A las orillas del Rhin
Rubn Daro.
A las orillas del Rhin, bajo el brumoso cielo de Alemania, existen an las ruinas de un viejo castillo feudal. Unas cuantas paredes
grietosas han quedado de los macizos torreones; ah est el foso tambin cerrado, y an se advierten vestigios de la ventana
por donde sali la linda Marta de los ojos azules.
Ah!, sta es una historia muy bonita. Estme atenta, Adela, t que eres tan amiga de los cuentos preciosos; sobre todo de
aquellos en que resplandece el amor y refrescan el espritu con la dulzura de sus encantos.
El blasn del caballero Armando luce una mano de hierro y un castillo en campo de azur; la razn de esto es que, andando de
caza el rey Othn cabalgando en un briossimo potro, desbocsele la caballera y en carrera veloz llevlo hasta la orilla de un
precipicio, y habra seguramente perecido el monarca si el brazo nervudo del caballero Armando, que a buena sazn cercano
se encontraba, no le da apoyo dominando al bruto y sacando al poderoso seor del peligro de una muerte segura.
Es, pues, el caballero Armando la flor de los valientes y la nata de los nobles mancebos de su pas. Joven an, se ha ajustado la
armadura y ha empuado la lanza y se ha arrojado a reidsimos combates.
Bello es su rostro delicado al par que varonil; y a esa envidiable gallarda rene un corazn de fuego y una inteligencia singular.
Que es de verle, sobre los lomos de su caballo, fuerte como un roble y airoso y elegante con la lanza en la cuja y al escudo en el
brazo siniestro, mientras que el corcel, crespando las espesas crines, caracolea como orgulloso de la carga que lleva, que tan
preciada es.
Presea de la corte de Othn es la garrida Marta, ante cuya belleza rinden tributos de admiracin todos los que llegan a mirarla.
En su cabellera, rubia como la aurora, dejan los amorcillos exquisitas gracias prendidas de los bucles; en sus azules ojos
chispean llamas misteriosas que denuncian la hoguera de un corazn ardiente; en sus mejillas hicieron consorcio las rosas y los
jazmines, y de su boca, clavel entreabierto, manan deliciosos aromas y palabras de miel.
Su padre, viejo de setenta aos, es uno de los que componen el Consejo de doce ancianos que deliberan en el palacio de Othn.
Grande es la influencia que este antiguo ejerce en el nimo del rey; y siempre su palabra fue oda con respecto por todos, que
al par de su experiencia se levantaba su sabidura. Haba dado muerte en tiempos pasados, y en duelo terrible, a un noble
germano con quien rivalidades especiales le pusieron en discordia. Este noble germano que sucumbi en lucha con el padre de
Marta, ralo del caballero Armando.
La linda Marta vio una vez en la corte al caballero Armando y qued prendada de su gallarda. El mancebo por su parte, al
contemplar las singulares gracias de la hermosa, adamado qued de la altiva rica fembra.
Cayse del pecho de la dama una flor que prendida llevaba, y, vindola el caballero, corre, toma la flor, y en un arrebato y
locura incomprensibles la besa antes de ponerla en manos de su elevada duea. Toda ruborosa y confundida, Marta no se dio
cuenta de aquel percance y, bajando los ojos, las tintas de la flor de granada tieron su faz. Arrugo el entrecejo el anciano padre
de la doncella y lanz al joven una mirada terrible. Al da siguiente Marta haba desaparecido de la corte. El viejo se la haba
llevado a un castillo que tena en un feudo de las riberas del Rhin.
Desesperado el caballero Armando no se daba un punto de descanso y por todas partes inquira el paradero de su dulce amor.
Llegse a las gradas del trono del soberano y le dijo as:
Seor, vos sois poderoso y conocis mi afecto para vos; he defendido vuestros reinos, os he servido como bueno y creo merecer
vuestras gracias y tener derecho a demandaros favores . Habis de saber, seor, que yo amo a la hija del matador de mi padre,
ella me ama tambin, porque, aunque sus labios no me lo han dicho, sus ojos no me han mentido. Pero su padre se opone a
esta pasin; y con la ms ligera muestra que de mi amor he dado a la doncella, y que l ha visto, hsela llevado no se sabe
adnde para que a mis miradas est escondida. Haced, seor, que el duro acero de la voluntad del anciano se doble al peso de
vuestra palabra; y si lograseis darme la posesin de mi amada, imaginaros cmo sera para vos mi gratitud; que soy, no lo
dudis, el ms fiel de todos vuestros numerossimos vasallos.
Larga pieza estuvo el rey silencioso y pensativo, despus de escuchar el discurso de Armando; pero, rompiendo la valla de
su silencio, respondi al joven de esta manera:
Yo os aseguro oh valiente y noble caballero! que es empresa difcil el domear los sentimientos de ese anciano funesto para
vos. Yo propio le hablar, y si mi podero no alcanza a doblegar su firmeza, abandonad el seguimiento de vuestro propsito.
Mil mujeres hermosas son gala de mi corte; escoged entre todas una que os haga olvidar a la que os ha tomado esclavo de sus
bellezas; pues juzgo inquebrantable la resolucin del primer anciano de mi Consejo.
Desconsolado se retir el caballero Armando, y el rey meditabundo quedse en su trono.
