El Viejo y el Mar
En Cuba, hay un viejo pescador llamado Santiago, que no consigue capturar pescado desde
hace ochenta y cuatro das. Su falta de xito, sin embargo, es incapaz de romper su espritu
indomable. Tiene solamente un amigo, un chico llamado Manolin, que le ayuda durante los
primeros cuarenta das de su mala racha. Despus de eso, sin embargo, los padres de Manolin
decidieron que el viejo tuvo la mala suerte y orden al nio para unirse a otro barco. Sin
embargo, aun as cada da el nio ayuda al anciano para recoger su barco vaco. Santiago dice
a Manolin que maana l ir a pescar ms lejos, en el Golfo. Los dos retiran objetos de
Santiago de su barco y van hasta la casa del anciano. Se trata de una casa muy simple, con
apenas una cama, una mesa y una silla en un suelo sucio. Los dos amigos conversan un poco,
despus Manolin sale por algn tiempo para traer comida. Santiago se queda dormido.
Cuando vuelve Manolin, despierta a Santiago. Los dos comen alimentos trados por el nio.
Durante la comida, el nio tiene en cuenta la miseria en la que el viejo vive y dice para s
mismo que la prxima vez traer para l una camisa, zapatos, un abrigo y una manta para el
invierno. Manolin y Santiago hablan de bisbol y luego el nio se despide. Santiago duerme.
l suea con frica, donde haba sido un marinero en su juventud. Suea con el ruido de las
olas, barcos nativos y los leones caminando por la playa. A la maana siguiente, Santiago
despierta y encuentra al nio en su casa. Los dos toman las cosas y las colocan en el barco.
Beben caf en un lugar que sirve pesado temprano. Manolin va a buscar sardinas para el viejo
buscador. Cuando regresa, desea buena suerte y Santiago sale al mar rumbo a su destino.
Santiago deja la costa muy temprano, antes del amanecer. Santiago se encuentra en su
trayecto cuando encuentra calamares, langostinos y peces pequeos. Santiago prosigue y
observa peces voladores y pjaros, expresando simpata por los ltimos. Pronto, l ve un
albatros y se da cuenta de que el pjaro haba visto algo en el agua. El viejo pescador rema
en la misma direccin del pjaro y lanza sus lneas en el rea, con la esperanza de atrapar a
los peces que el pjaro haba visto. Hay un gran cardumen de delfines nadando por all, pero
ellos siguen rpidos para ser atrapados por el albatros o por Santiago. l contina esperando
agarrar una raya o tal vez un marln en el cardumen. Santiago consigue un pequeo atn y
entonces siente una punzada en una de las lneas ms profundas. El primer bocado es violento
y rompe la vara a la que est conectada la lnea. El siguiente golpe es ms suave, pero
Santiago sabe exactamente qu es. Cien brazas abajo, un marln est comiendo las sardinas
que ocultan el cebo. Alentado por una mordedura tan profunda y tan distante de la costa,
Santiago deduce que el pescado debe ser muy grande. El marln muerde alrededor del gancho
por un tiempo, negndose a ser enganchado completamente. Santiago habla en voz alta, como
si tratase de convencer a pescado a tragar el anzuelo. Despus de muchas falsas mordeduras,
el marln finalmente traga el atn donde est atrapado el gancho y empuja un gran pedazo de
la lnea. Santiago espera un poco para que el marln engulla el gancho y luego tira la lnea
dura para sacarla a la superficie. Sin embargo, el pescado es fuerte y no sube. Al contrario,
nada, arrastrando al viejo y su barco con l. Santiago deseara que Manolin estuviera all para
ayudarlo. Mientras baja el sol en el horizonte, el marln contina en la misma direccin, y
Santiago pierde completamente de vista de la tierra. l manifiesta su firmeza, diciendo en
voz alta que no dejar el pescado hasta que est muerto. Santiago quiere el pescado salte para
terminar la pelea, pero teme que el gancho se escape de su boca. Disminuye lentamente su
firmeza de propsito. Un pajarito posa en el barco. Mientras que Santiago habla con l, el
marln toma un giro hacia adelante y derriba al anciano, cortando su mano. Sumergiendo las
manos en el agua para limpiar la herida, Santiago se da cuenta de que la aguja redujo su
velocidad. Decide comer el atn atrapado para ganar fuerza y soportar su calvario. Sin
embargo, siente el cansancio y su mano izquierda est paralizada mientras est cortando el
pescado. Aun as, el viejo pescador come atn, esperando a renovar su fuerza y ayudar a
recuperar los movimientos de la mano. En este punto, el marln sale el agua por un momento
y vuelve otra vez al mar. Santiago es sorprendido por su tamao, porque es ms alto que el
barco, por lo menos dos pies. Se da cuenta que el marln fcilmente podra destruir el barco
si l quisiera, y l est feliz por el pescado no es tan inteligente como un hombre. Santiago
reza para calmar sus preocupaciones y concentrarse en la persecucin. Cuando el sol se pone,
Santiago piensa en sus triunfos en el pasado para tener ms confianza en el presente.
