con todas vuestras fuerzas. He aqu la verdadera
libertad: guardar su ley y caminar sin mancilla, obedeciendo sus mandamientos.
"No volvis otra vez a ser presos en el yugo de servidumbre;" no me refiero a la
servidumbre judaica, ni al temor del infierno-de los que supongo os encontris muy
lejos- sino al yugo del pecado, a cualquiera trasgresin interior o exterior de la ley.
Aborreced el pecado mucho ms que la muerte o el infierno. Aborreced el pecado
en s mismo ms que el castigo que acarrea. Huid de la servidumbre de la
soberbia, de los malos deseos, de la clera, del mal genio, de palabras y obras
malas. Mirad a Jess, y con tal fin examinad con mayor esmero la ley perfecta, la
ley de la libertad, y estad firmes en ella. Y as creceris diariamente "en la gracia y
en el conocimiento de nuestro Seor Jesucristo."
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXXIV
1. ( 1). Qu se dice del asunto de este discurso? Qu le dicen al lector
generalmente? 2. ( 2). Es satisfactoria esta explicacin del texto? 3. ( 3). Qu
objecin propone y contesta el Apstol? 4. ( 4). Qu cosa se propone en este
discurso? 5. (I. 1). Qu cosa se propone primeramente? 6. (I. 2). Qu se dice en
este prrafo respecto del fin de la ley? 7. (I. 3). Dise esta ley al hombre cuando
fue creado? 8. (I. 4). Se aplica la misma ley a los hombres y a los ngeles?
Exista antes de la creacin del hombre? 9. (I. 5). Cmo se mostr esto a
nuestros primeros padres? 10. (I. 6). Qu se dice de los que no conocen a Dios?
11. (II. 1). Cul es la proposicin en la segunda parte del sermn? 12. (II. 2). Se
refiere esto a la dispensacin mosaica? 13. (II. 3). De quin es esta ley una
imagen incorruptible? 14. (II. 4). Qu cita se menciona de un antiguo pagano?
15. (II. 5). Bajo otro punto de vista, qu cosa es esta ley? 16. (II. 6). De qu
cosa es la ley una copia? 17. (III 1). Qu cosa falta mostrar en tercer lugar? 18.
(III. 2). Habla el Apstol de sus efectos o de su naturaleza? 19. (III. 3). Qu
cosa es en sumo grado? 20. (III. 4). Qu cosa rechaza el Apstol con horror? 21.
(III. 5). Qu cosa es, en segundo lugar? 22. (III. 6). Qu pregunta se hace aqu?
Qu se dice de esta cuestin? 23. (III. 7). De qu depende toda la dificultad?
24. (III. 8). En qu se basa la ley? Qu se dice de la frase: "las relaciones
eternas"? 25. (III. 9). Manda Dios una cosa porque sea justa? 26. (III. 10). Es la
ley respecto de todas las cosas, recta y justa? 27. (III. 11). Qu ms se dice de la
ley? 28. (III. 12). Son sus efectos tan buenos como su naturaleza? 29. (IV. 1).
Qu cosa resta qu mostrar, en cuarto lugar? 30. (IV. 2). Cul es el primer fin
de la ley? Y el segundo? 31. (1V. 3). Srvase usted mencionar el tercero. 32. (IV.
4). Qu otra cosa se dice de la ley? 33. (IV. 5). Con qu concuerda esta
opinin? 34. (IV. 6). Qu explicacin se da en este prrafo? 35. (IV. 7). Qu se
dice de obrar sin la ley? 35. (IV. 8). Qu se dice de juzgar la ley? 37. (IV. 9 y 10).
Cmo concluye el sermn?
SERMONES XXXV y XXXVI
NOTAS INTRODUCTORIAS
En estos dos sermones se hace sumamente enftica la diferencia que hay entre la
verdadera doctrina evanglica y toda clase de antinomianismo. Desde el ao de
1740 se vio el seor Wesley obligado a combatir el antinomianismo de los
moravos, el cual describe en las siguientes palabras (vase Diario, septiembre de
1741): "Menospreciis las obras buenas, especialmente las obras exteriores de
misericordia, al no insistir jams pblicamente en la necesidad que hay de ellas, y
al no declarar su importancia y excelencia. Es por esto que cuando algunos de
vuestro nmero han hablado de ellas, no las han presentado bajo su verdadero
punto de vista, diciendo: si sents vuestro corazn movido, si os sents libres para
hacerlo, entonces amonestad, exhortad, aliviad. De esta manera dejis por
completo de tomar vuestra cruz para hacer el bien, y adems de esto, substitus
cierto movimiento interior incierto y precario, en lugar de la simple palabra escrita.
Ms an, uno de vosotros, hablando de las buenas obras en general, bien de las
obras de piedad ya de las de caridad, ha dicho: El creyente no tiene ms
obligacin de hacer estas obras de la ley que la que tiene un sbdito del rey de
Inglaterra de obedecer las leyes del rey de Francia." Ya conoce el lector la
referencia clara que las reglas de la sociedad hacen de esta forma de
antinomianismo, con fecha de 1743. En las actas doctrinales de la primera confe-
rencia, 1774, encuntrase la siguiente referencia a esta forma de antinomianismo,
as como a la calvinista:
"Qu cosa es antinomianismo?
"La doctrina que invalida la ley por medio de la fe.
"Cules son las bases sobre las que se funda?
"1. Que Cristo aboli la ley moral.
"2. Que en consecuencia, los cristianos no estn obligados a someterse a ella.
"3. Que una de las manifestaciones de la libertad cristiana consiste en estar
exento de obedecer los mandamientos de Dios.
"4. Que es una esclavitud el hacer una cosa porque se manda hacer, o el no
hacerla porque est prohibida.
"5. Que los creyentes no estn obligados a usar de las ordenanzas de Dios, o a
hacer buenas obras.
"6. Que los predicadores no deben exhortar a la prctica de buenas obras, a los
incrdulos, porque es perjudicial; ni a los creyentes, porque es intil."
Por aquella poca se haban declarado antinomianos algunos de los discpulos de
Whitefield, y apenas puede repetirse la completa tendencia de sus enseanzas al
libertinaje. Pero eso movi al seor Wesley a hacer esfuerzos inauditos por
destruir el mal, y con tal fin public por los aos de 1744-45 los tratados
intitulados: "Dilogos Entre un Antinomiano y su Amigo." En vista de los errores de
nuestros tiempos, estos tratados son tan tiles hoy da como lo fueron entonces.
Al principio, la mayora de los metodistas calvinistas no enseaban directamente el
antinomianismo, pero parece que la levadura se extendi a tal grado, que en el
ao de 1770, el seor Wesley tuvo que protestar enrgicamente ante la
conferencia en contra de ese mal que se desarrollaba, lo cual hizo como consta
por el siguiente extracto de las actas:
"En 1744 dijimos: Nos hemos inclinado en demasa hacia el calvinismo. En qu?
"1. En lo que se refiere a la fidelidad del hombre. Nuestro Seor mismo nos
ense a usar esta expresin y no deberamos jams avergonzarnos de ella.
Debemos afirmar sin la menor vacilacin y con su autoridad, que si un hombre no
es fiel en las riquezas malas, Dios no le dar las verdaderas.
"2. En lo que se refiere a trabajar por la vida. Tambin esto nos ha enseado
claramente nuestro Seor: 'Trabajad...por la comida que a vida eterna permanece.'
Efectivamente, todos los creyentes trabajan por la vida, y esto, desde que nacen.
"3. Hemos adoptado la mxima de que 'el hombre no debe hacer nada para
justificarse.' Nada puede ser ms falso. Todo aquel que desee encontrar favor con
Dios, debe dejar de hacer el mal y aprender a hacer el bien. Todo aquel que se
arrepienta, debe hacer obras 'dignas de arrepentimiento,' y si no se hace esto para
obtener el favor de Dios, con qu fin se hace?
"Repasad todo el asunto.
"1. Quines de nosotros somos ya aceptados por Dios? Los que creemos en
Cristo con un corazn amante y obediente.
"2. Pero quines entre aquellos que nunca han odo de Cristo? Los que temen a
Dios y obran la justicia segn la luz que tienen.
"3. Pasa lo mismo con aquel que es sincero? Casi lo mismo, si no enteramente.
"4. No es esto salvarse por medio de las obras? No por el mrito de las obras,
sino por las obras como una condicin.
"5. Sobre qu cosa hemos estado disputando durante los ltimos treinta aos?
Mucho me temo que haya sido sobre palabras.
"6. Respecto del mrito en s mismo, del cual hemos tenido temor, se nos premia
conforme a nuestras obras, por razn de nuestras obras. En qu se diferencia
esto de 'secundum merita operum,' (segn los mritos de nuestras obras)?
Puede usted ilustrar este punto? Lo dudo mucho.
"7. La principal objecin a una de las proposiciones anteriores, se deduce de un
hecho. A la verdad, Dios justifica a los que, segn su propia confesin, ni temen a
Dios, ni obran justicia. Es esta una excepcin de la regla general? Dudo que Dios
haga alguna excepcin, pero cmo sabemos que dichas personas nunca
temieron a Dios ni obraron justicia? El que ellas lo digan no prueba nada, porque
sabemos perfectamente cunto se menosprecian en todos respectos los que
estn persuadidos de pecado.
"8. El hablar de un estado de justificacin o de santificacin no tiende a guiar mal
a los hombres, a guiarlos casi naturalmente a que confen en lo que se hizo en un
momento, mientras que, a toda hora, a cada momento, estamos agradando o
desagradando a Dios con nuestras obras y con todo el tenor de nuestro genio y
comportamiento?"
Estas proposiciones casi parecen tocar lo legal. Su interpretacin debe normarse
por los principios fundamentales de la religin evanglica que ya hemos asentado.
Protegidas de esta manera, sostienen y hacen enftico el gran hecho de que bajo
la dispensacin del Evangelio, el cristiano est en un estado de verdadera prueba,
y de que este Evangelio no disminuye ni evade los derechos inmutables de la ley
de Dios. El estudiante que desee ver la defensa y exposicin de las actas, har
bien en consultar la gran obra del reverendo Juan Fletcher, M.A.
Uno de los ltimos documentos autoritativos que prepar el seor Wesley, se
refiere a este mismo asunto. Al preparar los Artculos de la Religin para la Iglesia
Metodista Episcopal, omiti el Artculo XIII de los Treinta y Nueve Artculos, el cual
se refiere a "Las Obras antes de la Justificacin." Evidentemente, se formul este
artculo en oposicin a la doctrina tridentina del mrito de congruencia de los actos
de penitencia como una condicin de la justificacin. Esta omisin tiene un inters
especial en vista del uso que hizo de dicho artculo en el Sermn V.
En su aspecto ms rudo, la discusin entre los romanistas y los antinomianos, no
ha ocupado un lugar prominente en la controversia teolgica de la poca actual.
Hay muy pocos que aboguen claramente por las opiniones inadmisibles del partido
llamado por Juan Fletcher "de los que creen que basta la fe sin las buenas obras
para salvarse." Empero es justo hacer observar que cierta forma sutil y peligrosa
de antinomianismo est siempre activa, y su influencia es tal vez tan destructiva
como las conocidas opiniones de los opositores moravos del seor Wesley. Nos
referimos a la enseanza que incluye la doctrina de la perseverancia final de los
santos en la concepcin verdaderamente evanglica de la conversin. El pecador
se arrepiente, cree y es regenerado por el Espritu de Dios. Desde luego se
declara que "est salvado," y en cierto sentido esto es cierto, pero los
antinomianos van ms all y le dicen: "Ests tan seguro de entrar al cielo como si
ya hubieras entrado." La doctrina peligrosa de que "una vez en gracia, siempre en
gracia," no ha perdido nada de su popularidad entre una gran parte de la iglesia
cristiana. Es antinomianismo puro y cabal, y no podemos ser demasiado vigilantes
para descubrirlo, y, hasta donde nos sea posible, para exponer y refutar una
doctrina errnea tan fecunda en mal.
ANALISIS DE LOS SERMONES XXXV y XXXVI
El Evangelio ensea la nica va a la salvacin, y se opone a la justificacin legal,
pero no a la ley misma, como algunos suponen. Tan unida est la ley al Evangelio,
que la destruccin de aqulla es la destruccin de ste. Debemos, pues, procurar
con esmero no invalidar la ley por medio de la fe.
I. Considerad los mtodos ms comunes de invalidar la ley por medio de la
fe.
No predicando nunca la ley. El Evangelio no puede llenar los fines que se
consiguen predicando la ley. No hay en la Escritura mandato ni precedente alguno
que autoricen ofrecer a Cristo al pecador que an no despierta de su letargo. El
ejemplo de Pablo. De gran consolacin es el predicar sobre los mritos de Cristo,
pero esto slo ser una bendicin real para aquellos que estn preparados a
recibirla.
II. Enseando que la fe substituye la necesidad de la santidad; que la
santidad no es en lo presente tan necesaria como antes de la venida de Cristo,
que se necesita en menor grado o que los creyentes la necesitan menos que los
dems. Es muy cierto que no estamos bajo el pacto de las obras, que somos
justificados por la fe sin los hechos de la ley por condicin previa, pero no sin
estos hechos de la ley como fruto inmediato, sin el cual la fe de nada vale.
III. Con los hechos: viviendo como si la fe nos dispensase de tener santidad.
El cristiano no est bajo la ley mosaica o ceremonial, ni bajo la ley moral como la
condicin para ser aceptado, ni bajo la sentencia de su ira, sino bajo el dulce
dominio del amor que se resiente de todo pecado tanto como del dominio del
temor.
Recapitulacin:
IV. Mtodos de establecer la ley.
1. Predicndola en toda su extensin-como Cristo lo hizo, en todo su sentido literal
y espiritual.
2. Predicando la fe de manera que produzca la santidad. La fe no es en s misma
un fin, sino el desarrollo del amor. El amor existe desde la eternidad y continuar
para siempre. El designio de la fe es establecer la ley del amor.
3. Plantndola en nuestros corazones y vidas. Esto slo se puede hacer por medio
de la fe. Andando en la fe caminamos con presteza por la va de la santidad,
especialmente cuando nuestra fe est llena de la confianza del amor. El amor
satisface no slo la ley negativa, sino tambin la positiva; no slo en los hechos
exteriores, sino tambin en el espritu interior. A la luz de la fe la conciencia se
siente ms sensitiva que nunca y deseosa de huir del pecado.
SERMON XXXV
LA LEY ESTABLECIDA POR MEDIO DE LA FE (I)
Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera: antes establecemos la
ley (Romanos 3: 31).
