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El artículo analiza la influencia de Cervantes, especialmente de 'El Quijote', en la obra 'El éxodo de Yangana' de Ángel F. Rojas, destacando cómo la realidad social de la novela se entrelaza con la prosa cervantina. Rojas utiliza la poesía para rescatar y elevar la realidad de su entorno, reflejando la lucha y la dignidad de su pueblo. La obra se presenta como un viaje literario que explora la conexión entre la poesía y la existencia humana, ofreciendo una crítica profunda de la historia y la política.

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El artículo analiza la influencia de Cervantes, especialmente de 'El Quijote', en la obra 'El éxodo de Yangana' de Ángel F. Rojas, destacando cómo la realidad social de la novela se entrelaza con la prosa cervantina. Rojas utiliza la poesía para rescatar y elevar la realidad de su entorno, reflejando la lucha y la dignidad de su pueblo. La obra se presenta como un viaje literario que explora la conexión entre la poesía y la existencia humana, ofreciendo una crítica profunda de la historia y la política.

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ngel MARTNEZ DE LARA

La realidad potica:
El xodo de Yangana*
The poetic reality: Exodus from Yangana

ngel MARTNEZ DE LARA

Universidad Tcnica Particular de Loja, Ecuador

[email protected]

DOI: http://dx.doi.org/10.15366/bp2016.12.024

Recibido: 20/09/2014
Aprobado: 10/09/2016

Resumen: El presente artculo pretende mostrar la influencia que la lectura de Cervantes y


en concreto de El Quijote tiene la obra de El xodo de Yangana, de ngel F. Rojas. Toda
vez que la realidad social que la novela de Rojas plasma, transita por el recorrido trazado
ya, en la prosa de Cervantes. Confluyen en este escrito, de un lado la realidad en ascuas de
una sociedad cuya existencia reside en el origen mismo de las cosas, del otro, la
luminosidad lrica con la que el propio Rojas solicita el rescate de dicha realidad al amparo
de una esperanzada razn potica que lo sostenga. Para ngel F. Rojas, la vida para vivirla
necesita del espejo de las palabras, que la declare y que a un tiempo la eleve, desde el
centro oculto de su fracaso, hasta el ancho horizonte de la inconmensurable trascendencia
de su gloria. Por ello el trabajo rojiano es un incuestionable ejercicio de orfebrera
cervantina.

Palabras Clave: Cervantes, ngel F. Rojas, El Quijote, El xodo de Yangana, realidad


social, realidad potica.

BAJO PALABRA. Revista de Filosofa


II poca, N 12 (2016):295-309 295
La realidad potica: El xodo de Yangana

Abstract: This article intended to show the influence that reading Cervantes and in
particular of Don Quixote itself has in the play of Exodus from Yangana, from Angel F.
Rojas. Whenever the social reality that the novel of Rojas capture, transits the path traced
already in the prose of Cervantes. Converge in this writing; on the one hand on tenterhooks
reality of a society whose existence lies at the origin of things, the other, the lyrical
lightness of Rojas himself requested the rescue of this reality under a hopeful poetic reason
to support it. For Angel F. Rojas to live the life you need the mirror of the words, that
declare and the time to rise from the hidden center of their failure, to the wide horizon of
the immeasurable importance of her glory. Therefore the work of Rojas is unquestionable
exercise of Cervantes jewelry.

Keywords: Cervantes, Angel F. Rojas, Don Quixote, Exodus from Yangana, social,
poetic reality.

Avanza con pasmosa lentitud la potica prosa de ngel F. Rojas1, y con musitado paso
nos adentra en la ntima confesin de quien, quiz en vano espera recobrar algn cielo
perdido o bien, ese malogrado paraso que residiera en la tierra de las vegas para
siempre2.
La intuicin ante la lectura de El xodo de Yangana, cuando se da, parece que procede a
saltos y el prejuicio y su compresin marchan tanto ms despacio cuando el lector siente
bajo su pies un suelo que sostiene apenas la diaria ilusin desvanecida. As, tanto ms
conmueve El xodo cuando es la mano de la palabra de Rojas el acertado salvoconducto por
el cual, su prosa potica3, se eleva en la valiosa evidencia del acerbo realismo social.
La lectura de El xodo de Yangana sobrecoge, y el lector sobrevive en la necesidad
absoluta de arrastrarse sin remedio ante la admirable consecuencia del dolor. La
incertidumbre del destino humano concluye en el trnsito de Yangana4 a Palanda5, donde la
existencia inicialmente vaca, rutinaria y vulgar trasciende en la medida en que es el camino
lo que da sentido a la dignidad de los personajes, y ampliada a su pueblo por cada uno de
ellos.
Pudiramos pensar que la prosa potica de ngel F. Rojas reside en la sobria
embriaguez de la existencia, all donde el sagrado espacio de la lectura se acoge en el fugaz
tiempo en el que el pensamiento exhala para s una palabra, como rmora de una divinidad
que apenas espera ser nombrada y cuyo eco, como la vida, perdura tal vez ms de lo

* Cita la edicin . F. Rojas, Obras completas 5 t. Para efectos de citas textuales y contextuales
utilizaremos, en adelante, Rojas, A.F., Obras Completas, Loja-Ecuador, Editorial UTPL, 2004.
1
Naci en Loja, 31 de diciembre de 1909 - f. Guayaquil, 19 de julio de 2003. Fue un pensador y novelista
comprometido, durante la convulsin ecuatoriana desde 1935 a 1947. Se vincula al Grupo de Guayaquil: Jos de la
Cuadra (1903-1941), Joaqun Gallegos Lara (1911-1947) y Enrique Gil Gilbert (1912-1973), es decir, lee, observa,
estudia, conoce, reflexiona y escribe sobre lo inmediato y prximo, la realidad social de la gente del Ecuador.
2
Rojas, A.F., op. cit., p. 494.
3
La novelstica de AFR se adentra en trminos propios de la prosa potica, la cual ajena a los elementos
formales que caracterizan a la poesa plasma con su lenguaje una realidad no exenta de actitudes lricas.
4
Parroquia del cantn Loja. Este valle ubicado al Oriente de la ciudad de Loja, es la puerta de entrada a
frtiles regiones del territorio Oriental; hasta esta poblacin se halla construida una carretera de verano que,
partiendo desde Loja, atraviesa los frtiles valles de Malacatos, Vilcabamba, Quinara y otros lugares donde se
levantan pequeos grupos de gente, a lo largo el Ro Palmira, se divisan huertos con plantaciones de cafetos,
caaverales, naranjos y limones.
5
El cantn Palanda, es un cantn en la provincia de Zamora Chinchipe, Ecuador. El origen de su nombre se
debe a su cabecera cantonal. Se encuentra rodeado por los cantones Zamora, Nangaritza y Chinchipe. Limita al
este con el Departamento de Cajamarca, Per y al oeste con la provincia de Loja.