Recuerda una gran disputa de forcejeos que tena en una taberna en Casablanca. Dur un da
y una noche, pero Santiago eventualmente gan. Decidi que poda ganar a cualquiera con
su fuerza de voluntad, incluyendo su mano sin usar. Santiago trata de mover su mano
izquierda, pero ella no obedece. Recordando su agotamiento, Santiago resuelve que necesita
dormir para ser capaz de matar al marln. Corta el delfn que haba trado para evitar despojos
y comer un poco antes de preparar una forma de dormir. Santiago ata el hilo alrededor y se
inclina en la proa para mantenerse firme, dejando su mano izquierda sobre la lnea para
despertarlo para arriba si el marln llega a tirar. En pocos minutos el viejo se queda dormido,
soando con una escuela de marsopas, su pequea casa y, finalmente, con los leones de su
juventud en la playa africana. Santiago es despertado por la lnea movindose furiosamente
por su mano derecha. El marln salta del agua y todo lo que puede hacer el viejo es mantener
la lnea, que ahora corta seriamente su mano y lo arrastra hacia el fondo del barco. Santiago
recupera su equilibrio y se da cuenta que el marln haba llenado las bolsas de aire de su
dorso, y no puede ms sumergirse para morir. El marln nadar en crculos y entonces su
agona comienza. Al amanecer, el marln empieza a hacer un gran crculo. Santiago sujeta la
lnea con fuerza, tirando lentamente mientras el marln rodea el barco. En la tercera vuelta,
Santiago ve al pescado y otra vez es sorprendido por su tamao. Prepara el arpn y tira sobre
la lnea. El marln intenta desesperadamente soltarse. Santiago, incapaz de hablar por la falta
de agua, cree que el pez lo est matando, pero incluso as l lo admira. El marln sigue
nadando, llegando ms y ms cerca. El final est cerca de la embarcacin, y Santiago peg
con su arpn en el vientre del animal. El pez da un salto definitivo y cae en el agua con
violencia, cegando a Santiago temporalmente con una lluvia de agua salada. Con la poca
visin, Santiago ve al animal muerto rodeado de sangre. El viejo pescador se siente muy
cansado, pero va a atar su presa al barco. Toma la lnea a travs de las branquias y la boca,
con la cabeza cerca de la proa. Habiendo ocupado el marln, Santiago iza la vela y deja que
el viento lo empuje hacia el suroeste. Una hora despus de Santiago haber matado al marln,
surge un tiburn. l haba seguido el rastro de sangre dejado por el marln durante su agona.
Cuando el tiburn se aproxima, Santiago prepara su arpn, esperando para matarlo antes que
devorase al marln. Ataca la cabeza del tiburn mientras muerde la parte de carne del marln.
El tiburn muerto se hunde lentamente en el ocano, llevando consigo el arpn de Santiago.
Dos horas ms tarde, llegan otros tiburones. Santiago ata su cuchillo en el extremo de un
remo y lo utiliza contra los tiburones. Mata fcilmente al primero, pero el otro est
destrozando al marln. Santiago arria la vela a un lado del barco, inclinndolo y dejando al
tiburn por debajo de la embarcacin. Despus de una lucha, tambin logra matarlo. El viejo
pescador se disculpa con el pescado por el que haba sufrido la mutilacin y lamenta haber
ido tan lejos para conseguirlo. Cansado y desalentado, Santiago se sienta y espera el prximo
depredador, esta vez un tiburn martillo solitario. Santiago rompe la hoja de su cuchillo para
matarlo. Ms tiburones aparecen al atardecer y Santiago ahora tiene slo un palo para
echarlos. No mata a los tiburones, pero el dolor es suficiente para impedir su regreso.
Santiago espera la noche as que pueda ver las luces de la Habana, que le guiarn a la tierra.
Lamenta no haber recortado la espada de la nariz del marln para usarla como arma; eso es
imposible ahora, pues l ya no tiene cuchillo. l se disculpa nuevamente con el pez. Cerca
de diez horas de la noche, l ve las luces de la ciudad y navega en aquella direccin. Durante
la noche vienen los tiburones. Esta vez, es un conjunto con varios tiburones y la lucha es muy
desigual. Santiago desesperadamente trata de ahuyentar a los animales, pero pronto se ve en
desventaja. l toma su barra de timn y golpea a los tiburones hasta que termina
rompindose. Finalmente los tiburones se alejan. No hay nada ms para comer all. Santiago
ahora navega como en un sueo, no hay pensamientos o sentimientos. l se centra slo en el
siguiente inicio e ignora los tiburones que mastican los huesos de marln. Cuando llega al
puerto, todo el mundo est durmiendo. Santiago deja el barco y se dirige de camino a casa.
Finalmente llega y se derrumba instantneamente en la cama. Manolin llega a la cabina
mientras que Santiago sigue durmiendo. El nio sale rpidamente para traer un poco de caf
a Santiago, llorando en el camino. Manolin ver los pescadores reunindose alrededor del
barco, midiendo el marln, que tena seis pies de largo. Cuando Manolin regresa a la cabina,
Santiago est despierto. Ambos charlan y Manolin dice que pescarn juntos de nuevo .
Santiago dice que no es una buena idea porque eso da mala suerte. Manolin responde que eso
no importa, porque traer suerte para los dos. Santiago acepta y Manolin sale a buscar comida
y una camisa. Esa tarde, aparecen los turistas en el pueblo. Una turista ve el esqueleto del
marln oscilante con la marea y pregunta al camarero sobre aquello. l responde que se trata
de un tiburn pensando que quera saber lo que haba sucedido. La turista comenta a su
acompaante que no saba que los tiburones tenan colas tan hermosas. Mientras tanto, en la
casa de Santiago, el viejo pescador dorma, mirado en silencio por Manolin. Soaba con los
leones.