1. Habiendo asentado al principio de esta epstola su proposicin general, a
saber: que "el Evangelio...es potencia de Dios para salud a todo aquel que cree"-el
medio poderoso de que Dios se vale para hacer a todo creyente participante de la
salvacin presente y eterna-pasa Pablo a demostrar que no hay otra va de
salvacin debajo del cielo. Refirese especialmente a la salvacin de la
culpabilidad- que por lo general llama justificacin. Con diversos argumentos,
dirigidos tanto a los judos como a los paganos, l prueba que todos los hombres
necesitan esta justificacin, y que nadie puede probar ser inocente.
De aqu deduce (en el versculo 19 de este captulo) que "toda boca," bien de judo
ya de pagano, debe taparse y no atentar disculparse o justificarse, y que todo el
mundo debe sujetarse a Dios. "Porque"-dice-por su propia obediencia, "por las
obras de la ley, ninguna carne se justificar delante de l...Mas ahora, sin la ley, la
justicia de Dios"-sin que nosotros la hayamos obedecido previamente-"se ha mani-
festado." S, "la justicia de Dios, por la fe de Jesucristo, para todos los que creen
en l; porque no hay diferencia," respecto de la necesidad que tienen de la
justificacin o de la manera de obtenerla, "por cuanto todos pecaron, y estn
destituidos de la gloria de Dios"-de esa imagen gloriosa de Dios en que fueron
creados. Y todos los que creen, estn "justificados gratuitamente por su gracia, por
la redencin que es en Cristo Jess; al cual Dios ha propuesto en propiciacin por
la fe en su sangre...para que l sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de
Jess"-para que sin impedimento de su justicia, le muestre misericordia en vista
de esa propiciaci6n. "As que, concluimos" (que es la gran proposicin que
asienta), "ser el hombre justificado por la fe sin las obras de la ley" (vrs. 20-28).
2. Fcil cosa era anticipar la objecin que se hara y que, efectivamente, se
ha hecho en todas las pocas, a saber: que decir que somos justificados sin las
obras de la ley, es tanto como abolir la ley. Sin entrar en una disputa formal, el
Apstol niega el cargo. "Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera;
antes establecemos la ley."
3. La extraa asercin de algunos de que al decir Pablo "el hombre es
justificado sin las obras de la ley," se refiere slo a la ley ceremonial, queda
ampliamente refutada con estas palabras. Porque acaso estableci Pablo la ley
ceremonial? Es evidente que no. Aboli esa ley por medio de la fe y lo confiesa
ingenuamente. De la ley moral nicamente pudo decir, como dijo, "no la
deshacemos, antes la establecemos por la fe."
4. Pero no todos los hombres estn de acuerdo con el Apstol en este punto.
Muchos ha habido en todas las pocas de la Iglesia, aun entre aquellos que llevan
el nombre de cristianos, quienes arguyen que la fe una vez dada a los santos, tuvo
por fin anular la ley. Y no perdonan la ley moral como no perdonan la ley
ceremonial, sino que las hacen pedazos delante del Seor, como quien dice,
sosteniendo con vehemencia que: "Si establecis cualquiera ley, de nada os
valdr Cristo; El no tendr ningn efecto en vosotros, habris cado de su gracia."
5. Pero, es el celo de estos hombres segn sabidura? Han examinado la
relacin que existe entre la ley y la fe, y que, considerando la relacin tan ntima
que las liga, destruir la una es tanto como destruir ambas; que abolir la ley moral
es, en verdad, abolir la fe y la ley juntamente, puesto que no quedara medio
alguno de traernos a la fe, ni de mover ese don de Dios en nuestras almas?
6. Importa, pues, a todo aquel que deseare venir a Cristo, o andar con Aquel
a quien ya ha recibido, cuidarse de no invalidar la ley por la fe. A fin de evitar este
peligro, investiguemos, primeramente, cules son los modos ms eficaces de
invalidar la ley por medio de la fe. Y en segundo lugar, cmo podemos seguir el
ejemplo del Apstol y por medio de la fe "establecer la ley."
I. 1. Investiguemos, primeramente, cules son los mtodos ms usuales de
invalidar la ley por medio de la fe. El modo ms sencillo de invalidarla que pueda
usar un predicador, es no predicarla nunca. Eso es tanto como borrarla de los
Orculos de Dios. Especialmente cuando se hace con intencin, cuando se
establece como regla no predicar la ley. En este caso, la frase "predicador de la
ley" es un trmino de reproche, como si quisiera significar que es un enemigo del
Evangelio.
2. Todo esto viene de la ignorancia crasa respecto de la naturaleza, atributos
y fines de la ley. Y prueba, adems, que quienes obran de esta manera, no
conocen a Cristo, son enteramente extraos a la fe viva, o, al menos, son nios en
Cristo y, como tales, incapaces para la palabra de justicia.
3. Su gran argumento es este: Que predicar el Evangelio, el cual, segn su
opinin, consiste en hablar solamente de los sufrimientos y mritos de Cristo,
basta para satisfacer todos los fines de la ley. Pero negamos esto rotundamente.
Esa predicacin no llena el primer fin de la ley, es decir: persuadir a los hombres
de su pecado; despertar a los que an yacen al borde del infierno. Tal vez haya
habido uno que otro caso. Tal vez un alma entre mil haya despertado al or el
Evangelio, pero esta no es la regla general. El mtodo ordinario de Dios es
persuadir a los pecadores por medio de la ley, y solamente por ese medio.
El Evangelio no es el medio que Dios instituy, ni que nuestro Seor mismo us,
con tal fin. La Sagrada Escritura no nos autoriza en ninguna parte a que le demos
tal aplicacin, ni podemos esperar buenos resultados. La naturaleza misma del
asunto no nos faculta a que esperemos tal resultado. "Los que estn sanos," dice
nuestro Seor, "no tienen necesidad de mdico, sino los que estn enfermos." Es
un absurdo traer un mdico a los que estn buenos, o quienes al menos se figuran
que lo estn. Lo primero que se debe hacer es persuadirlos de que estn
enfermos. De otra manera no agradecern el favor que se les hace. Igualmente,
es absurdo ofrecer a Cristo a aquellos cuyos corazones estn duros y que nunca
se han ablandado. Es, en verdad, "echar perlas a los puercos." Indudablemente
que las hollarn bajo sus plantas, y no debis sorprenderos "si vuelven y os
despedazan."
4. "Pero si bien es cierto que no hay mandamiento en la Sagrada Escritura
de que se ofrezca a Cristo al pecador indiferente, sin embargo, no hay ningn
precedente que lo autorice?" Creo que no. No s de ninguno. No creo que podis
citar uno solo en los cuatro Evangelios o en los Hechos de los Apstoles. Ni
podis probar con ningn pasaje que sta haya sido la prctica de los apstoles.
5. "S, pero no dice el Apstol en su Primera Epstola a los Corintios:
Predicamos a Cristo crucificado (1:23); y en su Segunda: No nos predicamos a
nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Seor?" (4:5).
No hay el menor peligro en hacer esto, en seguir su ejemplo y caminar en sus
pasos. Predicad como predicaba Pablo, y habr concluido nuestra disputa.
Porque si bien estamos seguros de que predic a Cristo de una manera tan
perfecta como slo lo pudo hacer el jefe de los apstoles, no obstante, ninguno
predic la ley ms que Pablo. Por consiguiente, no crea que el Evangelio llenase
el mismo fin.
6. El primer sermn de Pablo de que tenemos noticia, concluye con estas
palabras: "De todo lo que por la ley de Moiss no pudisteis ser justificados, en ste
es justificado todo aquel que creyere. Mirad, pues, que no venga sobre vosotros
todo lo que est dicho en los profetas; mirad, oh menospreciadores, y
entonteceos, y desvaneceos; porque yo obro una obra en vuestros das, obra que
no creeris, si alguien os la contare" (Hechos 13:39-41). Es bien claro que esto es
predicar la ley, en el sentido que dais a esa palabra, a pesar de que la mayor parte
de sus oyentes, si no todos, eran judos o proslitos religiosos (v. 43), y de que
muchos de ellos estaban persuadidos de su pecado, al menos hasta cierto grado.
En primer lugar, les recuerda el hecho de que no podan estar justificados por la
ley de Moiss, sino slo por la fe en Cristo, y luego los amenaza con los juicios de
Dios, lo que en el sentido ms severo de la palabra, no es otra cosa, sino predicar
la ley.
7. En su segundo discurso, dirigido a los paganos de Listra (14:15-17), no se
menciona el nombre de Cristo, siendo el centro del sermn que de esas vanidades
se convirtieran al Dios vivo. Ahora bien, confesad la verdad. No creis que si
hubierais estado all habrais predicado mucho mejor que el Apstol? No me
sorprendera si pensaseis que el hecho de haber predicado tan mal fue la causa
de que lo tratasen tan mal, y que si lo apedrearon fue en justo castigo de no haber
predicado a Cristo.
8. Cuando el carcelero "entr dentro, y temblando, derribse a los pies de
Pablo y de Silas...y les dice: Seores, qu es menester que yo haga para ser
salvo?" el Apstol le contest inmediatamente: "Cree en el Seor Jesucristo" (He-
chos 16:29-31). Pero en el caso de una persona tan profundamente persuadida de
pecado, quin no habra hecho otro tanto? Mas a los hombres de Atenas les
habla de una manera bien diferente: reprueba su supersticin, ignorancia e idola-
tra. Los exhorta fervientemente a arrepentirse, tomando en consideracin el juicio
que ha de venir y la resurreccin de los muertos (17:24-31). De la misma manera,
cuando Flix mand por Pablo a fin de or "de l la fe que es en Jesucristo," en
lugar de predicar a Cristo, en el sentido que vosotros dais a esa predicacin (y que
probablemente habra hecho que el gobernador se burlase, contradijese o
blasfemase), disert "de la justicia, y de la continencia, y del juicio venidero," hasta
que Flix, a pesar de lo endurecido que estaba, se espant (24:24, 25). Id, pues, y
seguid su ejemplo. Predicad a los pecadores endurecidos, disertando "de la
justicia, y de la continencia, y del juicio venidero."
9. Si me decs: "Pero en sus epstolas predic a Cristo de una manera
diferente," os contesto: (1) Nunca predic en las epstolas, en el sentido que
damos a la predicacin, porque en esta discusin predicar significa hablar ante
una congregacin. Mas dejando pasar esto, contesto: (2) Dirigi sus epstolas no a
los incrdulos, a individuos como aquellos de quienes estamos hablando, sino a
"los santos de Dios" en Roma, Corinto, Filipos y otros lugares. Naturalmente que a
stos les hablaba ms de Cristo que a los que vivan en el mundo sin Dios. Sin
embargo, (3) todas sus cartas estn llenas de la ley, aun las epstolas a los
romanos y a los glatas, en las cuales "predica la ley," como dirais vosotros, y eso
no slo a los creyentes, sino tambin a los incrdulos.
10. De todo esto se desprende claramente que no sabis lo que es predicar a
Cristo en el sentido en que el Apstol lo hizo. Porque es indudable que Pablo
crey que predicaba a Cristo ante Flix, en Antioqua, Listra y Atenas. Y todo hom-
bre que piense no puede menos que inferir de su ejemplo, que predicar a Cristo
como lo hizo el Apstol y en el sentido pleno que la Escritura da a la predicacin,
consiste no slo en declarar el amor de Cristo a los pecadores, sino tambin en
anunciar que vendr del cielo como en llama de fuego. Predicar a Cristo es
predicar lo que El revel en el Antiguo y en el Nuevo testamentos. De manera que
en realidad predicis a Cristo tanto cuando decs: "los malos sern trasladados al
infierno, todas las gentes que se olvidan de Dios," como cuando exclamis: "He
aqu el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo."
11. Meditad bien en esto: predicar a Cristo consiste en predicar todas las
cosas que Cristo dijo; todas sus promesas, todas sus amenazas y todos sus
mandamientos; todo lo que est escrito en su Libro. Entonces sabris predicar a
Cristo sin invalidar la ley.
12. "Empero, no es un hecho que los sermones que predicamos
especialmente sobre los mritos y sufrimientos de Cristo, atraen las mayores
bendiciones?"
Probablemente cuando prediquemos a una congregacin de personas
arrepentidas o de creyentes, dichos sermones acarreen las mayores bendiciones,
porque tales discursos son adecuados al estado de dichas personas-al menos,
generalmente dan mucho consuelo. Pero no siempre es esta la mayor bendicin.
Algunas veces recibo una bendicin ms grande al escuchar un sermn que me
parte el alma y me humilla en el polvo de la tierra. Y no recibira yo consuelo si
slo predicase o escuchase sermones sobre los sufrimientos de Cristo. La
repeticin constante hace que esta predicacin pierda su fuerza y que se haga
ms pesada e ineficaz, hasta convertirse en una hilera de palabras sin espritu,
vida ni virtud alguna. De manera que predicar a Cristo de esta manera debe dar
por resultado, corriendo el tiempo, que el Evangelio se invalide lo mismo que la
ley.
II. 1. El segundo mtodo de invalidar la ley por medio de la fe es ensear que
la fe suple la necesidad de la santidad. Este mtodo o va se divide en mil
veredas, y muchos son los que caminan por ellas. En verdad, muy pocos son los
que se escapan. Pocos son los que se persuaden de que somos salvos por la fe, y
que tarde o temprano no se dejan desviar poco ms o menos.
2. Muchos son los que, si bien no asientan claramente que la fe en Cristo
hace a un lado por completo la necesidad de guardar su ley, todava suponen: (1)
Que hay menos necesidad de la santidad en la actualidad que antes de que vi-
niera Cristo. (2) Que se necesita en un grado menor. (3) Que los creyentes no la
necesitan tanto como los dems. Estos son todos aquellos que, a pesar de tener
opiniones rectas en lo general, creen, sin embargo, que pueden tomarse ms li-
bertad en ciertos casos de la que habran usado antes de creer. A la verdad, usar
el trmino libertad de esta manera, dando a entender que estn libres de la
obediencia o de la santidad, muestra desde luego cun pervertida est su opinin,
y que son culpables de aquello que se figuraban estar muy lejos de ellos, es decir,
de invalidar la ley por medio de la fe, suponiendo que la fe suple a la santidad.
3. El primer argumento de aquellos que abiertamente ensean esto, es que
estamos bajo el pacto de la gracia y no de las obras, y que, por consiguiente, ya
no tenemos necesidad de hacer las obras de la ley.
Pero, quin estuvo jams bajo el pacto de las obras? Slo Adn antes de la
cada, quien estuvo verdaderamente bajo ese pacto que demandaba, para ser
aceptado, una obediencia perfecta y universal. Ese pacto no dejaba lugar al
perdn ni aun por la nfima trasgresin. Empero ningn otro hombre, judo ni
gentil, estuvo jams bajo dicho pacto, ni antes de la venida de Cristo ni despus.