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ngel MARTNEZ DE LARA

necesario. Su realidad potica, envs de la realidad social, no se cuenta, sino que a lomos de
las palabras acontece y se cobija en los porosos posos del sueo. El xodo... tal vez como
un ro, sea siempre l mismo, pero su verbo tal como el agua, siempre sea diferente, de l
deriva la comunin permanente que Rojas apenas balbucea en su inferioridad frente a su
obra.
Las palabras, gnesis de todos los principios, admiten como perfeccin irreductible, la
precisa trascendencia de su servicio, sin que concluya en ello el ms desamparado vaco, ni
el ms exhausto de los sentidos. Pudiramos pensar que en Rojas son el primer fruto de su
logos, que se hacen plenas en su inicial prosa potica, donde por ellas germina la lmpida
luz de su escritura y su cristalina transparencia.
El xodo de Yangana encierra cierta contenida mansedumbre, en la que el lector se
aventura con sano propsito sobre aquellas palabras que anuncian el misterio del corazn
de un pueblo, y cuyos reflejos presagian las albas claridades, los vanos desvalimientos y las
tercas y contumaces abdicaciones de cuantos lo componen. En El xodo se comprende que
una palabra no es un hecho y es el camino el que aade imaginacin a la lectura. Se procura
satisfacer con inclinada voluntad una perseverancia cuajada de ilimitados trminos, donde
su voz cinceladamente radiante nos adentra en la diversidad de su aguda, grave, sutil y
levantada realidad potica y en la favorable presencia de su frtil compromiso.
All donde la manigua ardiente se adormece6, el alma se puebla de cegadora
imaginacin, perspicaz sensibilidad y evanescente y muy sagaz chispa. Rojas en su tan
singular como inusitado pensamiento tiene cabida la alada comparecencia de las tres
virtudes teologales; donde la atestiguada fe en su tarea, trasciende ms all de los difusos
lmites de su soadora imaginacin, y donde la misericordiosa esperanza queda
generosamente estremecida de sensibilidad, para que la ms decidida de todas las caridades
se arrogue el prstino alimento de su inconmensurable prosa. No conmina facultad mayor
venir al mundo, cosa diferente es permanecer en l. Tengo que El xodo de Yangana, obra
de ngel Felicsimo Rojas, surgida a la luz de su entendimiento fundida quedar para
siempre y aun a pesar suyo, porque en ella el trance creador se mantiene, da tras da,
hirsuto y enhiesto como la excelencia de su virtud y los hilos de su lectura se aferran
irremisiblemente sobre la materia de su razn, y as en ella, el lector desocupado7 se
vivifica. En ste nada se olvida con acusada y vertiginosa rapidez aunque su existencia
apenas se nos muestre tan solo un minuto.
Quiz la forma ms agradable de conocimiento sea aquella que se trasmite con deleite al
amparo de una tan afable potica oferta como la de ngel Felicsimo Rojas. El lector ajeno
a la candidez, la simplicidad, la veracidad o la franqueza toma de las palabras un aire de
malevolencia y acritud, y el instinto de sinceridad oscila, entre el humor y la tragedia, para
lo cual El xodo... cimbrea entre la actitud dramtica y la irnica tristeza y adopta la duda
su asiento e ngrima la lectura hiere all donde la aurora no se tia de sangre.
El xodo de Yangana, novela-camino, es un amplio ejercicio de espacioso juego de
sabidura, de voluntad y de imitacin, a sabiendas de que lo que verdaderamente hace
sugestivo al pensamiento humano sea la inquietud. Con tan originario entendimiento como
el de Rojas valga el trmino originario bajo el substrato en el que se refleja el nima de lo
original, cada instante se confunde, o trata de confundirse all donde la razn misma
pretende la imagen de lo eterno y en su gracia lrica nos deleita acariciando y adorando
tanto a la naturaleza como a los hombres.

6
Rojas, . F., op. cit., p. 341.
7
Cervantes, M. de., El ingenioso D. Quijote de la Mancha. cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote. Centro
Virtual Cervantes, Clsicos Hispnicos, Don Quijote, Edicin. Primera parte, (1 de 2).

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La realidad potica: El xodo de Yangana

Quiz con El xodo haya alcanzado un finsimo odo para los colores y una luminosa
mirada para el numen de sus palabras, que reflejan la luz, y a cuyo docto nacimiento la
nueva mirada de un pueblo nuevo8 anula las sombras. En su lectura omos a los hombres
latir, silbar y cantar y como autor soberano va sembrando, dadivoso y sabio sobre el albo
papel en el que su poesa dice de su pensamiento.
ngel Felicsimo Rojas aspira a encarnar en El xodo tanto la proclamada poesa como
los ms despuntados sentimientos. En El xodo de Yangana, novela-concierto, hay un
camino en este pensamiento de la intemperie de Rojas, el camino trgico del hombre de
carne y hueso. Rojas en su obra es una especie de paradigma del destino del hombre: la
agona, la constante incompleta conmiseracin, ese permanente anhelo que no se termina
entre la poesa y la religin9 y de ah la sabia lectura de su pensamiento potico.
El xodo de Yangana, novela-canto, afronta como literatura su afn de conocimiento
potico, asimila lo vitales ncleos de espacio y tiempo10 y rescata del camino las entraas
de un pueblo nuevo que transita hacia la luz de la adecuada aurora en su propincua
condicin de apego a la vida, al tiempo en el que esa misma vida se cumple.
Cabra pensar que desde la utpica perspectiva de Rojas, ste nos plantea la profunda
relacin entre poesa y pensamiento11, mostrndonos a Yangana como realidad potica,
antecedente de la realidad social circunscrita en Palanda.
ngel F. Rojas plantea con profundidad la nocin de realidad potica, partiendo de una
muy honda concepcin existencial, donde la duda12 es contexto no desprovisto de esperanza
y a su amparo elabora la novela, en la cual el camino es razn maternal que a los personajes
sirve de gua.
En esta obra, Rojas ana el amplio concepto del itinerario al concepto de persona, como
eje superador y del proceso en el que la historia es sacrificio que limita y somete al hombre,
por el que ejerce sin disimulo una severa crtica de la historia de las ideas y de su siempre
compleja aplicacin poltica13. Esta crtica de ngel F. Rojas al desptico totalitarismo