Al siguiente da volvi el joven donde Othn; y ste, pesaroso, le dijo que la voluntad inquebrantable del viejo era impedir de
todos modos el amor de Armando y de su hija. Armando aparej su caballera, y sin rumbo lanz su corcel a todo escape,
hirindole los ijares con las agudas espuelas.
En un castillo que en su barbacana ostenta el blasn del dueo cuyo es, hay una ventana que da al ro caudaloso, y a la que se
asoma la linda Marta, cautiva de su padre, a llorar todas las tardes su perdido amor, cuando el sol pinta de vivos colores la
nieve que corona las altas montaas, y refleja sus opacas luces en la corriente ancha del Rhin. Apoyada en el alfizar, brota
lgrimas la dolorida enamorada y piensa en el caballero que le rob el corazn, interrumpida slo por el ruido de las barcas de
los pescadores que al son del remo echan sus redes a la luz de la tarde. En una muy apacible, estaba la doncella triste mirando
las aguas y derramando lloro, cuando dile un vuelco el corazn al ver aparecer entre los rboles de la opuesta orilla un
caballero armado de todas armas, al parecer errante y a la ventura, que al mirar en la ventana a la bella joven dio muestras del
ms vivo gusto, y alzndose la visera que le cubra el rostro, lanz un grito de intenso placer. Poco falt para que presa de un
desmayo se viese Marta, pues reconoci en aquel caballero al gentil y valeroso Armando. Fuese ste a la choza cercana de un
pescador y pidile hospedaje, que le fue concedido; y a los ltimos rayos del sol, escribi con la punta de un pual en la corteza
de un rbol ciertas palabras. Ajust a una flecha la corteza en que haba escrito, y poniendo en comba el arco, lanz el hierro,
que fue a clavarse en la madera de la ventana. Una mano blanca y delicada tom la flecha, y unos ojos azules y hmedos
leyeron en la corteza algo que era un anuncio de libertad.
Ms de la medianoche sera cuando de la choza del pescador en que estaba el caballero Armando salieron dos personas; se
dirigieron a una barca, y ya en ella, moviendo los remos silenciosamente, surcaron las aguas del ro y llegaron hasta tocar el
grueso y mojado paredn de la fortaleza feudal. Irguise uno de los que iban en la barca y dio un silbido que imit el de un
pjaro. Inmediatamente se abri la ventana del castillo, y a lo largo del muro se extendi una escala de seda; por ella subi el
que haba silbado y despus baj con una carga preciosa que deposit en la embarcacin.
Armando!
Marta!
Se oy el ruido de un beso; y, siguiendo la corriente del caudaloso Rhin, se desliz la barca ligera y silenciosa.
Ya comprenders, Adela, que los tres que van a merced de las aguas no son otros que el caballero Armando, la linda Marta y
el pescador.
Poco despus de la fuga de los amantes, turb el silencio del castillo una algazara espantosa; los halconeros enanos y rechonchos
gritaban; los siervos de la mesnada corran de un lugar a otro, y el guardin del recinto, viejo escudero del padre de Marta,
buscando por todas partes a la doncella, reparta a todos ellos sendos golpes.
Viendo que no se hallaba en el castillo, y habiendo advertido en la ventana la escala de seda, mand echar embarcaciones al
ro; y l y todos los guardas de las torres se lanzaron en persecucin del raptor y de la dama.
La aurora rubicunda empezaba a abrir sus prpados sonrosados y a ensear el encanto de su lindo rostro, y a vestir de luz la
copa de los altos pinos de los bosques. All va el esquife de los amantes! Boga, boga, remero, que a los lejos se distinguen unas
barcas, y quiz son perseguidores de los enamorados.
En dulce coloquio embriagador y radiantes de pasin iban Marta y Armando el caballero, cuando se miraron de pronto
rodeados de las gentes del castillo que en su busca iban.
Tenos! grit el celoso guardin alzando un venablo y apuntando al caballero.
Boga! Boga, remero! deca aqul apretando contra su pecho a la hermosa joven, que, toda asustada, temblaba como una
hoja al soplo del viento.
Lanz el hierro el guardin furioso contra el valiente joven, con gran fuerza; mas resbalando por la fina coraza del armado
caballero, fue a clavarse en el blanco seno de la linda Marta.
Un grito de horror sali de todos los pechos.
De la roja herida brot un chorro purpreo; y plida y moribunda, abrazndose al mancebo, slo pudo decir la desgraciada
doncella:
Amor mo!...
Ciego, loco y arrebatado, el joven Armando la estrech fuertemente, le dio un beso en la boca y dijole as:
Ya que nuestro amor no pudo ser en la tierra, yo te seguir para que sea en el cielo.
Despus la alz en sus brazos y se precipit con ella en el ro. Las aguas tranquilas recibieron a los amantes, se tieron de
sangre, luego... no se vio nada ms.
Algn tiempo despus muri el anciano padre de Marta encerrado en su castillo; y los trovadores hallaron buen asunto en el
suceso para cantar baladas a las lindas mujeres.
Slo quedan ruinosos vestigios de la feudal mansin; y el recuerdo de aquellos hechos corre de boca en boca entre los habitantes
de la brumosa Germania.
Este es, graciosa Adela, el cuento que te haba ofrecido; vago y nebuloso como las orillas del Rhin.