Todos los hijos de los hombres estn bajo el pacto de la gracia. El mtodo de su
aceptacin es este: la gracia gratuita de Dios, por los mritos de Cristo da perdn
a los que creen; a los que creen con la fe que, obrando por el amor, produce toda
obediencia y santidad.
4. Por consiguiente, no es cierto, como vosotros suponis, que los hombres
estuvieran en un tiempo ms obligados a obedecer a Dios o a hacer las obras de
su ley, de lo que estn a lo presente. Esta es una suposicin que no podis pro-
bar. Si hubisemos estado bajo el pacto de las obras, habramos tenido que hacer
esas obras antes de ser aceptados; mientras que ahora todas las buenas obras, si
bien tan necesarias corno siempre, no vienen antes sino despus de que hemos
sido aceptados. Por consiguiente, ninguna base, ninguna autoridad os da el pacto
de la gracia de hacer a un lado la obediencia ni la santidad en cualquier caso o
grado, en parte o medida alguna.
5. "Empero, no somos justificados por la fe, sin las obras de la ley?"
Indudablemente que s, sin las obras de la ley ceremonial o moral. Ojal y todos
los hombres se persuadiesen de esto! Se evitaran innumerables males, especial-
mente el antinomianismo, porque, hablando en general, los fariseos son la causa
de que haya antinomianos. Al interpretar la Escritura de una manera tan
exagerada, causan que otros se vayan al extremo contrario. Buscando los unos
ser justificados por las obras, hacen que los otros, azorados, no dejen lugar para
dichas obras.
6. Empero la verdad se encuentra entre los dos extremos. Indudablemente
que somos justificados por la fe. Esta es la piedra de esquina de todo el edificio
cristiano. Somos justificados sin las obras de la ley, como condicin previa de la
justificacin. Pero las obras son el fruto inmediato de esa fe por la que somos
justificados. De manera que, si a nuestra fe no se siguen las buenas obras y toda
clase de santidad interior o exterior, claro est que nuestra fe de nada vale, an
permanecemos en nuestros pecados. Por consiguiente, el que seamos justificados
por la fe sin las obras, no es razn para invalidar la ley por la fe, ni para figurarnos
que la fe sea una clase de dispensa de todo gnero y grado de santidad.
7. "S, pero no dice Pablo claramente: 'Mas el que no obra, pero cree en
aquel que justifica al impo, la fe le es contada por justicia'? Y no se sigue de aqu
que la fe ocupa el puesto, el lugar de la justicia? Y si la fe ocupa el lugar de la
justicia o de la santidad, qu ms se necesita?"
Debemos confesar que este es el nervio de la cuestin- en verdad, la columna
principal del antinomianismo. Sin embargo, no necesita contestacin larga ni
estudiada. Concedemos: (1) Que Dios justifica al impo, al que hasta ese momento
es enteramente injusto, lleno de maldad, falto de todo lo bueno. (2) Que justifica al
impo que no obra, quien, hasta ese instante, no hace ninguna obra buena, ni
puede hacerla puesto que el rbol malo no puede producir buen fruto. (3) Que lo
justifica slo por la fe, sin que exista en l anteriormente bondad o justicia alguna.
Y (4) que la fe le es imputada entonces por justicia, es decir, por justicia
precedente, a saber: que Dios, por los mritos de Cristo, acepta al creyente como
si ste ya hubiera cumplido con toda la justicia. Pero, qu tiene que ver todo esto
con el punto en cuestin? El Apstol no dice aqu, ni en ningn otro lugar, que esta
fe le sea imputada por justicia subsecuente. Ensea que no existe la justicia antes
de la fe, pero dnde ensea que no exista despus? Afirma que la santidad no
puede preceder a la justificacin, pero no niega que deba seguirla. Por
consiguiente, Pablo no os autoriza en lo mnimo a que invalidis la ley, enseando
que la fe supla a la santidad.
III. 1. Hay todava otro modo de invalidar la ley por la fe, que es ms comn
que cualquiera de los dos ya mencionados: hacerlo prcticamente; invalidarla de
hecho, ya que no por principio; vivir como si la fe fuese una disculpa para no tener
santidad.
Con cunto fervor procura el Apstol amonestarnos en contra de este peligro
cuando dice: "Pues qu? Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino
bajo de la gracia? En ninguna manera" (Romanos 6:15). Amonestacin que se de-
be considerar maduramente, por ser de la mayor importancia.
2. Estar "bajo de la ley" puede significar: (1) Estar obligado a observar la ley
ceremonial. (2) Tener que conformarse a todas las instituciones mosaicas. (3)
Tener la obligacin de guardar toda la ley moral, como la condicin para ser
aceptados por Dios. Y (4) estar bajo la ira y maldicin de Dios; bajo la sentencia
de la muerte eterna. Tener la conciencia de la culpa y condenacin, y estar
horrorizado y lleno de temor servil.
3. Ahora pues, si bien el creyente est, no sin la ley de Dios, mas en la ley
de Cristo, sin embargo, desde el momento en que cree no est "bajo de la ley," en
ninguno de los sentidos anteriores. Antes al contrario, est "bajo de la gracia," bajo
de una dispensacin ms benigna y misericordiosa. As como ya no se encuentra
bajo la ley ceremonial, ni bajo la institucin mosaica; como ya no est obligado a
guardar ni aun la ley moral como la condicin para ser aceptado, de la misma
manera est libre de la ira y la maldicin de Dios, de toda conciencia de culpa y
condenacin, y de todo el horror y temor de la muerte y el infierno que durante su
vida anterior le tenan sujeto en esclavitud. Ahora rinde-lo que antes no poda
hacer "bajo de la ley,"-una obediencia voluntaria y universal. No obedece
impulsado por un temor servil, sino por un principio ms noble, a saber: la gracia
de Dios que reina en su corazn y que hace que todas sus obras sean hechas en
amor.
4. Qu diremos, pues? Ser este principio evanglico del modo de obrar,
menos eficaz que el legal? Obedeceremos a Dios menos a impulsos del amor
filial, de lo que lo hacamos antes por miedo servil?
Ojal que no haya muchos casos como ste. Ojal que este antinomianismo
prctico, esta manera silenciosa de invalidar la ley por la fe, no haya influido en
miles de creyentes.
Os ha contagiado? Examinaos sincera y cautelosamente. No hacis ahora lo
que no os atrevais a hacer cuando estabais bajo de la ley, o como acostumbris
decir, bajo conviccin? Por ejemplo: no os atrevais a comer demasiado; tomabais
solamente lo necesario, y eso, de lo ms barato. No os permits ahora mayores
complacencias? No sois un poco ms indulgentes con vosotros mismos de lo
que erais antes? Tened cuidado, no sea que "pequis porque no estis bajo de la
ley, sino bajo de la gracia"!
5. Cuando estabais bajo conviccin, no os atrevais a consentir en ningn
grado de lujuria de vuestra vista; no hacais nada, grande o pequeo, simplemente
por satisfacer vuestra curiosidad. Slo tomabais en consideracin la limpieza y la
necesidad, o cuando ms, comodidades muy moderadas, bien en vuestros
muebles, ya en vuestro vestido, siendo lo superfluo o las cosas extravagantes de
cualquiera clase, tanto como la elegancia de las modas, un terror y una abomina-
cin para con vosotros.
Lo son an? Es vuestra conciencia tan sensible respecto de estas cosas como
lo era entonces? Tenis la misma costumbre, respecto de muebles y vestido
hollando bajo vuestras plantas todo lo superfluo, lo intil, lo que slo sirve de
adorno, aunque est de moda? O ms bien, no habis vuelto a sacar lo que
habais hecho a un lado y a poneros lo que antes no podais usar sin lastimar
vuestra conciencia? No habis aprendido a decir: "Ya no soy tan escrupuloso"?
Pluguiese a Dios que lo fuerais! Entonces no pecarais como lo hacis "porque no
estis bajo de la ley, sino bajo de la gracia."
6. En un tiempo tenais escrpulos para alabar a cualquier individuo en su
presencia, o para que otros os alabasen. Era como una herida en vuestro corazn.
Buscabais la honra que viene slo de Dios. No podais or con paciencia
conversaciones que no tendan a la edificacin. Aborrecais toda clase de discurso
trivial, ocioso. Los aborrecais tanto como los temais, apreciando el tiempo en
todo su valor, los momentos preciosos que vuelan. Igualmente, temais y abo-
rrecais toda clase de gastos intiles, apreciando vuestro dinero casi tanto como
vuestro tiempo, y temblando al pensar que tal vez erais mayordomos infieles aun
respecto de las riquezas del dios de este mundo.
Consideris ahora la alabanza como un veneno que no podis dar ni recibir sin
peligro de vuestras almas? Aun temis y evitis toda conversacin que no tienda
a la edificacin, y procuris aprovechar cada momento a fin de que no pase sin
haceros mejores de lo que erais? No sois menos cuidadosos en vuestros gastos
y en el uso que hacis de vuestro dinero? No desperdiciis vuestro dinero y
vuestro tiempo como no lo hacais antes? Cmo lo que era para vuestra salud ha
sido para vuestra cada! Cmo habis pecado "porque no estis bajo de la ley,
sino bajo de la gracia"!
7. No permita el Seor que continuis convirtiendo la gracia de nuestro Dios
en disolucin. Acordaos de la conviccin tan clara y firme que tenais antes
respecto de todas estas cosas y de que al mismo tiempo sabais perfectamente de
quin vena esa persuasin. El mundo os deca que estabais engaados, pero
vosotros sabais que era la voz de Dios. Antes erais escrupulosos a ms no poder
respecto de estas cosas, pero ahora no tenis muchos escrpulos.
Pluga a Dios teneros por ms tiempo en la escuela de la afliccin, para que
aprendis ms perfectamente estas grandes lecciones. Las habis olvidado ya?
Repasadlas antes de que sea demasiado tarde! En vano habis sufrido tantas
cosas? Abrigo esperanzas de que no haya sido en vano. Aprovechad la
persuasin sin que os produzca pena. Poned en prctica la leccin sin que haya
que usar el ltigo. Que la misericordia de Dios no tenga menos peso en vuestras
mentes del que su tremenda indignacin tena antes. Es el amor un impulso
menos eficaz que el temor? Si no lo es, tened por norma inmutable: "No har nada
ahora que estoy bajo de la gracia, que no me habra atrevido a hacer cuando
estaba bajo de la ley."
8. En conclusin, no puedo menos que exhortaros a que os examinis
igualmente respecto de los pecados de omisin. Estis tan libres de esos
pecados ahora que os hallis "bajo de la gracia," como lo estabais "bajo de la
ley"? Qu diligentes erais entonces en escuchar la Palabra de Dios! Desprecia-
bais alguna oportunidad? No asistais de da y de noche? Dejabais que
cualquier pequeo inconveniente os estorbase el ir, cualquier negocio, una visita,
una ligera indisposicin, lo agradable de la cama, mal tiempo o una maana fra?
No acostumbrabais ayunar con frecuencia y no usabais la abstinencia hasta
donde podais? No orabais constantemente, a pesar de sentiros fros y pesados,
sabiendo que yacais al borde del infierno? No tenais la costumbre de hablar por
el Dios desconocido y defenderlo? No abogabais valerosamente por su causa?
No reprendais a los pecadores y no confesabais la verdad ante una generacin
adltera? No sois creyentes en Cristo? No tenis la fe que vence al mundo?
Tenis ahora menos celo por vuestro Maestro, del que tenais antes de
conocerle? Sois menos diligentes en el ayuno, en la oracin, en escuchar su
Palabra, en llamar a los pecadores a Dios? Oh! Arrepentos! Ved y sentid cun
grande es vuestra prdida! Acordaos del estado en que habis cado! Llorad
vuestra falta de fidelidad! Sed celosos y haced las primeras obras, no sea que si
continuis deshaciendo "la ley por la fe," os rechace Dios y os condene
juntamente con los incrdulos.
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXXV
1. ( 1). Qu proposicin asienta el apstol Pablo al principio de su Epstola a los
Romanos? 2. ( 2). Qu objecin prev fcilmente? 3. ( 3). Qu cosa se
figuran algunas personas con extraeza? 4. ( 4). Es esta opinin general?
Quines insisten en decir que el Apstol invalida la ley por la fe? 5. ( 5). Qu
se dice de su celo? 6. ( 6). Qu cosa debe hacer todo el mundo? 7. (I. 1). Qu
cosa investigamos en primer lugar? 8. (I. 2). De dnde viene esta oposicin a la
ley? 9. (I. 3). Qu gran argumento es ste? 10. (I. 4). Es permisible ofrecer a
Cristo a los pecadores indiferentes? 11. (I. 5). Qu dice el Apstol? 12. (I. 6).
Cmo concluye el primer sermn de Pablo? Dnde se encuentra? 13. (I. 7).
Qu dice en su discurso siguiente? 14. (I. 8). Qu le dijo al carcelero de Filipos?
15. (I. 9). Qu respuesta se da aqu a la asercin de que Pablo predic el
Evangelio de una manera diferente en sus epstolas? 16. (I. 10). Qu cosa se
desprende claramente de esta asercin? 17. (I. 11). Qu cosa debemos
considerar bien? 18. (I. 12). Qu objecin se menciona aqu y qu contestacin
se da? 19. (II. 1). Cul es el segundo modo de deshacer la ley? 20. (II. 2). Qu
otra cosa suponen otros? 21. (II. 3). Cul es su primer argumento? 22. (II. 4).
Estuvieron los hombres alguna vez ms obligados a obedecer la ley de lo que lo
estn ahora? 23. (II. 5). Qu objecin se contesta aqu? 24. (II. 6). Dnde se
encuentra la verdad? 25. (II. 7). Qu objecin se nota aqu? 26. (III. 1). Qu otra
manera de invalidar la ley se menciona? 27. (III. 2). Qu significa "bajo de la
ley"? 28. (III. 3). Qu relacin hay entre el creyente y la ley? 29. (III. 4). Qu se
dice de la obediencia inspirada por el amor filial? 30. (III. 5). Qu restricciones se
siguen a la conviccin de pecado? 31. (III. 6). Qu honra se buscaba entonces?
32. (III. 7). Srvase repetir la exhortacin que se hace en este prrafo. 33. (III. 8).
Cmo concluye esta parte del discurso?
SERMON XXXVI
LA LEY ESTABLECIDA POR MEDIO DE LA FE (II)
Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecernos la
ley (Romanos 3: 31).