8
Era Palanda el pueblo nuevo.
9
La frase de Artaud en torno a la creacin artstica: nadie nunca ha escrito o pintado, esculpido, modelado,
construido, inventado, ms que para salir por fin del infierno, cabe para lo que algunos poetas del surrealismo
llamaron la religin del amor. Porque amar es, como ocurre con la poesa, otra forma de salir del infierno
colectivo. Esa religin del amor es la nica cuyo dios es falible, segn la expresin de Jorge Luis Borges. En el
mismo sentido afirma Edgar Morin que la relacin religiosa aparece claramente cuando el amor no es recproco;
en ese caso hay uno que es el suplicante, el esclavo fiel; el otro es soberano, misterioso, inaccesible. Es el gusano
enamorado de una estrella. O, en el caso de Rojas: Un idilio bobo o historia de un perro que se enamor de la
luna, nombre de un relato que da nombre al libro Un idilio bobo que rene 15 cuentos.
10
Blanchot, M., El espacio literario, Buenos Aires, Edit. Paids, 1992. He aqu un ensayo de crtica literaria
y artstica que va ms all de su propio marco, que acaba constituyendo una exploracin paciente, precisa y
atormentada de todo lo que sale al encuentro del hombre de hoy por el simple hecho de existir "algo como el arte y
la literatura": descenso hacia las profundidades, aproximacin a la oscuridad, experiencia de la soledad y de la
muerte. Se trata de un dominio en el que todo es tenebroso e incierto, pues el artista, como Orfeo, debe descender
hasta ese punto hacia el cual parecen tender el arte, el deseo, el espacio y la noche. Pero ste no es un libro
dogmtico; es una experiencia ampliamente desarrollada, cuya forma, movimiento y unidad son tan importantes
como las afirmaciones que en l se reflejan.
11
Escribe J. P. Sartre Hay siempre en la filosofa una prosa literaria oculta, una ambigedad en los
trminos. Sartre, Situaciones IX, 1965. Escribe George Steiner en La poesa del pensamiento Todos los actos
filosficos, todo intento de pensar, con la posible excepcin de la lgica formal (matemtica) y simblica, son
irremediablemente lingsticos. Son hechos realidad y tomados como rehenes por un movimiento u otro de
discurso, de codificacin en palabras y en gramtica. Ya sea oral o escrita, la proposicin filosfica, la articulacin
y comunicacin del argumento estn sometidas a la dinmica y a las limitaciones ejecutivas del habla humana (p.
4).
12
Cfr. Se est en la lnea de R. Descartes, Discurso del mtodo.
13
Si . F. Rojas, por los aos setenta, renuncia a su membreca de socialista del movimiento poltico
ecuatoriano, significa ello que la corrupcin haca carne tambin de estas estructuras ideolgico-polticas

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ngel MARTNEZ DE LARA

racional deriva segn su prisma en el sacrificio de los individuos y del pueblo de Yangana
en funcin de una idea o de una figura idolatrada, que a su vez puede darse en la retrica
del liberalismo, el fascismo o el comunismo, como as lo atestigua en su ensayo de 1935
Sentido revolucionario del rojo. La propuesta de Rojas consiste en pasar de la histrica del
sacrificio a la historia humana, lo que implica necesariamente una liberacin de la propia
historia14.
En El xodo de Yangana, novela-coro, ngel Felicsimo alude al hecho de que no hay
pensamiento que no conforme un sistema. Y cada sistema constituye la integridad aunque
no sea continuo, pues en la novela la discontinuidad es propia y necesaria porque de otro
modo estaramos hablando de la presencia de lo divino. A la vida humana corresponde que
haya historia, y sta se significa en el mismo plano que la abierta discontinuidad de la vida.
En Rojas la historia depende de la dramtica estructura de la vida esencialmente humana.
Su pensamiento evoca el drama que a su vez se acrecienta en el lento camino desde
Yangana a Palanda. El autor aboga en El xodo por la ardua defensa de la interioridad del
ser humano y reclama para Yangana no slo la auroral renovacin de los nuevos conceptos
morales, polticos y culturales, sino el desarrollo de un conocimiento superador, lo que para
Rojas representara una profunda mirada sobre la identidad y la historia15. De ello se
desprende la vasta necesidad de un conocimiento mstico de la transcendencia16, en el que
la revelada palabra de Rojas muestra una posicin relevante, mucho ms que la fidedigna
idea.
Novela-mural es El xodo de Yangana, en donde en su drama el tiempo se desplaza
mutable, distinguiendo lmites y advirtiendo horizontes, los cuales constituyen el principio
narrativo de la obra. El ser antes de ser de Yangana ha comenzado a existir antes de su
contenido17, quiz en la aventurada mirada del lector, en la representativa mirada del que
mira y lo mirado, con las exigencias implcitas en las que converge esa circunspecta
observacin. Este gnero de juiciosa contemplacin, llevar siempre, cualquiera que sea

partidistas?
14
Popper, K., La miseria del historicismo, Madrid, Alianza Editorial, 1999.
15
Un poeta puede ayudarnos a elucidar el misterio. Paul Valry escribe: El hecho esencial, que constituye las
naciones, su principio de existencia, el lazo interno que encadena entre ellos a los individuos de un pueblo, ya las
generaciones entre ellas, no es, en las diversas naciones, de la misma naturaleza. A veces la raza, a veces la lengua, a veces el
territorio, a veces los recuerdos, a veces los intereses, instituyen de manera diversa la unidad nacional de una
aglomeracin humana organizada. La causa profunda de tal agrupamiento puede ser totalmente diferente de la causa de tal otro.
16
Kierkegaard ha sido considerado filsofo, telogo, padre del existencialismo, crtico literario, humorista,
psiclogo y poeta. Dos de sus ideas ms conocidas son la subjetividad y el salto de fe. El salto de fe es su
concepcin de cmo un individuo cree en Dios, o cmo una persona acta en el amor. No es una decisin racional,
ya que trasciende la racionalidad en favor de algo ms extraordinario: la fe. Adems consideraba que tener fe era
al mismo tiempo tener dudas. As, por ejemplo, para tener verdadera fe en Dios, uno tambin tendra que dudar de
su existencia; la duda es la parte racional del pensamiento de la persona, sin ella la fe no tendra una sustancia real.
La duda es un elemento esencial de la fe, un fundamento. Dicho de otro modo, creer o tener fe en que Dios existe
sin haber dudado nunca de tal existencia no sera una fe que mereciera la pena tener. Por ejemplo, no requiere fe el
creer que un lpiz o una mesa existen, puesto que uno los puede ver y tocar. Del mismo modo, creer o tener fe en
Dios es saber que no hay un acceso perceptual ni de ningn otro tipo a l, y aun as tener fe.
17
Heidegger en El ser y el tiempo aborda la cuestin del ser: qu significa que una entidad sea? o cul es la
razn por la que hay algo en lugar de nada? Estas cuestiones fundamentales de la ontologa, definidas por
Aristteles, fueron el estudio del qua (latn, tr. literalmente 'como', o 'en la capacidad de'). En esta aproximacin a
la cuestin, Heidegger se coloca entre la tradicin de Aristteles y de Kant, autores que difieren ampliamente en
sus posiciones filosficas respectivas; no aborda la cuestin del sentido del ser desde la perspectiva de la lgica de
las proposiciones. Su aproximacin tiene implcita la tesis de que el conocimiento teortico no es la ms
fundamental y originaria relacin entre el individuo humano y los entes del mundo que le rodea (incluyndose a s
mismo).