1. En el discurso anterior se mencionaron las diferentes maneras de invalidar
la justicia por medio de la ley, a saber: primera, no predicndola en lo absoluto, lo
cual la invalida eficazmente y de un golpe-y esto bajo el pretexto de predicar a
Cristo y engrandecer el Evangelio, si bien, en realidad, no es otra cosa sino
destruir el uno y el otro. Segunda, enseando, directa o indirectamente, que la fe
suple a la necesidad de la santidad; que ahora se necesita sta menos o en menor
grado de lo que se necesitaba antes de la venida de Cristo; que nosotros no la
necesitamos tanto, puesto que somos creyentes; que la libertad cristiana significa
estar libre de todo grado y clase de santidad (pervirtiendo de este modo tales
grandes verdades: que estamos bajo el pacto de la gracia y no bajo el de las
obras; que el hombre se justifica por la fe sin las obras de la ley, y que "al que no
obra, pero cree en Aquel que justifica al impo, la fe le es contada por justicia").
Tercera, hacindolo prcticamente, invalidando la ley con los hechos, si no por
principio; viviendo y obrando como si el fin de la fe fuese excusarnos de la
santidad. Haciendo el pecado porque no estamos "bajo de la ley, sino bajo de la
gracia."
Rstanos ahora investigar qu norma debemos seguir, cmo podremos decir con
el Apstol: "Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes
establecemos la ley."
2. Por supuesto que no establecemos la ley antigua de las ceremonias,
puesto que, como sabemos perfectamente, qued abolida para siempre. Mucho
menos confirmamos toda la dispensacin judaica, la cual, como es sabido, clav
nuestro Seor en el madero de la cruz. Ni siquiera establecemos la ley moral-
como es de temerse que muchos lo hagan-en la inteligencia de que el cumplirla, el
guardar todos los mandamientos, sea la condicin de nuestra justificacin. Si as
fuera, no se justificara delante de El ningn viviente. A pesar de todo esto, y en el
sentido que el Apstol da a esta expresin, "establecemos la ley," la ley moral.
I. 1. Primeramente, establecemos la ley con nuestras doctrinas al procurar
predicarlas en toda su plenitud, explicando y corroborando todas y cada una de
sus partes, como lo hizo el gran Maestro cuando estuvo en la tierra. La esta-
blecemos al seguir el consejo de Pedro: "Si alguno habla, hable conforme a las
palabras de Dios;" como los hombres santos de la antigedad, quienes movidos
del Espritu Santo hablaron y escribieron para nuestra instruccin, y como lo hi-
cieron los apstoles de nuestro bendito Seor, por direccin del mismo Espritu. La
confirmamos siempre que hablamos en su nombre, sin defraudar en la predicacin
a los que escuchan; declarndoles, sin reserva ni restriccin alguna, el plan
completo de Dios. A fin de establecerla ms eficazmente, hablamos en el lenguaje
ms sencillo y claro: "No somos como muchos, mercaderes falsos de la Palabra
de Dios" (como los hombres astutos que adulteran sus vinos malos. No la
rebajamos, mezclamos, adulteramos ni diluimos, conforme al gusto de los
creyentes). "Antes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en
Cristo," no teniendo ms fin que encomendarnos a nosotros mismos por
manifestacin de verdad, a toda conciencia humana delante de Dios.
2. As que, con nuestras doctrinas confirmamos la ley cuando la declaramos
abiertamente a todos los hombres en toda la plenitud con que la ensearon
nuestro Seor y sus apstoles-al predicar nosotros su altura y profundidad, su
longitud y latitud. Establecemos la ley al declarar todas y cada una de sus partes,
todos los mandamientos que contiene, no slo en su sentido natural y completo,
sino tambin en su significado espiritual; no nicamente respecto de las acciones
exteriores que autoriza o prohbe, sino tambin con referencia al motivo interior, a
los pensamientos, deseos e intenciones del corazn.
3. Tomando en consideracin que esto no solamente es de la mayor
importancia-puesto que todo el fruto, todas las palabras y acciones deben
continuar siendo malas si el rbol es malo, si el genio y la disposicin del corazn
no son rectos ante Dios-sino que, a pesar de ser estas cosas muy importantes-
tanto que se consideran tan poco y se entienden tan mal que podemos en verdad
decir de la ley, cuando se toma en su significado espiritual: "es un misterio que
estuvo escondido por edades y generaciones, desde el principio del mundo"-
establecemos la ley con mucha mayor diligencia. La ley estuvo escondida por
completo del mundo pagano. Con toda su decantada sabidura, no descubrieron a
Dios ni la ley divina en la letra, ni mucho menos en el espritu: "Sus necios cora-
zones fueron entenebrecidos" ms y ms; "dicindose ser sabios, se hicieron
fatuos." Estuvo casi igualmente escondida- en cuanto a su significado espiritual-de
la gran mayora de los judos. Aun los israelitas, que estaban siempre listos a
declarar respecto de otros: "Estos comunales que no saben la ley, malditos son,"
pronunciaban su propia sentencia, estando bajo de la misma maldicin, siendo
culpables de idntica y terrible ignorancia.
Recordad los continuos reproches que nuestro Seor haca a los ms sabios de
entre ellos, con motivo de las interpretaciones groseras que hacan de la ley.
Recordad la suposicin, casi universalmente aceptada entre ellos, de que slo era
necesario limpiar lo exterior de la copa; que el pagar diezmos de la menta, el ans
y el comino, exactitud exterior, bastara a satisfacer por la impureza interior, por el
olvido completo de la justicia y la misericordia, por la fe y el amor de Dios. Tan
absolutamente escondido estaba para ellos el sentido espiritual de la ley, que uno
de sus rabinos ms eminentes hace este comentario sobre aquellas palabras del
salmista: "Si en mi corazn hubiese yo mirado a la iniquidad, el Seor no me
oyera." "Es decir"-dice el mencionado rabino- "si no cometo ninguna iniquidad de
hecho, el Seor no la considerar, no me castigar a no ser que ponga yo en prc-
tica la maldad."
4. Mas la ley de Dios, en su sentido espiritual, no slo est escondida de los
judos y de los paganos, sino aun del llamado mundo cristiano, cuando menos de
la mayor parte de l. Para ste tambin es todava un misterio el sentido espiritual
de los mandamientos de Dios. No sucede esto solamente en aquellos pases que
yacen en las tinieblas e ignorancia del romanismo, sino que es una verdad
innegable que la mayora de los que se llaman cristianos reformados desconocen
absolutamente hasta lo presente la pureza y lo espiritual de la ley de Cristo.
5. De aqu que hasta el da de hoy, "los escribas y los fariseos," hombres
que tienen la apariencia, pero no el poder, de la religin, y que por lo general son
sabios en su propia opinin, oyendo estas cosas se ofendan. Se ofenden
profundamente al ornos hablar de la religin del corazn, especialmente cuando
declaramos que sin ella, aun cuando repartisemos "toda nuestra hacienda para
dar de comer a pobres," de nada nos servira.
Pero que se ofendan. No podemos dejar de hablar la verdad tal cual es en Jess.
Es nuestro deber, ya sea que escuchen, ya que se nieguen a ornos, desahogar
nuestras almas, declarar todo lo que est escrito en el Libro de Dios, no tratando
de agradar a los hombres, sino al Seor. Hemos de declarar no slo todas las
promesas que all encontremos, sino todas las amenazas tambin. A la par que
proclamamos todas las bendiciones y privilegios que Dios ha preparado para sus
hijos, debemos igualmente ensear todas las cosas que ha mandado. Sabemos
que cada una de esas cosas tiene su fin: bien despertar a los que estn
adormecidos, ya instruir a los ignorantes, consolar a los afligidos o edificar y
perfeccionar a los santos. Sabemos que "toda Escritura es inspirada divinamente y
til para ensear, para redargir, para corregir, para instituir en justicia." Sabemos
que "el hombre de Dios," durante la obra que Dios lleva a cabo en su alma, ne-
cesita de todas y cada una de las partes de esa Escritura, para que al fin sea
hecho perfecto, apto en toda obra buena.
6. Nuestro deber, por tanto, es predicar a Cristo enseando todas las cosas
que ha revelado. Podemos muy bien, sin faltar en nada-y aun atrayndonos una
bendicin especial-declarar el amor de nuestro Seor Jesucristo. Podemos hablar
de una manera ms especial de "Jehov, Justicia Nuestra;" extendernos sobre la
gracia de Dios en Cristo "reconciliando el mundo a s." Podemos, cuando se
presente la oportunidad, dilatar nuestro discurso sobre las alabanzas de Aquel que
"llev nuestras enfermedades, herido fue por nuestras rebeliones y molido por
nuestros pecados," para que por su llaga fusemos curados. Empero si nos
limitamos a esto, no predicaremos a Cristo conforme lo mand. Debemos predi-
carlo en todos sus aspectos.
Predicar a Cristo, como obreros que no tienen de qu avergonzarse, es predicarlo
no slo como sumo Sacerdote "tomado de entre los hombres...constituido a favor
de los hombres en lo que a Dios toca,"-y quien, como tal, nos reconcili con Dios
por su sangre, viviendo siempre para interceder por nosotros-sino tambin como el
Profeta del Seor, "el cual nos ha sido hecho por Dios sabidura." Quien, segn su
Palabra y en su Espritu, est siempre con nosotros, guindonos a toda verdad. Es
predicarlo como el Rey que permanece para siempre; como el que decreta leyes
para aquellos a quienes ha redimido con su sangre; como el que restaura a la
imagen de Dios a los que ya ha reconciliado; como Aquel que reina en los
corazones de todos los creyentes, "hasta que sujete todas las cosas," hasta que
eche fuera por completo todo pecado, y traiga la justicia eterna.
II. 1. En segundo lugar, establecemos la ley al predicar que la fe en Cristo,
lejos de suplantar, produce la santidad, negativa y positiva, de corazn y de vida.
Con este fin, debemos constantemente proclamar (lo que debera ser asunto de
frecuente y seria meditacin para los que deshacen la ley por la fe), que la fe
misma, la fe cristiana, la fe de los elegidos de Dios, la fe en la obra de Dios, es
an la ayuda del amor. A pesar de ser tan gloriosa y honorable, no constituye el fin
del mandamiento. Dios confiri esta honra al amor solamente. El amor es lo que
constituye el fin de todos los mandamientos de Dios. El amor es el objeto, el nico
fin, de todas las dispensaciones de Dios, desde el principio del mundo hasta la
consumacin de los siglos. Permanecer an despus de que los cielos y la tierra
hayan desaparecido, porque el amor "nunca deja de ser." La fe acabar por
completo. Desaparecer de la vista de todos, en la presencia eterna de Dios. Pero
an entonces, el amor permanecer derramando el bien; recibiendo alabanzas sin
que su fuego se apague; triunfando de la muerte por siempre jams.
2. Cosas excelentes se dicen de la fe, y cualquiera que participe de ella
puede decir con el Apstol: "Gracias a Dios por su don inefable." Sin embargo,
cuando la fe se compara con el amor, desaparece su excelencia. Lo que Pablo
observa respecto de la gloria del Evangelio-que es superior a la de la ley, -puede
muy bien aplicarse a la gloria del amor-que supera a la de la fe. "Porque aun lo
que fue glorioso, no es glorioso en esta parte, en comparacin de la excelente
gloria. Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho ms ser en gloria lo que
permanece." Ms an, toda la gloria de la fe, antes de que desaparezca, consiste
en que sirve al amor. Es el gran medio temporal que Dios ha instituido para llevar
a cabo ese fin eterno.
3. Que consideren, adems-los que de tal manera exageran la fe que la
hacen incluir todas las dems cosas, quienes entienden tan mal su naturaleza que
la hacen ocupar el lugar del amor-que as como el amor existe despus de la fe,
tambin existi mucho antes. Los ngeles-quienes desde el momento de su
creacin, ven cara a cara al Padre que est en los cielos, -no tuvieron necesidad
de la fe, en su acepcin general, como la evidencia de las cosas que no se ven. Ni
tuvieron necesidad de la fe en su acepcin ms especial, fe en la sangre de Jess,
porque El no tom para s la naturaleza de los ngeles, sino slo la de la simiente
de Abraham. Por consiguiente, antes de la fundacin del mundo no haba
necesidad de la fe en su acepcin general o en la especial. Empero haba lugar
para el amor. El amor infinito existe en Dios desde la eternidad. El amor encontr
un lugar en los corazones de los hijos de Dios desde el momento de su creacin.
De su amante Creador recibieron al mismo tiempo la facultad de existir y la de
amar.
4. No es cierto (como algunos han disertado de manera ingeniosa y
plausible) que la fe, aun en la acepcin general de la palabra, tena un lugar en el
paraso. Es muy probable, si juzgamos por la relacin corta y carente de
circunstancias que nos da la Biblia, que Adn, antes de rebelarse en contra de
Dios, lo vea cara a cara y no por la fe.
"As que su intuicin fue clara y cierta
Y (cual guila que mira contra el sol)
Poda llegar hasta la luz eterna
Como ngel docto que la gloria vio."
Entonces poda hablar cara a cara con Aquel cuya faz nosotros no podemos ver y
vivir. Por consiguiente, l no tena necesidad de esa fe cuyo oficio es suplir la
vista.
5. Por otra parte, es absolutamente cierto que entonces no haba all lugar
para la fe en su sentido especial. Porque en ese sentido presupone
necesariamente la existencia del pecado y la ira de Dios en contra del pecador, sin
las cuales no hay necesidad de sacrificio por el pecado, a fin de que el pecador se
reconcilie con Dios. Por consiguiente, como antes de la cada no haba necesidad
de sacrificio alguno, tampoco haba lugar para la fe en ese sacrificio. El hombre
estaba limpio de toda mancha de pecado. Era santo como Dios es santo. Pero ya
entonces su corazn estaba lleno de amor. Este reinaba en l sin rival, y slo
cuando el amor se perdi por causa del pecado se aadi la fe. Se aadi no por
lo que vala, ni con el fin de que existiera ms tiempo del necesario para llevar a
cabo su obra-a saber: restaurar al hombre en el amor del cual haba cado. Por lo
tanto, hasta despus de la cada se aadi esta evidencia de las cosas que no se
ven, la cual era antes enteramente innecesaria. Se aadi esta confianza en el
amor redentor, que no pudo haber existido, sino hasta despus de que se
prometi que la simiente de la mujer herira la cabeza de la serpiente.
6. Dios, pues, orden originalmente que la fe restableciese la ley del amor.
De manera que al hablar as de la fe no la menospreciamos, ni dejamos de
alabarla como merece, sino que, al contrario, mostramos su verdadero valor, la
exaltamos segn sus mritos y le damos el lugar que Dios en su sabidura le
seal desde un principio. Es el sublime medio de restablecer ese amor santo en
que originalmente fue creado el hombre. De esto se sigue que, si bien la fe no
tiene ningn valor intrnseco (como no lo tiene ningn otro medio), sin embargo,
como quiera que tiene el fin de restablecer la ley del amor en nuestros corazones,
y como, en la condicin actual de las cosas, es el nico medio de conseguirlo que
existe sobre la tierra, es, por lo tanto, una bendicin inefable para el hombre y de
valor inestimable ante Dios.
III. 1. En tercer lugar, esto nos hace observar naturalmente, el modo ms
importante de establecer la ley, el cual es: establecerla en nuestros corazones y
vidas. A la verdad, sin esto, de qu valdra todo lo dems? Podemos establecerla
con nuestras doctrinas. Podemos predicarla en toda su plenitud. Podemos explicar
todas y cada una de sus partes. Podemos descubrir su sentido ms espiritual y
declarar los misterios del reino. Podemos predicar a Cristo en todos sus oficios y
la fe de Cristo que abre todos los tesoros de su amor. Pero a pesar de todo esto,
si no establecemos en nuestros corazones la ley que predicamos, no valdremos
ante la presencia de Dios ms que el "metal que resuena, o cmbalo que retie," y
lejos de aprovecharnos nuestra predicacin, aumentar nuestra condenacin.
2. Este es, pues, el punto principal que debemos considerar. Cmo
estableceremos la ley en nuestros corazones de manera que tenga toda su
influencia en nosotros? Esto slo puede hacerse por medio de la fe.
Segn lo demuestra la experiencia diaria, slo la fe puede llevar esto a cabo
satisfactoriamente, porque mientras andamos por fe y no por vista, caminamos
bien por la va de la santidad. Mientras fijamos nuestra mirada no en las cosas que
se ven, sino en las cosas que no se ven, nos crucificamos ms y ms al mundo, y
el mundo se crucifica a nosotros. Que se fije constantemente el ojo del alma no en
las cosas temporales, sino en las eternas, y se desprendern nuestros afectos
ms y ms de la tierra, fijndose en lo de arriba. De manera que, por lo general, la
fe es el medio ms directo y eficaz de promover toda justicia y santidad
verdaderas; de establecer la ley santa y espiritual en los corazones de los
creyentes.
3. Por medio de la fe, tomada en su sentido ms especial-la confianza de
que Dios perdona-establecemos la ley en nuestros corazones de una manera
todava ms eficaz. Porque no hay nada que nos impulse tan poderosamente a
amar a Dios como la conciencia del amor de Dios en Cristo. Nada nos mueve
tanto a dar nuestros corazones a Aquel que se dio por nosotros como la
penetrante conviccin de esta verdad. De este principio de amor agradecido hacia
Dios, brota el amor a nuestros hermanos, pues no podemos dejar de amar a
nuestro prjimo si verdaderamente creemos en el amor con que Dios nos ha
amado Este amor de los hombres que se funda en la fe y en el amor de Dios, "no
hace mal al prjimo," y es, por consiguiente, como el Apstol lo observa, "el cum-
plimiento" de toda "la ley" negativa. "Porque: No adulterars; no matars; no
hurtars; no dirs falso testimonio; no codiciars: y si hay algn otro mandamiento,
en esta sentencia se comprende sumariamente: Amars a tu prjimo como a ti
mismo." Ni se contenta el amor con no hacer mal al prjimo, sino que
constantemente nos mueve a hacer el bien cuando tengamos tiempo y se
presente la oportunidad. Nos mueve a hacer toda clase de bien en todos los
grados y a todos los hombres. Es, por lo tanto, el cumplimiento de la ley positiva
de Dios, lo mismo que de la negativa.
4. La fe no cumple solamente la parte exterior de la ley bien negativa ya
positiva, sino que obra tambin interiormente por medio del amor purificando el
corazn y limpindole de todo afecto pecaminoso. Todo aquel que tiene esta fe en
su corazn, "se purifica, como l tambin es limpio." Se purifica de todo deseo
terrenal y sensual, de todo afecto vil y desordenado, de toda esa mente carnal que
es enemistad con Dios. Al mismo tiempo, si lleva a cabo su obra con toda
perfeccin, le llena de toda clase de bondad, justicia y verdad. Hace que el cielo
baje a su alma y le hace andar en la luz, como Dios est en luz.
5. Procuremos, pues, establecer la ley en nuestros corazones; no pecando
porque estamos "bajo de la gracia," sino usando de todo el poder que sta nos
infunde para cumplir toda la justicia. Acordndonos de la luz que recibimos de
Dios cuando su Espritu nos convenci de pecado, cuidemos de no apagar esa
luz. Conservemos lo que ya hemos obtenido. No nos dejemos persuadir por nada
de esta vida a edificar lo que ya hemos destruido, a reasumir nada grande o pe-
queo que sabemos que no es para la gloria de Dios ni en provecho de nuestras
almas. No olvidemos ninguna cosa grande o pequea que no habramos olvidado
antes sin sentir el reproche de nuestra conciencia. A fin de aumentar y perfec-
cionar la luz que adquirimos, aadamos ahora la luz de la fe. Confirmemos el don
que recibimos de Dios con una apreciacin ms profunda de la que nos mostr
entonces, con una sensibilidad ms grande de conciencia, un dolor ms profundo
del pecado. Andando, pues, con gozo, y no con temor, viendo fija y claramente las
cosas eternas, consideraremos el placer, las riquezas, las alabanzas y todas las
cosas de la tierra, como si fueran burbujas en el agua. No consideraremos como
importante, como deseable, como mereciendo siquiera el pensar en ello, nada
fuera de lo que est detrs del velo donde Jess est "sentado a la diestra del
Padre."
6. Podis decir al Seor: Sers propicio a mis injusticias, y de mis
iniquidades no te acordars ms? Entonces, huid del pecado en lo futuro como
huiras de una serpiente. Porque cun pecaminoso os parece el pecado ahora!
Tan horrendo que no se puede expresar con palabras! Por otra parte, con cunto
cario no consideris ahora la voluntad santa y perfecta de Dios! Ahora bien,
trabajad para que se cumpla en vosotros, por vosotros y sobre vosotros. Velad y
orad para que ya no pequis ms; para que descubris y evitis hasta la menor
trasgresin de su ley. Ahora veis las motas que antes no podais ver al alumbrar el
sol en un lugar oscuro. De la misma manera, los pecados que no podais ver
antes, los descubrs ahora que el Sol de Justicia alumbra en vuestros corazones.
Haced cuanto est a vuestro alcance por andar en todo segn la ley que habis
recibido. Procurad recibir ms luz diariamente, ms conocimiento y amor de Dios,
ms del Espritu de Cristo, ms de su vida y del poder de su resurreccin. Usad
ahora todo el conocimiento, amor, vida y poder que ya habis recibido. As
pasaris constantemente de fe en fe. Aumentaris diariamente en el amor santo,
hasta que la fe sea absorbida en la presencia de lo que veremos, y la ley del amor
quede establecida por siempre jams.
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXXVI
1. ( 1). Qu cosa se mostr en el discurso anterior? 2. ( 2). Qu se dice de la
ley ceremonial? 3. (I. 1). De qu modo establecemos la ley primeramente? 4. (I.
2). Se establece igualmente al declararla a todos los hombres? 5. (I. 3). Por qu
debe hacerse esto con diligencia? 6. (I. 4). De quines est escondido el sentido
espiritual? 7. (I. 5). Qu se sigue de esto? 8. (I. 6). Qu deber tenemos al
predicar a Cristo? 9. (II. 1). Cmo establecemos la ley, en segundo lugar? 10. (II.
2). Qu se dice de la fe? 11. (II. 3). Qu cosa deberan tener en consideracin
los que la magnifican demasiado? 12. (II. 4). Haba necesidad de la fe en el
paraso? 13. (II. 5). Qu otro argumento se usa aqu? 14. (II. 6). Qu designio
tuvo la fe originalmente? 15. (III. 1). Qu se hace observar en tercer lugar?
16. (III. 2). Cul es el principal punto que debe considerarse? 17. (III. 3).
Cmo establecemos la ley en nuestros corazones? 18. (III. 4). De qu manera
establece la fe a la ley, tanto interior como exteriormente? 19. (III. 5). A qu cosa
se nos amonesta en este lugar? 20. (III. 6). Qu pregunta se hace aqu? 21. (III.
6). Cmo probamos el perdn divino? 22. (III. 6). Cmo consideran la voluntad
santa y perfecta de Dios los que han pasado de muerte a vida? 23. (III. 6). Cmo
concluye este sermn? 24. Con qu motivo se escribieron estos sermones sobre
la ley establecida por medio de la fe? Vanse las Notas Introductorias a los
Sermones XXXV y XXXVI. Que el estudiante medite con esmero sobre las causas
que produjeron las clebres "Actas" de 1770, segn se mencionan en dichas
notas.
SERMON XXXVII
NOTAS INTRODUCTORIAS
Uno de los cargos principales que se hacan en contra del metodismo en sus primeros das,
era el de tener demasiado entusiasmo. En los labios de la gran mayora de los opositores,
esta palabra no significaba otra cosa sino hostilidad a la gran obra de revivir la religin. A
la verdad, apenas habra podido encontrarse una sola persona entre los opositores del seor
Wesley, que pudiese dar una definicin justa de este trmino. Se deca que un entusiasta era
una persona que esperaba obtener un resultado sin usar de los medios. Esta definicin no
poda aplicarse a los metodistas, porque las mismas personas que la daban, decan de ellos
que exageraban los medios de gracia. Con tal motivo se les marc como legalistas, como
hombres que estaban procurando establecer la servidumbre de la ley de las obras.
Por otra parte, amonestaban los metodistas a los miembros de sus sociedades en contra de
la doctrina que ensea que no debe uno "hacer bien si no siente su corazn inclinado a
ello." A esta llaman una doctrina entusiasta. En otras palabras, quieren decir que no
debemos hacer del sentimiento el criterio del deber. El seor Wesley se vio obligado a
levantar su voz con energa y decisin en contra de los errores de los verdaderos
entusiastas. Algunas veces se encontraba perplejo, sin poder determinar si ciertas personas
que decan haber recibido dispensaciones extraordinarias del Espritu Santo, se engaaban a
s mismas o estaban procurando engaar a otros. Usaba de cautela en recibir o rechazar
estas experiencias, en algunas de las cuales haba algo de verdad, mientras que en las ms
concurran circunstancias que daban lugar a la duda y a la sospecha.
Quien lea el diario del Seor Wesley, deber tener presente la ndole esencial de un libro en
que apunta uno diariamente sus pensamientos y opiniones, opiniones que naturalmente son
ex parte, que da uno a impulsos de la ocasin y sin tomar en consideracin el otro lado del
asunto. Aun aserciones respecto de hechos de los que no fue testigo ocular, podran
revisarse al tener informes ms completos, que quiz cambiaran el aspecto de la cuestin.
En sus acabados discursos y sermones es donde el seor Wesley asienta sus opiniones y por
estos solamente se le debe juzgar.
En este sermn se trata del asunto del entusiasmo de una manera clara, concisa y
satisfactoria. Como es natural, los despertamientos religiosos tropiezan siempre con el
peligro de personas que, si bien tienen buenas intenciones, son faltas de criterio y
extremosas. Esto sucede especialmente cuando el asunto de la santidad, o sea la perfeccin
cristiana, absorbe la atencin en extremo. Se dicen palabras y se expresan sentimientos que
en momentos de calma se retiraran, y la causa de la santidad escrituraria sufre mucho dao
en consecuencia de estos mal aconsejados discursos.
Como en todas las cuestiones de controversia, encuntrase la verdad entre los dos extremos.
Confiar en el cumplimiento de unos cuantos deberes exteriores en obediencia de las
ordenanzas y en la observancia de los sacramentos, es verdadero entusiasmo, porque es
tanto como esperar obtener el fin de la esperanza y vida cristiana sin hacer uso de los
medios prescritos en el Evangelio. Por otra parte, la exaltacin de los sentimientos, del
estado de la mente, y el exigir declaraciones extremadas y en demasa llenas de confianza,
de la experiencia individual religiosa, puede convertirse en una red o en piedra de tropiezo
para muchas personas cuya complexin natural se opone a estos requisitos.
La vida y costumbres diarias ante el mundo son la mejor prueba, la evidencia ms segura,
del carcter de un cristiano. Donde abundan los frutos del Espritu all existe la verdadera
libertad y la evidencia innegable de una vida piadosa. Debemos siempre procurar no
desanimar a los discpulos dbiles y tmidos, pues tal vez se descarren si se les pide que
usen trminos y frases que expresan ms de lo que sienten en sus conciencias. Los
ministros del Evangelio tendrn que estar vigilantes siempre, pero muy especialmente
durante los despertamientos religiosos, en contra de esta clase de entusiasmo. El Espritu de
Dios obra siempre en armona con la complexin de la persona, y esa obra se manifiesta de
muchas maneras en la vida de la Iglesia.
ANALISIS DEL SERMON XXXVII
Este cargo se hace en contra de la religin del corazn, y no en contra de ninguna forma
exterior y decente. Se hace especialmente en contra de aquellos que predican sobre el
testimonio y poder vivificador del Espritu Santo. El sentido de la palabra es ambiguo:
algunas veces se le da un buen significado, otras uno indiferente, pero las ms, uno malo.
Este ltimo significa un desorden de la mente. No locura, sino ms bien demencia. Sacar
conclusiones de premisas ilusorias. Esta es demencia religiosa.
Clases de entusiasmo.
1. Los que se figuran que tienen gracia y no la tienen. Conversiones superficiales. Celo
extremoso y mundanal en lugar de religin. Las formas exteriores en lugar de la religin.
2. Los que se figuran que tienen dones sin tenerlos. El poder de hacer milagros. Inspiracin
milagrosa en la predicacin o en la oracin, como si Dios dictase las palabras que hablan.
Direcciones especiales de Dios en cosas triviales, por medio de visiones, impresiones o
impulsos repentinos. Dios da direcciones, pero por medio de su Palabra interpretada por la
razn y la experiencia, dndonos el Espritu Santo ms luz y disponiendo nuestras mentes
al convencimiento de la verdad. El tratar de conocer a Dios por medios irracionales y
antibblicos, es quebrantar el tercer mandamiento.
3. Tratar de obtener el fin sin usar de los medios es tal como esperar entender la Palabra de
Dios sin estudiarla ni usar de ninguna ayuda, o tratar de hablar en pblico sin prepararse
debidamente.
4. Algunos clasifican como entusiasmo la creencia en una especial providencia. Para esto,
sin embargo, tenemos la autoridad de la Sagrada Escritura. La providencia de Dios es
universal lo mismo que particular, y particular lo mismo que universal.
Peligros del entusiasmo. Engendra el orgullo, una confianza obstinada del espritu y el
desprecio de los dems.