BAJO PALABRA. Revista de Filosofa


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La realidad potica: El xodo de Yangana

aquello que se contempla, la descripcin de un paisaje, la crtica de un libro, la acotacin de


un hecho. Esta mirada de soslayado perfil yanganesco tiene un prstino centro, un
esperanzador horizonte y una afanosa persecucin de los lmites. Esta sistemtica y rojiana
mirada se refiere a que se trata de un movimiento perfectamente articulado en su
concepcin desde el principio, pues constituye una anttesis de la dispersin.
En este tan extrao como procesado recorrido18, el autor nos sita hacia un
conocimiento de ansiada libertad y de contenido orden amoroso, en la interioridad de la
lectora alma recogida, que siente y padece la ambigua multiplicidad de los tiempos y el
amasado sentir de los silencios al amparo de una realidad potica sola y nica. Apunta
Rojas que si la realidad necesita de su tiempo para manifestarse, la realidad potica requiere
de una multiplicidad de nombrados tiempos y muy dilatados silencios para hacerse presente
en el lector. ste a largo de la obra va llenndose de ser, y esto se debe a la compleja
conjuncin de los diversos tiempos19 que habitan dentro de El xodo, por lo que el tiempo
concluye como un medio de realizacin organizadora de la lectura para convertirse en un
distinguido argumento de esencial y vasto sentido. Por lo tanto el hombre, en ngel F.
Rojas no se desarrolla slo por determinaciones naturales sino que requiere en su
concepcin como novelista de la dimensin cultural, por lo que el hecho de constituirse
como persona presupone la accin de una voluntad, as como la realizacin aprehendida de
una tica20. La obra recorre el desacuerdo esencial entre el orden de la vida, la racionalidad
humana y la concepcin de la naturaleza. Para Rojas tal vez el hombre no slo se
despliegue por holgadas determinaciones naturales sino que requiere de una ms
acrecentada dimensin cultural, ya que por el solo hecho de constituirse como persona
presupone, no ya una accin de una voluntad sino concebir la lucha por la tierra como una
realizacin de insondable base tica21.
La idea de libertad trasciende a grandes rasgos en que su orientacin radica en el logro
de un modelo de convivencia superador, que permita al hombre el acceso a ser persona. En
trminos polticos, la democracia constituye un rgimen que atiende a lo humano, que
descartara la idolatra y que a la iluminada presencia de Palanda, buscara a su luz la
realizacin armnica, en tanto que desacuerda con el sacrificio de Yangana en funcin de
colectivas abstracciones. Para ngel F. Rojas, no hay sistema poltico que agote al hombre
y agrega, que ningn sistema poltico liberara al hombre del enajenamiento, por lo cual la
esforzada tarea del xodo debiera ser de orden tico, para desarrollar la esperanzada
libertad a travs del padecimiento y as revertir la trgica historia en un continuo renacer22.

18
Blanchot, M., p. cit., p. 178 ss.
19
El tiempo en la novela es lineal: narra un da en la vida de una serie de personajes. Sin embargo, a lo largo
de toda la narracin se producen anacronas, es decir, rupturas en el tiempo lineal. Esas anacronas nos llevan al
pasado, por lo que reciben el nombre de flashbacks o analepsis. Desde el principio de la novela ya nos
encontramos con estas anacronas: Qu deleite! Qu zambullida! Porque eso era lo que siempre haba sentido
cuando, con un leve chirrido de goznes, que todava ahora segua oyendo, haba abierto de golpe las
puertaventanas y se haba zambullido en el aire libre de Bourton. Clarissa, con la emocin de los preparativos
para su fiesta, recuerda los buenos momentos pasados en Bourton en su juventud. Se traslada a su adolescencia, al
lugar en donde se encontraba con los amigos que esa misma noche iran a su fiesta, y el lugar en donde conoci a
Richard, su marido.
20
Gauthier, D. La moral por acuerdo, Barcelona: Gedisa, 1994, p. 352 ss.
21
El trmino de la novela nos ubica en la superacin de la tenencia de la tierra para llegar a la posesin de ella
misma como estructura consubstancial del ser en s y de su integridad totalizadora de cara a un comunismo.
22
Cabra pensar que la obra esta cuajada de muchas y muy distinguidas metforas, cuya simbologa, bien
pudiera ser considerada en otros ms profundos estudios. La concepcin final de la novela encierra en los colores
de la bandera el sueo creador, fruto de esa concepcin revelada que se abre a todo lo existente. Y as, si a la venta
convergen todos los personajes a Palanda confluyen como nueva nsula Barataria todas las contenidas esperanzas.

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Se trata de un objetivo constante en la historia humana de Yangana, que revela como


sobrecogedora esperanza, es decir, como anhelo del hombre que en su interior espera
porque carece, y esa propia carencia es elemento de vital esencia, por cuanto de incompleto
padece23.
El xodo de Yangana, novela-cosmos, es la culminacin de un humanismo no idealista
por el cual Rojas aproxima el pensamiento a la vida, al convertir el lenguaje, la viva
palabra, no en harto conocimiento sino en consumada confeccin humana. La marca de
universalidad que concierne el pensamiento de Rojas abarca la tradicin de cuanta
inteligencia se une a la vida. El ser, el actuar, el pensar y el vivir se hallan en El xodo
como la primera y ms constitutiva gran manifestacin, cuyo resultado ms efectivo y
emprico ngel F. Rojas lo plasma con la sutil crtica del idealismo que autrquico delezna
los hechos del espritu. En este proyecto, de intencin marcadamente superadora, la obra
plasma la inherente pasin y la sensibilidad humana, las cuales tal vez excluidas de otra
intencin, asisten en Rojas a la temeraria tarea de asumir la slida armazn de su estudiado
trazo al ms severo pensamiento potico, en el panorama de la novelstica ecuatoriana24.
ngel F. Rojas, en suma, resuelve su concepcin vital como experiencia y en El xodo de
Yangana, no somete su realidad a un concepto, a una idea o a sistema alguno, sino que hace
de su sealada obra algo de mltiple e inefable conjuncin de la vida.
Al no dejar la literatura, segn aprecia Rojas, su ndice de incidencia social, sta es un
modo de ser del hombre, y en ese modo de ser se pone en juego un proyecto, no carente de
cierta posibilidad de fracaso, tal vez porque en su novela el autor distinga que la literatura
es un compromiso con lo imaginario25. Esto significa que el hombre puede estar en el
mundo de diferentes y desemejantes formas, y eso le apercibe claramente de cualquier otro
ser vivo u objeto. Todo hombre culto, pensemos en el personaje de Vicente Muoz,
indiscutible trasunto ideolgico del propio ngel F. Rojas, encierra en s todas las culturas
que ha logrado descubrir y habitar. En ese sentido, Cervantes y con l El Quijote, es la
configuracin de un pensamiento que desborda sus propios lmites, por lo que se la puede
considerar universal, de lo que proviene el concepto de una cultura hispnica. No escapa, al
avisado lector, la asistencia de lo cervantino en la obra de Rojas. Cabra pensar en la
contingencia de Viene don Vicente Muoz, el hombre ms ilustrado de Yangana26, como