Cuidaos del entusiasmo del celoso que persigue; del hombre que, engaado, se figura que
es un cristiano por causa de las obras exteriores, y de aquellos que se imaginan tener dones
sobrenaturales y desprecian el uso de los medios.
SERMON XXXVII
SOBRE LA NATURALEZA DEL ENTUSIASMO
Festo, a gran voz dijo: Ests loco, Pablo: las muchas letras te vuelven loco
(Hechos 26:24).
1. Y lo mismo dice todo el mundo, lo mismo opinan todos los hombres que
no conocen a Dios respecto de aquellos que tienen la religin de Pablo; que lo
siguen como l sigui a Cristo. Es bien cierto que existe cierta clase de religin-y
religin que se llama cristiana-la cual puede practicarse sin sufrir semejante
imputacin, y la que por lo general se dice que est en armona con el sentido
comn-es decir, una religin de formas, una serie de deberes exteriores con los
que se cumple de manera decente y metdica. Si queris, podis aadir a esto la
ortodoxia, un sistema de opiniones rectas, y aun ms todava: cierta moralidad
pagana. A pesar de todo esto, pocos sern los que os digan: la mucha religin os
ha vuelto locos. Pero si procuris tener la religin del corazn, si hablis de "la
justicia y la paz y el gozo por el Espritu Santo," entonces no pasar mucho tiempo
antes de que os digan a cada uno de vosotros: "Ests loco."
2. Esto no lo dicen los hombres en calidad de alabanza. Esta vez hablan con
sinceridad. No slo afirman, sino que creen firmemente que todo aquel que dice
que el amor de Dios se ha derramado en su corazn, por el Espritu Santo que le
es dado, y que Dios le hace regocijarse en Cristo "con gozo inefable y glorificado,"
est loco. Si algn hombre vive verdaderamente para Dios, y est muerto para
todas las cosas aqu abajo; si constantemente ve al Invisible, y anda, por lo tanto,
por la fe y no por la vista, entonces dicen que es un caso rematado, que
indudablemente la mucha religin lo ha vuelto loco.
3. Fcil cosa es ver que lo que el mundo considera como locura es el
desprecio completo de las cosas temporales y la constante prosecucin de las
eternas. Es esa conviccin divina de las cosas que no se ven; ese regocijo en la
gracia de Dios; ese amor de Dios santo y feliz; ese testimonio de su Espritu con
nuestro espritu de que somos los hijos de Dios. En una palabra, es la ndole toda,
la vida y el poder de la religin de Jesucristo.
4. Conceden, sin embargo, que en otros aspectos el convertido habla y obra
como uno que goza de todos sus sentidos. En otras cosas es un hombre racional,
pero slo en este particular su mente est desarreglada. Se reconoce, por lo tanto,
que la demencia que padece es de una clase especial, y en su consecuencia,
tienen la costumbre de darle un nombre particular: "entusiasmo."
5. Este trmino que se usa con mucha frecuencia, que siempre tienen
algunos hombres en sus labios, lo entienden muy pocas veces aun aquellos que
ms lo usan. Por consiguiente, no ser poco aceptable a los hombres serios-a
todos aquellos que desean comprender lo que dicen o lo que escuchan-el que yo
procure explicar el significado de esta palabra y mostrar lo que es el entusiasmo.
Tal vez esto anime a aquellos a quienes injustamente se califican de entusiastas.
Y quiz tambin anime a algunos que merecen ese cargo, al menos a otros que
estn en peligro de hacerse entusiastas si no se les amonesta en contra de ese
peligro.
6. Respecto de la palabra misma, diremos que por lo general se admite que
viene del griego. Pero de dnde se deriva la palabra griega enthousiasms, nadie
ha podido determinar. Algunos han pretendido hacerlo derivar de en the, en Dios,
porque todo entusiasmo se refiere a El. Pero esta interpretacin es muy forzada
puesto que existe poca semejanza entre la palabra derivada y las dos de donde
quieren hacerla derivar. Otros quieren hacerla derivar de en thysa, en sacrificio,
porque muchos de los entusiastas antiguos se conmovan de una manera muy
violenta durante el sacrificio. Tal vez sea una palabra ficticia inventada con motivo
de la bulla que hacan los que se conmovan tanto.
7. Es muy probable que una de las razones por las que se ha conservado
esta palabra en tantas lenguas, sea el desacuerdo de los hombres tanto respecto
de su significado como de su origen. Adoptaron la palabra griega porque no la
entendan. No la tradujeron a sus idiomas porque no saban cmo traducirla,
puesto que siempre ha sido una palabra de sentido incierto, dudoso, y sin un
significado fijo.
8. No es nada extrao, por consiguiente, que se le den tantos significados
hoy da y que diferentes personas la entiendan en diversos sentidos, que no son
consecuentes el uno con el otro. Algunos creen que significa un impulso o impre-
sin divina-superior a todas las facultades naturales-que suspende temporalmente
la razn y los sentidos exteriores total o parcialmente. En este sentido de la
palabra, tanto los profetas antiguos como los apstoles eran verdaderos entu-
siastas, habiendo estado varias veces tan llenos del Espritu y tan completamente
bajo la influencia de Aquel que moraba en sus corazones, que habindose
suspendido el ejercicio de su razn, de sus sentidos y de todas sus facultades
naturales, fueron movidos completamente por el poder de Dios, y "hablaron"
solamente "siendo inspirados por el Espritu Santo."
9. Otros toman la palabra en un sentido indiferente, que moralmente no es
bueno ni malo. As hablan del entusiasmo del poeta, especialmente de Homero y
Virgilio. Un escritor eminente, ya muerto, expande este sentido hasta asegurar que
ningn hombre puede sobresalir en su profesin, cualquiera que sta sea, si no
tiene en su temperamento el elemento del entusiasmo. Segn estos, el
entusiasmo es un vigor mental poco comn, un fervor especial de espritu, cierta
vivacidad y lozana que no se encuentra en el comn de los hombres, que eleva el
alma a cosas mayores que lo que podra haber hecho la razn fra.
10. Pero ninguno de estos significados es el que se da ms comnmente a la
palabra entusiasmo. Si bien la mayora de los hombres no est de acuerdo
respecto de todo lo concerniente a esta palabra, s est acorde en que es algo
malo. Evidentemente, esta es la opinin de todos aquellos que llaman
"entusiasmo" a la religin del corazn. Por consiguiente, en las pginas siguientes
la considerar como si fuese un mal, una desgracia, si no una falta.
11. Indudablemente que la naturaleza del entusiasmo es un desorden de la
mente, y tal desorden que interrumpe muy seriamente el ejercicio de la razn. A la
verdad, algunas veces la hace a un lado por completo. No slo nubla, sino que
ciega los ojos del entendimiento. Puede considerarse, por consiguiente, como
cierta clase de demencia. De demencia ms bien que de locura, puesto que un
necio es uno que deduce conclusiones falsas de premisas verdaderas, mientras
que un demente deduce conclusiones verdaderas de premisas falsas. Y lo mismo
hace el entusiasta. Suponed que sus premisas sean verdaderas, sus conclusiones
se siguen naturalmente. Empero su equivocacin consiste en que sus premisas
son falsas. Se figura ser lo que no es, y por consiguiente, habiendo empezado
mal, mientras ms camina, ms se aleja de la verdadera va.
12. Por lo tanto todo entusiasta no es en realidad sino un demente. Su
demencia, por otra parte, no es ordinaria, sino religiosa. Al usar de este
calificativo, no quiero decir que sea parte de la religin, todo lo contrario. La
religin es el espritu de una mente sana y, por lo tanto, est diametralmente
opuesta a toda clase de demencia. Lo que quiero decir es que tiene la religin por
objeto; est versada en la religin. As es que el entusiasta generalmente est
hablando de la religin, de Dios o de las cosas de Dios, pero habla de tal manera
que cualquier cristiano racional puede ver fcilmente que su mente est
trastornada. Se puede, pues, describir el entusiasmo general como sigue: una
demencia religiosa que resulta de imaginarse que se est bajo la influencia o
inspiracin de Dios; al menos de imputar a Dios o esperar de El algo que no se
debe imputar ni esperar.
13. Las diferentes clases que hay de entusiasmo son innumerables. Voy a
procurar reducir a unos cuantos grupos las ms comunes, y, por lo mismo, las
ms peligrosas, a fin de que se conozcan mejor y puedan evitarse ms fcilmente.
La primera clase de entusiasmo que mencionaremos es la de aquellos que
vanamente se figuran tener la gracia. Algunos se figuran que tienen la redencin
por medio de Cristo, aun "la remisin de los pecados." Por lo general, estos son
los que no tienen raz en s mismos; cuyo arrepentimiento no es profundo, cuya
persuasin no es completa. Por consiguiente, "recibieron la palabra con gozo,"
pero no teniendo profundidad de tierra, -obra ntima en sus corazones-la semilla
"naci luego." Inmediatamente tiene lugar un cambio superficial que, unido a ese
gozo ligero, y aunado al orgullo de sus corazones inconversos y su desordenado
amor de s mismos, fcilmente los persuade de que ya han gustado la buena
palabra de Dios, y las virtudes del siglo venidero.
14. Esta es propiamente la primera clase de entusiasmo, es una especie de
locura que resulta de imaginarse que tienen la gracia cuando en realidad no es
as, y slo engaan a sus almas. Muy bien puede llamarse demencia, puesto que
las conclusiones de estos hombres seran verdaderas si sus premisas no fuesen
falsas. Pero como stas son meras creaciones de sus mentes, todo lo que sobre
ellas edifican cae por tierra. La base de todas sus ilusiones es esta: se figuran que
tienen fe en Cristo. Si la tuvieran, seran "reyes y sacerdotes para Dios," y
poseeran el reino que nunca ha de acabar, pero no la tienen, y por lo tanto, toda
su conducta subsiguiente est tan lejos de la verdad y de la seriedad como la
manera de obrar de cualquier demente, que figurndose que es un rey, obra y
habla como tal.
15. Hay muchos otros entusiastas de esta clase. Por ejemplo, el religioso
fantico, el que tiene un celo exagerado por las opiniones y por aquello que se
complace en llamar formas de culto. Estos hombres tambin se figuran ser
creyentes en el Seor Jess; ms an, se imaginan ser campeones de la fe que
fue una vez dada a los santos. En consecuencia, modelan toda su conducta segn
esa vana suposicin. Concediendo que su hiptesis fuese verdadera, tendran
alguna disculpa de su conducta; mientras que en realidad, su modo de obrar no es
sino el resultado de una mente desarreglada y un corazn desordenado.
16. Empero la mayora de esta clase de entusiastas es la de aquellos que se
figuran ser cristianos y no lo son. Estos abundan no slo en todo nuestro pas,
sino en todas las regiones habitadas de la tierra. Es bien claro y evidente que no
son cristianos, si hemos de creer los Orculos de Dios. Porque los cristianos son
puros, y estos hombres son impuros. Los cristianos aman a Dios y stos aman al
mundo. Los cristianos son humildes, stos son soberbios. Los cristianos son
afables, stos son colricos. Los cristianos tienen el sentir de Cristo y stos estn
muy distantes de ello. Por consiguiente, son tan cristianos como arcngeles. Sin
embargo, slo se figuran que lo son, y aun pueden dar varias razones de ello: se
les ha llamado as toda su vida; los bautizaron hace muchos aos; aceptan las
opiniones cristianas, comnmente llamadas la fe cristiana o universal; usan de las
formas del culto cristiano, como lo hicieron sus padres antes de ellos; llevan lo que
se llama una buena vida cristiana, como lo hacen sus prjimos. Y quin se
atrever a decir o a pensar que estos hombres no son cristianos, si bien no tienen
ni un tomo de la verdadera fe en Cristo, o de la santidad genuina o interior, ni han
sentido jams el amor de Dios, o sido "partcipes del Espritu Santo"?
17. Pobres hombres que os engais a vosotros mismos! No sois cristianos,
sino entusiastas extremosos. Mdicos curaos a vosotros mismos, pero antes
conoced la enfermedad que tenis. Toda vuestra vida se reduce al entusiasmo, el
entusiasmo que satisface a la imaginacin de que habis recibido la gracia de
Dios, cuando no es as. En consecuencia de esta gran equivocacin, cometis
diariamente ms y ms torpezas hablando y obrando como si tuvieseis cierto
carcter que no os pertenece. De aqu resulta esa inconsecuencia tan palpable y
patente que se deja sentir en todo vuestro modo de obrar, y que es una mezcla
extraa de verdadero paganismo y de cristianismo imaginario. Todava, como
quiera que tenis una gran mayora de vuestra parte, probaris, al menos con el
argumento de los nmeros, que sois los nicos hombres de juicio, y que todos los
dems que no estn de acuerdo con vosotros, son lunticos.
Empero esto no cambia la naturaleza de las cosas. En la presencia de Dios y de
sus santos ngeles, ms an, en la de los hijos de Dios sobre la tierra, no sois
sino meros dementes, meros entusiastas. Que no lo sois? No andis en
tinieblas, en la sombra de la religin, la apariencia de la felicidad? No estis an
"inquietndoos en vano" con desgracias tan imaginarias como vuestra felicidad o
vuestra religin? No os figuris que sois buenos, grandes, inteligentes y sabios?
Hasta cundo? Tal vez hasta que la muerte venga a despertaros de vuestro
adormecimiento, a haceros arrepentir de vuestra locura por toda la eternidad.
18. La segunda clase de entusiasmo es la de aquellos que se figuran tener
ciertos dones de Dios, cuando no es as. Algunos se han imaginado tener el don
de hacer milagros, de curar a los enfermos con una palabra o un toque, de dar la
vista a los ciegos, ms an, de resucitar a los muertos, de lo cual hay un ejemplo
reciente en nuestra historia. Otros han pretendido profetizar, decir lo que ha de
acontecer, y eso con toda exactitud y certeza. Por lo general, un poco de tiempo
basta para persuadir a estos entusiastas. Cuando los hechos claros contradicen
sus pronsticos, la experiencia consigue lo que no pudo hacer la razn: los hace
volver a sus sentidos.
19. A esta misma clase pertenecen los que al orar o predicar se figuran estar
bajo la influencia del Espritu de Dios, cuando en realidad no lo estn.
Perfectamente s que sin El nada podemos hacer, especialmente en nuestro mi-
nisterio pblico; que de nada sirve toda nuestra predicacin, si no va acompaada
de su poder; que de nada valen nuestras oraciones a no ser que el Espritu nos
ayude en nuestras flaquezas. Bien s que si no predicamos y oramos por el
Espritu, todo es trabajo perdido, puesto que todo lo que llevamos a cabo en la
tierra El es quien lo hace, El es quien obra todo en todo. Pero esto no afecta el
caso que tratamos. As como existe una influencia verdadera del Espritu de Dios,
tambin hay una imaginaria y muchos toman la una por la otra. Muchos se figuran
estar bajo la influencia cuando no lo estn, cuando est muy lejos de ellos.
Muchos otros se imaginan estar bajo esa influencia mucho ms de lo que
realmente estn. A este nmero temo que pertenezcan los que se imaginan que
Dios dicta las palabras mismas que hablan y que por consiguiente, no es posible
que digan nada fuera de orden, ya en la sustancia, ya en el lenguaje. Bien sabido
es cuntos entusiastas de esta clase ha habido en este siglo. Algunos de ellos
hablan con mucha ms autoridad que Pablo y cualquiera de los apstoles.
20. Esta misma clase de entusiasmo, si bien en grado inferior, se encuentra
con frecuencia en hombres de carcter privado. Se figuran igualmente estar bajo
la influencia o direccin del Espritu, cuando en realidad no lo estn. Concedo que
es muy cierto que "si alguno no tiene el Espritu de Cristo, el tal no es de l;" y que
siempre que pensamos, hablamos u obramos rectamente, es debido a la asis-
tencia de ese bendito Espritu. Pero cuntos hay que le atribuyen o esperan de El
ciertas cosas, sin tener el menor fundamento racional o bblico! Tales son los que
se figuran que han de recibir direcciones especiales de Dios, no slo respecto de
cosas importantes, sino aun de aquellas que son secundarias, de las
circunstancias ms triviales de la vida. Dios nos ha dado la razn para guiamos en
estos casos, si bien jams elimina la asistencia secreta de su Espritu.
21. Los que esperan ser dirigidos por Dios se exponen especialmente a esta
clase de entusiasmo, de una manera justamente llamada extraordinaria-bien en
las cosas espirituales, ya en las circunstancias comunes de la vida-por medio de
visiones o de sueos, de impresiones fuertes o de impulsos repentinos de la
muerte. No niego que Dios en tiempos antiguos manifestara su voluntad de esta
manera, ni que lo pueda hacer ahora. Ms an, creo que lo hace en algunos casos
muy raros, pero con cunta frecuencia se equivocan los hombres en este
particular! cmo los descarra su orgullo, y su imaginacin calenturienta les hace
atribuir a Dios impulsos, impresiones, sueos o visiones enteramente indignos de
El! Todo esto no es ms que mero entusiasmo, y est tan lejos de la religin como
de la verdad y la sobriedad.
22. Puede ser que alguno pregunte: "No deberamos investigar cul es la
voluntad de Dios en todas las cosas? No debe ser su voluntad la norma de
nuestra prctica?" Indudablemente que s, pero cmo investigar esto el cristiano
moderado? Cmo sabr cul es la voluntad de Dios? Ciertamente que no por
medio de sueos sobrenaturales. No esperando que Dios la revele en visiones. No
esperando ningunas impresiones particulares o impulsos repentinos de la mente,
sino consultando los Orculos de Dios, "la ley y el testimonio." Este es el mtodo
general de aprender cul es la voluntad santa y agradable de Dios.
23. "Empero, cmo sabr cual es la voluntad de Dios en tal o cual caso? El
asunto que se propone es en s mismo de una naturaleza diferente, y por lo tanto,
no lo resuelve la Escritura." A lo que contesto que la misma Escritura da una regla
general que puede aplicarse a cualquier caso especial: "La voluntad de Dios es
vuestra santificacin." Es su voluntad que seamos santos interior y exteriormente;
que seamos buenos y hagamos todo lo bueno, en el grado ms alto que est a
nuestro alcance. Hasta aqu caminamos en terreno firme; esto es tan claro corno
la luz del da. Por consiguiente, para saber cul es la voluntad de Dios en un caso
especial, no tenemos otra cosa que hacer ms que aplicar esta regla general.
24. Supongamos, por ejemplo, que un hombre de buen criterio, intenta
casarse o emprender algn negocio nuevo. A fin de saber si es la voluntad de
Dios, y estando seguro de que Dios quiere que sea tan bueno como pueda y haga
todo el bien que est a su alcance, slo tiene que preguntarse: "En qu estado
de la vida puedo ser mejor y hacer el mayor bien, soltero o casado?" Hay que
resolver este punto en parte por la razn y en parte por la experiencia. La expe-
riencia le dice qu ventajas tiene en su estado actual para ser bueno o hacer bien,
y la razn le muestra las que tendr, con certeza o probablemente, en el estado
que intenta tomar. Comparando las unas con las otras, puede discernir en cul de
estos dos estados ser mejor y podr hacer ms bien, y en proporcin a su
seguridad de este punto, sabr cul sea la voluntad de Dios.
25. Mientras tanto, es de suponerse que el Espritu ayude durante todo el
tiempo que se est investigando. A la verdad que no es fcil decir de cuntas
maneras se recibe esa ayuda. El Espritu puede hacernos recordar muchas
circunstancias. Puede hacer que otras se presenten a nuestra mente en una .luz
ms clara y fuerte; disponer nuestra mente para la conviccin, y fijar esa
conviccin en nuestro corazn. Al conjunto de circunstancias de esta clase, en pro
de lo que es aceptable en su presencia, puede aadirse una paz de alma tan
inefable y una medida tan extraordinaria de su amor, que no quede la menor
posibilidad de duda de que esta es evidentemente su voluntad respecto de
nosotros.
26. Esta es la manera clara, bblica y racional de saber cul sea la voluntad de
Dios en un caso especial. Pero tomando en consideracin el hecho de que muy
rara vez se emplea este modo, y que tiene que pugnar en contra del superabun-
dante entusiasmo de aquellos que procuran descubrir la voluntad de Dios por
medios antibblicos e irracionales, es de desearse que el uso de esta expresin
sea ms moderado. Usarla, como lo hacen muchos, en ocasiones sumamente
triviales, es quebrantar abiertamente el tercer mandamiento, es una manera ruda
de tomar el nombre de Dios en vano e indicar gran falta de reverencia hacia El.
No sera mucho mejor usar de otras expresiones en contra de las cuales no
existan semejantes objeciones? Por ejemplo, en lugar de decir en un caso
particular: "Quiero saber cul es la voluntad de Dios," no sera mucho mejor esta
expresin: "Deseo saber que es lo que ms me conviene y cmo ser ms til"?
Este modo es claro y aceptable; es poner las cosas bajo un punto de vista bblico,
y sin peligro alguno de entusiasmo.
27. La tercera clase de entusiasmo muy comn (si es que no coincide con la
anterior) es la de aquellos que, sin usar de los medios, esperan conseguir el fin
por el poder inmediato de Dios. No tendran culpa si faltasen providencialmente
esos medios. En estas cosas Dios puede ejercer-y algunas veces ejerce-su poder
inmediato. Pero aquellos que esperan obtener el fin sin usar de los medios,
pudiendo hacerlo, son verdaderos entusiastas. Tales son los que esperan
comprender la Sagrada Escritura sin escudriarla ni meditar sobre ella; sin usar
siquiera de las ayudas que estn a su alcance y que probablemente les serviran
de mucho. Tales son los que a propsito hablan en pblico sin haberse preparado
de antemano. Digo "a propsito," porque puede haber circunstancias tales que no
pueda uno prepararse, pero todo aquel que desprecia el estudio y la preparacin
para hablar con provecho, es un entusiasta.
28. Posiblemente se espere que yo mencione lo que algunos llaman la cuarta
clase de entusiasmo, a saber: imaginarse que ciertos acontecimientos se deben a
la providencia de Dios cuando no es as. Pero dudo que sea necesario, pues no
hay nada que no se deba a la providencia de Dios. No hay nada que en su orden,
o al menos en su gobierno, no se deba, directa o remotamente, a El. Slo hago
excepcin del pecado- y aun en el pecado de los dems veo la providencia de
Dios para m. No digo su providencia general, palabra que, en mi opinin, suena
bien, pero que no quiere decir nada. Y si hay una providencia particular, debe
cubrir a todos los hombres y todas las cosas. As lo entenda nuestro Seor. De
otra manera no habra dicho como dijo: "Aun los cabellos de vuestra cabeza estn
contados." "Ni un pajarito cae a tierra" sin la voluntad de "vuestro Padre" que est
en los cielos. Pero si esto es as, si Dios preside sobre todo el universo como
sobre cada individuo, y sobre cada individuo como sobre todo el universo
(universis tan quam singulis, et singulis tan quam universis), qu cosa, excepto
nuestros pecados, podemos dejar de atribuir a la providencia de Dios? De manera
que no creo que haya lugar para acusar a nadie de entusiasta por este motivo.
29. Si se me dice que en esto se funda la acusacin: "Cuando usted atribuye
esto a la providencia, usted se imagina ser el favorito especial del cielo," contesto:
Habis olvidado algunas de las palabras que us: "Prosidet universis tan quam
singulis"-su providencia vela sobre todo el gnero humano, lo mismo que sobre
cada hombre en particular. No veis, pues, que cualquiera que creyendo esto
atribuye lo que le pasa a la Providencia, no se hace, por lo tanto, el favorito del
cielo ms que ningn otro hombre? Por consiguiente, este no es motivo para que
le llamis entusiasta.
30. Debemos cuidarnos con esmero de todas estas clases de entusiasmos,
viendo los efectos que han producido y que naturalmente tienen que producir. Su
fruto inmediato es el orgullo; aumenta constantemente el manantial de donde
fluye, alejndonos ms y ms del favor y la vida de Dios. Seca por completo las
fuentes de la fe, el amor, la justicia y la verdadera santidad, puesto que stas
fluyen de la gracia. Porque "Dios resiste a los soberbios y da gracia a los
humildes."
31. Juntamente con el orgullo se desarrollar un genio que no recibe consejos
ni se deja convencer. De manera que no hay esperanza de persuadir al entusiasta
de cualquier error o falta en que caiga porque la razn tiene muy poca influencia
(como se ha observado y visto con frecuencia) con el que se imagina tener un
gua ms elevado, a saber: la sabidura inmediata de Dios. Al mismo tiempo que
aumenta su soberbia, se desarrolla su imprudencia y necedad. Se hace ms y
ms difcil convencerlo y es menos susceptible a la persuasin. Se afirma con
mayor tenacidad en su propia opinin y voluntad, hasta que se hace inamovible
por completo.
32. Fortificado as en contra de la gracia de Dios y en contra de todo consejo y
ayuda del hombre, no le quedan otros guas que su corazn y el rey de los hijos
de la soberbia. No es nada extrao, por consiguiente, que su desprecio de todo el
gnero humano aumente diariamente, lo mismo que su clera furiosa, toda clase
de mala disposicin, toda especie de genio terreno y diablico. Ni deben
sorprendernos los terribles efectos que han resultado de semejantes genios en to-
das las pocas. Toda clase de iniquidades, todas las obras de las tinieblas que
han cometido algunos cristianos, as llamados, quienes practicaban con avidez,
cosas que apenas se nombraban entre los paganos.
Tal es la ndole, tales son los terribles efectos de ese monstruo de muchas
cabezas, el entusiasmo! De dichos efectos podemos deducir algunas conclusiones
claras respecto de nuestra prctica.
33. En primer lugar, siendo que entusiasmo es un trmino que se usa con
mucha frecuencia-si bien rara vez se entiende-cuidad de no hablar de aquello que
no sabis; de no usar la palabra hasta que no la comprendis. Aprended en esto,
como en todas las cosas, a pensar antes de hablar. Aprended primero el sentido
de esta palabra difcil y despus usadla, si hubiere necesidad.
34. Por cuanto muy pocos hombres instruidos y educados, y mucho menos de
los del comn del pueblo, entienden esta palabra obscura y ambigua, ni tienen una
idea fija de lo que significa, cuidad, en segundo lugar, de no llamar ni calificar a
ninguno de entusiasta, simplemente por lo que se dice de l. La crtica no es una
razn suficiente para dar a ningn hombre ese calificativo oprobioso, ni autoriza
mucho menos, para usar un trmino tan terrible. Mientras ms oprobio signifique
una palabra, mayor cuidado debis tener de no aplicarla a nadie, de no hacer
cargo tan tremendo sin tener pruebas suficientes, lo que sera contrario a la
justicia y a la misericordia.
35. Empero si el entusiasmo es un peligro tan tremendo, cuidad de no
enredaros con l. Velad y orad para que no entris en tentacin, la que
constantemente rodea a los que aman a Dios. Cuidad de no pensar de vosotros
mismos mejor de lo que debis. No os figuris que habis alcanzado esa gracia de
Dios que no tenis. Puede ser que tengis mucho gozo, abundante amor, y que,
sin embargo, carezcis de la fe viva. Clamad a Dios que no os permita
descarriaros del camino, estando ciegos como estis. Que no os figuris jams
que sois creyentes en Cristo, hasta que Cristo se revele en vosotros y su Espritu
testifique a vuestro espritu que sois hijos de Dios.
36. Cuidaos de no ser entusiastas, frenticos en la persecucin. No os figuris
que Dios os ha llamado, en contradiccin con la ndole de aquel a quien llamis
Maestro, a destruir las vidas de los hombres en lugar de salvarlas. No sois
jams en forzar a los hombres a que entren por los caminos de Dios. Pensad
vosotros y dejad que otros piensen. A nadie constriis en materias de religin. No
forcis ni aun a los que se encuentran ms lejos del camino, por ningunos medios,
sino los de la razn, la verdad y el amor.
37. Tened cuidado, no sea que estis caminando en la chusma de
entusiastas, figurndoos que sois cristianos sin serlo. No os atrevis a usar ese
santo nombre a no ser que tengis el sentir de Cristo y que andis como El
anduvo.
38. Tened cuidado de no caer en la segunda clase de entusiasmo,
figurndoos en vano que tenis ciertos dones de Dios. No confiis en visiones ni
en sueos; en impresiones repentinas, o en impulsos fuertes de ningn gnero.
Acordaos de que la voluntad de Dios respecto de cualquier caso especial no se
puede descubrir por medio de estas cosas, sino aplicando la regla general de la
Escritura con ayuda de la experiencia y la razn, y la asistencia usual del Espritu
de Dios. No tomis el nombre de Dios ligeramente. No hablis de la voluntad de
Dios a cada rato, al contrario, que la reverencia y un temor santo leuden siempre
vuestras palabras y acciones.