23
El xodo es un pretexto y pre-texto, nunca se convierte en la panacea tica. Si el comunismo [doctrina
econmica, poltica y social que defiende una organizacin social en la que no existe la propiedad privada ni la
diferencia de clases, y en la que los medios de produccin estaran en manos del Estado, que distribuira los bienes
de manera equitativa y segn las necesidades. Esta pretensin termin en 1989] ] estructura concluyente en la
obra, se convierte en valorizacin tica de una sociedad que lucha por el mal, el ismo dejara de ser la ideologa
totalitaria que apunta a construir el permanente bienestar de cara a los principios de la revolucin de 1917 y su
influencia en muchas realidades geofsicas.
24
El aporte de AFR a la novelstica ecuatoriana en el s. XX es, sobremanera, incuestionable. Por otro lado y
tal y como apunta el Dr. Fausto Aguirre en Del ensayo y otras cosas, atendiendo al estudio 1998 ngel F.
Rojas, Sobre el ensayo, en Obras Completas t. III, de AFR, nos concluye: Cuantas veces las lectura de un
boceto crtico nos ha despertado el inters por conocer el libro juzgado. Y si lo hemos conocido ya, cuan til nos
ha resultado la labor de exgesis que nos ha ofrecido, generosamente, el crtico, al revelarnos aspectos inditos,
que nuestra lectura previa nos impidi reconocer. En esta lnea AFR nos sitan en la consideracin que supone la
significacin y el conocimiento de la novela ecuatoriana.
25
Sartre, J. P., Qu es la literatura? ebiblioteca.org/?/ver/ 764096. Desde aqu se inicia el proceso del
compromiso ideolgico que desarrolla el filsofo francs.
26
Su descripcin consta en la pgina 363 del t. I, vol. I de Obras completas de ngel Felicsimo Rojas,
editado por la UTPL, en 2004, as por ejemplo: Contaban una romntica historia de amor truncado, que le
desarraig de la ciudad para siempre y que sin que por eso dejara de merecer la gratitud y la admiracin de la
gente del poblado le ocasion una perdurable chifladura: un amor excesivo por los libros, que sus vecinos no
acababan de comprender El cuerpo es alto, delgado, un tantico cargado de espaldas. Es blanco y plido el color
de la piel. La frente es muy amplia y ms clara que el resto del rostro. Se deja la barba, que es bronceada, crespa y

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La realidad potica: El xodo de Yangana

si fuera una transposicin cervantina de la figura del propio autor en el entreacto de la


presencia de don Quijote. Averigemos en el exquisito lxico del que se sirve Rojas en el
referido captulo como para valorar en su ms ntima concepcin potica, toma de
Cervantes cuanto encierra la propia descripcin de don Quijote27.
En la misma lnea interpretativa, bien pudiramos pensar en otros personajes, en
Fosforito y en la virgen del Higuern, como elementos de una metafrica presencia tanto de
Sancho Panza como de Dulcinea. La significativa sensibilidad de Rojas percibe de la
lectura de El Quijote la encarnacin misma de la vida de los hombres, a la sazn, su
humana delicadeza se conmueve como el misterio ms grande del arte y la literatura: el
momento supremo en el cual el libro se plasma en vida, tanto fsica como espiritual, en
sorprendente porvenir, inslito y pasmoso orculo, en inesperada fuente de conocimiento.
All abrev ngel F. Rojas y reconoci en El ingenioso hidalgo a alguien, tal vez,
singularmente personal y similar a l, un hombre, precisa Rojas, que no termina de encajar
en ningn lugar, que cree incluso necesario inventar gneros, alterar significados para
comprenderse en ellos, para ser. Quiz es con esa parte del ser que no se termina de acoplar
en nada, l se asoci con Cervantes para producir una obra tan peculiar como es El xodo
de Yangana.
Con Rojas el verbo aspira a encarnar en el pensamiento, tanto la proclamada prosa
potica como los ms despuntados sentimientos. Hay un camino en este xodo, en este
pensamiento a la intemperie de ngel Felicsimo, el camino trgico del hombre de carne y
hueso. Rojas en su obra plasma una especie de arriesgado paradigma del destino del
hombre: la agona, la constante incompleta conmiseracin, ese permanente anhelo que no
se termina de cerrar, entre una casi religiosidad potica en la descarnada comparecencia de
una persistente naturaleza agraz y un pensamiento filosfico de lo humano. Rojas transita
sobre el porfiado poso de la conciencia con el lenguaje propio, de quien con l alienta la
creativa visin del mundo, con ello fortalece la intimidad lectora, al mismo tiempo en que
se simboliza en el lector la aprehendida presencia de su prosa.

abundante. Encaja muy bien en esa cara larga, chupada y asctica En las manos largas, finas y huesudas, que
empuan con delicado bro las riendas de su cabalgadura, cuando estn extendidas se advierte un ligero temblor
En grandes alforjas plataneras transporta sus libros. Es ste, no hay duda, el viaje bibliogrfico ms raro del
mundo, en el presente siglo. Cuatro mulas robustas conducen la que es para l la ms preciosa carga. Era un
biblifilo a su manera. Haba comprado muchos libros antes de la gran guerra, a precios nfimo. En Yangana haba
posedo una casa pobre pero limpia y bien cuidada
Cuntos prjimos de trnsito se sentaron a aquella mesa rstica, a compartir con el voraz lector arrinconado su
frugal dieta de siempre Conocedor de unos pocos de sus libros, hablaba de ellos con una seguridad
desconcertante. Un tanto librepensador Tambin empuaba la pluma ocasionalmenteManejaba el verso con
soltura y facilidaden medio de sus libros, y pareca ir profundamente pensativoQuiz medita creen algunos
en la parte de responsabilidad que le haya cabido en lo que acaba de pasar en esto que se llam Yangana...; quiz
no sea sino la aoranza del pasado tranquilo que deja atrs y del olor a cedro que perciba al tiempo de rumiar, en
su hogar antiguo, sus pertinaces lecturas
27
As nos presenta Cervantes a don Quijote en el captulo primero de la primera parte: Era de complexin
recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza... Es, pues, de saber que este
sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso que eran los ms del ao, se daba a leer libros de caballeras, con
tanta aficin y gusto, que olvid casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administracin de su hacienda; y
lleg a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendi muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar
libros de caballeras en que leer, y, as, llev a su casa todos cuantos pudo haber dellos;y muchas veces le vino
deseo de tomar la plumaEn resolucin, l se enfrasc tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de
claro en claro, y los das de turbio en turbio; y as, del poco dormir y del mucho leer, se le sec el celebro de
manera que vino a perder el juicio

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La tarea de ngel Felicsimo Rojas, hombre y circunstancia28, presenta la misma


extraeza del mundo que puede presentar un ser como don Quijote, quien ha perdido el
juicio, en palabras de Unamuno para dejarnos eterno ejemplo de generosidad espiritual29.
Rojas en su prosa especular ensancha el espacio literario, en la medida en que la realidad
social prolonga en el tiempo la contenida personalidad de su estilo. Rojas recoge la
tradicin como smbolo del necesario combate y dilata sus lmites, negndose a permanecer
atado a las convenciones y busca con su originalidad la insigne expresin por la cual
distingue an mejor toda una cultura.
El drama conviene al temperamento rojiano y a su verbal lucidez, all donde se
vislumbra la tragedia, justamente por eso de vivir en la agona, en el sentimiento y en la
paradoja humana. El tiempo se detiene en Palanda con el efecto del sol sobre las mieses30,
como deseo de vida eterna, pero sin resignar la penosa carne a la rigurosa presencia de la
muerte, antes de la ignorada resurreccin, como parte de no menos ignorada divinidad.
Yangana es una realidad no literaria en cuya plenitud griega representa la lucha del hombre
con el destino, la vida dolorosamente humana, en donde el ser se sabe humano y divino al
mismo tiempo y en donde la vida es vivida y no representada. Tal vez, el modo en que lo
hizo Rojas, en un continuo ser a travs de la palabra, en ese vivir muriendo con que se
declar El Quijote. As se arriesg ngel F. Rojas a perderlo en la obra todo, por encarnar
esa pasin que resulta de la vida que padece enteramente el ser, en un permanente
prepararse para la esperanzada resurreccin de Palanda.
Y como todo artista, Rojas necesitar el quin, o preguntarse quin es, Una sociedad en
almcigo, con una explosiva voluntad de vencer a la muerte, era la que resbalaba
trabajosamente, lentamente, por el cauce que iban abriendo los machetes en la montaa
(Rojas, 2004, 427). Entonces, el tiempo no se paraliza en Palanda. l all adquiere vida.
Lo que significa trazar las coordenadas de su pensamiento segn las circunstancias de
su cultura, de su tradicin y de su pasin, que pueden resumirse en una sola palabra de
infinitas y ecuatorianas resonancias: Yangana. ngel F. Rojas es la sustancial referencia de
esa definicin en permanente metamorfosis, las asentadas races que no son otra cosa que
arraigar en las caractersticas de la cultura propia, para poder verla, para encarnarla y
revulsivamente modificarla. Esta reflexin comporta la vida como bsqueda y su aplicado y
a veces agotador enfrentamiento.
El hombre en Yangana es una humana realidad trascendente, no es absoluto
razonamiento sino un ser concreto. Y la existencia del ser como antecedente social? La
esencia y la existencia preceden al compromiso. Esto es sartreano. As, la obra cuestiona
los fundamentos de cualquier razn, al darle Rojas la excelsa importancia del ser delimitado
respecto de toda abstraccin. Esta vivencia directa y emocional de lo humano, a su vez
dimensiona mucho ms al hombre como artista, como hombre comn, y como parte, por
tanto del cuerpo divino del pueblo. Esta visceral creencia en el hombre como ser concreto,
sin desconocer lo sentimental, lo acerca profundamente al cuerpo religioso de lo
yanganiano.
La realidad potica del Quijote es para nuestro autor, ntima clave de un sueo que es
necesario vivir, en tanto que l constituye un motivo del sentimiento diferenciador
enfrentado a la razn.

28
Ortega y Gasset, J., Meditaciones del Quijote.
www.mercaba.org/SANLUIS/.../Meditaciones%20del%20Quijote.pdf
29
UNAMUNO, M. de., Vida de don Quijote y Sancho, Madrid, Edicin de Jean-Claude Rabat, Ctedra,
2005, pp. 163-164.
30
Rojas, . F., El xodo de Yangana, op.cit. p. 359.

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La realidad potica: El xodo de Yangana

De este modo, Rojas, toma de don Quijote esa parte profunda de la cultura y de la
filosofa, para situarse junto a Vicente Muoz contra la razn positivista, dando a su alter
ego la dimensin de hroe que por la insensatez le est negada, sacndole de la ambigedad
al personaje para constituir su discurso en fruto de sensatez y que la chifladura sea slo un
despojo con lo que el hroe crea su obra.
Existe un evidente paralelismo entre el yo s quin soy del ingenioso hidalgo (I, 5) y
sobre cuanta materia no admita discusin como los conocimientos de Vicente Muoz
(Rojas-2004 374). De igual forma, Rojas, le resta ambigedad al personaje, y aun lo
desplaza del lugar de protagonista, para darle un nuevo proceso, es decir, un intermedio de
relato entre los hombres, conocedor Rojas de que toda esperanza tiene su antorcha. As,
como hroe que era, don Quijote, quiso poner en marcha su sueo, encarnando su propia
idea y fundiendo el ser con el querer ser. Don Quijote, en la figuracin cultural, se convierte
en el centro y esencia de la historia, lo que da paso a un personaje trgico que encarna sin
dudas, como sujeto pleno, hecho pura voluntad, un personaje que se entrega a su fe
creadora. Mientras que Cervantes nos presenta a don Quijote como un personaje dedicado a
la eternidad, es decir, sin mundo que pueda rodearlo, Rojas nos entrega en Vicente Muoz
ubicado a la circunstancia, para darle el valor de hroe de tiempo presente, un proyecto que
es un arco entre lo inmediatamente material de una naturaleza hostigadora y el ideal mundo.
En los dos personajes se percibe ese rasgo del querer ser31, que proviene de ese
sentimiento de fracaso, que se asocia con la idiosincrasia espaola. La escasa conciliacin
del ser con el querer ser, derivan en ese resultado, de modo que tanto la tragedia como la
filosofa confluyen en los personajes. Sin embargo, en ambas prosas hay un algo ms all,
la utilizacin de ingresar en la novela el alborozado desparpajo de la risa, para hacer del
contenido dolor una jubilosa y festiva carcajada. Y est en la alborozada risa misma la
acibarada sustancia del fracaso. Sin embargo, la novela de Cervantes, adems de presentar
el fracaso, tambin expresa un profundo sentido de unin, que est representado en la figura
de Sancho. Toda la soledad de don Quijote, a causa de esa curiosa forma de locura y de su
exclusin consecuente del mundo de los otros, se contrapone con el sentimiento de
compaa y solidaridad con Sancho lo que constituye el punto estratgico de su hermandad
con el mundo de los hombres.
Esta liberal hidalgua implica en Rojas necesariamente la confianza y la avenencia, en
contra de la desunin que comprende toda desconfianza y resentimiento. l lleva clara e
inequvoca la figura del otro en el centro de su espritu, donde su empeo se acompaa
esencialmente de lo bueno que vive en cada hombre. ngel F. Rojas encuentra en esta
condicin un rasgo fundamental de lo humano y hace venir a Fermn Lpez, alias Fosforito
de la mano de Sancho Panza para afirmarnos...
un poco temeroso quiz de que la vasta aventura colectiva vaya a degenerar, por culpa de su
mala sombra, en fracaso trgico; y con una especie de vago remordimiento al sentirse cmplice
inocente y ciego de la orga de llamas que devor, frenticamente, todas las casas del pueblo de
Yangana. No en cambio as los otros. Quienes se sienten en cierto modo protegidos por l, puesto

31
La lucha de . F. Rojas como escritor y como ente social ubicado en una realidad, es la libertad universal.
El que las cosas son y constituyen uno de los elementos esenciales de la metafsica, porque si no tuvieran ser no
sera posible realizar ninguna ciencia sobre lo que no es. La aproximacin intelectual de la metafsica se realiza
desde el cmo son las cosas, porque sin especificacin sera imposible hacer ciencia, ya que todo sera uno mismo,
e incluso para tener conocimiento del ser de ese uno habra sido preciso realizar una especificacin para
conceptuarlo como ser. Admitida un metafsica del ser, que contempla asimismo los procesos mentales del
conocimiento del ser, otro estadio a estudiar corresponde al de la necesidad de la realidad de las cosas y su
determinacin para ser. Puede lo que es querer ser o querer dejar de ser? La respuesta a esta cuestin metafsica
ser trascendental, entre otras muchas ciencias, a la etologa en lo referente a la naturaleza de la libertad.