39. En conclusin, no pretendis obtener el fin sin usar de los medios. Dios
puede conceder el fin sin que se usen los medios, pero no tenis razn en esperar
que as sea. Usad, pues, constantemente todos los medios que El ha establecido
como vas ordinarias de su gracia. Usad todos los medios que recomiendan la
Escritura y la razn, y que guan (debido al amor gratuito de Dios en Cristo) bien a
obtener, ya a desarrollar, los dones de Dios. Esperad, pues, un crecimiento diario
en esa religin santa y pura que el mundo siempre ha llamado y llamar
"entusiasmo," que es, en todos los que estn libres del verdadero entusiasmo y
cuyo cristianismo no es nominal, la "sabidura de Dios y el poder de Dios," la
imagen gloriosa del Altsimo; "justicia y paz;" "una fuente de agua viva que salte
para vida eterna."
PREGUNTAS SOBRE EL SERMON XXXVII
1. ( 1). Qu dicen los hombres de aquellos que siguen la religin de Pablo? 2. (
2). Dicen esto de cumplimiento o de veras? 3. ( 3). A qu cosa llama el mundo
locura? 4. ( 4). Qu cosa conceden por otra parte? 5. ( 5). Qu se dice aqu
de la palabra "entusiasmo"? 6. ( 6). Qu se dice del origen de la palabra? 7. (
7). Por qu es probable que se haya conservado la palabra? 8. ( 8). Qu
diferentes interpretaciones se le dan hoy da? 9. ( 9). En qu sentido se aplica a
los poetas? 10. ( 10). Qu significado tiene la palabra generalmente? 11. ( 11).
Qu cosa es el entusiasmo en su naturaleza? 12. ( 12). En tal virtud, qu cosa
es el entusiasmo? 13. ( 13). Cuntas clases hay de entusiasmo? 14. ( 14).
Qu ejemplo se cita en este prrafo? 15. ( 15). A qu grupo de entusiastas
pertenecen los fanticos? 16. ( 16). Qu clase es ms comn? 17. ( 17).
Cmo les habla el predicador? 18. ( 18). Srvase usted mencionar la segunda
clase de entusiasmo. 19. ( 19). Quines ms pertenecen a esta clase? 20. (
20). Qu otra clase se menciona en este prrafo? 21. ( 21). A qu clase de
entusiasmo estn expuestos? 22. ( 22). Qu cosa puede ser que pregunten
algunos? 23. ( 23). Cmo se asienta la pregunta en este prrafo, y de qu
manera se contesta? 24. ( 24). Cmo decidiremos cul es nuestro deber? 25. (
25). Qu cosa se toma por supuesta en estas direcciones? 26. ( 26). Qu error
se seala en este prrafo? 27. ( 27). Cul es la tercera clase de entusiasmo?
28. ( 28). Qu se dice de la cuarta clase? 29. ( 29). Qu cargo se menciona
aqu? 30. ( 30). En contra de qu cosa es necesario estar prevenido? 31. ( 31).
Qu cosa se desarrolla juntamente con el orgullo? 32. ( 32). Qu ms se dice
de este hombre? 33. ( 33). Qu advertencia se hace? 34. ( 34). Por qu
razn deben los hombres cuidarse de juzgar? 35. ( 35). Qu exhortacin se
hace aqu? 36. ( 36). Qu se dice del entusiasta que persigue? 37. ( 37). Qu
advertencia se nos hace? 38. ( 38). Qu cosa se asienta aqu? 39. ( 39). C-
mo concluye el sermn?
SERMON XXXVIII
NOTAS INTRODUCTORIAS
De este sermn se desprende claramente el espritu liberal del seor Wesley. Lejos por una
parte de ser fantico, y, por la otra, de esa caridad tan latitudinal que no exige fe ni obras,
estaba siempre listo a descubrir la obra del Seor, dondequiera que sta se encontrara. La
necesidad de advertir a sus hermanos en contra de un espritu exclusivista, se le presentaba
con frecuencia. En su "Relacin Clara del Pueblo Llamado Metodista," nos da cuenta de la
conducta que observ, y dice a la letra: "Lo que por mucho tiempo tem en gran manera y
resolv evitar por cuantos medios estuvieran a mi alcance, es la falta de liberalidad; ese
espritu de partido, ese fanatismo miserable que hace creer a muchos que ninguna obra de
Dios se encuentra entre nosotros. Para destruir este mal, cre conveniente leer a todos los
que quisieran escuchar, las relaciones que de cuando en cuando reciba de la obra que Dios
est haciendo por toda la tierra, tanto en nuestro pas como en otras naciones; no slo entre
nosotros, sino tambin entre otras denominaciones. A tal fin dedicaba yo una noche al mes,
y de ello no me arrepiento. Por lo general, estas reuniones son ocasiones de gran consuelo
para los que aman a Dios y, por amor de El, a todo el gnero humano. Y tambin sirven
para echar abajo los muros que la sutileza del diablo o la torpeza de los hombres han
edificado para dividirnos. Asimismo, sirven para animar a los hijos de Dios a decir: Todo
aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que est en los cielos, ese es mi hermano, y
hermana, y madre.
ANALISIS DEL SERMON XXXVIII
Historia de este acontecimiento y su aplicacin entre nosotros.
I. Sentido en el que los hombres pueden echar-y echan- fuera a los diablos hoy da.
Dios mora en los hijos de la luz, el diablo en los hijos de las tinieblas. Puede ser algunas
veces aun en un sentido material. Indudablemente que es cierto en un sentido espiritual, en
la gran mayora de los hombres. Hacen las obras del diablo. Todo aquel que al predicar el
Evangelio gua a los hombres al arrepentimiento y al conocimiento de la verdad, echa fuera
al diablo.
II. Qu quiere decir la expresin: "No nos sigue"?
(1) No pertenece al nmero de nuestros trabajadores. (2) No es de nuestro partido en la
iglesia. (3) No est de acuerdo con nosotros en nuestras Opiniones. (4) No observa las
mismas prcticas en el culto. (5) Pertenece a una iglesia antibblica y anticristiana. (6) El
que no est de acuerdo con nosotros es tanto como si nos odiara.
III. Explicacin del mandato de nuestro Seor: "No se lo prohibis."
(1) Deberamos tener pruebas suficientes de sus obras. (2) Si existen dichas pruebas, no
debemos hacerle mala obra. Tal vez sea un laico. Quiz creamos que no ha sido enviado de
Dios; que no tiene un llamamiento vlido; que no ha sido ordenado. Pero el ejemplo de los
apstoles no autoriza nuestra insistencia en este particular. No debemos hacerle oposicin
alguna, desprecindole o rehusndonos a ayudarle.
IV. Cuidad de no ser fanticos, de no preferir vuestras opiniones, partido, iglesia o
religin, a la obra de Dios. Debemos procurar, muy especialmente, no tomar el fanatismo
de otros por pretexto del nuestro.
SERMON XXXVIII
ADVERTENCIA EN CONTRA DEL FANATISMO
Y respondile Juan, diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre
echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no
nos sigue. Y Jess dijo: No se lo prohibis (Marcos 9: 38, 39).
1. Leemos en los versculos anteriores que despus de haber estado
disputando los apstoles respecto de "quin haba de ser el mayor," Jess,
"tomando un nio, psolo en medio de ellos; y tomndole en sus brazos, les dice:
El que recibiere en mi nombre uno de los tales nios, a m recibe; y el que a m
recibe, no recibe a m, mas al que me envi. Y respondile Juan, diciendo: "-es
decir, en contestacin a que el Seor acababa de decir-"Maestro, hemos visto a
uno que en tu nombre echa fuera los demonios...y se lo prohibimos porque no nos
sigue." Como si hubiera dicho: Debimos haberlo recibido? Al recibirle, te
habramos recibido a ti? No debimos ms bien habrselo prohibido? No hicimos
bien en prohibrselo? "Y Jess dijo: No se lo prohibis."
2. El mismo pasaje se encuentra en Lucas, y casi en idnticas palabras.
Pero puede ser que alguno diga: Qu tenemos que ver con esto, viendo que en
nuestros das ningn hombre echa fuera demonios? No hace ya doce o catorce
siglos que la Iglesia dej de tener el poder de hacer esto? Qu tenemos que ver,
pues, en este caso o en la decisin de nuestro Seor?
3. Tal vez ms de lo que parece, puesto que el caso que se propone es una
experiencia comn. A fin de que saquemos de l todo el provecho posible, me
propongo mostrar: primeramente, el sentido en que los hombres pueden echar-y
echan-fuera los demonios hoy da. En segundo lugar, el significado de las
palabras: "No nos sigue." En tercer lugar, lo que quiere decir la respuesta de
nuestro Seor: "No se lo prohibis." Y concluir haciendo una deduccin de todo
lo anterior.
I. 1. Paso, en primer lugar, a mostrar el sentido en que los hombres pueden
echar-y echan-fuera los demonios en nuestros das.
A fin de comprender claramente este asunto, precisa tener presente que segn el
tenor de la Escritura, as como Dios mora y obra en los hijos de la luz, el diablo
mora y obra igualmente en los hijos de las tinieblas. De la misma manera que el
Espritu Santo posee las almas de los hombres buenos, el espritu maligno posee
los espritus de los malos. De aqu que el Apstol le llame "el dios de este mundo,"
teniendo presente, sin duda, el poder ilimitado que goza sobre los hombres
mundanos. Por eso nuestro bendito Seor le llama "el prncipe de este mundo,"
puesto que su dominio sobre los hombres es absoluto. De aqu que Juan
exclame: "Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo"-todos los que no son de
Dios-"est puesto en maldad;" vive y existe en el malo, as corno los que no son
del mundo viven y existen en Dios.
2. No debe considerarse al diablo simplemente como len rugiente que
"anda alrededor buscando a quien devore." No slo como a un enemigo sutil, que
repentinamente sorprende a las almas y las lleva cautivas a donde quiere, sino
como uno que mora en ellas y anda en ellas; que gobierna las tinieblas y la
iniquidad de este mundo, de los hombres mundanales y de sus designios y
acciones negras, permaneciendo en posesin de sus corazones, elevando en
ellos su trono y subyugando bajo su poder todos sus pensamientos. As es como
el fuerte armado guarda su atrio; y si alguna vez este espritu inmundo sale del
hombre, vuelve con "otros siete espritus peores que l, y entrados habitan all." Y
no est ocioso al ocupar su morada, sino que constantemente obra en estos "hijos
de desobediencia" con poder, con gran energa, transformndolos a su imagen.
Borra toda traza de la semejanza a Dios, y los prepara para toda clase de palabras
y obras malas.
3. Que el prncipe y Dios de este mundo an est en posesin de todos los
que conocen a Dios, es una verdad innegable. Slo que ahora los tiene bajo su
dominio de una manera diferente a aquella en que tuvo a los hombres de la anti-
gedad. En aquellos tiempos con frecuencia atormentaba sus cuerpos, lo mismo
que sus almas, abierta y descaradamente, mientras que ahora slo atormenta sus
almas-con raras excepciones-del modo ms disimulado que puede. La razn de
esto es obvia: en aquel entonces tena el plan de inducir al gnero humano en la
supersticin, y obraba, por consiguiente, descaradamente. Pero en nuestros das
trata de llevarnos a la infidelidad, y obra, por lo tanto, con la mayor precaucin;
porque mientras ms cauteloso es, ms consigue.
4. Empero si hemos de dar crdito a los historiadores, hay pases donde aun
hoy da obra tan descaradamente como en tiempos remotos. "Pero, por qu slo
en naciones salvajes y de brbaros? Por qu no tambin en Italia, Francia o
Inglaterra?" Por una razn muy sencilla: conoce a los hombres y sabe cmo
manejar a cada uno de ellos. Ante los lapones aparece tal cual es, porque su fin
es afirmarlos ms y ms en su supersticin y crasa idolatra, pero entre vosotros
tiene otro objeto muy diferente. Quiere que os idolatris a vosotros mismos; que os
creis ms sabios en vuestra opinin que Dios mismo y que todos sus orculos.
Ahora bien, para conseguir esto no se presenta tal cual es-lo cual frustrara todos
sus planes-no, usa de toda clase de artificios para haceros negar su existencia,
hasta teneros seguros en sus moradas.
5. Reina, pues, si bien de una manera diferente, tan absolutamente en un
pas como en otro. Tan seguro tiene en sus garras al alegre incrdulo italiano,
como al trtaro salvaje. Su vctima est durmiendo cerca del len y ste es de-
masiado astuto para despertarla. Por ahora slo juega alrededor, que despus la
despedazar.
El dios de este mundo domina a sus adoradores ingleses tan completamente
como a los lapones, pero tiene buen cuidado de no asustar a los primeros, no sea
que clamen al Dios de los cielos. El prncipe de las tinieblas no se deja ver, mien-
tras que tiene dominio sobre estos sus sbditos. El conquistador est mucho ms
seguro de sus cautivos cuanto ms libres se crean stos. As que "cuando el
fuerte armado guarda su atrio, en paz est lo que posee"-ni el desta ni el cristiano
de nombre sospechan su presencia, y por consiguiente, estn en perfecta armona
con l.
6. Mientras tanto, sigue obrando en ellos con la mayor energa y de tal
manera obscurece la vista de su entendimiento, que la luz del Evangelio glorioso
de Cristo no puede alumbrarlos. Encadena sus almas en la tierra y en el infierno
con los eslabones de sus afectos viles. Los ata al mundo con el amor del mundo,
el amor del dinero, del placer o de la alabanza. Por medio de la soberbia, de la
envidia, de la clera, del odio y de la venganza, arrastra sus almas hasta el borde
del infierno. En todo esto obra con tanto mayor aplomo y libertad, cuanto que sus
vctimas no saben que est obrando.
7. Empero cun fcilmente podemos descubrir la causa cuando vemos los
efectos! Algunas veces son claros y palpables. As suceda en las naciones ms
civilizadas de los paganos. Los romanos, tan famosos y virtuosos, aun en medio
de su ms alta sabidura y gloria estaban "atestados de toda iniquidad, de
fornicacin, de malicia, de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios,
de contiendas, de engaos, de malignidades; murmuradores, detractores,
aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, des-
obedientes a sus padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin
misericordia."
8. Un testigo, que puede considerarse irrecusable, corrobora la descripcin
anterior en sus cargos ms serios. Me refiero al pagano Din Casius, quien
menciona el hecho de que antes de que Csar volviera de Galia, se practicaba
abierta y descaradamente no slo toda clase de glotonera y prostitucin;
abundaban no slo la mentira, la injusticia y la crueldad, ora en los tribunales
pblicos o en las familias particulares, sino que los robos ms escandalosos, la
rapia y los asesinatos eran tan frecuentes en toda la ciudad de Roma, que pocos
hombres se aventuraban a salir de casa por la noche sin haber hecho antes sus
testamentos. Decan que no estaban seguros de volver con vida.
9. Tan negras y palpables como stas son las obras del demonio hoy da
entre muchas naciones paganas, si no es que en todas ellas. La religin natural de
los creeks, cherokees, chickasaws y otras tribus de indios brb