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que saben que todos los males caen sobre su cabeza, que todos los siniestros lo visitan, aplacando
a los dioses crueles. Estmanle una especie de pararrayos o de condensador en el cual se
descargan las furias elementales que, de faltar l, asolaran al resto de los moradores. (Rojas-
2004, 361).

Y tal circunstancia se debe, segn lo entiende Rojas, a la falta de una liberacin respecto
de los dogmas y una adecuacin de orden racional que paradjicamente, no era posible en
tanto ello hubiese significado un impecable adelanto en el tiempo, porque la razn debe ir
acompaada de otro tipo de evolucin y de los pasos necesarios para que un hecho no
quede aislado en el tiempo, que a su vez lleva en s la coyuntura, sustrado al ms extensivo
de todos los accidentes, que es el mismo universo, aglutinador de cuantos sucesos de
singular carcter pudieran pensarse. En cierto sentido, podemos decir, falt lo imposible,
por lo que fatalmente Yangana cay y recay en el atraso. Sin solucin de ese fatalismo
que, con seguridad no observ en s misma, no desmenuz sus causas, y slo entorn sus
dilatadas melodas y muy holgadas y respetables conductas a travs de una infranqueable
melancola.
Casi por intrnseca consecuencia de este fracaso, El xodo de Yangana se constituy en
el camino posible del entendimiento. Es decir, la reforma del pensamiento y por ende del
Estado se cierne y repliega a la cultura y toma la novela, ente de ficcin, como el mejor
modelo renovador para el hombre. Pensemos la situacin de crcel y angustia que padeci
el propio ngel F. Rojas, en un espacio que empequeeca tanto como enloqueca sus
mpetus, solidificando su angustia.
Miguel de Unamuno sostiene que el Quijote explica la cultura espaola y que por ello se
torna vlido para todo el mundo: Cervantes sac a don Quijote del alma de su pueblo y del
alma de la Humanidad toda, y en su inmortal libro se lo devolvi a su pueblo y a toda la
Humanidad32.
En Vida de don Quijote y Sancho puede leerse una analoga entre el yo lrico de
Unamuno y el personaje del Quijote, y como su yo es totalizador y ansioso de eternidad,
tambin puede leerse una meditacin sobre Espaa a travs de una continua y exaltada
interrogacin acerca de la fe y de la razn.
El xodo de Yangana, la historia de Yangana, no es slo una narracin, una historia
objetiva, sino que por su condicin de historia debe ser creda e interpretada: es un acto de
fe. Rojas identifica El xodo de Yangana con un viaje puramente interior, por el que
recorre otro tiempo y, desde ahora, la locura misma significa un tiempo distinto, como el de
los sueos. Se trata de una voluntad de trascendencia en que ngel F. Rojas y Yangana se
encuentran. La locura, en la que la brutal naturaleza impertrrita asedia al hombre,
entonces, no es otra cosa que una accin de la voluntad, por la cual la libertad y la
esperanza se expresan, son la forma de llevar a cabo un ideal.
El amor de Dulcinea afronta en s la expectante representacin cabal de todos los
deseos: el amor. Ese amor de don Quijote por Dulcinea, es para Rojas en la figura de la
virgen del Higuern el ansia de eternidad. La encendida pasin de don Quijote es la punta
de lanza de su propia pasin; perder el juicio no aparenta haber desertado de la realidad o
haberse olvidado de los otros, sino encarnar por la pasin una verdad, una agona, una vida,
de la que su Espaa carece. De igual manera Rojas traslada a la novela la forma especular
en la que el lector encuentra en la expuesta palabra rojiana, aquello por lo que intenta

32
Unamuno, M. de., Sobre la lectura e interpretacin del Quijote, Obras Completas III, Madrid, Afrodisio
Aguado, 1950, p. 573.

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La realidad potica: El xodo de Yangana

salvarnos. Asimismo, puede decirse que retoma Rojas la idea del hombre sobre la deficiente
representacin en lo que se refiere a recursos interiores. Es decir, toda su estructura reactiva
depende de los sucesos externos. ngel Felicsimo Rojas aboga por una defensa de la
interioridad del ser humano, y reclama para su patria no slo una renovacin respecto de los
nuevos conceptos cientficos y culturales, sino el desarrollo de un conocimiento espiritual
superador, lo que representa una profunda mirada sobre la propia identidad y la historia
propia. De ello se desprende la necesidad de un conocimiento insondable del hombre, en el
que la palabra tenga una posicin relevante, mucho ms que la fidedigna idea.
La enseanza de Rojas, evidentemente, pasa por dos: una de ellas abarca todo lo que
conocemos tradicionalmente como vocacin y amor al conocimiento, la otra incluye la
situacin humana, peligrosa, pobres, que nos refiere el estado de necesidad en que se
encuentra el ser.
De modo que la verdad de la vida humana, as como la plantea ngel Felicsimo Rojas
a lo largo de su novela-coro El xodo de Yangana, slo puede obtenerse superando las
barreras que impone el racionalismo a travs de la separacin entre vida y razn. De esta,
manera, la razn que tienen su impulso en la vida es motivo del pensamiento del autor, con
lo que queda establecido que el objetivo no es eliminar la razn, sino las bases impropias
del spero racionalismo. Al respecto, Rojas expresa como pocos en el pensamiento vital del
pueblo de Yangana, esa cercana de una esclarecida inteligencia que est en vinculacin tan
estrecha con la vida.
En gran parte, el forjamiento de la realidad potica deriva de cuanto, razn vital
contiene. La novelstica de Rojas muestra, como Cervantes en el Quijote, ese carcter de
heroicidad, desgarramiento y comedia entendida como punto realista de la narracin que
llevar al lector a tener una mirada trascendental del propio pueblo de Yangana. Es decir,
una mirada simblica que ver en el Quijote una serie de relevantes significados y muy
cruciales interrogaciones.
El Quijote constituye para cualquier pensamiento la ntima clave para interpretar un
pueblo, con sus desemejantes problemas y dispares y encontradas contradicciones. En
efecto, la novela de Cervantes es el territorio donde el desocupado lector desplegar su
necesidad, para preguntarse a cada momento sobre la realidad del hombre y sobre qu es la
naturaleza humana. Es una frrea mirada sobre el sentido moral de lo humano lo que
impulsa. Con lo cual, bien pudiramos pensar que de mejor grado entregamos nuestro
albedro a una moral rgida, para mantener abierto siempre nuestro juicio presto en todo
momento a la reforma y correccin debidas, en palabras de Ortega y Gasset en sus
Meditaciones del Quijote.
Y as, con Rojas diramos que abrazamos el imperativo moral como un arma para
simplificarnos la vida aniquilando porciones inmensas del orbe. En su Yangana, descubre
con aguda mirada, todas cuantas actitudes morales encierran las diversas formas del rencor
humano33, y su obra es libro anticipatorio, en donde toda tica recluye nuestro perpetuo
albedro al cerrado amparo de cualquiera sistema de valoraciones, Ortega dice ipso facto
perversa34.

33
Baudrillard, J., La ilusin vital, Madrid, Siglo veintiuno de Espaa editores, 2005. Es la accin del
hombre frente al asesinato de lo real? Ciertamente no a manos de lo virtual, sino de la miseria del esclavismo,
colonialismo, feudalismo, capitalismo. En un mundo de copias y clones, ya no es posible hablar de realidad. Con
el -ismo de 1917, se crey en su estabilidad eterna? Qu ha sucedido desde la cada del muro de Berln? Ms
all del asesinato simblico de Dios a manos de Nietzsche, nuestro mundo rueda aceleradamente a la total
destruccin de lo humano-social sin dejar huellas. No hemos recuperado el cadver de lo real si es que existe
alguno no se encuentra en ningn lugar.
34
Ortega y Gasset, J., Meditaciones sobre el Quijote, Obras Completas I, Madrid, Alianza, 1987, p. 314.

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ngel MARTNEZ DE LARA

Como en el caso de ngel Felicsimo Rojas, para Cervantes tambin es clave tener una
perspectiva de lo que significa la novela, para abordar en s el diverso aspecto de El xodo
de Yangana. Ambos ven en este gnero ese entrecruzamiento del tiempo y del espacio,
internndose en la heterognea multiplicidad y en el arduo presente. Rojas consume su
tarea cuando logra, sin lugar a dudas, presentarnos en concreto lo que el lector ya en
abstracto conoca.
La proyeccin cervantina es encarnada por la propia mano de ngel Felicsimo Rojas,
en tanto en cuanto, l mismo se propondr liberarse de las ataduras de la pura realidad.
Porque el pensamiento no es un instrumento que limita al hombre sino una verdadera razn
que le permite vivir, principalmente porque para Rojas el pensamiento es una necesidad. De
esta manera la potica realidad incluye al hombre en todos sus aspectos, por cuanto lo
potico confina al ser humano el ansia portadora de determinadas realidades. Todos cuantos
personajes transitan por El xodo anticipan como accin el pensar; primigenia accin de
entre todas, para ello Rojas da al horizonte la consagrada perspectiva y as, hace visible las
cosas que les rodean y las circunstancias que les agobian.
Y all est la clave: la eleccin es un inexorable factor del hombre, dado que lo
distingue de cualquier otro ser. Esta condicin es otro slido puente entre la obra de Rojas y
El Quijote. Se trata del conocimiento que para ser tal, debe contar con la libertad, lo que a
su vez pone al ser humano en una situacin de muy incierta zozobra. ngel Felicsimo nos
establece que en su xodo cada personaje postulaba por la bsqueda de un logos que no
negara ni excluyera ninguna realidad. Su propuesta es sin lugar a duda humana, puesto que
pone al hombre en su totalidad delante de todo, aunque por ese mismo afn reviste de orden
divino su pensamiento.
Por otro lado no hay pensamiento que no conforme un sistema, aunque no sea ms que
la parte de un notable conjunto invisible. Y que cada sistema constituye la integridad pero
no es continuo; la discontinuidad es propia y necesaria, porque de otro modo estaramos
hablando de lo divino del hombre. A la vida humana le corresponde que haya historia, lo
que significa discontinuidad, es decir vida.
Mientras Cervantes construye un personaje y queda de ese modo adherido a la tragedia,
Rojas no representa ningn personaje, sino que ms bien busca una personalidad libre y
paralelamente responsable: orteguiana circunstancia que debe salvar, es decir la amplia
circunstancia de su xodo. Se trata del drama que hay entre el yo y su circunstancia. En el
drama, a diferencia de la tragedia, el tiempo se desplaza, no permanece inmutable, se
pueden distinguir lmites y horizontes, que constituyen el principio de todo pensamiento
filosfico. Acaso el mal deja de ser el drama de la libertad? Qu piensan y cmo actan
Joaqun Reinoso, el Churn Ocampo, Vicente Muoz, personajes clave de El xodo de
Yangana? Ms all de los lmites y falencias, ngel F. Rojas nos entrega la imagen
prodigiosa de una comunidad en que la condicin
humana alcanza a expresarse y recrearse, poseedora de la fuerza y energa suficientes para
enfrentarse a la muerte y derrotarla35.
En El xodo de Yangana, novela-esperanza, ngel F. Rojas nos regala su alma cuajada
de cegadora imaginacin, perspicaz sensibilidad y evanescente y muy sagaz talento. Hace
que su fortaleza nos sorprenda en la intimidad de la lectura y su mirada nos ayude a
aprehenderla. Esta mirada sistemtica se refiere a que se trata de un movimiento
perfectamente articulado desde el principio y que constituye una anttesis de la dispersin.
Para Rojas, el pensamiento de Cervantes es bsicamente tico, no slo por una cuestin de

35
Safranski, R., El mal o el drama de la libertad, Buenos Aires, Tusquets, 2014.

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La realidad potica: El xodo de Yangana

necesidad intelectual y de consecucin de la mirada. Tambin resulta, y principalmente, es


tico porque su accin descubre su pensamiento, con lo cual la razn de la vida y el pensar
se encuentran perfectamente consustanciados. Pero como el pensamiento de ngel F. Rojas
estar siempre volcado sobre la potica realidad de Yangana, el hecho de pensar ser una
dinmica relacin entre la concepcin invulnerable del ser de cada uno de sus personajes y
su tornadiza realidad mudable. Rojas dar, en La huida de un rprobo colectivo de la
primera parte de El xodo de Yangana, la presencia de una realidad en la que sus personajes
se hacen, se inventan y se crean en medio de una tan imprecisas como muy confusas y
sacrificadas circunstancias. Quiz quepa preguntarse como lector Qu significa vivir
humanamente? Sea la respuesta aquello que de la lectura se orienta hacia la idea de
bsqueda y de elaboracin de un palandino36 proyecto, aquello que es, como nos lo
presenta su autor intrnsecamente humano.
Concluyamos que la vida, consecuentemente, se torna un constante hallazgo de muy
contenidas razones donde antes stas no existan o no estaban articuladas. De all surge la
vocacin, la de vivir humanamente, la de destinarse a partir de una necesidad de libertad y
de una obligatoriedad de ella. Tan necesaria como precisa es la libertad, ella es el motivo de
la vocacin, y el elevarse mximo consiste en llevar al amor lo que se debe ser, realizarse
como ltimo paso en el amor. Y pensemos cuan acertadamente ngel F. Rojas as como en
Palanda, tambin en la vida se oye un rumor extrao. (Rojas-2004, 341).

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36
Derivacin de Palanda, nombre del pueblo elegido para instaurar la paz y la libertad.

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La realidad potica: El xodo de Yangana

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